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•

•

EL SIGLO.

Las pupilas, húmedas, brillant.es, tienen el color de una hoja de
laurel, empapada &lt;le rocío.
Las cejas, negras, tienen la curvatura altiva y gallarda de los arcos de triunfo.
Las pestañas, largas, dibujan una sombra leve en las mejillas pá1irlas.
La nariz, recta y delicada, reposa s0bre una boca fresca, encendida como el pétalo de una roja f10r.
.
Envuelve sn cuerpo una túnica blanca, sin mangas, como si la
rodease una nube, plateada por la luz.
Es pálida, ].;]anca, bella, semejante á las estatuas marmóreas que
alumbra la luna en los pórticos de los templos, en las plazas, en los
monumentos.
Se llama Dársanis, es hija de no retórico; sabe muchas canciones,
conoce los versos del di vino Homero y de la ardiente Safo; babia la
lengua de los egipcios, de los fenicios, de los persas.
Los poetas de su tiempo la llaman "Flor de Atenas," "Perla griega" y depositan en el pórtico de su casa versos y flores.
Pero ......... ¿por qué la bella Dársanis, la "Flor de Atenas," la
"Perla griega," se halla ahora tan entri3tecida?
Lentamente sigue su camino, con la cabeza inclinada bajo el peso de una inmensa amargura.
füjo la sombra de un laurel se detiene; los rayos de la luna penetran á través del follaje, como finísimos prismas luminosos de plata y de cristal.
Ella se reclina sobre el musgo, con el rostro al cielo .. .. ..... Vacía
después en sus labios el contenido de un pomito de nácar .... ..
Brevemente palidece su tez, en torno de sus ojos se esfuma, haciéndose más visible rápidamente, un círculo color de violeta.
Las púpilas quedan fijas, como si contemplasen algo cou ansie
dad.
Los labios se descoloran, el cuerpo se estremece, se alarga un poco y Ya cabeza cae hacia atrás, in móvil.. .......
Dár~nis ba cumplido el juramento que hizo ante el altar de la
diosa ~ odita.
Su amado, el hermoso Fanes, llamado por su belleza «El Apolo de
Lesbc&gt;s," partió hacia el desfiladero de las Termópilas á luchar contra los persas, bajo las órdenes del rey de Esparta, el héroe Leónidas, por la libertad de la patria.
Antes de partir, Dársanis juró que si su amante tornaba de la
guerra, s,icrificaría, en holocausto, un toro blanco; y si moría en el
combate, juró morir ella también.
Aquella noche llegó á Atenas la noticia de la muerte de los gue
1-reros helenos, cada uno de los cuales se convirtió en un héroe
nimbado de gloria.
'

EL SIGLO

3

Dársanis peinó sus cabellos, se ciñó una guirnalda de rosas, como
si fuese á una fiesta, y siu derramar una lágrima, sin proferir una
queja, sin decir una sola palabra, salió hacia el mar, llevando un
pomito de nácur que su amado le había traído del país del ámbar,
lleno rle exquisito perfume oriental, y que ella después había colmado de uu veneno que causaba la muerte con rapidez; y bajo un
laurel, el mismo qu,; conservaba en su corteza su nombre y el de
Fanes, el mismo que había arrullado con su música de frondas_el
idilio pnsional, cumplió el juramento hecho ant.e el altar &lt;le la D10sa del Amor.

···L~~¡¡;;;~;;i:;, --t~-;~·~¡ ·;~·¡;.: -~~;·gi6 ·~~-; ·-~¡~~id~d ·a¡~l;d~·,· ·b;~·i¡ -~¡
Oriente; despuée se hizo rosa, luego purpúrea.
Las ondas, temblorosas, parecían á veces quedar inmóviles, cuajadas por l,i frescura del alba, matizándose de color de viole~a, con
franjas ondulantes de un oro rojizo y deslumbrador.
.
En la lejanía, por la parte de la mudad, se perfilaron, baJO un
cielo pálido, las techumbres de los templos, las cúspides de los monumentos, luciendo la blancura de sus mármoles y el tono obscuro
de sus bronces.
La luna se ofuscó lemtamente, como una esperanza que se aleja.
Las corolas de las flores se colmaron de rocío.
Las fron'das sé poblaron de rumores ...... los pájaros en sus aéreos
palacios de esmeraldas, cantaban.
Un soplo de brisa matinal deshojó algunas rosas de la guirnalda
que ceñía los cabellos de la muerta.
.,
Sobrt la cumbre aZlll de una montaña aparec10 el sol, enorme,
como el rostro de un dios que explora el horizonte, con sus miradas
de fuego y de luz.
Una claridad intensa iluminó todas las cosas, se vertió sobre el
mar, como un polvo finísimo de oro y de cristal. .
Súbitamente las aguas parecieron esconderse baJO aque 1la luz.
Resplandecieron las hojas de los árboles, como si fuesen de esmalte, y en todas partes se _difundió la forma y el color. .
.
Dársanis, con la inmov-1hdad y la ng1dez de la muerte, irradiaba
con sobrehumaua belleza, intensameute blanca y pálida, coronada
de rosas con los brazos entreabiertos, con la divina cabeza hacia
atrás, p~reciendo dormir un sueño infinito, de paz y de gloria.
RAFAEL RA110S PEDRUEZA.

�4

EL SIGLO

LA COCINALa cocina es un nrte ,·erclnclero y el mús importnnte de todos
puesto &lt;¡ue es el &lt;Jl~C usPguru nue~tra existcrwin y el c¡ue tiene soLr;
UHlo 1111~stro org11111s1110 lu míi~ dircl'lll influenciu: si se co:ne mal
e!1 seguida el organismo 88 de¡,ri,ue· la i11teligentia misma se r~
s1ste de esa dt•presión.
'
Una b~en_u Y sal1i11 alirne1~tuciún 1lehe ser, lectoras 1¡ueri&lt;lus, una
de us prrnc1pales f!reuc11pac1ones, en su propio inten·•~, a í como en
el 1te los seres queridos 1¡ue lus ro,lean.
No puedo, por consiguienw, terminar este urtírulo sin trutar aun'(~1c i-olo sea ~u:1111 riu11_1ente, t·s~• materia, 110 l'Í1lo hnjo el pu."ito de
Hsla_de Ja h1g1e11e, smo tumb1en b.1jo el punto de \'i~ta da la elegancia y de la economfa.
. El placer de la n~esn ocu¡,ubn antiguamente 1111 legar mucho más
1111 1,ortante en In ,·11111 de lus personas rica
que en la acll11tlida«I.
.\hora SO como ni vapor, como se hace to,lo lo dem{1:-1 st•u dicho clt•
paso.
'
·
coc•i llll Y
llU llll'ro:-.1s 1lcpt'lllll IICias ern II U nn de las parte~
111.1. 1111port~11te:- de lns cas.1s nobles.
&lt;:encrul11~c11te, e:-:as to11strucc-iones abo\'ocluclus eran inmensa!! y
•.w ::-e yu~et11111 á nuestras co&lt;"inas nctu11lcs, en clonrJc !;e regatt.•a' el
~::-p11c10). hu ln 11lgun11~ vect's la luz. ·
L1ts ch 1111,c1wa:,:, c,)losulc•s, nu n ,·erdaderos holllns, en don,le se
(¡ucmabun arbole.~ entero:,:, ante los cuales se ur.llban enormes trozos1 ele carne de:sti11a,los á la alimenta&lt;'iím de un numeroso J&gt;el'l,()nn.
El rnobiliurio &lt;le esas cocinas era á veces mu,· elegunte muy suntum,o, Y_I~ cstu11cia en elll\ era verdaderunwnt¿ ugrudubl~.
Utt:n~ihos ~e bronce ariísticamente trahaj11dm1, cacerol;,s, fuentes
enplit~l rep11Ja&lt;l1\ y de una ri1¡ue1.a tan desmedida, 11ue ¡mJnto der1e~t'ro -:.1 a huso.
•

..';ª.

:-u~

1

v

EL SIGLO.

Lus ordenanzas da Luis XII y dl3 Luis XIV, fueron importantes
para refrenar el lujo desenfrenado ,le e..c:as baterías de cocina.
También en la clase meclia, sobro las paredes &lt;le las habitaciones,
se "eían una multitud de instrumentos.
El cobre luciente era el orgnllo ,le las armas de rasa.
La hi~toria nos cuenta que el gu1ml11sellos de Francisco I, había
hecho la cocimi su saUm y su de.~pucho.
Delante de ~u suntuosa batería de cocina, desfilaron todos los personnjes más encopetados de aquella época, durante la cual, la arquitectura interior de las habitaciones era todavín rudimentaria.
En la mayor parle de nuestras casas modernas algo elegantes, las
cocinas están instahuias con bastante comodidad y gran liq1pieza.
Suficientemente alumbradas y ventiludus, el suelo es de baldo~ines fácile de freg:•r; están pro,·istas, de aparatos de gas ú de hornil11ts sabi,uuenle dispuesta::_¡, y estas instalaciones estan conformes con
las leyt:s de la higiene y de la verdadera economía.
El deber de una ama de casa es cuidar de que la cocina esté
siempre muy limpia, para que los come:itibles no se alteren por la
humedad ó la obseurida&lt;l, pues los microbios que existen en todas
partes crc&gt;ren y se multiplican en C'-'&gt;llS condiciones con mayor facilidad, y lo que sin·e de alim~nto puede llegur {L ser un veneno.
Por el!U\ misma causa se debo prohibir r¡ue se frieguen las pare1les con mucha ugun: consernm la humedad y echan á perder las
pinturas.
Por (1ltimo1 si con\'iene limpiar, más vale no ensuciar. Débese
exigir de la cocinera ó del cocinero háuito::1 de limpic1.a y de buen
or&lt;lPn,
En las casas grandes es costumbre que el arna de la casa no vaya
nunca ú l1L cocina. Es un mal: sólo ella es capaz de vigilar convenientemente.
.\1 tomar un criado, hay que purticiparlc la costumbre de vigilar, de la cual no hay que abusar. De cuando en cunndo, en épot·as irregulare.s, se debe hacer, pues es indispensable que sientan sobre sí el ojo del ama. Eso sólo basta para evitar un sinnúmero de
abusos.
CJmo lo he dicho antes, est.a vigilancia, que siempre disgusta á
los criado-i, elche njercitarse con prudeu&lt;'ia, tacto y discreción. Por
gran,lemente ucostumLrado::1 que se hallen á servir, tienen á veces
un amor propio muy irascible y mil maneras de vengarse, sobre
todo en la cocina, sin que 8e pueda siquiera sospechar.
DUQUESA LAUREAXA.

�6

EL SIGLO.

CEREMONIA IMPONENTE.-ACTO DE FE DE SU MUERTE.-TRANSLA·
CIÓN DE SU CADÁVER .A. LA SALA DE ACUERDOS.-DATOS"
CURIOSOS RELATADOS POR UN TESTIGO PRESENCIAL.

De "El Imparcial" de la Capital de la República tomamos lo
guiente:

~ ON todo

gusto vamos á publicar en seguida la narración con
~ que nos ha favorecido el señor Coronel Don Miguel Mateos, re•
relativa á los momentos inlliediatos á la muerte del señor Juárez.
Habla el señor Mateos:
La noche del 18 de .Julio de 1872, me avisó el señor Lic. Don
Tiburcio Montiel, entonces Gobernador del Distrito Federal, qu3 el
Presidente de la República había muerto.
Nos transladamos á la casa del sef.or Juá.rez, doride encontramos
al ilustre muerto yaciendo en un peqnefí.o catre de fierro, á su lado
á los señores Dr. Alvarado, General Zére~a, uno de sus ayudante~,
y el portero de la Presidencia.
Convenimos en transladarlu inmediatamente á su despacho ó sala
de acuerdo de sus ministros, previo pP.rmiso de la familia del finado, que nos fué concedido por conducto del señor Don Pedro Santacicilía.
Cargamos el catre el señor Alvarado, el Lic. Montiel, el Coronel
Novoa y yo, ayudados por el portero de la Presidencia, y otra persona cuyo nombre no recuerdo. La translación á Palaqio la hicimos, subiendo por el interior de Ja casa que babitab~ el señor Juárez, al Ministerio de Hacienda, y de allí á la Presidencia, alumbrados por las linternai; de los veladores. Uua vez que Jlegamos al despacho, se mandó aviso al señvr Lic. Don .José María Lafragua, Mi_

EL E,IGLO

7

nistro da Relaciones, quién llegó á pocos momentos muy conmovido, y manifestó la necesidad de proceder á ~u~ ceremonia, antes de
dar á conocerá la Nación el funesto acontecumento.
Ignorando cuál podría ser tal ceremonia,, esperamos unos m~meutos, y después de que el señor ,Lafra~ua leyo, a la luz ~~ una lmterna en un libro que había tra1do baJo del brazo, me dIJO que manda~a traer algún Nutario. Hice venir al ?e ciudad, señor Landgrave, y ya presente, el señor Lafragua pomend~_ la ~an~ en la cabeza del señor Juárez é inclinándose sobre su meJ1lla 1zqmerda, con
voz fuerte, entonación solemne, dijo:
-·Sr. Lic. Benito Juárez! ...... Esperó un momento, y COútinuó:
-:Señor Lic. Don Benito Juárez! Hizo una pausa máE prolongada y volvió á repetir:
, .
.
,
-Sr, Presidente de la Repubhca, Don Bemto Juarezl.. ....
Pasados unos instantes de profundo silencio, el mismo señor Lafragua se volvió al Dr. Alvarado, para preguntarle por qué no respondía el señor Juárez, á lo que contestó eutre sollozos el Dr. Alvarado:
-¡Ha muerto!......
. .
. .
En seguida ordenó el Mm1stro que el Notar1? ?1ese fe de la ~er:emonia y que se levantara el acta, que se dE:ipos1tó luego en el Mm1sterio de Relaciones.
El Sr. Lafragua me encargó que arreglara todo lo relativo á los
funerales, y en seguida coloca11los el carláv?r sobre la me~a de despacho del Sr. J uárez, sobre aquella ~e~a a 1~ cual, l? hab1an acompañado el gran patricio Ocampo, el ms1gne d1plom~t1co Doblado,. el
caudillo del pueblo, General_ ~onzález Ortega, el heroe Zaragoz~, _el
sabio Ramírez, el gr&amp;n pubhc1sta Zarc?, y el valer~so Te_rán, Mrn1stro de México en Francia, que en medio de aquel 1mper10 fastuoso,
dirigía notas vigorosas á Napoleón, que lo han hecho célebre en la
Intervención.
En seguida, el señor M~n:iel y yo, n?s dirigi_:11os á la_ ~asa del
señor Lerdo, donde ya al 1r a Jlamar, m1 companero vacilo, y me
dijo:
-Tengo un batallón y un cuerpo de caballería magníficos ......yo
no reconozco á Lerdo.
Las impresiones de esa noche habían aviv~do. en. wi memoria la
historia de los sacrificios del pueblo por las rnst1tuc1ones y me hallaba dispuesto á respetarlos; así es que procuré disuadir al señor
l\fontiel de su proyecto, haciéndole reflexiones sobre los inconveniente de su paso.
.,
_
. .
Al fin entramos á la casa. Saho el senor Lerdo á rec1b1rnos, en
camiseta y poniéndose un saco de alp,aca negro._ Le ~a~ifestamos
cual ara nuestra misión, y nos contesto que el senor Mimstro de la
Gu~rra ya le había comunicado tan deplorable acontecimient@. Or-

�EL SIGLO.

e

EL SIGLO

denó al señor Gobernador que vigilara la ciudac1, para que no se
prod ojera ni ngúri desórdeu con la desaparición del señor J 11árez, y
su voz aunque alterada por la emoción, vibraba con autoridad.
Al salir á la calle, Pscuchamos á intervalos los disparos de cañón
que anunciaban á la República la muerte del President.e, y Benemérito de América!
MIGUEL MATEOS.

~~

la Vida en los Conventos
~*~

ILI
l t
,¼,.

9

1

•

O que á continuación tra&lt;focimos e~ nna serie de estrac•
tos tomados de un discurso pronunciado por una señori¿___:, ta, poco tiempo después de abandonar un convento en
'""'"-~ Montreal, Canadá, co11vent4 llamado del Buen Pastor, y
:::iJff en el cual estuvo casi los &lt;los años del noviciado.
i
Dice lo sig:1iente la citada exnovicia:
"La novicia duerme en un gmnde dormitorio donde las camas es•
táu en liilera, sin tener cortinas ó cosa alguna que pueda estorbar
la vista. En un ángulo una "hermana profesa" tiene su CBma, y ésta s:í se halla bien cubierta por medio de cc.rtinas; esta hermana tiene el deber de vigilará las novicias durante la noche y cuidar de la
menor infracción¡\ las reglas. A las &lt;·trntro y media toc11 la campa•
na para levantarse, y cuando do nuevo se oye in&lt;lican&lt;lo que es hora de bajin, hay que dejar todo y correrá la iglesia en la cual la supbriom está esperando ya para leer el tema sobre el cual ha dE&gt; metiitar la novicia, meditación hecha en medio de un silencio sepulcral.
"Es notable el interés que se tiene en 1-eparar á las hermanas, de
tal modo que á veces, aquella por quien alguna siente profunda simpatfa desaparece súpitamente como si la tragara la tierra y nunca
más Yuelve á oírse de ella. A veces se oye que la campana toca á
muerto, pero na&lt;lie sabe dónde, cuándo ó cómo murió alguna y hay
tánto misterio en estas cosas que nadie se atreve á preguntar."
"Durante los dos años que dura el noviciado' se supone que la
novicia puede .'.lbandonar el convento si quiere, pero si resulta alguna ventaja en retenerla, la superiora estáen el deber de hacer cuan•

to pueda por no perderla y si la novicia no tiene dinero, no le hacen mucho para que se quede. Una de las reglas antes de profesar
exige que la novicia tenga muy buena salud, pero esta regla se infringe con frecuencia cuando hay dinero de por medio. Recuerdo de
una joven, bija de un hombre muy rico en Montreal, que entró de
novicia cuando yo entré también; era de una constitución sumamente delicada, no pudo soportar la vida del claustro y tres veces su padre tuvo que llevarla al hogar, pero la superiora trabajó con ahinco tres veces por hacerla volver. Las hermanas no negaban que era
por su dinero por lo que la querían retener, y la superiora decía con
frecuencia: )qué ventaja será para la Iglesia, y qué honor para
Dios si podemos retenerla!"
"El ceremonial para la pr0fesi60 es siempre muy S\.llerune, no hay
corazón que no se conmueva y nunca deja de hacer derramar lágrimas á los observadores. La novicia que va á tomar el voto se arrodilla delante del altar ataviada con un traje muy rico preparado para la ocasión. Cuando llega el Obispo, acompañado de dos ó tres sacer&lt;lotes, ella debe arrojarse á sus piés y rogarle le conceda el privilegio de ser esposa de Jesucristo. El obispo le pregunta si quiere renunciar al mundo, sus padres, amigos y posesiones, en fin, renunciará su misma voluntad y jurar obediencia ciega á Jesucristo en
la persona de la superiora, y después de otras muchas preguntas
que deben ser contestadas por la afirmativa, la novicia hace el voto
de pobreza, dejando á la iglesia todas sus posesiones: hace voto de
castidad, jurando no casarse jamás y ni aun pensar en 10s hombres,
y en fin, hace el voto de obediencia. Una hermana trae entonces el
vestido del couvento, lo presenta al obispo quien lo bendice pieza
por pieza; luego la novicia se quita su vestido mundano y lo pisotea
expresando así su deseo de hollar la vanidad bajo sus piés; en seguida se trae un ataúd y en él se coloca á la novicia, el obispo hace un
rociamiento de agua bendita, verifica la ceremonia de los muertos,
se celebra la misa de difuntos, y las campanas tocan á muerto; dudurante todo este t.iempo la novicia está en el ataúd, muerta para
el mundo. Después que todo ha pasado se levanta á una vida nueva y celestial; aunque á menudo eucuentra todo lo contrario."
"Fuera de esto no sé más de la vida de convento, porque todo está secreto; la que ha profesado es quitada por completo de las novicias, aunque viva en el mismo e&lt;lificio, coma en el mismo cuarto y
ore en la ruisma iglesia; nunca debe volver á hablará la novicia á
quien conoció y amó durante dos años, si veinte veces al dia ]a encuentra en e] edificio nunca debe alzar los ojos para verla. Ahora la
novicia ha pasado ya al poder de la Iglesia; ni sus gemidos, sus
quejas 6 suspiros llegarán jamás á otros oídos que á los de aquellos que están interesados en retenerla allí; no importa cúanto desee
romper las ligas que la sujetan ó dejar los votos que ha hecho, na-

�\

10

1

1

EL SIGLO.

EL SIGLO

da puede hacer ya, pues está ligada para toda la vida! Ahora Sb le
admite á todos los secretos de la orden y tiene accesos á los pasillos
y cuanto que antes estaban cerrados para ella."
"Se refieren muchas historias de la vida claustral, que son demasiado horribles para ser creídas, y hay cosas que nuestro propio juicio nos obliga á creer, cuando consideramos que la naturaleza humana es la misma dentro de los muros de un convento que fuera
de él. Dios nos ha constituido de tal mod0 que un oasis de la vida
humana que no puede ser marchitado por los vientos ardientes, es
la conciencia de que amamos y somos amados. , Una persona, ó un
objeto que ocupa en el día nuestro pensamiento y nuestro tiempo,
sf es lo único, á la postre cautivará nuestro corazón. Imaginaos ahora en un convento en donde nada poJéis encontrar, donde el sacerdott es el único viviente, la única persona que tiene derecho de entrar, cuya visita es la único interrupción pa:ra la mortal monotonía
de la vida, y no os maravilléis de que al fin él concluye por ocupar en el corazón de algunas ¡nonjas el lugar de su padre, madre y
amigos, cuyos recuerdos ha sido obligada á desterrar. Muy poco arte es necesario para dominar á una mujer pobre, aislada y sujeta
cuando no hay otra influencia externa que venga á contrabalancear
la impresión que le hace diariamente la misma persona, y además,
cuando esa persona es un hombre á quien esta obligada á confesar
los pensamientos más secretos de su corazón. ¿No podéis decir que
una institución que pone tales tentaciones delante de hombres y
mujeres jóvenes, ha sido engendrada por el demonio en el infierno?
Y quiero preguntaros, además, ¿creeis sinceramente que estas son
las gentes que deben enseñ!ir á nuestros niños en las escuelas parroquiales? ¿Son esas mujeres dementes, enfermas, de cerebros gastados,
criaturas cuyos más nobles instintos han sido ahogados, las que han
despertar en un niño todo lo que es noble y bueno? ¿Son esas mu•
jeres encadenadas mentalmente, y esclavas también en lo moral, las
que pneclen enseñará la juventud los principios de una libre ciudadanía?"
Traducido por
VICENTE MENDOZA.

11

~ Sección Escolar.

LA NIÑA HONRADA.

l. NIÑA.
A esa jov,m que pasa por la calle
¿la conoceis? Mirad en su semblaut 6
la pureza de un ángel.

2. NIÑA.
Pero ¿quien es?

l. NIÑA.
Es una santa niña
que vive trabajando
llena de amor filial y de cont~nto
para llevar á sus_ ancianos padres,'
con su ¡orna! bendito
la dicha y el susten~.

2. Nr~A.
Y en su afan sin segundo
aunque para la vida en el t;abajo
¿nada posee en el mundo?

l.

NIÑA.

Vos juz~itreis si es poco Jo que tiene
en su esplntu esplendido:
los_ser~s venturosos á quien ama,
Y lunpia como el cielo la conciencia.
MANUEL RAMTREZ,

�12

EL SIGLO

-Era una tarde de verano, y la casulllidad reu~ió á u~a por:
ción de insectos de varias esJ)"cie! en un banco de piedras, Junto a
la fresca fuente, en hermoso parque.
Acababa de merendar una pan-ja llmorosa y entre las sobras había quedado un poco de queso, del cual partió la voz de un gusanillo, diciendo:
.
¡Qué vanidosos son los hombres! ESA que acaba de me es~ba vanagloriándose de su agilidad y para ponderarla decía que da saltos
de &lt;los metros de alto. ¿Cuanto cr~is_ que saltarf~ yo _s~ fuere tan
grande como un h:&gt;mbre? Mido prox1mamente seis m1l~metros de
largo· el otro día me caí saltando en un vaso que tenía lo centímetros de alto, y apoyando la punta de la cola contra la boca, de una
sacudida v de un salto me fuí á caer fuera del vaso. Para hacer otro
tanto un hombrf, tendría que salLllr df'sde el fondo de un po1.o que
midiera 14 metros de profundidad.
-No tp pongas tan hueco por P.80, contestó una pulga que también andaba por allá.-No es que no me gusten los hombres, todo
lo contrario. Pero es lo cierto que puedo más que todos y más que
tú. Supongamos que peso un miligramo; de cada salto salvo una
distancia de cuarenta centímetros, cuando nien0t1.
•Cuanto créeis que podría saltar el hombre con sus 66 kilogram~ de peso, si tuviera las mismas faculta~es que yo?
.
Los dernus insectos empe1..aron á hacer calculos, pero nmguno ~bía bastantes matt•máticas para contestar; así es que la pulga misma fué la que resolvió &lt;'I problf'ma diciendo:
- Pues podrfa dar saltos de 26,000 kilomet~. Con_ la mayor fa.
cilidad podría irse de un salto de Nueva York a la Chma, y dar la
vuelta al mundo de un par de saltos.
Y luego se en\'aneren namándOde señores de la creaci(m--observó la moS&lt;'a, añadiendo.
-Yo doy 880 pasos pttra correr 15 centímet~, y lo hago e~ un
segundo; par11. hacer otro tanto el hombre tendr1~ que correr a razón de 37 kilometroe por minuto. ¡Y luego hablan de sus trenes
expresos!

EL SIGLO.

13

. -Son unos idiof:as-dijo una reina de abejas. Se creen muy sabios y no _llegan, m con _mucho, á nue11tra ciencia. No hay ninguna
que t~baJe con la e_xact1~u_d que mis abejas. Si cualquiera de éstas
se eqmvoca un medio m1hm~tro al con➔~ruir una celda, tiene que.
deshacerla y volverá construir otra. M1 obrera más humilde sabe más que el matematico más ilu~tre. Mis trabajadoras construyen
sus celdas de un modo tan marav1lloro, que no ha habido hombre
que pueda hacer otro tanto con tan pequeña cantidad de materiales
Y con tan escaso gasto de trabajo y aprovechado tan perfectamente
el terreno.
,-:--Eso está muy bien-repuso un saltamontes;-pero no administra1s vuestros asuntos también como los hombres.
-Nq lo permita Dios que administremos tan mal como enos
-contestó i~ritada la abeja reina.-En nuestros talleres no tenemos
capataces, m perezosos, ni descuidados. Cada uno t.rabaja para tod08 y todos disfrutan del trabajo de cada uno.
-Eso se parece mucho á lo que los hombres llaman socialismo
-dijo el saltamonte.
-No sé &lt;:orno esos imbéciles de hombres llall'larán á nuestro si~tema -ron"testó la reina de las abeja.i.-Lo que si sé es que cada una
de n~eetras obreras sabe y cumple perfectamente su obligación, y
que Jamás se ha dttdo el caso de que ninguna de ellas quiera echar
sobre de otras s~ pttrte de trabajar por duro que sea.
¿Sucede lo mismo entre los hombres?
-Son muy tonto"-Clijo una mosca-!Con decir que algunos de
ello~ ~reen que yo puedo andar por el techo, lo cual les da mucha
env~d1a, porque llevo unas ventosas en los pies! jQué ignorancia!
81. yo puedo andar por los techos y por el cristal con tanta facilidad, es pvrque desarrollo :1 principio de la atracción capilar y la
ayud.&gt; por m~io de gotitas de aceite que exsudo por los pel~ que
tengo en los pies.
-¡ Y que vocecitas tienen los hombress! observó la chicharra.Ape.ms ~ les oye; y q_ué desentonadas son, si se la compara con
m1 mag~1fica voz. A mt se me oye a una distancia de 115 metros,
Y pe~? b1e~ poco. Un hombreordinario pesa 16.000 veces más que
J:?· 81 t_uv1ese la voz en proporcion á la mia se le podría oir á una
d1stanc1a de J ,852. kilóml3tros.
-¿Qué sucedería_ cuando estor~udara? preguntó una hormiga.
-Pues se le caeria la casa encima-contestó la mosca en el momento en ql!e echaba á volar, viendo que se estaba acercando demasittdo á ella una araña.
-~ta tomó entnces la palabra.
-81 la c_asa fuese de tela de la que yo hago-dijo-no sucederia
tal cosa. M1 teln es 1rna de las substancias más finas y más resistentes que ha)· rn d mu1ulo.

�EL SIGLO.

EL SIGLO

tán orgullosos los hombres, soporUna barra de ese acero de qut ~s
ando tiene dos centímetros y
ta el peso de unas sesenta tone a as, cu

desde hace tres días. Pasa y se detendrá. Debe oír la misa en Saint
Waast, el cura lo ha dicho; el confesor del Delfín lo ha prometido
al abate. Y la hermosa Delfina vendrá también con el Delfín. Estan bella, según se dice! Esto constituye un gran honor para la ciudad, porque muy prontv, sin duda, la joven pareja estará en el trono de Francia, puesto que Luis XV se halla tan enfermo.
-¿Cómo se llamará cuando sea rey?
-¡Luis XVI, pardiez!
-,María Antonieta tiene dieciocho años.
-¡ Y él que no tiene más que veinte! Es bonito ser rey tan joven.
-¡Ah! el muchacho hará carrera.
Todo el mundo es feliz, se precipita, se agrupa er! las calles. Los
rostros flamencos se ensanchan con risas bonachonas. Ya el pueblo
mrnudo se aprieta frente á las viejas casas consistoriales. Todos conversan. Los hombres bien informadvs, que fingen tener lazos con la
nobleza y mantener relaciones en Versalles, refieren cosas del príncipe y la princesa, sus caracteres, casi su vida.
«¿La ha visto usted? ...... -¡Tiene una tez!-¡ Y una piel! Se diría
que la luz pasa á través de ella...... -¡Y tan elegrel Ríe siempre.
--Sobre todo con monseñor de Artois.-Los dos se pasean en burro
por el parque.-¿En burro? Usted quiere tomarnoe el pelo; las reinas van á caballo, no en burro; usted comprende que pueden elegir
monturas ...... -¿Es cierto que ella le engaña?-¡Chitóu/ Si la oyeran á usted.-A mí me han asegurado que sale por la noche ...... ¡Cuentos! ¿Había él de permitir eso?-Ella le dice que que es la
moda en Austria.-Entonces...... ¡qué! ¿no es él el amo? ..... -8egún se dice, la adora.-Pnes bien, yo, si fuera siquiera hijo del rey,
os aseguro quP. haría respetar mi hogar ......-Es un buen hombrP.
...... -Un huen rey, lo será sin duda y nada orgulloso.-Trabaja
en cerrajería en su pieza.-¡Eso te cuentan, pero anda á ver! Hace
eso para adelgazar.-Trabaja con un verdadero obrero que, es del
pueblo y que le enseña su o.ficio ...... -Pues lo que es á mí me gusta eso, es preciso que los reyes sepan hacer alguna cosa ...... ,,
A lo lejos sonaron tambores y los pífanos resonaron alegremente
bajo el cielo que se había aclarado y que, sin una nube, mostraba
su azul pálido, casi malva. De muy lejos, una voz sorda que crecía
llegó por la calle Vinocq y muy pronto se convirtió en un grito:
-¡La carroza!
En la plaza todas las voces repitieron:
-¡La carroza!
Inmediatamente, como salen cle una caja los juguetes nuevos, los
altos personajes, en traje de gala, salierün de las casas consistoriales por el agujero cle la puerta principal y se alinearon entre lascolumnas del pórtico; el obispo encontrába¡:e en medio, teniendo á su

14

medio de grueso.
.
elaboro soporta un peso de
0
Un cable hecho con _los hilos que~ centí~etro~ y medio. Véis
9
74 tonel arlas, con el rmSmo grueso fe :ro de los hombres! Os diré
cómo mi seda es más fuerte que e ac
más
, s ue un capullo-en su vida. Yo
Un gusano de seda no hace ma ~ de hilo y después de deseanpuedo elaborar de uu tirón 137 n~~ ros ici6n d~ fabricar otros 137.
sar uno ó dos días me hallo en_ isp&lt;l~s 1 n1es
· d
' quince ias a
·
O
y así puedo tra baJar oce d da hacemos la tela necesaria para
- y entre 2.400 gusanos, e se usano ue había allí.-Para haun traje de señora_-cont~sto u.n t~d se n~cesitarían 5.400 arañas.
cer la tela necesaria al mismo ves I o

,e

EL CUMPLIDO.

E; . .

++++++

l+

1

E
blación de Arras estaba de
1
L vemtrnno de nero a ~esde Saint Waast hasta San
:
; fiesta., Son~ban las campanar alba
las notas de bronce,
:++++"' Nicolas, d1alogab~n 08ª::iblar /a ~ieve al borde de los
cayendo sobre la c{udad'u n~:~uras empavesadas de banderas y
techos. Las estrec ias ca es
e~ uirnaldadas de flores, esforbanderolas, 1deco~adas c?n tap:~e~'ande~er de alegría. Toda la ciu1
1010
zábanse bajc el ~
~i~na~/ los burgueses habían calzado sus
dad estaba en p~é, en
las burguesas con trajes de iieda
I
zapatos con hebilla~?eh P ªd:iaJte de sus espej~s para asemejarse á
Pompadour, se estu i_~ an . estar mejor rizadas, guardaban sus
las m~rquesas; las nma~,a~~~l minuto supremo; y los niños, listos
en l_a cabezad . ~ b sus caritas 'por ]as puertas entreatpapehllos
d0 s é impaciente~, es1iza an
~
· terpelaban de un umbral al otro:
b1ertas
y se m
-¿ Ya llegó?
.
-Todavía no, pero ya viene.
E t ces ·es seguro?
d
t'
--¡Seguro!
n on v'aya
¿
s1. es se·guro· Los correos que prece en es an ya
aquí Tienen grandes botas.
,
;

f

f° f . '

r~1~!!~ñ~;l~l Delfín de Francia es esperado

~Mamá,
los ?ºr~eos,o.
·Gran acontec1m1en
1

15

�EL SIGLO.

16

EL SIGLO

derecha al cura de Saint We.e.st, y detrás de ellos, á su alrede~o:,
dondequiera, las sedas de colores vivos palpitan, buscaban su s1t10
y se deteuían; encima, los siete arcos formaba~ ~oronas de sombra!
en el fündo del cuadro, un grupo de niñitas vestidas de blanco, semejaba un gran b1rnquete de margaritas oculto en una ~ueva.
De pronto, la m(1sica de la ciudad, agrupada en un rmc6n, toca
un aire de d11111.a. Casi inmediatamente unos dragones desembocau
en la pla1.a al galope. Detrás, entre las cabe1'!1s de los rnhalloi., se
distingue una placa que brilla reflejando el Cielo; es el techo de la
carroza. Las gentes se paran sobre las puntas de los pies. La doble
fila &lt;le rlragones despliéga88 en abanico y el coc~e r~al avan1~ hasta los tapices; los gentiles hombres á caballo se mchnan hacia las
dos port.ezuelas.
.
h
.
La Dt&gt;lfina es la primera que desciende. nela ahí al pie de las
grada!! sonricnrl-&gt; ya. Inmediatamente aparece el Delfín con un ca81\CÓn avellanll. Un grlln grito estalla al rededor y surge de la plaza, de las ventttnas.
Los pavimento11 y los muros reti~111?lan con aleg~ viv~, un conmovido grito de 111nor, de reconommento, de ~lt&gt;g~1a filial que."ª
hacia aquella pareja llena de esperanzas, la remec1ta y el reyec1to
de m:ifüma.
A la sazón se les ve bien. El es grave, un poco pálido, un poco
canSlldo, con ojos {l flor de epidermis; tlllu, 111 contrario, le~·1rnt.a la
&lt;'.abe1..a, ¡1t1r11 provoc11r la vi&lt;la qu., ~spira con su.blanca 11ar1z_y que ,
mir~ frente á fM1te bajo el arco 11lt1vo de sus CPJ11~; su boca tiene el
aspecto de un beso; 11111 plumas y l~s a~uja;. ti~mb!an ~obre su ~helio, que se estremece todo con v1brac1ones roJns; todo en ella v1\·e, hast.a sus ropa11; .,J pueblo ya no ve más que á ella, y el hurra
qu~ constituye el saludo popular, se extingue dulCtlmente en un
murmullo de ternura ... ..... .
[.a mujer ha SE&gt;nti,lo el 11mor, ~ vuelv~ sonriente hncia una tercera que se desli1..a fuera de la carroza, cri,at~ra menuda, tem~loroSH deslumbrada cuyos ojos se llenan dP. lagrimas al ver el trmnfo
rl~ la amiga 11d¿radu: es madame de Lamball_e, la más turbada de
los trt&gt;s, quien dice á lit Delfina:
-I111nerli11t.ament0 que os ve; se os ama.
Al decir es~s palabras, un dulce recuerdo tiembla en el fondo de
su memoria y. la princesa continúa sonriendo:
-¿Estaría~ c1&gt;losa por ventur,l'?
-¡Oh no! Yo sov feliz cuando se os ama.
Entre 'ta11to, la c;rroza~ al mandato de uu gentil hombr", se _mueve deja111io libre el sit10, y Monseñor d~ Arras avnn_za hacia los
príncipel:I; la reinecita ha hecho una grandiosa revere11~1a y aho_ra ~
ve al prelarlo, cuyos labios se mueven y que ha~la s~n d~da, mch-1
narse, ergui~e, después hacer de nuevo ceremomas, mclmar la ca-

17

beza hacia uno de los hombrns, hacia el otro, en una serie de pequeños saludos amables y rápidos. A cada movimiento de su jefe,
sus dos manos abiertas sobre su pecho se alejan y se aproximan como si arrojasen follajes y flores invisibles.
En seguida el blanco cortejo de las niñitas en~mínase mili~rmente con pasos rígidos; las dos más ~ueñai1, gmadas por el obl.8po; dan aun tres pasos, J de golpe se detienen presentando á la Delfina un enorme ramo y una bombonera de porcelana d~ Arras_do~de hay unas palmas pintadas sobre azul. Marfa Antometa se 10cbna y besa en la frente á las nii\as. Los vivas estallan como un tr~eno. Luis vut:lve 111 caber.a y se descubre gravemente; pero la rema
futura, con un coqueto gesto, envía con la punta de los dedos un
saludo amistoso y alegre, y dice á la Lamballe:
-El amor del pueblo calienta.
Después:
-Toma este ramo, que pesa mucho.
De pronto ríe, afiadieudo en voz baja:
-Mira cómo sufre el Delfin con su cuello tan apretado.
Luis, en efecto, parece muy molesto y á veces, levanta su mentón estirando la cabem hacia el hombro para despegarse el cuello.
Pero pronto ya no se le ve más; ha penetrado bajo la bóveda y la
escolta se cierra detras de él.
La gran sala del viejo castillo es obscura; dos sillom,s sobre un~
entrada esperan á los ilustres huéspedes. Apenas sentado el príncipe, con un signo de la mano ha permiti~o al obispo que le presente
á los notables. Proferidos con una unc16n sacerdotal, los nombres
flamencos caen en el silencio y cada uno de ellos va acompafiado
de un saludo profundo, hecho en la sombra por el personaje á quien
se nombra.
Después otro sig!lo, un jovencito avanm zurda y torpemente¡ entre sus manos tiembla un papel.
-¡Oh, dice la princesa, vel'808!
.
.
.
Pero los versos son latinos; con una voz débil, traviesa y sem1agria, el ado:escente dice su poema¡ y el cura de Saint Waas si~ue ~l
ritmo con su nariz asesorada por su párpados, sefialanJo las msfp1das bellezas; se regocija del aprovechamiento del discfpulo y mira
al Delffn, el cual continúa estrangulándose con su cuello.
los versos corren diciendo la majestad del trono y la ventura de
los pueblos bajo el cetro de un rey sabio y las prqmeeas de luminoso porvenir. Poco á poco el orador se tranquiliza; á veces un epiteto salta con vehemencia.
María Autt&gt;nieta, para desaburrirse; porque no entiente, examina
al jovencito flaco y seco con gesticulaciones de madera.
-Va á quebrarse, dioo á la Lamballe.

•

�18

EL SIGLO.

EL SIGLO

-El colegial ha comprendido que se burlan de él y se turba, pero se yergue, dejando ver su cara oiliosa, de frente fugitiva, de nariz puntiaguda, de ojos glaucos, y su mirada, durante un segundo,
se encuentra con la de los príncipes. María Antonieta, sorprendida
en su broma, ha 'cesado de reír, y Luis, descontento, frunce las cejas, y acaso para adquirir de nuevo compostura, se lleva un dedo ÍL
. su cuello que la esti·nngula.
La homilía continúa lenta. El Delfín se esfuerza en comprendre
._ algunas pahlbras para adivinar el resto. Por fin el poema concluye.
-Os agradecemos, señor cura, estas hermosas palabras que nc•s
habéis hecho oír á la Delfina y á mí. Este joven es sin duda uno de
. vuestros discípulos.
-Y de los más enérgicos, Monseñor. Huérfano recogido por mí,
me recompensa con sus Yirtucles y su empeño, porque lo educo para
ofrecer más tarde á vuestra alteza un devoto sen·idor del trono.
-Es preciso, señor curn, que le em·iéis á París, donde sus talentos se desarrollarán.
-No~otros le proveeremos de una bolsa.
Y haremos bien.
El príncipe, para recibir el poema que se le tiende, n1élrese hacia el jovencito, y las azuladas miradas de uno y otro se encuentran
por segunda vez.
-¿,Cómo os llamáis. señor?
-~Iaximiliano de Rohespierre.
-¡Está bien! acaso nos volveremos ú ver.
El adolescente se inclina. Y de nuevo Luis pasa su dr.do alrededor do su cuello.
Eo~,o~o Il ,\RAC'OURT.

LEON XIII.

19

�EL PAPA HA MUERTO.

21

EL SIGLO

EL SIGLO

20

Ya no se puede sostener ese embuste sin incurrir en la nota de
falsedad y siu que se arroje ó. la cara &lt;lel fülsario el estigma de la
verguenza pública que en otros tiempos se quedaba en las sombras
por te_mor ~ _una excomunión niás ó menos aparatosa .
. La mfub1hdad y las excomuniones papales han pasado de su
tiempo; están caducas. Díficil, muy díficil será la imposición de esas ·
amenazas, porque llegaron al desprestigio y al ridículo, siendo hoy
lo q_ue el re~ de las ran~s de la fábula, un tosco leño con que el
Jup1ter acallo la algarab1a batraciana.
El fanatismo religioso pidió rey, para después convertir su cetro
en la caña que los deicidas pusieron en manos del N111..areno.

..,....
--·--

I~
.
~L 01 be catúlico

se hn coumo,·ido por la muerte de León XIII;
, 'pero la comnociím no ha lll'gaclo, 11i llegará, á producir un cutacliilmo i-ocinl.
Y11 pnll11ron los tit&gt;mpos en que 11:1s concicncins todas tenían la pasi,·itlHil i111penlonuhle clel fa11111ismo.
Lu Ro11111 de los d·snms y de los P11pai; es hoy otra Roma, que
tit1ne fijn lu \'Í!\ta eu .el Vutic,rno porque 11llí se albergan los restos
del dPspotis1110, con la iudunwntaria del religioso, y quiere que esos
despojos no infel:t.E:n las nrn!la'! y los recluye, mientras r~&lt;'urre al prot:t:di111it'11to crematorio de la l'XpUll'tÍHl á la france!ea.
Rumpolla 110 duerme desde que León XIII lanzó el último suspiro, y con raií,n, por que se echa encima In silla pontificia redenta de seguro. Cue,-tiones de &lt;líticil resolución estún sobre el tapete en
el Vatie1t110 y ¡,or rnús que el emiuente s..cretario de Estado tenga
Psturiiando un plun :;ttlnul1,r fraci11.1t1-á si no se conforma con el criterio t·o1ní111 y con el espíritu de la época.
Gna de lus eue,;tioncs pri11cipales es la de lu Ct\Stidad sacerdoull,
i¡ue •e so:--tiene en pie contra toda rn1.ún y, sohre todo, contra una
de l11s pre:,cripciom•s del fund1Hlor del cristianismo contenida en las
i,;acrHmentale.. palabras "creced y ■1ltipllca11," que tienen por buena
y neee~nrirt la prop11g11ciÍ&gt;11 de la rs¡;ecie humana.
Así tomo en lo profano, las leyes y dccrt&gt;tos de una República
co11:,tit11id11 ~ ajustun á los mnndamientos dt• 111. Ley Fundamental,
11!-Í los cúnom's, l1:1s cncíclicus y cuanto en11111e de la autoridad ecle~i11stica, «lche h11sa~ l'll le::; ordenamientos del Texto Sagrado, que
se atribuye al Uran I.Jt&gt;gislador del Universo.
Otm dP. ias cuC!1tiones culminantes es también la de la infalibilidu&lt;l papal, t11n ,!ebatida por lo nb,.urdo y que persi'3te, aunque no
con el al,,;olntismo rle antes que llegHbn á ia temeridad.
A~egurar hoy qut: el pupa es infttlible, es tanto como decir que
l'S Dios ó que cuentn con la impunidud de sus hechos antes el criterio 11\l'iOtlil l.

l\f EFISTOFELES.
De "El SOi llayo."

e

e

NOCIONES DE HIGIENELOS ALIMENTOS.
Si quieres gozar de buena ~alud, ten cuidado de tomar regularmente una alimen~ción suficienre y variada. No olvitle,s, que no debes comer mucho m muy poco. &amp;coge tus alimentos con discernimien~, en parte en el .reino _animal y en parte en el reino vegetal.
Va,.,,alos ~dos lo _posible, sino podrías fatigar las vias digestivas y
aborrecer ciertos alimentos, de los cuales hubieras hecho un uso demasiado frecuente.
To°:1a tus comidas á horas fijas; que éstas no estén ni muy próximas 01 muy separadas unas de otras; no comas nada durante los in, terva~os. N? esperes_ nunca, pnra sentarse á la mesa que el hambre
~ deJe sentir d~mas1~do¡ pero, por el. con trio, no comas sin apetito.
Si no tehal'aR bien, &lt;l,smmuye la cantidad de los alimentos. Acué,·dale de que no es lo que se. come lo qit.t nuire, pero si lo que se digiere. No
olvides que la indigestión mata tanto come el hambre.
_No basta el ase~urar la renovación de nuestros tejidos tomando
alimentos azoados, es preciso al mismo tiempo absorber substancias
que produzcan á ll\ VE'Z fuerza y calor. Los alimentos, cualesquiera
que ellos &amp;ean, han de ser de buena calidad, bien preparados, tornados en horas regulares. La cantidad y la clase de alimentación en
cada comida varia, ya sea por las diferencias de individuo á individuo, y~ por el clima, las estaciones, la edad, al tempera~ento y las
ocupaciones.

�22

EL SIGLO.

Rechazad todo álimento que ofrezca á la Yista ó al olfato señales
de alteración, enmohecimiento, etc. Rochazad igua!mente todos los
confit~s y golosinas de confitería coloreados de blanco, de rojo, de
amarillo ó de verde: esos colores contienen muchas veces piorno 6
arsénico. No permitáis que los comerciantes envuelvan en papeles de
diarios ó de colures las substancias alimentícias que les compréis.
Evitad también el serviros de utensilios ó vasijas hechas de plomo, de cinc, ó de hierro gah-anizado para la preparación ó la conservación da las substancis alimenticias.
Si queréis estar sanos, amigos, tQmad una alimentación
sencilla y libre de todo lo que sea nocivo. Cuidad de que los alimen
tos que habéis de ingerir no hayan sufrido alteraciones de ninguna
especie' dándoles propiedades nocivas para vuestra salud.
E,·itad, siempre que sea posible, el comer pan muy viejo y el que
haya sido hecho con trigo germinado ó con harina húmeda. No os
oh·icléis de que la manteca rancia es indigesta. Rechazad los productos manteca, leche y queso, que os consta provienen de una vaca
enferma. No comáis sino huevos frescos;después de algunas semanas,
se vuelven impropios para el consumo. Recordad que las carnes, los
embuchados de carne de cerdo en estado de putrefacción pueden ocasionar no solamente cólicos y diarreas, sino también otros acciden1-es de carácter mucho más grave. No creáis que la cocción destruye
las substancias nocivas· No pongáis el menor reparo en si.rrojar todos los alimentos que, como vulgarmente se dice, tienen mal gusto.
Ciertos vendedores, comerciantes poco escrupulosos y cuida&lt;losos
de la ~alud de sus clientes les venden algunas veces urtícuk,s falsificados, con el propósito de obtener una mayor suma de beneficiof'.
Las sofisticaciones y falsificaciones de los alimentos y de las bebidas son quizás una de las causas de los tumores, cánceres, ect.,
de los cuales mueren hoy en dia tantos desgraciados.
La harina se falsifica mezclándola con fécula de patatas y con sub!&gt;tancias químicas muchas veces muy peligrosas. Algunos panaderos y pasteleros suelen agrega.r tambiéu tiza y yeso para dar mayor
peso á la masa. La manteca se mezcla con sebo, margarita, harina
y fécula de patatas. El qneso algunas veces también se falsifica agregándole fécula. Hasta se trata de vender el pescado pasado 6 impropio para la alimentaci(rn tiñendo las agallas con sangre, para que
sean de un color rojo vivo, como cuando el pescado es fresco; otras
veces se le pinta y se le hacen preparac10nes nocivas.
LAS BEBIDAS
De todas las bebídas, el agua PS la más sana. Es también la más
económica. Es la que mejor facilita la disgestión de los alimentos.

EL SIGLO.

23

No bebáis mas que agua clara, sin sabor ni olor. No bebamos nunca mientras estemos agitados ó sudando, sobretodo si el agua está
fría.
Las bebidas son nPcesarias á todo ser viviente. Son el c::implemento indispensable de los alimentos cuya digestión facilitan disolviéndolos. Reemplazan también de una manera comp!Pta ú los alimentos sólidos durante la primera infancia y durante ciertas enfermedades. Fuera de las comida!'I, no deben tomarse sino en el caso de
desalterarse ó de refrescarse. Las bebidas así como son saludables
tomadas con medida, se convierten en nociyas y hasta peligrosas
cuando se toman con exceso.
Las principales bebidas saludables que más usamos son: la leche,
el café, el té, el chocolate, la cerveza, el vino, la cidra, la perada,
etc. La leche, alimento completo, es útil á todo el muudo. El café
excita el sistema nervioso, activa la digestión, facilita el trabajo intelectual y hace olvidar las fatigas. El chocolate se digiere lentamente y no conviene, por lo tanto, á los estómagos d;.biles. En cuanto á la cerveza, algo nutriva y excitante, se debe usar; pero no abusar de ella, El vino ha de beberse solamente en las comidas, para
que produzca una acción benéfica. La cidra y la pera&lt;la, bebidas re... frescantes, no conviene á todos los estómagos. Los jarabe~, las limonadas, las aguas gaseosaas y el hidromiel son aceptantes y digestivas.
Los licores alcohólicos ejercen lo más pernicin~o~ efectos en el cuerpo, en la inteligencia y el corazón. El abuso dP p-:o~ licores procluce
la embriaguez, vicio vergonzoso que pone al hombre por debajo de
las bestias y le induce á cometer las acciones más criminales. El
obrero que abusa de los licores fuertes está perdido. Gasta sus rectirsos al mi~mo tiempo que su salud, energía, su dignidad y sus buenos sentimientos. El alcohol no es un alimento, como algunos lo
creen; es un excitante que debilita.

�¡,

24

EL SIGLO

25

EL SIGLO

~~-1 - - - - - - -

~~•----

La Calumnia.
Alma Raza.
I
Ya estaba la sangre seca
Del Ultitno Emperador,
Cuando en tierra tecpaueca
Hallándorn el Rey Azteca
Y el Bravo Conquistador.
II
"A la hoguera me arrojaste,
Hernán Cortés; y después,
De un madero me colgaste.
Dime, empero:-¿qué ganaste
Con ahorcarme, Hernán Cortés?
"En la hoguera sonreía
Y en la horca sonreí.
Pwque un día llegaría .
En que muerto vencería:
Y muerto, Cortés, vencí!
"Mi espíritu, entre fulgores,
Fué aquel bello luminar
Que el esplendor en Dolores,
Cambió el color de las flores
Del jardín de Miramar.
"No así el tuyo.-Prisionero
De la ingratitud quedó.
¿Recuerdas, bravo guerrero,
Lo que el rey Carlos Primero
En Madrid te preguntó?"
III
Guardó silencio el Hispano
Conquistador.-Y después,
Como si fuese á un hermano,
Extendió su nohle mano
Guatimoc á Herná:.l Cortés.

Por hacer 'injusta guerra
á una paloma inocente,
desplomóse una serpiente
de las cumbres de la sierra.
Di6 una vnelta y luego mil,
y, por la ladera, en breve
rodó una bola de nieve
cuyo núcleo era el reptil.
Tanto el alud aumentaba,
con tal estruendo caía,
que en el valle se creía
que el monte se desplomaba.

1

J
1

1

Al ver la masa glacial
decía el vulgo admirado:
"¿Qué gigante habrá lanzado
proyectil tan colosal?"
¿Qué ser todopoderoso
le impulsó con tanto brío?
...... Pero al fin llegó el Estío;
fueron á ver al coloso,
que espantado al más sereno,
descendió por la vertiente,
y hallaron ...... á la serpiente
revolcándose en el cieno.
No me importa, ni me extraña
que, haciendo lo ínfimo enorme
la opinión pública forme ·
el alnd de la patraña.
A impnlsos del ser más vil,
la indiferencia se mueve,
pero se funde la nieye,
y sólo queda el reptil.
LEOPOLDO CANO.

ANDRES MATA.
)

�26

EL SIGLO.

UNA PAGINA DE HISTORIA NACIONAL.

Tengo muy presente el salón del Tribunal de Justicia, sus columnas, su dosel en el fondo. Estoy Yiendo en el cuartito de la izquierda del dosel, á León Guzmún, á Ocampo, á c►.ndejas junto á Fermío Gómez Farías; á Gregorio Medina y su hijo, frente á la puertecita del cuarto; á Suárez Pizarro, aislado y tranquilo; al General
Refugio González siguiendo al Sr. Juárez.
Se había anunciado que nos fusilarían dentro de una hora. Algunos, corn&lt;_&gt; Ocampo, escribían sus disposiciones. El Sr. Juárez se
parnaba silencioso· con inverosimil tranquilidad: yo salía á la puerta á ver lo que ocurría.
En el patio la gritería era espantosa.
En las calle~, el Sr. Degollado, el General Díaz de Oaxaca, Crnz
Albedo y otra persona que no recuerdo; entre ellas un mé•dico )fo.
lina verdaderamente heróico, se organiu1ba en San Francisco, de
donde se &lt;le11prendió al fin una columna para recobrar Palacio y libertarnos.
A ese amago ahullaban materialment~ nuestros aprensores: los
grito~, las carreras, el cerrar de lus puertas, lo nutrido del fuego de
fusilería y artillería eran indescriptibles.
El jefe del motín, al ver la columna en las puertas de Palacio,
dió orden para que fusilaran á los prisioneros. Eramos ochenta por
todos.
Una compañía del 5~ se encargó de aquella orden bárbara.
Una voz tremenda, salida de una cara que desapareció como una
visión, dijo: "vienen á fusilarlos."
Los prt::sos se refugiaron al cuarto en que estaba el Sr. Juárez; unos se arrimaron á las paredes, los otros como que pretendían parapet.nrse con las puertas y con las mesas.
El Sr..Juárez avanzó á la puerta; yo estaba ú su espalda.
Los soldados entraron al salón ........ arrc,lláudolo todo: á su frente Yenía un jóven moreno, de ojos negros como relámpagos era Peraza. Corría de uno á otro extremo, con pistola en mano, un jóYen de c¿1bP.llos rubios: era Moret. Y formaban en aquella vanguardia Don Filomeno Bravo, Gobernador de Colima después.

27

EL SIGLO.

Aquel1a terrible columna, con sus armas cargadas, hizo alto frente á la puerta del cuarto ........ y sin más espera, y sin saber quien
daba las voces de mando, oímos distintamente. ".\.l hombro ¡Pre•
senten! ¡Preparen! ¡Apunten!. ........ "
Como tengo dicho, ~l Sr. Juárez estaba en la puerta del cuarto:
á la voz de "Apunten", se asió del postillo de la puerta, hizo atrás
su cabeza y esperó ........ .
Los rostros feroces de los soldado~, su adenián, la conmoción misma, lo que yo amaba á Juárez....... yo no sé ......... se apoderó de
mí algo de vértigo ó de cosa de que no me pude dar cuenta ........ .
Rápido como el pensamiento, tumé al Sr. Juárez de la ropa, lo puse á mi espalda, lo cubrí con mi cuerpo ......... abrí los brazos ...... . .
y ahogando la ,·oz de "fuego" que tronaba en aquel instante, grité:
"Levanten esas armas! ¡levanten e:-as armas! 1los \'alientes no asesinan!. ........ y hablé y hablé yo no se qul:: yo no se qué hablaba en
mf, que me ponfa alto y poderoso, y veía entre una nube de sangre,
pe'}ueño todo lo que me rodeaba: sentía que lo subyugaba, que desbarataba el peligr11, que lo tenfo á mis pies ............................ .
repito que yo hablaba, y no puedo dar cuenta de lo que dije ....... ..
A medida que mi voz sonaba la actitud de los solcla&lt;los cambiaba .. .
. ..... un viejo ele barbas canas que teuín enfrente, y con quien me
I
. ' d o1t'i "¿quieren
.
~ncare' d.1c1en
sangre." ¡b'b
e anse 1a mía .........
¡alzó el fusil.. ..... .los otros hicieron lo mismo .........entonces vitoree
á .Jalisco.
Lo~ soldados lloraban, protestauclo que no no~ matarían, y así ~e
retiraron como por encanto ......... Bravo se flll:-l• ele nuestro lado.
.Juárez se abrazó de mí. ........ mis compuiieros me rodeaban, llamándome su sah·ador y salYador de la refor1na ...... mi corazón estalló en una tempestad de lágrimas.
Gu1LLim)10 PRIETO.

,

�28

EL SIGLO
EL SIGLO.

Nueve comidas al día.
En tiempos pasados las drogas fueron el único recurso que la ciencia aconsejaba para combatir el terrible mal de la Tuberculosis, y la
mortandad crecía en proporciones asombrosas. Después el aire pu ro
se constituyó en el recurso esencial, los enfermos que podían se trasladaban á California, á las regiones secas de temperatura uniforme,
ó á los valles montal'iosos y helados de los Alpes y los Andes. En
los tiempos actuales, el médico estudioso y experto que ha seguido
de cerca los grandes esfuerroe de la ciencia para contenJr la invasión tuberculosa, no aleja al paciente de las comodidades y atenciones del hogar doméstico. Obtiene todos loe beneficios posibles del aire local, aunque éste no sea tan rico en oxígeno como fuera de desearse, al_imenta al paciente hasta los límites de su capacidad asimilati ,,a, lo llena y rellena de alimentos, y no importa en sus funciones
hepaticas se congestionen con tal de que gane en vitalidad y en carnes.
Ese es el camino trazado por el buen sentido. Actualmente se curan sin remedios más enfermedades que las que los médicos de nuestros antepasados curaban con ellos. En los sanatorios para Tuberculosos se administra alimento al paciente nueve veces al día en la forma y orden siguientes:
A las 6 de la mañana: Desayuno consistente de cereales, pan y
mantequilla, h¡rnvos, beefstak y café.
A las 8: Emulsión de Scott legítima y vino de Jrrez.
A las 10: Yemas de huevos batidas con azúcar y vino.
A las 12: Almuerzo consistente de sopa, carne de res ó de cordero, papas, legumbres y pan.
A las 2: Emulsión de Scott legítima 6 vino de Jerez.
A las 3: Caldo hecho con extracto 6 jugo de carne.
A las 4: Yemas de huevo batidas con azúcar y vino:
A las 5: Comida consistente de huevos pasados por agna pan y
mantequilla, pndín de sémola ó de tapioca y té.
A las 8: Emulsión de Scott leg(tima y vino de Jerez.
J

29

El Dr. T. B. Mohun,_ cirujano de la expedición polar de 11:,9394, y m1&amp;mbro honorarrn de la Real Sociedad de Geografía de Londres, así como otros, médicos y_ ~iajeros notables, _acaban de llega1• á
Washrngton, despues de un Vl8Je que por negoc10s de minas hicieron al Norte de México.
El más importante de los descubrimientos del Doctor i\Iohun consiste en trescientos ó cuatrocientos esqueletos ele mujer que haÚó en
un monasterrn abandonado, cincuenta millas al Oeste de Nucozari
en parte la más desierta y Jesolada del país.
'
Nunca se había ofdo habla: de tales esqueletos que; repetimos,
son todos d~ m_□Jer, extr,wrdrnariamente pequeños, no encontrándoseles ropa, m atahudes.
• Cómo esas mujeres encontraron la muerte todas al mismo tiempo,
y por que no hay un solo esqueleto ue hombre, son cuestiones á las
qne no se puede contestar, y probablemente jamás se dará contestación cum pi ida.
El gran edificio de adobes, que debió servir de convento ó monasteri'&gt;, fué construido sin duda por los españoles, y ann cuando el citado Doctor ha ofdo relatar la teoría de que el país fué colonizado
primeramente por chinos, rechaza la idea de que los esqueletos permanezcan á mujeres de aquella raza.
Se han llevado á Washington fotografías del desierto del monasterio y de las momias. Llevar estas no fné posible, por que un buen
acuerdo del Gobierno prohibe á los extranjeros disponer de las reliquias 6 recuerdos arqueológicos que se encuentren.
Varias teorías SA han externado respecto al fúnebre hallazgo una
es que las mujeres murieron an diver,as ocasiones y que sus 'cadáveres fueron colocados eu el viPjo con,,ento, en la cripta sepulcral:
otra que todas perecieron al mismo tiempo á consecuencias de un
temblor de tierra; pero es difícil conjeturar como y por qué se hallaban reunidas en el convento.
El Doctor Mohun cree posible que los esqueletos cuenten centenares de años, y por otro lado también cree posible que las mujeres
hayan perecido en el formidable terremoto que visitó al país allá
por el año de 1832,
Además de los esqueletos. se bailaron dos grandes campanas en
las ruinas, cada una dA las cuales, según antigua leyenda contiene
liga de uro por valor de$ 1,500.
'

�30

EL SIGLO

EL SIGLO.

31

INSllil!tW ■ EllilAGIGN.

La instrumentación es como sigue: Flauta Flautín RPlluinto
' Alto y' Barítono
-·,
'
Tenor
Bug1es 1º· Y 2º• Co rnetmes
·
' 1? 2?
' y 3~ Barítonos'
1? y 2?, Trompetas
1¿ y 2? Al~ (6 ~•xhorns) 1? 2? y 3? Barítonos !? y 2? Bajos 1? y

. tes 1°-s. 2°-s y 3º-s, Saxofones Soprano
elarme

A los Señores

DIRECTORES DEBANDA.
Estando próxima, I,s fiestas patrias de Septiembre conviene
que cada director consiga piezas nuevas para tocar en esas festi\'idades. A cantinuación tenemos el gusto de publicar una lista de !ns
piezas editadas en nuestra popular publicación

LA BANDA
y las ofrecemos á los señores directores al ínfimu precio de

2, Cont~bOJO S1 b, Contrabajo Mi b, Batería y Conductor.
La 1nst_rumentaci6n va arreglada de tal modo que se puedan
tocar lus piezas tanto p&lt;r las bandas que tengan el instrumental
c-ompleto como por aquellas que posean rolo un personal reducido.
Así que el que Ud. cuente con un número corto en su l!Orporaci6n
no es &lt;lbstácul&lt;! para que se subscriba pues las piezas sonarán bien
dP todos modos.
.
Las partes van en papeles separados de modo de poder ejecuta~ al recibir.ie.
Si Ud. desea alguna de estas piezas puede hacer su pedido desde luego por carta fra_nqueado co_n un timbre de ,5 centavos y dirigido á la casa.. Suplicamos E;e sirva poner con suma claridad su
nomb,e y epelhdo así como también el lugar de su residencia y
Estndo á que pertenece.
Los pagos se hacen por medio de giros que la cesa extiende á
cargo del subscriptor.
Diríjanse los pedidos á

CINCUENTA CENTAVOS CADA UNA
"\'iva Jalisco." Vals.-A. Moreno.
"Flora.'' Mazurka.-Mariano Corona.
"Rizos de Oro." Polka.-Rr.fael Ambris.
1
"Suspiros" y ·'¡Ay que Cuca!" Danzas.-Ignacio Rodríguez.
"Moriré Amando." Schottiseh.-J. Luz Badillo.
"RCSl'dú." Mazurka.-Aurelio M. Pérez.
"De Flor en Flor." Polko.-Fernando Soria.
"Un Recuerdo á Puebla." Paso Doble.-Ignacio Rodríguez.
"¡Ah! Que Morena." Galopa.-Ignacio Rodríguez.
"¡,Me amas Pepita?" Danzón.-Mor!ano Corona.
"Flores de Invierno." Vals.-Ignac10 Rodrígue1.
"Gran Marcha Bernardo Reyes."-Teléoforo Vargas.
"Trinitaria." Mazurka.-Jesús Vargas.
"10 de No\'iembre." Marcha.-Antonio S. Hinojosa.
"Amor del Alma." Scbottisch.-Gregorio Cisueros.
"Sara." Vals.-Rafael Ambris.
"Patriotismo." Paso Doble.-A. de la Teja.
"Miradas y Caricias." Dan:ias.-Oscar Méndez.
"Inés." Mazurka.-Carlos Cuarlero.

MODESTO GO~ZALEZ.
CASA EDITORIAi, DE lll'SICA.

C. Yictoria, Tamaulipas.

•

�32

EL SIGLO
''DIRECTORIO RUHLAND ."
(FUNDADO EN EL AÑO DE

1888.)

ACABA DE APARECER LA NUEVA EDICIDN

'-

DEL-

AVISO I MPORTA NTE.
Vapores para Pasajeros entre Tampico y Europa
de la Línea Hamburgo Americana.
'

para 1903-1904.
(712 páginas.)

El primer vapor "Prinz Adalbert" saldrá de Tampico el 18 de
M:ayo. ~os vapores subsecuentes saldrán ele Tarnpico el 2 de Julio
y despues el 2 de cada mes.
;amando pasajer?s. para .Haban?, Coruña, Ilavre y Hamburgo.
\ apares de dos l1el1ces, _t!Pº Prmc1pe (Priuzenklasse) bruto ... ..
6:000 toneladaJ; .co11strucc10n completamente nueva (1903) v propia para !os trop1cos.
"
PREC I OS:
Victoria á Tampico .. ....... ....... ... ... . $7.22 plata
Tampico á Habana ... ......... . ....... $37.00 oro. ·
,,
,, Coruña .................... $13tl.OO ,,
,,
,, Ha vra... . ..... ... ... ...... $150.00 ,,
,,
,, Ham bnrgo... .. .... .. ...... $1 i0.00 ,,
1

r:u·a i II forme-. de pusitj&lt;&gt;R y 1.:1u·ga

,l

Du·ijfr8e á lo,, .tgentt.':'I

del Fen·oc.a.1-r.il centru.l Me:ticano

F. -~TUSSY SUCESORES
ó á Agentes de la LhH'll f:lamburgo-Americana
,arfado Xüm I2f Tampic-o, Jté.:s.Jco.

1

1

!

1

•

I!

PRECIO (encuadernado:) $5.00; por Correo, Ce,rtificado $5.25.
INDICE:
Los nombres de los Banquero~, Comerciantes, Fabricante~, Comisionista~. Corredores, I!acendados, 1viaestros de Escuela, Libreros, Artesanos, Abogados., ).,fédico!=l, Sacer&lt;lotcs, Boticarios, Fotógrafos, de los Propietarios de I-Iotcles y de los periódicos, etc. etc.

- de 552 Ciudades v Vill as de lo Repúblico.
~ Inportantí,imo

para cada Comerciante, Comisionista,
Fabricante é Industrial.
e-Extraordinariaménte útil pm·a remitir Circulares y
Anuncios comerciales por Corrno.
~ Directorio necesario para la remisión de Cutálogos y
Prospectos de Librnos y Agencias de periódicos.
N""Gula pn ,·a los Comercia11tcs-Vit1jPros.
JI@"" ] ndispl"l1sable para los Clubs, Hoteles, Cantinas, etc.
-~ií.!".l~-

DIRECTORIO DE LA REPUBLICA MEXICANA-

•

(El Directorio ,le la Cinila&lt;l &lt;le Méxi,o y
el Directcrio rfo los Estado~ P!I un ton,o.)
PRECIO: encuarlema,lo, $8.00; por Coneo, ecrtificnnn, $8.50.

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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