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LIBERAL,

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1NDEPENDIENt E, . ,,Y RA.DICAL.
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rarlo ni en exportarlo, y el c,omercio extran- manchado, IQs traidores jamás han tomado la
C:01\lDIC:IONES DE LA SUSCl\lC:ION,
\
- - -- - - - ~ - - - - - -- - - 'jero parn llcl'ar plata en cambio de sus efec- inicialiva lealmente y á pecho descubierto,
Los comunicados y avisos se insertarán cou la reEL DINERO.
los, te111lria que hacer de nuevo el carnhío siuo que atizan la di&amp;cordia, y cuando ya enEste periódico se publicará todos lo, &lt;lías ála, sic le
de la maüauu, excepto los lúncs.
baja de unu cuarta parte de lo que cualquier otro ¡ El bien y el mal caminando de cousuno de su papel por el cudiciado metal, lo que cuentran de punlo la &lt;l-ivisioo de los liberaLos suscritores lo recibirán cu sus casas.
periódico lleve por su publicacion.
concmn·u t·oustanlr111cn1c á la existencia da ria una opcracion mas sin quitar uaúa á les, se saben aprovechar de ella y dar &lt;lemaEl precio de suscricion s~mt un peso mensual, y
Las suscricíoncs, comunicados y anuncios ~e re- tl••I
· ¡acion.
·
, univcr:;o, ¡)1·omor·1endo la couslaule tras- 1a c1rcu
no á sus imprndentes colabora dores.
ciben
en
la
redaccion
y
administraciou
del
Cunli¡·
·
t1·1·
·
.1
,
.1
1
d
pura los forúueos diez renlc.s, frauco de potle.
urmac1011 Y u,o 11tacion uc ,ouo o crea 0,
El 1,uuto irn11or~1nte está en hallar la maUecué1·dese el funesto .,"'oipe de Es1adu 1
11e1tlal, calle de Snn José el Renl niím. 21, y en la
Ca&lt;la uúmero suelto ,·nle medio.
1
1
y estaL_ leciendo la balanza e _ los extremos uera· de crear uu ,·alor nuevo c1ue 1,ueúa nue se nrcparó )' llevó á cabo por los libe1·a.,
~
A los repartidores se les dar,( ,l tres pesos el librerÍil del Sr. Aguilar y Ortiz, calle l! de :Santo
11ue las acreJitar el papel que se emita y' cuyo pago les ilusos, y fué el orígen de diez años d1,.
opuestos
Y
eucuutrados,
lo
nnsmo
Domingo núm. 5.
ciento.
l'uerzas tic rcpulsion )' au·acciou mantit•ncn 1 ,¡ne.Je suficientemente garantizado.
desastrosa guerra civil, que despues de los
'.
"
1
al Orbe en sus ejes )' no dejan 1ue se des- 1 Podria pc,r ejemplo crearse un fondo con hoi·rores y asesinatos &lt;le que fueron víctimas
ITINERARIO
. quicie la creaciou.
·
una coutribueion sobre la propiedad raiz nuestros mas esclarecidos patricios, vino ,;i
Buscad cualquiera de los acontecimicntus i ,¡ne, gra,·atla en nHa cantidad anual por concluir con la invasioo estranjcra y la fea
1
' Je la rnla, cualquie1·a tic las acciones hu 111 a- [ ,,jemplo tlc cinco millones de pesos produ- mancha Je traicion á la patria, que recay(i
DE5DE EL l.• DE AGOSTO DE 1867 EN ADELANTE.
uas; el mayor de los goces ó el mayor de ¡era cu tres años quince millones, que se en alguuos desgraciados mexicanos, á quiqnc~
TREN DE MERCANCIAS.
los loni.Jculos, Y cu Lodo encontrareis el ¡,odriao morilizar ii;me&lt;lialamcnte de la ma- mas les valdria no habe1· nacido, que re,nir a
uicn )' C'I 11,al mc1.daúos Y coufuuditlus Y ucra si¡;uienle. Los Jlropietarios que de- parar en ser la vergüen,a de sus hijos y ti
sirl'iéndose de mútuo apoyu )' estimulo.
, bicra 11 causar la co11tribucio11, emitirán pa- oprobio de las naciones ,•eoideras.
de la mañanil,
Llega á Tepexpan, á las 8
á la, 7 de la mañana.
Sale de ~léxico,
El
a111ur
trae
los
celos
ó
el
fostitlin,
la
garés á plazos succsiros por lo correspoa¿Y defues de tantos sufrimientos, no se,.
Lá Palma, ,, U 9
,,
8 15
u
,, Tcpexµan,
"
,.
Apam,
,,
10
2-!t
., La Pi1hmt
9 24
1a111hition sus úeccpcioucs, In t'icnt:ia su has- diente á tres añt,s del impuesto, y estos pa- rémos mas cuerdos los liberales? ¿Seguiré~
,.
,.
Soltepec,
11 ló
,, Apnm,
,t
l O 39
"
j 1¡,,, ) lodos lus placci·es sil' cansancio )' su, ¡;arés, dc¡,o,11adus bajo rigilante custodia de mos como antes, siendo la causa única de
,,
.Apizuco,
,, 12 2 l
,, Ll 80
,, Soltepec,
1
"
des., 11 ::;auos.
un c,¡,plcado del Gobierno, y Je un apode- nuestra propia ruina? Estas tristísimas re, Los cscéplicos, los hombres causatlos de rado Je los prn¡,ietarios, seria la ga1·anria nexíones ocurren al ver que algun diario se
Llega á Soltepec, &amp; la l 21 del dia.
á las 12 30 del din.
Sale de Apiznco,
1
a¡;o:,11· los goce$' ,le la ríd;1 crt'en tucoutr,1r efoctira &lt;le los bouos que se emitieran y que empeña actualmente en 11redicar la discortiiu
,, 2 12
,,
,, 1\pnm,
,,
l 36 ,,
,, Soltepec,
,,
,, La Palma, ,, 3 37
,, Apttm,
~ 37
eu el •!111cro la l'ne111c d_" 10,lo IJJtn.' Y cuu,c- 1nadie dudaría cu r·ecibil' cslaudo de este y en formar en el seno del grlln partido ·li,, ·rrepexpan, ,, 4 46
H
La l'alwa, " 3 52 "
ten lw¡ezas )' arrn111a11 a sus scm,·¡.wtcs por modo asegurados.
heral, otro partido que no sabemos el oom,. 6 00
,,
Márico,
fepupa11, " ó ou "
"
"
cl placer &lt;le atesorar un metal t¡uc los L_oml,,a ciencia ei;ouómica aconseja que, para bre cúh q11e querrá bautizarse; pero que seEL TREN DE PULQUE.
bres se han acostumb'.·a&lt;lo á llai~ar_ precioso. que las emisiones ,le papel estén pcrl'eclamen- · guramente será el pmHo de apOJ'º de' las
I:.&gt;..,,.,_.
¡!í:i' dmcro! lfo ah1 la recoprlac1on de los le garauliza&lt;las, se tenga en de)lósito la 1e,·ce- maquinacion~s futuras del funesto bando
Llega r.Tepcxpan, ,í las ~ 30 del dia
á la l 30 del día.
&amp;le de M~1ico,
deseos
úcl a,a,·o. Con él espera conseguir ra parte en cl'cctirn de lo que rcprcscu\e la traidor, que, no hay que dudarlo, actual., La Palma,
S 34'
,,
2 40
,,
Tepexµan,
,, Apam,
4 43
,,
d bienestar Y no consigue sino la zozobra l' emision; mas uusolros nos limitaremos á mente ya se agita en las tinieblas; y si no hay
3 H
.,
,,
La Pahua, "
►'
Soltepec,
5 30
..
,." 4 ::S3 .,
" .Apam,
el disgusto, puesto que atesorado para nada ar.ons(•jar que la e111isio11 Je bonos se baga union y fuerza entre los liberales rara conte~ J E : l ~ " I " '..,,.,__
puede scrridc siendo como es, el siguo uni- ¡ solamente por lo que representen los paga- nerlo, tarde ó temprano volveremos á ver roLlegn á Apam, á las 3 36 de la mañana.
de la mañaua.
Sttle de Soltepec, á las 3
rersal &lt;le camuio Y el mensajero de todas rés de los tres años dcposit.ados en las cajas producirse los asesin~tos de Tacubaya y Je
La Palma, ,, 4 48
"
Apam,
,, a 46
las comoJidades de la l'iúa,
públicas.
Tepeji, las terribles proscripciones &lt;ld impe,, 'fepexpan, ,, 5 43
,,
,, La Pahua ► ,, 4 53
"
,, 'México,
"
R 5~
,,
1
El dinero, pues, reputado como la suEstos quince millones, )'ª c¡ue cu esa can- rio, asl como la cúnt1ouacion del decretó de
.,
,. Tepexpnu, ,., 5 43
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -prcma fei:~idad en esta ,·itla, tiene tambien ¡ tidaJ lijamos la suma, seria,_,, si no de una 5 de Octubre.
Una vez verificadas las elecciones en tod~s
1 su parte mcoo\'ernentc, y es la de que su rcz, á lo III nos en poco 1iempo utilizados
!\OTICIA DC: LAS ENTRADAS Y SALIDAS DE CORREOS EN EST.\ CAPITAL.
constan_Le y no alterado ."ªl~r pl'O&lt;lu_ce_su _es- por el Gouieroo, y como ¡,ara amortizarlos partes, menos en dos Estados de la RepúE NTRADAS.
¡tancam1en1u. , Mas IJ c,eu~ia ec0t1on'.1ca_ ha 1c'.idria el mismo fondo que lo• creó, no h•- nnca, aeoeriamos esperar fil proxrmareunton
d'3-U.1.DO.
0 .,-f-f,.- 0-,.,... 11rensto ese mal y ha cr~ eou los b1lle- bna ,., 'I"" f"'il611l" en ellu; Ji. !lllP.1uas no se- de los representantes del pueblo, y no contiV.U:lt~..,_..
J L' t; V .t:.S,
M., u:r~. 1 ;m LClCOl...S'!.
LUSE:s.
1 tes &lt;le ua.uco
uo sigo o de' cambio que tiene i·ia oeces:u·io amortizados todos si el papel ouar procurando dividir los ánimos con ta
1....:..:.:.:.:~:_-1------\::~~..:....;;__[-;:-7.---·[;-;:--::7---1
_.:;:_=:::.__-1
Pucbl11..
l'uebla.
Puebla.
Pui.:blt1.
Pw:hlo..
1l'ucLlu.
Puebla.
todas las yeutajas del dinero sin tener sus conserva!Ja su crédito, )' pcrmiliria que ca- malhadada cuestion dela ley deconvoc~torla,
Julnpa.
Üt"iZ:t\';I•
Ouaca.
Jalupa.
Orizu\'O,
O,ilu\'a.
Jalapn.
Ouaea.
Cúnlul,n.
Apo.m.
:\pum.
C6r,luba
_.\ [&gt;~JJI.
Cúnlolnl.
!
uuliJadcs.
da Lres años se hiciera la emisiou pudiendo pretesto que han aprovechado algunos con en\' i:rm·ruz.
Q,11&lt;'rl:1ttro.
;\piz:u-o.
A¡,i1.aco.
¡rcracrUL.
A!lÍZ3llll.
r~rncruz.
Guudu!ujua.
.
.
\¡ni1u.
(.:.
lJ
id:1lgo.
C. JI hluls;:o.
1
~uuca se uos pintó uo avaro aleso(ando ademas disponer de los fondos sobrautes.
carnizamienlo, para combatir al Sr. Juarez.
e lliJalgo.
Ap:nn.
Zucalec:a.:$,
.\pii:ll'O,
Pachura.
Pudmca.
Apam.
l'nt'huc¡L
.\ pizac-o.
S
J.uis
Potosí.
&lt;.:. Hidalgo.
papel sino g11.1r&lt;lando oro ó piula en ,rns co- ,
11.l~LEL LóvEz ~lr;;ooi:1.
quien por mas esfuerzos que se han hecho
Q,ucrétaro.
• l'ulo1n·iu¡.:;o .
.\ pizac:o.
'l'ulauci11b"O,
C. H1tlitl:; .•
P• ..\lataw.oro1.
rochllCtl•
$. Luis Poiosi
Qutrtitar11.
&lt;.:. Jlidaleo,
Qucrt:t11ro.
Pachuca.
.f1es.
-.~•
-~
_
en su contta. hasla ahora aparece que es el
p, M3Ll.lUlOí..tl. 'l'11lanci11g-o,
Guadalnjara.
,¡,Pnchm:a.
()u;1d11lajar.a,
'J'olucn.
&lt;.¿ucrCtaru.
'l'oluca.
Zacut1;1·:u.
Zai·ntrca3'.
La
crcaciou
de
uu
banco
que
emitiera
candidato del pueblo.
Cuautln..
[ueréc,ro.
'l'ulncn.
~uautla.
.S. l,tti~ l'olo,ií. 'l'olu~•11. •
'l'~luca.
,\hm:lia.
,papel de circulacion, pero cusa realizaciou . - -" -.-- -.-.
Es en -vano que la mayotia de la misma
P. ¡\J atau1uros • ~lurclia.
.\lon:lia.
Cucru;1vacn.
Cuc.ruantca.
l'ohu·a.
·
1
LA.
DIVlSIO:í
E~TRI!:
LOS
LIBERALES.
Cucruav:aca.
estuviera perfec1amen1e garantizada, sena a
prensa de oposicion haya cesado en sus rrta:11aullu.
,
salrncion de uucstro decadente comercio,
Sicm1ire pasa lo mismo, pues 110 bien se ques y se ocupe actualmente del plan de esSALIDAS.
pues el numerar-io, que cutre nosou·os mas ha logrado escarmentar al bando reacciona- tuuios, de la organizaciou de tribunales, de
DOll
JUEVES.
VJEUXEil.
$.\DADO.
Mlt:'llCO.L.ES.
)iAltT.ES.
unn:.:,.
_ __:::,:::::::.__¡_:..:.::..::.:::__¡1...::...____+:--:-:----[::-:-:----+:--:-:---t:·~--- .oieu que sig110 de cambio es articulo de co- rio y Lrai&lt;lor, cuaodo no fülta algun pretesLo ferrocarriles y de otras cuestiones prácticas
Pud,la.
PucblR, •
Pud,111.
Puebla.
¡
·
1b ¡
· J
Put:bla.
l'uc\1la.
Jlucblá.
Juln¡.i.
º"'"'"·
Jalapa.
mercio, se estanca y paraliza en cuanto llega para que cnlre os nusmos i era es conuen y úe la mayor importancia; ·inútil ha sido qmi
0 ,,,.,..
Oc·i~mvn.
,Jalapa,
Or1r.:wu.
Cbrdoba.
Apa111,
n;rJoL:1.
~~;~~:;~.
[.á manos de los extranjeros que lo monopo-1 c~n á surgir cuestiones, que causan la divi- el pueblo baya manitestado tanto tino y bue11
Vt:rncru1.
,\pii:u.:o
'Vcrucrui.
c. Hi&lt;lnlgo.
c. Hidalgo.
Ap&lt;7Aco.
, lizan para exportado sin dt•jliruos medio al- swn, de la que )'a &lt;leberiarous tener espe-- sentido en las elecciones, pues un diario,
OataL-a..
C. Ili&lt;lalgo.
.A p:un.
Pnclmca.
Pnchuc.i.
C. Hidalgo.
Aparn.
Pachuca.
Api1.nco.
'l'L,luucingo.
Qnerilnru.
, 1
f""Lucn.
¡;uno para conliuuar las transacciones mer- riencia, tJUC sabeu aprovecharse muy bien que ha caminado al fr.ente de la oposieiou y
A.piznco,
l'ula111.:iugo.
(J. f 1i1lulgo.
Qm:n:1aro.
S. Lui, l'otosí.
'l'ulanciui;o.
·
C. Hidalgo.
Querclaro.
.Pa.chuca
Guadulujaru.
P. Matamoro,.
Qneritaru.
cantiles en ~l C~terior.
0UCSll'OS enemigos.
preténde llevar ] a voz en e11 a, se le,·anla &lt;l.e
Pncliuca.
Gmulnlajaru.
Qucn::turo.
Qucrétaro.
S. Lttis Potosl. tnculccu¡;.
~,:t~!'."'·
El papel, con tal qnc esté bien ¡¡arautizaDébih,s y desprestigiados por si mismos, nuevo mas y mas acalprado, y nos dice qm,
S. J.uis Potosí.
l'olucn.
1'..\httamoro,.
,1
Toluca.
•do, tiene la ventaja de estar en constante por su espíritu sanguinario y feroz, así como la cüestion no ha concluido, sino'que él y
P. Mat.'1111oro11. ~lorciiu.
\lorc.lia.
'l'oluca.
Cucruurnca.
~lorelia.
h
d
l'olucit,
;uctu11\·ac:a.
Cuuulla.
, • : "
e,,,,,,..,,.,
circulacion, s111 que naJi.: piense en ateso- por los cnormes crímenes con que se an otros como él ya forman un partido ó ba11 e(;u:mtln.

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PERIÓDICO

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EDITORIAL.

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DE LOS TRENES ENTRE MÉXICO Y APIZACO,

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CO:aIHEOS.

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INTERIOR.

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217

220

209

rito, y convenga 6 no á mi hermano, será
,;iempre bien recibido en mi casa.
-Ya somos cuatro centra tres, dijo l,')ara sí
el emigrado, que, segun lo que acabbaa de
oir, creia haber atraido definitivamente á ~u
mujer al partido de su jóven amigo.

nes d-e que gustaban tan poco, y las reuniones de los sábados en la noche eran siempre
muy 1rnmerosas, fué fácil á Moreal tener con
Enriqneta una conversacion ba~tante larga,
sin que nadie parase la atencion en ello, ó al
menos quisiese impedirlo. Chevassu habia
consagrado esta noche á uRa de las conferencias preparatorias que tienen entre sí los diputados de distintas fracciones segun van llegando á París; y en cuanto á Próspero y á
Dornier hacia veinticuatro horas qU!.i la prefectura de policía les habia concedido una
hospitaliidad poco envidiable. Fiel á su papel
de benévolo protector, favoreeia el marqués
con un descuido aparente el coloquio de los
dos amantes y la marquesa que lo había notado desde luego, aunque sin cuidarse mucho
de ello, parecía tambien animarlos con indulgentes sonrisas; pero poco á poco asaltaron su
tolerancia ciertos escrúpulos, cuyas dausas

no pareció. El pedazo de pillo se ha mudado ayer tarde de miedo. ¿Qué os parece?
--¿Qué me parece? respondió Chevassu con
gravedad, que despreciar las ptopos1c1ones
de un duelista es propio de un hombre prudente y respetable. Si Dornier hubiese cometido la insiune locura de batirse con Moº
real, jamas se lo hubiera yo perdonado.
-¿Hablais formalmente? proguntó el mar..
qués con aire de estrañeza.
-Formalmente hablo.

l

•

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,.,1
(

'
.,
"
r

f

. ,

El amor so asemeja'á uno de esos perfumes
que dejan un olor indestructible en el vaso
que los conservaba, Hacia mas de deis al'los
'lue ba~ · rtidunciado elll. t Iós triunfos

11 ,,

pedante?
,,
-Yo no llamo cobarnía á la moderacion
de carácter.
-Pero vos mismo, ¿serlaís capaz de semejante moderacion?

,

El diputado del Norte se puso muy derecho en su silla.

-Yo seré siempre capaz de corifbrmar mis

merecen esplicarse.

L

-Qué, no os indigna la cobardía de ese

acciones fl niis principios, dijo acentuahdo
~olemnemente cáda pnlabra; á mis ojos el
duelo es un resto deplorable de los abusos de
la feudalidad, y goy- enemigu de· -&gt;os ab111íóa.
19

,

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2

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)

•

,,

'

Los republicanos, apenas se 1·eu11a el con- rui11a que lus ch:n1c11los enfurecidos han
L!VEOPOOL, id., id.-El algodon ha tcniría, dispuesta á suscilarla á cada paso que dé
El MMile1&lt;r censura :1 l1alia por vi0lar el
greso, acusarán :í i\Ir. Johnson; pero acusar cansarlo en nuestras poblaciones situaclas
d gnhierno, y {, mantener la diYision entre derecho &lt;le gentes, olviJando las obligacio- 1!0 una alza de un octavo de pen.
El middling de tpl011d.s :í 8½ pen., y el de no es siupendct. Ninguno de los jneces aru- cerca de la tlesembocnilura del Rio Bravo,
tos rcpnblica11os.
nes impuestas por tratados solemnes y dansatfos hasta hoy,-y,1 que ningun presidente La caridad )' In · :idminis!racion locales se
Cuanc!o la bien cortarla pluma de El Glo- do alas al peligroso espíritu rlél rcpnblica- Orlcans :1 8!, Venta 20,000 pacas.
lo ha sido,-ha deja,!o de continuar en el l1a11 dcc!,u•ado i111potc11tes para alivi:ir las
bo, podría estarse ocupantlo con muy buen nismo.
ESTADOS-UNIDOS.
desempeiio de su destino Jurante la causJ. desgracias que Matamoros llel'a tres sematlxito de la mullilnd de cuesliones rle lamaEl mismo periódico asegura que los ltnbiyor gravedad, y rle cuya buena 6 mala reso- !antes de la ciudad de Roma y de las p1·0~
Nueva- 1·ork, 19 de Setieml,rede 1807, Los radicales, sin embargo. tiatarán &lt;le sus- nas ,le llor,1r, y se han ,·isto obligadas á imlucion depende el porvenir de nnestra patria, ,inci:is fronterizas son leales al Papa, y que
Aprovechemos En este mome11lo de calma pender á M,·. Jolrnson. La medida seria re- plorar la simpática Olantl'Opia de toda la nacausa positivn trislezn 1•crla convertida en solo necesitan amilio para arrojar de su suc- y escasez de noticias, para ver en dónde cs- volucionaria, lanlo como la rlisolucion del cion, única que puede arbitrar medios de
congreso decretada por el Presidente. La sororl'O proporcionnles :1 tan gran catásinsll'ltmento de malas pasiones, eslampanrlo lo á los invasores italianos.
lamas parados.
dicterios y sembraotlo la d'1vision y la disLa Patrie aboga por la intervencien rra11El Post, uno de los mas, si no el mas ar- suspension seria necesaria para los republi- ll'Ofe.
La junla oria11izad~ con tal objeto en )lécordia.
cesa, á fin de sail·ar á llalia de la anarquía. rlienlc defensor de los radicales, pinta la si- canos, porque el Senado no prouuneiaria
¿Formais ya nn pnr1ido, nos decís? ¿Y
FLORENClA.-Segun las L,ltimns noticiris tuacion actual coll negros colorcs:-nEn el sentenda matra i\Ir. Johnson, y la causa du- xico, i11depcn1lientemenle de metodizar los
contra quién 1·ais :i C(lmbati,·1 ¿lssgrimiréis del Sur, habi, habido muchos encuentros en- Interio,· las empresas están paralizadas, la in- raría tanto tiempo ó mas lle! que folta para esfuer1.,s de csle 1·cci11dario para acudir en
1·uemas armas eonira los traidores y los ene- tre los invasores l' las tropas del Pnpa con duslria conlenitla, las nuevas ol,ras en sus- elrgir nuevo presiden Ir. La acusacion, ósea auxilio dt! nuc::;ti•os hermanos fronterizos,.
1penso, el público diariamente alarmado por el informe de la Comision judicial, cslá en ha acordado dirigirse á los Estados por el
mign, rle la palria, 6 r.ontra ,uestros herma- éxito ,•ário.
nos, que han sufrido y lnchado por sostener
FLOIIE~CIA.-Las noticias del Sur conti- portentosos rumores de lo que sucederá 6 se manos del impresor, cuyos cajistas han jura- conduelo de sus gobernadore~, segura de encontrar en todo el país la conso11ancia y el
una misma causa? Es en vano que se i11- núan siendo ra,·orables al partido de accion. har:\ en Washington, y el (111e no especula do consen·ar secreto su contenido.
concurso sin los cual·es no seria posible haSnponiendo
que
las
cosas
llegasen
al
es,,oque el preteslo de la defelli;a &lt;le la Cnns- Los garibaldinos han tomado posesion de ta en la calle de Wall se siente desgraciado.
tilucion, pues nuestros mismos contrarios es- ciudad de Nevola, en los Es\ados del Papa, En el Exlerior ha ido de baja nuestro crédi- tremo de un rompimiento, el congreso sus- llar medios atlecuados para ocurrir á la netán convencidos de que no existe tal 1•iola- y se 1rnn atnnc
• 11era do a¡¡·,, espcrnnr1o ¡a 11 e- lo, 11 ucs1ros bonos está11 i·n listos11ara.repa- pendiendo al Presidente, y el Presidente sus- c,•sida&lt;l en que se cnc11enlran las poblaciocion y &lt;¡uc estas imputaciones no pnsan de ga,la de otras partidas para aumentar las sar el Atlántico por millones, y sufre nnes- penJiendo, ó sea disolviendo al congreso, es nes cle,•a.:-.ta~bs pilr el huracan en Tamauarmas de muy mala ley para combatir una _ fuerzas hasla quesean sullcie11Les para poder tro buen nombre &lt;le gobierno democr,ítico.' decir, si la c11eslio11 se Iterase al terreno de lipas.
Cumplen por tanto los iufrascritos, con el
candidatura, pues que todos hemos palpado arnnzar nueramenlc. Mr. Arcobi, uno de Para los Estados del Sur, donde foltan el ca- los hechos, gana,'ia quien contase con la fuerque desde m~cho ante.5 de q1'.e se espidi~ra · los diputados al ParlamenLo iialiaoo, es el pita! y el trabajo, estos no se puede11 conse- ' za bruta; rl ejército decidiría; el general Grant acn&lt;'rrlo ~e la junta á que pertenecen, sula convoca tona, ya hab1a reumones ¡· planes comandante en gcfe de lo, insurrectos en ;;uir, gracias á ta incertidumbre tlcl porve- 1·cn1lria á ser el :irhiLro de los deslinos n:i- plicaudo :i "'l. que se sirva tomar la iniciati,n ,),, l:'Sfl E.:1ntlo, pru·a avinir en lotlas las
cionales.
para atacar al Sr. Juarer.. No es la Constitu- esa parte del territorio romano.
nir."
Grant, ministro del Presidente. apoya ó clases l'i se11limie11to d&lt;! solidaridad que descion la qne se defiende, sino miras privadas
LóNDRi:s.-Las últimas lloticias de n¡ 0
¿Y esto por qué?
é intereses personales.
Janeiro dicen que el general Mitre ha~ia perLos ra,ticalcs dicen que por estar Mr. debe apoyar su política; los radicales le en- piertt1n las gr:uu.lcs dcs2racias, y para qtie
Pero en todo caso y para lo futuro, es
en sus filas, mas como que dudan organizando la accio11 de la caridad pública,
'd 0 · et· o fre 11te ª1. las posHones
" de .Johnson en la presidencia. Los demócratas cuentran
Preciso tomar nota de que el Globo fué el pri- ·¡manee, rna ,v
contestan que los radicales tienen la culpa, de él, pues Fornei·, dueño y director de la por medios semejantes á los que en México
mero entre los liberales que predi,·¡j.abierta- os paraguayos, Y qu e eso tenia' disouslados
o
•
;,
á los brasileuos.
porque sacrifican el país á su ambician. El Press &lt;le Filadelfia, arcbi-radical, ha ido á se están empleando, se sirva mandar situar
mente la division, pretendió forma un parLa escuadra aliada estaba cercada por los Post cree que Mr. Johnson, una ,·ez que el preguntarle qué piensa. lgnórase que con- los fondos que puedan reunirse en ese Estido y dió un apoyo al bando traidor, de que
.
tado, en el Montepío de esta capital, en la
pa.-aguai·os.
congreso desechó su plan de reconstrucc,on, testó el general.
no cabe duda que tar1e ó temprano sabrá
Pero acaso observarán vdes., esta carta es casa del Sr. ]turbe, calle de San Bernardo
,
Se dice que habia muerto el general Ur- deh·,o· adunarse a· los representantes nacioaprovecharse. con eI preteSIO d e Iª de,ensa
nales y ayudar con todas sus l'uerzas al buen pura divagacion sobre suposiciones é hipóte- núm. 15 ó en poder del Sr. Fuentes Mniíiz,
de la Constitucion :í quien nadie ataca, pre- quiza.
OEL , _
18
é,ito riel plan que ellos propusieron. El lle• sis improbables, 6 por lo menos muy dif,ci- tesorero de esla junta. La remision puede
lende mantener constantemente encendida la
FLOnENCI.\.-Las tropas de Víctor Manurl ral(l observa que el congreso cambió el plan les de realizar. Tienen ,·des. razon se so- hacerse tambien dirnctamcnte á los Sres.
tea de la rliscordia y se¡ una rémora permasignen guardando la fronlera de los Estados para cuyo cumplimie,,lo f11é 11ombrado. Con- bra; pero á mi turno, esta carta no es mas D. Anlónio Longoria, D. Francisco Arzanente de los adela11tos 1lel pais, que siempre
de la Iglesia, é impidientlo que los garibaldi- sistia e11 que cada Estado decidiese por si á que el reflejo, la repcticion de lo que se está mendi y D. Juan Prado, nombrados por el
tend,·á que tropezar con algunos de sus hinos pasen :í aquella.
quiénes compelía, y ú quiénes no, el tlere- discutiendo hoy; y si hemos llegado á discu- Gobierno general para recibir en Matamoros
jos, que carece11 de In suficiente abnegacion
J)ícesc que el plan de insun·eccio11 dentro cho de votar, bien entendido que en propnr- tir esas hipólesis,-aprehensiones ó recelos los donalivos destinados á auxil~r á aquella
para dejar á un lado su personalicla&lt;l y su
de Roma ha sido rerelado, y que los cabeci- ciou á las concesiones de los Estados esta- por la suerte Jet porvenir,-señales son del pobbcion.
amor propio ofendido y llevar todos sus esLos infrascritos se atrel'en á sujerir l~s
llas están presos.
ria el número de sus rep1·esentautes. El con- tiempo que deben est'udiarse. ¡Cuánto mefuerzos á la obra comun de la reconstruc('ion
jor
si
los
recelos
resultasen
infundado~!
ideas
de que se forme en esa ciudad una
, Han llegado á Roma refuerzos de ,·olunta- ¡;reso, en vez de llevar adelante ese plan, ha
de nuestra patria. Es cierto que la oposicion
( Conlinuará.)
asoci:icinn scmej:rnle á la de que son órgano,
ríos reclutados en España y en !?rancia.
tratado de lerantar en el Sur una oligarquía
sistemática es siempre mas facil y ostentosa;
Lo último que se sabe de Menotti Gari- monstruosa poi· su origen, y otra de gente
de que bajo su direccio11 se abran snscricio
pero tambien es la menos gloriosa.
baldi, es que con una fuerza considerable ha- adinerada en el Norte: allá los "nuerns ciunes en todo el Esta,lo, de que como, es
No ceoarémos de clamar por la nuion en~~ usual en estos casos se haga el placer auxi
tre los liberales, pues estamos convencidos bia logrado llegar hasta las cercanías de Ro- dada nos," acá los bancos nacionales, y para
AUXILlOS
A
MATAMOROS.
• tia,· de la beneficencia, diindose espectáculos
coronar la obm, el despolismo militar. Todo
intimamen1e, de que es la única capaz de ma y l!eguia avanzando.
He aquí la circular que la junta pmmo- cuyo producto se desti11e al ohjeto (lUC proP.\111s.-Dícese que la escuadra de tras- eso está provisto en las leyes de recoostrucsahar al país de nuevus trastornos; y el dia
portes y buques blindados en Tolon, ha re- cion, en las ite empleos y en las consiguien- vedora de auxilios para la.; víctimas del hu- movemos, y tle que se asocie ú estos traba"I"•
111-- ~
\:01
para sien1pre, ,Je ese malhadado lema que cibi&lt;lo la órden de dirigirse á fa8 aguas ro- tes medid•• revolucionarias del actual con- raca't_ ha dirigido á los gobernadores de los jos al bello sexo que loma tan tierno ioteres
m:i™-:. pn,._."- .. .,., n - L.a ant1111"Cfltdo eu saE•tados:
y "'" enea, participio en iorlas las obras de
greso.
. .. ,"
viene sosteniendo hace ya tres meses, y de
lida.
Este ins1sl.1ra en su proyecto de absoluta
"S,·. Goberardor ife ..... México, Octubre caridad.
provocar la desunioo, ocupándose de otras
LóN!IRES. -En nn banquete público dado domioacion; el Presidente ni se arredra, ni 28 de t867.-)luy señor nueslro.-La caTambien se tomarán los infrascritos la
cuestiones ,i1alespara México, que sabria traen llfanchester al gabinete, el conde Derby cejará un paso. "La tempestad no ha esta- tástrofe de que han sido teatro á ¡ir,i.ncipios libertad de recordar á vd. el precio adict0tar con el acierto y destreza que lo caractehabló en defensa del bill de rdorma.
llado, pero se está formando, y segun todas de este mes el puerto de Matamor?s Y las na! que dan á cuai'Juier soco,·ro la prontitud
rizan, nos alegra riamos de que diera u11a prueLord Stanley expresó la esperanza de que las probabilidades humanas, la explosion, poblaciones comarcanas, ha hecho una pro- )' la oporlut1idad á fiu ele quo se sirva lomar
ba de abnegacion y de amor¡¡ s~ país, y sela paz de Europa no se alleraria. Alu~iendo cuaodo acaezca, ser:í eo una escala de pro- funda impresion en la capital, r algunos de empeño, porqu~ el producto de los esfuerzos
riamos los primeros en aplaudirlo; pero jam,,s
á los asuntos americanos, dijo que au11 110 porcionada magnificencia.
sus vecinos han formado nna junta promo- que á virtud de su filantrópica iniciatira se
estaremos á su lado, mientras lo 1·eamos cohabia terminado la conll'O\'ersia acerca del
No solo no reou11ciará el Presidente á su vcdora de socorros, en cuyo seno se ha or- hagan co ese Estado, lleguen cuanto antes á
locatlb frente i, frente de los mismos á quie"Alabama;" ¡iero que el tiempo habia sual'i- política, sino que siguiendo la marcha em- ganizado una comision central compuesta su dcstit1o.
nes debe 1e11er una patria.-lsidoro Guerrero.
zado
la irritaeion entre ambos países.
pezada con Stanton, Sheridan y Sickles y la de los individuos que suscriben.
Segura esta ju11la de la inteligente coope(El Constttucioll&lt;ll).
El almirante Farragut recibió _ayer á los proclama de amnistía; apoyado en la ConstiEl objeto de la junta á que los infrascri- racion que ,a á hallar en vd., le dá gracias
lores del Almirantazgo, á bordo del "Fran- tucion y ürme en el juramento.de Presiden- los pertenecen, ba sido organizar y hacer anticipadas en nombre de la bumanida,l y
klin."
te, no consentirá, ni aun cuando lo mande fecundo el sentimiento de conmiseracion que no,01ros con tal ocasion nos suscribimos
PARJS.-Ayer se celebró en Saint-Cloud
CoPEl'IHAGUE.-EI capitan Billc, que re- el congreso, en que el dominio del país, ó se ha cstendido por Loda la sociedad al saber
Sus servidores afectísimos.-Fclipe 1Jerun consejo de ministros, presidido por el cientemente formó parte de la legacion da- de cualquiera de sus parles, pase á otra raza los deplorables sucesos de Matamoros, sen- ,-io:abal.-Ra[ael Martiue:,; de la Torre.emperador. El resultado del consrjo fué de nesa en Paris, ha sido nombrado ministro en distinta de la anglo-sajooa. Si el congreso timiento que en todas las naciones moder- .Manuel 111. de Zwnac0&gt;1a.-AJanuel Gon:aresolucion de que Francia dcbia intervenir los Estados-Unidos.
tratase de deponerle por este delito, él lo di- nas viene á ser. en casos como este, una lez.-lllanuel Saavedra.-Agu,iill del Ria.
inmediatamenle en el arreglo rle la cuestion
MEOCANTILES.
,
solveria !
especie de pl'Ovidencia social.
-Anselmo de la Portilla.-V. Rioa Palaromana, pero sin olarar por mas tiempo en
Ló~DRES, Octubre 18.-CO'llsolidados á
¿Quién triunfará entonces? ¿El Presidente
Por las noticias adjuntas formará vd. una tio.-Jes1ts F11ei1les.,Iu1ii:.-Francúco Espi
concierto con el gobierno italiano.
ó t!I congreso?
i,lea, aunque incompleta, de la miseria y la 1iosa.-Ramo11 G. Guzma11."

'

GACETILLA.

~wnot,

r---•-.d.o-u-

1

'

EXTERIOR.

•

210

219

Sin repetir lo que lps filósofos y especialmente Rousseau han Escrito sobre la mate•
ria, debo deciros que en cuanto á mí me parece esta una cuestion social digna de toda
la atencion del legislador.

de ello os aseguro que si encontrais ocasion
de hablará vuestro ídolo, no os prohibiré yo
por cierto que os aprovecheis de ella. Así
como así quiero mas bsen concederos este
permiso, que esponeros ú la tentacion de ;pasaros sin él.
-Sois lll suma bondad, marqués, respondió Moreal. Y juzgad de mi reconocimiento al saber que hace mas de dos meses que
no me ha sido posible dirigirla una palabra.
-Pobre ¡nozo, dijo el marqués eon cierta
mezcla do burla y de verdadera simpatia.
El vizconde foé recibido por la marquesa
con notables muestras de afecto, y encantado
por tan favoral,le acogida, no tardó en gozar
de una dicha que hacia mucho• tiempo desea•
ba. La confusion que produjo la demasiada
concurrencia, que ocupó bien pronto los salones, le proporcionó naturalmente una de
aquellas ocasiones previstas por ~l emigrado,
las cuales nunca dejan escapar los amantes.
Cómo quiera que las señoras conocidas de la
~arquesa no acostumbraban visitarla por las
mananas, porque :iabian que en semejantes
horas interru111pil'ian las doctaR conversacio•

-Os advierto, mi querido cuñado, que no
estamos en la Cámara; dejemos, pues, las
cuestiones ilociales, y vol vamos á nuestro
asunto. ¿Aprobais la conducta de Dornier?
-La apruebo.
• -¿Y en su lugar habríais hecho lo mismo?
-¿En su lugar? repitió Chevassu sorprendido de la espre~ion. No es muy fácil que
yo magistrado y diputado me suponga en el
lugar de un jóven de talento sin duda, pero
todavía sin formalidad. La comparacion carece, pues de exactitud; pero para responderos categóric:.mente os diré, por ejemplo, que
en lugar de Mirabeau, que desde que estuYo
en la asamblea constituyente no aceptó ningun desafio, yo hubiese hecho lo mismo.
-Y ¿oR camparais vos, que sois un hombre de bien, con el bribon \le Mirabeau? escilam6 Pontailly, en quien este nombre des-

;n

-

xwwww

1

--

3
-

CLECCIO:'íES EN GU ,\NAJUATO.
fango, sin rnol'erse, y yo arrastrándome con
Dieron el resultado siBnientc:
las mrnos y la cara vol vi á la casa y hallé á
1.• Guanajua10. Presiden\e rle la Hq,ú- las Sras. G. y T., apoyarlas contra la pared.
hlica, C. Benito .Juarez. Presidente ,le la I Las Iteré como pude lejos de la casa para
s,1¡wema Corte, C. S. Lerrlo de T,-jada.
, qur ,io las mataran las paretles en su caida,
2., La Luz. Presidente de la llepública, y fuim,1s lo•los arrojados al suelo. El agua
C. Benito Juarcz. Presi,lentc de la Su11l'e- subia seis pulgaJas en derredor nuestro, y el
ma Corte, C. S. Lerdo de Tejada.
vienlo siempre furioso arl'Ojaba á uuestrn la5.• Silao. Pi'esidente de la República, C. do por los aires árboi,'s, barriles y liasta
Benilo Juarez. PresiJe11te de la Suprema nniniales. Yol,í á arrastrarme ha;la rlondc
Corle, C. S. Lerdo dé Tejada.
es1aba mi moger, y allí )1ermanecimos sen"i,' Salamanca. Presidente rlc la Hepú- tatlos ro el agua durante tlos lioras, hasta
blica, C. r. Diaz. Presi,lente dtl la Su pre- ,,ue resa11do un poco el vicnlll pn&lt;liiuos abri."
"arnos
eu uua casita que habia esea pado.
ma cor Ie, e. P . D1,z.
e
t,.• lrapuate. Jlresidrntc de la Rcpúbli- Por forluna nosotr(1s no hemos sufrido natl~
ca. C. P. Diaz. Presidente de la Suprema sério en la salud por el mal tiempo. La rasa
Corte, C. Ezequiel M011tes.
de ~frs. Greeus perdió una pa1·1e del techo.
(V Leon, primer distrilq. Presictenle de La iglesia vieja, la episcopal )' la prcsbitela Repíihlica, C. Il~nito Juarez. P1·esiden1e riana vi11ieron al sucio, tamhien las casas de
de la Suprema Corle, C. P. Diaz.
l:11lrillo de l'arl,s y Chamb,•rlain,, )' la casa
• \ 7.' J,"º"• segundo distrito. Pr~sidente de hierro, de Kcwalski, Make y li:enned)'s;
de la Hrp,íblica, C. Benito .Tuarez. Presi- lo mismo que las de ..l'lye, Bloomhe,·gs Y
de11te rle la Supre111a Corle, C. P. Diaz.
otras. Diez personas pe,·ccieron en Browns8.' Piedra Gnr&lt;la. Preside11te de la Re- 1ille. )latamoros sufrió todavía mas. El
pública, C. P. Oiaz. l'resideule de la Su- lealrn lino por tierra, lo mismo que multiprema Co,'le, C E,.equiel Monles.
tu,1 &lt;le casas, perdiendo la rida cosa de
9.' Celaya. Presidente de la República, veinticinco personas. Brazos se perdió todo,
C. Benito Juarez. Presidente de la Suprema esceplo clos casa~ &lt;pie ,¡11edaro11 en pié, que
Corte, C. S. Lerdo de Tejada.
J'uerou las tle Millers ) Dalzells que perdie10. Sail•atieua. Presidente de la Repú- 1·011 el techo que era de zinc; ocho ú diez
blica, C. Benilo luarez. t'rcsitleute de la personas perdieron alli la ,·ida. Soln ha qur·dado un ,apor servible, ¡1on¡ue los otros fue·
suprema Cor le , C. P. D·,a,..
11 . Yuriria. Presidente rlc la llepúbli,. ron eomplet;nnentc dest!'ozados. En 13rownsca, C. Benito Juarcz. Pre;idente Je la Su- 1·illc se arruinarnn la cárcel y el mercado.
¡ircma Corte, C. S. Lerdo de Tejada.
Remos sufrido mas que en tres bal&lt;lllJs. Er12. San Mi¡¡uel de Allende. Presidente hardet perdió uno de sus almacenes. Todas
de la llepública, C. llenito Juarez. Presi- las borracas desaparecieron. El edilicio lladente de la Suprema Corle, C. P. Diaz.
modo Ranchero perdió dos pisos. A Mr.
¡;:¡_ San Felipe. Presidente de la Re- Renney se le rompió una pierna. Los eslapí1blica, C. Benito Juarez. Presidente de la blos de artillería J' de llusto11, se destruyeSuprema Corle, C. S. Lerdo de Tejada.
ron causando la muerte á cinco ú ocho ca14. San Luis de la Paz. i'io hubo elec- hall os. Adc111as de las casas que he nomb,·aciones.
do, se tlestrnycron otras muchas. Hemos
M.1zATLA:&lt;.-E11 el primer distrito salió sufrido horriblemente, J esperamos que no
electo Presidente de la República el C. Re- repita la visita este azote destructor. Mas
nito Juarez.
tarde: no hay uu solo Ya por; la gente se mue♦
re de haml,1t·e en lJrazos; anoéhe se mandaEL !IURACAN.
1·ot1 raciones para protejerlos.-0. G.
ílro,rnsville.-Viérnes l 1 de Octubre, por
[Traducido del Mcxican Sw nd ard .]1
P1a tarde.-AI lllexican Stmulard.
El mas tcrl'ible huraca11 que jamas se haEL SR. ALTA~IIHA'.'lO.
bia sentido ha asolado esta poblacion, pues
IIa co11teslado por medio de una carla imno ha quedado u11a sola casa c¡ue no hai·n presa, :í la que en la misma forma le d.irigi,í
sufrido aquí y en Matamoros. La casa del el Sr. D. Juan José füz.
--41~_,,,._ Celalla es la única que ha escapado del Como este incidente ha tomado un oirn
todo; la calle de Eli •. aheth es un mo.,ton ,le enteromente perso11al, que deseamos termine
ladrillos, pues casi todos los almacenes y aquí, omitimos ocuparnos de esas cal'tas, y
•edificios que contenia ,·ioieron á tierra. El desea,·iamos que esta especie de desavenenidia 7 tuvimos otro huracau totlo ei dia; ,í las cias e1r11·e rcrsonas que profesan unos mis•once de la noche era horroroso, pero puJe mos principios pnlíticos, 110 ocurrieran jaestar e11 la cam~ leyendo J noté que á las mas.
doce y media de la nnche ya el l'ien10 había
EL DEFEi'iSOR DE LOS PERROS.
cesado del todo. A eso de la una, la maEl Sr. llasson, ,, fuer de hombre de mundrugada del 8, el ricnto recorriendo tofo el
cuadrante, soplaba del Sur y era m&gt;s temi- do y de talcuto,no tomó á lo trágico que
ble que nunca. Fui corriendo :1 mi casa en Escalante lo hiciera asunlu rle una caricalubusca de mi muger y de mi hijo, á quienes ra, sino que por el conlrario, da !ns gracias
saqué precipitadamenle á la calle, faltando al rctralisla del modo siguiente:
"¡CHIC, Y }iUY Cll!C!-Lo es, ¡oh Conspoco para ser aplastados por el mirador de
tantino!
la binette ó retrato de tu amigo y
mi fachada. Era tan fuerte el vieuto, que
pudimos andar ~einlc pasos fuera d_c_ 1~ serl'idor, el capilan tle los Cazadores del
~sa, s fnimvs arro¡ados al ;uelo. Dc¡c a Anáhuac. Tu reproduccion (y te lo agrami muger y á mi l1ijo encargados á mi ami- dezco), me pinta tal como soy á lo moral y
go !k M., con órden de sentarse sobre el aun á lo físico, mal que me pese. Tu retra-

to expresa la venlad, y (sin hacerme faro,),
él me recuerda cierto rtistico que los artistas,
con tu maestría, deben siempre tener p,·esrnte ~I reproducir las fucciones de nlgu110. Te
lo citaré:
"Qut toujl'JU.l'B -roR porlraits 1ói~11tf11it1r d'ri¡ir;.J ntltltrt,
"Qu'un eommi11.u (l,isémt11t lt caHtr ii la pei11ture."

1

.,

,.

,

*'º

YILLIEIIS.

Tus rclralos dibuja al r1nlural,
,, el cor.non riel que es lu origit1nl.
Mi corazon me aconseja, (no solo como
cazatlor), que quiera á los perros; mas los
aprecio lambien, porr¡ue son lodos el emblema lle la gratitud; y si te quiero :í tí, l~scalante, y á la Orq«csta, es po,·quc vdes. lo~
quieren •

Hccibe, pues, Conslanti,10, mi pláceme,
por lo que tu l'Clrato me place.-EI de la

Olla."
ACLAHACION.
Se lrn dicho por algun periódico ,le esta
Cdpila!, que algunos :11tesano~ se han presentado al Supremo Gobierno, 1·eclamaodo
el pago de los gastos que se erogaron en la
reeepcion del C. Presidente á su regreso ú
la capital. Debemos advertir que todos los
gastos de ,licha rece¡,cion fuerou dispuestos
por el Gobierno del Distrito y por el Ayuntamiento; y que nada se hizo po,· órden del
Gobic1·110 general.
.\parece hasta l1oy que algunos de los comisionados para arreglar la fúslivitlad, excedieron el presupneslo acordado, )' esto pudo
originar el que no se hayan satislecho algunas cantidades. El Supremo Gobierno ha
nido sin embargo á los reclarnanles, y próximamente publicaremos la solicitud y c·uc11tas que han presentaJo.
(Diario · Oficia~

VARIEDADES.
BENITO JU,\REZ.

l.
Al Sr. redaclor dr El Pm1lenir.
L:.i América ~• la Europ;:1 Yuelnn simnltáneameme sus mira,!ns hácia México: ¿Qné
i111e1·es las guia•-Gravisimos acontecimientos: e.! invasor que se reti1•;1; un imperio ~ne
se hnntle; una República que se lc,·a11ta; un
drama qno se dese11laza en Querétaro; la realeza vencida, la democacia exallada, virtoriosu la justicia y re,·inolicados los derechos
de la huma11idad.
l'io es ya el conquistado,· Cortés, que al
son de roncos instrumP11los l' en medio de
arroi·ns de san3re y de cadál'eres amontonados pnr la prste y la metralla española,
prnelra en la grin pjaza rle Tlallelolco, hollando como Attila, la antigua cirilizaciou
azteca bajo los l'ascos ensi'.lugl'rnlaclos &lt;le su
caballo; no es ltnrbi,le, 11110 e11 111erlio de la
plebe que le \'ÍcLorca se embriaga ron el incienso de los déspotas y se ¡,are aclamar
emperador; no

f'S

S:rnw-Anna que se h:ice

:1pellidar Serenísimo, como si este tnulo no
fuese un nuevo ¡mlron d,, sus iniquidades;
no es el llapsburgo, rey de burlas, que enlra á México por entre los arcos triunfales
que alzó la traicion, y que deben conducirle
al palihulo; no es el l'urioso Mitrqucz, leopardo del imperio, que se encierra tras los baluartes tle México respirando ,enganr.a, para
consumar los úllimos acto:; de la barbarie
imprrialisla ...
¿Quién t!s ese indio de semblante gra,·e y
modesto que en me,lio de sus guerreros
a,·anza por las talles de México, entre las
aclamaciones entusiastas de un pueblo que
nier no mas, tiranizado, hambriento y perEL sn. D. MlGUEL AUZ,L
seguido, agonizaba trislernente bajo el peso
Ila obtenido mayoría de votos para Go- de las fuerzas aliaUas del im·asor exlranjero
bernador del Estado de Zacatezas.
y (le los mexicanos traidores?
ENCARGO.
t
j Es BENITO ]UA.ltEZ!
Hemos tenido ocasion de leer la credenNombre sencillo, como todo lo que es
.
d
C
1
crn e un • diputado que salió electo por grande; signiílcaciou bcróica de glorías inunaoimidarJ de votos en uu clistriLO distante marcesibles; recuen]o que pasará acariciado
de esta capital, y en la misma credencial se de generacio1, en ¡;eueraciou po,· to,los los
encarga al diputado que vote \ foyor de las hombres libres.
reformas ,·eeomendadas (no impuestas) por el
No abramos la historia antigua para haGobierno en la ley de Convocatoria por ser llar el ,nodelo de este héroe moderno, porés/a [dice el documentoj la tofunrad rle ,,., que ~lilciades, Epaminondas, Temisloeles,
;
1·epr~ientados.
_
~
CaLOn y Cinoinalo pel'tenecen á edades oscuras en que el astro de la libertad no baEMIS[O~ DE BOXOS.
Niega terminantemente el Diario O/i.cial bia alumbrado todaví:. los horizontes de la
que el gobierno haya hecho tal emision, co- conciencia humana, ni la sal del derecho
mo dijo algun pe!'iódico, y califica Ja noli- babia sazonaúo todavía l;is viandas del festin &lt;le-la fraternidad de las naciones, ni la
cía de rumor absurdo.
ci1•iliT.acion universal haltia echado mices
M,\TRHJO~IO.
en el corar.o11 de los pueblos.
Varios periódicos ponrn el grito en el cieJuar~z 110 es un héroe antiguo. Tiene,
lo porque el cura de Veracrur. no ha queri- es verdad, la co11st,11cia de rnlor romano; ti
do dar la bendicion nupcial al Sr. Gamboa. amor á l., pah•ia del griego; la se\'éra Yir-Que se case civilmente y se acaba la contud de los Seipiones; la sobriedad ,!el persa;
tienda.-Para cumplir los fines sociales del
la fé del israelita; la energía infatigable del
matrimonio, no es de gran peso la presencia cartaginés; pero su alma, su ardiente pasion
del cura.
1'
.
por la libertad Y la repúb iea, son 1as misESCUELA DE SORDO-MUDOS.
mas que animaron la grande .existencia de
Se ra ¡í establecer en Corpus-Christi, y se- Boli\'ar; su aboegacion recuerda á \Vashioggun dice el Diario, se le ,,a á impartir la ton, y su honradez á Sucre.
mas eflcaz protcccion.
La· historia. de Juarez puede reducirse-

-----

tocó uno de los mas dificilcs papeles en c1
drama político del mundo: la intervencioo'
e~tr~njera llamó á las puertas d,J Mé~ico;un ejército fráneés la a11o¡·al:la ;· la· trnicion,
lendió amistosamente la ma111Y 1 los advcnedi,:os, y la legalidad de Méxillll, representnda por J uarez, se 1·ió de impre,viso lk:ometida ror !res poderosos enemi¡¡es; la l!ivision
interior, el ejércí,to de Napoleoo 111, y el par-·
tido intervei,cionista. l,n esle imncnso cbn•
llicto.el gefe. de la República no ,·ió á su al~
redodt&gt;r sino á sua leales y valerosos aa1igus·
del ))'lrtido liberal; y con p~·os elementos,•
organizó la mas enérgica resistencia qde un'
p,,ehlo haya hecho hasta ahora á los ell'emigos de su independencia y de &amp;11 nacionalidad. El zuavo aguerrido y los cazadores de
Egipto, vencedores en los muros de Sehaf,topol, y en los campos de Magenta y Solfe-,
riuo, íuero11 (forrot:ulos en fas alturas de·
,\culcingn por el ejército republicano; las•
cintos y cruces, las placas y medollas con
que estaban decorados aquellos Yeteranos de·
Europa. sirvieron de trofeo á los lidiadores
de la libertad americana, y Puebla, la heroica Puebla, en cuyos haluartes luchQba el:
1nmonal Zaragoza, rechazó sangrientamtnte,
una y otra vez, las huestes 11apoleónicas.
El c1.ar de las Tu!lerias reforzó su rjército e):peclicionario con nue,·as divisiones. ~r-·
tillaría y ele.ntos ,te guerra, y dió únle11es'

pa1·a emprender una campaña formal contra'
las rlazas militares de México. Las tropas•
juaristas se dcíc11dir.ron cor1 un heroismoque recuerda :i los campeones de las Termó1iilas y de Pintea; de ciudod en ciudad,
de fnrtiílcacion en fortificacion, de provincia
en p1·01·incia, de montaña eu montaña. de·
pueulo en pueblo. de altt1ra en altura, basta
los confines de la Rep,íblica, sin tregua, sii
descanso, sin alimento ni vcsti~o, acOBadas
como perros rabiosos, sin mas pa~tido• que
el de morir lidiando c11 el ca111p~ de liafalla,.
ó derramar en el patíbulo su sangre; ¡la,
sangre generosa del m:,rtir!
(Conti~1111Tá.)
P(Jt' In Gaoel.il!a,

MAx1 1r.L l,01•r.1. l\l1mnn.

,Jf)SE MARIA YILLA.

A.NUNCIOS.
'1'1&lt;:SORE!t[A GK\1.ERAL l'lE Lit NACION.~o 11ienrlo po.sible que tenga efecto la snliJa de la
conducta ele caoclales pnra Verncr•ti, qut se,....un au•
prema órtleu ,e 1munció pnm· el di11 4 del e~1traote
No~iem~re, s~ avisa lll público que dicha salida se
verificara el d,a 19 dPl mismo meS"
~léxico, Octubre 3l ele 1867.-iVanud P. J:a'.r
g1J.in-~.

ADMON. GRAL. DE LA RENTA DEL
lJAPEL SJ~LL.\.DO,

Se ha trasladado &lt;licha oficina al e(] ificio del
E~-.\rzobispado de esta capital, en donde (Jlle&lt;la
abrerto Sl1 desp-acho para el ptíblino,
México, Setiembre 17 de 1867.-

J. Enciso,

12-9

TJl.~ORllRI.\ GENI:lt~L Dló LA NACJON.

Debiendo proceder esta Tesorería general W la
veula ele cuatro r.arro~ rle cuatro ruedas, en buen
estado &lt;l~_ u~o, ~ne se rorogierou coma portenecientes aJ eJerMto invrisor, .r- los que estón ovoluadOs
por el perito Agnslin Raimond en In cantidad dt

pesos [quinientos veinte pesos], por la pre&amp;eute se convoc:i. á las pcrsonns que quiernn hacer1&gt;&lt;&gt;1-

:S52U

tura, parn que concurran H ln.s nlmonedRS re§pectiYfls, que lum d6 verific:use en Ja misma oficina eq
los

ilins

5,

S Y11 dd ent11aute, si.e11.do la últimu oon

cali&lt;lud de- remnt!e.
México, Octubre

EL SR. D. ALVREDO CHA VERO.
á bre.-es pinceladas. Elevado á la presiSe ha separado de la redaccion del Siglo. dencia de México por el pa,-tido libe.al, le ll"'"'·

:ro

de !8G7.-11r....1 P. 1,..

,
214

215

-Sé lo que vais á decirme, respondió Chevassu; quereis hablarme de l\lforeal. Es inútil, mi resolucion es invariable. Un noble no
será jamas yerno mio.
-Os agradezco vuestros instintos ae clase
media en nombre de la nobleza, dijo e! marqués con un saludo burlon. A la verdad me
parecía á mí que la revol11cion habia destruido la preucupacion del nacimiento, y habia
oido decir que éramos iguales.
-¿Quereis hacerme el b.onor de almorzar
conmigo? respondió secamente el diputado.
-No tal, respondió Pontailly que se habia
ya levantado.
Y los dos cuñados se sep raron muy descontentos el uno del otro, c. mo sucedía siem•
pre que se hallaban juntos
-iY bien? preguntó al marqués Moreal
que durante esta conversac1 n habia per_m anecido en el carruaje.
-¡Y bil'n! respondió el iejo, soy un nócio.
Ayer os decia que el mo
de echará perder
vuestro asunto era mez arme yo en él, y hoy
v,oy y me mezclo crey ndolo todo hecho despu&lt;1s de nuestra 11,vol)itura de esta maftana.

Ayer tenia yo razon, hoy me he equivocado.
Es cuanto puedo deciros.
-Vuestro cuñado •...••
-Mas duro que una piedra, Pero no de,
sesperei~ aun; espero poner de nuestra parte
á mi mujer, y seria un auxilio muy poderoso.
Esta noche recibe. Cuidado que no falteis.
--Acaso le desag.-adará mi impaciencia por
Aolver á su casa •• , ,
-¿A quién? ¿A mi nieta?
-O á la señora marques~.
-No lo tema.is.
Al volverá su casa el marqués foé al instante á verá sn mujer y le contó lo que habia pasado. La marq ucsa no admitía la di~tincion de su hermano entre el valor cívico y
el valor militar. A sus ojos, como á los de la
mayo!' parte de las mujeres, el valor debe ser
la primera cualidad del hombre, primero que
el talento; y así foé que oyó con tanta indignacion como sorpresa la accion poco eaballerosa atribuida á Dornier.
-Jamas me consolaré de haber recibido á.
ese homl,re en mi casa, dijo con despecho.
. -Es una lástima que le falte corazon, por,

2H

XI.

Llegó el vizconde por la noche tan temprano á casa de la señora de Pontailly, que
su protector le recibió con una de aquellas
sonrisas maliciosas que le eran t,.n comunes.
-Veo con gusto, le dijo el viejo, que á pesar de que todo ha degenerado en este siglo
en que vivimos, la raza de los enamorados
permanece en el mismo estado; lo mismo era
yo á vuestra edad, siempre adelantaba el
reloj.
Moreal le dió tímidamente alguna.s escusas.
-¿Pensais que yo me quejo porque me re
cordeis mis veinticinco años? replicó el marqués riéndose; todo lo contrario, y en prueba

'

e pertó una de sus mas :Vehementes antipatías
de la época do la emigracion.
El di putada meneó la cabeza con el aire
de un hombre que quiere olvidar por uu instante su superioridad para convencer por medio de la discusion á un adYersario obsti\ nado.
-¿Bribon 1 replicó, está bien; pero las injurias no son razones. Mir,a.beau •• •.
-Dejaos de Mirabeau, gritó 11nfadado el
viejo, y hablemos ele Dornier. ¡Su cobarde
conducta no os impediría darle la mano de
vuestra hija?
-Dornier tiene el valor cívico que es el
que yo aprecio mas.
-Valor cívico, ¿qué nueva invencion es
esa? En mi tiempo 1m habia mas que una
especie- de valor. ¿Hay dos por ventura?
-La firmeza del ciudadano puede no tener nada de comun con la osadía del soldado.
-Esa es la disculpa de los cobardes, esclamó el viejo en un arrebato.
-Sabed, señor marqués, dijo el diputado
acalorándoxe á su vez, que en mi alma no ha
\ entrado jamas un sentimiento do miedo.

•••

•

i)
''

•

�,

OBRAS ·poSTUMAS

EL FERRO-CAI{RIL.
ma•

Eslo periódico ""'~ de
reducida• dimen·
,iones, bajo un pla1, análogo al del Vapor.

vos

PRECIO: DOS OF.J.'!'l'A

DE

O.A.DA NUMERÓ,

Comenzarii á publicarse, tan luego como . el
editor reciba la imprnnta, que está ya en camino
de Ver,lcru~ á esta c.i.pital.
.
,
.Avlsqs v ·stiscrición es se reciben en la 11tngra
Jia de J. Rivera é Hijo, calle del Uoliseo núme•
ro 4, Frente al Ttrntro Principal.
U no y otro periódico tienen ya contratachis algunas columnas para la insercion de avisos ex•
traugeros.
México, Setiembre de 1867.
Editor y Tie&lt;lactor en gefe.

EL VAPOR.

'fRAf)UCIDAS POll ¡;i_ L. L. ·

'

,.

P.ER!ODIOO POitnoo, Ll'FERAIUO y MEU.CAb'TlL.

~l plan de esm pu~licaeiou es enteramente
nuevo.
Parté· pplítica: Editori~les concisos, cróui~aa
extensas y variadas 1 laboriosas correspondencias
exirangeras, etc., etc.
. .
Literatura, ciencias y artes: Noucias de los
últimos descubrimientos en todos los ramos, pro•
yectos para importar todo lo)ú1il y desarrollar
uue!tra induStria fabril y manufocturera.
Mejoras materiales: Obras tle beneficencia é
instrucciOn p,tlblica.
Pi1r1~ metcantil: Agencia confidencial y pública, anexa ·á la re&lt;laccion d1;1l Vapo1·. Avisos eu
inglés, frances y espnñol, a precios módicos.
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noticias que puedan interesar al co~1ereto y al
p1íblico. Empresa de correos de la ciudad, men
s~geros y expreS_os, establec_ida _po~ l_..i. misma te~
daccion. Ágeuc1a de negocios Jl1d1e1áles, para 111
que se cuen1a con abogados de gra1. celebridad.
E~te periódico apar.e cerá tan lueg'o como pMea
las cues1ione::1 de actuuli&lt;la&lt;l que ocupan la alell•
cion púbjica.
Por atlora .se reciben avisos y suscrioiones eu
la lilografia de Rivera é Hijo, l}alle &lt;lel Coliseo
núl'n. 4, frente al Teatro Principal y en los esta•

Los ci11datla11os dis¡,11estos á ilustral' s11 c1·iterio, los padt'es ,le familia
y los prece¡,to1·~s a11sioso_s de dar l11z y 1·azon ~ los 1·etoños sociales, ha- ·
liarán e11 la ob1·1ta anunciada 110 complemento a sus deseos.
·
Se ex1•e~1tle en _la Librería !lexicana,. esqui~a del ~efugio y_ Le1·do, y en
la de Agu1lar, l.'1 e11lle de Sa11to Domingo num. 5, a UUATRO RE~i\LES
el eje111pla1·.
·
r=====·-~1
Plateros ) Alcaicería.
.,
1,
~=-=====~--'---=-=-7-=-=-~

1

8EBASTIAN C. NA VA LON,

•

PROtºESOR
DE L.\ AC,Í.DÉMIA DE DELLAS ARTES
DE SAN CAllLOS,

Tiene el honor de avisar al público,
haber abierto un taller de grabado en
el que se ejecutan toda clase &lt;le obras.
En el grabado en hueco ó de bajo relieve medallas, timbres, botones, ca- 1
mafo~s, chapetones y lo relutivo al
ramo de joyería: en el grabado en lá- [
mina, estampas, retratos, titules, d1- ,
plomas, tarjetas é iniciales: en el grabado tipográfico, sfla en metal ó ma- 1
dera, sellos, viñetas, punzoues, y en 1
gt!üeral todo lo relativo á estas espe- 1
cialidacles y-a la:o obroe ilu..tcadas.
México, Octubre de 1867.
COLISEO VIEJO Nt!l.

1-i.

AO.tilEMli NACIONAL DE U ELLAS ARTES ·
DE SAN OARLOS,

Habiéndose orgnnizrido definitivumente las clas~s r
que se &lt;lun e~ e~ta Acad~mhl,. ~e pone en ~onoc1•.

miento del publico, por d1spos1c10n {!el C. D1r~ctor
geni:1111, pnra que los alumnos que quieran seguirlas,
ocurran iumecliatamente a matricularst!· en la secretaría de esta Academia; lo que podrán hacer todos
los dins de nueve á doce de la mañana y de tres á
cinco de la tarde; advirtiendo que t'nmbieu que&lt;liln
abiertas desde hov las clBseti nocturnas pura artesanos, y que no se j,ag,, derecho de matrícula ui pension alguna.
Secrelul'Ía de la Academia de Bollas Artes de San
Oárlos México, Octubre 7 de 1867.-José M.
Florea Verdaa, secretario.
8-8

f

·YA SE ABRID

U.os, sud correspons,1les.

V

•

LA GR11-NDE Y NUEVA CA~{ISERIA
TITULADA

,.

ESQUIN.\ OE L.\ PRUIER.-\ CA.LLE DE PLATEROS Y A.LC.\ICERIA N. t.
...
I

____ ...

-....

-

............... _,__...,_..,_...,

..,..,...,

Unica casa en ~léxico que ptuide ot'recer al p1íblico un verdadero y completo surtido d.e Caniisas,
Calzoncillos, Calcetines, Ca1nÍs~s, Corbatas, Fundas de alniohadas, Toallas, Scíbanas, Jllanteles, Servilletas,
jfedias, Cuellos y puíi.os postizos, Guantes de cabritilla y todas clases, Caniisas de franela lle todos colores,
Ligas, 1'Iancuernas, Fistoles, Sonibrillas, Para9üitas, Pañ11,elos, Mascadas, Bandas Z.isas y bordadas, 1'Ian9as y puños de lana, Biifanclas, Plciits y otra infinidad de artículos concernientes á este ramo.
Gran surtido de ROPA INTERIOR PARA SEÑORA_.
Se hacen· camisas SOBRE MEDIDA, lo 1nismo que calzoncillos y camisetas interiores.
,
Pa1·ticipamos al público, que recibiendo todos nuestros géneros de Europa, podemos ofrecerle un surtido de géneros blancos de lino y de algodon, que venderémos variados á precios sumamente ventajosos.

~

t""
trj
~

o'
~
t1',j
~
~

(l::r A los compradores por mayor se les hará una rebaja considerable, ocC[)
Habiendo traspasado el que suscribe, !u Alacena
y sedería LA PERLA, situada en el portal del Refu
gio, y sabedor de que el antiguo dueño tiette algu•
aes cuentas pendientes de pngo, pone en el conoci•
mie11t.o de todas estas personas, que no es respon•
:1ablo de ningun cié&lt;lito sea actb•o ni pasivo y qnt
1'
por consiguiente todo. aquel que las hwier~ POl!rií.
I
entenderse díreotumentc con el Sr. D . .AlrJo Brmgn.s, residerte en Cuautithm e11 lo. Tienda llamada
tlo la Akancía.-México, Oct11bre de 1867. -Ma- 1---'- - - - - - - - - - - - - - - -- ~-------------------------~----'--_c_-~-----'------Editor rcspo11 salJle 1 }.f. F erez.-lmprcntn de Larn, call e &lt;le la Palma N. 4.

~léxico, Setiembre &lt;le 1867.

Plateros y Alcaiee1·ía.

1

twd Cano-

-· - -

--

- - · .-=----..-· ., _

212

215

nomía política.
-Fuerte no, rcspnudjó la marquesa engaíiada por el aire &lt;le candidez de su marido;
sabe lo que sabe cualquiera; pero en el fondo
MUS conocimientos son superficiales y no resisten un exámen formal.
Ligera en todos sus juicios y en todos sus
caprichos, la marqutsa no concédia en aquel
momento ninguna especie &lt;le mérito al hoinbre que seis semauas había sido su favorito.
En cambio empezaba á prendarse del júven
poeta que le habían preséntado el día antes.
-Puesto que habeis visto á ~Ioreal, dijo á
su marido, ¡por qué no le habeis convidado á
comer 7
-De ninguna manera me hubiera yo tomado esa libertad sill estar seguro Je que no
so &lt;lr.sagradaria, re~pondió Pontailly . encantado do ver á su mujer entrar en el camino
por donde él quería llevarla.
-Al coutrnrio, Moreal me ha gustado mu.:ho; ademas $U~ versos tienen verdadero me-

--Ver@ad será, pero al escucharos casi se,
tludaria, replicó Pontailly arrastrado á pesar
suyo por el calor de la disputa.
-¿Con que á insultarme es á lo qu11 habeis
venido á mi casa? esclamó Chevassu en tono
imponente.
l
-No, sino para impediros cometer una \
tonterfa.
- No reconozco en vos el derecho de darme conse¡os.
-Os daré uno, sin embargo.
-Que yo no oiré, dijo el diputado levantándose.
-Vamos, Chevassu, replicó el marques ,,
despues de un instante de silencio; calmaos;
no he tenido intencion de ofenderos. Somos
dos viejos locos; yo sobre todo, que tengo
quince años mas y debiera daros ejemplo.
Desgraciadamente siempre he tenido mala
cabeza, y me habeis irritado con vuestra teo- .
ría del valor cívico. ¡Qué demonio de ocurrencia la vuestra de hablar de semejante cosa! Valor cívico ......
Es muy natural que un individuo de la l
difunta aristocraoia no comprenda el sentido '

de osa palabra, respondió el diputado con irn-

que tiene ~atento, re,.;poudiú el viejo con tlisimulada ironía. 1'.trcce q ne es fuerte\ en eco-

'

.

nía.
-En buen hora; pero á mi edad es permitido no estar al corriente de las modas del
dia. Con que vamos, querido Chevassu, dejad
ese aire de enfado. Si se me ha escapado alguna palabra que haya podido desagradaros,
os doy una satisfacciou.
-El diputado oyó estas palabras sin sonreírse siquiera, y se contentó con bajar la cabeza en lugar de responder.
,-Ahora hablemos como conviene entre
hermanos, cotltinuó el marqués, sin notar al
parecer la espresion poco fraternal de la fisonomía Je su int~rlocutor. Vos estais encaprichado con Dornit r; pero ¿es ese acaso el único
hombre que pue~!e conveniros para marido de
Enriqueta? ¿Vuestra. hermana y yo no tenemos derecho de deciros nuestra opinion en el
asunto? La fortrt na de vestra hermana vá de
1
derecho ávuestos lhijos, supuesto que nosotros
no los tenemos. l ~o ...... ya sabeis que soy rico, no tengo here&lt;lels, y quiero mucho á Enriq1,1eta. Me parece ue estas diferentes con:sideracione~ dobian i clinaros á oirme.

•

•

•

�</text>
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                  <text>Autonombrado como periódico Liberal, Independiente y Radical, editado en la ciudad de México durante la segunda mitad del siglo XIX. Contiene sección Editorial, Oficial, Noticias locales e internacionales y publicidad comercial, además de notas históricas, literarias y de arte.</text>
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                <text>El Continental, Periódico liberal, independiente y radical, 1867, Tomo 1, No 46, Noviembre 2</text>
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                <text>Autonombrado como periódico Liberal, Independiente y Radical, editado en la ciudad de México durante la segunda mitad del siglo XIX. Contiene sección Editorial, Oficial, Noticias locales e internacionales y publicidad comercial, además de notas históricas, literarias y de arte.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>---•~V

Tou:o ,.
"t:":.........i ►offD:11"~~~~-~T~'YII",;,•¡

MEXICO.---Dorningo 3 de Noviembre de 1861.

'
---·· -

Núm. 47.

-

JI

...

•

,,

r,1

'. '

,

1

11
l

+

•,,

,,

1

PERIÓDICO LIBER,AL,

·,

1

INDEPENDIENTE

ºt

RADICAL.

• 1

"'"""""""""""""""""""""""""""'"""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""",,;,,..,"""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""'"""""""'""""""'"""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""""'-""'""""""""""""""'!'"""":""""""'"""'"""""""""""""""""""'"""~~""""~-"""!";-·-'il ,.
;

EDITORIAi;:

CONDICIONES DE LA SUSCRICION,

-

INTERIOll.

· err Tngfaterra, aunque lambien es por unani-

millad el fallo, se ha levantado p ·1a ,·oz
•
'
•
!!
•
,.
CALIFOUNIA.
JUSTICIA POR JURADOS.
contra este proce,Iimient,, que entorpece la ,
Los comumcados y avisos se msertnran con In ,re'Este periódico se publicará todos los &lt;lias álas siete
Leemos en un impreso de San Francisco:
bnja de una cuarta parte de lo que cualquier otro
de la mañana, excepto los lúnes.
Il:ira mi la realidad corrcspond·e á las il~- buena admini:;1racio1-1 de justicia.
"La medalla del Pl·esidente Jw:irez.-La
periódico lleve por su publicacion.
Los suscritores lo recibirán en sns casas.
siones, manil'd,tando que uunca puede el
Nuestros leliados, nuestros hombres de
Las rS nscriciones, comunicados y anuncios se re- hombre prerer las dificult:tdes que en la cie11cia, al someter esta vital cuestion a la medalla que debe presentarse al Sr. PresiEl precio de suscricion será. un peso mensual, y
ciben en la redncciori y administracion del Cont ¡. pr:íctic:i pre,r ta aun la CO$a mas sencilla. resolucion del próximo Cougrcso, deben dente Juarez, á nombre de los mexicanos de
'para los foráueos diez renles, franco de porte.
11
nental, calle de San José el Real núm. 2.1, y en la
Cada número suelto vnle medio.
Nutridos desde nnestra infüncia con las lijarse no solamente en los inconvenientes Californiá y Ne\'ada, y r¡ue ha sido hecha e11
A los repartidores se les dará á tres pesos el librería del Sr. Aguilar y Ortiz, cnlle l! de Snmo
ideas de Iihe¡•tatl y de prngrcso, y ,iendo que ligm-amenle hemos apuntado, sino estu- la joyería de los Sres. Tucker y C.• de esl:t
'Ciento.
Doniingo núm. 5.
en nuestra veci 11 a Pcpública un modelo dig- diar profunda y detenidamente la índole de ciudad, es q11ízá la mejor de su clase q11e se
· no de imilacion, hemos procurado bebér en tmesti·o pueblo Y de nuestros hábitos, y ha ht!cho on América. Sus dimensiones y
ITINERARIO
peso s.on los siguientes: siete pulgadas y mesus fu,•ntes l,1s elcn1eutos de rer,Iade1·a li- adaptará ellos la institucion del jurado.
Y.
dia
de largo, cuatro y media de ancho, y dos
bertad, y descub, ir en sus instituciones !os I Un país 00010 el nuestro, en que los co. medios prácticos de gar?nlir aH1ombrc con- ¡ uocimicntos mas intlispensables uo esláu di- libras de peso. {,a medalla maciza, propiaDESDE EL l.• DE AGOSTO DE 1867 EN ADELANTE.
Ira los al'ances de la tiranía, sea cualquiera lund1dos en las masas, debe presentar gran- mente dicha, l'iene á ser un cuarlro alegóriTREN DE MERCANCIAS.
la forma erl c¡ue se practiquen.
¡tles dificult:ides ¡.ara el establecimiento de co en relieve. En el centro se ve á Juarcz
con la bandera nacional de México en la mas
La justicia por jurado~ es una de las ba- ! est~- adelanto social.
· ·
1e ~que 11 a s.,c1er
, • Jad. ¡,\I - ¡ /S1 se.
se;; co11st1tut,vas,
, . da de1·ecbo á todo ciudaduuo para no, )' rodeado de varias figuras represen1ande la mañana.
Llega á Tepexpan, á la, 8
Sale de ~léxico,
á lai 7 de la mañana.
..
1,
fo1·mar
a su luruo parte de los jurados, cor- do las diferentes clases de la sociedad; ha:,
t1s11no a•lelauto que po,1e a uombre fuera ·
9 9
La Palma,
,, Tcpexpan, . "
8 15
" Apam,
"
"
10 2~
9 24
,, La Palma,
tl~I akance de las pasinues r]e ·su juez!, Sin remos el peligro .de. que en muchos casos, 1111a mujer, un niño, un soldarlo, un artesa"
15
Soltepec,
11
,. 10 39
,.
" Aparo,
••
emhargu, como al principio tleciaulos, la al lirmar el aclll tengan que formar la se- no, un anciaAo, etc.; todos están en actitud
" Apizaco,
12 21
,, Soltepec,
11 30
,
"
"
"
pr:íctiea e11s,·1ia los Yicios y defectos
i11hc- ual de la crnz; y si se hacen exclusiones y de aclamar á Juarez como á su libertador,
. • •
•
se exigen cierlas contliciones, vendrán á mientras él pisotea uoa corona imperial, d,es~
1'.- 1JUl'an'11 &lt;es ú 1oda humana 111s111u,·1on.
Llega á Soltepec, á la l 21 del día.
Sale &lt;le Apiznco, á las 12 30 del &lt;lia.
du .,•u los l".sta, 1os- Uu1'd os coi1~1a, srgun re- ,convertirse los jurados en u11a especie Je rnedazarfa á sus piés, Hodea ese cuadro una
2 12
Aparo,
1 36
,, Soltepec,
"
. . .111no~, t11m:i11os a, 1a trilnmal¡•s aristocráticos en r¡11e.el pueblo no do.hle hilera de brillantes v.· rubíes, y arriba
" La PalmR,
3 37 "
2 37 "
,, Apam,
conla1110s, ,le trece 111dl\
" Tepexpan, " 4 46
" 3 52 ,,"
,. La Pnlma,
'
•
.
estará juzgado JJOr el pueblo.segun la men- de esas piedras 1ireciosas se ve el nombre el,~
1 rcntura de c11lre 1os c,m 1a, 1a11os que 1u1·man
" 6 00 ,,••
,. México,
,. Te·pexpau,
5 00
l. el cense de cada municipalidad. Su deber Le de esta institucion.
BE~ITO JUAREZ, forma~o con brillante,,
EL TREN DE PULQUE.
\'encer estas tlilicullades uo es obra de un incrustados en un fondo de esmalie nearo.
1
, no es otro que el de declarar culpable ó :no"
dia, pues_dcpentle de que el pueble se civili-1 nemala la medalla con la figura de la Fama
1 ccute al acusatlo, eon arreglo á los cargos
ce é iuslruya pa¡a poder acudir ¡iersunal- con su ti.·om¡ieta en la boca, sentada sobre
Llega á Tepexpan, á las ~ 30 del día
Sale ele México,
á la l 30 del día.
1hechos contra él, l's decir, que si un indivi. ..
n
La Palma,
3 34
,,
,, Tepexpan, ,, 2 ·40 ,,
.
mente á 1iacerseJUSIIcrn; mas 110 porque sean nubes. Como flotando al riento se desprenrle
,,
Apam,
4 43
,,
f duo está acusado de asesinato y no resulta
,,
La Palma, ,,
3 44
u
difíciles lo~ adolantos tle!Jen tlesecha1·se. de esa figura un lema con las ¡ialabras HE,.
,, 4 33
So1tepec, .
6 30
A pam,
.
t1ue fué asesino, sino que fué ladrón ú otra ,
"
"
E11sayemos, y nosotros 1enemos 1a creencia PUBLICA MEXICANA, l' la 'rodea por fuera
--.U-.C.TJE:I..":::a:::'~.
cosa cualquiera, no puede haber sentencia, de que el jurado, cou todos sus tlelcctos,
una corona de laurel, profusamente adornade la mañana.
Llega it Apam,
á las 3 8 6 de la mañana.
Sale de So\tepec, á las 3
,. es meilestér 1rneva acusaei0t1, clasificando
J
siempre
será
mejor
1¡ue
la
medida
arbitraria
La Palma,
4 43
3 46
Apam,
da con diamantes, rubíes y esmeraldas, .e,1
deLc1·minatlanicnte el delito que se ha de juz"
"
Tepexpan,
5 43
La Palma,
4 53
do
un hombre, llámese Casique, Goberna- CJJyo centro hay un lazo formado con brillan" México, " 6 53
"
gar. Para (Jtle un auto de declarncioll de
Tepexpan, " 5 43
dor, Juez ó Gomaadantc militar, que con- tes. De ese lazo cuelga el escudo de armas
"
"
"
"
culpabilidatl surta sus efectos, es preciso que
signa á un desgraciado á presidio ó á la de iléxico, es decir, el águila con álas des•
C:::OIC.HEOS.
sea por unanimidad absoluta, lo cual pone :í
horca, unas \'eces. porque estaba dominado plegadas, con la serpiente en la boca, posa ·
""''""- ·" los ci,uw ,J= ~ del alcance de
NOTICIA DE LAS ENTRA.DAS y SALIDAS DE CORREOS EN ESTA ,CAP'!TAL.
•
de humor alra\'ilar.io, olras por condescen- da aquella en el maguey que brota de U!J:I
'
la justicia. ¿Quiéu no lleu&lt;: entre trece ,·oENTRADAS.
'
tan tes uno á qvien seducir, conn1o•e,:. ó com- der con algun superior y uo pocas por la roca. El cuerpo del águila está cuajado de
l&gt;OM.I.NGO,
n1tADO,
VIEltlir-'"t"s:
UJE.VES,
Ml.EllCOL.ES.
}.UN.E.$.
MARTES.
J'estioacion de los proc,,dimientos,
1
prarj Y ma.s cuaudo eSlOS ,·otoo~&lt;. ,., perteoeEsperamos pues, &lt;¡ue el Congreso, ocu- rubíes y las álas de brillautes; el maguey ~s
Pucbl:l
.•
Puebla.
Puebla.
Puebla.
Puebla.
Put•b!n,
Pucbln,
Oriw.int,
Jalapa.
Oaxaca.
Jalapa.
Oriza\·a.
cen en s11 mayor parle ú la clase poco aco- ¡¡{mdose de esta impo1·tonle materia, corone de esmalte verde adornado con brillauies.
Jnl:ipb..
Orizn\·a.
Ouuw;i.
Cúnlobu.
Apam.
A
¡,uru.
\c!írJ.oha
Apam.
C\írdoba.
modllila Y que careciendo generalmente de la obra de nuestra regencracion política in- En el re\'erso de la medalla se Ire la siguien\ ' cr:icruz.
Qucrét.iro.
~ piznco.
Apizaoo.
Verncruz.
A.pizact\,
Verac.ruz.
Ap,un.
Guadalajara,
C. Hiilulgo.
C. Ifüul~o.
Onxaca.
C Hi&lt;lalgo.
í.¡,am.
iustrnccion es mas fácilmente engañada?
traduciendo esta importante mejora eo la te inscripcion:
Pachuca,
.\ pizaro.
¼uc11tecas•
Pachuca.
Apain.
Pat·but·a.
Apizaco.
AL LIBERTADOR DE MÉXICO
Qucréturo.
(;. l lidalgo.
s Luis PotosL
Un caso rnidoso ha ocurrido últimamente atlministracion de justicia, en que hasta
1'11lanci11;..TfJ.
i\ plzaco.
Tulaucingo.
'C. HidAlg ,.
P1u,h11c:1,
P.
Mataanoros.
S.
I.tt'is
Potosí
Quera.u
ro.
C,
PRESIIIENTE
DE LA REPÚBLICA,
C.
l-Iitlalgo.
Q11erit1u'o,
Pachuca.
P. Maltunorus. 'l'ulam:irlgo.
en los Estados-Unidos en H juicio de Sun·at. ahora, sin vanidad, estamos haslanle atmG1wdul11jara..
Pnch1u:a.
Gua do lnjara.
'foluca.
BENITO
JUAHEZ.
Qin:nítaro.
Toluca.
Zatmtm·as.
Q,11c1·élfü'O,
Zncatooas.
Cuautla.
D11r~nte
cuai·enla
clias
se
han
acumulado
:.iaJos
muto
en
la
teoría
juilici.il
como
en
su
Tolucil,
Cuautlo..
l'o lnca.
S. Luis Potosí.
"Lós mexicanos de California y Ne,·ada,
To\uca.
) [q1·clin.
P. Matamuros. }Jo1·elia,
)lordio..
pruebas
y
testigos
para
comprnbar
su
crimiaplirar.ion.
C..:uerull\':lca.
acogiendo con entusiasmo la idea del C. eón~
Cucrnci.raca.
Tohtt:n.
Cuernavaca.
nalitlatl, y sin embargo, ó s•1 influencia con
El confuso bat11rrillo de la \egislacion es- sul José Godo,•, dedican esta medalla como
&lt;.:urmtln.
los jurados ha sido muy grande, ó 1-as prue- paiiola, en •igor enlre hósou·os, es una con- muestra de su afecto y admiracion, al ilustre
SALIDAS.
"
"
'
bas oo hao sido bastante concluyentes; el 1radiccion flagrante con los princi1iios po- magistrado que ha mantenido desplegado el
DOMJ'NGu.
VIERN.E~.
SABADO,
JUEVl'~S.
M IHltCOLES,
MAH.TES.
Ll,;'i\ES,
,.
caso es que no ha podido recaer decforatoria ,lítieos que profesamos, y por lo mismo ne- pabellon nacional, durante la gloriosa lucha
Pncbla,
Puc\)\n.
Puebla.
1,'uehla.
Puebla.
Puebla.
Puebla.
J1lla!)(t,
.J.nlapa..
algunrt. He ahí á lin hombre en el caso de cesita este ramo, 1pas que otro alguno, lljar que México ha ¡¡ostenido contr~ jos fr~ncMes
Oaxne.1..
Ori'l.uva.
Orizavn.
.Jalnpa.
Onzava.
.Oaxnca,
.-\p1uu.
A1iam,
C6r&lt;lulia•
C6rdobn..
Apnm.
'C1ír loba.
los niíios del limbo, y que contrn todas las la aleucion del Congreso, para que la de- y traidores.
Apiz:11·0.
Vcracru:i:,
A.Jwm.
Avi1.aco.
Veracruz.
:\pi1.a.co,
Ycr.ic1·uz.
U. Hidhlgo.
C. Hidalgo.
.~piz.aco.
Oa1nca.
C. Hid1llgo.
Apnm.
prescripciones del derecli'd y di la justicia, cl;1ratoria de los dereobos del h,Qmhn: es"San francisco, Setiembre 16 de 1867 ."
C. Hidalgo.
Pachnca.
Pachuca.
,\paru.
Pachuca.
Apizn.i·o.
Pa:chi.tcn.'
'l'nlancingo.
Qul'rétaro.
te
sufre
un
ca~tigo
au\cs
de·
ser
declarado
cricrita
al
frente
de
la
Conslilucion,
110
sea
"
Apizuco.
l'ul:mci11go.
'C. llid&amp;lgo.
'
•rulnnciugo.
Querétal'O,
S. Luis Potosí.
C.:. Uidulgo.
Q,ucrétaro.
Pachuca.
1 1
mi11al, ó goza de uua reputacion de ,•íctima un~ dulce mcnlira, sino una verdad práctiGuadalajara,
P. Matamoros.
Qrwréturo.
Pachuca.
Guat.lalnjnra.
Queittaro.
(;uadalnjara,
Zacatecns.
Toluca.
Qtterétaro.
S. Litis Potosí. tac11tccas.
sio ser inocente.
. ca que protluzca los tan &lt;)eseaúos frutos de
Cuautla.,
Zaeutc.cns.
El ministerio no ha tenido novedad. ~)r,
S. Luis Potosí. 'l'olucn..
P. Mutnmoro~. i'oluca.
'l'oluca..
P. Matamoros. Mordia.
\forelia.
'l'oluca.
Eu
E~r;ocia,
la
declaratoria
del
jurado
110 la Libertad, la Fraierni¡/ad y la Jqu(lldad,, Foroey dice que si Mr, Sewúd "fuese cchuCuCruuv:tca.
More:lia.
Tolnca,
,:uerna1·aca.
Cuautla.
Cuernavll(";a,.
~equiQrn la unanimidad sino la mayoría, y
iL,~~EL LOI•Ez M~oum,
('u,mtln.
do á puntapiés"· de su oficina, no se perlur'

1

.

DE LOS TRENES ENTRE MÉXICO

.

...

.
.

.

.

.

APIZACO,

.
.

.

.

.

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.

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EXTERIOR.

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229

•

lar un papel cerca de mí? continuó la marq nesa con tono de broma.
-¡Demonio! ¿á dór.de va á parar? se pre•
gu ntó el vizconde á sí mismo, parece que
quiere conducirq¡e hácia el campo de las ternuras.
Esta conversacion, cuyo giro empezaba á
embarazará Moreal, fué interrumpida por el
marqués, que vino á presentar á su mujer un
par de Inglaterra. El vizconde se aprovéchó
de aquella coyuntura para alejatse de.allí¡ pero ante's no pudo dejar de notar cíertó aire de
contrariedad en las facciones de la marquesa.
-Es singular, dijo para sí; Pontailly me
ha dicho que su mujer tenia ciertas estravagancias; pero esta sonrisa amable. esta mirada tierna, son otra cosa que estravaganciasj
y si no temiese pasar por un fátuo diría con
franqueza que son una verdadera coquetería,
Al fin de la noche el marqués llamó aparte á Moreal.
-Próspero no ha venido, le dijo, y esto me
admira; sin &lt;luda ha adivinado que vos me
hablariais de su calaverada y teme cque le calienten lo~ ,:a.scps¡ pero no hay nada perdida,

221

.'

,
!

Pontally al ver el papel cubíerto de cifras
que su interlocutor habia sacado con prestes
~a 'de uno de los cajones de su bur(J.
-· Es la nota &lt;le los gastos hechos pbr et
caballero vuestro hijo, durante los úHimos
tres meses que ha vivido aquí: alquiler del
cllarto, alimento, mesas qe villar, etc.: l'íl total al mas jústo preció asoiende á óohociens
tos treinta .•••
--Y o no soy él padre ele Chi,.vassu; in ter;
rumpió bruscamente el marqués, ni tengd
necesidad dé pagar sµs cuentas.
-Si no soís el padre tlel señorito Próspeª
ro, sereis acaso el tío rico y estimable de
quien mé ha hablado muchas veolls en tér•
minos tan .. , ,
-Un ti'o de An:¡ério~, querreis decir, esclamó el viejo impacientándose, un buen tío
que sirve de cajero al truan de su sobrino;
uo señor, yo no soy ese tio, os lo repito; yo
he venido á preguntaros si ~abíais '.donde vi.
via. Próspero Cheva~8u, no á pagar sus deudas.
El dueño de la casa volvió á encasqueta,.
Re !(U gorro griego en la cabeza,

obtenidos por su coquetería, si bien durante ellos habia respirado mas de una vez á
su pesar algunps de esos pérfidos aromas
escitantes, aunque debilitados por el tiempo.
Para precaver la vuelta de estas peligrosas
\iensaciones, que no pueden hallar escusa sino en la ardiente inesperiencia de la ju ven- •
tud, la marquesa de Pontailly, segun lo hemos dichn y¡¡, se habia impuesto el seyerp
régimen del talento, á la manera que en otros
tiempos con¡urabun los anacoretas las tenta-.
áonils del demonio con las maceraciones y el
ayuno. Cadá vez que sentía ella removerse
en su alma los tiernos deseos que había proscritq su razon, ar.rajaba héróic~mente algunas
pelladas ele ciencia ó de literatura, sobr¡¡
aquellos tabiques débilmente construidos. Así
es cpmo había estudiado ella sucesivament!l
el latin, la astronomía, la botánic11 y los icliomas ei;tranjeros; pero bajo este laborioso amontonamiento, q~e por la variedad de sus semillas recordaba diferent.es terrenos descritos
por la geo}Qgí•¡ encubría siempre aquel fuego sagrado que arde en el corazón de la mu Jer, ,Jo mjstno que en las ent.raí'ias de 1,,1 tiar.
;,lQ

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- - - - t t ---~- · - - ...... - -

j •. _ __,_,__

baria en lo mas mínimo la armonía del país. medio Jel acaloramiento &lt;le la época tempcs'rómcse nota ,Je la insolencia como prueba tuosa en que se le íormó consejo. La $vlide que el "Sabio de .\uburn" no está com- citml es com¡ilctamente nueva, y el Presidenprometido en los planes rcrnluciouarios de le la ha posado al general Grant ¡1ara illforlos radicales.
me. Los republic~llos se oponen 6 la conLos amigos del gcncrol Me. Clellan, al sa- cesien de nueva causa, acaso p0rquc no ha)
ber que se ha pensado en é~ para ministro, homhrcs menos indulgentes que los &lt;¡ue mas
aseguran que el vencedor de Antient:im no !'altas tienen por ¡ierdonar.
trata de volver al país dentro de un aiio de
Si el general Porter huhiese roliado al era1
la fecha.
río, tal ,ez encontraría ,¡uien le :im¡iarast•,
Mucho se habría alc¡;raclo el Pequeño ~Iac como ha c111;ontrado el colector Collicot al
Je habe1· esta&lt;io ayer en PI sitio en que, des- Senador )lorgan, quien asegura, al verle acupues de perseguido ) dcs¡ll'eciado por Stan- sado de fraude, que es el único hombre á
lon, y suplicado y rngado por él mismo, dió, quien él-)lorgan- -liaría su bolsa. Collicot
con el ejército dc,·rotado bajo las órdenes de ha dejado pasar por alto 211 barriles de
Pop'. 1111a batalla en que deshizo el m,jor de whisky, CU)"ª co111ribueion alcanzaría á 1·einlos pla11cs de Lec para inrndir el Norte, íor- tidos mil pesos; Collicot reciiJió uu ch,k de
lllar recluta en Marilandia y dar al gobierno 'furlow Weeu en pago de su ,·oto eu la le1111 golpe de muerte. Cu:111110 se considera gislatura, much? tiempo autcs de entrar cu
el estado de casi ani,111ilaruie11to en 11uc Po- la Colecturía de' Rentas; Callieot e, un mope dejó al cjc'rcito federal; ruando se piensa delo de empicado radical. El secretario del
en la hora aci·•ga en que volvían á Washing- Tesoro lo guardd en Washiugton ,·arios dias
ton lus deshechos batalloues de la campaña antes Je entregarlo á la Justicia ordinaria, y
de las siete dios; cuando se recuerda que sin temor de eal11m•iar :í 1,adic se puede aseLee ma,·cbaba á tambor batieute y bancleras gurar que C.1llico1 no sed castigado. En ~n
desplegadas. despues de haber destro1ado :1 artículo titulado "Lauronrs públicos y robos
Pope; cuando se , ueh-e ,\ leer la s1íplica de públicos," el Express de antes de ai·e1· cita
Mr. Lincoln, llamaudo ú Me Clellan para que las siguientes palabras de Tl,urlow Weed, el
salvase la (latría; cuando se sabe que la pre- hombre del chek:
"El tercer Distrito de Rentas Internas /el
sencia de éste restituió al ejército la moral
como por obra de cnrsnto, y de pelotones de Calicott), DO solo ha estado corrompido
heterogéneos se fo,-mó sobre la 11wrc/1a un hace cuatro años, sino que ha corrompido á
cuerpo com11ac10 para dai· batalla e11 el dia los demns con su m~ligno inílujo y ejemplo.
.... .Ese Distrito pertenecía especialmente
de la consagracion de un cementerio ,, los
muertos en Anti•ilam, no puede (JUS,,r oh ida- á los radicales eslrcmistas; el colector era
do el nomhrc de .Jor¡;e )le Clellan. Si ~Ir. padre del 1"dependont; el subcolector herStanto11 procuró denigrarle, otro• menos in- mano del editor; el J11depe11dent era, es y sejustos lo reinlegranín en el r!'speto y amor rá órgaao de ~lr, Citase. En casos de mucho apuro acmlian á Pl)-mouth Clmrch, l' !ade sus conciudadauos.
cabaa .á eampaiia :i su honrado pastor para
El Preside11te y la mayor parte de sus mila clefcusa, cou ó si11 su co11sentimie11to, no
nistros (Grant no esturn por causa de oculo sabemos. Si los deíeudió, ha debido igpaciones en su ,loble despacl,o de ministro y
norar el tJmaiío de sus robos, que les permi.gefo del ejército), el Cuerpo rliplomático extian dividir ri11co, die:, r1uitzct y t"Cinte mil
iranjero, los goberuadores de ,·arios Estados
pesos por sema11a, con un hombre que hasta
y un numeroso concurso, se reunieron ante
que no encompadró con Ilowen, Tappan y
9yet [IG], para poner la primera piedm del
Tilton, apenas sabia lo que era usar libreta
temeolerio nacional de Antietam. A pesar
de banco."
de b mur.ha y gruesa llu,·ia que raía, hubo
Pues estos caballeros y el aludido pastor
tomo diez mil personas, entre ellas muchas
Beecher, todos pertenecen ~ las Ligas Lea'Señoras, para presenciar la ceremonia, que
les, y han euronq □ ecido llamando desleales
1oé presidid• por el gobernador de Ma,-il.&gt;ny 1raidores, en nombre de los principio,, :1
'&lt;lia. Fué el orador del día el gobernador
Lodo el que 110 pensaba como ellos. GritaBradford, quien pronunció un largo discurso
ban: ¡bdron! para que nadie se ocupase de
describiendo la batalla y elogiando el valor
ellos.
de las tropas de la Unioo. El Prcside □ te
Seis niil barriles de whisky han sido emdijo pocas palabras, deseando que, así como barganos ayer por el colector de contribuciolos muertos duermen en paz, así los ,iros ucs en Buffalo, por no haber pagado cootriconserrnn tarnbien la paz. Los gobernado- bucion.
res Geary, de Pensil,aoia, y Fenlon, de Nue(Colllinuani.)
rn-York, pro □ unciaron cada uno un discurso
despues que se retiró el Presidente, y en seguida se marchó la concurrencia. En el ceHECTJFl€ACION HISTÓRICA.
menterio se colocad nna eslátua colosal, diEs interesante la que contiene la carta del
seño de }Ir. J. G. Batterson, de Hartford, la
C.
Refugio J. Gunzalez, que se publicó en
cual importará :í0,000 pesos.
Ya que hablJmos de Antietarn, Yiene al Cuadalajara y que á cootinuacion insertamos.
"Señqres redactores de la Pren,a.-Su
caM decir que el general Fitz John Porter,
casa,
Oc1ubre 19 de i867. Muy señores
condenado por un consejo de guerra á inhabililaciou perpetua, á consecuencia de su con- ruios:-Eu el JJoletin RepuWcano de Méxiducta clnran1e la campaiia de Pope, ha acu- co, bajo el epígrafe de l\'oticias extranjeras,
dido al Presidente solicitando mande repo- se inserta una correspondencia particular de
ner su causa en cstodo sumarw, por haberse la Revista de Verncruz, escrita en la Habana,
procedido en ella con notoria injusliciu en en donde toma~a del Diario de la 11/arina,

GACETILLA.

a

1
l

se ve una carta que se supouc escrita de Mé- Jcsus ele la Pe1ia y una niña, hija tic este por ,cr ,cridicu, los ,uce:;os á que se refiexico, haciendo una pintura de la sitnacion, señor, de la edad de trece años qnicnes re la anterior iníormacion.
y dando segun diee, pormenores interesan- f11eron conducidos bien presos á la ,-illa de
lndept•n,h•ncia y Libertatl. ltUl'bide, Setes de la ocupacion de Querétaro. ,
Galeana, e,igiendo por ,·ia de.multa impnes- tiembre 20 de HlG7.-R . .llrlwde;, ¡Hcsi'
Entre estos pormenores nos refiere q..e al ta al puehlo la cantidad de tres mil pesos rlenle.-7,·inidad J'illw111eva, jurz 2. -Paser conducidos Maxiruiliano, )ljramon )'"~le- en el término de cuarenta :· ocho horas, so !ricio illedeles, síndico.- L11is G. lleal/,', rejía, de la Cruz á las Ternsitas, un tal Hel'u- pena de ser fusilado. La multa fué satisfo- gidor 1.• secretario."
gio Goozalez, geíe Je la escolta, que iba al cha en dicha ,-illa por el Sr. de la Priía,
soconnos ,\ ~IATMIOHOS.
lado de los p,·esos, ,·ió un cintillo que lfaxi- des¡,ues ,1,1 haber entregado el español Se- 1
El Ministro de Gobcrnacion ha di,·igido ni
miliano lle,·aba en el dedo del curazon, y sin hastían Abojado1· so casa á saco :í los soldopr.,si1len1e
Je la Junta central de auxilios en
decirle una palabra, le lomó violentamente dos, generalizándose á conli11uaciou este :ite11la mano y le arrebató el cintillo, &lt;1ue se guar- tadQ en toda la poblacion, rompiendo puertas, fa,or de )latamo1·os, la comunicaciou sidó en la íaltriquera. ·
haciendo matanza Je marranos y gallinas, ¡¡uiqite:
Los términos mirn1os en que está coure- i11ce11&lt;lianrto los objetos que no les anroda'·Deparlame11todeGobernacion.-Scecion
bida la carla, las apreciaciones que en ella bau, arrojando tercios de sal á la agu: cor- 3 •-Tan luego como el ¡;olJ:,•rno tuvo b pl"ise_iiacen, las c~lumnias que en él se reliercu riente para que bcbie,·a la caballatla, y otros mera noticia de los ,lcsa:;tres causados en la
y el ser tomado del Diario de la .~forina, se- se ocupaban en correr las lbmilias que s. e ciudad de Matamoros en la noche del 7 al 8
rian bastantes ¡,ara que JO guardara silencio, encontraban en sus hogares, reíugiándo;;e j de CSle mes, resoln6 hac,•r cn,wlo le fuera
pues nadie que (,a¡a estadn y esté al tanto éstas en los cel'l'l,S, cal'Cricndo de todo lo µosible 1,ara rc111eJiar los males de aquella
de los acoAtecimientos, puede ,-er otra •·osa necesario para la ,·ida por habe,· salido rnn pohlaeion, y para auxiliará las personas ,¡ue
eu lo que se refiere, que la pasiou y la fal- Jo encapillado y sus tiernos hijos ,Je l:i ma- lrnhi,,sen q111•dado en la indigencia.
sedad con que el ciL1do diario trata siernpre no, perdiéndolo todo autcs ,1ue suírir las
Ademas rtc ap.-ohar las di,¡,osiciones que
de denigrar á México; pero ~e me toca tao wjacioaes ,1ue por costumbre pouian en ¡ había dictado el C. general llariano Escobede cerca y se me designa de tal manera, que. ¡iráctica los soldados de la ci\"ilizaciou.
l do, determinó que inmediatamente se rcmi. a' I1ecir
· cuatro (1 3 1abras.
' 1,1, d,a
. 1!! se desprendió
. . una pa,·11,la
. com- tit•st•n
,frc,es de . \',•raeruz
esto me obl 1ga
.
. . por \"alor de diez
Yo, como uno de los gefes destinados á la puesta e1e extran¡cros
.
.
los lrabiy traidores,
~I m:rndo 11111 111•si,s para d1strdm11los entre
.
custodia de los prisioneros, recibí del seiior ti 1
- 1 ' b .
. 1
. lant,·s "" )J,,1am,11·os &lt;(IIC tuncran mas necc,
e espano ::ie astian Abo¡a, or y el ¡;111a sid:1,I de ., 11 .,,_
genera 1 E'seo bedO Ia Órden de que ,ueran principal Jesus Vidaur,·i, ,-ecino de la ciuSe e,tán reuniendo los datos necesarios
tras 1adados de Ia eruz a· 1as 'J' lll'es,·1 as. para dad del Sallillo, qne traían consigo de aquel
. con esta rlispos·c·o
1 1 n, pedí a· D· Cár- punto como conocedor del terreno, dirigién- para dictar otras medi,las que favorezcan á
cump lir
. u110 de sus carrua·es
1os R ubJO
J • para que en dosc ú los ranchos de Santa llosa, las Peñi- ~latamorns \,' para ¡iroporeionar otros auxiél fuera lrasla~ado ~laximiliano, Y comisioné tas y el Saucillo, con el objeto do perse- lios pet•uuiarios.
Igualmente el gobierno ha nombrado en
al señor general ]). Ignacio Echeagaray l' guir :í las familias que andaban errautes por
teniente coronel Padrés, para que ellos ,,er- los campos, y en particular á la del C. Lean- )!atamoros una comision compuesta de los
sonalmente lo acom1raiiarao cu el carruaje, dro Martioez, padre del C. coronel Pedro CC. gefe polítiM, Antonio Longoria; gef'csuen donde uo iba otrn prisionero·mas_ que él, Martinez, que era la que perseguían con pcrior ele hacienda, francisco Arzamendi, y
pues todos los demas ruernn cond11c11los en- mas tenacidad, y en el tráusilo se enconlra- administrador de rentas, Juan Prado, para
I
tre lilas á las órdenes del teniente Coronel ron á Teodosio Games, á quien despues de que puedan cntcnd¡,rse con dicha eomis1011
.Margain, menos el ¡;eneral Mirnmon, que es- haberle hecho vaJ'ias preguntas de lo que el gobierno, la~ autoridade;; y juntas ó las
taha preso. herido y curándose en la casa pretendían, á fin de que entregara la fami- personas particulares, acerca ele tod~ lo relatirn lÍ auxilios en favor &lt;le aquella ciudad.
dcl Dr. D. Vicente Licea.
lia Martinez, y no habiendo logrado su obLa traslacion se hizo siu que yo me acer- jeto, le cebaron un lazo al cuello para inli- Lo comunico :1 ,·,l. poi· acuerdo del C. Precara siquiera, ni á la fuerza que los custo- midarlo, y siempre firme en su negativo, le sidente de la lle¡rnblica, para conocimiento
diaba, ni al carruaje de Maximiliauo; no he suspe11dieron tres mees de la cabeza ile la 1le 1·sta juuta cemral, •1ue se ha formado con
,-isto individualmente á 11ingu110 de los pre- silla de montar, y desengañados de que lodo objeto de arl,itra,· rccu,·sos en favor de Masos, de todo lo que es testigo la poblacioo les ~ra inútil, le soltaron medio moribundo, t::i moros.
lndr¡1endc11ria )" libertad. )léxico, Octuentera de Querétaro; y es, en consecuencia, y tan maltratado, que á los pocos dias mubre
29 de 1807.-1..rrdo de Tejada.-C. geuna calumuia vil la que asienta el Diario de rió, dejando uua numerosa familia; y siemla ,Uarina y hao reprofocido los periódicos, pre obstinados en sus crímenes, se dirigie- neral Jfcli¡,e B. Bel'l'iozabal, p1·esiden1e de la
de cuyos redactores espern se sen·iráu inser- ron al rancho del Saucillo, y mas iracundos juuta central ele au,ilios en fal'or de Matamoros.-Preseute.
tar esta carta.
los p,:tra11jeroi y t1·aidores Je encontrárselo
Es copia. Mé\ico, Octubre~!) de 1867.Suplico á rdes., señores redactores, ten- abandonado, determinaron incendiarlo, rcgan la bondad de dar-lugar en las columnas dueiéndolo a. escombros lh.~~ua. '1-e 11..uer J/a.mud .f.::p1'n1:-.:. ofteial ma)Or."
de su .¡1,,,cí,ble periótlico, :í lo que dejo es. robado todo lo que encontraron, lle,ándose
TEPEJI:
puesto; y á este servicio les quedará recono- en corrida toda clase de béstias y reses que
Se nos ha asegurado que en T_speji fueron
cido su arectlsimo y atento S. Q. B. SS. M.ll. mandaran Douay y Abojadür • se ejecutara, disputadas las elecciones l&lt;asta el es tremo de
-Re{t1f]ÍO J. Gon:;ale=.
dejando inutilizado á este vecindario po,· hahcrse lrccho uso ,le las armas por una
haber llevádose la5 bueyadas mansas, que- f'ucrza perteuecicnte á la &lt;li,ision uc la linea
DAT~ IIISTÓIUGOS.
dando paralizados los trabajos de agricultu- &lt;le Oriente. Dícese que hecha la com,utaCoa el titulo de Duh«ras del Imperio, ra, y en su regreso á esta villa, ya reunida cior, de ,otos, y no habiendo rnsultado elccpublica el Esta11darte nacioual de Pachuca toda la fue,·za que espedicionó hasta la Boca 10 el candidato del militarismo, se deprimió
de Santa Rosa, dió órden Douay se echara escandalosamente á los ciudadanos que sulo siguiente:
:i pasta,· la caballada en los sembrarlos de fragarou, se nuliílcó la eleccioo po,· el uso
••Juzgado 1.• suplen!e eJI Jt11rbide.-Jn{o1·fativ11 circunstanciada de la conducta ob- trigo, cebada.' maiz ! hortalizas ya en punto &lt;le la fuerza, y pa,·a esto hubo sus prévio,~
servada c11 la comprc11sion de esla mw,ici- de cosechar, rncend1ando el sobrante ~I em- l disparos de rusil, por lograr, como se logró,
palidad e11 la invasion que sufrió ,l 11 de prender su contramarcha para la nlla de saliese nombrado para diputado el C. JJaota.Mayo de 1866 por las fu~r=as franco- Galeana, cargando con el ,·obo que en gene· leou To,.ar. Si el sucPso es cierto, resulta
traidoras, al mando de! general francés
DoUll.y y el commutaiue ,spa,iol Sebastia11 ral cometieron en los puntos que tocaron que se ha cometido un criminal atentado conAbojador, mandada leva11!ar de ót'dm su- de esta municipalidad.
tra la soberanía popular, y que esa eleccion
perior y aprobada por el ayun!amiento de
Los que suscribimos, Yocales del .\yur.ta- en s, es ilegal ti insubsistente. Crcemo~ que
esta villa.
miento de la reforida villa, reunidos ea se- el C. gobernador de Puebla habrá dictado
ocupada
esta
villa,
inmediata"Al ser
sion ex\raordioaria bajo la presidencia del sus enérgicas y acti,as providencias para el
mente fué reducido á prision el C. José de C. Ramon Mele □ dez, aprobamos y !irmamos escl,recimiento del hecho y la aplicacion del

f

aun mucho en olrOfl ramos del saber; los do•
cia, justicia necesaria, y generosidad cun
\'OCALE:S DEL CO;,/SEJO DE
minios orientales, a"'3sados en todos los ra-·
que se han conduc;,Jo, circunstancias acaso
SANTA·AN~.1.
no esperallns, pero d~hidamente admi,·a~as I Se nzorahan los periódicos de opos1c1011 mos, necesitan de las ideas y de los hombres•
y aplaudidas eu medio del asombro que les cuando el consejo ,le guerra 11ue sentenció á de Oecidentll para' perfeeeiona...-ve.
El Siglo X/Í-Sigue inse.rtand'o sú Ráp,--·
ha causado.
Santa-Anua, lo condmó á ocho años de desCou que amigo, puede ,·ti. venir si gusta tierro, ) ahora se azoran pon¡ue dicen que da ojeada sobro la campa,ia de Orie11le.
Vimo urne pr@¡eetado, en el co11c,•p10 de les hau dicho que á los YOcalrs de ese con•
Et 1Jolet,í1 Ilcpub!icano-Bájo el epigrafe·
t¡ue se han adelantado el Ur. D. Mariano srjo se les había impuesto UD castigo ¡,01· el de "Uua disvosicron del gofüerno del Dis~
Omerles de \'iela, 1¡11c est:í ya t1·ah,.jando en 1 gohierno, y pregu11ta11 si dehiernn nhcdecer tri to," se ocupa del ata111Je dll&lt;lo á la• propie~léxico eou buena acept,cion, y otros mu- á una consigna militar, ó debieron obrar tla&lt;l por la disposicion ,111c manda éonst'ruir
chns que han pasado por a11ui perte&lt;wcir11- couforrne :í su conciencia.
fachndas II las casas de la&lt;t eallcs recienteles á diversa, nacionalitladcs, con el liu de
Sin creer ni negnr qne sea cierto el heclio mente abiertas, y concluye en estos término•:
establecerse en los lugares 1¡ue han elPgitlo. del castigo impuesto á esos oficiales. pues
·•Pon¡ue al fin, sea cual fuere el poder.de~
Por 1iltimo, din' :\ ,·d .. 11ue Indos cspern- J para ello necesito riamos ,·e,· la clisposicion gobierno del Dislrito, cualquiera qllll· pueda
mos con fundamento el progreso Y hicnestar suprema que así lo dcrmi116, &lt;lirernos al Bo- se,· la importancia y el alcauce de esas f'aculde ~léxico, bajo la salvaguardia de sus ilbe- ¡ lclin por ,·ía de rectilicacion: que los rniern- tndes ,wwrrifes ,¡ue se invocan, están mtiJ al""·
s1on 1 &lt;1ue sicrnpre que a opns1c1on iaga un
~
• .
.
.
cargo al gol,irnio Je ¡:raws consecuencias.
El 20 de :io,·1emlwe se 111stalara solemne- ral,•s instituciones )' Gobierno justo, cu,-, brns de un consejo de guerra, si al aplicar ribn ,te él y ele ellas los ,lcrcd,os y garantías·
el Diario O[itinl, es tlt•cir, el Diario del /jo- 111c11te el Cougreso Nacional, y :, la sor11l,ra principal tendencia será indubitablcmcnte la ley ¡1or h que juzgan al delincuente, se ,le los ci111la&lt;la11os, y éstos pueden apel:t,· de·
1
uimw, debe ponerse d,• acuerdo con los opo- ,re la paz tan Jcs,·ada por los hueuos mi,xi- proteg,,: con :nnplitud los derechos del escedt•u en rigor ó cu clemenci:&gt;, querlJn ex- las arbitrariedarres d'e 11ue ~on víctimas, al
l(,.,iea la ,le ,,1., amahle ,:,,- can6s, que )3 se 1lisfruta en totla la eslen- hombre garantido, por la t·onstitucion Y fo- puestos á responder del alrnso que hicicrnn gobierno supremo y á la opinion plilllica."
sitorcs. •,flué
....
"
. sion del territorio, dictará eu u11io11 ti e1 prc- mentar la inmigr:icion extrnnjrra.
de Sll posicio1i; y si á urrn le)" ¡ircexistrnle le
El J/ol&gt;Ílor.-Se ocu¡.:i de las e(eccioncs,
lega!
Soy
de
vd.
como
siempre
su
afoctisinio
'(Uiere
llamor
consigna
el
Roleti11,
est~
llll
su
sidcute las mas acertadas disposiciones pai·a
en San Luis, l dice que lmbo nM1chos abu-·
De la última ca,·ta del Sr. Ba,, estrar1arnns
amigo
que
atento
B.
S.
M
dcrcch¡¡
¡iara
llamarle
como
le
p:irezca,
solaciml'uta, la.
sos por parte de la fucrz:i arritada.
las siguientes líneas:
mc11lc
llUC así fe da lorrneuto al iclir•míl y
E~la111lo ya en -rigor bs iluslratJus le)'CS
CO:\'DUCTA DE CAUD.\Ll&lt;:S.
,.·., sv 1ire 1a ¡usllc1a
· · · uaUEI Sr. na111irez tlicc, (}Ul.! )" r.onfü::so que
ESCUELA :OK ARTES.
ce I1a un borron ·1111 1ru1uo
ti"
lkfo11na,
1•slú11
a
bi,•rtas
las
puertas
de
la
fui un ag~nte mer:unentc pn~ivo (111 la l'jt1c11·Se ha oplatado para el Jia lO la salida de cional.
Que,-lará est,.blecida en el colegio•dc Sao'
eion de Guenero, J Psto es uua falsctlatl. La ll&lt;'l'úl,lif'a I'ª"ª iodos lus extranjeros pací- la que estaba a111mciada para el 4. Eso alar- ¡ MEDIO Dt;L .-1.GlJA y \IEDIO DEL
Gregorio.
_ _
_
le) (ll'l'Yicnc, que {1 los reos que se t•nru1•n- fieos y l.ihoriusos que quieran compartir con gará seis dias m;1s la lira11tez del mercado.
OTílA CAHT.&gt;\: OE(,. sn. Iht.
,\GUllOI\
lren en el caso de Cucrrcro, se les 1•jecule y nosotros los cn,idiaiJlcs elernent(JS •le rique- EL GE::'IEfL\L D. ALEJ.\NDRO GAHCIA.
Dice el •·~lonitor'' t¡l!e el Sr.- 8oz ha paEn el salon del z(,calo de la Plaza de Al'se tir parte. Nadie tenrlria l(lll' echarme rn za que ahu11da111cme111e h~o_t:in rle nuesLlee•\
' ,,1 25 del ¡&gt;asarlo á Yeracruz, ,, se mas, convertido en circo ◄111mano ó l11pódro- blicado una última contesracion al Sr. Alta-·
cara cosa al;;una si lo hubiese )O hel'ho así; ! trn sucio, para ha"l'r la lelrc11~atl de uua enrarg:11':1 ¡iróximamente del gobierno ¡iolitimo de seiioril:Js, se paga por entrar y se p•- mirano, dando ¡iunto• á In- cuestion qne se·
pero 110 lo \'Criliqut;. Pormé una sumaria en societlad que m;1s arl1~lante se1a mas com- co y militar del Estado.
ga por sentarse; de manera que el que no babia suscitado.
.
·
1
imela ,·.1 ¡1oderosa , •y en ese co11ce11to
creo
q1rn declarnron cinco
lL'~l1i&lt;JS contra e reo;
._
•
Bll~NES DE m,;1,;1&lt;:J,ICI:::\'CIA.
ten;¡a abono con el calli,ta, tiene por fuerza
EL ":'.\IACION,(L.'.
tomé á éste una amplia dcclaiaciou, y e,a- que nL y iodos l,'.s _hue~•-s amr.¡os que teu.
¡
D.
¡·
d
bl"
1 que aflojar la peseta, por,¡ue al cuarto Je hoEste es el nombre del periódico que ha·
cué Lod:1s L1s citas que él hit.o en su dL{c11~n, gan á111mo ,le vc111r a Mcx1co. no deben ni~ go b,crno &lt; e1 1:::,Lr1 1o e Cl'a 1 11a pu 1_
El
.,
.
.
.
.
.
.
ra
de
rel'olotear
por
medio
de
tautas
encanrccm¡,lazadoen
Orizarn á la "Cola del Diablo/,,
las cuales le r,•sultaroo collllaprodn,·ent,•m: c:lar· un solo momeuto, ~ues üesaleudiendo cauo 1a s1gu1eate ,11sposic1on:
.
tatluras
bel1,des
de
chispeantes
rostros.
i-a
·
y f'untlado en estas &lt;1-,clarac1011es
y c11 1a las ¡1atraiías in,enta,las por los constantes
1 l e. go IJe1·na dor I1ago sa be1·
•~ Oe Óu1en re
.,
.
.. .
•
L.,._ ••SOCIEDAD MEIICANTIL."
.
.
.
los pu·s se 11,e.,an al semc1ry, a pesai- del en·
prueba real de enronlrar:je al reo inslrnmen- enemigos cid gran partido nacional, que es a. los qne hubieren
practicado operaciones¡
. .
"
.
Se ha dacio por muerto este colega.
,
.
.
tretenrn11ento nue causan la concuri·euc,a ~
los propios tic roho, re apliqué la ley.
d dcnrncr:ílico _liberal pro;;rcsista, sobre que rclat11·as
a lieneficcoc,a, desde que est~ ramo
. .
·,
•
,
•
la nmsira.
Con e,ta sumaria cli personalmente cucn- 1110 se respeta ''.' se p1olPJe ~ los extran¡eros. se baila :\ cargo de 1 ayuntamiento,
NO\'ED!íD TEATI\AL.
&lt;¡ue esta ::il golii~rno,. a~i como con uu estrilo que so-lo debe Yd. l1pr su ate11c1on, _Y los dern;~s tán obligados :í presentar á la misma Corpo·
El
Sr.
Lópcz
del Castillo, dis~oguidO'al:HE\'ISTA. DE PEHIOD!COS.
prncuré rusie:-.c el reo pidit~rnln ¡1;dulto; y cilranjl'ro~_ en grncral, en la c1.rcunstanc1a racion, dentro, de 11uiucc días contados des- ¡ El Correo de 11/é:rico.-Se ocupa del Po- t~•· mexicano, dará el miércoles•próximo·ut1a
despues ,le todo esto y de hahcrse ,w¡;:1110 el muy atcnd:lile )" probada Je m,I maneras, de la fecha de este a,1so, las escntu,·as ó do- der municipal, l' entre sus párrafos se en- Í'uncion dramática en el Tearro !tachmal. co-'
indulto por el guhicrno. s•• 1,, rnandtí rjecu- ,le que 1•1 t,ohrc,_-no y pueblo Je ~léxico, n_o eumentos respecthos, pues de lo contrario j cuentran los siguil'lltcs:
mo b~ncficio suyo )' de su señora •
tar .. llicc, por tanto, oficio Lle juez y 110 tic sulame11lu h:111 _s~do genl'l'~~os cou _los mc11- se expouen á que se ,-e,-ifl,¡ucn operaciones
"Ninguno de los ramos municipales, lll PI
La simpática Amelía Estrella def Castillo,
,·c~&lt;lugo; de magistrado y no de ageule p;tsi- &lt;·anos que lr::utiouarott u la 1rnlrta, 1&gt;nesto nuevas respecto de los mismos bienes.
mas insignificante al parecer, J' bajo cual- por rnotil'O de su salud delicada,. no , ha po,- 0 ; hice mas ,¡t1e lo que m:1t1tlaha la lry.
1¡uc ú un. maJO•-ia de ellos se lrs ha per")léxico, Octubre 30 de i8ü7.-JJ. A. quier punto de vista que.se le juzgue, dt&gt;ja de dido darse :1 conocer del público me1icaoo,,
Cuarn.lo el gcnrr:il Zaraf:Ol..a tomó ,la c;q:i- donado, y ú nlrns se lrs hn conmuLaJo la .llercadn, secretario.''
ser la representacion de una necesidad ur- Y esa noche ser,, en la· que pucJa ser juzgatal, mantló fusilar á dos por el roiJo de un pe11a de la ley rn !ltra mas henigna, sino
gea1e, de un rteber de la autoridad y de un do y apreciado su i_ndispu'.a,hle mérito. . ·COfiRIDA DJo: Tonos.
rebo,.o, y á nadie hasta ahora le ha ocurrido que :í 1,is cxt·anjcros que militaron)" trabaacto de cirilizacion.
La S1·J. tle Castillo lucw desde mu)" nimr
el llamarle asesiuo. La ca¡,ital cstab:i últi- jaron en cont,,a ti,, la Rrpúhlica, se les ha
lloy ten~rá lugar la que ha dis¡rncslo la
La policía, las r:íreeles, la iush·uecion pú- 1sus facultades dramáticas en este mismo Tea,n.Jmf'ntc en circunstancias r~tnwrdinal'ias ~ lr&lt;1tado cun lJe11c, olcnria tlicit'ndúte~: upo- Junta ccnlral de soco1•roe, dcslinándo.se sus blica, los ho,;pitales, las aguas, rios, acc- tro Nacional. Nosotros, como orros m~hos,
Iamenlalilc~, que 1tüdao ...,..........~~~··'-' dr.i-" 1¡ta1"·lmr11: J1ru-a {1«:1:ri dt'l.J}t1Í.li ú querla- prodaeros al alivio de los que,ml't-iurou e11 la quías, puentes y calzadas, los teatros. los asistimos á sus precoces triunfos.
"-•ion; y eu:, habitan1es. ~nn1¡11e no ,·eo con ros e;1 ésle si m;; ptace, con ta! de qtu sca(s catástrnfe de Matamoros.
'
paseos. y en suma, todo el conjunto de las
La pieza qoe ha escogido el Sr. Castillo
· &lt;1e neulrale!, en adelaute en mus,ras cuestiones
gusto el llerr:im:1.micnto de ~angre, 1l'JOS
necesidades de la ,·ida social: un pueblo bien es la Da111a de las Camelia,, en la cual la•
estar indi.,nados, como supone d Sr. !lamí'- poliricns, y pur lo pasado, ,¡,ll'd"i' recbvrulas
FELICITACIO:S.
puede existir )' estar en paz sin gobierno; encantadora Amelía Ira obtenido siemp1·e la
rez hace,~ justicia al sacrilkio que el nobicr- de ¡,cna." ¿I~" qué país del mu nd0 se usa
Dice un periódico que ,-arias señoras de pero acabaría con la falta absoluta de orga- mas entusiasta acogid'a,
1
no' y ) o hemos hecho en rnneer n:estns ,le t~nta ganero,idatl con_ los que han siclo Tapa chula la han dirigirlo á la señora esposa
nizacion municipal."
l'or la Gaeeti1la
sentimienlos al ca~tisar ú ese dt~sgraciallo. ~nenngos niti•i·iorcs Y l'Xtcriores 1 en el mo- &lt;lcl Presidente, por i:;u feliz regreso á la paY coucluye proponiend-.ue cada tres me•
J. L. )lEOQrt.
_
. ""'"'º solemne tlcl triuul'o de 1, 11atrin? .\pe- 1tria.
ses se haga una \"isita á las municipalidades,
C:S.\ C.\HTA.
lo á '" cuncicneia misma de las extranjeros
J()SR MARIA VILLA.'
FEHllOCARHIL DE CHALCO.
lo cual eree tJne escitaria la emulacion. de
Do l::i Revista de \"er:.1cruz lomamos J:1 si- y estoy srg-uro que Lodos,. 1•on.cscPpcio11 so. D. Lorenzo Perez Castro, en- j las corporaciones municipales.•
guierlle, c¡ue es IJ~staute interesaulc:
lamente de alguuos IHU) coutaJo¡ que lieEl .mger11ero
coudigno y ejemplar· cas1igo, rucs ya es tiem- si lente ,le la' Suprema Corle tle Justicia, copo de que los indil'iduo;; destinados á ohc- 1mo sustituto po,· la Conslitucion tle la prcJece,· y 1•jccu1ar las leyes, no se i:u11vie1·1a11 siJeneia ,le la Hep,íblica, por seis años. El
eu árbilt·Js ) o¡ll"c,ores. El honor cid pais primero ~1110 h,1 tl!Dido por c011lpctitlor al
)" su propia cous,~1·raciou, dema11da1t que cu gt.?ucr~il 1ll! didsio11 D. Porflrio Diaz. el cual
estos momentos se desplPguc energía y jus- [1;J uhleuitlu \'Ol11s L!ll minoría, por11uc riuu1iíicaciou 11ara conleuer tor!a clase de de- que este ciudadano ha ga11a1jo por muchos
masías.
lltulus la est11naeroir del 1•uehlo, han pesado
1 mas en la ha lanza de la concie11cia públiea,
DILIGEXTE OFICIOSlll.\D.
loj sentimientos de grntilu1J 1 por los cmi111!11El l/ol,ti,1 Jlept1;/ica110, sapienti,imo coll':3 s01·ricios pre~t:tdos poi' el S1·. Junr1 1z1 la
leca nuestro, cst1·aiía !ILIC nosotros ronSidé•
honra y con,·eni,•ncia de la uaciou, con el
remos que ol Diario Oficial 110 l'S &lt;1tl'a ro,a
•
·
.
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i111po1·ta11tc
olijcto de que ,·ca toda la Euroque el órgano clel go~1cn&gt;(J, i11,ui, saue or
, .
.
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.
. ,
pn que (¡1 füpubl,ca 11H·&gt;1c,111a al'rucua toe1os
es ni. quendo JJo/ctlll. ·
j los actos del benen,entu
• · de .\menea,
• · e. BC·
• ' •
.. ·. · .
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El mismo prno&lt;lrco 11il1crc ,1e la 1 ,scu- .
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mio Juarez.
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ANUNCIOS.

"11. ,·eracruz,Octubrc 18 dt• 18Gi.-lfa- nen un moti,o especial ,le resentimiento,
bana.-Queri&lt;lo amigo.-Cumplo co11 el de~ pro111111e1aráo el fallo justo c1ue merece Méber que me impone l:1 :unista~ 1 ma11il'e~_t:í11- \ xic.o.
tlolc: q11e en el corto tiempo que he estado
be fallo está retratado ya en la mulen esta ciudad, he podido conoce,· ¡,e1fec1a titutl do felicitaciones espontáneas que de
me11te cómo '""" los 11egocius de México. dil'crsos países cxtrnujeros han estado viTocio 1·a bien: el Sr. Juarez ha obtenid11 se- uiendo al Presidente Juarcz y al puel,Jo meguramcnte la votacion tlel pueblo, en su 111- xicauo, no solamente por sus heróicos 1ri1111•
mensa ma¡oría para Presidente co11sti1ucio- fus adquiridos contra la mas inicua y atennal de la Repúblic", pur el términr, de cua- 1ta1oria tic las inter\"enciones, sino por la
lro años, y el Sr. Lerdo Je Tejada para Prc•J moralidad ejemplar, recto juicio, pruden-

cargado por el gobierno parainíormar ·sobre
las causas que habían motiYado el des~arrilamiento de las i11mediaeiones de Panzacola,
opioó ser prornnido de ir la lucomotora detras de los carruajes, y no de mala conslruccioo de la vía.
Posteriormente ocurrió otro lance Í€nal,
yendo la locomotora debidamente colocada.
¡,Eo qué consistió este segundo accidente?
Este mismo Sr. Perez de Castro ha sido
nombrado inlerYentor del camino.

El Diario Oficial-Se ocupa en bosquejar
el estado de la política cstcrior.
La .f!,eria-Se orupa en comentar una frase rnrtida por la Gacela de Mo,cow, que dijo:
El Orimte para los orientales, y la pone en
paralelo con la otra que cntl'e nosotros ha
llegado :1 ser un axioma, la Amerita para lo,
anierica,ws, y a,ienta que ambas SOi} igualmente erróneas, pues si la América o-o tiene
que aprender nada de Europa en punto :i
instituciones p_oliticas, si necesita adelanta.-

n:som-:ttt.\ GE:0-El.l..\L DI•: LA N.\CIO~,
~fo siendo posible qnr. tenga t:fécto la salida de la
conducta &lt;le cancli.\lcs ¡n\r;l Yeracri1z, que acgun su-prema órden se n.o unció ya:a el dia 4_ del cn~rnnte
Novicmbrt", se avis.u al publico que dicha salida ae
vcrificnr.í el dia 1 O del mismo 1ne1t
J[é:üco, Octubre 31 de 1867,.-.Vuud P .. l~a-girirre.

SE'VENDE

U11.a C.\SA. no lrjos- dtl'I centro de esta ciudadr
que nunca hn pertenecid~ al clero~ L&amp; peraoua ~Lue
se interese po¡lr;í ocurnr ni despacho de e:sta un•
prcntn. en donde se le dará razon.

:México, Octubre clc 1867.

•
222

231

230

ra, el fuego de que se alimentan los volcanes.
Desde que la marquesa se iba aproximando á lo~ límites de IR maclurez, esperimentaba con bastante frecuencia un deseo involuntario de recorrir por la última vez los agradable$ senderos que había recorrido en su
juventud. A la manera que en Otoño los
árboles cultivados con esmero brotan rall'las
verdes al través de hojas amarillas, se esforzaba ella algunas veces á mezclar á sus maneras imponentes algunos términos medios
que revelaban los aur1 no muy lejanos tiempos de su coquetería. Esta disposicion peligrosa que se reprendía ella en secreto, aunque sin poderla vencer enteramente, tomó
durante la noche de que hablamos un desarrollo tan rápido como imprevisto. En vista
del gracioso grupo que formaban la sobrina y
el vizconde hablando en voz baja mientras
fingían mirar juntos los dibujos de uu álbum
la marquesa de Pontailly volvió á sentir un
interés que poco á poco se cambió en un sentimiento enojoso. Una mirada í11tima.
melancólica sobre sí misma la recordó que ella
tambien habia sido jóven y amada, y todos

Preciso es que nos dirijamos á ella, porque á.
decir verdad empiezo á estar inquieto.
El marqués mandó al cochero que las condujese á la antigua. morada t'lel estucliante en
la plaza. del Odeon. A la vista de un anciano bien vestido y que llevaba ademas una
respetable caña de indias con pullo de oro, lo
cual en el teatro es siempre un emblema de
pat~rnidad, el dueño de la casa se aprc~uró á
quitarse de ~u cabeza. el gorro griego que
constan temen te la cu bria.
-Sin duda es al Señor de ChevaRsu el diputado, á quien tengo la honra de hablar, dijo con una sonrisa cbsequiosa; con la mas
grande satisfaccion he sabido por los periódicos la eleccion de tan respetable ciudadaon.
No señor, no he tenido aun el placer de ver
al caballero vuestro hijo á quien todos amamos con estremo, porque es un escelente jóven; p'ero su habitacion está pronta, y no tar•
dará sin duda en venir á ocuparla. Entre
tanto si gustais, á fin de que vuestro paseo
no sea del todo inútil, podeis cebar la vist1&lt;
11obre esta cuentecita ......
-¿Qué significa estot preguntó el vteJo

Mañanana iré á buscaros, y sobre el terreno
yo meteré en razon á ese atolondrado.

y

223

•

•

-Me hareis un gran favor, respondió el
v;zconde; tendría un gran disgusto en verme
oblig·ado á responder sériardente á su provocacion.
-Tranquilizaos, yo me encargo de quitarle las ganas de intentar semejante cosa.
Al dia siguiente á las ocho de la mañana
el marqués de Pontailly y Marea! llegaron á
Saint-Maude. Otra vez esperaron por mucho tiempo y nadie pareció.

.
•t·

..

\

1'

-Esto se va haciendo incomprensible, dijo el viejo emigrado: que Dornier sea un cobarde no tengo dificultad en creerlo; pero
Próspero no es un hombre que falta voluntariamente á esta clase de citas; preciso es r1ue
haya sucedido alguna cosa.
-¿Sabeis á su casa?

•

·,

''

-¿No v;ive con su padre? dijo el vizconde.
-No, y ademas están ahora reñidos; antes
de ayer 1108 dejó bruscamente sin clecirnos á
dónde iba á parar. Sin tludn se hahrá vuelto á la casa que habitaba antes de vaciones.
1

los placeres de su vida presente le parecieron insípidos al compararlos con aquel recuerdo. En la existencia de la. mayor parte
de las mujeres al asunto mas sério es el amor,
y la marquesa llegó á creer en aquel momento que habia ::1eparado de la suya ·algo prematuramente aquello cmocion incomparable
y divina. ¿Habia. perdido por ventura su
belleza, todo su brillo y lozanía; ora su talento menos brillante¡ su gusto menos esquisito,
~u conversacion menos seductora; su continente menos magestuoso? ¿Sus cuarenta y
seis arios eran para ella su invierno, ó estaba
aun en el otorio de su vitla? Mncho mas que
ht mayor parte de las mu1eres &lt;le su edad, la
marquesa teuia el derecho de creer en el inalterable sostenimiento de sus atractivos. Desde luego un ser cualqniern, masculino ó femenino, jóven 6 viejo, bouito ó feo, sábio ó
tonto, puecle dudar algunas veces de sí mismo hasta el punto de dirigirse esta pregunta¡
¿soy ca¡iaz do agradar? pero os indudable que
nunca la respuesta es negativa.
Cuando un actor retirado de la escena ve
repre~enlar á un joven r1val ~I papel en que

•

226

227

á obedecer, pero no sin haber dirigido al viz,

difícil mirarlas, respondió el vizconde esperando salir del paso con esta galantería.
La marquesa se había sentado en el sillon
que babia dejado desocupado su sobrina, y
mientras Moreal acababa su frase, tomó una
de esas posturas mas provocativas que magestuosas, quo Juno habría prestado con gusto á Venus con su cinturo11 1 y que á la marq ueoa le era fácil prestarse á ella misma re.
currie11do á su memoria.

conde una mirnd:i. de disgusto.
-¿Epcontrais en este álbum un dibujo que
os llame la atencion? elijo entonces la raarquesa á Moreal con una sonrisa desdei'losa.
-Todos me parecen lindísimos, señora:
respondió el vizconde; este paisage particularmente ••••
-¿Este paisage? si es u~a marina.
-Es verdad: replicó con embarazo el jóven enamorado; eso quise decir, un paisage
marítimo.

--Haceis preciosos versos, dijo ella con un
tono festivo pero abusais del derecho de poeta.

Estos •on

-¡_Qué derecho, señora? preguntó el vizconde?

-En plena mar, sellara; teneis mucha. razon; acaso yo he dado el nombre de paisage
en un sentido demasiado lato. Sin embargo ...

-El de truncar un poco la. verdad.
-Os juro señora que si tengo algun mérito, es el ele una. sinceridad á toda prueba.

-Vamos, replicó la marquesa riendo
aire burlon, no forceis vuestro talento á
tener una tesis imposible; confesad desde
go que absorvido por una ocu pacion
agradable, no .habeis miraclo ni una sola
gina de mi ál1mm.

-No me fiaría yo de ella por cierto. Querreis, por ejemplo, que reciba yo con formaliclad el cumplimiento que acabais de dirigirme?

-¿Dónde está aquí el paisage?
dos navíos en }llena mar.

con
sosluemas
pá-

-Ahora precisamente es cuando me sena

f

,

-No en verdad, pensó para si el vizcm•de, diciéndola en seguida: á trueque de disgustaros, repetiré aun, que .cualquiera que

I

�•
Este periódico aeri do ma• rrdueiJu dimen•
eioneo, bajo un pla1, an~logo al Jel Vapor.
PREIJIO: DOS CF.STAVOS CADA NCl,IEBO.

,

OBRAS POSTUMAS
DE

ComPrizará i puhticare:e, tan lu&lt;'go como PI
ediL&lt;&gt;r reciba la jmprt:nta, que está, ya en camino
Je Veracruz.á esta cd.pital.

1

~EF~~~~ ~~

A dsos v suscricioncs se rerihen en la litogra /
fia de .f. Riverp é !lijo, calle rlcl Uolisco núme,
ro 4-, Frente al Teatro Principal.
Uno y otro periódico tienen JR rontrnt:idas algun:u1 columnas para la insercion de a\'itms extrongeros.
,

~~~~;-~~~~~

EL VAPOB..

~ ¡¡=\\ ~~~R~l ff\\

~~ ~~~~~ ~-~~Q

1

•otr tai~i~ittt rcrr gJu~-itu.

~léxico, Setiembre de 1867.
Edi¡or y lledartor en gefe.

PERIODICO POLITJCO, Lrn:RARIO y

'

•

'fRAf &gt;UCIDAS POR F. L. L.

lU.:RC.:A!-iTIL.

El plan de t-sta publicacion es enteramente
nuevo.
Parte polític~:

EJitoriales conciflos, crónicas

Los ci11d11d1111os tlis¡•uestos á il11st1·a1· s11 crite1·io, los 1•adt'es de familia
y los 1,1·eee¡ttores i111siosos de dar l11z y 1·azon á los 1·etoños sociales, hallar,í11 e11 la obrita au11nciada 1111 complen1ento á s11s deseos.
Se e.x1•e11tle e11 la Libre1·ía llexicaoa, esquina del Refn~io y_ Lel'do, y en
la tle Ag11ilar, l.ª eitlle de Santo Domingo núnt. 5, á tJÜATRO RE1lLES
el ~je111_pla1·.

extensas y variadas, laborioljas corrttrp~nJencias
extrnngeru, e1c, e1r.
J.itrratura, ciencias y artes: Noli{iiaa de los
último1f descubrimientos en todo!S loa ramos, pro•
yectos para importar todo lo ú1il y desarrollar
nuestra industria íabril y manufacturera.
Mejoras materiales: Obras Je beneficencia é
instruccion pública.
Parte mercantil: Agencia conlidencial y pública, anexa á la rct.laccion del rapur. A ,·isos eu
inglés, franCes y espai\ol, a precios módicos.
Tarjetas de fletes, notas de cambios. Todas las
noticias que puedan interesar al comercio y al
público. Empresa de correos de la ciudad, men
1rngero1 y e.xpreso11, establecida por la misma re·
daccion.

Agencia de nerocios judit'iales, p:1ra In

que se cuenta con abogados Je gran celebridad.
Este peri6di&lt;"O aparecerá lan luego como puea

'===:= . : : ~ - ----.- _

~

las cues1iones de actualida&lt;l. que ocupan la aten•

1

cion pública.
Por ahora &amp;e reciben aviso• y suscriciones en
la lito¡¡rufia Je Ril'era é Hijo, calle &lt;lel Coliseo
nóm. 4, frente al Teatro Principal y en los eallldos, 101 corresponsales.

•

J

S·EBASTIAN C. NA VALON,
PROFESOR
DE LA ACADEMIA DE BULAS ARTES
DE SA;'I CARLO~,

Unica casa en ~léxico que puede ofrecer al público un vcrdadt!ro y curnplt:tu surtido de Catni3as,
Calzoncillos, Calcetines, Ca,nisas, Co1·batas, Fundas de al,nohadas, Toallas, Sábanas, lJlanteles, Servilletas,
lJledias, Cuellos y piiños postizos, Guantes de cabritilla y todas clases, Caniisas de franela de todos colores,
Ligas, 1tlancuernas, l'istoles, So,nbrillas, Paragiiitas, Pañuelos, lJlascadas, Bandas lisas y bordadas, Alan9as y,, puños de lana, Bufandas, Plaits y otra infinidad de artículos concernientes á este ramo.
Gran surtido de ROPA INTERIOR P..JRA SE.VOR.4.
.
Se hacen camisas SOBRE IJIEDIJ)A., lo mis1no que calzoncillos y camisetas interiores.
Participamos al público, que recibiendo todos nuestros géneros de Europa, podemos ofrecerle un surtido de géneros blancos de lino y de algodon, que venderémos variados á precios sumamente ventajosos.

DE SA.&gt;f CARLOS,

que se dtm en esta Academia, !e pone en c_onoci-

miento del p~blico, por disposiciou &lt;!el C. llir~ctor
generol, para que los alumnos qut: quieran seguirlas,
ocurran inmediatamente n mnlricularsc en ln secrc•
taría de esta Academia; lo qne podrán harer todos
los dias de llueve á doc6 de In mniiana y de tres á
~ ~ e ; adT.i!tiendo qn• ta•bi"" quwan
abierto, desde bp, 1•• rlosea nocluvnas p•rn artesanos, y que no se Í,nga derecho de toatricula ni pen•
,ion alguno.
•
Sccretnría de la Academia &lt;le Ucllns Artes de San
Ciírlos México, Octubre 7 de 1867.-Joaé .J[.
Florea P'eraad, secretario.
8-8

ct:f" A los compmdore8 por mayor se les hará una rebaja co~sidcrable.

Habiendo trnspasndo el que su,c1·ibc, la Alncena
y aede1a L ., PERLA, ,ituad,'. en el po~tal_dd Refu

•

,,ue.

1
1

111

1

I

_C[J

~léxico, Setiembre de f867 .

Plate1·os y llcaice1·ía.

~

1

J;ditor ro,pon,nble, ~l. fcrcz.-hnprcnt.n de Lnrn , calle de In Pulm• X. l.

•

soa el fatractivo tl c este álbum, no puedo i;ompararse al plaeer de oi l'O~.
-¿Por qué no afiadío "á la dicha &lt;le veros?
dijo la marquesa cou afoctadn. ironía; oso 11eri'a una galantería mas prqpia y ma,; ti iscreta; pórque debeis saber que t111n · mujer estima siempre uu poco mas su belleza que Ml
talento. Madama Stacl no quedaba muy contenta cuando elogiaban e~clusivameule su
génio.
-Es que en ella no había realmente otra
cosa qne alabar ...... t\tientras que en Tos, se·
ñora, al contrario, la hermosura unida al talento, forman uno de e~os conjuntos .......
-Vamos pnes ...... ¿será preciso que yo os
apunte vuestro p:i pe!?
1
-Si yo quisiefie representar nn papel cerca &lt;le vos, desearía, señora, que á lo meno~
tuviese el mérito ele la novedad ....
' -Y yo evitaría esos lhlsos cumplilliientos
que han debid_o enojaro~ tantas veces; este es
vuestro pensamiento, ¿no es verdad' Pues
bien, tendriaiA razon, siempre es de buen
gusto el aptlrtarso do caminos trill:iJos; pero
)l'úmo suponer r¡ue puccla ocurriros represen •

•

YA SE ABRID

ESQUl~l DE Ll PIUllERA C.-\LLE DE PLATEROS Y ALC\ICERl1 N. t.

H•biéndo~e organizado definitirnmente las clase,

........

I

'

ACADEMB. "N.I.CIO~.\L DE BELL.\.S ARTES

gio, y enbeclor de que el antiguo dueno t1t:ne nlgt!·
aas cuentos pendiente!\ de p1'go, pone l'n t:1 conoc1•
miento &lt;le todas estn:s personns,
no es rcspou•
sable de ningun crédito ,e,L ncti,·o ni pasiro y que
por consif7'uiente todo aqnd que lns tuvil·rc podr.1
enten&lt;leN~ directamente coa el 8r. D. ,\ lt~o Brin•
gns, residerte en Cn.mtitl,m en In. Tit•nJa llamada
do la .\lc.,ncío.-1[(,:cic'fl, Octuhrc de 1367.-Jfanu~l C(r,,o.
~

Plateros J' Alcaicería.

TITULADA

r

.

... --=-

LA Glt~i\.NDE Y NUEVA CA~1:ISERIA

Tiene el honor de avisar al público,
1
haber abierto un taller Je grn baJo en
el qu~ se ejecutan toda clase de obras.
En el grabado en huf'co ó tle bajo ,r e.
lieve, medallas, timbres, botones, camafeos, chapetones y lo relativo al
ramo· de joyería: eu el grabat.lo ea l~- 1
mina, estampas, retratos, titules, diplomas, tarjetas é iniciale~: eu el grabado tipográfico, sr,a en metal ó madera, sellos, viñetas, punzou~s, y en
general todo lo relativo á estas especialida&lt;les i fl las obras ilustradas.
México, Octuore de 1967.
COLISEO ,·1EJO 1101. 1 t
,cll¡~~-

.

'

tos que el parentesco establece alguna VtYt,
cutre dos mujeres; porque estraña la una á
la otra, la marquesa y su sobrina, no podían
. profesarst" un cariño demasid.clo vivo. A de•
cir verdad, su indiferencia era ,ecíproca; pero en este momento aquella indifarencia comenzó, por un lado al menos, á cambiarse eu
antipatía. Dispuesta hasta entonces á la tolerancia, SEi sintió &lt;le repente la marquesa arrebatada de tm acceso de despecho tal, como
lo habia esperimentado raras veces. Se dijo
ella para sí que al confiarle su hermano á
J&lt;~nriqueta, le había impuesto el deber de una
activa vigilancia.
-Esta muchacha se figura que voy á. per•
manecer impasible espectadora ele I su coloquio con !\loreal. Yo la ensenaré que el empleo de dueña complaciente no el! propio de
mi edad ni de mi carácter.
Se aproximó entónces á la mesa, cerca de
la cual hablaban los dos amantes, y dirigiéndose 11 110 sobrina con un tono severo: ¿quer•
rPis, la elijo, ir á dar 6rden de que n08 sirvan
el té?
La jú1·e1,1 algun tanto confusa se apresuró

mas se ha distinguido, su pasion al teatro reuace de nuevo en sn corazon, y llevado por
una especie de ódio hácia el actor que le
reemplaza, dice los versos á media voz antes
que aquel, y necesita de un contínuo esfuerzo para no acompañarlos con los mismos gestos. ¡Cuánto no daria él por ocupar siquiera
un dia la escena donde ha brillado otras veces, y disputar á su feliz sucesor los aplausos que le prodigan!
Al mirar á los dos amantes lacabó la mar•
quesa por esperimentar una impresion igual
á la que acabamos de describir. En aquella
graciosa escena reconoció ella su papel de
otras veces, y le pareció que al apropiárselo
su sobrina, le había mostrado poco respeto.
Nos resignamos fl dejar nuestra fortun¡i á un
heredero; pero no nos gusta que se apodere
con anticipacion de la herencia; radiante de
juventud y de gracia y embrillecicla por el
amor, enojó Enriqueta á su tia desde que la
vió ejercer aquel don de agradar que había.
ella pose ido tanto tiempo, y este naciente desagrado que la inspiraba, no pudo ser modificado por ningun·o de los afectuosos sentimicn-

•

�</text>
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                <text>El Continental, Periódico liberal, independiente y radical, 1867, Tomo 1, No 47, Noviembre 3</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Núm. 48.

¡

+
•

LIBERAL,

PER'I ÓDICO

INDEPENDIENTE y RADICAL.

-- ...

- ~-- . ·-=- --

r-

.....,

''

'

.

-

á llcrnr su ofrrnd;J fueron conducidos á la ramos chil ) militar, en los términos si-' por el Supremo Gobierno ti~nen señaladn
. cárrel, quedando la tumba solitoria y arroja• guientcs:
pena mas favorable, á ella quedarán sujeto,.
Los comunicndos y avisos se insertnnín ron In n•• ' d1s al sudo las ofrendas.
1.• Los que sin ieron como generale~, 1 L(! que digo á ,·d. para su cumplimiento.
Et1te pl'riódico11e publirnr1l todos lo, días ,í. lns 11icte
bajn ele una cunrtn parte de lo que cnulqnicr o\ro I Triuufú la llepúhlica y no t'ut• ya un crí- sufrirán la pena dr cuatro aiios de prision
Independencia y Libertad. México, Ocde la mañana, rl.crpto los ltínes.
Los su,critorcs lo recibirán en sns c.i1ms:
periódico lleve por sn publicncion.
mcn visitar esa santa tnmba, ni llc1ar á ella en el lugar &lt;¡lit! se le$ dcsi¡¡ne. Los de igual tubre 31 de 1867.-Mrjia.-C. Comandante
1~1 prerio de suscricion srrÁ un peso mensual, y
Lns suscricione'., comuuica_d~s Y ~nuncios ,e,.,. los rN·11enlos d1• patriótico raril,o.
1 clase, que solo 1•sluriero11 en depósito, ó militar de .....
pura los for:íneos dic-z renlt's, franco de porte.
ciben en la redncc,ou •v •adm1mstrnc1on
· s11· ¡o nu~sl1 o U111co
• · rcc11rr J o que e• 1 ser, ·1c10
· que pres1aro11 J'11c\ I1e trn mo• del C,,,,¡,.
.\ 11tcs I1;i ¡,1a
Cnda ní1mero t-u1•lto ,·ale me&lt;l10.
11eutal calle de Snn Josu el Real num. 21, y en In 1 .
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¡; orwso cu esa uc 1a cs,¡;1111 : auora es e do pas1rn,. su ¡·man
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A los repartidores oe les dará á tres pesos el librerrn del Sr. Agu,lar y 0 rliz, en 11 e • e "amo
.
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centro de u11a brillante consteln1·1011 e11 que . conlina1111c1110.
UN.':-,. .1.,
~·uEV'A F,\Z.
cit'uto.
Don1111go
num.
~
.:..;_....:,_______________ 1 __..:,______________ ligura11 como estrella ,te primera mag11i1ud,
2.• Lo, ,1uc sinieron ron la~ armas rn
La crisis electoral ha concluido: los com.i--...g-.&gt;_ .-.
Escobcdo, Diaz, Corn11a, J tanlLs, 1a1110~ la cla~c ,le coroncl«•s, cuatro aiio; de conli~
••----~
~
batientes reposan p de las fatigas de la luqne
co11
su
,
l11•rúico
1•sfuerzo
re1•inú1caro11
n:1111i,•1110
cu
los
lugares
que
se
les
desigcl,a·.
el supi·emo ¡·uez, el pue'·lo,
lia 111
. utiNOTICIA DE L.\S ENTRADAS Y SALIDAS DE CORREOS EN ESTA CAPITAL.
u
r 011
\
ENTRADAS.
, 11u1•st1os ,lcrerlws ) cu~ricron de ¡;lo1·ia el 111•11; 1 los que en la misma clase solo sir- ciado su fallo inapelable, y solo falla que sus
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - , - - - - - - - - - - , - - n - o &gt; 1 _1_,-_u-o-.- · ¡1ah,·ll1111 tri1·olor.
'"il'l'1111 p:isiramenlc, ó eslurierou en ,lcpósi• mandatarios manitieslen esa rnluntad, única
Le"•·
1
&gt;1A1tTu. ¡ "rn11coLEs,
J~E,es, 1 vua•E•.
unAno.
.\l lauo tle esa tumba le1a111ada por lapa- 1~, i~nal ticuipo ¡J¡, 1 ,igilancia, en donde se
·
· ¡
· 'd
1 • • •
fuente leirítima del poder ca las re 11 úblicas
Putbla.
jPui;bhi.
11uthla.
l'uebl11.
Puebla.
Puebl11.
lr1.1, 1ay 011''.l er1g1 a por a JUSllCl3.
les sl'itale.
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1 "', 1 , tenientrs coronclPs . coman hbli·r,s.
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• cmos en ra o, pues, en una nuera 1az;
Veracruz.
Apizaco
¡venu:ruz.
.\piznro,
\piznco.
Veracruz.
Qutm:=t.111'0,
1 ésta la de un rnexirano cstra,iado.
.a
1 ¡ 11
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¡
Apnm.
e Hidaigo.
om,a.
c. Jli,fol~•c. Hi&lt;lalgo.
Apam.
Guadal,j.rn.
",1nic,, )3 le •ala 011 o e escua1 ron, t¡ue- . los \'Otos de la oacion se han cumplido; ha,11
Apizaco.
i;;,;!'~~~;go.
\:~~~;::.;._
Pat::.·w,.
~~~:Wg,,. ~"'i'.!::"~otost 1 ~;ira¡;~,zal¡ ~liratJOn Huiau ,,uúe: mismo darán ¡,or tres anos b:ijo la ,·igilancia de la terminado los poderes clielatoriales, )' co~~;i~~:~g
Q.uerilaro,
,c. llidalg,,.
Querét.ro.
s. Luis PotoaÍ Pa&lt;hucaP. ~tata,.•=·
1·t•c111!0 1e a so111 ira ¡,rolecti11':l e s:rntua- :iu101idad, ). le,s capitanes, 1euie111es y sulJ- mien1.a el reinado de la Conslitucion I de la
~::1t:~_ra.
~:~1~~:;,,.
P~l~Jc:~oros. Q~c~~:~·
' riu. Sus hechos pc!'lcucccn á b hisLori;1.
ll'nicotes poi· Uos.
ley. Porque es preciso tener muy pr~sentc,
Cuaulla.
El ¡,rin11~ro i111¡&gt;1·1·sio11a el alma con la i,lca
i.• Los extranjeros, que como genera- q~e el pueblo mexicano en las largas lucha,
11 ~1
Cu,rna\·aca.
''foluca.
e;"""ª""'·
Caerunaca.
' 1,· ,11 ;;1.,11d,•za.
El ,e~undu iuspira ¡,ia,lu;a i&lt;'s prrstaron sus scnicios al llamado impe- 1que ha sostenido, no ha aspirado solo á sa----~C•~10'.'.'111~1'::..·- - L - - -- ~ -- - - - ' - - - - - ' - - - - - ; -, -c11111pa_si1111 al n•r el l'alal 1ér111i110 á 1¡11c 1,· , rio, sul'rirün la misma pena ,¡uc la impuesta cudii· 110 despotismo estranjel'O, sino que ha
SALIDAS.
con'.l11¡11 su m:d r111pll'ado 1alor.,
rá los nae1011ales de su clase. Toúos los de- querido y quiere gozar de los beneficios}
lllERCOLES,
llAltTt;s.
Ll'NE~.
rnEVEs,
v1E1tSE•.
sADADo. 1 DOMJNoo.
.\_ucslra adnura1·11111 ¡,am ,·I ¡11u11cro.
mas cxlrauJ·cros siu distincion de "rado&lt;
s·t· as de la ¡·•·crtad
1
1
&lt;&gt;
'' garan 11as po I ti'
1u
.
Puebla.
Put"blo..
l'uel,la.
Puebla.
Pn•bia.
Puebla.
.\111•s1ra eonm1scrar10u ¡,ara el s,•¡;nndo. l1as1a la clase ,le soldados, SJldr:iu fuera úe
Consianemos desde IUC"O un hecho altaPut'bla.
Jalapa.
Oama.
kJrimL
!Jalapa.
I
,
I
I ('
&lt;&gt;
&lt;&gt;
IOrizav&amp;.
On:uva.
Jal11pa.
1,
Apum.
Apam.
CórdobaOmca.
Amua,tumia steuiauanl~s&lt;ea¡cr as_o 1:en- la llepública.
mente significativo, y que revela los grandts
Oír loba.
A¡uuu.
¡c6rtlolin.
,. eracruz.
Veracruz.
A11iuco
t~\'t';';',:igo.
~~~)r.¡go.
Veracro&gt;,
!~!'.;..
d~s- de a_m1¡¡os J _deudos, ~111 _q~e nadie un- j ¡¡,, • Los mmistros y subsecretarios que pasos ,¡ne hemos dado en la ,•ía del progre·Ouata.
.lpam.
&lt;~ Hidalgo .
."-1,izaco.
l'urbuca.
l·"l'
~m~:!~ucioigo.
~~~~:lgo.
1111d1era a los a:m~os del a¡usl'.ciado que úer- suscrillierou el decreto de 3 de Oc1ub1·e so. Jamás los combates electorales habiau
,.\{Jl:taCO.
l'ulo1wi11go.
C. Jlidn.lgo.
C. llid,lgo.
Quert'ltro.
Qucr&lt;1aro.
s. Lui, l'olost
Tulaucingo.
n11naran una lagrnna ó d,1¡,osllaran uua llor d1J 18!!;;, los re¡;eutcs y los presidentes sido mas risneüos, sin que por eso se haya
Pachul'"a
Guatlnlojnra.
¡P. Matamoroa.
Qucrt-ltu'O.
l
1
\Pn('huca.
GuaJ11lajara.
Qurrtlaro.
Zncal&lt;~...
¡roluca.
1G11adnlajnr.1.
,o 1re su lum )3.
'
'del Cons1·jo de miuisll'O~, se1·á11 i;:ualmeu• tenido que lamenlar la mas ligera violencia
S. Luii; Pot01Í: l1watcc:ns.
jQ11eritaro.
S. Lui1 Puto~í.
'P. Matamoro,. rolucn.
fr~~~
ICuautla,
La
anlon_,'.ªº
u~
&lt;¡ul!na
1·er
en
las.
nmcsle dcporta,los, y juzgados siempre que 11 ¡ ,¡ mas pequeño desórden, duran le los lrcs
Toluca.
\lorclia.
\P. Matawur~.
:.:u,·roa\·ac:n.
Tolucn
Coaulla.
Cucromca.
'¡ Iras del cannn privado una amenaza a la paz 1ueha11. Los mi111slros y snusecretanos que Id.
tado ab·Prtos los registros
111u«lia.
1
Cnt-rll:t\!ll':I.
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1 1as que 11an es
l.
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,t'unutla.
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..;;~!!.!!:..,..-..l......,,===,,¡,,====.b.=--==...;_
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pnhl11·a,
y
\1e11d~
que
a
tra,és
de
la
m~crte
ilcst·mpeuaron
por
algun.
hempo_
lo.s
:\11111spara
que
los
ciu•ladaoos
pudie,·an libremente •
laoaban de contino aquella maosion del r11- ildll'n cesar los odios Ylos r~ncor':5, de¡ó en terios, los 1111111sll·os ple111po1enc1anos y los acercarse y depositar sus ,·otos en las ánfoposo.
.
hh,•natl las cspanswnes de s1~1pa11as.
age111es especiales en el cxtraujern, saldrán ras úcstinadas á recogerlos. Esto prueba,
DOS TUMBAS.
¡Flores que manteo1a frescas el llanto úe
lua triste oeces1dad ~resci:1b1ó_ la senten~ , t:1m~ien fuera tlel territorio uacioual, 110 por una parte, que el indiferentismo político,
Sufría la patria aherrojada PO ignominiosa la patria! .
.
cia; ma~ á ella no se umó ód10 m rencor, ~1 1 p_udieudo rnlver á él sin prél'io pent11so del la peor de las plagas que puede herir á 1111 a
sPnidumbre el peso de la dominacion exLos s1carws del tirano recelosos basta k se penso nunca en llc¡¡ar hüla el santuario I Gob1emo. Los subsecretarios ijUC no de.s- •uclcdad, lla acabado entre nosotro•; y por
traila.
los muertos, tenían los ojos fijos en aquella de lus sen'.imienlos.
.
\ p_ach_aban. como miu_islros y lus com1~a- otra, que las pasiones fuertemente excitadas
Sus hijos rnrtiau su sangre para defender- tumba, porque el que dentro rcµosal&gt;a se
La Hepubhca no castiga el amor.
nos 1mpcnales, sutr1rJu la pena de tres auos en la lucha, 00 han podido so!Jreponerse á
la en los campos de batalla, eran asesinados llamaba Za1·agoza; y Zaragoza hasta muerto
Los ami¡;os de la inlerveocioo conocerán de prision.
.
la i-azon y al burn sentido. Estamos, pues,
en los patibulos en nombre de :'iapoleon 111, les causaba espanto.
por este paralelo ligeramente bosquejado, la
!l.• Los que fungieron como presidentes en nuestro deiecho, para proclamar en \"07.
ó ,arraslraudo una mísera existencia, hacían
Conocían que a,¡ucl 11ombre debia impar- d1fcl'Cocia que hay entre ellos y los republi- úc las cortes marciales, sufrirán dos años de muy alta, que la República comienza á ser
1
,·otos por el triunfo de la lle¡,ública, lriuuro lir 0 de su grauueza :i cuantos le rodea- canos.
prision.
una ve1·dad entre nosotros.
\ que de día en d1a. 11 ego· a· parecer mas re- rou. \'eian la luz ,le 01•lona 11uc despcdia El 1111 prrio no pcrniitia regar llores sobre i.• Los conse¡·cros de Estado 1.· 11rcfec- Sin embargo, es preciso no perder de ,·isaquella tumba y tc111iJ11 1¡ue de alh partiera la tumba de uu héroe.
tos 1101i1icos, quedarán conLi11aúos ¡wr Jos ta ciertas ,·er dades so bre Ias que se f110 dan
nlol() Y d1·,•1c·il.
la chispa que inceudi:tl'a el ,·acilanle trono.¡ . La Hepú_blica
no
que se les d1·si .,.. nc ,
· d 1,
E1 presente era aterra dor.
.
. se opone
h á lasdcmoSlra- ··1iios en el lu"ar
o
la paz, eI b'1enes1ar, ¡a conso1·ct
I ac10n e or1
· consuc¡os Y espeUn dia solemne
al recuerdo
cwues
de sunpalia
8 •• Toúos lo·&gt; &lt;lemas• iuúi1·iúuo•·, no com - I den, el esta bl ec1m1eoto
· ·
de nuestras qucr1·u as
0
EI ~asa do aus ofrecia
.
, consa,,rado
•
.
. . . . que se aceo á ª memos
ranzas.
de los que lueron, llevó los pasos Cu ruvos dbe ria de uo a¡u uc~~~~EL LórEz MEoQul.
I prendidos en los arlÍculos anteriores, y qne instituciones. Esas verdades, que se encuen11
1
La voz de un héroe nos alentaba. Su re- algunos patriotas en busca de aque ª tum ª ~======!!!!!!!'!!'!!!'!!'!!=!'!!'!!====~ úe alguna manera hayan sen·i,lo al llamado . lran en la conciencia de todos los demóc1·acuerdo nos servia de norte.
~ilaria y depositaron s'.1s ofreu~a_s ante el
1 gobierno imperial, quedarán por úos aiios tas, debemos manifestarlas en 1odl su luz,
Una modesta tumba, que no se distingue primer hombre que abal10 eu Amel'lca el pa- .
- -.
_ - - sujetos á la 1igilaucia de la autoridad.
escribirlas como dice la Biblia respecto del
frances
:UJ:\ISfEIIIO
UE
Gtt:BllA.
y
M.\n!:&gt;i~.
1
E
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d'
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de las otras sino poi· los recuerdos que en• .
. .
s a 1spos1c1on no com¡u en&lt; e a os &lt;¡ue Decálogo, sobre nuestras p11erta5, para tecierra, era el punto rle reunion de un reduLa ruda rnz de mliumaao gend_arme puso
.~eccwn f.'
se hallan con juirio pe11die111e, ni á aquellos nerlas presentes á l!tdas horas, y hacer de
cido número de patriotas que con lágrimas lh'. á la tierna ~secua; y los que v1l'o uo ha- 1 El l'. Pr~siilc111e de la l\ep1íLlica, en ~so que, sentenciados, han ~b1e11id1'. co11111u1a- ellas el objeto constante &lt;le nuestras medi1aen los ojoa y con respeto en el alma depo- br1au os.do umarlo, profanaron el sagrado de las ám¡ihas facultades de que se halla m- cion de 1~ pena; ¡,ero sera exlcns11·a :í todos ciones.
Dcs&lt;le luego es necesario hasta borrar, fi
sitaban alguna ofrenda furtiva sobre la tum- de la muerte para suspender con mano in- rcstido, se ha scn:do conmutar la pena los demas indil"iduos que sinieron al llama1
humana
el
tierno
é
inofensivo
recuerdo.
corporal
ü
que
fueron
condenados
los
que
do
imperio,
sin
que
obste
el
que
no
se
haes
posible, las palabras de uencedores ) cenba del guerrero.
Algunos de los mexicanos que habían ido sinicron al llamado gobierno imperial en los. ya dispuesto nada contra ellos. Los que cido.&lt;; pon1uc ¿qué sigoificacion •pueden tener
)loúestas llores y sencillas coronas en¡;aCONDICIONES'DE LA SUSC:BICION.

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INTERIOR

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EDITORIAL.

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ª'"º

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SECCION OFICIAL.

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tnal de b marque~a, y los v'lrsos del vizcon.
&lt;le hahrian bastado sin &lt;luda si se hubiese al
fin decidido á tomarlos como recurso; pero
solo el pensar en ello la sumergía en una profunda rpeditacion. Se confundían de tal modo á los ojos de la marquesa el mérito de las
poesías con la elegante figura del poeta, que
la era imposible pensar en lo uno sin lo otro.
Preciso es convenir en que de todos aquellos
hombres en quienes sucesivamente de seis
años á aquella parte habia creido la marquesa reconocer un mérito superior,· ninguno
reuu in las maneras elegantes, la mirada altiva y la agradable sonrisa, que parecian tan
agenas de las obras poéticas del vizconde. Es
tan rara la belleza entre las personas de talento, que cuando por casualidad se halla alguna vez el atractivo que aquella inspira, es
casi irresistible. Por eso la marquesa habia
ya comparado en su mente á Moreal con Lord
Biron, único poeta contemporáneo cuya figu.
ra ha igualado á su génio.
Al paso que crecia en la marquesa el encanto h[lcia el protegido de S!J marido se au•
1nontaba su ódio hácia su eobrina, tomandci

233
parecido esta maiiana rnuy al contrario euando le he hablado de vos. Creo en verdad que
ú pesar de mis bqenas intenciones, soy yo la
i;ausa de vue~tra desgracia. Dos reveses eo
dos clias; es indudable que h¡ fortuna no fa,
vorece á los viejos.
-¿Qué me aconsejais? preguntó el vizcon"
de con aire triste.
-En vuestro lugar, dijo el marqués yo
«bordaría francamente la cuestion con mi
mujer, porque nadie defiende mejor su causa
que uno propio, y tal vez vos c.onsiguiéseis lo
.que á mí se me ha negado.
-¿Pero la marquesa querr{i. concederme
1,10a entrnvista?
-Creo podéroslo asegurar, reijpondió el
viejo sin dar mas e~plicacioneil,

•

t

•

La campanilla que anuncia la subida del
telon se oyó en este instante, y los dos interlocutores se separaron. El vizconde volvió
íi. su luneta algo mas inquieto que cuando la
dejó. Durante la representacion se conten~ó solamente con algunas miradas furtivas
q11e pudo psmpiar con Enriqoeta, y aun de~•

-Si yo su pi ese donde vive ahora el Señor
de Chevassu, respondió con enfado, ya huj:,iera tenido el placer de hacerle una visita.
Acreedor de una suma de ochocientos treintn y tres francos y cincuenta céntimos, me es
muy dosagradable •• ,.
Sin escuchar las lamentaciones del huésped, el marqués subió en su coche.
-Soy demasiado bueno á fé mia en inquietarme por ese aturdido, le dijo ~ su co'mpañero; encontraria ayer á sus amigos y oondi11cípulos, y para celebrar su llegada á Parif, arreglarían una de esas francachelas que
suolen durar dos (¡ tres dias, y sin duda ha
olvidado vuestra cita i1zterpocula; cuando se
haya acabado la fiesta le volveremos á ver.
¡Pagar sus deudas! Pues no faltaba mas, no
cometeré semejante simpleza. Ganas tema
de enviar este pobre diablo á mi respetable
cuñado que, con sus pretensiones al gobierno
de la Francia, representa en su casa el papel
del burro de la fábula.
-No pienso yo en verdad que él se muestre muy benigno, replicó el vizcende sonriendo .

21

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al tralars•J de una cucstion de esla natu,·ate-i ri,1uczas, )' nucsLra roz i111po:1icmlo la ley á
z..i? No t,ay, en cl',•c10, ni puede haber ma• las potencias e,Lranjeras? Pues bic,1; nosvencedor que el pueblo, sea cual fuere el 1·olros podemos alcanzar lodo eso r.on solo
sentido en que se &lt;lclermina su rnlunind so- quererlo; todo e.o es la ob1·a de la libertad;
het·ana. Si no todns los círculos 11i lodos los todo eso es ta obra del respeto :í la ley; loprog,·amas triunfan, porque seria imposible, 11l0 eso es la obra &lt;lel esfuerzo mancomunaesto es solo efecto naLural de que la ma¡-oría do ele nn pueblo que no se cuida dé palano puede seguir muchos caminos á la ,·cz; bl'as, sino de i1echos; de un pueblo que e:i
pero de 11ing11na manera pQdria inforirse de lugar de hablar, anda; que on lug:ir de peraqui qur. /1lguien 1e11ga el derecho pai·a enor- dersc en abstracciones y miserias, obra, y
gultecerse lle 11110 victflria que 110 le penene- cnya conduela 10da tanto en la esfera p(1ce, ni nadie la111¡,oco JJUCde con justicia aba- blica como pri,·ada, se encierra en dos palirse por lo q11e malamente es llamado una labras; la ohscr1·aJ1cia ajustada del deher y
derrota.
del clerer,!Jo.
Sobre las apreciaciones pei'sonales, sobre
Nosot,·os felizmente tenemos ins1i1urioiws
las opiniones privados, sohrc las cues~ones I tan libres 6 mas que nuestros vecinos; ins&lt;le delalle, digamos asi, queda en pié una lituciones consagradas por el bautismo de
cosa mas alta, mas etevacla, nlas grandiosa; l 1a sangl'e de mil márLircs. Son,os dueños
una cosa ante Ja cual deliemos descubrirnos do nuestros destinos, somo~ laml,ien resé inclinarnos: la Patria, Ja He¡ 11 iblica, el Pue-· ponsablcs de nuestras accioucs. El mumlo,
1
blo, la Ley.
nuestrns hijos, las geucrncioncs futuras, tie.
h b
'd
nen el dc,•úcho de exigirnos cuenta del uso
S1, 1os om res que 1}an merec1 o Ia con-¡
.
.
fianza del pueblo, no deben olvidar que el que bagar,1os &lt;le esos preciosos bienes que
·1 ·uerte ha pDcsto en uoeslras manos· porpoder que ejercl'I! rrconoce por único orjgen 1' '
.
'
la voluntad de la mayoría, y que esa rolun- qne, no lo olv1dc111os: el hombre, sra cual
lad no quiere ni pue,Je querer mas que el fuere la esl'em en que se l1alla, no se perlebien, tanto en el ónlen social como en el nece á si mismo.
Que las manos qne ayer comhalian se
órden político; es decir, la observancia es- unan en un aprelon ·cordial; que lo~ labios
tricta de ta ley; la aplicacion imparcial de la
que solo se ahrian para lanzarse i11sultos y
justicia; el respeto ,\ la vi&lt;la y ú la propiedad cliclcrios, entonen juntos el himno de b
del ciudadano; la inviolabilidad de In conpaz, de la union y de la fraternidad; que los
ciencia.
cornones que se dejnrun arraslr::lr por i11Los mexicanos que, impulsados por una coflsidr.raclos resentimientos, se estrechen
noble aspiracion, han querido subirá los al- por los viucnlos del amor de la patria, y que
tos puestos con objeto de plantea,· gra~des no yuel\'3n l'ª :\ oirse los ecos des1,,m Jlados
1
ideas, proyectos rerdaderameutc bencficos, de la recritninacion y la injuria, sino las papern que no ban conseguido el objeto que se labras sinceras de fo amistad y rle la ben e~roponiau, deben considerar que la pat,·ia ,·olencia. ¿Quien puede, en justicia, con,itiene derect,o á exigir el concu1·so de su in- ,derarsc corno superior :í tos demas? ¿Quién
teligencia, de sn saber, de. sus sen icios en puede sentirse escluido del ,·egazo cle_la rnatodo género, para ayudarla ,í ma,-char por el ,tre comun? i'iadie, lo repetimos; porque
sendero del progreso y del desarrollo de sus despues de las ~orrascas elcctol'31c_¡; 110 hay
grandes elementos; y que ellos están eu el ,·encidos ni vencedores: no hay mas r¡ue
estricto deber de prestarse :í esa obra sa11ta ciudaclanos.-J. M. V11:1L
con toda la abnegacio11 y buena fé qne ca(EI País de G1ta,lalajara.)
racterizan ii un verdadero republicano.
EL RECU.\OCH1IE2'TO DE MEX.ICO.
La tarea de uoeslra rcgcncracion es inPor cartas y periódicos del extranjero, dín,ensa; y ya que hemos entrado por ese camino, ~a que hemos tenido la felicidad de cese que no lardaría la Inglaterra en recotocar el último desarrollo del fecuudo pen- nocer á ~léxico; y esto se comprende, no
samienlo, que como uoa chispa di\'ioa urotó solo po,·que aquella uacion Lienc intercs en
del cerebro inspirado del heróico auciaao de establecer tratos con nosotros, sino porque
Dolores; ya que hemos visto allanados todos está en su política el entenderse con los golos obstáculos, vencidos lodos los es101·bos biernos de {aclo, sin mezclarse en la averique de dentro y fuera obstruían la rula que guacion de los asoolos interiores de ca1 11
conduce á nuestra felicidad, no clesmayemos país. Tambien se ha hablado del recononi un solo instante, no nos distraigamos en cimienlo por parte de la ltalía, y tiene visos
Ctlestiones de poca momento; no fomentemus de verdad la noticia, por cuanto hasta aquí,
susceptibilidades pue1jles, sino que levantan- en vez .de demoslrnciones hostiles, no hedo al_ta la cabeza con el 01·gut_J? de ciudada- ¡ mos recibiclo mas que pruebas de s;m¡ialía
nos libres, marchemos con pw firme por la de aquel pueblo, qne aunque establecido basenda que nos se1iala el géoio de la demo- t jo un régimen di51into al nuestro, tiene en
cracia.
su situacion actual algunas analogías con
¿Quién de nosotros no siente palpitar su la suerte azarosa porqne acabamos ,le atrapecho de envidia al \'el' los prodigios fabu- vesar. Las congralulacioues especiales que
losos realizados por nuestros vecinos del han dirigido á nuestro presidente los obreNorte? ¡Quién ao quisiera ,·er nuestra po- ros italianos en número considerable, ilacen
1,iaeion centuplicada, nnestros desiertos cu- \'er que se nos tiene en estima en aquel
biert~s de ciudades populosas, nuest,.os ca- apartado paí,; y 1iesando lo que debe pesar
minos cru,ados en tndas direcciones de en la balanza de la opinion pública este heferrocarriles, nuestra bandera llevat!a por cho sigoiílcativo, nos inclinamos á creer
poderosas armadas hasla los últimos coofi- que 110 tardar:\ en enviar algun reprcsentannes del globo, nuestro tesoro rebosando en le el rey gataole, como denominan sus com1

_ _ _~~..,....,._;,,,"':""~--n,".',-=""~·
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~-ª'Wll.':".MtL.i,,»~_,.. ... ~ -- ~ ~-~~
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p;ilriotas al monarca que con lanlos esruer,.os ha ,cnido vúnciendo las d,ficulta,tes que
se oponían á ja unificacion de aquella hermosa peníns,1la, que fm' re11tro de ilustrarion l' es lúJa_,ía mad10 Je las bellas artes·
Fr,rncia y España, enojadas con nos&lt;1tros
po1·que hemos sabido dcfe11cler nuestros derecho8, aparrntan continuar e11 su l'ctraimiento)' qnieren por ahora deja, nos vivir por
nue~lra cuenta, rnmo si en ello no hulJicrn
,·enlajas y prowchos ,te que :í Dios graci:is
estamos disfrutando, l' como si nos lastimaran en algo r:111 1111a conduela que nos propMciona descanso Y satisfoccion. Ciertamente que eu el estado no .. mat &lt;le las rela&lt;'iones recíprocas que eswblecen Ysanciouan
las naciones, convicue á todos cim-,ntar sobre bases seguras la arnistael de los gvbiernos; mas aunque parezca una cxlraiic,a, lo
mos útil para México es que la ,Jpjcn t,anquila por algun liempo,los que solapadamente han ,-enido " ofrtccrle su amor con

. . '~.!::~
..
---__,,

~~utu.=•n:d

J\

1

cacioo, y que rrprotluciremos mañana. ·•Comparando cslc discurso fhahla el escritor frances], con la circular de 2:i de Agosto, esl;\
11110 tentado ,í decir 1¡ue Francia v Prnsia se
¡mreccn á 11erson"s que no se dirige11 ya la
palabra en p,íblico para evitar el estrépiw de
un rompimiento ,·iolcnto." ncsúmcn: Prusia oo ha abdica1lo sus propósitos ambiciosos, circunstancia'i iuteriores esplican el silencio del rev Guillermo; eslc monarca en
nada ha modiílcaJu su p1·oyec10; pcrn entre
el a·ntiguo Parla111cn10 prl1siano, ya estrecho
para él, y el Parlaml'nto lcdcral, no organizado todavía, irá Jesarrnllaudo su polilica libremente, sin que se te pongan obslaculos.
al parecía ser la ori11io11 ge11eral en Francía.

5,000 pesos; prision hasla que pague la mul- 1usar los ron&lt;ios de la ciudad: cosa de
la, l' publicacion de ta sentencia en lo., pe- t.000,000 do perns. El contralor tiene unos
riódicos de Massacliuseus y Carolina clel Nor- 150,000 pesos al aiio.
le; esto por l,aherse quedado con l'1lll&lt;los . El rnpen·isor ó iuspce101· tiene 9,500 peprocedentes de venia ,le objetos pel'lenecien- sos de sueldo, y ~e calcula que gana 30,000
tes al g_ohierao.
pesos.
La tentencia conlr~ el eapilan de )lnssaEl segu,ndo co11tralo1· G,500 pesos.
rhusetts es
rar:1, r::irísima esCeprion.
A este pa::;o la ,itJa e3 un soplo, y las conEntretanto, crnce la duda que nos devora. y 1rih11cio11es ....
crecen tocias las contribuciones que nos haEl Jiernlll Sil scpam de la Prensa Asociaccn perder el juicio.
da des 1,ucs rle haber sido uno de sus l'unda1~1 general Butler propone para el payo de rlorrs. Es dudoso si la asocíacion ,&lt;;ob,·cvíla deuda que "el gobierno ofrezca al país, un \'irá con semejante pérdida.
nuevo empréstito ascg:urado con intereses en
lla cm¡,ezado ya la feria anual del Jnlilllbonos de papel, pagaderos con mucho plazo, 10 Americano en esta ciudad, nna ele las 111
en cu¡p empréstito se asimilen tocias las f'n- interesantes exhihicioucs de ta industria naturas emisiones de empré5litns del g11bie1·110; cim,al. Todavía esl:í en drsórdeu; cajones
ele suerte qur no haya mas qne una sola den- cerrados, m!1quinas por maular, el martillo
da cu lugar ele las diez r nueve que hoy exi,- del carpintero sonando y atrouanclo. Prolen,)' con cl ' pro1luclo del nuevo em¡Jl'líslilo meto una relncion circunstanciada decuanlo
se paguen nuestras clases mas altas en ho- crea de i11trres para vdcs., re¡,ilíéndome hoy
nos cnn iutercses eu oro, scgu11 ,ai·an ,en- su afeclisimo.-Peler f{icks.
•

""ª

,,J ánimo deliberodo de ingerirse en nuestros diéndose."
asuntos interiores y fundar reclamacio11cs
El 1'ribMc, CU)ª parci·•lidad 1&gt;01· ll11llcr
•
injustas por el mas ligero pn•lutu.
no es durtosa, rechaza ;,, tolo et sisl,•ma del
El digusto que l1a ocasionado en Europa general abogado. "No hasta qne 1108 po,·el triunfo final de las armas mexicanas, es temos, dice, como una nacio11 ele pillr,s, sino
cosa que á nndie sorprende, pues era nalu- 1111c debemos ser tontos de remate, al lanral que se despenara este sentimiemo rles- z:1,·nos en la pcndie11lc á qne el gene,·al Hu¡llles del rudo golpe que hemos da¡lo á las tlnr nr,s comida,''
teslas coronadas; pero no será de mucha
B11tler ha caido ele la gracia del partido
duracion la ojeriza coh que nr.s mir~n, Y no republicano. El Commel'ci"l de anoche dice
qtie&lt;lará mas recur~o :'i nucslros voiuntarios que sugctos como el héro.e de Hig Bclhcl,
enemigos, que prescindir de su delicada son precisamente los que se !1an pegado CO·
susceptibilidad Y ,lohlar la frente ante el 1·e- mo pólipos al partido republicano para quic0nocimie11to expreso del he,·oismo con que !arle su fuer,a y vitalidad. Singun partido
los hijos de la democracia han sabido ,iudi- puede Lcncr esperanzas de "ida por 111nr.hu
car ante el mundo entcrn, su honor ultrajado. tiempo cuando llha :\ cuestas semeja ale
Las calumnias, los insultos groserns, y la ca,·ga.
guerra sin cuartel que se nos ha hecho, se
H. I. P. si el trabuco del partido repurelegará~ ú complcLo ~\'.ido.' _Y la historia I hlicano ha reventad◊, que lo ,eludo; pern ni
contemporánea nos ha 1·a JUSllcia, como nos su nlan de hacienda ni su muerte, nos salla han hecho p todos los ho,nbres libres Y rn1:ía &lt;le las contribuciones. A t~s fcderade corazon que hau seguido la marcba de tes si, agregan las municipales, que ''ª" sulos sucesos que han leni&lt;lo e\'eclo en eSla uiendo como la espuma, enlrc otras, por espJrte del mundo cluranle tos ültimos años, ta razon ·
7,500
y la experiencia probar;\ que no he11,us ,ido El corregidor cobra por sueldo
5,000
los enemigos del extranjero, sino que los -por firmar las ordcuauzas .
extranjeros, en lo general, se han gozado -como miembro de la Junta de
l,000
en bacer alarde con nosotros de una ingraAmorlizacion
lilud incalific.shlc, y han ¡,rocnra&lt;lo por tof5,000
Total.
1tos los medial; arruinar l destruir la nacion
que heredam~s de, nuestros padres, y que¡ El contralor de la ciudad recibe
nosotros s::ihl'emos cansen-ar, cueste Jo qne
por sueldo •
J 0,000
costare.
-por derechos como empleado del
Reconozcan ó no á Mé,ico esLos ó aquecondado. , • •
ti,000
llos gobiernos, poco nos impo1·1a, con lal I -como miemuro de la Juula ele
que uos profesen Luena amistad las repúRentas •
1,000
bliras hermanas de ouestro co111i11eutc, y se -como miembro de la Junta de
,ea en todas partes ,¡tie nuestro pueblo
Amortizacion
l,000
cumple con su deber y lo sacrifica lodo por·
Tolal.
14,000
consen:H su honor j' sus instituciones.
(El Diario Oficial.)
El chambelan depositario de los
fondos de la ciudad, por sueldo. 10,000
-como c!Jambelan del condado . 10,000
( CONTINl1ÁCIO:.'.)
-como miembro de la Junta de
Amortización
1,000
Para cohtener esLos a~usos se necesita una
sentencia de escarmiento, como la que acaTotal.
21,000
ba de aprobar el general Granl contra el capilan Chal'les Brown, del regimiento 57 de
Ademas, tiene 2,000 pesos por pagar y retropas de color; baja con pérdida de sueldos cibir las co11Lribuciones del Estado, uno por
y masita; inhabililacion perpetua para des- ciento sob1·e las de la ciudad y el Estado, y
empeiíar empleos del ¡;obicrno; multa de el i'.lleres que paga el Droadway Dank por

EXTERIOR.

GACETILLA.
REVJSTA DE PERIÓDICOS.
Et Jllonito,· Repnblirano.-Oedica su editorial :\ ta necesi&lt;hd de l1acer erectivas las
garanLías constitncionales, .,. cuucim'c
. cou
este párrafo:
"Mientras la le)' no sea superior al ho1nl1re mas elevado; mientras la arbitrariedad
sea el cetro que c1npuñen las auLDridades
todas ¡le la República, cuantos decretos ,e
&lt;len sobre coloniwcion y mejoras de toda

DISCURSO DEI, HEt- DE PRUSIA.
El discurso del rey ele Prusia, que iuf-Crl:irflnn~ m:1íia11a en usó en París uoa im- '
pr~si"n dcsag1·aclablc, y tos periódicos, principal111~11li, los afectos al gobierno del emper,,dor i\'apoleon lo con;icleran como un chasco. Se esperal&gt;a que el rey Guillermo baria
declamciones pacíficas, ó cuan&lt;lo menos confirmaría las muchas publicadas ya. Nada de

clase serán impotentes, y no saldremos nun-

ca de los ocho millones de habi1a111es, que
hace cinruenla aiios estamos contando; porque ha de se,· muy raro el que quiera esponer su vida )' su fortuna no solo á los peligros del bandidaje, contra el cual tiene sicp1iera el rlerecho de ilerendcrse, sino á los
mas lerrihlcs de la arbi1 .. ariedacl, porque
contra ésta no le queda ni siquiera el derecho de quejarse."
Et Gloóo.-Se ocupa en su editorial de la
SocieJad de socorros mútuus.
El Siglo X!X.-Ilabla del comercio en su
editorial, atribuyendo su decadencia á estas
cinco causas:
La espera ele una solucion deílnitiv:i de las
cuestiones exteriores.
La clcsconfiauza de la buena marcha po•
lítica del gobierno, en el exLerior.
La inseguridad en los caminos.
La irregularidad en el despacho de conduelas de caudales.
Y ciertos empleados fiscales que no arlic:m bien las leyes.
El Diario O[icial-Ocu1¡a sus columuas
con la importante cueslion de la liga arnericana, y dice entre otras cosas:

eso: se l1a ocupaLlo csclusi\'amP.nte de los ne-

gocios y de los asuntos del país. La imtiresion causada en Berlín no ha ;ido mucho
mas fa1•orable; se espe1·a1Jaa algunos de
aquellos rasgos q11e lamo han 11/tmado la
alcnciou, y el rey i'ué saludado con tres sall'as de aplausos :í su e;itrada eu la sala del
Parlamento; pero leyó su discurso y concluyó siu que se hiciese ,Jemoslracion alguna
de aprobacion. Así lo comunicó un despacho Lel~g,·áfico de la capital prusiana. "Si
no se puede preguntar 1ué significan las palabras ele! rey, dire la Presse de Paris, se iudagar:t scgurnm&lt;'nte qué intenciones cubre

su sile11rio. Recnnlaudo que anle todo su
corona es prnsiana, ¿lia querido e-1 rCj' rcscrya,· al ;,11igtt0 Parlamento de l'r11si~ el exámen de la politica i111ernacio11al? fato es
poco probable y no se puede creer que haya
renunriarlo a5Í voluntariame11Le al ipOJO que
habría e11co111rndo en los aplausos de una
asamblea _que representa á toda ta Alemania
del N0rte. ' 1

La l'resse contiuúa sus conjeturas y parece creer que el rey &lt;le Prusia se ha pro1mesto, sin eluda, alejar debates borrascosos en
los primeros dias de la reunían del Partamento de la Alemania del Norte; no verse
ol,ligarJo desrle luego :í enlrar en esplicaciones. ó hacer declaraciones que podrían causar descontento, p en Europa. bastante trastornada por tos camhi@s llevados á efecto, ó
ya entre el partido p,·n;iano. Puo sea de
todo eso lo que fuere, el resultado ~erdaclero
es que el rey de Prusia ha escluido de tal
manera de su discurso los asuntos políticos,
que ni aun ha mellcionado su visita al emperador l'iaµoleon. Y esta omision es, tal
vez, una de las que mas han disgustado á los A
¡Jeriódicos de Paris y ú los franceses ca general, y, de paso sea dicho, ha inspirado á
uno de a&lt;111eltos una frase que tiene su signill-

''La Améric:i est:í unid:i.: es un herho.
Cincuentn años de infortunios domésticos ao
han debilitado, sino que han robustecido el
pensamiento que l'ormuló Bolívar, y que filé
aceptado con entusiasmo porque era la lraduccion de una tendencia tau espontánea co-

'

,\

mo necesaria.
¿Qué ha fallado para rcglamet1larla? Unicamente ciertas circunstancias favorables.
Las repúblicas americanas gravitan h.lcia la
nnion como al ideal del mejor sistema internacional americano; pero esla gra\'itacion
es meramente empírica, y preciso es Loda\'ía
buscarles tas leyes:·
El JJoleti" Repu',licano-Se ocupa igna 1wenle de la union americana, pero en tér-

Ticul.-Propiieta1·io, C. Miguel Castellaminos menos libel'ales que et Diario, pues
Suplente, C. Tiburcio Tovar.
pretende hace,· una falange blina.
Tekax.-Propicta1·io, C. Pablo O,iedo.
¿Qué haríamos con las lres cuartas 11artes
do la poblacion que no es latina sinn azteca, Suplente, C. Oemelrio Duarte.
inc:-i, mongnla ó ('.o:1l'1ui1H"a oll':l cos:i tan ilisMAS ELECCIO!'iES.
tanlc del Latio como ,le tas esLl'ellas!
Las que tm icron lng::ir en Nue\"o-Lco11
La Iberia, -Hablando de inmigracion, dieron por resultado llª"ª Presidente rle la
dice:
República, C. Benito Juarez 180 ,·otos; C.
"Ila)' que pensa,· en atraer h:ícia aquí esas geueral Porfirio Oiaz 5:l; C. Lic. füequid
corrientes iomigradoras, sí es que México M~ntes 1.
quiel'e saca,· pl'onlo en esta época de paz, los
Pa,·a Presidente de la Sup,·ema Corle,
atrasos &lt;le lo que perdió y destrozó en sus C. Si,haslian Lerdo rte T,,jada r .t2; C. geneépuc:1s de guerra."
ral Porílrio Diaz tiH; Pedro Ogazo11, il5 1
Et Correo de Alé~·ico-Se declara c0ntl'a general Vicente Hiva Palacio .t; Benito Juala supresion de la inspeccion del Cuerpo mé- rez ! ; Leon Guzman 1.
[ Conslilu1·ional.]
dico militar.
MENTl!l CON ])ESC.\RO.
El Constilu.cional-Se ocupa de ta oganiLeemos en el Eco ffispa110-_.tmel'icano:
zacion de la policía, y la califica del modo
-"El Diario E.&lt;paJiol ha recibido corressiguientr:
pondencias de Vera&lt;'ru,, c11 las que se hace
"La fórmula, pues, de la policía ¡11·0\'enti- la mas triste pint11ra ele la si1uac1on de Mé,·a creemos que debería ser la siguiente: xico Aunque pueJa habct mucha exag-era"/Jacer ta11 dificil como sea 7,osir,¡,, que, el
cion en esLas noticias, ofrecen bastante intecriminal encum1tre .m ú1trre.~ ó S1' comodidad rés. Dicen as~
eu cometer 1m delito," tsto se funda e11 que
"Mal lo pasa,ü el q1Je dijese que una brinadie delinque ¡,o,·solo el guslo de quebran- gada del general Lazada i1 las órde11es 1lcl
tar las leyes, sino por conseg11i1· alguua cosa, general Chacon, derrotó y quitil tocia ;;u aralguna comodidad, ó algun bien que apete- tillería aI general ju arista Corona; que el gece; de manera &lt;111e aquel la sociedad l,ahrá neral Calvez pasó á cuchillo una partirla de
logrado prevenir los Cl'ímenes, que consiga 40 á 50 hombres que pasaba por \ns ínmeorganizarse d~ manera, que lo1Jas las venta- &lt;liacioucs dl'i monle de las Crnces, qnc solo
jas sociales, la ri,¡ueza, la honra, el bienes- dista 8iete leguas de México; que este mistar, la comodidad y aun los placeres ~ean mo géncral Gol\'ez entró en Lerma, pnehlo
ünica y esclusivamenle para los hombres cercano á la c;ipitut, y sorprrndicndo lo guar•
honrados, y que los crimiuales jamas logren nicion, pasó á cuchillo mas ele 200 hombres,
ta mas ligera rnulajn, sino que siempre é y se le agregaron unos 400; que el general
in,tefectiblrrnenle cosecl1en males, desgra- E. Carrillo anda con 600 caballos entre Oricias y calamidades.
zarn, Jalapa y Córdova; que Canales amenaLa fórmula de la policía col'l'eccional se- za á Monterey, y Negrete merodea por Maria la siguiente: ".1segw·ar poi' todas las tamoros; tJue ~1 c11mtrnt.lanle Il. Vargas e11trci
medios posibles el pronro é iul'oiwblt castigo en Hidalgo, ahorc~ {1 los indiriduos que com.
del delincuente.'' Si lograra conseguirse· el ponian el ayuntamiento, y por ahora, se c.011modo \le que un ladron oculto, al estender formó con fusilar el retrato de Juarez; que
la mano para tomar lo que no es sui·o, ta los dos Vicarios ocnpan una gran parle del
,it•ra sallar viotenlamenle arrancada de su de¡&gt;al'lamento de Guerrero, y que por el mi~hra,.o, este seria el mcdelo que propondria- 1110 andau los coroneles O. Cárlos )[iramou,
mos de lo que debería ser la justicia eón los O. Ab,·aham de la Peña, y un hijo del genecriminales; pronla como el r!lyo, é ineYita- ral D. Tomás de Mejía con una brigada de
ble como la fa1alidad. ;'\lo sou las le)'es mas de 2,000 hombres, alcanzando s&lt;'rias
draconiaoas las que impiden los crímenes, veolajas sobre la chusma, y ve11ga11do la
ni recohran la moralidad perdida, pues la muerte de sus hermanos en cuantos agarran
misma mLrerle, ~· principalmente en nues- servidores de Juarez; que el general Mári111ez
tro Yalicnle puehlo, si se prodiga, Se hace liene una fuerte columna de 6,000 hombres,
despreciable. \'ale mil veces mas una pena l' á última fecha salían de la capital 9,000
proporcionada al delito, aunque ligera, pero para alocar, unos deci:rn que á Miraruon, y
inralible, que todos los suplicios y las cor- otros que á )lárquez: las pJrtidas de menor
les marciales francesas, que son cicrlamenie cu;intía son nmnrrosas.
et colmo del oh•i&lt;io de to qne ,·ale la ,·ida y
Nuern-York, Set. 7.-De México dicen que
aun la misma dignidad humana."
Porfirio Diaz amenaza inLP.rvenir militarrnenle, si muchos condenados á muerte no obELECCIO;'IIES EN YUCATAN.
tienen conmulacion de pena; y que Cárlos
)lét·ida -Propietario, C. P. Contreras Miramon, al frente ele 5,000 homb,·es, ha
Elizatile. Suple11le, Pedro H. L. Pcrez.
hecho fusilar :í 00 liberales para vengar la
llunucmá.-Propietario, C. Manuel l'e- muerte de su hermano.
Nueva-York, 10 de Seliembre.-Oe Ménicbe. Suplente, C. ~!~nuel Palimeque.
Ti,kokob.-f'ropieiario, C. Etigio Ancona. xico dicen, el l.', qne todos los generales
imperialistas condenados en Qucrélaro baa
Suplente, C. .José de la Parra.
sido
amnistiados. El hijo de Sanla-Anna
~lotul.-Propiclal'io, C. Manuel Mendioorganiza una expedicion cou el objeto ,le lil_ea. Suplente, C. J. de Dios Burgos.
lzamal.-Propielario, C. general Alejan- bertar á su padre.
~
[La Revista de reracrno.]
tiro Gal'cia. Suplente, C. F. Gil y Hoyo.
SANTA·ANNA.
Valladoti&lt;l.-Propielario, C. Joaquio AlSe
embarcó
el dia I.' en el Paquete incalde. Suplente, C. Nicaoor Conlrerns Eliglés.
zal,le.

·ªº'·

EL SI\. MOBELLAN ..
MAS SOBRE CÓDIGOS.
Son lan necesarios y ur~entcs para la lineDirige cslc señor una rarla al lJoletin Rena adminislracion de justicia, que. nos hici- ¡mb/i,:ano, para recliOcar ta esp~cie ~ue ,·írtióu111s la ilusion &amp;e creer que el Ci\'il, criminal el mismo periódico, diciendo:. "l,a Juula dr
y de pror.edimieulos se sujclarian á la a pro- l.,eneílccucia española cstal,Jccida para socnr'1
baeion clcl C. l'rr.side11ti, 1ma que l'ucsc1i' rer lraiclore., y extrmy·ero,, emig,·a&lt;los ele Mépromulgados. Tenemos e11lenclido ,,ue de- ,ico, ha rcpa,·tido sus auxilios ent1·e .rno inl*1'a :l-Jll'o,·.ecl1&lt;wse J.a, actualidad para 110 di- dividuos."
lata; por mas tir111¡,o la sólida base del ramo
Y m.111iíles\a que cuan1fo la tempestad arjndicial, pllt's por dcfortuosa que sea cual- rcciaba sohre las cabczns de muchus·mcxica- '
quiPra compilaciou será menos mal que las nos, dOl·anle el' impe,io, España se apresuró•
diversas klyes dispersas qt-&gt;e se encuentran á oírecerle [mnca hospitalidad.
en uso ó en otrirlo. F.n la· típora del llamaApela á ta tealtair der Sr. Allamirano para·
do imperio se 1111hlican111 alGunos librus &lt;lcl que diga si son ciertas sus palabras,
código ciYil, y s1. 1i1 mus s-0Lisl'clclorio- para
et actu.1\ minis1.erio de justii,ia que hoy se 1/ _
ClJESTIOl'f DE l'ORilfA.
.
1
lerminasc~ h:ijo sus :iuspi,' ius u ria olira (lUP le
Puede ser que no 1ecucorlen nuest'ros let:..
,
,
·
¡
~lo
·
I'
t
t
•
,
lores·
I!! nolisia que dimos 1:ace clias sobre
11 ,-11 ,tl'la t t: ~ na.
ni- an o, excll::imos a
las re,pr'.tirns comisio,ws para que aclil'en un robo c9mrlido en una casa de empeño•
,tl'i l'oenle riel. Santísimo: son t'anlas las nosus Lrahajos, y dt&gt;seariamo&amp; q11ircl C. Minis1i1·ias de robos circuladas diariamente, que
tro de Justicia r·ruuie,e aquellas bajo su prc"" se conlúude la memoria. Pues bien; di~idP11cia p:ira evitt1r que alguno t!e sus imlijimos entonres, que los ladrones fueron en
,i&lt;luos, por !,is varias cómisioues 1111c se le
coche, y se llevaron dinero y alhajas, per11'·
lrnn encai·ga&lt;lo y sus negocios particulares,
he :iqui que de las pesquisas hechas por la,
uo fuesen alcndidos los &lt;le interés general,
autoritfa1l resulta que en efecto· hubo robo,
~ scl'ia m:is expciliti\·o ni r:1so que 110 se
pero que los laMones esta~au dentro; es
mnlt,plicaran aquellas comisiones en una
der.ir, que uno d'il ro~ socios· &lt;fe la· negopersona per muy capaz c1uc se le ju1.g11e, paciacion f11é quien liizo el' negoefo, sacandora que pudiese ser desempc,ñada una, pues
fa castai,a con la ma110 del gato, aprovesabPmos que uno de los ciudadanbs de la
chándose de la actual epidemia de robow
del cú'1igo ciríl, entre otras comisiones, tiepara qoe el suyo entrase como uno ele tanne la del arreglo de escribano,.
tos casos·. Tal es, al menos, lo que nos ha
TAQúlGBAFOS.
referido un ¡1ersonaje que se dice hien inPor la siguiente disposicin11 se eom·oca ra- formado, puesto que puso los puntos á las•
1·a conceder las plazas ele taquígrafos 1lel con- ii y tas tilrles :\ las fü1. A ser exacta la
grrso.
narracion, no vemos. en resL1men, sino u1auMinisterio de relaciones exteriores y gu- cueslion de forma. Por to demas, el misbcrnal'inn.-C,,nfurme á la ley Je presupues- mo informante nos asegura que están presos,
tos de 16 de Agosto de 1861, dehe l!aber en los presuntos reos, incfuso el socfo qtre tan,
la olkina de laquigrafos de la secretaría del
mala partida jugó á ta compañía.
Cn11grrso ele la Union. un taquigrafo prime[Correo de lfé..cicQ.}
ro con el sueldo ele [l,oOO ps.J. mil quinienl•ALLECIMIENTO.
tos pesos anuales. y dos taquígrafos, seg\111Acaeció
el
de la Sra. D.' Ana Joaquína·
do ¡· tercero, con el sueldo ,11111al de [800 ps.],
Mnrgado ele Perez madre de nuestro editor.
ochorientos pesos cada 11110.
"Las personas que deseen obtener estos
Era una señora llena de virtudes y á
empleos. pueden ocurrir al ministerio de quien lloran cuantos la conocieron.
gchernaciou, acreditando tener la aplitu&lt;l y
OPERACION DE Li\ VACUNA.
clemas cualidades neresarias.
,
Se practicará en la Diputacion hoy y ma")léxico, Octubre 31 de 1867.-,Jfam,cl
ñana, de once á once y media.
Azpiro:, oficial mayor."
1

EL sn. CARWLEY.
Se anuncia la llegada á Veracruz &lt;le este 1--------~-I._L_._!_I_E_oo_u_·1_._ __
seño1·, cmpresa.rio collstructor ilel camino de
ReJHcl•11· eu j"'1i:,
fierro de aquel pue,·to :i ta capital, y se cree
JOSE: MARIA \'ILLA.
qne su llegada anuncie la contiuuacion de
las obras.

ANUNCIOS.

EL ROBO DE DEISTEG[I.
1 AmllKISTRACtüN DB RE:\'TAS MUN!CtPALRS.
I:i::i. sido desmentida oficialmente .la noli- El din 31 del pr6ximo pnsado Octubre est.ravió al c.
\"icenk l&lt;t:1·11nnd(7,1 oobrndor ,fo t•11t.:1 l\Iunicipalidad, ua
cia del snpueslo robo hecho :í Béistegui, de mandomic-nto mnr!':1,to
con el número 154 1 por ,·alor ria
cuntrotlt•ntos ví'intieei, re,,ol! sesenta Cf'llt.JH'O!I' y t1e!enta y
que !1al,tó un periódico.
Muchos moles ele ese gó11ero hay desgra- nueve p1•1&gt;os no\",mtn y ocho ccnl.;WílS 1mr rpc-argo1' y ga11to11 de cobr:ul7~'1, :í. corgri de D. Cirilo Gomer. Annya, por
ciadamente que lamentar; pero hav ¡1erso11as a,l~u..lo del ngun que disfruta fa CllS.'l núm. 4 de la caJI•
'.
que se go1.an en difumiir noticias alarmantes de )fodin;1s. f.o que se a\·i,rn pril'n inteligencia d('l deudor,
1wra (¡,tu: si Ae le prereul&lt;i otm pcr1Dna que no 11~1 cobrador
para desacreditar al gobierno.
de esta ofiuino. no so.tisfag:1 su impotlC puca la Admioi1-Si en Lodos los casos de robo de que ha- t1·a&lt;:ion no pas:1rú. por dicho pogo.
bla la p,·ensa, practicara la policía la averi- i\lt'xioo Noviembre 4 da 1867.-PantaleoR To~ar.3-1
guacion que en el que se dijo del Sr. Béis- (;C. P.edrictor('e del Co11ti,umtal.
lcgui, muchos ele ellos satclrian ind,,dable- TESOJ\EJH,t G.llNEllAL DE LA NACIOX.
No sieu&lt;lo rosible que tenga efedo ln s111idn de la
mente falsos; pero tratándose de personas
conducta de cnu&lt;lulcs parn. Verncp1z, que segun su•
desronocidas, 6 de cantidades insignifican- prerna ór&lt;len se anunció para el dia 4 del entrante
tes, la cosa se queda sin averisuacion, y lodo Noviembre, se a\·isa 11I píiblico que dicha salida H
vcrificnrfi el din 10 del mismo mes.
el mundo, temiendo que le llegue su lmno
México, Octubro 31 &lt;le l86i.-Afa1.111el P. J,utg,rfrre .
de ser despojado.
lf)

1

•
234
•

•

-·-Tampoco yo; pero no lo har~mos porque
al fin somos caballeros. Por lo demas, si
Chevassu permanece insensible á vuestro
mérito, no sucede así re~pecto á mi .mujer;
habeis destrona1o á Dornier en su estimacion, sois el grande hombre del dia. Durante seis semanas no habíamos oido roas' que
disertaciones políticas y teorías constitucionales; hénos aquí ahora, Dios sabe por cuanto tiempo, entregados á la poesía. Cualquiera que sea el interés que me inspiren Yuestros negocios, no respondo de ser muy asistente á las sesiones; pero procuraré encontrar alguno que me reemplace. ¿Qué decís ,
de mi sobrina? ¿Le gustan los Yersos?
E I viejo acompañó estas últimas palabras
con una mirada maliciosa.
--Creo al menos que Enriqueta ama demasiado á su tio para que pueda desobedecerle, res ponrlió Moreal sonriendo.
--Y su tío la ama demasiado á ella para
no desear vivamente verla feliz. Hasta ahQ.
ra apenas la conoqia; pero me ha cautivado.
Aquí, para entre nosotros, creo que ella tie.
lle olgun miedo á su tia, y. tomando eso en
0

este sentimiento cada vez mas el carácter de
,rna Yerdadera aversion. ¡Y qué! ¿este jóven
elegante, pc&gt;eta, destinado acas¡¡ á ilustrar á
su país habia de depositar sus laureles á lo~
piés de una muchacha sin instruccion, sin
trato de gentes é incapaz de comprenderle?
Esta idea era para ella harto repugnante. No
se ha visto mas de un ta.lento nacido para la
inmortalidad, desvanecerse tristemente por
efecto de un casamiento desigual? ¡Qué des•
gracia para el arte cuando una de estas águilas cae entre las redes de -una criatura vulgar y sin inteligencia que por un rasgo de
economía doméstica cree hacerle un fayor cortándole las alas! Tal seria sin duda el destino del vizconde si se casara con Enric¡ueta,
aquella in~ignificante peusionista que no tenia otro mérito que la bellez~ que acompaña
siem¡Jre á los diez y. ocho ai'ios. ¡Adios entonces brillante inspiraciou, adios sublimidad de
• génio, adios fantasía, adios poesía, adios arte!
F.sta fué la razon con que se juftificó á sí
misma la marquesa de Pontailly para elecidirse á no contribuir en ma1rnra alguna al
matrimonio de Enriqueta con el Yizconde.

Aq11ella noche llevó la marquesa á ~u sobrina á: la ópera, y. aunque Marea! fué una
de las primeras personas que ambas Yieron,
nada se dijeron la una á la otra. A pesar de
su deseo, el vizconde no ~e atrevió á presentarse en el palco de la marquesa, porque percibió en el último término de él, el busto severo d{¡) Chevassu. Obligado por esa especie
de inquietud que atormenta en semejantes
casos á los enamorados, abandonó su asiento
durante un entreacto, y empezó á pasearse
melancólicamente por junto á la puerta del
palco de la marquesa, cuando se encontró en
el corredor con el marqués.
-Nada de nii'ierías, le dijo éste deteniéndole por el brazo, el bárbaro padre está en el
palco, y mi mujer no me parece muy. dispuesta á compadecerse de vuestro martirio.
Moreal se quedó sorprendido.
-¿En qué he podido desagradará la marquesa? ayer me recibió con tanta benevolen·
--Ayer sí, pero hoy ha cambiado el viento, le respondió Pontailly; mi mujer á quien
yo creia interesada en vuestro fayor me ha

1

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•,

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• 1

' 1

~uenta, es probable que llegue yo á ser su
confidente. ¿Qué tal; os disgustará esto?
-¿No habeis tenido ya la bondad de serlo
mio?
-Y no os arrepentireis de vuestra confianza. Hoy. mismo voy á hablar sériamente á mi mujer, y si ella se encarga de sostener vuestros intereses cerca de mi herm~no,
no tendrá este mas remedio que ceder, aunque para impedirlo tuviese ']Ue invocar las
sombras de todos sus plebeyos antepasado~.
Al Yo1"er á su casa el marr¡ués cumplió su
promesa; pero á la primera palabra que dijo
á su mujer concció que en mirarla como á
una aliada habm cometido un error, anticipando al menos el porvenir. La marquesa
escuchó en silencio la narracion di su marido, y cuando al concluir la exigió que favoreciese á 15's dos amantes, respondió ella con
frialdaJ:
-Disgusto me causa creer que conociendo
la voluntad ne su padre, hay.a sido mi sobrina bastante aturdida y bastante ligera para
dar á Moreal esperauz~s capaces de justificar
la. peticion que os ha hecho. Yo sé que mi

• I

\

..

2:59

258

255

242

213

'

.

procurando conjurar por medio de este cumplimiento el mal humor de su mujer.
-Bonita ó fea, respondió la marquesa con
♦ una ¡;onrisa desuei'iosa, al encargarme de mi
sobrina durante su permanenci::. en Paris, he
aceptado el compromiso de ser su segunda
madre. Debo responder de ella á mi hermano y conozeo toda la estension de esta responsahilidad.

mismo est.ado la cuestion, la marque8o. de
Pontailly pidió su coche.
-Dadme á lo menos una palabra de esperanza para poderla trasmitir á mi protegido,
respondió el marquts; sabe que debia hablaros: ¿qué le he de decir cuando le vea?
La marquesa que iba á salir en este momento, se se detuvo en medio de la sala y
fijando sobre su ma1ido una mirada de inde-

-¿Y en qu6 os impide esa responsabilidad
empeñaros con vuestro hermano en fayor del
polJre Moreal?

finible espresion:
-Le direis respondió, que si desea obtener
mi proteccion, puede tomarse la molestia de
pedírmela á mí misma_
-A fé mia, dijo Pontailly luego que la
marquesa hubo salido, si mi mujer tuviese
diez años menos, creería. que acababa Je darme la singular comision de arreglarle una en.
trevista con Moreal.

-Seria inútil, cuando mi hermano ha tomado una resolucion, nada puede separarlo
de ella.
-¡Vaya, vaya! que dijérais esto á gentes
estrai'ias á fin de sostener la reputacion de
hombre de caráetcr que ambiciona Chcvassu,
podría tolerarse en una buena hermana; pero
á mí ...... ¿no sé yo bien que haceis de él lo
que se os antoja? '
-No creo., sin embargo, que me fues~ posible convertirlo en suegro de Moreal.
-Dada esta respuesta, que dejaba en el

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~ r~111t~r¡;'.$'T ...,,:µsr:::i-t".X.!,11:~l~•l1,'li~"'!fl'lil""- 1 . ,

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_i!•!l· .4-\i\:1'.~ . : !-. ..:...:=-==.-?_--'='':."•"~~..:.:~=:~~-"•_'.'. .::!&lt;::••·~...:-;.-••'1'"f t:'----l"I~..., ~,....-., v , ; ~ ....,~....,.-

EL FERRO:-CtlRRIL. '
,Elote periódico ""rl de mae ,reducidas dimt&gt;n'

,ion••• bajo un pla,, aoUo¡¡o al del Vapor.

•

~

~ i il, C.:.WZSit.Uillll-Y~--.::r,.,~~-;t;:r'!~~..,,:f . i . ~

'

•

DE

Comenzará §. puMiearse, tan luego como. el
editor reciba la, irnrrt!nla, que está yt1 en camrno
de Veracruz á esta l:api.tal.
A ,•isos v suscriciones se reciben en la litogra
fia de J. Íliver;1 é Hijo, calle del Uoliseo núme•
ro 4 1 Frenle ul Teatro Principal.
Uno y otro periódico tienen)'.'ª c!Ontrat~dafil a].
gunns columnas para la inserc1on de a,•1sos CX•trangeros.
- México, S etiembre de 1867.
Editor y Hedactor en gefe.

~~~~~w~

•ow

'1lt~1ft~t

EL VAPOR.

lbrt Zfü-~it~.

~rRADUCIDAS POll F. L. L.

PERIODWO POLI'J'lCO, LITERARIO Y ?iiEUCAli'TlL,

,.

Los ciud11da11os tlispuestos á il11stl'at· s11 c1·iterio, los padres de fa1nilia
y los p1·eeeptores a11siosos de tlal' luz y 1·azon á los i·etoños sociales, hallará11 e11 la obrita an11nciada un co1nplemento á sus deseos.
Se ex1lende e11 la1 Libre1·ía llexicana, esquina del Refugio y·Lerdo, y en
la tle Ag11ilar, l.ª calle de Santo Domingo nónt. 5, á tJUATRO RE,ilLES
el eje111plar.
F========~-~-~-=·~-~=====-

DE SAN CARLOS,

Habiéndose organizado definitivamente lus clas~s
que se dun e~ esta Aead~mia,. ~e pone en ~onoc1miento del publico, por dispoSJmon del C. Director
genera\, para que los alumnos q.ue qmeran segmrlas,
ocurran inmedintnmente a ma.tncularse en la secre•
taña de esta Academia; lo que podrán hacer to&lt;los
los dias de nueve á doce de la muñnna y de tres á
cinco de la tarde; advirtiendo que tambien quedau
abiertas desde hov las elases nocturnas pHTII artesa•
nos, y que no se Í,aga derecho &lt;le matrícula ui peu.•

aion alguna.
Secretaría de la Academia de 1JellnsArtes de San
C,írlos México, Octubre 7 de 1867.-José M.
Flore, Verdad, secretario.
8-8

1

LA GRANDE Y NUEVA CA~1ISERIA

Tiene -el honor de avisar al público,
haber abierto un taller de grabado en
el que se ejecutan toda clase de obras. ,
En el grabado en hueco ó de bajo relieve, medallas, timbres, botone_~, ca- 1
mafeos, chapetones y lo relativo al ¡
ramo de joyería: en el grabado en lámina, estampas, retratos, títulos, di- 1
plomas, tarjetaf! é iniciales: e-n el gra- 1
bado tipográfico, sea en metal ó ma- [
dera, sellos, vifletas, punzones, y en 1
general todo lo relativo á estas espe- 1
cialidarles y á las obras il nstradas.
,
México, Octubre de 1867.
ACADEMIANACIONALDEBELLAS ARTE8 .

_

.y A SE ABRID

PROFESOR
D&amp; LA ACADEMIA DE BELLAS ARTES
DE SAN CARLOS,

14.

~~

Plate1·t,s y Alcaicel'ía.

I

SEBASTIAN C. NA VALON,

COLISEO YJESO NÚM,

~ ~ ~ ~~ ~

OBRAS PÓSTUMAS

PRECIO: DOS Ofüi!TAVOS CADA NUMERO,

El pla·n de esta publicacion es enteramente
nu~vo.
Parte política: Et.litoriales concisost crónicas
extensas y variadas, laboriosas correspondencias
extrnngeri:.s, e1c., etc.
. .
Literatura, ciencias y artes: Not1ctas de los
últimos descubrimientos en todos los ramos, pro..
yectns para importar todo lo útil y desarrollar
nuestra industria fabril y manufacturera.
Mejoras materiales: Obras de beneficencia é
1nstruccion pública.
Parte mercantil: Agencia confidencial y púbJica, anexa á la re&lt;laccíon del Vapor. Avisos eu
inglés, frances y españolt a precios módicos.
Tarjetas de fletes, notas de cambios. T~das las
noticias que puedan inlerasar al com.erc10 y al
público. Empresa de con-eos de la cinda&lt;l, men.
1mgeros y expresos establecida por la mism;t redaccion. Agencia~ negocios judiciales, p:ira In
que se cuenta con abogados de· gran celebridad.
Este periódico aparecerá tan luego como pasea
las cuestiones de b.ctualidaU que ocupan la aten ..
cion pública.
Por ahora 1m Teeiben avisos y suscriciones en
la litografia de Rive,a é Hijo, calle del Coliseo
núm. 4, frente al Teatro Principal y en los estados, sus corresponsales.

\'
~

TITULADA

ESQUINA DE LA. PRUIERA CA.LLE DE PLATEROS Y A1C:\ICERIA N. t.
.._ ....

_...

-

_..,..

_,..,..,

___ ,_,_,_,_. .

,_,_,.

Unica casa en México que puede ofrecer al público un verdadero y completo surtido de Caniisas,
Calzoncillos, Calcetines, Ca,nisas, Cot·batas, F'undas de alrnohadas, Toallas, Sábanas, JJlanteles, Servilletas,
1'1edias, Cuellos y puños postizos, Guantes de cab1'itilla y todas clases, Ca·misas de f1'anela de todos colores,
Ligas, 1'fancuetnas, Fistoles, Sombrillas, Pa1'a.yii-itas, Pañuelos~ JIas cadas, Bandas lisas y bo1'dadas, lJlan19as y puños de lana, Bufandas, Plaits y otra infinidad de artículos concernientes á este ramo.
Gran surtido de ROPA INTERIOR PARA SEÑORA.
Se hacen camisas SOBRE MEDIDA, lo mismo que calzoncillos y ca1nisetas interiores.
Participamos al píihlico, que recibiendo todos nuestros géneros de Europa, podemos ofrecerle un surtido de géneros blancos de lino y de algodon, que venderén1os variados á precios sumamente ventajosos.

Habiendo traspasado el rt_lle !mscribe, In Alacena
LA PERLA, situad~ en el po;tal_del Refu.
gio, y i;ahedor de.que el antiguo dueno tiene alg1~nás cuentas pendientl~~ de pago, pone en el conoct•
miento de todas estas personas, que no es responsable de ningun crédito sea activo ni pasivo y que
por consiguiente todo aquel que las_tuvier~ pol!r;:í
entenderse directamente con el Sr. D. A leJo Ilrmgas, residerte en Cnautitlan en la Tienda Jlarnncin
de la Alcancín.-México, Octubre &lt;le 1867.-Jfa- 1- - - - ,n,el Oano.

~

~

~

o

~

c:-t

(t:1" A los compradores por mayor se les hará una rebaja considerable, .EfJ

~léxico, Setiembre de 1867.

~

~

1

t,

.

Plateros y Alcaicería.
]~&lt;litar tcspoue11-UJc,

ir.

I

~

&gt;
a:
o

y sedería

1

tt'j

1

Fercz.-Tmpn:ntn de Lara, calle de la Palma N. 4.

-----------m-m-~•Jicrm~mm~==-=-----------------------------iiiiiiiiiiiiii============---·-----=====iiiiiiiiimiim.-;.;;.._=;.;;.;.;;;.;:;:;_:;;..,;;;;;.:;.;;__.;;......,;,..,..,..~.
236
-¡Cómo! ¿tendríais la inhumanidad do
despreciar al pobre vizconde?
•

1

~II.

•
Hemos dicho ya qui, la marquesa de Pon~
tailly se habia vi~to obligada muchas veces á
combatir con todas las fuerzas de su razon el
deseo de agradar qne atormenta á las m,ujere¡¡ en cierta época de la vida. A la secreta
turbacion que le producía la rebeldía de su
corazon, se babia juntado recientemente el
fastidio que la causaba la osiosidad de su e~pírit11; porque desde que habia perdido sus
ilusiones respecto de Andrés ' Dornier, sentía
en su alma un penoso desvío, no nuevo en
verdad en la hi~toria de sus predilecciones literarias. No era muy dificil de llenar aquella e~pecie de laguna en la existencia intelec-

-Yo no digo tanto, respondió la marque·
sa con tono mas dulce, sin despreciarlo me es
fá,cil prevenir las entrevistas que pudiera tener con Enriqueta. Ya he notado que la
educacion de esta muchacha ha estado 'muy
descuidada; por la mañana á la hora de mis
visitas haria ella uua figura bastante triste en
mi salon; por eso he decidido que cou~agre
estos momentos al estudio del piano: ya sabeis que á mí no mfl gusta la música, así pues
no nos d:¡.remos mal rato H,- una á la otra.
-¿No os gusta la fuúsica? es decir, ¿no os
ha gustado nunca? replicó el emigrado contrariado c.il'll giro que tom~ba la conversacion:
cuando hace diez añ!;is cantábais, aun no soi'iabai~ sino con la música.
-Es posible, respondió la marquesa con
un tono seco; pero ahora
, que ya no soy nifla,
me parece que tengo el derecho de tener gustos menos frívolos.
-¿Que sois vieja decís? Jamas me habeis
parecido tan hermOBa, eslllamó el marqués,

hermano educa muy mal á sus hijos; pero esta no es una razoll para que yo que soy su
tia favorezca su indocilidad, vos mimais á
Próspero, lo cual ciertamente. es mal hecho,
usais de una tolerancia culpable con sus detestable~ maneras; disculpais sus majaderías;
en el año último le habeis dado dinero para
pagar sus deudas, y de este modo habeis contribuido á su mala educacion; permitidtne
pues en cuanto á Enqqueta que no imite yo
';Uestro ejemplo.
--¿Temeis por ventura que vuestra sobri•
na fume cigarros ó contraiga deudas? preguntó el marr1ués rien&lt;ilo.
-No; pero podria ser mucho peor.
-La palabra es durilla.
-Es verdad, pero esexacta. Estas jóvenes
educadas en provincias tienen la cabeza atestada ele ideas novelescas, mucho mas Enriquet.a que ha perdido á su madre demasiado
temprano, y de quien mi hermano á causa de
sus preocupaciones políticas se ha oou pado
biell poco; pero yo lo observaré, y si veo que
las instancias de Moreal tienen para ella algun peligro, yo pondré órden en ello.
'

&lt;¡

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e____ 52_

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INDEPENDl·ENTE y RADICAL.

.PERIÓDICO LIBERAL,
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1.a 11acio11 q11r l,a pr~11&lt;·i,I,; en los terri- manfo; 110 querelll-Os tamroco inculpar á los que se ,·a buscando, no existe atín la anarbles 111e111w11t!,s ,Id extremo ,·011ílicto, tin&lt;l~- 1¡11e pu~iero11 mas Iehcmc11cia c11 la &lt;liscu-' quia. Los esfuerzos distintos para inl"esti1~~lc pPriúllirose publtc,mí. tollos lo~ dias 1l l11s eide I Lo~ t•omuuirnclos y nvisos se in!!óer!al'IÍ'n &lt;'011 In n•• : 1la11us corno J)jaz, E.~col.lcJo, Cnroua, Uin1 sio11 y llt'garon ;Í :11nt•naz1r cou una I uptnra: gar una verdad, no signilican escision, sino
-de la mnünnn, rxC'Cpto tos lú,ws.
baja·tl,• una c·1wrta parte de lo l(ne cualquier otro Palacio· , otros muchos, 110 llt'Ct•sila mato- irrccouriliablt•; le$ pe,linin!i. úniramcnte que lilJcrlad.
f:º' ,u,_critorc·, lo _n'.cihiní,'. cu "" •·a,:is. 1 I p;riúdico llc:·c por'" publí_cnriou.
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VI nes 1h! nÚi-io 1111c cousu111a11 ,1t rit¡m·za, 11uc nos a¡-11,ku ~ lto~rar la mala imprl'sion que 1 '."io merecería el nombre de liberal el go11
l·.! prl'l"IO de SIIS!"rll'IOII ,(•m llll P''"' IIICll»IUI, y I J.n, ' 'CrtlºIOIIC,, r91TIUhlCn_d~• y ~nlltll'IOS :· r~- 1.- rol1e•u SIi lilt1·1·ta,I, lflW inulllic •u su jU\en- h:t)·a. vr11,lt11:i1lo esa rroferia de ,les,tirhas ¡ bierno ((Ue 1e propusiera acallar la oviniou,
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¡ 1111ía. reprimirla con mano de hierro. Jama,
riento. •
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Donuugo 1111m. a.
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Seria tlescouoccr la escuda ,le las insti- inteutar que la opos1c1on enmudezca. Talinioo ,111c !!&lt;! pu,lieru ) tlcllina l.t!11c1·; 11e1·0 111,:iones tl1•111orr:i11ca~, tlar :1 la oposicim! 1rea imposible, porque la opinion siempr~
· arru¡;la,lo ti&lt;: 111a11cra ,¡11c i;u 1·us10 kl cubrie- ,¡ne se hace al Goliicrno el rarácl!•r tic una I ha!a modo de manifeslarse, mas vehemenl&lt;'
'.',tlTll:L\ DE L.\S ENTllAllAS y ~.\Llll,\S m: CORREOS El'i ESTA CAPITAL.
ra11 ,el ,blor. de la ,,l,ras 11uc Jf!lhara~ ora 1·sc:slo11. · l.a p&amp;ritica ,¡ne 11rodama y ga- mienlras mas rrprimitla. Objeto absurdo.
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_______________E_N_T_R_A_D_'A...,.S_.__________,....____ · )'Or:tu,•nta Je la ua,·io•• ó á s11ddo dé eo1- ramiza la liliertat! tlel pcnsamie1110, la lilier- porque la opinion es el auxilio de los go__,_.~_-s_,_•·_l 1u 1tn;s. l )II rncoLE•-1--Jt-·&gt;_"·-•:_•·-·_¡._'._1K_K_,_·,·_.•,..~ - - - - - »muso,- I lll'L'S11s oot1t11,11isl35,
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tad ,le I! palabra ~- la liliertad de IJ prtnsa, bicrnos y la garantía de las libertades.
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l.a 1111iun tlchc consirtir solamente en el una arma e a reserva. "' e a esiusta aproAp,1m.
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C. HiJalg ,.
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IQucrétnrll.
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¡1l'IO ;¡ ,~, 'l'Y, l'II t•t respeto á la autori1laJ gia ell:l sola Y no al goltterno.
l'aehurn.
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El 1•&gt;'1:,lil,~:i111i1•11to de 1:1:1&lt;,rc~ ) -esruc :1, lc¡.;:11 y que ejerce sus a1ribuc1011es Irga es.
.a tima opos1c1on a H o asta on e
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1111 n 11 alc,,. ¡oara instruir .1 .11111raliw1· :", los in- · 1,a e~rision cm11ic1.:11·uand,, no se rcs1,c- ha querido. Si en • algo ha modificado la
1- ,\lntulúuro.. •&gt;Jurdía.
~l orcfoL.
11
Cu1.:nia,111·~
l'oluca.
'1l: """'"_'_· .
1,:in,1111.s &lt;icl rnr1,1 ~ércitu &lt;]IIL' qu~Jara, se- tan las opinio111•s de lodos, cuan,lo se ha futura polilica, lo sabremos cuando el Co11~
1
- ~· -t:uaull11.
·-- ·
- ~ -........- - ~ - - - - ri,u, íatulticu ,J., ,;mua Dtilida,I.
! 11c1·tlido la eficacia ,le la li•y, cuantlo el pres- · ¡;reso entre en accion. Pero es seguro q0t•
SALIDAS. '
En f'rusi:1 se han l'.1·ch11 por el ,:j••i.:il~ : tigio de la autoridad no es bastante (Jara ha.: aun _cuan_do hubiera intentado ~ifidir el g~n
int1TEs. , "'"•coLEs. 1 Jc&gt;:vEs.
~ .. n.,ho. 1 Do.11,sGo. ca~1 Jmlm; los furn,can1lt•ij. J.'ur 11uc aqa1, • ccrsc obe&lt;leccr.
· rartido hheral, nunca lo hahrta conseguulo
l1•ue1,1a.
1•11,LI,..
·l'uehln.
,bla.
•~11,bla.
/ que iodo está ]IOI' híiccr, 11u i;c ha &lt;le olirar
Eu el seno ,le c,1alqnier partido, de cual• ¡ sino para obrar en la esfera legal: En este
Pud.1la.
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1111icra secta, ,le rual(Jt1icra escuela 1111c per- · scnti&lt;lo no hay cscision sino liberta&lt;l. os1;
c,~r Julia.
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1 l'ucu rjército y OC\tpado, gua,·dias munici• nula a '. 1er1a'. t e a u ,•a, ta ira s1e111pre J.\Z .oYAlllll"ntAS. • . .
.
~\p11m.
1
.\ 11i1.uro.
· 1'"'"·
•
~;,~:.,:'.b"'·
, pales"· "ooardia nacional, eii lo_ que necesita- ¡ dirnrgenr1as, s1L no en lo rundao_ 1en_1al, al m_e•
(1:1 Dtarw Oficial.)
1·1•;wbU1·a.
C. llid:il~o.
1'11lo11riu~o.
.\¡,i1.ut·11.
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1
l'nrhu1•a
:~::::;,\:)~;,._ ~;r~:;'.i!º· ~:':~'1:;;._
IIIOS,
1tbhri,s y 0011
flllblaieion, ~ ¡- u~s en l~s uc!alles l"~n- ª1:~1ca'.:wncs: ~- 1
l&lt;'ELICÍT ACION.
Q,wtrtlnro.
1
~Qn~ré.t111 ro.
Zn.caLt:1•n...
1'otm....
r.u:1diffnjlftll .
¡ i-l"1'it.sntu!\ 'llte no suha el ~UJllletto, m 1111 n.1 t111 t,dlo ideal tlc 0 a1 ,1 c.lcslrmr la :.111a1-S. Lui,. Pul11bÍ. iZru•ntti·•h.
P . Mutamoru,.
¡t: ~~1~~~~!;~!: .~'~:~~~
&lt;'uallai..
1•
~t;:;;~;J~.
,listr{lig~m 111 ~ brn1.os tli! lms hteutiotics 1,.~rc .. ,¡111a ia1ll'lt1ct11al .tt•u! :wn existe sofo·c mu·romamos de el Espíritu del Siqlo de Tux•
'l'ol111.11..
l:111¡u 1,l n.
Cul'ruarac11.
i'l'olnra,
C'ui•ruuvllca. )
.\h,.,ILU. ,
1 1·1.• 1111·~ t•··- la ;1•0•ricultma, la intlt.~lria ·'° el cu- 1 rl111s p111,1t11~ tlcl salicr humauo, )' muy parli- tla-Gutierrcz:
'('11:iu tl,1 .
f 11,·rn.1\ .1n1.
lt:'
- ------ ------·
rnef,•, 11 •
¡c11lanuc111l' r11 ~a 1101í1i_ca .
.
.
"Sra. D.• Margarita Maza ·ile Joarez.-Os
1q~e infructuosos pa1-a darnos la fictoria, sirF. 1...
1 l',•rn e~i mtsma ,lirnrgcncm cn~1cr~a la salu&lt;lamos cordialmente, benemérita señora,
1
...........,,__..__ ,·ieroo. á lo menos para lle\11r hoarusamente
.w¡~ ~
. -~ _
_
g~r:mua ti,, !fUC al¡¡uua wz llegaran u ser ¡ con fa efusion mas íntima de nuestros coraEL EJERCITO.
: nuestra 1lcrro1a.
ax:0111:,s las cos:ts ·q11e hoy sou conjeluras, zones, por vuestro regreso á la República.
Los 1•jirci1os prrmanentes so'n la car¡(a
Camhiaron las cosas y rnhi,í el ej,'rcito - - - -~ . • • . , . : · • • ·
; y rrohal,Hiila ,lcs. El que haya OfJiuioncs lºs contemplamos satisfecha por el suceso y
mas pc,a&lt;la para los pnchlos, y au11qnc de ü 1m·1lo111iuar, y Santa-,\111,:l se creia i.111·c11•1
.'iO JI.\\ l,SCISIO~.
,listi,~as, sjguilit-a &lt;1tte · hú_y i111·e,tigadun • . ai.luciOü de J.a calll:l de la palria, porqueJ1a1
,·cz en cu.mdo haren 6 las naciones un M•r- , cilil,i rodea,lo tk IIUt! pretorianos.
.½111111 arma de ,fücusiolt Y como va1ic,'. io 1.\s1 camu cu las rieacias naturales se co- • beis arrostrado fas muy cruentas, duras y
,ir-io importante, ha ~i&lt;lo_:'. tal costa eom¡11a- ¡ J•: u el Sur r¡!.Cibió uuj\ &amp;e ·er~ lecdo11,-i_ liu"'.~''ti ~a li~u'.·aJo cu ~os lillimo_•.~chatc: ¡ 111ie11~ ~11lr hi~esis ' .ªra_ CX)llicar ~os íc~1ó- prol_ongadas (lrue~as que noes~ro sexo ha)·a
,Jo, que sale siempre cansuno.
I capital, que contaba '!na muy luerte ¡¡uaru1• clec,onks nua 11lea, que soln apas1011a&lt;la 11111nffli ~ ¡,ara lilSl.en1o11 lo.. ol'lien:1~10111.'5, eu s■frulo. Os admiramos entusiasmadas 11or
MaRLenian nuestros goliiem'1S númerosos ; cion, 110 sc _atre1·i1íj1 mn,-rrs1• cuandu •I ¡iue- 111cute 1111110 ,coocebirsc, l. solo co11 torpeia la cicnt-in 11ulitica se "ª e1¡,eri1llt!ulande fu rnestra perseicrancia, por rnestra fé y pur
ejércitos, em¡1ohrccieodo á la uaeiou y qui- blo dijo: '·hasta. de lira11 ía. ··
ó ¡icr\'ct sa iutencioo provala/se. Se ha di- que 111:L~ co11fcnga :i la societlad, liasta qu~ tanta resignacion, emblema de 00 corazou
tam:o los firazos :í la imlustri:,; i· la 11acio11 1 llomi11{, un 0111'\'0 sis11•IIJ:I y p11tnnce~ el cho _,111c l;1s tliurgc11c1as Je la opii_1iQn con , 11,•¡¡¡t ;í st'f lia.i;taute cfidenle (Jara elc1·arlo á inmortal; y os damos la mas cordial enborasul'ria y rall:,ba, pon¡ue ereia ,·cr en el ~jfr- ej{•rcito empuliá el c,t:lll1l.111l' ,1,, la rd11•ho11; 111011, o de las cmuliJaturas, &lt;lii la &lt;.:ournca- la r;itc¡;or~• uc &lt;lngma. Se lle¡;ó al dogma buena, porque al llegar á la capital de ~l
,·ito la salrnguardia &lt;lo sn iudqiendt11cia )' · pero en tu&lt;las partes fui 1,ati,lo y arroll:11111. lut·ia I de otros actos del Gobieruo, tiió_uili- ,le la ,wlterauia pupula1·, ,k,;pucs ,le haber Hepública, habeis vuelto á los goces de la
un dc,nrnlo d,· n•spctabilid~,J..
'
t-:11 la última ;u,·asion rué el c¡ércilu l'I que can una escii;i~n cu el ¡¡rau parti!lo libci;il; 111a.atlo f)!.•r el derecho del mas l"uerte, por ¡ felicidad, eoconlrandoos reunida al lado de
Sonü la hora de 1~ invasion: los america- se alió con nuc_strus· enemigos, y ya se creia ; escision _q_uc_ au1enaz:i con . un pur_rnui~ lur- · el derecho Llil'inu y 1111r ~I derecho de di- j Iuestro esposo, del liherla&lt;lor,de la América,
uns Iinil-ron bariéndouos una gue111·a injusta segm·o de su lrrnufo, cu~mlo fué de óucfo y I bulcuto e mlortuuado, Y que destru)e las uaottas; lo n11,1u11 que cu astru11owta se lle- del mas ilustre ciudadano.
y el ejl'rcito no sosturn rl honor nacioual.
para siempre co111"1111tlido l ani1¡üilauo por la eij1)('r:H1za~ ,le ¡iaz )' prospenda&lt;l que prome- ¡;ó al pri11cipio tle la ¡;1·a1itacion, tlespucs Je
"Hijas de las ardientes y íértiles costas del
1
Palo Alto, Hcsaco, Cerro Gordo, Pa,lierna, 11acio11 armada·. '
,,·
: 1ia la, u11io11 de los mcl.icauos ¡ior el triuufu I h:1ber pasado por los diuse1 Llcl periodo ~ocouusco, taoibieo hemos sido· ardientes,
,ieron desbandarse las hucsles que se teniau
¿Para q1re slrre, 1111cs, et ejército!
. J~ la cau;;a nacional.
1teológico, por el ¡&gt;rimuu, 111orill, &lt;le P1olo- 1l"ª en contemplar fas firludes y dotes elel'a¡ior imeuciblcs, l'ieron el desmoronarnieoto
Si la historia responde á esa pregunta ~m I Si ett 11_1cJiu ,lcl oalor de la uiscusion ha meo, J por 1011 torúelli1105 &lt;le Desearles.
: das con que la naturaleza os ha dotado, así
&lt;lci ejército que habia costa&lt;lo tantos y tan- su seyera inflexibilidad, 1109 dirá:
p1&gt;1li&lt;lo pasar &lt;lc&gt;tóapcrciliida esta iJca, 11ue es j Si l.i razou bu mana ,a 1acila11do siempre como en celebrarlas, porque son dignas &lt;le
tos millones, tantos y' tantos sacrificios, y de
Para ~rostiluir :í la j111·e11l11d.
' á la 1·c:1. u11a acusacit1u Y una amcoa1.;1, es I al consumar cada progreso, , al conquistar remembranza y de a&lt;lmiracion. Hechos de
&lt;lomle habían salido todas las remellas y :1;soPara agotar los tesoros de la naciou.
tiempo J'ª ..J.c r~ctil~a,da cou todo el t!lUftftio cada ,,crJfül, no M, debe con1r;,ria1· este 111é- tanta bcroicitlatl, presagian rneslros nobles,
uailas.
Para hacer pronaneiamientoe.
' cou . gu~ dcspµ_ss de llll coullicto del.ten re- todo que está eu su ualuralcza, ni mucho ' patrióticos y bellos sentimientos;-por lo mi,1.a guardia nacional recogió la111cles en
Para huir_antc ~l._eueinig9 e¡¡1ra11jero,
¡pararse los males caus~1~os. :'io queremos menos ~~iialarlo como un ,icio. )licn'.ras 1 mo uosotras, a:inque jórcnes,pero muyapreClmrubusco 1· en el )Iolino del Rey, que aunO para ahal"SC a el.
I recordar ti,• •1ue lll~s-sa~u e:~dea alarman- ,~º_: _d,üe,a fuodau1entalmeo1e eu el ol.tJeto ~ia~ra~ vuestras raras cualidades, hemos
CONDICIONES DE LA SUSClUCION,

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COft •• EOS.

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EDITORIAL.

J~TEH[Oll.

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1

•

~la
.Es,

- ¿Q.uereis r¡ue os le?, la~ uoticias de

pnña ú las de Oriente/ pregunt(1 Enriquel.4
ul seutar8e.
--No
trata ahora ni de EsJJll:ña ni d6,
Orieulti, rei¡p~ndiú el muques, se trata de tí,
hija mia, y estl) me interesa un poco mas qu8
'\1ehemet-Alí 6 Cabrera. Tu tia te ha hecho
llorar, yo quiero ver si te hago reir. Escúchame, soy vi~jo, y uo bonito por cierto; soy
vivo, bru$CO, arrebatado, y podrías m~y bie~
creerme un mal tio sin r¡ue tuviese derecho á
•
q~e¡arme.
,
--Oh, no; ¿podríais creerlo?
-Te &lt;ligo que no me enfadaria, porque .al
fin y al cabo tú no me conoces todavía; pero
esptiro que nos conozcamos.
,
f
1
- l erdonat.lme, tio mio, os conozco muy
bien, mi hermano me ha hablado tantas ve.
ces de vos. • • .
,,
'
-¡Ola! ¿y r¡ué ttJ ha. t.licho e~e aei'iorito?
-Que érai~ til mejor de 1(18 hombres, flU8
os estaba Kllmamen\e r1iconooido por la bOlldud con que habíai¡i ~tiparado ijUS }OCU.ljjli., ,
.-Bien, bieu; l'Utre tanto lo que es m~11es:
ter rs 1¡ue 110 vuclra f"9!\N por aitui, , Ujl de.

se

•

l

1.
1'

1

· ,¡ u;)..-;, coi¡ tú E uric¡ueta fielult'ute la con rnr.,a,:;iou que acubaba &lt;le te11c11 .con la marquexa.
--.Con q1w te ha flfOJDetjdo tlosped_ir ;'¡
Pomier y estás llorando? -esclamú d emigm•
do; 110 tiene¡¡ eo verdad n1zon pua ellov El
punto esencial e11tú ganado; no &amp;&amp;p~raba Jll
t.au to.
-Pe10 ¿y lo iltima11 tio? murmuró F.:uri.

'l~B.
'
-¡Ah1 lo derna11, dijo el marqué riéud0$e;
1,ie11, bieu, lo &lt;lema~ nosotros proc11r11.remo~
.arreglarlo.
1
- ¿Cómo ha de ser eso? preguutú Enrique.
ta aproxlrnando por u~ movimiento involuntario su t!illa á la de su tio.

-Venm-0s, dijo é8te to.mándofc las 111:u10~1
e~ im¡lOsihle que á 11lg,t:no de los do~ no 110,;
-oet.irra uu:. )&gt;14ena idtia. De~de lu1igo procn.
ra 110 disgustará _tu tia, porque ll01o ella ptw•
(le servirta· para con tu pa,fre; '/ supuesto que
te ha prohibido 'p ermanecer _en el salon cnaudo renga Horca!, precitio !1N qur, la obcJer.r,as.

..-; Y á ,e}',;, IJam,1ís

n

una

.~~cna idea 1 re~,

pues lo parecí(¡ prudente pFivarse de este pequeño con~uelo, porque notó que los lentes
de la marquesa le fijaban con obstinacion cada vez e¡ ue vol via los ojos hácia el palco.
-Duei'l.a ped:u¡t.e é importuna, dijo para si
.'\Ioreal. ¡Q.ué le ha hecho su sobrina para
someterla á 1111 espionage tan odioso? VertlaJ
es que no parece ~ino ·que la detesta; en toda
la noche no !ti ha dirigido la palabra sino una
ó. dos veces.
En efecto, !u marquesa de Pontailly colocada al freute de Enriqueta; coHservó toda la
11oche una indiferencia tan notable con su
sobrina, quti no pudo menos esta de mirarla
muchas veces con estrai1eza. Cuando volvieron á su casa, la marquesa le dijo á su sobrina luego que el marques se hubo retirado:
--¿Le tlijisteis á Moreal que iríamos eita
nollbe á la ópera? la , preguntó, dirigiéndola
al mismo tiempo' una mirada e11icudriñedor11_.1
Cu11!q11iem olru m1111hacha educa·d¡¡. eu u1ta
pe111ion de Puriii, uo hubiere creido cometer
un ¡ran•~í111c11 ocultando ligerame!1t6 la ver•
t.lad¡ pero fuese !ngenuidad ó fuese mai bien
'l'&gt;" partioi paiie kÚ carácter de aquella reaol-u•
♦

2'~

•

�2

,¡

seguido \'~estra suerte, haciéndonos cargo de
los inau&lt;li!Os y a,·ingos trances fJUe por vuestra calidad llayais sufrido; y una vez que
hubeis apurado el cáliz de tanta amargura,
haciendo esfuerzo para so~reponcros á la calamidad tan colosul que hizo zozohrar á la
rmcion, ¡oh dig11a y magnánima seiiorn! ¡oh
esposa rara del inmortal libertaJor de las
Américas, compa11cra acrisolada de Benito
Juart1.! os saludamos admiradas, extasiadas
de i-er que tan las glol'ias mcrcceis para hon•
ra &lt;le vnesla ¡1attia,
1'Qucrriarnos, se11ora,
Lene,· sit¡oiera una
modesta intcli¡;cncia ¡1ara que nuestra esprcsion os diera á conocer la inmensidad del
grndo en que aµrcriamos rnestra l'irtud; pero esta cs¡,re~ion sincera y nacida de nuestras mas íntimas conl'icciones, engendra en
nuestl'Os corawn,·s el mas fcnoroso ) genniuo l'0IO porque en la posLrl'Ídad seais feliz, seiiora, para que dulcifit¡ueis la ,,ida del
ilustre pat,-iola, único timbre y gloria que
simboliza la futura grandeza de México.
'"Xo saLenws, pues, corno incultas fronteri,as, y hacemos nuestro ruego al Criador
del uni,-crso µ01'quc os conserl'e muchos
años, y porque esta sea la úllima prueba que
tenga que pasa,· la nacion, pues que así, no
lo du,lamo,, crsa1·:rn las aíli,iones.
HSeníos, eleYaJa ) amaLlc señora, honrarnos con el título ,Je "uestras serl'idnras, y
como tales, os repelimos que las suscritas se
honran con que este impulso sincero de sus
corazones, sea tan puro como admitido en el
periodismo, para que llegue á'vuestra noticia y nos lengais por n1cstras a&lt;lrnin&lt;loras,
que os tributan su sentir, sus inspiraciones y

su eorazon.
"Taµarhula, Agosto :W Je l8ü7 .-Conccpcion Escobar.-,losefa Escobai·.~Amada
de J. Al'ila.-Dolorcs Chacon.-Ursula Escobal'.-Ilcrlinda Scrrano.-Nicolasa C~acon.-Jesus Anleu.-Daria Castillejc.-Lugarda Palacios. - Leonarda Cbacon. -~lanuela E. Chacon_-Jfaría de las Nieves Cbacon--YidalJ Chacon.-Rosalia Chacon.Yictoria Chacoir.-Eduwigis Palacios.- Benigna Palaeios.-Mal'ia Jgnacia Chacon-Jesus )laría Palacios.-)faría )lanucla Palacios.-Mercedes del Rosario Suarez.-~1ercede, Palacios.-María Jgnacia Chacon."
[ Co11stilucio11Gl]-

EXTERIOR.
Al abrirse, el 5 de Setiembre úllimo, el
Parlamento de la Alemania del Norte, pronunció el rey de Prusia el discurso cuya traduccion insertamos al pie de estas líneas: •

,

3'

1

"Ilustres, nobles y resp&lt;l«bles m1ores del
Reichstag de la Con{ederacion de la ,tlemania del Norte:
Al cerrarse ~I primer Reichstag de la Confederacion del Norte, pude manifestar la couflanza de que los representantes de las po~
blaciones de los diferentes Estados federales
uo ne¡;ariau su sanciou constitucional, á lo
que el Beicbstag hahia hecho de acuerdo con
los gobiernos. Es para mí una gra• satisfaccion el no haberme equivocado sobre el
particular. En todos los Estados federales
la Consti1ucion de la Federacion ha pasado
al estado de ley por la vía constitucional.
La accion del consejo federal ha comenzado

El Correo úe Jléxico-P1·oponc la apertuJO, y así puedo hoy, con grata confia11za, dar á cabo la gran tarea de la Constitucion cuan- livar del modo mas noble. Si aquellos lala bienvenida, en mi propio nombre y en el do la buena volunt3d universal haya puesto metttos tuvieran su origen en la humanidad, ra de un n11e,·o puerto en Tamaulipas, que
de mis altos aliados, al primer Reichstag reu- de acuerdo los intereses particulares con los debían haber estallado eon mas fuerza de~- esté en eo11diciu11es mas ,·entajosas qnij Manido con arreglo :l la base de la Coni;ti1ucion generales y nacionales, ha guiado lai delibe- pues oo las ejecuciones de Ami, despues del 1amoros.
raciones del consejo federa l, y espero que ~olpe de Estado, despues de las depertacio- ,
federal.
ELECCIONES. ,
Inmediatamente despucs de vromulgada esta conviccion forme igualmente la base de nes á Cayena y cun ocasion de cien otros
Se sahe oficialmente que en todo el Est:iacontecimienloij semejantes; pero resen{111la Coostitucion redera!, se ha dado un ¡,aso vue,tras deliheraciones.
Animados ,le esLc espíritu, resprtalilrs se- dose solamente, 1 con esla intensidad y per- do de Si11alua fueron electos Presidente de
importante para el arreglo de las relaciones
la Repú,bli,·a, el C. llenito Juarez; Presidennacionales de la Confcderacion con los Es- ñores, emprendereis la conclusion de la obra se,erancia para hoy. porttue se lrata de u11
íundada por la Constilucion federal. Es una príncipe, que llel'ó por algun tiempo un lítu- te de la Suprema Corre, el C. Sebastian Lcr-·
tados &lt;le la Alemania del Sur.
do de Tejada.
Los sentimientos alemanes de los gobier- obra de paz, para la cual h:lbeis sido llama- lo usurpado, no son en su mayor parte otra
En Gu:rnajuato fueron electos diputados
nos ceufederados, han formado para el Zoll- dos, y conlio en que, con la bendicion de cosa que el producto mal maduro del modo
los
CC. llalcárcel, Jllas llarreda Gabhio, Le1'ercin una nneYa ~ase apropiada á su situa- Dios, la paLl'Ía ~ozará en paz de los írulos de bajo de pensar de aquellos que, ,·olunlar-iamente establecen toda,ía diferencia entre su mus Nicolas, Siliceo Agustín, nosas José M.,
cion modilicada, y queda asegura,la la dura- l'Uestros Ira bajos."
sangre y la de los príncipes. La monnrqui~ Rodríguez Gallaga, Aguado A111oniocion del Zolh·erein_ Os será µresent•do el
Tradtlcimos de la 1"e1re {rcie Prcsse el si- tiene bastantes molil'os para alegrarse de las
tralado concluido al efecto y sancionado por
DIPUTADOS PIIESOS.
guiente arlículo de la .~llgem,inen Zeilung manifestaciones generales de estos.sentimienel consejo federal.
Dice el (;lobo que algunos periódicos del
El estado del presupuesto de la Coníedera- de Angsburgo, uno de los periódicos mas no- tos ser,iles; ella pue•lc descansar tranquilamente, y aunque fué una bala republicana la Interior prcgun1an s, se~uir:in sujeto, :i pricion será asuuto importante de vuestras de- tables de la Alemania.
que
tocó á aquel monarca, para la Europa ~ion ,·arios indil'icluos que, estándolo por
hhcraciones. La limilacion rigorosa de los
MAXIMILIANO.
no íué mas que una casualidad estra,ia.-Se causas políticas, han sido electos diputados
gastosá lo indispcnsablelllente necesario per·•Pocos de los muchos millones de lecto- dice que los gobiernos de Europa quieren al Congreso genera l.
mitirá hacer frente easi á las tres cuartas res de pel'iódicos se acuerdan de los uom•
Si los diputados de 11ue se habta son traipartes de los gastos del presupuesto con el bres de aquellos generales valientes que han retirar sus representantes de México. DesaÚiilio de los recursos propios de la Confe- sido fusilados á consecuencia del edicto san- pues del edicto sa11gr-iento de Octub,·e ,le dores, rst:\ claro ,¡ne su elcccion es nula, y
deraciun. El a&gt;Jlúo discreto de los ingle- griento Je Maiimiliano en México. Los pe- 1865, e&lt;liclo que pisoteaba todo de,,echo ,le mas l,•s nle á los pueblos no estar represes, &lt;le la garar,tia ,le que las cuotas de los riódicos dahan la noticia de estas ejecucio- gentes y toda humanidad, á natlie ocurri,í, J sentatlns, que es1al'io pnr los que vendieron
Estados confederados aislado~, segun eslán nes y pasaban á la único del día; muy po- ni aun el rumor mas insigni6canle, exigir de á sn patria; si no lo son la cámara dctermipre,istas en el cu•rlro del presupuesto, bas- cos hacian caso del 1·alor, de las ,·irtudcs los gobiernos europeos ni el mas pequeño n:irú.
tar,,n ampliameute para cubrir el conjunto prh•adas y públicas de aquellos generales; ni testimonio de comniseracion.-J. Epstei11."
A11 ERICA DEL SUIL
(El Centinela.)
de los gastos.
una ,oz oficiosa protestaba enérgicamente
Dice la Sombra de Rosales de ~fozatlan:
Se han sometido y se someterán al con- contra aquellos asesinatos que, apenas come"Nuestros corresponsales en California nos
srjo federal, proyectos Je ley que tienen por tidos, ya estaban olvidados. Y ¿quién coanuncian
la salida 1le ~ue,·a-York de una esobjeto arreglar, en los diferentes terrenos de noce los nomilrcs de los centenares de mi- ¡
REVISTA DE PEBIÓDICOScuadra es¡iaiiola perfectamente abastecida
la legislacion federal, los puntos cu¡o arrellares que han sucumbido !tace año¡¡ en de• ¡ El Conslitucional.-Se ocupa de la orga- para emprender una segunda quijotada sobre
glo reclama el momento presente y las cirfonsa de RU pah·ia, y lo que. es mas, de los nizacion de la policía.
las rep1ibliras chilena y peruana. Llel'an el
cunstancias han pcrn1itiilo. Una ley sobre
que sucumbieron des¡111es de haber níritlo
El Globo.-Ha11&gt; anuo
., de e1ecc1011es,
·
m:i- rumbo de Buenos-Aires do~de deben unirse
la libertad de rcsidenci.J, Jebe ahrir la Yía á
mucho durante su •ida? Nadie habla de ellos; mues
•~ ta e1 pa 1r1•ói·1co deseo de que no se os- á la "'.'lumancia" y proseguir hácia el pacíun ensanche mas desahogado rle la ciudad:i- nadie les dedica una lágrima de conmisera.
.
.
fico :í las órdenes del Sr. Mendez Nuñez.
uía estaulrcida por h Constituciou. Una ley cion, ellos son números abstractos, sin nom- dtenten las 1rregularidades que hayan ocurr,b
d
.
o, y que se sepu 11 en, aunque repro a as, Los periódicos de Europa clicen que la espesolir~ la obli¡;acion del ser,'icio militar, debe
bre, signos algebraicos. Pero allá se fusila en el oll'ido.
dicion cuenla con diez millones, agenciados
declarar l'igeALe para el ejército esta ciuda- un príncipe por usurpador, como enemigo en
Se ocupa tambien &lt;le la cofl'ida de toros en Madrid, Paris y la Habana. Chile alista
danía comun, y abarcar al mismo tiempo ge- suelo estraño, y si se qui•!re, ioocentemeote,
t-u marina, y se proponú hacer una ~uerra
neralmente las disposiciones que se han es- y hace quince dias resuena !a Eurnpa con del domingo.
puramente defensh·a. El Perú fo,tifica fuertampado en la Constitucion, p directamen- maldiciones contra lo, a,,ai1w,; todos los peLa ]beria,-Tiene por sueños las noticias
te, ya con referencia :í la legislacion prusia- riódicos están ll~nos del acontecimiento y de del periódico Thr !1co Repul1lic.,. sobre cnl'ÍO te'llente el Callao con balerías de los célebres
cañones Dahlg,·en del mas grueso calibre.
na acerca de la obligacion del senicio.
lamentos, y lodos los Cuerpos Legislativos y de expediciones filibusteras á Cuba, y proEsperamos l'er en esta vez realizada la proUna ley sobre los pasaportes está destina- cor(loraciones de Estado con sus presiden- mete ocuparse largamente del asunto.
fecía del Lord Cochrane, el g•fe de la marida á borrar las restricciones anticuadas im- tes, no hallan palabras bastantes para nenias
En otro articulo que llern por epígrafe
puestas hasta ahora á las relaciones y á echar y anatemas. La Europa se parece á una "Del 9011,ral Prim," se propone rectificar na chilena que en combinacion con el genelos cimientos de una union que corresponda iglesia, con tapices negros, en la cual se la- la i&lt;l~ vertida por el Cronúta de Nue,a- ral San illartin, coad¡uvó á la independencia
al iulercs nacional entre la Confederacíon y menta alrededor de 1111 catafalco, y al mismo York, impnlamlo á aquel general el deseo de Chile y Perú. El buen Lord, despues de
los Estados alemanes del Sur.
tiempo se lanzan en un rincon excomunio- de subir al trono de Anábuac, y sobrn todo, derrotados los Godos, dijo estas terribles paUna ordenanza [sobre pesos y medidas], nes- Un sonido que parece ,·eoir de una que íuera esa idea sostenida por 11n famoso labras: "~ingun buque esµaiiol que en son
tiene por objeto regular el sistema de las pe- tambora vestida de paño, suena eo todos los pap,l ,¡ue Mli6 m aqvellos dia, á la /u: e11 de guerra sun1ue el Pacífico, 1end,·á la fo1'luna ile volver á España ."
sas y medidas de la Confederacion, tras uo espacios. ¡Cómo! ¿No amaron lambien la Veracrw. ú m Orizcwa.
comun acuerdo, para favorecer las transae■ vida aquellos bra,·os generales y aquellos miLa célebre y larga guerra del Paraguay
El Diario 0/icial.-Sosteniendo que no
ciones comerciales.
llares de 1·íc1imas? ¿No han sido amados bay escision entre los liberales, dice: Lo que aun no termina: los brasileros han rclir;¡do
La índole de los correos, como iostitucioo tambien ellos de madres, e&amp;posas, hijos y reproducimos en nuestra seccion de inte,-ior. del Paraná sus formidables buques acorazados que corrieron gran riesgo de ser despefederal, hace que sea necesario un reglamen- hermanos? ¿No eran ellos lo mismo que
El Boletin Rep11blicano.-Sigue tratando
to legal de su orgauizacion y de la tarifa.
llaximiliano, de carne ¡:. sangre? Aquella de la union latina t11 América, y dice que la dazados por la retaguardia que los paraguaEl establecimiento de consulados federales miseria inmenEa, iocomensurable, que esce- patria no es el suelo natal, sino la raza, la yos les tmieron algun tiempo cortada. Es el
caso que la cuestion pendiente entre ellos 1io
exige la 6jacion legal de los derechos y de de á toda imaginacion causada :1 un pueblo religion, el idioma y las costumbres.
se
puede resoll'er delloitivamente, y la guerlas obligaciones necesarias para ejercer es- por tjércitos estraüos, y una invasion de
Decididamente el ilustrado autor de ese
ra se prolonga de una maucra indefloida.
aventureros y ambiciosos de dinero y hono- artículo es súbdito de Isabel JI.
tos emµleosLos orientales inician un desacuerdo con
La unidad de la marina mercante debe res, ha l'isto insensible á la Europa, mientras
El Monitor Republica110.-Dedica su edi- Chile por una cueslion d~ limites.
descansar en una ley que determine la nacio- la ejecucion de un príncipe la ha con&gt;ertido
en una mujer llorosa. E,te a 11n 1rüte ,in- torial á gastos municipales, y propone que
El Congreso del Perú aprobó el decreto
nalidad de los buques mercantes.
los
propietarios
de
fincas
costeen
las
repadel presidente Prado por el cual la nacion ·
Espero que esas leJes, que marcan el pri- loma de un sen,ililmo general, una pn&lt;tl&gt;a de
raciones de los empedrados.
qut
la
mayor
parle
de
la
genlt
de
Europa
,aperuana ofrece al ciudadano mexicano Benimer paso, pero un p&gt;so decisivo, hácia el
Respecto
á
gastos
de
e.1rceles,
propone
el
to Juarez, una medalla de honor por su nocoronamiento de la Constiiucion federal, ob- lá ,umergida lodaoía hmta la cabeza en el
es~blecimienlo
de
talleres
para
disminuirlos,
ble condu,·ta como Prnsidente de México
tendrán ,uestra adhesion y la del consejo fe. fango dtl seroilismo; sí, del senilismo; aunEl Siglo X/X.-Cootinúa insertando la y defuosor de las instituciones republicaque se dé á la cosa los nombres mas hermoderal.
La con,iccioo de que solo podrá lleurse I sos y mas bien sonantes, y se le proc•ire mo- rápida ojeada sobre la campaña de Oriente. nas.-"'

j

PIU}J. - - ---1 mas mínimo la dignidad do la Hepública, ,eian la mano misteriosa que trazaba á sus
El dccrclo de 5 de Octubre de 1865 110e_ ¡-;co,; III ,·eia consumirse -~~ella- ~slé~lmen]liueslro corrcsp~nsal de Nue,·a York nos pues el c-ontle de Ileost se clirigc al gohier- ojos b terrible sentencia dd rey sibarita &lt;te de y debe considerarse como la mas lata y j te sus tesoro;, y sus soldados, y empezó A
remite traducido el párrafo siguieulc, de trna no conslilUcional de México, V reconoce la Babilonia. El vino del festín abo1;1iuable, conspícua fórmula terrorista del imperio ¡ vacilar .....
carla dirigida de aquella ciudad al LedgerJe existencia de la Repúi&gt;lica, )' emµlea en su corrió en J)éxico mezclado con laJsa11grc mexicano. El gobierno de México, apoya¡Hahia sonado la .tlllima hora del Imperio!
t"iladclfia:
pclícion tcrminos corteses)' respetuosos. Se inocente de i.,s patriotas; y en tanto ,¡ne los , do en hayonetos austriaC'as, helgas y france- 1
!f.
"lle, sabitlo 1101· buen coud11 c10 ,¡ue el !!e- ,·ccordarn que el ministro dé • relaciones se lirn,ws y usurpadores apuraban el Falerno ¡· sas. y rodearlo ,le unos C'nnnLos traidores 1111c
,,
e¡ d
v
d hombre ,1e1 ~ e Diciembre que acom'neral Prim, el t'Cl'olucionario espaüol, vino babia nc;;a_do á en_rregar c_l ca rláver al a_hni- ¡el Kirschenwasser en copas de oro ,v amhar; formaban su sé,1uito, cstaLlcció corno ley paiiado de los trn,'d ores á la República dió
incó!!:.ito
de ¡1asaJ·cro en el rn¡ior frances "Pe- ranle auslnaco, n11entras esto no acred11nrn en tanto que rl em¡1er.1rlor rlc fábula entra- fundamental ele su dom,irrio las e¡'ecucioncs e¡ go 1pe pamc,e
. • ¡a a, 1ai 111stitucioue6
•
v
de la
1•eirc," llegado aquí ayer larde. Algunos ca- su ¡iersonalidad, demomanfo que obraba ha en la crndad de '.\Ioelezuma, en1re palmas polílit·as por medio de cons,·jos d,, guerra- F,·ancia democr:\Lica de 18 t!l.-ese hombre
hulleros ,¡ue con él han h"hlarlo en calidad por encargo de su gobierno ó de los deudos· Y ílores, y en carro tirado por cs(·.la,os, al especie de tribunales rc1·ulucio11ar1os (lj 0..nus ,¡uc ca111 b",ú e1 basLon ,1e rcpúblico ¡,u,· e~
&lt;le ámi!!os 1,crsonales, dicen que conserva el rle Matimiliano, El Sr. Lerdo, al proceder son de alegres rn,isicas y rn¡,i,¡ucs de eam- de Hohes¡iierre ,_ de ~Iarat-y ;í ellos eran
v
cetro )' la pd'lmrn imperial-especie de másmas estricto síl,•ncio cou respecto al asunlo así, tuvo por mira dejar á sail•o el decoro Je panas, el pueblo de México era ,l~¡inll:ido
arrastrado,;
cuantos
infelices
mexicanos
no
~
v
carn ue
hierro d,i la Jiplomacia europea, er.
que lo ha traido á ,·ste país, pero q.ue ellos la ~epública, Y el res,~llatlo ha corm'.~do sus siu misericordia ~n camr,os y ciudades, l' simpatizaban co11 la causa del déspoia de uno Je los personajes que mas f~nestamcnte
~ wspechan tiene relaeion con lfoxiro. Prim 1 esluerzos e11 este scn111lo.
[S,glo,l
ias madr~s, y los 1•111das, y las espo,as-:--¡po- Mi1·amar. ¿Qué mas'?- s_c de&lt;·la:·ó mall11·clt0-¡ tian iuíluido en los sucesos contempor:\neos
es conocido eu esta cinrla,I por l'arias ¡wrso- SAL. bres mu¡cres!- vesudas de luto, hebian en res ;í los S'Jidatlos del m11cto Juarez, J la de limbos mundos. ltirnl impotente de Hu1ias que lo ,·espetan por ~us calidatl(•S &lt;le mi- 1
silencio las amargas l~grimas que coia11 de menor complicidad ó rélaciou con ellos, de- sia, ¡· vcnoailor t!e las derrotas de su lio
0
II.·1l1la
,·n~lés
co11
1··,1ril'1da·'
No
querernos
hablar
ele
la
del
famoso
Pesus o¡·os cnroJ·ecirlos,
b'13 ser casuga,
· Ja como tnmen
·
• ¡esa ma·
•
1·11ar )' c•balle1·0.
"
º
u
ue
Bonapal'le, irrastró
consigo á tres naciones.
'J co11occ la poI,·1·1•,..n, i· a· los ¡¡ol,·t·,,·os ,le ,\me'- ñon Blnnco, ni de la que tenia el difunto
La lucha gallarda se con,·irtió c11 cspan- ¡;es'",
t 1 s,· no como ,1e ¡·110 comun, de ¡ carac·
hácia los muros de Scbaslopol, en que cor· · e,, pa ¡cuque de la j11sta, t•n ter mas infamante.
rica E. U.], mas de lo que es de suponer en Voto para sus luminosos escri1os, ni de la tosa carn,cena;
• •
que segun él mismo le folia al Correo; sii,n
• d
tl
rió á torrentes la saugro rnst,aua: amigo
1
I
la,mayoría de los exlranjcros, aun hall:\111 ocampo cel'rauo e parnróso ne o á mucrll•. · La soldadesca del imperio, autori1.ad:1 por del Austria-la ea,·celern de ltalia--la opre0nd0 á El trono de )laximiliano ílo1•. l1a sobre ol·.,s 1 ·
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po'··,c·,01'
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oc11p,'.
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1 " da sora de TTungria-al fin l~mió el puñol de
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e ,nmora 1 )' atr,,z decrcln, )' acam 1·11
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. 1ios reYoluci1111arios ilaliauos, ¡· las !?ranadas.
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al'Ose '"", o a por os m111arcs , ,1 mas n11es1" r,•¡n11ac1on,
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cion y á los comparsas- El marisC'al Forey
l· 1 1
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•
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habia podido ave,·iguai· si era cierto ó no _lo
_pa no a; e nsnrpa nr mso ente a,·roJÓ al hi- se_ énlrcgó á Lodos los csccsos_d~ la índisc1• ¡de Orsiui le hicieron cambiar de narece,r
es1á paralitico; el Sr Napoleon paralir:ímlnse · d ¡ h el I d
¡
,.
anunciado por el Lr•,lg,,r; pero es probable
JO e a ere a, e sus pa, res, ¡· rasgando phna, al sa,1neo de las pl'O¡J1cdadrs de los res¡icrto á su anti 2113 aliada. Solferino y
J' ¡iaraliz:rntlo lo5 pasos de sus descendiente;
¡
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.
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j
v
quj no lo sea, y que el próximo correo concon a ¡,unta uc su puna 1 1os c1&gt;tl1gos uel lib_e_r_alcs, y á la desapiadada _matanza de los ~lrzenta, batallas libradas en ¡ir@ de la li':il 1rono tic Francia; el mariscal Bnsi11e le- .,
1
¡· ·
d
v
tra iga el rumor JJ1escntado cou ,,j,os de veruerec 10 po t11co y e gentes, cond1•11ó á to- pm1011&lt;'l'0s; e11 t;Jnto 4ue c.·a,a en poder de IJ-,rlail d,• la 11 •• 1,-,,. fueron el resultadú del'
nicnrto la satisl'accion de ver en los salimes .,
" ·
dad al periúdico de Filadelfia.
uo un pueblo j la muerte, es rlecir,-al ca- lli1a Palaeio, temido ad1er,ario del i:n¡1erio,
b" 1 1 1
, ·
. J
las espaldas de los concurrentes, _v de tiritar
cam ,o &lt;e a JJO ítica napo 1eomca.
[,l/.um!ur
dalso,, 6 á la degr.1daci1,n,-e~ deci,·, á la y uno de los bandidos ,le Juarl'z, se~un el
¡
·
· d u ·
1~I expet1ienLe ,1e a rntcrl'enc,on
con la frialdad rle los s:iludos dirigirlos :1 su
e ,m!nservidumbre extranjera. Las legiones de la elccrcto ,le :llaximiliano, toda la legion bel¡ d dO ¡·
¡ ·d d
señora; el aprrciablc, verídico _1' ª"radecido
co á ,¡ue
a
ormas Y e ar, a esa.
•
I\epúblir•a, lo habían ¡1ei'dirlo todo, menos ga, á la cual colmó el l'e11ccdor de !'011si,leabate
Domenech,
tratado
de
calumniado,'
¡,or
eloruenria
helada
que
distingue i, Thiers, et
El Fignrn ,le París publica en su número
Ia consta 1cia y la fé. El indomable Juarez raciones y he11eficios. Puestos en libertad ¡
., ¡
·
·
al eta ue a monarqu1a, no es maLena que
del 28 .de Setiembre, noticias muy alarman- los augustos labios del Santo Padre, en pleno abandonaba :í los f,·anceses y los lrai,lo- los prisioneros, ob{uvienrn de Uiximiliano
· 1
·1
·
se preste a as sut, ez:,s y amaneramientos
tes acerca 1lel eslado mental &lt;le la em1iera- no consistorio, y condenado allí mismo un
res, sino los palmos de let'reno que ocupa- licencia para regresará llél,,ica, _,a libres ¡ 1 ¡·
·
¡¡
¡ ·1 ·
n
, e as e 1scos1ones , e cuerpo e~is at1vo
lri, Carlota. Los recu,sos de b ciencia y opúsculo suyo; y el abate Teslor)' sufriendo
Lan sus tropas; allí donde las"hayonclas Jcl serl'icio, ¡· una vez 1·11 su paL1ia pnblica· francés·, la atmósfera &lt;le aquel santuario de
las distracci,rnes d,•1 palacio de Tervue,·en, igual suerte en el mismo lugar, con motiro ~
¡ •1
rancesas no a 10g; &gt;an á los mexicanos, 111·0- 1·nu aquella lamosa 111anif,,stacion cu ,¡ue &lt;le- la ¡.. l. esta' ,,·ciada ¡ior el so"lo inílueute de
con las cuales se comaua m11clio, han sido de uno de sus escritos.
'
•·
Trnslat!o :'t los intcn'encionistas.
taba el árhol ele la libertad, y :l su sombra . nunei1ban las alrocidades que los imperio- la corona, ) la palabra de lus tribunos está
ineficaces, y la razon &lt;le la infortunada prin(Correo do .~Urico). l renacía ¡;loriosamentc la Hépúbli~a.
1listas ·comelian ;í nombre del emperador, en como enclaustrada en las Yallas de ltiet·rocesa, dice el periódico de París, parece per¡O11 hcróic~s sacrificios! ¡Oh esfuerzos contraste COII la mago;inima conducta tle los en qne el im¡lerio su¡·e1a los arranques del
dida para siempre.
FE~Ó~ENO.
supremos de un pueblo que li,lia por su li- rcpu 1ilicanns.
prnsamientc, las expansiones Jel espíritu,.
Ese lamentable e~lado no puede ponerse
El Siglo XIX publica esta carta de San hertad! ¿Qué puede compa1arse ;í tanta
Las ¡icripecias de la campa1ia obligaron á los ,uelos atrelidos del corazon.
en duda, si es esacto lo que el Fiya.-o añaJuan de los Lagos:
gran&lt;l~za'!
Jnarcz á camhiar repetidas l'CC&lt;'s la residen~ 1 El expcdil'nle de la intervencion francesa,
de. Hecicn1.em,•n1c desapareció del palacio
"Acomp:iiio á ,·des. un diseño de un borComo esos plleblos salrajes que rendian á cía &lt;lel Gobi_erno nacional. En los dias_ tl_e en :lléxico, abrn sus hojas para recibir la
la empc,·atriz, J' todos los amigos ¡ la senidumbrc, alarmados, se Jrnsieron en movi- ,·~go fenómeno que me dieron á disecar. Fué sus ídolos el_ cult~ n_efündo del sacl'ilicio hu- j may~r co1'.flicto para la cau,a de': l;_epn!Jh- palab'.a Jecunda ~e la '.'e'.·darl, ani,~ada por
miento, bsscándola en Lodos pa,tes. Se ha- es traído del vientre de la madre en el abasto mano, los impenalistas de México celebra-¡ ca, cupo esta honra al pueblo ,le 1.,so del fSC luego de origen &lt;lmno qnc clnspea eu
cían mil conjctur~s acerca del modo cfÍmo de Lagos, Jl&lt;'ro ya en días de nacer, y como ron los funerales de la Hepúbliea, inmolan- Norte en la fro.'llcra americana, y en _esta bs lahios del tribuno sin trabas políticas.
s,on. aprol'echandu :llarnrn- que 110 siculc en su lengua el alfiler que
había podido bu dar la l'igilaneia, y ya se em- se l'C, tiene dos cuerpos pegados del encuen. do en los cadalsos á milla re,; de homhres memorable
pezaba ,, desesperar de euco11u·a.-la rn las lro y Ut!a sola cabeza nacida en dontle for- libres, de valoMsos guerreros, de patriotas liano el desconcierto en qqi, aparecían sus tras¡iasó la del inlllortal orador romano.
(t:ouriimarii.) _
cercanías, cuando se dió con ella en un bos- man crucero los dos omóplatos, cosa muy ilustres; y el llapsburgo que patrocinaba con enemigos, fulminó contra ellos el bárbaro
rara,
y
mas
que
las
,los
lineas
l'ertebrales
se
sn
nombr~
y
su
autoridad
~I horrenuo asesi- decreto de exterminio u.ne los declaraba fue- ,
ro,
.,
Gaceslla,
1
1¡uecillo inmedialO á un cortijo algo distante
reunen
cerca
dt'I
occiµital
conclu1·eodo
con
nato
de
n,i
pueblo,
tenia
en
su
palacio
de
ra
de
la
ley.
M1~rc1, LúrEz McOQut.
del palacio, y .í ,·uyos dueños hahia irlo ~
sangre, ¡· tal ,,ez- como
Dios, si11 emba,·"o,
no l1abia abandonado
''"""""" "" ¡&lt;1,. J()f;tc \1ArtlA VILLA.
0
ofrecerse como criada. Esto, no la habían u11a sola ,·értebra que abraza las dos líneas, ~1,hico delirios ·'e
u
Y ¡,ara los alimentos habia un solo conduc- el emperador romano, deseaba .que aquella á Juarez, nuc1·0 Moiscs flUC dehia humillar
reconoci,lo.
Tristísima y espantosa historia es esla, lo como Je oa solo indi,·iduo, con la dife- uarion hubiese tenido una sola caheza para á los Faraones, y conducir al pueblo mexi- 1
rencia de ~ue en el estómago se repartian ó cortarla de un solo ,.olpe.
·,Sí, de u,, solo cano á travcs de horrorosos .-neti,.ros
v de . - - - - - - - - - - - - - - - - - l\!11:,r..1¡ dice muy Lien el i'igaro. ¡!'na bija
"
"
•
CO,IANDA'\CL\ MILl1'.\R DEL DISTRL'JO
dividían
por
dos
canales
para
los
dos
cueri,¡olpe!
¡nna
sola
caheza!....
P:treceme
oír
amargos
reveses,
hasta
la
tierra
prometida
rnnEUAL.
de rey, una emperatriz!..~ Un tlia Dios la
pos, encontrándoles escremento en cada uno.: en torno mio ef grito de las pasiones mo·- de la libertad y de la independeeia. El tiCoroii,I }',en! n.ili~".-Avi,o.-:1\ecesitáudose
toea con su mano y se rndve .loca, y huye
au·,1•- I•" de que 1 n~rqmcas
.
.
ran o que se h• II aba enccrra do con sus gene- @n esta
Otl ·a cosa m•s
" est,·aord,·nar,·a
que condena y m"" Jd 1·ce 1111• le,ioua· Fi,;:.i;-:ilía ~itunda e11 dicluComandancia úh Jo,.
0
•
, •
, CC. José Zepeda, ]&gt;edro Torres, Quirino P~o _eco
de la casa donde puede mandar como reina,
•
l corre á ofrecerá un cnmpesino sus servi- un cuerpo no ten,a corazon, sino que estaba je, y apela al derecho divino para acusarme rales y adeptos en su palacio de llcx1co, y José ~L Ceron, ,olclndo, que fueron dd reg,mienpcgado con el otro, y formaban como una de profanacion sacríleii~ "de in&amp;nltos á un sentia..ya el eco '"°"º Y lerroroso &lt;le aquellas . to ,le cnhnll~rfo ,lcl ll~u,nclo im,r_erio, l'º"" la pnlctícios como criada.... ¿Quic'n dejará ele comu
J
:FJ .~.
. •
. .
1ca du una d1h~enr1n Jttd1ewl, (! 1gnoramlose Sll pAubrc
de,
cabra.
Tenia
mas:
los
omóplatos
de
muerto
real.
Pero
callad,
ilusos,
que
yo
t,·ompcfas
de
la
¡usl1c1a
dmna
,¡oc
lucieron
j rnd•·ro, se tes cita por ,1 pre,ente ,¡ fiu de qu, compa&lt;lecerse del lamentable estado, no solo de
1
u11 cuerpo estaban bien formados, y los rlel 110 ')lncdo falsificar la historia para h•lagar desmoronarse las murallas de Jericó.
parez,·nn n, rliclin Fiscalía militar, en el término ,lo
1a que ha sido soberana de un pueblo, sino l
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I
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d
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ocho
,tl:ms rn!1tn~los 1k:idc l.1 f1.:cha
0
n c1cclo. osuc a\a11z,11J,1 de 1 J:;o del
).lt.:xico ;\o,·icmbrc 2 de 1861.-.lfanuel R . .lllde la desgraciada ,iuda, de la noble señora? ro un1&lt; os rncicn o uu nangu o; bU co 01· ,,uestro estúpido amor propio, ní i1n-emar
¡Quiera Dios que el Fígaro ha) a sido mal en- es blanco con una mancha café en las ore- sucesos de novela, para atenuar la enonui- Norte h:ícia el interior de la Rqníblica,) """'· - - - - - - -- - - -- - -·
jas, y muy bien cubierto de lana."
dad de los delitos de ese pobre príncipe, cada paso suyo era un tl'iunfo, rada é1a1ia, 1ALJ;11::-;1srn.,c1O::-; DE l\ll::IT.\S ~rn;,1c1rAr..ES.
terado!
[,IJouitor.]
.......'!""'!""'!""'!""'!""'!""'"'!"""'!""'"'!'!""--~.'!!
- -.•- lÍCtima de ambiciones cesáreas. de 13tales una conquista gloriosa que alcanzaln111 :s11s / El dia 31 dél prVximo p:i«::Jo Octuhre Se .L'lt.rn~iú al c ..
. .
,
¡ \'irente Fe-1·11midt&lt;r,, cobr.1,lor do t'8i.l ~Iumcipal1&lt;lad, un
EL CADA VEI\ DE M\XlmL! •\NO.
VARIEDADES
◄
•
crrorc~, y de un cruclisimo destino. La tum- arma~ cnntia los :1postat 3 s ~ los lrnncescs . . mau,fan1iento mu~•a&lt;lo con et míroero 154, ror valor d1;1
ha es una arca. sagrada a.nte' ta cual se in-, El imperio retroccrlia ri.lpidamenle, pero de- ct111trodc111.011 n:intisci• ~'80l!t1t"&amp;:nt:1 centa\·oay 111.:1mtay
Sabemos que al fin el conde &lt;le Beusl, miBKNITO JUAHEZ.
.
1 hOmure
,. serisato; ¡)UO 1a \'I'&lt;l a pu"bl"1- J·~rndo rastros de s:rna:re,
l1uesosde mártires, ~
ntl6\'C¡&gt;f"90llno\'elltaroclio ccntill-'06 porrecargosyguni,tro de la casa imperial de Yiena, ha pec l103 e
..,
do cobr.1177.ll, ú enrgo de D. Cirilo Gomez .Anny:i, por
C
Continúa.)
ca
de
reyes
y
ciudadanos
pertenece
tot.la
encenizas
de
pueblos
y
ciÜdades.
En
sus
&lt;lera,h,u,lo
J,.1 ri_-:;ua. qu~ disfruu tacas., núm. 4 do la callo.
dido al gobierno de la República el ca&lt;l:il'er
[Yéuse
el
n1ím.
46
de
nuestro
Diario.)
lera,
en
sus
detalles
,,.
en
su
con¡'unlo,
á
la
rotas
no
aprcmlia
sino
á
ser
mas
cruel
y
de
l\lt.
&gt;
dina,.
f.o que se a,·i9;1 ¡mra hmligencin del dt!udor,
&lt;161 archiduque Maximiliano, su¡,licando sea
J
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~ p.ua ,¡ue si se le proseut.a otra perBOm1 que uo ,ca cobrador
l de e-~t..l oficina 110 1mtit1í,1gn •u importe, pueo la AdllliPi.-~
Los franceses y los traidot·es se reunieron crítica imparcial de la hisloria, al juicio de .s:1.nguinar10.
entregado al almirante Teghctolf. El gobier·
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uo pn.s:1r:í. p1Jr dioho pngo.
no ha acce,lido á esta peticion que ha veni- despues de su efimero triunfo para celebrar 1a mte 1genc1a, a omm,o e a 1scus1on y
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",:100~,o\·1em re 4 e 1867 .-.ran11eon
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¡insensatos!
que
no
do en los términos debidos, sin herir en lo
de la publicidad.
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coulra aquella interv~ncion jnícua. :'iapo- ce. Rcd,e10,·« del Con&lt;in.,,,al.
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GACETILLA.

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ANU~CJOS.

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1

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L

246

247

-Si, tia mia.
-IIabeis hecho mal; replicó la marquesa
con tono brusco; senaejante aviso equivale á
una cita, y así es sin duda como lo ha interpretado Moreal, pnes que tambien ha estado
en la ópera.

A pesar &lt;le su firme determinacion de no
dejarse tratar como una chiquilla, Enriqueta
bajó la cab~za porque no pudo dejar de conocer que habia cierto fondo de verdad en la
reprension de su tia.

•

-Y pues hemos tocado este punto, continuó lo marquesa redoblando su gravedad á
medida que notaba la turbacion de su sobrina, creo de mi deber daros algunos consejos.
Moreal es el amigo de vuestro tío, con cuyo
titulo sofamente ha sido recibido en mi casa;
es pues inútil advertiros que cometeríais uua
inescusable indiscrecion si de una manera ó
de otra le diéseis derecho de suponer que
abrigábais respecto á él sentimientos condenados por vuestro padre. Estais muy bien

cia de gastar dos horas para hacerte confesar
una cosa de la cual estoy seguro.
-¡Seguro! dijo Enriqueta, cuyos o¡os ~e
animaron.
-No te enfades, y sobre todo no acuses á
Moreal; no es él quien me ha dicho que tú
le amabas; el pobre muchacho es demasiado
discreto y demasiado modesto·-····
-¿Pues entonces quién ha podido decíroeJo? preguntó Enriqueta con aire confuso.
-Tú misma.
-¿Yo?
-Sí, 6 mas bien tus miradas me lo revelaron ayer cuando viste ~ntrar á Moreal en el
salon.
-Eso es terrible, dijo Enriqueta ruborizándose de nuevo.
-Sin duda, replicó el marqués imitando
la voz de su sobrina; es terrible el tener ojos
'I ue guarden ttm mal un secreto. Ya ves que
lo sé todo; con que puedes sin inconveniente
hacerme tus i&lt;on6anzas, y para principiar, dime, ¿qué te ha dicho tu tia esta noche?
Animada por la bondad que se manifestaba en la fisonomía y en el acento del mar-

•

cidido que en adelante no halle en mí sino
un tio inexorable; pero no sucederá lo mismo
contigo, mi querida sobrina; yo sé que tú no
me enviarás nunca cuentas que pagar, aunque en cambio tendrás alguna cosilla que pedirme.
-¡Yo, tio! dijo Enriqueta sonrojándose al
pensar que Moreal era amigo del marqués.
-Tú misma, sobrinita, replicó el viejo con
maliciosa sonrisa\ y tu rubor me está dioiendo Jiue no me he equivocado. Vamos, vamos,
estamos solos, y veo que no tienes gana qe
dormir. Cuéntame todo lo qno haya; no te
rei'iiré por eso. ¿Amas á Moreal?
Enriqneta bajó los ojos en lugar de responder, porque si las severas preguntas de su tia
habían escitado un instar_te su valor, el acento afectuoso del marqués acababa de devolverla toda su timidez.
-Conozco, replicó el viejo, viendo la turbaciou de su sobrina, que una pregunta tan
seria debia ir &lt;l,l)ompañada de toda especie de
precauciones oratorias¡ pero la maldita vivacidad de que te hablaba hace poco me ha.hecho pasar por todo. No he tenido lu pacien-

•

•

1

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--

250

231

ta en ello; hasta entonces debo conformarme
.
.
con sus mtenc1ones.
Enriqueta permaneció un momento silenciosa, con el corazon atormentado y los ojos
humeclecidos.
-¿ Y si obedezco? dijo al fin ella, ¿me pro- ,.
meteis romper este matrimonio?
-Os prometo al menos emplear todo mi
valimiento para conseguirlo; y para daro~
desde luego una prueba de mi buen deseo,
os aseguro que desde hoy no recibiré mas á
Dornier.
-iAb, querida tia! con tal de verme libre
de ese hombre insoportable, me someto á todo cuanto querais.
•
Desde el dia anterior habia decidido la
marquesa que en ateocion á la falta que habia cometido Dornier, no era digno de ser
admitido en sus salones; pero por una especie de engaño que no pudo comprender, Enriqueta atribuyó á d,seo de complacerla la
resolucion tomada por ia marquesa.
-Al fin estalllos acordes, replicó ésta oon
una sonrisa que hasta entonces habia estado
lejos de su fisonomía. B11enas noche~, sobri-

na. A vuestra edadael porvenir es muy largo, )' espero que con paciencia conseguireis
ver satisfechos todos vuestros deseos. Entre
tanto y á pesar del papel de Mentor que de,
bo representar cerca de vos, estad segura do
tener en mí una amiga sincera.
La marqpesa dió un beso á su sobrina en
la frente, y la despidió cou aire de afectacion
tan bien representado, que Enriqueta en la
inesperiencia de su alma se clejó alucinar
completamente por aquella hipócrita.
-Me engañaba, es en vPrrlad muy buena,
dijo Enriqueta al salir. Estoy segura, que
le ha costado muqho el afligirme, y para que
ella me prohiba presentarme á Moreal preciT
so es que haya en ello algun inconveniente;
sin embargo yo no le alcanzo.
A la idea de verse nuevamente separada
del vizconde, sintió Enriqueta correr algunas
lágrimas, contenidas hasta entonees por la
presencia de su tia; pero estas señaleii de dolor tuvieron un testigo con quien Enriqueta
no habia contado seguramente. Para diri,
girse ú: su aposento desde el do la marquesa
era preciso atra,·esar &lt;los 11alones, y siendo co-

.

educada, y no creo que tenga que temer respecto á este punto.
Enriqueta levantó la cabeza, y fijando en
gu tia una mirada que descubría mas inquietud que temor:
-¿Querreis que yo me case con Dornier?
le dijo; yo me habia lisonjeado de en eón trar
en vos m1 apoyo.
-¿Contra vuestro padre, señorita? no lo espereis nunca.
-Contra mi ¡íadre no, sino cont'ra eRe hom,brs aborrecible que quiere que yo sea su es·
• posa.
-Ahora no se trata de Dornier .• , .
-Al contrario tia, de él es de quien se trata; esta mañana me ha dicho mi padre que
me encerraría en un convento si no consentía
en este matrimonio.
Por un instinto verdaderamente femenil
Enriqueta habia suspendido la discusion. La
marquesa reflexionó un instante, y tomando
en seguida un tono mas dulce le áijo:
--Escuchadme, Enriqueta, soy vuestra tia,
ú mas bien vuestra madre, y no deseo otra
cosa que probaro8 mi cariño, siempre que o~

..

1

ll

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•

¡

•

, .

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•

cion que cilistinguia á su hermano, Enriqueta respondió sin titubear:

•

•

.-

.

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EL FERRO-CAlllllL.

1

Este pl\riódioo SP.rá de mas rednridas dimensiones, bajo un ¡,la,, análogo al del Vapor.

P1mcro:

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•

'.

1

DOtl 011&gt;1TAVOS CADA NUMERO,

OBRAS POSTlJMAS
DE

Comenzará á pubticarse, tan luego como. el
editor reciba la imprr.nta, qneeslá ya eu cam1110
&lt;le Vera.cruz á esta ct1.pital.
.
Avisos v suscriciones se reciben en la. lilog'ra I
fia de ..[, Ítivcra é Hijo, caílc del Coliseo mime- .

i'

1

ro 4, Frente al Teatro Principal.
Uno y olro periódico ti~n·cu ya •~ontral!1das :il- ,

gnirns columnas para la rnseruiou &lt;le ,n•1:;os ex-

&amp;:::l~M::tt®~1~~n~ :¡_19:~,. f!t

trangeros.
México, Setiembre de 1~07.
Editor y Redactor en gefo.

~.1

1

it(allUJrit~t 1Wiflt

EL VAPOR.

'fRAIJUCIDAS POR F. L. L.'

PE&amp;IODlQIJ 1lOLlTICo, LITERA RlO Y :'ilEJ(b L\~T1r..

El plan Je esta pul&gt;licacion es enteramente
nuevo.
Parte política: E&lt;litori?les concisos, rróni~as
extensas y variadas, laboriosas correspo11Jenc1as
t:xtran~tE.s, ele., ern.
. .
literatura, ciencias y artet-: Not1ct:1s de los

últim9s desr.nbri111ie11tu~e11 todo~ _los ramos, pro- ¡
yt:ctos para i~1porta: todo lo uttl y &lt;les.arrollar
nuestra industria fabril y manuÍ:HHurera..
. , I
Mejoras materiales: Obras tle benchccnc1a e

•

instrncción ptíblica.

Parte merBSntil: Auencia coulidencial y pÚ• .

Los e,i11tladan1os tlis¡auestos ,í ilnstra1· s11 c1·iterio, los 1,ad1·es tle familia.
y los 1•rece1,tores aaasiosos de dar l11z y 1•azon á los 1·etoños sociales, ha .
ili1rá11 c11 1,, obrita, a111111ciada 1111 eo111ple1uento ií s11s deseos.
Se ex1,e11tle e11 la Llb1·ería Jlexic.ana, esq11ina del Refugio y Lel'do, y en
la tle :ig11ilar, J.a e,tlle de S,111to Do·mi11go 11í11n. 5, á tJUATRO llE1ilLES
el eje111¡1lar.
•

blica anexa á la rcdaccí'on del rapor, Avisos cu
inglé~, frances y espaiiol, a ¡u:ecios ~núdiros.
Tarjetas &lt;le fletes, no~as de cqmlnos. '1 ~das las
nnti9ias que puedan rnteresar al coi~1crc10 y al
público. Empresa de eorreos tle lá crndad, nien
sngeros y expresos, establecida por la misma redaccjou. Agencia &lt;le nel!ocios judic:ial~s, ~ara ln
que se cueuta con abogados de gran celebn,dad.
Este períó&lt;lico ap·arecerá tan luego como pa~ea 1._ _• _ _
las cue.stiones de actualidad que ocupan Ja aten- I
cion pública.
. ,
Por ahoru ~e reciben avisos y suscr1c1011es en
la lilografia de Ri,·era é Hijo, calle ,lel Coliseo
núm, i, frente al Teatro Principal y tm los e!lta•
dos, sus corresponsales.

l

1

,.

PI\Oft;8Oll
DE LA ACADE!IIIA OE BELLAS ,111n,s
DE SAN CAlll,OS,

LA G-R~~Nl)E Y NUI~Vit CA~íISERIA

Tiene el honor de avisar al público,
haber abierto un taller de grnbaJo en
el que se ejecutan toda clase Je obra8.
Eh el grabado en huE&gt;co ú de bn.10 re.
lieve medallas, timbres, botones, camafo~s, ,;;hapetones y lo relativo ~I
ramo de joyería: en el grubaJo en l::·
mina, estampa~, re.tratos, títulcs, d1plomas,tarjetas é iuici □ les: en el grabado tipográfico, sea en metal ó madera, sellos, viñetas, puuzones, y eu
general todo lo relativo _á estas especialidades y á las obras tl ustradas.
·MéxMJt&gt;, Octuure de 1867.

I'

11/~dias, Cuellos y p1tfi.os postizos, (/uantes de cabritillct y todcts clases, Ccun·isas de franeln de todos colores,
Ligas, .~Iancuernas, .P-istoles, Sombrillas, Parayiiitcts; .Pañuelos, Jfascad&lt;ts, Bandas l·isas y bordadas, 'Alanyas y puños ele lana, Bufandas, Plwits y otra infinidad de artículos concernientes á este ra1no.

1

general, para que los uhunuos q.ue qu1ernn Se~u1rlas,
ocurrau iumt:tli;llnmentc a matrwularse t:U la ~ecrt:·
tarfa de esta Acadérnia; lo t¡m: poddn hacer tutlo~
los dias de nueve 6. doclj dQ la rnaiiauu y de tres· a
cinco de la tnr&lt;le; advirtiendo llllt tambit:u qucdnn
abiertas de.:;&lt;le hov la~ chises uocturnas pura a1-tc:sa•
no~. y que no se i1aga cltréc.ho ele matrícula ni pcu.i,iou alguua.
.
.,
_
,
Secretaría &lt;le la .Al.'aJcnud ele bellns .-\rtes tlc Sai:11
CÍlrlos. México, Octubre 7 tic lSBi.-Ja,é ,lf.
.l!'lort1t1 Verdad, secret,11fo.
S-S
Uabiendo traspaendo el que suscribe, I¡¡ Alacena
y ·sedería L.~ PERLA 1 situ:td:~ en el vo_:tal _tlel Refu.
1
gio, y sabedor de que d anl1guv 1.hicno t1i::nt.1 algl~ua8 cuentas pendientes de pagcJ pone eu d co11oc1-·
rn'Íento de toda!! eistas perwuas 1 que no es respon•
:mble de uinguu crCLlito ~ea adivo ni p::~::.i,o y qu~
por consiguiente tot1o aquel c¡tte 10::1 tuner~ p0t!rn
entenderse directa111e11tc cou el :j1·. U. Alt·Jo ílrmgas, n,siderte cu Cuautitl,rn eu la 'l'i~udu lla11rnd.1
de la .Ucauc\a.-~h'xico, Ottulire
J81l1.-.l/a- ,- nut:l C~t,,o.
t

• 1

Uuica casa en ~léxico que puede ofrecer al público un Yerdadero y conipleto surtido de Camisas;
Calzoncillos, Ccilcelt11es, Cantisas, Co,rbatus, Fundas de almohadas, Toallas, Sábanas, 1llanteles, Servilletas,

1

ue

.'

ESQL11~A HE Ll PRUIER,\ CALLE DE PLATEJlOS Y ALC.\ICEIUA N. t.

ACADE~lL\.NACIO::HL DE BELLAS ARTE::t
DE 6.1...i.~ CA.ll:LU::3 .

,.

••

TITUL.\.D.\.

1:1,.

Habiéndose organizado qcfinitinuncute hi:! clas~s
que se &lt;lttu en csla Academia, ~e pone 011 c_ouoc1miento del público, por di::ipo:!kion ~el U. U1r~ctor

1

-YA ·SE ABRID

SEBASTlAN C. NA VALQN,

CoLI$EO nEJO N(~I.

Plateros Jr Alcaicería.

Gran surtido de ROP,A INTERIOR. PARA SE1VORA.
Se hacen c:unisas SOBRE JIEDTDA, lo 1nisn10 qne calzoncillos y ca,nisetas interiores.
Participa1nos al púhlico, que recibiendo todos nuestros Héneros de Europa, podemos ol'recerlc un surtido de 9éne1·os blancos de lino y de algodon, que venderén1os variados á precios sumamente vent:1josos.

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{J:J" ,\. los compradores por mayor se les hará una rebaja considerable . .Lí)

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~léxico, Sctie1nbre de 1867.

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.Plateros Jr Alcaicería.
Editor n•spQ1hnble, ~I. 1:.crti.-lmprrnta &lt;le Lm:1, cnlle Je la l'.ilurn

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•

•

mo era pasada ya In meJia noche, 110 cre,ia.
encontrará nadi~ ,;n ellos; pero júzguese de
su asombro cua11do al entrar en el segundo,
se vió sorprentlid,1 por su tio, que sentado
junto á. la chimenea narecia ocupado en leer
los periódicos ele la noche. Al ruido .que hizo abriendo la puerta, vol vi6 el viejo la cabeza, y la significó por sef,as que callase.
-Te espera bu., lu dijo á me,lia voz cuando
estuvo cerca, y veo t¡ue he hecho bien, porque e~tás llorundo.
-No es nada, tio, respomliú Enriqueta
llevando la mano ú sus ojos.
-¿Cómo que lit) es 1rnda 1 replicó el marqués eon viveza; es mucho, muy irlucho, porque yo no quiero qtie mi sohr111a teuga disgustos. Escúchame, cohtinuú bajando mas
lu voz; siéntate aquí junto á mí y toma la Gaceta; si tu tia noR 8orprende, la diré que si 11tiendo mi vista fatigada,
he suplicado que
me leas las noticias del estranjero. Será una
mentira, por&lt;J_ue gri1,cias á Dios tengo lmei10ó!
IM ojos, pero esto toca ú mi conciencia.
Enriqueta mir{, á su tio con ~sombrQ, y
tnmó el periút.lico qne la presentaba.

111friugiú Enriqueta una de las prínrnras regla~ de educacion.

•

---Sí, le amo, respondió con tono firme; sé
muy bien &lt;J_Ue no puedo casarme con él ~;u
el consentimiento de mi padre; y aunque fuese po8ible no lo haría; pero sé tambien &lt;J_Ue
no amaré nunca y que moriré antes de consentir en ser la mujer de ningun otro.
-Própósitos de muchacha, dijo la marquesa afectando una indulgencia irónica; no se
trata ahora de morir, sino de rompei- un casamiento que os desagrada; para eso es tireciso tener juicio y no faltar al respeto que debeis á vuestro padre. Y como me es imposible negar la entrada en casa á ui1 amigo de
mi marido, á vos toca evitar las ocasiones de
encontraros con él. A vuestra edad aun la eclncacion n@ está del todo terminada; así pues,
cuandó él venga, podeis dejar. el salan sin
que lo üoteu, con pretesto ele dar alguna leccion. Espero que lo hareis.

te

.(

--¿ Y no podré verle mas? esclamó la jóven con voz alterada.
-N'o, ú menos que vuestro padre consien-

•
mostreis digna ele él. Ya comprendereis que
no puedo ni debo permitir &lt;iue desobetlezcais '
(i vuestro padre; es preciso pue, que me prometais no mirar mas á Moreal sino como un,
e8traño, y con estR. condicion, supuesto que
el matrimonio con Dornier os repug1\a, no rehusare el hablar á mi hermano; acaso mi súplica pueda.influir en ·s u resolucion.
-No lo ducleis, ~ia, esclamó Enriqueta.
•
con vehemencia, mi padre tiene con vos, mu- ·
cha consideracion; decidle una palabra, y me
he sal vado.
--¿Pero saheis con qué condicion diré yo
esa palabral
Enriqueta tomó las manos de la marquesa,
y dirigiéndole una mirada suplicante:
-Querida tü1, la dijo con dulzura, ¡seríais
tan generosa si me protegiéseis sin condicione~!
-No, no seria generosa, seria imperdonable, respondió la marquesa con aire severo;
me olvidaría de mis deberes. Pero ¿amais á
Moreal? añac;li6 con acento que revelaba el
disgusto de una rivalidad secreta.
l'or segunda vez durante esta couversacion

•
'

.

•

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>tJn rntn a
PERIÓDICO l l BERAL,

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1NDE.PEN.DIEI\ITE y RADIC~L.

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vi/iza l' ennoblece, )' rl:ín,lq_le itleas d~ lo be- !je arrebalado poi' sus locomotoras, c¡ue con/1,, lo prPpnra para lo nobl~ ¡· lo grnnrl~.
temple sus palacios.
Este periódicQ st; publjrnmí. to&lt;los los dias á lns siete
Los comuuica&lt;los y avisos se insertarán con ln reLa cnstumlire de ,·er ¡rnlacios hace al laSi alguno lil'ne una gran idea
los be&lt;le la mañanA, except.o los hínes.
bíljn ele uua enarta pnrte ele lo que cualquier otro brador mrjnrar la estruc111ra de sn choza; la / duiuos, que l'ÍSite sus chozas inmnn,Jas y
Los snscritnres lo rrcibinín en sus cas:rcs.
periódico lleve por su publicacion.
faci/irlad de ,·i;1jar c6modauwutc y por poco I perderá las ilusiones.
El precio de spscricion serli. un peso mensual, y
Lns suscricio11es, comnnicatlos y annncios ~e reprecio en f'erl'Oc~rril, quitará á nuestros 'inEs, put•s, necesario para la riqueza del
para los femíneos diez reales, !'ranco de porte.
ciben e.u la rP.daccion y aclministracion del Co,,t.i1
Cndn número suelto vnle me&lt;lio.
""tial, calle de Snn José el Real nÍtm, 21, y eu Ja dios la eoslumhre semisa/yaje &lt;le servir de ¡in,•lilo, 1w1·a su bienestar y para el orgullo
A los repartidores se les dará ó tres pesos el Librería del Sr. Aguilar y Ortiz, calle 1~ de Sama acémilas rle c;¡rg~; y Pi goc,!, en fin, de -la nacional :llenúer todos los 1am,is da/ adelaol'ida cil'ilizada los hará moraliza,los y traba- to material, con lo cual conseguiremos des.
ciento.
Domingo ul,m. 5.
jaúore~.
arrollo coo,crcial, anme1110 de civilizacion y
_,
Serlatlo. pues, que todo lo ¡¡ne se baga respeto en el extranjero.
,t
para ml'jnrar la condicion física del país, no
MANUEL Lól•Ez MEoQUI.
NOTICl'l DE LAS ENTRADAS Y SALIDAS DE CORREOS EN ESTA C~PITAL
seril ¡,t·rdido, r,·sla saher á l]lli' clase de lllt'ENTRADAS ..
,
joras rl,•IJe darse la prcfc1·e11ci~.
LUNES.
VIERNES.
DO~UXGU,
¡ lllERCOLJ:.!S. J UtV.ES.
SABADO.
Dificil nos parect'ria iudicar hce,.1adarnen111,ISTEl\lO O!s FÓM.f,l'n'O, COLO'.'&lt;IZACIOll, L'i'Puebln.
Puebla.
11ebl11.
Puebla.
Pncbla,
Puc.bla.
Pn~bla.
le si t¡n erriamos ver antes llevarlos á raho.
ntstlllA y com:11c10.
Oriz:uva.
Oriznvu.
,Ju]:1pR.
Onxaca.
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Có.rdoba.
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Cór&lt;lolia
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S, Luis .Potosí. 'l'oluca.
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Jgnalme11te pongo en el co11ocimicnto de
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P. Matnmoroa. Morelia.
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Jalapa.
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Orizo.va.
Jalapa.
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C,ídobo..
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A.pizaco.
Veracruz.
Apam.
I'
para lJUC raje y recoja la leña que producen
Veract·uz.
.(1\.plH7.~Cd'º ·1
ºª'""ª·
u. Hi&lt;lals::o.
c. Hidalgo.
Apiz co
UP3S tienen que ser obra ,le! a:obierno fcdeSpnm,
;. , , go.
""
' ·
Ap1,neo.
P•chu,...
Apam,
Pachn,..
Pacbuca.
c. Hidalgo.
ral, otras de los Eslados Y otras de los ayun- los árboles ticCos y lo~ que perjudican á los
{:. llldnlgo.
1'1tlancingo.
Apizneo.
Tulanciugo.
Q111:rétnro.
Pachuca.
nuer;11ne11tc plautados.
Parhui•a
Qucrétnrn.
C. Uidulgo.
Querétnro.
S. Luis Potosi.
"
Tulancingo.
tarnientos.
Qurrr.taro.
Gua&lt;l:ilajara,
Pach11ca.
Guadal11jara.
P. Matamoros.
Quen!taro.
Espero se sina \Id. úecirmc lo que debo
S ¡ 1• P t ' Zac,,tecas.
Q "t
Zncoteca,,
'l'oluca.
Guad,lajnra.
La co11clusion del camino de fierro de Vep~ l\; ~~am:::;: 'l'oJuca.
i:/f~~tr¡~tosí. 'l'oltw11.
CmrntlaZm;at,.mas.
,
.
.
hnc•¡•r con la leila acopiada, y si tlel producTolnca.
~torelia.
P. Matamoros. Morelin.
i'l'olucn
racruz a la rap1tal, \' $11 prolo11gacron hasla
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e ueniavacn.
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111, e e a ¡mee. o, m1·er1u· una parte en a cou,Cuautla.
Cm:runvncn.
'l'olnra.
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[U) puerto tl1•l P::1eificu flS sio duda una de
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C11811tln.
( Ht'rllU.\11\l':"I.
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f1rn de IIIIC\'OS arbole-s para reponer los que
las olu·a_s rn~s unportantes; 1mas cuando nues- ¡ se \'ai·a u deslruyc;i&lt;lo.
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tropeo si el camino es bneuo y el que ca- 11'3 ca¡ntal lucra el c~ntro de 1m1on y el pun.
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lo de ri' 1,isn de los l'Ía, ros uel Oriente . llelrwon de los traba¡os de construccwn y re'
mma a pie ahorra cansancio Y tiempo.
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Jliiracion ejecutados t11 las culzada&amp; de JJc1
Vu hermoso edificio, un lindo paseo, Jo ,del" Occideutr, necesll~rii tSlar ncamenle
ltm it 1iic,,t,aya, y de la Ennita á la LaMEJORAS MATERIALES.
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la
del
eugalanada
para
recilii1·
á
tantos
extraujeros,
dril/era,
e11 la sen,a,w del 21 del act-ual á
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Disienten los &lt;liversos sectarios sobre cual m1s1110 ,,a aga 1a vis a e rico que
1" "e 1w.
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pues
va
que
la
Jlroviill'~la.
en"3stó
en
un
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se3 la mrjor religion para ganar la ,·ida eterna. pou,-e, el nusmo senllm,.,nto de- e-rgullo nad
ot
~n
li11dísimo
ralle,
rodeada
de
lagos,
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.de bos, t:.\LZA.l&gt;A OE _nELE~ _i TACUIi.HA.
..
Difieren los políticos sobre /11s sistemas c1011a 1 pro uce en uno que en ro un g1.
ques
y
de
monlau:is
nel'adas,
no
es.
¡usto
que
I·
rente
á
la
garua
se
hmp10,
desempedró
qu,i han tle engrandecer á los pueblqs. Dis- monumento.
1
se ¡u·esrnle sucia y 1/esa/iíiada y como indig- y ern¡,c,h'&lt;i de nue"o un t~amo de 128 meputan los militares sobre la manera mas acerEs pues claro qoe las mejoras materiales
na de .ocupar tan distingnida posicion.
Iros c11adrados.
son del gusto de todos, y que por consitada de degollar al p1·ójimo.
El actnal municipio parece teaer el deEn la misma parte, al Sur de los a,·cos, y
So$lienen unos escrilore&amp; el género clási- guieute á todos h,, ele agrádar el ,¡ue las em- seo de embellecer la rinda&lt;l, nrns hasta aho- , pura concluir ia alcautnrilla comenzada la seprenda en mayor escala.
clJ, mientras otros están por el romántico.
ra solo lo ha demostrado con la apertura de ,11ana anterior, se coutiuuó la aperlurn de la
Todo
el
inundo
recurrda
con
placer
al
Sujélanse, en fin, á d'iscusion leyes, costumnueYas cnl'cs: no ha de ser todo en nn dia; zanja e11 una e~tension de 8 metros ele lonprimero
que
dota
un
pueblo
de
alumbrado,
bres y modas, aprobándolas u11os, desapropel'O quisiéramos ver comenzar alguna obra gitud, por 1 metro de anchura y ·J metro de
bándolas otros; pero nadie pone en duda r.i al que establece fuentes públicas ó hermo- de embellecimiento que marcara con sello profundidad, se consttui·ó la mampostería de
desaprueba las ventajas que prodncen los sea las ciudades, aunque para emprender in,lelebl~ la época.feliz del renacimiento de 8 metros de largo, siendo las citarillas tle 16
canales navegables, los buenos caminos, los estos adelantos no se necesite ni la elocuen- la República.
metros de largo, O metros 2 centímetros úe
cia
de
Ciceron,
ni
él
valor
del
Cid.
puertos seguros coa cómodos muelles, el
La historia de los pueulos, mas que los li- espesor, y O metros 17 centímetros a/z:1da;
l!umento de fábricas, de talleres y de cole- ·Preciso es conocer y confesar que la ma- hros, la relatan las piedras. Ellas tienen nn se construyó la bóveda de O metros 4 centígios; y es que las ventajas que producen son yoría del pueblo en tocios los países se ocu- lengunje uni1·ersal que de todos es compre11- metros de flecha; se macizai•on los laterales;
de todos los dias y están al alcance de to- pa poco de adelantos intelectuales, pues su rlirlo.
se formó un arroyo de 20 rneu·os de largo,
(!os, y que lo mismo las obtiene un rico que vida ruda de trabnjo y privaciones no le perSi alguno duda de la grnnrleza de la an- O metros 5/i cenlímclros dé anchura, comun pobre, uh disc1·~to que un rústico; por- mite alejarse de los objetos que -lo rodean; tigua Roma, que l'isite su~ carcomidos mo- prendiendo la plantilla y citarilla, que tiene
que todos en su esfera están en aptitud de mas el goce de los bienes materiales, el aseo ~umenlos y callará mudo de admiracion.
O metros 4 centímetros de altura; se macizó
-a[JrOvechar sus beneficios. El rico que via- y elegancia de las ciudades y la comodidad
Si alguno cree qne Inglaterra no es un una Cúladera de chiluca.
ja en espléudida carroi.a erila vuelcos y es- para trasportarse de un punto á otro, lo ci- •gran pneL/o que 1•i,ite sus labricas, que víaSe desempedró y regularizó el terraplen
CONDICIONES DE LA SUSCBIC~ON.

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COI.e.REOS.

.SECCION OFICIAL.

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EDITORIAL

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para recibir el nuevo empedrado en una su•
pe:·ílcie de 396 metros cuadl'ados.
Revestimiento, Se hicieron 170 metro~
de largo por 8 metros tí centímetros de auchora, y O metros 1 centímetrn de altura
mediJ,
CALZADA DE LA EHMITA Á LA LADRILLEnA.

Se terraplenaron 90 metros ele longitud
por 12 metros anchura, y O metros 6 centímetros de allura en el eje. Se continuó
abriendo la zanja de desagüe en una extensioo de 70 metros de largo, poi· 2 metros
de ancho y 2 metros de profundidad; en '"
parte o¡mesta de la calzada se amplió lazanja del potrero en una extension de 110 metros de longitud, por 2 metrós &lt;le ancho ~
O metros o centímetl'os de profundidad. S,·
hizo un rebajo de 50 metros ele largo por
O metros o centímetros de 3ncho, y O metros 2 centímetros de altura: todo el material producido por estas obras está sirviendo
para formar el lerraplen de la c:ilzada.
México, Oetubre 26 de 186i .-F, de P.
llé1'1·era.
Son copias. México, Octub,·e ::il de 1867.
--F. D-iaz C.

INTERIOR.
MANIFESTACION POPULAR.
El sábado, en las primeras horas de la noche, el club de los Artesanos se reunió e11
gran junta en el salon del loslitulo, y po.,·
unanimidad proclamó benemérito del Estado
al C. general Corona. En seguida varios.gallos recorrieron la ciudad con hachones y
músicas basta mas de media noche, reinando
en esas manifestaciones el mayor órden, se,
gun sabemos.
lié aquí la alocucion pronunciada por el
presidente de la comision encargada de pre~
sentar al C. general \Corona la resoluclon de
que hablamos anteriormente:
"CIUDADANO GENERAL;

Los artesaaos, esos ciudadanos laboriosos
y patriotas, que en medio de fos mas crueles escaseces, aman á su patria y á lo, caudillo$ de la independencia, siendo los primeros en empt;fiar las armas cuando se trata
de defender las instituciones republicanas y
las libertadPs públicas, apl'eclan y admiran
debidamente las virtudes y m~tilos de los hijos del pueblo, que como vd., ciudadano general, hao sabido luchar y vencerá los ial'asores eslranjeros, y aquellos malos mexicanos que unidos con ellos, trataron de imponer á nuestra patria un yugo tiránico.
.Persuadidos, por otra parte, de que la
honradez y moralidad son las dotes primeras
que deben adornar á aquellos ciuda,lanos
que se encuentran al frente de los destinos

•

}

/

1

265

268

25i

tension de mis alas; hé aquí por qué desde el
primer dia sé han sublevado contra mí toda~
esas vanidade~. Dornier tiene razon: ¡la mu,
Jeta de San Sixto Vl ese es el verdadero apo,
yo del hombrn político. Y o debía haberme
mantenido en la oscuridad durante algun
tiempo, y no haber escitado esas misera~
bles pasioncillas. Cómo ha de ser; haré el .
muerto un mes ó dos, pero mi resurreccion
aerá terrible.
La segunda causa á que el dipµtado habia
atrihu ido su derrota, ademas de la primera
que dejamos esplicada promovida por los ce,
los de sus compafü¡ros, era la inesplicable des;tparicion de Dornier.
-¿Qué le habrá sucedido? se preguntó
veinte veces, ~in hallar ninguna respuesta
que le satisfaciese; no, no es porque yo lo haya necesitado, sino porque ...... en fin, en una
circunstancia capital como la en que yo me
encuentro, desea uno hablar, desea uno conversar con un amigo verdadero. ¡Amigo verdadero! ¿quién me asegura que él lo es? S\l
incomprensible coud u eta me est(I dando qe-recho pan dudarlo.

pues de su ridícula aventura del sálmclo es
µn hombre á quien naqie querrá trat&amp;r/
-¿Por que no se ha balicjo? e)l:clnmó ¡il cliputado; á mis ojs no es e$a su m:iyor falta.
-¿Teneis tambien otra de que acusarla?
preguntó la ¡narquesa con tono Ü¡sinuante. '

pondió Enriqueta intentando Fetirar, sus mas
nos; perq el viejo, divertido con esta espresiva p:.ntomima, las estrechó entre Jas suyas.
-Escúcharr¡e, replic(¡, aun no lo he dicho
toda, esa gran desgracia que te aflige, tendrá
sus compensaciones. Tu tia sale casi todas las
noohes, y te llevará á tertulia, á bailes ..... ,
-Y yo no b&amp;i]a.ré, ihterrumpió Enriqueta
á quien pareció desde luego odiosa la idea
~ola ,.¡,J un placer que !].o podía pompartir con
Moreal.
-;Bueno, pero vas á desesperará un b~en
mozo que yo conozco, y que estoy seguro se
creería muy feliz pudiendo bailar corítigo.
-No os comprendo.,. ...
-Supon que la casualidad proporcionada
acaso por este viejo tan malo á quien no quieres piirmit.ir que estreche tus iµanos; supon,
&lt;ligo, que la casualidad hiciese convidar á
More¡¡.l á todo.s los bailes á que tú pebes asistir, ¿qué es lo qr¡e tu ti¡¡. tendría que decirte?
--¡Oh! tio, y qué, ¡sereis tan bueno? escla¡nó la jóven estruchando contra su corazon
las manos del anciano.
,.-Qalla1 dijo é1&gt;tfl oor¡ ;l.ire de un conspira•

~Pues ya

•

se vé que sí,

respondió OheYas.
su; parece muy estraño que durante dos dias
no ha ya dado se!jales de vida el señor Dorpier. No digo esto porque lo haya necesitado,
pero estoy muy acostumbrado á sus servicios,
y como me voy á ver tan sobrecargado de trabajo, necesito un secretario que me ayude¡
todos los hombres políticos lo tienen.
-¿Pero concedeis
talento?

a Dornier

un verdadero

-No me está á mi bien ha.cor sq elpgio,
pues soy yo quien lo ha formado. A sn llega.da á Douai era muy poca .cosa; sin embargo,
debo confesar que despues se ha hecho t¡n
hombre de provecho.

•

~¿Cómo no había de progresar con tan
bue1ia escuela? dijo la marquesa que sabia
muy bien qu:e para hae~r Y~ci!ar una voluns

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públicos, y s.1biendo por esperi,mcia que esas
"A&lt;lcmas, se dieron ó1·dencs a~uí, y no I ejemplar castigo y la mas cum¡,licla jus- rri se pro1cje á los extranjeros, solo debe ,·u. el ,·alernsn pueblo &lt;le Madrid, me habría licualiclades recomendables son po,eidas en rerbalcs, sino por escrito y autoriz:1das por licia.
fijar su atencion y los demas exiranjel'Os rn 111í1 · do .1 c-n·ibiros en lo parlicular como lo
alto grado por el irrmaculado grfo d" la 1.' la firma del gobernador J. J. Baz :\ los el ec- ¡ "Si me fuera posi~le, mandaría :í Yd. una general, en la circunstancia muy alendiwle) hic e i,111011c, ·,, manifeslándo"s mi admiradivision, cuyas sic11cs s,; "don,au corr lus in- lores, pa,·a que nombraran precisarnerrle ü coleccion de pe,·iódicos que aquí se publican. probarla de mil maneras, ,le que el gobierno cion por 1.rnlo hrroismo, mi dolnr por tanta
morcesillles l:1111·,•l,s 'conc111istados e11 Palos D. Benito Castigo para Presidente ,le la lle- \'eria vtl. q11t! armo&gt;lin ei,ire los puros, ¡cómo y pueblo de México, 110 solarne11te han si,lo s"ngre derramada. Sin embargo, mi siluaPri etos, Co11cordia, Qnerétaro y M,1,ico; los p1íblira • • Igual co~a se hizo en San Luis, y se pintan ellos mismos mrjor de lo que nos- ge11erosos con los mexicanos qu e traiciona- cion no es scrnejanle á la de entonces, como
artesonos, justos ap,·ec iadorcs de las glor-ias así se oranzó uu poco mas, pnes :i los elrr- otros pudi éran,os hacerlo!
ron :i la patria, puesto que :í 11n:1 mayoría de l:i rn rstra en nad:r se parece á la de los vanacion ales y ,lel buen oornbre de sus caut.li- lores que no vota,·on porJuarez y por lasrr·
La Orr¡tie.sta, pcriórli1'.0 que redarta el jó- ellos se les ha perdonado, y :iulrns se lcsl,a licnlcs qu e tr11ia11 qu e combatir sin armas y
llos, hau acor.lado tleclarnr á vd. beneméri- formas de la Constilucion propuestas por é 1 ven ¡,oela, literato y general l\i1a Palacio, coumutado la peuo dé la ley en olra mas be- sin recursos corlil'a las fuerzas del gobierno,
Lo del Estafo rle Jalisco, y esperan que la en la conrncatoria, se lrs llevaba á la c:ír,·el. urro de los aspirantes á la presidencia, ha di- nigna, sino qu e á los extranjeros que milita- las que dehian haberse ,liridido para prc,cupróxima honorable kgislatur·a elcl'ará csle lié aquí la cleccion de Presidente de la He- cho en su 111í111ero del sábado, 11ue: "Con ron y trabaj"ron en contra de la Hepública, rarsc en varios lugares, donde la cobanlía
acuerdo del pueblo á la categoría de dispo- pública, tal c11mo se ha verir.cado. ¿Quién r:rzon los frances~s lla111aba11 bandidos á los. se les ha tratarlo con benevolencio, di r.iérr- y el egnismo hicie,·on estér'iles nuestros essicion ll'gisl:11ira.
se atreve rá á decir· que 110 es hija ni la e~- liheral!'s." Otros, co1110 el /Jolrtin llepubli- doles: ' ·Podeis marcl1a~ara fuera del fue,·zos.
.
.
.
st
Acep1c 1·d., ciud:rdarro genrral. en c a presion libre y espontánea de la voluntad na- ca no, dicen, hablando rle u•,a supuesta expe- país 6 quedaros en éste ~, os place, con tal
:'lo esperen los enemigos de la hbertad,
manifeMaciop espontánea, el teslimooio del cional, )' menos todavía, si se atiende á que dicion austr·n-f1•an1·esa, ,le que se ha hecho de que scais neutrales en adelante en nu cs- l'et·me seguir hoy una conduela dilercnte
deber J de la gralitud de un pueblo que de- la ma)'OI' parle de los conscrl'adores no 1·0- alguna menriou, qnc ojalá se realizara para ... iras cuestione~ políticas, y por lo pasarlo, de la 1111 e m~ ha tlic.tado mi deber haSla el
1
be en gran parte el bienestar qoe disfruta, :í laron e11 las elecciones pl'irmrias, ó ¡,orqne me repu"ll0 ,·e¡iclir el fin de la frase.
quedais ,·elevados de pena."
momerrlo en que inrs esperanzas acaben de
la mornlidad inlaeh:1hle y :, l:1 espada inl'en- rstahan privarlos de hacerlo por trai,lorcs, 6
"Paraº terminar diré :1 "'.l., que el railá_l'er
"¿En que país del mundo se usa de lanta destruirse, mis dlculos fallidos )' cuando me
cilile ilel mod,s10 j:1liscie11sc, que tantas glo- porque se retrajel'On; ó ,1ue las elecciones de &lt;le nuestro amarl11 emperador está 1h•posrla- geuerosi,lad con los que han sirio enemigos veo rencitlo ,,na H•z mas.
rias puede añadir torial'Ía á los iudispulables _ electores se hicieron bajo la prrsion do las do en la iglesia de San .\11Jrés, eu don,le lo interiores y •exte,·iores, en el momento 8 ,,_
)li firmeza 110 lla11ueó ni ua instante por
lilolos que ha aleanzado de tlelensor de la autoridades locales, y diseminando los solda- han colgado de 1111 canrl,I, dizque pam que lcmne del u·innfo de ·1a patria? Apelo ,¡ la I las calurn11ias que se esparcieron errtonces:
independencia, t1t&gt; la liiJcrlad )' de la honra- dos del ejército liberal en las poblaciones pa- se seque y "•h·el'lo á embalsamar."
conciencia misma de los extranjeros, y estoy j se prelen&lt;iia q111! mis compañeros de armas
dn.''
[l!'I País de Gttadalajarn].
ra que IIOmbraran eleelor á la ¡¡rrsona deseguro qne todos, con escepcion solamente habían ahierto las puertas de los presidios;
signada, y con cuyo sufragio se contaba con
La RCfJista de Veracruz puhlica la siguien- 1 de algunos mu¡ contados que lienen 011 1110 _ se :111adió que habia entrado en tratados con
seguriilacl. Ya re ,-d . :i bulto cómo se ha te, escrito por una per.;ona imparcial:
lil'O especial de resentimiento, prouunci:,l'Ün el exlranjero para rnnderle la isla de Cuba, \
J1ecl10 la eleccion y su resultado.
"11. Ycracruz, Octubre 18 do 1867.- el follo justo que merece México.
Y1111 '' lns batalloues ~ubleva&lt;los bahian sido
OOS C.\IITAS Qt&amp; SE COXTl\.\DICEN:
".~hora "ºY á prcsent"r á Ytl., no ~,¡j jui- llabaua.-Querido amigo.-Cumplo con el
"Ese fallo está retratarlo ¡a cu la multi tud rornpr:11l1n,
u11 oro que nunca lu1·imos.
1
;:
cío, sino la opinion general de la g,•nte sen- deber que me iurpone la amis1ad, manifes- de felicitaciones espontáueas que &lt;le dil'ersos 'l'Jlllpn,·o se desmentirá ahora mi firmeza
0
de la Marina trae la siguiente:
sala Ymorigerada:-Lo menos malo 'I"" nos 1:índolc: ,¡ue en el corto tiempo que he esta- países extranjeros bao estado Yiniendo al ante lúS juicios wu dirersos que expone la
"~léxico, Octubre lo de 1867 .-Por fin puede haber sucedido, es que salga reelecto do en esta ciudad, he podido conocer pe,·- Presiden le Juarez) al pueblo mexicano, no prensa española y que n•produce ó comenta
se !Jan 1erir.cado ya las elecciones rle rlipu- 1D. Bcnilo Juarcz. - ¿Qué tal ser:i el Porfirio, fcctamen1e como ran lus negocios de )léxi- solamente por sus berdicos triunfos adqui,·i- la prensa cxtrarrjera, siempre dispue sta á selados al congreso general, las de P,·csiJente Y qué iales los otrog aspirantes?
co. Todo va bien: el Sr. Jnarez ha obteni- dos contra la mas inicua y atentatoria de las guir el partido reaccionario de uueSlro país.
de la Hepttlllica, y de Pre;idcnte y magistra''¿~fo es verdad qne es tr·islísimo Y alta- tlo seguramcnle Í!, votacion del pueblo en su intencnciones, sino por la moralidad ejem~o diré una palabra agena á las circunsdos para la Suprema Corle de Justicia. Has- mente desgarrador PI co,,si,lcrar que tt1::r so- inmensa mai-oría para Presi&lt;lcnle conslitu- piar, recto juicio, prudencia, justicia necesa- lanrios. No aludiré sino 11 los hechos que
ta el momento en que escribo :l ni. se tiene ciedad esté tau quebrantada, tan abatida, tan cional de la República, por el término de ria y generosidad con que se han conducido, interesan al p,,rYeuir del partido. No nomnoticia de )léxico, Querétaro, San Luis, sumida en la de~gracio, que tenga &lt;1ue ale- cuatro años; y el Sr. Lerdo de Tejada para circunstancias acaso no esperadas, pero de- braré ni nna so•:1 persona . de las que hoy
Aguascalientes, Zacatecas, Tolnca, Orizava gra,·se de que D. Benito eonliníre de Presi- Presidente de la Suprema Corte de Justicia, ~idamerrte admiradas y aplaudidas en medio como en otro tiempo lran irnpe•Jirlo el camy Córdoba, y en todas estas ciutla.tles 1,a si- dente, Y reputar CSlo como el menor de sus corno sustituto por la Constiluciou, de la pre- del asombro que les ha causado.
bio ,le los 'desiirros de nue slra desgraciada
du electo D. Benito Juarez para Presidente males? IIP. dicho que.fSle no es mi juicio, si,lrncia de la Bepública, por seis años.
"Conque amigo, µLicde l'd. ,enir si gusta, patLri a, _ &lt;l.
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po, compo - como uene proyectado; en el concepto de .
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Estarlos, ron muy pocas esccpcioues, le da- D. Benito es el castigo impuesto por Uios :i doral gener,,l de !Jivisio11 D. Porfirio Diaz, que se han adelantado el Dr. D. ~lariano 1 ,...ª de estos lres ultunos anos. Lle;ara el
rán tambien su ,·010, á pesar de los esfuer- esl3 nacion irrfeliz.
el cual ha obtenido votos en miuoría, por- Omedes ele Vicia, que está i·a trabajando en 1 (ha en que se ,·eronozca la :verdad por_ mezos hechos por Pol'lirio Diaz y sus parciales
"Todos los actos de D. Benito rst,ín ma- que aunque este ciudadano ha ganado por Méxi1:o con buena aceplaciou, y otros mude 1" Preusa. Y &lt;le ála lrrbul ua esdpa:iola.
1a nac1011 ve,... y e mun o lam.
;ntonces
111·,,es tan&lt; I0 su s lende,,·,·",.
para ganarle la eleccion.
•- ·" •,, 1·ol1·e1·s,' '·onse,·
'
- mue ho,.. trtu 1os 1a es1·rmac,on de¡ pueu"I 0 , ban citos que han pasado por aqu1,. perte11ec1en.
. .
.
"Tenenws, ¡mes, que D. Benito se perpe- ,·ador", ,v lo peor ,¡ue pudiera sucedernos se- ¡&gt;esado mas en la balanza ,le la conciencia les a• d.JYersas naciones,
·
1
fi
d
bren,
los
senlrmrenlos
¡¡euerosos
ª
que ha
coa e o e esta.
.
.
.
!Lía en el poder, y que si¡;uen para este país na esto, y que los corrsen·auurcs fueran lan pública, los sentimientos de gratitud por los blecerse en los lugar;s que han elegido.
~b~d.eculo nu cou.tlucla, los rnme.nsos sacniníortuuado la calamidad y el castigo; sí, el menguados que lo creyeran J' sostul'ieran. eminentes se1·1·icios prestatlos por el Sr. Jua"Por último, diré á HL , uc todog espe- licws que 11_e lemJo que. lracer aiudado Je
1
' en 1a conrncatona
· a1¡;unas re- rez, 1a 110nra y con,emenc,a
. · · de ¡a _uac1on,
.·
.
un corlo .numero ,le amr 00 os,
y hasta
qué
castigo, porque para 011• no se ape 11·,r1a J oa- El ha iniciauo
ramos con fundamento el progreso y brenes• •
•
rez D. Benito, sino Castigo, muy merecido, formas ,¡ue rel'elan ese c&lt;,ocepto.
con el imporfante objeto de que vea toda IJ tar de México bajo la sah·agua,•dia de sus li- punl~ deiJ,a couiar con el exrlo, 51 es que
"Quiere que hap cámara de senadores; Europa que la República mexicana aprueba bera 1es 10st1tuc,ones
. . .
h'
.
los calculos humanos ...l1enen algun
,·olor. .
Par otra parte, por todos nueslJ'os desaciery go ,erno ¡uslo, cuya
.
los políticos, ,_. principalmente por el horren- que el Presidente tenga el velo cuando lepa- 1odos los actos &lt;!el benemérito de América , prrnc,pa
. . 1 ten denc,a
. sera. ..rn d ub.,ta bl emente 1' • d.La En ropa conocer a 1amb1e11 .los medios
1
rezca, etc.•, etc.·, ha dado ,olu actil'O J' 1iasi- C. .rn:111to
n- ·
J
.
do ",1 ·,nol,·,da'-lc
u rr,·men de Querc'1•ro
• ·
uarcz.
proteger con amphtud
los derechos del hom- ., 111 ,goos
. que se ,1an _pursto en ¡ue~o
. , • para
"Cuando en Europa se sepa la reeleccion 1·0 al clero, auaque uadie ha hecho uso Je
"El !tO de No'!"!mbre se instalará solcm- b re, garant1'd os por I a Co n.L1Lue,oo,
.
.
y J'orneo- l'Cncernos. La Espana c•mocera a su vez
de D. Benito Juarez para Presidente de la tal derecho, v ha estado en frenan,1o a1 par- nemenle el Congreso nacional, y á la som. .
•.
.
los nombres Je los egoístas que neutralizalar 1a mm,grac1on exlran¡era.
.
República, acaso se creerá que el senlimien- !ido rojo, del cual ha logrado easeñorearse, bra de la paz, tao deseada ,por los buenos
rou nueslros esluerzos, los de los deaertores
· ·
fuert~ ctie 1e 1rnn mexicanos, que ya se disfruta en toda la ex"So.v de 1•d. como siempre, su afectísimo que a1Ja1111onaron á sus ca mara das, los de
to nacional es republicano, l' que el partido no obs ta11te 1a opos1c1011
que atento_B._S._M."
¡osco 1&gt;ar des que, en ¡os momentos supreimperial será aquí en una minoría in.;ignifi- · 11ec110 to dos 1os exa /t ados. Se d.ice, ademas, 1e11sion del territorio, dictará, ea union del amiao
v
_
canle; y en wrdad que si tal se creyera, se que luego que esté electo Presidente 1·a ~ tlresidente, las n,as acertadas disposiciones
mos fallaron á sus compromisos.
•
·
¡
MA'.'\lFIESTO
DEL
GENERAL
PRIM.
caeria en un error mn¡ lamentable. Usted declarar,, la Iglesia enteramente rnr epen- pa~J cimental'la.
Hoy me Lasta expresaros mi admiracion
sabe muy bien ¡0 que soo aquí, cómo se ha- diente del Estado, y lib,·e ¡,ara ejercer el col"Estando ya en vigor las ilustradas leyes
Cuando los partidos políticos se hallan en por· lus rnlienlés que hicieron esíuerzos hecen y lo &lt;¡ue signiílcan las elecciones popu- 10 sin temor· de que se la moleste; que va iÍ de reforma, están abiertas las puertas de la uoa siluacion semejante á la que atral'iesan róicos por conquistar la libertad Je la palares. Pues bien, las intrigas, las asquero- estancar el laLaco J' á hacer otras cqsas qoe He11ública parn lodos los extranjeros pacifi- actualmente los liuerales espaiíoles, el deber tria.
sida des, las ,niserias que siempre se punen son anti-libe,·ales. Qué liabr·á de Ier&lt;la&lt;l en · cos y laboriosos que quieran compartir con de aquel que ha merecido su couüanza du~lu ba,.1 ti, ciros los ,·ivos sentimientos y
en juego para las elecciones, esla vez se han estos diceres, no lo sé; y únicamente veo es- nosotros los envidiables ~lemenlos de rique- rante tres años, es da des á conocer sus el profundo &lt;loi or que tengo por no haber povisto en mas ni-ande escala.
to: si por r.n Europa oo hace algo, 6 sí, lo za que abundantemente brotan de nuestro ideas y sentimientos acerca de los aconle- dido tou,.,r .ioa parte actil'a cu los últimos
"Ha corrido el oro con prorusion; tanto, que seria mejor, el pueblo mexicano des- suelo, para hacer la felicidad de una socie- cimientos que acaban de tener lugar.
combates.
·
que anteayer se anclaban buscando seis mil pierla i· sale del marasmo horrihle que hoy dad que mas adelante ser,, mas c0111pacla )
Si hubiera podido tomar parte en la lucba,
¿Qué importa que mis enemigos me crean
pesos para gratificar :i los electores de la ca- sufre, h,1eno es que esté de Presidente el au- poderosa; y en ese concepto, creo que vd. y y qlte hubiésemos sido 1encidos, 0s habría ahora falto del rnlor de que be datlo pruepital, l' se ha propuesto á un imperialista, á tor de la muerte de Maximiliano, de Mira- torios los buenos amigos que lengan ánimo dicho, al hollar de uuevo la tierra extranjera, b:\s cu toda mi carre1·a militar, de la pacicnquicn han confiscado todos sus bienes, que mou, Mejia, )leodez, Vi&lt;laurri y tao los otros, de ,·enir :í México, no deben Iacilar un solo lo que dije á los valientes regimientos de cia de que he dado tantas pruebas en el '
diera veinte mil pesos en el acto y treinta porque él ¡-'sus sostenedores son los única y momento, pues desatendiendo las patrañas Bailen y Calatrava cuando e111ré con ellos á curso de mi vida política, de la energía remil en un término fijo (todo para pagarelec- l'erdaderamenle responsables; y tengo la es- inrnntadas por los constantes enemigos del Porlugal:-Si hubiéseis sabido con anticipa- volucionaria que he procurado dará conolores), y se le darían por libres sus citados peranza de que el pueblo, á quien siempre gran partido nacional, que es democrático, cion que no os conducida á la ktalla, cumo cer en Valencia y en Pamplona, en un tiembienes.
invocan y siempre engaña11, haga e11 ellos un liberal y progresista, sob,-:J que no se respeta lo sabian en Junio los valientes anilleros y po, en Aranjuez y en Villarejo mas ta1·de?

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266

dor que teme ser sorprendido, oigo pasos en
el otro salen.
'
Ennqueta tomó el perió,lico con estremada prontitud: "Segun escriben de Constantinopla el 27 de Octubre, leyó á la Cllsualidad,
la última nota del di van comunicada por el
Ereis-effendi á los embajadores de las cinco
grandes potencias, continti ...... "
-No es tu tia, dijo el marqués, es Germau
que estará arreglando alguna corn. ¿Iias tenido miedo, ¿no es verdad?
- Y vos tambien, tío, replicó Enriqueta
sonriéndose.
-Confieso que en todas mis campañas en
el ejército de Candé no he estado nunca tan
conmovido¡ dijo el viejo riéndose á su vez·
sabes tú que parece!flOS verdaderos conspira-'
dores.

el diputado con un tono se,co; ¿vais vos tambien á hablarme en favor de MoreaP
-De ninguna manera. El dia de vuestra
llegada habeis promovido una reyerta que hubiérais evitado si hubiéseis conocido mejor el
estado de las cosas. Y o recibo en mi casa á
Mortal porque es amigo del marqués; pero no
pretendo de ninguna manera contrariar vuestros proyectos proponiéndooslc; para yerno.
Conozco vuestr~s derechos y los respeto; á
vos os toca solamente el decidir de la suerte
de vuestra hija, y lejos de querer yo oponerme á vuestra legítima autoridad, la apoyaré
aon todo mi poder.
Era tan nuevo en boca de la mcrquesa leste lenguaje, 1ue Chevassu, acostumbrado á
las maneras imperiosas de su hermana, no
pudo menos de sorprenderse.
-Me alegro mucho, dijo al fin; temia que
viniéseis tam bien á interesaros por ese botarate.
-No se trata pe él, ya os lo he dicho, no
querei~ que sea el esposo de vuestra hija, y
Y::t fl~to P~ rr~m rlPr.i d irl.ít• n0 "lh1omn~ m~..: rlP

Aunque secretamente irritado contra Dornier y abatido por esa melancolía que á traves del amor propio mortifica siempre á los
oradores desgraciados, afectó Chevassn al
entrar en la casa de su hermana una alegría
forzada cuyo fingimie11to no se ocultó á aquella. El marqués de Pontailly que, como tenia de costumbre para escitar el apetito, babia salido á dar su paseq de por la mailana,
no había vuelto aun. La marquesa babia hecho alejar á su sobrina, di&lt;lriéníilola en voz baja que quería que desde aquel momento empllzase á cumplir la promesa quo le habia hecho el dia anterior. Enriqueta salió del salon llena de esperanza, aunque muy conmovi&lt;la, porque creia ue en aquel momento iba
á fallarse sobre su suerte, y el hermano y la
hermana se quedaron solos, sentados en frente uno de otro al lado de la chimenea.
-He mandado salir á Enriqueta .á fin de
poder hablaros de ella, dijo entonces la marquesa; ¿persistís todavía en quererla casar con
Dornier1
- ¡ Y por qué no he de persistir? re~pondió

e l baile, resrondió Enri&lt;]ll8(a.

•
'

I

¿Deberé decir que mi partida de Bruselas
lugar de acuerdo con mis mas ínlirnos
• migos, y que con ellos se eligió el lugar á
uc debia dirigirme? Es inútil añadir que
habíamos comhinaclo el mo&lt;lo de entrar á
Cataluña.
No tengo necesidad &lt;le aseguraros que,
mientras esperaba ¡o ca la rrontera, mis
amigos no ()erdonaron ningun medio, ni retrocedieron ante ningun sacrificio :í fin &lt;le
hollar el suelo español. ~o consenlimos en
perile,· de vista á nuestra patria, sino cua11do
,·irnos disminuir auestl'D número de tal modo, que fué imposible ,·jecular esla doble
combinacioo: entretener las fuerzas que aos
perseguían y facilitar nuestra entrada á los
que esperábamos.
Sin embargo, hay algo que añadir á este
corto bosquejo: los sacrificios que he tenido
que hacer, los sacrificios á que he te11ido
\lbe recurrir, los nredios que he en,pleado
para burlar la vigilancia de la policía del
gobierno español en primer lugar, y de la
policía francesa en segundo, los debemos
á los dignos amigos que dividieron nuestras
IUl'O

•

.

I

Dice la Reiri&gt;ta de Vemcrui:
"El vapflr "llapidan," &lt;¡ne salió d'e Nneva-Ul'lca ns el ':! 1 dtl Seticn,b1·e, y de la Ha~
bana el ~ti, lia l11•gado :í csle puerto traypn ..
do :i l101·Jo 1,,s pas:ijcros )' tripulac iorr ,lcl
Yn po r • Tioga," qne. se quemó )' fué :i foutlorn a!t3 mar el '-2.7 (h.'I mismo mes. El 1 'Tio.ga" iha de r!u;Ya -Orlean s y la ll:ibana á Filatlellla, y perecie ron cu la catástrnfc un it1~e11icro riuii!iar, un nrcilcro )' un carboncro~rnpleados en la máquina. Los posageros
salva,l os por el " !lapidan" ascienden á cuare11ta y t.l os. I!:I ••Til,g:a" es 1!1 nonHl0 ,·a1)or
que en mcuos de 1111 aiio se hn perdido desde !'iueva-York á ;-.;ueva-Odeans."
JU;'\T.\ DE BENEl&lt;lCEM:lA ~'RA."iCO-

SlJIZA.
Se han reunirlo sns miembros con el obj,•tu 110 (ll'fl llUrciorrar auxilios :í los &lt;lesgraci:rdos de ~latamoros.
llas;¡os co1110 este 110 1recesi1an comeotartos.

===-============!!!!

GACETILLA.

me pondré al lado de aquellos que la perse•
MATAMOROS.
cucion no ha acoba1·dadp, de aquellos que las
Dícese que con mucha aclil'idad se está
derrotas no !tau intimidado, de aquellos que
trabajando allí para reparar los estra¡;os del
la desgracia no ha &lt;lesanimado, para atacar
__ _ _ _
en el terreno en (JUe uueslros enemigos li- hul'acan.
EL PUOTEST~"TIS}lO.
hren la l.131alla, para luchar donde quiera que ¡
lo exija la idea hJ,eral, ¡,ara combatir hasta
Se ha publicadQ urra ca,·la de un prolesqoo nuestra patria tenga el gobierno que me- tanle, eo que pide uno iglesia para establece,·
1ece.
su culto.
Compadezco¡\ los liberales, si los hay, que
Si el gobierno conoed iera un 1oca 1 á una
creen que la España puede vivir siu un go- secta cualquiera, no podría negarse á hacer
bicrno co11sti1ucio11al. Oil'ido á aquellos que lo mismo con las nemas, y ya era obra larga.
haya, que se muewn por el ódio y las malas 1 El gobierno, tod~ lo que puede dar es la
pasiones. Si liay algu11os que quieran hacer libertad da abrir templos; 1iero á los adictos
prel'alaccr su rnluntad so~re la de nuestro á cada religiou les toca proveerá los gastos
gran partido, los combatiré con toda&amp; mis de su maotenimienlo.
fuerzas.
---CONDUCTA,
Nada sin el partido libe,·al, todo con él. Y
cualquiera qne sea el sacrificio que deba haLlegó una de Morelia con 550,000 pesos.

A LGODO:'i E~ Z.'1.C,\ TECAS.

llaH Ri•lo 1les11·vitlas las siembras de es!fl'
precioso elemento de la industria&lt; por una&gt;
plaga de gusanos.
Por la. Guootil!a 1

MANtEL LóPEZ MEOQrI.

JOSE MARIA VILLA.

ANUNCIOS.
ADMINISTRACIOY DK RENTAS MUSICIPALES&gt;.
El dia 31 del próximo 1111.s.1do Octubre •e ~rinió al C.
\'irt!nle }\•rntmdu, (;obrador de €'ala !1unic-ipelidad 1 11n
mnndamicnW marco.do con c.1 número 154, por vnlor tle
c uatr&lt;X!ientot \·ci11tiM-i1 retl()II IN!flenta centav011 y St!'lent\ y
1me,\·e fl('IIOIJ M\' l'r&amp;ta y ocbo centavos por rt&gt;enrgos Y ga•Wt de cobrn111ft, A eug,, den. Clrilo Gomci Anaya, por'
a,lcudo Jt:-1 agua que &lt;lh,frula la CM"\ núm. 4 de Ja calle
Je M~tlinns. T.o o:¡,oe IIO nvil'&amp; por¡¡. inteligcncin del tl ... udorr
p11ra 11ue 1i I!&lt;.: \e presc11tn. otra f)4!rsona que no IC~ eobrarl11r
de eflta ofü:ina no s:it:.J1qa su importe, p1H.'I Jn. Admi11i1•
tr:icion nn p:is.,r:'t por dicho po~.
Méxit'o Xo,.iemlire 4 de 1861.-Pantakun Toe,.,,.,.....
CC. fü..•tbctorea del Conti,urntal.
3•-3

COlL\XD~~C!.\ )IILITAR DEf, DISTRITO
l'EDl:ltAL

•

Coro11d }'scnl n1ilitnr.-Aviso.-Neccsit.ándose
t·n "'t" Fit('nlía sitnn&lt;ln en dicha Comandancia :í. !01
CC. losé Zcped11, Pedro 'l'orl'P4, Quiriuo Pncheco

y .fosé l\L Ceron, soldados que fueron tlr.l regimiento de cabnllería. del llamado imperio. para la prácti-ca de unR dili~enciH judicial, é ignorándose su pa·
radero, eo les citn por el presente &amp; fin de que comptuf:::1.cnn cu dicha l.'i!scalía militar, cu el término de
ocho dins contados desd e la ftcha.
)léxico, '10-:Cmbre 2 do 186 7.-J{anue! R . .'llen el Teatro de Ilurbidt, bajo la presidencia

del Sr. D. Antero de Villaurrutia. El Sr. Diaz rom.
- - - - - - - - -- - -- -- -Covarrubi:Ís, oílr:al mayor del míuisterio de
1'JlSORERI.J. GE~ERAL DE LA NAC!OS.
Fomento, a:,1~mó en r~¡ifft:wnt.D.cion , del BO- Debiendo proceder esta Te~orería. general • la
hierno. En repre~e11 t:Icwn J1' I¡ ~rnp 1.'s.~ '°Jt.l. vent:, Je coittro rnrros de •cuatro rnedas, en buen
..
~ .
1•1u1Jo de uso, ,¡uc se recogieron &lt;.'Orno pcr1.Cn t:t1t!npresentó el Sr. O. l· chpc Uueurostro. Lo.;. te~ nl i•jtircito i111nsor, y los que están avnluados
acciouillas eiigicrou al Lic. O. B:1l,1el Mnru- por •l P""''º Aguscin Rnimond en 1, cuntidatl de
$320 pesos (c¡11i11ie11los reint.e pt.!so::i], por h1 prcsen•
·oez de la Torre para que los representara te ,e convoca• ta, pmonn, que quieran hncerpo,cerca del goLierno; y la comisiu_u 111spec lo- turn, parn c¡11c co1i,~11rrun á las :1lmoneda-. re~pectil
, 1 n~, que h:ut d~ ,cri!ic11rse c11 In mismn ?fi~ma en
1·a llresenló un informe, en que man, eslo " 10, tlia, 5 , 8 v 11 del ,ntra«te, siendo la ultima com
nécesrdad de que los empresarios crrli:&lt;'~uen ..at,ila,I de n·;natc.
la línea ~ la Junta direclÍl'O para la c«ntinua- )léxico, Octubre ~O rle 186 7,-Jfauod P.¡,._
~r,lrr«
cion de los lrabajos, lo cual fué aproLaJo.
- -- -• .
· - [/bcriu.]
TESOIUmLI. Gts:SJ,\L\ I, DE LA NACIO~.
----~o ,kndo po,:uJc 'I"' (cn~u ,Jecto la ,alicla de la
MAHCIJA N,\CIO:'i.\L DE OllT~G.\.
couclnl'la dt: cauda:c, para \'eracr&gt;&lt;Z, qur segun ,u.
prtma' órJcu se nnullc1ó pnra el dia 4- del entrnu te
Anuncia el Jlonitor &lt;JUC se ha arreglado Novien·1lm:, !oe :i,..i,a :ti públi('o qoe1 rlirha salida se
1

k

ya para piano, Y que próximamente se publicara.

verifirurá el ,lia 10 tld mismo mes

México, Octubre 31 de 1867 -Mauo,I

•

P. 1, ..

gu;m,

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263

259

I

quien hablábamos; me parece que podríamos
detenernos en este capítulo, pero por la ma•ñana tambien pueden ofrecerse casualidades •.••
-¿Por la mañana tambien? interrumpió
Enriqueta, cuya graciosa fisonomía se aRi•
maba á cada palabra ..
-Yo creo, por ejemplo, que como muchacha acabada de llegar de una proYincia, estarás determinada á no volver á Douai antes de
, haber visto todas las curiosidades de Paris,
rfosde la cúpula del Panteon hasta las Catacumbas. ¿Quién te ha de acompaiíar en estas escursiones? ¿tu hermano? Es demasiado
jóven y demasiado aturdido para confiarte á
su custodia: ¿tu padre? estará completamente
absorvido con la Cámara: ¿tu tia! el arreglo
de sus horas por la mañana está fijado tau
invariablemente, que la incomodaría mucho
el acompaflarte; nadie pues mejor que yo
puede servirte de Cicerone; pero acaso la
compañía de un viejo te parezca enfadosa.
-¿Enfadosa, tia? Al contrario, muy agradable, os lo confieso¡ quisi1m1 dar con vns la

.'
ll

•

XIII

'
Al día siguiente, lí. las once en punto, llegó
Chevassu á casa de su hermana, donde debia
desayunarse; pero por mas que se esforzaba
por aparentar indiferensía y buen humor, una
preocupacion visible se revelaba en su rosto .
El diputado del norte estaba inquieto no si11
razon. Hacía dos dias que se veia privado de
los consejos de su confidente político, y babia
cometido muchas indiscreciones que no podía
achacar sino á si mismo, á pesar de la excelente opinion que tenia &lt;le su mérito. Desde
su primera entrevista con aquellos de sus co-

partido, en lugar de presentarse Chevassu con
la modesta reserva que conviene á un diputalado noYel, se haliia permitido ciertas frases
magistrales que habia11 obtenido poco éxito,
porque sabido es que así como aceptan co11
docildad los diputados el yugo de superioridades altamente reconocidas, asi se muestran
rebeldes á reconocer los talentos de los neófitos. Los miembro~ de la Cámara á quienes
Chevassu quena reunirse, gu~ta.ban mas de
la autoridad que de la su bordinacion, y no
era en verdad para someterse á un nuevo gefe parn lo que se habían separado los unos de
M. Thier~, los otros de M. Barrot, lo~ &lt;lemas
de M. Dupin. Sabido es lo que sucede siempre que se forma una nueva faccion, cada uno
de sus indiyiduos aspira á gobernar, ninguno
á obedecer.
Che\·assu se habia presentado con una vanidad y una pretensíon bién patentes en medio de aquel conflicto de irritantes vanidades
y de exageradas pretensiones, de lo cual resultó que todos los rivales de ambician se habían coligndo inmediatamente contra el re••

1
)

{

•

,

1

•

267

-En
.,

Como el movimiento debía lener lugar el
l:'i, el 7 salí de Bruselas; cruce la F,·ancia
para embarcarme en urro de sus puertos, y
me presenté á las puertas de una de nuestras ciudades mas importantes, d&lt;Jnrle perrnaneci durante cuarenta y ocho horas despues de haber tocado las costas de Al'rira.
No es culpa mia si íaltaron á su P"labra
los militares juramentados que eran en número bastante y se ha llaban ,·olocados en
posiciones l'e11t:ijosas para a,Taslrar en el
1avimiea10 al re.to de la l':spaña. No es
culpa mía si, al te•1er que retroceder á Marsella el 20, y hallá1tdome el 22 en la ÍnJ11tera de Cataluria, trrcontré las l'uerzas del
gobierno allí, donde creía hallar las que debia¡ esperarme. t'io es culpa mía, si los
l1Lcrales de las provincias de Tarrag"na,
Lérida y Barcelona se 1ierou err la impobibilidad de salir á mi encuentro, como se había eonvenido, pre,ienrlo lo que sucedió.
En fin, no es culpa mia, si á pesar de mis
esruerzos y los de los dignos amigos que me
acompañaron durante doce días [hasta el 4
Setiembre], nos fué imposible reurrir una
pequeña tropa para procurar ,·ennirnos con
los -alientes de Tarragona y Barcelona, de
&lt;¡uiencs nos separaba:t unas cuarenta leguas.
Quédese eslo consignado por honor de
aquellos que al l'Olver :í España ,·ieron q•e
no se l1abia cumplido la promesa hecha eu
Gerona y en Lérida. Túrnese en cucnla esle hecho para la gloria de los 1alientes que
liabian preferido ir :í recibir :i su g,,ueral,
,p,e combatir con las rucrzas muy numerosas que los hostigaban por todos lados. Sépase esto para mengua de los militares ,¡ue
follaron á su palabra de honor, para opro~io de los hombres que prometieron en la
i'tontcra lo que nu se hallaron capaces de
cumplir mas adelante.

•

258

-Es tan entretenido conspírar.
-Bueno, lo mismo que tu hermano, es verdad que no es precisamente el amor de la
patria el que á tí te anima. ¿Dónde estábamos?

habría hecho en Cataluña por la libertad.
Lo que hice en México para salvar el honor de la España, lo habría ejecutado igualmeute eu Madri&lt;I para sacarla del estado
de postracion y de decadencia en que ha
caido.

-•~=

'ª

•

'

El par- cer, pue~en contar desde ihora con que lo
JUi\'T.\ PREPARATOl\lA.
litio liberal los conoce, y me complazco en haré, todos los que no sahen que no tengo
En la que a)'cr tuvieron por prime ra vrz
manife•larles una Vel mas mi gratitud y mi otro deseo. que no alimento mas amhicion los sc1iores diputados, concurri eron lns que
afecto.
que la de ,·er á nuestra patria r·espelada cu· se reu al calce, número bastant,i inli:, ior pa'Nnnca hahria descendido á daros eslas el estranjero, libre y floreciente en el inlc- 1ra que pned:1 wrificorse la apertura rl e :1q111•I
estJlicaciones sencillas, si no lo hubieran rior.
Cuerpo l.egislati\'O para qu e h:illa 111ín!t11·0
exigido los que me rodean des&lt;le el pri11ciSi otros h.ombre~ que los que componen compelen1e. Para llenar este hu eco,&lt;' ,l..terpio del último período rel'olucionario de. nuestro parlldu obtienen esle resultado, nd- rui nó llamar :j los supl enles que exi,tl'li en
nuestro país. A las injurias habría contes- miraré y aplaudiré sus obras; si algnn libe- ¡ la c.,pital y escitm· los represcn1a11tcs de los
lado como siempre, con el despr,•cio; á la ral olcan,a este objclo sin tener ncc r-siila rl Estados para que se apresuren á \'Cni,· á esmenlira, con el tiempo que h~ cc brillar la 1 de mi déhil concurso, le ayudaré á consoli- ta capital. para lo cual ya el gobierno orrleverdad; y á la calumnia con el d,•sprecio.
dar lo que funde.
11ó se libre á dichos sciiores por las ~efatu1
Quisieron, sin emhargo, &lt;1ue hablara. Los
Si los partidos liberales reunirlos son los ras rle Hacienda, los Yi:itrcos correspondiencatalanP, ,111isiero11 11ue h.1blarn, porque no que ohticncn sem1-ja11le victoria, me t·diraré les.
pueden 1olrrar se ol'cnda á sus 1·0111pa1rio1as. á la viaa µl'ivada tan luego como ,ca rumLista de los ciurlarlanos diputa,los electos
Los aragoneses qui,ieron que hablara, por- pli,la esa olira y aseguradas las con.quistas. ¡ que asistierorr :\ la junta prél'ia de las pre&lt;1ue sul'rian wn ~ mpaciencia se insultase :í ---No me habr1a colocado en una s1luac1011 paratrJl'ias ccl clHatla hiy rlia ,; de l'íol'iembre
los hber:ilcs. Todos los clligrados, todos rel'olucionaria, si se bullieran escucharlo eu I de 1867.
•
los buenos liberales quisieron que hablara, Espa,ia los clamores de la opinion pública.
All~n1.-Alj13lde.-Bax \'ulontc. - Rc11ipori1ue no podían ver con c"lma que se in- No abandonaré esta s.ituacion ni un solo dia tez. - lJalbontin. -Castnñe&lt;la. - Ct111lreras
1
ju, iase sin motivo, q"c se vilipe ndi ase sin antes de que los gobiernos sucesil'us lwyau Eli,,alde. -Cba,·u,·,a.-Esei11Jar; -Furntes
datos precisos al amigo, al general, al hom- dejado de ser en España los rardugos de su )lutiiz'.-Garrido Gudiño. -G11z111 a1_1 [!labre político.
patria ) el escándalo de la Europa civilizada. mon.]-Guzmao Leon.-Jglcsias~-1.crdo el e
¡Ah! ¡si amigos y enem~os supie,·an las -Jua11 Pri11,.
Tejada [Schastian.]-Lemns.-Mejía.-lluo penas y los dolores 11ue he padecido, las huGinebra, Setiembre j:S de 1867.
les.-Medrano.-Mnnlil'l.-)lorales Pu enle.
rnillaciones que he sufrido mientras que mis
Mercado.-'.\lata.-1-'etia y lla111i,·ez.-Rel'iamigos y compatr10tas combatiau! ~unca,
lla.-Rojo [1tanuel.]-Homero fü1hi11.-Rose bol't'ar·á de mi memoria el recuerdo de es- - - - - - - - - - ~
d,·iguez -Santacilia.-Saal'cdra. -Taile A.
• ULTIMAS ~OTlCIAS.
te corto pc1'iodo c¡ue me ha causado tanlas
-T:igleProlasio.-To1·ar.-Valle.-Vaca.amarguras, y que tan cruehnenle ha becho
'l'omamos del periódico Tltt lteo Republic,, Yaiiez y Zamacona.
[.Vonitor.]
sul'rtr á los amigos que me acompafiahan.
lo siguiente:
Ll,GACIO.'i' MEXICANA EN WASNo tengo nodo que decir de mi posicion
Al ¡oner en prensa el 11eriódico, hemos
lll~GTON.
futura, mientras si¡.¡1 merecie11do la coutiau- recibido periódicos de Brownsvillc de i9 del
Por la separacion del C. ~latías Hornero,
za del gran parlitlo l1be1·al espariol.-Repe- pasado, conteniendo •tensas noticias partilidas pruebas de esa coafiauza recibo á e.ida colares sobre las consecuencias del huracan. ha qu edado en la Legacion el C Jgaacio Mairrstantc. Cómo siempre, consagraré mis esE11raclamos los siguientes párrafos del riscal, como cn•argad~ de negocios Sabemos que para lo sucesivo nuestro represenfuerzos. dedicaré mis l'igilias para asegurar Co11rrier:
el triunfo de los liberales, que es l:i aspiraC.\llDtOS E~ EL GAnt~ETE,-EI general tante en Washingtorr solo lcnd,·á el ca,·:ícter
cioo de toda mi ~ida. Mi fortuna, mi esvada, Stee&lt;lmat1, mioistro de guerra; el general de encargado de negocios, que es el que tiemi inteli¡¡cucia, todo lo ,¡ue soy, todo lu que Frank Blair, director genernl de correos.- nen en dicha ca(Jital lus enl'iados &lt;le las l\e.
raigo, lo dejo al servicio de uucstra causa.
Estos ~ecrelririos se dice que sostendrán fü- públicas Sud-americanas.
rDiario Oficial.]
1\o sé lo que el porvenir ha reserl'ado á memeate al Presidente en sus dilerencias
nuestra patria; ignoro qué giro Lomará11, des~ con el Congreso.
EL SR. D. QUINTl:-1 QUEVEDO, ~IINISTnO
pues de estos hechos recientes, las cosas que
El ge.ner•I Auger ha sido uombrado eoDE BOLIHA.
se chocan, y las personas •¡ue se disputan misionado de pa, en reemplazo del geoeral
)lañana se relira este señor, despues de
los honores de la vida política. No sé tampo- Sbermaa, que ha ido á Washington.
haber cumplido su mision especi:il cerca de
cu si lns últimos acontecimi~ulos, segun la
Lewis D. Campbell se ha declarado eo
nuestro gohierno.
parle q11,• ha tomado cada uno de los hom- Ohio en favor de los demórratas.
Permita el cielo que su vemrla á nuestro
ores 11uponan1es del partido liberal, podrán J Elias Howe, el io,•eulor de la máquina de
país sirl'a efeclivameute para estrechar con
modiíica,· la situacion y llel'al'la á otro lerre- , co
i muerto.
indisolubles lazos á la gran familia amerino. Venga lo que viniere.
J
lra&lt; -lebre amar_illa continúa en II_ou_slon,
cana.
Que cada uno tome la actitud ,que crea pero ha desaparecido de eorp111 ebr1st1.
oportuna. Yo me hallaré donde quiera que
En Gal,estou lnrbo. el 5 &lt;ieO,,tubre uoa
EL FERROCARHIL DE CHALCO.
se halle la ma)ona de los partidos·liberales; lempeSlad que produjo baetantes desulred.
Aoles de ayer se·reunieron los accionistas

N.\UFHAGIO.

Loviue hice en Castillejos por la patria, lo espe,·a.,zas y nuestros dese11 0Jños.

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EL FERRO-CARRIL.

OBRAS POSTUMAS

E11te periódico &amp;P.r~ de roa• reduddas dimen-

-~ PREOIO: D&lt;l'I ORNTAVOS CADA NUMl'..RO.

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DE

ComenzRrfi §. puh1icarAe, tan luego como •1
editor reciba la impr,mta. qne estli.. y-. et1 camino
de Veraeruz fl e"''ª t·i:lpital.
Avisos v su~rririones se rec-ihrn Pn la litngra
tia de .J. Rivera é Hijo, calle d~I Uoluum núme-

~~~:.: ~~ w~ ~ag~~Qg¡
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ro. 4, Frente al 'J'pa11·0 Pdnripal.
Uuo y otru per1ódir,o tienen yn rontrnl:ulas ;i)-

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gunaR columnas para la insercion Je adsos ex-

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EL •VAPOll:-~ -~•

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siones, bojo un plat, •nilogo al del Ya¡l(Jr.

tmngeros.
~léxico. Setiembre de 1867.
Editor y Retlactor tm gf'fe.

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fi~~11rttit bllt !JU!i~lát~.
rfRAl)UCfDAS POR Ir. L. L.

PERIOJllCU P01.rnco, LITERARlO Y MERCANTIL.

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El plan de eata public¡¡,cion es enteramente

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ACADBMIAN.'1.010:S"ALDEBELLAS ART.ti:i l
DE S.iN c.rnL(lS.

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lbbiéndo!e organizAdo d~finitivnmente l:1s da~~s
que se dan e~ ~ta Acad~m1a,. ~e pone en c_onoc1miento del pnbhco, por d1spo•1c1ou ~el
11irector
general, para que los ulunmos q.ue quieran seguirlas,
ocurran' inm1:dintnmente a matricularse cm la seer~taría de esta Acndemín; lo que podrnn ho,'tT todo,
los dias de nue,·e á doce ele la mañnoft y &lt;le tres á

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ESQUIN,\ 1}E Ll P_RUIE~~ ~~; D~-~~~~-~~~-~ ~LC.\ICERIA N. t.

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Unica casa en ~léxico que pueilc ofrcce1· al público un verdadero y completo surtiJo de Camisas,

Cal:o,icillos, {Jalcetines;,- Ca11iisas, Corbatas, J?undas de al,nohadas, Toallas, Sábanas, ftlantelcs, Servilletas,
.ntedias, Cuellos y p1iiios posti:os, Guantes &lt;le cábritilla y todas clases, Camisas de franela de todos colores,
Ligas, 1llancue,·/ia~, -!/istoles, Somb,·illás, Paragüitas, Pañuelos, biascadas, Bandas lisas y bordadas, ftlqngas y pttños &lt;le lana, B1ifanclas, PlCtits y otra infinidad de artículos concernientes á este ramo.
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éinc() de la tnrde; advirtien&lt;lo que tambien quedan
abiertas desde hov l:1s rl:•~es nocturnas pam art~nños, y que no se j,aga derecho de matrícula ni pen•·
sían nlgnnR.
Secretaría' de lo \rndcmia rle Ticllns .\.rt,s de Rnn

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C,írlos México, Octubre 7 do 1867.-Jo•é JL.
Fb,r,r Verdad, secretnrio.
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Se hacen camisas SOBRE ftfEDIDA, lo mismo que calzoncillos y camisetas interiores.
Participamos al público, que recibiendo todos nuestros géneros de Europa, podemos ofrecerle un surtido de géneros blancos de lino y de algodon, que venderémos variados á precios sumamente ventajosos.,

..~ Habiendo traspasado el t¡ue suscribe, lu .\lucenu I ~
v sedería LA PERLA, situada tn el portnl clt'l Refu
gio, y sabedor &lt;le qur el nntiguo dueño ti~ne ulg1!HftS cuentas pendientt•s de pagr- 1 pone en el co11oc1aiento de todas est1l~ pen,onus, que no es reeponaable de ningun cré&lt;lito ~ea arti,·o ni p~:,ivo y qn~
JM)r comiguiente todo aqurl qut. h, luv1n~ pot!ra
entenderse direct.ameuw con el 81'. 11 . .Ah·JO Bnu,:ras, residerte en Cunutitl,m ru IR. Tirnda llnmml11.
de la Alcancía.-,I&lt;'xiro Octubre de l 8tii.
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""~¿ C&lt;lltQ.
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(JT .\ l&lt;;&gt;s compradores por mayor se les hará una rebaja
. considerable .

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llE 1,A ACADEMIA llE BEU.\S 11\HJ;
llE SAN C.IRLOS,

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SEBASTIAN C. NA VALON,
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l'ROt"ESOR

• -,-...c--COLISEO YIEJO :,iÍJ'I.

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Los ei11datlanos, dispuestos á ilustrar s11 e1·iterio, los patl1·es 1le familiá
y los p1·efeptore~ ansiosos de dar.luz y razon á los retoi1os sociales, hallar,ín ·e11 ,ta obritJl anuneiada ·111._complemento á sus deseos.
.
Se expende·,en ,la1 Librería Jlexieana, esquina del Refugio y Lel'do, y e·n
la t!e Ag11ila,r, l.ª e:1lle de Santo.Domingo ní1m. 5, ~ CUATRO RELtLES
el ejen1pla1·.
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.

cion pública.
Por ahora se reciben :n•i~os y 11mu1ririone1 en
la lito~fia de Rivera e llijo,_ r.Hlle del Coliseo
,iffllr.'r,ffl"nu, al Teatro Pri11c1pw~ Y--"" low - ·
dos, sud corresponsales,

Tiene el honor de avisar'_al público,
haber abierto un taller de grH hado er,
el que se ejecutan toda clase &lt;le obra¡¡.
En el crrabado en huecl ó de bajo relieve ~e&lt;lallas, timbres, boto u e~, camafe~s, chapetones y lo relatiro al
ramo de joyería: en el grabado en lámina, e~tampas, retrato~, títnk~, &lt;l1plomas, tarjetas é. iniciales: en el grabado tipográfico, sea e11 metal ó madera, sellos, viñetas, puuzones, y en
general todo lo relativo _á esta,i espe- t
éialidades y á las obras tlu~tradas.
: México, Qctubre &lt;le l~67.

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MeJons materiales: Obras de beneficencia f
instrur.r.ion ptiblica.
Parte mercantil: A~encia co11ticlencir1I y púb1ica, anexa tí la rrdacc1on del 1'apor. A,·isos eu
inglés, frantea y' l etpailol, a preeiQ, módiros.
Ta_rjetas de fletes, .notas de cambios. T~dHs la!-!
noticias que puedan interesar ,-\ co"!leri•to )" ;1I
público. Empresa de correos de 1~ tmd~d, 1J?en ·
s~geros y expresos, efttablecida ,ror 1.a muupa re- ¡
daccion. Agencia de nee-ocios JutHrrn:lee. r:1ra In
que se cuenta con abog,ulos dP- grnn celebridad.
Es~e. periVpico _aparet;erá tan luego como pa~a =~las cues1ionet1 de actua1u.hu.l qut ocupan la aten-

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nuevo.
P 'a rie poHtica:' Editoriales ronriPos, rr6nicu
extensas y variadas, laboriosas corresponJencina
extrnngeras, etc., etc.
l.itrratura, c1enciAS y Arte!l: Noliria ■ de lo,
tHtimo.1:1 descubrimientos en toJos loM ramos, proye&lt;'lm1 para i~1µorta~ todo lo _ti1il y desarrollar
nuestra industria fabril y manuhwmrera.

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Pla1té1•os
'y Alcaicería.
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E,litur r9,pou,nble,

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Fcrcz.-lmpm1ta de Ln~a, Clllle &lt;le 1• Puhun N. -~.

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hahi11 to\lla&lt;lo sns .mas ,,rrrnn&gt;~ actitudes; en
vano babia esforzado su voz y estudiado su
gesticula¡:ion; eu vano con el prete~to de en~anshar la~ cuestione~ propuestas á la asamblea,18e h;bia lau;;:ado &lt;logmáticnmente en la~
disertaciones políticas
mas trascendentales;
l
~U$ ,efectos. d~ elc¡cueucia, que gozaban eu
Douai de cier\a celebritlad, no hahi:i,u tenido
ninguu, resultado 1m1Paris. En luga~ de los
aplausos q4e espE:raba, no habia recogido el
orador sino alg1! uas interrupciones Qomo por
ejemplo: á la cuestion .... lugares comunes ... .
teorías ranc;i11s ....; palabrería de auogado ..... y
I
otras lindezas parlamentarias Jet m\smo género.
e, . , _ 1, , 1
,, Chevassu liabü1 sufrido uua venlaclera derrota, y rl mismo lo conocia: pero gracias al
maravilloso bálsamo r¡ ue el amor propio tiene sillmpre resena&lt;lo para cuando se ve herido, en h1gar de buNcar b causa de su _eles·
¡rro.cia en la enfática prolijidad de sn elocuencia, la atribuyó sin vacilar á la celosa tJnviJia de 11u11 eom pañero~,
-He sido muy imprudente, 1hJo para sí;
los he dejado medir demasiado pronto la es•
•

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1

qués levantándose, disimulemos como verdaderos diplomáticos. Por lo demas, si leemo,i
todas las no(!.hes los periódicos con tanto fru·
to como en esta, no dejaremos ele hacernos
profundos políticos.
El tio y la sobrina se separaron casi tan
contento el uno comb el otro.
-¡Qué hombre tan escelente! ropitió mas
de cien veces Enriqueta, que por cierto no
durmió muy IJien aquella noche.
-El amor de estos muchachos rejuvenece
mi corazon, iba diciendo él viejo; los casaré
por 1vida mia, aunque tepga para ello que alcan¡ar
el .con~entimiento ele Chevassu con la
...
pistola en la mano.
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-En ese caso podremos dar de tiempo en
tiempo, no la vuelta al mundo, pero sí la
vuelta á Paris; y si tambien por casualidad,
el buen mozo de que hablábamos nos encontrase algunas veces, no veo inconveniente en
que nos acompañase, toda vez que mi presen,
cia os sirviese de salvaguardia.
-Tio mio; ¿quereis que os abrace? dijo
Enriqueta con amable sonrisa.
1
-¿Que s1 quiero? Sí, pardiez, respondió el
viejo estrer.hando á su sobrina entre sus bra, ,
zos con un afecto paternal. Ahora, hija mía,
afiadió, vete á acostar y procura dormir bien, ,
sobre todo, que yo no te vea llorar mas.
-Jamas, tio; ¡lo que acabais ele decirme
me hace tan dichosa!
-Pero cuidado ...•..
El m,arqués no acabó; pero señaló á la
puerta que condncia al cuarto de su mujer,
y se puso en seguida el de&lt;lo en la boca.
-No tengais cuidado, respondió Enriqueta con una sen risa de penetracion; tencis
miedo á mi tia, no soy yo mas valiente que
vos; está seguro II u estro secreto.
-Así me gusta, dijo alegremente 111 mar-

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                  <text>Autonombrado como periódico Liberal, Independiente y Radical, editado en la ciudad de México durante la segunda mitad del siglo XIX. Contiene sección Editorial, Oficial, Noticias locales e internacionales y publicidad comercial, además de notas históricas, literarias y de arte.</text>
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                <text>El Continental, Periódico liberal, independiente y radical, 1867, Tomo 1, No 50, Noviembre 7</text>
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                <text>Autonombrado como periódico Liberal, Independiente y Radical, editado en la ciudad de México durante la segunda mitad del siglo XIX. Contiene sección Editorial, Oficial, Noticias locales e internacionales y publicidad comercial, además de notas históricas, literarias y de arte.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Academia Nacional de Bellas Artes.</name>
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        <name>Calzada de Belén a Tacubaya</name>
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        <name>Diario de la marina</name>
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        <name>Marcha Nacional de Ortega</name>
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                    <text>•
,.

~IEXlCO.-Viérnt-s 8 de Novie1nhre de 1867.

Tomo L

+

1

nn tntn a

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.

•

'

+
' 1

1 '

PERIÓDICO

1ND~ P..ENDI ENTE
•

LIBERAL,

11

, ,. t

1

1 ·'

INTERIOR.

t

.prendos elagcrailos, al drscré.jito y á \a im- ·imponer una nneva, era mejor a1ín pdra los
11
COIITDICIONES DE LA SUSCBICION,
po1e11eia para ~obcrnar. 1
contribuyentes saherlo con oportuni,lad y
FERROCARRIL DE CI-JALCO.
E, pues preciso qne ante todo se arregle arreglar á ese respecto sus c.íl'culós y operaLos comnnic.:idos y avisos se insertar,ín con lu reEste periódico se publicará todos los c.1ias á las siete
El ingeniero D. Francisco de P. Vera [uü
l&gt;éija de una euartn parte de lo que cualquier otro el ¡ll'esupuesto parn 180.8, pl'Cl'iPndo todas ciones, que encontrarse ,le impro,,iso con la
de la mtl.Üa11a, excepto los lúncs.
periódico lle.ve por su publicaciou.
laB el'Pnlnalidatlcs, calenlan,lo todas las ne- obli¡¡acion.. de hace1· pagos lJtie no enlrnban comisionado por el gobierno del Distrito p~Los suscritores lo recibirán en sus casas.
ra examinarlo, y ha dado el prolijo informe
Las suscriciones, comunicndos y anuncios !'ie re- cesit!adcs y procurn1H·l(I llenarlas todas, aun- en sus rálc11los.
El precio de suscricion ser1í uu peso mensual, y
c¡ue
copiamos á continuacion:
ciben en la i:edaccion .v atlministrncio,~. del Crn,.ti- 4ne con, ILl mas estl'icla cconocn1a.
Rara los forá1ieos diez reales, franco de porte.
El Minlst,•rio ha tenido lrn~ta'~rn circuns•nental, calle &lt;le San ,Tosé el Real núm. 21, y cu la
"Ciudadano gobernador:
Cadn número suelto vale medio.
EI ejército, es el q1rn co11s11me la mayor pecciun pnrn esperar:\ que 1euni,lo el coulibrería
del
Sr.
Aguilar
y
Ortiz,
calle
1~
de
&amp;p1Lo
"En desempeño de la comision que se sirA los repnrlitlores se les dará á tres pesos el
parle de los recursos, puede n·,luclr ha&amp;la greso se apn1ehen los presupuestos y se toDoffiingo núm. 5.
ciento.
l'ió
vJ, confiarme, he ¡)asado á reconocer el
lo infinito sn pre~upucstn, con rebajar ~,1 1trn las contril,nciones, pues salle que uno
111ímern hasta tlonde sea posible, J di,ll·illu- ,le los derechos mas preciosos de los repre- ferrocarril de esta capital 6 Coyoacan, y len.yéudolo en colo11i;,s militares, ,le manera sentautPs de la nacion es votat los impues- go el honor de presentará vd. el resul1a1h
NOTICIA DE LAS ENTRADAS Y SALIDAS DE CORREOS EN ESTA CAPITAL.
lle mis ohservaciones, advii•tiéndole que b
que con las licrrJs que se lti dediquen, una 10, y cfüponcr su iu\'ersion.
ENTRADAS.
1 buena 1li1·eccio11 y su tnihajo pcrsnunl ¡111e- ·
l•:sprramos por 1a1110, 1111e el Congreso premura del tiempo ha hecho que ésta se reduzca á una simple vista de ojos.
DOMINGO.
VIERNES.
SAllADO.
JU.EV-ES,
1-UElWOLE~.
LUNES.
MA!l'l'ES.
1 dan n1l1rir en todo ú on gra1,1 par1e, sus ne- urupe ,le toda prerercncia su atencion, en el
1
Trazo de la vía.
Puebla.
Puebla.
Puebla.
ces,ich1tlo·s.
importa11te ncgoeio ,!el arreglo del p1'os11Ptttblu..
Puc.hln.
Pucbln.
Put.!bla.
Oriz:l\'a,
Jnlu]JIL.
Oaxaca.
01·iz11vn.
.Jalnpu.
Orü:u.1·a.
J11.lnpn.
Yarios
son
los defectos que he notado en
Et c.u,•1·p.o ,liplom,ílico ahsorhc inütihnen- puesto, pues tle ahí de¡wncle la mttrchá ali•
Oaxacu.
CúrJ9ba.
AJmm .
C1írtlolm
.\pm.
Cór&lt;lobv..
Apnrn,
Qucreloro
.
Vcrneruz.
•
\
piznco.
..\ piznco.
Verncrw..
Vcraeruz.
Apilmco.
él.
te grauilcs can1iclatles, ¡111r1¡11e 1111estr&lt;•S mi- ministratirn, 11ue es la ,·ida de la nacion,
G1l¡ida!i1j111'a.
Apnm.
C. Hiuaib'&lt;l·
C. lliJal~Q.
Onxaca.
Aprnn.
e Uiilulgo.
Zaeatecai..
,&gt;, pizaco.
1.• La curl'a de Chapultepec es de un ral?aclmca.
f'admca.
Aparn.
Apizaco.
PurL11ca.
lll.lN'ut:L Lú1•EZ ~hlOQUI,
ü. lli&lt;lalgq.
s L\.lis PotútÍ. :nis.1r11s rn d extranjero, ui tiqnen ne¡¡ncio~
· Q,ucréluro.
Tulanci11~().
•..\ pizoco.
C. J-lidnlg,;
Tulu11cingo.
dio
muy pequeño,
J:&gt;. !,latniuoroi•.
S. J.uis Potosí Po.thucn.
Querétnro.
C. 11 idalgo.
de qué Lra1a1·, ni cnutrih'"t1'n ú_ ..•la1· hrillo ~
Qucrét11ro,
Pnphucn.
P,
1\1
rito.moros.
'l'ulat~ciugoUuadnlujnra,
P11.chuca.
'1'oluca.
Gmulnlnjara.
~-• La pendiente en la loma ele la CandeOFICIAL.
l:1 11a,·io11, po,·que las nuítli,·as cuotas qui, r,;Qucretnro.
Tolm:o..
Z:u'!11tecmi.
Q,uen!t:.iro.
Z111•:1tecus.
Cuautla.
'l'oluca.
Cwtutla.
S. Lnis l'otosí. 'l'ol11cn.
'l'ol11u1.
tih,·n tle suuldo, c·on rni11a rlr. 11tw~tro era- .111~1sn:n1O ilE IIACU·;:-il).\ \" CHÉlll'fO p¡'¡J)f.ICO . laria es muy fuert~Morclia.
'.\lorcl~u.
.
? . ~I i1tamoros.
~lordin.
3. • La clireccioa que tiene la l'ía al lleCueruil\'nt.-n.
C.:ucrua\'I\CI\.
Toluca.
Cuernavnca.
rio~ s1)!11 so11 su!kicutcs para d:.il'll'S "n In~ 1
,_
C..:unutla.
•
' El C. Pre~irlente ,le la Hepúblira se ha gar :f San Angel, es defectuosa, porque au1
or~ullns:1, cortes l'Uro1w:i,. d :11rn lepobr~s tle s,,JC'muidad.
·
' serYitlo &lt;lirigirme el tlecreto q11e sigue:
SALIDAS.
menta inútilmente su desarrollo y obliga á lo_s
1 MrnucoLEs.
JUEVES.
vrnuNE•.
sABADO.
DOMI~Go.
Por eso creemos qu,• d,·jando un par "l/E.YITV .fl.iA!IEZ, f'r~sidente Conslilu- trenes á retroceder para dirigirse á- CoyoaMAlt'l'}:S.
LUNES.
Pncbla.
Puebla.
Pueblo.
Pnebh,.
. Pnebla.
I
I J
•
. I
cin11al de lo., Esta&lt;los-U11idos 111e:cica11os,
Puebla.
Puebln.
Ü1'iZ11\'lt.
Jalapa.
Oaxnca.
Orir.nva.
Jalapa.
( e e11cargat os le 11egoc1os ~acrcl 1llil\ os pa_ra
a ;,;tts Jlaúitante.~, sabed:
can.
Jalapa.
Ori:r.a\'a.
C6rJoba.
Ap,m.
Apom.
Cónluba,
Oaxaca.
l~s
,lirersas
cor.te&amp;
de
Europa
con
que
tuviéLa curva d'e Cbapultepec tiene un radio
¡\¡mm.
C,írJoba.
rcracruz.
Apizaco.
Api,aco.
Vemruz.
Apam.
1 •
.,
1 R .
Qne Cll IISO de las :ímplias l:,culiades ,te 1nenor tle ochenta met1·os, lo cual b,•1·1a IDU)'
Aph:ico
Verncrut.
1
Onxnca.
C. Hidalgo.
C. Hidalgo.
Apir.aco.
remos re a1·1onc~, y oll'OS uOS pa1·a as epu•
O. flkfalgo.
Apam.
A¡,nm.
P,chuco.
Paehuoa.
ü. Hidalgo.
blicas de Amirica, cubt-iriamos la nec:esi,laJ . qu'e me hallo i111"P-sli1l0, he teni,lo " ilieu de- ¡ieli!!roso si su proximidad al paradero no
Paclmcu.
A pi1.n1'.0,
,Apiznco.
Tulanciugo.
Quc.rélaro.
Pnchm;a.
.
crctar lo sill'nic111r:
·
""'
Tulanci,tgo.
U. Jlidnlgo.
·o. lli&lt;lalgo.
Qucrétaro.
s. Luis Poto,!.
'l'ulanciugo.
Slíl recargarnos con IQS e11orn1es gastos de
D
permilicra considerarla como curva en estaQucrÍ'tnro.
Pachut•a
l'nchuco.
z'.;,rn&lt;lolnjnra.
_Pr"1Matnrnoros.
Querlétnro.
1
• •
J' .
.1
Para la ill'Oduccion de harinas extranjeras c·1on, pues la 11eces'1dad de entra¡• a' e's1as COll
Gunclalnjnra.
Quer~taro.
Qnerétaro.
ncntecu.;.
o uea.
C::unial:ijarn.
:intns ílllrllSll'OS extraorc lfl:l.flOS )" rPSH entes, . ,· .
.
.
S. Luis Potosí. Zrwatccns.
8, Luis l'olosL 'l'oluca,
Cunutla.
z,.•at.ms.
lh
1.
.
d
d1
11 ¡ \' " l:l\'l,r tic las nac1onalc·s, se cslal,-lcce un
o ,·elocidad, destru¡•e el inconve1&gt;. Matainoro:l. '\'olnca.
P. ?i,lalnmurns. Murelin.
Toltwn.
tll
or. \" lll tnlert1i qne a emas t' SllC t O, ·¡ · ,
.
_
_ ! muy p ca
'.\loi-clin.
"l'olm;a.
'l'o]u.,n.
Cucruuvacn
\!ore.Ji,.
co 1r:rn ~astos ( e na¡e, de esrablecimieuto j" 1 dt'l'l'C'f11i pl"Oleclnr. en los lén~inos sigui,cntcs: niente que preseularia la fuerte curralura si
Cu.croa\'acn
Cu,1utla.
('nonlla.
C111•rimv¡wa.
e.uan,10 1ª 1iaiTica
1 "'
' 1 1os e'tuv·,ese en 011·0 punto dela v1'a•, s·,11 en1'Da1·1 rl. 1·'
"'
ue represen l:1c,on para s1 y sus 1am1·i·1as se•
. vaga
"
,
·
.
,.
. d
.
. .
'
Est:11los-U11idos de seis á ocho pesos ó sea
d · · a
·
'
go, perjuclica el tráfico, impide to o via¡e ue
b1erao, pues cuure con exact1tu sus com- c1·e1arws. ohcmles, ele., etc.
promisos, sin haber tenido que 1·ecurrir á los 1. El p:1go ,le deudas y convenciones es la tic lrc,;" cuatro centaros la libra, se grava- gran velocidad y maltrata el material · rori1 con c&lt;tal1·0 centavos la libra, ó cuatro
expedientes
extremos
á que son fatalmente ' ve,·d:nlera. carcoma tle nvestro tesoro. üaa
dante.
PRESUPUESTO.
arrastrados los ~linistros cua!Jdo, llr·gao1lo la háLil )"oportuna opcrncibn puede reuub1-l:ls JJN•os el quintal.
La pendiente de la vía en la Candelaria,
Jr1. ~-' Cuanl•lo miga de ocho á ,liez
¡ h
,.___,,_...,.¡;ueil9s alrgres y de felici,lad mecen á los noche y no hailieqdo socorros para la Lr1.1pa, muehisirno.
es muy fuerte, su corla exlension a acc 10
..
pe-sos, 11 sen .-le c,mtro ó cinco centavos la
d
¡
¡
1,obi1'1"nos en el c1ia del triunfo. Plt,cemes y se necesita aceptar el auxilio que :í cualLa déuda interi(,r que es la fuente tlcl
lerable, sobre to o, despues e e que quec e
libra, se le gravar:i con dos centavos la lid
d ¡
enhorauuenas se suceden. Se gasta el &lt;li- quier precio proporcwna un especulador, agiotaje l' la base del descrédito nacional
mas distante el paradero e Mixcoac e ¡mu
ilra cí lr&lt;'S pesos el quintal.
d
·
¡
nera de la aacion en cohetes y arcos triun- ora dándole una ól'Clen para extraccioo de deile reducirse á un solo tipo, consolidado
to don e comienza e ascenso.
Art. z.., Cuando ,·alga de tliez pesos en
El trazo al llegará San Angel, tiene el iu
fales.
plata pasta, ora conccdictHlo un permiso bajo h:ises renlaj.osas, es deci1·, admitida adelante la barrica, ó sea de cinco centavos
conveniente de estar desviado; de mane,·a
Dislrib,íyepse ascensos y distinciones, y para la imporlacion de efectos prohibidos ó para el cambio por bonos de activa circula- en adclanle la lihra, se le gravará con dos
que aumenta el espacio recorrido por la \·ía
dándole por uu pedazo de pan ór,leues de ci•&gt;n y ilieu garanliza&lt;lus, al precio que hoy 1·1•nla1·ns la lillra ó &lt;los pesos el &lt;¡uiotal.
tocio augura cliclws y ventu,·a.
y no teniendo cambios de via en este puhto,
, tenga en la pina. De ese mndu se mol'ili1'1.ts á medida que pasan los dias aumen- pago sobre las renl:is mas pingües.
. .
Art. 1.• El gra,·ámen ele ~ue ha!Jlan los obliga á los trenes á llevar la máquina pot
Nada de esto ha sucedido hasta ahora zalia y quedaba reducida á una v,ges,ma articulos anteriores, se exiiirá á los cattsauta la exigencia de los acreedores; el ejér• lo cual debe impedirse siempre.
delr:is,
cito pide st1 sueldo; los empicados mur- gracias á la cordura del Goilierno, y 1a111- parle de su representacion nominal pre- tes sin perjuicio &lt;le los adicionales aclualUna economía mal entendida parece habe1
muran si no esl:ín pag:1dos con toda ¡mn- llien por la circunslancia casual de estar sente.
mente estaillrcitlos.
sido la causa de lo~ dos primeros defectcs
tnalidacl, y hasta las ,·iudas que llama- suspensos los pagos de De1,da contraída ca
Eo el sistema de recaudacion y en el de
Por laiilo, mando sp im¡,rilna, publique,
economía, que si ltl huho, vino tal ,·ez á com
han majestad á Carlota, y la persegutan Lóndres, y Convenciones espaiíola, fra,1cesc1 é rlistrilmcion, deberian introducirse sirnplifi- circule y se le dé el t.lebit.lo cumplimiento.
pensar apenas el mayor gasto que debe ha
para presentarle instancias en qne ponian inglesa.
cac(r"ics Yeconomías.
Dado en el Palacio del' Goilicrno fü1cional
ber
exigido la desvlacion á San Angel, y que
mas que transito· Con esto
creemos que las rentas
actuales
, . .
.
.
J
de oro y azul á sus paisauos, se \'Uelven . Este estado no debe ser
.
.
. .
.
. 1en i,1ex,co, a tremta y uno e1e 0 ctu 1ire e
u otro. se rea11uda1·an
son su[1c,entes
.
.
I'',enao
. nunca compensa sufiuientemcnte las dcsvcn
molestas y ¡¡rilan á voz en cuello que los no, pues .de un modo
.
.
.
. p:ll'a sostener a. la nar.,on; mi.1 oc 1l0CIPlllQS
Sl'Scnta )" s1ele.y sera me- , IH'ro s1 del computo 1¡ue se haga resulta al. • , C J , , 1 , 1.,1 .·
, . • .. tajas que opone á la explutacion.
gobernantes s011 unos ladrones, que el n.i- nuestras m1errum111das rclac10nes
• •
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.
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,1ame •. -" 1 . ose ".
~ es,a:,, "11msl10
Sin embargo, s.eria muy a\'Cnturado pre
comenzar• á pag:.lr, s14mera sea en f gnn l1ehc1eute, es meior ar1ntra1· es e .lue- de 11 ac,eo
. d
..,· pu'hl·.,co. ,,
uistro es un desalmado y el tesorero un 'be- neste1·
·
a y Crcu110
sentar
esta opinion sin la debida rcserYa,
¡¡o algnn recurso que lo cubra, y no Je¡a1fo
y lo cómunico á ,·J. para su inteli"cncia
regH, si no se les dá la pension con religiosa términos mas como·los y desahogados.
0
pues 110 es posihle apreciar en una simpl1
Llegado ese caso ,·olYeremss á la uia,·i,1 á la casualidad del l'nornc11to, pues aun cuan- y cumplimiento.
escrupulosidad.
,•isla de ojos, como la que he practicado, 1:is
Por fortuna no hemos vi;;to hasta ahora agitacion de buscar para salir del ¡fo y :í los do para llenar la falta l'uera. .rner.ester aun1en- . Jndep,endencia y Libertad. Méxi~o, Oc1•azones que o!iligan al ingeniero preferirá
llegar el momento de descrédito para el Go- contratos minosos, 6 los empréstitos co11 th alguna de las conlriilucioí1es existentes 6 . tubre 51 de i86i.-lgle$ias.

COJR.JREOS.

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SÉCLtfON

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EDITORIAL.

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277
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hasta una cantinera que vende carne de perro con el título de beefsteaks. En medio de
estos trabajos que estoy decidido á escribir
tan Ju ego como halle libre para for~ar un
apéilice á las Prisiones de Silvia Pellico, lo
cual formará una série de folletines w.uy interesantes para el periódico de mi. tia; ,e n me•
dio de estos trab,,jos, digo, lo que mas me aflige es haber arrastrado en mi de~gracia vl
&lt;ligno y e~:celente Dornier, á quien obligué á
acompañarme en la malhadada noche del viér•
nes, y que no es por cierto culpable de la ridícula curiosidad de que yo soy la víctima.
Su arresto le afecta tanto mas, cuanto quepara el sábado por la mañana tenia una cita á
la cual solo un motivo poderoso podía hac¡irle faltrrr. El ha temido que su ausencia haya podido ser mal interpretada; y si ha sido
así, recomiendo querido tío, á vuestra caballerosa lealtad la re_putacion d!J mi amigo que
se despedaza como un lean en la jaula, á la
, ~ola idea de que hayan podido:tenerlo ¡yor cobarde. Me dirijo á vos y no á mi padre porque temo distraerlo de sus graves ocupacioues, Ningun cargo en realidad puede resul

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mente los negocios del país, los &lt;lebere~ de
un ciudad¡rno? .. , . .'.
-Sed en buen hora ciudaclanq y todo la
que querais, pero sed ta:nbien p11c.!re qlgu11a
vez; os han dicho que vuestro hijo es.tá e1l
una prision, y no pe11sais sino ¡m la inJ¡uei,cia que pnede tener este suceso sol:it•e Tues.
tra posicion en la Cámara. Ya deberíais 011t.ar corriendo por es¡¡.s calles para alcanzar la
libertad del pol¡re Próspero,
-Despues cle todo solo ha co¡netido up~
imprudencia, &lt;lijo la marquesa,
-¡Solicitar! ~jo Chevassu moviendo la c¡¡.beza con amargura; es decir que gracias á ¡¡ge
atolondrado, en lugar de obligar al poder á
que cuente con mi apoyo, soy 'i'.º por el contrario quien me veo obligado á pedirle un favor; en lugar de entrar en la Cámara sin nin~
guna clase de compromiso, voy á verme obligado á un ministro que se creerá con derecho
á mi reconocimiento; hé aquí pue¡¡ &lt;Íomprometida mi posicion desde el principia, y est~
porq1,1e UJl tunant1,1elo, porque un botarate.,.
--Yo har13 toda¡¡ l.a s p¡¡tioien¡is, y vos nQ
bareis nh1guna, ·•Ji os pres~nt~reis para r;ada,

269

tad firll\e, la lisonja e~ el m¡¡dio mas

á pFopó,

~jto,
..,...,Cnapdo digo que se ha hecho un hom,
hrn ele provecho; replicó el diputado con gra,
vedad, no quiero decir por eso que le confia,
r-ia un trabajo capital, pero s¡tpiéndolo dirigir
pod ri~ sacarse de él a,lgu n partido.
Haaia dos dias que la marquesa había cobrado á Darnier un vercladero aborrecimiento, y la idea de verlo entrar en la familia le
parecía insoportable; por eso, y sin, haberlo
pen~ado anterwrmente, se esforzaba en ha.cerlÓ c!Wr de )a graaia de su hermano, el cual
por su parte habia empezado tambieq 4 resfriarse respe¡¡to de su amigo político.
-Es,cuchadme, herman¡¡ mio, dijo la mar.
quesa eon aire afect¡¡.do, yo os proporcionaré
veinte secretarios que os servirán tan bien
por f)o decir mejor que Dornier; vuestras re·laciones con un hpmbre de esa espeoie no
. pl'leden ya conveniros, Tocio el mundo sab.e
ó sabrá que no ha querido batirse, y esto, con
fll.1,0ll 6 sin ella, de¡¡a.oredita á un qGmbre;
bien Jo sabeis.
- ?Lo creeis &amp;sí? dijo Ql.\evassu dej.ándos¡¡

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to, g,•:,n Janz:iJa.
·j Fermin su sohri110, O. Jo~é Go11z:ilcz, D. A. zi11 el al,orcado, )' con la de lturl,idc, 1•jcr- menes cometidos co1111·a la sohc1a11ia de
. Ya Sllponeiuu~ lo i¡nc nos conlC'~larú: c¡uc .\,luua el rélt~IH'u llau1is1:i. n. Pánfilo Ca- ci,, en el prínejpc :1ust1"iuco cie1l:1 ras1·i11a- Mt'xict1, rm1lr:1 el &lt;lered,o i11lt1rnacio11al ) 1

llniclatl lle ei,.,,1111stanci:1s ,¡11c cxig,•11 1111 ,•s• d11n11ic11tc.
l'ilamic11tos y colisio,ws, se cncucnlm c11 Euro¡,a, 1a11 ,Hlcla11tad:r cu tllllo, tau i11gr11io- "" p11J,,.,s cas:is, y ,¡11c s11hli1nc,s .'iero11es,
1uili11 11111.r co1wi1•111.1ulo y miuueiosn, tlt'I cual
Fuern de l.1 ci11datl )' en g1·an1l1•s !ramos !Jucri t\st:iJo t.lc uso.
sa, tau cul1a y tan rdiuaila, ~e parcrc :i u11 acu111pui1ah;111 el i11re11t.lio c·on sus c::mlos p~-

l'l:UGII.Ul.\.
l'TlDlERA

PAllTI•:.

1. 0 C:1•;111 Ohc1·1.u1·:i :í 1011::t orqrre~l:.1.
~- q1te es rapaz ,le 11 ,,,tirlo al "s1ti·s 11 n1 cor- ,leras y \'ali,•.
. l'Cccs ¡11·eside á l,is des1i11os del liornb,c, Je la ¡.:11,•na, con11a la paz y el sosiego tic 1111 B,•llini,
'.:!." Simpütico
_ , rrnrn~os,
Duo ,le ...
la~h!
nwjor
mioópe1·a
A,·tu,·o,
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du/&gt; corno dicen los ehinacns; 110 el ~·s111·- ¡ Espl'ranws que los eant:1tirns esf11t.?rzos :inaslr~ :í l~s. playas de l_a .\tn~l'ira, ,·1c1iuia ! pt1l•l_,1t,_ i11,l,•pe11di1·11l 1·, co1111·,1
lr:dlad. el r1li! cJi"e st1-i'!'' cau1,ufo poi· ta Sra. Clolilllc

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(ºo,«Üw·cio" de
y"' p,·,·wrm·tw·a. 1r.1•11 s:1c11Lli111icnl!ls,
)' hay partrs 1•11 ()111' as Jlrer,11cio11 11,ccsarias. Está11 pi•umtas
·
pa- saber si la llUC\'l scrü pe1Jl'1¡ue la,o
1 a1wra.'' l'isos, lcl'IJJi11:111tes; Catlota en s11 n·geuc-ia
1
11111
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1'en-aph·11e:.~.-ll:1) alguuus Lieu 1:ous_trni- juntar, t(c los ·ieles &lt;le los l:i.Jo::., corr·es1 • r: !J.tl nlirncntncion, ih! nll:\ Lioudl.i Y tlus in,~·, Siylo XIX-Sigue i11sc1·ta11Jo la ªHú- dim.1 iil e 111 rn tic los \'i:ijcs de .\laximilim10,
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11ue C'11 C:-ilas coi1gOJ:is ilPI :iuirno sus ops se
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,·i:1110 Y:dlc á J:i Sra. Ang-cla Pel'alla Je Cas......_.......r-'
Con pcriiidirri ,111 , 1/c•ga
c,1111 rehg1osa ba¡o la lonna protestante.
11 e11a1·on ,1e a b1111da11tes lagr,rnas
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..... : llios
tern, ca11tado 1101· la Stita. E111ilia !icrrano.
Por un i~xi~rnmantt'.' ü m:'1¡.;i('o.
.\il.\.\ 1)1-: C.\HBOX.
h:ihia tenido piC'dnd de la oln·eraci,,n de - - .i
~•• f. Pin::l 111! piano ~ohrn tcu,a de la ópeQue se• l':dme .\lt:1111irnno,
IJ. Ca1t·l:1110 lluhio )' ll. \'iccnle Campi ¡ ªIJUcl pri11eipc: Loctlle el corazou, le ,1,ó 1,í- GHAN TEATRO\' \ClO:'/ AL.
r:i Jlcrn:.111i, 1 lt·I fourn-:ro Lit1., t•jccutad~1 por la
Sril~. )!aria t;:irlias.
Que Cul'llar wmc maguc:sia,
dcuuuci:.1;. un criailcrn de c:u·bou ccrcJuo grimas, le iuf'umliti u•11101·c..; JH'rc, el Lrillo
00
u.~ .\l"ia 1le C.\l'l'f.t::•ros, use 11omeo t'cmi(,)uc PcrL·,lo 11111 y uf":rno,
¡ú ()uet'(ít:irn.
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1mperw
1 1a puqmra
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·
· 1 y t•I rnno ol'gullo
CO.'iCll:l',TO fll·'._ C.\l\lll.\11
sc 1111 li:;lio, ,. ca111aJa por l:1 niña Auela Mar.a.
Con n~111i1·n ele la mano
. . , . = = - - - - - - - - - - - - . . , , . : m1111U:1110, pudierou mas lJUC el saludalilc P.\I:.\ L.\ co:,.n•:111:.,u.\ ni:; s.\:'\T_\ Jl.\l\i.\,
,., lluo do fa sirnpátic:, ópeia ,Jo Uo11i.. ,, ~ -. ~·a~an ;í lomar igli•sia.
tniso dl'I rit•lo.
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Lt.:d.\ 111·: L;\)I.\IEH.\IOOll, cantat.!o por los1 ~
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Lo dt'lll:lS, lo sabe ya el lccl&lt;lr.
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La i11,istenria con ,¡ue los Esta&lt;los-U',,i¡111r la 1wl'/ie.
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tle ,•ngase
la c:1rir·:1111ra
s:ih:Hloen,.,,
~•El ti:iuE.,pu
J-:11 el iulerrnedio ra11tar:'i la Srit:i. Emilia
je Oric1tlc,., ,·on,Ptlia tlel Sr. C1tellar.
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dos rcclama~an la e1ac11a!'Íon de lléxieo 1,01·
S1~rrn11u, Ullil l'I.E(:.\la.\ .\ J,,\ CAIUIMI&gt;, acorn..1
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·í 'ia¡wleon
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· 1e ¡13 ree,·¡ 111· ¡0 11111
· m11t•rau'·I es. , e·ce.s 1'-1 ..,;
" 11 1- • cu el cstalill!cirnicnto de una monarquía 1¡11e JI• s ·e cou:;um1a11 paru sostener el s111Jf1:J- la .,,,·ea u·'e u.,,.,,. ,,ur., ,,,"' aux··,¡· ,.. . •, ,,,,.·,.·,·.·o,.-,.,.
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tli ,,,.; fis_-n .... vti
ma ·os n.1 os,1sin con arJcon J/Jd
Q:i c¡tte eu u St1~ J11Cl''11·i·1 cm1&gt;resa ~ ¡· re:;olriú l!c,·arlti á c·1bo ¡ue:..,ocu11at1on1e.1('\ICOpo1·as1u(•Slcslra11-.
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f ,a 1merte míu·ra,
ccs1,·o puc, ,, ac:trrc:ir e.
os os i ,; con sus sol:.is fueri:1s: &lt;1uc cliuió á )foximi- ce)k}s lo
r, ,· . , ¡;; • , 1 1 . .. . ....
10, pu s s1 i o e ?s u !JU el '"uuu
.\i1,1 :ill••nJ""º
'fu 111;,110 pród,lu.
los pacificadores ate!-itigu:111 poi' ef:.pC1"it1n- ! 1·a l lle la a ·a d \u"t ·aº 1 'e 1
.l. ' s co lis Je1 os) e. . p1.cu a1 o1e;,, ,e1sa- nwr µ;trlc son ¡wnlcsorcs r.unsumaJus, sac·a- ! D,•l':1 tua ui:m.
1 1o,
C11lmu 11u :ifau.
cia p,·o¡iin ,¡ 11 c n,¡ 11 ei iirorerliio es" ,eal.
t' s·
e • ,~ 1.·1. ª car e era, u e&amp; t¡ue rn&lt; c:ih:111 al ¡,r11a:i '11e :lustri:1co "•'Jl IIW!-i.·. .·,l luz 1·0¡:1s
. ticultas l',ue ¡1or 1,ri111 •... ra \t'Z
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l11;.!ri1Hl.•.
me 11 te un eran(!elio; y sin ir mas li•;·os, el dia ¡·lliJrJ oi.:upar
· ., e rouo 'e.:,
¡· • P\ICtJ:d J' 1111e.
~ en 1 1a capilal del lll'ctcm,'l imperio, le flacinn 1uurt111
,.
. sus pnmort!s,
,
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asamli 1ca 1,c nota,11 es ,¡ue rolo vor 1a ca, a ciou mcxit·ana; ) por último, que sus san·"-. 1os , res . .,11nza 1ez ,ne, 1a )' " u11a que T.l~os, can 1aua por 1a 1·1 1a. 1.n111,. . • .
que no se comp,in,an en ,il'lud de l,1 ililato- ó lo q11e parece mas 1erosimil, se cal'ga- saJo de ladron, y n1e lo lle,au ante la auto· C. Escohedo; si al'entura el ejél'Cilo Je IJiaz lopion en su caso. ".'i:11la ,¡11icro de los ene¡,rnados de los m:dos moclos dc los can·clc- de J11a1·ez. la detadeucia ,le /:1 Hepüblirn, el "11i11ari11s tlccretos uo fueron ob1·:1 suva s11io son JUSlamente •lJrec,ados_:; ... p¡,,,a ,le Piston, cjeculada ¡inr el Sr.
cion ocasiona,la por la clevacion de tcmpe- 1·011 con las tierras ,¡11c debían conteuel' au- r,úad local, ó :í uu consejo &lt;le ¡;1tc1Ta; )' si á los az~res de la can,paua yuca,eca; delie migo, de mi patria, hel'111a11os; nada rne dw
ros. Se11timos drhidJ11,cutc el pcreance, )' cst·thlt•t·imi,•tllu del imperio \' la e'cccion
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Y por último, ,, los dus maestros llai,lera, .lusé H11.1s, ocow,p:iüouo ¡1or la orquesta.
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rat111·a .
tes de lJUC la ct•hcsion l' auhesiun se hubie- reclama sus dc,·ccl,os le co 11 testan 11 uo para pl'Oceder siu péruida de tiempo, JJu1c¡ue su, ¡11&gt;n111c 11ada tirncil, el uia •111e ellos 1e,¡¡p11,.. •
.· ui,•u currespo1tda ¡,ara c¡ne:nc- d ·,, · • . . d JJ·
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~s e1i, 1• pa- y \'alle, :i quienes 1a1110 ueue el _ane, y ,¡ue 1 0." Ca,wion &lt;le !J ó¡iera ,le Yerdi, EL Tr.o1
tit: 1 ~ ( 1e rh:l:1 ·,· sin co11s1steucm aluuna
· ¡ 1anm1pa, ,, ean1ao
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llaytramos en los cualci:. se l'!ons('i·\·au scdcs:irrollatlusuficientementcensuspnr1es lo•ladr·o,iesco,,,oclJno,el,icie,·o,1,aqm:Jlas ¡;astosporahorasonta11crcc1t.loscomoimí- tcntln~_,u...
· rnlo:i¡)leuanH.'lllcloshechos• ::;eti,:·,c·i ¡ t!. ax11111 1,1110 ~ , ,1ps1JUI 30 t.:orno
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hicu, ¡&gt;crn en otros se l,an des,iado de su ,·orn¡1one11tes, de lo que resulta que se 110· ::a,·antias, sino~ ¡iara los hombres hoiirados, ti/es; y sobre totlo, no deue cnea,·gar á los
l'e10 el tiempo ha pasado, la Hc¡niblica esda 11110 Jo ,¡ue ,•s s1tl'O
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1or e11 .uex,co se r.re)erou con ta enunciarlo para ,¡oe se co111pre11ila lo im1
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IJOsicion JJri:n,tirn,.,. han rl,an,J,,,,a,lo la 1a" cu ellas movimicmos peliurosos.
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6 1-11 acl,·ert·,r &lt;tu• c;st-0s 110 la,.· ,,ece"il•, 11 , rnien- uei'cs que se proporcionen lo que puedan, t:í tti1111/;rn1e, )' Zil:icn:tl'O en el olrido sufre
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lo ¡1reca1·10, lo n&lt;l1culo Jic una de- da, .:·cune
a un:. una• a~d11la~
r .. , , 11u11·anllosa_' •• .• .
.- Sr.
.,a 101, Gartias.
aeom¡,ana o en e1 ¡nano ¡,or
abl'a,adcra de la silleta, ). aun
en al¡(•rn,,s
ll:1y u110s muros de sostcai111iento,
forni:1- Ira, 110 sea u acusqdos
de algu 11 delito. Ve- sino
que dejándoles csclusÍ\·arneote la a11to- su mi~cria, y la mwo de los ad11:111eros saca
GH.\.'i CO~CmllTO.
l1tciones
medio
&lt;los fo1tsa
semejaute.
la Srios1•
ta. Jbria
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p1111tos la charct:1 de éstas. Je dondll i·csnl- dos en ¡,al'rc de mampostería y ,,n panc de mos, pues, que el grau ar~umeuto de los ,·ida&lt;l militar l' sus ,·cspou~ahili&lt;la&lt;les, para el aun la poca sau;:,.e r¡uc les dejaron los in,·a\ Las seiío1·:1s ,le la Cn111\,rcncia de Santa terceros partes de una nac,ou 1111 iugo odioM:1xrmilta110 e,·a un 111·í11cipe ilustrado, 1 :,¡, tampoco t,~ne idea de la ,una Adela
8," .\mlantc del ,¡ui11tdo de la ó¡,e,-J de
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1 depe1tderá del ¡;ohieruo, J' solo as, se ,,,·ita'.'incsll'O o¡lfeciabh, cole0°a el (orr,n ti, JJ;.
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colocai·lo:; rs la mas ;"1 propósito para filcili- t{L Ji,itliúa por gramles cu::ii·w:i.dur!lS \'CrticaE{ Diario 0/icial,-Bajo el epígrafe de riln las cueSlÍOnes l'uuCSlas (¡uc nos amena- :i:icu, "ab:illel'OSO ) balante, cu111u sic111¡,rc,
Cardciia, ,¡uc ,.·a ~e _ha dado :.í cunocci· Lai! ci1111e:,; l'IJUnaduras t!c u11 rt~.giwcu cout,,Hiu- ricos. ¿Pueden negar ('Sta::; cualidJtlc:; cu noeimientos mu~dt:ilL•s. 'fot.lu 1'' eu:.1I ll:icc f'unH•u:.arú .:/ c(lnl'iert() á las t&gt;f'ho e11 ])Unto.
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que ,í 11113 ,o, dulce y estensa reune una sor- mas_~, po¡,11la1es, El uéLil )l_a_"imiliano, llrian r¡ue_ anular la Liogra/'iJ de :lla,i111ili:1- u,·e pod,·ia llena,·
pro¡;,.nura,. toma
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13111 , ' "" "' .... ·." ·· " :;· · ·:,·• · · .. · ··· .. · · ... $ " 11
be consi&lt;lcrarse en toda la cxtcnsion, como siou
:_lia&lt;la dice el Sr. Cuellar que ¡rnedJ ofen1
1
1 de las tierl'as que1 contiene, ). los terra- ;·ora tic todos los ra111us, no dejando c¡ue el pueblo."
1,reuúcnle ª"ilitlacl· la Sri ta. ~l.lza ,¡ue e, a0ou11onsatlo JJOI' el anhelo Je cemr una co- no: tcn&lt;lnau que auro¡;ar los hechos, y en b1e11 1,arte en usta 1·anlat1ra /une 1011.
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1 1uc-o,-t.tco;ll•~Lo,11,J~1111,\01.,
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paso á ni\'el.
Jl eu_es ad)aretlll.'S, fa to~ ~e hase Y e resis- tiempo lo haga con su lento paso.
J.a 01'que,ta,- Ocupándose de Zit:icuaro, 1 de,· la ni:1s clelica,la susceptibilidad: rccnnouua ma,milla, ¡, 11 ,.s ,·ontando apenas trece rnua ) co11liantlo en las ilus,,rias p1·omc,as rcz de retratar al 111uerto de Qucrélal'O, nvs ¡ Es¡,e,·amo~ que l'i ¡iülilic·o, atlemas de ,a- 1'.,Jc"""' y,,.,.""'"""''"'"".............. o ,,0
_
_,~·_.'(tadtJ ucm·_r,1l d_e la cia. .
_La Jb_.cri_a,-,E,•n_ su_,edilorial titulado: 1.Co- Uic'e':
. . . . .·
. . cernos r 11 ,r¡ ni c•scl'itor tic In buena socic lad;
afíos (lOSee utl:I robuslisima vo1. de coull':illo, de :\"a¡wlcon Ul, 1·cnt111ció ü sns Uel'echos al le presental'ian «·aric:Jlurado. Pues l.11en, uu /011z:11' el mento !.11·11~1.1co ~1,, 1~,s pcl'~o,1.3~ (¡ue ~11 tr 1.J:1 :1. 1•• 1',..1"" i.-r~rot •. ·, ·•· • ··• • · · ·· · ·
1teunn, se &lt;leSlJ'u).·e_n pocoª poco.
1•.s
s:ts de l.u1opa, &lt;l.ce.
lodos los capitanes de la rn,asiou o de pero nosotros 110 hemos hecho mas 1¡ue in, Ja intelineule ,· simpática .\lada Gal'lias ll'ono uc .\uslm,
de hombre de t:11 ed11cac1011, ma,Jurcz, ¡u,cw, 1 tom311
' parte en e!,;le
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En mu¡ pe11ueilas distancias, his ondulacioLa que alimenta la calde,a en Chapnhc- 1 "l'ol' todas pal'tcs !Jay mol'imicntos rc1·0- 1.\Ja,irniliano, fue,·011 unos c11 pos tic 011·0s á scrtar 1111a cal'ta y unos p:írrafos, si se ,¡uie,¡ue, se presentó hace pocos di:rs co 11 io c0111 . 111e\lc:,nos que Je halHa11 srdo e1111,1dos a .\11- c,pene 11 c1a y etl:ul, no puede, lrn¡o rn11gu11 cil'ndo preocu¡,ac,oues ,le fallli'ia, l sc~bn•pu- 1f,,ou.1u, b 1,,:1 El,.\L Dh LA N.\ClO:\.
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11es tJUC ¡n·ese11l:rn los riele~. llea::1u :i tener pee, construicl,t s9bi·c picls derechos tic ma&lt;le- lucio1rnrios, intrigas cJiplomáticasJ 1·enci!las probar fortuna, y lodos trnjcron á su ::uno la re, cnrno 1kja entrl'Hr el Sr. CueHar, 11or
Jlfl'sitora _v directora, _,· ahora lucirít sus fa- 1:in_Hu· con el ohjclo de consc _, uil' su aceµ- ¡ n_•spcch&gt;, rcpr_es_ entar el pnp_el pas.·i\'o, obc- uiéiidn_sc ~.. ,_u_n_:1tur~il tim_iiJC'_z, sc_.11,re~e_1,1t:1n_
:.\o sil·udo pi,-.ihl1· que ti•u;.;-.1 dt:.do la ",,)ida d,· la
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..., tic ni,el. ra, se eucu" " e muy mal e~ta&lt;lo.
,In c·,lllditk,s
pt1r,,i'"'"
\'cra1.•111r.,
:iuhasla seis cenlirnetros ,le, diferencia
internacionales, ó&lt;li~s, amhicioncs )' codicias, noticia de alguu desasu·e. )lárquez, )fen&lt;lez, llenar nucs11·0 perió&lt;lico. Efecto de la flojera
cultadcs como pianista.
tacwn, 1·e¡11·esc11talla IJ soilerarua del puelilo I diente, automat,co que le sc11a.Ja11 sus pan e- por p11111e1" ,e, autc 1111 p,i Il Iico, stcmp, e le ('Omlud.a
,,.,,, ór.h·a
,,. ,,,,.,,,e,ó
"' dia .¡&lt;1ucdel:s0gm1
culrnllle
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Los du,·micu1es estün mu_y dcstrui,lo&amp;, y en
J/a/er; ¡ rodante.
que todo .o vcn·1c,ten,
El Sr. D.. \nicclu Ortc•0•a, que est:í pron- ¡ la rn 1unta d uc
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,·•,·a. p:tr:.1
Jo.&lt;cf,·,,,,
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1o trastornan y eme- Lama d nu,
·., De l' ot1er,
·
A¡mard, Ci'11,c 11an )' o,
· 1e 1a 1gnoranc,a.
·
·
·' lo da una nac,011.
·
Qw'd g1nstas.
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Al contranu:
· como Jiom Jire ms•
lllllllt•,
soh,·c,.- lodo,
quum],',·o•
uunc:1,I, 10/lit·a
lrn .l\o\i1.·111lm:, :i"- k\'i~.i i,I 11úLli1~ 4ue dicJrn ~!ida ~t:
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dia JO th·l mi~1110
varios p11ntos el r·iel est:i i11d~penuie11Le de
Es 1hil sistema americano, tínico qne pue- nc11a11. El resultado es que desde el estre- otros muchos, todos fueron ú estrellarse conPe, o ¿por qu~ el Sr. Cuclle1· la pega con
,. to siempre ,¡u~ se trata de l,acer un bien, J)eu, vult perdcre, priu, demelltrtl.
¡1ruido,. ejel'cil~&lt;lo en l~s '.''.'gocios, y rle ta_- Pa/,iri~.-Emilia llorntt/u.-Jlaria Gal'{i"•· ,•c.:riftc:u·:í
)léxico,elOc,ulm
de IS mes
__ Jf•"'"' P. ,..
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ellos,) he no1acJo algun c,1remo de riel le- de usarse si11 peligro c11 este camino, y á ¡,e- cho de los Dardanelos J1asta el cabo de Fi- Ira la constnncia de aquel pueblo que Yeia nosotros y no con el Sr. Escouetlu? Esto es-,.. ee 11 rurrc con sus talc 11 tos :í dar brillo y
El 1,·oao &lt;le ~lucteznma, l'rgado con la icnto s1 se qmc,·e, ]Jax11mlia110) solo )fa". -.llana J/0111edo.
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visilJlc llctcri11ru,· ¡&gt;;11·tic11l:1r111c11tc cu al 0••1111:1 1 PCJeas J-,,OII las 1¡uc llcnt•,
¡lero lOl1as :H¡o1r- 1ia Y C:lJ:l
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· e1e ~1·eu:1. Las P 11 1a.-. 11e l;1:s· me - ria/, suscrilo ¡,01· d C. l0rrnacio Ua111ircz~ &lt;IL• resp 11· ·ai-a, ~- Ja OI'(
· JL'll se c·11111p 1·10· por e¡ rcgt·
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curl'a. La folla de cu11latlo ha liccl,o que se t'CII ,le dPl'cctos.
da,)' cordonl's Ron de acero. Las dlrnlaR, J.1 nccesicl:11/ ull ucdic:11' el rjfréito :.i la "uer- rnicm,\ lll•I~,, )' ardió Z11:k11:u·o J or&lt;licron
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•' mo, ·t l':l d1,! bJrba1'0S, .,· couclu.,•! C()ll c5-tos ¡t.ír- ¡os pu_e¡,los 11ne io c·i1-cund;m, I lns inC('llJiat.lcslru¡·:111 1-111 ah:.mias ¡1:ll'll'S los tah11.lt."s, l:as- ¡
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rios il,a11 entre las llamas uwtamlo lrnmbrt.'s,
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acotamirntu,, )' ,1,·jar dl'sc11bier1as las estrc- tcpi·c, 1,aslalllC hicn c11 nslntitlos, se ronser- "" ' 11'.III e mcu est, º• ¡· rc,e ' cu:ua,
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"Para 01,·a cosa se 11cccsita el l,razu fuer- l 111 11¡,·res,
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. 1es,)' cuaulo era
•"id:i1lcs dt! los durn1ie11tc~.
,aron en '1111•11 t•st;1ílo dur:rnte l:u·g-1• licm¡io. e i111cli:;e11ci:.1 tle p:trlc &lt;le lus rnaqninistr~s .t
tld Hobierno re11c1·al. La nc('c:;idad donii- t:lp:1z de· rnorir1 ,\· solo esrap:rron tle ~sta earLa scc,,io11 lié los &lt;le ]foc·cac no p:11·cee !.ns o¡,er:rd1,i11•s del sitio ,•~igiero11 la d,•s- r11yo cargo cst:in.
11a,11e en el I'ª"· es(;, g11erra co11 los salrn- niceria )' d,• e,1:1 des11"11cci1111, algunos l•,1c~11flcit'nle pnr:i thlr 1,11l:1s l:is¡pr:rnli::u; de d11- irucl'ion tic una ¡iarlc tle l:i \Í;l, 1¡11 e ha :-.ido
Las pit\zas 1111e h:.111 si,lu rcptwSlas por h~- ges; comc11cc111os por tr:11.:11· la lillL'a 11a1111'~i\ yeR, que nc~ernn diJ:nus los bcl::¡:1s de ller;1cio11 t¡uc llcl1c11 ptl'Senlar esla da.•w de ¡ l'Cl)Ul!:,;,ta con poco niidailo ~ de tw.'l maurra 1ler SI(. Ju l1estru .11 1:is en 1ns go 1pPs que 1mu su- de esas 0¡1cratio11e:s. Jfácia i.:l Cull'o tic .\lé- ,arsc par:1 nmt 1l'I'1u~ l'/1 olru-¡ puc11J os y lo·
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muy p1'ons101rn.
ue es,11 r l'rido, cSl;in muy 1,icu i-j,•cutada:--, los aju:;les xicu, Tamauli¡,ai; natJa lic11e 1¡uc temer ,le m:i.rse ~u precio.
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~ l{Ju_s,·. .. , 1. . 1 111:,1s• 1111pol'l.;1.•~le t1.::, el tic!' ~•.nra- Jll'Ó\itnn :i una runa de 11111 y (H'tJUt•i~u- ratlio, so11 pcrfoclO:) )· 111·cs1.• 11 t~n 1a mi~ma tio1'Uez Y los h:.írha1·osi y si alg-1111 peligro :-;e presc11t:i- Esto p~11·r¡•c 1111:i fülmln ¿t•s ,ertlad~; pe::.de,o ele S:.in .\n~tl. .\Imito en un tc11e110 1li:ií'e imlis¡icusahlc su ¡,ruuta rc¡iosicwu ~~ limpieza de trabajo (Jlli! las pri1t1ithas de las se por su l)·oulera, las fuerzils del E!-,lado da- ro i-;in l'mbargu, lit•safia111os ;'t cu:tlqi~r!l en él
•
· · (J 1accr ria11 mu~ pronto cuenta al goliierno con u11a m1111t ¡o ;1• que nos dl'srn1cnl;1,
·
~ñli,lo, 110 prt::'!,c11l¡111 ~usm:tu;llt:'s dirncn),,iones I uua n1~rnera sólidJ.
111~quiuas. t·:'&lt;1wrnnc11lo
un JIO~lt1,·u
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inconl'cnicutcs 11i11~1111o,; por otra p,,rtc, ¡uJl,wite.&lt;.
al 1,accr esta dcclarncio11, puc, so11 olJ&lt;a &lt;lé ,ictori~. Al otl'o estremo de J.1 linea, eu SoLa mis,•n:r mas cspa11tosJ ,ino á sentarse
r•L1ce no C"'t·~r t'1111c·lu·111 0. , ,10 Sº ¡,11c1¡..0 ·, r.
1·Ó\'
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C.
Juan
Carlloso,
artesano
no1·:1,
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ricso'ro
de
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111•ccP11to111•(1s
:ll Indo dr :iquellas uumerosas fa,.
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J, .El de la ConJc,a se c11 cucnll'a en mal esr•~u· de ~u t•s1:itlo /i1mL
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i11Lflif;c:i11lt! )' ,istmJiO!óio.
5¡1rio 110 oh-il.l,arlo, 110 :ipa1·ec(J L'II l:1 n•r1l:i- n1i!i:1s 11uc l¡ucdaron :,;iu lecho ni hogal', \'i"
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· .-"'Solo e..,,·•1c t.'•11 •I guna~· ¡i•" ·t es· ·'ut' licar el 1·ceouocim1t!nto, " 1¡uc lo t stab!1U
u tle,ic,111 'i,· do ·rr:111Ll's &lt;'11 lns montes.• sufriendo
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· y s11 ausc11e1µ,sc
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¡1act! sc11s1·1,1 e r11 los 01111111 ., 1,111 'o,) • 1,,,qu" cu,, é'la 1,,~c·,iuc·,u,, 1.uucna t.:·o 11st r uc·c.; ion ·
· ten ¡:1s ¡,o 11
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· ti u~tno~as
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l,1111tos en &lt;¡ue rn·, 0 n •cc·~·11·io s•r·•
1 u·• 1· J "
Los truc!ts son de 1mena co11strucc10n,
J 10o-ilas )' las pequeiJas colouias uortc•:1mcl'iCt1- uí :í ha1·,·r 1'~11':l:.!ns, .,· !-nltl:11los ). h:1bila11tcs
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.. pro,iene ,Je la sierra ,lt- Chi/11w- j "_'º' iJtr d,_·_11,·n•sid:111 ha¡·o_ los árboles ó atertiel'as.
. 1 ., ., 1 . . . ,. 1
1 ha¡o liucnas co11d1c1u11es; solo¡ se notaI en. las 1 hua; nuestros presidios, nuestras colu11ias 111los
,le lr111 su!Jrc las penas, ) las madres
pu la StlHUl'H:tu uc lra11s1to a CSw e JSC &lt;C
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l)w·111ic11/1•.,i,.-,'·e c,111,·1•1·1·,111 ,,e,1c•1·.1l11ic111c
ruedas tic uu lai1o Y sus cort oues, e e1ecto militares, deben se,· l1tlcia las ,0,ar.,•-..autas de rn1a11 niori1• de 111iscl'ia á sus lii1·os enlre sus
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1'1 en c.s:1 sic1·n1: esla e11)11rcsa esce¡,ciuua ¡ solo PI 11r:1zos .,· 1:is 1ieru·¡ :l)i srn
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conrc11ic111es. I-us culoc·.,,lc,s· e,, 1.-,., c.·,llcs
Lo, ,¡uo alra\JCS:lll la ba,nnc_·a del )Jue, LO I las ruedas al ¡,aso cle los cur\'as contra el ¡ o"oLierno ue So11ora ¡iue&lt;lc dcsem¡,euarla co11 ,las llernl,an al s1·¡rnlcro :í los ,alie11Lcs: hor~ c,"s·, e,1 • 11 1o1.·il·,,1·•,I.
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er·::il es la e·u 11 • ua~ de tlirccciou.
1 uu sislcma ¡iarticular _,. u11itlad cu las O[ll!l'a- j Uc::-!!racia&lt;lo::;, _,· 110 1·11to11Lraron trno solo co11
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c·'nS" ba¡·o J·,1 l'i¡'ilanci,·1
,le' Ji111t•11cz. ..
Ui&lt;Js, sin 1111 J'"" ¡•al'a ~ns l,i¡·,,s,,i111111.·i 111·,1n_
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te, se h:u1 coloca,lo pc1¡uc1·1a .. :. ,.,,,·,as ., .. r·,c,·- / raucas.
p,·,,.,·,- 011
l,1 Je del',tos·,•· i· c,,i,·e sus ¡i.-.,.,. 31·0s cc·ii- al ¡· ó,·cn espar1ano la cam¡,~ila tle .\.lic:1·, si tlos de frin, t·u11lL•stú á cise liombrc lo ,1ue
11u,1, ,·c 11 .
"v
" el s·, -u·,eiite.·
"
ro, que est •.-,11 e11 coutacto )"'e.,1,·,1i·c
Los muros t1c tcrra 11len t.le una :.iltura con- li"ll"
cuusit!ule en formar una líue:.i rnilil.il' sulirc dellicra lt::ihrr rmllest:itlo l:t madre tle los
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u " e.·¡iae·, 0 1,a,·a siderable, ó son de mu.,·
r rnola co11s1ruccion, 1 ... "l'ues
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b·,.,,,
1., 1,.o,·a en q,,e 1·uel .·,cu- la ll'Untcra úd ~orle, conlinndo las armas al G,·aros, á la co111i,lc11ta de .\1·n1odi11 ¡· Aris-

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por el ascendiente ele su her-

--Estoy muy ~egura de ello, y la prueba
es que no lo recibirt'i mas en mi casa. Si quereis creerme, vos tamliien de beis romper cou él
-Lo &lt;¡ue tiene ~s, que prec1Kamente el clia
de mi lJ,,.~aela !t, prometí forrnlllmente la m11no de Enrique(a..
-Sí; pero él mismo con esa ignominiosa
aventura os ha relevado de vuestro compromiso. Prometí:;teis la ma110 de Enriqueta á
un hombre ele honor, pero no á un cobarde.
-Por su¡,nesto, a~í lo habia yo comprendido.
tt ,. 1

•

-Y ademas, ¿quién e~ Dornicr para tener
la pretensio11 &lt;le unirse á 1111u familia como la
nuestra?

--U na familia que cuenta cuatrocientos
ailo:s .•••
-En fin, una familia muy·consiúera&lt;la v
muy antigua, interrumpió bruscamente la ,
marquesa; coufesail, hermano, mio c¡ue vue:;tro Dornier no tiene ni.ttgu1t título para semejante distincion.
-Así es la verdad; 110 se falmcan Chevus-

1

•

2,9

~78

conciliacion; yo que quiero guardar ciertos
miramienlos al poder. ¿Qué dirán mis colegas cuando sepan qno mi hijo Hslá en una
prision? Esto es darles armas, y se alegrar:'rn mucho de encontrarla~ para combatirme.
QuiAn sabe si no llegarán ha.ta exigirme la
responsahilidat.l por las locuras de ese miserable.

tar con trn mí ni con trn Domier, y con el
auxilio de niestras infiu;rentes relacio1ies os
será muy fácil sac11.rnos á los &lt;los &lt;le este purgatorio anticipado 011 que 110s encontramos.
Esto es lo que me ha dicho una especie &lt;le
comisario de policía que se ha dignado interrogarme hace uu momento. :\{e recomiendo
de nuévo á vos, y sobre todo recomiendo al
valiente Dornier ,, la benevolencia de que tenefs dadas tantas pruebas á. Yuestro afectísimo sobrino

-¿Y quién sino so padre será responsable
de la conelucta de ese aturdido? respondió el
marqués severamente; si os hobiéseis ocupa.&lt;lo an pbco menos de vuestras estravagancias
políticas y un poco mas &lt;le vuestro hijo, nada
de esto hnbiPra. sucedido.

-¡Mi descuido! ¡mi debilidad.! repitió Clievassu con enojo. ¿Calificais ele llrimen el no
poeler co11st1grar á la vigilancia de un estudian.te el tiempo que me exigen imperio~a-

2ii

\

P. D. "Os prevengo que me convido ú.
comer con vos el dia que obtenga mi libertad;
qorque solo vuestro vino de Joha1111islier ele
de 1779 puede hacerm&lt;J olvidar los abominables bebistrajos ele la cantinera"
-iY bien 1 ¿qué decis á esto! &lt;lijo el marqués mirando fijamente ú. su cuiiado.
-¡Preso! esclamó Chevassu, cuya cara se
habia prolongaelo eonsiclerablemente durante
la lectura de la carta; ese desgraciado ha ju- •
rado arruinar mi fortuna parlamentaria. Yo
que quiero probar í, estabiecer nra política

_.,.-

'

•

,1,.

Jus como se hacen pares ele Francia,

\

Próspero."

-El marqués tiene ruwn, hermano mio,
dijo la marquesa que hasta entonces babia escuchaclo en •Ílencio; habeis educado muy mal
á vu~stro hijo, y si comete alguna. falta, á
vuestro descuido y á vuestra debilidad deb11
solamente atribuirse.

"

I

•
ya
mana.

•••

t.1

•
'
llominar

.

dijo el
fliputado ele! Norte alzámlose su corbata hasta las orejas.
Al nombre cle Chevass11 se mordió los lá.✓- 'uios la marquesa con una impaciencia poco
disimulada. •
-Veamo,,' &lt;lijo ella, es preciso cortar esta
7
1 cuestion: ¿rompereis ese compromiso
-.\ decil', verdad, respondió Chevassu vacilando, uo me clari.a gra11 pena; sin embargo,
como es un proyecto formado hace tanto tiem' po, }' Dornier puede ser un enemigo peligr&gt;Jso .••• es embarazoso el romper así tan brus ·
ca mente. • . .
t,
- Y o me encargo de ello, dijo la marque sa, dad me vuestros poderes.
-Si lo quereis, consieuto en ello.
La marquesa lla1lló y se presentó 1111 criado.
-Decid á mi sobri1m que venga, le dijo.
,
-Por esta vez creo no se quejará Je mi deterrninacion, añadió Chevassu luego que el
criado hubo salido.
Enriqueta entró
el tialon ta11 conmovi_
da, com? llll acusarlo á quien llevan á oir su
~entcncrn..

¡Derriba010s al ministerio? ¿Declaramos la
guerra á la Europa! ¿Hacemos uua reforma
electoral?
-Erns son muchaH preguntas á la vez, respondió Chevassu si11 comprender la ironía con
que le hablaba su cuñaelo; porque jamas hubiera creído que tan graves materias pudieran
ser tratadas con ligereza. Para responder á
vuestras preguntas sin confundirlas, os diré
desde luego que si el ministerio 110 cae á los
primeros ataques, no por eso escapará bien
en aelelnhte, porque yo por mi p11rtr, luego
que haya establecido mi posicionen la Cámara, pienso &lt;lirigit· á lo$ sef,ores mini~tros unas
cuantas interpelaciones, algunas de las cuales tendrán precisiou de hacerlas cuestion de
gabinete; verémos entonces cómo salen del
apuro.
-¡Yal ¿con que cucstion de gabinete? dijo
el viejo recalcando lo. palabra; pues bueno, yo
tamuien voy á proponeros una cuestion de
gabinete; me &lt;lireis despues si vale tanto como la vuestra, y veremos c;ómovuestra 11alerni&lt;la&lt;l 8ale clel apuro. ¿Dútide está Próspero?
-;Próspero? respondió el diputado como si

....

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en

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'

•

despertase ele un suei1o; ¡ah! si, Próspero, ya
hace dos dias que no le hevisto.
-¿Pero á lo menos sabeis dónde está?
-Su pongo que en la casa donde ha vivido hasta ahora.
- ; l~stais seguro de ello?
-Estoy tau sobrecargado de negocios elesde mi llegada ....
--Que 110 os queda tiempo para pensar en
vuestro hijo, interrumpió hrnsoamente el marc1ués; ya se ve. eso s~ria un cuidado &lt;lemasiadt1 vulgar para un ciudad.a.no tan distinguido
como vos. Ah! si se tratase &lt;le la eman9ide nrotecrer á intriganl1acion de los ne&lt;rros,
"
•
o
tes &lt;le are,war á imbéciles, seria otra cosa;
'
"
entonces
~endriais
gran&lt;le entusiasmo y mucha. actividad; pero vuestro hijo ...... Pues
hieu, ya que no sabeis dónde se halla I0 r6s)lero, voy á decíroslo.

El marqués sacó 1111 papel de un bolsillo
de su chaleco.
-Hacedme el gusto, continuó de escuchar
la lectura ele esta carta que acaban de entrevarme al enlrttr en rasa
o

...

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EL FERRO-CARRIL.

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Este periódico &amp;Mi de mu red11Cida1 dimeneiooes, bajo un plai, análogo al del Papor.

•

OBRAS POSTUMAS
.

1

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PRECIO: DOS OJ1?1TAVOS CADA NIJll&amp;RO.

Comenzará i pubticaree, tan luego comn e-1

~~it;:;::;~: ;\;i::,r,'.:;:~;i:''e está ya en •_•mino
Avisos y _suscric1o!ies se reciben ,en_la l,t~~r•

1

fia de J. R1vern e H1Jo, r,alle del Coliseo numero 4, Frente al Teatro Principal.
1
Uno y otro periódico tienen ya contratadas nl- ·.
1
gnn:\R columnas para la .insercion de adsos extrangeros,
1
México, Setiembre de 1867,

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EL VAPOR.
PERIODICO POLI1'IC0 1 LITERARIO Y MEKCANTIL.

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E&lt;li tor y Redactor en gefe.

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rfRAl)UCIDAS POR l;,. L. L.

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El plan de esla publicacion es entllramente

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01

::fI:~::1;;:t~:ri~I:,~º:

e~r:~~i=º.fo:ti:~~·º:ep~~~

~:~~~:.
r;~~.:r~:p~:~~'.1 ~o~~a~ur~:it~r~r~~•arrollar
Mejoras materiales: Obras de beneficencia ~

,

in•~::i:iº,';,Ir~~~~it Ae;encia confidencial_y públrna, anexa a la re~acc10n del Vapor. A"1sos eu

~:f:; d~
1

•t~~~~rf:~

Los ci11dada11os tlis¡tu.estos á ilnst1·ar s11 e1·iterio, los pad1·es de fami1it
y los preeepto1·e:~ auisioso~ de dar l11z y 1·azon ~ los 1·etoi1os sociales, halla1·,i11 e11 la obrita au11nc1ada IID eomple1nento a sus deseos.
Se ex1ie11de en la Libre1·ía llexica11a, esquina del Refugio \TJ Le1·do, y en
la tle Aa:11ila1·, l.ª calle de Santo Dom111go nn1n. 5, á CJUA.TRO RELlLES
el e•.J1e111pla1·
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~tj:;.;rd;c::te!,
.~~~i::i_o•
noticias que puedan interesar al comercio y al ~
público. Empresa de correos de la ciudad, men
••geros y expresos, establecida por la misma redacc1on. Agencia de ne~ocios j udi1:iales, para In
que se cuenta con abogados de gr:in celebridad.
Este periódico aparecerá tan luego como pasea \
las cDes1iones de actualilla&lt;l que ocupan la aten- 1
cio11 pública.
1
Por ahora !e reciben avisos r· suscricioncs eo 1
la litografía de Rivera é Hijo, calle del Coliseo
núm. 4, frente al Teatro Priucipal y en los estat.los, sus corresponsales.

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1

Platei·c,s y Alcaicería.

PAPEL SELLADO,

SE VENDE
Una CASA no lejos del centro de esta ciudad,
c¡ne nunca ha pertenecido al clero. La persoua 9uc
se interese podrá ocurrir al despacho de e:3tu. imprenta, en donde se le dará razon.

México, Octubre de 1867.
Habiendo traspasado el que suscribe, Ja Alacen:1

y sedería LA

PERLA,

.,

TITULADA

Tiene el honor de avisar al público,
1
haber abierto un taller de grn bada en
el que se ejecutan toda clase de obras.
En el grabado en hueco ó ele Laja relieve, medallas, timbres, botones, camafeos, chapetones y lo relativo al '
ramo de joyería: en el grabado en li'mina, estampas, retratos, títulos, diplomas, tarjetas é iniciales: en el grabado tipográfico, sea en metal ó madera, sellos, vii'ietas, punzones, y en '
general t_odo lo relativo á e~taR especialidacles y !'l las obras ilustradas.
México, Octubre de 1867.
1

Se ha trasladado dicha oficina ni edificio del
Ex-Arzobispado de esta capital, en donde queda
abierto su despacho para el público.
México, Setiembre 17 de 1867.
12-9
'
J, Enciso,

."

LA GRANDE Y NUEVA CA~1ISERIA

DE SAN CARLOS,

ADMON. GRAL. DE LA RENTA DEL

l

.

'

PROFESOR
DE LA ACADEMIA DE BELLAS ARTES

H,.

'

·. YA SE' ABRID
.

SEBASTIAN C. NA VALON,

COLISEO YIEJO Nú,1.

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1 1

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ESQUINA. IlE LA. I•RlllERA ClLLE DE PLATEROS Y ALC.\ICERIA. N. t.

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Unica casa en ~léxico que puede ofrecer al pt'1hlico un "·erdadero y completo surtido de Ca111isas,

Calzoncillos, Calcetines, Caniisas, Corbatas; Fundas de almohadas, 'l_'oallas, Sábanas, JJianteles, Sorvilletas,
JJIedias, Cuellos y 11uños posti:os, Giuintes de cabritilla y todas clases, Ca1nisas de f'ranela de todos colo1·es,
Ligas, 11/ancuenias, Fistoles, So1nbl'illas, JJaragüitas, Pañuelos, lJiascaclas, Bandas lisas y bordadas, 1'/cingas y puños de lana, Bufandas, Plciits y otra infinidad de artículos concernientes á este ran10.
Gran surtido de ROPA INTERIOR J)ARA SEÑORA.
Se hacen camisas SOBRE llIEDllJ1i, lo 1nismo que calzoncillos y camisetas interiores.
Participamos al público, que recibiendo todos nuestros géneros de Europa, podemos ofrecerle un surtido de géneros blancos de lino y de algodon, que yenderémos variados á precios sumamente- vetitnjosos.

~

(1::j A los compradores por mayor se les hari ltua rebaja considerable, ..et)

situ,da eu el portal del llefu

g-io, y sabedor de que el anLiguo dueiío tiene nlgu1
:np.s cuentas pendientes de pago, poue en el couociraiento de todas estus ,personns, que uo eo rcspon- l
sable de niugun crédito se,l activo ni pasivo ,\' que ,1
por consiguiente todo aquel que lc1~ tuvil're podní

~léxico, Setiembre de 1867.

1

1

entenderse directamcutc con el Sr. J&gt;. Alejo llrin- ¡
gas, resi&lt;lerte ea Cuautitl1rn en la Tiellda llamntla
de In Alcaucía.-Méxioo, Octub.-e de ISGi.-,V•- •·- - ~ - ~ - - ~ - - - - - - - - ~-

---'--.;

nuel Oa,,o.

}~ditor nispommLle, )L Fcrcz.-lmprl'ntu ele Lnm, calle &lt;le la Palma N. 4.

WliWI

•
•
27(i

Abrió la carta y la ll'yó, .deteuiénJo,e á
cada frase:
"Mi querido tia:
Ni estoy en el Se11a sin·icndo de ll'ü8fO á
los pescados, ni en el bosque de Boulog11e
tendido en fortna tle cad,á ver; pero de~pues
de estas maneras de estar no conozco nada
menos divertido que mi actual posicion. Escuchad la narracio11 de mi trist.e aventurn.
El viérnes en la uoche tuve grande~ deseo~
de irá ver el tumulto de la pnerta Je 8ar1
Dionisia, y esta ocurrencia me ha costado
una prision. Me arrestaron en medi:&gt; de la
turba, sin embargo ele no ser culpable sino
&lt;le curiooidad, y llevo pasadas ya cerca de
cuarenta y ocho horas en una morada que no
es por cierto la de Pafos, y que llaman depó~ito de la prefectura de policía. Aquí hay de
toda clase de gente: vagabundos, presidiarios
cumplidos, pillos de toda especie, pero ninguno inocente como yo. La carne es poco
suculenta, una agua salada que fastuvsamente llaman caldo, y libra y media de pan negro. Por fortuna 1engo dinero, lo cual me
ha permit.ido poder elevar , mis pretensiones

•

1

•

dice de su mano derecha y agitándolo con
energía, como si quisiese incrustar en el techo l! admirable peroracion.
Antes que el pad~e de Enriqueta hul.Jiese
vuelto á tomar su ordinaria actitud, entró eri
el salan el marqués de Pontailly. Parecía
este demasiado conmovido, porque su andar
era incierto, su respiracion precipitada, y le
brillaban los ojos en medio de la cara como
si fuesen dos carbunclos.
-Buenos días, señora; muy servidor vuestro, Chevassu, dijo coJ;J. un tono seco. Querida
Ennqueta, prosiguió w10dificando 8U acento,
quieres hacerme el gusto de ir mientras nos
~irven el almuerzo, á poner en órden unos periódicos que he dejado sobre la mesa de mi
despacho, y quiero mandar á encudernar?
L,i jóven salió, dirigiendo á su tia una
sonriim de trinnfo; pero no manifestó el viejo
haberla notado, tanta era la vehemencia de
su preocu pacion.
-Y bien, señor diputado, dijo el marqués
con énfasis sardónico así que su sobrina hubo
sal\do del salon; ¿á qué altura nos ha\lamos?

•

,

La marquesa que conocía perfectamente 111,
aficion de su hermano á las disertaciones, ntt
quiso lastimar su susceptibilidatl y guardó up.
profundo silencio, aunque no sin haber mauifestado antes á su sobrina por medio de un~
mirada qne tocio marchaba bien.
-Enriqueta, dijo Chevassu tomando el aire mas imponente, el primer deber de una hi-,'
ja para con su padre es la obediencia; os lo
he dicho muchas veces y os lo repito ahora.
Vais á saber mi voluntad, y cuento con quq
os sometereis á ella. Por varias razones que ,
me reservo, htJ mudado de parecer respecto
al matri,onio de que os hablé; por consiguiente, no os casareis ya con Dornier.
-¡Ah, padre mio, cuán feliz me haceis!
esclamó la jóven arrojándose en sus urazos.
-No se trata ahora ~le eso, replicó el diputado procurando separarla. Feliz ó desgraciada debeis obedecerme. Pero no creais
que vuestra desobediencia del otro día es la
que ha cambiado mi resolucion, nada de eso;
en esto como en todo, no he consultado sino
á mi razon y á mi voluntad; á mi ínvariable 1
voluntad, ai1adió Chevassu levantando el ín.l

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                  <text>Autonombrado como periódico Liberal, Independiente y Radical, editado en la ciudad de México durante la segunda mitad del siglo XIX. Contiene sección Editorial, Oficial, Noticias locales e internacionales y publicidad comercial, además de notas históricas, literarias y de arte.</text>
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                <text>El Continental, Periódico liberal, independiente y radical, 1867, Tomo 1, No 51, Noviembre 8</text>
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                <text>Autonombrado como periódico Liberal, Independiente y Radical, editado en la ciudad de México durante la segunda mitad del siglo XIX. Contiene sección Editorial, Oficial, Noticias locales e internacionales y publicidad comercial, además de notas históricas, literarias y de arte.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>.............

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hiislari:1, si "" para e,iur los :icci&lt;lentes tic I mas r~comcndablcs ¡101· hahe~ dado el uoblc tes, la co11slnte·.cion ele las obras,) sula en da1l:1110s que, ha,·i,•nd11 csiudios csprdal,•s,
uu,acioucs, ,cr,a ilóKic:i. El pro3res11 es una manera absoluta, si p:int di,nii!IUII' su eje111µlu ele es¡,irilu ele empresa ) tic amor t'llas re,·ac la 1·,•spo11sohil11lad.
to111cu \JUr onipariun el si•rvicio ,le L,, oli&lt;-ilir111l', ¡,orq1I&lt;' no consi1·n1e la ininu1:ib1lida1I. mimcro.
al a,Jelanto del país, 110 se puede legal111c11tc ¡ 2.' Hacer lo 111ismo respel'to 1k la es-¡ nas, el tl1•s1•mpci10 lle la magii:,;Lralu1·n, 1.·I ,jcrSu cleslinu ,•s desarrollarse i1wcs:10tcmcnle
Pues bien, riudadano gohernado,·, con I hacerlas rcspousahll's, puesto qui' 110 tienen plotacion,
I firio de t:,, fu11ci1111cs 1liplomi11icas .; el de
rccn1111&lt;·ie111lo pur úoico !.mil e el inri nito.
haslaul'.' pe_"ª h,:. obsen_ad,º_ qu~ ·:. fccru~ar- ¡ 1us cn_11ocin'.'.e11Lus_ 11ccc•sarios, )'
ülli111u 1 ~-· Qu~ la autol"idad competente, \'i~ile los r.:irg?' :11!111i11i,t allrns ,¡ne req11ic,1·en cieu)1. SHWt:Z )l.,nltOL,
11! de Chalen esl,t cu 111,tLena Je esplutal 11111 a11~hs1, la HSµousahd11lad recacna sobre la~ el c11mpl11111e11to ele las a,11r11urcs cla11;ul.1s c,a p:ir111·ular; sol,, no~ opouc,nos a que""
cu uu csta,lo ,le¡,lmal,le, y lo mas s,•u,ible 1 autorieladl'S, legales ó 110, que tlejaroo hacer I y el de to,lus los otros com¡,ro1111,os ,Je la 1·stu1lios y ,i11 .. i,•,11·ia. muchos se cn•:111 apes que nu Sl! p~~tlc hat't'.~ rcl!ac~· sol'.rl~ n:Hl 1c cstc11,iYa i, la const111e.-itJu .rl" e,t.1 rl.tsl' ,!,, empresa, ¡,ur medio de u11 i11,pector que :i \ tos l aspirc11 ,, ser c11!11ca1!os, conta11Cl11 esto
r.s1a resµnusah:1111:td. Qu,eru &lt;lc¡or bwu ase11- v,as; la lamentable tolcranc,a con q11e se per- In 111,h·1w1Hlencia y honradez suficie11t,•s JIª' a como un ren1rso ,·n circuns1antias e,trctatlo que no hago esta aseHrJC\011 por los mite lJlle se constru)a t•n )Jé:..ico por perso- · 110. cetkr ante niuguua inllucncia siendo dig- mus.
F~;nl\OC.\IIHIL DE CH.\LCO,
ateideutes ,¡uc ha' ocu11 ido; casi todos hau nas que carecen de t., inslrucr,,,11 111cl1s¡1c11- no rc¡,rescntaute de IJ autorid.11I, reuua los
Cna111lo 11111chos iu&lt;liri,luos se concep1úan
tCorn·\u~t•,)
11
sido ele tal uaturale,o, que 110 estah:, en la'. s.ihle. Y es tanto ,u,,s µunible el 1l1•sc11ido en conoci111ic111os cu el ramo bastantes ¡,ara ú ¡,rn¡,ú,ito p:.1·• los ,•111plcus, ú , , e111·1..-11l!.'.rplotuciou 1fc&gt;l rn.mi110, 1·,iidwlo y cumwr-pl'Crision ,le la empresa cYital'ios, Ta111poco · c,ig,r ,\ la empresa que ¡insiera uo director hacersr respetar.
1ra11 ou·o recurso ,le s11bsisLe11cia mas có1Í10I
1·crrirm.
creo •1uc 1111a buena e,¡,lotacio11, a1111 eu ca- de la esplot::cio11 rcs¡,011sahle, c11.i11tu ,¡ue si
.\." Que se dé 1111 rcglame:.to de policía do, ,w ¡1ndi1•11,lmc.,lM ruloeadus to1los ú la
La St''!lll i{l;tll ¡k lo~ , iag,·ros, cu:dquicra
minos muy bir11 c"11slr11idns. !,aste para e11- la f.1lta ,le c1111orimi1•11t11 011 el ramo de las de ferrocarriles.
rez, es c1111si~111enti, c¡tw :111h..1.·k11 uu tra~lor1¡110 sea la construeciou de 1111 comiuo de
tru· tic uua 1w1m•1·,, absoluia los :1ui,le11tc~. pc1·:;otias f)tW 1kllian r\igidu se lo:; i111petli.1,
¡j,• Que se promulgue una ley peual (¡uc 110 rn l'I eml ,·en una rSJH'l'~nz:-i de 01:11¡&gt;:.ir
fierro, no &lt;lepende sino del cuidado é iutrli¡
•
,
llacienclo ahstracciou ele los que ltn11 t1·11i,lo l:t 11111a cl&lt;'I Sr. )1,•mlez &lt;lcliia haberles lrncho castigue muy se1eramente :\ los que deslru- las colorac1nncs ,¡m· otro:,; ,lrst•m¡,eñan, snlo
genr.i:1 ilc la esploLacion.
lug~r cu t•~ta 1i1H•a, como si no hubieran si- comprcnJer esta nt:cc:rnlii1L
y:rn las ,·i,1s .t'l~1·rcas.
. .
por l'I hcd10 de 111• Ji:1!1(•1· c~t:.1110 colotatlus;
S1 esla es h11c11a, s11¡ilirá los dcl°L'clos ele la
¡Jo, 110 poi· eso sed menos cierto que el caPor otra parte, 110 ha) reglame11tos ,¡,, poCo11 la primera l' segunda d«po,1c1ones, · y c11l•i11res lns d,·srch,ulos. ,i11irtHlo it lJIH'mala cnnstrucc.iont pero si es mnla, el rami'
,
. .
mino csl:i mal 1•s¡ilo1a,lo.
, licia ,¡uc a, reglen los ,le lus Je, ,oc:irnlc,, lli la socie,lad tendr:í las gara11uas de que ca- dar rn la misma pos,cion que aquellos µuar110 1P1ejor ron~l1'tti1lo est::mi sNjeto á acri1lcn,.,,
. · l~I rihaullono t•n la ¡ 111lura de los ¡,urntc, , La,npoco
lc)cs. penales
paia
los que lo:; Je~- 1ecc. , la•autorulad no fü~ vera cu el c:1~" 1la\Ja11 ct11¡.;,l1t1111 ·111 el "Cl'IIH.''I dl' otr·t futura
lí·s. l n rammo
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mos, miembros &lt;Id Co!C'gio rlectoral tlc ·lluaHL:l prclH:i'.l p1.•i·i:Jdtca e~ muy _pro¡,u.11b:l á romo secretario t.lc1 c. Presidente, que ci; \ rio, µues ai no todo11 foa qu~
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s E Gu NDA p ARTE.
manlla, tenemos lo honra de \'rlkitar (1 HI. e,agerarlo to.!«, y c~ta ¡iropc11s10n suya se entef'amente apócrifa, lo cual uos ha dicho mar parte son ¡,rofosores consumados, saca1.• Gran llAIICIIA REPL1lUCANA, compuespor el
hrami,•nto unánime que,:¡ n.ismo. echa du rer ¡iriu·:i¡,ahncnte cuando trala tle el mismo i5r. S:1n1acilia, auturiz:"tndonos para mus:' lur. joyas ecultas que por ¡,muera 1·ei ta~· dirigida yor la Srila. )!aria Garüas.
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a _. la kt ·a lo ue al ¡,11hlitarlo.
luc1ran sns ,,,·,mores,
.2.• Roodo de la ópera de Oomzetu, 110110111
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luzo en la persona ,Je ,d. para representarlo 1O ma 1o. ,.,u,en 10 111 0r ª ·. · 1'
1
Estos si son rasgos o!oriosos para un pe- i (;rae,as, JlllC&gt;', á Mto caritativo iucidente,, nERTO nEvEnECX, "Vivi ingrato a lui &lt;l'acanI
en el Cungre,o ,J,, la .fni«n. Los grat~s r,•-i' ~unosprno,l1c_os suclcu decir sobe falta &lt;le'1rÍ6clico,
_ _" _
•
podrá el públic_o ad,~ir~r !•. lentos que, de Lo/ e~otada por la Sra. Clotilde Espino de
cuPnlos d.,
aclminist,,icion en el Est:1,Jo l.111111l'za en esta capnal, ¡ sohre ,obos que
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t~1ra ma11era, pe1manect&gt;r1,111 ignorados.
, Ca1&lt;lena.
ele
Tlaxcal:t,
su
ilus:racion,
patriotis1110
pro"'
,·11111cte11
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sus
inmediaciones,
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~ELE(;~.\FO.
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uuest1:us ar.11:,tas los ~on_ore
:5.~ Brillante
pie,.~
á rlos pianos,
511
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. , . , Telt•~rafo electnco &lt;l,· ,cra1,ru,.-He1111lt- )" el ¡nrbl,co, como a la Si-a. D.• Clottltle &lt;lanc,a
de Ascher,
e¡ecutada
por las co~co~seuori~ub,l ,· con,ta11I" ,1,•swln I"", ,·! ¡,,,,n !,ubh- na c¡nc \1\11110' ·''"" Cll uurnmcnso_ buuan- 1do de Yerncrnz.-1,leci~ido en México, .i\o- ~:spino de Cardclla, que cs. nolohilisima por tas Mada (;arfias_ y Victoria 13ustillos, J los
co, no_s ~~ J1·rt.1n a n_muhrar \11. con prt•-\ co, ) ,¡u~ e,te barranco es un he11ulero de \'tembre .ü de 18h7, ·ª. las cu~!rº} d'.ez :·'.su hermosa rnz, sn es¡H'cs1on ,· su correcto Srcs.0 Anterto y_1•erm111 Orte.;a.
.
11
te,·euc,a 1a1 otros
.-aud,d.,ws. \ al !,:iberio 11&lt;·- b.111,hl,is. :i1&gt;, 110 e, ta1110 el mal cumo le uuc,c 111111utos dt, la La,rle. ~m1111.&gt; ICll,,c- 1eslilo,
.J. La sobre,ahente POLAU DE ws P~nrl
b•
r
po ¡ ran los , le ¡iinLan con el an·i·, del I Lores del Siglo X/X.-Segun 'la Revista ,le' A la Srita. Garfia;, la 111 "'ª Jircclo1a ,¡ue n~os, cantada por la Sri ta. Emilia Serrano.
e io., r~gamos • a . irm~. r~pcr;:nza lIi' que . 111 t'
,
:; '
\ hoy, ha saca,lo mavorío absoluta para go- se ¡&gt;rtsentó Jlenmlo la lialuta eu uoa mar:l.• Pieza de Piston, ejecutada por el Sr.
1110_
1
3
so~tcndra
ni. la 111nulabi!1dail
de la Consu-1 IHen: In s:ib¡,uus los que aqu, est:irnns, Y ,io berunndur del Estado, el C. Clemente L,ipcz. cha &lt;le su com¡u,sicion.
José l\11,,s, aco"1pai1ado por la orquesta.
tueiun ) las 1••11•,. rromo11•r:i lo, i11lcres1·s ¡wcdc alucinarnos la p111tura como tal ,·cz :í
AJ'er falleció la Sra. D.• Luisa Cartahueua
Al j,i,cn 1enor D. P:ínlilo Cabrera, que arli.' Cancion de la ópera de \erdi, tL rnode este 0,slrito v ¡ utc"crii 1:1 J"ricullura
los IJ"º ,·iven h•jns."
de ,111iio1..
ranca l,i~rimas co11 su canto,
· Y.10011, "Slride la 1fünpa," canlado por la
11
uacicute iudu,t;·i~ n,icio~i:1I,
man~&lt;·tticndo ;I
El Siylo \'/X.-Ocu¡,:,nclosr de cleccio- mington."
Acaba &lt;le entrar
el Ya¡ioramerieano
O. Alfredo
Cipriaui, que tiene una uiila
Hay otro
vapor á la vista. "Wil- vozAlLani:ir.esprcsha
y agra,lahle.
7.•.\dela
J&gt;,e.a~laza.
de Clarinete, ejecutada por el
1
conrenicnria de las leics pl'Ohi~1tirns como ncs, manifi,•sta ser un hecho consumado que
Tel,'grafo el&lt;ietrico de \'eracruz.-HcmitiA los Sres. Go11zalcz Pineda y Aduna que Sr. José Salol, acompa1üdo en el piano por
medio mas adecuado ú este oh¡l'tO. :iunca se han renficado eo to,las partt-, las genera- do ele \'eracruz.-Rcribid•&gt; en México, tío- son justamente apreciados.
la Snta. Maria Garlias.
mas que ahora ecesital1 los pueblos ti&lt;' esa les l las ¡,articulares, esccpto en el Estado Sres.
viembrc
7
de
1867,
á
lns
tres
&lt;le
la
tarde.Y
por
tllLimo,
a
los
Jos
maestros
Oalderas'
8.• Andante
de la ópera
de
redactores ,Je! Siglo .Y/X.-EI \apor l Valle, á quienes tanto debe el arle, y que Doui,etti,
Lt:CtA deln,: quinteto
L.\'.\l'.llt:nn1oon,
cantado
11
comp_,tien o eo car11al1H emu ac,on, se an por as &amp;enoril~s m1 ,a ..,._,rano _s . ose. ma
l seña acto a¡er fu6 e1 Ya por d. ,, guerra am1•n·otcccioa. ni mas oon1end1los c,tü11 ,le ,u de Gucnero, do111le lo han impedido las ti-,
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cuan,lo SI' ha dispen,:tdo tmla fel'entia, e,istc111es entre los generales &lt;\1- cano "\Vilderncss" que tra¡o ,dos Sres. Ro- d1rnhdo ks trnb:,¡os dircctnos,
Bcrroso de \Veis, y los Sres. €1pnao1, P111c1irn¡&lt;ortancia;
cs¡,ccie de apoyo al comcrrio estranjero con \ 1arcz y ,Jimenez.
mero, m111istro mexicano en Washington, e•
Pero no conoce á la Srita. Emilio Scl'l'ano, da y Gonzalez.

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llos soldados del pueblo que, dignos hijos de
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m,smu
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preristo
Remmcn.
. , s us armas, pues todos nos
espenr11c1a. Al p,..,nc·,¡i·, y , 5 bl d f· I.
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él ' han de¡rne,lc
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os pa,ses e11 que ha nac,clo y seha desarrollad,, y qnr lrató de eYiLar dando el honroso e em~
Resuh d l d 1 &lt;l. 1
Cuaoclo todos los ciudadanos tic IJ Rcpti- mer~~en bs ma~ s111ceras alabanzas.
este _ramo ,mporlaule. de la i11dusLria, la hu- ¡1l0 de pedir un inspector &lt;le loi; L.-aba¡:s.
i¡ue el es:a&lt;l: doe º1 o . ,c JO, ~- ¡;~beruador, . blica. tengan ·uu medio de subs,slencia i11de- . ;,.Como se acu,lirú á. remediar el mal que
mamchd ha podido d,sunular la p&lt;'rdida de
Aoles de leer el rem,ti,Jo en rncsliou ha- ral . ue la ex il ,~a '" ma o en lo ¡;ene- pendiente de los empleos púhlicc,s ó del ser- ,ud,ramos) E11 "'"'stro eonce~tc, se cooselas _µrin'.c_rns :·ictim:Js que ha costoelo la es- b1a preguntado o la persona que se m~ in- ,lo' Je qloral:le." 1 :/ct011 es como l:e m&lt;l,ca-¡ ,icio de las armas; esto es, cuando su µor- ¡;uiria tlesi¡;nando e,tudios prerios v forzo¡,eriencia, pe10 en el uuestro, y lrat:lndose dicó como gcfe del mo1·imiento de la,.
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' _P o ambos males son de ,emr no esté ,inculado eo las reuL1s &lt;le la sos"ª.'ª la opcion de cmµlcos; con Ío que se
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,mea, mu¡ ac, remedio l esto no her, ·á · l
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lo"r:tna elim • . ·
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n cammo e tan poca ,rnpo,·tancia y que si recibía órdenes é instruccioues d 1 .
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. ' 111 eres uac,on, se puede esperar con funda111ento n , .
''.''" a gran numero de asp11·anno prese.nta grandes dificultades, la san•re niero director ·i lo ,¡uc nie coot t _° mge- '"'.'ll'.lll~, srno que por el contrano, los pro-1 que la paz establecerá su benérico ,·e,·11ado &lt;le ( ll',, l. las oílc1.11a:; esl3fi:ut m&lt;'jor ,lesempe,
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es o que nr, te¡era ·, tocios E
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,¡ue cueste ca~ra srn duda sobre los que puy tampoco Ll'nia
á sus órdenes I· .
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u nu um1 e couccplo uu modo duradero y permaueote· las a ·pira ta, as.
e e,'ª" ¡1ro,·eerse las µlazas de &lt;lidiendo
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as coa r, as cuen adoptarse los siouieutcs·
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' ' - d,as oficio 1s po
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11~ o ~vitaren, porque los accidentes de reposicion, ni estaba ésta co sus facultal•
º
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c,ones perniciosas se disminuirim ó cesarán
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r conroealonas, á cu¡o Ita&lt;¡ue esta su¡eto no son sin eluda los que des, resullaudo que en rPalidad ll0 ha. di- riel
Que la empresa pre.sente a la auto- del lodo, l la laboiiosidad ser:í la única "ª 1ma,~". nlo se presenlnl'Wll los c¡ue t11viera11
mev,tahlemente trae co1,sigo un &lt;lescuhri- rector responsable de la esplot _.
l, I· . d
competente un mgeo,e_ro ~espousable posible para alcanzar el bieueslar r las con- las cu.1J11laeles. rr,¡u,.n,la, para el d,•sempeiio
miento de loeom11cion de o"rande im¡iorta,1- empresa es I•
1 d. .
ac,011, l a e a cousli ucc,on de la "ª• sm que éste sieleraciones sociales· pero cuando, . 1
,le los res¡iccu,·os trabajos, Yd,• entre los so. .
" que a ir,ge esprcsamente
ueda .· .
.
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a gunos r .
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c,a u obras ele grande magnitud cuyos ries-. Tampoco puc,leu hacer e e· ' ' ; •
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eximirse eu ninguo caso con or&lt;le11es de los miembros de la asociacion ren uu pin- 1c1!:rntes se n11ml,raria al mas apto, al mas
gos 110 pueóe prc,er el ingenie.-o en toda su la mala esplotac·
• arijOS a esta por de la empresa, que no d~ben obedecer si güe lucro en alcanzar un em¡,leo o·
. ' 1am:;r1todo, al mas &lt;li¡,n&lt;J.
le .
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,on, porque aunque son per- sou contrlr,as á 1
. 1 &lt;l ºb.
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un aseenr.n cna11to al 'J 'r .. l
es ns,ou.
na mcdiaua ioslruccion en el souas bien conocidas por su acr _. d d . b
a scgur11 a pu hca, pues so, dificil es conseguir esa paz fueole de to- 1
·r , . , e , l o, una re, consegmda
ramo, un bneu deseo de cumplir este deber !las cualidad 1
1 r
"'. a ) e- la autoridad no ¡iuc&lt;le permitir sino á las da grandeza • de LO&lt;la m . 1·d'
1 311
. a pac, 11·ac1011 del ¡,a,s J' Jetermina,lo el nú'
es as que a ,orman ' siendo ade - personas que prestan las ¡;aran lías suUcicn•
mero
que b'm
t · ue
, asceader sn cnpo · se
•Nosotros uo• rep,·o bamos eI ,.ue
· •á para
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, . ci"~
e¡·,g1na
completarlo
á los ciudadanos

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1 y el. scu:1,rlol' Mnr-:1que :i u11a \'OZ p111:,1 nstt•-rn;a ~' hirn ti111bra¡¡r.ra111lo
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1-:1 Sr.
\nicetn o,·1,•~a. lºll¡O solo uom1111
º.º a 1al oh¡e1n, cm1,i~u1cudose :is, oílual&lt;-s ¡or que ni. pu,•1le ser,,¡ 111t.t:rpr1i?te IJ.,.·1__tic: r:rntrns: qne hace d11i~1ks lo:; ma11r1os tnr-1S,a1,, Andn•s fu,d:1; PI Sr.•:D&gt;.Jnstíl~~- ;\(e\ ... hrc
11'.1.,1~rl:~.ra1_na,,.lom:i
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Sr lL ~lanuel l'l'rrz \Tor,,ado - t1orí· ., ¡
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11 h:iy l,a¡u·o 11:ie101ul para p111lcr g1a111!:11110,.
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n 110
ohliga a los can1lnla1os a ser lraocos 1•11 suslM1txico. i\nviemhrn lS de 181i7-'.\li 1Loma11 Jlllrli, en e,,le Cont·ierlo. scscnirá 100111
prnporrioua,·
al sold:1&lt;lo que ta narion lic,·11- I Con,1il•1eio11, ]11depentl&lt;'ncia y lkf11ru1a. ¡1retensioi,es y ú formul:11· ¡,ro~r,11n:,s sobre muv e:--timrulo nmig-o: -El estado dt:, 11!:lr
11111 t•n cuenin el_ sacrificio d~• _los 1¡ue~ ven. . ,; i111111•1!i,,i:i,
,
l . . 1, :iod .. n:lue
, I.', de, l~!i7.-Ju,é
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, .lo .q~e
. de ~us srnicios 11u,•1le11. espel'ar
. . los mi•"s.,. l ne¡ \Hl me pcruttte
:t su natnral dt!
tim,,lez,
se prescnlnn
da una ¡,n111&gt;rcio1i """' cli1·1'1·ta
11111:in,:1111!
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o e ace!a_nlo, c¡u~ no_ncces,Lamos ,íetirnas puede, µucs, l,acerse al Sr. )Jen&lt;lcz respou- sa y del público,

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Prt•riso l':,;.• ,¡nr e\ goliiC'l'll o ¡.Ho('lll't: la ro- . mig10 n~•rnal, )lari:rno SanchPz.-l :ian L 1lc11¡;t.rn mcx1ca11u,
o¡)ina porque sl! ¡iroll•ja ·
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'2..' Simpático Duo de la mejor ópera de
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4IC sn s1•no a esos m11•11ilwos ,¡ue eon~unwn :,;oti1·c el c:-l:HIO tic los ramos m1111it:ip~lcs, ha comenzado a publir:1rse l'II Vl•rncrul.
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JlUf fo noche.
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siucc,o al &lt;icdrn le- ll.Jnuel Sanehei )!armo!; ¡&gt;er&lt;&gt; adve1t1remo•
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del autor, sobre la le.,itimida.l de los llljos '. la L1H'na mv~r,wn 1¡11e '."? la cantat11n Cun•
n mio d,,o,.
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co1,u;10 ELECTO!L\I..
El /JuHiu dél i.-l'ublic.t Cll \'é1. ,le ctli- producidos por una uoio11 uu s:uH"iou:ida por fen•nc,a _de Santa M:11~ I:! ~I li!s r,nul~c:tus ilr 1 ::'.1º 11~1 ~1nu•l;,
~o~u ca el mutfo,
lot·ial UllO~ n•111ilidOs l'~l'l'l'Clltrs Cuana¡·ua- ¡ l¡l h·Y·
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Seiiorcs l\cdaclorcs ,le! Co111iiic111ul:-:.íuy
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re uo !,•~ foltarnn auxili11s ui cu los dias ac1;:,s,~pi,o "'"º,. ·· ·
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le, su¡,liramos á Hlc,.
Ya ,¡ur el Boleti« Rrpu',li,ww se ha cous- go:; tic! sitio, hemos to111:1&lt;lo so~re uoso tras I
Jorte mi»i:ra,
,. •uork mi~F:\,
¡)l'riódil'O del ti so orupa de e!cci···.ionf.'s sicm-¡ tituido volnntaria y houd:11losa11l~ntc en Crc,.. t la t:11-e:1 tle d:ir 1111e\:c s auxilios :í una :l!-Ot·ia.•\i1.1 ntu·iiduuo
Tu mniio p•ú\·i,h~
dad c11 las columnas ,i., su desint1•rcs·11lo} ., . . , , .
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. ' i . nista de las glorias del Cmi1i11e11tal, 11osotros ciuu que 1011 liic11 sabe &lt;lis¡,,nter de ellus. 1 llc-l'ntun.mnn.
Cnlme1unfan.
¡,at, iótico ¡,eriud,co al ,lornnll'lllO ,¡:ic " la 111 e CII • 1 .enll,I., de ( c,a, qu,¡,t.,, d,m1 IIC a, r&lt;'Lrihuieudo su g,,lauleria, hacemos constar 1 ,\! recurrir :i la lil:111tro¡11:1 de las pnsonas
Tener•'"''"~"
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letra ,!ice:
~busos l l,innulat auwn:\7.as,
,,ne, e11 011 ¡i:írrafo titulado cosas ,le Anti- ,¡u,· deben contribuir cnu sus talentos al Luen, 1.on"'"" lagmuc,
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La aphcuc:1011
para
Si la autoridad descuicla este til'her, sohre )' &lt;¡t11en es •responsable
,Je• la cs¡,lotacrnu. En úan. los cusos en tlllt! se h;,ce 'uso de tales ó
. . tle esta.s reglas, que clt..:bcn ' ga·"netl'Sttrios
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ponsahili1L11l de todas las ,t,,sgracias. fo!- puesia un:1 cart,, tic uou de los cmprcs:irios, tt's, etc., ele. Todas sus rcsvucslas bien ra- que nos oi:-u¡ia corno he dicho antes, s~ti-,·,
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com¡&gt;romefianza cou que me honró\ re!. pi&lt;liéudome te :i la empresa, y ,¡ue o!Jliga&lt;lo por mi me ci ...11na, 111c rcu•l~rou MI ius!rucciou
• ¡· a,.,,·- ran sitio a,lo¡,ta&lt;las Jo« 1·u111Jos 11" la cu111¡,a touscrrnr
e·,,,, 1e•· su pre¡,0&lt; .-ranc,a l sus co ocahabrian sido sólu·iauwnte
eco11omi1.:H.lr1s,
Si1.~111¡1re
rl ~nltl:irlo ,le con,·eniencia n·ní.
informe en asunto tan drlir.:ido, ~, 11w rree- contest,1, que el iugeuirro ele la cmp,csa es tud
' para de:;cm1tcnar pL:1-fectanH:!llle ::;u ren- Jlía
'
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car~u. Tiene ademas la ,cuLa¡a de haber la s,•~m·itla&lt;l pública aürmad:1, i· la cm¡,r,•sa cou clnl111· c¡1t'O ,.¡ l,·uL, ,1 •
,·,et, ·,
ria c11 cíerto mnclo pa,·ticipc de esa respon~ ¡o. S:,11tiago )leude,. De esta 1agu l eslu1·es11 'ta t 0
ser rno.icaua, ¡,ur c~ta1· so~lt•uida la rnrou' ,le• ,,,s
t,··,,,,,f,,•
le 11' ¡io1·'r,:
sahilida,1, si consideraciones pequeñas mcl tlialla eonte,tacion, sc•lcdncia la1·ilme111eque l1t•cho rslni.lios ¡,ara inE!cnie10 i· haber ohtt- &lt;¡ne ¡,or
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1a verdn,,1 eua 1esquiera que sea 1a c:llegorta sospcc ia se counn,o t'O cou11cct0n 111t11na .
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ele la loeo111011va,
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para el oh¡eto.
menos siusabores l' &lt;lis- guerra 110 le ,!,•jaba disl'i-utar, Ó que saho,·eó
fiaBc,fo'líe~6o con ~onc1enc1a.
f¡·a, resulta que
ienia mando esclusivu "'. es menos recomendli,i.J;,;_luau Cardoso,
gu!lº! 5.omo rruttJ &lt;le sus
afanes.
no oh,tanle ella. Esto 110 habla con ~ue0
110
de nin-, ap1·1• ud y ¡ionra dcz lo hacen tamllien acree-¡
Los camrnos ,le fierro son una ·m, ¡uslr1a.
· ¡a e;ecurwn
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· mateffal,
• ui i11ttroencion
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28G
282

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qués, practica.rú las diligencias necesarias
hasta alcanzar la libertnd de ese aturdido.
-Cuyo encargo acepto con el mayor gusto
dijo el emigrado; porque al fiu y al cabo Pró&lt;~
pero es en el fondo un exelento muchacho.

-Y Dornier¿ exclamó la marquesa despues &lt;le haber reflexionado u O instante 110
haréis nada por él?
'
\

2f)O

2!)]

-¡Domier! esclamó el marqués, es un socarren, un adulador, un peda11te, pero no es
un cobarde como habia yo creiclo; debo hacer!
. . .
e
¡ustic1a, y estoy pronto á dírle cualquiera
clase de satisfaccion que me pida.
-Ya sabia yo qutJ Onrnier era incapaz de
~na debilidad como la que se lesuponia, dijo
a su \'e7. Cbevassu.

,

. -¡Ah! ¿con que convenís en &lt;¡ue hubiera
sido una debilidad? replicó vivamente el marqués; ¿cómo aplicais entonces vuestra bella
teoría del Yalor cívico?
-¿No sl\breis hablar si 11 prcmover u na d, _
.
7 d"'
1
IS
cu•t0n. 1Jº a man-¡uesa internniendo de
nuevo con ideas de paz; no debe tratarse si110

',

'

•

to,
el mismo l\lorcal me dará gracias mas
tarde por haber impedido que comprometa
con un matrimonio prem~túro su brillanto
porvenir de poeta. De este modo, pues; serviré á todos. Y como quiera que esto no debe ~er para mí sino un juego, bien puedo perrmt1 rme el placer de los elogios que el amor
debe inspirar á Moreal.
Consiguiente á estas reflexiones m&amp;s 6 menos sinceras, recibió la marquesa al Yizconde
con la marcada intencion de someterlo á las
seducciones &lt;le una amabilidad cuyo poderió
hahia ella misma espenmenta&lt;lo mas de una
Ve7., principiando su uta(¡ue por una de esas
lisonjas á la, que no sabe resistir el corazon
do los poeta,, sobre todo cuando son proferidas por la hoca de una muger. ·
-Leia algunos versos pero oon poco interés, dijo la mar'luesa á l\foreal dcspues de
haber contestado á los primeros cumplimientos que éste la dirigió; la poesía es un instrumento divino que se siente ver profanado; lo
que acabó de leer me parece extremadamen- •
te vulgar. Es vm-dad que vuestras estrofas á
la melancolía han contribuido mucho á la se-

I

28:5

..

tentativa~ aventuradas, cuyo éxito pudiese
halagarla. Temerosa de una i1u'sio11, traba¡aba ella por la realidad, sin pensar f!Ue la
duda valia mas 4.ue el co1wencimiento, porqne rndudalilemente espcrimentaria mas disgusto en perder, que placer e11 ga11ar. 11uchas cansas se habían reunido en esta ocasion para que la marc¡uC;% fijru;c muy parti~ularmente su atencion en Morcal. Las muJeres desde luego hacen s11s esperlencias iri
anima vili, y el vi'zconde vra un sugcto muy
recomendable; ademas, se trataba de conquistar un cqrazon apasionado de otra, y robarlo
á una rival júvon y bella, doble atractivo al
que pocas coquetas se muestran iusensib!es.
En fin, por uno de esos argumentos sutiles
4.ue tanto se censura1t en ciertos casuistas,
habia adivinado la maac¡uesa que el inspirar
amor á Marea! era el mejor medio de separarle de J•;nriqueta, y cumplir por consecuencia
los ,!cseo8 de Chevassu.
-Me deberá estar mi hermano muy reconocido, se deCJa la marquesa cxajerando sus
deberes de hcrma1rn; mi sohrinu es un~ ni.ña
que 11na vez casada, se consolar6. m 11y/l'r~n-

de Dornier, contra quien todos hemos sido
mas ó menos injustos. ,

\ -Es cierto, replicó el &lt;lipntaclo, por nu

'

parte confieso que he estado á punto de olvidar en un momento ilos afias &lt;le la a.mistad

-¡Pobre muchacb.a! decía para sí el v1r¡o;
estás cantando como el pájaro acechado por
cazador; todos conspiran para casarte con r.se
galopín, no te queda nadie mas que yo; pero
no importa, diré como Medea: basta.

XIV

mas sincera v de fieles ~ervicios.

-Y yo, añadió la. marr¡uesa, siento t:!mbien haberle condenado sin que pudiera de-

•

fenderse.

-,'.'fo os parece hermana mía, que hemos
En el momento que el marqués &lt;le Pontailly acabó su des1Jyuno saltó de casa; pero antes de empezar las diligencia que debían, segun toda probabilidad, volver la libertad ií los
prisioneros, fu6 á ver á Moreal. y en pocas_
palabras le puso al corriente de todo lo que

, 1 procedido todos con alguna prccipitacion?
-lba á decíroslo precisamente; pero nun' ca es tarde para reconocer un error.

y

f

-~egun e:-.o, ¿o~ quejaríais !:--i yo vol vieNO
ú pensar"º mi autigno proyecto? rlijo el diputado .
-,Por qué mo habiu de quejar? respondió

'

la marques~.
-Como deciais ..... .
-¡,Quó es lo que yo clccia' que ,uesto yerno tlebi·~ ser un hombre de honor, y pues ningu11a mancha hay en la reputrtcion ele Dornier, la e:cct.usion que ele 61 os había enca.rgatlo st• clcstruy,:. 1ior sí misma.

•

•

pasaba.
-Teneis á vuestro rival resucitado, le dijo
al concluir; ahora es '.cuando nece•itamos de
1;oda nuestra habilidad.. Tengo un gran proyecto, pero es alµ;o arriesgado, y no debemos
dejar de tentar cualquier otro recurso antes
de ponerlo por obrá Mt cuilado ha ido con

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Eij FEilRO-CARRIL.

·OBRAS POSTUMAS

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Este pniódi1:o SP.r5. de mas rr.dncid&amp;.S dimen•
1i&lt;&gt;nrs 1 bajo lrn pin,, análogo al dd Va¡x,r.

'

P11EC10: Dos 0M11·Avos CADA &gt;10M1mo.

DE

EL VAPOR.

'fRAfJUCIDAS POR F. L. L.

l'ER10PICO POLl'l'.TCO, LI'l'ERARIO Y M.EROA.N'J1L. 1

El pl~n de

'

•

esta publicacion es enteramente

::t~~º:~·.~,~~~:~á~~!::~~~::.0~·~~~:~~oi~~~~~::

Los ci11dadanos tlis1111estos á il11st1·á1· SIi Cl'ite1·io, los padt·es ele fan1ilia
: E~!:j; ~;~;:i:!i!~~u!e~,:~~'o.%~li;~~·o:ep~~~ y los pt·eeeptores aaisiosos de dal' l11z razon á los retoños sociales, ha11 ,
1 b •t
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";i~~"i~: ::::,t~:~ o"!.::: ~:t•~':;:¡¡ceuci• :tratl e11 a O fl a UIIIIDCla a 1111 COlllp emen ,O a SUS eseos.
~~:!~:~~~~~!r;;~~li1.!c~:::c~:1v~~~o~~nct!do!eú,;
Se ex1tende en l,l Librería Jlexica11a, esqui11a del Refugio )7 Let·do, y ~n
!~i!~~~f: .Empresa
~;~:t~:E~:~:.~;"~;¡i~~;:ciudad,
,:;~~!~~?~i
la d_e Aguilar, l.ª .calle de Santo Domingo ní1n1. 5, á CUA.TRO llE1lLES
men el ei1e1npla1·

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yectl'&gt;B para importar todó lo útil y desarrollar
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é

públíco.
de rorreos de la
,ag~ros y expres?~• establec~da _po~ l_a mism11 redaccion. Agencia de negocios J lH.hc13.}es, para In
que se cuenta con abogados de gra11 celebridad.
Este periodico aparecerá tan luego c~m10 pasea
las cuestiones de actualidacl que ocnpan la atencion pública.
Por ahora ~e reciben avisos y suscrir:íone~ en
la litografia de Rivera é Hijo, calle del Colmo
núm. 4, frente al Teatro Pri11cipal y en los estados, $US &lt;·orresponsales,

_ 1·
11

.. ,

•

•

1

I

LA GRANDE Y NUEVA CA~IISERIA

;
1

Tiene el honor de avisar al público,
haber abierto un taller.
grH ba&lt;lo en 1
el que se ejecutan toda clase de obrM.
En el grabado en hueco 6 de bajo relieve, medallas, timbre~. botonex, ca-·
mafeos, chapetones y lo relativo al
ramo de joyería: en el grabado en lémina, estampas, retratos, títulos, diplomas, tarjetas é iniciales: en el grabado tipográfico, sea en metal ó ma- 1
dera, sellos, viñetas, punzoues, y eu !
general todo lo relativo á est.as especialidades y á las obras ilu~tradas.
México, Octubre de 1867.
1
COLISEO TIEJO NÚll. 14.

........ "I.,.. ....

ue

ADMON. GRAL. DE LA RENTA DEL
P .A.PEL SELLA.DO.

Se ha trasladado dicha oficina al edificio del
Ex-Arzobispado de esta eapi.tal, en don&lt;le queda
abierto st1 despacho para el ptíblico,
México, Seliembre 1i &lt;le 1867.
12-9
J. Enciso.

ESQUINl DE LA. PllDfERA CALLE DE PLATEROS Y ALCAICERIA N. 1.
~,, ..-1Unica casa en .México que puede ofrecer al pt'1blico un verdadero y completo surtido de CatnMa ,

¿•.;:Jlzoncitlos, Catcetines, Caniisas, C01·batas, Fundas de al111ohadas, Toallas, Sábanas, JJ/anteles, Servilletas,
JJJedias, Cuellos y puños posti::os, Guantes de cabritilla y todas clases, Ca1nisas de franela de todos colores,
Ligas, JJ/ancuei·nas, Fistoles, Sonibrillas, Paragiiitas, Pañuelos, }lascadas, Bandas lisas y bordadas, JJlan9as y puños de 'lana, Bufandas, Plaits y otra infinidad de artículos concernientes á este ramo.
Gran sut·ticlo de ROP.A. INTERIOR PARA SEÑORA..
Se hacen camisas SOBRE JJIEDIDA, lo mismo que calzoncillos y camisetas interiores.
Participamos al püblico, que recibiendo todos nuestros géneros de Europa, podemos ofrecerle un surtido de géneros blancos de lino )' de algodon, que venderén1os variados á precios sumamente ventajosos.

Una no lc•jos
qi¡e nunca

CASA.
del centro de estu ciudad,
ha pertenecido al clero. La persona 9ue
, se interese podr;\ ocurrir nL de:spncho de e:sta nnprenta, en donde se le dará razon.

México,

TITULAD},.

"

SE VENDE

•

Octubre de lS67.

Habiendo t'raspasnclo el que suscribe, la Al:.tce11a

(J::j A loM compradores por mayor se les hará una rebaja c.o nsiderable. ..Et)

y sedería LA P.ERLA 1 s.itu:l.da en el portul del Refu
gio, y sabedor de que el nntigno dueño tie11e Hig~n11s cuentas \)endte11Les de pc1gu, pone en el conoc1miento de todas e::1tns persunas 1 que uo e~ respou-

¡

r

s11ble de niuguu créJito ::;ea activo 11i pa~ivo y que
por consigQ.ie11te to&lt;lo aqur,l que la:s tuviere podr1Í I
ent~nder,e directamente con el Sr. 1). Alejo Bri11gM1

r.esidert~ en &lt;?!'~utitl,rn

e11

ht Tieuda Jlamada

&lt;le la Alcancia.-11i-x1co, Octubre &lt;Je ~867.-J/aH1u:t l'atto.

I

YA SE ABRID

SEBASTIAN C. NAVALON,
PIIOFESOII
DE LA ACADEMIA OE BEi.LAS ARTES
DE SAl'i CARLOS,

Plateros y ~lcaice.-ía.

~léxico, Setiembré de 1867.

l
~-

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__.,
, ..,,n,----------'"'"'"=:i,,•7"~~--■------...,;¡,,.,;;;¡.

Plate1 os y Alcaicería.
___...,...,;..,_,___,. . , .,__,.,___,¡,,_,iiiiiiiioiii,--...,•--·- -

1

8

~:&lt;lítor re~porn:ab!e, ~\I. Fercz.-Trnprc:nta cle L1-1rn, calle Lle la Palma N. 4.
...,..,.iiiiiiiiiiii....iiiiiiiiiiiiióiiiiiiiiij,i..,.;....,._ _....,_ _ _..,._,__ _ _ _ _......,:

288-

Enriqueta á casa de nuu de sus parientes; no
es mas que la una y meuia y mi mujer au11
110 habrá salido; id á verla, instad para que
os dejen entrar, forzad la consig11a. Si es preciso, hablad á mi mujer como ;;e habla cuando está uno enamorado; sed elocuente, persuasivo, patético, y la con movereis, á menos
'. que no tenga au ~u cabeza algun endiablado
designio que creo entrever, pero q ne espero
desbaratar. Si triunfar:;, partida ganada, porque Chevas~u no se atreverá nunca á luchar
contra su hermana; si no consegüís 11ada, entonces echaremos mano de mi gran proyecto.
Veinte minuto~ c;e~pues entró Moreal eu
casa Je la m;i,rquesa de Pontailly qne vivía
calle de Laffite á corta distnncia del hotel de
Castilla, y á pesar de que el carruaje Je la
rnarr¡uosa estaba ya preparado esperándola
en el patio, el vizconde fué recibido sin dificultad. Demasiado rnétódica en sus costumbres, esperaba la man¡nesa gne el reloj marcase las dos para salir, y entre tanto !l"ia una
r~vista estrangera.. Al ver al vizconde que
se acercaba hácia olla con aire conmovido, SI."
· Ronriú con gracia y le señaló una ~illa.

.

28t
do de tan fuerte campai1illazo se presentó uri
criado.
-¿Por qué no sirven el desayuno? preguntó el marqué~ con nn tQno &lt;le voz tan fuerte,
que se Jo hubiera envidiado el diputado.
La rehabilitacion de, Andrés Dornier se
efectuó sin oposicion. Chevassu para su~
adentros sentía mucho iomper la amistad de
un hombre que le habi;¡. llegado á ser tan necesario; así fué que se alegró mucho de verlo
tan prontamente jastificado. La marquesa
solo acusaba á su favorito de una falta, y pueii
esta falto se había desvanecido, ¿porqué habría de contribuir ella á destruir el único
obstáculo que separaba á su sobrina del vi"tconde de Moreal? Ade¡nas de ijSto el marqués, aunque no era muy devoto de Dornier,
tenia demasiada nobleza para tratar de déprimirlo en el momento mismo en que creia deberle una reparacion; a~í fué que por un tácito convenio nada se habló durante el almuerzo ni de la carta de Próspero ni de sus
consecuencias. N fida turbó tamposó la serenidad de Enriqueta, cuya cándida aJ¡¡gría
anubló mas de una ve:.i la frente de su tio.

-Me encanta el oíros hablar así, porque
pienso absolutamente como vos.
- ¿Pero de qué se trata? preguntó e'i mar•
qués; ya hace cinco minutos que os estoy escuchando, y maldito si puedo comprenderos.
-El asunto sin embargo es bastante claro,
respondió el diputado con aire burlon; la car- ,
ta. que acabais de leernos ha destruido el úni. co obstáculo que podía impedirme conceder
la roano de mi hija á Dornier. Se casarán antes de seis semanas.

~- El marqués se mordió los labios, y se dirigió á su muger.
1

-¿Y aprobais vos ese casamientc? la pre- '
guntó mirándola con atencion.
-Completamente; respondió la marquesa
con frialdad.

I

El viejo no replicó, pero arrugó el entrecejo y examinó por un instante á su cuñado
y su hermana, como si en el lug:.r del combate examinase á un contrario con qvÍen debiera batirse. Despues cogiendo de repente
el cordon de la campanilla, tiró de él con tan•
ta fuerza, que hizo saltar el re¡:.¡rte. Al rui- 1

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                  <text>Autonombrado como periódico Liberal, Independiente y Radical, editado en la ciudad de México durante la segunda mitad del siglo XIX. Contiene sección Editorial, Oficial, Noticias locales e internacionales y publicidad comercial, además de notas históricas, literarias y de arte.</text>
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                <text>El Continental, Periódico liberal, independiente y radical, 1867, Tomo 1, No 52, Noviembre 9</text>
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                <text>Autonombrado como periódico Liberal, Independiente y Radical, editado en la ciudad de México durante la segunda mitad del siglo XIX. Contiene sección Editorial, Oficial, Noticias locales e internacionales y publicidad comercial, además de notas históricas, literarias y de arte.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>•

MEXICO.-Mártes 11 de Setiembre de 1867.

Tomo I.

Núm. 6.

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_ _ _ _ _ _ _. : . , . _ _ _ _ _ _ _

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---·--Los eomnnioados y avisos se insertarán con
Este peri6dico ee publicará toiloe loe diae
la rebaja de una cuarta parte de lo que cualquier otro periódico lleve por sn publicacion.
Los suscritorce lo recibiráu en sus caeae.
Las susoricione~, comunicaclos y anuncios
El precio de la suscricion será de seis reales para fa Capital, y un peso para los · for(,. se reciben en In rodaccion y adminietracion
del Continental, callo de San José ol Real
neos, franco de porte.
n(1m. 21 7 y en la Librería del Sr. Aguilar y
~Cada número suelto vale cuartilla.
1
A. loe repartidores se les darlí. Í\ dos pesos Ortiz, calle 1 ~ de Sto. Domingo n~ 5·
el ciento.
á las siote de la mañana, excepto loe lúnes.

De los Trenes entre México y A.pizaco,
DESDE EL 1~ DE AGOSTO DE 1867 EN ADELANTE .

TREN DE MERCANCIAS.
=-::a:a..aa...

Sale de .México
á las 7
de la mañana,
,,
Tepexpan, ,, S 15
,,
,,

,,
,,

La Palma1

9 24

,,

Apam,
Soltepec,

,,

,, 10 39
,, 11 30

,,

¡

do la mañana
Llega á Tepexpan, á !ns 8
.,
La Palma, ;, 9 9

¡ ,

Apam,

17

Sultepec,
Apizaco,

,,

,,

,,

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10 2 11

"
"

,. 11 15
,, 12 21

"

...,.--.::.:r:ac---r:a:""..Ba.
Salo &lt;le Apizaco, á las 12 30 del di1'.
1 Llega á 'Soltepeo, á la l 21 del dia.
2 12
,, Soltepeo,
,,
1 36
,,
,,
Aparo,
,,
."
3 37
,,
Apam,
,,
2 37
,,
,,
Ls Pahua, ,,

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,,

La Palma, ,,

3 52

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,,

Tepexpan,

,,

México,

,,

"

4 4G
6 00

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"

EL 'l'REN DE PULQUE.
.:a::JCJ1tc ...........

Llega á Tepexpan, á las 2 30 del dia.

Sale do México, á la l 30 del din.
Topexpan,
2 40
"" La Palma, "" 3 44 ""
4 33
Apam,

,,
.,

La Palma,

"

Apam,
Soltcpec,

Apam 1
,,
La Palma1 ,,
T epexpan, ,,

do In mañana.

3 46
4 53
5 43

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Llega ií. Apam,

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5 30

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Sale de Soltopcc, í, las 3
11

,,

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(, las 3 36 do la mañana

La Palma, ,,
Tepexpan1 ,,
Ml!fx:ico,
,,

11

,,

4 43

,,

5 43

11

6 53

"

NOTICIA DE LAS ENTRADAS Y SALID.AS DE CORREOS EN ESTA CAPITAL

u! S'J iua ffi &amp;. 0 &amp;. 0
LUNES.

Puebla.
Orizava.
Córdoba.

Veraeroz.
Apam.
Apízaoo.
C. Hidalgo.

MIE.RCOLES.

MARTES,

o.
• oeb'·
~-

JUEVES.

alapa.
lpam.
Íipinco.
C. Hidalgo
ñacbucs.
lt'ul&amp;.noingo.
:J:uer~taro.
luadalajara .
Ea.catecas,
Í'oluca.
llorrl¡a.
fcuernavaoa,

Orizava.
Córdoba.
:Veraeruz.
Oajac,.
i.pam.
pizaco.

~
SABADO.

VIERN"ES,

-+------!
Puebla.
Puebla.

Puebla.
Púebla .
Óajacn.
Orizava.
Apam.
!Córdoba.
.A.piuco.
Veraoruz.
Hidalgo
.ipam.
0 achuoa,
.ij)izaoo.
Querétaro.
ic; Hidalgo.
ti. Luis Potoe&lt;, l&gt;achuoa.
P,Mat&amp;moros . 'I'ulaeoiugo
Toluca.
~uerétaro.
Cuaotlu.
oluc&amp;.
Horelia.

.•
•a1ap•
~pam.
.t.pizaco.
C. Hidalgo

c:

Daehnca.
"ulanoi ngo.

DOlfiNOO.

Puebla.
Jalapa,
Oajaca.
Qoerétaro.
Guadalajara.
Zacatecas.
S. Luis Poto~í.
P . Matamoros,

. Hidalgo
0.aerétaro
achuca
lluadalajara
aerátaro
Eacateeas,
. Luia P ·'"''' i'oluea.
:,• Matamo .. ,~ Morelia.
buernavaca .
"oluoa.
Cuernavaoa.
_ _ _ _ _.!._.._ _ __,_.:..;;_
_ _ __:__ _ _ _.,__ _ ___,_ _ _ _.....:__
Coautla.
Paobuol\.

Toluca.
CuR.uthi.

/

LUNES

3

IDERCOLEB.

MARTES.

- - - - 1 1 - -- - --

Puebla.
Oriza.va .
Córdoba.
Verneruz.

Apam.
Apizaco
C. Hidalgo
Pachuea.

~nebla.
a.lapa.
A.pam.
:.tplzacn.
C.
Hi.!ol~•
'13acbunn

lrutaoci11go

0:uer.;taro.
Queré-tnro
Gnadnlaja,·a
S . Lui11 Po~os:. :Zacakcae.
P. Ma.t.~ moros, Toluc11..
Tolu.:a.
tMorelia .
..~ uautta.
tcuernavaca.

-----

lPuebla.
Orizava.
Córdoba.

SADAOO.

VIERNES .

_ _ ____ .,

DO!UINGO.

- - - -- ~ - - - - - - - - f--- - -

Puebla.
~aiapa
Apam.

Puebla.
?•ia.. .
capam.

Veracruz.

lApizo.oo.

loaJ•cn.
Apam
t.Apizaco
C. Hidal go
P11ehuca.
Querá taro.
8. Luis Potosí.
~ - Matamoros.
Toluoa.
Cuautfo.

C. HiduJg,,,
acbuca.
ulancingo
uerétaro,
uad.1lajar11.
~acaterM.
"oluca .
IM:orelia.
Cuernavaca.

C1 BENITO JTJAREZ
EDITORIA.t.
EL CESARISMO.
Artículo ll.

ITINJ¡:RARIO

1

President,o de la Rtpnblica,

Puebla.
Orizava.
Córdoba.
Voraer11z.

:Apizaco.

C. Hidal go.

Puebla.

~•(•P•·

"ºJaca.

Apnm.

Api,aco.

le. 1-Iidnlgo.

Pacbuca.

nerélnro .

uchne11.
ulanciogo.
ueré taro.
uadala.jara .
Z1u:mte0Rs.
~oluca.

. Luis Potosi.

6• Matamoros

l'otuea.
Dunutla .

Morelia .
Cuern&amp;vnca.

LA «-ORQUESTA."
Un ser de esencia tan'noble como es
el hombre, no ha nacido ciertamente para encontrarse aislado y prf8cripto en este universo que todo es litz y armonia;
ni para llevar sobre su frente, la ma.1dicion de 1n. naturaleza sin salir jamas
de su error, y para. consumil'Bo estéril•
mente enmedio del embate_ciintfouo y desastroso de sus violentas pasiones. Tie.
ne sobre la tierra otro destino do grandeza intelectual, una vez ·que la conformacion orgánica de su ser, y el avance y
poder de su pensamiento predican ti.&lt;1 alto la omnipotencia de _esa:inconmensurable fuerza que sostiene todo lo criado.
Tal como es el hombre, y con los poderosos medios de accion moral que posee, ha llegado á fijar la civilizadon de
una manera. permanente en el mundo. El
inventa cou infatigable te~on, y analiza y
discute diariamente con· afanoso empeño
su modo de ser social, pórque del aseguramiento y bienestar com1'tt, depende, sin
duda, la prosperidad y -~i desarrolto de
su vida i!idividual. El ~sis y la discusion razonada de un ,p-an acto nacional están, por lo mismo, incrustados, si
podemos expresarnos así,\ en la menta y
en el comzon ·del hombre, por el dedo de
Dios. La discusion, en consecuencia, es
el movimiento intelectual del ser humano,
puesto en provechosa acti vidail para buscar la verdad, es el anatema ele los intereses bastardos y de las malas pasiones, es,
en fin, la luz explendente que disipa el
error.
Un &lt;lia un pueblo, cansado y fatigado,
pero no enervado, está para reunirse y
. decidir ele sus destinos. Se recoge, piensa y medita. En este grave recogimiento
ele su espiritu, y como dice nuestro estimable colega el de la Orq11esta, "teniendo
el alma suspensa en los labios de todos,',

.•,.!

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1 oJ:

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wi 1 1

PERIODIOO LIBERAL:, INDEF.f'ENCIEiSfj;~
OONDIOXONES DE LA. SUSORIOION.

~: '· J
•

1

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-

.

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•

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I

1

'Y ·.·~ · A -cioAL-

.

vuelve lós ojos a1 pasado á fin qe aprovechar y asegurarse del porvenir. ¡Desoon.Íiolader periodo es, por cierto, la época, !ds hombres y las cosas; c~yo recuerdo nos evoca el ~preciable colega! ¡Qué
hombres, qué cosas y qué tiempos! El
cesarismo en toda su espantosa plenitud,
Id decadencia. ruinosa de las libertades
públicas, los pronunciamientos mili:tares.
á la &amp;den del dia; el &lt;'4lSa1ismo, ésta a1·ma ian:fanie !/ filosa, pérfida y audaz en
sus avances, sosteniendo lli supe{·sticion
religiosa para poder establecer y aumentar mejot la denonúriacion altanera ele sus
fuetos y pri",ilegios.
¡,Recordais, querido colega, el pronunciamiento del sJmbtío Y' tiránico general
Paredes en Chiohimiquillas, ·que di6 por
resultado el e!Jtablecimiento, d uranté un
cort.o tiempo «lo un César'q_úe tenia_por
base el interes y el fuerb clerical? ¿Recordais el otro pront1nomtniento del general,
Salas que trajo por oooeecuencia el cesarismo vil é imperito del general Santa-Annay de su heredero en el mando, el general,D.
Pablo M. AMys? ¿Recordais que las desventuras qcé Slifrimos en la guem'I americana, nos trajeron en pos de
otro mas
César, en la bu.lanza de nuestros infüttunios, el general Herrera, tibio 6 astnto,
jesuita 6 apocado, pero que rto representó sino al corto descanso del cesarismo,
fatigado con las tantas revoluciones como
ha promov\do en nuestra patria, y que
han formado fa historia oprobiosa do mtestro ser político desde 1821 hasta la. fecha? ¿No recordais que el grande general Arista, füé turbado en su noble carrer&amp; por el militarismo clerical de Gnada.lajara, y por aquel otro hombre, gene1·al, con pretensiones de ·Césttr que sé llam6 Robles Pez.uela? No pensais que en
esta época, el clero, de mancomun con el
ejército, nos trajo otra vez al anteriorproscripto César y lo convirtió en Ál.TEZA
SERENISIMA, rodeándolo de los que despues en las agonía.~ de la patria., tomaron
el nombre de latinos y de var/Jnes fiterte;,
bajo la proteccion de la.~ bayonetas francesas? ¿Qué pensais, y qué decís de las
legiones del César de entonces, y de las
libertades públicas de aquellos tiempos,
tiempos felices aquellos p:rra el cosarismoT ¿Es ficticio lo ele esos días, como antes decís, lo es ahora?
'
Estimable colega de la Orquesta, os lo

m,

decimos sin lisonja: No pareceis por vuestro estilo, y por vuéstra talento, -u n hombre de l!abet y de capacidad, asi como de
no oscuros antecedentes poUticos. Si tal
sois, y mas que esto, amais {¡ vuestra pa•
tria, decidnos como escritor, como patricio y como honrado y lea.l mexicano, sino es cierto que el cesarismo, y siempre
el funesto cesarismo, ha sido, y puede
ser todavía, de una influencia fatal para
las libertades públicas.
Tiene, 6 defiende, la Orq@sta un candidato para la Presidencia. ¡Bien venidb
sea! Mas al tiempo de presentarlo como
tal, 0$te periódico como cualquiera-otro,
asi como un hombre, un grupo, una gran
reunion de ciudadanos, si bien en ello
tienen un derecho indisputable, no debe
1·ian proponerlo .de una manera negativa;
y agregamos tambien, que no es cuerdo
ni Útil¡ ni conveniente para tal candidatu.ra que ella misma, de por sí, no presente un programa que calme las inquie,
tudas públicas, ,por hallarse en el camino
de los oésares. Decimos que el nuevo
candidato l!e le presenta de una manera
negatiTa, y nos parece que te_nemos justiciá. para semejante decir. Hasta ahora
la única ta11on que so alega para apoyar
al candidato de la 01•quata, y de algun otro periódico, ea, que el actual C .
Presidente ha desagradado por la convocatoria que ha expedido, y quo por lo
misi;r,i.o se debe pensar en otra persona.
Si quereis ennoblecer vuestro candidato,
.t
• •
refend sus calidades, sus aptitudes, su ~
saber como hombre de gabinete, sus virtudes y sus talentos para gobernar, y

conducir la. nave del Estado, en los escollos peligrosos q.ue tiene que recorrer,
én las graves cuestiones internacionales
que es preciso afrontar. Decidnos, con
franqueza y lea1tad, po cuales son sus
méritO! y haza!ias militares, porque hay
otros mucho~ patricios, que si no en mayor, sí, en igual grado pueden presen~r
tales patentes, sino las garantias que dá.
para el futuro de las libertades públioas,
y cuáles son los hombres de que se rodee,
porque en fin, los hombres y las cosas
son tambien un programa, una garantía
necesaria para la aquiescencia y seguridad
de los pueblos. De otra manera, es caminar cándidamente á lo incierto y á lo
desconocido, para hundirnos despues,
cuando ya no haya remedio, 6 en la tiranía

•
-69-

-72-

clá11sula, se encontraba otra que los Torys habían

tings, las mas veces tempestuosos, hasta en el

ser plática.

dejado subsistir, primero por respeto á la tradi-

centro mismo del territorio enemigo, y hasta en
!os c01\dados mas decididos en favor de los inte-

lucioneR de esta palabra ten suelta, tan variada,
ta11 clara, es una lógica prnfunda, obstinada é in -

intigua ley_que data desde hace seis siglos, y iié

reses aristocráticos. Bien pronto, el hambre qne
estalló hácia fines de,,.·"··-- ~..consecuencia de la

flexible. No hay din, no hay instante, eu que no
tome nn nuevo sendero, pero cada uno de estos

refiere á una época en que la Inglaterra1 teniendo

pérdida de la cosecha\que-l~patatas (.papas) ditt

ún gran número de cultivadores, se acordaba por

una nueva fuerza á los argumentos de la Liga, é
imprimió una nueva energía á sus demostraciones.
Pidió entonces á sus ad]1erentes seis millones mes
para continuar la guerra, los cuáles füeron instan•

senderos Jo condncc11 á 1111 mismo objeto, á la a"boJicion de las leyes cereales y al esta bleoimiento

cion, y luego porque pensaron qtrn ellos solos po•
drian sacar partido ele ello. Es, pues, e~t.a, una

•

lo mismo el derecho electoral á todo Yeomlin que
poseyera un terreno libre de 40 schelings de ren-

ta, suma que en aquel tiempo era una cailti«:lad
•

-61-

•

La cualidad dominante en las evo•

de la libertad de comercio.

Desde la primera pa•

labra qne sale de su boca, hasta la (1ltirl'111, no hay
un solo mo1ri~11to en que no esté en comnnicocion

táneamente concedidos.'-Un año antes habia pe•

con su auditorio, porque es el hombre qnc da y

Trataba, pues, Cobdeh, lle

dido y obtenido 2,500,000; de manera que la Li-

recibe, sln cesar, impres:ones, e! hombre, pnrn de•

crear con estos pequeños propietarios, y bajo la

ga, por fin, apareció á los ojos de todo •el mundo
como un podel' temible, con el cual era necesario

cirio de una vez, qu~ verdaderamente improvisa.

contar.

en materia; y las formas que adopta siempro son

considerable, y que hoy apenas representa el val'or de 48 francos.

i¡ifluencia de la Liga, electores bastantes pal-a
disputar con ellos la eleccion á los grandes pro-

En lo sucesivo, Mr. Cobden, seguro ya

Tnn luego como fué adoptado el sistema de

de la victoria, propuso en estos términos el ultimatum de la Liga.

Mr. Cobden, la Liga puso mano á la obra, con él

"lié aquí que yo conmuevo hace afl.o y medio

pietarios, aun en los condados mismos.

ardoroso empeño que le comunicaban

jefes, y

Todas !as ideas son buenas para él cuando e11tra
las mas, simplcls.

Por ejemplo, comenzaría nn

disc1Írso en estos términos:
de Lóndres!
J

"¡Y bien, habitantes

¿Qué hay de nuevo entre vosotros1
,,.

•

la cuestión electoml, porque estoy convcnclllo que

¿Sabeis algo de lo que liemos hecho en el Norte?

Fué

este movimiento elcctora1 es una palanca, eón

¿Qué es lo que pasa por aquí? •••• " En medio dr

dividida la Inglaterra. en trece distritos electora-

ayudli de la cual, podemos transferir entéramente,

su argumentacion dejará escapar un chiste prnpio

les, y á cada uno de ellos se le asignaron los ngen:

y para siempre., _el poder de !ns manós de la aristocracia territorial y monopolista, á las de la clase

para dist ra~r á su auditorio, á la vez que llamará

SllS

con los grandes recursos de que disponia.

t~s nece3arios para que sobrevigilaran la forma-

(

1

de nuevo su atencion. • Así, si repe11tinnrno11te

•

•

�2

r

del César, 6 en complicaciones diffoiles de
allanar, en las oscuras y debatidas cues•
tiones del interior y del exterior.
}fo la gran discusion actual, de

Así como nosotros, lo cree la lllisma
01'questa al tiempo de decirnos que su
candidato noJes soldado sino ciudadano
armado. ¡Cómo! ¡Ciudadano armado oon
mas de diez 6 catorce años, en los
campos de batallu, con legiones que á su
mando han maniobrado las mas veces
victoriosamente con todo el severo rigor de la disciplina y del terrible dogma militar! Un poco menos de tiempo,
estuvo Cromwell, cervecero arma.do, al
freo!e de sus legiones; y menos fueron
aú1110s que necesitó Bonaparte¡ eiudadane
republicano, para representar arrrogantemente el papel de Primer Cónsul en
Malmaizzon. El funesto y corrompid-0 Santa-Anua, proclamador de la R&amp;pública en 1823, ídolo entonces de lo que
hoy se llama partido puro, no necesitó ni
mas años, ni mas dias para convertirse en
el César dilapidador, y transformal'se despues en Alteza Serenísima.
•

Ya veis,- colega, que nuestro penilar, y
los temores que abrigamos, son demasía-

- do fundados. Lo mismo siento y piensa

La discusioo de la luz, y por ello convendreis, en
una gran parte de la nacion.

que estimando, como estimamos al Sr.
general Dia-z, en todo lo que él vale, y
admirando como . admiramos las hazañas
inmortales con que ha ennoblecido

i!. su

patria y á su generacion, ni usamos de
armas vedadas, ni vemos _en él al hombre,
sino con entera abtraccion de su persona;
solo nos asusta y nos inquieta la accion
siempre constante

y

la tendencia siem-

pre infalible del Oesaris11/.II.
JosE

CONMEIORACION DE LA füDEPENDE~CIA,

la que

siu. duda depende nuestra existencia futura como nacion grande é independiente, no vemos lo que nosotros escribimos,
hombres, si no principios. Hay hechos
tan notables, y tan providencialmente repetidos en la historia de las vicisitndea
humanas, que despues de lo acontecido
en nuest1·a pfltria y en estos supremos
momentos, no solo no1otros, no solo el
ill!!tinto público, sino aún los nuevos
partidarios de la nueva candidatura abrigan una natural desconfianza, una pesarosa inquietud, no por la persona, sino
por las costumbres, por las ideas y sentimientos del ~oldado, por las tendencias instintivas y hasta por las pasiones
violentas que engendran ineyita.blemente
la fuerza imperiosa de loH hábitos contraídos en el campo de batalla.

MARIA VILLA,

t

r

TEATRO NACIONAL.

Contenido y suspenso por cuatro años
el espirita patrio en la capital, en sus
manifestaciones ext.eriores, pol'que nadie
podía atreverse á celebrar la independencia po.r órden de un gend&amp;rre &amp;anees, al
son de los clarines austriacos y enmedio
de la playa de traidoree, deseaba el pueblo el momento de dar expansion ó, sus
aentimientos, y de probar con su concurrencia y con su entusiasmo el grande y
positivo interes con que mira sus tradiciones gloriosas, el amor que profesa á
las instituciones libemles, y el respeto
con que admira á ·sus héroes, se agolpó
al teatro desde muy temprano, y llenó el
extenso local que, aun cuando hubiera
sido tres veces mayor, se había llen~o
de la lllisma manera.
La Junta P11tri6tica, in~pirada del deseo de celebrar en este aniversario, no
solo los recuerdos de 1810, sino nuestra
rehabilitacion y segunda emancipacion,
se esforzó en el adorno del looal que e~taba verdaderamente expléndido. Gasas,
luces, flores y espejos formaban la decoracion, realizándola las bellas mexicanas
que oonvertian aquel local en un verdadero paraÍ!lo de Mahoma.

La parte de concierto fu,é verdaderamente buena, tanto por la e]eccion de las
piezas, como por los cantantes.
La Sra. de Pineda, ejecutó ,c on admirable precision y buen gusto, 9'U part&amp;,en
un duo de barí,tono y tjpla de Torcvato
Tasso, piezadesoonocida de la generalidad,
y que tieoe un mérito real que COli.0cen
los inteligentes. Cantó con la ternura y
la expl'esion mas enea.uta.dora el precioso
duo de Rigoletio de tiple y tenor: adío.
El jóvlm y modesto tenor Cabrera, cantó en este duo, y en el cuarteto de Pu-

ritanos.
No seria mas dulce ni mas expresiva.
la plan ta de Orfeo, que la voz pura y
simpática de este jóven artista.
Todo parooe augura,rle un brillante porveuir, hasta el h_echo de haberse presentado en tan solemne noche. La patria le
ha dado la mano para presentarlo á la
gloría.
,.
La, Srita . .Amat, y los Sres. Pineda y
Z•qh¡i 1ue formaban el complemento del
cuairo, son ya viejos amigos del público
que los 11.p1·eci11. y reconoce su mérito. Todos llenaron sus partes á sstisfaccion.
La lluvia detuvo al presidente algo
mas de lo usual, de modo que á su llegada ya esta.b:l el teatro completamente
lleno.
El pueblo todo, como movido por un
resorte, se levantó y saludó con repetidas y entusiastas aclamaciones al guru·dirm de la independenci.'t y de la libertad_

3

Art. 23. Los recaudadores so corciora- turas sobre contratos de traslacion de domiNunca habíamos presenciado entusiasmo
rán de estos mismos hechos, por los recono- nio, por cualquier titulo que fuese, se inser•
mas éxpontáneo.
cimientos que al efecto ejecutaré.o por si ó tará el recibo del último tercio de contri hu~ •
Leida el acta de independencia, proun comisionado, lo cual constará al calco cioncs,, sin cuyo requisito no surtirá efecto
qunci6 nueatro amigo el C. Lic. Ignacio de cada a viso.
legal alguno, y los escribauo6 incmrirán en
Jtamirez, el discurso de oficio en que
Art. 24.. Siempre que se reformen los la responsabilidad consiguiente.
Art. 35. Ni los p1·opietarioucspecto de
oampeaba la m&amp;yor moderacion y el' len- contratos de arrendamiento, los propietarios
los
inquilinos, ni éstos respecto de los subó
subarrendadores
lo
manifestarán
á
la
1·esguaje mas bello. No insultó, 110 quiso
lucir sn elocuencia con frases de brocha pectiva recaudacion, para que en el tercio arrendarios te11dr:ín accion deducible ~n
siguiente se reforme la cuota de la c011tri- juicio, shw por los arrendamientos quo ~gorda, sino que por el contrario, probó
tén sirviendo de bese:\ la contribnciou c'libucion con arreglo al nuevo contrato.
que nuestra civilizacion y nue5tros prinArt. 25. El término para hacer estas rectn.
cipios liberales, nos hacen ver como her- manifestaciones será ocho dias, contados
SECCION II.
manos y acoger bondadosamente á aque- desde la fecha del nuevo contrato, aplic~nDERF...CHO SOBRil IlIPOTEOA,
Art. 86. Estarán sujetos al derecho de
llos mismos· . ospañoles que tan mal nos dose á los omisos la multa sel\alada en el
hipotecas que se establece por esta ley y
articulo siguiente.
trataron.
Art.
26.
En
el
caso
de
que
no
se
predesde su publicacion.
'
Que Yengan los escritores de la PenfoArt. 37. Quedan excentas de este derosente la man1festacion en el término que se
sula á aprender moderacion de un demaprevfone por esta ley, siempre que los do- t·ho las herencias en línea 1·ecta de ascengogo, como ellos le llamarían ó, nuestro
&lt;
cumentos justilicativos de ella contuvieren dientes ó descendientes.
compatriota. Ramirez.
Art. 3S. Las trasversales, legados, etc,
ocultacion ó falsedad para defraudar la. conEl O. Banuet, jóven ardiente y de tribucion, el recaudador oxijira al infractor continúan sujetas á la ·loy de 18 de Agosto
grandes dotes oratorias, pronunció otro una multa que no sea menor del importe de de 1863.
\
Art.
39.
En
las
traslaciones
de
bienes
discurso en que lució su erudicion y sus la contribucion anual, 11i exceda del cuáinmnebles, el derecho será pagado por ol
·
conocimientos mitológicos. Empleó algu• druplo de ella.
Art. 27. Cuando la falsificacion sea do adquiridor; en imposiciones de censos, dena11 frases atrnvidas, y obtuvo un éxito
documentos que por su calidad deben ser pósitos ú otras cargas por los censualistas ó
completo.
febacientes, se procederá ademas judicial- personas á cuyo favor se impongan; en las
Gonzalez de Gonzalez, patriota ar- mente contra el que los haya presentado y redenciones, por ·el que ia, hace, y en las
diente, literato instruido, mutilado en los contra el que los expidió, para imponerles hipotecas, por aquel á cuyo favor se conscampos de batalla, pronunció una bella la pena seflalada por las leyes á este cr[me11. tituy&amp;n.
Art. 10. Para exijir el derecho en las
A1·t. 28. No obstante las variaciones
poesla. Su tema fué el deseo de que predomine la ley, y que no vuelva á entro- que ocurran en el intermedio de los perío- traslaciones de propieda&lt;l, se deducirá del
dos de pago, no habrá derecho en los can- valor total de los inmuebles, el importe d1
nizarse el reino de la espada.
untes parn exijir devoluciones, pues la li- las cargas con que estén grnvados, siempre
El jóven coronel Eduardo Garay, dijo
quidacion de cada tercio de contribucion qnc se acrediten por escrituras públicas; de
otro bellísimo discurso. Buscó la causa
se arreglará al contrato de arrendamiento manera que no se exija el derecho sino cbn ,
de la independencia eu el movimiento vigente en el tercio próximo anterior, sin respecto al precio líquido que haya de decontinuo de la civilizacion y en las ten- alteracion.
sembolsar el adquiridor, ya sea al contado
Art. 29. Luego que se acabe do cons- ó en plazos, y ya sea la pnga en dinero ó
dencias naturales de la humanidad, de
ir siempre eu pos del pregreso. Sostuvo truir ó reedificar una finca, ol propietario en otros objetos.
A'rt. 41. En las traslaciones de bieues
con enérgicas y sólidas razones nuestro dará aviso por escrito á la recaudacion, painmuebles,
e\ derecho será el tres por ciento
ra que se anote en el padron y se vigile que
derecho para pri vn.r de la vida á Maxise avise luego que sea ocupada, á fin de del precio liqllido mencionado. Si la tras- ,
miliano; tron6 contra el clero y el ejérproceder al cobro de la contribucion. Si lucion ,e bidcre con la cl:\L1sula de retroce~ito, é hizo recaer en J uarez la gloria de el propietario omitiere este aviso en los sion y esa tuviere efecto, solo se devengar'
nuestra segunda. emancipacion.
ocho días ,iguientes á la conclusion del edi- en ella el uno por ciento.
Art. {9. En las permutas de bienes inEl lenguaje de este discurso habría he- ficio, incurrirá en la multa de que trata el
muebles, el derecho se 1,agará una sola vez
cho honor á un diputado de la Gironda. art. 26.
Art. 30. Toda autoridad, escribano, pe- por el valor en que se igualen los inmueA las once el C. Presidente diriji6 al rito ú otra cualquiera perwna qu~ contri- bles, satisfaciéndose lo mitad. del derecho
pueblo algunas palabras jurando en su buyere de cualquiera manera II que se de- por cada propietario.
nombre, ante el sagrado estandarte de fraude el todo ó parte de las contribuciones
Art. i 3. Si habiere diferencia en los
que
se
establecen
por
est~
ley,
p~gará
por
Dorores, consagrarse á la defensa de la
valores, el tres por ciento de ella se satisfavía
de
multa
una
cantidad
igual
á
la
que
se
rá por el que adquiere lo de mayor precio.
libertad é inde.¡icndencia de la patria.
deba exijir al contribuyente, sin perjuicio
Art. U. En las imposiciones y reden-J
Nuevas aclar-~acioues apagaron el eco
de las demllS penas á que se hiciere respon- ciones de censos, depósitos y otras cargatt
de ,, ,~, y
=•lieodo h~ sable conforme á lae leye1.
que_ha.yan de reportar los bienes imnneblcs,
ta que habia - tdo del teatro.
Art. 31. Los recaudadores están en la
Art. 45. En los contratos do próroga
mas estrecha obligacion de dar aviso de es· de las imposicionc,s y demas cargas, el de-•
.
M. LO PEZ MEOQIJJ.
tas faltas á sus inmediatos superiores, para recho &amp;crú el uno por ciento.
que ~tos lo hagan al :Ministro de Hacienda,
Arl. !6. En las simples hipotecas de
por donde se promoverá lo correspondiente bienes inmuebles para la garantía de otros
contratos, se caa~nrá uno y medio por ciento.
Secretaria de Estado y del despacho de Ha- ante el juez~ tribunal competente.
. cienda y redito Publico.
Art. 31. En el caso de reincidencia, se
Art. 1 El oficio de hlpotecas dependerá
aplicara
por
solo
el
heche,
la
pena
de
susSecoion tercera.
lli mediatamente de la dirrcccion de contripeusion
de
oficio
por
un
término
que
110
ba•
bncioues directas; pero como &lt;lopóaitos diSEOCION I.
je de seis meses.
chos uticio,, de los actos quo on ellos hayan
CONTRlBUCION PREDTAL.
Art
83.
Se
prohibeadmitirningun
jui(Continúa).
de rvgistrarse, estarán sujetos á la insµec1r
Art. 22. El tiempo que estuviere vacía cio de conciliadon, introducir demanda, ad- cion &lt;le la autoridad judicial corresponalguna finca no causa contribucion,sicmpre mitir excepcion ni celebrar contrato alguno, diente.
(Continuart.)
que el respectivo propietarfo ó subarrenda- relativamente á negocios sobre predios rúsdor en t:u caso, dieren aviso á 1a recaudacion ticos ó urbanos, aun cuando los negocios
que correspoTida en el mismo día én que se tengan con los menciouados predios una

t

t.
1

...

minstrador de la aduana de S. Francisco, ae permita la venta de los billetes de la HaCONVOCATORIA.
lacion de 1780, es un hecho propio de nuestro
Del Oual,1,ile11se tomam,os el siguiente al Cónsul mexicano residente en esa ciudad: bana.
siglo. Soy el humilde soldado de este proLas loterías, siempre ruinosas y que tien.
"San Francisco de California, Julio 16
greso. Com bnto ¡•ara la revoluciou sobre párrafo:
den
á enervar á los hombres para el traba"Ayer
se
publicó
por
bando
tan
intersde 1887.-Ad uan&amp;.
todas sus fo1•mas, bajo la forma literaria coSel!or.-Tengo la honra de acusar reciho jo, dándoles la idta de ganancias exageramo la J'urma social. Te~go la libertad por santísimo documento en esta capital bajo
das, •on tolm·ablcs cuando, destinados sus
principio, el progreso por ley, el ideal por los repiques á vuelo y salvas do artillería: de su nota del 15 del presente, en la cual
él era esperado con la mayor ansiedad por me describo vd. do la manera mas elocuen- productos á usoe de ntilidad pública, 1'lrtipo.
man una renta pagada por · cierto núm~o
"Nada soy, pero la revolucion es touo. cuanto que debía entral\ar, como eíeetiva- te loe memorables acoatecimie11to'-q\le han
de tontos en favor de la comunidad. Pero
Las poesías del siglo diez y nueve están fnn mento entrai'ia, cuestiones de la mas alta im- tenido lugar al establccors11 la libertad
cuando, como eu el caso presente, la con dadas en 1'189; teniarazon,y 1• 30, lo de- port•ncia, sobre las cuales era igualmente constitucional eu la Repúbliea de México.
Los corazones de todos los leales america- tribueioo se paga en favor do una nacion
muestra. Vuestros jóvenes afanados son preci•o que recayera la resolucion conveniente. De facto, en la circular con que nos han palpitado con la narracion,yae unen extrangen., no tiene compensncion ninguna
pruebas en su apoyo.
'
"Nuestra época os una ópocg profunda, se acompan6 aquella pieza se hacen las para.felicitar ,l. los valientes patriotas me- y es nc&lt;leaario impedirlo.
desapercibida &lt;le los esp[ritus superficiales, debidas explicaciones do los fundamentos xicanos que, con noble orgullo puede!) de- EL BATALLON SUPREMOS PODERES.
y contra la cual no hay reaccion posible. que tnvo el Supremo Gobierno para decre- cir qlle han vougado el honor do s11 paie.
Se ha presentudo elegnntemento vestido
El valor civil del supremo gobiemo de eoo cuerpo, compañero del Presidente _en
El arte gr1111de forma parte de esto siglo tarla en los términos que puedan verlo
nuestros lectores, en la publicacion que de :México, al confirmar la •entencin do muergrande. En su alma.
los días de prneba. Fnó formado y acosambos
documentos ha mandado hacer el del te pronunciada contra el enemigo de la
"Merced á vosotros, talentos tiernos y hertumbrado á combatir 1&gt;or la libertad, por
República do México, le ha ganado gloria el .intrépido, digno y malogrado coronel
mosos, espfritus nobles, l:i luz se propagará Estado, en hoja suelta.
Por el recargo de material preparado de y honor con eso acto q uc es una loccion á
mas y mas. Nosotro,, los viejos, hemos
Pedro Mcoqui, que murió por la causa do
combatido; vosotros jóvenes, alcanzareis el antemano, y puesto en prensa,'no es posible los aristoaráticos gobernantes de Europa, la Patria, en el campo de batalla.
encargarnos en este número de hacer nues, que pretendían implantar una monarquía
triunfo .
"El espíritu del siglo diez y nueve com- tras apreciaciones respecto de la convoca- en este continente sobro las ruinas da una
D. GUILLERMO fRIETO.
toria
y
circnlar
citadas,
ni
del
decreto
quo
república.
bina el exámen democrático de lo VERDASe anuncia su próxima llegada á cata cB·
reatri,ige las facultades do los GobernadoDesde ahora ya no cruzarán los mares los pital.
PERO con la ley otodRI de lo ,rnrowso. La
corriente irresistible de nuestrn época &lt;liri- res quo cu la parto oficfal se inserta. En coronados usurpadore, para ucstruir la lije todo hácia esto fin soberano: la libertad el siguiente número tal vez tengamos el bertad de un pueblo lihro, soberano y aniASOCIACION DE LA PRENSA.
moso.
e¡1 las inteligencias, lo ideal en el arte. De- gusto de cumplir con este deber.
El Meixca11 standaril invita á la prensa
Entre tanto no podemos prescindir de
Lo felicito á vd., eeijor, y {\ sus ilustres
jando ¡\ un lado todo lo q tto es peraonal, des-.
4e eala capital á asociarse, como sucede en
de hoy, se puedo 11fitmar y so aeaba de ver, p:uticipar á nuestros lectores que habién- compatriotas, porc¡uo los rayos de la aurora Lóndres y en N1teva-York, para proporciose ha verificado la alianza entre todos los dose puesto ÍI disposicion do\ Sup1·emo de IaLibel'lad anuncian los fnturosd,stinos narse las mejores y ma• recientes noticias
escritores, entre todos los talentos, entl'e to- Gobierno el ex-general Lozada con li&gt;fuerza de México.
per medios que un particular no puede emque mandaba, segun su acta de 22 de Julio
Acepte
vd.
mi
reconocim.ientu
por
la
das
las
conciencias
para.
rea.liza1·
este
estanna carta, 11nra que se horrorice de cómo
plear, pues los gástos que tendria que hacer
próximo pasado, fecha en Tepic, y publica- pronta trasmision do tan importantes nodo
magnífico.
La
juveutt1d
generosa
á
que
no
los soporta ninguna empresa periodísti11'1 sido tratada en México por algunos jefes
da en varios periódicos del interior, queda ticiaj, y cons.idérome como su servidor.
perteneceis,
quiere,
con
entusia~mo
impofranceses la cuestion de la inviolabilidad
ca en particular, pero que repartidos serian
on paz completamente aquella parte de la
J. A :MILLER,
tente,
In
revolucion
completa
en
la
poesia
insignificantes.
de la vida bumana.
Republica."
A D. A. Godoy, Cónsul de la República
, \ Suplico :í. vdcs., señores editores, se sirvan como en el Estado. La literatura debe ser
MR. LIMANTOUR.
do México en S. Francisco &lt;le California.''
insertar estas líneas en su apreciable pe· á la vez democrátiea é ideal: &lt;lemom·ática
PRESOS El! SANTIAGO TLALTF.LOLCO,
Segun dice un periódico, ba sido rednriódico, seguros de la gratitud de su mas para la civilizacion, ideal para el alma.
Lo
quedan
por
disposicion
del
gobierno
!
c¡do
l prillibn osé in¡!ividuo por h-1&gt;er man"El drama es el ptieblo, la poesía es el
atento amigo y segnro servidor Q. B. S. :M.
LA ABOLIOION'DE LA'PENA
los
siguientes
in&lt;lividuos:
dado cortar unos árholes en un sitio púhomhre. Al][ e¡;\á )" tendencia do 1839
, !:
--M. I'ayno."
UE ][(JJl:RTE.
Avella
Juan,
general.
'b1léo.
continuada por vosotros, comprendida por
Azpeytia Florencio, id.
Tomamos de la
/.t,,ral, lo siPor la gooelilla, H. LOPl!Z.
toda la gran crítica de nuestros clias. Nin
Ampudia Pedro, id.
guiente:
Redaetor en jefe,
gun esfuerzo reaccionaJ'.Ío, insisto en ello,
Azpilcueta Manuel, id.
"Segun
el
J,fmrwrial
diplomatique
loa
JOSE MARIA VILLA.
Anievas
Francisco,
comandante.
podrá prevalecer contra estas evidencias.
CORRESPONDENCIA POETICA.
Cabrera
Plutarco,
general.
JlllJ!.idarios
de
la
aboliciftn
de
la
pena
de
t
•to
e:••,,,:,•••
e•• e: et• eo,••:•;• r, eee:• e• et
La crítica elevada está de aeuerdo con la
Castilla Diego, coronel.
1 La trad nci mos del Co,m•ier des Eta/8- poesía elevada.
muerto han estado á punto de obtener la
Cabello José, id.
ANUNCIOS_
semana pasada, nn resaltado tan importanUnis.
DUl'án Rafael, te11iente coronel.
"Desde la poca altura en quo mo encuenLos poetas jóvoues contemporáneos, cute como_ine,perado.
.
Espinosa Rafael, general,
tro, agradezco y felicito esta crítica s11peJuzgado de primera iu&amp;taucia dol distriEspinosa Mariano, teniente coronel.
yos nomb1·es van á leerse, han dirijido :i
En Austria, y ron ocnsion de discutir.,. lo de Huichapan.-En los autos del conrior, quo babia con tanta autoridad en la
Escudero J esus, id.
Victor Ilngo la carta siguiente:
el proyecto de ley 1'1lllltivo 111 tódigo penal, ·c,1rso de la testamentaría de D. Vicente
prensa política y cu la prensi. literaria; qne
Ilizarde Man11el A., comandante.
Reicbsrath
lw, hecho ,¡ue la discusion stf Sanchez Barquera, y en la junta celebrada
"Caro é ilm,tre maestro: --Acabamos de
Esnaurrizar Antonio, id.
tiene un significado profundo en la filosofía
acaloro
notablemento.
el dia diez corriente, se acordó por lamasaludar cen los nplausos mas entusiastas la
Estrada Pascual, id.
yoría de los acreedores, que el síndico nomdel arto, y que aclama unánimemente 1830,
Figueroa Pedro P., teniente coronel. 1 Ln comision de la Cámara •e hnbia deci- br&amp;do por todos los presentes, lo füera el
reaparieion en el teatro devnestro Hernani.
Frias Francisco, id.
"El nuevo,triunfo del mas grande poeta como 1889.
dido por la abolicion, por una mayor[a de C. Trinidad Gutierrer., quien con pl'888ncia
Frutos Donaciano, coyiaudante.
"Recibid taoobiou vosotros, tie1·nos éofra6 contra 2, y al soRtener,;&amp;1tt proyecto ha do ~,s comprobantes, &lt;le los créditoA que le
frances lm causado una alegría inmensa á
García José Mnría, geiieral.
des mio~, mi rccouocimiento.
serán presentados dentro de quiitce dias pe
1todos los poetas jóvenes: la noche del 20 de "Al punto de la vid:i ,í que he llegado, se
Galindo Pánfilo, id. 1
sido apoyado con un discur•o de quo deben rentorios, formulará en los quince Sil~
Gayoso Domingo. id,
,Tnnió formatá época. en nuestros anales.
tomar nota los crimiualistJIJ!.
cue11tes el proyecto degraduacion para dar
vé de cerca el fin; es decir, el infinito. Cuan·
Gomez TomÁII D., «N 11,11dante.
"Ilabia, sin embargo, cierta tristeza&gt; en
Segun
M.
de
Nuhlfeld,
la
Rbolicion
do
cuenta con ól á todos los acreedores en la
Heredia Jos6 A., gen, ·al.
do está tan inmediato, la salida de la tierla
pena
de
muerte
tiene
eu
su
favor
dos
rajunta
que se celebrará el dia quince del
esta fiesta. Vuestra ansencia era penosa
Ilumana Jua11, coron l.
próximo Octubre, á la. diez de la maftana,
ra no ,leja 1ugar en nuestro espíritu mas
H ernandez Roque, id
para vuestros compn!ieros do gloria de 1830,
zones deciaivas; 111 ¡,r,mera, que la justicia eitándose r,. todos los acroodores vor los peque á las preocupacio11cs severas. Por tanIglesias Ramon, gene la!.
que no podían estrechar la mano del maca
debe
ver on cada crimillJI.I un hombre, y rióilioos.
Molinn Manuel, general.
to, antes de esta melancólica separacion,
por
consiguiente
un ser mortal capu de
Lo q uo se pone en conocimiento de los
tro y rlel amigo, pero aun era todavía mas
Mosso Epifanio, coronel.
par11 la que hago mis preparativos en mi
interesado•, para los efectos á que haya Ju.
doloroso para los jóvenes, á quie~es nunea
llfontoya Cayet&amp;no, general.
corregirse; y la oegunda, quo la muerte ar- gar.
soledad, me es grato recibir vuestra carta
Oronoz tÍ mm Cruz, coronel,
les füé dable el tocar esa mano que ha esrebata al que la sufre, un bien sin e,1ulvalluichapan, Setiembre 11 de 1B07.-Lic.
elocuente, que me hace soí1ar una entrada
Pavon Francisco G., general.
crito la Leye11da de los siglos.
leute
en
la
natnralez:.
y
cuya
pérdida
ee
F.duardo
Villada.
6-1
Pachucc Fermin, comands.nte.
entré vosotros, y me causa 1a ilusion, dulce
11 Se interesan ñ. lo menos, caro é ilustre
Silv:i. Francisco, gouoral.
irreparable en caso do error.
Comandancia :Militar del distrito Fedesemejanza del poniente con In aurora. Me
roa.estro, en eviaros el homenaje de su resSalas Mariano, id.
EI orador reasumió su discurso en ~ ral., -Fisca_lía.--Ne~esit§.ndose en esta Fi~deseais la bienvenida á mi, qne me prepaSubeldín Joaquín, id.
petuosa atlh~sion y de sn admiracion sin lífrase cnrll&lt;lterlstica: "Atendiendo 4 :j¡;}/~-~
de 1111 c~rg?, sito en la Comandancia
Sanchcz Juan Felipe, comandante.
.
·- ...-•r M,htnrdel Distrito, al C. Comandante Juan
raba para una despedida eterna.
inites.- --'3ully Prudhome, Armand SylveeVillru-eal Florencio, general.
tanto los ncusadoscomo los JUCce• ~ m - Zapata Ilernandez, para la ráctica de una
"Gracias: soy el ausente del deber, y m
tre, F. . •ca Coppée, Jorge Lafenestre,
Villasefior Juau, teniente coro11el.
bres, debe abolirso la pena de muerlt•."
diligencia judicial, é ignorá~dose su pararesolucion es invariable; pero mi corazou
Yanez Jos/, Maria, general
Leon Valode, Leon Dierx, Juan Aicard,
A pes1tr tia eote brillante alqgato, simpre clero, y lJO hal:liendo concurrido al primer
Pablo Verlaine, Alberto :Merat, Andrés est~ QOn vosotros.
ha ~ut:darlo en_vigor la pena de i~u~rte on llla::~á11fl':rd~e~:.d~::.~a~~~~:i;~Ydf~~;
TRIBUTO A MEXICO.
"Estoy envanecido con ver mi noml1ro
Tl1euriet, Arn,and Renaud, Luis Javier de
Tomamos del Me:dcan ,iandard lo ,i- el cod1go austriaco; pero con la deb1I mn- hscaHa en el término de ocho dillS, contaRicard, H. Cazalis, Ernesto d• Hervilly." rodeado de los vuestros. Vuestros uom ·
,rorÍi\ do 79 votos contra 56.''
dos desde la fecl1a: apercibido que de no
una corona de estrellas.- - Vícto,· guiente,
bres
son
verificarlo, le pararil en el perjuicio á que
Víctor Ilugo contestó:
"Formando notable contraste con otros
haya lugar.
Ilugo.
"Bruselas, 22 de Junio de 1867.--QueLOTERIA DE LA HABANA.
( Boletin R epublicano.)
México, Seti~mbre 15 de 1867.--Manttel
escritos, insertamos la siguiente comunicaridos poetas:--La revolueion literaria de
Se
qneja,
y
con
ro•On
la.Orruesta,
deque
R.
Awarez.
4--1.
cion dirijida por ellGcneral S. T. 'Miler, ad• ~ 1839, corolario y consecuencia de la revoabsorbe completamente la atencion pública,
me propongo publicm· unahisto1·iaquc com•
¡{rende un periódo da uiez a!\os, es decir,
desde que so inició la forma en Ayutlahasta
a instalacion próxima del Congreso nacional.-Tengo el propósito de que sea en papel mexicano, con tipos fundidos enMfü&lt;ico,
y con grabados en madera ó talla dulce, ó
litigrafias ejecutada.s por los diseípnlos de
laJ'.cademia. A pesar de que tengo ya un
acopio de materiales y esporo recibir otros
de Europa y los Estados- U nidos, deseo toda
. \a sumn de datos posibles para no omitir
ningun hecho quo pueda ser importante, y
escribir con una completa impl\rcialidad.
Invito al efecto {I todas las personas que en
f¡aises lejanos de h, capital han sido testigos
de los acontecimientos, {i que se sirvan
c01nunicm·mo las noticins q ne tengan á bien,
dirijiéndolas {i la redaccion de la Orquesta,
encargáudoles muy particular1hente e1q&gt;rese11 con sus n01nbres, patria y circunstan&lt;J,as los mexicanos que fueron fusilados,yn
j1or las cortes marciales, yll por los jefes de
compañías frnncosas ó expedicionarias.Esta recomendacion se hace muy especial•
mente á los Estados de Veracruz y Tamau•
Jipas, donde por mucho tiempo expedicion6
el sl\ngriento Dupin. Con estos datos deseo, aun antes de publicar In historia, diri•
jir al célebre poeta Víctor Ilugo, con quien
bo tenido relaciones hace alías en Parí;,

SECCibN OFICIAL.

REMITIDO.

desoc,:pe y en que vuelva ú ocuparse la fin- relacion indirecta ó remota, si no se presenObsequiando los deseos de la Orquesta
ta
préviamente
el
certificado
que
acredite
reproducimos
con la mayor satisfaccion el
ca, sin cuyos dos avisos se pierde el derecho
siguiente:
á la cxcepcion, aun cuando se justifiquen el pago corriente de la contribucion.
"Luego que pase el pe1·fod9 electo1•al quá'..'°'
Art. 31. l~n los testimonios de las escrisuticientemente los hechos.

•

•

-71yn. la Liga con este recurso babia creado como

cion de las listas, para que obligaran á los Ligueros

espanteis, exclama, es el presagio, es el símbolo

cinco mil electores que le eran afectos.

á inscribirse inmediatamente mediante la comp~a

de la caida de los monopolistas."

do proseguklo con un ardor siempre creciente su

de nn Cattage (cabaña)

doble tarea, la de reclutar por nna parte nuevas

ante los tribunales á todo elector proteccionista ile-

_. 62cae un banco y produce alguna confusion: "No os
01ro dia, des-

pues de haber hablado de los derechos impuestos

un gran número de selloritas: "Y bien, setloritas,
ahora sigue el azúcar, sin 111 cual

110

podreis en-

duluu- vnestro café, pues paro ello no bastarán
vuestras dulces sonrisas."
Su ardiente temperamento, pero ardiente con
un foego latan te, y tanto mas enérgico cuanto que
está mas concentrado bajo su palabra, rara vez lo
arrastra á uuu explosion de enternecimiento ó de
cólera.

El nrma que él prefiere es lo ironía, unas

veces simplemente jovial, otras veces saturada con
esa punza11te amargura iuglesa que la hace mas
terrible que la indignacio11. ¡Pretende pintar, por
ejemplo, el monopolio!

.,,1

Pues entonces le dJtsc.ri-

h e as1:

"¡Oh! el monopolio es un misterioso persopaje
que se sienta con vuestra familia alrededor de

•

y

para que persiguieran

'ar, por otra, á los
jo la influencia de la

Diario de la Liga, del cual se tiraban 20,000 ejem-

aristocraci~, llegó á obtener, despues del primer

plares, y á la cabeza de sus columnas ie le lcia

año, la mayoría en treinta y dos barrios;:habia in-

en letras grandos el grito de guerra.

9

falsos electores irn1cr

uzúca1· aolonial y de ln nzúcar extranjera, empleó

Habien-

•

Sí poners un pedazo de nzúcar

tencias alimenticias t.raidas de América, únicos

en vuestm tasa, él toma prontamente otro del

objetos qué van á buscar los tristes desterrados

azucarero.

mas allá de los mares."

la mesa del Lé.

Despues, si vuestra esposa y vuestros

hijos reclaman este pedazo que tienen bien gana-

' J do,

el monopolio, misterioso ratero, les dice: "Lo

que hago es para vuestra proteccion."

conmueve, es con la qne

(¡Adquirid la cualidad de electores! ¡ins•

existe una isla cuyos l1ahitantes han llegado á ser

llares de oyentes, no solamente sus impresio-

los esclavos de unfl casta de hombres que hace

nes, sino sus resoluciones, porque Cobden, antes

, siete siglos se apoderaron del terreno; si se os di-

que todo, es hombre de accion. . "No debeis

número de elecciones, habia opuesto con suceso

ceos electores, decían, mediante la compra de un

jera que esta casta hace leyes para impedir que el

venir aquí, exclama muchos veces, como á un

sus candidatos á los de los contra1ios.
La aristocracia se alarmó, por fin, al aspecto

Cattage de 40 schcllings de renta, es negocio de

pueblo comu otra cosa sino lo que

40 á 60, libras esterlinas.

de este lilOVimiento político que revelaba en ellti

ta compra vuestras economías; es una buena

del partido proteccionista, pues en nueve de éstos tenia

In mayorfo; y finalmente, en un gran

crihios! ¡inscribíos!)

Los :omdores recorrían todo

el pais desenvolviendo este nuevo tema.

"Ha- (

tit conquistador

. blo ha llegado á ser tan numeroso, que no le has-

padres, de familia, ¿queraie

ta ya el territorio para proveer á su subsistencia, y

poco, y yo tendría vergüenza si la palabra fitera el

ser útiles á vuestos hijos! pues compradles cuan-

que se ve obligado á nutrirse de raíces; en fin, si

menor de los instrumentos que he puesto al ser-

do lleguen á la mayor edad un free-ltold, y así les

11e os informa que ese pueblo está dotado de una

vicio do nuestra causa."

acostumbrareis á que sepan ª,\!ministrar una pro-

grande habilidad, que ha inventado máquina¡¡ in-

agrícola; pero ésta, desalentada hacia mucho tiem-

piedad, y que puedan ejercer los derechos de ciu-

_geniosas,

po pm· la miseria, se dejaba ella misma seducir

dadano.

despojado del derecho de cambiar los P!oductos de

aristocracia inglesa, que afectaba no ver en este .

y las promesas de la Liga.
Cobdén iba á reclutar Ligueros, y á ten~r mee-

á la tiga que los hará por vosotros,

su trabajo por alimentos; si todos esos pormeno-

movimiento mas qufli, nn espectáculo, 'una especie .

i:es os fueran referidos por un viajero filántropo, 6

de representacion, qne constituiti en objeto de sus

tuacion.

una completa caducidad.
Los ducs y los sg11fres se reunieron y se desataron en injurias y anatemas.

Pretendieron for-

mar una contra Liga, sul.,levando In poblacion

por los argumentos

Y vosotros

sif

Si los gastos son un obstáculo, ocurrid

Apenas babia11 trtiscurrido cinco meses, cuando

r

'

_ le agrada venderle; si se os añadiera que este pue-

\

y que

no obstante esto, sus amos Jo han

.

nales, enérgicos y perseverantes. Hablar sirve de

Sin ero bargo, aunque la liga habia aumentdao
su poder en 1843, no por ello hnbia asustado á la

pre-

curando ni mismo tiempo generalizarla, &lt;'mprendió llevar )a guerra al terreno electoral, y dnr á la

•

Liga una actitud pu)ític11 has\ante sé ria, p!lra obligará la aristocracia á una pronta capit11lncio11.
Dejemos á Mr. Cobden exponer por sí. mi~mo,
y con sn lenguaje familiar, la maneru como descubrió es'1 nueva táctica, debida enteramente á su
génio inventiyo,
"Los monopolistas, dice, tienen ojos de lince
· para lles_ar á su objeto, descubriendo los medios

El objeto que tenemos en-

tre manos reclama de nosotros esfuerzos perso-

Obreros, situad en es-

011

parar sns fuorzas, y en uniformar In opi11io11, pro ,

de convencer y de trasmitir á el alma dll mi-

luga1· de diversion.

Fné entonces cuando M r. Cob~cu,

deapues de haber empleado cnr1tro afins

Mr. Cobden encuentra

¡Qualifi!

y á los poderosos castíllos

snrcasmos.

impregnada de esa natural simplicidad que tanto
el secreto de agra! ar, de conmover de instruir,

vadido lo&amp; condados

-67-

Con esta elocuencia tan variada, pero siempre

En otra parte dice:
"Si se os contara que en el Océano paci&amp;lo

¡Qualifi!

•

-136-

--63-

galmente inscrito. Todas las mafianas aparecía e\ '

inscripciones, y !!l.

al café, al abordar la cuestion de la 1lll'ifü de la
esta transicion ante un auditorio en el que había

•

•
-70-

'.
•

.F,_

GACETILLA.

1;goi~oo

•

á ~ropósito. Han idn á desanidar la cl(rnsula cltan-

•

dos, é i11medh\tan¡pnlc In han puesto en ejecncion.
Bajo ()1 pretesto de hacer inscribir á ,us arrendatarios ¡m lns list[ls eloctornles, han hecho figurnr
en ('llas á los hijos, los sobriuos, los. tíos y los hermanos de los mismos arrendatarios, hasta la tercera gcneracic¡n, jurando, cu,¡.ndo necesario ha sido, qne eran e~(11s gentes persones asociadas al
arre.nd,ami,nto, aunqne cs~Q fuera !;an falso como
si vos9.t!·os mis1110s focr,is los asociados.

A"i

es

•

•

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DE. ,V ENTA

PRECIO UN PESO.

PRECIO UN PESO.

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1·

EL · PRIMER TOMO DE

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Ot! INTIRflN~ION _
Fl !N~E~! EN MEil~O.

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NOVELA HISTORICA

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Redactor de ''La F1·a11.t e Libérale.''

I

. de los Portales
la calle de San José el Real núm. l. y en la Librería Mexicana, esquina
de .l l'lercaderes y Agustinos.

l&gt;E V.ENTA:

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eJl.90=;;01!.M
VALOR TERAPEUTICO

GRAN EFICACIA

DBI;

DBL

JAR AB E DE OU lft l FERRUGINOSO
de los
J

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JARABE· DE RÁBANO IODADO

s- GRI:nlAULT y C'"

11

JUJIACBUTIC(¡S DB S. A, l. BL PRlNCIPB NAPOLÍOII, PUII.

4 asóciacion del hierro con la quina ha realizo¡\d nno de los problemas mas notable■
de la farmacia, de moclP que todos los médicos se Í&lt;l!icilan generalmente de los ma¡nificos Tesoltodos obteniaos con esto prcparacion.
En efecto, la quina, como ya se sabe es el mejor tonico en materia medica y esli
asociado al fosfato de hierro que es la preparncion ferrpginosa mas estimada, por que
contiene el hierro que es el elemento de la sangre, y el fosforo el principio de los huesos.
Los facultolivos leerán con inler6s las observacionos de sus colegas y al anallsis)lecb.o
por los primeros químicos del mundo.
• Produce constauLemenlc los mejores rcsulUl~o• en los caws de dispepsia¡ clorosis,
amenorrea, bemorra·gia, leucorrcs, fiebres tifoideas, diabetis y siempre que sea preciw
restablecer las fuerzss á los enfermos, y rcsliluir al cuerpo sus principios allerados -6
perdidos. »
ARNAL, médico de S. M. El Emperador.
• Es una de estas raras combinaciones que satisfacen al mismo tiempo al mMico y al
énfermd. Segun mi parecer es la mas notal,le y I• que soporta méjor la pre¡lllraciones
ferruginosas. •
OAZBNIA VE, tnédieo del hospital dt San Lui,. ·
~ Con esta preparacion se pueden administrar al enfermo, d115 iwdicamentos importantes bajo nna forma agradable y de facil di¡¡estion. •
..CHARRI.ER. profe&amp;or dt clittwa de la Facultad di Paril.
« Empleo con hito el Jarabe de quina fer_rugino_so _y le conside_
ro nna. ID'!')'. buena.
innovacion. •
CIIASSAIGNAC, 7"'uner ctruJano del hosp,ud Lari~ouiire.
• Esle medicamento ha sido siempre muy bien aoojido per mio enfermos y ha producido siempre los mas ventajosos resultados. »
HERVE Y DE C~EGOll'!, miembro u IA AcAd#mia d6 Mldiema.
• La claridad de su preparacion, su gusto .ig,adable, Mento de todó uhor de hierro,
hacen que este medicamento sea tan eticaz cotno atractivo. •
MONOD, ~9re.gado de la Facultad de medicina.
e El examen de ese Jarabe demuestra que contiene entre sus elementos los diferenles
principios de quina y de sal de hierro en mayor cantidad. •
ROUSSIN, profe,or de quimica en ,l hospital de Yal ds Grac,.
1
Deposito unioo en-- Jltjico, drogaria d Zdm11ndo T ao den W pgu r &amp;,
·,
calle de los Capuchinos, 6.

El Jarabe de r4bano iodado, de los Sr~s Grimaull y C'", farmaceuticqs de S. A. l. el
Principe Napoleon, en Paris, está preparado con el jugo de las plantas anti-esoorbulieu,
cuya eficacia es tan popnlar.
Contiene el iodo en el estodo de com.bimicion organiea y está considerado como el mejor
reemplazante del aceite de l1igado de bácalao.
La pcrfcccion rara de este producto nos anima 4 dar ti conocer la opinioa de alpnos
de los principales médicos de Paris que lo prescriben diariamente.
El Jarabe de rábano iodado, es un medicamento de efeelo seguro y suave, ea preciosimo en la medicina de los niño, ; no tan solo suple al aceite de hígado de bacalao,
sino qne le reemplaza ventajosamente. »
o• CA7,ENAVE, primer médico del hospital dt San Luis.
• El Jarabe de rábano iodado, es un medicamento de primera clase para el lratomiento
de las afecciones linfaticas y escrofulosas. Le he empleado a menudo con buen exito páta
ciertos casos de principios de lisis, como reemplazante del aceite de hígado de bacalao.•
O• CIJARRIER, ex-profesor declinica de la Facultad de Paris.
• Hemos con$cguido siempre los mejores resultados con el uso del Jarabe de rábano
iodado, como regenerador de la sangre y reemplazante del aceite de hígado de bacalao.•
D• FAVllOT, autor del tratado de las enfermedades ae las mugere&amp;.
" El Jarabe tábano iodado es uno de los mas podero,os modificadores de las constituciones Jinfati as. He visto curar con su influencia y con una rápidez extraordinaria
ulceras escroful s qu~ nada podia csutcrizar. •
« He vjsto en 1,os niños, afecciones tuberculosas de los huesos -que han desaparecido con
su uso. •
·
D• GUESNARD, ex-interno ic los hospitales d• Piiris.
• El Jarabe &lt;Jr, ráb~no iodado, tiene todas las ventajas ele! aceite de higado de bacalao
pero •o sus mc1nvemen tes. _.
O' GUIBOUT, mtdico de los hospitales, presidente de la
Sociednd de ,llédiciJs de París.
, El Jarabe de rábano iodado de los Sres Grimaull y C'• contiene 4/'i por cien lo de
iodo en el estado de combinacion orgánica, análogo al que se halla en el. aceite de hígado
~~~•
I
.
.
D' KLETZlNSKY, profe&amp;or de ,u,mica y perito de los
tribunales de Yi•n&amp; .
Deposilll 11nioo en Mejico, drogaría d'Jldmundo v ... cien W :ragaerl,
calle de los Capuchinos, 6.

0

~

La tos, resfriados, catarro·s, bronquitis, gri~e.
tos convulsiva (coquolucl1e), etc .• ceden tamb1en

inmediatamente al empleo d.e este Jarahe, y los asmiticos encuentran en él un elemento seguro de
curacion.
Los médicos recomiendnn i. los enfermes usar al
mismo tiempo las deliciosas pastillas pectorales
con jago de lechuga y coa laurel cerezo do los
Sres Grimault y C1L¡ este esceleiate confite se compone de las dos sustancias mas calmantes y al
mismo tiempo mas inofensivas de la materia médicn
J no cootiene opio.
Deposite unico en Mejico, drogada til'Edmumlo
van •eu Wyugaert, calle de los Capuchinos, G.

11 -

ILCUFOR MINERAL DE ILOUIIJIII
Anl.ip4lrido, hem.oi¡t.álico ~ia~da
CURA Il:APIDAMEN'FE

QUEMADURAS, HEl\lDAS, CORUDlllWI
eol.ra, tlüm, peste, saraa-, lalrpel, nrieu
mol:'&amp;duru y pie&amp;dJJtU ff~IIOMI
Sol'1 dHillf6Ct«,rte litgienitG 9u Aa o61"""8 1111

,"l n. 50 nmoo
•oHTYDI , 50
El "UCº H Ptucis 1, n.
DEP081TI .f.:N

PARlS, llUE BUFIAULT, 9

?il

so, ne

EncontranQ.ose siempre la maoganesa en la sangre
junto con el hierro, los mas autorizados faeullali,·os
consideran como mucho mas aclivu, las dra~eas de
lactato do hierro y de maganesa, que las de laclat&amp;
de hlerro simples. Son muy convenientes en tod11s
las enfermedades qne provienen del cmpobrccimienlo
d.e la sangre y sobre todo para forlifi car los tcmporamenlos dcbiles y linfaticos. Los colores pNfútos,
flore• &amp;la11cas, irregularidad ei¡ la mcnstntacirn,
amenorrea 6 ,uprtsion da reglas ced en rapidarnente
con su uso, mayormente cuando esas enfermedn dcs
e1t4n complicadas con dolores de cs lumago é digcs;tiones largas, diflcilcs, dolorosas, etc.
Deposilo uni co en Mcj ico, drog:i r ia d 'F.dm11.11to
vnu den W3ng1u~i: t, rall e Oc los Ca pud1 iM~, G.

u:

SAVON OR.IZA

N.-D.-de-Lorelte, Pana.
,
lceltl de LJJ. para eouernr la belteN, l flletn.ra.
•e la piel.
Crema 'ffletal-Cold-•rnme, qa.-.Hemanoia.ja.maa: íabriN.cioo especial y M01011iva de esta cua.
llnaan 411 tocadtr duleidcaDSe y perlwudo para el
baao y 1•• bahitulonea.
l gu utrlqa&amp;e al 'Ulliea. Fahnaaoioo upe&amp;ial de
cua para el tocadDr de lu Señora,.

48-81-8

Aprobada, pM la Academia ele llfedicina de Paris.

LA BEAUTÉ ÉTERN ELLE DES .MAINS

PIRflJMJIUA IIIJIV! AB!SB VEGl1il
K OK~UIL ll'IUl:RES et C•

SE TRASPASA
IIl cs.fij _v lo,• harh, uituado ~u 1a callo dl'l ¡1n
Acequi" junto al DJÍm 26, vor hsber 1alido rn
duoiio fue,a 1!P. la Oitpital -En el mi~m&lt;l ee

oonte•t•.

-- =~0;;;;¡;;;;;~3=!,'~gru]

PHENOL-BOBOEUF

Hace si glos. médicos y sabios hnu procurado encontrar un medicamento que pudioro. cu1·ar las enrcr~
medades del pecbo, pero todas las iuvcstigu cio11cs
sobre el particular han fracasado. Nuevos trah~jos.
comunicsdos recientenlente á la Acatlemia de medi cina de Paris, y 1:is esperieneias mas importanles
hechas en el hospital IJrompCan, de Lóndrcs, h&amp;spital especialmente consagrado t los tísicos, han
probada que esta terrible enformedad encontraba un
especifico poderoso en el Jarabe lle hipoíosfilo de
cal, caando no liabia llegado i su último JlCl'fedo .

Editnr rnspon:i.¡¡blo,

Inventé par LEGRAND, parfumeur de lil. M. l'Empereur dea ll'l'a.n9ala.
207. ROE S4Ufl'-HONOI\É, 207, PAftlS.

••la
Mbiao, E. M,ULLEFERT; talla '.l'ibarcio, lo

Dtpdl

ch•• E.

HAILLEFERT,

l\I. PEREZ.

et ,,,,,. tous les p4r{umeur6, coitfewrs, etc., de Hll:uoo.

Kn lhioo ,n cm d, 1. ll!IUIHRT. Tiburcie. l

Imprenta Lite·1-a1-ia, 2~ de Sto. D0mingo, 10 ~

•

•

•

-68cómo han ganado los condados. Pero por fortuna
hay otra cláusula en el bill de la reforma, que nosotros, como hombres dedicados al trabajo, no habíamos podido descubrir, y es aquella que confiere
el derecho electoral al propietario de nn bien libre
(Freehold), que produ.1ca cuarenta schelings de
renta. Opond remos, pues, esta cláusula á la de
clumdos, y entnnces no~ ha1iremos en los condados mismos."

t,, Este último

pasaje exige alguna e.x:plicacion.
En In noticia ')lle respecto á John Russell hemos
dado, se ha visto cómo el bill de la reforma, que tan
funesto habia parecido á los Torys, contenía, sin
embargo, algtl"tms dispósicio11es de las cuales este
partido supo npl·ovechnrse con bastante habilidad,'
de mánera que ni cabo de algunos años habi'a restablecido su prepondera.licia. E ntre ~tras disposiciones, se encontraba In qne concede el derecho,
electoral á los arrendatarios sin contrata escriturada (tunants nt will) en tnnto que pagasen una,
renta de 50 libras. Esta cláusula ponia á merced ;
de los grandes propieta1-ios los votos iodos de los
distritos agdcoiás. Mas al lado de esta misma.-

•

- 65 -

'

desprenderse de esta tierra tan querida en que
vieron la lnz primem, sino hasta el instante supremo de la partida!. ..• ¡,Habeis contemplado susfaccioneil, y los habeis visto despedirse de susamigos7 Si todó esto hubierais presenciado, no·
hablaríais tan ligeftlmente respecto de un sistema
de emigracion forzada. Por lo que á mí toca,
rm1chas ve'ees he sidó testígo de estas escenas
. 1
desgarradoms. He visto á venerables mujeres
dando el último adios á sus hijos; he ,isto á la madre ·y á .la abuela disputarse el 11ltimo abrazo del
sér mas querido para ellas; he visto á los navíos
de la omigmcion abandonar la Me1·sey, y patti,r
para los Eirtados-Unidos; he visto entonces que
los proscriptos dirijian sus ojos hácia esta ribera
qnetida, que para ellos va á perderse para siemp1·e; he visto, Qn fin, ·que los últimos objetos que
herian sus ávidas mirarlas, cuando la tierra natal
sdihundia para siempre en las tinieblas del mar,
eran estos vastos graneros, estos soberbios ' depó-

•

- 64poi· 1m misionero recientemente llegado de lo¡j
mares del .Sur ...••• iQué diriais, habitantes dq
Lóndres7"
Cuando algunas personas propusieron favorecer
la emigraciorl de las clases pobres, á expensas del .,
gobierno, Cobden, despues de haber probado ple•
namente que no se trataba de que los pobres fue.
ron hácia los alimentos, sino de hacer que los alimentos :uegasen á los pobres, termina así su discurso:
"La cuestion tiene aspectos morales que es
necesario examinar, porque así lo prescribe el deber. El hombre \lS de todos los séres creados, á
quien es mas difícil hacerle pbandonar el lugar de
su nacimiento. Arrancarlo del país que le vi6
nacer, es una taren mas penosa que la de desar•
raigar una encina. ¡Oh! iLos que han firmado
estas peticiones se han encontrado alguna vez en

sitos, en que bajo la salvaguardia •••• iba á decir,
de n'lle11tra teina • • •• pero nq, sino de la aristo-

el muelle (dok) de Santa Catarina, en el momento en que los navíos de la emigraeion se aprestan
para empr~nder su fúnebre viaje? ¿Han visto á
fos pobres emigrantes sentarse por última vez en

cracia, estáh h11cinadas como montañas las eub11i1:1•

fas baldosas del muelle como si así quisierao nQ

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                    <text>•

I

l

Nú1n. 7.

MEXICO.-Miércoles 18 de Setiembre de 1867.

~orno I.

.

.

('

'

.

ou
,tuett
______:__________
'.

•

I

.

I

Y RADICAL_
P6RIODIOO LIBERAL:, INOE~ENDIENTE·
.
,
bien, que se ha manejado con notable mo· personal del gobierno de estos dias. Es
deracion para con sus adversarios, y que inícuq el decir que en Chihuahua se paLos comunicados yavisos se insertarán con
Este periódico ee publicará todos los días
con una grandeza excepcional, ha pasado s6 una bona vita siendo indiferente al bien,
la rebaja de una cuarta parte de lo que cual•
Presiden.~e de la Republica,
ti. las eiete de la mañana, excepto loa lúnea.
por una tormentosa época de diez años; y no es cierto que haya atentado contra
'·
quier otro periódico lleve por su publicacion.
, Loe euscritores lo recibirán. en eus casas.
diez años en que, por fin, ha quedado la Constitucion por el carácter peticiona•
Las susoricione~, comunicados y anuncios
El precio de la susoricion será de seis rea•
·en la redaccion y adminietraoion
vencida la poderosa reaccion que, desde rio que ha asumido delante del verdade' les par&amp; la Capital, y nn peso para lo• forá- eedelreciben
Oontinental,
calle
de
San
José
el
Real
neos, franco de porte.
1810 viene combatiendo á la libertad y ro soberano que es el pueblo; menos ca
núm.
21,
y
en
la
Librería
del
Sr.
Aguilar
y
~Cada número suelto vale cuartilla.
á nuestro ser político, en que han sido cierto que aspira á la inmovilidad y ála tiA. los 1·~partidoree ae les dará ti. dos pesos Ortiz, calle 1 • de Sto. Domingo n~ ó•
Nuestra Postu.lacio:n.
aniquiladas las facciones políticas, vencí- ranía. Sin duda las pasiones personales, y
,
el ciento.
das 'las potencias del clero y del ejército, los viejos erro~es, sean enfiles fueren sus
Corre el tiempo marcando los perío- en que ha sido sepultada para siempre formas, preocupan sériamente la mente de
ITINERARIO
dos .mas prominentes de la vida de los la: monarquía con la muerte de un rey los hombres sinceros, y conmueven y agipueblos, y señala los grandes actos de su usurpador sostenido por sesenta mil fran- tan las ruindades de los aspirantes, y de
vitalidad, para for~ar des pues ~u historia. ceses, y sesenta mil traidores, y final- los traficantes en política. La conducta paDESDE EL l~ DE AGOSTO DE 1867 EN ADELANTE.
Preciso, es pues, detenerse wi momento mente proclamado no como una teoría, sada de nuestro candidato, y su anhelo y
TREN DE MERCANCIAS.
en el que va á resolver una,.cql!Stion de la sino como un hecho incontestable, el gran sus prácticas en favor de la justicia y de
Llega á Tepexpan, ti. las 8
de la mañana c~al dependen~ acontecimi}ttos poste- principi~ de la soberanía del pueblo. ¡Es- la libertad, su pacífica actitud en medio
!lale de México
á las 7
de la mañana.
,, La Palma, ,, 9 9
riores que deCJd1rán de nue ....
1 ,, Tepoxpan, n 8 15
,,
~
• ~.
Si fuéramos un súbdito es- de la pr6x,ima tormenta electoral, y !11,
"
0
,,
Apam,
,, 10 24
"
La Palmat u 9 24
,,
futura.
·
t
"
,,
Sultepec,
,,
ll
15
critor Ael tiempo pasad-o del imperio pu- · moderacion impasible con que escucha los
,,
Apam,
,, 10 39
n
1
"
,. Apizaco,
,, 12 21
,, 'Soltepec,
,, 11 30
,,
En
medio
de
la
lucha
teni.ble
de
las
diéramos exclamar: ¡Qué hombre y qué dicterios ·y las amenazas de sus mas en"
' '
...,..~::JIEC.a:::....":IC"'~pasiones y de los prinéípios; si el pueblo pueblo!
carnizados oposito1es, son la mejor gaSale de Apízaoo, á las 12 30 del dia.
Llega á Soltepeo, á la 1 21 del día.
2 12
ha conquistado al fin una gran idea, una
,, Soltepeo,
,,
1 36
"
,,
Apam,
,,
¿La convocatoria? La convocatoria ha rantía de que guardará como hasta aquí
"
3 37
,,
Apam,
,,
2 37
,,
,, La Palma, ,,
gran
doctrina,
una
gran
série
de
hechos
"
4 46
sido un fantasma aereo que se· ha pre- ileso el santo dogma de la democracia.
"
La Palma, n 3 52
,,
Tepei:pa.n, ,,
"
,, Tepcxdan, ,, .5 00
,,
,,
México,
u 6 00
consumados, que no se destrúiránjamas; sentado á la imaginacion de los hombres El hombre que en Guadalajara y en Mon"
si por fin se han establecid_o radicalmen- sinceros y de patriota corazon. Este cé- terey ha corrido el peligro de morir anEL TREN DE PULQUE.
::m:::=-=-~te dogmas políticos que han mudado la lebre documento oficial, al cual nosotros, tes que vender un principio y una uacioLlega á Tepexpan, á las 2 30 del dia.
Sale de México, á la 1 30 del día.
faz de nuestras· costumbres y propensio- en fuerza de nuestras creencias políticas, nalidad, es un héroe de Plutarco, y no
,, La Palma, ,, 3 24
,,
2 40
Tepexpan, ,,
11
"
,,
Aparo,
,
1
4
43
"
3
44
,
H
La Pahua, 11
nes, justo es observar que en esta dilata- hemos hecho la oposicion, ha entretenido traicionará jamas á la Íibertad.
"
,, Soltepec,
,, ó 30
,,
4 33
~
,,
A pam,
n
"
da época de nuestra historia,.no hay mas mas de un mes á la prensa peri6dica. Se
...,-i:c.:r:an~r:BC"
Hay ciertos hombres que la ProvidenSale de Soltepeo, á las 3
de la mañana.
Llega á Apam, á las 3 36 de la malíana que dos individualidades: 1~ de un homha razonado, se ha declámado, se ha exi- cia arrojó en medio de los pueblos, y los
"
Apam,
,,
3 46
,,
,,
La Palma, ,, 4 43
,,
bre y la de un pueblo. Lós hechos así tado á la opinion pública, á las juntas identifica con ellos en los días de pros
"
La Palma, n
4 53
,,
1
,, Tepexpan, ,,
ó 43
,,
,, Tepexpan, ,,
5 43
,,
" Mtb:ico,
6 53
,,
11
han sido, y el pasado ni Dios.mismo pue- populares; se ha discurrido por los hom- peri.dad Y de sufrimiento. Estos hombre11
de borrarlo.
bres de buena fé, y por los traficantes en forman una época en su patria; son su.
Sin duda, que durante este tiempo, y política se han puesto en juego todas las gloria, Y en los dias de infortunio, lloraa
NOTICIA. DE LAS ENTRADAS Y SALIDAS DE CORREOS EN ESTA CAPITAL entre las agitaciones que siempre produ- maniobras que han sugerido la pasion, el ambos sus adversidades. Así han cami- •
ce una contínua y no interrumpida con- odio, las esperanzas burladas, y las aspi- nado juntos, México y el C. Benito Jua
~ ~ i¡j ffi ¿¡~.¡]) &amp;. is "
tienda, no será al gobierno Ílctual á quien raciones ilusas para el porvenir. Mas en rez rlurante el largo período de diez años.
DOHl1'00.
VU!RNES.
illtIEVES.
:MT.l!:RCOLES.
MAR't'l!l!I.
deberá imputarse el ma8 tñ-solente des- último análisis, la convocatoria en los México y Ju0,rez despiertan en el cora.Puebla.
Puebla.
Puebla.
Puebla.
Puebla.
~oebla.
precio por la justicia y por la libertad; y presentes momentos, no importa un gran zon ignales sentimientos, así en Europa,
Puebla.
Oajaca.
Orizava:
Jalapa.
Oriza.va.
Jalapa.
Jalapa.
Orizava.
Apn
m.
Córdoba.
Oajaoa.
Córdobn.
Apam.
si él espíritu revolucionario y las pasio- mal práctico por lo que respecta á la in- como en todo el Continente americano
Apam.
Córdoba.
Ap1zaco.
Vera.cruz.
Querétiaro.
VeT&amp;cruz.
Apizaco.
Apizaco.
Veucrur:.
Guadatajara.
C.
Hidalgo.Apam.
Oajaca.
C. Hidal~o
nes en los momentos presentes, fueran y fluencia futura de los clérigos, puesto Los I eyes tiemblan y Ee estremecen do
C. Hidalgo.
Apam.
ZaoateoH.
Paehuca.
Apizaco.
Apam.
Paehueo..
Paohuca..
Apizacn.
Querétaro.
C. Hidalgo.
S. Luia Potosi. hubieran sido tan moderadas en sus impe- que el futuro congreso constitucional de- rencor al nombre de Juarez, y las repú
Apizaeo.
Tulanoingo.
Tulanoingo.
C. Hioi•lgo.
P. Ma.t&amp;moros.
S. Luis Potosí. Pachuca.
C. Hidalgo.
Qu.erétnro.
Querétttro.
Pachncs.
P. Matamoros. Tulaocingo.
riosas exigencias, como consecuente se ha jará inc6lumne en esta parte al C6digo blicas americanas le deifican. Esto quie
Gua.dá.l&amp;jara.
Gnadalajara, Pacbuoa.
Tolua1t..
Toluoa.
Querétaro.
Querétaro
Zllcatecas.
Zacateca.s.
Cuautla.
mostrado el gobierno en obedecer los instin- de 57; y si contiene y realiza el gran re decir tanto como que en la personifi
Cuauth.
Toluca.
S. Luis P ~,rn~:f. Toluea.
Toluca.
Morelia.
P. }Iatamo,~,1-. Morelia.
Mor , lia.
tos de la reforma y ue la voluntad nacional, principio salvador de la democracia que cacion de Juarez, está la gloria del pue
:Cuernavaca.
Toluoa.
Coernavaoa.
Cuern.a.vaoa.
Cn&amp;utla.
durante la peligrosa emocion que hemos es la: APELACION AL PUEBLO. Este, es Ji- blo mexicano, es el delirio y el símbolo do
~--...!-----!~=-.--'------'----'------''----- - experimentado, no hay duda que estaria- bre para obsequiar, 6 n6, la peticion del nuestra revolucion, y la espiritualidad do
mos pr6ximos á resolver el gran proble- gobierno, y dejar omisas, si quiere, las re- h democracia, no solo para nosotros, si
SA.BAOO,
DOll,filWO.
VIER..llfES .
JUEVES.
MIERCOLES
~ LUNES
I\IARTES.
____
,___
- - - - - - - ------1-------1------ - - - - - ma del órde~ y la libertad, y lo que es formas de que habla, los artículos 9 y 15 no parn el mundo entero.
Pne-bl11 ,
Puebla.
Puebl&amp;.
Puebla.
Pueblfl.
Puebh.
P11ebln.
Orizava.
Oajaca.. 1
Jala1mOrizaVfl..
.lalap•
mas, el aseguramiento definitivo de la, na- del documento en cuestion.
Un dia el rencoroso clero y la venga
Qriznvfl. .
Jalapa.
Onjaca.
A¡uim,
Córdoba.
Córdo ha .
Aparu.
Cúrdoba.
Apam .
Veracruz.
Aparo.
Partidarios los que esto escribimos de ti va monarquía, quizá vengan á felicitar
Apizaco.
Vera.cr uz.
A. p iz11.e11.
oionaliclad.
Varn.cl'Uz.
/\ plzac o.
Apiz11.c11 .
C. Hidalgo.
Oaj fl.ca.
r.. H 1flo.lg,&gt;.
Apnm
C. Hidslp?o
C. Ilirlnl~o.
Pt1.obuca.
A menazacla varias veces la existencia la grande idea de la apelacion al pueblo se de consuno por la proscripcion de J ua
Ap11.m
Pnchu ~1.
Avíza.co
PMb.uca
.
'
Pa.chuex.
Q1iorútaro .
At, z!lCO
Tu la.n cingo
C. Uid~lgo
Tula.noin go
Tula.nciJ1J!O.
S. Luis Potos í.
del gobierno actual, insultada incesante- de la revolucion reformista que acaba rez, pero ese dia fuera de su lugar la
C. Hidtdgo
Querétaro.
flll.C.lwea.
Queré taro.
Querétaro.
P. Matamoros
Pll chuce..
Guad,:,.l njtnii.
QuerétaroGua1falajara
Gui.d&amp;ln.jara.
mente su dignidad, no obstante el gran por fin de consumarse, y de los grandes clave de nuestro edificio político y refor
Toluea..
Querélaro.
Zacateca~ ..
S Lniil Fofos•. Zaca{ecas.
Zaoatecu .
Cua.utla..
S. Luis Pot¡1sí. Tolnca .
P. :Ois.hmoros. To uca.
número de recias t empestades que le han principios de la Constitucion de 57, ha- mista, caerá la piedra angular de la J.¡6
T,11uca.
P . Matbru0ros. Morelia.
'f :.,Ju -n,.
Morelia.
Morelia.
Toluca.
Cuerna.vaca.
ÜJ1tutl11.
Cuerna vaca.
ICu.ernavaca . . ' caido encima, necesario es convenir tam. liamos que se hace una gran injusticia al veda; y roto el arco ue Nemrod, ni la Li
Cuautlft.
OONDXOXONES DE LA SUSCRXOXON.

CANDIDATURA.

C. BENITO JU.\.REZ
EDITORIAL.

le los Trenes entre México y A.pizaco,

¡
J

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¡

¿&amp;_-

1

•
-61-

-69-

-72-

cláusula, se encontraba otra que los Torys habian
dejado subsistir, primero por respeto á la tradi,

ti ngs, las mas veces tempestuosos, hasta en el

ser plática.

centro mismo del territorio enemigo, y hasta en
los condados mas decididos en favor de los inte-

luciones de, esta palabra tan suelta, tan variada,

La cualidad dominante en las evo-

tan clara, es nna lógica prnfuuda, obstinada é in flexible. No hay dia, no hay instante, en que no
lome un nuevo sendero, pero cada uno &lt;le estos

cion, y luego porque pensaron que ellos solos po•
drian sacar partido de ello. Es, pues, eMa, una

reses aristocráticos.

s:btigua ley que data desde hace seis siglos, y se

estalló hácia fines de 1845, á consecuencia de la

refiere á una época en que la Inglaterra, teniendo

senderos lo conducen á uu mismo objeto, á la abolicion de las leyes cereales y al establecimiento

poseyera un terreno libre _de 40 schelings de ren-

pérdida de la eosecha de las patatas (papas) di«
una nueva fuerza á los argumentos de la Liga, é
imprii;nió una nueva energía á sus demostraciones.
Pidió entonces á sus adherentes seis millones mas

ta, suma que en aquel tiempo era una cantidad

pa1:a continiiar la guerra, los cuáles fueron instan•

un solo momento en que no esté en eomunicacion

considerable, y que hoy apenas representa el va-

táneamente concedidos.-Un año antes babia pe-

con su auditorio, porque es el hombre que da y

lor de 48 francos.

Trataba, pues, Cobden, de

dido y obtenido 2.500,000; de manera que la Li-

recibe, sin cesar; impresiones, el hombre, para de-

crear con estos pequeños propietarios, y bajo la

ga, por fin, apareció á los ojos de todo el mundo
como un poder temible, con el cual era necesario

cirlo de una vez, que verdaderamente improvisa.

En lo sucesivo, Mr. Cobden, seguro ya

en materia; y las formas que adopta siempre son

un gran número de cultivadores, se acordaba por
lo mismo el derecho electoral á todo Yeoman que

\

ic_¡fluencia de la Liga, electores bastantes para
disputar con ellos la eleccion á los grandes pro-

contar.

Bien prnuto,

el

hambre qne

de la libertad de comercio.

Desde la primera pa•

tabra que sale de su boca, hasta la última, no hay

Todas las ideas son buenas para él cuando entra

Tan luego como fué adoptado el sistema de

de la victoria, propuso en estos términos el ultimatum de la Liga.

Mr. Cobden, la Liga puso mano á la obra, con el

"lié aquí que yo conmuevo hace afio y medio

ardoroso empeño que le comunicaban sus jefes, y

la cuestion electoral, porque estoy convencido que

iSabeis algo de lo que hemos hecho en el Norte?

con los grandes recutsos de que disponía.

Fué

este movimiento electoral es una palanca, con

¡,Qué es lo que pasa por aquí? •••• " En medio de

dividida la Inglaterra. en trece distritos lillectorales, y á cada uno de ellos se le asignaron los agen-

ayuda de la cual, podemos transferir euteramente,
y para siempre, el poder de las manos de la aris-

su argumentacion dejará escapar un chiste propio
para distraer á eu auditorio, á la vez que llamará

tes necesarios para que 11obrevigilaran la forma-

iocra.cia territQri11l 7 monop9lista, ~ las de la clase

-c1Q nµevq su atencion~ Así, 1i repentinaniente

' pietarios, aun en los condados mismos.

\

., .

las mas simpl,is.

Por ejemplo, comenzaría un

discurso en estos términos:
de L6ndres!

"¡Y bien, habitantes

iQué hay de nuevo entre vosotros?

Q

�•
2

í
~--·--

, ... -,.;,....... ~. ,a

bertad ni la Reforma, encontrm·án tal vez_ la do! documento que registra: tercero, el
un asilo mas leal y mas seguro, ni ten, contrato á que se refiere: cuarto, los iwmdrán para los, futuros, una ba~e mas per- bros de las partes contratantes y el escribano ó juez por ante quien paoe el contrato:
manente ni mas 'estable.
quinto, la finca ó imt1ueble cbyo dominio se
JosE ÑlAl\lA VJLI,A.
traslada, ó en ln que se hace la imposicion;
=c..c.==-=============· ó que se liberta. por la redencion, Ó que se
Q
hipóteca; sexto, el valor del inmueble en lo,
casos de traslacion, el del capital en los de
Secretaria de Estado y del despacho d• Ha• imposicion ó redcncion, ó el de la cantidad
cienda y Oredito :Publico.
que se asegura por medio de la hipoteca:
sétimo, la fecha y oficina eu que se haya
SECCION II.
hecho el entero del derecho de hipoteca•,
DERF.CHO BOBRE_BIPO'rECA.
con expresion de la cantidad de sn importe.
(Conti111'1a).
Trat,índose de gravámenes, se expresará
Art. 48. De todo• los actos sujetos al pa- ta.in bien el intercs an11:il y t6rrnino de ]a
go de derecho do hipotecas, ha de tomarse imposicion, y respecto de las hipotecas, el
rnzon eu o! oficio rei,,:rcctivo til lugo.r en que tiempo que comprendan.
Art. 56. Estos libros tendrán índice•
so lrnlleu las fincas; presentándose al efecto
por los interesn.dob, t:11 el té;mino &lt;le ocho exactos que faciliten la consulta de los asienJia:;, copia1.-1 autoriz.a.Ua.&lt;; de Jos contratos, tos que c&lt;&gt;ntengan.
Art. 57. Los individuos que en plazos
cuando éstos se hayan celebrado en el luantes
fijados ao pre¡enten a.! registro los
g~r en que exiote la finca; y cuando lo hayan sido en otros, el plazu ~e prorogará á documentos sujetos :í. · él, pagarán Ja multa
razon de un dia J&gt;Or cada cinco legu~ dela de doble derecho de hipoteca•, si los pMsentaren den !ro de un término igual al ya
distancia. que mediare.
A.rt-. 49. Todas Jab escri1 uras destinadas vencido. Si exceden de este término b
:Í formalizar los contratm, u:;peci:ficados en multa se elevará "l cuádruplo del derecho,
este decreto, Jel&gt;eni11 cr,usignarse en un ademas de las costas del apremio, si es meprotocolo p~blic0, y conteudrán la cláusula ue•ter emplearlo p~ra obligar á la presonde 9ue serán nulos oi dentro de los plazos tac10n
fija&lt;lvfi eu el articulo nuh::rior, no se presenArt. 58. Todo título ó documento que
t.~n xl regíbtru la~ copia::; aLLtorizada::l de di- estar,do sujeto al registro en el libro de hiehat-1 escriturn.8.
potecas conforma á las disposiciones de esArt. 00,
Cuando on algun c.ontrato de ta ley, no se halla.re registrado, serfi nulo
trasJn.cicm de propil'dacl no conste el valor y de ningun valor en juicio y fuera de 61.
le! inmueble, se snplir:í esta falta por moArt. 59. Los que para el registro de los
contratos
preRP.nten un documento en que
Jio de la. t!JHa&lt;'io11, CjllO se efectuará ú costa
el valor ó precio Je la cosa contratnda se
le! c~usanrc.
A,-t. 51. El pa¡;o del derecho &lt;le hipo- halle rli•minnirlo en un decimo, pogarán ol
tecaH fe vcrifica.rt\ en Ja Llireccion ,lo con- cuádrupl&lt;&gt; dc•I derecho que á eu contrato
triliucion direct.a., anto::; &lt;le hacerse el regis .. correspon&lt;la. Si la dimínucion oicedo al
tro &lt;:n t;J ofü:iti Je Jtipotecas {i •1ue pertenez- décimo, b multa eer:\ doble de la :mterfor,
ca la finca segnn su sitna.cion.
sin pe1juicio de lns domas penas que las leArt. 52. Dicho pago se bar:\ con pre- yes comunes sonalan á 101 reos de •emejausencia da las eo¡lias autodzadas de los do- tes ocultaciones.
curncntCJs adLa de~dgnados, asentándose e,]
A1-t. 60. El director da contribuciones
recibo suscrito por el director al pi6 de la directas j¡asará. visita una vez á lo meno,
copia del ilocumento, con ladebidareferen- cada aiio al oficio de hipotecas, para cerciocia :i la partida del libro de la cuenta en rarse de la exactitud con que se llevan lag
que quede hecho el cargo. Esta copia; con ásientos prevenidos, dando aviso al Gobierla anotacion 'del recibo, se presentará al no de las faltas que note.
• oficio de hipotecas, por el que se hará el
Art. 61. Los jueces y escribanos ante
regist1·0 correspondiente en el libro que nl quienes tengan lugar los actos eujetos á reefectQ se llevar,i,
gistro, están obligados á dar aviso de ellos
Art. 53. El libro de rogistrode hi1•·•ta- á la expresada oñcina de contribuciones di-

SECCION

contribuciones confrontará ambas noticias, ra á Jo, Estados-Unidos, qne despne• da noticia de !U ejecucion con tan voco hitcrús
para perseguir,\ los que hayan defraudado haber becbo salir á los franceses do ~foxi- como ,o leyó la del infortnna¿o invf'Or _de

el derecho y sido cómplices (, ocultadores
do la defraudacion, siempre quo por razon

de oficio hubieran &lt;lebiclo dar y no hayan
dado los a.visos correspondientes.
Art. 63. Los j 11eces y escribano• ante
quienes pasaren los con tratos sujetos á registro, y el encargado del oficio de hipote-

FICIAL.

cas se abrfra al 1~ do Enero y se cerr&amp;rá el rectas, en el mismo dia en que se firmen los
· : ,le Diciembre de c.mda ano. Su primera. contratos por cualqcíera de las partes con-

y últi111a fojas, estará11 firmadas por el director de contnh,1cioncs directas y por el
juez de le civi I mai;; antiguo: en las citadas
prim~1·11. y últimas fojas, se expresará el núrnero de las que contenga el libro; eu las
foja.ti ..irilennetijas pundrá su media firma el
director, y en todas se estampará elsello de
la oficina y del juzgado, si lo tuviere.
Art. 51. Este libro se llevará con la
mayor exactitud y limpieza, sin permitirse

tratantes, á fin de que dicha oficina esté á
la mira de que se le presente la copia autorizada del mismo contrato, para el pago del
derecho de hipotecas. Por la falta de aquel
aviso, los escribanos ó jueces incurrirán en
una 1nulta de cincuenta pesog; si reincidieren, ademas de una multa igual, serán Sll6pensos por dos meses. Poro si volvieren á
reincidir, ln suspension no bajará de un a1lo.
A la cuart~ reincidencia quedarán destienmendaturas ni raeduras, pues en los casos tuidos del cargo é inhabilitados para obtedo enmienda ó adiciones, se tachará lo que ner otro
no valga., do manera que quede legible; ó
Art. Gt. En ol mes de Enero de ~&amp;da
se entrerenglonará ó se aoent~rá al márgen año, todos los jueces y escribanos remitirán
lo que se tuviere que agregar1 salvándose al tÍ la direccion de contribuciones directas,
pió de cada registro lo tachado y Jo agre- una relacion de los inst.rumentos otorgados
gado, a»tes de la firma del escribano ó juez ante ellos en el ano anterior y que debieron
{\ cuyo cargo estuviere el oficio.
ser registrados. El oficio de hipotecas le
Art. 55. Cada. regi.tro debe expresar: remitirá igualmente noticia de las que se
primero, la fecha en que se hace: segundo, registraron en ei propio ano. La oficina do

.

cas si uo remitieren en el IQes de Enero las
'
noticias,¡reV'enida1:1
en el articulo anterior,

co no hayan tenido inflnenei:&lt; para salvar
1n 'vida de 1vfaximiliauo.
El Spectato,- de L6ndres del !l, llama_ la
alencion sobre los grandes costos y p6rd,da
de hombres que ha ocasionado la guerrade
Mé.xico y concluyo manifestando que Itasta 101 c~mpesinos franceses que consideraban omnipotente 6. Napoleon, conocerán la
verdad de lo que ocurre, aunque se trato
ahora de embarcar ,í la nacion en nuevas y
peligrosas aventuras: lo que fué Moscow
para. el primer imperio, dice, eso parece
que ha sido México parael segundo.
El Guard-ian de Mnncbester del 5 es de

incurriran por eee hec.b.o, en una. multa de
cincuenta pesos, sin perjuicio de que coaparecer que habiendo sido infructnoms toteen ln saco. de 1~ noticia, que mandará das 111, tentativas 4110 se hau hecho para
practicar 1:1 oficina de contribuciones di- s&amp;lvar la vidt. de Maximiliano, deben ernplearse todos los modios que se consideren
rectas.
adecuado• psrl\ obtener una retrib11cion.
A1·t. 63. Los jueces ó autoridades que
-El corresponanl del Post de Ló~drcs
en juicio ó fuera de él admitan un documen- del 5, cree que se enfriariín. In•. rolac10nee
·
, t entre Francia y lo• Estados-Unidos, :i cauto no registr:ido, siendo de 1os su¡etoe a es " •a de no h&amp;ber tomado éstos con empeno el
formalidad, incurrirán por primera vez en asunto de procurar la ealvacion de la vida
la pena do suspension de empleo por _dos de Marimiliauo.
meses, y en la multa del duplo del doro-Segun la lndeps,,d-,1cü1, Belga del. 5,
los
periódicos de Viena, al hablar de la
cho defraudado; y en la misma mu1t" Y muerte do Marimiliano, muestran grande

po11Jl.!11cia, f1tÍ 11(1111 hrado 01,hcrua(lnr dt:

Cu bu. Por lo tanto, aunque a uucstroslo¡os
el hecho de ecr Maxirniliaao un príncipe,
parece puri:6.cnrlo suficientemente para todo le, quo hay:. podido hacer, es menester ,
considerar que esto no atenuaba su fa1ta á
la vista do los mexicmios. El so decidió á
jugar un albur peligroso con implacables 1
medidas, y tuvo qne habérselas con implacables cnemi¡¡os, y perdió la partida. El
enemigo debio ser magnánimo y h~•er perilonado sns culpas; pero los especta&amp;res no
deben hacer otra cosa que deplorar el de-;.
eastre del dra!Pa, y asf, es tiempo perclido
el que se emplea en denunciar el hecho."
-El Spdatatoi•, til lamentar el Jin de }fo.
.ximilian•, trae estas palabras:
"L:ts 6rclenes de Ma:ximiliano c&lt;mdo11nudo á muerto :í todos los mexicanos 4"º le
presentaran re:-1istencia, y que f11oro11 ejecn•
tadas p8r sus oficiales con solícita crueldad,
llenaron do indignacion :í los liberales. u~- j
ce algunos meses que dimos á luz, :firmado
por el emperado1·, un decreto pnra resto ble- -1,..

1

)

1

1

entonces visto libro do esta rnaldicion, y

que pueda cometer nn gobernautu en esto
destitucion del exnpleo si reincidieren.
hostilidad hácia el gabinete do las TL1- siglo.''
( C(;11 tiu uara.}
Art. 65. En iguales penas incurrirán los llerías.
·
¡
-La. Iniitpendencia Belga publica una
escribanos que actúen diligencias de cua - carta del general Prim, fechada en Brusequiera especie por virt11d de un documento las el 25 de J nnío, en el cujll contesta el
sujeto :í. registro y no registrado.
general espa!!ol al abogado franceo, tl.iciénArt C6 Las multas preveoidas en los dolo eutre otras cosas qu~ "no es conforme
México, Setiembre li\ de 18117.-Señorcs
·
·
. .
.
,i la verdad el que él hub1eso sonado con la
artfoulos precedentes han de e:,ogirse sm , empresa de México. Las pnlabrus e.nade,
redactores
do El Go11ti1iental.-- M ny Seno1
perjuicio de las que deben paiar los que no que ha e_scrito un aug;usto persona¡c, y que
res mios:
hay~n presentado al reg~tro lo• documen- vd. ha interpretado a su manera, son b.
En el número 2 J.el :1.preciablo periJdico
.
que so refieren á uno de mis deseos, que ha
tos su¡etus á ól. .
merecido, tanto la ap!obacion de la Frau- que vds. redactau 1 se eucuentrn u11 cdi~ri:l.l
Art.
Los derechos Y mult.1•. á loa cia, como J&amp; de !"i pa1s.'',
en el cual se mo hace unu ol'en~n, tai vez
causante,, serán cobr&amp;dos por la oficma de
-Do! E11Ja1m1UJr do Lond,·e• tomamos lo involuntaria, pero qne no debo dejar d,,si,contribuoiones directas, usando al efecto do oiguien\e:
.
d E
.
.
.1 1. d
"¡Cual os lii nac10n o &lt; uropa que pu- percibida, porquo creo ~ue se cementhria
la facultad coachva. La 1mpos c on
pe- diem eufrir un juicio ó extendor la mano y de una manera deplorable para mí. Ruego
nas y multas,\ los jueces y escribanos que arrojar la primer~ piedrai ,Si no fuó eje- iÍ vds. se sirvan insertar el sigulouto remiincorrieren en e11ae serán aplicad!l.S por lo• entado el pretendiente en Tower H,ll, fué tido, qno 110 escrito con objeto do hacer al.
. '
porque 110 se le pudo echar mano; pero loe
3ueces fü:1 d1str1to.
. .
noble■ ingleses y e1cocei;eR que fueron ~~u- gunas aclaraciones, por cuyo favur les vivi.Al't. GS. Desde la. pubbcacwu do ••tJ.L victos de complicidad e11 Sll causa, sufne- rá agredecido su afectísimo servidor Q. ll.
ley quedun derogadae todas las disposicio- ron la pena da lo• traidores. Si los Bor- S. M.-}fANUEL GONZAU.z.
ne: relativ&amp;s li. ls oxaccion del derecho de bone8oln5ofloódieron cluatr? tirfousg~•NrsªePºc~eoc~
Méiico, Setiembre 15 de 1SIJ7. -M~y
,
en 1 , u porque ogro re ,~
traslacion do dominio, o sea nlca_bala de Belarofonte; pero mataron como un ~erro á Sres. mios:
venta de ñncas; siguiendo desde dieh" fo- Ney, •'el Taliente de los valientes,'' sm haIlo leido on el número 2 del "l'rec~hlu
cha la■ contenida¡¡ en esta misma ley.
cer ceoo do los clamores que •e levantaron
en todaa partes, y lo• repre•entantros de In• periódico que vds. redactau, uu l:lditorial
(Contlllll&amp;rá..)
glaterra y de París con•ideraron de su de- intitulado Nuestros Generales, y sin hacor
ber no tomar ciutas en el negocio. Los un análisis do él, porque no es esta mi miBorbone• deN:í.pole•, ilqniene• hemos echa- aion, ni tengo interés alguno en (_lllo, solo
do do■ vece• por ls. ÍUGrz11 da los armas
fuera do eu trono, enjuicia.ron ante un tri- me ocuparé de desvanecer a11a ofensa quo
Opiniones de la l'r"1!sa. Europea y .Americana bum'1 militar y ejecutaron ó. str opositor se me hace; tal vez sin voluntad y rectificar
Murat, que babia gobernado el pafs en paz alguna¡ apreciaciones por que creo, que en
sobre la ejeouoion de Ma.J;imiliano.
y progreso, mereciendo durante varios an.os ello se interesa el buen nombro del Ej6rci[CON1'NUA.]
lt. aprobacion popular, y cnya falta no era
to de Oriente, al que tuve la honra cfo perAn•tria no tiene q11eja quo establecer otro. que tratar de libertaroe de ellos para
contra México, ni siquiera una deud11. qua ocupar •u lugar. La memoria de Napoleon te~eczr p{lr m~~ de cuatro anos y qne ta;1
reclamar. Un príncipe aústriaco era para el Gnnde no est~ libre de nn cargo seme- brillantes serv,c,os ha pTestadt&gt; {i la Rtlpuel gobietlllf de :México lo que Garibal':1i jiwte puee 1e lo acusa do haberse a.podera- blica en hL gloriosa lucha c1ue acaba do
pera el gobierno de Bomba de las do. S1- do d;l heredero de Condé, haberlo arras•
cili&amp;s· lo que seria Juarez si desembarcara trado hasta la fronten y babel'lo mata.do terminar.
Al mencionA.r v&lt;ls. eu su citado eclit.oriaÍ,
on Es'pailQ., -¡,ara establecer el órdeu Y; fa en loo foso• de Vincennes, por babor procutranquilidacl en aquel perturba_do país, o lo rado deotruir •11 dinastfa.
el sin númoro de genera.les que en e11 conqne seria e) geuer1'1 Sherman si desembar-Ré aqui como •e expre,a el Sta,- de cepto, el q_ue menos, lia hecho t:tuto como
cara en las costas de Francia in vitado por Lóndrea:
.
el partido liberal,r_ara echa: abajo el se"Todo el mundo .. bia en Enropa que el genornl Diaz, al fin de ellos"º encuentra
gundo imperio. heuen los rngleses lama- Maximiliano era un jóven valiente y bien mi nombre precediilo de estos ndjetivo•:
nía de serviree de dos balanzas y dos me- educado· pero en Móxico no representaba el bra,vo mutilado Manuel Gonzalez 9,,. tandidas en sus juicios políticos. Un monar• si.no la i:ias injusta invasiou, sostenjda por ta parte tomó en los últimos ao,nbatd,&lt;j en lo
ca puede al:;esins.r por centeu~res los rebe~ - la política mas cruel. Ning,ma nacion pne•
deo á sangre fri&amp;, como lo h!Zo el Austria de entender cómo otra nacion condena á cual padecen vds. un grave crrur, puei,; 110
en 1848 y 18'19 en H.ungría é Italia; . como muerta á sus enemigo&amp; políticos y no es ea solo en los úlli mos hechos do ~;.rlll!l.B ou
hizo la Prusia en Baden, y como hizo el otra cosa sino la falta de una conciencia los que ho tenido la gloria do ,Jofe~der
segundo imperio en I?iciembre de_IS51,pe- cualquier&amp; en semejante asunto, lo que nos
ro lo que es un gob1f':rao republicano no hace hacer A nuestra vez laa mismas cosae, á mi Patria, e.lno f]_UC es notorio qn~ me en
puede defenderse contr~ la invasion de un y eso e• lo que justamente parece sangrJe':1- cuentro filiado en el número de sus defenejército extranjero, y mientras no se con- to y criminal á la vista de nuestros prog1- sores desde el p1:incipio llO ln intl•rvenciÓ11
ciente en dar cuartel !J. sus soldados, se mos. Otra, y 110 la que ahora anda en bo- y que tuve la honra do servir ú. lns ún:hmes
quiero que perdone 6. todo el que se valga ga, es la obsorTRcio':1 quo_ d!bemos ha~er.
de las armas vara. ats.carlo, S? vena de ser E ■ casi seguro que 1vlu1m1l~ano hub1e1e del Ilustre General Diaz, desde el tnumor:,llamado un gobierno de aseemos. Se pre- capturado,. Juarez y lo hubiese matado, bfo sitio de Puebla hasta el 31 dt, Jnlio
tende que los indio• educados á medias en ningun caballero To,-y do 111 cámara de los pr6rimo pasado, en que por la bondad del
Comunes ae hubiera movido parn. presentar
lo qne fué una. colonia espallola deben
digno magistrado de la Repúbli&lt;-a, y ?"
mas hmnanos que Narva0z; pero eso no un voto de censura, y ea igualmente cierto
que si Ma:rimiliano hubiera sido otro Nar- atencion, sin duda, á ser yo el único gelll)puedo ser.
El I,ondon Satu~day Re'IJÚw echa en ca- cioo Lópe%, se habría leido en Inglaterra la r.almutilado en la segunda guerra de In:lo-

~ "

y

RE~fiTIDO.

,-,

4.

°

,......,

EXTERIOR.

♦

J&lt;'IEST.AS DEL 16.
SANTA-ANNi
I,,,bicrn sido tochazsd0 nn Puebla, lllár- rable ¡1arn cometer una bajeza de esa na:
D~ las mnchas poesías que Be arrojaron
Hay una general curiosidad por saber
.
d
qucz, qmuce
1a:s' ,ui.:~p .,· .. , .1,,·,·"
,. :~ro,~ it...011!,; tnmlczs: ho llegnclo ,1 general de brigada do los ba.Iconce al pasar la patriótica comi~i &amp;e j11.zga ó uo á eso cólehre l1orsonajo. Su
mucho, Eo 110.brla. present:ulo ~nliru Queró- do] ejército du la Hepúblicu, cumpliondo tiva pflra la Alameda, puUlicamoe algunas defrn.or el Lic. Alraldesalióhaco.dias co•
diro&lt;:don Á Veracruz para 001prt:md~1· 1,\
taro cm1 14,000 hombn'~ y ::;l·::-1.mta ú ochen- siempre con mi deber, haciendo un poco qno lfog:lr,m {¡ tl\lC"'~t"n, 111nTiof"::
e¡ V f¡ llt.,t..
ta piezas de artillería, y ol general_ eu jefe 111a~ ,le·lo &lt;Jue l•otu mo impone, y Jcrrawa11Con juicio y probidad, valor y cic11c.:Í:1.,
M(·xico afü·U1a.rú Rll indcpendeucia.
del ej6rcito &lt;le! Norte que operaba •obro do, uo uua, sino vn.rfo.s veeea, 1ni sangre en
ROJJ0:3.
aquella plaza, se habria visto obligado ,í los cnmpos de bnt,d Jn.
Dó sucumbió de Ilidalgo la victoria
Cou li·ecuencia se oye hablar do asaltos
lovautnr el sitio y omprcuder su retirada
Allí de Juaroz renació )a gloria.
en lo• c,iminos.-El dia 12 •foé l'Oba&lt;la. la
_Por lo expuesto, t;ctl.urci:t redac~ores, vediligeucia
entro Apiz,aco y Pnchla, e11 1111
moverme en la brechn que vraetic6 ol ene- frn.ccionar.&lt;lo su ej6rcito. Cual fuera la si- rán vdes. quocua11do ~o hiere mi amor proEl tú111ttlo do Hidalgo fu{, barrera
pllllto
qua
so
llama la ba!'ranclJ. dul Gllto.
migo para m;altnrme; y el General Ortega tuacim, ile los ejércitos republicanos hoy, pio, mo dofiendo;cuaudo creo qne me as-iHQuo no pudo salvar huesto extrangera.
q1te tau pródigo era en dar asceusu• y tri- se comprende muy fácilmente, y por esta te mi derecho, lo hago valer, y por último,
" EL PADRE COBOS. ,,
butar elogios á sus amigos, no se acordó si- razon omito determinarla. De esto se de- nnnca he oxigido un:.s. cosa que no 1nerezco.
A MORF:LOS.
El 16 dol corriente comenzó{, publicarse
quiera de hacer en la órden general del dia, duce que el general Diaz, asaltando &amp; PueSoy de vdes. afectísimo S. S. Q. B. S. M.
SONETO
•
este
nuevo pel'iódico.-Prometo decir In
corno era de sn debor, nns mencion !wnorí- bla y tornándola el memorable 2 de Abril, -Manuel Gozakz.
vel'da.d con modoracio11 y e.cr i11dependié'n De
independencia
al
grito
sacrosanto
fica del soldado desconocido, si se quiere, cambió de faz 13 guerra, hizo triunfar In
te en sus opiuioue~.-Soa. hion vonido.
Reo glorioeo el alma. te enardece,
en aquellas filas, pern que con su compor- República, y le facilitó al diotinguido geEmpnl'ine el acero, y resplandece
tamiento Jes habia conservado su lustro y neral Esco bedo la gloria de llevar li feliz
Vfotoria imuarce1;1ibJo eut,:0 tu mnnt(),
"LA OONOIENCIA J:UBLICA."
Diftt11de tu valor miedo y es¡¡anto,
buen nombre. lle hecho rnencion de este término sus operacione~ militares sobre
Se
retira de la ¡,alestr&lt;t este campeon.
CANDIDATURA.
Eu mil bf\taUas que e] Ibero ofrece,
suceso, soflores redactores, no para darme Querétaro.
Lo
deseamos
prouta vnelt.~.
Y eu Ouautla ve tu góuio que fcnoco
!'" públicado 1:, sig,úento cu cartelo- Del
importaucja de que ca.rezco 1 sino para q110
Asientan vde•. tarobioo, que la oportuna nesSefi¡aclos
putento cmemigo, triunfal emito.
en fas esquinao.
Ca.u.dil!o ilustre que tu p:it1·ia afamas,
vds. se persnadau de qoo no soy do los he- llegn&lt;la del general Guadarrama, onvi&amp;do
HAllER DEI. f&lt;',JERCJTO.
roicos de úlLirna hora., como pudiera com- por el general Escobedo con toda su caba- "Candidato del pueblo para la prsaide,1oia 'l1amUien de nn crimen perpot.tías memoria...
Por suprcm::i ór&lt;lou do 12 del actual so
Tú dol civismo la virt1111 proclamas,
d-e la República,
dlspone que closdo el próximo Oc·inl,rc• se
prenderlo el póblico por la Jectum de !U lierfa, Je proporcionó al general DiM el
Y en un cadalso so premió tu gloria!
abone o! haber fntegro ni ejér,·it,
CWDA.DANO DENITO JUARY.,Z.
referido editorial.
Legas de libertad fúlgida• ]famas,
tnillllfo que alcanzó sobre Márque%: sin des
Ignoro si los OO. Gencrn.les que vds. conocer la oportuna llegada de eote g&lt;\neral
Declarado ''benom(1rito do la Amerien.,, Y &lt;le heróico laurel te orna b Historia!
OAIDNO DE FIERRO D~ S. ,\ NOisL·
México, Setiembre 16 de 181)7.
meucfonan, muchos de ]os cnales no han ,\ Sm, Lorenzo, á la •azon tambien que al- por tod0'1 los pueblos tlol Nuevo Continente.
El pueblo te reelige, grnn cit1dada1Jo,
La. Socieila!l Mercantil cfamn porque el
sido mas qnc subordinados y eolabor&amp;dores gnnos miles de soldados del ejército de porque
tu can01·a sin mancha.as un reguero
A
ME.X:100.
ayuntamiento
vigile ORte cnniino.
del General Diaz, se creerán á la altura de Oriente sa encontraban frente á los muro• de libertad y ele lnz.
30NETO.
Dice que lori empresario~ proten&lt;leu suaForzono t·s no cese de regir nuestros &lt;lessu gefé en mórito:;, pero en cuanto !l.1mí, qne do (Jncrétaro, debo manifestar, que el victinos
el
hombre
que
roune
el
ardiente
voto
¡SnlYo,
¡oh
N
a.cion!
f1.
11e
de
martirios
rrucn
traersc á la. vigil::mcia m1111ieipal, soprell•xo he acompañado en l:t larga lucha contra! torioso general de Puebla, pudo muy bien
de In. pat.rü1. y Ja admiracion del mundo.
Víctllnn siBmpre, y sit1 cesar llorosa
(toH to de tener que entenderse &lt;lirüctfüll(:1ttc
Jos invasores; qae tengo la conciencfo do sil\ necesidad de este auxilio y con un terEl seguid. siendo ni fronte de nuestra Viste 1 tus hij,,s cner en J1011da fosa'
haberlo ayudado füica y moralmente hnsta cio &lt;le sns soldados voncedore• nueve dias gran República,la vcn1:anza del pafütdo, ]a Luchnndo herólcos, {) morir hnmlJrieJ1t01-J, ... con el Ministerfo de Fomento, y dice con
Pcreee11 ni conHf rui r (!obled cimientos
razon 1n Socic(la.d, qno ~a1n ftmciouC'~ muy
donde me lftm. :1.lcanzado mis facultades, y antes, derrotar al general fugitivo, como Jo tribuna de 1aclemocrn.c.i1,, el ~ol, (it•l p,wvc.mir
rViv:1el•gran
magistra_do
á
qniou
el
pueDe
una
ciuda&lt;l
ílotauto
y
va.porusa;
distinta• ln8 ,le l1t r1l1a «d111ini,1mciony las
por· último, &lt;1110 he clcrrainndo mi !:i&amp;ngro y wueba muy bien el hecho de que el 11 de
blo continúa sn confü,nzal ¡¡¡Vivn el ,ím-• Y por librarla do Collc¡uista odiosa
tnnnicip;lles.
P,L•rdiílo el bl'azo derecho en ln. campana, no Abril, en qtte fuó batido, no hizo otra cosa bolo de la virtud, el genio del progreso, ]a Pierden tesoroB, vida y )nonumentofl!
Dob]CJ1, pueH, Jn. caho?,a los cmprof&lt;nrio.-.,
me Cl'OO sin embn.rgo, con el mismo m6rito quo huir, abandonando ~ un puna¡lo do resnrrt'ccion de nuestrR glorfa!!!
Cono tor1·il&gt;le al h1.,-a:1or pusiste·
Y
fin
lo
dieras,
si
la
,urn·tc
en
algo
y som6tan6t' Á h uoces:U'in, ,. iftila.ncia. del
que ol hombro protligioso,¡ue empezólaJ_u- hombres quo lo seguían, sus cananea, treNo lo ayudara, infiol, ¡., Nnal,c trit;t.!
mnnicipio. Esto lo tendr{1 nwe-c cuenta á Ja
D. 'BASILIO PEREZ GALLARDO.
,·h"con un par de pistobsyuncriado, y que nes, dinero y soldados. Por lo demss, este
¡Salve, ¡oh Nacion! c1uc grillos secttfal'CS
misma ernpresn, p11C1s Sl•guro el público de
n.l tormínarla., contaba con mas do treinta- plausible suceso Jo proporcionó el valiente
Cuando faltan razones, se emplean e,._ Supo arrallcarte ol vuntnro.o Hidalgo.
&lt;)_uo no lu,y peligrft 11i i11convo11ionte algu.:.
mil hombres, tres ciontoa ca.nones y un tren corono! Lalanne, quien con un pnnado de lumniaq, y para contestar hechos so invou- Y Lo_y to onalt.&gt;ca b ,,i,-tncl de .Tuarez!!l
no en eso trayecto, afluirá. en mayor cantiinmenso de guerra. Seria, pues, senores valientes, y en virtud da órdenes que reci- tan 110cedades. Nos llama eote sef!or, 011
un inmenso articulo on q 110 contesta un
dad,
y llenar~ !ns arcas do la Empresa.
redactores, mucha fatuidad creerse igml nl bió del general en jefe, le dispat6 el paso hecho á que hicimos a]uaion, diciéndonos
MANGA DE·AGU.A.
herbe invencible do Ta11Jao, Tslmiztngs, á Márquez, entorpeciéndole su retirada y compaUeros del Lic. .U. Luis G. Sierra, í,
El ~ del corricuto C1\yó una on Acíimh11.Por 18 g11.oatilh1, M~ LOPJaz;.
ro
sin que protlujora cl~.nof:i notables.
quien
no
conoooruos
llÍ
por
la
levita
que
le
Tepetla¡,a, Oomitlipa, Tlag¡i{l{)o, Loma d,, dando lugar á que se le alcanz!Lr&amp; en San
RedHt.r ea 1ofo,
&lt;lió el Sr. Perez Gallardo, ni por las nariSoto, Jamiltepeo, p.,lta, Huo}uapam, ~o- Lorenzo, sin cuya circunstancia habria lo- ces
JOSE MARIA VILLA.
quo le dió Dios, é increpáudouos con el
LLUVIAS.
t!,útlán, Miahuatlá", La Oarbot187'a, Oag;a- grado concentrarse á Mi\xfco trin sufrir des- titulo de escritores asalaria.dos. Rechazaf¡;: 11111111 t; t t ttt: se•: 11 tt t:: :en; t ¡ tiat
En todo el Interior l,an sido muy abunmos tal imputacion como falsa y calumnio
ca, Laaltitova, Tsquisiatlán, Puoola, 8. I,o. calabro alguno.
ANUNCIOS_
sa, y lo desafiamos á que pmeb~ /JUB pala- dante,, prometiendo listo una buena conserenzo y Mkko. Estos son loo gloriosos heConvengo con vde•. en que el triunfo de bras si no quiere ser tenido po~ un im- cha da maíz.
chos del caudillo de Oriente, á quioo et to- Querótaro haya contribuido al de Mórico, posto1·.
Ju%gado de primera instancia del distrida la larga lncba que oon t&amp;nta const:mcia pero no convendré nunca en que se halb
El resto del artículo lo pau,m-00 en silento
de Fluichapa&gt;1.-En loe antos del conMONUMENTO.
lm sostenido contra los aventureros que tomado sin combatir, como vdes. afirman, cio, po1"lne ningunas ventaja, saca el públicurso &lt;lo 1.,. testamentaría de D. Vicente
El ciudadano gobernador del Di,trito ha S&amp;nchez Barque,R, y en la juuta celebrada
osuron profürrnr ol suelo do 111 Ropública, y ilu esto son un testimonio palpitante las co con eutor~:rsc do ncgocioa personaloa.
invitado 6 los de los Estados pnrn quo con- el dfo diez corriente, se acordó por la ma- •
tribayan A 1a orecclou do un moriumonto yorfa do los acreedores, que el sindico nom- 0t..
solo una vez la fortuna le volvió la espalda imrnmorables víctimas de ámbos ejércitos,
"EL VOTO Dl&lt;1, PUEBLO."
en
ol centro de 1n !'laza.
un Ouaca, debido á la desmoralizacio,"1ue inmoladas todavía la víspera de su rendibradn por todilB los presentes, ]o fuer:.,. ol
periódico ropro,luce nucatro cuitoC. Tri11idnd Gntiorre?.: 1 quien con presru1cia
cundió en nuestras filas por motivos c1ue nu cion, que sea dicho da paso, no tuvo efecto ria.lEste
titula.do "0m;arÜnlJ4ilo,."
do Jop. f!omp-robanteR&gt; dv los cr(•ditoK 1Jue ...... - - - - - ~
CONVENCION PROHRESISTA.
,on del caso referir.
sino un mes y siete días despue• del&amp; toma
eorán
presentados dentro de qnir:ce dias po
So instaló el 16, eegun esta ha anunciado,
, Dicen tambieu vdos., sen01·es 1·cdactort!~, de Querétaro.
reutot·ios,
formulará en loD qnlnr.c subfn-~
" LA ORQUF.BTA. •'
aienrlonombrndo presiclento el C. Josó M•
(1uo 011 las operaciones militares es imvm,-i:
cuent,eo el proyecto de graduacion par:, ciar
Al hacer, seiiores redactores, mi defensa
del
Río.
~ERRATA [VPORTANTIL
cuenta c•t)n 61 h todos los acreedori.•b cu la
blo atribuir á determinadas entidades los propia y la apreciacion de algunos de ous
junt:t
qne so colebrnrñ el dia ,¡uiuce del
En la última colnnu,a, plana y líne" p1'itriunfos alcanzados gobre el enemigo, y pa• conceptos, no he llevado la mira de entaEL C. GRAL. MANUJ,L GONZALEZ.
prfn:i1110 Octubre, li. las diez &lt;ll! ln, mn.nana..,.
mera do nuestro eilitorinl de ayer titulado
rn fündar su acerto, manifiestan que el dig- blar una polémica con vde•., ni menos ro· el '"'Ccs:n_ismo," por descuido del cajista 'se
Al decir en nuestro editorial titulado ciblJHlusu a tmloR loe acroedoru~ por 1mi pogeneral Alatorre, tomando ÍL ,Talapa, fa- bajar el m6rito de los dignos generales qne ¡rni:;o: "No pareccispor Vl\ostro estilo; lóa- " N uestroa gcmero.lcs" esta frase: ' 1 El brn- ri6cUco8.
L,1 &lt;¡L10 RO pone en.conocimiento Je loa
v&lt;,r~ciú mnclw la oc11pacion &lt;lo Pneb}n. por menciono, y que tan buenos servicios bau ise: Not:i varocois, cte. Nuostro ostimaple " vo mutilado Maunel Gm,zaloz, que tanta
colega queda.di. con ·esta n.c1ara.dou, bien " parto tomó en los últimoti combo.tes,'' no in ten sllllo1, para loa efectos :i c¡ua haya luel valiente general Diaz; y aunquo la toma prestado ,1, la causa de la República, oinu persno.&lt;li&lt;lo del concepto quo 11015 merece su hemos pretendido :,i pol' un momento que gn1·.
Hnicl!l\]lllli, Setiembre 11 cla 1867.--Li,.
Je .Talapa tuvo efecto cinco me•os autos do] simplemente defenderme y hacer aclara- aptitud, ó h1struccion como escritor público. se crea. que eso benemérito ciudadano ora
6-2
patriota de última Lora; y si citábamos los lld11,urclo J/.ilwda.
asalto de Puebla, yo quiero concaderloe á ciones quo he creido necesarias, para que
últimos combates fu6 por ser do lo• m•e
,,¡.,,_ c¡ne este hecho hoya contribuido nl no se empane ni disminuya la gloria del
C11111~1&gt;&lt;laucia Militar del distrito Fedoglorio0&amp;mente famosos.-Sirvan estas linons
fl. H, llE SETH:MBRE.rnl.--.Fiscalia.-N
ecesiHndosc 011 esta Ji'ifU11un éxito de las operncioncs subsocnentcs ej6rcito clc Oriente.
de aclaracion justa y debida.
Todn. la pi·trne-a J.oJ.icó 011 ooto dia su arcalfo.
do
1ni
cargo,
sito e11 ]a Comaüi.lmwi&amp;
En cuanto ,\ los otros puntos c1ue encierdo! genernl eujefe do) ejército do Orionte;
Espero, sefiores redactore8, que 110 mo tfcn lo clo fondo {i las glorias do la Putria.
Militnrdol
Distrito,
al C. Comandanto Jua&amp;
ra el remitido del C. general Gonzalez, qne
twro advirtiendo siemp1·0, qno ol general harán viles. fa ofensa de creer que al e.preinsertamos hoy, nos 1·coorvamos para &lt;lar Zapa!.!\ .11.em•nde&amp;, para la priícticu ele unn
Ahitorre 110 c1·a. ma.1:1 qne nno de los en pi ta- sarn1e de la. manera. que lo he hecho, l1e
'' F.L CliAj\[B'ELAN."
sobro ellos una :implin explicacion que les dil igoncia judicial, 6 ignorándo:;u Hu ¡,nralle~ 11L_1l gencrnl DiRz, on Yirtut1 d.1.1 coyai:; llevado la innoble mira do adular al gu1wfh salido {t luz el pcrii&gt;&lt;liro quo lleva••- quite todo sentido ofensivo lt personas que &lt;loru, y nu b.abio11do coucnrrido a.l primoc
]la'.rw&lt;i&lt;11 por segunda. vez 80 Je sHa y umórdeucs obró sobro Jalapa. Por: lo &lt;lemas., n,l Diaz, pues sea cual fom·t1 el porvenir to título. No ha viiita.Jo nueetra.rodacciou. nos inspiran el mayo,. aprecio.
pluzn. :i fin l1o quo comparezca on dicha
yo sostengo que el triunfo definitivo ele la quo el destino le reserve, no será ol hijo
fisc9.Hn 01) el tórmino Je ocho clias, contaTELEGR.Al•'O DE CUBA.
dos c\c,:dc In fecha: apercibido qno do no
H~pública, considerado bojo el J&gt;nnto do oocuro del heróico puerto de Mat&amp;mo,·ow, ol
",EL DIARIO OI•'ICJAL."
Dentro de muy breveedias estará eu cor- verificado, le parará en el perjuicio ~ qao
vi!-ltü militar, eo &lt;lebe a.l intr6pido general que le prodigue incienso, no; pues distante
riente la comunicacion entra la Florida y baya luglJ.r.
No so Ju, servido visitarnos.
las .Antillna.
,lo Oriente, pues todo hombro quo tenga como mo ha encontrado, á cuatrecieutas
México, Sooembre J ~ do 18G7.-.M1211uei
R. Alv1,r••·
4c-2.

••r

'

~--

'

•
-71-

cae un banco y produce alguna confusion: "No os

ya la Liga con est11 recurso había creado como

la mesa del té.

cion de las li1tt\e, para que obligaran (t los Ligueros

Si poneis un pedazo de azúcar

cinco mil electores que le eran afectos.

de la caída de Jo¡¡ monopolistas."

Otro dia, &lt;lea -

c.lo proseguido con un ardor siempre crecie11te su

de nn Cattagr(cabníia) y pnm que per,iguieran

azucarero.

pues de haber hablado de los derechos impuestos

doble tarea, la de reclutar por mm parte unevas

ante los tribunales á tocio eltctOI' prolcci:jouistailt-1

hijo~ reclaman este pedazo que ticneu uien gana-

Habie1\-

(t

,,,, vuestra tns11, él toma prontamente ol,ro pel

inscribirs·c inmediatamente mediante la compra

l

j

Despues, eí vuestra esposa y Yuestros

al ca'fé, al abordar la cuestion de la tarifa de la

inscripciones, y la de cancelar, por otrn, á los

galmente iaacl'ito. 'l'odas Jas mnii,uias npnrrciu el ,

do, el monopolio, misterioso ratero, les dice: "Lo

azúcar e olonial y de la azúcar extranjera, empleó

falsos electore1 inscriptos, hujo la inflnencia de la

Diario de la Ligo, del cunl se tiraban 20,000 ejem-

que hago es para vuestra protecci¡m."

esta transicion ah te un auditorio en el que babia

aristocraci'l.,

llegó á obtener, ,les¡me• del primar

plares, y fi. la cabezo de sus columnas se lo leia

En otra parte dice:

"Si se

"Y

bien, señoritas,

año, la mayoría en treinta y &lt;lo~ harrios;;habia in-

en letrns grnn&lt;los ol gl'ito du guerra.

podreis en-

vadido lo~ condados y fi. los poderosos castillm1

¡Qualifi!

dulzar vuestro cafe, pues pam ello no bastarán

del partido proteccionista, pues en nuevo do .éii-

cribios! ¡insc1·ibios!)

vuestras dulces sonrisas."

toe tenia la mayoría;, y Üijnlment(J, eu un

ahora sigue el azúcar, sin la cual

110

Su ardiente temperamento, pero nrdiente con
un fuego latan te, y tanto mas enórgico cuanto que
está mas concentrado bajo su palabra, rara ve¼ Jo
arrastra á una explosion de enternccimie11to ó de
cólera.

El arma que él prefiere es la iroo ía, unas

veces simplemeute jovial, otras veces suturada con

gran

número de elecciones, ha.hin opuesto con ~ucaso
sus candidatos á los de los contrarios.
La aristocracia se alarmó, por fin, al aapecto

iQllnlifi!

Los omdores recorrían tod\)

01

conlam

'Iº"' eu el Océauo pacílico

existe una isla cl\yo1 lmbitantos han !legado á ser

(iAd'!uirid la cualidad de electores! ¡ine-

los esclavos de uua casta de hombres que hace

'y

"Iia-

siete siglos se apoderaron del terreno; si se os di-

ceo11 electores, decían, mediante Ju compra de un

jera que estn casta hace leyes para impedir que el

Cattage &lt;le 40,schcllings de renta, es ucgocio de
40 á GO, libras esterlinas. Obreros, situad en et.

pueblo coma otra cosa sino lo que al conquistador

d puis desenvolviendo esto nuevo tema.

de este movimiento político que revdal.m en olla

ta compra vuestras economías;

una completa caducidad.

tuacion.

es

111111

...

le agrada venderle; si so os añadiera que este pue-

•'

blo ha llegado á ser tan numeroso, que no le bas-

buena si-.

Y vosotros padres, de familia, ¡quereis

ta ya el territorio para proveer á su subsistencia, y

Los ducs y los sguires se reunieron y se desa-

ser útiles á vuestos hijos! ¡m-,s compradles cuan-

que se ve obligado á nutrirse de raíces; cu fin, si

esa punzante amargura inglesa que la hace mas

taron en injurias

y anatemas. Pl'etemlieron for-

do llcgnen ú la mayor edad nnfrec-lwld, y así les

He

terrible que la ind.ignacion. ¡Pretende pintar, por

mar una contra Liga, sublevuu&lt;lo In poblacion

ucost11mbrnreis ú que sepau administrar una pro-

grande habilidad, que ha inveutado máquinas in-

ejemplo, el monopolio?

agrícola; pero ésta, desalentada hacia mucho tiem-

piedad, y c¡ue pucdnn ejercer los derechos de ciu-

geniosas; y que no obstan té esto, sus amos Jo han

po por la miseria, se dejaba ella misma seducir

dadano., Si los gastos son un obstftculo, ocurrid

despojado del derecho de cambiar los productos de

{, la Liga que los hará por vosotros.

su trabajo por alimentos; si todos esos pormeno-

Pues entonces Je descri-

be así:
"¡Oh! el monopolio es

1111

misterii;¡so persouaje

que 1e sieuta co¡¡ vuestra familia 1Urededo1· de

por loe argumentos

Cobden

y las promesas de la Liga.

iba á reclutar Ligueros, y á tem,r

mee•

-••-

·-63-

-70-

espanteis, exclama, es el presagio, es el símbolo

un gran número de señoritas:

•

sentido cornuu comprenderá, que si éste Jegnas do mi pafa) jamás ho siJo tau rnisu-

Palacio Nacional, en eny,1 ¡n1L.-.1, cric 1111.,'
honra, cumplir6 como siempre con mi deber. En ol referido sitio do Pnnhla, •e me
onconmendó e1 man&lt;lo de m_in ma.uza11.a,
rccl,asé nn ásalto de los franceses, en que
fuf herido de una pierná, y á pesar de quo
la a.mbu!ancia qniso llevarme al hospital,
·ahusé y permanecí mas do c¡rriuce dias sin

"º

•1

-62-

l

G.A.CETILLA.

cer el peenage, oato ee:, para intro1lucir fo.
esclavitud en un país qi,e se había hasta
c6te es el crímen mas grando é inesc1eia.ble

3

4Lt...-ail!" 2f

Apenas habia11 trascurrido cinco meses,

~ttan')tu
&lt;

~

os informa que ese pueblo está dotado &lt;le una

res os fueran referidos por un viajero filántropo, ó

-67-

tencias alimenticiM truidns da

Amdrico, tmicos

sarcasmos.

Fuú entonces cuando Mr. Cobdon,

ol.ijetos que van ÍI. Luscu !ns tristes destnrtidos

despue&amp; de haber empleado etmtro af\os ou pre-

llltlH allá de los rnare•."

parar sus firnr.r.as, y en uniformar la opiníon, p1•,,.
vnrindn, poro eiemJ&gt;rt'

curando Al mismo tiempo generalizarla, em"pren-

imprcgnaga de e•n. natural simplicidad que tanto

di6 llevar In guerm 111 terreno electoral, y dnr 4 ht

Mr. Cobden oncuontra

Liga una actitn,1 política bastante sérín, para obli-

Con esta elocuencia

t1w

conmueve, es con 111 q1rn

ol 1sccrcto do agradar, de conmover de inetmir,

de convencer y do lrnamitir

r,

Al ruma do mi-

gar á la nrist.ocmcin á trnA pronta capitulucion.

llares &lt;lo oyontcs, 110 ~ohuneutc Pila impresio-

Mr. Cobden ex:poaor por liÍ mismo,
y con su Jongnnje familiar, Ju manera como des-

nes, sino sus rcsolncio11os, porque Cobden, nntcH

cubrió esa nueva 16.ctica, debida enteramente it

1

&lt;¡ue todo, es hombro

&lt;le accion.

"No debeis

~emr uquí, exclalllll. mnchaa vecea, como á. un
lugal' de div&lt;Jrsion.

El ol)jeto &lt;¡Ue tonemos en-

Dejemos ó.

!!'ti

géniu inventivo.
"Lo~ monopolístM, dice, tienen ojos de lince
pnrn llegar :í su objeto, descubriendo los medios

tro murios reclama de nosotros esfucr~os perso-

á propósito. Han ido á desanidar la cláusula

nales, ené-i·gicos y pPrsovt•rnntee. Hablar sirve de

dos, é inmediatamente la han puesto en cjecnciol,

poco, y yo tcll(lria vergiicnza si la palabra fuern el

Bajo el prctcsto do hacer inscribir á sus arrenda-

menor &lt;le los instrnmeutos fJUe he puesto al ser-

tarios en lus listas electorales, han hecho figurar

vicio de nuestra en usa."

en ellas á los hijos, los sobrinos, los tíos

chan•

y los her-

Sin embargo, aunque la liga hal,ia aumentado

manos de los mismos arrendatarios, hasta la ter-

s11 poder en 1843, no por ~llo babia t.ts1Jstado á la

'
cera generacion, jurando, cuando necesario
ha si-

aristocracia inglesa, c¡nc afectaba no ver en este

do, que eran estas ·gentes personas asociadas al

movimiento mas que uu espectáculo, uua especie

arrendamiento, aunque esto fuera tan falso como

de representacion, q11e constituía en objeto de sus

si vosotros mismos fuerai~ los asociados,

A~í

e¡

�f

4

DE VENTA

PRECIO UN PESO .

•

PRECIO UN PESO,

EL PRIMER TOMO DE

t

'

Oti INTERVEN~IIN FRlN~E~! EN MEiltl.
NOVELA HISTORICA

..Po:r

11Lt-

Al_.

•

::N1"011-r,

Redactor de ''La France Libérate.''
En la calle de San José el Real núm. 1, y en la Librería Mexicana, esquina de los Portale~
de Mercaderes y Agustinos.
'i

1

GRAN EFICACIA:

VALOR TERAPEUTICO

Uace 5iglos, médicos y sabios han procurado encontrar un medicamento que pudiera curar las enfer•

DBL

DBL

JARABE DE QUINA FERRUGINOSO

JARABE DE RÁBANO IODADO

'de los

s-

GRIMAULT

y e••

rAIIIIACBUTICOS DB S. A. J. EL PRl!(CIPB NAPOL1Í01'1 PAIII;

¡

Col•ra, tifu1 1 pe,Le, urna, berpee1 Yariot•

morddduru y piudlU'al 'fltleQOIU
Sol~ dt1infet:l41'1lt higü11ico q11e ,\e obtoído ""

i n. 50 •~~~º !º~~~• in. 50
oEPos1n uc PARIS nui. BUFFAULT 9

,,, Mixiro ,a cata da l . lÍmUrEIIT, Ttb~r~a. l

Los médico, recomiendan t los entumes usar al
mismo tiempo las deliciosas past.illas pect.orales
con jU.IJO da lechuga y coa laurel cerezo de los
,Sres GrunauU 1 C11 ¡ este esceleRte confite ae comp~ne de_ las dos sustancias mas calmantes ,- al
mismo tiempo mas inoreaaivas de la snateri&amp; médica
l no contiene opie.
Deposito unico en Mejico, drogaría 4'E•mu ■do
Vaa . . . Wyna:aertc, calle de los Capuchinos, 6.

f--E TRASPASA
Elcaf~yleberfl\ ~ituaño n : la

oonte,ta.

30, rue N,-0,-de-Lorotte, Paria.
Aeeltt M I.JI, para coasernr la bell.a y fh11ara
de la piel.
Crema n1•':91· ~td -1te~e, que n~ ee enrancia ja-

mas: fahr1eao100 e1pec1al y escl.usln d• 11ta cua,
Vloap del tncader duleilicanle y perfw:udo para el
ba6o y las babitulonN,
lgnit HU'luge.ate al arnlca. Fahricaoion espacial ••
e,da _can para al tocador de las s,aoru,
Mé:ueo. E. NATLLEFERT, ..ue Tihoreio, t.

c6mo han ganado los condados. Pero por fortuna
hay otra cláusula en el bill de la reforma, que nosotros, como hombres dedicados al trabajo, no habiamós podido descubrir, y es aquella que confiert•
el derecho electoral at propietario d~ nn bien libre
I
(Freehold), que p10duzca cuarenta schelings de
renta. Opondremos, pues, esta cláusula á la de

cliandos, y entonces nos batiremos un los condados mismos."
Este último pasage ex1Je alguna explicacion.
En la noticia que respecto á Jobn Ru,sell hemos
dado, se ha visto c6mo el bill de la refor ma, que tan
funesto había parecido á los Torys, contenia, sin
embargo, algunas disposiciones de las cuales este
partido supo aprovecharse con bastante habilidad,
de manera que al cabo de algunos años había restablecido su preponderancia. Entre otras dispo•
siciones, se encontraba la que concede el derecho
electoral á los arrendatarios sin contrata escriturada (tenants at will) en tanto que pagasen una
renta de 50 libras. Esta cláusula ponia á merced
de los grandes propietarios los votos todos de los
Mas al ladQ du esta misma

I

11... Ja

·,.u

48-81-8

Aprobada, por la Aaademia de Jf1dicina de Parú.
Encontrand~ae siempre la mang~nesa en la ¡angre
Junto con el hierro, los mas autorizados faeullativos
consideran ~orno mucho mas activas, las drageas de
lactato de hierro y de maganesa, que las de lactato
de hien'O limples. Son muy convenientes en todas
lu enfermedades que pro,ieneB del empobTecimiento
de la sangre y_ sobre ~odo _para. fortificar los tcmpcramenLos deblle~ y hnfa~1éos. Lf\ :s cotares p1J.litlo1,

flore, blawcas, ,rre91üandad• en la menstruacini.,
am4n0f"f"'t'a d ,upruton de 1·eglo.s (·eden rapidamenle

con tu u■o, mayormente culndo esas enfermeddes
están complicadas con dolores de estomago á digestiones largas, dificile:s , dolorons, etc.
Oeposilo unico en Mejico, drog aria d'lhlnnrndo
va11 den Wyn~nert, colle •le 10s Capudiinos , G.

LA BEAUTÉ ÉTERNELLE DES MAINS
Pil L1

PERFUIIKRIANUEVA A!AS&amp; VEGETAL
MONTREUIL FRÉRES et C•

~ .¡ 1.

Aoa1u111, junto al níiw . :.:6, por t: i. hl"'1 m,I d,i
due 11n f11ern. n,. 111 u1tp1t,,J -Eu pi vo • m·• ,e

=laal--laal
-

•
í

-68-

di11trit(!II agrícolas,

'-ur&amp;CIOD,

. .='HHlo=

~~~M¡~~s~

QUEIIADURAS, HERIDAS, CORTADUI\AS

La tos, resfrjados, catarros. bronquitis, gri{te,

tos convulsiva (coqueluche), etc., ceden tamb1eu
inm~diatamente al empleo d.e este Jarahe, y los 11mé.t1c?s encnentra-A. an ól un elemento seguro d.e

u

i

Antipútrido, bemostátict, 6 ia1eot.i~d&amp;
COR.A RAPIDA.MENT!:

h~chu en ~l hospita! Brompten, de Lóudres, hHp1tal especialmente consagrado i los tísicos han
probade que esta terrible enfermedad. encontr¡ba na
especifico poderoso en el Jarai.e de hipofosftto lle
cal, cundo no babia llegado , su dltim• ptrfedo.

••Y•

r

ALCANFOR MINERAL DE llQU •TRIN

comunicados recientemente t la Acad,mia de msdi:
tina dt Parú, y las esperiencias mas importantes

~I _Jarabe de rOano io~ado, de los Srés Grimaalt y C", farmacealicoa de S. A. 1. el
Pnncipe N~poleon, en Paris, estt prepando con el ju¡o de Ju planlal anli-ticorhutieu
e~cac1a e_s tan popular.
'
Conuene el iodo e~ el esta~o de combinacion orgaaiea y eslhomiderado como el mejor
reemplazan\~ del ,ceite de h1gado de bacalao.
La perfee&lt;:100 rera d~ este prod~cto nos anima i dar t conocer la opinloll dt al¡uDÓs
de loa prmcipales médicos de Paris que lo prescriben diariamente.
. El Jarabe de ~á~ano iodado,_es un medicamento de efecto seguro .Y. auave, es preeio~~o en la medicma de los. mnos; no tan solo suple al aceite de bipdo de bacalao
m10 que le reemplaza venta¡osamente. •
'
D• CAZENAVE, prÍflltl' mcldico tkl ho,pUal San Luis.
• !I Jara~e de ráha~o iodado, es un medicamento de primera clase pora el tratamiento
d~ las afecciones l'!'fal!cas y escrofulosas. Le he empleado a menudo con buen exito ara
c1erto1 casos de principios de tisis, como reemplazante del aceite de hígado de bacalio. •
D' CHARRIER, ea;-profe,01' de cliniea de la Facultad ,u PariJ.
. • Hemos conse¡u.ido siempre los mejores resultados con el uso del Jarabe de rábano
1odado, como re¡ene:-a?or de la sangre y reemplazante del aceite de higado de bacalao.•
D FAVROT, autor dettratado delas enfermedades de las mugeres.
~ El Jarabe d9'!11bano \odado es uno de 105 mas poderosos modificadores de las constitnciones hofa11caa. He visto curar con su influencia y con una rápides extraordinaria
ulceras e~croluloll&amp;S que nada podia cau1erizar. •
• He visto en ltiniños, afecciones tuberculosas de los huesos que bao desaparecido con
s11 uso. •
D• GUESNARD, u:-ínttrno ü lo, ho1pit1&gt;lu de P11rú •
• El Jara~ de ráb~no iodado, tiene todas las veatajas del aceite de hi¡ado de bacalao
pero ■o sus 1ncolhementes. »
D' GUIBOUT, mtdíco de los Ms¡,illllu, pruilUnt. ,u la
Socied&amp;d de mtswos de París.
. • El Jarabe de rábano iodado de los Sres Grimault y C" contiene 4/'i por ciento de
iodo en el estado de combinacion orgánica, análo¡¡o al que se llalla en el aceite de bigado
de bacalao. •
D• KLETZlNSKY, profuor de 911lmicll y perito 411 Jo,
tribunales do Víffl&amp;.
.
Deposi.. uico en Mejico, drogaria d'llclm=4o Vn d• W;ragaftl,
calle de los Capuchinos, 6.

La asociacion del hierro con la quina ha realizado uno de los problemu mu notable,
la farmacia, de modo que todos los médicos se felicitan generalmente de 101 ma¡Dicos resultados obtenidos con esta prcparacion.
E~ efecto, la quina, _como ya se sabe es el '!'ejor tonico en materia medica
asti
asociado al f~sfato de hierro que es la preparacion ferruginosa mas estimada, ~ ue
conuene el b,~rro que es el elemento de la sangre, y el fosforo el principio de loa~ueios
Los fac~ltatl'!OS leerán con interés ]as observaciones de sus colegas y o\ anali1i1 hecho
por los primeros quimicos del mundo.
o
• Produce constantemente los mejores resultados en los casos de dispepsia clorosis
amenorrea, hemorragia, leucorrea, fiebres tifoi_de~s, diabelis y siempre que ~ prec~
resta_blecer las fuerv1s á los enfermos, y restituir al cuerpo sus principios alterados d
perdidos. •
ARNAL, médico de S. M. El Emperador.
• Es una de esta_s raras combinaciones que satisfacen al mismo tiempo al médico y al
;nre"'!º· Segun m1 parecer es la mas notable y la que soporta mejor la preparaciones
errugmosas. •
CAZENAVE, médieo del hospital de San Luis.
• Con esta preparacion se pueden administrar al enfermo, dos medicamentos importntes ba¡o una forma agradable y de facil ,ligestion. »
CRARRIER, p .&gt;{esor de clínica de la Facultad u París.
. • Em¡&gt;leo con éxito el Jarabe de quina fcr_ruginoso .Y le considero una muy buena
mnovac1on. &gt;
CHASSAIGNAC, pnmer ciruJano del hospital Lariboisilre.
. • E~te medicamento ha s_ido siempre muy bien acojido por mis enfermos y ha produe:ado siempre los mas ventaJosos resultado~. »
HERVE Y DE CUEGOIN, miembro de la Academia de medidna.
« La claridad de su preparacion, su gusto agradable, exento de todo sabor de hierro
hacen que este medicamenLo sea tan eficaz como atractivo. ll
,
•
MONOD, agregado de¡., Focultad de medidna.
.• ~l ~amen d~ ese Jarabe demuestra que contiene entre sos elementos los diferentes
prmc1p1os de qmna y de sal de hierro en mayor cantidad. •
ROU~SIN, profesor de química en el hospital de Yal de Grau.
Deposito unico en Jf¡¡jico, drogaria d'Jldmnndo v ... den Wyugcalle de los Capuchinos, 6.
'

PHENOL-BOBOEUF

medades del pecho. pero todas las investigacitnes
sobre el particular han fracuado. Nuevos trabajos

SAVON ORIZA
Inventé · par LJ:GRAND, pa.rl'umeur ele fil. JIL l'BmpeHUP de■ :t'rallpaia,
207, RUR SAIIIT·H0N0RÉ, 207, PARIS.
Dépól chl' E. 11.&amp;ILLEFEBT, el cite: loKS les Jlfl'l'fumeuN, coiffeJJ.N, m., d, IU:UCO,

-65desprenderse de esta tierra tap. querida en que
vieron la lnz primera, sino hasta el instante supremo de la partidaL .•• ¡Habeis contemplado sus
facciones, y los habeis visto despedirse de sus
amigos1 Si todo esto hubierp.is presenciado, no
bablariais tan ligeramente respecto de un sistema
de emigracion forzada. Por lo que á mí toca,
muchas veces he sido testigo de estas escenas
desgarradoras. He visto á venerables mujeres
dando el último adios á sus hijos; he ,isto á lama- .
dre y á la abuela disputarse el último abrazo del
sér mas querido para ellas; he visto á los navíos
de la emigracion abandonar la 1'1ersey, y partir
para los Estados-Unidos; he visto entonces que
los proscriptos dirijian sus ojos hácia esta ribera
querida, que para ellos va á perderse para siempre; he visto, en fin, que los últimos objetos que
herían su,i ávidas miradas, cuando la tierra natal
se hundía para siempre en llas tinieblas del mar,
eran estos vastos graneros, estos soberbios depósitos, en que bajo la salvaguardia ••.. iba á decir,
de nuestra reina •••• pero no, sino de la aristo-

cracia, e1tán bacinada, como montañas las subaia•

M. P ERFZ.

fo,prenta Litera1·ia, 2~ de Sto. Domingo, 10

-64por un misionero recientemente llegado de los
mares del Sur. . • • • • iQué diríais, habitantes de
Lóndres?"
Cuando algunas personas propusie ron [i11·orecer
\.

la emigracion de las clase8 pobres, a expensas del
gobieruo, Cobden, despues de haber probado plenamente que no se trataba de que los pobres fueran hácia los alimentos, sino de hacer que los alimentos ll~gasen á los pobres, termina así su dis••
curso:
"La cuestiotr tiene aspectos morales r¡ue es
necesario examinar, porque así lo prescribe el deber. El hombre es de todos los séres creados, á
quien es mas dificil hacerle abandonar el lugar do

,..

su nacimiento. Arrancarlo del país que le vi6
nacer, es una tarea mas penosa que la de desar-

raigar una encina. ¡Oh! iLos que han firmado
estas peticiones se han encontrado alguna vez en
el muelle (dok) de Santa Catarina, en el momento en qun los nav10s de la emigracion se aprestan
para emprender su fúnebre viaje! ¡Han visto á
los pobres emigrantes sentarse por última vez en
las baldosas del muelle como si así quisier&amp;D no

,

t

�</text>
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                  <text>Autonombrado como periódico Liberal, Independiente y Radical, editado en la ciudad de México durante la segunda mitad del siglo XIX. Contiene sección Editorial, Oficial, Noticias locales e internacionales y publicidad comercial, además de notas históricas, literarias y de arte.</text>
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                <text>El Continental, Periódico liberal, independiente y radical, 1867, Tomo 1, No 7, Septiembre 18</text>
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                <text>Autonombrado como periódico Liberal, Independiente y Radical, editado en la ciudad de México durante la segunda mitad del siglo XIX. Contiene sección Editorial, Oficial, Noticias locales e internacionales y publicidad comercial, además de notas históricas, literarias y de arte.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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Tomo L

-

11

Ním1. 8.

MEXICO.-Juéves 19 de Setie1nbre de 1867.
=

a

s:r:t

•
•

J

------------------------

•

PERIODIOO LIBERAL:, INDE F=EN D IE NTE Y RADICAL' 1.

CONDICIONES DE LA !!!!USCBICION ·

---·--Los comunicados y avisos qe insertarán con

Este periódico se publicará toaos los dias

la rebaja de una cuarta parte de lo que cualú las siete do la mafiana, excepto los lúnos.
quier otro periódico lleve por su publicacion.
' Los suscritores lo recibirán en su• casas.
1
Las susorioioneP, comunicados y anuncios
El precio de la suscricion será de aeis rea-

reciben en la redaccion y administraoion
les para la Capital, y nn peso para lo• forádel Continental, calle de San J 016 el Real
neo1, franco de porte.
núm. 21, y en la Librería del Sr. Aguilar y
.rz,::-Cada número suelto vale cuartilla.
A. los repartidores 1e les dar~ á dos pesos Ortiz, calle 1 ~ de Sto. Domingo n~ S·
el ciento.

Presidente de la Republica,

C. BENITO JUAREZ

110

ITINERARIO

·1e los Trenes entre México y Apizaco,
DESDE;: EL 1~ DE /\GOST O DE 1867 EN /\OEL/\NTE.

TREN DE MERCANCIAS.
Jalo de Mfaico
,,

,i las 7

do la roatlaua.

Tepcxpan,
La ralrna.,

"
"

8 15
9 24

n
,,

,,

Apam.

,, 10 39

,,

,,

Soltepcc,

11

11 30

,,

11

l

EDITORIAL.

.,

DOS PALABRAS
SOBRE LA CARTA DEL SR. OENERAT, OONZ!LEZ.

Ayer publicamos la carta que se sirvió dirijirnos el Sr. General Gonzalez, y
algo dijimo! sobre ella; pero hoy nos proponemos examinar detenidamente aquel
documento, digno por mas do una eir•

de la mallana cunstancia en estos momentos lle tomarLlega á Tepe:r:pan, á las 8
,, La Palma, ,, 9 9
se en consideracion.
"
,, Aparo,
,, 10 24

.,

Sultepec,

"

Apizaco,

,, 11 ló
,, 12 21

"
"

Empezaremos, naturalmente,• por dar
al Sr. Gonzalez 111. mas cnmplidksátisíac"
cion, respecto de nuestras intenciones, reLlega á Soltepec, á la 1 •l) del dia.
Sale ,le Apizaco, i\ las 12 30 del dia.
2
12
Apam,
l 36
pitiéndole que jamas tuvimos ni podinSoltepeo,
"
"
" La Palma, " 3 37
" Ap&amp;m,
2 37
•.",
mos tener la idea de ofenderle, pues co" Tef,expan, " 4 46
"
,."
",. La Palma, ., 3 52
"
"
6
00
"
M
•xi.co,
!i 00
,. Tepcxdan,
nocemos sus buenos antecedentes y esti"
"
"
"
"
EL TREN DE PULQUE.
mamos en tóuo su valer los servicios ina-:s:a:.4S...
preciables que ha prestado en defensa de
Llega á Tepexpau, ÍI las 2 30 ele! dia.
Sale de México, á la 1 30 &lt;lel dia.
,,
La Palma, ,,
3 34
,,
,,
la nacion.
J , Tepcxp:u1. " 2 40
,,
Apam,
4 43
,,
,, La Palma, ., 3 44
Dijimos el brcivo mutilado Mmmel Grm"
,, Soltepcc,
,,
6 30
,,
4 33
,,
A pam,
,,
"
.....,.:__J"':a:O---,:ac"
.tS...
zalez que tanta parte tom6 en lM últimos
Salo de Soltepeo, {, las 3
de la mañana.
Llega á A pam, á las 3 36 de la malla na combates; pero no para 1iguifi~_r que so"
Apam,
,,
3 46
,,
,, La Palma, ,, 4 43
,,
La Pahna,
4 53
,,
1
" Tep~xpan, ,, ó 43
,,
lo á última lwra hubiese comb,tido con,,
Tcpcxpan, ,,
5 43
,,
,,
M, x1co,
,. 6 53
,,
tra los invasores del p:ús, sir,u porque
----------- apuntando como apuntábamos á grandes
trazos las proesas de nuestros ~enerales,
NOTICIA DE LAS ENTRADAS Y SALIDAS DE CORREOS EN ESTA CAPITAL era de todo punto imposible irufi.car unas
tras otras, sin omitir una sola~todas las
\
ca.mpañas en que se encontraron.
l'IIUUiE9.
SAB.400.
DOIIJWOO.
JUEYES.
m:&amp;RCOLE9.
MARTES.
LLNES.
Así, por ejemplo, al habillr del gene- - - - - - ------1::-~--J:::--:::-------1L:--:-:-·-·-----1----Puebla.
Puebla.
Puebla.
Puebla.
Puebla.
Puebla.
ral Escobeilo, mencionamos únicamente
l?uobla.
Oriz&amp;va.
Jalapa
O&amp;jaca.
Orinn.
Jalapa,
lalapa.
Orizava.
Córdoba.
Apam.
Apam.
Córdoba.
Oajaoa.
la. toma de Querétaro, aiu dll.f' á entender
Ap•m.
Córdoba.
Veracruz.
Apiuco.
Apiuco.
Venoruz:.
Qoedtaro.
Apizaco.
Veracroz
Oajaea.
C.
HidalJJo
K:.
Hidalgo
Apam.
Guadalajara.
por esto, que antes no hubiera alcanzado
c: Hidalgo. Ap&amp;m,
Aparo.
P&amp;chuO&amp;,
P&amp;chuoa.
.ipiraoo.
Zaeat.oa,.
Paehuc:-a.
.A.piz11co,
Apizaco.
Tulanciogo.
Querétaro.
C. Hidalgo
8. Lui ■ Poto■L otras victorias en su carrera militar.
c. Hi1li,l!!O Tulancingo. C.
Hidalgo
Querétaro.
8. Luia Puto,;, Pachuca.
P., Matamoro~.
Querétaro
P&amp;chuel\
Pachuc&amp;
Guadal&amp;jara.
P, Matamoros Tulaooingo
Para narrar minuciosa.mente todas las
Guadalajara.
Toluca.
Querétaro
Zacateo&amp;1.
Tolua&amp;.
Querétaro.
Zaca.t,cu
Cmmt1n.
S. Luia P ,,lf 1-t. Toluaa.
Cuautla
'folue&amp;.
acciones ile los TREINTA Y OCHO geToluea.
P. Mata.roo..-,, Morelia.
M.orelia,
Morr lin..
nerales de quienes hablamos en nuestro
fToluoa.
Cuerna vaca.
~uernavaoa
Cu,.rn11ao11.
Coautla.
escrito, hubiera sido necesari~ tener á la
---~---------'=--=----'----~ -- ---·
vista é insertar íntegras sus lu¡jas de ser,-__-_;_uE_•_•_•·_ _ VIE~;,8 --,--SA~~uo. _ OOIUlf0~:- 11ícíos, lo cual sobre ser ajeno completa.MIERCOLE:S
I\TAll.TE'i,
LUNES
mente de nuestro propósito, hnbior11. sido
~----1-- - -- --'-----,
Pu,•bla .
Puebla.
Pueblo..
Puebla.
Puebla.
P11ebln.
Puebla.
Orir.sva.
Jah,pa
Oajscn.
Oriuv11.
Jalapa.
¡ ademas inoportuno y hasta ridículo en un
Orizava
Jalapa.
Córdoha
Apsw.
.Ap11m.
!Córdoba.
Oaj&amp;ea,
Cúrdoba.
.A.paro.
Vt•rn.cruz
Apizri.rm.
Apiz1w11
Veracruz.
.Apam.
1 artículo de periódico.
Vt.\rncnit:.
Aplzaco.
Oajaea
r, H1'1nlg
C. Hitb, 1J,!O.
Apiuco.
Aptun
C. Hi1hh o
Ap!lm
Pachuc!l.
Paobuca.
j
C. Hidalgo
1 JJ~y mas: el mismo Sr. Oouzalez dice
AµizllCO
Pnc:l1111::1 ·
AJJ zac,,
1'ulsnoin~o
Quori:.taro
I
Paeh11en.
U. Tiid1tlio
Tul,11,ein'(u
: que combatió tlesdr ¡iri,w1¡1in.~ de la i,tfer•
e HiJ11lg11
QueréLuo
S. Luia Potui1 .
l'ulanoi,,wo.
1 aehuea..
Querélnro
p. thuf.'a.
Guad,'111u ,
P. Mattiu1oro1
~uerétaro.
Qnrrétnr\1
Gua.•l:tlllja1 n
¡ vendon, y claro está 'lue son la~. últimas
Qu,HlPsrn.
Zaeat,·, u~.
¡roln/'!n.
Gu11dalajara.
S. J;..ii11 Po'O!I. Zacalrenii.
R. Luia Pot,11d rrolu&lt;'A
Cnn11tl11
Zacateeu.
1
P. '1 ... t :mor111J To 1ue:1.
batallas do nuestra historiiL In..~ que sa
P. Matarnor111 tlrordia.
Toluofl.
•i olu •a.
llorelis
Toluea
Cuornavaet1.
¡
'Hon•lia.
Cuautla,
Cunnavaca
, dieron en ese co1-tísimo períorlo do cuatro
Cuautla,
Cueru•rvac~.

• 1

1

1,

¡

11

; .

'
CANDIDATlJRA~ a!!.os;

1'

1

1

do manara que aun teniendo en
cuenta sus propios datos, no cometimos
falta de . n~nguna especie al expresarnos
en los términos que lo hicimos.
Hablando del ejército do Oriente á que
t\lTO 1A honra de pertenecer, no está de
acuerdo el general Gonzal.ez con algunas
de nuestra, apreciaciones, y juzga de otro
modo los hechos históricos que referimos,
omitiendo por inadvertencia. sin duda, algunu circunstancias de grandiaima importa!lcia, que debió tener en cuenta al
hablar de_l triunfo expléndÜio alcanzado
por la nacion.
• Cree el Sr. Gonzalez que en_nuestro
concep~, cualquiera de los generales cu•
yos nombrea mencionamos, hizo tanto Pºr
lo manos como el general Diaz, y en esto
padece U?a gran equivocacion que conocerá con solo leer detenidamente y aiu
prevonciou el escrito á. que so contrae:
IIé aquí nuestras palabras:

Dijimos nosotros quo la llegarla opoi·

fona de Guadarrama enviado por Eacobe
do con toda s11 caballería, p1·oporcion6 al
general Diaz el irimifo explénclitlo que al
canz6 sobre Marquez y el Sr. Gonznlez,
aunllue asegura que el victorioso general
de Puebla pudo sin aquel auxilio obtene1
el triunfo, reconoce y confiesll que fué
oportuna la llegada de Guadarrama á San
Lorenzo, añadiendo (son sus propias pa
labras) que aquel plausible suceso le pro-

porcion6 el coronel Lalanne, efe.

Nosotros, que no somos militares, cal
culamos que había 11ido oportuna y con
veniente la coopera.cion de Guada.rrama,
y ahora. el Sr. Gonzalez nos dice que fué
ademas indispensable la presencia de La
lanne, todo lo cual vieno á probar que
tuvimos. alguna razon a.I indicar la co1'1'e•
tacion necesaria de los acontecimientos,
que fu6 lo único que pretendimos demostrar, al hablar de las operaciones milita" E:-- YerJn&lt;l qno no todos Hg:nr:non en res en el párrafo que dej&lt;imos copiado.
priml'rn. línea, porque 110 todos t1n•iC'ron loa
Añade en seguida el Sr. Gonzalez,
111ii:1111os el(\men!os, y cada c;uul lU\."O •1ue que cuando llegó Gaadarrama á San Lo
obrnr s&lt;'gnn lns condiciones p&lt;'culiares del renzo, hahia algunos miles de soldados del
terreno ,¡ne lo t,,có
l!J°drcito r1e Oriente frente á Querétaro, es
" Tambi,-n es positivo &lt;¡ne no todos tu•
decir, que cuando el general Escobedo
vicr11u l::t buena stu-rte Ue encontrarse en
a,¡ucllos lngares que merecieron por su im- auudaha con su caballería al general Dia.z
portan cía llamar mns la atencion ele los este con su infantería ayttdaba 111 Sr. Es
pueblob; pero no p0r eso es 1n.•nos cierto cobedo, lo cual quiere decir en otras pa
que to&lt;l,,s so hicieron acreedores del mismo labras (y fué lo único que pretenilimos
modo :i la gratitud del país, y que caola cual probar) que gracias á ese apoyo mlÍtWJ
en su puesto, ha dcsem peíiado con gloria,
de los combatientes, y gracias sobre todo
la pnrte que le sonnló ol de~tino en la gran
al e11fuerzo simultáneo de los iliferentes
obra del triunfocc,nqnistndo por lan!lcion."
gefes, !!O alcanzó el triunfo completo de la
Al indi~r que todos hicieron lo misRepúblic::i, de donde se deduce como con•
mo, quisimos significar ,implemente que
secuencia incontestable, quo no debo atricada cual cumplió con su deber, porque
buirse jamas ·á determinada entidad el títodos con igual entusiasmo defendieron
tulo exclusivo de vencedor. •
peleando, la independencia da 111 RepúJuzga en seguida. el Sr. Gonzalez la
blica .
importancia extraordinaria que tuvo la
Tampoco parece estar de acuerdo con
derrota. de Marquez, y dice lo que ~o-nosotros el Sr. Gonzalez en lo que rlijipiamos á continuacion.
mos, respecto de las operaciones milita."Por lo demas, yo sostengo que el triunfo
res. Estas fueron nuestras palabras:
de ln República, considere.do bajo el pun·'En las operaciones militares, es casi im- to do vista militar, se debo al intrépido
posible atribuir exclll8ivamentc ÍI determi- general de Oriente, pues todo hombre que
nadas entidades los triunfos alcanzados so- tenga sentido comun comprenderá que si
bre el enemigo, porque los hechos se rela- esto hnbiern sido rechazado en Puebla, l\fárcionan de tal manera, que siempre son .va- quez, quince dias dospues, alnrg:índome
rios, y á veces m1tchos, los que tienen igual mucho, se hnbrin presentado sobre Qnerétaro con l 1,000 hombres y sesenta ú ochenderecho n la gloria del vencedor.''
ta pit''-"M de artillería, y el general ••n gefc
Hoy tenemos el gusto de ver corrobodel Pjfrcito d,·1 -.,ort,•, &lt;¡ue operaba sobre
ra.tlo nuestro aserto en las mismas pala• a,¡nelln plaza, so hahria visto o\Jligndo á
bras del general Oon1.11lez, que son par:i. lcrn11tar el silio )' emprender su retirada
nosotros, un voto de autorirlarl.
fracdonando su cjé,·cito, Cual fuera la si -

•

•

1

'

•

-81-

~84-

rais un poco de mas mundo y estubiérais mas en

mos asociado, soria exponernos á ver qne el demo-

media ~ i11d11°t1·ial
de Ia I ng Ia t erra ..••
•

contacto con la opinion pública, y un poco menos

nio de la discordia se introdujese cutre nosotrns.

que habiendo agotado hasta rl presente toda clas,•

dentro de ese cfrcnlo encantado que llamais mnn-

En las necesidades de nuestra naturaleza moral

de argumentos, es inútil para lo sucesirn apelar á

do 'Y que en realidad no es mas que una camari-

está, que cuando uu cuerpo organizado ha cum-

la razon y á la conciencia de In í'¿_ &lt;&gt;ra de los

lla; si os entregarais menos á las excitaciones del

plido sus funciones, pasa á un nuevo modo &lt;le

Comunes.

Clttb, comprenderiais bien que no es mas que un

existencia con una orgnnizacion difereut&lt;'.

que á una sola influencia, la del temor·

juego de niños, prete11iler engnfinr la inteligencia

elementos de la Liga van á disp()rso.rne; pero no

que este es nnn pasiou muy vil para gobernar una

del país acerca de esta gran cnestion, y no os ha•

será sino para estar pror.tos á rennirse de nne~·o

corporacion de hombre~; pero en fin, yo pienso,

con el objeto de concurrir á otrn lnwna obra, por-

que ni la Cámara de los Comunes ni la de lo:.

que solo buenas obras puedeu ser emprendidas

Lo1·ds, sabrán obedecer á otro sentimiento.

briais expresado como lo habeis hecho durante
esto¡¡ últimos once dias."
Así hablaba un fabricante de telas pintadas {i

•

por los buenos Ligueros.

Los

Nuestro cuerpo va á

los orgullosos patricios do Inglaterra; y el bill im-

morir, pero nuestro ~spfritn es iumortal é invadirá

punsto por él, pasó con la mayoría de 97 votos.

á las naciones todas de la ticrrn, porque él rs el

...

Ln aristocracia fné vencida.

Solo quedaba por

espíritu de la verdad y de la justicia, porque

Ps

el

sab(lr, que término tendría la Liga. Supóngase en

espíritu de la paz y de la bene1'olc1wi11 entro los

Francia la existencia de una confederacion, de

hombres."

Pio11s0
•

Nuestros adversarios no cederán mas

Sin duda

Po-

co se inqnietnn de vuestros argumentos, y menos

•

caso hacen de vncstra lógica; pero mostradlcs que
teneis el poclor de transformarlos de mayoría on
minoría y los hateis banbolear."
"Suministremos, decia mas léjos l\Jr. Cobden,
suministremos á Sir Roberto Peel el argumento ele

algunas centenas de miles de hombres; supóngase

Todo el mnndo sabe que la l .iga, ni disolverse,

que esta confederacion, durante siete atios ha con-

quiso recompensará sus jefes cuu nnn magnificen-

movido el espíritu público, impuesto contribucio-

cia real.

Se sabe que la suma de 2.500,000

Fué, en efecto, Sir Roberto Pee! el primero que

nes por millones, publicado eecritos por cien mil

francos (cerca de $300,000 mexicanos), reunida

comprendió, con la sagacidad y valor de que ya

kilógramos, construido edificios, que ha tenido

por suscricion, fué ofrecida á CobdPn , fin de in-

habia dado pruPbas en la cucstion de la ernanci-

asambleas, que ha agitado y dirijido las eleccio-

demniznrle los sacrificios de tiempo y de dinero

pacion catlilica, que las modificaciones Ligueras

nes, '.n una palabra, que ha representado el pa-

que erogó durante siete años en favor de los inte-

introducidas por él en la tarifa desde 184¡¿, no

ln necesidad, y estad seguros que cederán en la

•

próxima sesion."

7

�)

l

\

2

,
dentro de ocbo días contados desde la pu- ca, escobas, pajuelas, fósforos, carbon, plublicacion de las listas de que se hablar{, meros y otras menndenc~o.s semejantes.
Art. 77. Cuand&lt;&gt; un individuo ojorza
despuos. Trascurrido est&lt;l plazo sb1 haber
dentro
de un rnisrno ']oc,,.1 ó edificio dos ó
recla.modo, se entiende consentida la cnotn,,
y no podrá ya modificarse durante it (1n6 mas iuclustriR.~, giros ú oficios, s~lamonto
la República se debe al intrépido jefe ile
Art. 73. Respecto de las fábl'icas de hi- estará sujeto con respecto al &lt;lerecl10 fijo, al
0rie'Tlte1 aun cuando crea el señor Gonza- lado• y tejidos do lana, lino, algodon y se- mayor que corresponda ,tuna de ellas. Pe·
lez que para conocer esa verdad, basta de, así. como 1n~ de papel, bcguirá rigiendo ro si las ejerciere en destiuos locales, edifi el clecroto de 2 de Julio de 854, en la parte cios ó poblncione:1, pa.garñ In cuot.ii corl'CS·
como dice, tene1· sentido comun.
ponclionte ñ ca.da. una.
Lo dicho: en las operaciones militares en que sellala el gravAmen á que est6n su{Contio11a.rt.)
jetas, in~'3sando sus productos en 13.~ Tecauel triunfo se debe siempre á la cooperadncioncs de contribuciones directas para
♦
•
cion de muchos, y todos tienen naturallas n.tcncioues comunes d.el orario.
mente un derecho á la gloria del que
Art. •~· Ln.s industri:u;, comc1·cios, 01·tes SlNALOA.
aparece vencedor.
ú olicins'uo cou1pri:n&lt;lidos P.11 ls. tnrifn, ni
La Presidencia de la :República.
Tal vez Escobedo hubiern sido derro- ta.rnpoco e11 ln!:i exeepcfones, pagarán el deHace eua.tro años que 1111 rnarhwn.l de
tado al frente de Queréta1·0 sin la ayuda 1-echo st&gt;J1nlado H. lA.s que h.• ~ sea11 ll18S ttn!ÍI
Fra.nciM,
cuando la !-legunda gucJ'rn de in•
oportuna de Régules y Corona, con cuyo logn:o.t Esta &lt;letenninncion ~e tomar.\ µrovisioualmentc por el director t.le co111rib11- dependencia 110 hacía mas quti cc,menzar,
auxilio y el de otros generales que
ciouesdi!'ec1:1s, previa nudicucia por esm1t~ pronunciaba enfática1rnmte estas palabra~:
llegaron despues, pudo obtener el triun- del recaudador loe•! y &lt;lcl interesndo, y coíl "L!l cnestion militm· e.rrúÍ decidida!"
fo que hundió pam .siempre al imperio sujecion á Ja. re5olncio11 ,loti11iti\1 a do] miSi los mexicano,¡ hnl,ieran procedido en
11istro dP hacienda, micntrns no sean ústae su állima. guerrtt como lós prnsianos so concon el emperador.
dujeron co11 los au:.triaéo~,. cuyo piitriotismo
Lo diremos una Y-OZ mas: ni escribir el ch1sifiracio11e1&gt; comprendi(la:-; en uun ley.
Art. 15. Los re,•n11dadureij exceptuarán y co11shmr.i::.i. no p11dicro11 &lt;lilnt.:ir:-c nrns n11fi
editorial sobre ,mes/ros !fl'Tterales, qne nos
del µngo cte este d~rechn ln- ll1d11strins 1 co- de sietedias, en &lt;t 11P. ~u l'ripro11 clus ó trP!'I derha valido la epístola del señor Gonzalez,
merdos y tallere~ de pel'~rmas miserables, rotas, Forey }1nrin. te11iLio razun. Pero ntClrno tratamos en manera alguna de descoque se t!oatienen únicu1110lllú cou el tJ'abajo tuuadnmentc; :México, ba:;ttrnte llóbil pnrn
nocer el mérito de nadie: quisimos por de sus prOJJi¡;¡s 111nn&lt; 1::, ) ti,, Rus alJegados, no poder vt:·nccr al inva:-or en toclns las
el contrario, que se hiciese cumplida jus- proporciomí.n~oSl' solo lo:, precisos ulimen- ocasione~, annque t;Í. en 11mchn~, fué bnstnnticia á los servicios da t-Odos, porque to- tos. Los qu~i;e e11co11lrarc11 un este naso lo te orgulloso y digno para lnclrn.r cinco afios

rota de Miramon alcanzada por Escobedo,
y que no es exacto el pensamiento del
Señor Gonzalez al asegurar, hablando
militarmente: que el triunfo definitivo de

tnacion de los ejércitos republicanos hoy, se
comprende muy fácilmente, y por estarnzon
omito determinarla. De esto so deduce,
que el general Diaz asaltando á Puebla Y
tomándola el memorable 2 de Abril, cambió
la faz de !aguerra, hizo triunfar la República, y le facilitó al distinguido general Escobedo la o-Joria de llevar á feliz término
"
sus operaciones
militares sobre Querétaro/'

De ll,Cuerdo estamos con el Sr. Gonza-

-

lez en onanto dice para demostrar la importancia que tuvo la derrota deMárquez;
pero pm·écenos que aquella derrota, importante y todo como fué, nofué el acontecimiento de mas decisivas consecuencias
para asegurar el triunfo de la N acion.
Es verdad qne si Márquezno hubiera
sido derrotado, bah.ria pouido organizar
fuerzas numerosas y marchar co,n un
ejército formidable en ayuda de los suyos; es cierto tambien que si eso hubiera
sucedido el ejército del Norte que opera:
ha sobre Querétaro se habria visto obligado tal vez lÍ. levantar el sitio, etc.; pero nosotros preguntamos al Sr. Gonzalez
¿qué hubiera sucedido si mucho, muchísimo antes de ese acontecimiento el general Escobedo no hubiera derrotado como derrotó completamente en San J acinto las hueste, de Miramon?
¿Qué hubiera sucedido? Que l\firamon, que acababa de ocupar á Zacatecas,
hubiera podido, con el auxilio de Severo
Castillo que ya marchaba sobre San Luis
Potosi, apoderarse de esta plaza, y de
allí hubiera salido antes de mucho con
un ejército poderoso, con el cual indudablemente se hubiera tratado de derrotar
al ejército de Oriente, todo lo cual bubiera cambiado tal vez la faz de la guerra,
aplazando para mas tarde (¡quién sabe
para cuando!) el triunfo de la República.
Es imposible calcular todo lo que hubiera podido suceder, si el ejército del
Norte no ataja oportunamente en su cartera á Mú:amon, impidiendo que este
con su ru:tividad característica se hubiese
incorporado sobre San Luis Potosí con la
fuerza de Severo Castillo.
•
Hemos ,licbo que imludablemente los
caudillos del bando imperial hubieran
t.ratado de derrotar al ejército de Oriente, y abori debemos recordai· al Sr. Gon·
zalez, que eu aquella época el general
Diaz tenia solo consigo la fuerza que sa-

có de Oax:aca y poquísima artillería, ciréunsta.ncia que hacia peligroso, cuando
menos para la buena causa; un encuentro
con los trrudores.
Gracias ú la batalla de San Jacinto,
que será memorable
los fastos 1iucio,
nales, el general Diaz pudo sin ser contrariado allegar recursos, reuuir fuetzas

en

y marchar con elementos que antes no
tenia sobre Puebla, para cubrirse de gloria en la toma de aquella ciudad.
Cree¡nos por lo mismo, que tan importante cuando meuos como la denota de
Márqucz alcanzada por Diaz, fué la der-

dos con igual decision, si no con igual
fortuna, defendieron peleando la rugnidad
del pals.
Por lo demás, sabemos lo que valen y
cuanto han hecho los gen~rales Dinz y
Gonzalez: nos boummos con su amistad
y mal podriamos amenguar sus méritos
cuando nos contamos con orgullo en el
,.;Úmero de sus admiradores.
j\I, PEJU-17..

SECCION OFICIAL.
Secretcria de Fstado y del despacho d• Hacienda y Credlto Publico.
:-;ec:cion lerl'er&amp;.

SECCTOK III.
DF.REC'HO DF. PA'IF.NTT':.

{COlltinih,)

INTERIOR.

actos deben tender y tende1·1ín al restalile.

jf

na! en tocio el pnís.

Se expedirá la cou-

vocntoria, ol congret:io nncionitl se reuni1·á.,
y el ciududu.110 Proside11te hars~ fa untr~ga
de ese dopé&gt;sito temibl&lt;&gt; y sagrado~ la vez,
de esfL inmensa suma. do facultades que vino
[i.•oer en las rnanos de este grant.le ]·t mbre

J

torla la omnipotencia de un pueblo -libre,
r de J,i cual ha hecho el uso mas legal, (si
podemos oxplic!lJ·nos así) el m,s pnro que
de falcultades tan omnímodas baya hecho
jamás gobernante alguno.
El país vi; á entrar on nna época nuev•.
Ln nnve del Estado bogará, uo ya levantada hasto las nnves y sumergida hasta el
abismo por la borra, ca, sino impelidn por
un viento fresco y suave y zureando µe,..
&lt;Jueflas olas qua murmurarán en torus::i d6

.'
•

ella, pero que se alejoráu poco,\ poco, ha.ta
ir II dormirse sobre la playa. ¡Quién será
el hombre encargadu de condnci,.lesta
11:ive, aún averiad al Quién sertl &lt;•i jefe supremo Je la nacionl
Quu lo trnnquili&lt;li.d de la mar no 110s engaíle, c¡u,; el júbilo cau•ado pur el peligro
pa.sado 110 11Ps lrnga imprevieorc!i Jo los que
p11cdan yenir. Acordómonoo rle loi; gritos
c¡ue lanzúbamos en metlio ne la tempestad,
acordémonos de las prvmezas qnehaciamos.
No vayamos

1.\

confiar el timan ;Í. un gru-

representhrñn al 1•c(ln ndndor re!"pccti vo, pa- inq,,esantemente, y pudo de:-p11ef; tlc mns &lt;lP mete, relegando al olvido el viejo ljloto
ra qne le" otorgue la exccp~ion, que Jurará doscientas derrotas, tll'ott~Hr la c~pal&lt;la. df'l que, tle.r;;garraUas la!i velas, rot...'l la br~ula,
solo por un ano. Ln. ,wgntiva del recauda.- ejército francéi:i, nnlificn1· cn:\trú ó (•iuco d&lt;!'salentada é i11,erte la tripulaciu11 1 nos ha
do1· podr:í rcc1unrnrse anta 1a n.utl,ridnd po- mil nu!&gt;trinco8, lwlgn:, y fnu1cesc", q1rn pcr ,alvado ,í ¡,esar do\ ciclo y del abismq, ,Y
lítica
lngar1 cuya deter111innciu11 M" He- rnanecieron en el pnís, ,lar y ganar 11tas de 11,·,s ha condnci&lt;lo frente al pue1·to, á los
vará :í. efecto. Así la sol i&lt;·ilnd de &lt;1s..- ~eis hatal]n!l campales co11tr:1. los 1rn.idorrs primel'OS albores del bello dia.
Creemos bagta.nte clara nuehtra alegoría
cepcion como In reclarwrni,111 1-11110 la ::rntori- y extranjer01"1, tomnl' tres plnza-R foertes,
para
que tmnamo~ no haber ~i&lt;lo comprend[l,d politice, se J1ar.í11 e11 popnl simple, :.-in aprel1ender mas de diez y ocho mil prisiot·A.uenr derechos algnnos.
11eros entre elle,~ :í mas de veinto general e:; didos: hablamos tle la Presi,1encia &lt;le '"
A,t. iO No pag11r'n derecho de pa- y al archidnquc mi:;mo, y hacer que éste República y del C. Benito J uarez.
Estamos persuadidos de que la mayoría
tcute:
saludurs al 611 al C. Benito Juarez con esta
1
de los liberales designa á este il ti•tre ciu daJi:' Los propiotfl.l io~ y 1 H.brndc1rd; ~nlo- her1110,a palabm. S,·. P,•e,idsnte, qué en
mt•nte f•fJr la \'ent:1 de la~ 1•0-.echas ó frutes la boca Je lfaximiliuno es toda uua victoria. dano para aqnel elevado puesto; puo, fntre
Hé nqní hnstn cuando la cuestion militar todos los periódicos que hastu hoy hon posde las tie1·ras 11uc.: letS 1-ertenezc::m ó benefi·
citcu, 11i pt 1 r lm) g.in:uios que cr ien, sic111pre vino ti decidirse, de nna manera que pro ... tulado sus candidatos, 110 hemos encontrado
bablemento 111rnca inrngin6 el bueno del mas que uno solo que propong• al bravo
qu~ lo ejccutl·n en el pun10 &lt;lo la ¡,r,idnr
~mera! Porfirio Diaz. Pero no quisiérado11 ó en lo::; ¡,trnlilo.-. itHuc&lt;lintos~ ::.in t.euer mariscal.
Aquella !'rase prlllllll\Cjada por ~.,orey 110 mos únicamente la mayoría; quisiéramos la.
"""' ello en e,tos tienda, aliie, ta.
2° :Cos pintores grnbadore8, l:!scultores pudo pro·\•,,car mas que la risa: dielm huy totalidad, h. hunanimitlaJ alisoluta, quisiey mú~icos, cousidtn.dosi como arlistas, con por el S11pre111n Gobierno, a.rra11cRr:í. un ramus q11e 11na voz sola se levantase en todo
1:11 territoi·io mejicano, proclamando al saltnl que 110 vendan ma cprn Jo!:i prodnctos de SU:,pir,, 011&lt;lo y dolOl'n::m Á la i11tcrvencíon
vu.lor de la patria_ como un presidente
ve11citln y á :-.u~ córnplice:s .
su trabajo,
f11Luro.
Es conveniencia, ce necesidad, es
La. cnc:--tio11 militar que co111e11zó cuu la
3! r,..s c&lt;&gt;11,tr11ct,1i-e, y al&lt;¡ uiladores tle
l,u']uce,~wa"", y cuaiqnit:ra clase de cm i11vnciou d,• In TIL·pú.bHe:11 ba tt"rminado yu casi un deber el reelegirlo. Desde 1858,

d4l

1

cun su int.lependencin. Verneruz y .:\[éricla
Lou los únicos puntO!:i Cl.&gt;1tt:1.rninndo.:1 nún co1)
la ¡.,1·csc1H~in. de tra.idorea !lrt11:1dv•• Un mes,
y estos Lnhrá11 perdido tl único ¡mlmo de
terreno, y con él la última eoperanz11.
Uepclida. l:l intt:rvt•ncion, triunfante:; pur
todas partes las a:rmas rcpnblic::uias, muer•

to el archiduque y ocupada la Capital poi·
el ejército de lo" libres; el mas grande, el
mas digno &lt;lo los ciudadanos mejicano,
debe pisar dentro &lt;le muy pocos dias el
umbro! del pala,·io honrado y profanado
alternativamente por Guatirnotzin y Cortes,
Calleja é Itu,.bide, G6inez Farias y SantaAnoa, Comonfort y Ztiloaga, J nares y Almonte, Forey, Brurniue, Mnximiliano, ]os
americanos, los franceses, los austriacos,
loa belgas, los trni&lt;lores; de este mia:1110

palacio de donde el benemérito de Am~rica salió en 1863 lleno de fé, y á donde
vuelve en 1867 lleuo de gloria.
Una vez en él los supremos poderes, cree.
mosque sus primeros y mas importantes

zon de dignidad na.cioo3,l, una verdadera. lilbios d0 aquello• que liusqucn un protesto
razon de Estado, quo reclrLma fa continua- cnalquierA. para. sustraerse á. la obediencia

cion del grande horn bre en el poder. La
mayor parte de los gobiernos europeos han
aparentado creer al partido nacional como
1111 bantlo1 una gran cuadrilla, y Juaroz como el jefe de esa ,cuadrilla, quo la conducia á capricho, y tiranizaba por medio do
cJJ,. al resto de la nacion; é invadidos sus
cel'ebros pO'l·el vértigo del imperio, han desc:onooido al gobierno legitimo del país, han
1'1\to los tratados, 1·econocido al usurpador
y tendldolc una ma.no amiga, como al verdadero sobernno. So necesita., Pl!es, des•
rncmtir solemnemente aquella cnlumnin; se
11occsita mas: se necesita. castigar solemnemente li aquellos gobiernos. Iloy la naciün es entera.mente libre: ni Frnncia, ni

1•:sp•~a, ni los Estndos-Uni&lt;los, ejercen pre,
sion li,ica /i moral algm,,i sobre ella. El
poder est!, e11 el pueblo, lns armas en las
manos del puebi,,. Ln ocnsion no puede
~er mas propicia, mn1 oportuna. llagamos
ver hoy, l'Ccligie11do :'\ Juarez 1 quo Juarez

,

'
' 1

"º

.A.rt. t,H. Ebtará bujcto a) pug:o del dl•1·cello tli- pateJJtt~ lodr, e~tnble,~i11dr,.11to i11•
dustrfal, gim u11•n•1tntil .)' t1tllo1· 1:!ll •1tH:&gt; ¡,,o
ejt•rzs. (~trnlc¡uil-r n1 te ú Mido 110 tu111prc11- Lar,·acion~s.
diJ05 en las ext.·,•1)(~1,1n1 ij &lt;1uo se e tubl0cen
1º Lo-,'1ahrica11te~ de pozos brotantes y
r11 L•:'}tt\ ll·J.
ub:-urvenl~~ y los tal1ere~ d1111de -..e eonsA1-t ·,o. JI derech,, de pate11te ou cJ111- truJan so ..·ment0 instrumento$ dl•stiuados
p011dni de una tmota fjja y" otra '·proporcio- p,1 ra elfo:-.
nal. Ln cuuta fij,1 sé fdTeglaní :Í. la tarifo.
~ 0
Las cmpres11s de minu!:I de 1noto.le~ y
adjunta.
piedras, y las haciendaa de beneficio de los
Art. 71. Para fijar 1,, clase:\ que perLc- primeros.
nezea. olgun giro, cuand,, 1/1~ do su e;:1pecio
b':' LaH empresas telegrññcos y todas sus
e::1tt'lt divididos en la tnrif.a entre::, c11tcgo- tle pendencias.
ríns, C'l reca.ndndor ret:.µectivo, en nniun de
7° Las de caininos y ca1m)~:5.
do:; individnoi:, inte1ig~11tu en fo. 1118tl:!ria,
b~ Todo:, las eruprehas Je coustruccion
caliticará la ca.tego1·ía i!U qu~ debu coneidede muelles, limpia de barras, establecirarse cada giro.
mientos de faros y cuantas ee dirijan inmeAr!. 72. Si los interesados no estuvieren
diatamente
li la mejora de los puertos como
conformes con la clasifio,ncion de quo lrata
el articulo anterio1·; podrá11 r1~cla.mar1a an- tales.
9~ Lo11 que vendtn ambulanternente ó
~mte ln dircccion, quien oyendopor eEcrito
al interesado y al recaudn&lt;lor, y COJlsn ltan- en puestos arn1)vible11, agua simple o comdo C':Oll pt!rsona que tuviere )os conocinúcn• pne1ita, a"fes, dulces, l,izcochos, frutns, qnetoa nec~farios y no rnn de las q11e se asocia- !:iO, manteqnillas, pescados, fegnmbres,hneron al reca.uda.dor, decidirá dl'finitivamcnte. vos, leche, l'equesoJ1, atole, tortillas, cnfó, té
Eslad reclamaciones ::ie harán preci?-•a.mcnto ú otros comestibles, piedras de chispa, yus-

le, pues; concluir sn obra gigantesca: 61 y buen gobernante; y el porvenir de la nacion
solo él, puedo llevarla :í cabó. Hacerlo no dobe conñarse {l lo desconocido, no debe
descende,, clel poder cu estos momento,, probar fortuna.
sería. el mas gmnde de nuestros errores, y
En caanto nl general Ortegt1, ha te11ido
sus consecn011ciu.s lns mas funesta~.
la desgraciaJn habilidad do uulific1u·s0, y
Hay ndomasuna circnnstancia, una 'ra- c1-eemos que sn nombre no vendrá sino á los

cimiento completo del rógimen constituci p·

del supremo gobierno.
Muerto Jnarez, nos conformnrómos con

el candillo que fa providencia nos dopare:
hoy él es ol hombre do la época y do la situacion.-Jo•ó Jí 8rnandcz.

EXTERIOR.
Opiniones de la Prensa :Europea y Americana
sobre la ejecucion de Me.ximiliano.
[CONTINUA,]

'
Trnducimos
la signiente del JJaily News
do Lóndres: Si es cierto que ha perecido
este infortunado jóven, no ha hecho m115
que caer en el lazo que 61 mismo habla preparado para los otros. El fué un príncipe
europeo que decía haber ido á sombrar en
México las semillas de la civilizacion, el
quoiotenumpió la Licnevolenciaen la guerr::i, y &lt;lió el. ejemplo horrible de las matanzas ,t snngro fria. Cuando nos llaman los
periódicos todas las mana.nas, para admirar
el espíritu que guiaba su i,0nducta en 1!6:dco, y 110s conozcan para execrará J uarez,
es preciso que tambien se traigan á la me moria los hechos que de buena gana quisiéramos sepultar en el olvido. Lo cierto es
que nada hay mas bárbaro en la historia de
este siglo ~ue las modid~• por medio do las
cuales trato Maximiliano de asegurar supo-

malc parn que lo haga imprimfr en lo. capi- que la ca1)tnra fné hecha en tcrrHorioinl'.J'lés

*

GACEl'ILL.1:\..

•.

-

co de Lóndres, qu? los tenía hipotecados,
cuando se prese11to un ª"'ente &lt;le la. oficina
de desamortizacion mandando suspender la.

PRlWto A LOS MEXICANOS.

veuta, y emba!gando los ,uocbles.
Ignoramos s1 el cm bargo se haco por 511
poner que los nrnobll!s son &lt;le E ~cn.ndow
pero creemos que ese es el motivo.
'

CHIAPAS.
Por los periódicos que liemos recibido de
este Estado y que alcanza al 21 del pasado
sabemos se ha restaliloc;do del todo J¡; 1,a~
y roina en úl la mayor tranqui lidacl.
El Espíritu Público, preriódieo del Estado, postula pam presidente &lt;le In Repú-

" nl' blica. al C Benito Jnnrer..
tal de Francia.
Y o f rece:n 1111a rocompensn pecuniarin.
-El 19 de Julio se present6 en la cáma- qua presente á los rnt1lamento llnmndos cul •Se ha derogado el decreto e¡ uc rcfnutlia
r~ do los Lores una ~úplica que hace el go- pables, quo ni aun la falta de haberse in- en la tesorería general del Estn&lt;lo, la gefnbierno para que evito por ahora expresar troducido al territorio inglós h:.n cometido tura de hncionda del mismo.
opinion por reso]ucioned ó de otra manera pues el punto donde se verificó Ir, captura
Se ba celebrado con rcgocijus pítblicos,
respecto de la ejeoucion deMaximiliano po; &lt;ie la pólvora es mexicano.
la conclusiou de la guerra yla reinstaluciou
los mexicanos.
Ilecho 'l!s éste muy grave y á que •e debe del gobierno general de!&amp; RepCtblica .
-La Independencia belga, q lle se ba ex- poner remedio.
El gobierno del Estado recibi6 las relicipresado en lo referente á la cjecucion en el
taciones de todas las autoridades y empleamismo sentido que la prensa radical ingledos del mismo.•
NUEVO O.BISPO.
sa, dice en su número de 6 de Julio que el
El cabecilla Chambó, f'ué derrotaJo en
El _9 del co~rionto ae consagró en Morelia
gohierno francés estil preparando la .publiCampeche,
donde promobió la azonada que
cacion de documentos 'lue prueben que el el ob1s¡10 Arc1ga, qae no babia podido ser- saben nuestros lectores, y la cnal parece
partido clerical de México es únicamente el lo &lt;lurnnte el imperio ¡Y dirán que no fué de acuerdo con Santa-Anna, para lo responsable de la suerte de Maxirailiano. somos católicos!
grar escaparse.
Cuando los franceses iban á salir do MéxiSe llombro la junta patriótica, Y Íue, 011
co, dice, 'l.faximiliano estaba en Chnpulteelectos para oradores del 16 de SetiembrP,
NUEVA PRINCESA.
pec en camino de Orinba con 600 ginetes
Se_¡prn dice la Ib,ria h~ sido coucodido los Sres. lllagin Llaben y Lic. Rafael J. Gn
y su equipaje est.aba en Veracrnz en donJ¿
eso
titulo á la Sra. D~ Concepcion Lombar- tienez.
él debia em'barcarse. Estaba entonces deFué nombrado y tom6 posocio11 de la r,e•
cidido á separarso de las luclms, y dos bu- d~ de Miramon, por el Emperador de Aus- fatura de hacienda del estado, el Sr. D. I aques austriacos lo esperaban en la rada de tria. No ,o hace mencion del principado. tricio L. Leon . .
Veracruz para recibirlo, y tal era en EuroFncron sentenciados á la últi,na pena,
pa la creencia qne se envi6 un oficiará GiCANDIDATURA.
tres de los asesinos del Sr. Ballester.
braltar para ponerse allf á las órdenes del
La; Ooru:ordia de Veracruz postulo par•
( Oonatitu.cional.)
Emperador destronado, pero estaba escrito Presidente
de la República ni C. Benito
que su suerte seria otra, pues se encontró Juarez,
con el padre Fiscber el cual Je comunicó taNO MAS TOROS.
les iuformes que lo hicieron cambiar de
opinion y quedarse. Et partido clerical le
NOTICíAS DEL PERU.
•
¡Por quú no sedán al pueblo espectácuofreci&lt;'Jpor medio de este enviad o 20.000,000
los
que lo instruyan, en vez de las escenas
Se habi:i dado una ley prohibiendo al
de pesos y un ejército, y 1.foximilian,, ce- Presidente la e:xLraccion do "'nano en con Je] tiempo del retroceso y los vireyesl No
diendo si la tentncion volvió !Í la Capital signacion, autor(zándolo par~ venderlo 011 mas toro•.--La civilizacion rechaza los es
otc.-Se vé claramente por estas circnos~ Lium
pectáculos de sangre: no mas sangre, tinta
'
tancias que el Emperad'lr sondeó bien la
en
vez de sangre; ilustracioo y no barbarie:
So dooia que ,í todos lo• ~,pn!!olc" que
cues,tion y su primer impulso fuá el mns no ao hnbiel'an hecho ciudadanos perncmos educacion al pueblo: diveraio11es que haacertado, ¡1ero que luego cambió de resolu- se les ob_ligarfa á dejar el país.
blen á sn inteligencia y no á sus sentidos
cion bajo ij perniciosa influencia del p,vtia~tcs
útiles en lugar de mogiganga: parió~
El muv01·sar10 do la fndepeo&lt;leucia fuó
do clerical, c¡ue ha hecho instrumento suyo dianamento celebrado.
dicos en vez de banderillas; el ci11ccl y no
hasta á los príncipes. Los que invitaron á
Él ministro americano trata &lt;lo activar el puf!al del carnicero. La veterinaria y la
Maxími1iano á ir :í. "México y lo mantuvie- un a1Te~lo entre España y In" Repúblicas ley sobro el trato á los animales útiles en
ron allí, son 1os mismos qneasf como ]o en- del Pnc1fico.
vez de la risa por la horrible agonía de utt
ganaron, haciéndole creer qne el pueblo lo
caballo indefenso. El teatro por loa toros,
aguardaba como IÍ nn s.,lvado1·, tam bien lo
El teatro á precio Intimo pata el pueblo.
enganaro11 en los últimosmomentos, deque
LA SEÑORA DE SANTA-ANN A.
Ensellar á pensar y no ~ matar. Moralizar
aun podia dominar el país por 111 fncrza de
Ha pedido gracia al Gobierno para su en ·vez de corromper.
las armns aun cuando los mismos franceses marido.
( CO'J'reo de.México.)

•

revolucion sieudo su hechura la mayor pnrt&lt;• de unestros caudillos, ha expedido casi
todas las leyes de reforma, ha derrotado á
la 1·eaccion, ha. combatido la intervencion
-y la ha aniquilado moralmente, ha salvado
la dignidud del país y le ha hecho justicia;
en snu1n 1 fa. reforma y la indepenJencia
son olm1s snyas. E11 este largo perío,J"o ba
podid1i ..:unucor y cc,noce la administracion
en tod", sus ra111os y detalles de una mapera profondu y completa, ccnoce todos los
elementos ti~ Ja nn.cion y todas s1Is necesidades, conoce á todos los fnncio11arios,
todos los jefes militare,, todos los parlicu
lares que de,dc aquella época han lomad,,
mns 6 menos participio en la cosa pública.
Ila acometido con u11a fé y un valo,• ext~o~&lt;linarios la tit{mica empresa de regenerar á
M~,ico y hacerlo libre y grande. Dcjémos

LOS TNGLESES PONEN A

Tambien los damas de l1onor robaron dos
La Colonia inglesa de Bólice, colindante
relojes á la Emperatriz, y os, J mismo coronel L6pez,. que se ha inmort.a lizado en Que- de Yucatán, es una especie de padras11•0
r6tsro tra.1mona.ndo ií. su ,1ef e, aseguró una que, fomentando siempre solapadamente á
vez a.l Emperador que se r--obn.ria ea menos los indios, mnnti0110 la guerra de castas
,!e dos horas, cualquierob!,eto que se le co• en aquellos comarcns dcsgrn.cin.rlns.
Pólvora, armas y toda clase cie auiilios
loca,ra en la gabeta d? un.a cómoda que alli
babia, y esto lo babia df, hacer sin que lo hau propo1·donado siempre á aquellos bárdescubrieran.
baros enem1g?s de I&amp; humanidad; pero al
--Se decía en P•ris quo antes do salir pa- menos lo habmu hecho tratando do cub,·ir
ra Qnerétaru envió Max:imilfan~ á Europu las apariencias. Ahora se han quitado ln
una historia de la exJ&gt;edicion fi·ancesa ~ mR~cara y pretenden castigar ñ ]os (1111eioMéxico, escrita por ól mismo, y que el ma- nar10s mexicanllS quo capturaron una canon
nuscrito se halla en poder del duque de Au- con pólvora para ]os indios, i::o pretesto de

cm el presidente de la República por In voluntad del pueblo; quo resistió á la interYcncio11 como candillo del pueblo; quo la
dPstruyó con las armas del pueblo; qne casti~ó á Maximiliano como jnoz del pueblo,
der en uu_país en el cual era extrangero ó
y q tie co11tinúa en el poder por el voto li- invasor. Cuando sus defensores se refieren
Lre, público, y uná~ime del pueblo. Es~e il estas medidas hablan de ollas vqgamente
será nn primer triunfo moral sobre la Eu- como d_e unas disposiciones dadas por ciert?s oficiales franceses y generale, imperfaropa.
Hoy no teuemo::; tratados existentes c011 hstas, pero los documentos históricos que
pueden presentarse en este asunto, no del•&gt;s enropeos. Ellos los han roto y pisotea- Jan lugar á dudar. El 3 de Octubre de 1865,
Maximilisno firmó en la ciudad de México
do con mas Ó menos infamia. No los te
nemos, y ellos, m.'.ls &lt;JlH.l México, ]oa necesi- un decreto por el prime~ artículo del cual
fuesen matadu.s·sin formacion de causa totan pnra sn comercio, para sus naciona.Ies, dae !as personas que se encontrasen co~ ]as
hnéspedes toclo:;¡ ellt&gt;~, con pocas e:xccpcio- armas en la mano para oponerse al impe11es, audaces, ingratos y falsos nl mismo rio. El decreto· no quedó siendo un papel
mojado, sino que antes de un mes ya se estiempo.
taba poniendo en práctica en Santa Anna,
Pues Licn; lmgLlmo.:; que estos gobim·nos, Amatlan, etc. El p;eneral Arteaga, un paiufatuaclos ó inconsecuentes, vengan cou la triota reconocido y hombre sin mancha fué
cabeza descubierlt1 li solicitar de J uarez ejecutado conforme á este decreto, l ol
mo periodista frances qne anuncio su cap~
del mismo Junrez ú quien desdel!arJn, del' tura en L'E,tafe,t,te manifestó que este indi- aseguraban qne esto era imposible.
-Un corresponsal del Herald de L6omismo ó quien desconocieron, la reanuda. viduo era nn liom bre bueno y honrado y
cuya
carrera
se
distinguió
por
rasgos
de
hudrce,
escribe desde Pn.ris temiendo por la
e.ion de esos tratados q,10 cortaron con el fi.
manidad. Las siguientes son las cartas que suerte de loo franceses residentes en Méxilv de un manazo francés. Ln solicitarán, oscribieron en la capilla los generales Ar- co. "Los anlvajee, dice, que 110 tuvieron
sí, ha. solicitarán. Este será nuestro scgun- tenga y Salaza,· (y se insertan laBdos carta, repnro en poner 1a ruano sobre un Empej,c!.ada. en UM,apan el 20 de Ocfoore de rador reconocido por~d'as las tcxtas coro
,Jo triunfo, y será completo.
1865 en que ,,e dupiden. de irua madres los nadas de Europa, 110 ~11 capaces de entenSi á las razones &lt;lo necesidad pudiese ana- do, mártfres). Para que se estime en lo der la, consideracionp'.s du humanidad que
dir3c una ele gratitud, nadie mas que J 11a- que vale este hecho, recuérdese que estos deben observarse c()u oscnrns y si 111ples
\
rez debiera oct1par b presidencia. Como oficiales estaban en Bll propio sucio, defen- mercadere~.,,
{Coot.iouau.)
diendo
sn
paia,
en
tanto
que
Maximiliano
lo hemos dicho, .í él se le debe la reforma,
era un aventurero extranjero, etc. Se dice
b imlepeuo.e11cia, ul ,fu· aclual de México. que ]a sangre de Maximiliano recae sobre
Es imposible [prHeer lo quu habriasidode Juarez 1 y ¡sobre quién recaer{, la sangre de
la Ropúblic:i sin su fé y co11stancia prodi- Salazar y A1·teaga1 Hágase la justicia coOAXAOA.
, g1osas.
.
mo se debe y couvengamos en que el decreJ ua.rez es mio de los pocos mexi- to de Maximiliano no era mas que una liSegun no artic ,do 4110 publica ol Globo,
• canos que no tienen necesidad de llevarse c~ncin de n.sesi na.to. Este acto atroz provo- se gozan 011 e:-e Estado todas fo.s ve11tnjas y
la ma110 al rostro, para ocultar con disi- c6 una demostrncion de parte de los prisio- comodid"nJes posible¿.¡, La adminibtracion
neros belgas que estaban en poder de los se reorga.nita. i-nbre l•ases &lt;lemocrá.ticas; se
mulo algnna_pequoila mancha. Ila ido mas liberales I Be copia
la comunicacimi fe• vá !Í 8E&gt;tnbll\cer PI juicio por jurado;,; f:C perallá de su deber; su vütnd ha sido llevada aliada m T acambaro el 2~ do Octub1·e y que siguen le:; ladro11es y se atiende n la inshasta el hcróismo: ha estado /i un paso &lt;le firmaron Breuer, Gugot, Flac!iat, Van Hol• truccion píiUlica. ¡Dichoso pnel,h1 el que
lenoeck y otros doscímtos ;,.dividuos del cuenta. tan buenos ~obenrnntes!
vencer el imposible humano.
mismo t,uerpo] . .
El general Diaz es nn gran ciudadano.
-Un escritor del Figaro de -Paria, Mr,
A'L'RIO Df, RAN A(Hl8TlN.
Lns batallas libradus por él á los extrnnje d'Auvcrgrn·, que parece haber sido a111igo
Se a11uuci:1. la dcmolieiou d(• la barda que
ros y traidores, y s.ob1·P todo, la. toma de íntimo de Maximilia.no, refiere algunos pneajes de la vida del Emperador en Chapul- lo c·írém1da.
Puebla en Abril último, el primer hecho tepec, y entre otras cosas cuenta lo siguiende armas que en nuestro concepto ha habi- te: me limitmó :i referir dos{) tres anécdoLINEA TELF.GllAl&lt;'íUA.
do en el pah, demuestran. que es un · gran tas, por ejcmplo:--Tenia sobre la mesa 1111
El
31
tle Agosto qu.,dú en actividad la
revolver incrn~tado du oro y de mango &lt;le
capitan. Sin embargo, no hay el menor marfil y el cual desapareció cierto di~ des- línea telegróiica entre Mérida y Sisal.
antecedente para prcguzgar que sea uu pues de varfas Olldiencios, de las cuales el

:nis-

en que instaló su gobierno en esta ciudad,
hasta 1a focha, es decir en nueve atloa y
inedio, ha ocupado ·1a presidencia sin inte'J:•·
rupcion &lt;le un solo dia, ha conducido la

individt10 de menor graduacioe. que había
estad~ presente era na general mexicano.--

aq,,,.

INSTRUCCION PRIMARIA.
JUECES DE LO.UIV!L.
EL Siglo XJX, con gran copia de rnzones
En la tesorería general,y en virluu de óry datos estadísticos aboga porque sea oblidenes superiores, so exige á las vu idas y degatoria Jo instrtlccion prima.riu.
Nada mns juet.o, nadn. mas racional ni

conveniente que ;ac~r de lo abyeccion y
de 1" ignorancia á todas osas m11Sas ignorantes y que paree.en cle8here.Jndas &lt;le todoa
los goces y ventajas sociales. Si ,.;peramos
á que nneslro pueblo•• civilice é instruya
expontáoeamente, so pasarán qninientos
alios para conseguir algo. A los igoornntes hay qne hacel"les como ti los uiiio~, ¡¡J
bien á pee:nr suyo,

mas pem..ionistns que recihen sus hnbores
del erario, ciertos documentos que deben •

ser c~pedidos por los jueceo de lo civil. De·
éstos mnchos se nie~an /i expedir lo" certificados que las infelices viudal ó huérfanos
pobres solicitan, si no pagan cierto~ dere-

chos y no rn uy cortos por cierto. Oreemos
que 1a autoridad competente, lg11or11. estos
hechos, pnes no i::eria. posible que de otra

manera se cometiera semeja.11te abuso. Esperamos r¡ne esto HB re-medie oportuna.mente.
(Boletin.)

LA B'RANOE LIBERAL E.
Por h. gac,eti11A, U. LOPEZ.
Este pori6dJco,ic_ni'$a el titulo dt1 ci,!&lt;ladano fnmcctt a E ohx Yyn.t porqno c_p11cre
Redttctor en jcíc,
mal á los reyes.
Josg MARIA VILLA .
¡Qué fueron eutouces todos aguollos que
derramaron la sangro de Luis XVI, y cu.ros ~•_ttocr:r l!J: r ttc 111 t 11: 111111tccttocteeo
uombres forman el orgullo·de la Francia y
A N •__; N C I O S _
de loo repul,lieanos de todo el mundo!
Creemos que si Pyat exajera de un lado
L:r. France Lioerale exajera do] otró: '
AUMON. GUAL DE LA RENTA
Le agradecemos ,iu embargo á nuestros
DEI, 1'.APF,J, SELLADO,
colegas de la Franco Lioerale que hagan
constar Je. difercnciA. que existo entre un
Se ha traslauado dicha oficina o! edilicio
Berezowaky y nn Jnarez.
'
del Ex Arr.obis11ado de esta capital en donde_ qned, ahierto su desracl10 pa:a el púbhoo.
SECUESTRO.
Mhico, Setiembre 17 ue 1867.
Se estuban vendiendo lo, mnel,lc• tle I,¡
ca.sa del $r. Eseandon por euent• del BanJ. EN0120.

• J

==,=¡¡¡;¡¡¡¡;===--

= .............................................................................=-·..---=---=--=---===---,__,-,:_·

-...,..====¡¡;¡¡¡¡¡¡¡;¡;¡¡.¡¡¡¡¡¡¡¡¡;;¡;¡¡¡;¡¡;¡¡¡¡¡¡;¡;¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡;;¡;¡¡aa;¡¡¡¡¡¡;¡¡¡¡¡=i,._;¡;;;;¡;;;;¡;¡;¡.;¡;¡¡;;__ ~.:::
-

•

-7'1-

-82-

-75-

pel de un Estado dentro del Estado; snp6nga~e

mo el ministro de Inglaterra, no teniendo en c,1a-

eran ya suficientf's, y ,¡ne h11hi11 peligro L&gt;tl rns1s

del bill en 1849, el presidente de-cl11r6: "Que~a

tir mas largo tiempo.

Su colega, Sir Jam,•s Gra-

I" Liga condicion,1lmente disuelta." Algunos dins

que eata confederacion arranca, por fin, al gobier-

lidad de tal, mas obligaciones que las de consul-

bam, ministro del interior, adoptó sn opinion. La

des pues no queda bu ele esta grande agitacion mas

no In concesion f]Ue exigin, y en este cuso ¡cqmo

tar el interns público. y de proveer á la seguridad

aristocracia comenzó como i,11 el Afio de 1828, á

qne un gran resultado: la caída del sistema prohi-

se detendrá en sus avances!

¡Cómo se persuadi-

del Estado, estando por lo demas, pronto á rel.i-

inJuueccionarse contra los jefes, declurán,jolos

bitivo, y el triunfo de la lihertad de comercio en

rá de que no le es conveniente abusar de su v{c~

rnrsc tan luego como hubiese cÓncluido la tarea

culpables de nlln traicion.

Inglaterra.

toria, y en qné debe precave!'se para 'no traspasar

que le imponía la sitnacion del pnis.

los límites de su programa!

tiempo prese~taba :'i discusion este famoso pro

(

recho de entrada), r¡ue la pl'otege, no ,·ontrihnye á

r¡ue tanto lo ilistiugn.e , reprendrr "nérgicnm~nte

los gustos anurtlo~ del Estndo, mns que en ifl débil

á e,ta bnndn
discípulos in,rnnrecionatlos 'cou 0
tra su maestro.

proporcion de una vigésima cuarta purte

ue

¡Qué conducto iban á observar los Ligueros en

"¿Sabeis, les dice, lo qne estais haciendo con

presencia del programa de Sir Roberto Peel! ¿Re

el prime1· ministro, con el hombre mas popular de

obstinarían en pedir encarnizados la abolicion in-

Inglaterra.

medi11tn qué se lus rehuS!tba, y aprovechándose

pteseute los.distritos manufactureros, su marclm

de In desorganizacion de los partidos, protende-

seria un contínuo triunfo.

rian el imponerln'antes de tiempo, comprometicu

varos contra vuestros jefes, estois manifestando

Ln discordia estalló
t'll el mismo seno del gnhinete, y el 6 tle Diciembre de 1845, Sir Roberto Pee) di6 su dimision,

Liga.

Sin hoblar de los caso~ en qne la aplica-

cil, pero en Jnglaterra las condiciones de la vita-

grama del cual data mm ora nueva en la política

bien convencido que 1111clic mns quo él podria lle -

cion del principio fundado por ella pueda recla-

lidad social en política, son mejor comprendidas.

comercial inglesa, y del que por su importancia

vará efecto la gran refo1·ma que impetfoijamente

mar sus esfuerzos, es evidente que cuando una

Tan luego como el bill adoptado por la CiÍma-

reclamnba11 lns circunstancias.

potencia tic este género ha entrado tum vez en la

ra de los Comnnes-y por la Cámara de los Lords,

Reconocimiento dal principio de la libertád de

era hombre de cometer una semojante tonterín.

carrera de la vida, no muere riu11cu.

La Liga, se-

hubo recibido In sancion real, los miembros del

comercio,-a bolicio11 completa de las leyes cerea-

cio como nunca •.•. ¡Pedís unadisolncion1

Hizo otra cosa mejor. Tomó en cierta mau~rn

mar un gabin~te, no lo pudo conseguir, y el 20

gun se ha visto, es la crnznda tle las clases me-

consejo de ln Liga en número de quinientos se t'éu-

les, y la libre importacion de los granos extranje-

cí$ que qnereis hacer un llamamiento al país7

bajo sn proteccion á Sir Roberto Pee!.

Así su-

á entrar

dias contra In aristouacia de Inglaterra. Ella rea-

nieron en Manchester el 2 de Julio de 1846, pa-

ros y de todas las snstancins alimenticin ■, pero

Sea en hora buena; pero respecto á elecciones, os

cedió, que despues do una Lormentuosu discusion

d..i nuevo ul poder con todos sus colegas, que to-

parecerá tarde 6 temprano, unjo otra forma y con

~a deliberar respecto á la marcha que debía 'se-

solamente á los tres años, que se cumplían el 1~

puedo asegurar qne las conozco tanto como cnal-

que duró doco días, cuaudo ya los cerebros ar-

dos eran yn de "" opi111on, á cxcoipcion de Lord

otro objeto, porque ha encontrado ya en el elector

gmrse.

Febrero de 1849.

Dnrnnto estos tres at'ios, qne-

dientes del torysmn, los Ismeli, los Bc11tink, !ns

daria vigente la cscnln m6vil; pero 1in conservar

Ferrund, hubieron agotado las recriminaciones y

El jefe del parti-

do Whigs, Lord Jol111 lfossell, encargado de fordel mismo mei Sir Roberto Peel voh·ió

,,t, scpnr(i

No es esto d(•cjr que todó ha terminado para la

•

,

Esto pareceria difi-

Al mismo

indicaremos aquí sns principales disposiciones,

do así su triunfo? Nudo do eso.

iV1 r. Cobden no

Si el houornble

baronet recorre al

Pienso que al suble-

que no teneis táctica, y que liabeis perdido ~I jui-

quieca de eata Cámara.

Y bien, os cligo que no

tendreis la mayoría, y os desafio para qlle me ci-

el,• él paro ir á dará Ju

de 40 scltellings una palanca políticR, de la cual

Se acordó por unanimidad, que habiendo obte·

Cámarn de los Lores u11 último combate en favor

se servirá mas de 1111a ve:1., hasta que haya obte-

nido la Liga la a bolicion de las leyes cereales pa-

las miemos proporciones.

A ejemplo de la Fran-

las injurias contrn el pfrjido miuistro, se present6

de la proteccio11

nido por lo menos la participacion del poder, ínter

ra el año_ de 1849, suspendía en consecuencia sus

cia, ha sido suspendida enteramente en estoa úl-

el ex.traño espe ctácnló de ver ni jefe ele la Ligo,

tonto, consigue otra cosa mejnr.

operaciones; y despnes de los discursos de Mr.

timas años.

So admitían tambien á la importa-

en otro tiempo (1848), el orador despreciado é in-

cio11, libres de derecho■, el cardo, la cnrne de

gritaron los Torys).

Cobden, Bright, y de algunos otros oradores, 'des·

juriado, y en 1846 hecho ynlel dios de la~ máquinas

no teneia ni á Liverpool ni á llristol.

pnes de las diversas mociones que se hiciy.ron,

buey, el puerco fresco, el pu6rcn salado, las pata-

(Deus ex macltina), lovanlarse de su asiento, y

gritos).

con el objeto todas ellas de garantir la ejec~cion

tas, todas las l~gumbree, carnes de toda especie,

con el.semblaute tranquilo, cou este tono iawiliar

. Stnuley, _que

Desde el primer di11 de la discusion del progra-

ultra-

"Continuar nuestra agitncion, dice Mr. Cobdeu

y del'lar6 altivamente que él se consideraba

en el último meeting, continuar nuestra agitucion

no como el ministro de tal 6 tal partido, sino e o

cuando ya no existe el objeto pt.r el cual nos be-

mo, Sir Roborto Pecl, tiró el gnanle á los

torys

0

¿De~

teis en toda la Grnn Bretnña una ciudad de veinte
mil almas en c¡ue podais triu1ifo1· sacando un solo
candidato proteccionista,

(iLiverpool y Bristol!

No! no! respondió l'obden,
(Nuevos

No os dejeis alucinar, replicó el orador,

por estos hombres

&lt;]Ull

vienen á gritar aquí como

•

�/

4

•

PRECIO UN PESO.

.

DE. VENTA

'·

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PRl~CIO UN PESO.

EL PRIMER TO~[O DE

.

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2!i±&amp;

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1

NOVELA I-IISTORICA
'

•

1'ro•r~

. ::Po::r

tl.etlacto 1· de ''La F1~a,1ce
,,
la calle de San JoséJ el Heal núm. 1, y t' n la J... ibl'ería J\'i .-x icana, e-quina de los Portales
de lli erca&lt;leres y A gust.inoi-.

•
J

l'l•RlODfCO POU'rrrn,, LITEU..\JUO y .MFRC.AN'rTL.

1 '

F.l plan rh• esta pnblicoC'i"n es entera-

VALOR TERAPEUTICO

GRAN EFICACIA

DBL

s-

Parte políticn:

DBL

JAR ABE DE OUINA FERRUGINOSO
de los

111entc nnevo.

GRIMAULT

y

JARABE DE RÁBANO IODADO

C'"

fllll.lCBUTIC0S DB S. A, l. BL PRINCIPB NAPOLtOK1 P.illl.

La 8l!Ociacion del hierro con la quina ha realizado unó de los problemu mu aoLablea
de la farmacia, de modo que lodos los médicos se felicilan generalmente de los mapificos resollados obtenidos con esta preparacion.
E~ efeck&gt;, la quinat como ya se sabe rs el mejor Lonico en materia medica y esti
asoc~ado al f~sfato de hierro que es la prcparacion ferruginosa mas eslimada, por que

conuene el h,~rro que es el clemenlo de la sangre, y el fosforo el principio de loo bnesos.
Los facul1a11vos leerán con m1er~s las observsc,ones de sus colrga1 y el anall1i1 hecho
por ]os primeros quimieos del mondo.
·
• Produce constanlerncntc los mejorl's rcsulbdo3 en los casos tic dispepsia, clorosis
amenorrea, hemorragia, leucorrea., fiebres tifoídc:is, diabelis y !Siempre que sea prec,ac;
restablecer las fucrz:\s á los enfermos, y rr.stit11ir al cuerpo su~ principios alterados 6
perdidos. •
•
,
ARNAL, ,ntdico de S. 11. El Emperador.
« Es una de esLas raras combinaciones que sath.faceo al mismo tiempo al mMico y al
enfermo. Segun mi parecer es la mas notihle y 1:t que soporta mejor la preparaciones
ferru¡¡inosss. •
CAZENAVE, méd,co tl,•L hospital ~ San Luú.
• Con esta preparacion sr. puctlcn admini~lrar al enícrmo, dos Ulf'dicameo&amp;oa importanles bajo una forma agradable y de facil digef.tion. •
CIIARRIER, profe,or do clínica tlt la F11rultad do Paril.
. « Empleo con ixito el Jarabe de quina fer_rugino.so _y le &lt;'Onsidero una. muy buena
1nnovac1o!l. •
CIIASSAIGNAC, pnmer ciru1a110 del hospital Lariboilür1.
c. Este medicamento ha sido ~iempre muy bien acojido vor mi» enfermos y ha producido siempre los mas ventajo~os resultados. •
HERVEV UE CIIEGOlN, miembro de la Academia de nudieina.
• La claridad de su prcpnracion, su gusto ngradahle, exento de lodo sabor de hierro
hacen que e,te medicamento sea tan eficaz como atraclivo. ..
'
IIONOD, agreg,uto dt /4 l'ac,11/ad dt medicina.
e 11 enmen de ese Jarabe demurstra que contiene entre sus elementos los diferenies
principios de quina y de sal de hinro en mayor cantidad. •
ROl'SSlN, pro(,sor de qua mira en el hospital de Y11l de Grau.
Deposito unico en Mcjico. drogaria d'Edmuodo Vao den WJD&amp;Mrt
callr de fos Capuchinos, 6.
'

1

~~~~)·~~~3~~ .._,

PElJUIIIRI.I. lllllVA AIASK VEGETAL
IIONTRBUIL Jl'RJl:RBS et C•

.btlp6.t.rialo, hem.011'.lico i imeoll1ida

CURA RAPIDA.llENTE

31, ne N.-D.-4e-Lorelte,

OUIIUDURAS, DERJDAS, OORTADUR!S

4e la piel.
Crema "fcgnat. Cold-enama, qut ne H ellJ'Ucia jara11.1: fabricacion npeaial r eecliuin d• Ht&amp; oua.
VIDlfl'I del t.ocadtr dulci4canle y perfmudo para al
bailo y IH babitaoloDN.
ip1 utr:lquta al ara.lea, Fahñlaoien especial de
etla cua para el toG&amp;dor da lu Sd.oru.

,«14111•

in. 50 ~!!°,~~• in. 50
PARIS

■ os

Pari ■•

leelte dt LJ1, pua ooue"ar la bell11&amp;., fft•ar•

Qo1era, lifu1 1 peta, 1araa, herpes, -rariotl
a.rd.i:•uru 1 pie&amp;doru TeDHOIIM
S.,- .......
/tifie,ziff , .. .U o61.,... •

BUFPAULT 9

In lili11111 tall de l. JWI.LEFUT, T1lmrcit, S

PO U

lnvent6 par LEGRAND, parfnmenr de 11. llL l'Bmperear dea ....._,,pala,
207, RUK SlmT-RONOIIB, 207, PUIS.
Dép&lt;ll .,... J,]. MAILLIIPUT, ,t ,,.•• tous les par(umeurs' ooifftvN,
IUUCO,

Méxito, E. MAILLKP"ERT, ..n. Tiba.reio, ,.

1

EL ~'ERRO-CARRlL.
Esto periódico scr:í de mas reducidas dimensiones, bn.jo un plan análogo al del

Vapo,·.
P1mc10: DO8 CE&gt;ITAVOS OADA NUJICE.RO.

Co111t·11za1·:í ÍI publicarse, tan lnego como
el editor recib:. la imprenta, que está ya en
c·.1111i"" de V~racrnz á esta capital.

1

SA VON OBIZA
,tt., "'

1110,, proyectos pnm ;,n~o1t:ir todo lo útil y
,lese.rrollar TIU,·,trn industria fabril y ma
n ufactnrera.
Mejoras material e,: Obras de, bcndirencia
l' instruccion pública.
Parte mercantil: Agencb co1dideucial y
pública., aTiexa á J,. redncion del Vap()I'.
Aviso8 en inglés, frR11r,s y e puílol, á prel'ios módicos. Tarjeta" t.le flct, s. notas de
cambios. Todas las 11Pticins que puedan
interesiir al co,nercio y al público 1&lt;.mpre
:-a de corr,·uR de h1 cindnd, n11·nsageros y
expret-o~, c~talilecida p- 1' la 1nit:;ma redacci,1n. Agenci.11 de 11cgocios judiciales, para
'a que se cuenta con abogados de g1nn relel&gt;ridad.
Este periódico np::1rcéer,1 tau Juego como
pasen las cue.-tiones de acltulidad que ocnpan la atencion pública.
Por •hora se reciben avisos y suscriciones
en le. lit,,¡:ratia de Rivera 6 Hijo, calle del
L'oliseo núm. +, frente al Teat,u Principal
y en los eshai(•S, ens correr.ponsa 1c~.

Avi- os y suscriciunes se reciben en la litogrnfia rle J. Rivera é Rijo, calle del Coliseo 11ú,11,•ro 1, Frente al 'Teatro Principal.
U"" ) lll ,.., ¡,eriódico tienen ya contrate.das al¡;1mas •·ulmnn~s f'Rrn la insercion do
11vi.•11s eAt1 t111geros.
Ml xico, BPtic111hre &lt;l'-' 1867.
Editor y R,,&lt;la&lt;:tor e11 jefe.
J. Rivera y l.'io.

LA BEAUTÉ ÉTERNELLE DES MAINS

ALCUFOR MIIERAL DE ALQUJTRAI

HNIJN H

~l _Jarabe de rtbano iodado, de los Sre. Grimanll y C'", farmaceolicoo de S. !. l. el
Princ,pe Napolcon, en Prns, est, preparado con el jugo da las plantas anll-Neorbulicu,
cuya eficacia es tan popular.
Contiene el iodo en el esiado de combinacion or¡¡aoiea '! esticonsidendo eomo el mejor
reemplazan!~ del aceite de hígado de bacalao.
La perfccc,on rnra de este producto nos anima , dar , conocer la opinloa de afcnnos
de los principales médicos de Paris que lo prescriben diariamenle.
. El Jarabe de rá~ano iodado!_es un medicamento de efecto seguro'! anave, es precios,mo en la med,cma de los nmo, ; no tan solo suple al aceite de hígado de blealao
sino que le reemplar.a ventajosamente. •
'
D• CAZENAVE, primar m~ico del llospit41 de San Luú.
• 11 Jarabe de rtba~o iodado, es nn medicamento de primera clase para el tratamiento
de las afccc,ones h~íall':3S y escr?íulosas. Le he empleado a menudo con buen eiito para
ciertos casos de prrnc1p1os de tts1s, como reemplaunte del aceite de higado de bacalao.,
ll' CIIARRIER, e3'-pro(esor de clínica de la Facullad 1k Pari,.
. • Hemos conseguitlo siempre los mejores resollados con el uso del Jarabe de rábano
1odado, como re¡¡enerador de la sangre y reemplazan le del aceite de hígado de bacalao.•
~JI' FAVROT, a11tor del tratado de las enfermedades de la, mugeru.
~ El Jar~be ~e rO:ano !oclaJo rs uno de lo~ mas p~derotos modiHcadore1 de las constituc1oncs lrnfaL1ca!\.I He v1slo curar r.on su mOuenc1a y con una rápidez extraordinaria
ulceras escrofulosas'i!uc nada podin uuterizar. •
« He visto en lo5 ni~os, af&lt;'cr.ione: L_u,h_C:rrulosas d~ los hueso&amp; que ba!1 desaparecido con
su uso. •
D' &lt;,Ll,sNAilD, ,.~-interno i.e los hosp,talu de Pari,_
• El Jarabe de nl!i~no iodndo, tiene todas las veoiaju d.el aceite de hígado de bllealao
pero ■ o sus 1neobvemente11. •
D' CUIBOUT, mtdico de to, hospil4lu, presidente do la
Sociedad de mttlico, d• Pari,.
, El Jai:abe de rábano iodado de los Sres Grimaull y ci. contiene f /t. por cieato de
iodo en el estado de com binacion orgánica, análogo al que se b«lla en el aceite de hi¡¡ado
de bacalao. •
D• KLETZlNSKY, profuor do 9ulmica y ptrilO dt los
tribu,ia/es de Yien&amp;.
Deposil8 anico en Mejico, drogaria d'EdmDDdo Toa doa Wragcalle de los Capuchinos, 6.
'

41

PHENOL-BOBOEUF

KJitwül~s ,·11nciso~, cró-

nicas exten!:la~ y ya1·ia&lt;la..:, ' ob•,rio:-:1s &lt;.·orres}'Ondt•nclas ex,ra11geru~, et.:., c.-tc,
Literatnra ci,,ncia, y nrtcs: Noticias ed
los últimos de.c11b1 i 111ien los en t,,dos los a,·-

M. PEREZ.

In,pr~ntn LitPraria, 2! de Sto. D0rningo, 1 O

-80-

-77-

-76-

loa muchachos de escuela, que silvan en nn cementerio para dar,e valor. Repito qnu 110 teneis

tos, las botas, los botines, etc., etc. Se redujeron
á un tercio los derechos de los metales la tracios,

ya muertas ú vivas. Respecto á la mantequilla,
el queso, el lúpulo, el pescado salado, el vino de

una sola ciudad de veinte mil al111Rs.

el aguardiente y loR demas espíritus. Todavía
hubo una mn~ grande reduccion en las sederías y

cidra 6 de pera, los derecho~ ae redujeron á la

eu los papPles de tintura: y eu fi11, de mil ciento
artículos de que se componia l11 tarifa de 1842,
mas de q11i11ie11tos f11C'ron suprimidos 6 notable-

no subieron á mas de 5 schelling11.
de que gozaban los manufactureros, á quienes los

mente redncidos.

propietarios territoriales acusaban de no qnerer

El proyecto de ley conte11in al mismo tiempo,
en el intoré~ de la propiedad territorial, algunas

para ellos la concurrencia extranjera, mientras
que no cesaban de declarar que la aceptaban ba-

compensacion&lt;'s, en cuyos detalles no podemos

jo la buena razou, que no la temian. Desde luego,

entrar aquí; tJCIO que los principales tenían por
objeto: 19 Aliviar el gravámPII de la cuota de

en cuanto á la materia primera, la libre importa-

lbbros que ha snfriclo el partido proteccionista, y

los pobrC's, impidieudo que In~ ciudades mannfacnuerus ae desrmbnrazaseJl de los suyos con detri-

po despues para los &lt;lemas artículos. No quedaban mas que el sebo y la madera de construccion.

por fin, hace rncnnocer qne

mento de lo~ distritos rurales:

29 Los diferentes

Para el sebo, los derechos se rebajarou, de 3 schel-

queda entonces?

¿Qué os

Vuestras aldeas de bolsa ( Po-

ket-borottglis ), y vuestras elecciones de condado,
aunque respecto de estas todavía tendríamos alguna cosa que decir.

Mas admitamos por un mo-

mento que obten¡rnis por este medio nna mayoría
de veinte 6 treinta votos. ¡Cuál ~eria vuestra situacion cuando os oncontreis enfrente de los representan ics de L6nd res, de Lancashire, de Yorkshire, de Cheshire y de todas las grande11 ciudades
de Inglaterra, de Irlanda y de Escocia!"
El orador enumera en seguida, todos

1011

deaca-

mitad. Por lo tocante á las semillaa, los derechos
Solo rrstaba el snprimir tambien la proteccion

cion existia ya en la tarifa de 184!, y poeo tiem-

C8(0

partido tiene eu

contra do ~í, la opinion ¡,úblicn.

No! no! escla-

gastos de In admi_nistrncion local de justicia, así

mnron los torys. 1 ¡Có1110 no? replicó Cobden.
¡Qué será necesario para que cr,mis en la poten-

como la compostnra de los caminos, qno antes pesaban particularmente sobre In propiedad territo-

cia de la opinion pública1

rial, se cargaron á la C'uenta de Jo·s gastos públi-

lings 8 dineros, á l schelling 8 dineros; y para las
maderas de construccion á :. En cuanto á los derechos de los productos manufacturero■, se 1uprimieron todos los de BfJuellos que 110 pagaban sino

cos del Estado.

Por lo dem11s, IR propiedad

el 10 por ciento, y se redujeron á la mitad los que

territorial en Inglaterra está singularmente fal'Orecida, por que, prescindiendo del i1lcometar (de-

pagaban el 20 por ciento. Tuvieron igual reduccion los coches, los sombreros de paja, l~s zapa-

dtn una manta?

S,•rá necesario que os

( TfTill you be to,serl in á blm,kell)

¡Qué será necesario hacer para convenceros de

que la nacion no está con vosotros?. ••• Si tuvié-

1

�</text>
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                <text>Fondo Historia</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Carta del Sr. General González</name>
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        <name>Ejecución de Maximiliano</name>
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l

¡
Tomo L

MEXICO.-Viérnes 20 de 1Setiembre de 1867.
ññiñlñ&amp;ie

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Fíidrt+ G

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Núm. 9.

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r . . - r ..

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1-cl!í·U ,..,:.,. ·,g:,t:1í-¼sr1mc Ms

•1

,

1

PERIODIOO

-----------------------LIBERAL-:,.
OANDIDAT!!.JRA_

---•---

Los comunicados y avisos se insertarán con
la rebaja de una cuarta parte de lo que cualquier otro periódico lleve por su publicacion.
Los eusoriiores lo recibirán en sus casas.
El precio de la suscricion será de seis reaLas susoricioneP, comunicados y anuno!os
se
reciben en la redaccion y administraoion
les para la Capital, y un peso para lo• forádel Continental, calle de San J os6 el Real
neos, franco de porte.
núm. l!l, y en la Librería del Br. A guilar y
~·Cada número suelto vale cuartilla.
A. los repartidores se las dad. á dos pesos Ortiz, calle 1~ de B\o, Domingo n~ 6·
el ciento.
Este periódico se publicará todos los dias

Presidente de la Repnblica,

á las siete de la mañana, excepto los lúne1.

O.BENITO JUAREZ
SUPREMA CORTE DE JUSTICIA.
PRESIDENTE.

C. Sebastian Lerdo de Tejado.
MAGISTRADOS,

ITINERARIO

l? C, Ignacio Ramirez.
2? ,, Mariano Y afíez.
3~ ,, Guillermo Valle.

. le los Trenes entre México y Apizaco,
DESDE EL l? DE AGOSTO DE lB67 EN ADELANTE.

TREN DE MERCANCIAS.

4?
5?
6!
7º

'

:a:31111'.:a..sa..

Sale de México
á las 7
de la mañana,
,, Tepexpau, ,, 8 15
,,
,,
,,

,,

La Palma,

,,

Apam,

,, 10 39

Soltepec,

9 24

,,

'
1

I

,,

,, 11 30

¡

,,

Llega li Tepexpan, li las S
de la mal!ana
,,
La Palma, ,, 9 9
"
,, Apam,
,, 10 24
"
,, Sultepec,
,, 11 ló
"
,, Apizaco, ,, 12 21

"

12
1
2
3
-5

"

30 del dia.
36
37
" 1

Llega ÍI Soltepec, á la
,, Apam,
La Palma, "
" Tepexpan, "
" México, "

"

52

"

00

"

EL TREN DE

t

8?
9?
10~

"

-.r~:a:c~..Ja..-

Sale de Apizaco, á las
Soltepec,
" Apam,
"
" La Palma, "
" Tepexdan, "

"

"
PULQUE.

1 21 del dia.
2 12

3 37
4 46
6 00

"
"
"
"

,,
,,
,,
,,
,,
,,
,;

Mérico, á la 1 30 del día.
Tepexpan, ,,
2 40
,,
La Palma, ,, 3 44
,,
Apam,
,,
4 33
,,

::lale de
,,
• ,,
,,

Soltcpeo, á las
Aparo,
,,
La Palma, ,,
Tepexpan, ,,

Llega á Tepexpan,
,, La Palma,
,, Apam,
,, Soltepec,

Si entre los elegidos no se encontralia

' un gran número de propietarios, agricul-

?,

f

·

SUPERNUMERARIOS.

1! C.. Luis Re villa.
2~ ,, Manuel Saveedra.
3~
4°

,, Francisco Guerrero 'Moctezuma.
,, Cayetauo Gomez Plrcz.
FISCAL,

li las 2 30 del día.
,, 3 34
,,
,, 4 48
,,
,, 5 30
,,

C. José Maríi. Herrem y Znvala.
PROCURADOR GENERAL.

-.r-.:.J"~~...s...-

3
de la mañana. ¡ Llega li Apam, á las 3 36 de la mafíana
3 46
,,
,, La Palma, ,, .( 43
,,
4 53
,,
1
,, Tepexpan, ,, li 43
,,
5 43
,,
,, Mc!rico,
,, 6 ~3
,,

/"

C. Joaquin Raiz.

·•

EDITORIAL.

ELECCIONES_
NOTICIA DE LAS ENTRADAS Y SALIDAS DE CORREOS EN ESTA CAPITAL

Se acerca el momento solemne en que
el pueblo debe ejercitar el único acLo di0 8'.l ui ¿¡). 0 ¿¡). 0 ..
recto de soberanía que le es dado ejercer
JUEVES.
SAB.ADO.
MIERCOLES,
DOMUIOO.
LUNES.
MAR'l'ES.
- - - - - - - - - - - - l l - - - - - - 1 - - - - - - 1 - - - - - t - - - - - - · - - - - - conforme á nuestras institucionell. Acto
Puebla.
l_;'uobla.
IPuebla.
Puebla.
!Puebla.
Puebla.
Pllobla.
~ •
d d
1
·
t t
lorizava.
Jalapa.
Oajaca.
Orizava.
Jalapa.
UillCO en ver a , pero e mas 1mpor an e
Oriza-va.
~•lapa.
Aparo.
Córdoba.
lc6rdoba.
Apam.
~pam.
lc6rd oba.
Oajaoa.
en la vida de las nacio!Ulll representatiVeraeruz.
Apizaco.
f._pilaoo.
Veraaruz.
Querétaro.
Veraoruz .
IA!)izaco.
Aparo.
C. Hidalgo.
Oajaca.
c. Hidal¡¡o.
c. Hidalgo. J.pam.
Goadalajara.
vas. Por él deposita el pueblo su confianApam.
l.Pachuca.
IPaohuca.
J..pizaco.
Zacateca,.
A.pizaco.
IPaohuca.
C. Ilidalgo.
ITuiancingo.
Apizaco.
~Janoingo.
Querétaro.
c. Hidalgo.
s. Lui, Potoal. za en un reducido número de personas,
C. Hidalgo
QQerétaro.
S. Luis Potosí. Pachuoa.
P. Matl\moros.
Paohuca..
Querétaro.
Toiuca.
Guadalajarn.. IPachuca
óuadalajara. IP. Matamoro, l'rulaocingo
para que en su nombre elijan á los que
Q ■ erétaro
Za.ea.tecas.
IToluca.
Querétaro.
Coautla.
Zaoateoas.
IToluca.
s. Luia P,,10.r IToluoa.
Cuautla.
roluca.
durante el periodo constitucional, hayan
P. Ma.tamo .. ,~. Mo:celia.
.Morelia.
More.lis.
Cut'lrnanoa.
Toluca.
Cuernavaoa.
Cuornavaoa.
de representarlo y de regirlo: difícil emCuautla.
_ _ _ _ _.!.__ _ _-..!.===--'------'------'-----..:...---'
presa, espinoso encargo para el patriota

m

Puebla.
Orizava.

AUERCOLEB,

MARTEiJ.

LUNES .

1

Puebla.

Puebla.
Jalapa.
Apam.

Orizava.

Puebla.
Jalapa.
Apam.

Veracruz.

Aplzaoo.

Apam.

C. Hidalgo

Córdoba.
Veraeruz.
Oajaca.

Apizaoo
C. Hidalgo
Pachuca.
Querétaro.

Paclluoa.
Tulanojngo

Apam .
A.piza.ca ..

Apizaeo.
C, Hidalgn.
Paohnca..
ITulanoingo.

C. Hidalgo

Querétaro,

Pachuca.

Gu&amp;d,alaja.ru.

Córdoba.

Querótaro.
Guadalaja.ra
S. Luie Potosí. Zneatecae.

Querétaro.
acatertis.
S. Luis Potosi. oluca,

P. Matnmoros. Tolnc(I..

ToluM.
Cuautla.

P. Matamoros.

tMorelia.
Cuerna vaca.

Toluca.
CuautJa.

SABAOO,
VIER:N'ES.
_ _ ¡_ _
_ __

ItlEVES.

Puebla.
Oajaoa.

Apam.
Apizaco.

C. l'lidslgo.
Pacbuca.
nerétaro .
. Luia Poto,!.
• 1,{&amp;tamoroe
oluoa.

uautla.

Paebla.
OrizavR.
Córdoba.

Veraoru:r:.

DOMINGO,

~-.b-,.-. -Jalapa.
Oajaoa.
Apam.

Apizaoo.

c. Hidalgo.
Pachuea.
Tulanoiogo.
Querétaro .

Guadalajara.

i!&amp;c11teeas.

rrol6oa.
ffiorelia.
cuornavaoa.

lloreli&amp;,
Juernavaea.

modados, sujetos en general 6 viejas .preocupaciones, afectaban desdeñarlas, y aun
veian con menosprecio á loe que en ellas
se mezclaban, y las masas poco instruidas, no conocian su importancia. Solo la
clase media conserTaba, por decirlo asi, el
fuego sacro, y tomaba parte en la lucha
electoral, en la. que se ingerian con frecuencia algunos intrigantes, que mas hábiles, acti,-os y atrevidoa, predominaban
y conseguian el triunfo.

Mariano Zavala.,
tores, industriales y comerciantes, se mur•
Ezequiel Montes.
muraba que era. imposible el acierto; si
;
l'ranc~co Zarco.
estas clases sufnan algo·en sus intereses
'
Ignacio Vallarta.
por los decretos del congreso 6 por lae
Manuel Gomez.
Francisco Gomez,!lul Palacio. disposiciones gubernativas, se unian á los
p:rwilegiad00;1 tron&amp;ban contra el sistema
Pedro Ordaz.

:a::=-:»..tS...

Sale de
,,
,,
,,

Y RADICAL_:

IN □ Ef:;&gt;ENDIENTE

CONDICIONES DE LA SUSCRIOION .

•

•

honrado, que penetrado de su deber y de
la responsabilidad que contrae, desea llenarlo dignamente.
El aciérto en materia de elecciones es
!la base, el fimdamento del bienestar y de
a felicidad de los puebloJl: desgraciadamente entre nosotros se han visto estos actos hasta aquí, con abandono y aun con desprecio. Las clases privilegiadas, esencial.
menteabsolut·1st as, ]as rech azaban, l osaco-

representativo, y proclamaban su destruccion, cua.ndo ellos, y ellos solos traian
la culpa de tales desaciertos, por su inercia y abandono.
Por fortuna creemos que ya esos tiempos pasaron. Abolidas las clases privilegiadas y desengañada la acomodada é
industriosa, esperamos que acepte los
hechos consumados, que adopte francamente y sin reservas el progreso y la reforma, y que marchando con el siglo, tome p11rte en la vida política. Sus esfuerzos, unidos á los de esas masas t111i" útiles como despreciadas, á las de esa clase
média, en la que se halla concretado el
saber y la ilustra.cion, burlarán las aspiraciones bastardas, y harán que las elecciones recaigan en personas patriotas y
honradas, á la vez que liberales y progresistas, tanto como lo requiere la época en
que vivimos, y cual lo exige la gloriosa
revolucion política y social que hemos
consumado. La gloriosa lucha sostenida
con la intervencion francesa, que tanta
sangre, que tantos sacrificios nos costara,
nos ha procurado en cambio una importancia política que ántes no alcanzáramos, y el conocimiento de nosotros mismos. Por largos años la detraccion cons-.
tante, hija de los 6dios de partido, habia
hecho que nos persuadiéramos de que én
materias de gobierno, poco 6 nada sabiamos. Vinieron estadistas y afamados financieros franceses, y ¿qué hicieron? no
enseñarnos nada, convenir en que nuestra aclministracion y contabilidad eran

excelentes, proponer medidas inadmisi'
'
bles y abandonar el campo vergonzos:¡,mente. Desde entonces comenzamos á
obserTarnos y hacer comparaciones de
nuestra situacion política y administrativa, y hemos encontrado que ' ~ntre nosotros no )labia esa supue~ta ignorancia,
y que estamos mas adelantados de lo que
creíamos. No es, pues, á la falta de saber á 1a que debemos achacar nuestras
desgracias, sino á la de juicio, á la dé
désinteres yde abnegacion: tenemos l1ombres capaces· é instruidos, busqu~moilos
y confiémo~les nuestros destinos.
La importancia de los futuros poderes
generales, especialmente la del congreso,
no puede revocarse en duda. Le serán
sometidas no - solamente las vitales cues"
tiones de nuestra reorganizacion política,
de nuestra reconstruccion financiera, la~
que tiendan á consolidar las inapreciables
conquistas que en la vía del progreso hemos alcanzado, sino 1a aprobacion de los
tratados de amistad y comercio, que probablemente tendrán que celebrar de nueTO con nosotros las potencias extranjeras, que los rompieron, ya ingiriéndose,
con mengua del derecho internacional, en
nuestros arreglos domésticos, 6 ya desconociendo al gobierno legitimo, y reco
nociendo al imperio que pretendi6 impo
nernos Napoleon. El acierto en esta
materia es vital para nuestra naciente
industria, para nuestro comercio, para
nuestro modo de sér con respecto á las
demaH naciones: es preci•o aprovecharnos
de nuestra ventajosa posicion que hoy
guardamos, todos los grillos que nuestra
inosperiencia nos impusiera. en nuestros
dias de vida política, cualquier¡¡. error
seria de consecuencias trasce!ldentales y
de dificil y dilatada reparacion. Tratemos pues, de que la cámara corresponda
á la alta comision que se le confía; pos
pongamos ante el interés de la patria, los
nuestros privados, nuestraa .rencillas
aspiraciones, y solo pensemos en los ho~
bres dignos de representarla. El próximo
dia 22 deben comenzar nuestros trabajos:
á este propósito, los electores son su prih
cipal, base; procuremos, pues, escojer ciudadanos c¡ue !comprendan con acierto su
mision.

r

M. Perez.

-6-

-85'

.

mente reverenciadas; el cul'so de una enfermedad

DISCURSO
l'RONUl'l'C[,\00
I'QR. EL

I

reses de la sociacion.

Igualmente se sabe que el

depende de una reliquia; el sonido de una cam-

ilustro Líguero ha rehusado entral' en el actual

pana pone en fuga las tempestades; cada rincon

ministerio Whíg; y que dt,spues de haber viajado

vestiglo, gada ruina ?u nlma en pena, y

por Francia y por España, recorre en este momen-

pasa en cada ráfaga del viento alg1rn gemido mis-

to la Italia, en empcra ele las circunstancias que lo

terioso.

Los españoles, despues de una larga

llamen de nuevo, para vol ver á ejercer en su pa-

vacilacion, no nos concedi1Jron el alma sino para

tria el ascendiente mornlJ que tan rápidamente su-

exigir de ella cred t1lidad y respeto; el cuerpo eo

po conquistar.

tiene

Sil

el hombre servia para alimento de un voraz tra-

Respecto á su persona, Mr. Cobden es moreno,

bajo, y en la mujer estaba consagrado á los caprichos de In deshonra. :Se pl'ohibió á los cam-

delgado, pequeño y nerviosq; sus facciones finas y
su fisonomía pensátiva y tmnquila, con un cierto

EN EL TEATRO NACIONAL DE MEXIOO,

pos que produjesen vides, moreras y tabaco; se

tinte de resolucion.

LA NOORE

previno á los talleres que cerrasen sus puertas á

llame particularmente la ntencion: en su conjunto

los prodigios de la industria europea; en las cáte-

e~ mas agradable que imponente. Se admira uno

dras la inquisicion apagó la antorcha de la cien-

de ver que un hombre de tan débil apariencia,

cia para colocar su tea; la corona y los atavíos de

haya podido soportar tan grandes fatigas de cuer-

la hermosura caian desgarrados á los piés del mi-

po y de espíritu.

sionero; y aun en la misma cuna no contemplaba

cer en ocho dias una correl'ía de mil quinientas

imperio de los franceses y traidores, los ha visto

el espafiol á sus hijos, sino á sus colonos.

millas, y hablar en seis meetings diferentes.

insultar las glorias de nuestros padres, cuando e■ a

lecho de rosas dondo espir6 Guatímot:.,;in, p~ome-

raza de Almontes consagraba estos santos dias á

tia el último descanso á

ensalzar los placeres y ventajas de una tranquila

contento; pero en ese lecho dormía la venganza!

dominar á la voluntad en el intervalo de sus es-

lservidumbre; pero yacen fulminados los viles es•

Ella s_e estremeci6 cuando los Estados-Unidos

fuerzos mas violentos. Así le ba sucedido mnchos

C. LIC. IGNACIO
DEL

RAIIREi

15 DE SETIEMBRE DE 1867.

¡CONCIUDADANOS!

•

La indignacion de la patria, paaando sobre el

.

El

No hay nada en ella que

Se hu visto á

Mr. Cobden haEl

secreto do su fuerza dimana de sn extraña sobrie-

In impaciencia y ni des

dad, Y. de la feliz facultad que posee de poder
•

'

•

•

I

�•
l

2
paunndo testimonio de la escritura ú obligaci,on del arriendo 6 el recibo del inqnilina·
Secretaria de Estado y del despacho de Ha• to, y en caso de ser su propiedad los edificios, ó de ocuparlos á título gratuito, declaoienda y Credito Publico,
rando el nlqniler que comparativamoutc
SECCION III.
con otros de la misma clue lea correapqu.ta:
DF..RFOHO DE P.A.TENTF..
Art. 84. Igualoe, deelaraeiones delM¡rá¡
(CoDt!núa),
presentará luectmdaoiou ,\ que perteneshaú,
Art, 78. Pnra las indu•trias, comercios los que so propongan abrir cualquier est:&gt;y oficios comprendidos en la tarifa, el dere- blecimiento, giro ó tnller, ,in poder verificho propo1·cional consi•tirá en el diez po, car dicha apertura antes de estar provj.toe
ciento del arrendamiento d~ la cnsa babita- d~l do,¡nmen to de 'l"" trata~ artfoul~ oicion del contribuycntE, respecto de los quo guieate, comprendiendo asimismo est11 olili"º tienen despacho á la callo, sea cual fue- gncion ñ los que s~ trasladen de un punto
re la parte de la habitacion en que est6 el ú otl'O,
Art. 85. Uno de los ej~tnplareo de la
despacho interior, y dé los almaceties, tiendas, fábricas y derna• ·loeales deetínsdos al decl1rncion quedará en poder del rec&amp;llda~
ejercicio del comercio ó industri,., No se- dvr para los ob,jeto, que, JI, corresponde,,,y
r4n comprendidas para la valuacion de los el otro se devolverá,.¡ j~teresndo con exi!lquil!ii:es de las fábrica., las máquinas, úti- presion de la fcehn eu qn~ lo lrn prese11tRdo,
les, instrumentos ni demas medios emplea- de la cuota pja y proporcional que lo corresponda pagar y términos en que tl•bu
dos fªra la pr\&gt;duccion.
Art. 79. Para los giros indu~triales 'ó hacerlo. En los e,t~bl-écimi,mto!! nuevo,,
m4réknthos •ltnados en loenlée 'c,iyo al qui- , el plato para el pago&lt;:ol·~erll'&lt;le•d&lt;Í la fech1'
"· , ,
ler e&amp;tip11lado 6 regulQdó
mayor de cin• del recibo de la decltinicion, :
.A rt, $6. quaudq se cerr~re ~)g,m estu
co peoos y 110 exceda do di!'z mensull.les, el
&lt;ll!re~ho propo1 eioonl c'l!'mtirá en ~l cinoo blecimiento, sea porque~• le dipro punto,
'P?r ,ciento de) precio dfl arr,epdarui•nto. ó P'-..,rqne se traslade á otro lngar, el intcrofoa giros establecidos en. locales de al-' ertdo lo Bdreditartí e11 lo ~~ea,1daelón cou un
quileres qne no pasen de cinco peso• ni mes, derúfieaduéntnd~&lt;io,en papel oimple, de la
no pagarán el derecho pro\iorcional.
i aut9)·(dnd lpr,•1 ,~~ij. i11me(li"111, ►i fll ~l 11,Al-t. :81). Los alq1Tilere&amp; •e justificarfo ' gar hubiere vsr\~ ai¡toridade,. Todo el
40n)anscrit1irnl;ó tooibl,e'de! nnandamien- tie111l''! que dilalnre c1 o.v.iso, seguir:i cau_to, y e» $u &lt;le0,1·1&gt;1, ¡,or dl'C!•~acion del con- s:i11 do:-e la. C(lntri bucir,p 81.1 n 'cn11n'dó deBIJ,l~s
irib~yentc, feri¡~ud&lt;¡ lug~r ,esta m¡11na de : se acredite plé11Rme1,te la Cccl,a de la cl•u•
clarscion en el easo. de _qn~ sea pr~pietnrio .,,;.a n El &lt;¡Oé lrft•[&gt;..,e cnalquierk neg,,,.¡~1
1
dQ ·,a ti.¿¿~ rqne ~~1,1p~ 1 ~in J~rju.ício dü prq- ! cio:1 dé las •ojfJl!as, .. t. denchr&gt; d.e : patll'lite,
1
1
·• el ••recan~a
1 dor · tól 1·e,poniahlede.Jase,¡ntribucfo11e, ,¡ne ella
ceder
ñ, I» tnsacíon, cuando
c(tdsid'ere. quO aq_uC!l ·es mdn~r, tiué ~I t¡nó dcbiprc, aun cuando cn el oontrnto do tra,l.
corre,cp1mde.á lbs edificios y loca.les q11e •• pa;:o. :-e estip1·d~ lo contrnrio. ·
Art.
S7.
T.,Jn~
lni:1
nutorirlnrles
~stó11
en
hállen en CÍl'OlU1~ta11eia.o semcjanWP•'JI t
, 4,rt. 81, La · e2timacion ó ta~~cjon, Jf la mas e~tr&lt;&gt;chn ohligtH:it,11 de Prn\·eer á. lo◄
q¡1e_ t,ntan Jo;, dos artícu106 ~nteriore,, •,~ c~1nt1·ihu)'Chles, ini~14,•tl.i-1ru1r1ontt- y ¡.,tatis,
harÍl por do1'1 perito~, 11ombrado el uno por 1 tJ~ ,t_oUvs 1oi Joo11Jr1c;ut_qi:1 •1t1e les ¡iidio:-.eu
e1 co~trihuyentc y el otro por el recaudn'- 1 para acrcdit:u sus (.•::X.t:-e¡Jcio11l's, a~í c,)H+u eu
dor éligl~ndose •un tertern por la prime'ri 1 la dC p~·cotar ~u 11.uxiliO íi las ofü·innt- 1·(•cnu1
autbridaB política
c11go de discotdia, en , dadur:1A;para e1 nH:jól· de,5e111pei"ilJ ·a(1 ... ,;s

INTERIOR.

SECCION OFICIAL.

u,

Muchos pormenores ignorados de
,tr11•
gedia. de Quer,taro nos van llegando de 'Eu.
ropa. Ayer publicamos varias comuoiciLciones del bnron Ligo, cucar11ado de neg.,•
cios de Austria: hoy damos pnbliqiuacl 4
una del Sr. llooriks, que era eucargado de
,u,gocios do Bólgicl\. Esta GOllltrnicacion
está diríjida á Mr, Rogior, ministro de no•
gociOll extranjeros.
Lla11111do AQucrétaro por el iufortunado
visar 1a. !olcdad del n.ugnsto prisionero.
prínci1&gt;e, dfoo, tuvo qne disfraznrme pare.
Habiendo recibido M. de :Maguus nutorizasalír &lt;le Móxieo.
cion pa1·a irá 81\n Luis al lado de Jnnrez,
Desp11cs de habor empleado tres dias y
no estuvo mu que tres dias en Que1·Maro,
tres noch~i, en recorrC'r la~ i,;esonta leguas
y M. l•'orc,,t , i\ pe,ar do lo~ deseos del emquo separan 4 llféxico do Qucrótar.,, lleno
perador, so\o obtuvo· ¡ma vez clel general
del:, mayor aasiediad, log1·ó penetrar el 5
E~cobedo el 1/ermiso ile visitarle.
de J olio un J., c.'trcel tle i., O~puchfoa,,
.El fCStodo nuestro tiempo lo emple,lba
donde cu un apooento do di,-z y oeis pié1
m&lt;M¡ qn esC11erzós para B11lvnr la vida tlel ÍlJcuadrados, estaba ncostndo el emper&amp;dor
fortijn¡¡do ~l!lperack¡r. ,1,Rxpediamo~ corre,,.
en su cainn, vigila fo eón guardaA do 'Vista.
,\ todos l&lt;/8 geaerl\le~ jil¡ernlt•, AUe ,up,i1ú,1Una disenteria snnguinoh!ntn y una enfermos podían eseuclinr ]a voz do la humanimedad del )ltgl\tl9, dul Cllf:\c:Lsr nws grave,
dad; tli'tcutiumns la d~feu~a eon In~ ftb!l~R·
agota.bon sus fucrzns, y pru·ccian qnercr ri•
do.:s, ~n ta.nt0 que on S:rn Lui8, dot-1 de lo~
vRliznr con los h,1111bre:. 1 pn.ro enviar á la
defensores, do, eminencias del partidri litierra aquella. etisterl.cfa tnn •ercnu y tran\t&gt;rkl, 1,). Yt•i~o ~•·11,,f,ali1git• ·7 e Rr.
1 ,•ll'
quila t•n la. de-cgr.\cfá.
Martinez de ln T,o;rc,• !íestion,a.ban fºº M.
S.M. me red!bi6 con Ju, niue ,tra• de la
de },-!agnus cerca &lt;lol Gobier110 Hllpremo
. t ,,,
mayor sati,facci&amp;n y de la rnu, viv11 gratitud·
M. Dnnó, me hnbia entrega.do ·ul1n 1)orHacia veinte diaEi qne durnhn, su detencion,
cion de cartas para todo1 los liberalc-.,.[l
11in que un solo (..'O!"a,:011 runigO hnbiera po·
q11ienee babia sido útil durante la i1ite1•1'.endido acnt.lir H. '!o!tl Jln,fla11,ient,•, h1L -ta·que nl
don, va.rio:-; ele lo&lt;.\ cna.len 1 h8stAl le dcliia.n
fin llegamoy ,,1 b~ron de of:&lt;g1111• y yo,
Sil vid[l..
F.n la ~eeagrarlar1e ' Pooiei011 en
acompanad1' de """ ilefen.,,1r,s.
que lo.e cÍl'cunt-tancias co1ocnbatl al miu i~El bu.ron do Lago, J11cilr;;:ufo d~ n&lt;.'gocioi; tro de }'rancia, no penlonabaé,ta,meñio a}.

""ª

•

"'11&gt;••

ltls generales llfirnmou y ),[oj[a.
Hó aq11í 11lt·os pormenores cpie dal.Ja una
correspond011eia&lt;le México, de 25 rlc Junio,

reci hida por la Independencia Belifa:
Poco despues de s11 llegndn t\ Quor6taro
on Febrero, fo6 atacado el empcrador(le
nnn disenteria 1 que ee fné ngrnbando ~ra11te el sitio. Quince días antes del juicio
tmrp qu.o qnodarse en cama,yel din. del con•
eejo no ¡indo prcsentarso cu pcrson&lt;1.
L:, ejecucion se ,-orific6 en In plataforma
tlcl cerro de la Ü•mpann, atlonde c,intro
hombres hubieron do l1evar1o en nna silla:
Miramou y Mcjfo iban i\ su lado.
Cuando bubo llegado ni centro t!el cundt·o, ~) cnpitnn de la compai,ía , ncargada
de la ojecucioJJ se accrcú :\ ól, y le rogó n
le qnisii•ra mal r~ causa. 1lel 1wno&amp;o debe.
que e~taba obligadn :Í cumplir. F.1 empe
raJor l':) estrechó en sus Ü"azos, c11tcrnccieJ
. escenn.
' Á. todo el nrnndo: mucho.i ml
&lt;l1, estn

.

0

!

en

..

ciouarios civiles y militares, todos tiemblan una eacWl.dra á pedir el cuerpo de Max.i1W- el cielo lo íba.m.os ó. poner nOii&lt;lllOIO al ver
; /·por ¡.;u vidn., y temen las venganzas del par- 1ia.no, dice: 'lN o Se neceSi ta una escuadra al pobre cur.a Hidalgo tan mal tratado por
para traer una caja de muerto. La mision
tido vcnco&lt;lor. Una, .. e á estos los p~ricntes del conquistador de Lissa con grandes fuer- el bellaco del aut.or. Enamorado, peodouciero, ~ptico 7
.1Jt- presenta~
y allegados, y se comprenderá al terror y zas en las aguas mexicanas, no serviría m11B la ao1nec!Ja1 que la Wsto~ lfconoce y
9-ue para anunciar la intencion de cnstigat macomolombre ,1.,·pri,liJi, órtlen.-¡ ul\
(]c,p;olncion &lt;]U8 cm Ml'xico 1 rcinn.
n Juarez y (L sus partidarios. Deseminmos tt·a11111! ¡q116 tipb! 1qu~de,ílilace! S1ilnños
•
f la Joci·ia.]
de todo cornzon que hubiera modios para con que e1 cura tcnfa Ulll\ hija y un hijo, y
b
]
&lt;l 801, á
, ,
ochar mano á esas partidas que capturaron
•
proposiy mataron ni hermano de Francisco José/' que sona muqllo, y, 91'-e

En aquel mismo dia, {i las seis y cunren
minutos de la. maiiann., habio. sido pasado l ,
amporador por las nrmas 1 juntamente con

'
litares llornbnn.
Miramon y lft.jía habinn !-iJ1, senten&lt;·i:idos, como traidores, á. r,;cibir In. mlterte
)&gt;ot la 1,spalda. Maximilia11,1 dcbia recibir1• f! fronte, y pidi:, como un 1itver 'lºº 1101
le apm~h\ra.n ;\l rostro, parn no a.u mentar la
p,~1v1. de sn _ml\flr,3 1 quo 'JUerrh contcmplarl00por J~ 1úÍÜm,; vez. E.to tieso,, pint!oso
íué. respetarlo. Permitiú~·ell' hrnhien morir ent.ro e.ne dos gen oral ~~, dJncloles l:L nu1.f
rw. Vriramnn, vuelto di: e~rald~, c?&lt;t:.ba ií
~n derecha; Mejfa á ln hq11icr .J11: Pl ,1 mperndor, mn.s alto que ello~, Jo~ dm11in:tba
entra.mboi:,; vc~tia complt!l:t111P11to de negro,
do ..A.n~tria, y MI'. Curtopn,si, encargado guuo pum secnndarnos. El emperador, que
y el frac, abrochado, tenia en el lado iz'·
de uegocfos dl· I~íl.li;~, nuF, sr~nhi11 d.c ct--rcn.. lo supo, me ctrnn.rgó por ctlforentes veces &lt;¡nierdo una placa de plata cincelada: su
rl miui""tro Ju Fra11,:fo., ,411r:, no habia podique le diera ls.s inas Tivas gracias en su sombrero, de alas m1ch3s á fa moxicann,cudc, °'!ir ,d e Mhico, :i pcs:u· ,te, todos HUij ••· nombre.
bria HU cabeza.
fuerzos, lial•ipl- micn.i-gado a M. F_fll'CSt, &lt;:Ón•
El 14 de ,Tnnio, pocas horns antes ae pro:
Despues de h11.cr,r fnego y dii,;;ipado ol huf..nl d1• l·~r:lllci:1 P 11 Maza!lan, yue fu~sc
nuncin.rsc 1a senteilciA, en el momento e11 mo, Ee vió que el cm¡ierador l11lbfa C"aido de
tnu1bien á. Qul!r(!t:.iro, é hicie:;C todo cuanto
que MM. de Lago, C11rtopassi, Forest yyo, espaldas y los do; go11eral,·s lücin adelant~
hn111ammw11te t'uera. po::.ib!c para balvnr al
no:3 dirijh\mos ni tribunal, n0$ detuvo un Mojia era el único que 110 ~e movia. El em~
cm pert1.llor.
coronel en la c,1lle, y nos condujo JI presen- perador agitaba violc11ta111e11te la~ picrnnf',
1
Renuncio:\
dcscrihir
la.
blllocion
que
sentí
obligllciuneti."
,
1f rru
1
ci11. del ~cneral conrnndante de Qufilr~t¡a.ro, y la cabeza sa muda Je un lado:, utr ,: Mir1t'yo caso&gt;&lt;&gt; fijará Já cuota del arrendo,
:il
ver
la
trauquiliJnd
y
la
resigua.cion
de
o\ cual 110" intimó ,¡tw teniamo~ dos lioraa ramon habia Ca ido algo en ll in.gnnal y sus 1
.Arl. S8 . . füda, graduaciou de 1,,s cuu
miento en el promedio &lt;le lastres tasnci.one11.
S.M.,
&lt;1nc
C!ll1Verti6
co\11nigo,
.
como
.,tr11.s
pnrn ~slir de tu. ciH1hd. f.:1 coronel uos en- pi(•s casi tocab~n al 0111pcratl,1r. El sargcQ
cur.;&lt;•~
du
i,c1·0"'1orl!tt
te1
►
d1·,í,1
p1·eíe1·.-11tQ
111
Art. S2. Lo•gastosdo é,to.s se coste&amp;rán
vecel!PU
el
p1tlacio
de
México.
E6ta
prÍ•
tregó en ::-egu i iln. 11 ucstr0:i pu.~nportes, af'ia lo que debí» 1·em:ltnrlc tuvo qua pasar por
por el contribuyente, cnando por ellas se gar enh·o lo::; i11$tru111cntos vrivadu:,, In ... li -,
mera
entrovh,tll
duró
corcu
de
dos
ho1·tlt1.
tliend11: "qne oi llegiL1u1 o~ ·í. v,•lver, seria- 1,:ucíma &lt;lel cuerpo pnra cumplir su triste
s.
1 letras d~ c:unhio, Yal(•s y ¡mgar~_
fij~ un alquiltr mayor que el que re~ulte de 1Jr1.mzas
1
u
Me
hn.n
lucho
trnidon,
n10
hn11
eugai"iado
'
1
•
'
•'
ck1Jl'd n111c11te l 111 l&gt;~l'
mos füsilados.'' N1'.l ae
il&gt; razoe nlga- mision. Le tiró IÍ la cabczu, cnyos movi• loto. documt:11l11s
prui-eutadus por cli
y pur
la 1 cuyo •t,Hwr jnshlicnrc
'·
y
riihn.do,
me
repitiO
por
diferentes
feceK
_
11~ cl,e •~te acto,y solo. pt1Jimos explicárnos- m1entos ce~::iron; pero continuaba movieu_
''1'ecaudncioll/ c,1a.ndo el resultado 'de h{ ta~~ pagado dr.~·d e 1~ J1~ F.neri1 ,le1 afio 1p1e cur"el
e1nper11d&lt;,r,
nm
:icento
de
ln
1T1syor,
lo por una rccolo~n. deg('onfinnzn. de la auto- dv las piern;s. Como 11ingu11 eolda&lt;lo tese,
y
tc11cr'
c.•ft
c·•,tricntc
Cl
r
dcr~cl10
do
11n.-1
u.tñon sen igual ó menor que el de dicl,os
"tristt-7.a,
pt1-tu
ein
que
nunt~u
!JU
ól
recoilridad. Tuvimos que ('l'llcr :í. l:J. intimacio11 nia el nrm1. cargada, el ~3rgento h11l10 dq.'-'""litdecm:neotOE..
,.
''t tunto tot.fu,18.do 1"1r )~ t&amp;-rifR 1Í ius e~crHot-Ínt-i ·
"
vci1cion,
y
-:1
ti11
11t
1iido
ve111lido
por
once
y
qne aLandonnr A una cr111·I i,;oledad, con ,·olver R cargar; pero estnhn tnn aturdido
.A.rl. 1 83, fa¡ el curso do! 111cij de Mauo y cai;i dontlo 10 hac~ ol uiJoo·Jo lotrn..i 6 ue1
11
,·~1.ll•~,
luu·.i\t11tlü
alur-iu11
!i
la
tr:tieiuo
~r
d cornzon trtu-pa--ado
1le. dolor, Ql infortn- ,1ue no n.ccrtabn, y pnra. hacer fuego tnT"o
.,.-Ó?:imo, tod,,s los conlribtt~·e11ks cou,p,r•n godvri' ti~ ba111-...
,
(
la
que
[11é
t\nirc.~tl11
Ju,
ciutlaJ.,
i.:n
&lt;lornlt.:
-e(
11ado
ca.uti;tO,
llejil11doh
~in poderle_dar el qne, tirar la ha(p1f'ta al sne)(l, porqne no poArt 8 J.. 1..CJ:t cµmpnm&lt;lit\n~ ~11 el p!lgo.
didos en esta ley, presentarán á la recauda1
1
1
emperaclor
lt;chaba.
hcr/,ira111cnt1~
lmciu·
doEJ:
último adi~.
&gt;
"·
. ·1 &gt;uc1or1t:1
·
d'irec tas respectiva,
'
d~ este &lt;lcrct·hv 1~(1nnv1.u·1h1 4·a.d~ ano ::;11rde·
día colnca.rla t~11 sn tiitio. En seguida todo
c1on d'
e c.ontp
J
'
Unanrl1) 1le¡_{amus al cmnpa111tmto del ge- ncabó.
''una declaracion firmada y d11plicrula, ~•- cl:u:u;Íoneii, 11re~Pntlwdr1la~ :l las r&lt;H!]h?C•ti- mc~es co11 6,000 110111 l1rc:3.
ueral
l'orfuli,, l)iru&lt;, reeibimos una Óltinia
' qniuce 1,ri11icros
'
vns rt.&gt;Cnncln.1:ió11es en lo~
S. M. {repitió t·n ~gl!i&lt;l:\, sonríérn.li,oe,
Crcíl 1Jne ln mayor parte de los habitan&lt;lrihl en i,aµel ,impl.,:, que exprese:
'l~ , El•nombrey domicilió «.lL•l contribú dias del 111e!-I clo TJiciem hn•, pnrn 1j11P l'or- e1:it1.1ti po.lahr1\t; del 1'6J' cnba11ero: "Todo se frase del augusto prisionero, qno nos anun- tes de M(Hico son masrepnblicano~que morn6ndose con elln~ nn m1evo padron, se h• perdido, inenos el honor," Habló ciaba la muortc de la emperatriz, ~nmor nárquico~; pcrq PI i-cmtimicuto cansado por
yent!',
,. ,
2~ La in&lt;l-o.stria, co111erciu ú uticiu 1111u j1ractique con arreglo á. él, en ol nnn si- 1nucllo tan1bit11 de Enrova, de 1m familia, que en efecto se lH\Li~ ,lifundido, y nos en- la muerte clcl crn¡wrndor ha sido general,
guiente, en ~l cobro tle la rnii:inrn contri del rey y la reina, de lo• belgas y del conde viabn las gracias al mismo tiempo que eus porque ~f:n.irnilinw1, eotno hombre, se ha~
ejerza.
,
,
l.Jia gro.11jendo lllti :.-i mpatfo~ hasta &lt;le sus ad~
do l'ln11dcs. "No me atrevo ÍI escribir á últimos deseos.
· ~• La sitnaGion tic los edilicios y localc, bucion.
Quisimos, 110obBtante, intentnr un esfuervcrRarit~R. El'a tan afable en su trato, quf
en que se hallare la intlnstria, comercio 6 , A rt. ~O. Los q lle uo prese11 h¡reu sus de- ~' mi madre, ni á Ja emperatrfa, decía., por
zo con los jefes del ejército de Oriente pa•
t111ler, con igunl dcternilnacion de las loca- claraciones en los ' tér111hws que previenen "temor de cansar di,gnoto á estos dos 66re•
se gannb!I. lo~ t·orazones.
,n hacer qne t&gt;poya$e11 un recurso de gracia,
lldades'que o.;,pél1 loS..Jmaceucs, bÚt!oga•, lo~ arts. . 88 á 85, seriín multados con mia. "tan querido1,, 4110 nunca me Jo lian dado
La muerte del emperador 110 es por des- ,
tr:ismitido :í San Luis por los defensores del
trt,aticndas ú otra cnalquicrn dependencia cuota igna1 !Í 'in que lrs corresponda pngar "1\ mf, y luego, seria una crueldnd dejar1os
grncia
la última palabra de la ~ituucion.
emperador.
di'). gir,,.
, ,
' e1\ tm t~tc.-io, L&amp; 1ni1nns nit'llta Eié exigírÁ i. " en duda: por lo domas, mi confesor le&amp;
Ya se l,abia11 dirijido á Juarez pcticio- CU3trocientl\s ó quinientas pcrsoirns de las
f~ La situ:ic¡on µe •11 .~asa habitaciou) los que omitan dar el t.Yiso , prevenido pbr :, ha eaeritl, p11rn pr&lt;'pararJap, 11 DnrR11te Jles rle esta clase, entre otras, por ]os arte- primeras familias de iréxico, están comprocuando ~u establecimiento sea interior y no el art. 86, sin perjuicio da qut&gt; les C/Jr'l'a la esta conversacion me tomaba el emperador anuos de San Luis y por las viudas que ha- metidas: los treinta y ci11co do la comision
expuesto allpúblico.
contrHiucion, haa~ CJUese •~•rigi!e la cl11~- las mano• con frecuencia entre las eu¡ns, 1 binr perdido ~us maridos en ]a lucha p.ontra nombrada por Forey al llegn.r; fo:-- Uo:-:cien•
me mostraba &amp;u agradecimiento por hnbcr el imperfo. Todo fuó inútil.
b! Los alquileres de la casa lrnbltacion sura del giro,,
tos quiuc,i individuos de la As,unblca &lt;l"
r¡I
1
r.
(Co11t1noar,.)
acudido á su lado.
de qne t,atael párrafo anterior y de toda, las
El 19 pór la tarde nos llegó la fatal no- Notables que proclnmaron el imperio; 1.os
Como por un c:1ceso de precaucion, le ticio.
localidadesáque ,e refiere el tercero, acomconscjoros do F.stado, miniistros y alto11 fun.

•~R

•

Sobre la muerte de .Maxi111il1a11¡11,"4' J

habían quitado aquel dia 111 médico y ,n
ayudante de campo.
Ofrocíle q ne computiri~ &lt;:JLativerio, si
ule lo pcrmitian, para c11idaflq; pero me
di6 las gracias a&amp;\ctuosa.ro1mte, ~ki[.nclome
qfle tenia cnsi In. seguri~ad. dc,,q(e' le volyieran sn médico, y qne .lf&lt;I podinlfrle mas
Íltil por fuera.
Por espacio do di.ez -dia. Cní en toclo,
ellos á los Capuchinas, pasando cada vez
varias horas ooR S. M.
}.~ de ~f, Curtopassi y yo, nos íba1u¡,~
relevandó en noMtras vieita•, á 6n de

'"""ª

1

'

.

3

ª

EXTERIO}:t.

pe¡¡, ¡es estp ~ . posible! Por otra parte,
¡no lrnbriu t1111ft1justicii.r barbnritlad en
bombardear 'Ú Veracrnz y castigar a.sh,or
Opiniones de la Prensa Europea y Americaaa el asesinato del Emperádoi, á una ciudad
9.00 ha pormautcido si81Jdo fiel al imperio
sobre la cjccueion do Jlaximiliano.
]aasta el L,ltimo 1¡10,ne11t0;J ·A\lst.ria etondejcoNTINlJA.J
rá sin &lt;luda alguli:l, Jo mJm~ que la f'ran-11! Times de Lóndres del 8 dedica un cia, lo que la prulionciao-lcodl;eja hacer en
lnrgo nrticulo ,í lamentar :í Ma1imiliano, á lns presentes circunttancias, 6. saber: dejar
' echar la en lpa de sn muorte al partido cle- que los ambiciosos l:ladi1d9re, del mismo
rical, (1 dofeutlor hasta cierto punto la poli• Junrea emprendan Ta •~r:i dé en.sti~rs¡,
tic a de los francmcs, y á l1euar de imprope- u11os á. otro•, y se dogt,.elllin rlifiprocamenrios t\ fos moxicanoi:; que no creo hayan pe- te hastn cxtcrmiullrec ·en m1!\' eangrienta
leado jamas sino por proyectos de robo y no anarqufa. ¡Oh Dios! y ¡por qué no adoptade pntriotis1no. Al mismo tiempo satiriza. mos un poco antes esta política. ro.spectd de
runnrgnmcuto :t hJS EotaUos-Unic.los por ha• Junrez y sus cómplices!
Tra&lt;l11cimos del News de L6ndres del 10
her prestado apoyo &lt;i los libernlcs.
de
Julio: "Ea muy fácil fundar!&amp; disculpa
-El Jou1·1&gt;ctl dr•l Ha1'f'§ del 8 publica un
do
lo
que hablan ciertos contempo?áneoe,
~ editorial llamando la aténcion ,obre la fasobre
la decantada ejecuciou do Maximicil idat.l con q uc lns franceses, sin auxilio do
los mexicanos tornn.ron r, Orizava, Puebla, liano 01~ las te1l1iblca exagera~ones conq_11e
MMl'co, Jnfapa, Gundalajara, San Lnis Po- varios npland~ oténsayo de'Napoleon III
establecer en .&amp;lbict&gt; un imperio. Estos
1,ir, Za.entecas, etc Celebro. los hechoa de de
periodistas
se figuran que con clasificar á
armas do la divi~i1lll Duai, y~(L li entender
J
unrcz
de
sal
vajo y asesino, lo sentencian á
que la política de llazaiuc no füé hf,hil.
la
execraciou
del mundo civilizado y de la
En la c:í111:1r,i ,lo los Loros ingleses el 9
posteridad,
y
11
aman al gobierno de los Eo,
do Julio pregunt,, Lord Stzatford de RcdIndos-Unido,
y
á todos los otros gobiernos,
clifl'o las uot1cia.s oficiales c¡ue se tenían sopara
que
cnatigueu
al hombre que por fin
bre ln muerte de llnximiliano, :\lo que conha
logrado
triunfar,
limpiando
[in cleariniJ]
testó ol con do tle IJerhy, 'l"" lmbia recibido
el
hemisferio
occidental
de
un
ejército in1111 telé~rnma de París que no doj!iba la
vasor
y
de
una
monarquía;
y
á
entender
de
mouor duda tlol hocho, y t1i1mos de leer
estos
gentes,
la
historia
aceptará
IM
altera1 PI tcf(•grama qULi le l'OntU11ifalia Mr. Pnne, ciones que ellos hacen de la verdad, admidijo:--" Scñori.::s, .tobo mmufeatar q11e comparto con VV. SS. el mismo seutimiento tiendo sus declamaciones como una scnten•
• • (11ei1ales d6 aprobacion) por esfl~ cx1remada- cin irrecusable sobre los procedimiento~ de
1r1ente inoeee;-,nrio, cruel y bárbaro asesina.~ que es el último y mas lamentable ol que
to qna debe de,pcrt,,r horror en todo el tuvo lagar en el trihunal militar de Queréinundo civilizndo (n,Pl"uso,,). Es un a.sesina- taro. Sin sorpren&lt;lernos, pero no sin ~entit,&gt; pura.mento y nu otra co:_¡.a, y lejos de pro- miento y ve~güenza, vemos que los diarios
ducir rcsult:i&lt;lo?-- hcnú:ficos 110 hace mas (JU8 ingleses siguen lo veracidad del Moniteur,
,u11ne11tar lat1 mistria~ &lt;.L, fl ue e~e desgra- y el Oonst,tu.t;o,ial y la Patrie en !ns e,etc.
1·iado pa'a hn , ido obj,·to durante tantos presiones de rcmvrdimiento,
t,
(Conti11Uare.)
afio3 1 y cuya~ midoriut&gt; es mn.r pot:iible cont.inunrán repitit'.,•1Hlo:..e p:,ra mengua ~uya. en
1111 lar~Q porvenir, etc.
· .
1
REVISTA.
-•RI vizconde Stra.tfor pidió quevronun' ciase el gobinruo una opiuion sobre el ¡mrticulol'.
,, 11
,
¡ or dónde co,ncnzaremos, y qué direSegun ol Oua,·clian de J\fsnchcster i,ban mOlll ¡Heni'l" de hablar do la convocato:í. provoco..r:::c t.lcbute:-. ¡,¡obre lo~ acontuci- ria,,; de eleoc1one,f ;Pondr~mos sério el
rni-0utosoc11rri•lo¡; un }Il·xioo recientemente. iostto'jiara contar lns desgracias de los po~fr. Otway prese11tará un:i propo,icioo pa-, brecitos trnidoresf ¡Hablaremos de ln,ra quo nne:--trn rninh,tro lir. Scartell, so re- drone11, (que hay bastantes) 6 de adrninistire clo la miEion i¡uc t!osompe!ln p~ra de· tmciou de justicia, que no hay ninguna, -0
mostrar la reprollllciou con que este paúl ha do negocios que andan por las nubes, ó de
miratlo la ejccncion de Maximiliano. Dice• aspirantes á empleos, que abundan masque
se quo Lm·&lt;l Stanley se opoi1u ú que se d6 el cll!Arro en Enerof No por cierto: d_e
csteJrnso ...• Se salle que la rejna no está nada de eso lrnblarcmos, porque queremos
por cmo:)trar sentimientos hostiles contra desarrugar el ceno siquiera sea ,ma vez por
los l'cpublicanos &lt;le México, pues ella está semana; nos &lt;liriji.remos &amp; las bellas, á e!!IB
i Uie11 von.ad:i. cm los prineipios constitucio- encantadora mitad do nuestro- s6r que so
nales para tolerar que se confunde. la sim- ocupa siempre de dulces frusleríasJ que ei
pntÍrl que siente por la viuda do Maximi- mata es de amor, que si conspira es á haliano, con el conocimiento del desacierto de' cernOB felices, y que si forma rebeliones es
b conducta de éste, y lo impolitico que se• pn.ni l!llstraerse á la tiranía de algun padre
rin s11jctf\t' nuestra conductn diplomático., á q,;e no la pormite casal'se con el primer
los tl,•plornbles acontecimientos que 61 pre- moritol'io que la hace la ruecm, ó contra alcipit(1, La reina, como su astuto tío Leopol- gup. imprudente marido quo pretende motlo lam.e11Mel qua lwbicsc ido ti. J{é,,ieo y que nopolizar todo el amor y todas las caritlcsp1,es do haber irlo, le parece que fü mis- cias.
mo comprometió su breve reinado por el
.aa.Leis visto la~ moUas, nifln~ hechize,!ecroto ,lo Octubre ,le 1865 respecto de los r3Sf .Loe ve•tidos son idénticos nl traje de
prisioneros de guerra. Puede darse licen- la vírgtlll do Loreto; pero tienen 1n. ventaja
cia por un afio á 1.Ir. Scnrtcll sin c¡nc su au- de qu&amp;cou cuatro varas de cualquier tela,
¡;encin ln~ti1no los intereses de Inglaterra en se viste toda una familia entera y quo con
\ Mhic", y si en c~a 6pocn J u~1•c7, ha podido la. snccsiv:t Obtrcehcz no se necesitan enal'estabJ,,cer la formn de gob,erno 4110 110s- guas, y caminan 1ijcras como lns mariposns,
tJtros·habiam,1s rocn11ocido lrn~talS(H,c11an• y trns¡,.rentes como faroles de papel.
,Jo Sir Chnr\es \Vykc 'regrcsó :\ Europn, cuEl nrlor110 mn::. {i In. moda es 1111 liston qtt~
1
t&lt;mc'Cs t'~tarcm Ó:; en libertad tlu ncreditar llevan ol cuello, y que se lla111n: 8fgucme
nlg11n mi11ietro ccrcn tlel gol&gt;icrno de J\Jé- pollo.-Ni11gun,; hay que deje de llevnresa
x.ico. PcrO c¡ue colcl&gt;rc ~e~ion &lt;.•I Pnrlamen. esp~&lt;;W...de cartel de desafio.
to para p;ornckr ú juicios atiuntrn,t ni qno na¡II:ibois estado en el te~trt de lrurbidef
dn Yí\ ni ,·iono ;l ln Tn:;bterra., y por (\t)ÍOS1 Bien merecen aquellos adores que le~ deis
'
a·1r~l onrnticas,
' ' ' es estímulo; son jóvenes y estudian; lns dnmns
(1ue 11rnn t ar una~' J'.t~ l :;¡c1onc•s
cosa quo nó' cstú dh•¡ •ue~lr\ {i, favurecer ln. s.on preciosa¡;;, y e,i lo general 81-iCogén bof
mo.yorín. clo In c1í111m·n do loo Comunes.
nitas piezas.
Refiri(•ndoso los debate, de P"ris del 9 al
El fni6riiolli1;!,íltimó, ')'lort+xceptioa A..!:si
hecho de qne el almirautc 'l'egetholf iba ron regla, pusieron el "Grito de Dolore11;" e,f!
11
, •I
•I
1:1
1l

l

.
·._,
.

to do todo, qué lo 'mil;ln·o cm hoy qne ruaiiaoa, y qJJ.1&lt; se lo hablaba todo; y por tin el
urgumentf,, no ·llegó á s-: ya veremos
si paraotrnnoche, q~llno bdo sertotlodc
un golpe.
•
Os daré nna bllenhotiQfi, y es quo ol
gnlanto y~~•JJ&amp; espilJlllil
uardo Gonzalcz estnr:í nqul proniói cOll nn compnnín.
Trae una llaruaJll.e prhilcra ft10l'zn y un gil
lnn jóvcn quo es ol tipo do! pollo mndrilefil, BÍl!I COlllar otro~ actores,¡ !ICltfoes.
&amp;tq b'!eJl _Gonzal~z si lo dari vida d
nuestro ~ecn,do teatro.
' .
Tamb1en so auune,a la venida do una
compa!lia de ól!er~.
•
Asi, pues, be lis1mas merlcsnns, mientras
nosot~os JprestamOB ]\neslras 11rmJJS pnra
la lucha electoral, preparad vbsob-as traj~,
y fuires para concurrir á las ftest¡ls de la
aleccio11, que seaooalquieraqueqJ1edoelecto, siempre será un buen patriota, un liberal, un buen mexieano.--.M. Lópe• Meo ui.

2

G.A.CETTLT, A,

EL GENERAL ALATORRE
Y LA CO:NVOOATORIA..

y de

veces, que ni salir de un meeting de cuntro mil

Cal'eja, el ¡ay! do los vencidos, que, de din

personas, y despnes de un discurso de dos horns,

noche, no dem11.ndan piedad, sino vengnnza. ¡'Qué

no hay ya porvc11ir pnra él.

vieron á levantar su propia ignominia,

exilitc en Francia, no est~ sin cm bargo en lps
•

1

• f1

CONTRASTE.
Loba formado la coudncta &lt;le! gobierno
con la de all{unas personas muy marcad,..
por
opimones;9.ue h"ll cc¡rado sü llalconee el dia do la fiesta du..la ¡,atria. ~-odien á J uarez, que detelllefl (i-Porfiria,.,.i¡e
nos crean á todos los liborá'!"" unos r,lnrcbps, esto se concibe y puedo ser mn
·
¡íero_qu': ~•chacen le.indepeñilencia agan
una mv111ble protesta en favor do la domiP,1mori Corona.
naeion ,Y~• In oervidmnbre,· u,to s1 nos P"·
VHHllDENTE DE T.A nrrunr.tCA;,
rcfe crvumal. Los pocos p1~~¡~anns ¡¡µ~
lf ,.,
.:u , 1, •r
, . , ·d,
1..,, t:1111
·~brá11 y n,t plenaán; llt•libu 1qu\Jar )Írl
O. 110. BENITO J ¡UARB7..
yad,¡•
del agua y del f"ego.-(.(,,i Orrllle61a.J
11(J'1111111 f- O'llhf•, 'l ·
· • •1
, i
•
~ · \ n 1' ~
11 i I u

•

mas puro entnsiasmo agrupa en este recinto á 10&gt;!

aplausos, arrojarse en una cam!l y dormirse con

aquellos gnerrero,, que deede este lugar, cercado

hijos do Hidalgo, engalanados con recientes Jau-\

e) sueño tranquilo de 1111 niño.

entonces por los lagos, caminaron de victoria en

reles, para ~olcmnizar el grito de Dolores, repi •

cia, ser destmi&lt;lo.

victorio hastn sal11d11r con su macana al sorpren-

tiendo las mismas palabras del héroe, como si lns

Lig11rrns ingleses podían decir y clecian:

pende solamente de la superioridad de su espíritu

dido imperio de los incas!

Por eso cuando se

acabase de pronunciar en nuestra presencia, y

remos la abolicion de (ns leyes cereales, porque

y de la tenacidad de su carácter, sino tambien de

aproximaba la reparacion, los sepulcros

y las.rui-

como si vib!"lse todavía la campana de alarma

estas leyes son leyes de I,ambre, que forman

eu modestia y de la simplicidad do sus maneras.

que anuci6 á los invasores so esterminio.

mantienen

Completamente desnudo de vanidad, jamas ha ir-

nas, preseutaron á los españolea dos monumentos·
intactos; el calendario que encic¡ra la época mia•

ritado la vanidad de otros, y en medio de la en-

teriosa,

carnizada lucha de siete afias, no ha contraído un

piedra de los sacrificios.

solo enemigo personal.

Me habia propuesto al comenzar esta noticia

y,

ostentando geroglíficos tremendos,

la

Nndie vió en este descubrimiento ni una sentencia ni un anplicio.

La snpersticion y la codi-

abordar la cuestion de l11 Jibertad comercial, en su

cia trasformaron en colouia

aplicacion rPspPl'IO á la Frnncin; pero me falta

á las 11acion&gt;.!s aztilcas;

las

y

de la misma manera.

11 ,,

\lll

.

hambre, ni oponer una clase á otra, ni en honor

tiempo y Jugnr, y PI objeto es demasiado impor-

dres sino eutrc la~ sombras del engallo, como si

ratura, nrtcs y ciencias.

Cay6, y de su■ pirámi•

de los principios pretender establecer del din á la

tante para &lt;1ue ~cu aqní tratado de una manera

se hubiera desplomado sobre ellos un mundo so-

dea arrainada11,

y de sus templos abandonados en

mm1ana una concurrencia, que tanto los intereses

11ccesoria.

brenatural con todas sus quimeras.

Un teólogo

loe selvas, y do sus ídolos mutilndos, y do sus ad-

agrícolas como los indnstriales temen igualmente·

esquivo{¡ In clificultad, expresaré mi opinion en

representa la sabiduría, y el conquistador es lll

mirables recuerdos, y de cien idiomas que no se

Para ellos In cncstion se reduce á combatir desde

pocas pai11.brns.

viva encarnaciou del aerecho.

callan todavfo, y de los montes inflamados, y de

lnego la parte mas débil del sistema protector, y

~e apresuran 6 se retnrcl11n segun el capricho 6

las

actuales do loe pueblos, y que por consiguiente

los compromisos de algunas imágenes fanática-

mores, en una sola voz, tormento de Cortés y d5

playas mortíferas se escapan millares de ela:

~;f,¡,

. • ,r.

.

,· "

Il'.!./1'111 . c,-.-.111

.
r

1

fl

Los lib1·cR cambistas franceses no pueden ha-

sino imitando de los pueblos extraños, leyes, lite-

e■ enterameule contrario á todas las tendencias

ComanJancia militar do) t!istrit.o federal.
--Neeesit:\ntloso en esta ftscalia de mi car~ituadn c11 In comandancia militar del
&lt;Ii~filitd, al O. J uau J&gt;uerto, 'l ne fn6 anterior-•
o director tic] hospital militar
uimo, é ignor:'..t1dose su paradero
nto so le cita. para que en el término
e tres tlins con tadoa desdo la fecha, se pre·
.auto un dicha fi.scalfo .p~ra la prácti~
nu a diligencia judicial.
\ . M'éxi~o, S&lt;ltiettl\J'jl' ii)\tQ ~8itr.7'-.M~11\!\Z
R1 A lvare,.
. • • .4.[-1

cipio y en !itcltn, no In tememos.

.,

el sol de la realidod no ulumbro á nuestros po-

Las excitaciones

nBOALIA.

DE 1867.

mos en cambio la aholicion de todos los derechos

blar así,

Creo que el sistema prohibitivo

iª

~lllúndanci11 Militar del distrito .Fcde~-FjscnJfo..-N ecesit!Í°twl- 11 e~1r•llia
do mf c~rgoLsito en Jli..C!l_rnnudnncia
ll tartlel Distrito, al O. CotW&lt;lante Jnaa
ta IIernandez, para la práctica el ¡¡,,
diligencia judicial, é ignorándose su f'Ml!,&lt;lero, y no habiendo coneunido al pmffl!r
llnmndo, por •cgnndn vcf se le ,ita,-_
pinza, ,í fin de q uo C0IT\P.atllll!I" en dielia
lillCalla c11 el 1érmi110 de ocholllns, e
doa clc,dc la focha: apercibido que d o
verificarlo, le pnr,1rá en el perjuicio !Jqe
hn¡a lugar.
México, Setiembre 15 do 1867.--.Man
1l~lvarez.
•
4--

PRONUNCIA.DOS
HN Ll8 P"l:SfiVlDADES

estado ~-e cosas intolerable: acepta-

grado acercarse sus orgullosos conquistadores,,

Con todo, como no quiero aparecer

ANUNCfOS_

y

mos partidarios de la libre concurrencia en prm-

se á una altura de civilizacion adonde no han lo•

u

«Que-

las sombras del deatino, escapó durante muchos
sigloa á la codicia de la Europa; y pudo le,·nntar-

~

JOSR MARIA VlLT.A

Los

pr~tectores de l!l industria, pues nosotros', que so •

tbrmente.s de los mares

Redactor en jerc,

trabn e 1 de Inglaterra, y no puede, en consecuen-

escondido por

por

•

mismas cond1c1oncs que aquellas eu que se encon-

Cayó el imperio de los aztecas, que, abrigado

Por la gacetilla, lf. LOP.BZ.,.. •

DISCURSOS CIVlUOS

·

otra hErencia pudieron dejar á sna descendientes

El secreto de la fuerzn moral de Cobden no de-

"ª

·-

Aunque este sister1111

resonando en sus nidos todavía el ruido de los

1

º"

•

clavos que sobre las aras de la libertad se atreAhora, el

D. MIGUEL AUZA.
Le postula el Porvenir de ZncatCC'OS rn ra
"lllinisceJJciaslinte• gohernador del Estado.
resnnte$, pu en escril, r~ lle hombres notables aliora en In historia del mando, y que
CONFISCACIONES.
antes habían vivido en In. oscuridad y e11 la
pobreza.
Dfoese que definitivamente qlletlaron ousIIay una casa
el segundo distrito de tituidas por multa..
•
la municipalidad de Nuev&amp;-Orleans, en la
fARA IIONOR DELGOBl/.fNO.
qne en nn tlem]lo'O&lt;!tÍpó Luí• Napoleon unR
Y DX LOS LIBERA.LES.
h_¡)¡¡'tacion. Sus vecin?s n~ !e miraban por
c1ct o con grande cstimnc1on, y aun elgnEl lG, enmedio del pueblo cntusiasmn&lt;lo,
nos ,e burlaban de él, como de un frances de l.": tropas engal~nn.das ~regocijo y
calavern,-y su poe11 consideracion aumentó festi udades de la IBdepen
lt y &lt;le• ta'
cuando una maña.ns se le vió llevar arres- restauracion de la Rcpublica, hemos visto
tado µorno haber pagado su nrrendam!ent.o. pasear•e á muchos de los presos do la EuseRn 1111a tiendecita de la esquina de lns nanza y entre ellos uno que ha func---.
calles de Sn.nta-Amrn y Danphi11e JJOr los &lt;lll_Rlinistro y que en los últimos dina de\
anos de tSli2 á 5¾, vivia nn fübric&amp;nte'd&amp; sftro rounia una gran concurrencia en los
cignrrus conocido por Benito, eutre sutrca• jardines de la plaza, y echaba nnos •endos
maradno.i, eJ mismo que ahora es conocido Bpichea contra los liberales. Iloy nadie lo
por todo el mundo por O. Benito Juarcz ha in,ultado, y la pena misma se le aplics
Presidente de México, y el misino qno h~ con una inaudita suavidad, do modo quo 61
9ado á N_a¡!oleon el mas rudo golpe, que y los que so hallen en rn caso tienen todo
Jamlis recibiera monarca 11lguno. Benito el tiempo y libertad necesaria para el arrehabi:l-tenidoque huir de su pais al ser d.,_- llliÓ de sus negocios, y saldrá11 ein so;.¡~cado sn parti&lt;ln, y h1.\cieoc.lo abstracciou de ilos, ni ultrajadoe por la policía, ni
s
s11 orgullo y no queriendo posar sobre na• en euerda entro nna partida de trop,._ .Todfo, se puso á fabricar y vender ciglln'Os lo 41, ,sto honra á las personas que ba'\djf!a·
que le valií; aun en aquellos dias &lt;le aU:ar- do aisposiciones tan humanitarias, y e• a1la
ga prueba, mus consideraciones quo lns que contestacion palpable :.í. las calum,úu.de
ubtuvo Napoleon. en el tiempo de su des- los enemigos de ln Repúbllff.
'!l.

uno en su esfera i ocu¡.,o.r~e de las cuestio-

-81-

-4-

a

1

nes do nrns vital importancia pa.ra l[t?xico.
Cre11 que 105 per1w11as que cunstan en la
adjunta lista, acordada e11 csla oiudn.tl por
unn. rc11n1,m de libernll's in.tncl1rLl,Jos, t.fonen
IM. cnalidndcs neccu1rÜb pnra l !o:1nr :1qncIIL'S 1inc~, y 110 vncilo, por lo rni11110, c11 reco111cnclnr tí vd su cnndidntnrti, pura que
haga vd. cunnto esiuvicrc de s,, parto pira
ol111~egúir etl el órden U.gal ~u \ue-n i-?t;ilo.
R,,y ele vU. su amigo y !1.tento horvhl&lt;1r,.: -

'

\

No pueden ni argüir contra una ley de

hacer pntentes la~ fullerías de la proteccion eft ges
neral, llnmaudo particularmenta la atencion pú•

•

Traducimos del Me.mean atandard lo si

Tenemos á la vista una carta del general
Alatorre, fechada on J alar,a el H de este
mes, y de ella to11111moe ea pórrafoe siguieotes:
•
" Usted ho se e'l,uivoca cunntl.o supone
que por aquí hay jmcio y buou sontido para no ver en las medidas del gobierno lo
que la µreusa de la Capital ho eiajerado
t•nto. Se abre el campo electoral; ,o postulan distintos candidatos; pero esto con
toda lú magostad que reqftiere tan ,olemne
acto, Los dícures relativo.o á envio de comisionados, el tiempo se l,a, encargado de
desmentirlos, y yo le aseguro á vd. que lleva mas do ocho din• la con•ocatoria geMral y del Estado, de publicada y hasta &lt;Sto
momento no recibe e1 gobierno ni oticin.l ni
confidencialmente una sola protesta en
contra; y eso que la ·seguuda no se ha separado un ápice de las prevcnoionesque aquella marca.''
¡Insistir:í todavía el Globo en ercer que
viao el Sr. Mata como &lt;:11viado especial
del Sr general Alatorre :í manifestar al
ciudadano Presidente, que el gobierno de tierro•
Trabajaba con eaorgía e!l'su peqllmi&lt;&gt;ne
Voracrnz se ,uostraba cueniigo de In Con~ocio, pagaba sus gastos 1 tenin ]a nmh,tad
vocatorin!
ele up editor de uno de loa periódicoo de la
ciudatl, con quien pnsaba contento álgnnoe
POSTULACfON.
ratos fumtl'Odo loH cigarro.. que él nlismo
"Con celo titulo publica el Paú, do Gua- fabricaba y hablando sobro la política de
dalajara In carta del general C0r,,no, y ln Médco
Lns a11tori&lt;lndes de Ju ciudnd de Nuevalista de canditlato, qnc copiarnos á contiOr'cans,
mnudaron sacar una coleccion
nuacion:
"Guadal•jarll, Agosto 4é 1867.--8,,nor dsta• fotograflca. de la polil~cion c11ire 1
redactor del Páis.--Muy ijeuor mio: Como que figuraba la casa en quo vivió Napoleol!í:
ciudadnn9 ama11te de la felicidad de mi pa- y fueron remitidas á Paris con una carla
tria, deseo que los ftltos p11estos de presi- que se le hacia la dedicatoria."
dente de la República y magistrados de la
llfEXICO I.TTIRE.
Suprem,1 C~rte do Jn,ticif., scau ncupndr,s
por pcrsonili que, por sns honrosos n.ntl1ceCon 1·ste tíl11lrJ hn com¡rncsto el Sr. llalm
dente~, ,len toda olase de garn.ntbs &lt;l.e que una marcha trinnfül, del i&lt;.·aJu :i lu re&amp;taucondudr!u1 11! país por la ,ondn del progre rncion &lt;le la Il.q,úbliea.
so y del Uienci;tar; y deseo tambien &lt;pie el
Ilemos te11illo ul gnsbl do oirln, C'jecntndn
Eatndo 1le Jalisco sea diµ.nn.mente represen , por el !llismo autor, y 1111\'-C¡,itrocc que rentado "" el Oongro•o do la Uniou, y eu el 11c toda~ las ci,alidnclos 'l"'' dcl.,c tone(]gl
partic11lar 1ll I mismo Estado, l lamedos ceda compos1c10n.

•

-5-

I

a6 Jiutioill,

FOLLETIN.
Habiendo·
concluido
el intér'esa,ife op-;;'.C. GRAL. YlCEN'l'E RIVA PALACIO ,
culo. sobr,e Oobden, que publicamos eu 11ucs•
!(HSTRAOOS DE LA SUPR&gt;:MA CORTE,
tro ioll~tinJ com01_1za!110s hoy á. im;ortar en
c•11secctpp
,drJ 1pqp(J.d1p1,,1,tlt !\itfnrsos queso
.
, general Porfirio Diaz, Lic. Sebn,tinn pronunc1ar6n
cn'fíl.! feStivÍrntdcs cívicas ele
1.~ o de Tejada, José M. Iglesias, Pedro 15 y 15 del corriente,
comenzru1do cnn el
Ógazon,
Lean
Gnzmnn,
Francisco
Zfl1•co
I•
' dol O. T.ic. JgnnCio Rmnirez.
_¿Je. Antonio Ochon, Antonio Mnrtincz &lt;le
Castro, general Miguel A uza, Mi2uel l.llnnco
CIUDAD GUERRERO.
•
SUP}'.RJUllERAlUO!ó1'.
Se ha desco11ocftlo la autoridad del "Cne90. Lic. Apa,tn_•io Oan~o, ¡Jllllernl Ale rnl Alv,.,-cz en el 0litrito ele Mina hnbicnlaJidro Gar'c,a, L,e, Jgnamo L. V'allnrtn, dr&gt; touid'\ que ret(rarsc el "CncrnÍ Pi11zo11
lld. José 'lt. Lafragaa.
co11 los sQldndos que le qneifa\Jan.
· PfocurWf~uo.1MAltmulrnn04-1''i-cal
rnr¡nno lllt
Rl,wto.
'
1",llDlICA-n1, FHAI LES.
.l..
.
Bájo
cslo ~ clice el I'wfrc Oobos:
LLAMA1.1If!:NTO A 'l'ODOS LOS
qno so admiten legos y se ll's tlú do comer
[J'
AYE111&lt;v.N0s,
en o] con.vento de S. Angel. No deben de
Uta el el t nlo de 1 folloto publicado ser muy 1egos, cuaudo onc.uentr~n quien los
ea f~e1-n1ncnt6, prop~ondo la crencion de mantcngn.
nnn"naé~ uacio11 ahdud, compuesta de los
Estado• ~el_ Sur do los Estados-Unidos, y
RESTOS DEL GENERAL ARTEAGA.
de la Am6nca rma, y propende igualmcn'tc
Se trnta de hacer s11 traslaci,,n :\ Queré
6, quo so ,ma 11 }.[faico y el Canadá en esta
taro,
y solo se espera el informe f.,cultativo
cspecio de confedoraoion
para saber si so puede bacer la cxliumacion
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sin peligro.
:IIJÍtr.ARE.z y NAPOLEON.

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Ptoajdento do Ja Snpre!D" Corte

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1867.

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El plan de esta pu_blicacion es enteramente nuevo.
Parte política: Editoriales concisos, crónicas extensas y variadas, laboriosas correspondencias extrangeras, cte., etc.
Literatura ciencias y artes: Noticias ed
los últimos descubrimientos en todos los armos, proyectos para importar todo lo útil y
desarrollar nuestra industria fabril y mal nufacturera.
Mejoras materiales: Obras de bencfieencia
é instrnccion pública.
Parte mercantil: Agencia confidencial y
pública, anexa á la redacion del Vapor.
Avisos en inglés, francrn y espafiol, á precios módicos, Tarjetas de fletes, notas de
cambios. Todas las noticias que puedan
interesar al comercio y al público. Empresa de correos de 1~ ciudad, mensageros y
expresos, estahle0tda pur la misma redac•
cion. Agencia de 1,egocios judiciales, para
la que se clienta con abogados de 0o-ran ce•

lebridad.

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Este periódico aparecerá tau luego como
pasen las cnestioaes de actuafülad que ocupan la atencion pública.
Por nhora se reciben avisos y suscricioncs
c11 la Htogrnfia de Rivera 6 Hijo, calle del
Coliseo núm. 4, frente al Teatro Principal
y en los estados, s11s corresponsales.

EL FERRO-CARRIL.
Este periódico será de mas reducidas dimensiones, b~jr, 1111 plan análogo al del
Vapor.
P,nmo: nos c~NTA.vos CADA NUMERO,
Oomonzar,i á publicarse, tan Jnego como
el editor 1·ecibu la imprenta, que está ya en
cami11n de Veracruz á esta capital.
'
Avisos y suscriciones se reciben en la litogralia de J. Rivera é Hijo, calle del Coliseo nú111ero ,~, Frente al Teatro Principal.
U no y otro periódico tienen ya contratadas algunas colnrnnas para la insercion de
nvisos extrangeros.
México, Setiembre de 186'7.
Editor y Redactor en jefe.

J. Rivera y Rio.

'EN LA IMPRENTA LITERARIA se hacen toda clase de impresiones, con una rebaja en los precios sin igual.
■ S,.Dirigir

PJCRIODTCO POLITICO, LITERARIO Y MEROANTIL.

órdenes verbales ó por escrito á su despacho: segunda de Santo_Domingo núm. 10.

Editnr respon:mb]e,

M. PEREZ.
Imprenta Literaria, 2~ de Sto. Domingo, 10

:

•

-88blica acerca de los abusos monstruosos consagrado■ por nuestra legislacion adua.1 era.. El dia en
que la opinion pública vea claro en este código
bizarro, en los monopolios, en las desigualdades
chocantes que él consagra, en' los hábitos de iner•
cia y negligencia que favorecen, en los provechos
escandalosos que procura á muchos de los grandes industriales, con detrimento de los demas y de
la 'masa de los consumidores, ese dia se exigirá
imperiosamente la reforma.

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>15 y 16 de septiembre de 1867.</name>
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                    <text>��o

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El [11ento Semanal )

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. RRANO D.E LA FED~USA

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ILUSTRACIONES

DE

A.

LOZANO

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�El tuBnto&amp;Bmanal
Se publica los viernes

911c1nas: Fuencarral 90
Teléfono 2054
Apartado de Correos núm. 409

Kipsco de .. El

(

1

/v\adrid

tuBnto SEmanal"

Alcalá 31 (acera de Apolo)

Se admiten suscripciones y anuncios. Se
venden números atrasados y colecciones.
Cuantos deseen comunicar con esta Revista, pueden dirigirse á nuestro Kiosco.

ADVERTENCIA
A todos los suscriptores de ,.EL CUENTO SE-

MANAL" en Madrid .que deseen recibir el ptr16dico
ea provincias durante los meses de Julio, Agosto y Sep11embre, se les enviará sin aumento de precio si remiten á L1 Admlnistracl6n de este peri6dlco las señas de
la nueva dirección y el importe anticipado por el tiempo
de su ausencia.

=
Libros y Revistas
Hbtorlu perveraaa, por Ramón del Valle-Inclán. Casa Editorial Maucci. Barcelona.
En este libro resplandecen aquellas exquisiteces de for111&amp; y de pensamiento á que el autor de J:,p1ta/omio nos tiene
acostumbrados: la vivacidad en las descripciones, b riquea elegante del léxico, la sobriedad é impecable tersura del
estilo y la belleza de las figuras, refinadas y caballerescas.
1.a verdadera redención, por Rafael: Ruiz López wa Editorial Maucc;i. Barcelona.
Los rasgos culminantes de esta novela, una de las que
meJor definen la personalidad de Rafael Ruiz L6pez, son la
ternura y la pasión. Diríase que dentro del alma artista del
antor conviven un hombre y un niño.
1.a cueva de lo• buboo, por Luis Liípez- Ballesteros. Sáenz de Jubcra, Hermanos. l\ladrid.
Forman este volumen, además de la novela cuyo titulo
:figura en la portada del libro, otras novclitas y cuentos rnuy
notables, tales como El uimm d.: don l,1Qa11cio, 7eójil", J:.l
rn11niÍI&gt; dt las almas, etc.
López-Ballesteros es un novclador original, pintoresco
y robusto, cuyo verbo libre y caliente i11nora esa fría ecuanimidad empachosa de los estilistas. Creo que no debe
dolerse de que ello sea como digo. Las pasiones, esas grandes corrientes del alma que, cuando se desbordan, de todo
triunfan, ~iempre son íncorrectas.
Los aficionados á L'\ literatura deben desear que Luis
López- Ballesteros, que hace años descolló en la novela
con Ludia extra,i11, y en el teatro, con l.a butt1tr11t11t11ra,
no olvide el «jardín s:igrado» dd libro.

. Cantes gitano,, pnr El f/acl,11/er A,,tada. - Imprenta
Moderna. Logroño1

AÑO 1- 28 - JUNIO
1907 - N.º 26
--Precios de suscripción:
l'\odrld y provincias: Trimestre 3.25 pesetas.
Semestre 6 pesetas. Año 11.
Extranjero: Semestre 10 pesetas. Año 18.
Anuncios á precios convenclonales.

Número suelto:

3Q CéntiffiOS

Componen este libro algunos centenares de solearu,
uguiriyas gitanas y se-rr,mns, que rdlcjan fielmente el esplritu ,·ehemenle y dol9rido de nue5tro pueblo.
81 Clnemató~raln llu"trado. - Con este título, y bajo
la dirección de nuestro dlStinguido compañero en la Prensa D. Ramón '.\lendoza, ha comenzado á publicarse en Madrid una revista decenal.
Deseamos al colega muchas prosperidades.
Azul ... , por Rob~n D11rio.-F. Granada y C.", Edi•
tores. Barcelona.
De este libro, publicado diecinueve años' ha, dccin don
Juan Valern .
• • • &lt; Desde luego, se coí\oce que el autor es mny Joven:
que no puede tener mh de veinticinco aiios, pero que los
ha aprovechado marnvillosamente. l la aprendido muchlsimo, y en 10,lo lo que sabe y expresa muestra singular
talento artístico ó po¡\tico. Sabe con amor la anti~ua literatura gnega; sabe de todo lo moderno europeo. Se entrevé, aunque no hace gala de ello, que tiene el concepto
cabal del mundo visible y del espíritu humano ..• »

La preexcelenle labor que despuh ha realizado Rubén
Darlo, justifican plensmente estas palabras, casi proféticas
entonces, del maestro inolvidable.
Cuadros de miseria. Copiados del natural por José
Nakens. - Imprenta de Domingo Blanco. Madrid.
Resplandecen en esta obra aquel estilo robusto lleno
de concisa virilidad, aquella voluntad espartana, aquella
honradez sin tacha y aquella inamovible firmeza de criterio, que han granjeado á Nakens, juntamente con la admiración ferviente de sus partidarios, la simpatía y el respeto
de sus enemigos.
00CO

f.

•

SERRANO DE LA FEDROSA

occ:

i FO R JV\ALASI

La Semana Teatral
A polo. - Con un «lleno» enorme celebró, hace ~ocas
noches, su beneficio el popularlsimo actor Emilio Carre•
ras. Nosotros queremos mucho á Carreras; es quizás el
hombre á quien debemos más horas de risa.
Se estrenaron dos obras; El príndpe fi."uroki, que valió
á su autor, Sr. Gilli, muchos aplausos; y ÍA suer/t /qca, ori~inal de Amicbcs y (.;arcía Alvarez, menos afortunados en
esta ocasión que otras veces.
El público, no obstante, celebró mucho una especie de
tan~o donde la bellí~ima Rosario Soler luce y derrocha
á dntaros la picante ssl de su escultura.

Gran Teatro. - Sin las preciosas decoraciones de Mar1inez Gari, la dirección magistral do Enrique Chicote y los
prodigios de travesura y de ~racia de l.oreto Prado, es
e'&lt;'idente que Ln anloreha tÚ lfimmto habría fracasado rui•
dos amente.
La obra es del corle de ¡Al _,1gt111 patos/ y de 5.m 7ua1t
,ú Lus, pero bastante menos chm&lt;&gt;sa q ae nqoéllas.
l)islinguiéronsc en la interpretación las Sras. Franco y
Blanc, y los Sres. Ripoll, Soler y Llaneza.
Circo de Parlsb. -- llan ,ltbutndo en el hermoso Cin:o
de la Plaz:i. del Rey la Srta. Rosa de 1'"rance, bajo cuya
dirección un puñado de perros a rnacstrados realizan sorprendentes ejercicios, y Los Cltimmlas. dos cantantes de
gran originalidad.
&lt; Todo Madrid» pasará por el Circo de Parish.

L

A _s~ñora

d~. Andilla era una jamona g uapa;
sus &lt;lo~ h1Jas eran muy bonitas; la sobrina
de Mermo, u~ia ~mchacha muy hermosa· las
&lt;l?s _hermana_s ele_ (,uttérrez Baliza, monísima~; la
\ !u~a del bng~d1er (n~intinueye años), una prec10~1&lt;l_ad; _las chicas de don Ele uterio, dos buenas
mozas .. ; ' era, &lt;:~fin, una tertulia de hellc-zas.
Ilab1a t~mb1en una _fea, Antoñita; tal vez e l
acaso la hab~a llevado alh para que siry iera de unidad de medida a l apreciar la excelencia ele las demás; e ra co~o l_a figurita humana q ue pone el pintor en un pa1saJe de monta11as para dar idea de la
gran_cleza de las cumbres. Pero hasta esta fea tenía
gracia y no poco partido entre los much·tchos
Y había, por último, en &lt;·ste musco d~ muJ~res
guap.~s, algo que con?!laba á Antoñita, y este algo
~ra ~.len.~, la hermos1s1ma, la arrebatadora Elena,
I,~ marav~lla, el asombro, la perfección; la que e n la
c&lt;1lle hacia ,·oh·er la cabeza 110 sMo á lus hombres,

~i.no á las mismas mujeres; la que en el paisaje h11fl 1era e~taclo representada por la blanca nube que
o ta_á mmcnsa altura sobre las cumbres más soberbias.
. Sin la. presencia de Elena, Antoñita hubiera
sido senc1llamente la fea de la reunión. ahora
Elena
•
b a uno ele los extremos
·
'y ',\nto-'
_.
re pnsenta
mta
extremo or~uesto; e n medio quedaba e l
monton de las mediocres.
Así les ~lc~í.t ella cuando i enía á pelo:
-:- .\qm, !:.lena es la primrra tiple, yo httiple
cómica y ustedes el coro.
. Algunas corútas hubieran preferido que las hubiese llamarlo feas.
'
. .
na· De bu_&lt;:na gana_ hubieran querido odiará Ele'. P:rn, e&lt; {¡~1!&gt; odiar á un soberano que trae dinei o a _la nac1011 y a_demás renuncia á su sueldo?
A~~uell.i ~crmosur~. incomparable a traía á los mue '.1ch1'.~ a la rcun~on de la señora de Andilia, ,
los atr.i1a · con drsmtcrés, sin entablar relacione~
amorosas con ninguno.

:1

�De die1., nueve
El amigo que lo presentaba lo había anunciase resoh-ían inme- do en estos términos:
diatamente á dar
- Un perfecto caballero, una verdadera notacelos á Elena con bilidad en la ciencia médica, un hombre muy listo
alguna de las otras y un excelente partido para la muchacha más exichicas; y como Ele- gente.
na continuaba en
Y la amable Conchita, que llevaba la bondad
su indiferencia y hasta el punto de poner su amor propio en el núlas amigas favore- mero de matrimonios que salían de su tertulia,
cidas eran bonitas, repitió aquellas palabras la víspera de la presenlos despechados tación entre las chicas que aun estaban vacantes.
acababan por afiTodas las miradas se volvieron hacia Elena.
cionarse m u y en
- ¿Te rendirás ahora, Gibraltar? - le pregunserio á las que ha- tó Antoñita.
bían querido uti- ¡Ah! Pero ese caballero, ¿viene metido en
lizar como instru- un sobre en que se lee mi nombre?
mento de ven- Es la costumbre - replicó Antoñita con
ganza. Dicho se acento de cómica resignación.
está que, sabedo- Pues bien; si no es tuerto, ni cojo, ni enano,
ras e 11 as del pa- ni habla gangoso, ni es cabezota con el pelo rizapel de víctima que do, y si vosotras me lo cedéis y él no lo lleva á
sus novios preten- mal. ..
dían asignarles, en
La dueña de la casa intervino en la discusión.
cuanto lograban
- La verdad es que Elena se defiende mucho.
encalabrinarlos
- Doña Concha, eso quiere decir que me dey coger ellas lo alto de la cuesta, les hacían rodar fiendo demasiado.
de lo lindo y los trataban á zapatazo limpio. Hacían
- No, hija mía, hace usted muy bien; el matrimonio es una cosa muy seria. Pero, en fin, como
Jlerfectísimamcn te.
Ejemplo, el pobre Juanito Cansino. Al ir por usted no ha tenido desengaños...
la mañana al :\Iinisterio, había de dar unos paseos
- No tengo motivo para tanta cautela, ¿verpor enfrente de la casa de su novia, hasta que ésta dad?
- Parece poi· lo menos que ...
levantase un visillo y le saludara con la manita;
-desde el Ministerio, telefonazo entre once y doce,
- Y hasta se puede creer que estoy tan ory en seguida á escribir la carta que, al terminar gullosa de mi persona, que no encuentro quien la
Jas horas de oficina, llevaba un ordenanza; por la merezca.
- No, eso no - dijeron á un tiempo muchas
tarde, paseos por la acera de enfrente hasta que
voces; y Antoñita prosiguió:
fa doncella bajaba con la consigna; á escape, en
.seguida á la cuadra para alquilar un caballo, ó al
- Todas sabemos que eres tan modesta como
teatro para tomar una localidad, según el empleo guapa, y por lo mismo es necesaria una explicaque la niña diera á la tarde, ó bien á meterse en ción; hay que dar una explicación; pedimos una
el portal de enfrente si llovía, esperando las aso- explicación. (Así habla mi padre en el Congreso).
madas de la novia tras de los cristales con reca- Sí, sí; que se explique-exclamó el coro.
&lt;litos y tarjetas 1·espaldadas,intercaladas en el tex- Pero, niñas, eso es escudriñarme. No me ha
to; y llegada la noche, á comer con embudo y á solicitado nadie.
- ¡Quiá!
vestirse de prisa para no quedarse sin localidad ó
- Yo misma no sé por qué...
para acudir á casa de Concha, que así se llamaba
- ¡Quiá!
la de Andilla.
Hubo un silencio apremiante.
Más descansados estarían, seguramente, los
- Bueno-dijo Ell'na-;¿me dan ustedes per.sitiados de Puerto-Arturo; pero así son los noviajes en nuestra tierra. Si los futuros cónyuges son miso para que me ponga colorada?
- Concedido.
ricos, el noviaje así entendido constituye uHi'l '- :- Ahora que tengo el permiso, me parece más
&lt;:ciente preparación para lo que ha de ser única
ocupación del marido: esto es, prevenir y realizar difícil decirlo.
los gustos de su mujer; y hasta se puede afirmar
- ¿Es un secreto?
- No; es una preocupación, una manía. Suque la luna de miel durará diez ó doce días.
Si los novios no son ricos y el marido ha de pongamos que... en fin, cuando yo era niña leí un
trabajar y conquistar un puesto en el mundo, esta cuento en el cual se trataba de dos hermanas, una
manera de amar á la española, que suspende todo muy hermosa y otra muy fea; las dos estaban catrabajo social del hombre á la edad en que debe sadas y á la fea le iba muy bien en su matrimonio
ser más vigoroso y decisivo su esfuerzo, aportará y su marido la quería cada vez más, porque tenía
.segura1nente al matrimonio una renta de patatas, un ángel que la protegía y que le había dado un
alubias, lagrimitas y palabras gordas, que basta frasco de sal para que echase cada día un poquito
para encanijar á los hijos y matar al más débil en el plato de su marido.
- Hay feas con suerte - interrumpió Antode los cónyuges. :No hay que decir que es el
ñita.
marido.
- A la hermosa le iba cada \"Cz peor, y todo
Basta de noviazgos y vengamos al momento
en que iba á ser presentado Ramón Brieeño á la se volvía disgustos y peloteras en su matrimonio,
hasta que un día se presentó en casa de la fea dise;inra de Andilla.

11

,,j 1
l

tra menos fea; en cambio, el que
se acostumbra á una guapa...•
Antoñita no dejó á Elena terminar el cuento. Se arrojó frenéticamente, en sus brazos, y entre un
chaparron de besos, le decía:
- Tú sí que eres mi angelito
protector. ¡De1a que te coma á besos, preciosa!, que me has dado
consuelo para toda la vida.
Se interrumpió bruscamente y
después de una pausa, exclamó:'
. - Bueno; ¿y cómo meter esa
idea tan hermosa en la mollera del
pr_imer zanganito que se presente?
Mira, me dirás cómo se llama ese
libro; compraré dos ó tres docenas, y desde esta noche me colocaré en la puerta, y conforme vayan dejando los abrigos, «¡zas! ¡Lea
usted eso!»
- Con que ya ven 1,1stedes continuó Elena poniéndose como
una guinda-, que si pierdo la cabeza Y me cuento entre las guapas,
he de contar también con más desengaños que otra cualquiera en mi
matrimonio.
.- Di - preguntó Antoñita-:
¿qmén era ese talento monstruo,
autor del cuento?
_- Carlos Rubio; mi padre dice que era muy
amigo de Sagasta.
- ¡Ah! Entonces le habrá conocido papá seguramente. Se lo preguntaré.
.,- Ahí viene.
- Es verdad. Di, papá, ¿tú sabes quién era
Carlos Rubio?
--:-- ¿Carlos Rubio? ... ¡Ah, sí! Un chiflado. Siempre iba muy sucio.
La indignación de Antoñita no encontraba pa)abras para desbordarse. Poniendo los brazos en
Jarras y meneando la cabeza, dijo á su padre:
- ¡Así está el país!
El papá, acostumbrado á estas salidas de Antoñita, se encogió de hombros y pasó á otra sala.
Ella, como si aun pudiera oírle, le lanzó á través
del cortinaje estas palabras:
- Pues sepa ·su señoría que si su señoría me
ha hecho fea, Carios Rubio me ha hecho feliz.
. El grupo de . muchachas rompió en una carcaJada.
II

•
ciéndole: «Mi casa es un infierno y tú tienes la
culpa.• «¡Yo! ¿Por qué?, «Porque soñaste en alta
voz cuando el ángel te dió el frasco de sal, y yo,
antes de que desperta:as, te quité la mitad y la
voy echando en la co1!uda de mi marido; y no sé
cómo es esto; pero á ti te prueba muy bien y á mí
rematadam~nte.• Entonces se les apareció el ángel y les d110: «Esa sal se llama la costumbre. El
que se acostumbra á una fea, cada día la encuen-

Ya_ necesitaba Ramón Briceño ser un Don Juan
T en_ono para correspond_er á la expectación que
h~?1 provocado el &lt;lnunc10 de su visita. Nunca se
VIO la señora de Andilla tan estrechamente rodeada de sus amiguitas. Hasta la brigadiera mostraba aquella noche un empeño tan decidido en
no apartarse de Concha, que hubiera desao-radado
profundamente al brigadier si hubiera vu~lto del
otro mundo.
, Y la verda~ es que la figura de Ramón no tema n_~da que impresionase á primera vista, como
se VIO cuando, acompañado de Meseguer, sa-

ª

�f"

- Usted es un hombre excepcional. Ninguno
ludó á la dueña de la casa y tomó asiento junto
de nuestros contertulios conoce á Carlos Rubio.
á ella.
Era correcto, casi vulgar. Los ojos sí, eran ne- Es inicuo.
La de Andilla se había separado del grupo, y
gros y de mirada dura, agresiva, dominadora; Ramón ofreció su brazo á Antoñita y continuaron
aquel mirar parecía que calaba muy hondo, que
registraba é inventariaba el espíritu. Después, paseando.
- Dígame usted, señor Briceño: ¿es verdad
como si no hubiera encontrado en el inventario
que
ese escritor era muy sucio?
cosa alguna digna de atención, la mirada se apa- Esa fama ha dejado, pero disculpable. Cuangaba ó se distraía. Dijérase que los ojos de aquel do el cerebro consume demasiada energía, queda
médico habían contraído el hábito de la disección: poca actividad para los cuidados de la existencia.
funcionaban como escalpelos, y satisfecho el estu- Carlos Rubio tenía el aseo caro. Dé usted á un pedio, abandonaban la carne hecha piltrafas.
timetre una botella de agua, y la administrará tan
La conversación tampoco era brillante. En el
sabiamente que tendrá agua para todo. Otros, en
discreteo que en seguida tuvo que mantener con cambio, necesitarían un baño oriental; pero si se
media docena de señoritas, no parecía el jugador
impetuoso que, con peligro de perder unas cuan- les diera, serían aseados.
- También los hay muy cerdos.
tas piezas, avanza hasta dar un jaqne, sino el ju- Es que el cerdo es un animal muy calumgador machucho que conserva su fuerza en buen niado. Se revuelca en fango porque no le ponen
orden, aunque adelante !entamen té. Sin embargo,
Colonia.
alguna que otra réplica tan viva como ingeniosa agua- de
Me parece que usted no ve dificultades, y
y un impetuoso rapto de entusiasmo, al hablar cree que todo es cuestión de emplear estos ó los
precisamente de la disciplina y el dominio del sistema nervioso, demostraban que en aquel carác- otros recursos.
- Así es.
ter, limpio y cuidado como un paseo público, las
- Sin embargo, hay en este mundo muchas
avenidas más largas y tiradas á cordel podían descosas imposibles.
embocar en cráteres volcánicos.
- ¿Cuáles?
Las cuatro palabras que cambió con Elena no
- ¡Bravo! Esa es una pregunta valiente; pero
tuvieron gran importancia. Ramón recurrió en la contestación también es de mucha fuerza. Pueaquel momento á la perfidia que emplean los adu- den ser imposibles las cosas que dependen de la
ladores con los soberbios; cuando el hombre tiene
ajena.
aires de estatua, basta sustituir el pedestal por voluntad
- ¡La· voluntad ajena! Se la conquista y se la
una nube para que la estatua vacile y se rompa
dorna.
las narices.
Antoñita miró atentamente á Ramón.
Briceño quemó en cuatro palabras tanto in- ¿Le parece á usted fatuidad?
cienso, que otra que no hubiera sido Elena se hu- Precisamente porque me parece usted un
biera aturdido y bamboleado; pero la joven con- hombre serio, me sorprende esa seguridad de
testó con tal modestia que desarmó á su contenatraerse á los demás.
diente. Fué un tanteo que duró un momento, y
- Pues es positiva.
pasado el cual, los esgrimidores levantaron los flo- ¿De manera que tiene usted un talismá 1?
retes, se saludaron cortésmente y se dirigieron
- Es posible.
cada uno por su lado.
- ¡Válgame Dios! ¡Qué mal repartido anda
El interés de cuantas personas formaban el
todo!
corro estaba satisfecho. No había flechazo. Ramón
- ¿Por qué dice usted eso?
no pretendería á Elena, y si la pretendía ~- !dría
- Porque usted que tiene prendas y condiciocon las manos en la cabeza.
nes para hacerse amar por sí mismo, tiene además
Y nada más. Cada una de las muchac'.:: que un talismán para que le quieran; mientras que yo,
no tenía novio se propuso aprovechar la ¡, r;mera pobrecita de mí, no tengo una cosa ni otra.
ocasión de cazar al nuevo contertulio; los bailari- Usted es un encanto.
nes volvieron á su delicioso ejercicio; los señores
- ¡Señor Briceño! Vamos por partes. Yo soy
de espada-mala-basto siguieron regañando al que la fea de la reunión, y aquí está prohibido atentar ganaba y regañando al que perdía; Elena continuó á mi soberanía de coquito; ¡cuidado con ello!
en su apacible serenidad, y Ramón, que daba una
- Es deliciosa - decía Briceño riendo.
vuelta con la señora de Andilla, se encontró de
- Lo que sucede es que soy buena y me gusmanos á boca con Antoñita.
ta intervenir y meterme en una porción de cosas,
- La señorita de Almeida.
siempre con buena intención y á título de amiga
- ¿Usted es hija de don Ulpiano?
desinteresada. ¡Forzosamente desinteradal, que si
- Sí, señor; y sobrina de Carlos Rubio.
pudiera. . . Pero estoy segura de que todas mis
- ¿Del escritor?
amigas me prestarían el novio para baila,.
- Del mismo.
- Harían mal.
- I&gt;ero, señorita, si Carlos Rubio viviera po- ¿Otra vez? Pues sepa usted que lo hacen,
dría ser abuelo de usted; pero tío...
siempre que están cansadas. Cuando alguna se
- Es que yo le he declarado mi tío adoptivo. sienta y viene el no\"Ío á sacarme, veo yo que anCreo que si viviera no me negaría ese favor.
tes le habla ella al oído. Y es que le dice: «Hom- Al contrario; se sentiría orgulloso de esa bre, haz bailar á la pobre Antoñita.• Y alguna vez
distinción.
replica él, seguramente diciendo el muy borrico:
- Por lo que observo, usted conoce las obras «¡Es tan fea!, Y observo yo que replica ella, ¡claro!,
de... mi tío.
le dirá: «Pues por eso.• En seguida viene el novio
- Conozco un torno de cuentos.

•

o

y me saca. Y yo les digo
i todos: «Es usted muy
amable.•
Briceño soltó la carcajada y Antoñita continuó:
- Sí, sei"íor; yo soy,
en cuanto al amor, una
pobrecita de pedir limosna; yo, si no fuera por mi
cetro, me pondría á la
puerta de esta casa para
decir á los que salieran:
«¿Me da usted un corazoncito, aunque sea moruno, por amor de Dios?,
Por eso me interesa mucho eso del talismán; porque usted podrá estar
equivocado, pero habla
u~ted en serio, y si tuviera usted razón ... ; porque yo tengo mucha fe en
los inventos y en las cosas científicas, sí, señor;
Y aquí ya sabemos que
usted es un médico que
tiene hecho pacto con Satanás, para curar á todas
las princesas moribundas
c?n u~a m~tita de perejil,
s1, senor, s1; todo se sabe.
Briceño se reía de
muy buena gana· hacía
mucho tiempo que' no disfrutaba de una conversac_ión de mujer tan divertida.
- Vamos á ver sei'ior Briceño; habl~mos
con toda seriedad: ;es
posible que alguien que
no sea usted se enamore
de mí?
- ¿Y por qué no he
de ser yo?
- Porque usted no
me gusta. Así; las faltas
de .. : compostura hay que
castigarlas. ¡ El demonio
del hombre! En tramos en
~l terreno de la formalidad y todavía le quedan
ganas de reir. ..
. --:_ Basta, ~asta- dijo
Bnceno-; ehJa usted entre sus amigos y conocidos, Y usted verá que no
la engaño.
- Ni una palabra más.
Ahora eche usted fuera
la media docena de preguntas que está usted rabiando por hacerme.
- Allá van - contes~ó Briceño mirando á
su _interlocutora como
quien firma un pacto-:

¿tiene Elena relaciones?
- Xinguna.
- ¿Sabe usted si su
corazón se ha interesado:
- Xo se ha interesado.
- ¿Es acaso que está
engreída con su belleza?
. - Xo, señor. Es que
tu:"ne mucho miedo.
- ¿I lan hablado ustecles_ esta noche después
de m1 presentación?
_ - ( Co1t tristeza). Sí,
senor.
- Le he producido
mal efecto...
- Ni malo ni bueno.
- De manera que
todo e I esfuerzo de la
primera impresión se ha
perdido...
- Completamente.
- Así me había pa
recido.
- Supongo que, por
eso, no desistirá usted.
- ~o sé clesistir. Sé
únicamente que si yo me
h_u bies e enamorado de
]•,lena, podría asegurar {t
usted que antes de ,eint&lt;.&gt; días Elena estaría enamorada de mí.
Antoñita experimentó cierta emoción al recibir aquella confidencia.
Ramón hablaba como un
loco ó como un hombre
capaz de hacer milagros.
- ¿Y se ha enamorado usted de Elena?
- Ya hace tiempo.
La conocía sin tratarla.
Desde esta noche ya sé
que la amo. Y me amará.
- Usted es seguramente digno de ella; pero
ya sabe usted que ...
- Es té ustecl tranquila; me querr{1 antes de
1 cinte días.
- No se lo ackertiré
porque no es un peligro'.
- Es indiferente.
·

** *
Ramón y su amigo
;\feseguer salieron juntos
de casa de Anclilla.
- ¿Qué tal? - preguntó el segundo.
- l\Iuy mal. La primera impresión ha sido
un fracaso.
- ¿Qué ha ocurrido?

�pleaba ahora una ingenuidarl afectuosa y ~encilla;
·11 o así romo el trato de un hermano, to &gt; amrn
~. Ti·a1~queza. Por este camino había aclelanta(~O mu,h ,
1 , ·mo &lt;i&lt;' Ekna; ¡&gt;&lt;'ro ésta no hacia otra
primer~ \'ista 6 nunca. Pero confiesa q1H' tu no has c o &lt;n e ,tm
cc&gt;rres
cosa que
estado mu y hábil
ponder á lo que
que digamos.
creía amistad Y
- Tienes ralealtad, sentimienzón.
tos que pueden llr_ Ese sistema
var al am0r como
de marear á fuerza
10 s callgrrjos nos
de alabanzas, sú!o
lle,·an á casa, danes bueno para hado antes la \uelta
cer cacr á cscn topor las cinco parres emine 1tes, artes del mundo.
tistas notables \
Ramón estaba
otras , ·anidacks
ya desespc:~do,
hambrientas de i'1cuando surg10 un
cicnso.
incidente que le es_ ¡Qué quieperanzó de nuevt,&gt;,
res! :\le acordé Cil
Juanito Cans1aquel momento de
n O desprendió e 1
cómo caycí uno de
primer copo de una
esos gwios, vok~bola de nieve. Era
dq por sus enemisobrino de la de
gos, que I&lt;' adulaAnclilla, y por paban á toda:, huras.
sar la tarde con su
Era un hombre c•xnovia, que había de
cclente y le hicieir al día siguiente á
ron creer que tenía
mostrar á Concha
un gcnio t&lt;'rriblc y
unas labores, dijo á
que era jaque y _treesta última:
mendo y c:xplos1vo.
- Tía: si me
Daba pena y risa.
das de merendar,
- Pues amigo,
vendré mañana
la mujer está más
tarde.
acustum!nada al
-Y aunque no
piropo y no muerhubiera meriende ese cebo tan
da también ven"rnsero. ¿Y quf
drías- contestó la
"pil'nsas hacer-.
de Andilla, quc ha- Camhi:, r de
bía pe1wtrarlo la in•
t.íctira.
tención dc su so-&lt;:\[ostrarte
brino.
indiferente?
_ ¡,,o, no; rc1Cá! De eso
clamo la merienda,
s(• ríen ellas. Xo;
f&lt;n-malmente.
aunque un poco
- Bueno, homtarde, apelaré á la
bre, la tendrás.
sinceridad.
_ ¡Quién tu-¿Y si también
\ iera ·una tía y un
falla es e recnrso?
.
_ ¡.\h! Entonces... si no me· quiere por bue- buen estómago! - exclamó un señor ~ayor, que
debía de carecer de ambas cosas ..
nas, me querrá por malas.
- También hay para usted, n~1 g(•neral. .·
- Hombre - elijo su companero de tr~s1llo.
clon Fabián - , si por un poco &lt;le poca vergu&lt;'nza
TI 1
se mcriencla yo mc apunto.
.
· _ y yo ~e disparo_ añadió don Ul1m~no.
Desde aquella noche, Ra!llón fué e) _contertu~
_ .y)'º
, vol_ dijeron muchos, contmuanl
, • •
lio más asiduo de la de Anchlla y tamb1en el más
do
la
broma.
, _
_ , .•
. ¡· ºta(l&lt;1 · Los• muchachos
le preguntaban una cosa,
so ICI
·
1
nta- Pero, señores - dcc1a Concha - ' esa se1 ia
los \·iejos otra, las muchachas... no e pregu
una merienda de negros. .
,
.
han nada, pero le daban cuerda.
. .
- Justamente; convert1remos !a rasa &lt;n una
Fn cuanto llegaba le hacían prcs1d1r un corro
..
.
de chicas, en el cual las cuestiones iban tom~n~, ranchería, en un campamento..
- Pero sin ac,'ptar la menenda - ch¡o la hncada día mayor vuelo. Elena formab~ parte, del c rro, pero sin gran asiduicla~. Ramo~ hab1a cam= gadiera.
_¿Qué?' ~
biado de táctica con ella. Le3os d~ 'olcarle el pe
_ ¿Cómo es eso?
destal con el explosirn del elogio forzado, cm-

-

Lo p&lt;'or: que no le h&lt;' producido imprcsibn
ninnuna.
.
t · f á
·: _ :\la! negocio. De las mu3cres S&lt;' ~11111 a '

•

•

- ~IU) !-&gt;&lt;'ncillo. Propongo que cada uno traiga con qu(• nwrendar y cada familia se coma lo
que traiga, formando rancho aparte; y cada grupo
tienda su mantel donde buenamente pueda: en
una mesa de tresillo, en una b 1taca, en el suelo,
&lt;'omo si estm·ic~ran10s c·1 e! campo.
Un palmoteo ct•rrado de la gente jo\'l'n acogí(,
la proposiri{m.
- ¡Será cli\'ino!
- ¡l'..nc-antador!
- Trat-ré mi instantánea.
- l~sta l'a ¡uita se pinta sola para idear diabluras.
- .\miga mía - le dijo un tresillista machu&lt;'h,, , eso de sentarse en el sucio St' queda para
usted, que tiene ...
- ¡Don Joaquín! - interrumpió á tiempo la de
.\ndilla.
- Pero ¿por qué quiere esta sefiora que me
sie:itt· en el suelo, si estoy e,1 los huesos?
- Rectifiquemos; habrá mesitas para la gente
de eda,I.
- Muy bícn - dijo d general - ; así tiraré los
huesos á los pollos que me rodeen.
- J !ablando seriamente, debemos hacer como
en las Exposiciones: á metro cuadrado por persona; que se apunte cada familia lo que necesite, y
que lo acote ele antemano.
- Con unas estaquitas cla,·aclas en el suelo.
- Estaquitas, no; pero algo que señale la instalación, sí.
- Tiendas de campa11a, sería muy bonito.
- \' árboles, y una carretera con carros y mulas - decía Concha, aterrada.
- :\"o te asustes, Conchita. Señores, hay que
pensar en cosas que ocupen poco espa: io; por
ejemplo, cada grupo traerá una pantalla, un bastidor, así, de medio metro, y que pinte en él lo que
quiera: la fachada de una casa, la de la Plaza de
toros...
- Yo, un cuartel - dijo el general.
- Yo, una casa de socorro, por si hay borracheras y puñaladas - dijo Ramón.
- ¡Jesús! ¡Se han vuelto locos! - decía lonc ha; y luego añadió: - Paso por todo, menos por
eso de que cada cual traiga su merienda. Xo me
arruinaré por dar á ustedes de merendar.
- ¡No, no, no! - gritaron treinta voces - .
Queremos traer lo que nos dé la gana.
•
- Y nada de obsequios.
- Kada. Se dará una señal, y á sentars~cada
cual en su puesto, como los albañiles al ciar las
doce.
- ¡Ah! - dijo Antrn'íita - ; cada familia debe
traer su sirviente que lernnte los manteles y YU&lt;'lva á arreglarlo tocl 11. El salón ha de quedar dispuesto en seguida para el baile.
- Entonces, digamos cena.
- Pues sea cena; ¡qué más da!
- ¡Sí, cena, cena!
- Otra cosa- dijo ,\nto11i1a - : para aclarar
algunos bastidores que estarán mal pintados, ¡porque se prohibe darlos {1 pintar!, se exige algo de
tocado en la cabeza; por ejemplo: el que haya pintado la fachada de la Plaza de toros, puede ponerse un:i montera; el general, un casco, y así los
demás. Eso puede venir con la meriendd, y no se
llama la at&lt;'nción en la calle.

- Mu) bien, muy lncn.
-- .\ l11s so!tcros - continuó ,\ntoñita - se
les prohibe en absoluto que traigan sin ientas
(¡sabe Dios lo que traerían!); ellos mismos cogerán su mantclito por las ruatn, puntas é irán á san1dirlo á la cocina. ( Risa gcncrnl¡.
- Es usted implacable coa los S.Jlterus.
- ¡Toma! ¡Como ellos conmigo!
;
vociferó e! general.
1Artículo último! - ¡,\ \er, á ver!
- Se prohibe añadir ni una palabra más al
proyecto.
- ¡Brarn!
- Sí, falta una palabra - exclamó don Ulpiano.
- ¿Cuál?
- La fecha.
- Es ,erdad. Y ,·a á ser difícil.
- Xo: pasa&lt;Jo mañana es \iernes, y como estamos en Cuaresma no es día de compromisos.
¿Les parece á ustedes buen día pasado mañana?
-¡Sí,sí!
- Yo pcnsaba casarme e l viernes; pero lo
aplazo.
- ,\ usted no lo casan los once curas, ¡camastrón!
- Está dicho: el viernes, á las nueye de la noche, la cena gitana.
- ¡Viva la cena gitana!
- Y esta noche se sortearán los puestos del
aduar.
- ¡Viya Concha, la caiil!- gritaba Cansino,
que se empeñaba en ,itorearlo todo.
- ¡Ay, churumbel, sobrino!, ¡buena la has armado con tu merienda!
- ¡Si esto va á ser delicioso, tía!
- Está bien; por mi parte, quieran ustedes ú
no quieran, yo pondré una mesa que pueda sen 1r
á cada cual de complemento.
- ¿Para los que quieran ir al robo?- prcgun tú
un t1-:.!sillist;, .
- Eso '.!s; pero sin dejar sus cartas.
- Es i'lútil - decía don Fabián, que era tragón - ; piens , t:·acrme bola.
- Y además yo le daré á usted co.ii'lo- concluyó el general.
*

* *
Aquella misma norhc se sortearon los sitios.
!as mesas, los ,·eladores, los talmrC'les y los cuadros de alfombra; tocio menos la mesa del comedor, que sólo había de servir de aparador.
Ramón, que ,cía con simpatía aquella idea
extravagante, tuyo también un ale,.(rc'&gt;n en el sorteo. Le tocó un metro cuadrado de santo suelo,
(Antoñita había ::.ido implacable), pl'ro á los pit·s
de Elena.
- ¡Qué felicidad! - le dijo Ramón - ; cenar{junto á usted.
- Sí; pero... en cl piso bajo.
- 'Usted podría cleyarmc ;í la altura de las
personas de Yelaclor.
- El regla¡nC'nto ele la cena lo prohibe.
Las dos últimas frases tu vieron respcctiramente los acentos de una declaración y unas calabazas.

* **

�Pasada la sorpresa, Ramón continuó su paseo y su
soliloquio:
- Supongamos que esas
jóvenes no quieren dejarse
convencer y encuentran más
poético entregar su corazón
al que acertó á ponerse una
corbata colorada ó hace un
gesto especial para sonreír
con media boca. Supongamos, en fin, que por darme
gusto se han casado sin pasión súbita ni emoción misteriosa. ¿Es que la vida conyugal, con toda su intensidad de adaptación, no ha de
engendrar el amor? l\lás aún:
si, como ellas creen, no nace
ese amor novelesco entre
los cónyuges, ¿no es bastante que el hombre y la mujer
estén bien educados para
que la mujer no eche el
amor -de menos?
Cuando por la tarde Ramón daba cuenta á Mcseguer de sus reflexiones, :\1eseguer se reía como un bendito.
- Está visto - dijo que, aun siendo un sabio
como tú, no se conoce el
matrimonio desde fuera.
- ¿Estoy equivocado?
- En algunas cosas. Sobre todo, es deplorable que
la mujer sólo se deje impresionar por prendas de ropa
y no por prendas de carácter; pero no es posible prescindir de impresionarla. Preséntate á ella si es
preciso metido en una armadura y cubierto con
un casco con plumas negras; pero enamórala. Sin
eso, no te cases.

-- En último extremo - decía Ramón al día
siguiente á los árboles próximos al Observatorio
.\stronómico - , yo estoy seguro de hacerme amar
ele Elena á la hora que quiera; pero ... ¿es que no
merezco yo la suerte de Pedro, Juan, Francisco, etc., que sin otros recursos que su físico y sus
IV
ruegos lkgan al corazón de la mujer? ¿Que no llegan todos? Com·enido. Pero tampoco yo estoy_ en
el caso de dar crédito á paparruchas como la simA las nueve y cuarto de la noche siguiente, los
patía inexplicable, la pasión súbita y otras tonte- salones de casa de la bondadosa Conchita presenrías por el estilo. Xo. El amor puede nacer de- un taban un aspecto rarísimo.
trato inclifcren te, nutrirse al principio de estimaApenas había sitio desocupado, y la multitud
ción 1 aumentar con la frecuencia y la costumbre que los llenaba parecía haberse escapado de una
de v erse y hablarse, y acabar por constituir una casa de locos.
necesidad; todo lo demás es monserga. Pero ¡ya
Caballeros y señoras vestlan los trajes habituase Ye!, es una monserga que estas niñas han lc•ído les, pero el general cubría su cabeza con una antien cirn novelas tontas, la han tragado como ar- gua gorra de cuartel con sus galones y su borla;
tículo de fe, y hoy, si al \'Cr por primera vez á un seguramente la última que había usado cuando
hombre no estornudan ó no sienten un chasquido eran de reglamento. Un poco inclinada sobre la
en el tobillo, dicen: « No m&lt;' he &lt;'namorado. • « Ese oreja, daba al simpático general un aspecto alegre
hombre no puede hacer mi felicidad.•
y emprendedor, como si hubiera conseryado en el
- ¡Pues no, señor! ¡Todo menos eso! - dijo forro las ideas y los ardimientos de otros tiempos.
enérgicamente· un hombre alto y delgado, que cruEl bastidor representaba, como el general haz{¡ por delante de Ramón y se alejó, apaleando con bía anunciado, un cuartel; el soldado que hacía la
el bastón el sc•to de la senda.
·
centinela á la puerta tenía el poncho que llevó la
Era otro que hablaba solo. En el Retiro son l infantería á Marruecos, y estaba rodeado de quinfrecuentes estos encuentros.
ce á veinte señoritas, debajo de las cuales se leía

•

•

esta pregunta en letras gordas: ¿Estd el teniente
- ¡A ver!, ¡mis pistolas!
Carrillo?
- ¡Ay!-gritú el otro viejo con voz de tiple-,
El general fué muy felicitado por este episodio ¡mi bote de ungüento! Que este bárbaro me ya á
histórico.
disparar un tiro á quemarropa... y va á matar á la
Don Fabián había tenido una inspiración de portera.
mal gusto. Comía con su señora, y el bastidor
- ¡Toma el taburete, pelmazo!, ¡y así hayan
plantado á un lado de la mesita representaba una clavado c-n él una aguja!
jaula de espesos barrotes de las que sin·en para la
Al ruido de las carcajadas que prorncaba la
exhibición de fieras.
contienda llegó Conchita, y enterada de lo que
A pesar de que la broma pasaba de la raya, ocurría, mandó traer una sillita baja.
como todo el mundo sabía las continuas disputas
Aun no se consolaba el perdidoso que, lleno
de aquellos cónyuges, que no tenían otro defecto de rencor, dijo á su amigo:
que el de pasarse la vida discutiendo, la ocurren- Al freír será el reir.
cia ~e don Fabián fué también muy celebrada.
- ¿Por qué?
l~l domador llevaba en la cabeza un gorrito de
- Tú te llevas el taburete, pero yo me he
piel y no había podido conseguir que su mujer S&lt;' traído unos perdigones en chocolate ...
encasquetara una magnífica melena de león que
- ¿Y no me darás?-preguntó el otro, ponienhabía adquirido para el caso.
'
do una cara como si oliera las perdicillas.
Elena estaba lindísima con un casco que imi- ¡No! - repuso ferozmente el amigo.
taba la cabeza de una paloma; y el bastidor, que
- ¡Toma el taburete!
•
representaba un palomar, era un cuadrito de Ho- Si no lo quiero.
rado Lengo.
- ¡Toma el taburete, ó te doy con él en lo!.
La brigadiera, defendida con su bastidor, copia sesos!
,
'·
del palacio de Trianón, estaba arrogantísima con
Y esta ,·ez acabó la con tienda á gusto de amsu artístico peinado y su cabeza empolvada.
bos respetables señores.
.
Ramón había pintado la fachada de una Casa
Por todas partes se producían incidentes pade Socorro, á cuya puerta llegaban unos camille- recidos.
ros conduciendo sobre parihuelas un corazón enorUn académico no quería que se les llamara
me chorreando sangre y atravesado por la simbó- comensales, puesto que faltaba la mensn, y decía
lica flecha.
que eran comientes á secas; y un aficionado al
Las muchachas se habían despachado á su
mosto se alarmaba al oir lo de •ÍL secas• y pedía
gusto comentando los defectos de la pintura, que otra palabra. Por fin vinieron á una transacción
estaba muy lejos de parecer un Velázquez.
patriótica, aceptando los tres la denominación de
- ¡Ay, qué pena!, ¡cómo han puesto á ese po- tragantes.
bre animal!
Los bastidores eran objeto de las más severas
- ¿Qué animal? ¡Si es un corazón!
críticas; como quiera que cada cual sabía que el
- ¡Ay!, perdone usted; creí que era un bicho suyo era muy malo, se desquitaba burlándose de
que traían al Matadero.
los demás.
- Señorita, ¡si es la Casa de Socorro!
Pero el que más dió que hablar fué el de Jua- ¡Cuidado que soy torpe!
nito Cansino.
- ¿Y en qué se conoce que esto es una Casa
Xadie sabía lo que aquello representaba: el
de Socorro? - preguntaba otra.
lienzo estaba dividido en dos partes por una línea
- En el farol, en este farol rojo.
ho~izontal; la parte superior pintada de blanco y
- ¡Toma! Por eso no la conocía yo. Si el farol
la 111f~rior de gris sucio. Ni una figura, ni un adorme parecía el morrión del portero.
no, m nada que revelase el mistrrioso asunto.
- Tiene usted razón, porque la cabeza del
- Yo necesito saber lo que es eso - decía
p_ort_ero está toca_ndo al farol; pero por algo soy Antoñita, en cuya cabeza bailaba un tremendo goc1ru1ano; ahora mismo le corto la cabeza al por- rro de plu~as.
tero...
- Adivínelo usted - decía Juanito mirando
- ¡No, por Dios! ¡No queremos verlo!
de soslayo á su novia.
. Y las muchachas huyeron lanzando alegres
Esta no quería mirarle. Sabía lo que significansas.
ba la pintura, y como el papá no autorizaba las
En un gabinete inmediato, dos señores que pa- relaciones, encontraba la broma un tanto atrevida.
saban de los cincuenta disputaban por un tabu- Pues á mí me parece que eso no es el mar.. .
rete que ambos tenían asido, y no estaban lejos (l,,fovimiento de negación de :Juanito) ni el río .. .
de quedarse cada uno con la mitad.
(ldem) ni el campo...
- Te digo que no lo suelto.
- Nada de eso.
- Ni yo tampoco.
- Y ese paraguas, ¿tiene que ver con la pin- Pues nos estaremos así hasta la consuma- tura?
ción de los siglos.
- Tiene que ver.
- Pero, ¡malvado!, ¡si sabes que me tocó en
- ¿Qué es?
suerte!
- ¿No se lo dirá usted á nadie?
- No, señor; ya dije entonces que este tabu- Lo juro por su vida de usted.
rete no se sorteaba.
- ¡No! Por la de mi futuro suegro.
- ¿Y q1:)ién eres tú para decirlo?
- ¡Pobre señor!
- ¿Yo? El padre del taburete.
- Pues lo blanco es una pared y la faja gris
- Lo creo: porque también tienes cuatro es la acera de enfrente, donde me paso la exispatas.
tencia.

�- Me parecerá exquisito.
- Elena lo hizo como lo había dicho, y Ramón
tragó el pedacito de pan.
- ¿Sabe usted lo que esto significa? - le preguntó ella.
- Usted dirá.
- Que hemos partido el pan y la sal y ya no
podemos dejar de ser amigos nunca.
- ¡Elena!
- ¿En tan poco estima usted mi amistad, que
no queda contento?
- Yo estimo la amistad de usted en mucho;
pero quiero más.
- ¿Y quiere usted que le mienta?
Ramón bajó la cabeza y no contestó.
De su doloroso ensimismamiento le sacó la voz
de Elena que le decía:
.
- Amigo llriceño, ¿querrá usted sacarme .í
bailar en cuanto empiece el baile?
Como sucede en estos casos, Elena y Ramón
discutieron, argumentaron, alegaron y no se avinieron. La Lógica es una señora muy pedante y
entonada, y Cupido es un chiquillo muy alegre y
rebelde á toda disciplina.
El ünico silogismo que el Amor admite es el
siguiente:
Premisa mayor: Yo te amo.
Premisa menor: Yo amo á otro.
Co11c/11sión: ¿Quién me compra un lio?
V

•

Antoñita se echó á reir, y la novia de Juanito,
que comprendía sin duda el asunto de la conversación, lanzó á Juanito una mirada fulminante.
La cena fué animadísima: se brindó por Concha, por la brigadiera, hasta por Juanito Cansino,
y se obtu\lieron instantáneas de todos los grupos.
- ¿Se ha fijado usted, Elena, en que estoy de
rodillas á sus pies? - decía Ramón cuando la cena
iba á terminar.
- Va ust~d á cansarse.

- Xo; porque esta es la postura de la adoración y yo no puedo cansarme de adorar á usted.
Elena reflexionó un momento. Ramón se había
puesto muy serio y parecía esperar con ansiedad
una contestación.
- ¿Ve usted este pedacito de pan? - dijo
ella.
- Sí.
- ¿Se lo comerá usted aunque lo espolvoree
con un poquito oe sal:

e

••

Pasaban los días sin que la situación se modificara en lo más mínimo.
La inquietud de Ramón iba en aumento. - «El
día menos pensado - decía - se la presenta un
mequetrefe que le causa á primera vista cierta.i~presión, ella se cree enamorada y entonces m1 situación será horrible. ¡Xo! Xo espero más.&gt;
Como Antoñita estaba en autos y veía que el
médico no imitaba á los demás buscando una víctima entre las señoritas disponibles, le dijo una
noche:
- Usted debe ser un amante modelo, para
sostener relaciones puramente espirituales.
- En efecto; soy tan sensual como el que m.á?.
- No; si digo lo contrario: puramente espmtuales.»
- Pero Antoñita, ¡si estamos diciendo lo mismo! ¿A qué llamamos relaciones puramente espirituales? A las que establecen la vista )' el oído, ¿no
es esto? Pues la \ista y el oído son dos sentidos, y
á todo lo que les pertenece se debe llamar sensual.
- ¡Puf! Eso es un chiste barato.
- No tanto Antoñita. Que se ponga un neJO
á mirarla á usted todo lo tiernamente que quiera
ó á pintar su amor con la elocuencia de Cicerón:
¿á que le da usted calabazas? Donde hay juven~ud
y amor éste es siempre sensual, corporal, material,
grosero, como usted quiera llamarle ..En ocasiones
sale por un cauce ancho y en otras tiene que correr por un alambre estrecho, como la electricidad
y hasta por un filamento, como un cabello al llegar
á la lámpara. ¿Y qué sucede? Que al encontrar ese
cauce estrechísimo la violencia con que pasa por
él lo incendia y nos alumbra. Lo mismo en el amor.

�•
Cuando dos amantes no pueden hacer otra cosa
que mirarse, las miradas forman un arco voltaico
que lo pone todo en claro; no necesitan palabras.
- Pero, en fin, se llama así: «amor espiritual»
- dijo Elena.
- Cl¡i.ro; porque si echamos al espíritu de los
ojos, ¿dónde diablos va á meterse? ¡Como no haya
vino en el estómago!
- ¡Ah, materialistón! - exclamó Antoñita - .
Ya está enseñando la oreja. Bien se ve que está
usted acostumbrado á emplear el hipnotismo y á
convertir en muñecos á los pobres enfermos.
- ¡El hipnotismo! El hipnotismo es el sello de
hostia; la medicina que encierra es la sugestión, y
esa la emplea usted y la empleamos todos,
-¡Yo!
- Pues, ¿qué es la amistad, sino sugestión? ¿Y
el amor? ¿Y el respeto del criado al amo? ¿Y el
prestigio que da la fama? Se aproximan y hablan
dos personas; cada una tiene su opinión; sin embargo, una de ellas cede á la voluntad de la otra.
¿Por qué? Porque la arrastra, la sugestiona como
amiga ó como amante.
- Perdone usted, Briceño - dijo una joven
del coro-; el amante y la amiga se resisten, discuten ...
- Y el hipn'otizado también. Antoñita sería un
sujeto terriblemente razonador y rebelde.
- Es de familia. Como papá es progresista...
- ¿Quién de nosotras es más fácil de dormir?
- preguntó la brigadiera.
- Elena - contestó Ramón.
-¡Yo!
- Usted caería como un pajarito.
- Buena cosa me ha dicho usted. Voy á huir
de usted cielos y tierra.
- ¡Cá! Está usted ya luchando entre el temor
y el deseo.
- ¡Yo! - exclamó Elena-, no lo crea usted.
Y añadió en voz baja al oído de Antoñita -: ¡el demonio del hombre:. ¡Si parece que adivina!
- Debo advertir á usted que los farsantes rodean el hipnotismo de un aparato ridículo completamente innecesario. ¿Ha observado usted que,
para dormir, se nos vuelven los ojos hacia adentro
y arriba? Pues una cosa parecida es nuestro artificio; una postura de los ojos que desvía el curso de
la sangre en el cerebro y produce un sueño que
tiene muy poco de particular.
- Lo agradezco; pero...
- Vendrá usted á pedir que la duerma.
-¡Yo!
- Ahora mismo querría usted estar lejos de
aquí, pero no se siente con fuerzas para marcharse.
Elena se sentía mal, y por disimularlo con~~&amp;

.

- ¿Y por qué he de marcharme? Para que vea
usted que no le temo, voy á sentarme.
- Hace usted muy bien en no temer. Dentro
de pocos momentos la habré dormido á usted y
verá que no le pasa nada.
- Lo veremos - dijo Elena dejándose caer en
una butaca.
- ¡Ya lo creo que lo veremos! ¿Qué decía usted, Antoñita?
Antoñita no decía nada. Recordaba la afirmación de Briceño y recordaba también cómo había

traido el hipnotismo á la conversación, cómo había
envuelto poco á poco;¡á Elena; comprendía, ya tarde, toda la habilidad con que había llegado el médico á aquel punto, y veía, en efecto, á Elena
como un pajarito pronto á sufrir la fascinación de
la serpiente.
La conversación se fraccionó, y Briceño aprovechó el descanso en que le dejaban para mirar á
Elena.
Fué una mirada de paz: ambos se miraban
como se miran y sonríen dos buenos amigos que
no están conformes y han agotado sus argumentos.
Pero en el alma de Ramón había una tremenda
ansiedad en aquel instante. ¡Con cuánto trabajo
había llegado á lo que en mecánica se llama un
disposi#vo! La luz iluminando de lleno el semblante del médico, Elena ya preparada y mirándole sin
desconfianza, las conversaciones fundiéndose en
un charloteo confuso, que era más bien un ruido
aislador; así el fenómeno tendría las apariencias de
un accidente casi fortuito, de.los que no obligan á
pedir permiso á la familia, reunir gente y desplegar una práctica de sacamuelas.
- Si suena siquiera un reloj antes de que la
duerma, todo se ha perdido, po'rque no volveré á
verme en otra - pensó Ramón.
Decíamos que Elena miraba al médico con ojos
y sonrisa de niño travieso, como diciéndole: «¿Ve
usted como no me duermo?&gt;
Ramón también la miraba fijamente; pero su
sonrisa era enigmática. Lo mismo podía significar
«Usted ha ganado», que «Ahora verás lo que te
espera.»
Y cumo había algo de reto en la actitud de la
joven, ésta no quería apartar los ojos porque no
se achacara á miedo, á pesar de que la fijeza de la
mirada iba haciéndose molesta. El amor propio,
origen de tantas caídas, la sostenía en aquella inmovilidad peligrosa.
Hubo un momento en que dudó de si miraba á
Ramón porque quería, ó porque los ojos de él la
sujetaban; sintió la angustia del que, inadvertidamente, ha caído en un lazo, y el miedo la hizo desfallecer, como á esas personas que en sueños se
ven acometidas por un asesino y quieren gritar y
no logran producir sonidos; entonces vió que la
.expresión de Ramón había cambiado y revelaba la
satánica alegría del que dice á su víctima: «¡Ya
es tarde!»; sus ojos se llenaron de agua; su vista
y su inteligencia se nublaron ...
Ramón se incorporó bruscamente, y exfendiendo sus manos, dijo con acento duro é imperioso:
- ¡Duerme!
Elena dobló la cabeza sobre un hombro, cerró los párpados y por sus mejillas resbalaron dos
lágrimas.
Fácil es comprender la sorpresa y el revuelo
producidos entre las muchachas; pero Ramón se
adelantó á las consecuencias, diciendo con autoridad profesional:
- Si hacen ustedes el menor ruido, no respondo de lo que ocurra.
- ¿Se ha dormido?- preguntaron en voz tan
baja como si estuvieran en la iglesia.
- Sí. Sin querer. Un momento en que se ha
quedado mirándome, y yo, distraído, efecto de la
costumbre, he dado la orden.

-- Pero ¿no le pasará. nada?
- Nada, si ustedes callan-. Y dirigiéndose á
Elena, la tranquilizó; le dijo que estaba sumergida
en el sueño hipnótico; que seguramente se encontraba tr.anquila y gustosa (afirmación de Elena);
que la despertaría cuando ella quisiese, y que, entre tanto, no tenía otra comunicación con el mundo que él, á cuya voluntad estaba sujeta.
Elena se estremeció ligeramente al oir esto último, y Ramón continuó:
- ¡Oh, ya verá usted que soy un tirano muy

Ramón practicó así esos juegos iniciales del
hipnotismo y le sugirió la idea que más le interesaba.(
-'- Se encuentra usted perfectamente-dijo-,
y siempre que la hipnotice á usted será para experimentar igual sensación de bienestar ·y de placidez.
- Sí, sí - diJt&gt; neryiosamente Elena, como si
Briceño hubiera esperado aquella respuesta.
- Así es que en cuanto me vea usted otra noche, deseará'usted que vuelva á hipnotizarla (li-

soportable, pero tirano al fin! Por ejemplo: yo no
quiero que levante usted el brazo derecho, y no
puede usted levantarlo. Hará usted los mayores
esfuerzos y no logrará levantar ese brazo. Pruebe
usted.
Elena expresaba una fatiga visible. Se adivinaba que hacía esfuerzos inauditos, pero en vano; el
brazo permanecía inerte.
- No puede usted. Pero ahora le mando yo
que lo levante (Elena levantó et brazo como 11n rmtómata) y que le sea imposible bajarlo (Aquí se repitieron los esfuerzos de antes y ta1t injructzeosos
como aquéllos). Bájelo usted ya.
Cayó el brazo de Elena.

gero 1,wvimientJ de protesta de Elena,
ahogado por la palabra enérgica é imperiosa del hipnotizador). ¡Sí! Deseará usted vivamente que vuelva á
dormirla, y si yo tardo en proponérselo, usted no podrá resistir á su
deseo y vendrá á reclamar de la
Ciencia la desaparición de ese malestar que la curiosidad ha hecho
nacer. Esto lo digo yo, y sucederá.
- Sí; sucederá - articuló Elena
con voz débil.
- Bueno; ahora voy á despertar
á usted. No recordará usted nada de
lo sucedido durante su sueño, y se
encontrará usted en un perfecto esta do de ánimo y contentísima de
haber realizado este experimento.
Frotó un instante con las yemas de los pulgares los párpados de Elena y ésta abrió los ojos.
- ¡Calla! ¡Me he dormido! Mejor dicho, me ha
dormido usted, doctor, ¿verdad?
- Así es.
- ¡Qué alegría siento! No me acuerdo de nada.
¿He soñado alguna tontería?
El asombro de las demás muchachas no estaba
exento de miedo. No hay cosa que entregue tanto
el ánimo como ver dormir hipnóticamente á otro.
Cualquiera de aquellas jóvenes hubiera caído en
plena hipnosis al simple mandato de Briceño.
Pero no entraba en los p lanes del médico que
Elena se convirtiera en espectadora. Toda aquella_

r

•

•

�,

S&lt;'SÍÓn de hipnotismo había durado cinco minutos;
Xadie, sin embargo, St' asustaba por semejante
había salido bien, no había llamado la atención de velocidad. Elena era una beldad en extr.!mo codinadie y había senido para infundir la idea de la ciable, de esas cuya posesión legítima parece un
repetici6n.
monopolio y un abuso, algo así como un latifundio
Briceño se apresuró á salir del gabinetito don- de belleza, cuya propiedad hubiera debido fracciode se había verificado la iniciación. ) á poco fué narse. Esta era, al menos, la opinión pecaminosa
alcanzado en C'l salón por Antoñita.
de los que forman calle á la puerta ele los teatros
- Ahora ya no lo dudo; le t1uerrá á usted en cuando sale la gente. Pero aquellos mismos inúticuanto usted se lo mande...
les que invocaban la propiedad colectiva, faltos de
- V sin mandárselo.
cualidades para ser due1'ws absolutos, se drscu- Y hasta se tirará por un balcón, si usted se brían respetuosamente al paso de la fC'liz pareja,
lo dice. ¡Pobre Elena!
y era su saludo el homenaje que- nunca se regatea
- ¡!'obre! ¿Tan mal cree usted que le va á ir á la virtud indiscutible.
con mi cariño?
Los amigos de él sabían que se había enamo- Sí, sí; me da miedo. Es mucho atar un alma. rado locamente de Elena y que, contra su costumSería preferible hasta que le engañaran á uno.
bre de pensar mucho las cosas, se había casado en
- ¡Pero .\ntoñita! Todo esto no es más que un seguida; de donde inferían que no era un amur
ahorro de tiempo.
pasajero el que se había posesionado de su es- Y á usted, ¿quién le hipnotiza? ¿Quién res- píritu.
ponde de que usted querrá á Elena como ella le
Y en realidad no era falta de amor lo qur hava á querer á usted?
bía reducido á ruinas la dicha de aquel matri- Yo estoy profundamente enamorado de monio.
Elena.
Ruinas, sí; la luna de miel había sido para ellos
- ¡Ojalá! Pero lo dudo; no hubiera usted teni- muy corta.
do la habilidad y la sangre fría que ha demosAl año de matrimonio no habían tenido sucetrado.
sión, y sabido es que, faltos de este elemento aglu- Eso no; cada cual ama á su manera.
tinante de la familia, los matrimonios no son una
- ¡Hum! - Y haciéndole la señal de la cruz se combinaci6n, son una mezcla.
apartó del médico.
Oigamos á la misma Elena contar á la señora
de Andilla y á ..\ntoñita, que habían ido á visitarla, el relato de sus penas.
VI
- l\Iire usted, Concha, esto no hay quien lo
entienda. Yo no puedo dudar de que Ramón me
Una nuch(· calurosa, apoyados Ramón y Elena quiere; yo le quiero con toda mi alma; no tenemos
en el alféizar de una ventana, y dormida ella por un sí ni un no; yo sé que Ramón me es fiel. .. y,
la tiránica n1luntad de su nue\·o señor, éste, exas- sin embargo, él es desgraciado ) yo no puedo ser
perado por la resistencia pasiva de Elena, siempre feliz.
obediente, pero no enamorada, puso fin á un dis- \TerdadC'ramen te es una charada lo que está
creteo que se hacía muy largo sin llegar á un usted '1iciendo, Elena; pero créame usted, yo tenacuerdo, con cstas frases:
go alguna experiC'ncia de estas cosas: todas esas
- Hay que quererme, hay que desearme, hay niñerías acaban t'n cuanto \'iene el primer hijo.
que identificarse conmigo, alegrarse ó c-ntristecer- Xo, no - contestó Elena mordiéndose los
se con mis alegrías ó mis tristezas. ¡Hay que amar- labios y saltándosele las lágrimas-; nosotros no
me! - terminó con ruda energía, dand,&gt; con el ta- seremos felices nunca.
cón en el suelo y clavando sus ojos en la hipnoti- Pero, niña, ¿qué fundamento tiene ese diszada como dos garfios de abordaje.
disgusto?
¿Qué pasó entonces en el alma de Elena? Su
- Xo puedo adivinarlo; indudablemente yo no
rostro se tiñó de carmín, moviéronse sus labios sin sirvo para casada, por bruta, por incapaz. La verpronunciar palabra alguna, y sus manos se junta- dad es que siempre he sido muy pava, y ahora me
ron sobre el pecho. La hermosísima cabeza se al- atasco donde otra más lista resolvería la cuestión
zaba ansiosan1C'nte hacia Briceño como buscando en dos manotadas.
su norte.
- Una en cada carrillo de él - interrumpió
.-\1 choque poderoso d&lt;' la férrea \·oluntad de
.\ntoñita.
él parecía haberse roto el delicado fanal que guar• - Yo no digo tanto - objetó la ele Andilla -;
dara el amor ele ella, esparciendo por todo su sér pero ¡\·aya!, que cuesta trabajo \·erla á usted sufrir
la inquietante y rmbriagadora esencia que nos sin motivo. ¡Una chica tan guapa, tan virtuosa, tan
arroja en brazos del sér querido, con la incontras- enamorada de su marido! ¿Qué más puede pedir?...
table fuerza de una reacción química, que termina
- La primera V&lt;'z que le hable - dijo Antorn la formación de un cuerpo nuc\·o.
ñita - va á tener que oirme.
Desde aquella noche venturosa tocio había ido
- i Xu, por Dios! - dijo tlena -; comprená las mil mara\illas y á paso de carga: declaración
dería que yo había hablado dr ello y sería peor.
oficial, petición de mano, preparativos, formalida- Pero usted le ha preguntado...
des y boda.
- Sí, señora; lo único que me dice es que yo
En tres meses, Ramón había llegado á la meta no debo mortificarme, porque la culpa es suya.
de sus deseos, siendo el ingeniero de s'u. propia Nada, que había soñado con una Elena y ha envida, determinando previamente el trazado de la contrado otra muy distinta.
línea férrea de su dicha y lanzándose por ella en
- Vamos, no digas tonterías, hija. Si yo me
un expreso loco.
casara y me saliera luego el gaznápiro de mi ma-

•

(

•

(

,.

•

rido con que se había equivocado, la emprendería
con él á bofetadas hasta que nos llevaran á la dt·lega, como dicen los chulos.
.
Poco más hablaron las tres muJeres hasta la
llegada de Ramón, que venía de visitar sus enfermos.
Ramón se mostró jovial; parecía el hombre más
ctichoso de la tierra, y la conversación fué desd_e
aquel momento un tejido de hipocresías y mentiras impuestas por el decoro.
.
Antoñita se contentaba con abnr de vez en
cuando unos ojos como platos, al oir ciertas cosas
y recordar la procesión que andab~ por dentro.
Por último se marcharon las v1s1tantes, y Ramón quiso aprovechar el ficticio ?uen humor de
que había hecho gala, para sugestionarse y sostenerlo de veras.
Iba á proponer á Elena ir por la noche al teatro, cuando ella, que adivinó su pC'nsamiento, se
adelantó y dijo:
- Ramón, ¿te parece que \·ayamos al teatro
esta noche?
Una nube de plomo que le cayera encima no
le hubiera puesto más desesperado. Con acento de
infinita amargura, exclamó:
.
- Muy bien; ¿por qué no á la Comedia?
- Es precisamente el teatro en que estaba
¡1ensando.
Ramón lanzó un rugido y salió á escape de la
habitación.

VII
Algunas noches después Ramón se s_entó ante
sus disrípulos para darles la clase gratuita de enfermedades nerdosas, que le ocupaba los martes,
jueves y sábados.
.
.
La habitación era la últtma de la casa, próxima
á una escalera de sen·icio, por la ·que subían los
&lt;'Studiantes.
.\ntes de que Ramón se pr&lt;'scntara, los estudiantes habían puesto un papelito sobre la mesa,
como acostumbraban siempre que le pedían algo.
Ramón tomó el papelito, lo leyó, ) tu\O que
hacer un esfuerzo para disimular su emoción. El
papelito decía: «Se suplica al scño~ proresor qur
nos diga algo acerca del amory el hipnotismo.•
Fué para Briceño una p~ñalada. .
Largo rato pasó, coor~mando sin dud_a sus
ideas, cosa que los estuchan tes . no extra,na_ron,
puesto que le obligaban á impro~1,sar. Por ultimo,
haciendo un ademán de resoluc1on, c-mpezó con
voz no muy segura:
- Señores: no me sorprende la petición de ustedes; por el contrario, me la explico_ y aun la celebro. Es w1a desgracia que muchos ltbros d_e te?&lt;to estfo escritos, no por los que hacen _la ciencia,
investigando y encontrando verdades, smo por especuladores que llevan minuciosa cuenta de lo que
trabajan otros, y se enriquecen con ello. .
.
Estos ruquitos, estos majaderos, estos 1mbéc1-

�•

•

•

les ( ~o_rpresa de los alumnos, acostumbrados á una
exquiszt~ correc~ión de lenguaje en las explicaciones
de Ramon) sacrifican y ocultan la verdad siempre
qu~ choca, á juicio de ellos, con el pudor ó con la
sen~·lad¡ esa seriedad del asno, incompatible con
la ~1enc1a, corno si un libro de ciencia fuese una
~ev~sta de moda~ que hubieran de hojear las sen_ontas, ó C?~º s1 no fuera asunto serio el que encierra la felicidad de toda la vida.
&lt;;oged un li?ro d_e Anatomía y veréis con qué
sob_nedad de~cnbe ciertas cosas; hojead una Fisiol?gia Y ve~é1s que pasa como sobre ascuas por
c1~rtos ~ap1tulos; y en cuanto al amor, al impulso
pn1;11ord1al de la humanidad, á la llave de la Pato!o~ia humana en su_s nueve décimas partes, esos
1d1ot_as autore~ de libros lo dejan en el tintero, y
sonnen des~enosamente ante esa nüierla; como si
ellos no hubiesen andado en su tiempo con la ¡¡:ui1

tarra al hmnbro, y como si hubiesen dejado más
tarde la ~area de perpetuar su nombre al cuidado
de lo~ cnados de la casa. (Tremenda explosión de
carca;adasy aplausos de los estudiantes),
¡De cuántas desgracias son responsables estos
explotadores de las ideas ajenas!
Veng~mos_ al asu_nto. En el amor hay dos clases de hipnotismo, o por mejor decir, dos clases
de sugestión; pues, como ustedes saben, aquél no
es más que e~ procedimiento para producir ésta.
Hay la sugestión suave, lenta y sana, que emplea
para hac~rse a~~r tod? el mundo, y hay también
la sugestión rap1da, v10lenta, agresiva, ¡criminal!,
que se logra con los procedimientos hipnóticos,
. To~ios ustedes conocen el fenómeno: entre un
h1pnotlzador y _una hipnotizada, á poco que el prime'.o se empene, es asunto de media docena de
l!~s1ones que la mujer se enamore del hombre que

e

•

ha secuestrado su albedrío. Este procedimiento
es una puñalada para la mujer y un veneno mortal para el hombre. (Ramón pasa su mauo por la
cara con violencia, como si quisiese aplanarla borrando las Jaccionts; despttés, mds tranquilo, continúa):
Tratemos del primer procedimiento.
El hombre se encuentra en presencia de la
m'Jjer á quien ama y, al declararle su pasión, lo
hace con la misma zozobra que el jugador que
arriesgara su último dinero y tuviera que pegarse
un tiro en caso de pérdida. No sabe si saldrá su
carta ó la contraria. Más aún: no ha hecho nada
para lograr que sea la suya la que salga. Todo lo fía
á la suerte, lo cual sería imperdonable pudiendo
ser él y no la suerte quien decidiese; pero más
imperdonable todavía no siendo él ni la suerte,
sino un cerebro femenino que se da á conocer sin
esfuerzo, al que quiere estudiarle y que, sorprendido y halagado por las circunstancias que prefiere, otorga en seguida el •sí• que se desea.
¿Qué circunstancias, qué condiciones personales son estas? El trato con la mujer lo revela pronto; el asunto es, como en las cajas de caudales,
formar una palabra con la cual cerró la Naturaleza el corazón de la mujer; «inteligencia•, « fuerza», belleza•, elegancia• , «melancolía,.,•, y una
vez hallada la palabra, el corazón se abrirá, mostrando su riqueza amorosa. (Pausa). De cada diez
veces, en nueve formen ustedes, desde luego, la
palabra «fuerza• (Risas de los nl111nnos). Entre las
más delicadas y porcelanescas beldades de un salón es objeto de muchos mimos el poeta; pero á la
hora de bailar le quita la pareja el sportman.
De cualquier modo: ya sea haciendo alardes
de matón, ya de hombre económico, bien de místico, bien de bohemio, tal vez de melancólico, tal
otra hablando mal de las patatas fritas, hay que ir
al asalto del corazón de la mujer, después de haber estudiado los caminos que á él conducen.
Si, como es probable, entráis en la fortaleza,
tened mucho cuidado con la sugestión, Tan peligroso es abandonar el poder hipnótico que nos da
nuestra condición de hombres, como abusar de la
imposición hasta matar el menor asomo de independencia, Precisamente el encanto de la vida
conyugal se cifra en ganar una tras otra esas batallas minúsculas que ofrece el trato íntimo; y es
mayor todavía si tenemos la suerte de perder alguna de vez en cuando, porque así animamos al
contrario, peleamos con más ahinco y es más gustosa la victoria siguiente. Es la lucha del maestro
de armas y su discípulo,
Bien entendido que hablamos siempre de mujeres medianamente educadas, por lo menos; no
de esa clase de bestias irreductibles que, para mover la maldita lengua, se ponen detrás del Código
y no hay manera de taparles la boca si no es yendo á la cárcel, como se ve frecuentemente en las
clases populares.
Pero con mujeres que merezcan el nombre de
tales, la sugestión bien administrada es un encanto
eterno ... Sin duda Ramón iba á continuar los elogios de
la armonía conyugal; pero se detuvo, se ensombreció su rostro, frunció el entrecejo, y al cabo
rompió, como quien suelta de los hombros un peso
abrumador:

e En cambio, señores, no hay nada tan horrible
como el amor logrado por la violencia, por la coacción del procedimiento hipnótico corriente. Para
que haya armonía, se necesitan dos ó más notas
distintas; el do y el ,ni y el sol armonizan en el
acorde de tónica; pero, ¿se puede llamar armonía
á la suma del do y el mismo do? ¿Es posible que
suene bien un piano si, teniendo pisado el do, pisáis también el mi y éste suena también como do?
La vida, señores, es un perpetuo roce con el
mundo exterior; el músculo necesita, para vivir y
fortalecerse, pesos que levantar y resistencias que
vencer; si éstos faltaran, el músculo se atrofiaría;
el tubo digestivo lucha á sus horas para separar
lo útil de lo inútil, y transformar convenientemente lo primero; dadle sustancia alimenticia prepa. rada ya de tal suerte que nuestros jugos nada tengan que hacer en ella y pueda pasar en el acto á
la sangre,y desorganizaréis el tubo digestivo y mataréis al paciente; el aparato respiratorio necesita
eliminar el ázoe y absorber el oxígeno; dadle oxígeno puro y abrasaréis los pulmones y acabaréis
co¡¡ la vida; en una palabra: nuestro cuerpo vive
luchando y venciendo resistencias, y tan mortal
sería para él suprimir la resistencia, la lucha que
ésta provoca y el esfuerzo que ello exige, como la
falta de vigor para obtener esas victorias de cada
momento y sucumbir'arrollado por el obstáculo.
Y si esto sucede con órganos y sistemas de
condición secundaria, ¿qué no sucederá con el cerebro, el primero, el más delicado, el más noble
de todos y, por lo mismo, el más sociable, el más
necesitado de ese ejercicio vivificante que se llama
controversia?
Es necesario á la vida del cerebro el choque
con la opinión ajena.
.
Solamente los brutos creen tener razón en
todo,
No puede vivir el cerebro sin reducir contradicciones, sin dar y tomar ideas, sin comercio intermental: el aislamiento lleva directamente á la
locura.
Dad un paseo por el campo y acabaréis hablando solos.
Porque, notadlo bien: la contemplación de la
Naturaleza despierta en nosotros multitud de
ideas, pero estas llegan á ser en tal número y se
mueven tan desordenadamente, que el pensamiento gira como un torbellino sin producir cosa
alguna de provecho y se pierde en un laberinto de
incongruencias;si entonces se abren vuestros labios
para lanzar alguna frase, veréis que la palabra, colgada como una señora gorda del brazo del pensamiento, le contiene, suprime los torbellinos vertiginosos y le encamina paso á paso hacia un objeto
determinado. Con ayuda de las palabras, el hombre extiende la doctrina, articula sus principios,
construye el sistema y determina una tras otra las
aplicaciones, (Aplattsos, en seguida contenidos para
no perder la continuación). Y es que la palabra no
sólo es un elemento regulador de la actividad del
cerebro, sino también su excitante más poderoso;
es que la idea que sale formulada en palabras por
la boca vuelve á entrar en el cerebro por el oído
y, como si fuera opinión ajena, estimula nuestro
pensamiento invitándole á la contradicción, á la
rectificación, á la depuración de la propia idea. El
que habla solo, discute con su propia voz; el que

�•

)9

mesa, afianzando la mano izquierda al ~orde y señalando con el índice de la d~re~ha, gntó:
«Pues esa, ¡esa es la obra mlame de la sug_estión hipnótica! Envuelve el cerebro de la mujer,
,aprieta las ligaduras, descoyunta y rompe los resortes del pensamiento, destruye toda fuerza de
Jnde¡iendencia y lo arrastra. e? _p~s del n_uestro,
matando su personalidad, su 1111ciativa, su h~ertad
y su gracia; y dejando el n~estro c_omo musculo
·sin pesos, como estómago sm trabajo, _como pulmón quemado por el exíg~n?, como piltrafa 1~erviosa impropia para la felicidad y para la vida.
JSííííí! ... •
Con la cara al ras del tablero de la mesa, Ramón babeaba las palabras:
.
«Es indudable - contmuó sm abandonar tan
-extraña postura, - es indudable que así como
Dios hizo al hombre libre para quererle ó para
.odiarle pudo sujetar su corazón, pudo negarle ese
.albedrí~ y que todas las criaturas hubiesen ama.~o
y amase~ eternamente f la divinidad.:. Pero Dios
no lo quiso porque sa~1a lo que los miserables humanos tan amigos de imponer amores y resp~tos
por la 'ruerza, ignorarán todavía por muchos anos:

Dios sabía que el amor, si no es espontáneo, no
satisface.•
,
Dos estudiantes se habían abalanzado a él y
procuraban incorporarle.
. .
En esto se oyó tras de la puerta v1dnera el
ruido sordo de un cuerpo que cae al suelo. ,
Ramón se puso en pie, levantando con él a los
que le sujetaban. Estaba terri_ble, de,scomp~esto.
_ ¡Ah!-gritaba :--,¡cuán -~1en dec1'.'-el emmente fisiólogo inglés miss Antomta, sobrina, de Carlos Rubio: c¡Es mucho atar un alma! ¡Sena preferible hasta que le engañaran á uno!•_
.
Abrióse la puerta vidriera y saltó una cnada
llena de susto.
- ¡Señorito!. . .
.,
Ramón levantó el tintero para arroiarselo á la
cabeza.
· - ¡Fuera de aquí! ¡Todo e~tá roto!. ·.._
Y cayó desplomado en el sillón, respnando fas
tigosarnente.
.
- ¡Está loco!-decían en voz baja los alumnos.
Unos le rodeaban, otros ayudaron á la criada
á. levantar á Elena, que había caído desmayada en
el pasillo.

.ll3 F ~brero 1&lt;yJ7.

escribe, contiende con su propia letra, y en uno y
otro caso, al decir «discute• y «contiende», quiero significar que contradice y purifica la verdad
perseguida en aquel momento. Así como el diamante sólo se talla con polvo de diamante, las palabras son también las partículas con que se labran las facetas del pensamiento, . (Los estudiantes rompen en una ovación delirante y prolongada.
Un estudiantón que está en primera fila, coge la
mano del profesor y le contempla embobado y sonriente).
Cuando Ramón consiguió calmar con sus ademanes el frenesí de sus discípulos, había desaparecido de su semblante la animación producida
por el entusiasmo científico. Sólo quedaba en él
la excitación oratoria, pero apuntada, sin duda, á
la zona negra del asunto, á la que venía bordeando sin afrontarla, por temor á poner el dedo en la
llaga propia. Ya era irremediable; había que enlazar aquella fisiología cerebral con el amor y
el hipnotismo, que era lo que aguardaban los
alumnos.
« Hemos dicho antes que la palabra que hablamos ó que escribimos excita nuestro cerebro
como si fuera ajena, como si no reconociéramos
nuestra voz ó nuestra escritura y discutiéramos
con otra persona. Y es que el mayor placer y el
más fecundo del cerebro es ese: la comunicación
con otro cerebro, el choque de ideas, la discusión,
el ejercicio que conserva la salud del órgano.
Y como también hemos dicho antes, la nota
producida por el otro cerebro ha de ser distinta
de la que el nuestro produce: si nosotros damos el
do, la mujer debe dar el mi ó cualquiera otra de
las notas que con el do armonizan, que son todas·

menos el si, ¡cosa curiosa! La nota característica
del que en música se llama acorde de sétima dominante, y fuera de la música significa que no hay
marido que transija con ese acorde de la señora.
Ahora bien; ¿qué armonía, qué trato, qué vida
es posible cuando el cerebro de la mujer no da
una nota distinta, sino exactamente la misma que
nosotros y de una manera insistente, monótona,
infalible, que taladra el oído, perfora el cráneo y
desgarra como un proyectil nuestro cerebro?,
Al decir estas palabras, Ramón · había ido poniéndose en pie, y cogiendo un libro que tenía sobre la mesa, lo arrojó de plano contra ella á la conclusión del párrafo.
Entre los alumnos se produjo un silencio en
que se mezclaban la sorpresa y el temor. No sabían lo que le pasaba á don Ramón, pero era indudable que le pasaba algo.
Ramón, como asustado del ruido y corno avergonzado de aquella violencia, continuó:
« Ko; no hay trato ni vida posible cuando el
cerebro de la mujer es como un pedazo de nuestro
propio cerebro, cuando la idea que ha de salir al
paso de la nuestra es la misma idea que ha brotado en nuestra mente, cuando hasta las palabras
con que íbamos á formularla (Estrujando el papel
que habían escrito los alumnos) salen por la boca de
la mujer en vez de salir por nuestra boca. •
Las manos de Ramón temblaban. Su voz pasaba repentinamente d e ronca á chillona. La mayor
parte de los alumnos estaban sobrecogidos; algunos, alarmados y llenos de zozobra, habían visto
moverse los visillos de la puerta que daba paso al
interior de la casa.
De pronto Ramón, echando el cuerpo sobre la

•
FIN

¡ ti
literario -,, No se devuelven los orlglneles.
Reservados to-fas
los derechos
de p~~,z;~~I
i"m;r::1a de Jos~ Blass Y Cia., San /\'\ateo 1, l'\adrld.
Fotograbados
de Durá
y Compañia.
-

�r

\./,o .

El [uEnto 5Emanal

El [HBDfo&amp;Bmanal

PUBLICA EN SU NÚMERO PRÓXIMO

POMPflS DE JflBÓN
Novela, por PABLO f'ARELLADA

El [UBnto SBmanal

EPILEPSifl
ó accidentes nerviosos

NÚMEROS PUBLICADOS

CURACIÓN RADICAL
aun en los casos en que
fracasa la medicación
polibromurada, con las

0

l. Desencanto (novela), por Jacinto Octavlo
Picón.
2.0 La sonrisa de 0locconda (bocetos de comedia), por Jacinto Benavente.
3.0 Aventura (novela),de G. Martlnez Sierra.
0
4. La cita (novela), por Eduardo Zamacols.
5.0 La guitarra (drama en tres actos, y en
prosa), por Salvador Rueda.
6.0 La maldita culpa (novela), por AntonJo
Zozaya.
7.° Cada uno... (novela), por Emllla Pardo
Bazán.
8.0 Una letra de cambio (novela), por Joaquin Dicenta.
9. 0 Reveladoras (novela), por Felipe Trigo.
10. El alma viajera (no'{ela), por Jose Francés.
11. La caravana (novela), por Eduardo Marquina.
12. La soledad del campo (novela), por Juan
Pérez Zúñiga.
13. Del Rastro á Maravillas (novela), por Pedro de Réplde.
14. Guillermo el apasionado (novela), por
Manuel Bueno.
15. La espuma del champagne (comedia en
un acto), por M. Linares Rlvas.
16. Ni amor nl arte (novela), por Pedro Mata.
17. Un suel!o (novela), por Amado Nervo.
18. Historia de una reina (novela), por Alejandro Sawa.
19. El milagro de las rosas (novela), por
Franc1sl!o Vlllaespesa.
20. La madrecita (novela), por S. y J. Álvarez Quintero.
21. El fin de una leyenda (novela), por Slneslo Delgado.
22. De corazón en corazón (novela), por
E. Ramlrez-Angel.
23. La conquista del jándalo ( novela), por
Alejandro Larrublera.
24. Las 'tres Reinas (novela), por Mauricio
López-Roberts.
25. El tesoro del castillo (novela), por Carmen de Burgos Segul (Colomblne).

Pastillas Antiepilépti cas de Ocboa

.

No quitan el apetito
No deprimen
Cortan rapidamente
los accesos

CONFESION
NOVELA POR FRANCIS-

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~17;)17,)

La punta del velo (folleto médico).
A medios pelos (artfculos y romances).
Las inundaciones y la repoblación forestal .
La lectura como arte.
El derecho del pataleo.
Tomo primero: La polltica.
Tomo segundo: La administración.
TEATRO (en un acto).
Gabinete magnético.
El pais del abanico (zarzuela).
El lazareto (zarzuela).
El vitriolo.
Felipe (zarzuela).
La pelota en el tejado.
Por unos dias.
El pavo de la boda (zarzuela).
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35 CALLE DE CARRETAS 35

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                    <text>r

\./,o .

El [uEnto 5Emanal

El [HBDfo&amp;Bmanal

PUBLICA EN SU NÚMERO PRÓXIMO

POMPflS DE JflBÓN
Novela, por PABLO f'ARELLADA

El [UBnto SBmanal

EPILEPSifl
ó accidentes nerviosos

NÚMEROS PUBLICADOS

CURACIÓN RADICAL
aun en los casos en que
fracasa la medicación
polibromurada, con las

0

l. Desencanto (novela), por Jacinto Octavlo
Picón.
2.0 La sonrisa de 0locconda (bocetos de comedia), por Jacinto Benavente.
3.0 Aventura (novela),de G. Martlnez Sierra.
0
4. La cita (novela), por Eduardo Zamacols.
5.0 La guitarra (drama en tres actos, y en
prosa), por Salvador Rueda.
6.0 La maldita culpa (novela), por AntonJo
Zozaya.
7.° Cada uno... (novela), por Emllla Pardo
Bazán.
8.0 Una letra de cambio (novela), por Joaquin Dicenta.
9. 0 Reveladoras (novela), por Felipe Trigo.
10. El alma viajera (no'{ela), por Jose Francés.
11. La caravana (novela), por Eduardo Marquina.
12. La soledad del campo (novela), por Juan
Pérez Zúñiga.
13. Del Rastro á Maravillas (novela), por Pedro de Réplde.
14. Guillermo el apasionado (novela), por
Manuel Bueno.
15. La espuma del champagne (comedia en
un acto), por M. Linares Rlvas.
16. Ni amor nl arte (novela), por Pedro Mata.
17. Un suel!o (novela), por Amado Nervo.
18. Historia de una reina (novela), por Alejandro Sawa.
19. El milagro de las rosas (novela), por
Franc1sl!o Vlllaespesa.
20. La madrecita (novela), por S. y J. Álvarez Quintero.
21. El fin de una leyenda (novela), por Slneslo Delgado.
22. De corazón en corazón (novela), por
E. Ramlrez-Angel.
23. La conquista del jándalo ( novela), por
Alejandro Larrublera.
24. Las 'tres Reinas (novela), por Mauricio
López-Roberts.
25. El tesoro del castillo (novela), por Carmen de Burgos Segul (Colomblne).

Pastillas Antiepilépti cas de Ocboa

.

No quitan el apetito
No deprimen
Cortan rapidamente
los accesos

CONFESION
NOVELA POR FRANCIS-

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A medios pelos (artfculos y romances).
Las inundaciones y la repoblación forestal .
La lectura como arte.
El derecho del pataleo.
Tomo primero: La polltica.
Tomo segundo: La administración.
TEATRO (en un acto).
Gabinete magnético.
El pais del abanico (zarzuela).
El lazareto (zarzuela).
El vitriolo.
Felipe (zarzuela).
La pelota en el tejado.
Por unos dias.
El pavo de la boda (zarzuela).
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30 Cínts.

�El [uento Semanal
¡/v'\adrid

Se publica los viernes
Oficinas: Fuencarral 90
Teléfono 2054
Apartado de Correos núm. 409

Libros y Revistas
Rima■ del trópico, por Alfredo Gámez Jaime. - Imprenta de Arcbi.-os. Madrid.
Rs un libro sano; libro caliente, lleno de emotividad y
de color. Al frente del volumen figura un gallardo prólogo
de Salvador Rueda, del cnal entresacamos los párrafos siguientes:

«Acaba de llegará nosotros la voz de un poeta americano, cuyos versos transmiten al espirilo la emoción firme
y reconfortadora de la vida. Me refiero á Alfredo Gámez
Jaime, que, acaso por venir de la República americana
donde el idioma español se conserva más puro (Colombia),
trae en sus poesías la fórmula largo tiempo esperada (é iniciada yn espléndidamente por algunos) de la fusión, bajo
un troquel propio, de los elementos ambulantes que se observan en la lírica general de aquellos países.» •..••.••...•
.........« Canta lo mismo lo externo que lo interno, el
sentimiento que la pldstica, la armadura carnal del hombre
que sn alma. Es amplio de visión; abarcador ambicioso de
horizontes emocionales; inopinado, al ,·olar de unos asuntos á otros; perseguidor de la imagen, que muchas veces le
brota repentina como una lumbrarada.» .•.••
Marrueco■,

Politlca é lntereaes de Bapall.a en cate
Imperio, por Eduardo Caballero de Puga. - Imprenta de
E. Arias. l\ladrid.
Obra ilustrada, mu y bien documentad:i y de gran actualidad.
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Azul. - Ha empezado á publicarse en Zaragoza, bajo
la dirección de Eduardo de Ory, esta notable revista, entre cuyos colaboradores figuran los literatos españoles y
americanos más eminentes.

El Nuevo Mercurio. - El núm. 8.'' de esca importante
revista publica una sección titulada ,,~Conoce 11stt:d E.-.p2ña?»,
en la que colaboran Paul Adam, René Bazin, jules Clarctie,
:More! Fatio y olros prestigiosos escritores.
Ademlls publica artículos de Miguel de Unamuno, Rubén
; &gt;ario, Pérez Tria na, E. Lora y P. Aumechian.
Páginua Ltb.-es. -

El núm. 7 de esta reví.ta publica el

siguiente sumario:
«El nuevo renacimiento», por Claudio Reina; «Consejos
útiles», por Clemencia Jaquinet; ~Los siete enigmas del Universo», por Fernando 1'arrida del Mármol; «Primeras civilizaciones: La India», por Ramón Baños Martínez; «Anarquía
é individualismo», por Teresa Claramunt; «Sumisión y rebeldía», por M. Meléndez Muñoz; Papel recibido; Folletín: «El
mundo y el hombre», por Ralph \Valdo Emerson.»
Burla Burlando. ·-Tales el título de un semanario frs(h•o ilustrado que ha comenzado á publicarse en Granada.
El periódico en cuestión abunda en notas de buen humor
y está todo él escrito con ingenio y t,Pril,
Deseamos toda clase de prosperidades al simpático
colega.
Hojas SelectaA. - Sé ha publicado el nürn. 6q de b revista mensual llo¡as Stltclas. correspondiente á ~cptiembre, cn cuyos pA¡?inas, pulcra mente ilustradas, se cons•gra la alcnción debida á los asuntos de culminantc actualidad.
Publica ademh las acostumbradas secciones de «Moda
parisiense», nota cómica, nota política y pasatwmpos.

Yeclanerfo1. - Colección de poesías de Maximiliano
C. Soriano. -- 'fipogr,ilia l\lodcma1• Elda.

f.

FRANCISCO
ARO 1 - 6 Septiembre 1907 - N.º 36

VILLEGAS
(Z EDA}

Precios de suscripción:
Madrid y provincias: Trimestre 3,25 pesetas.
Semestre 6 pesetas. Año ti.
ExtranJero: Semestre 10 pesetas. Año 18.
Anuncios á precios convencionales.

Número suelto:

30 CéntiffiOS

CONFESIÓN

Por el Arte. - Publica esta revista, cuyo número correspondiente á Agosto hemos recibido, interesantes artículos
que firman F. ~Iontagud, J. :M. Alcoreno, Manuel Abril,
J. Huidobro, J. Villaseñor; profusión de grabados, noticias,
etcétera, etc.

I

N

Consultorio 6rafoldgico 6RA[ HTN E8
(Véase el núm. 3.0 de nuestra Revista.)

=

Respuestas

=

J. R. B., Zaragoza. - Sensibilidad exceslvn; Impresionabilidad; carácter amable; gran deseo de ganar dinero; actividad; espfritu de organización; Inteligencia culttvada; mucha prudencia
en los negocios y disposiciones para el comercio; combatividad;
vivacidad; naturaleza poco entrglca; temperamento bien equilibrado.
Un neurasténico verde. - Espíritu muy independitnte; gran
amabilidad; Inteligencia muy claro; buen grado de cultura: gran
propensión II la melancolía y al desaliento; carácter sensible, á la
vez que muy rencoroso; voluntad dominadora; i:ran sinceridad;
temperamento nervioso-sangulneo; desconfianza

Meflstófeles. - Naturaleza bastante Interesada; gran actividad lfsica; bastnnle vanidad; sensibilidad muy despierta; espiritu
vivo; gran nervosidad; afición á discutir; bastante tenacidaa en la
resistencia: expansión con los extraftos; conciencia generosa y
bien equilibrada: inclinación á lo misterioso; puede usted cultivar
las ciencias ocultas, de tas cuales me dice poseer algunos conoc,.
miento~, porque tiene usted disposiciones muy marcadas para
ellas; fijese ea el signo tan raro que en JU graf,smo adorna ta d
minúscula, y tendrá usted el secreto del signo de la curiosidad de
lo oculto.
facasse -Amor al dinero; deseo de proteger; gran intuición;
generosidad bien entendida; equilibrio en las facultades; formulismo; voluntad pacienzuda con accesos de terquedad; expansión
prudente y sólo con los extraftos; poca vivacidad.
M. Htscbvan, Barcelona. - Sensibílldad desequilibrada; esplritu muy fino; l(ran inteligencia: vivacidad; voluntad que se gasta á troche y moche y que hace falta en los momentos decisivos
de la vida; temperamento débil; inmaterialidad; actividad fisica;
carácter Incomprensible (insais/ssable); ninguna expansión.

Oazeful.- Espirituacaparador; gran facilidad de asimilación;
Inteligencia mlly clara: es usted de estas naturalezas privilegiadas que poseen comprensión tan viva, que vislumbra todas tas
cuestiones; pero cuidado, porque et defecto general de estas naturalezas es :onlar demasiado con su maravillosa facilidad, lo
que puede dar por resultado un espiritu muy brillante, pero algo
suptrficial; carácter amable; salud bien equilibrada; mucha lógica; voluntad dominadora; actividad; buen gusto arlfstico; vanidad; naturaleza ávida de honores y alabanzas; creo que podrla
usted cultivar las letras con txilo.
Carmen la lista -Sensibilidad moderada; la cabeza domina
el corazón; deseo de perfeccionarse; ninguna expansión; voluntad
tenaz, á veces terca y tiránica; buenas d1sposic1oms para ta •conomfa; conciencia bien equilibrada; inclinación á ta tristeza: bastante afición á los quehaceres doméstico,¡ temperamento san•
guineo-nc1v10s0; deseo de agradar y de seducir.

CHAMPAGNE BINET
REIMS
SUPERIOR Á TODOS LOS DE IOUAL PRECIO

estoy de ali\ iar las pen~s
e n que mi corazón rebosa, depositando en un pecho amigo la narraci(m de ellas. Todos los periódico~ han traído y llevado mi nombre, y rcfendo y comentado, por supuesto, falseándolos, los hechos que componen el doloroso. drama en
que me he \ isto envuelto. lmpos1hle es, po~
consiguiente, que no haya llegado hasta ~1
la noticia de mis desventuras. Para que tu,
tan recto como clarividente.
seas mi juez ó para que, si
no quieres serlo, me compadezcas, ó en todo caso,
con el fin de desahogar, por
medio de algo así c~mo _una
confesión general, mt atnl:&gt;Ulada conciencia, te escnbc~
estos renglones, en los c uales he de ser tan sincere&gt;
como el creyente convencido lo es á los p ies de su
confesor.
En la casa que poseo lejos de mi patria, en esta riscosa soledad, en donde he
de permanecer el resto de
mis días, podré trazar puntopor punto, ser~na ~ impar~
cialmente, la h1stona de mt·
vida. Soy como un náufrago•
que, resucito á no embarcarse jamás, cuenta, desde su
roca solitaria, ,los incidentes.
de su desastrada navegación
al t ravés de los mares tempestuosos.

1

ECESITADO

** *
Hasta poco ha la vida era
para mí una llan_ura _monó~
tona: ni altos ni baJOS, ni
grandes alegrías ni gran~es..
disgustos. Las pasiones violentas me parec1an
cosa de teatro 6 de nm ela, ó cuando más, raras
excepciones, raptos de una especie de l~~ura
que solamente debía de atac~r á los e~pmtus
desequilibrados. Yo me cons1d~rab~ libre de
tal peligro. Vivia, ó vegetaba mas ? 'en, com?"
aparentemente vege tan todos los seres anodinos que com ponen e l rebaño humano.
:,\li jmentud fué como la de la mayor parle de

�los jóvenes burgueses: seguí á trancas y barrancas
una carrera universitaria, acabada más por la tolerancia dañina de los profesores que en virtud de
mis propios esfuerzos; adquirí, en vez de ideas,
unas cuantas frases que sonaban á ciencia, pero
que estaban huecas, y con las cuales, sin embargo,
logré conquistar una posición. A los veinticinco
.años, muertos mis padres, me encontré dueño de
un capital, cuya renta, unida á mi sueldo, me daba
ücupar en sociedad un puesto en\'idiable. ¿Quién
me tosía á mí con mis cuatro mil reales de ingreso
.al mes, mis veinticinco añus, mi figura no despreciable y mi salud á prueba de excesos '-iue, á decir verdad, rara vez cometía? Porque yo era como
suelen ser los jóvenes de la moderna clase media:
serio, ordenado y económico. Ya habrás reparado
en que el ideal de la juventud contemporánea es
el ser práctica, y yo realizaba ese ideal. :\Jis vicios,
que también los tenía, estahan sujetos, por decirlo
.así, á una rigurosa disciplina. Cuando podía satisfacerlos gratis no desaprovechaba la ocasión; cuan&lt;lo tenía que pagarlos, buscaba siempre lo barato.
Podría decir al céntimo lo que me han costado las
.1legrías de mi juventud. Todo, absolutamente todo, lo conservo apuntado, con la exactitud con que
.anota el comerciante las operaciones de su casa.

** *

Cierto que el medio no crea nuestro carácter
pero ¡cuánto no lo modifica) aun deforma! La ciudad donde nací, y en la cual he pasado mi juventud, es una de esas de Castilla en las que sólo vive
lo que está muerto: sus , iejos monumentos, reliquias melancólicas de una sociedad desaparecida.
,\ la sombra de sus vetustos paredones, duermen
más que viven, unos cuantos centenares de familias hurañas, apegadas á legendarias rutinas, aisladas unas de otras, conservadoras de los defectos y
vicios del pasado, sin ninguna de SLIS virtudes y
enemigas de todo progreso espiritual; allí el fanatismo sin fe, la codicia sin grandeza, el deseo sin
pasión, el odio sin valentía; la , ida ha quedado
estancada y se ha corrompido.
En tal mundo, la hipocresía se convierte en
una segunda naturaleza: la más leve falta, si se
hace pública, es motin1 de escándalo; las más naturales expansiones de la juventud, actos de cinismo; calificase de ridículo el entusiasmo; el amor
debe ser mesurado y andar oculto; la intimidad y
aun el simple trato entre personas de distinto sexo,
es cosa I irohibida. Bajo estas apariencias austeras el
diablo anda suelto, pero siempre imisible. Poco importa que no seas casto con tal de que seas cauto.

***
Un hombre serio, y yo lo era á los veinticinco
a1'íos, no est{t bien soltero; el matrimonio da respetabilidad y suele servir á una persona práctica
para doblar dr un solo golpe su caudal. En todos
los negocios se arriesga el dinero por la hipótesis,
más ó mcnos probable, de obtenc&gt;r una ganancia;
en el negocio del matrimonio, no; se juega sobre
!.eguro. Para la mayor parte de los jóvenes como
yo era entonces, la cruz del matrimonio es la cri,z
&lt;!el signo de la suma.
Eso fué mi boda: una operación aritmética.

11aría de los Angeles, Angelita, como su papá
la llamaba, es hija de un acaudalado señor, hombre respetable, mangoneador de la política provincial y diestro en manejar los asuntos públicos,
sin olvidar los prirados. Además de respetable es
práctico, cualidades que caminan casi siempre en
íntimo consorcio. No hay cuidado. de que se deje
llevar de ridículos romanticismos - son sus palabras-, y para él es romanticismo puro todo acto
que no nos acarrea alguna utilidad. Hizo contratas
con el Estado, administró fondos ajenos, prestó
dinero á réditos y se hizo rico; se casó, fué padre
de una hija y se quC'dó dudo.
Angeles es en lo fisico un tipo insignificante;
una rubia linfática, ojos apagadPS, carnes flácidas
y manos lindas. Tales manos son una agravante de
la pereza de ,\ngelita; su esmero en cuidarlas Ir
impide hasta pegar un botón; son un adorno d •
su persona, no instrumentos de trabaj ,.
Yo la conocía desde niño, cosa que nada tienr
de particular, porque á Angeles, desdr que saliú
del colegio, se la veía en todas partes: en el paseo,
en la iglesia, rn el teatro, en el balcón. Antrs de
nuestras relaciones tuvo los novios á docenas,
como que era uno de los mejores partidos de b
provincia. Pero los noviazgos duraban poco. En
cuanto el padre se enteraba de que el pretendiente era un pelagatos, le decía á su pimpollo: «Angelita, no sigas tonteando con ese muchacho... ,
no tiene sobre qué caerse muerto: esas relaciones
no son prácticas•; y Angeles, incapa,: de sentir el
amor y penetrada también inconscientemente del
positiYismo paterno, plantaba con la mayor frescura al novio inservible, que en seguida era sustituído por otro, el cual, á los pocos días, sufría
la misma suerte... Y así sucesivamente.

.,

El padre, que desde mis primeros escarceos
estaba como quien dice al cabo de la calle, )' que
tuvo buen cuidado de hacer inquisiciones análogas á las mías, sobre mi estado ji11ancie1·0, me recibió en palmitas. En un ,·erbo quedó concertado
el enlace. «Si mi hija lleva para cenar, pens~lx1,
éste lleva para comer.• Y yo me repetía: •S1 yo
llevo para comer, ella llcYa para cenar... • Xo po
día haber, por lo tanto, más perfecto acuerdo entre los contrayentrs. La boda quedó concertada
para unas cuantas semanas: después de nuestra
conferencia.

* *

El último de la serir fuí vo. Desde mucho
tiempo antec; había puesto los ,íjos en ella ... ; no
los ojos del amor, ni siquiera los del deseo, sino
los del interés. Procuré enterarme, tem!'roso de
1111 posible desengaño, de la cantidad á que ascendía la hijuela de mi futura, y me convencí de que
era abundante y saneada. Tal maña hube de darme en husmear los bienes de Angeles, que, sin
vanidad lo digo, antes de comenzar mis operaciones diplomáticas cerca de ella, habría podido hacer con toda exactitud y minuciosidad el inrentario de su caudal.
De este modo documentado, empecé mi campaña; adulé al padre, le pedí consejo - que no
necesitaba - para emprender no sé qué negocio;
cortejé á la hija, ensalcé la belleza de sus manos,
y cuando me penetré de que el padre me trataba
con visible deferencia y de que la chica no me miraba con sobrecejo, expuse á :-\ngelita mi atrevido
pensamiento.
La primera con,·ersación que sobre asunto tan
delicado tuve con ella, me comprobó lo que ya
sospechaba yo, esto es, que Angeles era «un pedazo de carne con ojos•. Tan flácida como su
cuerpo blanducho era su alma; ninguna pasión, ni
buena ni mala, podía agitarla. Era una masa mantecosa modelada por la rnlgaridad. «Yo. . . si es
verdad lo que usted dice ... Hable usted á mi
papá, y si él quiere... ¡Qué cosas tiene usted! ...
Todos los hombres dicen lo mismo... •

** *
\' llegó el día de la IJocla. \'estida ella ele ~!aneo, con el wlo y el ramo de azahar consabidos;
yo de negro, circunsprcto y gra,·e, como el _caso
requería; estirados y solemnes nuestros padrinos,
elegidos entre lo más granado de la ciudad, _Y
amigas y amigos hechlls un brazo de mar, nos_ d_1rigimos, todos en coche, á la iglesia, dando ennd1a
á la burguesía provinciana, que se asomaba á los
balcones á Yernos pasar y asombrando al pueblo
soberano, que se agolpaba á las puertas del trmplo.

** *
1

•

Pocas eran las ilusiones que me había forjado
yo acerca del carácter y atractivos personales de
mi esposa; tampoco, ya lo he dicho, pasó por mi
corazón, respecto de ella, nada que se pareciese

al amor verdadero. Esto es la verdad pura; pero
no lo es menos que jamás creí que pudiera existir
una mujer tan insensible y apática _como ella. ,Su
temperamento era como mech~ moJada, que n,111guna llama podía encender. S1 á veces en m1 el
deseo tomaba apariencias de amor, ~n~on~rábame
con una pasiúdad indiferente que 111 stqut~ra me
rechazaba. Cuando esperaba de ella un suspiro, me
contestaba con un bostezo; cuando daba yo á mis
palabras el calor de la pasión, solí~ ella interru~pirlas para hablarme de los d~sc~1dos ~e ~a ~oc1nera. En un principio aquella 111d1ferenc1a trntaba
mi amor propio. Después llegué_ á percatarme _de
que mi mujer era un sér refractario al amor. ¡Qmé_n
sabe si muchas castidades no son como la castidad ele mi esposa: la Yirtud de callar que tiene el
mudo!
*
* *
,\ todo llega uno á hacerse, y yo también hube,
al cabo de algún tiempo, de acostumbrarme á la
compañía de :\ngeles. ! lasta he de declarar 9-ue
me molestaba poco. No encontré en ella, es cierto esa comunidad de ideas y de gustos que, cuand~ se amasan co_n el amor, son la gloria en la tic-

�rra, y si aquél falta, lo suplen; pero en cambio, por
lo mismo que la penetración de mi mujer era escasa, me veía libre de suspicacias y sospechas, para
las cuales no faltaba algunas veces motivo.
Mi conducta era correcta, como correspondía
á mi cualidad de hombre serio, cualidad que iba
acentuándose conforme los años pasaban. Con
todo género de precauciones evitaba el escándalo; pero de cuando en cuando, como mejor podía,
buscaba compensaciones á las frialdades de mi esposa. ¡Ruines compensaciones que, si encendían
momentáneamente el deseo, causábanme después
tedio y hasta algo así como menosprecio de mí
mismo!
Y de este modo se pasaban los días y los años,
y pasaron diez, y durante ellos mi vida fué la imagen_.q_el limbo, sin pena ni gloria... un camino sin
cuestas ni hondonadas ... la llanura inacabable del
aburrimiento.
Conservaba, sin embargo, la vaga conciencia
de que existían en mí fuerzas para vivir otra vida,
fue_rzas que, como tantas otras, se perdían sin empleQ, anuladas por el medio en que la suerte me
había colocado.

II
Las vacaciones del verano de 190... (sabido es
que en el verano hay vacaciones para todos), no
sólo me dejaron libre de trabajos apremiantes, sino
que me emanciparon por algún tiempo de mimonótona vida conyugal. Mi mujer, para quien San
Sebastián era el mejor de los mundos posibles, se
extasiaba ante la Ídea de pasar en la capital donostiarra un par de meses. A mí la vida de San
Sebastián, en compañía de mi esposa, me aburría
soberanamente. El ir y venir á hora fija por el boulevard, el bañarme con ella todas las mañanas á la
vista del público, las veladas y cotillones del Casino, el contacto con gentes que yo no conocía y
que además me parecían cursis ... todo era causa
de que no me apeteciese el viaje veraniego á la
concurrida ciudad vasca. ·
Por fortuna, un acontecimiento inesperado vino
aquella vez á librarme de la obligada excursión de
todos los años. Hacía poco tiempo que h!1bíamos
heredado de un lejano pariente unas tierras de escaso valor en Andalucía, y yo, así se lo dije á mi
mujer, debía ir en persona á fin de sacar el mejor
partido posible de la ve1'1ta.
A Angeles le pareció de perlas mi idea. Ella
se marcharía con su padre á remojarse en las aguas
de la Concha, y yo, una vez despachado el asunto,
iría á reunirme con ellos.
Como se pensó se hizo, y el mismo día en que
mi mujer y mi suegro salían camino del Norte, yo
me alejaba en dirección al Sur.
En cuanto el tren que me conducía hubo salvado el puerto de Despeñaperros, me pareció pasar de un mundo á otro completamente distinto
de aquel de donde acababa de salir. Todo era diferente: la vegetación, los tipos, los vestidos, el
lenguaje, e l acento. A la aridez de las llanuras de
la Mancha y á la austeridad de los paisajes castellanos, sucedíanse las rientes perspectivas andaluzas: extensas vegas regadas por ríos de sosegado
curso, que ya se deslizaban por entre cenicientos
olivares, ya por extensas praderas en que retozapan potros de arrogante estampa ó pastaban toros

de feroz aspecto. De cuando en cuando un pueblecillo de blancas casas diseminadas en torno de
alegre torre, con sus huertos cercados por pitas y
chumberas, sus ramilletes de palmas y sus setos
de rosales.
, En una estación, de cuyo nombre no me acuerdo, dejé el tren para tomar la diligencia que había
de llevarme á Bellamar, el pueblecillo término de
m~ Yiaje. Amanecía. Entre las ramas de un árbol
enbrme plantado en medio de la plazuela en donde estaba el parador de la diligencia, piaba, saludando la venida de la aurora, un enjambre de pajarillos.
Como media hora duraron los preparativos de
la partida. Una desgreñada moza, descalza de pie
y pierna, ayudaba al zagal á poner maletas y baúles en la baca del coche, contestando muy -complacida á los chicoleas del mozo. El mayoral, en
tanto, iba sacando de la cuadra y enganchando al
enorme vehículo, una antigua diligencia con berlina, intetior y rotonda, hasta ocho caballos de largas crines, que al sacudir, como para desperezarse,
las cabezas, hacían sonar los innumec_ables cascabeles de sus colleras. Tres viajeros soñolientos esperaban el momento de marchar, sentados en et
b~nco &lt;le piedra que rodeaba el tronco del árbol.
Cuando estuvieron enganchados los caballos,
el mayoral, _un mocetón moreno, fornido y simpático, de ancho sombrero, pantalón ajustado y chaquetilla corta, gritó con acento andaluz muy cerrado:
- ¡Cabayeros, ar 'coclte!
Y mientras los viajeros soñolientos se acomo~
daban en el interior de la diligencia, yo trepé al
pescante, deseoso de disfrutar del fresco airecillo
de la mañana y de recrear mis ojos con la contemplación del paisaje. Montó el zagal en uno de
los caballos delanteros, chascó el mayoral la tralla,
oyóse el «adiós,, «adiós• de la moza, y el viejo
armatoste, arrastrado por los ocho caballos y dando saltos sobre el empedrado, recorrió una larga
calle y salió á la carretera, cuya cinta blanca, serpenteando entre campos y praderas, aparecía y
desaparecía á causa de los altibajos del camino,
hasta perderse en el horizonte.

alegres caseríos de blancas azoteas, rodea_dos de
palmeras y de plátanos. Numerosas acequ~~s que
se entrecruzaban hacían pensar en un prohJo bordado de piata s¿bre verde terciopelo. Veíanse á
uno y otro lado del camino extensos viñedos cuyos pámpanos y hojas, en vez de arrastrarse por
tierra merced á redes de alambre colocadas en
alto por medio de cañas, formaban extensos túneles de temblorosas bóvedas.Las chumberas extendían por todas partes sus pinchosas palas, como
grandes manos que _Pi?iesen Jimosma á los b?rdes
de la carretera, y limitaban las hereda~es o fo!maban macizas manchas en los oteros leJanos. En
los remansos del río, cuya línea tortuosa señalaban altos árboles, lavaban grupos de mozas que,

-..

'

~

~·• ....,
...

*

* *

Habíamos subido ya hasta la venta del Altorcao, que no era otra cosa que unos cuantos paredones cuarteados entre montones de escombros.
Un poco más allá había una cruz de piedra rodeada de cantos; cada canto representaba un Padre
nuestro rezado por el alma del que allí perdió la
vida...
.
Paró el coche en lo alto de la cuesta á fin de
dar algunos minutos de descanso al ganado. Los
mulos echaban un chorro de sudor por cada pelo.
- Mire usté - dijo el mayoral.
Allá lejos se extendía el mar, cuyas brumas
apenas dejaban entrever junto al horizonte lo_s cont ornos abruptos de un cabo. Del agua azul venía
hasta nosotros una brisa fresca y olorosa que templaba el calor del sol. La diligencia comenzó á
bajar rápidamente hacia la arenosa ribera. El paisaje, que por el lado de la cuesta que acabábamos.
de dejar atrás era árido y peñascoso, se había convertido d e repente en hermosísimo panorama. En
medio de valles frescos y apacibles, destacábanse

don Luciano Cárceles, que este era el nombre de
la persona que deseaba comprar mis recién heredadas tierras.
En el ancho portalón, delante del cual descansaba llena de polvo la desenganchada diligencia el fondista ó posadero, cómodamente repantigado respiraba satisfecho la fresca brisa del mar.
~ ¿Sabe usted- le pregunté - dónde vive et
señor Cárceles?
- Cárceles hay dos, sin contar con la de los
presos - contestó el posadero, no queriendo desaprovechar la ocasión de hacer un juego de palabras-. Usted ¿por quién pregunta, por don Juan
Cárceles, el maestro de escuela, ó por don Luciano Cárceles, el amo ó poco menos de este pueblo~

al sentir el cascabeleo de la diligencia, suspen&lt;lían
momentáneamente su labor para mirar el coche.
A medida que avanzábamos, el caserío era más
nutrido y la vegetación más espesa. Hasta nosotros llegaba ya el rumor del oleaje que se desh~cía en la arena dorada de la playa. Al doblar la diligencia un recodo del camino, apareció ante nuestros ojos, como á dos kilómetros de distancia, el
pueblo de Bellamar, parecido á un rebaño de blancas ovejas custodiadas por un viejo rabadán, que
tal parecía el torreón ruinoso de la antigua alcazaba, erguido sobre el cerro á cuya falda, mirando
al mar, se escalonaba el pueblo en forma de anfiteatro.

III
Mediaba el día, cuando después de asearme y
de variar de traje en la posada con honores de
fonda en que acababa de dar con mis huesos, molidos de la larga caminata, me dispuse á visitar á
~

'l •r#'/

,

- Por don Luciano pregunto - le respondí.
- Pues mire usted, echando por esta calle
abajo - el posadero se había levantado y accionaba delante de la puerta - y luego tomando á la izquierda hasta llegar á la plaza _de
la fuente y torciendo después .. : Pero 1~eJOr
será que le acompañe á usted Colás. ¡Colás,
niño! - gritó.
Por una de las puertas interiores del zaguá_n
salió el niiio, un mocetón de treinta años cumplidos, que olía á cuadra.
- Ve con el señor á enseñarle la casa de don
Luciano Cárceles.
- ¡l\lfuehas gracias! - dije yo, y eché á andar
detrás del ni,io.
El sol dejaba caer sus rayos de oro d~rretido
sobre los moriscos edificios del pueblo, enplbegados todos ellos· su blancura, herida por el sol, producía un resplandor que cegaba_ Hacía un calor
asfixiante; mas al pasar frente á las bocacalles que
daban al mar, sentíase suave carici¡i de fresc_ura.
Subimos y bajamos varias cuestas, unas polvone1:tas de carretera y ot:as empedradas con puntiagudos chinarros.Al cabo de unos cuantos m111utos.
de fatigosa marcha, llegamos á una plaza á la que
daban alguna sombra grandes y copudos castaños. En el centro de frondoso jardín, uno de cuyos frentes dominaba la marina, alzábase un hotel

�elegante y coquetón, por cuya verja de entrada
se veía una escalinata protegida por elegante marquesina y flanqueada de grandes macetas.
- Esa es - me dijo Colás - la casa de don
Luciano Cárceles.
La verja estaba abierta; entré, subí la escalinata, y empujando una puerta de cristales que ostentaban la cifra del dueño, me encontré en un
espacioso recibimiento, fresco y sumido en apacible media luz. En la puerta que daba frente á la
de entrada apareció una hermosa mujer vestida
de claro y con flores en la cabeza.
- ¿Don Luciano Cárceles? - pregunté yo.
- ¡Ah!, ¿pregunta usted por mi tío? - dijo la
joven con gracioso acento andaluz y con una voz
un tanto opaca, pero insinuante y sugestiva-.
Pase usted, pase usted. Voy á avisarle en seguida-. Y haciéndome e ntrar en un gabinete más
bien agradable que lujoso, con mecedoras de las
llamadas de Viena, cortinas de cretona clara y
persianas verdes en las d os grandes ventanas,
desapareció ligera y silenciosa.
- ¡Hermosa mujer! - pensé.
A los pocos momentos se presentó
por la misma puerta
por donde yo acababa
de entrar un señor
más que maduro, pero
fuerte y bien plantado, de fisonomía franca y movible, vestido
con un traje de dril
de blancura impecable.
- ¿A quién tengo
el gusto de hablar?
-Soy el dueño de
las fincas que usted,
según carta que recibí
hace algunos días,
quiere adquirir.
-¡Ah! ¡Usted
es! ... Siéntese usted,
siéntese usted ... Me
alegro tanto. De palabra se entiende la
gente mejor que por
carta...
·
- Eso he pensado
yo también.
- Las cosas claras - dijo sin hacer
caso de mi interrupción. - Ya se lo dije á
usted por escrito. A
mí me convienen esas
tierras. Otro empezaría á hacer ascos. Yo
no. A mí me gusta la
franqueza; e l pan,
pan ... Puesto que
usted está resuelto á
venderlas, he de decirle que nadie se las
pagará mejor que yo.
¿Sabe usted por qué?
Pues porque con ellas

redondeo mi finca del Almendral. Lo que yo ofrezco no será mucho, convengo en ello. La propiedad
aquí en Andalucía ha bajado tanto, y se comprende ...
- Si, es verdad - dije yo tratando de poner
un dique á aquel torrente de palabras-. Si á usted le parece, podemos tratar. ..
- Tiempo hay de sobra. Además, por mil pesetas más ó menos no hemos de reñir. De todas
maneras, si usted se empeña ... yo doy quince mil
pesetas ... lo dicho; tres mil duros, y apuesto á
que no hay en el pueblo quien le dé á usted dos
mil. Sesenta mil reales; ya se lo he dicho á usted
para redondear... Bueno. De modo, que si usted
acepta, mañana vamos á casa del notario ...
Hablé yo, volvió á hablar él, y después de una
hora larga de repetir los mismos argumentos y
frases, convinimos en que me darí1 18.000 pesetas.
- Y apara quiero presentarle á mi hija y á mi
sobrina. Mi sobrina es la joven que ha visto usted
á la entrada. ¿Guapa, eh' ... Pues ahí donde usted
la ve, está casada con un hombre que tiene mi

--

carnaba totalmente mi ideal. Su figura, su rostro,
sus ojos soñadores, las inflexiones de su voz, se
correspondían con la mujer creada por mis ilusiones y mis sueños. Sentía, sin embargo, con el gozo
de haberla hablado, no sé qué especie de disgusto
por haberla conocido. Su preseneia inquietante representaba para mí un deseo que me parecía imposible satisfacer. Bien ó mal_, yo iba caminando
por la vida sin pena ni gloria, como casi toq~s los
humanos. Estaba acostumbrado á la mediocridad
de mi existencia; ¿para qué venía aquel rayo de luz
á hacerme entrever un paraíso cerrado para mí?
Ni por un momento pude pensar que á aquella
mujer le pudiera inspirar yo más que indiferencia.
Casada ella, y por lo que había dicho don Luciano, enamorada de su marido; casado
también,
nuestro encuentro en la vida era la intersección
de dos líneas que se cruzan en un punto para no
volverse á encontrar jamás.
** *
No obstante estos razonamientos, esperé con
impaciencia la hora de ir á casa del señor de Cárceles. Me vestí con esmero, me acicalé con prolijo
cuidado y me eché á la calle.
Un cuarto de hora antes del medio día, apretaba con mano temblorosa el botón eléctrico de la
verja. Una doncella, muy repeinada y peripuesta
de blanco delantal, abrió la puerta, y en lo alto de
la escalinata apareció don Luciano, tan pulcro
como el día anterior.
- Pase usted, pase usted. Las muchachas están ocupadas en su tocado. Ya sabe usted, las mujeres se pasan las horas muertas delante del espejo... Es natura), están en la edad ...
Y cogiéndome del brazo, añadió:
- Venga usted, daremos una vuelta por el
jardín.
Bajo las extensas alamedas «no era enojoso el
estío.• El sol filtrábase con dificultad al través de
las tupidas copas de los árboles, formando de trecho en trecho, sobre la arena de los paseos, corno
una complicada blonda de prolijas y tenues labores.
Entre el verdor de los arriates y macizos se entreveían blancuras de mármol. Daban, como dijo
el poeta, olor sobeio las flores bien olientes, y se
oía el murmullo misterioso de un surtidor.
- ¡Esto es un paraíso! - dije, realmente asombrado.
Sonrióse don Luciano con satisfacción, y dijo:
- Todo es obra mía. Hace veinte años, cuando nació Lola, compré el solar, un huerto en que
no se criaban más que algunas docenas de hortalizas. A fuerza de cuidados he ido haciendo lo que
*
usted
ve: esos árboles los he plantado yo. He traí* *
No pude apartar del pensamiento la imagen de do flores de Valencia, de Murcia, de Galicia ...
Soledad. El i&lt;leal de belleza que nos formamos Desde que murió mi mujer este es mi mundo, aquí
de la mujer, esbózase confuso entre las nieblas de ·vivo hace veinte años, y aquí moriré.
En esto habíamos llegado á una plazoleta, en
nuestra imaginación. Pasa el tiempo, á veces toda
la vida, sin que la borrosa figura se concrete y de- cuyo centro se alzaba un gran cenador, fresco como
termine en una mujer real. Otras nos gustan, pero una gruta. En el centro estaba servida la mesa.
á todas les falta algo; ninguna es la imaginada, la Sobre blanquísimo mantel brillaba la vajilla de
sonada, la nuestra. Cuando ella surge ante nos- porcelana, la cristalería y la plata.
Una doncella, la misma que me abrió la puerotros, pare~e que despierta nuestro sér, y allá, en
)as profundidades del alma, brota un grito seme- ta, se acercó al señor Cárceles:
- Cuando el señor quiera.
¡ante al ¡eureka! del sabio siracusano.
- ¡Santa palabra! - exclamó don Luciano - .
Esto me acontedó á mí con Soledad: ella en-

misma edad. Con don Alberto Fuertes... Quizás
le haya usted oído nombrar. No es un viejo, pero
ya la vejez le anda pisando los talones. Y se quieren, ¡vaya si se quieren! Es un Otelo. Es natural,
cuando se tiene una mujer como Soledad, tan guapa y con tanto ángel. .. Viv~n en Almanzora, á
diez leguas de aquí. El e_st~ bien; y eso que es_aficionado á tirar de la oreJa a Jorge .. . ¿Qué quiere
usted? En algo se ha de pasar el tiempo. Ahora ha
tenido que hacer un viaje ... , cuestión de un mes;
y por no dejar sola á mi sobrina, nos la ~andó
aquí. Ella y mi l;lija hacen muy buenas nugas .. .
Pero estoy hablando, hablando. Lola, Soledad... .
Oyóse crujir de faldas y entraron en el gabinete las dos jóvenes. Lola, la hija del señor de
Cárceles, era delgada, insignificante. Hablaba muy
poco, como si el don de la palabra lo hubiese agotado don Luciano, no dejando nada para ella.
Soledad era morena, con esa palidez mate, propia de las mujeres levantinas y andaluzas; sedosas y larguísimas pestañas daban sombra á sus ojos
africanos. Tenía recta la nariz, finas las cejas, rojos y grosezuelos los labios y los dientes parejos y
bien formados, deslumbrantes de blancura. En su
cabello negro y ondeado ostentaban sus hojas sangrientas dos claveles. Era alta, ligeramente gruesa, de amplias caderas y de pecho abultado, que
temblaba al andar cadencioso de su dueño. No he
conocido otra que mereciera con más justicia que
ella el nombre de real moza. Su traje claro y vaporoso realzaba todos los encantos de su figura, y
el descote dejaba descubierta la garganta hasta el
límite que separa lo honesto de lo atrevido. Mientras el señor de Cárceles hacía las obligadas presentaciones, yo saciaba mis ojos en aquella hermosa imagen del deseo.
- Mañana - dijo el locuaz señor - nos pertenece usted. Al medio día, ¿eh? Comeremos á la
antigua española. A mí lo español me gusta más
que nada. Probará usted el vino de mi casa; le tengo de mi misma edad ... Datemos luego una vuelta
en coche: le enseñaré á usted el Almendral. Después tocará el piano Lola: es una profesora, aunque no está bien que yo lo diga, y oirá usted cantar á Soledad al estilo de la tierra . . . Tiene un estilo que... ¡Vamos, me río yo de las cantadoras
de profesión!
Corté como pude la palabra á aquel hablador
infatigable, y después de despedirme de las dos
jóvenes y de desasirme de la mano del señor de
Cárceles, que me fué hablando hasta la puerta de
la verja, me alejé á buen paso camino de la posada,
mientras el buen señor me gritaba:
- ¡Ya lo sabe usted! Mañana, al medio día.

yp

�¡Ea!, llama á las señoritas y di
que las esperamos.
No tuvo necesidad de dar el
recado la doncella. Por la escalera del hotel, que daba á la plazoleta, aparecieron Lola y Soledad, ambas con trajes claros y
mangas flotantes, escotados los
cuellos y en ellos cintas de terciopelo negro. Ambas también lucían rnjos claveles en el cabello.
- Hemos hecho esperar á ustedes - me dijo
Soledad, al mismo tiempo que me daba la mano.
- Tuya ha sido la culpa, papá - dijo Lola.
-¡Mía!
- Sí, de usted - replicó Soledad - . Lola ha
tenido que hacer el dulce de fresa que á usted le
gusta tanto ... - Y dirigiéndose á mí, añadió-:
Un bocado exquisito.
Ya estábamos sentados, y la doncella de antes
y otra también de buen palmito, limpias como las
venas del oro y vestidas con cierta coquetería, comenzaron á servir el almuerzo.
Por las muestras, el señor de Cárceles era un
gozernut refinado. Los platos eran castizos, platos
andaluces: aves, caza, pescados con salsas especiales... todo sazonado con exquisita delicadeza.
De los vinos nada hay que decir; allí el Montilla
oro, que en efecto oro líquido parecía; el Jerez,
rey de toda especie de mosto; el vinillo de Niebla,
la Manzanilla, el Málaga, daban á cada plato el
acompañamiento que la estética del paladar exige.
A decir verdad, yo, más que á la inagotable
elocuencia de don Luciano, atendía á Soledad, que
cada vez me parecía más hermosa y atractiva.
- Brindemos por el ausente - dijo el señor
de Cárceles levantando una copa. El ausente era,
sin duda, el marido de Soledad.
- Y á propósito - siguió don Luciano -;
puesto que somos amigos, porque yo le tengo á
usted ya por un buen amigo mío, ¿será inoportuno
preguntarle á usted por su familia? Au1_1 no nos ha
dicho usted si es soltero ó si está casado.
- Sí que lo estoy.
Y al decirlo miré á Soledad.,
- ¿Tendrá usted hijos? ...
- No; mi matrimonio, por esa parte, no ha

sido bendecido por Dios - contesté sonriendo.
- Estará usted ya deseando verá su esposa- •
dijo Soledad.
- Mejor que nadie puede usted juzgarlo, puesto que también se halla ausente de su marido.
- Es verdad - saltó don Luciano - . Los dos
están ustedes, como quien dice, viudos temporalmente. Los dos echarán de menos á sus
mitades. Por eso nosotros debemos esforzarnos, ¿verdad, Lola?, en hacerles llevaderas sus penas.
Soledad se sonreía; pero era evidente,
á lo menos así me lo figuraba yo, que aquella conversación le hacía poca gracia.
Ya habíamos acabado de tomar el café,
y Soledad propuso que oyésemos tocar á
Lola. A don Luciano le pareció de perlas
la idea. Nos trasladamos al salón, y allí,
mientras su hija hacía prodigios de ejecución y Soledad daba vuelta á los papeles,
el buen señor, tendido en una mecedora,
se quedó dormido al arrullo qe la música.
Yo, en tanto, contemplaba á mi sabor la figura
de Soledad, que se destacaba gentil en la grata
penumbra de la habitación.

***
El resto de aquel día fué también encantador.
A la caída de la tarde, las dos jóvenes, don Luciano y yo, dimos en coche un largo paseo por un
pintoresco ·camino que se extendía por la orilla
del mar en forma de cornisa. Lo apacible del ambiente, la solemne serenidad del paisaje, en que
se combinaban, por un lado la aspereza de las rocas con los tonos verdes de los parrales, y por el
otro lado el mar, en cuyas olas se apagaba lentamente el sol; los cantares lejanos y dolientes que
el viento nos traía de los hombres que trabajaban
en los huertos, todo derramaba en mis sentidos
indecible bienestar.
La intimidad de aquel día había hecho crecer
entre nosotros la confianza, como si nuestra amistad datase de meses y no de horas. Don Luciano
charlaba, como de costumbre, más que catorce;
Soledad me hacía notar las bellezas del paisaje;
hasta Lolá se aventuraba á decir alguna que otra
palabra. Yo me sentia más comunicativo, me encontraba á mí mismo. La alegría desbordaba de
todo mi sér, y nunca como entonces hablé con
tanta sinceridad. ¡Qué lejos me parecía mi casa sin
amor! ¡Qué tediosa mi existencia hasta entonces!
Sentía rota la integridad de mi existencia. Mi yo
de otro tiempo no existía, se había deshecho, para
dar lugar á otro yo. Mi alma, un alma nueva, nacía
entonces.
Al regresar de nuestro paseo y separarme de
mis recientes amigos, me dirigí á la posada. A la
puerta, con la capota llena de polvo, estaba la diligencia en que llegué días antes á Bellamar. Me
dió un vuelco el corazón, pensando que muy pronto me metería en aquel viejo armatoste y me alejaría, quizás para siempre, del hermoso rincón en
que acababa de gustar tanta felicidad.

IV
Hecha y firmada la escritura y recibido el precio de las tierras vendidas, nada justificaba mi per-

manencia en Bellamar. Había corrido ya una se- me decidí á emplear el mismo procedimiento que
mana que á mí me pareció un soplo, desde mi lle- el protagonista de Negro y Rojo pone en práctica
gada ~l pueblo. No hay que decir qu~ durante t~da para convencerse ó desengañarse de los sentiella, el señor de Cárceles me agobió á obseqmos mientos de la mujer amada.
y á agasajos, y que mi intimidad con ~l y coi: su
Por las noches, como he dicho, nos sentábasobrina é hija habían aumentado de d1a en dm y mos en la terraza del hotel frente al mar, ó lo conde hora en hora. i Qué excursiones por aquellos templábamos apoyados en la balaustrada. Don
hermosos campos! Durante ellas, don Lu'ciano me Luciano, dando descanso á su elocuencia, solía
hablaba de todo lo existente y de algo·más; yo le dormitar al arrullo del piano que Lola tocaba de
contestaba maquinalmente y seguía cov, Ja vista cuando en cuando en el contiguo salón: «Esta nolos graciosos movimientos de l¡is dos jóvenes, que che - me dije - en el mismo momento de asomar
correteaban por las prader&lt;l$, saltaban los arro- la luna, estrecharé la mano de Soledad; si ella me
yuelos y hacían ramos con las floreci_llas silvestres. rechaza, partiré mañana mismo de Bellamar.
Otros días paseábamos en bote, aspirando con de- (
*
licia la brisa y recreándonos desqe el mar con el
* * '
cuadro que ofrecía á nuestros ojos/el pueblo blanco
L- Ni la más tenue nube n\anchaba el satinado
y riente recostado con dejadez oriental á la som- azul del firmamento, salpicado aquí y allá de pábra de frondosos bosquecillos de plátanos, palme- ,1.idás estrellas temblorosas. Por el Oriente, sobre
ras y laureles,_
Í!as crestas de los montes lejanos, suave claridad,
Por .las noches, en la terraza del hotel, colum- ,cada vez más intensa, anunciaba la próxima salida
piándonos en -sendas mecedoras, frente á la mar de la luna; el murmullo quejumbroso del mar forazul que la. luna recamaba de plata, escuchábamos •,maba como el sordo acompañamiento de las notas
los sones del piano que Lola tocaba con rara maes- que lanzaba el piano. So\edad estaba junto á mí;
tría. Soledad cantaba también algunas veces á me- me envolvía el perfume que emanaba su cuerpo.
dia voz coplas andaluzas, á las que ella sabía dar Ambos guardábamos silencio; don Luciano dorincomparable encanto.
,, mía. Apareció en el cielo el borde plateado de la
El sentimiento que me inspiraba Soledad cre- luna en menguante, poco á poco fué asomándose
cía con la rapidez y violencia de un incendio. su faz dolorida por encima de los picachos de la
Nunca antes de entonces sentí yo aquel contcn- · sierra, y por último, se remontó en el azul del cielo
tamiento con que contemplaba á la sobrina del se- vertiendo torrentes de luz pálida en el mar é iluñor de Cárceles, aquel gozo con que escuchaba su minando con poética vaguedad jardines y caseríos.
voz acariciadora, aquella delicia con que aspiraba
En aquel momento cogí y estreché con pasión
el aroma con que ella embalsamaba el aire con sólo la primorosa mano de Soledad. Fijó la hermosa
pasar. Mi alma, ante Soledad, estaba en perpetua sus ojo, en mí con expresión, no sé si de tristeza
adoración. Hacía, sin embargo, inauditos esfuer- ó de asombro, y la delicada mano forcejeó algunos
zos para ocultar el estado de mi espíritu. ¡Oh!, instantes por desasirse. Al fin, como pajarillo pripero á ella no le pasaban inadvertidos ni mi amor sionero que después de inútiles tentativas renunni mis esfuerzos para ocultarlo.
cia á escapar de su prisión, se abandonó vencida
De mis labios no salia una palabra que indi- á mis caricias.
case ni sombra de enamoramiento;en nuestros diáEn aquel momento sentí como si se paralizase
logos la letra era vulgar, pero sin que yo me lo mi corazón, en tanto que se esparcía en oleadas
propusiese; antes bien, tratando de evitarlo, latía por todo mi cuerpo un deleite inefable, como jasiempre un sentido esotérico, que de seguro pene- más lo había sentido.
traba ella con toda claridad.
Pasó así no sé cuánto tiempo; Lola se apartó
¡Y era preciso partir, alejarme para siempre de del piano y se acercó á nosotros; el se!'lor de CárSoledad, sin decir le u na vez siquiera « te adoro•, celes se despabiló, y yo, soltando la mano de Sosin recoger de sus labios una frase que no fueran ledad, dije:
las vulgares de la conversación!
- Esta es la última noche que paso al lado de
El señor de Cárceles solía nombrar á menudo ustedes.
al ausente; aquellas remembranzas me ponían nerSoledad me miró en silencio largamente.
vioso: «Si estuviera aquí tu marido&gt;, decía en al- ¿Tan pronto nos deja usted? - exclamó
gunas ocasiones á Soledad, cuando paseábamos Lola.
por las pintorescas cercanías del pueblo; «estás
Y don Luciano, sinceramente contrariado, saltriste, no pienses tanto en él., A veces se enca- tó en seguida:
raba conmigo: «¡Qué lástima que no haya usted
- Eso no puede ser. Usted no se va hasta la
traído á su señora! ... ¡Hubiéramos tenido tanto semana que viene. Tenemos que hacer varias exgusto en conocerla!• A cada una de estas frases, cursiones. Es menester que visite usted también
se cruzaban instintivamente las miradas de Sole- la Alcazaba. ¡Estar en Bellamar y no ver lo que
dad y las mías.
hay en ella de notable! ... No, no lo consentireLa intención de hablarle una vez siquiera de mos. ¿Verdad que no lo consentiremos?
amor, me aguijoneaba con atormentadora impaHablé de ocupaciones apremiantes; dije que
ciencia. Escribirle pintándole el estado de mi co- mi detención en Be llamar iba siendo ya demasiado
razón, me parecía ridículo; esperar una ocasión larga; empleé, flojamente á la verdai, los pretexpara decirle algo de lo que llenaba mi alma, equi- tos de que se suele echar mano en casos semevalía á desistir de mi propósito, puesto que mi es- jantes, cuando se :aparenta resistir para ceder al
t~ncia en Bellamar no podía prolongarse por más cabo... El señor de Cárceles me interrumpió ditiempo. Dando vueltas á estos pensamientos, re- ciendo:
cordé cierto pasaje de una novela de Stendhal, y
-Nada, nada ... No se va usted mañana.

�sición se había gastado el hombre casi todo su
caudal: había allí clavos de las primitivas puertas
de la fortaleza, una herradura del caballo del rey
Zagal, un chapín descolorido y deshilac~ado de la
traidora amante de Aben Humeya, vas11as de extrañas formas fabricadas en el siglo xvn, cuando
prosperaba en Bell9-mar la industria cerámica; espadas, cascos, broqueles y cimitarras llenos de
herrumbre; tocas, marlotas, caparazones, frenos,
sillas de montar,
ladrillos, pedruscos, azulejos ...
qué sé yo.
Visitar la casa
de don Exuperio
era muy superior
á la paciencia del
que no la tuviese
benedictina-.
«No se puede usted figurar, me
decía el señor de
Cárceles, lo que
sabe es te hombre. De cada chirimbolo de los
que tiene en su
casa, cuenta una
historia que y o
no sé si será verdadera, pero que siempre es larga. Si usted quiere, le llevaré á que vea su museo.
- ¡No! - contesté aterrado.
Tal era el cicerone que nos acompañaba en
nuestra excursión al castillo.

** *

l

¡Pues no faltaba más! Comprendo que le aguijonee el recuerdo de reunirs.e con su esposa· pero
tres ó cuatro días pronto se pasan. Vamos,' Soledad, ruégaselo ttí.
Soledad, con tono entre suplicante y despechado, contestó sin mirarme:
- Si de algo sirviera nuestro ruego. . .
Lola añadió:
- Tiene razón papá; por tres ó cuatro días ...
- Usted, Soledad, ¿qué haría en mi caso?
- Yo ... quedarme.
- ¡Bravo! - gritó palmoteando don Luciano.
- Hasta el lunes - estábamos en jueves - es usted nuestro. Subiremos al castillo; esa fortaleza
moruna en ruinas que habrá usted visto en lo allo
de un cerro. Es un punto de vista excelente· se
d?mina d~sde al_lí un panorama _precioso. Según
dice don Exupeno, hay en el castillo cosas de mucho mérito? recuerdos históricos ... c¡ué sé yo ...
Y á propósito, llevaremos. á don Exuperio·, el buen
senor se perece por explicar... Es un sabio un
pozo de ciencia ... ¡Qué memoria la suya!
'
No me halagaba mucho, la verdad, la idea de
ir saltando escombros y trepando por torreo:1es
cuarteados. l\Iejor hubiera querido consagrar las
tardes que iba á permanecer aún en el pueblo á
rcc~rrer con Soledad, Lola y su padre, los valles
cubiertos de flores ó los tortuosos senderos de la
costa, q~c escuc_har disertaciones arqueológicas
entre rumas cubiertas de ortigas y jarnmagos.
Pero, ¿qué hacer? Subiría al castillo.

-

- ¡Poco que me gustan á mí - dije - esas excursiones! ¿Irán ustedes también?
- Iremos todos. Ni mi hija ni mi sobrina han
visitado las ruinas.
Me despedí: al estrechar la mano de Soledad
advertí que temblaba.
'
V

A las cinco de una hermosa tarde subíamos por
la tortuosa senda que conduce al castillo don Luciano dando el brazo á Soledad y yo qu~ daba el
mío á L ola. Detrás de nosotros caminaba don Exuperio. Era el tal como de cincuenta años bien corridos, largo y estrecho, amojamado y huesudo. Su
cata~ura rccorda~a 1~ de Don Quijote: usaba gafas
que el llamaba «v1dnos correctores,, y vestía con
el desaseo propio de los sabios. Llevaba un &lt;Tran
'.
t,
som brero d e paJa
y se apoyab:t en un grueso
bastón.
Nadie como don Exuperio conocía las antigüedades de Bellamar. El se sabía de memoria el texto
de c'.1antos do~um~ntos históricos se guardan en los
archivos cons1stonal y parroquial; tenía al dedillo
los linajes de todas las casas señoriales de la comarca, y se había echado y se echab:t al coleto
cuantos libros, directa ó indirectamente, tratab:tn
de algún _suceso ó persona de Bellamar, ó por lo
menos, citaban el nombre del pueblo. A los bibliotecarios y archireros de Almanzora, la capital de
lJ provincia, los traía locos. Su casa era un revuelto museo de cosas Yiejas, en cuya busca y adqui-

Hablando don Exuperio y oyéndole nosotros,
llegamos al torreón de Carlos V. Era un gigante
por fuera, todavía vigoroso, que alzaba su frente
coronada de almenas como si intentase defender
aún los montones de ruina que yacían á sus pies.
Salvando trabajosamente los escombros que le rodeaban, penetramos en la enorme torre. Parecía
aquello un hondísimo pozo que se perdía por la
parte de abajo en pavorosas profundidades y que
dejaba ver en lo alto un pedazo de cielo azul. Una
estrechísima escalera que junto al muro subía, desde las negruras de abajo, permitía ascender á la
plataforma que rodeaba, á guisa de corona, la parte superior del torreón.
Antes de que nadie pudiese impedirlo, Soledad comenzó á trepar por la escalera.
- ¡Soledad! - voceó espantado don Luciano.
- Vas á matarte - gritó Lola.
- Baje usted, baje usted - añadió don Exuperio.
- ¡No hay cuidado! - contestó Soledad, que
había salvado ya la mitad de los peldaños.
Yo la seguí.
- No miren ustedes hacia bajo - dijo don
Exuperio - . ¡Hacia arriba . . siempre hacia el
cielo! ...
Los escalones estaban carcomidos; un mal paso
podía hacernos caer allá, sabe Dios dónde, en las
hondisimas cavernas de la Alcazaba, que nadie conocía, ni el mismo don Exu perio.
Llegamos por fin á la plataforma.
Nuestros amigos, viéndonos en salvo, se apar-

tarun del torreón algo más· tranquilos. Era la primera yez que me encontraba á solas con Soledad.
Ansiaba decirle t-Odo lo que desde que la ví llenaba mi pensamiento; quise hablar y mis labios no
acertaron á decir una palabra.
Durante algunos momentos contemplarnos en
silencio la tersa superficie del mar. Del puertecillo salía en aquel momento lentamente un vapor, cuya sirena parecía despedirse con un adiós
ronco y dolorido.
Soledad rompió el silencio.
- ¡Qué triste
es ver un barco
que se aleja!
-¡Muy triste!
¿Pero no le parece á usted que es
tan triste para el
marinero abandonar el puerto en
c,ue ha encontrado hospitalidad ...
cariño?
-¡Ay del que
se queda!
-¡Ay del que
se va!
- El que se
va - siguió Soledad dejando vagar por el mar su
mirada soñadora - fácilmente olvida. Otros lugares, otros semblantes, la diversidad de vida y costumbres borran poco á poco los recuerdos del pasado. Pero, ¿cómo habrá de olvidar el que tiene
siempre delante de los ojos objetos y lugares que
le hablan del ausente? Aquí le vi por primera vez,
por aquel paseo fuimos juntos...-Soledad calló de
repente, como arrepentida de lo que acababa de
decir.
- ¿Le hablará á usted de mí todo esto que
pronto he de dejar?
Soledad, apoyada en una de las almenas, parecía -absorta en la contemplación del hermoso panorama que se extendía frente á nosotros; la brisa
del mar agitaba suavemente el velo que adornaba
su sombrero de paja.
- Oigame usted, Soledad. Son estos momentos supremos de mi vida. Hasta que la he visto á
usted no vivía, porque ignoraba lo que era querer.
Usted ha sido una revelación para mí, sí, una revelación de belleza, de ternura, de amor. Si pudiera mostrarle mi alma se vería usted en ella.
- ¡Por qué no nos habremos conocido antes!
- dijo como hablando consigo misma.
- ¡Oh, sí! - dije aproximándome á ella y apoderándome de una de sus manos, mientras el velo
de su sombrero, impulsado por la brisa, acariciaba
mi rostro-. ¿Por qué no nos habremos conocido
antes? - Después de una pausa, añadí: - Pero al
fin Dios nos ha reunido.
- ¿Está usted seguro de que ha sido Dios?
- ¿Quién sabe? El acaso se ha dicho que es
obra de los cielos. Me parece que antes de ahora
la conocfa á usted; mi alma, sin darse cuenta de
ello, la buscaba; se ~ncontraba sola porque estaba separada de usted ... Mis días eran corno noche obscura; faltaba en ellos el amor, que es la
luz ...

'

.

�Los ojos de Soledad, llenos de lágrimas, se fijaron en los míos.
-- Esas lágrimas-seguí yo - me responden.
&lt;Verdad que no me engaño? ¿Verdad que es nuestro amor más fuerte ·que nuestra voluntad, más
poderoso que nuestro deber?
- Sí; aunque usted me juzgue mal, he de decirlo: yo tampoco sabía antes de ahora qué cosa
era querer. .. Ansiaba hacer esta confesión. Por
eso he subido hasta aquí; sabía que me seguiría
usted. ¡Oh, Dios mío! ... ¡Y pensar que dentro de
unas cuantas horas se alejará usted de aquí. .. quizás para siempre!
'
- Volveré; juro á usted que volveré':
Desde abajo, Lola, don Luciano y don Exuperio nos hacían señas para que bajásemos. Fué preciso obedecerlos; yo delante y ella apoyándose en
mí, descendimos lentamente. El interior de la torre casi estaba en tinieblas. Al llegar al pie de la
escalera enlacé el brazo al talle de Soledad, la
atraje hacia mí y cambiamos un beso largo y apasionado, cuyo recuerdo aun parece que me quema
los labios.
***

- Vamos á echarle mucho de menos - interrumpió Lola.
- Si usted desea - expuso gravemente don
Exuperio - µormenores de la historia de este pueblo, de su origen, de sus primitivos habitantes, de
su fauna, de su flora, de sus costumbres antiguas ó
modernas, de sus hijos ilustres, en una palabra, de
cuanto aquí existe ó ha existido, no tenga usted
inconveniente en dirigirse á mí. Lo poco que yo
sé, cuanto soy y valgo, están incondicionalmente
á su disposición.
Algunos viajeros habían ocupado ya sus asientos en la diligencia¡ .las seis mulas sacudían impacieH tes sus colleras-.
- ¡Al coche! - gritó el mayoral arrellenándose en el pesc·ante y empuñando las riendas.
Di un abrazo á don Luciano, sendos apretones
de manos á don Exuperio y Lola, y estreché y retuve durante algunos segundos entre las mías las
temblorosas manos de Soledad, dejando en ellas
una carta en que le vaciaba mi corazón.
Subí al coche, agarróse el zagal al fr.eno de la
mula delantera, y el pesado vehículo empezó á
rodar por el enguijarrado suelo de la plaza con
gran estrépito de herrajes y campanillas.
Mis amigos se dirigieron á la bocacalle que enfi Iaba la carretera, y desde allí me saludaron agitando sus pañuelos. Poco después la diligencia
torció el primer recodo del camino, y dejé de ver
los blancos pañuelos que me decían «adiós».
Recostado en un rincón del coche, con los ojos
cerrados, me puse á rehacer, con no sé qué especie de pena deleitosa, el hermoso pedazo de vida
que detrás de mí acababa de desvanecerse.

- ¡Qué locura! - dijo don Luciano cuando
nos vió salir del torreón-. Hemos estado con el
alma en un hilo.
- Se descubre desde allá arriba - dije, dominando á duras penas el temblor de mi voz - una
vista tan hermosa ...
- Estás pálida - exclamó Lola acercándose
á Soledad y cogiéndola las manos.
-Es natural-apuntó don Exuperio-. El menor descuido hubiera podido causarles la muerte.
- ¿Qué, te sientes mala? - preguntó cariñosamente don Luciano.
VI
- No; no es nada. Un ligero desvanecimiento,
un mareo... Ya pasó.
Una vez en mi casa escribí á Angeles, excusán- Así se manifiesta - aseguró sentenciosa- dome con no sé qué pretexto de ir á San Sebasmeute don Exuperio - el vértigo de las alturas. tián, donde ella lo pasaba tan guapamente en com- Ea, ea, á casa - dijo el señor de Cárceles-. pañía de su padre, tomando nota en los paseos y
Dame el brazo, Soledad, aunque mejor será que por la noche en el Casino, de los trajes y moños
se lo des á Mendoza. El tiene mejores piernas que
que allí lucían las madrileñas, para copiarlos desyo. V en tú, Lola.
pués y asombrará las señoras y señoritas de X. ..
Y precedidos de don Exuperio, que á cada ¿Qué otra cosa podía ella desear? Además, las expaso se volvía para ilustrarnos con sus eruditas cursiones y viajes á Biarritz, San Juan de Luz y
explicaciones, iban don Luciano y su hija. Soledad Bayona la encantaban, principalmente á causa del
y yo cerrábamos la marcha.
placer de pasar de matute por la frontera galas y
La suave presión de su mano y el roce en mi perifollos comprados en Francia. Al padre de Anbrazo de su seno de diosa, me producían no sé qué geles le gustaban también tales expediciones. El
especie de embriaguez.
hombre, aunque nunca había llegado más allá de
Nos detuvimos un momento antes de salir del
decía luego dándose tono: «¡Oh, los viajes
castillo y contemplamos el mar, sobre cuyo azul Bayona,
por el extranjero ilustran mucho!•
se proyectaba la vaga claridad del crepúsculo.
Cuando al cabo de un mes Angela regresó de
Lejos se destacaba todavía, en el confín del hori- San Sebastián, reanudamos nuestra vida de antes.
zonte, el humo del vapor que poco antes habíamos Mi suegro no me molestaba gran cosa; enfrascado
visto salir del puerto.
en sus negocios no se fijaba en lo demás. Para él
su hija - y no se equivocaba - era feliz. No le
*
* *
faltaba nada: tenía buena casa y buena mesa, vesY llegó el día de mi marcha. El coche salía á tía con lujo, y su marido ganaba lo bastante y algo
las cinco de la tarde. Lola, don Luciano y don más para vivir con holgura. ¿Qué otra cosa podía
Exuperio me rodeaban en la puerta del parador, desear?
haciéndome mil protestas de amistad. Soledad
guardaba silencio.
***
·- Aquí - decía el señor de Cárceles - deja
Encerrad:&gt; en mí mismo, yo solamente pensaba
usted unos amigos que le quieren de1 v eras. Siem- en Soledad; saboreaba una por una todas las palapre recordaremos con placer estos días.
bras que había oído de sus labios; recordaba hasta

los pormenores más insignificantes de los días felices pasados en Bellamar; me representaba á todas horas la imacren de la mujer querida; la besaba con el pensa':niento, y cuanto de bello veían
mis ojos con ella lo relacionaba. Si se cruzaba conmigo en la calle una mujer hermosa, «no es tan
hermosa como Soledad•, pensaba yo. Nunca como
entonces me parecieron bellas las flores, ~o por
las flores mismas, sino porque podían servir p~ra
adornarla y realzarla. Las alhajas de las joyenas
me hacían imaginar cómo brillarían en los hombros de ella. ¿Qué más? ::\1e pasaba á veces delante de los escaparates de las zapaterías mirando el
calzado que, por su elegante forma, evocaba en
mi memoria el recuerdo de los lindos pies de Soledad, ceñidos por ajustadas botas de piel amarilla ...
Placíame por extremo pasear por sende~os solitarios, entre árboles espesos, le¡os del rmdo de
la ciudad. Allí podía pensar libremente en ella y
leer y releer sus cartas, á las que no podía contestar por temor á que dieran en otras manos que
las suyas. Sus cartas largas, trazadas con lápiz y á
menudo en párrafos truncados, revelaban bien á
las claras la intranquilidad con que habían sido
escritas. Casi todas lo estaban con fechas atrasadas y en papeles arrugados. «No sabes las veces
que he tenido que esconderla en el pecho.» En
ellas me contaba punto por punto su vida, sus
tristezas, sus ensueños; me entregaba, me abandonaba su alma toda entera. «Quizás me preguntes
por qué aborreciéndole, me he casado con un hombre que podía ser mi padre. Piensa en la clase de
educación que se nos da á las m 1jeres, en el desconocimiento en que estamos de la vida conyugal
cuando vamos al matrimonio. Antes de mi boda,
él me parecía un hombre respetable, bien educado
y cariñoso. Mi padre, que presentía ya su próximo
fin y que á todo trance quería dejarme colocada,
le trataba con gran consideración. A mí, yo no
quiero tener secretos contigo, me halagaba que un
hombre de buena posición, casi viejo, se mostrase

tan rendido y obsequioso. ¡Oh, cuánto nos engaña y hace engañar la vanidad! Ni había pensado
yo, ni podía pensar entonc~s, en_ los debe,res y sacrificios que supone el matnmomo. Ademas, yo no
sabía qué cosa fuese el amor. El amor, que dormía
en el fondo de mi 'alma, no despertó hasta que tú
lo llamaste ... Ir por los paseos muy elegante, cocrida del brazo de mi marido, dando envidia á las
~uchachas de mi edad, era todo lo que el matrimonio significaba para mí. •
.
.
Y continuaba desplegando ante mis o¡os el
cuadro doloroso de su existencia. •Al día siguiente de mi boda, ¡qué desengaño! El hombre aquel,
tan comedido y obsequioso en visita, era en la intimidad brutal, exigente y bajo, que bajeza grande
es obtener por fuerza lo que sólo debe otorgarse
por espontáneo cons~n timien to. Con forme ~asab_an
días mejor iba conociendo su carácter y mas odioso lo encontraba. Duro, celoso, irritable, comprende que me es repulsivo, que ha encontrad? en mi,
hasta ahora, la sumisión, la fidelidad maten al, pero
nada parecido al amor. Por esto se han recrudecido en él antiguos vicios; pasa las noches en el
Casino jugando y vuelve á casa á la _mad:ug~da, y
no siempre sereno. Esto aumenta mt ant1pat1a hacia él. .. Así he vivido durante cinco años, hasta
que ha entrado en mi alma, con tu cariño, un rayo
de felicidad. Cuando pienso que á cien leguas de
mí hay otro corazón que late al compás del mío;
cuando mis pensamientos te acarician como manos cariñosas, me parecen insignificantes todas
mis penas. ¿Qué valen ellas comparadas con este
placer, nunca sentido por mí, de querer y ser querida?,
* **

Pocos días después de salir yo de Bellamar, Soledad había ido á reunirse con su marido. Por sus
cartas conocía, como si hubiera vivido en ella, la
casa que en Almanzora, la capital de la provincia,
habitaba el matrimonio. Veía con la imaginación el
jardín y su cenador en medio cubierto de plantas

�~repadoras; los setos de jazmines y los rosales cuaJados de rosas; la azotea, desde la cual se dominab:i
el mar; la fachada con sus rejas enguirnaldadas de
claveles. También estaba enterado de los sitios
que frecuentaba Soledad, de sus vestidos de las
galas con que se ataviaba. Entre los plieg~ecillos
de ~us cartas me mandaba hojas de las flores que
hab1an adornado sus cabellos. Como todos los pri~e:os amores, el nuestro se complacía con esas
d1vmas nonadas, que constituyen lo más dulce de
la vida.
«Escríbeme, me decía en otra carta· mi marido va á estar ocho días fuera de Alman~ora: dirígele á él el sobre.• ¡Con cuánto placer cogí la plun:ial ¡Tení~ tantas cosas que decirle!. .. Jamás he
sido tan smcero como lo fuí entonces· los sentimientos en que rebosaba mi corazón ~e vertían
apasionados, sobre el papel. Le hablé de mi vid~
prosaica y vulgar hasta que la conocí á
ella, le confié hasta mis pensamientos
más íntimos, le hice ver toda la grandeza de mi amor, le mostré, en fin, lo
más hondo de mi alma ... Cerré la carta
y, por extremo de precaución, hice que
el sobre, dirigido al marido de Soledad,
conforme ella me indicaba, fuera de
otra letra que la mía.

estaba lejos, me acerqué á una
de las rejas. El corazón me latía
con tanta violencia, que sentía en
la garganta sus latidos. Golpeé
suavemente el cristal; una mano,
que yo bien conocía, levantó el
visillo, y vi á Soledad en pie, iluminada por el resplandor de la
lámpara.
- Soy yo - dije.
Por adivinación, sin duda,
hubo de conocerme, porque oir-

** *
Y pasaron algunos meses, y el viento de la ausencia avivaba de día en día
el _fuego de mi amor. La primavera, esa
pnmave~a. enfermiza de Castilla, que
parece tmtar bajo la amenaza constante de las escarchas y de los hielos, me
hacía soñar con la primavera exuberante y lujuriosa de Andalucía. Grande
era mi impaciencia por correr al lado de
Soledad; pero aunque mi mujer como
he dicho, se ocupaba poco ó n~da de
~i persona, tenía y~ que tomar precauciones, á fin de evitar un escándalo promovido
no por su amor hacia mí, sino por su amor propio'.

VII
Busqué un pretexto y e~prendí mi viaje; llegué al anochecer á la estación de Almanzora. Di
en la fonda un nombre supuesto y, ya bien entrada la noche, salí á la calle.
Por las cartas de Soledad sabía las señas de su
casa, y orientado además por el plano de la ciudad, que d~ ant~mano había estudiado, pude, sin
pr~guntar a nadie, dar con lo que buscaba. El piso
baJo de la casa tenia dos rejas adornadas al uso
de Andalucía, con macetas de ~laveles. Al través
de las entreabiertas maderas brillaba luz. Por la
c~lle apenas pasaba gente. Medio oculto en el quicw de una puerta, sin quitar los ojos del resplandor que se escapaba por las ventanas, esperé duran~e una hora. A cada persona que pasaba junto
á rru, de las contadas que transitaban me estremecía de terror, como si pudiera conoc~rme ó adivinar por qué estaba yo allí. Con este temor se
mezclaba mi impaciencia por ver á Soledad. Al
ca~o salió un hombre de la casa y se •alejó calfe
arnba. Le seguí con la vista, y cuando calculé que

vivir. Cuando recuerdo aquellos momentos de felicidad suprema, aunque después me han atormentado pesares horribles, no puedo maldecir
sinceramente el haber nacido. Amar y ser amado
es pasar, aunque sea rápidamente, por el cielo.
¡Oh jardín de delicias por cuyas espesas enramadas penetraban envidiosos los rayos de la luna
y cuyo ambiente embalsamaba el aroma de las
Aores! ... T odavía me parece oir el suave susurro
de las hojas estremecidas por el aliento de la noche, y ver los dibujos primorosos que formaba en
la arena la sombra del ramaje de los árboles. Allí,
dulces confidencias, placeres nunca sentidos ni
siquiera imaginados. ¿Qué cosa puede haber más
bella? Las estrellas en el cielo, la primavera á nuestro derredor y el amor en el fondo de nuestras
almas.
Descuidados, saboreábamos nuestra ventura.
El marido de Soledad, atraído por el juego, iba al
Casino á las primeras horas de la noche y no volvía
de allí hasta la madrugada. Para mayor seguridad
nuestra, Soledad había hallado modo para que las
criadas pasaran la noche fuera de casa.
A la una dejaba yo el h1.1erto; el resto del tiempo estaba en mi cuarto del hotel esperando que
llegase la noche. A veces, por no despertar la suspicacia de los huéspedes, salía de la fonda y me
dirigía á la orilla del mar, cuya azulada llanura se
armonizaba, no sé por qué, con el estado de mi
espíritu.
*

* *

me er~ difícil, y verme, imposible, á causa de la
obscundad de la calle. Abrió, temblando, la vidriera, y con un acento en que se juntaban la pasión
la alegría y la sorpresa, exclamó:
'
- ¡Eres tú!
- Sí, yo soy, que no podía vivir lejos de ti;
yo, que te adoro.
- ¡Y dicen que la alegría mata!
El contento brillaba en sus ojos al través de las
l~grin~as. Nos contemplamos algunos instantes en
silencio! c_on t:is manos enlazadas, y luego dijo:
- El iard111 de la casa da á una callejuela paralela á esta calle. Ve allá; aquí pueden vernos.
Obedecí; forman la callejuela altas tapias de
huertos, á las cuales se asoman las copas de los árboles. Rechinó la puerta de uno de aquéllos cntreabrióse, y un momento después Soledad se
ab:111donaba en mis brazos, mientras nuestros labios se juntaban en larguísimo beso.
** *
Por tediosa que haya sido nuestra existencia
y por amargas las hieles que en ocasiones hayamos apurado, hay horas é instantes en ella de tan
~xquisi~a dulzura, de tan glorioso placer, que nos
rndemmzan de todos los dolores padecidos y nos
hacen comprender lo que vale el don divino de

volveríamos ,í reunirnos para no separarnos nunca. Nuestro apartamiento no sería más que un
breve paréntesis en nuestros amores. Sin embargo,
no acertábamos á separarnos. Junto á la puertecilla
del jardín, que aquella noche estaba iluminado por
la luna en toda su plenitud, estuvimos abrazados
durante algunos minutos.
- ¿Volverás pronto?- me dijo apoyando su
cabeza en mi pecho y fijando en mis ojos los suyos
llenos de lágrimas.
- l\fuy pronto-le contesté-. ¿No sabes que
no puedo vivir sin ti?
Haciendo un supremO" esfuerzo, me desasí de
ella y salí corriendo.

** *

Llegué á mi hotel, me acosté y traté de dormir. Inútil propósito. La imagen de Soledad y el
recuerdo de sus ardientes caricias ahuyentaban
mi sueño. El tren partía de Almanzora á las cinco
de la mañana y á las cuatro ya estaba yo en pie.
Cuando llegué á la estación, la luna iba á ocultarse. Lejos, la ciudad dormía arrullada por el
murmullo monótono del mar.
Entré en un departamento de primera y me
instalé cómodamente en un rincón. Sólo había un
viajero que parecía dormitar en el lado opuesto al
que yo ocupaba. Momentos antes de ponerse el
tren en marcha subió al vagón un tercer viajero,
que al reconocer al otro empezó á hablar amistosamente con él.
Silbó la locomotora, y el convoy, con gran estrépito, salió lenta,mente de la estación de Almanzora; apresuró después su marcha y emprendió
1uego desenfrenada carrera en medio de la obscuridad.

Pasó una semana con la desesperante rapidez
con que vuelan las horas felices. Forzoso era separarnos, más que por otra cosa, por evitar que
se descubriesen nuestros amores. La proximidad
*
de esta separación no nos entristecía; teníamos
* *
trazados ya nuestros planes para lo porvenir. PenDe pronto, y cuando yo, distraído, contemplasaba realizar todos mis bienes; mi mujer se quedaría con su dote, que estaba intacto, porque yo ba, apoyada la frente en el cristal de la ventahabía tenido cuidado de no gastar de ella un solo nilla, el blanquecino resplandor que anunciaba la
céntimo. Mis rentas habían bastado y aun sobra- proximidad de la aurora, oí pronunciar á uno de
do para sostener los gastos de la vida conyu- mis compañeros de viaje el nombre de Soledad y
gal. Además, el padre de Angeles nadaba en la el de Alberto Fuertes. ¿Por qué se mezclaban en
opulencia; separándome yo de su hija no causaba su conversación aquellos nombres? Agucé el oído,
á ésta ningún quebranto; antes bien, dado su capero el estrépito del tren sólo me dejó percibir alrácter y su temperamento, lo pasaría mucho me- gunas palabras sueltas: «Jardín, infamia, sorprejor no teniéndome á mí á su lado. ¿Por qué, pues, sa ... &gt; Vago temor asaltó mi pensamiento. ¿Se nos
había de sacrificar mi felicidad por una mujer á habría espiado? ¿Se habrían hecho públicos mis
quien no quería y de quien tampoco era .querido? amores con Soledad?
lloras me parecieron los treinta minutos que
Por su parte, Soledad aborrecía á su esposo,
cada dia más soez y brutal. Me amaba y la amaba tardamos en llegar á la primera estación. Al decon pasión avasalladora. «En amor-ha dicho uno tenerse el tren, sustituyó al estruendo anterior un
de nuestros clásicos - no hay caso injusto. &gt; Hui- gran silencio, sólo interrumpido por el hervor de
ríamos juntos, romperíamos nuestras cadenas y se- la caldera de la máquina y por las voces de los
ríamos felices en América, sin tener allí que ocul- mozos, que parecían venir de otro mundo. El diátarnos, ostentando nuestro cariño á la luz de sol. logo de los dos viajeros llegó entonces distintaFácil había de sernos, aprovechando la pri- mente á mis oídos, y sus palabras fueron otros
mera ausencia de Fuertes, tomar pasaje en alguno · tantos puñal&lt;ls que se clavaron en mi corazón.
de los barcos que hacen escala en el puerto de
- Siempre tuve yo - dijo el viajero que había
Almanzora. Ya arreglaríamos las cosas de modo entrado el último en el coche - á ese Fuertes por
que ni rastro dejase nuestra fuga. Vida nueva_en malísima persona. ¿Qué dirá usted que ha declaun país nuevo también. Y t razanJo proyectos en- rado?
cantadores, pensando ea nuestro hogar futuro y
- ¿Pero ha prestado ya declaración? - presaboreando nuestro amor y nuestra esperanza, guntó el otro.
llegó la noche de mi marcha.
- Eso me acaban de decir en el Casino. Como
~uestra despedida fué larga; el dolor de la au- tenía que madrugar para tomar el tren, he pasado
sencia templábalo la seguridad de que muy pronto allí la noche. A eso de la una y media fueron á

�..

buscar al juez, que estaba jugando al tresillo. Fuertes acababa de asesinar á su mujer.
- ¡Eh! ¡Cómo! - grité yo saltando más que
levantándome del asiento-. ¿Que han asesinado
á Soledad? ¡Mentira! ¡Mentira! ¡Soledad vive; diga
usted que vive!
Los dos viajeros me miraron con expresión de
estupor.
- ¡Hablen ustedes, por Dios! ¡No comprenden
que me han atravesado el corazón! ...
- ¿Es usted acaso pariente suyo? - me preguntó urto de los viajeros.
- Sí; pariente... Pero lo que usted ha dicho
es, sin duda, una equivocación. Soledad no ha
muerto. ¿Verdad que no ha muerto? ...
Los sollozos me ahogaban y no pude seguir.
- Deploro de todo corazón mi inadvertencia
- dijo el que había hablado primero-. Por desgracia, lo que acabo de contar es cierto. Esa señora pariente de usted, ha sido asesinada por su
marido.
. Sentí como si una oleada de sangre me invadiese el cerebro; nubláronseme los ojos, me flaquearon las piernas y me dejé caer en mi asiento
casi sin sentido.
Mis dos compañeros de viaje se acercaron solícitos á mí.
- ¿Se ha puesto usted malo?
- Tranquilícese usted.
Haciendo un esfuerzo violento, pude dominar
algo mi emoción.
- ¡Ha sido - dije - una sorpresa terrible!
¡Estaba tan aj eno!
- A todos los que conocíamos á esa señora
nos ha sobrecogido la noticia. Figúrese usted . ..
- ¡Oh, sí; cuénteme usted todo ... todo ...
- Según parece - siguió diciendo el viajero
que había pasado la noche en el Casino - , Fuertes, después de perder cuantos billetes llevaba encima, fué á su casa en busca de dinero. Asegura
c¡ue al entrar en su despacho, cuyas ventanas dan
al jardín, vió en él á dos personas: una era su mujer Y, la otra_ un ~om~re. Sigue diciendo que, ciego
c.le_ co_lera baJó al Jardm (el despacho está en el piso
pnnc1pal); el hombre había desaparecido. Fuertes
trató de seguirle, pero Soledad se lo impidió. Forcejearon, y él, loco de rabia, hizo fuego ... y ya
sabe usted lo demás.
Por fortuna, la claridad del día era aún escasa
y mi interlocutor ni su compañero podían adver~
tir la congoja y el espanto que sin duda delataba
mi rostro.
- Pero lo cierto es - siguió el viajero - que
:ºn su re(ato el tal Fuertes no ha logrado enganar á nadie. Su esposa era una señora sin tacha.
En una ciudad pequeña, como Almanzora, en que
todo se sabe, ¿cómo hubieran podido permanecer
ocultas unas relaciones ilícitas? El mismo marido
al ser interrogado por el juez, no ha podido meno~
de contestar que no tenía sospechas de nadie. A
S_oledad no se la veía ni en paseos ni en teatrós:
s1 de algo se la motejaba, era de huraña. Créame
usted: el relato d e Fuertes es un tejido de embustes. Yo me explico lo que ha debido de pasar de
este modo: Fue1·tes es un vicioso capaz de jugarse
la cabeza. La noche pasada perdió urra cantidad
crecida. Cuando se quedó sin un real - como si lo
hubiera visto - fué á pedir á su mujer el dinero

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que ella guardaba, quizás sus alhajas. Ella, á quien
su marido ha despojado de todos los bienes que
llevó al matrimonio, se negaría á entregarle lo que
él r~clamaba.. : Sobrevendrían las palabras duras,
los insultos, qmzás los golpes, y al fin e l asesinato ... Seguro estoy de que no hay en Almanzora
una sola persona que no piense como yo.
- Cierto - dijo el otro viajero-. Y el infame,
después de haber asesinado á su mujer, trata de
deshonrarla.
El golpe que acababa de recibir me había dej2do tan aturdido, que no podía ni pensar. Las
ideas flotaban sueltas en la inmensidad de mi dolor; me parecía caer, corno acontece algunas veces
en los sueños, en una mina ten ebrosa que nunca
se acababa; sólo me daba cuenta del horror de mi
caída. En medio de la confusión en que estaba sumida mi alma, únicamente anhelaba volver á Almanzora. ¿Para qué? Lo ignoraba, pero decidí
volver.
Muy alto estaba ya el sol cuando se detuvo el
tren en una estación, como abandonada en una extensa y rojiza llanura. Cogí la maleta y, despidiéndome de mis compañeros de viaje, salté al andén.
Apenas me hube apeado, el convoy emprendió de
nuevo su marcha, y yo, inconscientemente, me

quedé mirándole marchar, hasta que desapareció
Deliberadamente me hospedé en fonda distintras una colina lejana.
ta de aquella en que antes estuve alojado. En el
hotel, corno en todas partes, no se hablaba de otra
*
* *
cosa que del crimen de la noche anterior. Los pe¿A qué hora pasa el tren descendente? - pre- riódicos locales publicaban artículos y noticias
gunté al jefe de estación.
acerca del espantoso drama. La explicación dada
- A las cinco y cuarenta - me contestó.
por el criminal y hecha pública á pesar del secreMiré el reloj ; eran las ocho. Tenía que esperar to del sumario, era considerada como un tejido de
nueve horas mortales. La estaci5n distaba del pue- mentiras; el asesino no se había contentado con
blo unos cuatro kilómetros y al pueblo me dirigí, arrancar la vida de su víctima: la calumniaba desnecesitado como estaba de aplacar a lgo con el can- pués de muerta.
..
sancio mi exaltación nerviosa.
En cafés y corrillos se comentaban las pérdiLa dilatada extensión que mis ojos alcanzaban das de Fuertes en el juego; la venta ó hipoteca
á ver, limitada en la parte del Poniente por altas d:! la, fincas de su esposa, venta ó hipoteca aumontañas, era de color de sangre y estaba inte- torizadas generosamente por SolP.dad; el abandorrumpida á trechos por praderas pequeñas en las no en que durante años la tuvo su vicioso marido,
que pastaban escuálidos jamelgos. Al final del ca- reclnída en su casa como en una cárcel, y viendo
minejo por donde yo avanzaba lentamente, -se agru- día por día cómo se acercaba á ella el fantasma de
paban unas cuantas casuchas en derredor de uná · la miseria. La prensa describía el entierro de Sodesvencijada torre. En un campo lejano, un labrie- ledad: una manifestación de duelo en la que hago lanzaba al viento su canto monótono, cuyas no- bían tomado parte todas las clases sociales de Altas se arrastraban perezosas por la rojiza llanura. manzora, dando de tal modo rotundo mentís á las
¿Para qué ir al pueblo? Dejé el camino y eché pérfidas afirmaciones del criminal.
á andar por una senda que sabe Dios en dónde
*
terminaría. Aquel camino siri rumbo se hermanaba
* *
perfectamente con el estado de mi espíri~u. MuerCuando llegué á mi ca~a, después de un mes
ta Soledad, ¿qué objeto ni qué fin tenía ya para mí de ausencia, mi mujer, sin manifestar la menor
la vida? Volverá mi antigua existencia, nunca. En sorpresa, me dijo con acento indiferente:
ios últimos meses la seguridad de que había un
- Creí que no volvíás.
corazón apasionado que latía por mí, de que una
- Muy cerca has estado de acertar.
mujer enamorada me consagraba todos sus pensa- ¿Por qué lo dices?
mientos, me infundían halagadoras esperanzas y
- Es largo de explicarlo; ya hablaremos.
eran como la razón de mi vivir. Ahora, en un ins- Como si no me lo explicas. Ya te he dicho
tante, todo se había desvanecido.1¡0h, Dios! ¿Era muchas veces que nq soy curiosa.
posible que aquella mujer ad9rad~ que pocas hoAl día siguiente, sentados uno frente á otro en
ras antes palpitaba de amor entre mis brazos, es- el gabinete de Angeles, la hablé de esta manera:
tuviese rígida, inerte, t endida en el ataúd?
- Lo que voy á decirte, hace mucho tiempo
Y en medio de estos pensamientos, me aco- que no es un secreto para ninguno de los dos.
metían impulsos de cólera insensata, de rencor Angeles, tú y yo no nos queremos.
monstruoso contra el hombre que había manchado
Angeles se encogió de hombros y movió la casus manos criminales en la sangre de Soledad ... beza con expresión de indiferencia burlona.
¡Con qué gozosa rabia y refinado ensañamiento
- ¿Y ahora te desayunas tú de eso?
arrancaría yo poco á poco la vida á aquel infame!
- N'o; desde antes de nuestra boda ya lo sabía.
¡Con qué saña placentera le vería ª"'onizar! Ni esa
- Entonces, ¿por qué te casaste?
satisfacción me quedaba: le defend~n de mi odio
- Por la misma razón que te casaste tú; por
los muros de la cárcel. ¡Oh, pero su condena sería lo que se hacen tantos matrimonios como el nues~rri_ble; nadie sospéchaba de Soledad, y por con- tro; por desconocer que el único lazo que puede
s1g mente, el crimen sería considerado por los jue- unir para siempre dos corazones es el amor. Heces, no como la venganz:t de un marido celoso, mos \'ivido junt.os, y sin embargo, nuestras almas
n_o como el_ castigo de un agravio, sino como ase- han estado y están á tanta distancia una de otra,
sinato motivado por la codicia. ¡La cadena p:.::rpe- que ha sido imposible entendernos. ¿Por tu culpa?
tua!. .. ¡Quizás el patíbulo! Y mi d~sesperación ¿Por culpa mía? No lo sé; pero el hecho es evidense iluminaba con el resplandor de una alegría te. A medida que ha pasado el tiempo, tú lo safrenética.
bes, nuestro apartamiento espiritual es cada vez
_Después de caminar largo rato m~ senté en un mayor. Sinceramente creo que nuestra vida bajo
penasco al que daba sombra un árbol solitario, no el mismo techo es materialmente imposible.
muy apartado del sendero. Allí, sumido en mis do- ¡Ah, comprendo! - dijo Angeles con más
lorosas imaginaciones, permanecí brgo rato ... vehemencia de lo que yo esperaba-. En las coCuando advertí, como al d espertar de un sueño, rrerías de estos ú !timos tiempos, ya lo sospech,aba
que ya era muy avanzada la tarde, emprendí el yo, has encontrado por ahí alguna mujer que te ha
regreso á la estación.
sacado de tus casillas. No me lo niegues ... Pero
. _Aun tuve que esperar largo tiempo. A la hora si crees que por eso me va á entrará mí ni frío ni
md1c_ada llegó el tren, y á las ocho de la noche, calor, te equivocas de medio á medio.
rendido de cansancio, quebrantado el espíritu y
Cierto temblor en la voz, cierta nerviosidad
en ese estado de inconsciencia que sigue á las gran- c¡ue yo nu:1ca había sospechado en ella, me indi. d_es tempestades del ánimo, me apcab:1 en la esta- caban bie:i á las claras que lo que no pudieron
ción de Almaozora.
ni caricias ni ternuras lo podía ahora su vanidad
*
herida.

* *

�-Lo que quiero-seguí yo-es que sin ruido,
sin violencias de ninguna especie, convencidos
como estamos los dos de nuestro mutuo desvío,
nos separemos como dos buenos compañeros de
yiaje que, al llegar al punto en que sus respectivos caminos se bifurcan, se separan sin ira ni rencor para seguir cada cual su destino. Tu dote está
intacta; yo tengo lo suficiente para vivir; hijos no
hemos tenido. Ko hay entre nosotros nada que
nos una. ¿Por qué hemos de continuar sujetós por
la misma cadena? ... Esto es lo que tenía que decirte.
Y seguidamente, sin dar oídos á las alteradas
voces de mi mujer, salí
del gabinete y luego de
casa.

** *
Apesardelavio!encía de los primeros
momentos, los ánimos
de mi mujer y de mi
suegro se calmaron
pronto. Ella volvió en
seguida á su indiferente
tranquilidad, un momento alterada, y él,
que en lo tocante á negocios era un águila,
quedó en· cierto modo
satisfecho al ver que,
en punto á intereses,
que eran para el buen
señor lo supremo de la
vida, transigí
sin protestas
con cuanto qui¡'"
so proponerme.
Realicé mi
e apita I q u e , \~~
aunque menguado por las
habilidades d e
mi suegro, importaba lo bastante para con
sus rentas vivir modestamente, pero sin estrechez,
y me trasladé á un pueblecillo próximo á Almanzora, á esperar la solución del drama terrible comenzado con la muerte de Soledad.Después de la
celebración del juicio oral, dejaría para siempre
España.

i

VIII
Ocho meses pasaron antes de que se viera la
causa seguida á Fuertes por el asesinato de su esposa. Durante ese tiempo puedo decir con verdad
que solamente pensé en el trágico suceso. Reconstituía la escena sangrienta tal y como yo la imaginaba; creía ver á Soledad, suplicante, pidiendo
piedad; me parecía verla caer herida de muerte,
y contemplaba su cuerpo adorado bañado en sangre sobre el césped de aquel jardín, testigo de
nuestros amores. La idea de que el matador pudiera ser sentenciado á muerte, prodújomc al principio, como ya creo haber dicho, rencorosa alPgría. ¿Qué mejor venganza que verle morir infa-

memente? Mas á medida que pasaba el tiempo y
se acercaba el día en que el delincuente iba á ser
juzgado, aquel gozo perverso se trocaba en inquietud dolorosa. Las nubes de rencor se desvanecían
ante mi conciencia, que se iba levantando en mi
alma con resplandores de aurora. Ante esta luz,
cada vez más intensa, veía yo menos infame la acción de Fuertes, y más negra y villana la mía. Yo
había penetrado como ladrón en su hogar, y sorprendido sus más íntimos secretos ... «No hay
nada, pensaba, contestando egoístamente á estos
remordimientos, que no esté justificado por el
anrnr. .. • Pero ¿acaso no sentía también Fuertes
amor por Soledad? ¿No
le había dado su nombre, no había sentido
en presencia de la in\
fidelidad celos furio1
,·,,
'
sos? ¡Quién sabe si el
desamor de ella, su
desvío, su repulsión
--~
mal d~imu~da, exci,,,
taron las malas pasiones de su marido! Los
mismos vicios de
Fuertes, ¿°no se habrían exacerbado en
la atmósfera de aquel
hogar, en que faltaba
ternura, estimación,
hasta piedad?
A veces me acon) teda que la imagen de
la mujer amada se presentaba ante mi alma
en todo el esplendor
de su lozana hermosura, y me parecía oir su
voz y sentir sus caricias y respirar su
aliento, y entonces la
cólera y el rencor contra el matador me hacían enloquecer...
¡Ah!y aquello duraba
poco: la voz justiciera
de la conciencia acallaba los gritos rencorosos de
la pasión.
*

* *

Haciendo uso de una recomendación que difícilmente pude encontrar, entré en la sala antes de
que hubiese comenzado el acto.
,\ una señal del Presidente un hujier gritó:
«Audiencia pública», y por la puerta del fondo de
la sala, á empujones, insultándose y en confusión,
penetró abigarrada muchedumbre, cohorte pingajosa de golfos, mujerzuelas y vagos, para quienes
los espectáculos judiciales son mucho más atractivos y emocionantes que las funciones de teatro.
Aquietado el tumulto, dió orden el Presidente
de que entrase el acusado. Abrióse la puerta lateral del estrado, y entre dos Guardias civiles apareció Alberto Fuertes, vestido de negro, pálido, viejo y abatido. Toda mi sangre me afluyó al corazón,
y sentí no sé qué emoción indefinible, en la que se
mezclaban odio y piedad, compasión y remordimiento. Prodújosc en la sala un murmullo hostil

para el procesado; sentóse éste en. el ~a~1quillo,
situándose detrás de él dos Guardias c1v1les armados de carabinas, y una vez hecho el sorteo de
los jurados, y prestado por ellos juramento, empezóse el juicio.

***
- Yo - dijo Fuertes con voz temblorosa y entrecortada - volví aquella noche á mi casa antes
de la hora de costumbre. Iba en busca del dinero
que tenía guardado en mi despacho, para retornar
al Casino y probar de nuevo fortuna. Ll~vaba,
como siempre, la llave de la puerta, y nadie me
sintió entrar. Penetré en el despacho, por cuyas
ventanas entraba la luz de la luna. Abrí el cajón
en que guardaba el dinero, y u_n ruido_que venía .,
del jardín me hizo levantar la vista y mirar. Cerca
de la puertecilla falsa vi á mujer en los brazos de
un hombre.
Hubo en el público un largo rumor.
- ¡Orden! - gritó el Presidente.
- Creí que me engañaban mis ojos - siguió
Fuertes - ; me acerqué á una de las ventanas_ y
me convencí de que mi mujer me traicionaba. Ciego de cólera cogí el revólver, gue estaba_ guar_dado en el mismo cajón que el cimero, y baJé al Jardín, en lo qtÍe empleé algún tiempo, porque la
puerta de la escalera interior estaba cerrada, y á
causa de mi aturdimiento no acertaba á encontrar
el pestillo. Cuando llegué al sitio en que había v~sto
á. la pareja traidora, el hombre había desaparec1?º·
Mi mujer lanzó un grito. «¿Adónde vas?• me d1Jo,
cerrándome el paso. «Apártate•, le contesté. «N°O•,
.afirmó resueltamente ella, «no pasarás.• Traté de
separarla violentamente de la puerta, resistió y la
derribé. Entonces se abrazó á mis rodillas, gritando: «¡Te he dicho que no saldrás, y no saldrás!•
Furioso, sin saber lo que hacía, amartillé el revólver y disparé ...
Tuvo el Presidente que imponer de nuevo orden, para acallar los murmullos de indignación del
público. s\ las preguntas del juez y del fiscal,
Fuertes contestó invariablemente:
- Lo que he dicho es la verdad.
El desfile de testigos fué largo, y sus declaraciones todas adversas para Fuertes. La que más
impresionó al público fué la del señor de Cárceles.
Emocionado, con lágrimas en los ojos, dijo:
- Soledad era un ángel; quería á su marido y
le respetaba; en las largas temporadas que pasó
en mi casa de Bellamar, ni una sola queja salió de
sus labios. Yo la creía la más feliz de las esposas ...
El bueno de don Luciano se extendió en tan
largas consideraciones, que el Presidente tuvo necesidad de atajarle.
Fuertes soportaba con la cabeza baja todos los
cargos que se amontonaban sobre él. Yo sentía
tremenda angustia ante aquel hombre á quien meses antes habría ahogado con placer entre mismanos. Empecé por arrebatarle su honra, y ahora con
mi silencio le arrancaba la libertad, acaso la vida.
Mi proceder era peor que el suyo; mi crimen, más
bajo que su crimen. Así hablaba mi conciencia impulsándome á levantarme y decir la verdad toda;
pero cuando ya las palabras reveladoras iban á
salir á mis labios, me detenía el recuerdo de Soledad. ¿Era noble en mí hacer pública su falta, en-

tregar su memoria adorada al ludibrio de aquellas
gentes? ¿l labía muerto por mí y había de ser yo
quien cubriera de oprobio su nombre?
*

* *

En tanto, seguía el juicio. Al fiscal le costó
poco trabajo probar la delincuencia de Fuertes.
Llegó_el 111Qmen to de juzgar. Las dos horas que
el Jurado estuvo deliberando, me pareci~r9n dos
siglos. Al fin se abrió una puertecilla si~uada detrás del sillón presidencial, y los doce Jueces de
hecho, gra\'es y silenciosos, fueron á ocupar sus
asientos. Aunque estaba ya muy arnnzada la noche, ni una sola de las personas que asistieron
al comienzo del juicio había abandonado su puesto. Entre la multitud veía yo la cara anhelante de
don Luciano Cárceles.
Apretándome con la mano el c_orazón, caiei:ituriento, con impaciencia tan congoiosa que nadie
que no haya pasado por situación semeja1_1te pued_e
imaginar, esperaba la lectura del veredicto. Quizás el reo estaba menos intranquilo que yo.
En medio de solemne silencio comenzó á leer
el Presidente del Jurado; sus palabras caían sobre
mi corazón como gotas de plomo derretido. A todas las preguntas se contestaba de acuerdo con
la acusación fiscal. Ni una sola circunstancia atenuante. Fuertes era considerado como autor de un
delito de parricidio perpetrado con aleYosia y premeditación, y cometido por el estímulo de la codicia.
Un estremecimiento de satisfacción circuló por
la sala. El procesado, abatido por el golpe tremendo, sollozaba roncamente con la cabeza entre las
manos. Entonces sentí como si un vértigo invadiese mi cerebro; un impulso ciego, irreflexivo,
superior á mi voluntad, algo que venía de no sé
qué misteriosas profundidades de mi sér, y levantándome de mi asiento grité con voz que no me
pareció ser la mia:
- ¡El Tribunal se engaña:ese hombre ha dicho
la verdad. Su mujer tenía un amante, y ese amante
soy yo!
Tras breves instantes de estupor, alzóse en la
sala un clamor semejante al ruido del mar alborotado. De todas partes salían gritos:
- Está loco. Está loco.
El señor de Cárceles gesticulaba desaforadamente, y me dirigía desde su asiento palabras que
yo no entendía. Fuertes me miraba con extraña
expresión.
- Si el público no guarda silencio - gritó el
Presidente - haré despejar la sala.
- No, no estoy loco - dije yo cuando se hubo
restablecido algún tanto la calma-. Puedo probar lo que he dicho. Yo he penetrado traidoramente en la casa de ese hombre; estaba en el jardín
la noche del crimen, y me alejé sin que él me conociese é ignorando yo que había sido sorprendido.
Esa es toda la verdad.
- Son tan graves - dijo el Presidente - las
manifestaciones que aquí acaban de hacerse, que
el Tribunal tiene que deliberar acerca de ellas. Se
suspende el juicio.
*

:m declaración

*

*

fué ·eficaz; después de los trámites legales, en los que se emplearon \'arios me-

�El Cuento Semanal
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ses, Fuertes fué absuelto. A mí se me procesó;
pero libre bajo fianza, pude, con nombre supuesto, tomar pasaje en un vapor que partía para
América.
La tarde antes de mi marcha fuí al cementerio
de A lmanzora para despedirme para siempre de
Soledad. Era una serena tarde de otoño; in.terrumpían sólo el augusto silencio del camposanto, el
piar de los pájaros y el ruido de las hojas secas al

j

~

:I¡!

1

desprenderse de los árboles y chocar con las losas
de las sepulturas.
Llegué á la de Soledad. Una lápida de mármol,
á cuya cabecera extendía sus brazos una cruz,
también de mármol, cubría la fosa en que dormía
para siempre la mujer de mis amores. De los brazos de la cruz pendían dos coronas, ofrenda de
don Luciano y de su hija.
Me hinqué de rodillas, y mi memoria se llenó
de recuerdos y mis ojos de lágrimas. Pasó no sé
cuánto tiempo. Una campana de timbre argentino
anunció que el cementerio iba á cerrarse. Era forzoso salir. Miré á mi derredor; no había nadie...
Entonces, inclinándome sobre la piedra mortuoria
y juntando mis labios con el mármol, dije muy
quedo:
- ¡Soledad, perdóname!

FIN

Reserve dos todos los derechos de propiedad artlstlca y IJteraria.&lt;:;tiNo se devuelven los origine les.
Fotogra b ados de Durá y Compañia.~~=~= Imprenta de José Bioss y Cia., Sen Moteo f, Madrid.

CÓMO MURIÓ
fl RR I fl Gf\ =-=-=
NOVELA POR (LAUD10 fROLLO == ILUS-

TRACIONES DE /V\E-

DINA VERA

Cill!llill!ll!ll!I

�</text>
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                  <text>La publicación, que aparecía semanalmente, fue fundada por Eduardo Zamacois. Fue una de las diversas colecciones que florecieron durante las décadas de 1900, 1910 y 1920, con un carácter pionero, al tratarse de la primera colección literaria de novela corta publicada en España en formato de revista.</text>
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                <text>Relatos cortos</text>
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                <text>La publicación, que aparecía semanalmente, fue fundada por Eduardo Zamacois. Fue una de las diversas colecciones que florecieron durante las décadas de 1900, 1910 y 1920, con un carácter pionero, al tratarse de la primera colección literaria de novela corta publicada en España en formato de revista.</text>
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                <text>Fernández Villegas, Francisco, 1856-1916, Colaborador</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>Consultorio Grafológico</name>
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                    <text>El Cuento Semanal
__

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ses, Fuertes fué absuelto. A mí se me procesó;
pero libre bajo fianza, pude, con nombre supuesto, tomar pasaje en un vapor que partía para
América.
La tarde antes de mi marcha fuí al cementerio
de A lmanzora para despedirme para siempre de
Soledad. Era una serena tarde de otoño; in.terrumpían sólo el augusto silencio del camposanto, el
piar de los pájaros y el ruido de las hojas secas al

j

~

:I¡!

1

desprenderse de los árboles y chocar con las losas
de las sepulturas.
Llegué á la de Soledad. Una lápida de mármol,
á cuya cabecera extendía sus brazos una cruz,
también de mármol, cubría la fosa en que dormía
para siempre la mujer de mis amores. De los brazos de la cruz pendían dos coronas, ofrenda de
don Luciano y de su hija.
Me hinqué de rodillas, y mi memoria se llenó
de recuerdos y mis ojos de lágrimas. Pasó no sé
cuánto tiempo. Una campana de timbre argentino
anunció que el cementerio iba á cerrarse. Era forzoso salir. Miré á mi derredor; no había nadie...
Entonces, inclinándome sobre la piedra mortuoria
y juntando mis labios con el mármol, dije muy
quedo:
- ¡Soledad, perdóname!

FIN

Reserve dos todos los derechos de propiedad artlstlca y IJteraria.&lt;:;tiNo se devuelven los origine les.
Fotogra b ados de Durá y Compañia.~~=~= Imprenta de José Bioss y Cia., Sen Moteo f, Madrid.

CÓMO MURIÓ
fl RR I fl Gf\ =-=-=
NOVELA POR (LAUD10 fROLLO == ILUS-

TRACIONES DE /V\E-

DINA VERA

Cill!llill!ll!ll!I

�El [uBnto 5Bmonol
Se publica los viernes

Oficinas: Fuencarral 90
Teléfono 2054
Apartado de Correos núm. 409

¡

¡ /v\adrid

Libros y Revistas
Prosas líricas, por Enrique Morales Ruiz. Palabras de

Arturo Gómez-Lobo. - Imprenta de E. Pérez. Ciudad Real.
::,e trata de una obra póstuma, obra de melancolía y de
&lt;:ansancio en cuyas páginas parece flotar la tristeza del presentimiento que, al escribirla!!: tenia el autor de no verlas
impresas nunca.
¿Qué resta de ese autor? Sin duda algo muy tierno.
«Dijo la paz de unas vidas - escribe su prologuista Gómez-Lobo - ; la quietud de una tierra inerme; la monotonía
de un&amp; calle ancha - vaso de sol - en donde se percibe el
leve latir de las fuerzas soterradas; la corta peregrinación
de dos corazones por tierras de amor; el cantar sabio de un
arroyo que baja de un monte, atalaya del llano.»
Lo eterno. - Comedia en un acto original de Juan Górnez Renovales, estrenada en el teatro Eslava de Jerez de la
Frontera, por la compañía de D. José Tallad, el 12 de Enero de 1907.

~===:,o:ao::===•oooococx,c==:xooccr.::====&gt;

La Semana Teatral

Precios de suscripción:
Madrid y provincias: Trimestre 3,25 pesetas.
Semestre·6 pesetas. Año 11.
Extranjero: Semestre 10 pesetas. Año 18.
Anuncios á precios convencionales.

Númeto suelto:

3Ü

Cén

ti ffi OS

Cómico. - Aquí, como en todas partes, Loreto y Chlcote triunfan sin reservas.
Las obras que más éxito obtuvieron en la temporada anterior, La br_ocha gorda y La Puerta del Sol, han sido reformadas y meJoradas notablemente.
En la primera de estas zarzuelas, Loreto, imitando el
gesto, la vo, y hasta lindísima figura de La Fomarina, está
deliciosa. Tanto, que seguramente este invierno el público
irá á ver á La For11arina para ver «si se parece» á Loreto
Prado; ni mas ni menos que el año anterior fuimos todos á
cerciorarnos de si, efectivamente, Loreto se parecía á La
f-tornarina.

Esta semana se celebró la reprise de la aplaudida «alcaldada en cuatro cerrojazos y un prólogo»; titulada/ Qutse
va ti arra,-/, en la cual Enrique Chicote y Julio Castro cantan un «número» nuevo con muy graciosos couplds.
Gran Teatro. - Ha comenzado á actuar en este coliseo
una excelente compañía de Varidis. Hay coupletistas, acróbatas, cinematógrafo, etc. Todo muy pintoresco y variado.
Distínguense principalmente Nelson Follet y la Dika,
con su groom; las hermanas Mariano en el trapecio balancín,
la troupe tirolesa, The Lysthép's, etc.
Es un espectáculo de un cach,t internacional muy agradable.
••.
·

=cc====xx,a===acx,0-====n:=ccc==::&gt;

A polo. -«¡Ya está abierto A polo!» Es una frase callejera

que pone á los madrileños de buen humor, porque evoca
frescores otoñales, perspectivas de invierno. Es la señal de
que el aborrecible verano, perezoso y sudón, se ha ido.
La inauguración de «la catedral», donde «ofician» desde
hace tantos años los generosos empresarios Arregui y Aruej,
íué espléndida.
De telón adentro, salvo algunos nombres que nadie ha
-0lvidado, «lodo está igual». Allí vimos á Rosario Soler, hoy
más que nunca en la plenitud de su caliente hermosura española; Maria Palau, «boca de risa», pizpireta, ílexible y
pen·ersa, como una belleza del boulevard; Felisa Torres,
siempre jl;raciosa y bonita; Elisa Mornu, Amalia Campos,
María Valdemoro, Antonia Espinosa, Isabel Carceller, y la
excelente, la insuperable característica Pilar Vida!.
Ent, e los del «sexo feo•&gt; figuran e n primer término (no
por feos precisamente, sino por graciosos), Emilio Carreras, Pepe ;\!oncayo ·y García Valero; D. José... (ya saben
nuestros lectores que nos referimos á Mesejo ); Sarazzi, buen
actor y baríLono de grandes facultades; Vicente Cardón,
Manzano, Soriano, Mihura ... y otros.
En los carteles subsisten actualmente El luísar d, la
.f(Ullrdia, La mala sombra, L a suert,• loca y Ci11ematógrafo na,:io11al. Pronto empezarán los estrenos.
Zarzuela. - En el elegante coliseo de la calle de Jovellanos se han estrenado con gran éxito un arreglo de la famosísima obra de l\Iascagni Cavallería ru.rticann, y un sainete de los Sres. Labra y Chapí, tilulado Los vtlerall{&gt;s. La
temporada, por consiguiente, empieza bien.
La Empresa ha tenido la buena idea de resucitar E l dúo
;Ú la .-lfri,&lt;111,1, en que mucho sobresalen J oaquina Pino y el
tenor Simonetti; el inolvidable sainete La ca11ció1t de la Lo/a,
del maestro Ricardo de la Vega, y La co¡,a e11ca11tndo, de
Benavente.
Edu.va.- Continúan en este teatro las representaciones
de L,1 f¿,z dd ole, La gatita b/a¡¡ca, :..a /1osteri11 d,t L aurel, La
,:011q11i.rta .td marido y Ap,,ga y vci1110110s.
Alli la alegre «sicalipsis» triunfa, y el buen público aplau-0c á las tiples que lucen ante el incendio de la batería la
esplendidez de sus esculturas. ¡Ah, la poca ropa! Carmen
Andrés, por ejemplo, es una respuesta, una hermosa respuesta hecha carne, á todas las duda¡; que Colomhi11, en España r ;\[me. ;\ladrus en París han suscitado acerca del inJlujo que las faldas ejercen sobre la belleza de la mujer .

•

CLAUDI0 fR.0LLO

~ÑO__L:_!_3 Se).)tiembre 1907 - N.º 37

Consultorio &amp;rafoldgico &amp;RAtHTMEH
(Véase el núm. 3.0 de nuestra Revista.)

=

Respuestas

=

Admiro á Galdós filósofo. - Sensibilidad excesiv&amp;; actividad física muy seguida; voluntad pacienzuda, con momentos de
terquedad; buen grado de inteligencia; conciencia ancha; temperamento nervioso; ligero cansancio físico; sinceridad; carácter
muy expansivo; generosidad que sabe contar; afición para la buena comida
Según manifiesta usted el deseo de saberlo, para hacer un retrato grafológico no me fijo ni en el estilo ni en la ortografia, y si
no fuera por poder contestar á ciertas preguntas particulares
que me hacen n11s consultantes, no leería tan sólo las carlas, lo
que á pesar de lo raro que parece, lacilitaria mucho mi trabajo y
contribuiría a la sinceridad del análisis.
Luisa Catalana, de Barcelona. - Naturaleza bastante interesada; agitación; ausencia total de voluntad; cierta tendencia á
la exageración; carácter bastante rencoroso; temperamento muy
nervioso; salud bien equilibrada; ligero espíritu de contracción;
criterio justo; conciencia ancha.
Joaquinita G. Gata. -Afición extraordinaria a discutir; constancia; voluntad seguida, con tendencias á la dominación; expansión, sobre todo con los extraftos; orden; naturaleza que sujeta
siempre los impulsos de su corazón á las leyes de la razón; equilibrio perfecto en todas las facultades; temperamento vigoroso.
Eduardo Guzmán. - Espíritu fino y delicado; carácter amable; Vúluntad débil; gran constancia en amor; conocimientos variados y buen ~rado de cultura; prudencia en los negocios; gran
desconfianza; bastante actividad física; juicio seguro; corazón
tierno y sensible en exces~ deseo de hacer el bien en torno suyo;
temperamento inmaterial.

CHAMPAGNE

BINET

REIMS
SUPERIOR Á TODOS LOS DE IGUAL PRECIO

COMO MURIÓ ARRIAGA
I
EL BOULEVARD DE CLICHY

boule,·ard de Clichy, en París, parece
como un brazo doblado. El hombro es la
plaza Pigalle; la mano, muy grande, muy
abierta, es la plaza Clichy, y frente al codo se
abre el puente de Colaincourt, luego calle de Colaincourt, sobre el cementerio de Montmartrc,
en el cual sabe la lectora que está la tumba de
la Dama de las Camelias, Margarita Gautier. Si al
brazo que hemos dicho, queremos darle u na estructura, ya enormemente g igantesca, el hombro
lo tendremos
hundid o e n la
Chapelle, yla palma de la mano en
las a I tu ra s des
Ternes, muy cerca de la Estrella.
E I boulevard
de C!ichy es la
ante sala del famo so r.Iontmartre, el cual i\Iontma rt re, después
de conocido, resulta, como todo
lo humano, inferior á su fama.
Pero es preciso
conservarla; los
extranjeros la guardan por snobismo, y los parisienses por mercantilismo, puesto que ciertas particularidades del famoso barrio son un ingreso natural de París. La cueva del Cabaret del Infierno es,
por ejemplo, tan producth·a cual la gruta de Lourdes, sólo que aquélla es inocente y ésta es embaucadora.
Frente á la plaza Blanche, e n el trozo principal del boulevard Clichy, esto es, e ntre el codo y
el hombro, entre la e ntrada del puente de Colaincourt y la plaza Pigalle, se inicia la espina dorsal
de Montmartre, la calle de Lépic, tan empinada,
que á la mitad de e lla tienen que detenerse los
carruajes porque no pueden arrastrarlos los caballos.
Este pedazo del boukvard Clichy es una de
las pocas porciones del París que no se acuesta á
su hora. E n la plaza Blanche es tá el restaurant dé
la plaza Blanche, y más arriba, por la misma ace-

E

L

ra, e n la plaza Pigallc, la Abaie Théleme, La ratamuerta y La r ata que no está muerta. Además, ef
Cabaret del Infierno, que para visto una vez, es.
distraído; el Cabaret del Cielo, que aun para visto
una vez sola, es tonto; dos ó tres modestos restaurants; dos ó tres panaderías; dos 6 tres librerías de viejo; tres 6 cuatro tiendas de cuadros,
donde jamás se ve uno bueno; y algunos baratillos con muebles y cachivaches desastrosos, que
tienen pretensiones de mobiliario y de arsenal artísticos, donde los pintores pobres de Montmartre compran , cuando colocan á buen precio un
cuadro en la calle de Laffite 6 una colección de
dibujos á los editores de la orilla
izquierda, cosas.
que v uelven á
vender en cuanto
se concluyen los.
cuartos. En esta
acera la s casas
son buenas y los.
vecinos burgueses, comerciantes; vecindario
pacífico, bellas
personas. En la
acera de enfrente
"" 1/ ,,l~~
se halla el Molino
Rojo archifamoso,
levantando al cielo sus grandes aspas coloradas. A
su izquierda, más
lejos, el Cabaret
de la Muerte, donde no se ven ángeles azules ni
diablos encarnados, sino muertos que van descomponiéndose, hasta llegar al esqueleto; donde se toman vasos de cerveza, puestos sobre un ataúd, en
medio de un salón 0bscuro y enlutado; donde se
observa, e n fin, cierta tétrica gracia. A la izquierda, más lejos, se e ncuentra el Cabaret de Quat'z'
Arts, e n el cual, en e fecto, hay un poco de arte.
Aquí está la avenida Rache!, vía corta y ancha
como un pequeño square, que lleva al cementerio
de Montmartre. E n esta esquina de la aven ida de
Rache! hay un restmerant modesto, con sus mesas,
como todos, e n la acera y un salón e n el entresuelo, anunciado especialmente en la fachada, para
bodas. Desde los balcones y desde la puerta se
ven las cruces y mausoleos de la necrópolis, indicadores de có mo termina todo e n este mundo.
Salvo una peluqueríá, una panadería, otros varios tenduchos, tocias las accesorias de esta acera

�son (r) brascrías y tabc-rnas, &lt;los d&lt;' éstas, buenas
y dos de aquéllas, elegantes. Casi todas las casas,
inferiores en altura, en arquitectura y en confort,
y sólo superiores en años á las fronteras, son hoteles, hoteles de esos parisienses donde se \ i\'e y
no se come ó come cada cual lo que puede, &lt;'n
su cuarto. El personal de huéspedes está compuesto, casi todo, por prostitutas, chulos, ladrones ,
asesinos; las cocottes, los maqttercaux y los apaches.
Hay un hotel en este lado, á la entrada de la calle
&lt;le Lépic, que se titula de La bella estancia, en d
que suenan tiros casi todas las noches y al que á
cada momento tiene que subir la policía.
Así, pues, entre una y otra acera, materialmente separadas por unos cuantos mrtros de calle
&lt;le adoquín y andén central de asfalto, hay varias
leguas, tal yez no en número cxcesin,, de camino
moral.
Las dos fach1.das Sl' conocrn, pero ni se hablan
ni se estorban. Ambas tienen los negocios fuera;
-el burgués, en el centro de París, y el apache, don&lt;le le pilla. Todos Yi\Cn tranquilos .•\lgunas noches, un viejo matrimonio que duerme en una alcoba de la acera honrada, se despierta al ruido de
&lt;lisparos que suenan en las casas de la acera malévola.
- ¿Qué es eso?
- Tiros ahí enfrente.
- Duerme, •gallinita,.
- Duerme, «palomito•.
Y los esposos vu&lt;'h·en á conciliar tranquilamente el sue110.
Al otro día, si es uno prima, eral de esos en que
todo París Yivc en la calle, nadie diría mirando
.aquel amplio boulc,·ard tan alegre, tan bello, que
la mitad ele las noches es perturbado por los juer_guistas del Rat .Mort ó del restaurant de la place:
Blanche, ó por los bandoleros del lado del ~foulin.
Las familias circulan con sus niños por el centro
asfaltado, entre los árboles; por los boquetes del
metropolitano suben y bajan filas de personas, cual
las hormigas por sus hormigueros, y desde los
balcones, las terrazas, las puertas ele las tiendas,
fas dos aceras se miran sonriendo amable y bona.chonamcntc.

II
EMPIEZA UN ARTICULO

Por dos trocitos de las sendas calles de Douai
-y de Bruxclles, se "ª del lugar que hemos descrito
.al squarc de \'intimillc, plaza pequena, poco transitada, con un jardinillo húmedo y enverjado en el
centro, adonde los nenes de la yecindad bajan {1
jugar con sus niñeras.
( 1) Unas veces subrayados, otras no, el lector encontrar-\
en estas cuartillas numerosos galicismos. Van puestos de
propósito. Así como opino que traducir, traduzca quien traduzca, es matar un libro, creo que cuando se babia de otro
país se debe, si se puede, lomar de él cuantas ,·oces sean
posibles y compatibles con la facilidad de entender del lector. También se encontrarán algunas cosas en francés qui:zás poco ortográfico, porque no me he tomado la molestia
de consultar con un amigo que lo escriba bien, y porque yo
.sé de francés muy poco más que Jacinto Arriaga. Además,
y esto lo explica todo, ni en ese francés, 1ni en mi español,
son excesivas mis pretensiones de purista. - C. F.

Cna ele las a,cnidas de C'sta plaza, que ofrece
el contraste muy frecuente i-n las capitall's populosas, de un lugar solitario junto á un paraje concurrido, es la continuación de la calle ele Bruxellcs, la calle donde murió Zola, y , a á salir á la
parte más alta de la ruede CliclÍy, inmediata á la
plaza de este nombre, acabando así el trapecio que
fi,rman la calle ele Uichy, la plaza y un trozo del
IJoulevarcl de Clichy, y el otro pedazo del mismo
b lUlernrd de que ya hemos hablado.
El número 5 de la rue de Bruxelles tiene este
letrero en su fachada: ll1aison mwblée. Entremos
y subamos hasta el último piso, en cuyo descansillo, que es como una saleta bastante amplia, sin
muebles, hay yarias puertas numeradas . ."\ la izquierda se abre un corredor, á cuyos lados otras
cuatro puertas dan paso para otras tantas chambres. Penetremos en el número 41, el primer número de la derecha. Es una pieza cuadrada, ni
chica ni grande. En un rincón, contra la pared,
se Ye una cama antigua, pero confortable, de madera barnizada de negro. ,\ &amp;u lado, una mesa de
noche. En igual línea que ésta, una cón_1uda, y presidiéndola, un gran espejo ele marco dorado, que
casi llega al techo. Entre el cristal y el marco,
pinchados, como danzando al aire, duplicados por
el cristal sus cuerpos de peluche ,·erde y colorado, con los ojos de azabache, saltones, y con el
rabo tieso, están cinco ó seis de esos diablillos
que dan en el Cabaret del Infierno; retratos de
actrices y literatos, y algunas bailarinas con un pie
en el suelo y el otro lo más alto posible. En el otro
rincón de este testero, hay un larnbo de caoba
con tapa resquebrajada de mármol, mueble antiguo también, como todos los que estas casas van
quitando de los primeros pisos que hay que renovar, para llevarlos al cinquiéme 6 al sixiéme. Enfrente de la cómoda se halla un sofá de terciopelo
rojo, al que podemos conceder que sea de Utrech,
pero al que hay que acusar de ancianidad. Yerde
es el tapete, lleno de papeles, de periódicos, de
libros, que cubre el \ elador colocado ante el sofá.
Frente á la cama, entre dos sillas, se abre una
ventana que da á un enorme patio. En fin, en
puerta y ventana, hay porticrs de cretona negra
con grandes flores rojas, y las paredes, de papel
vC'rdc claro, sin dibujos, se adornan con retratos,
con postales y con bibclots, desnudos de mujeres,
sobre unas repisitas. En el alféizar de la ventana,
que está abierta, hay un cacharrito azul con unas
flores. Sobre la cómoda, otras esculturillas bonitas
y baratas. El cuarto es alegre, claro y limpísimo.
Le da el sol.
Ante la cómoda acaba de ,·estirse un hombre .
Tiene treinta y ocho años, pero es la suya una de
esas fisonomías movibles, que en la tristeza se
aycjentan, que en el entusiasmo ó la alegría parecen niñas y que cambian veinte veces al día de
apariencia de edad, según sus impresiones. Si en
este instante preguntamos á este hombre por su
edad y nos responde, sonriendo como está, aunque se halla solo: «la de Cristo», no hay fundamento para decir que engaña.
Es de aspecto agradable y simpático. ~ada saliente , emos en su favor, pero tampoco en contra.
En sus ojos hay algo de espíritu y de luz, y sobre
todo, de sincera vehemencia. Su pelo, que blanquea un poco por las sienes, escasea algo y aun

algos por la coronilla. El bigote es completamente negro.
Acaba de ponerse la americana y ,·a á salir.
Se echa una ojeada gencral,que no le descontenta;
en efecto, no va mal vestido, y su calzado, su camisa, su corbata, acusan algo de distinción natural
y de b 1en gusto. Coge un !"&gt;itillo, lo enciende, lo
pone cuidadosamente en la boquillita de ámbar y
sale, llevándose la lla,·c. Por la escalera, con voz
que hace todo lo gutural que puede y con tono ele
niñez, de alegre despreoc,1pación, va cantando:
«Le roí fait battre le tambour,
pour voir /1. toutes cettes dames... »

Di\ isa al garzón que está barriendo por el entresuelo, y canta más fuerte, y luego se hace el
sorprendido cual si, embobado en su cantata, no
hubiera , isto al mozo, cuando éste, escoba rn
mano, se adelanta á saludarle co:1 familiaridad.
- Bon jour, m'sicu.
- Bon jour, mon Yieux. TI n'y a pas de lettrcs
pnur moi, ce matin?
- :;\fais non! \'ous sarez bien qu'il n'est pas
l'heurc•, cncore, pour le facteur.
Sí, es muy temprano, las ocho de la mañana, y
hasta las nuc\'c ó nucye y media no llegará el cartero. .\demás, él no espera carta; pero lo que importa á este hombre, que no es francés, es hablarlo
á todas horas, en c•1anto se despierta, hasta soñando, y busca todas las ocasiones para ello con
motivo ó sin él.
,\1 pasar por el bureau se halla con el patrón,
excelente sujeto, un pro,·enzal con un ca helio duro
y á~pcro, que tiene la propiedad rara de erizarse
cuando su poseedor se enfada.

- Buenos días, señor Renard; ¿no ha venido
nadie á buscarme?
- Pero, señor, ¡si son las ocho de la mañana!
Y con los pelos en acción:
- ,\demás, ¡si casi nunca viene nadie á preguntar por usted!
- Es que estoy esperando una visita de España.
- Pues no ha venido nadie.
- Bueno, hasta la tarde.
- 1Iasta la tarde.
Es una mañana suavísima de Abril. Kuestro
hombre sale, y continúa cantando:
~ ... et la prcmicre qu'il a vu
lui ll. raYi son a... ñ... •me ...»

Por sitios que conocemos ya, llega al boulcvard
de Clichy, y cerca del ~folino Rojo se sienta á la
puerta de un café. Pide un café, unos croissmrts,
una copita ele cognac, de que escribir. Cuando toma
su modesto clcs1yuno, coge un sobre y estampa:
Fe1úl!es pour l'illtjrimerie
Señor director d el Diario Cusmopolita.
Segovia (Espagne).
Deja el sobre á un lado para que se seque y
para que el camarero pueda verlo. Corta luego en
cuartillas algunos de los plieguecillos de papel
cuadriculado que le ha traído el mozo, y al frente
de la primera pone:
CRÓ::-;-!CAS PARISIENSES

L\ ACTITUD DE LAS C,\l\IAR.\S
:\lcdit:t un poco. Enéiende un pitillo. Se distrae mirando á los obreros, á los empleados, á las

�criadas y á las obreritas, que pasan veloces por el
boulevard. Vuelve á concentrar el pensamiento;
da otra chupada al cigarrillo; empieza:
Tengo fundados moti\'os para creer que las
( ámaras actuales ... •
\' sigue en su trabajo sobre el hacecito de
cuartillas.

do \'ohieron á Seg1wia, la mujer, muy preocupada
durante unos días, entró cierta mañana en el cuarto de su hermano, que se vestía para ir á rezar la
misita diaria, y le espeM sin más prcparati\'os:
- Oye: Jacinto y yo hemos decidido casarnos.
El can6nigo, sin alterarse mucho, respondió:
- ¡Qué barbaridad! l~se muchacho es tonto y
hí estás loca.
III
- ¿Por qué estoy loca: -Y ya enfureciéndose:
- ¡Pues lo queremos! Y además no hay más remeJUNTO AL ERESMA
dio. ¿Ln entiendes bien? ¡No hay más re-me-dio!
- ¡Bueno, bueno! - replicó el excelente homEste hombre, á quien tenemos escribiendo un
bre
que, sin sospecharlo, llevaba el espíritu de Volartículo á la puerta de una brasería parisiense, es
Jacinto Arriaga, cuyo nacimiento, como ya dijimos, taire dentro df.'I cuerpo. Y ,í los quince días los
casó con la misma indiferencia que los hubiera exelata ele treinta y ocho años, y cuya vida ha co- comulgado.
menzado hace tres meses.
A los siete meses la esposa trajo al mundo un
Jacinto nació en Zamarramala, un pueblecito,
pobrecillo infante muerto.
casi aldea, á media hora de camino ele Sego,·ia.
i\l año y medio, harto de comer y ele beber,
! lijo de unos labradores pobres, quedó sin padre
á los dos años y sin madre y sin amparo á los rcventcí el buen canónigo como una caldera que
seis. \'ivían en Segovia un canónigo que había estalla sujeta ,í más prcsiém de la p"sible. L'I \'ida
sido su padrino de bautismo, y una hermana de de los esposos, que no volvieron á tCn&lt;"r otro hijo,
éste, que cuando el nene quedó huérfano contaba continuó igual, mon&lt;&gt;tona, sin el accidente que la
diez y ocho años. La muchacha propuso recoger al vivificara de alguna alegría 6 de algÚ'n dolor. Ella,
chico, y su hermano replicó que sería un engorro. como todas las mujeres de un marido joven, que
«Le cuidaré yo&gt;, replicó aquélla; y como el buen Yiven siempre en el miedo de perderlo, era celosa,
canónigo fuera un amable egoísta, de esos que ha- tiránica y gruñona. 1Iás que por timidez, él la obecen el bien por ahorrarse la molestia que puede decía y la soportaba por indiferencia, por falta de
acarrear no hacerlo, consintió, para evitarse una una pasión ó un objetivo que le hici&lt;'ra saltar sobre
pelotera con su hermanita, que se aburría, que no todo, y también por gratitud y por bondad nativa,
era fea, pero que no era guapa, y que no tenía pues en aquella mujer con quien compartía el
novio con quien entretenerse, circunstañcia que desabrido lecho conyugal, miraba y reconlaba ,i
la buena madre ,·oluntaria que cuando nirio lo arnrhacía muy razonable que la distrajeran regalándo- llaba
en la cuna.
le un niño.
Así,
prisionero en la tranquila cárcel de una
No fué ascética ni mojigata la educación de
éste. Ni el canónigo ni su hermana eran santurro- vida apaisada, transcurría su existencia, sin otra
nes. El iba al coro como á la oficina. Ella rezaba distracción que los paseos solitarios y las lectucosas habituales sin ahondar mucho y sin derro- ras. Tal vez por la índole de las primeras que, sin
char fe. Tenían algtín dinero; se sentaban á una orden y por casualidad, vinieron á sus manos; tal
mesa ele príncipes; ella sin apetito y él como un vez por cualquier rara predisposición, el caso es
que aquel hombre, jamás salido ele una ciudad que
1Ieliogábalo.
.
El tres veC&lt;"S obligado protector del n"'ne, por s61o habla de cosas y de tiempos muertos, se afihaberlo apadrinado en el bautismo, por haberlo cionó á leer, y cada día con más pasión, cosas
recogido y por su santo personal sacerdocio, no nuevas y ex6ticas. Para su examen en Telégrafos,
se metió sino en que Jacintillo no le perturbara Jacinto había estudiado francés, y lo aprendió muy
bien, ó mejor dicho, fácilmente, y de la misma tal
el sueño; y la \'ida de la casa transcurrió muy en
paz, porque la hermana tenía cuidado de alejar al facilidad nació el contento con que lo estudiera.
pequeño cuando por las noches el señor canónigo Se examinó, se casó, ocupó su plaza y no vohió á
se acostaba resoplando, con sus dos botellas ) sus ocuparse del adorable idioma. Mas á su oficina de
enormes tajadas en el cuerpo, y por las tardes se Segovia vino un oficial que había corrido mucho
dormía la siesta con sus grandes tajadas y sus dos mundo, que había ,ivido en ,cinte partes, y un
botellas entre pecho y espalda. De manera qu&lt;' el año en Londres y un par de ellos en París. Y aquel
niño estudió poco, y como á los diez y ocho años hombre, que de todo cuanto había ,·isto y recorrino sabía una palabra, lo prepararon para una ca- do conservaba perenne é imborrable el recuerdo
de la ciudad luz, despertó en la imaginación de Jarrerita corta, la de telegrafista.
cinto,
que no tenía tampoco en qué ocuparla, el
Lo prepararon en Sego\ia, y para que no viniera solo, fué la solterona quien lo trajo á Madrid; amor al gran pueblo. Hay quien se enamora por
al canónigo no había quien lo sacara de su casa, ni un retrato ó una referencia.
El compañero de Arriaga no se hacía creer sólo
de sus costumbres. Se examinó Jacinto, obtuvo
plaza y se logró que fuera destinado á Segovia. por su palabra. Ilustraba y documentaba sus conPero, ¿qué había ocurrido en los tres meses que el versaciones con fotografías, grabados, periódicos,
joven y la hermana del canónigo pasaron en la cor- libros. Algunas veces, paseando con el índice por
te? El ambiente de ~Iadricl, los cafés, los teatros un plano de París, seguido por la ávida mirada de
que un barbarismo llama sicalípticos, la \'ida me- Jacinto, le describía edificios y lugares. «¿Ve usted
dianamente libre de la mediana capital, ¿qué in- esto? Aquí está la estatua de Gambetta... Puesto
fluencia tuvieron en el joven y en la que se figu- delante de la estatua, mirando al frente, atra,iesa
raba seguir siéndolo? Fuera ello lo que fuese, cuan- la vista el arco de triunfo del Carroussel, se adelanta por las Tullerías, se detiene en la plaza de

;n

la Concordia y, partido por la aguja de Cleopatra_,
,·e á lo lejos y á lo alto C'I arco de la Estrella. ¡Que
París! ¡~ada hay como París! Esto es la plaza de
la Opera. Esta calle que se encuentra detrás, es 1~
(haussée d'J\ntin. Pues aquí, en esta acera, casi
enfrente de una casa , ieja, en que se halla, por
cierto una sucursal del :iront&lt;" de Piedad, hay una
rotiss;rie, donde almorzaba yo casi todas las mañanas.•
Jacinto encontraba algo \'Crdaderamente superior en aquel hombre, que había visto el arco de
la Estrella por una arcada del del Carroussel, con
la aguja de Clcopatra en medio, y que había almorzado muchas \eces en la Chausséc d'Antin, al
lado de la Opera, al lado de los grandes bulc\'ares, ¡los bulevares!
.
. ,
Otras ,·eces, la sangre de este Joven que v1V1a
en la castidad y casi en la abstinencia, se encendía al oir la descripción de los lugares alegres y
de sitios descaradamente canallescos. ¡Qué noches
las de su amigo en el l\loulin de la Galette ó en el
Bal ele Boulier! Luego le hablaba de los cajés-concerts; de ciertos establecimientos que hay en las
transversales angostas del boulevard Sebastopol,
donclc las camareras sirven en traje de bebé, en
marineritas; y detrás del boulevard San Dionisio,
en callucas infectas, que parece mentira cómo no
ha derribado la piqueta que reformó París, hay
otros cafés, donde las dependientes acuden al parroquiano cubiertas con una capa y se sientan _á
su lado y se quitan la capa, y con ella se han qmtado ya todo el \'estido.
Pero no es esto, cosas para una \'CZ, para los
días de trueno, que dan idea de la licencia de
París, lo mejor del gran pueblo, sino su encantadora libertad. Estas preocupaciones españolas y Jacinto pensaba en las que conocía, las de Se-

govia - !&gt;1111 ridkuleces de que
l:,t C,LJ~ital &lt;le
Francia se reiría todo el mundo. ~mgun pa1s como
aquel puede ofrecer la independencia, la dcspreocu¡&gt;ación la ligereza encantadoras de su trat&lt;;&gt;,
1
¿Y las mujeres?
¡Qué mujeres.1 «'!'uve yo una armguita... &gt;
Trasladaron ele ScgoYia al oficial, pero el parisianismo de Jacinto nadie se lo ~acaba ya ~lel
cuerpo. Suplió á su amigo con los libros, que_ a ~a
esposa decía que eran científicos, y con penóchcos que recibía clandestinamente, para que no los
,iera su mujer, pues contenían estampas del t_odo
incompatibles con la más tolerante. de las ~1encias. El más grande disgusto de s~1 nda matnmo~
nial fué un día en que su costilla le encontro
ante un periódico, en cuya portada, ba)o el tí~ulo
L' Amottr, palabra que ella supo traduclf, halla hase un señor viejo y muy gordo d~ndo u_n beso_ en
la nuca ú una muchacha en camrsa y sm medias.
JI uyó con sus periódicos y leía en la oficina, entn•
tcl&lt;'grama y telegrama, 6 en la soledad de sus
paseos.
.
.
Aquel poético Eresma que sahc tanta h1stona
de España, que no entiende sino de avcntt_i_ras guerreras y de sentimientos fra_ilunos ó !111~nJ1les; que
impregnado del tiempo medmeval_odra a lc'.s ron~anos que alzaron el acueducto, od~a á los r_ngemeros que han abierto el túnel segonano, y sol? ml&lt;_&gt;ra á los constructores del Alcázar; aquel poético no
que ha inspirado tan sólo •ayes del&gt;, «brisas del&gt;,
«cantos del&gt;, «lamentos del&gt; y demás versos del
Eresma, ¡cómo se estreh1ecía en lo más hondo ele
su cauce cuando una \'Cz el aire le arrojaba algún
candente ejemplar del Frou-Frou, olvidado por
Jacinto en la orilla donde había leí~o! Y a9uellas
monjas del Parral, que tras sus cclosra~ podran ver
sin ser vistas, al contemplar en med10 de aquel
bello derruído claustro, que hace pensar en cosas
altas aun al cerebro que jamás haya pensado, ¿qué
sentirían, indignación 6 excitacio~es pecadoras,
ante el sacrílego, sentado en una piedra, que desplegaba en otra piedra aquella mala pre~sa, llena
de torpes láminas, cátedra torpe de erotismo?
¡Oh, terrible plle-1Jtéle! - _así se llamaba, por
más señas, uno de los pericíd1cos - ; ¡oh, ternhlc
péle-méle de nuestra edad, que ing_t&gt;rta~ lo prof~110 en lo cli\·ino y metes á la afrodita \ enus baJn
las tocas virginales de la madre de Dios!

*

* *

Bueno... El día mismo en que Jacinto Arriaga
cumplía los treinta y siete aiio~, se m~rió su_ mujer. Pareció como si la pobrecita hubiera dicho:
«basta de aquí no paso&gt;; porque, en efecto, aquella ex~clente alma, acabada de partir en _busca _de
la del canónigo no obstante haber recogido, cnado, hecho hombre, amado, protegido, en fin, á Jacinto de todas las maneras, obró con tal torpeza
que !~izo de Jacinto un aburrido, un desdichado.
Hay muchas buenas gentes cuyas bondades dan
tal extraño fruto.
Lloró con toda su alma noble el viudo, porque con toda el alma quería á aquella muje:, de
quien había tolerado los defectos en ara a las
bondades. Durante algunos meses, ~omo_ también
suele ocurrir muy á menudo, el mando sm esposa
vivió con ésta más de lo que vivió toda la vida, y
se acabaron los libros, y los periódicos, y los sue-

�ños parisienses, y no hubo sino el culto á la muerta; y la corriente del Eresma y las buenas monjas
del Parral viewn correr mil veces las lágrimas de
aquellos ojos que antes miraran encendidos, sonrientes y fijos en el texto de unos periódicos alegres. Continuó el planeta dando yueltas, se consoló Jacinto, y, ¿cuál sería su vida en adelante?
Una mañana de primavera, perfumada y tibia,
Jacinto estaba solo en aquel bello, derruído claustro del Parral, donde casi nunca entraba nadie,
salyo algún que otro forastero. No se oía sino el
cl)rrer precipitado y burbujeante del Eresma, y
de cuando en cuando el golpe, doloroso para oídos
artísticos, de un arco al truncarse, de una columna al caer sobre el piso, en que crecían hierbas
silvestres. En medio de tal calma, de sublimidad
imponderable, que hace nacer en el filósofo fuertes amores por la soledad, Jacinto, que no era un
pensador y que además estaba saturado de toda
aquella ambiencia, pensaba, tal vez como las monjas de allá adentro, en el ruido y el bullir del
mundo.
Algo que, durante mucho tiempo, permaneciera ausente de su ánimo, volvía pujantemente á él:
París. Estaba el hombre sentado en una piedra,
en medio del patio, como siempre, por miedo á
colocarse en los costados, donde el derrumbamiento de una arcada concluyera su historia. A su
espalda tenía el muro enrejado del convento; ante
sí el río, que no yeía, escuchaba. París. Y levantándose, exclamó:
- ¿Por qué no he de marcharme?
Salió de allí, y al salir para siempre, decía
con impaciencia, con fiebre:
- Sí, me voy. ¡En seguida me voy!

***
Jacinto había heredado de su mujer una renta
de setenta duros mensuales; pudo, pues, pedir su
excedencia del cuerpo de Telégrafos, sin que el
problema de vivir le preocupara. Hizo sus preparativos y se fué. Cayó en París en un hotel cualquiera de la calle Trevisse, donde paró muy pocos
días. El de su llegada, á la hora de haber pisado
el Quai d'Orsay y cambiado febrilmente de ropa,
salió de casa y se abismó en los grandes bulevares.

IV
LA DAME DE LA RUE DES BOURGUIGNONS

Una de las ridiculeces de Arriaga era no parecer burgués, sino bohemio. A poco de llegar á
París pensó en aparentar una situación, y ofreció
artículos gratuítos al Diario Cos11topolita, de Segovia.
Cuando recibía las mensualidades que su banquero le giraba, Jacinto decía que eran su sueldo,
y casi diariamente, el buen telegrafista, después
de leer la prensa de París, se ponía d trabajar.
Estas primeras mañanas de Mayo, que en el
gran pueblo suelen ser muy bel'as, Arriaga había
tomado la costumbre de irse á escribir al cementerio de Montmartre, jardín tanto cual cementerio, en donde ya no entierran. Esto le parecía del
mejor gusto, muy de artista. Los tres primeros
días se colocó á escribir frente á la' tumba de Mür-

ger, rasgo que también le pareció muy propio; pero
opinaba mal del busto aquel de un señor barbudo,
calvo y viejo, con más aspecto de empleado que
de poeta, y fué á sentarse definitivamente en un
banco que estaba frente á Reine. Allí escribía,
admirando al enorme humorista, de quien había
leído algunas estrofas en un Yiejo almanaque de
una casa de específicos americanos, la de Murray &amp; Lamman, que daba los versos de aquel
genio entre anuncios de aguas de olor y de zarzaparrilla.
Una mañana miraba á Reine, como preguntándole qué escribiría, cuando una mujer joven y linda, después de un Pardon 11/úw, dicho con delicioso acento, se colocó á su lado. ¡Qué bonita era,
en realidad! ¡Y qué elegante! No tendría más de
veintidós ó de veintitrés años aquella rubita, que
clavaba con disimulo sus ojos, de un azul transparente, en las cuartillas que llenaba Jacinto.
Al cabo de un rato, la joven sacó un reloj,
miró la hora, se levantó y se fué, llevándose las
miradas y algo más, de Jacinto, sobre su cuerpecito, que aparecía y desaparecía, serpenteando, entre los árboles. - ¡ Qué bl)nita es! ¡Qué feliz se
debe ser con ella! - sintió Arriaga; y quedó un
largo rato nostálgicamente pensativo. Pero ni la
había dicho una palabra, ni la quiso seguir. El telegrafista surgió en su espíritu; recordó á su mujer,
al canónigo, á la insignificancia de su vida, á lo
minúsculo de su historia ... No, una tan linda parisiense no podía estar destinada para él; y su
hambriento corazón de apasionado y sensitivo, lloró sin lágrimas. El no había sido nunca completamente desgraciado, pero tampoco sería nunca feliz. Y su tristeza, ante aquella mujer, visión perdida, tomó tan fuertes tonos que, durante un momento, pensó en el regreso á Segovia, á sus paseos
junto al Eresma, á su Parral, á su rincón.
A la otra mañana apareció la joven. Jacinto,
que seguía mirando á IIeine, al divisarla, comenzó
á escribir con pulso tembloroso. También ella
vino á colocarse á su lado. Y ella fué, fué ella misma quien hubo de comenzar las relaciones.
- Perdón, señor, usted está siempre aquí - lo
había visto dos veces-, siempre escribiendo... ¿Es
usted literato?
- Oui, mademoisselle.
- Señora, si usted gusta. ¡Qué hermosa profesión la ele usted!
- No tanto, señora.
A pesar de la sencillez del pas si tant, madame, ya Jacinto delató su extranjerismo al pronunciarlo.
- ¿De qué país es usted?
- De España.
Hubo, como En tren expresó, un poco de alabanza para los dos países. Luego un silencio, que
él debió cortar y no cortó. Ella después:
- ¿Tendrá usted su familia en España?
- No, señora.
- ¿Aquí entonces?
-Tampoco.
- ¿Es usted solo?
- Completamente solo-. Y al decir esto
Arriaga, con ese gran talento de actor que junto
á una mujer tienen aun los hombres más torpes,
hizo uno de esos gestos-discursos, en los que puede suponerse las borrascas, los dramas, las tra-

gedias mismas de una vida interesante y tormentosa.
- Soy solo, y ya seguiré solo, porque todo lo
probé y todo es muy malo - concluyó con frase
que debía ser de una no".ela.
.
.
Dijo esto sin afectación, con aire tnste, que
consiguió hacer de hombre de m~ndo.. Y es _lo curioso que, por dentro, con la puenl satisfacción de
los que llegan á conseguir cualquier beligerancia,
siendo ellos pobres séres que nunca la esperaron
ni soñaron, Jacint? estallaba de gozo a( considerar
que estaba en Pans, en pleno cementeno de Montmartre frente á Heine y hablando en francés con
una bellísima francesa que no era una cocotte, sino
una dama. La imagen de su compañero el telegrafista pasó por su memoria, ya sin prestigio alguno.
Hablaron más. Ella, con la franqueza que antes que con los íntimos se tiene á veces con aquellos que si queremos no volveremos á ver nunca, y
que no nos conocen y que no pueden «delatarnos•,
contó lo que era socialmente: casada con el jefe de
la sucursal del Crédit-Lyonnais de la plaza Clichy.
- Mujer de un b1trocrnte - dijo con gesto que no
ocultó el desdén. Al marido le gustaban las flores
y las aves, y vivían en un hotelito en Bois-Colombes - añadió en tono lleno de ironía.
En suma-diré yo- era una •romanesque,al castellano no puede traducirse bien esta bella
palabra - , una madame Bovary más parisiense,
esto es, menos buena y más cauta.
Refirió que muchas mañanas, aburrida de su
Bois-Colombes, se venía á París, paseaba por los
bulevares, leía en el parque de Monceau ó en el
cementerio de Montmartre, y luego acudía á reunirse con su marido el breve rato en que, como
jefe, podía salir de la oficina, para almorzar con él
en el Duval de la calle de Clichy; y siempre allí otro gesto resignado - porque él era un hombre
rutinario y metódico. Vida tremenda - vie manquée, comentó en un arranque de sinceridad, mirando á Arriacra con aquellos g1-andes, transparentes y profund~s ojos, en los cuales parecía posible
que otros ojos, que otra alma entrara y caminara
kilómetros de camino espiritual.
Y á una mirada de Arriaga -: Pero jamás, jamás, jamás fa! taré á mi marido.
Arriaga lo creyó, y por haberlo creído ganó
mucho, pues al llegar el turno de definirse él mismo ante aquella mujer enamorada del arte, de la
literatura, de la bohemia intelectual, en Yez de declarar una pasión que en efecto empezaba en el
telegrafista, se sostuvo en sus afirmaciones de que
todo había terminado para él. Había concluído
todo, puesto que con aquella gran tragedia de su
espíritu, de que no quería hablar, tan reciente se
hallaba, que quizás por ella se encontraba en París, terminaron el amor, la esperanza, la posibilidad
de que él amase.
Almas parecidas, almas desengañadas, quedaba para ambos la amistad; también fué ella quien
propuso esto. Y una sonrisa cerró el pacto.
Se veían ya todos los días, y fué aquello el
proceso usual de cuantos sincera ó falsamente empiezan por negar el amor para concluir enamorados. Almas, después de todo, ingenuas; él porque
no había vivido, ella porque no había comenzado
á vivir, estaban á la mi5ma altura y se entendían.
Luego les ligaba el encanto del exotismo de cada

uno, sobre todo á Jacinto, que si de pronto hubiera oído á Alicia expresarse en español, tal vez habría dejado de quererla. Más que á la mujer, quería en ella el francés, y el acento, mezcla de pájaro y de niño, con que lo pronunciaba. Y como él
no ~abía sino un francés literario, ambos hablaban
con las más nobles palabras del idioma, lo cual á
ella, que no entraba en psicologías, le daba idea
del talento de su amigo y, por su elevación de frase, de su elevación de alma.
Tenían conversaciones de ensueño. Era el tema
principal de ellas: «¡Si yo pudiera amar! ... ¡Si yo
pudiera amar! ... &gt;
Un día se confesaron ambos que si pudieran
querer, cada uno de ellos querría al otro. El final
se acercaba.
Como Alicia era tan libre cual su marido esclavo, pasaban los amigos gran parte del día juntos. Muchas mañanas él escribía su artículo delante de la joven, en un café solitario, y estos mo-.

�mentos en que él, como abstraído, mirándola de
tarde en tarde, ponía tonterías en el papel, eran
el arma de seducción más poderosa de Jacinto.
Alicia, que no había tratado á ningún literato, se
conmovía ante la severidad y la nobleza de aquel
grave semblante, que en el momento de escribir
no se fijaba ni aun en ella, conocedora ya de que
era amada.
Al día siguiente de aquella mutua confesión,
«si yo amase alguna vez, os amaría,, él tuvo la
exigencia coquetona de que á la próxima mañana, en vez de venir ella á París, iría él á BoisColombes, á pasar por delante de su casa, á esperarla en una esquina lejana, para marcharse juntos
á pásear al campo. Esto era inocente, y Alicia consintió.
Aquí tenemos á Arriaga que baja de su tren en
Bois-Colombes y enfila la calle de Bourguignons,
en que vive la dama. Va radiante. Como tantos hombres con más deber de ser fuertes y serenos que este pobre Jacinto, la satisfacción que le
rebosa, antes que de amor, es de amor propio. Su
corazón enamorado olvida que le espera una mujer bonita, inteligente y tierna, mientras su vanidad, ridículamente hipertrofiada, recuerda que
una mujer de veintitrés años, preciosa, elegante,
que puede escoger, que es casada, todas las circunstancias que avaloran el mérito de un seductor, le espera á él. Y al pasar por delante de los
escaparates, el pobre se miraba por ver si estaba
guapo; no si estaba, para ver que lo estaba. Estos
impulsos, que en otros hombres deleznables duran
lo que dura su pasión, en Arriaga, que era bueno é
ingenuo, duraron un instante. Su corazón volvió
á predominar. El la adoraba. Ella era el sueño, el
único sueño de su vida, de toda su vida. Esperaba ser amado. ¿Lo sería?
Llegó Alicia, haciéndose admirar desde lejos
por su gentileza. Ambos del brazo dejaron BoisColombes, y apartándose· de la vía férrea y de la
carretera, marcharon por el campo abierto, por
entre algunos raros sembrados, en medio de los
cuales se erguían de cuando en cuando unos cerezos ya floridos.
Alicia iba muy contenta. Charlaba y reía como
una niña. Andando, llegó la pareja hasta el otro
pueblecito de Colombes. Como quien tiene una
idea repentina, dijo Arriaga algo que pensaba hacía una hora:
- ¿'fa~os á almorzar juntos?
- S1, SI.
- ¿Habrá aquí dónde?
- Sí; pero aquí hay quien me conoce. Tomemos el tren, vámonos á Argcnteuil; allí hay algunos restaurants campestres que no son feos.
Tomaron el tren en la estación de Colombes,
y en pocos minutos llegaron á Argenteuil. Este
pueblo, este nombre, esta jornada, quedarían para
siempre en el recuerdo de Jacinto. Era este el día
primero de su vida que iba á pasar en téte-,l-téte
con una mujer bella, ante la mesa, propicia á la
franqueza, de un íntimo banquete.
A los treinta y ocho años iba á correr su primera aventura, y esto no acontecía en un rincón
del campo segoviano, ni en la Corte, sino en Francia, en París, centro rlel mundo, del lujo, del placer, de los amores.
1
A la espalda drl restaurant qur eligieron, una

gran explanada ofrecía al aire libre las mesitas cubiertas con los blancos manteles. Profusión de macetas había por todos lados. En un ángulo se alzaban dos columpios. Hasta tres parejas amorosas
almorzaban al llegar Alicia y Arriaga, y de las cuatro jóvenes, Alicia era la más bella.
A pesar de la confianza con su amiga, Jacinto
no sabía por qué se hallaba esta mañana algo turbado. A pretexto de que la lista era ininteligible,
dejó á la dama que ella sola eligiera el men,í,. A
Alicia le entusiasmaban los caracoles, y había caracoles; no había langosta, y fué sustituída con
una ensalada de homard; unos chateaitbriands, queso, unas frutas, completaron el sencillo almuerzo,
rociado con un agradable Chablis, porque á Alicia
no le gustaba el vino rojo.
Refiere el autor estos nimios detalles, porque
él no da importancia á lo que le parece que la
tiene, sino á lo que es de importancia para el protagonista; y todos los requisitos del almuerzo, su
duración, el sitio en que estaba la mesa, las señas
del camarero, hasta la moneda que le dió de vuelta cuando entregó para pagar un billete de cincuenta francos; y los caracoles, y la salade d' homard, y los chateaubriands, y el Brie, y el Chab!is,
y el café, y el cognac, y el color del cielo, y los
matices de la tierra y las miradas de Alicia, fueron cosas imborrables, magníficas, eternas, como
la eternidad cupiese en lo humano, para Jacinto
Arriaga.
Nada ocurrió de particular en el almuerzo. Alicia, muy contenta, hablaba frivolidades ingeniosas,
sin recordar que hay en la vida el capítulo amor.
Arriaga esperaba, sentía en el pecho ese vago ruido, esa inquietud, ese rumor moral de los enamorados, y no se atrevía á manifestarse. Sería después, á la vuelta; más tarde, más tarde ...
El cognac consumó la obra del Chablis. Alicia
estaba decididamente alegre y tuvo una media hora
del delicioso júbilo alcohólico, que pasa pronto en
quienes no han bebido demasiado.
- ¿Vamos á subirnos al columpio~ ¡ Los dos!
¡Los dos!
Arriaga, primero por atemperarse al contento
de Alicia, luego sinceramente ya, por sugestión,
estaba jubiloso. Sin embargo, se asustó del columpio; pero añadió riendo, loqueando, despreocupado, chico alegre:
- ¡Vamos! ¡Los dos! ¡Los dos!
Subieron ambos á la tabla del ligero balancín.
Cada uno se asía con una mano á una de las cuerdas, y enlazaba la otra al talle del compañero. Al
vaivén lento del comienzo sucedieron los moyimientos rápidos, cada vez más rápidos, que impulsaba la dama. Por un momento olvidó Jacinto qué
cintura estrechaba, para pensar en que iba á caer
y á abrirse la cabeza.
- ¡Prenez garde! Prenez garde! - exclamaba.
Alicia no hacía caso. Las otras parejas plus serieuses, que seguían de sobremesa, miraban sonriendo. De pronto, Alicia, desasiéndose de Arriaga, saltó ligeramente al suelo. Jacinto, falto de
apoyo y de equilibrio, agitó en el aire la mano
izquierda, y luego, en vez de apoyarla en la cuerda del mismo lado, la pasó á la otra, á la de la derecha. El desequilibrio aumentó; la tabla del columpio se inclinó más; á la brusca sacudida, voló
el sombrero del tclegrnfista; los pelos &lt;le los pa-

rietales de la nuca, que el pobre hombre llevaba
siempre sobre la coronilla para tapar la calva,
fueron diseminados por el aire y flotaban alrededor de la cabeza como un nimbo grotesco. El columpio seguía en su bailoteo y su ocupante no
acertaba ni á bajarse, ni á restablecerse en él. Las
parejas, testigos de la escena, estallaron en risas,
y más fuerte que nadie rió Alicia, que decía entre
carcajadas:
- Ah, les cheveux! Cest rigoló! Oh, qu'il est
drole comme ,;;al
El no veía ni decía nada, y suspendido á medio metro de tierra, lo que á él le parecía como
colgar sobre el abismo, el negro abismo de su ridículo y su desventura, consideró por esos saltos
del pensamiento, que en situaciones graves recuerda las situaciones calmas, que Segovia entera, con su mujer rediviva, el canónigo resucitado,
los cadetes de
la Plaza Mayor,
1as monjas del
Parral, le miraban, diciendo:
-¡Anda, por
tonto! Por habernos clejado.
Por haber salido de tu banco,
¡pobre ostra!
Luego consideró París, su
amor, su vida,
su ilusión, todo
perdido. No había caído del co1u m pi o, pero
había dado la
caída mortal á
lo ridículo.
Alicia había
cesado de reir;
vino á ayudarle.
Ya en el suelo, Jacinto se enjugó el sudor, se alisó
el pelo con la mano, se puso el sombrero que Alicia había limpiado de polvo, y le daba, todavía
sonriendo.
- Merci, madame - dijo muy serio.
Ambos salieron por entre las otras parejas, que
se sonreían. Iba él ceñudo; la joven no se daba
cuenta del daño tremendo que había hecho. Se
había reído, mas con la ingenuidad y la insoi,t,cience
francesas, sin dolo, sin malicia; reir por reir, de
una cosa graciosa, que no disminuía su afecto por
la persona de quien se riera. Eso de creer que
quien, por una vez, cae en postura que no sea
gallarda, está perdido para siempre, es cosa, por
ejemplo, de la raza española, intolerante y poco
amena, que cuando alguien da un minuto que reir,
lo considera muerto.
Por eso, sin sospechar siquiera el por qué del
enfado de Arriaga, le preguntó con mimo:
- Mais, mon cher, je vous trouve un petit peu
faché; et pour quoi, s'il vous plait? Qu'est-ce que
vos a\'ez, mon ami?
- No, yo no tengo nada.
- Siii!
- ¡Que no!
- Mais siiii!

Y eatonces él, comprendiendo que Alicia no
hacía burla:
- Alicia - empezó gravemente - : toda la
mañana estuve triste y disimulando la tristeza. Ya
no la puedo contener. lle vuelto á sentir aquellas
tormentas amorosas que creí muertas para siempre. Yo quiero como no he querido nunca, y yo la
adoro á usted.
- Ya lo sabía, querido amigo, y yo también
le quiero á usted
un poco - respondió ella, sonriendo gentilmente.
Vibrante y febril, deteniéndose en el campo
solitario que á la
sazón alra vesaban, Jacinto la
besó en la frente.
Ella, audaz, con el
franco valor de
quien desea una
cosa y la ejecuta
sin temores, le
pagó la ca.-icia
con uno de esos
besos hondos,
profundos, sostenidos, que se reciben en la boca
y estremecen I a
medula. Jacinto
experimentó algo
como un vértigo.
Desde aquí sesint ió mucho y se
habló poco. Tomaron el tren par a Bois-Co!ombes, donde ella se
quedó, exigiendo
de Jacinto que
continuara hasta
París. Por el trayecto, como tuvieran la fortuna ~e ir solos en un
coche, se comieron á besos, mientras se daban
cita para el día siguiente.
V

LAS VECINA'S

Jacinto tenía medios para vivir en el principal
ó el primero del hotel, pero prefería el último piso,
por la misma razón.que le inducía á escribir junto á
Mürger 6 frente á Reine: por conducirse á lo estudiante, á lo artista bohemio. Excepto él, toda la
población del sixieme era femenina: una cocotte y
cuatro obreras. La cocotte era una bretona, espléndida y abundante mujer, que en el trato ele Par(s
había adquirido lo que faltaba á su hermosura: ligereza y gracia. Era pobre, porque en París sobran mujeres. Lucía mu_y gentilmente sus blancas
y rotundas carnes; y salvo lo rná_s riguroso_ del invierno, andaba por su enarto, siempre ah1crto, \'

�Luisa era parisiense, de lo más parisiense, y no lo parecía. Sus diez y ocho años tenían la amplitud carnal de una matrona e!-'.panola; parecía valenciana y hasta r~cord,_tban esos «re\'entones, claveles de \ alenc1a
sus grandes ojos verde~, muy lu~1in?~os,
muy abiertos. Y no era smo de la n11sm1s1rna
\'illette. Su \'Oz, la gangosa y gutural drl
parisién de barrio bajo y baja estofa, de
cabaret y de faubourg. Reía á todas horas.
Leía á De 11usset y á Víctor Ilugo, y aun
debe conser\'ar como una joya, pues agradeció mucho el regalo, una edición muy
mona de Les Chatiments que Jacinto le compró en los muelks. Era honrada. Se dejaba besar por Jacinto mientras le decía: •¿Qué
saca usted dr' esto?• Su nodo, un chauffmr
sicmpn· de viaje, venía á \'erla los domingos,
y ella se sent1.ba ron él á la puerta de su
cuarto, para que \'iera todo el mundo que
no hacían nada malo. Iba á casarse pronto
y adoraba á su futuro, hermos•&gt; tipo de obrero inteligente. Trabajaba en una tintorería
de la plaza dr la Trinidad, lo cual afeaba,
ennegrecía sus manos, gordezuelas y chiquitas.

•

* *

por rl pasillo, con una falda y la camisa, de la que
desbordaba la opulrncia del seno. Sr ignoraba su
nombr&lt;.&gt;. Ella se hacía llamar Elena.
Al lado ~&lt;.&gt; esta bella mujer, en una misma
rhamóre, habitaban las dos cosas más altas, más
delgadas, más fanáticas, más hurañas y más feas
de que el lector pueda tener noticia. Eran de la
Alsacia. Dos mujeres que parecían dos hombres.
Creían mucho en Dios, rezaban é insultaban diariamente á Combes, á quien llamaban «ese perro
francmasón. • Hacían en su cuarto, y á destajo, armazones de sombreros. Bebían absenta y después
de beber, se peleaban.
¡Qué pobre niña la italiana! Era de- Turín- se
ll_arnaba Elis~, muy d&lt;.&gt;lgada también, sin pe~ho,
sm formas. Extremadam&lt;.&gt;nte rnor&lt;.&gt;na, tenía muy
bellos dientes, cabellos de azabache, rnz dura que
la afraba é insondables y mara\'illosos ojos negros, que equivalían á una entera hermosura. Era
muy buena; todas las noches, á las nue\'e después de haber llegado del taller de modista de
la ruc de Lafayattc, donde estaba empicada; después de hacerse en una maquinilla dr alcohol la
S'.&gt;bria cena, escribía á Italia: á su madre-, para decirla que la quería; á su hermano, empleado en
una casa de comercio, jefe de la familia, pidiéndole perdón por la falta que la l'xpatriara. Contaba esto llorando y moslranclo junlbs los retratos
de su padre, de su hermano y de su seductor. Xo

co:¡ueteaba, y era pueril, bondadosa y sencilla
como_una ni~a. Sufría, y los domingos, en que no
trabaJaba, deiaba que las alsacianas la atracaran de
absenta, y se emborrachaba también. Entonces
c~ntaba, decía cosas obscenas, decía que iba á dedicarse á cocottc, se sentaba en el suelo co:i las
pirrnas extendidas, abiertas, y C'l terrible \'aso en
la mano, sir:i noción del pudor, enseñando aquellas pantorrillas flacas como caiias, aquellos srnos
flácidos y chicos, extraviados los ojos. A última
hora rompía á llorar. se lanzaba á su cuarto. «¡Oh
la mía ~amá, la mía mamá!,, gritaba en italiano, y
se el orrn ia.
,\1 otro día, la cortinilla roja de su alcoba, que
formaba ángulo con la ,entana dr la de Jacinto,
n_o _se alzab~. La_ roz fea de la joven no gritaba, ding1éndose a J\rnaga: «Buenos días, señor Arriagd,
¿no se leranta usted?• Xi había con\'Crsaciones de
lecho á lecho, al trarés de las ventanas. A\'crgonzada de la borrachera del día antes, se ,estía quedito y marchaba silenciosa, sin entrar un momento
en el cuarto de Jacinto, que la reiiía se\'eramente
por sus intemperancias. Arriaga y ella se portaban
como hermanos. El aspiraba - y ella no quería portarse como amante. En realidad, quizá Elisa hubiera lle_gado á enamorarse del telegrafista, si éste
no hubiera andado tocio el día tras el pecho
ex~' erantc de Elena y las amplias caderas de
Luisa.

Tudo este mundo quería á Arriaga, pero
se reía un poco de él. .\unque en Francia :'1
un hombre de treinta y ocho anos no se le
considere, corno en España, casi un , iejo,
tampoco se mira en él á un niño, y un mozalbete quería parecer el pobre Arriaga en
sus maneras y conversaciones. Encantado del tra- rccon,cnnon; la , misma de él á ella cuando la
,
.
to de aquella población femenina, no faltaba de joven bebía absenta.
Los días de estas sorpresas, ya se sabia: .\rnarasa á las horas en que estaban las mujeres. Los
domingos no salía, permanecía en el sixic111t, Peri- ga, {t la salida de los talleres, se iba á la calle de
quito entre ellas, olfateándolas, oliéndolas, roz;ín- Lafaycttc á esperar á la modista. Daba con ella
dolas. llélene, la golfa profesional, lo \'Ol\'Ía loen. un largo y melancólico paseo, que él quería hacer
Cuando entraba en el cuarto de .\rriaga para alegre, que h situación y el temper.amento de!ª
pedirle una bujía, unas cerillas, unos terrones ele muchacha hacían ine,itablemente triste, y la pecha
azúcar, {¡ simplemente para cha•l::tr y pro,·ocarlo perdón y la juraba que la amaba de yeras.
- Perdón de nada - decía la italiana con
con sus hombros, sus senos, sus brazos hermosícierto gesto altivo-. Yo no tengo nada que ver
simo,; al aire, Jacinto la devoraba á besos.
con usted. Yo no seré nunca su amante. Pero en
- Xo sea ustrcl bruto; me hace usted mal mi país no es como en Francia; yo me eduqué de
decía ella riendo.
e,tra manera; me disgusta que un amigo á quien
Luego añadía:
quiero, ande siempre detrás de una coc_otte.
- Esos pasatiempos cuestan caros.
Como hermanos se querían en realidad aquePero él no quería esto. En sus pretensiones
de Tenorio inédito, estimaba un desdoro tener á llos dos séres, pobres, buenos y desgraciados en
Elena por dinero; quería su conquista. ?-Iuchas ve- el fondo. Mas como Arriaga pretendía otra cosa
ces, cuando las otras trabajaban, y ella y él solos de la Yida, cuando veía que la prostituta, con sus
en el piso, de codos en la ventana, se besaban burlas y la seducida, con su gravedad, no le concedían nada, hacía la rueda á la tintorera. Esta le
{1 la \'ista de todos los wcinos, impasibles ante el
natural y amoroso espectáculo, él la hablaba al decía en fresco: «En seguida. ¿Y mi novio? Si lo
.
oído, la pronunciaba largos y encendidos di~cur- su piera, lo rc\'en taba á usted.•
Todas estas cosas indignaban á las alsacianas,
sos amatorios. La joven, alguna vez, por embromarlo, se ponía seria, en actitud de quit'n sicntr que le llamaban incesantemente •¡puerco!,, «¡collegar hasta rl fondo del alma las palabras que chino!,, devorando su rabia por no ser pretenoye. Entonces él se acaloraba, creía lograda la didas.
Algunos domingos, día feliz, se YÍ\'Ía en famiconquista; mas ella prorrumpía en una de sus
desesperantes carcajadas, se libraba de él y es- lia. Jacinto proponía comer juntos, en casa, para
libertarse todos ellos de la monotonía del restaucapaba hacia su habitación, diciendo:
- Xo es desaire, pero no quiero amantes. Ya rant. Por imposición de las mujeres se pagaba ft
escote, pero Jacinto siempre aportaba los extralo sabe usted ...
Algunas wces los sorprendía así la italiana y ordinarios de un vino decentito, ele dulces, de aldirigía á Jacinto una larga y profunda mirada de gún plato selecto.

�Como campo neutral se elegía el cuarto de
Arriaga; allí comían todos, menos Luisa (estos días
pegada á su chauffe1er), que luego, á los postres, venía con la tintorera y aceptaba una copa «á
la salud de todos•. En tales días de los tales banquetes, Jacinto dominaba; las alsacianas no mentaban la absenta; Elena y Elisa, depuestas sus antipatías, se sentaban juntas, y todas miraban fraternalmente á Jacinto, quien á petición de las
mujeres contaba cosas de España y contribuía á
nuestra leyenda y á nuestro descrédito con historias fabulosas de toreros, de amores d~ celos trágicos, de aventuras bravías.
'
Después de haber comido y charlado ampliamente, Arriaga solía proponer un paseo y una cerveza al Bosque, al Jardín de Plantas, ó más lejos:
á Charenton, en vaporcito, ó á Fontainebleau, en
tren. Las mujeres palmoteaban; pretextaba Elena
que tenía que irse al boulevard «á trabajar»; mas
pronto aquel cuadro, aquella excursión familiar
la ganaban. En un momento, las cuatro tenían
puestos los sombreros, y salían ruidosamente, saludando al pasar por el b1trea1t á M. Renard, que,
con los pelos tiesos, miraba con indignación áaquel
español, tan poco práctico.
A la vuelta, temprano, á la hora de dormir
Elena, que en ciertos arranques de pudor sentí~
vergüenza de abandonar sus compañeros para
lanzarse á su vida habitual después de haber pasado el día como persona honrada, regresaba también. Arriaga, excitado por tantas horas junto á
las mujeres, esperaba que se encerrasen todas é
iba á llamar, quedito, al cuarto de la prostituta.
- ¡Elena, venga usted! - suplicaba.
Mas ella no cedía.
Era cuestión de amor propio. Los del sixieme
sabían este pugilato, y ni Jacinto ni Elena querían
quedar derrotados. Pero sin estar enamorada de
Jacinto, Elena sentía no complacerle; le estimaba
por ingenuo, por bueno. Con esa alma tan hermosa que tienen las mujeres que parecen vivir de no
tenerla, se conmovía al ver el desaliento de Jacinto.
Entonces, al dejarse besar, lo besaba casi maternalmente y lo empujaba con suavidad, diciendo:
- No, no. Además, yo lo quiero á usted como
á un hermano.
El hombre se iba triste á su cuarto, rumiando
su desgracia de que entre tantas mujeres como
hermanas, no encontrara una amante.
Ya en su habitación, se acercaba á la ventana.
Aunque hiciera frío, Elisa tenía la suya abierta;
estaba en la cama, tenía la luz encendida y no dormía. Aun Jacinto charlaba algo con ella.
Arriaga, tras del rato de palique, se acostaba á
su vez. Desde las sendas camas se miraban. Al fin,
después de la postrera Bonne nuit, las luces se
apagaban y el sixieme dormía tranquilamente.
*

* *

No paraban aquí las relaciones caseras y familiares de Jacinto. Varias veces, cuando asomado á
su ventana miraba al patio, una de esas enormes
coitrs francesas llenas de huecos y ventanas pertenecientes á distintas casas, había visto á la izquierda un balconcito donde fumaba sin cesar un
hombre como de cincuenta años, seco, enjuto, cetrino, todo el rostro afeitado, el pelo á lo torero.
/\que! tipo no podía ser sino español. Por el fnndo

del cuarto donde el flamenco estaba, solía cruzar
una muchacha. Arriaga no hacía caso del hombre
pero quiso entablar relaciones que pudieran acer~
carie á la mujer.
- ¿Con que somos paisanos? - preguntó un
día bruscarnen te al vecino.
- ¡Ah! ¿Usted es español? - respondió el otro
con muy marcado dejo de andaluz y con acento
de profunda alegría. Y sin dar tiempo á más:
- Paisano, no me desaire usted. Vamos á tomar una copeja. Ahí le espero á usted, en la taberna de la esquina.
Jacinto no tenía que hacer y bajó, aunque bien
hubiera preferido que el andaluz le invitara á su
casa.
Sentados ante unos vasos de cerveza - esta
perra bebía, como decía el señor Frasquito - se
dieron á conocer los dos españoles. El señor Fr'asquito era tocador de guitarra y bailador, y formaba pareja con aquella joven que sólo había entrevisto Arriaga. Habían corrido la Ceca y la Meca.
Habían trabajado en Inglaterra, en Alemania, en
Bélgica, en Dinamarca, en Rusia... Ahora-estaban
en un cajé-concert de la avenida de Wagran y esto probaba que la niña no era precisamente la
Otero -, pero esperaban que el invierno próximo
irían contratados á la Boucle...
Frasquito se quejaba de Francia. El no había
aprendido el idioma, ni nada. Creía que el hombre
estaba hecho para vivir en el «barrio de San Bernardo&gt; y que todo lo demás eran monsergas.
- Pero la pícara Carmela - añadía franqueándose -no sabe sino estar por aquí. Después é tó vamos á parmá, porque yo estoy ya viejo, la niña
tiene veintinueve años y pierde facurtades, y tó lo
poco que ganamos lo gastamos en ropa. A mí no
me toman pa bailá si no voy vestío de mataó de
toro, ¡hecho una facha y gastando un sentío! Y es
lo peó que tampoco servimo pa España; si allí nos
ven, nos afusilan. Aquí tó se ha de hacer sartando,
y ni ella baila, ni canta, ni yo bailo, ni canto, ni
toco, ni ná. Y aluego yo no he podío sabé en mi
vida sino el españó, y grasias. Ella habla de tó un
poco; en dié año que llevamos po estos mundo, de
tó sabe meno de españó. Vendrá usté á verla.
Esto era lo que quería Arriaga.
Y conoció á Carmela, que era, efectivamente,
una joven ya vieja, maquillée, pintarrajeada, que
no tenía perfume, ni encanto, ni gracia, ni era ya
andaluza ni de ninguna parte; pero era una mujer:
también la galanteó Jacinto. Una tarde, respondiendo á indirectas muy directas suyas, le regaló una
falda .. . Tal vez hubiera continuado aquel pequeño
lío, que repugnaba á su temperamento carnal, pero
poética y tiernamente carnal, sin el encuentro con
Alicia. Además, Carmela era española, y aunque
hablaba francés, no era francesa. Lo principal para
Jacinto era la inocente pose de hablar francés ...
en Francia. El francés para él era como el juguete
que desea y al cabo logra un niño.
\'l
UNA VISITA

Como los inquilinos del si:xieme no tenían timbre eléctrico en sus cuartos, ni derecho á que el
camarero subiera cada cinco minutos, un tnbo

acústico que partía del descansillo servía para comunicarlos con el b1treau. Pues la mañana, muy
de mañana, de uno de los domingos en que la población del sixi'eme no trabajaba y el jefe de la sucursal del Crédit Lyonés de la plaza de Clichy se
había de ir al campo con sus amigos, el pito del
tubo acústico sonó. Acudieron Luisa y una de las
alsacianas.
- ¿Qué hay?
- ¿El señor Arriaga?-dijo Antonio, el garzón.
- Señor Arriaga, que le llaman á usted.
- ¿Qué es?
- ¿Qué es? - repitió Luisa por el tubo.
- Dígale al señor Arriaga que hay una dama
que pregunta que si puede subir.
- Señor Arriaga, que hay una dama que pregunta que si puede subir - dijo Luisa, ya con una
risita maliciosa.
Jacinto salió como una flecha.
- Sí, sí; que suba - dijo él mismo, y se inclinó sobre la barandilla para ver si era quien sospechaba.
Salió la otra alsaciana, salió Elisa, salió la cocotte. Jacinto vió subirá Alicia.
- Señoritas, seamos formales; no os riáis, no
bromeéis, no perjudicarme.
Lo dijo demudado, en tal tono de súplica, que
no dudó ninguna de ellas que se trataba de un
lance ele amor.
- Si ustedes fuesen tan buenas que se retiraran ...
Las mujeres se quitaron de en medio. La cocotte y las alsacianas se pusieron á mirar por las
rendijas de sus puertas; Luisa y Elisa, cuyos cuartos estaban en el pasillo, se ocultaron en un ángulo, ·espiando en la sombra. Y en todas había la
misma risa de malicia y de burla; no sabían por
qué, pero esperaban ver llegar á un mamarracho.
Hubo, pues, un movimiento general de extrañeza
y de envidia, cuando, sin ver á las que la espiaban, apareció Alicia gallarda, lindísima, con porte
señoril, de burguesita, que á las ventajas de la decorosa posición une el buen gusto y la elegancia.
- Amigo mío, he querido ver su chambre y
darle á usted una sorpresa. ¿Le parece á usted
111al? ¿No tendrá usted nada que ocultar?
- Bien sahe usted, Alicia...
X o se oyó más. Los dos amigos habían penetrado en la habitación y cerrado la puerta. Las
cuatro mujeres, de puntillas, sin otro comentario
que el elocuente de sus miradas, vinieron á apostarse junto á la alcoba de Jacinto, á escuchar.
- La ha dado un beso.
- El suplica .. .
- Dice que no .. .
- Otro beso.. .
- Dice que sí; pero que ...
- No se oye bien ...
- No se oye bien sino cuando se besan.
Y esta observación fué de la italiana, que estaba un poco melancólica.
Cuando las muj eres notaron que la visita, que
fué breve, terminaba, voh ieron á sus escondites.
La pareja salió de nuevo al descansillo; ella, sin
notar que era observada; él, inquieto, como temeros(_)_, porque no se le habían escapado los leves
CruJ1dos de las puertas, las pisaclitas, las risitas, los
cuc-hicheos,

- ¿La acompaño á usted?
- No, ahora no; voy á tornar el metropolitano
ahí, en la plaza. Voy á despedirá mi marido.
- ¿Hasta luego, pues?
- Hasta luego.
- ¿Me quedo tranquilo?
- Tranquilísimo. A las ocho en punto estoy
aquí.
- ¡Oh, Alicia, por Dios!
- ¡Se lo juro!
Cuando la hubo perdido de vista, Jacinto se
quitó del pasamanos y entró en su habitación.
Todas las mujeres se metieron en el cuarto de las
alsacianas. Querían bromear y reírse de Jacinto,
pero no podían, no había de qué. Aquello era una
aventura y una aventura muy gallarda. Por la distinción, po:r la gracia, por la belleza, Alicia las derrotaba á todas. Aquellas mujeres, con ninguna de
las cuales tenía Jacinto la menor relación; aquellas
mujeres, á dos de las cuales Jacinto no había solicitado nunca, mientras que las demás lo rechazaban, sintiéronse como defraudadas, estafadas por
Arriaga. En el compañero de alojamiento que las
convidaba, las paseaba, las perseguía, pasaba con
ellas el tiempo posible, habían sospechado al pobre hombre que, fuera de ellas, á nadie conocía,
y en ellas tenía lodo su mundo. Y resultaba que
no era así, que no constituían sino un fútil entretenimiento para Arriaga, quien en el fondo debía
menospreciarlas, pues que se dedicaba, y para
triunfar, á más altas empresas. Fué un despecho
loco el de aquellas mujeres; así que cuando Jacinto, saliendo de su cuarto, acercándose á la puerta
entreabierta de las alsacianas, murmuró el «¿se
puede?• , fué contestado con el «pase usted• más
frío que sea posible sospechar.
El esperaba alguna broma. Nadie le dijo nada,
y este silencio de hostilidad le asustó. Se hizo el
tonto, calló un poco, y luego, viendo venir sobre
sí alguna tormenta que
quería alejar, dijo ingenuo, prefiriendo el camino de la franqueza y la
nobleza:
-Amigas mías, como
yo á ustedes se lo cuento todo y soy como un
hermano para ustedes,
voy á referirles una cosa
y á pedirles un favor.
- ¡Qué tiene usted
que contarnos! - gruñó
una de las alsacianas.
- ¡Qué nos importan
los asuntos de usted! ladró la otra.
Pero Jacinto habló
como un niño que suplica. Sí, él tenía relaciones
con aquella señora, pero
relaciones hasta la fecha
honestas. Ella iba á venir
aquella noche á cenar con
él; él conocía el carácter
bromista de sus amigas;
suplicaba que no hubiese ~
ninguna indirecta, ninguna broma; nada, en fin ...

�Al hablar así vaticinaba; porque efectivament~, exceptuando á Elisa, en el ánimo de aquellos
diablos de hembras bullía la idea de jugar alguna
mala ¡:Jasada á la pareja.
Y_ Luisa, un_ poco conmovida, touchée, por la
emoción de Jacmto, dijo:
- Señor Arriaga, esté usted muy tranquilo·
no le molestaremos en nada.
'
La cocotte exclamó:
- Mon cher ami: no le incomodaremos á usted·
podr_án ustedes dormir tranquilos.
'
l~l replicó en ~ompleto telegrafista de Segovia:
- No, ¡pero s1 no vamos {1 dormir!
- Ya lo supongo.
*

* *

¡
1

¡Cuánto anterior tormento significaba esta primera ~1~che de amor para Arriaga!
. A!1c1a, hembra francesa, esto es, casi extraordmana, un poco loca, un poco buena, un poco virtuosa,_ un poco disoluta, un poco honrada, cambiaba vemte veces al día de parecer y de actitud.
La tarde aquella en que sola con Jacinto volviera
en un coch~ del tren desde Argenteuil á Bois-Colon~bes, hab1a dado sus labios y su alma· pero en la
mu¡er ca~ada dar los labios y el alma, q~iere decir
que va a ~arse completamente; ella no lo había
dado todav1a, y hacía un mes de la mañana del alm~erzo_. Sus palabras: • pero jamás, jamás faltaré á
1111 manclo•, íbanse sosteniendo.
Jacint_o h_ac_ía esfuerzos enormes por mantenerse en s~ ¡ov1ahdad im¡:uesta de estudiante; pero
no pod1a. Aquella mu¡er, presa que diariamente
pare;ía como caída ya en sus manos y que se le
volv1a á escapar todos los días, le volvía loco le
desesperaba. Hab_ía enflaquecido un poco; quízás
las canas de sus sienes se habían multiplicado· sin
él qu_erer, sin él notarlo, comenzaba á cambiar.
Pendiente de los gestos de Alicia, todas las tardes
s~ sepa~aba de ella creído en que la haría sc1ya al
d1a s1gmentc.
Y_Alicia ~1isrna, ¿qué esperaba? ¿Lo sabía acaso'
Quena~ Jac1~to, le parecían pocas las horas que
pasab~ ¡unto a él; mas cuanto llegaba el momento,
~-ª ló,g1co, de franguear •el P,uente que sep:u-a á
Eva 111ocente de _Eva pecadora•, se arrepentía, y
~-s l~ peor, qu~ sm,s~be1: P?r qué. Tal vez por pru11to 111descer111_do e mstmt1vo de mortificar á su
amante platómco.
E:sto era tanto más cruel para Jacinto, cuanto
qu~ iba ac?rnpañado de protestas de amor, de can_c1as apasionadas y sinceras, de no faltar á una
cita, de _alargar los minutos que quedaban antes
de las diarias despedidas.
En el interior pueril é ingenuo de Jacinto Arria7a, tales tormentos tenían la ;ompensación de que,
~ fuerza de_ hablar todo el dia con la francesa, se
iba perfecc1onand~ en ;!_francés. En lo de gemir,
des~sperarse, suphcar e implorar, Coquelín no ¡0
hubiera pronunciado mejor. Además padecía se
des~si:craba, se encontraba algo en berlina, ;lgo
en ~1d1culo; pero era todo esto en Francia, en s1t
PanL
*

* *

Muy temprano solían reunirse los enamorados.
El la esperaba, en el café, en el parque ó en el cementeno; hacia su artículo. Luego, cogidos de ta
mano, paseaban hasta la hora de almorzar, en que

e!la iba á buscar al marido. Quería Alicia que Jacinto ah~1~rzara en el mismo restaurant, en otra
mesa, m1randola; pero él, español, se resistía por
pu~or y por celos. Una sola vez, por dar gusto á su
amiga, almor~ó en el Duval, contemplando á aquel
hombre á qu1c_n no engañaba todo lo que quería;
Y apenas comió, y pasó todo el tiempo fluctuando en dob!e sentimiento de pedir perdón á su
pobre nval, o estrangularlo.
Por las tarde~ :ecorrian todo París; ella, q~e
no era de las_ pans1enses que no han salido jamás
de su qttartzer, que conocía todos los rincones
ilustraba á Jacinto, y éste se distraía de su pasió 1~
y de_s!-1 tema único, viendo lugares y escuchando
a Ahcia. A la_s seis ó las siete, ella emprendía el
regr_eso á Bo1s-Colombes, á preparar la cena del
mando. Algunas veces, cuando se hacía muy tarde? la dama se marchaba en el tren y Jacinto la
de¡aba en la estación; pero generalmente, después de haber ll;gado á la gare, él suplicaba:
• Vete en el tran v1a• ; y daban la vuelta por la calle de Roma y salían al boulevard des Batignolles
para encontrar el tranvía que va hasta Bois-Colombes.
Ya en este sitio-: Mira, acompáñame á pie
hasta las barreras, aUí me subiré al tranvía· así
charlamos un poquito más.
'
Subían lentamente la avenida de Clichy y al
l!egar á las barreras, de día rientes, de noch~ peligrosas, se sentaban para descansará la puerta de
un ca~a~et, frente al cual se encontraba un puesto
de pohc1a.
. Jacinto no se encon~raba á gusto en aquel sitio, no sólo por temor, smo por repugnancia á mezclarse ~on las gentes que por allí pasaban. Era to
más ba¡o ~e la población parisiense: obreros borrachos, metas de las fur!as de la guillotina, ladrones que pasaban tranquilamente ante las barbas

e!

de los guardias. Y por depravación de espíritu, por
amor á lo raro, por hacer lo que no era lo ordinario en su vida, Alicia parecía allí como encantada. Sentada con su amigo á la puerta del cabaret,
él con un bock delante, ella con un aperitivo ligerito, sentía correr el tiempo y gozaba con llegar
tarde á casa, aun contando con la reprimenda del
marido y con que dormiría sin cenar, por tener que
decirle al esposo que había comido ya en París,
con su tía.
En este lugar, ya anochecido, estrechando la
mano de Jacinto, mirándose en sus ojos, eran los
más grandes deliquios amorosos de la parisiense.
Ahora era cuando lo prometía todo: de mañana ya
no pasaría; «cuando quieras, corno quieras•; él,
crédulo, transportado, olvidaba el disgusto que le
producía el lugar, y decía que sí, cuando ella le
proponía marchar hasta Bois-Colombes á pie, dejarse de los coches públicos, en los que no se puede hablar.
Cogidos del brazo emprendían la caminata de
una hora; ella fantaseaba, hablaba cosas del espíritu; luego, en arranques de amor que parecían
locos y enloquecían á Arriaga, proponía al infeliz:
- Sí, yo me daré á ti; pero deseo darme á ti
solo y para siempre; ¿quieres que deje á mi marido?, ¿quieres llevarme á España?
Así marchaban, ya de noche, por las largas y
amplias a\'enidas, bien iluminadas, pero solitarias.
Algunas veces caía esa lluvia menudita de París,
y los dos se estrechaban más, bajo el paraguas.
A los lados, de trecho en trecho, se veía la puerta
débilmente iluminada de un cabaret de arrabal,
donde no había sino apaches. Otras ocasiones,
Arriaga sentía cómo tras sí crujían los cailloux, las
piedrecitas del camino; volvía la vista y veía venir
dos ó tres hombres, que le aterrorizaban. Recordaba toda la negra historia de los alrededores de
París. Alicia, despreocupada y valiente, seguía hablando de amor, pero él entonces no la oía; esperaba un lazo que se arrollara á su pescuezo, un estilete que se le hundiera en un costado ...
Hasta que los extraños no pasaban y desaparecían, Jacinto no ,•olvía á enterarse de que marchaba
enlazado á su platónica querida. Esta, una noche,
creyó notar en él cierta inquietud, y preguntó:
- ¿Temes á los apaches.&gt;
- ¡Yo! ¡Un español! ¿Cómo?
Y medio temblando, porque en efecto había
vist o salir de una taberna un grupo sospechoso,
la dijo que en un último extremo sabría morir
matando y no sería el peor modo de acabar, el de
acabar junto á su Alicia.

VII
LA CENA

Lo tratado era, pues, que Alicia iría á cenar
con Jacinto y permanecería á su lado hasta el otro
d!a por la mañana. El pobre enamorado hizo nerv10~amente sus preparativos. Arregló su cuarto lo
me¡or que pudo, lo inundó de flores, celebró una
con~erencia con Antonio, y éste se encargó de que
s1rv1eran una cena delicada. Luego el enamorado
se marchó á la calle; no quería estar aquel día entre las vecinas. Paseó, miró, no supo bien por
dónde anduvo, no vió nada, ni se enteró de nada;

lo de todo amante con poco hábito de serlo. Mucho antes de la hora de la cita estaba ya en su
cuarto, pero en vez de asomarse á la ventana, corrió la cortinilla. Había entrado sigilosamente,
corno un ladrón, procurando no hacer ruido con
la llave ni al cerrar la puerta. Hubiera dado la mitad de su existencia por alejar, «volatilizar• á la
población femenina del sixieme.
Empezó á obscurecer. Jacinto no quiso encender luz. Pretendía pasar inadvertido hasta el último instante, hasta que no tuviera más remedio
que dar señales de existencia. Desde su cuarto
oía ruido en el cuarto de las alsacianas. La voz de
Elisa, ronca y dura, sonaba más desapacible que
nunca. Jacinto conocía demasiado á la muchacha
para no suponer que aquella noche se había entregado á la ración de absenta.
Pasó más tiempo, unos pocos minutos que no
acababan nunca. Arriaga hubiera salido á esperar
al descansillo, mas le contuvo el temor á las vecinas. Al fin, dos golpecitos en la puerta. Abrió y
abrazó con delirio á la mujer, que sin rubor, sin
turbarse, devolvió las caricias, se quitó el sombrero, se quitó los guantes, lo arrojó todo encima de
la cama, y se sentó diciendo:
- ¿Por qué no enciendes luz?
Obedeció Jacinto y luego se sentó junto á Alicia, con los labios secos, la mirada brillante, mas
sin querer tocarla; ahora, más que por timidez, por
buen gusto.
Fué ella quien le tomó una mano, preguntándole con su deliciosa voz de hada:
- ¿Y ahora ... ? ¿Estás contento? ¿Tu est content de moi?
El, borracho de felicidad, la miró con pasión,
sin responderle.
A poco entró Antonio seguido de un mozo de
restaurant. Como éste traía una gran bandeja, fué
preciso abrir bien la puerta. Jacinto miró al cuarto
de la alsaciana; no se veía luz por las rendijas.
Alicia miró al ángulo del pasillo, á la obscuridad.
- ¿Qué se mueve allí? - preguntó.
- ¿Allí? ¡Nada!
- Será alguna vecina - dijo Antonio.
Estaba visto que Jacinto no podía estar tranquilo, ni ser feliz completamente.
Se fueron los criados. Alicia comió en calma,
dirigiendo de vez en cuando á Aniaga una mirada de pasión. Al telegrafista le parecía en unos
momentos que nunca se acababa la comida, y deseaba en otros que nunca terminara.
Corno habían servido, por orden de Jacinto,
todos los platos de una vez, á la hora de tomar el
café lo hallaron frío. Alicia misma fué á calentarlo
{t la maquinilla de alcohol, que estaba encima de la
cómoda. Luego, ante el velador, ante las tazas, los
amantes se sentaron en el diván, juntos, muy juntos. El telegrafista rodeó con sus brazos el cuello
de Alicia; las bocas se juntaron ... El se levantó
atrayendo á la joven hacia sí, cogiéndola ambas
manos, dispuesto á tomar posesión de aquella plaza
por tanto tiempo sitiada.
Y ella, de pronto, desprendiéndose de él, retorciéndose las manos, estallando en sollozos, como
desesperada:
- ¡Oh, yo te adoro! ¡Pero no puede ser. . . no
he faltado nunca á mi marido... no puedo ... no
•
quiero
....1

�- ¿Qué dices?
- ¡Oh! Perdón, perdóname; ¡no puedo!
La histérica, la loca, que en su comedia de virtud había llegado i sugestionarse y á creerla, sollozaba, imploraba, estaba pronta {1 caer de rodillas. El:
- ¡Alicia, por Dios, me estás matando!
- ¡No puedo! ¡Perdóname! ¡Yo te adoro! ¡No
puedo! ¡Déjame ir! ¡Déjame que me vaya! ¡Adiós!
En medio del paroxismo aquel, Jacinto adivinó
una repentina, pero fría y decidida resolución, que
por el momento era implacable. Al mismo tiempo
sintió, al otra lado de la puerta, leve rumor de voces y unas risitas apagadas. Las vecinas oían, lo
sabían todo. El ridículo caía de nuevo sobre él.
Como en todas las ocasiones de su vida, su ritor1iel/o mental lo lle\·ó á su pueblo, á su plaza Mayor, á su Segovia.
En un momento se hizo cargo de la situación;
todo era imposible. Caballeroso, altivo, frío, dijo
en voz baja:
- Cálmese usted, señora. Esté tranquila.
- Pero, ¿no te enfadas? ¿Tú me quieres siempre?
- No, no me enojo. ¿Por qué? ¿Con qué derecho?
- Dame un beso. Me voy. Hasta mañana.
Y él, siempre hidalgo:
- No, señora; no se irá usted sola. Es tarde,
son las once. Habrá ya poca gente por las calles.
Voy á acompañarla á la estación.
Mientras decía esto había tomado el sombrero,
dispuesto á partir. Ella, en silencio, le siguió.
Al apagar la luz y abrir la puerta, se oyeron
unos pasos quedos y ligeros. Al salir, Jacinto oyó
unas leves risas y vió en un ángulo el movimiento
de unos bultos obscuros.

***

En vez de tomar el cam'ino más largo, como
siempre, por alargar el tiempo de estar juntos, entróse Arriaga por la calle de Amsterdam, para
cortar terreno. No hablaban. Caminaban de prisa,
sin darse el brazo, sin mirarse. Ella marchaba con
la cabeza baja.
En la estación había muy poca gente. Acababa de partir un tren á Bois-Colombes, y faltaban
quince minutos para que hubiera otro. Lentamente, Alicia y Arriaga se internaron en su andén, llegando hasta el final, solitario y obscuro.
- Jacinto, ¿me perdonas? Yo te quiero, yo te
quiero siempre. No sé qué me ha pasado hoy. Yo
seré tuya, Jte lo juro!
El, llorando, ya •entregado», sin defenderse,
depuestas la frialdad y la altivez:
- Alicia, yo no soy sino un pobre, solo, muy
solo, muy aislado en mí, falto de consuelo y
de cariño. Quiéreme, yo te lo suplico. Por ti me
estoy muriendo. Si es preciso, yo moriré por ti.
Pero oye: el tormento que sufro es insufrible. Si
no vas á ser mía, no vengas más á verme.
- Seré tuya.
- Pero dame una palabra, júrame cumplirla.
¿Me prometes que si no es para entregarte á mí,
no volverás?
- Sí, te lo prometo.
- De todos modos yo te querré si~mpre. Ven,
abrázame.

Alicia, conmovida, se deshiw en lágrimas. Llegó á esto el tren y la mujer partió.
*

* *

Jacinto vió en silencio cómo el tren culebreaba y desaparecía, sinuoso, en el túnel de Batignolles. Lloraba como un niño. Había cifrado la vida
toda en aquella deliciosa, cruel criatura que se le
escapaba, y su existencia entera estaba rota para
siempre.
Entró en el café de la estación. No era bebedor, pero apuró una tras otra muchas, muchas copas de cognac. Temía ir á su casa; aunque era
hora de que las vecinas estuviesen acostadas, temía que las implacables alsacianas le esperaran
despiertas para burlarse de él. Con el ridículo, no
sólo terminaba el gran encanto de su amor, sino
el otro con aquella su pequeña familia del sixii:me.
1 larto de beber, no ebrio, pero muy excitado,
tomó el camino de su casa. Al mismo tiempo que
Jacinto, llegó á la puerta cierta hembrita que vivía en el principal. Era una inglesa, cuya cara podría tomarse por la viva imagen del orgttllo, de la
castidad y del pudor, que trabajaba en el MoulinRouge, que no dejaba de buscar, como podía, suplementos al sueldo, y que despreciaba á todos
los pobladores del szxieme, Arriaga inclusive.
Jacinto la dejó pasar; subió lentamente tras
ella. Al llegará la puerta del cuarto de la artista,
él, que era tímido, la dijo con la brusca audacia
del alcohol:
- Tengo tres luises para usted ...
A la mañana siguiente, muy temprano, el tC'lcgrafista tuvo la desgracia de encontrarse á la tintorera, que bajaba la escalera.
- ¡Oh, lá, lá! - exclamó ésta riendo coh su
graciosa impertinencia de midinette; y sin hablarle
más, siempre riendo con descaro, continuó su camino.
Subió Arriaga y se encerró. No salió en todo
el día. Alicia no pareció. Por la noche, Luisa contó á las otras la pequeña aventura con la inglesa.
Todas juntas, menos la italiana, llamaron al cuarto
de Aniaga y entraron con amable hostilidad.
- ¿Conque... con la inglesita?
- ¡Buen mico le dió á usted su amiga!
Cuando le dejaron, Jacinto lloró, lloró largamente, amargamente, intensamente. Luego, como
se ahogaba, se asomó á la ventana. En la suya estaba la italiana.
- Buenas noches.
- Buenas noches.
Reinó el silencio. Al cabo de un poco, dijo
Elisa con vo7, que esta vez sonó á dulce y suave:
- Señor Aniaga, señor Arriaga, no se apure
usted.

VIII
CÓMO MURIÓ ARRIAGA

Pasaron cuatro días, que en lo adjetivo no fueron muy mal para Arriaga. Estas penas de amor
son tan simpáticas, que las vecinas del sixieme depusieron sus hostiles burlas. Hasta las alsacianas
se rindieron, y en cuanto á Elena, mujer corrida,
de sobra comprendió y justificó la noche pasada
con la inglesa. Todas, sin referirse á la aventura,
por esa delicadeza innata en las mujeres, hacían

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por consolar á Jacinto. I';st: tan~bién prosuraba
consolarse. El amor á Pans, a la vida en Pa11s, por
un fenómeno moral no demasiado ra_ro, le confortaba y sostenía. Convidó á las vecm_as, fué dos
tardes á charlar con el señor Frasqmto y con la
bailadora. Pero su Alicia ...
No venía. Esto desesperaba al pobre que, aunque fuera para quedar ~url~do nuevamente, la esperaba. No podía presc111d1r de los largos paseo~,
las caricias, las charlas en aquel francé_s tan ~ehcioso de su amante platónica. El qutnto dia lo
pasó 'en una mortal agitaci_ón. Por la noche, á las
nueve, charlaba con sus anugas, cuando se levantó como tocado de un resorte.
- Voy por tabaco - dijo.
Se metió en su cuarto, tomó el sombrero, _se
marchó á la estación y se metió en el t_ren_ de Bo1~Colombes. ¿A qué iba? ¿Lo sabía _él_, s1qmera? BaJÓ
del tren, llegó junto á casa de Alicia. Al través de
las persianas se veía una luz. Entró en una taberna, y con lápiz escribió rápidamente unos renglones. Volvió y entró en la portería de la casa._ Llamó aparte y con misterio á la portera; la d1ó un
duro; le pareció poco y le d1ó otro; después la
dijo:
- ¿Quiere usted hacer el favor de dar esta
carta á madame Alicia?
- No puede ser.
- ¿Está su marido?
- Sí; mas quien no está aquí, es ella.
- ¿Dónde está?
,
. ,
- Ilace cinco días que se marcho á Cala1s, a
pasar una temporada con sus padres.
.
Como Jacinto sintió el golpe, mas no lo deti.1116,
el autor tampoco lo define. Fué algo _enorme. El
pobre se marchó atontado. El que temia á la soledad de aquellos sitios de la banliett, no fué á bu~car el tren, sino que siguió la calle de Bourgmonons entró en la grande y destartalada plaza de
"'
'
llourguignons,
temible, solitaria, y se d'1spuso á regresar á pie. Marchaba como un borracho ó como
un loco, haciendo zigs-zags, con el sombrero en la
mano.

Anduvo hacia París largo rato. Al aproximarse
á las barreras y al pasar por junto á uno de aquellos tabernuchos que él temía tanto, pero que no
vió ahora un hombre que se hallaba á la puerta
se le ace:có y le &lt;lió un fuer~e golpe en un costado. En aquel momento surgió un C?Che y el a~a~
che huyó sin decir ni h~cer más. Jacmto, se ac~1c~
vacilante al carruaje, que volvía de vac10, subió a
él y dió las señas de su ~as~. Al entrar e~ ella,
dijo á Antonio, que dorm1a Junto á la pue1 ta en
una cama de campaña:
,
.
- Antonio, acompáñeme, ayúdeme a subir. Me
han dado un golpe. Creo que me han herido.
- ¡Herido! ¿Dónde?
,
- Aquí. .. En el costado ... Aqu1. ..
- ¿Dónde fué?
- En las barreras.
y en su debilidad, esto de las l~arreras aun lo
dijo con cierta petulancia. Al dernbarlo al golpe
de un apache, París lo consagraba.
- ¿Le han robado?
- No ... Eché mano al cuello del miserable...
Huyó...
d
.,
Cuando Antonio le acostó, le des~u ó, v_10 en
el costado un boquetito del cual salia un hilo de
sangre.
- Cest un coup d'estilet.
.
El camarero, que quería mucho á Arnaga, se
alarmó, despertó al patró~, y el buen M. ~enai:d,
con los pelos tiesos, tam~nén_ ~uy conmov1do, dispuso que se avisara á la Justicia Y. se. b_uscara á u_n
médico. No nos importe lo de la iust1~ta. El médico llegó cuando ya el telegrafi_sta ard1_a en fiebre.
Vió al herido, auguró mal, sahó, vol v1ó con otros
médicos, cloroformizó, rajó, sondeó, puso. un apósito y se marchó diciendo que era posible que
Arriaga no contara aquello.
..
Sí que lo contó, pero en sus fie~r~s y delmos.
Lo refirió todo, toda su historia pans1ense, 9ue se
limitaba á unas aventuras que no hubo y ª. un?s
amores para los que no halló corresponde?c1~. En
el tal capítulo de enamoramientos, aparec1a s1e_mpre Alicia como un sol; mas, rodeándolo, también

�aparecían Elisa, Luisa, Elena, cual planetas que
giraran alrededor de un astro principal.
Inútil es decir que aquel día en que Jacinto
cayó en cama, ninguna de sus vecinas fué al trabajo. Por la tarde, llegaron la bailarina y el señor
Frasquito. Al obscurecer, antes de irse al l\Ioulin
subió la ingles~ unos minutos. Ya al día siguiente'.
como aquello iba para largo, se organizó el cui.dado al enfermo. Durante todo el día, lo asistían
las alsacianas, que trabajaban en casa, y que trasladaron al cuarto de Jacinto todos sus t1-ebejos, y
también, durante gran parte de él, turnando, b
cocotte, la andaluza y el señor Frasquito, cuyos trabajos eran por la noche.
Y por la noche, icrualmen. ,
.,
te por turno, y qmtandose horas de sueño, Elisa,
Luisa, Antonio y las mismas alsacianas. Aquellas
dos cosas tan altas, tan altas y tan feas, que odiaban tanto á C~mb~s y pasaban la vida renegando
de todo, eran mfattgables, se portaban muy bien.
En cuanto á la inglesa, sin haber por qué - y
esto había que agradecerle, decían las mismas alsacianas - subía dos veces diarias para hacer al
herido dos pequeñas visitas. El patrón no dejaba
un momento la escalera para dar un vistazo á aquel
pauvre espagnol, como decía con los pelos en ristre y con su fuerte voz meridional. El médico afirmaba que aquello iba para largo y que era muy
posible que acabara mal.
.
Jacinto estaba casi siempre en delirios, durante los cuales no cesaba de mezclar los nombres de
Alicia, París y las vecinas del sixieme. En los momentos de lucidez contaba su aventura con el apache. Le hirió á traición, ¡y cómo huyó, sin robarle, cuando ya herido, le dió en el rostro un puñetazo formidable y le echó mano al r:uello para estrangularlo! Robarlo á él, ¡un español! - Todo por
las mujeres - añadía sonriendo con misterio.
Porque su aventura con Alicia, qi1e había pa-

recido ridícu'.a, contada ahora por él, en los ratos
tranquilos, parecía propia del mismísimo don Juan.
Alicia era una mujer virtuosísima, muy enamorada
de su marido, un gallardo mozo de treinta años. El
la conoció, y tras duro asedio, se hizo amar de ella·
pero Alicia, virtud romana, resistía. Vencida po;
el amor, vino á su cuarto; vencida por el deber,
huyó y se fué á Calais con sus padres, pues viviendo en París no podría resistir más á Jacinto-.
Hombre terrible - dijeron, mirándose las alsacianas. Ahora comprendía Elisa por qué se sentía
atraída hacia él; ahora comprendía la andaluza por
qué la amó un día solo, desdeñánclola luego; ahora comprendía Luisa que hay algo en este mundo
de más fuerza seductora que un chaztjjmr; ahora
conocía la cocotte, por qué Jacinto no pagaba, sino
borracho, cuando no estaba en sí, las horas en
que hacía felices á las mujeres ... La misma inglesa confesó con pudor y con orgullo que era un
hombre excepcional. Y en un rasgo ele admiración
que honra á Inglaterra, sacó el portamonedas, una
vez que Jacinto dormía, y dejó en la mesa de noche tres luises, los tres luises ...
Todo aquello que contaba el herido tuvo una
corroboración, la más fehaciente. Era el cuarto día
de enfermedad; Jacinto estaba despejado; la herida no presentaba mal cariz; el médico había dicho
que quizá no muri~ra el enfermo. Tempranito, á
poco de haber salido las obreras, muy contentas
porque el paciente se encontraba mejor, en el primer correo vino una carta con el timbre de Calais.
Era de Alicia. Jacinto la leyó. Dos lágrimas
brotaron de sus ojos. Metió la carta bajo la almohada y durante el día la leyó otras muchas veces.
Las alsacianas no se atrevieron á preguntar una
palabra. Por la tarde, cuando vino el médico, encontró peor al enfermo.
- No me lo explico - elijo con esa frase con-

sagrada de los jueces y de los médicos que nunca saben explicarse nada.
Por la tarde, al volver las mujeres, Jacinto estaba amodorrado. Las alsacianas refirieron lo de la
,carta. Elena, que también estuvo de calle casi todo
aquel día, cogió la esquela y la leyó á las otras.
¡Oh, y cómo no había mentido Arriaga! Eran
muchas carillas desbordantes de una ciega pasión.
Luchando entre su deber y su amor, loca por Jacinto, Alicia creyó lo mejor huir á Calais á refugiarse
y buscar fuerza y consuelo en el hogar honrado de
sus padres. ¿Qué haría en lo sucesivo? Lo ignoraba. :Mas cierta, como estaba, de que su pasión era
incurable, ó se moriría ó se mataría ó iría á pedir
.á Arriaga de rodillas que la quisiera un poco, que
tuviera piedad de ella, que la llevara con él y para
siempre lejos de París, lejos de todo, á Italia ó á
su España.
¡Qué prestigio! Si Jacinto curaba, ¡cómo lucharía por su amor todo el sixicme! ¡Y toda la casa y
todo el barrio, puesto que, sabidos por siete mujeres su aventura y su mérito, su nombre había
de correr de boca en boca! Todas le miraron suspirando. Las mismas alsacianas ...
Como respondiendo á un sentir general, dijo
en voz alta la cocotte:
- El nos decía cosas por bromear. Pero, ¡cómo
había de querernos! Valia más que nosotras.
He aquí de qué manera el perenne pobrecito
burlado, quedaba consagrado burlador.
La carta volvió á su sitio. A las ocho salió el
herido de su letargo. Tomó la carta, la leyó, llamó
.á Elena, la mujer vivida, la que comprendía más
bien ciertas cosas.
- ¡Elena! Un favor. Yo no puedo escribir.
¿Quiere usted poner un telegrama?
Y le encargó uno para Alicia.
- Dígale usted que estoy así, por ella.
Elena se dispuso á bajar.
- Ahí tiene usted dinero.
- ¡Tengo yo!
A la mañana siguiente, á las seis y media, paró
un carruaje á la puerta de la JJ1aison 111eublée, saltó de él una dama enlutada y dijo secamente á
Antonio, que acababa de abrir:
- Eso al cuarto del señor A rriaga - y señaló
una gran maleta.
Subió rápidamente; en el descansillo del sixii::me encontró á Elena que acababa de volver de la
calle, y antes ele acostarse había entrado á ver
.cómo estaba el enfermo. La miró Elena, la conoció
ó la adivinó y se fué á ella con un dedo en los
labios.
- Señora, está durmiendo, no le despertemos.
- ¿Cómo está?
- Un poco peor. La llama á usted. Yo le puse
.á usted el telegrama.
Alicia se echó á llorar.
Con gran sigilo entraron la maleta en el cuarto
de Jacinto. Con mayor sigilo, después de acercarse al lecho de Arriaga y besarle en la frente,
que mojaron algunas lágrimas, abrió la dama la
maleta y ante las alsacianas Elena todas las vecinas que habían acudido no se' atrevían á hablar, tomó posesión del cuarto, se. cambió de ropa,
Y envuelta en una flotante bata blanca, un pañuelo en la mano, se sentó junto á Aniaga. Estaba
encantadora.

y

En voz baja comenzó el cuchicheo. Se lo contaron todo; lo que había ocurrido y lo que no ocurrió.
¡Qué elogios á la Yirlud de ella! ¡Qué elogios á
la pasión ele él! Un hombre que había corrido tanto, ¡cómo se había enamorado en esta vez! ¡Oh,
qué español! ¡\" qué ,,aliente! Refirieron la lucha
con el feroz apache, como si la hubieran presenciado. Y herido y todo, no pudo robarle, y yencido
el criminal, huyó. Por un hombre así hay que dar
la vida.
Elena preguntó:
- ¿Usted se quedará aquí, señora)
En realidad, Alicia tenía pensado estar allí durante el día; al anochecer irse á su casa, decir al
marido que .había llegado en el tren ele la tarde y
volver con su amigo la mañana siguiente.
Pero, así como Jacinto había ascendido á temible Tenorio, había subido ella á casi una Lucrecia; el prestigio, como amante, de Arriaga, teníalo
ella como amada y amante. Conoció á lo que estaba obligada, y decidida en un momento su gentil
cabecita de presumida, de coqueta y de loca, respondió con heroísmo:
- ¡Cómo me he de marchar! Para mí han concluído familia, honor y todo. N"o hay para mí más
que este hombre adorado. Si sana, me iré con él,
donde él me lleye; si muere, moriré yo también.Todas las mujeres se admiraron; nadie habló;
Elisa y la cocotte lloraban como dos Magdalenas.
¡Lo perdían! ¡Lo perdían para siempre!
El enfermo hizo un movimiento para despertar. Las vecinas, prudentes, viendo que al momento no era suyo, salieron de la habitación. Quedó sola la pareja; y cuando Jacinto abrió los ojos
vió á su lado, arrodillada, estrechándole las manos, á Alicia, que lo miraba con pasión.
- ¡Alicia!
El grito debió oírse en la plaza Clichy, en la
oficina donde el esposo trabajaba. Besos, lágrimas, juramentos y risas se mezclaron.
- ¡Tuya! ¡Contigo para siempre! ¡No te dejaré más!
Desde fuera oían las mujeres con el corazón
encogido, sollozantes.
- ¡Cálmate! ¡Está tranquilo! ¡No te incorpores!. .. Te harás mal. ..
- ¿11e quieres siempre?
- Sí, Jacinto mío.
- ¡Ven, yen!. ..
- St prudente. Cálmate. Estás malo.
- Alice! Alice! Mon amour! Mon ame! Ma vie!
Toute una vie!
Y sonaban besos. Si las mujeres no entran nuevamente, aquí acaba la historia.
Cuando fué el médico, Jacinto estaba peor.
- Xo me lo explico - dijo aquél, y eso que
había mirado á Alicia, cuya belleza era bastante
á explicar tantas cosas.
*

* *

Pasaron cinco días y cinco noches. Jacinto deliraba siempre, ya en la calentura patológica, ya en
la fiebre de amor. De cualquier modo, era feliz.
Pero se moría y se moría de Alicia. ¡Aquellas cinco noches!. .. Ella no se apartaba de su cama; comía, ::'e desnudaba, se vestía junto al enfermo. El
veía semidesnudo aquel cuerpo hechicero. Sus ma-

�nos, amorosas y febriles, tomaron, por lo menos,
completa posesión de él. Cuando ella se recostaba
un poco, Jacinto le exigía que fuese á su lado; y él
besó aquellos labios, y él besó aquellos hombros, y
él besó toda aquella carne joven, ardiente, perfumada y divina, que á sus caricias se estremecía y
temblaba. La retina de Arriaga se llevaba á la
tumba la imagen de aquel
cuerpo perfecto, y-las manos,
la sensación imborrable de sus
curvas y del calor fresco y suave de su piel.
Así que al
quinto día dijo
el galeno que el
enfermo iba á
morir.
Serían las
cuatro de la tarde cuando empezó á morirse. Tocios sus amigos le rodeaban. Su
agonía fué larga, pero muy tranquila. Tenía la postrera lucidez de casi tocios los que clan el gran paso.
Hablaba y hablaba en francés, y hablaba ele su vicia
reciente. Como ahora se sentía ante la muerte,
pero no ante el ridículo, no se acordaba de Segovia.
Miraba con ternura á Alicia; por señas la pedía
un beso, que era dado en seguida. Pasaba lentamente la vista por aquellas cabezas femeninas,
cada una de las cuales estaba ahora enamorada de
é l. La inglesa, la italiana, las alsacianas, la parisiense, la bretona, la andaluza. Y junto á la ventana, al fondo, el zeñó Frasquito, 1\1. Renard y Antonio.
- Como me ponga bueno, que no me pondré
bueno - dijo-, vamos á ir todos un día de gran
fiesta. Alicia y yo al frente. Iremos ... á Argent euil.
Este nombre le arrancó dos lágrimas, y Alicia
reprimió un sollozo.
A las cinco dijo á Frasquito, que apenas entendía el francés:

- Üu\Tez la fenctre.
Frasquito descorrió un poco la cortha.
- Tout a fait . . . Tout a fait ...
El cantador abrió completamente y entró un
rayo de sol.
Ya no habló más el moribundo, sino palabras
sin coherPncia. No dejaba la mano de Alicia. Miraba sin ve r.
Decía:
- Alice! ...
Aime mo i toujours!. .. Alice. ..
Ah, les apaches[
-;'11oría en
francés. Seguras
de no ser oídas,
las mujeres se
acercaron y
rompie r on en
sollozos. A los
pies de la cama
se arrodillaron
Elena, E l isa,
más dolorida
que ninguna, como muerta, y la andaluza. Apoyadas en el espaldar, de pie, las alsacianas y la inglesa. Los hombres se acercaron también.
Empezó el estertor. Cayó todo el mundo de rodillas. Y como todo el mundo, cuando llama á su
madre 6 cuando reza, se expresa en su lenguaje,
aquella pequeña reunión cosmopolita comenzó á
orar, cada cual en su idioma. El que debió haber
muerto ensombrecido por cantos guturales de
unos sombríos canónigos, moría o reado y arrullado por plegarias y llantos de mujer. El inglés, el
alemán, el español, el francés, el italiano, traían
sus oraciones para el agonizante. Un dulce coro
internacional de voces encomendaba á Dios el
alma del pobre segoviano.
Cuando no se oía en el cuarto sino el murmullo
de los suspiros y los rezos, Jacinto abrió los ojos.
Era su última mirada. Volvió á cerrar los párpados, apretó más las manos de Alicia, que parecía
una loca, loca de dolor, y murió con un largo suspiro, murmurando:
- Atice!. . . Alice! ... i\Ion Dieu!

El [uEnto 5Emanal

EL DESTIERRO
ME/'\ORIAS DE
(Afh.BA

NES DE

=

ILUSTRACIO-

A.

FIN

Reserv8dos todos los derechos de propiedad artistica y literaria. ~ No se devuelven los o r l¡¡inales.
F otograbados de Durá y Compoñla.&lt;:a&lt;:tl&lt;:a&lt;:tl&lt;:tl Imprenta de José Blass y Cia., Son Mateo 1, Ma d rid.

30

Juuo

Cínts.

f'\íRA

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                    <text>nos, amorosas y febriles, tomaron, por lo menos,
completa posesión de él. Cuando ella se recostaba
un poco, Jacinto le exigía que fuese á su lado; y él
besó aquellos labios, y él besó aquellos hombros, y
él besó toda aquella carne joven, ardiente, perfumada y divina, que á sus caricias se estremecía y
temblaba. La retina de Arriaga se llevaba á la
tumba la imagen de aquel
cuerpo perfecto, y-las manos,
la sensación imborrable de sus
curvas y del calor fresco y suave de su piel.
Así que al
quinto día dijo
el galeno que el
enfermo iba á
morir.
Serían las
cuatro de la tarde cuando empezó á morirse. Tocios sus amigos le rodeaban. Su
agonía fué larga, pero muy tranquila. Tenía la postrera lucidez de casi tocios los que clan el gran paso.
Hablaba y hablaba en francés, y hablaba ele su vicia
reciente. Como ahora se sentía ante la muerte,
pero no ante el ridículo, no se acordaba de Segovia.
Miraba con ternura á Alicia; por señas la pedía
un beso, que era dado en seguida. Pasaba lentamente la vista por aquellas cabezas femeninas,
cada una de las cuales estaba ahora enamorada de
é l. La inglesa, la italiana, las alsacianas, la parisiense, la bretona, la andaluza. Y junto á la ventana, al fondo, el zeñó Frasquito, 1\1. Renard y Antonio.
- Como me ponga bueno, que no me pondré
bueno - dijo-, vamos á ir todos un día de gran
fiesta. Alicia y yo al frente. Iremos ... á Argent euil.
Este nombre le arrancó dos lágrimas, y Alicia
reprimió un sollozo.
A las cinco dijo á Frasquito, que apenas entendía el francés:

- Üu\Tez la fenctre.
Frasquito descorrió un poco la cortha.
- Tout a fait . . . Tout a fait ...
El cantador abrió completamente y entró un
rayo de sol.
Ya no habló más el moribundo, sino palabras
sin coherPncia. No dejaba la mano de Alicia. Miraba sin ve r.
Decía:
- Alice! ...
Aime mo i toujours!. .. Alice. ..
Ah, les apaches[
-;'11oría en
francés. Seguras
de no ser oídas,
las mujeres se
acercaron y
rompie r on en
sollozos. A los
pies de la cama
se arrodillaron
Elena, E l isa,
más dolorida
que ninguna, como muerta, y la andaluza. Apoyadas en el espaldar, de pie, las alsacianas y la inglesa. Los hombres se acercaron también.
Empezó el estertor. Cayó todo el mundo de rodillas. Y como todo el mundo, cuando llama á su
madre 6 cuando reza, se expresa en su lenguaje,
aquella pequeña reunión cosmopolita comenzó á
orar, cada cual en su idioma. El que debió haber
muerto ensombrecido por cantos guturales de
unos sombríos canónigos, moría o reado y arrullado por plegarias y llantos de mujer. El inglés, el
alemán, el español, el francés, el italiano, traían
sus oraciones para el agonizante. Un dulce coro
internacional de voces encomendaba á Dios el
alma del pobre segoviano.
Cuando no se oía en el cuarto sino el murmullo
de los suspiros y los rezos, Jacinto abrió los ojos.
Era su última mirada. Volvió á cerrar los párpados, apretó más las manos de Alicia, que parecía
una loca, loca de dolor, y murió con un largo suspiro, murmurando:
- Atice!. . . Alice! ... i\Ion Dieu!

El [uEnto 5Emanal

EL DESTIERRO
ME/'\ORIAS DE
(Afh.BA

NES DE

=

ILUSTRACIO-

A.

FIN

Reserv8dos todos los derechos de propiedad artistica y literaria. ~ No se devuelven los o r l¡¡inales.
F otograbados de Durá y Compoñla.&lt;:a&lt;:tl&lt;:a&lt;:tl&lt;:tl Imprenta de José Blass y Cia., Son Mateo 1, Ma d rid.

30

Juuo

Cínts.

f'\íRA

®[i]..-J

�El [usnto 5srnanal

Se publica los viernes
Oficinas: Fuencarral

901 fV\a drI'd

Teléfono 2054
Apartado de Correos núm. 409

Nuestto Concurso

.'

Suponemos enterado al público del Concurso abierto
para premiar con QUlNIENT AS PBSET AS el cue~to que,
á juicio de los señores que componen el Jurado, reuna mejores condiciones.
Componen el Jurado los Sres. D. Ramón del Valle
Inclán, D. Pío Baroja y D. Felipe Trigo. Secretario, don
Eduardo Zamacois.
Para conocer detalladamente todas las Bases de nuestro
Concurso, léase el núm. 41 de EL CUENTO SE~IANAL.

Libros y Revistas
La Invi•ible, novda político-social, .por Ernesto Bark.Biblioteca Germinal. Madrid.
Antes de volver á su patria rusa, quiere el autor resumir
su actividad de veinte años en España, publicando los doce
tomos de sus obras completas en castellano, y de las cuales
ya hemos hablado á propósito de su libro Filosofía del

ploar.

,

.

La Invisible es una novela politicofilosófica de gran mterés romántico. Da una cabal idea del inter&lt;sante movimiento internacionalista, extrañamente entretejido con el movimiento republicano en España.
.
Merecen citarse los capftulos donde el autor describe la
0
fiesta del primer _1. de l\l~yo de 18go; l_:1- r~dacción ~e Germinal con su director Dicenta; lus mh,hstas Padhevsky,
Abra~cof y la Venus rubia, Llubia y el libert,1rio español
Teobaldo Nieva.
Cuentos pasionales, por A. Hemández Catá. - M. Pért'z Villavicen, io, editor. :\1adrid.
En estas narracion"s, inspiradas por los calientes amores
de 1~ primera jnvencud, c~mpean _el verbo abundante .Y ':º·
lorista dd autor. La sobneclad vigorosa de las descripciones la agilidad del diálogo y la nov.,dad de los asuntos, hacen' de Cuentos pasionales un libro amenísimo.
El .Mundo. - El primer número del rotativo que dirige
Julio Bi,rdl, y del que es gerente Santiago Mataix, apareció
el lunes ú \timo.
El nuevo periódico está bastante bien confeccionado;
cuenta con buena información telegráfica y telefónica, y "n
él colaboun plumas pr.,sligiosas y brillantes.
Dese&gt;lmosle larga y próspera vida.

La Semana T eattal
Esta ha sido para los «señores cómicos» semana de fiebre. Las reprists se multiplican; comienzan los es1renos; los
revisteros de espectáculos no sabrn adónde acudir.
- El Espaftol inauguró anoche la temporada con la comedia en cuatro actos, de D. Benito Pérez G"ldós, tilulada
La loca d&lt;! la casa.
- La Comedia abrirá mañana sábado sus puertas, poniéndose "n escena Lo za11cadilla, entremés original de los
Sres. Alvarez Quintero, y la comedia en tres actos El matrimonio i•1terino, arreglada al castellano por Vital Aza. El primer .,,treno que se anuncia es el de otra obra de Vital Aza,
titula,l:t La i11róg1iilt1.
- En la Prioce~a trabaja con gran rxito la compañía
dramática que dirigen los exct:!entes artistas Carmen Cobeña y Francisco :\lorano.
La inau~ur ción, ~omo ya sabrán nuestros lectores por
la prensa diaria , ,e verificó con la comedia de Zorrilla La
lealtad de u11a mujer y la tra~t!&lt;lia .Sajro11ifl, dos de las obras
mejore, dd cantur de Don Juan.

AAO 1 • 25 Octubre 1907 · N.º 43

JULIO CAMBA

Precios de suscripción:
/Y\adrld

provincias: Trimestre 3,25 pesetas.
Semestre 6 pesetas. Año 11.
Extranjero: Semestre 10 pesetas. Año 18.
Anuncios á precios convencionales.
y

Número suelto:

3Ü

C é Il ti ffi OS

- En Lara fué muy aplaudido el arreglo hecho por Ricardo Blasco de Jl,forada histórica, gracioso vaud.ville de
Bisson y Turique.
- En el Gran Teatro comenzará mañana á actuar la notable compañía que dirige el simpático primer actor Manuel
Salvat.
- En la Zarzuela, los hermanos Alvarez Quintero y el
maestro Chapi han obtenido uno de los éxitos más brillantes de su larga y gloriosa carrera"con La patria chica.
- En el Cómico, Loreto Prado y Enrique Chicote preparan el estreno de la sátira ~n un acto, tit~lada Los .(a/sos
dioses, para la cual se han pintado dt:corac1ones preciosas.
- En Prlce ha triunfado el interesantísimo melodrama
Las dos golfas, estrenado con el título Gigolttte en el teatro
Ambigú, de París.
Por hoy, «no va más».

=

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=

Respuestas

=

J. P. V, Madrid. - Naturaleza sensible y buena; deseo de

amparar y de hacer el bien á su alrededor; afición para los quehaceres domésticos; inteligencia muy viva; imaginación graciosa; temperamento inmaterial: carácter expansivo y since:ro; culto
del recuerdo; aficiones de coleccionista; hgera satisfacción de si
mismo.
José P. de S. - Con tan pocas lineas es casi imposible descifrar su carácter.
Naturaleza apasionada y muy celosa; temperamento l!'aterial;
salud vigorosa; orgullo desmedido; afición rMa_la buena comida;
disposiciones para el cálculu; excelente 11,emurta.
Un admirador de Larra. - lnt~ligencia viva; espiritu bastante cultivado; conciencia ancha y gen,rosa; voluntad dom,nadora· cons1ancia en amor; actividaa seguida; carácter franco y
leal· 'n. tu raleza sensible y apasionada; vivaciüad; propensión á
ten~r manias en la vejez; temperamento nervioso-sanguineo; cnriosidad para todo lo que se relaciona con las ciencias ocultas.
Un descendiente de italiano. - Inteligencia clara é imaginación muy desarrollada; buena memoria; espíritu combativo;
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puco expansiva, pero sincera; generosidact en la economla; temperamento bien equilibrado; buena salud; excelente gusto anistico; espiritu seductor; amor al confort.

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DE HIDALGO 1!. 9 CALLE DEL BARQUILLO 9

EL DESTIERRO
I
era un anarquista italiano, gordo, barbudo y jovial. Su padre tenía en 'Buenos
Aires tres grandes comercios, y el anarquismo del hijo debía parecerle un sport bastante
más caro que el automovilismo,
la bibliomanía ó el amor de los
cuadros antiguos. En cuanto á
Orsini, yo creo que un día de
aburrimiento, reflexionando sobre su porvenir, se dijo:
- La verdad es que, puesto que dispongo de un apellido
terrorífico, yo debiera hacerme
anarquista. ..
Y que se hizo anarquista de
esa manera.
Orsini frecuentaba todas las
reuniones anarquistas, donde
pronunciaba elocuentes discursos en italiano. De vez en cuan&lt;lo, su padre lo llamaba y lo ponía al frente de algún negocio;
pero Orsini era enemigo de la
propiedad y no tardaba en deshacerse de ella. Un día, el padre de Orsini estableció una
magnífica tienda de comestibles
en el sitio más céntrico de Buenos Aires, y se la regaló á su
hijo. La noticia cundió inmediatamente. Orsini estaba detrás
del mostrador y todos los días,
á medida que iban llegando los
compañeros á visitarle , él les
&lt;&gt;frecía sillas y los constituía en
club revolucionario. Durante
largas horas se hablaba allí del
comunismo, de la idea de patria,
del concepto del Estado, etc.
Por último, Orsini se levantaba,
le daba al uno un salchichón,
al otro un queso de bola, al otro
una lata de conservas y cerraba la tienda.
Otra vez ocurrió una cosa
muy graciosa. Los anarquistas más caracterizados
de Buenos Aires aparecieron de pr onto con unas
hermosas y deslumbradoras corbatas rojas, todas
iguales. Hubo policía que tomó aquello por una
contraseña, como las que usan los masones, y para
ver si un individuo tenía ó no tenía importancia
&lt;!entro del anarquismo, le miraba la corbata.
Una corbata, en efecto, puede servir para in-

O

RSINI

dicarnos las ideas de un hombre. Aparte la calidad, que es cuestión de dinero, la forma, el color
y el modo de estar colocada una corbata pueden
servir como origen para abrir una investigación
sobre las opiniones estéticas y políticas del ciudadano que la posee. Un espíritu de orden no comprará jamás una corbata muy
roja; elegirá un color discreto,
una forma de moda y cuidará
después de que el lazo no esté
ni muy á la derecha ni muy á
la izquierda, mientras que un
espíritu revolucionario hará de
modo que su corbata sea perfectamente contraria á todas las
demás.
Estas ideas sutiles las he
deducido del SartorResartus, y
las he puesto aquí para distraer
un poco la atención del lector;
pero en el caso concreto que
estoy refiriendo, las corbatas
no tienen psicología. Era que
Orsini había recibido de su padre un saldo de corbatas para
que las vendiese, y Orsini se las
fué regalando á todos los camaradas con quienes se encontró.
Cuando llegaba al café, hacía
como los prestidigitadores y comenzaba á sacar de sus bolsillos corbatas y corbatas, que
iba poniendo sobre la mesa. Un
día fué detenido misteriosamente un señor que paseaba
por la calle y fué llevado á la
Comisaría de Investigaciones,
donde lo retrataron y filiaron
como anarquista.
- ¿Yo anarquista? - decía
muy asustado-. ¡Si yo soy tenedor de libros!
- Tenedor de libros, ¿eh?
4. MÍ~A ¿Y esa corbata?
El desdichado llevaba una
corbata que era como una bomba: una corbata Orsini. Aquella
corbata constituía una profesión de fe.
Frente al teatro Politeama estaba el café Felsina que, á última hora, se poblaba de barítonos,
anarquistas, policías y ladrones. Allí solía ir Orsini
con todos sus inquilinos, porque en la última época e n que yo conocí á Orsini, Orsini era casero.
Su padre le había alquilado una hermosa casa para
que él realquilase las habitaciones y viviese con

�su producto. Ocurría que llegaba á Buenos Aires
un anarquista expulsado, ó que cualquier anarquista conocido se quedaba sin domicilio, y los compa1'íeros le decían en seguida:
- Vete á casa de Orsini.
La casa de Orsini era una verdadera madriguera de anarquistas, un foco revolucionario capaz
de estremecer al mundo. Allí vivían tipos tan curiosos como l'azzerini, un periodista italiano que
había recorrido la mitad de la tierra. Una noche
que yo me acosté en su cuarto, á medida que se
desnudaba me fué haciendo la historia de todas
sus prendas. Primero se quitó el gabán:
- Este gabán - me dijo - se lo compré á un
trapero de Londres por dos chelines. Hace ahora
unos tres años. Toda\'Ía está bien, ¿verdad?
En seguida se despojó del sombrero:
- Este son-.':&gt;rero me lo ha regalado un pintor
danés que vivía conmigo en París.
La americana:
- Esta americana se la robé á un espantapájaros en las inmediaciones de Milán.
El chaleco:
- Este chaleco me lo compré en Patterson el
-a.ño pasado...
Como buen italiano, Pazzerini era cantante, y
á las dos ó las tres de la mañana, cuando Orsini
se encaminaba á su casa rodeado de sus huéspedes, Pazzerini asustaba á los guardias cantando I
Pr,ifughi, I Laboratori y otros himnos revolucionarios.
También cantaba la Carmañola:
Dan~ons la carmaguole
Vive le son
Vive le son . . •
D:i.n~oqs la carmagnole
\ºive (,o son
De l'explosion •..
ira, c;a ira, g1. ira,
Tout,o le burgcoise
A la lanrerne ...

c\

{;\ irt, &lt;;l Íra, ~a ira,

Toute le l&gt;urgesic
A la lanternc ...

Entonces nosotros hacíamos coro:
Ton, ton
Din'\mitons, dinamitons ...
Ton, ton
Dinamitons, dinamitons ...

Yo dormí bastantes noches en casa de Orsini,
ó porque me encontraba á última hora con él en
el café Felsina, 6 porque no tenía sitio donde dormir. Había en casa de Orsini tres mujeres muy
guapas, una de ellas la del propio Orsini, y las
otras d,,s, compañeras de unos anarquistas que vivían allí.
Al evocar el cuadro de aquella casa sin casero, de aquel hoJar, mitad patriarcal, mitad falansteriano, me acuerdo especialmente de Angela y
de Arturo. Jam;\s unos ojos tan b &gt;nitos han tenido a111or para mirar {1 un hombre tan feo. La fealdad de Arturo no tenía hipérbole en ninguno de
los idillmas corrientes dentro de aquella extraña
mansión. Sh embargo, se daría una idea de esta
fealda J diciend &gt; que era tan grande como la hermosura de Angcla. Xosotro~ solíamos poner de
mal h 1rn&lt;&gt;r al libre m1trimo:1io dirigié ido 10s á
Angela, en cuyos labios el mohín de disgusto valía tanto como una sonrisa.

- Parece mentira que una mujer tan guapa
como usted quiera á un hombre tan feo como
Arturo.
Entonces Arturo, cuya fealdad no encontraba
justificación posible en ningún extremo de una
filosofía tan piadosa como la filosofía anarquista,
buscaba amparo en la filosofía popular y nos dedicaba este adagio:
- El hombre y el oso, cuanto más feo más
hermoso.
- Eso es- interrumpía Angela con vivacidad -: el hombre y el oso, cuanto más feo más
hermoso ...
- ~o lo crea usted - le decíamos á Angela-.
La filosofía de ese refrán es mucho más arbitraria
que la filosofía del Estado. Ese refrán es de origen italiano. Lo han discurrido los antecesores
de Arturo para consolarse un día que se vieron
al espejo ...
Arturo, además de ser feo, era fabricante de
tiradores de goma para matar pájaros.
- Tu oficio - le decía Pazzerini - es ridículo
y cruel. Es ridículo, porque en manos de un anarquista un tirador de goma no sirve para nada. Un
anarquista debe usar otras armas. Tú eres el armero de casa de Orsini, donde vive un grupo revolucionario que tal vez, el mejor día, tenga necesidad de echarse á la calle para subvertir el orden
social, y hasta ahora no se ha dado el caso de una
revolución hecha con tiradores de goma ... Por
lo demás, resulta cruel hacer instrumentos para
matar á los pájaros. Yo te prestaré un tratado de
Retórica para que comprendas toda la importancia lírica de los gorriones.
El bueno de Arturo oía estas graves disertaciones de Pazzerini con una profunda consternación. Arturo era feo y ridículo, pero era bueno y
valiente. En cuanto á J\ngela, como no estaba casada con él, le amaba sin obligación ninguna, lo
cual prueba que le amaba de verdad. Un día,
Blanca, Arturo, Orsini, Pazzerini, yo y otros cuantos, salíamos de un baile anarquista que se dió en
la Casa Suiza y, como ya era de día, resolvimos ir
á tomar el aire en los bosques de Palermo. Antes
de pasar adelante debo aclarar el concepto de
•baile anarquista• que acabo de emitir. Yo no
creo que el baile pueda tener jamás un carácter
político. El tango es el tango, y su influjo se produce de igual modo sobre los nervios del burgués
que sobre los del obrero, porque hay ciertos instantes en los cuales los nen ios recobran su autonomía y en los que todas las cabezas son de igual
modo antipolíticas. Pero tampoco el anarquismo
es incompatible con la corcogralia ni con la orquéstrica. Un anarquista puede pre,ocuparse mucho del malestar soci1l y al mismo tiempo marcarse muy dignamente unos compases de polka.
Los anarquistas de Buenos Aires habían celebrado una fiesta en la Casa Suila v habían bailado
allí con tanto entusiasmo como se puede bailar en
los salones de la marquesa de S ¡uilache. Cuando
salirnos de la Casa Suila ya el sol brillaba en las
vidrieras, y Orsini nos convid.S á oxígeno.
- ¿Qc1eréis venir á Palermo?
- \'amos.
Y nos fuinns á Palermn.
Estuvimos viendo la casa de fieras, que no
describo aquí, porque en Buenos Aires, como e,-.

todas partes, las casas de fieras son cosmopolitas
y no tienen color local. J,uego echamos á andar
por una hermosa avenida, y al llegar á la estatua
de Sarmiento nos detuvimos.
La estatua de Sarmiento es obra de Rodin, y
lo más notable de ella es el pedestal: un bloque
de piedra, enorme é informe, en el cual Rodin ha
pretendido esbozar el Apolo futuro. Un ho_mbr:e
robusto, desnudo y hermoso, parece como s1 qmsiera salir de la entraña del bloque en un esfuerzo
lleno de gallardía.
- Esa figura es una barbaridad - dijo Arturo -. Los brazos son demasiado largos.
- Eso está hecho conscientemente - expuso
Orsini - . Da la idea de que los brazos se alargan
en el esfuerzo gigantesco de la figura.
- Sin embargo, yo e11cuentro que ese hombre
es muy feo.
- Seguramente - observó Orsini - sería mucho más guapo si
Rodin te hubiese
tomado á ti por
modelo.
- Pues yodijo Paaerini - no
veo ninguna desproporción en los
brnLos.
- Eso no. Los
brazos son, efectivamente, muy largos.
- ¿ :\Iuy largos? ...
Pazzerini, en
menos de un segun do, se quitó
aquella misma
americana que un
propietario mi Ia nés había destinado para asustar á
los pájaros ladrones, se despojó del
chaleco que había
adquirido en Patt e r son, se desprendió los tirantes y saltó la pequeña verja que circundaba el
monumento. Luego se encaramó al pedestal y se
puso á medir los bra;,;os de la figura.
Una voz terrible y extraña gritó:
- ¡Detenidos!
Era ur. vigilante que, al ,·er la escena, debió

suponer que Pazzerini pretendía llevarse 1~ _estatua para decorar su cuarto de casa de Orsm1.
- Vengan ustedes á la Comisaría.
En la Comisaría esperamos dos horas á que
llegase el comisario. Ya en presencia de él, le contamos toda la verdad y nos soltó.
- Bueno - le preguntó entonces Orsini á
Pazzerini - . ¿Son largos los braws?
- N"o lo sé. Como tengo los tirantes de goma,
se me achicó la medida .. .
Llegamos á casa de Orsini á las ?ºCf' del día:
Las compañeras de .\ngela ya hah1an hecho sus
labores. Eran dos italianas tan guapas como la
compañera de Arturo.
Dadas las actuales tendencias de nuestra literatura, yo debía decir que seduje á aquellas tres
musas rojas; pero prefiero observar una honradez clásica á manchar este párrafo con una fanfarronería morlerna. Después de todo, el hombre
que ve á una mujer bonita, no contrae la obligación
imprescindible de
cortejarla inmediatamente.
Las tres mujeres
de casa de Orsini
servían para regorijo de sus maridos, para cuidado
de sus chicos y para ornamentación
del patio de la casa, en donde había
un lavadero sobre
el cual mostraban
los brazos desnudos al tiempo de
lavar la ropa, realizando así una función de belleza pública á la vez que
un acto de gran
utilidad doméstica.
Por las tardes, solía
hacerse una tertulia en el comedor
de Orsini, y al poco
rato cuando el tabaco ardía mejor en las pipas y
la h~bitación se cargaba de humo, aquellas mujeres y aquellos hombrrs parecían habitantes de
una nube que yo quisiera describir aquí de una
manera simbólica: una nube azul, hecha de anhelos, de dolores y de esperanzas; una nube en la

�/.~}

1

7 .. )~é•••';Í
i
,/,ll
:V

calaveras... En cuanto nos íbamos, algunos aficionados llamaban al mozo:
- ¿Han hecho algo hoy los anarquistas? Traígalo usted.
De vez en cuando, entraba en el Sportman alguna mujer elegante, y tanto Basterra como yo,
pensábamos que, á nuestra vista, un escalofrío de
terror la recorría la medula; pero, desgraciadamente, nosotros no ejercíamos en su medula influencia ninguna.
Basterra y yo nos habíamos dado á conocer en
el Sportman de una manera grosera y heroica. Era
la fiesta de los franceses. La orquesta comenzó á
ejecutar el himno nacional argentino y todos los
concurrentes se pusieron de pie y escucharon con

El estribillo de este himno, cantado con toda
la fuerza de tres mil pulmones, hacía retemblar
los edificios:
Torpe burgués...
Atrás .. .
Atrás.. .

Generalmente, en una misma manifestación
se cantaban himnos en diversos idiomas:
'
Bersagliero, ascolta, ascolta...
11 signa! della rivolta.

Ó:
Sú la libera bandiera
Splende el sol del'awenir.

En Buenos Aires, se puede calcular que la
mitad de la población está compuesta por italia-

i¡~. r
1

yo figure en una novela. ·Hace tiempo, he tenido
el honor de servirle como personaje al Sr. Baruja,
quien halló interesantes ciertos detalles míos para
el último libro de su serie La luc!ta por la vida.
Por cierto que Baroja ha tenido en mí, á la vez
que un personaje, un crítico y, en el artículo que
yo dediqué á su obra, no tuve grandes reparos que
II
oponer á mi figura. Sin embargo, yo no puedo
Llamo poderosamente la atención del público estar conforme con el papel, verdaderamente insobre el hecho de que yo haya dormido algunas significante, que represento en la obra de mi ilusnoches en casa de Orsini. Este hecho no tendrá tre amigo. Confieso francamente que me creo con
para el público ninguna importancia, pero es por- derecho á desempeñar en las novelas un cargo de
que el público no me conoce. El público se imagi- más importancia y, ahora que soy novelista, no
nará que yo soy únicamente el autor de esta no- debo perder la ocasión. Mis aventuras son tan
vela; pero, en realidad, soy algo bastante más im- dignas corno otras muchas de tener un historiaportante: soy el protagonista. A los diez y seis dor, y este historiador voy á serlo yo. Seguramenaños yo era protagonista de novelas, y á los veinti- te, ningún otro me describiría con más cariño ni
dós las escribo. Indudablemente he decaído mucho. con más exactitud.
En la época de estas andanzas tenía yo unos
Yo soy el protagonista de esta novela ó de esta
historia y quiero presentarme al lector en el se- diez y seis años. Por las noches salía de casa de
gundo capítulo, que es donde los novelistas sue- Orsini y me iba á tomar café á la Rottisserie Sportlen presentará los personajes de.más importancia. man, hecho que, como todos los que se relacionan
Cierre el lector las páginas de este volumen y con- con la vida del héroe de una historia, tiene tamtemple esa caricatura de la portada, que envuel- bién una gran importancia. No quiero describir
ve en un mismo ridículo á un héroe y á un histo- aquí la Rottisserie Sportman, porque, tan lejos de
riador. Los soldados boers, después de la lucha Buenos Aires, me sería imposible cobrar el reclahomérica que sostuvieron en las montañas del mo. Sin embargo, me es indispensable advertir que
Transvaal, se dedicaron, para ganarse la vida, á la Rottisserie Sportman es en Buenos Aires lo que
reconstruir, por medio de pantomimas, sus episo- Chez 1,/axim en París ó el Ideal Room en 1\ladrid,
dios más interesantes. Yo también, si cuento estas compar1l.ción esta última ya bastante fácil de cobrar.
aventuras de mi vida pasada, es para ir sostenien- En el Sportman yo me reunía con un camarada que
do la presente. Creo que al lector le dará igual to- se llamaba Basterra, y entre los dos nos dedicábamarme á mí de protagonista como tomará un ami- mos á espantar á los burgueses mientras disfrutágo mío, que acaso viniese luego á pedirme dinero, bamos de todas sus comodidades. Pedíamos unos
cuantos programas con los nombres de las piezas
diciéndome:
- ¡Soy un personaje de usted que se encuen- que iba {t ejecutar la orc¡uesta de zíngaros y pintábamos en ellos alegorías terribles, signos de
tra en muy mala situación! ...
Por lo demás, no será esta la primera vez que muerte, bombas, puñales, manos ensangrentadas,

que se cantaba, en la que se reía y en la que se
blas~maba; una nube que tenía juntamente la
vaguedad poética, la humedad bienhechora, la
quimérica hermosura y el rayo implacable...

las cabezas desnudas. Sólo Basterra y yo estábamos sentados.
- ¡Que se levanten ésos! - dijo una voz.
Nosotros permanecimos inconmovibles.
- ¡Que se levanten ésos si no quieren que los
levantemos! ...
Y un mozo, muy respetuosamente, nos rogó
«de parte del mostrador&gt; que nos levantásemos ó
que nos fuésemos.
- No le doy á usted contestación para el mostrador-le dijo Basterra- porque no acostumbro
á tener correspondencia con los muebles. Por lo
demás, nosotros nos levantaremos.
. Y, en efecto, cuando terminó el himno argentino, la orquesta tocó La Marsellesa. Entonces
Basterra y yo dejamos á un lado nuestros sombreros y nuestras pipas y nos pusimos en pie. ..
El anarquismo tenía entonces en Buenos Aires, y supongo que lo seguirá teniendo, un carácter. cosmopolita, pintoresco y alegre, capaz de entusiasmar á cualquier imaginación juvenil. Frecuentemente se daban veladas teatrales de las
q_ue, hombres y mujeres, salíamos en manifestación cantando ácoro himnos subversivos.
Hijo del pueblo, te oprimen cadenas
Y esta injusticia no puede seguir.
'
~¡ tu existencia es un mundo de penas,
Antes que esclavo, prefiere morir.
Prefiere morir. ..

nos. Pues bien, la mitad de los italianos son anarquistas. En Buenos Aires ha vivido mucho tiempo Pedro Gori, anarquista, italiano, orador, escritor, catedrático y hombre, en fin, de un extraordinario mérito. Cuando Gori daba una conferencia,
el teatro se llenaba de público; y bajo la sugestión
milagrosa de aquella palabra, bajo la magia de
aquel gesto, se estremecía el espíritu más indiferente. Un día se anunció una controversia pública entre Pedro Gori y José Ingegnieros, una de
las personalidades más notables en el partido socialista argentino. Este Ingegnieros, que por cierto estuvo en Madrid cuando la visita de Loubet,
y con el cual he tenido el honor de tomarme aquí
unos chatos de Montilla, es un hombre de ciencia,
pero pierde, frecuentemente, su dignidad cientí-

�fica. En la época de esta historia, publicaba en
Buenos Aires una revista de nombre pavoroso:
Archivos de criminologia, Aicdici11a legal y Psiqttiatrla, desempeñaba la cátedra de Neuropatologia
en la Universidad central, y tenía un consultorio
médico muy acreditado; pero, cuando le llamaban
á ver una joven enferma, él se sentía.más artista
que médico y, en vez de reconocula científicamente, la examinaba con arreglo á los preceptos
de la estética.
- ¿Qué le parece á usted mi chica) - le preguntaba el padre.
Y él formulaba este solemne diagnóstico:
- Es muy bonita.
En seguida extendía una receta y cobraba
treinta pesos.
La noche de la controversia anárquico-socialista entre Ingegnieros y Gori, el teatro Iris estaba
lleno de gente. Ya había pasado la hora anunciada cuando se presentó Ingegnieros, agobiado bajo
la carga de un enorme paquete.
- ¿Qué trae usted ahí?
- Cuartillas.
- ¿Cuartillas para leérnoslas ahora?
- Indudablemente. Esto es una cosa muy seria. Yo me estuve documentando durante tres meses y todo esto que traigo es indispensable.
Nos quedamos aterrados. Llegó el momento
preciso y Gori se dirigió á la multitud:
- Aun cuando el amigo Ingegnieros haya venido aquí con todo un expediente de cuartillas...
Entonces Ingegnieros arrojó sus cuartillas al
aire, sobre las filas de butacas más próximas al
escenario, y se puso á gritar:
- Si es una broma. Están en blanco.
Los mitins en Buenos Aires se daban al aire
libre, en las plazas públicas, y generalmente en

la Plaza Victoria. Yo no
sé si se elegía esta plaza porque
era la más
céntrica de
la ciudad ó
porque, al
mismo tiempo, era la
que más se
prestaba pan. los discursos anarquistas. En ella,
el orador se
encaramaba
á una pirámide que
hay en el
centro y desde allí iba
haciendo
una crítica
de la sociedad por un
orden arquitectónico,
esto es, derivándola de
los edificios que le rodeaban. Miraba enfrente de
sí y se encontr¡tba con la casa de Gobierno:
- He ahí el Gobierno - decía-. ¿Y qué es
el Gobierno? El Gobierno... (crítica del Gobierno).
Luego, señalaba la catedral, que estaba á su
izquierda:
- Esta catedral - exclamaba- representa la
Religión. ¿Y qué es la Religión? La Religión ...
(crítica de la Religión).
Entre la casa de Gobierno y la catedral estaba
el Banco Argentino.
- Ved ese Banco -vociferaba el orador-.
Ese Banco es el Capital. ¿Y qué es el Capital? El
Capital. .. (crítica del Capital).
Y, por último, se dirigía á su derecha, en donde estaba el Congreso:
- He ahí el Congreso - añadía-. He ahí el
sistema parlamentario. ¿Y qué es el sistema parlamentario? El sistema parlamentario... (crítica del
sistema parlamentario).
Un día subió á la pirámide un italiano que se
llamaba Locascio.
- Ved esa catedral - comenzó á decir - -. La
están recomponiendo porque está vieja. Es el último puntal que se le pone á la Religión, pero no
servirá de nada. La Religión se hunde porque está
muy vieja, y todo lo que está viejo se hunde ... se
hunde...
Entonces, como Locascio no encontraba palabra para seguir, se hun_dió también. Desde la pirámide cayó al suelo, como si el Dios á quien había
ofendidv le hubiese castigado. Y hubo uno que
dijo:
- Pero, hombre; yo no creía que este Locascio estaba tan viejo ...
Frecuentemente, cuando los oradores habían
examinado ya, en un sentido sociológico, la arqui-

tectura de todos los edificios que les rodeaban, sacerdote le bendijo ni le bendecirá; pero yo le
utilizaban, en clase de ejemplos, á los vigilantes. educaré con cariño y él será bueno, como yo soy
- ¡Los vigilantes! - decían-. ¿Y quién vigila buena.
Y ella era buena de verdad. Todas aquellas
á los vigilantes? Dicen que vienen á mantener el
gentes eran buenas, y en la casa de Orsini ó en la
orden; pero, en realidad, vienen á destruirlo.
Y, en efecto: los vigilantes, para confirmar este mesa de un figón partían su pan como hermanos
aserto, desnudaban los sables y se lanzaban sobre de una misma esperanza. Lo maravilloso era absnosotros. Los mitins terminaban casi siempre en traerse por un momento de la conversación genecarreras, lo que les daba un carácter gimnástico ral en cualquier tertulia y pensar qué cosa rara y
muy agradable. Entre los oradores que hablaban grande se habría propuesto el Destino al citar en un
en los mitins con más frecuencia, había una va- mismo punto del universo á hombres de tan disliente muchacha que se llamaba Virginia Volten. tinta especie: á un francés, que fabricaba anteojos
Recuerdo un mitin que se hizo cuando la muerte para ver los eclipses; á un estudiante ruso, á un
de Zola. Sobre una tribuna improvisada apareció barítono italiano, al doctor Creak, millonario inVirginia, que, á la sazón, estaba en ese estado que glés, y á mí, que soy natural de Villanueva de Arolas gentes suelen llamar interesante. Virginia co • sa, un pequeño pueblo de la provincia de Pontemenzó á hablar de Ft·cimdidad, llevándo~e las ma- vedra, adonde no ha llegado aún - tal vez por dificulta'.les postales -- la noticia del nóumeno ni
nos al vientre.
- Yo estoy embarazada - decía -y os mues- la del fenómeno. Me daban ganas de decir:
- Ilueno, señores, ya va siendo tarde. ¿Qué
tro con orgullo este vientre que está henchido por
el amor. Mi pudor ha sido antes. Mi pudor ha con- vamos á hacer aquí? ¿Para qué hemos venido dessistido en no ir á la iglesia con mi novio para noti- de tan lejo,, y con qué objeto nos hemos congreficarle al cura las intimidades de nue&lt;;tra pasión. gado? ¿Vamos á hacer la Social? Pues no perdamos
tiempo.
Yo no me junté con mi amante para cumplir un
En realidad todos estábamos convencidos de
sacramento, sino para divertirme; pero comprendo que me equivoqué, porque ahora siento que en que íbamos á hacer la Social, pero no teníamos
mis entrañas nace á la , i Ja un nuevo sér. Ningún prisa. La Anarquía nos había encantado á todos,
porque la Anarquía era para nosotros, más que una
concepción filosófica, un entretenimiento sentimental. En cualquier velada de teatro, en cualquier mitin ó en cualquier manifestación pública,
la Anarquía tenía expositores elocuentes, mujeres
hermosas y canciones aladas; tenía un espíritu
alegre, aventurero, cosmopolita, valiente, generoso y artístico; todo 'lo cual mantenía el entusiasmo
de los viejos y suscitaba el de los jóvenes. «¡Oh,
justo, sutil y poderoso veneno!• -decía, hablando
del opio, Tomás de Quincey. Justo, sutil y poderoso es también el veneno de la Anarquía, y nin-

--....

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g~n fumador de opio, ningún bebedor de ajenjo,
nmgun tomador de morfina ni de haschis, ha tenido sus sueños poblados de visiones más hermosas
qu~ las visiones que pueblan el gran ensueño anarqmsta._ L3: Anarquí_a es también uno de los paraísos artific1ales, y bien vale la pena visitar esteparaíso cuando no se dispone de uno natural. La casa
de Orsini estaba en él, así como la reunión del café
Felsina, en donde no había más que un representante de la realidad: el camarero. ¡El camarero del
café Felsina! ¡El camarero del Sportman! Yo les
odiaba y me decía:
- ¿Por qué tendremos estos porteros en nuestros paraísos?

.

-

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III
Una tarde me fuí á casa de Basterra.
- ¿Quiere usted venirse á Campana? - me
dijo aquel excelente amigo mío.
- ¿A Campana?
- ¡Ah! Pero ¿no sabe usted lo que ha ocurrido?
-No.
- Pues si es terrible. Se habían declarado en
huelga ,los e~pi~ados de una fábrica frigorífica y
los hab1a sustituido la tropa. Ayer los huelguistas
se fueron á la prefectura para formular una solicitud, y los recibieron á tiros. Hay un muerto y va-

rios heridos. Se ha declarado el estado de sitio en
Campana y se ha enviado allí á un comisario para
que se encargue del mando militar de la población.
Yo voy como delegado de la Federación obrera.
A las dos horas, Basterra y yo estábamos en
el tren, camino de Campana.
- Usted hablará - me decía Basterra.
Basterra quería decir que yo pronunciaría un
discurso. Yo había pronunciado mi primer discurso hacía dos ó tres días, en un centro anzrquista
que se llamaba Los caballeros del ideal, y había pasado un miedo espantoso, que todavía me estremece al recordarlo, y del que podrían verse indicios si se examinara esta cuartilla en el consultorio grafológico de EL CUENTO SEMANAL.
- No, Basterra, yo no hablo; no sirvo para eso.
- ¡Pero si el otro día ha estado u~ted muy
elocuente! ...
Llegamos á Campa:-ia al anochecer. Un grupo
de huelguistas nos aguardaba en la estación.
- ¡Viva el delegado de la Federación obrera!
¡\'iva Basterra! ¡Viva la huelga! . . .
Para mí no hubo ningún viva. Yo sentía cierta
envidia al observar que no me vitoreaban, y cierto orgullo de ir con un hombre vitoreado. Acompañados por los huelguistas nos dirigimos al hotel.
Los huelguistas habían cortado la luz, y la ciudad
estaba iluminada tan sólo por una luna blanca,
piadosa y triste. De vez en cuando se oían las pisadas de un caballo, y. á poco, una especie de trágico centauro pasaba á nuestro lado. Eran soldados de caballería que recorrían la población con
las tercerolas montadas. Todo estaba en silencio
y en sombras.
Por fin llegamos al hotel, que era precisamente el hotel donde se hospedaba el delegado especial del Gobierno argentino. Mientras cenábamos,
los huelguistas nos expusieron la situación. Habían tomado el local de la Sociedad Italiana para
dar un mitin, pero el jefe militar se negaba á autorizarlo. Basterra y yo le mandamos una carta pidiéndole una entrevista. Al cabo de un rato, el
comisario nos mandó llamar.
- Yo autorizaría el mitin - nos dijo - si no
temiese que se iba á alterar el orden.
- Nosotros le damos á usted palabra de que
no se altera el orden si usted se abstiene de mandar al acto fuerzas de policía. Dado el estado de
espíritu de los huelguistas, sería muy posible que
ocurriese un choque entre ellos y los policías; pero
no habicnclo policías, nosotros, por si se altera el
orden, nos ponemos desde ahora mismo á la disposición de usted.
- Yo no puedo dejar de mandar policía. Además, el mitin acabará de sobrexcitar á los obreros. Yo sólo autorizaría el mitin si ustedes les hicieran ver á los obreros la necesidad de concluir
la huelga.
- Pues bien, les aconsejaremos que vayan á
trabajar.
- ¿Palabra?
- ¡Palabra!
- Nos fuimos á la Sociedad Italiana, que estaba llena de huelguistas. Era una Asamblea de
gentes extrañas, hoscas y rudas, dispuestas á todo.
Basterra me llamó aparte y me dijo:
- Nosotros aconsejaremos que siga la huelga, ¿eh?

- N'o. Yo no hablo.
- Usted habla - dijo Basterra - . E inmediatamente me anunció:
- Va á hacer uso de la palabra el compañero
Fulano.
El compañero Fulano era yo. Yo ~staba acostumbrado á hacer uso de la palabra para contar
anécdotas, decir banalidades amorosas y pedir
café; pero no para tratar asuntos tan serios como
la huelga de Campana en un acto público. Lleno
de miedo, exclamé:
- ¡Ciudadanos! . ..
Y después de este comienzo, que desde los
tiempos de Demóstenes á los de Dan ton, y desde
los de Danton á los de Facundo Dorado no ha
hecho nadie tan elocuentemente como yo, empecé á proferir exclamaciones ingenuas y balbucientes:
- La autoridad estará siempre contra vosotros, y vosotros jamás podréis poneros de acuerdo con ella. Hab¿is ido á la prefectura de policía
á exponer unas cuantas razones, y os han contestado con unos cuantos tiros. ¿Es posible razonar
así? Con un fusil que dispara no hay manera de
razonar. En vano invocaréis los más poderosos argumentos. La contestación del fusil será siempre,
siempre, igualmente absurda y salvaje. (Permítame
el lector que me ponga en este punto unos cuantos aplausos.)
- Un hombre, compañeros - añadí-, no
puede entenderse con un fusil. Cuando queráis
entenderos con un fusil, delegad otro fusil, y ambos hablarán entre ellos el lenguaje de los fusiles.
Cuando queráis hablar con vei:1te fusiles, delegad
otros tantos. Y si no los tenéis, elegid un instrumento cuya voz sea de la misma especie y tenga
la misma potencia que toda una descarga de fusilería ...
Terminé de hablar, y entonces comenzó Basterra. No reproduzco el discurso de mi camarada,
porque, á estas horas, resultaría muy atrasada una
reseña de aquel mitin memorable. Ello es que se
acordó proseguir la huelga, y que por la mañana,
en el primer tren, Basterra y yo regresamos á la
capital. Al despedirnos, no pude reprimir un movimiento de orgullo. Los huelguistas ya no decían sólo «¡viva Basterra!» Decían también «¡viva
Camba!&gt;
La huelga de Campana fué el origen de la
huelga general que poco después tuvo lugar en
Buenos Aires.
El 11 de Noviembre, fecha trágica en los anales del anarquismo, se celebraba en el teatro de
Ribadavia un mitin «monstruo• para conmemorar
la muerte de los mártires de Chicago. Primeramente se representó un drama de tesis. Luego
comenzaron los discursos. Ilablaba Basterra, al
que debíamos seguir, según los carteles, Orsini
y yo. De pronto se me acercó un compañero:
-- lle recibido un aviso de Campana para que
vayáis allí Basterra y tú. En caso de que no pueda
ir alguno de los dos, que vaya Orsini con otro.
Te advierto que faltan veinte minutos para que
salga el treo.
- Pues tendré que ir con Orsini, porque Basterra está hablando.
- Bueno; ¿quieres que avise á Orsini?
- Avísalo.

�habría corso. Basterra y yo nos fuimos á Palermo.
Tomamos el aperitivo en el Pabellón de los Lagos,
y luego nos pusimo_s á dar un paseo por la gran
avenida en donde iba á ser la batalla de flores.
Alguno; obreros estaban ultimando los preparativos de la fiesta. Nosotros nos acercábamos á ellos
y les decíamos:
- No se molesten ustedes. No va á haber corso.
Y los obreros nos miraban asombrados.
Basterra y yo íbamos por el medio del paseo,
y nos decíamos:
· - Vaya una plancha la que se van á tirar

- ¿La huelga general?
- Sí, hombre; aquí mismo hacemos una orden
del día y se la damos á La Prensa. Mañana aparece en todos los periódicos y los obreros no tendrán más remedio que ir á la huelga.
Fué aquella una broma que los burgueses de
Buenos Aires no nos perdonarán jamás. Probablemente, cuando algún parroquiano del Sportman
le preguntase al mozo •¿han hecho algo hoy los
anarquistas?• , el mozo le diría que no; pero, realmente, aquella noche habíamos hecho má~ que
ninguna. De todas las cosas que hemos escnto en

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Camino de la estación, yo le decía á Orsini:
- La verdad. Tenía preparado un discurso
bastante elocuente sobre los mártires de Chicago:
me da pena tener que guardarlo hasta el año que
viene .. .
- A mí me pasa lo mismo; pero como tendremos que hablar en Campana, yo lo colocaré
allí.
- El caso es que no pega.
- Yo lo pegaré. Se hace un preámbulo, y en
paz. Es muy fácil: «¡Compañeros . .. ! •
Y en actitud tribunicia, Orsini improvisó un
brillante preámbulo:
·
- Estáis luchando á brazo partido contra los
tiranos y los explotadores, y tal vez algunos de
vosotros sientan desfallecer su espíritu en una
lucha tan desigual. A estos hombres débiles es á
los que me quiero dirigir, porque los fuertes no
necesitan para nada de mi palabra. A los débiles,
en cambio, hay que recordarles su deber, y hay
que ponerles ante los ojos entristecidos el ej_emplo de los mártires que han luchado por su misma
causa. La historia revolucionaria está llena de
nombres gloriosos. Precisamente hoy hace años
que en la ciudad de Chicago ...
Ibamos en un tranvía, y Orsini, que se había
entusiasmado á las primeras palabras, se olvidó
en seguida de los viajeros y habló con tanto énfasis como si estuviera en pleno mitin. Se daba
el caso, verdaderamente extraño, de que todos
los viajeros eran unos humoristas, y cuando Orsini cesó de hablar recibió una ovación estrepitosa. Uno de los compañ~ros de tranvía le dijo:
- Debía haberme apeado en la calle anterior,
y he permanecido aquí para oirle á usted; de modo
que me veré obligado á tomar otro tranvía. Reciba usted mi enhorabuena, y estímela usted en
todo lo que vale.
- Vale diez centavos - le contestó Orsini.
- Justamente.
- Pues por diez centavos no podría usted

comprar en ninguna tienda más ideas ni más frases. Yo soy un comerciante loco, y lo vendo todo
muy barato.
- No crea usted que estoy avergonzado me decía luego Orsini, ya en el tren-. Un orador
no debe elegir su público ni debe ir mirando, una
por una, las orejas que le han de escuchar. Un
orador que conociese á todos sus oyentes, un
orador para los amigos ó para la familia, sería
muy ridículo. Por lo demás, no puedo quejarme.
He tenido un éxito que ya lo quisiera usted en
Campana ...
Afortunadamente, en Campana sólo hablamos
con unos cuantos compañeros y con el jefe militar de la ciudad, el cual, en cuanto me vió, me
dijo:
- ¿Conque iban ustedes á aconsejar que terminase la huelga, eh? Pues ahora mismo se va usted á la cárcel.
Yo me disculpé con Basterra, que estaba á salvo de todo peligro, y conseguí suavizar un poco á
aquel hombre irascible. Me dejó en libertad, pero
de ninguna manera quiso autorizar el mitin.
- Perdonen ustedes - dijo - , pero estoy
muy escamado.
- ¿Qué dice ese besugo?- nos preguntaron
luego los huelguistas.
- Dice que está muy escamado ...
Orsini y yo llevamos un Mensaje de los huelguistas para la Sociedad de Estibadores de Buenos Aires.
La Sociedad de Estibadores se declaró en
huelga para secundará sus compañeros de Campana. Luego, y poco á poco, fueron declarándose
en huelga otra porción de gremios, adscritos todos á la Federación obrera. Me acuerdo del día
en que se declaró en huelga la Sociedad de cocheros. A la noche, y no sé con motivo de qué
fiesta, debía celebrarse el corso en Palermo.
Los cocheros se reunían aquella tarde para
dejar de ir al trabajo, y no habiendo coches, no

esos cochinos de burgueses. Lo que es esta noche se van á aburrir de lo lindo.
-Sí, sí.
-- Y esas burguesitas que estarán terminando de arreglarse ... sus maridos las encontrarán muy nerviosas por la noche ...
Aquella noche, en efecto, no hubo corso.
Basterra, yo y algunos camaradas nos permitirnos la voluptuosidad de pasear lentamente
por el centro de la avenida de Mayo y de la
calle Florida, en donde todas las noches, menos aquella, el movimiento de coches era incesante. A la noche siguiente, todos los delegados de todas las Sociedades obreras se reunieron en el teatro Iris para ir á la huelga general.
El teatro Iris está enclavado en la Boca, que es
un barrio obrero habitado casi todo él por italianos. Yo estuve allí con Basterra á primera hora, y
luego nos fuimos al Sportman.
- Me parece que esta noche no se declara la
huelga general - me dijo Basterra.
- Sí; parece que esos hombres no se van á
poner de acuerdo.
Nos habíamos puesto á pintar nuestros monos,
cuando se nos acercó un amigo que era redactor
de La Prensa.
- ¡Qué! ¿Hay huelga general?
- Por ahora no se sabe nada. Vuelva usted
por aquí dentro de un par de horas.
El amigo se fué, y Basterra me dijo:
- ¿Quiere usted que hagamos la huelga general?

los programas del Sportman, ninguna fué tan siniestra como aquella. Aquella costó mucho oro y
mucha sangre.
IV
La huelga general fué terrible. Imaginaos una
gran ciudad, una gran ciudad_ cosmopolita, _industrial y moderna; una gran cmdad cuyo cielo se
halla turbado constantemente por el humo~de las
fábricas y por la voz de las sirenas que anuncian
á los buques entrantes ó que llaman al trabajo á
los obreros; una gran ciudad circundada de mástiles y de chimeneas; una gran ciudad, en fin, que
es como una gran máquina funcionando al agua y
al fuego; como una gran máquina compuesta_ de
muchas máquinas pequeñas y en donde todo gira,
todo chirría, todo palpita y se estremece sin cesar.

�Imaginaos esta gran ciudad como esta gran má- preciable espectáculo! Una revolución es siempre
quina, y acosttJ.mbrados al movimiento y al ruido, una obra de arte. Ningún artista ha podido imagi~ed que, de pronto, la máquina se para en seco. nar jamás una tragedia comparable á la RevoluTal sucedió en Buenos Aires. No rodaba un coche, ción francesa. Cada uno de aquellos anónimos reno giraba una grúa, no gemía el pito de una fábri- volucionarios, exaltados por el ambiente de terror
ca; las altas chimeneas se elevaban al cielo rígidas y de heroísmo que le rodeaba, era un artista de
y siniestras; arriba no había humo y abajo no ha- su propia vida y era un artista superior á los trábía brasa. Y el alma misma de la población, el _gicos griegos. La sociología puede ser antiartística
alma inquieta, nerviosa y alegre del monstruo, se mientras se desarrolla en libros, en discursos y en
llenó de frío y de espanto.
estatutos de Sociedades obreras; pero cuando se
El segundo día de la huelga iba yo del brazo lanza á la calle, ya es otra cosa. La sangre lo encon un camarada por una de las calles más céntri- noblece todo, y en la huelga general de Buenos
cas, cuando acertamos á pasar junto á dos gordos Aires no se echó de menos este gran elemento liburgueses de chistera y levita. En aquel momen- terario. Enardecido por él, yo confeccionaba mis
to, uno de ellos le decía al otro:
proclamas y yo mismo las pegaba y las repartía,
- Esto se va poniendo muy serio.
esquivando las miradas de la autoridad. Aquel
Y, ciertamente, aquello se iba poniendo muy entusiasmo sería ridículo en cualquier otra cirserio. Había m1a fábrica en donde, á pesar de la cunstancia, pero allí no.
huelga, unos obreros estaban trabajando. Se enteCreo que fué el segundo día de la huelga. Basró un grupo de muchachas tejedoras y se fué allí. terra y yo estábamos en el Sportman, cuando se
- ¿No tenéis vergüenza?- les dijeron-. ¿Se- nos acercó un compañero periodista, muy estimaréis cobardes cuando nosotras somos valientes?
do en Buenos Aires: Florencia Sánchez. Este comLos huelguistas mataron é hirieron á una por- pañero nos comunicó que el Congreso, reunido en
ción &lt;le esquzrols. Muchos policías fueron también sesión extraordinaria, acababa de votar la ley de
muertos y heridos. En el puerto, un oficial mandó residencia para expulsar á todos los extranjeros
á los soldados que disparasen sobre un grupo de peligrosos. Al mismo tiempo se había declarado el
propagandi~tas de la huelga, y los soldados se ne- estado de sitio en la capital.
garon á disparar. Indudablemente, aquello era
Basterra y yo echamos á andar por la calle de
serio .
Florida y torcimos por la de Corrientes. Al llegar
Yo me dedicaba á escribir manifiestos en un á la calle de Artes se nos ocurrió entrar en la Soestilo á lo Roque Barcia, según averigüé después, ciedad de cocheros, que hacía esquina á las dos
cuando conocí á este escritor. Aquellos manifies- calles. Yo conocía mucho aquel local porque en él
tos tenían por objeto enardecer el espíritu de la habían estado instaladas antes las oficinas de El
multitud, y yo mismo iba adquiriendo cierto ardor Curreo de España, periódico del que yo fuí redacbélico á medida que los escribía. Seguramente, no tor. Entramos y nos encontramos á unos cuantos
faltarán amigos que me desprecien al saber que compañeros que hablaban muy animados.
yo he cultivado ese género de lit&lt;'ratura. Sin em- Se ha votado la ley de residencia y se ha
bargo, cada una de aquellas páginas, que se im- declarado el estado de sitio; de manera, que nos
primían en hojas sueltas y que se fijaban clandes- cogerán en seguida y nos echarán.
tinamente en las paredes de los edificios, tenía
Nos pusimos á charlar y, cuando quisimos samás emoción y más intensidad que muchas cosas lir, un compañero nos advirtió que la policía roque he escrito después con arreglo á otros trata- deaba la casa. Estábamos bloqueados. Entonces
dos de estética. Yo no me avergüenzo de haber hicimos subir café y nos decidimos á pasar allí la
escrito aquellos manifiestos, y hasta me gustaría noche. Por la mañana, y aprovechando un descuitener aquí alguno para reproducirlo en estas pá- do de los pesqttisas, salimos. Subimos por Corrienginas. Hay quien opina que en arte únicamente se tes y, al llegar á una calle transversal donde vivía
debe hablar de las rosas; pero las rosas, que siem- Basterra, vimos á un hombre que se había dormipre son poéticas, no son oportunas en toda oca- do en pie, arrimado á una esquina. Este hombre
sión. Yo no acierto á acatar esos dogmas en vir- se despertó violentamente y pareció desconcertud de los cuales se pretende reglamentar el sen- tarse. Continuamos andando y observamos que
timiento. Esos dogmas son así: «Cuando un artista nos seguía. Ya en la calle del Callao acordamos
se halle en presencia de un jardín, de un cre- dividirnos en varios grupos. Basterra y yo, que
púsculo ó de un paisaje, contrae la obligación in- formábamos uno de ellos, tomamos un tranvía, y
quebrantable de enternecerse. En cambio, le que- el hombre extraño nos siguió. Ya no nos cupo
da terminantemente prohibido el derecho de emo· duda de que era policía. Nos bajamos sin avisar, y
ción ante el mendigo que le pida una limosna, y el policía se bajó también. Por último, después de
ante todo lo demás. , Yo soy un cismático de este haber tomado tres ó cuatro tranvías, conseguimos
dogma, y muchas veces, cuando el mendigo que extraviarlo. F;itonces, Basterra me dijo:
se me acerca es más pobre que yo, le doy una li- Yo me voy esta misma tarde á Montevideo.
mosna: una perra chica ó una perra gorda, con la Yo tengo familia y no puedo abandonarla. En Moncual, dicho sea de paso, no pretendo comprar una tevideo veré el giro que toman las cosas, y ya de-habitación en el cielo, cuyos alquileres supongo cidiré.
que no serán tan baratos.
Nos metimos en un coche de los que utilizaEn cuanto al acto de una huelga como la de ban los huelguistas para vigilar la huelga, y nos
Buenos Aires, si alguno me dice que fué un des- fuimos otra vez á la Sociedad de cocheros. Cuanpreciable espectáculo, yo le contestaré que no do quisimos salir había un policía en la esquina.
opinaría de igual manera si hubiera sido, á la sa- Basterra llamó á tres camaradas, y les dijo:
zón, dueño de una fábrica en aquella ciudad. ¡Des- Se puede hacer una cosa. Vosotros bajáis y

rodeáis al policía de tal modo que, para perseguir- después de cenar, yo le acompañé. Ya á la puerta,
nos tenga que abrirse paso por el medio. Proba- me dije:
«Si me voy á mi casa me van á detener. Lo meble:Oente no se atreverá, y si se atreve, no le
jor es que me quede á dormir aquí.&gt;
dejáis.
Y me quedé á dormir en casa de Orsini.
Los camaradas bajaron. A poco uno, que obAquello fué una estupidez, de la que no me
servaba la escena desde un balcón, nos dijo:
arrepiento. Si la policía vigilaba mi casa, porque
- Podéis marcharos.
había en ella un anarquista, mncho más debía vi- ¿Qué ha ocurrid~?
.
- ¡Qué iba á ocurnr! ¡Que el pesqmsa ha to- gilar la de Orsini, que era una madriguera.
Por la mañana salí á la calle, y no habría anmado el primer tranvía!
.
Nos fuimos á una taberna, almorzamos y pedi- dado aún cincuenta pasos cuando se me acercó
mos café. Luego nos marchamos á la dársena. un policía y me detuvo. Echamos á andar hacia la
Basterra quería á toda costa que yo me fuese con Delegación, y al cabo de un rato noté que una
mujer muy hermosa me seguía, y que en aquel
él á Montevideo, pero yo me negaba.
momento me saludaba con la mirada. Era la com- Le mandarán á usted á España...
- Pues me harán un favor. Precisamente yo pañera de un anarquista que se llamaba Tulio y
que vivía en casa de Orsini. Cuando llegué á la
quería irme y no podía.
Me despedí de Basterra y le di un gran abra- Comisaría volví la cabeza y la saludé.
El policía me condujo á una sala, en donde
zo. Basterra fué en Buenos Aires mi primero y mi
último amigo. Hacíamos una vida ~asi común. unos señores escribían y tomaban mate.
- Este, detenido- dijo.-Viene por orden del
Cuando le dejé, yo me puse muy tnste, porque
jefe
de policía.
comprendí que á aquel amigo fraternal, á aquel
Aquellos señores me examinaron minuciosacompañero de las pequeñas miserias y de las pequeñas opulencias, á aquel hermano de ensueños mente.
- Usted, ¿por qué viene?
y de esperanzas, yo no le volvería á ver nunca . ..
- No lo sé.
La autoridad había prohibido toda clase de re- ¿A usted no le gustará irá un calabozo?
uniones obreras, y La Prensa les había ofrecido
-No.
un gran hall á los huelguistas. Al dejará Basterra,
- Pues quédese usted aquí. ¿Quiere usted
yo me fuí á La Prensa, donde había un. rniti_n á la
sazón. Allí me encontré con Oreste R1ston que, mate?
- No. Muchas gracias.
según supe luego, no pudo salir de La Prensa e.n
- Usted se lo pierde.
diez días. Conversé un rato con él y con otros caPasaron dos horas mortales. De pronto metramaradas, y al anochecer me dirigí á El Sol.
&lt;El Sol al anochecer? Sí, señ?X:e~: El Sol. El S~l jeron un paquete.
- ¡Vaya unas amigas bonitas que tiene usted!...
era una revista anarquista que dmg1a Alberto Gh1Yo me puse á presumir un poco, y mientras
raldo. Las oficinas estaban en la calle de San Martín. Se bajaban unas escaleras y, ya en el sótano, tomaba el paquete hice «¡pschsl&gt;, como si eso de
se llegaba á un cuartucho lóbrego, húmedo y frío. las mujeres bonitas fuese para mí una cosa coAquello era El Sol. El Sol no tenía puerta, ignoro rriente. El paquete contenía los siguientes objetos
si por la falta de dinero ó si por las convicciones nutritivos, á la par que sentimentales:
Un panecilo,
anarquistas de Ghiraldo; de modo que allí llegaba
U na tortilla y
uno, entraba y, si era gimnasta, podía sentarse en
Un bistek.
una silla, donde yo no pude contar nunca más de
Y o me lo comí todo, pensando con ternura en
tres pies. Arrimadas á las paredes había grandes
pilas de números atrasados, de folletos y de obras la solicitud de aquella buena y bella mujer, de la
de Gbiraldo. Aquellas pilas eran otros tantos asien- que me despedí, no para entrar en la Comisarí~,
tos. Todas las noches, á primera hora, se bacía una sino para entrar en otro continente. Estaba ya ditertulia en El Sol, y los asistentes se instalaban giriendo cuando llegó el comisario.
- ¿Qué quiere usted?
respetuosamente sobre aquellos duros volúmenes
- Yo, nada.
de filosofía revolucionaria. La luz de El Sol era
- El señor - dijo uno de los escribientes una vela, que le daba á la asamblea todo el carácviene detenido.
ter de un agua-fuerte de Rembrandt.
,
- Detenido, ¿por qué?
Desde el primer día de la huelga, El Sol hab1a
- No sabemos. Viene á la disposición del jefe
comenzado á publicar un suplemento diario. Cuan.
..
.
do yo llegué me e ncontré allí á Ros, el tesorero de de policía.
- Siempre será un anarquista- d1Jo el comila Sociedad de Estibadores, que estaba buscado
por todo Buenos Aires; á Ghiraldo, á un chico es- sario.
- No sé si lo seré siempre. Por ahora, sí.
cultor que se llamaba Castro , y á Florencia Sán- Pues le exportarán á usted en seguida, amichez. Florencia Sánchez ignoraba que un periodista no debe manejar la tinta como un tintorero. go. No van á quedar en Buenos Aires ni los rabos
Muy ocupado en hacer el suplemento, se había de todos ustedes.
Al anochecer me sacaron de la Comisaría y me
arremangado los brazos y los presentaba de tal
suerte bañados en tinta, que á uno se le ocurría metieron en un coche de presos. El c)che ectió á
pensar cómo se las habría arreglado para pintarse rodar estrepitosamente. Llegamos al departamento de policía, me tomaron el nombre y me condude un modo tan difícil y tan perfecto.
Estuve un gran rato en El Sol, y á las nueve jeron á un sitio que habían habilitado para lo_s
de la noche me fuí á cenar con Castro á un restau- anarquistas detenidos en virtud de la lq de resirant contiguo. Castro vivía en casa de Orsini; y dencia.

�ta, leguleyo y ju~aizante, el mismo que se había
ca1do des~le su tnbuna en el párrafo más elocuente ~le un discurso; allí estaba Querchussoff el ruso
y _Stenley, el alemán, y Stefferson, el yanqui. Allí
esta~an t~idos, ª!egres, joviales y dicharacheros.
\ o fu1 abrazandolos uno á uno, como si me los
enco~1trase después de una larga ausencia. C
d
terminé esta difícil labor, me asediaron tªpn ~

~n~:

V
- ¡Es Camba!
- ¡Viva! ¡\'iva!
- illol~, che! Te estábamos esperando.
- Aqu1_s~ está muy bien. Es lo mismo que la
casa de Ors101.
Yo me iba_mara~illando poco á poco. ,\llí estaban _todos mis an11gos ele toda mi vida en Buenos 1~ 1res. ,\llí estaba :\Iuntesano, el profesor ,·e~etanan? que sólo _comía hierbas y qur, aunque
~ra débil y enferm1_zo como una criatura, decía:
Todo el que practica el sistema vegetariano se
ponr sano y fuerte.• Allí estaba ::\lattey el que
co~ .:\falatesta había hecho en BL1enos ,\ires las
primeras propaga~das anarquistas, y sobre cuya
enorme cabeza afeitada había gravitado el peso de
un-:t condena á muerte; allí estaba Troitiño recién
salido de la peniten,ciaría por supuesto ho:nicidio
de tres csqwrols; alb estaba Locascio, el anarquis-

•

re

- Y á ti, ¿dónde te han cogido?
- Oye, ¿sabes algo de Fulano?
- ¿Traes Et Sol?
- ¡Cuenta, cuenta!
Frecuentemente, los oyentes me interrumpían
el relato con el secreto desionio de convertirse á
su vez, en narradores.
"
•
- Pues _á mí me cogieron en ...
- Lo n11~mo me h~ pasado á mí; pero yo ...
Aqu~llas 1'.1t~rrupc1one_s me indignaban.
- S! se~1~ interrumpiendo, me callo.
- No, no. fe escuchamos.
Yo conté mi pequeña historia, y cada uno me
c~ntó la suya. _El primero en contar, después de
mr, fué Locasc10.
- yerás. Llegaro~ los policías, y como mi
companera es muy valiente ...
A ~edida que habían ido entrando los presos
Loeasc10 les h~bía ido diciendo lo mismo:
'
- Como m1 compañera es muy valiente
Y en seguida que entraba un nuevo det~~ido
se llamaba á Locaseio:
.- - Üfe, cuéntale á este lo de tu compañera.
Ls muy mteresante.
. - N'o es que sea interesante - decía Locasc10 -. L_o que pasa es que, como mi compañera es
muy valiente . ..
Este Locascio era un hombre sublime y ridículo con su levita impecable, su barba asiria y su
larga melena. Cuando yo lle~é disponía de tres
colchones, que había recibido por distintos conductos, Y me ofreció uno. En aquel colchón dormi
tres noches. La primera noche, las ventanas de
nuestro departamento estaban cerradas con grandes barras de hierro, y, además, en cada una de
&lt;'_llas había un soldado con la bayoneta calad·
l~stas precauciones eran altamente humanitaria~·
ya_ &lt;!u? no trataban de impedir la evasión, sino el
smcicho, puesto que, si ~lguno se tiraba por una
'entana, todo su porve111r consistía en estrellarse
con~ra las losas del_ patio. Expusimos esta obser'\~c1ón ante un oficial, y al día siguiente ya no temamos centinelas. En cuanto á la prisión fué corta Y a~radable. Había allí tipos muy curidsos y escenas mteresantísimas. :\le acuerdo ahora de un
pobre hombre que había inventado un aparato
para r~solver el problema del movimiento conti•~uo. ha u1! aparato digno de Silvestre l'aradox.
Se compoma de un cajón lleno de a,.,ua y de una
rueda con_ muchos Call{!ilones. La ;'ueda giraba;
u~10~ cangilones se llen_aban de agua, y en el mo'\ lmiento ~e la rueda, iban á vaciarse dentro de
ot_ros cangll~nes, lo cual debía producir el movin11ento continuo del armatoste. La policía había
toma~o aquello por una cosa explosiva y había
clct~mdo al ~utor. Este autor se creía una especie de Galileo, víctima de la injusticia de los
l~ombres, Y á la vez que se quejaba de sus vicisitudes, decfa: •E pur si 1m1ovc.• Quería decir

que, á pesar de todo, su rueda se moyía. Fre- das las cosas según la más pura filosofía anarquiscuentemente se enfadaba con nosotros, y excla- ta, pust• una de sus enormes manos sobre el hombro del ladrón.
maba:
- Amigo mío - le dijo - , su profesión
- Yo no tengo nada que ver con ustedes. Yo
ele usted me parece muy útil, y, seguramente,
soy un hombre de ciencia...
También estaba detenido un andaluz que se usted estará conforme conmigo en este punto
dedicaba á la fabricación de pasteles en un pue- de mi teoría. Donde hay hombres que guardan,
son de menester hombres que roben. De este
blo de la provincia. Era un tipo notable.
- ¿Por qué ha venido usted á Buenos Aires&gt;- modo el dinero circula y la propiedad se modifica .
El pohre ladrón estaba asombrado. Poco á
se le decía.
poco
fué tomando confianza con nosotros, y cuanY él contestaba:
- Pues verá usted. :\[e enteré de que uste- do en algún grupo se hablaba contra la propiedad,
des estaban haciendo la revolución, y me dije: al ladrón no se le ocurría nada que oponer á aque, Yo no abandono á mis hermanos.• Dejé los pas- llos argumentos.
- Eso es lo que digo yo - exclamaba -. ¡Si
teles y tomé el tren.
yo
pienso
lo mismo que ustedes! ...
- ¿Y cómo le detuvieron á usted?
- Xo lo crea usted - le dijo una vez Steffer- Pues Yerá usted. Estaba yo en la calle de
son - . Usted
Ribadayia y vi
destruye la proá unos soldados
piedad ajena
que se metían
para construir
con los obreros.
la propia. Xo
Los obreros son
hay nadie más
mis hermanos.
partidario de la
Yo, al principio,
propiedad que
me callé; pero
un ladrón.
yo soy andaluz,
Las horas se
y ele pronto me
pasaban
alegreempezó á hermente en la pri' ir la sangre ansión. Casi todos
daluza en las
estaban contenyenas. Entontos. Orbietto,
ces les dije á los
un italiano que
soldados: • \'os
había arribado
otros sois los
en
su juventud
siervos del caá las márgepital.• Y me denes del Plata
tuvieron.
para arreglar
Otro de los
un asunto de
de-tenidos ni era
ocho días y que,
anarquista,ni se
á los cincuenta
había declarado
años, no había
en huelga, ni sipodido aún requi cra estaba
gresar
á su adoloco. Todo su
delito consistía en tener una mujer bonita. Un co- rada Italia, se pasaba el tiempo cantando.
- Ancora - nos decía - io me vado á manmisario se había enamorado de ella, y para verse
libre del marido lo detuvo como anarquista, influ- ghiare la polenta...
No faltaba, sin embargo, el acerbo sentimenyendo á fin de que lo expulsaran.
También habían puesto con nosotros {1 un la- tal. El padre de l\fontesano, al verá su hijo detedrón. Como nadie sabía quién era, se le llegó á to- nido, se puso tan malo que se murió. Montesano
mar por un espía y estu,·o á punto de ser muerto recibió la noticia en la prisión, y sus ojos miopes
á puñetazos. Después de una conferencia privada se arrasaron de lágrimas detrás de los lentes ...
Hablábamos acerca de nuestro porvenir, y cada
entre los más juiciosos de la prisión, se le llamó y
uno elegía el sitio de la tierra adonde quería irse.
se le dijeron estas frases cariñosas:
- Oiga, ché. Xo le va á quedará usted ni un Una tarde nos llamaron uno á uno y nos llevaron
á la oficina antropométrica. Allí nos desnudaron,
hueso sano. Usted es un espía.
Entonces el hombre, temblando de miedo, bal- nos retrataron y nos filiaron minuciosamente. :'\os
hicieron embadurnar las manos en una tinta muy
buceó:
- Están ustedes engañados. Yo no soy un es- espesa, y luego nos calcaron las yemas de los depía, se lo juro á ustedes. Yo soy un senidor de dos sobre una hoja de papel blanco. Otro día nos
llevaron ante el jefe de policía, el cual nos preustedes. Soy ladrón ...
. - ¡Ah! ¿Es usted ladrón? -gritó alegremente guntó adónde queríamos ir.
- Yo - dije - quiero irme á Barcelona.
Stenley - . ¡Tanto gusto! Si quiere usted trabajar,
Y otros nueve dijeron lo mismo.
• hí tiene usted tarea. ¿Se dedica usted á los colLo que más nos inquietaba era el no tener nochones, ó prefiere usted los r('lojes? Mejor será el
servicio completo: un reloj para saber la hora de ticias de la huelga. Sabíamos que la huelga continuaba, pero ignorábamos su marcha. Xi los soldormir y un colchón para acostarse.
dados
ni los oficiales querían decirnos una palabra.
Entonces Querchussoff, que interpretaba to-

�~b·Qué pasará? ¿Qué no pasará? .\quclla incertidumre era espantosa.
Una tarde habíamos hecho alfombra de nuestros colchones y,sentados á la turca, nos habíamos
resto á fu°'.ar y á charlar. Las pipas humeaban
anzando hacia el techo volutas azules que e
1
~rado de nuestro espíritu, se nos aparecí~n
adas d~ bellas visiones. Se contaban anécdotas
la so~risa florecía en todos los labios mientras
as pup1~as se hallaban dormidas, quién sabe en
q_~é sueno _fastuoso y brillante. De pronto aparee, un oficial ante la puerta de nuestro de artamento Y comenzó á leer una lista.
p
-:- Que trai~an t?do lo que tengan ...
,l no de los mclmdos en la lista era yo que ne
te111~ nada._.. Abracé á mis amigos y ~e des~
ped1 p3:ra s1emp:e. El oficial nos hizo andar por
una sene de pasillos y nos llevó á otro departamento.
'
-:: :Mañana - nos dijo - saldrán ustedes para
E spana.
. Xos hicimos traer cena de la calle y cenamos
tristemente. Estábamos de sobremesa cuando
uno de los camaradas me dijo:
'
. - Oye, lamba. Yo quisiera pc-nsar una frase
celebre ...
- ¿Una frase célebre?
-:-- Sí. Una f:ase como la de Méndez-Xú11ez en
el C..1lla~,, por_ ejemplo, ú otra cosa parecida.
- No entiendo... ¿Para qué?
. - Pues, para cuando nos rnyamos á ir. La decm1&lt;1s desde el vapor. ..

~li-

r'

\'I
l'or la ma~ana muy temprano fué á despertarnos un oficial de policía Xos to ó 1
b e•
d'ó á
· ·
m os nomr :"'• nos i .. cada cual nuestro pasaje para Espana, y nos dijo:
- Y cngan llstedes.
Llegamos á la puerta y, por un rato estuvimos
contemplando la calle, el sol, el ciclo azul y las

muchachas bonitas. Un prisionero
de algunas horas se
entrega á la liberta? con igual alegria que un prisionero ?e muchos años. Nosotros hacía tres días que
no ve1amos nada de todo ac1uello" por fin lo . ,
mos t
,'
' , eiaen onces, aunque lo veíamos por última .
An_te la puerta del siniestro edificio había ci~e;~
carruajes. En cada un,, de ellos nos instalamos do
de nosotros con_ dos policías. En el mío me hicie~
rofin. la deferencia de ponerse un escribiente " el
o c1a.1
,
El coche comenzó á rodar y á poco entró
la_ Av~nida de ~la yo. Era esta '1a calle, más cé~~
tnca ) más bonita de Buenos Aires. Yo miraba los
~afés, donde tantas ve.ces ~1abía estado; los teatros,
onde tant? me babia divertido; las aceras por
?º.nde habta paseado tantas veces, y sentía' que
os recu~rdos brotaban de mi corazón á borbotones, ard1en tes y encendidos, como podría brotar un chorro ele sangre. Algo mío se quedaba ali'
y yo yolvía la cabeza para dirigirle una últim; !•
r~da. Ln que. SP quedaba allí era un trozo de~¡
'ida, el más mtenso seguramente y el más lle
de encantos.
no
~lientras tanto, el oficial que me acompañaba
hacia todo lo posible por serme agradable. Para
ser agradable hasta hablar, cuando se habla con
agr~do'. p~ro, cuan~o se dicen cosas faltas de ingemo ) clt oportumdacl, á medida que se habla
~·a aumentando el d_isgusto del que escucha. C~~
~alme~te, aquel ofi_c1al no poseía el arte dC' la con' ·';;'sac1ó~, y lo mejor que hubiese hecho hubiera
s! ~ cultl\ar el arte del silencio. Todo su afán cons1st!a en demostrarme que el anarquismo no tenía
r~zon de s~r en Buenos Aires. Aquel hombre habm descul_llerto en_ la Anarquía un nuevo carácter
~ue J?asó madYert1do para Kropotkine y para Bakounrne¿ d carácter local. El concebía el a a
.
mo
n rqms. en G e ta ~e, en \'a11ceas, en Ciempozuelos
y tal
\ cz en Cuenca; pero en Buenos Aires, no.

- Aquí - me decía - no puede haDer cues- dársena, y para evitar que, si adelgazábamos de
tión sncial, y si la ha habido hasta ahora, es por- pronto, pudiésemos fugarnos por allí, un soldado
que la han fomenta,fo ustedes, los extranjeros. se paseaba en la dársena, junto á la ventanilla, y
tenía el maiiser montado.
Por eso les echamos á ustedes.
Yo sentía cierta emoción. Aquellas precaucio- Sí, sí - le decía yo-. En cuanto salg~ el
nes me realzaban á mis propios ojos, haciéndome
,apor, se ,·a la Anarquía. Le han comprado ustecreer que yo era un hombre realmente peligroso
des un pasaje de tercera.
- Indudablemente. La Anarquía no tiene ra- y temible. Yo asistía á aqnella escena de mi vida
con la secreta vanidad de saber que se trataba de
zón de ser aquí. Aquí nu hay miseria.
una escena novelesca. Aquel momento era para mí
Entonces yo le señalé á un pordiosero que, con
l'I saco al hombro, acertó á pasar en aquel instan- un momento decisivo, v yo me daba muy claramente cuenta de ello. ;\li vida había tomado un camino.
te junto á nuestro coche:
En
él no abundaban ciertamente las legumbres,
- Perdone usted. La alforja de ese hombre no
pero había rosas 4ue yo cogía sin temor de&gt; las es\'a cargada de oro - le dije.
- ¡Claro! Como que ese hombre es un men- pinas y que yo deshojaba en un desvanecimiento
infantil de belleza y de perfume. De pronto, una
digo...
Aquel hombre era mendigo y el oficial era mano tiránica me i;olocaba ante otro camino. Y
tonto. Las tonterías florecian bajo su altivo bigote con los dedos ensangrentados por las últimas flocon una dignidad \'erdadcramente legal. Y, en res, yo echaba á andar sin rumbo y sin fin ... Una
nueva vida comenzaba para mí; una nueva vida
tanto, el coche rodaba, ráudo, ,·eloz.
Atravesamos la Plaza Victoria y llegamos al material y SC'ntimental, puesto que de la vida anpuerto. l;na pintoresca multitud ponía en las dár- terior, concluída apenas comenzada, no podría resenas notas alegres de color y de vida. Por allí ha- novar ni los intereses ni los afectos.
Estu,·imos en la enfermería, convertida en pribría muchos hombres que, al igual de nosotros,
sión, desde las diez de la mañana hasta las cuatro
irían á internarse en el horizonte ignorado del
ó cinco de la tarde. Aquella espera fué una espeOceano; pero aquellos hombres tenían un fin y
nosotros no; aquellos hombres se marchaban por ra histórica, y, sin embargo, yo no puedo fijar exacsu yo)untad y nosotros íbamos guiados por una tamente el número de horas que duró. Lo que sí
recuerdo es que pasamos un hambre horrible. Havoluntad ajena y tiránica. En las noches de tempestad, cuando el furor de la ola hiciese crujir el bíamos cenado el día anterior á las ocho de la noche, y hacia las dos de la tarde comenzó á invacasco de nuestro buque, ellos podrían ver, como
dirnos un apetito que bien merece pasar á la hisuna estrella, la luz del hogar lejano en donde, al
toria. El lector sabrá perdonarme esta pequeña
final de las borrascas, encontrarían paz y reposo.
digresión
de carácter gástrico. Los héroes necesiPara nosotros, en cambio, no habría paz ni porvetan
comer
como los demás mortales, y cuando se
nir y, después de la tempestad, nuestro destino
les retrasa el almuerzo, les duele el estómago. En
seguiría siendo un enigma inquieto y amenazador.
cuanto á los centinelas, consignaré que el apetito
Entre aquella multitud, los emi~rantes tenían amilos humanizó algún tanto; y que como el apetito
gos que les despedían. N"uestros amigos se quedaera común para ellos y para nosotros, comenzaron
ban presos para marchar, como nosotros, hacia
á identificarse con sus prisioneros y á participar de
una ventura forzosa, y los que, por acaso, estuvienuestro odio hacia los que nos mantenían en prisen libres, se comprometerían seriamente diciénsión. Yo les hice algunas consideraciones en este
donos adiós.
Ibamns ya por las dársenas, cuando yo yi á un sentido, y les dije:
- Ustedes se creen que nosotros estamos prehombre corriendo hacia nosotros:
sos y que ustedes no, pero ustedes están tan pre- ¡Paraos! ¡Paraos! ...
\ o no podía parar. El hombre seguía corrien- sos como nosotros. La prueba es que ustedes no
pueden irse. Para que les pongan á ustedes en lido), por fin, nos alcanzó. Era un compañero. Anbertad, es preciso que nos pongan en libertad á
dando á la par del coche, nos dijo:
nosotros. En realidad, ustedes dependen de nos, - ;Tened cuidado'. Esto está lleno de poliotros mucho más que nosotros de ustedes.
c1as ...
La conversación se hizo general entre nosotros
Inmediatamente se dió cuenta de todo, comy los centinelas. Generalizado el apetito se geneprendió que había cometido una indiscreción y se
ralizó la charla que, á pesar de la solemnidad del
fué. Llegamos al sitio en donde estaba el buque,
momento, se había limitado á un solo tema, nada
Y el coche se detuni. Poro á poco fuimos entranfilosófico ciertamente: la comida. Yo me a,·ergüendo los diez expulsados. l' n jefe de policía anotaba
zo de aquel hambre terrible que llenó de pensanuestros nombres y nos entregaba á un soldado,
mientos Yulgares las horas más épicas de mi exisel cual, por una serie de escaleras y ele pasillos,
tencia. ¡\ pesar de mis lecturas, no recuerdo á ninnos_ conducía hasta la enfermería. Cuando ya esgún héroe que haya sentido en una forma tan imtuy1mos todos allí se nos registró por centésima
periosa el deseo ele comer, y esta reflexión aumen\ ez desde que habíamos sido detenidos. Se puso
con nosotros á cuatro centinelas armados de fusil ta mi desconsuelo.
l'or fin, á eso de las tres ó las cuatro, se oyó
Y de bayoneta calada y se cerraron fuertemente
un chirriar de goznes y se sintieron unas pisadas
todas las puertas que, hasta la cubierta del buque,
fuertes, como de un hombre que ,·a cargado. Se
eran lo menos seis. Pero aun no he enumerado toabrió la puerta ele la enfermería, v, ante nuestros
das las precauciones. En la enfermería había una
ojos anhelantes, compareció un rnarino con una
de esas Yentanillas redondas que hay en el casco
cazuela y sus accesorios.
de los buques y por las que, dilicilmente, cabe la enorme
Carezco de palabras para describir nuestra alecabeza de un hombre. Esta yentanilla daba á la

�íbamos á hendir ni la línea baja del cielo que iba
á elevarse ante nosotros. Se nos había encerrado
y se nos llevaba por fuerza. ¿Adónde? ¿A qué?
Entonces uno de mis camaradas se levantó
p~ecipitadamente y metió su cabeza por la ventanilla. Sacó una voz enfática, y dijo:
. - Podéis ec~arnos á nosotros, pero nunca podéis echar de ah1 nuestras ideas ...
Aquel hombre era el que, la noche antes, me
había dicho que quería pensar una frase célebre.

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gría. Como aquel marino no ha habido otro
que haya tenido un recibimiento tan triunfal, una apoteosis tan grandiosa. La cazuela
contenía una sopa de macarrones abundante
y mala; pero después de tanto apetito no
era cosa de ponerle reparos.
Invitamos á los centine·as que, mucho más desgraciados que nosotros, no habían recibido comida
y que, ante nuestro ofrecimiento, acabaron de perder toda idea de esa dignidad inherente al principio de autoridad. Pero los centinelas eran víctimas
del infortunio. Recién comenzado el almuerzo recibieron orden de irse y nosotros nos quedamos
solos. Notamos gran estrépito sobre la cubierta
del buque. En seguida oímos que recogían el ancla.
El soldado que custodiaba la ventanilla desapareció, y lentamente, muy lentamente, el buque empezó á marchar.
Por fin nos íbamos. Buenos Aires se quedaba
allí, como es natural; pero en él se quedaba también algo nuestro, algo que, en el momento de
partir, nos dolía como si se nos desgarrase. Encerrados en nuestra prisión, no veíamos el mar que

VII
El viaje fué apacible, nostálgico y sentimental.
A poco de zarpar el buque se nos sacó de la enfermería, y nosotros fuimos todo el camino como otros
tantos pasajeros. Eramos libres. Si queríamos abandonar el buque, nadie nos impedía arrojarnos al
agua. Sólo en los puertos, que tanta alegría ofrecen al que, durante varios días, no ha tenido ante
sus ojos más que un mismo horizonte, se nos ponían vigilantes encargados de nuestra custodia.
Los hombres era;-i malos, pero los dioses fueron buenos, y ante la proa de nuestro buque iban
calmando los vientos y las aguas. De estar un poco
mejor instalados, el viaje hubiera sido delicioso;

pero el Gobierno argentino había considerado que,
dadas nuestras ideas, nos ofendería ir en primera
clase. Nuestros pasajes eran de tercera, y en la
proa del buque nos confundíamos con los bueyes
que iban á comerse los pasajeros de las clases superiores.
Yo me explico el que la gente se vaya á América en tercera clase, pero no el que vuelva en
ella. El que va en tercera clase lleva consigo la esperanza de un vellocino que no tardará en indemnizarle de todas sus desdichas; pero, el que vuelve
como se fué, es un fracasado. Nuestros compañeros de travesía eran gentes que habían tenido un
ideal hermoso y que volvían con una triste realidad. Desde lejos habían vislumbrado la gran ciudad transatlfotica en un miraje de oro y de púrpura; pero, á medida que fueron acercándose, la
ilusión se desvanedó, y entonces comprendieron
que toda aquella belleza era el producto fantástico de la lejanía.
Al medio día nos servían un rancho infecto, y
luego lo digeríamos á los acordes de un acordeón.
Había entre nosotros un buen hombre, que en
veinte años de lucha sólo había podido adquirir
un acordeón. Por las tardes, este hombre se sentaba en cuclillas sobre la cubierta y comenzaba á
tocar. Era una música triste. Las notas más alegres salían como sollozos de la vieja caja del acordeón. Yo he pensado que aquel acordeón tenía un
alma, un alma vulgar y agobiada como la nuestra,
y que aquella música tan lament;ible era el alma
del acordeón. A todos nos molestaba el horrible
instrumento y, sin embargo, hdcíamos corro en
torno del instrumentista y nos poníamos á oírlo.
¿No demuestra esto cierto parentesco espiritual
entre el acordeón y nosotros? En cuanto al propietario del acordeón, yo me figuro que, cuando
se muera, se morirá abrazado á él. Se oirá un solo
gemido y, si se acude prnnto, podrá advertirse
una débil vibración en el pecho del moribundo y
en la caja del instrumento: dos vibraciones acordes que formarán una sola queja...
Yo no tenía nada en que ocuparme, como no
fuese en soñar, que es, por cierto, una ocupación
bastante seria. Tendido panza arriba, en lo más
alto de la proa, me ponía durante largas horas á
mirar el cielo. Las puestas de sol eran hermsísi~as. Yo contemplaba toda aquella gloria con atención verdaderamente ref)orteril, y veía cómo la
alta inmensidad se iba poblando de estrellas. Esto
ocurría cuando me colocaba panza arriba. Otras
veces me instalaba panza abajo, con la cabeza fuera
de la toldilla, y entonces examin~ba el mar, que
también era inmenso y también azul. En las noches del trópico, llenas de sopor y de calma, el
mar también tenía estrellas. Yo las veía palpitar
en torno del buque, como flores de plata en un
manto obscuro. De día, la contemplación del mar
~e proporcionaba un grato espectáculo. Largas
hileras de golfines hacían regatas con el vapor. De
cuando e:i cuando, como en un alarde o-imnástico,
salían fuera de las aguas y hacían un pe~fecto salto
mortal. Luego tornaban á hundirse, y acomodaban
su velocidad á la velocidad del transatlántico.
Los pasajeros de tercera se divertían como
podían. Venía entre nosotros un pobre muchacho,
abogado y tonto, que era propietario de dos preciosos objetos: una capa y una hamaca. A primera

hora de la mañana se embozaba en la capa, se instalaba en la hamaca y se dedicaba á desdeñarnos.
¿Puede imaginarse cada más ridículo? Una capa y
una hamaca son dos objetos tan distintos, tan contradictorios, que únicamente se les concibe hermanados en la vanidad de un hombre. La capa es
para el frío y la hamaca es para el calor. La capa
es para el invierno y la hamaca es para el verano.
La capa es para andar, para pasearse, y la hamaca es un instrumento de pereza, para dormir y fantasear. Llegamos á la misma línea ecuatorial, que
nos fué indicada por un cañonazo. Pues, en la
misma línea ecuatorial, nuestro hombre estaba perfectamente embozado en su capa.
Una vez cosieron sigilosamente, y sin que su
propietario lo advirtiera, la capa á la hamaca. Llegó la hora del rancho, y el joven jurisconsulto quiso levantarse; pero aquel día la capa tenía un peso
mucho mayor que de ordinario. El abogado, por
no dejar la capa, dejó de comer.
Otro día, mientras echaba una siesta, le pintaron al abogado la cara con un corcho quemado.
La tripulación formó corro alrededor suyo y lo
despertó con su gritería. El abogado siguió despreciándonos. La gente se reía y, poco á poco, el
abogado se creyó en el caso de escamarse.
- No sé de qué se ríen ustedes ...
- Nos reímos de usted.
- ¿Es que tengo monos en la cara?
- Sí, señor.
Entonces el abogado corrió á mirarse en un espejo y se cercioró de que, efectivamente, tenía
monos en la cara. Se lavó, se embozó, se sentó y
nos despreció más profundamente que nunca.
Nosotros intimamos pronto con el resto de los
pasajeros. Por las noches nos poníamos al lado de
la cocina y nos constituíamos en mitin. Allí, Troitiño hacía largas disertaciones sobre temas de la
filosofía anarquista, y el joven de la frase célebre
adoptaba actitudes apostólicas.
U na mañana vimos una nube en el horizonte.
Un mismo grito salió de mil gargantas:
- ¡Tierra! ¡Tierra! ...
Ante los navegantes, las ciudades se aparecen
como nubes, y esta circunstancia constituye un
divino ptivilegio de belleza que los reyes no pueden otorgar á las poblaciones del interior. Había
un pasajero que tenía un catalejo, y el catalejo fué
pasando de mano en mano.
- Yo creo que no es tierra. Es una nube.
- Le digo á usted que es tierra.
Era tierra, en efecto. Era Santa Cruz de Tenerife. Serían á la sazón las nueve de la mañana y
hasta media tarde no llegamos al puerto. Sin embargo, aquello nos llenó de alegría y nos proporcionó un agradable entretenimiento. Arrimados á
la toldilla del buque, íbamos observando cómo se
concretaba poco á poco la vaguedad de la primera visión, cómo la nube se iba convirtiendo en tierra, cómo el color azul iba tornándose amarillento
y salpicándose de motas blancas. El pico de Tenerife, coronado de nieve, se perdía en el cielo. En
cuanto al puerto de Santa Cruz, me pareció uno de
esos prodigios que hacen los confiterns en lastar·
tas familiares y onomásticas. Permanecimos en el
puerto una~ cuantas horas. Infinidad de pequeñas
barquillas rodearon el buque des'le el primer momento, y los vendedores ofrecían á los tripulantes

�paquetes de tabaco, cerillas, refrescos, higos, plátanos y naranjas. Cerca ya del anochecer, el buque zarpó. La isla tornó á esfumarse poco á poco;
los colores fueron desvaneciéndose en una misma
nota vaga y azul, y, por último, la noche los recogió en su obscuro seno, como recoge á las nubes
del crepúsculo.
En Cádiz tuvimos noticias de Buenos Aires.
Basterra, aburrido en Montevideo, volvió á la capital de la Argentina para encargarse de escribir
La Protesta. Ocurrió lo que debía ocurrir. Lo cogieron, lo metieron dentro de un buque alemán y
le dieron un pasaje para España. Al llegará Montevideo, Basterra fué á ver al capitán del buque y
le dijo:
- Yo quiero irá tierra.
Y el capitán le contestó:
- Uaga usted lo que le dé la gana. Váyase á
tierra y vuelva, ó quédese. Yo no soy carcelero de
nadie.
Basterra se fué á Montevideo y se quedó allí,
en donde vendió su billete por treinta ó cuarenta
duros. Fué una broma admirable que Basterra ejecutó para reírse del Gobierno argentino y para ganarse algún dinero. El hecho tuvo en los periódicos mordaces comentaristas. Días después fué detenido en Buenos Aires Oreste Ristori. Se le expulsó á Italia; pero, á fin de evitar que hiciese lo
que Basterra, se mandó con él á un policía encargado de vigilarlo de día y de noche.
Llegó Ris~ori á Montevideo y comenzó á pasear
por la cubierta del barco. El policía paseaba tras
él. De pronto, Ristori dió un salto y se colocó sobre la toldilla, en un sitio donde había una escalera.
- Si pretende usted acercarse - le dijo al policía - va usted al agua.
Y Ristori se comenzó á desnudar. La tripulación presenciaba aquella escena con asombro y
con inquietud. Ristori se quitó la americana y se
la arrojó al policía sobre el rostro, se deslió de sus
botas ) se las tiró también. Cuando estuvo casi

desnudo, saludó á los pasajeros que le contemplaban, y desde aquella enorme altura se arrojó al mar.
A todo esto, una falúa se acercaba al buque.
Esta falúa iba tripulada por Basterra, por Orsini y
por otro anarquista que se llamaba de Diego. Ristori desapareció por un instante bajo las aguas, y,
á poco, se vió reaparecer su robusta cabeza, cuyos cabellos chorreaban. Nadando llegó hasta la
falúa, y sus camaradas le recogieron.
Entonces los tripulantes del buque asistieron
á un espectáculo bien extraño y que no tiene precedentes en episodio alguno. Desde la falúa, aquellos valientes se constituyeron en mitin y comenzaron á pronunciar discursos ante la tripulación
del transatlántico, agolpada en la borda. El primero que habló fué Ristori, revolviendo, en un gesto
que le es familiar los cabellos, entonces empapados. Luego habló Basterra y después Orsini. En
dos idiomas distintos los oradores combatieron la
ley de expulsión y razonaron las ideas que profesaban. Luego, y como el arte de la elocuencia no es
incompatible con el arte de la navegación, aquellos brayos muchachos hundieron sus remos en el
agua y se dirigieron á Montevideo.
Locascio, que tenía algunos ahorros, tomó para
su valiente compañera un pasaje de primera clase
en el mismo buque donde él fué expulsado. En
cuanto á los demás, se esparcieron por toda la tierra y yo ignoro su porvenir. Unos cuantos, que
marcharon juntos á Río Janeiro, publicaron allí un
número único de un periódico titulado La Voz del
Destierro. Otros abandonaron la lucha y otros la
reno\·aron allí adonde fueron á parar.
La ley de expulsión torció el destino de muchas vidas, con lo cual unas fueron ganando y
otras perdiendo. ¡Qué importa! El hada Aventura
puede no ser buena, pero siempre es bella y nosotros la amábamos. No habíamos vivido nunca en
la realidad, y no era cosa de inquietarse por lo que
de ella hubiésemos podido perder. Para soñar es
igual cualquier rincón de la tierra, y para mirar al
porvenir nada mejor que deshacer el pasado.

El [uBnfo5Bmnnal

Lfl MllÑECfl
NOVE LA POR /"\IGUEL
SAWA

=

ILUSTRACIO-

NES DE /V\EDINA VERA

FIN

Reservados todos los derechos de propiedad artlstlca y lltetar la. m No se devuelven los or1111nales.
Fotofrabados de Dnr á y Compañla.1:7;&gt;t7-&gt;m1:7-&gt;m Imprenta de José Blass y Cia., San /'\ateo t, Madrid.

30 [ínts.

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                  <text>La publicación, que aparecía semanalmente, fue fundada por Eduardo Zamacois. Fue una de las diversas colecciones que florecieron durante las décadas de 1900, 1910 y 1920, con un carácter pionero, al tratarse de la primera colección literaria de novela corta publicada en España en formato de revista.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>Consultorio Grafológico</name>
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                    <text>paquetes de tabaco, cerillas, refrescos, higos, plátanos y naranjas. Cerca ya del anochecer, el buque zarpó. La isla tornó á esfumarse poco á poco;
los colores fueron desvaneciéndose en una misma
nota vaga y azul, y, por último, la noche los recogió en su obscuro seno, como recoge á las nubes
del crepúsculo.
En Cádiz tuvimos noticias de Buenos Aires.
Basterra, aburrido en Montevideo, volvió á la capital de la Argentina para encargarse de escribir
La Protesta. Ocurrió lo que debía ocurrir. Lo cogieron, lo metieron dentro de un buque alemán y
le dieron un pasaje para España. Al llegará Montevideo, Basterra fué á ver al capitán del buque y
le dijo:
- Yo quiero irá tierra.
Y el capitán le contestó:
- Uaga usted lo que le dé la gana. Váyase á
tierra y vuelva, ó quédese. Yo no soy carcelero de
nadie.
Basterra se fué á Montevideo y se quedó allí,
en donde vendió su billete por treinta ó cuarenta
duros. Fué una broma admirable que Basterra ejecutó para reírse del Gobierno argentino y para ganarse algún dinero. El hecho tuvo en los periódicos mordaces comentaristas. Días después fué detenido en Buenos Aires Oreste Ristori. Se le expulsó á Italia; pero, á fin de evitar que hiciese lo
que Basterra, se mandó con él á un policía encargado de vigilarlo de día y de noche.
Llegó Ris~ori á Montevideo y comenzó á pasear
por la cubierta del barco. El policía paseaba tras
él. De pronto, Ristori dió un salto y se colocó sobre la toldilla, en un sitio donde había una escalera.
- Si pretende usted acercarse - le dijo al policía - va usted al agua.
Y Ristori se comenzó á desnudar. La tripulación presenciaba aquella escena con asombro y
con inquietud. Ristori se quitó la americana y se
la arrojó al policía sobre el rostro, se deslió de sus
botas ) se las tiró también. Cuando estuvo casi

desnudo, saludó á los pasajeros que le contemplaban, y desde aquella enorme altura se arrojó al mar.
A todo esto, una falúa se acercaba al buque.
Esta falúa iba tripulada por Basterra, por Orsini y
por otro anarquista que se llamaba de Diego. Ristori desapareció por un instante bajo las aguas, y,
á poco, se vió reaparecer su robusta cabeza, cuyos cabellos chorreaban. Nadando llegó hasta la
falúa, y sus camaradas le recogieron.
Entonces los tripulantes del buque asistieron
á un espectáculo bien extraño y que no tiene precedentes en episodio alguno. Desde la falúa, aquellos valientes se constituyeron en mitin y comenzaron á pronunciar discursos ante la tripulación
del transatlántico, agolpada en la borda. El primero que habló fué Ristori, revolviendo, en un gesto
que le es familiar los cabellos, entonces empapados. Luego habló Basterra y después Orsini. En
dos idiomas distintos los oradores combatieron la
ley de expulsión y razonaron las ideas que profesaban. Luego, y como el arte de la elocuencia no es
incompatible con el arte de la navegación, aquellos brayos muchachos hundieron sus remos en el
agua y se dirigieron á Montevideo.
Locascio, que tenía algunos ahorros, tomó para
su valiente compañera un pasaje de primera clase
en el mismo buque donde él fué expulsado. En
cuanto á los demás, se esparcieron por toda la tierra y yo ignoro su porvenir. Unos cuantos, que
marcharon juntos á Río Janeiro, publicaron allí un
número único de un periódico titulado La Voz del
Destierro. Otros abandonaron la lucha y otros la
reno\·aron allí adonde fueron á parar.
La ley de expulsión torció el destino de muchas vidas, con lo cual unas fueron ganando y
otras perdiendo. ¡Qué importa! El hada Aventura
puede no ser buena, pero siempre es bella y nosotros la amábamos. No habíamos vivido nunca en
la realidad, y no era cosa de inquietarse por lo que
de ella hubiésemos podido perder. Para soñar es
igual cualquier rincón de la tierra, y para mirar al
porvenir nada mejor que deshacer el pasado.

El [uBnfo5Bmnnal

Lfl MllÑECfl
NOVE LA POR /"\IGUEL
SAWA

=

ILUSTRACIO-

NES DE /V\EDINA VERA

FIN

Reservados todos los derechos de propiedad artlstlca y lltetar la. m No se devuelven los or1111nales.
Fotofrabados de Dnr á y Compañla.1:7;&gt;t7-&gt;m1:7-&gt;m Imprenta de José Blass y Cia., San /'\ateo t, Madrid.

30 [ínts.

�El [uBntoSBmanal
Se publica los viernes

Oficinas: Fuencarral 90
Teléfono 2054
Apartado de Correos núm. 409

¡M.a drid

flDVERTENClfl
Por una ausencia inesperada d e nuestro colaborador artístico Medina Vera. no ha podido
ilustrar dicho artista el presente número. Como
cuando recibimos el anuncio de su viaje estaban
ya impresas las portadas, y en semanarios de tan
considerable tirada como EL CUENTO SEMANAL no
es posible improvisar un segundo tiraje, cosa que,
de ser factible, hubiPramos dispuesto sin reparar
en gastos, al anunciar al público que los dibujos
son de Lozano Sidro, esperamos que sabrá perdonarnos la errata.

AÑO I • 1.º Noviembre 1907 • N.º 44

Precios de suscripción:
l"\adrld y provincias: Trlme.si~e :3,25 pesetas.
Semestre 6 pesetas. Año 11.
Extranjero: Semestre 10 peselas._.e,.ño 18.
Anuncios á precios convencionales.

Númeto suelt.o:

La Semana

3Ü

C é n ti ffi OS

r.

Comedla. - La co
con que este teatro inauguró
el sábado la temporada, r
~~mogénea y ac.:ptable en conjunto, como
ro vaudevill.,sco
qu.:, al parecer, trata tMe
ar exclusivamente
este elegante coliseo.
!...J
,
La ZtZncadilla y El 111atrmffltl
'r,o, obras elegidas
para la prest!ntación d~ la compaílfA, olttuvi.:ron esm.:r•da
interpretación, mereciendo cilarse la Srta. Oria y los señores Calvo, Mendiguchía y Ramírez.
El público se vió gratamente sorprendido con la reforma, largo tit!mpo demandada en vant&gt;, de un café elegante,
confortable y ~en servido. Tirso Escud.:ro la ha realizado,
tomando por su cuenta d café del teatro de la Comdia, que
se ve concurridísimo, y que es hoy por hoy d cenáculo y
mentidero de la gente de letras.

Gra,n Teatro. - La compañía que dirige el aplaudido
actor Sr. Salvat - que, como de ello suponemos enterados á
nuestros rectores, hará una t.:mporada en dicho coliseo, ofreJCCC
CCIXi
ciendo al público arte bueno por un precio inverosímild.:butó el sábado con el vaudeville de Luis de Larra Jl,Iodtrnis11Ío, que no produjo frío ni calor al respetable.
Libros Revistas
, Modernismo es obra vaciada en antiguos moldes, y aunque á ratos hace reir, no ofrece ori¡:inalidad en las situacioGulgnol, por José Francés. - l\I. Pérez Villavicencio,
nes y tipos. El diálogo, chispeante é int.,ncionado, es lo meeditor, Madrid.
jor de la obra.
José Francés es uno de los escritores más notables de la
El Sr. Salvat füé bastante aplaudido por el público numeúluma g,meración. Entre su novela Abrazo mortal y los cinco
roso que ocupaba el teatro.
cu.,nios de su Gu'gn ol hay mucha distancia. De año en año
Zarzuela. - El éxito indiscutible de las obras estrenadas
este autor s" perfecciona; da á su sintaxis fl x:bili,lad eleen teatros de género chico en lo que va de temporada, es ingante, enriquece su léxico y depura la originalidad de sus
dudablemente para los Quintero. La patria chica gusta más
{ábulas,
Guig11ol e, un libro triste, intensamente triste, que derra- , cada noche, y es la obra que más llenos está proporcionanma por d espíritu del lector laxitud mortal. Esta emC'ción ' do á la empresa.
Esta procura dar variedad a1 cartel, intercalando obras
de melancolía persiste largo rato. Hemos leído la última pádel antiguo repertorio. Ullimamente se han representado en
~ina, y, sin motivo concreto, permanecemos absortos, desel precitado coliseo los Madgyares y una traducción de Paori.:ntados "º la rndancolía de que todo cuanto hagamos
gliacci al castellano.
por sustraernos al «dolor de vivir» es inútil. La juventud, las
ilusiones, l~s risa~, todo es efímero; en el «guignol» humano
Belava.-/ Anda la diosa/ Este es el título de la obra estre, ólo h•y u11a ,.,aJi&lt;tad: la muerte.
nada la semana anterior eo el llamado templo de la ~icalip0/rwdns dt v ida es un cuento inspirado por el pesimissis, y ésta la frase con que comentaba la g.:nte el abucheo
mo más d.:solador, pero hermosamente siniestro, con bellecon que fué acogida la obra. ¡ Anda la diosa!, que es un arreza punzant" inolvidable; U11a tardt fru,¡uita de Mayo•.. e-s
glo - desarreglo han dicho algnnos rotativos - de Orfeo m
una narración allamente poética, de dulzura inefable; en La
los infiernos, carece de muchas de las condiciones exigibles
ltyenda rota hay un breve soplo de salud y de vigor; en
á las obras de su género.
Cuando las hojas caen, suena p ia1tissimo la elegía de los amoEllo no obstante, sigue representándose, y como hay tires concluidos; en La fuente del mal, la duda triunfa, y ante
ples guapas, lujoso atrezzo, etc., etc.• el público se fija más
la esfinge que no habla, «Diódolo», el filósofo escéptico,
en los buenos palmitos que en los chistes trasnochados, y
«cruzado de brazos, sonríe».
váyase lo uno por lo otro.
El libro de Francés es bello, muy bello, pero malsano.
LaAlegre Trompetería continúa representándose con creDespués de leerlo, el escritor rompería su pluma; el pintor
ciente éxito.
colgaría su paleta; el industrial cerraría su fábrica; el labrador entregaría el surco á la cizaña.
¡Oh juve ntud! Tú que eres fuerza, esperanza, alegría, fe,
¿por qué te complaces en llamar al dolor? - E. Z.

·'

..

y

CHAMPAONE BINET
REIMS

Accediendo á reiteradas súplicas de nuestro• lectores y coleccionistas, hemos comenzado á reimprimir
los diez y ocho números agotados de BL CUBNTO SBM.ANAL.

B.ia edición, que en algunos números, como sucede
con los firmados por J. Octavlo Picón, J. Dicenta y algún
otro, es In euarta que de ellos hacemos, exige cuantiosos desembolsos á esta empresa. Ello no ob•tante, deseando corresponder al favor con que el público nos
distingue y honra, el precio de dichas nuevas ediciones
continuará siendo el de 30 céntimos ejemplar.

SUPERIOR Á TODOS LOS DE IGUAL PRECIO
VIVIR CON LA SALUD SUJETA Á LAS CONSTANTES MUDANZ._S DEL TIEMPO, ERA EL TRISTE DESTINO DE LOS
REUMÁTICOS MIENTRAS EL BÁLSAMO DE ORIVE FUÉ
DESCONO 'IDO DE LA HU\\ANIDAD. 2 PESF.TA&lt;: FRASCO

LA HABANERA, loyBrla y Platerla
Vende las cadenas de oro de ley con la garantía del contraste oficial, á menos de 4 pesetas el gramo. l\lontera, 31.

l"\IGUEL SAWÁ
(

r

r '

•. ~CGr·
t Z!

.

LA ·MUÑECA
QUELLA noche - como todas las noches el marqués de H ugo estaba completamel}.te borracho.
• ·
- Créame usted , amigo mío : d espués del
cham pagn e - ¡oh, yo e ntiendo mucho de estas
cosas! - , no hay nada mejor que el cognac; así
como, después de l cognac, no hay nad a mejor que
el champagne.
Hizo una pausa.
- No hablemos de mujeres. ¡ Mala peste en
ellas! Yo opino como Salomón: «Entre mil hombres, h ay uno bueno; entre tod as las mujeres del
mundo, no hay una bue na. »
Los ojos del marqués se iluminaron de repente con luz de fuego; luz de fuego instantánea
como la del relámpago, tan pronto encendida
como tan pronto apagada.
- ¡No, no hay una ouena! - gritó-. ¡Oh ,
las conozco muy bien ! Cincuenta y dos años
- ¡toda u na vida! - dedicado á estudiarlas ...
Sé mucho, por eso, d e psicología femenina. Como
Gcethe, yo he sometido á la investigación y al
análisis el alma de mis que ridas. Y '1.e llegado á
esta tremenda co nclusión: ¡ni u na b ue na!

A

~:)

: ,;!
1' '

ti':

;¡:!"!

..!

'

El marqués a puró d e un t rago su c:opa de
cognac, y re~itió iracundo :
')
- ¡Ni u na buena!
Y d espués de una larga pausa:
- Voy á contarle á usted, en apoyo de nii
tesis, la h istoria de mis amores con la Fanny
I-Iarrison, la célebre Fanny Harrison , qu e hizo
popular en todo el mundo su sobrenombre de
la llfuñeca. ¿Llegó usted á conocerla? Fué la
mejor mujer d e su tiempo, un encanto de criatura .. . Pero sin corazón, como todas: sin corazón.
Otra pausa.
- Sí. . . voy á contarle á usted ... Afortunadamente, estamos solos. Esta j uventud de ahora
es poco aficionada á trasnochar. ¡Si viera usted,
hace años, cómo estaba el Casino á eso de las
cuatro! ... Pero ya la gen te - repetir é la frase
de los viejos - no sabe d ivertirse.
Y n uevamente y fugazmente llamearon sus
pupilas con fulgor rojizo.
- Sí. . . voy á contarle á usted . . . ¡ Oh , es
una historia muy interesante ! IIoy me siento expansivo. Efectos del cognac. Con su permiso, voy

�á servirme otra copita. llay que acabar la botella. Luego nos dedicaremos al champagne.
Y apuró de un trago la copa.
- ¿Efectos del cognac ó mandatos imperativos
de la conciencia? ¡No lo sé! El hecho es que siento una i1J1periosa, una irresistible necesidad de hablar, de contarle á alguien ... ¡Oh, ya verá usted;
es una historia que µarece una novela! Escuche
usted. Y nada de interrupciones. ¡A interrumpir
al Congreso!
Y el marqués comenzó así su relato.

** *

-

- Sí que parecía una muñeca, una divina, una
adorable muñeca de carne... Sus ojos azules, de
extraña inmovilidad, eran como dos astros extáticos en el cielo de su cara; su boca, de labios sangrientos como los bordes de una herida, se prolongaba, se alargaba en una sonrisa, en una contracción banal; era su pelo de sol, partido en hebras doradas y fulgurantes; teñíanse sus mejillas
con la púrpura de las rosas... Una mmieca, una
divina, una adorable muñeca de carne...
Su cuerpo no, su cuerpo era exuberante de
sexo, de gracia femenina. ¡Ave, mujer!
Alta, delgada, el cuello ancho y largo, lleno de
vida, los senos pequeños pero audazmente erectiles, el vi'entre «como una taza &lt;le plata&gt;, que dijo
Salomón, los muslos fuertes, bien nutridos de carne, las piernas ligeras, ágiles, duras, como torneadas por un artífice.
Para completar este esbozo de retrato, debo
hablarle á usted de las manos de la Muit, ca - largas, finas, transparentes, suaves, acariciadoras,
casi inmateriales - y de sus pies, invisibles por
lo pequeños, que había que descubrirlos con el telescopio como á los astros, pies especiales de bailarina, hechos para posar sólo en el espacio.
¡Oh!, había que verla cuando se presentaba en
escena de muñeca, vestida, muy ligeramente vestida, de sedas y encajes, suelta y desparramada
sobre la espalda la cabellera áurea, el seno desnudo, las piernas y los brazos al aire...
Un foco de luz, que iba gradualmente cambiando de color, la iluminaba con todos los esplendores del iris, en una constante apoteo,is.
La J,[uñ, ca paseaba por la escena, andando á
saltitos como los pájaros, y sonriendo siempre, con
su sonrisa banal y acariciadora.
La orquesta acompañaba sus pasos con los sones alegres de un vals de Strauss, y ella miraba
fija y distraídamente al público con sus ojos extáticos, llenos de misterio ...
Fanny cantaba luego, con su ligera vocecita
de niña, una canción inocente como una égloga, y
que, sin embar~o, entusiasmaba á aquel público
canalla, titulada la A/u,zeca en el bosque.
Quiero contarle á usted la historia de mis amores con Fanny sin omitir el más mínimo detalle. Todo lo pequeño puede ser grande, y viceversa.
Asunto de La !,f11iicca en el bosque.
Pues señor, érase que se era una chiquilla que
despertaba todas las mañanas con el sol, y á hurto
de sus padres, se escapaba al campo para andar

descalza p.:,r entre las hierbas, húmedas de fresco
rocío.
Y Fanny se quitaba sus zapatitos de raso, mostrando al público la monería de sus pies desnudos - dos preciosos juguetitos de carne blanca y
rosada, del tamaño de un beso-, y corría loca por
la escena, riendo á carcajadas.
Luego venía la madre y castigaba á la niña con
sendos golpes. La "Jfitñt'ca lloraba á gritos, y con
sublime impudor mostraba al público las partes de
su cuerpo maltratadas por su madre.
Después de La !,/wieca en el bosque, Fanny repre~entaba un drama mímico, digno por su asunto
de Merimée, titulado EJ cuchilla y la rosa.
El bandido Alejandro, merodeando en el bosque, encuentra á la bella Dorotea, que ha ido á
contarle á la Luna, la eterna confidente de todos
los enamorados, sus cuitas de amor.
El bandolero admira codicioso las ricas joyas
con que se adorna la desesperada, y enarbolando
su cuchillo, se dirige á ella, decidido á ase~inarla.
Dorotea entonces comienza á bailar una danza
voluptuosa que enloquece de deseos al miserable-. «¡Tu amor!&gt; - grita frenético. Ella sonríe
y le ofrece el ramo de rosas que florece en lo alto
de sn corpiño-. ,¡Ven!&gt;
El bandido, después de besarla, enamorado, en
la boca, la entrega su cuchillo-. «11.átame, si no
has de quererme.&gt; Dorotea coge el arma en sus
manos, juguetea con ella, y de pronto se la clava
al bandido en el corazón.
Alejandro muere. La Luna se torna roja. Y
Dorotea llora, arrepentida de su crimen.
Había que ver á la Muñeca bailar la danza que
enloqueciera al bandido Alejandro.
Era la bacante ebria del vino nuevo y del amor
nuevo, excitando al pecado con la actitud, el gesto y el movimiento, convulsionada y frenética.
Pero lo más interesante de la !,fmieca en aquellos momentos eran sus piernas, flexibles y nerviosas como las de un potro árabe, sus piernas
«inteligentes&gt;, poseídas por el vértigo de la danza, que parecían grahar en el espacio signos y palabras misteriosas, sólo comprensibles para los iniciados en la alta hermanéutica del divino artP de
Terpsícore.

* **
- Todas las noches, al comenzar el espectáculo, ya me tenía usted en mi sillón de orquesta, esperando impaciente que se alzara el telón
para gozar una vez más de la presencia de la
1,/mkca.
Era una especie de sugestión hipnótica la que
aquella mujer ejercía sobre mí. Mis sentidos adquirían al verla mayor sensibilidad, mayor potencia.
Al aparecer en las tablas, mis ojos, fascinados,
ya no podían dejar de mirarla; y mi nariz se rlilataba, como la de un animal en celo, para aspirarla
mejor, para gustar mejor el perfume de mujer que
transcendía de su cuerpo.
Todas las noches, al salir á escena, Fanny me
miraba fijamente, con sus ojos extáticos, y prolongaba la sonrisa banal de su boca sangrienta.

\'o temblaba al
\'et la, cumo :í la presencia de un peligro,
presa de extraño
m a I estar físico, y
contestab:i, pálido de
emoción, con una leYe sonrisa :'t su oonrisa acariciadora.
Después parecía
ol\'idarse de mí y ya
no me miraba ni me
sonreía en toda la
noche. Esta actitud
de estudiado desdén
me irritab:i, mecxaspcrab:i hasta la locura.
Algunas veces;
para llamar su atención, la interrumpía,
aplaudiéndola, en el
comienzo de uno de
sus co11plcts.
Ella seguía cant~nclo impá\'ida, sin
dignarse volver :í
fijar en mí sus ojos
de misterio.
Y todas las nochc:s me marchaba
del teatro desesperado, jurando no ,·olver, y maldiciendo
del amor y de las
mujeres.
·Pero á la noche
siguiente ya me tenía usted en mi sillón de orquesta, esperando, impaciente,
que se alz:ira el telón para goz:ir una vez más de la presencia de
b 1lfo1,ccrr.
Estab:i perdido de amor por aquella mujer.

*

* *
LleJué ú ser un «habitual, del teatrucho donde s~ e_xl~ibía Fanny.
l~l umco_ acon_10dador del coliseo, antiguo bastrn~ero! ya hcenctado por sus años de no sé qué
bailes tnmundos, me saludaba todas las noches á
su modo, _encasquetándose la gorra, y me preguntaba sonriendo:
- ¿_I;a butac~ de siempre?
- S,, la de siempre.
d' Ta_?1 bién la. florista - una arrapieza como de
. 1~2 anos,de OJOS pen·ersos y hablar desvérgonza ~ - me trataba como, á antiguo conocido y
,·cni~ en todos los entreactos á ofrecermé su ~anaSt1llo de pobres flores niustia·s.
- ¿~a&lt;:emos un ramito para la llf11iiecrr?
tro ~I publ_ico canalla qúe llenaba á diario d tea' ugest1onado ·c ómo yo por la belleza de Fanny, comentaba mi prese1Ícia ¡le diversos modos.
- Es un marqués.
• •
- Dicen qul~ ha sido ~ií1istro.

- \' que es algo de Palacio
- Está loco por la J,1111iecrr. ·
- ¿Ilas \'isto c&lt;'&gt;mo la mira&gt;
- l~ues ella no está por él.
- Ella ... ella está por el dinero.
- ¡Nones! ·
.
,
- Enséñale un Cabarrús y verás.
- Para mí lo quisiera.
- ~ aunque sea un Quevedo:
-1ampoeo.
- Cuando yo te digo ... La llfufíeca es como
todas las mujeres de su clase.
- ¡:\lentira!
- Vamos, que para ti la ./Jf1tiieca y la Virg&lt;'n
de la Paloma...
- ~o tanto.
:- Parece mentira que seas hijo de Madrid y
nacido en la calle de Los Tres Peces.
- Otros los hay más brutos.
- ¿Es alusión?
- C~ll~, que nos está oyendo el marqués,
- ¡"\ahente marqués!
Y yo los oía, sí, aterrado de mi degradación,
pero sm rnluntad para huir de aquel antro.

** *

�-

ttsd tl3%

MÍít

- Una tarde, aquí, en este mismo saloncito,
me contó el pobre Cienfuegos, muerto hace poco
tiempo, y de quien seguramente fué usted amigo
- era uno de los hombres más populares de Madrid-, la historia de Fanny.
- ¡Vaya si la conozco! - me dijo-. ¡Demasiado! Yo he sido uno de tantos que han sufrido
amor por ese adorable monstruo. Pero al fin me
convencí de que era una mujer imposible. Y la
dejé antes que ella me dejara á mí. En la guerra,
como en el amor, no hay como una retirada á
tiempo. Debe ser terrible eso de oir á una mujer:
«¡Ahueque el señor!• ¡Terrible!
Sí. .. ¡vaya si la conozco! Una mujer distinta á las demás, una mujer extraordinaria. ¡Tenga
usted cuidado con ella! Nada de liarse. Hay que
huir de toda complicaci6n con Fanny. Si llega usted á caer en la red, está perdido. Y a no oodrá usted escapar. ¡Mucho cuidado, joven!
·
Y como respuesta á una interrogación mía:
- Cuando usted quiera. Es mujer que no se
niega al que sabe solicitarla. Pero insisto: nada de
enfrascarse. Fanny no es capaz - al menos yo no
la creo capaz - de querer á nadie. No hay quien
pueda vanagloriarse, no hay quien pueda decir en
verdad que ha hecho sentir á esa mujer. Fanny es
una verdadera muñeca de carne. En ella
«no hay una fibra qne al amor responda»,

como dijo el poeta.

Yo la creo incapaz de toda emoción física. ¿Me
comprende usted? ¿Falta de sensibilidad ó exceso
de sensibilidad? ¡Vaya usted á averiguarlo! Estas
cuestiones son muy hondas. Y o no sé de psicologías, ni quiero. Pero, en cambio, como le he dicho
á usted antes, sé escapar á tiempo.
Conozco á muchos don Juanes, hombres expertos en el amor, que han tratado de animar el mármol de su cuerpo. ¡Inútil empeño! Fanny es incombustible como el amianto. Puedo asegurarle á
usted que esa mujer está virgen de toda sensación
amorosa. De ahí que sea más apetecible. Pero no
olvide usted que quien ama el peligro, en _él muere
¡Psch! Después de todo, yo creo la empresa
dificil, pero no imposible. Ya le h~ dicho_ á usted
que en otro tiempo .. . Pero para ciertas aventuras
hace falta el valor de un Quijote. Y yo toda la vida
me he sentido algo Sancho.
·
Además, me encuentro sin fuerzas. Estoy en
los sesenta y cinco.
«¡Funesta edad de amargos desengaños!»

A mí déjeme usted de fantasías. Mujeres como
la Mztiieca, para usted, que todavía no ha pasado
de los cuarenta. Yo he decidido ya jubilarme. ¡Pero
con un haber de recuerdos gloriosos que otros
para sí quisieran! ¡Y que me quiten lo bailado!
Y como yo le instara nuevamente para que me
contara la historia de Fanny:
- Una historia muy accidentada, como todas
las de esas mujeres; una historia digna de ser llevada al libro ó al teatro.
Los padres de Fanny fueron famosos en su
tiempo, allá por los primeros años de la Res-

tauración. Seguramente, más de una vez
habrá usted oído hablar de ellos. El, el padre, era inglés, jockey de profesión - un
gran jockey, una especie de centauro á la
moderna - , y le llamaban de mote lo misrno que á su caballo predilecto: Perfecto IX.
Ella, la madre, era andaluza, nacida en Cártama, pueblo de la provincia de Málaga,
bailaoray cantaora de oficio, y conocida con
el sobrenombre de la Merengue. ¡ Ilustres
progenitores los de la pobre Fanny!
Es sabido el poder que las andaluzas
ejercen sobre los ingleses. Ver Perfecto IX
á la Merengue y enamorarse de ella fué todo
uno. Y como la Merengue, al fin y al cabo,
era una moza honrada, y corno la pasión quita conocimiento, Perfecto IX, después de
pensarlo mucho, acabó por irse á vivir con
ella, sin duda para que le cantase y le bailase á él solo.
Al decir de la gente, el inglés y la andaluza fueron muy felices en su matrimonio.
Curra, según la llamaba su madre; Fanny,
según la llamaba su padre, fué el principal
elemento de esta felicidad.
Pero las dichas de esta vida son de corta, de bien corta duración. Un día de carreras, Perfecto IX(el caballo), al saltar un obstáculo, tropezó y cayó, dando en tierra con
Perfecto IX (eljockey), que, á consecuencia
del porrazo, sufrió tan fuerte conmoción cerebral, que á las tres horas del percance entregaba su alma á Dios.
La Merengue lloró, mientras tuvo dinero, la muerte de su marido; pero después,
obligada por la necesidad, volvió al tab/ao
en busca del pan nuestro de cada día. Sólo
que, para olvidar sus penas, bebía ahora
aguardiente, todo el aguardiente que le pagaban, y la mayoría dP. las nocht&gt;s, al regresar á su casa, llevando corno única compaúía á su hija, iba agarrándose á las paredes
para no caerse, y llorando á lágrima viva en
recuerdo de su malogrado Perfecto.
Y claro, á fuerza de beber perdió la voz,
l~s años la hicieron engordar, y como al público le
titó por meterse con ella, acabó por no tener teat:o
ni café que la contrataran.
La pobre Merengue no servía para otra cosa
que par~ cantar soleares y seguirillas y bailarse
11nas sevillanas ó un tango ó lo quP. se «terciara•.
S; le cerraron las «puertas del cante, - como decia ella-y se encontró de pronto sin medios para
defender su vida y la de su hija. ¡A morir los caballeros!
La Merengue no tardó mucho tiempo en adoptar una resolución. «El quinto. . . no estorbar»
(frase admirable en la que ella sintetizaba su modo
de ser filosófico), y una noche, después de besar
mucho á Fanny, se dirigió al Viaducto, y aprovechando un descuido de los guardias se encaramó
~obre la barandilla, y... , ¡púm!, allá fué su pobre
cuerpo, después de dar unas cuantas volteretas
¡,or el espacio, á estrellarse en el empedrado de
la calle de Segovia.
d De modo que Fanny vino á quedar huérfana
e padre y madre á la edad de trece años.
Su primer protector fué el duque de las Tres

Gracias, gran spormant, amo un tiempo de aq·11e1
pobre Perfecto IX, muerto gloriosamente, en el
ejercicio de su profesión, una tarde de carreras.
El duque de las Tres Gracias era hombre que
pasaba de los sesenta cuando tomó bajo su amparo á la hija de su antiguo jockey.
Aquel don Juan gotoso, que tenía, como Barba
Azul, su leyenda trágica de amor y de sangre,
gustaba, á pesar de sus años, y quizá por sus años,
de la carne joven y fresca.
El caso es que Fanny tuvo que huir de su compañia, horrorizada. ¡Buen modo tuvo de conocer
el amor la pobre niña! ¡Y todavía nos quejamos de
su insensibilidad y de sus repugnancias!
Fanny sustituyó al duque de las Tres Gracias con el célebre transformista Capuani, un bellaco de gran hermosura, que imitaba á la perfección á las estrellas de París y muy especialmente
á la Cleo.
Aquel demonio de Capuani - ¿se acuerda usted de él? - , cuando salía á escena caracterizado parecía completamente una mujer. Había
que verlo con su traje ceñidísimo de mallas, para

�mejor lucir las formas, haciendo piruetas y batimane.; y enviando besos al público con sus mano:;
pequeiias y finas, blanqueadas con polyos de
arroz.
Más de una gran dama quiso verle de cerca y
le di6 cita en su casa, cá condición de que se caracterice usted como en el teatro. ¡Oh, imitando
á la Cleo, está usted delicioso!,
Capuani no hacía caso de tales citas. e Si fuera
á dar gusto á todas esas señoras, hace tiempo que
me hubieran enterrado.,
l'cro alguna vez estas cartas iban acompañadas de unos cuantos billetes del llaneo. •¿Quién
resiste á estos argumentos? •, decía el muy canalla. Y hubo noche, según cuentan, que asistió á
tres ó cuatro de estas citas misteriosas.
Pero todo el dinero que ganaba - y era mucho - se lo llevaba el juego. «¡Pcr Baco, me persigue la jdtahtra 1, Y para consolarse de su mala
fortuna se emborrachaba con Yino del más barato
y se iba á escandali1.ar por las calles, siempre dispuesto á disparar su revólver sobre el primer transeunte que osara mirarle. «;P.·r Bnco, per Baco!,
para mí no hay hombres.•
Obligado ,í trastocar tocias las noche:, su sexo,
{1 dejar de ser Capuani para convertirse en la
Cleo, en la Otero ó en la Guerrerito, había llegado á sent;r un gran desprecio hacia las mujeres.
•¡Hijas de Satan:ís! ¡1falditas! •
¿Por &lt;7ué se encaprichó de fa:111y? ¡Vaya usted
á averiguarlo!
La pobre Fa!rny s:1friú muc!10 en la compañía ele Capuani. Aquel b{irbaro, ,í pesar de sus
apariencias de mujer, tenía las' fuerzas de un titán, y la golpeaba, hasta hartarse, todas las nocl1es, con furor de borracho. •¡11ala bestia, mala
bestia!•
Fanny no se quejaba, no protestaba siquiera
de los malos tratos de que la hacía \ íctima el
transformista. ¡Acaso prefería los go_lpe_s de éste á
las caricias del duque de las Tres Gracias!
Capuani fué quién la inició en la \·ida del arte
(sin duda coa fines interesados, con el propósito de
explotarla), y él fué quien la bautizó con el sobrenombre de la l,fuíieca. c¡ Ah, maldita, si tú quisieras! . .. Condiciones no te faltan. Y como bonita,
¡más bonita que la Jfadú1ma!•
Una noche de borrachera el italiano disparó
su revólver sobre un cronpier, el !,fanitas de Oro,
á quien acusaba de robarle con malas artes el dinero, alojándole una bala entre la sexta y la séptima costilla.
Capuani tuvo que huir, que pasar la frontera,
para evitarse las molestias de un proceso y la estancia de unos cuantos -años en la cárcel.
Fanny le siguió, sumisa, en su fuga. Por aquella época comenzó su carrera de artista, en la que
le esperaban tantos triunfos. Ya conoce usted sus
éxitos de París, de Lond res, de Viena ... de todas
las grandes capitales de Europa. Durante algunos
años la 11/uiicca triunfó de todas las romanciéres, de
todas las gommcusrs, de todas las chrmtmses en
moda.
Por aquel entonces, recordando el estilo de su
madre, sólo cantaba so:eares y seguiriltas. París
~staba loco con ella. Para la gente del boulevard,
Fanny era la verdadera encarnación de aquella
Manola •descubierta• por Gautier:

«Un jupon serré sur ks anche$,
un peine énormc ít son chignon,

1111 manera, haciéndot~ sufrir. Sé que alguna vez te
he pegado más de lo Justo. El maldito vino. Por
~so, lo mejor es que me rnya. De seguir viviendo
J~ntos, acaso acabaría por darte un mal golpe. ¡Y
t1emblo, por las consecuencias!
Perdóname eso de los trescientos mil francos
y no me denuncies á la justicia. Tú estás en disposición de ganarlo. Yo, en cambio . . . Me siento
agotado, completamente agotado. ¡Ten compasión
de tu pobre maestro y amigo! ¡Líbrame de la cárcel y de todo otro mal!
Adiós, pequeña. Aunque no me creas, te juro
que estoy muy emocionado en estos momentos
que casi tengo ganas de llorar'.
Pero Dios nct me ha concedido,
como á los cocodrilos, el consuelo
de las lágrimas.
Ad i ós, pequeña. ¡Separarnos
después de haber vivido tanto
tiempo juntos! Pero así lo quiere
el Destino. Resignémonos.
¡Adiós otra vez! ¡Que seas feliz!
¡La !,[ad()1ma te guíe! ¡Adiós, /if1t1,ccn! - Tuyo,

jambe nervcusc et pie&lt;l mignon,
reil de fcu, tcint pale et dcnts bl:mches
¡alz~, ola:
¡voila'
la veritablc Manola.»

Los periódicos decían de ella:
«¡Oh, la bella española! Nadie como esa mujer
para el cantar doloroso de su tierra; nadie como
ella en d arte de la danza. \'iéndola, hay que admirarla; viéndola, hay que gritar: ¡\'iva la Andalucía!,
El canalla de Capuani, retirado provisionalmente de la escena, cya sabes, pequeña, que si
me descuido me meten en la cárcel•, era ahora su
apoderado y administrador.
Ya no jugaba. Poco á poco se había ido aficionando al dinero. • Tú no seas ton ta, y aprovéchate•, le decía á Fanny. Estas rachas pasan pronto.
¡El éxito de los artistas es tan fugaz! .. Ya me ves
á mí. '¿Quién se acuerda de Capuani? Y, sin embargo, tú sabes que en otro tiempo yo he sido el
ídolo de los públicos. Y ahora ... ¡ya me cuentan
entre los muertos!,
Y el italiano, á fuer de hombre práctico, dejaba en completa libertad á la .~fwicca para que aumentase su capital con toda suerte de ingresos
extraordinarios.
En poco tiempo, en menos de tres años, Fanny
llegó á reunir un capital de cerca de trescientos
mil francos. ¡Una fortuna, una verdadera fortuna!
Y lo que era de suponer: Capuani, que, como
ya le he dicho á usted, se había aficionado al dinero, se ºalzó un día con los fondos, dejando á la
pobre Jlmieca sin más recursos que su crédito
personal, lo que no era poco.
También rl muy cínico la dejó una carta llena
de consejos, que Fanny guarda en su joyero como
la mejor de sus alhajas, y que le aconsejo á usted
que lea si por casualidad llega á sus manos.
El marqu(-s interrumpió su narración para decirme:
- La carta á que hacía alusión Cien fuegos la
tengo aquí - y sacó la cartera-; se la robé una
noche á Fanny, y voy á leérsela ,í usted. ¡Oh,-es
un documento curiosísimo!
•1li cara pequeña: :\le yoy ... ¡Per Baco, estaba ya harto de aguantarte! l\[c voy ... llevándome
tu dinero. Poc:1. cosa, no creas; unos trescientos
mil francos. ¡Bien me los he ganado!
· Me voy ... El robo es un derecho concedido á
todos los que administran fondos, bien sean del
Estado ó bien de particulares. Hay que respetar
los precedentes.
Ya no tienes necesidad de mí, ya estás lanzada. Ahora, á poco que quieras ... Pero ha1.te valer.
Los hombres ele dinero, que por lo general son
muy brutos, aprecian á las mujeres según lo que
les cuestan. Xo olvides esto.
Oye mis consejos: no dejes el teatro. La escena es un gran lugar de exhibición, un gran escaparate. Con traje de mafias no se puede pasear
por los boulevarcs. Lo prohibe la moral del Estado. Y con traje de mallas, ó sin él, puedes presentarte en las tablas. Además, las mujeres de teatro
tiene n mucho partido entre los hombres.
A tu edad y con tu cara . . . Ya te digo: á poco

q_ue quieras el mundo se rá tuyo. Pero á condic~ón de que no te enamores. Quien más pone, más
pierde. El corazón, ¡en el bolsillo!
!~ara dominará los hombres no hay como desp~cc1arlos. El látigo tiene más aplicación para los
b1pedos que para los cuadrúpedos. Y créeme: el
hombre sería el animal más ruin de la creación si
no existiese la mujer.
~horra todo el dinero que puedas; sé mejor
t~c_an~ que J~ródiga. Ahora estás en la edad de ga11,11._ l ero la Juventud pasa pronto. No lo olvides.
La Juventud es flor de un día.
_11ir~, pe_queña: estos consejos, fruto de mi expenenc1a, btea \'alcn los trescientos mil francosno c~mpletos - que me llero.
Creo que no tendrás quejas de mí. Todo lo que
eres,_ todo In que llegan\s á ser, se lo debes á
tu Capuani. El te ha lanzado al mundo, como
u~d buen padre, después ele enseñarte á ganar la

,1

a.

Créeme, pequeña: aunque no te lo haya den1o~trado - ¡soy un hombre tan especial para las
muieres! .. - yo te he querido siempre. Pero á

Y comu posdata:
e Olddame ... No vuch·as á
acordarte más de mí. Y sigue mis
consejos y la vida será tuya.•
(Una línea de puntos suspensivos.)
«Acaso alguna vez esté en condiciones de de\'olrerte los trescien tos mil francos. Pienso poner
una casa de juego. ¡Si la suerte me
ayudara! ... &gt;
(Otra línea de puntos suspensiros.)
«¡Por Dios, no me denuncies á
la justicia!•
Concluída la lectura, el marqués volvió á guardar cuidadosamente en la cartera la epístola de
Capuani.
- Indudablemente aquel canalla tenía mucho
talento.
Y despu~s de sen·irse una copa de cognac:
- Tcrm1ncmos la historia de Fanny. Sigue hablando por mi boca el pobre Cienfuegos.

*

* *
- Vea usted si las mujeres son raras - contin'.16 mi amigo-; la Jll111icca, no sólo no denunció
á Cap_uani, sino que sin lió de tal modo su fuga ¿estana enamorada de él?, ¡vaya usted á saberlo!
- que dejó de trabajar durante unas cuantas noches, y al reaparecer en escena lo hizo vestida de
lut~ _Y despojada por completo de flores y alhajas.
I ampoco tra~ajaba ya con la alegría de antes.
Algunas veces miraba entristecida hacia las cajas.
Ya no estaba allí Capuani, como en otro tiempo,
para aconsejarla: e ¡Esa pierna más alta!• e Pero,
perra, ¿por qué no miras al público?, «¡Voy á romperte un hueso, á ver si aprendes á reir!•
El público comenzó á cansarse de ella. Ya se

�- &lt;Mira, Fanny - seguía-, la mujer es igual
oía murmurar á la gente: «Algo le pasa á la Mztñeca.• «Parece que trabaja de mala gana.• «No es que el vino . .. Un sorbo... un beso... otro sorla misma de antes.&gt; • Y está más delgada.• • Y bo ... otro beso... ¡Beber! ¡Amar! Estos son los
únicos placeres de la tierra ... •
no ríe.&gt;
Fanny bebía en silencio, sin contestarle paSu empresario llegó á aconsejarla que se marchase á América: «Hija, ¡qué quiere usted!, el pú- labra.
El seguía impertérrito de~variando:
blico es tan voluble ... Todos los artistas tienen
- «Sí; tú serías el alma del cognac si el cognac
su época. La de usted pasó ... En los Estados
Unidos tendría usted un gran éxito. Allí gusta- tuviese alma ... ¡Has debido de ser concebida en
una noche de embriaguez!
rían mucho sus trabajos.•
¡Mujer!, bebamos y amémonos. ¡Quiero mezSí, estaba en plena decadencia. Echada del
clar
el cognac con tus besos! ¡Doble borrachera!
Olimpia, echada del Casino, tuvo que buscar refugio en un cabaret de m~la muerte, donde gan~- Créeme, la vida no es más sino una serie de traba diez francos por función. ¡Ella que, no hacia gos. ¡Ay de los que ya no pueden beber!•
Y acometido de súbita crisis nerviosa se echamucho, había insultad9 á un empresario que tuvo
la avilantez de ofrecerla mil francos por noche! ba á llorar.
Estas escenas se repetían todas las noches. «El
¡Oh, el penoso descenso de los artistas!
Yo iba á visitarla de vez en cuando al cabaret. hijo de Musset• había llegado á convencerse de
Fanny, burlada por el amor y engañada por los que Fanny era un espíritu alcohólico en forma de
hombres, cansado el cuerpo y cansada el alma, se mujer.
- Vámonos - me decía la pobre-, me da
aburría.
- ¡Si no fuera por el cognac! ... Porque debo miedo ese hombre. Necesito respirar el aire ...
advertir á usted, que á la pobre - ¡terrible señal Me ahogo... Estoy algo borracha.
Ya en la calle, Fanny se cogía de mi brazo, y
de decadencia! - le había dado por la bebida.
excitada aún, me contaba sus penas.
- ¡Si no fuera por el cognac! ...
- Estoy aburrida, estoy desesperada... Vivir
Y me miraba con ojos de extravío.
¡Así deben de mirar los hartos de la vida, los así, no es vivir. ¡Oh!, ese canalla de Capuani, ¿por
que creen que en el suicidio está la solución de qué me habrá abandonado? Se fué él y vino la
desgracia.
todas las soluciones[
Al llegar á los puentes se detenía unos moLa había iniciado en el vicio, la había acostummentos
y sus ojos volvían á mirarme con extravío.
brado á beber, un poeta melenudo, decadente y
- ¿Estará ahí la felicidad?
majadero, gran parroquiano del cabaret, á quien
- Seguramente no - la contestaba yo brolos artistas del «establecimiento• llamaban en
meando-. Ahí, en el río, no encontrará usted
broma « el hijo de Musset&gt;.
El poeta, cuando se emborrachaba (una noche más que catarros y pulmonías.
Ella seguía mirando el correr de las aguas.
sí y otra. .. también), aburría á la pobre Fanny
- ¡Pues no hace frío, que digamos, para tocon sus discursos estrambóticos.
mar
ahora un baño! - continuaba yo. - Además,
- «Choquemos nuestras copas - la decía-.
Me parece que este licor pálido - «el hijo de Mus- observe usted que el Sena huele siempre mal. Hay
set • bebía siempre cognac - está compuesto de que no tener olfato para arrojarse á él. Yo, de intu sangre enferma, que al beberlo gusto de ti ... &gt; tentar alguna vez ahogarme, lo haría en un baño
de champagne.
Fanny, asombrada, se reía.
Y empujándola suavemente:
- «No, no te rías - continuaba el poeta -.
- Vámonos de aquí. ¡Está usted más chiflada
Tú tienes una extraña semejanza con esta extraña
que
«el hijo de Musset!&gt;
bebida. ¡Tú eres el alma del cognac!
Ella suspiraba:
¡Míralo! - gritaba - . ¡Míralo! Es rubio y pá- Tiene usted razón. ¿Por qué no esperar?
lido como rubia y pálida eres tú. ¡Sí, Fanny, tú eres
Todavía,
todavía...
el alma del cognac!•
Una noche, el «poeta• nos dió el gran disgusY después de apurar la copa:
- «¡El alcohol es la locura! ¿Qué es la embria- to. Cuando yo llegué al cabaret estaba ya comguez sino la pérdida temporal de la razón~ Por eso pletamente borracho. Fanny se sentaba á su mesa.
vamos para locos todos los que mezclamos el amor El la había cogido por los hombros, y mirándola á
los ojos, la decía:
con el vino...•
- «Ven... acércate á mí. .. ¡No te veo, no te
Y arrojándose sobre Fanny y besándola freoigo! Más cerca aún ... Así, juntos, juntos los dos...
nético:
.
- «¿Ves?, me he equivocado de vaso y he be- ¡Oh, qué bien estoy ahora!
¡Pero no llores! (Fanny no lloraba, ni había
bido ahora en tus labios. ¡Y qué daño hacen, pero
por qué; Fanny, según las crónicas, es mujer que
qué bien saben estos besos de fuego!•
no ha llorado nunca). ¡Si tú supieras lo feliz que
Fanny comenzaba á asustarse.
- «No, Fanny, no _te entristezcas - gritaba el soy en estos momentos! ¡Oh, sí, muy feliz! ¡Sient"
poeta-. La embriaguez debe ser alegre, estruen- un bienestar tan grande en todo mi sér!. .. Ya no
dosamente alegre... ¡Riámonos hasta la convul- me duele nada, ya todo mi pobre cuerpo es alesión! Yo me siento en estos momentos atacado de gría y satisfacción y goce. Ya que he sufrido tant0,
todos los deseos y de todas las ansias. ¡Te digo he dejado al fin de sufrir.
Y verás qué cosa más rara, más extraordinaque no hay nada en el mundo comparable á este
licor de dioses enfermos! ¡Bebamos hasta reven- ria: me parece que yo ya no soy yo, que soy otra
persona distinta, otro hombre.
tar!•
Mírame bien, mujer, y verás como no soy el
Y de un trago apuraba la copa.

mismo. Mírame: ¡si eso tiene que saltar á la vista;
si eso deben verlo hasta los ciegos!
¡Qué transformación más maravillosa! Mi cerebro no es ya una miserable piltrafa de carne y
hueso; mi cerebro es un colosal diamante de facetas rojas y deslumbradoras como la llama ... Mi
cerebro es el cerebro de Shakespeare, de Gcethe,
de Rugo ... ¡Qué cosas más admirables pienso!
¡Qué grandeza en las ideas! ¡Es la luz del genio la
que alumbra mi cabeza sobP.rana! ¡Prostérnate,
mujer, ante mí, y admírame!
Y escucha: mis ojos no ven como veían antes;
ahora todo lo que miran me parece bello y luminoso. ¡Para mí no hay nada negro, nada obscuro;
para mí no hay noche, ni sombras, ni tinieblas;
para mí todo es luz y resplandores!
Tú no sabes de qué visiones más hermosas
puede gozar la vista. Ahora te miro y me pareces
otra. Acércate... más... Quiero contemplarte á
mi sabor. ¡Qué soberana, qué suprema belleza!
En tus ojos azules hay todos los colores del prisma; no, muchos más colores, ¡muchos más! Tu
boca me parece de fuego, roja y ardiente; - ¡qué
bien deben saber tus besos! -; tu cabellera suave
se me antoja de oro y seda, y tu carne, ¡ah!, tu
carne, blanca y rosada, carne de tentación y de
pecado... ¡Divina Eva!
¿Pero sigues llorando? Ven, que quiero beber
tus lágrimas. Acaso ellas calmen la sed de mi fiebre. ¡Qué amargas me saben, qué amargas! ¡Parece
que me he llevado á la boca toda el agua salobre
del Oceano!•
(Imaginaciones del poeta; Fanny seguía mirándole asustada, los ojos secos, sin derramar ni una
lágrima).
«Mira, quizás me vaya á morir. ¡Pero no llores!
¡Si ·morir es dejar de padecer! Verás: la vida es
como una luz; viene la muerte y sopla. Obscuridad.. . noche. Y entonces se acaba todo. ¡Ya ves
que no hay nada tan sencillo!
¡Si yo fuera como el sol! ...
El sol no puede apagarse. de un soplo. ¡Aunque la muerte tiene unos pulmones! . . . ¡No hay
luz que se le resista!
¡Qué feliz voy á ser cuando me muera! Yo creo
que debe haber un lugar de promisión para los
q_ue han sufrido mucho en la tierra, un paraíso, un
cielo, una gloria ... como quieras llamarle. Y allá
iré yo, seguramente.
Pero aunque no exista ese lugar de bienaventuranza; aunque aquí acabe todo y no haya un
más allá, la muerte es el descanso, es el reposo
eterno. ¡Y yo tengo unas ganas de descansar! ...
,Qué frío siento! Aquí. . . en el pecho, en el
corazón ... Mira, la muerte acaba de entrar.•
. Todos los que estábamos en el cabaret nos dirigimos espantados á la mesa que ocupaba el poeta.
«Sí. .. acaba de entrar. .. ¡Mis ojos la han visto! ¡Qué sér más extraño! Es como una sombra...
No logro verla la cara... La tiene tapada con un
velo negro, muy negro . . . ¡Qué alta es y qué delgada! Ahora se acerca á mí y me mira de un
modo... ¡Tengo miedo! ¡Mujer, dile que se vaya,
que se vaya!
Sigue el frío helando mi pobre carne. . . La
muerte me coge en sus brazos y me besa en la
fre~t~ ... ¡Ya soy suyo! ¡Qué bien me ha hecho su
caricia! ¡Así me besaba mi madre!

¡Oh, siento un bienestar ahora! .. Ya no me
duele nada, ya no tengo frío ... La luz se apaga ...
La vida se me va... ¡Me muero... soy feliz!. . .•
Y, efectivamente, al decir estas palabras, «¡soy
feliz!,, «el hijo de Musset• cayó desplomado sobre
la mesa. ¡Una apoplegía fulminante! Cuando le reconoció el médico ya estaba muerto. ¡Pobre muchacho! Decididamente no conviene abusar de las
bebidas alcohólicas.
Fanny, horrorizada, huyó del cabaret dando
gritos. Yo estaba tan trastornado por aquella súbita desgracia, que no la vi salir del «establecimiento.• Cuando llegué á la calle había ya desaparecido. Pensé en el Sena. «¿Estará ahí la felicidad?• Sí, indudablemente en Fanny había una suicida. ¡Pobre muchacha! Y llorando por dentro único modo de llorar que nos es permitido á los
hombres - me fuí al Americano á beberme una
botella de champagne.
***

¿Qué fué de la Muñeca?
«Las olas van y vienen,
y vamos y venimos con las olas.»

Durante unos días-tres ó cuatro lo menos me dediqué á buscarla por teatros y cafés. ¡Pero
París es tan grande, y yo soy tan mal policía! ...
Una noche me pareció verla en Montmartre, del
brazo de un distinguido apaclte. ¿Era ella? No puedo asegurarlo.
Después, después ...
«Las olas van y vienen,
y vamos y venimos con las olas.»

Ahora dicen que está en Madrid, en un teatrucho de la calle de Embajadores, un poco envejecida, pero hermosa siempre. Esta gen te desaparece de pronto, como los buzos en el agua,
para volverá aparecer cuando menos se les espera. ¡La pobre Fanny! Tendría gusto en verla para
recordar aquellos tiempos. Yo la he querido siempre bien.
Y el pobre Cienfuegos terminó diciéndome:
- ¡Marqués, mucho cuidado con la MuFtecal
Esa mujer es muy peligrosa. Siga usted mis consejos. ¡Nada de liarse! Hay que huir de toda complicación con ese monstruo adorable. Si se enamora usted de ella es usted hombre perdido. Aun
está usted á tiempo. «Retirarse no es huir&gt;, ha
dicho un gran estratega.

** *
- Comprenderá usted que no hice ningún caso
de los prudentes consejos de Cienfuegos. Desgraciadamente, el amor no entiende de razones. Ya
sabía yo que Fanny era una mujer peligrosa. Pero
quizás por esto la deseaba más, quizás por esto,
cada noche, al verla de nuevo, acrecían mis ansias. Pero, asómbrese usted: yo, el gran despreciador de mujeres, sentía ante la Mztfíeca timideces
de adolescente.

�paredes para no caer, y tambaleándome como un
hombre ebrio.
Ya en el piso segundo, vi sobre una de las
puertas una gran tarj eta, escrita con letras rojas,
en la que me pareció leer:

LA MuRECA

Empujé la puerta y entré. Fanny estaba desnudándose ante el espejo. Al verme - ¡figúrese
usted la cara que tendría yo en aquellos momentos! - pareció asustarse. Luego sonrió, mirándome fría y serena, con sus ojos de misterio.
- Hace mucho tiempo que le esperaba.
La emoción no me dejó articular palabra. Ella
recibió impávida la ofrenda de mis caricias, sin
corresponder á mis besos con sus besos, sin un
estremecimiento de su carne, cerrando los ojos
para no verme.
En aquellos momentos, yo debí recordarla al
duque de las Tres Gracias.

** *

j

l

il
1

Me daba miedo llegar, «ascender» hasta el:::...
¿Cómo contenerme teniéndola al alcance de mis
manos?
Pensando en Fanny, me sentía capaz de la violencia y del atropello, como uno de esos sátiros
impulsivos, desbravadores de ninfas, de que nos
habla la leyenda mitológica.
Pero una noche... ¡El fuego del deseo me abrasaba en sus llamas! Mi cerebro, congestionado por
la acumulación de sangre, no me dejaba pensar.
Allí donde miraban mis ojos sólo veían manchas
rojas. Parecía que el corazón, en su palpitar furioso, iba á salírseme del pecho. Perdí la noción
de la realidad y creí morir.
Por un esfuerzo soberano de la voluntad me
levanté de b butaca y subí tropezando, como una
fuerza inconsciente y ciega, la estrecha y empinada escalerilla que conducía á los cuartos de los
artistas.
Hice un descanso al llegar al primer piso. Luego seguí mi penosa ascensión, agarrándome á las

Luego se vistió.
Yo me sentía ya más tranquilo, más dueño de
mí mismo, capaz de la reflexión y de la palabra.
Mis ojos, que lo veían antes todo rojo, ahora lo
veían todo azul, del color de las pupilas de Fanny.
- Perdona ... No he podido contenerme ...
Estaba loco ... Estoy loco... ¡Oh, si tú supieras
lo que te amo!
Y cogiéndola una mano y besándosela:
- Desde que te conozco mi vida no es vida ...
Siempre pensando en ti, á todas horas, en todos
los momentos ... Siempre pensando en ti, de día
y de noche . ..
La 'J1tt1zeca suspiró.
- ¡Cuánto le envidio á usted, cuánto te envidio!
- ¿Que me envidias? ¿Por qué?
- Porque amas.
Pasó así como una sombra por sus ojos azules,
y dejó de sonreírse.
- Yo no he amado nunca- continuó -. Dicen que no tengo corazón. Yo no he amado nunca.
Vol vió el azu I á sus ojos y volvió á sonreirse.
- l\1ira; yo no soy más que una muñeca, una
pobre muñeca de carne, sin alma y sin entrañas.
Haces mal en quererme. Yo soy insensible como
la piedra. La Naturaleza me ha hecho impotente
para el amor. Y ya la diosa Venus, sorda á las
súplicas de los mortales, no es capaz de repetir el
milagro de Pigmalión.
Como respuesta á sus palabras, volví á cogerla
las manos y á besárselas.
- Yo te quiero tal como eres.
La 1lfo1icca suspiró:
- ¿Dónde hallar la fuente que sacie mi sed?
La apreté ambas manos con fuerza, y mirándola fijamente á los ojos:
- ¿Y Capuani?

Volvió á obscurecerse el azul de sus pupilas.
- ¡Ah! ¿Conoce usted mi historia?
Y después de una pausa, exclamó solemne:
- ¡No; Capuani, no! ¡Ese, menos que ninguno!

** *
El marqués interrumpió bruscamente su narración para preguntarme:
- ¿Usted se hubiera enamorado de la J,fw2eca?
Y antes de que yo le contestara:
- Desconfíe usted de los hombres que no son
capaces de amará ciertas mujeres.
*
* *

- No, no fuí muy feliz-siguió el marqués el_ año _escaso _que viví con Fanny. Los primeros
d1as, s1, ~~recia contenta, pero después ...
- Deiame, yo me conozco; el teatro es para

mí una distracción; temo aburrirme en estas noches tan largas.
Yo protestaba.
- ¡No!, ya no han de verle más ojos que los
míos.
Ella insistía suplicante.
- ¡Qué tonto eres! ¿Pero es que vas á tener
celo:? ¡_Qué importa que siga desnudándome ante
el publico! Ya sabes que mi cuerpo no tiene misterios para nadie. ¡Llevo tantos años exhibiéndome!. .. Hasta en las postales me puede ver quien
quie~a tal y como soy.
Estas palabras, en boca de otra mujer, hubieran n?ª!ªd? en mí toda ilusión de amor. Pero yo
trans1gia_ siempre, sumiso á sus caprichos, porque
me sentia cada vez más locamente enamorado
de ella.
*

* *

. Yo no puedo asegurarle á usted si aquella muJCr ?ra buena ó mala; sólo puedo decirle que me
hacia sufrir _mucho.

�Una noche, sentada á mis pies, sus manos entre las mías, se empeñó en contarme, á pesar de
mis protestas, la historia de sus amores.
- No, no quiero saber nada... Calla... ¿A qué
atormentarme? Olvidemos el pasado. Yo te lo perdono todo. Tu vida comienza para mí desde que
nos amamos. Ya sé que has sufrido mucho. ¿A qué
recordar ahora? ... Quiero vivir en la ilusión de
que has sido sólo mía.
Ella insistió.
- Es un caso de responsabilidad ... Vives engañado... Es preciso que sepas. . .
La tapé la boca con las manos.
- Lo sé todo y te lo perdono todo.
- ¡Que vida la mía! ¡Figúrate! ¡Rodando por
el mundo desde los trece años!
La alcé del suelo y la senté á mi lado.
- Bésame y calla. ¿A qué hacerme sufrir recordando? ... Ya te he dicho que lo sé todo, tus
amores con el duque de las Tres Gracias ...
- ¡Oh, no me hables de eso! ¡Qué vergüenza!
- Tu amistad con el canalla de Capuani...
- Sí, tienes razqo; canalla y más que canalla.
- Tu vida en París. ..
- ¡Vida de abominación y de escándalo!
- Tu amistad con «el hijo de Musset &gt; ...
- ¿Lo sabes todo y me perdonas?
La besé en los ojos.
- Sí, te perdono porque te amo.
- ¡Qué bueno, qué generoso eres! Pero ya lo
ves, yo no soy digna de ti. Haces mal en quererme. Yo soy muy mala. Cualquier día.. . La fidelidad, la constancia, son virtudes que no ha querido darme Dios.
Volví á taparla la boca con mis manos.
- ¡Calla! ¡No hables así!
Pero ella insistió.
- Yo soy muy mala... Cualquier día... Créeme, es una desgracia que te hayas enamorado
de mí.
*

* *
Una mañana, al levantarse, me enseñó sus brazos desnudos.
- ¿Te has fijado en esta cicatriz? Es un recuerdo de Capuani. Una noche llegó desesperado. Había perdido todo su dinero - . «¡ Per Baco!, creo
que tú me traes la mala sombra... ¡Voy á matarte!• Se tambaleaba al andar. ¡Aquella noche la había tomado en grande el caballero! - «¡Perra, más
que perra, me estás arruinando. Desde que cometí la estupidez de traerte conmigo, para que me
calentaras la cama, la suerte me ha vuelto las espaldas. ¡Cochina! ¿Sabes cuánto he perdido esta
noche? ¡Mil doscientas pesetas! ¿Te enteras, perra?
¡Mil doscientas pesetas! ¡Te voy á deslomar!, Y
cada vez más furioso me amenazó con el bastón.
Pero yo era más fuerte que él y se lo arrebaté de
las manos-. ¡Borracho! ¡Conmigo te atreverás! •
- «¡Ah, me insultas!» Y de repente se arrojó sobre mí. Luchamos. Pero el miserable iba armado
de una navaja y me hirió en un brazo. El terror
me hizo gritar-. «¡Asesino!&gt; Al verme llena de
sangre se echó á llorar-. «¡Por el Santo Padre,
no me comprometas!&gt; Yo seguía gritando: - «¡Asesino, más que asesino!&gt; - «Calla y te compro un
collar de perlas., Y se arrastraba á mis pies sollo-

zando: - «¡Perdóname, perdóname; te juro por la
Madonna que no volveré á maltratarte.&gt;
Y para vergüenza de él, aquí está esta señal,
reveladora de su crimen; esta señal que, como
castigo, le he hecho besar tantas veces.
¿Por qué Fanny se complacía en contarme estos horrores? No lo sé. ¡Qué extraña psicología la
de aquella mujer!

***
Una noche me dijo:
- ¡Qué mala soy! ¿Verdad? ¡Qué mala soy! Yo
debiera quererte, aunque no fuera más que por
agradecimiento. Pero ya te lo dije la primera vez
que hablamos: yo no tengo corazón, yo estoy vacía por dentro.
¿Ves cómo no te mentía cuando te aseguraba
que la Naturaleza me había hecho impotente para
el amor? Es una desgracia, ¿verdad? ¿Qué haría yo
para ser como las demás mujeres? ¿Qué haría yo?
Mira, no quiero engañarte. Yo podía decirte,
si fuera como tantas otras, una mercenaria, una
profesional, que habías realizado el milagro santo
de hacerme sentir. .. Pero me repugna la mentira.
¡No! Mi alma y mi cuerpo están muertos y no hay
modo de darles vida. Amarme á mí, es lo mismo
que amará una sombra.
¡Vete, sí, vete y déjame! Yo no merezco que
me quieras como me quieres. Bien hacen los hombres en huir de mí. Yo soy el peor de los pecados: el pecado estéril.
Ya has podido convencerte que en mi cuerpo
no hay calor de vida, sino frío de muerte. ¡La Muñeca! Yo no soy más que eso: una muñeca.
Sí, vete, déjame. Busca el amor de una mujer
que sea mujer.No vengas á llenar tu cántaro en mi
fuente,porque mi fuente está seca y no hay en ella
agua para tu sed. Yo no soy Rebeca, sino Fanny
Harrison, la hija de la Merengue y de Perfecto IX
En el gran silencio de la alcoba, sentí el rechinar de sus dientes. La besé en los ojos. Sus ojos
estaban secos.
- Llora, Fanny, llora.
Fría como una muerta, y sin decir palabra, se
arrojó en mis brazos. Su cuerpo se estremecía convulsionado.
- Llora, Fanny, llora; eso te hará bien.
Vi brillar en la obscuridad sus ojos espantados.
- ¡No puedo! ¡No puedo!
Y rechinando los dientes:
- ¡Vete, vete, ó me iré yo!
La cogí de nuevo en mis brazos, y con palabras seguidas de besos la dije emocionado:
- Yo te quiero tal como eres, fría, insensible... Yo te quiero tal como eres. No hay mujer
que me haga sentir como tú. Tú eres mi único
amor, mi último amor. Desearía ser poeta para decirte todas estas cosas en verso.
«En tu boca roja y fresca
bebo, y mi sed no se apaga ...»

Decirte todas estas cosas acompañadas de la
música de mis besos.
¿Por qué desconfiar del amor? Yo sé que ha de

adoro tal cual eres! Basta á mis deseos con que te
dejes querer. ¡Pero de mí solo! ¡De mí solo y de
nadie más!
Y de pronto, irritado por su silencio:
- Sí, ya no puedes ser de nadie más que de
mí. ¿Lo oyes? ¡Más que de mí! He tomado de por
vida posesión de tu cuerpo. Ya no te pertenece~,
ya eres mía, ya eres de mi propiedad.
Ella entonces me besaba asustada.
- ¡Tuya, sóln tuya!
Yo seguía gritando exaltado:
- ¡Oh. la idea de perderte me vuelve loco! Ya
no podemos separarnos; ¿es verdad que ya no podemos separarnos nunca? La suerte está echada;
lo que sea de tí será de mí. ¡Unidos para siempre,
unidos en vida y en muerte!
Fanny seguía besándome para calmar con sus
caricias la furia de mis celos.
- . .. Y si tú me abandonases por otro hombre ... ¡Oh, no quiero pensarlo! Si tú me abandonases . .. ¡iba á espantar al mundo con el horror
de mi venganza! ¡Tú no sabes quién soy Yf?, tú no
sabes de lo que yo soy capaz! ¡Teme á mis celos
corno al mayor de los males! ¡Imagínate si se trocara mi amor en odio! ¡Imagínate! ¡Ni Dios, con
todo su poder, podría librarte de mi furor! ¡_Oh,
entonces, ya que no he podido hacerte sentir el
placer, yo te aseguro que te haría sentir el dolor!
Y la estreché en mis brazos furioso, con el pro* *
pósito de ahogarla.
- ¡Oh, dueño mío, cuánto me quieres!
.
Estas horribles escenas se repetían todas las
Avergonzado de mi brutalidad, besé sus pies
noches. Fanny, fría siempre como una muerta, me
contrito, en demanda de perdón.
abrazaba suspirando. Yo procuraba consolarla.
- ¡Pero júrame que no me abandonarás nunca!
- ¡Pero no te aflijas! ¡Cómo decirte que te

llegar un día en que hemos de adorarnos al unísono, que ha de llegar un día en que han de arder
nuestros cuerpos en un mismo fuego y nuestros
corazones en una misma llama.
- ¡Oh, si tú pudieras hacer ese milagro! ...
Y cogiéndome las manos y besándomelas:
- Me pasaría la vida á tus pies, adorándote.
Yo seguí hablándola con la elocuencia sugestiva de la pasión.
- Pues basta para el milagro con sólo tuvoluntad. ¡Entrégate á mí entera, en cuerpo y alma!
¡Oh, si tú quisieras, si tú quisiera_s!. .. Todo
es sensible en la Naturaleza; desde la piedra hasta
la planta, todo' es sensible. ¿Cómo no has de se~lo
tú, pobre criatura! Blasfemas al asegurar que Dios
ha podido,equivocarse haciéndote impotente para
el amo1. Pero si es así, rectifiquemos la obra del
Creador. Yo me siento con fuerzas para todo.
Mira, yo soy capaz de robar el fuego de! cielo sólo
para calentarte los pies. . . ¡Pero quiéreme un
poco! ...
Su boca se unió á la mía con un beso que terminó en un suspiro.
- ¡Ay, dueño mío, si bastara sólo con la voluntad!
- Probemos.
- Probemos.
*

�- ¡Te lo juro!
- ¡Que no amarás á nadie más que á mí!
- ¡A ti solo! ... ¡Te lo juro!
- ¡Mía para siempre!
- ¡Sí, para siempre! ¡Tuya, sólo tuya!
Apoyé mi cabeza sobre su seno y lloré hasta
quedarme sin lágrimas.
*

* *
- La señora salió esta mañana temprano y
aun no ha vuelto. Ha dejado esta carta para el
señor marqués.
Subí como un autómata las escaleras, llegué
á la alcoba y di luz.
- ¿Qué será esto? ...
Mis manos temblaban al romper el
sobre.
- ¿Qué será esto? ...
El marqués interrumpió nuevamente su narración para
apurar otra copa de
cognac.
- ¡Diablo! Esta
botella no se acaba
nunca.
Luego sacó de la
cartera un papel
arrugado.
-Aquí tiene usted la carta que me
escribió la .llfuiieca. ¡Oh, las mujeres, las mujeres!
¡Ni una buena!
Y con voz que hacía temblar la emoción, comenzó á leer:
«¿Yes como soy muy mala?¿\'es comonoten"gO corazón? Queriéndome como me quieres, me
voy y te dejo. ¡Dios mío! ¿Qué clase de mujer soy
yo? ¡Mal fruto echó á la tierra mi madre!
No te pido perdón. No lo merezco. Además, el
odio puede perdonar alguna vel, pero el amor
nunca. Y tú, á pesar de todo, continuarás queriéndome. ¡Sí!, d pesar de todo. Te he herido de
muerte en el corazón. Me voy tranquila, porque sé
que no hay mujer en el mundo que pueda hacerte olvidar á tu .llfuTteca.
~Por qué te abandono? ¿Por qué te dejo? Yo estaba decidida al sacrificio, yo estaba resuelta á no
separarme de ti en la vida. Pero ha venido Capuani, y ese hombre tiene sobre mí un poder de
sugestión irresistible. Ante él no tengo voluntad.
A una voz suya, á un mandato suyo, le seguiría á
pie y descalza hasta el fin de la tierra.
¿Que por qué ejerce sobre mí tal poder ese
hombre? No he querido decírtelo antes por no
herir tu susceptibilidad, por no provocar tus celos. Capuani - ¡perdona, pobre enamorado, esta
declaración que las circunstancias me obligan á
hacerte!-, es el único sér en el mundo que me
ha hecho sentir el amor. Y por eso le seguiría á
pie y descalza hasta el fin de la tierra.
Ese hombre es mi hombre. Y ese hombre
es un miserable; lo sé, me consta... Mala soy
yo, pero comparada con él. .. Te digo que no tie-

ne una condición buena. Un miserable completo.
¡Oh, !o conozco bien! Su único amor en la vida
es el dinero. Por el dinero ha sido ladrón, por el
&lt;linero acabará en asesino.
Ya estoy en su poder y sé la Yida que me espera. Yo no soy para él sino un vil objeto de explotación. Me lanzará de nucyo al teatro, me buscará
un «señor• de dinero ...
¡Oh, pero tengo la esperanza de que alguna noche, Yencido por mis súplicas, se digne ser mi
amante por unas horas!
Me queda aun mucho que sufrir en la vida. Ca¡JUani será tu yengador. Ese hombre ha venido al
mundo para mi castigo. ¡Si vieras lo que le odio!
¡Si vieras también lo
que le amo!
Me \"Oy lleYándorue mis alhajas y el
dinero que había en
el sccrctaire. Es decir, me voy robándote. Capuani me ha
obligado á cometer
este nuevo delito. Yo
me resistía. Pero llegó á pegarme. Y cedí, cedí como siempre. Ya te he dicho
que su voluntad es
mi ley.¡Oh, ese hombre! ¡Cómo se complace en degradarme! ...
No trates de Yolver á verme. No sé
en definiti\·a qué planes son los de Capuani. Me ha
hablado, vagamente, de un viaje á la Australia. El
estuvo allí, hace tiempo, y ganó mucho dinero. «Oh, una gran colonia, pequeña; la mayor del mundo, más de tres millones de habitantes: ¡calcula si
hay allí gente á quien explotar!•
Capuani, que en el fondo es un gran cobarde,
teme que des parte de mi fuga á la policía y me
mandes detener. • - Sí, pequeña; hay que poner
tierra de por medio.•
Yo sé que no cometerás tamaña locura. Tú eres
quien erE&gt;s y yo soy quien soy. El marqués de Uugo
no puede degradarse hasta el extremo de perseguir
á la .llfuíieca. Sería concederla demasiado honor.
¡Adiós! Ya no volveremos á vernos más. Olvídame, si puedes. ¡Qué mala he sido contigo! Tú,
en cambio ... ¡Como que eres el único hombre que
me ha amado en la vida! ¡El único!
¡Adiós! Odiame, pero no me desprecies. Después de todo, soy digna de lástima. ¡"Ko me desprecies! ¡Y adiós para siempre!•
Y luego, á modo de posdata:
•¡Perdón! ¡Perdón! ¡Perdón!•
El marqués guardó cuid:i.dosamente la carta y
quedó en silencio algunos minutos. Después se
echó á reir y blasfemó á gritos, en un terrible acceso de cólera:
- ¡Cuando le digo ú usted que todas son unas
perras!
*
* *
- Vamos con el final de mi historia:
Leí yo no sé cuántas veces la carta de la Jin-

iieca sin enterarme de lo que leía. • - ¿Será verdad, será \'Crdad?• Luego apagué la luz y caí sobre la cama sollozando. Me pareció ver brillar en
la obscuridad los ojos fosforecentes de Fanny.
• - ¡Oh, ven, ven y te lo perdono todo!• Y estuYe llamándola á gritos, hasta enronquecer, yo no
sé cuanto tiempo: e - ¡Fanny! ¡Fanny!•
Dcsf)ués se apoderó de mí un furor frenético,
y arrojándome de la cama, corrí por la habitación
como un loco, destruyéndolo todo, rompiéndolo
todo: el espejo en que Fanny se miraba desnuda
antes de acostarse, nuestra cama, la chaissc-longue,
pequeña y estrecha, en que nos sentábamos para
hablar de nuestros amores ...
Pasado el acceso nervioso rompí de nuevo á
llorar. Después perdí el sentido y ya no sé lo que
fué de mí en mucho tiempo.
Estuve más de un mes entre la vida y la muerte. La fiebre me consumía. Los médicos llegaron
á desconfiar de mi salvación. Pero al fin sané del
cuerpo, ya que no del espíritu. «¡Bicho malo nunca
mucre!•
La convalecencia fué larga, muy larga. Un día
se me ocurrió mirarme al espejo. l\Ic costó gran
trabajo reconocerme. ¡Dios, á lo que había quedado reducido el marqués de Rugo!
Era el tipo perfecto del don Juan dccadeQtc,
el pelo y la barba blancos, la frente surcada de
arrugas, las mejillas flácidas, la mirada muerta.
Lloré mi juventud agotada y juré vengarme de
la infiel que así había dcstruído mi vida.
***

\

Recorrí palmo á palmo todo Mat.lrid en busca
de la ingrata. Lo del viaje ú la Australia me parecía una patraña inventada por Capuani para despistarme. Pero todas mis pesquisas fueron inútiles. El pájaro había volado. Pasó tiempo. Yo seguía siempre firme en mis propósitos de vcnganz:1.
Por fin, un día, alguien me dijo: e - ¿La 1l[niicca? No hace mucho que me pareció verla. ¿Dónde fué? ¡Ah, sí!, en París, en no recuerdo qué calle
del Barrio Latino. Debe trabajar en algún teatrucho ele aquel quarticr.•
Aquella misma tarde tomé el sudcxprcso y me
fuí á París. Mi amigo no me había engañado. Una
noche ...
El marqués se sirvió una nueva copa clccognac.
Después continuó:

- Una noche. . .
Estamos en la «casa• de los grandes «cancioneros• del q11artier, en el cabaret de Los gatos.
¿No conoce usted ese cabaretr Es uno de los
más curiosos de París. Yo se lo describiré. Tenemos tiempo. ,\un queda cognac.
Sentados en altísimos taburetes, fumando sus
pipas, el bock de cerveza en la mano, se hallan los
artistas del «establecimiento».
Entre ellos creo adivinar ú Capuani - ¡á Capuani! - , cuyo retrato vi hace tiempo en un periódico de teatros.
Oculto en un rincón, observo á los artistas.
¡Qué admirables tipos! El uno me recuerda á nues-

�..

1

I

tro Espronceda, con su gran melena negra, lustrosa de pomada, su bigote y perilla románticos, y
sus ojos de mirar vago y triste, absortos en la contemplación del ideal.
A su lado se sienta un hombrecillo con pretensiones de elegante, un parisiense á la moda, el bigote encrespado á lo Rostand, la cabeza peinada á
lo Cleo, la mirada insolente, el gesto altivo...
Un viejo gordo, de cabeza calva y ojos saltones, la nariz torcida, la boca desdentada, parece
presidir la reunión, y la anima, desde luego, con
sus ruidosas carcajadas.
A su lado se sienta Capuani, que entretiene al
público, desde su alto taburete, imitando el canto
del gallo ó el arrullo amoroso de la paloma.
Un tanto separada del grupo de los artistas, se
halla una joven vestida de azul, rubia, blanca, delgada, espiritual, la cabeza apoyada en la pared,
los ojos fijos en lo alto. Es la «musa» del cabaret.
En el mostrador, un anciano de barba blanca,
con enorme monóculo en el ojo izquierdo, vestido
de frac, pone en orden las botellas de la anaquelería.
Un gato de Angora, blanco como la nieve, de
patas sobre una mesa, maúlla con lúgubre acento
su canción de amores.
El cabaret está lleno de gente y hace un calor
insoportable.
***

Comienza el espectáculo.
«Abre plaza• el hombrecillo con pretensiones
de elegante, quien recita, con voz molesta de falsete, unos versos lúgubres, insultando á la Luna.
Luego aparecen el romántico á lo Espronceda
y el hombre gordo, y cantan á dúo unos couplets
sin ingenio y sin talento, que corean los espectadores.
Después entra en escena la joven vestida de
azul, que musita una candón indecente titulada
Toute la lyre.
De pronto el público prorrumpe en gritos:
- ¡Eh! ¡Eh! ¡La llfuñeca!
Y apareció Fanny.
Yo no sé que pasó por mí al verla. Fué aquello como una suspensión, como una paralización de
la vida. Creo que por espacio de algunos segundos - ¡t:xtraño fenómeno patológico! - , agotadas
de pronto mis energías físicas, dejaron de funcionar el corazón y el cerebro.
Cuando volví á la vida, Fanny se adelantaba
al público, sonriendo como siempre, con sonrisa
banal y acariciadora.
Mis ojos no se cansaban de mirarla. Estaba
muy cambiada. Ya no era aquella chiquilla alegre
de La Mu1ieca en el bosque, que andaba á sal titos
como los pájaros y reía á carcajadas.
Había envejecido; sus ojos azules no brillaban
ya como brillaban antes, con luz tomada del mismo sol; pálida, á pesar del colorete con que manchaba sus mejillas; la boca contraída por una mueca dolorosa que quería parecer una sonrisa, la pobre Fanny no era ya sino una somhra de aquella
otra Fanny de mi adoración.
¡Y su cuerpo! ¿Qué se había hecho de aquella
carne que yo besaba tanto? ¿Cómo en unos cuan-

tos meses se había marchitado, se había secado
aquella flor de amor?
Yo la encontraba hermosa, sin embargo. Su
belleza había adquirido en el sufrimiento cierta
dulce majestad. No era ya, no parecía ya la Magdalena pecadora - frivolidad y vicio-, sino la
Magdalena arrepentida - pena y amor.
Mis ojos no se cansaban de verla. Pero toda mi
cólera, todo mi odio habían desaparecido. Ya no me
sentía capaz de matarla. Recordé aquellas palabras
de su carta: «Me queda aun mucho que sufrir en
la vida. Capuani será tu vengador. Ese hombre ha
venido al mundo para mi castigo.• ¡Sí; bien estaba
pagando su traición!
De pronto, el público, puesto en pie, comenzó
á gritar:
- ¡El cuéhillo y la rosa! ¡El cuchillo y la rosa!
Cayó la cortina y á poco volvió á levantarse
para la representación de la pantomima.
Fanny apareció, como yo la había visto tantas
veces, triste y llorosa, contándole á la Luna sus
cuitas de amor.
¡Oh, qué hermosa me pareció entonces! ¡Y
pensar que aquella mujer había dejado de ser mía!
Y sentí que el fuego del amor volvía á abrasarme
el alma.
Pero apareció Capuani á representar el papel
del bandido Alejandro, y al llegar el momento en
que éste y Dorotea se besan, vi cómo la llfuñeca
se transfiguraba, y volvía el brillo á sus ojos, y el
color á su cara, y la sonrisa á sus labios.
Loco de celos, pensé matarla en aquel momento. «¡Ah, sigue enamorada del italiano! ¡Bien clarn
lo he visto! ¡Y yo, insensato, que estaba dispuesto
á perdonarla. •
Fanny comenzó á bailar. Cerré los ojos para no
verla. «¡Ah, pérfida!• Y aprovechando un momento en que el público, puesto en pie, aplaudía entusiasmado, abandoné cautelosamente la sala.
Ya en la call-e, examiné tranquilo mi revólver
Browing. Estaba bien cargado. Y esperé. Al dar la
una, cogidos del brazo, salieron por la puerta del
escenario ella y él, la Muñeca y Capuani, dirigiéndose, por el boulevard Saint-Michel, camino de los
puentes.
Seguí sus pasos con andar silencioso, esperando una ocasión en que poder abordarlos.
Iban disputando. La voz femenina de Capuani
se enronquecía al gritar. Algunos transeuntes se
detenían para observarlos.
· - Ahí va la ll111ñeca.
Llegamos al Puente Nuevo. Miré receloso á un
lado y á otro. ¡Estábamos solos! ¡Ellos y yo, y nadie más! Saqué el revólver y grité:
- ¡Eh! ¡Tú! ¡Fanny!
Volvió la cabeza asustada.
- ¡Dios mío! ¡El!
Capuani se dirigió á mí amenazador.
- ¡Mala peste de apaches! ¡Eh, compañero, cuidado conmigo, que yo también sé defenderme!
Le apunté con el revólver.
- ¡Vete y déjame con Fanny, ó te mato aquí
mismo como á un perro!
- ¡Compañero!. ..
La ,A!uñeca intervino.
- Es el marqués de Rugo.
- ¡Diablo! ¿E.! marqués de Hugo?
-Sí.

1

gañé, faltando á la fe jurada... Puedes matarme,
estás en tu derecho.
Y después de una pausa:
- No querrás creerme si te digo que hace
mucho tiempo que te esper,0 impaciente. ¡Oh',
¿cuándo vendrá el vengadór? - me preguntaba
todas las noches-. Ya estás aquí; ¡bien venido
seas! Ya estás aquí. Ahora no perdamos tiempo.
Yo besaré, agradecida, la mano con que me hieras.
Pero acaba de una vez y no prolongues más mi
suplicio. ¡Acaba de una vez!
Hizo una pausa, se ahogaba, y después continuó:
- ¡Si vieras qué alegría tuve cuando me lla*
* *
maste en el Puente! Luego, debo confesarlo, he
sentido un poco de miedo. Pero ya no; ya estoy
tranquila; ya espero, resignada, la muerte.
Estábamos solos, ¡solos los dos!
Y de pronto, con voz que hacía enronquecer la
- Levanta la cabeza y mírame.
cólera:
- No puedo ... no me atrevo.
- ¿Has visto cómo huyó el cobarde? ¿Has visLa cogí la cara con ambas manos, á pesar de
su resistencia, y estuve contemplándola unos mo- to cómo huyó sin defenderme?
La respondí con una injuria,
mentos en éxtasis.
- Para tal señora, tal caballero.
- ¡Siempre hermosa!
- Tú no sabes lo que me ha hecho sufrir duPor fin se atrevió á mirarme. Me pareció que
rante
este tiempo - siguió diciéndome Fanny - .
el azul de sus pupilas se había tornado negro.
¡Oh, he llegado á lo último! Yo no sé ya quién es
- Acaba. .. Puede venir gente.
Me sentí acometido por un nuevo acceso de más miserable, si él ó yo...
Y cogiéndome las manos y besándomelas:
turor.
- Tú has venido á salvarme... ¡Oh, verme li- ¡Silencio! ¡Tú no tienes derecho á hablar!
bre de él, romper las cadenas que me sujetan á
¡Ven aqui!
ese hombre!. ..
La arrastré hasta un farol inmediato.
Cayó de rodillas, p uestas las manos en cruz.
- ¡Quiero ver las manchas que ha dejado en
- Ahora que voy á morir me perdonarás todo
tu piel la baba de Capuanil
el
mal
que te he hecho, ¿verdad? ¡Oh, déjame que
Ella protestó suplicante.
- No me martirices... Acaba de una vez... te bese los pies! Humillándome á ti me ensalzo.
Yo seguía miránd0la, mirándola con ojos de Ya sé que he sido muy mala contigo, muy mala ...
¡Déjame que te bese los pies!
loco, que debían asustarla.
La levanté del suelo, donde se arrastraba y,
- ¡Acaba de una vez!
sin
poder contenerme, la besé, apasionado, en la
Me eché á reir.
- No tengas prisa ... Tenemos tiempo de so- boca.
- ¡Fanny! ¡Fanny!
bra. ¡Si yieras lo que gozo viéndote sufrir!
Ella se resistía, forcejeando por desasirse de
Y después de una pausa:
- ¿Qué haría yo contigo?, ¿qué haría yo con- mis brazos.
- No... , ya no es posible.
tigo? Quitarte la vida me parece poco. ¡Un casti- Pues entonces - la grité colérico - , ¡prego más grande! ¡Ah, quisiera tener en estos mopárate
á morir!
mentos la inspiración de un inquisidor! ¿Qué haría
- ¡Haz de mí lo que quieras!
yo contigo!
- ¡Ah! ¿De modo, que con todos menos conElla seguía mirándome aterrada, sin atreverse
migo? - seguí furioso-. Pero, ¿qué te he heá decir palabra.
- ¡Habla; te autorizo para que hables! Díme cho yo? . . .
- Sí, con todos, menos contigo, porque tú
qué debo hacer para castigar tu traición. Tú que
eres maestra en la maldad, debes saber de estas eres el único hombre en el mundo á quien quiero,
eosas de crímenes y venganzas. ¡Habla, mala hem- del modo especial que yo soy capaz de querer.
- ¡Calla! ¡No mientas más! La verdad es que
bra, habla! ¡ Ya ves si soy insensato que todavía
sigues
enamorada de Capuani.
gusto de oir el engaño de tu voz!
Declaro á usted que, en aquellos momentos,
Ella seguía callada, mirándome con ojos de esestaba completamente loco, y no podía, por tanpanto.
- ¡Ah! ¿No quieres hablar? ¿No quieres defen- to, ser responsable de mis actos ni de mis palabras.
derte?
- ¡Prepárate á morir! - la grité.
. La cogí por ambos brazos, sacudiéndola fu- Preparada estoy - me respondió con voz
noso.
entera.
- ¿No quieres hablar?
- ¡Reza!
- Suéltame, me haces daño - gimió la mi- ¡No sé!
serable.
- ¡Llora!
Y luego, con una voz muy triste, que yo no le
- ¡No puedo!
habla oído nunca:
Pero, á pesar de mi cólera, no me decidía á
- Sí. .. , acaba de una vez. , . Mi vida es tuya;
dispón de ella como te venga en gan:1, .. Te en- matarla, Tiré el revólver al suelo.

- ¿El marqués de Hugo?
Y el miserable echó á correr acometido de súbito terror, perdiéndose á poco entre las sombras
de la noche.
Cogí á Fanny de un brazo y la llevé arrastrando hasta Nuestra Señora.
Ella no opuso la menor resistencia.
Sólo la oí decir:
- ¿Para qué. mancharte las manos de sangre?
Si quieres, ahí, en el Sena, yo misma...
La respondí con una carcajada.
- ¡Calla, perra!

�~ue,·amente clamú &lt;ioloritla la ,·oz ele Fanny:
- ¡,\caha de una \'ez!
demasiado noble para ti ... U na na\'aja ... ¡Si tuYo hice como que no la oía, y conlinué implaviera una navaja!. ..
eablc:
).le registré los bolsillos febrilmente.
- De modo que, ni corazón para sentir, ni ce- ¡lTna nanja!•.. ¡Una navaja!...
.
rebro
para pensar; que eres una muikca, una verY de pronto, arrojándome furio~o ! obre la indadera muñeca de carne, ¿no es eso?,
fortunada:
¡Qué birn te conocía Capuani! El te bautizó
- Voy á ver si efectivamente eres una muñeco:1 ese apoca. ,\quí, en el pecho, todos tenemos
uo denigranuna piltrafa de carne que se llama cote: ¡La Ji/,;razón. ¿Qué tienes tú ahí dentro? Voy
1iccn!
;í Yerlo, aunque, para ello, sea preciso
Dieron las
destruir el precioso mecanismo de tu
dos.
cuerpo. ¿Qué tienes tú ahí dentro?
--No creas
Y, mirándola fijamente ú la cara,
que porque
con ojos de loco:
he tirado el
- ¡Sí!, el insensato he siclo yo, que
revólverme he ('namorado de una muiieca. Ahoseguí dicienra que te contemplo sin pasión, me condo -- te pervenzo de que no eres más que eso: un
dono la \'ida.
húbil artificio de mujer, una apariencia
Esta es tu
engañosa de crialura humana.
íil tima no¡Xo te aprieto más en mis brazos,
che. ¡Lástiporque temo
ma no haber
romperte!
traído una
¡Débil es la
na,·aja! Pero
arcilla con
me basta con
que la Xatumis manos.
raleza consQuic-:·11 sentruyea l homtir,alahogarbrC'; pC'rnm,ís
te, cómo podébil es la
co ;í poco \.e
pasta - ¿se
ya acabando
llama biscuit.'
tu yida. ¡Ah,
- con que
quiero que
estás hecha
sufras, quietú.
ro castigar tu
Pero ¿cócarne con tomo es posidos los torble que mis
mentos del
ojos no hayan
dolor!
visto antes
Y de pronlo que ahora
to, en un acven? Todo
ceso de locuen ti es posra, la cogí por
tizo, artifiel cuello, decial; todo en
cidido á ahoti está muergarla.
to ... ¿Qué
l'erosenmano mistetí mis manos
riosa mueve
humedeciel hilo que
das por. sus
davidaá
lágrimas.
tu cuerpo?
¿Lloras,
Fanny,
lloras?
le
pregunté.
¡Sí!, ere!&gt; una muñeca con apariencias humanas,
:\'o me respondió.
una pobre muñeca... ¿Ves? Por mús que busco no
- ¿Lloras?
te encuentro el corazón ... , por más que busco,
- ¡Si'. - me contestó entre sollozos.
por mús que escudrii\o.
La cogí, conmoYi&lt;lo, en mis brazos.
¿\' pensar? ¿Piensas? ¿Tienes cerebro y en el
¡Sí que lloraba! ¡El milagro estaba hecho! ¡La
cerebro ideas? Ya sé que,desgraciadamentc, eres
capaz de la palabra. .. ¿Pero hablas mecánicamen- muñeca se había coll\·erlido en mujer'.
- ¡Pues si lloras, estás sah'ada!
te, como los fonógrafos? ¡Dime la verdad, no me
Se separó de- mis brazos, y con yoz resuc\t;i:
mientas! Ya ves que estamos solos y nadie ha de
- ¡~o! ¡Quiero recibir la muerte de tus maen tcrarse ele tu secreto.
nos!
¡Así Dios me perdonará!
Dime; ¿es que tienes en el cerebro una mú- ¡\'etc!
quina ele producir ideas? ¡Xn me extraí'íaría! Yo
- ¡~o!
creo en todos los progresos de la ciencia. ¡Vién- ¡Te perdono'.
dote á ti, cómo no creer en ellos!
-

~o ... , esta es un arma demasiado diJna,

- Pues entonces...
Y echó á correr con dirección á los puentes.
Yo la seguí á gran distancia.
- ¡Fanny! ¡Fanny!
Siguió corriendo. De pronto se detuvo y gritó:
- ¡Adiós para siempre!
Y de un salto se arrojó al agua.
- ¡Fanny! ¡Fanny! - clamé desesperado.
Todavía la oí decir:
- ¡Adiós, amor mío!

. . . . .. . .. . . . . . . . . .

. . . .. . . . . . . . . . . . . .

La botella del cognac se había terminado. Y el
marqués, ya completamente borracho, me miró
con sus ojos ele fuego, nublados ahora por las lágrimas, y me dijo suspirando:
- ¡También las aguas del Sena pueden ser purificadoras como las del Jordán!
Luego, repitió maquinalmente (ya no se ciaba
cuenta de lo que decía):
- ¡Ni una buena, ni una buena! .. .

.. .. .. .. . ..........................
. ....... . ... ... .. . ......... . ........ .

FIN

Reservados todos los derechos de propiedad art1s1ica y literaria. No se devuelven los ori&amp;inaks. Et papel empleado en esta
revbta es de la Papelera Espaftola. Fotograbados de Ourá y Comp&amp;llia. Imprenta de José Blass y Cia., San Mateo 1, Mad,id,

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>Consultorio &amp;rafológico &amp;HltHTftEH
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Tocia la mus:i, dulce y amarga á la vez, del gran bardo
alemán, resplandece en este volumen, q:'e Llore_n'.e• el ilust re poeta valenciano, ha vertido al esp'\nOl mag,s,ral!nente.
A Heine todos le queremos; Je conocimos cuando eram~s
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de amor. Por eso, porque sabe hacerlas llornr, las mujeres
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Almas 4e htego, por Felipe Sissone. - Lib rería de
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personalidad literaria ele su autor. ,
.
.
d
A propósito d_e ~sto, Eduardo Zamaco1s, prologuista • e
la obra, dice lo s1.gmente:
«Almas de fuego es un libro vario; á yeces, irónico; á trozos, vigoroso y romántico; á ratos, también, refin_ado y de~adentc, donde surgen y se descomponen, cual pmtadas piedrecillas de un kaleidoscop10, las diferentes «penumbras de
alma» del autor.
.
li
»Cnentos hay, como Fetiquismo, enfenmzamente comp cados de una psicología dolorosa y «bodelere_sca», donde
la feli~idad total del protagonista reposa exclu~1vam_ent': en
el contraste de unas medias negras sobre la smfon_1a _n~eve
y rosa ele unos muslos de mujer; el rotulado t fft:s~crua?,
donde campean un {uerte ambient~ de cosmopolitJsm? ~
una penetración alqtútarada y mmuciosa_ del ~lma fememna,
los titulados La diosa Ca, ne y / Oh ~aó,a, c1'1Stw11a_ mansedu11iórel, escépticos, burlones, cual s1 el ~utor hubiese empleado, al escribirlos, la parte más d~scre1da Y n_iundana de
su es &gt;íritu· y entre otros de muy desiguales matices, El d~fmso~. cu¡nt~ de una ironía á lo ;\[aupas~ant, y La bufaard,lla, á mi juicio el más tierno, 1 más delicado, el meJor de

tod~~lmas de juego tituló Felipe Sassone ~ su libro, Y i por
mi honor que hizo bien! En esta obra, mas aun CJll:e. en su
noYela JI.falos amores, late una humanidad deseqmhbrad_a,
b roniana y ardiente. La ttiste noche de amor que dese1?1aza
1~ relaciones del pintor «lllarcelo RottJ» ~on_ «Claucli!1-e»,
la linda obrerilla de L e Printemps, en Fef,qutsmo, ¿que es
sino una crisis de histerismo? ... Y la _castidad de « Oiga», Y
el tr · o-ico fin de «Julián Fons», y el ,medo que el autor d:clar:1fiaber tenido á su buhardilla vacía, ¿no son estremecimientos morbosos de un espíritu colocado, por In abund¡r
cia de lecturas y &lt;le emociones, en un estado de aguda 1perestesia ?»
.,
A lmanaqu e de ,,La llustració_n". - La llustraczo11 EsfJañol,ty Americana acaba de pubhcar su Alrnan:ique para

ANO 1 • 6 Diciembre 1907 • N.º 49

Precios de suscripción:
/Y\a drid y provin cias : T rimes tre _'.3,25 pesetas.
Semestre 6 pese tas. A no ti. _
Extra n jero: Semestre 10 pes e tas. Ano 18.
A nuncios á p rec ios conve n cionales.
Número suelto:

3Q CéntiffiOS

el año de 19()8, compuesto bajo la inteligente dirección de
D Antonio Garrido y en el que colaboran: Acebal, Alcázar,
A~gel Guerra, Bergen, Cavestany, C!arán, Coullaut Valera,
Cuenca Díaz Huertas, Estrada, Fernand~z Bremón, Fernández Sh;w Garrido Gil, Jiménez, Larrubiera, Llorente, Martín , Meuzier, :\lota; Nogales, Ortiz de Pinedo, Pedrero, P érez
y González, Pérez de Guzmán, Ruii !,ópez, Sandoval, San~a
,,!aria, Sellés, Sentenach , Sorolla, Sourel, Vera, Weczerv1k
y Zirges.
. bl
.
Es un elegante volumen, ad!Illra emenre impreso.
De l ce rcado aje no, por En_rique Díez-Canedo. - M. Pérez Villavicencio, editor. ;\ladncl.
,
.
En este libro, el delicado poeta D1ez-Canedo ha ye_rttdo
al castellano, en armoniosos y serenos versos,_ c_ompos1c1,ones
de Shelley, de Rossetti, de Richeprn, de Vt!hers de l IsleAdam, de Rimbaud, ele :\lallarmé, de Yerhme, de Moreas,
de Mreterlinck, de Gregh, de D'Annunzio, etc., etc.
Del cercado aieno empieza con un soneto en el que el
poeta se aconseja á sí mismo :
.
« DeJa por hoy tus íntimas canciones.
Libre, á la cita con la ;\lusa falta.
Hoy una recia tentación te as_alta,
y eres como escolar en vacac10!1es..
Explora el campo en todas direcciones;
vadea ríos y cercados salta.
Ni fruta dejes de alcanzar, por alta,
ni flor extraña, tímido, abandones.
Nadie viITTla, nada te rehusa
la tierra fértil; pasajeros, vanos,
han de ser los enfados de tu ~I usa : .
después, en el secreto de tu estancia,
podrás acariciarla con tus manos, .
que tendrán de tus hurto5 la fragancia.»
Rom eros del d olor . Novela, por Miguel A. Ródenas. -

M . Pérez Villavicencio, editor. Madrid..
.
.
Es una novela «rústica», una narrac16n ca1npes1~a, escrita
en limpio y ,·igoroso estilo. Hay una gran exacttt~d ~ la
descripción de los paisajes, y las figuras aparecen cli'?uJadas
con energía y sobrie_dad. A_umen~a el mérito de este hbro u n
bonito prólogo de G . Martinez Sierra.
Zarza florida, Poesías, por J. :\luiíoz San Román. - Librería de Fernando Fé. Madrid.
c:=
===O&lt;□
xoic:==•,O
O,O(
OC==&gt;====,===•OOOO&lt;IOX&gt;O-===;:::=:&gt;

La Semana Teatral
El estreno más importante de la semana anterior fué ~l
se,1orito, comedia lírica con música del maestro Cal)eJa Yonrinal de. .. (¡ni Loreto lo sabía la noche del estreno.) .
g El seiiorito triunfó completamente: el asunto, el diálogo,
la trabazón ele las escenas, todo es perfecto. Es la o bra de
un literato.
Y el público se preguntaba:
- ¿ De quién será esto?
.
Pero la «incógnita» era un penetrable. Después, Pepe
Loma «tiró de la manta» desde El Liberal, y todos hemos
sabido que el autor de la nueva obra era José Francos Rodríguez. Por cierto que la noche del estreno estuvo Francos
en Price y luego en el café de Leva~te, y hubo de hablar, co,~
varios amigos que venían del Có,mco, y que trataron a .E
se,iorito con cierto desdén: unos encontraban la obra lenta,
otsos la juzgaban sosita...
. .
. d'
Hace muchos años, Francos Rodríguez escnb16_u!I 1m 1simo cuento, cuyo protago:1isla! _para conocer la opimón
de él tenían sus amigos, se fing10 sordo, con }o que rec1 1
innúmeros desengaños. Ahora le ha. ocurndo a él algo _s~me. te con el misterio en que se h~bta envuelto. '.l[ora\ep. No
Jan
,
·
·
-• p eliaro
expongas
nunca a, tu meJor
amigo
,u
., de Juzgarte
cuando cree que tú no has de oule.

i~i

J. fl\.A SALA VERRÍA

EL LITERATO
I

no podía ser en aquel momento más halagador.
Otaño tenía treinta y dos años, era de figura bien
TAÑO, el joven y célebre escritor, entró en
parecida, alto, di' rostro claro y benévolo; era sonsu &lt;'uarto y se tendió e n la cama, dando riente por lo común y sabía recatar e l fondo de
un largo suspiro; cerró los ojos, abrió los tristeza que había en su carácter; era amable, quebrazos, se desplomó.
rido; acaso se le preparaba un risueño porveni r
Estaba tan cansado, tan hastiado, de tal modo dentro de la sociedad. Ocho días atrás publicó
sentía el agobio de la existencia, que en aquel mo- una novela, que la crítica acogió con gran entumento hubiera querido morir.
siasmo; los editores le solicitaban; ganaba ya bas«El hombre, pensó, debería tener la vida como tante dinero; sus artículos empezaban á ser cocogida de un hilo; ahora yo cogería ese hilo sutil, mentados por todo e l público; aquella misma malo rompería con un esfuerzo levísimo, acabaría dP ñana había salido un artículo suyo en el periódico
fatigarme ... &gt;
de mayor importancia de Madrid, artículo que proTendido como estaba, con los ojos cerrados, dujo honda sensación. Su carrera literaria llegaba
abandonado en cuerpo y en espíritu, comenzó á al máximo de potencia, su reputación era indiscurepasar los sucesos del día, los azares anteriores, tible, no tenía que hacer ya más sino abandonarsP
el tumulto entero de su breve é intensa carrera de al éxito, dejar que el nombre circulase y llegará
escritor. Pasaban por su mente los hPchos, las cuanto se pueda llegar: á la Academia, á la direcideas, los mil detalles de la vida, como en una ción de un gran periódico, á un b11en puesto políronda veloz y atropellada; él los veía pasar á totico, á la traducción de sus obras en el extranjedos y los iba recordando: unos le asustaban, de te- ro.
Su inteligencia, en suma, entraba en aquel
rribles como eran; los otros le sugerían un amable punto admirable de madurez y de equilibrio, y su
dulzor; pero estaba tan cansado, que solamente estilo era vibrante, fuerte, hermoso y fluido.
adquirían fuerza en su memoria los recuerdos más
- ¿Por qué, por qué esta tristeza? ...
amargos.
Venían sus recuerdos atropelladamente, y acu- ¡Qué triste es todo esto! . . .
dían los más pequeños y lejanos; todos tenían parSe volvió de lado, hundió la cabeza en la al- ticipación en aquella ronda espesa que ensommohada y suspiró nuevamente:
brecía su mente. Recordó su niñez, sus pobres
- Sin embargo, ¿por qué, por qué esta tris- años de miseria y de tristezas familiares, su primeteza? ...
ra jm·entud, exenta de alegrías y amoríos turbuEn efecto, el aspecto exterior de sus asuntos lentos, su timide7. contumaz, su torpeza, su ensi-

O

�punto muv alto y muy puro, formado de todos
los atributos' de la divinidad. ~n aquella altura
ideal, la gloria participaba de lo mefahle, de lo superhumano; era lo bueno, lo bello, lo más noble
de la existencia; serda &lt;le aureola á los guerreros, á los mártires, á los conduct?r~s ~e pueblos,
á los poetas. Asi su ~l~1a, que '.mgrn_ana y f~rn?amentalmente era rehg1nsa, me1or chclv&gt;, ~1st1ca,
inyentó un dios para su consuelo y para satisfacer
sus impulsos de a&lt;loración.
.
,
Junto con esta ~evoc~ón_ de la glona, tema
Otaño una reverencia optimista y generosa de la
opinión. Consideraba que en el mundo, por de~tro
de la humanidad dispersa, rc\·ue~ta y, en_em1ga,
latía 1111 aliento de comunidad y s1mpatla ideológicas que los grandes ~- fue~t~s talent?s lograban
infundir; este aliento 1deolog1co servia como de
espíritu universal que hacía con~xas_las al_m~s más
distanciadas; y las almas, las 111t~hgenc1~s, para
expresar concr~t~1;1cntr _su concx1~11, vahanse de
la opinión, del pucw critico que S\iha apa:e~er en
forma prrcisa ante la ohra del gemo; la ,op_tmdn ~ra
como una melodía surgit'ndo de la armumca umón
de las infinitas y disper!-aS inteligencias.
.
Ota110, pues. creía rn la rc~l~za ~e la glona,
creía en la unanimidad de la 0¡&gt;101611. fal como el
juicio crítico de la humanid~d se muestra a_cor~e
ante un problema matemático ó una expenenc1a
química se mostraría igualmente unámme ante
una obr;1 suhlimr de arte ó de filosofía. El pen~amiento del escritor pasaría claro y ¡n~ro, reve~tldo
de arrogantes imágenes, al pcnsa~11ento umv_ersal; la emoción del autor promm·ena_una emoción
semejan te en el alma de la humanidad; el ~lma
del autor se fundiría en la gran al_ma del umYerso; el uniYerso reflejaría lo recóndito de la mente
del escritor. . .
.
Otaño trabajaba con un ardor, _con u~a P3:il6n
y una fe, con un entusiasmo que 111 los anos n1 l~s
naturales fracasos pudieron enfriar. Per~ ~sa visión que él tenía de la gloria y de la op11116n se
mantuvo fuertr mientras el esfuerzo del avan_ce
ocupó toda su atención. Entre tanto q~e traba1aba preparando el éxito grande, su espmtu no po-

1111

mismamiento de solitario. ¡De todas las cosas agradables había carecido!
Pero precisamente porque careció &lt;le todo p~so
su ambición, desde muy jon~n, en poseer un t1_tulo de prestigio que le per~1ities~ pPnetrar l~1en
en lo hondo de la rxistencia social y rcsar~1rsc
allí de su escasez y humil&lt;lad pasadas. Conciu1~~a1ía un nombre que fuera como un tít11~0 n~b1hario, merced al cual su persona circulana digna y
libremente; conquistaría, aclem:ís, puesto q_uc era
enérgico y laborioso, una fortuna, y _ll_egana á la
gloria. SPría fuerte, respetallo, y adm1t1do por sus
obras espirituales; entraría á gozar del mundo;
tendría poder, mando ...
' ' toda la energía de su voluntad, reconcen1
'
tracia
y terca,
la empleó en alcanzar este_ ¡·111. I'ero
ahora que !u alcanzaba, ahora estaba. triste, rendido, con una tristeza y un cansancio abrumadores.
.d d
- Quisiera que la \ida estuviese prench a e
un hilo sutil. .. - pensó otra yez.

II
Otaño te-nía formado de la gloria un concepto
puramente rom,íntico é idealista. Cuando renunció á sus creencias de la infancia puso en el al~ar
yacío de su alma al dios de la gloria; á est~ dios
rogaba, adoraba, y en él creía. Para él la gloria era

día detenerse á analizar la esencia de la gloria y
de la opinión uni\·ersal: aun no las había alcanzado. Solamente al llegar arriba, en el reposo de la
llegada, su fuerza analítica cogió los ídolos de su
juventud, los giró y remiró, les dió cien vueltas,
y al fin sintió que su sér se anegaba en llanto.
Rompió á llorar interiormente, dando suelta á
esas lágrimas inmateriales y ocultas que manan de
ojos escondidos y que caen copiosamente en los
senos del alma. Este llanto y desencanto nacieron
precisamente cuando su novela logró aquel ruido
de aplausos y cuando sus artículos periodísticos
atraían sobre él la atención y simpatía del público.
- ¡Miserable público! - exclamaba el joven
literato Cf\n sorda irritación.
El suponía antes que las ideas de su mente
pasaban íntegras á la mente del lector, y que de
este modo el genio podía avasallar al público y
tenerlo pendiente y atado. Concebía á la idea
como formada de un modo total, redondo, pleno;
pero ahora observaba que la idea de su cerebro,
el hijo de sus soledades, al lanzarse al universo,
adquiría formas diversas, matices múltiples, y se
descomponía hasta el infinito. Conoció que la idea
no es una y total, redonda, plena, y que no moldea los cerebros á su misma capacidad, sino que
los cerebros del público son quienes moldean las
ideas á su medida. Cada mente era capaz de esta
ó de aquella magnitud ideológica; cada cerebro
era un recipiente que el destino había conformado caprichosamente, y las ideas se ajustaban á esta
capacidad caprichosa de los infinitos cerebros. Xo
era la idea quien vencía, avasallaba y moldeaba el
cerebro, sino el cerebro era quien cogía la idea y
la hacía suya. Entonces Otaño se dijo:
- ¿De manera que no soy yo quien triunfa,
sino mis lectores? ¿Yo labro mis ideas para que
otros las utilicen y les den forma á su placer? ¿:Mis
idras son siervas de mis lectores? ...
Al pensar de este modo, su orgullo se sublevaba y le hacía rugir de ira. Comprendió además
que, así como no existen dos cabezas iguales, tampoco hay dos formas ele mentalidad idénticas. Y
exclamó Otaño:
- ¿De m:mera que mi idea, concebida y depurada por mi, en cuanto pasa al dominio de los
lectores se transforma en tantos matices como IPctores hay en la tierra, y se anega en la multiplicidad de las mentes, y se pierde, se diluye en el infinito? ¿De manera que mis ideas, en cuanto salen
de mí, ya no son mías, y se me mueren y hacen
extrañas? ¿Es como si pariese hijos y se me desaparecieran?
Aquí Otaño empezó á afirmarse á sí mismo
que un creador de ideas lo mejor que puede hacer es guardárselas y no entregarlas á la inclusa
de la humanidad. No escribir más, en fin ...
Entonces se levantó del lecho, corrió hacia la
mesa de trabajo, agarró la pluma y la rompió, como
quien ahoga 6 despedaza á su tirano.
- ¿Qué me ha valido el pulir, educar, engrandecer mi inteligencia?- exclamó, desalentado.
La crítica había entrado en el campo de sus
producciones, y las había analizado: aquel análisis
arbitrario y contradictorio, vago, pedante y huído,
es lo que más descorazonaba al joven escritor.
Cierto crítico se fijaba en un aspecto solamente
del libro, y sacaba de él una consecuencia equivo-

cada; otro crítico aseguraba que la tendencia de
sus ideas era de tal forma, cuando, en realidad, era
lo opuesto; parte del público se detenía en ciertos
episodios ó aspectos que carecían de interés en
los propósitos del autor: la idea inicial y neta de
su libro y de sus artículos nadie la quería descubrir. Unos decían que la esencia de su talento era,
principalmente, descriptivo; otros, en cambio, opinaban que era discursivo; algunos le aconsejaban
que hiciese dramas; un editor le pidió una obra
sociológica; el director de un periódico le ofreció
la plaza de redactor jefe ... Ninguno acertaba á
Yer, al través de las obras, la idea y el ser del autor. Si él lanzaba un libro á la voracidad del público, el libro era dividido en fragmentos: cada lector cogía el libro y lo hacia suyo, lo interpretaba
como quería. ¡Su libro, al salir de sus manos, ya
no le pertenecía!
Aquella misma mañana publicó Otaño su celebrado artículo, y escuchó con asombro las diversas opiniones que sohre él íbanse forjando. Había
quien lo elogiaba por la precisión de la forma; otro
Yeía en la tendencia del trabajo demasiado atrevimiento; alguno lo motejaba de afectado; otros se
fijaban sencillamente en ciertos párrafos radicales;
nadie comprendió el artículo entero, completo de
forma y de idea, tal como saliera de la mente de

�mente, y cada día en diferente forma, piruetas
su autor. ¿De qué
ante la multitud...
le servía, entonces,
- ¡Ah miserable público, monstruo grosero Y
haber lanzado su
ba¡·o que p'irles siempre sangre nueva!. .. ¡No seré
hijo á la vida, si es)
. ya más.'
yo quien
me dé á ti en sacn.fi c10
te hijo era cogido
por la multitud y
III
deformado, has ta
adquirir tantos maOtaño no podía calmar la agitación de su sér,
tices, tantas idiola inquietud, el coraje de su pecho. Levantó la
s in cr as ias como
cortinilla de la ventana y
lectores existían?...
miró á la calle.
El público no
Por allí pasaba, bajo un
entendía ni aceptacielo plomizo, en la incierta
ba de corazón sino
luz de la tarde, la gente que
aquello que fuese
marchaba tevuelta y aprisa
bien sencillo y raá buscar su pan, su vicio ó su
so· admitía congodolor. Niños andrajosos, anzo' las superficialicianos mendicantes, obreros
dades, lo bonito, lo
de aire c, nsado, un ciego que
irónico, lo que le
tocaba el violín, una yieja
divertía; las obras
trapera, mujeres, jóvenes y
complicadas las cogía é
opulentas mujeres que ~ban
interpretaba como quede tiendas ó de conquista.
ría, sacándolas el jugo
Dejó caer la cortinilla y
conveniente. El público
era un tirano que, como
compraba las ideas, hacía
de ellas luego el uso 9-ue
le placía. Y los escnt~res, en el fondo, continuaban siendo juglares,
que unas veces cantaban ~ellas trovas, _otras
veces hacían piruetas, y s1emp_re_ tra?a¡aba~
á sueldo ... ¡Valla más no escnb1r! El es~ntor se descomponía como una cosa dócil Y
débil en el oceano de la muchedun:b_re.
Al llegará este punto en_su análts1s atormentado, Otaño se levantó de la cama Y co- .
menzó á pasear; de tal manera le ahogaba la ira.
- ¡Puercos lectores! - . rugía, apre~ando los
puños - . ¡Ignorantes, va01&lt;;1osos, nec,10s lectores! ... ¿Y á vosotros es á quien yo hab1a demostrar lo oculto, lo triste, lo inefable y amoroso de
mi espíritu?... ¡Ah, no, no! ¡Nunca más _volveré á
escribir! ¡No vale la pena de. daros, necios le&lt;:tores, la vida y el dolor de la vida, la flor de la vida,
por un miserable aplauso!
- ¿Qué era la gloria, finalmente? Cuando la
veía desde lejos, Otaño se la figuraba como un
algo completo y conexo, como un estado permanente que había de ofrecer una constante valoración del mérito, un grado de po~er estable, un
prestigio que el tiempo no podna alter'.1r. Pero
ahora Otaño veía todo lo opuesto: la glona era un
estado accidental, difuso; surgía la gl?ria _POr sorpresa, sin saberse cóm?, á veces ar~1tranamente;
h unanimidad del elogio duraba un ~ns~ai:ite, luego el elogio se dis~ersaba y hac}ase mdl\'ldual, se
disgregaba la glona, desaparecia; sólo ~n e'.ecto
de inercia la mantenía al fin con apanenc1a de
realidad. Hasta que llegaba otra obra nu_e~a, y la
gloria volvía á crecer: era como u~ arco 1ns. ~ara
mantener en auge la gloria, necesitaba el escntor
dar siempre nuevas y fuertes obras, _qu_e se renovase, que buscase la atención del publ~co, que lo
adulase, que sangrase el corazón contmu":mente,
que el autor siguiera sin cesa: la ondulación caprichosa del gusto de la multitud. Hacer eterna-

a

dió la espalda á la calle, al mundo, las mujeres.
- Yo pensé un día que las mujeres. . . ¡Pero
esas son bestias blancas, pedazos de carne caliente! Carne, carne blanca... ¡Eso no sirve para nada!
Pero oyó una música extraña que venía de la
calle, y estuvo un momento inmóvil, con el alma
atenta, escuchand().
Sin duda aquella música era su preferida, la
voz íntima y familiar que había escuchado otras
veces con sin igual delectación.
La música venía de un extremo de la calle, y
consistía sencillamente en uno de esos antiguos
armoniums que los viejos mendigos suelen usar todavía en las grandes ciudades.
Era un organillo del antiguo régimen, contemporáneo de la buena y sentimental época romántica, de aquel tiempo que fué como una convulsa
erupción de todas las amarguras, de todos los entusiasmos, idealidades y arrebatos humanos; de
aquel tiempo que nació enfermizo, como parto de
la revolución.
El organillo venía tocando un aire de la época,
una romanza de Rigoletto. Pero como el instrumento era ya muy viejo, la romanza llegaba desarticulada, tal como si la can tase un sér anciano y
jadeante; y á veces el tumulto de la calle, el estrépito de un coche, el grito de un vendedor, cubrían
la música del organillo y la ahuyentaban. Pero
nuevamente la música volvía á sonar, dulce, apagada, melancólica, lle na de una suave ternura,
fresca é insinuante aún, con la frescura amable de
aquella época sentimental y graciosa en que existían poetas, revoluciones y mujeres pálidas!
La música hablaba de cabezas hermosas, de
melenas románticas, de ojos febriles, de grisetas
que aman á los escritores, de escritores que mueren tísicos ó que se suicidan. Y mezclado con
la figura de Rigoletto, surgía la visión de toda
aquella multitud convulsa é incoherente del romanticismo: las barricadas de Los miserables, la
figura altiva de Ilyron, la griseta de l\Iusset, la
queja de Leopardi, las Orientales; las orgías de
Espronceda, levitas entalladas, corbatas pasmosas,
castillos feudales, claustros conventuales, grabados
de Gustavo Doré...
Otaño oía deleitado, hundido en un arrobo, la
música del organillo. Sin duda la había antes oído
muchas veces; sin duda era una voz amiga que venía por las tardes, cuando llovía, cuando caía la
vaguedad del crepúsculo, cuando el alma se siente más propicia á divagar y á evocar sueños queridos; y venía á remover en el alma de Otaño
aquel mundo sentimental, romántico, quimérico,
que estaba escondido bajo la capa de un modernismo racionalista y de última moda.
Levantó, pues, la cortinilla, atisbó la calle, vió
al músico callejero; abrió la ventana y arrojó una
moneda. Luego el organillo cambió de música,
tocó una marcha de Garibaldi, juvenil y vivaz y se
alejó por la calle _abajo, hasta extinguirse, como
un batallón de qmmeras que se desvanece...
IV
Volvió á sentarse junto á la mesa de trabajo.
Entonces se fijó en un cuadernito negro en donde
solía anotar sus ideas y proyectos á medida que
surgían en su mente; precisamente las últimas ho-

. - ¡¿/j:'I(!(

e

; ~"'t ,

jas del cuadernito estaban llenas de pensamientos
y párrafos sugeridos por aquella misma inquietud
que en el momento le embargaba. Ojeó el cuadernito y leyó en voz alta, como si quisiese penetrarse bien del sentido de sus amargas reflexiones:
«El público es un niño, ó es un monstruo voraz, ó es una mujer: aunque vista de diferentes
modos, aunque lleve levita y guantes, aunque tenga en el cerebro unas cuantas ideas cultas, el público siempre es como aquel público de los pueblos campesinos, compuesto de hombres brutales
que ven saltará los pobres gimnastas, que Yociferan, ríen, aplauden las piruetas más grotescas y
piden ejercicios arriesgados, en que haya peligro
de muerte, y al acabar dejan una moneda ó una
injuria. Si el público es así, ¿cómo puede imaginarse que un carácter orgulloso haga piruetas delante de él? El público es un tirano que pide al autor
sumisión completa: le manda, le dirige, le esclaviza ... &gt;
,•¡Ah, yo no soy ni más ni menos que una mujer! La mujer necesita que le elogien el brillo de
los ojos, la b lancura de los dientes, lo liv iano del
talle; y la mujer busca el elogio y lo compra aun á
costa de su libertad, su orgullo ó su honor. La
mujer adorna su cuerpo, adoba su cabellera y su
piel, se cubre con galas fantásticas y rrlucientes,
para que el hombre la admire; y la mujer se tiende
á los pies del hombre y se entrega á él, desvanecida, dócil, esclava. Yo también busco el elogio
desatinadamente, pulo mi estilo, exprimo mi cerebro, agoto la sensibilidad de mis nervios, me
adorno, me adobo, me exhibo desnudo, y me entrego dócilmente al lector que me acaricia; y sus
caricias me hacen desvanecer, con un desvanecimiento de hembra insaciable. ¡Ah, yo no soy digno de mi! Yo me entrego y me reparto; me doy en
venta á la multitud; sé ya lo que gusta á la multitud:
cuál adorno, cuál gesto, cuál sonrisa ó mohín doloroso le gusta á la multitud, y salgo á ofrecerle
al ~úblico lo que le gusta, y él me paga con una
cancia y con una moneda, á veces con una injuria.

�Ahora sondo ante la canc1a, ahora lloro ante la
injuria. Al despertar pienso en el público, y al dormirme sigo pensando en él: yo soy la man_ceba del
público. El público es un amante muy exigente, y
yo soy la amada siempre dócil. . . &gt; • ,
«El lector ama notablemente la 1roma: sólo los
grandes ironistas han tenido la verdadera y consecuente estimación del público. U na forma de estilo put&gt;de dar celos á los irónicos, y esta forma es
el sarcasmo, la indignación vibrante á lo Juvenal.
Por donde se infiere que el público es una selva
de almas inmundas, que sólo aullan ante el látig~
ó ante las muecas pintorescas. El lector busca a
quien le grita con gran~es voces,. á quie~ le de~cubre simas de inmoralidad, á quien fustiga los tiranos y los poderosos; el público, que es un hato

1

1

1

de plebeyos cobardes, busca al escritor que le trae
carne fresca que devorar, porque nada hay que la
canalla agradezca tanto como la decapitación de
la grandeza, de lo noble, de lo sagra_do: el qu~ t~nga bastante abnegación para servirle al publ~co
diariamente carnaza fresca y noble, ese será bien
querido y solicitado. Un rey podrido_, un papa abyecto, un genio falso, un héroe mentiroso, ~n ~lósofo desprestigiado, eso es lo que ama el publico:
escándalo, grandezas caídas, voces iracundas~ adulación á la canalla ... La canalla gusta, ademas, de
la ironía; los buenos escritores, los que saben s~nreir finamente, con sonrisas de dos filos que hieren igualmente al autor ó al _público, á la verd_~d
como á la mentira, esos escntores que salen diariamente embadurnados de yeso y que hacen bonitas piruetas, que entretienen, no molesta? mucho, son lindos, suaves, que tienen algunos pinchos
discretos, que ríen, que sonríen ... áesos los bu_sca
el público siempre. ¡Si comprendieran los escnto-

res de todos los siglos que la ironía es un signo de
abyección, un tributo á la canalla!. . . &gt;
•
Pero interrumpió la lectura del cuadernito negro, porque, á medida que i~a leyéndolo, su pecho se llenaba de mayor coraie.
Se levantó demudado, con los ojos chispeantes; crispó los puños: hubiese querido tener en
aquel momento, unidos en un haz, los pescuezos
de todos sus lectores, para retorcerlos y ahogarlos
de una vez.
Después volvió el pensamiento hacia los escritores, sus compañeros de fatiga. Los vió endebles de salud, llenos de histerismo, atormentados
por la envidia, decepcionados,, irrit~dos contra su
suerte, incapaces de abrazar a la VI?ª con _abrazo
viril; sin energía, sin voluntad, nerviosos é mtran-

quilos, sensibles á la menor impresión,_pob~es, con
grandes ambiciones y sin ninguna acción vigorosa
en el mundo de los negocios, del amor, de nada.
Desgraciados séres que se reunían en algún rincón de la ciudad para hablar de sus grandezas
imaginarias ó para contar, en un contraste i_-idículo el dinero que cobraban ó el que cobranan, el
d~stino que poseerían, el personaje político que
los protegería...

V
Otra vez levantó Otaño las cortinillas de la
ventana, y nuevamente dejó errar sus ojos por la
calle.
Era aquel momento indeciso de la huída_ de la
luz de la muerte del día, de la llegada tácita de
la ~oche· aquel momento crepuscular que en pleno camp~ suele tener tan suave, tan resignada melancolía, pero que en el fondo de las grandes po-

tranvías, y únicamente se veían figuras
y escenas lamentables: una pareja de
guardias, una castañera, dos golfos que
se calentaban al fuego, y la gente, la inmensa, la revuelta y acelerada gente
que caminaba tropezando, lo mismo
que un río de aguas turbias.
De repente Otaño palideció. Una
mujer joven había doblado la esquina
que daba enfrente de la ventana, y sus
ojos, vueltos hacia arriba en un movimiento instintivo, automático, tropezaron con la mirada del escritor.
Otaño palideció y quiso ocultarse,
soltando la cortinilla y metiéndose dentro del gabinete. Pero sin duda aquella joven y hermosa mujer tenía hondas raíces en su sentimiento, porque
Otaño, sin poderlo evitar, volvió á la
ventana y levantó la cortinilla, y otra
vez tropezaron sus ojos con los de la
mujer.
La mujer sonrió y levantó la mano, con un ademán gracioso de inteligencia; luego se dirigió al
portal y penetró en la casa.
- ¿A qué viene esta mujer trapacera? - murmuró O taño - . ¿Qué me quiere ese fardo de frivolidades? . ..
Pensó que aquella mujer estúpida, tan bella y
relarnpagueante como un faisán de adorno, no
vendría á su cuarto más que para turbar la grave
complicación de sus pensamientos. Quiso cerrar
la puerta y ahuyentarla como á un gato bonito;
pero la mujer se adelantó y llegó á la puerta antes
que él. Y penetró en el cuarto violentamente, dando saltos menudos y vivaces, sonriendo y hablando, iracunda y melosa, todo á la vez.
- Aquí estoy, Otaño, aquí estoy yo.
Se sentó en una silla, levantó la pierna, hurgó
entre las faldas y se entretuvo un momento en
arreglarse la liga. Luego se entretuvo en acicalarse el peinado, en componerse el lacito del cuello y en mirarse al espejo con cien diversas actitudes y femeniles marrullerías. Y no cesaba de
charlar, rápida, frívolamente.
- Pasaba por ahí, ¿sabes?, y te vi. .. Te vi, y
me dije: «Ahí está el ilustre Otaño, el que ya no
me quiere, el que me p osterga á las princesas de
sus sueños... • Y entré, ¡claro que entrr!, para demostrarte que yo no soy princesa...

blaciones adopta un matiz grisáceo, triste y desconsolador.
Otaño se acord.ó de su niñez. Pasó por su alma
como una ráfaga de aire libre, y pasó también un
cuadro idílico lleno de la dulce inocencia de los
primeros años. Cuando él era niño, cuando acaso
presentía la inexorable crueldad de su destino,
solía apartarst&gt;: de la ciudad é íbase por el malecón
del muelle á sorprender el último rayo del sol; y
allí quedaba extático, mudo y perplejo, viendo
cómo la luz crepuscular se diluía en la naciente
sombra y cómo los perfiles de las colinas se dibuLa princesa está pálida,
jaban limpiamente en la violácea serenidad del firtriste está la princesa . . .
mamento. Entonces se quedaba absorto y ensimismado, aguardando á que amaneciesen los lu¡Já, já, já!. .. Yo no soy princesa, ni ganas de
ceros, y cuando la primera estrella brotaba en el serlo; pero soy una mujer de corazón . .. ¿Te entecielo como una flor brillante y diminuta, el peque- ras? S oy una mujer de corazón, ¡de corazón sí de
ño O taño se conmovía hasta la raíz del alma, que- corazón!
' '
ría cantar versos, quería llorar, hubiese querido
. Y com~ si esta suprema y noble palabra huvolar, morir, conv ertirse en ángel. .. Y muchas biese agobiado á su frágil y pueril espíritu, la hertardes concluía por llorar de veras.
mosa mujer se tendió en la silla y puso en su rosMientras que ahora...
tro un gesto de cómica indignación.
Apenas si se divisaba una línea de cielo entre
Sentada en la silla, con el busto doblado lio-elos dos tejados de la calle, y aquel trozo de cielo r~mente, con el entrecejo obscuro, con los at~rera de una horrible suciedad. En lugar de las som
c iopelados ojos negros clavados en la alfombra,
bras fluctuantes, en vez de las nieblas indecisas aquella mujer sugería ideas de sensualidad más
y de los rumores suaves del crepúsculo, aquí, en bien que ideas de compasión 6 de ternura. Toda
el fondo de la calle, oíanse los ruidos agrios de aquella mujer era un conjunto de sensualismo .
los coches, de los vendedores ambulantes, de los Transcendía de toda su persona un aroma lúbri-

�- ¿Qué dices tú á eso? ¿No tienes nada que
co, tentador y vehemente. Parecía un sér excepcional creado expresamente por la Naturaleza para decirme? ... ¿Y te estás así, callado como un topo?
rodar entre los hombres, como objeto de lujuria, ¿No soy nadie yo? ... ¿O crees que tus pensamiencomo prenda de amor, de pasión primitiva, de tos valen más que mi persona? ... ¡Hijito, ilustre
sabio ó lo que seas, ten en cuenta que el tacón
concupiscencia.
Andaba por los cafés y los escenarios como de mi zapato vale más que todas tus ideas!
- ¡Bueno, basta! - exclamó por último Otauna pelota de juego, como un animal bonito que
brincaba ante el aplauso, que reía ante los gritos, ño, y se levantó con ademán resuelto-. Habíaque se embriagaba con la hirviente aura de la mul- mos quedado en que tú y yo...
- Habíamos quedado en que tú eras un potitud. Y era como un sér de condenación, inocenbre
chico, y en que yo no podía perder el tiempo
temente perverso, encargado de encender las más
torpes pasiones. Cuando la multitud hervía entu- con tus simplezas.
- Pues bien, Cielito, hermosa Cielito; eso
siasmada, cuando en el ardor de la danza su cuerpo vibraba lo mismo que un haz de fuego, enton- quiere decir que no nos entendíamos y que hicices ella se enardecía todavía más que el público, mos bien en separarnos. Ahora...
- Porque tú eras un pobrete, por eso no nos
y acentuaba sus ademanes lúbricos; y entonces
que el público rugía, como una bestia celosa, ella entendíamos. Tú eres un pobre hombre lleno de
temblaba desde los pies hasta el cabello, y hubie- vanidad, que te crees que las demás hemos nacise querido ofrecerse, de una vez, completamente, do para servirte ...
- Al contrario; yo te quería para lo otro...
al monstruo encandilado de la multitud.
para amarte.
- ¡Yo tengo corazón, sí, corazón, corazón!. .. - ¡Já, já, já!. .. ¡Qué tonto, qué romántico es
volvió á decir, mientras se incorporaba bruscamente. - En cambio, otros no lo tienen ... ¡No, señor; este ilustre sabio! ¡Para amarme como á las prinno lo tienen! Hay personas ridículas que se creen cesas pálidas! . . . ¡Já, já, jál ...
- Yo te quería para amarte, no como á las
severas, y son nada más que farsantes . ..
Pero el mutismo de Otaño debió de producirle princesas, sino como se ama á las mujeres que
una honda contrariedad, porque se fué hacia él, transitan por nuestro lado. Pero me equivoqué,
se plantó firmemente, puso los brazos en jarra, y me resultaste una...
- ¿El qué? Acaba de decirlo ...
chilló:

- Bueno, 0-elito; terminemos, porque estoy
en un trance moral que no consiente divagaciones.
:-- ¡Lo que hay es que tú eres un egoísta, un
vanidoso, un hombre fatuo! ...
- Basta, Cielito...
- ¡Y_que me cogiste para distraerte, para hacer conmigo u:1a pausa en tus trabajos ridículos! ...
- ¡Ea, acabemos!
- ¡Pero el tacón de mi zapato roto, vale más
que todos tus escritos necios! ...
Al_llegar_ aquí, Otaño avanzó hacia la puerta,
la abnó Y m!ró á ~a buena moza con tal imperio,
con tan ternble mirada, que la mujer vivaz y turbulenta c~lló amedrentada y traspuso la puerta
con pas_o hgero._Pero al llegar al pasillo, y cuando
~e v1ó libre del imperativo gesto de Otaño, la muJer_ ~e desató nuevamente en improperios y en
ch1lhdos.
- ¡~al escritor! . .. ¡Fatuo!. .. ¡Canalla! ...
. Otano se encogió de hombros, cerró la puerta
violentamente y se sentó ante la mesa. Luego apoyó_ la frente en la mano, y dejó que su espíritu sigmese anegándose en el mar profundo de su tristeza.
. - ¡Qué estúpido episodio el de esa necia muJer!: .. Pedazo de carne blanca, nido de lujuria,
vanidad de un placer enfermizo. ..

VI
Una mano llamó á la puerta.
- i No estoy! - gritó Otaño - . ¡ Al diablo
todos! . ..
Pero la mano volvió á repiquetear con más
fuerza que ant~s, de una manera autoritaria, y se
oyó una voz atiplada que decía:
- ¡Soy yo, Otaño; ábreme!
Como no le contestaran, la voz gimió nuevamente:
- ¡Otaño, Otañito, ilustre escritor! .. . 1·Abre
pronto, que soy yo!
Golpeó la puerta con furia, y gritó desaforad amente:
;-: i Abreme, Sltaño, que vengo con grandes
noticias! ¡Que traigo mucha prisa! ...
En~onces Otaño abrió la puerta de mal humor,
y entro turbulentamente en el cuarto un jovencillo feucho, mal fa~hado, de sombrero inverosímil,
d~ cuerpo mezquino, con unos ojos saltones que
m1raban descarada y burlonamente á todos los
lados.
. - ¡Hola, querido Otaño! Vengo á hablar contigo de un asunto muy grave.
S_e sentó en seguida cerca de la mesa, se repantigó muellemente, cogió un cigarrillo del ca•

�jón, lo encendió y comenzó á fumar, á escupir, á apura se muere. ¿No me ves á mí? Yo no tengo
mirarlo todo y á removerse inquieto, mientras reía prisa. Yo soy un ilustre dibujante, como tú sabes
con una risa mezcla de candor y de truhanería bien ... ¡jí, jí, jí! Pero no me apuro ni envejezco
como tú. Yo reservo parte de mi juventud para
ratonil.
- Fumas buenos cigarros, dicho sea entre pa- las buenas mozas ... ¡Ah, escucha! La Cielito creo
réntesis... ¡Jí, jí, jí! Comprendo muy bien que con que te es infiel; no te fíes.
- Yo no tengo nada que ver con esa mujer.
esta ayuda se escriban las gloriosas páginas que
- ¡Vamos, no disimules! Todos sabemos que
tú escribes. Un buen cigarro es un gran colabohabéis tenido vuesrador de la intelitras uniones ilícigencia. Si Homero
tas ... que habéis ...
hubiese fumado ...
¡Vamos, Otaño, no
Otaño se levanseas hipócrita!
tó, y dijo:
- Eso fué an- ¡Bueno, contes, en otro tiempo;
cluye!
eso ya pasó ...
- ¿Qué? ¿Qué
- Pues sabe
es eso? ... - chique ese trasto de
lló el jovencillo.
Cielito está Pn in- Que concluteligencia con el
yas, que digas lo
imbécil de Roda~.
que habías de de¿Y qué me dices tú
cirme.
de Rodas, del imEl jovencillo se
bécil de Rodas?
arrellanó en la silla,
¿Has visto en tu úpuso una pierna SO·
da un congrio más
bre la mesa, y exgrande? ¿Has leído
clamó con acento
los artículos que
meloso:
publica en El Es- ¡Oh, mi adtandarte?
.. . ¡Chimirado escritor, mi
co, te confieso que
ilustre y querido
estas cosas me
genio! Tú tienes
sacan de quicio!
prisa por dejarme,
y yo, por el contrario, desearía morirme á tu lado, ¡Cuánto imbécil anda suelto por ese mundo del
sin separarme de ti ni un momento de la vida. arte! ... ¿Pues no se atreve Urrutia á decir que
No comprendéis vosotros, los genios, que la lla- Rodé!;S es un muchacho de talento? ¿Tú crees que
ma de vuestra inteligencia nos atrae á nosotros, Rodas puede tener talento? ... Vamos á ver, sé
franco: ¿Tú crees que Rodas piensa, ni que bajo
corno la luz atrae á las ...
- Mira, Pino del demonio, no estoy ahora aquella bola cerebral guarda ni siquiera tres
para oirte, ni tengo ganas de paliquear. Acaba de ideas? ... ¿Y qué me dices de Urrutia, hombre?
¡Yo no he conocido un majadero más tonto que
una vez; dime á qué vienes, y márchate.
- ¡Bien, ilustre literato, bien por las energías! ese Urrutia! S_e figura que con ponerse grandes
Así me gustan á mí los hombres: rápidos, francos corbatas de lazo nos va á epay decididos. Pues yo también quiero ser franco y tar á los pobres burgueses...
rápido, y te diré, por no andar en circunloquios ¿Tú qué dices de !_a s corbaestériles, que hoy no he almorzado, qu~ necesito tas de Urrutia?
Otaño pensaba en aq~el
cenar á todo trance y que vengo á pedirte cinco
momento que la vida literaria
pesetas. ¿Te parece bien, ilustre escritor?
Otaño sacó una moneda de cinco pesetas, se era la más pobre que pudiera
darse en el mundo.
la dió al jovenzuelo y aguardó de pie.
- ¿Y siempre esto, siem- Toma, ahí tienes la cena. Ahora, déjame
pre, hasta morir, esta pobre
en paz.
Pero el jovencillo vivaz no tenía sin duda mu- vida de murmuración y mez- ·
chas ganas de marcharse, y con voz atiplada, con guindad? ...
- ¡Ay, Otaño de mi vifrase pintoresca y entrelazando muecas nerviosas,
saltos en la silla y carcajadas guturales, habló sin da! - siguió diciendo el jovencillo-; ¡tú vives en una
cansarse:
- No seas precipitado, Otaño; no te precipi- región fantástica de ideal, y
tes; atiéndeme á mí, que soy más viejo en este pQr eso no te enteras de las
mundo del arte. ¿Vas á trabajar? ¿Piensas pasarte miserias de este bajo munq.o!
la juventud trabajando? ... ¿Cuántos años tienes? Haces bien, haces bien. ¡Yo
¿Treinta, treinta y dos! . . . Ten calma, hombre, estoy asqueado, completaque ya llegarás. El porvenir te aguarda, el hermo- mente asqueado! No hay más
que imbéciles por Madrid, maso porvenir... ¡Jí, jí, jí! ...
Encendió otro pitillo, escupió á ambos lados las lenguas, lenguas viperinas.
de la silla, se limpió la baba de la boca con el re- ¿Crees que tú estás á salvo?
Pues qo lo estás, no; también
vés de la mano, y prosiguió:
- No vale apurarse, querido Otaño; quien se tú tienes que pagar el tributo . ,.,#.

á la perfidia humana. Por ejemplo, ayer decía en
~ornos ~l tonto ~e García que tu novela es un plagio_ de D Annunz10, que te traes las ideas de Anatollo France, que...
:¿Y para esto agoto mi sensibilidad, pensaba
Otano, y malg~s~o la flor de mi alma, para que me
muerda la env1d1a ocultamente? Si pudiese pesar
el ~r~ Y. el contra de la opinión, las alabanzas y
las 111JUna~, ¿acaso no pesarían éstas más que aquéllas? ¿Y nu carrera será entonces una caminata por
entre mal_vados, que me acechan en la sombra y
que me siguen mordiéndome, y yo nunca podré
con~cerlos á todos, y sentiré que hay algo que me
hos:1ga y mina, ojos que me celan, lenguas que
me mfa~an, manos que me hieren sin que que yo
pueda librarme? .•. ¿Y no conoceré al amigo y beberé, acaso,, co~ mi enemigo? ...
- Garcia dice - pro~e~uía entre tanto el jovenzu~lo - que está escnb1endo un artículo para
la revista La L~ctttra, en el que piensa atacarte
de un modo ternble. As~gura que tiene muy buenos datos, que ha recogido de tus obras anteriores un sinnúmero de vaciedades, no pocos galicismos y bastantes citas equivocadas. Añade García
que tú erP.s un hombre inculto ... ¿Qué dices á eso
Otaño? ¿No piensas defenderte?
'
«Me acosarán entre todos, se unirán para de-

rribarme; la rabia y la impotencia propias les dará
fuerza; no podrán consentir mi triunfo ... ¡N'o, no!
¡Nunca más escribir!•
- ¿Qué_ pi~nsas, Otaño? No me dices nada ...
Oy,e, necesitare de ti dentro de pocos días. En el
«Circulo• pensamos organizar una Exposición y
Y,º pr~sentaré 1;1nas acuarelas... ¿Me harás un ~rt~culo, ¿~I_e daras un bombo?... El imbécil de Urruha v_a diciendo por ahí que tú no entiendes nada
d; pmtu_ra. .. Voy á fumar otro pitillo. Toma, fuma
tu también.
Entonces ?taño, que sentía rebosar su alma de
asco y de fatiga, y que ya no podía resistir por
m~s t~em~o aq1;1ella repugnante exposición de las
m1senas !tteranas, se _levantó, cogió al jovenzuelo
del brazo y lo llevó nolentamente hacia la puerta.
:-- No seas bruto, Otaño, no seas incivil! ...
¡Chico, 9ué maner~ de despedir á la gente!. ..
Otano lo empujó al fondo del pasillo, sin hablar palabra, y se volvió á su gabinete.
- ¡Te aco~darás de esto, Otaño! ... ¡Me vengaré! ... - chillaba el jovencillo.
Pero Otaño cerró la puerta y se sentó, abrumado, más hastiado que nunca.
Tal era,el turbión de ideas que en aquel momen_to_ bulha en su mente, que Otaño se propuso
escnb1r l.ln artículo: ¡el último artículo!

�Pudo más en aquella ocasión el hábito que la
angustia de su alma y el desfallecimiento de sus
ideales. Estaba corrompido por la costumbre de
escribir, de darse al público en sus más intimas
ondulaciones psicológicas.
_
Pero se acordó de que había roto la pluma ...
Sin embargo, buscó en sus bolsillos, encontró un
lápiz y escribió rápidamente, sin pararse, sin titubear de un solo tirón, el siguiente artículo:
• LOS INMORALES
,La profesión más inmoral de todas las profesiones es la del escritor. Xo hay oficio tan humilde y desgraciado como el oficio de la literatura.
Sin embargo, nadie hay tampoco que sea tan altivo como el escritor.
•¿Y qué derecho tiene el escritor para sentirse
altivo? ¿Por ventura el literato es un centro, y un
fin, y una cosa única que se basta á sí misma? ¿Es
dueño, señor de sí mismo, el escritor?
,El escritor, al contrario, no es dueño de si
mismo, ni se pertenece, ni tampoco le pertenece
su renombre; este renombre, y su misma personalidad, no son pertenencias del escritor. El escritor, por consiguiente, si fuese lógico, habría de ser
humilde, puesto que es un servidor del público.
,El público manda en el literato, la fama de
éste pertenecr al público; el público es como un rey
antiguo, autoritario, que puede quitar y dar mercedes. Un tendero, barrigón y lucio, pasa por la
calle, me Ye, se acerca á mí y me sonríe paternalmente, me pasa la mano por la espalda, me aga- grado de su sér se enturbie y se haga febril, para
rra del hombro, como si tomara posesión de mi que las páginas resulten bien atormentadas, bien
persona, y elogia mis escritos.
febriles y originales. Retuerce el pescuezo á sus
,.\1 elogiarme, el rústico tendero realiza un pasiones más íntimas, para que su obra literaria
acto de benévola superioridad. En aquel momento degt:ile y caiga como un licor refinado, mortal y
yo soy suyo, yo no me pertenezco á mí, sino que
te ...
dependo del tendero barrigón y lucio¡ sin su bene- sorprenden
&gt;Coge las flores de su alma, las mariposas de su
plácito, yo, como escritor, no existiría. Vivo yo fantasía, las alas impalpables de su imaginación, el
gracias á la benevolencia de mi amigo el tendero. velo azul de sus sueños, el oro de sus esperanzas,
Y si le llamase imbécil y me rebelara, dando vue- el polvillo luminoso de sus ilusiones, la blancura
lo á mi altivez, ¿no tendría razón el tendero en in- de sus creencias, el plumón cándido de su virtud,
dignarse, como aquel á quien arrebatan una cosa la llama tímida de sus amores, y con todas estas
que es suya?
virginales excelenrias hace un compuesto y lo des,¿No es del tendero mi fama? ¿No me la otorgó tila, como un licor exquisito, terrible ... ¡Es como
él graciosamente? ¿}fo le debo yo cuanto soy y un ladrón de sí mismo, que se roba su mejor ricuanto valgo? ¿No está en su arbitrio el quitarme queza, para ofrecerla en homenaje... ¿A quién?
cuanto yo tengo, puesto que es suyo? El tendero
,Esa cruel é insaciable amada, es la vanidad.
es quien mide el mérito de mi trabajo, porque mi
• El escritor se arrodilló á los pies de la vanidad
trabajo no es nada por si mismo, sino mrdiante la y le ofreció cuanto él poseía: virtud, orgullo, inde·valuación ajena. Xo es mi trabajo como un puente pendencia, talento. Entonces la vanidad le exigió
ó como un par de zapatos, obras humanas que son más, todavia más, siempre más, hasta que no quepor ellas mismas, y dentro de ellas llevan el fin, el dase dentro de él ninguna cualidad de soberbia. Y
objeto de su valor, y son útiles y buenas sin ne- el escritor se hace siervo de la ,·anidad, y para ella
cesitar de ninguna extraña concesión ...
por ella muere...
•Perola inmoralidad del escritor estriba, prin- vive,,Los
escritores somos los juglares eternos, que
cipalmente, en su humillación continua¡ y es, ade- saltamos sobre la cuerda de la posteridad. Y para
más, inmoral, porque transforma los valores per- nosotros no hay remedio, no hay esperanza: toda
sonales y porque miente y enturbia la visión de la eternidad nos toca saltar sobre la cuerda del
todas las cosas universales.
circo. En el circo está sentada la humanidad, aten• El escritor necesita que las cosas se acomoden ta; salimos nosotros á la arena y nos lanzamos soal fin de su literatura, y no vacila en exagerar, en bre la cuerda, y brincamos á más y mejor: el púcorromper, en alterar el aspecto del mundo, con blico aplaude, el público ríe, y nosotros nos inclital de que cada una de sus páginas tenga un
dándole las gracias.
fuerte sabor de originalidad. Como además el es- namos
&gt;Cogemos la pelota de nuestra personalidadcritor saca del fondo inefable de su sér toda el y en la pelota va toda nuestra riqueza interior, los
alma de sus escritos, procura que ese fondo sa-

sueños, el ansia, las visiones, los pensamientos, los
dolores y las alegrías -¡ cogemos la pelota y la
echamos en alto y h~cemos con ella bonitos juegos. Y la ~elota va girando á la luz, ofreciendo sus
colores ?n!lantes ó siniestros; colores múltiples
que el publtco admira, aplaude y paga.
, •_Después que hemos alegrado la ociosidad del
publico con nuestros juegos, nos metemos en el
fon?o del barracón, en la gran feria de la vida.
A!h ~omemos nuestro pedazo de pan y roemos las
m1gaJaS de la _alabanza. El vino de la gloria nos
aturde; la vamdad, nuestra amada, nos azota sin
parar.
&gt;Allí, en el fondo del barracón, todos los juglares del arte nos mezclamos, y por una miga-

ja de pan gruñimos, Y por un pedacito de alaban~a trabamos fuerte pelea, mordiéndonos con
una ira reconcrntrada, allá en la intimidad del barracón.
•Luego salimos otra vez al circo. El público lleºª, I_as grndas, )as mujeres hermosas sonríen, la
n:1us1ca suena tnunfalmentc. Nosotros salimos disimulamos las heridas, tapamos el dolor, y j~gamo~ nuevamente con la pelota de nuestra personalidad ...•
VI

Pero_ de repente, cuando escribía con más calor y fl~1dez, )e.asaltó de nuevo la idea de que él
no deb1a escnbtr, de que el público era un miserable; él, (?~o, quería ser el saltimbanco orgulloso que h1c1era una mueca de desprecio ante el

�público y huyera del circo y del barracón. Sonrió
amargamente y murmuró:
- ¡No vale !a pena de contarle nada al público!
Y para afirmar definitivamente su propósito,
rompió también el lápiz, cogió el tintero y lo arrojó contra la pared; y el tintero, al estrellarse, metió un gran estampido y dejó en la pared un enorme chafarrinón.
- ¿Qué me queda por hacer ahora? ¿En qué
emplearé la vida? ...
Emprendería un trabajo honrado, digno, útil á
1a ouena marcha de la humanidad; sería comerciante, mecánico, agricultor. Pero, ¿lograría olvidar
su pasado, su intuición artística, su vicio de exprimir las ideas y sensaciones en artículos, en libros? ...
Delante de un crepúsculo de verano, ¿podría
resistir la opresión de una oficina 6 de un taller?
Cuando pasasen las golondrinas en primavera, ¿no
sentiría que se le llenaba el alma de ensueños inefables, que en seguida querría traducir en páginas
Ji terarias?
Al contemplar el divino cuadro de la Naturaleza, los mares rugientes, los horizontes azules, las
montañas· al oir el eco de los conflictos sociales;
al sentir 1~ vibración del mundo, ¿podría resistirá
la obsesión del artículo, ahogar sus ideas, guardárselas y callar?. . .
_
Ya no podría contemplar la Naturaleza con OJO
indiferente; ya no podría asistir á la tragedia humana como un silencioso espectador. Estaba condenado ya á producir imágenes é ideas, á ofrecer
sensaciones; su cerebro se había acostumbrado á
la creación; sus labios moldeaban la frase armónica inconscientemente; su hábito del análisis y de
la crítica no le permitían sosegar ante la ola de los
pensamientos que continuarhente se levantaba en
su cerebro. Y luego, la vanidad, el vicio del aplauso, la horrible é insaciable vanidad...
Era escritor por ley de su destino; ya no podría ser nada más que escritor. ¿Cómo contener
el turbión de ideas, comentarios, imágenes, sentimientos? Dentro de él se formaba diariamente
como un aluvión de aguas ideales que rebasaban
de su sér y saltaban fuera por conducto de la pluma; si dejasen de saltar aquellas aguas copiosas,
llegaría un momento en que no cupiesen dentro
de él y lo anegarían. Se formaba dentro de ~¡ una
concepción ideológica; una preñez angustJ.osa é
impaciente le embargaba cada día, hasta que se
abría en el parto, y entonces sentía una impresión
de júbilo y de sósiego. Si ahora quisiera encarcelar el aluvión de su inteligencia, las ideas romperían la cárcel y saldrían como locas...
- ¡Sí, yo terminaré por volverme loco!
De tal manera le agobiaban los pensamientos,
que ·por un instante se los figuró como dotados de
personalidad; ya no eran id~as inmateriale~ las que
rondaban por su cerebro, smo séres enemigos, séres corpóreos y tangibles ... Hast~ creía distinguirlos unos de otros, á sus pensamientos, y unos
eran rojos y le hacían muecas cínicas, otros eran
negros y le hacían guiños espantosos, y todos ellos
le perseguían, le acosaban, le mordían, y él no podía ahuyentarlos de ningún modo.
- Indudablemente, yo comienzo á desvariar.
Concluiré por volverme loco.
·

Se llevó la mano á la frente y observó que tenía calentura. Pensó en acostarse ... Pero en seguida que lo pensó, sus ideas dieron un brinco terrible en su cerebro y se le aparecieron más feroces que nunca. Unas eran rojas y le hacían muecas
cínicas; otras eran negras...
Tanto se asustó, que en lugar de acostarse cogió el abrigo y corrió hacia la puerta. En la puerta
notó la falta del sombrero ...
- ¡Sí; yo concluiré en loco!
Salió, en fin, y tomó la calle adelante, sin rumbo fijo. Nevaba copiosamente.

VII
Los copos de nieve voltejeaban en el aire y
sembraban la negrura de la noche con puntos blancos infinitos. La gente corría apresurada; como
aquella nevada era tan insólita, todos los transeuntes se asombraban viendo la nieve y prorrumpían en exclamaciones de admiración y de sorpresa. ¡Qué blanco, qué suave espectáculo! . ..
Los teatros se vaciaban en aquel preciso instante, y los buenos espectadores dominguero~,
que aun retenían en los ojos las visiones fantásticas de la escena, quedaban maravillados al ver
aquel otro espectáculo, blanco y tímido, con que
les obsequiaba la Naturaleza.
Una multitud de mujeres bellas y elegantes
llenaba el vestíbulo del teatro Real; los ojos femeninos, llenos todavía de la sqñadora poesía del
Lohengrin, los ojos que se habían anegado en la
blancura de Eisa, en la blancura del cisne mágico
y en la blancura del río misterioso y le2;endario,
se abrían asombrados al contemplar la nueva blancura de la nieve, de los levés y voltejeantes copos
que punteaban la negrura de la noche. «¡Qué lindo, qué blanco! ... • exclamaban las mujeres.
Otaño se detuvo en mitad de la plaza, y aguardó largo tiempo: parecía que deseaba sumergirse
en aquella limpia blancura, anegarse en frío y en
olvido. . . Después volvió á caminar, sin rumbo y
sin plan, como un sonámbulo.
Veía á los golfos que andaban como perrlejos,
como pájaros despavoridos; la nieve les había sorprendido de pronto, y buscaban en los rincones
algún lugar confortable en doade e_sconder s~s
pies descalzos. Sobre la capa de la 111eve, los ruidos de la ciudad se amortiguaron, se apagaron temerosamente; algo de siniestro, algo que tenía de
silencio triste, de asombro y de miedo, flotaba
en el ambiente. Poco á poco la ciudad fué enmudeciendo; aquel contraste de silencio actual con
el tumulto anterior, hacía que la capital de España apareciera como una ciudad que moría, que se
acababa. Interrumpiendo el raro silencio invernal,
los gritos de los vendedores atronaban de repente
la calle: eran vendedores de billetes de la Lotería, que gritaban agriamente:
- ¡Hoy sale, hoy! ¡Llevo la suerte! ¿Quién
quiere la suerte? ...
Después callaban también los gritos y todo se
sumía en el gran silencio de la nieve.
Desembocó Otaño en la Puerta del Sol. Vió la
plaza vacía, abandonada y sola. En medio de-la soledad nquella, como si la capa de nieve fuera un
tapiz blando y primaveral, un perro negro, lanudo1

vivaz, corría henchido de
júbilo, brincaba y se revolcaba en el suelo, hocicaba en la blanca alfombra, lanzaba las patas al
aire, rompía á correr una
carrera desenfrenada, ladrando alegremente.
Torció Otaño por la
calle del Príncipe y estuvo vagando mucho tiempo por sitios escondidos é
ignorados. La nieve le
azotaba el rostro, le cubría el cuerpo totalmente; pero él seguía como
un autómata, insensible á
los agentes exteriores,
ensimismado en su interna batalla moral.
Se paró de pronto, y
como si respondiese á
una terrible pregunta interior, exclamó en voz
alta:
- En fin de cuentas,
¿para qué vivir? ... ¿Qué
tiene esta vida de interesante? ...
Rompió á andar nuevamente y fué á dar en
la propia calle de Toledo,
allá por la parte de la Cebada. Vió unos cestos de
hortaliza arrumbados junto al mercado, algunas
verduleras arrecidas, un
carro en mitad de la calle,
casi cubierto por la nieve. Después, siguiendo
el extraño rumbo que le
marcaba su automatismo,
Otaño embocó una calle
estrecha, solitaria, que le
condujo al mismo corazón de los barrios bajos.
Por allí anduvo vagando á la ventura, sin
encontrar apenas gente:
la miserable gen te de
aquellos barrios estaba
guarecida en sus cuartuchos, al amparo de los braserillos centenarios, ó bebiendo vino en las angostas tabernas. De estas tabernas salía un vaho espeso, mezcla de vino, humo, aceite, harapos; los
hombres que bebían allá adentro tenían las caras
contraídas, los ojos apagados, los cuerpos encogidos; en los rincones más abrigados veíase la catadura de algún mozo de cuerda, triste como un día
sin pan, ó la borrosa facha de algún obrero, que
bebía silenciosamente para calentarse.
Ütaño vió una taberna abierta y entró incontinente. ¿Para qué había entrado? No sabía qué
hacer allí dentro... Pidió una botella de cerveza,
llenó el vaso y se lo bebió sin respirar. Miró en su
rededor: el dueño le contemplaba atentamente,
con una mirada que era toda una profunda interrogación; los parroquianos cesaron de charlar y

también le observaban curiosamente; hasta el gato
se le quedó mirando con gran extrañeza. ¿Qué
buscaba aquel señorito á tales horas y en tan inconveniente lugar? ... Pagó el gasto y se marchó.
La nevada iba cediendo poco á poco; la noche
se tranquilizaba: entonces adquirieron las calles
una dulce poesía invernal, una paz como de ensueño ó como de leyenda germana. La ronda de
Toledo aparecía como una gran vía fantástica,
toda blanca, toda limpia y con la nieve completamente incólume. Los árboles destacaban de la total blancura, lo mismo que si fuesen personajes
tácitos y pensativos puestos allí de centinelas del
ensueño. La luz de los faroles amarilleaba sobre
el nevado pavimento, y estaban los faroles colocados de tal manera, á lo largo de la extensa calle,
que se les veía perderse en la bruma del horizon-

�te, ni más ni menos que si se tratase de una fila de
lámparas perdiéndose en el Infinito... Todas aquellas cosas inusitadas, irreales, imaginativas, hacían
que la mente de Otaño se enturbiase cada vez
más, y que el trajín de sus ideas adquiriese las
proporciones de una verdadera locura.
Había llegado al paseo del Prado, y se le ocurrió detenerse enfrente de una ventana que tenía
las persianas corridas herméticamente. Algo de
singular le debió de atraer, y sin duda este algo
fué la música, velada y discreta, de un piano que
sonaba tras de aquellas herméticas persianas. Y
sucedió que la música estaba como hecha á la medida del estado ie alma de Otaño, porque la ventana, suavizando las •iotas del piano, sólo dejaba

pasar un rumor melodioso muy débil, muy apagado, semejante á una música que viniese de lejos,
ó semejante á una de esas músiras mentales que
únicamente se oyen cuando se sueña.
Otaño entonces traspuso la linde de lo material y alcanzaba el punto definitivo en que todo el
sér se deshace en sueño, en inconsciencia y en
fantasía. Las cosas de la calle no las miraba en su
verdadera forma, sino esfumadas, envueltas en
bruma; los árboles no los veía como árboles, sino
como objetos taciturnos, hieráticos; la nieve se le
figuraba una masa fluida que llenaba todo el mundo, y que ya no existían cuerpos pesados, ni la
tierra tenía solidez, sino que todo era fluido, flotante, blanco. ..

Bruscamente la música se hinchó, se agrandó
y se hizo robusta; ocurrió algo parecido á una ola
repentina que viniese tronando y envolviéndolo
todo. Se abrió, en fin, la ventana de par en par.
Entonces las cosas se materializaron nuevamente;
la luz fué más viva y verdadera, las notas del piano sonaban fuertes y chillonas, las fantasías y las
incoherencias se fueron, se escaparon. Una voz femenina sonó clara y vibrante para confirmar, de
un modo absoluto, la realidad de la vida.
Y Otaño despertó. Al tiempo que despertaba,
oyó que decía aquella voz de mujer:
- ¡Qué bonita está la nieve! ... Mira, Pilar,
mira qué encanto...
El encanto fué para Otaño, viendo la bellísima
mujer de la ventana. Era una joven pálida, morena, de grandes ojos garzos, de aire aristocrático é
inteligente, peinada con dos ondas que le caían
sobre las sienes y dábanle al rostro un fino matiz
romántico. A Ota.ño se le figuró aquella mujer la
más bella y espiritual del mundo entero; sintió
que el alma se le llenaba de ternura, sintió deseos
locos de poseer aquella mujer, de abrazarla y
amarla.
- ¿Por qué no había de ser mía esta joven? ...
Inmediatamente se puso á divagar su fantasía.
Si él lograse poseer aquella mujer, ¡ah, entonces
sí que tendría un objeto magnífico la vida! Amar
y ser amado, confundirse en una pasión inmensa
y ardiente... Puesto que la gloria era una ficción
engañosa, el amor vendría á completar y á llenar
su pobre existencia, y viviría una vida rica y elegante, con palacios, con habitaciones mullidas, con
viajes remotos, con alegría y con cariño...
Pero en el preciso momento &lt;.&gt;n que la fantasía
de Otaño alcanzaba su mayor altura, salió á la ventana la otra mujer, que era una jamona opulenta,
y los sueños del literato se desvanecieron.
Decía la opulenta jamona, bajando la voz y
sofocando la risa á duras penas:
- Pero chica, ¿estás loca? Tienes ahí al novio
muerto de frío ...
- ¿Qué novio?- respondió la bellísima joven.
-¿No le ves ahí? Y te mira como para comerte. .. ¡Já, já!
- ¡Qué cosas tienes, mujer! ¿~o comprendes
que es un cesante, que no habrá comido aún?
- ¡Chit, que nos oye! Pero... calla, yo le conozco.
-¿Quién es?
- Es Otaño, ese escritor que dicen que va
para académico.
- ¡Jesús, un académico mi no\'io! ...
- IJá!, ¡jál, ¡já!. . .
Las dos mujeres unieron en una sus carcajadas, y para reir más á gusto se metieron dentro de
la habitación. No contentas todavía, cerraron la
ventana, corrieron las persianas; y al poco rato
volvió á oirse la voz opaca, remota, sentimental
del piano. Otaño se restregó los ojos y arrancó á
andar nuevamente.
Mie~tras se perdía en las calles tortuosas de
Madrid, Otaño oía distintamente las carcajadas
con que las dos mujeres le despidieron; pero la
carcajada de la mujer joven, la pálida y divina joven cuyo amor había ambicionado un momento,
aquella carcajada le estaba sonando en el mismo corazón.

-¡Qué miseria esta! pensaba-; ¡qué
suerte de fracasos sentimenta1es!. .. ¡Y qué
vacía esta pobre
existencia mía!
Un coche
pasó á su lado
dando tumbos,
le rozó la espalda,casi le alcanzaron las ruedas. Una pobre
anciana, viendo
el riesgo, lanzó
u n chillido; 1a
gente se paró
consternada; el
cochero detuvo
los caballos; todos se alarmaron, menos Otaño, que apenas
si se &lt;lió cuenta
del peligro que
acababa de amagarle.
-En último
caso, ¿qué importaba? Si me
hubiese cogido
el c0che debajo, si me hubiera muerto, ¿qué importaba? . . .
Se encontró enfrente de su casa. Estaba cansado, muy cansado y muy triste. Subió, pues, á su
cuarto y cayó en la cama cuan largo era.

VIII

Sr agarró la frente con las dos manos, cerró
los ojos, se abismó dentro de sí, con un gran deseo de llorar. Estuvo en esta forma largo tiempo.
Y cuanto más se abismaba dentro de sí, sus ideas
negativas le atormentaban con mayor furia; y luego vinieron sus recuerdos á saltar en lo obscuro
de la imaginación, ¡sus recuerdoc; grises, feos, tristísimos! Vió la vida pasada, la miserable juventud, llena de fiebre y de angustia por llegar. Se le
apareció la vida como una llanura rasa; el cielo
era frío y gris, el horizonte negro é insensible ...
Todavía tuvo su ilusión un instante de alegría.
Pensó en una vida clara y sonriente, tal como su
alma, bC'névola é inocente en el fondo, solía muchas \'Cces imaginar. L'n río manso y profundo,
con molinos en la orilla, con suaves laderas verdes plantadas de cerezos y manzanos en flor. ..
Una casa blanca junto á un recodo del agua. y allí
dentro las gallinas, las dóciles reses, un perro ladrador, unos niños, una mujer que sería de buena
y cariñosa como lo fué su madre ... Una montaña
con pinos y robles, grillos que cantasen en las noches de Junio, mariposas bonitas, sol, aire puro y
blando... Una playa grande y solitaria, donde viniesen las olas á romper rumorosa y gravemente...
Los pinos se quejarían de un modo inefable, en
las horas cálidas del medio día; á lo lejos se ele-

�varían las montañas, doradas cuando el sol muere, blancas en el invierno, azulinas en el estío,
embozadas en mantos de bruma allá en la hora
religiosa del principio d~ la noche... El cú-c~, las
hojas movidas por el viento, el resonar contmuo
del agua limpia, las voces y estremecimientos de
la alta, solemne y profunda noche. ..
Sin embargo, estas imágenes amables y venturosas, en Jugar de reanimarle, por un efecto de
-fatiga, le sugirieron todavía ideas más negad?r~s.
Vió, en efecto, que todo aquello que él amb1c10naba en sus horas de recogimiento, aquello con
que soñó y para cuya conquista empleo él tanta
voluntad, ya no podría disfrutarlo en paz: estaba
corrompido hasta la entraña. La ambición, la literatura, la vanidad, el hábito, el público, le tenían
esclavizado, le corrompieron definitivamente.
En este punto de su derrotero ideológico, Otaño se puso de pie en mitad del gabinete y se afirmó á sí mismo que todo había acabado para él.
- Mi vida es ya imposible. Mi vida era la
pluma, la pluma, la síntesis de mi sér. He roto la
pluma. Ahora sólo me queda...
Dió un grito y exclamó:
- ¡La muerte, la muerte! ...
Corrió hacia la mesa, abrió un cajón, buscó
precipitadamente entre los papeles y sacó una
pistola reluciente, de dos tiros. Sus ojos se habían
abierto despavoridos, como si contemplasen un
fantasma alucinador. Temblaba todo su cuerpo.
Ante la súbita idea - la exacta, la precisa, la
culminante idea de toda su vida-, Otaño se estremeció hasta la raíz del pelo.
Fué á un extremo del gabinete, adonde esta-

ba el alto y gran espejo, se puso delante de él,
apuntó á la sien con la pistola...
Se vió á sí mismo, y se aterró de verse. Sus
ojos tenían un color desconocido; parecía que el
alma se asomaba á ellos. Quiso gritar, quiso bajar
la mano ...

~·-------------------------~
CASA EDITORIAi"' MAUCCI
BARCELOHA: tallB dB Mallorca, 166 _, SUCURSAL: [allB dB Espoz y Mina, 15 - MADRID

· · L~ ·b~~n~ ·s~fio;a· qu·e · 1~ ~~r~í~ y· c~id~b~ :__:
¡quién sabe si conducida tan oportunamente por
algún genio benévolo! - abrió la puerta del cuarto en aquel crítico instante, y dijo con acento maternal y cansado:
- Aquí tiene, don Miguel, el vaso de leche
caliente. Bébalo, porque hace mucho frío. ¡Qué
noche, Virgen santa, qué noche! ... ¡Pobres marineros, á quienes les coja esta nieve en el mar!
La buena señora, lamentándose y renqueando,
salió del cuarto. Y Otaño se encontró solo otra
vez ...
Miró el revólver, miró en su torno, y sintió una
gran vergüenza de verse en aquel trance y con
aquella arma en la mano. Escondió, pues, el arma,
y suspiró fuertemente.
Sus nervios se distendieron; la angustia que le
oprimía antes la garganta, desapareció; sintió un
raro alivio, un descanso ... Bebió, en fin, la leche
y se sentó en su banco de galeote, frente á la mesa
de trabajo.
Abrió un cajón de la mesa, buscó por allí hasta encontrar una pluma; la armó, preparó cuartillas, otra vez suspiró fuertemente, y por último se
puso á escribir un artículo.
- Esto no tiene remedio - murmuró-. La
fatalidad lo ha dispuesto así. ..

'
FIN

Reservados todos los derechos de propiedad artística y literaria. No se devuelven los originales. El papel empicado en e~ta
revista es de La Papelera Española. Fotograbados de Durá y Compañia. Imprenta de Jos~ Blass Y Cía., San Mateo 1, Mad11d.

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Poesías de Ramón de Campoamor, 1 tomo.
El hijo de la parroquia, por Carlos Dickens, I tomo.
La niña Dorrit, por Carlos Dickens, 2 tomos.
Narracio11es de la selva negra, por Auerbach, 1 torno.
Romancero selecto del Cid, 1 tomo.
Nora, por la baronesa de Brackel (prólogo de don
Juan Mañé y Flaquer), 1 tomo.
Mujeres de Grethe, por Pablo de Saint-Víctor (traducción de José lxart; prólogo de Urbano González Serrano), 1 tomo.
Viaje artístico de tres siglos, por Pedro de Madrazo,
1 tomo.
Elena de la Seigliere, por Julio Sandeau, 1 tomo.
Novelas escogidas de Mateo Bandello (traducción de
José Feliú y Codina), I tomo.
Músicos célebres, por Félix Clement, 1 tomo.
Dramas de Víctor Hugo, 2 tomos.

La Regenta, por Leopoldo Alas (Clarín), 2 tomos.
Mil y un fantasmas, por Alejandro Dumas (padre),
1 tomo.
El conde Kostia, por Víctor Cherbuliez, 1 tomo.
Dramas musicales de Ricardo Wagner, 2 tomos.
La dama joven, por Emilia Pardo Bazán, 1 tomo.
Poesías. - Libro de los cantares, por Enrique Heine
.. (tra_ducciones de Teodoro Llorente), 1 tomo.
¡HIJO mw/, por Salvador Farina, 1 tomo.
Cabellos rubios, por Salvador Farina, 1 tomo.
Oro escondido, por Salvador Farina, 1 tomo.
Murillo. - El hombre. - El artista. - Las obras,
por Luis Alfonso, 1 tomo.
La mariposa, por Narciso Oller, 1 tomo.
Misceldnea literaria, por Gaspar Núñez de Arce,
1 tomo.
El anacronópete, por Enrique Gaspar, 1 tomo.
A orillas del Ouadarza, por J. Ramón Mélida, 1 tomo.
Cuentosfantást,cos de E. Teodoro Hoffman, 1 tomo.
Historias extraordinarias, por Edgard P, e, 1 tomo.
Faustina de Bressier, por A. Delpit, J tomo.
Ana Karenine, por el conde León Tolstoi, 2 tomos.
Magdalena, por Julio Sandeau, 1 tomo.
Leoni Leone, por Jorge Sand, 1 tomo.
Leyenda del rey Bermeio, por Rodrigo Amador de los
Ríos, 1 tomo.

OBRAS DE EMILIO ZOLA
Las tres ciudade~.-Lourdes, 2 tomos.-Roma, 2 tomos. - Pans, 2 tomos.
·
Los cuatro evangelios. - Fecundidad, 2 tomos. Trabajo, 2 tomos. - Verdad, 2 tomos.
Epistolario de Emilio Zola.
Precio de las obras antes indicadas: Cada tomo en
rústica, 2 pesetas. Encuadernado en tela, con
planchas doradas, 2,50.

OBRAS POÉTICAS
Obras poéticas de Espronceda. Magnífica edición
ilustrada con ocho primorosas láminas, 2 ptas.
Obras completas de Ramón de Campoamor. Cuatro
tomos ilustrados: l.º Los pequeños ·poemas. 2. 0 Doloras y Humoradas. - 3. 0 Poemas. -4.º
Poesías y cantares. Cada tomo, 2 pesetas.
Los trovadores de México.- Poesías líricas de autores contemporáneos. Un tomo, 2 pesetas.
Parnaso argentino. - Poesías selectas recopiladas.
Edición ilustrada con veintiséis retratos. Un
tomo, 2 pesetas.
Parnaso venezoldno. - Selecta recopilación de las
mejores poesías, impresas sobre magnífico papel satinado. Un tomo de 470 páginas, ilustrado
con más de treinta retratos, 2 pesetas.
Poeslas completas de José Santos Chocano.- Nueva
edición cuidadosamente corregida por el autor,
con un prólogo de M. González Prada. Un tomo,
2 pesetas.
Poeslas escogidas de juan de Dios Peza. -Unica edición autorizada por el autor y aumentada con
varias composiciones inéditas. Un tomo, 2 ptas.

�El [usnto Ssmannl
RlmonoquB dB ,,El tuBnto 5Bmonol" para 1908
Estamos preparando un Número•Almanaque, que constará de 40 páginas
y que contiene, además de,t.ma novela inédita de uno de los colaboradores
de Et Cuento Semanal que más éxito han obtenido. numerosos trabajos

literarios.
La novela tendrá las rnismas dimensiones, aproximadamente, que las que
hasta ahora venimos publicando, y los demás trabajos, entre los que figuran

cuentos, artículos festivos, poesías, etc., irán firmados por Jacinto O. Picón,
Eduardo Zamacois, M. Linares Rivas, E. Marquina, Salvador Rueda, J. Pérez
Zúñiga, Luis Gabaldón, E. Carrere, M. Machado, A. Palomero, Ortiz de Pineda
y otros renombr.ados y prestigiosos escritores.
La portada, á todo color, es de Tovar, y firman las ilustraciones interio-

res (bicromías y tricromías) E. Estevan, Pedrero, Francés, Lozano, Alvarez
Dumont, Apeles Mestres, Karikato, etc.
Dada la índole delicada y difícil de la parte gráfica de dicho número extraordinario, que hará costosísimas y lentas las reimpresiones del mismo, rogamos a nuestros lectores y corresponsales, para poder graduar en lo posible la
tirada, que ya hemos comenzado, envíen cuanto antes á esta Administración
sus notas de pedido, pues no haremos de él segundas ediciones. - El precio
del Número-Almanaque, que aparecerá muy en breve, será el de 50 céntimos.

QOIERO
SER SflNTO
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NOVELA f'OR RAFAEL SALJLLAS

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(LUSTRACIONES

Consultorio Brafológico BRACHTHEH

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Respuestas

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lrazan, Palencia. - Sensibilidad bien equilibrada; buen
gusto artístico; carácter bastante vanidoso; mucha economía¡
espíritu fino y minucioso; aptitudes para la organización; ninguna expansión; voluntad seguida 'f sumisa; imaginación bastante viva; temperamento algo nervioso, pero bien equilibrado;
conciencia bastante escrupulosa.
Pensamientos y violetas. - Gran sensibilidad; carácter muy
abierto; voluntad tenaz; temperamento muy sensual; pocas aptitudes para los quehaceres domésticos; naturaleza dada a la
tristeza; deseo de proteger y amparar; gran generosidad; intell~
gencia clara; conciencia s:enerosa é i:idulgente. Más que nadie,
puede usted hacer la felicidad de la persona por quien llegue
á interesarse, porque tienl! usted un corazón amante y apasionado; pero es usted de las mujeres par~ quienes el amor reserva,
á la vez que grandes alegrias, muchos sufrimientos. Debe usted
combatir lo excesivo que hay en su sensibilidad, y, sobre todo,
no dejarse invadir por esa tristeza tenaz en la cual su espfritu
se complace.
La tonta. - Temperamento nervioso é inmaterial; economía
en ta generosidad; vivacidad; gran afición á discutir; voluntad
débil, pero propensa á arrebatos¡ gran amor al dinero; bastante
prudencia: esp!ritu cáustico; naturaleza excesivamente impresionable. Me permito no estar conforme con el seudónimo eiegido por usted: la persona que ha escrito la carta que usted me
envla no tiene, como usted ve por el retrato, nada de tonta.
Amapola X. - Espiritu poco cultivado; buen grado de inteligencia; temperamento muy sangulneo¡ salud bien equilibrada;
conciencia ancha; carácter nada expansivo; gran prudencia; actividad física; voluntad seguida; deseo de adquirir.
Manu -lano. - Culto del recuerdo; gran sensibilidad; generosidad bien entendida;esplritu hábil; amabilidad; salud bien equilibrada; caracter vivo é impaciente: imaginación graciosa; sinceridad y prudencia; ansia de ganar dinero; inteligencia cultivada.

Nota bene. - En el número- Almanaque de EL CUENTO SEMANAL, que se publicará el primer viernes de Enero próximo,
contestaré á la mayoria de los consultantes, alterando, como es
natural, el orden de prelación, en obsequio á las lectoras.
Otra. - Por habeilo así establecido desde el principio, me es
imposible contestar particularmente á mis consultantes. Ténganlo en cuenta los que, después de ver inserta su respuesta,
solicitan acuse recibo de su srgunda carta, y entre los que figura
la discreta dama que adopta el seudónimo de la flor de algo que
popularizó Curro Meloja.

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==oo~cx:c===CDX"=i==&gt;

REGALO DE TAPAS
A cuantos,

durante todo el mes de Diciembre,

se suscriban por un año á EL CUENTO SEMANAL,
se les servirá gratis el juego de tapas para encuadernar en dos tomos las cincuenta y dos novelas de
que constará la colección de 1907.
Los suscriptores de provincias deberán remitir, además de las 11 pesetas, 0,25 para el certificado de las tapas.

ca.nts.

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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>Consultorio Grafológico</name>
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                    <text>El [usnto Ssmannl
RlmonoquB dB ,,El tuBnto 5Bmonol" para 1908
Estamos preparando un Número•Almanaque, que constará de 40 páginas
y que contiene, además de,t.ma novela inédita de uno de los colaboradores
de Et Cuento Semanal que más éxito han obtenido. numerosos trabajos

literarios.
La novela tendrá las rnismas dimensiones, aproximadamente, que las que
hasta ahora venimos publicando, y los demás trabajos, entre los que figuran

cuentos, artículos festivos, poesías, etc., irán firmados por Jacinto O. Picón,
Eduardo Zamacois, M. Linares Rivas, E. Marquina, Salvador Rueda, J. Pérez
Zúñiga, Luis Gabaldón, E. Carrere, M. Machado, A. Palomero, Ortiz de Pineda
y otros renombr.ados y prestigiosos escritores.
La portada, á todo color, es de Tovar, y firman las ilustraciones interio-

res (bicromías y tricromías) E. Estevan, Pedrero, Francés, Lozano, Alvarez
Dumont, Apeles Mestres, Karikato, etc.
Dada la índole delicada y difícil de la parte gráfica de dicho número extraordinario, que hará costosísimas y lentas las reimpresiones del mismo, rogamos a nuestros lectores y corresponsales, para poder graduar en lo posible la
tirada, que ya hemos comenzado, envíen cuanto antes á esta Administración
sus notas de pedido, pues no haremos de él segundas ediciones. - El precio
del Número-Almanaque, que aparecerá muy en breve, será el de 50 céntimos.

QOIERO
SER SflNTO
•

NOVELA f'OR RAFAEL SALJLLAS

11

=

(LUSTRACIONES

Consultorio Brafológico BRACHTHEH

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~

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1
11

11

Respuestas

=====

lrazan, Palencia. - Sensibilidad bien equilibrada; buen
gusto artístico; carácter bastante vanidoso; mucha economía¡
espíritu fino y minucioso; aptitudes para la organización; ninguna expansión; voluntad seguida 'f sumisa; imaginación bastante viva; temperamento algo nervioso, pero bien equilibrado;
conciencia bastante escrupulosa.
Pensamientos y violetas. - Gran sensibilidad; carácter muy
abierto; voluntad tenaz; temperamento muy sensual; pocas aptitudes para los quehaceres domésticos; naturaleza dada a la
tristeza; deseo de proteger y amparar; gran generosidad; intell~
gencia clara; conciencia s:enerosa é i:idulgente. Más que nadie,
puede usted hacer la felicidad de la persona por quien llegue
á interesarse, porque tienl! usted un corazón amante y apasionado; pero es usted de las mujeres par~ quienes el amor reserva,
á la vez que grandes alegrias, muchos sufrimientos. Debe usted
combatir lo excesivo que hay en su sensibilidad, y, sobre todo,
no dejarse invadir por esa tristeza tenaz en la cual su espfritu
se complace.
La tonta. - Temperamento nervioso é inmaterial; economía
en ta generosidad; vivacidad; gran afición á discutir; voluntad
débil, pero propensa á arrebatos¡ gran amor al dinero; bastante
prudencia: esp!ritu cáustico; naturaleza excesivamente impresionable. Me permito no estar conforme con el seudónimo eiegido por usted: la persona que ha escrito la carta que usted me
envla no tiene, como usted ve por el retrato, nada de tonta.
Amapola X. - Espiritu poco cultivado; buen grado de inteligencia; temperamento muy sangulneo¡ salud bien equilibrada;
conciencia ancha; carácter nada expansivo; gran prudencia; actividad física; voluntad seguida; deseo de adquirir.
Manu -lano. - Culto del recuerdo; gran sensibilidad; generosidad bien entendida;esplritu hábil; amabilidad; salud bien equilibrada; caracter vivo é impaciente: imaginación graciosa; sinceridad y prudencia; ansia de ganar dinero; inteligencia cultivada.

Nota bene. - En el número- Almanaque de EL CUENTO SEMANAL, que se publicará el primer viernes de Enero próximo,
contestaré á la mayoria de los consultantes, alterando, como es
natural, el orden de prelación, en obsequio á las lectoras.
Otra. - Por habeilo así establecido desde el principio, me es
imposible contestar particularmente á mis consultantes. Ténganlo en cuenta los que, después de ver inserta su respuesta,
solicitan acuse recibo de su srgunda carta, y entre los que figura
la discreta dama que adopta el seudónimo de la flor de algo que
popularizó Curro Meloja.

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REIMS
SUPERIOR Á TODOS LOS DE IGUAL PRECIO
AGUA DE COLONIA ORlVE, DESDE 3 REALES FRASCO.
POR LITROS, HASTA 4 PESETAS CON ENVASE, PIDIÉNDOLA DESDE 4 LITROS Á SU AUTOR, BILBAO, REMITIENDO SU VALOR
==oo~cx:c===CDX"=i==&gt;

REGALO DE TAPAS
A cuantos,

durante todo el mes de Diciembre,

se suscriban por un año á EL CUENTO SEMANAL,
se les servirá gratis el juego de tapas para encuadernar en dos tomos las cincuenta y dos novelas de
que constará la colección de 1907.
Los suscriptores de provincias deberán remitir, además de las 11 pesetas, 0,25 para el certificado de las tapas.

ca.nts.

• l!I l!I

�El [uBnto SBmanal

Se publica los viernes
Oflclnás: Fuencarral 90 (
Teléfono 2054
Apartado de Correos núm. 409 1

/V\adrid

Camino adelante
Muy pronto, el día 4 de Enero, hará un año que apareció
el primer número de EL CUENTO SEMANAL,
S uestro periódico había tenido una gestación laboriosa
y activísima de más de cuatro meses.. Durante este tiempo,
cuantas opiniones se formularon acerca de nuestro proyecto
fueron pesimistas.
.
&lt;1En España se lee poco - decían-; al público, más que
una novela, Je interesa un telegrama ó la relación pintoresca
«del crimen de anoche». Por otra parte, aquí no hay cuen•
tistas•..»
Sin embar~o, como la idea era nueva y bonita, las simpati:is estaban con nosotros; todos deseaban que triuníásemos,
y la Prensa, siempre generosa, nos dispensó desde el primer
momento una protección que nunca agradeceremos bastante.
A cada momento nos preguntábamos: «¡Prevalecerá nuestro empeño?» Era esa inquietud, mezcla de alegría y de angustia, que únicamente co1\ocen los que de una vez y á una
sola carta arriesgaron todo su amor propio.
Y llegó el 4 de Enero. Fué un día espléndido, uno de esos
días rientes y azules de invierno, en que la gente siente necesidad de salir á la calle para caminar despacio y bañarse en
sol. El sol, nuestro aliado en aquella jornada memorable, aceleró nuestro triunfo: los vendedores trabajaron con ahinco;
el título de ¡EL CUENTO SE~IANAL! ... , repetido por centenares de gargantas, formaba un gran grito, ,qne parecía tremolar
sobre fas calles como una bandera; los tr:mseuntes, serenos
y contentos en la placidez tibia de la mañana, compraban el
periódico nuevo; que nada afüa tanto la curiosidad ó prurito
de saber qué pasa fuer2. de nosotros, como el «sentimos bien».
Como en Madrid, nuestra revista triunfó eu toda España;
aquella semana las cartas de íelicitación llovieron sobre nues•
tra mesa de trabajo. La campaña, por tanto, comenzaba bajo
augurios risueños; el camino mostrábase e,q,edito; á nuestros
anhelos ambiciosos, la Fortuna había respondido largamente.
Comprendemos, no obstante, que aun no hemos logrado,
ni con mucho, Jo que en la relatividad de todo lo humano
puede llamarse «defuútivo». La batalla primera está ganada;
el terrible reducto que la indiíerencia del público opone sistemáticamente á «lo que nace», quedó vencido. Pero dema·
siado sabemos que más diíícil que «llegar» es «conservar»
las posiciones merecidas, pues el esfuerzo personal se debi' lita y la opinión voltaria suele aburrirse hoy de lo que ayer
fué para ella motivo de curiosidad y regocijo. Por consiguiente, son numerosos y de grave cuantía los obstáculos que aun
esperan.
1 nosHasta
ahora nuestra labor ha sido de exploración 6 tan·
teo, y sin miedo á las «firmas nuevas» y á los nombres mal
conocidos ó un poco olvidados, fuimos aceptando cuantos
'trabajos nuestro criterio, demasiado indulgente quizás, estimó
publicables. Queríamos ofrecer á la mentalidad española un
-cauce libre, desenfadado, donde cupiesen las galla1das rebeldías del arte; queríamos que, bajo la protección de los «maes- .
tros», de los «consagrados», la juventud inédita, que nada
puede hacer por si misma, tuviese una buena tribuna, una
tribuna respetable, adonde asomarse. Si alguna vez nos equivoé.1.mos, sírvanos de disculpa aquel honrado propósito que
nos obligaba á ser benévolos.
·
•
Pero ya creemos conocer las tendencias del púhlico, ya
sabemos qué autores pr~fiere y, por tanto, desde aquí en adelante nuestto trabajo será cfé ··«selección y mejoramiento»,
tanto en lo .que atañe á la parte literaria como en lo concerniente á la parte decorativa, pues tenemos puesto todo nuestro empeño.en que, el tiempo andando, EL CUB:&lt;iTO SE)IANAL
neirie á ser ·\a revista literaria más culta y más genuinamente
art1stica de luantas se publican en España.
Con este objeto, á partir del próximo Enero empezaremos
árepetir dos ó más veces, aquellas firmas que mayor' éxito
-Obtuvieron en el transcurso del año que ahora concluye, y
con, ellas alternarán los autores premiados e!' nuestro Con-

AÑO 1 - 27 Diciembre 1907

N.º 52

Precios de suscdpción:
/Y\adrid y provincias: Trimestre :3,25 pesetas.
Semestre 6 pesetas. Año ti.
Extranjero: Semestre 10 pesetas. Año 18.
Anuncios á precios convencionales.

Número suelto:

30

CéntiffiOS

curso y varias personalidades ilustres cuyos nombres están
en la memoria de todos y que todavía no han colaborado
aquí Así, poco á poco, iremos venciendo esa difícil cuesta
arriba que todas las empresas humanas - y como humanas
incompletas - necesitan recorrer antes de llegar á la períección anhelada. Tal s son nuestros propósitos.
Ahora bien: ¿Venceremos? ¡Seremos vencidos? 1Consesuiremos que entre nosotros prevalezca la nouvtlk, esa lindísuna
fonna literaria de la que son maestros los autores franceses
y que tan á mara\-illa responde al frívolo y sobresaltado vhir
de la sociedad contemporánea? El porvenir resolverá.
Entre tanto, seguros de prestar con nuestro esfuerzo un
alto servicio á la mentalidad nacional, continuamos nuestra
obra, que es obra &lt;le Belleza; y allá vamos todos, el público
y nosotros, camino adelante. ..

RAFAEL SALILLAS

La Dirección

=·o•~oc===o0&lt;co,c:,===-x::100&lt;====000,===-,ac:===&gt;

i

Libros y Revistas

I

A flor de piel. - Novela por Antonio de Hoyos y Vinent. - Imprenta de Idamor Moreno. Madrid.
La musa de Hoyos y Vinent es retozona, picaresca, amablemente. amoral, como la de Willy. Es un «refinado» que
describe la vida tolerante de los salones aristocráticos sin
acritud, echando sobre todas las fragilidades de sus personajes uná gran sonrisa de il'dulgencia evangélica. Y al vencedor 11¡tractivo de este criterio hay que añadir la tersura del
estilo1 pintoresco y íácil.
La Lectura. - Esta importante revista publica en su número de Diciembre notables artículos de Emilia Pardo Bazán,
Maragall, Urruti y Posada; un trabajo de A. Buylla, relativo
á «Caestio)'les íundamentales de Economía política»; un estudio acerca de «El Greco», por Rafael Domenech, y otros
originales de Bemaldo cte Quirós, Angel Guerra, M. Tenreiro! etc.
J'.rimicfas. - Poesías por Agustin Ginés. - Imprenta de
J. Gárrido Marín. Linares.

Consultorio Grafológico Gtacbtner

=

RESPUESTAS

=

r Antonio Castro. -Gran sensibilidad é intuición; buen grado
de inteligencia; combatividad por el dinero; temperamento inmaterial y absolutamente desprovisto de energía; amor al confort
y muy pocas ~anas de trabajar; satisfacción de su personaliJad;
bondad y dulzura.
C. Rhodes. - Inteligencia viva y cultivada; actividad hsica
casi febril; esplritu fino; naturaleza muy nerviosa é irritable; voluntad dominadora con accesos de arrebatos; carácter entusiasta
y algo exagerado; gran generosidad; naturakza poco ó nada ex•
pansiva y muy rencorosa; lógica extraordina:ia; temperamento
nervioso sanguineo.
Con - esa. - imagin:ición graciosa; gran gusto artistico; temperamento sensual; naturaleza dada á los celos; habi 1Jad manual; mucha amabilidad; voluntad viva; actividad bien reglada;
ninguna expansión.
Impertinente de P P y W. - Imaginación mu¡ v,va; amabi•
lídad; conocimientos variados; carácter muy rencorosn; sensibilidad apasionada; temperamento nervioso; voluntad muy débil;
generosidad prudente; conciencia ancha; poca expansión y sólo
con los extraños; algo de orgullo y de vanidad.

QUIERO SER SANTO
I
cúso,11m_. .. ¡No! No es acusación, porque no
es delito.
.
Me confieso... ¡Tampoco! N o es confesión, porque no es pecado.
Es. . . ¡no lo sé calificar!. .. Soy muy poco conocedor, muy poco psicólogo.
. Me pasa. . . ¡Eso es!. . . ¡Lo he dicho muy
bien! . .. Me pasa que en ocasiones cambio mi manera de ser, la sustituyo por otra y no soy el que
era; soy lo que me influye.
¿~~ un defecto de constitución mental? ¿Es una
deb~hdad neurasténica 6 histérica? ¿Es, por el contrano, _una desapoderada fuerza de asimilación?
Gmándome de lo poco que sé en cosas de la
mente, he de decir que me clasifico entre los visuales, entre aquellos cuyas representaciones di~anan preferentemente de las sensaciones recibidas por los ojos. Si veo repetidamente una cosa
a_l cerrar los ojos se me reproduce y en much~
tiempo no la puedo desechar. He visto huertos de
n:i-~anjos, y, al acostarme y cerrar los ojos, en vig1ha, _seg~ía viendo naranjos y naranjos en una
~uces1ón sm fin. He visto revistas militares, y, de
igual_ modo_, no me dejaba conciliar el sueño aquel!~ cinta cmematográfica que se desenvolvía en
m1 cabeza.
Ha y influencias de la misma índole que me

A

preocupan más hondamente. Al leer escritos con
ortografia deplorable ya no puedo escribir desenvuelta~ente en algunas horas, porque inevitab!emente mcurro en los mismos defectos. También me resulta peligroso, muy peligroso, observar con aten_ción á una persona, porque no tardo
en reprodu~1r de algún modo, como lo deben hacer los cómicos, el rasgo singular que la distingue
Y alguna vez me ha ocurrido parecerme que es~
persona estaba en mí.
. Quien l? sepa podrá decir si, en determinadas
c1rcunstanc1~s, estas son condiciones apropiadas
par_a producir estados de alucinación ó de obsesión.
¡yo n_o lo sél En mi sinceridad y en mi ignorancia, digo lo que siento.
Y de este modo justifico lo que voy á contar
un caso que, aunque no merezca llamarse sorpren~
dente, e_s la demostración palmaria de mi cualidad ó m1 defecto.

II
J:?urante muchos años de mi trajín profesional,
he visto C?n monotonía renovada á diario una de
las más miserables situaciones de la vida.
Me refiero á la vida penal, en cárceles y presi-

�ll

dios, en calabozos y cuadras, en patios y talleres.
Ya no sabré decir la primera impresión que me
produjo, pero seguramente fué muy grande, porque siempre he sentido con viveza. De muy joven, estudiando segunda enseñanza, vi ejecutar á
un reo y lo vi luego desprenderlo del garrote, colocarlo en el ataúd y llevárselo en procesión funeraria la Sangre de Cristo. Parecía no estar ni
poco ni mucho impresionado y que la curiosidad
únicamente me movía. Entonces no podía saber
lo que antes he manifestado, que soy un visual y
que tos que devoramos impresiones con los ojos
nos preparamos auroras y crepúsculos, y también
relampaguean tes tormentas. Así estalló mi primera tempestad en las primeras y apenas condensadas sombras del incipiente sueño. Desperté dando
un grito de horror. ¡El patíbulo, el verdugo, el
reo, la amenazadora mueca del estrangulado 1•••
Durante varios días padecí la alucinación y me
tuvieron que velar el sueño. Así me aparté para
siempre del patíbulo.
Si con las escenas presidiales no me ocurrió lo
propio - no lo recuerdo - es seguro que sólo
conocí de referencia, que no es lo mismo para el
efecto de impresión, las más horribles, las análogas, las sucedáneas de aquella escena capital. Por
otra parte, en cierto período de la vida ya tenemos el sentir apicarado y no creemos. Conforme
avanzamos en edad se nos va enfriando el egoísmo y nos acuden las ideas y conceptos desdeñosos. - «Déjalo y que lo ahorquen.• - «¡Que se
pudra!• - «No le hagas caso, es un maulón.•
1Cuántas veces he consentido hablar de esta manera, quedándome sin saber qué hacer ni qué decir! Y me ha ocurrido en esta incertidumbre que,
sin duda, relampagueó en mi pensamiento alguna
fulguración retardada de aquellas angustias juveniles, y me pareció ver en los desdeñosos y en
los desdeñados una mueca particular, como si
cada uno de ellos tuviese agarrocada una parte
muy sensible de la vida.
Y no era alucinación el presumirlo. Todo tiene
su eco~ lo tiene la alegría; lo tiene el dolor; lo tiene la locura; lo tiene la indiferencia; lo tiene el
menosprecio desdeñoso. El eco del tirano es el
servilismo, porque considerándose aquél mu y
grande, los demás se achican, se achican y se anulan. La pequeñez y la bajeza depende de contragolpes del magnate.
No lo digo para rebajar, para igualar, para alterar las cosas y que las altas torres d~sciendan á
adoquinar el suelo. No soy utopista. Lo grande
será grande, aunque con las grandezas por comparación no rija el precepto. ¡El que empequeñece para sobresalir es el mezquino! Y toda mezquindad es un mal trato, mándelo quien lo mande, dígalo quien lo diga, códigos, ordenanzas, reglamentos, leyes ...
Yo lo he comprobado en mi trajín profesional
y en una de las más miserables situaciones de la
vida. Vi el rebajamiento en acción. Los hundidos,
los maltrechos, los estigmatizados, desdeñados,
mancillados y apostrofados, no se erguían, no se
levantaban. Connaturalizados con el envilecimiento, hablaban convencidos de su mezquindad. e Somos muy malos, muy miserables, muy ruines.•
¡Se habían hundido en la desconceptuación reinante!

III
No se dirá que acudo á nada alambicado y culto al exponer tales ideas. Son ideas corrientes,
muy corrientes. Circulan en todos los cerebros y
no hay ánimo donde no palpiten y de donde no
fluyan con vengadores ímpetus. La condenación no
ha tenido otra palabra que esa. Es la voz general,
la voz de todos, la voz del pueblo, y nunca más
propiamente se la puede llamar vox Dei. El ángel
caído fué precipitado con sólo esta sentencia:
¡Que se hunda!
Tampoco nos debe sorprender que lo humano
se ampar~ en lo divino. Una fuerza de proyección
más poderosa que la del arco que despide la voladera flecha, nos identifica con la superioridac\, y
aunque alguien vitupere el pensamiento, me atreveré á decir que ciertos orígenes divinos son suplantadores y viciosos. Luzbel se ha remontado
muchas veces envuelto en la pomposidad humana.
Siempre que el hombre se ha creído un Jehová,
llevaba el diablo dentro, el diablo de la magnificación, del envanecimiento y la soberbia nutrida de
privilegiados é intolerantes egoísmos, que han tratado á lo opuesto á su manera de ser, á lo que la
contradecía de algún modo, con el mismo dictado
omnipotente que hace de la representación de los
antros de la tierra una víscera devondora que ha
de abrirse cuando la sentencia colérica pronuncie
el lacónico y decisivo:
¡Que se hunda!
Y no son las grandes potestades las únicamente capacitadas para decretar el rebajamiento, la
anulación y el exterminio. En cada naturaleza
alienta lo absoluto. Cada hombre se ha considerado rey, ¡nada menos que de la Creación! Elyo instala su trono en la más insignificante anatomía. En
el niño, en esa poquedad de hombre, se manifiesta antes que otra cosa el endiosamiento personal;
y en el hombre, que suele no ser más que un niño
grande, se exageran esas avasalladoras, crueles y
exterminadoras niñerías. Los niños, esos supuestos ángeles, son los más eficaces creadores y mantenedores del infierno. Cuando caen por precipitación ó por torpeza, no se saben culpar á sí mismos, culpan al suelo y patalean irasciblemente para
castigarlo. ¡También los hombres han desencadenado su ira ciega sobre los hombres que eran su
sostén!
Yo no sé si esto, que por tan particularizado en
todo y tan extendido á todo parece una cosa natural, es trasunto de la propia manera de ser de
la Naturaleza, que parece que en interminable sucesión se devora á sí misma y resurge de sí misma, mereciendo unas veces que se la llame próvida y otras que se la inculpe de implacable. Yo no
sé si en nosotros mismos se desenvuelve en sucesión una especie de trasunto estacional y si nuestras voliciones, juntamente con los sentimientos y
juicios, tienen, conforme á cada variedad é influjo, hálitos de primavera, destPmplanzas de invierno, bocanadas de estío ó indecisiones otoñales.
Evidentemente en nosotros, en cada uno de nosotros y en la asociación orgánica de todos, hay
algo de esa transitoria avalancha de exterminio,
siendo, tal vez, nuestras pasiones y nuestras frialdades equivalentes á los sacudimientos atmosféricos y á las convulsiones de la tierra. El simbolo

no es nada artificial. El símbolo es la analogía de
las cosas. IIay símbolos de exterminio, como hay
símbolos de sujeción, como también hay símbolos
de vida y libertad. ?lfezquina interpretación la de
considerar al hombre aislado atribuyéndole que lo
que manifiesta en su manera de ser es cosa suya.
Cada acción es una resultante de fuerzas conocigas é ignoradas. El hombre es un exteriorizador
tendencioso de las fuerzas de la naturaleza. Ha
exteriorizado en tendencias, creaciones y maneras

suyas el extermm10 natural. Además~ lo ha simbolizado en diferentes personalizaciones, incluso
las religiosas. El ángel exterminador no es un ángel ni luminoso ni florido, y parece que está formado de bocanadas de fuego y de témpanos de
hielo. De lo mismo parece formada la Edad Media. llay estaciones y hay épocas en que vivimos
bajo la mortal impresión del hundimiento, pero se
intercalan -épocas y estaciones en que surge el florecimiento de la vida natural, surge también la lo-

'

�para que no quedase ni una partícula tan sólu del
zanía del espíritu y también el sentimiento se eninflujo.
grandece. Lo más hermoso en toda la sucesión pernicinso
~le tranquiliza la serenidad de mi propio penhistórica, es el surgir de los hundidos, porque en samiento, que ve las cosas sin cristales de color.
todos esos momentos á la obra primitiva y predo- Me parece que mi humor cristalino no está empaminante ele la condenación, la sustituye la de sal- pado - según la suposición de Huarte - ni con
\·ación.
una gota de sangre, ó de cólera, ó de flema, ó de
En esa obra estamos. Es un programa de re- melancolía. Lo conceptúo limpio, con limpieza increneración natural en lo social. La Higiene es una di,;pensable para la experimentación de ver las
~ah-adora con la perenne expresión de la alegría cosas claras. En cambio, esa impregnación puede
del vivir. Salva de las decadencias de la enferme- ser el yicio colectivo de una mirada colectiva, indad; salva, por lo mismo, de los hundimientos de fluyente en la tonalidad de los juicios, en las dela muerte. La 1Iedicina es una sal\'adora, y de eny los procedimientos.
fermos reputados incurables. Se ha identificado cisiones
Y siguiendo al poeta que atribuyó el ser de las
con la Xaturaleza, haciendo del sol una medicina: cosas al color del cristal con que se miran, yu ¡mela helioterapia. Se ha identificado con las purezas do atreverme á exponer una rectificación á las miatmosféricas, elernndo á los hundidos en la tuber- radas sombrías, quitando los alterantes de la luz.
culosis á las restauradoras alturas del San.1torio. Yo puedo ver con buenos ojos lo mismo que se ve
La Economía política es una salvadora: lucha por con malos ojos. No podré decir rotundamente que
aminorar la miseria. La Pedagogía es una salvado- los malos son buenos, pero sí que los malos no son
ra y se esfuerza en hacernos á todos de la misma tan malos como los califican y los hacen, porque
fortaleza corporal, mental y moral. El nue\·o De- el calificativo es como la factura de la condición.
recho penal es un salvador de los hundidos en los Podré decir también que la maldad perpetua, la
infiernos del delito y de la pena fraguados por el de que el malo es siempre malo en aquel mismo
antiguo Derecho penal. E' antiguo Derecho con- género de maldad en que incurrió una vez, es el
denaba y condi&gt;na é imponía procedimientos con- vicio colectivo de una mirada colecth·a que por
denatorios en señalados lugares de aflicción. El influjo de una larga tradición mira de ese modo.
moderno Derf'cho reconoce lo que sintéticamente Y podré añadir que esa impresión constante de
e~puso doña Concepción .\renal al decir que el maldad es la perpetuadora de los males, es la que
vieio es debilidad y la fortaleza ·virtud. Los con- impone el estigma de la condición, la que cierra
denados no son más que débiles necesitados de los caminos de retorno, la que franquea las sendas
tú~la. La tutela es siempre una sostenedora del tortuosas, la que asocia á los viles después de hacaído con aspiraciones á ser elevadora.
cerlos convencer de su vileza y la que mantiene
. EYidentemente, en la humanidad hay algo ele- el infierno de la vida, llenando los abismos de la
vador, algo que se eleva, algo que no puede elede condenados.
varse y algo que se hunde. De igual modo en las condenación
Yo puedo pensar que el hombre no viYe de sí
tradiciones sociales hay maneras que, lejos de co- mismo, que no se sostiene á sí mismo, que lo sosrresponder á ese algo elevador, que ha de ser lo tienen sus modos de vivir. Lo que lo alimenta es
más expresivamente humano, tienden á hundir lo su sustento, y no se alimenta únicamente de proque no puede elevarse y á sepultar lo que se ductos naturales por la boca y por las narices; se
ha hundido.
alimenta también de productos sociales, de esenEsa tradición hay que anularla. Es preciso ele- cias espirituales y morales, por los sentidos y por
var. ¡Ese es el único programa de los fuertes para las potencias asimiladoras y transformadoras del
compensar con sus energías á los débiles!
cerebro. Hablando de la alimentación fisiológica,
solemos decir que una persona está bien tratada ó
mal tratada, y atribuímos á ese tratamiento los
resultantes del estado personal. Al tratamiento
fisiológico atribuimos consecuentemente los buenos estados y l0s malos estados, la rouustez ) la
fuerza, la debilidad y la atonía, el vigor de la sanY he aquí una manera de \'er las cosas que gre con la lozania del aspecto, y la pobreza de la
pudo serme adversa. Yo estoy en entredicho y se sangre con los apagamientos de color. Le atribuime acusa y se me atribuyen muchos males, suble- mos, en la evidente concordancia de las cosas, la
vaciones, motines, crímenes y muertes. Yo soy un alegria del vivir y la tristeza del morir, porque la
malvado, un malvado como jamás se ha conocido. tristeza es el camino de la muerte. Y le atribuimos
Para calificar la maldad que me atribuyen, no hay hasta la lucidez de las ideas. ~[etafisico estás.•
que acudir al Código. Eso es poco, muy poco. En
que no como.•
el Código penal hay catálogos de delitos, pero no •EsYo
puedo pensar, sin divorciarme en lo más
fuente de delitos. La fuente del mal es lo peor de mínimo de ese común sentir, recogiendo el pensatodo, y en ese origen se halla mi sentencia, por- miento común á sabios y á ignorantes, que si el
que las sublevaciones, motines, crímenes y muer- mal trato origina malas consecuencias, la transfortes son, seguramente, consecuencia de mi bon- mación se puede operar con el buen trato, camdad de corazón.•
biando así el aspecto de las cosas sólo con variaJ
De seguro que, si mi ánimo fuese timorato, de influjo. Y pensando así rectifico, aunque yo no
me sobrecogería, porque no solamente no quiero lo quiera y aunque no lo quieran los que ven con
hacer el mal, un mal determinado, uno solo, sino lentes ahumados, la opinión generalizada é incon •
'lue no quiero ser espíritu del mal. ¡Ni pensarlo secuente con otras maneras de ver que parecen
siquiera! Con conciencia de que mi bondad de co- limpias, de que los hombres permanecen constanrazón era fuente de males, me ahogaría yo mismo

temente en la manera de ser que se les atribu- hombre, será l:3- colectividad. Hay hombres que
ye, en la constancia de su personalidad y su ca- con la sola privanza del poder que ejercen, son
más 9ue hombres, porque de ellos emana algo que
rácter.
No, no es así; no puede ser así. La vida es un trasc1en?e y cr~an en el ambiente en que viven
equilibrio inestable, con tránsitos de inestabilidad un medio particular que afecta más ó menos inpara reponerse, y por eso ni la alegría, ni la tris- tensamente á la colectividad regida. Si el hombre
teza, ni la actividad, ni el reposo son cosas per- es i:noral, la m?rali?ad _trascenderá á todas partes
";lanent~s; pasan, y se recobran; vuelven, y se di- y eJercerá su mfluJO. S1 el hombre es inmoral el
sipan. En un dla, en una hora, en un minuto se va- vicio penetrará en todas las junturas del áni~o.
ría de aspe~to. Y _no se varía porque sí, porque el Este poder de emanación de un hombre influyenhombre quiera, smo porque las relaciones de la te en los demás hombres, transforma el aspecto de
vida y los estados de la vida nos hacen variar. La las colectividades. Ya lo dijo el comandante Cavida se nos aparece como un juego de reconstitu- nalejas, qu" fué un experimentador en largos años
yentes y alterantes. Nos acostamos siendo unos: de gobierno de las colectividades penales: «Todos
todos nos acostamos un poco neurastenizados. Nos los actos del jefe superior han de contribuir á aulevantamos _s_iendo otros: el sueño, como repara- mentar su fuerza moral en el concepto y ánimo
dor, es equihbrador. Podemos decir si nos acos- del penado, para que sólo su nombre sea suficientamos_ tristes, m~ñan:3- estaré alegre'. y podemos te en todas las cosas y en todas partes.• Un homexperimentar la mqmetud en nuestros estados dP. bre, un hombre solo, armoniza y desarmoniza, restaura ó debilita, eleva ó deprime, purifica ó coalegría, de que nos amague la tristeza.
. Ahora_ bien; yo, en mi juicio, con mi informa- rrompe. Un hombre, un hombre solo, hace yariar
ción y m1 experiencia en el proceso de mi vida el aspecto de una colectividad entera. La colectiinvestigadora y estudiosa, fallo contra las califica vidad no es como aparece calificada, porque á todones permanentes, porque no hay estados per- das las califican con el estigma de la condenación;
manentes, y fallo de igual modo contra las atribu- es decir, las califican de igual modo. La colectiviciones indi,iduales, porque el hombre no es indi- dad es según el influjo personal á que se la so\'idu~lmente en su grandeza lo que se supone que mete.
¿Qué importa que en la mayoría de los lugares
es, ni tampoco en su mezquindad sobre todo la
mayoría de los hombres, el montón humano en de condenación predomine el aspecto de las cosas
donde la individualidad aparece menos diferen~ia- mancilladas y vejadas? ¿Es, acaso, demostrativa
da. Y fallo así, ~o en lo fisiológico ni en lo psíqui- esa manera de ser tan uniforme? No, porque ha\
co solamente, smo en lo moral y en lo jurídico. :No demo~traciones en contrario. ¿Que son pocas?
es verdad que un hombre bueno sea siempre, y en Ta~b1én son _µocos, también constituyen una mitodo_momento, ~ueno. La religión así lo dice: «El nona excepcional los hombres que tienen en sí
más JUSto peca siete veces al día.• Xo es verdad fortaleza de espíritu con energía transformadora de
tamp~co que un hombre malo sea siempre, y en los rebajamientos y aflicciones. Esos pocos homtodo mstante, malo. ¿Por qué no admitir que el bres se singularizan por transformar en un solo
más ~iecador, el que peca á todas horas, tenga sie- concepto todo el yejatorio aparato de la rigidez.
te mmutos de bondad? El todo bueno y el todo En una sola frase se define su personalidad y su
m~lo es una cosa inadmisible, por~ue el tejido y obra:
- La penitenciaría sólo recibe al hombre· el
el Juego de la vida es una mixtión de las dos com'
binaciones é influencias, y en unos, los menos pe- delito se queda á la puerta.
Así habló Montesinos.
cadores, los contactos del mal se reducen á la más
- Estos hombres son hombres, y los trataré
~ínima ~xpres!ón, y _en los otros, en los relapsos,
a la i:náx1ma. Y ?tra idea: esos contactos que de- como tales.
Así habló Machonochic.
termman las acciones malas, así romo las buenas,
- Acépteme por consejero y por guía, y mi
no se establecen en virtud de una sola causa, no
se deben á la determinante individual al movi- afecto no le faltará jamás.
Así le hablaba Obermeyer á cada uno de los
~iento del á~imo pecador, porque lo externo, que
tiene su acción penetradora en nuestro interior que ingresaban.
:Montesinos suprimió en su establecimiento la
fisico y en nuestras profundidades anímicas actúa
estableciendo las buenas y las malas union~ pro- g_uardia militar, el aparato extremoso de las segud~~tora~ de las tendencias, y en tal caso una in- ndades materiales, y dispuso de sus penados ind1v1duahdad, sea como fuere, se modifica en bien cluso para defender el establecimiento de los asaló en_mal, según el mal influjo ó el buen influjo que tantes políticos. Hizo más: anuló la reincidencia.
. ~achonochic cambió el horrible aspecto de las
consigue penetrarla, modificando las disposiciones
pns1ones de la isla de Norfolk, y enseñó las made su propia contextura.
Hablemos concluyentemente. Los hombres no neras de dignificar al hombre y de levantar al
son calificadamente buenos ni calificadamente ma- caldo.
Obermeyer cambió también el aspecto de las
los. Los calificados de este último modo y condenados como tales, pueden seguir siendo malos y c?sas. «Los más malos participan de esta influenaun acrecentar su maldad, ó pueden manifestarse c_m, )'. entre los mejores, entre aquellos que el caucoi:no bue~os y llegar en definitiva á serlo, según tiverio más prolongado ha imbuido elementos reparadores, el éxito del tratamiento á que se los
la 10fluenc1a que los rija.
Hay muchos lugares de condenación donde som~te está comprobado por una serenidad de exvan los sentenciados á penas, regidos por hombres presión y una dulzura de fisonomía que no deja
en cuyas manos la ley y la tolerancia colocan un lugar á duda alguna.•
¡Pero la excepción es la excepción! La regla e.s
l'.Oder personal de los más absolutos. Según sea el
t

�la del hombre entallado en los conceptos restringidos en la rigurosa rigidez. Han de ser las cosas
corno fueron y no pueden ser de otro modo. Han
de ser las cosas corno las practicamos y no pueden ser de otra manera, porque nosotros somos
así y las cosas no pueden ser diferentes de nos?tros mismos. Todo nos apoya en este régimen de
igualdad de procederes. A nosotros no~ ha igualado un igualador común que tiene más fuerza que
las cosas singularizadas, y por eso prevalece y lo
demás se extingue. Ilay que ser como nosotros somos ó dejar de ser. No podemos consentir que se
descomponga el cuadro, y se descompondría si
cundiera el mal ejemplo. Donde rige el mal por
mal y rige por dictado de jurisconsultos clásicos;
donde rige la aflicción por aflicción y rige por precepto de la ley, la bondad es malvada, la bondad
es delincuente, la bondad es una acción contraria
á lo que la ley dispone.
Tú eres un malvado. Tú eres causante, con tu
mal ejemplo bondadoso, de la propagación del
mal. Has causado ya muchos males: sublevaciones,
motines, crímenes y muertes, propagados á distancia á toda la Península y más allá.
El delito está descubierto, la sentencia dictada; falta la ejecución.

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V

Al leer el escrito en que se me decían tales cosas, aunque con otras frases, que tien&lt;&gt;n la misma
fuerza acusatoria con que las interpreto, se desdoblaron todas las impresiones de la vida penal que
en mis recuerdos tenía acumuladas, y vi, efectivamente, el tradicional fundamento de mis acusadores implacables.
Vi el hierro de la ley en la propia ley, y vi los
hierros de la pena sujetando á los rebeldes. El
hierro tenía toda la razón legal y toda la fuerza
de la realidad y la costumbre. El hombre de hierro sólo cree en el hierro: hierro en las puertas,
en las rejas y en las carnes.
¡También hierro en el alma!
La realidad era verdaderamente abrumadora. La realidad se imponía. Era más
fuerte que la revolución de
las ideas. Las ideas habían dejado un rótulo y nada más:
«Odia el delito y compadece
al delincuente. » La realidad
lo había titulado de otro modo: La casa negra llamaban en
Cartagena á su presidio. Allí
desembarcó el galeote, y desembarcó con sus hierros y cordeles, libre tan sólo de las cormas, vestido de rojo, con capote, chaqueta, gorro y pantalón.
También desembarcó el
cómitre, y no se dejó olvidado
su rebenque, ya innecesario
para la maniobra forzada, pero
no para el castigo, pues en alguna ocasión se disponía que,

, sin ninguna intermisión ni demora, se conducirá
al criminal al cañón de corrección y se le darán
doscientos azotes sin perjuicio de la causa, y sin
más preparativo que el de formar prontamente la
tropa necesaria, y la asistencia de un capellán
por si quisiera confesarse, para caso de que expire.»
La dureza. del hierro, el eslabonamiento de
los hierros y la tradición férrea, que imponía que
unos estuviesen amarrados con cadena, apareados; otros, en ramal; otros, con grillete grueso, y
otros, con grillete delgado, transcendió á los Códigos y eslabonó la pena, y la
denominó como pena de cadena perpetua ó temporal. ¡El
hierro, el hierro siempre! En
el garrote, el hierro de la argolla; en la prisión, los grillos,
denominados por Quevedo
«ruiseñores del diablo•; en el
calabozo, la cadena fija á la
pared, para amarrar en blanca; en los almacenes, el depósito de férreos artefactos, tan
antiguos como la Edad Media y tan usuales como entonces; en la herrería, la pequeña maza, el pequeño bloque y
el pequeño cortafrío para remachar ó cortar 'la chaveta, y
en los procedimientos, las decisiones duras, enrojecidas y
forjadas á martillo sobre el
yunque, echando chispas.
Sin duda estas consideraciones hicieron desenvolver
en mi cerebro todo lo archi-

vado de la historia penal, y como si se personali- papel, pero no cambian las naturalezas en su arzase en un estado de obsesión histórica vi surgir, mazón de carne y hueso. Yo vivo en las entrañas,
flamante, de las hondonadas de los sótanos, yapa- y de las entrañas resurjo tal como fuí siempre. Me
recérseme, un sér extrañamente vestido, de fiso- miran mal los galeotes, sin atreverse á mirarme,
nomía dura, fulgurantes ojos, tez morena, cabello y poniéndose su máscara de disimulo para aplacar
barba negros, actitud desafiadora, formas hercú- mi máscara ceñuda; pero me miran bien los capileas y apostura de carretero al fustigar la reata tanes de las galeras de la vida, porque yo las
muevo, porque yo represento siempre el movipara avivar el viaje.
- «¡Yo soy el cómitre! - me dijo arrogante- miento: soy el rigor y soy la utilidad. ¡Dos cosas
mente-. Yo soy el cómitre calabrés, fustigador eternas! Las dos columnas de la dominación. No
de espaldas españolas. Yo forcé la maniobra, per- hay nada más allá. Te lo dice este Hércules y sus
siguiendo al enemigo ó huyendo de él. De las des- hazañas. Te lo dice el cómitre, que es más que el
héroe que muordenadas fuerrió y que pasó
zas del delito
á la historia.•
hice motores
La visión se
útiles y consuhabía insinuado
mi las sangres y
y transformado
las vidas para
de manera que,
generar el moen vez de disivimiento. Antes
parse, me paque apareciese
recía diluída en
la hulla negra y
la trama de mi
que se utilizase
propio pensala hulla blanca
miento, haciénen máquinas
do rn e consideobedientes é inrar la coincidensensibles, e m cia de los alarpleé la hulla rodes fantásticos
ja. Lo que arrocon las realidajábais antes al
des vistas y senverdugo, lo sutidas. No hacía
jeté al banco, lo
mucho que, visiacomodé al retando un cierto
mo y lo consumí
establecimiento
como se consupenal, oíamos
me el carbón en
desde la entrael hogar para
da, y al través
que d agua se
de un muro, un
evapore y emrechinar y golpuje al émbolo
pear de las cacon su fuerza
denas de los enexpansiva. Sin
mí, las cinco escuadras de galeras españolas hu- cadenados y, recordándolo, me parece que, en su
bieran estado flotantes en el puerto como boyas. actual transformación, algún aparecido pudo deY, en pago á tal servicio, cuando la galera fué de- cirme, como la aparición histórica: «¡Yo soy el cóclarada inútil, se me dejó en la orilla, licenciado, mitre!&gt;
Entramos, y al frente de la comitiva vi un homdesocupado, despalmado. Y, entonces, riéndome
de la desconsideración y acariciando la venganza, bre, trajeado con distintivos oficiales, que llevaba
por vengarme me embarqué de nuevo en otras ga- levantado el brazo derecho, y de la muñeca, penleras, surcando otros mares de la vida, de la vida diente y e? exhibición, un rebenque, un vergajo,
como se dice ahora. ¡Era el símbolo del cómitre,
penal.
»¡Yo soy el cómitre! La ley no me abandona, que le hablaba á la multitud de esa manera!
Entonces recordé otra huella del aparecido,
me revive. Mi rebenque domina, Mi forzado, con
sus trabajos duros y penosos, allí está. Si desfa- inscrita en las sucias paredes de un calabozo obsllece, le mosqueo las espaldas; si se irrita, lo apla- curo:
«Aquí estuvo el celador,
co sacudiendo; si protesta, lo arrizo para azotarlo
¡lo recuerdo con horror!,
en forma, y si aun tiene humos, arrecio en peor
cejijunto, atrabiliario,
parte, y repito lo que le oí á un capitán que tuve:
con facha de curtidor
de pieles de presidiario.»
«Mal conoce vuestra merced á estos ladrones, que
son como raposas: hácense mortecinos y, en quitándolos de aquí, corren como unos potros, y otros,
por un real se dejarían quitar el pellejo.•
VI
•¡Yo soy el cómitre, el eterno cómitre! ¡Mírame en otro traje, en otros tiempos, saltando las
Era entrada la noche, y salí de la prisión. El
revoluciones, prevaleciendo sobre las filosofías!
Ríome 1e apóstoles, renovadores y teorizantes. Hijo empleado de cancela me dió la noticia de que acade la fuerza y el rigor, mis renovados padres me baban de llegar nuevos ingresos.
Me lo dijo empleando una locución jerga!:
sostienen. Cambian las ideas en sus soportes de

�- La Guardia civil acaba de traer ocho cadenas.
Es la jerga muy expresiva, muy representativa,_ muy denunciadora. No lo han presumido los
jurisconsultos, y por eso no ven cómo se traduce
la esencia de las leyes. «Ocho cadenas• son ocho
rematados, provinientes de los presidios de Africa donde se cumplen las penas de cadena perpetu~ ó temporal. De este modo, en la jerga penitenciaria se representa la justicia al peso, y un recluso de una condena breve está poco cargado, y
otro de cadena ó reclusión, está muy cargado.
Salvé la cancela, crucé el claustro, penetré en
la oficina de filiaciones y· vi que, tras la reja, la
Guardia civil hacía entrega de los conducidos, retirándose después de formalizarla.
Me acerqué y me asomé. Los recién ingresados no me miraban. Retratábase en ellos una doble y ceñuda indiferencia: la de la fatiga y la de la
condición. Venían de un viaje largo, muy largo, del
otro lado del Estrecho, y sobre esto, desde la lejana estación á pie con el petate al hombro.
Muchas veces acostumbro á proceder como lo
hacen los experimentadores. No es cosa nueva.
En la vida, aunque lo hagamos sin saberlo, no seguimos otra norma. Y es lo comúi:i que la siga'?os
interesadamente, influya ó no el mterés afectivo.
A quién no le ha ocurrido, al ver preocupada á una
persona á quien se quiere, preguntarse, planteando la delicada ó curiosa experimentación: ¿Qué
tendrá? ¡Qué de mohines, mimos, picardihuelas,
travesuras, enfados, caricias y súplicas par~ conseguir lo que estos experimentadores afectivos se
proponen: desarrugar el ceño!
.
He aquí lo que yo me propuse y lo que hice.
Claro está que, en el sentir de al~unos, no hi~e
bien. Estos que son ceñudos por sistema, nec_es1tan, como aparato imprescindible,del entonamiento jurisdiccional, algo semejante á la máscara trágica: «¡A ver ése!. .. ¿Cómo se entiende? ... ¡Alza!
Y tú, ¿qué te has creído? ... ¡En fila! ¡Y tú, de frente!. .. ¡A cuadrarse!•
Lo que yo digo es que tales maneras me produce igual efecto que el de cerrar puertas, correr
cerrojos y dar vuelta á las llaves cuando en la galería vuelven los reclusos de la transitoria é higiénica expansión de los pas~os, y todo se queda
en silencio como una faraónica sepultura. En el
interior de cada uno, con parecer pequeño, hay
infinitamente más celdas que en las galerías de
muchísimas prisiones celulares, y esas celdas también se cierran cuando se siguen procederes carcelarios; y así como en la celda cerrada, inco1:1unicada, sepulttera de piedra, de que habló Rouvier,
se buscan comunicaciones disimuladoras, en los
hombres y en los pueblos cohibidos, no se &lt;:1esarruga el ceño ó lo desarruga la_ m_entira, la hipocresía, la humillación, el rendimiento aparente,
quedando dentro lo que queda en todo lo cerrado: algo en descomposición, que se corrompe.
A mí, en la tramoya del carácter, no me gusta
otra intervención que la de descorrer telones para
que lo velado se manifieste con sinceridad Y_ no
se encubra, y por eso no quiero que se me a~nbuyan, de primera intención, movi~ientos_sent1mentales, porque muchas veces, é ~nvenciblemente,
actúo nada más que como expenmentador, como
tramoyista que descorre.

?

- ¿Fuma alguno de ustedes?
He de advertir que tengo la costumbre de no
tutear, en lo que me parezco al famoso coronel
Montesinos.
De pronto no contestó ninguno. No me causó
extrañeza. La sensibilidad del hombre, cuando la
embotan, también se hace tarda en responder.
Además, entre hombre y hombre, de igual _modo
que en las líneas telegráficas, hay que pedir vía
libre. La sinceridad y la franqueza deben ser algo
semejante á la telegrafía sin hilos.
- ¿Fuma alguno de ustedes?
Uno de los ocho, más resuelto que los demás,
se atrevió á mirarme con alguna precaución, y al
quitársele el recelo me contestó:
- Yo fumo -. Y recogió y encendió el pitillo.
- ¿Nadie más?
Ya hubo otro confiado, con doble confianza,
pues señaló como fumador á un compañero.
Sólo los tres fumaban. Y no muy á gusto.
Yo sabía por qué. En aquellos cuerpos, asendereados por el molesto viaje, se sentían otras querencias, muy fácilmente presumibles, pero qu~ no las
quise interpretar porque mi experimentac1~n había de consentir en que hablasen ellos mismos,
recobrando una confianza largamente perdida en
un viaje muchísimo más largo, muchísimo más molesto, muchísimo más abrumador que el que acababan de traer.
Y, efectivamente, uno de ellos, respondiendo
á su necesidad, me hizo una petición, que fué atendida. Otro pidió lo mismo. Ya entonces se empezó á notar en el conjunto una cierta libertad de
movimientos, como cuando la Guardia civil les había quitado las esposas. No era otro el efe~to. ~n
aquel instante se les desencadenaba el mt~nor
atraíllado; se les rompía la chaveta de ur1os grillos
morales ó se les desprendía la invisible mordaza.
Uno de' aquellos hombres, que parecía renacido,
se atrevió á expresarse con ansiosa vehemencia y
á decir:
- ¡Tengo sed!
No tardó en tener un botijo entre sus manos,
y lo levantó para beber á ~horro y beb~a como
cuando cae la lluvia torrencial sobre la tierra en
año estéril; y los demás siete gaznates secos lo miraban, al principio con solicitud, luego afanosamente y después con ira, porque el hombre no cesaba de beber. ..
Todos bebieron, bebieron, se apagaron, aunque más tarde volvieron á lo mismo, porque su sequedad era mucha, y, probablemei;te, al qued~r
cada uno en su celda, la sed renacena, y en el agitado sueño, tal vez el primero que habló y que
bebió volviera á repetir una y más veces:
- ¡Tengo sed!

VII
La escena me habló, mientras la contemplaba,
á lo vivo de todos mis recuerdos de la vida penal.

Aquellos hombres eran el _d&lt;:shecho d~ una obra:
deshacíamos nuestros presidios de Afnca.
Me acordé de Ceuta, de la primera vez_ que estuve y me acordé con simpatía.
Se despertó en mí la inquietud que me pro-

dujo durante el viaje la lectura, tendido en el camarote del sleeping de la impresionante obra de
Relosillas Catorce meses en Ceuta. ¡No me d~jó
dormir!
Recordaba que, al embarcar en Cádiz en el
IVilliam Haynes, sentí una temerosa indecisión.
¡:V1e daba miedo aquel presidio! Era un presidio
suelto. Además, era un presidio en banderías. Los
capuletos y montescos del presidio eran allí sin Romeo y Julieta - los andaluces y los aragoneses. En estos dos bandos se dividían los presidiarios de la Pen'í nsula y Ultramar. Las renova-·
das luchas matonescas de los jefes de los dos bandos, con muerte de uno ú otro, y en ocasiones de
los dos, producían el estremecimiento de un régimen despiadadamente sanguinario. Lo último que
contaba Relosillas era el colmo de la saña. Se batieron el jefe de los andaluces y el de los aragoneses, y este segundo fué vencido y muerto. Se
presentó otro aragonés á ocupar el puesto, y comenzó la lucha, que también le fué adversa.. En
las angustias de la muerte aun tuvo coraje para
reaccionar y darle una puiíalada en el pecho al
jefe andaluz, que al herirlo había resbalado y
caído. Al ir por su pie al hospital, el andaluz
cayó súbitamente muerto: tenía interesado el corazón.
Esta era la nombradía del presidio, del de
Ceuta más que de ninguno, pero del presidio en
general. En parte la realidad, y el romance principalmente, habían hecho del presirlio un matonesco campo de batalla. Según esta leyenda, meterse en el presidio era entrar en una jaula de leones. El comandante antiguo se prestigiaba como
domador y presumía de imponerse por sí solo. Los
que dejaron fama, la dejaron por su planta presidia!, parodiando la locución torera. Eran, como
dc;!cía un clasificador, comandantes de medio cuerpo abajo.
Al dar frente á Ceuta, en la desembocadura
del Estrecho, cambié por completo de impresiones. El monstruo que había de aparecer, y que yo
llevaba formado con la sugestión de la lectura, se
convirtió en una doncella hermosa, de nítida blancura en su ropaje. Ceuta es bella, ó, por lo menos, yo la recuerdo bellamente. No parecía, por
ninguno de sus aspectos, una ciudad de presidiarios. Ni siquiera hecha por presidiarios. Y esto último era una verdad incuestionable. Ceuta nunca
ha tepido obreros libres. Fué siempre una población de desterrados: desterrados al servicio de
armas, los unos; desterrados á las obras de fortificación, los otros. Ceuta, como dije en otra parte, «puede decirse edificada sobre las espaldas de
los forzados. •
Esta consideración me reconcilió con el presidio y me enojé con los cronistas que se complacen en ocultar lo bueno. El presidio ha hecho la
ciudad y sus defensas. Ha hecho más el presidio.
Recorrí mis apuntes y encontré que tenía incluso
muy buena historia militar. En I 717, quinientos
presidiarios que llevaban los útiles para el trabajo,
practicaron una salida para demoler las obras
avanzadas del enemigo. En 7 de Abril de 1726, salieron ochenta presidiarios armados con chuzos,
llevando fuegos artificiales, con las compañías de
granaderos de los regimientos de Saboya, :Flandes,.Africa, Badajoz y Ceuta. En I 751 los presi-

diarios volvieron á salir á la descubierta á demoler otras obras avanzadas. En I 754 hicieron lo
propio cincuenta presidiarios para destruir un
puente delos mauritanos. Lo propio hicieron otros
presidiarios para destruir un cañaveral que ocultaba á los moros...
No pude continuar la consulta, porque habíamos llegado al desembarcadero. Entré sin intranquilidad en Ceuta. Asomado á uno de los baleo-.,
nes de la fonda, vi el presidio suelto, no en desorden, sino con la soltura de la vida y en convivencia con la población civil. Aquel aguador que
distribuía el agua de casa en casa, conduciéndola
en sus borricos, era un presidiario. Aquellos otros
que arreglaban las calles, eran presidiarios. Aquellos otros que iban y venían realizando diferentes
menesteres y urgencias, lo eran también. Y aquel
que lleva los niños al colegio. Y aquel otro que
vuelve de la compra. Y un tendero, y un fabricante, y un industrial. Y los profesores del colegio
de segunda enseñanza. Y los operarios de las
maestranzas y talleres. Y los criados, y los jornaleros ... ¿Quiénes, quiénes no lo eran?
Los malos presos. Regla de utilidad: al buen
preso no se le mira el delito. La utilidad hizo esta
organización. La utilidad, por aprovechar los
hombres como remeros de galeras, los libró de la
horca. Si no es piadosa, es de efectos piadosos.
La utilidad moderó los castigos, porque no quería
que le inutilizaran á los hombres. La utilidad, entre nosotros y entre los ingleses, le abrió al presidio puertas para la relación social. Ella supo hacer el sistema progresivo. Los ingleses sistematizaron y reglamentaron lo que la utilidad había
hecho. La ciencia, que no es tan original como se
cree, y que suele aprovecharse de lo qt:e encuentra definido, lo convirtió en doctrina. Nosotros,
en la espontaneidad de los procedimientos, cosechamos la obra; pero no tuvimos tratadistas, ni
entre los encuadernadores universitarios, ni entre
los atadores de balduque. Importamos como novedad lo mismo que se producía en nuestro
huerto.
Aquel primer aspecto de una ciudad-presidio,
donde las gentes libres confraternizaban con los
llamados enemigos del sosiego público, encon trando precisamente su sosiego y su bienestar en los
repudiados por la ley, y utilizándolos muy apropiadamente para los fines activos de la vida, cambió
ante mis ojos aquella misma tarde, ar visitar en el
campo exterior el cuartel de Jadú, que era más
bien que otra cosa un cercado donde estaba en
aprisco parte del rebaño penal. Aquello era presidio, con sus mismas angustias de confinamiento y
la propia incuria y dejadez que en todas partes.
Un encierro de hombres, sin ningún estímulo para
las actividades del cuerpo y para los despertamientos del alma. Monotonía que obscurece el horizonte sensible de cada sér, que lo iguala todo en
la misma tonalidad y que deprime, engendrando
con la apatía el propio menosprecio, y con éste la
degradación.
Regresamos á Ceuta, muy cercana la hora del
crepúsculo, y al ausentarse el día y al empezar la
noche, me encontré en el patio del cuartel Principal, en aquel patio de los desafíos y luchas matonescas, en el centro de un cuadro cerrado por sus
cuatro frentes con filas de hombres en formación,

�11

...

que en junto eran más de mil, vestidos de pardo
con ribetes amarillos.
Después de pasar lista, tocaron oración, que
todos oímos descubiertos, y se iba á empezar á
distribuir e l rancho. La luz mortecina de la tarde
sombreaba las fisonomías y hacía brillar los ojos,
y proyectando sobre aqnellas sombras los prejuicios que todos tenemos archivados para hacer más
resaltante la maldad, poco á poco se reconstituía
fantásticamente un cuadro del infierno. Cada hombre era un protervo y tenia en sus vísceras su atormentadora maldad. Con la alucinación del miedo,
se hubieran visto salir llamaradas de las bocas, enroscarse culebras en el cuerpo y destacar sobre
las rapadas cabezas la cabellera de Medusa.
Interiormente temblaba . .Me sentía dominado
por la leyenda del terror que nos colocan al lado
mismo de la cuna, con el espantajo del coco, apartador de las espontaneidades del sentir y el querer. Enturbiaban mis ojos los sedimentos de las te-

rroríficas tradiciones que forman en nuestra educación una Edad Media horripilante. Esa misma
tradición me hablaba al oído para señalarme algunas celebridades siniestras. En aquellos hombres
no se señalaba otra cosa que la mancha criminal
que con la sentencia condenatoria había borrado
el pasado y el futuro. - «Ese es el que hizo tal .
estrago. &gt; Desde que lo hizo, eso era, eso sería y
eso había de ser eternamente.
Aun me duraba la impresión de angustia, aunque la recatase, cuando estábamos en la Comandancia general y la conversación se repartía en detalles del viaje, en referencias de lo que pasaba en
:Madrid y en preguntas acerca de mis impresiones
desde mi llegada.
- ¿Se ha portado bien el eochero?
- Muy bien. Guía admirablemente.
l\le dijeron aparte:
- Ese cochero cumple condena por asesinato.

Todavía seguía alucinado y se me repre~entó
un demonio con librea.
- Los señores están servidos.
Mi recatado cicerone me dijo por lo bajo que
aquel criado tan correcto era otro criminal.
- ¿Y estos que nos sirven?- le pregunto durante la comida.
- También son presidiarios. Y el cocinero y
el pinche. No es una excepción. En cada casa hay
algo parecido. Si los presidiarios se fueran, Ceuta
se quedaría sin brazos y sin pies.
Se comprenderá que más que por las fatigas
del viaje y la inspección, caí en el lecho de mi
cuarto en la fonda rendido por el sacudimiento de
las encontradas emociones.
La fonda era incómoda. Disponía de una alcoba, con cierre de cristales, y de un gabinete que
era habitación de paso. El mucho sueño no me
hizo reparar en escrúpulos, y sin ningún recelo,
como si estuviera en el seguro de mi hogar, coloqué sobre la mesilla de noche mi reloj y mi cartera, donde llevaba todos mis haberes para el
viaje.
Me dormí profundamente, aunque no con sueño libre de quimeras. Siempre sueño algo, y á veces en mi sueño se entrelazan fantasías y realidades. No sé lo que soñé. Sin duda se atropellaron
muchas impresiones y no dejaron rastro. La única
que se caracterizó
fué la del delito.
El sueño es una
parálisis. Yo lo he
comprobado alguna
vt?.z. La primera impresión del sueño es
la de sentir como esposadas l as muñecas. En los tobillos
se manifiesta luego
análoga impresión .
Cuando soñando nos
encontramos en un
trance que obliga á
reaccionar para huir
un peligro, la parálisis nos coloca en situación cohibida.
Yo vi, sin despertarme, que uno de
aquellos hombres
del cuartel Principal
abría con mesura la
puerta de paso algabinete, y, yendo de
puntillas, se acercaba al cierre de cristales. Me quise incorporar y no pude.
Quise también echar
mano á mi cartera
para salvarla, y quedé como atado en
cama de cordeles.La
puerta de cristales
se abrió. El hombre siniestro se apareció ante mi.
No había remedio. No me podía defender. Si me
quería matar, me mataría; si me quería robar, me
robaría. El hombre avanzó resueltamente acercán-

dose á la silla donde había puesto mis ropas, y
prenda tras prenda las cogió una á una. Desaparecida la visión, se calmó mi angustia, respiré con
afán y volví á dormir tranquilamente.
Nada me faltaba cuando desperté, ni tampoco recordé la pesadilla. Ilice mis abluciones,
me vestí, salí á tomar el desayuno, vinieron á buscarme y nos encaminamos. á la calle para continuar visitando las dependencias del extenso presidio.
En la puerta de la fonda había á cada lado un
penado con galones de cabo. Los había puesto el
director para estar á mis órdenes. 1Ie fijé en uno
de ellos y lo reconocí.
Entonces, como una fulguración súbita, se me
representó la pesadilla, que fué realidad telepática
en mi ensueño.
- ¿Ha entrado usted Pn mi cuarto esta mañana?
- Sí, señor; á coger las ropas para limpiarlas.
¿He despertado al señor?
-No.
Ni me despertó en las mañanas siguientes. Ni
despertaban tampoco á los vecinos de Ceuta que
tenían las puertas de sus casas enteramente francas á los criminales, que con toda honradez y todo
esmero los servían.
Este era el presidio que ahora se deshace y
envía esos despojos
á los encierros que
en l a Península lo
sustituyen.

\'Ill
El vigilante de
servicio empezó á
hacer las comprobaciones de filiación, á
anotar en los libros
y á extender los doc u me n tos de ingreso.
- ¿Cómo se llama usted?
- ¿Los nombres
de sus padres?
U no de los ocho
respondió:
- No los he conocido. ¡Hasta en
esto he sido desgraciado!
Otro no respondía, ni atendía: miraba al techo, á los lacios y al piso errabundamente.
Desde e I fondo
vi que uno, mirándome con intención, se
ponía el dedo índice en la sien, haciendo taladro
en la cabeza, como si quisiera decirme: «Está tocado... &gt;
Lo miré. No cabía duda. Estaba loco.

�- ¡Muy bien! ¡Muy bien! ¡Me gusta este pala-cio! ¡Estoy contento!. ..
¡Otro loco!
E l mismo que desde el fondo me hizo señas,
me señaló á un vecino que, musitando y accionan•do, mantenía una conversación callada.
¡Tres locos de un presidio á otro presidio, y los
Tribunales y la Administración tan satisfechos de
-que las cosas se hacen bien!
El acento señaladamente provinciano del que
en aquel momento respondía á las preguntas, me
hizo fijarme.
- ¿Profesión?
- Astudiante...
¡Estudiante!. .. No lo parecía. Dijera jornalero
ó cosa tal y no cabría duda. Fisonomía vulgar, embrutecida y aviejada; actitud en dejadez; maneras
.astrosas; el cuello de la sucia camisa, desceñido;
la ropa como queriendo desprenderse del cuerpo
abandonado.
¿Estudiante?. . . ¿Estudiante? . . . ¿Será él? ...
¡Imposible! El está en presidio, y en el presidio de
cadenas, pero no puede ser una cosa tan distinta.
1No puede serlo! Era de la juventud dorada, elegante, ostentoso, renovador de apariencias y de
gustos, apurador de placeres, eterno contertulio de
la orgía. Eso lo condujo á atentar contra la vida
más sagrada, la de.su madre, sacrificando á la disipación el sentimiento y la naturaleza.
Hace pensar en aquel admirable apólogo de
Bartrina. Una mujer de las que no ~e sacian agotando el rendimiento de su amante, le pide á éste
.aquello que sólo la pasión esclavizada otorgaría.
¡Le pide el corazón de su madre! Y él, loco, sin
duda, aunque fuera loco de pasión, realiza la monstruosidad. Y bajando precipitadamente la escalera con la entraña preciosa entre sus manos, tropieza y cae, y del corazón sale una voz cariñosa
que le dice: ¿Te has hecho daño, hijo mío?
¡Sí, se ha hecho daño, mucho daño, santa ma&lt;lre! Al quererle llevar á la insaciable orgía hasta
la sangre de tus venas, cayó, como Luzbel, en la
hondonada, en el abismo. No en el fuego, en el
--cieno. En tres años de revolcarse, ya es enteramente otro.
¡Se ha hecho tanto daño, que ni su santa ma-&lt;lre, si lo viera, lo conocería!

VII
J
1

La escena fué relativamente breve; pero, para
mí, de una peligrosa intensidad.
He empezado por contar lo que me pasa cuando me fijo mucho. Y no es una excepción. Más ó
menos, aunque no se den cuenta, á todos les ocurre. Damos limosna, porque la caridad también
-obedece á una mecánica psico-fisiológica. Nos representamos el dolor del pobre, y al representárnoslo, lo padecemos en nosotros mismos, y para
curarnos de la pena, damos la limosna, que nos
nace bien, porque en aquel instante nos alivia del
peso de la angustia representada.
A mí no me sucedieron las cosas de ese modo:
me entregué tan fija y subordinadamente á la re·presentación, que me sentí identificado, y sutil-

mente, corno si cambiara de cuerpo y el mío se
fuera á tumbarse pesadamente y á dormir, me
transporté al otro lado de la reja y fuí uno de los
ocho, no sé si el errabundo, el ensimismado, el delirante, con delirio de grandezas, ú otro de los
aparentemente sanos; lo que sé es que no fuí el
estudiante; hay cosas que no me las representaría.
Un vigilante, el que identificaba, abrió la puerta del cuarto de filiaciones en que estábamos, lo
seguimos corredor adelante, llegamos á la cancela
donde estaban tumbados los petates que habíamos traído al hombro, los volvimos á cargar y entramos puerta tras puerta, hasta una especie de
rotonda, donde había una especie de fanal gigantesco y dentro un hombre que registraba unos colosales libros y nos iba llamando á nosotros uno
á uno.
Miré con curiosidad temerosa y vi á mi espalda una galería enorme en forma de un enorme
ataúd, y á lo largo de este ataúd, una sobre otras,
á distancia del piso, tres filas á cada lado de entristecidas luces. Me representé lo que debía ser
el interior de una pirámide. Aquello me parecía
mortuorio. ¿Dónde estaban los muertos?
Me fijé más y vi en cada piso de la gigante sepultura y á distancia simétrica, una puerta, otra
puerta, otra puerta ... Son los nichos, me dije.
¡Allí están! Y añadí con sobresalto: ¡allí voy!
No me equivoqué. Nos llevaron á uno de los
cinco enormes ataúdes, me señalaron una puerta,
la abrieron, la salvé y me quedé solo y en la obscuridad, un poco atenuada por la claridad de la
noche que me descubrió el entramado de los hierros de mi reja. ·
Yo he sufrido pesadillas, muchas y muy intensas, como si fueran realidades, y sé que aun en
las pesadillas hay asomos de reflexión y que uno
se pregunta si aquello es verdad, sucediendo que
esta interferencia razonadora la anula la tenacidad
del ensueño.
- ¿Pero es verdad?- me dije-. ¡Yo aquí!
¿Por qué?
Y el ambiente me daba la respuesta. Un nicho,
sí, un nicho abovedado, nicho mayor para enterrar en vida; una cama de hierro, con su jergón
y su manta; allí la mesa empotrada en la pared y
el banquillo enfrente... ¡La celda! ... ¿Qué he
hecho?
Si un justo peca siete veces al día y si los que
no lo somos pecamos á granel, de tanto pecar sedimentado en los recuerdos, puede salir cuando
nuestra mente queda en abandono y lo pasado y
lo presente se entrecruzan, á veces en afinidades
monstruosas, de muchos pecados y de muchas intenciones de pecar, y aun más que de pecar, de
delinquir, puede surgir, ya que no en concreto, la
representación del delito, de un delito real con
todas sus circunstancias y accidentes, un estado
de conciencia delictuosa lleno de las mortificaciones é inquietudes del mal causado, de las responsabilidades contraídas y de los tormentos y vejaciones de la pena. Y eso es lo que sentí, que había hecho algo que me había conducido al deshonor y á la vileza. ¿Pero qué? No lo sabía, no lo podía discernir y lo buscaba tenazmente penetrando
en lo más recóndito de la memoria, y agitando de
esa manera las asociaciones dinámicas de los re-

cuerdos más ocultos, y de ese modo se desvelaron
mis sentidos.
El del oído se afinó de modo que me pareció,
en el silencio de la noche, percibir nna conversación muy recatada. No era en el patio. Me encaramé á la ventana y sólo percibí el «alertaaaa... &gt;
que el centinela respondía. Seguía el rumor; descendí al suelo; me aproximé á la puerta; hablaban
en la galería, no lejos de mí·; me tendí en el suelo
y acerqué la oreja al ventanillo.
- Sí, es él, no cabe duda.
Y pronunció mi nombre.

Me aproximé más para no perder palabra y
contuve la respiración.
No oía; hablaban quedo. Percibía únicamente el
murmullo de las palabras, distinguiendo alguna
q~e otra que avivaba mi curiosidad. El apasionamiento fué elevando el tono y empecé á oir claro
frases enconadas, despiadadas, implacables. U no
~e los interlocutores, aunque no me defendía, mitig':1-b~ las acusaciones de su compañero, pero éste
se 1rntaba más y le oí decir en voz alta:
- ¡Muy mala persona! ... ¡De muchísimo cuidado! ...

�Mi defensor le opuso algún reparo, pero tan nioso me lo han vestido á mis espaldas mientras
vacilante y tenuemente, que no llegó á mí lo que vivía honradamente confiado. ¡No fiéis de los indecía. Lo que llegó á lo vivo fué la afirmativa con- dicios! ¡Mezquina lógica! ¿Sabéis qué es la calumtraria.
nia? La muñidora de indicios más activa y aviesa.
- No lo creas. Las cosas no- pasaron de ese La calumnia es Yago, sugeridor de indicios á la
modo. Este periódico
fácil susceptibilidad
lo dice. Ha tratado la
de Otelo.
cuestión en muchos
¡Yago! ... Miradle
números. Lee aquí.
bien ... ¡Aquél es! No
Callaron, sin duda
me tengáis por loco;
mientras leía el requeno lo soy. ¡Aquél es!
rido, y atendí con inSi lo mataron en Vequietud ya rayana en
necia, resucitó al mola angustia.
mento. Aquél es y
- De manera que
aquél otro. Es la mislo mató...
ma figura repetida en
Sentí un estremela variación de un tipo
cimiento y puse toda la
inacabable. Siempre
atención en mis oídos
envidioso, no de Capara saber á qué se
sio, sino de cualquiera
referían, y supe que
que ocupe el puesto
era á mí, aunque me
que ambiciona y no
merece. Ansia de dolo negué y o mismo,
desechando la idea.
minar es lo que sufre.
-¡Matar! ... ¡Yo! ...
Quiere, en la embriaguez de su codicia auNo puede ser. No hatoritaria, que todo se
blan de mí.
le deba, y aquello que
Así lo dije, .incorporándome de súbito
no hace ó de que no
y mirándome las maparticipa, 1o sacude
con su desdén para
nos y la ropa, como si
humillarlo. Como mubuscara las huellas de
chachuelo díscolo y
la sangre.
mal criado, importuna
- Lo asesinó.
á las gentes con des' Al oir esa afirmaticonsideradas id as y
va, un sudor frío me
vueltas, gestos, dessurcó las sienes, creí
plantes, muecas, paladesfallecer y me apobrotas, groserías imyé en el muro.
púdicas y alguna graQuería sustraerme
al apuñalamiento acusatorio; pero el que hablaba cia de mal gusto. Es tan infantil en sus rabiecontra mí, descompuesto y airado, en vehemente tas, que quiso derribar un alta torre escupiendo
y altaner?- locución, lanzaba á granel todo el re- colérico á los sillares de la basa. ¡Se necesita tropertorio de las peores circunstancias del Código pezar con el esforzado y bonachón Otelo para que
penal, y yo las recibía como lluvi~e balas en el al noble cuerpo lo derrumbe el vérti_go del deshonor, y el miserable, en actitud triunfadora, lo
cuerlJO herido y casi inerme.
- Se quiso aliviar con lo de violentado por mancille con su pie, exclamando con malvada sonuna fuerza irresistible, con que lo hizo para evi- risa: ¡Ecco il leone/
¡Que no os guíe la calumnia, ni la desconceptar un mal, y también con que obró en defensa de
derechos ... Ya lo sabes: las eximentes. Pero, 1quiá!; tuación, su prima hermana! Padecen de dislocar
alevosía, recompensa, males innecesarios, astucia, las cosas ó de verlas desfiguradas, retorcidas ó con
abuso de superioridad, ignominia, desprecio, rein- efectos de luz afeadores. Eso es la calumnia: hacidencia. . . ¡Agravantes, todas agravantes! Fué cer lo hermoso feo; convertir á la inocente Desdémona en ramera. Eso es la desconceptuación:
condenado á muerte.
¡No sé qué me pasó! Si los interlocutores lo transformar el simple defecto, ó el desliz, ó la encontaran, dirían que oyeron un estrépito en mi fermedad, ó la miseria en monstruosidades que se
celda, que acudieron á abrirla y que encontraron deben relegar á la condenación ó al exterminio.
Son hijas de la noche, engendradora de endriagos
mi cuerpo desplomado.
y quimeras, brujerías y maleficios, asechanzas y
espantos. Un pueblo en la noche sin fin de su estacionario quietismo, vive la encogida vida del
IX
rincón, siempre asediado por la inquietud de que
el enemigo circula y que contra él sólo valen las
- ¡Calumnia! ... Yo no soy asi. Si hubiera es- puertas atrancadas, las celosías y las rejas de enpejo de imágenes morales y me mirara en él con tramados barrotes, además de la precaución de
la figura que han querido hacerme, no me conoce- tener otros enemigos en el seguro de otras somría. Si tuvierais ojos para distinguir lo contrahe- bras clausurad.as fuertemente. Y con ese influjo,
cho, no os cabría duda de que el disfraz ignomi- avivando la suspicacia y el recelo, la desconcep-

tuación va engendrando la duda y habla de oído
en oído, haciendo creer que tras de la sonrisa se
oculta el veneno, tras del cumplido el puñal, y
que la mala intención se disfraza con halagos.
¡Yo soy una de las víctimas de la sombra, sin
duda por estar enamorado de la luz! Si algo hice...
No sé lo que he hecho. . . No sé de qué me acusan ... Jgnoro los considerandos y resultandos de la
sentencia y la severidad del fallo. ¡Lo ignoro todo!
Mi cabeza es un torbellino inquiriendo lo que ocurre. ¡Matar yo! ... ¡Imposible! Ni aun matando por
equivocación ó imprudencia. Ni aun matando por
obsesión. Sí; también se mata de ese modo. Recuerdo un caso excepcional. Figura en los archivos de una Audiencia, en la de Zaragoza, y lo encontrarían de primera busca, porque es muy reciente. Unos padres dormían matrimonialmente y cerca de ellos reposaba en la cuna una hija suya. La
madre se despertó, se incorporó y puso el oído
atento para atender solícita. Miró del lado de la
cun~ y vió espantada un monstruo. Despertó á su
mando y también lo vió, é inquietos por su hija

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se precipitaron de súbito contra la horrible aparición, descargaron animosamente sobre ella todos
los proyectiles que pudieron tener á mano, despertaron á los vecinos con el alboroto, y al entrar
éstos con luces... ¡Oh, desventura!. .. ¡Lo que
apareció es el cadaver de la niña terriblemente
magullada!
¿Habré visto otro monstruo como la buena madre y sobre alguna cuna en que durmiera algo
donde tenía puesta mi afección y mi vida? ¡Habré
descargado sobre el monstruo airados golpes y
dado muerte á lo mismo que quería defender!

X
- Vamos, ¿qué tal? Parece que se está tranquilo. Todo pasa. Tome usted esta medicina y se
curará del todo.
·
- ¿Dónde estoy?
- ¿No lo ve usted?; en la enfermería.
- ¿Y usted quién es?
- Un enfermero.
- ¿Empleado aquí?
- No; yo soy un preso que tiene el cargo de
enfermero, y me ha tocado estar de imaginaria
desde que lo trajeron á usted en la camilla. Todo
esto habrá sido del mal viaje.
Dicen que viene usted de Ceuta. ¡Muchas horas, mucho calor,
mucha molestia!
- No sé de dónde vengo.
- Vamos, á tranquilizarse y
á no delirar.
- ¿He delirado?
- ¡Mucho! ... Casi tenía miedo de estar solo. Yo no soy de
aquí\ de estas casas. Ni estoy
por nada malo. Vamos, hice un
mal, pero por acaloración, y sobre lodo, por defender á mi padre, que lo atropellaban malamente.
- ¿Qué decía cuando deliraba?
-¡Uy!. .. ¡Tantas cosas! Me
daba usted pena, no por estar
enfermo y delirando, que esto
á todos, á cual menos y á cual
más, nos ocurre alguna vez.
Cuando yo tuve el tifus me dijeron que deliraba; pero no daba pena, porque decía tonterías.
Pero usted, ¡ Dios bendito! ...
Pero en fin, ya pasó; serían locadas de la cabeza.
- ¿Qué decía? ... Lo quiero
saber. ..
- Vamos... ¡Muchas cosas!
Como repetirlas, no tengo disposición para ello; pero, vamos,
á mi manera me figuré que todo
tenía la misma composición.
- ¿Cuál? . . .
- La de que usted no ha
hecho lo que le acumulan. Así
lo he entendido; porque usted

�sólo decía medias palabras, aunque seguidamente.
- ¡Y no lo he hecho!
- Por mí. ..
- ¿Qué? ...
_ l\le conformo. Pero como dicen muchos lo
mismo, vaya usté á saber.
- ¡Tiene usted razón!. . .
.
_ Y á más, ya no tiene otro remedw c¡ue cu!Dplir día tras día, si no hay quien le apadrme el indulto.
_ Lo dicen muchos; ¡pero lo dicen delirando
como yo!
- .Mire usted, eso. mismo me hizo fuerza. Yo
me decía: ¡pobretico, no habla él, habla la calentura y puede que diga la verdad!
- ¡Puedes jurarlo!
.
..
.
_ Sí, lo juro; pero ¡pobret1co! N1 Jurando tiene
remedio. ;La ley es la ley!
,
~ ¡Vamos, hombre! No se desanime. ¡Se me ha
vuelto á cáer! ¡ \'amos, hombre! Tom~ otr_a poca
de medicina, que par&lt;'ce acertada. ¡As!! As1éntese
usté. Aguarde, que le traeré otra almohada de
prestado.
El pobre mozo me arregló cuidadosamente, Y
creyéndome tranqui_lú y te!11iendo que su co~,·ersación me hubiera sido peligrosa, se mantmo en
silencio, mirándome de cuando en cuando como
queriendo que lo invitase á_~ablar.
- ¿Qué piensas? - le d1Je. .
.
.
\'acilo, como si no se atreviera á dec1rlo, )
tuve que animarlo repitiéndole la pregunta.
_ Aunque me entrometa, me paeee, me
paece ...
- ·Qué?
vofvió á callarse y á vacilar de nuevo.
- ¿Qué?
_ Pues lo diré. Que usté necesita confesión.
- ¿Estoy tan malo?
- No es por eso.
- ¿Por qué?
_ Porque usté sólo le puede contar lo que
tiene dentro á uno que se lo crea, y sólo lo puede creer un sacerdote, porque en el confesonario es en el único lugar donde no nos atrevemos á
mentir.
:\fe admiró el discurrir del mozo y lo invité á
que llamara al sacerdote.
- No todos sirven para el caso.
Xuevamente volvió á maravillar~e.
_ Pa mí, que así c~mo hay o~c1ales de cada
oficio también h¡iy oficiales de misa, y ésto_s, pa
lo co:riente de las bendiciones y los rez?s, s1rv_en
como cualquiera, ¡aunque hay algunos ... •. Mire
usté era yo pequeño y estaba oyendo misa e_n
la igÍesia con mi padre. Ya sa~e usté que los chicos no tenemos correa y decimos lo que pensamos. El cura que decía misa, ,·amos, qu~ no me lo
hubiera querido encontrar en un cammo, Y me
quitó la devoción. ~uando ~onsagraba, se me ocu:
rrió una imprudencia y le ~iré de la manga á ~ 1
padre, que se abajó p~ra 01ri:11e - . «Paece mentira - le dije - que Dios baJe á esas mano~, - .
«¡Qué ha de bajar! - me contestó muy seno. Enviará un peón».
.
El ocurrente y expansivo joven me hizo sonreir.
á ·
1
_ ¡Vamos, ya parece que tenemos mmos ....
Adelante. Si viniera un sacerdote que yo conozco,

lo dejaría á usté tan tran&lt;;1~ilo. Ya es muy anciano y dice misa por devoc1on nada más, por9ue se
retiró hace tiempo. Y otra cosa: fué canómgo e~
Ceuta. ¡Cuántas cosas como la de usté_ ~abrá.I S~
usté quiere, usté lo pide y yo le escnb1ré á m1
padre.

X
:\Ie sentí poco á poco _invadido_ de una difusa
placidez, que yo la llamana la placidez de los creyentes.
.
Los creyentes, sólo por serlo, son bienaventurados, porque pueden disfrutar de e~e goce de que
yo disfrutaba, y que con~iste, á m1 entender, en
que la sensación de las t_nstezas y amargu!as de la
vida se desecha como s1 fuese una obsesión mezquina, sustituyéndola la realid~d de una esperanza inefable que se va á cumplir. Hoy se preocupan los médicos de una ~osa que l_e han d_ado el
nombre griego de eutanasia, que quiere decir buena muerte, y nada podrá se~ com¡,arable, po~ mucho que se invente, á la unción de la ,eut~n~sia espiritual que yo sentía, y que me hab1a ahv1ado de
la mortificación de los recuerdos.
.
.
Me sentía entre dormido y despierto, mcapaz
de emoción, sin que las cosas, que poco antes me
perturbaron y que aun las tema presentes! m_e parecieran algo más que un indife~ente art1fic10. Y
esas cosas se achicaban, se ach1&lt;:aban más cada
vez, hasta desleírse, y esto ocurrió al que?arme
poco á poco dormido en un sueño que. deb1~ ser
la última reverberación del abandono mfant1l de
mis primeros años.
Dormí no sé si poco ó si mucho, porque, lo que
satisface no se ajusta á tiempo, y desperte como
me había dormido; y si entonces poco á poco Y
muellemente me fuí hundiendo en el sopor, al des:
pertar también salí gradualmente á flote, Y abn
los ojos, como he visto algunas veces descorrerse
los celajes de la aurora.
- ¡Padre mío!
En pie, á mi cabecera) con una de sus manos
apoyada sobre mi frente, estaba un venerable anciano de elevada estatura y semblante severo Y
bond~doso, que vestía el traje talar.
Se sen tú á mi cabecera después de . h~berme
examinado, adoptó una actitud de recog1m1ento Y
me dijo:
- Ilabla, que te escucho.
.
Le hablé como si no fuera un homb~e, como s,
fuera algo espiritual y como si no estuviese delante, sino dentro de mí. II_asta_ me pa_rece q~e no le
hablé sino que mi conc1enc1a se hizo l~mmosa _Y
él la leía con los ojos cerrados y en acl!t~d meditabunda. Esta luz interior sólo se enciende en
nuestros estados de pureza, y sólo_ es estado de
pureza aquel de tan pura abnegación que hasta
suprime el sacrificio, que no lleva cue_nta de trabajos y pesadumbres, que anula el ménto y la obra
personal y los merecimientos y ~as re~ompe~sas,
para ir adonde lo destinen, obediente a los dictados de una ley infinita.
Ko le hablé de mí, ni le dije, aunque él_lo comprendiera, nada de mi angustia intei:ior, ?1 de ese
dualismo cruel en que lo que somos mten_orment:
se contradice con lo que de nosotros piensan )

fallan los demás. No podía decírselo. Yo estaba
En mis paseos - y aquí está la parábola conformado. Esa contradicción la aceptaba como
me
fijé mucho desde que por primera vez lo vi, en
si benéficamente se me hubiera imp11esto para hacer una buena obra. Yo no era quién para pregun- un trabajador, en un penado que trabajaba solo
tar é inquirir el por qué mi partícula vital había en uno de los tajos de la obra, y trabajaba alzando
y descargando el pico y rompiendo la tierra casi
de ser de esa manera. Debía contentarme con la sin
descansar.
luz que me alumbraba interiormente y que alum¿Qué por qué me fijaba? l\Ie fijé en muchos y
braba mi camino, que otros desventurados siguen
en la obscuridad y tropic,an y caen y se hunden. en casi todos, considerando lo que eran y lo que
habían sido. Todos, ya por su traje, ya por la conYo me mostré obediente, obediente del todo, con
la voluntad sumida y entregada, sólo con la re- dición en que vivían, ya por no sé qué de despreserva de recobrarla para la acción dispuesta. Yo ocupado, de ceñudo y áspero, me parecían delindije, contrito: «¡Aquí estoy! ¡Cúmplase la santa ,·o- cuentes, aunque no por ello los mirara sin lástima. Yo he pensado siempre en estas cosas sin
luntad!&gt;
ningún resquicio de venganza. :\Ii pensamiento lo
El anciano y venerable sacerdote levantó pauhe visto interpretado hace muy poco por persona
sadamente la cabeza, abrió sus ojos hundidos en
de mucha autoridad, de autoridad muy alta. «Las
la órbita, me cogió una mano entre las suyas y
penas deben ser elegidas por la Justicia y ejecucon evángelica placidez me habló lo que voy á
tadas por la Caridad». Lo firma: «Alejandro Groidecir:
zard, presidente del Consejo de Estado».
- Escucha una parábola. No lo es con toda
Tal vez mi contemplación pecara de importupropiedad, pero así la llamo. Escúchala y entiende
na, porque un día, en un momento de descanso,
su sentido:
apoyada la una mano sobre el pico y con el codo
Conozco, conozco bien, por haberlo visto año
tras año, tu miserable modo de vivir, aun más mi- de la otra enjugándose el copioso sudor, me preguntó sin acritud, más bien con cortesía:
serable todavía, porque entonces era de rigor lo
- ¿Por qué me mira usted tanto, padre cura?
de «llevarán siempre una cadena al pie, pendiente ¿Qué tengo?
de la cintura, se emplearán en trabajos duros y peMe acerqué y le dije, con el amor que lonosos y no recibirán auxilio alguno de fuera del sentía:
establecimiento.»
- Te miro, porque no me pareces lo que
Conozco, conozco bien, por haber vivido mueres. Te :miro, y al mirarte no me pareces crichos años junto á la desventura, lo que es trabajo minal.
duro y lo que es no recibir auxilio. Oye este caso,
:\le miró con fijeza, con tanta como si me quique lo sé de referencia. Lo refiere Sánchez Barsiera hablar y por los ojos le brotase la respuesta;
bero, aquel gran poeta latino, alter Apolo, que por
pero se repuso, volvió á empuñar el pico y á seel delito de ser escritor doceañista murió de pre- guir trabajando sin dPcirme palabra.
sidiario en el presidio menor de que nos habla.
Lo volví á ver algunas veces y lo miré como
Dice que el huerto del gobc•rnador de la plaza de siempre, aunque sin pararme, no obteniendo otra
.Melilla estaba tan alto, que no tenía riego, y, no
cosa que una cierta mirada agradecida y un callaobstante, era un huerto de lozanos árboles, visto- do saludo.
sas Aores y sabrosos frutos. ¿Sabes cómo se regaUn día, á la caída de la tarde, al regresar de
ba? Con una noria humana. Cada presidiario de los
mi paseo, me salió al camino. Sin duda por aguarque bajaban con la cuba vacía para subir con la darme, se quedó rezagado. Estábamos enteramencuba llena, era un cangilón. Y del mucho subir y te solos.
del poco comer, los cangilones se volvían éticos,
- Padre cura, me dijo, sólo un hombre, sólo
los transportaban al hospital y al cementerio y los
un sacerdote tiene derecho á conocer mi confesustituían otros en la cadena transportadora de las sión, porque sólo él me distinguió inocente.
aguas. ¿Sabes cómo llamaban á ese huerto? El huerSacó de entre su pecho unos papeles que el
to de la sangre.
correo le había traído el mismo día, y me los di&amp;
Conozco, conozco bien, la manera de trabajar á leer.
del presidiario. La vida en Ceuta es monótona, y
¿Sabes lo que era? La declaración que ü, armás entonces, que no había campo exterior. Para
ticulo mortis hacía el verdadero criminal, el autor
mí, apenas había otros caminos que el de la catedel delito que al infeliz se le imputaba. Y agitandral, el de mi casa y el de mis paseos. Paseaba por
do aquellos papeles con la alegría más pura de mi
hacer ejercicio y por recurso, y siempre que povida, y diciendo con emoción y vertiendo lágridía buscaba la salida del campo, huyendo de la ciu- ¡nas: •¡Corro á salvarte!•, me los arrebató y los
dad vieja y de la nueva.
rompió en menudos fragmentos, dejándome sin
Aun tengo en mis oídos el sonsonete de los es- saber qué decir ni qué pensar.
labones. Quiero decirte que en mis paseos me en- ¡Qué has hecho, desventurado!
contraba á los penados trabajando. y que era un
- ¡Padre cura! Hace años, muchos años que
trabajar que rechinaba, como si se publicase de ese arrastro mi cadena. Aquí lo he dejado todo: jumodo el trabajo aAictivo. ¡Torpe humanidad! Tra- ventud, afectos, memorias, anhelos, esperanzas. La
bajar con cadena es hacer de los oprimidos pere- resignación y lo pasado me han hecho á esta vida.
zosos. Por fortuna, el trabajo es redentor y rompe El que habló, habló tarde, al morirse, y habló vicódigos y artificios inútiles. Así se desencadena- llanamente para que yo, por recobrar una quimeron los de Ceuta, por la utilidad y eficacia del es- ra, ¡que la libertad ya lo es para mi!, cometiese una
fuerzo. Al construir el cuartel del Valle, cayeron infamia. ¡Sí; es una infamia! Ese hombre deja hide los andamios algunos que trabajaban con gri- jos, nietos, una familia que vive en el ambiente de
llete.
la honradez, no mancillada por la condenación, y

�con los pape~
les malditos
que he roto
quería que
yo, salvándome, señalase á
los hijos, á los
nietos, á la familia del atroz
asesino. ¡Yo
no he querido
envilecerme y
proclamar mi
inocencia como verdugo
que marca con
el hierro infame! ¡Yo no publico el anatema!
Lo dijo con
tan ta fe, con
tanto amor de
humanidad,
que caí de rodillas y besé
la cadena de
aquel santo.
.
.
Desde entonces quedó en m1 pensamiento u~a
idea indecisa, incierta, indefinible, sin aclarar, sm
duda porque las ideas no se aclaran hasta que un
estado de realidad las revela del to~o, y eso me
acaba de ocurrir, y con la espontaneidad con que
lo he pensado te lo digo.
.
Entre los Mandamientos de la ley de Dios, fa!-

ta uno y es
éste;eldelsanto presidiario:
¡N'omancillarás!

en mi recuerdo, ante mi vista, se me reprodujo lo
que el doctor lionés escribió en el álbum penitenciario del Congreso de Roma: «En nuestros tiempos, la justicia marchita, la prisión corrompe y las
sociedades tienen los delincuentes que merecen.•
Y un anhelo de regeneración invadió mi alma,

regeneración destructora de las miserias que nusotros mismos fomentamos, y acordándome de súbito de la esencia de mi pasado ensueño, exclamé
con fervor, mirando religiosamente á las alturas:
¡Sí: quiero ser santo, como el buen hombre del
grillete, para rasgar el anatema!

XI
Unaluzme
iluminó de súbito y me hizo
abrir los ojos.
Era la luz del
día que entraba alegremente por los desgu ar ne c idos
cristales. Era
la aurora rica
en colores, armonías y esen•
cias, y además
de rica, generosa.
Me sentí restaurado, alegre y animoso, y me
lancé del lecho á buscar la purificación del baño
frío.
En el jardín , las hojas de los árboles ~e mecían con el remusgo matinal, las flores hab1an sacudido el sueño y se mostraban frescas y ostentosas y los millares de gorriones armaban una d~sveladora algarabia.
Al desviar la
cabeza se fijaron
mis ojos en la fachada de lineales y
simétricas aberturas guarnecidas de
rejas; la fachada exterior de la primera galería de la cárcel, fachada de
Tántalo que ve la
libertad y el animoso bullici:o de la vida sin poderlos coger.
Entonces se
volvieron á agitar
en mi cabeza las
memorias de la pasada noche, y en
vertiginoso torJ?ellino vi leyes, códigos, ordenanzas,
destilando sangre,
despidiendo negrura con la herrumbr~ del antiguo rigor y el antiguo
tormento y los roñosos eslabones de
l os vetustos aparatos, y más que

Pabellón de la Prisión celular de Madrid, 25 de Septiembre de 1907.

FIN

Reservados todos los derechos de propiedad artística y literaria. No se devuelven los originales. El papel empleado en esta
revista es de La Papelera Espaftola. Fotograbados de Durá y Compañia. Imprenta de José Blass y Cía., San Mateo 1, Madrid.

�El [usnto 5smanal

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Desde mi butaca
(Apuntes para una_psicologia de nuestros actores)
POR

Eduardo ZAMACOIS
SUMARIO: Consideraciones prellmlnares.-Maria
Guerrero. - Dlaz de Mendoza. - Rosario Pino. - Enrique Borrás. - Maria Tubau. - La vanidad en los
actores. - Los derechos del actor. - El adulterio en
el Teatro. - Teatro de acción y Teatro de ideas. Los orlgenes de la risa.- José Santiago.-¿osé Rublo.
Balblna Valverde.-Matllde Rodrlguez.- oreto Prado. - Emilio Carreras. - José Monea yo. - La risa en
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•

Regalo de tapas á nuestros suscriptores
A cuantos, durante todo el próximo mes de Enero,
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de 1907.
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Madrid y provincias: Trimestre 3,25 pesetas.
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Número suelto:

3Ü

1

1

Abiertos los sobr~s secretos correspondientes á estos oriTemíamos (,por qu:, no decirlo ahora qae el peligro pas6?1
ginales, aparecieron como autores los señores siguientes:
que nuestro Coucu!so fuese un fiasco. :-los ,~o~·ían á pausar
:S.úmero 176, D. José ;\!aria ;\[atheu; núm. 181, D. Leoasí, primero 11;s dihcultades q~e o(rece. escnb1r un cuento
nordo Sherif; núm. 235, D. Ramón M, Tenreiro; núm. &lt;)O,
br&lt;&gt;o, de arquitectura y d11nens1ones casi.novelescas, y ~uego
D. Federico (;arcía-Sanchiz; núm. 325, D. :"\Iauricio Ló pez1:,. desconbnza injustitica,la q,ie si~nte la JUV_mtud lnc1: los
Roberts; núm. 65, D. Andrés Gonzilez-Blanco; núm. 59, don
Concursos. Afortunad:unente, la n:tdectuahdad esp:mola,
Juan T~llez y Lópec; núm. 206, !J. Juan José Lorente (de Zamucho más abundante)' vi;oro-a de lo que creemos, responragoza); núm. 173, D. Pedro González :\!agro; núm. 250, don
dió á nuestro lhmamiento, y de Stl gran csfucr,o ha resulta(;ui\lermo Hernández :\!ir (de Sevilla); núm. 230, D. ;\ligue\
do un cert1men brilhntisimo, no sólo por b«cantidad», sino
A. Ródenas; núm. 22, D. Bernardo Herrero Ochoa; núm. 295,
por la «calidad» de los o riginales recibidos.
.
D . .\lfonso G.uch del Busto; núm. 303, D. Jaime Ordóñez
Reunidos anoche e~ nuestra Redacción los tres ilustres
Lecároz; núm. 16~, !J. S,llvador \lartínez Cuenca; núm. 2S1,
novelistas que componían el Jurad~, Sres. D. Ramón del Vadoña ,\ngeh Barco (&lt;l.e Valladolid).
lle-Inclán, 1). Pío B.1roja y !J. Felipe Trigo, acordaron, «por
De 1, adquisición de estos diez y l&lt;els originales recounanimidad» conceder las 500 p~•etas del P HJ.\U,K PREm~ndados, la Dirección tratará particularmente con los au,'110 al cuento n111n. 25S, titul.,d,) Noma.da y firmado por El
tores seo-ún indicamos en la base 2.ª de «:sluestro Concurso».
bachiller Sans(m CJ.rrasco. R:1s"ado el sobr hcrado, donde
(V¿a;e é1 número &lt;le EL CuEXTO SE~axAL correspondiente
constaban el nombre y señas dc1 a~tor, resultó s~r ést~ don
al II de Octubre del año pasado).
, ;abricl :'lliró (de Ali~ante), á qmen desde a,¡m ennamos
Para concluir, felicitamos calurosamente á todos los autonuestra enhorabuena más cordial.
res recomendados, y damos una vez más las gracias á nuesDespu~s. y en vi,ta de que habü muchos cue1:tos dignos
tros queridos amigos D. Ramón del Valle-[nclán, D. Pío Bade ser a,lmitidos, el Jurado,. de acuerdo con la D1r~cc1ón de
ro¡a y D. Felipe Trigo por _la gran actividad y la p ~rspicacia
este periódico, acordó ampliar á diez y seis el numero de
clarísima con que han sabido hallar lo «meJor» en este Conorio'i.1ales rc~o1ncndodos.
curso, donde tanto «bueno» se ha presentado.
.,Estos son, por su orden &lt;l.e importancia, los signientes:
Cuento núm. Ií6, Un /,ouittJ 11t_l{oáo1 Pap::unoscas; númeLa Dirección
ro 181 U1s cuernos d! la lu. 1w, 'frota.conventos; núm. 235,
;\[adrid, 21 Enero de 1908.
/'.'111br),ja111imto, Cardenio; núm. 90, ffistoria rom&lt;Í•tli~a, Borregucnts; núm. 325, ~-,,... la_ o,arla flaua, .:\tamert?; nmn. 65,
Importante. - Los originales no admitidos quedan en
Un awor d: rrovi11d,1, Enn,¡u~ de Ofterdmgen; num. 59, Jllaesta RedacC'ión y á disposición de sus autores hasta el día 15
ltr ndmm1bilú, Pirrón; núm. 2o6, F11uos d, la c11nu, Radamés; núm. 173, Jlida~~fttia .morisfn, 1\[a~se Pe&lt;lro; n~'1:'· _250,
del próximo mes de Febrero.
Pedazos de vida, ;\lomo; nmn. 230, fíumo dt hoga1#, \&gt;rtsostoPasada esa fecha se inutilizarán.
mo; mím. 22, La e.rjiu1;, dt /,ido, Augusto Miquis; ~úm. 295,
Los interesados residentes en provincias que deseen recoSueúo dt ho¡:ar, El príncipe t'lorencio; núm. 3.&lt;?3, /· 11 la p,~,brarlos pueden decírnoslo, incluyendo en su carta un sello
1/,e11t,, Monparún; núm. 16~, St11u111a de p,mon, Constanc10
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tapas para encuadernar en dos to70S la colección de 1907.

=

TELÉFONO Z599

I
0URMONT-ABEL, cuando yo le conocí, estaba
muy lejos de ser en París este pintor «para
mujeres», cuyos triunfos constituyen hoy la
mitad del aliciente de la crónica de. salones y dos
terceras partes de la crónica escandalosa y elegante.
Por entonces, Gourmont-Abel vivía en Montmartre, en lo que es ahora rue Ca11/ai11co11rt, que
no era sino la senda de
una colina inurbanizada
y pintoresca; no solía almorzar todos los días; tenía nostalgias de la provincia recién abandonada; iba por las noches á
los cafés del Boulevard
Clichy; solía tomar impresiones macabras del
llfoulin de la Galette, en
su apogeo entonces, con
Toulouse-Lautrec, su
amigo íntimo, y hasta
creo que había dibujado
sombras para el Chat
noir, y alentado y amparado á la nerviosa y admirable Jeanne Avril, en
sus comienzos coreográficos.
Gourmont-Abel iba
siguiendo aquella vid a
fácil, con todas las reservas mentales que su
temperamento egoísta,
ambicioso, calculador y
frío le sugería instantemente.
Todas las madrugadas, al regresar, tambaleante de absintio ó de
cerveza,ásu taller, cuando había dado en el puente el último arretón de
manos al último de sus
amigos trasnochadores,
..,
que vivía en un sexto
interior de la Plaza Clichy, Gourmont-Abel comenzaba á subir la cuesta que le conducía á su
taller, haciéndose las
mismas reflexiones ...
- No; verdaderamente, no valía la pena de
abandonar mi provincia y venir á París para llevar
esta vida improductiva y necia, que me gasta .. .
Sobre que los alimentos eran más higiénicos .. .
Exacto ... ¿Cómo comparar aquellos jarros de ma-

G

Fallo del Jurado

1

LA ,,/1\U ESTRA"

C é n ti ffi OS

NUESTRO CONCURSO

'i

EDUARDO f'\ARQUINA

AÑO 11 - 24 de Enero 1908 - N.0 56

=

CABALLERO DE 6RACIA, 48, ENTRESUELO - MADRID

dame Tocqueville, la lechera de la Plaza del Mercado, con estas botellas de absintio que parecen
embebidas en hu'rnos sulfurosos? ... ¡Y aquella
buena, afectuosa y grasa sonrisa de madame Tocqueville, la «orcita de manteca•, cuando por la
mañana me servía el desayuno, en la trastienda,
con mimos maternales, derritiéndose si yo le dirigía la palabra, por la fama de mordaz que tenía en
la provincia! ... Jeanne Avril tiene una cara más.
expresiva... Y en los ojos suyos, avivados de mixturas químicas, hay una
malicia y una perversión
más diabólica ... Pero ¡al
diablo los diablos! ... Entonces no me dolía el
estómago... ¡ay!. .. Y los
pobres debemos tener
buen estómago . .. Apostaré que aquella criatura
macilenta, que viene á
tentarme, con tan poca
animación y tanto frío,
piensa como yo . .. ¡Eh,
C!'ia tura desdichada, ven r
R.endido por la fatiga
de la cuesta, destrozado
el estómago por las ho rrendas libaciones
de poco precio, á
que acababa de
entregarse, Gourmont-Abel, á medio camino de su
taller, se agarraba
al poyo de un farol, arrollando en
él el brazo, y allí
mantenía con la
macilenta sacerdotisa de Venus,
que á aquellas horas rondaba todavía por el suburbio, muerta de frío,
un diálogo singular, que casi todas
las noches acababa de igual modo...
- ¿Tú eres provinciana, verdad?
- No, señor artista,
parigotte.

- Malo; de todos
modos tienes el aire de
una muchacha ejemplar; de una mujer de tu casa,
honrada y buena...
La chiquilla sonreía y aventuraba un empujón
que estaba á punto de hacer perder el equilibrio
á nuestro hombre.

�in

1

j

11

- No, no disimules; conmigo, hija mía, puedes espontanearte, contarme tus penas, pedirme
protección. Dime, dime, angel mío, ¿quién fué el
criminal? ... Porque tú y yo hemos nacido para
comprendernos ... No te canses; esa misma vida
ejemplar, burguesa. . . ¿por qué no decirlo? ... burguesa, que á ti te seduce; este orden, esta compost ura, esta buena apariencia ... y los vestidos
limpios... y los muebles bruñidos . . . y el mantel
planchado ... todo esto es mi ideal. .. No desdeñaríamos, ¿verdad?, un almuerzo bueno chez Roujun, ni un palco en la Opera...
- ¡Chouette! ... - se aventuraba á gritar la
muchachita con los ojillos encandilados y haciendo chascar sus dedos finos.
- ¡Angel de Dios!. . . ¿Quieres llegarte hasta
mi casa? .. . ¡Oh, es un cajón inmundo! ... Le faltan muebles, estilo... Pero tú le sacarás provecho... Tú tienes el instinto del hogar. . . no, no lo
niegues ... Me dirás lo que falta en mi casucha .. .
haremos inventario ... haremos inventario... Dame
el brazo. ¡Si vieras cómo sufro!. .. ¡ay!. .. ¡Y es el
absintio... ¿sabes? (Se han cogido del brazo). Yo
• solía desayunarme antes en casa de madame Tocqoeville... ¿la conoces? . .. ¡Claro que no!. .. Pero
habríais simpatizado; ya lo sé ... También una mujer de su casa, aquella buena señora.. . ¡y qué
limpieza! (Van andando; Gourmont-Abel tropieza
alguna vez). Estoy muy malo... ¿me cuidarás, verdad? ... Naturalmente ... Y si ves que me muero,
hijita mía, tú debes saber algunas oraciones ...
(Signo afirmativo de ella). ¡Naturalmente!. .. rézalas, rézalas ... mientras me voy muriendo, rézalas ...
¡es decorativo!
Llegan á la puerta del taller. No está más que
entornada. Gourmont-Abel empuja. Entran ...
Y á la mañana siguiente, ya ce.si al medio día,
cuando el pintor despierta con el mal gusto de
boca y de espíritu que le han dejado las pasadas
libaciones, y empieza á pasear por el taller inmundo sus ojos irritados y ve allí, en un rincón, sobre
l:t otomana, abrigadas las piernas con una alfombra sucia, á la infeliz mujer de la víspera, que duerme, todos los días es el mismo apóstrofe:
- ¡Eh, señora!, ¡á despertarse! .. . ¿Y mi desayuno? ... ¿Y el inventario? ... ¿Así se cuida de mis
cosas? ... ¿Este es su instinto del hogar? ... ¡Todo
está cochino! ... ¡más cochino que ayer, señora! . . .
¡No me sirve usted! ... ¡No nos comprendemos! .. .
Ha querido usted explotarme, ¡canalla! ¡Largo.. .
á la calle! ...
La infeliz muchachita se escabulle precipitadamente, creyendo de buena fe que acaba de pasar la noche con un loco...
Y todavía temblando del susto, en la calle, se
compone un poco el pelo rubio, saca un espejito,
se arregla los bandós sobre la frente y, desdoblando el pañuelito de batista, como hay en él un puñadito de algodón hidrófilo, embebido en polvos
de arroz, perfumados de «mimosa&gt;, se lo pasa pulcramente por la cara...

II
Yo no trataré de seguir paso á paso las aventuras de Gourmont-Abel, desde aquel indecente
cuchitril del Montmartre antiguo, al confortable
hotelito que hoy ocupa en Passy, cerca del Bois,

conocido de todas las damas que ha pintado Bol •
dini, y que no pueden privarse de unos cuantos
días de pose, chez Gourntont-Abel.
Lo verdaderamente curioso de este hombre es
el golpe de audacia que le valió bruscamente su
cambio de fortuna.
Lo he oído explicar diversas veces, seguido de
los más diversos comentarios.
Fué una página del París-escándalo que apasionó por algunos días á la alta sociedad, y que
tuvo el privilegio de hacer olvidar, en varias sobremesas, hasta los azares de la situación política.
En general, los hombres galantes abominaron
públicamente del proceder incalificable de Gourrnont-Abel y aprobaron la conducta de la· noble familia Dorval.
Pero en los «círculos&gt; y demás lugares equívocos, estos mismos hombres galantes no desdeñaban el trato de aquel hombre audaz que con una
«canallada• había echado á rodar la rueda de su
fortuna.
Por parte de las damas, la anécdota sufrió variadas alternativas de criterio. En público, las damas,
corno los hombres, condenaban. Pero lo público
no tiene interés; ya es sabido. Pasa como en las
comedias: la mejor se desarrolla en bastidores.
Donde las damas se pronunciaban abiertamenre sobre el proceder de Gourmont-Abel era en sus
cenáculos privados: antesalas de los modistos,
Ihea-room de la rue Rivoli, fiestas de caridad en
salones aristocráticos y puertas de las sacristías.
Solían decir:
- Este pequeño Gourrnont . . . ¡qué tupé!
- ¡Qué canalla!
- l'ero con genio...
- Es cierto ... Y sin tanta culpa corno ha pretendido dársele.. .
- La familia Dorval, por el buen ver...
- Es natural. .. pero convengamos en que la
pequeña Madelon ...
- ¡Unaalhajita!. ..
- Divorciada á los seis meses de matrimonio ...
- Tuvo relaciones con Willy, entonces, me
dijeron ...
- ¡Mujer! ...
- Me lo habían dicho ...
- Sí; fué un novelista, pero no Willy... Todo
lo contrario: un hombre de principios, un nacionalista decidido, que lleva un nombre ilustre ... No;
en eso ...
- Cubrió las apariencias.
- Exacto.
- Lo contrario ·del caso Gourmont, en una palabra.
- Me han dicho que ella estaba furiosa ...
- ¡Oh, se disimula tan bien!
- Yo creo que debió instigarle...
- Es una pervertida...
- Pero el pequeño Gourmont- Abe! tiene
genio ...
- Indudablemente; como casi todos los grandes canallas . ..
- ¡Qué horrores decimos!
- Está en el ambiente ...
- La tela de Gourmont era deliciosa...
- ¡Qué delicadeza!
- ¡Y qué intención!

palm·as, y realmente la frase hace fortuna . . .
No hace muchos días, un crítico americano,
realizando un estudio sobre p intura francesa, empezaba con ella una silueta de GourmontAbel. ..

III

- Sobre todo, ¡qué perversidad! ... ¡qué desvergüenza mordaz! Era admirable.
- ¿Le has visto en su nuevo taller?
- Todavía no; me han dicho que es exquisito
de trato.
- Un hombre espiritual. ..
- ¿Es cierto que la condesa... ?
- Sí; le empezó el retrato hace tres días.
- Esa condesa es un alma generosa. Ha querido rehabilitarle ...
- Expondrán el retrato chez Vollard. Iremos
á verlo. Será sensacional. ..
- ¡Oh, no dudo del éxito!
- Ni yo. .. Gourmont-Abel es de la prosapia
de Watteau .. .
- Pero más actual; más pervertido ...
- ¿Digo mi frase? ... ¡Oh, ha hecho fortuna!
La digo ... Gourmont-Abel, señoras mías, es el
genio elegante de vVatteau, con la joroba de
Lautrec. . .
- ¡Exacto! ¡Exacto! ...
El concurso de elegantes murmuradores bate

Antes del escándalo, GourmontAbel no perdía su tiempo picaresca.mente en las alturas de su incómodo
taller. Aquel hombre, nacido para el
regalo, la satisfacción sensual de todas
las necesidades, las buenas mesas y los salones
confortables, tenía vuelta en bilis, en su estómago,
toda la contrariedad de su vida miserable...
- ¡Dame un camino! ... - solía decir, agresivamente, á todos sus amigos, clavando en ello¡;
como una amenaza la fría excitación de sus pupilas de bilioso. . .
No podíais aventuraros con Gourmont por un
«boulevard• del centro, sin que al punto, si os
sorprendía saludando á un buen señor imponente, con apariencias de judío ó de aristócrata, no os
dijera:
- ¿Le conoces? ... ¿Le visitas? .. . ¿Es aficionado al arte? ... ¡Preséntarne! ...
Y aquel ¡preséntame!, subrayado por una sacudida brusca en vuestro brazo, estaba dicho en
un tono tan imperativo y conminante, que imponia la obediencia sin remedio.
Gourmont, cada vez más agriado, más bilioso,
más hipocondriaco, más malo, fué dejando la compañía de sus amigos trasnochadores, que no podían soportarle y ahora, ya, les saludaba de lejos,

�la obscuridad les obligaba á dejar el ventanal, estaban muchos días sudorosos y rendidos.
Sofía, la muchacha, dijo una tarde al pintor:
- Estuve ayer noche en la soirée de los Dorval. .. ¿Cómo no buscas tú quien te presente á esa
familia? Son amigos de los artistas ... Recibían á
Steinlein, á Willette, á Herman Paul. .. Pero han
roto con ellos á causa del «Dreyfusismo • . Los
Dorval son nacionalistas... ¿sabes?
Sofía no dijo más. Gourmont callaba.
En el taller miserable hacía tanto frío, que Sofia no se había atrevido á quitarse su abriguito de
pieles y se apelotonaba en él como una gata. Resplandecían, á veces, sus ojillos verdes como con
fosforescencias ...
Gourmont gustaba de acariciar aquella piel
tupida y noble del abriguito de su amiga. Hundía
con voluptuosidad sus dedos recios y menudos en
la tibieza blanda y confortable...
Sofía añadió:
- ¿Verdad que es hermoso este abrigo? ... Me
lo ha regalado Madelon Dorval; no lo había estrenado todavía. Esta muchacha adora á los artistas.
Volvió á callar Sofía. Los dedos de GourmontAbel tuvieron una presión extraña, al resbalar sobre la nutria espléndida. Pero el «rapín• calló otra
vez ...
Aquella noche Sofía no podía quedarse en el
taller; Gourmont-Abel, egoísta, miedoso de quedarse solo en la miseria aquella, intentó retenerla;
le había cogido el brazo, y su mano, como una zarpa, hacía presa en el abrigo, magullándolo. . . '
IV
- ¿Tienes concierto? ¿Tienes que estudiar? . . .
- En París - me decía una vez Gourmont- Te acompaño ...
No; no podía acompañarla ... Sofía no tenía
Abel - toda fortuna depende de la primera mujer
concierto;
Sofía no tenía que estudiar.
que tiene la intención de explotarte. Si das con
- Pues... ¿entonces ... ?
una virtuosa ingenua, has perdido tu vida.
- ¿Entonces ... ?
Gourmont-Abel dió con una insaciable.
Sofía acabó por confesarlo. Aquella noche volUna rusita rubia y sentimental, de ejos azules,
casi verdosos, fina como una serpiente, blanca vía al salón de los Dorval. Estaba invitada. Esto
como las estepas, insinuante y caprichosa como los pasaría ahora casi todas las noches. Los Dorval
niños viciados, frágil y voluntaria á un tiempo acababan de abrir sus salones. . . Y como había
como un lirio y un puñal, aquella almita llena de efervescencia... como los nacionalistas interesaansiedad, que por entonces era discípula del Con- dos en el proceso Dreyfus bullían febrilmente ...
servatorio, y á la que, por patriotismo de alianza, no podía preveerse nada, pero lo más probable
protegían muchas familias oficialmente aristocráti- era que los salones no se cerraran ni una noche...
cas de París, decidió de la fortuna de Gourmont. Estaban llenos. Se hacía música. Se hacía política,El antiguo «rapín&gt; adoró á aquella mujer como se conspiraba, se luchaba, se triunfaba tambié?-· .
Miró Gourmont-Abel á su Sofía con una mrraúnicamente pueden adorarse las cosas que son
da
de
odio implacable.
carne de nuestra propia vida. Ella cayó sobre su
- Vete - le dijo por todo comentario...
alma como el conquistador sobre su espada, y tuvo
- Volveré alguna tarde - dijo ella, prudente,
para el hombre insignificante y hosco los mismos
delicados mimos que tienen los gatos, á las ma- mimosa.
- No; voy á tí-abajar por las tardes; no vengas.
drugadas, para sus zarpas y sus uñas.
- ¿Cuándo nos veremos entonces? - preEn las alturas del taller innoble, después de
los raptos, cuando los dos amantes, descargados guntó ella con su vocecita más insinuante, más
del afán sentimental, descorrían la cortinilla sucia débil. ..
- Alguna noche...
que cerraba el ventanal, y en pie, el brazo de ella
- ¿Dónde?
descansando en el hombro de Gourmont, contemSonaban, palpitando, los corazones de los dos.
plaban el panorama enorme de París, en el incen- ¡En el salón de los Dorval!
dio de la puesta, á los pies de la colina ingente, el
- ¡Oh, mi César, te quiero siempre así!.
ansia dominadora se hacía tan vehemente en aqueY la gatita, febrilmente, evocando á la tigresa
l.los dos corazones ambiciosos, que les mantenía
que
dormía en ella, abrazó al «rapín•, que era en
inmóviles y rícridos como estatuas del deseo, apenas vibrátiles los labios y las ventanillas de la na- aquellos momentos como un témpano de hielo. La
riz, al soplo del aliento, que pasaba jadeante, ~~mo voluntad le congelaba, endureciéndolo.
Ya en la escalera fementida, volvióse Sofía para
en los galopes. Galopaban realmente sus espmtus
decirle
al pintor:
entonces en una correría de conquista, y cuando

cuando les encontraba, por las noches, en el puente, camino de su taller, adonde le aguardaban vigilias febriles de ambición y de impotencia ...
- ¿Has encontrado tu camino? ... - le gritaban ellos bromeando, locos, inconscientes. . .
- ¡Todavía no; pero lo busco! - respondía
Gourmont sin detenerse ...
- ¡Da un rodeo! ... ¡Da un rodeo! ... ¡La línea
recta es fatal, Gourmont-Abell ... Asusta á todos.
Y aun sonaban las carcajadas de los alegres
compadres en la plaza, cuando nuestro «rapín •,
ya á media senda, se decía:
- ¡Sí; daré el rodeo, locos! ... Daré el rodeo,
¡pero llegaré!
¡Llegar! . .. Había que oir esta palabra de labios de Gourmont ... Había que verle convertir
en prestigio inmóvil de triunfo toda la dinámica
torrencial que lleva en si. ..
¡Llegar!. .. Era todo, para Gourmont.. . Tenía
tales deseos de ello, que esta idea fija le sirvió de
disciplina y norma en la producción artística...
Le espoleó constantemente, y sobre todo organizó
su obra en cuerpo agresivo; fué Gourmont-Abel,
como todos los llamados «arrivistas•, un gran disciplinado, un gran técnico, un hombre enemigo de
perder su tiempo, su arte, é incapaz de hacerlo
perder á los demás . .. No salía plumada, trazo ó
pincelada de su espíritu, que no fuera embebida
de una ansia de dominación tenaz. Este es el secreto del «arrivismo&gt; .

.l
1

- Son nacionalistas ... No lo olvides...
Era como si dos ejércitos se separaran, en los
comienzos de una maniobra, para atacar por distintos flancos una misma fortaleza.
Y aquellas palabras, al parecer insignificantes,
que la muchachita acababa de pronunciar con su
vocecilla vana, recogiólas el pintor, en las alturas
de su taller, como una contraseña de guerra.
V

No se hablaba de otra cosa en el salón ni en la
mesa de los Dorval.
Aquella campaña insistente, personalísima, voluntaria, audaz, del descon oc id o
GourmontAbel, por la
santa causa
de Francia,
contra el semitismo, el
socialismo y
la impiedad;
aquella serie
de libelos
gráficos, armados de tan
venenosa intención, que
detonaban
en la atmósfera cargada
del París del
affaire como
otros tantos
latigazos de
un espíritu
hoscamente
adversario,
cruzando valientemente el rostro de la múltiple opinión, habían sorprendido á todos, habían intrigado á muchos, fueron el «suceso&gt;
durante algunas semanas y espolearon la curiosidad de amigos y enemigos.
Allí estaban, delante del grandios-.:- -,er, Jnal que daba á la serre, sobre la mesa-imperio, deliciosamente noble, entre unos bronces de Rodin, y
búcaros de cristal tallado con ejemplares raros de
flores anacrónicas, todas las revistas, todos los libelos, todos los pamfletos donde había ido apareciendo la obra caricaturesca de Gourmont-Abel .. .
Este nombre se hizo famoso en pocos días .. .
Del salón de los Dorval salió la idea de una suscripción para encargarle al genio desconocido un
álbum antisemita ...
Fué Sofía la iniciadora afortunada de la idea ...
- Pero ... ¿ha dicho usted que le conoce? hubo de preguntarle alguien.
La muchacha palideció. Hay que conocer, en
estos pequeños detalles, toda la fiebre, toda la
emoción, todo el supremo arte que pone en su
obra, en este complicado mundo de París, la mujer que os lanza.
. -Sí; le conozco vagamente ... Es un hombre
1~tratable, un salvaje ... Hace siglos que no le he
visto.

Madelon Dorval había hecho una seña á su
amiguita Sofía.
En aquel diminuto sofá Luis XV, del pasillo,
entre una mesita con bibelots japoneses y un m::nudo estante de maderas incrustadas con ediciones de bibliófilo, Madelon y Sofía hablaban, mientras los amigos de la casa iban y venían, por el pasillo, del salón al buffet, ó viceversa. Sabían ambas, con su experiencia aguda de mujeres, que el
sitio más adecuado para tratar de cosas trascendentales y secretas es aquel en que todo el mundo puede oiros. Se habla, naturalmente, con cierta malicia: levantando el tono en las palabras
insignificantes y bajándole en las que podrían
comprometeros. Nadie
sospechará,
al pasar, que
tratáis de algo secreto;
os ven entretenidos, os
saludan con
una sonrisa,
á lo más supondrán que
flirteáis ...
Madelon
decía:
-¿De modo que tú le
conoces? ...
- Un poco ...
-¿Y cómo es? ...
-Estáentero en su
obra; violento, voluntario, audaz ...
-No; el
hombre, el
hombre ...
Dime cómo
es el hombre ...
Sofía miró -..i 10s ojos á su amiga ... Había olfateado, instintivamente, un gran peligro. Replegósele adentro el alma, en un arrollamiento serpentino y continuó, impasible:
- Bajo, de la talla de César. Enérgico de trazos; las manos pequeñas y fuertes; la barba, los
cabellos recios, espesos y cortos; los dientes iguales; los labios finos, rojos; la frente de tenacidad;
los hombros de fuerza ...
Madelon paladeaba aquellas palabras y quedó
luego callada, suspensa, como en una soñación ...
Sofía, aviesamente, la dejó pensar ... Se había
inclinado un poco para arreglarse los pliegues de
la falda, que le ocultaba demasiado un pie, y alguien que)a conociera mucho habría adivinado entonces que su corazón estaba alterando ligeramente el ritmo de sus palpitaciones, por el movimiento de ondulación acelerada, en su escote finísimo,
á flor de piel ...
- Y hablando de otra cosa, amiga mía-dijo Sofía por fin . . . - ¿qué es de León, tu novelista? ...

�- ¡Oh, un farsante! - di~o Madelon con un
movimiento de desdén-. Quiso atraparme argumento para una novela ... y nada más ... Un
hombre viejo: hemos roto.
.
Ahora le tocó á Sofía quedarse pensativa.
- ¿Cómo podríamos - preguntó bruscamente

ponen en las personas demasido sa~isfechas, ~emasiado adormecidas en la monotonta de la vida
fácil los anuncios de un camt)io de actitud, de
una 'variación, de una novedad, de un interés nacien te.
Un- señor académico quiso obsequiar á las damas con hPlados. Venía ceremoniosamente á interrumpir su téte-a-téte.
Entonces dijo Sofía á Madelon, sin
dar importancia á las palabras y pasando ya su larga mano de pianista
por el hueco del guante para toma: la
cucharilla de manos del académico:

y solían darle de un día para otro algunas comisiones - Sofía Ivanowna, después de besar las
manos á madame Dorval y de presentar su frente
al bondadoso señor Dorval para que la besara, salió con Madelon hasta la puerta de la escalera,
suntuosa y abrigada, convertida en galería riquísima de cuadros, dijo la rusa maliciosa á la parisienne pensativa:
- Confiésame la verdad: ¿le amas ya un poco?
- ¡Oh, qué locura! - respondió Madelon, denegando con el gesto-. No lo digas . . .
Y en seguida, con mucha insistencia, echando
ya su medio cuerpo, blando y oloroso, por sobre
el barandal de la escalera, que era de nogal amplísimo:
- No te olvides; mañana, á las diez en punto,
me acompañarás, pequeña ... Veremos al editor.
En un refinamiento de simulación, la muchachita rusa, ya al pie de la escalinata, levantó la
cabeza, la sonrió cordialmente con los ojos, u¡i
poco avivados de picardía, y la mandó un beso
con la punta de los dedos.
VI

Madelon - averiguar la madriguera de ese monstruo?
- ¿De Gourmont-Abel?
- Sí; ¿no sabes dónde vive?
..
Meditó Sofía unos momentos; luego d1Jo:
- No; yo no recuerdo . .. Eso, un editor.
Puede írsele á ver para encargarle el álbum de la
suscripción y él se cuidará de dar con Gourmont;
no tengas miedo.
_
.
- Perfectamente; entonces mana na mismo veremos al editor ... ¿Te parece Pelletan?
- Admirable.
- ¿Me acompañarás?
- Con mil amores.
Volvieron á callar; los ojos de Madelon resplandecían luminosos, con este avivamiento que

- ¿De modo ... (pausa, porque un botón del
guante no quiere soltarse) de modo que tendré el
gusto de saludar á mi viejo camarada GourmontAbel en tus salones ... ¿verdad, Madelon?
- ¡Oh, es un empeño de honor! - respondió
ésta tomando con una sonrisa graciosa el" platito
que le presentaba el académico - . Es forzoso,
tengo que atraer á la fiera, aunque sólo s~a para
corresponder al interés de los buenos amigos de
la casa ...
El académico dijo unas cuantas banalidades,
mientras las dos damitas, á pequeños sorbos, probaban la deliciosa mixtura de crema, café y cognac
que les habían servido ...
Y aquella noche, cuando - la última de todos,
porque, además de amiga, era protegida de la casa

En 'el salón de los Dorval, aquella noche el
interés era vivísimo y la afluencia de gente extraordinaria.
Como en los grandes días, se había abierto la
puertecita de la serre que daba al jardín, iluminado de una manera que valió plácemes á madame
Dorval, con anchas flores de cristal bohemio, de
colores suavísimos ...
Los dos grandes salones, el de la mesa y el del
piano, estaban atestados ...
Las gentes habían invadido, inevitablemente,
la noble y modesta habitación de madame Dorval, que se componía de un sobrio menaje de muebles Luis XVI, blanco y oro; de una mesa, atestada de papeles y libros (porque madame Dorval tenía una inocente propensión á los ajfaires, un
virtuosismo de ministro del Interior) y de su lecho, en un rincón, igualmente blanco y oro, cubierto pulcramente de indianas caprichosas, recuerdo de una correría, siendo todavía joven, á
tierras del Asia . . .
Por su parte, el bondadoso y sonriente señor
Dorval se había refugiado, con sus amigos predilectos, en su cuartito recogido, donde tenía sus
libros, una mesa, una otomana y cuatro sillas de
roble viejo.
El pasillo, el buffet y todos los rellanos de la
escalera, hasta el vestíbulo, donde se había establecido el guardarropa, bullían de gente.
Los trajes claros, los admirables escotes de las
damas despedían, en ondas amplias, una fragancia quintesenciada y prestigiosa, que daba á toda
la atmósfera de la casa un recóndito y poderoso
valor de embriaguez.
En cuanto á Madelon, . no había descendido
todavía. Madelon, divorciada hacía dos años de su
primer marido, que le abandonó, escapando con
una prima suya, cariñosa y dulce, había continuado viviendo, independiente de sus padres, en el
segundo piso de aquel hotelito de la avenida Flandrín, conservando sus costumbres, sus hábitos,
sus relaciones y su vida, aparte de la de sus pa-

dres, quienes la invitaban ceremoniosamente,
como si se tratara de una forastera, á sus comidas
y á sus fiestas. . . Madelon era un espíritu desequilibrado y agresivo, que sólo hacía buenas migas con gente bullanguera y maleante ...
Se hablaba de algunas fiestas, en su propia
casa, que no parecían avenirse con los cánones estrictos de la moral reinante.
Madelon tenía una pobre opinión de la cultura
artística, del tacto mundano y del «saber recibir•
de sus buenos padres. Sin embargo, ella, que se
creía muy superior en todo esto, no había conseguido, á pesar de sus constantes esfuerzos, «tener
un salón•; y el de sus padres, tan poco mundanos,
á su juicio, era uno de los más famosos de París,
verdadera «puerta del mundo», cuyas invitaciones
se consideraban como patentes y certificados de
buena sociedad. Esto ponía á Madelon en un estado de irritación sorda contra el «salón• de sus
padres, y cuando se dignaba concurrirá él llegaba
siempre tarde, tenía un modo desdeñoso de mirar
las cosas, por encima y desde lejos, como dicen
que miraba á los hombres Jorge Brumell, y solía
hacer conversación aparte, en un rincón, con algunos descontentos, criticándolo todo y elaborando sordamente una escisión entre las relaciones
adictas á sus padres, con lo que esperaba ir preparando un reclutamiento feraz que acreciera, en
el momento oportuno, «su salón•.
Había tenido buen cuidado aquella noche madame Dorval de añadir, de su puño y letra, en las
cartas de invitación ceremoniosas, estas palabras
mágicas, causa indudable de la sofocante aglomeración que se notaba:
«Gourmont-Abel será de los nuestros.•
Aunque puede decirse que aquella conquista
del «hombre del día» era obra exclusiva de Madelon y de su amiguita la rusa, quienes habían
dado todos los pasos imaginables desde hacía un
mes para que llegase aquel momento; á quienes,
sin saberlo, debía Gourmont-Abel su último triunfo, el de aquel «álbum antisemita• que ya andaba
en la cuarenta edición y le había valido una fortunita; lo cierto es que, cuando Madelon, por la
mañana, sentándose á almorzar en deshabillé elegante, displicente y sola, in quieta y desconfiada,
porqite si, rompió el sobre con la cifra de su madre, y leyó la invitación con el aditamento consabido, tuvo un movimiento de viva contrariedad, y
murmuró cerrando sus puñitos:
- ¡Qué porquería! ¡Es una infamia!
Ella había pensado también en su GourmontAbel, para abrir, con el mismo aditamento que su
madre, sus salones de aquel año. Nada le había
dicho á la anciana señora que, por lo visto, se iba
dando unas mañas de mundanidad que Madelon
no sospechaba.
Gourmont-Abel era suyo; ella lo había «lanzado• ... ¿qué había hecho su madre por él? .. .
¿qué derecho tenía á semejante explotación? .. .
Y en todo caso, ¿por qué no lo advirtió antes?
¿Por qué no lo consultó con Madelon? ... ¿A qué
tantos disimulos? ... Ella y su madre, tal vez no
habíar, hablado dos veces del pintor.
Y la irritada personita seguía murmurando:
«¡qué infamia!•; y arrugaba entre sus deditos nerviosos la invitación, como si en realidad hubiera
sido un cartel de desafío, más aún, una sentencia

�definitiva y genial que, de una vez y para siempre, arruinara los problemáticos «salones• de Madelon ...
No almorzó la muchaC?hita; circuló nerviosamente, á largos pasos, por su cuarco; lloró, rompió su pañolito de batista; se dijo varias veces:
«¿cómo será Gnurmont-Abel?, ; y acabó por hacer
saber á su madre que se metía en cama con jaqueca...
A tanto como á justificar con su presencia
aquella «infamia, , no llegaba Madelon.

VII
Iba mediada la soirée. Gourmot-Abel, admitido
en el trato de todos, con una mimosidad y una llaneza muy poco «imperio• y muy «tercera república,, á pesar de las tradiciones nacionalistas de la
casa, había satisfecho á todo el mundo.
Tenía todas las condiciones del arrivista «perfecto,. Vulgar é insignificante de figura, lobastante para no despertar las rivalidades que un
aristocratismo cualquiera de la persona le habría
suscitado; de trato exquisito y urbano; muy en el
tono de la vulgaridad cortés; sin alardes geniales
ni refinamientos de selección personal; afectando
en el traje la misma compostura media que era
característica de su persona y de su trato, aquel
hombre hacía todo lo necesario por ocultar y hacerse perdonar la fuerza de vduntad, que era su
varita mágica; dominaba á la gente, sin que la
gente lo notara; triunfaba de ellos sin ofenderles;
ejercía un imperio que Je consentían todos, porque
no iba acompañado - Gourmont-Abel se habría
guardado bien.:.._de signos exteriores y aparentes.
En aquel rinconcito del pasillo donde, unas
semanas antes, Madelon y Sofía hablaban de él,
estaba, hacía rato, el pintor afectando la mayor
indiferencia, en un diálogo que mantenía con su
amiga la rusita ...
- ¿Es de verdad que no ha venido Madelon?...
- No la he visto en torla la noche ...
- ¿Viene siempre? . ..
- Es la primera vez que falta este año.
- ¿Sabía que estaba yo invitado? ...
- Debía saberlo...
- ¿Cómo es? ...
Superior al ambicioso en malicias, Sofía sonrió
esta vez.
- No te preocupes; viste bien, ha estudiado
las «poses• de tus modelos y, sobre todo ... «esto
hará ruido.,
Había pronunciado Sofía estas palabras con
una perfecta frialdad ... No podía señalarse qué
correspondía al cálculo, qué correspondía al despecho, qué parte tenía en ellas lo que podríamos
llamar la «ingenuidad feroz• de los eslavos.
Gourmont-Abel miró á Sofía.
- ¿Por qué has dicho «esto hará ruido»? ...
¿qué es «esto,?
Las gentes iban y venían... En pie, en aquel
rinconcito del pasillo, nuestros dos amigos, oprimidos por el flujo y reflujo de pasantes, estaban
tan juntos que sus hombros se tocaban ... Gourmont-Abel se sentía adivinado en sus planes por
Sofía... Sin embargo, aquel hombre positivo que
quería las cosas con tan enorme voluntad, era

incapaz de querer varias á la vez; tal vez de esta
aplicación unilateral y simplista de su voluntad
nacía su fuerza ... En aquel momento, más aún,
desde que Sofía le había dicho en el taller: «Madelon adora á los artistas•, el pensamiento fijo
del pintor era aprovechará Madelon para su triunfo. Ni por un instante se le había ocurrido que esto
podía herir la susceptibilidad de Sofía. La juzgaba
tan de su raza, que había creído inútiles las explicaciones...
- «Esto&gt; - dijo Sofía - es lo inevitable. No
vayas á creerte que me hago ilusiones: lee.
Y la deliciosa mujercita entregaba al pintor
una menuda tarjeta respaldada, donde se leían
estas palabras:
«Mi Sofía... ¡Búscame al pintor! ... ¡Oh!, ya
debe estar cansado de satisfacer la curiosidad de
todos en el salón de mi señora madre ... Dile que
una amiga del arte le invita á tomar un ponche al
é~r, sin ceremonias, á la buena de Dios, y - si
me atrevo á decirlo - entre camaradas. Estaremos los tres nada más. Subid sin que os vean.
,¡Ah, tengo pipas y tabaco inglés!
• Un abrazo.
»MADELON DORVAL.•

Cuando Gourmont-Abel hubo acabado la lectura, miró con gran curiosidad á su amiga.
- ¿Pero ... ?
- Madelon - dijo ella - no vive con sus padres. Tiene sus habitaciones en el segundo piso.
Hoy no ha descendido á la soirée pretextando
una jaqueca... Debe habérsele pasado ya, porque
hace una media hora me ha hecho entregar esta
tarjeta...
- Creo que deberíamos aceptar . . . Es una
atención ...
- Delicadísima--concluyó Sofía, con un acento intraducible.
Se miraron los dos. Las pupilas de la pianista
pobre estaban vidriadas, no llorosas. GourmontAbel había dado á las suyas una inexpresión
tenaz.
Sofía le dijo:
- Procura, disimuladamente, ganar la puerta
de la escalera... Hay cuadros allí. .. Puedes hacer creer á todos que los estás examinando ...
Yo iré á buscarte en seguida.
Como un río de pasión que repentinamente
bifurca su corriente, echaron cada cual por su camino. Gourmont, hacia la escalera; Solía, un poco
excitada, más locuaz, más nerviosa y más hermosa aún que de costumbre, hacia el bu/jet.

VIII
Había poca luz en la salita. Poca luz y tan discretamente agazapada por muebles y rincones,
que parecía un pretexto decorativo, más que un
servicio de necesidad ...
Muy cerca de la chimenea central, don&lt;le se
había encendido fuego todo el día, apeiotonada en
un sillón enorme, Madelon hojeaba unas revistas
que se había hecho traer previamente, examinando, por la centésima vez, con mucha detención,
toda la obra de Gourmont-Abel. ..
Era particular. ..

A todo el mundo había oído hacerse lenguas le has dicho, Sofía, que aquí se rinde culto á la lode aquellos diseños ... Y, sin embargo, la verda- cura?
- ¡Oh, no hace falta decirlo, amiga mía) Está
dera palabra acérca de ellos no la había pronuná la vista...
ciado nadie todavía.
- Y nos reímos de las grandes celebridades,
Madelon adivinaba la palabra aquella; sólo que
cuando están ausentes ...
no quería comunicarla á los demás.
- ¿Has leído la última novela de León?
Era la clave del enigma: sit clave del enigma,
- ¡Cocina! ... Este desdichado no podría esque nadie más había comprendido y que á ella le
esclarecía toda la obra y - orgullo y goce jun- cribir donde no escribiera nadie...
- ¡Es un farsante)
tos - le revelaba al hombre.
- ¿No le interesan á usted los libros, querido
Madelon no tenía el ardor de sus padres por
la«santa causa,. A Madelon le conmovían poco las Gourmont?
- A ratos.. . Suelo leer en mi taller, á solas,
alusiones políticas, todo el clamor de batalla social que atravesaba, como un grito de guerra, el cuando no puedo dormir...
- ¿Le gustan las novelas?
laberinto muelle de la obra de Gourmont.
- Leo á Diderot... No he salido nunca de él;
Lo que á la gentil desequilibrada le complacía más en la obra aquella, era la elegancia y la ¿para qué? ... Todo lo que Francia puede decir lo
gracia sensual de todas las figuras ... Pensaba Ma- ha dicho Diderot...
- ¿Nos ponemos serias? ... ¿Y tu famoso pondelon al contemplarla, en juegos de amor sobre
un fondo artificial y blando de pieles de nutria . .. che? ¡Una especialidad de la casa, Gourmont! ¡El
Con una perspicacia, que no era de la inteli- ponche, el éter! ... Tiene verdadero «sello.&gt; Y
gencia, sino de los sentidos, infinitamente más tiene historia: ha mareado á Saint-Saens, á Bruagudos, había sorprendido aquella mujer el secreto neau, á France, y estuvo á punto de matarnos á
Picard ...
de aquel hombre ...
- Tienes una manera de hacer el reclamo ...
Sofía conocía todas las interioridades de la casa
- ¡Excelente, para un nacionalista!
de su amiga.
- ¡Abajo la política!
Entró, como vulgarmente se dice, en torbelli- ¡Abajo!
no, seguida de cerca por Gourmont.
- ¡Y viva el ponche! ¡Juana! . .. ¡Jackl .. .
Decididamente, Sofía estaba aquella noche
más alegre, impetuosa, dicharachera y decidida ¡Miguel! ... Pero, ¿se han dormido tus criados? .. .
¡Oh, qué casa! ... ¿Me das una propina, Madelon,
que nunca.
Cuando Madelon levantó los ojos de aquellos si yo te sirvo el ponche?
- La que quieras ...
papeles que estaba revisando, le pareció Sofía
- ¡Oh, me es necesaria! .. . Quiero un recuerotra mujer.
- ¿Tú? - dijo con sincera dubitación en la do de esta noche.
- ¿Por ejemplo?
pregunta.
- Por ejemplo, esta esmeralda - dijo Sofía,
- Y nuestro amigo-añadió Sofía-, el hombre del día, que desde mañana será «el hombre arrancando suavemente un aro admirable del braá la moda, ... ¿no te parece afortunada mi compa- zo desnudo de su amiga.
Después de hacerlo, mantuvo todavía el brazo
ración, «figura de César,?
Sin darle tiempo á responder, Sofía volvióse á entre sus manos.
Madelon dejaba hacer.
Gourmont-Abel, y tomando la mano de su amiga,
Tenía Sofía cogido el brazo por dos partes.
dijo, preser, tándola:
Una mano en la muñeca, oprimiendo suavemente
- Madelon Dorval.
el haz de venas azuladas, que tenían una pulsaBesó el pintor aquella mano...
- Hija mía, nos hemos apresurado á aceptar ción divina y elocuente; la otra en lo alto, recotu invitación ... ¡Qué balumba abajo! ... ¡Qué ho- giendo la amplia manga japonesa, que en varrible! .. . Los salones de madame Dorval parece- no pretendía caer, velando el candidísimo desrán pronto los tés del Elíseo. ¡Hasta generales de nudo ...
Miró Sofía á Gourmont-Abel, que fingía disuniforme! ... Sólo falta un Delfín desdichado y alguna familia de reyes desterrados; si puede ser, traerse de una manera extraña.
Y luego, para dar las gracias á su amiga por el
una pareja con un niño... ¿no los tiene á mano tu
madre para las grandes solemnidades? ... Gour- recuerdo espléndido, levantó aquel brazo quepamont los ha echado de menos... Me lo decía su- recía el pedazo muerto de una magnífica escultura, que parecía también una serpiente aletargada
biendo la escalera...
por un opio suavísimo, y en el hoyuelo de con- ¡Qué calumnia! ... Señora, le aseguro ...
Madelon reía. . . reía á gusto; cortó un poco fluencia del brazo con el antebrazo, sobre el codo,
su risa para escuchar al pintor, y al ver el gesto donde la piel tenía una rayas exquisitas, como de
de sincera contrariedad que ponía el hombre atri- seda sutilísima arrugada en una presión, dejó un
bulado oyendo las inconveniencias de Sofía, soltó beso largo y sonoro.
Inclinóse Gourmont para depositar un leño en
el trapo nuevamente; rió Sofía también, de buena
gana, con una nerviosidad que hacía cantar su la chimenea.
Rió nuevamente Madelon y levantóse á perrisa en una gama de oro chillón, y acabó por reir
seguir á Sofía, que le había hecho cosquillas.
Gourmont-Abel, contagiado por la risa de ellas.
La rusita corría, corría sofocada, jadeante, miMadelon dijo:
- Choca, Sofía... y usted choque también, mi rando con el rabillo del ojo á Gourmont-Abel, que
querido Gourmont ... ¡Estamos redimidos de la no quería verla.
Cuando )a amiga salió del saloncito, quedaba
política! ... Somos camaradas, somos locos. . . ¿Ya

�prema caricia... También ella sentía en los labios
un calor. ..
Tintinearon los sones argentinos de unos vasos en la estancia próxima. Aflojó Gourmont sin
decir palabra, la presión con que sujetaba á 1~ selecta criatura.
- ¡Oh, es un abuso! - dijo ésta sofocada.
Y el pintor, sinceramente:
- ¡Perdón!
Llegó Sofía.
Desde que pudo verles y leyó todo el valor de
algunas miradas de su rival felina, la rusita imaginó todo lo que había pasado y algo más.
Y como no podía llorar, ni su temple de alma
se lo habría consentido, durante aquella media
hora que tardaron en apurar el ponche famoso inolvidable para Gourmont, inolvidable para la
Dorval, más inolvidable todavía para Ja rusa estuvo espiritual, brillante, feliz y oportunísima.
Habían llegado nuestros tres amigos á un pie
de camaradería tal, que al despedirse pudo decir
Sofía á Madelon, sin que la proposición pareciera
detonante ó de mal gusto:

todavía en él no sé qué tentación maligna, no sé
qué regusto sensual é irreparable que había nacido de su beso.

IX
' - Es loca, es loca - decía Madelon, volviendo á sentarse-. Pero es muy buena amiga.. .
La mujer, corno si quisiera borrar una impresión, con su mano se acariciaba el hoyuelo del
brazo donde Sofía había besado.
Repentinamente cesó en aquella tarea, y miró
el brazo detenidamente á la luz de una lámpara.
- ¡Me ha mordido -dijo, examinando bien-,
me ha mordido! Vea, mi querido Gourmont, aun
quedan huellas...
Invitaba la mujer al pintor á que mirara; ella
misma era ahora quien mantenía en alto aquella
holgadísima abundancia de la manga japonesa,
que pretendía caer, velando el hermosísimo desnudo.
Gourmont-Abel levantóse decidido:
- Es verdad; la ha mordido á usted ...
Para exarninºario bien, el pintor había cogido
la manita delicada y aristocrática de Madelon. Estaba ella sentada en el extremo del sillón monumental, y tenía todo el busto adelantado sobre la
mesita enana, de maderas embutidas, en que estaba la lámpara.
Tuvo que inclinarse un poco el pintor para
mirar bien aquellas huellas de que hablaba l\iadelon.
Y al inclinarse, la mujer se apelotonaba y encogía instintivamente, como si quisiera guarecerse

bien en el arco negro que formaba la recia figura
de Gourmont.
Este seguía examinando el brazo blanco, con
los hacecillos de venas azules que tenían súbitas
pulsaciones, solapados saltos bélicos en la nieve
deleitosa de la piel.
Sentía Gourmont una embriaguez indefinible
que le nacía del contacto de la mano aquella, de
la proximidad, del perfume y del aliento de aquella mujer desconocida y perfecta.
Sin decir nada volvió la cabeza, y vió que estaba su rostro á la altura del óvalo, delicado y
suave, de Madelon. Soltando su mano, el pintor
hincó el codo en la mesa, apoyó en el puño media
cara y envolvió á la mujer cerca, cerca, en una inequívoca mirada.
Madelon bajó los ojos.
- ¿Por qué?- preguntó el pintor.
- Me da usted miedo...
-¡No!...
,
- Esa mirada. . . parece que me busque dentro el esqueleto.. .
- O el alma .. .
- ¡Bah!
- O el alma, Madelon ... ¡Qué hermosa es
usted!
- V a á venir Sofía. ..
Audazmente, con una brusquedad de inexperiencia, Gourmont llevó su brazo izquierdo á la
espalda de Madelon, y en un zarpazo de fiera la
atrajo violentamente á sí, incrustando el revoltijo
de sedas, encajes y carne suavísima contra su corazón, potente y violento.
Acaso esperaba Madelon, resignada, una su-

,
I

. -, ¡Abraz~os! ¡Quedan suprimidas, en presencia mta, las hipocresías!
Y cuando, un poco en broma, pero un poco en
serio, Madelon y el pintor se abrazaron realmente
y el pintor - ¡oh, el éter del ponche Je había tras~
to:nad~! - ?uscab~ los labios de la mujer, c¡ue
reta, reia, reta nerv10samente defendiéndose Sofía
chilló graciosamente:
'
- ¡Tableau!
Y se escabulló como una gacela, sombras adelante, ganando la escalera, temerosa de delatarse
incapaz de contenerse, deseosa de achacar á 1~
furia de la carrera aquella punzada inevitable
cruel, dolorosísima, aquel picotazo de víbora qu~
le había partido el corazón.
- ¡Sofía! - exclamó la amiga desasiéndose.
- ¡Sofía! - gritó Gourmont á su vez volviendo á la realidad.
'
Era inútil. La muchachita había desaparecido.
Pero entonces, muy correctamente, el pintor
dijo á la dama:
- Mañana mismo, si usted no tiene inconveniente, empezaremos el retrato.
- Por la mañana. A las diez.
- A las diez la aguardo en mi taller. .. ¿Las señas?
- ¡Oh, las conozco bien! Por cierto que me cae un poco lejos; tendremos que variarlas.
Ella le tendió la mano, sonriendo.
El pintor besó respetuosamente
aquella mano.

~,,
,

~

'

_/

/

.-

�X
Gourmont-Abel vivió aquella primera aventura de su vida con la gula y á la vez con la codicia de un avaro.
Volvía á encontrar en Madelon Dorval aquella sensación inexplicable que recorría todas los
nervios sensibles de su organismo, cuando hacía
cuatro meses, en su taller miserable, una noche
acariciaban sus dedos la nutria espléndida de cierto abriguito suave y opulento que enfundaba el
cuerpo ágil de Sofía.
No habría podido contestar el pintor si amaba
á aquella mujer. Sabía que Madelon le enloquecía,
que halagaba su ambición, que era su primer triunfo de artista. Ella, por su parte, gustaba de aquella
violencia, á la vez desordenada y voluntaria, del
pintor, que daba la impresión de una fuerte vitalidad.
Madelon - que era un poco frívola, que había
vivido de frivolidades-, por la primera vez de su
vida creía ir modelando con sus manitas delicadas un carácter férreo.
Gustaba de mostrarse caprichosa. Ponía un interés vivísimo en luchar con aquel hombre y dominarlo. Refinaba las seducciones.
Ella misma buscó el nuevo taller. Un hotelito
en Passy, cerca del río.
Compraba al pintor todos sus cuadros y tenía
delicadas tretas para no herir su orgullo 6, por lo
menos, su natural susceptibilidad de protegido.
- Traigo encargo de hacer compras. ¡Oh, esa
condesa se ha empeñado en llevar á su galería lo
mPjor de mi pintor!
Y apartaban, para la problemática galería de
aquella quimérica condesa, los dos amantes, apartaban telas, agua-fuertes, pasteles.
La determinación de precios era una subasta.
Gourmont daba los suyos. Madelon pujaba siempre. El pintor protestaba, argüía, daba sus razones ...
- Se asustarán; no querrán comprarme nada.
- Al revés: déjame hacer; conozco á mi
mundo.
- Pero es que el cuadro no lo vale... Es que
es ridículo ...
- ¿Tú qué sabes?
Y como es natural, triunfaba siempre Madelon.
Gourmont-Abel se levantaba temprano. Como
le había prohibido Madelon trabajar en pequeño,
para periódicos, par a revistas, hacer l' affiche,
•prostituir su firma», según ella decía, dedicaba
aquellas primeras horas de la mañana, horas perdidas para el trabajo grande (porque la impaciencia de la cita le desmenuzaba el tiempo en una sucesión de menudos arrebatos), en lo que él llamaba
la cocina del •agua-fuerte», es decir, preparar las
planchas, sumergirlas en los líquidos, aguardar á
que mordieran, corregirlas, sacar pruebas, hacer
los tirajes en color, etc., etc.
Madelon solía sorprenderle siempre en la misma faena. Madelon entraba con el sol en el taller
del artista. A las diez 6 diez y media. Traía la carita fría del aire mañanero; un poco húmedo el
pelotón de sus bucles de oro, que se habían embebido, al salir, en la niebla azul de junto al río.
Traía un perfume exquisito y penetrante á tocador. Un frou-frou de sedas; una soltura, una nove-

•

dad, una elegancia, una entonación siempre adecuada y justa, ligeramente audaz, de riquísimo
atavío.
Madelon comenzaba cambiando de sitio todas
las cosas; tiraba del cordón de algún visillo; graduaba la luz. Se quitaba el sombrero.. . las pieles.
Entre tanto, Gourmont-Abel, que estaba en el
recuarta lavándose las manos, despegándose de
las uñas y de los dedos, reciamente frotados en
un cepillo hirsuto, las manchas de color, hablaba
á gritos, pidiendo á :\Iadelon noticias del día, alabándole este detalle de su t raje, aquella rosa, aquella pluma del sombrero.
La mujer acababa retirándose junto al fuego,
desnudándose los altos guantes y pasando varias
veces los brazos casi desnudos por el relente cálido, como si garbosamente fuera amasando los átomos de la atmósfera impalpable.
Llegaba, en esto, Gourmont-Abel, ya correcto,
y besaba aquellos brazos, sobre todo el derecho,
y sobre todo aquel hoyuelo que - ¿sabes, Madelon? - tenía la culpa de todo.
La mañana, hasta las doce, era tranquila, afectuosa, ligeramente sentimental, llena de planes,
de propósitos, de ideas de labor.
Solían los amantes almorzar fuera de casa, en
un restaurant chic. Almorzaron varias veces en
casa de Madelon, que tenía una simpática despreocupación en punto á •guardar las conveniencias»,
y almorzaron también, alguna vez, en el taller.
La chimenea á todo fuego, el sol que, desde
las diez de la mañana hasta la puesta, no dejaba
los ventanales del taller, ponían en la atmósfera
una tibia calidad llena de vicio. Gourmont-Abel
trabajaba con luz artificial.
Las horas de claridad de la tarde se las llevaba el amor. Oficina refinada de sensaciones era
aquel recinto donde la voluntad poderosa y la
fuerza maleable de un artista, instigado por una
mujer curiosa, habían creado las formas, los modos, los artificios, las volutas más impensadas y
estupendas del amor.
Juegos de amor sobre pieles de nutria ... ¿No
estaba aquí toda la fórmula de arte de GourmontAbel. . . ?
El artista se arrancaba de los brazos de Madelon para ponerse febril á su trabajo .. . Quería ella
retenerle; su avidez autumnal pedía caricias; emergía de los encajes y las sedas su busto singular,
expresión mórbida de una voluntad impaciente
de placer . . . Los rizos de oro coronaban de llamas aquella frente estrecha y lisa; escondían las
orejitas coralinas, caían porel cuello y porlos hombros desnudos como una cascada de fuego .. . En
la fiebre que le quedaba remanente, Madelon
bizcaba un poco . . . Era un estrabismo de sibila
sobre el trípode; un fulgor felino y verdoso que
ahora se encendía en una pupila, ahora en la otra,
como si del cuerpo blando de aquella mujer surgieran y se apagaran, alternativamente, llamitas
de alcohol...
·
Sordo á sus voces, Gourmont-Abel trabajaba.
- Sigue, sigue - decía á la mujer, mientras
tenazmente iba fijando sobre la tela, con ayuda de
unas pinceladas de color amarillentas, verdosas,
falsas, suavísimas, toda aquella tensión de su figura, toda aquella ambarina llama de su cuerpo que
tenía crepitaciones misteriosas ...

. E_n pocas semanas de aquel trabajo tenaz, febnl, mcansable, tenso, Gourmont-Abel había realizado una obra y creado un estilo ...
Con los múltiples apuntes, con aquella profusión de geniales bocetos, enccrróse en su taller
toda una larga noche, y, á la mañana siguiente su
cuadro capital, Orqtddea, se parecía en el alto 'caballete central, resumiendo todos los prestigios de
aquella veleidad: complejo, sintético, dictatorial,
e~evan_do á definitivo arquetipo cada grito, cada
v_1brac16n, cada mohín de aquella delicada mujerc1ta, que era toda ella un mohín de la naturaleza
en un ocaso displicente ...
Gourmont-Abel estaba contento de su obra ...
La examinaba á las distintas luces ... De cerca ahora; ahora de lejos ... Cerraba los ventanales y encendía las lámparas para arrancarle toda
la secreta acción
de su artificio
sublime ...
Madelon le
sorprendió en
esta faena ... El
artista estaba
rendido, pálido,
febril,agotado ...
Madelon le quiso más que nunca ...
Gourmont la
contempló, al
principio con
cierta animosidad ... Te.nía
miedo de no haberle arrancado
bien todo su secreto... Una línea de su cuerpo, un temblor de su piel, el azul desvanecido de
una vena que se le hubiera escapado, pregonaría
una de~rota... _Duró algunos instantes aquella confrontación ansiosa, tenaz, voluntaria durante la cual
los ojos del artista tenían una seve;idad de juez ...
Como el cuadro era un desnudo, fué preciso
que Madelon se pre~tara voluntariamente á la confrontación completa . . .
Tenían un temblor las manos de GourmontAbel aquella mañana, que .Madelon desconocía ...
Y la hora inusitada, y la caricia relente del lecho, hacía poco abandonado, y el entumecimiento
natural del cuerpo entre las pieles rojas, sobre la
otomana, que Gourmont había dispuesto como
fondo, todo levantaba de las entrañas de Madelon un deseo imperial y magnífico de amor ...
Ya no veía el cuadro ...
:3us oji(los felinos seguían las alternativas y
ansiosas miradas del pintor, que iban del cuadro
á ella Y de ella al cuadro. En el abismo de su coraz_ón sintió Madelon, como en el abismo del mar,
fluJo Y reflujo, según la abandonaban ó la recogían
las pupilas del pintor . ..
Se había agazapado la mujercita en el revoltijo
~e sus pieles, como bestezuela menuda sobre la
tierra sangriPnta y roja, en el fondo de su madriguer~. Espiaba inquieta las primeras vacilaciones,
la primera condescendencia en la mirada del pintor, para caer sobre él ...

Pero la vacilación no vino; el entrecejo del
hombre, cargado de las preocupaciones de la creación, no se desarrugaba. Madelon comenzaba á
impacientarse ... Estaba irritada contra él ...
Tomó el pintor los pinceles, y, con mucho
ahinco, dió unas cuantas pinceladas en el cuadro;
era en el fondo: avivaba, en un sitio determinado
el r?jo de las ~ieles; ponía, en la cúspide de un~
rod1ll~, el refleJo atenuado de aquel rojo ...
Mientras tanto, había dicho distraidamentc á
Madelon:
- Ya puedes vestirte. Esto está bien.
Así, sencillamente, cesto está bien~;como Dios,
después de crear el mundo; •y le pareció bueno ».
¡Egoísmo y
orgullo y paz y
deleitación del
momento supremo!
Pero Madelon era incapaz
de comprenderlo. Y como no
lo comprendía,
se sonrojó. Sin.
tióse pospuesta
en el corazón
del artista á la
obra que, sin
ella, no habría
existido.
Sufrió su primera decepción
y se acomodó,
en silencio, la
elegancia estudiada de su
traje ...

XI
-¿De modo
que no almorzamos juntos?
-No.
- ¿No nos vemos esta tarde ... ?
- No. Tengo modistas.
- Está bien; pero lo siento ... Habría querido que almorzáramos en el taller ... ¿Te gusta mi
cuadro ... ?
Madelon estuvo torpe. El más feo pecado de
e~te mundo es la vanidad, porque él es el que más
directamente ataca y humilla á los demás . .. Y
Madelon, pensando vanidosamente que el pintor
la habí~ ofendido, no supo hallar el tono justo y
conv~111en~e p~ra responderá su pregunta ...
Miró, d1stra1da la tela prodigiosa, y murmuró:
- S1, me gusta; pero alguno de tus bocetos
me gustaba más .. .
Gourrnont-Abel le habría perdonado que
aquello fuese una mentira; lo que no pudo perdonarle es que fuera una necedad . . .
Fríamente respondió:
- Es mi única obra.
- Eso va á gustos ...
- ¡N?, va en leyes! - gritó Gourmont-Abel,
por la primera vez, oponiéndose á una afirmación
de Madelon, magnífico de fuerza . ..

�¡,
1

- Bien, bien, no discutamos: ya he notado, al
entrar, que hoy te sentías genio, amigo mío .. .
Decididamente, estaba torpe Madelon .. .
Cedió Gourmont-Abel á la necesidad imperiosa de mortificarla.
- Tal vez no te resulta parecido.
- Al revés; lo encuentro demasiado retrato;
el parecido es asombroso; pero eso le quita fuerza,
significación ...
- Yo lo veía caricatura! ... Estás ahí más canalla - perdón, es esa la palabra - más canalla
que de costumbre ...
- Sí; te has acordado un poco de tus aventuras de Montmartre mientras lo pintabas.
- ¿Por qué no ... ?
- Porque me parece una falta de delicadeza ...
- ¿Tanto?
- Si me hubieras dicho de palabra lo que has
puesto en ese cuadro, por muy genio que seas,
señor Gourmont-Abel, no te lo habría tolerado ...
- ¿Porque te ofende?
- ¡Porque me calumnia!
Ella estaba hermosísima de ira. A Gourmont
le temblaba en los labios el último insulto, el definitivo, el procaz ... Le daba miedo pronuncia1lo - . ¡Pero iba á vengarle tan bien!
Se decidió.
- ¡Y pensar que una caricia mía, un beso á
tiempo, un poco menos de emoción de artista, habría variado por completo tu criterio con respecto al cuadro!
Encendida de vergüenza, tenía las pupilas llorosas Madelon. Habría dado media vida porque sus
apasionamientos de antes no hubieran existido...

Se levantó.
GourmontAbel le dijo toda vía:
-¿No almorzamos juntos?
-No.
Madelon iba
á salir. El pintor - entonces,
precisamente
entonces-quiso darla un beso.
La tenía cogida
por la mano.
Fué tan brusca la sacudida
de la mujer para
desasirse, que
le crujieron los
omoplatos.. .
- ¡Ahora,
no!--gritó triunfando-. ¡Y delante de ese
cuadro, nunca
más!... El ó yo...
Escoge. ..
Y escapó,
encendida.
Gourmont-Abel movió la cabeza... Enfundó
las manos en los bolsillos de s11 pantalón holgado...
Encogió los hombros; tuvo una maquiavélica sonrisa contemplando la tela insultante y procaz, y
murmuró Pn voz baja: - ¡Era inevitable 1•.•

XII
A la hora, sirvieron el almuerzo.
Aquel almuerzo que él había encargado para
dos, esco,,.iendo premeditadamente los platos y los
vinos: aquéllos excitantes, capciosos éstos, con
una aenialidad de « hombre de mesa•, que si no
hubi;ra sido en él natural intuición, no habría podido adquirirla en los pocos meses que llevaba de
vida regalada. . .
.
.
Tenía el artista su pipa encendida y estaba medio tendido en la otomana, perezosamente, recogiendo con delicia las últimas emanaciones de perfume que había dejado en ella el cuerpo suave y
sensual de Madelon ...
Además de esto, lanzaba el humo al aire en
aros oblongos, haciendo para ello un movimiento
particular con los carrillos y los labios.
Además, iba dando órdenes al -maitre d hótel
que preparaba la mesa con dos mozos; y además,
de vez en vez, miraba su Orquídea y sonreía.
El cuarto se había llenado de sol ... á media
altura estaba tendida una ,;apa de humo azulada y
flotante, que se superponía en planos diferentes de
color y densidad.
En esto sonó bruscamente el timbre de la
puerta.
- Es particular - se dijo Gourmont, que esperaba aquella llamada-; no parece su modo de
llamar.
Y sin saber por qué retrogradó en su memoria
acústica á otros días miserables, cuando, á l¡is tar-

11

il

des, en el taller rancio de Montmartre, le arrancaba de sus negras meditaciones el cordón de la
escalera, sacudido por las manos de Sofía, de aquella misma manera brusca y conminante...
- ¡Sofía! - siguió pensando, todo ello con una
velocidad de sensación vertiginosa... - hace meses que no la he visto ... Desde mi primera entrevista con Madelon ... La noche del ponche al éter. ..
Cuando el beso aquel en el brazo ... Bien mirado,
Sofía tuvo la culpa. .. ¡Qué extraña mujer! ... Y
ahora... ¡tendría gracia!
Como el que hubiera llamado tardaba en entrar, se levantó el pintor.
No habría dado dos pasos, cuando penetró en
el taller, un poco pálida, pero segura de sí misma,
la rusa enigmática...
Mentalmente Gourmont-Abel comparó los ojos
de Sofía - indefinibles y tremendos - con los vagos ojos impersonales de Madelon, y tendió su
mano á la rusa.
Después del largo rodeo, los dos antiguos
amantes no tuvieron una palabra de reproche.
- ¿Esperabas á alguien? - dijo Sofía reparando en los dos cubiertos que estaban dispuestos
ya sobre la mesita.
- A nadie... Previsión nada más - respondió
Gourrnont-Abel con aplomo - . ¿Has almorzado?
- Todavía no ...
Sin consultarla, dió Gourmont-Abel las órdenes necesarias al mattre d hótel.
· - Sirvan ustedes: somos dos; no recibo á nadie; absolutamente á nadie.
Se inclinó el hombre imponente, y el antiguo
«rapín» dijo á Sofía:
- Almorzarás conmigo.
- Almorcemos ...
En los primeros momentos aquellas dos almas
iguales se espiaban. «¿A qué vendrá?• pensaba
Gourrnont; y la rusa calculaba: «¿Qué habrá su::edido? Porque la esperaba á ella; no me cabe duda.&gt;
En estas cavilaciones, iban comiendo los dos
en silencio y atisbándose...
- Tengo calor - dijo Sofía.
Se había desabrochado un abriguito de pieles
de marta. Hizo ademán de querer quitárselo. ..
Gourrnont-Abel se levantó ...
- ¿Te ayudo? - dijo.
- Me harás un favor-agregó Sofía-. «Esto»
está más abrigado que «aquello,.
Sofía pronunció esta observación á tiempo que
el pintor, á su espalda, ayudándole á sacarse el
abriguito, estaba considerando con delicia el cuello blanco, de cisne, que salía de la blusita de encajes, tan natural y fácilmente como el fino cho1-ro de agua del pilón de un surtidor.
- Tú estás más hermosa que «entonces» respondió recogiendo la alusión velada á su vida
anterior, que había en las palabras de Sofía.
Desde aquel momento la conversación fué una
delicia. Se multiplicaron las alusiones. Con cada
una estrechaban ambos el círculo, avanzando con
cautela, ganando siempre terreno hacia la cosa
trágica que en e'l momento aquel les interesaba á
entrambos por igual: sus dos corazones que sangraban. Imaginad dos felinos, con una presa entre
los dos. Cada cual pretende apoderarse de ella,
pero avanza la zarpa cautelosamente por no descubrir el juego á su adversario que, inevitable-

tnente, de un salto, á la menor sospecha, caería
sobre la presa, arrebatándosela...
Ninguno quería ser el primero en provocar la
explicación, porque aquel que la pidiera se colocaba en un plano de manifiesta inferioridad sentimental con referencia al otro.
Decía Gourrnónt-Abel:
- He trabajado mucho en estos meses.
- Así lo veo.
- ¿Te gusta ese cuadro?
Sofía le tenía ~nfrente.
- Mucho: es tu mejor obra.
- ¿Te parece un retrato?
- Es el parecido de un retrato; pero el interés
de un cuadro.
Callaron. Decididamente por aquella parte no
venía la deseaba explicación.
La rusa indicaba:
- Me he perdido dos veces al venir... Como
estos barrios están lejos ...
- Es verdad . . .
- Y creo que no había estado nunca aquí ...
- Yo mismo me confundo alguna vez... Distraído, torno el camino de Montmartre...
- Poco tiempo hace que dejaste aquel taller...
pero no tan poco tiempo...
- Un día es siempre una vida, si sabe aprovecharse...
- Es cierto.
Y volvían á estar graves ~ callados otra vez ...

I

u
/

�Reanudáronse las tentativas hasta la impertinencia. De arabesco en arabesco, la conversación
fué apurando todos los motivos triviales de relación en estos casos.
Como dos operadores quirúrgicos habían procedido aquellas dos almas, sacando una por una
con pinzas delicadas todas las vendas y gasas que
escondían la herida y dejándola por fin al descubierto.
Fué Gourmant-Abel el que, no pudiendo más,
habló á la postre:
- ¿Cómo no he vuelto á verte, Sofía, desde la
noche aquella del «ponche al éter• en casa de
Madelon?
- No necesitabas verme.
- ¿Tú qué sabes?
- ¿Tenías más que avisarme ó escribirme, en
todo caso?
Era verdad.
- No te has acordado de mí. No has tenido
siquiera la delicadeza de mixtificarme. Merecerías
que te hubiese pagado en la misma moneda, que
te abandonara á ti mismo cuando más cerca estás
de la derrota.
¡De la derrota! Sofía sabía perfectamente cuáles eran los modos de que había de valerse para
interesar á Gourmont.
Saltó éste como un tigre sobre la palabra intencionada.
- ¿De la derrota?
- Tú dirás.
- ¿Yo? ...
- Te dejé libre, camino de todas las fortunas;
te encuentro muerto, definitivamente encasillado,
al arbitrio de una mujer que te usufructúa en
nombre del gran mundo. Cuando parecía que tu
nombre iba á lanzarse á los cuatro vientos de
Europa, te dejé tranquilo. Pero en vez de hac1;r
hincapié en aquel estribo de oro que se te ofrec1a
para tomar carrera y lanzarte, te has dejado ~ncantar por la damita egoísta y te has convertido
en algo como su mueble de más precio ó su caballo favorito ... Pintas para su antesala.. . ¡Oh, el
tuvo es un espléndido mercado! Conocen tu nombre, además de los porteros de su casa, el ckauffeur de madame y la Jemme de clzambre, que todas
las mañanas pasa el plumero por tus cuadros con
la misma indiferencia con que coloca en el jarro
del salón las flores que lleva tu criado á «la señora.•
Gourmont callaba. Una sorda tempestad se
fraguaba en su entrecejo.
Sofía prosiguió:
.
- Has pretendido invadir, y te han conqmstado. Te armaste en son de guerra, y te han hecho prisionero. Eras un artista de genio, y te has
convertido en un «pintor-de cámara.•
Peintre de menage, dijo la rusita en francés, con
una acuidad de intención que no puede dar el
castellano.
- Hablemos claro, Sofía - rugió por fin el
pintor, yz. exacerbado-: tú misma me llevaste á
esta aventura.
- A la aventura, sí; á la situación que has
aceptado, no. Estás ahora peo: que ayer. De_ la
miseria has pasado á la esclavitud. En dos anos
tendrás calva y pintarás abanicos para Madelon.
Todo aquello era cierto, tan terriblemente

cierto que, como Gourmont no podía contestarlo,
se ponía iracundo y habría tapado con sus puños
la boquita de la rusa.
- En fin de cuentas - acabó por decir - ,
¿qué te propones?
- ¡Salvarte! No; salvarte, no; tú te salvarás si
quieres; abrirte los ojos nada más.
- Ya los he abierto.
- ¿Me das la razón?
- En cuanto has dicho.
- ¿Entonces ... ?
- Yo lo pregunto también: entonces ... ¿qué
medios hay para romper? ...
¡Medios! Nunca faltaban medíos en el magín
arbitrista de Sofía.. . Nunca, y en aquel instante
menos. A una mujer se le ocurren siempre medios
para triunfar de su rival.
.
Y, hay que confesarlo: desde la noche del ponche, Sofía estaba esperando aquel momento.
Era el rescate de sus largos meses de soledad
y de martirio.
Descontaba la ruptura y la quería escandalosa, brutal, inevitable, para que l.e sirviese de venganza.
Habían acabado el almuerzo.
Sofía sentóse en la otomana.
-¡Ven!
- ¿Qué medio? - seguía preguntando Gourmont, agresivo.
-Ven...
Furiosamente Sofía atrajo á Gourrnont por el
brazo y le obligó á besarla. : .
.
Volvió á encontrar el pmtor en los labios de
la rusa el impulso de su raza.
- No, no; dime antes, Sofía... dime qué medio, qué piensas, qué plan tienes ... Yo no puedo
continuar así; te necesito.
¡Oh, con aquella confesión dió el corazón de
Sofía, dentro del pecho, un bote de tigre!
Y apartándose del hombre, avanzando hasta
el cuadro solapadamente, contemplándolo con delectación infinita, dándole rodeos ceremoniosos,
escondiéndose las manos detrás de la espalda
como si temiese desgarrarlo con ellas, y hundiendo el cuello fino, esbelto, para verlo de cerca, de
cerca, para husmearlo, para embeber en el aliento
su olor á pintura fresca, Sofía acabó por llegarse
hasta él, lo tomó con ambas manos, lo alzó en alto,
en la atmósfera soleada y caldeada corno un escudo de guerra, y acabó por decir:
- ¡Este es el medio!
Luego Sofía y el pintor hablaron largamente,
ahincadamente, interminablemente, como los parlamentarios de dos potencias igualmente fuertes,
hasta noche entrada.
Y acabaron por convenir que el «medio• propuesto por Sofía, que luego conocerán nuestros
lectores, era oportuno, en efecto.

XIII
Aquella larga conversación trajo el escándalo.
Madelon había estado tres días sin asomar por
el taller. Le hacía gracia aquel mohín de displicencia, aquella nubecilla que venía á traer n1:1e:,,os
encantos á la igualdad no turbada de su lzatson
con el pintor.

Esperaba, á cada momento, una carta de éste
dándole excusas, una súplica, una cita, una petición.
Por su fantasía traviesa, alegre y casquivana
corrían ya ráfagas de perdón fácil, veleidades de
sorpresas, de farsas, de aventuras impensadas.
«Si hoy no me escribe, se decía aquella tarde,
al regresar á su casa temprano, porque tenía
«mundo•, iré mañana á verle. ¡Oh, debe estar furioso!•
Y la taimada personita sonreía, dándose de antemano la fiesta de todos los medi0s que iba á
emplear para calmar su enojo.
Efectivamente, en su casa encontró un sobre
con letra del pintor. ..
Guardóse, como una fiesta, la lectura para después de su toilette.
Vió, al pasar, que ya alguno de los invitados
aguard aba en el salón. Precipitó su tocado; no pasó
más de media hora en el arreglo de la cara, y abrió
el sobre.
Venía dentro un impreso, concebido en estos
términos:
•J. Gourmont-Abel tiene el honor de invitará
usted para esta noche, á las nueve-Galería Chanell - , donde inaugura la exposición de su cuadro Orq1tidea y de algunos bocetos, puntas secas
y pasteles.»
La sangre comenzó á batir duramente en los
pulsos de Madelon.
Estuvo á punto de desvanecerse.
No quería dar crédito á lo que estaba leyendo.
- ¡Pero esto es una odiosa cobardía! - pensaba-. Exponer este cuadro, equivale á cubrirme
de insultos en la plaza pública; peor aún, en mi
casa, entre mi gente, ante mi mundo.. .
- No es posible - proseguía - . Habrá cambiado el título . . . Pero él no tenía otro cuadro
acabado ... Lo habrá hecho en estos días ... Pero
los bocetos, los pasteles. . . En todos ellos estoy
yo... En cada uno un jirón de mi dignidad (no se
atrevía á decir de mi honor)...
- Yo no merecía esto - continuó, con un
resto de buen sentido-. Yo. . .
Dos lágrimas. Dos lágrimas de ira, de despecho, de sincero dolor; dos lágrimas irreprimibles
sobre el abandono, el desamparo y la frívola soledad en que se hallaba delante de aquella infamia.
- ¿Podemos servir á la señora?
«Es verdad - pensó Madelon - , tengo invitados» ...
Fué á levantarse. Vaciló un poco y tuvo que
apoyarse en el mármol de su tocador. . Sonaron
estremecidas todas las cristalerías . . . Madelon
echó mano del tarrito menudo, con cápsula de oro
y un rubí, de sales inglesas...
Se pasó la fina batista del pañuelo porlos ojos ...
Se miró al espejo; le pareció que quedaban huellas rojizamente plebeyas de la pasada borrasca
en sus párpados, y los bañó en un colirio perfumado... Empuñó segunda vez el lápiz chino y cubrió, con hábiles pinceladas, su dolor de corazón ... Se sintió realmente aliviada.
- Luego tomó la invitación y el sobre, mordióse
tres veces los labios para enrojecerlos bien, y dijo
al aparecer en su salón, donde algunos amigos la
esperaban:
- Esta noche, señores, acontecimiento: nues-

tro Gourmont-Abel inaugura su primera exposición.
Y, bravamente, afectando la mayor tranquilidad, dejó que la invitación pasara de mano en
mano...
Algunos dijeron:
- Ya la habíamos recibido; será sensacional. ..
Y otros:
- Iremos; ¿vendrás tú, Madelon?
- En todo caso, á última hora... Tengo mucho que hacer, pero no me resigno á perder esta
primicia...
Un diplomático respetable le dió el brazo.
El criado había aparecido, anunciando:
- La señora está servida.

XIV
Que la exposición del cuadro Orquídea y de
los bocetos y pasteles de Gourmont constituyó
un escándalo en París, lo saben ya nuestros lectores por haber oído los autorizados comentarios
de unas damas en los capítulos primeros de esta
historia.
Atribuyéronse al bondadoso y risueño señor
Dorval propósitos de llevar á los tribunales al
artista, persiguiéndole por aquella injuria y calumnia de nuevo cuño.
Como las fases de semejante proceso habrían
sido de un interés sensacional inexplicable, fueron
muchos los amigos que le animaban á ernprendelo, y ya los partidarios de uno y otro bando se preparaban á otro nuevo «affaire» mucho más picante y divertido que el que llevaban entre manos.
Condenaron los mundanos, en público, el gesto
de Gourmont; pero los artistas y escritores, ganados por la audacia y la factura genial del pamfletista, salieron con vigor á su defensa.
En las proximidades del proceso hizo Gourmont-Abel declaraciones hábiles en un periódko
semita, y á los pocos días todo París lo consideraha como un prófugo del campo nacionalista,
como un dejroqué del mundanismo tradicional,
que, habiendo visto con sorpresa el pantano cenagoso y corruptor en que sus arranques inconscientes del primer momento le habían metido, salía con indignación del sitio infame, no sin lanzar
antes con toda la potencia dictatorial de sus pinceles, su «yo acuso• formidable.
Madelon soportaba como podía su papel de
víctima.
En el fondo le importaba poco la calidad del
episodio, y no le descontentaba andar en lenguas
de la gente y hasta ser, durante tantos días, piedra de escándalo en París.
Pero lo que no podía tolerar era el abandono
y el olvido del pintor...
Era aquella su última aventura... Alrededor
de los ojos vagos de Madelon comenzaba la piel
á hacer arrugas, y en estas graves circunstancias
de la vida, una mujer que quiere amar pasa por
todo.
Ella no daba la culpa á Gourmont.
- Se ha querido vengar-pensaba-. Es que
me ama toda vía.
El mismo triunfo indiscutible del pintor después del escándalo, la apasionaba más.

�Su padre no oyó aquello. Pero Madelon salió
contenta de su casa, porque estaba segura de haber hecho abortar la idea del proceso.
En cuanto á la extradición que el bondadoso
progenitor acababa de fulminar sobre su cabecita ... ¿qué valor tenía para ella? .. .
Estaba en el siglo: los padres no nos comprenden.

1,

Madelon tuvo una entrevista con su padre.
Había que abandonar la idea del proceso, porque
ella no quería querellarse.
El buen señor oíala asombrado.
No quería querellarse. Había entre ella y el
pintor ciertas cosas que, nadie - ni su padre mismo, porque ella era libre - , tenía derecho á juzgar. Si. el mundo hablara, que _hablase. Ella ~frontaba las habladurías. Se consideraba supenor al
«suceso del día•. Prefería pagar una subvención á
los periódicos, que darles el derecho más mínimo
á lucrar con sus propias aventuras. Había en esto
un arranque sincero de raza. Por lo demás, ella no
comprendía el escándalo que había promovi~o
aquel fútil accidente .. . Verdaderamente, Pans
era muy necio ... Si algo quedaba pendiente, ella
sola podía liquidarlo con Gourmont ...
- Pero, ¿volverás á verle?
- ¿Por qué no? . ..
El bondadoso señor Dorval estaba rojo; si la
entrevista dura más, le da un ataque...

Volvió la espalda á Madelon.
Y en seguida, melosamente:
- Hija mía: hace tiempo que nosotros y tú no
nos comprendemos. He creído que venías á darme gracias por el interés que _tomaba en ~u defensa. Vienes á todo lo contrano: tal vez m1 gesto
te parece ridículo, poco moderno... No nos entendemos... ¿Por qué no viajas? . . . Te sería más
agradable estar lejos de nosotros y no vernos nunca que pasar todos los días por delante de nuestrl puerta y no poder cruzarla. La tranquilidad
de tu madre me impone este sacrificio: hija mía,
hemos concluido.
Y el bondadoso señor desapareció semilloroso,
arrastrando unas pantuflas indias y recogiendo
con una dignidad - á Madelon aquella dignidad
le pareció grotesca-, con una dignidad romana,
su holgada y blanda bata mañanera ...
- ¡Uf! .. - pensó, más que pronunció Madelon viéndole alejarse-. En esta casa siempre esta~os en tercer acto del Francés . . .

mercado propio: tienda propia.Ha habido unaligera revolución. Nuestros padres decían: «Beber en
nuestro vaso.» Nosotros corregimos: « Vender en
nuestra tienda.» Y,.1. la tienes. Acudía poca gente:
la «muestra,, la «enseña, era poco llamativa ...
No digas que mi consejo ha sido inútil.
- No lo digo.
- Te ha bastado seguirlo: exponer tu Orqnldea; colgarlo á la vista escandalizada del • Todo
París&gt; como «muestra, de tu tienda ... y ya lo ves
XV
- Sofía señalaba tres caballetes: había en los tres
otros tantos retratos comenzados de grandes daLas tardes aquellas del escándalo fueron ricas mas dreyfusistas -; el negocio marcha . ..
&lt;le sensaciones y de lucha para Sofía y el pintor.
Una infinita melancolía en el crepúsculo .. .
El golpe audaz les
Niebla sobre el río.. .
habí'l asustado á ellos
A
lo lejos el ruido inmismos la noche de la
menso de París ...
inauguración.
Sofía se acercó á
Contaban ambos
su hombre. Este cacon que la maledicenllaba. Aquella serpien•
cia descubriría semete peligrosa, corrupjanzas entre Madelon
tora, solapada, tenía,
y las figuras que el
en el crítico momento,
pintor había puesto en
miedo de perder á su
sus cuadros. Pero no
pintor... Se había senfué necesaria la maletado sobre sus rodidicencia ... Las figullas; le tenía cogido
ras eran verdaderos
con
ambos brazos por
.retratos y el ataque
el cuello.
, ,areció brutal.
-¿Te quejas de
Los mismos crítimí?
cos, ganosos de sentar
-No.
plaza de malici:i en sus
¿Por qué callas?
escritos, con tribu ye-No lo sé.. .
ron al apasionamiento
- Hace unos megeneral. Desde los peses, ¿recuerdas?, hariódicos de la clase
¡
brías dado lo mejor de
ianzáronse excomu'm
tu vida por lograr es11iones contra el pinte momento ...
tor iconoclasta. Se re- Y lo he dado...
cordaron y se glosaron en todos los tonos las paSofía tuvo un movimiento de ataque.
labras de Juvenal: •Dígase el vicio y el vicio- ¿Qué quieres decir? ...
so no.•
El pintor seguía callando. Se :1abía puesto en
. F_né entonces cuando, por instigaciones de So- pie. Sofía continuaba en la otomana, agazapada,
fia, hizo Gourmont-Abel sus declaraciones franca- encogida, espiándole.
mente dreyfusistas.
- ¿Qué quieres decir?
Festejaron los revolucionarios al recién veniEn este momento el pintor había llegado junto
&lt;lo... Acudieron las damas jacobinas al estudio del á su famoso cuadro Orquídea, que con el resto de
'.Ptntor.
la pasada exposición, aquella mañana habían deCitaron su caso los escritores avanzados. Le vuelto al taller.
-encargaron, en agua-fuerte, los retratos de Gorki y
Gourmont-Abel tomó el cnadro en ambas ma-de Gaponi. .. El paso estaba dado ...
nos. Después de contemplarlo unos momentos, dijo:
Y en el desbarajuste aquel del triunfo definiti-Tienes razón. Es mi «muestra•. Pero consivo, derramaba el pintor, por todo comentario, la dera que en la «muestra• suele ponerse lo mejor
-fnaldad de una sonrisa melancólica...
de la tienda. Yo he puesto mi corazón ...
. Sofía no le abandonaba. En la plenitud del
Esta confesión, Sofía la esperaba. El corazón es
tnunfo, s_u luchador perdía el gusto por la vida.
siempre de lo que se pierde. Además, Gourmont
La miraba á ella con cierta recriminación ine- amaba á aquella mujer. Sofía lo sabía bien. Un
fable en sus miradas.
hombre de menos temple que Gourmont no habría
Ya había llegado; sabe Dios á costa de qué sa- dado nunca el paso inexorable que el pintor aca&lt;:rificios . . . Pero ...
baba de dar.
Sofía le preguntaba:
Pero Sofía no pudo escuchar aquella confesión
- ¿No estás contento? . . .
sin un dolor humillante y real.
El respondía:
Se le llenaron de lágrimas los ojos.
- Sí. Pero me parece que he muerto. La vida
Irguióse. Echó á andar hacia la puerta.
-es demasiado fácil ...
A medio camino dijo:
- La vida es así. Todo el mundo organizado
- Estás á tiempo todavía: capitula y ella per&lt;:orno un vasto comercio. El triunfo está en tener donará ... Tienes un recurso: escapar con ella...

•

�Ha de aceptarlo,~no lo dudes; eres su último capricho ...
Iba á contestar Gourmont. La rusa le había
herido en 16 más recio de su orgullo.
En aquel momento sonó el timbre de la puerta.
Tuvo Sofía un presentimiento. Miró por un tragaluz del taller, que daba á la escalera.
Muy pálida, volvióse para decir:
- Es ella ... ¿me marcho? ...
Había una vehemencia frenética en la pregunta de Sofía.
Sintió Gourmont-Abel que el deslino inexorable clavaba en él sus ojos de acero.
Y aquel austero voluntario, acallando la tempestad de su corazón, con una calma donde no
faltaba heroísmo, dijo sencillamente á Sofía:
-- Recíbela tú.
Luego se internó en su cuarto.
Sofía estaba radiante. La venganza era cabal.

XVI
- ¡Oh, no; nada, nada, amiga mía! . .. Deciros
adiós ... Me marcho á Niza ... Ya sabía, ya sabía...
Debí figurármelo antes ... ¿Y os comprendéis,
verdad? ...
- Los dos amamos el arte ...
- ¡Felicidades! ... Salgo escapada ... Si algo
4!_ueréis, á Niza... ¿verdad? ...
El aplomo de la dama era perfecto.
Ya se retiraba, cuando pasando por delante

del cuadro pecaminoso, volvióse para decir á Sofía con la mayor naturalidad:
- Se lo habría comprado... Pero me gustaba
poco, la verdad ... Y luego confiesa que el procedimiento para encajármelo fué poco delicado ...
¡casi un chantage! ... ¡Oh, estos artistas, estos artistas! ... Y á propósito: León viene conmigo.
- ¿Otra novela? - insinuó Sofía.
- No llegaremos á tanto: un «viaje sentimental&gt; y nada más; abur.
Se besaron.
Madelon salió.
Sofía, un tanto conmovida, ganó el cuarto donde Gourmont se había encerrado.
- Abre - dijo.
Abrió el pintor.
- ¿Qué haces?
- Mira; nada. . . Es preciso que vivamos ordenadamente. Hay que llevar nota de los encargos... Esos editores belgas que me encargaron el
retrato de Gorki me parece que acaban de estafarnos; mira, cuenta...
- A ver, á ver. ..
Sofía se inclinó. Gourmont seguía:
- Doscientos cincuenta á comisión, con el
veinticinco por ciento de descuento, tú verás...
Contaban.
En el taller, la deliciosa mujercita de la «muestra• parecía sonreír. La envolvía, como un nimbo,
toda la poesía de una vida.
Y adentro del recuarto, monótonamente, batían los números un compás de marcha prosaica.

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Madrid, 16 Diciembre 1907

El Cuento Semanal

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ESTERIL
NOVELA POR ARTURO
Gófv\EZ- LOBO

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ILUS-

TRACIONES DE CÉSAR
ALVAREZ-DUMONT 1efli
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t&lt;eservados todos los derechos de propiedad artística y literaria. No se devuelven los originales. El papel empleado en esta
revista es de La Papelera Española. Fotograbados de Durá y Compañia. Imprenta de José Slass y Cta., San Mateo 1, Madrid.

•

30

Cínts.

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>Ha de aceptarlo,~no lo dudes; eres su último capricho ...
Iba á contestar Gourmont. La rusa le había
herido en 16 más recio de su orgullo.
En aquel momento sonó el timbre de la puerta.
Tuvo Sofía un presentimiento. Miró por un tragaluz del taller, que daba á la escalera.
Muy pálida, volvióse para decir:
- Es ella ... ¿me marcho? ...
Había una vehemencia frenética en la pregunta de Sofía.
Sintió Gourmont-Abel que el deslino inexorable clavaba en él sus ojos de acero.
Y aquel austero voluntario, acallando la tempestad de su corazón, con una calma donde no
faltaba heroísmo, dijo sencillamente á Sofía:
-- Recíbela tú.
Luego se internó en su cuarto.
Sofía estaba radiante. La venganza era cabal.

XVI
- ¡Oh, no; nada, nada, amiga mía! . .. Deciros
adiós ... Me marcho á Niza ... Ya sabía, ya sabía...
Debí figurármelo antes ... ¿Y os comprendéis,
verdad? ...
- Los dos amamos el arte ...
- ¡Felicidades! ... Salgo escapada ... Si algo
4!_ueréis, á Niza... ¿verdad? ...
El aplomo de la dama era perfecto.
Ya se retiraba, cuando pasando por delante

del cuadro pecaminoso, volvióse para decir á Sofía con la mayor naturalidad:
- Se lo habría comprado... Pero me gustaba
poco, la verdad ... Y luego confiesa que el procedimiento para encajármelo fué poco delicado ...
¡casi un chantage! ... ¡Oh, estos artistas, estos artistas! ... Y á propósito: León viene conmigo.
- ¿Otra novela? - insinuó Sofía.
- No llegaremos á tanto: un «viaje sentimental&gt; y nada más; abur.
Se besaron.
Madelon salió.
Sofía, un tanto conmovida, ganó el cuarto donde Gourmont se había encerrado.
- Abre - dijo.
Abrió el pintor.
- ¿Qué haces?
- Mira; nada. . . Es preciso que vivamos ordenadamente. Hay que llevar nota de los encargos... Esos editores belgas que me encargaron el
retrato de Gorki me parece que acaban de estafarnos; mira, cuenta...
- A ver, á ver. ..
Sofía se inclinó. Gourmont seguía:
- Doscientos cincuenta á comisión, con el
veinticinco por ciento de descuento, tú verás...
Contaban.
En el taller, la deliciosa mujercita de la «muestra• parecía sonreír. La envolvía, como un nimbo,
toda la poesía de una vida.
Y adentro del recuarto, monótonamente, batían los números un compás de marcha prosaica.

g

Madrid, 16 Diciembre 1907

El Cuento Semanal

Lf\ SENDfl
ESTERIL
NOVELA POR ARTURO
Gófv\EZ- LOBO

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ILUS-

TRACIONES DE CÉSAR
ALVAREZ-DUMONT 1efli
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t&lt;eservados todos los derechos de propiedad artística y literaria. No se devuelven los originales. El papel empleado en esta
revista es de La Papelera Española. Fotograbados de Durá y Compañia. Imprenta de José Slass y Cta., San Mateo 1, Madrid.

•

30

Cínts.

�El Cuento Semanal

ANO 11 - 31 de Enero 1908 · N. 0 57

Precios de suscripción:
Madrid y provincias: Trimestre 3,25 pesetas.

Se publica los viernes
Oficinas: Fuencarral 9 0
Teléfo n o 2054
Apartado de Co_rreos nllm. 409

: Madrid

Libros y revistas
Parnaso cubano.-Composiciones poéticas colecciona-

das por Adrian del Valle. - Casa Editorial Maucci. Barcelona.
Es un libro muy interesante, en que rc:splandece esa poesía objetiva, 6 mejor dicho, «panteísta», que caracteriza á los
pueblos meridionales; regiones ardientes u.. nas de luz, de
perfumes y de savias, donde la hermosura esplendorosa del
«marco» resta m¾crnitud á las figuras. En esta antología figuran los nombres más preclaros de la literatura cubana: Gertrudis Gómez de Avellaneda,José ;\[aria Heredia, Gabriel de
la Conct!pción Valdés (Plácido), Joaquín Lorenzo Luaces,
etcétera; y entre los má s modernos, Manuel S. Pichardo, Bonifacio Byrne, Fernando de Zayas, Enrique J . Varona y otros
muchos,
Lo que yo pienso ( Cúnfidencias de U1lfl tiple dd gi11 ero
chic1,J, por Julia Fans. - :\L Pérez Villavicencio, editor,
t\Iadrid.
La princesita de las sonrisas diabólicas, «la gatita blanca», Juma Fons, en fi.n, nos ha sorprendido con un libro íntimo, lleno de amenidad, donde su autora descubre un rinconcito de su alma romántica.
Y el buen pUblico, que habla y juzga superficialmente de
las cosas, dirÁ:
- ¿Pero !'S que la Fans tiene ribetes romá.nticos?
Sí lectores amados: dentro de su corsé «modernlsta»,Julita F~ns se aburre y bosteza, cPor qué nof El caso no es
nuevo. Son muchas, muchísimas las actrices que, en medio
de los aplausos de sus cortejadort!s y de las risas, se mueren
de tedio.
«Lo que m9.s anhelo - dice - es qut: nadie se ocupe de
mi; lo que más anhelo es pasar inadve!tida. Es posi~le que
desee esto por lo mismo que soy cózmca, pero lo cierto 1::s
que lo deseo. Quisiera vivir tranquila, consagrada á lo que
me gusta y no á lo qu&lt;! la vida me impone. Verdaderamente,
hay que hacer esta reflexión que todo el mundo ~a _hecho:
que no hay mayor tormento que el de tener que reir siempre
con ganas y sin ellas».
.
.
.
SI, muy cierto. Mas puesto que en este mgr~to y baJO
mundo la fatalidad nos obliga á esco;!cr entre la nsa, el fastidio y el llanto, créanos, fulia: ¡mejor es reir!

Revhtta Críilca. - Con este título empezará á publicarse
el mes prliximo una lujosa Revista dirigida por Carmen
di:: Burgos Segui (Colombine), la cual se ~cupará especialmente de la crítica de arte, sociología y literatura. Con un
programa muy amplio, la nueva Revista, que cuenta entre
sus colaboradores á las figuras más importantes de la litera·
tura espallola y extranjera, dedicará una sección especial á
la literatura sefardita.
Le deseamos un éxito completo.
Ho1as bohemias, por Francisco Legua. - F. Sempere y
Compañía, eJ itores. Valencia.
Es un libro muy curioso, muy ameno, donde hay _de lodo:
cuentos parisinos y espailOles, versos, cuadros, caricaturas,
etcetera, y que tienen, como escriben atinadamente los hermanos Alvarez Quintero, prologado res de la obra, «el encanto indecible de todo lo vivido por un artista» .
Hl dependiente, por Myrtil Lorient.-Librerfade Pueyo.
Madrid.

Fuencarrat 29

Semestre 6 pesetas. Año 11.
Extranjero: Semestre 10 pesetas . Año 18.
Anuncios a precios convencionales.

Número suelto:

30 CéntiffiOS

Bl Teatro por dentro. - Almanaque para 1go8. Madrid.
Hemos recibido el bonito Almanaque de esta interesante
Revista, que dirige nuestro compañero el'l fa prensa D. Antonio Velasco.
Colaboran en él Antonio Zozaya, Sinesio Delgado, Pedro
Barrantes, Felipe Trfgo y otros distinguidos escritor,,:s.
La mujer educada, por Myrtil Lorient. - Imprenta de
A. :\[amo. Madrid.

Obras de \[anuel Acuña. -Casa Editorial Maucci. Barcelona.
En la memoria de todos viven los primeros versos de
aquel Noctunzo:
«¡Pues bien! Yo necesito
decirte que te adoro,
decirte que te quiero
con todo el corazón ... »
Versos bellísimos, llenos de tt!mpestuoso arrebato, que
por sí solos bastarían :i perpetuar el nombre de quien, «si t~n
prematuramente no se roba á su propia gloria», como di.Jo
,,iúñez de Arce, hubiese sido una de las figuras más sobresalientes de la literatura mejicana.
Sabido es que 7\lanuel Acuña se suicidó con cianuro. Y
J11an de Di,os Peza, .en _el prólogo _que esc;i~ió para este li~r.o,
pinta con trazos ene.rgtcos y sobrios su últmrn conversacton
con d infortunado p ,eta:
« ... Me dijo al despedirnos:
- »Mañana, á la una en punto, te espero sin f.dta.
- »tEn punto?- le pregunté.
- &gt;&gt;Si tardas un minuto más ..
- »¿Qué sucederá?
- »Que me iré sin verte.
- &gt;&gt;¿Te irás adónde?
- ,&gt;Estoy de viaje.,. sí. .. de viaje .•. lo sabr~s despal!s&gt;!Al día siguiente, en efecto, «se marchó». Murtó como vivió: en •artista. Su suici,lio, tal vez, ful! el más bello gesto de
su obra.

-

===========••===a==

Consultorio 6rafológico 6RACHTHEH
=Respuestas=

Luisa Catalana dé Barcelona. - Carácter able-rto; tempera
mento nervioso; naturaleza algo interesada_ en cuestión de dinero· ausencia total de v0Juntad; allción á d1scJtir; carácter muy
reitcoroso; naturaleza .senci!la y candida,
Joaqutaita G. Gata, - Na1uraleza tierna y buena; expan!ión,
sobre todo c"On los extranos; voluntad dominadora; amor á la discusión; gran equilibrio en las facu,ltades; inc!inaciones materiales;
carácter prudente; deseo de ser sieu pre meJor.
Carmen la Lista. - Sensibilidad que se domina; gran ·economia; carácter dado á la tristeza; voluntad, ter~a; buen grado_ de
actividad física; espiritu sed"ctor¡ imag1~ac16n bastante viva;
temperamento sanguln'eo.
J. M. G , Madrid. - Inteligencia cultivada¡ .sensibilidad exquisita; espíritu tino y delicado; lógica, v1vac.idad; d~seo de amparar- naturaleza orgullosa· temperamento 1nmatenal; volunta_d
débil;' imaginación gracios'a; gran actividad; ligero canSanc10
flsico.
Violeta Blanca. - Carácter alegre y ben equilibrado; educación seria· sentimiento de la justicia y del deber: naturaleza bastante firm~; aptitudes para los ,Q~ehacer~s d&lt;J:més!icos y la '.organización en general; gran actividad física; mtellgtncla c~ara y
bastante cultivf\da; generosidad bien entendida; voluntad terca;
salud resistente .
'

COMPAÑY,

FOTÓGRAFO

Fuencarrat 2 9

.1

ARTURO GóMEZ- LOBO
'

\

'

\

1

LA SENDA ESTERIL
AR IA

humilde, llano aband onado: ¿á qué lugar de ventura llevaron los pájaros sus nidos? ¿Dónde suena la canción del agua y el
cuento murmurante de las frondas? ¿Qué dice el
aire bajo los viejos aleros, junto á las puertas cerradas, con esa música obscura que parece un salmo de muerte? ¿Y tus amapolas-sangre, y tus espigas de luz, llano, hermanas de aquellas risas que
corrieron con su juventud por sobre tu suelo sin
amor?
¡La tristeza del cielo se abraza con la tristeza
del llano!
La hostilidad de tu silencio fué sólo una vez
rota por un relámpago----:- llama de pasión - que
iluminó tu miseria.
Unos arbolillos tendieron sus brazos á la luz.
fugitiva; los cerros grises abrieron sus entrañas al
fuego y quedaron en la sombrai luego, llorando
tanta desventura.
¿Qué gemido es este, monocorde y errabundo,
que va por los campos?
¿Es una oración?
Son los palos rígidos, las Cuerdas tendidas del
telégrafo, que cuentan por los caminos historias
d e olvido y de dolor.
No hay un grito de vida. ¿Dónde un beso sob:-e la locura riente de unos labios amados?
La flauta de Pan, la dulce flauta de Pan, tuvo
miedo de verter su son en la religiosa soledad de
la llanada.

L

L ANO

El vuelo cauteloso de los grajos rueda sobre
los despojos sangrientos de las bestias muertas.
El silencio que viene del azul, se torna cantar
en el viento.
Ves aquel monte, tierra. En él hay encinas,
que son la voluntad, De él bajan las aguas, que
son el amor. Son sus piedras albergue y sus árb oles nidos. El azul que lo viste pone ante tus
ojos tela de esperanza. Tu hermano e l monte, que
tiene sus pies sobre tu frente, no te envía vientos
de salud, ni pájaro de sol.
·
Ves tus caminos, llanO. Pasan estrechos- cintas de luz - entre el verdor de las siembras. En
sus carriles profundos guardan el polvo de cien
cosechasi el sudor de los hombres, ofrenda de
humildad. Por sobre ellos hay siempre la caricia
lenta de las ruedas chirriantes,
Y cuando ya no cruzan por tus surcos, tierra,
entonces se hacen caminos ruidosos, carreteras
anchas, por donde peregrinan las cascabelinas alegrí&lt;!-S de las diligencias, Y alguna vez bajo el solllama líquida - el vino, el vino de sangre, vierte
su risa sobre la blancura del camino real.
Pasa un tren por tus lomos, llano. El puente
triunfador, el terraplén ó el desmonte le han tendido lazos suaves, encurvando su andar, metiéndole en un túnel, aBá al lejos, donde la tierra, tu
tierra le abraza. Y va orgulloso con el triunfo de
su marcha, saltando un río, besando unas sierras,
cantando á su modo, en la dura orquestación de
los hierros, el amor del campo.
Y al cruzar tu llanura huye airoso y magnífico,

�Una sacudida parece conmover el suelo. El
porque viene del mundo, y para tornar á la vida
viento no se mueve. La luna en el azul, transpaha de saber el dolor de tus suelos.
¿No ves este tu sol, tierra, este sol que te seca rente y clara, mira inmóvil. De los surcos parece
subir un incienso votivo. Y en el silencio místico,
las charcas y te arruga la frente?
Más allá del cendal de los montes, entibia el la vibración del bronce cristiano se extiende en
suelo, fecunda las semillas, abre los capullos, hin- oleadas lentas que vienen de una torre, de un camcha los senos de las siembras. Es salud, es fuego panil, de una cúpula, de cien pueblos, en nombre
que se hace carne, es claridad y esperanza, es ma- de cien almas que van pisando el jardín de la
nantial de vida. En sus ti~rnos cauces, su herma- vida por mirar al cielo ...
Ven, alma, alma primitiva de la tierruca llana;
na el agua lo espei-a y, abrazados luego, se meten
suelo abajo, cielo arriba, sembrando amor, dejan- ven á la vida y di tu maldición, que oraciones habrá de otras almas para aquellos labios de sangre
do en cada rama y en cada piedra una semilla.
que tuvieron una clara y loca risa de esperanza, y
Tu enemigo, llano, es el sol.
Tu triste río Guadiana nace ancho y cantari- que cantaron para morir como el pájaro legenna, porque irá ofreciendo su gloria á las tierras se- dario.
dientas. Corre riente buscando sombra de árbol,
remanso de ensueño, saltos de espuma y de crisHISTORIA DE ALMAS
tal. Pero el camino es solitario; el suelo no bebe la
clara linfa redentora, y el sol entonces raja impla« ...He tenido un gran alivio al comenzará escable la gleba secular.
El buen río, que ha visto cómo los hombres le cribirte, ¡oh, amigo! ¡Si vieras qué horas tan duradejan pasar sin ungir sus frentes en sus senos, se mente amargas las de esta noche, las de todas las
hunde de pronto tierra adentro para decir á su noches, desde algún tiempo á este año! ¡Qué bien
dormía yo antes! ¡Cómo recuerdo aquellos sueños
hermana:
«Tierruca, tierruca mísera, hermana mía: arri- profundos, llenos de ensoñaciones gozosas, de lenba, el sol enemigo te se calas fuentes. Aquí, en la tos despertares, que serenaban mi espíritu, posombra, haremos el tálamo de nuestras nupcias. niéndome en los ojos la ternura de una melanYo algún día levantaré tu pecho y regarás los colía y en los labios el calor de los amores nuecampos. 1Tierruca, tierruca mía, somos el amor vos!
Sustentábame de' mi propio intelecto, porque
laborando bajo la costra del llanol•
él me daba los
Y el Guaplaceres del
diana camina
sufrimiento y
duke y relilas realidades
gioso bajo el
1 --.- más propicias
suelo, huyená mis deseos.
do de los hom
¿Te acuerdas?
bres y del sol.
No quería
¿No sabes,
más que dortierra hum ilmir; enconde, dejar tu altrar siempre
ma en las canmi cuarto en
ciones? ¿Por
sombras; volqué no cantas,
ver ácaeren el
si canta el mar
olvido, al soy la montaña?
n ar de unas esEl ibero y el
quilillas mon- ·
moro, ¿no te
j iles, al tin tidejaron en el
n ea r de las
aire un grito
cencerras de
de pasión? ¿No
unas cabras,
hay en ti el
apenas oyendeseo atordo ruidos esmentador de
paciados en la
la carne-alma
concavidad de
del mundo?
la calle.
Tu piel se
Tanto dorva arrugando
y tienes la color morena como la esposa del Can- mir me producía un sopor laxo, del que me desembarazaba lentamente. Todas las cosas las veía
tar, «porque el sol te la estragó.•
Para ti, llano amado, hay el arroyo sin flores, como veladas, y el contacto de los cuerpos erael viento sin perfumes, el cielo sin cantares, las para mí siempre una sorpresa. ¡Cuántas veces me
encontraste inmóvil sobre la cama, en aquel raro
espigas hermanas con tu hermana la siembra.
Tú eres camino para todas las cosas que hu- estado del que no podía salir como no tuviera próyen. Purnte entre dos vidas. Estación triste. No- ximo el ruido de una voz, un golpe violento, una
sacudida inesperada!
che entre dos soles. Huerto abandonado.
¡Y ahora, qué mal duermo, amigo, qué terror
Amasaste corazones con tu tierra y humildes
viven como tú, sin apenarles su desamor y su me recorre el cuerpo cuando llega la hora de acostarme, la hora en que los otros duermen!
secura.

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0

Esta 1!ocli.'~ mis ojos permanecían abie1·tos con
un~ obst111ac1ón de locura. Cuando firmemente
qmse dormirme, mis nervios se irritaron en protesta atormentadora contra el pensamiento conso!ador del descanso. La sangre parecía correr
n~a~ Y con más fuego. Se me llenaba el cerebro de
vis10nes fantásticas. Sentí un deseo cosqui\leante
de s~cu d'ir 1os músculos, de emprender un largo
caminar, de hablar en voz alta mientras se me
ª~3:recían, lúcidas en la mente 'todas las figuras
v1v1das Y sona
- das con una corporeidad
'
que me
causaba dolor fisico.
la ¡Si _h~biera podido retener una idea, acariciar, do1 nnrme abrazado á ella, como hiciera otras
veces! No. Ahora veía la imposibilidad de pensar
en c~lma. Hubiera querido llorar tener algo imprevisto, _hacer una gimnasia vioienta para obtener la fatiga del cuerpo.
, ¿~óm_o do~mir, ~eñor; c'.5mo dormir? Llegaba el
dia. El stlenc10 deJÓ en mis oídos un rumor vagoroso. Una codorniz cantó. Este cantar me trajo
olor á _campo, el ruido de una noria, el verde de
unas siembras. «¿Me iré á dormir?•, pensé.

De pronto, creí fuera la cama un plano inclina-

~º- Me agarré á la ropa con fuerza. La sangre me

rnundaba la cara...
. Pasó la fi,cción y quedé mirando al techo siguiendo las. lineas de sus viejas maderas, forn'iand~ Y desha~1endo aquella randa incomprensible de
nus sel?sac10nes. Repentinamente, el techo perdió
su real~dad. C?menzó á bajar despacio, reduciendo el aire, achicando el cuarto, lentamente como
seguro de ahogarme. Parecía tener una piedra sobre el pecho...
Y ~eme aquí entre mis libros amados sobre mi
~esa, rnsomne y triste, diciéndote estas ~osas que
tu acog~s benévolo? sabiendo ya mis pesadumbres
Y conociendo también cuánto· se desinfla el globo
d~ nuestras I_ocuras en un rato confidencial escribiendo al amigo.
Viví mucho de mi propia sustancia. Gusté con
exceso del amor fugitivo, de ese amor que pasa
ante nosotros con un beso y una risa en un perfuo:,e. Sé de la n~iel de_ todas las flores, y en el vértigo de_esta ex1stenc1a, mi ansiedad inventó extravagancias que me alejaron de la rectriz de la vida.

�En mi estúpida alquimia, quise sacar el oro de todas las ¡.,iedras, y á cambio de un poco placer he
dado mi salud. ¡Ay, amigo: tú, que ahora vuelas,
ya conocerás la usura del goce andariego!
Este mal mío, ¿será producto de alguna herencia? ¿Habré estado siempre enfermo? He tenido
una gran lástima de mis sueños, recogidos y formados con dolor. ¿Seré frívolo, egoísta, miserablemente egoísta? ¿Acaso no justifica esto el deseo de
mis viajes diarios?
Pero no. Yo siento ternuras ante cosas, ni descubiertas siquiera por otros que pasan, y si huyo
los dolores es cuando amenazan destrozarme, buscando entonce:, con las ruinas de mi juventud un
rincón de sombra.
Amo lo pasado con verdadero fuego, porque
tengo conciencia de que fué, y su evocación lo
hace ideal. Amo el porvenir, porque es el Misterio. Odio al presente, porque es el dolor; pero el
dolor físico, material, que acogota y extermina.
En estos mis días crepusculares, por donde
voy busco soledades y desconsolanzas para gustar la esencia de las cosas sufridoras y los espíritus herma~os. Y siempre, entre lo viejo y entristecido, encuentro alguna alma buena, que pasa
ante mis ojos como perfume de flor - ¡flor de melancolía!
Este pueblo es tranquilo, estúpidamente callado y monótono. En él hay un barniz de vida. Tengo una larga hermandad con esta llanura. A pesar
de su reposo, me marcho. Mañana iré á otro pueblo, que será más triste, pero que, al lejos, veré
otros montes, y por la noche tendré otra cama.
¡Si yo encontrara un amor, una boca que me
besara la frente! ¿Y por qué ahora, en el momento, no lo tengo, junto á los labios voraces, entre
los dedos agitados, ante los ojos luminosos?
El sol mancha mi mesa. Ruidos lejanos suenan.
A mi espalda se oyen pasos blandos y palabras
medrosas: «¿Cómo tan temprano, hijo~&gt;
Ves, ahora tengo sueño. Ahora que viene el
sol, me duermo... •
« ...Hoy he tenido un encuentro, no sé si feliz
ó desdichado. Muy de mañana salí para hacer mi
primer visita al paisaje. Es. el escenario igual que
en toda la meseta: el llano in~enso, la alegría del
sol, un montecillo, los rebaños.
Las últimas derivaciones de una sierra, tímidas
y terreras, se meten llanura adentro, con el frescor de unas fuentes, con el bálsamo de sus retamas, con la blandura de unos musgos, oliendo á
monte entre la música de algún pájaro cantor.
Sobre la gracia dorada de los montículos blanquean legendarios, como viejas reliquias, unos molinos de viento. Se mueren con la soledad de las
ruinas, y en su quietud parecen añorar á Don
Alonso el Bueno. Algunos aun viven, moviendo
lentos sus brazos rendidos - aquellos brazos viriles que apalearon al ensueño bajo la encarnadura
del Quijote.
¡Ay, molinos de viento! No habéis visto pasar
una nueva y santa locura por el llano. Parecéis
a(repentiJos en vuestra calma mística. Bajo vuestros brazos, abiertos en oración eterna, yo tengo
palabras ungidas de amor para aquel valeroso
Hermano. ¡Llorad, molinos, llorad vuestro arrepentimiento!

Al subir á un altozano, tuve una sorpresa.
¿Te acuerdas de aquella muchachita pequeña
y morena, cándida y callada, delicia de mi amor
primero? Estaba sobre la hierba, dobladas las rodillas, inclinado el cuerpo sobre el espejo de una
fuentezuela, de la que cogía el agua con el cuenco
de la mano.
¡Si vieras qué nítida albura la de su traje; qué
fuego de rosa sobre la piel de la cara!
El agua, del suelo á su boca se vertía, y en la
boca formaba burbujas, ruidos claros, hervores
chispeantes, que más parecían cantares. Y el sol
ponía oro en los chorros líquidos y en las manos
húmedas, y cuentas de plata sobre el pelo castaño.
No tenía sed. Aquello era un juego. Rayaba el
sol sus dientes, poníale lumbre en la boca, y la clara linfa le daba la salud de su frescura.
El traje blanco, blanco, azuleaba sobre el verde de los líquenes, y el gris de la sombrilla rimaba con la palidez de las piedras.
Rendida, santificada por aquella ablución matutina, tendió su cuerpo á la luz, queriendo arder
en su llama, hundiendo sus ojos curiosos en el
suelo.
·¡Hubieras de ver, amigo, por entre aquella línea obscura que le trazaban los párpados, qué saltar de chispas de lumbre, qué brillo de blancos relámpagos, entre el fluir de unas lágrimas, lágrimas
de alegría ofrendadas á la luz celestial!
Hundía los dedos entre las hierbas, con una
caricia profunda, manchándose las uñas de tierra,
que se diría sangre. Su pecho se levantaba sereno
y jocundo con largas ritmaciones. Su vientre estéril parecía implorar fecundidad del cielo. Por sus
piernas ágiles, plenas &lt;le armonía lineal, corrían
estremecimientos espasmódicos.
Era como una bestezuela suelta á la vida, libre
y amorosa; como un animalejo que tuviera para
todo una risa, para cada cosa una canción.
¡Qué dulce carne; qué dulce jugo había de
guardar tan soleada fruta!
Solicitado por aquel espectáculo, avancé resuelto, á mi pesar, y mi presencia fué advertida.
Levantóse rápida del suelo, golpeando en menudas palmadas la espuma de su traje. Su cuerpo
se irguió mostrando la altivez de la forma. Sus manos, con la inquietud de la sorpresa, arreglaban los
cabellos, rebeldes en el aire. Unas florecillas cayeron de su falda, alegres en morir por haber besado á aquel cuerpo.
La voz tranquila de la madrugadora, un poco
tímida, llamó:
- ¡Alonso! ¡Alonso!
Tal vez pienses que fl.!€ incomprensible, al
cabo de los años, el que yo sintiera viva tristeza
mezclada de ira al ver aparecer por sobre las rocas á un hombre moreno, de rostro simpático, cubierta la cabeza por un gran sombrero, y que traía
en la mano un ramo de flores, mostrándolo en alto
con la jovialidad de un muchacho.
- Voy allá, voy allá, nenita.
Y al hablar fuerte, se notaba en su garganta
una dulce flexión que decía bondad y contento.
Por sus ojos azules pasaba el reposo de un corazón sano.
- ¿Qué me querías, nenita?, ¿qué me querías?
Llegó hasta ella y en sus manos puso las flores.
Me pareció que era mía la muchacha; mía como

.,...

entonces, ¿te acuerdas?, con toda la salud de su
sangre y todas las blancuras de su cuerpo. Pensé,
en el momento, que me robaban el amor deshaciéndome el encanto de su carne, tendida en un
monte, en una blanca mañana de verano.
Las manos de Alonso quisieron jugar con las
manos de la madrugadora, y sus labios llenos de
ansiedad, desearon juntarse.
'
El sol me puso ante los ojos el color de la sangre... Y avancé, en la mano el sombrero en !a
boca una sonrisa, inexperto y estúpido cdmo un
chico atolondrado.
'
- ¡Matilde! ¡Matilde!
Mi sencilla exclamación quiso ser alegre y
amical.
Su gesto ensombrecido se obscureció más.
Alzó los ojos, y en un ademán benevolente me
tendió su mano.
'
- ¡Ah! ¡Quién iba á pensar! ... Y mirándome
con aquellos _ojos serenos que me hicieron querer
nrnc~o, un tiempo, á un bello madrigal, en tanto
tend1a su brazo señalando á Alonso, dijo poniendo
en sus palabras una ligera entonación cómica: «Mi
marido.• Y mostrándome á él con sus manos levantadas: «Un antiguo amigo.•

. Hablamos de cosas indiferentes, de mil banalidades que llenaban los largos silencios de embarazo. Mi aparición _algo súbita y extraña en aquellos momentos felices, y esa sombra de los viejos
recuerdos que deja acentos medrosos en las voces, puso tímidos cambiantes en las miradas ha
ciendo un camino penoso nuestro conversar.'
Ella habló poco al principio mostrándose sobrecogida sin alzar los ojos. Seg~ro estoy que, de
haberle puesto la mano sobre el pecho, hubiera
not'.1do la carrera loca de su corazón. Luego pareció hacer gala de su jovialidad hablando de todo
incoherente y lo~a, con una clara y suave risa, baj~
unos suaves y humedos ojos.
El era un hombre afable. Su eterna conversació~ ~obre la ca:ª. aparecía llena de expresiones
fam1hares y estnb1llos cariñosos, envueltos siempre en aquella dulce flexión que hacía de su voz
una música.
Al co!11_enzar á bajar el monte, me despedí de
ellos. Sohc1tos me ofrecieron su amistad y su casa.
He prometido visitarlos.
Aunque ya hacía calor, quise descansar un rato
en la quietud sedante, bajo el silencio.
Somos así, amigo. Ahora me parece más apeti-

�de no sé qu(: componentes que determinan la actosa, más espléndida de prodigalidades esta anti- ción 11at11ralmoife - que se llama Vo.'imtad.
gua novia, mi primera pasión, que ri:!nace al pre;1lc resuelvo á obrar algunas veces, á pesar del
sente enriquecida por la plenitud de sus bellezas. esfuerzo que me cuesta. Pero llega un vago reEl sol se me ha metido nervios adentro, y ol- cuerdo - una de esas dulces añoranzas que en la
vidado de mis males, exultado por este baño de inquietud de nuestros días imprimen una acción
Naturaleza, tengo el deseo vivo y mordente de su calmante - y allí me detengo á gustar su placer,
boca de fuego y de sentir sobre mi pecho el paso destruída ya la acción del pensamiento, solicitado
fugitivo de su corazón.
por el deseo de no obrar. Y conducido por la Petle hundido mi cabeza en las mismas aguas y reza y la Tristeza, vagabundeo en todos los entendido mi cuerpo sobre la misma huella que ella sueños y por todas las mentiras y las imaginaciodejara. lle mirado al mismo sol, y he visto en sueengañosas.
ño un río de oro, una cortina de luz, una llama nes Si
y0 tuviera en la vida el valor de mis congigante que abrasaba al mundo.
vicciones, hoy buscara la dicha, aun á costa de
El aire dice un cuento entre las aspas viejas otras vidas, y triunfante el amor, esta mujer exde los molinos. «¡Llorad, llorad, molinos! ¡Xo ve- traña de la que sabrás una historia, me besaría
réis pasar de nuevo á don Alonso Quijano!•
la frente.
Ten, pues, aciuellas energías que solivian la
existencia y marcan el camino de la alegría. Ten
« ... ¿A qué vine yo á este pueblo?, me pre- aquella Voluntad que determina la Plenitud y ciue
gunto al fin, abiertos los ojos en la sombra.
Equilibrio.
Ko duermo. Un enfermo se queja constante. se llama
Nosotros somos hijos del llano y, fuertes ó déUna mujer, canturreando, duerme á un niño que
biles, hemos de andar enllora, y un perro atado
vueltos en su aridez, con
que arrastra su cadena,
su foscura y su pobreza.
aulla lastimero.
Su sol ha quemado nuesHe hundido aquí totros coraznnes y su infidas mis pompas ideolónitud germinó en nuesgicas, para encontrar la
tras almas el l\listerio•.
calma entre las realidades minúsculas.
Tengo una plácid~
... Quiero descanevocación diaria que me
sar. Pienso en la sereniacompaña en la noche
dad de las cosas inmudacon la dulzura de las imables, de los horizontes
ginaciones volanderas.
claros y lejanos, de las
La memoria la tengo llealmas buenas que sufren
na largas horas con la fiy callan.
gura de Ella. Es de un inEl «Genío de las Estenso placer caminar del
pecies•, aquel buen gebrazo de estas sombras
nio del viejo filósofo, diamables que nos solivian
ce en mis oídos leyendas
la vida, porque son el
de lascivia.
¿Cómo dormir, Señor?
amor.
Pero la idea de lo inAl fin, abandonando
conseguible, el pensala alcoba, he buscado la
miento de que se ha percalle. Hay en el viento una densidad que se hace
dido para siempre lo que en el porvenir queremos tangible á los labios. Hay en la noche azul la meque sea nuéstro, hace asomará mi cabeza la gana
lancolía de una guitarra.
terrible del mal.
Pasé por su calle, y en el balcón, apoyada la
Yo veo en ti una calma extraordinaria; una in- cabeza sobre las manos, fijos los codos en el batuición fácil de las cosas; una resolución para cada randal, parecía esperar. ¿Qué esperará esta pobre
pensamiento; todo eso, en fin, que es síntesis de víctima de la miseria espiritual, héroe de la virtud
un estado de capacidad y jtterza.
sacrificio?
Si mis mÍlsculos obedecieran á su cerebro, sal- y elSintió
mis pasos. Contestó á mi saludo con un
taría todos los obstáculos para llegar á la con- temblor de asombro en la voz, y los vidrios del
secución de mis deseos, llevando en camino de balcón, silenciosos, se plegaron.
triunfo) al egoísmo. Harían ellos brillar la verdad
En el reposo de esta noche estiva, tálamo muy el amor por sobre todas las cosas humanas, y el do de los amores geórgicos; entre este silencio
sufrimiento de los caídos me daría la medida del que parece envolver la obra de la fecundación
placer y del éxito.
universa, me ha llegado á los oídos una música
Observo cómo las cosas suceden y pienso cómo que rememora mis días luminosos, aquellos días
debieran ser, según mi visión del mundo, con que yo ennegrecí con mi estéril locura.
arreglo á las leyes naturales del vivir. Arrebatos
Era ella, mi novia primera, ¡ay!, casada, tosensibleros ó desordenados no borran á mis ojos cando en el piano aquel cuento mfantil que tantas
la verdad, y el interior de las almas se muestra veces me cerrara los ojos llenos de melancolía, en
preciso ante la serenidad de mi análisis. Pero horas lejanas. La evocación tuvo tal fuerza, que
á pesar de esto, que demuestra vigor en las facul- vi claramente, con la plasticidad de las cosas reatades mentales, me falta una Puerza - resultado

)es, el_ pasado idílico de mi vieaquel lienzo obscuro que resurgía ahora patinoso
Y atrayente en un amado cantar, ~n una noche de luna.
. En el lecho cálido de las
hierbas campesinas, dormí desfallecido. Tuve ensoñaciones
rememoran tes que me laxaron
l~s nervios. Los dedos finos del
aire ~adruguero me abrieron
los OJOS. Las estrellas parecían
bañarse en un mar lácteo. Olor
á plantas que renacen, ofrecieron al día el sacrificio de sus
perfumes.
El sol, en la altura de un
m~nte, se reía de mi pena. Un
pá¡aró cantó.
¿Por qué el Amor será Engaño?•
Jª pasión -

. « ••• Queridísima: Sí, me divierto. Pa~eo mucho por el
campo; á pie unas veces; otras
en la yegua que tú conoces
aquella que n~e regaló Alonso;
q_ue tantos dias me ha conducido_ por los_ largos olivares. Es
un tierno animal que parece saber mi descuido cuando ¡0 monto. Tiene un blando y largo andar, con el que parece mecerme_, llevándome por los sitios
amigos, abandonadas las riendas sobre la brava crin.
Alonso es bueno. ~1e quier~ co1~ toda la delicadela y la
smcendad que son hacederas
en un tan buen corazón. La casa_, rica~1ente amueblada, fué
mi capricho en sus decorados
más nimios. :Mi gusto aparece
en cualquier sitio, por insignificante que parezca.
Tenemos fincas de recreo
cotos de caza, caballos, coche~
que no usamos, porque en este
P_ueblo, sobre su inutilidad, sen~ un_a ostentación que no dice
bien a nuestra modestia.
_No h.ago nada, queridísima.
c;mdo mis pájaros, me baño dianamente en el agua fresquita
de un estanque que hay en el
huerto; me baño en el sol me
baño en los olores del m;nte
en todas las cosas buenas qu~
toe_an mis
· OJOS
· ó mis manos; me
bano, ya ves, hasta en mis recuerdos, en aquellos recuerdos
que conservo lúcidos y que vienen del pasado, triste á veces
á veces alegre, en que yo tuv~
un amor Y tú un desamor y
nueS t ra madrecita se moría'
¡Si vieras con qué pl~cer

�--------

•

me hundo en aquel pasado! Ue)~ correr _el alma
or todos los pensamientos acanc1ant_es, 1_1bres~de
ias ataduras de la realidad. ~Ieto mis o¡os anos
adentro y abraiada allí, á mis bellas cosas-. esas
hermos~s esreranzas, un día, que _nunca saltero~
á flor de la tierra para saber de 1~ vida - lloro co ena, lloro con alegría, porque tu sabes que, á pe_
far de todas mis buenaventuras, sólo tengo el pla
cer de las lágrimas.
S d
p
·Sabes que está en el pueblo Pedro an ova.
Lo ~irnos una mañana que paseábamos Alon;.º y
o por el monte. Está más palido y delgado. \ iste
ron elegancia, con aquella dist_inción que sabeés
.
e . ,Nos diJ. 0 que venia ,á curarse no.• s,·
tuvo s1empr
ué enfermedad nerviosa, contra1da en su nv1r
~aitado En breves visitas, Alonso y él se han hecho gra.ndes camaradas.
D ,
¡Qué tristezas, hermana! ¿Te acuer&lt;l:a~? i , ec1a
Pedro, entonces, quererme tanto! ¡Qué !el1z tu entonces también! Bien pronto emprend1mo~ rutas
diferentes: tú, por la senda Alegría; yo, can:uno del
Dolor.
t
Cada vez que me acuerdo de nuestra rup ura,
en ese instante le odio.
.
h
·íómo pudo ser tan duradero su eno¡o por abe;:i;e sorprendido mirándome atenta '.'-1 cnstal d~
la yentana, mientras él leía unos malditos ver~or
·T
e ueña debió verme entonces, que novo ~ii: ~e~acer su amor! ¿Qué de?ía importa~!~ que
no me cautivaran sus lecturas s1 yo !e quena. Todos sus libros, de entonces acá publicados, _los he
leído cien veces, sin entender algunos. Y, sm embargo... ¿Te acuerdas?
.
~
.
I !oré mucho en silencio. Estábamos a punto
de q~edarnos solas en la vida, porque nuestra madrecita se moría.
.
· 1 1•C á ·Cuántas oraciones perdidas en el c1e o I u n
1
•
lt
1
tos votos perdidos en mis a ares.
,
El buen don Alonso, enamorado de ~1 con 1a
fuerza de los treinta años, vino á s~r, segun nues·ra madre una salvación. y á medida que su ca~iño crecí~ aumentaba mi amor á Pedro.
.
1\fadre~ita murió. Don Alonso ~asó conmigo.
Tú realizaste tu ensueño, y eres fehz.
No me avergüenzo de mostrarte mis llagas,

hermana, porque sabes mi incapacidad para~¡ !11ª1;
de contarte mis pesares, porque de no escnb1rtelos me mataría.
h
d·
'Como por un soplo ,JP huracán se a encen !do en mí de nuevo aqu?I viejo amor que parec1a
dormirse ya que no olvidarse.
.· .
Pase~ por los sitios que él frecuenta. lle ns1tado cien veces la fuentecilla y el p.ado de nuestro encuentro. Lo creo Yer en tod:1s pa_rtes y e~cucho siempre su última com·ers:1c1ón. Es un ~esbordamiento de deseos q!-1e ~1e tten_e sobre~og_1da~
en un sacudir constante a mis n_ernos, que imen
ta en las noches pesadillas ternbles, que me persi ue como una ilusión y como una amenaza.
g ¡Si yo' pudiera escribirte cómo son algunos de
mis ratos de dolor!
V• d
Hay noches que no duermo. Deber, irtu ,
Amor, Arrepentimiento, son una cadena que tortura mi pobre carne como á ~na loe~.
.
Alonso duerme tranqmlo, cogidas mis manos
en las suyas. 11e dan deseos de de~pertarlo de
pronto para contarle la r~beldia de m1 c?r_azón; d :
ponerme á sus pies, suplicante de gracia, _de 1
garme de su brazo andando un largo camm~, orando en su pecho; de abrirle mi_ pensamiento
como á un padre. El duerme tranquilo, con la_rga~
respiraciones que me dan miedo, en la cara fi¡o e
último gesto de amor.
Deslizo mis manos de entre las suyas recoiéndome al extremo de la cama, y me pa~ece
J..1onso un hombre extraño, al que me hub1na
vendido por unas monedas, sin amor, en un lecho
impúdico.
•·
11
y
i ·\y hermana mial Entonces qu1s1era º~ª:'
mis ~jo~ se abrasan en una gran secura. Q_ms1era
huir de mi casa, sin ser vista, en busca de m1 amor~
recorrer el mundo como una llama. Pero aque
manos buenas, cruzadas ~ implorantes, par:cen buscarme el cuerpo, reteméndolo en un lec o
de pagada lascivia.
.
Al
- ¿Qué te p~sa, ?enit:? - me dice . onso,
despierto por mis 111qu1etudes.
.
Sus ojos azúleos tienen en la sem1lm un raro
brillo de metal.
calor
- Xada, nada - le digo - . i Hace un

~f

Ílas

tan- grande! ¿Por qué no descorres et mosquitero?
El va y viene, preguntándome solícito, arreglándome la ropa, mientras oigo la carrera loca de
mi corazón.
Atormento la casa tocando La Primavera, de
Grieg, aquella canción que tanto enamoraba á mi
novio. ¡Si vieras con qué delectación escribo las
palabras •mi novio•! Lo más . horrible, herrr,ana
mía, es que se ha encaprichado Alonso con mi
Primavera, y él me la pide tantas veces como yo
deseo tocarla. ~lientras mi~ dedos van sacando al
aire la nobleza lirica, la suavidad amorosa de la
canción, mi marido va besándome los labios, tocándome los ojos, hundiendo su cabeza entre mi
pelo, ungido por la música, que no va naciendo
para él, sino que busca á su amigo.
Aunque mi vida sea una tortura infinita, yo
seré fiel á mi virtud, que es la tuya, que fué la de
nuestra madre. Alonso se merece un gran cariño.
Yo le haré crecer, mejor, brotar por la fuerza. Seré
mi propio verdugo, y todas mis tristezas las ahogaré en lágrimas.
Ven, hermana, y sabrás al oído la fuga de mis
esperanzas.
11ándame á tu nena para alegrarme las horas
con sus risas.•
• ... Era una mañana clara, estallante de alegrías, llena de sol. La luz parecía líquida, llenando
el aire de una llama gigante, poniendo entonaciones de brasa sobre los tejados y las torres, en los
cantos lucientes, incandesciendo la tierra con una
vibración ele apocalipsis. Llegaba olor de paja y
de polrn sutil; el temblor estridente de los aldcranes, un zumbido vagoroso que venía de todas
partes: del campo, de la altura, de los más escondidos rincones, de los albergues más callados, como una voz imperativa que mandara el silencio.
El aire tiembla estremeciendo las cosas, trayendo al espíritu el recuerdo consolante de un inquieto velo de agua. El cielo, sin su azul, parece
anegado en polvo. La sombra tiene tal corporeidad, que finge hondas brechas baj~ los aleros. El
cántico de los grillos rima con esta vieja y larga
canción de verano.
Asi era el día en que yo amanecí con un inesperado renacimiento de mis energías; despiertas
las pasiones con toda la fuerza de un claro cielo
de salud. Estaba rendido por la constancia de mis
imaginaciones; extenuado por la esterilidad de
tantos sueños; dolorido por la infecundidad del
pensamiento; victima del deseo inconseguido y
del morbo de mi abulia.
«Iloy tengo amor á la vida• - he pensado-.
Amor á todo lo corpóreo que pueda ofrecerme el
placer tangible de una realidad. La exaltación de
n:ii egoísmo, del santo egoísmo, alma de los destinos humanos, quiere, con el imperio de las necesidades, vida para el cuerpo, sol para los nervios, un desenvolvimiento equilibrado de la máquina orgánica.
Hoy tengo voluntad. Tal \·ez sea un raro fenómeno que obedezca á una crisis de mi padecin:iiento; un ataque súbito de histerismo degenerativo que me arroje después en las negruras de la
neurastenia. Pero yo siento la salud como el más

animoso, y en este día he de luchar con todas mis
estrategias por la consecución del placer.
El mundo y su orden de vida caen deshechos
ante mis ojos ávidos y felices. Hoy puedo pasar
por cien cadáveres por hurtar un beso.
lloy comprendo la alegría y el triunfo de los
que van derechos á su objeto, armados de todas
las armas, sin prenderse en la trama de las vacilaciones y los embarazosos raciocinios.
Es esto que siento una oleada de ansia de
vida que me ha ensanchado el corazón.
¡Amor, amor! Yo iré á ti para enseñará tus labios á besar la boca del amado, y á tus dedos las
sabias caricias, y á tu pecho los cantares que duermen esperando á su elegido, y á tus cabellos rubios como las espigas y las hebras de la miel á envolver los cuerpos locos y bárbaros que dicen
un himno á la fecundidad.
Engalanado con refinamiento de coqueta, ágil
mi espíritu, ligero como el polvo, fuí resuelto á
obtener mi triunfo á costa de la dicha ajena.
Cuando el timbre sonó dentro del patio de mi
amigo Alonso, dudé todavía, y, en el temblor de
mi perplejidad, estuve por arrojar al suelo el ramo
de flores que llevara en las manos, volviéndome á
casa.
- Sabía que Alonso tuvo que salir muy de
mañana al campo - dije esforzándome por aparecer desenvuelto-; pero, aun ausente mi amigo, y contando con su bondad, he querido traer á
Lilí este ramo de flores.
¿Por qué la disculpa? ¿A qué decir en aquel tímido prólogo la confesión de un pecado? ¿No iba
yo resuelto á por el éxito?
Bonito comienzo. ¡\ punto estuve de salir huyendo, azorado y ruboroso como un escolar.
Sonó hueca mi voz; los ademane~ fueron torpes; mis ojos no resistían la mirada serena de Matilde.
- ¡Qué hermosas; qué hermo$as! ¿Y cómo en
este tiempo? ¡Lilí, Lilí, mira cuántas flores! ¡Se lo
agradecPmos tanto, Pedro!
Sus claras palabras volaron como pájaros por
la frescura del patio.
Tras de la cancela se veía la verdura del
huerto. Bajaba del toldo la sombra como una bendición.
En las altas columnas, entre las macetas, junto
á los balcones, dejaban unas jaulas la alegría de
sus canarios.
Una fuentecilla formaba en el centro leve encaje liquido. Llegaban coplas soñolientas. De la
concavidad de la calle, pasos cansados. Zumbaba
agorero un moscardón.
Las manos infantiles deshacían las flores en
lluvia de sangre, que hizo temblar el agua de la
fuente, cubriendo los búcaros, manchando gaya la
negrura del piano.
Aquella desenvoltura de mujer, que no parecía esperar de mí sino las palabras vulgares, el
conversar aburrido de una visita, y aquel mirar
sereno que, sin dureza, mostraba el limite de una
cortés galantería, humillaron mi orgullo.
:\fovido por la vergüenza de la inferioridad fuí
dueño de mi palabra, que surgió con todas las
arrogancias de los ímpetus imprevistos, con la firmeza de una superioridad que me llevaba por los
terrenos difíciles, sorteando el obstáculo, dete-

�•lffll1, .

¡,&gt;;risura del traje. Su garganta blanca, que se abría
en dos suaves líneas buscando la gracia de los
hombros, insinuaba el
alentar de su pecho.
Habló con una medrosa voz - voz que parecía de sombra - , levantando las manos con
ademanes tímidos, bajándolas rápidas como atemorizada de sus acciones,
deslizándolas por las piernas; tirando, Juego, de la
falda en las rodillas para
cubrir el lineamiento de
sus carnes.
- Ella-seguía-no
era como otras, víctimas
del amor de un hombre
y del amor de una madre. ¡Las in felices debían
encontrar rn á s amargu•
_·.:.ras de calvario en suma--;¡¡¡:;-···
trimonio, en su libertad
de pobrecitas abandonadas! ¡Debía parecerles su
I
casa y su lecho, el lecho
,,,y la casa de un hospital!
Por sus ojos pasó un
relámpago brillante y en
su cara hubo un gesto de
llanto.
Un fuerte huracán
golpeó las puertas, entur-bió el aire del patio con
un remolino de hojas y
polvo, agitando el toldo como en un aleteo de ave
gigante.
.
.
La sugestión y el deseo mflamaron m1 cuerpo,
empujado por una ráfaga emocional al campo de
mis incertidumbres. Yo quise saber toda la verdad interior de aquella mujer, porque es preferible la línea tenebrosa de las negaciones, llena de
esqueletismos desconsolantes, que la f~~ula de
los ensueños, viciadores de nuestros espmtus.
Encendido en las llamas del Jttego encantado,
he querido saber todas las rec~nditeces,. por ese
algo impreciso que _pas3: en la lmea gesticulante,
como insinuación m1stenosa que no escapa al análisis.
Dije de mi pasado, de nu~stro pasado, en u_n
manso decir de recuerdo quendo. La manera amtcal, casi confidente, de mis expresiones, inquietó
sus ojos, humillándole el busto.
Si. Ella recordaba toda la lejanía de las horas
huídas - que yo escudriñaba complacido, ~orno
si el amor pasado fuera presente - pero sm la
real corporeidad del pasado.
·Luego eran tan tontas las mujeres! No se har1
'
. de
taban
de saber
que el misterio era e ¡·mcenttvo
los apetitos, ni de ver cómo se mueren las ro;as
que dan su fragancia. ¡Las pobres muieres segu1an
dando la plenitud de su amo~ al hom~r~ que no
le sacian ciento! Ellas eran siempre v1ct1mas de
alguna ajena vanidad ó de algún extraño egoísmo,

..

niéndome con hábil perversidad en los conceptos
ambiguos. Toda mi energía de antes, toda~ las
fuerzas raras, pero verdaderas, que me sublimaron en aquella fresca mañana, rr_iostrárons&lt;: plenas.
Me complacía en oir la sonond~d de mis voc~s
correr en el patio como una música. Ante el ftmr
de las palabras, los ojos de Matilde, ca~tivados, s_e
fueron perdiendo en un profundo mirar, caminando tras mis evocaciones.
Le hablé de su matrimonio, de los días lejanos
de nuestra amistad, de la rápida sucesión de
acontecimientos familiares habidos ~urante la ausencia· y ante la insinuación de las sonrisas y las
pregu~tas corteses, ella hab!ó, dejando en_ sus labios una amargura que qmso ser, estérilmente
cien veces, risa de felicidad.
Ella era dichosa - decía - . Lo fué siempre,
porque supo en breves días el aprendizaje del sufrimiento resignado. Pero ahora, su C?~tento era
real. Alonso le trajo el sol de la felicidad, y su
vida estaba llena de placeres. Al casarse, la o~scuridad de su pasado se trocó en aurora de glona.
Sus deseos como sus ambiciones, estaban cumplidos, y esta plenitud de goces le ,trajo tal c?l~o
de buenaventuras, que sólo quena, como umco
bien posible, la felicidad de los otros.
Estaba en actitud recogida; enla;;:adas las manos finas sobre el regazo; un poco endurecido el
gesto por la luz cenital, manchando el suelo con la

perdiendo en el juego el albedrío de sus almas.
Su voz se hizo más medrosa y temblóle en los
párpados ülia lágrima. Por sobre el pecho, las
blancas manos iban y venían inquietas.
Mi evocación la sumergió, poco á poco, en una
semi-inconsciencia desconcertante, como en un
tibio baño. A sus nervios volvieron redivivas las
viejas sensaciones que yo hacía renacer, dueño
del pensamiento y la palabra, avivados por el brillo de la imaginación.
En su carne hubo un estremecimiento de miedo y deseo.
Sonó en largas vibraciones un reloj.
El aire parecía entrar por la boca como una
llama líquida. En el silencio se oía el cascabeleo
de la fuente y el tictaqueo de una péndola - eterna negación del tiempo.
Lilí manoteaba en el agua, salpicándose el vestido de una leve lluvia. Al ruido canoro del chapoteo los canarios trinaron alegres. La risa de la
fuente y de la niña hicieron un pareado.
Lilí, fatigada y enloquecida por el juego, quiso poner sus manos lucientes en la cara de Matilde.
Tuve el atroz deseo de lo no poseído, de lo
largo tiempo amado; el fuego de la pasión que resurge con el imperio de las necesidades. Transtornado por una punzante emoción, me levanté con
una extrema actitud afectuosa, besando á la niña,
que bullía locuela en los brazos de Matilde.
Ilubo en mi cara el cosquilleo de unos rizos,
fragancia de cuerpo sano, olor de manzana solea-

da. A mis oídos llegaba la fuga loca de de su corazón.
El cuerpo de Matilde, agitado por esas zozobras indefinibles y recónditas que estallan ante la
exaltación y la proximidad de otro cuerpo amado,
estaba inmóvil y pasivo aún; pero vencido el esfuerzo del pensar, que se obscurecía en la tempestad del deseo.
Busqué su boca y hallé en ella dulzura de panal.
Bebí de su linfa, ávido como un sediento, embriagándome en un largo olvido. Sus párpados me dejaron en los labios un recuerdo de sedas calientes,
y en mis brazos temblorosos cayó su pecho-,
carne de alegría, tierra fecunda del amor.
Olía á tierra mojada, á desperezo de jardín.
Una copla - abrazo del amor y la muerte - llegaba con su tristeza, ora sí, ora no, y los pájaros parecían cantar más fuertes, festejando aquel
sacrificio, en el que se ofrendaba una virginidad - la virginidad del amor, único y eterno,
que corriendo por bajo la piel, un día salta en una
fuente.
De pronto, empujado por un viril esfuerzo, caí
sobre las losas del patio.
Hubo un silencio enemigo y desconcertante.
Matilde hundió su cara en las manos, marchándose despacio, anegada en lágrimas, dejando en el
ritmo de su andar una estela de desilusión.
En mi cabeza oí el reflujo de la sangre. Me
llenó de vergüenza la humillación sufrida y el desencanto de la innoble derrota. La bestialidad secular de la raza debió asomar á mis ojos. En la

�madera sin savia, si somos manantial de alegría?
Nuestra planta, roja como una llama, retorcida
como el dolor, como la tristeza, seca, debía sazonar en cardos. ¿Cómo no morir?
Cantad, vendimiadores; cantad, podadores; bebed el fruto de mi dolor.&gt;
Cantan· los olivos: «Somos óleo santificador de
las cosas. En la suavidad de nuestro fruto, va todo
el amor de madre de la tierra. Ofrendamos piedad,
misericordia, remedio de males. Somos el árbol
hermano de las llanuras. tPor qué so_n de acero
nuestras hojas; por qué esta plata en nuestras ra•... lla comenzado para mí el crepúsculo de mas y este tronco centenario y viejo? ¿Cómo no
una larga noche de angustias. Mis nervios, sueltos morir?
Cantad, aceituneras; apalead nuestras ramas,
á la emoción de todo lo imprevisto, sufren de nuevo los ataques torturadores de la neurastenia. La tundid nuestra humildad. ¡Cristo nos dió para voscalma ejercida sobre mis sensibilidades por la vi- otras el óleo de la vida!»
Canta la luna: «¿Qué silencio es este? ¿Cómo
sión del campo, ha sido extinta por el reflorecino se alza una voz amante para mí? En los ríos no
miento vigoroso de los viejos amores.
Estoy largas horas inmóvil, cara al llano, sin- me veo; los bosques no me tienden blandura de
tiendo la comezón cosquilleante de las convulsio- lecho; las montañas no buscan mi luz. Blanca eres,
h~rmana mía, hermana llanura, casta y dormida
nes epilépticas.
Mi cabeza, desintegrada por un exceso de cul- como yo.&gt;
tivo mental, es el centro de mi vida - vida clamorosa y neurótica.-En estas crisis pierdo el senEspiga, olivo, Yid, humildes y pródigos: motido de la normalidad y del equilibrio.
Me tienes ahora hundido en un reposo de em- rid. No ser fuente de vida. No crear con dolor. La
brutecimiento desde la mañana trágica y gloriosa luna os tiende la blanca mortaja.
de mi visita á Matilde.
Amé á la vida y ella me destruye. Es de todas
las amantes la más avara de la propia sustancia.
H[STORIA DE ALMAS
Un día moriré solo y abandonado, y ·cuando
salten rotos mis nervios, no habrá para este pobre
« • . • Llevo un mes bajo la influencia de unas
corazón ni el aria lírica de las oraciones amanalucinantes
visiones nerviosas. El pueblo que yo
tes ... &gt;
creí remedio para mis males, me aguza los sufrimientos con cruel satanismo. He sentido una gran
rebeldía contra mi estado, porque las tristezas
CANCIONES DEL LLANO
vuelven formándome un anubarramiento en el cerebro. La impotencia de los actos me esteriliza
¿Qué voces son éstas, viajeras en el viento, que como nunca. Me avergüenza este automatismo de
suer:.an en una su;.ive acordación musical? ¿Qué le- imbecilidad. El deseo del viaje continuo me aguijonea. Ahora, atormentado por la fiebre, sal~ría
yendas dicen?
Cantan las espigas : • Somos humildes. En entre el silencio, abandonando esta casa hospitanuestros granos hay la bondad de la tierra; por laria.
Huyo de todo, recorriendo la escala de los denuestras cañas sube la sangre de la vida. Nacimos
en un alborear de invierno. Un día sentimos el seos y los rencores. Se va desgarrando la tela de
fruto en las entrañas y ofrendamos á los hombres mis esperanzas. De avanzar el mal me mataré, pornuestro pan, humillando las frentes. El sol nos ha que no quiero perpetuar con algún postrero amcr
secado dejándonos el oro en las espigas, y el aire el crimen de mi vida.
Abro el balcón. El humo de un tren rueda por
nos ha dicho todas las tristezas, todo el desamor
de nuestro suelo, el aire aquel que nos contara la el suelo. En el gris fosco de la lejanía hay manchas
historia de los frutos soleados que pueden verter verdes salpicadas en cuadros, que fingen frescor
en las bocas el dulce y la frescura de sus carnes. de lagunas llano adentro, hasta la sombra de los
¿Por qué vestirnos este duro traje de guerra montes.
El amor convulsionará mis nervios hasta la úlsi nosotras somos la humildad? Cantad, galeras;
cantad, cigarras; cantad, aventadores, que e~ lle- tima hora. El hoy es dueño de mí, y loqueando me
llevará no sé adónde. No lo tuve nunca como aho~ada la cosecha del oro.&gt;
Cantan las vides: «Som.o s la alegría. Cuando ra, con esta profundidad de honda raigambre, imlas cosas mueren, en los otoños caducos, ofrenda- perioso en el deseo y señor de mis acciones, esmos los racimos á la sombra de las pámpanas, lle- poleado por el imperativo de la posesión.
No es el amor fugitivo de otras veces - aquel
nos de la más dulce sangre que corre bajo el suelo.
Nuestro fruto parece hermano del río, parto de amor que yo llevara del brazo unas horas como se
los prados, hijo del sol, rima en todos los canta- lleva una flor en el ojal - , sino el amor íntegro de
res. ¿Por qué nace en el. llano, entre esta secura, las atracciones uní versas, sin banalidades artificioterrero y polvoriento, sin levantar su triunfo de sas. Es el amor todo ceguedad; instinto materialiámbares para ver los horizontes? ¿Por qué esta zado en la nobleza de unos nervios de hombre.
corteza de leña montaraz, de tronco estéril, de Es el amor humilde, sabio y poderoso que, entre el

quietud del patio, la paz cantarina de la fuente me
pareció una clara risa de ironía.
Ya en la calle, sólo vi color de sol, color de
sangre, albeante blancura: silencio y asfixia. En
la cabeza tenía un río de luz. Me acometió el terror de caminar, porque el suelo se me antojó de
una fra&lt;rilidad vidriosa, como si fuera á abrirse
una huclla profunda que me hundiera en la tierra.
Una ola de incendio me abrasó la cabeza&gt;.

dolor de la vida, va busca_ndo el tálamo sagrado en
donde salte la llama que inflame al mundo.
Si tú, amigo, sientes ese amor y !a mujer deseada está sujeta de por vida á otro hombre, ¿qué
harías? Si te matas- aunque deseos dan y motivos
hay á veces - destruyes lo que se sabe no vuelve á tener conciencia de su vida, cometiendo la
imbecilidad del que se atravesara el pecho al entrar en lucha con el enemigo. Si te arrancas ese
amor, pasas en
blanco un largo y placentero capítulo
del libro de los
años.
El instinto
de conservación y el de la
perpetuidad
de la especie,
en rudo combatir, andan
sembrando
por la tierra la
esterilidad y
las lágrimas.
Los hombres,
legislando sobre el corazón, han aventado los odios.
Por sobre
esta trama
inextricable
de los destinos
humanos, sólo
hay un poderoso instinto que debe
triunfar á costa de todas las catástrofes: Egoísmo, siempre que
sea justicia del derecho á la vida.
Esta mujer, mi amor, de la que es dueño Alonso, está á él sometida por la ley, por el deber, por
el falso deber que impone una ley mecánica, que
no puede saber nunca la ondulación de las almas.
¿Por qué no triunfa el instinto Vida? La moral
al uso, práctica y de circunstancias, aceptada por
el rebaño humano con admirable ingenuidad, reveladora de la estupidez y la altitud de miras de
los hombres, ha ido cortando los vuelos del pensamiento, reduciendo la claridad del criterio á un
sucio y risible sofisma.
La religión, pintando el cuadro feliz de la vida
ultraterrena, nos ha hecho olvidar al mundo dejándonos impasibles ante la cabalgata del dolor y
las tristes ruinas de la VIDA.
La virtud y el sacrificio, que en su puro sentido S?n siempre nobles formas del egoísmo, son
también el espantajo medroso de la tradición, ó
el pensdmiento de los antepasados hecho piedra.
Necesito por sobre todas las cosas á esta mujer,
Y debe ser mía; lejos raptos envidiosos porque otro
la posea.
La envidia - sentimiento natural que tan cuí
dadosamente ocultamos - no es otra cosa que la
autonegación del mérito personal, que los más nobles la destruyen y los más imbéciles la sufren.

Los ojos de Matilde me anuncian con claridad
cenital que tiene iguales sentimientos que yo, aunque se oculten tras una pobre máscara. Si así fuera, en la estación otoñal de nuestra juventud hemos de levantar un canto de esperanza.
Pronto ha de venir, porque si no moriría. Los
desengaños me pesan como sedimentaciones inservibles. Al escribir, cada palabra que estampo
deja en mi cerebro un surco que viene de lejos,
que se abre
con dolor: con
el dolor de las
tierras vírgenes rajadas
por el hierro ... &gt;

«Queridísima: Me paso
i
el tiempo penl'¡
sando cómo
encontrar un
achaque que
justifique
nuestra salida
del pueblo por
unos meses, y
soy tan atolondrada ó tan
sin recursos,
que no lo encuentro.Seme
hace mucho
más difícil,
porque ahora
está mi marido más cont en to que
nunca de vivir, de cazar y divertirse por esta
tierra.
M:e da remordimiento destruir su bienestar
con mis palabras. Yo misma me espanto ante mis
propósitos. ¿Por qué huir? • Debo aguantar firme
los golpes del infortunio y sacar ennoblecida mi
virtud de entre la impureza de esta pasión, escudando la debilidad de mis deseos con el tierno
amor de Alonso, pienso.• Pero esta idea pasa fugitiva por mi pensamiento, delatando el miedo de
mi cobardía.
¿Tengo culpa, hermana, de que haya renacido
tan fuerte mi amor á Pedro y que me envuelva
como una onda primaveral? ¿No hago por destruir-•
lo? &lt;He retenido el pensamiento alguna vez con
delectación pecadora, recordando el pasado? Y á
pesar de mi seguridad de ser inaccesible, ante sólo
una idea he visto ya cómo soy juguete de un amor
que me llena de vergüenza y que deja en mis días
huellas de placer de lágrimas.
¡Qué triste mi casa! Ya no la veo como antes,
nido caliente con una clara risa de sol. Oculto mis
pesadumbres en todos los rincones obscuros; en
las habitaciones ocultas; por los largos paseos del
huerto; en los crepúsculos inacabables, llenos de
melancolía y desilusión.
Me parece mi casa el lugar de un crimen, en
donde queda visible una mancha de sangre. Creo

�que en ella hay, sobre cada baldosa, flotando sobre
los muebles, entrando y saliendo por las puertas
abiertas, una profanación bestial que tiene la
densidad de una sombra, que envuelve las cabezas en pesadillas terribles, que va cubriendo con
tristes velaturas las luces de las lámparas en un
vuelo blando de pájaro mortal.
No salgo al sol porque me da pena. No me
baño - mi placer favorito - por no verme el cuerpo, que me parece una mancha de impureza.
A ti, hermana mía, puedo contártelo todo sin
rubor. Sabes que nunca quise casarme con Alonso; pero que nuestra buena madre me dejó en herencia este bonito negocio. Le quise después, por
costumbre, y la dicha comenzó á conducirme. Hoy
he visto que no le amaba sino como á hermano ó
amigo, como á un hombre bueno que me prodigaba delicadas atenciones.
¿Qué hacer hoy? Olvidar es muy fácil cuando
no !&gt;e tienen ojos; faltar al deber, muy difícil cuando se tiene conciencia. ¿Quién es la víctima? El
pobre corazón. Tentada estoy de seguirle, porque
su sendero es la verdadera vida.
¿Por qué no decírtelo, aunque me tiemble la
mano? Pedro me besó. Era una siesta. El amor
inflamó mi casa. Alonso estaba en el campo. Pedro me besó. ¡Ay!, mi boca está encantada; mi
boca dice siempre el elogio de sus labios, mi boca
está santificada por el único beso.
Una ráfaga de voluntad me evitó la caída.
Desde entonces son mis ojos fuentes de dolor, y
mi boca manantial de alegría.•

«Alonso vino anoche un poco tarde. Yo dormía. Llegó hasta mi cama y desperté. Me hablaba
lamentándose de su tardanza, mientras se despojaba las ropas, con esa su voz tierna y jovial que tú conoces - que parece una música.
Tuve lástima de su felicidad y de mi desgracia. Me avergoncé ante la idea de que aquel hombre se acostara en el mismo lecho que yo.
Aproximándose cariñoso, medió un beso. Bajo
la influencia de mis ideas y ante lo inesperafo
de la caricia, tuve un movimiento de repulsión
hacia la boca, que me pareció extraña.
Un brillo siniestro cruzó por los ojos de Alonso, y yo, pasiva entonces, me dejé acariciar.
Pedro se marchaba pronto. Lo había anunciado con naturalidad en una conversación indiferente aquella misma noche.
Cuando lo escuch¿ creí alegrarme, viendo próxima la separación. Luego en la realidad, ahora
en el silencio de la alcoba, junto á mi marido, que
tiene un extraño mirar, siento el vértigo del gow
que huye, de la dicha que se hunde, del amor que
se condena á morir.
¿Por qué?
Me senté en la cama. Alonso dormía con largas respiraciones que brotaban roncas por entre
la boca abierta. El cuello, estallan te de sangre, se
arrollaba en un grueso pliegue de carne por sobre la camisa. Su cuerpo, abandonado, tenía un
feo ademán.
Yo no podré nunca decirte lo que sentí, hermana mía. ¿Fué una bestial idea de crimen? Una
larga onda vibrante me recorrió los brazos.

Amaneció y aun me escuchaba, las manos en
el pecho, la fuga loca de mi corazón ... •

, ... Entre el diagnóstico que haces de tu enfermedad, hay en tus cartas un himno al amor. Al
amor duradero que vive alimentado por las historias milenarias, altivo y eterno como las esfinges.
Has llegado á creerte, ¡oh ermitaño de la llanura!, que amas ya de veras, y no es tu pasión
sino uno de tantos anhelos de las naturalezas curiosas, que se disipará una vez satisfecha.
Tus cariños deben ser el aire y el campo; el
buen vino y el buen manjar, desterrando de tu
casa el papel impreso.
Gran alegría tuviera yo de verte sano y fiel
amador. Propicio es á ello el escenario en que te
mueves, pero temo que tus nervios no puedan subir la cuesta que van bajando. Si consigues á esa
mujer y no te aburres, he ahí el remedio.
Esta vida heterogénea y voraginosa de nuestra
corte prende como una tela de araña con su perversidad. De entre su red invisible hay que encontrar un camino: el hilo laberíntico que guíe á
la propia vida. Yo encuentro esa senda, pasando
como espectador, con un lúcido juicio, con una
serenidad crítica y una sonrisa benevolentes, por
sobre todas estas cosas parlanchinas é intrigantes
que se llaman hombres.
La ruindad del medio es un mal, pero mal necesario para conocer la miseria.
El Desengaño y la Desesperanza van cubriendo el azul de nuestro cielo infantil, y el porvenir,
como el ensueño, se pierden en la lejanía de los
horizontes. Las tristezas muerden en nosotrós, y
la muerte del Deseo nos lleva á la aniquilación.
En mis paseos por este menguado campo de
Madrid, he leído tus cartas buscando su espíritu.
Ilay sol. Sobre la ondulación amarilla de los
desmontes, en esta hoscura de miseria; bajo la vibración soñolienta de los relojes que dicen la agonía de la cadncidad ambiente; ante el lienzo rojo
del sol crepuscular, de los rojos conventos - almas de la esterilidad del paisaje-, he tenido un
recuerdo de enamorado para nuestra llanura, para
esas almas pequeñas, llenas de bondad y de ignorancia, que viven mezcladas en nuestro vivir, y en
manos de las que tal vez seamos hombres.
En medio de la sutil variedad de esta vida favorable al apetito, saciadora de sensaciones para
los nervios curiosos; que exalta ó abruma, que
acaricia 6 muerde, tengo una visión constante en
el cerebro. Es la n·ostalgia de lo pasado, favorecida por el azul de las lejanías y el eh1bozo de lo inconseguido, que me aleja de la frivolidad y el vértigo hacia los silencios conventuales del ensueño.
De no fingirnos la imaginación un cuento en
cada noche, desdeñando la verdad por las mentiras piadosas, es necesario tener una cabeza capaz
de afrontar lo Imprevisto y de confiar en el propio triunfo.
Vengo de la calle. Unas luces rojas se meten
suelo abajo en un ziszás sangriento con el brillo
de la lluvia, y leves sombras huyen junto á los
muros. En la inmovilidad de un coche hay reflejos
de charol. El caballo duerme, baja la cabeza, casi
vertical el cuello. Del pescante vacío surge la fusta

como 1:1na ad~1iración. Una luz va y viene al lejos.
BaJu un larol rnJO hay una 1110zuela que cubre
su cuerpo con un chal. Le brillan los ojos cansados, bajo el pelo partido en b11nd6s. Al paso de
los hombres, sonríe y canta cantares perversos.
El pataleo de un café cantante surge de pronto. Las faldas ligerns de la impúber se pierden
en la noche cun el eco de unas tristes y falsas
palabras de amor.
Si no encuentras
el hastío en la posesión de esa mujer serás salvo, y debes,
entonces, á costa de
todas las dichas,
construir la tuya.
I'ero piensa que ese
tu amigo tiene tanto
rlerecho á no perder
la suya, y te juegas
en ello la vida que
buscas.•

RENACIMIENTO

El pueblo despierta perezosamente, rompiendo el crepúsculo el renquear
de las galeras y el
campanilleo de las
yuntas. El calor, soliviado por alguna
ventolina montaraz,
deja enervamientos
musculares. La luz
matutina aureola un
cerro; la tierra se llena de sol, y en la
alegría del amanecer
surgen oraciones de
la tierra.
El patear de unos
caballos alborota las
calles dormidas. Alg1111 ventanillo se entreabre curioso mirando á los madrugadores. Van ataviados con arreos de
caza, ginetes en bravos potros, en sus
caras la esperanza
de un día sin pesar,
atropellados entre
los perros, que ventean las presas en saltarinas
inquietudes.
~lonso y sus amigos van de larga excursión
al Cazadero. Pedro y Matilde, que les acompañan,
re~ornarán desde el Purnte acompañados de un
criado, para emprender, aquél su viaje y descansar ésta en su casa.
Pedro se encontraba realmente enfermo amed_rantado ante_ el ~ir? de sus sensaciones y ~u pastón. _Su asedio, t11111do casi siempre, más bien romántica galantería, fué infructuoso, y la ineficacia

del esfuerzo le exacerbó su neurastenia. Había
que partir, comenzar de nuevo la ruta inacabable
de judío errante.
. 1:os caballos levantan una nube de polvo. La
Jau na ven tea en los rastrojos, enloquece á los gritos de los ginetes, brinca gozosa entre las patas
de los potros.
Huertas y quinterías esparcidas por la llanura,
blanquean al sol.
Huele á paja quemada - olor de verano.
Los caballos saltan sudorosos, y
crecen las conversaciones entre el ruido
de los herrajes. El
vino borbotea en las
gargantas, y los perros corren - las
orejas inquietas, la
lengua colgante.
En la altura de
los ribazos, en la sumidad de los eriales,
en los linderos infinitos, bajo las zanjas, en los recuestos,
junto á las ruina~, en
los sitios humildes,
allí crece la flor de
malva, festoneando
el gris campesino,
ofreciendo una nota
fresca en el fuego
del campo.
·
Llegaron los cazadores junto al juncal de un riachuelo,
levan tan do vuelo
de aves, y bajaron á
tierra. Entre abrazos
y bromas hubo m1a
larga despedida de
camaradas.
Matilde y Pedro,
precedidos del viejo
servidor, em prendieron la vuelta.
Caminaron largo
trecho - sus caballos juntos- sin que
las palabras llegaran
á interrumpir lamonotonía de la marcha.
Temieron sentir
vergüenza de su proximidad si se miraban ó de
escurrirse en la pendiente peligrosa de las i~timidades.
Y ¿cómo seguir tan juntos, con la indiferencia
de un hastiado matrimonio, si en sus entrañas había, duramen~e sujeto, el latir de una pasión, alentada por el acicate de la dificultad y el romanticismo de lo inconseguido?
Sus cabalgaduras difundieron en el aire el temblor vagoroso y tierno de sus relinchos.
Pedro se marchaba, aguzado su padecimiento,

�lleno d espíritu de una infinita amargura, porque amor, como en un relámpago que levanta el velo
su suerte y su cobardía le perdieron un amor, el de la noche.
Al incendio de sus apetitos, libres del imperio
único sano, digno del mejor de los hombres. Y
ahora, al partir, cuando él mismo se marchaba cerebral, temblaron en sacudimientos que se habuscando nuevos infortunios para ahogar otros, te- cían casi angustiosos. La tierra quería ser el tánía junto á los ojos, cerca de la boca, casi entre lamo de sus nupcias - la tierra, que nunca tuvo
consolación de acequia, dulzura de hontanal, ni
los brazos, á la mujer deseada.
Tuvo remordimiento de aquella impotencia caricia de lluvia buena.
Las plantas morían abrasadas por la consunque le esterilizaba con ambigüedades é irresoluciones. Removido por· el orgullo - único balnarte ción de un sol implacable, por la pereza de una
en el que se defendía-, acicateado por la vani- raza, como las almas sedientas, sobre la lumbre de
dad de un posible triunfo y alegre por un relám- la gleba secular.
Una voz del viejo guía - ya oJvidado - los
pago optimista que inoculaba la mañana; ante la
serenidad de la mujer que parecía ofrecerse, sin- dejó inmóviles.
Aun triunfó aquel cuerpo, no rendido, ante el
tió, como en otro día, el imperio de las palabras
subyugadoras llenas de plasticidades pictóricas, y grito imperativo de la raza.
los hábiles atrevimientos insinuados entre la galantería de un caballero amante.
La idea de la soledad desamorada hahía heSIESTA
cho de Matilde su víctima, obscureciéndole la
mansedumbre de su cielo con un cendal de lágriEs la siesta. Sólo se oye el estridir tremante
mas. Pedro se iba, y con él la ternura única de su
de
las
cigarras. En la casa hay el frescor de los
existir; la felicidad prometida, que se alejaba ante
la magnitud del obstáculo. Vió envejecer su cuer- pozos.
Pedro y Matilde tienen el contento de los nipo sin la florescencia de una pasión, apagándose
ños, la jovialidad de los adolescentes. Corren por
en la obscuridad autumnal de su existencia.
Ante la separación inmed_iata que los exalta- las habitaciones solitarias, de las que sale olor conba, bajo la vibración solar que aceleraba la san- fortativo de limpieza, haciendo de las flores, robagre., movidos por un impulso de rebeldía, se to- das á las macetas, lluvia y alfombra.
El piano sonó loco y romántico, impetuoso y
caron las caras con un movimiento espontáneo,
de atracción orgánica, por las que temblaba el suave, bnzando por el patio todos los cánticos del·
amor: el lirismo de Grieg, la Serenata de Schuhálito santo.
Se miraron los ojos, profundos en la limpieza man, la galantería de una Gavota: una Sonata. La
matutina; se estrecharon las manos, y ya sólo fue- pasión voraginosa y mortal de Tristano; la poesía
ron libertad, almas. fecundas, corazones rendidos, romántica de Lohengrin; la polifonía eurítmica y
manantiales de vida. Se encontraron las bocas y evocadora de la Pastoral de Beethoven. . . Tose perdieron en el vértigo de las dulcedumbres, dos los gritos profundos que decían en el aire:
ron la voracidad de los que han hambre de VIDA.
Habían perdido el sentimiento de la realidad
amar.
Los caballos marchaban unidos, expandiendo y la orientación, obedeciendo sólo á los mandatos
en la claridad blanca del aire su&amp; blandos relin- que venían á través de las generaciones, acrisolachos, removiendo el polvo, que parecía un incien- dos en los nervios de los antepasados, · triunfanso votivo de la tierra al amor. El aire les tendía tes de todas las decadencias y las esterilidades
religiosas.
·
á la luz sus colas triunfantes.
Festejaron el triunfo de su amor, próximo ya
Verdean en la carretera dos hileras de árboles. Unos cerrillos pasan por el cielo sus líneas el sacrificio primero, vertiendo en sus bocas las rivagorosas. Las mulas giran en las norias chirrian- sas del Champaña. La inconsciencia los llevó de
tes. Andan trabajosamente; andan llenas de pere- la mano por un sendero de locura.
Cantaban los pájaros en sus jaulas. La fuente
za y de calor, tapados los ojos, moviendo las colas. Un agudo silbo hiende el aire; las mulas colo- decía un secreto infinito. Las hojas de las flores ponían blandura de alfombra al paso de los amantes.
can rígidas sus orejas y se paran, acechando.
En el huerto se hizo una música de árboles.
Abrasa el rojo sol. Paz en el silencio. Luz en
La atmósfera sofocante oprime la cabeza, difila luz.
Matilde y Pedro bajaron de sus caballos, bus- cultando el respirar. El cielo cárdeno viene sobre
cando el agua de un arroyo que corría e ntre el la tierra, achicando el ambieRte. Un golpe de
verdín de las piedras. De una suave ladera llegaba viento, que parece venir de una hoguera, arrastr.a
olor de retamas. La rotundidad de las cosas exul- las hojas, hace retumbar las puertas que se cierran, trae claros sonidos de cristales que se romta á los ojos.
Ya no eran esclavos del deber ni de las con- pen, retumbar de carreras.
El sudor baña el cuerpo, hundido en pereza
ciencias falseadas. No tenían memoria, ni los atasoñolienta.
ba ni desunía ningún cálculo. Eran la tierra hecha
Hay unos largos minutos de profunda calma,
carne, que emergía á la vida; el universo hecho
tras
de la que surge un vago olor de tierra mojaalma para crPar sin tristeza; el munchl hecho homda, y un relámpago seguido de un trueno balumbres, nuevos cantores de la fecundidad.
Se retorcieron como las llam;1s á los troncos, boso y rodante.
Fuertes hilos de agua chapotean las piedras.
secos por un largo tiempo de espera; se hundían
en sus cuerpos, como el agua en la tierra, tras las Se diría noche.
Pedro y Matilde, agobiados bajo aquel peso
sequías infinitas; descubrieron la claridad de su

mortal, agitados como por influencias magnéticas
p~saron po_r las estancias obscuras, lentos y ren~
d1dos, camino de la consagración.
. Un trueno estremeció los cristales con estrépito de mina.
·
La lluvia azotaba la calle con un ruido de
presa rebosante.
. Ante una puerta abierta, Pedro y Matilde, co~idos de la mano, un poco inquietos, vacilaron un
instante, mirándose á los ojos.
- No importa- se dijeron resueltos.
Y la habitación conyugal los envolvió en su
penumbra, regalada de ligeras esencias.
Los truenos cesaron y la llm·ia se oía lenta
co_mo un arrullo, cantaleando prometedora en lo~
cnstales.
. Crisol de una nueva raza había de ser aquel
nncón de Amor y Desamor.

OCASO

¿Qué hálito terrible es este que corre por la
casa? ¿Q~é viento de muerte ha tronchado una
flor de vida? ¿Qué maldición hay sobre esta tierra
seca?
El balcón de la alcoba está abierto. Una claridad de agua alumbra la estancia.
l\.Iatilde tiene inclinado el busto sobre la cama
en~arfiadas las manos entre la ropa, revuelto eÍ
pe!nado, en los ojos un gesto loco, en los ojos
a~1ertos y sobrecogidos, en sus suaves ojos de
v10leta.
El cuerpo de Pedro está sobre la cama bajo
de las ropas, hundida la cabeza en las al~ohadas, extendidos lo brazos, que parecen mostrar
la huella de otro cuerpo, levantados en una
postrera arrogancia las volutas rojas de sus bigo-

�tes: en la frenle un surco vertical, huella de su
muerte ...
Digno término de una vida de amor. Las infinitas esterilidades que atormentaron su existencia, hoy se habían de tornar hondura de goces,
mostrándole el camino de la salud y del equilibrio, consagrados en la posesión de un amor sin
término, como
las evolucio~ nes cósmicas.
Ahora que
en el ayuntamiento de los
cuerpos inAam ad os podía
poseerá la vida, hecha mujer, en una bella síntesis, saltaron rotas las
cuerdas líricas
de sus nervios,
y su sangre,
sazonada de
todas las torturas, extrabasada por una
ú I tima fiebre
de acabamiento y degeneración, ardiendo en la hoguera del supremo erotismo - abrazo al mundo - le derramó en su cuerpo, le anegó el cerebro cegándole los ojos, ¡trágico río de
su vida!
Fué Senda estéril lo que él quiso fuese camino
de amor, lo que él pensara fuese camino de
triunfos, tras el pesar de las lágrimas y las torturas más atormentadoras. ¡La Senda estéril, por la
que tantos enamorados de la VIDA van desgranando las músicas de sus corazones y deshojando
el breviario de sus almas.
Tuvo mied9 l\1atilde de la muerte y de la inmensidad de su infortunio. Tuvo el resurgimiento
momentáneo de la verdad y el contacto de su
vergüenza, sin corporeidad precisa, mezclados en
tempestad cerebral, pero que la herían como una
piedra que tuviera sobre el cráneo.

Gote;iban los árboles el agua de la lluvia; lucía
en las hojas el pálido sol; los pájaros cantaban una
acción de gracias. Los sapos silbaban en su monvtonía el elogio de la tempestad.
Un mueble sonó en un leve crujido.
l\Iatilde levantó sus ojos y encontró la mirada interrogante y fría de Pedro Sandoval.
Una flauta
escribe en el
reposo de la
tarde la resignación melancólica de un
epitafio.
ORACIÓN

Salve, monte sin abrigo,
hoy esfinge
del dolor. De
tus senos huyó la esperan,.
za. Trono eres
de la reina del
..
, , : ~"-,¡llano, la Tris:,,j 12,,v :pí~':' ' teza.
Salve, camino. Senda
eres hoy de
dolor. Tu lecho polvoriento ha envejecido, esperando ver pasar la cabalgata VmA. Tu gloria no
vendrá.
Salve, llano. Tu corazón se ha muerto, porque
los siglos te vistieron con una coraza de miseria.
Ya no eres un crisol, sino una tumba.
Salve, río; río sagrado, humilde río Guadiana;
tu hermana la llanura ha muerto. Hincha tus linfas,
desborda tus márgenes y haz de la tierra una laguna mortal.
No cantad, aceituneras; no cantad, segadores;
no cantad, vendimiadoras. Vuestras preces son
himnos de dolor y se ha secado el óleo de nuestra humildad.
Salve, espiga, olivo, vid; no sed fuente de vida,
no cread con dolor. La luna os tiende su blanca
mortaja.

--

~

~-

~

.

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Díaz de Mendoza. - Rosario Pino. - Enrique Borrás. - Maria
Tubau. - La vanidad en los actores. - Los derechos del actor.El adulterio en el Teatro. - Teatro de acción y Teatro de ideas.
Los orígenes de la risa. - José Santiago. - José Rubio. - Balbina Valverde.-Matilde Rodríguez.-Loreto Prado.-Emilio Carreras. - José Moncayo. - La risa en el Teatro. - El arte escénico. -Teatro nuevo. -El apuntador.-La tristeza del comediante.

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Del mismo autor
NOVELAS
La enferma.
Punto-negro.
Tik- Nay (El payaso in-

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Incesto.
Loca de amor.
El seductor.
Duelo á muerte.

CUENTOS
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>Arturo Gómez Lobo</name>
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