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                    <text>VNO DE

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MÉXICO.--CALLEJON DEL ESPÍRITU SANTO NÚMERO 1.--APARTADO 468
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�Domingo 8 de Junio de 1902

TOCA, TOCA, TOCA....
Música de las "Campanas de C'arreóo."

Después de una permanencia de varios días
en Puebla, se regresa con las pupilas iñundadas de luz y los oídos atestados de ruido.
Aquella población privilegiada por su clima y
por su cielo, histórica y heroica, tiene en la
República el monopolio del ruido. No ciertamente el de las bocinas de las máquinas, habiendo muchas, ni del rodar de los carruajes,
ni el de los timbres de los tramías, ni el del tumulto ensordecedor de las multitudes.
En Puebla el ruido no viene de abajo, sino
que cae de arriba; ahí, en tiempo de guerra
truenan cafiones, y en tiempo de paz repican ó
doblan campanas. En una exposición de la
campana á través del tiempo y del espacio,
Puebla obtendría, sin competencia posible, el
gran diploma de honor.
Las hay &lt;le todos tamaños, desde la saboyana hasta la Campanilla de los Apuros; de todos los timbres, desde el ronco bordón hasta
la aguda esquila; de todos los tonos, desde el
contrasol grave hasta el fa sobre agudo; de todas las escuadrías, desde la del coloso hasta la
del pigmeo. Con aquel brouee podría fabricarse
no sólo una columna, sino una columnata Yendome, y rehacerse toda la artillería alemana. Y
no es eso lo peor. sino que suenan todo el día y
casi toda ln. noche y presiden á todos los actos
de la vida.
A las cuatro de la madrugada, el alba, discreta como luz de alborada. La noche se despide con campanadas lentas, monótonas, como un sueño que se disipa. Aquello no es alegre, regocijado, entusiasta como surgimiento
de aurora, sino lánguido y triste como despedida de sombras. Aquella despedida es eterna;
dura, se prolonga, se perpetúa, parece que no
ha de terminar nunca. .Julieta parece decir á
Romeo: ,lNo, no es la alondra; es el ruiseñor."
El toque de alba dura hasta muy entrado
el día y enlaza pintorescamente con la llamada general 'á las primeras misas. Este campaneo es apremiante, conminatorio, precipitado. No settrata ya de arrullar las últimas horas del sueño, sino de excitar á los perezosos,
de hacer saltar de la cama á los retardatarios;
de despoblar las alcobas, de repoblar los templos. El campaneo es general; como al rededor de cada casa hay tres ó cuatro iglesias, .en
cada iglesia diez ó doce altares y en cada altar se dicen de tres á cuatro misas por hora, y
como para cada misa de cada altar y de cada
templo se haqen tres llamadas, más ó menos,
de diez minutos cada una, á partir de las cinco de la mañana, y á veces antes, Puebla se
inunda de armonía; todo vibra, todo resuena; se cree estar dentro de un piano á la hora
del estudio; nadie oye lo que otro le dice, y sólo por escrito puede comunicarse el pensamiento.
Aquella sonora situación se prolonga más ó
menos hasta medio día, qon una variante: entre nueve y diez las campanas llaman á misa
mayor por columnas de compañía; ya no suenan en orden disperso, sino en masas compactas, por grandes efectivos, maniobrando
por cuerpos de ejército, de cien en fondo, y
anunciando en la misma forma todos los pasos de la ceremonia y las trágicas peripecias
del santo sacrificio: el introito, el prefacio,
la epístola, el evangelio, la consagración, la
elevación, etc., etc. Viene después á las doce
el Angelns, que dura generalmente hasta que
se acaba.
A las dos de la tarde, derrengados, los campaneros se retiran á almorzar dejando suplentes que de ahí á las tres dohlen por los muertos ó repiquen en conmemoración de los fastos
nacionales. A esta hora se reanudan los trabajos con h pertinaz y lenta cuanto interminable llamada al sermón y ésta encuenda, sin
levantar mano, con las llamadas al mes de
María, al Rosario ó al culto de Nuestro Amo.
Excusado es decir que todos los campanarios
repican sit1 cesar al descubrirse y al volverse
á cubrir la Forma, al entonarse cada cán-

EL MONDO ILUSTRADO

EL MU.NDO ILUSTRADO
tico á cada padre nuestro y cada ave maría y
durante el desfile y procesión de los fieles.
Gracias á estas acertadas disposiciones, puede llegarse sin dificultad hasta las ocho de la
noche, en que se inicia el toque de ánimas; vienen después la queda, el cubrefuego, etc.,
etc., que permiten ccsperar l'alba novella.,,
Al día siguiente todo vuelve á comenzar dentro del mismo programa. Los domingos y días
festivos, los repiques y llamadas son dobles y
más intensos.
Ante estos hechos patentes é innegables,
ocurre preguntar ¿á qué horas platican los poblanos? ¿á qué horas meditan? ¿á qué horas
duermen? ¿cuál es el jornal de un campanero
de número ó de un adjunto? ¿qué tanto por
ciento de la población vive en los campanarios y de los campanarios'? ¿qué número de
brazos quedan disponibles paral::J agricultura y
la industria'? ¿si no tendría más cuenta la tracción eléctrica para las campanas en vez ele la
tracción animal? y en este supuesto ¿si los miles
de caballos de vapor que suministran las caídas de Portezuelos bastarían para dar vuelta
á las esquilas y hacer oscilar los badajos? Caso de no bastar, que no bastarán, ¿no podría canalizarse hasta Puebla la fuerza que
desarrollan las Cataratas &lt;lel Niágara con el
objeto indicado?
Sobre todos estos interesantes puntos quise
ilustrarme; pero janúls püde oír á mis ilustrados interlocutores ni hacermr oír de ellos.
En Puebla hay que vivir en silencio en medio del ruido.
Ya en México he sabido que un estadista
poblano ha calculado que con el bronce de
las campanas de allá, se puede hacer una coraza al planeta, y que puestas unas al lado de
las otras las vibraciones que producen al día,
se podría hacer con ellas una guirnalda á la
VíaLactea.
En esto me parece que hiiy algo de exageración.

EL HEROE.
Es en las afuéras ele la ciudad, al extremo
de un camino. Hay un cerco, algunos metros
de tierra buena, y en el fondo, con las ventanas sobre el río, una casa de modesto propietario, semirrentista, semipaisano.
Es allí donde vive el viejo.
Tiene cabellos blancos, barba blanca, una
faz como una mota de algodón, donde parpadean dos ojos de color de tierra.
Pues todo el día él remueve la tierra, la
buena tierra; y las rosas germinan, se abren
f n turno suyo; las rosas de carne, las·rosas de
sangre, en una floración maravillosa, como
para perfumar todas las fiestas de la virgen
durante un siglo.
Pero los pájaros que pasan por encima del
jardín agitan las alas y siguen sin jamáR detenerse allt Porque sobre el anciano, solitario y grave, sobre las ventanas, sobre las roRas, flota una polvareda de tristeza, impalpable y pesada.
Nadie penetra nunca en el jardín, en la casa.
Algunas veces, muy de tarde en tarde, un
kepü, galoneado aparece en la portezuela cerrada del cerco; es un coronel ó un general, que
al cruzar por allí se ha acordado.
-«Sí, creo que es aquí.. .... »
Y se detiene entre dos trenes para cumplir
la peregrinación. El oficial sacude el cerco.
La puerta continúa cerrada; pero allá_ lejos,
en medio de loR roRales, hay un viejecito, inclinado sobre las platabandas.
¡Hola! ...... buen. hombre.
¡hola!
El hombre se vuelve, apoyado sobre la
azada.
-¿Es aquí e.onde vive el coronel Nominé'?
Entonces sucede siempre lo mismo. El vie•J •••

jo, sin responder una palabra, deja la azada,
se aleja, entra y corre el cerrojo en la casita,
donde permanece encerrado, hasta que el kepis, cansado de esperar, se retira y dobla el
recodo del ca.mino.
El coronel Nominé......
Un vuelo de victorias se eleva ante este nombre ....... Fou-Tcheu ...... Bac-Winh ...... .SongTay..... .Tuyeu-Quau ..... ·Lo suficiente para
llenar la tela de una bandera.
Y era á él á quien se veía siempre adelante,
con el sable rojo: un héroe.
Cuando regresó ele las rutas de gloria, se retiró á su ciudad natal. Una pequeña ciudad,
lamida por el Mame.
Y la ciudad se enorgulleció. La municipalidad organiz6 fiestas. Sus conciudadanos se
unieron para ofrecerle una espada de honor;
él rehusó las fiestas; rehusó la eRpacla.
Llegó en un tren nocturno, y bordeando las
murallas para no encontrarse con nadie, corrió á encerrarse en la casa á orillas del río,
sin atravesar la ciudad, á la cual no bajó nunca.
En los primeros tiempos, varios indiscretos
recorrieron el camino del ermitaño. Había
tantas cosas que ofrecerle! candidaturas políticas, presidencias de mil sociedades. Todos
choMron con la puerta del cerco, inexorablemente cerrada. Y poco á poco se cansaron ....
Se dijeron:
-«Es un salYaje; un hipocondríaco.»
Y él, en su jardín, mientras cultivaba RUS
rosas, miraba...... miraba muy lejos, en el fondo ,del, espacio ...... Era una evocación lo que
alla yeia.

Los soldados marchan cantando, á lo largo
de las rutas amarillas ......
Luego, bruscamente, ligeras burbujas ele humo pasan por entre los bambúes; y la canción
se interrumpe; los hombres se estrechan, llenos de ansiedad. Algunos prorrumpen en un
¡ay! y se abaten. Las filas están graves....
Luego son pagodas que se escalan al través
de los rosales ...... Trofeos de cabezas cortadas
...... Después, la desolación febril en los plantíos de arroz, á los cuales se entra hasta la rodilla ...... y cosas allí perdidas, sumidas en el
fango: fusiles rotoR, soldados muertos ......
Y aquélla era su obra, su gloria.
Esa visión de la muerte que hahía creado,
lo perseguía, alzaba ante él como el eterno espanto. El olor fétido le oprimía la garganta
...... aun entre las rosas, aun en medio del perfume y de la vida de aquellas flores fragantes
y múltiples, que cultivaba con pasión.
Pues éste era •m sueño actual: castigar la
tierra que alimentó él con cadáveres, y hacer
germinar en ella la vida..... .
Una vez una mujer se presentó en la casa.
Era alta y bella. Venía de muy lejos. Se
había entusiasmado con las acciones del héroe
y partió ele su casa, atravesó Francia y llegó
para tributarle simplemente su admiración ...
Llamó en la puerta del cerco, como los
otros, y se halló frente al anciano.
Xo la despidió. No huy6 ante la importuna
....... Pues la gloria siempre es dulce cuando
se refleja en el coraión de las mujereR.
Ella comenzó, un poco exaltada:
-¿El corenel Nominé ...... el héroe?.....
El la interrumpi6 dulcemente:
-¡Chist! ...... Yed mis rosas ..... .
Las contemplaba, conmovido de ternura y
orgullo.
Las milagrosas flores ondulaban sobre sus
tallos como en un altar maravilloso...... Pero
de pronto, el anciano palideció; un soplo de
terror pasó por su rostro.
Aquellas flores eran demasiado exuberantes; parecían congestionadai•, con una intensidad de vida extraordinaria. Su floración desbordábase, invadía el espacio.
Y si él hacía así levantar en derredor esa
vejetación anormal, espantable, ¿no era acaso
.porque llevaba adheri&lt;los á las suelas de sus
zapatos restos de podredumbre, piltrafas de
cadáveres que fecundaban la tierra bajo sus
pasos?
La visitante llevaba, en testimonio de su

Domingo 8 de Junio ele 1902

puede deeirse que lrnya logrado la
notoriedad Ít que era acreedor. La
república no podía tenerle confianza: era muy natural; él no la quería. Al imperio no opuso reiaif;tencia, todo lo contrario: le aylllló en
su desarrollo; pero cuandoi;;e le ofrctía algún cargo, no lo accptabn, alegando lo incompatible de las labores á que estaba acostumbrado, con
las que le impusieran los deberes civiles, 6 de pública administración.
Cuando la guerra, le aconteció
una av1::ntura que hizo circular mucho su nombre entre el público. Era
prefecto de su pueblo natal (Frottcr pres de Vesoul ) y tuvo que
marchar rumbo á Breme; allí se desarrolló el sucedido.
El nombre de l\Iontepín gozaba
de celebridad y corría de boca en
boca. Se supo su llegada al pueblo
alemán é hizo el ruido consiguiente,
por más que nadie ó casi nadie de
aquella gente supiera ú punto fijo
á qué ¡;e debía aquel renombre. Un
empresario y director de conciertos
PIERRE Lon.
crey6 que se las había con un cantor célebre y se apresuró á in,vitarlo
para que desempeñara un número
sensacional en la fiesta que &lt;'staha
JAVIER DE MONTEPÍN.
para dan,e. Prometiúle un programa
extraordinario, u1rn. «claqt;en 8Ín precedente. todo cuanto, en casos i:,eLa última y mu,v eélC'brc figura de
mejantes, ofrecen los nrgodantes de
aquellos novelistas populares que
Alejandro Dumúi&lt;, pitdre, capitanenespectáculos.
l\Iontepín rió ·con RUS comp11iíe1,a y de los que Dencry era el penúltimo supervi \'iente, acaba de desaparos; pero no can tú, no podía cantar.
J,-:;l empresario se había adelantado
recer. Javier de 1Iontepín ha muerto.
Siempre la crítica se clió amplio
y el anuncio circulaba ya en público. Llegó la hora del espectáculo y
vuelo en el campo de la obra de tan
fecundo novelista; algunos pedantes
CORONEL FRANCISCO ORLA, nombrado Enviado extraordinario
hasta entonces se explicó la equivocreen darse importancia de selectos,
y Ministro plenipotenciario de Guatemala en México.
cación del empresario. El público
diciendo, que desconocen por completo la
su tío, el marqués de 1Iontcpín, lo desheredaconcurrente al teatro no se molestó é hizo sólo que se le explicara con claridad quién era
producción de .Montepín; otros se burlan; pese y lo confinara al castillo de 1\Iontepín, en
el huésped notable que tenía el pueblo. Sobre
ro la multitud, qne durante medio siglo Re
l\Iaconnúis, ni que su padre lo descorazo1rnra
este asunto 1lontepín escribió, .v á la vez que
rió y lloró con las narraciones del conde, esa
en sus primeros ensayos. Por todo pasó y fué
multitud que glorifica r consagra, atestiguará
á redactar un periódico, «Sílfide," dirigido por
aumentaba su fama, hizo que su engitñaclo
empresari(ganara dinero.
que en el escritor hubo imaginación desborun peluquero que le pagabaá tres francos (sedante, fecundidad prodigiosa y extraordinaria
senta centavos) la columna.
Pasó mucho tiempo mezclado á la vida papotencia de trabajo.
La notoriedad llegó poco á poco. ccLes Cherisien!;e por sus relaciones de periodi;;ta y de
Fué pródigo en las polémicas, en los artícuYaliers du Lansquenet" hicieron que la atenautor tPatral. Fué amigo de los do,; DumáR,
los periodísticos, y en las novelas:'lue se cuenci6n pública se fijara en el novelista, y cua11de Villemessnnt, de Deennery, de l::lcholl, de
tan por centenares.
do en el viejo «Fígaro» apareció «Mari de MarJulio Simón, ele lvon y de muchos otros. lla1\Io11tepín tenía vocación irresistible por las
garite, " «Villemes~ant, el director le dijo:
letras y tuvo que luchar con la frialdad del
«Amigo, esto es un éxito sin precedente, es
hía vi1&lt;to que la muerte le arrehatá'ua á totlos
sus compañeros y se había alejado á sus promedio en que se desarrollaba. No bast6 que
necesario que la no\·ela no termine, escriba
usted una segunda parpieclatlm,, en el pueblo de Cabourg,y en su be
llbima habitación de Passy.
te."
La pérdida ele su esposa le produjo un gran
Esta segunda parte tuvo tanto éxito como la
abatimiento y dijo que se sentía feliz con morir, para. marcharse al mundo en que habitaprimera, y ~Iontepín, defiaiti vamen te, se hizo céba su compañera.
lebre.
El porte de Montepín
era espléndido: su cuerpo
medía seis pies de altura,
poseíauna fuerza extraordinaria, manifestaba culto por todo lo bello y sn
mesa era magnífica y deliciosa, profusa y refinada, al grado de que sería
tlifícil encontrar otra semejante. El conde mi:&lt;rno trinchaba, servía y
cuidaba de sus invita.dos,
haciéndoles los honore:;
co11 una finura y sencillez
exquisitas.
J~ra benévolo con todos; pero ¡ay de aquel
que se expresara mal de
sus amigos: tenía una réplica inmediata, con palabra anona.dante y con\·icción apasiona&lt;lora!

admiración. una cruz de honor, recamada de brillantes.
-No ...... -dijo el viejo rechazándola.
Y le pidi6 el ramo de violetas que
llevaba ella en el peC'ho: porque esas
flores habíanse abierto en la tibieza
de un seno de mujer, ele una fuente
pura y fresca de vida.
-Pero-exclam6 la joven anguRtiada-el coronel, el héroe ...... ¿sois
vos·?
El viejo la empujó, contestándole
con la voz bruscamente dura:
-Idos ...... ¿Acaso no estáis viendo que no soy un soldado, que soy
un campesino?
La siguió con los ojos mientras
ella se alejaba. Por un minuto contempló la falda que desaparecía lenta en la curva del camino. Después
volvió á tomar su pala y prosiguió
removiendo la tierra.
Pero las paletadas de tierra caían
con un ruido blando y sordo, corno
sobre capotes &lt;le soldajos muertoR ...

***

JAVIER DE MONTEPIN.

Después de tanto trabajo y de tanto éxito, no

DR. HENDRIK MULLER, Comisionado bóero
que visita nuestro país,

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 8 de Junio de 1902

EL MUNDO ILUSTRADO

La obra poética en los Juegos Florales.

Y canté versos y ofrendé mis flores
Al Alma Genetriz, nunca rendida;
Volví á cargar mi aliorja de dolores
Y proseguí el camino de la vida.

Y o te ruego defiendas mi derecho
y que vengue tu brazo poderoso
los muchos daños que me habede11 fecho.
Por tu hermosa princesa del Toboso
persigue sin piedad á esos follones
sin concederles tregua ni reposo.

E infecundo y errante y solitario,
Anduve, anduve, y encontré doquiera
En cada flor un místico santuario
Y en cada coraz6n la Primavera.

Ellos son asesinos y ladrones,
destruyeron á heridas mi semblante
y robaron mis bellas ilusiones.

Anduve, y un aliento fatigoso
De incesante labor me perseguía,
Y del aura en el vuelo rumoroso
Palpitaba la enorme sinfonía.
De la vida inmortal, eterno emblema,
El maizal destrenzaba sus panojas,
Restallaba de súbito la vema
Al entreabrir su ramillete de hojas.
Flujo de savia con chorrear de fuente,
Bullidor, ascendía á los renuevos,
Fermentaba en el surco la simiente,
Y hervía el germen en los frutos nuevos.

DE ''NIEVES."
.... La llanura estaba desierta;
nosotros estábamos solos, pen·
sativos y teníamos quince años.

BUSTO DEL POETA AMADO NERVO,

MUSSET.

ejecutado por el artista mexicano Fidencio Nava,
y admitido en París en el sa16n de 1902.

Las pálidas nieblas, M~rfa, que bajan al nlle!.
Las pálidas nieblas que vienen de la al~a montana, .
Son tristezas muy,hondas, muy frías, tnst~zas ele Inv1erno
Que Yienen buscando las..muert;i~ íraganc1_as,
Las que huyeron~de.todos los ~ahces mustios
De los amarantos y de las acacias.
Declina la tarde: el Sol ha borrado
Sus múltiples oros, sus ópalos vivos y sus escarlatas
Sangrientas, y entona la sombra nocturna
Una melancólica y triste balada.
Escucha: la queja que vibra en el aire
Tiene entonaciones pastoriles, lánguidas;
Es la misma queja que oyeron antaño
Los tiernos pastores de la vieja Arcadia;
La idílica queja que el Pan mitol6gico
Preludió en su flauta
Y que reprodujo más tar?e Virgilio .
Bajo el hondo palio del cielo de· Italia.
El rebafio blanco, de impoluto armiño,
Silencioso y grave cruza la cañada,
Batilo suspira y Berta, la hermosa
Pastora gallarda,
Reclina en el hombro dél amado imberbe
La gentil cabeza de oro diademada.
Déjalos que pasen, ¡oh núbil María!,
Y bajo las ramas
, .
De este terebinto rumoroso y frag1l,
Juntos escuchemos la triste balada
Que entona la sombra, llenando el espacio,
La idílica queja que vibró en la Arcadia
Y que reprodujo más tarde Virgilio
Bajo el hondo palio del cielo de Italia.
· ¿No:es verdad_ que la agónica tarde
Es una plegana·?
Pues oremos. Amor es el Sumo Pontífice
Y son sus devotas las jóYenes almas.

VIEJO ESTRIBILLO.
¿Quién es esa sirena de la voz tan doliente,
de las carnes tan blancas, de la trenza tan bruna?
-Es un rayo de luna que se baña en la fuente,
Es un rayo de luna ........ .
¿Quién gritando mi nombre la morada recorre?
¿Quién me llama en las noches con tan trémulo acento?
-Es un soplo de viento que solloza en la torre,
Es un soplo de viento ........ .
¿Di, quién eres, arcángel cuyas alas se abrasan
en el fuego divino de la tarde y que subes
por la gloria del éter?
-Son las nubes que pasan,
Mira bien, son las nubes........ .
¿Quién regó sus collares en el agua! Dios mío?
Lluvia son de diamantes en azul terciopelo ..... .
-Es la imagen del cielo que palpita en el río,
Es la imagen del cielo ........ .
Oh Señor! La Belleza•sólo es, pues, espejismo,
Nada más Tú eres cierto~ sé Tú m\ último Du,eñ~.
.
¿Dónde hallarte, en el éter, en l_a t~erra, en m1~1msmo?
-Un poquito de ensu~ño te guiara_en cada ab1smo,
Un poqmto de ensueno..... .

-

GERMINAL.
Yo escuché la canción: era gigante;
Y en el misterio de la noche umbría
Y en el rodar del aura resonante
~
Palpitaba la enorme sinfonía.
_1
Y al aura pregunté: ¿Qué voz ignota
Y extrañamente musical, lozana
Como una juventud, abre su nota
Semejante al reir de la mañana"?
Y el aura respondióme-;¡Í;¡~·cÍo el vuelo!
Para emboscarse en las tupidas frondas:
Es un beso de amor, de amor y anhelo,
Que envolví al paso y arrastré en mis ondas.

Ramón Adrtan Vill&amp;lva,

Y al aura pregunté: ¿Quién de tal modo
Atruena el aire con su trova santa'?
Es el amor que lo fecunda todo,
Arrodíllate, y ora, y vive y canta.
Y escucha el salmo resonante y puro
En la hora sacra de dolor y prueba;
Es la Creación que marcha á lo futuro,
La materia inmortal que se renueva.
Que su victoria en el hogar pregona,
Y en la cuna desgrana su vagido;
Es la inocencia que su rima entona,
Es el beso de amor que ha florecido.
Y yo, el paria, el erra1.te sin amores,
Canté al amor en actitud rendida;
Volví á cargar mi alforja de dolores,
Y proseguí el camino de la vida.
RAMÓN ADRIÁN VILLALVA.
Septima Mención,

·-·

Á DON QUIJOTE.
Aqui vengo, -valiente caballero,

Nacido de un rubor y una esperanza,
En un naciente hogar, RU ritmo lleva
Los presagios de incógnita bonanza
Y los temblores de la carne nueva.
Y lo arrastro en mis alas, confundido
De los bosques sonoros al aliento,
Al úber polen y al cantar del nido;
Y en un fecundador sacudimiento
Yo los disperso en el caJlado am bie11te
Como átomos de vida; escucha, escucha,
Alzan la trova del vigor naciente,
El himno eterno de la eterna lucha.
Y de la vida ensánchase el imperio
Y todo canta á la naciente aurora:
Oficia amor y cúmplese f'l misterio;
Arrodillate y ora.

Severa Aróstegui.

Con tal motivo me presento agora;
pues no permitirás, oh noble andante,
que se burlen asi de una sefiora.
Ceñía con orgullo mi abundante
diadema, de cabello tan obscuro
como es el ónix y como él brillante.
l\Ii cara como albérchigo maduro.
los ojos negros, calidad suprema,
erguido el cuerpo y el andar seguro.
Esos gigantes de maldad emblema
al pasar hacen surcos en mi frente
y arrojan canas en mi real diadema.
Era mi corte noble y excelente,
formada por galanes escogidos
que á mis pies se postraban servilmente.
Imploraban amantes y rendidos
de mis ojos ardientes los destellos,
todos estaban de mi amor perdidos.
Rubios, morenos, varoniles, bellos;
y cuando ya escoger me proponía,
se volvieron borregos todos ellos.
Asi como en ridícula bacía
convirtieron tu «Yelmo de l\Iambrino,»
un palacio de ideales yo tenia.

Has de saber que soy una cuitada
princesa que del mundo en los confines
habitaba mi alcázar retirada.

En esta con~ición y en tal estado,
ya me matan la rabia y el despecho
por ese grande y vil desaguisado.

El comercio espera con ansiedad la terminación del muelle de acero que construye en
Tampico la Compailía del Central Mexicano
y que substituirá al de madera que destruyó
no hace mucho un terrible incf'ndio.
Los trabajos de construcción están muy
avanzados y no pasará un año sin que la gran
obra quede te1-minada. El muelle se asienta
sobre macizos pilotajes metálicos y su armadura está hecha bajo un sistema enteramente
moderno.
El tramo del frente de los edifieios de la
Aduana está concluído en todas sui:, pnrtes,
como puede verse en nuestro grabado. Considerado á lo largo, el muelle tiene dos serc:iones una alta y otra baja: la primera .queda á
la ¡ltura del piso de los furgones y mediante
la uniformidad de nivel, las operaciones de
carga y descarga serán fáciles en extremo.
La segunda, es la destinada á la vía por donde deben penetrar los trenes.

SEVERA ARóSTEGUI.
Sexta Meoción.

Cambiaron por completo mi persona,
convirtiendo en tu atenta servidora
á Su Alteza la gran iricomicona.

de tu famoso y formidable acero.

EL MUELLE DE TAMPICO.

¡Zus! ¡á ellos! Que vuele Rocinante;
contigo dudo que á luchar se atrevan.
¡Quítales porfavor un solo instante
de mi amor y mi dicha que se llevan!
l\Iéxico, Abril de 1902.

Unos encahtadores malandrines
robaron mi poder y mi corona,
con diabólicas artes los ruines.

Y en molino de viento de un camino
lo trocaron de pronto, y he quedado
quiera ó no, dando vueltas al molino.

á buscar el apoyo de tu espada,

Salvador Jllarflnez J,lomla.
Cuarta Mención.

Quinta Mención,

Y crecía el bregar como un anhelo,
Y, jadeante, triunfal como la gloria,
Hendió de pronto el estrellado cielo
Un grito de dolor y de victoria.

Domingo 8 de Junio de 1902

Laura M.éndez d" Cuenca.

SEQUÍA.
Reverbera la mica en la montaña;
las hierbas sin aroma y sin rocío
se despojan del lujo del estío
y enhebra en ellas su cendal la araña.
Mezquina sombra de menguada caña '
que ni á un gusano devolvier~ brío,
es codiciada por el mustio río
cuya corriente ni los guijos baña.
Desde alta cima el labrador otea
á las reses de sed desfallecidas
en la sabana que al incendio humea;
y mientras que las almas afligidas
á rogación convocan en la aldea,
las nubes de oro vuelan esparcidas.
LAURA MÉNDEz m; CuENcA.
Octava Menci{ln.

�EL MUNDO ILUSTRADO

.

~--e:

""'~

,~

Mme. HUMBERT.

La casa en la Avenida de la Grande-Armée.

Los grandes Estafadores

Esta situación duró veinte años, y la suma
total recibida por los esposos llumbert, ascendió á más de cincuenta y seis millones, que
permitieron mantener un gran lujo y comprar
numerosas propiedades.
Pero los Crawford, tío y sobrinoR, el testamento y los millones legados no han existido
más que en la imaginaci6n de la señora Humbert, autora y alma de toda esta audaz maquinación.
Un acreedor impaciente tuvo algunas SORpechas é indujo á la justicia á que visitase la
famosa caja fuerte.
La caRa donde se la guardaba al abrigo de
los indiscretos, está situada cerca del Bosque
de Boulogne, en el núm. 6.5 de la Avenida de
la Graude-Armée.
ll;s una suntuosa casa de tres pisos, hecha
de piedra labrada, y tiene un aspecto majestuoso. Las ventanas del primer piso están protegidas por fuertes rejas. La puerta cochera y
las ventanas están coronadas con un blasón
que tiene esta divisa: «Pro Fi&lt;le et Patria.» Es
bueno decir que tal blasón y tal divisa pertenecen al conde Branicki, á quien los Hnmbert
habían comprado el inmueble en 1886. por la
suma de 600,000 francos pagados ...... en papel. El interior del hotel es suntuoso: ricas
colgaduras, muebles raros y gran cantidad de
cuadros de famosos maestros y objetos d,1
arte.
Allí fué á donde, en ausencia de la familia
Humbert - que se había eclipsado misteriosamente desde la antevíspera del día 9 de ma•
yo -se presentó la justicia buscando la caja
fu~rte con los cien millones. Fué necesario
llamar unos obreros para que descerrajaran el
cofre· y cuando la puerta cedió, con gran sorpresa' se vió que allí no había más que. m~as
cuantas alhajas sin valor y papeles ms1gmfica:ntes.
Al siguiente día se practicaron algunas pesquisas en las oficinas de la Renta vitalicia! que
pusieron en cla_,ro que estab~ vacía l~ caJ~ social y que babia desaparecido Roman el Aurignac, qLte, con el concurso de Emilio y Luis
del mismo apellido y de tres empleados, administraba esa institución financiera, destinada bajo una apariencia de banco de seguridad, á verter las economías de los desgraciadoi- subscriptores en la escarcela de la hermana, preten&lt;;l.ida millonaria.
· La Sra. Humbert debe de contar unos cuarenta años. La reproducción de su retrato completa la resefia que pudiéramos hacer de su opulenta persona. Ha sido lo que la prensa llama
«una &lt;le las personalidades parisienses más conocidas.» Tiene gran partido en la sociedad
).llundana; y en su palco de la Opera -uno
de los más i·icos- hacía ostentación de sus hermosas joyas, mucho menos por coquetería que

HUMBERT.

-t, • .

,.
-~

r /1.....iél~

Xo data de a ver el principio del escandaloso robo que el mundo del noticierismo ha
bautizado con el nombre de Humbert-Crawford, y que ha pasado bruscamente d~l estado
civil al criminal, colocándose en la sene de las
causas célebres.
En el año de 1878, la señorita Teresa d' Aurio-nac originaria del pueblo de Bauzelle, cereaº de Tolosa, cóntrajo matrimonio con Federico Ilumbcrt. hijo &lt;lel señor Gustavo Humbcrt, jurisconsulto dii;:tinguido, que °:1urió. hace algunos años, cleRpués de haber sido diputado, senador, guardasellos y presidente de
la Contaduría (Cour de comptes). La esposa
llevó en dote la bagatela de cirn millones,
provenientc1&lt;, según el relato de la dama, de

Mlle. MARIA D'AURIGNAC.

la herencia de un riquísimo americano apellidado Crawford; pero durante los trámites testamentarios, aparecieron dos pretendidos sobrinos del testador, que obligaron á la señora
de Hum bert á mantener intactos los millones,
hasta que se obtuviera una resolución definitiva de los trilrnnales. Mientras tanto, el matrimonio hubo de vivir recurriendo á préstamos.

Domingo 8 de Junio de 1902

M. HUMBERT.

por mostrar públicamente una especie de certificado ele riqueza.
Federico Humbert nació en París el 19 de
julio de 1857; pronto, pues1 conta:á C?arenta
y cinco años. En 1885 8e hizo elegir diputado
en el departamento de Seine-et-1farne, donde
poseía grandes propiedades; pero los electores
no le renonron el cargo en 1889, y desde entonces se apartó de la política, repartiendo sus
ocios entre la pluma y el pincel. Exp,uR.o
varias obras en los Salones v. con el seudommo de Franc;ois Haussy, 1;ublicó hace tiempo un volumen de Yersos, entre los cual~s
hay unos que se llaman: «Los verdaderos i1cos. »
La señorita :María el' Aurignac es más joven
que la señora Ilumbert.
Román d' A urignac ha tenido una existencia muy accidentada. Después de Rer un humiltlc empleado en nn bazar de Tolosa, paRÓ
á la América del Sur, radicándoRc un tiempo
en Ranta Fe _y luego en Bm&gt;noR Aires. En
1885 fué al Cáueaso; en 1897 á -:\[adagascar y
más tarcle á Túnez, siempre practicando una
«explotación« ventajosa.
Las 6rdenrs de aprehensión contra los cuatro fugiti,·os fueron dadas inmediatamente, y
mientras tanto, han sido presos tres presuntos
cómplices: uno confeso,l\J. Parmentie.r, y rlos
antiguos notarioR, Durmout y Langlms.

M. D'AURIGNAC.

�6e la
cJ!(artinica.
Una eiudad
que desaparece.

LA CIMA DEL MONTE PELEE que hizo erupción,
destruyendo la ciudad de San Pedro de la Martinica, y causando la muerte de millares de habitantes.
Esta cima se encuentra en el extremo Norte de la isla y tiene 1,350 metros de altura
sobre el nivel del mar.

VISTA PANORAMICA t&gt;!:: LA CIUDAD DE SAN PEDRO, DE LA M AR,..
"

BENHANZIN, antiguo Rey de Dahomey, preso en Fort-de-France, Martinica.
En su cautiverio lo acompañan ocho de sus mujeres favoritas, su hijo, que está en el extremo
izquierdo del grupo, y su fidelisimo primer ministro, que se encuentra en el extremo de la derecha.

A,-(Al fondo ae ve el Monto Polée, cuya ~rupcl6n acab6 con la ciudad citada).

�Domingo 8 de Junio de 1902

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

La independencia ds Cuba.

A CUBA.

El día 20 del mes pasado se efectuaron en
la Habana las solemnidades más significativas con que se entregaba al pueblo cubano el
derecho de gobernarse por sí solo.
En todos los momentos de ese día reinó el
mayor entusiasmo. Los cronistas y corresponsales narran con espléndidos colores las fiestas, hs ceremonias oficiales y el conmovedor
regocijo que se apoderó del pueblo al ve; consumado el ideal que tanta Rangre le hab1a costado.
Los nombres de los héroes muertos en la
lucha y los de quieneR les han sobrevido, eran
pronunciados por todos los labios, en medio
de frases de gratitud, de bendición y de carifio.
Una de las solemnidades más conmoYedorag
fué la de izar la bandera de Cuba libre, en lo
alto del Castillo del )forro. Consideraban que

(UN CANTO DE GRAN ÉXITO.)

¡Todo en tí es portentoso! ¡Todo es bello!. ..
Desde el matiz de la purpúrea rosa,
hasta el ardiente y fúlgido destello
que el sol despide de su faz radiosa.

¡Perla del mar Caribe! Ya dichosa
puedes alzar tu frente soberana
tostada por el sol, y luminosa '
como el primer albor de la mafiana.

Ten esperanza y fe, que en el camino
impacientes te esperan los amores ........ .
v hoy para tí, la mano del destino
caricias tiene y desparrama flores.

Ya puedei:;1 en la ruta del Progreso,
posar tranqmla tu segura planta·
en tí la brisa es un perenne beso'
el mar te arrulla y el amor te ca;1ta!

¡Ya arribaste á la cima! Por doquiera,
para que el mundo tenga que adorarte,
como de una mujer la cabellera,
flota al viento tu mágico estandarte.
Tu enseña nuestras almas regocija
con el color que le quitó á los cielos,
y alegre y amorosa nos cobija,
como el ave en el nido á sus hijuelos.
Adoro tu bandera porque es mía:
al desplegarse con gentil donaire,
susurra el mar, el cielo se extasía,
la besa el sol y la acaricia el aire.

Partida del "Brooklyn", llevando á bordo al General Wood,

alto ni tan gentil como el árbol cubano;_ por
ei;;o , todos los adornos figuraban en pmuer
término las palmas. Como rasgo de amor patrio, debo repetir lo que oí de hoc_a ele un español: «Hay gente que no ha conuclo por ;omprar una bn.ndera.» Y es la Yerdad; ¡cuantos
pobres ga.c;tarían los pocos céntimos que tenían, en comprar eHe pedazo de trapo tan querido!
A laH 3 y 40 minutos de la tarde salió majestuoso ei «Brooklyn." A RU bordo salía de
Cuba el General Wood, y en el 1,)Iorro Castle,,
partían laR fuerzas interventoras. . .
Las bendiciones del pueblo red11mdo las
acompañaron en RU traw~sía, y al perder de
vista. las graneles moles de aquellos buques, el
pueblo cubano rermiró satisfecho: ya era enteramente libre. ¡Cuba era ya para los cubanos!

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j

Momento de izar la bandera en el Morro.

al estar allí colorado el glorimio pendón tricolor, cesaban todos los males de Cuba y por
ese-ideal Re derramó tanfa sangre. No es de
extrañar, pues, que las doce campanadas del
día 20 de ma~·o, horn en que ascendió la bandera, fueran sn.ludadas con un Rolo grito, salido de cien mil horas: «Yiva Cuba Libre;»
mezclándose á las campanas lanzadas á vuelo,
el estampido de los cañones saludando á un
nuevo pueblo, y las lágrimas que corrían por
todas las mejillas de hom hrrs y mujeres.
La enseña cubana flotó el día 20 orgullosa
en todas la1, embarcacioneR Rnrtas en la bahía,
y el vapor español«Alf~nso XII," al izarla en
sus mástiles, la saludó también con las salvas
de sus cañones.
La Habana Re vistió de gala; lavó la caraá
sus viejos edificios; engalanó sus palacios y
hasta en la más humilde casucha lueía la
bandera, el símbolo de la patria, y flotaba entre palmas que le ser\'Ían de adorno. La palmera es el símbolo de Cuba Libre. Nada tan

Domingo 8 de Junio de 1902

*'*
corresponRal nos

~uestro
ha remitido una
magnífica colecci6n de fotografías que represent.an el aspecto de la ciudad de la Habana en
los días de su fiesta.
En nuestro próximo número publicaremos
esa interesante información, y por hoy nos limitamos á reproducir en nuei:ltros grabados
cuatro impresiones tan importantes como curioRas: h partida riel &lt;!l~rooklyn," llernndo á
su bordo al Genera.l \Vood en cornpaiiía de las
fuerza~ interventoras, &lt;1ue pu rtía.n conmo,·idas
por la cariíio~a despedida que el pueblo IP.s hiciera. Xinguno habrá que al contemplar los
mil sombreros agitilndose, los mil paiiuelos ele
las bellas, danclo su adiós á los que partían;
nadie, al oír los gritos de entusiasmo, lo:- vítores al ejército hermano, negará que Cuba ha
sabido agradecer lo que por ella hicieron los
americanos.
El ((Alfonso XII," saludando al pabellón cubano, nos hace ver una significativa manifestación de nobleza hacia el ,·aliente pueblo.
El momento de izarse su pabellón en el Morro y la primera guardia que le da el ejército
de la República, son dos curiosas reproducciones que los pueblos libres verán siempre con
positivo agrado.

El "Brooklyn" y el "Alfonso XII" aa ludando al pabell6n cubano,

Con ella ve adelante, pueblo mío,
y ni al dolor ni al porvenir le temas
ama á la paz, defiende tu albedrío, '
y haz de los dos tus únicos emblema$.

..

Xo olvides que el trabojo dignifica,
que el perfume del labio es la plegaria ;
y no clejei--mi voz te lo suplicac1ue se eclip8e tu estrella solitaria.

-

BoNH'Acro BYR:--E.
Mayo, 1902.

La primera guardia en el Morro.

CAlXTAS DE MUJERES.
¡Qué bien has hecho en acordarte de mí!
Sabes que mi amistad no puede faltarte nunca. ¿Y pides que te jur.gue? Todo el día e!'tuvc llorando después de leer tu carta. ¡Pobrecita mía! Y ahora CO!lfidencia por confidencia.
También yo sufro; me casé como tú, ya lo sabes, como nos casamos todas las muchachas
de nuestra clase. Nos educan, según dicen,
para que podamos presentarnos en el mundo.
i Pero qué mundo tan pequeño! Cabe todo él
en un salón de baile. Y así es.

~1--;.,iJ
,-t'-,!.

¡'"'
~

/3.,
,,tt

.

...,

.,_

Al presenta1te en el primer baile, oye!' decir: éste es el mundo. El mundo, para el cual
te han educado. Por el que hm, aprendido
fran cés, inglés, equitación, dibujo; por el ()Ue
ga.~tas un dineral en trapos; por el que oyes
músic:i en invierno, Yas ú lo~ toro!' y á las carreras en primavera y recorres l ngares extra11jeros en verano V otoño. Aqncl primer Ralón
~e baile, mn.rca ·con i:;us paredes, ale~aclas p()r
ilusoria prn,vección rle espejos, el límite de tus
aspiraciones. En,:éñate á respirar en él, porque has de vivir de su ambiente; amolda tu
pensamiento y tn corazón en la hechurn á la
modn. &lt;le que Re viflten n.llí todos. Su~a ~u alma, guarismo irnügnificante, uno, s1 &lt;¡meres;
pero un alma al fin en el alma media, total
de una suma de aln;as insignifirantes, ceros á
la izquierda. de una unidad. Desde ese día,
frac más ó menos, conoces á todos los ~ombres que podrán ser tus novios, tus maridos,

tus amantes y tus amigos. Tienes donde escoger.
¿,Quién J,o duda'? Como en los baratillos de á
real y medio, las baratijas son diferentes; pero todas valen lo mismo. Si á tí no Re te ocurre, ¿.qué impoiia? No faltará quien te dé el
guión parn lml-'car empleo adecuado á tus
afectos. Para novio elegirás ( consejo práctico
y moralísimo) únicamente al que pueda ser
tn marido. Yo eonficso que me gushban para novioR los que i:;egím me drcían, no eran
hnenos para maricloi,;. Para maridos, son r('comendaclos: en primer lugar, los primogénitos grande,; d0 España, ricos y juiciosos. En
segundo, los hermanos menorei-, títulos también y más 6 menos juiciosos que los primogénitoR. En terr·ero, cualquiera cm1 las anteriores conclicionrs, annque no sea juicioso. En
cuarto, los emparentados con familias aristocráticas, que puedan añascar de aquí ó de allá
algún titulillo Kin grandeza ó sean, á lo menos,
caballeros ele Calatrava ó de Santiago, ó cosa
en fin, que trascienda á nobiliaria. Para éstos
Ron.condiciones indisperniables: mayor riqueza y mejores costumbres¡ por aquello de lo
que no va en llanto, que rnya en suspiros. El
quinto lugar, para caso de apuro, como las últimas reservas en la milicia, lo ocupan bur"Ueses d&lt;' a.ver, «parvenus» inmens;:nnente ri~o&lt;:, en orden de preferf'nria de mayor á menor grado de düitinción, de mejor á peor origen de ri(Jueza, etc., etc...... .
Dime si cuantos nos tratan de matrimonio
proceden de otra Rnerte. «Madamminna, il catalogo é questo.» Sólo dejan de recomendarnos
uno el que nosotras amemos, sea quien fuere,
venga ele donde viniere. Como ,·es, en todos
estos casos y lugares, lo &lt;le menos al elegir un
hom hre, rs el hombre; lo importante es ,;u
condición social; su patrimonio, su parentela,
la casn en que vive, el coche que gufa, el caballo que monta, el ¡:;astre que le Yiste. Del
primer mnrirlo en quien yo pensé para marido, sólo recuerdo un trotón inglés, alazán tostado que guiaha en un «bugg_v» con ruedas
amarillas. Tanto es aRí, que cuando me Reguía en paseo, decía yo, ó pensaba para mis
adentros : «Ahí está. el caballito; ¡qué bien trota! ó cletrás Yiene el «buggy.» ¡C6mo se cono-

.

ce que es inglés en el rnido de las rueaa~!n ....
De otros hombres recuerdo, porque las aprend_í de memoria, páginas enteras de la guía oficial, donde rampaban Rus non1bres, seguidos
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de retahíla interminable de [ducados, condados, marqueRados, haroníai:; y sefiorías. Entreteníame yo repitiéndolos en voz alta, prei:;umiendo cuál retumbaría mús sonoro, anunciado en vestíbulos v salones. De otros husqlié
en la lista de accionistaR del Banco el núme~
ro correspondiente y calculé la re;lta de sus
acciones, ó me dí á visitar los cuartos desalquilados de sus finca,; y á ponerles precio. ¡A
tantos pretendí y tantos me pretendieron!. ...
Porque es indudable que los hombres han de
tener también su lis~'l y en ella no dehía vo
anclar de las últimas. Allá, entre las aristócratas de caudal saneado, juventud sana y educación sanfaima. Después de las aristócratas
opulentas y hermoRas por añadidura, Rumo
ideal dt&gt; perf~cciói:i, 111eta del gmn 1,steeplechasse» rnatnmomal ()lle c•orren á diario centenares de mozalbetes y hombres maduros.
¡,Y cómo me casé'? Come) quien Raca pareja en
una figura rlC' cotillón. ERtús f'n corro con
otras muchachas, detráR ]mi hombres en otro·
la m ÚRiea te aturde, la charla te marea. Lo~
&lt;los ~Ol'l'OS dan vueltas .v vueltas en opueRto
sentido. ¡Qué eoner, qué empujar, qué reir!
Su0na una palmada, te sueltas del corro, vuelves la cabeza .Y encuentras á tu pareja, con amable !-lonrisa, extendidos los brazos para estrecharte en ellos. Acaso te le presentaron aquella n_oche; acaso le ,·es por vez primera...... .
¡No importa! Todos bailan; á bailar. Así me
casé. Y en verdad, el motiYo que me decidi6
fué gracioso. Se casaba por entonces 1\Iarfo
Cruz Fuensalce con Fernando Moneada. "Una

�}

Domingo 8 de Junio de 1902
boda magnífica. ¡Qué regalos, qué vistas! Yo
quedé deslumbrada. -Un collar de perlas rosa
que fué de la Yallierc, según dicen; un zafiro
caboch6n rodeado de brillantes, maravilloso
y qué sé yo... diademas, broches, brazaletes,
un tesoro. Ya sabes que la abuela de María
Cruz tiene las mejores alhajas de Madrid y las
de mejor gusto, y puso lo más rico en la canastilJa de María. Pero lai:; ropas excedían á
todo en riqueza y buen gusto; como que la madre de l\Iaría CruzeE sin disputa lamujermás
distinguida de Madrid. ¡Qué ropa blanca!
¡Qué encajes! Unas enaguas de un tul especial, que parece seda á la vista y luego es finísimo y trasparente, y á la luz hace visos entre
blanco y rosa... . . . que no puede pedirse más
en enaguas.
En deshabillés de mañana, había obras de
arte, estilo \Vatteau, estilo Van-Dick, puras
preciosidades. Tan prendada quedé de uno
de ellos en particular: el de estilo Watteau,
de «surah céfiro y antiguos Valenciennes, &gt;&gt; que

no pude resistir al deseo de tener uno igual,
exacto y escribí á Robín aquel mismo día y
le pedi á papá lo que faltaba á mis ahorrillos
para completar los mil quinientos francos en
que pude sacar el peinador de mis sueños. Pero papá se puso furioso; no por el gasto, sino
porque le parecía impropio de una muchacha
soltera toilette tan costosa. Es una ridiculez,
me dijo; una prueba de mal gusto. Cuando te
cases podrás tenerlos iguales y mejores.
¿Sí?-dije yo-Pues si no está en más de eso
el ponerme lo _que se ~~ antoje, me casaré en
seguida. Cornente-d1Jo papá amoscado.-Y
el que primero lleg6 aquel día de mis pretendientes&gt; me ball6 decidida á ser su esposa.
Federico era un buen partido. Lo mejorcito
de la lista. Yo también para él, y nuestras familias aceptaron, muy complacidas, alianza
tan ventajosa. De cuantos me pretendían, Federico era quizás en el que menos había yo
pensado para marido. Su familia asistía á casa con frecuencia, sus hermanas eran íntimas
amigas mías; juntas pasamos algunos veranos
en su quinta de Zarauz; pero Federico viajaba
mucho; á Madrid s6lo venía de pasada; sui:;
amigos más íntimos eran diplomáticos extranjeros y nadie en nuestras relaciones, ni su familia misma, supo informarme de su carácter
ni de sus costumbres. Concertada nuestra boda, nos veíamos diariamente. Según costumbré francesa, todas lati mañanas me enviaba
un ramo; después le veía en el paseo de coches; algunas tardes me acompañaba á pie, comía en casa casi todas las noches, y allí se
quedaba de tertulia 6 nos acompañaba al Real.
En el tiempo que duraron nuestras relaciones,
no tuvimos ni un disgustillo. Eso sí, oos quedamos sin conocernos. ¿Qué habría dentro de
aquel hombre distinguidí¡;imo, de conversaci6n amenísima, que me hablaba de viajes, de
teatro, de Rociedad, de caballos, de coches, sin
contradecirme nunca, &lt;lispuesto siempre á sacrificarme sus gustos y opiniones'? ¡Blanquísima pechera almidonada: por más impenetrable te tuve que milaneRa cota de mis antepasados! Verda&lt;l que no me esforcé mucho
por dar con el defecto de la armadura. Probé
u::ia vez á darle celos y me dijo que no era celoso. Prohé á pedírselos y lo tom6 á risa. La
mayor prueba de consideraci6n -me dijoque puede dar un hombre á una mujer, es
hacerla su esposa. No comprendo que la esposa pueda tener celos de otra mujer. La reflexi6n no me pareci6 des pues muy s6lida;
pero la expuso en torio tan digno y con tal seriedad, que por el prohto me dej6 convencida.
Renuncié, pues, á mis escaramuzaR, que pudiera llamar de recohocimiento, y me dejé de
averiguaciones. Pr6xima nuestra boda, te-

EL MUNDO ILUSTRADO
nía tantas cosas en qué pensar más importantes. Los días ebteros me pasaba en correspondencia con modistas y sastres, mueblistas y
joyeros. S6lo el traje de boda me ocupó una
semana. ¡Es tan difícil reu!'ir la sencillez á la
elegancia en el vestido de boda! Por fin, entre «Robín» y yo dimos con una idea exquisita. «UUA vrai trouvaille. » Lleg6 también el
«deshabillé Watteau," causa inconsciente de
mi boda, y mis visitas compitieron con las de
l\1aría Cruz, y no se habl6 en Madrid de otra
cosa y me casé por fin ...... y pasaron días y
meses. En el aturdimiento &lt;le viajes, fiestas,
atavíos, lo que menos pude yo notar en mi
irnevo estado, fué cambio alguno en ideas y
sentimientos. Federico era el mismo de novio, siempre cortés, amable siempre; yo me
complacía en verme obsequiada por él, no me
fastidiaba nunca á su lado y aun le echaba de
menos cuando me dejaba sola. Emociones
tranquilas, costumbre de carifio, no era más.
Así, dos meses. Uú día, al cabo de ellos, después del almuerzo, al que habíamos invitado
á varios amigos de Federico, extranjeros la
mayor parte, anunci6me su pa1tida para una
expedici6n artística (no recuerdo si á Salamanca 6 á Toledo) que duraría cinco 6 seis
días. No sé qué sacudida sentí en mi coraz6n, algo no sentido basta entonces. Yo creo
que en la cara que puse debi6 de conocerse.
En lo que dije no, porque s6lo, como débil
protesta, me atreví á indicarle: hace mucho
frío, no vayas á coger una pulmonía. ¡Qué
vulgaridad y qué tontuna! De tantas cosas
como sentía desbordar en el coraz6n por vez
primera, no acudía á la boca sino aquella fiofiería. ¡Hace mucho frío! Frío hacía, sí, pero en el alma, frío de muerte que estrémeci6
todo mi ser, consciente al fin de que jugaba
con lo más sagrado del alma en una farsa de
amor insostenible. No tengas miedo. No me
hace daño el frío-me contest6 agradecido. Y luego ya solos, mientras preparaba el equipaje, al recordarle yo varias cosillas que olvidaba y pudiera necesitar, con un apret6n de
manos, me dijo a:i;nabilísimo: «¡Qué felices somos!" Esta es la verdadera felicidad del matrimonio; dos esposos que se estima~ y se
guardan siempre consideraci6n y respe\o.
¡Consideraci6n ! Sí; por qué forjarse ilusiones? Yo me casé sin amarle. ¿Qué raz6n había para que él me amase? ¡Consideraci6n y
respeto! ¿Para qué pedir más á un matrimonio combinado por cálculos de hombre práctico y caprichos de niña mimada? Pero él, si
no amor, habría sentido alguna vez las inquietudes, los goces de una pasi6n ardiente....... .
Algo sabía yo de sus amoríos con una mujer
casada. A él le bastaba. con la consideraci6n
y el respeto. (Estas palabritas, que trascienden á inglesas, se me atravesaron). Pero yo no
sabía lo que era amar, yo no había sacrificado,
como otras muchas, ningún emmefio por unirme á él, porque mejor me conviniera. Niñería, capricho sí pudo ser; cálculo interesado,
no. Y ahora el amor se venga y exige al coraz6n su tributo. Bien dice al pie una estatuita del diab6lico dios, que qompré en Sév1 es:
ce¡ Quel que tu sois, voici ton maitre,
il l'est, le fut, ou le doit étre!»

¡No querer nunca! Lo que se llama querer ...._.. Tanto -:ale no ha~er vivido. No; por
aturdida, por msubstanc1al, por ligera que
seas, por mucho que disperses y malgastes las
fucrzaR de tu corazón en mil fruslerías llega
un día en que, cansada de todo, las rcJnes en
tí y buscas para ellas más digno empleo. ¡Qué
feliz fuera yo si el encargo de un traje me divirtiese días, como antes, Rila compra de unos
caballos me abstrajese de toda otra idea! He
descubierto que tengo corazón. ¿Ves qué desdicha? Y sábelo; quiero, en fin, con toda mi
alma; estoy enamorada...... ¿De quién dirás?
No lo adivinas por mucho que lo pien~es ..... .
De mi marido. Dirás que no ves causa de desdicha y que peor hubiera sido enamorarme de
otro. Yo sí la veo y del segundo punto si
por malo lo tengo en mi conciencia; el c~raz6n siente que le hubiera estado mejor acaso.
Puedo decir á mi marido: me casé contigo sin

amor, sin conocerte casi; si el día de nuestra
boda_., al pie del altar, te hubieran cambiado
por otro, me hubiese importado del cambio
como del de un tenor en la 6pera, por indisposición repentina. Y ahora vengo á pedirte
calor y cariño del alma, porque tu varonil
hermosura me domina y la quiero para mí sola, porque cuando no hablas conmigo, á quien
juzgas sin duda incapaz de comprenderte y
nada comunicas de cuanto piensas serio y
grande, cuando hablas con tus amigo:-, olvidando que yo te escucho ...... te oigo admirada y bebo ansiosa tus palabras y quisiera mejor beberlas boca cnn boca... ¿Qué te parece
si le espetase una declaraci6n por el ei:-tilo?
Creería que había perdido el juicio y que me
burlaba de él, y adi6s consideraci6n y respeto.
¿Qué pensaría de este amor «sur le retour,»
violento, exigente, si yo pretendiera que no
se apartase de mí un instante, que no me prefiriese á sus amigos para tratar con seriedad
cuantos asuntos le interesan? ¡Qué idea tan
triste forma una de su condici6n de mujer,
cuando su esposo le replica, al preguntarle cariñosa, qué le·preocupa 6 entristece: ¡déjame&gt;
son asuntos míos, no es cosa de mujeres! ¡Ay!
¡Créelo! Tu amor culpable no te dará mayor
tormento que este mío, santo y legítimo. ¿Y
crees tú que él lo conoce? Si lloro, lo atribuye á los nervios y se apresura á traerme al médico; si trasluzco mi agitaci6n en mal humor
y displicencia, se retira á sus habitaciones sin
mostrarme contrariedad ni disgusto. ¡Consideraci6n y respeto! ¡Estoy condenada á ellos
toda mi vida! ¡Veces hay que le insultaría,
envidiosa de la mujer del pueblo, apaleada
por marido bmtall No hay remedio. Nunca
sabrá cuánto le quiero. Verá en mí á la esposa digna y respetable nada más. Aceptará las
caricias de amoríos que al paso se le ofrezcan,
sin remordimiento de que yo sufra por ello.
A fuer de hombre corrido y avisado, se creerá
alguna vez en el caso de dudar de mi fidelidad ...... sin increparme, sin pedirme cuentas
de su amor traicionado ni de su fe vendida,
satisfecho con que se cubran las apariencias y
no tener que darse por entendido. ¡Cuántas
veces me suele hablar como por tercera persona, de las que él llama escapadillas de la legalidad, y hasta parece que me traza la línea
de conducta en ellas, para que sepa hacerlas
sigilosas! Oye el fin de mi historia. Después
de batallar con impulsos diversos, venci6 la
resoluci6n de declararme. No me atreví de día,
ni de noche á la luz tampoco. Sentía que una
mirada de las suyas, al interrogarme con muda y fría curiosidad: «¿Pero mi mujer está loca
6 qué le ha dado?" ...... bastaría á turbarme ;
á enmudecerme confusa, avergonzada. Aguardé la ocasi6n ...... Y juntos, muy juntitos, á
obscuras, al oído, le fuí diciendo todo. Animada d( oirme, las palabras buscadas contrabajo primero, fluían después á par del alma,
con el calor del alma sentidas. Nada quedaba en ella. Ya lo sabía todo. La nifia caprichosa que se cas6 sin saber lo que era querer,
le quena con toda su alma...... ¡Pobre elocuencia del coraz6n! ¿Qué dijo Federico al
oírme? Nada; crey6 que le contaba como otras
no~hes, alguna historia de hablillas y murmur~c1?nes de an:iigas, como siempre, tonterías
sm 1mportanc1a y desde mis primeras palabras se quedó dormido ...... y dormido siguió
hasta la mañana siguiente, mientras que lloraba yo, desvelada por algo que sentía dentro
de mí. ..... Algo que había vivido de mi vida
para mí, nueva vida qua estremecía tbdo mi
Rer _e~ palpitaciones, ilusión y esperanza de
cancias ...... Antes de nacer como mi amor
había muerto mi hijo ah~gado en mis en~
trañas.
Jacinto be11av.enfe.

LUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 1.--NÚM. 24.

MÉXICO, JUNIO 15 DE 1902.

•1rector: LIC. l!Al'AfL Rtlf&amp; bPINDOLA.

Subsc ripci.5n mensual fornnen, $1.50
Idem. Idem. en Ju cnµ1tv1. ,, 1.25

(ierHtf!I LUI&amp; Rnr&amp; &amp;PINNLA.

•

•

j)rin¡avera Feliz.

(De la Colección Hillebra11d.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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Domingo 8 de Junio de 1902
boda magnífica. ¡Qué regalos, qué vistas! Yo
quedé deslumbrada. -Un collar de perlas rosa
que fué de la Yallierc, según dicen; un zafiro
caboch6n rodeado de brillantes, maravilloso
y qué sé yo... diademas, broches, brazaletes,
un tesoro. Ya sabes que la abuela de María
Cruz tiene las mejores alhajas de Madrid y las
de mejor gusto, y puso lo más rico en la canastilJa de María. Pero lai:; ropas excedían á
todo en riqueza y buen gusto; como que la madre de l\Iaría CruzeE sin disputa lamujermás
distinguida de Madrid. ¡Qué ropa blanca!
¡Qué encajes! Unas enaguas de un tul especial, que parece seda á la vista y luego es finísimo y trasparente, y á la luz hace visos entre
blanco y rosa... . . . que no puede pedirse más
en enaguas.
En deshabillés de mañana, había obras de
arte, estilo \Vatteau, estilo Van-Dick, puras
preciosidades. Tan prendada quedé de uno
de ellos en particular: el de estilo Watteau,
de «surah céfiro y antiguos Valenciennes, &gt;&gt; que

no pude resistir al deseo de tener uno igual,
exacto y escribí á Robín aquel mismo día y
le pedi á papá lo que faltaba á mis ahorrillos
para completar los mil quinientos francos en
que pude sacar el peinador de mis sueños. Pero papá se puso furioso; no por el gasto, sino
porque le parecía impropio de una muchacha
soltera toilette tan costosa. Es una ridiculez,
me dijo; una prueba de mal gusto. Cuando te
cases podrás tenerlos iguales y mejores.
¿Sí?-dije yo-Pues si no está en más de eso
el ponerme lo _que se ~~ antoje, me casaré en
seguida. Cornente-d1Jo papá amoscado.-Y
el que primero lleg6 aquel día de mis pretendientes&gt; me ball6 decidida á ser su esposa.
Federico era un buen partido. Lo mejorcito
de la lista. Yo también para él, y nuestras familias aceptaron, muy complacidas, alianza
tan ventajosa. De cuantos me pretendían, Federico era quizás en el que menos había yo
pensado para marido. Su familia asistía á casa con frecuencia, sus hermanas eran íntimas
amigas mías; juntas pasamos algunos veranos
en su quinta de Zarauz; pero Federico viajaba
mucho; á Madrid s6lo venía de pasada; sui:;
amigos más íntimos eran diplomáticos extranjeros y nadie en nuestras relaciones, ni su familia misma, supo informarme de su carácter
ni de sus costumbres. Concertada nuestra boda, nos veíamos diariamente. Según costumbré francesa, todas lati mañanas me enviaba
un ramo; después le veía en el paseo de coches; algunas tardes me acompañaba á pie, comía en casa casi todas las noches, y allí se
quedaba de tertulia 6 nos acompañaba al Real.
En el tiempo que duraron nuestras relaciones,
no tuvimos ni un disgustillo. Eso sí, oos quedamos sin conocernos. ¿Qué habría dentro de
aquel hombre distinguidí¡;imo, de conversaci6n amenísima, que me hablaba de viajes, de
teatro, de Rociedad, de caballos, de coches, sin
contradecirme nunca, &lt;lispuesto siempre á sacrificarme sus gustos y opiniones'? ¡Blanquísima pechera almidonada: por más impenetrable te tuve que milaneRa cota de mis antepasados! Verda&lt;l que no me esforcé mucho
por dar con el defecto de la armadura. Probé
u::ia vez á darle celos y me dijo que no era celoso. Prohé á pedírselos y lo tom6 á risa. La
mayor prueba de consideraci6n -me dijoque puede dar un hombre á una mujer, es
hacerla su esposa. No comprendo que la esposa pueda tener celos de otra mujer. La reflexi6n no me pareci6 des pues muy s6lida;
pero la expuso en torio tan digno y con tal seriedad, que por el prohto me dej6 convencida.
Renuncié, pues, á mis escaramuzaR, que pudiera llamar de recohocimiento, y me dejé de
averiguaciones. Pr6xima nuestra boda, te-

EL MUNDO ILUSTRADO
nía tantas cosas en qué pensar más importantes. Los días ebteros me pasaba en correspondencia con modistas y sastres, mueblistas y
joyeros. S6lo el traje de boda me ocupó una
semana. ¡Es tan difícil reu!'ir la sencillez á la
elegancia en el vestido de boda! Por fin, entre «Robín» y yo dimos con una idea exquisita. «UUA vrai trouvaille. » Lleg6 también el
«deshabillé Watteau," causa inconsciente de
mi boda, y mis visitas compitieron con las de
l\1aría Cruz, y no se habl6 en Madrid de otra
cosa y me casé por fin ...... y pasaron días y
meses. En el aturdimiento &lt;le viajes, fiestas,
atavíos, lo que menos pude yo notar en mi
irnevo estado, fué cambio alguno en ideas y
sentimientos. Federico era el mismo de novio, siempre cortés, amable siempre; yo me
complacía en verme obsequiada por él, no me
fastidiaba nunca á su lado y aun le echaba de
menos cuando me dejaba sola. Emociones
tranquilas, costumbre de carifio, no era más.
Así, dos meses. Uú día, al cabo de ellos, después del almuerzo, al que habíamos invitado
á varios amigos de Federico, extranjeros la
mayor parte, anunci6me su pa1tida para una
expedici6n artística (no recuerdo si á Salamanca 6 á Toledo) que duraría cinco 6 seis
días. No sé qué sacudida sentí en mi coraz6n, algo no sentido basta entonces. Yo creo
que en la cara que puse debi6 de conocerse.
En lo que dije no, porque s6lo, como débil
protesta, me atreví á indicarle: hace mucho
frío, no vayas á coger una pulmonía. ¡Qué
vulgaridad y qué tontuna! De tantas cosas
como sentía desbordar en el coraz6n por vez
primera, no acudía á la boca sino aquella fiofiería. ¡Hace mucho frío! Frío hacía, sí, pero en el alma, frío de muerte que estrémeci6
todo mi ser, consciente al fin de que jugaba
con lo más sagrado del alma en una farsa de
amor insostenible. No tengas miedo. No me
hace daño el frío-me contest6 agradecido. Y luego ya solos, mientras preparaba el equipaje, al recordarle yo varias cosillas que olvidaba y pudiera necesitar, con un apret6n de
manos, me dijo a:i;nabilísimo: «¡Qué felices somos!" Esta es la verdadera felicidad del matrimonio; dos esposos que se estima~ y se
guardan siempre consideraci6n y respe\o.
¡Consideraci6n ! Sí; por qué forjarse ilusiones? Yo me casé sin amarle. ¿Qué raz6n había para que él me amase? ¡Consideraci6n y
respeto! ¿Para qué pedir más á un matrimonio combinado por cálculos de hombre práctico y caprichos de niña mimada? Pero él, si
no amor, habría sentido alguna vez las inquietudes, los goces de una pasi6n ardiente....... .
Algo sabía yo de sus amoríos con una mujer
casada. A él le bastaba. con la consideraci6n
y el respeto. (Estas palabritas, que trascienden á inglesas, se me atravesaron). Pero yo no
sabía lo que era amar, yo no había sacrificado,
como otras muchas, ningún emmefio por unirme á él, porque mejor me conviniera. Niñería, capricho sí pudo ser; cálculo interesado,
no. Y ahora el amor se venga y exige al coraz6n su tributo. Bien dice al pie una estatuita del diab6lico dios, que qompré en Sév1 es:
ce¡ Quel que tu sois, voici ton maitre,
il l'est, le fut, ou le doit étre!»

¡No querer nunca! Lo que se llama querer ...._.. Tanto -:ale no ha~er vivido. No; por
aturdida, por msubstanc1al, por ligera que
seas, por mucho que disperses y malgastes las
fucrzaR de tu corazón en mil fruslerías llega
un día en que, cansada de todo, las rcJnes en
tí y buscas para ellas más digno empleo. ¡Qué
feliz fuera yo si el encargo de un traje me divirtiese días, como antes, Rila compra de unos
caballos me abstrajese de toda otra idea! He
descubierto que tengo corazón. ¿Ves qué desdicha? Y sábelo; quiero, en fin, con toda mi
alma; estoy enamorada...... ¿De quién dirás?
No lo adivinas por mucho que lo pien~es ..... .
De mi marido. Dirás que no ves causa de desdicha y que peor hubiera sido enamorarme de
otro. Yo sí la veo y del segundo punto si
por malo lo tengo en mi conciencia; el c~raz6n siente que le hubiera estado mejor acaso.
Puedo decir á mi marido: me casé contigo sin

amor, sin conocerte casi; si el día de nuestra
boda_., al pie del altar, te hubieran cambiado
por otro, me hubiese importado del cambio
como del de un tenor en la 6pera, por indisposición repentina. Y ahora vengo á pedirte
calor y cariño del alma, porque tu varonil
hermosura me domina y la quiero para mí sola, porque cuando no hablas conmigo, á quien
juzgas sin duda incapaz de comprenderte y
nada comunicas de cuanto piensas serio y
grande, cuando hablas con tus amigo:-, olvidando que yo te escucho ...... te oigo admirada y bebo ansiosa tus palabras y quisiera mejor beberlas boca cnn boca... ¿Qué te parece
si le espetase una declaraci6n por el ei:-tilo?
Creería que había perdido el juicio y que me
burlaba de él, y adi6s consideraci6n y respeto.
¿Qué pensaría de este amor «sur le retour,»
violento, exigente, si yo pretendiera que no
se apartase de mí un instante, que no me prefiriese á sus amigos para tratar con seriedad
cuantos asuntos le interesan? ¡Qué idea tan
triste forma una de su condici6n de mujer,
cuando su esposo le replica, al preguntarle cariñosa, qué le·preocupa 6 entristece: ¡déjame&gt;
son asuntos míos, no es cosa de mujeres! ¡Ay!
¡Créelo! Tu amor culpable no te dará mayor
tormento que este mío, santo y legítimo. ¿Y
crees tú que él lo conoce? Si lloro, lo atribuye á los nervios y se apresura á traerme al médico; si trasluzco mi agitaci6n en mal humor
y displicencia, se retira á sus habitaciones sin
mostrarme contrariedad ni disgusto. ¡Consideraci6n y respeto! ¡Estoy condenada á ellos
toda mi vida! ¡Veces hay que le insultaría,
envidiosa de la mujer del pueblo, apaleada
por marido bmtall No hay remedio. Nunca
sabrá cuánto le quiero. Verá en mí á la esposa digna y respetable nada más. Aceptará las
caricias de amoríos que al paso se le ofrezcan,
sin remordimiento de que yo sufra por ello.
A fuer de hombre corrido y avisado, se creerá
alguna vez en el caso de dudar de mi fidelidad ...... sin increparme, sin pedirme cuentas
de su amor traicionado ni de su fe vendida,
satisfecho con que se cubran las apariencias y
no tener que darse por entendido. ¡Cuántas
veces me suele hablar como por tercera persona, de las que él llama escapadillas de la legalidad, y hasta parece que me traza la línea
de conducta en ellas, para que sepa hacerlas
sigilosas! Oye el fin de mi historia. Después
de batallar con impulsos diversos, venci6 la
resoluci6n de declararme. No me atreví de día,
ni de noche á la luz tampoco. Sentía que una
mirada de las suyas, al interrogarme con muda y fría curiosidad: «¿Pero mi mujer está loca
6 qué le ha dado?" ...... bastaría á turbarme ;
á enmudecerme confusa, avergonzada. Aguardé la ocasi6n ...... Y juntos, muy juntitos, á
obscuras, al oído, le fuí diciendo todo. Animada d( oirme, las palabras buscadas contrabajo primero, fluían después á par del alma,
con el calor del alma sentidas. Nada quedaba en ella. Ya lo sabía todo. La nifia caprichosa que se cas6 sin saber lo que era querer,
le quena con toda su alma...... ¡Pobre elocuencia del coraz6n! ¿Qué dijo Federico al
oírme? Nada; crey6 que le contaba como otras
no~hes, alguna historia de hablillas y murmur~c1?nes de an:iigas, como siempre, tonterías
sm 1mportanc1a y desde mis primeras palabras se quedó dormido ...... y dormido siguió
hasta la mañana siguiente, mientras que lloraba yo, desvelada por algo que sentía dentro
de mí. ..... Algo que había vivido de mi vida
para mí, nueva vida qua estremecía tbdo mi
Rer _e~ palpitaciones, ilusión y esperanza de
cancias ...... Antes de nacer como mi amor
había muerto mi hijo ah~gado en mis en~
trañas.
Jacinto be11av.enfe.

LUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 1.--NÚM. 24.

MÉXICO, JUNIO 15 DE 1902.

•1rector: LIC. l!Al'AfL Rtlf&amp; bPINDOLA.

Subsc ripci.5n mensual fornnen, $1.50
Idem. Idem. en Ju cnµ1tv1. ,, 1.25

(ierHtf!I LUI&amp; Rnr&amp; &amp;PINNLA.

•

•

j)rin¡avera Feliz.

(De la Colección Hillebra11d.)

�Domingo 11&gt; de Junio de 1'902

EL .MUNDO ILUS'l'RADO
EL MUNDO ILUSTRADO

DIAS DE RO~;fA
Bl Jea11s.-Vna visita á la Bistori
La visita fué en la tarde; mas no había perdido mi mañana: no, en Roma no hay un momento que perder. Hay que verlo todo muy
de prisa, á escape, á merced del guía. Y luego-ya que no reverlo todo-volver so~o, enteramente solo, con algún compañero discr~to,
que no aode,que no se mueva,que no respire;
sobre todo, que no pregunte, que no pregunte, Dios mío, que se aleje, que respete á un
hombre clavado una hora 6 dos horas ante un
pedazo de estatua, sin impacientarse, sin mostrarse, sin decir ¡qué lindo es esto! ¡qué hermoso es esto! Nada: sin irse, ausentarse ¡oh!
ideal de los compañeros de viaje artístico!
-oh! ideal! Volver solo á algunas partes, á algunas cosas.
La soledad es un sueño irrealizable en estas
ciudades italianas, bien lo ~é. Entre lo bello
por la historia 6 por la estética y el contemplador, se interpone siempre un grupo de turistas ( el turista es un acridio que devora rápidamente la flor de la emoci6n estética y en
sus diálogos, observaciones, lecturas y vaivenes, torna árido el campo de la belleza). Mi
sensaci6n es que los turistas son americanos,
mejor dicho son americanas; en las cimas de
los campaniles, al pie de los monumentos, en
las cornisas de los coliseos, en las criptas de
las basílicas, en los rincones de los camposantos, en elfondo de las catacumbas, á la orilla de los golfos, en la ribera de los lagos, en
las isletas de los ríos, en el brocal de las fuentes, allí están, bonitas á veces, á veces feas
como peregrinas mejicanas, siempre parleras,
jamás conmovidas, con el eterno Baedeker en
las manos, el rojo Baedeker á un tiempo útil
y odioso; toda la Italia artística me pareció
enferma de escarlatina, tanto así la ví pringada de manchas rojas, gracias á la ·profusión
hormigueante del consabido librillo escarlata.
Los guías son ultrafastidiosos también, pero necesarios á veces para· ahorrar tiemoo, y
divertidos con frecuenci"t; {¡ mí me dfrertían
con sus descripciones enfáticas, sonoras y absurdas casi siempre. A otros los enojan: á mi
buen amigo Pancho Icaza lo encienden en ira.;
los acribilla á sarcasmos y á insultos interdentales; algunaR veces su cólera hace explosi6n en el rincón de una iglesia ó de un alcázar: «Pero, hombre, está usted loco; este sepulcro es del siglo XV,» decía !caza, en Toledo, á nuestro sacristán cicerone. « Perdone
usted, respondía el apostrofado, es del XIV."
«Pero, permítame usted, replicaba Icaza, no
sea usted bárbaro; no ve usted que es de D.
Alvaro de Luna.» «Sí, sí, triplicaba el guía,
D. Alvaro fué favoritc, del rey que lo ruzo degollar ...... » «Eso es, terciaba yo, con espíritu
conciliador, eso es, pero se mandó hacer su sepulcro antes de morir; un siglo antes.,, El sacristán se inclinaba agradecido y triunfante y
el Secretario de la legaci6n de l\Iéjíco, me decía furioso: c&lt;Hombre, con usted no se puede
tratar nada en serio.»

'

Lo que había visto en Roma en la mañana
del día en que visité á Adelaida Restori, era
,&lt;il Gesú. » El edificio en verdad no tiene imán,
no dice nada ó dice poco1 por fuera. Vignola
lo hizo (no tengo á mano modo de rectificar)
y este correctísimo señor, que era para los estudiantes de arquitectura de mi tiempo, lo
que el Vinio 6 el Heinecio para los de derecho romano, fué muy clásico y muy bien y
nada más; quizás eso basta, acaso no. En honor de la verdad, yo creí mucho tiempo que
el Viñola era un libro; pero ya veo que no:
era un arquitecto ordenado como un libro.
Por dentro el Gesú es espléndido; todo jaspes y mármoles ricos; todo oro, todo ostentación de brillo y lujo de advenedizos, que Í\
fuerza de amplificar el arte del cinrelador de

la joya y del relicario, arte nimio y sutil de
orífice y esmaltador, hasta darle gigantescas
proporciones y revestir con sus orfebrerías una
basílica, lograron crear una forma artística
nueva. Discutible y discutida, sin duda; todos recordamos la ir6nica é implacable aversi6n con que describe Taine el estilo lindo,
mundano, amanerado, alambicado del Gesú, y
en general de las obras de arte jesuitesco. Y
tiene raz6n, es un arte de decadencia, le ialtan la sencillez, la armonía, la majestad del
arte helénico y la exuberancia serena y sana,
hecha de fuerza y de gracia, del arte del Renacimiento. Es cierto, pero es encantador, es
adorable; yo tengo lagunas en mi sensorio estético; á mi me gusta Bernino y sus grandilocuentes declamaciones teatrales de bronce y
mármol; me gusta Canova y algunas veces
profundamente (y en esto Stendhal es de mi
opinión contra la de Taine); las dos figuras en
bajo relieve del sepulcro de los Estuardos, en
S. Pedro, son simplemente divinas; y me gusta ,cil Gesú». Decididamente, decimos en francés, tengo mal gusto; es el que tengo. «Nemo dat quod non habet» como perogrullaba en
su latín al alcance de todos uno de mis maestros de derecho.
Del estilo de.los plateros aplicado á la arquitectura y á la alta escultura, al gongorismo frecuentemente detestable de Churriguera,
¡qué caída, qué cascada de formas, qué alteraciones de líneas al capricho del dibujante,
qué transformaci6n de los graves y elegantes
órdenes clásicos reducidos á ornamentaci6n
pura, á puro accidente en un laberinto dorado
de florei; y florones, capiteles de fantasía com. plicados de festones de quimera, Yainas de oro
que aprisionan y deshacen los fustes de las
columnatas, al margen de los nichos y hornacinas habitados por. figuras policrómicas ele
santos en éxtasis! De aquí esos gigantiescos
retablos que parecen ostensorios esmaltaJos de
colores por las imágenes; verdaderas «iconostasis» que bajan al nivel de los altares de..c;de
los arcos de las b6vedas y que parecen escalas
místicas de Jacoh f'Oña&lt;las por monjas histéricas.

Más soorios, más correctos en su enorme
profusión ornamental, son estos altares del
Ge;iú, el de la capilla de San Ignacio, sobre
todo, que es típica. La impresi6n es que todo
está re,·estido de ornamentación de oro y mármol, desde la urna de bronce riquísima que
guarda las reliquias de ese caballero andante de
la Virgen María, hasta las figuras coronan tes de
la Trinidad beatífica que admiran el globo sin
par de ,dápislázuli" que representa al mundo
y que es un regalo de la Compañía de Jesús
al Eterno Padre. San Ignacio ( escultura en
plata), brilla en su gran aureola de metal.. ...
Y á mí me encanta todo eso.
Allí, junto al altar mayor, me encontré con
la tumba del cardenal Bellarmino; pedíle risueñamente perd6n mental por las injurias
personales que en mis mocedades le había dirigido; y una vez que me sentí perdonado por
el grande y bondadoso señor, me fuí saliendo
de aquel relicario de oro, ofuscado y coritento. Aquello me había gustaclo mucho.
El afán de irreverencia y desacato que caracterizaban la época en que fuí adolescente
(la Intervención, el Imperio, la Restauraci6n)
afán que circulaba en nuestras venas, ·p ues~
que estaba en la atmósfera que respirábamos,
como polvo levantado por gigantesca torre de-·
rrumbada, nos hacía cometer actos irrespetuosos, generalmente estúpidos, con cierta
frecuencia. Y o tenía por un retrato del cardenal Bellarmino que había en mi colegio, antigua casa de .Jesuítas, una aversi6n espe&lt;'ial.
:No sabía quién era aquel sabio cardenal jesuí-

cordaba poco, algo más mis versos: allí los
tiene, en su Biblioteca, en el tomo de sus recuerdos de Méjico; una Biblioteca de muchos
volúmenes, perfectamente ordenada. De Altamirano, mucho; la acentuadísima fisonomía
intelectual y física de aquel hombre que parecía un bronce recién salido del molde antes
de enfriarse, no inmutable como Juá.re~ sino
infinitam_ente m_~vible, como la pasión, había
causado tmpres10n honda y profunda simpatía en la Ristori. Del Sr. Lerdo, que fué como solía, admirablemente fino y galante' con
ella, se acord~b~ bas~nte: y llovían las preguntas y las msmuac10nes y de todo, sin esfuerzo, por solo el d6n de la admiración retrospectiva y de la emoción presente, hacíamos
brotar una flor que dejábamos á ~os pies de
aquella m ujer genial que decía que todo el secreto del artista cousistía en buscar el alma de
la obra dramática y crear co11 ella una realidad: entender, comprender, he aquí el secreto; compren~erlo todo, todo, y hacer con eso
un ser que vtva.. .... nos repetía.

(Del libro "En la Europa t.atina")

ta, fundador del ultramontanismo; mi profesor de 16gica me había dicho que era un «mocho&gt;&gt; (mote que, según me explicaba, era una
contracción de ((mochuelo»), y eso no habría
bastado, si su actitud, si su mirada no me
hubiesen inspirado el deseo de faltarle al respeto. Lo ruce clandestinamente; le transformé los bigotes, le pinté un gran ,,puro» en la
boca, ¡horrores y estulticias! Mas no puedo
olvidar el miedo con que lo hice; aquel fué
un acto más heroico que bárbaro¡ yo temblaba cuando detrás de la máscara grotesca de
que lo había decorado, adivinaba el verdadero retrato, el que tenía fijo en la memoria, su
mirada severa que me abofeteaba y me hacía
poner colorado. Por eso cuando tropecé con
su sepulcro, le pedí perdón, entre risueño y
temeroso.

ccTempi passati," me decía á mí mismo suspira1ido, mientras, {¡ pie, por el c&lt;Corso Vittorio-Emmanuele,» me encaminaba hacia la casa
de nuestro Ministro en Roma, con quien ib~
á almorzar. ¡Tiempos pasados! esa exclamaci6n resume todas las sensaciones que Roma
produce en quien pasa, en quien se va, en
quien se que&lt;la. Hasta lo presente, hasta lo
actual parece visto ~en una perspectiva cuyo fondo es la historia humana; todo aquí es
el pasado, hasta el porvenir. Todo vive de lo
que ha muerto. Roma es como la naturaleza;
la vida es una perenne transformación de la
muerte. Por eso es triste y divina. Una mujer joven, un niño,· una flor, un canto de hoy,
nacen aquí con mrn pátina de tiempos idos que
encanta y enerva; todos parecen envueltos en
una impalpable atmósfera de siglos muertos.
Cuando ll egué al palacio Giaccomelli e,:taba trahsido de frío, á pesar del espeso gabán
y de la caminata. Entré y un tibio y afectuoso ambiente de hogar mexicano me envolvió
como una caricia. En aquella casa era yo
siempre el bienvenido, quizás porque los señores adivinaban cuánto los quería yo y todo
lo que para mí significaban de familia y patria ausentes. Gonzalo un poco triste y delicado de salud, pero amable, cumplido y elegante y pulcro como nadie¡ su esposa deliciosamente dulce y buena. Las horas allí me parecían minutos.
De~pués de almorzar á la italiana, con sa- ·
brosísimos quesos y exquisitos vinos de oros
y rubíes, que olían á recuerdos de Horacio, y
luego de una conversación llena de añoranzas
y hecha de repasos de la juventud, la inatrapable fugitiva, llegó la hora de nuestra visita,
y en unos cuantos minutos estuvimos en la
casa señorial de la señora marquesa Capránica. Subimos, nos anunciaron, entramos en
un salón confortable, artísticamente decorado
con reliquias de triunfos y homenajes de vencidos y subyugados, y en el mismo instante se
present6 una anciana risueña y cordial, envuelta en sus paños de invierno, velada casl
la plateada diadema de los años por una cofia
de blondas negras, más corta de estatura que
cuando esculpía en nuestro sensorio las figuras divinas de Fedra y Medea y Lady Macbeth, hace más de un cuarto de siglo en el
.
..
'
"
escenar10 meJicano; pero con un lampo de luz
joven todavía en la mirada. No sin emoción
la besé la mano, recordando que, en premio
de unos versos, me había dado antaño un par.
de grandes besos en las mejillas .... .. ,qTempi
passatil»
.
De todo ello hablamos, á todo volvimos·
Gonzalo, á quien estima mucho, y yo, nos eñ~
cargábamos de ir despertando alternativamente sus reminiscencias, y poco á poco aquella
vieja decoración del Méjico de 76 ascendía en
el escenario de su memoria y se precisaba casi, aunque un poco pálidamente. A mí me re-

***
Le hablamos de las grandes visitas que había
te!:!ido la escena en Méjico, de Sarah Bernnardt:
para ésta no hay medios, 6 es divina ó es ins?portable; 6 es Doña Sol y Margarita Gaut1er.. .... Y Theodora, añadí. Sí, es verdad,
continuaba la señora, pero Theodora es un
gran escenario dramático más bien que un
drama. . O insoportable, seguí insoportable
como en «l' Aiglon. » Nuestra U:teriocutora no
había visto ,el' Aiglon.» Le expliqué que Sarah
allí era una calamidad á mi entender.
1
Record6 del París de sus tiempos la pasi6n
•paternali, que el gran viejo Dumás había sentido por ella: temperamento de fuego como el
de Altamirano, decía; y su rivalidad con la
R;ach~l, ,q~e tomó la importancia de un episodio histórico en los anales del segundo imperio. H ablamos de Eleonora Duse: no la reemP)~za á usted, señora marquesa, la sucede,
?iJe yo ¡~ra preparar con esta adulaci6n lo que
t?a á decir. _E}la, muy curiosa de mi impreRlón, me obb_go á detallar un poco, á analizarla por vez primera. No lo había hecho cuando
ví á 1!1 diva en Madrid. Me dejé fascinar por
ella sm buscar el porqué; la ví enferma obli' gada á detenerse en los muebles cuand~ recorría la escena, y creo que ese aspecto de histérica, bajo la diadema negra empenachada de
blanco, tal como la describe el autor de dl
F-uoco,» afiadía intensidad al efecto que en el
• auditori&amp; causaba.
verdad es que de las artistas supremas
que he visto, Ristori «in ca pite,» y Sarah y Car~tl (una cantañte que es una maravillosa actnz) y Sada Y ako, ninguna había tomado tan
profunda posesión de mi ,cemotividad &gt;&gt; que
dice Ezequiel Chávez, como Eleonora-' es el
arcángel de la emoción escénica.
'
No tuve empacho en manifestarlo así. Sí
f afirm6, la Ristori, es admirable á veces. E~
«La Mujer de Claudio,» incomparable. Yo la
prefería en ,cMargarita Gautier,» en la ccGio·. conda.» Esto sí rue guardé bien de expresarlo.
-Por acá viene, siempre que está en Roma
pros~guía diciendo la señora, deseosísima. d~
contmuo, de conocer mi opinión sobre el modo con que interpreta tal 6 cual papel; entra
como un huracán, me acribilla á interpelaoiones Y á veces, sin esperar mis respuestas, me
b~ las ruanos y se va. Es una soberana n erVtosa.-Si es una soberana, añadí, forjando
un leve retruécano, una soberana que es una
esclava; é hice alusi6n á D' Annunzio, .....
Rápidamente pas6 del francés al italiano y
más á sus anchas nos habló de sus hijos, de
s~s netezue~os, del susto que había tenido el
dí a del asesmato de Humberto..... . .. Su hijo
e~marqués, chambelán de ,&lt;la Regina" (la Regi~ es Margarita de Saboya, y á fe que pocas
f muJeres lo han sido tan completamente como
~lla! por el amor, por el es¡,íritu, por el inforunio), á quien conocimos en Méjico, joven. zuelo elegante y barbilindo, estaba en Roma
en ~l.momento del crimen; alguno le trajo la
. ~oticia, saltó del lecho y corri6 al teléfono;
d campanilla telef6nica rabiosamente tocada
espert6 á la señora Ristori; el tiempo de po-

u

f

1

t

nerse una b~ta y correr. ¡Qué pasaba! La espantosa ~a~idez de 1,1u hijo le revelaba una funesta noticia, per? del ~iálogo trágico que iha
Y venía por los hilos electricos no sorpre11día
más que un extremo cada vez más horrible
más doloroso .. : ~lla creía_9ue algo había pa~
sado en la familia de su hlJo, ausente en aquellos días; una desgracia, uno de los niños enfermo, muerto quizás...... Y la pobre abuela
se volvía loca de angustia y el marqués no
contestaba, imponía silencio con la mano su
voz temblab~, no quería perder una sílaba ...
Por fin hablo: ccé arn.mazzato il ré» ... ¡Horror!
(Y~ me fi~uro el grito: nadie ha lanzado estos
súbitos g~~os trágicos como ella.)
. Y camb10 entonces la escena iba yo á dec1_r, y nos habl6 de la reina có~o había reci?1do la notic~a, ~u espanto,' su agonía, y luego
su ~uelta á si misma, su entereza su regia seremdad_ salpicada de lágrimas, el' pobre hombre expuando en sus brazos sobre su traje de
fiesta, sobre el regazo de raso blanco salpicado
de sangre..... . Se había levantado; su voz un
tanto velada y sorda, recobró su limpieza de
acero y vibraba como una espada ... .. Cuando
_concluy6 su relato, s~ asombró de sí misma
de sus lágrimas, de su emoci6n admirable~
m~nt~ ,comunicada, de nuestro aspecto de adnurac1~11 temblorosa y pálida........ Gonzalo
aplaudi6, yo estaba inm6vil: había visto en
aq~el momento, la última gran escena d~ la
última gran trágica; porque ella fué la postrera encarnación ~e la tragedia clásica, porque
o!ras, otras ge~nales han humanizado la tragedia, la han baJado del templo, la han metido
entre nosotros, la han hecho más dolorosa:
ella es la única, es la última que le conserv~ba su sello divino, su carácter augusto: al
pie de su escenario se alzaba el ara de Dyonisos, la ccthymelé.»

***
En otro saloncito pulcro, sencillo, hecho ccad
hoc» para la conversaci6n íntima para saborear la música, para paladear lo~ versos nos
esperaba Bianca, aquella Bianca delidiosamente &amp;en~il, para quien el Méjico elegante de
hace vemtiocho años fué todo miel y flores ...
Doña Blanca, como todos la llaman es una
figura ideal, su cabellera precozment~ platea. da, encerrando en dos bandas lisas y sedosas
el 6valo fino y puro de su rostro blanquísimo,
levemente sombreado de rosa, sus ojos claros
y serenos como un madrigal de Gutiérre de
Cetina, su voz dulce y fresca como un hilo
cristalino de ccacqua vergine,» su esbeltez su
traje, todo en la ccmarquesina» era poético' era
úna evocación de arte de los tiempos en 'que
Luini y Botticelli pintaban sus madonas y sus
santas. Se busca involuntariamente e1 círculo
intangible del nimbo sobre la cabeza de Doña
Blanca. Nos sirvió una taza de té y · hablamos, hablamos ...... Primero de Méjico, por supuesto;
en ella más que en la madre el recuerdo es
preciso.
Los paseos, Chapultepec, las muchachits
mejicanas de la sociedad rica 6 ricacha de
entonces, su amabilidad exquisita (cámparegiabile,» diceDofüt Blanca), el camino de Veracruz á Méjico, todo lo recuerda minuciosamente. Deslicé cierta pregunta indiscreta.
¡Oh! sí, me han dicho, repuso, que ya es un
anciano casado, con muchos hijos, que vive
en París; nunca viene á Roma? Sí, la inform6 Gonzalo, pocos días haestuvo aquí.-¡Oh!
¿por qué no me vino á ver? Cuánto gusto habría tenido, él y su hermana, tan buenos amigos nuestros! Y el alma pura de Doña Blanca se veía en el fondo de sus ojos como una
concha irisada en el fondo de una ola en la
playa.
La conversaci6n se orient6 poco á poco hacia el arte dramático y volvi6 á la Duse, cela
de las bellas manos,» que dice el autor de
,cGioconda» (no de la Gioconda de Da Vinci).
Hablé de la extrañeza que en Madrid me había causado ver á la soberbia artista representar con profundo amor , precisamente en la
Gioconda, el papel de Silvia, que encarna la
lucha ibseniana entre el deber impuesto por
la necesidad social de conservarse y vivir, y la

Domingo tñ de Junio de 1902
asI?irac~óu del ~rtista hacia un mundo superior
( 6 mfe,nor, ¿qmén sabe?) de sensualismo é idealismo a la vez: la perenne batalla que riñen en
el corazón de los P?etas y de todos los hombres
de arte, _el amor simple y silencioso como la
abnPgac1ón y el sacrificio de la mujer que representa la noble y santa prosa del hogar, y el
otro ª'!1ºr, el de la ruptura de los vínculos, el
de la libertad ,Y d~l placer, que no es más que
el amor de si_ mismos, que es el más feroz,
aun en 18: trágica sublimidad que asume á veces,, el mas ÍP.roz de los egoísmos. y volviend~ a la_Duse, decía yo c6mo después de escnto «ll Fu&lt;?co,» en que D' Annunzio pasea
~n un marav1~oso carro de sedas y pedrerías
ª 1~ nobl~ artrnta para mostrar á todos las infinitas tristezas de sns desnudeces marchitas
de alma y cuerpo, puede ella ponerse en cofi~cto con él, interpretando con tanto entusiasmo sus obras. ..... !
Miste;ios, misterios del alma femenil· siglos y siglos _de esclavitud dejan esos s~dimentos turb10s en el fondo de un ser.. . y recordaba_y? lo que había visto frecuentemente en mi tierra: una mujer herida y pisoteada
por un hombre, volverse airada contra su salvador.. ··· .P~ro había ido demasiado lejos; la
pudorosa mirada de Doña Blanca me indicaba todo lo que la repugnaba el espectáculo
~¡ue, evocaba_ antes~ vista. ¡Oh! yo nunca leo
a_D _Annunz10¡ sus hbros están excluíclos de mi
biblioteca. Sé, por_ sus versos t¡ue es un gran
poeta, per&lt;? ma~ bien un artista, porque yo
no comprendo a los poetas sin corazón y en
este ho1?_bre no hay corazón .....
Así d1Jo. Y ya había venido la noche y el
resp~andor de las chimeneas luchaba cdn sus
re~eJos en las ventanas con los últimos besos
gnses del crepúsculo, cuando dejamos «a régret» aquella ca:-a en que rendían culto á lo
bello Y~ lo bueno, inseparablemente, dos nobles muJeres:_una que venía lentamente de un
paraíso de trrnnfos, de glorias; otra que lentamente subía c-on su blanca aureola en la cabeza hacía el paraíi;o del ensueño ..... .

DE "ODAS BREVES"
]Jeafus ille . .
¡D~choso aquel que, lejos
del aire corruptor de las ciudades
atiende á los consejos
'
de Dios y á las verdades,
del claustro en las calladas soledades!
-El que, en celda bendita
--centro de paz--como eu propia
' casa
muy sosegado habita;
'
goza dicha sin tasa,
y, á solas con su Dios, la vida pasa·
Que, á un lado la riqueza
'
dejando, cifra su mayor tesoro
en sólo la pobreza;
y tiene á gran decoro
unirse de los ángeles al coro.
No de su celda al muro
el ruido mundanal furioso llega·
en Dios vive seguro·
'
vela sutil despliega,'
y por el mar de la oración navega.
¡Qué es verle divertido,
del bosque entre los árboles cantando
y luego embebecido
'
el cielo contemplando,
quedarse cual la tórtola llorando!
¡Oh dulce apartamiento
do es venturosa del mortal la suerte!
de paz divino asiento
¿quién no habrá de q~ererte?
¡dulce es la vida en tí, dulce la muerte!
FEDERICO EscoBEDO.

�EL MUNDO ILUSTRADO

'EL :\l"GXDO JT.,"GSTRADO

Domfogo 15 de Junio de 1902.

EL NUEVO MINISTRO DE MÉXICO EN BÉLGICA.
La Comi!úún Permanente del
Congl:eso de la lJnión acaba de
ratificar el nombramiento con que
el Sr. Presidente de la República
se sirYió honrar al Sr. Lic. Don
Emilio Par&lt;lo (jr) para que, co!1
el carácter de l~nviado Extraordinario y Ministro ljlenipotenci~rio,
represente á México en Bélgica y
los Países Bajos.
El nueYO Ministro lleva una
importantísima comisi6n ante el
Tribunal de la Haya.
El Sr. Lic. Pardo hizo sus estudios preparatorios en. la~E~cue;
la de San Ildefonso, Yr.; se tJt~lo
abogado en la de Jurispruden?ia,
cuando apenas C'ontaba vemte
años, tras una brillante carrera.,
Poco despué;-, y durante algun
tiempo, el notable juris?onstdto
redactó con el Sr. Lic. Pablo ~Ia~eclo, el periódico de .J urispruclencia «El Foron, y más tarde
pasó :t de8empcíiar lll~ ~rnpleo en
el 1linisterio de .Justu:ia, el que
&lt;lejú vacante pa.ra servir como adjunto del Procurador General~~l&lt;'
Justicia de la :N ueiún y del l◄ 11;cal de la 8uprenrn Corte. . .
Al inauaurarse la Admm1stración del
General Díaz, fué Hi:mado á ocupar un puesto pronunente eh la misma 8ecretaría ele
Estado· fué despufs ·Agente del
l\linist~rio Público, 3'-~scrito ~ l?~
juzgados del ramo c1 Yil; y Sll'\'10
como catedrático en la Escuela de
Jurisprudencia, de la cual era uno
de los alumnos fundadores, la
asignatura de Derecho Constitucional comparado.
·
En 1878 fué electo Síndico del
Ayuntamiento dé la Capital y designado para dar la clase de_ ~erecho Constitucional y Admm1s-

st

SR. LI C. E MI LIO

PARDO

(Jr),

t rativo en la Escuela Superior de
Comercio y Administración, en
don&lt;le posteriormente obtuvo por
oposici6n la de Derecho Comercial, Consular y Marítimo.
A su regreso &lt;le un viaje á Europa y á los Estados Cnidos,
salió illecto Diputa&lt;lo al Congreso de la Unión, del cual ha
sido presidente en varias ocasiones. Ha tomado participación aetiYa en casi todas las discusiones
importantes de la Cámara, á contar &lt;lel año de 1886, formando
parte de las Comisiones de mayor
significaci6n; y al ultimar el Seüor Ministro de Hacienda el arreglo de la Deuda Pública, fué uno l
de los miembro,' de la Comisioo !I
liquidataria y estuvo á su cargo
el reconocimie11to y la conversión
&lt;le la Deuda Interior.
Cltimamente integró la Junta
&lt;le Beneficencia priYada, enm
en extre1110 honorífico.
Por lo demás, el fü. Lic. Pard
lrn. influído mucho en el moví
miento literario jurídico, y tra
j:ulo con empeño por el adelan
de la ciencia tlel Derecho en el
legio de Al&gt;ogados de México,
cual es Secretario hace m uch
años, y en la Academia de L ·
!ación y .J urispruclencia, de cu
junta ele gobierno ha formado
te desde que fué fundada. Es
bifo miembro correspondiente
la Real Academia de Legislad
y Jurisprudencia de Madrid y
la Sociedad de Legislaci6n Co
parada, &lt;le París.
En la conferencia Panam
canll se le nombró Presidente
la Comisión de Arbitraje, y
tra.bajos fueron de lo más meri
río.

Desde el momento en que lo único que
m uere y lo único que se entierra son peleles
y que cada uno al irse como los nij'ios al venir, trae su torta bajo la ,forma de una buena
póliza &lt;le seguros, ya no hay por qué llorar
ni por qué gemir, al contrario «gaudeamus!»
gocemos, seamos felices y exclamemos como
en las defunciones de los reyes:
¡El pelele ha muerto!
¡Viva el pelele!
Y es tanta y tan grande la injuRticia humana, que á los Balrnori, l\fadieclo e «tutti quanti» no se les tendrá en cuenta. el bien que nos
han hecho, la tranquilidad que en punto á
mortalidad han traído á nuestro espíritu, sustituyendo á la muerte una parodia y sacando
de lo siniestro lo risible.
Gracias á ellos, lo que muere no son ya los
hombres, sino sus nombres; lo que se entierra
no son seres, sino efigie!". ¡Y vamos á darles
como recompensa la bartolina!

:J)r.

Jtl. Flores.

AYER
¡Oh nieve del verano! ¡Oh mariposas blancas!
Que batíais en su huerto vuestras alas de plata
Como lucientes velas en un mar de esmeralda.
¡Oh pájaros salvajes que amáis el infinito
Y veníais en las frondas á colgai· vuestros nidos
Donde pasar la noche bajo los altos pinos!
¡Oh indómita parvada de incansables insectos!
Los de zumbidos graves que en el jardín discreto
Rimabais en un coro nuestro idilio ya muerto.
Vieja banca agrietada revestida de yerba,
Refrigerio propicio ele hormigas sempiterna!&lt;,
Que el secreto guardabais ele ternuras inmensas.
Parra verde y fecunda ele ramajes espesos
Que erais arpa sonora al beso ele los vientos
Que os azotaban rudos con resoplidos épicos.

SRI TA. A D E LA SERRANO.

Y vosotras, de luna limpias noches serenas,
Que alumbrabais mis pasos en las calles est1·ecbas
Que conducían al chtustro poi· intrincada senda.

Y ahí tl'iste. agitado, buscaba con last'ivia

La humedad refrescante ele aquellas piedras frías
lleclinanclo mi frente en sm; duras aristas.
Y cual fardo. insensible, pasaba largas horas
Al pie ele esas paredes, r en una nochE' lóhrcga
Un hombre compasivo me arrojó una limosna.

¡Y tú, mujer, la pálida, la soñadora mística!
Fragante jaramag-o credclo entL·e esas ruinas,
Que calmabas amante mis ansias infinitas.
Que te cantaba el numen ele mis 1:imas precoces

Y oías las primeras confesiones ele amm·es
Avel'gonzaclas, tímidas, vacilantes y to1•pf:'s ....

Todo se trae consigo la oleada del recueL"do
Cuando remueve el fondo de aq uelclormiclo ensueño
¡Como la ola salvaje que se empina á los cielos
Llevandoensusespumasloque á su paso estorba,

Así, jardín sombrío, vieja ca&lt;;a ruinosa.

Os arrastran las olas del mar &lt;le mi memoria!
EDUARDO COLÍN.

La sangre nos Ya volviendo gradualmente
al cuerpo al considerar que un buen tanto por
ciento de la morta fülacl corresponde á los peY LA ESTADIS'rICA
lelrs qne csns tumhas qué los sepultureros
DE LA MORTALIDAD
caYa~1 con afán, encierrnn simples muñecos,
que esos mon11n1entos,Rtmtu0Ros los ui:ios, modestos loR otroR, eRas trucri; funerarrns, esas
Las reiteradas exhumaciones de pelPles qne
inf'nipcioneR piaclof'aR ó ticrnaR, Ron, no_ hohan venido verificándose, y las más numprn,:a.s
menajes del ,·indo á 1~ difunta &lt;.&gt;Rposa, 1~ del
aún que amenazan rea.li~a~s&lt;' á corto pla:-o,
huérfano al padre extmto, clel amante a s~
darán ocasión á un trabaJO mmenso de rectifiamada desaparecida, sino tan s6lo señales Yl·
caci6n estadística y llegarán á desvanecer, así
si bles de una ef'tafa y signos exteriores de burlo esperamos, la \:alum~ia que pesaba so~re
las sangrientas {t las Compañías de Segmos.
nuestra salubridad pública. Ya era extra.no;
Esta:-;, «de S('p:m·o,» no están contentaR y
en efecto, y casi rayaba en lo ~b,mrdo, que. a
a.un han claJo scñaleR de desagrado; vero en
una altitu&lt;l ele míts ele dos mil metros, ha~o
cambio qué satisfacción, y qué orguUo y q_né
las auras más tibias y el cielo más puro y 1,,aR
tranquilidad de conciencin para las Agencias
azul, que, por un lujo ele coqu?tena ha &lt;laclo
ele Inhumaciones, que ven prosperar ~u nep:?en engalanarse ele suntuoRas pmpu_r~s crepu~cio y elrvarse la cifra de sus transacc10nes sm
culares, lejos de florecer y '.le fruchtic~r la_ vique· en ello medi_e m_ucrte de h~rnhre_ ni pelida fuera tan efímera, hubiera ele extmgm~·se
gro para la proprn 111 para ln. ex1sfrncrn de los
ta~ pronto y hubiera de Rer ta1~ &lt;leRfavoral&gt;lr
RPr&lt;';- queridos!
nuestra estadística de la rnortahclacl.
Hay, en drC'to, un amargo rc1&lt;ahio y c:icrta
iiédicos, higieni:-;tas )' soriúlogos pe1:clían
profunda melancolía en el T&lt;'gorijatlo frotalos bártulos computando lo~ tanto" por ~10nto
miento de manos ele (]Uien redondi:'a su fortuformidables ele las ef\tadísticas mor~u9nas, y
na á costa de 1a Yida. humana, de qnirn miele
los gobiernoi-, los Con1-ejo~ ele Salubmlad -:,· los
la.s utili&lt;lacles &lt;1&lt;' su trabajo por los dolores 6
concejoR con «e», se arr~maban en ?br~s de
las ang11Rtias de los demás, y ele qui~n gm~a
saneamiento, se con~umrnn en mechtac1oneR
la RubsiRteneia á expensaR de la ex1stencrn
trascendentes á ese reRpecto, y la prensa sugeajena.
ría. medidas y rlesem·olvía proye~tos, así co_mo
Y cuando los agentes ele inhumaciones, los
las academias científicas hosq~teJaban_ explicaempresarios
de panteones, los sepultureros y
ciones y formulaban imputac10nes s111 lograr
loR fabricantes de cajaR ó de lápidas mortnoesclarecer el arcano.
,
.
riaR, por un capricho de la ¡,uertc _ó por la geHoy todo Re comienza a explicar y se va punial habilidad de una banda de timadores se
diendo compren&lt;ler. Esa.s muertes, en mucha
encuentran
de improviRo con que la demanda
parte .al _meno:;, son mucrtPs
pega'. rnt:e~de su trnbajo aumenta, su:; negocios prospetes camárna; no so1:, coi_no dec1a el ot10, ,r,e1ran y sus utilidades se acrecientan Rin necesidaderos» muertos,RinO s1rnp1es peleles, fo~ma~
dad de que la peste diezme l¡i población, ni
engañosas de cadfver, molcleaclas en ca.rton o
la epidemia siegue vidas ni amenace la proesculpidas en zompantle.

LOS PELE LES

1c

pia, deben sentirse &amp;'l~isfec~os de sí mis~os,
del fondo de su corazon tiene que surgir
sentimiento de gratitud y amor á los inven.
res que quitan á su trabajo y á su p~ofes1
todo cuanto tienen de amargo y de tn ste,
quitarle nada de cuan to tienen de lucrati
antes bien, acrecentándolo.
Si yo fuera artesano, sería fabricante,
tre, modisto, zapatero 6 mueblero de m
cos. Debe ser, es sin duda delicioso, tra
para hacer la. felicidad ajena, para propo
nar placeres y recreaciones dulces. Es ése
placer supremo y la noble satisfacci6n ~el
tista. Crear para que otros gocen, trabaJar
raque otros Yivan, aliar con ht dicha con:
la desgracia, con el placer contra el dolor, ,
la. prospcrida&lt;l contra la miseria, con la
contra la muerte; nada mús noble ni más
de. Ai::í se santifica el trabajo.
De estas altas f;ati"faociones estaban pri
rlos hasta ayer aún, los tristes artesanos d
muerte. Podían trabajar honrada, pero
alegrem('nte; con conciencia, pero sin
jo; entre las brumas ele la tristeza, mas ~o
jo las radiaciones de la. alegría. TrabaJa
llorando ó fmspirando, nunca riendo Y
tando.
Hoy laR cóRas han cambiado. Ya i-e P
llevar rn ÚRica de cuer&lt;la. á un entierro; C1
tarareando de Fatisfacción una fosa.j in
entre riS:1s y chacota una capilla ard1en~
los muertos. no son seres queridos que .
parecen, sino fortunas que llueven del
ya no plantean ante el espíritu los ate
res problemas del más allá, sino sugieren
sólo proyectos de inversión lucrativa, .
ele organización de tamaladas; ~·a no tí
en medio de la vida ese crespbn que .
enluta; hoy abren horizontes indefin1d
placer y de prosperidad.

Domingo 15 de Junio de 1902.

Mención en los Juegos Florales. •

Ednardo C'olfn.

Abajo temblorosas las mar¡raritas mustias
Tiritando de frío con sus hojitas juntas
Que elevaban al cielo como plegarias mudas.
Y vosotros de1·ruíclos, pes11clos paredones
Que os trasponía anhelante de pa,;i6n y ele goce
&lt;.;uando llegaba, lenta, la silenciosa noche ....
¡Ventana enflorecida de mohoso enrejado!
Hierros que al fin domaba la furia ele mis brazos;
Tiestos frescos y olientes ele tloriponclios blancos.
Y vosotras campánulas, azules campanillas,
Pedazos de aquel cielo extendido allá arriba,
Que subíais presm·osas á besar sus cortinas,
Que rozaban las luengas cabelleras flotantes
De los inmensos pinos y de los verdes sauces:
Y vosotras palomas, trovadores-fugaces,
Queerais la nota alegt·e de aquella casaauste1·a,
Desnuda y tenebrosa con su salas inmensas.
Llenas de santos viejos y de viejas leyendas.
¡Oh callado euiflcio, venerable convento!_
Relegado al olvido con su paz y su huerto,
Perdonado sin duda por la pica. ~el tiempo.
Y á. lo lejos; humeante y erizada de- torres·,
La ciu.dad adormida con. sus secos rumores ..
Y,todavía más lejos, en el confín, los montei, .. . •

CONFERENCIAS CIENTÍFICAS.
La Asociación del Colegio ~Iilitar ha inaugurado, eon toda solemnidad, la primera Reric ck las Conferc11cia;- Científicas que preRcrihE'n sus &lt;'~tatutos y que han de Yerificari::e
afio por afio.
m :-(tbmlo i &lt;lel aetual, con asistencia del
i,cñor Presidente de la República y de sus Secretarios ele Ifacil'nda, (imrra y Fomento, se
celebró la se;-ión de apertura de la serie, ante
una eRcogida concmTPncia. El Teatro del Con~en·atorio, que fué el loeal e;-cogido de antemano, esta ha primorosamente adornado.
El señor Ingenil'ro Ignaeio ele lri Barra pronnnciú un cntusia~ta &lt;liscurRó &lt;le apertura,
que fué escuchado con interés y que le Ya lió
aplausos y felicitaciones. Declaradas abierta:;
las Conferencias por el señor Presidente de la
Repú hliC'a, el Tcnirnte Coronel Do:-:. J ulián
Pacheco, á nombre del grupo de Infantería,
dió lectura á un ·importante eRtudio acerca del
uniforme de cm11paña que pref'cri ben los reglamentos mi Iitare~, !. de )n;- reformas &lt;¡UP es nec·t&gt;:&lt;a rio intrnducir en {•l.

�Domingo 1!1 de Junio de 1902

EL SB. LIC.

EL :MUNDO ILUSTRADO

Honramos nuestras columnas
con el retrato del distinguido oaxaqueño, Licenciado Don Emilio
Pimentel, á quien la opini6n pública en Oaxaca, designa como
&lt;candidato á la primera Magistratura de aquella importante Entidad Federatirn, para. el pr6xiwo período constitucional.
El señor Pimentel se educ6 en
'SU tierra natal y, durante algún
'tiempo, desempeñó el cargo de
Secretario de Gobierno, con notable atingencia. En Méxir.o es
muy conocido como hombre de va
lía,· y los servicios que ha prestado á la actual Administración, ya
como representante de nuestro
país en el extmnjero, ya corno
Diputado, 6 bien como Presidente de la Corporación Municipal,
hablan muy alto en su favor.
Para ser un buen gobernante,
cuenta, pues, con los antece&lt;lenks más honrosos, y así lo comprenden, en Oaxaca, todos loR
que ele verns Re interesan por la
prosperidad de aqudla rica porción de nuestra República.
Su candidatura. se ha recibido
con marcadas muestras de Rimpatía por todas las claRes socialt&gt;s,
y los «clubs" no han vacilado en
acogerla con entusia~mo.

III
-Yette, tengo que hablarte.
-Qué hay, padre mío?
-Hay que uno me ha pedido tu mano ahora mismo ...... Un rico partido...... Yo he subordinado mi respuesta á la tuya, y quiero saber qué es lo que piensas.
Y ette se puso á temblar.
-De quiéfi, pues, se trata?
-De Christian, el hijo de mi VIeJO amigo
Claudio, el más rico hacendado de los alrededores.
Qué! Christian, el rico Christian pensaba
efi ella?
Ciertamente, era nn magnífico partido-un
partido en el cual soñaban las más hermosas
muchachas del pueblo.
Y ette gustaba charlar con Christian el día
sábado por la mañana: cuando antes de ir éste á la feria vecina, se detenía á tomar una copa de sidra, por tener pretexto de darle los
buenos días.
A esta sola idea: que él la había pedido, latía su corazón con violencia.
-Y bien, mignonne?
Iba á responder, pero repentinamente pens6 en Juan y en Pedro, asociándolos en su
pensamiento contra este nuevo pretendiente.
Los pobres morirían, era seguro, los dos,
como lo habían escrito!
La víspera había encontrado á Pedro, que
al verla, se puso como una amapola; además,
había creído distinguir más de una vez, por la
noche, ruido de pasos bajo su ventana, y oculta detrás de la persiana había adivinado la silueta de Juan.
Y su coraz6n, hasta entonces tan quieto, tan
poco hecho á las penas y decepciones, comenz6 á librar un combate rudo.
Desde hacía algún tiempo había soñado el
amor como la uni6n sencilla y dulce de dos
almas, sin amarguras, sin temores, y he aquí
que el amor se le aparecía como una cosa dolorosa, como una batalla que dejaba víctimas
sobre el camino.
Y sería ella, la pequeña Y ette, tan débil,
tan mignonne, la causa de todos estos dramas?
Pasada una semana de reflexión, como su
padre insistía en conocer su respuesta sobre el
asunto de Christian, baj6 la cabeza y dulcemente respondi6:
-A qué mentir, padre mío?-Me parece
que no sería completamente feliz! Esperad.
Christian al sábado siguiente no pasó, afligido sin duda, y, por su parte, Yette llor6.

Va á sus sienes, las que viste
la patria con sus laureles,
el aura que en los verjeles
ronda como un alma triflte.
En su pupila, que asoma
cual un signo de pureza.,
hay del le6n la nobleza
y el candor de la palon13 ...
¡Gloria al bardo! ¡Salvas de oro
ríndale el sol con sus cintas,
y vierta nacáreas tintas
el iris con su tesoro!
Cuando en el llano desierto
le ofrezca sombra la palma,
un heRo imprima en su alma
la gloria del héroe muerto!
Que ¡ay! el bardo necesita
para que su canto vihrr,
admirar la patria libre
en su grandeza infinita;
Y como dej6la esclaYa,
para obtener albedríos,
ungir su lira en «Dos Ríos"
y jurar en «Punta Brava»
¡Gloria al bardo! ¡Salvas de oro
ríndale el sol con sus cintas,
y vierta nácareas tintas
el iris con su tesoro!

Retorna lihre el poeta:
al pisar el patrio suelo,
brinda á la región del cielo
sus perfumes la violeta.

Como su nombre pequefio, contenido en una
sílaba, en un soplo casi, Yette, de diez y ocho
años, era una niña fresca y graciosa, las manos
finas, la boca mignon, pero sus grandes ojos
rasgados- - dos luceros-iluminaban radiosamente su rostro y hacían á Y ette tan linda,
tan linda, que, por todo el pueblo, hasta las
mujeres, cuando la encontraban, se volvían encantadas y murmuraban:
-¡Miradla pasar: es la primaveral Esta primavera estaba hecha apenas de gemas y retoños; ninguna flor de amor había abierto en
este nuevo y pequeño corazón.
Yette nada conocía de la tierra si no es que
había sobre la tierra sol, canciones y alegría.
Desde por la mañana hasta por la tarde se
la oía cantar, y en su morada, dichosa por
ella, su risa era una continua cascada de notas
ligeras.
-Hija, decían los vecinos, una niña tan
preciosa como tú, no debe casarse más que con
un rey.
-¡ Dejadla! ¡dejadla! gruñía su abuela. Ella
Re casará según su coraz6n. E1-o será lo mejor!
.Una mañana de abril, Yette recibi6, por
mensajeros misteriosos, dos cartas, una azul,
la otra rosa.
En la primera le decían morirse de amor
por ella. En la segunda, le juraban matarse
si no quería conceder su mano.
Los bellos ojos de Yette se velaron.
¿Era eso el amor?
En el fondo de su coraz6n, alguna cosa de

Y cuando muy tarde, Yette qued6 dormida,
su elecc16n no estaba hecha todavía; allá, en
el fondo, sin darse cuenta, á cada uno concedi6 un pedazo de su coraz6n.

Y mezcladas con los trinos
de las aves, nuestras brisas
ráfagas son de sonrisas
entre aljófares divinos!

LA Vtl'EL'l'A DEL :BARDO.

I

EL :MUNDO ILUSTRADO

Rasg6 ígneo rayo las brumas:
de blancas nubes circuido,
el sol es un rey dormido
en albo diván de espumas;

B■ILIO PIIEllTEL.

MIGUEL

COYULA.

Habana. - Abril 1902.

extraño, de incierto, pero muy dulce, acababa
de vibrar.
Y la preciosa Yette, que antes s6lo pensaba
en reír, ahora soñaba ........ .

II
El autor de la carta azul, era Juan, un
guapo mozo de fino mostacho. Nunca había
hablado á la joven sino de cosas indiferentes,
pero repentinamente su memoria Re ilumina y
recuerda sus enrojecimientos súbitos, sus maneras torpes, sus miradas cor1'fusas cuando se
encontraba cerca de ella.
¡El!. ... .. ¡.Juan!. ..... por rnari,lo!
Yette sonríe; dt&gt;spués maquinalmente-desgarra la carta eh pequeños pedazos, que se esparcieron sohre t&gt;l suelo.
-¿Después de todo, piensa, por qué no?.....
Pero aún tenía en la otra mano la carta á
mrdio abrir.
Estaba firmada por Pedro, un joven del
pueblo cercano, pálido y blondo, muy estimado; muchas veces la había encontrado en casa
de unos parientes, pero jamás habían cruzado
un largo diálogo.
.
El también la amaba en verdad, y tanto,
que era capaz de c~meter una locura si no ·
consentía en ser su esposa.
'
¡Casarse!. ..... ¡ya!
Pedro no le disgustaba. Al contrario, le parecía bueno y sencillo; ¿no sería un goce encantador el de asociarse á .su vida?
¿Pero, entonces, .Juan?
Y ette desgarró la carta rosa lo mismo que

había hecho con la azul, y sus despojos se
mezclaron en la alfombra.
La pobre niña se encontraba aturdida.
¿Qué hacer? ¿Qué pensar? ¿Sería necesario
responder?
Yette repasa en su memoria todos los acontecimientos de toda su vida; jamás había causado un daño á nadie, y siempre había procurado mostrar,:e buena y caritativa con todos.
La abuela pasaba.
Yette corri6, le enlazó al cuello los brazos,
y le preguntó tímidamente:
- Qué habrías hecho si en el mismo día y
por distintos lados te hubiesen dicho que te
amaban?
La abuela, estupefacta, lleva la mano á sus
anteojos para estar bien segura de que es i;u
pequeña Yette la que hablaba así:
-Señora! mignonne, lo que yo habría hecho ...... es bien sencillo ...... Me habría preguntado á quién de los dos amaba.
Bella solución! Cuál de los do~? Pero Yette
no sabía nada. Los dos le parecían mu,v gentiles _y le hacía.1), después de todo, gran honor
pensando en ella.
Aquella noche no d urmi6. huscando una soluci6n á tan grave problema.
Tal vez Pedro sería el más serio? No era
Juari el más simpático?
-Sí, á fe mía! Juafi vale más; tanto era
así, que hasta pudo pensar en ca~arse, idea
que hasta entonces no le hahía ocurrido.
Pero qué diría Pedro? No había hablado
de matarse si rehqsaba? Hi~bría que dejarle
m.orir?

IV
Estaba más bella que nunca; sus grandes
ojos habían tomado una expresi6n de tristeza
que le caía deliciosamente.
Después de Pedro, después de Juan, después de Christian, otros vinieron que la amaron y se lo dijeron.
Ella habría querido dar su corazón á alguno,
vivir, con un c,1mpañero bueno y agradablP,
años venturosos; pero la atormentaba i,in cesar el pensamit&gt;nto de que otros pudiesen sufrir por ella!
Al menos, en tanto que ella no dijera definitivamente «no« á ninguno, todos ellos tenían
el derecho de esperar.
Y con esta idea, no se decidía. A cada uno
concedía un poco de su ternura dulce y agradecida.
-Es extraño! decían las gentes, la pequeña
Yette no se casa! No será, sin duda, por falta de pretendientes! Vuelve la espalda á todos
los muchachos del pueblo.
-'Tal vez ama. Pero á quién?
Nadie lo sabe.
Pasa el tiempo. Christian se había casado,
y hay que agregar que ricamente.
Pedro no se había ahorcado ni echado de
cabeza al río. En lugar de esto, acababa de

•

celebrar sus esponsales con una. de sus primas.
En cuanto á Juan, no abandonaba un momento la taberna.
Y ette había sabido todo esto, y cada vez había sufrido por ello. Había creído en la palabra de cada uno de ellos, y cada uno de ellos
se había llevado un poco de su corazón. Otros,
después de juramentos de amor eterno, se habían ido sin volverse á acordar de su palabra.
-Lo ves, Yette, decía la abuela, has hecho bien en no decidirte; el amor de los hombres no dura una hora!
V

Un día se esparció el rumor de que Yette
estaba mala, bien mala. La nueva corri6 de
puerta en puerta.
Por la noche viéronse deslizar sombras hacia la casa donde la joven habitaba. Eran los
enamorados de Y ette. Cada uno de ellos la
había pedido en matrimonio y cada uno de
ellos había recibido la misma respuesta in.cierta, eugañosa. Pero era tan bella, tan bella, que á su pesar la amaban siempre en el
fondo de su corazón.
El mismo Christian vino oculto en una
gran hopalanda para no ser reconocido; no era
feliz y sentía á Y ette.
Pedro había roto sus esponsales; el recuerdo
de Y ette estaba vivo en su alma.
Cerca de la puerta estaha también Juan,
que había desertado aquel día de la taberna.
Pero ninguno osaba entrar.
Se miraban con desconfiahza, celosos unos
de otroi;,, pareciendo comprender por qué estaban todos ahí.
Al fin uno de ellos tocó á la puerta.
Una voz triste responde:
-Dejadme, mi pobre Yette se muere!
El viento soplaba cruelmente. Era porque
fueteaba sus rostros ó por otra causa? ........ .
Estos hombres lloraban.
En la casa se oy6 al fin un gran grito.
-Ah! todo ha concluido, dijo Christian.
El viento soplaba con más violencia.
Cuando se les permitió entrar, Yette reposaba en sus blancas vestiduras, con un haz de
flores en sus brazos. Sus grandes ojos, aquellos que habían hecho que la amasen tanto,
estaban cerrados. Solamente su boquita entreabierta conservaba aún una sonrisa.
Los j6venes, descubiertos, penetraron suavemente en la estancia.
-De qué ha muerto? preguntó uno de
ellos.
La abuela no respondió, pero una voz misteriosa murmuró:
-De amor tal vez!
Entonces la abuela, que sollozaba en un rinc6n de la pieza, se levanta, toma el ramillete
que reposaba en los brazos de Y ette, y sin hablar, di6 una flor á cada uno de aquellos j6venes.
Traducción especial de ·•El Mundo Ilustrado."

DE PAUL VERLAINE.
Lasombrade los árboles, como el va.por se pierde,
De los tortuosos ríos entre las brumas densas;
En tanto que en el aire, sobre el ramaje verde,
Las tórtolas se quejan.

Viajero: ¡cuántas veces el pálido paisaje
Te vió· á tí mismo pálido como la sombra aquella,
Y cuán tristes gemían en lo alto del ramaje,
Tus ilusiones muertas!
'J,'OBÍAS IJIMÉNEZ,

Domingo ló de Junio

a6· ~02.

POPOCA TEPETL.
El rey de Espafia concedi6 á Diego de Ordaz que llevara en uno de los cuarteles de su
escudo la figura majestuosa del \'Olcán que
asoma su testa blanca por entrn las nubes que
en Primavera se levantan á pasear por los horizontes del Valle mexicano. Y fué que el audaz aventurero trep6 hasta la cima de la nevada montaña y encontró en ella el elemento
para fabricar la pólvora que había de cohquistar el pasado poderío.
El escudo de Ordaz se horró en todos los
recuerdos, y la quebrada. silueta de la montaña, luce en otro cuartel que tiene por fondo
el azul de los cielos.
Un aeronauta me cont6 que en su vida de
arriesgadas excursiones jamás había visto más
hermoso valle que el Valle de México y que
era innarrable la impresión de paisaje que le
prestaba la presencia de las cimas nevadas.
Es seguro que no mentía el aeronauta: es
atractiva y muy atractiva la vista del horizonte hacia donde quedan el Popocatepetl y el
Ixtacihnatl; parecen majestuosos desposados,
que de pie sobre la verde alfombra del Valle,
se envuelven en las hubes de incienso del gran
templo ..... .
¡Lástima que en estos últimos días las miradas se hayan vuelto con ansiedad y desconfianza hacia la espléndida pareja! Decíase que
el «var6fi" nos amenazaba, que rugía sacudiendo un penacho de humo, que ... el Monte
Pelée le había causado celos con su triunfo de
exterminio é iba á probar si su poder era tan
grande como el del gigante homicida de la
Martinica.
Afortunadamente nada hay por ahora menos cierto; el Popocatepetl no presta su boca
de fuego para que la c6lera de la tierra enferma bata contra la placidez de la vida y plante banderas negras por doquiera.
Lejos de ello, el Popocatepetl tremola un
penacho de humo blanco en son de saludo á
la pureza de nuestro cielo. Así lo dicen los
tranquilos habitantes de los pueblecillos que
se recuestan en la falda de la montaña. Cuando se les pregunt6 si desconfiaban del gigantesco vecino, volvían una mirada casi cariñ.osa al volcán y sonreían diciendo:
- Mírelo usted, está tranquilo ........ .
Aquella buena gente ama á la peligrosa
montaña, no cabe duda; la aman quizá por su
belleza, porque les manda am bien.te fresco,
porque sus nieves deshechas son caídas de agua
y riachuelos, y vida de la vejetaci6n y alegría
del bosque.
Oh! si el volcán les jugara una mala partida ...... l con cuánta tristeza veríamos la muerte de la risueña comarca! El pueblecillo de
las casas blancas y de los techos rojos; la aldehuela que parece que está postrada ante el
santuario donde la devoción guarda una imagen venerable, desaparecería triste, muy tristemente. Pero, ya lo hemos dicho, el Popocatepetl no «piensa" por ahora azotar á los que
lo quieren; si la tierra se conmueve con una
enfermedad formidable, si la serie de catástrofes de estos últimos tiempos ha despertado hipótesis y teorías que ya s61o vivían entre los
renglones de los libros de la ciencia étnica,
nuestro suelo no sufrirá la confirrnaci6n de
esas teorías, ni la realizaci6n de esas hipótesis, ni el grado de fiebre de la enfermedad
formidablé.
Y después de esta satisfactoria promesa, que
siga el pueblo, sin temores, contemplando la.ti
hermosas puestas del sol que la terrible erupci6n del Pelée nos dejó como espléndida herencia; nuestro Popocatepetl no mandará ú
otros hemisferios un regalo semejante.
Hay que ir á hacerle una visita de agradecimiento; yo ya vengo de allá y lástima que
el buen viejo no tenga manos, sería oportuno
estrechárselas.

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EL MUNDO ILUSTRADO

.IDL JfU.NDO ILUSTRADO

Domlngo 15 de Junio de 1902.

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Domingo 1 á de Junio de 1902

princesas &lt;le la casa real ascendieron á una
plataforma levant..'lda enfrente de la localidad
de Jm; senadores, diputados y ministros de Estado. Los in \·itados extranjeros tomaron asiento á la derecha de los personajes reales, que
se sentaron en cuatro sillones dorados. A la
izquierda del rey estaba una mesita dorada,
donde se encontraba m1a biblia y un crucifijo ele plat.c'l., y á la izquierda el cetro y la corona de pedrerías costosas.
Al entrar los personajes de la comitiva, torlos los presentes se pusieron de pie, sentánclo;;e después á indicación de la reina. Entonces el presidente &lt;le las Cámaras, Sr. Vega de
Armijo, se acercó á la mesita y elijo al rey:
u8eñor: las cortes reunidas por orden de vuestra augusta madre, la reina regente, se han
reunido para tomar de vuestra Majestad el juramento que, conforme á la Constitución,
har~is, de mantener la Constitución y las lcVt'S. »

Salida de Alfonso XIII rumbo á la Cámara de Diputados.

La Jura de Alfonso XIII
La nota culminante de lo,; último;; clías en
el m 1.mdo puropPo. fué, ;;in ümla, a lgnna, la ('O·
ronación de S. ~r. Alfon!'O XIII, lll11mtdo á
regir los destinos de su pní;;, conforme á la
Constitución del reino.
Tan grande ha sido la re;;onancia de c:-te sucei;o, que no sólo la prensa espai1ola, i-ino la
de todas las naciones principales del Viejo
Continente, han llenado sus columnm, con l"f'·
latos de los regios festRjoi=; y con ilustraciones
que representan los distintos actos á que ci=;tuvo presente el joven monarca.
No hay para qué decir que los ei=;paíioles,
como vulgarmente se dice, echaron la casa por
la ventana, en ocasión tan solemne, y que la.
afluencia de provincianos superó en Madrid á
los cálculos hechos para dar hospedaje ÍI los
miles de visitantes que invadían calles )' plazas, ansiosos de arlmirar los edificioi- cubiertos
con ricas y artísticas colga,duras, los brillantes
desfiles de las tropaf:, y el paso de Don Alfonso XIII y su comitiva.

***

1

t1
1

11

El 17, día en que el Rey entró en su mayor
edad, estaba ya terminado el suntuo;;o adorno
de las calles, consistente en multitud de. banderolas, guirnaldas, festones y valiosn.s tlraperías en que predominaban los colores amarillo
y rojo. Una soberbia instalaeión ele alumbrado realzaba, por la noche, el soberbio golpe
de vista que ofrecían las callef:, en donde se
lernntaro11 plataformas destinadas al pueblo.
LA PROCESION REAL.

f

Se formó en la Plaza de Armas para seguir
de allí rumbo á la Cúmara tle Diputados, clonde el Rey debía prestar el juramento dt· fidefülad á la Constitución.
F,l de:.;;filc fué un magnífif'O e.'-pectáculo. YarinR hemlrlos á caballo alirían la mareha, s0gnidoR por una banda, montada tamhién.
l'almlleran~os rev0:;ticlos con ricus trajcR de
col01es, conduda11 los corcl'lrs. Trns los nin
cero:&lt; y los cahnllos de hatalla del 1·P_r, nHH·
chaba un escuadrón, luciendo uniforme"' Yistof'Ísimos, y que era el que precedía ú los carnmjes.
Los cochero,; y latayos portaban los uniformes de eRtilo Luis XVI, bordarlos de oro v
plata, con las armas de las familias nobles del
reino. El primer carruaje e,¡:a tirado por caballos negros, y llevaba en su interior cuatro
maestros de armas.
Seguían el coche del gran chambelán de la

corte y lns de lo.: grande;; tle E,-paiia. Las infantas babd y Eulalia ocupahnn el &lt;'iguientP, que iba separado. por un pelotón do 1:t
guardia real, del que ocupaban los Príncipes
tle Asturias, cuíiado y hermana del rey. }':;;te
carruaje t•stab1t decorado &lt;le una manera magnílka.
l'n lujoso carro de caoba, vacío, tirado por
ocho hrrmosos caballos C.'lRtañof:, que conducían seis palafreneros, continuaba la serir, estando dedicado á preceder directamente al
coche real.
En éste, además del rey Don .Alfonso ~- de
la reina Cristina, iba
la infanta 1Iaría Teresa.
Tiraban del carruaje ocho cahallos grises,
con penachos de plumas de aYestruz y ricas guarniciones de color rojo. Los oficiales
&lt;le la casa del rey y un
cle,-tacamento de guardias, cerraban lacomi...
tiYa.
Durante el desfile,
desde las puertas del
Palacio hast..'l.la Cámara &lt;le los Diputado,:,
f'l joven monarca fué
.
ohjeto de innumerahlcR 1uuestras de simpntín..
A la llegada, una comisión de doce sena&lt;lorPR -:,· doce diputad0:,
rcei hieron á 8S. ;\DI.
Pll las gradas del edifi ci u. rcYesticlas de ter- ,-·""!',
cio pelo rojo y oro, ,\'
prccccliclos por los maC1'ro:-;, pasaron á laf:
antf',;al:if:, que estaban
] !(,na;; de cortcsanoicn rigurnso traje ele
etiqnrta, luciendo lns
conrlecoraciones Y lo,&lt;;
uniformes IoRdipl~rn-,á--ticos y militares rle alta ~ratluaci.ón.

· El Sr. Armijo sostuYo enfrente de 8. M. el
libro donde se encuentra la. fúnnula dd juramento, mientra;; que el rey ponía su mano derecha en la biblia, diciendo: «.foro por mi
DioR mantener la Conf'titución y las leyc,;;.
Si tal hiciere, que Dios me lo recompeni=;e. Si
no lo hiciere, que DioH me tome cuenta.»
Durante el juramento, todos habían permanecido en pie, scntún&lt;lose cuando el rey lo
hubo hecho en el trono. Ent011ces rl p'residentc de lns Cortes dijo: «Las Cortes han recibido el juramento qne lmbéis hecho, de
guardar la C0nstitnciún y las leyei=;. &gt;&gt;
En el mismo momento se dispararon 21 eaíionazo,:, anunciando el juramento.
LA JARRETERA.

ron motÍ\·o del f:uccso de la. coronaeir.n, el
n•v Eduardo VII confirió Í1. Alfonso XIII las
co.mlecoraciones de la orden de la Jarretera
comisiopando al Duque de Connaught par;t
imponérselas en su nombre.
La ceremonia reYistió la mayor solemnidad.
La imposición se verificó el 16 de Mayo.
Acompañado el Duque por los miembros de
la embajada especial que se nombró para que
presenciara las fiestas de la coronación se presentó en Palacio, donde le esperaba rny, la

..

:1

El momento de la "Jura".

rei11a madre, los infantes y p rí ncipes de AHturias.
•
El embajador ei;;pecial lPyÓ un diseurso·en
que se declaraba el nombramiento hecho en
favor del rey Alfonso por el rey Eduardo de

l

,·

1

Inglaterra, &lt;li,curso al que contesté, el monare~ e~p~~ol con otro, di~ndo las gracias por la
~hsün~1?)1. Acto contmuo, Ee procedió á la
1mposH·1on de la Jarretera, que es el distintiYO de la orden y que está formada por una
liga de forma eRpecial,
con una inscripción,
una banda azul obscuro y una placa.
Los acompaíiantes
del duque de Connaught fueron los entargaclos ele llernr estai- in~ignias, que entregaron al re,v A lfon1-0 en medio de las ceremonias de e!'tilo.

Poeó despué;: se Yerificó la imposición de
1,lf: condecoraciones
que forman el distinti,·o ele ln orden peffa
de los Agclas, y en la
tarde, el príncipe Eugenio de Sueóa, en reprcsentaci(m del rev
Osear y por encar¡¡.o
especial de este soberano, hizo la imposición de las insigniaR
de Já orden real de los
serafines. El discurso
que pronunció el príncipe con este motiYo,
estuvo lleno de fra,-es
halagadoras para Es·
paña y para su joven
rry.

~

'
f!ii

,,.......... .

LA JURA.

El rr.'·,~ia rrina regente, los príncipes y

El carruaje real á las puertas del Congreso.

El Duque de Connaught imponiendo á Alfonso XIII las insignias de la Or den de la Jarretera.

La Princesa lealriz de Borbón,
"Cn 1lra111útico incidente acaba ele conmover
~l barrio n~á~ populoso de Roma. Bajaba una
JOYen prec1p1tadamente los eRcalones que conducen al muelle del Tíber, cuando de pronto
;:e la Yió arrpjari=;c al río. Felizmente el arrojo
de un guardián municipal pudo salvarla.

Beatriz de Borb6n.

Aquella joYen desesperada, era nada rnenos
que la princesa Beatriz de Borbón, casada con
el príncipe Fabricio :Mássimo, de una de las
más ilustres familias de Italia.
La princesa es hija de Don Carlos de Borbón y de su primera esposa, y hermana de
Don Jaime.de Borbón.

�....
lJonúngo

15

de Junio de 190~

EL MUNDO ILUSTRADO

1!1t :MUNDO lLUS'rRAllO

parcían por doquiera su claridad, y, de lejos,
la Habana parecía esfumarse envuelta en los
tintes de un hermoso crepúsculo.
Los edificios particulares y los del Gobierno estaban también vistosamente adornados:
aquéllos con suntuosidad, y éatos con la más
severa elegancia. Puede decirse que durante
los días de las fiestas no hubo casa, por más
humilde que fuera, que no se encontrara em•

~a dn6epen6encia 6e f8u6a
,El entusiasmo con que la Perla de las Antillas celebró su advenimiento á la vida de los
pueblos libres; la magnificencia con que recibió á su primer presidente, regando á su paso
palmas y laureles, y las inequívocas muestras
que ha dado de su alto rúvel intelectual, harán, sin duda, que el recuerdo de las fiestas

dirigido correspondencias amplias, en que se
resume todo lo que, de principal, hubo en las
fiestas, y por las descripciones que haj,hecho
la prensa, podemos calcular, no sólo hasta
qué punto llegó el entusiasmo, sino también
hasta qué grado se derrocharon el buen gusto
y el sentimiento artístico.

Domingo t 5 de Junio de 1902

Contaron sus tristezas, tiernamente,
Sus ligeros amores, su pasado,
Y solloz6 una música doliente
Jijn ttn tono menor, policromado.

1

•

~

Arco de los vecinos de la calle de Obispo.

arcos triples; los del medio con el nombre de
algún combate, y en los de los lados con nombres de generales cubanos.
L:1. plaza del Vapor estaba también muy
bien adornada: todo uniformemente.
El arco de la plaza de Albear, fué de lo más
notable y lo dedicaron los vecinos de la calle
de Obispo á la República cubana.
Entre otros arcos triuntries merecen citarse
por su belleza el del Cuerpo de Bomberos, el
del Ferrocarril de Yillanueva, el de la Compañía de seguros «El Iris,» el del Partido Nacional y el de los vecinos de la calle de Muralla.
Fácil es comprender, nos dice nuestro corresponsal, el aspecto que presentaban las
avenidas más céntricas durante el día: un mar
de gente se agitaba en ellas haciendo casi im posible el paso de .les carruajes. Por la noche,
el golpe de vista era encantador: millares de
luces de los colores rojo y azul y blancas es-

Monumento A la República, en la Calzada de Monte.

Arco de los Bomberos y monumento i Martí, erigido por el barrio de Tac6n.

lle mayo, perdure en los anales de los grandes
regocijos americanos.
Todo lo que en aquella preciosa Isla, llamada á los mejores destinos, significa aliento y
vida: el comercio, la industria, la agricultura
y los grupos intelectuales, sin distinción de
partidos ni de clases, llevaron en ese día á los
altares de su patria un voto y una ofrenda:
el voto de vivir siempre unidos para su felicidad y su engrandecimiento, y la ofrenda que
parte del cora:zón y se traduce, ora en una lágrima, ora en un pensamiento, ora en el g:1.llardete que luce al sol las galas de sus colores, prendido á la humilde ventana del obrero ó á los altos remates de los palacios.
Nuestro corresponsal en la Habana nos ha

Lo que había más que admirar en aquella
orgía del entusiasmo-nos dicen de la Habana,-era el aspecto que presentaba la ciudad
revestida con todos los atavíos de una belleza
incomparable. La ciudad es ahora-contra lo
que era hace cinco años-una población completamente aseada y llena de encantos.
Las calles, casi en su totalidad, se en contra han lujosamente adornadas con cortinas, ban-

una armazón con los colores nacionales en la
parte superior y formando una especie de bambalina.
Bombas de colores rodeaban cada uno de
esos pequefios arcos, estando asimismo iluminadas casi todas las fachadas de las casas.
En la Puerta de Tierra ó sea plazoleta de
Ursulinas, se levantaba el espléndido y majestuoso arco que los vecinos de dicha calle de
la Muralla dedicaron al primer presidente de
la República de Cuba, según la inscripción
que ostentaba.

pavezada con festones y banderolas: el rojo,
el blanco y el azul, la enseña cubana, estaban
en todas partes.
En la imposibilidad de dar á nuestros lectores fotografías de todos los edificios principales y de los arcos, nos limitamos á reproducir las que ilustran estas planas, con la certeza de que, para formarse una idea de la suntuosidad de las fiestas, son por sí solas suficientes.

1

.

Ella también sufría: femenina,
Se enamoró de un son, nunca escuchado,
De un acorde de luz adamantina,
Y lloró con su música divina
En el tono menor policromado.

/

Arco de la Empresa del Ferrocarril de Villa nueva.

derolas y luces eléctricas y de gas, de formas
caprichosas.
Todas ri valizabatÍ en gusto y magnificencia.
La de_ la calle de la M~ralla era, sin disputa,
la meJor de todas, eubierta de cortinas v banderolas. A. cada cinco metros se levantaba

Arco de la Compañia de alumbrado de
gas, en la Calzada de La Reina.

La guitarra lloraba, dulcemente,
Y en sus combas vibrando el encordado,
Sollozó aquella música doliente
En el tono menor, policromado.

r=-.---

JUAN

R. ÜRCI.

i

Arco de la Compañía "El Iris", en la
plaza de San Juan de Dios.

Arco de los vecinos de Muralla, en Mo nserrate.

Arco del Partido Nacional,
frente al Teatro Alblsu

Tenía la bandera cubana á ambos lados por
las dos caras, hecha toda de luces eléctricas
varios escudos de las repúblicas americanas
el español. Además, una matrona que representaba á Cuba.
Después de este arco, se veía el de la calzada de la Reina, frente al parque de Colón.
Era de madera y ostentaba el retrato del'.señor Estrada Palma.
·
Toda la calzada de Galiano estaba llena de

y

La calle de Muralla, vista desde la de San lgnaclo,

Un negrito muy popular en la Habana.

�Et

MUN.00 ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO I.--NÚM. 25.

MÉXICO, JUNIO 22 DE 1902.

Subscripción mensu11/ forRneo, $1.50
Tdem. l&lt;lcm. e11 ¡,, t..·uµ1t1;t1. ,, 1.2{j

Director: LIC. R,U 'AtL Rn~ &amp;PINDOU.
Oercnlc1 llJlb Rtllb &amp;PINDOLA.

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SERA CORONADO EL 26 DEL ACTUAL.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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MÉXICO, JUNIO 22 DE 1902.

Subscripción mensu11/ forRneo, $1.50
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Director: LIC. R,U 'AtL Rn~ &amp;PINDOU.
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SERA CORONADO EL 26 DEL ACTUAL.

�Domingo 22 de Junio de 1902.

CABTA A 'UH POETA

Los versos de Enrique Torres Torija.
Mi querido Enrique:
Llegaron á mí los versos de usted como van
las abejas al panal: cada uno con su gota de
miel. Los he leído todos; he releído algunos,
y como son tafi juveniles y frescos, me han
dejado una tranquila impresión en el espíritu y una buena sonrisa entre los labios.
Los poetas así, como usted, que abren su
pecho- un joyero de ingenuidades - para
mostrar sencillamente lo que poseen; los poetas que no alardean de saberlo todo, de sentirlo todo, de llevar en el alma visiones proféticas y sublimes secretos, los poetas delicados y humildes, que pasan entonando en voz
baja su cancioncita tierna y dulce, sin más
esfuerzo que el que hacen los pájaros para
abrir las alas y las flores para abrir las corolas, me causan una amable y sutil emoción
de bienestar, que se parece mucho á la que
experimento cuando me extasio mirando jardines solitarios.
Hago yo en libros como el suyo, lo mismo
que en esos jardines: me pongo á pensar en
cosas mías, muy intimas, muy escondidas,
muy frágiles pequeñeces de la vida; granos de
oro de la felicidad que guardamos avaramente, por el temor de que la realidad grosera
y prosaica nos las eche á volar de un soplo.
Sí, estos libros son los que sirvE&gt;n para las auto confidencias, para las remembranzas.
En el de usted, hay una deliciosa sinceridad casi infantil. Es un libro que huele á rosas. No es usted un complicado, un refinado,
un morboso; es usted un joven, es usted un
poeta. Y con esos dos supremos y divinos dones, como con dos prodigiosos talismanes, rima usted armoniosamente, sin rebuscamientos ni pompas, los latidos de su cora2ón, y
realiza el milagro de acordar con la suya la
palpitación de otros corazones.
La inspiración de usted sube con dos alas,
la del amor y la del dolor; sólo que su dolor
no es desesperado, no es voraz, no es iracundo, no es el ala recia de un buitre, no golpea
el aire y sube hasta el sol con enfurecimientos de rapifia; es un ala de paloma herida
que vuela toda trémula con desfallecimientos
de angustia, y el amor no es tampoco ala de
aguila que de una sacudida aE&gt;ciende hasta las
confusas lejanías; es un ala de ruiseñor: Re
abre en busca del granado que sombrea el balcón de J ulieta.
Usted se queja con 1n, alta resignación de los
creyentes:
Vengan las amarguras! no tt&gt; importe;
mírame; yo sufrí las asechanzas
del destino, las sufro todavía;
pero sus rudos golpes rio me dañan.
Así debes vivir; conserva siempre
para el combate las mejores armas,
y no llores jamás tu desventura
si te vuelve la suerte las espaldas.
Ten fe, como la tengo, hermano mío,
y también como yo, ten esperanza.
Usted ama con los éxtasis puros de loR idealistas:
Ojos de negro azabache,
Ojos de amor infinito,
Ojos de inmenza dulzura,
Ojos lindos;·
Yo los quiero, yo los amo,
yo los sueño, yo los miro;
y en el fondo de mi alma,
santuario de mis cariños,
esos ojos de tu rostro,
esos tus ojos magníficos,
tienen su altar y su culto,
su adoración y füS himnos.
He aquí, mi querido Enrique, su alma de
soñador, suave y exquüüta, diciendo, bellamente, las rlos eternag tri vialidades de la exigtencia: sufro, amo.
Los versos de usted, si carecen en ocasio-

EL

EL MUNDO ILUSTRADO
nes de adorhos.líricos y atavíos platerescos,
tien~n, en cambio, una fragancia primaveral,
que es el vago perfume de su poesía.
Una ruborosa y velada tristeza envuelve el
libro. Es una tristeza romántica, melancólica,
aterciopelada. Es más bien melancolía que
suspira y que por momentos quiere llorar.
¡Ah, buena compañera de los veinte años,
inspiradora de las primeras elegías, te conozco! Eres la musa blanca y pálida de los poetas jóvenes; les dictas las más bellas estrofas,
los sumerges en los más azules ensueños ..... .
Y bien, Enrique; aquí quedan sobre mi mesa de trabajo, llena de papeles burocráticos,
los versos de usted. Muchas gracias. l\Ie sonrío, porque pienso: quizá por equivocación sucedió que estas lindas mariposas se detuvieron
en los zarzales de mi vida.

.Cuis {;. Urblna.

L.A NOVE:L.A~POKMA.
El alma humana es como la mar, no deja
el lugar á las arenas sino para volver más
profunda y más agitada hacia otras riberas
que invade y que fecunda.
En el siglo XIX, ella se refugió al principio en la música. Beethoven, Weber, Mendelssohn, Shumann, Berlioz, Chopin, y después, y por sobre todos, Ricardo Wagner, fueron los intérpretes de esta vida interior que la
Filosofía y la Literatura desconocían cada vez
más. Bayreuth fué, ante todo, el teatro del
alma, del alma sufriente, militante y triunfal,
fuera y por encima de todas las convencioues
y todas las contingencias.
Hacia el mismo tiempo, dos grandes escritores septentrionales, Enrique Ibsen y León
Tolstoi, genios severos é inquietos, renovaban
el espíritu del drama y la novela, haciendo
penetrar en ellos el cuidado de la vida interior. Ese mismo cuidado, minando poco á poco los viejos dogmas y los viejos prejuicios,
llevaba un gran número de espíritus jóvenes
á la concepción religiosa de la existencia, bautizada con el nombre de neocristianismo, y
penetrando en la democracia, le asignaba, de
más en más, como ideal, la creación de los héroes y la formación de una «élitei, espiritual,
profetizada por Carlyle, Emersson y Schuré.
Y es esa literatura del alma la que bajo los
diversos nombres de Simbolismo, Misticismo,
Idealismo, hau ilustrado con sus nombres
Maurice Mmterlinck, Henry de Regnier, Gabriel Sarrazin, Gabriel Trarieux, Louis de
Cardonell, Eugene Hollande, Fernand Gregh.
En el arte, como en la naturaleza, las formas no son sino figuraciones de la vida. Para
que la forma se renueve, basta que la vida sea
renovada.
A medida que la atmósfera idealista modificaba para la Europa las condiciones de su
vida interior, la forma de los géneros evolucionaba tan. bién.
En 1894 Gabriel Sarrazin publicaba las «Memorias de un Centauro;,i en 1895, Gabriel
d' A.nnunzio escribió las «Vírgenes de las Rocas i" Edouard Schuré, «el Angel y la Esfinge ;n
y en 1896, G. Sarrazin escribió «El Rey del
Mar.i&gt;
Esas cuatro novelas, bastante desdeñosamente acogidas, salvo una, por la gran crítica
y el gran público, pero festejadas por una
«élite," constituyen las primeras manifestaciones, osémoslo decir, los primeros modelos, de
lo que se puede llamar la novela del alma, ó
mejor, lo que debería llamarse la NovclaPoema.
J. l\I. VARGAS YILA.

.:ircsno

ILUS'l'RADO

EL SB. MAGISTRADO

EL OTRO CANTO DE BAILE.

FRANCISCO DE P. SEGURA
Acabo de mirarte á los ojos, vida; he visto
relucir oro en tus ojos nocturnos, y esa voluptuosidad me ha paralizado el corazón; ¡he visto brillar una barca de oro en aguas nocturnas
una barquilla dorada que se hundía y reapa:
recía haciendo señas!
Tú dirigías una mirada hacia mis pies, locos por bailar; una mirada arrulladora, derretida, risueña é interrogadora.
Dos veces tan sólo agitaste con tus manecitas tus crótalos, y ya me bailaban ebrios los
pies.
Los talones se empinaban; los dedos escuchaban para comprenderte-el bailarín ¿no
lleva los oídos en los dedos de los pies?
Salté á tu encuentro; tú retrocediste ante mi
impulso, y hacia mí serpenteaba tu voladora
y fugitiva caballera.
De un brinco me alejé de tí y de tus serpientes; tú te erguías ya, medio vuelta con
los ojos henchidos de deseos.
'
Con torcidas miradas me enseñas sendas
t?rtuo~as;. por tortuosas sendas aprende a'ltnc1as m1 pie.
Te temo cuando estás cerca; te amo cuando
estás lejos; tu huida me atrae; tus pesquisas
me detienen. Sufro; pero, por tí, ¡qué no sufriría yo de buen gra&lt;lo!
¡Oh, tú, cuya frialdad enciende, cuyo odio
seduce, cuya huída ata, cuyas burlas .. . ..... .
conmueven!
¡Quién no te odiaría, gran atadora, arrolladora, seductora, escudriñadora y descubridora! ¡Quién no te amaría, inocente, impaciente, arrebatada pecadora de ojos infantiles!
. ¿Dónde me arrasJras .ahora, indómito prodig10? ¡Y ya vuelvesahmrdemí, dulcee1:,quiva
dulce ingrata!
'
Bailando sigo tuR menores huellas. ¿Dónde
estás? ¡Dame la mano! ¡O aunque sólo sea
un dedo!
Hay por ahí cavernas y espesuras· nos vamos á extraviar! ¡Alto! ¡Detente! ¿No ves revolotear buhos y murciélagos?
. ¡Eh, tú, buho! ¡Murciélago! ¿Quiéres burlarte de mí'? ¿Dónde estamos? De los perros
has aprendido á aullar y gañir.
Graciosamente me enseñabas los blancos
dientecitos; tus malvados ojos me asaeteaban
al través de tus rizadas melenas.
¡Qué danza por montes y por valles! Yo
soy el cazador; ¿quieres tú ser mi perro ó mi
gamuza?
¡Ahora, á mi lado! ¡y vivo, endiablada saltarina! ¡Arriba ahora! ¡Y á la otra parte!¡~Ial haya! ¡Al saltar he caído yo!
¡11irac6mo estoy tendido aquí! ¡mira altane~a, c6n:io imploro tu gracia! yo qui~iera
segmr contigo... senda!&gt; más agradahles!-las
sendas del amor al través de esmaltadas espesuras! ¡6 las que allá costean el lao-o
donde
0
nadan y bailan dorados peces!
'
. ¿Estás rendida ahora? Allá abajo hay oveJªS y arreboles vespertinos. ¿:Xo es buena cosa dormir cuando tañen la flauta los pastores?
¿Tan rendida estás? Voy á llevarte allí· deja siquiera caer los brazos. ¿Y tienes sed?'. .... .
Algo podría yo darte; pero tu boca no quiere
beberlo.
¡Maldita serpiente é~ta! ¡hechicera escurridiza, veloz y ágil! ¿En dónde te has metido?
Pero en mi cara siento dos marcas de tu mauo, dos manchas rojas!
Esto): h'.11-to de ver~s de seguirte siempre
como cand1do c01clenllo! Hechicera, para tí
he cantado yo ~asta ahora; ahora para «mí»
debes tú ...... gritar!
¡Debes bailar y gritar al compús de mi látigo!
¿Pero no he olvidado el látigo?-¡Xo!
FEDERTC'0

~l día 16 del corriente dejó de existir en la
capi~al el Sr. Lic. D. Francisco de P. Segura
Magistrado de la Suprema Corte de Justici~
de la Nación.
Fué el Sr. Segura un hombre de elevadas
&lt;lotes intelectuales, y un abogado en que se
her1:11anaban la ilustración más amplia y la
rectitud más bien entendida.
·
Al.sel?elio de su cadáver, que se verificó el
d~a fngu1ent~ por la tarde en el Panteón Frances, c.oncurneron, entre otra~ distino-uidas persona!1da&lt;les, el l::\r. Se0retario de H~cienda, el
Presiden.te de la Suprema Corte, Magistrado
D?n Féhx Romero, los Sres. Líes. Pablo y
~1guel Mace.do, Jacinto Pallares, Indalecio
Sanchez Gavito y Francisco de la Barra.
. E1~ representación de la Corte, hizo el elog10 funeb!"e ~el Sr. Segura el Magistrado D.
Manuel Ga\cia Mén&lt;lez, hablando después, á
~ombre d~ la1 Escuela de Jurisprudencia, el
Joven Enrique Rodríguez Miramón.

l

NIETZ;l('JIE.

-Una cosa bella es una alegría pei·enne.KEATS.

-La alegría del corazón conserva la edad
florida: la tristeza seca les huesos.-SAL0MON.

r

Este es el c:u:10; uistedes resolverún si mi
hombre estaba loco ó no lo estaba. El practicante-un buen chico-me aseguró que en su
concept:o era un fan,antc, un hom hre que tenía
la suficiente fuerza de Yoluntad para fingir "f'n
locura» cada día, con objeto &lt;le pasársela entre los locos, qne es siPmpremenos odioso que
vivir entre criminaleR, menos doloroRo que
trab:3-jar en ~rn castjllo embutido en el mar, y
vestir el urüforme a rayas azules. l'1,te1les sabrán si es creíble egc fingimiento, sin que á
fuerza de repetirlo llegara un día en que se
convirtiese en locura real.
Tengo que apretarme bien el cr(mco para
que no se me salga esta idea. ,\ ver ( contando) una; ya oigo una; la oí bien; Ít yer, otra;
ya oigo otra. Esto es lo malo, que es otra,
que son otras; no son aquellas mismas que no
oi, y que debía haber oído. ¡Qué torpe es la
i,maginaci?n que yo tengo! ¿La que yo tengo,
o la que tienen todos los locos"? porque dicen
que yo estoy loco-¿la que yo tengo, 6 la qut&gt;
tienen todos los hombres'? Todos, sí. ¡Qué
bien abarcan estas palabras al conjunto: todos
los hombres, ¡todos los locos! Es muy torpe,
decididamente; yo no he podido oir esas campanadas que necesitaba oir; no puedo.
Si las hubiera oído, no sería extraño que
pudiera oírlas otra y otra yez, así como escucho muchas yeces la Y0Z de aquel maldito:
ccUrge, pueR, señores jurados, un castigo ejemplar para el acusado ...... »
. Pero ¡por Dios! ¿por &lt;¡ué no podré oir en la
imaginación aquellas seis de aquella mañana"?
No; y culpa del reloj no fu(,; es decir, yo creo
que no fué. ¡Ah! el reloj es un gran invento;
pero deberían tener repetición, no sólo una
vez, sino muchas; una, dos, tres, cuatro, ci}1co, Reis, y luego, una, dos, treR, cinco, s~is;
¿qué tonto soy! entonces se confundirían y
tampoco hahría oído yo la hora que necesitaba; ¿cómo saber cuándo acababa una vez, y
cuándo empezaba la repetición? lina, &lt;los ..... .
has~ seis, y luego sietr, quince, yl:Jinte, ¡imposible! un repique continuado ........ eterno!
La eternidad sería insoportable; qué fastidio!

Fot. de Mora.

. Esto es lo curioso; yo mr figuro bien y oigo
lnen todo, menos aquellas seis campanadas
hasta este repique que oigo ahora. ¡Ea! basta';
hasta; me atunlen esas campanas; ya he oído
corno ochenta horas; .al fin; ya nada; como i-i
las campanas se hubieran \'nelto de papel, como en aquella mañana; las campanas de papel, con lenguas de trapo.
. ¡Si hubieran podido güardanue aquellos somdos para hacérmelos oír cuando desperté ·
pero no; y eso que existe otro gran invento'.
el fonógrafo,
y, ¿def qué me sin·e el fon6o-rafo'
.
o
)
-:,' e1 cmematogra o, y todo ef;o? Tocio cstú
muy bueno; ~e puede voh-er á oir ·" volver (t
,·er, y á oln, y Ít saborear; no, eso no· entonees ge habría &lt;'Opiado bien la vida·'cuando
m,istic•ndo ú. una c,-crna puesut c•n un 'aparato,
,·eamns .Y oigamos y olamos )' gm,ternos y toquemos todo, todo romo C'l'a en nqurl insfante, ¡qnf. lwrmoso descuhrimiPnto! Prro ¿por
qué no po&lt;lrmos oír lo que 1rn1wa hrmos oído·?
Aunque
RÍ •po&lt;lemos, RÍ ' sí·' •,·o oio-o
to&lt;lo lo
•
t°"
fJUe qmero, s11~ hahcrlo oído ,mtes; ú ,·c•r, ¿_&lt;'Úmo rugen las fieras en un hosfJue?
Así; así. ;.C'6mo rrirít el Dinblo'? ARí; aRÍ.
~h~ra, ¡vamof'! me nyudaré. l\Ie levanto precip1tadarnrnte ele mi pobre cama· va deben
. s.
í ¡Qué! no han gonado?
' • Yoy á
Rer 1as seis;
oírlas; una, otra ...... nada más! ¡se han vt1elto de papel las campanas, campanas de pap&lt;'l
con lenguas de trapo!
Yerdaderau1ente, yo tuYe la culpa· va estaba resignado con mi i'Uerte; había ~ido con
admirable precisión todas las horas· ¿quién iba
ú creer que cuando sólo faltaba m{a, rnc durmiera·? Y me dormí, y ~oíié r.on el pt&gt;r&lt;lón de
la .Justicia; ¡quién sabe cuántas cosas mú,-?
Esos ensuefios, y lo que entre dos Rueíioi; he
pensa&lt;lo, Jie Yisto, he oírlo-¡oh, qué palabra:
«oído!»-lo he olvidado siempre fácilmente·
he desper1liciado por eso muy buenas idens'
porque luego no he podido rl'corda1·las.
'
El despertar fué horrible; aun me pan'rf'
Yer á aquellos hombres de caras neµ:rnzcas,
inconmovibles, mudoR, como lo~ muertor&lt;,
cuando les preguntaba )·o si luibían sonado
lag seis, si _ya iban por c,;o á agujerearme d
cuerpo, para haeer ju,;tieia al otro, á mi muerto, es decir, al que yo quité de esta vida.
Nada me quisieron contestar, y ·"ª se ofan
los pasos «rechinantes» en aquel corredor largo, estrecho .Y oscuro, como cañón de fmil,
por donde me habían llel'ado tantas veces á
la reja del Juzgado; y _ya se oía el rni&lt;lo de
las armas, pero las seis no sonaban, ¿.por qué
no sonaban ya? ¡Cnmpana cruel, campana
malclita, reloj maldito!

l&gt;omin&lt;ro 22 tlc Junio de 1!-l0'Z.
A.l menos el personaje del drama veía en el
reloJ los momentos que le quedaban de vida
pe~·o, par3: mí se h,abía muer~ aquel reloj. '
c,1~m~1én habr~a matado ¡! un semejante, ít
otro 1 ~loJ, y también lo habnan fusilado'?
¿Qmén sabe qué sería. peor? Yo me asomP
~rna vez á uua ventana y allá abajo un vieJO, parecido al tiempo,' marcaba en' un libro
los momentos de mi vida que pasaban y ya
había muchas hojas marcadas, y muy pocas
~n blanco; _¡por poco. muero esa noche! ¡AjaJá; a~orn ?igo un rmdo metálico semejante al
de nu reloJ de comedor cuando se apercibe para dar la hora. ¿Serán las seis que no pude oir•?
Porque_ ha:;ta e;;o; las seis me persiguen todas
las rnananft¡;, pr!·o yo me tapo las orejas, porq~e no t¡u1ero 01rlas, porque no son aquellas
seis qu.c no pu?e oir, y t¡ue-¡como si fuera
un dehto 110 01rlas!-son el origen de que me
hayan traído aquí.
En efecto, grité que no había oído las f'eis
y después me trajeron á este nuevo encierro'.
. Cuando ya era hora, es decir, debe haber
sido la hora, porque yo nunca miento yo no
la oí, entraron unos hombres, y me' dijeron
algo del Juez, y ¡qué sé yo qué relación tenía
el Juez con un nombre de mujer: era Roledad?
. Creo qu? sí; debe haber sido, porque me
tienen aqm solo, absolutamente solo con mi
pensamiento, que corre, corre mucho, y luego
salta y rueda, o se levanta v vuela ó se hunde f baja, baja . 11:rnch,o, ~1asta allá' debajo de
la tJ.erra; va á v1s1tar a llll muerto.
. Cuando corre y salta ó vuela y sube, nada
un porta; lo malo es cuando se detiene cuando
se púra en ur~a .idea: las seis; entonc~s rompe
con una hornpilante solució11 de continuidad
la paz de mi espíritu. ¡Las seis!
¿Cuando oiré aquellas seis? Estoy seguro de
que, en cuanto las oiga, moriré, porque es la
l.10!-a rnarca~la,para mi fusilamiento, y es preferible monr a llevar esta vida.
, Ahor~ oigo h?ra~: una, una ...... ¡s6lo una!
Con~o s1 se arrepmt1era de seguir ese reloj; ¡los
reloJes que se burlan de mi! se quedan riendo
de!&lt;pués de que suena la última hora. Por .eso
m~ parecen mt~y naturales los cariños y los
odJOs que yo ~rento por las cosas; creo que
~rnnca he quendo á una persona como quiero
a er&lt;e portaplumas negro, regalo de un amio-o.
¡Pobre porta¡.ilumas! El debe extrañarme n~ucho si es agradecido y es bueno. Quiero á ese
portaplumas con un grande cariíio paternal
paternal, ¡qué.raro y qu.~ curioso fuera eso ¡uh
hombre que tiene un h1Jo portaplumas, v luego negro!
·
)~n, cambio,. tengo un ?di~) á los . relojes, nn
odio. a loR fus1le1,, un ocho a ese lndra11te que
an:oJaba agua perennemente. ¡Qué grandes
od10s! creo q~e no es posible odiará una persona con es~ odio, _porque es mucho, ni es posi?lc ~mar a un h1JO con este amor que profe¡;o
u rn1 porta,plumas negro; es mucho amor!
Y hay que convenir en que tengo razón
cuando amo con esa fuerza á las cosa1:,; éstas
son merecedoras, porque son absolutamente
buenas .absolutamente malas; todo depende
de la ut1hdad que prestan; mi espejo roto es
ab:;olutamente malo, siempre malo; y las pers~ma$ tenemos esta mezcla de .bondad y de nulidad que nos haeen menos dignos de amor v
lll('nos digno1&lt; de odio.
·
¿.Yen ustedes"? Ahora se ha ido el pensamiento; ahora es cuando me salta y corre y tro
. y cae, para l.evantar.s e nuevamente,
'
' pepieza
ro no, se ha detemdo haciéndome mucho ruido dentro del crúneo, como esos focos eléctricos que se apagan, y se quedan murmurando
quién ~abe cuántas cosas, runruneando fuertemente.
,\,-,í nw pasa; ya oigo una dos tres· oh los
. d e t'terna repebc10n;
.. , ' hasta
' seis,' veinte,
,
re1oJei-;
º?henta .... ~· pero no ,so!1 las seis que necesito
mr; ¿porque no podre oir las seis de aquella maíiann? Esto
es lo que me canso de preo-untar
,
o
.
.Y a~1, to.do sucede; no se llegará la hora de
m1 fus1lam1ento, la ho~a de mi muerte, y entonces ...... ¡nunca morHél quedaré ¡toda la vich1;!" en este martirio enorme, esperando ufias
seis que no llegan, que no pueden llegar, porque ya pasaron, porque ya se fueron.
¡Y así habrá tontos que no quieran morir!
:B'RANCisco ZÁRATE Ru1z.

?

�1

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 22 de Junio de 1902.

DE PBINCIPE DE GALES

-Á

REY DE INGLATERRA.

l.'" Si el nacimiento del primer hijo varón es el
acontecimiento más importante de la vida matrimonial; cuando ese hijo es el presunto heredero de uno de los tronos más poderosos de l&amp;. tiena; cuando la pareja que cifra
en él sus más risueñas ilusiones es una pareja real, el suceso adquiere, no sólo el encanto
idílico de una cuna rodeada por el amor de
los padres, sino la importancia ele un asunto

vicia íutura del príncipe, años más tal'&lt;le. El
amor clel príncipe consorte, la tierna solicitud
de la reina; el empeño de ambos espo;;os de
exaltar á su hijo á los ojos del pueblo sobre
el e1.1al debería más tarcle reinar, son, en lo
general, la norma de la educación que hubieron de hacerle dar.

***
Desde edad muy temprana, la reina quiso
hacer ele su heredero algo como un lazo de
unión entre el trono y el pueblo; lazo de que
carecía, primero, por haber elegido un esposo
de origen alemán, y más tarde por haber quedado viuda.
Esta intención fué realizacla á maravilla, y
no contribuyeron poco a.l éxito las cualirlades del príncipe. ::\luy joven aún, fué enviado á una visita á la India. Después al Canadá, al Egipto, á la Tierra 8anta; y t~dos estos viaje:,¡ tuvieron por resultaclo efectH·o e:strechar los lazos que uuían á)as~-culonias con
la metrópoli. En tocias partes fué recibido con
gran entusiasn10; de la India regres6 cargado
de presentes tle los príncipes3indios y lle\·ando las simpatías de los colonos.
DPl Canadá pasó á los Estados Unidos.
La reina y ::;u esposo temían que, no extinguidos aún los resenti~ni~n~os dejados ¡~ot· la
lucha de indepenclencm, ·:el1pueblo anieneano
recibiese con e i e r ta
frialdad al representante de la Corona,al descendiente de ,Jorge III.
El presidente Buchanan insistió en solicitar
la visita, y en tonef s se
clecidiú que el prínei pe
Alberto Eduardo hiciera un viaje á la gran
República,pero ;-in llevar la repreRentación
de la reina, y súlo bajo
Rll título &lt;le harón Ren-

simpatías, y ft afianzar los eslabones que ligan
á la metrópoli con los miembros del imperio
desgregados en todas partes del munclo. En
esta tarea política emplea buena parte de su juventud.
Desafecto á la marina y á la milicia, á las
que sólo ama por lo que tienen de esportivo;
un tanto alejado de la corte rígida y se\'era de
Wíndsor aprovecha el ti&lt;'mpo en una labor
que será 'segmamente fructífera en l_o futuro:
mirar de cerea á los pueblos, tan diversos en
su origen y &lt;·n su8 condiciones, cuyos destinos ha ele regir algún día.
To&lt;lo contribuye, además, para que el pueblo le ame. Este no había visto con buenos
ojos la elección de esposo que hizo la reina.
Tampoco aprobaba del todo la inclinaeiún
decidida de la soberana al imperio alemán, ,v
hubiese Hielo para él una graYe contrariedad
que el hereclero del trono f"e hubiese caf&lt;ado,
conforme á los dPseos de la soberana, con u11a
princesa de origen alemán.
Lejos de esto, el príncipe hace un matrimonio que tiene algo de novelesco. En 1860, t·neontrándo;:e en la catedral de \\-01111s, ve• por
prinwra vez, admirando los frescoi::, á !ª prinecf-a AlcJ·andra'lde Schlc,:wig-Holstcm--BonL
, l
, •
dPJ"boing-Glucksbourg, que a a sazun.-no contaba más ele 16 años. Tras ese primer ·encuentro, el príncipe de Gales procura voh&lt;•r á ,·t-r

1rell'.

E luarJo VII y la Reina Victoria. en 1846.

de e:-tado, y el infante es el mima.Jo, 1h) i,olamente de un hogar, sino de todo un pueblo.
. Así, para la Reina \'ictoria de Inglaterra y
para el príncipe consorte, el día 9 de no\'iembre de 1841. fecha en que nació el príncipe
heredero de la corona de Inglaterra, fuf uno
de los días memorables-y cuántos clichosofó terribles vió pasar la augusta señora!-de
esos días que la historia recoge y la crónica.
adorna con detalles de todo género.
A las cuatro semanas de su nacimiento, el
hijo, que fué durante toda la vida de la reina el amor de sus amores, fué elevado, por
mandato expreso de Su Majestad, á la diguidad de Príncipe de Gales y Conde de Chester.
Generalmente se cree que el título de príncipe de Gales es hereditmio, que deben llevar
desde que nacen los herederos ele la corona
de Inglaterra. Es un error: el título c1ne corresponcle al primer hijo del soberano inglés,
es el de Duque de Cornuailles; el otro da lugar á nueva creación en cacla caso.
El título de Príncipe de Gales ha sido conferido treinta y siete veces: diez y nueve ú
príncipes independientes, y diez y ocho ú
príncipes ingleses. No todos éstos, sino (micamente once, han llegado á ocupar el trono,
pues varios han muerto antes que el soberano
reinante.
Alberto Eduardo, el heredero de Victoria
I y que va á ser coronado rey dentro de muy
pocos días, con el nombre de Eduardo VII,
fué bautizado, con los nombres de su padre y
de su abuelo materno, Eduardo ele Kent, el
día 25 de enero de 1842, por el arzobispo de
Ca.ntorbery. en las pilá"s de oro de la Torre d&lt;'
Londres, y con agua del Jordán, llernda expresamente para la ceremonia.
La infancia, la adolescencia, la vida escolar, transcurridas al lado de sus preceptore1&lt;,
6 bien en las Universidades de Oxford v
Edimburgo, no hicieron prever cuál sería

la

El recihi111iento hecho en los Estados Unidos al heredero del trono inglés, fué delos más
entusiasta;;, y clisi pó
los temores ele la reina.
Desde que cruzó la fron
ter a canadiense , el
Príncipe de Gales enMarlborough-House.
contró totlo un puehlo
que acudía á &lt;larlP la bienvenida, que le-aclamaba á cada paso: el hü•lo quedaba desecho;
las ciudades más importantes se disputaban el
honor de una visita, Y por prinwra vez se viú,
en armonía completa: ondear el pabellón tricolor de la República junto al "rnion Jack»
de la antigua metrópoli.
Un ra1&lt;go delicado del príncipe acabó de conquistarle la popularidad. Su primer cuidado
fué irá Mont Vernon, á visitar ]a tumba de
Washington. El hijo de la reina permaneció
unos momentos con la cabeza descubierta ante el mausoleo del fundador de la Uni6n Americana, en actitud respetuosa, sin desplegar
siquiera los labios, como para no turbar la solemnidacl del recinto. Después, allí mismo,
plantó un castaño, y el "Times» decía á propósito de este acto, que el príncipe heredero
había enterrado allí, al lado del héroe americano, la semilla de la cliscordia.
A partir ele ese momento, había ganado para sí todos los corazones. .Jamás personaje alguno de Europa había sido recibido de manera tan brillante y había conquistado tanta
popularidad.
:Más tarcle, en 1868, cai:-ado ya, hace en
compañía de la prineef"a cJp Gales, t!n viaje ú
la hla de Esmeralda, y del pueblo irlandés
recibe marcadas muestra;; de simpatía,que no
dejan &lt;le redundar en beneficio del prestigio
real.
En suma, por todas partes, en las colonias
y en el extranjero, va á borrar resentimientos,
á prodigar á. los pueblos algC' de la realeza que
éstos gustan de tener más ó menos á la vista;
á afirmar el prestigio de la Corona; á cosechar

EL MUNDO ILUSTRADO
El casamiento, por amor, de un príncipe
heredero del trono inglés, es para cautivar los
corazones de los súbditos, y más aún cuando
el príncipe, en vez de ir á buscar alianza con
la poderosa casa de Hohenzolern, como lo deseaba la Reina., se une á la hija de un príncipe, por entonces alejado de las gradas de un
trono, qne vivía en el retiro la vida más modesta que pueda sufrir un príncipe, y á quien
sólo una serie de sucesos imprevistos debía sentar después en el trono de Dinamarca, y aliar
con casi todas las casas reinantes ele Europa.

Robó el oro su lustre á tu cabello,
Y á tu boca el coral su sangre pura;
O11tenta el mármol, como tú, su albura
Y el cisne arquea, como tú, su cuello.

***

En tu sonrisa se estremece el Rello

Si el papel político ele Alberto Eduardo, en
los primeros años de su juventud, fué muy
importante para el gobierno de la reina Yictoria, más tarde, despu6s del matrimonio, debía ganar en interé,:. El heredero del trOHO
instaló su residencia oficial en Marlborough
House, mansión adquirida por la corona especialmente para el príncipe. Allí se forma
una segunda corte, más popular y menos rígida que la de Wíndsor, que la muerte del
príncipe consorte llen6 de luto; allí acucie la
aristocracia de la sangre, del dinero y del talento, á r€cibir la consagraeión ele su fama en
los salones de los príncipes. Desde allí, el futuro rey de Inglaterra organiza clubs, patrocina obras de caridad, rige la elegancia, es, en
suma, el «leader» de la sociedad inglesa que
acude á él para prestigiar ó para confirmar sus
actos. En esa tarea le ayuda dignamente la
princesa Alejandra: mujer elegante en sumo
graclo, inteligente y abierta á todo sentimiento benévolo, es también la que norma la vida
aristocrática de la alta sociedad londinense.
Así, la vida en Marlborough House fué sumamente laboriosa para el príncipe, que, fiel
á su programa, no dejó pasar oportunidad alguna para ganar popularidad. De tales fatigas, los príncipes van á reposarse en el dominio de Sancldgham, en el condado de Norfolk,
una residencia campestre digna de un soberano, donde sólo tienen acceso los íntimo;;, donde se efectúan las famosas cacerías en las cuales el príncipe y ocho ó diez amigos abaten en
tres ó cuatro días cerca de· cinco mil piezas de
pelo y pluma.

***

(Asiento de Ia:Corte del Prln&lt; ir e de Gales.

El matrimonio de Eduardo VIT, en 1863.

á la princef'a; y por fin, en 1862, envía á su
eRrndero al castillo de Berrn,dorff, en demanda formal de la mano de la princesa.

Cosa extraña: ni la reina ni sus ministros
creyeron nunca nece1&lt;ario familiarizar al príncipe rle Gales con los asuntos del gobierno .
Hace pocos años, cuando se trat6 de la abdicación de ht soberana, en la posibilidad de
que tal aconteciera, el heredero tuvo acceso á
los negocios públicos; pero no se le llevó hasta
las intimidades de la alta política.
Mas ¿para qué tomarse tnles molestias, para
preparari-;e á un gobierno en el cual la acción
del monarca. está limitacla por una estricta
constitución y por la. voluntad del pueblo?
~Iás, mucho más cuerdo y previsor fué ponerlo en contacto con la sociedad inglesa; hacer de él un moclelo del noble inglés, lo mismo
que del miembro de la alta burguesía.
Así, al pasar de príncipe de Gales á rey de
Inglaterra, Eduardo YII promete ser un soberano liberal, bien querido por la aristocracia y por el pueblo, y perfectamente compenetrado de su papel en el trono de la Gran
Bretaña.
De miras amplias, no ha tenido empacho
en manifestar su grande admiración hacia
Gladstone; no ha \·acilado en distinguir á los
judíos ricoR en una sociedarl pmitana. Ha
declarado sn 1lesPo ele• &lt;JU&lt;' en las ('ercmonias
ele la coronación i::f' rmprima la imposición del
óleo, como signifitando que le parece impropio en los tiempos actuales hacer pasar á un
rey como un elegido dP Dio,:, y también ha
querido que se modifique la fórmula del juramento, en atención á que entre los centenares de millones de súbditos, los hay ele todos
los credos y de todas las religiones.
N"adie puede dudar que, por su educación,
por su papel cerca del pueblo, por sus miras
personales y por la situaci6n que ocupa,
Eduardo VII será el tipo del soberano moderno abierto á todas las evoluciones, el que ne'
,
.
cesitan los pue.blos que han de ser monarqwcos y progresistas á un tiempo.

:l)r. ..C. .Cara g })ardo.

Domingo 22 de Junio de 1902.
COLOMBIANA,

Helénico perfil, rico atavío,
Que nácar inviolado esculpe y dora;
Es su hermosura enamorada aurora,
Que lleva airosa como eterno estío.
PE.RUANA.

De un bes&lt;? del amor á la hermosura,
Y en tu muada trémula fulgura
La lucha de una sombra y un destello.
Lohengrin te ha soñado como un rubio
Querub, eiwuelto entre flotantes tules,
Robre su cisne blanco, en el Danubio;

Y ha visto que halagan&lt;lo i-ns antojos,
No son tus ojos como el cielo azules,
Sino el cielo es azul como tus ojos.
.JOSÉ

s.

CHOCA.NO.

Ama con frenesí, con desvarío,
En su negra pupila tenta.dora
Lleva el fuego ele un beso que enamora,
Hecho luz, hecho carne en el vacío ......
Es Ofelia si lucha enamorada,
O N"idia de fulgores indecibles
Que ríe con el alma desgarrada.
Mas olvida cantando en la alborada,
Porque vive en el cáliz de la pompa
,cQue enerva como flor emponzoñada.»
JUSTO p ASTOR Rrns.
-Yivir es morir un poco cada día.
1\h:x m:s.

C.\TU-

LLJ-~

*
*'*

-Una buena madre vale por cien maestros
de escuela.-SPENCER.

Bamboleándose cándido y suave,
Ya el Señor con sin par gentileza
como encima del ala de una ave;
y la chusma fanática. y grave,
en coreada oración, zumba y reza.
A una cruz que enlutada camina,
en altar q-ue entre incienso se esfuma
;· que cruge y retiern bla y se empina,
el ya muerto Señor se avecina
~obre un lecho cuajado de espuma.
Se deslizan dos ;argas hileras;
rodeando al Señor eomo adorno
de rojizas y extrañas lumbreras,
Yan del lecho clavadas en torno
temblorosas las pálidas ceras.
y

l'n runrún infinito que atruena
los oídos, palpita y estalla
cm la gran procesión nazarena;
allá lejos, al fin ......... triste suena
destemplado clarín de batalla.
Larga tropa ele fríos soldados
acompaña los santos dolores;
mal seguros y mal enfilados,
los clarines al par destemplados,
destemplados al par los tambores.
Casi en medio, .Jesús, ya rendido
por el peso de un árbol que asombra,
pues no tiene una. hoja ni un nido,
rn de túnica obscura Yestido
romo pálicla y trrmula ,;om hra ..... .
El litwn 1'ura entre cien feligrp,;es
con un mí~tico orgullo se entona
para ahar r-us católicas preces;
un ravito ele luz cae á veces
en la tersa y rapada corona ..... .
Todos llevan los ojos clavados
en el Dios de loi;; grandes martirios,
por la fe de ese Dios arrastrados ..... .
Y jazminei-, y rosas y lirios
á sus pies van cayendo mezclados ......
Sopla el viento y a.paga los cirio:;!

JOSE S. CHOCANO.

�Domingo 22 ele Junio de 1902.

Domingo 22 de Junio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL :\IUNDO ILUS'l'RADO

C.rcursiones al. ¡?opocafepefl.
La fiesta del agua y del rartón. El pueblo
hace por un dia la vida del anfibio· y la legión
de chicuelos se echa, de la frerite ~i occipital
el untado chacó de cartón que está luciend¿
sus marcialidades en las alacenas de Mercaderes.
Así se celebra el día del Bautista.
La costumbre de zambullir el cuerpo en el
agua de las albercaR, importa toda una borrascosa solemnidad. Aquel chapoteo que en
los ocurrentes símbolos rlel pueblo sin duda
significa una reverencia á líts aguas'del río E&lt;agraclo, no es saludable si las proezas natatorias primero y luego las libativas dejan de
acudir á tan memorable ma!'ifestación.
El devoto menos ferviente del Bautista «celebra» arrojándose de cabeza desde el piso más
alto de los que circundan la alberca, con el
fin de probar que sabe sufrir un chicotazo de
las aguas y contener la respiración más ó mrnos tiempo. El acto revif,te sernmción · drsde
que el bañador viene dando \'Oltere~s hasta
que se hunde en las aguas; y después, desde
que la figura desaparece hasta que torna á
surgir con la melena untada i:;obre los temporales, los ojos inyectados y fijos con la ansiedad de la asfixia, la boca abierta dando paso
á un torrente de oxígeno, y, en todo rl semblante, pintado el ge¡,to de una brutal violencia. El «esforzado" sonríe, la mnltitucl aplaucle,y uno «que no se quiere qm•daratrás,» trepa á una altura mayor y el espectáculo vuelve
á comenzar........ .
Tantas y tantas proezas como allí se suceden, obligan á las mús calurosas feliritn.ciones
y éi;tas llegan con Ru «natural" complemento.
Las barracas se concmre11; el pulque rscurre
su hebra por drbajo de el pu iiado de vai;os
que el esc-ancia&lt;lor hunrle en rl tond t1del nH'jor», y da principio otra fieRta....... también dr
carácter líquido.
Oh! si aquella:-: ilustres personas que han
pas~do ú la cate~oría de santo¡.:, Rupiemn 6
hubieran presenbdo ( para el:ltar de acuerdo)
la manera como se las había ele honrar en este
mísero mundo, tengan ustedes por un hecho
'}Ue dan con sus buenai; accioneR al traRte 6 f&lt;&lt;'

las e~ronden, de umnera que ni los X rnodcrnos i,:e In;; Pncontraran.
Y vamos con la consecuente 6 sea mrjor la
inconsecuente fiesta líquicln.
...... los ánimos se enardecen; loR baiiacloreH tocan al dictarlo de héroes; las charolas de
enchiladas no se dan repo:-o y los vaso~, loi-:
grandes y repletos rnRos, están prisioneros
entre los dedos, de puntas arrugarlas por rl
remojo. Se ponderan los triunfos, la griterín
se levanta; cae el brazo r-:obrc el hombro del
recién conocido, SP n1ascnlla el «tú" amistoso
y ..... .
Bajo el cielo gris-San .Juan siempre cubre
s11 fie1&lt;ta con un manto plomizo-\·a internándose la som hrn de la noche. Allá, en la
cercanía de las alherC"as, se n,·e la canción ele)
último «dernto» e11tr(&gt;(1,jida ·.,n el ronronear
de los hordonei-: de un hnjo. La harra&lt;'a. transpan,11ta mm lui &lt;l?hil; l 11 el fondo clel tonel
hav heces mtuSC'al,undas.
tn la allwrca las agrnts t-&gt;stún tranquilas;
duPrmen 1le:&lt;pu?s clt&gt; la ntda faena; ha pasado
su clía.
El cartón sí dcse111reñit un papel noble en
la tiesta del Bautista: corona las cabecitas de
la legión que &lt;'Stá al pie 1le la pintorPHCa rampa clr las edad&lt;'H.
El chaeó de mrtón e:&lt; la ligum que arranca
la primera sonrisa al (!rspertar de lo!- chic11elo;.:. f-;an Juan rs el patrún d&lt;' la rnilicia. inVt'ncihle, &lt;IP psos jt&gt;fe(•itoi-: &lt;JIH' gnwn dr un eontinuado triunfo Pll el campo d&lt;' l,atalla donch,
por todo clarín clP (mle1ws i-;uc1111 rl ristrident&lt;'
grito del llanto provoca.do por 1n rabieta; por
~ev~staci6n se tiene b degollina clr varios pohchmelas,y por bandera de tregu¡i las cortinas
del pequeño lecho, cubriendo la escena del
m:1s heato reposo.
,\_ los militare:&lt; de Han .Juan He les conceden

todos los grados posibles, se les pnmite faltar
á la diHciplina, no acucien á ningún toque de
llamada y llega la «inmoralidacli, hasta el extremo de que cada quien compra su categoría
según el alcance del bolsillo.
Los hijos del escribiente del juzgado resultan cabos; los del jefe de sección pueden llegar á capitanef', y los del banquero se gradúan
generales de divüüón, con uniforme, espada
y ...... condecoraciones. El papelero es recluta, y rn tan cmnpa.ntc por esas calles, exhibiendo lo que debía haber cubierto con el pedazo de trapo que hubiera obtenido con los
mismos centavos que dió por el chacó de cartón; el hijo del portero es asistente y sólo con
ese carácter puede marchar en la columna que
de¡;fila por los amplios y floridos corredores
de la morada rica.
·
Y ...... hay también 1&lt;ciudadanos,, que no
pueden pertenecer ú la milicia; son inválidor:,
lei; falta una mano ...... que Yaya al boli:;illo
del chaleco y cambie monedai:; por chacós.
Ei;tos im·úlidos forman toda una multitud
que se con,-titnye espectadora triste del hélico
desfile. Para ellos la fiesta de San .Juan es una·
derrota. Las espa&lt;las, los caballos de otate
lai:; mochilas, los chacós, les arrancan mirada~
ele angustia; ellos no pueden marchar con
aqnelloR arreos. Si piden su puesto en las fiJai-;, se le!'I contesta
ron una evasiva·' si aritan
,
o
,
~e 1es arresta o se les aplica la pena...... glutea
por insubordinación con vías de hecho.
'
Ran Juan es cruel para ellos; al igual que el
1•ielo del día memorable llora con la sombra
de su manto plomizo, así los chicuelos pobres
dejan raer sus lágrimas en rl suelo gris ele la
harria.da, á donde los confirni la miseria que
no los deja comprar los militares arreos del
día ch•l Bautista.
¡Pobres inválidos!

Las excursiones al Popocatepetl están ahora ele moda y casi no hav
semana e1í que no se verifique una nueva ascensión.
•
lin viaje al \'olcán, nos decía hace poco uno de los excursionistas,
es de lo más hermos? que pueda concebirse; por una parte, la majestad de aquella mole mmensa coronada de nieves perpetuas que brillan

ran por sendas más cortas y seguras, lo hicieron bien, hasta donde
podían hacerlo, y así logramos llegar hasta el cráter. ¿Quién, después
de ese 1digero ejercicio», iba á sentirse rendido por la fatiga? Ninguno,
es claro; en la noche «nos servimos" una cena confortable, y antes
de las t~es d~ la mañana, con «la fresca,,, que dicen los «guías," comenzamos a subir ..... .
Las cabalgaduras que montábamos la tarde en que comenzó la ascensión, quedaron en Tlamaca, rancho á 3,027 pies sobre el nivel del
mar. Lo demás del camino, se hizo á pie.
Nada anormal--entró aquí nueRtro informante en el terreno científico-observamos en el volcán: vimos escarparse columnas de humo
por los siete respiratorios del cráter, y los vapores sulfurosos que se desprendían nos impidieron acercarnos más. Lo del humo, no es nuevo;
hace muchos años que se observa.
Estábamos, agregó, nada menos que á 18,420 pies sobre el nivel
del mar, y, sin embargo, la temperatura no se mantenía muy baja:
era de cuatro grados sobre cero. Por la parte del volcán que ve al va-

.
Ascensión, principio del hielo.

al sol y que deslumbran, y por otra, las campiñas de belleza incomparable, con sus grupos de árboles y sus aguas rumorosas, que parecen esfumarse á medida que se af'eiende...... El árbol, el corpulento
árbol á cuya sombra descansamos, allá abajo, á la orilla del ca¡;erío
1para emprender la jornada, iba, poco á poco, pareciéndonos más
más pequeño, hast~ que, por fin, lo perdimos de vista· las callejas del
¡ pueblecillo eran cada ,·ez más estrechas, y, como si l~s fincas se en\ cogieran en un «apiñamientoi, imposible, las mirábamos alejarse de
nosotros, cada vez más, hasta confundirse en la risueña lejanía, con

y

Labio

s.

E. del cráter.

lle de Puebla, ha habido algunos deshielos que han dejado des~ubierta la arena, dando ocasión á que, entrellos indios, circule como segura la opinión de que el volcán tiene 1ctiña. i, Provistos de un «aneroide,»
hicimos algunas observaciones, emprendiendo en seguida el regreso
rumbo á Tlamaca y Amecameca, punto éste último dQnde tomamos
pasaje ú hordo del tren que nos condujo á )léxico.

***

Aquí nos dejó el narrador y nos drspe&lt;limos de él, agradeciéndole
su vif-ita. LaR fotogrn.fías que ofrecemos fueron tomadas en una de
tantas excm¡;ioucs hed1as al Popocatepetl por el Sr. Ing. Beltrán y
Pnga.
·

..

Labio occidental del cráter.

los peñascos _y las frondaR...... De lo alto, aquel panorama del caserío, simula un «nacimiento,, iluminado, por la noche, con lucerillos
intermitentes.
El ,·iaje es de lo más difícil para los que estamos hechos á la vicia
de las ciudades "':,' acostumbrados á tomar la acera y la sombr:1. Se hace, muchai:; Ye&lt;'es, cayendo y levantando: aquí se trepa por entre riscos; allí, la finísima. arena hace caf'i imposible el paso ...... más allá
la 11ie\'e, la nieYe que cubre aquella te:-ta enorme que se hunde en el
azul desafiando el azote de las tempestades y las inclemencias de los
siglos ........ .
Xuestra excuri;ión, ;;in C'mhargo -s&lt;'guimos en su:-; disquisiciones
poéticas á nuestro joven «aJpiniRta,,,-fué &lt;le lo más gn:to para nosotros, qu&lt;' teníamos hambre y sed de trepar al Pc:,pocatepetl. Los
«guí_a~» que pagamos á buen precio allá. ah_ajo para que nos encamina-

.. El lxtaclhuatl visto desde el Popocatepetl.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 22 de Junio de 1902.

:ElL 11:UNDO ILUSTRADO
~ viaje á Europa y de lo que en el mismo
tiempo había acaecido en l\Iéxico, y especial~ente de lo que había intervenido en los últ~m~s sucesos de l\faximiliano, y me refiri6 lo
siguiente:
({El día L'5 de junio en la tarde, fué la primera, Yez que visité ~ ~Iaximiliano, porque me
llamo para que recibiera i-u confesión sac-ra-

últimos 6ías 6el .clmperio.
-------------- :• '1leliqu1as c'Kistóricas.
El l\Iuseo Nacional de Artillería acaba de
enriquecerse con la interesantísíma donaci6n
que de algunas reliquias hist6ricas que existían en su poder, hizo á favor de ese Establecimiento, á su muerte, el ilustre Yeterano General Don Mariano Escobeclo.
Forman e11e legado, entre otros también
mur valioso,;, lo~ ohjetoR cuyas reproducciones

de la toma; y es una prueba de la nobleza de
sentimientos del veterano, porque al publicarlo, levant6 con él el estigma de traidor que
pesaba, no sobre uno de sus amigos, ñi Riquiera sobre un compañero; sino sobre Miguel López, nm quien jamás lo unieron lazos de compañerismo ó de amistad.
Otro &lt;le :iuestrm; gralm&lt;lo8 representa la es-

Son también dignos rle mencionarse tanto
los cinco fusiles, quP 88 conservan, empleados
en la ejecuci6n de D. Fernando l\Iaximiliano
y de sus dos generales, como los que sirvieron
para dar el tiro de gracia al Archiduque y á
D. Tomás ~lejía. Uno de éstos es sistema ,1Alleni&gt; y otro 11Peahody.»

***

Pur último, rcproducimos,exactamente igual
Pll tamaño, el retrato que el titulado Emperador envió al Hr. ({eneral F..scobedo la víspera
del día ele su ejecución. Este retrato es fotográfico y se guarda en un marco ele madera
barnizada de 1,egro, con Yidrio. La dedicatoria, escrita en el reverso, puede ver;;e en cliché
separado.
Xos parece oportuno hacer notar que la frn:se «Al Sr. General en .Jefe» y la fecha «Querétaro 18-6-671,, no fuPron escritas por Maximiliano, que se limitó únicamente ú poner su
firma. La forma de la, letra, como puede apreciarse desde luego, es muy distinta. Sin que
mula se sepa de cierto sobre quién escribió e~a
breve dedicatoria, para recoger la firma del Archiduque, no es av1•nturado suponer que haya
sido el mismo Padre Koria que el 18 de ,Junio
escribiú la carta á. que se refiere el artículo del
l'iahio b_istoriador D. Agustín Rivera, que reproducnnos en seguida.

Retrate&gt; fotogrAllco d.,l Archiduque.

Confidencias del Padre Soria.

Carta de Maximiliano á Miguel Lépez.

en fotograbado ilustran esta~ página~ y que pasamos á enumerar, puntualizando, hasta donde no:,; e,: po,:ihlP, """ dcmllct-,.
CuidadoRamente conservada, 1:;e encuentra
allí la célebre carta escrita de puño y letra,
delArchiduque de A ustria á su compadre Miguel L6pez, encareciéndole la completa
reserva en todo lo relativo á la cornisi6n
que lo llevó á conferenciar con el .Jefe del
Ejército Republicano,
el 14 de Mavo ele 1867,
víi-pera de· 1a ocupaci6n de la plaza y de
la consiguiente caída
del Imperio.
La publicación &lt;le
est&lt;• precio,-o rlocumen•
to constituye, sin duda, uno de los hecho¡::
mÍls salient.Ps dr la \'ida militar del (·h•nernl
Escolw&lt;lo, toch \'CZ que
al d:1r :l &lt;'&lt;lllO('('r :,;u copia en 18~,. dcdiné1
con una modei;tia que
lo enaltece muchomús,
algo &lt;le la gloria que se
le concedió por la toma
de Querétnro. F..stc eH
un rasgo de modeRtia,
de humildad pudiéramos decir, porque es
inconcuso que ese do,..Iuma do oro conque seco~• curuento rebaja el méfirwó la sentencia de muerte, rito del hecho militar

padn que, al re11&lt;lin;e ¡m:&lt;1011ero de la República, puso el ,\rchiduquc en mnno;; clcl lil'neral en .f efr ele! Ejfacito ,:itiador. El nrnia referida tiene la ernpuñadura doruda, .Y en ella
el escudo del Imperio, .,· una n,agnítica hojn
en la que se ven distintas figura:,; primoroi,;amentc grabadas. Pendiente del puño por un
cordón de oro, tiene una «borla» ele canutillo
del miRmo metal; la cubierta es de piel .,emrjante al ,1glacé,» y est;Í adornada con apliraeiones de metal dorado al fuego. El &lt;"inturón
y los tirantes son de galón de oro, y en el eha-

Todos los historiatiores, al narrar los últimos días de l\Iaximiliano, hablan del ,,Padre
:::\oria»; pero ninguno dice ni su nombre. Yov
pues, á decir quién era el "Padre Soriai&gt; )'
lo que me refirió. El muy Reverendo Padre
Lic. D. Manuel de Soria v Beña tenía en 186í
poco más de cincuenta a·ños, pertenecía á la
nación otomí, era de baja estatura, moreno,
de cuerpo endeble y enfenllÍzo, de genio tímido, de buena capaci&lt;lad intelectual, humilde
y l'Írtuo1:;o, de dulces palabras y modaleR, ahogado reeihiclo por d
tribunal ele Querét.Hro,
monje del Oratorio de
Ran Felipe Xeri,
la
misma ciudad, canónigo de la catedral ele
la miRllUl ,, \"icario
Capitular, ó·,:ea, el c¡ue
gobernaba á to&lt;la la
di6cesis ele Querétaro,
en la sede vacante por
muerte de su primer
Obispo D. Bernardo
Gárate.
Desde 1853, en que
eHtnve la primera yez
en Querétaro y conocí
v traté al Paclre Soria
el Oratorio, tuvimos
amistad y corresponllencia epistolar hasta
su muerte. Así es que
el día 1:l de marzo de
1R68, en 11ue llegué á
Querétaro de paso para Lago:,;, ú mi n1clta
de Europa, {t 1u11.'o qut•
me lm,jé ele la diligencia, me fuí á visitar al
Padre Horia; no le hallé, le dejé mi tarjeta,
v á las cinco de la tarcle fué á la casa ele diligmciaH y tuvo la bondad de hacerme una
visita de algunaR horas, en las que hablamos principalmente de La espada del Archiduque.

ue

en

Un-~ MaximiJiano."

petún, (!p fonna ewtdrangnlar, se ven tamhién
Jal'i armn&gt;' i111 pPriah•:,;.
En un l'le¡tanle e:studw car111t•,:Í ~e grnn1h
uno de lo;; «~laxi111ili .. nos»-pieza ele oro de
Yeinte pesos-con que el Archüluque obsequió
en 1oR instantPs en que iba á ser fusilado, al
pelotón encargado ele 1111 rjecución ..Juntos con
esta pieza, c,i,;tán el lapicero y pltm1a ele oro
con que el (ieneral Escobedo confirm6 la sentencia de muerte dictada el 14 de .Junio á las
once y media de la noche contra. l\Iaximiliano,
)1iram6n y Mejía, por el Consejo de Guerra,
el 16 del mismo Junio en las primeras horas
de la mafian:i,.

•

•

mental ( que no hizo esa tarde, sino al día siguiente) y lo auxiliara en ~us últimos momentos. En loR días Riguie11tes lo visité á mañana y tarde. Yisité tam hirn una que otra
vez ú Escobedo para arr~•glar algunas cosas.
Cuando yo le hablaba á ~Iaximiliano, lo trataba de «Su Majestad»
y cuando lo mentaha
delante de Escobedo,
le decía «el Archiduque, ,,porque tenía miedo, ja, ja, ja. En la celda donde esta.ha Maximiliano no había mús
que un catre, algunaR
:,;illas ele tule, cloi; haúles y dos mesas: en
una eseribía l\Iaximiliano y en otra estaban
sicm pre eiscribiendo
dos personas, y me parecía escribían en alemán.
La CE:lcla tenía una
puerta y una ventana para el claul-'tro, .v
~raxirnili an O te 11 Í a
i-icmpre cubierta con
su capa la ventana,porque no tenía vidrios y
le molestaba el aire. Lo
primero que me dijo
l\Iaximiliano el día 15
fué esto: «He recibido
--.)
la noticiade que laEmI
peratriz ha muerto .
Ahora sí ya muero
tranquilo.El único tormento qnr yo lle,•aha
al ,:epulern em el clejar
ú t&gt;~a muj&lt;·r, y n1ás en
el estado &lt;•n que estaba¡» y n1a,,clo dij,1 p;;to . se le rndarun la1:;
FusilP1 con que se dió el ti ro ila ) '
•
E
f , l
gracia á Mex,miliano y á Meil•- agr1mas.
Rt..'I. ue a
única vez que lo ví
llorar. :Mt•jfa fu~ el que le diú la noticia de
que bahía mucrto!Carlota, y era que él y Miramón fraguaron f'~to para hacerle más soportable la muerte á l\Iaxiliano, porque se afligía
acordándose &lt;le su esposa. ))
))El día 16 en la mañana lo confesé y le administré el Sagrado Viático. El mismo día 1G
en la tarde, me dijo Maximiliano: "H&amp;,game

•

L

usted favor de facilitarme un libro•({valiente ,,
~orno ~o habl~ba bien el castellano, me qu~rrn ~ecir «un hbro que le diera fuerzas para
monr. n Yo le llevé al día siguiente un tomo
de los S~r~n?nes,de Massillón, y á la otra vez
que lo v~s1te, dandome un abrazo y refiriéndose al hbro, me dijo: «¡Magnífico, magnífico!,,
»El día 17 tratamos de una carta que había
de dirigir al Santo Padre, pidiéndole perd6n
de todas las faltas que había cometido como
emperador católico; él se prestó luego de muy
buena voluñtad y me dijo: «Redacte usted la
~arta y yo la firmo." Y o le dije que era meJ0r que la redactara él para que expresara espontúneamente
sus ;;entimientos·' mas él in.. .,
H1sho en que la redactara yo I' cecli. Al día
siguiente en la mañana le Jiet¿ el borrador de
la c·arta. y al llegará las palabras «su hurnilde
hijo," me elijo "Y ohediente, obediente, escrilm usted iH y levantándose de su asiento, me
&lt;lió un abrazo, dicit&gt;ndo: ,c¡Excelente! ¡exce1(,nte! Kolnmr11te agrPguc• uBted que le suplico Íl Su Santidad que se digne decir una misa
por mi alma.» E:,;cribí la carta con las adiciones hc&lt;·has por l\íaximiliano, el cual la firmó
y yo me la e1'11(. rn el bolsillo para remitirla
ú Roma.»

1

Domingo 22 de Junio de 1902.
es el idioma de la Corte Romana, porque aunque lo conocía el Sr. Soria, no lo conocía MaximiHano, ni fué escrita en alemán que era el
idioma de Maximiliano, porque é~te 110 lo conocía el Sr. Soria, sino en idioma español,que
era el que conocían los dos. Todas las historias }! ~~uchos peri6clicos han referido que
Maxim1hano en sus últimos días escribió una
carta al P~pa; pero hasta hoy se publica esta
carta al pie de la letra. Luego que Pio IX recibió la carta, hizo una alocución muy Rentida á los Cardenales sobre los últimos mome11tos de :\laximiliano, y se celebraron solemnes
exequias en la capilla Sixtina, con asistencia
del Papa. de los Cardenales, del Cuerpo Diplomático y demús grandes de Roma.
El Kr. Koria, prosiguiendo en su narración
me dijo: «En la tarde del mismo día 18 fuí {t
visitar á Escobedo para arreglar la hora en
que le había de decü· la misa á l\Iaximiliano
al día siguiente. Le dije: «Diré la misa á las
siete» y me contestó: «Xo no señor dígala usted á las cinco." Le fuí ,{t connu{iear esto :Í.
~la'.'imiliano y me contestó: «¡Ah, ah, quiere
n.~c1r que la cosa ha ele ser temprano! Bien,
brnn, a las cuatro de la manana me tiene usted listo.,, En efecto, fuí á las cuatro de lamañana y ya lo encontré con la cara lavada muy
bien peinado y ,·estido con aseo. Lo ;olví á
confesar. dije la misa, despuéR de ella le \'Olví
á administrar el Sagrado Viático, dimos 0crracias, se desayunó y platicamos un rato.
,,A las seis de la mañana comenzaron á sonar los tambores y las cometas en el patio \'
por la escalera subía la tropa que iba á c~ri&lt;lucir á l\Iaximiliano al suplicio. Este se puso
muy pálido y cortó la conversación. Esta fué
la única vez que lo ví turbado. SalimoR luego
de la celda,y cuando íbamos en el corredor ya
él iba con su color natural y sus modales 'rogosoR. Luego que montamos en el coche co11ar, porque me di6 una' esmenee, yo a' tem)
prcie ele convulsión, :v :\Iaximiliano Racó luego un pomito con álcali y aplicándomelo á
las nari?es, rnedecía: ,c¡Oh, no, no ha.Y que
tener miedo, no hay que tener miedo!« De
manera que en lugar de auxiliarlo yo él me
iba auxiliando, ja, ja, ja. 1\-faximilian~ llevah_a ?n la ~ano derecha un pañuelo y nn cruc1fiJo medi11:no, de bronce, &lt;le mi propiedad,
que tengo siempre F-obre la mesa de mi estudio, y en la izquierda lleYaba un ro~ario qne
le bahía regalado su señora madr&lt;'. Luego que
el coche I?ªr~) _al pie del Cerro ele las Campanas, )Iax1m1hano se puso el sombrero, el cual
era de color morado oscuro, de felpa v de copa haja, y luego se lo quitó y arrojó en el
asiento del coche1 diciendo: 11¡Ah! esto ya 110

Unos de los fusiles empleados en el fusilKmiento.

Yo le dije al Sr. Soria. que deseaba tener
una copia de esa carta y me dijo que me la
remitiría por el correo. Me la remiti6 en efecto, y es la siguiente: ,1Prisión en el Monasterio de Capuchinas, en Querétaro, á 18 de junio de 1867.-Beatísimo Padre. --Al partir
para el patíbulo á sufrir una muerte no merecida, conmovido vi \'amente mi corazón y con
todo el afecto de hijo de la Santa Iglesia, me
dirijo á \'. !-\antidad, dando la más cabal y
cumplida satisf:wción por Jm¡ falt:1,: que pueda
hah(•r tenido ¡,ara con el,,\'i&lt;'ario d(· J e:-111-ristw,
y por todo aquello en que haya sido lastimado su paternal corazón; suplicando alcanznr,
eomo lo Pspero, de tan buen Padre, el corrl:'8·
pondiente perd6n.-Tarnhifo ruego humildemente á Y. Santidad no ser olvidado en sus
cristianas y fervorosas oraciones, y si posible
fuere, aplicar una misa por mi pobrecita alma.-De \'. Santidad humilde y obedieute
hijo,que pide su bendición apostólica..-M.urMILU~0.i&gt;
La carta, pues, no fué escrita en latín,_que

Dedicatoria para el Gral. Escobado, del retrato del Archiduque.

sirve!» Trató de abrir la portañuela, y no habiendo podido hacerlo pronto, se 8a.lió del coche sin abrirla, lo que me aqmiró, porque era

�Domingo 22 de Junio de 1902.
muy largo, é iba subiendo tan aprisa por el
cerro, que no lo podía alcanzar.»
Después de haberme referido el Sr. Soria el
modo con que se colocaron )Iaximiliano, Miram6n y Mejía, y las arengas que dijeron el
primero y el segundo, me dijo: «Estando parado l\1aximiliano en el lugar donde lo iban
á fusilar, me entregó el crucifijo, el pañuelo,
el pornito ton álcali y el rosario. Antes me
había encargado que remitiera el roi=m,rio á la
archiduquesa Sofía. Dió alguno;; pasos hacia
los soldados que lo iban á fusilar, llevando
algunas onzas de oro en la mano; el oficial
que mandaba la ejecución le dijo: «Atrás;»
Maximiliano le dijo: «¿Qué no se permite darles esto?» El oficial contestó que sí, y ~Iaximiliano se acereó á los i::oldados y dió á cada
uno un «maximiliano," que·era una onza de
oro de á 20 pesos, con su busto. Luego que
fusilaron á los tres, hubo una gritería de
«¡Muera el Imperio!" «¡Viva la República!i,
sonido de tambores y cornetas y desfile de
tropas, y yo me quedé parado y entontecido,
hasta que un oficial se acercó á mí y me dijo:
«Padre, la misión de usted está concluída y
me parece que no está usted en su lugar.»
Luego bajé de prisa por el cerro, me metí en
el coche, me fui á mi casa y estuve algunos
días en cama, enfermo del estómago. Después un alemán me ofrecía .5()() pesos por el
crucifijo y yo no se lo quise vemler, diciéndole que también quería conservarlo como un
recuerdo."
Luego que se fué el Sr. Soria, me acosté,
porque jamás, ni en mi juventud, he acostumbrado leer ni escribir nada después de las
nueve de la noche. Otro día, en Guanajuato,
escribí estos apuntamientos, para conservar
en mi memoria, al pie de la letra, lo que me
había dicho el Sr. Soria.

.flgusfiq ]livera.

-------•·- ------

EL DÉCIMO
¿La historia de mi boda?
Oiganla ustedes: no deja ·de ser rara.
Una escuálida chiquilla de pelo greñoso, de
raído mantón, fué la que me vendió el décimo
de billete de lotería á la puerta de un café, á
las altas horas de la noche. La dí de prima
una enorme cantidad, un duro. ¡Con qué humilde y graciosa sonrisa recompensó mi largueza!

EL MUNDO ILUSTRADO
-Se lleva usted la suerte, señorito-afirm6
con la insinuante y clara pronunciación de la;;
muchachas del pueblo de Madrid.
-¿Estás segura?-le pregunté en broma,
mientras deslizaba el décimo en el bolsillo del
gabán entretelado y subía la chalina de seda
que me servía de tapabocas, á fin de preserYarme de las pulmonías que dispersaba el remusguillo barbero de diciembre.
-¡Vaya si t&gt;stoy segura! Como que el déci·
mo se lo lleva usted por no tener yo cuartos,
señorito. El número ...... ya lo mirará usted
cuando salga ...... Es el 1,420; los años que
tengo, catorce, y los días del mes que tengo
sobre los años, veinte justos. Ya ve si compraría todo el billete.
-Pues, hija - respondí echándomela de
¡!eneroso, con la tranquilidad del jugador empedernido que sabe que no le ha caído jamás
ni una aproximación ni un mal reintegro, no te apenes; si el billete saca premio...... .la
mitad del décimo para tí. .J U¡!m11os ú medias.
Una alegría loca se pintó en las demncradaf:
facciones de la billetera, .Y con la fe míls ahsoluta, agarrándome ele una manga, exclamó:
-¡Señorito! por f'U padre y por f'll madre,
dém e su nombre Y las señas de su ca!'a. Y o
sé que de aquí á cuatro días cobrmnOE&lt;.
Un tanto arrepentido ya, le dije cómo me
llamaba y donde vi,·ía; y diez minutos después, al subir á bnen paso por la Puerta del
Sol á la c.alle de la. l\Iontera, ni recordaba el
incidente.
Pasados cuatro días, estando en la cama, oí
vocear «la lista grande." Despaché á mi criado
ií, que la comprase, y cuando me la subió, mis
ojos tropezaron innwcliat1imente con la cifra
del premio gordo; creí Roñar; no soñaba: allí
decía claramente I,420 ...... mi décimo, laeclad
de la billetera, la suerte para ella y para mí!
Eran muchos, muchos miles de duros los que
representaban aquellos benditos guarismosv un deslumbramiento me asaltó al levantarme, mientras mis piernas flaqueaban y un sudor ligero enfriaba mis sienes. Hágame justicia el lector: ni se me ocurrió renegar de mi
ofrecimiento ...... La chiquilla me había traído
la suerte, había sido mi «mascota" ...... Era una
asociación en que yo sólo figuraba como socio
industrial. Nada más justo que partir las ganancias.
Al punto deseé sentir en los dedos el contacto del bienaventurado papelito. Me acordaba bien; lo había guardado en el bolsillo exterior del gabán, por no desabrocharme. ¿.Dónde estaba el gabán? ¡Ah! allí, colgado rn la

fil MUNDO ILUSTRADO
percha ...... A ver ...... Tienta de aquí, registra
de acullá ...... Ni rastro del décimo.
Llamo al criado con furia, y le pregunto si
ha sacudido el gabán por la ventana...... ¡Ya
lo creo que lo ha sacudido y vareado! Pero no
ha visto caer nada de los bolsillos; nada absolutamente., .... Le miro á la cara: su rostro expresa veracidad y honradez: en cinco años que
hace que cstú á mi servicio, no le he cogido
jamás en ningún gatuperio chico ni grande...
l\Ie sonroja lo que se me ocurre, las amenazas,
lar, injurias, las barbaridades que su ben á mis
labios...... .
Desesperado ya, enciendo una bujía, escudriño los rincones, desbarato armarios, paso
reYista al ct&gt;sto de los papeles viejos, interrogo á la canasta de In. basura ...... ?fada y nada:
estoy sólo con la fiebre de mis rnanoR, la sequedad de mi amarga boca y la rabia de mi
corazón!
A la tarde, cuando ya me había tendido sobre la cama á fumar, para ver de ir tragando
y digirie11do la dect&gt;pción •horrible, suena un
campanillazo vivo y fuerte, oigo en la puerta
discusión, alboroto, protestas de alguien que
se empeña en entrar, y al punto veo ante mí á
la billetera, que se arroja en mis brazos, gritando con muchas lágrimas:
- ¡Reñorito, señorito! ¿Lo Ye usted"? Hemos
sacado el gordo.
¡Infeliz de mí! Creía haber pasado lo peor
del disgusto, y me faltaba este cruel y afrentoso trance: tener que decir, balbuceando como un criminal, que se había extraYiado el
billete, que no lo encontraba en parte alguna,
y que por consecuencia nada tenía que esperar de mí la pobre muchacha, en cu,vos ojos
negros, ariscos, tenú ver relampag11ear la duda
y la dei::confianza rn{is infamatoria..... .
Pero la billetera, alzándolos todavía húmedos, me miró serenamente y dijo encogiéndose
de hombros:
-¡Yaya por la Virgen! Señorito .... .. no nacimos ni usted ni yo para millonarios.
¿Cómo podía recompensar la confianza de
aquella desinteresada criatura? ¿Cómo indemnizarla de lo que la debía-RÍ, de lo que la
debía? l\lis remordimientos y la convicción de
mi grave resporn;abilidad pesaban sobre mí de
tal suerte, que la traje á casa, la amparé, la
eduqué y por último me casé con ella.
Lo más notable de esta historia es que he
sido feliz.

Don José Maria Velasco en su estudio

cftrlisfas cJKezioanos.

E~m,IA PARDO BAz.ü.

•

•
•

•

..•

EL VALLE DE MEXICO.-Cuadro de Velasco.

Domingo 22 de Junio de 1902.

••

Viejo.pintor que con s.u perseverancia y talento ha logrado una fama tan Justa como merecida, Don José María Velasco es, hoy por hoy,
uno de nuestros más celebrados artistas.
De su paleta han brotado cuadros llPnoi; de luz y de wrdad que
tan~o aquí, como en e~ ?xtranjero, le hnn ,•alido siempre elogids entusiastas. En _las expos1c10nes de París, Filadelfia. Chi&lt;-ago, ~ew-Orleans y EF:pana, sus obras fueron premiadas, y su nombre consig!,ado con encomio en las crónicaR.
. En la actualidad, el Sr. Yelaseo ;;in-e la claf:e de Paisaje y Perspech va ~n ~a Escuela de Bellas Arks, y ef' profesor dibujante en el Museo ~ae1onal.
Como maestro, profrsa un decidido amor á la enseñanza v ha formado di~cípulos que le honran por .su amplia información ~rtística y su
empeno. E1~tre otrns, ml-'recen citarse l\Iercedes 7,amora, Dolores Soto, Carl~s RJyero, Cleofas .\.lmiuna y 1Iateo :::\al&lt;lafia, YC11tl.tjo:;amente conoc1rlos.
Dr- sus ant~cPdentes, como 3:rtista, po~lcmos decir que fué discípulo
del notable pmtor Don Eugemo Lanclf'!'JO v que, desde los comirnzos
de su carrc•ra, clió pruebas incquh·ocas de KU fadlidad para traducirá
la tela, ora el soherhio espectáculo de un crepú~eulo, ora el impo1wntc panorama en que los Yolcanes f'e destacan fin~endo enormes te,:tas torona.cb.s de hielos eternos. La c-ampifia é&lt;&gt;n todos Hlo primorei&lt;·
el río, e~ árbol, el cielo con todas sus galai-:: lo que siempre es bello:
lo que ,nempre ofrece e11canto:; á los ojos y expansión al alma ha sido su fuente de inspiración predilecta.
'
Poeos, como &lt;•l Hr. Velasco, se hahrán de&lt;licaclo-cstanJt&gt;S ciertos-con tanta constancia á lor; t&gt;stuclios ele paisaje, y pocos, eomo él, habrá
c~ue logren bordar sui:i obras con el dl'rroelw de detalles y de puntualidad que se obser".n. cn suR cuadro!'. ::-e conoc·c que e1&lt;tudia muC'ho,
y que no de,.;perd1cia nada de lo que puede sen-ir de rnoti\·o.á su
pincel.
Por lo demás, el :.\IaeHtro ha ,.;iclo ohjrto de distincio1ws tan honrosas, como la que recibió siendo estudiante nírn, de habér1&lt;ele nombra110 profesor de la Al'adernia de 8nn Carlos. Hace poco le fué conferida
la Cruz de la Legión ele Honor y la ele caballero de la arelen de Fra11cisc·o .José. Como miembro de la Soci ednd l\Iexic:ana de Historia ~aíural, ha prestado 1irny buenos Kervicios.
Ilustramos estas planas con una fotografía que representa al :;\Iaestro en su estudio de la Escuela de Bellas artes, y con la copia de dos
de sus cuadros más notables.

Peña.s.-Cuadro de

Yelaseo.

�EL MU:N1)0 ILUSTRADO

Domingo 22 de J unio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 22 de Junio de 1902

La catástrofe de la Martinica

/

LAS RUINAS DE S.AJNT PIERRE:

I

I

La terrible catfü•trofe de la Martinica, casi
sin precedente en la historia contemporánea,
y que tan dolorosa impresión ha causado en
todos los pueblos de la tierra, aparece cada
día, con los relatos que &lt;le ella hac.:en los que
estuvieron presentes en Saint-Pierre horas después de la completa destrucción de la ciuclad ,
más, mucho más tremerida de lo que en un
principio se creía.
Toda una población entregada Íl las fecundas labores de la paz )' del trabajo, que eran,
hacía mucho tiempo, su patrimonio, desapareció al paso de un torrente de lava que fué á
derramar al Océano. Los temploi-:, los edificios
más suntuosos, las chozas más humildes, todo, en un solo día, quedó convertido en montones de ei;combros y cenizas; el afán de muchos años; la obra realizada con tantos sacrificios y á costa &lt;le numerosos esfuerzos, se
deshizo como la sal en el agua, y donde antes
velaban el amor maternal, junto á la cuna, y

¡Ver los muros lucientes
que te circundan, celestial palacio,
bafiarme en tus corrientes,
y por el leve espacio,
cabalgar en tus nubes ele topacio!

.,1

Mas ...... ¡ay! que es trance duro,
cerca la orilla ver; casi tocarla,
juzgarse ya seguro,
y luego ...... ¡oh Dios! dejarla
cuando el barco feliz iba á gozarla.

..,. ,/ -

¡Ah no, Señor! tus brnzos
tiende bondoso al pobre nnvegante;
quebranta ya Rus lazos,
y, puerla rn un instante,
¡ir In, gloria ú beber &lt;'11 tn semhlant&lt;•!

~~

FeiJerlco €scobeiJO

.

~~"'"-..- ..
~

~

--

.

.,..::;¡

..-,:¡

¡~

-

U n cadáver e ncontrado en la plaza.

Ru inas de la Catedral.

En la plaza de Bertin: restos del Sem áforo.

el genio de la civilización, sobre todo un pueblo, i;ólo &lt;¡ueda un cuadro trif-lte, inmensamente triste: la &lt;lesolaciún bajo el manto de
brumas de la desgracia.

¡Traspasar tus fronteras
anhelo ya, mansión de mis amores,
sentarme en tus riberas,
ceñirme con tus flores,
y escuchar de tus fuentes los rumores!

E l comandante del crucero «~nchet,, clescrihe, con los colores mái; vivos, la terrible e:;cena que surgió á su vista cuando horaH después de la hecatombe, llegaba á Saint-PiPrre.

magniturl de la catástrofe. l El Capitán de la
goleta «Gabriela" describe también á un amigo su.vo de Fo, t-cle-France aquel cuadro ateITador con todos sus eRpcl uznantes detalles.
Completn.1110:-1 la información gráfica que hemo,; estiulo publicando acerca rlel trrrihle suc&lt;•f:o, eon nlgunas Yi:-1tas muy interesantes, de
las ruinas clt• H::.int-Pierre.

,c.\l llegará la ciudad-dice,-me dí inmediatamente cuenta de que aquello era una inmensa hoguera. Hice salvar algunos sobrevivientes que se encontraban á bordo del vapor
inglés «Rorairnn.&gt;&gt; y sobre las cenizas en tierra.
Todos estaban más ó menos abrasados, y algunos murieron durante el camino."
Todos los habitantes de Saint-Pierre urnrieron por el fuego y la asfixia; los navíos fueron volcados, incendiados, y los mástiles cortados al ras &lt;le los fondos. El «Suchetn se sal\'Ó por una mera Cf.Sualidad; pues habiendo
ordenado el GoLernador al Comandante que
estuviera en Saint-Pierre el día 8 de mayo á
las siete de la maña11a cincuenta min utos
a.ntes de que sobreviniera la catástrofe, exactamente,-retardó su marcha, rlebiclo ú c¡ue
tm·o que hacer:-:e alguna repar~ción á las nrnquinarias.
A i::u llegada á Saint-Pierre, el Comandante
envió á tierra cuatro escuarlras de obreros y
exploró en persona, con una de ellas, toda ln.
ciudad, cerciorándose de que todos sus habitantes habían desaparecido. Después salió para el puerto de Precheur, que estaba seriamente amenazado, y con el auxilio de dos buques,
logró poner en salYo á los angustiados moradÓres de aquella població¡1.
~ El-relato del comandante del «Suchet» basta, por sí solo, para dar exacta idea de la

CUPIO DISSOL VI.
¿.C'uúmln, Sefior, el día
llegará de la eterna bienandanza,
radiar.t&lt;' de alegria,
Pn pos del cual se lanza
ron amoroso anhelo mi rf-lpt-nrnza·?

\

•

ERa uCasa de oro,"
¿.cuándo gozarla le será ya dado?
de su inmortal tesoro,
¿.hasta cuándo privado
ha de quedar el pobre desterrado?

•
•
,.

•

•
•

•

•

•

.. ••

i•• •
•

•• ••
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•

•

La calle de Víctor Hugo.

La plaza do la Catedral.

Rotit ya la &lt;·adena
&lt;lr la materia vil del bajo suelo,
¿.('uándo el alma St'!"ena
podrá ron1per el ,·uelo
.'" las man,-iones habitar del cielo·?

•

,

Cer emon ia en Nuestra Señora de Pa r ís, por las víctimas de la

catástrofe.

Á LA MEMORIA DE ALEJANDRO 111.
El grabado que reproducimos á continuación, reprrsenta la espada que el Pref'identr
de la Hcpúblira Francesa, ::\L Loubet, depotú:ante la tumba del Czar Alejandro III, en
su última Yisita á Rusia, como un homenaje á
i;u memoria y erí prueba de las cordiales rela-

ciones que unen ú su pueblo con el imperio
de Nicolús II.
La espada rs una primorosa obra de arte:
su rmpuñadura es de oro ~· marfil, trabajados
eon exquisito gusto, y la hoja, de acero muy
fino. Un gran ramo de olivo, de oro, e1wuel-

ve la empuñadura, y en ti lazo que lo sujeta
se vr cincelada esta frasr-: uFo:•tleris memor.n
u( Recuerdo de alianza),»
:\l. Loubet obsrquió al Metropolitano de
San Petershurgo y á la ~Iunicipalidad, con
valiosos objetos de arte .

�•
Despu~s de nuestro artículo ?el primero del presen~e,
muchos lectores nos h an pedido datos complementarios

EL CABELLO•
.

EL MUNDO ILUSTRADO

sobre el mé~odo empleado por el INSTITUTO CAPILAR. Creemos que lo mejor, e_s invitarlos_Pª!ª q_u e esc1iban al ~irector del Instituto Capilar, 10 RUE DE I'YS L Y, PARIS, el que con gusto dará gratIS todas las mdicamones que se le pidan.

AÑO lX.--TOMO I.--NÚM. 26.

~.:;e¡.,~ .~--'i'l-.~.~-.,,,_.~-~--~-~-"""'-*-'·-'i'!-.-'i'!-.~.~-*--~-*--*-·~-~-*-~ -a.-a.f/-.-'i'!-.~'*---'i'!-•_,.,,I

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¡ LAS AGUAS DE POZ:OS !
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1 •

Son en general malsanas. Si ellos son abiertos en las
cercanías de las casas 6 poblados y á poca profu ndidad del
suelo, puede asegm arse que no son verdaderos nacimientos naturales, sino las infiltraciones de albañales y &lt;lesagües de las mismas casas y, por tanto, los agentes seguros de

1
~

~

LAS INFECCIONES DEL INTESTINO.
Si los pozos son abiertos á gran profundidad, constituyendo la tierra una especie de gran filtro, la cavidad de
un pozo es una oportunidad para que los gérmenes retenidos en las capas inferiores del suelo, las infiltraciones de
los cementerios y por consiguiente, l?,s materias orgánicas derivadas de los cadáveres en descomposici6n y, en
general, las maten.as fecales absorbidas por la tierra é infiltradas por las lluvias, encuentran desahogo, á lo largo
de las paredes de los pozos cuando éstos no están revestídos, llevando á los individuos que toman tales aguas, los
microbios patógenos del

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COLERA Y LAS FIEBRES

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UNICOS AGENTES IMPORTADORES
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- -filmacén de J)rogas- COLISEO NUEVO NUMERO 3.

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Frente al Teatro Principal.

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~·$·$·$·$·$·$·$·$·~·$·$·$·$·$·$·$·~·~·$·$~
,

:

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•

l.

INTERESANTE A LAS SEÑORAS.
Para obtener la curación pronta, rápida y segura

~&amp;~

•~

•

Enfermedades llamadas de Cintura
y para eorregir

~

La e•te,-/lldad en la muJe,-. los deso,-dene•
menst,-uales tlu/os de todo• géne,-o•!I
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purifica y enriquece la sangre, excluye
del sistema los venenos y comunica
-;P'Or á los nervios.

La Sangra.se Enríquece,
Los Músculos se Ponen Fuertes,
Los Nervios Cobran Vigor,
y se Rebosa Salud.
Zarzapalrill:i. es solamente uno de
una docena de iugredientes de que está
compuesto este remedio maravilloso.
Cada medicina est:í llamada. á ej ecutar
un gran trabajo en un sentido. Per..
esto no puedo decirse de las demás
Zarza.parrillas,

~~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~~~-~-~-~J

EL MISMO

•

JOSÉ UIBLEIK SUCS.

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.

•

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krentct LIJI&amp; Rfl'ffl &amp;PINHLA.

==RIVAL==

~
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Xegociaci6n de Aguas Minerales de Tehuacán "CRUZ
ROJA. " Apartado 123. Tehuacán, Pue.

i

Subscripción mensual foranca, $1,50
Idtm. Idcm. en la cHpita J, ., 1.25

Silf

~

(

Dire c t o r; LIC. RAl'AtL Rfl'f!'&gt; f&gt;PINDOLA.

EL DENTIFRICO

i

MÉXICO, JUNIO 29 DE 1902.

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•• ••• •

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•

•

Porque solo es verdad de la

del Dr. Ayer.

..

No os dejeis sobreponer ó engal'lar
por alguien que con urgencia os recomiende alguna nueva Zarzaparrilla de
la que nada sepais.
Preparada por el
Dr. J , C. Ayer &amp;Ca., Lowell, Mass, E.U.A

•

•

...
•

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é'isfudio /oto9ráfico .
Sch lattman,

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>•
Despu~s de nuestro artículo ?el primero del presen~e,
muchos lectores nos h an pedido datos complementarios

EL CABELLO•
.

EL MUNDO ILUSTRADO

sobre el mé~odo empleado por el INSTITUTO CAPILAR. Creemos que lo mejor, e_s invitarlos_Pª!ª q_u e esc1iban al ~irector del Instituto Capilar, 10 RUE DE I'YS L Y, PARIS, el que con gusto dará gratIS todas las mdicamones que se le pidan.

AÑO lX.--TOMO I.--NÚM. 26.

~.:;e¡.,~ .~--'i'l-.~.~-.,,,_.~-~--~-~-"""'-*-'·-'i'!-.-'i'!-.~.~-*--~-*--*-·~-~-*-~ -a.-a.f/-.-'i'!-.~'*---'i'!-•_,.,,I

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¡ LAS AGUAS DE POZ:OS !
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Son en general malsanas. Si ellos son abiertos en las
cercanías de las casas 6 poblados y á poca profu ndidad del
suelo, puede asegm arse que no son verdaderos nacimientos naturales, sino las infiltraciones de albañales y &lt;lesagües de las mismas casas y, por tanto, los agentes seguros de

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LAS INFECCIONES DEL INTESTINO.
Si los pozos son abiertos á gran profundidad, constituyendo la tierra una especie de gran filtro, la cavidad de
un pozo es una oportunidad para que los gérmenes retenidos en las capas inferiores del suelo, las infiltraciones de
los cementerios y por consiguiente, l?,s materias orgánicas derivadas de los cadáveres en descomposici6n y, en
general, las maten.as fecales absorbidas por la tierra é infiltradas por las lluvias, encuentran desahogo, á lo largo
de las paredes de los pozos cuando éstos no están revestídos, llevando á los individuos que toman tales aguas, los
microbios patógenos del

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COLERA Y LAS FIEBRES

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TIFOIDEAS.

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EL ALIENTO

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Y COBEB.VA

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eCa f)enta6ura.

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UNICOS AGENTES IMPORTADORES
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- -filmacén de J)rogas- COLISEO NUEVO NUMERO 3.

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Frente al Teatro Principal.

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Para obtener la curación pronta, rápida y segura

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pue:1 ellas mismas podrán hacesce sus curaciones, ni tendrán que hacer cama y evitará n ton tal método una
multitud de curaciones sangrantes.

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La Zarzaparrilla
del

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Dr.Ayer
es un tónico maravilloso. Limpia,
purifica y enriquece la sangre, excluye
del sistema los venenos y comunica
-;P'Or á los nervios.

La Sangra.se Enríquece,
Los Músculos se Ponen Fuertes,
Los Nervios Cobran Vigor,
y se Rebosa Salud.
Zarzapalrill:i. es solamente uno de
una docena de iugredientes de que está
compuesto este remedio maravilloso.
Cada medicina est:í llamada. á ej ecutar
un gran trabajo en un sentido. Per..
esto no puedo decirse de las demás
Zarza.parrillas,

~~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~~~-~-~-~J

EL MISMO

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JOSÉ UIBLEIK SUCS.

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krentct LIJI&amp; Rfl'ffl &amp;PINHLA.

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EL DENTIFRICO

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MÉXICO, JUNIO 29 DE 1902.

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Porque solo es verdad de la

del Dr. Ayer.

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No os dejeis sobreponer ó engal'lar
por alguien que con urgencia os recomiende alguna nueva Zarzaparrilla de
la que nada sepais.
Preparada por el
Dr. J , C. Ayer &amp;Ca., Lowell, Mass, E.U.A

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é'isfudio /oto9ráfico .
Sch lattman,

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Domingo 29 de Junio de 1902.

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Orígan da las emocionas.
La mayoría de los hombres tiene una tendencia natural é irresistible á admitir como
hechos consumados, como fen6menos que no
necesitan explicaci6n ni suponen mecanismo
prod 11Ctor, todos aquellos sucesos familiares
y cotidianos á que está habituado y que, en
fuerza de haberse familiarizado con ellos, le
sirven más que como objetos de im·estigación,
como medios de comprender lo que no entiende y de explicarse lo que ig1,ora.
El sol alumbra y calienta,....... Pues que así
siga. Kada más natural.. ..... ¡Y qué ...... ! Los cuerpos graves abandonados á sí mismos
caen ...... ¡Tanto mejor! ¡Pues no faltaba más!
¿Pues qué querían ustedes que hicieran? El
azogue es movedizo, sus plateadas gotitas esquivan el contacto, huyen de la mano como
la ninfa del sátiro; Re escabullen y giran como mariposas metálicas; comprimidas. se pulverizan antes que dejarse atrapar. ..... Pues..... .
por de contado ...... ¡Bonito el azogue para estarse quieto!
Y así por ese orden. Para los espíritus vulgares sólo lo extraño, lo extravagante, lo imprevisto y lo insólito merece estudio y amerita explicación. Un jorobado, un enano, un
borrego de dos cabezas ó un pollo de cuatro
patas; esos sí son problemas científicos, hechoe y cosas dignas y merecedoraR de atención; lo demás puede seguir su curl"o sin que
nadi~, salvo algún medio loco ó desequilibrado, se ocupe de escudriñar sus cam,as, sus leyes y su mecanismo.
Se necel"itan la cachaza y la Randez de un
Galileo para fruncir el cef{o y concentrar la
atención en una lámpara que oscila. Xell'ton
debe haber tenido muy poco en qué pensar
para preocuparse de una manzana que le caía
sobre la narir., y Arquímedes clehe haber sido
un vago y mal entretenido para ocupar~e t&gt;n
averiguar por qué flotan los barcos y por qué
naufragan las rocas.
El punto de vista del vulgo y el punto ele
vista de los sabios es enteramente diferente;
para aquél, sólo lo estupendo e,; digno de atención; y para éstoR, es en lo familiar dondP reRide el misterio De ahí el menosprecio &lt;le! vulgo por los i,abios. El vulgo todo lo ¡,abe; los
sabios todo lo ignoran. Ahí donde el sabio
medita, el vulgo sonríe. El uno busca explicaciones que el otro cree precisamente haber encontrado.
Esta actitud reRpectiva y recíproca es la
misma en lo que se refiere al mundo físico,
que efi lo que atañe al intelectual y al moral.
El vulgo sabe por qué el Océano es imponente, risuefia la pradera, majei;:tm.,sa la montaña, y el sabio no llega jamás á averiguarlo. La
diferencia entre la caverna y el firmamento,
entre los horrores de la noche y las sonrisas
de la aurora·; el porgué del amor, el porqué
del patriotiRmo; el secreto de los &lt;leslumbra!bientos de la gloria y e} misterio de las torturas del remordimiento, todo ef'o, y más, deja indiferente al común de las gente,;, y Rólo
ocupa y preocupa el cirndor de los Babios.
Y, sin embargo, todo eso necesita, impone y
amerita explicación; supone un mecanismo,
combinacioñes de causas y c9njunciones de
principios; todo ei-o tiene un mecanismo y una
razón de ser; se explica por otros hechos y se
deja comprender mediante ciertas leyes; y ahí
donde se pára distraída la mirada del ignorante, se clava fija, tenaz, eRcrndiñadora é inexorable la mirada del pensador.
En lo que á las emociones se refiere, algunas de esas leyes y algunos de esos principios
han sido ya establecidos, y laR emociones, como el universo, tienen un génesif'.
Todo lo inmenso, lo desmesurado, lo inconmensurable: el desierto, el océano~ el firmamento, despiertan emociones grandiosa8,
sublimes, épicas, y en todas ellas se discierne
un vago terror de todo lo que nos es imperior,
é ingobernable; el miedo y la admiraci(m Ron
el meollo de lo sublime.
Todo lo que es peqneflo, inconsi,;tente, voluble: la gotn, la flor, el ineecto, la chispa,
es gracioso, bonito, dulce á la vista, grato al
oído. La confianza, la certidumbre de nues-

•

EL MUNDO ILUSTRADO
tra superioridad, la impunidad frente á lo pequeño, son el origen de ese género de belleza
que llamamos l:t gracia.
El crepúsculo, el sauce llorón, la bruma,
los matices obscuros del colorido, son profundamente melancólicos; de~piertan, sin que de
ello tengamos conciencia, ideas de decadencia, de extinción y de muerte, que, recordándcmos la pmpia, nos hacen llorar y lamentar
la ajena.
Tmlo lo que brilla y reRuena suscita en nosotros la alegría. El estridor y el brillo son indicios de vida, de energía, de fuerza, y gozamos con la actividad ajena, porque no¡: hace
pensar en la propia. De ahí los gritos, estallidos, cántico¡;; y f'alrns con que solemnizamos
las grandes fiestas públicas y privadas.
AtaviamoR &lt;le negro á la viuda ó al huérfano, porque el negro, extinción del color y de
la luz, Rimbolir.a la nrnerte de nue;;tras ilusioneR ~- de nuestrns Pi-peranzns; y vestimos de
blaneo á la virgen y á la desposada, porque el
hlaneo t'" irradiación plena de eRperanr.as y de
ilusiones. El rojo es color guerrero, porque eicolor de sangre é incita al corn hate; el verde
es símbolo uni,·eri-al de e,:peranzn, porque es
el color ele loR paf-tos tierno&gt;' y de hts sementeras nneientes, )' el azul eseolor divino, porque
es el color del firmamento.
Loi-- diamantes que recaman un manto son
bello;;, porque parecen estrellas tachonando un
&lt;·ielo y porque son indicio~ de riqueza, de poderío y de bienestar. Es bella una espada, porque recuerda combates y victorias; es majestnoRo un cm,tillo feudal, porque evoca reminiscencias dr ?poeai:; heroicai:;, y es fúnebre y
triste un cemrnterio. porque es asilo de la
muerte y nos sugiere ideas de aniquilamiento
y clei:;trucción.
Comprendido en esta forma y de este modo
el mundo misterioso de nuestra~ emocionm,,
t'l simbolismo de las coi::as se hace transparente .v luminoso; comprendernos todos los fetiq nis111os: el de la bandera, símbolo de lapatria; el del áncora, signo de salvación; el de la
violeta, emblema de mcdestia; percibimos la
conexión necesaria de las cosas inertes é indiferentes con nuestra vida activa y multiforme,
y por ese camino y con ayuda de esos procedimientos, llegaremos, sin rluda, á responder
algún día á esta pregunta: ¿Qué es lo bello'?
sin imitar al magistrado romano que preguntó: ¿Qué es la verdad? y volvió la espalda sin
e;;perar la respuesta.

j)r. JY{. Flores

-------•------EDGARDO POE.

Cuenta, un capitán de marina mercante americana, gran amigo de E&lt;lgardo Pi:ie, que la
noche antes de morir éste, reunióse con él en
la taberna «Shoi Tower" de Baltimore, refugio predilecto del gran poeta. Era la primera
vez que se veían después de la muerte ele Virginia Clemm, mujer y prima de Edgardo.
El capitán notó por el aspecto· de su amigo
que éste, además de sufrir mucho, se hallaba
muy enfermo. En efecto, ya había tenido por
entonces dos accesos de «delírium tremens,"
ocasionados por el alcoholismo.
La hermosa y altanera cabeza del poeta, de
ancha frente despejada, nariz de líneas correctas y boca fina y triste, mostraba una palidez
enfermiza. Sus grandes ojos violetas parecían
á la vez más tenebrosos y más luminosos que
nunca: tal era su doble y fascinador aspecto.
Sentáronse los dos amigos á una mesa colocada en el hueco ele una ventana, y Edgardo
Por se quejó al capitán de que lo tuviera por
demente, cuando tan sólo se hallaba aquejado
de una neurosis.
En aquel momento crur.aba la calle una dama de aspecto enfermizo, apoyada en el brazo de un señor.
El novelista, presa de un t&lt;'mhlor religioso,
dijo, tendiendo su mano delicada y fría:
-«Yo sé por qué esa mujer se halla en punto de muertr, y ,·o.v á referirte lo que 1011 médicos no han a&lt;liviuado ni p&lt;,rlrán adivinar
nunca."
Y con una seriedad que no daba lugar á
duelas, comenzó el relato siguiente:

-Invitado una vez á un baile de carnaval
dado en Baltimore, fuí el primer convidado
que llegó á la casa.
La gran puerta estaba abierta de par en par,
proyectando sobre la calle obscura una viva
claridad, como la lente luminosa de una linterna mágica. Sobre aquel fondo encendido
resaltaban los carruajes que á cada instante se
detenían, dejando á los invit.ados, que bajaban, se agitaban un momento é iban en seguida á perderse en la linterna ...... En el vestíbulo se agrupaban los lacayos y ,;e veían los
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muros guarnecidos con los paletós de los hom¡
bres y con lo,; abrigos de las señoras.
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Al contemplar aquella escena, asiRtía yo á
nn espectáculo terrible. Ca.&lt;la uno de los concurrentes al baile dejaba colgada en la percha
su envoltura humana; vestido de etiquet..'I., sa1
lí&amp; convertido en esqueleto completamente
..,1
mont..·ulo.
Quedaban en las perchas todoR aquellos
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cuerpoi:; Hin Of&lt;amentas, semejante,; al p&lt;'rsonal
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de un teatro de títerei,:, los unos rígidos, ret&lt;&gt;..::
nidos por el cuello, los otros doblados por la
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mitnrl en las posturas más raras.
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En seguida cada pareja, dos esqueletos, uno
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más grande y otro más chico, frangueabim la
puerta del salón, y dándose el hrar.o, iban á
saludará los dueños de la casa, únicos personaje,-: de carne y hueso allí presentes.
Lo más extraño era que ni éstos ni aquéllos
parecían notar la metamorfosiR, agrupándoi,;c
los esqueletos, c-onversando y p:iseándose sin
extrañeza ni confuPión.
l'na pareja retard:-1da llegó en esto al vestíbulo. l~ra un ,·oluminoRo personaje de imponentes bigotes, y una mujercita de ojos lánguidos, que llevaba una camelia. Poco después
los dos pen;onajes hacían i,;n entrada como todos los demás, pero sobre el cráneo de la dama había quedado fijada la camelia como por
la opre::;iírn de un beso. Xada más lúgubremente bello que aquella viva flor roja sobre
una hlanni. cabeza macabra.
Quedé como clavado en el umbral del salón, aterrado r sin saher si había perdido á
mi ,·ez mi pálido cuerpo.
Saqué entonces mi reloj y observé que podía contar razonadamente sus golpecitos.
En el salón se bailaba con horripilantes
arrebatos de alegría, formándose y deshaciénse las cuadrillas, al compás de música oculta
por cortinajes, ó girando las parejas valsadoras
en vertiginosas espirales. No se oía en medio de
aquella agitaci6n y mezcolanza ni el crujido
de la seda, ni el roce de las alhajas, sino un
choque seco y continuado, semejante al rasgamiento de las ramas secas en el fuego de
una hornilla.
Mientras tanto, permanecía yo inmóvil; pe¡·o mis miradas seguíaTl con insistencia la camelia roja, graciosa y petulante, que me encantaba, haciéndome sentir esa primera efervescencia del amor que me recordaba á mi
11
querida Virginia Clemm.
Terminarlo el baile, apresurábanse los concurrentes en el vestíbulo para acercarse á la
NOTAS DEL PUEBLO.
percha. Les vi endosar sin dolor ni dificultad
su em·oltura de vitos: los hombres con sus
LWle,anía nos enferma ele indiferencia con
paletós, las mujeres con sus abrigos de pieles.•
1
'-· 1
, •:
impresión ar.ul. Lo mismo la barriada con
En seguida salían tranquilamente, después 411,
•u fondo gris, parece que nos esfuma en una
cambiar los cumplidos de costumbre.
vi6ta sin impresión la vida de aquellos que el
La pareja que había sido la última en lle...
,f ¡',. batir del cornzón de la ciudad, arroja lejos,
gar fué la última en salir. De pronto el prequizá como sangre saludable para fortificar ui1
cioso y esbelto esqueleto de la camelia roja
aiembro d~)il; quizá como reRiduo dañoso
lanzó una exclamación:
•
,
• Jti~ no ha podido nutrirRe ele f&gt;xígeno y se
-¡Ah! dijo-~ han llevado mi abrigo de.
raso blanco y me han dejado este otro de raso
·" • ~ . • • • mand~ á pasar por todos )~¡; r~sgu~rdos del
.•.
p
~ or~arnsmo para que vuelva a ser útil, prove•
arnarillo.-Y riéndose, cubrióse con él.
•
• ch"8o· y apropiado para la vida social.
Al instante ví aparecei, pliegues sobre su •
it. •
r Los que así son tratados se llaman, en térrostro, sobre sus hombros y sus brazos desnumino muy imperfecto: pueblo.
dos. La infeliz habíase revestido con el abri· · La vida de esta enorme masa se disuelve en
go ajeno, la encarnación de otro cuerpo que
la indeferencia, lo mismo que el contorno de
no ajustaba á su armazón anatómico, sobre el
la montaña se imprecisa en la lejanía~
cual puede i!ecirse que quedaba ondulando.
Acerquémonos para traer una novedad.
Espantado de aquello, salí disparado del pala••
Un guía en este vericueto que vive con la
cio del baile.
ola de nuestra vida: el papelero. Nosotros no
Pues bien, acabo de reconocer á la mujer
tenemos un término especial con que señnlar
de la camelia rojn en ~~a que pa."!Ó hace poco
al puñado de gente chica que se defiende en
arrm,trándose casi.
. la lucha de la 'l!ida con el esfuerzo propio, y
Los médicos se empeñan en vano, con tollamamos «papelero» al primer mucbachillo
da su cieñcia, por descubrir lo que llaman una
que se nos acerca cambiando el peri6dico del
enfermedad extraordinaria. ¡Tontos...... J,,
día por un centavo, 6 bien haciendo de la ho-

r

EL MUNDO ILUSTRADO

Dornjngo 29 de Ju'ti.io de 1902.

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ja impresa y de una mirada viva, la docu-

mentación para ohtener una Rimpatía demostrable con el regalo ele un centésimo de pe,;o.
«Papelero;» bien está y valga, ya que el término en su ambigüedad puede facilitarnos la.
interpretación de uquien hace papeleR," y «papel" es el de un prócer y un mendigo; el de
un engañador y un veraz; el de un luchador
y un holgazán; el de un emitidor de papel de
banco y ...... un vet1dimiero de pnpel impreso
con la nota sensacional del día.
Pues ese "gamín», ó ugolfo,, ó papelero, entre nosotros, es el mejor introductor á la barriada, al salón «azuln ( azul es lejanía, ¿estábamos?), y él nos l~eva sin saberlo, porque lo
seguimos en sus pasos, cuando «ya va,» despué~ de su lucha y su gritería desentonada
por ayenidas y calles; cuando lleva las manos
Yacías de papeles impresos y vuelve á su mundo á sus compaflías juguetonas, al ejército sin
ar~as, sin la coraza que se llama educación y
que en el anillo de proletarismo &lt;]Ue cerca á
todas las grandes ciudades, parece estar sitiando á los ca11tillos de la educación y de la
riqueza que levantan sus torres en el campo
áureo.
Los pasos del papelero nos guían y nos hacen pisar la alfombra gris del suburbio.
Buscamos escenas.
Un grupo de hombres que invaden de pared á pared la vía pública, siguen con vista
ansiosa el vuelo de un centavo tirado á lo alto . .Juegan «los volados.&gt;&gt; ¿Qué es eso?
Eso es el entretenimiento que en la 1&lt;vulgaridad» de nuestros salones se llama: tentar la
suerte. Acá, el que es «imprudente» en esas

diYersiones, Be condena á pasear una pobreza
eu campos de oro, ó para decir mejor, á ser
&lt;w~precio en l.a fpria de las preciacionflS; allá,
la 1mprudenc1a se traduce en riña, la riña en
cárcel; la cárcel, por desgracia, no es la mayor
deshonra que considera nuestro pueblo, pero
sí, la Ye como un desfalco en sus intereses de
voluntariedad. El jugador de ,rvolados, )&gt; al
revés del otro, no pai-ea su desprecio moral,
pero sí considera su desprecio material en el
fondo de una cárcel.
¿Hay diferencia entre esos dos desprecios?
El relativismo pone en alto el fiel de la balanr.a.
Y nos alejamos de esas co11Sideraciones
y sigue á nue¡;tra vistc'I. el harrio, gris en su
cielo, en sus paredes, en sl: suelo, en su luz de
tarde nublada, que va cayendo lent~, muy
lentamente, tras ese abanico de polvo tenue
que, á lo lejos, simula un capelo de vidrio
apagado en fJUe se guarda á la ciudad.
A la vera ele un callejón, junto al hueco de
una ventc'l.na, está un grupo simpático; se oye
rasguear pobremente una guitarra; apenas se
comprende la copla:
«Siento que me he de morir
Si no logro tu querer,
Así se mueren las flores
Cnanrlo no ;,querei&gt; llover."
Y ese cuadro reconcilia con el barrio; es el
vendimiero que se busca la vida eacanciando
versos, azucarillos y alegría en el fondo gris
del cuadro que parece que se nos esfuma en
una vista sin impresión.

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Para que la mujer sea prudente :en sus"'costum bres, ha de saber con precisi6n en• qué
consiRte la. prudencia; y para que imite la pureza de los ángeles, es indispensable que sus
ideas no se reduzcan á la materia.
GRENAILLE,.

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Domingo 29 de Junio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo '2!1 ,le Junio de 1902.

n:3- .abrió los oj_os, fijól~s,. asombrado al princ1p10, en la \ 1rgen placida, en el Señor San
,José de luengas barbas, en los reyes magos
que le ofrecían oro, mirra é incienso.
Después, deteniE'ndo su mirada sobre la figura vivnz y recogitla del señor cura., sonrió
con P.onri;;a angélica, confiada, adorable; y
tendienelo sus bracitoi-\ hacia el sacerdote, alegrPmente gritó:
-¡Papá!
ARMANET.
(Premiado en el concnroo abierto por l.e Jonrnal de Parls.)

,

,

CUBA A LA REPUBLICA
(FRAGMENTO DE UN POEMA.)

La lil-(urita rubia ,. HOnrientr de .J e:-ús no,•:--

•

El ,:eñor curalen1ntú un arbolillo &lt;¡lll' acababa de caer, colllpuso la cofia :'t una pm,tora
de cern, colocó Ít una expendcclorn de leche rn
la bon&lt;lo1.a&lt;la de un camino, ~·, 1·nantlo hubo
terminado, retrocedió alguno,.; pa,.;os para mejor observar :-u obra.
Aquello resultaba perfecto. :-,obre un fondo
le papel grii;, &lt;lestacábase un paisaje &lt;JUe Yercleaba espléndidamente; el 111u~go simulaba
la yl'rba, ya crecida, de las pnuleraR; una arenilla dorada empolniha la,.; carreteras; nn
arroyuelo diminuto brotaba ele las cimns, formaba cai-ca.das, eorría en ;;eguida, y pasaba
por bajo puentes, sobre cuyos pretiles se apoyaban placenteros loi,; pastores. La~ casaP., pequeñitas, colgaban ele los picacho;; tle las rocas de cartón; rehafios entf'ros pacían por los
campo1-, y árboles exóticos extendían al aire
sus ramas rígidas y pintarrajeadas.
Cirrtamente, por aquí y por allá se notaban
detalles algo raros. La wrclura e;;pléndida &lt;le
las praderaR contrastaba bastante con la nieYe
&lt;JUe espolvoreaba de blanco trchos y cornisas;
un soberbio earnero sobrepasaba en tamaño á
las colinas cercanas ." algunos pm;tores ,·eín n
por encima del hombro á las más grandci;
hosterías.
También los trajes se resentían ligeramente
ele la falta de color local. rna aldeana bretona, y una arle,-iana, i,;e crur.ahan en el mismo
sendero; una suiza ele cnh&lt;·llos rubios se reía,
con toda la boca, de una 1•spaiiola, orgullo:-a
de Hl mantilla, y tras de una palmera, una
bailarina trataba de ocultm- sus pien,aR, mal
cubiertas por las mnllns rMatlas.
Pero ésü1s eran pequeñeces sin importaneia.
Todo cambiaría de agpecto cuando, por la noche, á l:1 luz de los farolillos, llegara el niño
.Jcf'.Úf:, dr cera, ofrecido por la ca:-;tellana. tlel
lugar, y fuera ií reposar nnwlle111cnte sohrP la
paja del pese hn•.
Y , con cfPrt&lt;,. c·m11Hlo los últimos Yoltejeos
&lt;le las esquila:; llamaron (t misa de «gallo" {1
los Yecinos ele las m(t8 ll'janas chozas, un grito de a&lt;l111irn&lt;'ión lanzado por todos loP. fieles,
comentó favora hlemente la ohm ,lel señor cura. A la daricl:ul de loR cirioR. ú las irrn,diaciones del candil, scolgado, por la fuerza de
lns eircunsbrncias, de la ea pilla dE' Ran Antonio, el altar &lt;le X:l\·idad 1•e¡;;plandecía, admira ble y magnífi('o. La,; aren itas ele oro ci nti !aban á lo largo de las Y&lt;·n•clas; el :irro.,·uPlo parecía arraf'trnr olas &lt;le kntejul'las brill.rntes·
fulgoreR multicolorns H(' n'trnta han 1•11 la nie,·;
que pspol\'oreaha tP&lt;"hoi- .,· rornisaf'. Y fl'a de
verse á todoH aqnrllrn, prre!!rinoH de madera,
de pasta, ,le pon'&lt;'lana. ca111i11anclo sobre el
musgo Yer,le, ,•n dire&lt;'ciún al eHtalilo heJHlito
clondc acahaha &lt;le cumplirHP la prnfed:1.
¡El portal em una, niaraYilla! En primer
término, la Yirgen l\Iaría, envuelta en i,;n
manto azuloP.o; dPspurs, Han Jof'?, apoyado
en su vara; seguíanle el asno ." el btw,\', inquietos, penrntivo~, y a1h't, frent¡, á la estrella
milagrosa, los treR Reyes ;,fogoH, ofrerienclo
humildes el oro, la mirra y el incienso.
PPro ¡oh ,:orpresa.! entre el dulcr rof'tro de
)Iaría y la opulenta barba de San José, el lecho de paja apareció ...... vacío!

,¡,

taha allí.
·
l'n murmullo Ul' cfo:gusto corrió ¡•ntre lo:lieles. Dii•wreto .'" tímido al principio, eomo 1•!
rumor de las !,risas en Jo;; bosque;;, fué trt'&lt;' iendo ,. ereciendo co1110 una tempestad que
n•,·enta~t' entre loH i::antoi- muros de la igleDe repente, el señor cura apareció, atravpF&lt;ado el alzacuello, el solideo sobre la oreja,
leYantar.do los ojos al cielo:
-¡Oh amigos mío1-, mis &lt;1ueridos feligreses! ...... ¡(.~ué def'graeia.! ¡Qué inmensa desgracia! ...... El Xiiio .JesÚH, ya lo ;;abéis, el
Xiño .J esfü; ofrecido por In, señora Condrsa ....
-¿Qué'? ¿Qué'? exclamaron, anhelantes,
cien derntos.
Pue,; bien...... ¡ ha llegado en f"U caja,
despedazado, hecho astillas!...... ¡Ah Dios
mío, Dios mío! ¡qué desventura!
l'n silencio solemne acogió estas palabras, y

...

.. .

•'·
•.,.;;

.. . ..

•••

•

Ir

'

fué interrumpido por un :-ollozo. El sefioreura llorn,ba.
Entonces, débil , tímida, una voz se dejó oír
en el santuario.
-Reñor cura! ...... seiior cura!
El ;,aenclote, de,.;concertado todaYÍa, rnh-ió
PI rostro~ humedecido por amaro-o
lloro' .v de
~
un rinc·on apartndo smgió la figura de una
111m·lrneha flacucha, pálida, co11 dos grandes
ojos tri1&lt;tei&lt; y hundido,;, levantando en sus manos Ít un muñec-o, Ít un chiquitín de nne,·c
mesei;;, que dormía, el pobrecito, como Ull án gel caído del Pnraíso.
-¡Silviana!- exclamó el sefior cura,-;.qué
quieres? ¿.qu(· hac-es ahí con ese muchacho, hija
mfa?
-¡Ah ,;eñor cura! Como me dijeron que el
que ofreció la señora Condesa era tan hermoso, he querido vPrlo; no tme á quien dejar mi
chico v le he traído envuelto en el chal. Señor ctirn, acuéstele usted en el pesebre, en el

lugar del Xiiio .Tesús; e:-;o Rerá ¡,:ira {,] ele ht11•11
agüero.
Ruplimba la infeliz, con rnz lm-tirnn:-;a; v
el sefior cura, Yacilaha, entenwddo, easi n·sucito á todo.
Mirándolo hien, ¿.qué culpa tenía aquel querubín de que su madre lo huhiesl' tenido, chicuela todada, ele no sabía qui{,n v en alo-ún
lugar desierto? Ante DioH ¿,no son· iguales"todas las criaturas? ...... Y luego, la Yirgen d&lt;'l
manto azuloi-o y el señor f,;an Joi,é de negra y
opulenta barba, ¡e1&lt;tahan tan afligido¡; por no
tener allí F&lt;ll Xifio .Jrsús, rubio y risueiio!
f,;(1bitamente, el sefior cura se de&lt;"idió. To1116 al nifio de las mano¡; de Silviana, lo sacó
ele l~is pafiales que. le rnvoh·ían, le quitó la
1
alnnlln, y los zapat1tos de lana v triunfante
radio1&lt;0, lo acostó, así, desnud¿, · ;obre la paj~
del pes1&gt;bre.
iY &lt;Jué adorahlr estaba en su papel de .Jesús el hijo de Silviana! ¡Qué encantadores sus
bucles dorndos, suR piernas y sus brazos regordetes y los hoyuelos que tan alegremente
reían en su carnr satinada! Los fieles extáticos, olvidaban el padrenuestro por ~ontemplarlo; el señor cura, tartajeando sus &lt;CÜrernus,» l~ veía con el raho del ojo, temeroso de
que un rnesperado despertar deshiciese la graciosa iluf:ión de la celeste levencla. Pero el muchacho dormía como un q11eruhín v la miP.a
de ((galloi, terminó sin accidente ~lguno en
medio de los cánticos piadosos " del h~nno
perfumado que del"pedían los incen1rnrios.
Concluídas las últimas oraciones, una inRpiración divina hirió el alma agraclC'cida del
spfior cura. Con gran pompa, prececlirlo por
el maestro de .ct&gt;rernomas que empuiiaha su
alabarda, seguido de los monaguillos, vestido,;
de blanco, de los chantrei-:, cubiertos con la
sobrepelliz, ~' del sacristán, provisto del hisopo, abandonó el altar y se dirigió al pesehrr,
que resplandecía con fulgores de ascua.
Con ademán lento, muy lento bPndijo al
nifio, que apaciblemente dormía.'
•
-¡Dios mío!-excln!nú_en alta Yoz,-impe11etrablcs son tus cle,;1gmos. Has permitido
que en e::-ta noche solemne en que dii,te un
1-\alvaclor al mund!&gt;, el hijito d e.:lih·iana oc • ;
para el I ugar que ,1 tu augnf'to h1¡0 rsui ba destin:i~lo. ¡Bendice, Señor, á ,•str hijo de• ea- ~
F:ualidad! ¡Har. que algún día, gracias (t Lu m'- •··.
seric?;dia infinita y á tu om nipotente intrre •
,·enc!on, enc~1e1!tre al hombre qut&gt;, c•n eont.1- •
hcrmo con R1hiana, lo lanzúalnrnnrlo! ¡Te Jo ~
pedimos, ¡oh Dim; y Seíior nuef:tro!, en el '
nomb~e &lt;lel Pnclre, del Hijo y• del Espíria
Santo. ,
.
• ..
-Arnen-~esponcl1Pron en coro y co11111on-.
dos todos los fieles:
·
En c,-;oR mo111r11tos, el dulee .frsús d(' :-,j]lli/ia-

••

El Incendio
Allí avanzan velocPs los guerreros

blandiendo los aceros,
en el nervioso puilo, al golpe recta.
la boja afilada, erecta.

Las notas de las músicas, ardientes,
empujan á la gente enfurecida,
y un incienso de pólvora encendida
se exhala de la flor de los valientes.
La lucha, cada vez más despiadada,
negro el encono, la venganza fiera,
conflagración abajo, sombra arriba.
y al nombre de la patria desgarrada,
los victoriosos van gritando: «;Muera!&gt;
y los que muel'en les responden: «¡Viva!&gt;
Las bestias, espantadas, sin gobierno,
al sentir que la llama las acosa,
en confusión horrible y tropelosacondenados que escapan del infiernoatropéllanse al raso,
y pidiendo sus alas á Pegaso,
se lanzan de estampía
hacia la solitaria lejanía ...... .
La nochr impuso paz á la refriega,
á la horrenda, feroz carnicería.
¡la noche! ¡y dicen que rs mejor el día!
Y, cual sudario, las obscul'as caudas
el va.sto manigua] envuelven raudas.
¡La noche llegó triste!
'l'ú no vista mi tierra aquella noche ¡ah. no. tú no la viste!
~· pensándolo al golpe me cloblPgocuerpo exangüe, ~ncorvado,
por la espina vital cauteri:;:ado
con botones ele fuego!
;Un enfermo gigante pa1·ecía
que estií l'Onvaleciendo todavía! ....... .

•
.J_"".,

\\\~

JY(a17uel S. j&gt;icharoo

VIRGEN ÁRABE.

-~

11 ~ -~•,.

1
~

"

Grábansf' finas, du1as,
en el polvo las corvas herraduras
de los potros rebeldes. ¡Infelices!
¡NadiP hahrú de ¡n·emiar su, ci&lt;'at1·ict&gt;s!
Ruelto el renclal f'n la l'arret·a ÍI f'Scapr,
va la colgante vaina
golpeáudoles el anca temhladorn,
y la e~puela desgarra, punzado1·a,
el ijar, que ensangrienta la polaina.
Y al mismo tiempo que la gente vurla

•

'
,.

I •

,. •

con indómito avance,
cuanto conquista su terrible alcance
enciende y 1mlve1·iza &lt;la candela.&gt;
¡gs la legi6n sagrada
que causa espantos y que infunde asombros:
es la eterna legión de los que sufren
que viene á pt·opagar la nueva idea:
es el poder del filo y de la tea
que necesita coágulos y escombros;
que arrasa y que desquicia,
mientras no baste al Bien y á la Justicia
• el poder de la mente y ele los hombros!
El imponente choque se avecina;
tirando á quema ropa
de inmediata colina,
rompió sus fuegos la enemiga tropa.

..••

•
•

•

«La candela&gt; prosigue sus hazañas:
las encendidas caña¡;
sus airones flamígeros aventan:
los gases, dilatándose, violentan
las fibrosas entrañas
y, rompiendo las cáscaras, revientan!
Los tiros de la miel, que el campo asordan,
los del fusil y del cañón acal 1an,
y los jugos en lavas se desborda&amp;,
como las almas dulces cuando estallan!. ....
El combate

..

•

Junto al río se ven los combatientes
y empeñan la batalla fratricida,
donde no hay un soldado sin herida
y en púrpura se bañan las corrientes,

La virgen [u·abc estú bajo un cielo hiperhúreo gozando &lt;le la blancura de la tarde.
La novia parece un lirio opul ento deshojndo sobre un líbico lecho nupcial.
:;uf'. manos simuladoras ,k heliotropos marinos, se posan con &lt;lulr.ura sobre un libro dt&gt;
marfil.
De las raíces íntimas de la al hum de su alma, filtra la honda sugestión 1mpresa (t la rstrofa por un bardo adolescente ele pluma
blanca.
Sonríe ...... y su sonrisa de crista.! rnga por
el cóncavo venusino &lt;le sus perlas...... A veces su sonrii-a, alígera como libélula de plata,
naufraga en el mar de luz que clpspide la rojn
flor de RUB labios temblorosos ..... .

Tiene sobre su pecho, color de lino, una
flor roja-como sangriento caracol de Tyro;y arele en todo su busto, corno en el de Casandra apolínea, el i,;ibilante fuego ele un amor
voluptuoso y persistente.
Lee, r vuelve ú leer; y en el fonelo ele su
glauca pupila recoge los últimos cadú rnres ele
un pah,aje nacarino, en un horizonte sin límites...... .
Allá...... tras las enormes siluetas de las
Pirá1,,ides y las Esfingrs, di\-isa una línea de
hielo, hiperb6ren, y dúctil, que parece derretirse tenuemente ...... Es el crepfü:culo que empieza ...... !
Y. al fin, labrada ron el ágata de la fama,
vió ln, gig:inte estatua del "Genio" ...... deflafiando á los e,·os bajo el esplendor de e,-os muros
egi pcíacos.
Tornó á leer, y en la página. blanca, como
nenúfar muerto, &lt;lej6 raer una ]~grima arrancada de su alma, en esas horas grises, cun,i1tlo
se había viRto impotente para volver (t la tibia
ribera de las níveas iluRioneR de la primera
rdad ..... .
Celebró entonces sus connubios con la nostalgia, y aprendió-de;:;,Je esa tarde blancaque el amor es la mús grande entn• las tristezas humanas.
Las nubes como alas rotas de l'igi.ieñas blan('¡\S, se esfumn han f'll el (qiice de la f'Umbre
lejana ...... !
Era la hora ,le! Ticiano ..... .
Cna ola crepus(·uln,r )' 110,.;túll(Í(·:1. hafió tamhifn C'l alma de la vir~en úrabe........ .
Crrrú Pl libro ...... Dió una mirada lun1inosa
al n•tr:1to del porta, despu,~s l!inguida, C'0lllo
un loto rnfcrmo, di' la Idali,t, eln\'Ó sus re,londa,.; pupilas ;;ohm PI horizo11t&lt;· tnuerto, hipC'rhórPo y ;;ilt&gt;ntc•...... Y 1•0111novicla (li ,1 1•! último
adiú,, {t la,; bl:uwa~ ilu;;iom•¡-¡ de ;;u pl'illlf'rn
r&lt;lad ........ !

. Todo el 11nmclo d,•hc reconocer ho,· la importan&lt;'ia del pn peI q ne la m uj1·r e,;t({ llamada
ú clci-empcfiar Pn el gí·nero humano; todo 1•!
mundo cl('he n•c·ono(·t&gt;r la neel'sicla&lt;l de e&lt;lucnr
:'t la 11rnjer ptlrn tan alto fin.
Bnsso:-.

La 111uj,.r dr miís m{•rito PS la que reemplaza digna liten te .'1 su 111;1ri&lt;lo cuando C-ste se halla, ausente.
GoETUE.

La discreciún ,. la honclad fonna.n un &lt;lote

muy imticiente 1iam una nrnjer.

Respir&lt;t el campo con rnmor de ignotaR
Yoces de idilio. El aljófar rncda
Sobre los montes, y á la luz reme&lt;la
Diamantes raros de soguillas rotas.
Se oyen ecos de cántigas remotas,
Alisa el tordo su plum6n de seda,
Y oculto el papagayo en la a.rboleda
Alza su voz de alharaquientas notas.
Muge el ganado; con acentoR bronco,;
Suenan las hachas al herir los troncos;
Y miC'ntras mueve con pariente mano
El labrador, en su hrrcdad, la. yunta,
Fresca ilusión sobre su fe despunta,
Como despunta sobre el surco el grano.

PLAUTO.

�Domingo 29 ele Junio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

I

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 29 ele Junio dé 1902.

La primera carrera, en terreno plano, foé
ganada por M. S. Turner; la segunda, para
muchachos de menos de 15 años, por Luis
Mosser; la tercera, que fué de obstáruloR, por
K Emonrls; la cuarta por Osear Braniff, y la
quinta por Horacio Sharp.
Después Yino una carrera de ponnies mrxicanos, ú 440 metro1-1, en la enal el jockey Yrncedor fu(, el sl'iior 1\1. Sharp.
En la carrern para señorita~, que fuú de lns
más di,·ertidal-', d triunfo corn•spondiú ú la
seüorita Tlwclr.

JUEGOS OLÍMPICOS
EN HONOR DE EDUARDO VII.

. .

rn incidente lamentable-la repentina enfermC'dad de Eduardo YII-vino ú interrnmpir, el marteR, la serie de fei-tejos con que la
colonia inglesa se disponía i'i celebrar en ::\IPxic o el fausto suceso de 1:. coronación del r •y ele
Inglaterra.
·
De las fiestas que ;:;e
efectuaron, lo que más
llamó laatención, fueron, sin duda, los J uegos Olímpicos, que se
verificaron en el Club
Reforma, el m i s m o
martes.
A las diez de la mañana se reunió en el
espacioso terreno del
Club lo más selecto de
la colonia británica y
algunas familias americanas ?l mexicanas;
el señor Ministro Inglés y el Cónsul y Vicecómml de la Gran
Bretaña, que presidieron los Juegos Olímpicos.
A un lado y otro de
la pista se colocaron
filas de sillas, en donele tomaron aRiento las
clama~.
Los jugadores 1u cían
elegante traje dP sport,
sobresaliendo l o s de
los jockeys,c¡ue eran de
H&lt;'da y de ,'Ísto;:;os colores: Una comi;:;ión de
señoras y señoritaA que
vestían trajes blancos,
zapatos blancos y Aomhreros ele paja, atendían á los invitados.
La mayor parte ele los
concurrentes vestían
del mismo color, hasta
T orneo de saltos de alt ura, con ga rrocha.
los niños.

,

-----------·--

BUSTO DE REBULL.
El grabado que antecede repreRenta el busto, en yeso, de Don Santiago Rebull, ejecutado en la clase de ERcultura ele la Escuela de
Bellas Artes, por el alumno Sr. Domínguez.
El parecido es de lo más exacto, y la manera con que están tratados los detalles de la
obra, acusa en el joven escultor buenas disposiciones.

Carreras de ponnies.

En la otra carrera de ponnies, :;alió Ye1wcdor el Reñor P. Stoney. La carrera para selioras y caballeros, la ganaron el señor Stoney y
la sefiorita Ware. Una de las carreras más dive1tidas fué la carrera en cuatro pies, que ganaron C. ::\1. Bulting, en primer lugar; en segundo, J. Lacaud, y R. Blakmore en tercero.
En lugar del «tug of wari&gt; hubo una última carrera de ponnies, que ganó el Sr. Alex Arnnr.
A la una de la tarde los concurrente,; fueron
obsequiados con un lunrh por las señorita,;
ele la comisión nombrada para. el efecto. Todas ellas, lo mismo que los socios del Cluh .,·
los miembros del comité de las fiPstai-, lucínn
listones en el pecho con los (•olores ele la h11n&lt;lera inglesa.
Terminada la comida, eontinunron laR &lt;'Hrreras. Las más notables fueron las de saltos
ele garrocha, carreras &lt;le eaballos y (·ni-rt•ras
de señoritas; y la que hizo reir mucho, fué la
de c,aballeros atados de los pies.
Hubo ~demás, saltos y otro" ejercido::; atléticos.

1

--------------NUPCIAL.

•

Ante una selecta concurrencia se efectu6 ú'.timamente, en la Profern, el mat1imonio cl&lt;'I
~r. Lic. Pascual Luna Parra con la distingni-

Carreras á ple.

lla f;eñorila Carmen Mariscal, sobrina. del seIior Ministro de Relaciones.
Los contrayentes son muy estimados en la
sociedad mexicana, y la formación del nuevo
hogar ha sido recibida con verdadera simpatía.

Tipos londinenses
A dónde vas, joven soldaelo? dice el porta;
y yo, pensando en tí: ¿á dónde vas, chicuela

de las ralles, «girli• ingle.~a de dieciocho año;;,
con tus ojos azules claros como el agua, con
tus cabellos rubios cortados cerca de la nuca,
mn tu boca de rosa y tus mejillas de 11iíio?
;..\. d(mde vas, pequeña «girl," caminando sohre las bahlosm; &lt;le esta ac&lt; ra de Picaclilly,
cuando en ,,1 reloj d(' la torre ~t..Jame;;, nllíi
en ('J cabo Je la ealle, la aguja marc,l las diez
ele la nochr, y C'ua11do las clariclade;; qt1C' iluminan las ,·pntanas 1lp las casa;-: virtnosaR con1iPnzan (l apagarRP·?
Con tu ypsticlo de color l'hro. tu ancho ,;0111hrero y tus guantes rojo:-:, Ro1iríPs al transeunte con sonriRa casi ingenua, _,, lo qur hul"cas
1•s 1·1m que \'ivir n1añana sin trabajar. Y si no
llega1&lt; aquí sino ú las diez, C'R qui' YirnN; {t pi1·
desd(' muy lejos, desue uno de los barrios donde la~ casas cuestan barato; y Yi,·es allí con
alguna de tus cam:ira&lt;las que fup de cacería
por su laclo. ~Iañana por la maliana, una &lt;le
yosotras, con las mangas del ve;:;tido blanco
0

Torneo de saltos de altura, sin garrocha.
Sra. Mariscal de Luna Parra.

volteado hacia adentro y el ancho sombrero ú
llores sobre la cabeza, limpiará los cristales del
único balcón de la casita, en tanto que la otra
prepara el té, el «roastbeef» y las tajadas de
pan con manteca sobre la mesa de vuestra sala, donde Sbakespeare eluerme sobre alguno,;
('jernplare::; de no\'elas ilustradas. Pero esta
tarde? ...... DP, paRante en pasante vas erranelo,
casi cúndi&lt;la, ni cínica. ni orutal; y al_i:que te
rerhaza menos duran1C'nte que los otros, le pillPs para beber aguarrliente; y pronto, ahora
mü,mo, poelrt{ verte de pie, cerca de la mesa
del cc Bar,» en nwdio de otras jóYenes, tiernnP
como tú, cerca de hombres cubiertos con anclrajos; y tu faz de ángel revelará ingenuo placer mientras apura,; PI ancho vaso de brandy.
DeRpnés ReguirÍli&lt; ('ITn.nclo sobre la acera cacla
vez mús ,;ilenc-iosa.
...... ¿.A clúnde ,·a:-:, pequ('iia «girl»? ¿.Hacia
qu{, fin lamentable ele orgía y de borrachera?
~in rmhargo, entre d Yieio y t(1 no hay de común :sino el &lt;linero que t(' proporciona; con
una rPntecilla y un f'RJ&gt;ORO sería,1 feliz. La corrnpciún no te ha marcado en la cara, como ú
tu lwmw nn n1a.lclita de lo~ houlf'vares de París, cnpL h,wn brilla carniinaela bajo una máscam de polYos di• nrroz, y c·uyos ojos penetrantN; irmclian hajo las ceja", gasfada:; por la pintura. ~faR, ¡oh chicuela de LondreR!,para el soiiador que te sigue con la vista, cu[mto mú"
triste no es tu monótono paseo que el &lt;11' tu
viciosa lwrmana parisiense! ..... .
PAL"L BouRGET.

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�Domingo 29 de Junio de 1902.

:EL M UiNDO ILUSTRADO

aún y se dirigen hacia la
belleza inefable, que brilla á través de aquel místico universo. Las lágrimas del sufrimiento se
agotan insensiblemente
pam dejar paso {l las del éxtasi!', ó m~s
bien, aml,as se confunden en una angw,tia
mezclada de delicias. A veces estalla la desesperación, pero al punto reaparece la poeRía, y
las modulaciones mfoi &lt;lesespcradns se exhalan envueltas en una magnificencia de ucordr::i
tan extraordinaria, &lt;JU!' lo sublime 1-1obresal&lt;'
v lo cnbrr tocio &lt;·on su penetrante armonía.
Al fin, después de un gran tumu lto y un gran
c·omhat&lt;· lo sublime sólo subsi~te; la lnmentaciún, t-;·ansformacla, sr convierte en un hin1eneo qu&lt;' eorre ~· resuena, llevado en un
&lt;·oncierto de notas triunfantes. Al rededor
del en11to, en lo alto, nbajo, en multitrnles
aprenf-adas, entrelazadas, cxtf•ndidas, '? un
(·oi·o d,· aclamaciones q ll(' crece y dobla lllCl'sa 11tc&gt;men te su vehernrncia y su alegría. El
tt·dadü es insuficiente, no hny voz que no tome ¡,arte en aquella fil'sta, las mf,s grav(:'1&lt; con
H11-1 trnenos, las más altas con RUR gorjeos,
unidn.s todas en una sola Yoz, una y múltiple,
corno nquelln. rosa divina que vió Dante, cttda
una de cuya,; hojaR era un alma hiena,·e11tnrada.
Un &lt;'anto de Yeinte not;1s ha dado origen á
tan diversas emociones! Así en una catedral
gótica, la ojiva chata de la cripta se encorva
en arcos á la fúnebre claridad de las lámparas, entre muros húmedos, en la lúgubre obscuridad que envuelve la tumba de un muerto; de,;pués, arriba, en la iglesia, libre reper.tinamente clt-1 peso de la materia, se yergue,
sube en columnitas hasta el cielo, hermosea
las vidrieraR con sus festo nes, extiende sus
trí-1,oles en los rosetoneR iluminados, y hace
drl templo un tabernúculo.
HIPÍlLITO TAJXE.

MONUMENTO Á DAUDET.
En uno de los rinconcitos mús pintore,:cm;
de los Campo,: Elíseos, bajo laR frondai:; y rodeado de flores, se lPYanta en P:1rí-.: &lt;·l monumento consagrado á la
,uemoria de Alfoni&lt;o
Daudrt. La obra, qur
es un notable trab,tjo
de escultura, es del nrtiF&lt;t~'1 Saint-1\farceux ,.
fué inaugura(la Rolen1nPmcmte el
dr ma\'O último.
· La figura de Daudrt
en primoro,;o mármol
blanco, es un retrato
fiel del gran novrliRtn;
parece ei;tar animada
de RU el'lpíritu.
El aclo de la inauguración se Yerificó estando allí representados los círculos literarios v artísticos de más
nombradía. La fau,ilia del ilmitre novelista. ocupaba un pequeño estrado frente á la
estatua.
El '.\I inisterio ele Be11.ts .\ rt(•s r el de Instnwción P(1 hlica \' la
Sol'ieclnd de Hente de
J., ·tras, l'n 1·iaron delPgado-.; ú la ceremonia,
eoncu n·i&lt;&gt;1Hlo eií per~onn, el Prefecto del 8&lt;'na, algunos mieml,rn,
drl Concejo ~Jnnicipnl
v 111m1ern:,os amigos v
iulmiraclnreR ·clr DalidPt.
M. ,\hcl lle,mant,
en 11ombre &lt;le la Sociedad de Gente de Letras, pronunció un bello diRcnrso, haciendo

EL MU!NDO ILUSTRADO
el elogio del autor de«Nabab", de &lt;~Saph_o» y de
tantas otras obras que dan lustre a la literatura francesa y quese deben al eximio_ escritor.
Se pronunciaron, además,otra~ piezas oratorias, v l\I me. Lara, de la Comedia Francesa,
recitó i:mos verso1-1 rlc Lucií,n Pat(,, rscritoR expre~nmonte pnra la l'erernonia.

cCa pa~con los _Boeros.

( De.!. u lre" Chenier)
( '01110 en su

muerte por la vez postreni.
El cisne gime. y falleciente entona
Dulce cantar al despedir la vida,
Pálida así, r en la mirada triste
8ombra funesta, desplegó sus labios
La ninfa, y dijo con susurro lel'e:
«¡Oh del Sebeto náyades ligera~.
Cortad las trenzas sob1·e mi sepukl'O'.
Clinias, ¡adiós! no voll·erií. tu amach1.
Cielo, mar, tierra, valles y torrentes.
Flores y bosques y repuestas grata~.
Tened continuo á su memoria el nomh1·p
De Neera, rn bien r sus amores:
De su Neera, que por él la casa
Dejara de su madre, y fugitiva
De ciudad en ciudad errante aml u,·o,
Sin atreverse á levantar los ojos
Delante de los hombres. Ora el astro
De los gemelos de la hermosa Helena
En el jónico mar tu nave guíe;
Ora de Pesto en el verjel lozano
Dos veces eu el año frescas rosas
Corte tu mano por tejer guirnaldas;
Si á la puesta del sol, vaga tristeza
Mezclada de dulzura tu alma siente,
Llámame, Clinias; estaré á tu lado
O tras tí volaré: mi alma errante
Gemirii entre las hojas de los bosques,
Descenderá en el seno de las nubes,
Llevaránla los ·d eutos en sus alas
O brotará de la marina espuma.
('orno centella surcará los aires,
Leve cual sueño, sin cesar volando,
Y siempre tierno y amoroso siempre,
Mi acento blando halagará tu oído.

El Lo rd Mayor anuncia que la paz ha sido proclama da.

Marcelino Men6ndez Petayo.

r-

:-n

LA ÚLTIMA SONATA
Es una frase &lt;le una línea, lenta, de infinita
tristeza, que va y vuelve sin C(•sar, como un
sollozo único y lnrgo. A ella se u1wn algunos
sonidos ~ofoca&lt;los; cada acento :;e prolonga con
los que siguen, _y llluere sor~,unent(', como
¡¡;rito que acab:i co'.1, un susp1:o;_ de modo qtw
cada nueva explo:;1011 dt:_sentumento lleva por
cortejo las quejas n:itigunl", . ,r, con la lamentaci6n suprema, se 1t11--zcla s1cm pre. el Pro de1,ilit'l.do de los primero~ dolores. ~ada hay el&lt;·
,luro en e,;l;a queja, ning,una indignne_ií,n, ni1!"llll·t rel&gt;rldía. Jj:L corazon que la ('llllle no d1;e q•ue es infeliz, sino q_tw 1,~,f"1il'idacl rs impo,;ible; y, en est'I. re~1gnac1011, encuentra la
c:tlrna.
como un desventurado de,;trozndo á cau:-:a de una caída trernencln, r que, tl&gt;11&lt;lido en111edio de un desierto, Ye la folgurante pe~lre,fa del cielo tachonar In bó:1 &lt;la dr :u _ultima
noche se desprende, se olv1&lt;la &lt;le f-1 mismo, _y
no pi¡nsa ya en reparar lo !ne1&gt;,arnhll:'; ,1a serenidad divina ele las cosas mfundc en el una
dulzura secreta, y sus braws_, _que 110 pueden
ya levantar su cuerpo martmzado, se abren

un

Domu1go 29 de Junio de 1902.

" Fogata" en cel e brac ión de la paz.

Grande, inusitado, fué el entusiasmo con
que en toda Inglaterra se recibieron laR primeras noticias referentes á la paz con 8ud-Africa. El pueblo, en masa, recorría las calles de
Londres, saludando la plausi ble nueva, y las

demostraciones de regocijo fuernn, como mm('a, ruidosas.
La paz estaba asegu rada, y no quedaba de
aquella terrible lucha que conmovió al mundo, sino el recuerdo de los sacrificios de vi-

das y haciendas, y de la heroici&lt;la&lt;l el e los
combatientes.
Las dos ilustraciones que ofrecemos es ele
lo más interesante que encontramos rn la información gráfica de la prensa londinense.

Fragmentos da una leyenda.

El fondo del corazón de la mujer es tal vez
menos vigoroso que el corazón del hombre;
pero es menos susceptible de infatuarse en la
gran eorrnpeión moderna. -SATNT-MARTIX.

Si la ciencia v la sabiduría se hallan reunidas en una criatura, no pregunto el srxo; admiro.
LA BRt'YÉRE.

Ah! los supremos goces de la pasión vencida!
Ay! el voraz cansancio de la virtud perd ida!
Cuando á tu puerta llame con por.fiada mano
El mal, arroja, insulta, desecha al vil tirano.

MARTINICA.

Yo sé muchas historias de inolvidables días,
De pérfidos halagos, de recias agonías.

•

En ellos, como un héroe de bíblicos cantareR,
Ct'uzó el placer lloviendo diluvios de pesares;
Y envueltos en las mallas de trítgicos arreos,
Ardientes y sudosos, volaron los deseos.
Allí 1as blancas vírgenes ele lúbricos contornos,
De aéreos y sutiles y diáfanos adornos;

•

Allí la fiebre loca, el beso eterno y rudo
De la impoluta esclava sobre el marfil desnudo.
Y en mareante vértigo, cien danzas peregrinas
Meciéndose al acorde de suaves mandolinas.
¡Y aquella larga .fiesta, aquel carnal desdo
De Abdul-Hassam no pudo matar el fiero hastío'.
Arrnr.. FARINA.
,{:;,.'t('

1

~.... ~

&lt;

'

Vista de Séin Pedro, desde el mar, 48 horas después de la prime ra erupción.

�Domingo 29 ele Junio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

TRIUNFO DE UN MEXICANO

Re llanrn.ha :\lidtP y rra paÍ·isiense hasta la
punta de las uiias. Yo l:i querfa porque no Re
parecía á loH otro:,; gatm;, con su nariz espiritual, eolor rosa ele las rosaR de, Bengala, su,:
ojos dr un gri!l muy dulce, azulado, cambiante eomo el gris ele ciertoR cirios de oetuhrc&gt;, en
el que el sol agoniza Pll la bruma; su pelo rubio, cruzado por rayaR irregularrs_; sus patas
finaR, elegant&lt;•s. eomo las manoR de mi amiga.
Qu(&gt; p:tvores al mirarse en el psiquis &lt;¡ue le
repro&lt;l ucía su imagen; Rus "toillcttes,, interminables en que SP acicafaha como una mujer
que espera un cortejo de enamorados, y que
no se encuentra bastante bella: Qu(&gt; tent!lcioneR lo&lt;'a!l sus glotonerías cuando merodeaba
sobre los blancos mantelPs, entre las copas .r
loR plato!-, olfateando con sus narices dilatadas los perfumes que exhalaban los azulados
rapo,es!
Y RU fina \'oz, en In que RC comprenderían
las inflexiones; l'Sa rnz que 1-lUplicaha y i-e init:tha i;uecRi\'alllentt&gt;, que tenía ternuras mentirosas, astu('ia,: femeninas! Y sus ¡;alto;; furiosos, 1'-llS en,-rcras por tocia la hahitaeiún, tan
rápida;.:, 1¡t1&lt;' si• hubiPra dieho c¡ue una pelota
ele seda roda ha, l,ri1,ea ha, estrellántlose contra
los nnwl,l&lt;·s; su1- juegos &lt;·on &lt;·ualquier cosa,
&lt;·on la n,o~&lt;·n lJUU zunil,a en el ain• la borla
de un eojín, PI sohre anugado qu~ arraf-tra
por PI suelo! Y su:s contori4iones en las que Rll
l'llt&gt;rpo Hexi hl&lt;· torna l ,a acti tu ele" Pxtraiias; sus
¡,irnetas de payaso, que exrit:ln lnR aplauso:,;
y los da 111oreos &lt;lPI p(1 blico.
QlH~ había sido :\íiette en las metempsicosis
lejanas, en las existencias anteriorc:-;? Tal Y&lt;'Z
una seclurtora endiahlnda, tal Yez una atlornda &lt;¡ue ju¡raba con f•l
amor romo los l"altirn hanquis con sus aros
de cobre. Meguramentc
una mujer y una rnbia.
Es á causa de esta
quimera que la 4uería
tanto, la había hecho
mi camarera familiar,
íntima, que se tiene en
la mesa de trabajo que
se acuesta !"obre las carillas en las que la tinta
está apenas seca; y. por momentos, eon un
movimiento discrMo, eon un especial maullido, me recordaba que ella languidecía, que en
vez de borronear papel sería mejor palmearla,
hablarla y divPrtirla.
Tenía horror Ít la soledad y á las tmieblas.
La música la sumNgía en verdaderos éxtai;;is.
Se hubiera creído que ella la comprendía y
que e11a Rcguía el ritmo.
Una noche de Yerano le traje de la feria &lt;le
~euilly un conejillo plácido, ca si domesticado,
que había obtenido como premio en un juego
de muñecos.
Entoncef', entre l\liette y el recién llegado,
se produjo una escena como el capítulo de
«Manette 8alom6n,» en que el mono de Coriolis se eRfnerza en rnderezar la cola retorcida
de un lechón. Daba n1eltas y m{1s ,·ucltas á
una distancia res1wtu0Ra drl conejo; se erizaba, arqueba el lomo cuando él 1wanzaba un
paso ó cuando blandía sus largas y perezosas
orejas.
El conejo la contemplaba con ojos bondadosos, se aproximaba, parecía querer ofrecerle
sus-servicios. Esto duró una media hora; deRpués, al fili, Miette se atrevió, lo arañó de un

zarpazo le mordió su cuero blanco. El Re es' 1o espia
. 1ia,
eapalia 'ú RaltoR; ella. lo persegurn,
lo denihaba.
Y cuanclo se sintió muy cam;;ada, no pudi&lt;•11&lt;lo ,·a. mÍls Re c&gt;ehú sohrc (.1 &lt;·orno sobre
. , la;_., patnR
'
. 11·
un diYún
c•stiraclas, la ea1)cza me
nacla, aplastúndolo eon todo su JWf-0 al pobre
animal, c¡ue no osa.ha mmwarR(', 111oviendo Rolanwntc sus orejas.
DcRde rsc clía rl dcsgraci:ulo sirvió ÍI :\liette
(le colchón, y muy en breve, aho~a&lt;lo, &lt;l&lt;'rrengatlo poco ú poco, qm,dó Hieo, murien_do eo1110
loR resignados, en la sombra y sin nrnlo.
Creo que amaba á l\liPtte y que soportaba
pacientemente e8e Ruplido ¡,or an1or; prro no
me atrevería á afirmarlo.
Pohre :\[iette, ella tambi(.n se fu(., quizús i-e
fué al paraíso tle los gato~. ~u JW&lt;¡neii.L alma
mió á lo impal pahlc eo1110 la humareda ligera
de un rigarrillo ru;:o, y rne imagino que habrá resucitado en algún planeta i&lt;lea I donde
las lindas gatitas como ella se Pn&lt;·rcRpan m,te
los platos de leehc aztwarada, d&lt;' salrnis d&lt;'
alondra:-: C'SJW&lt;"ialrnente prepuraclas pnrn ~us
ho&lt;'iquillos, :wudiC'n&lt;lo capri1·l10,-anll•nte [t ci

Los aficionados al "tiro de pichón» tuvieron
c'lt:asión ele disputarse, por primera vez, el
gran premio que ofreció el "Bois ele Bologne,n
de P:1rÍR á aquel de sus miembros mús diPstro en e;a claRe cfo ejercicio.
El Círculo «BoiR ele Bologne,, está formado,
en su mayor parte, por los júvenes hispanoam~ricanos múR "pariRicnses», Rcgún laR crónicas de la prensa francesa, y el fondo que se
destina á los premio!l, 20,000 francos, fué cedido por el preRidentc del Círculo. Dr esta
Ruma, parte se resprvó para adjucliear recomprnsm, en meta Iieo ú los \'CJH'&lt;:'&lt;lort&gt;s, y parte
para costear el lwrn,rn;o raso c¡ue representa
nueRtro grabado.

]~n d prÍl1wr rnnc·u r:--o, que fué c]p lo 111Íls
notable, obturn t&gt;l primer premio, con!&lt;if-tente
1•11 el 1&lt;,·a~o,,. &lt;•I :-;r. D. Francisco Hinc6n Uallarclo, 11wxica110, que rt&gt;~icll' en Parí~ imc•e al1,!Ún tiell!Jlíl.

PARA UN ALBUM
Prefiere el gran dolor que puriliea,
Al mezquino sosiego
-Que euerµo y alma püfi&lt;lo Plll[lOnzoíia.,\coge reverente
La memoria de un mártir generoso,
Y escupe tu desdén sobre la púrpura
Del muelle lecho de Popea infame.
tas amorosas iluminaclns por c¡.;pJéndiclaH 110dws de luna, haeiendo rl t'Urretón de la mañana :'t la tarde rniP11lras son dil'hosas.
Rt,:--É :\lAIZEROY.

Odia el placer estfril-

El í&lt;lolo brntal del sibarita,y ama el clolor, que es Xilo
Que horada el \'Hile al desbordar, mm; crea!
ABBL FARIXA.

ANIVERSARIO
[Traducción ele Guillet'mo ValPncia.)

Hennann, toma el cúntaro
ele tierra gris:
no olvides la costumbre y Yente luego
en pos de mí.
Hoy ha siete ,·cra110s r¡uc lo \'irnos:
recuerda ...... En tanto
que él hablaba, nosotras en el pozo
hundíamos risuefüts nuestros tántaros!
Después ...... un mümio clía,
nuestros noyios perdimos. Hoy, hermana,
iremos á buscar en la llanura
la fuente que sombrean
dos álamos y un haya,
para que allí
llenemos en silencio nuestros cántaros
&lt;le tiemt gris ..... .
STEFAN

GEORGE.

•

�"'

·································•························································

ENTRE LAS AGUAS
QUE PUEDEN SEB.VIB.1'0S

PARA EL USO DIARIO
No es indiferente tomar cualquiera
de entre ellas. Es necesario hacer una
selección que deberáestár basada en
los caracteres particulares de cada
variedad de ag;uas. Debe, pues, establecerse un balance entre las aguas
,_
de diveJ'i,OS orígenes, toman&lt;lo en
cuenta las cualidades intrínsecas que
posean, así como los inconvenientes
y peligros que á menudo puede11 ofrecer. U na larga serie de experien~
cias demuestran que en general, siendo las aguas minerales de termalidad
superior y ilevando en sí disueltos
elementos con10 e1 ácido carbónico
y los cloruros son las más exentas de
bacterias.

......~.......

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})reparado por el :br. ]Jaumefs, de J)arls
y recomendado por los mejores médicos nacionales y extranjeros, pues contiene en su composici{m y mezclada
en forma de licor, agradable a un para los
paladare más delicados, principios
que, como el
AceHe da Hlgado de Bacalao, el ltlol, la Doca,
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se ha.n reconocido como los los únicos infalibles pi,ra la persearnci6n y curación de todas las afecciones que dependen de

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Edgardo Poe</name>
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        <name>El altar de navidad</name>
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        <name>En Fondo Gris</name>
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                    <text>Domingo 12 de Enero de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
AÑO lX.--TOMO I.--NÚM. 3.

MÉXICO, ENERO 19 DE 1902.

Subscrlpcióa measual foránea, t I 5 V
Idem. ldem. en la ca pital, ., 1 .2 5

Gerente: LUI&amp; Rtl'I&amp; &amp;PINDOLA.

Dlrecton LIC, RAFAIL Rll'f&amp; &amp;PINDOLA,

Corrida del Domingo 5 de Enero de 1902.
1.-Mazzaotioi pasando de muleta.
2.- Fuentes rematando una suerte.
3.-Fuentes sacando el estoque á su segundo toTO.

-------- ---·-_)

4.-Una vara de ºAgujetas."

5.-"Lagartijillo" tirándose á matar su primero de Veraguas.

•

fot,lL u percio~Guadalajara.

�Domingo 19 de Enero de 1902.

EL TBRREMOTO.

EL :MUNDO ILUSTRA.DO
En la tierra se abren grietas como fauces
dev•orndoras; los lineamientos de las montañas
caru bian y se disfiguran; las colinas se transforman en valles, en montañas. Húndense ~n
los mares las islas y surgen de las ondas tierras, antes sumergidas. Los rebaños, presos
del pánico, se despeñan balando por la_s ladera.s; despréndense aludes d-e. las cordilleras;
huyoo los hombres c}3mando y rezando; _tod_o
vacila al rededor; todo amenaza, todo amquila; arriba, la morutaña que aplasta; abaj?, la
grieta. que. devora; y elcielo y losastrosas1sten

EL MUNDO ILUSTRA.DO
que el hombre C'On su labor le prepare presa
mejor cebada.
¡ Oh ! Ei-ta 8ólida corteza que pareoe bastante. á llevar el peso de nuestra grandeza Y, que
sirve de cimiento á todas nuestras empresas y
á tod11 nuestra civilización, es frágil, quebradiza movediza é inconsistente, y puede hundir~
se' y desquebrajarse en un instante. Soñam?s
en el mañana lucubramos sobre el porvemr,
proyectamos para dentro de millares de siglos,
é ign'Oramos ó nó sospechamos que la m~ntaña puede sepultar en un segundo, y la tierra
devo:raJ: en un m'Omento todos
nuestros sueños de gmruleza y todas nuestras esperanzas de furturo.
¡ Qué importa! Lo ~ejor _d~ la
vida es creerla eterna, mdefimda.
Nuestro mentir es romo el de las
estrellas, nadie, ni nosotros mismo~. vendrá á repr()l('harnos que
habíamos edifi&lt;·ado con arcilla y
C'oni::truído tan sólo. castillo.; en el
aire. En e,:pe1,a1Ml terremoto que
ha de aniquilarno;;, lo más seguro,
ya que no podemos preverlo, ni
evitado. ni atenuarlo, es seguir
,,iyiendo romo si jamá-; hubiéramos &lt;le morir.

No creo que existe calamidad compara~le,
peligro más inminente, ni plaga más temi?le
que el terremoto. Las víctimas de Chilpancmgo podrán á este_ respec~o reforzar el t~s~imonio de las de Lima, Lisboa, La Martimca y
otras tantas, que á mil~ares J?erecieron al capricho de un esperezanuento o de un estreme~imicnto de la corteza terrestre.
Contra cada una de las grandes
calamidades que puedan abat~rse,
como buitres, sobre la humarudad
y amenazarla de aniquilamiento y
de muerte hay un recurso, un salvamento probable, un medio posible, una escapatoria conoebibl~
un refugio im11ginable. contra la
inun&lt;l.a,ción, hay el arbol ó la montaña· contra el naufragio, la tabla
lecre~daria, el srulvavidas, la balsa° de "La Medusa;" contra la
erupción volcánica, el islote indemne de toda lava, 6 la fuga precipita:da, fuera del alcance de las
cenizas de los lodos y de las escorias; c~ntra el fuego del enemigo,
~r. ]Yf. Flores .
el baluarte v el parapeto; contra
la epide&lt;mia,'el cordón B"anitario, ó
la cuarentena; contra el hmmb:re,
las distribueiones de víveres y
hasta el canibalismo; contra el terremoto, nada ....
EL CARNAVAL.
Comienza por no ser })revisible,
por ser solapado y traidor, por
El Carnaval está gastado, no
acometer de súbito, de improviso,
nos sirve: como á viejo traje de
sin anunciar por medio a,lguno
saltimbanco se le ha caído illos
su llegada, ni dar su tarjeta de vioropeles y se ha rasga.do la seda;
sita.
nadie se atreve á disfrazarse con
La tempestad se anuncia de leesos harapos brillantes olvidados
jos, con sus nubarrones negros y
sus relámpagos lívidos; el b~ l'"en un rincón del tiempo. La humetro, oficioso, la anuncia antes
manidad no se satisfM!e ya con esde que despunte en el horizonte;
bis remini.scencias paganas, porel incendio comete siempre la imque oo ell-as ha bajado hasta
prudencia reveladora de dejar ver
fondo los vicios, y tornado á la visus espirales de humo, y de hacer
da sin secretos y con hastío. Ya
sentir sus olores empireumáticos
con el Carnavall no se sueña: no
el volcán, ruje, brilla y humea,
hay miesilerios en_ él. ! todo pl.!1-antes de acometer; la sequía pre~
cer ne~ita un nusteno. El sueno
oode meses enteros al hambre; la
rodea la tierra como una atmósguerra se declara y estipula antes
fera del espíritu. Desd,e los ángede desencadenarse; el terremoto
les blancos del cielo cristiano hasse arrastra, se disfraza, se oculta
ta. las huríes del paraíso de :Mahoy se disimula antes del asalto;
ma se tiende la arqueTia de los
el terremoto es una vil emboscaSr. Don José de Teresa y Miranda, Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario
su:ños. Lo entrevisto en la. fanta,.
de México en Austria, t el dia 11 del mes en curso.
da de la naturaleza contra el homsía, sin contornos precisos y en un
bre.
abismo de plata virgen, se impoEl pensa;dor medita, el poet-a. sueña. el jorne á lo que perciben nuestros ~tid?5 en
apacibles y sonrientes á tanta desolación y tannalero trabaja; el ave canta en el árbol, la fruel bullicio de la vida real, con lineamientos
ta ruina.
ta madura en la rama, el botón se abre en la
marcados y tintes aeguros. Loo azuil.eos lívidos
No; no hay nada igual ni nada peor. Necima del tallo; el ool irradia, el firmamento
deil crepúsculo seduoen ail. espíriitu contemrón, incendiando Roma ha.ce ópera cómica; el
esplende; todo canta, luce y sonrie ail. rededor
plativo: hay en ellos muchos e ~ _desconomar, sacudinedo y desmartelando el esquife se
nuestro. Astros y flores, hombres y animacidas, muchas vaguedades del inf~to que
eleva apenas al drama. La verdadera tragedia
les, montañas y valles, lagos y mares, cumplen
despiertan ideas extrañas y emociones nuecon todo su horror y toda su grandeza, está en
su tarea, consuman apaciblemente su destino,
vas.
el terremoto.
llenan tranquilaimente su misión. La gran
La joven casta que en la 3il.coba tibia, den~
Lo que tiene de más terrible, es que es subtraidora parece acariciarnos y adormecern'Os,
tro
de las cortinas del lecho, sueña con un
terráneo. No sé qué de grande y de noble, auncon sus celajes nos deslumbra, con sus perfupórtico
de resplandores, t~as el 3:bierto zafir
que sea asouad'Or, tiene todo lo que viene de
mes nos embriaga, con sus susurros nos adordel
ciclo,
y en él ve fa tunica de rueve de Sanarriba. El rayo el huracin, el fuego destructor
mece, con sus himnos noo deleita. Desenvuelta Cecilia, la esbelta, la purísima, la _qu~ en
éLe
Sadoma.
y
de
Gomorra,
son
en
el
fondo,
cave ante nuestra vista sus mágicos panoramas;
la clave divina deja posar sus manos mv1olatástrofes nobles. El hombre gusta de ser helas ninfas juguetean en las ondas, las hadas
das, que perpetuamente prelu~an el_ bimn_o
rido
de
frente
y
en
la
frente.
El
terremoto,
coaJ-etean en los aires; todo. gérmen se agita y
de
los .ángeles, está unida con vmculo mtangim'o el r,eptil, muerde el talón. Se combina y
fermenta, toda activioad se acelera; todo en
ble, al árabe sCJ1litario que ba,jo la techumbre
conlabula,
como
una
conspiración,
en
el
fonrededor nuestro canta el suntuoso poema de
polícroma y frente al amplio ventanal qll:e
do de los antros y de las cavernas.
la vida y todo nos convida á vivir.
corla un pedazo de azul profundo y lum~Y a es una secular asimilación de gases, lenDerrepente, un sordo rugido, un estremecinoso en el cielo que se encorva sobre la franJa
tamente desprendidos, que hace estallar las ca,..
miento brusco, y el nido se convierte en sepulde ópalo de una muralla de pa,lmeras, medita
pas profundas, como el vapor las calderas; ya
cro, el poema en elegía, la populosa ciudad en
delirando en el harem orientrul, en las Fá.una. combustión que, como un explosivo, escementerio, el idilio en hecrutombe; desplótimas inmortales que aguardan á los eternos
talla en la gruta subterránea.; ya la coIT'Oción
manse pesadas y 11gobiadoras las magestuosas
desposados con los ojos lánguidos y el beso
lenta de los pilares de sostén de un continente,
bóvedas, desquícianse las toCTes y húndenoo
qu:e nunca acaba, palpitandq sobre el carpor la imperturbable corriente de un río sublas naves del templo, sepultando á los fervienmesí de los labios. "La leyenda de oro" Y
terráneo; ya la precipitación oculta de un lago
tes y á los devotos, en medio de sus plegarias
el
''Korán" unen su poesía mís~ica en 1~ t!3-nen la hornaza de un volcán.
ail. Dios de las CaJtástrofes; en el taliler, las flequilidad de la noche; el incienso cristiano
ohas desquiciadas, aplastan al obrero y al paTodo ésto, oculto, igniorado, misterioso, traimezcla en las alturas del espacio sus nubes
trón; bajo los escombros de la cabaña
se
dor y pérfido. Arriba la paz, el trabajo, el proempapadas de ora,ciones, con las columnas de
oyen lamentos y gritos; los muros desplomagreso y.la grandeza; ahajo el trabajo de zapa y
humo impnignadas en voluptuosos deseos de
dos dejan desprender lienzos eI+t~ros y pesade mina, la combustión, la corrosión, la deslos pebeteros orientales. En el fondo de todos como rocas,
truoción ¡,reparada si~los antes, eri espera d~
do espíritu a.letea el 6ueño, Y por ~o, lo

Domingo 19 de Enero de 1902.

El Sr. Don José de Teresa y Miranda
Nuestro 11:[inisti'o Plenipote_nciru_;io. en la
corte austriaca, acaba de morir, v1ctrma de
una violenla enfermedad.
El señor de Teresa y 1fü'll.Jlda, fué muy estimado por 1-a sociedad l;l~xicana, y lo unían
lazos de parentesco pdht1~0 con la respet~ble familia del señor Presiden te de la Re.publica.
. .
.d di l
Damos á los deudos del distmgu1 o p omático el más sentido pésame.

El último deseo de Lord Byron.

,, 1

COSAS MUERTAS

/

...

:1

DAMAS DISTINGUIDAS.-Sra.•Alicia Goetschel de Goetschel.

•

los que ha bruñido el placer, l'OS que encendió
mismo en nuestros amores que en nuestras
el rumor, los que la gloria buscada ó E:l triunfo
tristezas buscamos á esa hermosa prometida
fugitivo prendieron entre las obscuridades de
que á ~da instante nos ofrece venir: la Fela tristeza,. Sumemos esos momentos, ag.rupelicidad. Ya en el Carnaval, estamos seguros
mos esos átomos de tiempo, y, de seguro, pode no poder ser felices.
dremos formar una lápida bastante grande
Agotamos la locura de los goces, y todavía
para. esculpir en el.fa la palabra Felicidad.
con la copa exbausta en la mano, p~imos
como la ebria de Campoamor, más Rhm, GaLa queja a:marga no debe estar C'Il nuestra
nimedes. ''E morto il carnavale." Nuestras asboca como un reproche cornti.nuo. Hay rayos
piraciones han cambiado de rumbo. Desdeñade sol en todas las lluvias del a,lma. En el remos una costumbre pensando que en la otra,
gazo de la amada, en k,s ojos de la novia, en
en la flamante, en la recién inventada por
la carta del ausente, en el aplauso sincero,
nuestr_os caprichos, vam'Os á encontrar la feen el libro flamante, junto á las mujeNS herlicidad.
mosas, frente á la copa, en cuyo fondo ríe el
vino delicioso, en todas parbes, á todas horas
¡ La felicida,tl l El probleo:na perpetuo, el
sentim'OS la caricia esperada de la maga bue;
monólogo de Hamlet recitado á todas horas
na.' Cuando llega el. dolor, es cierto que. despor ese "yo" trágico que llevamos siempre en
pedaza y tritura, que se detiene mucho para
nosotros. La Margarita del Fausto deshoja,
péta1'o á pétalo, una flore,cilla de las que Sierobarnos, que nos lleva al suplicio ~entamente; pero ved ya al extre'1D.o del cammo, como
bel puso en su ventana, para buscar la felicillega entre una nube de polvo el heraldo de la
dad. Aquella alma buena decía : ser feliz es
ser amado. Lady 11Iacbeth, ante las sombras
felioidad: -el olvido.
de una galería, pone un puñal en la mano tréSomos ingrrutos con la dioha. Musset tuvo
mula de un cobarde. Aquella ambición, hecha
razón. Hay recuerdos meteoros qu~ iluminan
mujer, pensaba: ser feliz es ser poderosa.
nuestra noche. ¿ Que son rápidos? ¡Bah! La
Harpagón, el a.varo clásico, tiende su mirada
existencia no dura mucho.
vidriosa al agujero de su hucha, y oprimiéndose con las manos la negra entraña, murmura :
¡ la felicidad! ¡ la riqueza! La calva cabeza de
* **
F'a'U.Sto, bajo el birrete diootoral, entre loo "infolios" y retortas de su en.te.nebrido gabinete,
Ha muerto el CarnavaJ.; pero no os asusreflexiona: la felicidad es la verdad. J ua.n
teis; nos queda tiempo toda-vía para inventar
V ailjea.n repetía á Cosetta : ¡¡i quieres ser feliz,
otra cosa con que soñraT en ser felices. La vida
sé bue.na.
con ser tan corta, tiene este lado bueno.
Y la verdad es que somos descontentadizos:
todos hemos sido felices. La dicha se agazapa
en los rincones d:e nuestra vida, pero no puede ocultarse tanto que alguna vez no la sor-,
prenda la memoria. Sobre ese lienzo brumoso
de los días que pasan, aquí y allá hay brillos
de lentejuela: son los instantes de felicidad,

"Entierra. mi corazón en Grecia, mano piadosa que cierras mis ojos, dijo lord Byron en
su último día; quiero que mi corazón quede
cruardado en el altar del arte.''
0
Esto era 11issolonghi, á principi!Os del_ siglo XIX, y mientras Grecia, d~sde las orillas
del Lepanto, se levanla,ba her61camente de la
tumba de su pasado glorioso.
.
"Cuando toques mis párpados, mano piadosa que cierres mis ojos, dijio ~or~ Byron en su
último día, no te arre&lt;lres s1 sientes temblar
tus dedos; 1;11is ojos se opondrán ~enazmente
á que los pnves de luz. llero ten piedad Y. valor al mismo tiempo, y ocúltame, ya exárume,
las miserias de la vida. La luz deil mun&lt;lo ha
tenido para mí todos los atractivos y todos los
desencantos· a.hora ya sólo tiene el pavoroso
hastío. ¡ Cie~a pronfo, por piedad, mis ojos!"
Esto era Missolonghi, á principios del siglo XIX, y mientras Grecia, en las orilas del
Lepanto, resurgía beróican:i,eni,,e de su pasado
glorioso.
''Cuando hayas juntado mis párpados, mano
piadosa que cierres mis oj,os, dijo lord Byron
en su último día, no los dejes, por piedad, hasta que ya no vuelvan á abrine. Mi alma luchará bajo tus dedos, y querrá. aún sail.ir, rebelde y altiva, en la postrer mirada. Pero la
mirada ha sido siempre fatal para mi deseo, y
por ella sie. ha extraviado mi espíritu en las
torturas de la impaciencia. Ahora a.nsío que
quede para que acompañe á mi corazón. ¡ Cierra, por Dios, las puertas por donde se extravía el alma!"
"Cuando abras mi pecho, mano piadosa que
cierres mis ojos, dij-0, lord Byron en su último
día, saca mi corazón, sin :fijarte en lo deleznable de sus fiffi'M, y entiérralo en Grecia, en
la urna del arte. Entiérralo pronto, antes que
lo toque el aire del mundo y su soplo corruptor. El aire del mundo trajo á mi pooho placeres hasta el cansancio y amarguras hasta la
desesperación. . . . Hoy ya tan sólo me trae los
duros ecos de la lejana patria, y el hiriente
3}amoreo de la constante envidia. Yo guardo
m mi corazón el más duro de llos recue:rdk&gt;s.
Protege, por Dios, mi recurdo contra la perlidia del mundo !"
Esto era en Uissolonghi, á principios del siglo XIX, y mien tras Grecia, desde el sagrado
Lepant o, reconquistaba heróicamente su independencia y nuevos lauros para su inrmortalidad.

SRA. ALICIA GOETSCllEL DE GOHTSCHEL.
Nuestro amigo el conocido concesilcxna.rio
de anuncios, Benito Goetschel, contrajo matrimonio e.n París con la dist inguida y hermosa dama Alicia Goetschel, su prima, y la feliz
parej-a hra venido á radicarse entre noooúros.
La colonia -e.xtranjera, que cuenta en su sen~. con damas de ~otable_ belleza y de singuJ.an&amp;IJllas ,dotes sociales, tie~ una nueva joya
en la señora Alicia Goetschel, y ''El Mundo
Ilustrado" se complace en -adornar SUB páginas
con el retrato de tan behla d!lilil.ll&lt;.

�Domingo 19 de Enero de 1902.

Et :MtTNDO ILtfSTRADó

EL MUNDO ILUSTRADO
puertas del palacio. Deberían ir para investigar la opinión que se tuviera del rey.

•••

1

Una lección para los Reyes.
(Cuento búdhico.)
Cuando el futuro Budha vino la décima
quinta vez á la vida, nació en Benarés, bajo
la apariencia del hijo menor de un rey. A ,;u.
nacimiento toda la corte fué al templo para
dar gracias á las divinidades, de haber dado
un sucesor á la corona, y colooa.rlo bajo su
poderosa protección.
Celebrada así la llegada del Bodisat al
mundo, fué después confiado á los vigilantes
cuidados de los brabamanes, de manera que
creció á la sombra del templo, haciendo hoorar con sacrificios cotidianos la presencia del
dios que le protejía.
No aJ.canzaba aun toda su viril juventud,
ni el pleno desarrollo de sus fuerzas había
llegado, cuando ya oonversaba con los sacerdotes y las gentes de todas condiciones que
atraía su pa.labra sagrada; en sus ojos brillaba
una luz de verdad y de gracia y un tinte de
bondad iluminaba de tal manera su semblante, que la multitud permanecía días enteros
escuchando sus consejiOS y mirándole, inmóvil,
fijos los ojos sobre él.

•••
Su reputación era ya universal en Benarés,
cuando abandonó esta ciudad, á la edad de
dieciséis años, para ir á Takassila, y educarse
en todas las artes.
Allí acsbó tranquilamente de desarrollarse,
difundiendo en su derredor el conocimiento
del espíritu y de la ciencia del alma, como
una dulce luz que guiase á los que anhelaran
seguir el buen camino.
Fué en aquella ciudad bienaventurada, llena de jardines siempre perfumadios con el

aliento de las flores, en medio de la pura armonía de la naturaleza y de los hombres, donde el futuro Budha llegó al tiempo de la primera santidad. En aquella época llegó á Takassila la noticia de que el rey de Benarés
acababa de morir .....
Cuando Bodisat ll€gó á su ciudad natal
vió que en signo de duelo, todos los bazares
los jardines y los arsenales estaban cerrado~
y que los arqueros sin armas, velaban
silenciosos bajo las arcadas que coronaban
las puertas del palacio. Atravesó la ciudad
desierta con la cabeza velada y, sin detenerse,
fué hasta la cámara donde reposaba el cuerpo
de su padre. Pasó arrodillado un día y una noche, orando, sin _querer to/mar aJ.i.mJento y
sm hablar á nache. Cuando terminó el segundo día, salió del palacio, vestido con gran
túnica de duelo y llevando la cabellera al modo de los ascetas para asistir á los sacrificios.
Luego que fueron observadas todas las ceremonias prescritas por las Santas Escrituras.
y d espués de la ascensión del fuego, que man~
daban los ritos enseñados por Zoutra de Kalpa, el nuevo rey volvió á su pal-aicio conducido por todo el pueblo. Tiraban guirnaldas
de flores á su paso, y con velos de todos colores hacían sombra á aquella marcha triunfaJ, porque aunque el extínto rey había dejado el más puro recuerdo de justicia y de verdad, se esperaba más aún del futuro Budha.
. . . Pensando que si hacía merecer á sus
súbditos una condición superior en otra vida,
él mismo merecería una nueva existencia más
feliz, resolvió dirigir personalment e el curso
de la justicia, sin permitir que alguien abrigara la más pequeña duda. De todas partes lle¡:raban comerciantes, soldados, servidores y
mujeres, reclamando justicia, y todos volvían
á sus·hogares satisfechos, alabando la sabiduría, la ciencia, la imparcialidad del nuevo
rey. Oomo el monarca reinaba con tanto
acierto, sus ministros mandaban de la misma manera, interpretando bien las leyes, sa,.

hiendo reconocer y respetar el espíritu que
las había inspÍ'rado y nadie maldijo de sus resoluciones. :Rápidamente los testigos falsos,
los perjuros y los que perseguían el vano fin
de la chicana, desaparecieron, y con ellos, el
ruido y el tumulto que generalmente acompa•
ña á los debates de un proceso. Aun cuando
los jueces permanecían sentados todo el día
en el palacio, no veían á alguién que los ocupase, y esto motivó una cosa extraordinaria,
que el palacio fuese clausurado y la corte de
justicia suprimida.

•••
Entonces el futuro Budha pensó así: "He
llegado á formar la concordia entre mis súbditos. Los campos están cubiertos de mieses
que prometen ópima cosecha, las calles murmuran con el ruido del trabajo; todos esMn
contentos con ~u suerte y con la del vecino,
tócam~ ahora_ mi;errogar á mi conciencia, y
despues de baJar a lo más profundo de mi ~er,
no mlver á la vida, sino purificado por la
abstinencia."
El rey se instaló en lo más recóndito de su palacio y, sólo, en la sombra de su . cámara, pasó un día y una
noche, meditando sobre su propia vida.
No encont!ó algo que pudiera reprochar; pero descon~1ado de este juicio, resolvió ve6tirse
con el traJe más burdo é ir por la ciudad pre~tando á los unos y á los otros su opiIDÓn.

Cuando volvió al palacio, no había oído más
que alabanzas á su sabiduría á su ciencia y
á la bondad reales. Ent one~ quiso saber lo
que se pensara en todo su reino hasta en las
fronteras ~s lejanas, par a ve..; si se encon~r~ba . a~gmen que le pudiera reprochar una
1D.Justic1a.
Con este fin, hizo venir cuatro correos reputados por su fuer za y su -a!tllidad y les ordeno' que marchase cada uno., por 'las cuatro

Los cuatro envia&lt;lios reales vol vieron algunos meses después; ninguno había encontrado alguien que se quejase. y sí, por el contrario, oyeron cómo el rey era alabado y cómo
todos los días se hacían los votos más ardientes por su felicidad.
El Budha, llegó á creer que se le alababa por
temor ó por ganar sus favores y vistiéndose
de la manera más sencilla, acompañado de un
sólo servidor, montó en un coche y abandonó la ciudad. Muchos meses pasó viajando
por sus dominios y en todas partes preguntaba la opinión que se tenía del rey y no ha•
hiendo oído más que alabanzas, decidió volver
á Benarés ....
Pero en aquella época, en el reino de Kossala, v,ecino al del rey de Benarés, había un monarca llamado Malika, cuya reputación de
justo y equitatiV10, había llegado á los puntos
más remotos de la tierra indiana. Cuando ascendió al trono, hizo paces con todos los reyes vecinos, y habiendo oído habla,r de la soberana justicia de Bodisat, glorificando los
rasgos de humanidad de este rey, le gustaba
compararse á él, no creyendo que le excediera
en algo.
Había visto que poco á poco, gracias á sus
consejos, la paz y la riqueza reinaron entre
sus súbditos; el hambre no asoló las comarcas; la peste no diezmó las ciudades y una cordial fraternidad, basada en la justicia y en el
respeto á los derechos de cada quien, unía todos los corazones de aquel reino para bendecir la profunda sabiduría del rey Malika. Este para asegurarse de que ni el más remoto
de sus dominioo había escapado á su justicia,
envió cuatro embajadores, por los cuatro puntos caroinales, para que interrogasen á sus
súbditos. Volvieron contando las alabanzas
que se hacían del rey, diciendo que nunca sobre la tierra había existido un monarca semejante. . . Entonces Malika, se disfrazó de
campesino, y acompañado de un sólo sirviente, montó en un coche para viajar y darse
personalmente cuenta de los pensamientos
de sus gobernadcs. Cuando pasaba cerca de
una ciudad, bajaba de su coche, se mezcl:a~
ba en las conversaciones, hacía que las mujeres le platicaran, preguntaba á los niños y
á los hombres, y luego abandonaba la ciudad,

sin haber oído más que frases de respeto y
amor.
Después de haber viajado así muchos meses, por todas las ciudades, villorios y aJ.deas,
aun las mM insignificantes de sus Estados,
no pudo encontr:ar una alma que le reprochase
una falta, y decidió volver á Kossala.
Pero el conductor del c-oche real ignoraba
el camino de aquella paJrte de la provincia á
que lo había llevado la voluntad de su amo,
y se extraviaron. Iban á trvés de una planicie,
cuando la noche comenzó á caer; á derecha é
izquierda los bosquecillos de tamarindos salvajes detenían el paso de las alas murmuradoras del viento. Detrás de los viajeros brillaban algunas estrellas; pero delante de ellos
las nubes iban acumulando la sombra.
Los caballos, fatigados y cubieroos de polvo, comenzaron á detener la ma,rcha; el sueño
les hizo abatir la cabeza.
Entonces el servidor 8€ puso á cantar dulcemente una improvisación sobre un aire del
país, que había aprendido hacía mucho
tiempo, y que se llamaba "Kizava'', es decir:
''lo que quita la tristeza." ....
Durante aJgunas horas enoontraron abrigo
en una cueva y deseansaron antes de buscar
el perdido ca.mino. Cuando surgió el alba,
iluminando la cima de la montaña, vieron
á sus pies una serie de planicies, montes, riachuelos; pero ni una ciudad, ni un techo, nada que les anunciase la presencia del hombre. Tristes y descorazonados volvieron á emprender la mar-0ha; el silencio de aquella soledad desconocida, pesaba dolorosamente sobre sus corazones y les infundía te,rror.
Llegaron al borde de un precipicio tan
profundo y tan negro que no se le podía distinguir el fondo. Crecían zarzas en las paredes y cuando una piedra se desprendía con
la pisada de alguno de los caballos, rodaba hacia el fondo, dejando oír durante muchos minutos, su chocar con las otras piedras; después el ruido di~minuía hasta perderse.
Una corriente de agua debía mojar las raíaes de aquella vejetación que se levantaba con
todas sus fuerzas hacia la luz; pero debía ser
profunda, tan profunda que no se percibía ni
su rumor. En una de las paredes del precipicio había una banda de tierra p or donde se
podía caminar; pero era tan estrecha que
apenas daba paso á un coche.
Ma'1ika se aventuró por allí y al volver un
recodo, los cabailos se detuvieron, rul mismo
tiempo que un ruido de ruedas se dejó oír sobre el mismo camino y apareció un coche ti-

:Domingo 19 c1.e Enero de i90~.
rado por dos caballos blancos, y ocupado por
dos guerreros. Uno era mucho más alto que el
otro, llevaba una coraza de oro y plata, un
casco pulido y su brazo robusto se apoyaba
sobre una lanza. Su rostro encuadrado en una
barba negra, tenía la gravedad serena de un
rey.
Los dos coches llegaron frente á frente y
ninguno de los cocheros podía pretender pasar primero.
.
Entonces el servidor del rey de MaJika
avanzó algunos pasos y gritó:
-¡ Quien quiera que tú seas, deja el camino
á mi amo el rey de Kossala !
Pero á su turno el cochero interpelaido contestó:
-¡ Sabe que mi amo, el rey venerado de
Benarés, no cede el camino á nadie !
Los dos servidores se detuvieron un instante. v los dos reyes se miraron sin cólera y sin
despr.ecio, admirando sus fuerzas y su belleza y sorprendiéndose de encontrarse igualmente grandes.
U no de los cocheros preguntó al otro la
edad de su amo, para que .el más ioven cediera el paso al de más edad; pero resultó
que ambos tenían los mismos años. Pregunt ó
en seguida la extensión del reino, y resultó
que ambos Estados eran igualmente extensos. También se averiguó que su~ ejércitos,
fuerza, renombre, casta, tribu, familia y número de mujeres, eran iguales.
Entonces el cochero dcl. Budha preguntó:
-Qué clase de jushcia es la que imparte
tu señor?
Y le contestaron:
-Conquista al bueno con la bondad; al
fuerte con la fuerza y ail mail vado con el castigo que merece. Y si taJ. es la justicia de mi
amo apártate de su camino.
Pero el servidor de Budha replicó:
-1\fi amo gana al sabio por la sabiduría;
al justo por la justicia; venoe al malvado por
la fuerza y al fuerte por la dulzura.
Dichas estas palabras, el rey de KossaJa y
su servidor bajaron del coche, desprendieron
. los caballos y libert&amp;ron el camino para que el
rey de Benarés, pasara.
Malika vo:lvió á sus Estados alabando al futuro Budha y el rey de Benarés puso como ejemplo al rey de Kossala, porque el verdadero sabio y el verdadero justo, es aquel
qne de día en día lo es más.

Juan }Jouchor.

��Domingo 19 de :Elnero de 1902.

LOS "MOMENTOS"
DE SAN S.4.LVADO&amp;.
La mañanita se levanta coma siempre, después de dormir de un solo tirón sus diez horas. Gris al primer bostezo. Se despereza,
opaca, sin ganas de levantarse; pero, tras las
cortinas, punza el Sol sus primeros rayos.
h'spía curioso el ojo redondo del viejo verde.
Es así siempre el Sol. Y con mucha más razón todavía, tratándose de una mozuela, fresca y deliciosa, como es el Alba; un capullito
de rosal en punto de abrirse.
Durante toda la noche ha llovido. Y cómo ha llovido! A cántaros. Y tras la ducha,
aparece el cielo de un delicado y húmedo color de "no me olvides": un cielito desleído de
acuarela. En el horizonte, el Volcán., venerable, se ha ceñido, como un árabe üejo, su
albornoz de neblinas. Vela el fornido viejo
en su letargo de años, el sueño y el día de su
pequeña ciudad, su cascarón de huevo. A
fuerza de tiempo, las. barbas se le han reverdecido, como á un dios de río y su joroba parece más deforme.
Los techos de zinc tienen reflej,os acerados,
opacos. De las rojizas tejas se desprende todavía, tardíamente, una que otra gota, que va
á estrellarse, como salivazos de borracho, sobre las aceras r~baladizas unas, llenas de huecos colmados de agua otras. Las calzadas están imposibles de lodo é inmundicias. Enmedio, el limoso resto del agua fangosa de la
"creciente", ofrece moldes de pies descalzos ó
huecos de cascos; entre las piedras, han quedado prendidos restos de basuras arrastradllS:
pedazos de periódicos, hojas, cortezas de naranjas, cabos de puros ...
Las calles tienen un aspecto nada simpático, nada poético.
Pero el despertar de San Salvador, no deja de ofrecer impresiones, á pesar de todo;
motivo para distraerse y hasta para borrajear
una crónica ó enfocar una maquinita fotográfica.
Se toma un tranvía de la línea del "Coro"
ó San Jacinto, ó Mexicanos, y se va á respirar,
á las afueras, un poco de aire fresco y saludable. Es lo mejor. Airecito recién salido de
la alberca. Vida nueva!
El callejo no presenta grandes atractiV'Os.
Si no sois, lector, amigo de la poesía bucólica, la del padre Virgilio, quedaos mejor en cama hasta las ocho, por lo menos. Si no, aprovechad el tiempo. Quien más temprano sale
del sueño, más vive. La ganancia es de horas, que enfiladas producen días y sumados,
años.

Et :MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
pobre bestia camina. lentamente, con la cabeza baja, como ramoneando algo que no encuentra nunca, ó tal vez recorriendo un hilo
de filosofías amargas, á pique de que resulte un discípulo de Schopenhauer. De cuando en cuando lanza un pujido seco, un fuerte resoplido, y su hocico va dejando un rastro de espeso vaho. El chiquillo no se preocupa de su cabalgadura, entretenido en gritar
á un compañero que se le adelanta, ó en silbar
un trow de "'l'c volví á ver'' ó algunos compases marciales de "Los Parranderos". De
cuando en cuando, vuelve la vista al "Pardillo", que le ve fijamente con sus n,cloudas pupilas, como sonriéndole. En una esquLila, el
carretón de una fábrica de hielo, deja ver en
su fondo, enfilados como largos libr'OS nuevos
en su tosco anaquel, las tranaparentes marquetas, mientras el mozo, de pie scbre el pescante y arrolladas las mangas de la camisa,
asierra una pieza, que gotea copiosamente. A
lo lejos, suena la campanilla cascada del afilador que -anuncia el paso de su mollejón ú los
dueños de herramientas que afilar. Un coche
tempranero, con el pescante lleno de maJetas,
rueda traqueteando hacia la Estación d~: Ferrocarril de Occidente, en tanto que ~obre el
lomo escuálido de los caballejos cae una lluvia de latigazos. Atraviesa la boca calle una
mujer que lleva sobre la cabeza un enorme

canasto de · verdlll"aS, y está á punto de ser
atropellada por el caballejo trotón de un leatropelladas por el caballe~o de un lechero,
que va á horcajadas enmedi~ de lo~ dos ~bollados cántaros de lata. BaJo el cielo triste,
tiznado de luz cenicienta, tiene la nota fresca y primaveral del canasto d~ la verdulera,
un irresistible encanto. El r0J0 apel1loso de
los rábanos, asoma entre el verde tierno de la
lechuga corriente ó la hoja acolochada y obscura de la "romana"; el apio, yergue su lanza
coronada, y entre las hojas del berro, todavía
húmedo y o-oteante asoma la cabeza del nabo
acuoso, red~ndo co:Uo una bOlla de marfil viejo. La mujercita, anudado el "rebozo" á la
cintura, camina ligera, á zancadas, con ese paso trote de nuestras indígenas, meciendo el
brazo que le queda libre y sin de~nerse para
tomar algún aliento. Va prec1Sa, porque
cuando llueve por la noche, la mañana se levanta tempraruto y de ~al humor. E_l reloj
de la Iglesia de San J ose, ha dado las siete de
la mañana. 'l'al vez no hay que creerle, porque anda siempre á la diabla y como si echase
sus ''tragos". ¡ Tiene ella tantas que le hagan
competencia!; sobre todo ese "español" de
los demonios, ese don Isidro, que todo lo da
casi regalado. Pero sus verduras se venden;
no hay cuidado. Sería un crimen venir de
Soyapango para no vender "ni medio!"

En los alrededores del Mercado, bulle la
muchedumbre como en una colmen~ las ab~jas. Por esas cuatro cal_les, el tránS1to es_ difícil. El tranvía, va repicando su campanilla,
pidiendo paso; mientras las carretas y carretones, encaraman sus ruedas·sobre las aceras,
ó se detienen, como atascadas por la ola humana. Entre el comprador y la vendedora, se
entablan diálogos .á gritos. Ruedan, por _los
suelos, los apiñamientos de doradas naranJaS,
ó las limas, de un verde de es1?1eralda mu;r
fresco y muy flamante; los rac1ID.os de iruneos, atraen las miradas é incit3.?- los l~b~os;
deslumbra el escarlata de una pila de p~tahayas", en contraste cercano con el oro caliente de las piñas coronadas. En los canastos,
brilla la blancura del ar110z, ó el azabache de
los frijoles, ó el marfil del maíz desgranado.
y no es extraño, entre un puesto de cebollas
y ajos y un amontonamiento de camarones Y
pescado seco, ver algunos ramilletes de f;ores,
ahogando sus aromas en aquel zahumer10 de
acres emanaciones. De un puesto á otro,_ pasa
la cocinera económica ó amiga del "siseo",
buscando lo más barato. Con su cesta al brazo Mademoiselle 'fourillón, trata con una
fr~tera mientras examina, con ojo avez~do,
las nar'anjas que "ese día están muy paliduchas" ó los "guineos que no han madura~o
bien". Mademoiselle 'Dourillón, no se deJa
engañar jamás. J&lt;Jn su hotel se come espléndidamente.
''¡ Sorbetes de leche!", grita un helade!o,
con su tubo colgado al brazo. ¡ Tan de manana!
Humean los puestos de comidas en el 1fercadito de Santa Lucía y en derredor, acun:ucados ó sentados en taburetes, los parroqIDanos deVlOran su taza de café con leche, su pedazo de torta de yema ó sus gruesas "pupuzas" de queso con "lorocos". Papini corre las
maderas de su puesto-sucursal, con su estantería repleta de botellas y latas, y trás el ID:ostrador de Escobar y Soundy, entr~ las pilas
de mantas y fardos. de zaraza~, discurre el
criado, regando el piso y barriendo.

¡ Estos amaneceres san salvadoreños !
El día se va entrando; pero el sol no asoma
su respetabilísima nariz. ¿ Habrá trasnochado?
.d ,,
Sigue el cielo de color de "no me olvi es ;
pero el Volcán se ha quita.dio Sil turbante de
neblinas.
Los relojes públicos campanean las ocho.
·1A casa ! El
café espera. Basta por aho•• ,
ra de "flanene· .

firfuro firr¡brogi.

Domingo 19 de Enero d.e 19◊2.

La destrucción en el lado de sombra.

La destrucción de la Pllza de Toros
de Puebla.
El escandaloso fin que tuvo la. corrida, d_e
toros efectuada la tarde del dommgo proximo pasado, en el coso de la ciudad de Puebla, ha merecido toda suerte de reproch';S por
parte de las autoridades, la prensa y el publico
en general.
Aun cuando no es el primer escándal? ~ue
se registra en una fiesta taurin~ en Meneo,
si puede conceptuarse como el prim.ero en sus
proporciones, éste á que nos refe~rm.os.
Nunca será justificado que un publico sensato se "cobre" el aburrimiento de una tarde
de toros, cometiendo actos que redund~n en
menoscabo de la cultura del pueblo. Le3os está la sociedad angelopolitana de merecer en
su seno á los promotores y "cultivadores" de
los reprobados actos cometidos lf!, tarde del
domingo pasado; pero Je ha cabido en desgracia, tamaña suerte y es de llllIIlentarse con
toda sinceridad.

•••
"El Mundo Ilustrado" cumple con sus lectores dándioles una serie de aspectos del coso
dest;uído, tomados de fotografías que expre-

Fot. Bustamante.

samente hizo para nuestras págin_as, el inteligente fotógrafo de Puebla, senor Busta.mante.
Los grabados dan una idea exacta del estado en que quedó la plaza después del es~án~alo y completan. p~rfect~~ente la d~scnpción
que nuestros diarios hicieron á raiz del lamentable asunto.

E:úOGIO A UNA ARMONIA.
Tú fuiste, en un remoto país, una armonía,
una nueva armonía brotante de la flauta
de Pan, sonora y suave como la melodía . .
que encierran los compases de una divma
(pauta.

Mi sér, entre la bruma de una melancolía,
en los mares lejanos que desconoce el nauta,
ansiaba aquel misterio profundo de poesía
de la nueva armonía brotante de tu flauta.
Y al misterio supremo, en la reveladora.
cantata dulce y suave como el verbo de un ave;
al amparo esplenden.te de una sangrienta au(rora,
sonó la rima muda en verso acorde y grave,
como aquella armonía de tu flauta sonora,
cantata dulce y suave como el verbo de un
(ave ... !
PEDRO N. ULLQA •

•••
Vamos ca.lle arriba ó calle abajo, como prefiráis, lector.
Poca gente transitando por las aceras; pocas puertas abiertas; ninguna tienda todavía
en servicio. La criada que, con el "pichel"
colgado al brazo va por la leche, hila su párrafo, que resulta pelambre de sus '·patrones",
aposta.da en alguna esquina con otras tantas
del servicio; ó "pela la pava", al fresco del
cielo caritativo, con su galán, que va con el
"tanate" del pan. En el dintel de los "zag"Janes", los cajones de basura, esperan el paso del tren de asoo, y en más de alguno, escarbando famélico con el hocico los desperdicios, algún perro flacuchento. Los vidrios
de alguna ventana cerrada, vibran al paso
resonante y pesa.do de alguna carreta. En
medio de la calle, á tropezones, marcha camino del Mercado, un chiquillo sucio y desarrapado, que guía un macho con sus dos arganillas á cuestas, repletas de carnes. Carne
Íl'€sca, ofreciendo sus colores sanguinolentos
á un escuadrón de moscas y moscardones que
marchan al par y rondan alrededor, se posan en las ancas lanudas del paciente animal
ó en las orejas, movidas a compás. (Asunto
para un booeto de pintor impresionista). La

EL CRIMEN.
Vivo en la sombra de infinitos maJes;
Negro es mi traje, mi cabaña roja
Iluminada por la luz que arroja
El vivo resplandor de mis puñales.
Mis cantos son salmódias funerales,
Mi verso la blasfemia que sonroja
Y mi hálito el viento que deshoja
Las vidas, como flores otoñales
De la sangre que riego, se hallan llenas
Las negras cavidades de mis venas
Y en mi afán de destruir, lucho y batallo
Abriendo heridas y segando frentes
Por eso amo el veneno en las serpientes,
Por eso adoro la explosión del rayo!
José F. E/izando.

....
CABEZAS DE GRIR:GOS.
Esculturas de Longinos )i"úll.ez.

El patio de los caballos despnés de la deetrncción.

Fot. Bustamante.

�Domingo 19 de Enero de 1902.

EL MUNDO I LUST RADO
Domingo 19 de Enero de 1902.

ASÍ E S LA V IDA..
-¿ Por qué te desesperas así ?-preguntaba con acenuo burlón cierta araña, que acababa, de tender una tala entre dos ramas de
un viejo árbol tapizado de coquetas trepador as, á una infeliz mosca que pataleaba desesperada al verse prisionera en el centro de la
red.
-¡ Quiero huir de esta prisión !---clamaba

BL MUNDO ILUSTRADO
manecía insensible é inmóvil, y la destrozó
con un golpe de su oola.
Un montaraz que trabajaba en la vecina
selva y que había observado atentamente
aquella tragedia, exclamó, .rupoyando su,
brazo derecho sobre la enorme hacha que descansaba en el suelo:
-Los fuertes devoran á los débiles y siempre encuentran excusas . . . ¡ Así es la vida!
Y empuñando el revólver que t raía en el
X

DESTRUCCION DE LA PLAZA DE TOROS DE PUEBLA.-El lado de sol.

aquélla, estremeciéndose de miedo al descubrir cerca de sí á la araña, que avanzaba cautelosa, resbalando sobre los hilos de su tela.
- P ierde cuidado ... ah10ra mismo vas á librarte de ella.
Y sin perder más tiempo, hirió mortalmente con sus pinzas á la mosca, cuya sangre
serviría de pasto á su voracidad.
-¡Asesina!-gritó desde una rama próxima una hermosa calandria, afligida al ver
desangrándose á la mosca.-¡ Caro vas á pagar
tu delito, infame y asqueroso insecto !-añadió indignada.
Y abriendo las alas, voló sobre la araña,
le dió un feroz piootazo y se la tragó.
Saltó luego de rama en rama lanzando armo:niosos trinos, coono festejando su obra;
pero de repente una voz desconocida la hizo
enmudecer.
Miró azorada á su alrededor y sus oj:os inquietos no tardaron en descubrir una serpiente, que, enroscada al tronco de un árbol, le
decía con voz iracunda:
-Satisfecha debes ha,ber quedado de tu
crimen, ¡ oh calandria aleve!. al dar muerte á esa araña infeliz y laboriosa.

Fot. Bustamante.

cinto, lo descargó sobre el mísero lagarto, que
expiró á sus pies, mientras el montaraz r epetía con sonrisa feroz :
-Así es la vida!

Jllaría Jll. }'edemonfe.
ARGENTINA.

EL CARACOL Y LA ORUGA.
-¡A los piés de usted, señora oruga!
-¡ Beso á usted los cuernos, señor caracol!
-}Ie alegro de verla á usted tan de mañanita en sus verdes mafas .. . .

ELEGIAS.
-¡ Galante es el molusco!
-El . . . . ¿ cómo ha dicho usted?
-MO!lusco. . . . ¿ n'O ha sido usted clasificado entre elllos?
-¡Bah! motes que nos ponen los sabios.
-¿ Y qué mira usted con tanto deleite
'
que se le cae la baba?
, -Aquella rosa encarnada, que se ha abierto al naoer el día y que parece haber empapado sus brillantes pétalos en la luz de la aurora .. . .
-¡ Calle! ¿ es usted poeta?
-Debiera usted haberlo sospechado, al ver
mi vida "arrastrada" . ....
-¡ Ay, tru:nbién me arrastro yo! Mientras
mis hermanas, las mariposas, andan de gran
"toilette" y lucen por ahi deslumbradores trajes de raso, yo me veo en la última miseria.:..
expuesta al pico de algún gorrión famélico . . ·.
-Decididamente, la Naturaleza distribuye
muy mal sus favores, pero me parece que exagera usted en su estado, señora oruga; no debe encontrarse usted tan en la última miseria
cuando va cubierta de terciopelo. ¡ Que m;
quejara yo, que ando en cueros vivos!
-Pero, en cambio, ¡usted tiene casa!. ...
-Es verdad, soy propietario, pero tengo
que nevar mi domicilio á cuestas, lo que no
deja de ser molesto.
-¡ Se queja usted de su suerte!
-"¿ Suerte" llama usted al trabajo penoso
de arrastrarme con este edificio enóma? Le
aseguro á usted que á consultarme antes no
'
era yo el que nacía cairacol.
-¿ Y qué hubiera usted deseado ser?
-Más bien .. . . oruga,.
-¡Jesús! ¡ vaya un gusto!
-Compare usted, señora: usted vestida de
terciopelo, y yo. . . . ¡ yo sin camisa! Usted
durmiendo en blandos lechos de flores., bañad~~ por los resplandores de la luna, y yo en
sitios húmedos y obscuros, sin más candil que
ailguna menguada luciérnaga trasno;chado;ra.
Usted libre y agil, y yo abrumado bajo la carga de este "chalet" de arquitectura churrigueresca, que la Na.tu.raleza ha echado sobre mis
hombros. ¡ Cáspita! tlodavía no me he expli-cado tan raro capricho. ¡ Tiene unas cosas la. Naturaleza! ....
- No la critique usted, señor molusco.

I
'l'ú, racimo maduro y vaso lleno,
mujer de ojos azules y de carne
triunfantemente blanca; tú has venido
al ladlo mío á sonreír, cortando
con la curva hocecilla los colgantes
moscateles, riqueza de la parra . . . .
Se abre el pañuelo 1iajo, que colocas
como un jirón de sol en tu cabeza,
y se descoge, bajo de él, el rico
tesoro de tus trenzas despeinadas,
soonbreando tu cara, donde ríen
todas las alegrías de la vida.

II

Fachada'.de la:;:Flaza de Toros de Puebla.

-¿ Que no la critiqu e? Creo que me sobra
razón para . .. .
J&lt;)l ga~terópoJClo no terminó la frase; una
bandada de gorriones se precipitó sobre ellos,
y se apresuró á ocultarse en su vivienda ambu1
lante, para no ser víctima de la rapacidad de
aquellos bandoleros de las frondas, per o no sin
ver antes á la desdichada oruga en el pi® de
uno de ellos . .. .
Y entonces comprendió por qué la Naturaleza le había puesto "chalet."

burgo y de Ooburgo y de la gran duquesa María de Rusia, tía del tzar Nicolás.
Los divorciados t ienen una sola descendiente, la princesa Isabel, de cinco años de
edoo..

.-.

IWIIRO PRIETO.

DIVORCIO Dll PBINCIPRS.
E}l tribunal superior del gran ducado de
Hesse, acaba de declarar el divorcio del gran
duque y la gran duquesa.
Descendientes de una antigua casa de soberan os de Alemania que ha hecho un gran
paipel en la historia del Santo Imperio romano de las rui.ciones germánicas, el gran duque de Hesse-Darmstadt, es nieto, por parte
de madr e, de la extinta reina Victoria v her-

Gran Duqu e de Hesse-Darmt adt.

Todos los esfuerzos que se hicieron para
evitar la separación, fueron inútiles ante la
resolución de los dos esposos, á Jos cuales,
una incompatibilidad absoluta de caracteres
y de temperamento, hacían la vida común
imposible.

...

....

LA MUSA.
Ardorosa, profética, eloouente
viene al mundo la musa encantadora;
su blasón es el arpa 'fibradJora
que fecunda los sueños de la mente.
Bella como las hadas del Oriente
y envuelta en rósea claridad de aurora,

***
La avecilla quiso echar á volar, pero le fué
imposible: el terror paral_izaba sus miembros
Y se sentía subyugada por la mirada fascinadora del repiil . . .
-Grande hazaña ha sido la tuya al quitar
la vida á la reina de nuestra selva,--decía
poco después á la serpiente un lagarto, que
p~r entre un grupo de árboles había presenciado el nuevo y bárbaro crimen.
Y sin añadir palabra se lanzó con rapidez
sobre aquélla, q ue enroscada en el suelo per-

surge su inspir-ación fascinadora,
como Dios para el alma del creyente.
Princesa Vlctoria-Melita.

DESTRUCCION DE LA PLAZA DE TOROS DE PUEBLA-C
. orral de ¡ os toros desech..dos.
Fot. Bustamante.

mano de la Emperatriz reinante de Rusia..
Casó á los 16 años, con su prima la princesa Victoria-Mal.ita de Saxe-Coburgo-Gotha,
hija del hermano del rey de I nglaterra,
FJduardo VII, el difunto duque de Edim-

El estro de sus rimas interpnita
en inmortales versos el poeta
que en arias de la turba se levan.ta;
y ella, que es nervio, movimiento y vida,
sin agitar su frente enardecida,
como la alondra, sus anhelios canta.
Ct,16CIIIO IIOC,,

Hueles á mosto nuevo: eres profunda
conoeed1ora de las frutas ácidas,
y muerdes, cuando ríes, las jugosas
aristas de las hierbas en ,el huerto.
Sé de tu C8$a humilde. Te he seguido
por los largos rastrojos, hasta el blanco
pilón, donde descalza, estremeciéndote
cuando el agua r ebosa y te salpica
la piel nevada de los ipiés, te Lavas
las tentadoras manoo, con delicia
hundiendo los dos brazos hasta el codo
en el blando caudal, que los envuelve
con un murmullo de piedad.

III
Descienden
las nevadas pallomas á tu falda,
y esconden en el horno de tus labios,
para aprender á amar, el pico, ansioro
de besos incitantes. Se estremece
moviendo noblement e la cabeza,
en el silencio del establo, el potro,
cuando la falda r ecogida llena
de la avena crujiente, lo acaricias
hundiéndole en las crines abundantes
la blanca mano . . . Cabras y corderos,
y chiquillos menudoo, y gallinas
de crestas encendidas te conocen
y se acerean á. tí como se acer can
las doradas abejas á los anchos
rosales de los huertos; te re&lt;)iben
como un rayo de sol t us compañeras
en las fiestas del pueblo, y cuando charltl.Il

lios mozos abrazados á las mozM,
tu voz es como un ruido de.campanas
que hace saltar el corazón ...

IV
No esquiva,
no extraña á mis palabras desmentiste
la vida, que rebosa en tus labios
como una bendición. Te hablé de amores
y fuiste como tiierra que recibe
gustosa las semillas. La grandiosa
fermentación de la caliente siesta
hacía hervir la sabia en las delgadas
hebras del musgo, y en el huerbo espeso
los opacos olivos se morían
inflamados, rendidos baio el largo
beso del Sol. ¡ También mis besos fueron
largos, como el del Sol, copa de olivo,
cabeza de mujer, boca die niña
florecida de risas, hembra augusta,
que, al estrecharme contra ti, dejaste
colmados mis deseos! . . . . . ¡ Pairecía
que montañas y campos y verdura,
de húmedas grutas y redondos pinos,
recibían entonees mis caricias
y me daban, en cambio, su grandeza!
~IJUARD(! (W/jflt;lf!III~,

�Domingo 19 de Enero de 1302.

EL MUNDO ILUSTRADO

~l MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO I.--NÚM. 4.

MÉXICO, ENERO 26 DE 1902.

Sub~crlpd6a mez,.suaJ /orbe•, 1 l 50
Idem, ldem. ea I• capital, ., l.:15

Gerente: UJI&amp; Rl'.Y~ &amp;PINHlA.

Dlrecton LIC. RAl',UL Rtl't&amp; &amp;PINDOU.

PARROQUIA O~ CHILPANCINGO, destruida por el temblor .del 16 del corriente.

Ba.30 &amp;u na.ve se r~\l~Ó el rñmer Con8rllsQ Co~titil1.~te de la n.e?úbliQa,.
PLACER Y TRABAJO.

...
Cuadro de C. Larv,.

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 19 de Enero de 1302.

EL MUNDO ILUSTRADO

~l MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO I.--NÚM. 4.

MÉXICO, ENERO 26 DE 1902.

Sub~crlpd6a mez,.suaJ /orbe•, 1 l 50
Idem, ldem. ea I• capital, ., l.:15

Gerente: UJI&amp; Rl'.Y~ &amp;PINHlA.

Dlrecton LIC. RAl',UL Rtl't&amp; &amp;PINDOU.

PARROQUIA O~ CHILPANCINGO, destruida por el temblor .del 16 del corriente.

Ba.30 &amp;u na.ve se r~\l~Ó el rñmer Con8rllsQ Co~titil1.~te de la n.e?úbliQa,.
PLACER Y TRABAJO.

...
Cuadro de C. Larv,.

�Domingo 26 de Enero de 1902.

''ZULEMA."
La audición de Zulema, poema orienta!!, letra de Rubén M. Campos y música de Ernesto Elorduy, ha sido un verdadero acontecimiento musical. Todios conocíamos á Elorduy,
gustábamos de su música fácil, inspirada, original; en todos los pianos habían resonado su
deliciosa ''Aiirem," y en todas las reuniones
de sociedad sus danzas, lánguidas ltis unru:
como las que inspiran las brisas, los celajes
y las ondas d~ü Pacífico, y bulliciiosas y juguetonas las o,tras, como las que surgen de las
esmeraldas y las espumas del Golfo.

dulantes como gasas, En su instrumenuwión,
á la que Ricardo Castro dió toques magistrales, suenan las guzlas, vibran los flautines,
redoblan los tamboriles como en las ferias musrulmaruis y en los :regocijos africanos.
Pero lo que entre todo y sobre todo impregna su música, es un fuego devorodor, una pasión, intensa y wbrasadora, una inspiración
poderooa, espontánea, desbordante, como lo
son el fuego, la pasión y lia inspiración orientales.
Ehlas mediant.e, y dejándose arr-ebaitar por
su ímpetu y devorar por su ardor, el poema de Elorduy, toca á. veces á la grandeza
épica y arranca lágrimas y sollozos. Su sensibilidad es tan exquisita y su intuición artística tan profunda, que en fue.rza de sentir y
de vivir su propia músioa, se alza á las más
altas cimas del art-e y en allas de la fantasía,
que lo eh;va á las nubes, suele codearse con los
más grandes y con los IIL.c'lS sabios.
Si me hubieran dicho que Elorduy era capaz
escribir una página Wagnerian:a,jamáslo hubiera creído, y Elorduy ha escrito, sin embargo, el admirable preiludio que precede al dúo
de amor, y que es incomprurable. Si me hubieran dicho que era cwpaz de llegar á la grandeza épica y á la intensidad pasional de Verdi, lo hubiera siempre dudado, y esto no obsta:nte, ha concebido uno de los más arrebatados y ardientes dúos de amor que pueden
darse, dúo que eri1,a los cabellos, hace correr
ed. cailosírfo por todo el m1erpo, agolpa los sollozos en el pecho y a(!aba por transportar de
ent11&amp;iasmo.
En cambio nunca dudé de que hubiera podido eooribiT esos bailab1-es tan caraoterísticos,
en que se des~ñan en sus cascadas de plata
los trinos y gorjeos de los flautines, s1Jilpioodos de chispas de diamante por los pizzica-

SR. ERNESTO ELORDUY,
Autor:de la música de "Zulema."

Eilorduy, era un estimable músico de salón, ligero, agradable, un tanto superfic"ia[,
y su reputación estaba ya hecha en nuestro
mllllido musical íntimo, por decirlo así, en el
que venía. imperando por completo, haoe ya
años, y en cl que brilliaba oomo una de los
más amenos y más fáciles. Mas que todo, ern
una especie de "divebte," de cupletista, como
hemos dado en decir, impregnado de gracia
y de chispa, poco picarezco á la verdad pero
en suma medianamente profun@ y se.ntimimtal. Acu11relista de la música, pintor de
género, á quien nadie diroutía el tailento; pero de cuyos vuelos y mnpuje podía., en suma,
dudarse, por no haberle visto recorrer órbitas
amplias y vastos horizontes.
Los e.spíritus observadcmes, habían podido, sin embargo, discernir en él, grandes cuailid&amp;les y,en sus creacionle'S ''mignonas" y aparentemente frívolas, se encontraban notables
indicios de un talento superior; y desde luego: una personailidad y un estilo. Entre los
músi,cos de su género, se destacaba por
el vigorÓ60 colorido de sus composiciones
y por el. acentuado orientalismo y acentuado
relieve de su música; pero en suma, si á la
masa del público se le hubiera dicho que era
capaz de escribir Zuil.ema, casi todo el mundo hubiera movido esooptioa.mente la cabe?Ja.
Y sin. embargo, la ha escrito, y oon ella ha
triunfado y subyugado. 'Desde luegú, tuvo el
a.cierto de hacerrse componer un poema ori.e·noo.l. Elorduy es, en efecio, nuestro músico
orientalista. Sus persona:les aficiones, la índole de su talento, y. sus dilatados viajes á los
países del Levante, lo han impregnooo de luz,
de sol y de fuego. Su música respira las tibias brisas de las costas africanas, refleja la
luz candente y cintfü1.nte de los a$tros levantinos, las cálidas fosforescenoias v las blancas espumas de aquellos mares. En sus melodías campean la lánguida onduliación de los
flexibl€S talles de la~ haya&lt;leras y de las voluptuosas danzas de las al meas; sus armonías son
rica;,. rC&gt;mo ve,:;tidunas ele sultanas, bortladas
de oro, recamadas de pedrería, flota:nt.es y on-

tt MtrNDO

EL MUNDO ILUSTRADO
y enamorada Zulema, la artista espontánea. y
vigorosa que es la señor.ita Roig, se hubiera
r.evt1lado en lo que es, como una alma apasionada y orientaJ, si le hubiera sido dable representar á la vez que cantar su papel.
Conformémonos con haberle oído; la música vale lo bastante por sí misma para consolarnos de no haber gustado de las pompas
escénicas que supone y exige y formulamos,
para concluir, un iuicio sintético del auoor
v de la obra.
• Un renacimiento musicail viene hace años
inic:iímrlose en México, y á redimirnos de
la insulsez, del trndicionalismo y del bajo espíritu de imitación que impregnó mucho
tiempo nuestro arte lírico y lo degradó. Lentamente las orugas van horadando sus capullos para valar ya mariposas, agitando sus
pintadas alas. Tres habían visto la luz y volado libres en el e.spacio, libando nécro.res de
giloria: Yillanueva, muerto casi ail nacer para el arle; Ricardo Castro y Gu.stavo Campa.
F.lo,rduy ha roto á su Vlez el capullo, y la
mariposa no es menos brillante y pintada
que las otras.

)

"Historia de nn Pierrot."
H emo.s asistido en México, por primera vez,
á uno de los espectáculos modernos más amables y sugeremes que se conocen. Es una rara
di versión, de apariencia corrient-e y tosca, que
oculta, sin embargo, un fondo de arte y de
belleza verdade:ramernte admirables. Pudiera
compararse €Sta obra de Mario Costa á una
vasija de barro, fabricada á la buena de Dios
por algún alfarero primitivo, que poco se
cuidó de la simetría y esbeltez de los contornos y de la tersura y pulimento de la arcilla.
A primera vista no parece otra cosa que el
cacharro vulgar en dtmde abreva la sal T)()CO escrupulosa de la miseria. Pero el curioso inteligente, que venciendo su repugnancia de refinado, acerque por un instante sus labios al
borde del trasto innoble, experimentará una
sorpresa encant.arlora: el vaso de mal cocida
tierra, que no bruñó ni cinceló la mano del
artífic-e, está lleno de miel, olara, dulce y fragant-e como hecha oon jugo de nardos y zumo de azu~nas.
En efecio: en la "Ilistoria de un Pierrot,"
fa música no piercle, antes bien, precisa y
reafaa su caJ."áoter vulgar y frívolo, su forma

contrar un pájaro educado,_ de esos. que volruda y descuidada. De improviso, no cabe
tejeia11
en diminutos trapecios y brincan por
duda1,lo-es una impresión rápid11 y seg~ra,aros pequeñines. Y no : era el ave del pa~1s0,
oímos esos temas de circo, esas quebrad1z1:s Y
el ave rara, la de plumas de iris y los trmos
efímeras melodías callejeras, que acompanan
inmortales.
el gesto embadurnado del ''cl?w~1'' el. salto de
1.ta música de :Mario Costa suena á cascabeave del acróbata, ó la academ1c~ figura _de
l€S que retozan sacudidos por la mano de Mola ecuestre qUJe iingidamenie sonri&lt;: á un ~mo · pero dentro de cada cascabe!l se agita,
Yisible ado1rador. El oído no se engana: es mupar; producir el ruido, una lágrima endusica de pantomima, músi~a de cristal corr:~nrecida.
.
te, mús.ica cuyas metlodias, apenas anunciaSólo en la superficie es vulgar esta msdas se adivinan como los gastados consonantes
piración. Está dentro del molde áspero y d~de una e;trofa o:rxlinaria.
.
fectuoso como la mariposa dentro de la cn)las e,cucha&lt;l, de.•pués d-e una Yem,te&lt;na
sálida j el almiba.r de la fruta dentro de la
de comp-ases, e:&lt;ta mus_i9.uilla pegatsa Y
cásc~. De la pantomima tomó el nombre y
tristona. ¡Ah! ya escuoh3::s con atenc101;1, coel estiilo · la Musa se vistió de Pierrot, se
mo atraídos, como seducidos, por no se que
blanqueó' al rostro radi8lllU:, y salió rul tablado
sutil y exquisita melancolía, que surge lenta y
.
doliC'adamcnre de la burda trama sonora, co- • á hacer piruetas y contorsiones.
Pero abajo; en la orqueista, estremecida
mo en la noche, á traYés d,e los ramajes obspor un ailiento poderoso y fecundo, cama el
curos, pasa la claridatl amba;r(na de las ~streamor todas sus ternezas, solloza el dolor tollas lejainas. rn so,plo (1e poes1a vaga y tierna
das sus quejas, vibra la col.era todas SUB desescomienza á acariciar nuestro espíritu, y una
:pei,wiones, murmura la esperanza tedas sus
onda fresca y diáfana de amor, sube poco ~
plegarias, recita la ilusión todas sus estropoco hasta el corazón y lo refaerea como SI
fas.
fue~e un divino bálsamo.
Es una música hecha de luz y ensueño;
De aJ.Jí en adelante, el hechizo cada vez
una música que despierta las memorias dorm:ís violento realiza sin esfuerzo el milagro.
midas y las tristezas aJetawarlas; una músiLa de Mario' Crn,ta, no es una conquista; es
oa sonámbula, que, á tientas, va tocand~ oon
una seducción. No nos llama para combatir
sus manos ingrávidas muchas penas íntimas,
con nosotros; no nos dice quién es; no nos promuchos desenoanios ignorados, muchos ideavoca. :No,; dioe: mi obra es triviail, es llana,
les rotos y escondidos entre la sombra de nuesfácil acC€6ible, insigniíicante; es una histotra alma.
rieta' musicada con grada infantil y sencilla,
Hay un pooo de vioo nuestra en ese peruna de esas comedias grotescas, que de visonaje de circo, en ese pálido loco amante de
llorrio en villorrio, represeman ·los sa1timbanla luna, en ese Pierrot ca:riaoontecido que se
quis enharinados, ante la atónita imbecilidad
enamora de cuanto ve: de una costurera, de
de los aldeanos. Venid á ver y á oi:r mi panun deseo, del vino que sonríe en el fondo
tomima; Pierrot y Pierrotino, gesticuJ.arán á
compás de estos preludios de mandolina con
que pretendo describir las cómicas pasionE:5
de un histrión enamorado. Burlaos un tawtico vosotros -los habituales admiradores de lo
!&gt;e'no, de esta ingenua y alegre travesura liri,
ca que con un grueso encaje de notas envuelve una contrahecha payasada. ¿ Arte? Sí, el
deforme, el bufonesco, el grueso arte que
mueYe á risa á las multitudes y les enciende el
ánimo con un intenso goce de animalidad
satisfecha.
¡ Ah, embustero hipócrita, ah, pérfido engañador, que llegas con tu fingida mansedumbre, ofreciéndonos falsas pedrerías, sedas descoloridas y d-eshilachados oropeles! ¿cómo te
:figuraste que podrías embaucarnos con tus
embustes y hacernos cómplices de tus suwroherías?
Y lo comprendemos. La mentira de Costa
es sólo un subterfugio, un inocente ocultamiento, una ingenio::a travesuTa, un hábil
juego, una coql1etería. La inspiración del
músico canta en jau.la.
Dentro de las varillas doradas, empavesadas
de moños de listones chillanites, creíamos enSR. GEN ARO ARISTI,
Tenor inbérprete de "Zulema."

del vaso, de la mucha.cha que atravÚ!sa la caHe y que bajo su cofia de espuma, va haciendo
guiños picarezcos, deil naipe que le ofrece una
fortuna, del vicio que le ofrece un placer, de
la paloma que le recuerda la libertad, del
mundo entero que le promete la dicha y que,
como siempre, no c-umple jamás su compromiso.
Cuando el blanco iluso torna COIIl la mandolina á la espalda y el desengaño en el corazón, de su.s mil y tres aventuras tontas, entonces la música habla de nuestras angustias
y nuestros desconsuelos, y brilla humedecida
y salpicada por nuestro llanto.
c·omo esfuerzo artístico, es admirable la obra
de Mario Coma. En ella solamente falta una
cosa mperior á cualqui-er música, más emocionante que cualquiera melodía, más sonora
que cualquier instrumento, más elocuente
que cualquiera malla a!Tillónica; una cosa
que no puede suplir el gesto por más exprl:'&amp;ivo que sea, ni la orquesta por más rica y
bien combinada que se le supong-a : la voz
humana.

SRITA. GUADALUPE ROIG.
Primera intérprete de "Zulema" en México.

te de los violines y coloridas por los acordes
de las arpas; como no podía dudar de que llegara á traducir fielmente y con intenso y caraclerí&amp;tico color, cantos de baya.deras y melodías de bateleras orientades, ni esas barcarolas y malagueñias que mal disimulan en la
on,du~ante languidK;z de su por,te y de su andar el origien morisco, de donde provienJEm.
A mayoT abumfamiento, Elordruy es un músico romántico, impregnado de ternuras exquisitas, á ratos, y de nostalgias melancólicas,
á veoes. TO&lt;h) esto que, cronológ'ca y topográficamente, parece disparatado, se · funde en
una unidad de belleza, de poder y de pasión
incomparables, que hacen del poema uno de
los más ardien&lt;tes é inspirados que en el
país se hayan escrito.
¡ Cómo hubiéramos querido oírlo en escena, en las decoraJCiones y con el suntuoso vestuario q:iie exige! C~mo la música de Elorduy
es esenc1&amp;lmente pas1onrul y descriptiva, exige
el .escenario a.dreuado, el movimiento la. acción dramática, que vendría á compl~tarla y
á :realzarla, Y cómo la triunfadora, la. ardiente

tLtrSTRA:bó

SR. RICARDO CASTRO,
Instrumentista de la obra de ·'Zulema."

SR. PANTALEON ARZOS,
Director de la orquesta en la audición de "Zulema."

.Culs g. lfrblna.
madode '' l Jueves de El Mu¡¡do,"

bom1ngo 26 de Enero ~

H,O~.

,PENTELICA.
Te he visto, hermosa mía, he contemplado,
sin la odiosa y avara vestidura,
las curvas de tu cuerpo sonrosado,
la noble majestad de tu escultura.
Un sol de fuego en su zenit ardía,
como ciclópea, formidable fragua,
r el aire, que abrasaba, no movía
ni la flotante túmca del agua.
La bóveda celeste se incendiaba;
y en la playa rojiza,

SR. RUBEN M. CAMPOS,
Autor del libreto de "Zulema."

mustio el ganado, con pesar pastaba
el césped y la yerba, hechos ceniza.
En los bosques vecinos,
d&gt;ormía el tigre; el ave no poblaba
la triste soledad con dulces trinos:
sólo el silencio su dolor paseaba ... !
El calor te agobió, quemó en tus venas
la noble sangre que tu tez colora,
y tu frente, que fuera de azucenas,
rojo olavel tornóse. Llegó la hora
en que Venus volvióse á ser Señora
de las hodas serenas . ...
Tu.s manos agitadas desciñeron
el jubón y el oorsé de tu cintura,
y á tus plantas cayeron
las nubes de tu blanca vestidura,
fingiendo pedestal de mármol pario
á la estatua de carne perfumada
que el divino estatuario
en sus noches de amor tuvo soñada ...
¡Oh! blanca aparición, más blanca y pura
que las eternas nieves del Sajama,
déjame que contemple tu hermosura,
y si el loco deseo mi alma inflama,
que intente dibujar, virgen ó diosa,
tu desnudez gloriosa ... !
Suelto el cabello, negro cual la pluma
del jilguero que canta en la floresta;
la ooja negra, que el "Amor'' esfuma
en arco obtuso de mortal ballesta,
sobre los negros ojos,
mejillas de arrebol y labios rojos,
que ocultan perlas en coral prendidas;
soñadora la frente, que retrata
ilusiones de amor siempre queridas;
griega nariz, que la pasión dilata;
cuello de Diana que esculpió Falguiere,
braoos robados á. la Venus Milo,
seno de virgen que ser madre quiere
y que, al hincharse en pubertad fecunda.
se agita en intranquilo,
oculto anhelo de emoc:ón profunda ...
Mas, ¡ qué veo! ¡ oh dolor!: la tibia linfa
se estremece con plácido murmullo,
y es que la diosa ó ninfa,
del divino escultor gloria y orgullo,
como la Venus griega,
lejos de mi, entre las hondas juega. .. ,

R. ~qrl• Qalvarro.

�Domingo 26 de Enero de 1902.

LA VIUDA.
lill mundo entero parecía que se desplomaba sobre "eNa" paira aplastarla. con su inmensa pesadumbre. Todo caía. arruinado de
un golpe &lt;ksquicia.do en un solo estallido;
todo se desva.nooía como miserable humareda.
dejando p or único recuero.o de la rea.lid.ad
a.dora.ble de un rastro de dolor, el su.reo profundo de una amarguísima. pena; el dolor de
una vida segada. en primavera temprana, de
un amor mUJerto en albores de sol nacient.e,
de un hogar sepultado en la. sombra, asesinado . . ... ¡ Oh, qué grande, qué tremenda
ca.ida!
No fué el gdlpe rudo, brutal, de lo inespemdo. La desgracia, se anunciaba· desde hacía ya bastant.e tioon.po, y avanzaba paso á paso, sosega.damenite, como segura de que la
victima no escaparía de su zarpa. La enfermedad hacía sus progresos ILaJturaJJ:es, apagando
un átomo de vida cada día, desorganizando
urui. fibra, matando un rayo de virilidad; ca.da nueva aurora traía para el enfermo y para
ella la seguridad de un día perdido para la
esperanza, de un paso de avance hacia la
muerte. Pero en aquella lucha de la. agonía
pro1ongada, del dolor lento que nunca. acaba de herir definitivamente, encontraba el.la
consuelos para su pena, un resto de esperanza. que la alentaba.-Que viviera. "él," fuera
como fuera, y el.la quedaba contenta. Enfermo y todo, postrado en la canna, él representaba ahlí la vida, e.l porvenir seguro, el hogar
firme en su base.
Cuando el médico, llamándola apa;iie con
misteriosa reserva, dejó caer en su alma
aquel.las fatídicas palabras: "Esto se va. ...
Es necesario prepararle. Aquí sobra el médico .... ," sintió ella que todas sus energías se
derrumbaban, y ya no tuvo ánimo más que
para ll()lrar.-No; no era el médico el que sobraba; muerto él, sobraba también ella, ¿Para qué vivir, si con él se acababa todo, su
a.mor, su casa, su dicha? . . .
Las angustias del presente traíanla á la memoria las imágenes del pasado. Mi.raba hacia
atrás y encontrábase en su vieja casa de soltera, COIIl su madr.e viuda y sus hermanas, luchando con fieras inoertidum.b1'1€6, trabajando para sostener su _dec?rosa miser~a, y_ sofümdo con el porv001r dichoso del idealismo
eterno. El camino en sombras se do.minaba
después con duloes clal"i~arl.€8, y ella realizaba
sus sueños en aauella umón de las aJmas, S3Jlltifi.ca.do por Dioo en un día, inolvida,ble. Casada no hubo ya para el.la más que santas alegrías en el 88.Il!tí.s.imo hogar de sus amores.
Era un idilio monótono, soeo, como decían
sus hermanas, pero ¡ tan tierno, tan risueño y
ta.n honrado!. . . . Ella fué para él el ídolo,

la vírgen eternamente adorada en el altar de
su aJma, él para eilla, su vida entera, su ahna,
su Dios. El intenso amor ha.bíalo borrado todo, pasado y porvenir; vivía sólo para el presente, para él, que fundía en su cariño toda
la existencia.
Llegaba luego la lucha ruda de la enfermedad, soportada por el.la oon entereza admirable, sin sentir el menor cansancio, más solícita y más cariñosa cuando mayor debía ser la
fatiga. Noches de vela interminable; días de
trajín sin tregua; horas de agudo dolor, lar-·
gas como siglos; momenix&gt;s de terror que parecían UM eternida.d. Firm.e e-.n su pu.esto,
iortaJ.oo:iila por su cariño, que lentamente se
convertía en infinita piedad para aquella pobre juventud amenazada de muerte, suiríailo
todo con vrulor heroico, sin separarse un instante del lado del enfermo, recibiendo todas las punzadas del dQllor contínuo, CO!IItplaciéndose en devorar todas las angustias d,e
BU drama, amarrada al banco de su pena, por
las ligaduras de hierro de un amor sin límites. Cada momento de aquellos era una pena
más, una nueva angustia, porque cada golpe
&amp; tos y cada quejido del enfermo parecíale
un poco de vida que se perdía, una esperanza
que se escapaba. En medio del lento martirio,
agonía de su alma, iwariciaba, sin embargo,
una esperanza, la triste esperanza de aue no
concluyera el torm-e.nto, siéndole arrebatada
la preciosa vida.
En presencia del marido, disimulaba sus
fieros temores; los ojos acostumbrados ya á
'1a hipocresia, quedábanse enjutos, y el doilor
de dentro a:iil.uía á los labios en sonrisas cariñosas, para dar valor al enfermo; para dar valor á ella, que estaba muerta de miedo. Redobla11do su heroísmo, mientras la lucha conitinuaba_ sordamente en lo hondo, le a:lentaba
con ammosas palabras, engañándole como á
un niño con mentidas esperanzas. El, agradecido, confortado por las frases de ternura sonreía tristemen_te, frunciendo con grarr{ esfuerzo l,o~ labios en una sonrisa que era una
amargmsuna mueca.
Llegó, al cabo, el supremo trance sin dolor
sin asomo de angustia. J!ué un trá;sito de l¡
vida á la _m~erte rápido, tranquilo, sin un
solo retorcum~mto, en el suspiro de un sueño
sosegado _Y duloe. :Era al amanecer, un amanecer bnllante de lozana primavera· ol~das
de luz multicolor. inva?ían el esroo'io, atropellán~ose c~o s1 ~vieran gran priesa por
conquistar el mi peno de los cieilos · las negras siluetas de las casas y los árbol~ destacábanse vigoror,as, y la tierra entera su;gía del
océano de sombras, coronada por la,s aureotl.as
de flores de su santa. inagotable fecundidad·
e1;1 el ambiente respirábase, como esencia d~
vida, el poderoso vaho de salud que se escapaba de los robust06 senoo de la madre tierra.
Todo revivía con energía indomable, en lo-

Domingo 26 de Enero de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

zanos brotes, mientras fa pobre vida del enfermo se escapaba del pecho, en un sollozo de
niño, apagado, imperceptible. . . . Vióle ella
entornar los ojos y sintió que le apretaba las
manos con fuerza; después hizo el enfermo
dos hondas inspiraciones de aire, suspiró y
quedóse dulcemente dormido. No tuvo fuerzas ella. para gritar; ni una queja siquiera se
~capó de su garganta; indinada sobre él, se
quedó también dormida, agobia.da por la fatiga, vencida por la pena . .. . .

•••
El de:sperta.r fué un sacudimiento de terrible crisis nerviosa. Como imágen de una pesadilla, acudió á su memoria la figura demacrada del muerto. Con ojos de loca vió en torno suyo, pero el muerto había desaparecido;
desolada, corrió por toda la casa, buscando al
esposo, como leOIIla que busca sus cachorros,
registrando por todos los rincones, creyendo
encontrar el cadáver escondido en cualquier
resquicio; pero el pobre muerto, durmiendo
ya en la sagrada tierra, había.se perdido para
siempre. Cuando se convenció de ello, los nervios ootalil.aron en formidables convulsi.ones
que hicieron tel1l€r también . por su vida.
No se la pudo hablar en muchos días. Aprovechando un descuido, se encerró en sus habitaciones para esquivar las miradas de todos,
huyendo &amp; sus hermanas, de su madre, en la
triste compañía de su duelo. Obstinada en no
responder á ningún llamamiento, negándose
á todo, permaneció cerca de dos días sin tomar alimento, como si se condenara á morir
de hambre; all segundo día hubo que echar
la puerta abajo. Encontrándola casi exánime,
y á viva fuerza le administraron unos caldos;
después hubo necesidad de llamar al médico.
A la desesperación rabiosa de los primeros
días, suceidió el dolor tranquil.o, silencioso,
más hondo y más amargo que el dolor que
esilallaba en la locura. En inalterable quietud
vivió semanas enteras, á sotl.as, recordando las
páginas adoi-ables del idilio y las dolorosas
del drama, encontrando en ca.da cosa y en cada detalle un motivo para ahondar su pena.
Como en los días felices, entraba ella en el
cuarto del esposo para arreglarlo con amorosa
sohcitud; limpiaba los libros, los que fueron
únicos amigos del mue,rrto; arreglaba los cachivaches del escritorio y ordenaba los pape•les, como si él hubieTa de venir á ocupar su
puesto en aquella meoo, á leer en aquellos libros v á escribir con aquellas plumas. Y _el
despacho del mar.ido era. para todos santuano
que nadie osaba profanar, donde sólo ella penetraba para adorar el recuerdo del companero. y llorar á mares sobre loo objetos que él
acarició con sus ojos y con sus manos.
Eran inútiles cuantos esfuerzos se hadan
para saoarla de la triste soled.ad en que se con-

sumía poco á poco. Cariñosamente ~on.sejábanla la madre y las hermanas, l?°ruendo en
el empeño todas su ternura, pero mfructuosamente. "Es una locura hija mía . .. Te estás
matando. . . Es necesario que procures conSQllarte que te distraigas. Ya que no lo hagas
por tí' hazlo por nosotras . . . "
Todo inútil. Obstin.ábase ella en V?,VIT ~
su soledad y nada podía toroer su resiste1;1cia
pasiva. Llegaban las pa~ie_ntes~ y las a.IDI~as
á visitarla, y á nadie rec1:Ha. _.todo le era m diferente; todo le produc~a dis_gusto Y repulsión. y así, viviendo en ai.sl.arrruento absoluto,
á solas con la imágen adorada, evoca:n.~o memorias del pasado, recordando de cont:11uo el
triste amanecer de primavera q~e se~aJ.ó el
ocaso de su dicha, pasaba los dms, S1n dar
más señales de existencia que las de su ~ant?,
como si toda la vida de aquel cuerp~ sm alma se hubiese enc001trado en los OJOS para
deshaoorse en lágrilrul.s . . .
._ .
El médico lo dijo terminantemente : '·(¿~ce días más &amp; igual vida y esto se h,t concl~do . . . Procuren ustedes que saJ.ga, 9-ue se distraiga, que olvide . . . . El sol y E:1 aire son los
únicos 11emedios. Esto es sencillamente un
suicidio .. .. "
,
Ante sentencia. tan decisiva no pod1a haber ya vacilaciones. Primero in teutaron r ~ucir la volunta.d indomable por la. persuac10n,
repitiendo las palabi~as del doctor, in vocando
otras mil cons1derac1ones; :p.6f0 la tenaz ~esistencia continuaba como &amp;P tes. . . . ; Morir!
Eso quería ella. Esta?3 de sobra. en el mundo
y quería irse m~y leJOO, muy leJOS, donde no
la molest-azra nadie.
Hubo entonces necesidad de a,pelar á ;a
fuerza sin consideración alguna. Y un dia
sacáro~la de su encierro casi arrastrando, Y
entre la madre y las hermam.as p~siéronle el
traje de luto y prendiéronle el triste manto
de viuda. . . No había remedio. Era necesario salir, tomar el sol, respirar el aire. Además estaban quedando mal con todo el mundo· había que devolver visitas; la gente murm~ía de ella y hasta pondría en duda pasión tan extrema.da . ...
Ella se dejó llevar á la fuerz~, coono _si la
condujesen arrastrada; abandono el encierro
y salió con sus hermam.as. . . . _Al atrayesar un
gabinete la luna de un espeJo refleJÓ su figura entem: el cuerpo desmadejado, vestido
desgarbadame-nte, como si la ropa fuese colgada en una percha; la cabeza mal peinada,
COill las ondas en desórden; el rostro huesudo
y terroso, que parecía salido d~ un sepulcro.
Mir óse ca.usualmente en el espeJO y se encontró horrible, casi repugnante . ...
Súbitamente rea.nimáronse en su espíritu,
los instintos de mujer cuidaidosa de su belleza y volviendo atrás, echó á correr rupresura-d;mente. Tras ella corrieron las herm.ahas,
temiendo alguna locura de la viuda incoruolable · pero la tranquilidad renació momentáI1Jeam'ente . .. La ''viuda" había coori.do el puesto á la "mujer," que en un impulso de femenil coquetería flrreglaba frente al tocador, l~s
descuidadas ondas del cabello y ocultaba ha.Jo
blanco polvo el terroso color de la cara enflaquecida... . .

.Ceón ifoch.

MADRIGAL.
Rosa que mustia y ajada
miras á tierra, apenada,
vuélvete á alzar orgullosa,
pues no hay una -Jilor, ¡ oh rosa!
que junto á tí valga nada.
Porque tú que te has erguido
entre la mata de pelo
de mi dulce bien querido,
puedes decir que has tenido
un trono encima de un cielo.
Cielo incomparablmnente
más hermoso y esplendente
que el de Dios, pues el de Dios
tiene un sol unicamente
y en el tuyo ¡ brillan dos!

Jo•

DOS SONETOS.

MISTERIO
I

SU AL MA
Su a.lma era un jardín abandona.do,
en cuya exuberancia caprichosa,
á la par que del bien la húmeda rosa
florecía Ja adelfa del pecado.

Y o fuí el horticultor enamorado
de su belleza agreste y misten~;
yo transformé en dorada manpooa
al torpe buho que asolaba el prado.

Formada con luces d,e estrellas y púdicamente velada por rayos de luna, de desliza
gentil y vaporosa entre las ennegrecidas ruina2 de una alma muerta parra ,la esperanza.
Una estela lUininosa deja á su breve paso
y huyen espantadas, á refugiarse entre las
sombi'll.S, las mariposas negras de mis dolores.

•••

Yo en mis felices horas de terneza,
arranqué de sus cailles la maleza
y en ca.da verde rama colgué un nido.
Y o arroyuelos formé de linfa_ clara;
mas no logré impedir que gei:mnara.
1-.i. espontánea simiente del olvido.

SU CUERPO.
Ou.ando triste y sólo me veía,
ella acercóse á mí, llena de anhelo,
ante mis ojos desgarrando ei velo ,
que sus caru1ootes formas enoubna.
Tal cual enciende la pradere. el día,
el amor inmortal venció mi due1o,
y en mis carnes clavó su gar;ra el celo,
en la torpe ambición de hacerla mía.
Loco aspiré ,el perfume de su seno;
loco bebí en sus labios el veneno
&amp; su falsa pasión; mas el delito
era la viida de su carne impura,
y sucumbió mi férvida ternura
.
en la hoguera bestial de su apetito.
A. González Carrasco.

EUNICE.
De la Academia en el pensil frodoso,
aspirando feliz auras serenas,
discurre en abandono deleitoso
la :reina d,el Cerarnico de Atenas.
Liberta jonia de sin par cultura,
la ailegre :hlunice con razón se uia.na
ail. ver cómo reiailza su hermosura
la prestigiosa eduieación lesbiana..
Saio la doctrinó, Safo la hizo
señuelo de la mente y de la vista,
ser enloquecedor á. cuyo hoohizo
no hay efebo ni anciano que resista.
Acompáñail.a Efipo, aquel v.alient.e
doríforo de riza cabellera
que conquistó el pentapio noblemente
venciendo al gimnasio en ai carrera.
Conocióla una tarde en que tañía
con gracia sin igual kelis sonora,
bajo el rojo velamen que lucía
largo trirreme de encorvada prora.
La juventud de Atenas agitaba
ramas de mirto en graito clamoreo,
mientr-as la nave hermosa se allejaiba
de los marmóreos muros del Pireo.
Iba llevando á Chipre la rienroe
turba de peregrinos bu!l.liciosa,
que ansiaba prosternarse reverente
de los amores anile la alba diosa.
FA la vió doolizándose ligera
por el ático mar, absorto y mudo,
y desde entonces de la blonda hetera
la dulce imagEn ahuyentar no puedo.
Porque su amor con el desdén no anuble
y al fin se muestre á su anhelar propicia,
Efipo entrega á la beldad voluble
el rico istmión que oon afán codicia.
Helios llega á su ocaso. EstaJla un beso,
nuncio probable de venturas hondas,
y ríe con erótico embeleso
un fa.uno que aparece entre las frondas.
Manuel A. San J uan.

Son sus O'jos de un encanto indefinible, sombreados por pequeñas manchas que los circundan: sus pupilas recuerdan ese ligero tinte verdinegro que colora al firmamento cuando descendiendo el wl á su ocaso, empieza á dibujarse en lontananza la hora. creprucular : sus pestañas son largas y sedosas : sus
miradas semejan relámpagos que rasgan el seIl'o de la nube tempestuosa, 6 rayo de luna
que besa dulcemente el rostro de virgen soñadora . ..
Un capullo entreabierto y ,en cuyos pétalos
a~ brillan las gotas del rocío; un era.ter, a1go
que condena; al~o que infunde es~rauza,tail
es su boca: ablSIIlo sin iond'O de dueloa y
miserias, cima deslumbradOT'a que acerca á
los espacios infinitos. . ... .
_ Cai~a flotante de delga.dos hilos de oro;
mestncable_ red en donde yacen prendida,., locas y trev1das esperanzas; piélago inmenHo en donde los hacecillos luminosos se quiebran, se bifucan ó se pierden; tal es su cabellera : manto sedoso y ondulante qu.e cubre
apenas las formas de virgen soñadora, . .

•••
; .. Líneas de incomparable pureza .. . ;
!11onstruo que debora cerebros y existencias... .
'ñait lux'' en donde la hum.anidad se pierd~ se extruj_a y se -consume .. .. . ; la eterruda.d en el instante . . . ; la creación dentro
del lodo ... . . ; locura .. . . .

II
Incógnita VIaJera de otros mundos ¿ qué
buscas en mi alma .. .. ?
'
A doquiera que tus miradas se dirijan encontrarán desolación y ruinas;. . . pedazos de
esperanzas . .. . , tedio, tristeza maldicio-

nes ... .. !

'

Nada ha quedado en mí de lo que en otro
ti;mpo . ambicionaba: en al pasad'.o, cenizas
aun oahentes por el recuerdo . . . . en el porvenir el fantasma siniestro de la' duda . ...•
¡ d~ la nada .. .. 1

•••
Incógnita viajera de otros mundos, ¿ qué
quieres tú de mí . . .. ? ¿ Qué buscas en mi
alma . . . .. ?
Agustl n Monterde.

DESDE EL TENDIDO.
Prende cárden'O sol sus flecos de oro
en los ternos de luz de los toreros
y . deja tm
mantillas y sombre;os,
mzado maúiz multicoloro.

!as

Al toque agudo del clarín sonoro
abren sus negras b~as los chiqueros,
y ya, garr'OOha en ristre los piqueros,
salta á la arena el arrogante toro.
Y comienza la lucha de la fiera
que el_ castigo ail sentir ,se desespera.
Y _embiste, y brama, y con furor se agita;
Illlentras el pueblo, en incesante broma,
c~o en los tiempos de la antigua Roma,
ebno de gozo y de entusiasmo grita.
Salvador Gut/ér rez 1111/era.

�Domingo 26 de Enero de 190! .

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO I LUST RADO

Los marinos del "Sz~hetJar:"

El "Szighetvar" anclado en Veracrnz.

te ca.ñcxo.es del cruooro, funcioniaron durante
los ejercicios, y tanto los oficiales como los
sirvientes de las piezas, demostraron destr.e-

La Comisión Militar .Mexicana á bordo del "Szighetvar."

za y conocimiento poco comunes en el maniej o de ellas.
A bordo de un carro especial del Mexicano, emprendieron su viaje el 16,
los distingui.d.oo h uéspedes.
Los varios pa.isajes del camino, reputado como el más
pintoresco de la República
produjeron la más gr.i.ta
impresión á los marin0s. A
Buenavista, estuvieron á recibi:r'1os poo: la tarde, los
señores Barón de Kaska,
Dr. Isidro Glu-ck, J osé Sanesching, y varios otros
mr€!1Ilbros de la colonia. El
señor Genera,I Francisco A.
Vélez Comandante Militar
de la Pla2a, y algunos ,Jefes de adta graduación en el
ejército, esmvie:-,lll en la
estación á d!l.r la bienvenida á los tripulantes
Además deil Comandante, Sr. Proprotnik.
c~b~1Mero· muy correcto, y marino notable,
vm1eron á la ca.p ital los siguientes individu~

Ayudante Brano,n, Francisco Pruschen, Dr.
Estanislau Burczinsky, Tenientes: 1\faximiliano Seltz, Marimiliallo Korb, Adolfo Potocnik, Edler von Lang, J&lt;"riederich Paugger,
Ingeniero Maquinista Franz Coci-ancig.
Cadetes : Bro:liin, Halm von Hrulmenbook,
Víotor Skublies de Pasenyo, .Alfredo V essel
C!lll1los Edier von Unosovski, Eugenio Tausch
y Barón Heine Geldern.

Las reformas anunciadas
Después de nueve año.s de vida con que
cuenta este semanario, y en los cuades se
ha estudiado con gran interés el gusto é inclinaciones de sus lectores, nos partec,e tener
muy indicadas las reformas que Llevaremos
á cabo desde el mes entrante.

Y alargando un poco este discurso, y cincelando con cuidado los arabescos retóricos, ya
puede buscarse coyuntura para finalizar, eso
si, porque es de cartel y exigido por el uso,
con estia frase chusca y gastada en fuerza de
IIIB.nosoos, como las monedas : ¡ El rey ha muerto, viva el Rey 1

"LOS M:ISEBABL.ES"
Con este número se reparte le p,enúltima en-

REGALO DF U# TOMO OUl#CE#AL

Desde el mes entrante, se repartirá -entre
los abona.dos aJ MUNDO ILUSTRADO y
CADA QUINCE DIAS, un tomo OOIIl1pleto
y encuadcrna,do, con ilustn:aciones. Así se
habrán reunido al fin del año, veinticuatro
tomos, cuyo vailor en librería exoede con seguridad al precio de la suscrición á n uestro
~ari_o.
Comenzaremos en la próXlma qumcena, con la colección de novelas ~ f &lt;mson_ du T.errail, ofreciendo que
por Illllgun motivo, la dejaremos trunca.
En Febrero se reparlirán "La Herencia
Misteriosa" y "Sor Luisa ó La Hermana de
la Oa.rida,d," en 11arzo, ''El Club dt' los Explotadores" "Turqlli:!63. la Peca,dora" y así sucesivamente.

La s ección para las Damas

Sobre la cubierta del "Szighetvar.'•

•••

PARA ESTE PERIODICO.

trega del penúltimo tomo, y lo que falta para
concluír la oh:ra, será repartido en cuadernos de_ á 32 páginas cada mes, excepto el_ finaJ. del tomo, que se repartirá con el
P;óxi:110 númer.o. Dicho reparto, corumi.tu!i.ra una verdaidera prima de compromiso y
se haoe por no dejar trunca la obra c o ~da; pu~ ~ cambiar la organización en nuestro p1mód1co, _n~ proponemos seguir aumentando la biblioteca de nuestros abona.dos,
p,ero no y~ ?ºn o~ras que por costosas, requieren larguuumo tiempo para su conclusión.

Sei:3- ampliada y se mejorará notablemente,
lo nusmo que otras secciones del periódico,
pues estamos preparados para haoer un gran
esfuerzo, con el objeto éoo halagar á nilllstros
suscritores.

de Enero de 1902.

con las ramas tensasydesnudas,pintada.al "estufino" sobre la franjacon tonodesepiadel horizonte ;~[a rugosacrestería, enrredadas y flotantes, á modo de girones de velos gris.es, anchas cintas de niebla, y, encima de todo ello,
un cielo de tinte indefinible, falto de luz y
carga,do de nublazones. Oon esto, y con decir
que el viejo Neva en el bolsón mill.,ares de
esperanzas y des.engaños, de sucesos tristes y
de ilusiones muertas, ya está el bro:?to del
primer cuad,ro trazado con pinceladas enérgisas exóticas y raras, cuadra poco con las vuldiría cierto amigo mío que, amant.e de las cosas exóticas y raras, poco á poco con las vulgaridades y lugar.es comunes. Para el segundo
cuadro, ya tiene que ser düerente la "factura," y empkarse un prooedimiento distinto,
y hasta si se quiere, antitético, bien que quizá
en esta pintura hayan de usars.e oolo.res emplearlos con más frecuencia, y líneas qwe requieran menos ejecución y :maestría en el
artista. Hay que tramr, con ''brooha gorda" para que dé el efecto buscado, á un joven rubio, imberbe, sonriente, en cuyos atavíos luzcan los áureos bo:rcla.dos, los reflejos
de las piedrr-as preciosas y los cambiantes de
seda. Adelánitase á pasos lentos, y con aire de nobleza distinguida, por un parisa.je invarnal, p,ero lleno de toques d,e luz y de suaves
dlaridades celestes. A este personaje se encara el poeta escritor, y en deprecación aca,démioo, ruégale, en nombre de los tristes, de
los desconsolarlos, de los buenos, que desate
los cordones de su escaroeJa de púrpura, y derrame á manos llenas las horas felices y los
dichosos presentes durante su reinado.

VISITA A LA CAPITAL.
En los primeros días del corriente, ancló
en Veracruz el Crucero "Szighetvar,'' uno de
los mejores buques de la escua,dra austriaca.
La. noticia de que el ComandaDJte y Oficiales de la tripulación visitaría:n la capifa1
tras una corta estancia en el puerto, fué recibida por la colonia austro-húngara con el mayoo: entusiasmo. Los miembros más prominentes, orgaruzaron en honor de loo maTinos, una serie de festejos, qu,e como el banquete y el baile en el Oasinlo Memán, fueron
la nota saJiente de la pasada srema.na.
Jill. crucero, que trae una misión simpática
á las aguas de México, por ser de paz y confrnitemidoo., es uno de los más modernos de
la flota austriaca. Fué construído en los Astilleros de P o.la, de donde salió el 29 de Noviembre dieíl. año. pasado, para harer su viaje
de prueba.
El buque desplaza dos mil trescientas toruj]adas, está dota.do con veinte cañones, y
811 t ripulación es de trescientoe diecimreve
hombres.
En presencia de una comisión mexicana,
que presidía el señor Brigadier José Maria
Pérez y que nombró la &amp;c:reitaría de Guer ra, se -rerificruron el 15, en Vera.cruz, ejercicios de fuego, muy notables. Loo w.in-

Domingo 26

¡ Y tan satisfechos que se quedan los ''buenos burgueses" !

Señorita Isabel Murúa.
de premios y en los discursos de fiestas cívicas.

LAS CRÓNICAS DE ENERO.
.Fin y principio de año : he aquí una oportunidad no desaprovecha,da jamás por ga,cetiHeros y cronistas.
Estos últimos, sobre ibdo, se la dan de
filósofos con sus puntas y ribetes de poetas
y en gram.des tiradas líricas, despiden el año
que se extingue y saludan al que llega, no
sin lanzar graves cargos al que deja el puesto,
y entonar hosanas y deshaoerse en cumplidos
para el que sienta sus 1'€2iles un instante después de las doce de la noche del 31 de Diciembre.
La retórica d,e estas piezas, (¡ buenas piezas!) literarias, no ha cambiado de mucho
t iempo atrás, y mucho me temo que no haya
esperainza alguna de trarufon:nación en ella,
asi como tampoco la hay en los brin&lt;lis políticos, en las revistas de teatros, en los versos

El añejo y usa.dísimo molde no ha cambiado, y la rereta para "oofeccionar'' esta el.a.se
de lllrtículos joco-serios, es traída y lilevada
por cuantos mozalvetes andan por ahí en las
librerías y redacciones, echándosela de escritores y periodistas sin permiso de la gramática, del sentido común y hasta de sus respectivas familias.
Ya sabe bien el que sobre. tan arduo y trasoend:entad. asunto va á exprimir el magín para
Menar una ó dos columnas de periódico, 1ue,
ante todo, debe personificar el año que terminia, en un vejete agrio, barbudo, mal encarado
y andmjoso, que con tosco bordón y .raída
y pesada bolsa de viaje sobre las espaldas, baja por la tortuosa cuesta de la montaña, holiando la rueve con pies desnudos, entumecidos y nudooos.

El fondo en que debe eneua,drar Ja figura,
tiene que ser triste : un campo árido, embl.mquecido por el hielo y esmaltado por el oro
viejo de las hojas secas-persistentes vestigios
del colorido Otoño-una veintena de troncos

X.

Y. 3 .

E N LUTADA.'
Pareces una virgen doilorida
De suave y meláneoliea. hermosUTa,
Y llevas en tu frente la tristura
de todos los qtre sufren en la vida.
¡Oh! divina sonámbula! Vencida
Por tenaz y constante desventUl'a,
Pareces una virgen dolorida
De suave y melancólica hermosura.
Con tu negra y doliente vestidura
Caminas por la selva obscurecida,
·
Y en medio del silencio y la pavura,
Por tu rostro de pálida blancura,
Pareces una virge,n dolorida.
P e d ro R. Zavala.

'

�Domingo 26 de Enero de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

~es tem6lcres en Suerrerc.
Por la información que han publicarlo nuestros diarios en los últimos días, cou respecto
á los temblores ocurridoo la tarde de: lli del
corriente en una extensa zona del país, habrán visto los looto:res de "El Mundo Ilustrado" las propo.rciones que alcanzó el ienómeno en la histórica ciudad de Chilpancingo,
y en algunos otros puntos del Estado de Guerrero.
Las primeras noticias, difundidas por la

tos de la catástrofe, de los m01Tadores de aquellas comarcas, fu.é indescriptible: los edificios,
al derrumbarse, sepultaban aquí á una madre; aillá el artesano entregado á su tarea;
en el templo, á los que con sus plegarias demandaban el pan de cada día. Enmedio de la
confusión espantosa, del estruendo, las familias corrían á refugiarse á los campos vecinos, mientras un grupo de hombres arma.dos
con zapapicos y aza&lt;lones removía:n. los escom-

prensa con la vclocida.d del rayo, y ratificadas
en su mayor parte, después, por despachos
:particulares, y por telegramas del enviado de
"El Imparcial," produjeron como era de ~perarse, profunda sensación en todos los círculos sociales. El Observatorio MetoorOtl.ógico,
se vió luego invadido por una multitud ansiosa de noticias, y no fué sino después de algunos días, cuando comenzó á calmarse la excitación.

bros, para desenterrar á los infelices que habían quedado bajo ellos sepuJ.tados.
Cuanto aceirca del desastre han dicho los
diarios de la capital, resulta pálido, si se le
compll!l'a con el estado en que se encuentran
en estos momentos, Chilpancingo, Iguala,
Ta.xco, Tepecoo.cuilco, Chilapa, y otras poblaciones.
En· Chilpancingo, se celebraba el 16, eil pri-

bitó el Benemérito J uárez; pero en ésta no
se registran sino ligeros desperfectos.
El cuartel del H Batallón quedó reducido
á escombros y la tropa, provisionalmente, fué
á alojarse á una finca de la calle Nacional. La
estatua de Don Nicolás Bravo, que se levantaba en la plaza principal, sobre una columna
ele cantería, de seis metros, cayó incrustándose en el pavimento de la glorieta.

•••

Barrio de la estación del Ferrocarril, en Jojutla,
casi destrnida.

Estatua del General Nicoh!.s Bravo, derribada por el temblor,

mer aniversario de la toma de posesión del
señor Gobernador Mora, y momentos antes
de que ocurriera al fenómeno, recibía el funcionario en su despacho, las felicitaciones de
los representantes de los dist:rritos. Del Palacio
de Gobierno, sólo quedaron útil€8 algunas piezas del departamento de la Secretaría y del
Conserje; pues lo demás que no se derrumbó,
quedó á tal grado averiado, que amenaza desplomarse de un momento á otro.
La Es'C'Uela Normal de Profesoras y la Escuela oficial de niños, sufrieron tarrnbién averías de con$ideTación. La primera fué un bonito edificio. Cuando ocurrió el sini,estro, los
niños, Je la segunda, safü!ron á un jardín donde practican sus ejercicios militaxes, para ponerse á salvo.
En cuanto aJ Colegio Profesional y Normall. del Estado, está próximo á clausurarse,
debido á que por el derrumbe de algun-as paredes y las cuarteaduras de otras, está inhabitable. El Director y el Se.cretario del establecimiento, estuvieron á punto de perecer.
A hacer más triste el ou.adro que ofrecía
Chilpancingo, al o&gt;bscurecer contribuyó la
falta de alumbrado, debida á que con el temblor la maquinaria de luz eléctrica quedó inservible. Las calles, por la noche, presentaban un aspecto aterradcxr.
De las fincas históricas que se conservan
en Chilpancingo, la d·e Morelos, sufrió pocos
desperlectos; pero la del General Bravo, resultó muy averiada. En la primera, se firmó
la doolaración de la Independencia Nacional,
eil 6 de Noviembre de 1813. Hay en la capital
de Guerrero, otra casa histórica: la que ha-

•••

La intensidad del fenómeno, causó, además,
otra multitud de perjuicios, cuya enumeración no cabe en los límites de nuestro semanario. Algunas fincas particulares, quedaron
convertidas en montones de escombros y otras
amenazan venir por tierra.
Las familias, como dijimos antes, salieron
al campo, temerosas de que volviera á sentirse
el fenómeno, y algunas han plantado allí sus
tiendas, resistiéndose á volver á la oiudrud.
En los suburbios, se han instalado la mayor
parte de las oficinas públicas, y para no entorpecer los asuntos de Gobierno, se improvisó un jacalón de madera y zacate, que sirve
de despacho al señor Mora.

•••
Existe en la capital de Guerrero, un templo
de construcción muy antigua, ligado íntima~
mente con u_na ~e las páginas más gloriosas
de nuestra, historia. Ha.ce algunos años, el párroco trato de reformarlo, y hasta llegó á colectarse una buena cantidad de dinero; pero
se levantó entonces una ruda oposición y hubo de limitarse el sacerdote á la reco~rucción de una torre caída á consecuencia de un
temblor, hace varios años.
El templo á que nos referimos es la Parroquia, sitio en que se reunieron' los individ~os de la junta de Zitácuaro, con otroo pat:iotas, para formar el primer Congreso Constituyente, uno de los más preciados lauros ele
Don José María Morelos.
Los restos del General Bravo y de su esposa, se encuentran sepultados al pie de uno
de los altares. El templo está también vinculado con otros hechos salientes de la historia y se le_ considera como una reliquia de
eque~los tiempos en que los insurgentes, perseguidos por todas partes, sin recursos mantenían J?alpi~ante en el corazón del p~eblo, el
amor a la libertad y á la patria.
En la Parroquia existe también un objeto
histórico, de valía: es una campami. fundida.
á principios del siglo pasado. Esta campam.a
fué la que llamaba á congregarse en aquel recinto, á los miembros del pTimer Congreso
Constituyente.

Palacio del Gobierno en Chilpanci.ngo, destruido en su totalidad,

Este lugar, decimos, fué también sacudido
por el terremoto : sus paredes se ouartearon,
dos de sus bóvedas cayeron á tierra, con estruendo, y otras hay, que cruzadas por grietas enormes, vendrán también por tierra. La
historia sufre una gran pérdida.

población más de seiscientas casas inhabitables, á consecuencia de los desperfectos ocurridos en ellas y causados por el temblor. Las
pérdidas sufridas se calculan en más de tresoientos mil pesos.

•••
El empeño del señor Gobernador Mora, por
aicorrer al auxilio ele las víctimas, ha hecho
que éstas encuentren, si cabe, un lenitivo á
su infortunio. Personalmente ha reoorrido la
ciudad, el funcionario, distribuyendo cantidades en numerario entre las famriJ.ias necesitadas, y dando alojamiento seguro á los infe1:ices que en un momento quedaron sin hogar.
La filantropía particuilar ha puesto asimismo
en juego, todos sus recul'SOS, y aun de las poblaciones lejanas, se remiten sUJilas que las autoridades se encargan de distribuir á los pobres.
Para que nuestros leotores tengan una idea
de lo que el fenómeno del 16 significa para la
capital de Guerrero, diremos qoo hay en la

El centro del t.errible fenómeno, sin precedente en Chilpancingo, fué según datos
de la oficina Meteorológica, el Estado de Guerrero. En la carta de la República, señaladas
con curvas cerradas, se ven cuatro zonas: la
primera, que comprende eil territorio mencionado, donde el temblor se hizo sentir con
mayor intensidad; la segunda, donde se sintió
muy fuerte; la tercera, donde la intensida&lt;l
fué un poco menor, y la cuarta, donde el fenómeno fué débil. Las últimas curvas comprenden parte de los Estados de Moreil.os, México, Michoacán, Colima, Guanajuato, Querétaro, Distrito Federal, Hidalgo Jailisco, y Oaxaca.
El 17 vOilvió á sentirse el temblor en la
capital, en Tuxtla Gutiérrez y en Tehuantepec, repitiendo en este último punto el 18,
y en Chilpancingo el 19 y el 22.

Patio del hotel de Iguala, destruido por completo.

•••
En ningu.na de las zonas que abarca el plano formado por el Observatorio, causó el fenómeno destrozos y consternación tan grandes
como en Guerrero, donde ciudades entregadas
en plana paz, á una laboc de progr-eso y de
oTden, han visto en ruinas sus más preciados
edificios; destruidos sus templos, y rotas, por
tierra, sus estátuas; toda una suma de actividad y de trabajo incesantes.
El pánico que se apoderó en los momen-

Domingo 26 de Enero de 1902.

Casa del General Bravo, en Cbilpancingo, deteriorada por completo.

Parroquia de Iguala. [Se destruyeron sus torres.]

Sin alcanzar las proporciones á que llegó
en Chilpancingo el desastre, en otros puntos
d~l Estado, como decíamos, se lamentan pérdidas de más ó menos consideración y que
sól-0 podrán repararse á costa de nuev~ y contínuos esfuerzos.
Los relegramais anuncian que €n algunas p0bl11Ciones, el pánico llegó á S'U más alto grarlo.
En Iguala, además de un portal y la escuela
de niños, se denumbaron las torres del templo Parroquial, que se enouentra en la pintoresca plaza de los Tallllarindos. Como se verá
por nuestro grabado, las torres eran de construcción ~ moderna que el resto del templo, y. constituían _un bonito ornato para la
pobla.c1ón. La Ha01.~n~a de Atlixtoc, propiedad del General Fnsb1e, que iba á ser inaugura.da al día s.iguiente, sufrió grav€S averías,
sobre todo en la capilla, cuya cúpula se derrumbó por efecto de la sacudida.
Otr~ ta:1-to puedie decirs,e de Clúrlapa, donde
se registro el despJome de las torres de San
José y San l!'ra~cisco, sepultando bajo las ruinas á un estudiante y á una señora. Se derrumbaron también loo po.rtaJ.es y multitud de
fincas.
En Tupecoacuilco y en Copanatoyac las
casas del Ayuntamiento, son hoy moi::tones
de escombros. El templo de esta última pobl~.

�EL :MUNDO !LUS'l'RADO

Domingo 26 de Enero d.e 19ó2.

Domingo 26 de Enero de 1002.

EL MUNDO ILUSTRADO

ron a!lgunos derrumbes en las montañas, de
cmya.s cimas se desprendieron grandes rocas,
que se precipitaban sobre los valle.s y los barrancos.
En algunos puntos, las aguas del río Mezcala, salieron de su cauce, damamándose por las
riberas, y en otros lugares, los campesinos tuvieron ocasión de observar un curioso fenómeno : el alumbramieruto de corrientes de
agua subterráneas, debido á Jas grietas que
se abrieron en el terreno.
El camino de Iguala á Chilpanóngo, quedó
cubierto de predra.s, árboles arrancados de
cuajo por el temblor, etc. El cuadro que
ofrece toda la coma.rea es desgarrador.

cCas demolicioqes en j'lléxico.
•

•••

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Interior de la Parroquia.

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Sexta calle de Rea.

ción y la Escuela de Niños, a.sí como otras fincas, quedaron también reducidas á polvo.
Zumpango y Coatepec sufrieron grandes
averías. En eJ primero se derrumbó la escuela, resu:l.hl.ndo lesionadas la. DirootOTa y
ailgunas alumnas.
Una veroadera coincidencia c001tribuyó á
que Zumpango quedara casi totalmente destruido; P U€S en los momentos en que el seísmo se dejaba sentir con más fuerza, y cuando
sus habitantes salían en ma;;-a, en busca de
lugru·es seguros para. alojan:;e, se declaró un terrible incendio en una choza, que no tardó
en propagal.'f'e á los jaca,les cercanos y á aJgu n11s de las casiias que quedaban en piie.
Durante el fenómeno seísmico, se registra-

Aspecto de la demolición de la manzana donde se encontraba el templo de Santa Isabel,

EL TEMPLO DE SANTA ISABEL.
Damos en esta plana una fotografía del
camp o, lleno ahora de escombros, en que se
levantará el futuro edificio del Teaitro Na,.
cionaJ.
Toda una manzana, de las dos que adquirió
nuestro Gobierno para demolerlas y erigir
en su lugar el Teatro, ha sido derribada : vigas, vidrieras, capiteles rotos; masas informes;
es lo único que sobrevive á esa. labor lenta,
¡xaro destructora, de la. pica. En confuso des-

orden, operarios cubiertos de polvo, y carros
que orujen al peso de su carga de escombros,
cruzan en todas direcciones el campo· . . . Dentro de breves días no quedará de aquel hacina.miento de casas que todos conocimos, ni la
huella más leve !
Con la demolición de esa manzana, ha desaparecido para. siempre un viejo templo, el de
Santa Isabel; una de aquellas construcciones,
valga la frase de nuestros abuelos, hechas para toda la vida : recilllto de{,tinado, primero
01l culto religioso y d€Spués á necesiid.ades de
la vida comercial ordinaria.

Sa.nta. I sabel, como casi todos los templos
antiguos, estaba consagrado por tradiciones y
anécdotas y quizás, su desatparó.ción, para ailgunos, coneiñtuya una pérdida irreparable.
Nosotros quisimos guardar, del viejo templo, una impresión fotográfica para ofrecerla
á nuestros 1€-clores: -es la última faja de sus
muros, en los momentos en que va á desploma,rse. Y creemos que nuestros abonados
la verán con gusto, porque las aceras del frente de Sta.. I sabel y la esquina de S. Francisco,
estaban en ese instante llenas de espectadores.

QUERELLABAN LAS FLORES......!
Y así rimó sus quejas el lirio: Estoy muy triste
poirque este blanco traje con que el señor me viste,
no ee el más eucarístico ni el más inmaculado:
He visto algo más blanco !
Y el mirto enardecido, temblando de coraje
me dájo : Ya la púrpura. sangrienta de mi traje
ha sido superada por otra.; estoy celoso :
Yo he vieto allgo más rojo.
Crispando sus a-rterias la. viuda pasionaria.
gemía: No es tan negra mi ropa fune-raria.!
Y tengo mucha envidia, y tengo muc,hoo celos
porque hay algo más negro.
Y la magnOilia histérica, que lenta se consume,
l'lomba la derrota de su gen,til perfume,
diiciendo: Ya no impera la esencia de mi oolos,
Hay algo q11e es más suave !
¡ Oh pobres derrotadas! Depongan sus agravios
que mi sultana pasa, y ell. roio de sus labios,
la sorrnbTa de sus ojos, su aliento v su blancura.
son siempre más hermosos oue todas vuestras túnicas!

Aspecto de las bóved.;;, ele la Parroquia.

Cnsa Municipal de Tenango del Río, completamente
destruida.

...

~

Con detailoo tan sensibles como los que hemos transcrito, podríamos lJena;r nuestras
columnas; que tantos son los sucesoo lrumentahles de que fué víctima. el Estado Suriano,
y tan dolorosas las escenas que se desarrollaron en los momentos angustiosos de la catástrofe. Cuentan los ancianos de Chilpancingo, que no tienen memo.ria de sini,estro semejante, y que n'UilCa, por efecto de un temhl.or, ha.bían pre...&lt;&gt;enciado el espectáculo que
hoy ofrece la. ciudad de los Bravos.

Mucho ha perdido Ohilpancingo á consecuencia del terrible fenómeno, y mucho pierden también las pequeñas pohlacionles que
han visto desmorona¡rge las chozas de sus moradores, sus escuelas y sus templos; pero ese
carácter batallad{ll}' de sus hijos, tanto en la
guerra como en la paz, hará, no lo dudamos,

JOBE F. ELIZONDO•

•••••

TRÉMOLO.

Estarlo en que quedó la e~tatua del Gral. Bravo.

Palacio Municipal de Cbilpancingo, con notables desperfectos.....::l

que la reconstrucción de lo perdido sea pronto un hecho ha:lagador, para bien de aquellas
oomarcas dignas por sus antecedentee, del
más a,lto grado de prosperidad y de progreso,

La caida del último pilar.
Instantánea de ''El Mundo Ilustr1&lt;do."

D11ro, duro, duro, cual martillos en la fragua,
Los dedos crispados arrancan notas vibrantes
One suenan y men11n cual cayendo chorros de agua
Baio frondas blondas en las ondas incesantes.
Zumban y Ti tumban las notas graves del piano
Cual ck·lón que emerge de profunrl.a catacumba
~
'
-1 en roncos y broncos acentos habla el arcano
Con són seco y hueco como el eco de una tnmba.
Gárrulas, ligeras, cantan las notas centrales
I ,a canción perenne ele misteriosas ternura,:,
Y hablan, hablan, hablan con sus fáciles vocales
Hasta que se pierden en extrañas tessituras.
Entonoo, repican cual divinas campanitas
Las tiplei,-las niñas que aman los gráciles trinos- '
Y ríen )' trinan cual guijas que tienen citas
En límpidas linfas de murmullos ar¡rentinos.
Y fü\1 triunfa el trémolo. retreteante catara.ta
Como tiroteo fiero, frágil, raudo, seco;
Y el trémolo artista que los trémolos desata
T rema en las muñecas sus falanges de muñeco.
/IIIANUEL M . BERMEJO

�Domingo 26 de Enero ele 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

[L MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 1.--NÚM. 5.

MÉXICO, FEBRERO 2 DE 1902.

Subscripción au:,uual forli.nea,

S1

Gerente: LUI&amp; Rtl'l'.5 &amp;PINDOLA.

Director; LIC. RAf'AlL Rtl'l&amp; &amp;PINDOLA.

P~RFUME D~ INYl~RNO,

60

Idt:m. ldem. en la c-.plts.1, ,. 1.25

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 26 de Enero ele 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

[L MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 1.--NÚM. 5.

MÉXICO, FEBRERO 2 DE 1902.

Subscripción au:,uual forli.nea,

S1

Gerente: LUI&amp; Rtl'l'.5 &amp;PINDOLA.

Director; LIC. RAf'AlL Rtl'l&amp; &amp;PINDOLA.

P~RFUME D~ INYl~RNO,

60

Idt:m. ldem. en la c-.plts.1, ,. 1.25

�EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 2 de Febrero de 1902.

UN ALTO DE ASHAVERUS.
(Traducciones espeoiale@..,de "El Mundo Iluatrado.")
Era el día lo. de Enero, el cielo en calma,
terso; parecía de plata mate. Un planeta brillaba: Júpiter, el que no se extingue antes de los
fríos del alba. Llegó el tiempo de que se apagase. Lentamente, por el Este, del lado de París, ascendía un resplandor de luz rosa y malva. Después al nivel del camino blanqueado
por la nieve, aparecía u,na pequeña esfera de
oro.
-El Sol, murmuró Ashaverus tiritando.
Un pajarillo de larga cola emprendió el vuelo. Y con voz melancólica, extraña, arcáica,
Ashaverus repitió:
-El Sol.
Sacó luego esta consecuencia:
-Son las siete y cincuenta y oois minutos.
¡Pobre del viejo Judío Errante! Nunca había tenido relox, pero estaba acostumbrado á
reconocer los fenómenos que sucedían en el firmamento, y en ellos sabía leer perfectamente
la hora.
No se equivocó cuando dijo que eran las
ocho menos cuatro minutos. Luego abrió desmesuradamente loo ojos y la boca, y arrojó un
hondo suspiro.
Era natural; había caminado toda la noche,
y caminaba desde hacía tantos y tantos siglos,
que estaba verdaderamente cansado del largo,
del sempiterno camino. Aquel suspiro delataba mil y mil años de lasitud.
Pero aquella mañana el milenario vagabundo no estaba solamente agotado por la fatiga,
también se sentía transido de frío y acosado
por una hambre atroz. En Saint-Germain, en
Laye, en Croissy, en Malmaison, en Suresnes,
por todo eso que acababa de atravesar penosamente, no había podido comprar algo que comer, porque las tiendas estaban cerradas Y
hasta ·10s mozos de las tahonas dormían. Y
ahora, desde el Bosque de Boulogne, el Judío
Errante se enoaminaba hácia París, que el sol,
como un puñado de oro, perecía señalar allá
detrás de los árboles cubiertos de nieve.
Muy bonitos eran aquellos árboles, y tenían
algo de cómico. Algunos, en su blancura parecían pierrot ó muchachas que iban de boda,
de otros se hubiera dicho que tiritaban en camisa. Las altas ra:mazonoes cubiertas de copos
recordaban los gorros de algodón; la nieve que
pendía se antojaba flotante barba de anciB.llO
graciosamente pensativo. Pero con la nariz
amoratada como una berengena, el estómago
vacío, los piés deformes por el frío de la nieve y las correrías inmemoriales, Ashaverus no
tenía humor para divertirse con aquellos fantasmas blancos. Con la cabeza inclina.da, caminaba viendo únicamente sus pobres piernas
que no tenían reposo entre aquella agua congelada; de vez en cuando estornudaba á la antigua usanza.
-¡Atchil Brr .... brr ... ¡Por mis deseos!
Sus deseos, su triple deseo: comer, calentarse y descansar. Probablemente comería aun
cuando fuese un poco tarde; quizá el sol de
medio día le diese calor; pero descansar ....
¡Oh! no, descansar, nunca. No había conocido,
no conocería jamás la dulzura del reposo, el
goce de la inmovilidad. Lanzó un nuevo suspiro arcaico; después levantó la cabeza.
Precisamente llegaba á la puerta de la Muette, y aapirando el aire, pereibió olor de vian-

Domingo 2 de Febrero de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

das. Se le exitó de tal mroiera el hambre, qu{\
llegó á olvidar la excesiva fatiga; aipresuró el
paso, y sacando de la bolsa sus cinco sueldos legendarios, los llevó en la diestra nudosa, dispuestos para darlos al primer vendedor de comida que se presentara. De esta m,mera ~ internó en la calle de Passy, casi desierta y todavía silenciosa.
De pronto- dió con una panadería: de cada
lado de la puerta, en las mesillas, h&lt;tbía biscochitos, panes dorados y roscas calientes. El Ju
elfo Errante hizo un gesto de pla~er. Se aproximaba, con la mano ya extendida para tomar
cinco roscas, cuando se presentó á su vista una
muchachita de aspecto miserable que, con la
boca abierta y los ojos húmedos, admiraba
con extraordinaria codicia la mercancía del panadero. Era blonda, pálida como la nieve_ virgen que, á través de los bosques, acababan de
hollar los piés túrgidos é inquietos de Ashaverus.
El Judío experimentó un sentimiento desconocido. Retiró la ávida mano con que iba á tomar el pan, y bruscamente dió los cinco sueldos á la muchachita blonda y pálida. Después,
pronto, muy pronto, siguió su camino.
Sacó de nuevo cinco sueldos de su bolsa fatídica. Más y más apremiado por el hambre,
miraba á derecha é izquierda buscando otro
vendedor. En la esquina de la calle Guichard,
en el suelo de la iienda de un frutero, vió un
gran cesto de mimbre cargado de manzanas y
de naranjas mandarinas. ¡ Admirable suerte:
"Dos por cinco francos" decía una etiqueta.
Y rebosante de gula Ashaverus, se apresuraba
á tomar dos de aquellas naranjas perfumadas,
cuando se le puso delante la misma pobrecita
de antes, con los labios descoloridos y los ojos
llenos de lágrimas.
-¿ Qué quieres? le preguntó con dulzura.
Había corrido tras de él para darle las gracias por la limosna. Por segunda vez experimentó una gran sensación, y por segunda vez
también, dejó caer sus cinco sueldos enlamanita de la niña. Después, alejándose, volvi6 la
cabeza y le gritó :
-No puedo detenerme, pero si me sigues, t.e
daré más sueldos, muchos sueldos, para que
festejes el primer día del año. Quiero que hoy
comas pasteles ¡ toda clase de dulces. También
comprarás juguetes.
Y siempre caminando, llevaba á cada momento la mano al bolsillo, de donde sacaba cada vez cinco sueldos y los daba á la pobrecilla, que lo seguía maravillada, radi8lllte de alegría. Aunque pasaban cerca de muchos vendedores de comida y de fruta, el hambriento viejo vagabundo no compraba nada para él y, taciturno, se sorprendía de su valor, de su generosidad, de su insólita y magnánima caridad.
De cinco en cinco sueldos había dado una
docena de francos á la muchachita. Esta, por
su parte, ya dudaba de tener donde guardar
aquel tesoro, y además, ya estaba jadeante, sus
piernecitas se negaban á correr por más tiempo detrás de aquel viejo que era tan piadoso
como apresurado en su marcha. Dispuesta á
regresar bUSC!aba algunas palabras con que hacer patente su gratitud. Ashaverus estornudó:
-Atchí.
-Dioe oa bendiga,--dijo la niña blonda.

,/ ,

Y sin añadir más, hizo un guiño cariñ
y presentó al viejo su frente pálida. El Ju.
dio Errante comprendió la ternura de aquel
gesto; pero también comprendió que para ~
sar aquella frente le sería necesario detene
un poco. ¡ Detenerse, era imposible! lo sab
Sin embargo, hizo un esfuerzo supremo,
cuanto pudo sobre sus piés, se inclinó . .. •
La niñita volvió á decir sonriendo:
-Que Dios os bendiga· ....
¡ Oh milagro! Ashaverus se había dete
Abrazaba á la niña y permanecía inmóvil. F.
tupefacto, se frotó los ojos, se pellizcó la
riz. ¿ Soñaba? No soñaba. Entonces ¿iba
minando? Tampoco caminaba. Se sentía
trastornado con aquel prodigio, que no a.ce
ba á explicárselo, ni á regocijarse por él.
cuerpo se doblegaba al peso de tal cansa.nci
que instintivamente dejó caerse en el
lo. . . . ¡ Se había sentado 1
Era cierto, estaba sentado cerea de
banqueta, sobre un montón de nieve. La m11
chachita blonda y pálida se mantenía de pie
ante él, y en absorta beatitud, comenz6
nuevo á darle sueldos, con los que ella iba
nando su delantal que tenía recogido por
puntas inferiores. Ambos callaban, y cu
el delantal estuvo bien lleno, dijo la niña:
-.Ahora es necesario volver á casa, y e
parece que esta.is de menos prisa que an
debeis venir conmigo. Conocereis á mi m
Es tan buena como vos, aunque mucho
pobre. En nuestro hogar falta el lujo, pero •
duda que estareis más bien sentado que sob
este montón de nieve.
Ashaverus vacilaba. La muchachita insi
con las manos unidas en actitud suplicant.e
-Vamos, buen anciano,un poco de valO?
Levantaos y seguidme.
El Judío Errante se puso en pie con un m
vimiento casi automático, y siguió á la ·•
Atravesaron dos ó tres calles estrechas y eoli
tarias. De pronto la muchachita se detuvo.
-Aquí es. Esta es mi puerta .... T
tan, tan.
Una mujer abrió; el anciano entró solemnemente. Miró una silla y se acercó á ella co
esta preocupación angustiosa:
-¿ Podré detenerme de nuevo? ¿ Podré se
tarme otra vez?
Se sentó, y un gran suspiro de satisfacci6
llenó su pecho. En un momento se hizo
de lo que era aquel hogar, y tan pobre co
era, lo encontró agra.dable y suntuoso.
pués cruzó los brazos, cerr6 los ojos y se p
á reflexionar, para explicarse el milagro
que era objeto. Comprendió todo lo caritati
que había sido para con la niña, y que por
recibía una recompensa tal.
-Si, sí,- insistía, -he sido sublime. J
el mundo ha tenido un ser ta,n caritaitivo
roo yo.
Y para seguir mostrándose caritativo Y
blime, llamó á la mujer que había abierto
puerta, y comenzó á arrojarle sueldos, ¡ los e·
co sueldos! una, dos y muchas veces.
Sin embargo, sin que él lo previese, su gen
rosidad fué siendo menos y menos pura. Se 1
mezclaba la vanidad, y poco á poco el ego
mo. No era un sacrificio el que se imponía
J udio Erre.nte; todo lo oonirario, pa.lpa.ba

provecho que le traia su largueza, y también
el que le traería más tarde. Decía:
-Tomad esos sueldos, tomadlos 'Pronto buena mujer, porque tengo frío: Id por leña y encended un fuego muy vivo; tengo hambre:
Id por proviciones y preparad un copioso festín. Levantad esos sueldos, siempre los arrojo,
é id por vino; ahí teneis para comprar los licores más finos; traed cigarros de á. . . . cinco
sueldos, naturalmente. Es el primero del año,
dia de gusto !
Encendido el fuego y dispuesto el festín,
Ashaverus se sentó á la mesa de una manera
ruidosa y caballeresca. ¡Sublime! ¡Estaba sublime ! ¡ Había conquistado qué diablo! el derecho de sentarse, de calentarse, de sustentarse
como todo el mundo, y de beber mejor que
todo el mundo. Y apoltronado en su sitio, con
la espalda vuelta á la lumbre, comía con apetito brutal. De vez en cuando lanzaba verdaderos chorros de risa; se echaba hacia atrás y
se daba palmaditas en el abdomen anormalmente redondeado. Llenaba hasta los bordos ~
vaso, y lo desocupaba de un solo trago.
-A mi salud !-brindruba.-Estoy sublime!
Y o soy quien ha pagado el fuego, la comida y
la bebida; ,sí, yo lo he pagado todo!
A veces afectaba aires protectores; miraba con
soberbia la pobreza del tugurio; contaba historias que eran mentiras; aseguraba adorar
los viajes, los largos, los interminables viajes,
y que si hasta entonces con todos sus sueldos
no había comprado caballos y berlinas, era
porque le gustaba caminar á pié: en lo sucesivo quería reposar ¿ En dónde? Qué había de
hacer, por necesidad se quedaría en aquella
pobre casa. Sin embargo, exigía que la adornaran un poco; necesitaba tener un buen sillón, un buen diván y una buena cama. Sería
necesario también que las comidas estubiesen
á su hora, y el fuego encendido siempre.
-Quiero ser sublime, quiero pagarlo todo.
Pero ....
Pero en su entusiasmo, Ashaverus no advertía que poco á poco se iba levantando, y
que ya no estaba cómodamente sentado. Y,
dando un violento golpe sobre la mesa, dijo
con un tono lleno de jactancia:
-Pero creo que se me servirá bien!
Y acabando de pronunciar esas palab::as,
dió, á su pesar, un paso en la sala. Un gato le
rozó una pierna, é indignado tomó al felino y
lo arrojó por la ventana. Des'Pués quiso volverse á sentar, pero no pudo. Se puso lívido.
Sus piernas se agitaron, haciéndolo marchar.

El Presidente de la República Cnbana.
La República de Cuba, constituida hace poco tiempo, acaba de proceder á la elección de
su primer presidente.
Tomás Estrada Palma, que es en quien recayó el sufragio de sus compaitriotas, nació en
Bayamo, parte oocidental de la isla, el año de
1837. Comenzó sus ,estudios en la Habana, y
fué á terminarlos en Sevilla. España, volviendo luego á la isla para desempeñar por algún
tiempo la profesión de abogado.
Cuando estalló el movimiento separatista,
en el año de 1868, figuró personalmente, con
el fusil en la mano, entre los más ardientes
partidarios de la causa. Su respetable madre
lo había querido acompañar, dividiendo con él
las fatigas y los peligros de la campaña. Desgraciadamente la anciana cayó en poder de las

•

Vuelto en sí repentinamente, comprendió que
el anhelado reposo tocaba á su fin, y murmuró con desesperación :
-Yo tengo la culpa. Tan corta como ha
sido la tregua, ha durado más tiempo que mi
caridad.

Luego caminó á lo largo de la sala y salió,
avergonzado y con la frente baja.
Tomó la calle y se alejó á gran prisa, tan
Judío Errante como antes.

fuerzas españolas, y fué llevada á pié, por caminos fatigosos, bajo los rayos de un sol im-

resolvieron atarla á un arbol y aibandonarla.
No tardó en sucumbir á las privaciones, y sin-

J(enry ~aufl¡ier Vil/ars.

tió el agotamiento con todos sus síntomas horribles. Su hijo llegó para estar en su agonía.
Poco tiempo después, Estrada Palma debía dar
una prueba hermosísima de la generosidad de
su caráober, defendiendo á un comandante español ante el consejo de guerra. Obtuvo gracia
para su enemigo, y como la defensa calurosa
llamase la atención de sus compatriotas, les
dijo: "Adoraba tanto á mi madre, que no era
posible abrigar en su memoria el menor sentimiento de venganza."

placa.blie, y como era natural, sus energías la
vencieron al grado de que los jefes españoles

Fué despué.s tomado prisionero cuando el
gobierno revolucionario lo proclamaba Presidente de la República. Lo llevaron á Guibarra y luego al Castillo del Morro. Durante sú
prisión tuvo un rasgo que corre con la celebridad de lo -ainecdótico: Cuan.do se pasaba lis-

�Domingo 2 de Febrero de 1902.
ta en la prisión, se citaba su nombre,
y nunca contestó como los presidiarios: ''Presente," sino que ~uivo-

EL MUNDO ILUSTRADO

Et :MtJNDO !LtrSTRA:bó
dolores apenas salpicada aquí v :illá
de cont·1'1os goces. Vivimos toda una
vida aspirando, proyecta.neo, inten.
tando, tuchando y en el momento de
lograr no nos queda ID.ás que d
amargo resabio de haber emprendido mucho para lograr casi nada. La
dicha es e&amp;pejismo que suele desvanecerse cuando se cree haberla conquistado; el goce se evapora y se disipa al tocarlo; el dolor subsiste y
dura como el úniro medio sólido de
la existencia.

ca.ndo la palabra contestaba: 'Presidente,-agregando,-de la República. cubana."
Allí supo la conclusión de los t ratados de paz, fundados en las promesas liberales del General Martinez
C~pos, con los cuales se pnia térmmo á la guerra de Diez años
Fué puesto en libertad luego que
terminaron definitivamente las hostilidades, y luego salió para Honduras, donde el presidente Soto le dió
•••
el cargo de Director General de Correos. Algunos años después marchó
Los filósofos uar. vendo !Jl auxilio
á los Estados Unidos, para fundar
de los pesimistas y han dicho: la vida
un colegio en "Central Valley."
tiene necesariamente que ser mala
En 1895, los cubanos, seguros de
para el hombre; con solo ciue le pa1~ ª}'.U-da de los Estados Unidos, proreciera buena y con mayvr razón si
siguieron la obra de emancipación.
lo fuera, ¡ adiós progreso! ; adiós lup residiendo E:;trada Palma el Cocha por la vida! ¡ adiós selección namité Revolucionario de :Nueva
tural! ¡ adiós mejoramiento humano!
York, reemplazando á José Marti
~l hombre, satisfecho ch la vida, no
que había muerto en el comba~e de
Eerá jamás ese luchador heróico, ese
Dos Ríos.
trabajador infatigable, ese ambicloso
Recogió fondos, organizó la proinsaciable que conocemos como el ti.
paganda, dirigió los envíos de armapo más acabado de la especie. Satisment o, de municiones y de medicifecho y contento de lo que existe no
nas, destinados á los insurgentes. Y
propendería á reformarlo ni á meluego que se hubo realizado el triunjorarlo y quedaría reducido, como
fo de la causa, tomó tranquilamenfakir oriental, á la muda contempl:it e en camino de su colegio de "Cención de su propio vientre. El protral Valley."
greso tiene por látigo el dolor, y
Tal es el hombre á quien sus compor espuela el descontento, y puee
patriotas han te'nido la seguridad de
que el hombre progresa, y pues que
reconocer como enérgico y desintemientras más progresa más quiere
resado, y cuyos eminentes servicios 1--------=---:---:---:-:----:---- ----::--::--- - -1 progre~ar, no puede dar&amp;e mayor
lo elevan á la presidencia de la
Sr. Federico Henrlquez OarvaJal11
Delegado de la Répública D.)minicaoa, á l a 2"! Conferencia Pan-Americana.
prueba de su profundo, radical y
nueva República.
fundado descontento de la vida ni
Representa el partido conservador que juzga
mejor demostración de que la vida en sí misreforzar las huestes de los optimistas, probanque la independencia de la ''Perla de las Antima es mala. Y lléraclito gime.
do por a más b que el sufrimiento en sus dillas" no era viable ni profícua. sin la protec¿ De parte de quién está la razón y á quien
versas formas: neuralgia, desencanto, miedo,
ción de América.
asiste la justicia? Los psicologistas han terambición burlada, amor no correspondido,
proyecto fracasado, bancarrota propia, deslealciado en la contienda. Para ellos la vida no
tad agena, pesimismo, es una pérdida de fueres mala realmente; pero tiene necesariamente
que parecerlo. Una ley del aspíritu quiere que
za orgánica y de vida, y del placer en sus diversos géneros: ambición satisfecha, amor
el recuerdo del dolor y la memoria del sufricorrespondido, fortuna. acroot1D.tada, vigo.'r,
miento sean más prtin11ces y más vivos gue
salud, alegría, es un incremento de fuerzas
los del placer. A través del tiempo, de todo
y de vida. Siendo esto así, dicen, forzoso es
lo que hemos gozado queda pues, huella en
Desde que existe la humanidad ó por lo
que el incremento de vida supere á la dismila memoria. Llevamos un inventario casi
menos desde que el hombre ha. ~omenzado
nución ó merma de ella para que el hombre
completo de todos cuantos dolores y penalidaá da!se cuenta de ~a vida y de sí mismo, á
pueda subsistir y para que pueda -conservarse
des hemos sufrido y en nuestro activo de sa~arla Y, á, analiz!lrse, á juzgar de ella y
ca.da día mayor número de años. De otro motisfacciones y de goces faltan innumerables
á Juzgarse ~ s~ propio, dos principios opuesdo agregan, si en la cuna comienza el dolor,
partidas.
tos, dos criterios contrarios dos tendencias
es decir, la pérdida, el "egreso" de vida, y si
A semejanza de un mal tenedor de libros
div~rgentes se en-cuentran f~ente á frente y
el placer ó goce, que son la ganancia ó "inhemos anotado todo el egreso y solo una que
se disputan el derecho de valorizar la vida y de
greso" corespondientes, no vienen á compenotra vez y como por mero accidente el ingreso
calificarla de buena ó de mala, de aceptable
sarlo y superarlo, ¿ cómo es que el niño llega
en balance, resultamos en bancarrota, sin
ó de despreciable.
á adolescente, el adolescente á joven y éste á
estarlo realmente. Es e.;;te el primer origen
~ lado, los optimistas juzgan que sin
hombre adulto, acumulando siempre vida, videl pesimismo. El segundo consiste en creer
pe11wc10 de los contratiempos, de los dolores
gor, energía, talento, ciencia. y actividad?
que el verdadero goce consiste en "poseer,"
y de las crisis que entrañan y forman parte de
cuando en realidad el verdadero placer está
Mala la comparación: á los ojos de los fisiosu esencia, la vida es, en el fondo, a.oeptable,
en ''adquirir." Poder, gloria, riqueza, amor,
logistas el concepto primitivo de la . vida
~evadera, buena, en suma. No es el paraíso,
todos los bienes de la. tierra que nos parecen
equivale al absurdo de suponer un tlll~co
sm duda; pero tampoco el infierno. :No es jaudeliciosos, mientras bregamos por alcanzarlos,
agujereado que oiercle más agua que la que
ja, evidentemente; pero tampoco el muladar
suelen parecernos insignificantes cuando 'y&amp;
recibe y que puede, sin embargo, conservar
de J ob. Verdad es que existen la -enfermedad
los hemos logrado y nos juzgamos, equivoca·
por años su caudal líquido y durante muchos
y la muerte; la guerra y el vicio; la epidemia
da.mente, chasqueados cuando nos hemos sade ellos acrecentarlo hasta. colmarse. Y Hey el cataclismo; el desengaño y el hastío; pero
crificado por llegar á ellos, olvidando que el
mocrito ríe ... .
no lo es menos que existen la juventud y la
verdadero placer consistió en conquistarlos
.A estos razonamientos contestan los pesisalud; la paz y la virtud; la fuerza y la cieny en acrecentarlos.
mistas con el testimonio universal y apelan
cia; la ilusi?n y la esperanza; el amor y el
Ante estas razones los optimistas baten
al de los mismos optimistas. No; la vida es
p1~r; la riq~eza y el poderío. Para los optipalmas
y cantan victoria; pero en realidad
dolorosa y trisbe; y lo es no sólo para Job lemistas, el ego1smo humano, la sed insaciable
los
triunfadores
son sus adversarios. En
proso y miserable, para Hamlat ca.rcom;i.do
de goces y de satisfacciones, la falta de estoiefecto,
¿
de
qué
puede
servirnos, ni qué conpor la duda, para Otelo devorado por los cecismo y de filo&amp;&lt;&gt;fía práctica, son la causa de
suelo
traernos
el
saber
que la vida es en rea·
los, sino también para César glorioso y podeque la vida nos parezca, sin serlo en realidad,
lidad
buena,
si
á
la
vez
resulta evidente _que
roso, para Creso archimillonario, para Don
dura, triste, amarga, dolorosa é insoportable.
siempre nos ha de pareC'cr mala? Al hipoJuan
siempre
amante
y
siempre
amado
para
Si fuéramos un poco más "je m'enfichistas"
condriaco no le consuela saber que sus males
Napoleón siempre victorioso; y es más dolorocomo dicen los franceses, todo nos parecería
son imaginarios, si sus sufrimientos s~n
sa
y
cruel
para
los
más
grandes:
para
el
Danmejor y más estimable y la vida nos resultaría
efeotivos y á nadie se le cura una neuralgia
te, para Miguel Angel, para Felipe II, para
dulce y llevadera; pero da la desgracia de que
rliciéndole, como alguno~ médicos lo hacen:
Torquemada,
para
Ignacio
de
Loyola,'
para
nos pasa lo que á los inapetentes y á los dis"fü,
puramente nerviosa.'' Basta que una cosa
el Sultán de Turquía, como para el Czar de
pépticos, que echan la culpa á la cocina y al
parezca mala para que lo sea realn:ente _á los
Rusia,
sin
que
deje
de
serlo
para
los
desherecocinero de lo que, en suma, no es más que
ojos del interesado, y nos tiene sm cuidado
dados y para los humildes.
au.lpa de sus propias enfermedades, -cuan.do
el que la vida sea una fuente _brotante de
no tienen hambre, que el manjar es detestable
Basta tan sólo volver la vista atrás y resugoces si nos aparece como un semillero de doy cuando n,o lo digieren, que está mal condicitar en la memoria el pasado para quedar de
lores. Las observaciones psicológicas á ~
mentada.
ello convencido. El período más dulce de la
respecto podrán hacernos más justos Y eqlll·
Los :fisiologistas modernos han venido á
existencia nos aparece como una cadena de
tativos con los hombres y las cosas á que acba•

OPTIMISMO YPESIMISMO.

J?e.

Domingo 2 de Febrero de 1902.
decía el excén~ico español, hace unos cuantos centenares G.e años.
De entonces acá creo que no han variado
mucho las cosas.

camos nuestras desgracias y á que atribuimos nuestros dolores; pero no &amp;e ve cl~o como ellas basten jamás á. hacernos considerar
mejor la vida y á hacernos á nosotros más
felices. Sólo, acaso de un modo: haciéndonos
más sufridos y resignados.

~aqiel €ysseffe.

MADBIGAh.
Sea t u palidez la de los lirios
castos; no la. mortal de triste Ofelia
torturada por todos los martirios.
El óvaJ.o impecable de tu cara
tenga. el viviente albor de la camelia,
no la muerta blancura de Carrara.
Y en tu alma de luz caiga mi verso
como un rayo de luna sobre el terso
crú.stal de limpia fuente.
¡ Oh tú ! la pura
floración iderul. de la blam.cu:ral

HUMOR LIJERO.
LOBOS Y BUITRES.

'ii

Hay en todas las cosas una alma de verdád,
decía el filósofo. IIay en todos los tinterillos
una alma de maldad, digo yo que también
suelo ser filósofo, aunque mayormente no lo
parezca.
El bueno de IIugo en uno de sus juveniles
arranque de jacobinismo, escribió aquella frase, gastada en fuerza de mano&amp;eos periodísticos como una moneda de cobre: en todo pueblo hay una luz: el maetro de escuela ; y encima de ella una boca que sopla : el cura. Pues
este relumbrón retórico puede también parodiarse, aplicándolo al caso: en todo juicio menor hay una 1uz; el juez: y encima una boca
que sopla: el tinterillo.
El mal es muy viejo y aquí y en todas partes, mientras los códigos ''hagan" metafísica.
será irremediable. El criterio jurídico, según
aseguran los hombres serios, no ha tomado
aún con toda firmeza el camino positivo. El
Derecho, dicen eoos gentes, arrastra en su corriente muchos errores, sutilezas y arcaísmos
de las antiguas legislaciones.
Pero como á mí los hombres serios me dan
risa, sigo pensando en que es eternamente
cierto el aforismo de Don Luis Mejía: las leyes se han hecho para los débiles, como las
telarañas para las moscas.
Los patios del Palacio de J usticia se miran
á diario repletos de estos expoliadores famélicos que husmean al "cliente" ignorante,
asustadizo y torpe, para enredarlo en la maraña de un juicio y en actitudes vampíricas,
chuparle lentamente el dinero, la vida y la
conciencia.
Estos séres que se han pegado al Código
como insanas escrecencias, se denuncian por
el rostro, por la voz, por la indumentaria.
Los podéis ver recargados en las püastras
de los patios, incrnstados en las mochetas de
las puertas, retorcioos en las barras mugrosas
de los barandales; en corillos de ''kermesse,"
por corredores y pasadizos, decorando por todas paifus las desnudrui paredes del exconvento.
Da tristeza contemplar cómo el abogado decente, de modales finos, de caTa afeitada y ca. misa limpia, &amp;e roza y se codea con el rábula
.. i'
barbudo y sucio, de hongo informe, levitón
ornado de manchas y ,costurollleS, pantalón
raído y pringoso y zapatos chine&amp;cos.
•.. - · Antes, según reza el refrán, el estudiante
perdulario tenía su fin natural : llegaba. á boticario ó á ser sacristán. Los tiempos han
cambiado y ahora el desaprovechado preparatoriano toma dos caminos distintos de los de
antaño: ahora se hace periodista ó tinterillo.
Y así, de los de&amp;eehos de las e&amp;cuelas, del
'
comercio, de las oficinas, se ha ido formando
este batallón de rábul-as que, bajo la bandera
desplegada de la desverg¡ienza, explota á los
tontos y á los analfabetas.
El tinterillo, para lucrar -entra en los juzgados menores, en horrible contubernio con
un odioso personaje: el usurero. En el matrimonio fecundísimo de e;;tos. perVtrsos, el tint~rillo es como la hembra_ ~el usurero. Lo persigue, lo seduce, lo acaricia, s se acoje á él,
como para haoerlo un fuerte cómplice de sus
abusos. Un recibo, un pagaré, una libranza
un documento cualquiera, les sirven, reco~
en él los más sutiles arabescos legales.

.

Guillermo Eduardo s,monda.

PRIMAVERA.
Y a del Norte hermoso por los confines
el invierno su triste capuz repliega
y en su carro de ftor;;s torna triunf11.nte,
empapada. en perfumes, la primavera;
á su beoo fecundo todo palpita,
todo fulge radianie, todo &amp;e alegra,
y hasta. el cielo .se viste con desulmbrante,
de zafir y de fuego, túnica. regia.
Y al par que los celajes se tornasolan
y las flores derraman su pura esencia,
de'l. ?ansa.do cerebro por los rincones,
luminosa y potente, surge la. idea:
un hálito divino, de ondas vitales,
su raudal misterioso vier te en las venas,
.y anégase en ensueños la fantasía.
y en amor el espíritu mira el poeta.
~go: sie:nte en .su seno gestar el alma;
la msp1ración enciende nervios y arterias :
todo lo que sentimos nos adormece,
todo lo que m/ramos nos embelesa,
todo lo que soñamos nos acaricia.
y brota en nuestros cantos, hechos cadencias,
aur~as y crepúsculos, risas y llantos,
tealida.des y sueños, cielos y tierras.
Columpiado en la. hamaca de mis delirios,
mi ser eternamente dormir quisiera,
distanciado de un mundo que no comprendo
y el que nunca consigo que me comprenda,
ó acabar para siempre la eterna lucha
en que, autómata imbécil, lucho á la fuerza,
ya sin cota ni casco que me resguarden
y sin armas ni aliento que me defiendan.
Arturo Re,ea.

CLAVELES.

Cada vez que el rábula se ve atacarlo, se
enc~e de hombros y murmura: tengo libertad
para 'ejercer mi oficio. Convenido, amigo mío,
pero por lo mismo se necesita el funcionario integro que, dentro del criterio de la. ley,
haga las distinciones de justicia, y prohiba
que se confunda la ganancia lícita con el
producto Cl#:ll engaño, con la explotación dolosa, con -él despojo.
Los bu¡tres y los lobos que merodean por
el Palacio de Justicia, irán poco, dejando garras y colmillos entre esta,i, enérgicas resoluciones y sentencias.
Aunque, juzgando el caro con el pesimismo
de Mejía, el mal no tiene remedio: es la gota
de los Códigos. Las leyes se han hecho para
los débilea como las tela.rañas para las moscas,

Pugnas en vano y sin razón te engríes
cuando, por parecer más hechicé):a,
sueltas la. deslumbrante cabellera,
constelada de perlaa y rubtes.
Si sólo por tus labios carmesíes
Venus envidia. y despl~er sintiera,
pedazos mil su ceñidor hiciera
al ver tu sien ornada de alelíes.
Y se impondría tu hermosura ufana
si enseñan de tu busto entre las cintas,
del pétalo la egregia filigrana,
del cáliz la urna de olorosas mieles,
y de sus rojas ó nevadas tintas
el primor y la gracia los claveles.
Moisés llama Oaatellanoa.

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�Dooningo 2 de Febrero de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Juego de lfiíl.a.s.

Por las víctimas de los terremotos del Estado de Guerrero.

PILAX, ocho a!'los; BLANCA, nueve; JULIA, once. Una
miso; una fraulein. En el invernadero de un hotel aristocrético.
[Las dos ayas cuchichean en un rincón; la alemana hace
labor de gancho; la inglesa esta. mano sobre mano, con aire
s~ilorial y dominador. Las tres nillas hablan muy animadas.]

Pilar.-Mirad, aquí en el banco lo ponemos
todo; :figura que son los regalos y el "trousseau." Yo me voy á casar, ¿sabes? Como la

hermana de Jacobita, vosotras venís á mi ca-sa á verlo todo; ésta (señalando á Julia) es la
mamá, y tú eres mi amiga. Bueno, todavía
no habéis venido; ahora lo arreglo yo todo, como en casa de Jacobita; yo estuve ayer con
"fraulein" por la mañana.
Julia.-Hija, tú lo ves todo.
Blanca.-Ve todas las funciones que oohan
en los teatros por laB tardes.
Julia.-A nosotras no nos llevan más que
al circo; no quiere m.am.á,; dice que es pecado.
Pilar.-Tu mamá. dice que todo es pecado.

Actual Casa de Correos en Chilpancingo.

Casa donde fué muerta la Srita. Felicitas Guevara.

nuestros corresponsales no tienen exageración
alguna.

Los últimos telegramas que llegan de la asolada ciudad de . Chilpancingo, nos informan
que los terremotos ocurridos haoe pocos días
destruyeron seiscientas catorce casas, cuyo importe, inclusos los muebles y mercancías de
los COilllercios, asciende á más de un millón de
pesos.
Las informaciones gráficas que han aparecido en "El Mundo Ilustrado," y que hoy
completamos, dan idea de la magnitud del siniestro,. y claramente se ve que las notas de

Estatna del Gral, Bravo y Palacio del Gobierno, destrnidos.

Una esquina del Jardín Central.

•••
Pero en medio de la impresión causada por
el desastre, llega la hermosa actitud tomaida
por la caridad siempre :p_ronta á concurrir á
las grandes desgracias.
U~ llamamiento hecho por ''El Imparcial"
ha sido bastante para que la sociedad niexicana y el pueblo y las colonias extranjeras que
residen en México, hayan aprontado un contingente para aliviar, siquiera en parte, la situación, aflictiva de los hijos del valiente Estado del Sur.
¿ Qué menos se podía esperar del buen corazón que abriga nobles sentimientos? La catástrofe ha sido tremenda, casi irreparable; grande, muy grande debe ser la voluntad para remediarla.
Se suceden en la redacción del diario aludido, escenas que fortificarían al que pensase
con mayor escepticismo. Hemos visto llegar á
ese obrero de traje desgarrado, que lleva sobre
sí el enorme peso de la luoha diaria, terriblemente diaria, porque ignora cuál será la vida
del mañana, lo hemos visto llegar á poner en
la columna de valores que está formando la
caridad, su humilde suma: unos cuantos centavos extraídos, con sacrificio, del jornal, pero
que resultan estimables hasta el extremo, dado que los tiende una mano franca y generosa.
Otras veces es un enjambre de chicuelos
que ll0i:,"'Bn sonrierulo,-dijérase que presienten la buena acción,-y depositan con franqueza la suma que sus padres les han puesto
en la manecita caritativa.
No ·ha faltado ni esa "cuidadora" de buena
cepa que en su a.ipasible anci~dad llega á ver
al niño encarg!IJdo á sus cuidados como algo

Tu:co, donde se sintieron con más intensidad los temblores.

propio, familiarmente cariñoiSO. Llega á depositar la menor suma, por ella y la mayor,
por su "bebé."
Los humanitarios sentimientos aunque
constituyan un deb~r, son conmovedoramente
gratos. Las víctimas de los terremotos de
Guerrero, han heoho vibrar la fibra noble del
pueblo, y la gratitud ya tiene tiempo para
conmover los buenos coraz,pnes.

Dooningo 2 de Febrero de 1902.
¡Ay, hija 1 ¿Vosotras no habéis visto nunca
un "trousseau? ¡Qué pavas!
Julia..-No lo he visto, pero sé cómo es.
Pilar.-Mira, aquí está la ropa bla.nca: las
camisas, los pantalones ..•.
Blanca.-Bueno; pero la ropa interior no se
enseña nunca en casa de la novia; se ve en la
tienda.
Pilar.-Pues en casa de Jacobita está todo;
hasta los corsés.
Julia.-Porque son unas cursis. No se enseñan más que los vestidos y los regalos.
Pilar.-Bueno, pues ento,nces quito todo
esto, que era la ropa interior, porque yo no
quiero ser cursi.
J ulia.-Oye, ¿ qué le ha regalado tu mamá
á la hermana de Jacobita?
Pilar.-Un imperdible todo verde con muchos brillantes.
Blanca.-¡ Qué tonta eres! ¡ Todo verde! De
or-0 verde, que es la moda, son las alhajas modernistas. Mamá le ha regalado una medalla
• de la Virgen del Perpetuo Socorro.
Pilar.-¿ Y eso pega para una boda? Tu
mamá regala medallas á todo el mundo. Ya
está arreglado; ahora entrais. . . . Pase usted,
¿ 'rú qué quieres ser?
Julia.-Yo, duquesa.
Pilar.-Ahora sí que eres cursi: ¡ como que
te voy á llamar yo duquesa! te llamaré por tu
nombre; ¿no ves que somos iguales? Digo si
quieres ser casada ó soltera, para preguntarte
por tu marido y los niños ....
Julia-Yo quiero ser viuda, como tía Teresa, y no tengo hijos.
Pilar.-Entonces tu hermana, ¿ qué va á ser
tuyo?
J ulia.-Eso, mi hermana.
Blanca.-No; yo soy tu am;~. · es muy soso
ser lo mismo de siempre. (Saludos, besos, etc).
Pilar.-El traje de boda. Lo he encarP.'ado
á París.
Blanca.-¡Pero tonta! si el traje de boda lo
regala el novio ....
Pilar.-Ya lo sé; ¿pero dei ~ ...~ de encarP-arlo donde yo quiera? ¿Lo va á comprar hecho?
¡ Tú sí que eres tonta .... !
Julia.-¡ Precioso! ¡ de mucho gusto! ¡Lástima de traje para un día!
Pilar.-¡ Hija! no digas eso; eso sí que no
lo dice n!IJdie. ¿ A tí qué te importa que el
traje no sirva más que para un día? ¡No eres
poco aprovechada .... ! Un vestido de baile,
de tul "naillete ;" otro de paseo, verde almendra, con piel de nutria; el abrigo -1.ra este
traje, todo de piel para alternar. . . . ¿Y esta salida de teatro ? ¿Y esta .... ?
Julia.-Bueno. Y á. todo esto, ¿ con quién
te casas?
.
Blanca.-Es ve.rdad; ¿_quién figura que es
tu novio?
.
Pilar.-¡ Mira que sojs tontas! Yo qué sé.
Ahora estamos jugando á esto; ¿ qué nos importa el novio ? . . . . El novio es lo de menos.
Va:mos á jugar con fonmalidoo, cQmo si fuéramos mayores. Aquí están los regalos .....
(Y sigue e.nseñando el trousseau imaginario).
Jacinto Benavente.

LA CORONA DE ILUSIONES.
Columpiado por manos amorosas
de la vida al vaivén meces tu nido, '
y en él duermes, feliz reciénnacido .
los mismos sueños que t endrán las' rosas.

..,

Entre un desfile de hadas vaporosas
una se acerca hasta tu ser d ormido
y tiende un velo sobre tí, t eJido
'
con vivas y esplendentes mariposas.

f t

Es la tela de puras ilusiones,
con la que vela Dios los corazone¡;
de.id.e el misterio de la tierna cuna.
¡ Niño ideal, corónate con ellas,
y ·llévalas cual círculo de estrellas
sin que se caiga de tus sienes una!

Esquina del Palacio de Gobierno donde es taba el De■pacho del selior Gobernador,

Colegio de Varones, situado en la 3a. Calle Nacional,

EN LA FAENA.

Salvador Rueda.

�º

Domingo 2 de Febrero &amp; 1 9 2•
Domingo 2 de Febrero de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

con sus pinzas, una robusta Araña 1ud~tr
arranca un pedazo de su m~nto
e sa n
azul, y, por último, un Muroiéla~o le rompe
los riñooes de un aletazo. La Mariposa cae ~erida de muerte. . . . y mientras que agomza
sobre la hierba, las Ortigas se alegran y los
Sa os dicen: "¡ Bien hecho!" .
~ la hora del alba, las Hormigas, que _van
al trabajo con sus saquitos y sus calabaci_tas,
encuentran el cadáver al_ bor~e del camino.
A nas lo miran y se aleJan SI~ querer e~tepe;¡ Las Hormigas no trabaJan gratuita::~; Por fortuna, una Cofradía de Necróforos pasó por allí. Sabido es que los Necr6foroo son unos bichos negros qu~ hacen vo-to de enterrar á los muertos; piadosamente
Es una pradera el escenario. La CocLinilla está dentro de
una tirita de sombra proyectada p0r una hoja de zacate. La
Marip0sa habla desde las primeras ramas do un rosal. El sol
ha pasado e l zenit, y va de prisa A su palacio de Occidente.

La Mariposa.-¿ Qué es eso?¿ Ya te vas? ..
La Cochinilla.-¡ Cáspita l Es preciso que
regrese esta tarde; considérelo usted.
La Mariposa.-¡ Qué diantre! Espera un poco; nunca es tarde para volver al propio domicilio. Y o, por mi parte, me aburro en casa.
¿ Y tú ? ¡ Son tan bestias una puerta, una pared, 11D.a ventana! Pero fuera están el sol, el
rocío, las amapolas, el aire libre y. . . Si es
que no te gustan la.s amapolas, dilo.
La Cochinilla.-¡ Cómo señora, las adoro.
La Mariposa.-Entonoes no seas tonta y no
te vayas todavía. Quédate conmigo. Ya ves,
la tempera~~ es b~ena, el aire es b\18.Ve.
La Cochlnilla.-S1, pero .....
La Mariposa, (poniéndola en la hierba).¡ Anda! Revuélcate en la hierba; nos pertenece.
La Cochinilla, (resistiéndose).-No, déjeme
u.sted; ¡ con formalidad l Tengo que irme.
La Mariposa.-¡ Chist! ¿Has oído?
La Cochinilla (asustada).- Qué hay?
La Marip06a.-Aquella codorniz que canta
con entusiasmo desde la cepa que vemos desde aquí. ¡Ah! La canción es muy propia de
esta hermosa tarde de estío, y desde el sitio
en que hablamos se oye perfecta.mente.
La Cochinilla.-Es verdad; pero ...
La Mariposa.-Cállate.
La Cochinilla.-¿ Qué ocurre?
La Mariposa.-.Mira á aquellos hombrei:;.
(Pasan algunos hombres).
La Cochinilla (en voz baja y después de
unos instantes de silencio).-El hombre es
muy maJ.o, ¿no es verdad?
La Mariposa.-Muy malo.
La Cochin:illa.-Yo estoy siempre temiendo que uno me 11-plaste al andar. ¡ Ya se TI!!
Sus pies son tan enorme y mis lomos tan débiles ... Usted, ¡vamos!, usted no es grande,
pero tiene alas. ¡ Esto es horrihle !
La Mariposa.-¡ Por vida del . . . Si esos
pesados campesinos te asustan, súbete á mi
espalda; mis lomos son fuertes, mis alas no
son de cáscara de cebolla como las de las libélulas y puedo llevarte á donde qiueras y durante el tiempo que desees.
La Coohinilla.-Muchas gracias, señora.
~o me atrevo ....
La Mariposa.-¿ Te parece difícil subir sobre mí?
La Cochinilla.-No, pero ....
La Mariposa.-Trepa entonces, inbécil.
La Cochinilla.-Pero con la condición de
que me ha de llevar usted á mi casa. Si
no .....
La Mariposa.-Dicho y hecho.
La Cochinilla (trepando sobre su compañera).-En casa tenemos la costumbre de rezar
por fa noche. ¿ Entiende usted.?
La )fariposa.-Sí ¡Un poco hacia atrás!
Así. Ahora salgo á escape. Silencio á bordo:
(Prrrt ! Se marchan. El diálogo continúa en el
aire). Nunca hubiera creído que yo era tan
fuerte.
La Cochinilla (asusta.da).-¡Ay, señora!
La :Mariposa.-¿ Qué sucede?
La Cochlnilla.-Pierdo la vista, siento vértigos; quisiera bajar.
La Mariposa.-¡ Qué tontería! Para evitar

cl mareo hay que cerrar los ojos. ¿ Los has cerrado?
La cochinilla (cerrando los ojos).-Si.
La Mariposa.-¿ Te sientes IMjor?
La. Cochinilla (con esfuerzo).-Algo mejor.
La Mariposa (riendo con disimulo).-Decididamente en tu familia no hay buenos aeronautas.
La Cochinilla.-¡ Oh! Sí.
La Mariposa.-Verdad es que voootras no
tenéis la culpa de -ue no se haya encontrado
la dirección del globo.
La Cochinilla.-¡ Oh, no!
La Mariposa.-VaIDOS, señora mía, ya hemos llegado. (Se posa en un lirio).
L1L Cochinilla (abriendo los ojos).-Usted
perdone, pero no es aquí donde vivo.
La Mariposa.-Ya lo sé; pero como todavía
es t.emprano, te he traído á casa. ck un Lirio,
amigo mío, donde podemos resfrescar; pa-semos.
La Cochinilla.-Si, pero no tengo tiempo.
La Mariposa.-¡ Bah! Nada má.s que un segundo.
La Cochinilla.-Además, aun no he sido
recibida en el mundo.
La :Mariposa.-Ven, te haré pasar por bastarda mía y serás bien recibida; vamos.
La. Cochin.i.lla.-Pero es tarde.
La Mariposa.-¡ Qué! No es tarde; escucha
la Cigarra.
La cochinilla (en voz baja).-Ademá.s ..•
yo . . . no tengo dinero.
La Mariposa (empujándola.-Ven el Lirio
convida.
(Entran en casa del Lirio. Cae el telón).

•••
Cuando el telón se levanta y el segundo
acto comienza, es casi de noche. Las dos
coonpañeras salen &amp; casa del Lirio. La Cochinilla está ligeramente embriagada..
La Mariposa (poniendo la espalda).-Ahora en marcha.
(Prrrt. Salen á escape. El diálogo continúa en el aire).
La Cochinilla (trepando con ardimiento.)
-En marcha.
La Mariposa.-Díme, ¿ qué tal te parece mi
Lirio?
La Cochinilla.-Amiga mía, es excelente;
entrega á usted su bodega y todo sin conocerla.
La Mariposa, (mirando al cielo.)-¡ Oh,
oh! Febo oculta ya la nariz tras la v,entana.
'l'enemos que anresurarnos.
La Cochinilla.- ¡Apresurarnos! ¿ Por qué
motivo?
La Mariposa.-¿ Ya no tienes prisa para
llegar á tu casa?
La Cochinilla.-Con tal de que llegue á
la hora del rezo. . . . Además, ya no está lejos .... á la vuelta.
La Mariposa.-Pues si tú no tienes prisa,
yo tampoco.
La Cochinil1a (con efusión.)-¡ Qué buena
eres! Ve:daderament.e no coonprendo por qu,e
no te quiere todo el mundo. Algunos dicen de
tí: es una bohemia, una refractaria, una poetisa., una danzante.
dice eso?
La Cochinilla.-¡ Vaya! El F..scarabajo.
La Mariposa.-Me llama danzante porque
tiene mucho vientre.

La Cochinilla.-Te advierto que no es el
único animal que te detesta.
La. Maripooa.-¡ Ah! ¡Diantre!
La Cochini1la.-Los Caracoles tampoco son
amigos tuyos, ni los Escorpiones, ni las Hormigas.
La Mariposá..-Es verdad.
La Cochinilla.-No hagas nunca la corte á
la Araña; le pareces feísima.
La Mariposa.-La han informado mal.
La Cochinilla.-¡ Ah l Las Orugas son de la
misma opinión.
La Mariposa.-Lo creo; pero dime, en el
mundo en que vives, porque al fin tú no perteneces al mundo de las Orugas, ¿ soy también
mal vista?
La Cochinilla.-¡ Diablo! Según las familias. La juventud está de tu parte; pero los
,iejos creen que no tienes bastante sentido
moral.
La Mariposa (tristement.e).-Veo que no
tengo muchas simp13,tias. En suma ....
La Cochinilla.-¡ Por vida mía! No pobre
amiga. Las Urtigas te aborrecen; el Sapo te
odia, hasta el Grillo cuando habla de tí dice:
"Esa. ma .... m ... m ... mariposa."
La Mariposa.-¿ Y tú me odias como esos
pícaros?
La Cochinilla.-¡ Y o, yo te adoro; se está
tan bien sobre tus hombros I Y además, tú me
llevas á casa de los Lirios .... ¡Eso es muy
bueno! Pero dime; si te molesto pudiéramos
descansar en alguna parte, ¿ estás cansada?
La Mariposa.-No hay inconveniente; me
vas pesando ya demasiado.
La Cochinilla (señalando aJ.gunos Lirios).
-Entonces, entremos y descansarás.
La. Mariposa.-¡Ahl Gracias. ¡Lirios!
¿ Siempre lo mismo? (En voz baja y con un
tono libertino). Preferirla entrar al lado ....
La Cochinilla (ruborizándose).-¿ En casa.
de la Rosa? ¡Oh, no, nunca!
La Mariposa (obligá.ndola).-Ven, nadie
nos verá. (Entran discretamente en casa de la
Rosa. El telón cM).

•••

Cuando empieza el tercer acto, es de no-che .... Las dos compañeras salen juntas de
casa de la Rosa ..... La Mariposa quiere llevar á la Cochinilla á casa de sus padres, pero
ella se niega; está completamente embriaga.da, hace cabriolas sobre la hierba · lanza gritos sediciosos .... La Mariposa se ve obligada
á llevársela consigo. Cuando llegan á la puerta se separan, aunque prometiendo volver á
verse pronto. . . . Y entonces la Mariposa se
va sola ¡ y de noche! También se halla aliro
embriagada; pero su embriaguez es triste: recuerda las cooúidencias de la Cochinilla, y se
pregunta con tristeza por qué la aborrecen
tantas gentes sin haber hecho daño á nadie ..... lill cielo está sin luna. El viento ru•.! la campiña está negra.
La Mariposa tiene miedo, tiene frío; pero
se consuela. pensando que su compañera e:;tá segura, en el fondo de una camita caliente .... Entre las sombras se distinguen algunos pajarracos not'turnos que atraviesan la
escena con vuelo silencioso. Brilla el relámpago. Perversos animaluchos emboscados en las
piedras se presentan á la vista. de la Mariposa, mofándose de ésta. ''Ya la t.enemos," dicen. Y cuando la infortunada, llena de terror,
corre de un lado á otro, un Cardo la da 11D.
pinchazo, un Escorpión la hiere en el vientre

agarraron á la Mariposa,.. difunta Y la arra&amp;traron hacia el oomentei:io · · · ·
al
Una multitud de cunos06 se agolpaba
paso y cada uno hace reflexiones en voz alta. Los obscuros Grillos, sentados al sol delante de sus puertas, dicen con gravedad: ''Le
detestamos cordialmente." '&lt;Vaga mucho por
la noche " añaden los caracoles; Y los Escar1Lbajos d; abultados vientres,_ -0ont_o~~dose
en sus trajes de oro, re~unaban._ ,~pemasiado bohemia l ¡ Demasiado boheIDla. .
.
Entre toda esta gente no se pronuncia m
una palabra de duelo por !ª pobre mugta;
solamente las Azucenas se merran á las iga1Tas y estas dejan de cantar.
.
La última escena pasa en el cementeno de

las Mariposas. Cuando los Nooróforos co~~~
yeron su obra, un SaJtón so!emn:
y
seguido el convoy, se apro:nm~ nza el e1o'gio
d.ejá.ndose caer de es~daad, coID.lt! la memoria
de la difunta. Desgra.ci amen
al
le
infiel; pernlB,nece con las patas
to gesticulando durante una hora ya.de
'
riodoe Cuando el or or condose en sus pe
·
b d nando
cluyó y los acompañante~ fueron a an ~ á .la
el cementerio, se ve salir de una tum a
Cochinilla de las primeras escen~. Deshecha.
en lágrimas, se arrodilla en la tierra fre5&lt;:a
de la fosa Y recita una conmovedora plegaria
por su pobre coonpañera que yace allí.

[:fosa

es

:Eil.án:

filfonso j)au~ef.

SABIDURIA ÁRABE.
Ali Mouna., que debía partir pare. Teherán,
á donde le llamaba la voluntad de Omar, Chá
de Persia, hizo pregonar qu: compraria á buen
precio cuantas piedras preciosas se le presentaran.
d
.
Una. tarde se presentó en la tienda e1 neo
joyero un hombre haraposo agobi~o por los
años. Llevaba en la mano un saquito que podría contener, á lo sumo, mil monedas de plata
y otras tantas de cobre, si fuese saco de guardar dinero.
-¿ Has hecho anunciar que comprabas todos los tesoros?
-Sí.
-No sé si tendrás bastante dinero para
comprar el que traigo.
El mercader se sonrió y, mirando la bolsa
del vendedor:
-Aunque estuviese llena d~ diaman~,exclamó con orgullo,-sobra dinero en IDl arca para pagarla diez ~eces.
.
-¿ y si lo que traigo fuera más precioso
que los diamantes?
_
-Ni que fueran perlas negras, del tamano
de una avellana, puedo pagártelas.
-Paréceme que te equivocas.
Con tanta seguridad hablaba el vendedor,
que el merca~er, a1;1~ioso ya de ver lo que contenia el saqmto, diJo:
-Está bien. Enséñame tu mercancía, y veremos si es tan precio...o.a como ase~. .
El hombre abrió el saquito con infimtas
precauciones. El comprador quedó pasmado.
Dentro de la bolsa ha.bia tres ó cuatro paipeleg
muy viejos, muy arrugados, muy manosead~;
dos ó tres ricitos de pelo; unas flor~ marchitas· un manuscrito empezado; la hoJa da.ma.sq~ada y rota de una ~ a ; una. moneda de
oro en que relucía el creciente; un trozo de
seda. verde grue~ y tupida como la del estandarte sagr~do; un caracol marino y otros cachivaches sin valor aiparente.
-¿ Y es este el tesoro que tanto me ponderabas, buen hombre?
-Te ríes, porque no comprendes. Sabe que
esos papeles, esas_ flores, ;sa m?n~a, esas cositas que desprecias, son 'Las _il~s1on~ de los
pobres." Gracia.e; á ella~, han vivido felices generaciones enteras de hombres que tenían que
doblar la e!'palda para trabajar la tierra, empuñar un arma para defender á_ su señor, pedir limosna. para. sustentar su Vlda. Por ellas.
la muchacha fea ha vivido resignada. y contenta. La divina Ilusión, madre de la Esperanza y de la Dicha, está encerrada en este 811.qUito,'Ya. ves si es precioso el tesoro que te ofresco. ¿ Tienea dineró buta.nte para pagarlo?

.\

.

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1, ot{c[ X-t,

Alma pura.

-Te sobra razón, hermano; ni en mis arcas ni en las de Omar, que Alah guarde, hay
oro suficiente para -adquirir este tesoro. Pe
ro. . . . ya que á mano lo tengo, quiero comprar una parte de él.
-Nó. O todo ó nada. Quédate con la riqueza; pero no tendrás ni una sola de las ilusiones
de los pobres. El poder y el oro para vosotros;
para nosotros la divina Ilusión, madre de la
Esperanza y de la Dicha.
Marchó e) hombre. Cuando hubo aalldo clel

bazar, sintió que el viento del desierto soplaba sobre la villa, y vació al aire el contenido
del saquito, que bien pronto se esparció en
distintas direcciones.
Los que cavan la tierra, los basureros, todos
los que comen buscando por si mismos el sustento, son los que encuentran las Ilusiones
que i!l hombre haraposo no quiso vender al
mercader opulento, y que jamás anidarán en

el hogar de loa poderoeoa.
~

�1'omingo 2 de Febrero de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

~L MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 1.--NÚM. 6.
alrecton LIC. RArAtL Rnr&amp; &amp;PINDOU..

MÉXICO, FEBRERO 9 DE 1902.

S ub~crlpd6a mu,•ual lorAnea, 1 l. 60
Idem. ldt:m. en la capital, .. 1..35

Gerente: LlJI&amp; RU'~ &amp;PINNU..

j)or las víctimas de los ferremofos de f uerrero.

1

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.

Un colegio particula(depositando su contins-ente en ta R~dacción de "El Imparcial,"

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>1'omingo 2 de Febrero de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

~L MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 1.--NÚM. 6.
alrecton LIC. RArAtL Rnr&amp; &amp;PINDOU..

MÉXICO, FEBRERO 9 DE 1902.

S ub~crlpd6a mu,•ual lorAnea, 1 l. 60
Idem. ldt:m. en la capital, .. 1..35

Gerente: LlJI&amp; RU'~ &amp;PINNU..

j)or las víctimas de los ferremofos de f uerrero.

1

'. ,

:l •.f'i'
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'• r
'

r

.

Un colegio particula(depositando su contins-ente en ta R~dacción de "El Imparcial,"

�EL l\IDNDO ILUSTRA.DO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 9 de Febrero de 1902

.

e1 (¡{fimo 4a6re-nuesfr o.
Cuando Luis Bermúdez creyó formadas
sus nuevas convicciones; cuan.do, habiendo
llaanado su conciencia á examen severo é imparcial, encontróla capaz de la prueba, resolvió con tranquila entereza ajustar :fielmente
su conducta á las nuevas ideas que entraban
á regir su espíritu, y mirando de frente la ardua cuestión, deolaró llegado el momento de
dar un austero adiós á sus convicciones adquiridas en el raciona.! estudio de los problemas filosóficos.
Entrado á la Universidad cuando el espíritu ti-erno y maleable todavía admite sin
gran violencia nuevos moldes; adáptan.dose
sumi."o á las distintas formas que la enseñanza .JS capaz de imprimirle y cuando el entusiasmo juvenil impulsa á la adquisición de
nuevas verdades; impuesto por la autoridad
de la palabra de aquellos catedráticos que
con su científico descreímiento le a.parecían
tan superiores á los del colegio; influenciado
por el ambiente positivista que flotaba en las
aulas, empezó á avergonzarse un poco de sus
ínfimas creencias de niño, que en aquel "medium" saturado de ciencia abstracta y de
dOlcirina analítica sentía encogerae en el fondo de su espíritu, desautorizado hasta el ridkulo.
Sucesivamente fueron llevando á su fe repetidos y fuertes ataque.s la Historia, que,
desdeñando el criterio J:!rovidencialista, subordinaba la evolución social á ciertas in:flluencias, menos que humanas, simplemente
naturales, iniciándolo de paso en los seductores misterios de la teoría darwiniana; la Zoología, después, con un descarnado y desoon-solador estudio dd proceso del organismo á
través de las especies; la Geología más tarde,
llevándole á buscar en las entrañas de la Tierra el desmentido de las tradiociones bíblicai;, y, por último, la Filosofía, madre de la
duda, que apenas le dejó una débil creencia
en el espíritu, probándole en camb:o la soberana omnipotencia de la razón, dwlumbrante foco de la religión del libre examen.
Así, á los veinte años, el filósofo Luis Bermúdez creyó llegado el momento de romper
los lazos que le unían á las leyendas del hogar
quiso creer conscientemente, sobre la base
del ''por qué," y después de asiduo estudio y
largas meditaciones, erigió su razón en juez,
llamó á juicio ante ella al Dios de su infancia, y lo encontró falto de substancia divina y
de grandeza abstracla.
Quería para su espíritu un Dios sin otro
culto que el de la cr%ncia, sin más relaciones
con los mortales que las de toda primera causa con los efectos de ella derivados; un Dios
inconmovible á la súplica, indiferente al ultraje, una soberana abstracción, más grande
cuanto más inaccesible; un Dios ail cual había que respetar sólo porque ésta era una de
las manifestaciones del deber, :va que el deber
debía cumplirse porque es el deber, según la
austera máxima de la teoría socrática.
Bien pensado y discutido el punto, acept6 este Dios y proscribió al otro, el que escucha los ruegos de los padre; por los hijos, el
que premia á los buenos y castiga á los malos, el que promete la vida eterna en la contemp}ación de sus perfecciones; como supremo consuelo de la muerte y suprema esperanza de la vida terrenal.
Antes de echar los dados en la margen de
este Rubicón filoaófico, Luis Berrnú~z, niño
creyente, había rezado durante muchos años
su "Padre-nuestro," implorando las bendiciones del Dios bueno para su hogar al ir á en tregarse al sueño en aquella su cama de adol escente juicioso, donde su madre, cuando
\'ivía, lo arropaba todas las noches con el ing®uo amor de las madres, Que ven un dulce arcángel en el hijo dormido.
Nada de extraño, pues, que cuando, pros-

Domingo 9 de Febrero de 1902

cripto al Dios de sus primeros años, vi6 que
era forzoso suprimir aquella oración, experimentara cierta angustia, cierta opresión de
mela,nooilía indefinible.. como la que se siente
a1 renunciar un dulce afecto, al abandonar
para siempre una ilusión en el áspero camino de ll!I vida.
Encontró que aquel buen Dios amoroso del
"Padre-nuestro," aque,l Jesús lleno de mansedumbre y de luz, había llegado á ser así
como un fiel y benévolo amigo, un afable compañero que desde sus primeros años hubiera
marchado con él por la senda, defendiéndole
cuando pequeño, aicompañ.ándole después,
simpre abierto el pecho para recibir la ingenua confidencia de sus tristezas y sus alegrías;
y llegado el momeruto de abandonarlo, parecía
que aquella imagen amiga iba á quedarse en
medio del camino, muv triste, siguiéndolo con
profunda mirada de afectuoso reproche cuando se aJejara solo por el largo sendero del porvenir.
Sin embargo, Luis Bermudez procedió como sus convicciones de espíritu fuerte querían
que procediera, y se separó de aquel buen amigo con tristeza, pero sin debilidad; seguirle
amando cuando su razón lo negaba, equiva,lía
á forjarse un ídolo, á consumar una ridícula
superchería sentimental.
Con todo, en la noche del día que el joven
pensador eligiera para decisivo examen de
conciencia, resolviendo definitivamente el gran
problema de su nueva religión, Luis Berrnudez se encontró, por fuerza de la costumbre,
sentado en su antigua cama de adolescente
juicioso, sentado como para rezar, como cuando pedía las bendiciones del Dios bueno antes
de entregar-se al sueño.
Recordó bien pronto que la noche anterior
había pronunciado su última plegaria, y sonrió benévolamente; pero, sin sentirlo, cedienclo á ese natural impulso que nos lleva á l'ecapacitar sobre lo que dejamos atrás al emprender una nueva etapa de la vida., siguió sentado,
pensando, con la mirada fija en la luz de la vela, que ardía silenciosa y alargada en la sÓledad de la habitación. Entretanto, sin que él lo
advirtiera, como una emanadón de su pensamiento, las palabras del "Padre mwstro," de
la antigua oración de su niñez, iban saliendo,
suaves y ealladas, unas de su mente, otras de
sus entreabiertos\ labios.
"Padre-nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre ... . "
Lis palabras flotaban en el silencio y se
iban, se iban como prulomas blancas, hasta
perderse en la penumbra de los rincones, y
Luis, con la mirada :fija siempre, inmóvil y
meditabundo. las miraba alejarse pareciéndole que con ellas se iba algo de sí mismo, quizá
lo mejor.
"El pan nuestro de cada día dánoslo hoy..."
Rl ingenuo reclamo de una protec.ción que
á él nunca le había faltado; el pan de su casa,
el pan que repartía su padre en la mesa b endecida por la paz de Dios, junto á su madre,
que había muerto ya ....
"Y perdónanos nuestras deudas. así como
no~otros perdonamos á nuestros deudores ...."
Las palabras de la oración seguían flotando
en el sil.encio, y se iban. se iban como palomas blancas muy humildes que de pronto se
que&lt;la.ran sin casa; y Luis Bermudez l as miraba irse, lejos, lejos, y sentía que con ellas se
iba aJg-o suyo. su infancia. el cándi:do perfume
de la juventud. la sencilla poe.sía de su alma.
"No nop dej es caer en tentaiciones, mas líbranos de maJ, amén."
Después de este "amén" era cuando su madre le besaba en la frente, con un beso que al
niño le parecía sentir posarse allí como una
bendición, como una égida santa para r~uardarle de los malos sueños que atormentan á
los inocentes.

.. ¡jfr:f-"),.
...
'•

Aquí sintió Luiis Bermud-ez nue se le h
decían los ojos y que le saltaba dentr o del
cho el corazón, como queriendo salirse
bién y seguir tras las palabras amigas del
dre-nuestro.
Fué creciendo la angustia en la soledad
la noche con tales pensamientos, con la · •
de todo aquello que se iba para siempre:
cuerdos, cariño, bendiciones; la niñez, los
tos besos de su madre, todo con el Padre-n
tro; y por :fin, niño otra vez, Llús rompió
llanto, en un llanto fuerte y sincero, y en
tad de su lloro, como una satisfaicción á
nuevas convicciones, quizá como una exc
su razón, á su nuevo Dios insensible, ¡q
sabe á qué! el pobre, triste como nunca en
soledad de la noche, don.de flotaban toda:
como palomas blancas arrojadas del hogar
últimas palabras del "Padre-nuestro", ·
balbuciente como un pequeñuelo afligido:
''¡:Me lo había enseñado mamá!. . . . " Y
guió llorando largo rato.

firfuro Jiménez J)asfor.

DERROCHE DE ILUSIONH
La conoció en un bazar de caridad.
Retirábase Marcial de la Facultad de
dicina, y preocupado dirigíase á su domic
cuando oyó que una vocecita dulce y acari
dora le llamaba.
Alzó los ojos y vió un grupo de herm
niñas, una de las cuales, la más interesante
todas, le ofrecía unas "cedulillas."
Su boca, que semejaba pequeño estuche
terciopelo rojo para guardar besos, se pl
en un gracioso mohín de coquetería; sus o·
suplicaban para los pobres, y su manecita,
na y aristocráticamente enguantada, le
dió unos rollos pequeñitos, ''con una bue
suerte," como decía ella.
Marcial titubeó.
O le daba los pocos céntimos que en su
sillo tenía y se quedaba sin comer, ó desd •
ba el ofrecimiento, :v se quedaba sin el pl
de haber hecho una buena acción.
Pero á nueva insistencia de ella, decidí
y después de pagar las cedulillas, que no ac.
tó, y de saludar á su angelical desconex:1
que se quedó sonriendo, siguió su e .
preocupado con la celeste visión que le 1n
captara el paso.
Desde aquel día, Marcial fué otro; inco
cientemente volvió á pasar una y muchas
ces más por delante de los balcones d&lt;inde
bía visto aquel ser que hiciera palpitar
vez primera su corazón; pero ¡nada! los
eones permanecieron cerrado~ y jamás vol
á encontrarla en aquel sitio.
Marc1a1 sintió que una secreta pasión
menzaba á ba-tir alas en el fondo de su P
quiso ahogar los latidos de su corazón.
cual un torrente precipitado se desparr~mó,
ést e se rebeló, y con toda fa impetuos1d~.
todo su ser , manifestándole en cada pulsac16
en cada estremecimento, en cada vibrad
que amaba, que amaba locamente, v no _á
~er real, á un ser palpable y tangible, sin.o
un ser ideal, á una ilusión, á un im-pos1
romo era la hermos:1 desconocida del b
de caridad.
Pa:::aron muchos días .... "Marcial había
flaquecido y la. terrible obsesión aun con
nuaha golpeándole en el alma.
Una tarde dorada de sol, fuese á Pale
para distraerse, para despejar su inteligen
y embriagarse con las aleg-rías que brota
de los trinos d~granados de las avecillas,.
las explosfoneR de perfumes y de las br
vagarosas de la playa.

(Fot. Manuel Torres.)

Caminaba al azar; su alma se rejuvenecía

y un nuevo ser germinaba en el antiguo, pero
más sereno y vigoroso.
De pronto, cuando más distraído iba "pis•
pando" amores de insectos de plateadas corazas y mariposas de alas esmaltadas, sinti4 la
carrera precipitada c1e un carruaje,
Alzó los ojos y vió que en dirección hacia él
y derecho al río venía un "dockar," tirado por
un soberbio caballo alazán, que, echando espuma por las fauces y fuego por los ojos,
arrastraba aquél en vertiginosa carrera.
Marcial comprendió que el animal se había.
desbocado é hizo la tentativa de detenerlo,
pues de 1o contrario iría á sepultarse con el
''dockar" en el río.
De un salto plantóse en mitad de la calzada, y cuando el caballo pasó rápidamente por
su lado, prendióse de la brida, y aferrándose
con ambas manos y con riesgo de ser despedazado,. dejóse llevar un buen trecho hasta que
el an1IDal, exhausto de fuerzas y rendido de
cansancio, disminuyó su carrera, y fué á
caer pocos metros antes de llegar al agua.
Cuando Marcial, lívido por el esfuerzo hecho y con las _manos ensangrentadas, se dió
cue:nta de su situación, lanzó un grito gutu-

Sri t a . Ori s tina Oleara y Oer ve r a .

-ral, un grito de alegría. y estupor, al ver junto á sí á la bella desconocida del bazar de caridad, que era la que dirigía el "dockar" y
que, á no acudir en su auxilio nuestro joven
con tal coraje y sangre fría, hubiera muerto
trágicamente.
Jtlla no le reconooió; se limitó á estrecharle la mano y á sonreirle como sólo ella
sabía hacerlo, en tanto que el lacayo aligeraba al caballo de sus guarniciones para levantarlo y una multitud de gente acudía de todas partes para socorrerla.
¡ Qué hermosa estaba!
¡ La belleza del terror iluminaba su cara
con reflejos irisados!
La joven subió á otro carruaje queíe ofrecieron unas amigas y se alejó en diracción al
corso de Palermo, en tanto que Marcial se lavaba las manos, rojas de sangre, y contemplaba á través de un velo de lágrimas á la mujer aleve que le había hecho soñar con un cielo, y que se alejaba sin volver el h echicero
rostro, sin mirarle, sin dejarle una mísera esperanza.
Pasaron otros muchos días.
Triste y amargada su existencia por los
desengaños sufridos, ya sin esperanz11s, una

noche, al pasar por delante de un templo, se
le ocurrió entrar, ansioso de buscar en la
oración calma y sosiego para su atribulado
espíritu.
Pero al penetrar en la anchurosa nave,
q~óse_ deslumbrado ante el lujo y la magnificencia que se desplegaban ante sus ojos;
frente al altar mayor, gentil pareja de novios
recibía la bendición episcopal de un anciano
cubierto de purpúreas insignias.
Marcial avergonzósede sí mismo al versetan
pobremente vestido en medio de tan brillante
concurrencia, pero la curiosidad le clavó en
aquel sitio y aguardó el final de la ceremonia
oculto tras un pilar.
Las. notas ala.das de una marcha nupcial
anuncian que el acto ha terminado; el templo
se puebla de perfumes, alegrías y murmullos;
la concurrencia, elegante y distiguida, se desborda por las naves, y Marcial tiembl1l; una
fugaz sospecha alumbra cual lívido relámpago
su cerebro, su corazón late con mayor violencia: la feliz pareja se acerca, va á pasar junto á él, cuando pálido, desencajado, con la
mirada estúpida, r econoce en la novia á la
hermosa desconocida, cuya boca semeja rojo
estuche para guardar besos, y saliéndole al pa-

�Doming-0 9 de Febrero de 1902

EL MUNDO ILUSTRADO

sin quitarle la vista, señalándola con m.a.n-0
tie.mblorooa, coono un_ idiota, prorrumpe -en
una estrepitosa carcajada, entre el estupor de
los novios, el asombro de los invitados y el
ritmo de las notas orquestales, que llueven en
el templo, mezcladas con azahares deshojados' . . . .

S-O,

Domingo 9 de Febrero de 1902.

CRUELDADES DE CIRCO.
LOS NIÑOS ACBOIATAS.

.-.

Oaslmlro Prieto Ooata.

PUEBLOS QUE CANTAN
Y PUEBLOS QUE 8111&amp;1.
A Luis G. Urbina.

La voz expontánea y natur.lll. d.., ~98 pueblos,
su verbo colectivo, su palabra, en ~' e~ el
canto. Seudid-0s p-0r las emociones, m~a&lt;½dos
por el entusias~~, la ira, el _amor pat~10_ o el
sentimiento relig10so, su prrmer movlIIllento
es el baile, y su primer acento el ca.Il.to. Ca.I:to y baile acompañan tod-OS los grandes re~oc;jos públioos, iestejan_ los grandes hechos hist~ricos, celebran los trmnios
y &lt;)oronan las erru.
graciones y las. cO'Ilq~,
Ante la lluvia de mana estallan en 'hossanas ·" en plegarias ante los rayos y trlle'Il.os del
Sin~í · en ''De proiundis" ante el aterrador espec~ulo de la muerte ó ~te ].as desolaci~es
de la peste, de la inundac10n ó de la erupc1on
voloáni.ca. Los pueblos han. cantado ante el
ara, ante el area, ante el becerro de oro;. han
cantado en celebración de las fiestas nac1on~les en honor de sus próceres y de sus márt1~ - con cantos han acompañado sus marebas
al ~ombate; sus regresos d~ victoria; con ca.ntos han implorado á los dio~, honrad~ ~ los
muertos conjurado las calamidades publicas.
Lo qi{e la palabra es ~l individ:uo, es el canto á la multitud. El himno nacional, la canción popular, el ro~cero lí_rico, son como
el romancero litera.no, y la literatura u~nal,
:ti.el trasunto de los sentimientos del pueblo,
de sus emociones habit uales, de giro de sus
irleas die la índole de sus aspiraciones, y en la
músi~ de las multitudes, puede, á través del
tiempo y del espacio, adivinarse: y leeTse su
historia.
Los himnos griegos son simétricos, armónicos a.compasados como ritmos gimnásticos, se
d~nvuelven tontamente como sus teorías, y
revisten la olímpica simplicidad y la armoniosa proporción de las estátuas y de las const~i:~ciones he'l.énicas son himnos de pueblos rauces, iestetas y ~antes de la harmonía y la
proporeión.
.
y gime ~l dolor; son cantos dolientes de pueblos oprimidos y miserables. Como las salmodias y los "alabados" de nuestros indígenas,
parecen arrastrarse, esclavos, en el ipolvo,
ha.jo el látigo amenazanhe del capataz.
En los pueblos orientales el canto es por
esencia voluptuosa y usual. Exhala perfumes
de pebetero y emanaciones de har~; y s1_1~e
tener mllI'lilullos discretos de surtidor tib10
en fueDite de mar.mol. En Andalucía la música popular es festiva, bulliciosa, alegre, turbulenta; ardiente como el sol, perfumada como la huerta, multicolora, reoarrnada, como el
traje y como la im3-ocrinación de aquel pueblo,
y se oyen en ella resonar los cascabeles y lw
campanilla~, como en las arneses de gala.
En Alemania la música popular es seria,
pro:ñmda, armoniosa. Los orfeones del pueblo
corren ma.gestuosos como las ondas del Rhin,
y sugiieren ideas grandes, emociones filosóficas, pensamientos profundos. En Francia el
pueblo tiene un doble verbo musical; el verbo
picaresco, mal hablado, salpimentado, irónico
y burlón; caricatura lírica de todo y de todos;
látigo costante que fustiga y alecciona la
"chrumunette" entrometida en todo, en lo político, lo social, lo moral y lo :financiero; especie de locura que agita sus cascabeles y ríe á
carcajaidas.
El otro vex.bo es eseneialmente bélico, es
el canto guerrero, entusiasta, ''Le chant du
dipart, La. Marsellesa,'' que han ganado batallas, conquistado pueblos, repelido invasiones,

EL MUNDO ILUSTRADO

Señor O. Agust í n Mora
Gobernador del Estado de Guerr ero.

y llevado á .b'rancia en alas de su entusiasmo
y de una fe casi sin ejemplo, á las más preciadas glorias y á los más tremendos desastres.
El canto popular anglo-sajón es, en el orden
religioso, severo, magestuoso, puritano, austero como su cuaquerismo, impregnado, como
toda la raza de respetabilidad, de circunspección. El canto popular proiano es rítmico, po-bre en armonía, de melodía escueta, é insulso,
semigangoso, propio para resonar en el taller
y dar compás al vaivén del trabajo, es canto
de fogoneros y de obreros mooánicos.
La canción popular italiana es ardiente,
apasionada, tierna, amorosa. El italiano canta
cc:n igual intimidad de pasión el amor, la patria, la naturaleza. Su música despide destellos como su cielo, llamaradas como sus volcanes, fulgores como sus astros; palpitan en
ella entusia.smos, ternuras, ardores. Acaricia
como un pétalo ó hiere como un cardo. Está
en ella toda el alma italiana, más aún toda el
alma latina.
'
Como la música, especialmente el canto popular, es la expresión de las pasiones de los
ideales y de las circunstancias del pu'eblo correspondiente, cambia, se modifica varía según él y según ellas. En los cantos de los pueblos marítimos se percibe siempre da cadencia
monótona del oleaje; en los de los pueblos
guerreros se oyen siempre las llamadas de los
clarines y los redobles de los tambores en los
de los pueblos rústicos :resuenan si.emp;e acordes de órganos.
~l canto como_ ~ª. palabra, se ahoga y se
e.xtmgue con la virilidad y la vitalidad de los
pueblos. En tanto un pueblo entona himnos
cantares bélicos y marohas triuniales e ~
vigoros~ y sano al progreso, á la vict;ria, á la
pr06pendad. Sus cantos son el trasunto de su
iuerza, y no solo su trasunto sino su exitan!Je
n_atural y adecuado. Un queblo fuerte canta
s1e~pre, y cantando se da iuerza, vigor y entusiasmo.
El ca~to gemebundo y sle:giaco d!enuncia 1n
c1ecadencia de los pueblos y el abatimiento de
13:-9 razas. Cuando los pueblos en vez de cantar
gimen, traducen el deca:i:rniento de sus energías .Y sus mismos gemidos consuman su enervarmen,to y su decadencia. Para medir el abis~o que separa dos razas, y comparar sus energ1as, basta tan solo comparar sus cantos popul~res. "La M~ellesa" y el "Alabado" caracterizan respectivamente los_ cantos propios de
los pueblos fuertes, entusiastas viriles llenos
de ie en su destino y seguros d; su po~enir y
l~s razas abatidas, descorazona.das fatalistas
s~n espera_nza~ ~ il~siones, y por ~onsiguien~
sm empuJe ru v1tal1&lt;la.d.

El espectáculo de moda como en el p ·
piar de todos los años, es el Circo. Es u.na
surrección de invierno. Ya desde que te
el crepúsculo, el reflector arroja su clari
deslumbradora á lo largo de las calles. En
punta de la erguida torrecilla de la mu
qu,e se adelanta atrevidamente en la fac
como si quisiera despren&lt;l.eroo de la gran barraca, el foco reluce y envía en todas d ~
ciones sus manojos de raiy-OS. Los hilos de 1
Wanca surgen de aquel punto radiante y pai:ten rígidos, inflexibles, trazaidos en el aire co
p11€1Cisión y .finura, á pl'en&lt;l.er sus púas vívidas
en las azules obscuridades de la noche. Enfil&amp;dos en esa línea de calles los transeunhes bullen dentro de aquella ráfaga, que prolooigándose y abriéndose como una ala, va palidecien.
do y se desvanece al fin en las opacas lonta:.
nanzas. Este es el anuncio pomposo de los
hermanos Orrin; eil astro eléctrico del Circo•
el llamamiento de luz. Rácia él van las gentee
apresura&lt;las como los insectos hácia la llama.
El esplendor conquista y poco antes de laa
nueve, el jardín del pórtico apenas puede contenel' en sus angostas calzadas á la muohedumbre inquieta : la aristocracia penetra en grupos compactos por las anchas puertas de medio punto que dejan escapar la iluminación interior, lanzando bocanadas de reflejos sobre
las manchas verdes del parquecillo. Y por 1aa
fachadas lateral-es, hechas á modo de bardas de
lámina y ~on dos ó tres vanos asimétricos y
despropore1onados, se filtra la concurrencia
plebeya. Al entrar, la impresión es muy agra.dable: un desbordamiento inmóvil de cabezas
en el descenso de las gradas; una coniusión de
colores y de rostros entre la vaguedad de la
penumbra; una mezcla aibigarrada de contornos; trajes de tonos chillantes, salpicaduras
de rojo y netgro en los largos espacios blancos
de las camisas; la multitud descendiendo y
alejándose hasta tocar las barras de la techumbre. Luego, dentro del círculo de los palcos,
en cuya barandilla se yerguen, de trecho en
trecho, los dedgados mástiles que sostienen su
campánula de luz, erecta y brillante, bustos
de mujeres hermosas, cabrilleos de seda, vuelos de encajes y listones, caprichosas formas
de tooados f emeninos, aleteos de sombreros y
gorras, artificiales florascencias, y aquí y allá
e~ tembleteo de luciérnaga de las piedras pre,.
cwsa.s. Después, en las butacas, la tonalidad
seca y monótona. de los abrigos obscuros y las
sorb~ras lucientes bajanuo en su.ave declive,
en curvas concéntricas, para detenerse en derredor de la "pista," cuyo gran círeulo queda
fuerte,mente iluminado por chorros de claridades. Al frente, el reducido foro ostenta su telón, flamante, su inverosímil carrera de carros, destacándose en un horizonte verdioso y
sereno. Es allí donde 1m ''Rómulus" cualqui-era exibe su torso .de "Hércules Farnesio" en
atractivo y triunfo de la temporada.
La compañía de funámbulos está variada y
bien escogida. No he visto sin embargo, en las
noches en que he asistido .al circo, ''reinas del
aire," niños traipecistas ni juo-J.aires d~ seis
años. Debe de haberlos. El público gusta mucho de que la iniancia en peligro lo divierta.
"La reina del aire,'' aquel lindo artículo ds
Gutiérrez Nájera, se reproduoe al natural e'Jl
todas las épocas del Circo. Por mi parte siempre lo he vsto; año por año, he aquí lo que sucede ante mis ojos. Suena un timbre y la piña
de músicos, colocada junto á la muralla del
escenario, comienza á porue·rse en movimiento,
á levantar y á batir los arcos de sus violines,
á. enderezar la flor de metal de sus instrumentos, á hacer saltar los bolillos de cuero en el
parche de los timbal€s al compás de algún
"wals" lento y quejumbroso que produce extraño efecto en aquel lugar. De la puerta que
cubren las cort;nas carmesíes, sale la niña
acompañada de un séquito de robustos hom-

•
M aña Lo isa Vertiz.

Hermenegildito Telle,,.
Elena A risti.
Contribuyentes para las victimas de Guerrero.

bres, todos ellos vestidos con ?asaca de terciopelo y calzón corto, como la hbrea de los lacayos. ¡ Y está bien ataviada! El raso die la
suelta blusita azul e3-pejea entre las rosas de
loo listones; sobre las medias tersas, que siguen
con precisión el dibujo de las pie.mas delgaduobas, brilla una lluvia de granos d~ plata; y
resplandece también el rubio dulce de la cabellera suelta que flota á. espaldas de la niña, como un alquicel de oro. Y a en medio de la
pista el s-emblante de ojazos claros yllenos de
asombro, ha.ce una mueca de saludo, y los bracitos desnudoo, de blancura ,sin morvidez, se
alzan hasta los labios para mandar un beso á
la mlllltitud.
¿ Qué ha.ce la niña? con una agilidad nerviosa salta, sube por cl cordel que ooaban de
ofrecerle unos gigantes, se ase á las altas argollas pendiemues de la armadura de hierro, y
meciéndooe en el aire, ejecuta su "atrevido acto" correctamente, á tiempo, con la función
precisa de una máquina; voltea, se descoyunta, aibre los brazos alejando las argollas de su
cuerpo, coono un pájaro abre las alas, se columpia, reclinada como en un lecho, entre las
dos cuerdas del aparato; y después, cuanido
ha terminado su trabajo, se enTeda al cabl~
por donde ha subido, y gira en vértigo loco,
perdiendo la forma, confundiendo los colores
del traje, y tendiendo su cabellera como un
harapo amarillo batido por el viento. Sigue la
queja monótona dcl "wals ;" se interrumpe
por un aplauso monótono, y la chiquiilla, en
pié sobre la alfombra de la pista, hace reverencias á ese público, donde, de seguro, hay
niños felices y madres tiernas que gozan con
ver aquella debilidad en peligro, aquel ser
brutalmente educado, arrancad.o á los pañales
de la cuna y puesto de improviso sobre los
aparatoo del acróbata, en perpetuo riesgo--no
importa! ¡ tanto mejor !- para divertir á los
buenos burgueses, á los que lloran con los dramas de Bouchardy, y ayudar á un saltim9anco
y una suripanta á ganarse la vida! Hay tristeza fil! ese rostro, y nadie la nota : una tristeza seca que empaña y no humedece las pupilas. La concurroocia ríe y aplaude.-¡ Muy
bien ! ¡ Qué atreivimiento !
·
Y en tanto que salen los "pierrots'' á tirarse el sombrero de cabeza á cabe2a, que aparece "Bell", el "clown" favorito, que corre el
caballo con el atrevido ''jockey'' en el lomo,

que los payasos haoen juegos mrulavares cou
bolas y cuchillos, que caen y se levantan torres de hombres, que se preparan los funámbulos á dar;;e ca.cheites en la pantomima, yo
me quedo pensan.do en aquella niña rubia, de
ojos asombrad.os y cuerpecito enflaquecido,
']Ue se balancea y vuela describiendo en el
viento sesgos y curvas .de ave, como si ante la
multitud indiferente, avara de sentimientos y
de ternuras, una hada invisible y compasiva,
la sostuviera por los aires!

MARIA AZPIROZ.
La semana que acaba de transcurrir adornó
una o.te- sus noches con la nota elegante y simpática de un concierto de caridad, organizado
en favor de las víctimas de los terremotos de
GUie'ITero, por un grupo de distinguidísimas
v caritativas damas di~ la sociedad conspicua
de México.

Los niños y la Caridad.
Entre las escenas simpáticas r1i...~ sa pruoiencian en la red.a.cción de "El lwp:i.rcial/' con
motivo d e la co.Locta eé,ablecid11. para minorar
las desgracias ocasionadas por los terremotos
en el Estado de Guerrero, se a,_,~rncan c0n Yivos detalles las llegadas de los colegios á depositar su contingente en la caja dedicada. á la
caridad.
La primera página die esta edición de "El
Mundo Ilustrado,'' reproduce la fotograffo. de
una de las escenas á que nos r,,fer imos. Son
en extremo gratas.
La algarabía de los peiquieñitos educandos,
el aire de noveda,d que se pinta en sus ;;emblanbes en l,e momento de hacer el donativo;
las earas risueñas que se ven po1. todas pJrtes,
los cariños, todo haoe un momen~o die alegría
1€\Il la vida de la labor diaria, ) al dejar una
lill1-06Ila para los desvalidos de lo material,_ deja un socorro de a;;peranza para los desvalidos
moralmente.
En esta página damos los retratos de tres
encantadores donantes, de cuyas edades ape,nas se podría ha~r una de aquellas que el poeta s-erñ.ala por abriles.
Dos de 1~ donantes soo caipulloo de reinas,
el otro es toda una esperanza para las lucha.a
de la vida, y los tres son reyezuelos del hogar,
déspotas adorados que descienden de su trono
para venir á alargar la mano á los diesvalidos.

En esa agradable fiesta se presentó ante el
público la niña violinista María Aspiroz, una
promesa para el arte, neconocida por varios
públieos europeos.
La niña Aspiroz ajecuta con corrección, dice la obra tal cual la siente á través die sus
años, y la siente con esa misma ia:irlecisa hermosura con que un botón de flor que está por
abrirse, deja escapar el per.fume que ha de ser
más tarclia su eualidad preciada.
La pequeña artista fué muy aplaudida, y
más dabe serlo, cuando su presentación ante
121 público mexicano iué debida á la idea de
socorrer las desgracias de nuestros paisanos
del Sur.

�e, Jtl.u,,do J/usfraao.

Febrero 9

DEL BAUTIZO,
O DE A, RiCCI,

ce 1902.

�Domingo 9 de Febrero de 1902.

Domingo 9 de Febrero de 1902

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

ll TiL.RGRAFIA SIN HILOS
A TRAVES DEL ATLÁNTICO.

Entre Poldhu, punto situado en el extremo
Sudoesti~ de la costa inglesa, cerca del cabo
Lizardo, y la isla de Terranova, Marconi acaba de efectuar sus expe11.1encias de telegrafía
sin hilos, á través del Atlántico.
En la estación de partida sa- izaron veinte
mastiles de 70 metros de altura, y se centuplicó la energía necesa11.a para el funcionamie.nto de loo aparatos.
En Terranova, estación de llegada, un gigantesoo "papelote" fué 121 encargado de recQger á 135 metros de altura, las ondas eléctricas
muy atenuadas por la enorm.:: distancia.
A la hora convenida, las seis de la tarde en
el meridiano de Greenwich, dos días seguidos,
el 11 y 12 de Diciembre, la estación de Pol•
dhu tel,eg:rafió cierto número de veces, con in•
tervalos diferentes y que variaban entre doa y
treinta y dos transmisiones por minuto, la letra S, que en el alfabeto de Morse está representada por tres puntos y corresponde á tres
golpes breves sobre el manipulador.
Marconi y su ayudante, que se encontraban
en Terranova, aseguran haber notado distintamente esas señaJ.~ á la hora oonv::enida y con
los intervalos convenidos.
Este resultado fué transmitido por cable á
los reyes de Inglaterra y de Italia, y al gobierno de los Estados U nido-s.
Igualmente, 1farconi hizo ainunciar que la
transmisión de despachos por roedio del telégrafo sin hilos, limita.da hasta hoy á una distancia de 300 kilómetros (Cabo Lizardo á la
isla de Wight) podía ser logrado en. todas las
distancias, y que por tanto iel problema de la
telegrafía trasatlántica sin hilos, estaba resuelto.
Las experiencias de Marooni han dado lugar á numerosos comentarios, y á vivas discusiones. Una compañía anglo-amerwana que explota un cable submarino, ha contribuido á
esos comentarios, so pretexto de que se aten-

La Catedral.

Zócalo y Palacio del Gobierno.

GUADALAJARA.
Los señores D2:legados á la 2a. Con:ferencia
Pan-Americana, visitan la más hermosa cÍlldad del Occidente de nutstro t:•rritorio.
GuadaJ.ajara es, como ha mucho tiempo se
dice, una perla engastada -en un girón de oro
cLe la América.
Pocas poblaciones mexicanas podrán contar con mejores elementos de büm1estar, como la que es capital del espacioso y rico
Estado J.,e, J alisc:o. ü n clima agradab1e, casas
amplias de aspecto alegre y pavimentadas de
manera que la limpieza die los suelos puede
compararse, sin gran hipérbole, con la traída
y llevada limpieza de las patenas. Los habitan úes tién,en un cai-ácter franco, hospitalario
y cariñoso. Las mujeres gozan fama de hermosura y, en realidad, la "tapatía'' es el más
bello tipo mexicano.
Los ~eñores Cctnferencistas Pan1Ame'l1.canos, tendrán una vez más oportunidad de conocer las vías de ad,danto en que marchamos.
La 11ecepción que se les ha hecho á los distinguidos huéspedes, manifiasta ;entusiasmo,
estimación á las prominentes personalidad.is
que han venido á nu~tra patria para marcar
con los sellos de la. alta civilización el programa de los vinculas internacionales en América.

Marconi y sus ayudantes.

ta á los &lt;lerechos c1e comUilli:3.Ción que ella
tiene contratados. En muchas partes de Europa, pero €specialmenbe en Francia,-Francia
ha tenido la desgracia de apaneoor en estos úl◄
timos tiempos como una obstruccionista de
los •grand.es diescubrimiwtos; J.Weuérd€Sel el
incidente Dumont-allí. se habla de "bluff''
y de superchería.
En algo quizá pudiera tenerse razón, y eso
sin quitar la menor validez á las afi.rmacionies
de un sabio de la talla de Marconi.
Sin duda que hubiera sido pr~erible tram.smiiir en vez de una sola letra, una palabra
convenid.a. Además, la elección de la lclra S
no fué del todo acertada; los tres golpes breves que la compon1en pueden confundirse con

Estación transmisora en Poldhuc.

RONDEL.

El Salto de Juanacatlán antes de aprovechar sn fuerza.

Si mucho se tiene qllle ver en la capital tapatía, no menos hay en sus alredledores 6 á
poca distancia de ella.
'
El Salto de J uanacatlán la hermosísima
cascada q~e en detonante de~rumbe p.recipitaen otro tiempo una ienol'Dlle cortina de agua
Y iue aihora parece dormida, c;&gt;bijada con el
penascal cortado á pico.
Si antoo iera un iespectá.culo admirable esa
joya de la naturale-¿a, hoy no lo &amp;s mcm,s,
transformada en joya de la industria.
Si .antes nec11zaba la vista, hoy fortifica el
espíritu, porque se ve la poderosa mano del
hombre iem.pu.ñando una foerza qu~ autes era
inútil para la vida y pa.ra el progreso.
1

El Salt&lt;, después de aprovechada su fuerza. [Fotografías de A. A. Adams.]

P~ sobre mi alma -soñadora
la incurable tristeza de la vida,
y atravi,eso mi ruta ensombrecida
e;;perando el encanto de la aurora.
Y la miré cruzar por la sonora
playa del ideal, de sol vestida,
cu.ando las amarguras de la vida
agoblaban mi aJ.ma soñadora!. ...
¡ Y desde qU1e cruzaste la sonora
playa del ideal, de sol vestida,
deliro por tu amor, noble señora!. ...
¡ 'rú, que enoonder bien puedes una aurora
sobre la inmensa noche de mi vida!. ...
Rafa.,! Martinez Rubio.

los efectos a.uá.logos que producen en loo circuitos tel,e,gráficos las descargas de electricidad atmosférica. ¿1Iarconi y su ayudante, bajo la in:fluencia de la emoción indispensable
en aqll!2Uos momentos, pueden haber creído
oír las señales indicadas ?
Se cree que la contimuación y &lt;}()mprobación
de los ensayos pueden disipar esas dudas.
No obstante, Marconi se manifiesta satisfecho y declara que 1e. bastan los resultados obtenidos.
Dentro de poco tiempo se propone haoor un
viaje de Liverpool á Nue1Va York, llevando á
bordo del navío un aparato para manteneme
en continua comUll1icación, sea con la costa inglesa, sea con la americana.

Estación receptora en Terranova.

i-';}..-'1',-'l't,..:;i..-'l't,.~-'1',~-'l't,,-'l't,,.,,,.,-?t,~.,,,.,.,,,...::,...,,.._,,,._.,,._.,,...:;,...:;,..~...::,...:;,....,,,..~...,,,....::,...:;,..~..::,..~..:;,...:;,..,,,...::,...,,.

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NUESTROS OFRECIMIENTOS.
•Como habrán visto nuestros lectores, hemos concluido de repartir,
con el número .pasado, el penúltimo tomo de Los Miserables· el siguiente
será repartido como prima al mes, enentregas de 32 págin~.
En .. ~bi~ de~e . e~te ,número aumentaremos páginas al cuerpo
del per1od1co, Y se d1str1bu1rá con el del próximo domingo, la primera novela del mes, entera y encuadernada, y la segunda, en iguales condiciones
quince días después.
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La reforma agradará seguramente á nuestro abonados, pues resultan
los tomos de obsequio, una prima extraordinaria, como nunca la había dado ningún periódico en México.

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�l)omingo 9 de Febrero de 1902

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 9 de Febrero de 190t

CARNAVAL.
Para cantar las verdades, parece condición
precisa taparse la cara. Las leyes no le permist:n al cm&lt;iaclano que use antifaz, sino en los
dichosos chas de Carnaval. Así es que pocas veces hablan los hombres como sienten, como
deben hablar. ¿ Uuáles la cau;;a que impide que
unos á otro,; se digan loshombres las verdades i'
:b;l temor, el temor pueril, vergonzoso; el temor heredado, el que sentían nueslros abuelos y que llemo::. heredado nosotros; el temor
que hace que un hombre cargado de razón, n_o
se atreva a contradecll' á un tio cargado de dinero; que uno que ticM edu(;~i~n, no ose
chocar de .frente contra un estup1do brutal,
que no la ha recibido jamás. Atavismo de raza que parallza las lenguas, embota elvalor~s
sereno detiane las inwit1vas más audaces, solo du;ante unos momentos puede vencerse.
..J:!jn la antigüedad, durante 1~ ~aturnales, los
esclavos se atrevían á decir á sus amos las
grandes verdades. Durante los Carnavales,_ los
esclavos modernos intenta,n alguru1 vez mutar
á sus progellltores. .61 atav1smo, resulta así para el oien como para el mal. l:'or él han progresado algtlllas razas; bajo su influjo han degenerado otras. "Lo:; peoo&lt;los de los padres
caerán sobre los hijos, y los hijos de los hijos,
hasta la cuarta gE.ller.ac1ón."
Ya que hubo en la antigiedad quien dijera
las verdad&lt;IS del barquero, no sé por qué no ha
de haber hoy día qUien rmite á los a,nuguoil.
Todas-esas reflexione::. me hada yo un domingo de Uarnaval, sentallo en un paseo público, cuando se me acer(;Ó un hombre desconocido y sID ca.reta. ~a.tudóme con gran cortesanía tomó asiento á m1 la.do, dejó pasar unos
mom~ntos antes de tolllar la palaora, sin duda
para que tuviera ocasión de exwm.inarle despacio, y al cabo, y en cuanto me hub~ entera.do de que tenía un a,;pccio nada distmto
del común de los monale;;, me miró de hito en
hito y habló así:
-"'l'e extrañas que no haya gente capaz de
rendir culLo á la veru.t&lt;l. .ti.ace.,; mal. ¿ !las
"""nMrlo
alo-una
vez en lo que tú, mismo haces;
~
o
t
· 'l'e has confesado alguna vez a t1 Illliimo us
debilidades i' 'l'ú has mentido de niño á tus pa-dres para ocultar tus faltas; ha;;; mentido á
,
tus maestros,
haciéndoles creer que sab'ias una
lección jamás estudiada.; mentiste en tus mocooades á las mujeres, :eara lograr de ellas
cuanto deseabas, y jamas sentiste remordimientos por tus menüras. Cuando un hombre
se encolerizaba. en tu pi-esencia, temblabas
ante la justa cólera y disimulabas tu miedo,
pegando el primero. Después, engañaste miserablemente á tu mujer, y cuando ella te engañó á su vez la a.sesmaste. Quisiste dominar á
tiñe pelo y barba para remedar al mozo; la
los hombres' y predicaste las doctrinas que die"barmaid", que se ruboriza al oír nombrar
cinueve siglos antes había predicado el Homuna chambra; -el sádico, que acaricia. á un mubre-Dios, y cuando esa predicación dió sus fruchacho; la celestina, que hace limosna; el getos, cuando los hombrei:;, á. fuerza de obedecerneral, con alma de ranchero; el pintamonas,
te te elvaron, obraste de muy distinto modo -que aparece como un genio, merced á las merque hablaras. Tú quisiste que la lll,l.Illa.nidad
cedes que otorga á los de- tu oficio; el negrefuera humilde, para mejor dominarla; amoro, que ha.e-e obras pías; el bandolero, que lerosa, para que fuera más débil; animada del
vanta campanarios con el dinero roba.do á los
Santo amor al J\l"Ójimo, para vencer sus escrúincautos; todos esos no son más desprepulos con .facilidad mayor. Tú lloraste con los
cia,bles que tú lo eres. Ellos, como tú, vivís en
ojos, mientras reías con el corazón. Acudiste á
un Carnaval perpetuo. No hay quien os haya
los templos, sin fe; á las reuniones públicas,
visto la cara, porque la que mostraís al mundo
sin convicciones. Y, sin E!mbargo, los que te
no es la vuestra, es una careta que s~ contrae,
veían en la Iglesia) hubiesen afirmado tus
que ha.ce visajes, qu á voluntad llora ó ríe; pecreencias; los que te oyeron perorar, apostaron
ro que jamás, jamás refleja, coono el agua, coen favor de tu hombradía de bien. No sabes
mo el cristal, la imagen verdadera. que se le
nada, y has pasado por un sabio. Na.da puedes,
presenta. El Carnaval no dura unos días, sino
y sin embargo te temen. No has obra.do jamá~
que perdura toda Ja vida. Y ya que no tienes
conforme á justicia, y te tienen por justo. Has
ninguna buena calidad, ten á lo menos un poestafado á tu prójimo, y pasas plaza de honquito de indulgencia."
rado. ¿Por qué extrañas 9.ue los demás te imiten, que obren como tú, que como tú mientan? La disipada, que aparece como mogigata;
el ladrón que, burlando las leyes, roba sin emAsí dijo mi interlocutor, y se largó, dejánpacho y sin :remordimientos; el orarlor, que
dO'lD.,e convencido; pero no convertido. Pensé
cuenta con la estupidez de sus oyentes; el coque era un bromazo de Carnaval; mejor dicho,
barde, que sabe que no hay quien pueda descuno lo pensé, pero me convino creerlo, y lo creí.'
brir su cobardía y aparece CO'lD.O valiente; el
imbécil endiosado, el viejo tu.no que se
A. RIERA.

•• •

ECOS DE LOS TERREMOTOS EN GUERRERO.

Templo de San Mateo (Chilpancingo.)

CallelNacional (Chilpancingo.)

.A. los productos de la subscripción se unen
los que allegan las fiestas de beneficencia, y es
de esperarse que antes de un me.s se cuente ya
con una suma considera.ble.
El Sr. D. Agustín Mora, Gobernador del

La República. entera se ha sentido conmovida por las catástrofes ocasionadas por l~s _t~•
rremotos en Guerrero, y se hace una activ1s1ma propaganda para remediar aun cuando sea
en parle la desgracia de las víctimas.

Calle del 5 de Mayo (Chilpancingo.)

Estado de Guerrero, ha manifestado gran interés por aliviar la situación de sus gobernados,
y á él se deben los primeros auxilios.
La actitud del Sr. Mora, como gobernante
y como humanitario, es muy digna de aplauso.

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DOS RICOS.
Cuando ante mí se celebra al arehimillonario Rothschild, quien, con sus inmensas rentas, consagra sumas cuantiosas á educar niños, curar enfermos y fundar asilos para los
ancianos, también yo le e1ogio y le admiro.
Pero, al alabarle y admirarle por eso, no
puedo dejar de acordarme de una pobre familia de labrieg08 que había recogido á una
huérfana en su miserable choza.
-Si nos hacemos cargo de Ka.tia,-decía la
ca.mpesína,-nos deja sin nuestros últimos
céntimos y ni siquiera tendremos para com-,
prar sa1 con que sazonar la sopa.
-Pues bien, Ja comeremos sin sal,-contestó el marido.
¡ Cuán lejos está toda.vía Rothchild de ese
labriego!

Dos de las calles más destruidas en Chilpanciogo.

Ivan Turguenef.

Casa de Correos en donde fué muerta la Sr;ta. CPntó,

Casa de Telégrafos.

�Domingo 9 de Febrero de 1902

EL imNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO .
AÑO IX.----TOMO 1.----NÚM. 7.

MÉXICO, FEBRERO 16 DE 1902.

Sub!lcrlpci6a mUJ!lual lorAIJea, 1 l 50
Idem. /dem. ea la capital, ., 1.25

Gerente: LIJI&amp; Rtl't~ &amp;PINDOU.

Director: LIC. RAl'AtL Rtl't&amp; &amp;PINDOU,

UN CIGARRO.
E11Ba10s fotogriftcos de Lu-i,ercio.

¡CAT.A.STBOF:E!

Cuadro.de M. Karvalu,

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 9 de Febrero de 1902

EL imNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO .
AÑO IX.----TOMO 1.----NÚM. 7.

MÉXICO, FEBRERO 16 DE 1902.

Sub!lcrlpci6a mUJ!lual lorAIJea, 1 l 50
Idem. /dem. ea la capital, ., 1.25

Gerente: LIJI&amp; Rtl't~ &amp;PINDOU.

Director: LIC. RAl'AtL Rtl't&amp; &amp;PINDOU,

UN CIGARRO.
E11Ba10s fotogriftcos de Lu-i,ercio.

¡CAT.A.STBOF:E!

Cuadro.de M. Karvalu,

�EL MuNDO ILUSTRADO

Domingo 16 de Febrero lde 1902.

ello al conde una prueba de su ,perspicacia.
-Exaclaimen,te, mi. lbue.n Claivin, :respooidió el con.de si,n ,poder IOOilltener Ulill8, son.ns&amp;.
-¿Y qué más?
-Que mi petición :tué rechazada ...
-¡ Ah, d,ia,nd;re ! . . . ¿ Y ella no le corra;pondía?
-Es de su.poner que ;no, puesto que se casó con otro, el señor baron de Korbon.
-Ya comprendo. Resenilianiento de rumor.
-1No Clmn oo acierrta ,usted. Espere 'US·

'
UIJl. 'poco.
.
-Ya escuclio, señoT conde, 'Y !D.O diré un.a
pSJlabra más.
-Desde aquel mOID.enito, sigu,i,6 diicienido e~
oonde, compreilldí que halbía. aoabaldio prura mJ
1a ifelreidad . . . Paxís oon sus pla.ceres V,8Jll.OS
con sus decoraciones ficticias, su tUlllllltlituoso torbellino me ins.plil'IÓ ,de l"€ll)6Dlte ihorror,
y resuelto á huir de la sociedad, une 8 l l l ~
á rclu,g.ia:rme en esta finca que U111 ,painentE
acaibaiba de -legarme. . . .Aiqu.í iviví dos años
tra:nquilarmente, ocupándome tle ·arrenid.am.ientos, ,de laborés agríicolas, ()8,Z8Jill(]..o, dando J:argos tpaseos á caJbaifüo; en UJIJ¡8, I_&gt;alrubra,.
adomneciendo lo mejor que ip'Ulde mu oolo1
!fatigándome lo 'IIlQ1S ípoSIÍible, cuamido. : ..
-¿ Ouando?. . . rapiti:ó ,Olruvín ag111,1Joneado por Ja curiosida.d, como el lector de un folll€ftín cuaaiido Uega al "00111tinuará en el número próxó.!mo."
-Owanido corrió por -lia OOII18ll'Ca el .r umor
,de que U!ll,8, ta[ señoru de Korbon, v,iuda joven aieab-aiba de comprar el castillo del BooFlorido, que estruba en venta desde ~acía
1D1Uoho.s me;;es. por defunción de su prap,ietario.
-¡ llol-a. hola !
-Sí ¡ hola, ho!Ja ! . . . Tuto mismo exclarrné
yo, como coonprendereis. . . .AiqjueUa. nortici,a
me ¡produjo eil efecto de un raiyo ... Gisela,
tal es el !IWIIDbre de la ha,ronesa, ere, pues, vinda, cosa que yo igin.ora:ba. ¡ Qué d:ioha ! Y la
cuuaJlidaid, ese dios de los eD.Mnoo:aldoo, hací-a.
que precisamente viinier-a á imsooila¡rae á pooos
k,iilómertros de mi casa. . . ¡ Lha, ipor consig.wie.nrl:ie, íi venla, ! . . . ¿Y quién sabe? Trul vez
,la, silmpaitía q111e no haibfa sa;bildo inspirarle el
rparisiense, podJrí,a el hilda.lgo ~ o ...
-; COIIIlprend:ildo, com¡prenilioo !, e:xclamJÓ
O1avín, ilmpaáente por llegar al momento
psi.oológico.
--¿ Qué hacer en situ.aJción samtj.rurute?
¿ Q,ué :wtitud aidoptar ?'. . . En CU8JD.to estuvo
inshailarla .mi v.ecina, ipresen.téane en su casa
y le ,hice pa.sar mi tarjeta, en la que ihaibía esori-to: "El IOOlllde de Courvail. ten,dria vivísÍ!ml8
S3Jti&amp;faoción, á. título de vemo, en od'rooer sus
respetos á. la seño.ra ha.ron.esa de Korbon ; se
pone oompleta!ffien,te á sus émknes, y se oonsiideraria IID.'111)' diohoso si :pudiera, serle .de algama uibi.li.diad en i:roodio de las ,d,ificuilitad.e:
qnie forzosa-mente habrá ,de encOllltrn,r en su
instalación en una 00lll8JJ'Ca rpara ehl.ia desooIJJOcida."
--¿ Y le recilbió á usted?
-No; me ,hizo contestar por un criado q~
1-leva,ndo to,da¡ví,a luito ¡por su IIDl8lri.do, se babia :impuesto oomo -regla !de oon,diucba el ,no
ver á nadie.
-Hai&amp;ta aqiu.í oo veo rtod:aví.a qué ofensa.
-Espere usted. . . Y o, !LD.ooe.nrtl6n coono
soy, creí de hu.en.a fé lo que IID.e decía, y prosé: "¡Paciencia!. . . El lut.o illO será eterno ••.
-¡ Mru,y -bien razonado !
-¿ Lo ere.e ,usted ,así? . • • Pues ,va usted á,
ver. . . Ocho días despué.s de aiq,uella visita
:nos encontrallllos á la erutra.d.a del pueblo .. :
La s,aluidé, oomo era n:l!Jt,ura,l. . . y ni siquiera se di'glllÓ correspooder á :mi S811udo sino
que ,pasó s:irn voliver fa OaJbeza.
'
~¡ Dia.ntre !
~En'ÚOOlces me dije: "Bueno, ya sé ,á qué
atenemne. Quiere hacer ver que no ,me ocmoce."
Después de UJD. insta.n.&lt;te ,prosiguió diiciendo
el ccmde :
-Hllí,ta aqlllÍ, era solo el silencio, aJca&amp;&gt; el
-desdén. . . Pero no tardó en ,venir la hostillidiad declru.,ada •... La -baronesa me ha desipo-

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El casti'llo de la Colina Ve11d:e y eil de!
Bosque Florido, ambos si-tu-rudos en el Sarthe.
no lejas 1de Sa.blé, &lt;diist.ain ooo de &lt;1too cua,tr,c;
k.i,lámetros ,a,proximadamente.
TOidos los dí.as, cuando el OODJde P(fu-o de
Oou..rv~ sale en su bogg1y para dax su paseo
matutino, pasa por delante de 1-as iparooes de
ceroa del castillo vecino IQ-ue lindrun ron La. carretera ry están sepaooldas ,de la oailzada por
un pequeño foso.
Todos los días, también [a ibarro11€S8. de
Korbon, propietairiiia del Bosque :F1lorido y"
C11IlllJ&gt;lid~ amawna, .al ipasar al galope de su
OaJbaill.o "Strapontín" por [os oonlderos del
bosque,_ ,distingue al través de alltgún ola.To
q'lle deJa;n Jos árboles, las -torrecillas de la casa oolariega ri'V'a~ en la vertienw de fa colima.
S,wede asia:ruí,;,mo, á vooes, que ~l oonide y
la ba:ronesa se en-cuootra.n,.
¿ Qué ~ entonces?
¿ Que se saliudrun oe.remon;io_,::arrneD.Jte ó que
IC8lmbi'&lt;l1J1 algunas palabras, cruan deben J:i.arerlo dos oru:Mlllhllos de ,la misma ooona,ma,?
¡ Error oompleto 1
El oonde y la baronesa vu~lvoo la oaJ007AÍ.
á lia ldereclia, lo cmal, yendo coono van en d'ireooiión contraria; les permite a.parentar ique
no ~ han visto, y eiguen su crumimo.
Sm amba;i,go, 1a .actitud ide u!l10 ;y otro IJlO
es 1a misma.
Asi oomo ila baronesa, en su afool:ado tlesden, rpra.reoe burlania, oonritnte el oonide se
muestra furioso y aun se le p~ede ver des~
pués de ail•g.unos pasos, voliverse y t-Xamiinar á:
1a anmzona 'Y al .caiballo, hasta t¡mie una ry otro
'han dooaip11Jrecido de su vista.
-¡ Condena,do pícaro, pí.caro condenado !.
exclaima con :rebia.
·
Y ooono en la nailuraleza 'humairra está el !hacer ~aga,r siempre á llOS dwnás el :mal humor
propio, de .aquí que sea "Trottine," su ryegua
norma-nda, 1'a qrue pague ilos v:ikl.rios rotos.
-¡ A1lda, ~i.p, ma1dñoo. ! 1Corre! ¿H-a-

Y el con&amp; a.fulíde, ,haiblalI!ido consigo mismo
y teniendo ,t,ooo,-víia delante de sus ojos la
im-a.gen del alaz:á:n oobeJ.,bio •que acaba de en.contrar :un momento antes:
-¡ Qué fuego! ¡ Qué sangre! ¡ Y ouam.do
:prenso que esa mala pécora tiene 'la suerte
de pooeer un anwmal semej8lll&lt;te !
.Su cólera ha ca,mbiooo ya de obj€1to, y ces:am:do ,de fustigar á "Trotine," ~(mese á. imsuJta'r ,á ,aqiu.e4la mafia pécora, por otro nlOIDbre la ha.ron.esa de Kor'.bon, indigm;a tle poseer aquel calballo.
¡.Arrida rulá, presunttrosa ! ¿ Cuiánido podre
drurme el gustazo de j;u~le um mala ,partí~
d,a.?
•

II
-;Pero seño,r oo:nkle, objeta1ba El! n.o-talnio
del 11ugrur, excelente su(ieto, 'hdmlbre p,acífioo
!Í. q'll!Í-en su clierute hrubía llama,do á itoida p ~
le asegiuro que nada indica, oorrro rusted :ooTe:
ce creer, que €Se oamitno qiue oonJdluoe de 1la
granja al •río, sea de ,propiedad exclusiva de

U.slted.
-Dispense ust.ed., iquerido notario. Los tí-

tullos die propieda:d . . . Las ;ooi,vi)d'lllmhres
OODGig.ruiifus en -el catastro. , .
-Sí, &amp;í, lo sé perfootame.nre. . . Toldo eoo
puede oñscmifu5e... Pero ~ga ust.ed en cuen~
ta que 11a baronesa, que tiene .J:mis interés q111e
usted en poder ,pasar por ese icamino ,porq'lle
ello le ev:i'ba tener que oo:r ~llll ~ par el
calmÍIIlo real, no cederá sim iresistencia lio cua,]
dlalrlá lugaT á UJ1 pleito.
'
-Penfectamerute, €Sto es lo q-ue quiero mi
buen D.O'baTio.
'
-¡Oih!
-Sí, contiln'll!Ó ld!ioienklo el conde sÍIII. dejair de reir, una pEqueña vaJla de 'Illlllilem no
mu, a1lta, IJ)0l"O sólida, claivaid,a en tierra.' . ..
Y ou.a,nJdo 1ia baronesa llegue y se encuentre
oon. es.te dootácuJo, trul ~ sin esperairlo si el
alguacil no le iba entregald.o tddruvfa '1a ciitación, no ¡podirá pasar adela,nte y se verá. obligaicm -á vo1verse atrás.
-A no ser que :a¡pl-iMn.do un ,b uen latigazo
á "Strapointín," iq¡ue no tiene rifvail 000:00 sa.1tailor, pase por en,cima de -1a vrullJ.a, mofámdose de usted.
-¡ Ra(yos ry rf:ruenoo ! ...
. !El ron:de, fuera de :sí ial oír ital observa?
otón, púsoise encamaido coon.o 1llll ifmruilte • 81
pooo más ~ herido por mi ·~taque de apople-

Domingo 16 de Febrero id€ 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

jía. ¡ Era verdad que "Straipontín.'' sería m
capaz !de juga.r-le esa mala prurtida !
Y ipa:rooióle presenciar rya la escarna., v.ió
k baronesa. ,venci'f-,ndo aq,,uel obstácu!Jo y
su .bwrloma oaTcajalda.
'
Y á .medida que su raibia se 8JOO.D.tuaba.

tía crecer sus mSJlos i1J1stim,tos.
'
. -Tiene. oot.ed. razón, Clruvín., dijo con
lig.n,a SOilJWl,, y ,ha,oe ust.ed bi'f-,n en mve
me; por esto daIDé á mi vahla se lo ~~t'Bi
uma .alilura suficiente pana d~azoniar á
más intrépidas a:m.'azo:oos 'Y ¡panid:ré e ·
pum.tas de hierro y oascO.: de 1ootehlas · de
te ,modo? ~ la señora Korbon, im¡pul~
u.n sentmu.e.nto de provocación quiere inUm
~ el esoru1amienlto, habrá m~has probaibi
li.oorl€s lde ,que um,a ,buenia ,caída. ...
-¡ Oh, 1Señor oonde ! . . . ¿Es, ¡pooiible? ..•
¿ Llega:rí.a su mailidad á este pu.nito? .. .
. -¡ Mia,!Kfuld, maldad ! No soy yo el ,zoo.l
smo u.a -b aron~.
Al oír ES-to, el Sr. Olavín juntó las
escandaliuirlo.
¿,El,la. m.a.la? ¡Esa mUJjer tan idig.rua tAm
buena, tain coonpasiva ,pam todos los q~ sufren ! ¿ Pero iqué es lo que le ha ihooho
usted para que .así Jiaible de ehl.a?
-¿ Qué lllle iha hooho, Sr. 010/VÍJD.?. . . ¿
ll,(} fo salbe ust.ed ?
-¡ Qué Ji_e de sa:ber, señor c&lt;mde ! .. .
-iP.ues 1hwn, Clavin, óigame, que ivoy
oontá:rse1? 1~ - Y ·liuego me diriá usted
conowoo~a st rtengo mortiivos .ipa,ra detEstar
esta mUJJer.
La ~is~ria debía ser Ia,ga, ,porque el Sr.
~~ _ihizo que les swvieran &lt;JenV~,
C1;0 un mganro á &amp;U mterloowtor, ito!m.ó ,él
b1án UJD.O, y senlf:ánd.ose en una o6moda
ra, OOim.enro su relato.

III
-Sepa usted, ,pues, mi buen ,OLavín 6i

qiue l18i gen te de esta tierra n,o ise lo ha
~ ya, que n,o siempre he habitado el ca.sti
&lt;ltLV ~ la Verde Ooliina, en donde ,me vé
tea !J!IWtalooo. Dueño absol'llto de mi fo:rit
desde .q~e Uegué á mi Il'.UllJOr edad, emipec6
pOir. V:IJVlr ~ Pa.rís, en donde, viéndO'.rll.e rioo
Y sm 1;1-ecesidad de ;pl'iva'l1Ill.,e ,de ,n:arlia,, Ueri
UJili8. vida ,:por ~ a1legre, divirtiénd
ouan~ puede divertir,se un homlbr.e no .
:pa,rec1do_ Y q~ no repara en ,tirar el dine
Esta e~01a. ihabría qui7Jás contÍlnuado, •
1a casu:a:li,d.aid .no me hu:biese ipuesto Uiilll, noche, en ,UJD. -b8Jl,le, en presenJCia de 111.11a jovell
de sobtmn.a belleza, por ,la qru,e senití ií!lllllediatan:nen:te un amor looo.
-¿ Y ila ipiiliió usted en lll1atr.iimonio ?, pregunw Olasvín interrumpiéndole, or
por haber a.divinado lo oou.rrü,d,o, .dam.&lt;lo COJl

qW:

j a.do del lugar que OOU!paba yo en '1a oomalrca. . . 'l'en.ía yo mis pobres, que me estalban
agradooidoo por 1o qrue hacia yo ¡por ellos; la
fort1lllla. d,e la baronesa, cmás consiJd~Ta.ble que
la mía, le perimiite drurles más, y me priva.
hasta de. su agraidecimienrto ..• ¿Cómo ilo hace? Lo ignoro.
.
El conde se haibía ,pu.esto eru,a.rnado de ira.
-¡ Y esta ,vi,da dm,a, desde hruoe dos añ.os 1
¡ Y estoy harto y.a de ella 1. . . ¡Y voy á itarnar
el desquite 1. . . ¡ Adielamt6, ¡q¡u.e_ esta vez .habré dado oon el verdadero c8JIU'D.O 1. . . Paipel
sel1a'&lt;io v un.a valla, ¡una iva11a ! . . . Toodrá
que dar ·-un rodeo, pues tal es 'lil!i. voluntrud, un
ilia.rgx&gt; rodeo, y se verá db'ligaida á pasar por Ulll
canni.no lhl.eno de po1vo, aibra.saido por el sol y
sin 'l1Jl mal arbol que ,l e dé sombra, ... Y si
sad.ta ... , ¡peor paira. ella! ... , ¡cui.c1ado con
tla voltereta 1

IV
Desde hace dos años, es oocilr, df.Sde que la
barones.a de Korbon se instailó en ila ooma.rca,
aq111eil día es el ipriunero en que el oon.de de
1Counval 1pareoe SS1tisfooho; y hace ll1!ll anoment.o, cm.ainld.o encontró á su enemi,g,a IID.Oilltadia. en
"Htraipontin," €ID. vez del grufudo so~ co~
que suele acoger su rupruri.ción, se scmno .malioiooamente.
-¡ Anda, ve, oorre en línea recta, herunosa. w:nawn,a 1 ¡ D.i!ríjet.e Mci.a el laido del río!
¡ Ya veremos la -cara que pones !
Y preciso es creer lq!Ue aquehla sonrisa exoopm¡onail tenía :rea¡l!mente u.na. 1,ignifi,cación
extraña, puesto,¡q¡u.e la. ooronesa, á. pes,rur de la
ve1ooidad oon que pasó por dellal'.llte del oon.de,
no hahí,a, dejado de obseuwrurJ.ia.
-¡ Hola, ,ho1a ! ¿ Qué es llo que estará prepairandio mi enemigo?
Pero sin que esta idea fuera 1bastalllte á deoonel'lla, siguió SU ,caJU,Í[lO.
liada '11.D. tiemipo mganífioo, y iá pesar de ser
tod,avia anu'Y it.e.mipra,no, el sol calem.talha de lo
lindo.
"Hemnoso pase.o, ,pm-o algo cal'UDOISOpoosa.ba. ,1a ,aimiazoma ;-,rufortl1Jll,'3Jdarrrumte ipronto voy á llega,r á la wmbr.a, ipasa.ndo ipor el ca,mimlto que con,duce al río.''
¿ Qué !hacía el conde en aq,uel 1ID.&lt;nn.eruto?
Acaibaba de dewnerse en J..a carrerera.
" ¿ Q,ué paisará cu.a:nido llegue deliainte de lia
vaJila ?-,pensó.-Lo mismo si salta que si da
ll1Jll, rodeo no SSJbré lo que hruya, ocurrido ...
Y según'.apite por unia ó ipo-r otr.a xesoi1ución.
el resu.lrtiaido ha. de ser muy diferente : ó seré
yo -quien me bU!I'le de el,la, ó ellla quien se
burle ,de mí ... ¿Cómo saibetlo? ¡.Aih, se me
ocurre 'Ullla idoo. ! .... "
Precisamente cerca de iaihí haibfa UJD. muohaoho ; el con,de bajó del .coche, y confia.rudo s,u
y ~ ''Trottine" •a!l crudaldo de aquél, le dijo:
-Toma, ooge las riendas y ~ ; á
mi vuelta te druré '11111a tprop.im.
Y echando á correr á can:nipo traiviesa, dirigióse aJl sitio del oomba.te.
-Va á ser u.na cosa curiosa!. ..

V
,Al!J.i está el conde, sentooo en el hatllCO de
piedlra, y ifmn:am,do su ciga.rrilllo
De prcmto se oye el rruildo del galQpe de un
cabahl.o.

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. ~ ¡;; . -

&lt;:Jd
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'-#,,.

-

Es 1a baioonesa que se para d:e repent.e. . .

'Strrupanitín" retrocede

'l1IIm línea, llSUStado
ante aquel dbstooulo, iprura él descon~ido.
La ama.zo:nia se ha hecho en seguida cargo
de 1la situación.
·
'
-¡ Hola, hola 1. . . Trabajos de defensa del
enemigo!, e:x.clrum,a en alta voo a.n,tes de haber
advertido l.a ipresen.ci'a d€ll oon.de.
Si el Sr. de &lt;Jaru,vSJl no hubiese estaido allí,
segurrummte iha1bria vuelito gru¡pas y ¡preferid.o
dar oo rodoo ; esto era lo que 1a moon aocxnsej alba.
¡ Paro el Sr. CoUI"Vall ila está obsartva.ndo 1

Ellltorroes l,a, arma.zoma se a,íirttna sólida.mente oobre la si!lla, sujE-ta. fuertemem,te ,las riendas con lia mano, y aJmndo el 1láltigo parece itcimar terx.eno para dar el sa.1to.
_
"&amp;upcxngo que no salitará"---dlire pa:ria. sus
adentl"OIS el conde, que se ha ipuesto extrao.roinari81ID.enite páliiéLo.
La baronesa pron.iwroia aJgUJru1S palS1bra.s
~ arumiar al caibaillo, ,l e acaricia el cuello
para h,rulaga.rlo, y al fin gri.ta:
•
-"¡ Ifop Jia !"
Pero el oonde se lanza á su E/lli!uentro.
-¡ Señora, no c011J1etem usted esa locura !....
Se expone 'usted á maJtrur,s,e !
-1'al vez.
-¡ Deténgase lIBwd le m:go !
-No.
-¡ Corriente 1. . . ¡Pero en tal caso, oorramos el riesgo juntos!
Y el oonde, des-cubierto y rupoyooo en la. valla, va á. haioerse a¡plastar ·l a cabeza por los
ca.seos del calbahlo.
.
Insmte de emooión, como se comprenderá,
,por u.na y otra p8Jllte.
El oonde 'Y ila ,baronesa re contemplaiba.n largo raito en siJencio.
-Confiese us1Jed, señor.a, que me odia, dice el Sr. de ,Oourval.
·
-¿ Y usted? ... ¿ No hace acaso algo peor?
¡ La imiferenci.a más doodeñosa !
¿ Indiferenci,a ?'. . . ¿ De.,,dén?. . . ¡ Oh, este
es demasiad.o ! . . . Ante ta.l acusación, el ooñde se revuelve :iindig;n,aido.
-¿ fudi.feren-te ! . . . ¡ Yo que 1a he ooorádo !... ¡ Yo que la ad,oro toda:vía, á ipesar de
todo!
·
-¿Usted?. . . ¡ No diga ,usted ffiO I Si fuese cie.rto, ¿cómo haibrí.a usted pemnitido que
me casrura con el señor lde Ko:r1bon., ICl1!8ill00 .mis
semi-confesiones indicrubwn demasia!d.o ....
-¡ Pero si fueron loo ~ de usted los
q111e me .negaron su anruno, d,icien,do iq¡ue me h.a,..
tbía iforjado iiilusiones iaceroo de sen,tiJmieDJtoe
que ja.mÍis ioobfa usted exrperimeintaoo ipor .mí 1
-¡Oih!. ..

VI
-Pero ¿qué b-aoo el ronde? se ipregmnita.n
las gentes de la. Co1i:na Verde.
-Pero ¿qué halbrá siklo ,de J.a. baromlS&amp;?
piansan las del Bosque Florido.
Inú,til es decir que se va á. qllliitar ,la, V'ai11a
ipa-r.a dejaT el paso liiboo á la señora de Korbon, y gue el Sr. de Courvail. podrá rproporoionia.rse también de cua.ndo an oo'8Jildo el gustazo de drurse u.n paseo monitado en "Stm¡pontín" que iha sido :pu.esto á, su disposición.

J. ~err iJ~ 7uri((ue.

�Domimgo 16 de Febrero de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

.,.,te ,amor dooventuraido que SIÍ1'1Ve de
ouento """
·
que si:rnas
fonido al cuadro,. porque 14!U1600
, Edh-r
como en casi todo el teatro de
~
que tú
femenirey, , es decir, tu sexo, el "etel'tll.o
.j.n~;te_
no,,, tiene 'l1U €llloontadar represenl&gt;&lt;W,J,

])amas Salvadoreñ,s.

LA INFLUENCIA .MORALIZADORA
OEL ARTE.
Un &amp;migo illl.Ío me decia. días ipasado,, _á
propósiito id.e "Quo va.d.is" : "Es tlVW.ente 4ue
~ien.ki.ewiez se propuso en su obra. hacer 1:3
apología. de J,a doctrina, evangélica; que qlllso poner en contraste la dooadencia, el sensu.atismo los vicios de orgainización y .de costllJIIliores 'del I'ID/Pfil'io; la triste oond.J,ción del
pueblo, 1a su.e.rt:.e cruel reservada wl esclaivo,
la ser.vidl]JJil)bre de la mujer, los honrores de la
ergástula, el env,iloo.i.m.J.ento del ,patríruxiaido,
'Y &lt;p&lt;&gt;r efwt.o de oontraste h.aoor resaJ.ta.I· l,a. pu.1-e.za y J.a nobleza de la. nueva doctriru.a: , de
ca.ridad, de a.mor, de libertad y de redencwn.
Frente á fa .sensuaili.dad el a&amp;eetism.o; fo;noo
al ~ticismo la ifé; frente á la ~dúerenci.a
ó el odro ei lliII10I; frente á 1a -serw.u:1u.m.bre la
li:berta.d · frente á la. faltatlid,a,d Dios; tal es
todo "Q~o vatlis," y -baJ.es son Nerón y Petronio .al la.do de Sa.n Paiblo; .Pqpea aJ. Laido de
Ligia; J.os penseguidos al ,.La,do de los pretoria,no.s, y la Roona de los Césares j1ll1to á la. Ro'.lll.,8, de Han Ped:ro. Y sin embargo, agregaba
:mi amigo, Sienkiewícz no logra. casi otra cosa que dejar en el espíritu un CUJa¡dJro esplendmte una im,presi'Ón imborraible de aquella
civ:illiación ipagrun,a, tam. cruel ,para. los débiles
y para los bá.11ba.ros, tan COJ:rom¡pida. aJ. fin y
tan odiosa, true. repugllil.'.ll,te á los OJOS de la
mor.atl; pero tam. intensa. y tam. !Profu.n:iliumente
bella. El autor lllllllortaJ. id.e "Quo mdis" no
logra hacérnosla odiar, iy coopera á hacérnosla adiurirar; oo:rufuma al moraJ.ri.stia, y el sociólogo en sus OOillViooionas de que aquello fué
cruel é i:njusto; a.firma aJ ~yente. en su, certidlll!llJbre de que la redención se un¡poma, Ji
en su ad!miración por loo aipóstoles y los
mártires que con sus doctrinas, su ej amplo y
sus sacrificios, la di:fuooera.n y propa,,,a-a:ran.
Pero es inidiudable que en el espíritu de los
leotores queda un fondo de aidimiración ~ srun.a., de delootaoión ilicita; que la. obra dera
en el alma un vago a.:n.helo de aquellos goces,
hoy ved.arlas; infunde a:nalas tentaciones de
volver á iaquel medio y á a.q~clla. eyoc3:; que
dej-a. un vago deseo de haber sido Petromo antes que Paiblo, y en, SUIILa, trabaja.nido á oontramma y á contrapelo, ila. obra, para el vu:1go, es amrt:.es una. apología. que un.a censura. del
odiooo régirrnen.."
Mi amigo salvo un poco de ex,agera.ción,
tiene iraoon ~n el fondo; s:ólo que el cargo,
enderezllido wn:bra Sienkiewics, debe ser ge-'
neraJ. y formlWl'OO ~tra. wdos _loo poetas
y los literatos que gmeren mor:81izar oon la
novela el d:r,a.rna, la poesía, la literat"uim, antes qu~ con el catecismo, el ejemplo y la educación.
Hay algo de particu!l.ar en la !ILatlll'aleza
,hu:mam.a que se Qpone en prifllcirpio á_ que la
(literatura ;pueda ejerctT U.Illa ,wam. ~lWD.cia mor,ailiza;dora.. El hterato, iá. ld:iieren.c1a del
filósofo, no puede ,dar lecciones de_ moral, sino rpor el iprocedilmiento que- corunste en. ib.aoer oorutrasta.r 1as ventajas de t1a V'inbud oori_
los inconvenientes del vi.cío. Para establ~
este contraste, si no quiere que el ,p úhlioo S€
ría de su candide,z y le vuelva, por f.also ! ,por
inverosí.mil, ,la espalda, le es forzoso pmtar
loo atractivos falsos y transitorios, s:in
del vicio· los goces moo:nentáneos, ,f ugitivo,,
y maJ ~oo que procura; _las secluooi~es que
pone en juego; las atrare1°1'.e.s que eJeree; y
después pintar las 1degrad.aci0Il.0.5 iá que conduce los m:aJes tremendos que de él derivam.,
los ~vilecimientos, 1~ miserias, el desprecio
de loo demás y de -sí mismo, y la. o:"llJÍn1a anateri.atl ó;nt,eleciuaJ y füica. á que con'dluoe.
Áhora biE.n, en la m.a:yoría de la.s gentes,
en ilos, espíritus que no son superiores, en los
corezones que no pueden 4Jrecia.rs,e de un
temple escepcional, en las imaginaciones mal
reprimidas y mal orientadas, y son las más
el pr.imier Ollilldro deja U!Ilt8. ilm.presión más viva y 'V€.Tdadeva que el segundo. El hltdo pla-

"?-~,

Damlimgo 16 de Tubrero de 1902.

•••
D
José se ha en.amo:ra.do hasta la loou•r a d': estas mujeres cán~, de .es~~l
jere,., a¡pasionaidas y herówa.s que oo
,oonil.wto oon su muerte ó desa~ el
loo crispamientos de la, angustia.
es
rrn. dor ..lel "Gra.n Gailooto" las he.roínM
.u100
a u
•'
·
d fa.
de Eahegaray se parecen. Tienen arre e
m:i:J.:ia. Se dioen que son ib.ell.rn,a,nas.
. No las viste llorar sobre todos los dolores,
~ t.Qdoo los i.nfortun.ios, est~har á. su rorazón todas las t r ~ , rezar
,á
t1as a.gon.ias mooir con rodas Jias w.rel:1' ·
Ya sé q¡e no sois a.sí, Fi:ro sé ~bién qu€
·así qui.sieriais ser y que ~ os sonann~ D~
José .Eob.egar&lt;IIJ 'Y yo. DeJ 84noo : .no e;; ~ l~
vida; pero esa &lt;lebia. .ser; ro es ~ ~ m~Jér ;
.mas 1a ·piedad, el rumor, la misencovdia., 81
.
'Í La 'bonda.d tooru1 una forma bella, se
sonªº .
. •
oon
hare palpa.ble y rvisib,le, nos !lffil'lCll8., ,n os
•
suela.. . . . ¿q'lrién es? Una :mujer de .Eohegarruy. ¿Verdad que os ruma mucho este gran
hOIIJ1hre?
f te
La crítioa asegura que es un gr,aive de ec.
este iid-1aJismo : que la Naitm.raleza no pro~ruc1rá j ainras estos séres carga.dos de t.erm,ura, qm,
p-a.san por Joo drrunas del !POOta, oom.o la Beatriz por la. selva obsoum. La crítica afirnia
que los oara&lt;ctéres de Eohei:,O'füra.y son falsos,
que su teatro es i.:olverosímil y _abstruso .... .
todo eso ipuede ser cierto, amiga l!Il.Ía.; ro.as
como no deseo dIBgustaii,te par'.1' haiblar ~e. l.¡¡
.Eug€1lllÍa del "Estigma," no qUiero ser Ol"lttLCO.
No la &lt;lñ.scuto: podrá Sl,.T f.ailsa., •p ero es 8tdor8ible. Es un centro de rumor en tol'.JlO del cuaJ
.,.ira el dra.ma un drama. ilógico ry monstruo:o tan fuer.a
J.a realidad hu:mattm, que ta:l
p¡re,ce el sueño de •U!ll fahricitaio.~, no J.a. abr:
pensa&lt;lia de llll. cerebro saino y VIgoroso.

;uditta

J-~';°

"

Seiiora Concepción González de Regalado.

oex, en La imaginación., tiene más seducciones
,q ue horrores y ~&lt;Yilli,'Wl.S el 1aido dolor•; la
vista interior y la contemplación S'Ulbjetiva, y
oon ellas el deseo, e,1 .anhelo y la ,aspiración,
se vuelven más fáciilimente del liado del deleite. que del laoo del sufrimiento. En eepíritu
se viven dos vidas suce.siivas en esos liilbroo: la
del triu:n:fo, 1a de Qa oi,gía, la del anwr, la. d-e
la riqueza, la de todas las sa,tisfoociones de
-La rvanidia.cl, del ,apetito y .de la '0011-cll(pi.ooencia y Ja del r0Il'.10l1dio:nieruto, •la. del hastío, la
del des-precio, la de la. miseria, 1a del dolor,
pero ¡cuánto .mJás intensa, ,t.entarlora ry seductora la p.riane.ra, que an:nenaz!lldora, odio.sa y
dclorosa la segun.da. ! En la V!ida reail, el quE
en el vicio ha vivitlo y con el c ~ n gozarlo,
á la hoTIL del castigo encuentra éste d.esproporcionaoo, desmesurado en rel8&gt;ción con el
l})lacer; se i:;ioote defraudado, en iplena bancarrQta., y raro as que no acabe ipor reconocer
CJJUe más le valiera h-aiber iviviildo en ~a virtud y
marchado ipor el recto sen'dero, que haber torrna.do por el atajo y .marohaJ&lt;ki por los veriouetos del mal, en donde sólo se enouenitman som•b ras ante ila, vista y espinas bajo 1a plruruta..
Pero f-'ll. ila virla ima,g.i:n.a:nia qu~ nos ihaoon
vivir los poemas, los d.rannas, fas novelas, los
términos de esta relia.ció.n se invierten. Lo bello nos parece más be1lo, el placer más mtenso, el goce más delicioso, la satisfllJOción más
oompleba., y el dolor, la afrenta, La miseria,
menos crueles, menos 8b"'Uidos, menos temibles
de lo que 60'Il en realidad. En halan.ce, puE."S,
,cua¡ndo ,l,a. ol&gt;ra ,literaria, como no puede menos, 11100 ha tpill'.1tado después Id.e las seduociones del adiulterio, los horrores del aibaindono ;
después de los paraísos ·a.rtiñcia:les de la. morfuw, ó del aloohol, loo mfiernos e:feotivoo de
tremens;"
1la eniermedrul y del".delirium
~mando de.¡pués de ·l as ñíciles opulencias del
juego il'.lOS ofrece las 01'.l'Íse.r,i,!16 'Y l,as degradaciones de la ruina, iha hecho un doble trabajo de
a.tracción hácia el mal y de :atracción hácia el
•bien : pero en principio aquél ea más eficaz que
éste, l,a ¡primera de estas aitra.ooiones más poderosa; y por ese oaJm.im.o ry dentro de lllila. exoeJente inl:en.ción, se h,aice más bien obra de desmovaJiz.ación que de ,regeneración.
Para huír de ese peligro, no hruy más remedio que pmtar tan sólo las delicias de -la via-tud, ó únican:nente los 'horrores y wplicios

que el vicio oondena.. Pero '.Para el gu;;;t.o modertll.o, ese ,proceder no ipuede ser populia:r. ~
,g entes enoont:mrían damasiaJdo soso lo pn.m.ero, demasiado tétrico lo segumio, y falSOI
-r adicalmente lo primero y lo segun.do.

de

•••

1

a

t!~

Impresiones Dramáticas.
"EL ESTIGMA."

DE GUADALAJARA.-Had. Burle.

Un joven '.Poeta, en un delicioso "t-éte á téte" con una arlmriradora suya., lia. &lt;preparaba
,,,__..
''
a.si' para la re.prt00nta.oión. de "El .c,.c:,1,l~
de Ecliega.raiy, primera obra con la cuail abrió
su temporada. M.an:ía Guerrero. ¿ El argum~to? Amiga mía, el argumento es UJ1a. ~
Se trata de u:na injusticia social, de uoo lll•
fa.miia de la masa, de U!I1a. imq1l.1ldaid de ,la
multitud.
Un .hom1bre, es deciir, .no fll'.ll ih&lt;Xll1bre, _oo ar•
quetipo, un en.te metafís.ico, oomo casi todos
-los id.e ,Eohegaray, va á presidio ,por_ sa.Lvar
la honra de su padre, 'Y sale de él lllli.sera,ble
y degrada.ido, y en.ira en Madrid y lucha ~
el iha:rnhre ry la vence, y ipelea. con el est~
y lo domina, ry se encaira. oon 1a a,ris_~raelll
y la subyruga; Hega á. poseer reputación, posición y dinero, y -después de itodo ry sobre _todo, 'llega ,á, ,p oseer el oo:ra.zón de U1Da muJel'·
N aidie sabe de dCYn.de surgió este a.dorul.or Y
Mbil político; 1pero no ib.ay quien no le ~pete. Es un vencedor : se ha impuesto.
Y la enwi.dia, entonces éoan.ieoza su labor
de topo : remueve el lodo, mina el s,uelo, fab:rnca galerías sUJbtfilmneas y logra. eo.contrar
-¡ es claro !-el tesoro esoondido: ila. ca.l~nia. Emipieza el coro fúnebre de las a.cl.lS8Cl&lt;&gt;nes. Bst.e hambre no es honrado, es oo la·
d.rón, es un parricida, robó á. su (Paidxe
ageno, y 611 ,pa;dre que no tuvo fuerres pa;&amp;
sobrevivir ,á la desdiclra, se -a.mmoó la eXIBtenciia, maldiciendo al hijo. Es u.n delirn.oll811·

runero

te cuídat:.e socieJ;ad; es un ipenvei-oo, cuídate' fomili.a.'- es un &lt;h:ipócr.i.ta, oui&lt;la,te, lllliujer !
'Un día 'la pr~ recoje los áUll'oos .des,perilicioo que ar:roja. ail arroyo ~a. rmaledioe_ncia, y fu-rana oon elJo.s _lllll ~riab.~ eooa.Je,
ll!lla red de '&lt;lJTaña para mv.aJdir á loo lilOO.'ll~,
oomo á moscas de pa.tas torpes, y á :loo frágiles. Oaen, en efecto, muohos. Los enemigos
aplauden, los an:nri.gos . ~ , ~~ ooofiesa 1a
afrenta, sin miedo, sm vaic:i1aic1on; y alrededor .del herói.oo personaje, se foran.a el vacio.
Queda. sepa,m,do .del resto de la humam&lt;lad.
Cae sobre él la can:n.pam.a, ill.eumática del desprecio. Todo se hunde en tomo suyo, todo,
menos el \lllil.or que lo e.caricia, que lo consuela, que lo eleva, que fo fol'lti.fi.ca; 1:a mujer
adore.da, está .ahl oer,ca, a¡band&lt;Xnada. en ouerpo
y aJ.ima. á J.os arrebatos de la. pasión.
· Oh l ¿ t:.e oc.ueridas de loo 8.llllOffl! etemos?
Cazy-ó pesada piedra del ·ten:ruplo, y Ra.daimiéa
está ootermdo ; IIDrul se oyen en . medii.o de las
calla.das ooIDibra.s loo pasos frurtivos 'Y los débiles Jla:roaroo• de .Ari..da.: ¡morireo:nos j'llllltos hien illl.Ío .. . . !
al verse annaido, de tIDa1D.era ta.u in.tensa,
al sentir otro vida, u.na vida cast.81 y joven,
embebida en la suya, raqruél que surfrií&gt; la. infumante crucifixión ¡pwnumci8!1ldo un.a. de
las siete ~bres : "Paidre, ;pér.dlánalloo •••• "
ia.quél que 1rWU'idlÓ avar8llll~te su secreto 0011
'IUlla. infernail coonpl.acenm,a, de ¡perdeme, d'E
arruinllll'OO, de sacrificanie por el pobre suicida
que murió lbenoiiciéndole y aa:nándole, aquel

Y

•

hombre que vió sus .amgustias reg~ de caricias a.brió su oorazón á las lá,grnmas de 1a
piedad cwno una rosa al rocío a:natilllaJ, y enooñó su te;oro :-Soy ioocente, mirai !-le
gritó ,á ,l a aan.aida.
Y alla, en ra¡pto de admiración l? rev~a.
á voz en cuello ,p or todas partes, á. qllllen q'lllere oí.rlo; y él viendo lltiga,~ de n.uev~ á ,la.~timación oon losbrazos albiiertos, arrepentido,
proclaanamdo su inocencia,
ee siente aitenaoeado ¡por el remordiil:n!itm.to :-~e .he ~ado--dice--,á costa. de 1a ,:me:mona de m1 padre · ihe OOilSe!rurido el ap.reoio, el amor, lai
fo~a, la felicidad, á C'a1Il1bio de una ing~atitud; he ffiCUiPido sobre l\lill cadá'Ver; he violado um.a tumba.
Y ebrio de desooper,a,ción, ain te los cariños
de&amp;pE-!l'tailos ry las ~ i o n e s resucitadas, se
arra.nea la vida.
U:n beso, el soñado, el prometido, desciende de 'UJIJ.00 laihios trémulos y exangües ihasta
la :frente €1IlS1l!DJgrentada, pa.ra borrar 1a
afrenta injusta, el i.m,pl.ooaible y cruel "estig-

m.a."

•••
Te estJy C&lt;X11taindo el drnrma pasional, a.mi:mí,a, .porq,rue J.a tesis fil,osófica. me €1II11brollaría á mí, y á ti te ca;rumía eruf!lldo. 1Sé que
1as mujeres se mteresai:o. por a.hi, ipor iLa fibra
que late, no por ua ce1d!illa. que vilil'a, y te

ga.

Con ser de Edhegrurruy, dicho queda qu.e la
obra a;;tá escrita llll.8.Ta.villoollillll:ID'te, en J.enguaje sohni.o, sue1to, de una eleg,aJD.te ,n,a.tu~a1idad: ol'll'.laldla &lt;p&lt;&gt;r tooas 1partes de obsenv~J.Ones ,p rofundas, Id.e ideas orig~es y exactas.
1lenas de imágenes hermosas, LIIl,preg,nada de
ailta poesía., cubierta id.e diiál~oo. y parl~entos que son UJI1. prodigio de .dicción sencilla y
c001movedora .... ¡ay! y no obsta.nite ese len
guaije y €1:l6' ,talento, Wl6 ,bellezaa están derni,
madas en un veroadero IC8.0S drrumátioo en el
que se agiita.n los iperrona.jes con co.ruvruJsiones de enagerraidos.
iEn genera.i, loo idu-annJas de Eohegaray, de
ll!ll Jinismo desen:fren!lldo, son 'lilás bien ipoelJ'.l'.UlS dtialogado.s ; Jos tipos gua:oo.a;n entre ~llOi
una des,pro¡porción :i.nmensa; los iprotagon~
no cruben en el oocen'ario i en fuerza de oír'lo.delirar, Jos ver.a.os perde,T sus co:ntol'\llOS, desmenuzanse en el aire y,q¡uedar, como dije ei,
un principio, entes me tafísicos, casos de conciencia ó si se quiere, espíritus ldesoroana.do.s
y locos.
Pero así y todo, cómo agarra y sacuide de
repente, este 11I100J.Btruoso Ec.hegara¡y, icómx) nos
empuja hacia el enorme engr3Jrullje de su máquina, y ,a,llí nos tmitura y nos ,pUJl.iverú.za..
Sus gol.ipes dramáticos SOOl za:r,padas de
león. Tiene mUiy duras y muy atrevidas las
gal'll"as. Después de la con.tem.pla.ci.ón de una
de sus obras, el espíritu r8t,&lt;:rresa, faibi.ga.do y
contuso, oomo si hubiese c3llll.Íllil:do por un
largo camino fatigoso.
¡ Oh, Echegaray es gra;nde, gI'lllUde ! Ve al
"Estiguna."

�et JlfuniJo j/usfraiJo.

,

•

Cuadro de Hermann Koob,

Febrero f6 iJe f9~2-

�EL MUNDO ILUSTRADO
D&lt;XIIrl:ngo l6 de Tubrero de 1902.

Domingo 16 de Febrero de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

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¡.,

$rita. Luz Brizuela,

Srita. Paz Moreno.
Srita, Elena de Quevedo.

Srita. Conchita Corcuera.

�Dam.ingo 16 de Febrero de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

EN GUADALAJARA.

ÉGLOGA.
Ham. de eristi!r pailabms que fo expliquen
ó mús,ica ba.l vez que lo sugiera..

.-.

VISITA DE LOS DELEGADOS Á LA SEGUNDA CONFERENCIA PAN-AMERIC AN A.
Guadalajara, la Perla de Oooidente, abrió
puerlas para l'EXlibir en días pasados la visit.a. de los señores Delegaielos á lo. 2a. Conrferenicia Int.ern.a.ciona.l Americana. Todo lo que
en aquella tierra hay de ipoétiro y de hemnoso,
desplegó el hec.hi.w de sus gu-acias: 1a ciudad
se .miJmó como por en.caa:i.to, y :fueron los ou:atro días de e.stn.cia en el suelo t.a¡paitío, u.na serie de gmtas mipresiones.
3UB

1Co.u.io flores blamcas
grandes, que el viento llibaite y vuel,ve á erguir;

Las familias de los señores Delegados concurrieron iá la espléndida fiesta, Luciendo pri•
marosas vestidos de :rri.cas 1.el:as. Llamaron la
atención por el buen gusto de su "itoilette,"
sobre todo, las Señol'Írbas Reyes, 1Cha.vero y
Allvarez Ca1derón.
La ooncu.rrencia. de caballeros fué también
de lo más oooogi,do.
Entre otras disti.n.gu.idas personailid&amp;des de

La exposiciónen el ..Liceo de Ni.nas.'

El .;untuoso baile en el Palacio del Gobieroo, cwyo patio principal se tra!llSlforunó en lujoso salón, don.de no se sabía qué -admixax
mAs, si la profusión de luz ó las avtístioas colgail,UJ'8.S que ,le d:albam ll!Il aapooto fainbástioo,.
fué, sin duda, la nota saliente de las fiesta.s.
Los amplios car-redores del edificio, oo.or•
nados de trecho en itrooho oon haces de hainderas que enoerr.aiban los retratos de los hom-

Domingo 16 de Febl'('ro de 1902.

la Coruferenci:a. foterna.cion.aJ ,de la Adm.in.i,;.
t~&lt;xn del Estado, idel Cam~oio ry la fudro.snría, se enoontra.han los señores Delegados
Pey,per, Ohavero, Calderón yPa.roio, el Señor
Gobem~or CUJI'iel, Diputados tá la Legislatura 'Y nnembros del Tribu.na.l Superior; Sres.

Don Diego Moren.o, D. J u.sto Fernán.d€Z del
V.iihle y otroo .muchos.
.ID! 1baile t.ermi.nó de.-:;J&gt;ués de la cua;tro de la
mañana, hora en que l1lS familias, llevando ~
más ,gra,tos reoue:vdos, lliband0tI18,110ll el salón.

oomo 'Visiones de piirutor
v.agas, i:.uaves, amplísimas;

dEJ:lP!l,m111:nanrlo ipor la senlda. obaclLI'a;
saliiéndose, gtloriosas, de la senda,
bs mujeres swbíia.n.

•••
Obra. nota miu¡y· digna de oonsiprse oou
enJCOmio.s para. los organizadores. fué la a.pertWM. de la .Expooi'Ción Regional, que se vei,.ifioo el ciooo por 1a. maña.na ante .numerosa y
escogida ooncurreooui.. El loca.l destinado para
cl certamen, fué el edificio del Liceo de Niñas. Graind.es lienzo.s de •los colores naciona:lES,
festones, e.seudos y .a.tributo:, de la agricultura
y de ,la indiu.stria, &lt;,'On.,,tiJtuían el adorno del es:
_pa.ciooo recirnto.
En e.e tornw del tr&lt;1bajo inoe.,;a.nte y regenerador, ~tán representada:; rtodas Ja.s f uerzae
-vivas de aquella impo:vtainte región del país:
ciencias, in.du.,trias, Bel1&amp; Artes, ..1gricuLtura; itodo !P€1rfoota.mente d:i.5iputtito, ,pa.ra despertax el estímulo y fortaJ.ooer lo.; Jazo.,; de paz
y de concordia que nos u:oou oon todos los
pue.blos. Un grupo de jóvenes entlllilaota.; lir.i.gido por loo l::ires. Ingmi.eros l"Ul!Íael &lt;le la
)lora y .lfanuel Cuesta Gallardo, fué el ,que
organizó esa fie:.--ta del traba.jo, .;;ignifioat1va
por 0000:; oonceptos.
El Dr. Don Agustín Rivera, ese ancia:no vener.able ,que ha COJ:JSa.grado ,:m vida á la civilización del puclllo, ihabló en €'1 acto de apertura con fr~ tan en·tuaiastas y sentidas, que
&lt;&gt;lllPO OODqll.ls.tarae ll!Ila ovación.
A: medio día se si:twió un banquete de 300
cubiertos en el Palacio de Gobierno, y por la
noob.e se &lt;lió una gna.n serenata en ,la Plaza de
Amn.as. .M bam¡u.et.e oon.cwrr,im-on ios Sres.
Delegados y _sus faa:nilias, así oomo prominentes per.son.alid:ades de J ali.seo, y distinguidas
d:a.mas de la sociedad tapatía.
Dos cosas llamaron an.uoho la atenoión de
los visitantes: la soberbia i•l'llllil:Ínación del Palacio de Gobierno, y la Banda. de la Gendarmería. del Estado. El edificio estaba. 1iteraJ.mente oubierto oon focos de luz blan.oos roj os, verdes y azules, que siguiendo las
de ola arqnrikcluira dom.immte, Jo envolvían

bres ilustres de Jalisoo, y oon p1'1ID.Orosa.s piezas forma.das con flores artificiales, ofl'leCÍan

lineas

Tú en medio, tú 11'.Ilás alta.,
tú ,mru, fina que todas las ,IDJ\ljeres.
En Ja, luz de la luna, ipa:recías
aoolgazarte 'Y disiparte, ,amad.a.
Y yo, en d monte, más arrilia, solo,
¡ sacudido, tuntlirlo, -m1lg'llllado,
oombaitiido deil ,vien.to 1

Ein. aquel ¡pUillito, tdd06 los ~ ,
tiirahan de mi espíritu ; ¡ aquel 01elo,
aquel gran maII' que fo .invailia wdo 1

Población del Salto de Juanacatlán.

en una 'Profusión de matices. Era_ ~ue'IJ.o WUI
oTgia de luz, iIIDposible de descnbir.
La banda que dirige el .maestro PaJyén, se
compone de cerea de sesenta músioos, Y está
dotada con el instrumental alemán más moderno.
"T
,,
La ejecución del tercer acto de la . osca
fué u:n. deooo 'Para. la ooncurrenma, que
aplaudió e.ntusias,mada á los ejecutaintes. Se
tocó también música de M'800Ilett y de otroe
autores de los más celeb:ra,do,,.

•• •

El -seis por la anañana, en_ trenes epecial~,
salieron loo Señores Congresistas Y sus faan1lias aoom,pañados del Sr. Gobernador y de loe
mie~bros de la CoIDMión respectiva, n-umbo &amp;
los m.an.am.tia:le.s de Los Colomos, que surlen
ruhora. de agua ipotablf: la 'Parte más imrporl,an~
te de la ciudad. En el depllJI!bannento de la Administración. los visitantes fueron obsequia.dos oon un l~oh, durante el C11811 rein:ó 1a ~
íranoa animación. El Sr. W aJker Martine.-:a
pronunció allí un enrtu.&lt;:iasba. brinldis, que le

conquistó ir.a.neas si,mpa.tias.
La concum-encia recorrió los distimtos depaJ!tamentos de la. :instalación hidráulica, elo!rl.am.do a,l Gobierno que llev6 iá. caibo kis obras
; al :pueblo de J aliisoo. La &lt;i'llStala.ción ~
'magnífica.. Para elevaT el agua á los ta:n.quee
repami&lt;l.ores, se hac.e ~ de ipoderosas ~ -

Los rviajeros quedaron altannente oom¡placidos de los 1progiresos de aiq¡uel&lt;la ,población industrial llamaoa á ser, no anwy ta:rde, un
gran ce~itro de prod~ón y _actiividad. A lea
ciooo de la taro.e se dió ,la, sena.! de IIIlBJ."Oha, y
los huéspedes de Ja.1i.soo a~~ran. el territorio del Esta.do, pa,ra. dinguse á Monterrey, ciudad dispuesta para recibírl«;, oon sn
ca.nwterística magnmcencilll...

J. M. LUPERCIO.
N"os oomplaoe ilustrai- e.te número _de nu~
tro semanario, con algunas fotogra.fias de?1das aJl a.Ttistia J. M. L U!porcio, de Guadal.aiJara, tan ventajosaan.ente oonooi.do ipor su buen:
gusto y conocimientos en el arte.
Lu.percio es, sin dud.a. algrun.a, uno de los
fotógrrufos que más secrclos han anra.ncado á
la cá,mara: sus clichés ;pueden llamarse obra
maestra, y no ihay trabajo, de los suyos, que
no llevé' un rasgo de novedooa originalidaid.
Sobresale en los asuntos típicos, de los que es
partiida.rio decic1i.oo; pexo, cu,amdo logma. sorprender las lineas de lliilll m11jer ihertI0068., produce figuras tan belfas, como las que ahora
damos á conocer bajo el nornbre "De la tierra
tapa.tia."

La ola:ridad opaca de rra looa
me estaba haciendo el mundo desellible;
y [as yerbas, oon luz, se me entregaban.
Y las mujeres, movedizas, blancas,
subían ondulaba.n á mis. ipiES,
reían, 'jarleaiban, era:n ellas !

¿ Qué haoer, qué b.arer si?- iti, Custodia mía?
¡ Tú mi sostén, t ú el único desoo!lSO
en tan desesperada luoha. !
Súbi,ta.mente, al1 veroo luwen su iesta.ru:ia
en tu agradable pe.rwooión mis ojos;
y toldo ,lo divino de lias cosas
se deposita. en ti, y en ti lo adoro!

Descansa, el mar, hU!lldiénrlooe en tu seno;
las ramas de los é.11boles se cubren
de fina piel e,n tus ,delgados brazos ;

aas mlllljere.s se

a:m,aJ'.188¡ll y se qued'll,Il.
línea de flores blanoas á. lo -lejos ....

Y sota así, la lUlll.8, te cor&lt;ma
y yo te hago canciones y te beso.

has movidas ,por electricidad, y que estuV1eron
trabajando durante la visiha..
El viaije de regreso se emipren&lt;li•6 á fas doce
del día.
Por la noche. los di;,,tinguw.os huéspedes
concurrieron á la función &lt;lrraimá.tica dispuesta en su honor ,por la Compañia Alba, y que
se verificó en el Teatro Dpgolla.do. El sail6n
e$taba hendhido ,de especia·&lt;lom,.

un soberbio golpe de vista, que rea.lzlllba. la
multitud de focos de luz ~ eaprurciida en el recinto. En la clruve de los e.reos de
la. plan.ta baja., se veían los retratos de los
Pre,;;identes de Jas Reyúblicas de América rodeados de banderas, y en los de la, p l~
alta los escudos de las respecti,vas n.a.ciOD.es del
Continente.
El retraito del Gra.J. Dí.az, de cum:po en.t.ero, ocupaba el centro del 6Jllllón. Sobre este
cuaKltt-o se oolooó el :monogranna C. P. A., for~ o con luces bla.noas, rojas y verdes, del
meJor efooto.

•••
Muy agradable ,para ilos Señores Delega-

La hemnosa escalern 1p111imci¡pal estaba también a.dorna1da. con buen gusto. Ero el descanso se colocó un m.agn.i:fi.co retrato del señor
G-0bern:ador Curiel. Los artistas Fiélix Berna.T&lt;lelli y Luis de la. Torre, en.cavga.dos del adorno del salón, fueron justa.ment.e ruplaudidoo,
. En cuamito á. la conou.r:rencia., poldemoo dec1 r que se en.contraiba lo más sekoto de la
sociedad baipatia.. Entre obras da.mas di.stinguidas, vimos á Jas Seño11i tas Corcuera, Moreno, de Quevedo, Nieto, -Madrid Cuesta y
Señoras ll~norat de Galiván y O ~ de (k_

cuera, ataviadas toda.s oon lujosisimos trajes.
Saló11 de bail,o e11 el Palacio del Gobierno,

dos fué la visita que el día siet.e ipor la mañana. y ya de r€g!'CSO, hicieron á ,}.as Mbricas del
Salto de ,Tuian:a&lt;'atlán. donde fueron O&lt;Jl'ltes·
mente atendi&lt;loo. por 1~ prapietaros idel estaMecimienit.o ;.n:&lt;lu;:tl'iail más impo;ritainite. El
Salto. iha('(' ooho años, era 11rw1 randheria iJil.
signifkank·; i:u!'. rasas de zacate, se rontahan
por idoc.ena!',, y ,no h.abfa en ru:iuel lugaT, por
rlerirlo a~í. señales &lt;le 'Viida.
Ahoro es una primorosa pdbla.ci6n de estilo moderno, con grnciosoo oh:alets; ,de calles
am'Plias y •rectas, y de un movimient.o extraordinario. Haiy ani una gr.an fábrica. de hilados
que da traba,jo á más de ani,l qperarioo, ,um molino d~ harina, de l~ mejor~ del ]Mado, y
otnis fin&lt;'M no menos imporila.ntes.

Pl\lacio d~I Gobierno, iluminado para la rf)l)epción de los Conferencistas.

e. Jlfarqui11a,

�EL MUNDO ILUSTRADO ·

DOl!ll!irngo 16 de Febrero de 1902.

LL MUNDO ILUSTRADO

LOS TERREMOTOS EN CHILAPA
Unia de Jas poblaciones que s1llfri.er001 más con
los últimos teromotoo . habidos en el Estado de
Guel.'ll'ero, fué Chi,lapa, impoo-tain!t.e ciudad. de
la Entidad Swreñ.a, que tiene mayor e.x:tensi&lt;&gt;;n
que Chilpamcingo, y cuenta con 1liD. comermo
rmís rumplio.
Las destruociooES en Ohilaipa. dan á la suma de ,las pérofud,as, ll:Il. CODJtirnge!llt,e llllíll,y
grande. Muoh.ais fuero~ las fincas qllil no su~
frieron las consecuenoras del terremoto, ¡pero
están en ma¡yor número las que quedaron destruidm; ó curuntlo menos inha1bitaibles.
Las 'filusltradone!S •que aoompa:ñaai á estas
Hneas, q&gt;onen de marui.fi0,,'io la importancia de
los desastres.
Por íortUJ1a las swbscrilpcioo.es, las fiesbas
&lt;le ibooefiooncia y las aiyudas pa~bi.oulares, ~táin arrojando -á diario en la OOJa de la candad S111Ill.'a6 considtTaibles, y hlllJ que tener es•peraawa. en lo rposible que será prestar una

AÑO IX.--TOMO 1.--NÚM. 8.

MÉXICO, FEBRERO 23 DE 1902.

Gerente: LUI&amp; Rtl'f&amp; &amp;PINDOI.A.

Dlrecton LIC. RAl"AU Rn'r&amp; &amp;PINDOLA.

ª~ª jm¡port.ainte.

ifuohas otras pOlblaciones han S'lllfrido taa:i-

to como Ohil!pancin:go y ChiQa,pa; pero naturailimente en relación oon los elementos, vailor
'
.
de la prqpiooad,
OOSW de construoc10MS
y
precio de mueblajes.
Pero esa relrutividaid naida si,grrrifioa, to'da vez
que '8/U.Il :represenitando u,rua SUID1a corla, rernlita, tp:rácticrum®te, igual á Ja que rE1presenta la swnwt mayor. Y quizá la sobre pasa: Sa-

Templo de San José y Hospital de Chilapa.

hido es que mientras llllenorei; elementos de
vida tiene Ull pueblo, IIIIBJJOI' a; el valor de 108
que posee, y por consiguiente mayor el valor
de la aidquisici6n, del fomento, d el encarrilamiento, de los negocios ;y de los capitales.

Torre de San Francisco.

Los pequeños poblados ide la zona en que
mayores &lt;lesastres produderon los iterremot&lt;le:
deben ser a.ctlll!llmente loo más awba:dos iJOr la
miseria y la desgracia,.

El Obispado.

-~

HAZ O .E FLORES.
Suzón, rantan las aves; despierta, ya su broche
abre la aurora, fosa ·de ensueño y poesía;
oomo un inmenso párpado de tiniebla., la No che
se aleja, y resplandece la pupila del día.
Despierta, y que tus párpados se replieguen vencidos
por la luz, bajo el areo sombrío de tus ceja.e:;
hay hin:n:nos en los bosques, gorjeos en los nidos,
y en torno de las flores revuelan las abejas.
Despierta, hoy es tu día; mi débil homenaje
te traigo, y es por eso que á. tu ventana llamo;
son flores que ,en el grato misterio del follaje
busqué ipa.ra dejrurt.e IIIris besos en un ramo.
Suzón, dicen que dejas que todo amor sucumba.
¿Por qué viv~ tan poco l as rosas de tus huertos?
Suzón, ¿es cierto?, dicen que es tu pecho una tumba
que guarda los despojos de tus amores muertos.
Recibe este haz de flores, que tlUave aroma exihala:
son jazmines tan blancos como tu blanca sien;
son pélldos mioeotis, y r0$lt$ &lt;le Bengala,
-,

. ... .

DE CARLOS ORTIZ•

y lirios, albos príncl.pes de lírico Rubén.
Y jUJ1to á una azuoena, virgen de los vergeles
una gracil gardenia se estremree confusa;
'
y ,en medio de estas flores revientan los claveles
como los rojoo versos de una sangrienta musa.'
Rallé en lo IIIlás oowllto · d~ las selvas secretas
bajo la fresca sombra de un sauce, este muguet, '
y flota en el perfume que esparcen las violetas
oo ensueño de Guido y el alJma de Mus.9et.
La Aurora entre harmonías derrama sus fulgol'ES·
el lúgubre palacio de sombras se derrumbe.•
'
despierta, hoy es tu día; Suzón, toma estai: flores
ponlas sobre tu peicho oomo sobre una tumba.
'

·'Nuestros subsc:iptores recibirán con éste núJ11ero la primer
no:vela. de la serie de «Rocambole,» titulada: «La Herencia
~stenosa.» De esta manera co:m~n~amoEJ ~ eumplir el ofreciJV1ept9 que les hemos hecho,
·

Sub~crlpci6a meaaua/ /orblea, t 11 ~5u
I dem , /dem. ea /a capital, " ....

BRISA DE CARIDAD.

�</text>
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO ILUSTRADO ·

DOl!ll!irngo 16 de Febrero de 1902.

LL MUNDO ILUSTRADO

LOS TERREMOTOS EN CHILAPA
Unia de Jas poblaciones que s1llfri.er001 más con
los últimos teromotoo . habidos en el Estado de
Guel.'ll'ero, fué Chi,lapa, impoo-tain!t.e ciudad. de
la Entidad Swreñ.a, que tiene mayor e.x:tensi&lt;&gt;;n
que Chilpamcingo, y cuenta con 1liD. comermo
rmís rumplio.
Las destruociooES en Ohilaipa. dan á la suma de ,las pérofud,as, ll:Il. CODJtirnge!llt,e llllíll,y
grande. Muoh.ais fuero~ las fincas qllil no su~
frieron las consecuenoras del terremoto, ¡pero
están en ma¡yor número las que quedaron destruidm; ó curuntlo menos inha1bitaibles.
Las 'filusltradone!S •que aoompa:ñaai á estas
Hneas, q&gt;onen de marui.fi0,,'io la importancia de
los desastres.
Por íortUJ1a las swbscrilpcioo.es, las fiesbas
&lt;le ibooefiooncia y las aiyudas pa~bi.oulares, ~táin arrojando -á diario en la OOJa de la candad S111Ill.'a6 considtTaibles, y hlllJ que tener es•peraawa. en lo rposible que será prestar una

AÑO IX.--TOMO 1.--NÚM. 8.

MÉXICO, FEBRERO 23 DE 1902.

Gerente: LUI&amp; Rtl'f&amp; &amp;PINDOI.A.

Dlrecton LIC. RAl"AU Rn'r&amp; &amp;PINDOLA.

ª~ª jm¡port.ainte.

ifuohas otras pOlblaciones han S'lllfrido taa:i-

to como Ohil!pancin:go y ChiQa,pa; pero naturailimente en relación oon los elementos, vailor
'
.
de la prqpiooad,
OOSW de construoc10MS
y
precio de mueblajes.
Pero esa relrutividaid naida si,grrrifioa, to'da vez
que '8/U.Il :represenitando u,rua SUID1a corla, rernlita, tp:rácticrum®te, igual á Ja que rE1presenta la swnwt mayor. Y quizá la sobre pasa: Sa-

Templo de San José y Hospital de Chilapa.

hido es que mientras llllenorei; elementos de
vida tiene Ull pueblo, IIIIBJJOI' a; el valor de 108
que posee, y por consiguiente mayor el valor
de la aidquisici6n, del fomento, d el encarrilamiento, de los negocios ;y de los capitales.

Torre de San Francisco.

Los pequeños poblados ide la zona en que
mayores &lt;lesastres produderon los iterremot&lt;le:
deben ser a.ctlll!llmente loo más awba:dos iJOr la
miseria y la desgracia,.

El Obispado.

-~

HAZ O .E FLORES.
Suzón, rantan las aves; despierta, ya su broche
abre la aurora, fosa ·de ensueño y poesía;
oomo un inmenso párpado de tiniebla., la No che
se aleja, y resplandece la pupila del día.
Despierta, y que tus párpados se replieguen vencidos
por la luz, bajo el areo sombrío de tus ceja.e:;
hay hin:n:nos en los bosques, gorjeos en los nidos,
y en torno de las flores revuelan las abejas.
Despierta, hoy es tu día; mi débil homenaje
te traigo, y es por eso que á. tu ventana llamo;
son flores que ,en el grato misterio del follaje
busqué ipa.ra dejrurt.e IIIris besos en un ramo.
Suzón, dicen que dejas que todo amor sucumba.
¿Por qué viv~ tan poco l as rosas de tus huertos?
Suzón, ¿es cierto?, dicen que es tu pecho una tumba
que guarda los despojos de tus amores muertos.
Recibe este haz de flores, que tlUave aroma exihala:
son jazmines tan blancos como tu blanca sien;
son pélldos mioeotis, y r0$lt$ &lt;le Bengala,
-,

. ... .

DE CARLOS ORTIZ•

y lirios, albos príncl.pes de lírico Rubén.
Y jUJ1to á una azuoena, virgen de los vergeles
una gracil gardenia se estremree confusa;
'
y ,en medio de estas flores revientan los claveles
como los rojoo versos de una sangrienta musa.'
Rallé en lo IIIlás oowllto · d~ las selvas secretas
bajo la fresca sombra de un sauce, este muguet, '
y flota en el perfume que esparcen las violetas
oo ensueño de Guido y el alJma de Mus.9et.
La Aurora entre harmonías derrama sus fulgol'ES·
el lúgubre palacio de sombras se derrumbe.•
'
despierta, hoy es tu día; Suzón, toma estai: flores
ponlas sobre tu peicho oomo sobre una tumba.
'

·'Nuestros subsc:iptores recibirán con éste núJ11ero la primer
no:vela. de la serie de «Rocambole,» titulada: «La Herencia
~stenosa.» De esta manera co:m~n~amoEJ ~ eumplir el ofreciJV1ept9 que les hemos hecho,
·

Sub~crlpci6a meaaua/ /orblea, t 11 ~5u
I dem , /dem. ea /a capital, " ....

BRISA DE CARIDAD.

�Domingo 23 de F.ebrero de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 23 ,d e Febrero de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

BERTHE LOT.

-·-

}fal&lt;lecía del clima de París, y estábamos
en plena primavera de calendario; los castaños .de la India habían pasado, es cierto, del
ramaje de.snudo y frecuentemente eneapuchonado de encaje blaID.co ,p or la nieve, al brote
verde tierno, al ramillete de h&lt;Yjillas del retoño, y por último, á los elegantes oa.ndelabros
vestidos de gruresas _frondas de esmeralda que
alegraban el alma. Cierto era ,todo ello, y yo,
detrás de ,mi vidriera, en una ~ n a de la
plaza de la Magdalena, haibía observado día á
dí.a esta evolución demasiaido lenta á mi a'Ilhelo. El calor de la chimenea, las d•anzas de
la llruma crepitante sobre los tueros carbonizados no me hacían feliz. Al medri.o día, 'Il.i
aquel caliente hogar podía llrumarse así para nú: los mexicanos llrumamos ihogar á 'llD. foco de vida donde son los combustibles el cariño y el sol.
Y haibfa fuego en IIIli chilillen~ ~ plena
primavera, porque la posdata del mv1erno ~ra
larg,uisó.1ID.a, porque no se iba1 porque su. ultilID.o aliento apagaba al solecillo que &lt;tía:n.idane'Ilte sacaba la rubia oabeza entre sus mantos de nUJbes, y ooagulruba en las puntas d_e las
ramas la somisa de floreal que paJ.p1ta:ba
en las savias haciendo solloror y crujir los árboles.
Entre el fastuoso wrnplo similigriego y yo,
rolía ponerse un estúpido cortinón de bI'll!Illa
y de lluvia; ganas me daban de llevarle U'Il
paraguas al pobre señorón de bronce que. ,de..
cla:maiba un discurso de Club de los Jacobinos
frente á 1mi balcón, y á quien ,rupellidahan
Lavoisier oomo ihll!bieran podido llamar Ro'bespierre ; trun banal y sin sello ,me parecía la
estátua del insigne sabio q&lt;tHl a.oabó c~n la.
"Ea.ad Media de. la Q,uímica descompomendo
los antiguos elementoo iprimordfales de la.
cienci,a. aJejamdrina.
.
.
.
PaTa quitarme la murria nostálgi~, nns
amicros IIIle enviaban, en gu,i~a de oertificado
pr~·averal, 1ID.agní:ficas "gerbes de lila...•:_" que
embalsamaban mi es.tancia, oomo se dice en
veTso viejo; pero ni p-OT esas. ¡ Aquella . llu;
vi.a, ecncajooada entre esoaiparates de cns~
empañados de vaho, entre muros de un gris
más trisre que una poesía de Balart ; ruquellas
calles en que los cocheros rein~m en medio de
1m perpetuo salpicamriento de lodo: aquel lodo gelatinoso que pareoe hecho con UJ:J-a. solución de las zuelas de los zapatos de todo un
pueblo; y a,q;uellos edificios negruscos, (la
Ma1gdalena color &lt;le alcarraza, la Opera como si se hubiese difundido 'l)Or too.a ella la
m-am.cha del grupo de "la Danza'' de Ca~peauxnm; y aquel ci0lo ! ¿ Pero esta esp&lt;m,Ja
1.e agua s.e llama cielo ?
Eso sí; deslícese de impToviso en aq~ella
penumbra :húmeda una ráfag-a de clandad
solaT : que el Re:m.bmndt omnividenite, que
se lleva en torno suyo y quién srube á dónde el
coro danzante de los ,planetas, em"badnrn.e oon
su pincel de luz aristas, oornizas, á~gulos,
volutas, ribetes, rvitrales, orl-as 'Y n.ervios de
árboles y ojqs y labios humanos, y. una expl~
sión de movimiento, de deseo y dioha de V'lviT se apodera de París; el suelo se seca,
fnlgul'an los escaparates, huelen los é.rboles,
cantan las flores sus concertantes de aroonas,
brincan todos los muchachos, corren enseñando las pantorrillas ta:dos las mujeres, desbordam de gente las baíllquetas, cierram. los paraguas lc.s apretados imperiales de los wagon.es,
bajan las victorias sus capotas y surgen los
gorros fantásticos 'Y las ci'I.litas abigarradas;
como si ifuera una i-nmensa pompa de cristal
límpido que el sol hubiese soplado en su siringa de oro, el cielo dilatia su domo diáfano
fugaZ1JIJ..ent.€ estriado por el vuelo dt• las primeras golon.driillllS y. . . . vayan ustedes á
-ver eso y llévenme.

..

•••
No recuerdo que día de los comienzos de
i\íayo :m.1é aquel; era u:n ipoco tavde, había vi~to "FedTa'' la noche a.nterior en la Cooned.ia
Francesa á la. Seoond-Weber, y sobre -todo á
la Lerou.x, una. señora bruna que :insufla un
huracán de ipasi.ón en los ,tubos del órgano delicioso tle Raoine, y mi sueño 'ha,bía sido interrumpido por el estado 1lr gico de mi sistema
nervioso y por una endiabla.da too de esa.s que
llaman las S€ñoras y los 1ID.édioos en México
"frutos de la estación," y que son frutoo mUI}'
doloo-osa.mente sazonados. En suma, era. un poco tarde. El camarista, corriendo las ,cortinas,
complicó al sol, un buen gra'Il sol de yema de
1
huevo incandesc~mte, en mi perezoso despertar.
~fou Dieu ! Eran las once; á las dos se abría
le sesión del Instituto, y debía á ,la exquisita
am0ibmdad de M. Gréar&lt;l, el eminente Tector
de la Universidad de París, un :billete privilegia,do. Apenas tuve tielIIlpo de vestirme, almorzar metel'IIIle en 'l1Il fiacre y partir por la
rue Royale, la ,p laza ,de la ,Concordia, flanquear el Jardín de las Tullenas, enfilar por el
Louvre llIIl puente y costeando los malecones,
llegar, dei:;;puffi de un cortés sailu~o á. M. de
VoJtaire que reía con.su ri.sa sarcistooa de bronce penetrar en el vet\k.-to edificio q!ll.e en aquel
m~ento como los cometas de los pirotécnicos de ~i tierra, tenía cuatro ó cinoo colas
y una esbelta cú,pula negrusca y grave, que
UJna hora después iba á semr de tiara á. la
Academia. Franoesa que recibía á un archiduque ,de la ciencia moderna., á M. Bertíhelot.
Cuatro ó cinco colas; en las puertas exteriores u.nias, y u.na sola en el ,patio, jUTuto á ~a.
e,;c.a.lera reserwa.da ipor donde se entraba al ciclo. ( el hemiciclo dicen aquí, :pero como es UD
doble homiciclo, yo digo al nclo, ¿ no os pa,.
rooe bien?) En mi cola, situados en oroen
de llegada por uoos gendarmes de muy buen.as
maneras, verdackTos gendarmes de Aoa.derma,
á mí me tocó el segundo .tra1ID.o &lt;le la escalinata· detrás de mi ondulaba ,l llll.a gran cauda de'señoras IIIlUY bien vestidas, de caballeros rigorosiamente 4llbotona.dos ; mux:mos prO'ÍeS-Ores al!1111los poetas Hamuoourt, Ohantavoi' menores ; h e olviºdado
ne, ¿,quéº sé yo ? Dioses
sus caras y sus nombres. De oWllilldo en cuando un magnífico "equipaje" aparecía en el patio; dhispeaban las rpied:ras, los caballos quedaban tderrepente rígidos, el cocheTo, en.vuelto
en su espesa librea de invierno, al'.l!aoo la fusta en vertical perfecta, el laicaiyo abría prontamente la iportezuela, y una ó dos da.mas ~camente empingorotada.5, toni.a.baJD, no sm
mortificación, su lugaT. Entre tanto, un.a media compañía de ,u n batallón de líne'a, penetró al recinto, aún oerrado para nosotros, para haicer los ihonor~ á ,l as palmas a.cadémfoa.s
y mioo-r del o:r,den.
Las dos ! Abriéron.se las ipuertas; la mvasi6'Il de 1a redonda sala, n.o por ser f:r'a.o!JIJilentari,a, fué menos tumultuosa; los se,.,crmentos
de areo que unen las odho altísimas oolumnas,
~ llena.roo. instaninneamente ; Las trtbunas
bajas y el he1miciclo ·d esignado á los invitados, lo mismo. Me instalé á. mi sabor, y vi y
me pregunté : ¿hay aquí hombres? Claro ·que
sí; estábaID1os yo, los 'llgieres, un oficial y U'IlOS
cuantos soldaidos; uno de estos presidía..
Sí, ,presidía ; al pie de la IIIlesa, en. esos momen,t.os desguarnecida de académicos, lo l)l'O,pio qu€' el hemiciclo destin·ado á estos emin.ert~
t.es funcio.narios de la literatura fran~,
p~,ro rn el p{'lda1ío má.~ alto estaba u ,n sold'8&lt;lo. ;, Qué ha.cía allí ese hambre, qué illada. ese
fusil? Era un homenaje á M. Ber.thelot, l
la Academia? Xo sé, ,pero desentonaba rerriblemente en aquel lugar. ¿ O rtpresentarí,a á
la Patria? Pues sí, para los franceses, un soldaido es la representación de la Patria ....

{*) Del libro EN I,A °EUROPA I,ATfNA que pró1dmamente-public11n\ l11 CRSII Ar11luce 811 México "f Barcelona.

que h81C0n pensar en los dibujos de Gavarni;
rechonchón, bonaohón, gastronómioo ! Daban
ganas de faltarle al re.speto, pero no á la sim-

tJ'n reouerdo académico. (*)
Para nú también, á veces. . . Bien está; pero
deberían ha:ber escogido illil tiipo hermoso para aquel lugar, un Aquiles 6 un estudiante de
St. Cir, un efebo ...
Atderrms de estos hombres había otros, pro•ba.blemente, yo no los vi; yo no -veía más que
p1umias, flores, sombreros y aibrigos de pieleit
más 6 menos boreales, y entre la nutria y el
fieltro, anteojos de teatro ú ojos sin na.da delante, y esos ojos no ha.bla.ba.n de filosofía, ni
de ciencia, ni de liteTatur.a, sino de 1IDalicia,
curiosidad y alboroto ; es.a es la filowfía. y la
ciencia de los ojo.s de las francesas.
La. invasión contin'Wllba; una. señorona. que
esta.iba. á ~ Jado, redactora de 11I1a gran
revista según la llamaba el mancebo quincuagenario que }a acompañaba, decía los no.mbrea
de las damas que entraJban; la faiIDilia del sabio, la, de M. Bertrand, curo elogio debía hacer
el sa:bio, l-as daimas mstocráticas enemigas
del saibio y ,pa trorras de las conierencias de
M:. Brunetiere, un crítico superior convertido
al catolicismo recient.emrnte, y que me pare-Oe que tiene el secreto designio de ser Papa, y
que tiene al saibio por un M. Homais sa.hio.
Estas &lt;liruma:s, 1-a. marquesa &lt;le Portalés, la
pr.i'Iloesa de León, la &lt;lrn.quesa de Aremberg,
la vizoondesa de Castellane ( nacida J ay
Gould) y otras cien que no ,recuerdo, iban con
el caritativo objeto de preseru::ia.i- la. felpa soberana que Julio Lemaitre, uno de los jefes
del "na,ciooolisrno," iba á propinar al sabio
hereje y de 1p aso al gobierno, de que ÍOrill&amp;ban parte loo amigos íntimos del sabio. Pro..
metía ser ,delioiooo el •vapuleo, ¿'IlO está convenido que Lemaitre es el hombre de ,más ta.lento q,ue M!Y en Fra;ncia?
Y seguía la inrvasión. Lleno todo el centro,
se pusieron tablas sobre la escalinata para que
se sentaram. las dalmas; era U'Il oleaje inmenso
de plumas que cornvel'tia iá la saJa en el almohadón del cuchicheo y dd "flirt." Y más
y :más "toilettes ;" ¿ de invierno? ¿de pri.ma'VCra? ¿ Era el fin de Abril ? ¿,pero el fin del
invierno ? No sé ; ,-todo era. claro, ibrillante,
espléndido, ipero no mucho; la tcm.alida.d general erra sumve, esquisita, de gran gusto, de
buen gusto ... 01111ndo apareció la Academia
por la,s puertas del fondo, la mesa. y su. soldado desapartieían entre la seda. y los tocados,
er,a aquello una. oesta inmensa de flores viV'as . • • • y muertas.

•••
Cortooo el andho rostro opimo por el pompón del militar que allí hacía de centinela
de visia. de la ciencia, de la belleza y &lt;lel desorden ( de Ulll ama•ble desorden femenil) Julio iLa.maitte se instaló en La presidencia :
es amplio, tS un hombre airnplio, de cuerpo,
de fioononúa, de mirada, de voz; entre el ma.rco iplare·a:do de los c.ahellos 'Y la barba, 1-a. t,ez
rosada, 8l!Danmn.ada como la de u.na nor.manda, los ojos bus.ca.dores, irónicos y risueños,
detní.s de los cnistales del binoclo, pómulo..
fuerles y boca de labios delgados, pero sen&amp;uales, sin ffillbargo, y rojos, tal me a,pareci6
enltre unia pirá.m.ide de• mujeres el Brahma
de la. trimidad que completaban., á la derecha,
mi a;quis-ito 8l!Digo Claretie ( que es el :francés
en quien el talento de AltaimirllilllO dejó impresión JDM honda) ,y M. Gaston Boi&amp;i.er, el
•agradaibilísimo erudito y maestro en arqueo]ogíia psfoológioa._ (1~ usredes fl"eCOIIlStrmctor
de almas de antíquñsilmos muertos) cuyo
-nOOI11bre es familiar y silm'pático é. cuantos estudiamos !historia romana, á l:a faquierda.
¡ Qué e.ara tan genuinaanente frrunoesa y epi&amp;úOpal la de Boissi&lt;;T; IIl1á.s ,bien. cural, de cura
de aJdea, ílorjda, ,r ozagante, al"\mada de una
semipitema sonrisa, su.brrayada por nmas patillas de senaclor del tiempo de Luis Felipe,

-¡¡atía..
Antes que los president.es de la Asamblea
que vestían sus grandes casacones verdes ornados de ipalmas, haibían 0D.trado por entre las
faldas, y á trJvés &lt;le los ugier~, á la derecha
los Académicos, á la izquierda las comisiones
del resto del Instituto, sobre todo de la Academia de ciencias, ,de que ~L Berfuelot es secretmio perpétuo. Por el lado de la Academia el primero que saltó ó asaltó, fué Hercdia,' vigoroso, grandes ojos cubanos, barba gris
de conquistador. Luego los demás; era fácil
reconoceT á algunos, tanto así nos son fam,i lia006 sus retratoo. Bumeticre, el 0neunigo personal en el itTreuo filosófico de Bcrbhelot y ique se
ha metido á católico recientemente por pesimi,-mo, porque cne que en la maldad fundamental &lt;le la e;;pecie humana, maldad t an
profunda que sólo el sacrificio de todo un
Di-OS puede redimir, y eso á medias, ó á tercias, mi/&gt;ntras •que Berthe~ot &lt;&gt;ree en la bondad
nativa del hombre redimido de la miseria por
la ciencia ( como suele suceder en estos cai;os,
ninuuno &lt;le los dos tiene razón) Coppée, fcme;il, e-,:pecie de mujer elegante que fué bonita 'Y que aún es -coqueta; afuo-ra la insigne
coquetería de €Ste partidario es la conversión y
la polític,a militante, es el clarín &lt;le órdene~
del geneTal Julio La,maitre, cuyo ministro de
la guerra es )1:. Roohefort ; Diablo de p:ran
país a,mable en ,que ,:e ven esta¡: cosas profundamente &lt;livertidas ! Sardou, v-iejecito chis•
¡x;-ante, especie de brujo, ó Famsto imberbe de
70 años; Paul Bourget, 1111 elegante pensador
ó pensativo que par.ece ver á Renan on.ientras
contempla á BeJ1bhdot; Anatole France
abajo un -poco "poseur," viéndolo todo coml)
quien no quiere ser sorprendido en pleuo trabajo de obse1wación, s,ubrrayado el bigote por
la sonrisa del profesoT Bergeret y á quien le &amp;
manifiestameD1te "ca m'e:stgal" el ora.dor
Lema.itre, su enemigo politioo; porque Fr8Jlce
qu¡;, al contrario &lt;le Brumetiere, se ha hecho
anti-católico ferviente por pesimismo tarrnbién ha ido á iparar al .:ocialismo militante
porq~e ha· crefdo que el rojo de la floT de lis
de la divina Florencia e, el de la lba:ndera retórica y teatral &lt;le M. Jaurés-¡ A.lb.! E-pi.curo,
Epicuro tápate los ojos !-Eu el lado opuesto
cerca d; la puerta, alto. pálido elliÍel'IIDÍZo. interesmi.temente tocado de una cabellera a:bunal oobo de tres cuartos de hora el ilustre quídante y romántica y ornado •d e ,prO'ÍU'Il.dos ojos
mrioo, con la biografía critica del matemático
obscuros y traviatesoos, Rooband. . . ¿Y lo.:;
Bertrand, su antecesor en el sillón académico.
delllBS ? N o los recuero.o ,bien, se IIIle i.mipreci-¡ Bendito \Sea Dios, &lt;lli.jo la gente de labios
881D (¡lb.orror va á darle á la Academia este
para dentro, casi para fuera. ! Querido grande
irreverente verbo) se me improoisan en la
h om:bre, ¿ por qué no tu.va usted mejor voz?
1emoria.
No me illaibía obligaido á r€fone contra mi volu:nitad y oon ooroje, de las críticas irreverenDe un sillón de la segunoo grada, frente á
tes del amrigo de 1a eleg.ante y añosa bachi·
un atril, se levantó 'llil señor, alto, moreno.
llera que tenía á mi la&lt;lo ...
un poco encol'bado, fuerte big;ote militar bajo
la gran nariz, se. caló las gafas y coonenro un
Lo conozco á usted desde hace mucltos años
discnn;o con voz apagada, nadie oía, yo no oía
mi respetado señor; ·ahora llena usted el m'llD~
á pesar de mis gra:ndísiimos deseos, y estaba
do científico con su nombre, péTO cuando yo
á tleis ú ocho metros de él : en estos casos hay;
surpe de usted, cuando supimos de usted 1-0!,l
dos victimas, el oradoT 'Y el público. Ese lJI18Juhombres de mi generación, ¡oh! sí, ya era usdihJe lector á quien la ¡rran casaca ipalm~a
ted un gran sabio (ihaoo 32 ó 35 añoo) Decían
Pllrecía pesax, era M. BertJhelot; sus hiJos,
que iba.cía usted en su laboratorio lo que ha.ce
hombres ya oonsideTables en el mundo de la
la naimreleza, "sintetizaT," al revés de lo que
ciencia, estaban allí de"baijo de él, visiblemente
había hecho la química desde los tiempos de
emocion ados.
J,ruvoiStier, IQ'lle eTa "analizar," dividir y r¡,,p.iviMientras la gente -por respeto al sabio ~
dfr, como él decía, y agregaban que si no hablaba en voz "baija, y }a señorona ique y~ tenfa
cía ,u sted celdillas orgánicas si creaba usted lo
al la.do dalba quejas demasiado expresivas á
-que oo ellas había. Y podía entreverse el día
un íntimo suyo, porque no ib.aibfa._ido á verla,
en que U'Ila celula y un tejido de celula.s sayo contemplaba á uno de los pa,drmos de! 7:-u~liere del fondo de las retortas de ust.ed, y de
vo académioo, á M. ,de Freycinet, ¡qué -v1eJec1allí. &lt;le allí lá la creación del "Homuncut.o más fla,co ! León XIII no es ta,n fla,co colu.s''. . . PaTa nosotros eso rtenía que suceder
mo él; Pablo iMaced.o á su la:do, presentaría
infaliblemente; para usted también, estoy seel mismo contraste que yo al lado de Maced-0.
!rul"O que eso ve usood en el 'J)orveni.r.-Pero
i Y ta•n pálido y ron tanto es,píritu reconcen~o era como sabio, como más lo admirába1ID.oe
tra.do en los ojos! 1\-f. BerthPil_ot e,&lt;; 11no ele los
á usted los lectores asiduoo de ''la. Revue do
qlle ihan aralba,do con la añeJa ontología del
deux mondes" qu€ era donde usted vulgairiza"'!Wismo. lo que iba.y de !ÍU~r7.a vital en los
ba su ciencia, era como filósofo ; usted era paOJOS de M. de Freycmet es, sn: :m,.bargo, for•
ra nosotros el hombre de la carta á Renam:
mi,lab1e. ';,,
•
¡ oh ! 1-a de Ren,a'Tl era una :ma1'8JVÍJla de arte.
Fati,g;wo.:,~€l\Tmes de haber~ sentaid? doo
y su fe en ]a ciencia se cOODJplica.ba de una proveces en el tra-nscurso del discurso ( !) di6 fin
digiQSa poesía de únagin~ión y de ensueño;

•••

la conttStación de usted era un. credo cien.tí,
fico '.q_'lle no tenía una sola ,p alabra que no tuviese .por médula un !hecho coonprobado, y hacía usted ¡oh! maestro veneTado, su " de na.turerum," en forma piTamidal, y decí,a. usted
'hasta este grado se ha llegado" y no se 'VeÍ8
el vértice, pero sí reoonocía 'Usted que 'II1áa
aHá del vértice podía el hombre vislumbTan
el esplendor del ideal supremo. Y sin disfrazarlo con sinónimos, en ese esplendor Jeía usted la cifra suiprema "Dios." Y la ciencia tomaba entonoo, en los fa•bios -de usted la sublime gr8ivedad de u.na revelación y la emoción
religiosa, la que asoma nuesfu-a. alana á. los
boTdes del rubis.mo infinito se apoderaba de nosotroo y nos crispaba de anhelo, de supremo
·a.nhelo . . .
¡Oh! Maestro, yo no ,p ermitiré á .Tulio Lemaitre, que os oye risueño y paciente, que 0€
falte al respero, soy capaz de tirarle á loe
an~j°':S á esta baohille:ra pandorga que tengo a Jill lado y ...

;ª

•••

La. voz de Lem.áitre resonó clara vibran.te
e89Uisitamente ,modula.da, y un 'estremecí~
nuento de pl,a cer corrió por el a.uditorio · era
la caricia física dd talento, si puedo e:x,pr~me así, y puedo ¿ no es cierto?
La ex-rosa que tenía junto á IJIIÍ, y las duquesa.&lt;\ y las marquesas, todo el público habit~al de las_ coDiferencias católicas de Brunenere, tendió la orej~, el hereje, el jacobino
llLBe:rthelot, iba á oír de aquel camta.-claro el
regaño más espiritual que se haya. difundido
(l-n ?nda.s armoniosa!&lt; bajo la cúpula del
J_,;~titut.o . .. y ef~ivamente, la. pri.meTa aluc1on al papel •p ohtico del saibio partió oomo

�"

••

.,

Domingo 23 de Febrero de 1902.
una flecha de oro y ra;yó de l'llZ la vero.e casaca del académico.
Luego se verificó ese "cresoondo" del silencio que es un "diminuendo." Lemaiitre com.enzwba el elogio del sabio, &lt;lespués del elogio vino la ovación, el triunfo, el apot,eosis;
nunca panegírioo de santo fué más caba,l, razonado y justo, la Asaanblea lo sentía;
y las miradas que ihacía UJ11 momento se di1,igí,alll distraídas U111as y hostiles otras,
al ministro ra.dicalista, se volvíam ahora con
curiosidad simpática y á compás de los períodos rotrnndoo ry elocuent.es del disourso, al ancianv venerable que lo escuoh,aba densamente
pálido; y la curiosidad se convertía en a,d,miraeión, "I" la admiración en emoción intensa.
Cuando.Lemáitre haibló del ,hombre, de la ro,
hu5ta y ibuen,a y útil familia :francesa que había foNna&lt;lo, riléi cabezas de los :hijos se indinaron. y todias las gentes sip;nieron el movi111i("I}fo, é inclináronse también. Un momento
rleRpué-~ ,.e levantaban, ~c &lt;."riuían. El omclor
ill'Cía cómo aquel trabaja·clor g-enial. j-amás había utilizaido .;us invenciones en su provooho,
eomo halbían producido millones para otros, Y
ni un ~blo íranoo para él, con qué noble de:&gt;prrn&lt;limiento había c&gt;.eclido todo á su patria Y
ú la -hmmami&lt;la,rl, todo cl mll'n,clo iba. á poner~&lt;' ele pi~, ~e nibujó el movimiento, se adivinó
&lt;&gt;l homenaje á aquel grrun magnate de derecho
diYino &lt;le la ari~tocraC'Í'il int.electual. á a11uel
l'mperador en el mundo moral.
'Pero. &lt;'lHlJl&lt;lo la e;-t,upe.fa.cei,ón de mi vecina,
&lt;1ue había dejado de -0hacotear ...,, g~"llear, Y
rle la señora oonde$8 de P .. y de la iprrncesa de
L ., ry del yemo de J ay Got'.ld tocó en 1~ _id'i.oPia fué ouan.do Lernáltre hizo su 1profes1on &lt;le
· edul'
.J_.:i ce·J61Ilefil1;- -"
fé ' religiosa: duda, mcr
· 1=,
c,hisme" filosófico! Todo ello dicho en un estilo a,dmira;ble; claro y delicioso como un_ len,
to arroyo, hijo de impoluta nieve, rorr1ernclo
entre rocas de mannol ; -mlás cielo reflejado.
más. profurndidad para acobar la tra'l1Sparencia
&lt;&gt;on el misterio, :más poesía. en !;luna, y el recuerdo del veribo maravilloso de Renan ha,bría,
"ido ,palpi1Ja.n.te. ¿.A.n.atole Fmnce, sonreía ne¡rligen.te:mente bajo su bi1gote rmientras el or~dor desconoertaba a.sí á s,us nruevoo y aristocratioos t&gt;at ronos?
Lo ·ignoro, pero las conquistas que loo co~servadores están •haciendo en el campo enemigo son curi.osísimas.. ¡ Bourget, Lemáitre,
B runetiere ! Este último es el que m á
da:rles aniás guerra, porque se ib.a dedarado
m4s francamente católieo, po-rque es rrnlis erudito que los otros, y se le ha metido en la oabez,a reconciliar el catolicismo con las ideas
modernas y hacerl o evolucionista. Muy bien.
mas ent.o~ces dejará la religión cristiana de
ser lo q,ue es; el día, que Dios no esté peripétuamente ¡presente en su obra para hacer y
desharer, la noción de la Providencia se de:;vanecerá, el cristia.nismo no es ,un monotei &amp;mo, es .un providencialismo antes que todo.
Mientras tendía yo á la div.aigación, la evocación que hacía, Lemáitre de Renarn, el gr111r
amigo de Bertfuelot, le ser:via paira cerrar su
bellísimo discurso solemne, no ipor lo •académico del estilo (eÍ orador es lo menos académico que puede ha,ber en su estilo) sino por
la magnitud de los títulos á, la gratitud humana del saibio, y por la profunda emoción q,ue
la pintura de sus virlooes provocaba, el recuerdo de Renlllil, decía.mos, le traía á los labios las dos divinas pala.bras que escogió por
divisa Berthelot desde joven, y á la que conforma 6U l ~ ry gloriosa vida.-Patria y verdad.-

• ••
Se disolvió la reunión en grupos íntimos.
y éstos fueron desocupando el salón. Cada
u.no de nosotroo llevaba de seguro un,a grarn
ma&lt;leja de pensamientos é impresiones dentro del cerebro; yo, por aquel &lt;lrepúsoulo insola.do á lo largo del Sen.a, me fuí devianaooo
lenta.mente la mía.

SANTIAGO REBULL.
El 12 ,del oorrit.nte de.ió de existúr en la
Oap1'tall., el notable ipin~r Don .Santigo R~
bull, catedrático mu,y antiguo de la Academia
de San Carlos, y artista celebrado por su fecundidad. y Wento.
Don Sat1tiago na'Ció en ) l éxico por los años

Domingo 23 de Febrero de 1902.

tl:L ,JtfUNDO !LUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

=============================sido elogiada no sólo en el país, ~ino en el ex.
tranjero. Del año de 1861 iá esta parte, fué el
maestro de los escultores, gra'lmdora; y dibu.
jantes, y últimamente des-empeñruba. las elaEes de di,bujo en la F.l!'oue-la
las Vi7,caínas.

ne

•••
Cua'Il&lt;lo por orden clel Sr. ,Subsecretario d
Im,trucción Pública S€.' celebraron juntas de
profesares de dibujo, para introducir alguna,
re.formas en la en~eñan,za de este ramo en 1

.

... •. ."~.-..

..::·:-:;~: ·~:-&gt;.: . ·.-.}

. . &gt;:-....;-

......

-o

,

. ~--

Mascarilla del pintor Rebull.

de 1826 á 1828, y desd.€ joven mo,;tró un.i.
a,plicaoión decidida á la pirntura. E ntró como
alumno á la Aca,demia, donde rooiibió lección
y en.señanz..a del célebre maestro Don Pelegrin Clavé, y ,poco después, con el carácter
ele pcru;iona&lt;lo •por el Gobi.erno, pasó á Roma á
perfeccionar sus estUJdios. Allí conoció al eminente pintor catalán Forton'.}7, ry :al maestro
Pina, actuial profesor &lt;le pintura €'D la Academia, oon quienes lo ligaron lazos de franca y
silnoera amistad, y ,p asados algunos años, volvió á redicarse en 1Iéxico.
En 18lil, 'á la entnada de Don Benito J uárez á la Oa·pi.tal, Rooull fué nombra.do par
Don Ignacio Ramírez, :Ministro de fostrucción l 'ública €'D aquella época, Director de lia,
Aoaderrui.'a, en reoornpenea de sus vastos conocimientos. D os años depués, ouando los
franceses oucparon la Capital, renunció el
cllll'go, dedicándose á trelbajos y cl'aseS pa.rtioulares.
Estableci&lt;lo el gobierno lIJll!)erial, el Sr . Rebull fué designado para desempeñar el p uesto del pintor de cámar,a d€ Maximili0iD.o. Hizo d.uranre el tiempo en ·qrue sinvió la pl,am referida, multitu,d de cuadros notables, entre
los que figura un retrato dd Emperador,
que se conseI1V'a en MiramaT, y que fué reproducido en grabaido y elogia.do con entusiasmo en Euiropa.
'Más taTde, el Sr. REJbull volvió á servir en
l.a Academia, donde figuran, entre otras obras
suyas de mérito indiscutible, ll!Il 'C118'dro titulru:lo "El rocrificio de Abr.aham," y un Cristo. ~tos dos trabajos del pi,ntor ,m exicano,
confirman su farma de acabado dibuj•a'Ilte y
colorista de prirmer orden. La~ líneas están
tr-a7Atdas con verdadera maestría, ,y la OOIDJPOsieión es magnífica.
Como obras suyas, talmbién muy notables,
prueden citarse "Cain y &amp;bel," tela que se con;;erva en San Carlos. v la '')fuerte de María," pintura •qrue poo~ el Sr. Lic. Alfreclo
Chavero. Esta últi,ma, en opi'llión de loo conQcedores, es una obra de 195 más aca:bado que .,e
cono·ce.
El Sr. Rebu11 .sirvió ,á la Áoademia cuarenta y un años, en la clase de dibujo de d€SD.udo. ~n sus vas~ conocimientos, con la perfecc1 on de su estilo y con su a:fán en pró del
arte1 f OTIPó en est.e ramo ima. escuel:a. que ha

e,;ta,blecirrniontoo oficiales, el Sr. Rebull, por
a.clMilllJCión, fué elocto P residente de las refe.
r,iclas junt.M. .A e.u muerte, y oomo un premio
ú &lt;f;US servicios, el gobierno dispuso que sua
funerales fueran por &lt;lnenta del Erario.

ÉGLOGA.
Las •tres oorría[l por el val,le aJIDeno
dam.do música al valle;
lleno ·de flores el intacto seno
y Ull:idas, con lia.s maiD.OS, por el taille.
H aiblé con la ,primera y, noblemente,
oon -gesto oobe-rano,
me pidió de la fruta iq¡ue pendiente
aJianentia en sus ramas el ma:nza:no.
)íoví la ,plam.rba., COIIl el alma herida
&lt;le u:n. an:n•c11D.te despecho,
le hice don de la ifruta apetecida
y dejé su deseo satisfecho.
Ha:blé con ,l,a segunda ,,, dulcemenire,
con ojos t.ein.ta.d.ores,
me demandó, ,para ceñir su trente,
un.a ooron.a de encen.di,das f.lores.
Bajé los ojos, oon el alirna herida
de un a.mante 'de,,-ipecho,
le c.-oroné fa frenfo aipetecida
y dejé su deseo .sa,tisfuaho.
Hablé con la tercera ry, sa:utameute,
oon la tez ,sonrosada,
movió los ojo.&lt;\ ainwrosamente
y v:o1vió e-1 rostro sin ped~l'me na.da.

Y yo •lla ví mirarm€, y contunbad.i
el alma por un loco devaneo,
aún me estoy r~alan.do en su mirada
sin dej11,r ~tisfooho su .deseo.
E ,, NIAROUlflA,,

Sr/ta,, E.lena Oo1■cuera,,

IMPRESIONES DRAMÁTICAS.
"EL DESDEN CON EL DESDEN.''
ApaTeCió un fraile en la escena del Renacimiento. Tras una misteriosa vida de av6n,tura.s, que en vano han tratado de enib.ebr.ar erudit_os curiosos, Agustín Moreto y Cabañas, si~endo la m:1:1-ella de loo gran&lt;les genios de stt
tiempo, se hizo sacerdore. Quién sa!be cuáles
ocuJtas desdidhas ó qué mudos remordirrnientoo lo obligaron á poner w su testamento la
~traña cláusula de qllle su cadáver tb.aibía de
rn:h~arse en un sepulcro i,o,nominioso en el
pradillo d~ los ajusticiados ~ Toledo. De alú
~na lill!Ulb1tud de suposiciones, de caiprichos
Juegos de i.rnaginación, de eutiles hipótesis
acerca de la existencia, un trunto :tru.b.am.~
Y rara &lt;le seguro, ~e este in.mortal y faJII1()6()
autor de la comedia más acabada y li,mpia
del siglo XVII.
iMoreto no es un original, es, más bien, un
arreglador del teatro de su época; sólo "1Ue
!&lt;On tales su t~lento iy su gracia para este géner~ de traibaJo, pone tmto de su pro¡pio penS81ID.lento en esos arreglos, derrruma tal en.cant,o y •~ oomica'' iingénita en los sueltos y

-WO "ºl o~ 11!1 uoo "e;)()'.J.~J 'sofur~rp SO[&gt;JilJJ
dros escénicos, mueve oon tan lig,ero desenfado los rufectos Íhll!ID.anos, que dos ó tres obras
&amp;uyas son un modelo ,de perfección drrumática :'1-º s~rado Lodavía. Sus imitaciones son
oas1 creac1on€.S. Todo lo renueva '.Y lo purifica.

El More-to serio, el grave, el de loi; dramas
ca:oallerescoo y dolorosos el creador del "Valiente justiciero,". ~ 'á menos altur-a que
el am.tor de comedias mtencionadas y brillan.tes, .~ri~ -con :iJiloorn,parable sal ática. é in~nc10n p1~te, a.laida y dulce á la vez, intención de _abeJa eneolerizada por el sol. H¡ey
mucha vida y mucho :movilIIliento en esas caricaturas sociales, en esas sátiras e.nrvu.eltas en
donosur~s, en esos epígramas coloridos que
van Y Vlent'\D. por la fragil y cristalina uraidU!llllbr€ de las sutilezas.
. Lo~ ~~ene la a:v,as,alla&lt;lora sencillez del ge..
mo; vivw dentro de su época; TiTSO, l,a, inmor~l alegría de su raza, rió ron la risa de
s~ _trem~; ,Calderón, el 6€:vero juicio del catóhoo y la austera y oal,ouladora jovialidad
clel :filósofo, ~ ó con su siglo.
n'foreto tomó todos estos materiales los
de.sen.volvió en un mecanismo regula:r
preciso, salvó los escollos, limó las asperez.as, y

y

leva~tó con agenos materia.les, delicados y
groc1osos palacios dram.áticos.
U~ comec1ia de Mord,o, la que acaiba.imos
de o.1r, es .la joya más rutikm,t e de esta rumenia
O?,~ del. teatro clásico español. T iene pas1JOn, mgen1~, yerd,ad, entusiastas ,p inturas del
amor, gallardía burlesca, ainá.lisis perspicaz
del eorarz6n ,humano y gran,de,ca, poética. E,;tá
e_n ella &lt;le cuerpo entero. Es W1a obra magnífica. Y _perdurable que rivaliza, e:n belleza oon
cuahqU1era, de las de más eleva.do mérito de
sus contemiporáneos.
'
De este prin:oore&amp;&gt; j,u.guet.e de oro y dü!mantes, de este ramillete de discreteos y galanur.as, la Oo.m.pañía del Renat'imimto iba hecho un .!laman.te trinnufo.
_María Guerrero, Ullla deliciosa princa;a
Drana, una fun.a Y encantadora desdeñosa dijo
con suma elegancia, ooono el1a suele f-n, esta$
obras, e~ 9-'Ue tam.to se necesita la -delicadeza
~ 1~ ~•1oc1ón, los flerilbles 'J &lt;ron.060S %TSOS
-0el msigne Moreto. La Guerreo detalla estos
pa:peles ~e ~-ama de las viejas oomedias, con
~xtraordinarro talento, .lo cual da excelente
idea de su cultura y de su estudio .. ..

•••

�Do.mingo 23 de Febrero de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

"LA DE SAN QUINTIN."

EL LAUREL ROSA.,

¡oh, qué explosión de calma
tan súbita y clemente!
¡ Cómo brilla esa luz alegremente
y qué illlJJl.€.nso descanso para el alma !

Llenó el verjel .A.polo de armonía,
y, recostado en s~lo floreciente,
á la imargen dUl'!Illlóse de un.a .fuerute
que entre lirios y céspedes corría.
Salt1 entonces callada, ,de 1a umbría,
desen.TOScando el cuerpo, una serpiente
y ib.unde su corvo, emponzoña.do diente
en el pecho del Dios de la ipoes.ía.
Las aves que ipobla,brun la espesu¡ra,
á la queja de .&amp;polo dolorosa
respondieron con gritos de pavura.
Y elJ1 la tierra, que lllilgió la generusa
sam.gre de la traidora mordedlll'a,
vió la primera luz el lruurel rosa.

Pérez Galdós tuvo un día el caipricho de
·'oír'' los a_plausos, y hé aquí cómo ry ipar qué
este hambre genial escribió para el teatro.
El ipúblico, por supu~sto, no hubo de escatimarle las ovaoio.nes, ICJUe un literato de ta.n
fuertes vuelos logra siempre do.minar á. _la
"llu1titu.d y obligarla á sentir donde q1Uera. que con la •pluma. translade al papel las :iJnpréSÍones de la vida.
·
.
Mas en verdad que, como dice un escntor
nuestro, Pérez Galdós si bien lleva al teatro lo
que no puede dtjar en casa nunca, el tal('¡Thf?
analítico, la m.i1J1uciosa observación, las c ~ nia.ntes extraor&lt;l.iru.trias cualidade-,s de exuruo
novel~ta, está en €:l. teatro como en t:i.e,rra extraña, sin poder hablar pulcra y suelta.mente
el i&lt;lioma de sus habitan¼s, y con la torpeza
de quim al dedillo no se sabe los usos y cos,tumbres de la ciudad qu,e visita.
.
El excelso novt&gt;,lador hiispano, es '11Il.a gloria
del Arte. Su consagración está hooha ya,; sus
libros ha.o. sido un perpetuo deleitR¡ de los contemporáneos, y de su límpida pluma han manado, coano de la vara de ,una hada, las ,más
prodigiosas fantasías.
No hay ninguno oon más fuerza "f maiyor
El-videncia que él para observar la realidad, retenerla y copiarla. con una precisión fotográfica.
Coono todos los grandes ingenios,. Pér~
Galdós suele ser simbolista. Un mwter10so ai~ simbólico flota por en.cima &lt;le todas sus
concepciones. Mira siempre mucho y mu.y
ihondo, y su mirada penetra ipor los lugares
mru3 escondidos del espíritu b.u.manio.

El camino aún es largo
y la luz aun incierta resplandece;
pero se ensanciha el ánimo y parece
que la sombra sacude su letargo.
La distancia decrece,
y aunque la cuasta dru.ra y empinada
está 1'0.$baladiza por la ihela:da,

Jl{anue/ l(eina.

,

•••
"La de San Quintín" es un modelo de alta
comedia.
Gent.EI de baja alcurnia enrri.quecida, explota
á gente aristocrática que viene á menos. Y un
hijo bastardo, un ,obre ser que ~,stá en los
peldaños últiimos de lia escala s_oej.a 1, alza la
mira.da hasta una de aquellas nobles ique, pooo á poco, va sintiéndooo poseída de Uila swprerna simpatía por el huérla.no del a:nu,ndo y el
desheredado de la m.iseriia. Del simbólico conflicto brota ry resulta~ amor. La aristocracia

y que el calor defiende,
cl frío un frío corta.dor que hiende
la res~ante crústula del roble
reseco ya pero en la CUIIIlbre inmoble.
y en
que se extiende,
poi: la callada bóveda del cielo
un cristalÍ!llo ry acerado velo,
y vibra sobre aquéllas
soleda,des que inunda
ténue y azul diafano.dad prod:imda
el divino t.emblor de las estrellas;
parece que del fondo
del silencio y la sombra
.
.
re eleva ha.sta las cumbres IIllSterrosas,
donde se ve ,b rillar intensamente
la eterna zarza aridiente,
el o!ITatn clal!D.or del alma de las CQSru!••

tanto

Y pasará la noohe y_ la alborada,

y ya fortalecido el camlilante
emprenderá de nuevo 1~ jornada
,p or llanlll'as y ,montes siempre errante.
:Mas al dejar el cálido rescoldo,
el ool glor.ioso y samto
desde su ardiente excelsitud le envuelive
en su llama innnorta.l, coono en U'Il mamto;
y desde el más ,profuooo
.
abismo de su duelo y su congoJa,
el hombre re SUJblia:na, á Dios ala~a
y exúltase en un caiD.to, COIJil.O arroJa
su onlda el torrente iy el volcán su lava:
"Señor, divmo Jluego,
tú eres Misericor:dia, yo soy mE:go !"

•••
El teatro, con .su convencionalismo, oon su
aparent.e y frágil y fatídica ex.istenoia, le viene ohioo. El 1bronce "iU-cen:dido de su talento
cae en el molde, y lo llenia y ·aca:ba por romperlo.
El conc:i;be y traza 6US planes dramáticos
con una oormp:nw.sión ry poder im~oin.ativos,
notables; pero lo.s desarrolla, oomo novelista
que es, con gran fuerza expansiva que se sale~
por oornpleto en ocasiOIM.S, de la ~trecha proporción que el teaitro re:i:uiere.
Sm embal'lgo, á. pesar de todo cuanto ha dicho .así la crítica menuda, como la seri•a, y reflexiva, á pesar de los esca.;;oo "efectos," de 1a
absoluta carencia de relumbrones y golpes es-cénicos, de esos que ponen frenética á la multitud sugestionada, las coo:nedias de Pérez Galdós son intew,santísimas y conmovedoras, por
lo que tienen ide verda:d, ide smcerida,d, de rec:niita y atractiva henmoslll'a en caracteres, diálogos, ideas y pasiones que son :fidelifilmo
trasunto de la vida que oonooomos. Esos personajes sí ,que no so.n llJULilf'!CJ.UÍes; se les ve palipitar el músculo y buJlir la S!U'.l.t,"Te; son de
carne y hueso; los conocemos; hemos 'Vivido
con ellos; son hombr(:',S; La acción no d:iivertirá ni sacudirá á lia muchedumbre; es lenta Y
le ha de pare~T monótona, el desenlace ipodrá no ser ,tampoco de su agrado, no acaba,
como las oomedias de aJI1taño, en matrimonio
y perdón final ; pE&gt;,ro á los grupos selectos
los arrebata, ¡preocupa á los pensadores, admira á los literatos con inUBitados arrainques
y hace asomar á los 0jos de las mujen&gt;tS alguna&amp; lágrittruis si.ru:ieras.

Domingo 23 de Febrero de 1902.

"De inextinguiible luz et.emo faro,
yo soiy desolaciÓill, tú eres rurI1Jparo."
A Victoriano Salado A:lvarez.

Noche muy negra. U:n paso : la cañada
defendida por ásperos pretiles.
.AJblllj o la. iplruniada;
arr.ioo, envuelto entre la sombra helada
el eno:rone talud de loo ca.n;tila;.
Ni follaje, ni abrigo que proteja
al viajero perdi&lt;lo en 1a negrura;
que hMe cieDJtos de años, tail vez miles,
l&gt;a.jaron, irruyendo la llanlll'a,
los lárboles oerriles.

se confunde con la gleba para p:oo.ucir una
nueva y vigorosa humanidad. El asunto tiene
una ri&amp;ueña ry :marcada tendencia socialista.
Es un ,pmmor, una :filigrana, una joya dt'¡ múltiples y luminosas facetas.

BALADA DEL ARCO.

Por la mujer brindemos; lo más bello
De todo cuanto creó Naturaleza·
Por la causa de todas nueiltras di~has,
Por la razón de todas nuestras penas.
Cuanto hay de bueno en la exisetencia hu.
(mana
El hombre srem_pre por seguirla deja;
Que ella la glona, fué, para el artista;
Que ella es la impira.ción ¡para el ipoeta.
Ella en el cielo azul de nuestra vida
Es para el alma luminosa estrella·
Es la flor siempre abierta que ;pecluma
La esperanza inmorta que nos alienta
Por vosotras señoras, que sois todo:
Causa y razón de dichas y de penas
La i.nsipiración, la gloria y la espimmza
Flor de la vida y luminosa estrella.

Co.n los rubios ca,bellos de la muerta
se hizo el trovador un arco, para
que eternaimente en su violín la yerta.
nota de aquel ,amor triste ~ibrara.
Y lloraban las ouerdas oua.nrlo el arco
sedoso las rozaba con d1LZura,
y era su melodía oomo un ,barco
que llevaba á la.;; .almas 'á la obscura,
región en &lt;loo.de yacen las ama.das
de quien la Pare.a, aleve y envidio.,;,a,
apagó ila.s plllpilas 'atzuladas
y marehitó los páDpados &lt;le rosa.
·M as ivolvió á. amar el trovador lllil día,
sepuJ.trundo el recuero.o de la ausente
como su cuerpo ~ pultado había ... .
oih ! no . . . más, mucho más profumdament.e l
Y cmando su pasión decirle quiso,
con entrenecedoras vibraciones,
á .aquella que le abría un paraíso
de nuevas, de iignora&lt;las emociones,
los doraidos cabellos St' rompieron,
cual serpienbes rabiosas palpitaron,
en rugidos de oolos prorrumpieron
y. del infiel el rosfao fustigaTO'Il.

a. Oasasús.

Manuel Puga y Aca1.

.Cuis

g. lfrbína.

LA MlJ'JE it .
(Brindis pronunciado por sn autor en
el banquete de la Delegación Peruana.)

Joaquln

Ni un hueoo entre las rocas que no ye=,
el frío boreal, ry hay un reposo
en fas oosas, tam lóbrego y medroso,
que ihasta el silencio duerme.
Y á medida que ava,nz-a.
la nodhe y crece el frío,
se pieroe la mirada en el v.acio
de un,a. enumebreci.da lontananza.
Nunca como agobia.dos de fatiga,
la noche cerrada immensamente,
sin lllil sólo eco que á la voz responda
y en medio de los pára.II10S, se siente
desolación tan honda.
A. través de la, r4,aida malem
se enooje el corazón, se ihu,nde la frente
y se ahoga el espíritu dolierute,
nán.1.fr.ago entre la noohe y la tristeza.
Mas, cuando ya pe.rdi&lt;la la esperanza,
ccmtinú.a el iviajero
:ramontando €11 sendero
curyo mb.elado nn jamás alcanza,
á ciegas, tropeza.nido
por la m01I1ta:ií.a dura,
tan sólo abandooá.n!dose al instinto
de la oobalgadUl'a;
cuando la carne sin piedad desgarran
cactus y espinos por la esca.roha tiesos
y la helada ,b rutal sus estiletes
i'libilanrte y sutil ihinca en los huesos;
si eutonoe.s aparare de improviso
allá, sobre la negra cordillera,
el rojo pinoelazo de una ib.oguera
cuya luz jumta, oom.o ardiente broohe,
el velo del abismo al de la noche, . ...
mi

"Porque en la noohe a:nás J!rofu;;da brillas,
la creación te aclama de rodillas.
el recio casco en el peñón se aferra;
cua.ndo surge la roja llaJID.arad.a
ffil un brusco repliegoo de la sierra.
Y a en la cuenca del monte
por la piadosa hoguera calentada.
se ool111IDbra el albergue rocalloso
dm1de ha encontrado el montañés reposo,
como si fuera el dueño de la tierra.
Se destacan al pie de los cantiles,
do crepitan aroie.nido los tizones,
de piedras y troncones
los trémulos perfiles,
y en. las vmas se siente
la srun.gre circular á bor:botones,
aceleradarnenoo.
Un paso IIIlás. La. inmensa lcmtam.anza
iru.vo límite al fin, ¡ y Dios es bueno !
Ha entrado ya el espíritu en el pleno
triunrfo de la esperanza.
El fatiga:do ,es¡píritu se alivia
y un sopor de los miembr.os se apodera.

¡ Qué caricia tan tibia
la de esa alegre y corllSCail'.Lte hoguera !
¿ Qué descMIBO, qué sueño
mlás d'ulce ry regala,do
que el de ese monitañés que &lt;luemne al lado,
la oabeza rendida sobre un leño
y el pa:bellón del cielo por techa:do ?.. .
En él y cerca de él, ¡oh, ca.mirumte !
si'lÍ q1U.e -aillora sospeabe tu OO!llJ)aña,
tienes, para tus penas, un amigo;
en ese foego, salvador a,brigo
v 'Ull inmenso ,p alacio : la montaña.
A ooscansar. j Qué blanido
es el lecho de tierra endurecida;
qué ruba,ndono tan grato de la vida,
qué desprecio del "no durable mando!''

•••
Oalma. Sil(:'J:J.Cio. "En. d€Tredor, ;pemumbra.
Fuera del oorco ,que la llama alumbra

"Porque á la ardiente Hama
driste poder de con:fortar al hombre,
mi oor~ón te !IIIIla
y beso hasta la:s letras de tu nombre."
"Porque en la soledad p~tas abrigo

y calor r cOillSUelo, te bendigo;
y porque hiciste el sol de foogo y oro,
¡ oh, Señor, yo te aidoro !"

"¡ Yo te a.doro, Señor! Débil y triste
soy; ;pero fuerte y oon valor me hiciste."
"PaTa. luchar con épico aroimiento,
hay iq.ue fortalecer en tu alabanza
lo mismo el corazón que el pensaa:niento.
¡ No se 1lega á las &lt;:imas sin aliento
'D!Í á. tí sm esperanz.a l . . .

�Domingo 23 de ~ebrero de 190~.

:ffit :MUNDO ILtrSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 23 de Febrero de 1902.

,

.....

...---' -1

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~&lt;\ r

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R11DUt'&lt;?I Ol'{E~ 1~r&gt;[&lt;:IAL1~

1

''

Llwt

--=---- tU.)1RADÓ

La jov~ Llevaba ~n g:·an ,haz de rosas, y_ e1:3-n ta,n d'lllces. Y. tristes
sus ojos opalinos al !Jllll18Jr a Hemn.a-1;1~, ,que .difícilmente su hwb1er.a podido soñar €-n una anás hermosa aip&amp;l'lc1ón.
Ella pertE'Ilecía á la raza. odiada, ,pe.ro no obstante, Her-ma.nn la tomó ¡por esposa, olvidan.do su Jummento.
,
.
Par.a domin:ar ·aquellos músoulos •q,ue su abuelo habia quendo :bam
fuertes, Hermann se erntregruba á los placeras violentos de la oaza.
\
Pasa.Iba días enteros oobre .u n ·c1.rroga.nte careel negro, se armaiba. co,i~\ mo ,para la guerra, cubríase 1-a C!liOOZ.ª oon 1UiD casco que tenia por cimere
'- ),,¡~:::;~,.,.~~~'f/
))1 UJDa tórtola de plata, la. espada .al omto y la balle;;ta á .la 'ffillJ!lO.
~
,,, ~
Cierto día. :hizo una dilatada gira por el bosque, sm encontrar u.na
~
sola ,p ieza de ca.za; púsooo dé mal humor, dió un eepo~,azo ~ raballo, y r
lj
~' la bestia oorrió desbocaida á través del bosqille. En la. v10len01a de la ca\\ rrer.a la cimera dió contra la rama de un al'l&gt;ol y cay6 al suelo, rota. / ~
Cuando el noble volvió al castillo,-por:q¡ué ruba y ('OU q~é ~bóli~a
velocidad -no era .aún la. hora ia,oostumbraida. HeJ'IOODn ooho pié á tie- . J
rra se qititó el caseo, y al miralo se detuvo sor,prendido y a.terroriz11Ldo.1r. ·
lugar de la bla.noa pa:lom:a, y eoano un Temaclle de acero luciente-,
1
esta.ba 'll'Il cue:r:vo. Y aiq¡uel siniestro 8.'JliJIDal se ,puso á. craooitar---crac,
C:ra(l, crac,--00n cierto aire de picardía.
Ave del irrlierno, ¿1qué desgracias me anuncias? El c1i.er;vo no ooai-

?J
J .

..

.

, _,:~,_-__

-,-

~

"

tr;)1
u¡

.

IDn'

test6.
-¿ Acaso el honor de .mi hogar? ...
El cuervo crascitó coono si riera, y dijo: Ve á reunirle con tu duloe
lliIIllg,a., la hija de los nol'1ID8.ndos, que son ahora tus ¡parientes.
De 'l1Il go1pe s,e abrió la .puerta de la cámara nupcial. La mujer esta,ba oonta&lt;l:a. en u.n cojín de terciopelo, y á sus pies ,u n paje le haiblaiba de
a.mor. Her.IlllUllil tiro de la daga-la daga .de la tUlD'ba,-y de 1liD goLpe
dejó al paje tendido, muerto á. sus pi.es, y después, sin vacilación, hundió

Con exeapción de su !hijito Hermann, na.da interosaiba al viejo ba-

·éxn de Rouvre.
Hemnann era soberbio, lfuerte, mdependi.ootista y gritón.
A los quince años era perfoito, hemnooo, arroganiE y fiuerte. El
:1.buelo lo alejó del maestro de letras 'IJ le di~ trE.S escuder.os pa:ra que. le
enseñasen el arle de montar á ca.bailo, de tirar ron el arco y de grwar
haJ.cones.
A pesar de sus ochenta años, el ,brurón se r~eIWÓ el cui&lt;liarlo de e~ñ.ar al javen el rudo manejo ~e 1~ espad~.
.
.
Los &lt;lb.is cllas dd acero diverl1am a:l Joven, sus OJOO brillruban con
más viveza que el relámpago de llll&amp; ~pa,da,. ~ pronto llegó ~ ser e,pto
p-ara .derribar en campo oerra:do al ÍlleTte ,ID11Itar de Ale.marua y al esbelto espadachín de Italia. Era el momento que esperaba el anciano, y
cierto día después de colgar los aceros -mellados por las furiosas mtocadas
á He:ronann de la mano y, silencioso, lo oon:dujo á. la capilla.
' En la iparcimon,iosa daridad de las veladoras se detwvo j llllto á una
tumba, donde, talla.da en mamnol, u.:na larga for.ma blanca dormía su
religioso y eterno sueño.
_ _
iEra Ullll3. figura de m\ljer q,ue el escultor habia :reproducido oon sorprendente realida:d, y le h.a,bí,a pu€6to hundido en el cuello •u n puñal que
y.a el tiempo ihabfa oom&lt;Yhecido.
-Esta es la tuml&gt;a de ani esposa, tu abue1a.
Cierto día le tendieron un Luo. Un ihombre, un ¡príncipe no:rnnaindo,
¡uizo iaJb1168,f de esta sa:nta; no pu,do lograrlo, y lleno dl:l ira, le elav6 un
pufraJ en la garganta.
Debí-el :Rey nuestro Seño1 me lo ordenó,~onder mi venganza
m el fondo de mi oorazón, por.que ooabruba de fir.m-rurse la ipaz oon loo
~ omnandos. Lo juré así, pero ese jurannento no ialca.maba á oodie más
¡ue á mi sólo. Tuperé por Jango tierrupo esta hora e.n que te veo valienoo
y robusto; te lego m1 odio y mi vengamz,a.
Diciendo esto .s,a,c6 de la vaina tele ma.r:mol el puñal, ry ee lo tendió
i Hermann. Este lo tomó y lev.a,nbó el brazo ,pa'l"a pronunciar un sombrío
juramento 18!Il.te el Cristo que se destaoaba en la obsourildad del coro.
tA la mañana siguiente, el viejo barón fué enoontr.ado muerto en su
looho. Había ,rermmado s,u tarea..
El desfile de los visitantes dtll'ó cinco días, porque el ,ancla.no era
muy estimado •p or su valor y su l&gt;ondad, y se hacian. los prepisrativoo
-Jara oolocar el cachiver en el ataúd, cuan,do se presentaron tres visitantes más. Era unia joven y dos cal&gt;dleros, todos he:rnnainos y de origen
normrundo.
------------

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el puñal en el c1rello de la mfiel... Bn el si-tio mismo en donde, allá
en ,la iglesia, estaba herido el ma.:rnnoJ. de la tumba.
Irumiediatament.e Herman,n fué á ccmifesarse con el obispo de Rennes. Con loág,r imas en los ojos le _contó su hi.storia, maJ.diciendo su suerte, acusándose de no ha,ber cumplido el juraimento, lrunentáondose de la
inoonstamcia de las mujeres, y oondenarudo la traici&amp;n de los siervos.
El obispo le contestó oon dmlzu-ra :
-El reneor odioso de vuestro abu.elo,-1por :mJás j,UBto que fuera.,no podfa ser acogido faivoraiblemente; el cielo no lo pernlitió, y Dios no
pudo oonooderos la relicidad, y mucho anás siendo, oomo sois, perjuro, ·
m la ,p romesa lb.echa ante su hijo cru:cifioado ..•
¡ El destimo marca YUestro corazón con un sig,no fatal !....

r-----------:::_....,_-:...-_-:__-_-"T-_,-:..-_-_-_-r,--r77.'""'-rn=--rr~--- ;r---~.---------__.;,-;rr~

-~

-

�Domingo 23 de Febrero

&lt;le 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

Dooru.ngo 23 &lt;le Febrero de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

SAN SALVADOR.

..

DE CURDOBA A HUATUSCU.
NUEVO FERROCARRIL.
Pronto queclará realizada UlUI, mejora de
notoria imporlaiD.cia entre las poblooiones de
Córdoba y Hu.atuse&lt;&gt;, en el Estado de Vera,.
cruz, oon la terminación de 'llla. nueva rvia férrea ·que desde ha.ce algún tiempo se tenía en
proyecto construir; ¡pero que una serie ,de dificultades Jiaibía impedido su realización.
En la .actualidad los señores Ingenieros
SantacrulZ y Olivier que tienen á su oargo estos trabajos, han ,presentado y fueron a.proba,.
dos por la Secretaría de Comunicaciones,
veintitrés kilómetros, á. partir dE\ la Estación
de Córdoba.
El desairrollo total de esta nueva via férl"M
hasta. Huatusco es aproximada.mente de setenta kilómetroo.
El camino es su,ma,mente pmtoresoo, pero
ofrece serias dificultades para la con.struoción
del nuevo ferooarril, las cuales están sien.do
vencidas. Atraviesa una zona de e:Xlhuberames

Preliminares para instalar el puente sobre el rio de San l ntonio.

avanzoa.n. con rapidez los de herraje recorriendo loo itl'8ll€S de obaliastre ,m gran tra1mo de
este nuevo Íer:rooarril, que será de gran iimportancia ooonercial, 'Pues a.tl'81VÍesa una extensa región ricia por sus produotoo n:atuxa.les
ry que has.ta la fecha no lia,bí,a po&lt;l,ido explotarse ipOr la oompleta falta. de medios de ,trams-

El Cuartel de Artillería,

porte.

DOS -NOVEDADES.
Entre la literatura que lleva este número,
nu&amp;Stros lPiCtores encontraráin un hellísi.mo artículo e.cerito ipor el Sr. D. Justo Sierra, y
'41lle fo:ro:na parte del libro ''En la Europa LatilJla," rpróximo á publicarse.
La composición "Psa.lmo de fuego," del
poeta Mam.uel Ofuón, rP¡une á su artístico va,.
lor, otro de iguM precID: el producto de 1a
obra lo ha destinado el a,u1Jor á las &lt;víctimas de

l!:l Teatro "Morazao."

Guerrero.
Coo. gra:n gll6to oire:oe:Ill06 á IliUP,Stros lecto-

La Ca1a Blanca.

Armando el puellte.

El Oua,-tel de Artlllerla.

. •Esta ihe~ fo1:18,l~ d~ ~pecto impoo1€:llte, ha si:do ,testigo de muah.os ~:ioodios ihistór.wos de itrasoendenoia pa.Ta el Sa.1v~r Se emmen.tra ocupaindo .la maa:iza.na, situada enJtre Las averuda.s eexta y séptima, ry las calles oobava y novena.
El Teatro 16611/lorazán.!l!I
Este ediñc.io se enooentra s~tuado frente 1Í 11Il.O de los parques m~ h~osoo de 1a ~públi&lt;:1- &lt;lel SaJwador. Tu&gt;¡r:re doo pisos,
Y en su mter.i.or ihey esipacro sufi.c1ente para contener ooh-0eientas
í)e:rson.as en los dos palcos en que se divide.
Oentrallzaol6n de lloore•.
.
. Umo de los más ·annplios y ,bien construí.dos. edilicios de la CaP1baJ!. del .S8;1vrudor, es el que ocupa la Oficina .de Centralización
de licores, síltuado en una de las callas céntricas de la ciudad.
OatedraldelSalvador.
Este ~~o, .destinado aJ. owlto rcligiooo, ~ 11Il.o de los más
elegantes QJltenormente, de todos los t.emplos ide •la lw¡pu,bl!ica Se
conservan a1gunas reliquri.as que son '11D. vero.a~ ,tesoro. ·
La Oa•• Blalfloa.

'
Centralizacióll
de licores,

Es Ulil hermoso edilicio de constru.oción enterdllllente moderna~ ~ encuentra s~tuaido en la esquina Sur-este de la Plaza
PriooiJpa.1, en la caipiltal ~el SaL~ador; ry lo rodea i1lll ipequeño jar,dfu. oerrailo po~ ,u na re;¡~ de. hierro. A ,principios dd año de
1889, se dp,,olaro -~ lt.err11b le I:™JElndio en el Paolacio Naciooial, y
~ entoo~ ~ hizo necesario lgiue las oficinas públicas se esta,.
blec1eron en ~mtos pu.nitos de la ciudad. La casa Blanca, oUJya
fot.ograff:1 p11blica,mos hoy, era entonces residencia verrunie~
,del Pl"OS'lden.te, y oon ese moti.vo qued;ó constituido en Palacio
del Gobierno, estableciéndose en él el despa.oho del Poder Ejecutivo y los de los Miniisteri06,
,

res esas dos aica.badas piezas literarias.

vegetación y el terreno en una gran 'Parte es
sum.aa:nente quebra;do. La n1J.€\Va rvia atraivesa.rá
importantes ba.rranoas como las de Xamapa
y Tomatlán, ipara lo cual se están construyendo grandes y resistentes puente;;. En general,
el panoram&lt;a que se admlira. es surrnallllen,te
bello y constit11,ye por sí solo un alic~te para
un viaje de recreo.
En nuestros grabados se encuentra representa.do el puente que, bajo la. dirección .del señor Ing€.'llÍero Ju,an M. Navarro fué oolocado
el 21 del mes próXÍl!no ,pasado, con positiva
admiración ,de los ih.a;bitantes de las Ci:'rcanía;;
del lugar.

l!Jl referido puente· se halla robre el río
de S•an Antoruio; se encuentra sostenido por
:;ólidas ,pilastras de mampostería de grueso espesor, es de fierro, mide treinta metros de
largo y tiene un p€SO de cincuenta tooela:dM.
Esta obra fué oele¡brada, á su con&lt;clusión,
con un b.anquete que dieron Ios ooncesicmarios
á los em¡pleados de la línea.
Los trabajos de terrac6TÍa se hallan ya termín,ados en una gran extensión de t.erreno y
Perspectiva del puellte termillado,

�bomingo 23

de

Febrero

de 1902.

~t, MlJirnO tLtrSTtano

~L MUNDO ILUSTRADO
MÉXICO, MARZO 2 DE 1902.

AÑO IX.--TOMO 1.--NÚM. 9.

Sub1Jcrlpci6• mu•-1 lerblea, 1 1 6 •
Idem. ldera. ea la oapital, "1.:l!S

krc•tet UJI&amp; RffD &amp;l'INNU.

•ncten LIC. RAr,UL Rtl't&amp; &amp;PINIIOU.

.

.
.

.

Trabajos do construcción del rompl'-oltt~.

MANZANILLO
Las obras que se llevan actualm'.!1..-00 á c,ibo en el ¡puerto &lt;le Manzamillo, para protcjer la bahía oontra la invasión de la;; arenas
y los fuertes vientos, así como haoer de aquel
lugar ,UJ11 punto sano, libre de epidamias, son

C'onsta,u estfü; obras, &lt;le un rompe-olas y
un .malecón, en curya constru.oci6n ,:;e vcupllJl
,LCLua1mente nu.merosa,- c:ua&lt;lnllas &lt;le operarios. El rompe-ol.as, destinado á protejer el
puerto contra las crecientes y las borrasoas,
está colocado al Oeste &lt;le la Bahía, apoyándose en un ,pouwntorio fo:rana.do por gramdes
rocas. Tal oorno en definitiva quedó proyecta-

"'

Por ~u ventajosa. posición, el rompe-ol.as
:;erviná ta,mbién ,de per,man-énte &lt;l€&lt;feDJSa contra las are.nas que invaden el puerto, permitiendo, sin embargo, la libre circulación de
Las corrientes.

.,.

En cuan.to •al malecón, que coonpleta el sistema de defensa del puerto, se extiende desde la cooexión ,del rompe-olas ihasta la playa,
siguiendo 1a longitud de este frente del puerto.

1

***
Par.a 1a ejecución de ffil;a,s grandes obras,
los conoetlionario.s han ruta,blooido en )fa.nz,anillo vías férreas que ponen en comll'nicación
loa depósitos ,de mat.eriales y cri.a-deros de piedra con el puerto, talleres 'Y e;ampairuentos de
trabajadores, provistos de todo lo indÍl:lpensable para su objeto. )1~-;; de ocho kilómetros de
ferrooarril ha tendido la Empresa, logra,ndo
así surtir de agua potable, que se lleva en barricas, desde un JlUliil.aJltial si.tu.a.do á. larga
distiancia, lo.s pun0;, de la Costa en que se
alojan los oper.aTi&lt;►-'.
Las fotografías que ofrecemos á. nuestros lectores, ,d;m una idea de la magnitud de la,,
obras, así oomo del positivo interé;; que encieJTan para aquel puerto del Pacífico llamado,
no muy ,tarde, á ser Ulil centro mercantil de
primer orden.

La babia y parte de la ciudad de Manzanillo.

una ;prueba mu.y clara del emipeño oon que
nuestro Gobierno atiende á todo lo que directa ó ñ,ndirectamente está llama,do iá influir en
el porvenir de la República.

da su construcción, el enorme muro a:briga
una cOMiderable area del 4füerto, 'Y 1h.aoe más
aocesibles los varaideros del Oeste pa:ra los
grandes bareos.

El deseo de los concesionarios es que la
ter.rnina.oión de las obras coincida oon la del
'&lt;)Stahlooimiento h.asta Manza,nillo, de la línea del ferrocarril Central que hoy -atraviesa
las más riicaa comarcas del Sur -de J aliooo.

-·

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,~~.iK&gt;J~OHOJH:~~I-OltOH~~~~~~oit&lt;~lK&gt;JI-OltOHOJH:~~1-0ltOH~~+OI~·

EL DE LA PB.:ESA.

Un extremo de la bahia.

Reventazón en la boca de Ventanas,

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>bomingo 23

de

Febrero

de 1902.

~t, MlJirnO tLtrSTtano

~L MUNDO ILUSTRADO
MÉXICO, MARZO 2 DE 1902.

AÑO IX.--TOMO 1.--NÚM. 9.

Sub1Jcrlpci6• mu•-1 lerblea, 1 1 6 •
Idem. ldera. ea la oapital, "1.:l!S

krc•tet UJI&amp; RffD &amp;l'INNU.

•ncten LIC. RAr,UL Rtl't&amp; &amp;PINIIOU.

.

.
.

.

Trabajos do construcción del rompl'-oltt~.

MANZANILLO
Las obras que se llevan actualm'.!1..-00 á c,ibo en el ¡puerto &lt;le Manzamillo, para protcjer la bahía oontra la invasión de la;; arenas
y los fuertes vientos, así como haoer de aquel
lugar ,UJ11 punto sano, libre de epidamias, son

C'onsta,u estfü; obras, &lt;le un rompe-olas y
un .malecón, en curya constru.oci6n ,:;e vcupllJl
,LCLua1mente nu.merosa,- c:ua&lt;lnllas &lt;le operarios. El rompe-ol.as, destinado á protejer el
puerto contra las crecientes y las borrasoas,
está colocado al Oeste &lt;le la Bahía, apoyándose en un ,pouwntorio fo:rana.do por gramdes
rocas. Tal oorno en definitiva quedó proyecta-

"'

Por ~u ventajosa. posición, el rompe-ol.as
:;erviná ta,mbién ,de per,man-énte &lt;l€&lt;feDJSa contra las are.nas que invaden el puerto, permitiendo, sin embargo, la libre circulación de
Las corrientes.

.,.

En cuan.to •al malecón, que coonpleta el sistema de defensa del puerto, se extiende desde la cooexión ,del rompe-olas ihasta la playa,
siguiendo 1a longitud de este frente del puerto.

1

***
Par.a 1a ejecución de ffil;a,s grandes obras,
los conoetlionario.s han ruta,blooido en )fa.nz,anillo vías férreas que ponen en comll'nicación
loa depósitos ,de mat.eriales y cri.a-deros de piedra con el puerto, talleres 'Y e;ampairuentos de
trabajadores, provistos de todo lo indÍl:lpensable para su objeto. )1~-;; de ocho kilómetros de
ferrooarril ha tendido la Empresa, logra,ndo
así surtir de agua potable, que se lleva en barricas, desde un JlUliil.aJltial si.tu.a.do á. larga
distiancia, lo.s pun0;, de la Costa en que se
alojan los oper.aTi&lt;►-'.
Las fotografías que ofrecemos á. nuestros lectores, ,d;m una idea de la magnitud de la,,
obras, así oomo del positivo interé;; que encieJTan para aquel puerto del Pacífico llamado,
no muy ,tarde, á ser Ulil centro mercantil de
primer orden.

La babia y parte de la ciudad de Manzanillo.

una ;prueba mu.y clara del emipeño oon que
nuestro Gobierno atiende á todo lo que directa ó ñ,ndirectamente está llama,do iá influir en
el porvenir de la República.

da su construcción, el enorme muro a:briga
una cOMiderable area del 4füerto, 'Y 1h.aoe más
aocesibles los varaideros del Oeste pa:ra los
grandes bareos.

El deseo de los concesionarios es que la
ter.rnina.oión de las obras coincida oon la del
'&lt;)Stahlooimiento h.asta Manza,nillo, de la línea del ferrocarril Central que hoy -atraviesa
las más riicaa comarcas del Sur -de J aliooo.

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EL DE LA PB.:ESA.

Un extremo de la bahia.

Reventazón en la boca de Ventanas,

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 2 de Marzo de 1902.

Y La SENSIBILIDAD HU?rU.NA.
La observación

llllás superficial

tocante á nuestra índole IJ á nuestro

1 •

modo de ser, iprueba. que si la raza
indígena e.s sE&gt;.ria, tacit~, apáti~
y gemida, el elemeil!to criollo, el tipo media sangre es, por el c~trario, de Jo más alegTe, hullic1oso,
j uE&gt;¡rguista, retooón y e.han.cista que
pueda dau---se.
Los mestizos mexicanos, y probablemente los latino-americanos, en
g eneral, wmos ¡por excelencia el tipo die¡]. jem'enfidhista, del :filósofu
p rá.ctioo, 'del vivi,dor alegrón y pa.rlam.c-hín. A semejanza de los andaluces de donide ta.n rectaanen:te proced~os, pasamos por el send.E\ro de
la rvida oon la gl!-itarra en mano, la
canción en lahio, ,la risa en pecho y
la alegría en corazón. T~do lo vemo., color de rosa y sonriente; nos
tienen sin cuidado los gr~nde,s problamas; el más allá nos encuentra
tan inrlirferentes como la "amanezca" ; una fé ciega en quién sa:be qué
de providencial, 'de onunífico y de
com¡placiente nos :iiace vivir siempre
ooperando el bien 'de Dios y "ere~
yendo e,n el T ecolote."
Na.cernos paxa ser felices, y lo somos de hecho; no conocemos el hastío, sp leen, que di&lt;:en los inglese,s;
la incertidumbre del mañana ,se
ofusca. ante la realidad del hoy. No
nos .hundimos en profu,n,dikLades me,
ta.fí.s.icas como el alemán, ni n.oo
~ ogaa:nos en cifras. como el yankee,
ru n o.; pasamos la vida llenarudo medias de la.nia. como el francés. Detj amos todos esos cuildados ,á
los imbéciles, y mientras tanto reímos, retozamos y nos cli.a:n.ceamos; y oon
qué expainsi:bilidad y con qué exhu:be.mncia.
Ik\ímos á. ca.roa.jada limpia, sonora, atronado.ra, que sacude las visceras, acalambra •los
illltercostales, oongestionJa, asfixia y aTraJD.Ca
lágrimas. La sonrisa es la alegria en cuaresma, es parvedad de regocijo, es ayuno d~ placer, e;; el .sistema oelular ruplicaido al goce.
Nosotros n o sabemos s&lt;mTeír, nowtros Teímos ;
reímos por todo Jo alto, risa ve¡l'ldad, risa de
brazas; risa que desquijara y desternilla; risa
~ica y IIIlonumental.
No hablamos, g ritamoo. La pala,bra dulce,
rupagada, moderada, de étiapa.són rmedio, 'DO es
iválvu:la bastante para la presión .i:nterior d~
nuestras ideas y de nuestras pasiones. En estado de paroxismo perpétuo, locos de aimor,
ciegos . tle rabia, frt'¡Ilétioos de erutusiasmo,
t ransporta.dos de alegría, sólo el grito nos satiíllfa.ce, nos icalma, nos raJ.ivia ry nos consuela.
De una e,quina á otra oímoo ilas confidencias
que se ha.oen los enamorad.os ; hasta nuestra
alcoba lle.gaa:i. los ecos de Las ·d:iscu.siones call~eras .Y de lo.s aJtercados de 1a vec1:1-da,d de
aitres; o.yen.do misa se escuchan canfes1ones ~e
:fieles, y los dorn:ingoo por la :taro.e hasta 1a
Cap1tal vibra oon los ecos taurmos de los co606.

Si h11¡b1ando y riendo valemos Ulil ,potosí, jug!lJldo "J' ~tozando :no tenemos p~o. Manortazo limpio, palo de ciego, puntapié oerttero,
lru.cha r oo.nana, box inglés, "sa.vate" iranc~•
esgrÍillii italiana; todo nos parece poco para
proourarnos algunos rat~. de ~:x:pa.nsión y :de
.reposo fuoral. Nuestros hiJos o nu~"iros criadoo suelen presentarse acardenalados, samguinolentos derrenga&lt;los y encantados á 1a vez¿
· S i vi~as qué bonito hemos ju.galdo? • . .
' Pero en lo qu e no tenemos desperdicio es
en maiteria de ~tes, Id.e sal ática, ide jugar el
vooa.blo y sus derivados, oomo poner apodqs,
i:nJventar calu.mn.fas, "ver la oreja" y demás
entretRm.imientos de salón. A,qIUello idel dardo
acerado de la iTonía, de la pnnta finísima de

Dommgo 2 de ~farzo de 1902.

EL ::vrnNDO I LUSTRADO

ro somos poco semi•bles. Gustaim.oa
de la emoción intensa; peiro .sólo lo
que es rndo, áspero, tosco, es ca;paz
de despertarla.
L a educación y la vida social no
nos han pulido y afinado lo bastante paro !hacer.nos oír Sll.SlllTos, ni
percibir perfumes suave.s, ni gustar
oa.bore.s dulces y atenuados ; las unpresiones débiles no logran susoitar
~&lt;leas claras Tui emociones suficientes. Como á los sordos, hay que gritarnos; co.mo iá los .anestesiados, hay.
que pelliwarnos; como á los "cu.rtidoo" de palaidar, hay que salpunenta:rnos 1~ manjares. Entre la conveniencia y la emoción, por una
parte, y el m,unJdo exterior por la
otra, media un muro €\SpeSO que hay
que perforar ó derrihair para llegar
á n11estra alma.
La educación y el desenrvolvimiooto de la 'Vida social, acrecentando nuestra se,nsibilidaid, nos hamn roda día IOOS accesibles á las
im,presiones delicadas, y entonces,
coono los •pueblos, las clases cultas
sa,brernos gozar sin escandalizar, y
ser felices sin nE&gt;¡Oesida,d. de ser brutales.

LAS COSTUMBRES

:Or. }Y!. Flores.
EL PRINCIPE ENRIQUE DE PRUSIA

EL PRINOIPE ENRIQUE DE PRUSIA,
Huesped de los Estados Unidos.

P ara COJ1Clll•ri.r á la •bendición de,i
yaw " .Ueteoro," que serivi.rá de mnoaiooación de recreo para ci K~r
U,u.i.Iler.mo II d(&gt;¡ .Alemania, ha venido á la¡:; tierras de .A;mérica el P ríncipe E:nnique de Prusia, :imnnediato
ib.emnano d~ Emperador .ale:má.n., y
personaje muy id"' sus confiamzas en
m ,polít1oa y en. 1a mploo:nacia.
La pe,raonaliidad de tan distin.:,"1lfLdo señor
no era desconocida en .AJm.érica; sabíamos de
la iimpolltalncia, nada menos que ,merecida, qut'I
su notable iherma.n.o IJ.e acordaba; sabíamoo de
Jas comisiones, de presentaciones y aooi.on.es
que, el Emperador aJemán !ha hecho desempeñar a1l Prín.oipe.
tAho.na que pisa las play.as amecicamias, lo
saludamos, y nos coon¡pllace hacerlo, tr:iibutando un afectuoso ihoo:nenaje á la muy alta dignidad que representa.

la sátira y otros primores de origen francés,
no habLa. con noootros. Manejamos mazos, ha.chas, garrotes y sables de abordaj~; ''tirrumos
oon ipied!ra," en una _palabra, y no nos andamos con rneLinfues ru piquetes de alfiler.
Un aipodo un sobrenO!IDbre, son 'U11a injuria
sangrienta, ~a calumnia atroz, una cru('Jl reminiscencia de fa:r:o.ilia. ¡ Que sienta el cuerpo
10 que recibe .. . ! Lainz.aanos una. orítioa como quñ.en asista U11. trompis, á la cara, en pler
na nariz hasta hacer sam,gre; una puhla es una
· t re_; en 1a " ~ga_" solanza,da ' an ;pleno v.ien
mos despiaidados, arrollamos oonveni~ y
decoro y atropella!l'.ll,QS y dejannos maJ.troob.os
las repll!taciOIIles y los antooedentes más honrosos. Agradooomoo que &amp;i nos llame imbéciles es un eufeni&amp;mo. En la anécdota escabrosa 'no tenemos rti.'V'a.l ; no sé si existe repertoDe&amp;df'I esta rmd.a hemnosa cu~ cielo
1io oomparaible al Illllf'l:,tro. Las h~ que proRreuercl.a de mi Méxioo cl an:rubienrte,
vocaJ1. nálIBellS -atras :q¡ue hacen erizar lo.s caLeivanto el corazón, yergo la frente
·bellos, 1ru; ~ haría,n ruborizar á la. lujuria.
Y el espíritu 10lllzo f",ll rnllldo 'V11elo,
La forma blasfema.t.oria ,tiene una interminable é inestimruble crestoo:natía. La fo:nm.a de
Y ,no como tristísimo consuelo,
nlli'¡Stro "S1ptit'' intiimo, de ~uesira obispa de
Sí q¡u.e co.mo justicia reverente,
oficina, de obrador y de oantina, es ruda, bruOoodenso de mis frases el torrente
tal soez inifeata. Nuestra chainzoneba, arran:oa
Al siaiurlwrti&gt;, con fervierute amhelo,
el ~elo
itodoo los pudores, ostenrba todas las
bajezas é mventa nuevas y má.~ re~adas. Es
Piensa, gloriosa España, que ax!reeJdora
peor q,ue el ViÍ.oio y la degr.adll.Cl.Óln IlllSIIlos ; lo
Eres á lo que na1die : que el proiflliil.ldo
cual no obsta ,para que an.oon.tremos en ella
Deber que en ibodo el arh~ se atesora,
placer, recreo y extremada complacencia.
¿ Por qué? Pues rencillrumoote ,¡:,orqu~ no
MaJ que pese al faallático iriacUJ11do,
sornoo aún en lo general, m!estro pueb~o muF..., proolamar fa hu'm.a:nidiad deudora
cho menos, re:fin:a.dos y_ dehc-.1.d,:,,.,_ P~s1onales
.A Isabel y á Oolón de todo u:n. m.nndo.
al e..~tremo, j poco sens,ible-; en lo fi~oo y en
JOSE MARIA GAMBOA.
lo intelectiral nos pasa lo que á los 11:nos, que
arman el ruido el tumulto, las sensaciooes ruA bordo del "Samfos," frente ,á Vigo. D idas y 18B
d ~ , úmiitcas
cie¡mbre 17 ide 1901.
que pueiden oonmoverlos é ~presionarlos.
Nuestro lclll'.Ilor al ohile iproante, al pac.hoU!li,
á la banda militar, á la ca.majada., ail. grito, al
juego de rma,noo á la chaw..a brutal y al retozo
bárlbaro son ,~s man.i:festaciones del mismo
fu.ndailn€'Iltal, Soonos emotivos, ~-

AESPANA.

i

'Ímtpresi.ones

ihecho

SantosDumont en 1a Cos~aAzr-!,
La Emperatriz Eugenia.
M. Sa,ntos DU'IIlont ha ido á, radicar.se en
Oon.claminoa, .1:'ri.ncipa&lt;lo de Mó11Jc1.0o, . , dondt
prosigue sus ex¡perierreia.s. de aerostac1on con
b8itisiaotorio éxitio.
El "aereodromo" que ha he¡uho construir
á muy poca distamcia &lt;lel mar, es el lugar d~
cita &lt;.le cuanta. oolebri,d~ :;e encuentre veraneando ~ la costa a.wl. U na de las visitas
más interesaillltes y más in.esperaJdas, fué 1~
que le hizo .La emperp,triz Eugenia.
Hace treinta. años que la viuJ.a. de N a,pol~n 111, lleva una vida oompletaan.ente ªPl1;ta.da, casi claustral. De &lt;vez en cuando ,&amp;e leia
en. los ,peniódioos, que pasaba por .l:'ar1S, volvien.do de lngla:terra, para dmgirse á las C~"
tas del .MediterráDR¡O; pero pasadas esas noticias quedaba todo en silencio.
. .
En la ciu,c1ad de Cyrnos nada mdicaba._ la
presencia de la noble y ern absol11tam.ente ~ posible oollS('guir vwla.
A i11adie recibía. M:.a,n.ifestaoo .simgulrurísiano horror y temor á. los fotógrafos y cu.ami.o,
á pesar de todas .sus ,preoauciom.es, descubri.f·
que algún obje1,ivo le anda:ba oe¡rca, u:n gesto d~ ,violencia daba al traste oon. la estr&lt;1.tegia del operador, quie¡n. n.o e:°-con~raba sobre
su pl1c1Ca más que una s.ilueta IDdec1sa.
Por con.siguiente, fué mwy g_rande la sorpresa en Mónaco, y en todo el litoral, cua.ndo
se supo que la ex-sobe.rama ihabía manifestado
y realizado fJ deseo de visitar el ªaereodromo" ,de M . San.tos Dumomt.
,

ei:~--m#

.., r

.A la hor1J; en .'9'4~·
·P,~W,}~
vi:,ñtamtes del j&lt;xven, e.ereQI1au.t1:1, 00 1 pr~tó

la Empemtriz acompañada •p or M. .l!,ra,n(!('pohini .1:'ietr.i y MHe. d'.Alonville:
Los que conocieron á la gra.ciosa y encantadora mujer que fué aid!ID.iracla ipor toda una
generación, necesariannent.e h.aibían de1 r~nooerfo. c&lt;Yn cierta desilusión en la daa:na actual,
Es cie:r,to que si los pe&amp;ares m.ti'IIlos y 1~ suÍDÍilILÍenltoo físioos ha,n IIIla!l.tratadio e,s,a fisonomía. seductora en otro tiempo, también e~
cierto que el conjunto ha conservarlo su aspecto rE\:,o-u.Lar, y el. porte y el ~llel ta,n airoso
oomo ein la iprim.era jruvootun, uenota.n u.nlc)
energía vital pooo oornún á u.na edad tan
avanzada. La .illi:Qperatriz Eugerua cuenta na&lt;la menos que sesenta y seis años !
La visita duró cerca de una ,hora y DlllIIlont
dió con la mejor volu,ntad, todas las e}._1&gt;lioacio:i.~,s que le fuero111 pedi&lt;las acerca de.ª?- descrubrianiento. ITn:a. mu.1ti..tu.d de n.otabiLidades
de la ciencia, del ar,te y de la política, COIIIlenzando por M. Ritt, goberna,dor gen.eiia,l del
Prirn.ci.pa,do, !Y t.er.m.i¡n,alij.'do ~:°- M. Da.~
Pr~deDJte .del Consejo Muru~ipal de. Paris )
oon M . HeMi Roohefort, ain.tigiuo é rm¡placablf'i ad.ver.samio dél. Imperio, se encontra:.on
agru,pa,dos '1111 ~ t e con a,qmi}la alfa senora, que, en otro tiern¡po, &amp;e rf1urua ~n la eleganmia y el buen tono en Oompnegne y en
.l!lOThtainebleau. Otros t1001¡pos ,y otras gen-

tes.

.

. ,

..

Luego que la e:m¡peratrtz terlmll.no su vi.sita fué llevada al c.arruaje por el gobernado&gt;
~eral. Drumont 1~ p1~e?ó, q~e. ein
d~
S'US próxi.una.s excurffiones ma a Vl8Ltarla a las
,alturas de la ciudad de Cyrnos.
.
Doopués de 1a. -ru;ita de la em1peratr1z, Dumont ha excursionado dos veoes y a;~9ue -~
tenido la pruJdencia de !ll.o dar á. 51:1- ai:rahip
toda la velocidad d~ que ,p uede dis:p?n.er, ha
aipostado carreras con. las ern:~iont&gt;,S df
vapor : 'll.Ila mañana, la e~-prendió oon 1a. chalupa ·de -Mónte-Calfllo y poco después oon ~i

:un:t

yate americano ''Varim~"-, Dió m_ucruis vu~;
tas á. la bahía, evoluciono a su arrugo y volvio
al punto de partida sin novedad alguna.
Las ex._I)t',rienci,a;; que hizo una ,t ar~e f~rou
importantísimas y el aeronauta COilS.l:gUIÓ ur,
éxito mayor al al.ca.nzado en París en Septiembre último. Después de haber evolucionado en todos ;;entidos y isin vaoilacione.s ~
ni~"1100. eapecie, sie lam.zó rumbo á. a1ta mar,
á una altura que variaba entre die-¿ y cuarenta metros sobre las oJas. Tanto y ta!l1to se
aJ('jó qrue se creyó que ihaibía elll;pran&lt;lido su
viaje á 06:rcega, pero esa. trave.s1a no estaba
en el programa. del aroonautia.
.
.
Después de una media !hora se le vió virar
en el horizonte, haciendo una curva de UD
kiloonetro de !dián:netro; se rdiixigió rwrn;bo á
la puerta de Hércules y .Uegó á la terraza
del Casino. Las adannaciones fueron caJurosÍSÍ!mas.

SELECTA.
Al v-er la noche Adán , por vez primera,
que iba b01rrando y apagando al mundo,
oreyo que, al par del astro moribundo,
la Creación agonizaba entera.
Más luego, al ver lumbrera tras lumbrera,
dulce brotar y hervi,r en ,u,n oo~o
univel"So sin fin• . . .. vuelto en profundo
pasmo de gratitud, ora y espera.
'Un sol velaba mil · fué un nueve Oriente
su Ocaso, y pronto ~quclLa, luz dormida
despertó al mismo Adán, pura y fulgente.
¿ Por qué la muerte al ánimo intimida?
Si así engaña la luz tan dulcemente,
¿ por qué no ha de engañar también la vida?

José )VI. }Jlanco,

�Domingo 2 de Marzo de 1902.

F,L :MUNDO ILUSTR ADO

EL MUNDO ILUST RADO

Domingo 2 de Marzo de 1902.

Las, quizo desahoga.r su dolor can lá.grimas y
sollozos. ¡ Gran Dios ! ¿ Qué haoer? Se lo llevabam. al :fin. j Y ella que ni siquri.era :í,nten,t ó evitarlo! ¿iNo hubiese ipOld.iido mu.y l&gt;i.M encararse ainte aiq¡ue11a dama y decirla. : ¡eh ! se-

cl&amp;ujercita.
-¿ Y cóm-0 se llama la muohaKlha?
- .A'.DJg~La..
-¿Edaid?
-Trece años.
-Mu,y chiquilla ; pero, en :fin, si mied gus-

ta . ..
IDl.daaoo Guyot, 'Ulna m:od'.ista. ; pa.rusiense

1

'

mu.y lista, capaz de sakJar partido de cualqu.ie:i;
cosa, hizo entonces sus propooioiones ; y desde aiq,uel monwnto ADit,&lt;rela quedó lélJOE1p'i;ada
en el taille.r con el caráoter de "mer itoriia" y
manda.dera, mientras llegaba la época propicia dE&gt;, poner en sus !IDaJJos la aguja y el dedaJ..
Coonenro ,la ruda faena. Desde la;; siete de
la m añana hasta muy entra,dia, 1a noche, la
chiquilla no paraiba pie. Pr:iJ:mero, l,a limpiere del taller, &lt;k&gt;, los apaJra.dores; luego, aquellos mtermina:bles viajes ,á. casa ,d,e los parroquianos, á los "oajones" de ~a, en donde lo.-·
dependientes no siempre, brila.n por su bu,env
educación . . . . ¡ Aquello 1110 ei,a vida! ¡ aquello
era para matar á cualiq,uiera ! Poco á poco,
la ronstitución de la mucha.&lt;.'.h a, de suyo endeble, .y raquít.ica, fuese resintieil!do más y
más con aquel traibajo embrutecedor. Sus mej illas, un tanto sonrosadas antes, iban aoqui,
riendo ese tinte incierto oon que ,la ·clorosis
mairca á sus víctimas ; y sus ojos, en doil!de
algruna vf&gt;:z, brilló un rruyo ,de esperan2!&lt;1, aimortiguábainse lá.nguii&lt;1amente al influjo de tanto tr.albajo y ta.nita miseria.
U na. vez, sin ambargo, Angela tuvo UDl3
ailegría : :M-adame Guyot, la '1&gt;a.trona," pUS{,
en u no de los aparadores U111 mainiquí :fi.,,"'117
ran do un p recioso bebé d~ cuatro iá ciro.co añOli"!.
y dijo :á la ohicuela: "Tú cuidarás de él."
- El gozo de Angel.a, fué grande; sólo que
supo guardárselo mU'J bien en lo !Inás íntimo
de su alma ; porque, no obstante sus co:r,i;of.
años, la dolorosa ex~;rienicia habíale enseñadc
ya que los •t ristes, los pobres, loo desberedadoo .de la fomma no tienen derecho cie mos,
trar ante los demás ni sus al~grias ini ffilS penas.
I nse.n&amp;ihlemente, siin ella advertirlo, ·aiquel
m uñeco hecho de trapo y madera iba ganando terreno en isu corazón. Aquel trotar i.inieesamte 'Pºr las calles de la ciudad, que acababa COJ\
eus pocas energías de virgen.cita adolesoonte,
era ya reoom}l'P&gt;nsaido oon la sola vista del
a,pamdor, á t!'a.vés de cuy_os vi,drios relu.cienre,
aiparecía el maniquí oon su cuerpo rigiklo oo·
mo '11TI. poste y los ojos siempre :fijos, con esi&gt;
mm.ovilidad estúpida y desesperaJ1Jte de las
cosas immimaidas. Alguna vez, una de lras oficialas la había enoontrado eA-i.asiada ante el
objeto ,de su predilección y la halbía rr.ñido.
-¡ Cómo ! ¿es así oomo se 0ll.Illlplía oon eil deber? ¡ Pues no fa,ltaba más! Se lo diré á h,
maestra !-Y ,la ,cb.i.quiitla, presa ,oo1 !Illiiled(·
ante la amenaza, retir~ del ·aiparaJdor, rebozrurute de pana al corazón y llenos de lágrimas
los ojos.
A pesar de todo, su querida idea la perseguía oomo una obcesión; y todas l,a.s mañailllS¡
muy tempranito, al llegar a.l taller, su ;primera mirada era para el ruparaidor. ¡ Oh! si aque1
bebé fue,se suyo; si hUJhiese podido Uevársel.o,
cuidarlo, vestirlo todos los días con su trajecito limpio, oomo oe hace con los Thi.ños dr.
verdad .. . . ! Pero ID.O; aquello era un i'IIll])OSible ¿y para. qué soñar con in:ruposibles? Como
'Poner los medios para oonseguirlo, ya los había puesto. Al llevar un traje á casa da UM
paNoquiana, ésta le dió 111n "décillilo ;" y Angela, al ver 1a moned.a en sus manos, :pens&lt;'•
en un principio de fortuna ,pare lograr lo que
deseaba, y lo guardó ouida:dosame:11:te, eb:r:ia
&lt;le gozo y de esperanza, en el fondo de su bol,
aillo dentro de un sobre escrito, en unión de
una me-dalla de la Virgen y 1a e.stam:pita de
un samio milagroso.-"¡ Dios mio! Porque

yo tenga miás, U111 poquito mtás, para tener . .•
lo que, saibes. T ú que eres ta.n 1bueoo ¿po1
qué no has de .co,nwMr:rnelo ?"-P ero a.hí tenéis !lo qu,e sucede : Uilla. noche, al llegar á
su ,triste ~oiurio la ohiquiilla, su ihemnanita
llamba de hambre, la madre~ da tristeza . .• .
¡ni un centavo!. . . Y el "décimo" tomó el
ca,m.ii¡ro del estanquillo para voliver hecho

pa.n.

T res ó &lt;:uiaitro veces .más Angela hizo la
misma ex!p(;",l'iencia, y otras tamltas salieron
:fallidas sus esperanu.as, hasta. que u.na tairdr
vió entrar por las puertas ,del taller rá un.a señora elegantemente vestida, en Ulllión de u.na
niña de oor.ta. edad. Mientras aquella, junto

propósito y no hrubo más remedio: ]¡¡¡, mamá
;preguntó por el valor del maniquí.-¡ Muy caro, en verda.d ! Sólo que Madama ,pi.diese un
precio razona,ble . .. . Pe.ro, la frollillCEOO, :finn&lt;,
en sus trece, oomo q'llIBn S81be coger la ocasión
por los caibellos, no qu.iso ceder. ¡ Ni un centavo .me111os ! Y para jw;ti:fioarse, e:xipuso S118
1111ZOllRs.-¡ Oh ! ,aquello era mu.y oostoso, pll81to q,u,e venía ,de Parí.s. Aderms, el "ca11'.Il!bio,'·
muy SU!bi.do; los derechos, exihorbitailltes ....
En fin, si lo rurba en ese .precio, era únicamente por coIDJplaoer á su favorecedora, porque no ganaba vendiéndolo.- Unas cu.a.ruta:.
palabras más, ry el muñeco pasó á ser de la
parro:¡uiaina.

ñora, por qué se Ueva usted lo que ~ pertenece ? Quizás la "maestra'' la hubiese reñ.ido
ó la. hubiese tomaido por loca; mas ¿ qué imporfaba? L a elegante pare,cía buena, y, tal
vez apia-d:ada, la hubiese reg,ala,do el muñeoo . . . . P ero ¡ bah ! lo pr-0ba,ble era que aquella fu~, como todas las dem.á.s : altiva, Ol'g"'U·
u~.... una. monedifa de d.iez cenba'Vos, par1,
usted de contar.
Un pesa.do sopor de sonmolencia invadió
todos sus miembros; y du.lioomente, bla.ndaJfü\Ilte, fué cayendo, cayendo en las prafundid.ades nebulooas del su,eño .. . ...... ... . . . .
Los que pensáis que el d~diahado nU111ca
puede ~ r .una_ hora de felic~d; los quP
creía -á pie JU:Illtillas que la gl011.a y la fortuna son ,pa,tr.furumio exciiusi-V"annenlte vuestro,
continuoo ley~,n.do . . . .. Angela, 1a pobrecita
Angel.a, ihija del arroyo,. nacida al oontacto
del á.nfortunio y la. miseriia, es "Jª una. gr~n
eeñom, a,nte quien se ri.rulen todos los ooplend.ores del :m.u.nilo. RRgios pa.Lacios, lujOS01:

trenes, ambiente de luz y id.e aonor, na.da le
falta. Y sin embargo, todo eso no ,la, cauti,
va. Su mayor encam.to, su única delicia es e}
bebé que amarmamta e111 su seno, un l:iill.:do bebé
de verdad, hermooo y sonrosado, &amp;Tuyo, muy
suyo, que :fija en ella sus ojiitos a.legres y
SOl.1rienrt;es y que le dice: "Manmí. .. . " ¿ Dicha
soñada? Si, es cierto. . . ¿ Existe otra?
¿ Quién lo ha visto ? ¿ Dónde está.? . . .
Ya de nodhe, á la hora de cerrar el taller
y al haicer el recuento de los ltnalbajos del
clia, las oficial.as vieron sobre el fa.roo el cuerpo de la chiqcilla. U nadeel1as le griiitó wl oído :
-¡ Angela ! ¡ .Am.gelia !
Des¡pei,tó sobresaltada la imifeliz, ail:&gt;11i,6 desm.esurackumente los ojos, como si quisie.sE&gt;
detener oon los párpados algo mwy hero:nosc
q,ne oo le esoa.paiba, v-0lvió á cerrarlos oon violencia.
-Viannos, despierta. ¿ Qué tienes?
La que, así haiblaba, una robusta moceto.rua, 1de veinte años, tomó ootre sus brezos el
eil!deble auerpecillo, y saffilldiénidolo oon su.avidaJd, re.pe tía :
-¿ Qué tienffl? ¿ E&amp;fJás mala? ¿ Dónde 'i'4
duele?
Y la rapazuela, lle~ose a,m!bas ma,no•

cris&lt;paidas á la. ca1beza, mmbada por _sus rnbiol,
cabellos en desorden, snllozaiba triswmente:
-¡Aquí . . . . o114uí ••• • !

.-.

.Ceopo/do .Cópez )Yico/i.

EL ENSUEÑO
Yo soy azul, como el azul brillante
Que tiene la corriente de los lll'.l,8.res,

Azul como el incienso en los altares ;
A~m1: como el azul de lo dista.lllte.
Tengo 000110 la tierra. un sol giga111te
Q¡ue regando sUB luoos á millares
Romipe la noche cwelo .de los pesares
Como la rompe el astro en el Leva,nrbe.
A!bro mis alas de rireda pluma
Y acaricia mi mente mi aleteo.
:IDl Ooéano Esipe.ranza alza su brruma
Y en el f1ujo y refüujo del mareo
Cada go1pe de m'll.r forma la espuma,
Ca.da beso que doy, forma un deseo.

.....; .-- .

.:"='::)t/~:·: .--;:y

.
..
.
,_

.

,,.
,_·.

con M:,adama Gu;yot, revolvía telas y más telas, 1a niña, que revoloteaha de. aquí para a:l,l
con esa liberitald y ese aplomo que da. nma posesión idffiahogaida, paróre r~,nlbinarrnente
cerca del a¡pamdor. Ver el muñeco v ,en,ti1
el de.se,o de HemrBelo, fué todo uno: Oorrié&gt;
al lado de la mrudre, y señ,a,l,á,ndo,;:elo, dijo:
-Mamá. quiero "eso."
-Pero, hija, mía, si eso es un .maniquí y
lo :necesita l\Iadarrna Guyot rpara sus muestras.
La ,a,1udida E&gt;,nfornaindo un poco sus ojillos
a.z.iules, miró 'á su ¡parroquiana. y sonrió coono
diciendo: "Señora, eso no impo11ta, porque si
us-tad la pa:ga bien .... "
Acostu,mhrada l,a niña á ver siempre sa,tisf echos SllS menol"f'.s oapciohos. insi'!:;tió en fHI

Entre tanto, Auge.la, co.n el corazón oprimirlo, contamiplaoo aquella escena, espe,randl•
el. de...oenliace. ¿ Se lo llevarían ? ¿ Sí ó -oo_?
}flentrns la ~eñora regateaba e.l precio, la ahíquilla tuvo a.un alg1ma espe:ra:nza. ¡ Quién sabe ! Acaso aquella d~1,ma, á pesar de ir tan
hien vestirla, no hwiere lo sufi.cien.te, para~
lo ,que le pedirun. P ero ouail!do vió que ~
de las oficialas wbría el aparador; ouamd o v-1Ó
que sacaba. al bebé para ponel'lo ein brazos de
la niña rioa, la ,cual lá .dura!&gt; penas podía eoetenerlo entre eilloo, l•a pobre mucha.oh.ita 68
sirritió morir : un ootremeci!miento circuló ~r
todo su cue.npo; ,y loca de pena, sin seft:&gt;er lo
que Jiacla, corrió hasta la úl,t;i,ma pima del t.a·

Uer, en doude echada sob.ri,¡

wi

tercio &lt;le te-

SR/TA. LUZ BRIZUELA.

José¡:. €/izondo.

�Dooningo 2 de )farzo de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
,

Domingo 2 de Marzo de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

Za,ragoza ha muerto !
j Oh! ¿ Por qué semejante ironía del De,;tino de los pueblos, por qué tal sarcasmo treIll(;ndo claiva&lt;lo ignom.Llliosa.mente oobre los
patibuÍos id.e las naciones-víctimas!
¿ Qué solloro de '.Profu,nda amargura, qué
angustia, qué cólera sagraida. no emergería de
la Patria Mexicana ouarudo supo estupefacta y atónita el golpe fulminante con qU.€ hería el 00:111.brío Dios de 1alS catástrofes?
Era un eco, un eco enorme y gran&lt;liooo que
iba repercutiendo sus a.c€Iltos por entre las
concavidades de las montañais y los contrafuertes de las sierras. . . j oh ! era un eco de
in.finita tristeza el que repercutía, mU:IID.urando, murmuran.do:
-¡ Zar81:,0'0Z&amp; ha muerto ! ...

gentes .maniobras y operaciones de Zaragoza,
hasba que de súbito, en pltna activida·d, el héroe se súmte herido, fulrrninado por la homm·da y traidora fiebre.
Aih ! . . . ¿ Conque el hombre épico, conque
d animador heróico, el victorioso del 5 de
:'.lfayo, conque ese genial adalid fan querido de
la Patr:ia, iba á ser arrebatado '.POI" la muerte,
no en un combate sino sombríamente, e&amp;pirando 6n su lecho .. .
¿Cómo?-¿ El titán &lt;le acero, el lUJl'.linar
de la victoria de Puebla; ,q,uien hiciera retroceder los inv-encibles "z:ua-vos" y los glOTiosos
"cazadores ·de VinCbnnes" de hevóioo renombre, !había de extinguirse lenta y itrág:ioamente, lejos de los campos de batalla que tanto
Ml1a.ra.?. . . . . • . . .

¡ Y 1m.vo que ser!. ..
El nombre de Zaragoza era ya un canto de
¡ Ou-ántos ibrazos convulsos se levantaron al
gloria ; era una epopeya fulgurante y un simcielo demandan.do justicia!. . . Cuántos labios
bolo.
prorTUIIIl'Pieron bla&amp;femias .por la muerte del
Significaba: el poder irresisbible de los_ pacaudillo . . ..
triotismos y de las energías luchando victo¡No sabían que los hombres que realizan
riosas contra las ambiciones inícuas ...
semejantes epópeyas, son far.os ietemos que
Zaragoza era una ioma, er::t lllil águila : u.na
alu.mbra-n y vigorizan á los ,g,ue arrebatain á
bandera.
las cumbres de la glori-a.
Bien lo CO'lllprendieron loo m3t,"'Ilos ·a,dalid€s
que lo aoompañar001 entre Guadalupe y Lore.... Sobre an'Cbo ledho yace, sema-mcorpoT&lt;ato . ..
do, Zamgoza.. De los lienzos Slll\,&lt;Yen brazos
Porque la batalla del 5 ,de :Ofa(Yo--,en la
Mrviosos, agitrudos t.erriblemente ,pOT una fieHistoria dibujada con perfiles de negro y robre
profunda y pertinaz. . . Las pupilas del
jo esc.arlata--,proyectaba oombr~ gigMl~~
Mroo cintilan CO'lllO dos estrellas rojas em.ery pevfila,ba al :mismo tu~mpo siluetas ngorogierudo á ,ve.ces Teláimipagcs de sangn&gt;, ! Oh !
i:;ísimas, destacando sobre el fragor de la requién €abe qué vision-es de batallas y de befriega aureos principios, fulgurando ante el
catOiIIlbes gloriosas ccmtemplarian aquellas pum'll.Ildo ootupefaclo, la victoria ue los más depilas!
nigrados y de los que en apariencia fueran los
En torno del lecho se 'agrupan, temblorosos
,pequeños ...
y angustiiados, i.nfinidad de ayu,dantes, Jefes
'I'-al había sido el estremecirrúento de las
y Oficia.le.s que aman ial Cíclope del 5 d-e Manaciones al coluunbraT el Gran Triunfo de
yo, á quien por fin arrancaran de sus campaPuebla que miles de carcajadas insultanmentos, frente al enemigo ...
tes y miles de impreoaciones altivas diiuvinFormidable E.moción ide iarusioo.ad y wrti.go
ron sobre el trooo de Las Tullería.s ...
idetiene los ~11Jtiidos de taJllJtos &lt;'orazooos que aniY ihubo befais, sarcasmos, i,roní~ y ana t~man esos valientes agrupados en torno del
mas rugiendo con soplo de hur-aoán contra el
fulminado por implacable destino ...
cetro imperial de N aipoleón el Pequeño ...
Todos tienrn el sombrío presentrirrniento :
¡ El nombre ,de Z,uagoza rvicbraha oon e l1t-¡ Zaragoza va á morir!
mor de victoria, con épicos redoblc'S de dtana,
acla.rna111do el -valor ide los que luchan p,., 1· la
Libertad y por la Patria!
Y en su delirio, excla1rrm,ha el victorioso:
El gran Zaragoza hacien.élo retroceder la.,
-¡ Al &lt;!elltro los Batallones de !Negrete! . ..
fuertes, compadas y bra,vas colwrn.nas fran~Allá entre los iLos cerros; que se: :reooncen,t ren
sas, culminó extraordinariamente, batiendo
formando en masa ante los repliegues y las
potentes de -al.as de iáguil~s guerreras, y-nun.
crestas del terreno, disP.uestos &gt;á lanzarse á
cio de trofeos--extremeció las mismas legiofondo iá un sólo grito y ooono una sola a,valannes enemigas.
cha . . . ¡El E.nemigo es brruvo y duro . . . y veA.gre:guemos aJJ.ora que ese nombre vivía ...
terano; pero lo venCP,rán los q·ue arna,n á la PaEn suma, que era una existencia enérgica,
tria.... ¡ Qué mejor gJoria !... ¡Oh! ¿y nuestros
tenaz, ¡pura y radiante ...
cañones ?-buen'il, p1mte.ríai-Sepresantan bien
Iba, hacía los nueve coonbates ... trabajaesas •m urallas rojas ... rojas ... ¡l¾ego !. ..
ba y se engrandecía prodigiosamente, de: cara.
¡fuego!... Ah! Son los zu,avos ... ! Sí. ..
al enemigo cuyos despojoo había hollado en
los
zuavoo .. . Ellos tienen regados los camlas faldas de Loreto y Guadalupe ...
pos de la Europa con su simgre.. . Llrvn11
Y ya todos lo sabemos :-Lorenzés, derrocnuces gloriosísimas... Crimea... Solferitado, mcerránidose en Orizaba; en seguida, la
no. . . ¡ Fuego, a/I1tilleros id~ GuarlaJ.upe y
seiie de escaramuzas que oobren 1as inteliLoo-eto1 fuego!. • • 4Y aquellos gin~? .•..

¡ Al galope! ... Aquí, Berriozabal, pronto,
bre la iil1uierd,a, á contra.flanquear aquell
columnas que parecen e.,;e11.8Jdrones de águi
l•a.s ... ¡Aquí mis \'Cttra.nos de :\Ionterroy,
San Luis y &lt;le Za.ca teca,;! ... ¡ Fuego certero 1
¡ Yiva la Libertad! . . . ¡ Aé ! valiente8, ad
]ante, bien, adelante ! . . . ¡ Oh! ¡ magnífico
¡fuego!. ..
Y al tE:!~minar estas frase:; que pronunciael héroe con varío :l&lt;-cnto, entrecortando
penosamente las sílabas sierrupre rvibrantes
plenas de arnnonía ,maiX!ial a,un en medio d
fantástico &lt;lelirio, al terminar aquella;; palabras que tantas vecoo pro:nunciara en los oombate:-, se irguió el imoribundo alzando la noble frrn.te, ext.enclió ambos brazos, apretandolos puños, y como herido ,de un Ta,yo se desplomó, caiyendo entre los almoiha&lt;l.ones del le,,
cho, jadeante y .presa de .horribles convulsiones ...
-¡ Calma, señor ! . . . ¡ calo:na ! . . . murm'll'l'Ó
uoo &lt;le los doctores, en tanto ,que con un gesto vago imponía silencio á la m~roheduml&gt;M
de v~teranos, deudos y amigos que escucli.ahan profundamente respetuosos .aquel delirio
épico.
).fas, era im,posible exigir tranquilidad á
ese espíritu que se iba, y al volar se revelaha
enloquecido ,y •te11rible, ccmtemplaThdo en so
fiebre semi-lúcid•a, la gloria inmable: de los
campos ide batalla.!
Y algo d:ivinamente terrible, algru:na enorme. refriega, algún feroz aboque &lt;le Ba.tallonoo y Regimientos debe desarrollarse ante su
imaginación excitad.a, porque, tras de breves
in.-,tantes &lt;le .aibatimiento aparente, yérgueee
y dama CO'Il voz ronca:
- ; Recio, anás duro todavía, aJJ.ora los del
X orte !. . . ¡á ellos !. . . ¡ Viva la República!. . . . ¡ Aquí los lanooroo &lt;le Toluca ! . . . .
¿Dónde estiá el valiente Díaz?. . . ¡ CaTgUen:
carguen r ... Hoy va á ser una gran jomarla.
Acordaoo ,de Oolamanda y de Ca.lpulálpam . . . ¡ Fuego ! . . . Allá van loo bravos gi- .
netes de Oaxaca, ¡ pero, qué adn:cira,bles, espléndidos!. . . Bien, büm ...
El héroe delirrunt.e, tuvo u,na ,pausa; QUi
ojos encandecidos irradiaba[l llamas rojizas....
sus labios eshalban secos, requemados y negruscos ... En el espacio am:,icnk ¿u,. man&lt;k':
describían a1II1Jplias ourv$, imitando ademanes bélLicos ...
Y solloza.han los buenos amigos que aquello contemplaban; y los fieros capitanes, en;;
camaradas de campañas ry recias c0mbatt'i',
lloraiban silen.ciooamen:oo ainre aquel desvarío
sublilfile . ..
En VaJJo sus ayu,dante-; int.enitaba.n. calm-ir
biJJJta excitación terrible ...
El delirio bélico- trágioo proo~&lt;TU.ía. e:n. nuerns a luciilHIICio.ne.; ...
-Ya E1staim.os frente á Miramón; lo •a;batiremos; ha.y que destrozar su izquierda que está débil y dej.arle sin retirada . . . ¡ Toda la
·artillería ~ la derecha. ipara que haga fu&lt;&gt;gr•
por salvas contra la izquierda de Miram6n !....
¡ Aquí Carbajal oon la, ca.ballerfa.; al galope,

ºª

que ya los dragones del enemigo se destaca~!
¡ Ah ! :.\firamón, -voliente joven, ¿ por qué ~eres á tu Patria? ¡ Ay &lt;le tí!. .. ¡ Pobre Mi.ra-món !. . . ¿Veis?. . . Estamos en OalpulálPllJD.'.l. . • Mirad ¡ qué hemnosais SO'Il para mi estas llanuras, rojas llanuras que parecen pro'ducilr bosque.~ de 1la.ur.ele.s ! ¡ Al galope, d.ragones !. ..
De nuevo tornó á guardar silencio. . . evo('aba el adalid la briJJ,am,oo jornada ru&gt; OaLpulálpam con la tenible carga de las ~abalkrías
liiberales oomlvi.en:do l~s alas de :M1ramón ...
Y acaso la visión espléndida ,de las b~tallas
ilecisiva hizo iluminar de nuevo las pupilas de
Zaragoza, porque 6ntonces sonrió con placidez
olimpica, y hasta que ,hulx_&gt;, de desvanecer.se
el sueño marcial, pror:rurrnpio:
-¡ Pero ya e.:, hora de partir, veteranos &lt;lel
Norte! "¡Bota-Billa!" ¡J,os frwnceses ! ... Son
los que hicieron formidables haz;¡~ª": ¡ ''
cuántas ou{mt.as batallas!. . . . Si.... son
&lt;"llos ...' J,odi, An·ola, ).filles.&lt;;imo, Aoouquier,
Wao-ram Eileau, Friedland, La :\foscowa . . . .
¡cuánta&lt;: ... Oh! ~í. .. pero tamtién hay ... .
allí están. allí están ... ¡ Cuántos triunJos !. .. .
Dura'l1te unos minut-0!: perrmarneció €$tá,bico,
y tendien&lt;lo al ci&lt;&gt;lo 'lo.- lbrazo~. gritó:
· -Sí; también Waterloo!-Y -ahora con tu
Napoleón. Francia,-.'í dc Mruyo !-~• al pronunciar esta frase ,quedó inmóvil, abiertoR los
ojoo, delici&lt;rn:1,ment? cnvuelto_ E.TI impal,pablos
é invisiblt'i' nubes &lt;le ,1poteos1s . . . .
Así ,:e aibi,01mó gnrn tiempo; ª"Í lo cont"ml)laron con vagn a!;Ombro -v profunda mortal
inquietud los que ·a¡:1,:,tían al lúgubre desenlace de a&lt;¡uella existencia heróica.
¿ Qué veía?
l. Sería que contemplaba su febril imaginación el gran&lt;lio~o .iJe&gt;&lt;arrollo ile la batalla ile
Puebla el 5 de }favo de 18fi2? ... Por segunda vez asistía á la· pugna. prodigio¡:a de unos
&lt;'11ant.os batallcme&lt;; improviAA,d&lt;"" pero dirigiilos 'Por hombres d" fé. por call'dillos palpitan,do esperanza.,; ra.ma'll,te&lt;:. contra Ja,. aguerridas
legiones franc~'lS int{"gradas ,por la flor de
la 1hr.avura eu,ropea ...
¡ Y lQ&lt;: nuestro,&lt;: nmrí.an !
¡ C6mo ! l. Lo,: ma.,g-níficos zuavns, los ca;r,adores de Vin&lt;'en'lle.". 109 leg{&gt;l)dario;; triunfadores .¿¡e Crimea y Africa cedían ante 1.as cargas
de los "zaca,poaxtlas" de Neg-rcte? ...
Tia viisión M-a imtoonent.r . . Za'"a.Q'Oza teniendo anfo sí todo el E.Spectácnlo de la batalla, intenta ;:altar nuevamente del looho; tiende en el vacío sus brazos para apo_v.arse, exclamando:
¡ Al oam'P.(l de: batalla, veteranos! ¡ Iremos á
CMar ág,t1ilas ! ...
Y como tirifaba ,de frío, inconsciente, le
inaj c6 llil ayu,dante :
-S?ñor. el frío ... el frío puede agravar....
Y él &lt;'ontestó:
-¿Frío?-¡ Frío!-; Quién habla ahora de
frío? ... ¡ Está 1Jovi('.ndo fuey-o !. . . ;, No mi,an es6" s.ol el'pléndi&lt;lo tan {'!orado y supremo?. . . ¡ Es el sol de 1f3:vo el que nos alumbra!
Y súbita.mente hizo a&lt;lemán ,de esgrimir
1ma E'"pana, pero sus fnerzas fo abandonaron
y cayó al lecho ~1 6SpaJda ... Sus pupilas contemplaban el infinito ...
Después. . . un gran silencio. . . Lloraban
~nírn lo¡; h01T11ilm"" df' hforro q111P en Ca1l1¡rnláhnum
v R. Luis. lo rrni,,mo quE' f"!l Ja1]j~,co y Colima,
Jo hahía.n !'.egui,ilo bajo el fu&lt;&gt;g-o ile lac: ibatería,q
"nemip-as. . . ¡ Rx,piralba el hombre &lt;le la Defen"a N8cional ! ....
¡Oh! v ¡ ruánfos &lt;le aquelloo oficiales dur(~
en la brnga trogica, ennegrecidos sus rostros
IJ)Or las tempe!&gt;t,&lt;1ile-, v las nevada~ en l.as Sierras ó en la,: iridas ·llanuras, cuántos sufrieron el aC'E'ro oel dolor devorando s-us corazones
al pre,wntir la muerte de Zaragoza!
Y 'hubo ;g-ran&lt;le,; homlhre1'1 ,me. nana.dines
i,an,bién v ancian◊", IE'i'lltieron C'orn.r por sus
mejillas lágrimas de sangre y fuego ...
Al -día &lt;;Íguiente una g:rain trietezn. predomina M fas visiones antes tan ardientes y
exaltadas de Zaragoza ...
¡ Suprema m.elanoolia ! . . .
~·

SACRIFICJO;DE&gt;ABRAHAM.
Cuadro de Santiago Reb ul.

Pero ved: es una tristeza resignada. y solemne; la de un fa.talista que esbá ¡pronto á
que se oumplan los feroces cataclifilllos ! ...
Se cree prisionero, en rpoder del enemigo,
y exclama con altanera dulzura:
-¿ Soonos ya prisioner-OS de La Francia?....
¿Ya no podemos ir á int.ernarnos en las sier.ras prura. defender nruestra, prutria. . . ¡Bien.
bien ! . . . Moriremoa. . . ¡ Vive J uárez todavía ! . . . ¡ Prisicmero ! ...
En aquel momento inundó la cámara el
tropel de notas que v~bro.ban la marcha tocada. por el corneta de u.na guardia que desfilaba frent.e á la agonía del héroe.
--¡ A fusilarme !-exclamó entonces-.á fu5'ilarme ! Pero de cara al sol . . . del Sol de
Mayo. . . ¡ Que me fusilen porque he triunfado, y ahora muero por mi patria.
Al pronu,nciar estas frases irradiaban sus
pupilas una luz casi mística... Veíase en
torno de la~ gloriosa&lt;: matanzas de las últimas campañas. Saludaba en su delirio á González Ortega, el recto y atinado; á Díaz, el
expE,rlo y bravo; á K egrete, el heróico; á Berr:i0Zc1ibal, el vaJient.e ; á Gilardi, el Íim'])etuoso;
á Patoni, el a·udaz, y á cuantos conociera en
su labor terrible de la guerra, veía en su épica alucinaci6.n.
-Señor, señor-repetían doct.ores y amigos

al oído del agonizante que se iba, .t.endida.s las
alas de su .ooph,itu vibrante aún de sinfonías
épicas, de truenos de cañones y des011JI1ga de
fusileria.-Señor, ¡&lt;'alma !
Pero ¿qué calma iba á conquistar el hOiillbre que oontemplaba el des.file sobenbio de sus
vii:torias?. . . Acaso en un ,relámpago de luci:dez oonkmplaba la realización de los grandes destinos de su patria, pol'l(j.ue sus ojos po:n
1lll instant.e se i.n,undaron de luz plácida; sonrió de nuevo, y estático permaneció anegado
en infinita y .mdancólica &lt;lnl7ura ... Después.
lentamente se recostó desfalleci~t.e, STumergiéndooe en un sueño tranquilo. . . TI'ágico
estremeci!l:n,tiento COilill'.l.ovió los ISéres que ile
rodeaban. . . ¿Había muerto?. . . ,
No. . . aun debía cernirse su imaginación
&lt;lelirant.e con a~as de águila rpoir los campos de
batalla, sobre las hecatombts y las catástrofes
épicas &lt;le la guerra, antes de entrar á. la inmortalidad. . . aih ! pero al expirar su última
1)8fa.bra ,il.ebía iser &amp;11 blime. . . Murnnur6:
"¡ Libres !" ....

.

.

. .

_.

El 8 de Septiembre 1862 es doode ent.onoes
una fecha lúgubre para m1estra patria ..•
¡ Zara.goza, el }T úmen de la Victoria, habfa
'11llerto !

~eriberfo Frias

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingx&gt; 2 de Marzo de 1902.

~ - LAS CARA~E BELL,

~

,-, .
•..,.
~-=·
..
---,--::-----=,-----------=---::-:---1
,

t; .
,,

de espect&amp;ción lleno de enfe1'1!llÍZa curiosi-

..

dad, se oye de pronto un eoro angélico de
querubines en algazara. Suenan risas de
cristal y oro, risas que se abren coono cálices y p a ~ derra,mar per.fuone, y que
vool.an como mariposas 81I1hrtiagadas de

'.

miel y de sol. Son aos ID,llOS, llel1Viooos de
,alegría Jos ,que prorrumpen en esta es.can- '

dalosa algarabía.
¿ Pues qué sooetle? ¡Afl ! una cosa única
en el mundo ,de los goces infantiles; un

1

a.con "tooimie¡nto :memorable en los anales
de la vida nueva. Es ¡que sale Bell. ¡ En.tienden ustedes? Sale Bell, es d~r, saJ.e
el sol en el cielo de la inoonrcia.
Y E'll coro de .g¡uerubines es .acoonpaña!do,
no oomo afi.rima la leyenda cristiana, por

la cl81Ve de Santa Cecilia,

¡I

'

f

na. por

loo

Í!D.B-

tromentos qrue el divino F.ra Amgélico ponía en las manos de sus ex:tJábicos y alados músicos, sino por las camajiadas ingéé
nuas, francas Y caudalooru:; de la multitud
que s"' divierte en un espasmo de regocijo
:iJm,onsciente y sincero.
Bell es el crealdor de este supremo goce
quei sacude á las roosas con lb.isterismos jovia1es y estrepi;fx-,os, y que pone en ca.da
ca:bem de náño .u na auroola de entU&amp;iasmo
raidiante, un luminoso halo de dicha.

Todo lo dice &amp;11, todo l.o e:xipresa con
sus mil y tres car.as apigr,anm,bircas y grotescas qlUle se burlan del dolor y de la trisf.tlza. Cada sentimiento, oa i.a •p asión tienen en esa cara su gesto grosero y carioa.-

1

turesco. Un hondo :sarcasmo pone en 1~
máscara trágica el "rictus" de Momo. Es2
cabeza de "clown" e¡;; el J.aibaraoorio del

•••

ridículo; allí el idolor y l.a ternura, allí
el amor y el asombro y la piedad se oonvierte-n en jovi3iles extrav,aga.ncias.
El candor, que no conooe la vida, ríe

Es eixt,Mño; nuestro ,pueblo es melancó-

lroo,

oo triste; sus plaieeres tienen

'lllllil

aipa.rienoi.a sombría que coo:tfin.a, oon el dolor y el '8lbati:mienito. Sus diversiones son
hure.ñas, pooo e.x.pa:nsivas, y ~ ;por
quién sabe qué aJtruvi.smos de ram, la soledad y el s.i.l.encio. N ue;;,tro pueblo sa:be
cantar el llanto, pero no sa:be cantar la

risa. Ríe, en ~eoto, oon forzlaa:Illiento c00&gt;

•

!

•• •

'i\

¿ Qué, haoeir reirá los niños y á las multitudes no es illil:a buena obra?

Las caras de Bell, su,br3tYan y emlbellecen sus chistR¡s.
.Aih ! los chist.es de Bell. Ya oobl~
de ellos ailgún día ...

A~::::~
/,'l~~~r ,,;/2J1J5~,

j~

~~,~

El secreto e¡stá á ila vista: no es preciso
a.divina.rJ.o.

~

Todo lo haoe su cam de gestos m'llllti-

fo:mnes, extraivagantes, ra.r-OS, :iimpooib'les.
in:desciimbles, en loo quf'¡ 'V'&lt;1D. y vienen:
suben y bajan, saJOOlll ó se agaza.~run oom.o
ágilles ooróbatas, las facciones. No ha.y
(ll.W rlgido en esa máscara 'de harina
puntea.a.a de v1,.nmellón y nasguñada de;_

~
~~-

Y Bell ha.oe el prodigio. Es un artist.lj
a!dn:n:iraible 'J u.n IJ:J.01JJ1Jbre buen-o.
¿ Qué, observar y serutir, y expresar como él lo hace, n.o es ser antist.a?

argentina., de los !áridos a'renales que tooó
ila vara del einca.nix&gt;.

j,

' 'J

inef,a,blffi!lente delan.te ·de esta oara múltiple que &amp;"i dislooa en gesti&lt;mlaciones di,
vertidas. La mruJ.titud que quñ.ere ohidaJ
penas, ríe también, porque 1a burla del
dolor es ipara ella runa e$J&gt;elci~ de vengama.

' n.o
dificultad, oon temor. No :da ila alegría,
la derrooba, no la riega; hay que sorpren&lt;lerlo y ar.mncánsela; y no pa,reoe si.no que
aiVaTO de -ella, la ooulta y lucha desespena.1
da.mente porque no se da quiten.
Pero hé aquí que E'll milagro se realiza
en las ,gradas del Ciroo. .Aiparooe en. la pista Bell, y .de imiproviso surge hinviente y
ei,ipumosa. y loca, la xisa que llladie pudo
iarrebatar á 1-a multitud, coono en los cuentos de Ha.das ·brota el mana')))fñal de linfa
¡ Cómo Y .por qué :puede alcanzar este
Jiedh.iro eJ. mago saltitmbam.oo, el "olown''
migromarute, el ,paiyia.so UllulmaJbu.:i,go?

pia. Es un ca.leiidOS001pio de muecas, una
fui-agotable y rapi1da fantasmagoría de molilii.$ Las :fisCX11omías se bo:r.ran;-a.pa~
ee suOflden, vabran, se rrnultiplican., se diluyen, siempre distintas, varias, ínq,uietas,
pero conservando una misteriosa unidald:
rúru.eña y ma.oabra, romo si el aiwbocaricaturista eléctrico que los P.jecuta., aproveohaindo las líneas iprianiitiivas, las compu~
siese todas con violentos y seguros retoques. Y sobre esto;; músculos movibles, sol&gt;rPi ~ta nariz que se mece en trapecio, sobre esta 1boca que ondula, descoyuntada,
como el hombre culebra, sobre estos ojoo
que se odlumpmm en la tbarra fija de las
cejas, sobre esa frente ¡que se ;pliega y desplü•.ga como un a-banico j apooés, en el que
hace juegas .m.al81Vares la borla de u,n m~
chón. hirsuto, flota Uilla c1aridald de iinteligrencia, u na dora.da chispa de ta.lento:
una traviesa ráfa~a, de malicia, 1lil1 vivo
resplandor 1de profunda. y sutil ironía. Esa
ilumiJlaoión viene de los ojos. Es l.a iffiÍra1
da que se derrama ipor aquel semblam.U
blanco como el fulgor de u.na linterna
mágica sobre, el lienzo en que se raprodu,
cen las :figuras.

En el cireo, tras &lt;le un breve silo,,cio

•/

~ 2-

EL MUNDO It,USTRADO

j.J.

~

~ ~

Q~J

de

Marzo

de 1902.

�Doon,ingo 2 de Marzo de 1902.

"EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRA.DO

Domingo 2 de Marro de 1902.

En el .c:oro (londe e.amtw 11-1~ novirias
ffitá el ó¡,g,amo romo un a,rti::,ta viajo.
En sus tubo,; n.iquelacl0:- r(';'.plan&lt;lOC,{'Jl loas caricia.~
clP, Jai ,hma con un pálido rcflt&gt;jo.
:IDs muy jo,Pn la novicia ejccula,nt.e,
un.a artista tolda llena ele •belleza.
F.n el coro de las rnonja., :&gt;e &lt;lestac,1 ~n semblamfo
ima,d,i&lt;lo icle 1JJ&lt;Nt:ílgira tri'ot&lt;w1.
Ella a1JJJa oon annor al ,haz de luma
que penetra como un &amp;u~ño por la ojfra.
rporque i-ierrnpre ib,1, cle.&lt;&gt;p,el't.a,do en ella UJM
o1Nida de pasión ~OllÍ€1mipfativa.

Y su ~í.ritu Ee aneg-a en t:'-ll intmensa fé ·rréa(lorn.
f'n su sueño si,mn¡pre pu1,o y en 1-n amor sie-mprc• fo1ilomab'e:
Y es enJonees cuainclo ~xtie1wlc l.1 ilu.,ión ene·amta,rlom
"'llt3 rovneloo en el órgamo que canta lo inefal&gt;le.
Y mientral" las mooj11s &lt;'anta;n ron la ,oo lmt.a y ram-&lt;Hl:1
los 5a.lmos mi~teriosos rle ~oo ,mí,,.,ti(."()'; anJ-1iünes;
fo organii:ita sien,te ¡;u alma f"lia,moroida
:,a llllThY oerca &lt;le loo célicos jardine:&gt;.
[,a, i;a,]m('ldin e,; nmi ,inton&amp;a a.&lt;rpirrur.ión háei:a Jo,: cielo-o.
una vfa lumi,po,,-,a á la IJ)t)rfeceión ; por ella
~•be el a,lrrna de •la .arfüir.-1 sin ·rencores v i:;in duelru:.
oomo un a,ve ÍillTl'lr.oulada, pura y !"Ola,' b1a1Ilca y bella.

J

1 J

En su e:;ipíritn de núbil ol a,mor más ro...&lt;lto brilla.
Con loas notas de t-U ó-11gano interroga
'.\' oye una voz que m9&gt;rm&lt;le ron urn canto sollozante .. : .
y es aue nn au;!!cl ~3 &lt;lem1~ro eon la mano en la meJtlln
e.."OOoh.runodo la harmonfo &lt;lel V'a~O $11eño ;¡uc boga
par lo.s mares del P,S'JlÍ'fit:u ele ~u arrrmda ejecutante.
MANUEL DC LA PJIRRA.

SIN ALMA!!.,,
I
Largas boros ha.bían p.i,sa:do sim. que mi
plituna '1mb:era podido escribir un oolo peru:amiento. }fe sentía trate y neIWio.so. Una
profu!Ilda hipoc-onrlría me torluraiba y mii oorazón estaba He.no de tpesaires y de Lágrima.--.
::\fi .;cr &lt;vagaba por espacios ~onooidos;
era ll!llO &lt;le eao,s rrnomootos en que, arra.noados
&lt;le la zicla material, vivirrno.s la del espíritu,
.,in que la e.ame, nos haga sentir s11 inexm-.ablo
pc,so.
Los rec.ue11dos se atropelolaban en mi .cerebro
c--0mo pugnando por abrirse pa;;o. Sentía el
da.lee arrobamiento del iqJUe, vive sim c-0noienC'ia, y all.á á lo lejos, como en una fantasmagoría, velada por el tiempo pero m:á.s d1llcc
por el recuerdo, contemplaba m:i pasa.do, perdido cnLre 'lo-s puros contornos de, la imiaru.cia.
Suavemente pa.saba de la ,vida, matttial á
la del esipíritu, y mis ojos se ce1Taban oomo
.-1 ,;obre ellos pesara la mano de lo infinito.

II
,-aiga.ba ,perdido en i&gt;,n el e-pacio.
A11te mi v,i,-,t.a &lt;k-:1uml:n)8,da se ;;íllcedían es-

('("nas mara.villosas: inmeru:os rortinajes aznla,&lt;lo;;, e.&lt;:,pejifilnos op,1.lioos faoh0111aldos de es1rc,ll as y ele, ast.!°'05 llerurban el firanamento.
El cielo me parecía quebooldo en mil pe&lt;fazos que giraban en 1m inmenso torbellino
formarudo cambiantes caprichoso.; de hwes y
oolore,, ... ..
Se:ntiMnP sobrecogido •a.ni:€ tanta graooeza :
""'taba frente á frente del infiruto y el ansia
de lo grande, de lo desconocido embargaba

mis sentidos, en tlWlitx&gt; que mi E'!Spíritu se d~·

EN CARNAV AL.--Mamá va al baile.

lizaba oon rapi,dez vertiginooa entre los cielo,; ? mir,a:ba con espanto la alJtiva magnifiooncia .del Univerno.
De pronto una sombra blrunca y ligera interceptó oni pa$O. Era prura y hernncsa; un
ni,mbo de luz -ceñía su cue11po va.poroso, semb c,mlo ele ootre!ll-as ry de astros.
-Ven, me &lt;lijo, re esper.aiba ! Contempla
pJ fil'rna,men.to, fortilic,a tu aJma para .la prueba que t.e espera. 1Iira el destino &lt;le las que
h&lt;llll siclo p.urifica.das por el smfrimiento; .ax¡uí
no hru_v llalilt-0 ni miseria, la mi.rada del Ser
Supremo se ,;;i{'¡nte más de cerca y el espíritu
se ensaincba ante la :perspectiiva &lt;lel in:finito... !
-Mia-a, .añadió, ¡cutá:n diiererute es la vida
{le.l espacio ·á fa. vida de la ti&lt;&gt;,rra . .Aquí hay
luz esplendente y bienibeohom; aJ•lá, ob.,"'Curidades y oaivernas; aquí la cm.ano de Dios espa re€ rtesoros d&lt;&gt;, belleza; allá, loe homl&gt;~
han S'e'ITlbra:do la guerra, la p€Ste, la miseria.
Y o me sentía cl.ukemente dti.ch&lt;xco. L n goce
purísimo ,penetraba mi 6f'II" y ,am&lt;t,e mi muda
contemplación pasa:ban loo astros g.iga:n.t.e..i:cos,
como ra.ves en.medio de un pueblo mistenioso :
las estrenas.
Bruscamente la SOIJ'Ilil:&gt;ra se, detuvo ry con voz
apagad.a ,por la tristeza:
-A•barca oon tu última mirada el firnnamento: y:a no volverán ,tus ojos á contemiplar
elJ:3/s estrella1&lt;.
-¡ Oh ! ¿q1Uién eres? le resp001dí.
-El principio &lt;le tu ipru~l&gt;a empieza. Vas
á &lt;lescenider á la tierra y llorarás €01 ella ]a
muerte &lt;le tu alma ... ! No temas, prosiguió,
aquí e:n -el cielo ie ,aguardo : ooy tu ffi})el'ailZa.
Poco á poco 1a som'bra l'.e perdió ... las esbrellas pru1ideciel'on y l'OOtí cernarse sobre mí,
lo inmen~o. lo &lt;li&gt;;o-coo1ociclo, en tanto que m¡
espiiritu rod,aiba á los negro:; wbism~'3 td,e lª tie-

rra, de la ~&lt;4 .. , l

•••

Era una selva triste rv sombría.
Perdida entre los ,breñales y recostad.a i;obre Pil césped, una mujer agonizaba.
Tri.,,te y aiootido era su sembl.a:r1.te, su negra ca1bellera, es.parcida por el suelo, semejaba un paño morl.uori·o.
Su 'OOCa conv,ulsaim€'Itte apre,tada, sus ojos
profnnldamcnte hundi&lt;lo.s, sus •IDMliOS erwlavijadas .sobre el pecho, su respiración anihelanre
y fatigosa, aicuooban la pró:xñ.rna extiMión de
aquella vida y el a'Iliquil'lllDlit1rutc&gt; de la mal-.eria ...
Ero. la Ji.ora del crepúsculo: el sol recojía
s·u caU'da de oro semeja.nm á la luz rumarillen&lt;ta ile loo cirios, y las escrellas, pálidas y tristes, pawdau hígr:imas del -firmamento, m.ientms, ·aebüibatdo ¡par la &lt;lista.nciia, Uega!ba á
mii.s oídos el trisite y sentido eanto de la rulondr.a.
U na doloro;:a opre,,ión pesaiba sobre mí; yo
mismo ;me ,creía ,presa de esa. inrrneinsa agonía,
yo mü,mo sm1,tí,a el rompimiento de los ilazoo
vitales q,ne me Lanzaba á la et.ernidad ....
Mi.s ojoo se hUJm~decíain, mi caibeza v.acilam1.e ,parecía prox ima á estallar . . . . Sufría la
de.c:,espernción del impotente, la ra.bi,a del vencido. ¡ Era mi ,propia ,a:luna la que ,me aOOJndona.ha .... !
-T~,ngo sed !-dijo el.Ja, y s1LS ojos h mnclicloo se fijaron en los míos ...
-Tengo sed !-dijo ella, y seurtí que temblaba de tristeza . . ..
-Tengo red !-dijo ellia, y cm.is laibios á loo
~U'.'\'OS se juntaron, y etR,rno, irumenso, sublime
fué nuestro úJ.t,ia:no beso ... IDJUdo aldiós de la
ml-lteria y del esníritu .... ! !
11i J.Ia,nto cayó sobre sn rositro y las auras
ele la nodhe :recogieron mi~ ius.pi-ros 'Y oollo-

ws,,,, !

�"IDL MUNDO ILUSTRADO

borruingo 2 de Marw de 1902.

.[L MUNDO ILUSTRADO

III
Mi vuelta á la vida real :liué lar:ga y }&gt;®-osa.
F.Jstaba pr&lt;xfu.ndaunente ~~ y oomfoo:ío:
había en mí muáho de ex.ioopuicl.SinO y de JIOnía· y a,l sentirme sin ilusiooes y sim alma.
con~í en toda su asquerosa fealdald la hipocresía de mis semejruntes ...
Sobre el ,papel, y en par'DE'\ de lo escrito, habían caído m.i.s ~o-rirmas que al ex:teniderse sobre M, fomnaron una ro.ria harmonía, algo así
crono el rompim.ieDJto de 'lllila a1rrna ó el grito
salvaje de su ·agonía ... !
Desde entonce; sient.o junto ,á mí un'a eapeci\', de sombra que fl&lt;Yta, que me enivuelve ...
y cuando el dolor desgarra mis carnes y mis
venas, cuando cam.sado de la 'Ill.Íseri.a 'Y podedumbre de esta tierra, siento la nostalgia dei
iminito: dejo co~rer mi Uamto, y 1JI1is lágrimas, al ca,e,.r en el papel, traducen. oo .;,onidos
la tristísima ausencia ,de mi alma . . .. ! !

AÑO IX.--TOMO I.--NÚM.10.
Director: LIC. RAf'AtL RUt&amp; &amp;PINDOLA.

.... en~ huerto,
bajo los pinos glaucos,
donde le habló de rumores,
doD!de oo diP,ron amoro50 b€so,
evooó su recuerdo ....
. . . . y en taroito
que el crepúscrulo,
con su lápiz ,de soonbras,
di,buj.aiba el paisaje .del ocaso,
Los buhos del rulero,
looizaban su graznido
en el hoga.r df'~erto ....

Jusfo j)asfor Jiios.

ADELAIDA RISTORI.
En una cane Ulll poco estr~a y soon.bría,
del centro de Roma, no lejos de 1a iglesia de
"S. Maria i,n Monterone," se eleva 'llD. €t(lificio

.Marquesa Capranica del Grillo (Adelaida Ristori)

En "Maria Antonieta".

En '·Luorecia Borgiaº.

La Risto11i comenzó su p.:-rogrin.adón por
G:rillo, morada de la Marquesa. &lt;le este nomel extoo:n.jero el año de 1855. Se ihalbia casad(,
bre, y que aintes fué la gra1D. trágrea itaJ,i;aina
ya; su es,poso la. aooonpañó ~ París, y la noAdeµia,i,da Ristori.
cite tle su llegada tuvo deseo o.e -asistir á. ur
Vive ail.lí en plena saJud, n,o obstallJte el
Oooned.ia France,a. 'fodoo los pallcoo estaiban
peso de il.os tiempos y de oohen.ta años de vitomados, y se vü.6 obligada á toonar a.sien.toe
da; aidlmiraJda por el mrun.do artístico que rinde ga1erfa.
de continuo homenaje á iwl rulto ta!l..eillt&lt;&gt;; ad'Thwim'On noticia de su .arnivo Eugenio Scrimitida en fa inti.midaid de 'llilll. a:n111jer supebe y Legouve, y fueron á presentar su,; r&amp;riw, la reirn,a }fargiarita ill'i Saiboya., quien le
pE'itOS á la artista, quien les recitó algunos troh'a dado 1llD. testi!moiri:o de su arfootuooa. consizos de "~driana Lecouvreur." Legouve haderación, 1lannando al hi~, al marqués &lt;le Oabía escrito "~Iedea" para la gran trágica Ra~
pra.nica, á las funciones de gentil hombre de
ch.el; pero esta. rehusó interpretarla, y f'¡n.tcmhonor.
oes .11 autor se la ofreció á. la Ristori, que la
A&lt;lelaárla. R:isitori tiene wa COilljp8ñPt"&lt;l abaceptó, ·anrnq1u.e icom. ,vacilaicionE\S. La TI'J'Pl'e·
negada y fiel, su hija Bl!llllCa, 1a encantadora
seintación se efectuó en la pri:marvffi"a. de 1856,
haK!a del hogar que ha hf'¡l-e,da,do de 1a IJl'.ll!ldre,
en la sala V erudatour, y fué 'llD. gran triunai par que las gracias físiicas, la &lt;listinción de
fo. La tmdtu,cción ha,bia sido con.fiadtt á }lone&amp;píftitu y las bellas cu.aliidJaaes del corazón.
t.a1D.eili, y Ary Soheffe,r dibujó los trajes.
Italia a.oa'ba de
1llil ib1'111am.te testiJID.()(IlÍo
Despoos de una serie de "tournees" por di,
de veneración á la ilustre tragica, con motifarentes ciwdiaides de Francia, ;poo- Brru.se,lr
vo &lt;lel 800. amiversario de su nacimiento. Los
&amp;.rlin 'Y mucluts poblaciones de Italia, la Ri-,.
principales teatroo de 1a penírus,ula arganizlaron rep:riesentooicmffi extraortlinari~ cuye&gt;t:
prod,umos, lá petición de [a noble tnígroa, fu.e.
roo consagrados á la Caja de Auxilios par.a
los artistas pobres.
Fueron muclios los áll.lmn:IB que se le OÍrrl·
ciP¡ron, y la Sociada.d ¡meventm de los artistas draimátioos le emió una corona de :p1aita,
en oaJda una de cmy,as !hojas tiene ,grabada UJna
fedha me.moraible en la l'a.Dga. y gloriosa carrera artístcoa de la Thistori.
,
La ilustre idannia lnaciÓ el 29 de Enero de
1822, en Oivild~, lugar de Friouíl.. Hij·a. de
una artista célebre, por ataivism.&lt;1. :istaba ;p redestimia.da al :tE'¡aiiro. Oontalba ,t res meses de
edad cu,a,ndo apareció por prilmera ve'l en la
escena; estaiha en un.a cu.n,a y se :lraci'a la re·
:presen.tación d~ trozo huifo "I regalli di ca¡po
d'a.nno," en que debía figurar 'UJl bebé. A 10!!
tres añoo voLvió á a.parecer en el OJ001ID.a "Bianca et Fernan,do." Un año idmpués, 11a niña
r~itaba el papel !Primk,ipail en el "Pittore pu
amo.re," y recibía, los primeros rupila'USOS del
público.
Ad.e.laida. contaba dOIOO años ~umdo ingresó á la campafila Moncaloo paira desempeña!'
papeles de paje y dPi criaidi.1.a; dos años más
tarde se le coofió ,el primer ,p apel en "Franoosca. da Rimini." De 1837 á 1840 formó pair,
te d~ la OOllllpañía real Sarda., que ,a¡banJdan(I
siendo ~ primera ad~,. para enhrar :á la d e
Mascherpa, an.tonces al serrváci.o de María Luí-

oor

duquesa de Painma.
En 1848, con la compañia. Dooneniiooni y
Caltelleni, actúo en el &lt;t.€'atro ''Met-a~acio" de
Roma., y algunos años ~pués en al ''N.icolini" de Florencia.

&amp;,

de ~ t o severo, pero ¡q¡ue revela que e',Il. el
interior loo huéspedes US81Il de todo el ooníort
modeirno.
Este edificio es el ,palacio Oapr.anioa. del

Sab8crlpci6u men$ual foranea, I l. 56
ldem, ldem en la capital, ., 1..:15

Gerente: LUI&amp; Rn'I&amp; &amp;PINNLA.

LAS OBRAS EN EL PUERTO DE VERACRUZ.

figusfln ]llonferiJe.º i.

en ila caiba.ña,
cuando volvió el ausente,
el humo idcl hoga;r no se miI,aiba;
leves nubes,
oomo ateridas aJVes,
ipor el cielo cruzaibaln ....

MÉXICO, MARZO 9 DE 1902.

En "Lady M.acbetb",

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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T!\BL10TECA UNIVERSITARIA
''ALFONSO REYES"
FONDO RICARDO COVARRUBIAS

�...

;, ~ Bl llC'.'TF.C[\ UMVc.RSITtAldA
• ., LfOf"50 ~EYf.c;

•
f~.p,iJ itlCA. JO COVllfif.ijfj' Ei .

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MUNPO 'ILUSTRADO .
FONDO

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..

Subscripci6n mens ual

MÉXICO, JULIO 6 DE 1902.

l dtm,

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Director: LIC. RArAtL Rfl'~ l!oPINDOLA.

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UNA LECCIÓN DE
1

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olecci6n H lllebrand) •

:

FONDO

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RICARDO COVARRUB!AS

�Domingo 6 de Julio de 1902.

L.a voluptuosidad del dolor.
Pocas paradojas hay comparables á la que
consiste en afirmar que puede haber placer en
el dolor, goce en la tortura y voluptuosidad
en el sufrimiento.
Iíay tal antagonismo entre gozar y sufrir,
tal contrarlición entre reir y llorar, entre ser
feliz y ser desgraciado, como la hay entre ~1
paraíso y el infierno, y tal parece que el agmjón excluye la caricia tan completamente como la noche al día y como el odio al amor.
No obstante; á juzgar por lo que se v_e, tal
parece que esa incompatibilidad no existe y
q ue son compatibles el placer y la pena y que
en ocasiones la pena misma es un placer.
Excluyamos, desde luego, las cosas en que
el sufrimiento actual es una condición de placer futuro, un medio de alcanzar, de conquisfar satisfacciones mayores y más duraderas.
El anacorefa que se condena en esta vida al
ayuno y á la soledad y á la penitencia para
aozar en la otra de los éxtasis infinitos y ele las
~upremas fruiciones d el paraíso; el ambici~so
de gloria q ue se impone privaci~nes y sa?nficios con fal de pasar á la posteridad cubierto
de lauros; el codicioso que brega, sufre, lucha
y se afana para llegar á la riqueza; la coquefa
qu e se cincha y se faja, que calza el borceguí
del tormento y se arruina en a ras de la moda,
todos estos seres son comprensibles y explicables. Sufren porque el sufrimiento que ~e _imponen es condición de los goces que codician,
y pagan con d olores actuales los placeres futuros á que aspiran.
.
Así concebido, el dolor es una necesidad á
la que nos sometemos á la fuerza, y, como el
trabajo para la mayoría Lle los hombres, el sufrimiento no es más q ue una condición «sine
qua non » de nuestra subsistencia y ele nuestro
bienestar.
P ero en ocasiones y muy frecuenteR por
cierto, encontramos 1~erRonas para qui~nes. el
sufrir parece tener un encanto· especial, 111trínseco, inuependiente de los goces que ú costa, de él se puedan alcanzar. Estas gentes buscan el dolor, Jo a nhelan, se lo procuran, lo
fomentan. sin n ecesidad imperiosa, sin que
nadie ni nada las obligue á sufrir y Rin esperanza mayor de alcanzar por su medio satii-facción alguna.
Yo me pregunto y cualquiera puede preg nnta,rse: ¿por qué y· para qué el archi!11.illonario Morgan, por ejemplo, en yez de vivir apn.cible y trn.nquilo, gozando de sus rentai:;, Rembmndo en torno suyo el bien, consagrado Íl
la familia, al arte, á la caridad, se mete en el
lío de fundar trusts colosales, se echa encima
una labor inmensa, ,lisgustos sin cuento, desazones infinitas, inquietudes y angmitias sin
término? ¿por qué se condena á los días sin
hll.mbre y á las noches sin sueño, á la enfermedad crónica y al mal humor persistente?
El legendario, hombre excelente cuanto juaador empedernido, solía dormir en una cova~ha despu és de ha her desmonfa&lt;lo una partida,
y practicaba el principio de «más vale perder
que dejar de jugar». Ahora bien, jugr: singanar de hecho 6 sin la esperanza de ganar, eR
pura y simplemente rnmeterse á la más tonta
de las torturas y á la más congojoRa de las angustias.
·
.
Conozco ebrios que hacen al licor los gestos
de repugnancia más abominables, q u e {1 cada
copa tosen, escupen, sienten 11áuseas y trasudares; que una vez ebrios, ven fantasmas .,·
visiones terroríficas; que después de la embriaguez caen en &lt;''l.ma, sufren insomnios, gastralgias y mil r ,,iaques más, y que, sin embargo,
nunca P .n en su juicio y no hncen más que
behe'"
- , hipocondriacos saben mejor que nadie
&lt;¡Ut ver enfermos, oir hablar de enfermed:tdeR
ó leer descripciones ele ellas, es bastante parn
que eri el acto se sientan acometidoR uel mal
en cuestión, sientan todos sus síntomas, experimenten todas sus manifestaciones; lo que no
quita que nada les deleite mús, ni nada busquen, provoquen ó.se procuren con más afán
que conversaciones 6 lecturas de clínica trascendental ó de patología terrorífica. Yo he co-

:IDL MUNDO ILUSTiRADO

EL 11UND0 ILUSTRADO

nocido una que, gorda, rozagante,sazonada como un fruto y fresca como ur¡a flor, se sometía sistemáticamente y por diletantismo á la¡;
delicias del vejigatorio, á los éxtasis del sedal
y á los refinados goces de la cauterización puntuada.
Un amigo núo, orador, sufre las penas. del
infierno 0ada vez que abc,rda la t ribuna; siente vergüenza, angustia, miedo al ridículo, _terror pánico de ser sil bado; lo que no le impide
prodigarse, perorar, brindar en todas partes,
á todo trance y á troche y moche.
Cosa semejante he visto en soldados ú quienes el combate inspira profundo terror y que
lo afrontan y provocan en cuanto puedC'n; en
duelistas que van al terreno como el clía en
que los han de enterrar y que gustan de tener
«lances de honor»; en artistas dramáticoti que
sufren la pena negra entre ba1&lt;tidores, y q ue
trabajarían de balde con tal &lt;le no drjar ele representar, y fal snce&lt;lc con otra multitucl ele
personas.
El col umpio, las montai1as ruRas, la cscarpoletta mágica, el chile picante, el volador,
etc., etc., no son más que aparatof; de tortura
que el público reputa instrumentos ele jJlacer.
Ante esto;; hecho,:, cuya explicación hemos
de buscar a lgún día y ele los que todos tenemos una colr.cción en nuestra experien cia y
hasta en nosotros mismos, preciso es conYenir
en que el dolor no excluye necesariamente el
goce, y que puede haber voluptuosidad en el
sufrimiento. No es ésta más que nna de tantas contradicciones de que ei:;tá hecha la naturaleza humana.

Jr. )Yl. Flores.

HOJA DE ALBUM
Para una Artista.

I
Tú pasaf;.-Y el poeta, reYerente,
que, cual tú, marcha en pos ele la conquir-ta
de la gloria, te rnira; y en tu frente
ye un úureo nimho, y dice:- «¡:::\alve, artista!»
«¡Inspirada, detente.»
«Dame tu amor y tu dolor; tu llanto
«Y tu ri¡;a; tu e61cra y tu cnlma;
·
«necesito tu canto;
«neceRito tu alma.
«Interpreta los sueiios; interprrta
«fúbula:-; dolorosas ó joviales;
&lt;dn multitud te aclama, r yo, poeta,
«deshojo nnte tus pies mis ideales.»

II
Tú pn.sas.-Y el galán que Ya a tu lado,
sediento de placer y de pecado,
contempla tu figura voluptuosa,
v te clice:-- «Yo estoy enamorado,
·
«¡Salve, mujer hermosa!»
«Detén el paf"o, y buscaré la muerte
&lt;&lt;en tí.-8opla en la lámpara del Arte,
((porque quiero en la sombra poseerte,
((en tus labios de Erígone, beberte,
(Cy en tus formas de Venus, comulgarte.
«Dame tu amor y tu dolor, enojos,
((penas r goces de tu vida loca;
«necesito tus ojos;
((necesito tu boca.
«Mi juventud se vuelve en tu presencia,
((adoración, caricia y embeleso;
«te daré mi exiRtencia
((desleída en un beso.»

III
'l'ú pasas ..... .
- ¿.Yes? Y los cariíios ciertos
!-alen ú recibirte, recatadoR,
con los labios cerrados,
con los brazos abiertos.
Y dicen:-«Yen; ¿á dónde rns, viajera?
«¿Te rindió el deseagaño ó la fatiga?
«El corazón te espera,
«reposa, buena amiga.
«La vida es corta y el destino ciego;
((he aquí que ni te adulo ni te imploro.

Domingo 6 de Julio de 1902.

&lt;&lt;¡Amor! ... polvo de fuego .. .
((¡Glori a! .. polvo de oro .. .
«Dame tu pena y te daré mi olvido,
((te doy mi llanto dame tu amargura,
(Cy en ·1a án fora el~ tu alma, el escondido
((perfume virginal de la ternura.
«Perderás tu esplendor y tu belleza,
«todo se perderá; yo no me pierdo ..... .
((y lJUedará flotando en tu cabc~a
((un astro, la tristeza,
((en un nimbo: el recuerdo ... »

.Cuis

g. llrbina.

ADIOS
E ran las seis de la n1añana. Una vaga neblina, como muralla gris -de estaño y plomo, encapotaba la montaña. y 110R ocultaba el sendero, en ocasiones.
Seguíamos nuestra marcha mientras que
lenfamente se iban alejando los nubarrones
tenebrosos.
Las brumas de la mañana, en vellones espirales, se desparramaban á lo lejos, se perseguían y revoloteaban como la humareda ele
un bosque incendiado.
Luego divisamos por encima ele nuestras
cabezas un jirón azul, y poco después el sol
traspasó col'I uno de sus dardos de oro aquella confusa marejada de vapores.
¡Adorable destello del otoño que abrillantó
el zafiro pálido y el satín blan co de las colinas!
Los rebafios acudían á las praderas, atraÍ•
doa por el llamam iento monótono del pastor
y el retintín cascado de los c~ncerros.
En las pend ientes tapizadas de hierba verde, los tulipanes de octubre desperezaban friolentos sus pétalos de gasa. En las hondonadas
caía una llovizna tenue, y por el azul radiante cruzaban las ondas sonoras de los campanarios distantes, como si desde ellos emprendiera su impetuoso Yuelo la a legría ele la mañana.
Dc•ntro de poco abandonaré este recinto d e
hallas que ya no profana el ojo vulgar de los
turistas; esta montaña ele mi niiiez, donde, ya
enfermo y agobiado por el dolor Lle vivir, encontré nuevas fuentes de vidit y juventud.
¡Mirajes ele reposo y de saludo en un destierro de flores ! ¿,Volveré :l veros·?
Cuando nwstros abetos ostenten de nue,·o
sus p irámides frescas, y las aves hayan agotado el generoso festín ele los frutos invernales,
tal vez el acero ú la alevosa enfermedad m e
hayan privado de la luz.
¡Adiós! No me emidiéis, porque, como decía el poefa Ovidio á las fronteras extranjeras,
sin vosotras, mis compañeras silenciosas, regreso á la ciudad.
¡Si por lo menos pudiese llevar en mi alma
algo de vuestro orgullo vigoroso, de v uestros
alientos vírgenes y de vutlstra descleiiosa y pacifica bell eza!
L AURENT

'l

'LHADE.

11 .IME~TOS DE LA VIDA DR ~rnx1co
1

finochecer.
La tarde va cel'rnndo &lt;:011 lentitud PI abanico de nácar que el nublado y el sol invisible
fingen en la regiím de Occidente, y la ciudad
comienza su agitarión &lt;le vida nocturna.
Es preciso Yolver del Parque. hacer el ca111 ino lentamente en el carruajen.bierto, para &lt;'0ntemplar la quietud de los rainpoi; l1•janos, para ver las últimfü; horas de fieb rr de los paraderos de los ferrocarriles, para cliYertir¡;;e &lt;·on
los gusanillos de luz -que t.11 pa rt&gt;&lt;·en los 1110tores eléctricos que &lt;;orren wrtiginoso,-; all:1 :t
lo lejos, tias ele Jo¡; troncos dt• la creda fila dt&gt;
eucaliptus que• lim itan el camino Yccinnl,-y
Yer cine de pronto rnc sohrC' la ciwlad un puiiaclo de J)('clrJría &lt;7ue deja HU,- ca111l&gt;ia11t,,,prendiüo,; en m , manto dt&gt; pe11111111&gt;r.1.
Los erguidos monumentos n•t·o rtan ~us ~¡

1u.etas en un fondo de dariclacl indecisa; pronto las miradas se les acercan, los defalles se
precisan; Re contempla al indio glorioso, de
e-ara á la ciudad, enseñando su espléndir]a actitud de indomable guerrero; luego el geJiovés,
rodeado de sus frailes taciturnos; después él
rey ecuestre danelo el tlanco á In ayenida, rayada por la fila de luz de lai- esferas eléctricn.s.
Los Cá.rruajes han ence!'dido:,-;us linternillas
y parecen insectos que vienen siguiendo con
,-;us ojos luminoRos el rumor de la ciudad. De
pronto la avenida se estrecha, se:ilumina profusamente; la tersura de su suelo y el fantástirn feerismo de los escaparates hacen creer que
aquello es un salón por el que desfilan el lujo y
la alcgrín, PU m archa á la intimidad y al desc:rn,-o.
El carru:1jc Y:l 1Pnta, muy lentnmc,nte, innnstado ('11 la liht que 1,e mueve eon 011dula-:io1wi' :1 1wnas :sentidas. :-ic toca t&gt;I extremo &lt;le
·a aveniua; apMece una cxplosiím de m0Yi111iento bajo t&gt;l ,·etusto portal dondt' ln payerín en cuentra inocente:- !-iOl'JH·1•:-aH .Y las vm•e,;
el&lt;' los veJHlimieros forman rurnor en &lt;¡lll' ;;p
destaca claro, Yibnrnte, Pl grito clcl pap&lt;'lero,
ofreciendo el periódico ele la tartlP ..... . .. .
El buró&lt;;rata ,·a con pn;;o reposado rrn11hn
a l hogar, uespuéH d e la lni&gt;or monótona; 1·1 &lt;'~tndiank prri-iguc ú la costurera qtw al,andona
e•l taller; el ccgenllernan» exhibe ¡;u figma (¡ l,1
1uz de los aparndores; pm;a la pa n•ja frl iz cu¡;t-odian&lt;lo [i un cn ja111 hre d1· caht•cit.1s n 1hia;;, y
hay ojos que se detienen con 111irnJn elocuente en la fie¡;ta de rayos ele las joyas heridas
por las esfera;; incandescentes.
Acabó · Ha. Salta. d e tu carruaje, lrnenn
amiga; dejh 'los mullidos rojines y préndete ú
mi brazo; ,·ltlnos por entre la multitud para
vivir con Rn ,·ida, para alentar con sus alegrías.
El anochecer es triste en el hogar; parece
que á las floreR l es contraría la sombra; la alegría ele los bebé:-;~ rey&lt;&gt;zu(•lo,: se encierra en la

nleoba como en un cofn&gt;, v el 1,;ilencio invatle
los dominios del rumor. Hí, es triste el ano&lt;'liecer en el ho¡i;ar: junto ú la mesilla del ccabntjnur" no se inclinan blondas cabezas sohrc la
la.bor femenina ú ;;obn• las púgina,-; ell' la non+t favorita; t•l pi,1110 est:'t &lt;'enauo, el sill(m
donde He pasa la ,·elaela est[t rncío. T odo se
reserya para &lt;·w1mlo llc~ue In, plcn11 noelw,
para cuand o la c·al le est{· en silt&gt;ncio, para
cmrntlo el asiduo tertuliano se prc;;ente Íl ocupar su siti o nc:osturnbrndo.
· En el silencio del amplio patio hace irrupción el ruido del ¡,ii::ar del os caballos y del rodar &lt;lPl carruaje. Llega vacío: los amos se hnn
qne&lt;lado en un Plegante café tomando {¡ pequeños sorbos una góndola ele cognac.
Y a irán á, casa.
Ln servidumbre comienza ú iluminar los salones.

.Cuis Frías Fer,¡ánde~.

LA CITA
La noche es blanca,
como enorme asfoclelo
la luna se levanta.
En la hondonada,
bajo el florón del cielo,
la lumbre es cual de plata.
En la cabaña,
los árboles del huerto
sus aromas derraman ..... .
Bajo la palma
ondula ya el pañuelo
de la novia qne aguarda.

•

Y se dilata,

y rompe er aire muerto,
el beso de &lt;los almas ..... I

J usTO

PAsTOR

R1os.
Fotografías de M, RAMOS.

'

•

�Domingo 6

Et M:UNDO IttrsrnA:bO

de Julio de 1902.

da vez que me lo platica .v es diez veces al día
lo meno:-;. A ella le dejó el retrato ele su hijo,
de ese mal hijo que abandonó á su pobre madre; se lo dió para que si lo reconocía alguna
vez, le dijera que no se h'tbía olvidado de bendecirlo antes de expirar, para que fuera dicho~o; que le rogaba que fuera bueno, que le deJaba su último ...... que sé yo cuántas otras cosas que la pobre ya no pudo decir. Murió y
aun tenía el retrato en la mano crispada ... '!

-- ~
~

La carretera larga, interminable, caliza, con
reverberaciones &lt;le horno de calcinación, se
prolongaba dese,-peradamente solire la loma
erizada de zarzas y sembrada &lt;le rocas escombros rle la monta11a que la estación d~ las lluvias había lavado tenazmente.
J ulián venía caminando por ella desde hacía más de sei¡,; horas...... Toda vía el alba no
despunk'l.ba; las calandrias soñaban escondidas entre los hirsutos penachos ele los altos
cocoteros, la paloma torcaz, metida la cabeza
bajo el ala para preservarse del sereno al abrigo de su tibio plumión, no penf:aba en dei-perezarse siquiera; y ya Julilí11, el pobre arrapiezo, con la raída maleta al hombro, levantada la solapa de la americana a.tornasolada y
luida por el uso, sus zapatones armados de
tornillos en la suela y su sombrero de fieltro,
manchado de sudor, estaba en marcha por
aquellos vericuetos.
Tenfa veinte años. como si dijéramos los
primeros anuncios &lt;le la primavera de la vida;
pero estaba tan escueto y demacrado con tal
fondo de·postrimerías de juventun-¡'vida que
la.nguidere falk'l. dealma!,-que má;; hien tenía
el aspecto ele uno de esos pálidos mendiguillos de arrabal que recorren los festivale;., temblando entre los labios exangües una (•nri&lt;bd.
Contaba ya algunos clíai- ele esta cruel perPgrinación; Yenía ele rnuy lejos, tltl Yez de
allende los mares.
Extenuado por la fatiga, nbrnmado por rl
sol y el poh·o del camino que leYantaban las
bestias y rarretas al pai-a.r, &gt;. que, como un
crnel sinapismo hecho tamiz, f:e le metía hasta dentro ele sus porosahiertos y húmedos no
se permitía, sin embargo, reposo alguno. 'Lo
azuzaba alguna f'Órdicla inquietud adivinada
en su mirar proceloso, mitad alfo:o v mitad
abyecto, algo de luchador temerario y· de vencido herido de muerte.
'

Llegó la noche envuelta e11 su gra11 velo &lt;le
luto, y como una vieja gruñona y mal humorada que no gusta ele dormir con rnidos impertinentes ni con luz, vino imponiendo silencio y dejando á obscuras este hemisferio.
Pero apenas recogida en su sueño los insectos, habitantes del musgo, salen d~ sus escondrijos sonando sus destempladas trompetas;
las aguas del torrente, al golpearse contra las
rocas! levan~an ntgas y ddc.es resonancias, y
un viento ligero, pero travieso recorriendtJ
sembrados, sacudiendo el ramaj¡ y atropellando descortésmente las descuidadas frondas,
produce un singular rumor de hálito sensual
jade3:11te, febril, iuegular; ora acompasado'.
ora ;,1lbante... como delatanrlo un vértio-o amoroso de fecundación!. ........ Y la obs~uridad
también era violada por enjambres de luceros
constelados allá arriba sobre la inmensa clámide azul, y abajo por miria&lt;las de luciérnagas, encendiendo y apagando sus soberbias ei:meraldas, y jugueteando con mil vuelcos y
trenzamientos á lo largo de las líneas sinuosas del arroyo.
Julián marchaba aún, menos febril pero
siempre con su gesto acre ele clolor inc¿nsolable. Ya había dejado atrfo, la carretera la ro-a·
0
su sombra movible deHtacábasf' netamente e~
el seno mismo de las medias tinieblas- á medias con los fulgores de las estrella;,. ' Más de
una vez. había subido la colina, descendido
las vertientes y atravesado las cañadas; salvand? precipicios y desafiando pa;,os estrechos
P!·acticados en el borde de desfiladeros de gra1uto; buscando las veredas tortuosas, borradas

•

.,.

.,.

bajo ~upidos espartizales y menudas hierbas,
rompiendo ramajrs y escalando cen:as copadas de abrojos, había llegado por fin á «Villadorada.»
Allí se detuvo un moniento reclinado i:;obre
la balaustrada rota y cascajosa del puente y
en seguida penetró por la estrecha calleju¡hi,
provoeado á cada paso por una jauría escandalo~a.

l:na de las ca~as ef'taha en plena orgía: r-onaban
el&lt;• músi&lt;:a , choques ele eristales,
. acordes
,
risas mas u menos recatadas, requiebros simples de ~alanteadores pro,·incianos, y torpes
declarar10neR de enamorados novicios ........ .
Había luces, vino y mujeres; calor de bnjíar-,
calor de ponches. calor de pasiones, acaso
-¿por qué no?-ha~ta ealor de besos furti\'ofi
detrás d e biom hos,al lado ele tibores,rntre abanicos de armiiio ,. nácar.
Allí crn .......... no caliía la menor duda: rl
corredor llC'no de maceta&gt;- ei-rnaltadas, la eRcalinata roja, las cariátides medio clerruídas,
sosteniendo frisos desmantelados y empotradas entre los dos diedroR del frente ...... Sí,
allí era d?nde su madre lo esperaba con los
brazo!, abierto¡;;......... ¿.Qué hacían, puer-, esas
gentes? ¿Qué significaba er-a tertulia?
l:'na muchedumbre curiosa y complek'l.mente desconocida para .Julián, se apiñaba delante de la puerta. ¡Cielos!...... ¿Lo habrían
rngaiiado? Pero no, una fuerza irresistible
atraía, su alrr,a desde el interior de aquella
casa.
-Se_ño!·, preguntó á m~ !11ocf'tún con aspecto de sirviente, ¿qué fam1lm vive aquí?
-D,on Ricardo, su esposa y tres hijas que,
despues de mi encantadora Rosa son las flores más lindas v lozanas del pueblo.
-Y sin embargo, las sefias son precisas
aquí es; pero ¿no habita aquí una señora M/
ría Luna?
-Habitaba, amiguito ...... il\Iaría Luna ha
muerto!. .... Ayer mismo fué enterrada; yo
fuí uno de los que prestó su hombro para cargar el ata.úd basta el cementerio. ¡Vaya! á no
ser por m1 Rosa, que la quería tanto y que vendió unos aretes de oro que tanto la agraciaban,
para pagar su sepultura, la pobre abuelita hubiera ido á la fosa común.
Julián ahogó u11 sordo gemido y sintió una
ola de amargura llegar á estrellarse contrn sn
corazón; luego mnrmur6 con la boca llena de
hiel:
-¡Tan pobre era!
El lo sabía bien, él que era su único amparo, su sola esperanza.
Por el rostro atrabiliario de .J uliún corrieron dos lágrimas; y con tal dolor expres6 que
~e sentía fatigad? )' quería descanf&lt;ar, que su
rnterlocutor, solicito, lo llevó de allí dando
un rodeo á la casa, y penetraron á u'n jardín
fuertemente saturado de perfume de jazmines
y madreselvas, hasta llegar á una especie de
;'

pabellón, al que entraron. Allí prosiguió r-u
conversación:
-Soy jardinero de esta casa, que mis amos
acaban de alquilar, lo cual festejan ahora con
ponches y música.
l\Ie a~ignaron esta habitación, que fué la suya; la encont.r é así, con estos mismos objetos
gue le pertenecieron y que tengo orden de ti~
rar ó de quemar. Los dueños se la habían dado á cuidar, y por caridad también, pues según sé, era ya muy anciana y padecía algunos
males físicos que le im¡.,edían trabajar, le pasaban algunos subsidios miserables para vivir,
y eso que tenía un hijo joven é inteligente que
bien hubiera podido sacrificarle algunos de
sus recursos.
Los dueños marcharon hace poco á un viaje largo y la encargaron á un sobrino de ello~,
don Manuel; pero éste hizo maldito el caso del
caritativo encargo; cuando le dieron la noticia
de que la seii.ora estaba enfrrma, se e11cogiú
ele hombros é indi&lt;'ó &lt;JUe se mandara al hospital.
• Fué una niiia ele catorce abriles-siguiú diciendo- la única que le prodigó alguno!'l socorros y la ac-mnpañó hasta lo~ momentos clf' su
muerte.
Ah! pobre Hosa mía; es tan lrnen:t y la qu&lt;'ría tanto! ...... Me platica, eon la 111ús honda
trif,teza, c¡ue durante su enfermedad, hasta en
sus postreros insta11tl's hablaba de ~u hijo
.Juliím , lle11:1ndolo de elogio¡;; drda llornnclo
que siempre había sido un hijo 111oclclo, pero
que una malvada &lt;'OllH•dianta se Jo había rnbado, enarnorúndolo Ioc·a111entc v llevú nclo~cln
qui¡:n r&lt;aue ú. qu(, tierras l&lt;•ja
si 11 hali('r
vnelt-0 ú saher de {,J hnl'Ía un ftiio.
Apenas podía.Juliún contener C'l lh111to; miraba en torno i-uyo y cada objeto le lanzaba
un reprochr al corazón. !:,u madre, Ít quien
había amado tanto, muerta rn la miseria en
la indigencia, en la mendicidad· aislada y ~lesvalida ...... Allí estaba, tibia aú:1, la pavesa de
la línnpara que tenía encendida á toda hora
delante de S\1 Sagrado Corazón de Jesús, para
que se lo cuidara, para que lo librara de la
muerte, para que se lo trajera pronto. Oh!
ella creía firmemente que volvería; lo sofiaba
todas las noches, ya ú su lado, cantúndole, to
c~ndole en la guitarra aquella mazurka tan
tnste; ya colgándole calendarios, alineando los
retratos en los dos tarjeteros vi(•jos, leyéndole
la ,1Sor Filomena de Goncomt», t1ue tanto la
conmovía, y sus propias rimas que la hacían
enjugar lágrimas ele orgullo· ya ¡&gt;odando y trasplank'l.ndo geranios en mac~tas nuevas y arreglando algunas varillas rotas de la jaula del
clarín cantador. ..... La imagen sorda comenzaba ú cubrirse ele pol\'o y parecía mirar tristemente hacia el lrcho vacío. Allí, reclinada
sobre la pared, como la dejó al salir de ,misa
el (1.ltim? día, éstaba la pequeña silla portátil
de iglesia, que él le compró de su primer sueldo ...... Todo estaba allí inmóvil, silencioso,
como aguardando la vuelta de su dueño.
-Mire usted, le decía el jardinero adivinando tal vez sus pensamientos. Aquí está su
ba.úl. Rosa me encarga que lo cuide mucho
mientras manda por él; y comenzó á sacar de
allí prendas y objetos: aquí está su vestido
negro de franela que su hijo le envió ú poco
de marcharse, ...... éstas son las pan tu Has ele
su uso, ...... los anteojos, ..... .los dos devocionarios, ...... el rosario de concha, ...... el paquete ele c;utas de ese .Juliá,n, ... esta cnmisa manchada de sangre fué también de él, una ocasión
que lo llevaron dos amigos á su casa con una
h~rida en el pecho que por poco le cuesta la
vida á ella. ¡Oh! cuánto habrá sufrido la
pobre, para que Rosa llore .v se entristezca, ca

. J ?liá1~ estaba pálido, convulso, una angustia mfimta hacía vibrar su alma, y cernía todos sus músculos en un mortal desasosiego.
Y entrntanto. el vals agudo, vibrante, poblaba el ambiente con sus (1l timos lánguidos acordes, flntremezclados á la vocinglera turba de
los ron vi dados.
Qné mundo 00 peni-nmif'nto;:, de recuerdo;;
ele niñez y de felicidad i,;e habían despertado
en su cerebro, exaltado por 1&gt;l dolor y debilitado por el hambre? ¿,Qué besos y qué halagos
maternales lo habían vuelto á acariciar?.. ... .
¡Quién sabe! Pidió agua y salió de prisa como un demente, pero á los pocos pasos sintió
que una enorme montaña le oprimía los pulmones sin dejarlo respirar, y llevándose la
n:ano al pecho, después de pronunciar á rned~~ voz ¡madre mía!, aflojados sus nervios,
dio su cuerpo contra el duro pavimento de la
calle.

'

Al día siguiente, una hermosa joven de 14
abriles, vestida de muE:elina color de lila, con
una guirnalda de frescas adelfas en el · pelo
de mo tostado, de mirar dulce v tez sonrosada, con un retrato en la mano, 'juraba llorando al alcalde que .Julián no era uh malhechor
y fué puesto en libertad.
'
Fué en Yano que Rosa luchara por retenerlo, que la fiebre devorara sn carne; Julián
sentía ansia de locomoción, sed de fatiga ..... .
Besó su mano y se alejó llorando por la carretera larga, interminable, caliza, cuyas líneas
,;e perdían sobre la loma erizada de zarzas!
lS)fAEL l\fA.GAÑ'A.

Domingo 6 de Julio de 1:)02.

BECQUER .

cielo, resbalando sobre los árboles, que asomaban por las tapias.
Las cruces herrumbrosás imploraban con la
voz de la piedad á los hombres de fe y á los
poetas con la voz del miRterio.
Todas aquellas cosas pensativas, hablaban
rle un secreto no revelado, clamando por 1&gt;spíritu para vivir y ritmos para volar ...... ¿Qniénes eran aquellos que yacían allá en el polvo,
sin un epitafio, sin un recuerdo de sus vidas,
viviendo tan en la muerte?
Alcé los ojos al templo, y todo se armonizaba en una frase de tristeza misteriosa; las
cruces, los ángeles, las piedras, eran versos de
la leyenda ignorada. Y una imagen de alfa.
frente, hecha '])ara anidar fantasmas brillantes, de ojos meridionales poblados de ensueño~, con la Loca plegada en un gesto de amar~ura, y fll pelo negro y el rostm pálido, par-ó
delante de mí como diciendo:
- Yo tengo la palabra del conjuro.
¡Oh! visionario enfermo, desconocido cuando amabas y sufrías, glorioso cuando dormías
á la sombra de la cruz, inmeñso por los gérmenes del mundo que te llevaste. Por ti las
hojas. del otoño dicen un diálogo que llora;
por ti los claros del bosque forjan fantásticas
mujeres en las noches de luna_: no hay hiedra
que no te nombre, y no hay ruina que no te
~voque á ti que supiste alegrarlas como un páJaro.
AHÍ dije, y sentí placer al recordar esta estrofa:
·

He asistido á una evocación ·que se hizo en
mi espíritu casi carne y alma, en una antigua
posesión jesuítica.
Acabábamos de cruzar la única nave &lt;le la
iglesia, para ver su atrio. Los viejoR ladrillos
agrietados, se erizaban de musgos, dentro de
un parapeto en semicírculo. A veinte met.ros,
una ranchería ruinosa, vivienda de antiguos
eRdavos, envejecía á la sombra de algarrobos
seculares. Kos detuvimos al pie del templo.
Los techos de teja remedaban calados gótico~ de firme y hurdo dibujo, en el aire 1mtilizndo ele la tarde.
Las ojirns con láminas de cera, cubiertas
drl polvo empedernido de los años; lar- torres
unidas por anguloso puente descascarado; los
esquilones i-in lengua, rotos y verdeantes ,
acrecían la soledad desamparada del paisaje.
Desde el atrio se veía el valle, cerrado por sierras de violento perfil al oeHte, y al este empenachadas dfl fraguas de oro, con humos,
chispas yrayoi:a, queseperdían en las sombras
arboladas de las bases.
El espíritu, angustiado por la tristeza llena
de pensamientos que exhalaba el templo meditabundo, quería fundir,;e como una nube
en la sublime serenidad del ambiente!
Una acequia de diáfano raudal, con voz acariciadora, corría serpeante, y como voz de la
tarde evocaba el «Angelus» de los antiguos indígenas.
Nos deslizamos después al cementerio que
tenía uno de sus lados en la pared del templo.
Dos ángeles de tosca madera presidían la
vegetación espontánea del recinto, y varias
tumbas como cilindros truncos, asomaban á
flor de tierra..
El aire parecía inmovilizado en el misterio
del silencio, y la paz descendía del color del

nn~,

.

EL MUNDO ILUSTRADO

SITIOS PINTORESCOS.-"Las Fuentes".

¿Quién en fin al otro día,
cuando el sol vuelva á brillar,
de que pasé por el mundo
quién se acordará?
A~GEL ESTRADA.
Los monumentos forman parte ele la vida
de los pueblos: es su historia en letras muyúsculas.-DmIAs (padre).

�Domingo G ele .Jnlio ele 1902.

ne·scnbrimientos Arqueológicos
Monte Albán.
Entre Jo¡:; descuurimiento,; arqueolú¡¡:icos qne
últimamente se han hecho en la República, y
que con jul'ticia han llamado la atención por f:\I
importancia, se cuenta el de una antigua Ciudad Sagrada de los Zapotecaf', que por muchos años permaneció oculta bajo una pequeña cordillera cercana á la Capital del Estado
de Oaxaca. De los cerro¡., que forman ef:a cordillera, el más conocido e,: el que lleva el nomhre de «Monte ,\ll,ún."

EL }lUNDO rLU8'1'TIADO

EL 1TCTKnO TT,TT8'T'TIADO
Entre los objetos &lt;le alfarería y &lt;le jade hay
coRas verdaderamente notables: de los primeros damos hoy á conocer seis urnas cinerariaR,
que afectan la figura de ídolos; la más grande
de éstas mide cuaren ta y cinco centímetros de
altura, es cilíndrica y tiene un color rojizo pálido.
En las piezas de jade hay gran número &lt;le
cuentas r preciosas mascarillas: de éstas últimas la más grande tiene de seis á ocho centím~tros y está primorosamente esculpida.
En el lugar de los descubrimientos, se Yen
ya desenterradas las ruinas de los templos v
edificios, y dentro de poco el señor Batres emprenderá otros trabajos de importancia á fin
de que queden libreR estos monumentos ck
todo obstáculo y puedan ser l'isitados.
Pr6ximamente publicaremos otros grabado1&lt;
dando á conocer vario'l de los interesantes monolitos que han sido traídoi-, y una dei:;criprióu más detallada de tan interesantes descubrimientos.

1as tradicfones Inglesas

El nuevo gabinete Francés
M. COMBES.

Publicamos hoy el retrato del jefe del nueYo gabinete francéi::, )I. Combe:&lt;, á quien,hasta ahora, se le aprecia, máR que como polftico,
como filósofo, metafísico é historiador.
M. Combes tiene sesenta y i::icte años; hizo
estudios eclesiáRticos en el Semi nario Albi v
enReñó filor&lt;ofía en el Colegio de los Ascensit;nistas de Nimes.
Es doctor en Filosofía, Letras y l\Iedicina;
ha sido vicepresidente del HPnado y Ministro
, e Instrucción Púhlfra en 189,'í.

El notable descubrimiento de que noR ocupamos fué hecho recientemente por el Irn,pec·
tor General de :\Io:rnmentos Arqiwológicos de
la República, después de haberse efectuado con
anterioridad varias exploraciones y trabajoe
dé importancia en el u)Ionte Albán" por otroiaryueólogos que no lograron éxito alguno.
En la ciudad descubierta se han hallado
ruinas de templos, Repulcros y otros curioso,:
monumentos arqueológicos, entre los que figura uri gran obelisco que mide cerca &lt;le tres
metros de altura, ei:; de basalto y tiene esculpidas en sus cuatro caras varias figuras y jeroglíficos. Algunos de estos monolitos han sid0 transladaclos por el Seíior Batres á esta Capital, !' vernlnín á enriquecer las Ralas de ATqueología del Museo Xacional.

Físicamente es pe(Jnrfio y ,·idsimo y trali: jador infatigable.
Como jrfe del llinif,terio, RP, ha obligado en
.:u programa á aplicar, con todo m vigor, la
ley sobre Asociaciones Religioi::as.

LA MAGDALENA DE RUBENS
¿Por qué eres sólo una sombra impalpable,
unida por siempre al tejido de esa tela y cautiva detrás de una capa ligera de barniz? ¿Por
qué eres el fantasma de la vida que no vive'?
;, De qué te sirve ser hermo:,a, noble y grande,
tener en los ojos la llama del amor humano ó
divino, :' sobre la cabeza la espléndida corona del arrepentimiento, si sólo eres un poco
de aceite y de color, extendidos de cierto modo'? Vuelve un poco hacia mí, adorada mía,
esa mirada llorosa y brillante á la vez; ten
piedad de un amor loco, pecadora, á qui1•n el
amor abri6 las pue1tas del cielo ...... Baja de tu
cuadro, e1wuélvete en tu manto de satén verde, porque ya hace mucho que eRtás arrodillada ante el sublime despojo. Las santas mujeres guardarán el cuerpo sin tí, y bastarún
para la fúnebre velada. \ 'en, )Iagdalena : no
has debido derramar todo el perfun1e i-ohrc
los pies del divino Maestro. Debe quedarte
aún bastante narclo y cinamomo en el fondo
de tu vaso de ónix para dar brillo á tui:; cabellos manchados con la ceniza ele la penitencia.
Tendrás corno antes hilos de perlas, pajes negros y cobertores de púrpura ele Sidón. Yen,
)Iagclalena: que aunque muerta hace mil años,
tengo yo bastante fuego y bastante juYentud
para reanimar tus cenizaR. ¡Que te tenga yo
un minuto en mis brazoi-, eRpectro de belleza,
y que muera luego!
T1mnLo

G.\CTifIF.R

El pueblo inglés, en medio de su gran re1&lt;peto hac!i todas las libertades; ,;u amor fanático
por la Jibertad, que se manifiesta, ya individual,
ya colectivamente, y que le ha llevado hasta
encerrarse en lo que alguien ha llamado su
«espléndido aislamiento," conserva un gran
apego á la tmdición en lo que se refiere, sobre todo, [das etiquetas de la corte.
Por esto es que en la capital inglesa, á
las riberas del TámrsiR, donde fecundan
todor&lt; los gérmenes del progreso y fermentan todas las ideas modernas, va á cP!ebrarse, en cuanto la Ralud del soberano lo
permita, una ceremonia que á pesar de las
innonciones que se le han hecho, tiene
mucho &lt;le medioel'al, y en ella se repetirún rituales curiosos que en otro tiempo
eran importanteR,y en nuestros días guardan sólo un interés histórico.
Todo, en esas ceremoniaR, se hará siguiendo al pie de la letra las instrucciones
del -duque de Xórfolk, pariente 1lel rey,
como «EarUiarshal» de la coite. En es'.ts
instrucciones encontramos algunas (JUe Re
refieren á loH trajes y las corona~ que deben
llevar los miembroi- de la nohleza.
Los pares deben llevar, sobre el traje
de corte ó el uniforme, un manto &lt;le terciopelo carme~í, ri beteado rle piel, y una
toca forrada &lt;le piel y con lii-tas de armifio, que varían según el rango. Las espos.as de los pares llevarán sobre el traje de
corte, un manto de terciopelo carmesí y
toca de piel, con bandas de armiño, cuyo
número, así conio el largo del manto, dependen del rango de la que lo ui-a.
Las córonas son distintas, según la jerarquía, como puede \'erse en los grabados adjuntos.
Todos llevan un cerco de plata adomado con
imitaciones de piedras preciosas, excepto la
de Bar6n, cuyo cerco eH liso y cuya toca es de
terciopelo carmesí, con una franja de oro.
Sólo los miembros de la familia real tienen
derecho á usar piedras preciosas en la corona.
Las de Jo,: príncipes, (JUe con·esponden á los
hijos, hermanos y tíos del soberano, llevan el
cerco suspenso por cuatro flores de lis, alternando con otras tantas cruces &lt;le )falta.
La de las princesas se distingue en que lle
va, altcrnadar&lt;, flores de lis, cruces de ~!alta
y hojas de fresa. La de los sobrinos .v primos
del soberano llevan únicamente cuatro cruccg

1le ~falta, alternando con i¡i;ual número de hojas de fresa. Lor&lt; duques u~an corona cuyo cerco tiene por adorno ocho hojas de fresd., dr
oro. Se distingue la corona de marqués, en
que lleva cuatro hojas de fresa y cuatro esferitas de plata, alternadas. La corona de conde
tiene ocho hojas de fresa y ocho esferitai:;,
montadas éstas en un tallo casi tan largo como la altma. de la corona. La de loe vi1.condrs
e~tá adornada Rólo por diez y seis esferitas de
plata, y la de los barones rólo por ocho.

La coror.a que usó la reina \'ictoria en su
coronación, fué hecha especialmente en 1838,
con joyas de coronas antiguas y otras que dió ,
el teso ro real.
l. Corona que usó la Reina Victoria en su Coronación .- 2. Corona usada por el Rey Eduardo como Príncipe de Gales. - :l. Corona de Príncipes ele la Gran Bretaña.--!. Corona ele Princesas. -5. Corona ele los sobrinos y primos del
Re~&gt;-6. Corona de Duque.-7. Corona de Marqués.-8. Corona de Conde.-H. Corona de
VizcondE•.-10. Corona de Barón. -Eduardo VII
,v la Reina ,\.lejandra en el trono.

Domingo 6 ele Julio ele 1902.

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:i·ttltlflll~-.tJ.

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�Do111inp:o &lt;i '3€ ,Julio dt; 1002.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 6 d€ Julio de

EL MUNDO ILUSTRADO

ARTISTAS MEXICANOS
fiaclo ei-:a clase en Han Carlos, formando una
generación de d iscípulos muy numerosa.
El Sr. Parra ha concunido en distintas ocasiones á los certálllenes organizados en l\Iéxico, y sus obras son generalmente estimadas
por lo bien escogido ele los asuntos v la maestría con que están tratados lo8 detalles. Eu la
última exposición de Bellas Artes, que se celebró para allegar fondos que ~e destinaron al
auxilio de las ddimas de los temblores en
Guerrero, presentú una pri moroi-a colección
de aniarelas tomarlas, en su mayoría, &lt;le los
alrededores de Tacubaya.
En dos ilustraciones que publicamos aparece el artistit. l'na es la fotografía de su estudio, ta l como se encontraba en los momentos
en que recibó al reporter en su casa de Tacubaya, y otra representa el jardín en que, á menudo, ha.ce el :'.\Iacstro sus apuntes del natural. Completa esta plana la reproducción de
11na de sus acuarelas más elogiadaR.

Félix j)arra
Demoli ción de edificios y const r ucción de tr ibunas, en Londres.

Las grandes pérdidas en Londres.

Cuan do el maestro Pina se hizo cargo de
la clase de pintura en la Escuela de Bellas
Artes, había entre el grupo lk alumnos de ese
establecimiento, un joven ú quien, por sus
notables facultades y su perse,·er:mcia en el
estudio, estaba resrrvado nn lugar p rominente en la galería-harto escasa por cierto-de
nuestros artistas. Esr joven era Félix Parrn
el famoso acuarelista que, lwrho ahora
maestro, contribuye con su labor al engrandecimiento del arte entre nosotros.
.,Parra obtuvo, meclinnte concurso, una pens10n para emprender un viajt' á Enropa, hace•
algunos años; Yivi(¡ en París, 5· tra¡;, una jira
fecunda para él en ensefianzas y experiPJH'ia,
volvió á )léxico, para ingresar ú la fü,cnela de
que había sido alumno, como profcsnr de di bujo de ornato. De entonces acá ha &lt;l&lt;'sem¡w-

m;

'- -- ----

---

.......

El cable noR cla euenta, de las enormes pérdidas sufridas por alp;unas compañías, debido
á la inesperada suspensión, en Londres, de las
pomposas fiestas de Eduardo Y JI.
EdificioR costosísimos, casi manzanas enteras fueron demolidos por empresas particulares'. para construir en su lugar tribt!nas _destin adas á los espectadorei-. Los propietarios de
las fincas derribada~ recibieron de las empresas fuertes sumas en numerario y, al ajustar
sus contratos, la i:;eguridad de que tan pro:1to
como terminaran las fiestai::, los empresarios,
por ¡,u cuenta, levantarían las easas, p~ra de·volvérselas, conforme á los plano!- previamente aprobado!-. Los especuladores creyeron con
esto hacer un gran negocio: el precio de entrada á las tribunas se fijó en una regular suma
por persona, y mucho antes de, que aqn&lt;'llas estuvieran terminadas, se habrnn agotado
ya los boletos de admisión.
La mayor parte de e8tas emprrsa.c;, que tenían en juego fuertes capitales, quisi~ron ponerse á, salvo de cualc¡mer emergencia y tomaron pólizas de seguros. Vino la enfernwd::ul
del rey, v al anuncio de que las fiestas quedahan indefinidamente aplazadas, los dueños ele
las fi n C'aS que fueron clemolichts, exip;ieron la
n lw,·a construcciún ele f'llas por las e1npresas,
,. á su vez éstas reclamaron ele ln::: Compañías
.de' t'leguros' el pago re
l 1a,; po'1 izas.
·
;\lo-unos «seguros" han ,;iclo pagados determit,;ndo 110 pocas c,quiehras,» y otros no, porque ha.,· compañías ele las qne expidieron púlizas, que alegan que la enfcrmrcbvl ele! rey y
In, con1&lt;ig11ie11te suspcn1&lt;iún de l:1s fiestas 110
estal,an considerada:-: corno ac-e1de11te:-:. La
sensaciún qlW ha proclneiclo 1•11 Londres e:-&lt;lt·
asunto, es de hls mús profnnda:-:.
Lo;; cl11ei10i-' de hotel&lt;'s .v los 1·nme1Ti,u1tt•s &lt;'11
wquc•110 han :&lt;nfrirlo tarnhiÍ'n pé&gt;n!idas ron~i1
derable:&lt;. f,01&lt; primNos ohltgaron a los htwspcclei-; á dejar su!&lt; cuartos, con_)ª e::;peranzn 1)P
que en loi-: días rle la Corona!'ton, In afl11cn1•rn
de extranjeros sería incalculable. ,,· de que J~&lt;&gt;·
drían hacer su agosto, cobrando por los alopmientos sumas fabulosa!-; y los segundos, acapararon comestibles y bebidas que n~ han podido todaYía realizar. La carne, el hielo, to~~o
lo que es de consumo inmediat?, se perd1~,
importando para alg_unos comerciantes la rmna completa.

iENCORE ....!
Yuel 1·e hacia ti mi coraz6n amante,
¡Oh aurora de mi vida, inmaculada,
más luminosa cuanto más distante!

G.

NU~EZ DE ARCE.

Entre la negra. sombra que me embarga,
del tedio que me abruma y dei-espera,
surges de nuevo en mi existencia amarga,
dulce recuerdo de mi edad primera.
Yuelves ÍI m i alma como Yuelve el ave
á donde un tiempo fabricó sn nido;
como á la playa. el náufrago perdido
{1 contemplar los reiltos de su nave.
¡Oh puro amor de mic¡ mejores días,
mi amor primero, celestial .Y blando!. .....
¡ha mucho tiempo que pasí, cantando
la edad ele nuestras castas alegrías!
¿.Te acuerdas? ...... era mía tu sonrisa;
tuyo mi amor, exento de reproche ..... .
¡Cuántai; ternuras orultó la noche!
¡Cuántos sui:-piros se llevó la brii:-a!

'
Fué aquel amor la
chü,pa transitoria
que transformó mi f:rr adol escente:
me hahlú la, dicha en tu i:;erena. :frente;
miré tus ojo~ y 1,oñé en la gloria .. ... .

Hoy h1 mnno inflexible d1•l destino,
el deher, nos di,·iden ,,· rechazan:
ya lo w:-...... n1i ramino y tu camino
:,;ohrC' los l,on[cg de• un abismo pa:-:an.
_I'

Y aquel n111or, celeste y sohrehum:mo,
liene hoy u 11 a l!!o cnfernrn q uc se queja;
tie1w triist(&gt;zai-: ele full!or IPjano,
y amargura:,; de l·:111lo que s~ ah•ja ... ,
Pero ámanrn, mujer. ..... e:,; infinito
este tedio del alma en que me muero ..... .
¡Yuélveme á hacer feliz, amor bendit&lt; !
iYuélveme á hacer feliz, mi amor primero!
FELIPE

T.

l'ONTRERAS.

1902

�Domingo 6 de Julio de 1902.

IDL MU!NDO ILUSTRADO

Et ttuNbO rttrSlt.RADO .

bomingo 6 de Julio de 1~02.

San j')eoro de los J)inos

Ll ueve oro. Be pronto u11 clamor de vi~tozos se levantan, y el Yien to pesado del desierto agita como lenguas de fuego los gallardttes de las azoteaR y las colgaduras de los parnpetos. Bel kiss surge finalmente sobre un
elcJante blanco, adornado de un penncho clP
plun1as preciosas .,· l'nhierto por una rerl dl·
oro rntre cuyas mallns ¡.;angmn c•¡irhu nclM.
Engalanada como un ídolo; un amplio ma nto
de púrpura cayéndole ele los hombros; loR cabellos relumbrantes de polvo de plata; el ro,:tro velado por un tul amarillo de Bactriana,
casi inmaterial, &lt;'OlllO un humo dorado; toda
cubierta de pedrerías rutilantrs. ardi endo -ent re temblores ele tintas delicadas; entre un
vuelo de pájaros maravillosos, esca~latas, azt~leR y verdes, que ,:e ¡igitan en el aIJ"e, rete111dos por Clldenetas in\'isi ble,:: Be~kisi-; acompaña indolentemente, con su auamco de plumas
&lt;le pavo real, el ritmo oudcan te de las arpaR
...... En torno del elefante real, las esclava¡.;
,lanzan coronadas de flores, sacudiendo si~troR arientinos r ag-itanclo guirn nl &lt;llls con rit11 10,; de voluptuoi,;a rnolicir ......
El ('Ortejo entra ('n la v laza ele -:\lc•llo. Tod11
,·C'stido de brocatel. los cnhellos l"ujetoi-; por
una dirt&lt;IPma de lino y pel'las, !--alomón &lt;·stÍt
en el balcón prinri plll tlel palacio, con llli:&lt; nir1nos en un ,·ai:&lt;n de hálsarno para rociar ú BelkiRs Íl I u pnso.

dlnima~as c7ieslas
En medio del mayor entusiasmo se verificaron en esta ocasión, hts
t radicionales fiestas ele San Pedro de los Pino:;.

En la calle principal.

disputada p_or los oficiales y particular~s. qne _h :tbfa n tom~do parte
1
en las :1nter1ores y fué ganada JJOr el senor Capitán Capdevielle.
, parte de la lucha de "'J..'ug of war "termm
' 'o] af iesCon la segunda
ta de la mafiana.

Ca,rreras á caballo.

Et'GEXIO DE C'ASTRO.

Las carreras en bicicleta ttwieron el rnáR completo éxito. i-ieii- Iueron las que se jugaron y en ellas reRtiltaron \'ictorio;:oR los R~iiores
F lores -:\Ierodio, I gnacio R. Zra, C. :\forales, l'eláez y el orgamzador
Sr. To,·ai·; pero ninguna d e eRb1s ral't'ern:,; de1&lt;pertó el interrs qlH:da
"herhll.J&gt; p~r rntias seliori tas q ue se dis put¡i ro11 ron energía po&lt;.'o c·n-

EPILOGO.
Robre divanes de oro,
C'ual ornados por rnúgiMs quernhes,
El sol con su p upila d(' diamante
Hecli11a su cabc&gt;za entre las nubC'R ......

.\t·u arela :u11arilln,
Paisaje n·i:&lt;peral que &lt;•11 llamas ar&lt;lP,
.Jirones que ,·0'11 wi"I &lt;h·l naufragio ......
i Lúgrima del coloso fuf la tarde!

EL CUADRO DE APELES.
El úlieo connubio por el flanco
De mil perfiles y nrntices blondos,
Flotando en cuacln, drlicado y blanco.
El reflejo i m perfocto que surgía,
\ 'agando sobre el eúriz de los hondo,:
Miraje:- hiperbóreos que prrclía ... .. .

Distribuci ón de recompensas.

Por la tarde hubo una kermesse que, no obstante las
lluvias, se v ió muy concurrida.

Carreras en bicicleta.

múñ el premio de la segunda carrera. T riunfó
la señorita Daurdey.
La parte de ciclismo terminó con la llamada
«carrera fin de siglo" y ?ºn el juego de cinta¡;;, acto que fué may aplaudido.
Terminadar,¡ ~as carreras de cielistas, tocú su
turno á un club formado de jóvenes mexi~tnoR
y americanos, para hacer el llamado "Tu~ of
war,» ósea la luch a de fu erza, acto poco conocido de nuestros nacionales y m uy recien temente
i mportado de l os Estados l'nidos.
Los jugadores demostraron una fuerza atlética en todo el t iempo qne cluró la reñida lucha.
La primera carrera sin montura, á distancia
de cuatrocientos metros, foé hech a por los señores Ricardo Guarneros, ::\Ielesio Jiménez y Leopoldo Llorente, ganando el p rimero, que 1i1ontaba el caballo «Quebranta huesos.n
La segunda fué para oficiales del Ejército v
se usó la montura m ilitar. Tocó ve11cer en primer lugar al caballo «Perqu eo,"
montado por el sefior Capitán
Luis Capdeviellr, y el segundo
lugar á «Pclée», que montaba el
señor Teniente Obregón .
Ganaron la tercera los seliores
Augusto Ruiz y .Agustín Cisneros.
La cuarta carrera fué también
pera. mi litares. tocando esta vez
el primer lugar al subteniente
Manuel A. Carrillo y el segundo
al Teniente Salas.
La carrera de campeonato fué

ESTUDIO FOTOGRAFICO.

LA LLEGAD{ DE BELKISS,
(T radu cción de Luis Rerisso.)

1

1.
1

SI TIOS PINTORESCOS.-Capilla de Santa Uirsula,

},); pleno estío en Jerusalén. Laminados de
oro, los palácios arden al sol; rlc las ventanas
cuelgan vaños de púrpura. En lo alto de los
muros y de lfü, terrazas, agitando floridos gajos de al mendro, hon?bres, Dl';1jeres y niños,
esperan, con aclamac10nes festn:as, 1~ llegada
de fo reirnt de Sabú, cuyo séqmto viene costeando maje1:tu osamente el Cedrón 1 entre nubeR de polvo roRáceo ...... La fanfarna ~el cortejo, rel uciente de oro, clamorea ai111?~1os hosannas de t riunfo ...... Hombres y mnos trepan á las palmeras; y por las calle~, en tre la
m u ltitud siempre rnús esprsa y nndo,:a, lo~
vendedo1'.es pregonan agua de las Piscinas de
Hei;;ebon y cerezas clr l.'rumyeh ...... El cortejo sube la colina lentamc11te: las alabardas y
los escudos i rradian entn, el flamear d~ lof&lt; e~tandartes y d e oriflanrnR ..... . Y los ln erosoltmitanos dilatan los ojos, llenos de pasmo, al
contempl_ar los heraldos, que Roplan tro~npctas de plata; los elefantes, lo~ dromedai:10s y
los caballos, cargados de bagaJCS y cub1er~os
de gualdrapas roja:;:, a~ornaclas de gemas rncandescentes; la fanfarna renl, cuyas tr?mpas,
timbales, sistros, clarines y tí°:panos smrnl~n
monstruos fabulosos, y la teona de _las_ ª:pistas, ceñidas todas por el !-ablah _e~1pc10 a rayas blancas y verdes. En una mebla de fuego, el pol vo borra el resto del cortejo, que ~e
oculta repentinamente en un bosque de higueras y de sicomoros.

El artista, incansable bosqu ejando
í:\obre su cuadro en pálidos fragmentos,
Y la suerte sus luchas desdefianclo ......

.

Manuel Torres.

ria hace estremecer los palacios: el cortejo
trnspone cler,¡lumlmtdommente la puerta ele las
PiscinaR. De las ,,entanas v de laR terrazas cae
una lluvia de flores; todas las gargantaR grita n, todos los ojoR rrRplandecen, toclos los bra-

M EX ICO ANTI GU O.

~ d e pronto en nictúlope avasallo
T,anza la esponja en nieclio de torn1entos,
Brilla la, eRpuma ..... .y ,;urge su caballo!
.Jl",.:To PASTOR

L as cú pu las de San Francisco,

Hios.

�Ricos
yPobréS
...

AVISO IMPORTANTE

41
t»lf~moi.."'l"'pea- 1 aJcleenc,e., mlDoaulol ,
jomaJeroe ateatlgqaD la In,,,_ repataolóD de • POllana del Dr• .Ayer.

1- aotorlda&amp;!a mddlcu ieonm,.,,..

esta&amp; pOdona (11n . .

l&gt;esarreglos del bfgadc,, del .....
mago, estreftlmlento de vientre,
exceso de l&gt;llu, dolores de caLa. Fosfatina, Fa.lieres
l:Jeza é Igualmente para el n,a. ~s el alimento más agradable y el mas rematlsmo. l a ~ y la nea- wmendado para los niños desde la edad de
rat..a5eis á siete me!-cs sobre todo en el morneuto
6
del destete y durante el periodo del crec1!'.dtllD oableltal om oapa di miento. Facilita la denficion, asegw·a la
udc8' 1 olJao ooe ptODtltad, pero et. bu~na f ormacion de los huesos.

una DIID8l'a auawe

r aclD poc le&gt; taDtD

elmejorremedlo....,

El fosfato de caJI que entra et la
comrposlc16n de la Fosfatina "Falleres," estA. rprerparado por 111n rprocedl•
miento especia!, con apara.tos apropósloo y no se encuentra en el comercio.
Desconffen aa.s Lmltaclones y talslfi~&lt;'ionee.

y EN Tnt" U

.-a

despiertan el apetito, estimulan loe
órganos dJ¡e1füoe , nfuenaa el •
tema.
C. A,.. t r4.c

RAFiiAEL, et ,oto qu, t11n1 ,, d1recho f/8 llamars, asl, 11 soto
u, 11 113/tlmo y de qu, sa hace mP.ncldn en et fll1'mutarlo
del Profesor
OUCBARDAT as 1/ da M" CL~r:IENT y 0 1ª, di Vatencs fOrdml,
rancla). - Cada s,t,tla 1/Boa la marca da ta Unión de los FabricantH
,n IIPIICUIZO un m,dal/lJn anunc/antto 8( " cu TEAS··.
to, dama, ion lfl'OSlrasy p1111:rosas ra/slflcaclonas.
·-- - _,

f ..____
_______

-

___

Pounnc SAV011 &amp;:.::::.ºv~~A;,·~:~~:=
'
ME
SIMON
CBE
~,

~I

7 atorciopelar el cutl.s.

Engue II mdadero 10mbre

11Aata1 I• prld11Ctoa el11i1m1

out SEA, SE CUII&amp; CON UI

"'"ºso
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20, Rue des Fos.és-St-Jaoques
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-

DISrErSlfl
6flSTRfll,6lfl
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INTESTINfll,

Los principales médicos de M6xico y de las naciones mú civilizadas lo recetan ya como el mejor medicamento para el

Las PILDORA.S

Anemia,
Clorosis, Convalecencias, etc.

U .&amp; fAIUU.CUI IJEL hLO BO.

ELIXII{ ESTOMACAL
DE SAIZ DE CARLOS

f •• •• Cb-11• barellire, Pu&amp;

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FEBRÍFUGO

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Gerente: LUI&amp; Rfl'f&amp; &amp;PINDOlA.

Director: LIC. RAFA.U Rfl'f&amp; &amp;PINDOlA.

Y todas las enfermedades del Est6mago é Intestinos por cróIJicas
y rebeldes que sean, las cura ra.
dicalmente el famoso

J. 8:11\1.EON

EL MISMO

Subscri pción mensual foran en, $ 1.5 0
Idém. Idem. en In CHpital, ,, 1 .25

PARIS, 6, Avenue Victoria, J e■ todu las rarm~clu

Vlao fortificante, dlgest!vo, t6nioo, reconstituyente, de ■abor excelente,
IIIU eficaz para las per■onas debilitada• que loa. ferruginoaos y las qulDaa.
CeuerYado por el método de M . Past.eur. Preacribese en las molestias de
~mage, la clorosis, la anemia y la■ oonvaleoenoiaa ¡ este vino •
¡reoemtenda á las peraonaa de edad. A las mujere■, jóven. . 7 • los niño■.

tDllltlta,- el mejor catútloo
oorreglr Ju Irregularidades del estA&gt;
mago y de loa Intestinos. Con operar
auavement.e nada dejan que desear en
aus efectos y curan Ja oonstipaclon,

~L./)(' Ff

Flujos

Curanslnexcepclónlos
agudos 6 cr6ulcos.

MÉXICO, JULIO 13 DE 1902.

FUMOUZE-ALBESPEYRES, 78.Faub• St:Deni1,Parla

.VISO MM.X IMPOF;TANTE. - El llnlco VINO aut6ntlt:I

VALE 10 PESOS.

-

AÑO IX.--TOMO ll.--NÚM. 2.

1LUSTRADO

Ezifan,e la F,rma de Raqu ,u y el S, Ho oficial
del Gobotrno /ra11cts.

Dr.Ayer *ÍL

EL MOLINO ECONOMICO

COPAIBATOdeSOSA

MUNDO

PASTILLAS
DEL DR. ANOREU
ll•11&gt;t1dlo proDlo J oeo,o ~;n lu bottcu

del

M&gt;well. Maaa.. ~- U. ,._

al

l'01 FUEIITE

Las Píldoras

,,...,.da, DGt ti lit. I

tL

1 ESTOMAGO E INTESTINOS

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tan popular, que hacen int\tilesloa
eloi:ios.
, No dejen de tomar el Bllm&amp;.
tomaca.l ele Sáiz ele Carlo■•

'

De •enta en Droperlu -, Botl-

Linfatismo, Escrófula, 845
Infartos de los Ganglios, etc.
8

"1:COT A. ~ . A L ~

U,HVEHSAL DEL

-@~~·a~n~o,n'!!~!;!-ER

CABELLO

)
PUP.ARAJ&gt;ePH BL•a. J. ftUBL •• P ~

para her,nosear
el out;s y la tez.

,. . E Poi vo de arroz que dli al cutis una
DURET-NE1u delicadeza y finura ideales. lltau

co, Rosa, Rachel, perfume ~uave.
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Tanto en Europa como en América, la uean las Jamas más aristocráticas.
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>Domingo 31 de Agosto de 1902.

Et

EL MUNDO ILUSTRADO

MUNDO ILUSTRADO

AÑO lX.--TOMO ll.--NÚM. 10.

MÉXICO, SEPTIEMBRE 7 DE 1902.

Dlrector1 LIC. RAl'AtL Rfl'f&amp; &amp;PINDOLA.

Oerente1 LUI&amp; Rtl't&amp; &amp;PIN90L4.

LA Vur:LrA D~L SOLDAUÜ.

UNA PARTIDA DE CARTAS.

(Cuadro de Melssonier.

Sub,cripción mensual foránea, $1.50
luem Jdem. en la ,cai•ital, ., 1.25

�Domingo 7 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

~

han de halagar la vanidad ó la alegría de los
tituciones monárquicas y cuando se consolidó
EL HOMBRE
hombres.
la vida cortesana, el hombre acabó por volCierto que el ciprés es triste y su tronco f:Uverse mujer. Su piel se suavizó y se sonrojó, su
be recto; perc la pena que el ciprés simboliza
mano se afil6 y emblanqueció; su pierna, anno es ya del mundo, es el dolor purificado que
tes vigorosa, se hizo fina y vagamente nervio~a no busca consuelo en la tierra, que nada
sa; sus ojos se.agrandaron; á la barba poblada
tiene ya con ella. Por eso tiende sus ramas y
é hirsuta se sustituyó el bigote sedoso y riza.,, Cáda raza, cada época, cada pueblo encarna
pone tan altas las hojas, donde no alcanza la
do. Dejáronse; crecer las cabelleras, usaron
·· -' y se condensa, por decirlo así, en un tipo, en
mano ni casi la vista.
corsé, tacones altos y rojos, dieron de carmín
una personalidad determinada bastante á reu•
Se inclina de un lado mi sauce, del opuesá los labios y recamaron y bordaron sus vesnir y condensar sus caracteres predominantes
to á la casa á cuyo arrimo vive. Xo será intiduras, y llegó á ser difícil distinguir un abay esenciales y á caracterizarla por completo en
gratitud, porque sus ramas besan amorosas el
te de una conventuala, y los petimetres del
lo ~oral, _en lo intelectual y aun en lo físico.
viejo balcón de madera, que alegra un cajón
duque
de
Enguién,
como
los
«mignon»
de
EnY'f
· •
D~l .J'w'ísma
manera que á cada clima y á cacon geranios rojos. No será. ingratitud sino
rique III, acabaron por llegar á ser el tipo de
d~~oca géológica corresponden una fauna,
más bien la sublime resolución de algu~os inla especie. Sin el espíritu caballesco peculiar
uda flora y una estratificación &lt;.::sperial del teconsolables: huir de la multitud sin negarla
de la época, las mujeres hub;eran acabado por
rréno, as1, en lo social y en lo humano,· hay
su amparo; no vivir junto á ella, pero sí con
revestir la coraza y cefiir la espada, como lleflore,s y faunas caractel'Ísticas y diferenciales
ella.
garon á hacerlo los obispos, y Mad. de Londe fas épocas y de las razas.
gueville gustaba de disparar cañones.
;Lá palmera, el naranjo, el limonero y el
Vino la época industrial, el intelectualismo,
El espacio que abarca la sombra &lt;le este sautamarindo; la luciérnaga, el cucoyo, el mosla lucha por la vida en el trabajo, y todo el
ce es muy grande. Bajo su caído toldo caben
q t1ito, el chacal y el jaguar, caracterizan la zohombre se concentró en la cabeza. Despejósele
muchos tristes, muchos hermanos huél'fanoi,:
na¡, tropical húmeda y exuberante; el jaray arrngósele la frente, se le hundieron los ojos
todos los adoradores de una hermosa sin alma.
mago y el camello, las regiones cálidas y se•
y adquirieron un brillo febril; encalveció. Si
Crec~n las ramas desiguales y tortuosas, cocas; el oso blanco y el zorro azul, las hiperbóen V ~rsalles todos parecían mujeres, en la
mo qmen en su pena no puede cuidarse de su
reas; los cereales, las frías; el llama y la caBolsa, en la Academia, en el laboratorio y tras
compostura y bien parecer; mas, á pesar de
bra, .las montañosas. Y si en vez de considedel escritorio, todos parecemos viejos. El cuerello, forman abajo un contorno casi exactarar el espacio, consideramos el tiempo, compo es un pretexto, un peor es nada; en los
mente circular. ¡Qné graciosa y tristemente
probaremos que el iguanodon, el megaterio,
balnearios no se ven sino esqueletos raquíticaen sus hojas, hasta tocar algunm; la menula amonita, caracterizan igualmente determicos ó torcidos, tendones gráciles, sobre huesos
da hierba! ... ¡Oh, estas hojas de sauce, finanados, períodos geológicos, y que se pueden fiy eczemas, pechos hundidos y e:;paldas estremente lanceoladas, son lágrimas que alauien
jar no mE:nos bien por las impresiones que
cha8, bíceps atrofiados y pantorrillas ausentes.
llora;
tienen su forma y su «caer," su h:tlago,
han dejado las hojas, los ta:llos y las raíces de
La belleza humana moderna, en el hombre
en
fin!
... Cuanto más se mira el árbol de las
las di versas plantas prehistóricas en las enal menos, no es ya de forma y de proporciotumbas,
más encantos se le encuentran. Así patonces blandas arcillas que han acabado por
nes, sino purameute de expresión. Hay luz
sa
con
el
pensamiento de la muerte.
convertirse en durísima:;; rocas.
en los ojos, brillo en las frentes, ondulaciones
Une
á
las
ramas entre sí el lazo más fuerte
El tipo humano es también regional y crosugestivas en el cabello. Tenemos cráneos de
el
de
la
pena
común, y así, cuando el vient~
nológico, El esquimal, diminuto y obeso;
pensadores ó de poetas, entrecejos de filósofos,
pasa y en la robusta é insensible cajiga cada
el ab_isinio, negruzco y musculado; el sueco,
rugas de meditativos; pero ya no tenemos forr~ma se mueve por sí, con total independenbla\.nco, rllbio y pecoso; el beduíno, ojinegro y
mas de atletas ni proporciones de giro nastas,
bairbudo; nuestro fronterizo, alto, esbelto y
cta de las otras, y del álamo orgulloso se ve á
ni caras de efebos. Somos hidrocéfalos sostenicada hoja temblar por su cuenta, el sauce muevi~oso y nuestro indio del sur, amarillento,
dos por popotes.
enjuto y raquítico, son frutos especiales de cliye todo entero y á conipás su lúnguiclo ramaje.
Ko es ya en el bafio donde podemos admim~ -s?nos ó enfet·mizos, de regiones frías ó
, ¿Por qué crece siempre á orillas del ano yo
rar nuestra plástica, como antes los romanos·
o muy cerca de él'? ¿Es que las lágrimas que
.
.
'
cál1&lt;ias~ de terr~tori?s secos ó pantanosos, de
para Juzgar de nuestra belleza, no tenemos más
llora el árbol formaron el arroyo y le alimenla tJi,\ldes altas o baJas.
elementos que la fotografía, que nos represen;ltÍ tiem,po iufluye también poderosamente ta con actitudes y expresión de iluminados ó
tan diariamente, ó es que, como todos los tristes, ama el sauce la vista y el rumor del agua?..
en1&lt;l.~ r .~ello y carácter á la personalidad 111:1con posturas y gestos de inspirados ó de viEste querido árbol no vela aquí sobre tummaná, ~9,on excepción del chino, que es idéttdentes.
tico-y aparece incam biable desde hace veinte
ba ninguna, y todo en su derredor aparece riSi llega á ser un hecho, que no lo será, la
suefio y viviente: picotean las gallinas entre
mil años, como son idénticos á los de e11tonfotografía espirita, ella, que trasmitirá á la
el cés?ed, canta en el balcón contiguo una cace¡3 su clima, sus usos, sus costumbres y sus
posteridad nuestra alma, si posible ed con tolandria, florecen en él los geranios y hacendoleyes ele hoy, los hombres han cambiado y
dos sus anhelos y todos sus ideales, será la
sea una mujer de sa1,o color entorno de la ca•
cambian progresivamente con el transcurso
única institución capaz de dar idea del único
~ª· !odo sonríe, y, no obstante, parece estar
de-1 tiei,ip-o.
,
género de belleza á que podemos aspirar.
Justificada la presencia del sauce; aspírase aquí
;El;.n,tigttÓ espartano era alto, esbelto, vi¡ Lástima grande que nuestra alma haya decomo la calma que sucede al dolo( después de
goo:oso, musculado, tipo de la belleza mascuvorado nuestro cuerpo! ¡Se llevaban tan bien
consolado, q como el perfume que dan las meliiía'q_ue nos legó aquella heroica antigüedad.
.el cuerpo y el alma en la antigüedad clásica!
morias tristes luego que el tiem1~0 las quit6 su
E~ :i~Q roman?, que le ,suced_e e~ ~l orden crocrudeza.
nQ~og~co, comienza ya a dar rndicios de flaxi'
. Parece que vela sobre algo, muerto hace ya
d~¡(_&lt;le' obesid~d cada vez más acentuadas,
tiempo. ¿Qué habrá aquí enterradci? ¿Serán laa
ali ~ti:emo de que i,i Rómulo y Remo son
esperanzas de algún otro soñador , que vino á
d~en~ientes de loba y secos y musculados
sentarse una mafiana donde yo estoy sentado?
CO!n,º~~~.wadre, T.i berio y Calígula ·resultan
¡Qué hermoso sauce! ¿Quién le plantó aquí?
hijo~ de·cerdo por lo grasosos, por lo pesados
y por lo glptones.
E. l\IJ&lt;~SÉSDI~Z Y f'.EL.\ YO.
En la Edad Media; como nadie come, como
los que no orari hacen penitencia, y como el
resto de las gentes vive del bandolerismo miComo la mujer d e Lot, toda sociedad que
litante 6 luchando contra él, todo el mundo
'ELSAUOE•
se d etiene para mirar hacia atrás, se convierte
está flaco, pálido, ojerudo, al grado que el aren estatua y se petrifica.--AXATOLIO LEROY
te1 bizantino nos parece, y con justici&lt;1., una
¡Qué hermoso sauce saludo-todos los días
BEAULIEU.
plasttca 'dé hospital y dé anfiteatro. Había sin
en mis andanzas por estos lugares!
dud~ hombres fuertes; pero no por el móscuHasta su tronco llora, que no son sólo las
lo, smo por el nervio, ni tampoco por la sanCuando la bondad de loR demás sobrepasa
ramas
y las hojas. Se inclina de un lado lo
gre, sino por el alma.
1í. la mía, no tardo en llamarla debilidad.
cua! no ha de ser tacha de su h ermosura e~ un
Cuando se constituyeron gradualmente las
PABLO Ro:mLLY,
tronco de sauce; séalo en los otros árboles, que
randes nacionalidad el" á la som hra de las ins-

.- -

EL MUNDO ILUSTRADO

.

DBL TIRMPO Y DRIL RSPACIO

r

~~~~~O&amp;:'~

El vuelo de las sombras azotaba
el abrupto peñón como castigándolo
~orla osa?ía de sentar pel"adamente
su n~ol~ a la; vera del camino de los
~b
fantast1cos giganteR.
Cortado á pico, como un muro
enorme que se hundía en el infinito
azul, _no era creíble que aquel
penon ~ud1era ser hollado por pie alg_uno, 111 c¡ue cerebro humann resist1er~ el ,vértigo tle su cima.
.·) ft~e,. sin embargo, que un atre' ido vrnJero emprendió !:'l ascenso,
ruando las Rornbras incrustaban su
ne~rnra en todos los resquicios de la
penn,_ en t_odos los angostos i&lt;enderos,
en !ns grietas profundaf:, abiertai&lt; á
n1~nera de cRpr ntoi"as ~onrisas del
nb1~mo.
El valiente que intentaba la avrnturn, parecía Her un vagabundo ent~:f!ndo _á l?s caprirhos &lt;le la suerte.
Q
N_1 alforJn 111 callado, ni piele1;;, quizá
,~1 rumho..... Emprrn&lt;iiú la marcha
Kll1 vacilaciones. desprecinndo la
som lira Y apoyando con firmna la pi:sadn, que no dejaba huellas en la
.
.
roca.
l na mirada que huhieKe dominado todo a,1uel e1-1 '
1 •
·idivin ' '
'
·
'
P un no rnb1em
• . . ~()O n &lt;¡lle i-:e encan11nnbnn los pasos &lt;le) iWenturern' El a~ccns•0
ern mutil_ para ganar los can1pos opuestos; nada había en ·aqt 11· .- ·
que .pudt~m co111peni-:ar las fatigas de la atrevida excursión le a cuna
Í can11naba, y más caminaba, bordeando las grietns ~- siguiencl 0 0,
1lmH1onan do. n ,·ol untad, los angostos senderQf'......
·

"ª:í?

~

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:/j o

.
f 0mmgo
7 de; Septiembre de 1902

'

ª

*** tiPll1J10 f Oº pn '()S ele) · '
liahía durado al!!LII~·
, Ya
·1 1el aseem,o
J)
"
· ' ·' .. :s
,·rnJe1·0 no
'ac,i a 13,11. e pronto, i-:f' paró ni borde dt'. una arieta rolo~al
¿.Salina que; ern aquello'?
,.,
,' ·
Difíci lme11 te Ke a lt-anzaban lns tli rncnsionP~ &lt;]p )a ora,1 1.
1
suntuo· .
, ·
&lt;l
.. ,
·
, ·
,.., , uoca· era e
so I om p11mento e u na ,·1i-:10n dn ntesca.
'
~e &lt;letU\'O para contemplar el prodi"io· y al ,·oher la vista¡. · 1
rer111to tJne eo 1&gt;JJa
.. 1&gt;a 1a ptP&lt;
· ¡rfL, 1111ro
. , :í 111"' pálida
• • luz de un J'irún
• clealb
H1c1a 0e _
rada, qut• un n1omstruo
gigantesco tlormitaha
en actitud de descanso.
La emoción clel cami nante debió de Rer
terrible; parecía que el
terror lo privaba dctodo movimiento.
Y naturalmente: el
audaz se encontraba en
el palacio de uno de
esos seres que la naturaleza ha hecho en un
refinamiento de concepción horrenda. Era
gris el monstruo; cla-

vábai:isele al cuerpo cuatro patas cortas, armadas de arra .
amanllenta se posaba en su lecho sembrado de brillos d g d s,/ª panza
ca_uda asquerosa, de forJ:?a triangular, apuntaba á la 11 pr::ed ª Y una
~~!;onbtrlaasnlao cdabelza,l semia_plastada, parecía hundirse co~ fr~ciinª~!r~Í
J
e e a uz naciente.
. E_l, viajero contempló un rato al monstruo ue
vut10 la presencia de aquel imprudente hué~p1d.' en su sueno, no ad-

!

a; lnu;r~·dadh gdue e:a ~wprudente y ha~ta temerario. Otro en su lug '
ra UI 0, siqmera para no sufrir aquell
' .. ,
pesadilla; pero él a\'anzó penetrando en el
l . a espantosa v1S1on de
J , . h
pa aCJo.
0
1
&lt;lo ;i;o;s~~b~
1:~~::~~~!~~~c~ad~ ~~1~tuosidad semejante: tomisma, pero tallada con caprichos que 1 ie11a, los m~ros eran la roca
dido conceuir· eñ algunos lu ares se e so o un gran ai:t1sta hubiera poforma, con taÍlos finol-' y ere!~s.
rguían vegetaciones de rarísima

:i

:t~i;$

~r

La sombra, que, á manera ele cortinaje ser f. 1 1
cio, prestaba una sensación fantástica al ~onj:~:/ª a fondo del pala-

:1

*

El monstruo seguía Jurmiend:
via· .
d .
.
.
contemplando todas las innumerai;ies f 1rio pu o ieco1rer el recrnto,
y a 1 l .b 1 . d
Je ezas.
a uz I a Htcien o irl'll!JCIÓll y bañaba má &lt;l
d'
~ugusto y horrible morador. La audacia del visi~mt: TI1e ,1º }cuerpo al
e pascar con ]Jaso tranquilo en denedor &lt;l l
.,
ego a extremo
atentamente en todos sus detalles.
e monstruo y observarlo
A proximóse á una de la:. "anas y s
. 1, d .
de ellm;, Más atento estaba ;;l la ·ttre:is~l!-0 a a ll1!!'ª1' la agudeza y filo
&lt;le un choque formidable se h1'zo' o1'1· r¡ 1 obstend
' ac10,n, cuando el rnido
t,
,
, a en ra a ( el pal ·
L
ose una nube de polvo el rnon"tl'Uo h'
. . aCJo. evan1,;en}~• la terrib!e garra ~obre el ~'1:1jero. izo un movmnento rápido y
Estaba perdido. Pagaba con h \'ida a
1
. .
arrastró á la más loca de las cur'iosidade~.ue temerano impulso que lo
La _garra era pesaclísirna y temblaba sobre el cu .
, .
h u~&lt;l1énclola más y más en el suelo bla11d &lt;l 1 1eI po de la victnua,
:-..; h
·,
o e pa acio
• o ay eT?oc10n comparable ú la t}UC estab
.· .
mentos sentrnescar&gt;ársele la ,, 1·&lt;la· 1,,
. ~,expeumentando; por mo.
'
" resp1rac10n se h ' f ·
to perdió to&lt;la esperanza la luz"~ txti11gui'0 l
acia at1go:;n; pronno ~riuufo de la angu;:tüt...... ~
, ª muerte llegaba eu pleUna nue\'a detonación conmovió el sil .- &lt;l 1
.
polvo rní1s densa cubrió la atmúsl .. ·
enc10 e palae10; otra nube &lt;le
&lt;liú u11 salto 1&gt;rot11·~'1ªu·,-u
.. y...s·al·,
,
.Elc1·monstruo
¡
o "
1uaesca1&gt;e
el e l·,L gneta,
.·
p1 en 1en&lt; o una carrera vertigiuo .
. l·
.
ernEl viajpro !&lt;ú sintió libre de la g;:;\t;11u;i 1~11p1_1,1alíl~.
mon~ña. .
opi 1111 ;i, wov10 los nnern-

r----------------------~-----, /
/

/

/

bro~. y :-e !'segurú con SOr!Jresa &lt;le que llO
tei~~,i clanu alguno.
·~º pudu4.explica1'i-e ÍL &lt;¡ué &lt;leb''lU su sa·· l\'ll(' IÚII.

***
cubierto ce
¡ musgo
y ···· .. •Era un carn1Jo
b
. e_n e1 pasta an tranquilamente unas
11veJas.
en la roca, un''ª
t .-t
·ete 8enta&lt;lo
,
J:' s orc1 o se
Cl1tl nia en torturar una la a -i·. .
.el monstruo!, mientras hajabf
~~~
ner por J~s a_rrugas de la peiia
una_ h?rm1gmlla negra: - ..... .
el naJero audaz!

í: :t~~-

.Cuis Frias

FRAGMENTO.

PUERTAS DE LA CIUDAD,-Caludas de Guadal upe,

1

r.

1

san

. y Tacuba
Antonio

Fernándu.

�.'

EL MUNDO ILUST!tADO

L-,mini.to 'l' Je Sepfo,mbN' de 1902.

LOS ÚLTIMOS INCENDIOS
et dealro
~ el corto período de
seis día:; se han registrado en el país tres notables in&lt;'endios: el del teatro Acuña, de Sal tillo,
ocurrido el 24 del pasa&lt;lo;
el &lt;le! meren.do &lt;le Puebla, que He d&lt;·claró el :W
por la noche, y el de u11a
parte de la fabrica de hilados de Río Blanco, que
se produjo el mi,mw tifa
en la madrnga&lt;la.
Ln. frecuencia con que
ei;;tos lamentahles sucei:;o;;
vienen repitiéndose, es
alarmante:en BaltilloacaFachada del "Acuña".
baba de ser consumido
por el fuego un cajón de
ropa, cuyos dueños perdie~·on m{~s ~e cu~r~nta mil pe~os, y en Puebla
estaba aún cuando sobrevmo el ultimo siniestro, pal¡ntante la consternación producida. por la completa dei&lt;trucciún del teatro Principal.
EL incendio del Ar.uña, hrrmof&lt;O edilicio del estilo moderno, se
declaró á las siete v media de la mañana, hora en que las campanas ele los templos toca.ron a \arma. Mom€11tos de1,pués, una e~pesa.
nube de humo envolvía todo el teatro, y el
fuego se propagaba con suma n~pidez.
Las llamas se eleYaron á considerable altura, y fué tal el calor desarrollado por E&gt;lla~,
que los árboles ele la plaza di' los Hombres
Ilustres quedaron en parte carbonizados. Al
derru111 bar,:e el techo del teatro. Yin o por tierra la torre del reloj, desplománcloi,e tamhién
parte del pórtico.
.
.
Perdida la esperanza de Hofocar el mcend10,
poi: la carei1cia de los elernclltos llel'e:mrío,;,
las autoridades pusieron toda f&lt;u n tenci11n e11
sah•ar de las llama:; los establecimientos nwrcantiles contiguos. La gendarmnía y los sirvientes de la!:l tienclai; acudieron con toda eficacia á las maniobrns de desocupación de lm;
almacene;;, y con cubetas y cánfaro:&lt;, se logró
refrescar los 111uro;; y n rmazo11es r¡ue el fuego,
con toda facilidad, ltul,iern invn.dido, sin la
oportuna intervención de la policía.
A las ocho ele la mafiana se de!:lplomú lo que
~un estaba en pie del teatro Acufia, quedando reducido á cenizas y ef'combros en mcnois
de una hora. La co1111;añía dramática que actual&gt;a en el coliseo, sufrió la pérdida de tocio
su archivo y atrezzQ.

***

Acerca del incendio del mercado de Puebla,
el fuego no dejó en pie más que los muros de

Domingo ~ de Septiembre de 1902.

BL .\IUKDO lLUS'I'IlADO

"cllcuña."
m'lmposteria que, ennegrecidos por el hum,), encerrnb m ú la n!afiana.
siguient&lt;: un lrncinamiento de vigas, muebles y trastos c_arbornzados.
La noticia del siniestro cundió con rapidez por toda la ciudad, Y la~
calles vecinas se vieron en un instante llenas de gente que acudía a
prestar auxilio.

i..l

***
Sin alcanzar las colosales proporciones de los incendios á que acabamos tle referirnos, el que se declar? en_ la fúbr~ca_ de .H\o Bla~1co, produjo, sobre todo en Orizaba, un pá.mco rnde:;cript1ble. ~,e ~.ec1~ q:1e el
voraz elemento había acabado cou una gran parte ,&lt;le_ la fabnca,pei o no
tardó en rectitkarse la noticia, dando por hecho, ~mcamE&gt;nte, qt!e las
llamas sólo causaron algunos desperfectos en el salon de telares. El administrador de la negociación y los operarios ocurrieron con toda oportunidad al punto en que el fuego se habfo decla:ado, y pronto . pudo
extinguirse, sin que los trabajos llegaran á paralizarse. La vers~on de
que el incendio se debía á t!na ~·0nganza. ?e yarte de lc,s operan_os, se
ha desmentido por los prop1etanos &lt;le la fabnca, como un «canard» de
los alarmistas.

II ustramof; esta página con algunas fotografías relafü·as al incell&lt;lio
del hermoso teatro &lt;le Saltillo •que acaba de desaparecer.

El incendio del teatro.

De ,~Primavera Sentimental"

.,..
0::\10 si la metrópoli, Hospital de Terceros, edificio que ha pl'ISAclo
&lt;le algunos años á est" ft la historia rodeado de :inécdotas y tradi!'ioparte, no hubiera su- nes, como tantos otros. En las nuevas cal les
frido la 111ás leve trans- del Cinco de l\Iayo, abiertas casi en toda su
formación, del uno al extenFi6n, se com,truyen actualniente las
otro extremo ele la ciü- primeras fincas, y pronto lo que ahora rR un
dad f'e echan ele ver, hacinamiento ele escombros, será herm11:::a
en el día, el empeño prolongaeión de una de nuei&lt;tras nwjoreR aYeconstante por dotarla nidas. En cuanto al HMpital, no querla rasde nuevas calles que tro dei edificio: columnas de hiP1To, cabrins,
favorezcan el tráfico, montones de materiales y un ejército de opede jardines que la her- rarios se ven en el sitio donde Re levantara.:
mo~een y ha¡?nn agra- allí se pone mano á una obra. dr utilidad púdable y amena. á 1,us blica, que reclama el desarrollo tic la pohlavisitan teR. y de edifi- ciún: á la nueva caRa de Correo1,. ::\Iás allú
cios con que la. higiene se ve, cerc.ado, el campo en &lt;Jne ha de conf&lt;y el ornato resulten ga- truirse el teatro más suntuoso de la. Repúnanciosos.
blica, y por todos los rumLos sopla u11 vienEsto que ha &lt;lado en llamarRe «fiebre de re- to propicio á la hermosura y ensanche de
construcción» y que no es más que una de n urstra metrópoli.
tantas manifestaciones de la época bonanci hle
Para un observador, hay en todo esto puntos muy dignos de estudio:
por que atrave1-amos, va, poco á poco, hacirn- ~r:i, J'Or ejemplo, el sistema, tan distinto del antiguo, con que se construclo cambiar el aspecto que
ye actualmente. Al pie de esta página publicamos
de población antigua conseruna fotografía. de la armaz6n de hierro de la Casa de
vó por muchos años la capiCorreos: quien recuerde cómo se levantaba una casa
tal. La easucha de pei&lt;adas
ha.ce veinte años, se quedará.asombrado; todo es ahopuertas cede su puesto al
ra diferente, los métodos han cambiado de manera
~
airoso "chalet" de amplias
notable, ajustándose no sólo á las condiciones de la
ventanas por donde penetra
belleza arquitectónica, Rino á las más estrictas de la solidez y de la buena disla luz á torrentes; el caserón
tribución.
poblado de leyendas desapa•
Los techos pesado8, la,&lt;; ventanas estrechas, los pisos hundidos, todo esto Ya,
rece envuelto en nubes de
con
la rutina, proscribiéndose para ahrir ancho campo á estilos que se compolvo, y por todas partes, copadecen mejor con las exigencias de la cultura moderna, y con las condiciomo por encanto, las consnes especiales del terreno.
trucciones modernas se multiplican con una 1·apidez
asombrosa.
Las colonias en los suburbios y las avenidas principales en el centro, estnn enDebido es, por lo demás, consignar que el Ayuntamiento corresponde al
fermas de esa ,,fiebre." No
empeño de reconstruir que trae fuera de casillas á los propietarios, con la imhace mucl.io, la piqueta del
plantación de mejoras de tanta utilidad como los nuevos pavimentos, los merembellecimiento demolía la
cados que están en vía ele edificarse y la apertura dt calles donde el tráfico y
última pared del Nacional, y
la comodidad lo reclaman. Ji:! Gobierno General, por su parte, contribuye
hace unos cuantos meses estambién á la obra, ya con la. construcción de locales para e8cuelas y casas de
taba aún en pie con SUR ambeneficencia, ya con la de aquellos que, como la Casa de Correo", están llamaplios salones y conedores el
En el Cinco de Mayo
das á prestar al público servicios importantE&gt;s.

¡Cuán feliz es el sol! En lns mañanas,
por verte, su carrera precipita,
,i tuR balcones llega y en tu alcol,a
penetra por la abierta celosía.
Retoza en los encajes &lt;le tu lecho,
á tu hermoi:;ura da calor y \'ida;
tórnase ritmo en tu1, azules venas
y epigrama ele luz en tus pupilaR.
Mas yo no em·idio a I sol, sino al espejo
en donde ufana tu beldad se 111ira,
que te ama. alegre, cuando e:-tús delante,
y al punto que te rns, de ti se olvida.

F ABIO FIA.LLO.

Después del siniestro

EL hombre estudia {t la n1ujer más que á
las mujeres; éstas ¡.;e inquietan rnenoE de conocer al hom hre que á los hombres.
Supersticiones: debilidade;; del espíritu en
las cmtles frecuentemente el corazón agota sus
fuerzas.-G. :M. VALTOUR.

Armazón de la nueva Casa de Correos

�Domingo 'i' de Septiembre de 1!)02.

EL l'iIUNDO ILUSTRAbO

EL MUNDO ILUSTRADO

DOS ÁRBOLES VIEJOS
LEYENDA BRETONA.
Esto aco11teeía en Plougmmou, no hace todada mucho tiempo.
Había allí, c:11 una pobre quint,i agrh:ola,
un huen hombre.,· una mujer que, no teniendo
medios para limpiar f'U trigo á máquina, lo
hacían al trillo. Dei;&lt;le el alba hasta la puel-'ta
del sol, trabajaban &lt;le c0ncierto, el hombre
conduciendo la,; espigas,y la mujer arreglando
las e1as.
Pensad si, concluí&lt;la la jornada, encontrarían el lecho con placer, aun cuando la cama
fuese de pajn de aYena y las aábanm; de ruda
tela de cáñamo. Apenas se buscaban tiempo
de cenar algunas patatns y de recitar tmn om-

-\·amo!-', Rnclegornla!. ....... l'or esta sola
,.l,,d ..... .
E11to11ce•s ella, cntri,:teC'ida:
--~oy sien1pre denial-'iado necia en (·un1plir
tus ,·einticuatro c;q1rieho:&lt; ...... En fin, ;;ea! ...
\'e .v haz lo 11oi,;il,le por eswr aquí pronto &lt;le
vuelta, si no quieres que me Lluenna aquí,
ve:&lt;t ida, en el int...rvalo.
No hahín terminado la fr:uie, cuando el
hombre estahn fuera, bajando á graneles pasos hacia el molino. En tnnto que vió claro
en su eamino. corrió más bien que anduvo;
pero en u11 f'itio en que el sendero parecía hundin;e en tierra, entre dos altos taludes desplo-

I

r

ción: un instante &lt;lesµués, estaba11 tend idu::;
roncando á cual más y mejor.
La última noche el marido habló de esta
manera á su mujer:
-Radegonda, entre los ricos es costumbre,
cuando agosto ha terminado, haya en la noche banquete para los limpiadores. Por mí, si
me diera~ el manjar que tanto me gusta, ra
sabes que preferina pnsteles, esos ricos pastelitos de trigo 1wgro que sabes hacer, Radegonda.
La mujer, que caía de fatiga, exclamó:
-¡Pasteles, mi pobre hombre! No sueñes;
tengo los brazos cortados. Yo he trabajado
tanto como tú, ¿no es verdad? Y como no tengo la fuerza tuya, estoy que no puedo má~.
Cómo quieres que encuent1 e valor para ponerme á prender l'l fuego, ú amasar la haiina y á
preparar la pasto:? Y adPmÚf,, nrn1 cuando encontrara eRte Yalor, no podría contentar tu antojo, porque no hay una brizna de harina en
la alace11a. ¿Ko recut&gt;rdas que hace más de una
semana e¡ue hemos estado e11 la coi::echa ,. qut&gt;
no has ido á caRa del molinero?
•
· -¡Oh! si no es mús que harina, yo me encargo de traerla.
-¿Qué irías hasta el molino? ...... ¿.Después
Lle haber sudado tanto, de tanto trabajar? ¿Tu
P:-tómago es un amo duro é intransigente
Hervé l\Iingam?
'
Hen-é l\fingan1 contestó suplicante:

nmcl11s, preciso le fué ir mús
despacio. Hen·é avamaba á
tientn~, porque tenín. sol,re fl,
mlemás ele la so111 brn e.le Jo¡¡ tal udeR, la
df:' tres vit-jo~ úrl,olC's. 11 a, p11e,:, con
pree·aucib11, sujetnndo ea.da uno de ;;us
paf.O!-&lt;. En medio del Hilencio, que era
profunclo,y á pesar d,· que el aire t&gt;Staba
inmóvil C'omo RuceJe gPnernli11ente un
las noches ti biaf' &lt;le ngo~to, oyó que
el follaje, arriba de ~u en.heza, c·ornenzó
á hacer ntido de un modo bizarro é
inesperado.
-Di rntre, t'S cosa muy particular, pensó.
Levantó los ojo:-, y á p&lt;'Har de la obscuridad, reconoció en la hlancurn plateada de la
corteza cuyo ramaje sac-udía de esa suerte, que
eran dos hnyas de a1-pecto venerable, que se
hacían e-ara vanas, ele un talud á otro, y mezclaban su:; r:i.mas como para abrazarse. Se hubiese creído que _eran largos brazo" des&lt;:arnados que se nnían. Lo r¡ue había dP mús extra-.
ño, era que su murmurio, m11.v ligero, se parecía á un cuchicheo de voces humanas. Hervé l\lmgam Fmspenclió su paso y puso oído
atento.

Xo había eluda, las dos hayas com·er,-ab:m
entre sí. K UPstro hom hre, poi: escuch:trlas, ol,·it!ó molino, harina y pa:-telef'.
El primero de los dos· Ítrhule", el de la derecha, decía:
-Creo que tieneH frío, ;\foharit. Tiemblan
todos tus miembros.
Y el 1,wgunclo árbol, el de. la izquierda, re~po11día tirit&lt;tnrlo:
-~í, GelveRtr, estoy helada, helada hasta
ln médula. Siempre que cae la noche,es esto;
la frescura me penetra á tal grndo, que es como una segunda muerte ......... Ft-lizmente,
esta noche hacen pasteles en casa de nuestro

hijo; habrá u11 hnen fu¡,go, y tan _luego c,01110
Hll mujer.'" él se hayan nco;;taclo, iremos a calentarnc s junto al hra,ien•.
fü1tonct•s el primer árbol:
- Yo te acom paiiaré parn no dejarte ir sola,
;\faharit. Ma", i,;i tú me hubieses obedecido
cuando éramos Yi vos, no estarías en la necesidad de espPrar ít r¡ue hicieran pasteles en
casa de nuestro amado hijo parn sentir un poco ele calor. ¡Cuántas Yeces no te pedí que
fueras má!'&lt; caritativa hacia los pobres! Bajo
pretexto de que posefas poco, no querías dar
narla, y ahora tienes que sufrir el castigo. Porque has tenido el corazón frío, tienes que hacer una penitencia dura. Y yo, porque fuí
demasiado débil hacia tu pecado, soporto el
castigo contigo. Pero al menos no sufro. lo
que tú. Los pobres qu11 rechazabas, yo los mdemnizaba cuando 1-alías; por ejemplo, les daba en cuaresma. pedazos de mantequilla en vueltos en hojas de col; en los días grandes,
pedazos de lardo envueltos en pa.pel, y aho.ra,
estas hojas y e:-te papel me hacen un ve4tldo
que me tiene siempre caliente'.
--¡Ay!. ..... exclamaba siempre e~ seg~ndo
árbol, con una tristeza que se hubiese dicho
que se le salía el alma ..... .
Hen-é Min~am no quiso oír más. A riesgo
ele hncerse prdazos veinte veces la cabeza, tropezando con las piedras del camino, clescenclió
hrincanclo la pendiente hasta la tienda del
molino de Trohir.
De reo-rern tomó un camino dos veces más
lar¡!&lt;', p~r no' pnsnr 1,ajo los vetustos árboles.
-A fe mía, le dijo :-u rnujf:'r, creí que no
YO I,·erías.
Y notando su aire hosco:
--¿Qué te ha pasado·? Tienes el rostro lívido.
.
-Es que estoy en el colmo de mis fuerza1-.
Traigo los miembros roto:-. ~e,;pués d~ la ruda jornada. esta carrera ha fl!clo clemasmdo.
-¡Cuando yo lo decía!. .... En fin, consuélate. Pc1e1:1to que has traído la harina, vas á
comer los pasteles.
-Sí, murmuró, ahora mús que nunca es
preciso qnP. loH hagas.
Pensando c1ue con b espera hahría at1mentado su ansia, Radegonda se creyó en el deber
de servirlo diligentemeute. Por lo general,
doce golosinn'l de sartén no eran cosa de
causarle miedo. pero esta vez, desde. la tercera se declaró satisfecho, y hasta ah1to.
'-Decididamente, siento más necesidad de
dormir que de comer.
-¡Ah! muy bien; si lo hubiera sabido, no
habría pueRto tanto fuego, dijo i-u mujer.
Disponía.se á npartar los tizone¡,., despuéi:; de
haber quitado la cacerola., pero él la detuvo.
-Deja arder t,Hlo eso y ncostémonos.
Esperó á que estuYiese desvrstida y, en el
momento en que se puso de espaldas para
meterse en el lecho, arrojó una nueva hrnzada de viruta en la flama. Radegonda quedó
rlormida en el acto. Pero él permaneció con
los ojos abiertos.
Desde el lecho, colocaclo justamente frente
á la ventana., se veía claramente por los postigos entreabiertos el rielo y la campifla, pues
había claror de luna.

***
La noche estaba silenciosa, como sucede
por lo regular en pleno estío. Sonaron las diez,
las once, y nndie venía. El hombre comenzaha á dudar ...... Pero &lt;:eren. de las once y media oyó un ligero rniclo como de ramas que
arrastran y que sacuden; después, poco á poco el ruido aumentó, fué un rumor parecido
al de los bosques agitados por la brif;a, y
Hervé vió claramente las sombras movibles
de dos hayas que se dirigían hacia la cas;1.

Marchaban tan cerca una de la otra, como era
posible, en la misma línPa; se hubiese dicho
que la tierra las llevaba. Yeíanse, á la. luz de
la luna, brillar sus troncos argentados bajo
rns follajes inmensos. Atraveimron al fin la
cerca.
«Fru ...... u! ...... u! Fru ...... u!. .... u!. ....... !,,
gemían sus Yastos ramajes.
Bajo las sáhanas, el hombre castañeteaba
los dientes. Jamás había creído que dos árboles pudieran por sí ¡:o]os hacer todo el murmullo de una selva. El ruido estaba luego alrededor de él, por arriba, por todas partes.
- \'an á &lt;lerri bar la rasa, se dijo.
Escuchó el frotamiento de las grandes ramas contra Joi:; muros y sobre el rastrojo del techo. Por tres ,·eces las ha vas dieron la vuelta
á la morada, sin eluda buscando la puerta.
Hervé se ocultó la cabeza entre las manos para no ver lo que iba á pasar. Pero al cabo de
tres ó cuatro minutos, no oyendo más ruido,
atrevi6 á mirar. Y he aquí lo que vió: su padre
y su madre estaban sentados sobre las escabelas de leña, de cada lado de la hoguera, tales
como eran cuando vivLm. Los reconoció claramente, eran ellos los que habían venido bajo la forma de árboles.
Hablaban entre sí en voz baja. La vieja habfa levantado un poco su falda de fustán roja
para calentarse los pies, y el viejo le pregunVtba:
--Sientes uu poco de calor?
-Sí, respondía ella. Nuestro hijo ha tenido la precaución de agregar al fuego una nueva brazada de virutas.
El hombre entonces despertó á su mujer.
-Mira!
-¿Qué? ¿dónde?
-Allí, en la hoguera, á aquellos dos viejos.
¿:No los reconoces?
-Tú sueñas ó tienes ataque de fiebre, mi
pobre marido. No hay en la hoguera más que
el fuego que chisporrotea,
-Pon tu pie sobre el mío, Radegonda, y
Yerás lo mismo que yo.
Puso el pie sobre el suyo, como se lo indicaba, y vió á los viejos.
-Dios perdone á los difuntos! ...... Pero si
es tu padre y tu madre! balbucía juntando las
manos trémulas de estupor y de espanto.
-Por merced, no digas ni hagas nada que
pueda turbarlos.
-¿.Qué nos quieren?
- Ya te explicaré la cosa cuando se hayan
marchado.
Entre tanto, el viejo decía á la vieja.:
-¿Te has calentado, ~faharit"? Se acerca
nuestra hora.
Y la vieja decía al ,·iejo:
-Sí, ya no tengo frío, Gelvestr. Pero tengo vehementes deseos de que mi dura penitencia se acabe.
En esto, el reloj sonó el primer gol pe. Los
viejos ,:e levantaron; luego desaparecieron. Y
entonces, el gran rumor de follaje comenzó ú
lo largo ele la casa.
Fru... u .. . u ... ¡Fru ... u ... u ... !
Después el ruido se alejó á medida que se
alejaba también la sombra de los dos árboles
bajo la luna. En su lecho, Radegondn temblaba, no comprendiendo na.da de estas cosas extraordinarias. Cuando todo Yolvió á quednr
desierto y silencioso, el hombre contó lo que
había visto y cómo había sorprendido el secreto de los dos muertos.
-Está bien, dijo Radegonda., mañana darem9s una torta de unto para los pobres de la
parroquia que no tienen ni siquiera lo poco
que nosotros tenemos, y manclaremo'l decir
misas á la iglesia.
Así lo hicieron, y desde entonces las dos
hayas no volvieron á hablar.

EL FIN DE LA. BA.TALLA
&lt;PÁGINA DEL 8 DE SEPTIEMBRE)

Domingo 7 de Septiembre de 1902.
Ruedan al foso: piérdese conciencia
Del amor y la vida y queda iner~e
La razón. ¡Es la lúgubrP demencrn.
Del fuego .r de la muerte!

I

III

Llegó el supremo instante. Batallones
Inquebrantables sostenían el fuego
Tras los lejanos matorrale,:. Trágicos,
Con salvas fragorosas los cañoneR
Rimaban la epopeya, exterminando,
Demoliéndolo todo,
Em·olviendo en espesas humaredas
La angustia y el horror, la snngre, el lodo,
Y entre las calcinadas arboledas
El épico fermento del combate;
En tanto que, más cerca, en las praderas
Que se tienden al frente,
Tras las sólidas líneas de trincheras,
El grueso del Ejército, potentE&gt;,
E1-peraba la carga, redoblando
El fuego de su atroz fusilería,
Mientras á retaguardia, como un trueno
De tempestad, se oía
El rodar de furgones galopando
Para ir á abastecer la artillería.

II

Y entre los gritos que el furor desgrana
En la refriega, vibra en los confines
Del negro campo triunfadora diana.
Resonando en un himno de clarines ........ .
Cesa la. enrojecida hayoneta
Y el fusil en su lí1gubre trabajo,
l\Iientras los enemigos allá abajo
Huyen al triste toque de retreta.

T_.entamente calló la artillería,
Y allá sobre el tumulto, y en lo alto
De la que fué trinchera,
Desplegó sus colores la bandera
Del batallón que consumó el asalto!
HERIBERTO

FRIAS.

PALACIO DE GOBIERNO.

Ved: pecho á tierra un batallón heroico
Se bate á fuego rápido. :'lletralla
Enemiga le diezma ferozmente
¡Y su gallardo Coronel, estoico,
A caballo se yergue frente á frente
De la muerte y la gloria en la bntalla !
A toda brida llega un ayud:mte,
Le dice:-,qya!ll-Dermparece luego ........ .
El jefe alza la espada y, arrognnte,
Dominando e] corcel, que se encabrita
Al reclohlar del fuego,
Con ,·oz fulmínea á sns soldados grita:
"¡Valiente bnta.llón: en un instante
Tendremos el honor de dar la carga,
Y el enemigo nos verá en la gloria
De llegar á sus fuertes posicionrR
Y arrancarle de firme la victoria!
-¡Y á nuestra diana torarán retreta
ERos acobardados escuadrones!
Alto el fuego ¡y calad la bayoneta!"
Dice; el tnmbor redobla fulminante,
Al par que vibra rcataqm,,, la corneta;
De1&lt;pidcn mil clestellos
-Pre,mgios clel terror de la matanza,\ 1 sol las armaR, y ei-1 aqu,~I instante
El batallón como un alud Re lanza
-«¡Aellos!&gt;J-gritando sin cesar-«¡á ellos!"La sombra., el rno1;, un exterminio inmern,o
Al pie de la trinchera cobran vicla ........ .
-Y la trngerlia. hajo el humo denso
l'11lpita enfurecida........ .
En el tremendo campo
Todo se enciende y todo se estremece;
Crepita formidnhle la metralla;
El olor de la pólvora enardece
La lucha CUPrpo á cuerpo, entre rugidos
Que subrayan el trágico episodio
Y hacen surgir sobre la :\Iadre Tierra
La venganza y el odio,
Las c61eraR sangriPntas de la Guerra!
Re deia;morona el parapeto; eRtalla
Ln granada en peclazos; los cadá verrs

Se ha comenzado á construir en Chilpancingo el Palacio de Gohierno que substituirá al
que, antes de los últimos temblores, ocupaban las Oficinas principales de la Administración de Guerrero.
El nuevo edificio obedece á un plan bien
meditado; es de mampostería, de un solo piso,
y la distribución de todos los departamentos
f'e ha hecho de manera que no carezran ni de
la amplitud ni de ventilación suficientes. La
fachada principal es de bonito estilo y se emplearán en su construcción los mejores materiales.

Como sueño tenaz surge en mi mente
Una mujer que amo y que me adora,
Que no siendo In. misma á cada hora
Otra tampoco es indiferente.
Mi corazón, para ella transparente,
No es problema, á su sabor lo explora,
Ella tan sólo puede, cuando llora,
Refrescar los ardores de mi frente.
¿Es morena? .. Tal vez.¿lti.ibia? Lo ignoro.
¿,Su nombre? Evoca mus cal, sonoro,
Los nombres de las muerta~ preferidas.
Por sn mirli.r recuerda la escultura
Y ha_v en su voz el tÓno y la dulzura
De las amnclas voces extínguiclnF&lt;.

fi,¡afo/e le ]Jraz.

EL PALACIO DE CHILPANCINGO.

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�Domingo 7 de Septiembre de 1902.

Domingo 7 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

El Institnto de Ciencias de Oataca.
Hace alguno:- años que con el objeto de
asegurar ,m estabilidad y n1Pjorar SUf&gt; condiciones materiales, se peu¡:Ó en la reconstrucción uel a11tiguo edificio del Instituto de Cienciag de Oaxacn,que se encuentra situado en el
:111¡¡:ulo que fo rnrnn la ,'! calle de 111 .\ venida
de la J ndep&lt;•11&lt;lencia. y la 1'.1 (le Benito .Juárcz,
&lt;•n h capital &lt;le! Estado.
El edificio de que noi- oc·upamoi:- redstegrnn
interés pnrn la hi -.torin. Fué inaugnrndo el día
8 ele enero de 18:27 con el nomhre de «Irn,tituto ele Ciencins y Artes del J~¡::ta&lt;lo,» y su
creación ~e dchi6 ÍI un decreto del Primer Con
greso Constitneionnl.
·
El acto de su instalación, que revistió la
mayor solemnidad, fué pre,idiclo por el Gobernador del Estado en nqnella. éporn, acompañado del Consejo, principales autoridades y
numerosos vecinos de la importante entidarl
federativa.. S u primer Director fué el distinguido Fray Francisco Aparicio, y más tarde
estuvo al frente del Establecimiento ,..J señor
Juárez.
En ei Instituto de Ciencias y Artes del Estndo de Oaxaca se formaron hombres tan notables como el Benemérito Juárez y su ministro de Justicia, el célebre jurisconsulto D."
1Ianuel Ruiz; los abogados D. Manuel Dnblán, D. Félix Romero y otros muchos que
sería largo enumerar. Alumno del mism:1
plantel fué el actual primer magistrado de la
República, quien cortó su carrera para seguir
la de las armas, ponifndose al servicio ,'ie la
Patria en d efensa de las instituciones democráticas.

***
El antiguo Instituto era d e sólida con strucción y muy amplio; pero se h acía ya n ecesnria su reconstrucción, debido al estado de deterioro e n que se encontraba á últimas fech as.
Por iniciatin1. d el Jefe Político, Coronel D.
Prisciliano Benítez, se emprendiero n las obras,
siendo autor del proyecto que se ha ejecuta&lt;lo, el Sr. Ingeniero D. Rodolfo Franco.

J

La comitiva regia

El Arzobispo de Canterbury unge á E:.duardo V 11

Bah! tú seráR el exclusivo tema
de mi próxima epístola ..... .

ECOS DE LA CORONACIÓN
DEL REY EDUARDO.

ENRIQUE

ToRJir..;

ToRJ.JA.

Junio 1902.

El antiguo edificio

En los grabados que hoy publicamos se'encueutran la fachada del antiguo edificio y la
del moderno. Esta última consta de dos cuerpos, y los materiales empleados en ella son
mampostería en los cimientos y cantería en
el resto ele la construcción.
La distribución interior del moderno edi ficio ,está arregla?~ á los preceptos de la peclagog1a y de la h1g1e11e, y ofrece en cuanto á comodidad, las mayorc,; ventaja~.
En la planta alta se encuentran grandes salones clotados de suficiente luz h1en ventilad os; y en uno de slls departa~entos se halla
el )luseo del EHtado.
La planta baja está destinada á las clases,
y e:1 la parte 8 ur del edificio está instalarla la
Bibliotrca PúblicA,
á la que da accern
una puerta que ve á
la calle de Benito
.Juúrez.

establecimientos de beneficencia. Al volver á
Guadalajara, se le nombró canónigo de la Catedral y rector del Seminario, y durante su
rectorado, se comenzó la construcción del nuero edificio que ocupará el vlantel.
En 12 de febrero de 1899 fué consagrado
obispo de Sinaloa, diócesi en donde atendió

Las revi8tas europeas vienen llenas de detall~s acerca de laR suntuosn,; fiestas con que
la c1Udad ele Londre:s celebró la coronnción de
Eduardo VII. y de los relativos á lns ceremonias que se ver°ificaron en la Abadía de Wei::tminster.
La infornrnción gráfica que ofrecemos en esta plnnn, es de lo más importante que se ha
publicado en Europa. En nuestros clichés pueden ver,:e represen lados, tnnto los actos de
coronación clrl Rev v de la Reina, como los
hrilln11teR d&lt;'~fil&lt;'8 ·de.la regia comitiva el día
de In ceremonia.

Pero el acento rnag1co y sonoro
De una voz celestial llegó á mi oído.
Y un beso de tus labios desprendido
Me despertó diciendo: ¡yo te adoro! .. ... .
¡)Ientirosa!. .. ¡después Rintió mi alma
Algo terrible que robó su calma
Y que le dió la muerte de improviso!. .....

EL PRIMER BESO.
Era un sueño de h adas-sueño de oroCon que los genios del Edén florido
Arrullahan mi pecho dolorido
Cansado de verter su nmargo lloru.

¡El beso que me diste estaba lleno
De letal y mortífero reneno
~[ezclado con la miel del Paraíso!
E~RfQl.8

POST SCRIPTUM.
Te hablé ele mis tristezas: enferniitas
que sufren un mal crónico;
el doctor asegura que no tienen
remedio,
lo deploro!
Te hahlf en párrafo aparte
de las incertidumbres de mi alma,
de nnn 1111gustia infinita que me oprime
y una aflicción inmeni::a que me nrnta.

NUEVO OBISPO
Te conté mis insomnios; esas noches
que me pnso sin sueño,
con los ojos rai::gando las tinieblns
terriblemente abiertos.

DE CHILI\PA
Para cubrir la vaca nte qnc dejó como obispo d9 Chilana el Dr. D. Ramón ·
Ibarray GonzálezAl
h¡icerse cargo de b
dióceRi de Puebla,
ha Rielo nombrid.o
por S. ft León XIII
el Sr.. rDr.
José
·, Hom6bono A nava,
1
a.étual obispo de ·si,, na.loa.
,é . El señor A!laya
,.:nació en GuadaiaÍ jara el 13 ·'de no, --cviemhre
ele 1835.
• ituy joven aún, in-.
--º~~1 ~ dé rnria~
gres6 al seminario - á lá r~nstrucci ' •
c~2pelits y est:~b
1tqsJ'le~hc;á~~s. al culto,
de aquella ciudad
para seguir la ca- . fundando vanas':éasa-s, rle -~enefü!encia. Poco
de~pu~s de su coni-ngraciún arrrgló u11a pererrera eclesiástica, y ·
g_nnac1ón á Roni::f y loi, Santos Lugnl'es, asísalgunos iiños dest1enclo ni Coneillo Plehario Latino american o
".Pt1és recibi6 la borconv?,ca&lt;lo por R. ~- el ~apa, y en su apertnr;
1a &lt;le doctor en dfungw de 8ecretano. !,lizo despué,; un viaje á
nones.
Rollla, en rrpresentacwn ele los catéili&lt;'os meFué cura de vaxica11os, con moti,·o dPI jubill'O pontific¡L[ del
rios puntos, y en
l'npn.
las parroquias donm señor Anaya irá próximamente á hacerde ejerció, procuse cargo de su nueva diócesi.
ró fundar escuelas
y proteger siempre

Te elije que lloraba; para muchos

éstm, son nimiFdndrs;
te &lt;lije qui:' llorn hn, como un niño,
no, como un nifío no, como un cobard e.

... Y no te haulé de ti! ¿qué olvido es éste·?
¿Por qué fiOY egoísta? ..... .

:n..

... 1
•
1

•

La nueva construcción

, \~.Í~,.•[·~¿ir.::~~~~- .

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' 1.--líJlJ!ii ~¡, ~t"'~ !~.tM ~-~
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Coronación del Rey.

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!al desfile.

Coronación de la Rei na Alejandra.

C.

ÜLIYER:\.

�EL MU!-;t&gt;O ILtJS'l.'RAOO
Domingo r;- Je Sepfümhre de 1902

EL MUNDO ILUSTRADO

TUNQUILLA
Abril C:aba placer á la tierra y á las gente¡;,
En Jn, aldea, encaramada en lo alto de la colina, las cabañas, cercarlas y con techo &lt;le cáñamo, parecían de oro con los rayos a.l~gres
del sol· una Yerdadera nube &lt;le rPtoños prntaba los ~rboles en las ramas dei:mudas, y á lo
largo del arroyo parlero destacábanse manchas de flores rojas sobre un manto de verde
terciopelo.
Un pequeño sendero ascendía en tanto que
el arroyo hacía un descenso, 6 más bien, Junquilla subía lentamente por el sendero, con
tanta mús lentitud, cuanto que Juan, su
amoroso galán, la lleYaba del brazo, y los dos
se detenfon con frecuencia para cortar aquí
una anémona y allá rnn prima1·era. Camina-

Formal é ingeniosa, llevaba á las casas el contingente de sus talentos sobre toda clase de
asuntos del hogar, que bien pro11to estimaro11
en su justo valor. Al poco tiempo, tenía que
abandonar su cnsita desde por la mañana para Yolver á ella. al caer b noche. L::i mañana
entera del domingo y algunos ratos todo,; los
días, á prima hora, los dedicaba á su jardín:
plantaba, injertaba, aderezaba con deliciosa
minuciosidad los prados, y muy en breve, su
vida era la más llena de trabajo, h más tranquila y la más sabia que se pueda imaginar.
De tiempo en tiempo iba á unir sus cortas economías al modesto te8oro que tenía depositado la señorita Didier.
Así vivía en paz con todos, cuando la llamaron á la casa de la señora Loif'f:eau. Fué precedida por su reputaci6n de buena trabnjadora y de señorita juicio;:a y ordenada. La señora
Lois~eau era de mal carácter.

no lo querí::i. Sola, sí, pero sola con la buena
amü,ta&lt;l de to&lt;los.
Y dijo en tono firme: «.Juan, tienes raz6n. »
.Juan la &lt;lió un abrazo y partió lleno ele valor.
Guando lleg/&gt; á casa de su madre, díjola con
timidez:
--1\fadre, no piensas que haría bien en tomar estado?
La sefiora LoiRseau respondió sobresaltada:
-Tú! ... pero apena" tienes veintiún afio;,!

-

l /--~
ban pensativos, silenciosos, sintiéndose en
plena posesi6n del presente; pero el porvenir,
¡cuán incierto!
J unquilla, dos veces huérfana, no era partido para el hijo único de la anciana sefiora
Loisseau, que disfrutaba de los bienes que son
necesarios para f:er «rico» en una aldt&gt;a. Ella,
J unquilla, se decía en el pueblo r¡ue había sido encargada en la casa de unos jornaleros,
los ~Ia.thurín, quienes la recibieron como á
una bija; la mujer murió cuando la niña tenía apenas doce años. Mathurín entonces pidi6 consejo ú la institutriz del pueblo, porque
Junquilla era su discípula predilecta.
Fina, dulce de carácter, y de espíritu más
franco que el de sus compañeras, era para la
señorita Didier una niña de confianza, y la
institutriz, un poco aislada, se interesaba por
el misterio de esta víctima de algún drama ignorado. Mathurín dijo que, en los primeros
meses, recibía diez luises de oro que guardaba
para dotará la niña, pero ¿qué podría hacer
con esto? Tendría la pequeña casita &lt;l.el jornalero, jardín, y esto era todo.
Junquilla era hermosa; delgada, tierna, esbelta, lo que le había valido su sobrenombre.
¿Qué iba á hacer ii. la ciudad, sin previsi6n,
sin experiencia'? No era mejor prepararle en
su casita una vida tranquila?
La buena institutriz aconsejó ii. Mathurín
que guardara á la niña,que podría servirle admirablemente para el manejo del hogar. Preocupada por su suerte, la enseñ6 todos aquellos
conocimientos útiles y hasta agradables: á jardinear de modo que supiera aprovechar de la
tierrn y ele las estaciones; platicaba con ella, le
daba á leer algunos libros útiles, y hacía que
la acompañara en sus paseos.
De esta manera, J un quilla había llegado ii.
f'er una muchacha instruída, avisada, entendida en multitud de cosa;,, y al mismo tiempo sencilla é ingenua. Acababa de cumplir
dieciséis años cuando ~lathurín, á consecuencia de una jornada fatigosa, cay6 enfermo y
muri6.
Esta vez, la hufrfana se sinti6 profundamente inquieta por su vida; pero la buena señorita Diclier vivía; fortific6 las buenas disposiciones de trabajo que conocía en su desventurada &lt;liscípula,y depositaria del pequeño tesoro que Mathurín le había entregado al morir, lo guardaba piadosamente, tomando muy
poco, lo justamente necesario, para evitar que
Junquilla se creyera en la mendicidad· le bus'
co, queh aceres en la aldea y en las casas
vecinas.
Poco á poco la joven se hizo á la nueva vida.

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Ninguno, ni rn hijo Juan, sobre todo éste. ,·· ~
que conocía muy bien la mano, Rl'Ca como un
nervio enjuto, de f:U madre, se había arriesgado j::imás á resistir. La Junquilla, con su
talle d.ilgado y suave, y su firmeza innata, era
un viyo contraste con 1n. ruda paisana, y Juan,
por instinto, buscaba en ella un refugio.
Junquilla era demasiado prndente pam irá
-Es verdad, pero estoy fuerte, y sería'tan
la casa de la señora Loisseau, cuando vi6 que
feliz en familia ...... 1
,Juan la cortejaba; pero Juan venía :í buscarla,
La Reñora Loisseau hizo un gesto. El pobre
iha á esperarla á la hora &lt;le entrada, la acomchico había soñado un poco de ternura, cosa
pañaba á menudo con cualquier fútil pretexque jamás había encontrarlo sitio en la vida de
to. El, por su parte, se mostraba dulce, reserla paisana. ¿De d6nde venía á Juan este devado, casi tímido, con esta joven en quien, sin
seo de c,vivir en familia"?
explicárselo, encontraba un encanto irresisti-Pues bien, ¿y cuál es la nuera que quieble. Ella lo acogió primero como camarada,
res darme?
rlespués ... palabras muy tiernas se deslizaron
.Juan sinti6 que el momento supremo había
hasta su corazón; y he aquí c6mo, aquel día,
llegado y contest6 en voz baja:
Junquilla subía lentamente por el Rendero del
-Yo quierJ á la Junquilla.
riachuelo cortando flores, en tanto que su amiLa señora Loisseau se levantó violenta.
go .Juan la acariciaba el talle silenciosamente.
-¡ .J unquilla! Esta hija de nadie, que no se
sabe siquiera de cl6nde ha venido, y que no
tiene tres escu&lt;lmi!
Al cabo de un instante, Juan levant6 la caJuan se defendi6 y defen&lt;li6 su idea.
beza con resoluci6n y dijo:
- Pero nosotros tenemos bastante y ella e8
- Mira, Junquilla mía, esto no puede conhacendo8a, tiene granrles virtudls, y eso te lo
tinuar ar,¡í. Después de todo, mi madre ... no
he oído d ecir.
soy su hijo único? ¿Por qué había rle querer
--Sf, para el trabajo: pero para formar una
mi desventura?
familia ...... Pues, hombre, r.o faltaría más que
En el fondo no es mala; voy ii. pedirle que
eso.
nos casemos.
-Pero ......
Junquilla mene6 la cabeza. No se hacía las
-Basta! Ko h::iblemos más &lt;le tal asunto.
mismas ilusiones sobre el carácter de la seño.Juan, desesperado, exclam6:- Está bien,
ra LoisReau. Pero pensaba como Juan: «esto
madre&gt;; entonces prefiero irá la ciudad. No
no puede continuar así". Las gentes del puepuedo permanecer aquí! Sí, me iré, me iré,
blo someían con indulgencia viéndola pasar
repetía el pobre joven comprendiendo que tocon Juan; pero si se podía pensar que no em
do se estrellaría contra esta paisana cabezuda.
para matrimonio, se pensaría mal de ella, y
Juan sali6 para irá contarle á la señorita

boming-o ~• de Septieruh-e de 190~

lo que no osaba decir tí. la Junquilla. Sumadre lo siguió hasta la ciudad, y antes de u11
mes supo el chico que, hijo único de viuda,
pero, según declaración de la madre, inútil
para la casa, lo reelamab:rn para hacer sus
tres años de servicio militar.

***

Había transcurrido más de un año. El carácter de la señora Loisseau se había agriado
má8 y rnás, al grauo de que en el pueblo casi
todos la aborreeian por t,ll dure,m, tanto eomo
.unaban tl la .J unqu11Ja por :su bondad.
Lrn día de plaz,~ en el pueblo, la paisana
vo1,·íú co11 un fuerte tlolur Je ealJeza. Había
epidemia de virnela¡ la señorita l)idier lo supo, y mundo al lloetor, &lt;¡uwn preserituú la vacuna general.
Fué un «::,úh·ese quien pueda». -Xo qucJú
servidor en esta casa conta11111rn&lt;la; solamentt.:
una vieja que no tenía &lt;londe vivir, permanl'ció allí encendiendo el fuego, calentan&lt;lo d
agua, pero incapaz de prestar ningún cuidado.
¿~u1{•J1 a~istiría a la enfl'nm\'t ~o había en todo el pueblo!
La señorita Didier fué en el acto á ver {t la
Junquilla:
-Hija mía, le &lt;lijo, es un deber. Tu vacuna lm sido &lt;le lal mas eficaces; observarás la¡;
reglas de higiene, que eomprenderás tú mejor
que las otras,y podrás cui&lt;lar sin peligro á esta pobre mujer.
-Pero ...... la señora Loisbeau me detesta.
-En cuanto á eso, no tengas temor alguno:
tie11e los ojos en tal e¡;ta&lt;lo que no puede abrirlos, y una liebre que la hace delirar á toda hora, para t¡ue pudiera reconocerte. \' e, no arriesgas nada.
Asegurar que Junquilla entró allí con una
man sed u111 lne perleeUt, i:lena &lt;leci r demasiado;
fué vor deber e hizo :m &lt;leuer. :::iecu n&lt;lú al doctor a uiarnv1Jla, y la i:lefiora, a pesar &lt;lt:: su euad
avanzada, se repuso l1•11tame11te, conservando
idea:; eoniusa:s, pero, eu el fo11do, la u11::;1tut
nrroganeia. :::iu 1,1riuier acto de gratnud, apena::; ::;e s111t1ó lllCJor, fuf motill'al'le la ¡,uerta it
la eufel'luern, pagaudole t-illi:l ::.ervicio:&lt;. Deb¡,uf:.; 1ua;1du a bu:;car una JUUJcr del paí¡;; la.
1u UJer \'lllo ex pre::;ame11te cerca de la. ¡,uena Ít
gritar:
-¡Quiéll! yo Yen irá cuidar ú ei;ta Yit·ja venE¡"nol Diaut1e, 11ue be u1ue1a y que nos deje
Íl todos en paz ...... !
Eutonees corn preudiú que .J unq uilla, resigna&lt;la y trnl\\1u1la, va11a 1wt:;¡ pero disimulo,
hasta que un atayue de ¡,arali:s1s la po:;tró sobre una silla. 1~st:: día la :sirvienta vi no á ;;uplicar huuultle111ente á Juuquílla que fuera;
t)Sta ntciló pnuiero, ¿no :-,errn mejor irse y ol •
vidar·t l'eru pen::;ó t.u~1 u1é11 en Ja pobre vieja.
:;ola.,alm11Jo11a&lt;la, lejostle su hijo, &lt;1ue,t,;in duda, ignoraua el e:-,tatlo de :m_rnadre,.y _accedió.

DE LOS ESTADOS.-Jardín de San Francisco (Guadalajara).

.Juan había e:-:crito ,·arias cart::iR, pero la. Reiiora l:is ocultaba Cl'lo!'amente, ,v renunciaba
ÍI leerlas por 110 dejar que Junqnilla las viese.
Esta, dócil, paseaba á la paralítica, la. acostaba, le administra ha los alimentoi:', y así la Yida tranRcurría.
Una tarde, Juan, sin ser e!'lperado, pas6 la
puerta del jardín; la madre Loif'seau entraba
apoy::ida sobre .Junquilla y le decía:
-Hijn, quiereR darme mi tabaquera?
La. e11fern1a palideci6 y .Junquilla t11mhié11.
-Cómo! ¿Eres tú, Juan'? Y dirigiéndose Ít
.Junqnilla, la dijo:
- lJ ija, puecleH irte-, no te neceHi to _ya; mi
.Junr, me ayudaní.
Pero .Jnan, rúpido:
-l\fndrr rnín, o,; rreía rnúH mala; pueKt11
que podéis andar, me "ºY á ,·cr á mis camarachiF.
Y Haliú, pero f:U mirnda hn.hía dicho ú Junquilln. un mundo ele pen:-amiento:&lt;.
Juan venía lo menos pof:ible á la. cm,a. La
vieja d&lt;-'jaba, que .Junquilla la cuicl11!'le con picda1l, y Habe, Dio,; hasta cuándo hu hiera durado e!üo, si la !nena seJiorita Didier no hubiera intervenido.
l.:n día de invierno Yino Íl ,·er á la Refiorn.
Loi~8e::iu y delantE' de .Junquilla le dijo:
- El doctor tiene ncceHidad ele una pen,ona para cuidar á uno de sus rico¡; clienteR· me
¡,i&lt;le á Jnnquilla, á quien ha apreciado v'iva.mente aquí. Hija mía, e,:pero que aceptaráR.
La paralítica exclam6 con sentimiento:
-Qué! ¿Llevar¡:e á .Junquilla·?
- Es en su interés, señora Loisseau; hay
que dejarla partir ......
Por la noche entr6 .Juan sin decir á su maclre nada. ,Junqnilla se había. marchado clPsde
bacín al~unas horas.
La. ,,i;•ja llamólo:
-~o me has vuelto ú hablar de Junquilla;
¿a&lt;'a~o ·"ª no la amas?
-8eñorn, para que me mauléis otros tres
afio!&lt; ni Tonkín! Muchas gracial-'!
-Oh, no! Es una buena muchacha... y este dottor quiere quitárnosla; nadie rne cn¡'darÍI
como ella ......... Deberías hacerla tu eP-po~a !

***

***

.Junn, sin oír m•&gt;s. Rflliú y corrió como un loco á busc-ar
[t .Juuquílla., ÍI pe;inr dt•l frío
y ele la hora a ,·ai1¿ada. La encontr6 en casa de la. Heñorita
Didier....... .
-Al fin, ,·amos á Sl'r dichosos!
[Trnduccióo de "El Mundo llnstrado."J

TEMPLOS DEL PAIS.-Parroquta de Lagos.

- Ln. hellcza del euerpo humano desarrolla
un fluido magnético que escla1·iza las p('J'so-

nns &lt;le limita.da cultura socinl; pero la hnnda.&lt;l
del almn, con sus brillantes tleRtello's, ilumina
el camino que noH conduce al templo de la
felicidad.
·-Los tontos nos hacen reir; los ,:abios nos
hacen pensar.
-l\Iejor que Pxplotar lo pa:-:a&lt;lo, es rotmar
el &lt;·ampo donde potlrún cultivarRe las ideasd¡,
lo porl'enir.

Quiero ú todo el mu1Hlo,
yo ú nadie deteRto.
¡Si hay· un hombre que me odie en la tierm
tmnbih1 yo lo quiero!
Con mi frente altil'a,
muy cc&gt;rca. del delo,
siempre "ºY por la altura, y no escucho
los odios protervo,;.
Es mi alma un a,·e
de conRtante nielo ...
porque teme al posarse en la tit•rra
mancharse con cieno.
Tengo un numen triste,
soñador y bueno;
tengo un numen qi1e grande en mi carnP
no vi ve en el suelo.
Xo anidan en 111i alma
los odios rastreros,
que en loH puros y nol,leR altare:;
110 vivet1 los ruen'0f:.
Despertar mis iras
es un vano empeño;
eR mi alma mi broquel que rE&gt;chaza
los danloH iHfectos.
:-liga el odio infame
P-U l'llin clamoreo
mientras "ºY por l'I mu1'ido ca ntando,
cantando y riendo.
~Ii patria es el mundo
mi mundo es el cielo. '
::\[is hermanos son todos los hombres
tle todos los pueblos!

José )rl Col/antes.

�EL MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO ll.--NÚM. 11.

MÉXICO, SEPTIEMBRE 14 DE 1902.

Subscripción mensual foránea, $1.50
Idem ldem. en la.capital, ,, 1.25
Oerentet LlJI&amp; Rtl'f&amp; &amp;PINDOLA,

8lrector1 LIC. RArAU Rtn&amp; &amp;PINDOlA,

UNA MALA PARTIDA

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1902, Año 9, Tomo 2, No 10, Septiembre 7</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO ll.--NÚM. 11.

MÉXICO, SEPTIEMBRE 14 DE 1902.

Subscripción mensual foránea, $1.50
Idem ldem. en la.capital, ,, 1.25
Oerentet LlJI&amp; Rtl'f&amp; &amp;PINDOLA,

8lrector1 LIC. RArAU Rtn&amp; &amp;PINDOlA,

UNA MALA PARTIDA

�Domingo 14 de Septiembre de 1902.

LOS CONFETTI.
El primero, decía Voltaire, que comparó á
las mujeres con las flores, fué un poeta; el segundo, un tonto. Parodinnclolo, podríamos
decir: el primero qne discurrió amenizar una
fiesta con confetti, fué un artista; el segnndo,
no merece perdón de Dio!'.
Como vistm;oi-, in&lt;ludablemente que los confetti lo son. Xnda mt1;: pintorei::co que esa JI uvia de partículaR multicolorei::, girm1do y revoloteando cnmo mariposas y simulando insectos pintaclos y jnguetone;:. Cuando la lluvia
de ::igasajo;: se desprende de una altura y cae
sobre una comitirn ti un desfile, parece un arcoiris pulverizado. Esparpajado en la atmósfera es una c::ii::cada de pedrería.
T~do lo esmalta v todo lo decora. Como el
copo de nie\·e, _el con_frtti acaba por fija~·se en
los relic\·es y hneam1entos ele las arquitectura¡.; realzándolas y matizándolas; sabe dibujar
aqt;í una corni;:n, allá un capitel, mns allá un
bajo rr.lieve. Sobre las hojas de los árbo~es,
entre el ramaje, remeda flores; entre los hilos
de las cabelleras ó los pliegues de las faldaFt,
simula pedrería; regado en el pavimento, imita rica tapicería oriental.
De tiempo en tiempo la ráfaga de viento lo
arranca de st1 momentáneo reposo .v lo arremolina en tromba sólo arrebata en enjambres pintados y deslumhradorei,,.
Hasta ahí todo Ya bien y el confetti es un
elemento decorativo, gmcioso, ágil, variado y
delicioso. Pero el confetti, como la flor, tiene
una vida efímera; &lt;lura, como las ro;:as, un::i.
mafüma; como la chiRp::i., brilla un instante y
se extingue luego. :\fomentos después de. haber surgido, revoloteado y girado, y aunantes, el confetti se marchita y se aj::i.; conoce el
polvo y se empaña, toca el fango y se mancha.
El confetti, como l::i. abeja. es vistoso; pero
importuno. Zumba, se insinúa, tiene la fuerza y el avance ele penetración del poh·o; to'.10
lo invade, de todo se ::i.podera, todo lo conquista. . A semejanz::i. del mosquito y de la pulga,
para él no hay intersticio pequefio, ni puerta
cerrada ni lugar inaccesible.
Después de una verbena ó un combate de
flores, hay confetti en todas las soperas; se
les encuentra adheridos á todas las alfombras;
pasan á través de nue;:tros Yestidos ~- llegan á
nuestras ca:-nes; se insinúan en el canal nasal,
en el árbol aéreo, en el concluc:to auditivo, bajo lo¡; párpados, en las víaR lacrimales, y los
encontramos entre las tapas de nuestros libros
favoritos ó de nuei,,tras obr&amp;s de consult::i.. Tres
días clespués estornudamos ó tosemos confetti, y 'durante semanas, nuestros peines, m:iestros cepillos, nuestros implementos todos ele
aseo y ele ui-o común, están impregnados ele
esa ei;pecie de microbio.
Y no es eso lo peor; hay toda una patología «confettil,» si vale l::i. p::i.labra. La conjuntivitis) el exniza, la otifo,, y hasta la neumonfa
v la gastroenteritis y, sobre todo, "la fiebre»
confMtil, se padecen hoy corrientPmente y se
estu&lt;;l.ian con detenimiento en las obras clásicas, «El conffetti como vehículo de todos
los cont::igios», C'S una ohrn que si no se ha escrito¡ debería ef'cribirse y que «revolucionarfa,,
to&lt;la.la medicina y fecundaría tod::i. la clínica.
¿,Cuantas veces, de regreso de la Covarlong::i. ó
elel 14 de Julio, noR sentimos acometidos de
croup ó de viruela sin sospechar siquiera que
1111 confetti insinuado en la gargaut::i. ó que
logró abriri::e paso hast::i. el i-ii-tema circulatorio, nos inoculó tan feo~ mnles.
Sin contar los traumatismo:&lt; que oc::i.siona,
ú mejor dichc:&gt;, que lo hacen ocasionar. Suelen las bolsas de confetti lleYar guijarros, agujas, alfileres y otros instrumentos vulnernntes
que Ron ocm,iona&lt;los á contusiones ó picaduras emponz01i111las como E:! confetti mismo.
Agréguern;e á esto las crisis que ha ocasionado en el servicio doméstico. Al acercarse
una tempornda fecnnd::i. en confettis, las recam::i.reras piden su baja, los camaristas presentan su renunci::i., Jo;: emple::i.dos de la liinpi::i. y los carretoneros de la basura, ;;e declaran en huelg::i. por el exceso de trabajo qne les
o~asiona.

EL 11UNDO ILUSTRADO
Digúmoslo ele un::i. yez: se impone la abolición del confetti. Hay que perseguirlo com_o
á l::i. chinche, que desterrarlo c.01110 al mosquito, que destruirlo como al miérobio. Como las
ilusione:-, deslumbra nh rato, halaga un pun
to y deja tras si molei-tias, penns y trabnjo;:.
Xo vale lo que cuesta y cue,:ta mús en afaneR
póstumos y labores i-uplementariai;,, que en
dinero. Et&lt; riqueza lanza&lt;la al Yiento y origen
de males incontnbles. L::i. supresión del cl,nfetti mejoraría mucho la condición humana.
A esto conte~tan los economistas: el confetti es una industria considerable, que «alimenta» muchos brazos y ocupa rnuchns boca;:.
Centenares de millones de proelucción y otras
tantas ele consumo; una maquinarin. perfeccionada y costosíRima; poblaciones enteras levantadas á la som brn del confelt.i, nada de esto
puede aniquilarse ;;in gra\'e daño del trabajo
y ele la riqueza humanos.
De lo cu::i.l se deduce que el confetti ei::, como la guerra, una industria que nos 11utre
aniquilnn&lt;lonos y que, como el ~Iinotauro, crece y engorda á costa de nuestra i-;angre ó po.r
lo menos á costa de nuestra tranquilidad, de
nuestro reposo, den u estros plac:eres y den uestra i-alud.
Evví vano i confetti !

PREMIO DE AMOR.
Tenía Yeinte años, su p::idre le hal,ía dado
el nombre de Aurora y era la mujer más hella ele toda la rosta del Languedoc. Sus cabellos eran tan obscuros como las zarzas que cercan las viíias. SP cuenta que cuando Aurora
con la falrla corta y suelto el cor,ié, iba á la
playa á recoger sus redes, apenas dejab::i._ marcadas sus huellas sobre la aren::i.: tan ligeros
eran sus pies.
Muchos ga.lanes enamorados perseguían á
Aurora con i-us galanterím, y sus declaraciones
amorosas. L::i. encontraban tan hermosa, que
pernmban que á su costa enriquecerían y harían gmndes cosas.
lin domingo los reunió en la playa y les habló de esta manera:
- Formáis todos Yosotros al rededor de mí
una brillante corona de az3 hares á quienes
quema el Rol de las campiñas vereles donde
trabajáis. Tiempo es ya de que piense en mis
nupcias. Las hijas de esta tierra no son gazmofias como las de J::i. ciudad y no tienen miedo á los hombres. Deseo, en tal virtud, saber
ahora el destino que preferiría para mí cada
uno de vosotros, si le concediese mi mano.

- Yo, dijo Pedro, quii,iera ser rey, mandar
ejércitos numerosos; tú, Aurora, serás la primera en todo el Languedoc, la soberana del
pueblo y de mí mü,mo. Te daré mantos recanrndos de oro, Yestidos de púrpura y de sed::i..
Mandaré .edificar palacios expresamente para ti.
.
-Yo, dijo .Jacobo, no te importunaré con
la curiosidad d e las multitude$; serás la m1,1jer mús rica clel mundo, y yo tu Creso, tu
servidor; podrá,: derramará torrentes opulencia y felicidad. Sólo para. ti, haré abrir cana.les bordados de praderas embalsamadas y de
bosques sonoros, y tus yate,;, como cisnes en
el puerto majestuoso, llegarán hasta el pie de
tu mansión opulenta.
- Yo, dijo Enrique, peeliré A Dios para ti
la inmortalidad. Serás eternamente joven y
bella, mi pensamiento y mi vida estarán siempre en ti.
· •-Yo, dijo Armando, querría tener la lira
de los trov::i.dores que seducían á las castellanas de antaño, y cantar en poesías muy raras
tn belleza y nuesti:o suelo del Languedoc, la
cuna donde sor.reíste por primera vez, tu fren-

Domingo 1.J ele &amp;pliembrr de 1902.

EL MU~DO ILUSTRADO
te de virgen. Cantnré tu nombre, tus ojos llenos de estrella~, tu ho&lt;·a roja como una granada entreabierta, trni ligeroR Yestidos tle campesina y tu corazón de reinn, los campos de Yic!es en donde platicábamos juntoi- de nuestras
rsperanzas. Yo, tu esposo, te hnría así inruorbil y dichosa..
_:_Yo, dijo Luis, con pinceles y coloreR glorificaré tu inrngen. Robre telns tan numero,;as
como las olaR del mar, repetiré tu heller.a, tus
ojof; ne~ros, tus hthioi- sensualeR, tu cuello
moreno, en donde, por la. noclw, dE•scienden
&lt;lei-ata&lt;los tus cabello~, inundados ahora ele
luz. Venderé estoR cuadros, ei-tos pasteles, estas pinturas; gracias á tu imagen, haremos
prontamente fortuna, y Yi virfüi inmortal, adorada por lnr; generaciones que \'engan dPspués
tle no,:otroR.
--Yo, elijo Antonio, querría ser el ei-pejo
en quP, por las mañanas, se reproduee tu ra&lt;Jia nte imap:en con purez::i., corno el sol se mira enYuelto entre gasai- d&lt;' aurora en los flote;;
platea.doR de nuestra mar latina ...... DeFpués,
ctrnndo tú dejes dP exi~tir, yo me romperé, y
Hólo yo, esparci&lt;lo en fragmentos olYidados,
conservaré el recuerdo de tu juventud y de
tus enc::i.ntos.
Otro galún, tímido y ;:encillo, que se ma.ntPnía á cfü,tanci::i. contemplando con htasis la
frente hermosa ele Aurorn, no pensalm en hablar, porque, en su humildad, no tenía la menor esperan1J1.
-¿Y tú, Eduardo? le prrguntó Aurora.
Al oir e$ta \'Oz encantadora, el galán cobró
ánimo y exclamó:
-Yo no quiero riquezas; no ;:ería rey, ni
pintor, n i ei-pejo, ni poeta ni millonario; quiero perm::i.necer tal cual RO.Y, en mi choza, al
hulo de mis ancianos paelres, cerca de nuestro
mar azul, en donde tanto tiempo sus olas me
han mecido como á un hijo, este mar del que
conozco y amo sus tristezas y sus cóleras.
Quiero Yivir siempre en mi honesta condición
de pescador y de labrador, según las estaciones.
Re calló, tuvo un momento de vacilación;
despuPs continuó mirando con resolución el
rostro radiante de Aurora.
-Si tú me quisieseR por marido, serías más
rica en nuestra cabafia que en ef'OR palacios
donde te arrull::i.rán músicas, donde te adulará un pueblo de servidore", porque yo te amaré
con todo mi corazón y con todas mis fuerzas.
Trabajaré mucho para que no padezcas, sobre
todo en tu vejez, y para que en todo el transcurso de tu P.Xistencia no tengas que envidiar
á ninguna de tus compañeras.
Yo seré el que trabaje, y tú serás libre en
tu país, en el nuestro, donde hemos conocido
la dicha y l::i. humildad. Nuestra casa será la
más alegre, la más feliz, la más sonriente de
estas tierras.. ..... ¡Oh! en tanto quenoset.iene
la desgraci::i. de ir á mendigar el pan de puerta en puert::i, tiene uno derecho de contar con
la felicidad, Aurora ..... .
El viento, balanceado en el mar, murmuraha dulcemente. El sol caía en el borde del
horizonte, espléndido como una rosa.
Cuando todos los jóvenes habían hablado,
Aurora Re levantó, v deteniendo su mirada sobre el humilele pescador, hizo conocer su
elección.
- TodoR me amáis, pero Eduardo me ::i.ma
más que todos. El es el único que me quiere
por mí, por lo que valgo, en mi país y en mi
destino. En el carnaval próximo celebraremos
la boda. m poeta recitad sus versos, el pintor mostrará sus cuadros........ nosotros do,;,
Eduardo, elijo ella sonrienilo, pensaremos en
nuestra dicha y en nuestro porYenir.
. Después de lo cual, todos se retiraron á la
aldea, y la brisa dPjú de murmurar.

--

~

~~

-

-

.

--~_!&gt;,_..,..-;:,._ - ~

~

',..____...... ~~~:-

2a ceremonia del día 8 •
eremonia que, ano por m1o, organiza 1::i. Asociación del Colegio :\Jilita,_- como 1~n justo
nenaje á la rnemori::i. de los héroes que combatieron contra la intervención a.men?ª1~ª en
Churuhui-co, :Molino &lt;lel Rey y Ch::i.pultepec, revistió en esta ocasión un luc1m1ento ·
extraordinario. El acto, como es costumbre, se verificó el 8 por la mañana, ante una concurrencia numProsísima,y fué prei,,idido por el primer Magistrado de la República.
Como local, se hizo uso por primera vez de la hermosa plataforma que se construye en el l?os~
que y que se desti1rnr{i exclusivamente para la celebración anual de la significativa ceremoma a
que nos referimos. "C"n amplio toldo, con franjas de .oro y borlas, daba sombra ú l::i. gradería, ·y
prendidos {¡ los tahleros del muro, había festones, escudos ? elrapp1·ías. En lo alto ele lai- pilai-tras se pusieron les retratos de los héroei- niños, )' á la entrada caiiones y otros atributos de g~:?rra que completaban el adorno.
El Sr. Presidente de la República, á quien acompañaban los senores Recret::i.rioP de Estado, Lir.
Don Ignacio Mariscal, Lic. Don .José !Yes Umantour. Gel1ernl Don Bern::i.rdo Re.ves, General
Don :M anuel Gonziílez Cosío, Lic. Don .Justino Fernánclez é Ingeniero Don Leandro Fern!indeZ,)'
los miembros &lt;le su Estado Mayor, se presentó en el bosque á las chez de la mañana, ocupando
el lugar que/se le tenía preparado.
El oficial de la ..\rmacla Xacional, Rr. Enrique Beltrfrn, fué el primero que abordú la tribuna
para pronunciar un magnífico cliscnr;,o que escucharon los concurrentei- con el más vi Yo interéR.
El poeta .JoRé .Juan Tahlacla rrcitú en seguida una. hrrmosa poesía, y el alumno del Colegio, ::\[iguel A . Fortuño, cerró la parte literaria con una a.locuciún que fué tan aplaudida como lo habían
·
sido las &lt;los piezas literarias ante======~==
riorei-.
Lo más notable ele la parte mn;:ical consistió en el himno á los
mártires de Chapultepec, que cantó un grupo de alumnas de la Escuela de Artes y Oficios y que fué
escrito expre;,amente para l,t fiesta. Una salva de aplaui::os premió la buena labor ele los autores
J' de las señoritas que lo entonaron.
Las bandas del Estado Mayor y Zapadores cubrieron los demás número~ del
programa con piezas eRcogidas.
Terminada l::i. ceremonia, se depositaron ante el monumento cons::i.o-rado á los
alumnos del Colegio muertos en defensa de. ln patria, numerosas co~onas. De
éstas, llls que llamaron múi- la atención por su buen gusto
fueron laF siguientes: ele la A~ocü1ci6n del Colegio Militar, del
señor coronel l"rancisco Orla, ministro de Guateniala y de
las Escu~las lndu~trial de. Hué!fa1_1os, Kacional I'repar;toria,
ele Ing&lt;'111eros, &lt;lP Comerc10 y ¡'\ac1onales Primarias.
En el solemne acto estuYieron representados muchos e.-tnblecimientos d e)nstrucción y agrupaciones particulares.

.JORGE BE,\U)fE.
'Frarhtcriún ,;le "'El Mundo Ilustrado,'

/
El señor Presidente y sus Secretarios.

La concurrencia.

�Domingo 14 de Septiembre de 1902.

~t :M:tJNt&gt;O 1LtJST1UbO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 14 de Septiembre de 190i.

cedes Ferrer, ((pasiega;» Blanca Soto, c,asturiana;» Pa~ Pardall, ~manola;)) y Andrés Y Carmen
Jumen, ((catalanes.,&gt; De lo,; grupos regionales, obtuvieron premio el vascona.varro y la rondalla de aragoneses y riojanos.
.
El Tívoli despleg6 toda. su animación cuando los distintos grupos se entre~ron al biule al
ia;on de gaitas y tamboriles. De todos estos bailes, el ((Aurresku» se llev6 la pmnacía por lo pre·
ciso de los movimientos y lo llnmati,·o de i'US figuras. .
. . ,
,
. .
La tarde del lunei,, el señor PresidPnte de la República v1i,1to el T1voli, siendo cortésmente
ltendido por el señor Encargado de X egocios de F,spaiia y yor los miem hros
la Junta de Cuvadonga. El Primer l\Iagistrado penetró al sa!6n &lt;le recepciones, dopde ~e ~Jecutaron alguno11
baileR regionales. l~n seguida toc6 algunas pieza¡.; el ccTerceto Catalan,,, ~1rvil:ndose despué~ un
((lunch,, que ofreció el Reñor Encargado de Negocios con un _brindis lleno de frase_s d? afecto pnra el señor General Díaz y pam nuestro pnís. El seflor Preindente contestó al bl'1nd1s con_ una
pequeña alocución que fué escuchada con vivo interés por todos los concurrentes y estrepitosamente aplaudida,

?e

***

Adorno del Elíseo.

Las Fiestas de la Covadonga en México
ON mayor entusiasmo que en
años anteriores, la Colonia espaf1ola residente en la capital celebró en esta ocasión las tradicionales fiestas de la Covadonga.
A hacer los números del programa más abundantes y variados y á darles inmütado ln:limieuto, contribuyó la circ~mstancia de
haberse dividido en dos agrupaciones distintas el círculo de iberos, tornando una la denominación de ((Junta Espaiiola de Covadong~,,, y otra la de ((Jóvenes
Espaiioles.,, Tanto ésta como
aquélla, no se dieron punto de
reposo en la organización de las
fiestas que iudependientemente
preparaban, y con muchos días
de anticipación estuvieron empeñadas en preparativos y ensa,yos que no:podían menos que influir en
el extraordinario esplendor de las fiestns_ mencionadas.

***
El Tívoli del Elíseo, donde se verificó el concurso de trajes recrionales y la romería dispuesta por la Junta de CoYadonga, presen~ba el
domingo un aspecto Yf'r&lt;laderamente encaiüador. Frente á la puerta
principal, en primer término, se le,·antaron dos graciosas portadas entre las que, simulando un arco, había piezas florales del mPjor
gusto. El retrato &lt;le D. Alfonso XIII ocupaba el centro. Los pilares
y remates de las portadas estaban cubiertos de musgo y flores en su
totalidad, y en las callecillas del parque, sujetos á los troncos, había
haces de banderas, coronas y escudos que formaban maravilloso contraste.
A las diazde la mañana el Th·oli estaha lleno d e numerosísima concurrencia.

Concurso de bicicletas adornadas.

Ansiosos de Yer los trajes regionales, los concurrentes se acrrupaban
en los amplios salones que se habían improvirndo al efecto~ Muchos
fueron los eRpaiioles
quevestíaná la usanza de las dii,tinías
provincias de la Península, contándose
entre ellos damas y
chiquitines que
Yaban ropas costosísimas.! Los vasconavarros, con su vistosa indumentaria,
llamaron altamente
la atenci6n, aHÍ como los jóvenes, sefioritas y nifios que
romponían la rondalla de aragoneses
y riojanos.
Los primeros ejecutaroH en un local
dispuesto con ve nientementeladanzn
"Aurresku," y los segunclos, bailes y piezas musicales que les
conquistaron ¡bravos! y aplausos.
1 El Jurado calificador, compuei,to de
PETIT VERSAILLES,-España y México.
los Sres. Telesíoro
García, Quintín Gutiérrez, l\Iig1;1el Llanos, L~ssé y A.m pudia, distribuyó los premioR acordados, consistentes en obJetos de arte, en su mayoría. La niña Nieves
Soto fué la que primero recibió su recompensa: llevaba un hermoso
t1:~je de salamanquina, de ra~o y seda y bordado con lentejuela. El
mno Juan Galleg_o~, que vest!~ de an~aluz, Y, Elena Noriega, de manola, recibieron tam bien premio. Ha bia otros muchos rhicuelos artísticamente vestidos, y de los cuales citaremos á l\Ier-

lle-

Xotn r,;aliente (le
lns fiestas del domingo fueron el desfile de hicic l et a s
adornadas que organizó la .Junta d&lt;•
Covaclonga, y la cnbalgata que clispu1&lt;0
la de «.Jóvenes Ei,;pañoles.,; Los ciclistas partieron tl e 1
San Bernardo.
frente de Palacio¡ ,ara el Elíseo llevanclo sus máquinas primorosamente adornadas. El ,Jurado otorgó el premio al «Club Mercurio,,, entregando í1 su president.
un eRtan&lt;larte de raso blanco. Hnho. a.clPmá«, otra8 recompensa!' lJU se distribuyeron entre aquello,-; que más
se habían ,fü,tii1guido por el adorno &lt;le
sus máquinas.
La. cabalgata salió &lt;le la plazuela ele
San J rnm en el orden siguiente:
Descubierta por el
club cicliRta To\'ar.
ün trono que oc11paha la Sri ta. Ele--

Aragoneses y riojanos.

na. Fern(mdez. Individuos
de la guardia amarilla. Heraldos montados. Varios andaluces á caballo y un coche que reprcscntalm esa región española. Dentro iban
luciendo In clfüiica mantilla. las Rritas. Dolores
Téllez y Lucrecia Arenal, acompañadlls tle Doña
Carmen González de Téllez y Doña Josefa González. Era un cuaclro de gran efecto.
De las señoritas que ocupaban los carruajes representando diversas regiones espaiiolas, llamaron la atención por lo bien acabado de sus trajes, Laura Ruso y Dolores Ranta 1faría, c,asturianai,;,, María López, :María Luisa Tresarrieu {,
La jota.
Isabel Zúñiga, «madrileñas;» Adela y Juana Curc•t, «murcianas¡,, Ernestina Arthenack, ((gallega¡,, Sofía Garro, Asunci{m, Ana y Josefina i::,aenz. «altleanas.,, Los demíts carruajes fueron ocupa&lt;los por otras señoritas que vestían igualmente traje~ regionales. En
uno de los últimos iban Rosa Carri6 y Josefa Xavarro, representando
{1 España y Jiéxiro.

** *

Los vasconavarros.

la para el servicio religioso, 1u cía un adorno floral de buen gusto.
templos numeroc;a y escogida.

La parte religiMa
de las fiestas fué d1·
io más suntuoso, ~obresaliendo en rsplendor la función
organizada por la
.Junta de Covadong11
y que se verificó el
lunes por la mnñnna en Santo Domingo. San Bernardo,
templo escogido por
laJu ventud EspañoLa concurrencia fué en ambos

Durante todo el lunes los Tí vol is se vieron invadidos por multitud de visitantes. En el Elíseo pasaron de doce mil las invitaciones recogidas á la entrada, y e11 el Petit Versailles donde la Juventud Española celebró su romerí&lt;t, difícilmente se encontraban asientos de;ocupados. Por la tarde huho carreras en bicicleta y batallas de conf etti.
Estas fueron, e!1 resumen, las fiestas organizadas. por los españoles en el vresentc afio, para
conmemorar el trmnfo de la Covadonga. De la corr1 ua de toros dada el domingo por la tarde
y del baile ccblanco y negro,» hablarnos en otro lugar.
'
Sin temor &lt;le incurrir en una inexactitud, puede asegurarse que el lucimiento qne en esta
vez revistió la Covadonga, super6 á todo lo que se esperabu. La animación más franca y el entusiasmo más grande, reinaban en dondequiera que un grupo de iberos se había reunido para honrar á la patria y enaltecerla.
Un grupo de ciclistas,

l-a cabal9ata en B11careli,

Santo Domingo.

�Domingo 14 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingn 14 de Septiembre de 190'¿.

Mater Saeva Cupidinum.
Venus,· que en Chipre reinas, de Cinara
Haz tú que el duro pecho en blanda cera
Para mi bien se torne, ú que esta hoguera
Se extinga do en amores me abrasara.

€1 baile en el J&gt;rinclDal

Con vivo césped el altar prepam,
Esch.vó; torna ya la primavera;
Pon aquí incieui-o y vino; la corllera
De rojo tiña con su sangre el ara.

La nota salient,, de los fe-tl:'jos dl' Con,donga fué l:'l baile ,Je blanco y tH'¡.(l'O efectuado la
noche del rnart&lt;·s Pn el Printi¡,al.
]i_;l adorno del ,·iejo colüwo l'!'tu,·o encomendado al :-ir. .Jane y resultó n•rua&lt;leramcnte
hermoso. La faehada ,;e decorÍ&gt; ron guías de
heno, y los medios puntos de lm; puertas se cubrieron con «paneaux» de rosas blnncas y amarillas; de los halcones del edificio pendían
banderas cspafiolai;, luciendo en el centro el

Y o habré de hacer, en tu loor, ca&lt;la año
'L'n sacrificio igual¡ y la primicia
Tendrás tú de mis campo,;, las mejores
Ovejas te da.ré de mi rebaño¡
~fas Yence su ri~or; séme propicia,
¡Oh Yenus, madre cruel de los amorrR!

En el ,·estíbnlo, tapizado con una alfomhrn
hlnnra, f'e colocaron espejo,; de marcos dorados y columnntn::- de alabastro que sostenían
jarrones con planta¡;; ele 01·n:1to.
Las puertns interiores y lo,- barandales ele
las escaleras Iu cían tamliién un adorno artístico, coni-istcnte en cortinajes &lt;le SP&lt;la, guirnaldas y mn:::go. Innumerables foco.➔ de luz
daban al ,·estíbulo una elariuad meridiana.
En rna.nto al s.1lón, el a;:pecto que pnisentaha era de lo m(u, lliunatirn. A la entrada se
pusieron gramle8 espt-jos y bronces adornados
con tlorefl exquisitas. En las columnatas de
las platea¡; había "paneauxn de rosas, y los bara.ml:iles lle los palcos primeros y segundos y

La fachada del teatro.

"paneauxn &lt;le musgo y flores. Del roset6n del
centro pendían bambalinas blancas, que remataban en los cornisamientos de la galería,
entre guías de heno y margarita,-.
Lo que mús llamó la atención fué el derorado del foro.que se convirti6 en una mezquita. árnhe. Las puerta.!'\ del fondo y las laterales lucían en sus medios puntos hilera!:' de focos incandescentes, y en el techo, cubierto por
un manto de seda, se Yeía un gran rosetón
formado con luces y un escudo de las arruas
es¡ 1aiiolas.
A la &lt;lerecha del foro se inst.al6 el tocador,
destinándose para la orquesta el anfiteatro.

PRIAPO.
En las báquicas fieHtas, Priapo un &lt;lía
De una ninfa prendúse; clesdf-iiosa,
Ella burló la súplica amorosa,
Y él redobló con ansia su porfía.

Al antro do la ninfa se escondía
Príapo entró con marcha cautelosa,
Y ante él vi6 un cuerpo de alabastro y rosa
Que desnudo en el césped se extendía.

***
Inclínase y la besa¡ y Íl su seno
Iba al punto á estrecharla, cuando oyó,-e
Un rebuzno del asno de Sileno.
La ninfa de su sueño despertóse,
Y al verá Priapo de lujuria lleno,
:·faltó y al bosque alígera escapóse.

FAUNALIA.
r-;-=-=-=-=--...::----,-,,...-....-.;.;;.;;~::::.:::-;;;:::;;:.;~;:;:::;::;;.;_::~

.

El sa16n de baile.

Vuelve ¡oh Fauno! al Lucrétil; por los prados
Ya el coro de las Ninfas se pasea;
Ven, recorre mis campos y que sea
Tu retorno propicio á mis ganados.

escudo de armas de la nación lbern, y multitud de lienzos de los colores mexicanos.

de la galería, estaban cubiertos con vistosas
colgaduras de seda blanca, festones de heno y

La concurrencia fné numerosa y el estusia.smo no llegó á decaer un solo momento.
Las damas 1ucieron vistosos y ricos trajes blancos y negros, conforme á la orden de la fiesta.
Había. algunos de confección verdaderamente
artística.
El combate de flores que se entabl6 á la media noche, estuvo animadísimo, haeiéndose
general á los palcos y las galerías.
A las tres y media de la mañana termrnó el
baile, dejando entre los invitados gratos recuerdos.

Alzan, en honor tuyo, en los collados
Altares los pastores de la aldea¡
Y en los. altares el incienso humea,
Ya á recibir las hostias preparados.

Errantes vagan 11.l azar las greyes,
Van ociosos en roQda los pastores,
Del aprisco 11.l calor ,·ense los bueyes
Luciendo todos en los cuernos flores,
Y al son del caramillo melodioso
Baila en el campo el labrador dichoso.

El pórtico.

Decorado del fondo,

�BELLAS A RTES.

Compoaici6n alegórica de Paul de Qu1nsao,

�Domingo 14 de Septiembre de 1902.

ASCB:NSOS B:N RL B:JERCITO

Jlnfigua usanza Española.

NUEVOS GENERALES

LOS TOROS DEL DOMINGO

m i-eñor PrcRid¡•1tte de la Repúblira acaha
de acordar se expirlJl nombramiento &lt;le generales de brigadr, efectivos :1 los ~l'ñores Brigaclierei-; .José ~laría l'(,n•z y .Juan \'illc&gt;O'as v de
Brigadier al :-;eflor coronel :.\Tanuel Pl;ta.' .
El (ha\. Pére1. empc&gt;zó su carrera como soldnd~ 1:aso en l SGS. ingr&lt;·sa.Hlo después al Co\pgio
::\l 1htar, en donde la krrniuó par.1 salir en ca-

.r

d
conjunto lleno de novedad v &lt;le lujo;
nos y cuadrillas &lt;le l.il m ores, un . &lt;l d
e tro público ,, alguno1-1
por la suerte del «reJoneo•, no conoc1 a e n~ s
' •
otr JS detalles. l
d
l desfile suntuoso que hizo desbordar la
Así fué el on en e aque
,
·
11\egría general:
. .
monturas v trajes época del ,.i.
Üescubierta tle alguac1hlloe, con i,us
J
glcT~~·t1~1~&lt;lós enflomtlos, en c¡ue las reinas hacían su entrada triunfal.

r

El l!l'ñor coronel Plata es hijo también del
Colegio ::IIilitar. Sirvió en la Plana Mayor Facultativa de Ingenieros hasta obtener el grado
de mayor, pasando á la caballería permanente en 1S86 como teniente coronel. Posteriormente ha sPrvido empleos ele importancia y
de~empct1aclo distintas comisiones con acierto. En la actualidad es jefe del Departamento
de Ingenieros 1\e la :--ecretatfa de t;nerra.
Por veinticiuco años &lt;le ~en·icios le ha si1\n
conferida la cruz y placa &lt;le Constancia de (Prcem clai-e.

LOS BATELES DE LAS TULLERÍAS

l~scolt~s tle \&gt;~jes y macert\ 1t los «caballerns en plaza• en sus resA. co11tmuac1~n se l&gt;res.en .ai _.
· .
¡ 8 de ni uaciJe,; ¡¡eguidos
sus pad11nlo!-I, precle( !e o le 1J·r1·tl" los caballo!!
l &gt;ect1,•os carruaJes,con
•d
¡ ¡ 1 • e 111 e · cum uc·um &lt; .. u •• · '
·
de sus s~n·1 or~,;, los.( e.º~ c:iballos con j11eces ricos y &lt;leslumhrantes.
&lt;1ui,~e~\~i~n::t~~~1;:~r~~:e;~~:edondel Ja,- cm\llrilla,; con sus trompetero!,!

y

Hacia el fo1Hlead¡•rn &lt;le lus Tullerias, un harc¡ uillo Ilota al acaso. Tan pronto, lanzado por
una brisa lo&lt;'a, hincha sus vela~, ~e indina y
a,•anza dejan&lt;lo tras &lt;le sí un clébil surco¡ tan
pronto el viento se calnui y detiéne~c entonc•ps
inmúvil, flotatl(IO inciertas sus velas como
las alas de una are l!Ul' procura ocult..rse inútilmente. Mas &lt;le improvüm, un i-o¡,lo de la
brisa intla. el ,·elnmen, &lt;'tt.hc("ea el harco dulcemente Y bala11cean1lo Robre las minÍtsl'ulms olas
de esa ·capa de ngua que el vi(•nto riza apenas,
march:1 ~ra,·e y orgullo,-o. como un inmenso
huque :-;obre el mar.

y ~mboriler~~ í~í:[~:~l~.I entu~iasmo de la concurrencia ú la hora del
• o reconocw
' ~ • e uiso d·u á f:ote el aspecto de los que se han
1
1
~
1/gr~~t~es f1estas.~e r~al carácter, direm_?s algo so1
bre el ptwticuhu·, con auxilio de hi lrn;torut ..

~~;! :i/,!~;~;~~ ~~

***

F1 &gt;rinci )al üistinti,·o de Ia8 funciones 1·eale:o de toros, .e~ el de la
" 1t · , l l ¡ s c·ihallero!-1» en el coso pues no hay noticia d¡, q ue
prcsen acwn &lt; e O " ' '
•
•
' •
l , t
Tanto es a~í
"e ha "lll ,·elebrado aquéllas sin la. mnstencia le l·s º"· ,
, . ... '
·
')' ¡ · t"
¡ c·iballeros y gente principal no teman mm; s1t10
que en o an .1gulo ti&lt;?s .,'. '
ei coso ó redondel donde permnn&lt;'cÍan Íl
¡nr-1 prcsencmr a ei-i.J.t que
·
'
1
1 ·
c~h'.1110 tomando ú no parte en la lidia, pl'ro sin ocupar o,; nl1H a~rnl0!,1
' lcone~
'
á las 1wrsonai: rea es,¡ a ni;
v• b·i
que su, ¡o q•ted·i'·an
, u, destinados
·
~lai:ias \' ;,iflo,;. Lu&lt;'go que los cahall.eros ~(·ababan de al~ncear .?~. to:
ros y en ¡0 " ticmp9 s moderno,- ?e reJonear,os, dt~ocu¡!ab,~n ei u~co {
la ¡ilebe pam de:-3arrettu· otras re:-;es. \a en e iu o&lt; e
(.,1 'éi &lt;¡ued•tba
'
l ¡']..:,, los ' rnmle1::
y senorcs
&lt;¡ e l a coi•te t l e.I re.'• D . Feli pe ·ocuparon
. .
• es.
.
¡
v
u~lo
s«¡&gt;resentaron
en
la
arena
hnlalgo~
y
cahalle1m;
que,~p,1•
t r,11 os, .,l · ·
,.
·
·¡¡
honor dp u;ta
drinados por la real per:oona, queuraron reJunc1 os e1~
',.; ,
mereciendo el nomhrnmi(•tlto de cahaller.iz?s¡ t, lo m1s111c! ~u~eu~o. en
1,6.:, con lo;; caballeros que tomai;on p~rt1c1pac1011 en las hesta~, cuando las hodas de Carlos IY y :\lana Luisa.
. .
. .
.
,\.ntiguamentP, pam alancpar y rejouear en~ reqms1w 11~d1spensal,l~
· st•r hi,ial"o, cuarnlo numos de noblem reco.nt_&gt;c1da, y de_aln_ e! ~~0~1~,rc
de cal,all~rm;¡ y si bien luego nos~ han er1g1&lt;lo pergnnunos _)MI,\ .'.ic.r,editar el li,rnjc tiiernpr" se han elegido &lt;le entre ~os que por HU po1,n~1t 1
,. c\al, carrer; militar ó sen·icios públicos an~eno~ei-, se \e;; ha cons1&lt; e0
nulo digno,; de representar á los grandes de Espnna.
.
~mhnllo el tiempo se democratiz.6 un tanto la suerte de reJ?near,
ej¡cu¿ndola inclividu'os &lt;le regular condición con el apoyo y padrrnazgo
lle los ayuntamientrn;.
•
f
· ·t ¡
Ultimamente en la fiest..'1. del rey .\.lfonso XIII, ueron rn,·1 a.&lt; os ca.balleros portug~eses para rejonear, y así se ha hecho en com&lt;~:1s de
mucha nwuos solemnidad, como son las am!alei; de .heneficenc1,t, lo
ue quiere d(•cir que en Espaf1~_no tiene ya nda propm la su;rt~ que.
; 0 r primera vez quizá, pre1:-e1.1c10 una gran part_:e d~ n,u~stro publico. _.
1 ~o ha sido nue:otro propósito liacer una, rcsena Jm;tor1c1~ 1le la,- coruclas reales, ni mucho menos. Sirvan tan. so.lo estas cort~s lmeas de com plemento á ¡0 y_ue ha dicho la pre~sa &lt;luma sobre la fie,-ta &lt;•n que lucieron su arrojo y su apostura aficionados «pur Rang».

Sr. Brigadier José María Pérez.

el barco salta alo~ado, se oculta, mécese en
medio (le furiosas olas! ¡ Derin1, se acerca, va
ú perecer! ¡Ahora, mis valientes marineros!
¡Pronto todo:-; ¡.;obre el puente!
¡:\Iira&lt;l, mirad cómo se dispersan en todos
s&lt;•ntidos córno corren por todas partes donde
hay peli~ro! ¡Y el capit~m, con su ~ran traj&lt;•
de rojos ribetes, los re,·ulYers al cmto y su
portavoz en la mano, qué henno~o, qué digno! ¡Y el viejo piloto, con su gruesa casaca
oh:,;cura y 8U gorro de piclc:; grises hundido
hasta los ojos, qué sereno, qué majestuoso!
¡Bravo! i bien por mis valiente."! !Un esfuerzo mfü; v nos hahremos sah·aclo!
Y t&gt;foctimmente: se ha virado :, bordo r el
lnH[Ut•, voltearnln su ¡,roa en plt&gt;no mar, 1Írnrd111, uoiando ,-ohrc oleadas lwrml'ja~, á lns
c11ran1adas orillas del Pab d&lt;• los ~ueiws.
¿.\'eis, 11.llá, en e,-as nuhes de púrpura y de oro,
tierra cuyos clentellone,- capricho,-os de,-lu111hran como las joyas"? De una parte, l:u;
mnripo$as de mil L·olores y lo:,; ¡,újaros mnrnYi liosos revolotean en tomo del barco; de otra,
en 111" tmsparcnte,- profumlida,lcs tlel aliismo,
aparecen del fondo del 111ar los contle,-, las
e,-,trella:,; y las llore::: riril'nt&lt;·!&lt;. Dl· pronto s¡•
pl'rcibc ú la orilla una pimgua ele ~alvajes¡
distiende sus velas de junco y se dirige, rápida, á nosotros.
El dento ~opla rle rep('ntc y el batPI :-e dctienr por un mo111e11to, gira sobre 8Í tllif&lt;mo,
liínchatbt• otra Yez sus Yela,-, ,·acila \' se dispone ú un nucrn Yiaje; y la escena e,imbia toda da, y camhia ~iem¡,re ..... .
¡:--ueña, suefü\ aún, &lt;¡tll'rido niño! Cn día,
cu1111do ~PHR viPjo, cuan&lt;lo Ja¡.; penas hayan
surrn&lt;lo tu fr&lt;'nte y emblanquecido tus cabello~. te detenclríis pt•nsatirn Íl orilla:., ele es&lt;•
foudeadcro que tt• lrnrú r&lt;'cordar las hora¡; fr.
lires de l:i infatwia ¡ y 1nientras otros niños
comienzan en este mil"tnO lugnr, con otro;; b11.r&lt;¡Uil'huelos, un viaje imaginario t·orno el qlll'
has hecho hoy, no ,·erú,; ya en ello::-, ahantlonndos sin brújula en medio del oceáno sin

""ª

lidad de teniente de lti Plana )favor Faculta

tivl\ de Artillería, cuerpo en c¡ue· ha obtenido
todos sus a~censo:; por rigurosa escala.
Entre otros cargos y emplern, de importan•
cia, ha clc:&lt;em¡,eflado los de director &lt;le la Fundición de .\rtillcría, jefe del primer 1,atallón
&lt;le Artilleros, llircctor de la l❖-icuela ele Aplicación )lilitar y, actualmente, el de jefe del
Departamento del Cuerpo Especial de Estarlo
~layor en la Secretaría de Guerra.
Por último, el set1or general Pérez ha publicado varia~ obras sobre artillería, y ha sido
catedrático del Colegio ::\Iilitar; tiene la ~ruz
de Constancia de tercera cla~c y la cruz y placa de Constancia de stgunda, que correspondm respectivamente :1 veinticinco y treint1i
años de :-;crvicio,-. El gobierno en distintas
épocn:-; le ha encomendado importantes comisionE&gt;,- científü·a", y ha('e poco fué condecorado por la l{epública francesa, con la cruz de
Comeu&lt;lador &lt;le la. Legión de Honor.

***

En cuanto al señor general \'illegas, comenzú :;u carrera en Hi69, como alumno del Colegio ::\Iilitar; en 187,:, ingresó á la Pinna ::\fayor
F11cult:ltim dé Ingenieros y en ella obtuvo todo~ sus a~censo,; hasta el de general. Ha servido en In Plana :.\lnyor l•'acultati,·a de Ingenieros, en el lmtnlló11 de Zapadores y en el
Colegio antes 111encionado, donde desempeñó
con gran acierto el difícil cargo de director,
pasando después á ocu¡,ar el ele jefe del Departamento &lt;le Artillería en la 8ecrctaría &lt;le
Guerra.
Entre las distint&lt;ts comisiones y trabajos
que se le han cncomendado,se cuentan la formación v delinenmiento ele la Carta de la República )' el estudio ele dcfemm de 111 población de Paso llcl Xorte ,. el:it:thlecimiento de
una fortiticación pernuu;ente.
lliw el proyecto y dirigió las obras del actunl Colegio :\[ilitar de Chapultepec, y ha formado parte del Congreso de la Unión como
diputado por el distrito de Otumba, del Estado &lt;le )léxico. Las co11dccoracio11es que se le
· han conferido :,;on las cruces de tercera y segunda clase y la placa respectiva.

L as reinas en el palco.

8TAS españolas sin toros, habría siun &lt;lc¡-acato.
Por esto la junt:i patriótica de Covadonga entre lo mucho organizado pam celebrar c~n :ilborozo el aniversario ele! triunfo de
Pelayo, dió la preferencia ~1 cspectú.cnlo qu~
se registrú m la J!h~za 11:\l~x1con, q~er1e~.do ~~í
elaborar una re1rn~iscE'lH'IU de la ccle~rc cor11da que sPefectnú E'll )Indri&lt;l &lt;'º!1 mott,·o ele la
coronacií,n de :--. :\I. Alfon:,.o XIII.
..
Tanta activi(hul derrocharon las com1s101wR
,. tanto se ,lijo del espectlll'ulo., c¡ue éste 1'11
~·erclarl re:-;ultó luci,lo por el bn!laute :~do~no
&lt;le la pla1.a, por la hermos~ira d&lt;! las se11ont..:s
reinas, ata.dadas con la mro~a blanca mantilla (le la «manola», que aprisionaban haces espléndiclos de gayas flore~¡ por h algarnbí.a de
la jubilo~a concurrencia en palcos y ~end1&lt;los,
por el aparatoso desfile de e::;colt..'ls r.:ales, c3:rruajes enflorados, caballeros eu plaza, padn-

Domingo H d•· S.·ptiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

...

•

Sr. Brigadier Juan Villegas.

Xo tiene brújula ni timón; i-;Jbre el puente.
en In arholndura, ningún marinero v en ese
li~tón multicoloro que le sirve dd 1·1abell(m,
mnguna &lt;le las naciones del globo er.contrnrín
su escarapela. f-u puwte es rojo y su ca~co
verde: la arboladura v suH avíos no son más
que simulacros infantiles hecho~ de fragmentos de hilo y viguetas ·de madera ... Y no obstante, i,;ohre e~ta nave imaginario, hay más vida, más e!&lt;pernnza, mús porvenir, más riqueza que sobre el más poderoso galeón de la
Compañía de lns Indias, porque tiene para
conducirlo un capitán &lt;1ue se llama Fantasía,
y para maniobrarlo, la tripulacií,n maravillo~a
de los suefios &lt;le la infancia.
•
¿.\'eis allá abajo, al lado opuesto clcl fondead_ero, e;;e hen~1oso niño que, baja la cabeza, sigue con ardiente y sofladora mirada las
evoluciones del bntclillo? .\.llí estú el poema·
allí la imaginación y la gracia gozan á trav&lt;&lt;
ele los hueles blondos de la cal,ecita juvenil
haciendo surgir frente por frente los mil inci~
dentes de un viaje fantústico c¡ue comienza
siempre y no ll'rmina jnm{1s.
Y poco á poco, á la luz feérica de la ima,rinación, esa miniatura Ya á convertir~e en océano. Se adivinan 11hüm10s prnfundos, poblados de monstruos de todas formas; l'sa orla
de piedm, e,; una costa ei;carpada doncle los
peíiascos dirigen SU\ aristas ¡,ara desgarrar los
flancos del navío, donde !ns tribus salrnjes
esperan dc,-de lo alto ele lns rocas Jo,; naufragim; que prc!mete hi próxima trmpestad.
¡Ah, el nento se eleva, ln mar se hincha,

Sr. Coronel Manuel Plata.

orilla, más que la imagen de un pobre corazón
desamparado que se abate {t merced de lascorrientes y de las te111pcstadei-.-E. )IorTox.

INVIE:S.BO
Los copos como alondras virginales
crisántemos heraldos de elegancia,
'
retornan á la Italia. y ú la Francia
cunl perPgrinoK t(·mimnos glaciales.
Hay humo en el hogar; sus e:-pirales
recorren voluptuosos por la e~t:mcin
y embriagan con su aliento ch• fragdneia
lo!-! nardos en lo:; va~os de cristales.
l'na dama elegante como un lirio
pálida trh,temente como un cirio
'
hace la lli~ección de su:- arnon•s·'
Sollozan en u~ piano los allegros;
y surge ~e ~us OJ0::1, que son 1wgro~,
una lluvia ideal de azules flores.

,JuA.., UuERRA Xc;5lF.z.

�Domingo 14 de Septiembre de 1902

lnL M:UNbO 11,tJSfRAn0

- r

T7i2

EL ~fUN'DO ILUSTRA DO

rCos '8onsejos 6e un lla6re.
Toda grnntl&lt;'7.::t ncaha: las montañas c;e clesnrnrnnim v hec:ha,- polvo, van al fomlo del
mar-101-1 ii'npt:rio,; se derrihnn,y hechos pedazos,
vnn 'al fondo de la hiE-toriit; la~ glorias se apa•
gan v npenns dejan chispas en las lejanías de
lo ¡;a~ado; el sol se apagará también, todo es
cuestión de tiempo, y no dejnrií. más que una
osamenta frí1i rodando por el espacio.
¡Qué mucho que «el le6n,,, el rey ele las selvas, a~onimrn en el hueco de su caverna!
Fué poderoso; le lleg6 su hora y empezaron
las boqueadas de su agonía.
A su lado eRtaha su hijo. el «nuevo le6n",
el príncipe heredero de lo,; bosques, el rey futuro de todos los animales.
El monarca moribundo, y más que el monarca el padre, le cla,ba penosamente el último
consejo el más importante:
-Ht;ye del hombre-ledecía,-huyesiempre; no pretendas luchar con él.' ,
.
Eres seíior absoluto &lt;le los demas n111malei:,
no les temas¡ domínalos, castígalos, devóralos
i;i tienes hambre.
Con todos puC'dl'S luchar, ít to,los puede!'!

,

vencer· pero no pretendas luchar con el hombre: te' ~11.ría muerte y sin piedad, porque es
cruel más cruel que nosotros.
-¿Tan fuerte es el hombre?-preguntó el
hijo.
-No e1· fuerte, no-replic6 el padre.-Y
continuó diciendo:-De un latigazo de tu cola, Je podrías lanzar por los aires como al más
miserable animalejo.
-¿Sus dientes, sus colmillos, son poderosos?
... Son despreciables y ridículos: valen m€no1S que los de un ratoncillo.
.
-¿Sus uñas son tan potentes como mis zarpas?
-Son mezquinas, ruines y á veces_las lleva
sucias; no, por las zarpas no consegmría vencerte.
- ¿Ten&lt;lrá melenas como estas que nosotros sacudimos orgullosos?
-No las tiene, y algunos son calvos.
Aquí el león moribundo abrió enormemente la espantosa boca: ó fué que quiso reir y no
pudo, ó fué que empezaba el ~stertor.
.
-Y las hembras de ese ammal ¿son temibles?
El leonazo hizo un movimiento corno para
levantarse· pero no pudo y se quedó pensativo entorn'ando los ojos y respirando penosam~nte con el hipo de la agonía.
Hizo un esfuerzo y dijo al fin:-La hembra
del hombre ¡es una real hembra!; pero es más
temible que el macho.
-¡,Es mucha su fortaleza?
-Parece que no; pero es grande.
-¿Y tiene uñas, colmillos y dientes?
- - ¡Vaya si tiene colmillos y uñas!
-¿Y melena?
-¡Ah! ¡Hermosísima! Y el le6n lanzó el
último rugido.
Después sólo pronunció esta:s palabras:
-Mi consejo, mi último consejo: no luches
con el hombre .. .. ..... huye......... huye tlel
hombre......... y sobre todo de la mujer.
Abri6ln. bocaza; quiso tragar~ire;r!o pudo¡
se estremeció su cuerpo; doblo maJestuosamente la cabeza y murió el león padre.
Empezó el reinado del león hijo.
Cuando éste comprendió que su padre había muerto, no lloró, porque los leones no lloran· pero se tendió junto á él, acercó su cabeza ~norme á la enorme cabeza del león difunto,
y así se quedó un rato. Los dos hocicos se

unieron: el ardiente y el hP-lado. Las dos me•
lenas :-;e 111e1.claron, couw si doR llorones de
ce111cnterio i:e enredasen, ú dos agunceros de
lágrimas se confundieran en uno imlo.
Al fin el hijo se levantó, !"acudió rola y mPlenas y rugió; yn. no queclnba mí\s que un
león: el león era él.
Salió de la caverna; á zarpazos hizo rodar
unos cuantos pedrusco~, hnsb rt&gt;nar e o mple-

tan de~preciable, tan ;-.~n,lrndo, tan ridículo!
¡ Un ser que Re parece al borrico por el entendimiento, á la serpiente por lo rastrero r venenoso, al mono por la figura, y á quien el
zorro le come las gallinas! ¡A él! ¡A él!-rugió el le6n cou poderosos rugidos.
Otro animal le cerró el pasó; le dei:nfió valiente; le la&lt;lr6 furioso.
-!\o hahles mal del hombre, animal, bárbaro y salYaje. El hombre es bueno, es nohle, es llli cornpaíiero; parte coll.IDigo RU pan,
duermo ú los pies de su cama. Si le ofendes,
me ofendeR á mí; si luchas con él, lucharé á
sn lado; mi cuerpo será ti-cudo que pare tus
r.arpazo~.
-Eres rnliente, dijo el león.-Quien cuenta con tan buen amigo, algo bueno tendrá.
-El hombre no tiene nada bueno. como
no sean sus· gallineros, refunfutió el zÓno.
Pero un águila real llegó desde un picacho
y tomó parte en la disensión.
-Calla, animalejo ruin; el hombre es un
animal de cuenta; lo digo yo, que miro las
cor,;as desde muy arriba.
-Lo dices y lo defiendes porque te adula,
poniéndote por gala y vanidad en su? escudos
de piedra.
-Lo digo porque lo sé, y porque un día
me lo reveló J ove en confianzn..
El león levantó la cabeza y preguntó:
-¿El hombre vuela como tú?
--El no vuela; pero en su cabeza, como en
jaula misteriosa, lleva un ave que vuela más
que yo y que sube más alto.
-¿.Cómo se llama?
-El pemamiento.
- Ko le conozco.
-Tampoco yo.
El león se quedó pensativo. ¿Qué sería el
hombre'? Los borricos hablaban de él con desprecio, las serpientes con envidia, los zorros
con burla, loR monos le imitaban; pero el perro le defendía y el águila le respetaba, y su

-Sigue este valle, salva esa montaña y &lt;]llizá lo encuentres al otro iado.
El león solt6 ..1 borrico y siguió i:u ca~ino.
De pronto 11Jgo se le en:E&gt;d6 á una J:ierhll:
era una serpiente. Con v10lenta sncuch&lt;la In,
arroj6 á distancia; dió un F1alto y la sujetó con
la pata.
-¿Eres el hombre?-la pregunt_6.
-No soy el hombre, soy la i-erp1ente.
--¿Se parece á ti?
-Algunos á mí se part&gt;Ct&gt;n; como yo, se
arrastran, ~' como yo,son venenoRos.
¿.Dónde enco11tra1 é al ho01bre_?
-Sigue por la montaña; ai haJar &lt;le ella,
:ica~o lo encuentres. Pero déjame, que pesas
llltH'hO.

padre, el más pudero,;o león cl0:: los bos&lt;1ue1',
mostrÍJ temor al hablar del homhre.
¿Qué debería hacer·? ¿,Respetar la (1ltima
voluntad del león moribundo, ó buscar resuelto y domar valeroso al que pretendía ser rey
de la creación?
Vaciló, pero el zorro le dijo:
-Eres el animal más fuerte que existe, eres
nuestro soberano, ¿,y vas á huir cobardemente
ante el hombre, de quien me burlo yo así todos los días y por de contado ladas las noches?
¿.Quién como tú? ¿Quién se te iguala'?
-¿.Y el consejo de mi pa&lt;lre'? ¿Y su memoria que yo respeto'? ¿Y su experiencia'?
--Tu padre estnba chocho; los años apagaron su entendimiento y gastaron su fuerza.
El león se decidió á buscnr al hombre y á
co111l1atir con él.
Continuó caminando por el bosque con el
zorro al lado, el perro delante, el mono de árbol en ítrhol y el águila por los aireR.
Al fin, el zorro le dijo:-:\fira, allí está.
Aquel que va á caballo con arco y flechas,
aquél es el hombre.
-Pero aquel animal que cruza á lo lejos es
mu_\' grande y tiene cuatro patas, y tú me dijiste que el hombre i:e parecía al mono.
-Es que el hombre, ít veces, tiene cuatro
patas ó las merece, replicó el zorro con sorna.
-De todas maneras, has de saber que aquel
hombre va ít caballo.
-¡ Pues á él! rugió el león, y avanzó potente y valeroRo.
Empezó la luchn,.
El hombre á veces huía, á veces disparaba
una flecha; y en retiradas y acometidas y e,·oluciones, atrajo al león hacia unos matonales.
De pronto, al dar el león un salto, le faltó
tierra y cayó en un foso profundo.
Quiso salir r sintió que unas fuertes lio-a0
duras le sujetaban manos, y pies y todo el
cuerpo.

La Agitación Clerical en Francia.

tamente la entrada. El león muerto tenía ya
su tumba, ni más ni menos que un faraón.
El león vivo se alejó por el monte y tromp~te6 el nuevo reinado con tres poderosos rugidos; pero aquella noche no devo_ró á ningún
animal: no tenía hambre. Dur1rnó poco, y lo
poco que durmió fué soñando con el último
consejo de su padre. ¡El hombre! ¡El hombre! ¿Por qué'? ¿Sería él hombre tan temible'?
A la mañana sig1.1iente despertó y se ech~
por el mundo. ¿Encontraría al hombre? Y si
lo encontraba, ¿debería huir cumpliendo la
última voluntad de su padre'?
De pronto sonó algo estrepitoso y terrible,
algo á modo de rugido. Debía de ser el hombre, que rugía.
Pero no; era un borrico que rebuznaba con
rebuznos formidahles.
El león por impulso que no pudo contener,
acometió ~l borrico, le derribó y lo sujetó con
sus poderosas garraR.
-¿Eres el hombre?- le preguntó.
-No-contestó el pobre animal.-No soy
el hombre, ¡aunque he oído decir que algu_nos
se parecen á mí! Es un burro, es un borneo,
es un pollino, se dice de muchos.
-¿Y tú eres fuerte?
-Ya ves que no: me tienes sujeto, me clavas las uñas y no me muevo.
-Sin embargo, tu rugido es potente; no me
di6 miedo, pero me alarmó.
-No te fíes, hay muchos que reb1:1znan
fuerte, y en el fond_o son unos pobres diablos
como yo, unos pollmos.
- ¿Dónde encontraré al hombre?

Y forcejeó la serpiente y quiso_ ~11)r&lt;le~le. •
-Eres un animal muy feo-d1JO el lean.A un borrico se le perdona; á un mal bicho
se le aplasta y se le destroza.
Y aplastó y desgarr6 al reptil.
Continuando su camino, pasó la cresta de la
montaña y empezó á bajar.
De pronto vió un animal que corría, Y. sa}tando sobre él, sin es[uerzo alguno lo suJeto,
porque era pequeño y poco robusto.
-¿Quién eres? ¿Acaso eres el hombre?
-8oy el zorro-dijo el ani!rntlejo,-y valgo
tanto como el hombre por 1111 travesura, aunque los hay muy zorros: entro en sus corralPs
y me como sus gallinas, y él sólo aprovecha
las que yo le dejo.
-¿Pero le conoces?
-Mucho y desde hace mucho tiempo.
-Pues ven conmigo.
Y el león y el zorro echaron á andar y pronto penetraron en el bosque.
En esto saltó un mono, se subi6 á un árbol
y desde arriba hizo gestos burlescos á su dueño y señor, el rey de las selvas; ?asta llegó á
rascarse en forma indecorosa reg1onea retrospectivas.
-¿Qué animal es ése?-preguntó el león á
su acompañante el zorro,-¿es acaso el hombre?
-Xo es el hombre¡ pero se le parece mucho.
Algunos suponen que son hermanoi:, ó, por lo
menos, primos.
-¡Que el hombre es asi!-dijo el león, y
lanzó un rugido á modo de formidable ~rea·
jada. Pero entonces mi pobre padre deliraba.
¡El hombre, temible?
¡Temible ese engendro ridículo? Yoy á buscarle,siquiera por el gusto de cortarle la ~o~a.
- Ya no la tiene-dijo el zorro con maltcia;
-se le ha ido consumiendo.
-¡Adelante! ¡A buscar al hombre! iA c~omar su orgullo! ¡Orgulloso un ser tan rum

...

Domingo 14 de Septiembre de J 902.
Había caído en una trampa; estaba perdido. Después de bregar un rato, lo comprendió
y murmuró con roncas voces:-::\fi padre tenía razón, debí huir del hombre; pero ya es
tarde; y se dispuso á morir con dignidad, que
es lo que todo el mundo debe hacer cuando se
convence de que la muerte llega.
El león se quedó inmóvil y dobló la majestuosa cabeza.
Al borde del hoyo se asomaron con curiosidad el hombre, el perro, el zorro y el mono;
el águila se puso á plomo y miró desde arriba.
El hombre le arrojó una piedra al león á
ver si podía aplastarle la cabeza.
Pero el león le dijo:
-No me pegues ni me hieras en la cabeza,
que la tengo muy dura, y tampoco es ella la
culpable. Hiéreme con una de las flechas EN
LOS omos¡ ((los culpables son ellos, que no oye«ron el consejo de mi padre; hiéreme EN EL
cccoRAzóx, que no le quiso ni respetó como de((bfa,,,
Y volviéndose el león, presentó el noble pecho.
El hombre, que á veces es compasivo, atendi6 á su ruego, le disparó una flecha y el león
quedó muerto en el fondo de la fosa.
El hombre se inclin6 gozoso, pensando:Hermosa piel; se la arrancaré en cuanto me
asegure que ha muerto.
El zorro se desliz6 mirando al hombre de
reojo y diciendo para sí :-Ahora que estás
entretenido, voy á comerme tus gallinas.
El moho saltó sobre el perro, y en él se
montó imitando al hombre; caballo perruno
y caballero cuadrumano, salieron corriendo
por el bosque.
El águila se remon:,ó diciendo:-El hombre mató al león; hay que subir mucho para
que no me alcance; ¿quién sabe si alg(m día
me alcanzará'?

José €chegaray.

En nuestras acciont&gt;s, debemos depender de
nosotros mismo:-; y no esclavizarnos á la alabanza 6 censura de nuestros semejantes.

Hernos hablado ya de las causas á que obedece la agitación clerical en Francia, presentándola como uno de tantos incidentes ele la
vida del gran pueblo, incapaz &lt;le acarrearle
dificultades invencibles y trastornos sin remedio.
En Bretaíia es donde la resistencia á lo mandado por las autoridades se manifiesta más
ruda y tenaz: grupos de hombres y mujeres
Jel pueblo se reunieron en calles y plazas para oponerse á la clausura de las escuelas clericalei:, armando escándalos que la fuerza pública se vió obligada á reprimir.
Los grabados que publicamos son de lo rnús
i_-eciente, y representan las escenas más importautes &lt;]Ue se registraron en Bretatia.

EL GALLO.
Firme y erguido en la escamosn. pata,
el pescuezo encendido y al desnudo
lleva por arma el espolón agudo
'
e~te rey de corona de escarlata.
Mientras vi\-e, con ímpetu desata
las dos pasiones
. de su instinto rudo,
y como srno mcontrastable y mudo
del animal y el hombre, engendra y mata.

.

Ama y lucha¡ su tiempo se reparte
en victorias de Venus y de l\Iarte.
Sultán de su &lt;'omarca, le es vai:allo

La primera parte del amor es la ilusión; ln.
Regunda, es el cariño, y la tercera el olvido. La
primera es la puerta por donde Cupido entrn;
la segunda, la columna que le sostiene; y la

el rival que. le canta y que le e1widia,
y es tenono fecundo en el sen:allo
r gladiador u1ortífero en la lidia.
.

l\f.\XUEL

Cómo fueron recibidos los gendarmes por k ...
defensores de una escuela.

tercPra el rayo que la destruye ...... aunque resultan casos en que, cual el ave Fénix renace
de sus cenizas.
'
La mujer debe tener siempre la. suficiente
dignidad para despreciar al bom hre que no sepa estimar sus méritos.

•

Abriendo una puerta.

...

~

•

6
¡:•.t
- . ¡..

t

....

S.

Pw11.\HD0.

·,!.
L'
&lt;:
r'I,.
~

..---::--1-·•~

1

El auior es una gran ninlad que muéhos
ignoran cuánto vale.
Salida de religiosas.

•

�Domingo 14 ' de Septicrnhrc de l!l02

EL MU.N"DO ILUSTRADO

UNA HACIEN D A HENEQUENERA.

AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 12.

Sub•cripción mensual foránea, $!.SO
ldem Jdem. eu 1a,Cai•it.a1,,, t,::!r,

MÉXICO, SEPTIEMBRE 21 DE 1902.

Oerente: LUI~ Rt'l't~ !IPINDOLA.

Dlrecton LIC. R,U 'A I L RU'llt !tPINDOLA.

H acienda de Subinkancab.

I'

Yucatán, cuya tierra árida se presta bien poco á lograr filones para la riqueza pública, se
ha engrandecido prácticamente y con pa~os
tan rápidos, que en estoi- momentos es por
demás oportuno considerar cuán grandes ,;acrificios ha costaclo y seguirá costando á quienes se clediean con ahinco á labrar su prosperidad. De aquel suelo pedregoso, seco, calcinado puede decirse, por los abrasadores rayos
del sol, los hacrnda&lt;los y loR jornaleros han
llevado á la Yida un manantial de biene!'I y
procuran empefloi-amente rom\el"\'arlo para
que nadie pueda ta.char de incuria á los que
poseemos con orgullo el nombre de mexicanos.
Este manantial &lt;le riqueza, el henequén, tan
solicitado en los mercados extranjeros, y cuyos pingües rendimientos parecen fabuloso1-,
es una buena pruel&gt;a de cuánto pueden realizar el amor al trabaje). la hábil dirección que
Íl la diaria labor se infunda.
~o se ocultó al trabajador yucateco rsfa Yerdad, y cuando descubrió que en los pedregale;; mismos con c¡ue la naturaleza quiso cubrir
la tierra de su Estado, se podía sembrar la
planta bienhechora, dedicóse con imponderable tesón á ohtener frutos sazonados y ricoR.
Por esto se ve que en la faena de explotar 1a
fibra henequcnera, ha puesto Yerdadero amor
para facilitar la dura tarea, y no se cansa ele
conceder recompensas á quienes con su inteligencia le ofrecen el medio de confleguir esta
facilidad.
Dan testimonio &lt;le ello las numerosas máquina¡.; desfibradoraR hasta hoy inventadas,
los tranvías y ferrocarriles c¡ue cruzan los plantíos de henequén, el embellecimiento que, Ít
costa de mil Racrificio,:, se procura en las tii,cm; de r•n111po. El cRpíritu del hijo de Yucatún no ha rn,cilndo un instante: isa.he que pa-

Don Emi l io Peón Cisneros, acaud alado
henequenero.

ra plantar cada úrbol, está obligado ít \·encfl·
la resistencia que le oponen capas enormes de
piedra; que para ronstruir caminos, necesita
salvar todas las asperrzas c¡ue los terrenos

incultos ofrecen al trabajo humnno; por último, que careciendo de sufkientc 11úmero de
jornaleros, cada dificultad se torna en inYencihle. Y todo lo ha vencido: la resistencia de
los pedregales, la aspereza ele sus terrenos; .\.
sufriendo pacientemente los rigores de su clima y substituyendo con máquinas la carencia
de brazos, se puede envanecer de que ha lleirado, si no al triunfo clefi11itirn, sí á Yictorias
mu v estimables sobre la naturaleza misma.
Ofrecemos hoy á los lectores ele EL :\Iurmo
lLusTRADO una prueba irrefutable de cuanto
dejamos dicho: los cloR grabadoR qt..e se publican en esta página y que repi-ese11tan dos viRtas tomadas de la hacienda Suhinkancab. de
la cual es propietario el distinguido caballero
_vucateco Don Emilio Peón Cisneros.
El primer grabado representa la caRa principal de la hacienda, seguidii ele una frondosa
huerta, y el segundo un plantel ele henequfn.
partido en el centro por un camino, el cual se
puede recorrer, corno se ve en el grabado, hasta en a.utomóvil. Esto cli-mucstra Ít qué grado
de adelantamiento ha podido llegar el ei;fuer•
zo de los hacendados yucatecos: han convertido en amplias y bie·n pavimentadas calles
los caminos que á sus fincas conducen, y ahora disfrutan de una facilidad de comunicaciones poco adquirida en otros Esuulos &lt;le la República.
Carruajes de suyo delicadoE, hechos para
cruzar por las ciudades ele las cultísimas ca•
pitaleR del mundo, pueden emplear!'!:', y con
el éxito ciue proporcionan la rapidez y la comodidad, han llegado á facilitar el transporte
en los úridoi- plantíos de heneciuén; y, de esta manera, han comprohatlu que la peri&lt;everancia en el trnhajo lo \ ºt'llCC todo y c•s digna
de toda recompensa.

Á ORILLAS DEL LAGO.
(C uadro de

Un plantio de henequén.

w.

Menzler.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 14 ' de Septicrnhrc de l!l02

EL MU.N"DO ILUSTRADO

UNA HACIEN D A HENEQUENERA.

AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 12.

Sub•cripción mensual foránea, $!.SO
ldem Jdem. eu 1a,Cai•it.a1,,, t,::!r,

MÉXICO, SEPTIEMBRE 21 DE 1902.

Oerente: LUI~ Rt'l't~ !IPINDOLA.

Dlrecton LIC. R,U 'A I L RU'llt !tPINDOLA.

H acienda de Subinkancab.

I'

Yucatán, cuya tierra árida se presta bien poco á lograr filones para la riqueza pública, se
ha engrandecido prácticamente y con pa~os
tan rápidos, que en estoi- momentos es por
demás oportuno considerar cuán grandes ,;acrificios ha costaclo y seguirá costando á quienes se clediean con ahinco á labrar su prosperidad. De aquel suelo pedregoso, seco, calcinado puede decirse, por los abrasadores rayos
del sol, los hacrnda&lt;los y loR jornaleros han
llevado á la Yida un manantial de biene!'I y
procuran empefloi-amente rom\el"\'arlo para
que nadie pueda ta.char de incuria á los que
poseemos con orgullo el nombre de mexicanos.
Este manantial &lt;le riqueza, el henequén, tan
solicitado en los mercados extranjeros, y cuyos pingües rendimientos parecen fabuloso1-,
es una buena pruel&gt;a de cuánto pueden realizar el amor al trabaje). la hábil dirección que
Íl la diaria labor se infunda.
~o se ocultó al trabajador yucateco rsfa Yerdad, y cuando descubrió que en los pedregale;; mismos con c¡ue la naturaleza quiso cubrir
la tierra de su Estado, se podía sembrar la
planta bienhechora, dedicóse con imponderable tesón á ohtener frutos sazonados y ricoR.
Por esto se ve que en la faena de explotar 1a
fibra henequcnera, ha puesto Yerdadero amor
para facilitar la dura tarea, y no se cansa ele
conceder recompensas á quienes con su inteligencia le ofrecen el medio de confleguir esta
facilidad.
Dan testimonio &lt;le ello las numerosas máquina¡.; desfibradoraR hasta hoy inventadas,
los tranvías y ferrocarriles c¡ue cruzan los plantíos de henequén, el embellecimiento que, Ít
costa de mil Racrificio,:, se procura en las tii,cm; de r•n111po. El cRpíritu del hijo de Yucatún no ha rn,cilndo un instante: isa.he que pa-

Don Emi l io Peón Cisneros, acaud alado
henequenero.

ra plantar cada úrbol, está obligado ít \·encfl·
la resistencia que le oponen capas enormes de
piedra; que para ronstruir caminos, necesita
salvar todas las asperrzas c¡ue los terrenos

incultos ofrecen al trabajo humnno; por último, que careciendo de sufkientc 11úmero de
jornaleros, cada dificultad se torna en inYencihle. Y todo lo ha vencido: la resistencia de
los pedregales, la aspereza ele sus terrenos; .\.
sufriendo pacientemente los rigores de su clima y substituyendo con máquinas la carencia
de brazos, se puede envanecer de que ha lleirado, si no al triunfo clefi11itirn, sí á Yictorias
mu v estimables sobre la naturaleza misma.
Ofrecemos hoy á los lectores ele EL :\Iurmo
lLusTRADO una prueba irrefutable de cuanto
dejamos dicho: los cloR grabadoR qt..e se publican en esta página y que repi-ese11tan dos viRtas tomadas de la hacienda Suhinkancab. de
la cual es propietario el distinguido caballero
_vucateco Don Emilio Peón Cisneros.
El primer grabado representa la caRa principal de la hacienda, seguidii ele una frondosa
huerta, y el segundo un plantel ele henequfn.
partido en el centro por un camino, el cual se
puede recorrer, corno se ve en el grabado, hasta en a.utomóvil. Esto cli-mucstra Ít qué grado
de adelantamiento ha podido llegar el ei;fuer•
zo de los hacendados yucatecos: han convertido en amplias y bie·n pavimentadas calles
los caminos que á sus fincas conducen, y ahora disfrutan de una facilidad de comunicaciones poco adquirida en otros Esuulos &lt;le la República.
Carruajes de suyo delicadoE, hechos para
cruzar por las ciudades ele las cultísimas ca•
pitaleR del mundo, pueden emplear!'!:', y con
el éxito ciue proporcionan la rapidez y la comodidad, han llegado á facilitar el transporte
en los úridoi- plantíos de heneciuén; y, de esta manera, han comprohatlu que la peri&lt;everancia en el trnhajo lo \ ºt'llCC todo y c•s digna
de toda recompensa.

Á ORILLAS DEL LAGO.
(C uadro de

Un plantio de henequén.

w.

Menzler.)

�Domingo 21 ele Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL, JfUNDO tT,USTRADO

***
Oye, puee, una de mis mejores aventurasla primera en orden cronológico, que fué seguida de otras muchas-y después atrévete á
hacer burla de mi fatalismo. Perdí á mi padre e11 el afw de 1885. Me dejó de herencia
una treintena de escudos de á cinco francos y
dos tíos célibes ..... y ricos. El mayor, que
era mi tutor, después de su juventud y de
una edad madura bastante tumultuosas, i;e
convirtió en un infortunado viejo bestia. No
tenía ni voluntad, ni memoria y casi ni palabras con que expresarse.
Día por día olvidaba un nuevo vocablo y
sucedió que al cabo de poco tiempo se vió reducido Ít hablar el más primitivo de los lenguajes. El otro tío, que sobrellevaba á sumayor como un fardo, era un hombre taciturno,
rencoroso y malo. Había visto siempre á mi
padre con cierto odio de Caín burgués y conservaba este odio para mi inocente persona.
Al principio trató de ejercitarlo reteniéndome
en su casa y alimentúndome con pan de avena f;in sal. Pero la presencia de los amigos de
la familia le inquietaba y resolvió enviarme
lejos, á. la casa de «un horu bre seguro» que
debía utilizarme según mis méritos.
Con este fin hizo á su hermano que escribiera una carta de recomen~ación, y agregando 1:na pos&lt;lata. de su propia cuenta encerró
el pliego bajo triple sello y me mandó á que
viese al señor Trela, director de una fábrica
de vidrio, en Chateau-Dampierre. El fin deseado era bien claro: quería hacerme tomar
como simpl~ aprendiz, s~guro de que los pesados trabaJOS del v1dnero arruinarían mi
constitución delicada. Contaba yo entonces
dieciocho años y era tan inocentón como el
ilustre Frise-Poulet. Creí sinceramente que el
tío se desembarazaba de una carga y me regocijé de buen grado: todo me parecía preferible á la tiranía de aquel hombre malvado.

***

,

El ferrocarril, primero, y después un carricoche me condujeron á. Chateau-Dampierre.
Me presenté en la fábricit de vidrio durante
un hermoso mediodí,a de septiembre, y la
primer persona que v1 fué un hombre anciano con barba militar y una mirada tan viva
que me intimidó al grado de vacilar desde el
principio de mis explicaciones. Pero me había comprendido:
- El señor Trela, me dijo, salió para un
largo viaje; yo lo suplo, soy su socio.
Le alargué la carta sellada. La toml, y durante algunos momentos le dió vuelta entre
los dedos; después:
- Es una carta de recomendación ........ .
para un empleo en la fábrica? me preguntó.
-Sí, le contesté, es una carta de recomendación.
-En ese caso, repuso, no es personal.. ....
Rompió el sobre, leyó el plieo-o
me miró
0
con atención y dijo con tono de ;ingular viveza:
-Amiguito, es una carta de Bellérophon_

Guardó silencio. A pesar de mi candor,
comprendía suficientemente que mi digno tío
maquinaba alguna infamia.
E l anciano se paseaba á lo largo de la pieza
con aire agitado y acabó por decirme:
-Xada hay que hacer, pobre muchacho,
m6s que regresar al lado de aquellos que te
enviaron ..... .
La idea de volverá. verá mi tío me llenó
de terror y exclamé:
-Yo le suplico á usted, señor, que cualquiera que sea el empleo que pueda usted darme ...
Pareció dudar, me miraba con ojos compasivos, pero tomando una resolución brusca:
-~o! dijo ...... es evidente que no estás hecho para estos trabajos. Oirte sería una tontera. Todo lo que puedo hacer por ti, si no
tienes dinero, es dártelo para que regreseH .....
Era un hombre de resoluciones firmes. Sacó dos napoleones de los bolsillos, los puso
dentro de un sobre y me lo alargó. No me
atreví á rehusar, le dí las gracias inclinándome y salí de la fábrica.

***
Cuando me encontré en el campo, sentí desesperación; me parecía imposible volver á la
casa de mis tíos. Caminé al acaso, con una
exaltación tal de tristeza, que la muerte me
hubiera sido preferible; caminé durante mucho tiempo.
Atravesé un bosque y me encontré al borde de un r iachuelo que rodaba suavemente
entre las riberas de terciopelo verde. Iba llegando el crepúsculo; las sombras lilas se mezclaban á las rosas, después un poniente azufrado apareció entre los sauces. La fatiga me
hizo sentar sobre la hierba, y mientras pensaba qué hacer, oí que crepitaban las hojas secas bajo un paso precipitado. Volví la cabeza
y ví á una muchachita como de siete á ocho
años de edad que avanzaba cojeando. Era un
ser exquisito, luminoso, color de luz y de hortensia, con bellos ojos azorados. A mi vista,
se detuvo turbada. Pero mi cara pareció inspirarle confianza, y viniendo hasta colocarse
cerca de mí, dijo con voz melodiosa y fresca
como la voz del riachuelo:
'
- Me he perdido en el bosque!
Después, con volubilidad, me contó que, ¡ugando, se había alejado de su cuidadora y
que luego no había podido encontrar el camino.
S_us piernitas estaban temblorosas, sus pies
heridos ......... Seguramente no podría caminar por más tiempo, porque el miedo la agotaba. Le pregunté á dónde sería necesario llevarla, y me indicó que al castillo Noiré. Entonces la levanté entre mis brazos y me puse
á caminar al acaso. Nos encontramos, felizmente, con una vieja pordiosera que nos indicó el sendero; más tarde, un carrero nos llev6
en su pesado vehículo.
Ya era muy entrada la noche cuando llegamos al castillo. Reinaba allí una agitación
extraordinaria. Los dueños habían partido
en busca de la niña, y algunos criados viejos
recorrían los alrededores con aire asustado.
X uestra llegada fué saludada con gritos entusiastas y, según habían convenido con el castellano, se tocó la campana de la gran torre.
Después de media hora de espera, fué anunciada la llegada de los dueños. Se precipitaron á través del gran patio; yo estaba estupefac.to, pero reconocí, en el padre de mi compañerita, al hombre que me había recibido en la
fábrica de vidrio.
-Ah! exclamó estrechándome las manos
con fervor, no hay que resistirse á la Providencia; ella es quien te vuelve á enviar á mí.
Te encontraremos un puesto conveniente y
no te separarás de nosotros n un cal ....... ..

* **

Como en la leyenda antigua, prosiguió Fon-

taine, la carta de Bellérophon había salvado
á quien debía perder. Pero yo no tuve necesidad de cabalgar sobre Pegaso ni de derribará la Quimera; me bastó encontrar á una
muchachilla al borde de las aguas. El viajero triste y desesperado y la niña de los pies
heridos, cuando se. vieron á la luz del crepúsculo, simbolizaron la felicidad.
Porque desde entonces estaba escrito en el
libro de los destinos que Irene, crecida en
cuerpo y en belleza, llegara á ser mi esposa é
hiciera perfecta nuestra felicidad.
¿Con aventura semejante, querías que no se
volviera fatalista el más inquieto de los hombres?

J. H. RosNY.
(Traduoci6n de "El Mundo Ilustrado.")

ANHELOS.
Y o quisiera besar tus dolores,
hundirme en tu alma,
revivir un instante en tus sueños.
temblar en tus ansias,
descender al abismo insondable
do me espera, soberbia y huraña,
con la frente cargada de sombras,
tu vida tan triste, tan negra, tan rara;
descubrir tus heridas ocultas,
medirlas, tocarlas,
y verter mi ternura infinita
como un baño de amor en tus llagas!
Y o quisiera encenderme en tus ojos,
como una mirada,
un instante no más, y que luego
fugaz me apagara;
pero habiendo dejado en tus ojos,
la visi6n de estas cosas aladas
que sueño contigo
y son tan hermosas, tan tristes, tan pálidas!
Yo quisiera.. . quisiera en el nido
que piadosa me brinda tu alma,
descansar un instante ... y entouces
para siempre morirme en tus lágrimas.
DULCE MARÍA BoRRERO.

E l Zócalo.

Jirones da una noche y un día.
NOTAS DE FIESTA NACIONAL
El tafiiuo Je la campana histúrira provoca
el movimiento. La 111ultitud,que había estado
quieta, bañada por el reguero de luz que parece brotar de los muros de los palacios ó rodar como una cascada lellta sobre la enorn1e
arquitectura de las torres basiliaca:a:, se agita,
se mece como una onda que despierta, azota
la arboleda, destroza el mundo de las vegetaciones pigmea_Q, da mutrte á las flores, murmura con un mgente rumor y estalla el primer ¡vi val á la Patria.
Es elmomento del paroxismo cí,·ico. Las
bandas dan al viento notas marciales y cantos
del p ueblo; á lo lejos el caiiím rermena, los
campanarios mueven alegremente su charla de
bronce, y el espacio se puebla de luces que
vuelan.
La guitarra comienza á rasguear; la fiesta
hace eclosión de entusiasmoi,, y el nombre de
los héroes corre de boca en boca, con epít1,tos
carifwsos, con la gloria de la aJmiración que
despierta todo lo que es grande de por sí y el

tiempo va tomando en ingente con esa su labor de ini-ern;ii&gt;le crecimiento.
El_ puehlo sie,nte el patriotismo con voluptuo,nda&lt;les de bera, suele no pensar en el aire
de bienes en que re:::pira la Patria, v sí en la
atmósfera de horrores en yue ha· ele morir
quien la vulnere. Por t&gt;so en Jas fechas de los
grandes :riunfos entona cantares que le recu&lt;'r1l;in el, hogar y prorrnmpe en gritos que le
traen a la memona los c:m1pos de combate.. ..
Y va por e:::as calles cmpaveRada:, &lt;·on lienzos tricrornos y que velan el sueño de la gran
nocl\e con miríadas de luees, marchando al
hornsono toque de lai, cornetas callejeras entre el clamoreo frenético, lanzando g/itoR,
amenazante f&gt;n su alegría, espléndido en la
pobreza &lt;le su sensación, atrayendo respetos y
prorncan&lt;lo burlas ..... .
A!lí va como un hiio que i-c escapa de la
cor~·iente 1~rnn~ay labra un cauce por entre las
gu1Jes p\1hclas -~le, la ci u&lt;lad :fc¡.:tejosa; allí va
p,u-a v11•1 r el ¡1ron de noche 11 Jt,gre y ver llegar la alborad¡t del día de la libertad.

Se forman grupos que son como núcleos del
júbilo; si falta en ellos el tañedor rumboso y
ntarendo, el jlOpular organillero ocupa su lu-

OJOS DULCES Y CLAROS ....
Ojos dulces y claros, de gracia peregrina,
Más bellos que los ojos cantados por Cetina,
Ojos dulces y claros, de gracia peregrina;
Mano exangüe y sedeña, mano sedeña y breve
Donde duerme la casta blancura de la nieve,
Mano exangüe y sedeña, mano sedeña y breve;
Labios rojos cual pétalos de rosa purpurina,
Labios rojos que uh claro resplandor ilumina,
Labios rojos cual pétafos de rosa purpurina;
Ojos que sois fanales en mi noche, ojos claros,
Labios rojos y manos cual mármoles de Paros,
Dejadme de rodillas y en éxtasis besaros.
Is~rAEL ENRIQUE

1

1!)0·}.

gu .v mueve el manubrio con la peregrina
creencia de una superioridad artística innegable.
Las populares parejas hacen de las callejurlas del parque un salón de baile, ,,valsan» de
la manera más groteRca, con contorsiones y
saltos que provocan la ilusión de que aquellas
arenillas queman; el compañero nt recostado
en el hombro de 1'1. dama y éRta vuelve la carn y la muestra con cierta exprefül,n del can!-'ancio &lt;¡uc provocara una obligada faena. Dan
ganas de pedir una tregua en aquella fatiga ...
De pronto, sobre el pedestal de un jarrón
ele ornato se escamma el omdor; por lo general es un estudiante entusiasta, dispuesto á
hacer derroche de elocuencia y que pide entonación á un sorbo de coiiac del país.
La ,·oz impetuosa se escuclm un momento;
pero ¡ay de ella si no interpreta el sentir de
aquellas masas!: surge la protesta, estalla el
,silbido estridente; sólo se ve que el orador
111anotea, pero la voz no camina mús allá dr
,-us propios oídos.
El derrotado tribuno abandona el pedestal;
, lcRciencle como estatua de dios pagano que no
Ita dado gusto ú sus devotos.
Y los organillos vuelven á entonar su confusión de cantos, y un momento después las
callejuelas del parque parece que tiemblan ....

LA CARTA DE BELLEROPHON.
-Soy fatalista, dijo Rolando Fontaine, lanzando una bocanada ele humo del cigarro hacia el techo. Es necesario que la desgracia «me
queme» para llegarme á inquietar......... y todavía, ámenos que no se trate de un sufrimiento físico ó de la pérdida &lt;le un ser amado, mi pena no es muy viva. Ah! era un verdadero sabio el viejo musulmán que acogía
todas las malas noticias con aquel flemático:
«Sólo Alá sabe si será esto un bien.»
Tal filosofía no ha llegado á mí por sí sola; en cierto modo, la vida me la ha impuesto. Es verdad que me ha causado angustias;
pero vegetar sin angustias, ¿no es prueba de
un detestable carácter?

bomingo -¿t ck 8cpticmlm el&lt;'

ARcINIEGAS.

Plateros y San Francisco

en l os granctes días.
4

La alborada saluda el campo de la alegría
con una risa de Iu ces blancas.
La multitud está demacrada, sobre el asfalto Re pisan vidrios rotos ..... .
La cuadrilla del aseo de la ciudad emprenbe la faena más dura del año; pero poco á po
co todo queda en orden.
Las fachadas se cuajan de rosas, ondea una
miriacla ele pabellones, !ns oriflamas juegan
con el viento desde lo alto de los mástiles.
8pena en los cuarteles el toque &lt;le diana, v al
acorde de lo marcial, se ve prender la en;efia
de la Patria en lo alto de las astabanderas.
A lo lejos resuena el estampiclo del cañón ........ .

***
rnas horas despué~, la ciudad está intransitable. La 1.:olumna militar se encamina á hacer su fiesta en los campos, que el sol haf1a
con una luz que parece que está aplaudiendo
,tl gloriof'o triunfo.

�Domingo 21 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO I LUSTRADO
Don,ingo 21 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
La ccnstrucción quedará completamente
aislada, siendo su altura de 28 metros. El sistema e.le armadura de acero que Re ha empleado para la cimentación y la:,; paredes, es de
lo mejor que se conoce y pondrá el edificio á
cu bierto de los más fuertes temblores. Además, la casa estará hecha á prueha de fuego.

***

Ln, arquitectura, tan to interior como exte-

Al apoyar de nuevo la cabeza en el esqueleto del molnsco, vuelve á 1-entir el mismo mro
sonido. Se sienta, examina el caracol y lo
ausculta como lo hiciera un mono. Ahí dentro está. Es un animal que canta y que estará
enfermo, porque no se mueve. La inmov)lidad,
como negati rn del instinto e.le conserrn016n, es
el signo de la muerte.
A la observación sigue el análisiR. Lo hace
pedazos contra otro caracol. &lt;]Ue cede también

•

'tuvo escribiendo versos griegos con la punta
de su bastón en la arena de la misma playa,
ausculta un caracol.
«Ah! qué hermoi;,o es esto! ¡Qué melodía
sin notas y sin ritmo y con cuánta tristeza!
Conserva en su seno el canto &lt;le las onda1como el cráneo guarda el canto de los recuerdos!"
Ayer en la misma playa, un niño que cur!'a ei último grupo del bachillerato, explicaba
á su compañero, mientras sostenía en la mano izquierda un Ronrosado caracol, las leyeR
de la acústica, la teoría de las cajas ele resonancia, la hélic~, en un discurso que empezó:
«·Molusco gasteropodo pulmonado ...... n

***

Y yo mirando hacia adentro, lloraba al pobre riii{o heredo-tuberculoso capaz para laR
ciencias é imposibilitado para atrapar una maripo1-a, y envidiaba al indio salvaje con s~1 ~spíritu ancho para alojar todas las 8Uperstlc10nes y todas las quimera1-!
MENDO MENDEZ.
Habana, 1902.

El Consejo de Edncación Pública.

DESPUES DE LA CEREMONIA.-Sa lida del se ñor P r es idente.

FAC HADA PRIN C IPA L.

La nueva Casa de Correos.
COLOCACIÓN DE LA PRIMERA PIEDRA.

,

El último domingo, por la mañana, se verificó la ceremonia de colocación de la primera piedra del edificio de correos, que se levan tará en la esquina de las calles de San Andrés
y Santa I sabel.
El local en que va á construirse el suntuoso
edificio, estaba convertido en un amplio salón primorosamente adornado con guías de
flores y lienzos que se enredaban á las columnas de la armazón que substentará la finca, presentando magnífico golpe de vista. En el fon•
do se improvisó la plataforma de honor: un
dosel de terciopelo i ndicaba el sitio que debía
ocupar el señor Presidente de la República.
A uno y otro lado se colocaron los asientos para el Cuerpo Diplomático, comisiones de las
Cámaras, Poder Judicial, Regidores, Gobernador del Distrito y otros m iembros prominentes de la Administración.
A las once en punto, un aplauso unánime
anunció la presencia del primer :Magistrado
en aquel sitio. La concurrencia se puso de pie
para saludarlo con demostracioneil de simpatía,y las músicas tocaron el Himno Nacional.
El señor general Díaz iba acompañado de los
señores Secretarios del Despacho y de loR
miembros de su Estado Mayor.
En seguida dió principio la ceremonia con
la ejecución de una obertura por la música de
artillería. El señor director general de CorrE&gt;os,
D. Manuel Zamacona Inclán, abordó luego la
tribuna para pronunciar un d iscurso que la
concurrencia escuchó, no sólo con agrado, por
lo correcto del estilo v lo elevado de 1-us conceptos, sin o con positivo interés, por la multitud de e.latos de importancia que contiene y
sus atinadas observaciones.
El orador hizo la historia del Correo en nuestro país, citando el sistema empleado por los
aztecas, primero; después, la época en que el
ramo, por subasta pública, estuvo reducido Ít
un simple negocio particular. y por último
su incorporación á la Corona; y Ía Ordenanz~
General de 1794, que fué, hasta hace poco la
reguladora del servicio en el paía.
'
Para hacer resaltar más los progresos realizados por la administración pública en este

sentido, hal,ló el fü. Zamacona del empeño
con que el Gobierno acude á todas las exigencias del ramo, y ponderó la influencia que la
unión Postal C"ni versal ejerce en el desarrollo
y civilización de los pueblos y que tan benéfica
ha sido para nosotros.
El discurso terminó con estas palabras:
«El Correo, ejército del trabajo, con millares
de operarios en sus filas, guardián celoso de
los secretos más íntimos del hombre, arteria
Yital del comercio, medio eficaz é indispensable para. la administración y gobierno de los
pueblos, vehículo de la idea, apóstol de la
fraternidad humana, necesitaba en nuestro
país un cuartel general, un taller, un templo
donde desempeñar su elevada misión, y á tal
objeto se destina el edificio cuya primera piedra va á colocar el señor Presidente de la República."
Cerró la parte literaria, con una hermosa
poesía, el señor Agustín Alfredo X úñez. Los
dos oradores fueron muy aplaudidos.
En tres mesas distintas se firmó entonces

el acta relativa, por más de 200 personas e.le en
tre los concurrentes al acto.
Ayudado de una grúa, el señor P1·esidente
procedió á colocar la primera piedra, casi en
el centro de la que será fachada principal, correspondiente á la calle de San And rés. Dentro del block fué guardada una caja de hierro couteniendo el acta de la ceremonia, fo.
tografías del proyecto del edificio, números de
los periódicos que se publican en la capital, y
las distintas piezas que componen nuestro sistema monetario.

***

A.cerca del proyecto general del edificio, nos
parece oportuno dar á conocer los siguientes
datos.
La superficie que ocupará es de 3,735 metros, y todas las oficinas, repartidas en cuatro
pisos, miden uaa superficie total de 13,400
metros cuadrados.
La fachada de San Andrés es de 45. 72 metros, y la_de Santa Isabel, de~74. 22

La concurre nc ia á la ceremonia.

rior, está modelada en la interpretación libre
y m odernizada de las formas &lt;le la arquitectura española, anterior á la época de las conquistas.
No puede decirse que es un verc.latlero estilo en el rigor C:e la palabra. Es más bien el
h ermanamiento de las formas góticas con la
influencia árabe y oriental reamoldadas en el
espíritu del renacimiento cláflico.

al choque. AmboR están muertos por inmóviles
y Yacíos. Xo es un animal que canta. El aná•
lisis, cuando no resuelve, extravía.
Duerme. Al día siguiente,con caracoles por
trofeoR, marcha á la cueYa y en lenguaje toscamente i mitatirn explica. á la hembra el fenómeno. Y en el si lencio v la o;:curidad de la
vi \'ienda Rll hter:ánea, do~de no corre el viento,
el caracol tam b1én cirnta.
El no contestado «porqué», entonces como
ahora, engendra el mito, y de almohada en la

El 13 del corriente, en el Salón de Actos de
la Escuela de In~enieros, se verificó la solemne apertura del Consejo Superior de Educación Pública.
El acto fué presidie.lo por el Primer Magistrado de la Nación, contándose entre los concurrentes multitud de hombres de letras, altos
funcionarios de la Administración Pública y
los Directores de la.'l principales escuelas de la
capital.
Ocupado por el Sr. Presidente y sus Ministros el lugar &lt;le honor, el Sr. Subsecretario de
Instrncción, Lic. Justo Sierra, dió lectura á
un importantísimo discurso, en que, con m:tno maestra, trazó el vai:;to programa que el
Gobierno trata de llevar á cabo para favorecer el dei&lt;arrollo ele la cultura entre las ma,ias,

E l interior del edificio reunirá todas las condiciones de comodidad y amplitud que requiere el i mportante objeto á que Re le destina.

CARACOLES
Llegó el sal\'aje á la orilla del mar al c:wr
la tarde, ~·a poniéndose el sol detrás de la inmensa llan ura líquida, á la hora del crepúsculo, cuando nacen hu; Romlm1s y tornan cuerpo las HU persticiones.
La abundante ear.ri de la jornada le tenía
alegre y Rin hambrP, con toda la eseasa I ncidcz· del espíritu. El haml,ri1•1110, civilizado ó
i:;alvaje, no pueLle sentir la i&gt;eller.a, corno el
miope no ¡,ue&lt;le e"cruta r si no cuando usa
buenos lentes.
La playa, tén&lt;l ida y fresca, rumorosa por el
monótono i;on del mar, cantaba con el terral
el dúo del sueño .v brindaba, húmeda y movediza por In. resnca, blando lecho al &lt;lesca11so. Y el salYaje desnudo sintiú por primera yez el voluptuoso contatto de la arena en
la piel curtida por las púas y los guijarros.
La reeompen~ad:i fatiga del día azaroso. Pl
Rusu1-ro del mar, la i-;oledad, la ah,;ol uta soledad como gtwnlia segura, convidál,anle al
sueño.
Un caracol sonro:;ado, grande, vuelto hacia
arriba, ofreció la almohada, porque el salrnjc
como el civilizado y por sim¡ le cuestión mecánica, necesita, aun en el 9ueño, alta la cabeza.
¡Espléndida tarde!
La felina oreja aguzada al rugido de la fiera, al ?3-nto lejano del pájaro, al leve crujir de
las hoJas secas en el rastro, percibió por primera vez el misterioso murmullo del coracol.
Levantó el salvaje la cabeza: nada, excepto el
mar, se movía; la playa estaba.desierta.

La

apertura

orilla del mar sube á ídolo en la cueya el pob:e ped~~o de carbonato de cal,que para el incho es h1~0 de la. _mar, gue llora !'lU pérdida en
el canto igual é mtermmable.; hijo, 1-in duda
alguna, de aquella enorme charca que ya ha
visitado cien veces y la ha encontrado ha•blando siempre, unos días como habla él cuando está descansando y contento, y otras como
cuando lucha con el hambre ó con la fiera
Veinte siglos después1tm viejo poeta que ·es-

del

Consejo.

por medios eminentemente educativos. La notable pieza oratoria, que publicó integra "El
Imparcial", fué escuchada con profundo iñterés por la concurrencia, que saludó al Sr. Subsecretario con nutridos aplausos.

***

El Sr. Gral. Díaz declaró irn,talado el Cons~jo, disolviéndose la reunión antes de 111,s
cmco de la tarde,

�Domingo 21 de Septiembre tlc 1!)02.

EL MUNDO ILUSTRADO
l&lt;jL ~1U.ND0 ILUSTRADO

Domingo 21 de ~cpticmbrc ele HJ02.

•
Tropas en movimiento.

Llegada del señor Presidente á La Vaqu,ta.

Las fiestas de la Patria

***

EL ACTO OFICIAL EN LA VAQUITA.

rntusia~mo que rlP'-pierta en Pl
,,l,lo In r·onmP:-,,nr:wi(,n del lwcho
111:'i, gln1ioso clP 1111&lt;•:-lrn historia, H•
Y&lt;&gt;rifirarn11. &lt;•n f•st:i YPZ, las firstn,; onrn11izndnipor Pl .\ym '-1n1iPnto parn honrar l,_1 n1&lt;•moria
ele los r·,111di)Jn,- ele ln J11&lt;l,.¡e11clene1a.
,\ ln,- fc"t&lt;:os c]p c:Hi:c•t&lt;·r nfic·ial, "&lt;' H!!l"&lt;'!!ll1"011 )ns r¡m· d Círculo &lt;IP .\111i!!os dd Rr. Uc•nrrnl Dí 1z dispu,o rn oh,,•qnio &lt;lrl Primer
:.\In!.!i,-t rado. y '!llf' &lt;·011sist ieron en fu11&lt;·in11Ps
1&lt;-:1tr:1l""· 1111 rn1wiPrto y m1n fi,.sla e:&lt;colnr,
princi¡,:ilmentP. E,to co;1(riliu_,·{¡ Pll !!J":111 manera ú &lt;lar ú las fi&lt;•stas rnn ,·or Iuci mÍPnto.
La serenata del 1-\ or_ga1;izacln tmnhién pnr
el Círculo de .\migos, no estm·n tan concurrida como Pra &lt;le esper:Hi':f', &lt;ldii&lt;lo al mal tiempo, que ohligú ú la cornisibn ú suspenderla.
~in Pmbar_go, á la hora del Grito, la multitud
Re agolpaba frente ú Palacio, prorrumpiendo

en Yivas á la Patria y á sus héroes. Cuando el
Sr. General Díaz apareció en el balcón central,
el entusiasmo no tuvo límites: un aplam,o
unánime saludó al señor Presidente; las músicas tocaron el Himno, y la alegrí:i, estalló en
todns los corazones. Fué un acto nnponente,
conmovedor.

'1;- ¡,]

El General Vélez y su Estado Mayor.

El 16 por la mañana, se verificó en la Va.
quita el' acto oficial.
Al Poniente del campo se levantaron las
tribunas di\'ididas en tres series: la central,
que se cl~c,tinó á lm; funcionarios_ p~blicos .Y
sus familias, y las laterales, á los mv1tados.
Cuando las anchas plataformas estaban ya
henchidas de concurrentes, un punto de atención marcado por el clarín de órdenes del Colegio Militar, indicó la proximidad del señor
Presidente de la República y &lt;le su numerosa
comitiva.
El señor General Díaz ocupaba un landó
abierto1 en compañía de los señores Secretarios de Relaciones, Guerra y Gobernación. Los
demás carruajes fueron ocupados por los señores Secretarios de Hacienda, .Justicia y Fomento, Representantes de las Cámaras, RegidoreP, etc.
Leída el acta de Independencia por el Secretario del Ayuntamiento,ahordaron la tribuna los señores Lic. Manuel Calero y Sierra y
Juan B. Delgado, para pronunciar, el primero, un di~curi:;o lleno de hermosas imágenes, y
para recitar, el segundo, una hermosa composición poética.
Pasados ei-tos números, el señor Presidente
impuso á algunos jefes y oficiales del Ejército,
las condecoraciones que les fueron últimamente conferidas y entregó sus despnchos correspondientes á varios aspirantes á reserYistas.

mr ate notables por su precil'&lt;ión y muy vi~tosos. Tanto el Colf'gio ~Iilitar _y los ruraleR, como la nrtillería v la infantería, demostraron
su alto grado de.instrucción.
El desfile frente á las tribunas, llam6 mucho la atención.
La DiYisión estuYo al mando del señor Comandante l\Iilitar, General D. Francisco A.
Yélez.
Al retirarse del campo el señor Presidente
de la República, el pueblo le tribut6 una ruidosa ovaci6n.

La casa l'vlosler.

das y paniers de flores. El aspecto de la casa era soberbio.
Otro tanto puede decirse ele la Casa ~lo~ler.
Estaba decorada con tal arte y riqueza, qur
llamaba la atención de todos. Los entrepaños
de la fachada y los antepechos de los balcones ostentaban primorosas obras de t apicería
formando un conjunto encantador. La .pr~fusi6n de florei- escudos y banderas, d1stnbuídas en los ~arcos de las puertas y en los
salientes del edificio, era del mejor efecto.

***
iiientras el señor Presidente hacía la imposición de condecoraciones lns fuerzas ,le las
distintas armas que componían la División,
ejecutaron algunos movimientos YerdadernLa Droguería de La Profesa.
ADORNO DE 1'::DIFICIOS.

El señor General Díaz y su comitiva en la tribuna centra).

Después del desfile.-Salida del señor Presidente

Las calles más céntricas de la ciudad presentaban, el l 6, un aspecto verdadera_mente
hermoso. Casi todos los edificios se veían empavesados ')On banderas y, muchos de ellos,
cubiertos por riquísimos cortinajes y piezas
florales de artística composición.
En Plateros el adorno fué espléndido. La
Droguería de la Profesa, que tanto se distingue en ocasiones como ésta, estaba decorada
con gusto exquisito. Cubriendo la p uerta central se veía un cuadro de la Campana de la
Independencia, y en el remate de la fachada
un gorro frigio, al que formaban resplandor
multitud de focos de luz incandescente. Las
demás puertas y los balcones lucían primorosas telas de los colores nacionales y franceses, y, completando el adorno, había guirnal-

El Palacio de h,erro.

La suntuosa finca en que están instalados
los almacenes del Palacio de Hierro, lució
también un adorno vistosísimo: El .edificio,
bello de por sí, estaba empavesado con multitud de banderas francesas y mexicanas. La
marquesina ostentaba una bonita compostura.
Esta fné una &lt;le las casas comerciales que mfü,
se distinguió por su buen gusto en el adorno.

�¡NADIE I E MUEVA!

�Dl)ming-o 21 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MU:.N1&gt;0 ILUSTRADO

EL "QUO VADIS?" EN HIDALGO
lfr¡ aconfeclmíer¡fo f~afra/.
El acontecimiento teatral d,~
las última¡: semanas, ha sido
la repre~entación en el teatro
de la. c,tlle de Corchero, del
drama tomado de la célebre no-

---,

Doming-o 21 de Septiembre de

rnoi.

si son del género serio, dur;-.n
poco en los carteles, y el producto de las representacione,;
que alcanzan no es, en la mayoría de los casos, suficiente
para que el empresario se reembolse fas canticlacles invertidas
en montarl11i;. Apenas una que
otra piececilla del génPro chico
realiza en )IfaiC'o el milagro de
corrcsvonder con pillgües utilidades á las Compañías que
la llevar. á la e8cena con relati rn elegancia .

•••

Sr. Alberto Michel, autor del liureto.

vela ele Sienkie1ricz por el conocido escritor Alberto .:\Iichel,
y que llcYa el mism.o tiombrc
de esa obra tan leída y comentada.
«Quo Yadis?» triunfó en to-

La orgía en el Palatino.

taciones &lt;le uha misma obra,
esa propiedad y ese lujo pasarían, como moneda común y
corriente,casi inach·ertidos;son,
aquéllo;:: públicoB. acostun1brn&lt;los lÍ ver la costosa indnmenta-

En este punto, la Empresa
FábregaR ha demostrado tener
fe en el éxito de sus afanes, y
la mejor prueba que ele ello
nos ofrece es el «Quo Yadis?"
Las fotografía,; de los princi pales cuadros del drama que publicamos hoy, darán á nuestros lectores cabal idea, no Rólo
de la hermosura de las decoracionc;::, sino también de la
escrupulosa atención que se
ha puesto en que loR trrjes resulten, á la par que ricos, ajustados en todo ú la usanza de la
época en que se de~arrolla el
drama. E:sta corrección, nada
común en los excenarios de ;\léxico, &lt;&gt;s digna ele elogio, no sólo por la ia;uma de esfuerzos que
representa, sino también porque con ella rcimlta ganancioso el arte
en graclo sumo.
Creemo;:: que los lectores de «El ;\fondo Ilustraclon ,·crán co11 gusto
los clichés que aparecen en estas páginas, por tratarse de un acontecimiento teatral de tanta importancia corno el que nos ocupa. Publicamo1&lt;, a&lt;lemá1&lt; el retrato del Sr. :\Iichel, nntor del lilm-to, PI del Director de e1&lt;cena'c¡ue ha contribuído en mucho al éxito de Qno Yadi!&lt;"?", y
el del pinto/ e~eenógrafo D.-.Juan Menarini, ú quien !&lt;e deben las hermosns d1•coraciones estrenachtR.

LA ONDINA DEL LAGO.

Sr. Juan Men:lriui, e:scenógrafo.

ria v el decorado esplénclido
en la escena, y las em pre:;as
tienen, de antemano, asegurada la ganancia.
Entre nosotros no sucede lo
mismo: las ohras, sobre todo
da la línea

y es justo dC"cir
que el trit11~fo, porque sí lo hu:
ho, se debe, en gran partP, a

la compañía,que montó el drama con un derroche de lujo~una. propiedad que no tienen
precedente can nuc~tros tPatros.
Para otra» ciudadei-, como
París \' X uc-va York, &lt;lonrlc :--e
dan 1i:1sta qninic·ntas r&lt;'¡,rcsC'n-

Es el lago transparente y dulce; sus aguas se extienden en ondas caprichosas que, enr,;anchándose cada vez más y rná;::, van á expirar en la
orilla, de la misma mabera que 11:rneren las
ilusiones concebida" en la edad primera ..... .
Es el lago trasparente y puro; la 1u na riela en su brillante superficie, dibujando arabescos luminosos.
Trepado en un gigantesco sauce, cuyas
frondosas ramas llegan hast~ el medio del
lago Pedro el pastor está en acecho.
E~ la hora en que la ondina, asomando r,;u
cabeza por entre las azuladas aguas, deja wr
su faz hermosa, sus cabPllos dorados, su cuello blanco, blanco como el de un cisne.
Pedro notó que las aguas del lago se agitaban levemente, produciendo un murmurio
apenas ¡ erceptible. _.
La ondina, allí, á dos paRos de él, tendida sobre la i-uperficie, le contemplaba envol
viéndole en una mirada de amor y tE:rnura-

El Circo.

El pastor Rinti6 algo como un vútigo, y cerró los ojos para no cncontranic con aquellas pupiia¡:; fnscinadoraR, euros efluvios magnéticos
empezaban ú turbar RU mente.
·
La ondina sonreía siempre, enseñando i-us pequeños &lt;lientecillos,
más pmos y más blancos que los copos de nieve que caían en las flore:;tas en lai-&lt; tardes invernales.
-\'en á mis hrnzos ¡oh Pedrt,!-decía la ondina con voz dulcísimay r-;erús el rey del lago. ~o tardes, ven, y juntos recorreremoR mis dominios; \'Críts mi palacio compuesto de coralinns _v de perlas de ignorado;:: mares ...... \'en, no tardes más, será~ mi ducíio y laR aguas te obedecerán como á su único señor ..... .
El pastor, subyugado por el acento de la ondina desde el árbol se
dejó caer al lago.
'
No bien su cuerpo tocó las agua;::, éstaH se arremolinaron precipitándole en el fondo......
'
En el lago sonorof-o y puro, en la dorada arenilla de RUS már¡!ene8,
lo;:: pastores encontraron el cadáver de Pedro
con un collar en el &lt;·ncllo, compursto de perlas y corales, regio pre:;ente, sin duda, de su
amante de una hora ..... .

Sr. Coss, Director de escena.

Muerte de Petronio,

Grupos de artistas que toman parte en "¿Quo Vadis?"

Lorrnxzo Y. CRE~Po.
EEcncha, mirn, picn~a, duda y calla.
Cuando se cli~cuta con una mujer y ella
conteste con Yalor, ha.y confianza en ganar·
pero si se pone á llorar, ha ganado ella.
'

_,_*,,

"'i"

r¡•

Decía Cicerón que las tres cosas más difíciles en este mundo, son: guardar un secreto, perdonar un inf'ulto y emplear el tiempo
cuerdamente.

�1

Domingo 21 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL :MU~TJ)O ILUSTRA DO
Los años pasan; pero no el encanto.
Cierta noche, rendido por la lucha,
En la yentana de su celda escucha
C,rntar un ruiseñor.

EL VIAJERO.

Loco de ei;panto,
El monasterio inútil abandona,
Y en busca del olvido que ambiciona,
Ya cruzando campiñas y ciudades.

t-

Del dei-ierto en las mudas soledades
Dormir tranquilo espera; ¡ilusión vana!:
Al claro alborear de una mañana,
Mientras canta de Dios las maravillas,
Cubierto el prado ve por florecillas
De hojaR menudas de color de grana ......
Veloz huye del prado, y en profunda
Caverna se guarece:
Uu peñascal escueto la circunda;
)l'inguna planta en derredor florece.

Desfile y formación frente á Palacio.

LA SEGUNDA RESERVA
DESFILE FRENTE Á PALACIO

Publicamos hoy dos fotografías que repreRentan los grupos de aspirantes á cabos y sargentos de la segunda Reserva del Ejército, que
organizados en columna, desfil:i.ron el último
domingc, frente al Palacio Kacional, y el aspecto que, momentos después de la marcha,
ofrecía la Plaza de la Constituci6n.
La columna Re organizó en los campos de
La Yaquita hajo la vigilañcia del Sr. Gral. José ~Iaría Pérez; Riguió por las calles que conducen desde el terreno hasta el Z6calo, y al
llegará la esquina. de Flamencos, hizo, por grupoR. una correcta com·ersión para situarse frente á Palacio. DPsrle el halcón priiicipal, el Sr.
PreRidente de la República, acompañado de
loR SreR. Secretarios de Hacienda y· de Guel'l':i,
preRenci6 el paso de los reserviRtas, á quienes
el pueblo aplnmlía, llenando las acerns . y el
jardín de la plaza.

Terminado el dei-file, Re toc6 «/1 dispen,ión»
v en esos momentoR los aspirantes &lt;lesplega~on multitud de banderolas rojaR, que agitaban
lanzando virnR al Primer MagiRtraclo de la Nación. El pueblo salud6 también con aplausos
y aclamaciones al Sr. PreRidente, repitiéndose la ovación cuando en rompañía l'ie sus Secretarios de Estado ahanclonó Palacio.

EL BESO.
Nathán el justo cometi6 un pecado.
Vanamente sus ojoR lo han llorado,
No borra la quietud del monasterio
El recuerdo tenaz rle un beRo rlarlo
A traición, de la noche en el misterio.
En la huerta, en el coro. de rodillas,
K'o olvida el cuadro el monje penitente......
::\lientras ella dormfa, dulcemente
Cantal,a un ruiseñor en la ventana,
Y había en su cahello florecillas
De hojas menudas &lt;le rolor ele grana.

En un rinc6n, cercano al lecho duro
Que con ramas tejió, se a.lza severa
Una cruz de madew,
Y á su pie, reluciendo allá en lo obRcuro,
Sonríe una mondada calavera.
Pero no ahuyenta el bendecido leño
La visión importuna
Y no es tranquilo ele ~athán el sueño.
············ ····························
Esparce por el antro silencioso
Su cenicienta claridad la luna.
Todo allí, menos él, yace en reposo.
De repente, con golpe misterioso
Del altar se desprende y en la roca
La calavera choca:
Hacia :Xathán rodando se desliza,
Se acerca sin rumor pausadamente
Y al duro lecho salta ... El monje siente
Que sus cabellos el terror eriza.
La sangre de sus YenaR paraliza
Cierto roce de huesos en su oído ......
Luego, una voz de timbre conocido
Así le dice con rnsurro quedo:

(:'.

1'
r(~h.
~I

-Xo me recuerdas ya? ... Te inRpiro miedo? ...
Te qnería besar, pero dormido.
La carne &lt;le mis labios ya no existe;
:;\Ias &lt;le Dios por decreto soberano
\'engo á p!lgarte el beso que me diste ......
El me pui-o al alcance de tu mano
Cuando del santo monasterio huías ......

Temblanclo aún, al despertar la aurora,
El monje, en un rincón de la prader.-i
Sepul~a la adorada calaYera
Y una pl&lt;'garia con su adiós murmura.
Con t'lla entierra todo su pai-aclo! ......
Sin \'C1lver la cabeza, Fe aprl'surn
A regresar á su apa rtndo aHi lo
Y ante la cruz se postra resignado.
Desde entonces Xathán duerme tranquilo.
RIC'ARDO GIL.

~

Tanta vida infunde el amor, que en los momentos supremos olYidamos que viYimoR.
De la inocencia nace el amor espontáneo y
también frágil: pero si lográiR inspirar amor
á un corazón herido por los desengaños, éste
será firme hasta el sacrificio.

(.l

persona &lt;lignísima y muy señora mía, tiene el
maldito vicio de llegar retrasada, por lo cual
sólo sirve para amargar gustos y adobar remordimientos. La reflexión de l\larta se había quedado zaguera según costumbre, y el
impulso ele la piedad, el primero que salta en
el corazón de la mujer, hizo que la doncella,
al través del postigo, preguntase compadecida:
((¿Quién lla.ma?" Voz &lt;le tenor dulce y vibrante respondió en tono persuasivo: «Un viajero.»
Y la bienaventurada de Marta, ·sin meterse en
más averiguacionef:, quitó la tranca, desconió
el cerrojo y dió vuelta á la llave, movida por
el encanto de aquella voz tan vibrante y tan
dulce.
Entró el ,·iajero saludando cortésmente· y
quitándose con gentil desembarazo el ch¡mbergo, cuyas plumas goteaban, y desembozándose la capa, empapada por la lluvia, agradeció la hospitalidad y tomó asiento cerca de la
lumbre, bien encendirla por )!arta. Esta apenas se atrevía (, mirarle, porque en aquel punto la consabida tardía reflexión empezaba á
hacer de las suyas, y Marta comprendía que
dar asilo al primero que llama, es ligereza notoria. Con todo, aún sin decidirsé á levantar
los ojos, vió de soslayo que su huésped era
mozo y de buen talle, descoloriclo, rnbio, cara
linda y triste aire de seiíor
aeostllmbrado al mando y
á ocupar alto puesto. Sintióse l\larta encogida y llena
de confusión, aunque el viajero se mostraba reconocido
y la decía cosa halagüeñas,
que por el hechizo de la voz

t: t•

MONUMENTO A JUÁREZ

.,,.

La iniciativa particular, en Veracruz nos
o~rece _u~ _ejemplo. prec~oso de lo que p~ede,
!)len d1ng1da y meJor onentada, la constancia
en la empresa. Nos referimos á los resultados
que 1~ ~unta encargada de colectar fondos para eng1r un monumento al Benemérito de
Amfrica, ha obtenido tras algunos años de lucha constante, de pesquisas para arbitrarse
los fondos necesarios.
El monumento que representa nuestro grabado,está en vías de ejecuci6n y no cabe du&lt;la que all_í, en Veracruz, cuyos moradores
fueron ~st1gos &lt;le la grandeza de Juárez, se
l~vantara dentro de poco la primera estatua
digna, como obra de arte, de inmortalizar
el nombre del apóstol.
La i:iin~a, para hacer más significativo el
cump.1mient_o de ese deber del patriotismo
mexicano, hizo un llamamiento -al pueblo y
desde el comerciante adinerado hasta el humilde obrero, han en \'eracruz contribuído
cm~ su óbolo para la realización de la idea.
LeJOS están los organizadores &lt;le haber reunid_~ hasta ahora la suma que importa la erecc1_on de la estatua; pero sin que la suscripción
pierda Sl~ carácter _d e eminentemente popular, contm~an pomendo en juego todos sus
esfuerzos, a fin ele que pronto puedan llevarse
á término loR trabajos.

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el alma de través y el corazón á dos dedos ele
la boca, maldecía el fatal momento en que dió
acogida á su terrible huésped. Lo malo era que
cuando justamente Marta, apurada la paciencia, iba á saltar y á sacudir el yugo, no par{'ce sino· que él lo adivinaba, y pedía perdón
con una sinceridad y una gracia de chiquillo,
por lo cual Marta no sólo olvidaba instantúneamente sus agravios, sino que, por el exquisito goce de perdonar, sufriría tres veces
las pasadas desazones.
¡Qué en olvido las tenía puestas cuando el
huésped, á medias palabras y con precauciones y rodeos, anunció que c&lt;ya» había llegado
la ocasión de su partida! )!arta se quedó de•
mármol, y las lágrimas lentas que le arrancó
la desesperación cayeron sobre las manos del
viajero, que sonreía trÍ!;temente y murmuraba
en voz baja frasecitas consoladoras, promesas
de escribir, de \'Olver, de recordar. Y como
Marta, en su amargura, balbucía reproches,
el huésped, con aquella voz de tenor dulce y
vibrante, alegó por vía de disculpa: «Bien te
&lt;lije, niña, que soy un viajero. ~[e detengo,
pero no me estaciono; me poso, no me fijo.»
Y habéis de saber que sólo al oir esta declaración franca, sólo al sentir que se desgarraban las fibras más íntim&amp;s de su ser, conoció
la inocentona Marta que aquel fatal ,·iajero
era el .Amor, y que había ahierto la puerta,
sin pensarlo, al dictador cruelísimo del orbe.
Sin hacer caso del llanto de :'.\Iarta-¡para
atender á lagrimitas está él!-sin cuidarse del
raf&lt;tro de pena inextinguible que dejaba en
pos de RÍ, el Amor se fué, embozado en su capa, ladeado el chambergo-cuyas plumas secas ya, se rizaban y flotaban al viento bizarramente, -en busca de nuevos horizontes, á llamar á otras puertas mejor trancadas y defendidas. Y Ma1ta quedó tranquila dueña de
su hogar, libre de sustos, ele temo~es, de alarmas, y entregada á la compañía de la grave y
excelente reflexión, que tan bien aconseja
aunque un poquillo tarde. No sabemos lo qu~
habrán platicado; sólo tenemos noticias ciertas &lt;le que las noches de tempestad furiosa
cuando el viimto silba y la lluvia se estrell~
contra los vidrios, Marta, apoyando la mano
sobre su corazón, que le duele á fuerza de latir apresurado, no cesa de prestar oído, por si
llama á la puerta el huésped.

€milia }&gt;ardo ]Jazán.

~\

Y::.. no verás i:obre laR trenzas mías
Las florecillas de color de grana,
Borrada se::i. por tu horror de ahora
.\quella imagen sensi.ial y mna! ... -

Aspecto de la plaza después del desfile,

RIA, glacial era la noche. El viento silbaba
medroso y airado, la
lluvia caía tenaz, ya
en ráfagas, ya en fuertes chaparrones; y las
dos ó tres wces que
Marta se había atrevido {¡ acercar~e á su
.__,,..
Yentana por ver si se
aplacaba la tempestad,
In deslun1hró la cárdena luz de un relfimpago
y la horrorizó el rimbombar del trueno, tan
encima de su cabeza, que parecía echar abajo la casa.
Al punto en que con más furia se desencadenaban los elementos, oyó Marta distintamente que llamaban á su puerta, y percibió
un acento plañidero y apremiante que la instaba á abrir. Sin duda que la prudencia aconHejalm á ::\Iarta d&lt;'soírlo, pues en noche tan
CHpanto::;a, cuando ningún verino h0nrado Re
atre,·e á eeharsf' ú la eálle, l"Ólo los malhechores y los penfalo1&lt; libertinos son eal'aces de
arrostrar viento y lluvia en hu~ca: de a yen turas y presa. :'!Iai-ta debió haber reflexionado
que el que posee un · hogar, fuego en él, y á
su lado una madre, una hermana, una esposa
que le ronsucle, no s,ile e11 el mes de enero y
ton u11a tormenta de~atacla, ni Bama á pue1:tnR aj&lt;'rnu•, ni turba 1n. tranquilidad de Ja¡; donlcdas:hone;;tafi y rec-ogidai,;. Mas :a reflexiún,

lo parecían más; y á fin de disimular su turbaci6n, se dió prisa á i-ervir la cena y ofrecer
al Yiajero el mejor cuarto de la casa, donde se
recogiese á dormir.
Asustada &lt;le su propia indiscreta conducta,
::\larta no pudo conciliar el suef10 en toda la
noche, esperando con impaciencia que r.a.yase
el alba para que se ausentase el huésped. Y
sucedió que éste, cuando baj6, ya descansado
y sonriente, á tomar el desayuno, nada habló
de marcharse, ni tampoco á la hor~ de comer,
ni menos por la tarde; y :'.\Iarta, entretenida y
embelesada con su labia y sus paliques, no tuvo Yalor para decirle que ella no era mesonera de oficio.
Corrieron semanaR, pasaron meses, y en casa ele Marta no había más dueño ni más amo
que aquel viajero á quien en una noche tempestuosa tuvo la imprevisión de acoger. El
mandaba, y :'.\Iarta obedecía sumisa, muda,
veloz como el pensamiento.
No creáis por eRo que ~Iarta era propiamente feliz. Al contrario, vivía en continua
zozobra y pena. He calificado de amo al viajero, y tirano debí llamarle, pues sus caprichos despóticos y i-;u inconstante humor traían
á :\Iarta medio loca. Al principio el viajero
parecía olm:liente, afectuoso, zalamero, humilde; pero fué creciéndose y tomando fueros,
hasta no haber quien parnse con él. Lo peor
de todo era que nunca podía l\Iartaadivinarle
el deseo ni precaverle la desaz6n; sin motivo
ni causa, cuando menos debía temerse ó esperarse, estaba frenético 6 contentísimo, pal"ando, en menos que se dice, del enojo al halago y ele la risa r~ la rabia. Padacía arrebatos
&lt;le furor y berrinches injustos é imern,atos
que á los dos minutos se convertían en trans~
portes de cariño y en placideces angelicales·
ya se emperraba como un chico, ya se deses~
peraba como un hombre; ya hartaba á l\Iarta
de improperios, ya le prodigaba los nombres
más dulces v las ternezas más rendidas.
Sus extravagancias eran á veces tan insufribles, que Marta, con los nervios de punta,

Domingo 21 de Septiembre de 1902.

.

Como obra artística el
mo!-'lumento será, si
el
meJor, uno de los más notables de la República, tanto
por la hermosura del conjun~o, como por lo bien estudiado d e sus detalles.

u¿

Proyecto de monumento á Juárez,

�!Jomingo 21 de Sepliembre de 1902.

EL

EL MUNDO ILUSTRADO

MUNDO ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 13.

MÉXICO, SEPTIEMBRE 28 DE 1902.

Director: LIC. RAfAfl Rtl't&amp; &amp;PINDOLA,

Subscripción mensual fon\ueü, $1.~lll
[dem ldem. en hl,.Ct1.)•ILt1l," 1.~;¡
Qerentei LUI&amp; Rtl't&amp; &amp;PINDOLA.

LA PESCADORA Y EL PASTOR
ESTIO

(Cuadro de Charp1ntior-Bo1io.)
(Cuadro de Kaemmer-er.l)

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1902, Año 9, Tomo 2, No 12, Septiembre 21</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>!Jomingo 21 de Sepliembre de 1902.

EL

EL MUNDO ILUSTRADO

MUNDO ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 13.

MÉXICO, SEPTIEMBRE 28 DE 1902.

Director: LIC. RAfAfl Rtl't&amp; &amp;PINDOLA,

Subscripción mensual fon\ueü, $1.~lll
[dem ldem. en hl,.Ct1.)•ILt1l," 1.~;¡
Qerentei LUI&amp; Rtl't&amp; &amp;PINDOLA.

LA PESCADORA Y EL PASTOR
ESTIO

(Cuadro de Charp1ntior-Bo1io.)
(Cuadro de Kaemmer-er.l)

�Domingo 28 de Septiembre de 1902.

NEVANDO.
Aquí dentro, fuego; ahí afoerR, nieve ...... .
Así eres tú, como clijv aquel poeta que tan
bien te quiso:
«ruego en el corazón, nieve en el rostro ... •"

,

Fuego como éflte, calor de hogar, manso,
tranquilo, no enervante como el del sol ele estío, que ata el ingenio,)' _pára la fantasía, y
entraba al par los movimientos &lt;lel cuerpo y
del pensamirnto; fuego tranquilo_, del que n.o
hay que temer que suba á incendio, fuego ahmentado ele excelsas materias, de troncos generosos que un día tuvieron flores y cuando
ya no las tienen privados de alegrarnos con
ellas los ojos, se' dan en pasto á la pama para
yolver á ser útiles y prestarnos abrigo y consuelo ..... .
Tal hubiera sido tu amor, e~toy seguro.
Primero flores, l'Jego luz y calor.
.
Si la vieras esta noche qué bomta, tú á
quien tanto gm;ta la nieve!_
.
Si pudiera yo verla contigo, yo á qmen tanto gustas tú!
Ha caído de repente y durará un momento.
:Xo es la nieve frecuente encanto de estos
e-limas, como en el mundo sois raras las muchachas como tú.
Aparece siempre ú. nuestros ojos como espectáculo nunca visto y viene á herir nue¡¡tra
fantasía con la intensidad y la fuerza de un
pensamiento nuevo.
Así á través de uno y otro año, de uno y
otro dolor verdadero y de una y otra ficticia
ventura viene blanca como la nieve, tu me·
moría á ' llenar ' de poético y tnste
encan to el
pensamiento. Baja sobre él mansamente, como bajan sobre el agostado jardín esos copos
y le van form;i-nclo esta blanca vestidu.ra que,
con ser tan fria, parece que ha de abngarle y
protegerle.
Como es tan raro que nieve, hasta la luna,
esta esqufra de quien apenas conservábamos
memoria, se ha dignado salir á verlo.
Yo la he saludado con la misma alegría que
á ti cuando pasado un luto apareces en una
fiesta y pensando en ti me he puesto á contemplar el maravilloso espectáculo de sus reflejos sobre la nieve.
Qué luz tan melancólica, tan hermosa! Qué
musa!
La nieve, que es triste, parece sonreír ante
las caricias del astro, como se sonríe tu rostro
pálido al sentir sobre sí la luz de unos ojos.
Si pudieras verlo, tú á quien tanto gusta la
nieve!
Durará un momento, pero la impresión de
esta blancura, de esta delicada belleza de la
nieve, vivirá aún largo rato en mis ojos, como
en mi memoria la de tu hermosura, con que
me alumbro entre las nieblas y oscuridades
de la vida.
A mí me gusta la nieve porque te gusta á
ti, y á ti te gusta porque es blanca.
Y repara que quizá no he dicho una simpleza. Blancos son tus pensamientos, y. tus
sueños, y tu alma y tu rostro, y blanco tiene
que ser todo lo que te guste, y por ser blanco
es por lo que tiene que gustarte, porque lo
blanco es la pureza, lo inmaculado, lo no vulgar, y tú no puedes encontrar be1lo nada que
no sea así.
En el jardín del mundo, del que sois vosotras las floresL-y nosotros pudiéramos ser los
árboles, quién el fuerte roble, quién el laurel
glorioso, quién ¡ay! el ciprés tristísimo,-las
hay de todos colores y aspectos. Prefiere uno
los claveles, porque son alegres; otro los encuentra vulgares y elige la rosa de té, por lo
triste, por lo aristocrática; hay quien escoge
los pensamie~tofl, por lo que significa!&gt;, y no
se paga de exteriores encantos ..... .
Pues bien, en ese jardín tú eres la rosa blanca, la que todos admiran, aunque sin atreverse á aspirar á ella, la que no se disc:ute, la que
no admite comparaciones ni rivalidades.
:íi;l blanco es la suma de todos los colores,
de todas las bellezas d1tla vista, por lo tanto.
La pureza, que es el blanco entre los mati-

EL MUNDO ILUSTRADO
ces del espíritu, es la suma de todas las virtudes de todos los afectos tiernos y generosos ...
\\.istas á través de tu alma la vida y la naturaleza humanas, se transfiguran y em bellecen; bajo ella ocultan sus asperezas la una, su
flaqueza y miseria la otra. En lo cual eres todavía igual que la nieve, que cubre con una
inmaculada alfombra el lodo y sucio aspecto
de la calle ó el camino.
Celestemente hermosas sois tú y la nieve!
Parecen estos copos pétalos de rosas blancas
que alguien se entretiene en deshojar desde
arriba ........ .
Diríase que ibas tú á pasar por debajo.
Y eso parece tu rostro; no blanco, sino nevado. Pálido, no por falta de color, sino por
sobra de blancura...... Hermosas sois tú y la
nieve!
¿Por qué va á ti mi pensamiento siempre
que veo nevar? También es blanco el sol y no
se te parece sin embargo.
¿Será que son trif:tes la nieve y tu recuerdo?
Ello es que de tal modo os asocio yo en mi
mente, que no parece sino que eres tú la que
nievas ........ .

E.

MENÉNDEZ Y PELA YO.

BiBLICA.
...... Cuando tú llegas, se van iluminando
poco á poco las colirnts y los. cárm~n~s.
,
Viendo tus pupilas, se ale¡a el vie¡o hast10.
Con todo el oro de tus cabellos, podría forjarse un ánfora.
Anfora es tu seno donde habita la miel de
un panal raro.
Anfora es tu nuca donde dormitan lánguidos los besos.
Con lai, camelias de tus mejillas, podrías
asustar á la vendimiadora implacable.
La muerte sentiría tristeza inmensa viendo
la púrpura de tus labios y el marfil de tu cuello.
Hay en t1 triunfo de tus cari~es, un beso
misterioso de la sangre y de la meve.
Tus ojos tienen fulgores del misterio; tus
ojeras son dos violetas marchitas por la escarcha.
Tus manos son dos lirios largo:; con franjas
violáceas.
Son dos estrellas tus ojos que disipan la negrura de la ruta de los tristes.
Vas marchando hacia la tumba lentamente; sin darte cuenta......
.
Tu juventud se apaga, va á tenmnar el clamor de tu apoteosis.
El clamor de la gran multitud que saluda,
se esfuma y languidece.
Y todavía, oh estatua, sigues adorándote á
ti misma, y vas cerrándole el paso á los que
en peregrinación van á tu encuentro.
Afrodita se hace trágica, inclemente y enferma ........ .
Yo quisiera saber en qué piensas en tus nochE:s de dudas é insomnios.
La.,.gran victoria será de los gusanos y de
la podredumbre.
El sepulcro con sus fauces- de piedra, se
tragará una Venus que tuvo miedo á la infinita sensación de un beso ........ .
JuA~ D'SoLA

EL HAZ DE CAÑAS.
Había en una aldea un mocetón fornido,
bruto como un alcornoque, que no sabía que
las fuerzas sirven para trabajar y no para reiiir. Su brutalidad nativa inducíale á pelearse de continuo vera el terror de los demás
mozos y el escándalo de hombres y mujeres.
Un día que el alguacil quiso reprenderle, trab6 conocimiento con sus puños de jayán y
desde entonces campó por sus respetos.
En el mismo pueblo habitaba un chico muy
listo, muy bondadoso, muy querido de sus
iguales y de sus superiores.

==
Quejábanse un día en su presencia de los
desafueros del jayán cinco ó seis muchachos
á quienes había dado un soberano pie de paliza por un quítame allá esas pajafl. Tocios
convenían en que aquello ern intolerabli,, pero convenían también en que era preciso sufrirlo, bien así como se sufre una epidemia ó
una sequía.
-¿Creéis que el mal no tiene remedio?
-Tal creemos.
El chico listo, que era quien había hecho
la pregunta, dirigiéndose á los demás f i,efla~
!ando un haz de cañas que bahía Junto a
ellos, dijo:
,
-Coged una de estas cañas y probad a
romperla.
.
Hizo la prueba uno de los oyentes y sm
esfuerzo rompió la. caña.
--¿Cuál es el más forzudo de ,·osotros?
-Yo.-contestó uno.
-Bien. Coge seis cañas á la vez y rómpelas.
-Ya está,-contestó &lt;le allí ú un rato el
que hiciera la prueba, rojo y jadeante aún,
por el esfuerzo que hiciera.
-¿Te atreverías á romper doble número ele
cañas á la vez?
-No.
-¿Y á romper el haz entero?
-N'i por pienso.
-Pues ahí t,méis el remedio que buscáis.
El que os aterroriza y os doma, lo hace porque sabe que puede pelear con vosotros uno Ít
uno. Tomad ejemplo del haz de cañas. Preste
cada uno de yosotros á los demás su fuerza;
uníos para un fiu común y no habrá quien se
atreva con vosotros.
Surtió efecto el consejo y, en lo suce!&lt;ivo,
el matamoros se convirtió en mansa oveja.

***

CANTARES.

Yino, sentimiento y poesía
hacen los cantares de la patria mía ..
Cantares ........ .
Quien dice cantares, dice Anda! ucín.
A la sombra fresca de la Yieja parra
un mozo moreno rasguea la guitarra ...
Cantares ........ .
Algo que acaricia y algo que desgarra.
La prima que canta~· el bordón que llora ...
Y el tiempo callado· se va hora traR hora.
Cantares....
Son dejos fataleR de la raza mora.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 28 de Septiembre de 1902.

cJ&amp;assenet.
UN TRIUNFO ARTÍSTICO.
Siempre nos ha parecido que los técnicos
exageran al asegurar que el público debe concunir á las a11dicioneK musicales armado de
las reglas y preceptos &lt;le! arte para juzgar confor~1e á ellos .la¡; obras que se le presenten.
Es tem!e!1c1a ¡,res~nt.uosa y ridícula, f~ta
de los cnticos especialistas, de 111ostn.r por
todas partes que su 1mperioridad sobre la mai&lt;a
comú, estriba en que ellos analizann, desmontan .v desmenuzan la obra de arte, y que
por ello se dan cuenta exacta de la función
m~cúnica, ei1 tanto que los otros, la multitud
«d1le~tan ten, sólo sabe sentirla en su ignornncia
y de¡arse arrebatar por una emoción en la
cual parn nadn ú para n1u1· poco entran la reflexión .r pJ aníllisi:;.
m público hnce hien, ú eRo rn, á experimentm la impresi(m (:',it.ftica pura, :;in :ípicf' ni
n~e~cla de e,;tndio; no ,·a :'t rcsoh·cr prohlcmai-:,
•~1 a apl1;ar conocin1icnto;;, ni ú discutir teonas; ,·a a una 1-'0la cosa grand&lt;': Íl s(:'ntir.
Rn buena hora que los niédico;; se preocupen ante his Ve11ns de :.\Iilo, de ob:,ervarlas &lt;lef;de el punto de \'Í~ta de la anatomía &lt;le laR formas; en buena hora que lo:; dúmineR aiiejos
no~e•~ que los ':ersos dt' Regnier faltan ú la
retorica de Blair; Jwro lo~ que tienen la i11~uiciún del arte y vi:,;it:111 la sagrada y pequena Rala del Loune, ú leen en el silencio de
SIi!:&gt; •~1e&lt;lit:iciones los ,cl'ri111Pr08 Poemas», no
necesitan para deleitarse sino de la educación
del buen gusto y del refinalllicnto del ~entido
estético, ~¡ue suelen encontrarse mejor en la
constanc1a, en la ¡wrsfwerancia de la oh~ervación, natural y espontáneamente guiada, que
t'n_ las. profundas filosofías y en las áridas exphcac1ones de la té&lt;'nica.
Todo esto no quiere det·ir que la crítica
sena y grave no tenga papel; lo tiene y muy
tia.scende~t.al, .,:ob~·e todo en la época prei-ente;
pero la cntic:L esta fuera de Iugar cuando el
g_rupo huma1~0, 1·o!npie11do_ la,; vallas preceptH;tas, y ])ORe1do t,e entusiasmo, aplaud,., sin
resen·a una obra tic arte porque hn sacudido
lo~ espíritus con una intensa emoción,. les ha
hecho entrever el idea l.
•
La cdtica podrít decir cuanto quiera de la
leyenda de ~Ias!;enet: si e.:; reliaiosa si 110 lo
.
o
'
es; s1. carece e1e originalidad
ó la
po1-ee;
si es
alta y nohle hasta la altura y la nobleza del
asunt0; nues~ro público, en cambio, que]no

puede decir nada de eso, no ha experimentado una sensación más honda y máf' sincera
que la que le produjo la inspirada múRica del
maestro, fr~ncés. Es música hecha con pasión
y ?º!1 lagnmas, .amasada con amor y dolor;
11; us1ca g_ue pal pita de tern urn y brilla de poc•
1:-1a; música que desc1ibe el paraíso de N'azaret, la gris y tri;;te calle de la Amargura y
que luego deRcribe y pinta con todos los c~lo·

nas pmtorescaH;u sabínmos que maneja la orquesta con una genial habilidad; sabíamos que
es 1111 gran poeta, un soñador excelso; ahora
nos h~ convencido de quP. es un hombre hueno. Solo_ un bueno puede concebir y escribir,
e!1 las le¡anías de m1 éxtasis ei::a música unc10sa y divina, que humede¿e el coraz6n como
un rocío y lo perfuma como un húlsamo.

***

EL MAESTRO MENESES.

res de_!, iris e} _rompimiento de gloria de la
Asunc10n; mus1ca que ora con los labios ele
María, canta con el coro de los úncreles llora
º el' ,·ino
con 1os 1amentos aposto'l'1cos, ríe con
en las bodas de Canaan; es l(wubre
en la tem0
p.estad, épica en las trompeta s de los centuriones, voluptuosa en la danza oriental, so·
lemne y l'anta enel «Magnificat.,1
Conocíamos á Massenet como un erran sinfonista; nos habíamos deleitado con :us «esce-

:Xo importa la vida, que ya está perdida;
y después de todo, ¿qué es eso, la vida? ......
Cantares........ .
Cantando la pena, la pena se olvida.
Madre pena, suerte; pena, madre, muerte,
ojos negros, neg~os, y negra la suerte ..... .
Cantares ........ .
En ellos el alma del alma se vierte.
Cantares. Cantares de la uatria mía;
cantares son sólo los de Andalucía.
Cantares ....... .
Xo tiene má~ notas la guitarra mía.
MADRIGAL.

Y no será una noche
sublime de huracán, en que las olas
toquen los cielos .. . Tu barquilla leYe
naufragará de día, un día claro
en que el mar esté alegre.
Te matarán jugando. Es el destino
terrible de los débiles ...
:'lfientras un sol espléndido
sube al cenit hermoso como siempre.
)fAxuEL :i\L.\rHADO.

Conjunto de ejecutantes.

El público se ha sentido una Yez más subyugado por el talento del compositor, y ha
agradecido ele todas veras al maestro l\lenesei;
este rasgo de filantropía artística este esfuerzo su1?re1110 tan desinteresado y tan noble. }l~l
nos hizo conocer estas bellezas·; justo es el tri?uto de homenaje t1ue le hemos rendido. Su
11:J~tilso ha estado á la altura de la obra. Y,
?1gamoslo con benepl~;ito, los elementos que
se ha allegado, tambien. El señor Malda
que co~ab?ró en la traducción del libreto, me'.
rece as1m1srno un elogio.
La voz pura y suave, y el alma sere1~ª Y contemplatoria de la eminente cantante
~•:a, ~cho?, y la garganta pri\'ilegiada ele la
::ita. Galvan de Nava, y las excepcionales fact~ltacl~s c~e la ~rn. Cejudo de lintiérrez, y e1-a
g1a_n espe1anza del arte que se llama :\!arfa
~ursa Esc~har, y lo~ Sres. XaYa, García .\belo, Y ~Ian~, han sido factores importantísimos del éxito.
'\ la altura de estos factores han (:'~taclo los
con¡untos, el orquestal y el vocal, al grado de
4~1e podemos afirmar que en l\léxico no fle haLian escucha~o nrnsas tan seguras, tan numero~as Y ta•~ ~ien dirigidas.
. Las authc10ne~ d_e ((La Yirgen" !"on el Rugurio de un resurg1m1ento lírico de gran alc.1 ncf'.
Así lo deseamos para bien del Arte.

Debido á la falta de luz y á lo numero;;o uel
¡ierso~~al que tomó parte en la ejecución de
«La \ irgen_,u no fné posible obtener una buena fotografia d_el conjunto de artistas. El grabado .&lt;Jue publicamos, dará á nuestros lectore~, ~lll embargo,. una idea del aspecto que
of1e?1~, el escenano del Arbeu al concluir la
au lic10n.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 28 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

IDILIO Y TRAGEDIA
HI va ahí va, gritó á lo lejos iln pelotón de chiq_uillos, corriendo pecho arnha
por uno de los campos del
pueblo, detrás de una bandada de perdigones.
En los peñascos de las cuencas y en el fo.ndo de las gargantas del terreno, el eco repite
desde cien sitios «¡ahi va, ahí va!", de un modo desvanecido y aéreo, como si otras cacerías
se verificaran en diversos sitios del monte.
¡Qué vistosa y qué bizarra partida de cazadores!
El hijo de la «Chirrina," Andrés, general
en jefe del antlante escuadrón que escasamente llega á los doce años, reparte ~rdenes y pedradas en todas direcciones y anima al tropel
con su actividad y la dirige con su b~en golpe de vista «trapacera.)) Le ha prometido una
buena su patlre pero sabe el muchacho que
el hosco autor de sus días está en el pueblo
inmediato, y al verse el rapaz libre, estalla

nos diversas actitudes, y la l"iente plasticidad
y la gracia más pt~ra y fresca, seducen en el
lienzo vivo y caprichoso.
El cuadro se descompone cuando se persu~den los chiquillos de que no pasan los perdigones.
-Puez eyo e que hay que buscarlos.
- Eso digo yo.
-Puez yo no. Yo digo que ez mejó ir á
arcanzá er nío e cigüeña que hay e no arto e
la atalaya.
-Mejó é jezo, clama la mayoría de las voces, y allá va la risueña partida entre la~ llamas vibrantes del sol, que arranca chispas
de las piedr&amp;s.
La atalaya era una torre en ruina? 1;1na altísima edificación de moros, un prochg10 de vetustez con su manto de hilos de arnña, sus
anfractuosidades llenas de germinaderos de
reptiles, sus matorrales á media obra, que no
se sabe de qué jugo beben, y sus troneras, por
las que se veía la lista del mar azul y las
arenas.
Una especie de espuerta de broza, un nido
colosal hecho á trompicones, dejábase ver en
la cima, y cerca de él, sostenidii por milagroso equilibrio sobre un pie, una cigüeña castañeteó el largo pico al ver acercarse á la torre
el tropel de libres muchachos, y se elevó á
grande altura.
Se echó la «china" para ver á quien le tocaba hacer la ascensión al nido; hubo disputas,
bulla, gresca, arreglos, desarreglos, y, por fin,
Andrés, Andresillo, el más denodado, el más
valiente, el más simpático, fué elegido para
el caso.
-Bueno, dijo, pero no matamoz los pájaro
zi los tiene; ná más que velos, ¿eh?
Se remangó el único jirón de manga que tenía su camisón, lió en un e~tropeado papel
un cigarro de pámpanas secas, describió varios brincos y zapatetas antes de aferrarse á la
obra, y por fin se agarró, en actitud de ~ana,
al edificio. Ascendió por aquella escala inverosímil; gan6, trazando culebreos, algunas Yaras C:.e altura, arañó, sintió el escal~frío del
riesgo varias veces, y en un htwquecillo maaantas y los pedruscos de las cuencas devuelvor que los demás. puso un instante el ciga~en las sonoridades fantásticas y repiten muy
para hacer descansar á los pulmones. Fudébilmente: «¡Ayí va! ...... ll
mó de nuevo, tornó á saltar la pajuela, hizo
Ladera arriba los granujas huyen como deen el aire unos garabatos de alegría con una
monios· uno tropieza, otro quita la vez al depierna libre, y apechugó de nuevo con la
lantero' éste da una voltereta para caer de pie
torre.
como l~s gatos. En un recodo, los perdigones
Ya estaba cerca del nido, y forcejeaba, canse acoclan rimando el color de sus plumas con
sado
de la lucha,á una altura vertiginosa.Ateel de la tierra, y el escuadrón de cazadores parrados los espectadores, ni proferían palabra
sa &lt;le largo.
siquiera. De pronto sintió Andrés un colosal
Entonces los animales se remueven, inspecaletazo en el rostro, á la vez que oyó un grazcionan el terreno alzándose sobre sus patitas,
nido feroz de ave furiosa; llevóse el rapaz amy viendo el campo libre, toman la ruta del
bas manos á la cara, perdi6 con el punto de
monte.
apoyo
el equilibrio, y cayó al espacio; volteó,
Rendidos de nuE:vo los chiquillos por e1 sol
rebotó, grieteándose el resonante cráneo cony la carrera, dan en tierra bajo unos parrales,
tra una peñn. La punw. del cigarro tard6 más
rojos los carrillos, las frentes sudoros3:s, el
en bajar, y por un capricho del aire fué ~ caer,
aliento jadeante y desollados maaos y pies.
encendida y humeante, en la desportillada
-¿Sabei que pica bien el sol? clama el reboca del muchacho.
voltoso ,,jefe,, con los ojos encandilados.
El idilio se había trocado pronto en trage-Jaremos sombreros con las pámpanas.
dia,
en tragedia imponente y horrible.
-Bien pensao, miá tú.
La primera idea ele los chiquillos fué la &lt;le
Y las guirnaldas flotantes de la vid, los sar•
salir huyendo; algunos ni volvieron la cara
mientos vestidos de hojas, caen trcnchados al
atrás hasta entrar en el pueblo, yendo á refusuelo en haces hermosos. Un rapaz traza de
giarse en el seno de sus madres; otros dieron
un periquete una corona y se la planta¡ otro
parte de la desgracia ..ntre espasmos d~ mt~e~combina un círculo de verdura y lo ajusta á
te
y castañeteamiento de dientes, y la noticia
sus sienes· el de más allá teje una trenza de
voló como un río de p6lvora por el pueblo.
pámpano; y la rodea al cráneo hirviente; éste
Salieron á recibir el calláver, que era conduarre~la la más graciosa diadema de Baco y
cido en hombros, viejos, mujeres, niños y toengalana su cabeza con ella; todos se adornan
cto el vecindario en masa.
como dioses griegos, y son de ver las caras suUn plañido fúnebre, compuesto por gritos
cias, los carrillos dados de obscuras pincelade
den locos, por exclamaciones de pena de
das, los torsos de color de bronce empavo:iacien labios, y por los retorcimientos de dolor
dos por el sol, bajo aquellas coronas egregias,
de la madre, llegaba al alma con el trágico
bajo aquellos adornos clásicos.
aparato de las grandes desgracias.
Grita uno de los chiquil~os«¡Por ayí van!»,
-¡ ¡Mira, mira! !-decían las mujeres á sus
y las profusas figuras del cuadro, fijas en el
hijos.-Pa que te sirva de escarmiento, pa
suelo, se inclinan hacia un mismo punto; comque no güervas á andá por ezos ~mpoz. ,
binase una aucesión de perfiles, revuélvanse
Los niños veían con agrandamiento. de OJOS
de modo distinto los cuerpos, adoptan las ma-

Sobre ésta caen infinitas filtra0iones babeando sus hilos sonoros, y cada gota, al caer, parece llevar el canto de una lírica orquesta. U11
nutrido repicar de sones armoniosos hal.aga
dulcemente los oídos con efectos de músicas
extrañas. Los muchachos callan un momento seducidos por esta sinfonía, y se ponen á
cdntemplar los círculos, rayas, rizos y_ ondulaciones que arrugan la «tez&gt;&gt; susceptible del
agua. ¡Qué misterios! Allá abajo, en .el hond.o
de aquella sima transparente, una v10len~ísima mancha de fuego, un relámpago de vivas
tremulaciones, ofusca y pin?ha los ojos con
mil espadas de oro: es la copia del sol.
-¡Mira, y no se apaga! dice uno de l~s chiquillos al verlo lanzar sus llamas de tnunfo.
-Porque está ma abajo del agua y no le
yegan laz gota.
.
-¿Y á cuántas brazas estará de nosotros, tú?
-¡Anda! Lo menos á veinte.
- ¿V amo á cogé una caña pa pincharle?
Los perdigones surgen de pronto, bruscamente, del matorral, y dejan cortado el diálogo de los cazadores.
-¡Ayí van, ayí van! repiten de nuevo los
chiquillos, lanzándose en polvoroso tropel,
como dice Virgilio, y los peñascos de las gar-

de alegría, como si fuera el graneado de un
fuego de artificio. Le siguen pisándole los talones Periquín, hijo de la Tarasca; Anselmo,
nieto' de la Cantimplora; Lorencillo, sobrino
de la Porcuza; J usepo, hijo de Trincacopas;
Celedonio, ahijado de Matapenas; Robustiano, nieto de Orinaduros; Pantaleón, primo de
Piernascomhas, y hasta las docenas de desarrapados, que, cuando llegan las postri~erías
de a~osto, ee lanzan á las cacerías de p~Jaros,
y no dejan en todo el contorno árbol sm pedrada huerto sin avería, lagarto sin ser acosado 'culebra sin ser perseguida, y charco ó
poza' sin que reciba sus cuerpos denegridos.
Congestionados los rostros bajo el potentísimo sol que cae de los cielos, descalzos de pie
y pierna sin montera ni cosa que resguarde
el cráne~ del calor, y reuniendo entre todos
un traje hecho jirones, pues el que lleva un
pernil, caree~ de lo demás, y el q.ue enseña un
tirante no tiene calzones que suJetar, van comunic{mdose en atropelladísimos diálogo~,
rendidos ya y asfixiados por la carrera.
-¡Por ayí se han metío, miales! gritaba
Andrés, ayí san acurrucao junta la aberca;
vamos á eyos.
Y cautelosamente, inclinando los cuerpos
para ofrecer menos ?lancos á l~s. perspicac~s
miradas de los perdigones, se dmge la partida de chiquillos al boscaje que pone techo de
grefias á la superficie del estanque.
¡Qué vaho de frescura al entrar bajo aquella tupida bóveda! El enzarzado pabellón deja dibujarse en el suelo una azulad.,ll, randa de
sombra taladrada de lunares de oro, que se
deslizan sobre el agua cuando el viento mueve mansamente el ramaje. Los chiquillos
muestran, salpicados de esos lunares de luz,
piernas, brazos: rostros, manos y cabezas. A
veces, el fantástico encaje sacude su tapiz aéreo, y entonces los millares de pupilas oro
corren sobre los cuerpos de los muchachos con
precipitación deslumbrante y vertiginosa ..... .
Después de buscar inútilmente los perdigones, se ponen á mirar los rapaces, echados sobre los muros del estanque, la copia de los
cielos; de las raro-as, del musgo y de todo el
bosque, allá en el fondo misterioso del agua.

rro

el cuerpo muerto, v retrocedían espantado~.
En la humilde casa de Andrés fué colocado el
cadáver, y la noche cay6 8obre el espíritu de
la ma&lt;lre como un océano de sombra. Todos
los vecinos del pueblo acudieron al velatorio;
en el regazo de las mujeres los niños· en grupos cabizbajo¡;, los de igual' edad á la' ele Andrés; los viejos, acostumbrados á los dolores,
con una tranquila resignnción al lado de otros

Por la tarde, en medio de la quietud excel,;a de los campos, 8e dió principio al entierro.
El cura, revestido de negro, llegó con ,;u acompanamiento sagrado á la puerta de los padres
del muerto, y les pidió al hijo de su alma. La
madre arrojó un inmenso grito de sorpresa
que dejó rotas sus entrañas. El canto fúnebre
lo pidió con nuevos clamores, escudriñando
el corazón para estremecer sus más leves fibras.
Cogieron los que fueron amigos de Andrés
la caja, y estalló esa sinfonía terrible, tri&gt;menda, de aullidos de almas que se retuercen y
despedazan de dolor, de cong&lt;&gt;jns que rompen
en lágrimas, de voces profundas que entouan
el canto de la muerte, de aroma de las rosas
ajadas, de jazmines marchitos, de clamore8,
de besos, de llantos.
Es la inmensa frase de pena con que se despide al que fué: la tierra cae sobre la gracia
segada en flor; las piedras insensibles retumban en la caja dando golpes de cólera; los ojos
que quedan bajo tierra, no verán más rayos
melancólicos del día, los misteriosos simulacros de Iuz de la tarde, el ajamiento de tintas
de los cielos, el mar azul que no lejos de la
tumba canta su estrofa eterna.
Hay que decir adiós al muerto. Pretendió
subir donde los pájaros y cayó por falta de
alas. píos se las puso al cuerpo de las aves, y
no qmso prenderlas al cuerpo de los niñoR
que son más bellos que los pájaros.
'

Salvador lf ueda.

AL LAGO DE CHAPALA.

viejos; las mujeres con el alma en cruz, clavada por la pena.
Cuando el ~adr~ de Andrés volvió del pueblo cercano, bien mternada la noche, vió el
pueblo de luto, gentes á la puerta de su casa
resplandores de cirios que salían de su habi~
tación, y por último, como quien es presa de
una pesadilla, á su hijo muerto. Hubo una
explosión inmensa de lágrimas, un valiente
triunfo del sentimiento.
Se tiró el padre contra el suelo, diciendo
que quería morir como su hijo; pensó desgarrarse de pena. estallar.
La tensión del dolor lo redujo al cabo de
algunas horns. En el velatorio imperaba un
silencio absoluto, roto sólo por algún recru\lecimiento de lágrimas.
En las profundidn&lt;les del silencio. allí donde los seres que asisten á un velatorio oyen
terribles músicas ,megras,» palpitaciones de
cajas destempladas, compases repetidos de
duelo, andares de muerte y voces de Yisiones
el alma humana formula, traza la interroga:
ción eterna, y espera con el oído puesto en la
sombra. Todas aquellas músicas extrañas no
pueden concretar una frase, no pueden cuajar una palabra.
Las armonías pasan y vuelven; tan pronto
preludian marchas lúgubres, tan pronto imitan sollozos y rezos, ya remedan ruidos de
mantos que se arra~tran; los cirios restallan y
dejan una línea de ceroso humo en el aire· las
almas sienten inmovilidades de piedra· ;ólo
, .
, añade su 'músiel gran mecamco,
el corazon,
ca involuntaria á las misteriosas que paRan
por el fondo tenebro~o del silencio ..... .
Amaneció, )' vino una luz de muerte á manchar de palideces los rostros; las miradas parecían despertar de una noche eterna.
Durante el día vinieron los chiquillos compañeros de ~ndrés, á .~char lágrima~ y jazmines en su caJa. Una nma, como de cmco años,
llegó con un brazado de rosas, las ech6 sobre
otras rosas, se arrodilló y movió los labios como vió que hacían las mujeres. ¡Oh divina
oración la suya, tan pura como la luz de una
aurora de mayo!

¡Qué serena quietud y qué divina
la paz de tu ribera soñadora
á la luz del crepúsculo que dora
el agua con la lumbre vespertina!
¡Cuánto adoro tu calma peregrina
al fulgor de esta tanle encantadora
oyendo la cadencia arrulladora
'
con que canta la onda cristalina!
Aquí está, suspirando hajo el cielo
mi corazón, que triste y sin consuelo
llegó hasta ti, cansado y dolorido; '
la calma de tus ondas es la calma
que anhelan los ensueños de mi almn
en sus profundos éxtasis de olvido!
FRAXCISCO lZÁBAL lRIARTE.

La Noche estaba azul azul obscuro
1:;'na amati.sta enorme y 'transparente '
Eran los c1elo8, en que el brillo puro
De los engarces de ai,tros dulcemente
Cir:itilaba; las lámparas de gemas
TeJían 11111 fulgores como hielo
E"11 l1!-s ramas y ,abriéndose
'
'
las yemas
Crepitahan los arboles tranquilos.

Li;. Noche estaba azul; en la serena
Divagación de la nocturna amante
De prnnto murmuró la cantilena '
De un lejano y nlegre caminante ..... .
Lentamente, distinto se hizo el canto,
Como un chorro de fuerza y alegría ·
Que .se desborda ~n. ~itmos, y al encanto
La Noche con fru1c10n Re estremecía:

II.
,,~ací con una aurora, soy de Oriente
Soy ge~elo del Sol, llegué á la vida
'
Con mi robusta carne estremecida
Por un soplo de fuerza armipotente,

Domingo 28 de Septiel::nbre de 1902_

La Luna.
Leve bruma de plata descenél.ía
del triste ocaso de color de hielo
cual un sudario de profundo dt,¿1 0
sobre el cadáver pálido del día.
Vagué en la noche misteriosa. frí
dejando á mi alma remontm Sll Jue1:•
por la serena bóveda del cielo,
colmada de fulgente pedrería.
Tras la curvn de un monte, l~
d •
. , 1a 1una, trá g1ca,
.
Fmrg10
cub.ierta, gen aria
de una intensa blancura fnnerat-1·a.
La ví errar espectral. Su luftl.b . .
, t
. bl
. .
re mc1erta
se apago en re 1a me a v1s10nal:'i
Y soñé el poema de la luna ~uª··
er·ta···.
FROILÁ~ TURCIOS

AZUL Y!EGBO.
Azul la blusa, la enagua l'l
Negro el sombrero .. .. Cuán befrª, tá'
Todo lo encanta, todo lo al~ e ª es ·
Con su sonrisa por donde _, gra,
a.
Su porte regio los ojos ktl•b
Turba los ojos y el corazón, a,
Porque en su cuerpo canta l
El himno ardiente de la p?'~•,ion.
... :l, curYa
Sobre RU frente morena y T
Es su cabello noche ;;in luz pa ic1
Y hay en sus ojos la lumbt-~ r. •
Del esplendente cielo andah, c,llid11.

ª

stZ.

Su boca es fresa, flor pu,..
.
Su talle esbelto, breve su Pi purrna;
Y ii I ver su garbo cuando e...e, .
p
, t d d .
,,mma
rovoca a o os ecir: "iÜlé!»
'
1:e azul y ~1egr~; .. Mi m&lt;l Cuán bella!
Pas.. y se a1.eJa... i en 1oco afán
Todos los OJOS se van tras e]1
Todas las almas tras ella vanr'
ls:1rAEL ENRIQUE

A...,.-nCINIEGAS.

***

- X o se puede tener mavor
de sí mismo.
•
~eñoría que la

Desprecié la canalla envilecid
Que ante cualquier señor dob1 1
E, incorruptible, fecundé á la a d.frente,
Circe inmortal, que me adoró ar 1~dnte
Venci a!

ª

«En la paz de la farde á mi h
Hice aprender los himno$ de l eredero
Y consagré su espíritu á la g¡ 0 .P:uerra
Llego á ti, Xoche augusta, so ria.··:·· .
Dame tus brazos v mis ojos guenero,
Con un beso &lt;le amor y de vinlter~a
•
•
'- or1a!ll

ª

t

III.
La X o-:he estabii azul pero
De resplandores blanco~ abrió Una.aurora
A la Luna, bellísima sefiora el cielo
Del ideal y el infinito anhelo.

Y la Noche fué blanca. El 8 • •
Fundi6 su alma en un beso siJ°h~no
Y la Luna tendió como un S\lqen?10so. · · · •·
Su blanda claridad sobre el ea ano
R G
Poso ..... .
.
OMEz RoB}:LO.

�Domingo 28 de Septiembre de 1902.

EL MITN"DO ILUSTRADO

EL :MUNDO ILUSTRADO
como todas;
Y madre·' ésta ' cariñosa y buena
' e'l nunca 1o
aquél. ..... quién sabe cómo sena,
vió más que en silueta, á la luz de una lámpara que iluminaba el pecho oropelado de una
santa que conmovía á un culto traducido en
flore; y en mecha alimentada con aceite. Luego el paso de la vida siguió.
:Xunca Tom sufrió de ese hermoso mal de
las educaciones; fué un chico que en su campo persiguió ch,apuline.'!, y, a~tes de tiempo,
ilusiones. Jama:; se deJo &lt;lommar por el ronrón de los regaños maternos, y resultó que un
bello día, día- bello en Ye:dad, el camino del
campo al pueblo se le hizo corto y con tan
buen motivo, d ió el ccadiós,, al hogar pater1:10.
Tom no era ccTom,,, era ccTomási&gt;; pero algmen
comprendió que aquel nombre era largo para
los vuelos del mozo y resolvió acortárselo. Por
eso como «Tomn llega este héroe á nuestra historia.
Y así es el prólogo.

. 1

su buena preparación y estudiar sus propiedades.

***
Las veloci~lades i niciales de los proyectiles
clel l\Iaü!"er se toman en instrnmentos electrobalísticos, admirables por i:;u precisión y mecanismo. Los oficiales en instrucción concurren también :í esta prúctica, con el fin &lt;le conocer el manejo de los curiosos aparato,;.

P ENSAMIEN TOS.

Cuan to más pide el místico para sí al elevar su~ oraciones, menos propicio se manifiesta para ser genero?o con sus semejantes.
Cuan to más adula al poderoso, más mortifica al necesitado.

***

LA EMPACADORA DE CHIHUAHUA.
Terrible Incendio.
Los periódicos de información han dado
cuenta pormenorizada del terrible i ncendio
ocurrido en la Casa Empacadora de Chi huahua, la noche del 19 del corriente.
La noticia del siniestro causó profunda sensación en los círculos comerciales, no sólo por
lo inesperado de ella; sino también por la suma que representa el capital puesto en juego
por la negociación. En un principio, las pérd idas se hicieron ascender á m~a suma creci•
dísima; pero, rectificados los datos, se supo
desp ués que el importe de ellos montaba,
aproximadamente,á quinientos mil pesos,cantidad que alcanzan á cubrir las pólizas de seguros que 11mparan á la compañía.
E l incendio se inició en el departamento de
refrigeración , y fué sofocado desde luego por
la policía; pero como algunos materiales no
qu edaron bien apagados, las llamas Yoh-ieron á invadir el edificio, determinando la destrucción, C.'l.Ri completa, de la Empacadora.;
pues á pesar de los esfuerzos desplegados para contener el avm1ce del fuego, sólc pudieron
salvarse las oficinas, la casa de los empleados
y u na que otra der,endencia de menor importancia.
La casa será reconstruída á la mayor brevedad.
-Grandísima gracia de sombra y de luz se
une á ios rostros de aquellos que permanecen

en las puertas de las habitaciones que están á
obscuras.
-Donde hay:más:sentimiento, allí hay más
martirio.
-Si estás solo, serás todo tuyo.

Ds la vida da un Payaso
"SE MURlu EL MONITO...."

Sonaba un aplauso estruendoso cuando Tom
y RU cctití» abandonaban la pista.
El payaso entraba todavía sonriendo, con
el animalito sobre el hom hro -el animalito
que tenía una cara de ccpuchero»;-después lo
aproximaba á la puerta de la jaula, y el «tití»
saltaba para ir á acurrucarse en un montón de
trapos que le daban calor y a rrullo para pasar
la noche.
Tom iba luego á quitarse el colorete, los
pantalones anchos, la peluca de treFt mechoneH,Y de,;pués de veRtirse de calle, con cierto
aliño, salía á donde estaba el público, mostrando un aire de triunfador, algo como lasatisfacción del que ha dado gusto con su trabajo.
Tom y su «tití,, figuraban en todos los programa!'!; el acto que desempeñaban hacía reir
y llevaba al circo á un puñado de rosas de alegría que batían palmas á la manera que una
brisa hace chocar los pétales flojos de una
flor.
Y Tom,en sus soledades, solía preocuparse.
¿Qué era él?........ .
Allá en un tiempo muy lejano tuvo padre

Los amos dejaban morir de hambre, olvidados por completo, aquel pobre ccti~í,,..Llegó á
pasar los días hecho una rosca, tristísimos los
ojos redondos, inmóviles los remos, presa de
parúsitos. Tom en un día de humor, lo bañó· le clavó los'dientes del peine, á cambio de
yai'.ios clavares de dientes del ccmonito,,,que no
estaba acostumbrado á los achaques del aseo.
Pero por esa ley de las superioridades, Tom
le perdonó todo y llevó sus buenos instintos
hasta conserrnrle las mondaduras de fruta que
dejaban los amos, proporcionándole así un
buen festín. Luego, cuando hizo frío, lo lleYÓ
á dormirá su cuartucho y ... de ahí nació todo.

Los concu rrentes al banquete de los chiapanecos.

La anexión de Chiapas á México.
Con grande entusiasmo celebraron los chiapanecos residentes en la metrópoli el 78 aniversario de la anexión ele sn Estado natal á la
Rep6 blica 1Iexicana.
El día 12, fecha en qne se conmemora la
an exión, se verificó en la Cámara de Diputados una velada literaria, á la cual asistieron
e~ Sr. Presidente de la República y.sus Secretarios de Estallo, así como numerosas famili:ts
y caballeros diRtinguidos.
El ban&lt;1uete organizado como parte del
programa, se dió el último domingo en el
Elíseo. Entre lo~ i nvitados se encontraban lo~
:-\res. Lics. Emilio Pimentel, representant&lt;·
del Gobierno de Chiapas, Em ilio Rahasn,
\'íctor Manuel Castillo, Fausto ~Ioguel y alg unos otros miembros prominentes de la colonia chiapaneca.

***

«Titíi&gt; saltaba, hacía maromas, maniohraha
militarmente; si hubiera hablado, se le h ubiese ten ido por una persona modelo de correccioneFt y rntendederas.
E~to.fué lo que hizo á Tom robará ,,Titín de
la casa de los amos y echarse á vagar por las
ferias y después por" las calles.
.
,,Tití» lucía sus habilidades por algún dmero, y nunca Tom vol vió bajo techo sin la bolsa
repleta y sin los vicios cumplidos.
En todos los seres que luchan ejerce su poder ese ánimo &lt;le progre:=:o que ya hunde como
levanta; pero que ccmueve)), mueve y constituye la era nueva.
Así fué con Tom: no se. conformó con la_
vida de las ferias y de las calles; hizo de ccTití» un prodigio, y la existencia tomó un movimiento diverso.
((Tití,, fué un sabio,y no faltó un explotador
en grande escala que vaciara mucho dinero
en la bolsa del educan te afortunado.
La barraca, de l:t feria se tornó en carpa l ujosa; Tom vistió de raso para exhibir á ((Titín.
Y así fué como ........... .

***

J avier de Ulma.

Una de ellas representa, en primer término,
á los profesores á quienes está encomendada la
enseñanza de los oficiales de las distintas zonas, que vienen periódicamente á estudiar en
la Escuela todo lo relativo {t fabricación de
explosivos y construcción de petardos regla-

)luchas veces entramos alegremente en los
templos consagra.dos al culto de una positiva.
religión ; pero siempre en tramos en la Necrópolis ó ciudad de los mu ertos, donde reposan
los huesos de aquellas personas que nos fueron muy queridas, con tristeza en el semblante y tirofundo dolor en el alma.

LA ESCUELA DE TIRO.
IMPORTANTES PRACTICAS

Ilustramos esta p:ígina con algunas fotografías tomadas especialmente para nuestro
semanario en la Escuela de Tiro de San Lázaro, establecimiento que regentea el Sr. Teniente Coronel Enrique Monclragón, durante
las clases práctiras que se dan :í. los oficiaks
del ejército.

.

.. .... Sonaba un aplauso estruendoso cuando
Tom y su ((Titín abandonaban la fiesta.
El paya!!o entraba todaYÍa sonr!end? cori el
animalito sobre el hombro-el anunahto que
tenía una cara de ,cpuchero»,-ct:ando una peRada barra cayó sobre ellos-¿Quién puso
aquel peligro tras de la puerta"? ,,Tití,&gt; &lt;lió un
gritito agudo; Tom hizo un gesto, c¡ue acentuó más lo grotesco del colorete.
Aquella noche, el monito saltó con meno~
agilidad para acurrucarse en el montón de
trapos que tenía en la jaula; el p~y~so aliñó
menos su traje, y el percance paso sm mayores prote:=:tas.
·
Tom llegó muy tarde y casi beodo al cuarto que en la misma tienda del circo le habían
señalado; se tendió en la cama, arrojando á
los rincones las ropas de payaso que se había
puesto
en la hora de la fiesta. Después dur.,
mio ..... .
A la mañana siguiehte, un mozo del circo
fué á despertarlo, diciéndole con cara estúpida:
ccSe murió el monito ....... i&gt;
El payaso abrió desmesuradamente los ojos,
se puso pálido, muy pálido; y sin contestar
palabra, vió con horrible mirada las ropas de
ra¡¡o blanco y los pompones rojos que, estrujados, parecían hacer gestos en los rincones.

Domingo 28 de Septiembre de 1902:

- ,,
Los Profesores de la Escuela de Tiro y la ofic ia lidad.

mentarios y provisionales. Paia que la instrucción sea mús sólida, los practic.'l.ntes, por
sí mismos, ensayan si:'! preparacionee en ..la
destrucción de obstúculos di versos,
adiestrÍLndose, además, en el tiro de
fusil y de cañón, en
el manejo de armas
portátiles y en la fabricación de material de artillería.

***de nuesE11 otro

,

.¡

P reparación de explosivos.

t ros grabados se ven
Yarios oficiales que,
bajo la dirección del
.Jefe de la Escuela,
preparan d iverRas
mel initas y otros explosivos. En hornillos próvisionales se
efectúan después las
pruebas respectivas,
para cer ciorarse de

_.

�BELLAS ARTES.

NAPOLEON,Y LA VIEJA GUARDIA.

(Cuadro de Ernest Crofts.)

•

�Domingo 28 de Septiembre de 1902.

La fiesta de los Italianos.
La colonia italiana celebr6,el 20 del actual
el aniversario de la ocupaci6n de Roma po~·
Víctor =',Ianuel, uno de los acontecimientos
más trascendentales de la historia contemporánea.
El local señalado para las fiestas organizadas con este motivo, fué el Tívoli del Elíseo
lugar que durante los días 20 y 21 lució u~
primoroso adorno consistente en piezas florales, ef&lt;cudos y banderas graciosamente clistri-

EL MUNDO ILUSTRADO
huidos en las callecillas del jardín y en los
amplios i:;alones de la finca.
La kermesse anunciada comenz6 á las tres
y media de la tarde, hora en que la concurrencia era ya numerosa. En general, los pues~s estaban deco~ados con guías de flores y
cintas verdes, róJaS y blancas, distinguiéndose, e11tre _todos, el de confetti, que era á cargo
ele las Sntas. Pedrazzi. El de floref:, que simulaba una concha cubierta ele gardenias
llam6 mucho la atención por el arte con qu~
fué adornado.
La mayor parte de las ¡;eñoritas encargadas
de los puestos, vestían trajes regionales: ha• hía grupos de calabresas y napolitanas y de
tí picos florentinos, nota bles
por la correcci6n del corte de
las ropas y la originalidad
ele los bordados de éstos. Como una galantería para México, algunas damas de la
Colonia se presentaron Je
«chinas poblanas."
Por la tarde se &lt;lió un baile en el sal6n mayor del
Tívoli.
A estos festejos concurrieron el Sr. Ministro de Italia,
los miembros prominentes
de la Colonia y multitud de
familias de nuestra sociedad.
La kermesse se prolongó
hasta las primeras horas de
la noche.

Flor de Invierno.
Mi espíritu agoniza y deseRpera
porque ve que el invierno
-huésped de los abrojos-se aproxima
y que \'016 fugaz la primavera
'
y ni un rayo de sol hay en la cima!
La negra noche empieza
á enYoh·er en Rus sombras mis despojos,
retornan los recuerdos á la mentf',
lágrimas de dolor brotan mis ojos,
y mi pálida novia, la tristeza,
su ósculo de dolor posa en mi frent&lt;'.
::\li espíritu agoniza
y, como una ave, acongojado vu&lt;'la,
á mirar en tus labios la sonriRa
y en tus ojos la luz fascinadora
que ilumina 11us noches como aurora,
que calma su dolor y le consuela.
Despierta, Primavera!
retorna con tus dichas y tus flores,
retorna con tus besos, Primavera,
y haz que renazca mi ilusi6n primera,
que se ausenten de mí tantos dolores! ......
Vuela á tu nido tierno
mi acongojado espíritu, bien mío;
va huyendo de las garras del invierno
quiere besar el dorso de tus galas:
'
ac6gelo, mi bien, que siente frío!
dale calor, mi bien, bajo tus alas!

&lt;:!arios €. Vllla11ueva.

.,

..

.. .

El señor Ministro de Italia en el Tívoli.

La entrada al jardín,-Adorno de las portadas.

Domingo 28 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

;

.,
t

Grupo de "chinas poblanas."

•

EGLOGA VII
Del libro I.
Hunc cecinere diem Parcae fatalia nentes
stamina, non ulli dissoluenda deo:
bunc fore, Aquitanas posset qui fundere gentes,
quem tremeret forti milite victus Atax.
evenere: novos pubes Romana triumpbos
vidit et evinctos braccbia capta duces:
at te victrices I a uros, l\Iesalla, gerentero
portabat ni veis currus eburnus equis.
non sine me est tibi partus bonos: Tarbella Pytestis et Oceani litora Santonici,
(rene
testis Arar Rbodanusqueceler magnusque GarunCarnutis et flavi caerula lympba Liger. (na,
ante, Cydne, canam, tacitis qui leniter undis
caeruleus placidis per va.da serpis aquis,
quantus et aetherio contingens vertice nubes
frigidus intonsos Taurus alat Cilicas?
quid referam, nt volitet crebras intacta per urbes
alba Palaestino sancta columba Syro,
utque maris vastum prospectet turribus aequor
prima ratem ventis credere docta Tyros,
qualis et, arentes cum findit Sirius agros,
fertilis aestiva Nilus abundet aqua?
Nile pater, quanam possi~ te dicere causa
aut qui bus in terris occuluisse caput'?
te ropter nullos tellus tua postulat imbres,
arida nec Pluvio supplicatberba Iovi.
te canit atque suum pubes miratur Osirim
barbara, Memphiten plange1·e docta bovem .
primus aratl'a manu sollerti fecit Osiris
et teneram ferro sollicitavit humum,
prirous inexperta.e commisit semina terrae
pomaque non notis legit ab arboribus.
bic docuit teneram palis adiungere vitem,
hic viridem dm·a caedere falce comam:
illi iucundos primum matura sapores
exp1·essa incultis uva dedit pedibus.
illi liquor docuit voces infl.ectere cantu,
movit et ad certos nescia membra. modos:
Baccbus et agricolae magno confecta labore
pectora tristitiae dissoluenda dedit:
Baccbus et adflictis requiero mortalibus adfe1·t,
crura licet dura compede pulsa sonent.
non tibi sunt tristes curae nec luctus, Osiri,
sed chorus et cantus et levis aptus amor,
sed varii flores et frons redimita corymbis,
fusa sed ad teneros lutea palla pedes
et Tyrire vestes et dulcis tibi-a cantu
et levis occultis conscia cista sacris.
huc ades et Genium ludis Geniumque choreis
conceleb1·a et multo tempora funde mero;
illius et nitido stilleut unguenta capillo,
et capite et eolio mollia serta gerat.
sic venias hodierne: tibi dem turis honores ,
liba et Mopsopio dulcia melle feram.
at tibi succrescat proles,'.quae facta parentis
augeat et circa stet veneranda senem.
nec taceat monumenta viae, quem Tuscula telln~
candidaque antiguo detinet Alba lare.
na.ruque opibus congesta tuis bic glarea dura
stemitur, hic apta iungitur arte silex.
te canit agrícola, magna cum venerit urb~
serus, inoffensum rettuleritque pedem.
at tu, natalis multos celebrande per anuos,
candidior semper candidiorque veni.

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!

Este día las Parcas predijeron
Hilando sus estambres y anunciaron
Que él de Aquitania el vencedor sel'Ía,
Terror sus huestes del Atax lejano.
Y sucedió; la juventud romana
Nuevos triunfos ya vió; ya encadenados
Miró pasar á los vencidos jefes
Y, á tí, ciñendo victoriosos lauros,
De pié, Mesala, sobre el cario el úir.10
For 1us níveos corceles aira sil ado.
Tu gloria e en rartí; fuo on tfs1igos
Las playas del Eantónico Cceano,
Tarves, el loira azul, el gran Ga1oca,
El Ród ano ligero y el Araro.
¿_Y el Cid no canta1 é, de ondas calladas
Que arrastra su agua azul por los pantanos;
Al que toca las nubes, Tauro frío,
Que alimenta al intonso Ciliciano;
A la blanca paloma, que de Si1·ia
Va, intacta, la comarca atravesando;
A Tiro, que ve el mar desde sus torres,
Y dió naves primero al viento alado;
Y al Nilo fértil que al Egipto inunda
Cuando abre Sirio los sedientos campos?
;,Por qué y dónde tus fuentes ocnltaste,
Padre Nilo, podré decir acaso·~
Por tí es la lluvia inútil á la tierra,
Nunca á Jove las yerbas la imploraron.
Los Egipcios, que lloran al buey A.pis,
Como á Osiris venérante; del carro
Fué el inventor Osit-is; de la tierra
El abrió con el hierro el seno blando;
L!;n el suelo no usado fué el primero
Que a1·rojó las semillas, y del árbo l
Desconocido 1·ecogió los frutos;
El al hombre enseñara, sobre palos
A apoyar la vid tierna, y á podarle
La verde cabellera de sus pámpanos;
El fué quien á las uvas, con pié inculto
Exprimidas, les diera sabor grato,
Y su licor quien enseñó á los hombres
La danza muelle y la inflexión del canto;
Y el vino fué quien la tristeza un día
-Disipó al labrador, de a1·ar cansado;
Y el vino fué quien el descanso diera,
Aun sujeto con grillos, al esclavo.
No ama Osiris el luto y la tristeza,
Sino amor, canto y danzas; tirios mantos,
Guimaldas de uvas y de flores varias,
'1'1·aje amarillo hasta los piés flotando,
La canasta que oculta sus mistedos,
Y de l¡¡,s flautas el sonoro cauto.
~l Genio á celebrar ven de 11Iesala
Con juegos, danzas y licor preciado.
Lleve él guirnaldas en su cuello y sienes,
Destilen sus cabellos rico nardo,
Que he de ofrecer en su loor incienso,
Pan con mieles Mopsopias preparado.
Que nueva prole á tu alredor se agrupe
Tus proezas, Mesa.la, acrecentando;
Que no callen las vías de Alba blanca,
Que te honren las del suelo Tusculano,
Que allí se hizo el camino á tus expensas
Y el sílex fué con arte trabajado.
Que el labrador, que con los pié;, ilesos
Vuelve de la Ciudad, te eleve un cauto;
Que cada vtz más bello y con más lustt-e
Tu natal se celebre muchos años.

�Domingo 28 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

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LA QUIETUD DEL BOSQUE.
Q'hosqne está solo. :Ko eR su hora oficial, no su día de recepciú~,
en que las alegres parvadas de paseantes lo invaden y las sonoras fanfarrias de la banda acallan el gorjeo armónico de las
:wes. El bosque está solo, entregado {i su augusta melancolía......
Arriba, como un sempiterno y gigante guardián de la metrópoli, el
alcázar af&lt;oma sus alburas por sobre la mancha sombría de las frondas,
r el sol parece detenerse al toc~rlas, como si en ellas encontrase una rei;istencia invencible. Pero sus dardos de oro alcanzan siemp:·e á penetrar á través de la arboleda y, como pasados por un tamiz, juegan veleidosos sobre la arena de las calzadas,siempre inconstantes, Riempre movedizos, convirtiéndola, por la irregularidad de sus dibujo8, en una'piel
de zebra 6 en una reflexión acuática.
El calor asfixiante de fin de eRtío, que parece recrudecerse como para
dejar en los hombres una ardiente remembranza de su paso, cede ante
el abanico multifolio de la selva, y á la 8ombra de los ahuehuetes milenarios se percibe la frescura de las catedrales.
Si el bosque es hermoso cuando lo animan una invasión de vida y un
desgrane &lt;le risas femeninas y de carcajadas infantiles, es más hermoso
aún cuando, envuelto en su quietud, se entrega á su augusta melancolía. Entonces vive el bosque su vida íntima y serena, entonces tiene to-

L..f-

do su poder inspirador y evocativo, entonces se le ama "por él mismo y
en él mismo,,, y la urna de la abstracción y de la poesía abre sus tapas
rebeldes y, cubriéndolos antes con un velo tejido de ideales y de ensueños, deja escapar bandadas de recuerdos, exúberos racimos de emocio•
nes, inmaculados rebaños de esperanzas ..... .
Yo adoro la quietud del bosque.La íntima poesía selvática no puede
florecer si los hombres la perturban; ha menester del silencio sólo intensificado por los trinos de una ave; exige la intensa ctmtemplación y el
íntimo recogimiento; rechaza todo artificio .Y choca con todo atavío que
no sea el suyo natural y propio.
A lo lejos, se mira por entre un blanco de las frondas, que es como un
bostezo del bosque. el blanco caserío de las poblaciones circunstnntes,
apiñado y estrecho cual conviene á una residencia de hombres. Y al
sentirse entonces lejos del caserío y de la turbulencia, el bosque pre,;ta
la i;eminción preci~a de un gran malito protector, de n!'!a enorme encuhadora de idiHos, de un templo conservador de la emoción romántica,
de un vasto asilo ele amor y de dulzura ......
En estos tiempos ardorosos ele fin de estío, id al bosque. Pero id cuando esté solo, cuando podáis sorprender los inefables misterios de su quietud, cuando pueda consolaros y fortaleceros, cuando se entregue mansamente á su augusta melancolía!
HUEMAX.

EL ARRECIFE DE CORAL.
El sol bajo las aguas del mar. como una aurora
alumbra las florestas de corales ramosos,
que meicla entre sus grutas y huecos misteriosos
la bestia formidable con la viviente flot·a.
Todo lo que las sales ó que el yodo colora,
equinos, alga, anémonas y musgos temblorosos,
cubre de obscura púrpura con dibujos suntuosos
el fondo que la pálida madrépora decora.
Con su espléndida escama, que visten de celajes
purpúreos los reflejos, por entre los ramajes
con lánguida indolencia navega un gran pescado;
De p1·onto hace, en un golpe de su encendida espalda,
por el crista.! inmóvil, sombrío y azulado,
correr un temblor de oro, de nácar y esmeralda.
JOSÉ MARÍA DE EEREDIA.

~~
La Sortija del Capitán.
Hará como cincuenta años, un navío extranjero naufragó sobre la costa de Bugueles, en
Penvenan. Fueron recogidos una docena de
cadáveres. Como se ignoraba si eran de cristianos, se les enterró en la arena, en el mismo
sitio en que se encontraron. Entre ellos estaba
el cuerpo de un hombre hermoso y robusto,
vestido más ricamente que sus compañeros,
razón por la cual se pem:ó que sería el del capitán. En el anular de la mano izquierda llevaba aún una sortija de oro sobro la cual estaban grabadas letras de una escritura desconocida.
Bugueles está habitada p.:-r gentes honradas. Se le enterró sin despojarlo de su sortija.
Transcurrieron los años. El recuerdo del
naufragio se había ido borrando poco á poco.
Sin embargo, en la velada, algunas orasiones,
esperando el regreso de los hombres que habían partido al mar, l:;1.s mujeres solían charlar toda vía de aquel á quien llamaban «el capitán extranjero» y de la gruesa sortija que
llevaba en el dedo.
La primera vez que Elisa, una costurera de
un pueblo cercano, oyó platicar la historia, no
hizo más que soñar esta joya, que se decía era
tan bella. Al día siguiente pensó todavía en lo
mismo, al otro persistió aún y todos los siguientes. Llegó á ser para ella uria obsesión.
Era pasablemente coqueta, como lo son casi
todas las costureras, y pensaba que una joya
se había hecho para brillará la luz del sol bendito, y no para enmohecerse en las tinieblas
de la tumba.
Por mucho tiempo, debo confesarlo, rechazó la tentación. Pero su oficio mismo la exponía incesantemente. Cuando iba á coser en
las casas de Bugueles, cosa que sucedía casi
diariamente, se veía obligada á sentarse sobre
el banco, cerca de la ventana, y todas las ventanas en este país miran hacia la playa.
Al fin la desdichada no pudo más.
Una noche, después que hubo terminado su
Jornada, volvió á su casa; permaneció encerra-

.

H

.,;'

Ct,

-,.

Domingo 28 de Septiembre de 1902.

•

da algunos momentos, pero cuando estuvo segura de que nadie la veía, se dirigió á paso largo hacia la playa.
El lugar de la sepultura de los náufragos estaba marcado con una gran cruz, hecha toscamente, y estaba colocada en el. sitio donde
yacían los restos mortales del capitán. Al gran
señor, gran honor.
La noche estaba en su plenitud y todos los
pescadores habían vuelto á sus chozas. Elisa
no tenía por qué temer que alguien viniera á
i-orprenderla. Se arrodilló v púsose á remover
la arena furiosamente con las uñas.
No tardó mucho en llegar 1,. descubrir una
de las manos del cadáver, la izquierda. El anillo estaba siempre allí. Trató de hacerlo resbalar sobre el dedo, pero la piel endurecida formaba gruesos pliegues. Ensayó la operación
con un pequeño cincel. Trabajo perdido. Entonces, exasperada, cogió el dedo,y empleando
toda su fuerza, lo cortó de un solo gol pe. Después hizo entrar la mano, niveló la arena y
huyó llevándose la sortija.
Al día siguiente volvió á su trabajo ordinario. Sofamente que llegó envuelta en un «tichú» de lana; estaba completamente pálida.
-¿Qué tienes, Elisa? le preguntó la señora
de la casa.
-Oh! no es nada; un poco mala de la cabeza, pero creo que pasará pronto.
Y sé entregó á su costura.
Pero en lugar de pa!&lt;ar el mal, aumentó al
grado de obligarla á abandonar el trabajo.
Apenas desaparecía al voltear el se,1dero,
cuando se levantó un gran tumulto en la aldea.
Los muchachos que jugaban en la playa habían venido súbitamente y gritaban á vor. en
cuello:
-\'enid á ver!. ..... venid á ver!
-Lo que hay en el cementerio de los ahogados!
Todo el pueblo, hombres y mujeres, corrieron tras ellos al mar. Al pie de la cruz alquitranada, una manga ele saco salía de la arena
y de la manga salía una mano, y los dedos de
esta mano estaban horriblemente crispados,
excepto uno, el anular, que tenía una posición
rígi&lt;la y amenazante. Hubiérase dicho que señalaba á alguno con cólera, hacia un sitio,
entre la8 pequeñas chozas esparcidas de los
pescadores. En su base se podía ver una desgarradura profunda que formaba una llaga
circular.
Una de las mujeres que estaban allí, habló
de esta manera:
-Es el dedo de la sortija: se le ha robado
y la reclama.
-Volvamos á enterrar la mano, dijo uno de
los hombres.

Y en seguida la cubrió de arena.
La asistencia se dispersó, haciéndose mil
comentarios. Cuando por la noche, los que
habían ido al mar, volvieron y se les contó la
historia, fueron de la opinión común: se había cometido un sacrilegio.
Al salir el alba, los más impacientes corrieron al cementerio de los ahogados. De nuevo,
el dedo fatal se levantaba sobre la arena lisa.
-Vamos á probar hasta el extremo, dijeron. Y volvieron á enterrar el dedo de la mano, como se había hecho la víspera. Luego
fueron á buscar enormes rocas que echaron
encima.
Dos horas más tarde, el dedo reaparecía;
las piedras parecían haberrn apartado por sí
mii;mas respetuosamente, y formaban círculo
{1, distancia. Entonces hubo ele recurrirse á
otros medios. El cura del pueblo, acompañado de un chantre y de un niño de coro, vino
á conjurar la muerte salpicando en aquel sitio agua bendita.
Pero el guapo capitán no era probablemente cristiano, porque no obedeció al conjuro.
-Quiere su sortija, repetía la mujer que
habló la primera vez.
Toclo el mundo pensaba como ella. Pero....
¿dónde encontrarla para devolvérsela?
En ese momento, por un sendero que conduce de las casas al mar, apareció Elisa la costurera. Al menos, varias señoras la reconocieron en su ropa blanca y en sm andares rítmicos y elegantes.
Avanzaba lentamente exhalanelo una queja
sorda á cada paso que daba.
Cuando llegó al sitio que ocupaba el grupo,
suplicó, más bien con el gesto que con palabras, que la dejasen pasar. En una de las manos, entre el pulgar y el índice, tenía una
gruesa sortija de oro ...... Fácilmente se adivina el resto ...... !
Los hombres quisieron jugar una mala partida á E lisa la costurern .
Entonces Elisa deshizo las ligaduras que
cubrían su mano. Se aproximaron y pudieron ver que esta mano había crecido considerablemente, casi de una manera desmesurada
y horrible: había llegado á ser una mano
monstruosa, un dedo sobre todo el anular
enorme y flaco, parecía el dedo de un caelá~
ver gigante. Todos huyeron de ella como de
una leprosa.
La han encontrado más de una vez vagando por los caminos, siempre con la mano envuelta en harapos. ~o puede hablar, pero gime de una manera lúgubre.
En cuanto al capitán extranjero, eluerme
otra vez en paz con su bella sortija en el dedo
y yo no puedo &lt;lejar de pensar en la novia qu~
se la habría dado.

_jlr¡afo/e lt ]Jraz,
[Traducción de "El Mundo Ilustrado" J

�bomingo 28 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO lLUST!iADO

EL

MUNDO ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 14.

Subscripción mensual foránea, $1.50
Idem ldem. en la.capital, ., 1.25

MÉXICO, OCTUBRE 5 DE 1902.

Gerente: LUI&amp; Rfl'f&amp; &amp;PINDOU.

atrectori LIC. RAl'AfL Rfl'f&amp; &amp;PINDOLA.

'

LAS ÚLTIMAS FLORES.

.

(Cuadro de M. Czachorsti.)

en¡ilio 3ola.
'·

t

en Pa,ris el 29 del pasado.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>bomingo 28 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO lLUST!iADO

EL

MUNDO ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 14.

Subscripción mensual foránea, $1.50
Idem ldem. en la.capital, ., 1.25

MÉXICO, OCTUBRE 5 DE 1902.

Gerente: LUI&amp; Rfl'f&amp; &amp;PINDOU.

atrectori LIC. RAl'AfL Rfl'f&amp; &amp;PINDOLA.

'

LAS ÚLTIMAS FLORES.

.

(Cuadro de M. Czachorsti.)

en¡ilio 3ola.
'·

t

en Pa,ris el 29 del pasado.

�Domingo 5 de Octubre de 1902.

:tt MUNDO íLtrSTitADó ·

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo

5 de

Octubre de

i902.

DÍAS DE ROMA.(*)
SAN PEDRO
Nos habíamos tropezado con un guía en
quien la. hizo para mí, previsi6n que le agraColiseo &lt;¡ue,quieras que no quieraR, Re con
Revelo negativas en el fondo &lt;le mi memodezco mucho, nos detuvimos antes de entrar
tuyó en unas cuantas horas en nuestro ci
ria para encontrar mi primera imprei;ión &lt;le
al pórtico y volvimos la cara. Para curarme,
ne. Pura ver rítpidamente, ¡ay! rápidamen
Roma, y encuentro poco, nada caRi; busco en
por momentos siquiera, de mi invencible inlo que debe yerse, mejor dicho, palparse,
las cartas á mi mujer, que son mi verdadero
conformidad co11 la vida, me he recetado ei;riciarse con los ojos palmo á palmo, no es
libro de viaje, y veo que en ellas me cuento á
pectáculos como éste; nada más que la botica
dad que baste Baedeker; la lectura del lib ·
mí mismo en preflenc1a de «la Ciudad Eteren que se despachan ci:,tas recetas suele no esrojo le quita á uno la Yista de parte de
na» ¡vieja costumbre de dejar \'er mi alma á
tar á mi alcance. ¡Pero qué bello! Entre los
monumentos, como la fachada de San P
la que únicamente la conoce y la i:ahe! :\li
celajes glaciales de enero, del !lol como de un
se necesita el guía,que ahorra el tiempo y
primera impresión resulta, puei-i, una nebuloenorme mascar6n de oro pálido, bajaba una
ne al viajero en el sitio .que corresponde. ~
sa; puedo re11olverla á fuer1.a de intensificar
cascada de luz que llenaba media plaza y colen seguida que se calle, que no &lt;liga más,
mis recuerdos, viéndolos con larga y concenmaba buena parte dei círculo de columnas y
no cuente la historia de Roma, que no eu
trada atenci6n dentro de mí mismo, en algunas
bafiaba la aguja (la •guglia», como los ro::.1ala. historia &lt;le los papas, de los cí·sares, de
sensaciones parciales que han persistido y
nos Jicen) el elegantísimo obelisco cruzado
cardenales [ésta es muy &lt;fü·ertida ÍI vecesl ¡
acaban por definirse. San Pedro es una de
del centro, y se rompfa en frises en los cholo deje á uno !&lt;olo entrar en contacto fnti
ellas: lenta, grave, inmensa.
rros de agua que brotaban, que hacían exploy lento con las cosas. Nuestro guía era lo
Fuimos allí, pasando por encima del metósión, mejor dicho, en las dos gruesas fuentes
trario de todo esto, era un joven charlata
dico Baedeker, en nuestra segunda mafiana
colocadas en el eje mayor del óvalo magnífimo, buen mozo, que (;hapurraba el inglés,de Roma. Siento mucho que ~apole6n no
co de aquella plaztt incomparable, y que por
alemán y el castellano [todoR los peregri
haya tenido tiempo de deshacer el macizo
lo fuerteR y lo augustas parecen hechas por
mexicanos acahahan de i-ier sus clientes] ,Y
de casas que está entre el Tíher y la plaza
~Iiguel Angel. La di\•iflión de la plaza, en
había in\'entado una historia romana, las
de San Pedro. ¡Qué perspectiva, qué vii;ta
cuyo medio preciso el obelisco hace las ,·eres
Romas, para el uso particular &lt;le sus favo
habría resultado! ¿Qué no ejPCutarán los edide gnomon, y que terminan en dos galerías
dos, tan fantástica. y tan singular· y la co
les italianos el proyecto del último César?
que divergen hacia. la escalinata y parecen
ba. con tanto aplomo, que al principio
Pasamos un puente sobre el Tíber, vimos
paralelas, todo retiene, abi;orbe, embarga; sócoraje y acababa. por hacer reir; ¡oh! lo
el Palacio de Justicia, inmensa mole de pielo los edificios superpue,;tos, amarillentos, ineste hombre sabía de Mesalina, de :Ma
dra y granito encajada en su emparrillado de
artísticos á pesar de sus dimensiones y i:us
de la papisa .Juana, de Paulina. Borgh
andamios y que será un suntuoi;o edificio; el
galerías vitradas y la horizontalidad sin grade otras muchas pecadoras [ eran su flaco
Castillo de San tangelo ( ex tumba de Hadriacia de sus cornisas larguísimas bajo los tejapecadoras], era tanto, las hahía tratado
no) de cien veces trágica historia.; corrimos
dos casi planos que componen el Vaticano y
tanta familiaridad, que pai;maba. Con este
á lo largo de una calle transteverina descabeque surgen por encima de las nobles balausloto, medio guía y medio rufiÍln, aborda
zando otras callejas infectas en donde la Yen us
tradas decoradas ele estatuar; de la columnata
la nave de San Pedro, después de una CM
suburbana tiene mugrosos santuarios, y al dar
de nuestra izquierda, me parecieron una inno poco larga en el pórtico, en que admi
vuelta á una e¡:;quina en donde florece una
felicidad. Ya no se pueden tocar; por dentro
mos, por encargo de todos los conocedorea,
taberna de quinto orden, nos encontramos en
los defiende el mundo de·arte y de historia
mosaico &lt;le la rnavicella• de Giotto, que ya
la admirable plaza encerrada en su clohle coque yace entre sus muros, pero yo los habría
tiene de Giotto m{ts c¡ue el nombre, á• fu
lumnata circular. Aquí entra el púrrafo que
mimdado tirar para dejar absolutamente libre
de restauracione!•\ la puerta del jubileo,
puse al principio: siento mucho que Napoleón,
la Basílica, si fuese un Julio II, un Urbahacía. pocos días hahía cerrado León XI
etc. Ténganlo por repetido los lectores. "Cna
no YIII; éi;te era un Barbcrini y dice el dilos relieves de la puerta ce11tral de bronce.
observaci6n que tuve oportunidad de hacer
cho romano: lo que no hicieron los bárbaros,
expliearnos las mitologías de aquella pu
frecuentemente: todo ei;to es enorme, es cierlo hicieron los barbarinos. Bien, pero para
santa: Europa. y el toro, Ganimedes y el
to, pero nada se ve deforme, nada desentona,
que no me tuviesen por un bárbaro completo,
la, Leda y el cisne; nuestro conductor se
todo es proporcionado; las columnas de este
habría encargado la demolición á Bramante
verdadero· atrio de la Basílica son formidavuelo: impacicnt&lt;'s ya, entramos.
( «il rovinantei&gt;, como le llamaron en su épo-Verá V., me había dicho una inteli
bles; pero en conjunto, en comparaci6n con
ca) ó á Miguel Angel, y estos caballeros haamiga mía, el día anterior; verá Y. qué
el obelisco, con lns fuentes, con la fachada
brian hecho con los escombros alguna marapresión; aquél sí que es el templo &lt;le J
del templo, se ven regulares, no son mayores
villa.
ni menores de lo que debían ser. Este
cristo; es materiafü.ada, &lt;lígamoslo uf;
Allí tienen ustedes: si Julio II, este homiglesia cristiana, la asamblea. de los fieles
:Miguel Angel presuntuoso y amanerado que
bre colérico que convirtió en clavas de guerra
se llama Bernini, lo sabía hacer á veces. ¿Y
creen que Cristo es Dios y el Papa su
las llaves de San·Pedro y machacaba. con ellas
la cúpula'?
rio.
las cabezas de las ciudades que combatían por
-Verá Y., me había dicho un dip
La cúpula, la dominadora de la Roma de
su libertad, pero que era un formidable artisitaliano, en Génova, verÍL Y. un templo
los Papas-reyes, la tiara de la moderna ciuta, porque casi inventó á Bramante, á Rafael,
gano, todo lo más pagano que puede ha
dad pontifical, que, vista desde algún sitio de
á Buonarroti (á quien oblü~ó á ser pintor en
-No, amiga mía, tan distinguida como
la campifia romana, parece la colosal campala Sixtina); si este adorador del arte clásico,
&lt;losa; no, sefior diputado, «ni l'una
na de sombra de un mundo muerto, la cúco~ el que forzó á los artistas á crear el arte
l' altra.11
pula, está allí; hay necesidad, para verla bien.
nuevo, hubiese visto concluir su iglesia, apuesMi primera impresi6n fué ésta: una
de tomar en el eje principal de la plaza un
to á que no habría permitido que la cruz griepunto de vista fuera de ella; entoncPs se ve
claridad.
ga del plan primitivo de Bramante, prohijado
Había más luz dentro que fuera; una
surgir en todo su esplendor el triple pensadespués por Miguel Angel, se hubiese converclaridad,
el ampo del mármol, que i
miento de Bramante, de Miguel-Angelo, de
tido en cruz latina, prolongando las naves haluz
blanca,difundida
en la atm6sfera. Ha
Giácomo della Porta, que tuvo la genial
cia la plaza, lo que alejó la cúpula de la fadelicioso momento de ánimo embargado
idea de transformar el domo de hemiesférico
chada y le quitó ei-a esbeltez en lo enorme,
mundo olvidado cuando se entra en la
en elíptico. La linterna, que es otro templo
esa gallardía en lo colosal, esa. gracia en la
lica por vez primera [y lo mismo en la
con su magnífico cilindro columnado y la cruz
fuerza, que gracias al tambor de Miguel Angunda y en la cuarta] que sólo puede
mondial de su remate, la linterna cierra magel y á la curva ovoide de su discípulo,la saca
rarse á la impresión que se siente ante
ravillosamente la obra maestra, que, á fuerza
fuera de par entre todas las cúpulas del mungran
ruina yuca.teca 6 ante el Niágara 6
de bien distribuida en sus gajos y soberanado, como si tuviese la ambición de cubrir con
termas de Caracalla [ vayan ustedes ri
mente asentada sobre el inmenso anillo decosu sombra á toda la. cristiandad; «ampla. da
de estas asociaciones]. En fin, poco i
rado de columnas pareadas, pierde en grandecoprire con sua ombra. tutti i populi toscani11
volví en mí al rumor del monótono
za abrupta lo que gana en artística majestad
como dijoAlberti (apudKlaczko) dela cúpu:
guía.
«Están ustedes parados en la ru
y en sere.1a finneza.
la de la catedral florentina de Brunellesco.
pórfido en que se ponían los emperado
Volvimos á la plaza, y á medida que nos
¡ Y qué fachada I No, la fachada es muy
dioevu.les, Juliano el apóstata, Carlo
acercamos al obelit co central, la fachada tribuena; clásica, regular, grande, grandísima·
para ser ungidos»; ¿y Constantino? p
vialmente hem10sa agregada, por orden del
¿pero qué hace allí? No es la fachada de Sa~
indiscretamente al oir aquellas graci
soberbiazo hombre de mal gusto y enérgico
Pedro, es el fondo de la pla1,a de Bernino con
giversaciones. Y mi hombre se lanz6
amor al arte que fué Urbano VIII, siglo
ella sí que consuena admirablemente, co~ sus
disertaci6n sobre Constantino que por
XVII, en el extremo de la na.\'e proloninmensas procesiones de columnas, con su
acaba. Yo creo que lo confundía v
gada que convertía en.cruz latina. la. cruz griepueblo de estatuas decorativas........ Es muy
con Luis XIV y con :Marino :Falier.
ga de Bramante y Miguel Angel, eim fachada
grande: sus 112 metros de ancho y so.s 45 de
guía: «Estos angelones que se ven aq
se traga la cúpula; ya en el obelisco no se ve
alto, parecen inventados para. dejaren segunprimera pilastra sosteniendo la pila de
6 se ve poco.
do término al domo. Pero como yo no puedo
bendita, son de mayor tamaño que V
Ascendiendo por la dulcísima escalinata,
D'l;andarla quitar, porque no soy ni un Rovere,
aquellas palomas que están sobre loe
mandadahacer por el arquitecto Maderna 6 por
m un Borghese ( éste la mand6 poner) ni un
de las pilastras en bajo relieve, están
Barberini, la ·veo, más aún, la contemplo y
tas que ustedes.»
entro
en
el
p6rtico.
1
[•] De mi libro "Bnla Europa latilla.

La Plaza de San Pedro.

Del «baldaquino• al disco rojizo en que es~ibamos par~dos y entre la doble línea extenor de las p1lai1trr.... que sostienen la nave centm_l, es~b~~ tncerradas las naves de la Basíh~ .l!r1m1t1va, la que, según la
tr:ad1c10n, Co_nstantino y el papa
Silvestre halnan construí&lt;lo en el
siglo.IV. Todo desapareció en un
11iglo á medida que los artistas del
Renacimiento le\'anta.ban sobre
los escombro!! de aquel vetusto y
suntuoso y como pocos interesante relicario del arte de la Edad Media, el nue\'O templo, que pare•
cía, como el templo de Salomón,
construí do con la secreta a.m bición
de poder conce11trar en él el culto
católico del mundo, el culto universal. Y comprendí ó creí comprender entonceR: aquél no es un
templo cris~iano [allí se comprende la pluvial de oro v la tiara de
pedrería del pontífiel;, no .a burda túnica gri!:! del ~azareno] ni
pagano [el templo pagano e1a un
altar en frente de un ~antuario en
que apenas cabía 1~ imagen, el ,
f~olo; fuera, la multitud presenciaba el sacrificio bajo la cúpula
&lt;lel cielo]. Xo, San Pedro es el templo católico, el templo latino no
el de la religión l{Ótica ele' las
abruptas ra1.ns del Xorte, rc·ligión
de penumbra y &lt;le cr&lt;'púsculo &lt;le
sollozoR comprimidos y de l;imn~ &lt;loloroso!l, de angu~tia y mist~no; no, aquí la religión es precum, clara, lumino!'a v humana·
este arte C!! una mar.wiila. de gra;1~
dios!dad '! de forrua, esta cúpula
es un milagro de audacia sublimemente bien calculada• pt&gt;ro le
!alta i:iiebla, y vaguedad som hra.
mdec1sa; le faltan nimbo y en-

das d_e nichos, de relieves, de medallones, de
mosaicos y ca.paz de abrigar 1:1endas capillas
dentro de su mole de mármol y cristal, (L peRar de que casi por la fuerza. no,- detenía, echa-

:s

to de piedra, suc;;pendido sohrfl nuestras cabey _cer?do por otra cúpula (la linterna) del
m·tVº e un templo. Si nos hubiera sido
pos1 ' e, pero no era posible, colocar una de
las torres de la catedral de )léjico
exactamente debajo del domo
Rentados 11ohre la cruz que la re:
ll?ata, habríamos ,·isto, cerca de
cincuenta metros Robre noi;otros
el r~Rtro de mo!!l\ico del Padre ete~:
no, mcrustado en el cielo de la lin~mha. Todo esto es para a.plastnr
a ombre, escierto; pero obra. e!:!
del hombre y esto lo yergue de
nuevo; el hombre-individuo aquí
e~ una hormiga, el hombre colectivo es un creador; me diréis: no,
el cread?r no es hombre colectivo
es el gemo, eR'Bramante es l\ligueÍ
A_ngel. Sí, es cierto p¡ro es también la pirámide h~mana de que
esos hombres
. fueron el ve'rt'ice;
pero es t:,tmlnén la corriente huma~ª que ,l t!11vés de los siglo!! llegó
,t ellos. )' o me figuro así á 1
hombres de genio en el tiem;~
he aquí un Nilo, corre del Ecua~
dor y salva el trópico y cae en el
:ª11~ que lo lle,va al Mediterráneo·
¿qt~e r~~• que accidente de tierr~
~~ 1mp1~h6 tomar el camino del
ar RoJ,º y transformar por este
!-'.ll? _fen&lt;:'~neno topogrÍlfiro tocla la
c1\'lh1.ac1on
humana?
u t os a&lt;·ci.
.
, r,11
l l enteR dirertorc.s
.
. de ln.. Corriente
1n11nann, cono&lt;•J&lt;los 6 no
Ja
·
, porque
. mayor parte han quedado an6mmrn,, cuando f.On un alma repre!lentan el papel &lt;le! genio. '

r-~------=----=. . .._"""".____________
•

y

suefio.
¡Pero qué bella ef'l, que música

de priorciones en la forma colo- ,,L_!~!!!!!l!!..J~::!a:.:3!5!!!!!.....!!!!
salid¡ cóm?, gracias á ella, á peLa cúpula.
sar e sentirnos tan pequeños al
lad
o de lamasa g1gan
·
tesCR, nos sentimoR en
relaci6
mos á andar hacia a.delante hasta llegar á. los
sar
n con ella, en acuerdo con ella! A pearcos de ~~ramante, al Baldaquino, ÍL colocarde~de los esfuerzos dP.sesperaclo8 del guía por
nos de?ªlº de la cúpula. Es inefable, no puenernos en tomo de cada pilastra, decorade decirse el efecto que causa eRte firmamen-

***
.Junto ele no~otro!', delante del
altar mayor, dt&gt;l «baldaquino "
dentro de una balaustradacle 1 '
ce d
•
&gt;ron) 'ar ~n sm cesar ochenta ó cien
fmpanl~as; se abre la balaustra&lt; a 1Il;ed1ante una lim ó dos •
,
se baJa por una es
marm&lt;?l, entre cuyas ramas haces°: i~ata de
nuflex16n la estatua. de no recuerd0 e r~a geclerno papa ob
.
que mora exactís1ma realísima d
a.nova, que s1 no ha deJ·ado' su gemo
. o, sue

r

c

' .

')

�EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 5 de Octubre de 1902.
medio genio á los actuales escultores italianos,
si les ha le¡?ado su «savoir faire;JJ dígalo la per-

fecta estatua de Monseñor Labastida en nuestra colegiata guadalupaúa, que recordábamos
viendo la que está de rodillas ante el sepulcro

tro «cicerone» nos tenía habituados-Los escudos son unos óvalos de mármol con las
abejas de los Barberini (Urbano VIII, primer
tercio del siglo XVII). Bajo la tiara y las llaves que los coronan magníficamente,~una de-

Interior de la Basílica.

1

1
1

Domingo 5 de Octubre de 1902.

de S. Pedro, la nConfesi6n&gt;J,qt1e es su nombre
oficial. Delante de una de estas estatuas (y
allí cerca estaba una de Can ova también, que
es una maravilla) dice uno: ¡qué bien hecha
está! Delante de la «Pietá» 6 del «A polo,» no
se dice nada.
Entramos en la cripta, obscuridad; en un
altar el sepulcro del santo. ¿Quieren ustedes
ver bien? decía nuestro risueño sacristán . Ecco, y se encendió una lámpara incandescente;
Edison tenía la antorcha de la fe. Muy hien,
yo no creo que éste sea el sepulcro de S. Pedro, ni qne sea su si11a aquella que está dentro del f-{il}ón de bronce de Bernino, allá en el
suntuosísimo altar de bronce que sirve de fondo al ábside. Pero como si lo creyera, porque
este sepulcro está hecho con la fe de los siglos
y los pueblos allí objetivada. Sí, es ése el sepulcro de S. Pedro, hecho con algo más duradero oue la piedra y el metal.
Subimos. Ya os he dicho, y si no, entendedlo bien, lectores míos, que tengo gustos
depravados; cierto,el suavísimo é imperceptible doble cono de uni. columna del Parthenón, que, á la vista, parece derecha, musical
y pura como el alma pensante de Platón, es
lo más bello que hay, y las columnas corintias del vetusto Panteón que acahamos. de Yer
en nuestra caminata del Quirinal al Vaticano,
con sus capiteles destrozados y sus estrías embadurnadas de reflejos cobrizos por mil quinientos años cie (rpose, )1 son más bellas que las
col mnnas de Bernino, pero estas enormes son
bellas también: salomónicas de bronce dorado torcidas en robusta espiral, envuelta en
guirnaldas de oro, se alzan con indecible majestad y se coror,an por encima &lt;le capiteles) y
cornisas y colgaduras de metal ( de donde el
nombre de ({baldaquino") , con inmen:-m; angelones á cu:,·as espaldas los negros soportes
de cuat~o consolas invertidas parten á unirse
en el globo de la cruz del remate. Y aquí intervino el guía:--Estudien ustedes, nos dijo con
aire maliguo y misterioso, estudien ustedes los
escudos d.e armas esculpidos en el mármol de
los zócalos de éstas columnas;son una venganza
del arquitecto á quien el papa Farnesio ( mentira era un Barherini), cuya estatua está allí
cer~a (Paulo III, Alejandro Farnesio), había
negado un gran favor. -Veamos, dijimos no
sin curiosidad-¿á qué negarlo?-y sin hacer alto en los formidables anacronismos á que nues-

licioF:a cabecita ¿de mujer, de niño? cierra la
parte superior de la orla, y la convexidad del
escudo) enteramente regular en los primeros,
se deforma poco á poco, se abulta desde el
tercero al octavo, al noveno, y lo E-ingular es
que la cabecita de la orla pasa de la fisonomía
serena á las contracciones dolorosas, hasta que
al fin refleja una viva alegría ele liberaci6n .
No he tenido tiempo de i.veriguar qué
ci.pricho 6 qué idea
simbólica guió al artista en esta historia
heráldic:1, &lt;ligámoslo así, &lt;le una gestación. El guía sí
estaha al tanto:
aquélla , rala bi1,toria de Giulia Farnesio. -Pero hombre ele Dios, si e::;o
es un a.nacrnnismo
terrible; si la fM·orita de Alejandro
VI pudo ser abuela del papa que mandó erigir el baldaquino. -Yo sé lo
que &lt;ligo, vengan
ustedes. - Y fuimos
al ábside: allí á b
izquierda del famoso altar de Bernino
(la cátedra de S.
Pedro), á quien no
hay que pedir gusto, sino brío y grandiosidad en el manejo de las mae-as
gigantescas de mármol y de bronce, á
la izquierda, deeimos, estaba la estatua en metal negro
ele Pablo III coronando su mausoleo. Al pie del pontífice dos mujeres
de mármol blanco:
una, vieja y fea,
es la Prudencia; la

otra, que le hace parang6n, es ~a Justicia.
Yo no sé son la juventud y la ve¡ez, y aunque quie~ las hizo lué Della Porta, un discípulo de Buonarroti, se ve en ellas la mano
del maestro.-Esta joven, nos decía el guía,
es la Giulia, por eso el papa la mira con ternura. Era un rni"irmol completamente desnudo, pero Pío IX 6 Greg~rio XVI la hizo vestir de una camisa de Jaton pmti.da de blanco 1 porque era un escándalo. Un ing1és se
en amoró &lt;le ella y se suicidó aquí ..... .-Lo
&lt;lel traje de latón es cierto, estaba ú. nuestra
vistc.1,; pero que la estatua represe~tase á Giulia Farnesio, la encantadora favonta de Alejandro VI, r¡ue hizo colocar, según cLicen, su
retrato en su oratorio del Yaticano, en traje y
actitud ele l\fadonna, eso sí no lo sé. Sé que
Alejandro Farne::;io debió sel' cardenal ú su
bella é impura hennann, casada con un aguanlador Orsini, y sé ... .. . todo lo que ustedes saben. Pero de lo que no tenín idea es d!!l \'Oluptuoso esplender de hermrnmrn, fina en su
magnitud misma, de esta estatua¡ nu_nca hizo Miguel Angel mujer así; acaso la · Eva &lt;le
la creación de la mnjer en la Sixtina. Las
otras son profundamente tristes, inconformes
con la vida ó dolorosa:-: ... Esta irradia ju\'entu&lt;l Y. amor ......
l\Iis jóveneH compañeros no querían ahan(lonar el sitio; como el Papa Paulo, que estaba encima de nosotros, barbudo y solemne,
no quer'Ían dejar de ver ... Y yo pensaba ¿en
esta impresión queda, pues, resumida la imprer.::ión de S. Pedro; en estas migajas de sensualismo queda deshecho el pan eucarístico
ele la religión riel Renacimiento; esta sublime
obra en que el arte pagano amai-ado con la
levadura de la idea católica, se levantó en er-a
ámpula asombrosa de la cópula sentada sobre estos cuatro pilares del Bramante que varecen cada uno una catedral, engendrando
así un arte nuevo, para servir de rf'licario á todas las idolatrías, para sentar en su trono, en
su ~átedra, á esta Afrodita. que sirve de tema
á las refleXiones estúpidamente pornográficas
de los guias? De modo, me decía uno de mis
campaneros, que S. Pedro es una basíli"ca cuyo e-je mriyor tiene por extrf'mos ri l ci~ne de

De este carácter
fundamentalmente
subjetivo y arcaico
del sentimientom-ístico, resulta necesa
riamente que: músico que no pueda
entrar en sí mismo
y discernir lo que
sussentimientos tienen de más hondo
y de más misterioso, y músico que no
sepa trasportarse en
espíritu á épocas remotas y á países lejanos y adh·inarlos
y describirlos, no es
un músico místico
ni podrá crear ohras
religiosas de gran•
de aliento.
La moderna música. religiosa, es antes dramática que
mística; pinta más
que sentimientos,
peripecias, antes escenas que éxtasis, y
más el mundo exterior que el mundo interno. Verdi,
en su c(Réquiem,1, es
profundamente dramático; lo había sido lliendelssohr. en
sus oratorios; lo es
el mismo abi.te Perosi en los suyo8,
y Massenet no podía dejar de serlo
en uMagda1ena,&gt;, en
L.a estatua de San Pedro.
11E\1 a&gt;i y en c&lt;La Virgen&gt;,.
Leda en la puerta y á la Giulia Farnei.io en
Pero más aún que dramático, siéndolo tan
el ltbside.-¿Creen ustedes eso? Yo no. Yo
profundamente, ].lassenet tenía que ser pinvolviendo á recorrer la gran nave, única que
toresco y descriptivo. Li. índole del talento
conocíamos aún, me detuve frente á la arcaide l\lassenet es esencialmente pictórica y e&lt;luca estatua en bronce de S. Pedro; uno de sus
cadom. Nadie como él sabe y puede describir
pit&gt;s, mellado por los Iabios de seis siglos ó
país~s exóticos, . épocas remotas, personajes
diez siglos de multitudes, parece un muñón
3:rcaico~,Y revestn-los de atributos tales, fijarles
deforme y feo. Yo lo besé, porque, ya lo he
l111eam1entos de tal modo característicos y dardicho, yo beso donde besa el pueblo, mi soles un colorido, un relieve y una vida tan proberano abuelo.
pios y adecuados, que países, épo~as y personajes se yerguen vivos, palpitantes, acabados
__J ~
~
y elocuentes en la imaginación del auditor.
Buen ejemplo son de esa peculiaridad suya
y de ese sello personal de su talento, los ballets &lt;le. «Herodfas,, y de ((El Cid,i, las «Escenas Pmtorescnsi&gt; y las nNapolitanas)) la Introducci6u de (cl\laría ~fagdalenall y Las Bodas de Canaán y el baile de las Galileas de
ciLa Virgenll.
APR0P0S!TO DE &lt;LA VIRGEN•
Y esas reconstrucciones, esas evocaciones y
esas
d~scri_pcione_s no son vagas, abstractas y
El sentimiento místico propiamente dicho
aproxunativas, sino completas concretas y
es u~ sentimiento esencialmente subjetivo )'
exactas. Tiene el ilustre maestr~ una fe tai1
arcaico: ~.,a idea religim;a de donde procede y
ciega ~n sí mismo y en su poder evocador y
que lo mforma, ha perdido y pierde cada día
sugestivo, que acomete con éxito &lt;lescripciosu carácter m\stiyo, para hacerse cada ctía más
nes de pormenor que resultan verdaderas v
mundana.
exquisitas
miniaturas. No se conforma com"0
Los templos en In Edad Media eran 16hregos,
Bizet, por ejemplo, con hacer música e~pañonnstenosos, severos y casi terroríficos. En
fa 6 de corte ibérico, sino que en los ballets
sus vai:;tas naves góticas, olientes más á
d~l uCidll des~rib~ separada y esperialmente las
humed~d que á incienso, se respiraba sombra·
diversas provmcms y hace música aragonesa,
el espíntu se concentraba en sí mismo y tod~
caste\Jn.na1 andaluza ........ .
al rededor suyo parecía sugerirle el olvido del
· Lo mismo en ((Herodías,,, hace música fenimundo y de sus pompas. Imiígenes demacracia, babilonia ¡qué sé yo! Y todos Jo creemos
d.as y enílaqu~ci&lt;las; grandes cuadros ennegrey todos lo aceptamos y ]legaríamos á pensa;
cidos por el tiempo; columnatns interminaque ha desenterrado y descubierto ]a música
bles y sombrías; capillas profundas como anpropia y genuirw de esos pueblos y de esas
tros; cúpulas inaccesiblN.:, todo inspiraba un
épocas.
;'ago .terror y convidaba al recogimiento y al
~xtas1s. CeremoníaR simbólicas venidas &lt;le le. Agréguese [t este género_ de ~lento tan pre~
ros J de remotos tiempos; trajes hic r{tticos
c10so, tan estBTI&lt;lble y casi úmco una intensia.rt:aicos; ostentación &lt;le lujo anticuado y ex6dad de pasión excepcional y una'maestría sint1'.'? todo, en e.l culto·y en sus pompas, retrogula.r en el manejo de la orquesta, y se comtraia el eRpíntu al pasado como si quisiera
prenderá por qué :Massenet es el más popular
hacerle remontar el curso &lt;le la vi&lt;la y fijar
.Y uno de los más grandes mÍl.sicos de la ess.us anhelos en el origen de las cosas y en los
cuela francesa moderna.
t~e~pos fabulosos de los milagros, de las apaNo gusto mucho de sus melodías vocales
n~JOnes, del contacto íntiruo de Dios con sus
destinadas á ser cantadas; creo que el maeR~
criaturas.
tro maneja la voz humana con µ:ienc_&gt;s !acil!-

J

MASSENET

1

Monumento de Paulo 111.

dad y menos brillo que la orquesta; ¡,ero como sinfonista, es genial, y como sinfonista evocador, incomparable. No obstante,en ccLa Virgen» se ha sobrepujado á sí mismo, y 1\Iaría1
Gabriel, la joven Galilea, cantan como ángeles.
No hemos agotado, ni con mucho, li. enumeración de los talentos de Massenet y de sus
méritos. Tiene aún uno excelso: á semejanza de Ver&lt;li, sin plagiar á nadie, espiga en todos los campos. Que un hombre de talento
encuentre un procedimiento ó un tratamiento
nuevo; que el arte se enriquezca con nuevas
formas; que surjan en la paleta nuevos colores y nuevas matices, 1\Iassenet se asimilará
todo eso, lo fundirá y afinará en el crisol de
su candente personalidad musical y lo ofrecerá tn sus obras aquilatado, depurado, pulimentado y mejorado. Cada genio da su contingente á Massenet, y con los procedimientos
de todos1 unifica&lt;los en su propio taleuto, crea
obras maestras.
Massenet, además, es prodigiosamente fecundo y estupendamente laborioso. Nadie en
Francia, y podríamos decir en el mundo entero, escribe tanto y tan bueno como él.
Los amantes del arte están de plácemes, y
el (cClub Lirai&gt; y su portaestandarte, el 1'-IaeStro Meneses, merecen bien del arte por habernos dado la ocasión de escuchar, aplaudir y
admirar una sin duda de las producciones
más inspiradas del maestro más µopular, más
fecundo y más aplaudido de la Francia actual.

La muerte del insigne novelista Emilio Zolá, ocurrida de manera trágica en la gran ciudad que fué teatro de sus glorias artísticas y
políticas, ha conmovido al mundo entero, porque la obra del magno escritor pasó 3.lumbrando los cerebros de los estéticos y de los
vulgares.
. Peregrinó ~on su esplendor de arte, por la
nda de los buenos y de los malvados, hasta
lo~rar que se pu~iera bajo su nombre la raya
ro¡a de la notonedad . La crítici. fué severa
para juzgarlo, y acabó por hacerlo una de sus
fuentes de luz.
El nombre de. Zolá figura en el proceso más
célebre que el tribunal de los hombres Yió en
el siglo XIX, y quizá al desaparecer de la tierra, cuando se le lleva á dormir en el eterno
lecho, otra nueva conmoción de pasiones venga~ agit;tr_ el viento qu~ flote sobre su tumba.
. En Mexwo fué, rel~tivamente, muy conocida la o?ra del novehsta, y no ha sido poca
la s~nsae1ón que causó el trágico fin del gran
escntor.
«E_I Mundo Ilustrado" rinde tributo ú Zola
publicando su retrato en lugar preferente.

UASJS.
Sueña el león.
Junto á las tres palmeras
se amartsa el Sol. Existe
el agua. Y Dios deja un momento
que los pobres camellos se arrodillen ......
Junto á. las tres palmeras
el árabe tendido al fin sonríe
y suspira ..... Damasco
lejos aún le aguarda. Los confines
del horizonte brillan encendidos.
Un silencio terrible
llena el aire ..... .en la arena
tiembla la sombra elástica de un tigre.
~ÍAJ&lt;UEJ:, i{ACl!APO,

�Domingo 5 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

1)0mingo 5 de Octubre de 1902.

Y, ruborizándose, huyó rumbo á su casa.
l\Ii madre me dijo que Guillermina era ya
huérfana, y continuó baciE&gt;ndo elogios calurosos de su bondad, de su abnegaci6n ..... .. .
¿Qué más diré? Antes de que transcurrieran tres semana¡,, puse á mi hijito en brazos
de Guillermina, mientras le decía al oído:
-¿Acepta usted esta muñeca? ...... ¿Quiere
usted que sea verdaderamente suya? ..... .
Y nos casamos con los trámites rigurosamente necesarios.
DA~IEL HERVEY.
Traducción de "El Mundo Jlustrado."

Nuestras madres eran viudaR; la casa de
ellas lindaba coh nuestro nido familiar del
viejo Lorient; nuestros jardines estaban separados nada más por u~ vallado que ún gran
terranova-así lo suponíamos-había agujerado precisamente para que nos pudiéramos
comunicar.
Ella era morena, y yo rnbio; ella tenía cinco
años y yo trece cuando nos conocimos. Era
natural que fuéramos Jos mejores amigos del
mundo. Cierto que nuestras situaciones no
eran muy semejatHeR: mi padre era gran capitán de fragata cuando lo rnat6 la fiebre amarilla; el marido de Juana Lehennec muri6 casi en la misma época, pero no era más que un
simple timonel, y s6lo por una herencia inesperada pudieron, la viuda y la hijita, vivir
en situaci6n humilde, pero segura. Bueno es
decir que nuestras madres no tenían relaciones estrechas y, por consiguiente, se enteraban poco de nuestros juegos. Alguna vez que
se encontraban, se mandaban por sobre el va:Jado un saludo: respetuoso de parte de la señora Lebennec, amable y gratamente protector, de la de Isabel de Coudic la querida, la
adorable criatura que, habiendo perdido todo
lo que amaba, se consagraba por entero á mí,
rE&gt;nunciando al mundo, á las ventajas envidiables de su situaci6n, de su fortuna y de su
belleza.
Cuando le declaré la resoluci6n de seguir
la carrera de mi padre, se puso pálida como
un cadáver, me abraz6 y no me puso objeci6n
alguna. Poco clarividente, como todos los muchachos, me sorprendí de su calma y no !'Upe leer una tristez11, una emoci6n contenidas
por una firme voluntad. Cierto que yo no hubiera cedido á sus ruegos, si hubiese querido
disuadirme de ser marinero; pero siempre me
causaba del'ilusi6n no haber tenido que vencer una resistencia.
Por el contrario, la ruidosa desolaci6n de
mi amiguita Guillermina, me satisfizo bastante. El día de mi partida, se me colg6 al cuello, me desanud6 la corbata, moj6 la pechera
de mi camisa con lágrimas y amenaz6 con aho-

garse en el estanque del jardín, que no tenía
más de cuarenta centímetros de profundidad.
No me pude arrancar de ella sino prometiéndole traerle de mis próximos viajes un chango 6 una negrita, lo que quisiera.
Cuando las vacaciones, la encontré siempre
apasionada, y tanto, que no me sorprendió
cuando, con toda seriedad, me ofreci6 un anillo de cobre que ella llamaba pomposamente
sortija, invitándome á jurarle que no n,e casaría más que con ella. Se lo prometí en un
arranque de sincera ternura.
Otra vez que volví á Lorient, para visitar
la casa paterna antes de embarcarme con destino á Buenos AireR, Guillermina no estaba
en su casa. Mi partida bahía causado á la
muchachita tal desesperación, que, para distraerla, la mandaron á un colegio del campo.
Contaba precisamente diez años la muchacha, cuando en una bella mañana, la «Valerosan llevó al muelle de Lorient al aspirante,
que tal era yo entonces, cargando en sus baúles una encanta&lt;lora muñeca vestida á la moda brasileña, que causó á Guillermina un delirio de alegría.
Chiquitita, delicada, verdaderamente un
ratoncito moreno, la muchacha par?cía. más
joven de lo que era. Su permanencia entre los
niños la había distraído; los proyectos matrimoniales estaban á punto de olvidarse y volvimos á comenzar nu~stros juegos de otros
tiempos, con una inocencia que hubiera sorprendido á mis camaradas de á bordo. Partí
nuevamente para un viaje que había de durar tres años en las aguas del Pacífico. Nos
separamos sin lágrimas, pero con buenos besos de camaradas. Le prometí otra muñeca.
Y á pesar del tiempo, á pesar de las modificaciones que traen los años en los jóvenes
como era yo entonces, no olvidaba á la amiguita, y cuando volví á mi casa, le mostré á
mi madre una muñeca javanesa, con el traje
original de las bailarinas reales.
Mi madre movi6 la cabeza con sonrisa enigmática:
-Ah! es para Guillermina?
Al día siguiente bajé al jardín en busca de
mi vecinita; lo que encontré fué una figura
que caminaba paso á paso, una criatura desmadejada, ni muchacha mi mujer, descolorida, la boca contraída por un pliegue grosero,
la nariz imprecisa, los cabellos ingratamente ·
echados hacia a,trás, y unos brazos desmesurados en cuyas extremidades pendían
las manos rojas. Iba á marcharme, cuando aquella persona me
mir6 fijamente y me dijo
con voz ronca:

-~:~~

·----

t~·-:-;-~~-~---..,~..

- -~'

-=::::~~;::::;;~~=~-;.!'!~_!.~ . _-:;-:;.:'_:-_:::~4~·: : ; ~ ~ ·"'.,.-.-

~
,~~

-Buenos días, señor Cuedic.
Me quedé petrificado; volvió á decirme con
impaciencia:
-¿Ya no me conoce usted?
¡Sí, era Guillermina! ¡En qué e~tado habían puesto los trece años fatales á mi pequeña camarada! .., ... .. .
Le alargué la muñeca, volviendo la cara
para ocultar mis impresiones. Tuve tiempo
de ver que bacía un gesto desdeñoso.
-No juego ya á las muñecas, me dijo con
sequedad.
Y tom6 la que yo le ofrecía, con aire brusco.
Poco tiempo después mi vida de marino
volvi6 á arrE&gt;batarme del hogar. Volví á Lorient después de cinco añoi::, durante los cuales se transformó mi vida. En To16n fuí presentado á la bija de un almirante; nos amamos y me casé con la confianza y la rapidez
que presiden á las unioneR entre jóvenes que
pertenecen á familias de gente de mar, entre
las que se sabe el valor del tiempo que se pasa en tierra.
Me separé de mi nuevo hogar dejando á mi
esposa-¡pobre Lucía!-cuando iha á ser madre, y ....... ¡no la vi más! La noticia de su
muerte y del nacimiento de mi hijo me llegaron al mii::mo tiempo-era una mañana
gris y glacial de invierno,-cuando mi navío
cruzaba los mares cercanos á Corea. Quince
meses me faltaban aún para volver.
¡Cuántas veces,estando de «cuarto» durante
las noches sombrías 6 implacablemente puras
y heladas, vi erguirse ante mí la imagen de
mi pobrecita esposa, arrebujada en un abrigo,
llevando en los brazos á su hijo, aquel hijo á
quien, probablemente, yo nunca conocería!. ..
Sin embargo, él vivi_6. Mi madre me escribía diciendo que el chico estaba á las mil maravillas. Y pasando los tiempos, me aferré á
aquella esperanza del porvenir.
El mes de junio nacía cuando, lleno de emoci6n, traspasé el dintel de nuestra vieja casa
de Lorient. Llevaba siempre conmigo algo
como una inquietud, por cierto !'Upersticioso
horror que me causaba llegar á mi casa como un extraño. Pasé el vestíbulo y llegué al
jardín. Me detuve para contemplar un cuadro
inesperado.
Bajo los tilos, mi madre, recostada en un
sill6n, 00n su labor caída de las manos, sonreía de la carrera yacilante de un hermoso
bebé que tenía las piernitas y los brazos desnudos y que abandonaba el banco en que se
apoyaba, para ir á donde estalla una mujer
arrodillada que le tendía los brazos con semblante dulce, iluminado de tierna alegría. Luego que el niíio llegó á ella, lo levantó y lo hizo reír mucho, cubriéndolo de besos.
Era eRbelta, de talle mediano y tenía mucha gracia en todos sus gestos. Cuando puso
al niño en el suelo, se irguió, y al volverse á
mí, pude ver que nada hasta entonces había
visto con rasgos más encantadores ni que impresionasen más con todo aquello que adoramos en la mujer.
Nuestros ojos se encontraron. Ella lanzó un
grito, al que sigui6 otro de mi madre. l\le precipité á ellas.
.
Inmediatamente Guillermina- porque no
era otra-me llev6 á mi hij(,. Lo abracé con
emoci6n punzante.
-Dale las gracias- me dijo mi madre señalando á la muchacba:- si el chico vive, es
gracias á ella.
Tomé la mano de Guillermina, pero me interrumpió á las primeras palabras.
-No merezco ningunas gracias ...... Este pe•
queño ser es la alegria de mi soledad,

EL PROFESOR VIRCHOW.
Uno ele lo:;; hombres de ciencia más ilustres
acaba de pagar el obligado tri.bnto á la naturaleza: nos referirnos al eminente Profesor de
Patología en la UniYersidad de Berlín, Rodolfo Virchow.

Aspecto del salón p ri ncipal.

se vefa, encuadrado en un ma~nífico marco,
el retrato del Rey D. Alfonso XIII.
Antes de las dos de la tarde, se sentaron los
invitados á la mesa, ocupando los principales
lugares el Representante de España, Sr. Fernández Vallín; el Cónsul, Sr. Escudero, y los
Sres. José Sánchez Ramos, Telesforo García,
Quintín Gutiérrez, Miguel Lhno, Rafael Gay,
Modesto Noriega, Salvador de la Fuente, Fernando Dosal, Fanstino de la Fuente, :Manuel
Suárez, RamGn Fernández, José Porrúa, Saturnino Sauto y Luis Fernández Cañedo.
Durante la comida rein6 la mayor cordialidad entre el numeroso grupo de iberos allí
reunidos, pronunciándose entusiastas brindis
por la U!li6n de la Colonia, por la patria y por
el Rey. El brindis del señor Encargado de
Negocios fué muy aplaudido.
La fama de Virchow como pat6logo, está
muy por encima de todo elogio, desde el momento en que se le considera como una de las
más legítimas y bien fundadas. En ocasiones diversas, el nombre del sabio recorrió
el mundo entero y fué recibido con aplauso;
pero lo que más enalteció al eminente Profesor fué su teoría sobre el origen de la. enfermedad, universalmente aceptada en nuestros
tiempos.
Virchow era también antropologista de
profundos conocimientos, arqueológo nutrido
de vasta y provechosa informaci6n, y político
de energfa y de talento. Su «Patología Celularn, traducida á casi todos los idiomas, es
uno de sus más claros timbres de orgullo.
En la Cámara Prusiana se distingui6 siempre como orador de primer orden..

Hay hombres que escudriñan las conciencias ajenas olvidándose de quP. tal es nuestra pobre naturaleza, que no encontramos en los otros .
sino los vicios cuyas tendencias tenemos en
nuestro propio coraz6n, haciéndolos conforme
á nuestra imagen y semejanza. Por lo cual'no
debemos tener confianza en los que fácilmente juzgan á su projimo.

El bom bre que se descuida de cumplir con
sus p,romesas, cualquiera motivo que alegue,
se debe reputar malo 6 débil: malo, si engañ6
á prop6sito: débil, si no conoci6 el valor de su
acto 6 no tuvo bastante energía para realizarlo.

TENT ACIÓN.
Call6 por fin el mar y así fué el caso:
En un largo suspiro de violeta
Se extenuaba de amor la tarde quieta
Con la ducal decrepitud del raso.
Dios callaba también: una secreta
Inquietud expresábase en tu paso.
La palidez dorada del Ocaso
Recogía tu lánguida silueta.
El campo, en cuyo trebolar maduro
La siembra palpit6 como una esposa,
Contemplaba con éxtasis impuro
Tu media negra, y una si.lenciosa
Golondrina, rayaba el cielo rosa
Como un pequeño pensamiento obscuro.

EL BnQURTE DE LOS ESPAÑOLES.
Siguiendo una costumbre establecida, la
Junta de Covadonga organizó en esta vez el
banquete que los españoles celebran, año por
año, pasada&lt;i las fiestas del 8 de Septiembre.
La Junta procur6 reunir ese día en un solo
grupo el mayor número de iberos posible, y
sus esfuerzos río resultaron infructuosos: cerca
de mil comensales acudieron al llamamiento
que se les hacía., llenando los amplios salones
en que debía verificarse el banquete.
El adorno del Tívoli del Elíseo que fué el
local escogido, era del mejor gust~: había festones y banderas en profuRi ón, distribuÍllos artísticamente en las callecillas del parque y en
los pabellones. A la entrada del salón principal se levantó un vistoso arco de flores naturales, colocándose, para cubrir la puerta un
gran biombo japonés. En el fondo del s:i.ión

~L BANQl,JETE.-OtrQ salón,

LEOPOLDO LuGONEs.

�Domingo 5 de Octubre de 1902.

-

EL MUNDO IT.JUSTRADO

LA LEGACION DE MEXICO EN CUBA.
blos; uno es el idioma; las costumbres son
idénticas, las aspiraciones iguales. Por eso se
muestra regocijada Cuba en el acontecimiento
que, en acto íntimo, pero que reviste carácter
especial, celebra el
primer :Ministro de
México en Cuba,
Sr. Gilherto Crespo
y l\fartínez: el aniYersario de la independencia de laRepública Mexicana.»
Con acopio de
datos que revelan
la información más
vasta con referencia á nueetro actual orden de cosas,
"El Hogar" traza en
seguida la enorme
curva que México
ha recorrido para
cimentar su crédito, para crearse una
situación extrafia á
todas las turbulencias, y, en una palabra, para entrar
de lleno en el carril
de la civilizaci6n y
el adelanto.
El establecimiehto de la Legación
de México en la Isla, dados los conceptos que antes
transcribimos, es,
pueR, un augurio
de que nuestras relaciones con la joEl frente de la Legación.
ven República llegarán á !Ser tan estrechas como las que felizmente nos ligan {1
una breve resefü1. de la solemne recepción del
los demús pueblos del Continente.
representante de nuestro país por el Gobierno
del Sr. Estrada Palma.
ERte acto dió margen, como se recürdará,
á que la prensa ile 1n lRla elogiara calmosamente á México y al nuevo 11finh,tro, poniendo de relieve nueRtros progresos y Pl tino desplegado por el Sr. Crespo y Maníne1. en suR
funcione,:, elurante todo el tiempo que fungiú
como Cónsul General ele la República en la
Habana.

¡, 6 p
-&lt;

***
Con ocasión ele! aniv1m:ario ch• nuei;tra InilPpench·ncia, los periódicos más caracteriz:1 dos de Cuha han vuelto á ocup:u-He de México, en términos por &lt;lemií:;; honrosos y halagadores.
Por primera Ye7--clice «El llogar"- la ·joven Tiepúhlica tle Cuba nuPile tender carilinsarncnte los hrazoi- ú la fü•púhlica ele :i\féxi(', ,.
y asociarRe á su regocijo rn el memora!,](, l (¡
&lt;le Septiernhre, c¡ue recnercln la fecha ck sH
independencin. Cnl&gt;a y México son dos ]¡,., _
manas del alma, li¡!;:«las C'n sn suerte por111•1cho:-; lazos. Ar¡uí se halla la lla\'e del Golr,,
Mrxicnno. El día infamto.que peligrase nu"s
tra indepenclencia-&lt;lía c¡ne no esperamos p.,_
gue en la ,;uceRiún de los tiempos,-oiría J[(·xico el primer toque de aviso que amenazase
la suya. Un mismo origen tienen estos p1.1e.

&lt;

;j

.

lfi

EN CAMINO.
La vereda es abrupta y en la cuesta
culminan los cantiles como dientes;
no hay aves, ni verdores ni floresta,
sófo eriazas colinas y vertientes.
La cima encaja su orgullosa testa
en el quieto sopor de las silentes
nubes, y los vapores de la siesta
emperlan de sudor las secas frentes.
Sin un miraje alegre la mirada,
la sed sin un oai;;is, los ribazos
sin una gota, y para el hambre nada!
Pero ofrece la dicha en sus ahrazos,
del i:,endero en la cúspide elevada,
el Cristo abriendo sus orantes brazos.

J. 11.

***

:

...

FACHA.

:Nada es tan difícil como pagar las deudas
de gratitud.

~
. '

Domingo 5 de Octubre de l 902.

SOBRE EL AMOR.

En cuanto al local en que se encuentran
instaladas las oficinas ele la Legación, diremos,
ya que no es pnsible hacer ele él una dcscripci6n detallada, que llena, con mucho, el objeto á que se le destina.
El edificio, de un solo piso, se levanta en
medio de un bonito jardín, limitado por una
verja. En primer término se ve una escalinata que da acceso al pórtico, y, en el frontis,
un escudo ele las armas nacionales.
Los departamentos interiores, tales como el
desptt&lt;'ho del Sr. l\Iiriü,tro, el comedor, etc.,
etc., están decorados con sencillez y elegancia.
Seguros de que nuestros leclores verán con
gusto su publicitciún, ilustramos estas páginas con algunas fotografías uel hermoso edificio.

«El Mundo Ilustrado)) publicó, en su oportunidad, el retrato del distinguido caballero
D. Gilberto Crespo y l\fortínez, primer :Ministro ele México en Cuba, 'lcompañúnclolo de

EL MUNDO ILUS'l'RADO

La significaci6n clara y exacta de los conceptos no hace apreciar á veces mejor el carácter de las cosas. En el lenguaje usual se
confunden muchas veces esas tres cualidades
6 defectos, según algunos, del carácter amoroso de un individuo: el eRcepticismo, el desencanto amatorio y la indiferencia, ó quietismo elel alma.
Estos tres estados del ánimo representan
siempre &lt;cmínimum,» un decrecimiento 6 una
profunda perturbaci6n en el ser sensible; son
graduaciones diversas de una menor intensidad en la vibraci6n de los afectos hacia el otro
sexo.
El escepticismo en el amor es un criterio
puramente mental de concebir sin certeza ni
trascendencia las relaciones amatorias.
El desencanto en el amor no es más que el
estado moral de un convaleciente que después de haber Elido víctima de algún fracaso
6 haber gastado exresivamente sus fuerzas en
otras empresas amatorias, evita 6 rehuye nuevos lazos de afecto intenso é impereceelero.
La indiferencia, ó el quietismo del alma, es
el estado más perfecto del ser, según la concepci6n religiosa de los místic&lt; s. Es el vacío
con todas sus frialdades y calmas silenciosas,
es la monótona serenidad de lo paralítico, de
lo inerte. Es una virgen ideal, esplendente ele
luz y belleza, pero muerta.
El escepticismo no es más que una convención sofística de los que dudan y se sonríen
acerca de la eficacia y del bienestar moral del
amor.

Legación de México en Cuba.-EI comedor.

de 1~ vida, deben proseguir viviendo y amando _siempre con la hartura y sed insaciable de
lo mmenso, de lo eterno y de lo invariable.

MEDIA NOCHE.

BENJAMIN DE CÉSPEDES.

***
Con los escépticos de las mujeres ocurre algo parecido á lo de aquel fil6sofo que negaba la cualidad sensible de la carne educada
estoicamente para desafiar todos los dolores
que al fin después de recia paliza tuvo por l¿
menos que reconocer la cualidad contundente
y dolorosa del garrote.
Con los desencantadoe del amor pasa lo
mismo que á esos enfermos doloridos durante
mucho tiempo por una úlcera que les impide
el movimiento, y que cuando se curan luego
no hay quien pueda contenerlos en su darrera.
Y con los indiferentes no hay mejor prueba que la tentación de unos ojos negros una
belleza incitante 6 el trato de una mujer'amable y ele talento.
Yo he visto muchos casos prácticos y he
presenciado tantas abdicaciones de eso que
llaman carácter del individuo, que ya en la
única filosofía que creo en asuntos de amor es
e~ la de pasarae con armas y bagajes al enemigo, y salga el sol, 6 la luna de miel, por
Antequera.
Y es que hay que obedecer ciegamente al
instinto del apego carifioso, que es la f6rmula
mús elevada de la moral de la especie. Pero
este instinto puede modificarse por la educaci6n·, por la conveniencia, por el hábito, y
llegar en su refinamiento y depuración á ser
electivo para el bien del individuo y de la eRei;;pecie.
Elegir el Rer am:ido; he aquí la fórmul~ expref'a de; la Yohmt:id afectiva; y en esa crítica
y deriRiva. hora ele la. dPterrninaci6n que habrit de lrncernoR frlices ó deRwaciadoR, ¿qui~n
tiene ha~tante presenc-ia de ánimo e,:céptit&lt;\
&lt;leRencantado {¡ indiferente para voh·er lai&lt; &lt;'Kpaldas (1, la aurora que asoma, y luego Íl laespléndicla ilurninaci6n tle Jo,i nntes obFcuros
nimhm; el(,] ser'?
H6lo d rgoí~ta utilitario que ama. la \"ida
por las 1--olicitarioneR eternas, por el propio
cuidaclo, y tan s6lo buRca. en la compañera la
~ierva sumisa 6 el eRcahel para encumbrarst•.

La noche, con sus fúnebres crespones
Cubre la inmensa b6veda del cielo,
Y sólo yo con mis tristezas, velo
Sumergido en profundas abstracciones.

RONDEL.
Locuaz y tentadora y elegante
cruzaste por mis sueños de poeta,
y en vano pedí luz á mi paleta
para copiar la luz de tu semblante.
Fuiste la diosa de mi pecho amante
y en mi delirio de pasi6n secreta
en vano pedí luz á mi paleta
para copiar la luz de tu semblante.
Y h?Y al cruzar, radiosa y elegante,
por mis vagos ensueños de poeta,
Oh blanca virgen de mi pecho amante!
¡En vano pido luz á mi paleta
Para copiar la luz de tu semblante...... l

R.M.

Qué amargas son ¡oh Dios! mis decepciones
Cuánto aspiro alcanzar y cuánto anhelo! '
Qué acongojada el alma, emprende el vuelo
De lo desconocido á las regiones.
La ausencia lo imposible, la quimera
El adiós, y la muerte y el olvido,
'
Todo me hace sufrir, me desespera
Y me obliga á exclamar enternecido:
¡Oh madre, buena madre, quién pP 1 iera
Dentro de tu sepulcro hallar su ni• J!

RUBIO.

***

..
•
Despacho del señor Ministro.

Los que se han hecho alguna vez amar por
la mujer presentida en los rosados ensueños
del ideal dichoso; los que Re han confortado
al calor de ese rayito de sol que cerca como
un nimbo de santidad las almas enamoradas
sos deben sentir todo el poder y el alient~

U no de loi; ea Iones de la Legación.

E:\'RIQ,UE TORRES ToRIJA.

�Domingo 5 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

OBISPO DE SONORA.

ONOCIERONSE aquí 6 a1lá, en cualer parte; ambos eran albañiles, otiles ambos, y un incidente cualquiera les había acercado, engendrando á poco la amistad que más tarde les ligara.
Juan era superficial de suyo, jactancioso, 6
«echador,,, para decirlo en términos vulgares;
amigo de aventuras, hablaba mal de los hom •
bres y peor aún de las mujeres; bebedor insaciable, rohaba al trabajo las horas para consagrarlas á la taberna, y casi se podría asegurar
que no conocía más sitios, después del andamio, que la pulquería, y, un poco menos, la
cárcel.
Sin embargo, raras veces demandaba trabajo en vano, pues nadie de los que le conocían
ignoraba que, ,,pegándose" al quehacer, era un
oficial que desquitaba como pocos el jornal
que recihía, sin necesitar nunca demasiadas
explicaciones para hacer bien una cosa.
Antonio era, por el contrario, poco comunicativo; de menos alcances que Juan, compensaba esta falta con su mayor apego al trabajo; raras veces celebraba el «San Lunesn y
gustaba poco de frecuentar la compañía de las
mujerzuelas con quienes su amigo perdía á
menudo el tiempo, y en no pocas ocasiones la.

libertad, y á las cuales calificaba Antonio de
comprometedoras y ocasionadas. La bebida,
que en otros engendra la jovialidad, siquier
sea pasajera, aumentaba su reconcentración,
envolviéndole en cierto velo de melancolía;
pero, aunque no era un vicio arraigado en él,
bebía también y casi á diario, ya por no «hacer menos» á algún conocido que se empeñaba
en dividir con él el contenido de una «tina»;
ya para refrescar las largas y pesadas horas de
sol; ya, en fin, por n() «echar campaña» con
Juan, que en este punto era á veces muy «cargado.,&gt; Inclinado más bien á la paRividad, tal
vez esto había sido la causa de amistad entre ambos; su serena actitud entibiaba en ocai-iones los vivacesimpuli;os de Juan; en muchos casos, la intervención de Antonio había
salvado á aquél de nuevas cuentas con la policía, y, observados atentamente, fácil era advertir que á los dos les ligaba, más que otra
cosa, el cariño que él abrigaba para su amigo.

***
Trnbajaban los dos en una obra grande,
hacía algunos meses; el enorme edificio comercial elevábase rápidamente sobre todos los de
las cercanías, destacando su gruesa mole de
hierro y mampostería; centenares de obreros
pululaban, trepando y descendiendo{por los

andamios; escuchábase el chirriar de las garruchas que balanceaban en la altura los grandes bloques de piedra tallada 6 las pesadas viguetas ,le acero; el cincel y el martillo cantaban á dúo y por doquiera el himno del trabajo; la voz del sobrestante ahogábase en el silbar
de las garlopas 6 en el ruido de las láminas
arrastradas aquí y allá, sobre los techos, y
desde el fondo, la cal, removida en el agua de
la presa, dejaba escapar gruesas nubes de blancura deslumbradora, que, al elevarse, desvanecíanse rápidamente en el azul del horizonte.
Por primera vez acaso, Anto¡¡io mirabn. con
cierta desconfianza el rápido avancP. de la construcción; no había pensado hasta entonces,
como la mayoría de sus compañeros, en que
la lentitud de su trabajo podría traer consigo
la prolongación de los días de jornal, y, siu
embargo, ahora experimentaba cierta vaga
tristeza al pensar que muy pronto tendría que
ser despedido, por no ser ya necesarios sus servicios, y se vería obligado á errar, quién sabe
hasta d6nde, en busca de nuevo acomodo.
En ninguua parte había trabajado tan á gusto como allí, durante los últimos meses; trepado sobre el tendido, teniendo á un lado el
«apilo" de tabiques que el peón se encargaba
de renovar constantemente, y por el otro el
cubo de mezcla, el plomo y la regla, pasaba
los días, de sol á sol, lanzando á todos los
vientos la nota ale¡ue y vibrante de la cucha.ra al golpear en el ladrillo previamente apoyado sobre el muslo, y mirando con mirada
furtiva los balcones de la casa de enfrente.
Desde que entr6 al destino, l:l. muchacha
había llamado la atención de Antonio, y pocos días después, todos en la obra la conocían
ya y saludaban su aparición tosiendo con insistencia 6 silbando ,,tonadas,&gt; más 6 menos
significativas. Y la recamarera, que parecía
acostumbrada ya á tales manifestaciones, fingía no advertirlas, consagrada á su labor, extendiendo sobre los hierros de los balcones las
tapicerías de la sala, 6 subiendo á. las azoteas
para alinear en el teJ\dedero las piezas de ropa
recién lavarlas.
Antonio la contemplaba en silencio, desde
la altura en que se hallaba, embebecido ante
la morbidez de sus brazos desnudos, ante el
erguido seno oculto bajo la tela del «caracol;" y
el acompasado movimiento de sus caderas; y
cuando ella le miraba con todo el fulgor de
sus ojos negros, el pobre volvía sus miradas á
otro sitio, echábase sobre la frente el «chilapeño," y empuñando fuertemente la cuchara,
golpeaba, golpeaba sin cesar sobre el larlrillo,
tal vez creyendo alejar de esta manera los pensamientos que le embargaban.
Dos noches sel!'.uidas, animado por una sonrisa de ella, la había detenido en la banqueta,
pintándola en torpes rasgos el cariño que por
ella sentía, capaz de todos los sacrificios y superior á todas las pruebas; pero la coquetuela
había escapado de entre sus manos, riendo
alegremente sin dar oído á sus querellas.
-Nadier. ha de quererte á la buena-le.había dicho Juan;- si no la tratas á golpes, que
es como les cuadra, más mejor es que la dejes
de ese tamaño ........ .
Capaz de trastornar el juicio á cualquiera,
la muchacha veíase asediada de continuo,
más sin lograr nadie conmover su corazón indiferente.

***
Una mañana en que el sol brillaba en todo
su esplendor, una calurosa mafiana de estío,
de cielo transparente, sin una sola nube en el
horizo!!te, Antonio, en lo más alto del andamiaje, después de consumido el frugal almuerzo, trabajaba más animosamente que de ordinario. Sentíase feliz al recordar las palabras
de ella, que le había hecho entrever en su
«contesta,&gt; la posibilidad de una futura correspondencia de ~fecto13, Llegaban aún, corrien-

Domingo 5 de Octubre de 1902.

ElL MUNDO ILUSTRADO

do por el -medio de- la calle, algunos compañeros que no habían logrado presentarse en el
momento de la lista; de pronto, Antonio, que
miraba distraídamente á lo lejos, la vi6 dar
vuelta á la esquina, echado el rebozo sobre la
frente y acompañada de un hombre á quien
tendía la mano en i-efial de despedida. Aquel
hombre era Juan, el mejor amigo de Antonio.
Permaneci6 inm6vil , viéndola acercarse
apresuradamente hasta desaparecer detrás del
port6n; vió á Juan que penetraba á la obra;
sintió que algo muy grande escapaba del fondo de su pecho, dejan1)
do P,n él un vacío des~
consolador; not6 que
un desengaño imposible de expresar, caía
como una lápida sobre su corazón; vi6se
solo en lo más alto de
aquel andamio; con
templ6 aquel día inspirador de una mentida felicidad; bajo sus
miradas extendíase la
ciudad erizada de campanarios; más allá las
llanuras teñidas de
verde esmeralda; m_ás
lejos aún,las arbole&lt;las
del panteón, irguiéndose sobre la desnuda
colina y destacándose
sobre el obscuro azul
de las apartadas mon •
tañas ........ .

***

-Fuera abajo!-:--se
oy6 gritar desde lo alto de la obra, y el cuerpo de Antonio, después de rebotar sobre los tendidos, estrell6se
en las baldosas de la acera.
La gente agrup6se al momento en torno del
cadáver; la policía acudi6 á dar fe del accidente, y un periodista que pasaba por la acera
opuesta, acercóse al grupo, y, después de informarse acerca del suceso, fuése acariciando
con cierta fruici6n el tema de un futuro editorial.

fi. (;or¡zalez Carrasco.

Se ha confirmado la noticia de haber sido
electo obispo de Sonora, para cubrir la vacante que dejó á su muerte el Ilustrísimo Sr. D.
Herculano L6pez, el actual chantre do la catedral de Durango&gt; Presbítero D. Ignacio Valclcspino.

es un pueblo el autor y otro el que sufre?
El genio de la Historia que reprueba
el torpe abuso de la fuerza innoble,
se yergue al fin, y con su voz de kueno
increpa á las naciones invasoras,
v sus deberes· dicta al Continente.
Pronto ha de ser la voluntad y sólo
la libre voluntad, único origen
de íntima unión y perdurable alianza
entt-e los pueblos que adunarse logren.
Y entonces ..... ¡Ah! el atentado injusto,
la tendencia vandálica, agresiva,
en cada continente bailará un dique,
y en la Ley de los pueblos tendrá un nombre
que llene de rubor su altivo rostro!

EN BUAJOAPAM DE LEOll
El 15 del pasado se verificó en Huajuápam
importante población del Estado de Oaxaca'.
la. inauguraei6n del hermoso Kiosco de hierro
y mampostería construído últimamente en la
Plaza Principal.
Con este motivo se organiz6 una animada
fiesta que se vi6 concurrida por numerosas familias de la localidad y de otros puntos del Estado. El kiosco lleva el nombre de «Carmen
Romero Rubío de Díaz.,&gt;

IV

El nuevo Obispo, cuya consagración se efectuará el presente mes en Durango, es uno de
los miembros más ilustrados del clero de
aquella di6cesis, y su carrera eclesiástica lo
acredita como sacerdote de energías poco comunes.
Su exaltaci6u ha sido recibida con beneplácito, tanto por la sociedad durangueña,
como p~r sus nuevos diocesanos.

Unión de los pueblos.(*)
Dos clases de lasos unen las
ooloniAs á la .Metrópoli: los
uaos, de h !erro; los otros, de
oro.
GLADSTONE.

¿Que la lucha es la ley de la exister.cia?
¿_que el repose los músculos relaja?
,:.que estancados los gérmenes, sucumben,
porque es la tempestad renovadora,
y no se avanza sin ~ontinuo cambio,
v la vida se alienta con la vida?
Mas, si todo progresa, ¿por ventura,
puede quedar la lucha estacionaria:&gt;
¿.No hay una forma de combate incruento?
,:.siempre ha de ser la forma primitiva:&gt;
Lucha el que emprende disputar el suelo
á las plantas nocivas y á las fieras;
el que obtener de la Natura alcanza
un nuevo agente, en el servicio dócil;
quien el provecho acrecentar consigue,
su propio brazo al aplicar con modo;
el pueblo que más pt·óspera existencia
ofrece al emigrante de otros pueblos;
la raza que engrandece su hermosura
con adecuado régimen de vida;
la misma virgen que insidiosa gracia
derrocha en sus modales y atavíos ..... .
Sí, todos luchan, pero en blanca lucha,
no en la airada y sangrienta de las fieras,
que sombríos espíritus proclaman
cual salvadora válvula de escape
ó convergencia del vigor que sobra ..... .
Es, pues, la guerra imperfección y atraso,
po1·que lo es siempre el que la fuerza huelgue;
que sólo la ignora.neta ó la desidia
no log1·a dada bienhechor empleo,
ni regular su escape ó condensarla
como ahorro que forma capitales.
V

La unión de pueblos que á la vida vienen
como hermanos gemelos, y se buscan
porque unidos son fuertes y felices,
toca el grado .más alto del pt•ogreso,
la forma contractual de las naciones
con que ha dos siglos que la Historia sueña;
es hecho que ennoblece y que sublima
la dignidad del hombre en nuestras almas,
y es- sagrada la patria en que acontece,
como el día inmortal que lo recuerda,
¡para ejemplo del mundo y alta gloria
de nuestra raza generosa y noble!
ERNESTO SoLfs.

México, 12 de Septiembre de 1902.

I
Con ruda mano logrará el coloso
al fin dejar inermes nuestros brazos,
á su carro triunfal uncirnos Juego,
y aun matar la protesta en la garganta;
pero en la entraña noble, la conciencia
eternamente escuchará con ira
la voz de la. razón, que nunca enciende
divino incienso ante opresor tirano.
El hierro cruel, el oro que soborna,
no son lazos de amor, dignos y eternos,
que hagan soñar á_ n? bles_ corazones
con esa. dicha de v1v1r umdos,
ó así morir en la contraria suerte.
El oro, el hierro .... . . formarán cadenas
que siempre nos degradan y mancillan,
que el tiempo las corroe y las destruye,
ó nuestra propia dignidad las rompe.

SAUDADES.
[A la manera de Lope.J

¿D6 estays, fieles amigos, novia pura,
Que no habeys contestado á mis clamores
Vosotros que sabedes mis dolores,
'
Ella que me premi6 con su ternura?
Cielo azul de la Patria, la ventura
Perdí de contemplar tus esplendores
Y sin verte son fúnebres las flores, '
::i:l e,ampo triste, la mañana escura.
Vbnid con vuestra voz arrulladora
Membra.nzas de mi cuita compafiera~,
A recordarme el bien que me enamora.
Volved, Yolved, memorias lisonjeras
Con tan rápido vuelo como agora
'
O si quereys, con alas más ligera~.

LA MIRADA DR TUS DULCES OJOS.
En el santo templo de cirios cuajado
Donde vas á misa, yo jamáH imploro
Ni murmuro rezos, pero arrodillado,
El perfil celeste de tu faz adoro.
En la calle miro tu ceñida eHpalda,
Tu sombrilla abierta bajo el sol radiante
Y tu mano breve que pliega tu falda
'
~l ta16n mostrando de tu pie elegante.
En tu palco busco tus tiernas miradas
Aunque tú escondiendo su lumbre tranquil~
Abres tu abanico de plumas nevadas,
'
Que como una nube vela tu pupila.
Súplica ferviente, rec6ndito ruego,
Te sigue la llama de mi vista ansiosa,
Te ronda y te cerca,. como cerca el fuego
El ala vibrante de la mariposa.
Hasta que movida por lo que te quiero
Sabiend_o m_i pena_, me ves sin enojos,
'
Y en m1 ámf!la triste, como en un joyero,
Guardo la mirada.de tus dulces ojos.

• Le!d~ en la Velada con que 1e celebró el 78 aniversario

de la ane1:ión de Chiapas A lll,xico.

II

LA VENDEJERA.
Sintiendo la nostalgia de su reja,
en el amplio almacén, de frutos lleno,
se ensancha de la moza el alto seno
al rudo laborar de la vendeja.
Rastro de gracia y de perfumes deja
si ensaya el garbo de su andar sereno;
y aumenta el brillo dbl tesoro ajeno,
trabajando en prisi6n, como la abeja.
Ya envasa el fruto del naranjo opimo,
ya envuelve el odorífero racimo
en níveo lecho de doradas franjas.
Mas no se escapa á su mirada astuta,
que ella es la sola codiciada fruta
entre almendras, racimos y naranjas..
RAMÓN

A.

URBANO.

La libre unión no pudo en el pasado
la norma ser de las incultas gentes,
y la fuerza brutal formó los pueblos
salvando las fronteras natu1 ales
sin 1·espetar las razas ni la Historia,
alzando el pedestal de las naciones
en odios é infideccias que desunen,
no e n la unidad del alma colectiva.
1Cuán efímera unión! Eternamente
d fiero Marte, en su hálito de fuego,
envenena la atmósfera del mundo!
Sobre el hierro y el oro están los lazos
que son la urdimbre de la propia vida:
nuestra ín&lt;' ole moral, nuestros instintos,·
atavismos y herencias, cuanto forma
el eco inmenso de la edad pasada,
ola que impulsa nuestra edad ¡.,resente
á la ignota. l'ibera del futuro!

III
La ley de las naciones ha borrado
el antiguo r encor al extranjero,
y se persigue al atentado injusto
contra la vida y libertad del hombre.
¿Cómo aceptar el crimen porque sólo

E::1 kiosco de Huajuápam.

efrér¡ l(ebo//edo.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 5 de Octubre de 1902.

LA ADUANA DE TAMPICO
La importancia del puerto ele Tampico, cáda día mayor, hizo que el gobierno se decidiera á contratar,ha pocos años, la construcción
de un local destinado á las oficinas y almacenes de la aduana marítima allí establecida.
La empresa del Central Mexicano se encargó de la obra, llevándola á cabo tan pronto
como fué posible. El edificio es de bonito aspecto y se adapta perfectamente al objeto á que
se le dedica. Además de las dependencias necesarias para las oficinas, tiene cuatro almacenes de hierro y cristales, muy amplios y
bien ve.itilados.
Contiguo á la aduana está el edificio especial donde se encuentran la planta eléctrica
que abastece de luz las oficinas, y las bombas
para los casos ele incendio.
La nueva construcción ha sido ya puesta
totalmente al servicio.
Nuestros grabados representan la casa que
ocupó la antigua aduana y que fué cedida al
ramo de correos y telégrafos, una de las fachadas principales, y el interior de uno de los
almacenes.
El costo de la construcción fué de cerca de
dos millones de pesos.

~a flor de la salud.
-No lo dude usted, declaró el médico, afirmándose las gafas con el pulgar y el anular
de la abierta mano izquierda. He realizado una
curación sobrenatural, milagrosa, digna de la
piscina de Lourdes. He salvado á un hombre
que se moría por instantes, sin recetas, ni píldoras, ni directorio, ni método ... sin más que
ofrecerle una dosis del licor verde que llaman esperanza ..... y proponerle un acertijo ...
-¿Higiénico?
- ¡Botánico!
-¿Y quién era el enfermo?
-El desahuciado, dirá usted; Norberto Quiñones.
-Norberto Quiñones! Ahora sí que admiro su habilidad, doctor, y le tengo más que
por médicc, por taumaturgo. Ese muchacho,
que había nacido robusto y fuerte, al llegar á
la juventud se encenagó en vicios y se precipitó á mil enormes disparates, apuestas locas
y brutales regodeos: tal se puso, que la última
vez que le vi en sociedad no Je conocía: creí
que me hablaba un espectro, un alma del otro
mundo.
-El mismo efecto me produjo á mí, repuso el doctor. Difícilmente se hallará demacración semejante ni ruina fisiológica más total.
Ya sabe usted que Norberto, rico y refinado,
vivía en un piso coquetón, muy acolchadito
y lleno de baratijmi; su cama, &lt;JUe era de e~as

antiguas, salomónicas
y con bronces, la revestían paños bordados del Renacimiento,
plata y raso carmesí.
Pues le juro á usted
que en la tal cama, sobre el fondo rojo del
brocado, Norberto era
la propia imagen de
la muerte: un difunto
amarillo, con tez de cera y ojos de cristal.
Pam contraste, á su
cabecera estaba la vida, representada por
una mujer mórbida,
ojinegra, de cutis de
raso moreno, de boca
de granada partida, de
lozanísima frescura y
alarmante languidez
mimosa-la enfermera que manda el diablo á sus favoritos, para que les disponga según conviene el cuerpo y el alma.

***me alargó
Norberto

EL ~1UYDO !LtJSTRAbO

·-:x

.·.

o de

Octubre

de 1902.

\

-

ca'ü.:

'

r-.,---i')

. - ~--,.::1

La antigua casa de la Aduana en Tampico.

la mano, un manojo de
huesos cubiertos por una piel pegajosa que ardía y trasudaba, y mirándome coh a11sia infinita, me dijo cavernosamente:
-No me deje usted morir así, doctor. Tengo veintiséis afioR y me &lt;la frío la idea de invernar en el cementerio. Es imposible que
haya usted agotado todos los recursos de la
ciencia.
El ruego me conmovió, y eso que la práctica nos endurece tanto! Tuve una inFpiración;
sentí un chispazo parecido al que debe de percibir el creador, el artista...... y con los ojos
hice seña de que la individua estorbaba.
-Vete, niña, ordenó sin más explicaciones
Norberto; y nos quedamos solos.
Le apreté la mano con energía, y sacando
el pomo del consabido licor verde, lo derramé
en sus labios á oleadas.
-Animo, le dije. Usted va á sanar pronto.
Vol verá usted á tener vigor en los 111úsculos,
hierro en la sangre, oxígeno en el pulmón;
las funciones de su organismo serán otra vez
normales, plácidas y oportunas; el ritmo de
la salud hará precipitarse el torrente vital, rápido y gozoso, de las arterias al corazón, y subiéndolo luego al cerebro despejado, engendrará en él las claras ideas del presente y los
dorados sueños del porvenir ...... Estoy seguro
de lo que prometo, seguro, ¿lo oye·?, usted sanará. No debo ocultarle á ui:ted que la ciencia,
lo que se dice la ciencia, ya no me ofrece recurf'o alguno nuern, ni útil. Humanamente
hablando, no tiene usted cura; pero donde
acaba la naturaleza principia Jo sobrenatural
y portentorn, &lt;)lle no es sino lo «desconociclo,J ú

Fachada Norte del nu~vo edificio.

bomingo

«inclasificadoJ&gt; ....... La casualidad me permite
ofrecer á usted el misterioso remedio que le
devoh·erá instantáneamente todo cuanto
perdió.
Cualquiera pensaría que al hablarle así á
Norberto, iba á mirarme con honda desconfianza, sospechando una piadosa engañifa.
¡Ah, y qué poco conocería el que tal imaginase la condición de nuestro espíritu, en cuyos
ocultos repliegues late permanentemente la
credulidad, dispuesta á aci.optar forma superior y llamarse ,efe!"
Los ojos de Norberto se animaban; un tinte
rosado se düundía por sus pómulos. Ansioso,
incorporado casi, se cogía á mi levita, interro·
gándome con su actitud.
-Hay, le dije, una flor que devuelveinstantáneamente la salud al que tiene la dicha de descubrirla y cortarla por su propia mano. Esta
condición ineludible y el no saberRe dónde ni
cuándo se produce la tal flor, son causa de
que por ahora se hayan aprovechado de ella
poquísimos enfermos. Digo que no se sabe
dónde ni cuándo se produce, porque si bien
suele encontrarse en las más altas montañas,
también afirman que brota en la orilla del mar,
á poca profundidad, entre las peñas; pero á
veces, en leguas y leguas de costa ó de monte,
no aparece ni rastro de la flor. En cambio tiene !et ventaja de que no puede confundin,e con
ninguna otra: ¡imagínese usted la alegría del
que la ve! Es del tamaño de una avellana; su
forma imita bastante bien la de un corazón;
el color, encarnado vivísimo; el olor, á ah,iendra. No la equivoca usted, no. Pero si va usted acompañado, si es.otro el que la coge ...... .

Uno do los almac:enei¡,

SR ITAS. CONSTANZA, ANA Y EM ILIA THOMPSON.

entonces, amiguito, haga usted cuenta que
perdió malamente el tiempo.
No afirmo que Korherto creyese á pies juntil las lo que yo iba diciéndole con imperturbable seriedad y calor persuasivo. Si he de ser
franco, supongo q~e dudó, Y. !~asta .m~ tuvo á
ratoR por un patranero, un v1s10nar10 o 11n socarrón importuno. Sin embargo, yo sabía que
mis palabras no habían ele caer en un saco roto porque á la larga siempre admitimos lo que
n~s consuela, y mús en la suprema hora en
que nos invade la desesperaci6n y quisiéramos agarrarnos aunque fuese á un hilito dP.
araña. La expresi6n del rostro de Norberto
cambió dos ó tres veces; le vi pasar del escepticismo á la confianza loca, y por último, tomándome la mano entre las suyas febriles, exclamó trémulo de afán:
-¿Puede usted jurarme que no se está burlando de un moribundo?
Ko sé si usted conoce mi modo de pensar
en esto del juramento. Le atribuyo ei;casíf'imo valor; es una fórmula caballeresca, romántica f idealista, que entraña la afirmación de
la inmutabilidad de nuestr0s sentimientos y
convicciones-de que se derivan nuestros actos,-siendo así que la idea y la acción nacen
de circunstancias actuales, vivas y urgentes.
No dando valor al juramento, mi moral tampoco se lo da. al perjurio. Juré en falso, pues,
con absoluta frescura, calma y convencimiento de hacer bien; y jnré en falso invocando el
nombre de Dios, en la seguridad de que Dios,
que es benigno, también quería que el milagro se hiciese..... .

Y empezó á hacerse desde aquel mismo
punto. Norberto, electrizado con la certeza de
poder vivir, se irguió, se echó de la cama, sin
ayuda de nadie fué hasta la puerta, llamó á
su ayuda de cámara, y le ordenó preparar,inmediatamente, maletas y mantas de camino...
-¡Solito, eh?-le repetí.-¡No olvidarse!
-¡Solito! Ya Jo creo que se fué solito Norberto. Desde su partida, todas las mañanas
me desperté con miedo de recibir la esquela
orlada de luto. Pasó, sin embargo, año y medio; encontré á los amigos del enfermo; averigüé que nada se sabía de su paradero, pero
que vivía. Y al cabo de dieciocho meses, una
tarde que me disponía á salir y ya tenía el
coche enganchado para la visita diaria, entró
como un huracán un fornido mozo, de traje
gris, de hongo avellana, de obscura barba, de
rostro atezado, que me estrujó con ímpetu
entre los brazos musculosos y recios.
-¡Soy yo! repetía en voz sonora y alegre. ¡Norberto! ¿No me conoce usted·? No
me extraña; debo ele estar algo variado..... .
¿Qué le parezco? ¡Cuánto se ha reído usted de
mí! Y lo peor es que ha hecho muy bien, muy
bien. Si no es por usted, no encuentro la flor
de la salud. ¿La ve usted? Aquí la traigo.
Abrio un estuche de cuero de Rusia y vi
brillar sobre raso blanco un alfiler de corbata
de un solo rubí, cercado de brillantes, en forma de corazón, que me entregó entre empujones amistosos y carcajadas.
·-La he buscado primero á orillas del mar.
1:o~os los días registraba las peñas. Al princ1p10 me cansaba tanto, que me daban sínco-

Fot. de Chavez.

pes largos en que pensé quedarme. Pero me
sostenía la ilusión de descubrir la flor. El aire del mar y el perseverante ejercicio me prestaron alguna fuerza. Ya no me arrastraba· andaba despacio. Registré bien la costa, p~ñón
por peñón: la flor no la vi. Entonces me interné en un valle muy rústico y retirado. Me
pasaba todo el día agachadito, busca que te
buscarás. Vivía entre aldeanos. Comía pan
moreno, bebía leche. A cada paso me encontraba mejor ...... ¡Usted adivina lo demás! De
allí subí á la~ montañas, nevadas y fieras,
que en otro tiempo me parecían horribles....
Trepé á los picachos, recorrí los desfiladeros
evité los aludes, cacé, tuve frío, dormí á do;
mil metros sobre el nivel del mar...... Y un
día, embriagado por el ambiente purísimo
sintiendo carnes de acero bajo mi piel de bron~
ce, recuerdo que caí de rodillas en una mei,eta, y creí ver entre el musgo nuevo, húmedo
y escarchado por el deshielo, la roja flor!
-¡ Pues ahora-ad vertí al mozo-que se ha
cogido la flor, á cuidarla! ¡Que no ~e seque!
Norberto volvió la cara......... Al anochecer
del día siguiente le vi por casualidad de le. acompañaba á una mujer, y me ' pareció
Jos;
que se escurría entre callejuelas, para no tropezarme. Entonces ( me había dejado sus señas) le escribí este la~ónico billetito:
,,El santo Doctor*** no repite los milagros.»

émilia })ardo .Bazáq.

�EL

MUNDO ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO ll.--NÚM. 15.

Subscripción mensual foránea, $1.50
ldom ldem. en la.capital, ,._l.~
Gerente: LUt~ Rtlt&amp; &amp;PINDOLA

elrccton LIC. RArAtL Rtlt&amp; &amp;PINDOLA.

delDr.AY[R
,

MÉXICO, OCTUBRE 12 DE 1902.

Curan la Dispepsia,
E:streñimiento,
Jaqueca y Desarreglos
del Estómago,
Hígado y Vientre.

·fl}{OS . ti~·~~,,.,

Son puramente vegetales.
Son azucaradas,
Son purgantes.

LA •~FQ.SFATINA FA1I!RR.S"

es el alimento ml\s grande y el más recomenilado paralos nUl.011
desde la edad de seis á siete meses, y particularmente en el momento del destete y dur.vite el período del crecimiento. Facilita mucho la dentición; asegura la buena formación
de los huesos; previene y neutraliza los defectns que suelen presentarRe al crecer, é impide la diarrea que es tan frecueete en los nillos. -PARIS 6. A V ENUE VICTORIA, Y EN TODAS LAS FARMACIAS.

"Con 13s Píldoras del Dr. Ayer, he
obtenido siempre una acción más
segura todavia que con otras píldoras
muy en uso y que por su crédito se
han familiarizado entre el vulgo. Son
muy fáciles de tomar y no ca.usan
dolores ni repugnancia."
A. MABTINJ:Z VARGAS,

Catedrático de Medicina,
Orna.da., Esparta.
Preparadas por el Dr. J. C. Ayer y CaLow1II, Ma11., E. U. A,

HBanco HCentral HMexrcano.H

, ,.,......,,...,.,,,_.,,,._.,,,._...,._.,,,._,,,.,,.,...,,,._.,,,..,,,._.,,,._.,,,._.,,,._.,,,._.,,,._.,,,._.,,,._.,,,._.,,,._,,,.,.,,,._.,,,,.,,,._,.,..,,._.,,,,.,,.__,..,,_.,,,._..,,,..~~
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para llevar á cabo, como hasta aquí se ha. hecho, operaciones de
alta y pequeil.a cirugía. El grupo de médicos que acompaña.o al Dr.
Precia.do en sus operaciones, es de gran fama y bien sentada reputación.
En el cita.do Consultorio, además de practicarse toda clase deoperaciones quirúrgicas, se cura: La piedra en la. orina. por medio de la.
Litotricia: operación en que no se necesita. herir la vejiga con instrumento cortante.
Son trata.das las enfermedades de los rii!ones, haciendo el diagnóstico, en ca.sos difíciles, por 1a aplicación de Hayos X y la Ra.diogra.fía.
En las enfermedades de la vejiga empleamos la iluminación de
este órgano por medio de los Siatoscopios más modernos. En las
enfermedades de la Uretra ó cai!o de la orina, practicamos todas las
operaciones más modernas, para destruir las úlceras, fístulas y estrechamientos de la misma., empleando procedimientos rápidos y
economizando al enfermo salud y tiempo.
En las enfermedades de la Próstata, empleamos el Procedimiento
Italia.no, con las últimas reformas que han sido hechas en los Esta.dos Unidos por un renombrado especia.lista..
Las enfermedades por el agota.miento prematuro son trata.das con
éxito enteramente satisfactorio. Las enfermedades secretas las tratamos por los procedimientos más modernos que en la actualidad
se usan en Europa. Las hernias son curadas sin operación sangrante y sin peligro para el enfermo, siguiendo, cuando conviene, el método Esclerógeno ó método francés. La Sífilis es tratada eu sus diversas manifestaciones; figurando en nuestra estadística más de
15,000 casos curados con éxito, por nuestro procedimiento. La Varicocele es curada radicalmente por un procedimiento propio delDr.
Preciado.
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centavos para gastos de correo, los siguientes libros: Tt·atamiento
para las enfermedades propias de señoras.
Tratamiento de la Blenorragia y otras enfermedades secretas de
los hombres.

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Para sazonar

M:A:G:G:I 1
-

SOPA, CALDO Y SALSA
EN FRASCOS.

Sangre Española.
(Cuadro de José Masriera)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL

MUNDO ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO ll.--NÚM. 15.

Subscripción mensual foránea, $1.50
ldom ldem. en la.capital, ,._l.~
Gerente: LUt~ Rtlt&amp; &amp;PINDOLA

elrccton LIC. RArAtL Rtlt&amp; &amp;PINDOLA.

delDr.AY[R
,

MÉXICO, OCTUBRE 12 DE 1902.

Curan la Dispepsia,
E:streñimiento,
Jaqueca y Desarreglos
del Estómago,
Hígado y Vientre.

·fl}{OS . ti~·~~,,.,

Son puramente vegetales.
Son azucaradas,
Son purgantes.

LA •~FQ.SFATINA FA1I!RR.S"

es el alimento ml\s grande y el más recomenilado paralos nUl.011
desde la edad de seis á siete meses, y particularmente en el momento del destete y dur.vite el período del crecimiento. Facilita mucho la dentición; asegura la buena formación
de los huesos; previene y neutraliza los defectns que suelen presentarRe al crecer, é impide la diarrea que es tan frecueete en los nillos. -PARIS 6. A V ENUE VICTORIA, Y EN TODAS LAS FARMACIAS.

"Con 13s Píldoras del Dr. Ayer, he
obtenido siempre una acción más
segura todavia que con otras píldoras
muy en uso y que por su crédito se
han familiarizado entre el vulgo. Son
muy fáciles de tomar y no ca.usan
dolores ni repugnancia."
A. MABTINJ:Z VARGAS,

Catedrático de Medicina,
Orna.da., Esparta.
Preparadas por el Dr. J. C. Ayer y CaLow1II, Ma11., E. U. A,

HBanco HCentral HMexrcano.H

, ,.,......,,...,.,,,_.,,,._.,,,._...,._.,,,._,,,.,,.,...,,,._.,,,..,,,._.,,,._.,,,._.,,,._.,,,._.,,,._.,,,._.,,,._.,,,._.,,,._,,,.,.,,,._.,,,,.,,,._,.,..,,._.,,,,.,,.__,..,,_.,,,._..,,,..~~
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1,€_

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EMITE BONOS DE CAJA, DE $ 100.00, $ 500.00 y $1,000,

~

sin cupón, pagaderos á seis meses y pagaderos á doce, dieciocho y veln•
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Para sazonar

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SOPA, CALDO Y SALSA
EN FRASCOS.

Sangre Española.
(Cuadro de José Masriera)

�Domingo 12 de Octubre de 1902.

LOS CRÍMENES DE AMOR
La tragedia de Tacubaya es un caso típico
de esa aberración del sentimiento, de ese extravío del espíritu que nos empuja á dar muerte á la mujer cuando no nos ama ó ha dejado
de amarnos.
Todo crimen y, por consiguiente, todo sentimiento criminal, mirados desde cierto punto
de vista, no son, en suma, sino apariciones y
manifestaciones de impulsos arcaicos, de hábitos anticuados, de pasiones primitivas que
á duras penas van logrando la civilización y
la cultura reprimir, refrenar y proscribir.
Ese hecho que llamamos crimen, anormal
ya, aunque frecuente todavía, ha sido, si hoy
excepción, antes regla, costumbre y hasta institución. El robo es siatema de vida de las
tribus nómadas; el homicidio, acto natural en
razas y pueblos salvajes; la servidumbre de la
mujer, institución consagrada y sancionada
en viejas civilizaciones; el infanticidio, acto
tolerado y hasta prescrito en afiejas instituciones; el fraude es aún virtud en Oceanía; el
canihalismo, acto ritual en muchas agrupaciones humanas.
La inmensa mayoría de estos delitos se comete aún, pero nadie, en general, los sanciona; se comprenden y se explican, pero nadie
los justifica, en principio, y la conciencia y
el sentido moral los repudian y anatematizan.
El hambriento roba, el crapuloso estafa, el
rencoroso mata, y ellos mismos comprenden
que hacen mal, que proceden delictuosamente y con mayor razón lo comprende la sociedad que los juzga y los condena.
No pasa, por desgracia, lo mismo con los
delitos de amor, en general, y menos aún con
aquellos de que es aún víctima la mujer.
Abunda todavía quien crea que matar á una
mujer infiel es un derecho del marido y que
lo es más aún el subyugarla, el tiranizarla, el
esclavizarla. Por extensión se a'.{)lica también
el principio á la querida que nos abandona y
basta á la novia que se cansa de nosotros y nos
desdeña, y hay salvajes que hieren ó matan,
no sólo á mujeres que han violado los pactos
legales ó meramente morales contraídos con
ellos, sino también á las mujeres que no los
aman y que se permiten el lujo de usar de su
libertad amando á otro.
Cuando es el amor el que arma la mano del
asesino, cuando son los celos los que empujan
al crimen, tenemos una acentuada propensión
á la indulgencia, sentimos compasión más fácilmente, razonamos en :favor del delincuente;
y á poco que la mujer baya dado ocasión ó
suministrado pretexto al atentado, ya nos encontramos dispuestos á. justificarlo hallándolo
fundado en razón y ajustado á derecho, y fácilmente nos constituimos en paladines de
criminales á veces más odiosos y repugnantes
que todos.
Un marido ha majado á palos y matado de
hambre á su mujer, un amante ha tenido eó
la desnudez y hecho trabajar como bestia de
carga á su querida y derrochado en orgías lo
que ella ha ganado, un novio tiene devaneos
y se prostituye; la mujer abandona el domicilio conyugal, la manceba busca un amante
menos oneroso, la novia planta en la calle á
quien es indigno de llegar á ser su esposo.
P_ues bien; si amante, novio 6 marido, .fin~iendo celos que su proceder no justifica 6 sint~endo impulsos que no tienen derecho 6- experimentar, se armau, se lanzan hieren ó matan, todavía abundan quienes ~ncuentran eso
natural, justificado, debido y puesto en razón·
y el jura~o, vacilante,, desorientado, partícip¿
de los mismos extrav10s del sentido común, y
ofuscado por la misma aberración del sentido
moral, se sentirá inclinado á la clemencia absolverá ó atenuará el delito, y á cada pa~o el
criminal saldrá bien librado de un trance en
que pudo y acaso debió dejar la vida, la honra y la libertad.
¿Por qué ese modo de pensar del común de
las gentes? ¿Por qué tanta severidad contra
otros delincuentes y tanta lenidad con los de
este j_aez?_ Porq_ue está arraigado en nuestra
conciencia y vmculado en nuestros hábitos,

en nuestra sangre y en. nuestras costumbres
un gravísimo error. Porque siendo latinos,
tropicales y descendientes de razas que han
practicado secularmente la servidumbre de la
mujer, la creemos cosa y no ser humano, sierva y no libre, propiedad y no compafiera nuestra; porque al unirnos legal ó extralegalmente
con ella, creemos haberla adquirido como se
adquiere una yegua inglesa ó como se compra
un perro galgo; porque para una gran masa
de gentes, la mujer no tiene derechos, sino deberes, y porque la sumisión, la obediencia, el
trabajo, la esclavitud en suma, son su patrimonio en la vida y su lote en la existeucia.
La fidelidad de la mujer es la más preciada
de sus virtudes; son los florones más preciados de su diadema su amor, su docilidad, su
condescendencia, su eonsagración al hombre
que ama y á los frutos de su amor.
Pero fuera del matrimonio,el hombre no tiene más derecho que el de abandonarla, y dentro de él la mujer tiene deberes, pero legales,
que sólo pueden legalmente exigirse y que nadie tiene derecho ni de imponer por la violencia ni, una vez violados, de reclamar pufial
en mano.
Esto es lo que solemos olvidar, así como también el indiscutible derecho de la mujer á la
reciprocidad del afecto, de la consideración y
del sacrificio. De este olvido suele resultar la
monstruosidad de que cuando el hombre se
ha manejado mal y portado peor y con su conducta se ha hecho acreedor al odio de la mujer, todavía tiene él el descaro dt: echarle en
cara ese odio y sus consecuencias, el desplante de vengar en ella sus propios extravíos y la
fortuna de que sóbre quien lo disculpe y no
falte quien lo aplauda.

j)r. )ti. Florts.

EL VIÑEDO,
Cuando oyó que la carreta se alejaba llevando á todos los de la casa al puente de
Y oune, del lado de San J ulián, el padre Florent arrojó violentamente la ropa de cama
que lo cubría y murmuró con voz temblorosa:
-¡Quiero ver mi viñedol. ... ..... ¡quiero ver
mi viñedo antes de morir!. .... .
Y como para darse valor, para impulsarse
con sus propias palabras, repitió:
-¡Quiero ver mi viñedo! ......
Sintió inquietud. Después de quince días
que la edad lo tenía postrado en el lecho con
las piernas flojas y sin fuerzas, ¿podría ~umplir su proyecto acariciado con tanto ahinco?
.... .. No b~bía dicho un3 sola palabra, sabiendo muy bien que se le hubiera tratado de viejo loco al intentar levantarse.
Con ansiedad había previsto y esperado la
ausencia de sus hijos, que iban aquel domingo
víspera de la vendimia, á buscar fruta á Sa¿
Julián. En el momento preciso, tenía ante sí
algunas horas de sóledad y quería intentar un
esfuerzo supremo para ir allá, al ribazo, para
ver una vez más el buen vifiedo, el viñedo
preferido, el que plantaron sus propias manos
que le había hecho vivir y que daba un pre'.
cioso vino claro y alegre como un rayo de sol
...... Se deslizó de la cama.
-No podré!. ..... se dijo con angustia.
Pero el deseo era más fuerte que su debilidad, y pudo arrastrarse, todó engarabitado
hasta una silla donde estaban sus ropas.
'
Lentamente, con mil esfuerzos, se puso el
pantalón y la blusa; creyó desfallecer cuando
buscaba los zuecos y el bastón detrás de la
puerta; pero vacilando y deslumbrado por la
luz que danzaba en la recámara, se mantuvo
á pesar de todo, sobre sus débiles piernas. '
Ya afuera, le fué preciso sentarse en los escalones del patio; el sol, que sonreía le reanimó. Pudo levantarse y caminar, de~lizándose más bien por el patio,lleno de barriles y de
canastos, entre una multitud de gallinas que
cacareaban y suspendían el trabajo de escarbar la basura, como sorprendidas de volver á
mirar al viejo.
Dió la vuelta á la casa; no quería encontrarse con alguien; hacia atrás estaba el lugar

Dominp 12 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
que buscaba, y no tenía más que seguir un pequeño sendero medio oculto por los se.tm1
frondosos y altos.
A cada paso vacilaba y hubiera caído si la
fiebre del deseo no hubiera comunicado una
energía ficticia á sus músculos impotentes y
usados: ver su viñedo, era el aguijón que le
obligaba á manteners&lt;&gt; de pie -el fuetazo que
endereza á un caballo que va á caer ......
Por último, jadeante, con el rocío del sudor
en la frente, donde se inflaban las venas llegó al extremo del sendero y se encontró'ante
el paisaje.
Los labradores estaban esparcidos en la colina, pero nadie cerca de él; más arriba veía
los dos saúcos que señalaban el centro del viñedo. Volvió á tomar aliento y miró lo que
tenía á sus pies.
El campo estaba tranquilo, silencioso, como dormido; algunos hilillos de humo azul
ascendían por el aire calmado, quieto, donde
el sol de otoño vertía la lluvia de sus rayos·
la atmósfera era tan clara que el huen hombr~
veía por entre los jardincillos que rodeaban
las casas, los brazos de los molinitos de viento; sólo allá, muy abajo, en un extremo lleno
de sombras, por el lado de Joigny y Saint
Aubín, ondulaba una bruma tenue sobre un
riachuelo sembrado de pajitas de luz ...... Todo lo vió rápidamente y luego sus miradas
volvieron á subir hacia el viñedo, allá arriba,
cerca del sol.
Volvió á caminar, entonces con más viveza. Sus piernas pesaban menos á la tierra así
, y su corazon
, d e campesmo,
.
' que
l e parecia,
nada ni nadie había impresionado jamás,
saltábale dentro del pecho con golpes desiguales. Oprimiendo convulsivamente el bastón
con la mano derecha, y agitando la otra, abierta como para apoderarse de algo, se lanzaba
al fin deseado......
A los pocos pasos cayó pesadamente respirando con agitación. No intentó volverse á
poner en pie; abandonó el bastón,y caminando con las rodillas y las manos llegó al linde
del viñedo y penetró.
'
Recostado entre dos hileras de cepas respiró mejor, feliz por haber satisfecho su ~nhelo.
No se recargaba, para descansar, sobre los
troncos, por temor de maltratar el viñedo; pero pasaba las manos trémulas sobre las hojas
y acariciaba los racimos bermejos. Sus labios
machacaban las palabras insaciablemente repetidas: «Mi viñedo!. ..... mi viñedo! ...... es
mi viñedo! ...... »
El sol caía tras la montaña haciendo feerismos: un riachuelo de rubíes bajo las cepas
donde yacía el viejo campesino. Las hojas se
recortaban en seda purpurada donde corría,1
las filigranas de oro de las nervaduras· entre
!os innumerables racimos de granos r~pletos,
JU~aban los reflejos del sol, que decían su
adiós al día, en tonos de ca~mín pálido, en fugas sonrosadas sobre el ribazo, que parecía
temblar por la proximidad de la noche. Del
suelo fecundo, tibio aún por el calor del mediodía, se exhalaba el alma misma del viñedo, su aroma, rico como el perfume del vino
dulce chispeando en las cubas.
El viejo viñador se embriagaba· sonriendo
le vino el deseo de saborear unas ~vas· tentaleando en derredor, atrajo un hermo;o racimo ...... Se creyó en el otoño de otros tiempos
é imaginó oír á su lado el canto de los trabajadores, sus alegres risas y el ruido de los
carros desbordantes de racimos, que van ruwbo al lagar, donde despide fragancia el vino
nuevo, sangre espumosa y fresca de los viñedos saqueados.....
Y de pronto el sol se extinguió· el anciano
se irguió bruscamente tan alto c~mo era· un
~ltimo rayo le pus_o una aureola,y luego c~yó,
sm lanzar un gemido, entre las cepas, que se
doblegaron.
Cuando se le encontró, frío y rígido, apretaba en las manos unos racimos, y el jugo corría por entre los dedos nudo~s· con los labios, sonrientes, oprimía unas ' uvas; y así,
acostado sobre pámpanos, parecía un Sileno
dormido al día siguiente de las bacanales an·
tiguas.
PIERRE VERNOU.

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c!Xupcial
~ lunes último, por la noche

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se efectuó' en la
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~ e l enlace .~ivil de la Srita.' María Teresa Li~ªl~:
n M~ur, h1Ja del Sr. Secretario de Hacienda con
e1 S r. ..,,. 1guel !turbe.
.
'
.
La ceremonia revistió un c á te
1
har y se verificó en la residencia del Sr L'
t
ar c r c~mp etamente famitestigos del acto, por parte de la novia ·1os1San o~r, en fªDAvemda_ J uárez. Fueron
Roberto Núñez, D. Eduardo Cañas y' D J rl~s. .,... enL~ra . Porfirio Díai, Lic. D.
. 1 S
L.
. u 10 m. imantour· y por p te d 1
.
vio, os res. ic. D. Ignacio Mariscal D Fél'
. '
_ar
e noFrancisco !turbe. Además de los padrinos asistier~n r, •1
ix Cu~vas, D. Antomo Sola y D.
á los contrayentes y algunas damas y cab~lleros de laª ª _cerem?ndiadlas personas más allegadas
meJor socie a .

. .

.

***

El matnmomo canómco se efectuó el miércoles
1
resa, dando la bendición nupcial á la distinguida po~ ª anana er:i el templo de Santa TeD. José Ives Limantour y la Sra. Dolores Barron lªr;r e, r. Arzobispo Alarcón. El Sr. Lic.
ma.~os; y el Sr. D. F~ancisco !turbe Atristáin y la Sra. iiI°í G~ll~rdo, fu~ron los padrinos de
lac10n. Durante la misa, la orquesta e·ecutó la ob
ar a a_nas de Limantour, los de veGrieg y la «Sonata Patética» de Beetho~en , Despuitu[a de «!ref1schutz», «La Primavera&gt;, de
licitaciones de sus amigos.
· L
'
os novios ueron objeto de calurosas feLa Srita. Limantour ha recibido tanto de su fa T
chas otras distinguidas personas, valiosos obsequios~! ia, como de la del Sr. !turbe, y de muIndudablemente, éste ha sido uno de los matri
·
,
·
en la capital desde hace afios.
momos mas suntuosos que se han celebrado

18

�EL MUNDO ILUSTRA.DO

Domingo 12 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

PASEOS DEL DOMINGO.
LA ALAMEDA
Es todavía uno de nuestros paseos fayoritos. Con sus prados cubiertos de menuda hierba, sus callecillas sombreadas por los_fresnos, Y
sus fuentes que el arte ha embellecido-aquí
con una es~tua que es como un himno á la línea curva, allá con un grupo de mujeres que
vierten en la taza el agua cristalina-la Alameda como nosotros hemos dado en llamarle,
no~ parece cada día más hermosa.. ~llá ,va~os
á disipar la pena, á distraer el fastidio, a deJar
un poco de nuestro aburrimiento, cuando este mortal enemigo del alma nos invade y aho-.
ga sin compasión. ¡Cómo, entonces, euc?ntramos allí colores que son encanto de los OJOS,
notas que nos parecen gritos de alie~to, armonías que regalan nuestro oído y aires que
refrescan nuestras sienes!
Por las calzadas del parque, tapizadas de
arena que brilla á los rayos del sol como un
reguero de piedras prEciosas, . corre la t~rba
infantil dando al viento sus risas argentmas;

á la sombra del más frondoso árbol, el estudiante1Ccalienta&gt;i la lección del &lt;lía; y sentado en
la maciza banqueta de piedra labrada á golpe
de cincel el extranjero se engolfa en las noticias del t~rrufio ó en las historietas regionales
con el libro ó el periódico abierto.
En aquel sitio juguetearon alegres nu~stros
padres allí corrimos nosotros tras una mariposa
por sobre la alfombra del verde musgo ....... .
Todos tenemos en él un recuerdo de nuestros
primeros afios, que saboreamos hoy como una
copa de buen vino, porque lleva en el fondo
algo de nuestros juegos infantiles, de nuestra
vida color de rosa ........ .

***
de este

Pero si á través
prisma el parque
tiene atractivo y tiene encanto, visto como uno
de nuestros paseos dominicales, nos ofrece, en
el día, notas muy· bellas.
Allí, bajo la amplia-lona que protege una

miriada de cabezas de los rayos del sol, se reúnen semana á semana, desde el capitalista
has ~iado de consumirse tras la rejilla del «despacho, ii hasta el humilde «dependienteii de
Ja casa de comercio, desde la clama encopetada hasta la chica que viste el traje de percal de
la obrera.
Cada uno sigue el camino que le acomoda;
al pie del kiosco, un grupo de apasionados de
la música al aire libre, aplaude ((La Toscai, ó
«Cavallerfa ii «Traviataii ó los «Aires Kacionalesn ...... ¡no' importa!. ..... La batuta da la seilal rompe la banda en un desbordamiento de
not~s, y la multitud, como impulsada por un
re~orte, se pone en movimiento, invade las
glorietas y sigue por las calzadas con rumores de colmena..... .
Al borde de la fuente de Yenus, un rapaz
,;c estaciona; interroga con los ojitos picarest:os á la «mamái, y hunde laH manos diminuta~ en la taza, qu!l hace vece¡; &lt;le espejo. Ya
e:-;t:í ... mira al fondo: la espada del oficial pare. e romperse eh rnil pedazos, la cara del rapaz
,:e deforma, los troncos s.,, estiran y se contraen
y la e1-Jüi.tua se retuerce en una mueca impobible.
Entretanto, la niñera alza en brazos al chiquitín para que nadie lo derribe por el suelo,
la banda deja de tocar, y comienza el desfile
por Plateros......
. .
Pasó, para el parque, la hora del bulhc10;
vuelve otra vez á entregar¡¡e á su vaga quietud
de los días ordinarios. Con sus prados cubiertos de verde "zacatillo, i, y con sus calles tapizadas de arena que brilla á los rayos del sol como un reguero de piedras preciosas, espera la
vuelta de sus pobladores de una hora ..... .
Hay que dejarlo hasta el domingo siguiente ...... Abriendo el desfile hacia Plateros, va
una señora con dos chiquitines de la mano:
uno de ellos sonríe y se empefia en pisar la
mancha que proyecta sobre el asfalto recién lavado por la lluvia su cabecit..'l.-un primoroso
botón de rosa ..... .

día de mayo, un gran
espacio de tierra transparente esplendía por
encima de los techos,
y adivinábase un haz
de rayos de sol por

•

PEDRO MEDINA

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-~,,.,,,...,.,,,....1 , -

Una sencilla historieta.

•

detras de los sombríos
etlificios.
De pronto escuch6

~.,,,,,.

_/\J..'l.,'.MM
"' · "'· \.,.,, , .....

~
' •...,- •.
, ~
if~f"-~A-•&lt;t~.:.;...

Poema en prosa.
El vaho de las florecillas sil ves tres, oloroso
y tibio como aliento de niño recién nacido,
aromatizaba el ambiente.
Por el fondo del hori7.onte azul, hermosamente azul, cruzaban nubecillas caprichosas Y
blancas como castos ensueños de vírgenes
amantes.
Sobre el césped del valle, sombi-eado por el
murmurante follaje de los samanes, Amor,
tendido, en acecho estaba; y allí, sobre el césped del valle, bañado por aires tiernos. co~o
suspiros de púdicas doncellas, Amor triunfo.
Envueltos en resplandores de dicha y rebosantes de so11risas, ccéln y ccellai, fundieron sus almas en un grandioso beso, sonoro como las
notas de la canción del placer.
Saboreada la felicidad en el vaso coralino de
sus labios palpitantes, la apasionada pareja
emprendió la marcha hacia la blan,:;a casita
que á lo lejos parecía esperarla.
Vaho oloroso y tibio, horizonte hermosamente azul, césped del valle, formad el himno
deleitoso de las esperanzas realizadas!
FlorecillaR silvestres, nubecillas capricho,-as
y blancas, murmurante follaje de los samanes,
entonad las harmonías arrobadoras de la alegría!
Amor proseguid vuestra obra triunfal por
,
• 1
entre besos ardientes y fruiciones inebriativas

-~

Vivía con sus padres: la madre estaba ciega, y el padre paralítico. Antes de sus desgracias, habían conocido algunos días de desahogo, y Liseta sabía todo aquello que se
aprende en los buenos pianteles de ensefianza
de la mujer.
Pero ahora trabajaba ella para un establecimiento de ropa blanca, pegaba puños á las
camisas y dobladillaba sábanas y pañuelos;
sin embargo, aun est~ trabajo faltaba á menudo, porque la ciudad, demasiado pequeña,
era de aquellas en que se compra la ropa el
día del matrimonio, y dura hasta la muerte.
Liseta acercába¡,e ya á los treinta años; era
una criatura pálida y delicada, COT\ dos bandas de cabellos negros alisados ,-obre la frente
siempre inclinada; tocada por un rayo de felicidad, fácilmente habría podido aparecer
alegre y expresiva; pero poco quedaba ya de
la mujer en aquel ser descolorido y débil, de
seno hundido, de ojo:s empañados por la costura á la deficiente luz de la lámpara, y cuyo
traje de lana negro dibujaba la pobreza de las
formas que cubría.
Ella c~sía sentada cerca de la ventana de
una pieza baja que daba á una calle donde el
sol no penetraba jamás; sus dedos no ahandonaban la aguja si no era para atender al llaniado de los dos viejos, que se quejaban agriamente; despu'és, con ademanes de autómata,
volvía á sentarse adoptando su eterna actitud
de costurera, cerca de aquella ventana que f'Ólo se abría cuando el tiempo era hermoso.
Pasaban el estío y el invierno; volvía la primavera llena de maravillosas .floraciones, y
pensaba ella á veces, que un poco más lejos,
allá. en el campo,debía de haber árboles verdes,
manzanos cuajados de flores rosadas, y el sol
bañando todo este cuadro encantador.
Mas ella no vería jamás nada de esto; una
lágrima descendía lentamente sobre su pálida
mejilla, y, como compensación de aquella felicidad á la cual no podía aspirar, iba. la pobrecilla á besar á la ciega, sobre los ojos sin
luz, y acariciaba, con sus dedos en que la aguja había dejado su huella, la desnuda cabeza
del paralítico. Gruiiían ellos entonces, no
queriendo ser importunados; la madre maldecía de la perezosa que aprovechaba cualquier pretexto para abandonar el trabajo, y
Liseta volvía á la vEntana, un poco más fría,
un poco más pálida, reanudando en 1,eguida y
silenciosamente su labor.
Una vez, aconteció un incidente que vino á
trastornar la vida de Liseta; era un hermoso

-

un rnido de espuelas
á pocos pasos, y, levantando la cabeza,
· bº' á
fi . 1
perci 10 . un o cm
que la miraba.

Domin_,,.o 12 de Octuhre d,, l!J0;~
Los pájaros cantaban, r~voloteaban las ma
riposas azules sobre las oxiacantas; e:a como
un festival que la Naturaleza orgamzaba en
,honor de aquel bendito día.
. .
.
Ella vagaba presa de una dehc1osa embriaguez apoyada su cabeza sobre el hombro de
él l~s manos en sus manos; había olvidado
p~r completo to~o su pas~do. de infortunios,
y reía con una nsa de chiquilla, al contemplar la felicidad de su vida presente.

-Será preciso casarnos muy pronto, ad?ratla mía, dijo él; mi regimiento va á partir
en breve; lms hablado ya á tus padres?
-No, contestó ella, y su semblante se tornó sombrío; tú sabes que sori un poco celosos
de mi cariño y, por otra parte, temo que sea
para ellos de:nasiado sacrificio el alejarse de
esta poblaci6n en donde han vivido desde hace tanto tiempo.
El joven la mir6 sorprendido.
-Pero no sabes tú que no podremos llevarles c~n nosotros? Creía habértelo dicho
ya, Liseta; yo no po'&gt;e? en efste mundo más
7ue mi sueldo, tú no tienes ortuna, y nos es
imposible encargarnos de ellos.
-Y qné harán sin mí? dijo ella con una
voz sorda, viendo desplomarse todo en rn derredor.
-La vecina les cuidará; nosotros procuraremos ayudarles con algo; tú vendrás á verles ......
Liseta se había puesto pálida como una
muerta.
-No, no puedo abandonarles; morirían sin
mis atenciones, á que están tan acostumbrados.
-Eso es imposible, repiti6 él; sin embargo, podría yo arreglar que entrar¡m en un
hospicio.
Ella hizo un gesto doloroso é indignado y
no insistió más.
Permanecieron sin hablar durante algún
tiempo,
-Regresemos, dijo por fin ella1 con una
tranquila desesperación 1 todo ha terminado;
es preciso olvidarnos.

Ella enrojerió, retrocediendo vi".ament~,hacia el interior del cuarto, y el oficial aleJose.
Liseta, pensativa, volvió á empre.r_id~r su
trabajo, un poco avergonzada del mov1m1ento
que la había hecho huir.
.
Al día siguiente, el joven, un temente de
ca-zadores, volvió á pasar, esta vez ~alu?a,ndo
á Liseta; roja como el fuego, ella rnclrno la
cabeza, mas no huyó entonces de la ventana.
Una semana transcurrió así; por fin, una
mafiana al abrir las vidrieras, Liseta encon·
tr6 un g~an ramo de flores silvestres sobre el
antepecho de la ventana.
. .
Sintióse sofocada por las palpitaciones -~e
su corazón , y) más tarde, cuando él, aparec10,
1
ella, con un coqueto adem~n, mostro e su _corpiño adornado de campamllas y margaritas.
Entonces acercóse él y cambiaron algunas
frases· habl~ban en voz baja, para no despertará Íos viejos,que dormitaban; ella le refiri6
su triste existencia, sus muertas esperanzas,
la enorme pesadumbre de sus días de pobreza· le habló también de los que amaba, de
aq~ellos dos viejos de quienes era el único
sostén y él á su vez la contó la triste orfandad e~ que había vivido desde su niñez, su
Algunos días después1 el regimiento aban•
vida de guarnici6n, siempre de aquí para allá
don6 la población; ni suplicas ni ruegos loy siempre solo, y su contrariedad al saber que
graron doblegar á Liseta; había vuelto á ser
apenas hacía tres setnanas que. había llegado ·- }a pobre mujer marchita, taciturna y descoloá la población, y ya ee hablaba de partir.
rida, que cosía cerca de la ventana, con sus
Liseta palideció al escucharle; él lo advirtió
ojos empañados y su rostro de cera amariy la dijo que la amaba; la pobrecilla cerró los
llenta.
ojos, deslumbrada por el fulgor de tamafia feCuando los clarines resonaron á lo lejos,
licidad, y se dejó besar sobre los labios, sin
anunciando la partida del cuerpo, Liseta deoponer resistencia: tanto le amaba ya!
jó escapar de su pecho un gemido sordo, y,
Entonces, las manos unidas, aquellos dos
arrojando lejos de sí la labor, fué á arwdillardesheredados confiáronse todos los secretos de
se ante la ciega.
su vida, con el casto alborozo de dos seres que
-Mamá, exclamó juntando las manos, ma-.
han sufrido y hallan al cabo el consuelo de
má, dime que me quieres mucho; dime que
todos sus doiores.
eres feliz teniéndome á tu lado!
·
-Déjame tranquila, respondió la vieja arrancada de su suefio; ¿qué significan ahora e1:1as
comedias? Mejor harías en traerme mi café.
Una tarde, Liseta, pretextando uha orden
LeYantóse mirando desesperadamente en
urgente, dejó á los viejos al cuidado de una
torno
suyo; vió un crucifijo que colgaba del
vecina y fué á reunil-se ron él.
muro, y ante él fué á caer de rodillas, queMarchaba llena de alegría y de belleza; sus
brantada por el dolor, ahogada por los solloojos azules iluminábanse de un modo extrazos, elevando los brazos hacia la imagen.
fio, haciendo aparecer aún más soro bríos sus
► Y en la noche, que descendía, agonizaban
cabellos negros; sus labios estaban húmedos
las claras notas de las trompetas; después el
y rojos, y la mujer que acababa de surgir,
silencio volvió á reinar en torno.
transfigurada, un poco inquieta de esta metamorfosis, sentía correr por sus venas una
JUANA THILDA.
sangre joven y ardiente que aceleraba las palTraducción
de
&lt;El
Mundo
Ilustrado.&gt;
pitaciones de su corazón y exaltaba sus sentidos despiertos.
Fueron juntos al campo, allá donde ella dejaba volar antes su imaginación, y del cual
ahora pisaba alegremente lafrescayerba, apoyada en el brazo de su amante.

***

~

�Domingo 12 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 12 de Octubre de 1902.

CHAPALA

mosas aYenidas, y por todas partes se observa
el desarrollo y mejoramiento de la pintoresca
población, reina del lago.
En estas páginas verán nuestros lectores algunas fotografías de aquella im11ortante región
de Jalisco, !!amada á figurar, no s6lo entre
las más hermosas, sino también entre las más
ricas del país.

•r
••

Pocos, relativamente, son los que conocen el
lago de «Chapala», los que han pasado á la
orilla de la «laguna,&gt;- como la llaman con cariño los pueblecillos ribereños- días de F-ana
y agradable expansi6n, y los que pueden
formarse, en nuestro país, idea cabal de la
importancia que como estaci6n balnearia y
como fuente de riqueza tiene aquel hermoso
rincón de la República.
Nada tan digno de ser conocido y Rdmirado. En Chapala encuentra el hombre de la·
bo1· consumido por la fatiga, el descanso; el
artista, motivos para dar vuelo á su inspirnción; la inmigración, filones casi inexplotados; el viajero, panoramas bellí,,imof', atractivos que pocos lugares puenen ofrecer. Los
lagos-de Italia, rumorosos y azules-dicen los
que guardan memoria de ellos--no 8uperan en
hermosura ií nuestro lngo. Rodeado de espléndida vegetaci6n, tiene como el mar i;,us ttmpestades; pero tiene también í'US tardes serena~,
sus noches apacibles, sus días de calma ......
A Chapala acuden año ror año distinfu·dal;

LA ESTROFA.
Como de oro puríi:;imo-en la fragua
del corazón, -magnifica y luciente,
sobre el yunque de todos los dolores,
inquebrantable, la forjó la mente.
Y al vibrar en la die,;tra del poeta
fulgurante de luz corno una estrella
no sabe, el mismo que forjarla supo'
qué corazones herirá con ella!
'

..

DULCE ]l[ARIA

BORRERO.

Septiembre, 1902.

- .
~

,,__

(:AríA

.

.·

R~

--j~-:-

·,

Orillas del lago.-Torres de la parroquia.

Se amontonan en mi nwsa
l\Iuchas cartas ...... ¡Sólo hiel
Y pesarei::, menos esa
Dulce gotita de miel!

nearia en toda forma, que sin duda será la
primera en la República.

***

Esa no! P&lt;i.rece frágil
Festón aéreo de yedra
Enlazando bueno y ágil
Una bastilla de piedra.

Como fuente de riqueza, el lago tiene un valor ineRtimable: basta imaginarse lit. enorme
extenRión que se puede regar con sus agua~.
para medir su importancia. Una empresa particular está empeñada en este"asunto y parece
que logrará llevarlo ft término, abriendo así
ancho cauce ií la agricultura~y al comercio.

Tan pequeñita y tan leve
Como es mi sueño en la gloria,
Parece un copo de nieve
Diademando hirviente escoria.

***

Es como en la inmunda charca
Del más tétrico barranco,
Un cisne que el cuello enarca
Coqueto, lustral y blanco ........ .

A estas notas hay que agregar lo que se re-

lRciona con el crecimiento de la población de
Chapala en los últimos años.
No hace mucho, aquel pintoresco pueblecillo era un conjunto de casas antiestéticas y
mal acondicionada,;, y de chozas hechas para
desaparecer al siguiente día.
Ahora es diferente: hay ya construídos lujosos «chalets»-como el del c6nsul de Inglaterra-dignos de figurar en nuestras mfü, hrr-

.,.!.~

•

e,a

-

Un chalet.

Pienso que se tiñe en grana
Si con otras se restrega,
Como una virgen cristiana
Frente á una bacante griega.
Fué tan limpia su alba cuna!
Nació en un hogar tan bello!
Si me parece de alguna
Nebulosa fiel destello!

"Mar abierto."-Efecto de luna.

familias de Guadalajara; multitud de extranjeros van, huyendo de los rigores del Yerano, á pasar la «temporada»; y los paseos á
este ó el otro pueblecillo de los que se asientan en la playa y viven de la pesca ó de la
agricultura, se suceden en medio de la animación más franca. Hay allí, un buen hotel
-el «Arzapalo,,.-tan bien F&lt;er\'Ído como los
mejores de la capital y muy módico en sus
precios, un bonito templo, y un jardín.
Actualmente, el viaje se hace, 6 por Orotlán,
á bordo de un peqnefio vapor, ó por Atequiza, en diligencia; pero pronto vn. á establecerce un buen servicio que substituya al primrro, y es casi probable que se tienda una vía férrea entre un punto de la línea del Central y
Jamay, población de la ribera, notable por lo
fértil de sus alrededores.
Un sindicato americano tiene en proyecto
ésta y otras grandes mejoras, entre las cuales
se cita el establecimiento de una estaci6n bal-

~

=-+;;~.: ~~!..::!~=~;.:

Naci6 en la celeste alcoba
De una ideal virgencita.,
Sobre el buró de caoba,
Y en la soledad fué escrita.
La vió empuñando una pluma
Con larga mano patricia,
Saber mojarla en la suma
Esencia de la delicia.
La vió emocionada y pálida
Confiarle su puro anhelo;
Pudo de aquella crisálida
Sorprender el primer vuelo.
1

.,
¡

•

Y observar prístinas ansias
De amor y castos rubores........ .
¡Por eso tiene fragancias
De primaverales flores!
Oh mi única y santa esquela
De jazmín hecha con miel. ..... !
Te miro ...... y no corre, vuela
~li pluma sobre el papel.
JUAN

1:-1 Hotel "Arzapalo,"

B.

VILLASEÑOR.

Plegando la vela.

Una pasión satisfecha, disminuye· un vicio
satisfecho, aumenta.
'
-Mucho.: hombres, al casarse dejan de ser
hombres, y pasai;t á ser, simplem~nte, casados.
-La mujer de talento se rinde á un solo
hombre; la tonta á muchos,

- El amor hace más pródigos que avaros.

MAn.

DE SCUDERI.

No hay nada más incómodo que el estado
de viudez.

MAn.

GmA:RDIN.

�Domingo 12 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

l!JL MUNDO ILUSTRADO
la apariencia de un asno que cabecea. Las
cintas de las balaustradas convidan .á hincar
los codos y á poner medio cuerpo sobre el
abismo. La vista alcanza una amplitud maravillosa; se ve el mundo exterior de la torre.
Allá están sus hermanas, sus compañeras,
dominando también el mar.to de la ciudad y
luciendo sus cascos cruzados; allá las cúpulas
magníficas 6 humildes: Santa Teresa es una
tiara; Santa Inés está avergonzada ele tener de
vecina á tau soberbia cúpula· el Sagrario e1&gt;conde el exterior de su b6veda tras las filigranas monumentales de la Basílica, mientras que
ésta luce su gran cúpula central, espléndida
mente labrada, con detalles que la simple vista no puede descubrir á la distancia que nos
es permitido apreciarla.
Allá á lo lejos, tras de la Profesa, arra11c..i.
fina y erguida la torrecilla de San Felipe de
Jesús; es como un dardo que va á partir, no
tiene majestad, no alberga armonía!; de bronce, no es solemne ......
Y la imaginaci6n cree 4ue en este mundo
de los egpacioR, las torres y las cúpulas &lt;lel,en
de hablarFe e:-itre sí y pensar mucho, mucho,
sobre lo qne dominan.
Pasa la riqueza con toda la es¡.,lendidez de
sus trenes, y la torre debe de decirse: «l\Ie bastaría derrumbar una de las filigranas que rne
son inútiles, para que eso &lt;lesapare1,iera.»
Paf'a la mendicidad al pie del enorme muro,
y la torre dt:be de decirse: «Mis bloques narían
mil palacios para.que e1,o se acabara.»
El f-:abio que investiga en los monumentos
el paso de la civilización; el estulto que arroja una mirada ele asombro y se contenta con
medir la línea que cae de la cruz al asfalto.con
violenta carrera tle ojos; el que buf:ca en un
detalle arquitect6nico la idea dominante de la
época ...... todo el oleaje de sabiduría y de ignorancia que llega al pie de la torre y alza un
enl"aje de mirada!', como la ola un cresp6n de
rspuma, debe de conmover los bloques que engalan6 el cincel!

***

Cuando se desciende de la torre, cuando la
escalera torcida, resbaladiza y obscura nos
produce la impresión de ir creando en nues:
tro viaje una espiral de sombras, volvemos a
la. capa.- de los rumores, nos hundimos en la
ciudad bulliciosa ......
Instintivamente volvemos los ojos á aquel
mundo que hemos abandonado, y la torre, erguida, potentosa, ha de medir entonces_ nuestra
pequeñez, en pago de que ya medirnos su
grandeza.

TORRES Y CÚPULAS.
Erguidas, mirando por sobre la plenitud
del caserío, las torres y las cúpulas son majestades á cuyos pies rueda el rumor de la ciudad tiembla la onda de las azoteas, se agita
la vida de la multitud.
Tiene mucho de imponente un viaje por
las torres; se antoja el milagro de vagar por
el cerebro !le un alto pensador.
Las e;;;caleras son obscuras, torcidas y resbaladizas; así &lt;lebP. de ser el germen de las concepciones superiores. Abruma levantar la vista siguiendo la magnitud de los murales; así
debe de suceder al anhelo ante la enormidad
del problema.
Conforme se asciende á la torre, se va entrando á un mundo de silencio, se cree en una
audacia que h&amp;. violado la majestad de un sueño de titán.
Pero se asciende, se asciende con delicia....
De pronto la luz y el espacio hacen irrupci6n
en las pupilas. Se ve c6mo se mueve la vida
inferior sin producir ruido, cómo se tiende el
caserío semejando un mar apenas riwdo, y
c6mo los campos lPjanos se recuestan en soledad plácida sobre las faldas de los montes
azules.
Los pilares de la torre parecen filigranas
ruando las vemos desde el asfalto, y sus moles, que costaron las entrañas á algún monte,
están formadas por bloques que pmüeron en
tensi6n á multitud de músculos.
Se acaricia el pilar de la torre por el or_gullo de sentir su dureza; se sigue con la mirnda la curva de los arcos por la fruici6n de
presenciar la armonía ele las fuerzas; se pNmi te á la im presi6n ele a biRmo que entre al
cerebro, para engrandecer el peligro qne coni-;trny6 la obra humana.
Y en aquel ambiente de majestad, de Rilencio y de poder, la imaginación vuela antojándosele encontrar en todas las cosas que

existen en las torres y en las cúpulas, la vida
de un mundo nuevo.
Las estatuas del reloj, parece que contemplan la ciudad buscando en sus agitaciones
un aliento para la piedra &lt;le que están hechas.
Asombra que se hayan adelantado hasta el límite del cornisamiento, y que no sientan la
atracción del abismo.
Las campanas son copas que vertieron un
torrente de sonidos y que esperan pacientes á

que otra mano las rebose para volverst á derramar sobre la fiesta de la ciudad. Tienen
sobre su bronce caracteres que dicen algo de
edades muy lejanas, y signos hieráticos que
son el emblema del Señor á quien sirveh. El
badajo, que las azota con golpes formidables,
ha dejado ya huella escamosa: es la obediencia que la materia presta al trabajo.
Las campanas del reloj parecen hongos, y
El martillo que 8e levanta para herirlas tiene

Le pone al hiel'l'o un beso-beso que abrasa... y el fuelle sopla y sopla con crueles risas.
Y al ver el trozo de hierro, intento
Salir del antro, y en plena luna
Correr los valles ¡ay! porque siento
Que es mi pobre alma la que el tormento
Del fuego sufre ¡sin palma alguna!

·-«o&gt;y del lecho de llamas-lecho funestoEl fuerte brazo saca con la tenaza
El bernico fragmento de metal puesto
Ya al rojo-blanco. Y éste, dúctil y enhiesto,
Ve el yunque sin temores y ve la maza.
Y al ver del yunque la baja inquina
Y de la maza la alta a.menaza,
Sacude mi alma por la neblina
De la esperanza su ala divina ....
Y á un astro blanco que huye se abraza.
--&lt;O&gt;-

y caer deja al hierro blando y ardiente
El herrero la maza, con los dos brazos.
Y el hierro adquiere forma, y está imponente
Desgarrando la noche con el torrente
Siniestro y doloroso de sus chispazos.
Y al verlo chispas lanzando, me hundo
En mis tristezas-fecundas simasCon un consuelo-fanal fecundo¡Ya mi pobre alma riega en el mundo
Sus rojas chispas, mis ruoas rimas!
ROBERTO ARGO'ELLE~ BRTNGAS.

Al Rojo-Blanco.
Sopla el fuelle. Parece monstruo jadeante.
Su anhélito levanta llamas rojizas
Y en el carbón, de un negro desesperante,
Toda brasa retuerce su pena humeante
En las desolaciones de las cenizas.
Y ante la fragua padezco. Pienso
Que así ha paseado sobre mi vida
Sus resoplidos dolor inmenso ....
Y ante la fragua, sufro, suspenso,
De mi infortunio la sacudida.
--&lt;O&gt;-

Un mocetón moreno, de fuerte brazo,
En un vago suspiro de luna pasa.
Y dobla en la tiniebla su negro trazo.
Y un pedazo de hierro-negro pedazoToma con su tenaza-negra tenaza.J

'

y al ver el trozo de hierro, adquiero
La certidumbre mortal y loca
De que es mi alma la que el herrero
Lleva á las ascuas!. .. Y gimo... Y quiero
Que mis gemidos trague mi boca ....
-&lt;O&gt;-

y Al herrero sepulta la dura masa
En las desolaci0nes de las cenizas.
Y toda pena humeante de toda brasa

DomingJ 12 de Octubre de 1:)02

LA MUJER.
Hay detractores del «sexo débil» que no
hallan en la mujer sino lo que pueden rebajar y no juzgan lai:: diferencias que estableció
la ~isma naturaleza !;ino para prevalecerse
de sus propias ventajas, menospreciando lo
que entienden en las mujeres.
Engañados quiz~s por la «ineensata que,
según la expresión oriental, derriba la casa
con sus propias manos», se olvidan de la mujer sabia que la edifica y la enriquece; agraviados por los dejos amargos del engaño, llegan á negar ]:,. virtud de la mujer.
A estos infelices con viene recordar la diferencia que viene expresada en esta sentencia,
atribuída á Napole6n: «la mujer hermosa agrada á los ojos; la mujer buena agrada al coraz6n. La primera es un dije; la segunda es un
tesoro.»
La mujer siente, piensa, habla, obra, quiere de otro modo que P.l hombre. ¡Afortunadamente para nosotros! Si congeniase por completa identidad, ¿de d6nde por ejemplo, aprenderíamos la paciencia y la resignación? Pues
nosotros luchamos buscando la felicidad y la
mujer la «espera", haciéndose así la verdadera consoladora del hombre.
J. PARISOT.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 12 de O_c.~~re de ~9_0~.

EL MUNDO ILUSTRADO

1a tragedia da Tacubaya
Honda sensación ha causado en el público
la tragedia ocurrida hace poco en Tacubaya
y de la cual fué víctima la señorita Victoria
Peñasco.
La prensa de información ha publicado acerca del suceso, detalles muy amplios, pormenorizando las circunstancias que hacen de ese

Plaza de armas de Cuautla.

en honor de )Wore/os.
Flesfas en Cuauf/a.
El vecindario de Cuautla celebra, año por año, el aniversario del
nacimiento del ilustre caudillo de la Independencia D. José María Morelos, con una serie de festejos á que concurren numerosas personas
de la localidad y de otros puntos.
En esta ocasión, las fiestas tuvieron un lucimiento extraordinario.
El primer día, por la mañana, las bandas militares y las de los pueblos cercanos que expresamente fueron llevadas á la histórica ciudad,
recorrieron las principales calles, se echaron á vuelo las campanas y
hubo otras demostraciones de regocijo. Por la noche se dió una velada
en el Teatro Carlos Pacheco, que se decoró con flores y han&lt;leias distribuídas artísticamente. En la parte del escenario se puso una hermof'a alegoría, en cuyo centro se destacaba la figura de aquel hombre
gigante que hizo inmortal el nombre de Cuautla. Un grupo de niñas
representaba la Libertad, la América y la Patria, y uno de niños,á Hidalgo, Morelos, y Allende.

El 30 se verificó en el mismo Teatro la ceremonia oficial, formúndose en seguida una procesión cívica en que tomaron parte los niños
de las escuelas. Los carros alegóricos fueron tres: el de la Agricultura,
el de la Indu~tria y el de la Junta Patriótica, y llamaron la atención
por el buen gusto con que estaban adornados. Al pie del sencillo mom1mento del héroe ~e depositaron numerosas coronar;:, entre las cuales
había una que ofreció el Sr. D. Ignacio de la Torre á nombre del Sr.
Presidente de la República.
Además de los actos á que nos referimos, hubo un banquete y un
baile que resultó muy lucido.
Estatua

de

Morelos,

La Srita. Victoria Peñasco.

crimen uno de los más ruidosos en los anales
de la delincuencia. Nosotros nos limitamos á
dar á conocer los retratos de la víctima y de
su heridor Juan N". Martínez, y una fotog~afía
de la sala en que se desarrolló la terrible tragedia.

Domingo 12 de Octubre de 1902.

- -Lo que se ha convenido eu llamar «honor», no existe: no es más que la sombra que
proyecta uno mismo cuando le alumbra la luz
de su propia estimación.-E. SuDER)BtAN.

LA REINA.
En galano jardín, embellecido por multitud
· de flores matizadas de colores vivísimos, resplandecientes de gracia y de vida y que al
exhalar sus indefinibles perfumes, embalsamando el ambiente
que ]ns envolvía, hacían de aquel recinto
un lugar de inefables
dPlicias y doradas ilui,iones ..... había una,
entre todas aquellas
flores,empinada sobre
una Pmedadera de tupido junco, que al suave impulso del céfiro movíase eon im('eriosa majestad ostentando una brillanten 111 eola que circundaba su loz·ma far,
formada por el reflejo de los rayos de luz
al herir las gotas &lt;le
rocío que la sal picaban graciof'ament!' ...
Era la reina del jardín.
Una alegre mañana, cuando todas sus
compvñeras entonaban un cántico ele alabanzas á la aurora
del nuevo día, impresionadas contemplaron que la diosa
de ayer, la reina de
brillan te aureola, cerró sus pétaloi::, dobló
su tallo y fué á per&lt;lerse sobre la verde
alfombra de blando
césped, al notar que
Fot Barreiro. Pue.
en su mansión, en
obscuro rincón, existía una flor más hermosa que ella.
¡Cuántas víctimas hay, así como esta pobre
flor, en este mundo de engañosas apariencias,

Juan N. Martínez.

Fot. Barreiro.

de e~a pasión cruel que al fondo del abü:mo
hundió á Caín!
P. J. I zAr.rrnRE SoTELro.

BELKIS.
Detén, Belkis, tu tropa de elefantes
Ante el caliente nido ele mi tienda,
Y entra, maga gentil de mi leyenda,
Con tu traje de telas &lt;leslum l&gt;ran tes.
Muéstrame tus ungüentos, tus diamante~,
Los &lt;'Ofres y las copas de tu ofrenda,
Y deja reposando ante mi tienda
La tropa de tus blancos elefantes.
Y cuando ya en mis labios tremulantes
N'o encuetres el fermento que te encienda,
Envuélvete en tus sedas coruscantes,
Y con tu blanca tropa de elefantes,
Huye, Belkis, del nido de mi tienda.

€fré11 ]febo/ledo.

.EL FILTB.O.
No me dejes morir: calma el infierno
que encender en mi pecho conseguiste,
ó cual fiero Nerón, al fuego asif'te
que tiende á devorar mi ser interno.
Si el filtro tienes del olvido eterno,
dalo ¾l. n1i corazón, que ardiendo existe·
,
mas ponmelo
en el vaso en que hehiste'
ios licores el&lt;' Etruria y de Falerno.
Ya ef'pero con nf.ín, con anf'ia lora,
que tu cr[\tera accn¡ucs ú mi hora
y que el filtro en rni pecho se desborde.
Y máR ~recen mi anhelo y mi irnpacienci11,
porque quiero a~pirnr la rica esencia
que han dejado tus labios en el borde ...
RA:\ION~A. URBANO.

-1Jna mujer virtuosa tiene en el corazón
una fibra menos ó una fibra más que las otras
mujeres: es estúpida ó sublime.-H. BALZAc.

Sala en que fué herida la señorita
Peñaeco,

Asiento que ocupaba al recibir
La primera puñalada,

�Domingo 12 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

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VbM fortificante, dlgut.!vo, t6n1oo, reoon■tituyente, de aallorexoeleate
. . . eflou: para laa pereona■ debilltadaa que loa lerrugilloaoayl- qutaaa.
C.uerTado por el m•todo de 111. Putear. Pn■cribeae en laa mole■tlaa
~ e , la oloro■ia, la anemia 'T lu oonvaleoeuolaa 1 ..te vine ■
s-eoew1en4a • lu peraoDaa de edad, l las muJwe■, jóven-■ 'T • loa súAoa.

Af180 .MUY IMPQRTANTIL - El llnlct VI.NO •uunun
~Í~ .RAFliABL, 11 ,.,o qui t11n111 d1r1cho di llllmars, ••l.1111
u, 11 /16ltlm1y di fUI s, hac1 m,nc:tfj 1n 11 18,.,nu,arlo di/ Profe
OUORA.RDAT 1$ ,, di M.. CLE
NT c1a, di Yat,nc, 'Drlml,
rt1nc/C). - C•~a 1,t111a 11,oa la marc• d1 la cfnt6n de 101
IIPIICUIZI un m,,a1"n •nunclando ,, •• CLETEAI ...

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Hierro Inalterable en los p.11ses d.HJos.

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Cura: Anemia, Clorosis.Debilidad

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MUNDO ILUSTRADO

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AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 16.

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MÉXICO, OCTUBRE 19 DE 1902.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                    <text>~•"'t...,.._~_.,,._..,.,....,.,....,,._.,,..,.,,..,'i'to.-',t.&gt;,t,...,,.,........,,..,...,,.,.,,..,.........,.,...,._..,.,..,,..,.,,,,.,,..,..........,,.,.,,,,...,,.,...,,.,.,,..,..,,.:..,,,,..,,..,,;

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para las eofe1·medades propias de seño1·as.
Tratamiento de la Blenorragia y otras enfermedades secretas de

MUNDO ILUSTRADO

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AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 16.

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MÉXICO, OCTUBRE 19 DE 1902.

Gerentet

81recton LIC. RAf'AtL RUI:&amp; &amp;PINDOLA.

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TÓNICO

RECONSTITUYENTE
FEBRÍFUGO

ELIXIR ESTOMACAL
DE

SAIZ DE CARLOS
hellia,
Clenail, Cnnlecmiaa, etc.

Gma al 11 por 100 de los enfermoa clel

PARÍS

20, In des F01ttt-St-JacquH
1 en

l11

f:.rm1c1a,.

Lilfatiamo, Em6fala, ue
J11futo1 de loa Gauglios, etc

@~!.~,n~o,n'!!~!;~ER-

ESTOMAGO E INTESTINOS
hr nnlna J rtbtl4n 1111 11111 1111 41l1Hlu
11111 LN 1111 LI KAN TIIIADO OONf'lll■AII UTA Y1-.u

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RUI:&amp; &amp;PINDOL4

�~omingo 19 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

,

EL MU~TJ)O ILUSTRADO

CRONICAS EUROPEAS
SCHEVENINGEN.
Al atardecer, un domingo iluminado por
un sol excepciorial, y engalanado por un cielo azul y lustroso, apenas nublado hacia el
Poniente, salimos d~ La Haya Lilly y yo, para el puerto balneario, de ((Schevenii)O'en &gt;&gt; en
un trenecillo desparramándose de ge~te' alegre. Antes de llegar atraYesamos los verdes
jardines y bosquecillos. Después, al frente
se presentó la masa café del edificio de Kur~
saal. Las ventanas, en una larga línea blanca,
se.extendían con una monotonía desgraciada.
M1 compañera no podía contener el deseo de
bajar la angos~ cal le. para desembocará la playa, sobre el dique. Y cuando llegamos ante
nosotros apareció la llanura espejeante del
mar del Norte. Y la playa, en un tortuoso litoral de ligeras colinas, se extendía hasta borrarse. Despufs vimos un muelle de madera
que avanzaba sohre las olas terminando por
un kiosco, rodeado de banderetas y lleno de
gente que hormigueaba.
El paseo por la estacada fué delicioso. Bajo el tablado, entre los gruesos troncos que lo
sostení~n, rugía el ma~. Antes de llegar á la
extremidad, nos detuvimos para admirar el
espectáculo divino: el sol incendiaba las nubes, esfumándose sobre ellas el rojo hasta los
gruesos grises, y sobre el azul del mar se proyect:aba un estrella ~e plata que deslumbraba
la vista. Una barqmlla pescadora de velas
rojas, descansaba, agitada por u~ balanceo
suave, en medio de la regia- desnudez de la
superficie infinita.
-¡Qué felices son los pescadores! ....... .
¡Siem~!e mirando el cielo, el mar, el sol y la
luna en las noches! ¡Qué bonito sería vivir
así! ¿verdad?-Y la reflexión de mi compañera contrastaba con el horrible fastidio que me
causaba pensar en la actitud de los pescadores.
Luego, cuando llegaron hasta nosotros perdidos acordes de la orquesta que tocaba en el
kiosco, me dijo sonriendo:
-¡Mira qué poético es esto! ¡Aquí te amo
más que en la ciudad!. ..... .. .
Las olas, precipitadas, llegaban hasta la
~laya, para rendir el homenaje de su apoteosis de. espuma. Y el sol, allá tras de su cortina roJa, se acercaba al horizonte en medio del
espléndido derroche de fuego ....'..

***
.En el kiosco se consumía cerveza por barnles. La gente toda, en una aclamación de
alegría, charlaba casi á gritos, entre las nubes
de humo que salían de todas las bocas de
hombre. La es~uma, en los vasos, se desparramaba enyolviendo en una caricia sus bor:
des.
Y ~a orquesta? desde un foro pequeño, hacía vibrar los cm,tales del salón, lanzando un
torrente de notas acordes que llevaban cada
uña la alegría de una carcajada. La música
era especialmente americana. Los monótonos
pasos dobl.es y marc~as que oímos) me parecílm un tributo al dmero yanque, codiciado
e_n todo~ los país~s del mundo. Y el patriotismo, siempre dispuesto á encontrar tristezas
en ~l ex~ra11jero, h~llando un amargo dejo de
nac10nahdad ofendida en el más insignificante detalle, reclamaba inconscíentemente algo
suyo .....algún inesperado recuerdo! Cuando
leí en el programa el nombre de una «Fantasía cosmopolita», sentí como un presagio de
algo qu~ no m.erece 13: pena. Y después de
una sei:ie de aires semigrotescos, fué surgiendo débilmente la lejana melodía como una
merr_ioria de lo remoto. Y conmovido hasta
sentir los ojos húmedos, oí el vals de .T. Rosas, traducido ya á todas las «músicas.»-Sentí un ataque terrible de sentimentalismo alg? ~sí como un recuerdo de un amor ~uy
v1eJo y que después de muchos años de muerto, renace e~1 una memoria, en un pensamiento melancóhco ...... Dcspués todo parecía insultarme; las banderetas holandesas las bel-

'

gas, la estrellada á rayas rojas y blancas me
incitaban al odio ...... ¡Era una de las idipresiones ele patria recibida con mayor fuerza
en mi vida ...... !

***
Cuando salimos, sólo quedaba de crepúsculo una ala roja sobre el horizonte. Y las olas
en su ngitación continua, me traían un re~
cuerdo de las lejanas costas, besadas con sus
labios espumajean tes y húmedos ..... .
E~r.

PARDO

AzPE.

El Haya, septiembre de 1902.

DÍAS DE OTOÑO.

pensamiento de negruras, como antes lo llenaba de luz; sacudiendo tu cuerpo con espumas dolorosas, como antes lo sacudía con espumas de goce; golpeando tu corazón con golpes crueles, como antes lo golpeara con alegre
y entusiasta latir. Sí; es el amor tuyo que se
ha hecho dolor, como en otro tiempo se hizo
placer.
Para quien vive de un amor, el dolor mismo
que su amor le produce es una gran felicidad
porque es un certificado de existencia.
Lo terrible, lo brutal, vendrá luego, más en
bre~e acaso de lo que tú propio imaginas. Lo
terrible, lo bárbaro, lo verdaderamente siniestro, vendrá cuando te levantes un día y halles
que hasta el ~olor ha huído de tu alma y que
t~1 amor,. tu vida, es un cadáver que llevarás
siempre msepulto dentro de ti.
¡Sufrir! ¡Gozar!...... Eso es lo menos. Lo
importante en la vida es viYir de alao de una
º ' para
pena o, d e una ventura; vivir para algo
un placer ó para un dolor. Lo horribl~ es no
vivir para nada, por nada, y continuar no
obstante, viviendo.
'
Mira esta Naturaleza aún espléndida y en?antador~ á nuestra vista, aunque algunas hoJas amarillas se destaquen entre las hojas verdes, y unas pocas matas se inclinen con languidez mustia entre las incontables matas
arrogantes y erguidas, y las menudas hojuelas
trocadas por el sol en 11íminas de oro alfombren
los paseos, y la tierra húmeda exhale hálitos
fríos, y el viento de Guadarrama tiaiga á nosotros ráfagas nutridas con escarcha ...... Toda
esta Naturaleza sufre con tremendo sufrir· los
árb?les, desde el tronco .á .las hojas, porqt;e la
Ravrn se. empereza y ~ntibia; las hierbas, porque la tierr~ va p~rd1endo fuerza para mantenerlas en pie; la tierra, porque las caricias del
sol van perdiendo la fuerza apasionada que la
hace fecunda ........ Toda la Naturaleza sufre
pe;o vive y continúa Fiendo hermosa, quizá~
mas hermosa que nunca, porque la tristeza, y
13: m~lancolía y el sufrimiento embellecen y
digmfican.
Lo terrible para ella será cuando se apoderen completamente de ella los fríos invernales
Y qu.ede i~móvil, .inerte,. pasiva, con sus irbo~
les s1~ hoJas, su tierra sm hierbas sus jardines sm flores y su cielo sin nubes '
Ahí ti.en~s el mayor dolor de l¡ Naturaleza
en sus mviernos y para los hombres en su
amor.
Sentir, su~ campos cubiertos por la nieve ó
su corazon mvad1do por la indiferencia.

Aún tenía el sol fuerza estival; las hojas
verdeaban sobre las ramas de los árboles las
matas sobre los fertilizados cuadros de derra ·
apenas si entre las hojas verdes descubríans~
algunao amarillas¡ apenas si entre incontables
matas, erguidas con arrogante vitalidad, doblábanse unas pocas con languidez mustia;
por la arena de los paseos rodaban á impulsos
del aire, hojuelas retorcidas que el sol transformaba en láminas de oro. Eran los heral•
dos del otoño, las primeras canas, las primeras arrugas que afeaban el hermoso rostro de
la natm-aleza.
Arrugas imperceptibles, canas fáciles de
ocultar; la hembra inagotable, aún podíamostrarse orgulloba, aún la acariciaba el sol con
sus besos de lum hre, aún prestaba sombra con
la verde madeja de sus extendidos cabellos á
grupos de niños y niñas, primaveras de carne
que correteaban y reían como pájaros -recién
escapados del nido.
Todo eraalegretodavía; y, sin embargo de
la tierra húmeda escapábanse vahos frío;, y
las cumbres de Guadarrama enviaban de raro
e~ raro hasta nosotros, ráfagas de viento nutrido con escarcha: indicios dolorosísimos y
breves de la muerte futura ...... .
En una alameda contemplábamos el bullicioso juguetear de los muchachos un ami~o
mío y yo, que casualmente había tropezado
con él minutos antes.
Hacía que no nos veíamos cerca de medio
año. Ciertos amores suyos, pasión avasalladora, insensata, condújole en pos de una muj~r
á países remotos, de donde regresaba con otra
amargura en el corazón y otro recuerdo en el
J OAQ.UÍN DICENTA.
cerebro, en esa caja viva, mitad por mitad urna f.uneraria y estufa germinadora, porque se
~ed1ca á enterrar desengaños y fecundizar ilus10nes.
LA ROSA MARCHITA.
Con esa verbosidad relampagueante que
traen á la boca los golpes recién sufridos en el
Se enamoró mi corazón un día
alma, flujo de palabras que representa en las
De una rosa en botón, que de improviso
heridas morales lo que los borbotones de sangre en las materiales heridas; pedazos de exisTrocóse en flor purpúrea, en cuyos pétalos
Se desposó la luz con el rocío.
tencia que huyen coh el sincero acento de una
gran pena, afanosa por exteriorizarse ante
Era la reina del jardín! Lleguéme
quien sepa consolarla, me refirió el infeliz
Para cogerla, y balanceóse esquiva
amante la historia de su desventura la eterna
historia, siempre vieja para quien la ~ye siemVel~n.dose entre el ramaje de esm¡ralcla
pre nueva para quien la relata.
'
E hméndome las manos sus espinas!
-No-me dijo,- no. Este sufrimiento es
Está marchita 3:hora y deshojada
superior á mi voluntad y á mis fuerzas. Ni
Por el sol, y los vientos y la lluvia
logro dominarlo ni me es posible resistirlo.
Y hoy quiere que me aceque y la 'acaricie
Cada recuerdo de aquel pasado, que no voh-eY que le hable amoroso y con ternura.
rá nunca. es una puñalada que me dan en el
corazón;
y los recuerdos
son infinitos' como
.
. .
De su mustia corola se desprende
sus pnmeras canc1as y sus desdenes últimos.
Aroma viejo que el amor recuerda
No; no puede haber nada más terrible que este dolor.
Y un P?lvi.llo sutil, qne es como el rastro
De glonas idas y esperanzas muertas!
-Alg? más terribl~ hay, le, contesté, algo
más ternble, y tam b1én tenrlras que sufrirlo.
-1\Iás terrible?
Para el placEr :y ~a ilusión ya es tarde!
Seca la ror;a_ y afligida mi alma
- Más; mucho más. Ahora esa pena ese suTan sólo puedo dar á la flor tri;te
frimiento, son tu amor, el amor de a~tes el
Un beso de dolor mojado en lágrimai,.
de esa mujer; su amor, que contin6a llena~do
tu alma, sólo que ha cambiado de forma troY P;iede ser que así como en un día
cún&lt;lose en suspiros de angu;;tia, en i-olloz~s de
El roc10 y la luz se desposaron
pena, en palpitaciones de agonía y Yibraciones
De la rosa en los pétalos celebren
de. odio; pero es tu amor, entero, ab¡;oluto, cuHoy sus nupcias allí el ~mor y el llanto ..... .
briendo tu ser todo, llenando tus labioR de
quejas, como antes los llenaba de besos1 y tu
R. MAYORGA RrvAs.

In terlor del 'l'emplo.

La calle de Abajo.

El Sr. Gobernador en Marftl.

Domingo 19 de Octubre de 1902.

Casas en ruina.

LA INUNDACIÓN DE MARFIL
GRANDES PÉRDIDAS
Suceso verdaderamente lamefitable por los
trastornos que trajo consigo y las pérdidas que
ocasionó, fué el ocurrido el día primero del
actual en Marfil, uno de los minerales más
importantes del Estado de Guanajuato.
Nos referimos á la terrible inundación que
sufrió aquella progresista coma.rea, á consecuencia del desbordamiento del río que desemboca á la orilla del mineral y cuya corriente, la tarde del día mencionado, tomó proporciones colosales.
A las cuatro y media de la tarde comenzó á
desatarse sobre el cerro de la Bufa un fuerte
aguacero que envolvió la mayor parte de la
ciudad de Guanajuato y los alrededores. Momentos después, el aguacero se convertía en
formidable tormenta, y el río, saliendo de madre, derramaba sobre :Marfil su corriente, ba-

(

Casas de la Plaza Principal.

Jtulnas de "La Marftle!ia"

rriendo á su paso sembradíos, casas, hombres
y animales.
Lo inesperado de la catástrofe hizo que entre los habitii.ntes del mineral se produjera un
pánico indescriptible familias enteras procuraban ponerse á salvo al ver sus casas, de improviso, invadidas por la impetuosa corriente.
Ji:n una de las escuelas de nifi.os, el agua alcanzó cerca de dos metros de nivel, levantó
los pisos y arrastró los muebles con una fuerza increíble. El templo se inundó también
por completo: en la fotografía que reproducimos, se ve la sefi.al que dejaron las aguas en
los muros, más arriba de loi: zócalos.
Las casas que habitaban los trabajadores de
las minas, quedaron destruídas casi en su totalidad, perdiéndose con ellas cuanto aquellos
infelices habíañ logrado reunir á costa de
enormes sacrificios.
Las haciendas de beneficio de &lt;cBarrera»,
«Barrera Grande» y ccBarrera de Enmedio", resultaron también perjudicadas á consecuen,:;ia
de la inundación. En una de éstas, pasada la
tormenta, se veían grandes témpanos de hielo,
trozos de madera y muebles en desorden.
Los terraplenes de los tranvías que van de
Guanajuato al mineral, se deshicieron al des•
bordari;e la corriente, y huho un instante en
que los coches quedaron flotando en el agua.
El cochero, después de tentativas sin cuento
logró salvarse, libran&lt;lo á uno de los pasajero~
de ser arrollado por las aguas. El puente
de hierro de «La Purísima» fué arrastrado por
la terrible avenida á cincuenta metros de di~tancia del punto en que estaba construído.
En cuanto al de San Juan, se perdió tambifo
totalmente.
No son ésto~ los únicos perjuicios causados

IJ11 costado de la l'arroqula.

F:n la Hacienda de "Sacramento de Barrera"

l'arte posterior de "La Marfllella"

�EL MUNDO ILUSTRADO

Locomotora aislada en un tramo de vta
que destruyó la corriente.

Lugar en que estaba el Puente de S. Juan.

dable que el número de los que perecieron fué
mucho mayor.
El Sr. gobernador de Guanajuato, Lic. Joaquín Obregón González, estuvo en Marfil el
mismo día en que se registró la catástrofe, J?ª·
ra imponerse de los daños causados por la mundación y dictar las medidas conducentes á
remediar los males sufridos por el vecindario.
Se ha abierto ya una subscripción para auxiliar á las víctimas del lamentable suceso, y es
seguro que la filantropía acuda en esta, como
en otras ocasiones, al alivio de los que, en un
momento, han quedado sumidos en la desgracia.

Fiestas Religiosas en León.
LA VIRGEN DE LA LUZ.
La imagen de la Virgen de la Luz que existe en la catedral de León, acaba de ser solemnemente coronada, con asistencia de catorce
prelados de las distintas dióce~is del país, q_ue
fueron invitados á la ceremonia, de otros dignatarios eclesiásticos y de un número
incontable de fieles
de aquella ciudad
v de otros puntos.

.

Carros volcados por la corriente.

Tramo del Ferrocarrll de San Gregorio
destruido por la lnundaclOn.

por el desbordamiento del río, pues todas las
fincas que rodeaban la plaza principal y que
eran las mejores de Marfil, quedaron reducidas á escombros. Los dueños de «La Marfileña" y c&lt;El Porvenir«, unos de los establecimientos mercantiles más importantes, perdieron con este motivo sumas considerables. La
línea del ferrocarril de San Gregorio sufrió asimismo grandes desperfectos.
En cuanto á desgracias personales, se recogieron nueve cadáveres, en el trayecto de Marfil á Santa Teresa únicamente¡ pero es indu-

El sueño de Venecia.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 19 de Octubre de 1902.

***

La función religiosa fué notable
por todos conceptos. En el interior
del templo se levantaron amplias tribunas para mayor comodidad de los in·
vitados, adornándoseles sencilla, pero elegantemente,
con vistososcortinajes. Más de doscientas luces ardían en
el altar mayor, lleno (de candelabros
cincelaclos y deotros
objetos decorati vos
del mejor gusto.
Después de la procesión de la Corona,
en la que formaron
todos los prelados
asistentes vistiendo
capa pluvial, mitra
y báculo, los canónigos de la catedral
y las asociaciones
religiosas, se entonaron algunos coros
y dió principio la
misa, en la que ofició el obispo diocesano. Esta fué la de
Palestrina y se cantó por sopranos,
contraltos, tenores
y bajos.

La ceremonia de coronación de la imagen se
verificó en medio de un profundo silencio. El
sefior Obispo Ruiz tomó la corona y la colocó
en los tres puntos de apoyo que forman las
manos de los ángeles que la sostienen sobre
el marco. Esta joya es valiosísima, fué hecha
en Nueva York y se emple6 en el trabajo más
de un año. La banda baja contiene 20 diamantes, 10 rubíes y 10 zafiros; la parte mayor,que consiste en diez paños anchos y otros
angostos, tiene 20 diamantes y varios adornos
artísticos, como cabezas de ángeles y flores de
lis. Estos paños lucen brillantes y zafiros, y el
centro de la roseta un rubí valiosísimo rodeado de ricas piedras.
.
Las demás partes de la corona están, aRimismo, adornadas con piedras preciosas y son de
magnífica hechura.
Al terminar la coronación, se escuchó en el
templo un prolongado aplauso. El acta que se
levantó con motivo de la ceremonia, está firmada por los Sres. Arzobispos Gillow, Silva,
Garza Zambrano, Zubiría, y Ortiz, y por los
Sres. Obispos Camacho. !barra, Mora, Pla~carte, Fierro, Anaya, Fernández, Orozco, Reinoso, el Metropolitano y Granjon, de Tucson
[Arizona].
En el 8eminario Conciliar se sirvió á medio
día un banquete que ofreció el Sr. Obispo de
León con frases sentidas.

***
La coronación de la Virgen de la Luz ha
sid_o, sin duda, una de las ceremonias religiosas más notables de los últimos años, pues
raras veces se ha desplegado, en festejos de
esta naturaleza, el lujo y el esplendor que revistieron las solemnidades á que nos referimos. Por otra parte, la asistencia de catorce
prelados al acto de la Coronación, y de otras
muchas personalidades del clero mexicano,
contribuye á hacerlo más notable revistiéndolo de la más alta importancia ¡,ara los católicos.
(Fotograflas del "Semanario Literario Ilustrado")

Alma mía:-dulce y triste criatura de boca
florida y grandes ojos del color de la obsidiana;- forma leve que enn1elta en un tul argentado, vi una noch~ en un claro ~e. luna:~
tú tienes la blancura diáfana de los lmos acuaticos y el perfume de los
cálices de las roeas; tú
que amas el silencio sobre todas las banales melodías del mundo. .... el
hondo silencio que habla
un lenguaje rec6ndito y
tiene la elocuencia sobrehumana del misterior! ...
-Alma de amor, ven
conmigo, en ei:;ta solemn e hora nocturna, al país
perfumado de los sueños....
Bajo la ardiente c úpu
la del cielo vaguemos en
una góndola blanca por
los canales inm6viles de
Venecia dormida. Gocemos del supremo encanto de la ci uclad única; de
la contemplaci6n de Hl
hermosura legendaria é
inolvidable. Yo impulsaré suavemente el esquife con un remo de
marfil, y surcaremos las
aguas azules como si nos
guiara el cisne de Lohengrin. Siéntate jun~o á
mí tan cerca que micora¡ón oiga el latido del
tuyo y acaricie mi r?stro el hálito de tus labios
bermejos ..... .
Vaguemos como dos
sombras, frente á los palacios de arquitecturas
fabulosas; frente á la gloria estupenda del mármol, multiplicada en los
arabescos, en las columnatas y en los magníficos
roseto!les de las torres.
Mil sueños fú!gidos incendiarán mi fantasía y
mi alma se poblará. de
perfumes y de imágenes
inefables. Evocaré la memoria de miR lejanos anhelos y sentiré florecer
de un&lt;i. manera divinn
mis tri~tezas en el sereno
amb iente de inmo1tal
poesfo. Evocaré los recuerdos de las leyendas
amorosas; y no veremof'
revolar sobre nuestras
cabezas laR sagradas palomas ele San Marcos en
las clarnR mañanas de
septiembre, ni pasar junto á nosotros bellas vírgenes vendiendo cestillas
de violetas. No ,·eremos
el esplendor de las fiestas fastuosas en los palacios de oro y de mármol, ni en la obscura noche pasar las góndolas
fugitivas, consteladas de
.
luces de colores, comovisiones ilusorias ..... .
No. Apenas oiremos, ~n las altas horas, surgir del hondo silencio del cielo y de las aguas
el rumor de una góndola que se desliza tenuemente, como una flor impulsada por el céfiro sobre la superficie de un estanque ..... .
Después llegará ·á nuestras almas una musica léjana y sutil como su milagroso encaje
de armonía¡ una música honda y ligera que
parece aletear en el espíritu y que recibe el
tímpano como una caricia embriagadora.. 1\-Ie-

Jodía aérea, cercana y distante, que tiene la
dulzura de los besos y la amargura de las lágrimas¡ que es tristísima, y habla: sin emha;go, de alegrías inmortales ... : melodía qu~ ne
y que llora, que es mundana y mor~uon_a, y
dice á las almas profundas cosas misteriosas
que no son de la tierra.
Es la antigua serenata veneciana, llena de
palabras ardientes sollozadas al ritmo lento del

Domingo 19 de Octubre de 1902.
una escala de seda... El amante sube por ella;la ventana se cierra¡ todo queda en silencio ...
Todo queda en silencio, Alma mía. Solamente oigo la voz de tu corazón. Acércate más
y tiende sobre mí el manto de t_u. cabellera
castaña ... Continuemos nuestro v1aJe por los
canales callados bajo la luna fantástica.... Y
con las manos m;idas y los labios juntos, guardemos 1,ilencio y soñemos un sueño milagro-·

La coronación de la Virgen de la Luz.-Aspecto de una calle.

bandolín polífono; la canción amorosa del
Adriático, llevada sobre las olas azules por los
vientos nocturnos; la voz del espíritu y del deseo, prodigiosa y dulce en esa hora en que la
luna borda fugaces flores de plata sobre los
muro8 de piedra.
De pronto, en lo i:ilto de un palncio se abre
una ventana gótica coronada de tréboleR, ceñida de jaspes. Y aparece una blanca beldan.visión de nieve y de luz- que se inclina hacia la góndola inmóvil, sobre la que deja caer

so de dolor y de amor, del que sólo debemos
despertar en un país de sombras, fríos y pálidos, en los brazos de la Muerte......
,
FROJLAN TURCIOS.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 19 d• Octubre de 1902.

Domingo 19 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
Los artesanos se quedaron con el mayordomo del señor en una pieza cualquiera, encogidos, sin atreverse á respirar fuerte, dispuestos á andar de puntillas, aturdidos por
aquellas alfombras en que se hundían sus
pies, por aquellos espejos en que se veían, por
aquel lujo. El pintor entró en el dormitorio
de su verdadero padre, latiéndole con fuerza
el corazón. ¡Al fin la naturaleza hablaba, aunque con voz débil! Un hombre en la madurez
de su vida, que debió de ser apuesto y guapo,
pero que era ya una ruina, aguar&lt;lábnle medio
levantándo,e en un sillón,
en el que permauecía clavado por la gota.
El pintor contempló (t
RU padre con profunda
lústimn, y adivinó él en
seguida al ca.la vera im1wuitente, envejecido antes
de tiempo, al Don .Juan
eterno, arrollado á la po
tre por su mismo liberti- ·
naje, viendo la muerte
próxima y queriendo á última hora, ante el precipicio á que voluntariamente había corrido, reconciliarse con Dios, ponerse bien con su conciencia. La postrer esperanzn
del muchacho, de ser al
menos fruto de un amor
contrariado, se desvaneci6 en el acto. Resultaba
doblemente hijo de la sensualidad.
El pobre enfermo abrió
los brazos, con los ojos
llenos de lágrimas. Sentía, ya tarde, despertarse
el único amor puro de su
vida.
-¡Hijo mío! exclamó.
El pintor se dejó abrazar y abrazó, pero á su
pesar resultó frío, y un supremo desaliento se asomó al rostro de su padre¡
vinieron después las explicaciones, las historias,
los secretos reveladoF:, to- 1
do un mundo de lágrimas y de miserias, de
otras miserias hediondas
y en nada parecidas á la~
trasparentes de la guardilla. La sociedad, el respeto debido á blasones y
apellidos ilustres siempre
limpioR, una porción de
disculpas del nefando delito perpetrado en la sombra y continuado en la
sombra, para salvar el
honor de una mujer que
ya no existía, que se hundió en la tumba, inmaculada en la apariencia, porque las manchas de la
conciencia no las ven los
demás...... El muchacho
oyó en silencio, agradeció
el reconocimiento, más
impuesto quizás por la
muerte, por el miedo al
castigo eterno, por las
mordeduras del arrepentimiento, que por el amor;
agradeció el nombre y la
fortuna, pero manifestó
LA
su propósito inquebrantable de continuar lo mísmo que hasta entonces.
Fueron vanas las súpliclt'l del enfermo, sus lágrimas. El vendría á verle, estaría siempre á
su disposición ...le querría, y afirmó esto con
gran trabajo, haciendose una violencia horrible,
por caridad. Su padre comprendió que todas
sus instancias se estrellarían ante aquella voluntad de acero, y dejándose caer en la butaca, murmuró con desesperada amargura:
-Es justol....... Es mi castigo!

Había concluído la entrevista. Despidi6se el
pintor del aristócrata y salió de la alcoba, reuniéndose con los artesanos. que, llorando en
silencio, con disimulo le preguntaron anhelantes:
-¿Qué?
El pintor no les contestó nada al pronto.
Les hizo salir del palacio, y ya en la calle, les
dijo con infinita ternura:
-¿Qué? ...... ¡Pues que no lloren ustedes
más, que yo no me separaré nunca de ~n ln-

Mil!TIATlJ'BA.
Entre la alegre turba del festín, sorprendí
la mirada de unas pupilas azules que se clavaban en las mías.
Luego. suspirando con tristeza., la vi llevar
se el dorso de su mano hacia los ojos y limpiarse una lágrima.
Palpitante de emoción, pensé entonces que
ern Pl a111or que llPgnha. C{mo &lt;le¡:¡fa.Jlecfo mi

0-

~os 6e la Suar6illa.
I
tic~a de queaq;1el honrado y vulgar
elhdo de Rodr1guez que había llevado siempre, no era el suyo, y de que
le correspondía nada menos que el muy ilustre de Guevara de Silva, le produjo al pohre
pintor de puertas el efecto de un mazazo descargado sobre el cráneo de improviso. La
nueva era tan estupenda, que le anonadó, y
Hecesitó ver en su casa el notario para cohvencerse de que no padecía una pesadilla terrible. Cómo! El, que se creía nacido allí
en la humilde guardilla, á la luz del día, el~
los amores castos de dos artesanos que con
la abnegación de todos los desheredados. ~ompartí'an resignadamente su escaRez, entre las
risas de felicidad
de unn miserable
menestrala que Re
conf-i&lt;leraba rica
con su niño, resultaba ahora ve•
nido al mundo en
un hotel alquilado en
país extraño al de la mujer seducida, para ocultar su falta, en las sombras del misterio, entre
las inquietudes de una infeliz atenta á que no queoase rastro de su caída,
para volver al mundo con
la máscara puesta! ...... ·

Pasado su estupor, con un sollozo en el pecho, que Re hinchaba"y crecía como una ola
próxima á romperse, sintiendo en el alma el
P,f!co1.or de una herida que manaba f!angre,
habló con sus padres adoptivos v les exigió la
verdad dei::nuda por cruel que fuera. El desgraciado matrimonio, otro pobrn pintor de
hrocha gorda, al que él debía las enseñanzas
&lt;lel oficio, y una sencilla é in!!'enua planchadora, resifitiéronse cuanto les fué posible á la
confidencia, no queriendo ser ellos mismos
los que descorrieran el velo que cubría la triste infancia del muchacho.
- Yo les agradezco á ustedeR esa piedad, les
&lt;lijo el joven; pero es inútil. ¿.No sé ya la verdad? Pues quiero conocerla con todos sus detalles.
·
No se convencieron ni el marido ni la mujer; escucharon con 1a cabeza baja, él dándole vueltas confuso á la gorra, y ella llorando
hilo á hilo. Representa.han ambos en aquel
sombrío drama de familia la parte generosa y
noble, y parecían, por E&gt;l contrario, loR culpables, en fuerza de compasión por la criatura á
quien hahfa.n criado en su hogar. Al cabo,
pregunta por pregunta, acosando á sus padres
adoptivoR, pndo reconstruir el paRado y supo
que, realizado su nncimiento clandestino, quizás sin tiempo para recibir un solo beso de su
madre, fué depositado en el torno de la Incluf'a: que dado á criar fuera del eRtablecimiento
á la planchadora, que acababa de perder un
hijo, cobróle ésta tanto cariño, que no quiso
devolverlo á la casa y se qued6 con él, prohijándolo en debida regla el matrimonio y acordando ocultarle la verdad de Rn origen, para
evitarle la tristeza y el rubor de su desgracia
cuando llegara á grande y 1&lt;e hiciera un hombre; una hermosa historia de abnegación, en
¡;:urna, llevada á cabo ron ese i:,anto heroísmo
del pdhre que acomete los msi.yores ¡;:acrificios
por enjugar unas lágrimas que nada le importan y que no ha contribuído á verter.

¡Gastos, hambres, angustias, toda una i::erie
de dolores sufridos con paciencia, viendo al
niño desarrollnrsr, colorado y rollizo como un
rollo &lt;le manteen, y cuando recogían el fruto
de sus desvelos, le perdían! El pobre pintor
no pudo despegar la lengua, y de que sus padres concluyero11 su confesión, les abrió sus
brazos, en los que ellos re precipitaron, balbuceando:
-¡ Quién había de decirnos que nos quedaríamos sin ti!

II
Resnltó una escena imponente. Reconocido
el hijo, el padre quería verle, y le llamó á su
palacio. El pintor acudió indiferente y sereno,
sin odios, pero sin
amor al hombre á
quien debía la vida. Este nombre
de padre, cayendo
de pronto sobre él
desde la opulencia, no le decía nada al alma; le Ronaba á hueco. El
. cariño filial no se injerta,
se siembra. Una mañan.-:.
fuése, pues, allá el pob,3
muchacho, acompañado de
los artesanos, que no quisieron dejarle solo.
El únicamente llegó hasta la alcoba de su padre.

CORONACION DE LA VIRGEN DE LA LUZ.-Aspecto del Presbiterio de la Catedral

al leerse el acta de la ceremonia.

do!. ..... ¡Que yo no tengo más padres que los
de la guardilla!
ALFONSO PimEz NIEVA.

alma en aquelloR momentos! Mi pobre alma
abandonada!
-Oh mi dicha! la dije dulcemente lleno
de rubor. ¿Por qué me miras así?
'
. -¿Sabes por qué?. me contestó. Porque tus
OJOS negros y pensativos me recuerdan los de
mi pobre Juan. Oh! loe ojos siempre tristes
de mi amado ..... .
RAFAEL ANGEL

TROYO.

�bomingo 19 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

:ffiL MUNDO ILUSTRADO

..

Mendoza y Luna fué el que coloc6 la primera
piedra.

***

Entre las dependencias notables del vetusto conven½&gt; se encuentran, por lo demás, el
subterráneo, que es un segundo edificio y que
se halla, en partP, derrumbado· y la «Capilla de los Secretos,i, en que se 'observa un
curioso fenómeno de acústica: de una extremidad á la otra se percibe el más ligero sonido.
Las bóvedas son una positiva curiosidad y
al mismo tiempo una obra maestra de ai·quitectura; su construcción es muy atrevida,
están C&lt;Yoladas.ii Las cúpulas son majestuof'as
y se conservan :¡:&gt;erfectamente, llenas por dentro y por fuera, de innumerables inscripcioner-.
Hace algún tiempo se eRtablecieron en el
interior del edifirio unos hornos para vidrio
y esto contribuyó á que las capillas y las ce{
das imfrieran un deterioro lamentable.

EL CONVENTO.

El 13esierto de los Leone~.
La Capilla de los Secretos.

OCOS lugareR, en nuestro país, ofrecen panornmas tan bellos y variados
y reliquias hist6ricas ta!'\ interesantes,
·· como el Desierto de los Leones, punto
hermosísimo de las cercanías de México visitado con relativa frecuencia por las familias y
por los turistas.
Nada hay, en efecto, comparable á ese derroche de galas de la Naturaleza, en todo el Valle, quizás en toda la República: poblado de
árboles gigantescmi que dan sombra y fre..:;cura á aquel recodo de la sierra maravillosamente fecundo, atrae desde luego y se impone
al espíritu despertando la idea de lo granclioso, con sus arcadas ele verdura espléndida y
su suelo cubierto de flores y de musgos...... .

El interior ...... es un laberinto; un laberinto en el cual, el que por primera vez visita

***

1 1

1

1

¡

De una quiebra del camino surge, imponente, el viejo convento de carmelitas descalzos, edificado en aquel delicioso retiro en los
, primeros tiempos del gobierno colonial. A la
entra.da, ruiuosa y ennegrecida por el tiempo,
se conserva en pie todavía la capilla quepara los profanos construyeron los religiosos:
sui&lt; paredes, cubiertas de heno y de hierbas, denotan el abandono en que yacen las ruinas,
cobijadas piadosamente por uno que otro arbolillo que se antoja el guardián de un sepulcro ..... .
La entrada al convento, á la que se llega
por una amplia escalera, nada tiene de notable: un arco sólidamente construído, esto es
todo. Después, un zaguán, y una pieza á la
derecha; en seguida, el patio, cuadrilátero, en
que probablemente estaba plantado un jardín.

Grupo de excursionistas.

aquellos lugares, se pierde: puertas, arcos, ventanas, celdas, bóvedas, patios; todo parece
ignal á lo que antes se ha visto; nada hay que

sirva de punto de mira para orientarse allí...
De boca de algunos montañeses hemos recogido una tradici6n que consignamos, no á
título de verdad hist6rica. sino como página
arrancada al libro de anécdotas que guardan
los sencillos moradores de aquel punto.
En aquel tiempo-los primero~ tiempos de la
Colonia-salió de la capital de Nueva España un religioso que se dirigió, en busca dfl un
campo fértil y apartado del bullicio de la Metrópoli, hasta aquellos lugares. Subió las primeras montañas, llegó á la altiplanicie desde
donde México se ve tendida como en un lecho de esmeralda, y no encontr6 en su camino alma viviente que le brinclara abrigo en
su choza, ni agua que beber, ni lumbre á que
sentarse por laR noches...... Las monuiñas
más inmediatas á la. capital eran muy áridas;
un poco m/Ís allá, eran fértiles.
Un día, al caer la tarde-sigue la tradición,
-el religioso se encontró en el «Desierto»,
descendió hasta el sitio en que se ven las ruinas, y allí halló el agua en abundancia,
hierbas alimenticias y árboles cargados &lt;l~
frutos, y di6 gracias á Dios por haber encontrado aquel asilo y refugio contra todos los males y las asechanzas del mundo.
Bien pronto llevó á otros religiosos, y ,-e formó una comuni&lt;lad; un ejército de indios comenzó á levantar Pl convento, colocándose solemnemente la prinwra piedra del edificio iÍ
principios del siglo XVII, según reza una lápi •
da que á duras penas puede hoy descifrarse. Se
ve en ella el apellido ((Mend0za» y la fecha 23
de enero de 1606. Las abreviaturas hacen más
difícil, la lectura de esa curiosísima inscripción. Probablemente, el Virrey Don Juan de

Volveremos á ocuparnos del «Desierto de
los Leonesi, al dará conocer algunas otras fotografías del pintoresco lugar, tomadas expresamente para «El Mundo Ilustrado.i,

Domingo 19 de Octubre de 1902.

LA CANCIÓN

DEL GITANO
l\lientras la niña
borda el pañuelo,
desde las ramas
del árbol seco
que tristemente
se 1,1ece al viento.
dos pajarillos
·
ven en ,ülencio
de la rloncella
los rizos negrns,
la falda hlanca,
el albo tuello,
las manos suaveR,
los finos dedos,
que van y vienen
sobre el pañuelo ......
Como las aves,
ha mucho tiempo
que cuando paso
lo mismo veo ......
Tendrá la niña
los ojos negros?
&gt;&lt;UH dulces labios
¿r.;erán tan bellos
t·omo laR flores
color de fuego
de los granados
y los mastuerzos
que tras la tapia
ú entre los setos
tal asemejan
soler; pequeños? ........ .
¿Será su frpnte
como el reflejo
que á veces vaga
&gt;&lt;Obre el sendero
cuando.lit nie,·e
tendió su vPlo
y á mediit noche,
como en los ,meños,
mientras la luna ·
se alza en silencio,
sus rayos bajan
buscando el suelo
y entre la nieve
dejan un beso? ..... .
Su rostro amado
es un misterio ......
tanto se inclina
sobre el pañuelo,
que sólo he visto
sus rizos negros
cayendo en ondas
sobre sus dedos ......
En vano agito

Un ánaulo de la capilla principal.

y alzo el pandero;
en vano el oso
gasta su ingenio ......
--Aquí, Neluskol
venga el sombrero!
baile una jota!
¡hágase el muerto!. ..
Y el oso, grave,
que toma en serio
cuantos papeles
para. él inventó,
hace piruetas,
baila un bolero,

pide la mano,
toca en un cuerno,
y en un platillo
junta el dinero,
mientras las risas
de los chicuelos
que en ondas suben
al firmamentc,
muy pronto apagan
los roncos ecos
que por los aires
dej6 el pandero ......
Mas todo en vano;

en vano vengo,
en vano el oso
gasta su ingenio ......
Como las aves,
ha mucho tiempo
que cuando paso,
tan sólo veo,
cual mariposas
que junta el viento,
sus manos blancas
de finos &lt;ledos
que van y vienen
sobre el pañuelo ......

SONETO
El P:esidente de _la Real Academia Española
ha escnto con motivo de los Juegos Florales de
Segovia el siguiente soneto:
¡Oh! los que osáis, modernos trovadores
Dispu.tarme la flor tan deseadfl,
'
Que s1 pasa á las manos de mi amada
La ensalzaréis por Reina de las flores'.
Sabed
ella me inspira·' en miR amore"'. '
, . que
F antaRtico
amador, la vi crea&lt;la
Para ser por el mundo coronada
No por sólo el Eresma y sus pastorei:.
Obra humana no fué la hermosa mía·
La sacó un ángel, que bajó del cielo
'
De un mármol que labró su fantasía'.

Vista exterior.-Las bóvedas del Con vento,

l\Ias por que otro ejemplar no viera el suelo
Al v?lyerse al Señor, de quien venía,
'
El d1vmo escultor rompió el modelo.

�bomingo 19 de Octubre de 1902.

EN EL CONSERVATORIO.
Publicamos hoy una fotografía del grupo
coral de alumnos que forman el Orfeón del
Conservatorio Nacional de Música, con motivo
de los lucidos exámenes que sustentaron días
pasados.

biado; las famosísimas «cargas» de Hoche ó ele
Murat, que tanto~ éxitos conquistaron, no tuvieron enfrente el Maüser ó el Lébel de nuestros contemporáneos, y el general Murat pudo,
de este modo, llegar mil veces á las filas de sus
enemigos, á la cabeza de sus dragones, sin que
un proyectil certero le detuviese en su triunfante ataque.

El Orfeón del Conservatorio,

. Los ejercicios de prueha conRtituyeron una
verdadera audición, altamente orncionada por
el numeroso público que llenaba el salón de
actos.
El Orfeón cantó once números del hermosísimo oratorio ele Méndel'lsohn «Paulus,,, de
factura exquisita y sentimentalismo admirable. La señorita Julia Zepeda y el alumno M.
Bech, com·o solistas, obtuvieron nutridos
aplausos.

Et MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADÓ

Las «instantáneusn que reproduce hoy esta
plana de nuestro semanario, darán idea á lo~
lectores, de la práctica ele Hipología, obligatoria para todos los alumnos del Colegio Militar.
En los primeros días de la ~cmn.na que ara-

Sin embargo ele las artuales condiciones, la
energía física del soldado es aún un elemento
indispeneable en él, y así lo estiman todas las
naciones adelantadas. El soldado debe manejar con maestría el fusil; debe estar al tanto de
la Topografía y de la Fortificación, de la construcción de puentes y de la Telegrafía; pero aJ
mismo tiempo debe ser sano, robusto, ágil,

.
....
EN EL COLEGIO MILITAR

EL BAILE EN OAXACA.-Un grupo de señorita.

EJERCICIOS HÍPICOS.
En poquísimos establecimientos de instrucción se aprovechan laR horas de trabajo como
en nuestro Colegio Militar, y de ello dan prueba los magníficos resultados que, año por año,
ofrecen los exámenes de este plantel.
En el programa de sus estudios ocupa naturalmente y desde hace mucho tiempo un
lug11.r principalísimo la cultura corporal, sin
que por esto la intelectual se vea desatendida
en lo más pequeño.
Pasaron ya los tiempos en que los mejores
soldados eran los más vigorosos, los que mayor
número de enemigos podían abatir al empuje
de su lanza, los más astutos y enérgicos en el
cuerpo á cuerpo, y al cultivo de estas virtudes
reducíase casi la educación del guerrero.
Hoy, como es natural, los tiempos han cam-

ba de transcurrir,ltuvieron lugar los exámenet&gt;
de esta materia.
Los cadetes, en general, demostraron notables adelantos.

EN HONOR DEL GOBERNADOR DE OAIACA

acostumbrado á las fatigas y animoso para intentar los mayores esfuerzos. La vida al aire
libre y siempre en acción, le instruye y vigoriza; los ejercicios atléticos perfeccionan su
vista, afinan su oído, educan su tacto y desarrollan, en fin, sus facultades todas.
Por tal razón, la clase de Hipología forma
parte del sistema de educación seguido en el
Colegio Militar. No basta que el soldado sea
sobrio y sufrido, cualidades que, por fortuna,
Hon peculiares de nuestro Ejército; es preciso,
además, que desde el general en jefe hasta el
último individuo de tropa, puedan en un roo- __
mento dado luchar contra obstáculos para los
cuales sólo se requiere vigor y habilidad físicos.

Con motivo del día onomástico del Sr. Lic.
Miguel Bolaños Cacho, Gobernador interino
de Oaxaca, muy querido eh aquel Estado, se
celebró en el Palacio de Gobierno un suntuoso baile, al cual concurrieron numerosas familias de la mejor sociedad. Las señoritas vistieron lujosos trajes, de fantasía.
En uno de los sitios más pintorescos de los
alrededores se verificó, además, un día de campo en que reinó la más franca animación.
Publicamos un pequeño grupo de señoritas
concurrentes al baile, y otro, más numeroso
de las familias y caballeros que asistieron al
día de campo.

Los conc11rrentes al día de campo.

Domingo 19 de Octubire de 1902.

�Domingo 19 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
habla más que para contestar; jamás expresa
el deseo de manifestar el gozo, la melancolía ó
el enternecimiento que se reflejan en sus bellos ojos, donde se encierran las harmonías de
la luz entre las sombras tremulantes. Su alma
me llena de una dulce inquietud; quisiera conocerla, y, sin embargo, encuentro en su misterio un adorable flncanto; acaso, ó sin duda
alguna, rehusaría yo á aquel que me ofreciese
la facultad de penetrar el secreto de esta deliciosa mujer. Es muy inteligente; sus contestaciones, justas, de una elegante concisión,
encierran en sí una mezcla de timidez y atrevimiento.
Y yo no pienso más que en ella¡ mi corazón se ha tornado realmente insoportable¡ el
universo ha crecido para mí; me parece escuchar interiormente el rumor de todos los siglos, de todas las dolorosac, y magnas generaciones que vivieron y murieron para que el
amor fuese más hermoso, para que la historia
del esposo y la esposa fuese tan vasta, tan bella, tan harmoniosa como los abismos constelados de estrellas.
18 de junio.

Castillo de la Serraz.-14 de mayo de 1857

UINCE días hace
ya. que las autoridades federale8 nos recluyen en este viejo
rincón perdido.
Todo un pequeño
mundo de republicanos y de revolucionarios: franceses, austriacos, venecianos,
polacos, rusrni, acuartelados con nosotr&lt;;&gt;S en
los antiguos salones en que antaño florecieron
los señores de la Serraz y sus respetables soldadones. No se sabría, en verdad, idear una
tiranía más encantadora. Nuestros guardianes llevan hasta el extremo su cuidado para
los «cautivos." Estas buenas gentes están orgullosas de tenernos, y la población vecina
nos saluda respetuosamente, con el sombrero en la mano, cuando nos ve salir; pues
nosotros salimos cuando noe place, y nuestra
palabra basta para garantizar todas las licencias. Yo mismo, días pasados, llegué mucho
después de la hora de la cena, y he encontrado al ,·iejo guardián Mermoz en actitud melancólica.
-Vuestro guisa.do estará frío ya., señor Durville ...... y mi espo~a se había esmerado ..... .
Compartí con él su pena, prometiéndome
no volverá entrar deRpués de las siete.
El país es un encanto. Un lago fresco, claro, impresionable á los cambios del cielo,
igual á una criatura viviente; parajes en donde pasta el ganado y se hace oír la soñadora
vibración dE-1 cencerro, y cien montañn.R en el
horizonte, verdes, violáceas, cuhiertns de nieve, en donde cada. aurora y cada crepúsculo
renuevan sus yastas, sutiles y divinas decoraciones de luz. Además de esto, un tiempo t.
la medida del de~eo, propicio á los ensueños
v á las divagaciones; una dulce sonrisa de
primavera, de cuyo seno surgen las p rimeras
florecillas, á los hordes del agua temblorosa.
E11 cuanto á mis compañeros de destierro,
casi todos son personaR agradables. Salvo dos
ó tres fanáticos. de aquellos que engendran
las enfermedades del hígado y el estómago,
son en su mayoría hombres alegres, ruidosos,
bastante habladores, buenos teorizantes, que
sólo se vuelven fastidiosos .(•uando las discusiones políticas se prolongan demasiado.
Casi todos, como vulgarmente se dice, dispuestos á «estrangular al último cura con las
entrañas del último rey,i-en teoría. Hay, sobre todo, un gigante ruso, con cabeza de león,

gran melena, ojo_s fulgura~tes, voz furibunda
que entona canc10nes terribles ...... ccLos empalaremoE ..... .los ahorcaremos ..... .los dPgollaremos ...... i&gt;, á la manera de aquellos guerreros australianos que. juran durante tres días
y tres noches c&lt;romperse los brazos, romperse
ias piernas, romperse la cabeza, rompers~ el
espinazo etc., etc.," y acaban por romper Juntos el la¡o de la amiFtad. En ei:pera de la
sano-rienta matanza, el buen Retchnikoff devor~ cada día diez libras de carne, dos docenas de huevos, un pan de cuatro lib:as, . seis
kilos de frutas y legumbres, y hebe diez litros
de vino y cerveza, pasmando de admiración
y asombro á los dos guardianes, á los gendarmes y á las esposas de ést&lt;;&gt;~, á quiene~ llena
de propinas, pues su familia posee cien leguas de bosques, de trigales y de ríos repletos
de pesca en Rusia.

ficiales á pesar suyo. Siempre acompañando
á su p~dre en todas sus salidas, sea en los corredores y jardines del palacio, i-ea á traYés de
las praderas y de los bosques, deja. adivinar
que abriga hacia el autor de sus días un amor
que es más bien una religión.
Naturalmente, toda la banda de prisioneros
se halla en éxtasis ante esta admirable veneciana; el mismo Retehnikoff ha olvidado sus
sanguinarios refranes y sus propósitos aterradores; los jóvenes adoptan la actitud de Romem•, y los viejos no descuidan la menor apariencia. El doctor ha venido á ser el soberano
absoluto de La Serraz; con la particularidad
de que, acostumbrado á estos c~mplidos _de
carambola, no les concede gran importancia.
E ignoro por qué soy el preferido de este buen
viejo, que me ha hecho acompañante suyo en

/"

-

~,itU!i!lt, /

111'

27 de mayo.

Dos nuevos prif:ioneros han llegado á La
Serraz. El primero, el doctor Ojetti. un veneciano afiliado al carbonarismo y varias veces sumergido en los calabozos de Austria, es
un hermoso viejo al estilo de su país: vivo,
seco, ojos entenebrecidos, gesto encantador,
palabra fácil, sal picada. de metáforas y supe:lativos inteligencia clara y penetrante, nutndo al ~ismo tiempo de ciencia, de arte y de
literaturas antiguas; entusiasta ar;imismo, lleno de ilusión respecto á la unidad italiana
y siempre dif puesto á sacrific~r la vida 6 la.
libertad en aras de sus creencias. El otro cautivo-una c:iutiva-es la misma hija. del doctor admitida. en La Serraz por favor especial,
á c~ndición &lt;le vivir con las hijas del guardián
l\Iermoz.
Francesca Ojetti es, por todos conceptos,
del'lum bradora.
El día y la noche se escapan á la vez de sus
hermosos ojos color &lt;le ametista, su tez supera
eri transparencia y suavidad á los pétalos de
la rosas alpinas; cada uno &lt;le sus gestos y sus
ademanes acusa a.l momento el exquisito cuidado que la naturaleza ha tenido en perfeccionarla. Peculiaridad suya también es la de
permanecer casi siempre silenciosa; rara vez
se escucha su voz, en que se mezclan las vibraciones del oro y el flexible acento del agua
que corre. Es triste, pero no con esa tristeza
que oculta casi siempre un mal flsico; por el
contrario, surge de ella una saludable harmonía una gracia divina y fuerte. No evita la
pre~encia ni la conversación de las gentes; pero en su actitud desconcierta las almas super-

todos sns paseos, por qué me estrecha la mano
como á ningún otro y aun logro algunas de las
raras sonrisas de la. joven.
Salimos los tres, cuando declina la tarde,
cuando el sol finge mil cam hiantes en el horizonte, y las montañas, coronadas de hayas y
abetos, alargan sus sombras sobre las planicies.
OjetLi charla sin descanso; su alma es un
Yivero de anécdotas y un almacén inagotable
de recuerdos; su conversación bulle, se agita,
reluce, y hace ver en un instante mil siluetas
de seres, mil acontecimientos, mil aspectos de
alma. Este hombre es un maravilloso educador;
no sabría lanzar una idea sin darle la agudeza,
la forma, el gusto que la hacen penetrar corno
una obra de arte y saborearla como una golosina.
Y Francesca, silenciosa, escucha. Nunca

Sin embargo, es verdad! El misterio me ha
hecho objeto de su preferencia; los profundos
ojos de ametista se iluminan al mirarme; la
sonrisa es confiada; sobre el rostro fulgurante
mi llegada hace asomar algo como una dulce
bienvenida. Cuando la veo de lejo:-i, mi corazón se llena de espanto; pero de cerca, merecobro por completo, como al borde de un precipicio sembrado de trepadoras en flor. Y
Francesca no hace ningún esfuerzo para disimular su alegría: la más ligera sombra de coquetería está ausente de todos y cada uno de
sus ademanes. Vive en su belleza como un rey
poderoso en su imperio; ignora ó quiere ignorar toda seducción reflexiva, que, por otra
parte, sería bien inútil, pues que posee, para
ganarse á todas las almas, su dignidad y la
fuerza invencible de su silencio.
25 de junio.

He gustado por vez primera, como un favor
divino, aquella dulce acogida que asomara en
los labios de Francesca. Mas la angustia me
ha penetrado también; la misma franqueza de
la joven se ha vuelto un suplicio para mí; temo que llegue algo que es lo peor para aquellos que aman: la falsa separación-esa cruel
familiaridad que la amistad engendra y que,
al prolongarse, excluye toda esperanza de un
afecto más vivo y consolador. Aún podría yo

resignarme, pues concibo como ccdemasiao.o
hermoso,&gt; un porvenir en que se mezclara el
amor de esta maravillosa criatura, y, por lo
demás, siento, sé que Francesca no se rasará
nunca por pura amistad: que antes permanecerá sienc.o la feliz y devota compañera de su
padre.

II
lo. de julio.

Hemos subido hoy hasta la aldea de la Meseta; la montaña reviste su gran túnica deslumbradora, sembrada de todas esas flores silveatrcs que !'e mecen en los débiles tallos, de todos
esos fragmentos de luz, de tocios esos pequeños
breñales que hallan su instante de gloria sobre
el agrio flanco de la roca, en los minúsculos
jardines colgantes hechos del polvo de las piedras pulverizadas átomo por átomo á través de
los siglos. Las hayas se yerguen como un ejército en batalla; los abetos se estremecen todos
.
. .
e11 un mismo
movimiento,
al paso de la' brisa
estival. Nos hemos detenido al borde de un
torrente, contemplando las agitadas ondas, y
Francesca ha franc¡ueado el puente y se ha
puesto á tomar un boceto al carbón.
Ojetti, interrumpiéndose en medio de su jardín de anécdotas, me ha dicho:
-Estáis pálido y triste. No cre~is que acaso os sería fácil confesaros conmigo?
Yo le miré. Sentía me sin aliento, paralizada
la sangre en mis arterias, abmma.do al peso de
mi angustia, y le respondí:

:\Iuy tardP, en las noches
Del invierno tétrica!",
Cuando el viento gime
Y gimiendo besa
Los desiertos nidos
En las ramas secas,
Cuando todo calla.
Y se oculta y tiembla
Y la nieve cae
Silenciosa y lenta,
De la mar emerge
En las olas trí:mulas,
La barca fatídica,
La góndola negra.

Agitando, sueltan
Esas plumas diáfanas
Que caen cuando nieva.
Abajo las gentes
De pavor se hielan,
Entran en sus casas
Y cierran las puertas;
Luego junto al fuego
De las chimeneas,
Se agrul?an los chicos
Y el abuelo cuenta
Un cuento que llama:
La c,Góndola Negra."

Los niños que mueren
Y sus cunas dejan
Y por miedo al frío
Se van de la tierra,
Sus alitas puras

«En invierno-dice
Con turbada lenguaEn invierno, triste
Cada vez que nieva,
Cruzan en silencio
Las calles desiertas

Domingo 19 de Octubre de 1902.
-No podéis adivinarlo?
-No ccdebo" adivinurlo. Vuestro dolor no
aumentará por haber sido confiado. No estáis
seguro de mi simpatía hacia vos?
Entonces le hablé muy bajo, casi al oído, y
él me replicó tiernamente:
-Soy todo vuestro, y, por otra parte, abrigo una gran esperanza. Sin embargo, no qui¡;iera yo pesar un solo escrúpulo en el destino
de Francesca, ya que tengo clemasiada autoridad sobre ella. Queréis hablarla vos mismo?
-La hahlaré.
Hallábame presa de profundo terror. El misterio era más profundo; sentía. el abismo ahondarse bajo mis pies. En el momento en que
me acercaba á la joven, parecióme escuchar
cerca de mí las palabras del;Gran Maestro:
c,Lasciati ogni speranza,» y fué en verdad á la
puerta del Infierno á donde llamaba, cuando
hube llegado al otro extremo de la pradera.
Al acercarme, Francesca cesó de dibujar.
Levantó hacia mí el rostro, y en sus ojos en
que aún se advertía la abstracción de su trabajo, vi que ella no tenía ninguna idea ningún pensamiento de lo que iba á deci~la, y
sentíme turbado de pronto. Ella advirtió mi
turbación, y una sombra de inquietud se extendió sobre su frente.
La hablé, trémulo en un principio, más tarde, hallando algún calor para ofrecerla mi vida•
y á medida que yo hablaba, ella palidecíamá~
y más. Cuando terminé, estaba ella ante mí
inclinada la cabeza, las manos trémulas s~
divina boca contraída por un gesto de te;ror.
Guardaba silencio; parecía no querer ni poder
formular una respuesta.
Y vo añadí:
-Os he ofendido?
Ella respondió .al cabo, á costa de un esfuerzo:
-No, no me habéis ofendido.
-Puedo concebir algm~a esperanza?
-No_ puedo respo~deros; lo ignoro tanto
cuanto ignoro todo mi porvenir.
Yo repuse, desalentado y humilde:
-~o es más que la ignorancia? No sentís
n:.ás bien que yo no puedo haceros feliz?
-En este momento yo no 1:1iento nada ni
en contra ni á favor de vuestra persona ....'..
-Estáis mortalmenle pálida cual si os hallaseis dominada por el horrnr.'..... .
Ella bajó sus ojos llenos de sombra..
-Os equivocáis: no es el horror· es el espanto. -(CONCLUIRÁ.)
'

Procesiones largas
De ánimas en pena.
Salen de poblado
Y van á la selva
De árboles desnudoR
Y altos, que semejan
Turbas de esqueletos
En macabra fiesta.
Después á la playa
Las ánimas llegan
Y allí se arrodillan
Y lloran y rezan ..... .
¡Pobres! Son las ánimas
De lor; que en la tierra
Se hurta.ron infames
Las cosas ajenas;
De los que marcaron
Con !&lt;angre sus huellas
De los que perjuros '
Llenaron de afrenta
A la virgen cándida
O á la esposa tierna!

·····························
Llorando y rezando
En la playa esp~ran,
Hasta que en silencio
Viene y se las lleva,
La barca fatídica
La góndola negra'."
Usted que es dichosa
Usted, Luisa bella, '

J J{.

JioSUJI.

[Traducción de "El Mundo Ilustrado."]

Que en su hogar tranquilo
Amorosa reina,
No sabe esas cosas
(Ni nunca las sepa!)
Que llenan de luto
La faz de la tierra,
·····

························

Cuanclo del invierno
Las veladas vengan
Y caiga la nieve
Silenciosa y lenta,
Haga usted que cierren
Que cierren las puertas'
Encienda la lumbre '
De la chimenea,
Y con su marido
Acuda contenta
A cuidar el sueño
De la prole bella.

y· ~f~~i~: :: ·.·.·· q~~- :p~~~~~'
Las almas en pena,
Que alcancen llorando
La playa desierta
Y llenen medrosas
La góndola negra ...... !
JAVIER SANTA MARÍA.

�El Vigor del Cabello
del Dr.Ayer
UD art\ouh
det.ooador, pet-

•

fumado, de lot
mas delir,ados,
oon cuyo uso e'
cabello se pone
suave, flexible
y lustroso. De
, vuelve al oabel
' lo descolorido y
,n-1s la frescun
BU primer
color ; oonsern
la cabeza libl'tl
de caspa, sana los humores molestos t
t m pide la caída del cabello. Hao
crecer el cabello, destruye la aspe
~ulera se emplea

EL

Mu Noo

AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 17.
Dlrecton LIC. RAl'AfL Rfl't&amp; &amp;PINDOU.

ILUSTRADO

MÉXICO, OCTUBRE 26 DE 1902.

Subscripeión mensual foránea , $1.50
l aem Jdem . en la.capita l, ,. 1,25
Gerente: LUf&amp; RHf&amp; &amp;PINDOLA.

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El Vigor
del Cabello
del Dr. Ayer
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J.l.l'1.

'~FOSFAmTNA
lJAL'~'lJ'su
es el alimento más grande y el más recomendado paralos
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desde la edad de seis á siete meses, y particularmente en el mn

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Conservatorio Nacional de Música</name>
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                    <text>El Vigor del Cabello
del Dr.Ayer
UD art\ouh
det.ooador, pet-

•

fumado, de lot
mas delir,ados,
oon cuyo uso e'
cabello se pone
suave, flexible
y lustroso. De
, vuelve al oabel
' lo descolorido y
,n-1s la frescun
BU primer
color ; oonsern
la cabeza libl'tl
de caspa, sana los humores molestos t
t m pide la caída del cabello. Hao
crecer el cabello, destruye la aspe
~ulera se emplea

EL

Mu Noo

AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 17.
Dlrecton LIC. RAl'AfL Rfl't&amp; &amp;PINDOU.

ILUSTRADO

MÉXICO, OCTUBRE 26 DE 1902.

Subscripeión mensual foránea , $1.50
l aem Jdem . en la.capita l, ,. 1,25
Gerente: LUf&amp; RHf&amp; &amp;PINDOLA.

ae

El Vigor
del Cabello
del Dr. Ayer
T ff
J.l.l'1.

'~FOSFAmTNA
lJAL'~'lJ'su
es el alimento más grande y el más recomendado paralos
·l: i
Ul.U~
desde la edad de seis á siete meses, y particularmente en el mn

Dll'IOI

J;

suplanta todas las

demu

pre.-.

oiones y pasa , ser el bvortto de lu

sefl.oras y caballero&amp;.

mento del destete y durclnte el período del crecimiento. Facilita mucho la dentición; asegura la buena !ormac!ór
de los huesos; previene y neutraliza los detectns que suelen presentarse al crecer. é impide la diurea que es tan fr., Preparado por Dr. J. O. A,,_ , C..
Lowell, Mua., E. U, l..
cue11te en los nlf!os. -PARIS 6. AVENUE VICTORIA, Y EN TODAS LAS FARMACIAS.

t

~•aro•-~
•tJ •• ntu 9.-,!Elf•-

1

~

~1
1

edificio de la ezposición «aciona/ en 4oluca.

10 P~SUS

VALB EL MOLINO ECONOMICO

�Domingo 26 de Octubre de 1902.

LA BELLEZA DEL PIE

l

El pie, como la mano, como 1a oreja, como
la boca, tie1.e no s6lo su género de belleza peculiar y propio, sino que, contra lo q_~e era de
esperarse, es susceptible de expres1on y de
sentimiento. El pie no s6lo es capaz de hablar
á los ojos, de halagar la vism con sus_ proporciones y sus contornos, ?e de~pertar ideas ~e
belleza meramente plástica, smo que entrana
6 puede entrañar conceptos superiores de belleza pormenores estéticos que pasando más
allá de las pupilas, van al encuentro del espíritu y del corazón.
Hay, pues, pies clásicos, románticos_ y decadentistas; los hay realista1&lt;, m_odermstas Y
simbolistas; místicos y prerrafa~hstas; los hay
líricos, épicos é idflic~s;. ~elod1stas y armonistas Gluckistw y P1ccimstas.
Hay el pie fino, esbelto. elegante, de !alón
sonrosado y uñas nacaradas, de proporciones
armoniosas, de curvas suaves y prolongadas
que recuerda_n ]a estatu~ria griega y las forn:i~s
ágiles y graCJosas de D~ana. Lo hay ta~b~en
vigoroso poderoso, ma¡estuoso, firme y solido
que recu'erda la olímpica serenidad ,Y el pod~r
soberano de Minerva. Hay la vanedad ccmignonne » el piececito menudo, ágil, juguet6n,
con el que las j6Yenes juegan como juegan con
el abanico. El pie lánguido, soñador_, evaporado, se desliza sobre la alfombra sm to~rla casi vive en el escarpín como en un retiro,
lejos d~ las miserias y de la prosa del mund~;
el pie andaluz es descocado, encor:'a su emp_eine como para salirse de la zapatilla y espiar
lo que pasa fuera; pisa fuerte, camina firme Y
no está jamás en reposo.
Gretchen ostenta un pie linfático, lento y reposado; pie doméstico, cons~grado al hogar .Y
á la familia; abnegado, Jabonoso y_ fiel. El pie
italiano es trágico, ardiente y apasionado; a~a
hasta el delirio ú odia hasta la locura, sm
matices ni términos medios; es moren?, sa~guíneo, impetuoso y poderoso_. . El pie pa~isiense es como la fisonomía pansiense, c&lt;_chiffoné,» asimétrico, irregular¡ carece de ~meamientos clásicos,. de proporc10n~~ armo_mosas;
pero e~ t?do grac~a y tod? expres10n, chispeante, espuitual, epigramático y suele ~a?er muecas alarmantes de gracia y de mahc1a, tener
mohines de c6lera felina y refinadas coqueterías mundanas.
, .
.. .
r,
El pie inglés es practico y utihtano; mas
que pie es calzado; éste lo protege como las
corazas á sus buques de guerra, lo oculta Y
disimula como la diplomaci_a d~ Lo:ndres los
designios británicos; en el pie bn~mco no_ se
ve más que la bota, como en la_ fisonomía mglesa la impavidez. Puede decirse que es un
pie enmascarado; nunca se sabe lo que el calzado tiene dentro.
El pie yankee es, sobre todo, una base de
sustentaci6n, un punto de_apoyo Y. un 6rgano de movimiento. Nada dice, funci~na; nada
expresa, trabaja;_no habla al al~a, smo al raciocinio. A ese pie no se le adnnra:; se le calcula como la resistencia de materiales; es un
arm~z6n de huesos revestido de un paquete de
músculos y de tendones que funciona con la
regularidad de un mot6n y la energía de un
polipasto.
El pie mexicano es ~n injerto de andaluz y
de azteca. En su calidad de andaluz e~ pequeño combado y armonioso; en su cahdad
de azteca es resignado y taciturno.. A ve~es
predomina el tipo paterno y resul~ ¡uguetón,
picaresco y charlatán; á veces el t1p? _materno
se sobrepone y el pie se hace melancohco como
un &lt;(alabado." El pie indígena suele ostentar
el apocamiento y el abatim~ento de la raza Y
ofrecer las huellas del traba¡o ~u.do, rle 1~ ~es ·
nudez casi absoluta y de la debilidad orga:n1ca.
Salvo este último caso y los de ~eform1dad,
todas esas variedades son con:ipatibles con, la
belleza del pie. Se engaña qmen crea que solo
es bello el pie pequeño 6 el regordete 6_ el larguirucho. Todo pie puede ser bello ~1 es armonioso, proporcionado, sano Y. graCJoso, Y,
sobre todo, si tiene expresi6n y si_ traduce fielmente las virtudes 6 las capac1da~es ?e su
dueño; la índole de una raza, las asp1rac1ones

EL MUNDO ILUSTRADO
de un pueblo su historia, su porvenir. El pie
puede y debe' expresar todo eso si quiere ser
bello, y el calzado puede secundarlo en esa t~rea sugestiva y casi psico16gica. Toda la an_t1güedad clásica está imbíbita en el coturn~,
toda la Edad Media en el borceguí; el Renacimiento en la chinela; la monarquía en el tac6n alto y rojo, la hebilla y el moño.
Miradas por los pies, España es una alpargata; Norteamérica, una bota; Turquía, una
babucha· Francia un botín. El tac6n chueca
es miseria· el cal~do sin betún, desidia. El
juanete vo'lurninoso revela inferioridad de espíritu; los dedos chatos y_el pie cuadra~o,. sangre bastardeada; el emperne plan.o, act1v1~ad;
el empeine combado, orgullo. Pies que P!san
con el borde interno, indican pereza y lentitud
física y mental.
En resumen, el pie es un poema, tiene elocuehcia, habla y convence, explica y demuestra. Parodiando una frase célebre, puede decirse: c&lt;Dime con qué andas y te. dir~ quién
eres,» y suele el pie revelar más rmstcrios que
los ojos 6 que la misma fisonomía. Para conocer el fondo del corazón 6 de la inteligencia de
un hombre véasele la cara, y si no basta, estúdiesele eÍ pie. Aquélla suele encubrir, éste
jamás engaña.

LA TOSCA,
Impresiones.
tópico que todo el mundo ha repetido
sta el fastidio: Sardou no maneja homs, sino maniquíes. Sus personajes se
mueven, no por la fuerz11 del espíritu,
sino por los ocultos resortes, por los hilos invi•
sibles que, á manera de marionetas, los sostienen.
Pero si Sardou no crea almas, crea, en cambio situaciones. No será un psicólogo ni un pensaa'or· pero es indudablemente un dramaturgo.
No pu~de, no lo desea quizá. ser un filósofo; se
contenta con ser un teatral. Dumás era un apóstol que dramatizaba sus prédicas; Sardou es un
ingenioso telonero que conoce los secretos de la
escena y los aprovecha. con extraordinario talento.
No se necesita más para un libreto de ópera.
Eso es precisamente lo que buscan los músic&lt;?s:
efectos y situaciones, y en las obras del comediógrafo francés no hay otra cosa.
De aquí que Sa.rdou haya resultado un gran
libi·etista moderno, el cual no requiere para.acomodarse á las situaciones líricas, graves alteraciones1 dislocamientos, variación de caracteres
ó muti lación de la trama escénica. Antaño, &lt;papá&gt; Hugo sufrió horrible_mente cu!!-ndo á sus románticos poemas, que an111:1aba un mm~nso soplo
de poesía sublime y profé~1ca, los musi?-aba &lt;papá&gt; Verdi. El verso hugma.no_ era música poi· sí
mismo; no pedía acompaña.miento de orquesta.,
no pedía que lo cantasen; se cantaba solo. ~ luego, dentro de aquellas es~ofas, un pensamiento,
y dentro de aquellas ficc10nes,. un alma_, monstruosa si se quiere, desproporciona.da, gigantesca pero alma al fin, rebosante de emoción Y de
vida. Y Hugo, poeta enorme, encajonado en un
libreto, resulta falseado, contrahecho, empeque•
ñecido.
.
1
Sardou libretista, resulta amplificado, e.evado bello.' Le falta espíritu. La música con el
suyo, sutil y conmovedor, vi:'ifica a9.~ellos dl!-ntoches &gt; los anima con su a.hento d1v100, les 10funde ~na alta y noble existencia, y ante nuestras atónitas miradas, los presenta como ante la
fantasía loca de Don Quijote desfilan los toscos
títel'es de la barraca de maese Pedro.
El milagro está hecho. Ya tien~n al!D!!- los personajes de Sardou. Giordaao hizo vinr á «Fedora·&gt; Puccini á «Tosca.&gt; Sobre la muerta letra,
y las' frases de relumbrón, y la inverosimiliLud y
1a irrealidad, pasó una _ráfaga son&lt;_&gt;r9: cargad,a
de polen y floreció la vida en las ficciones. .El
cartón se transformó en carne. Las muñecas se
volvieron mujeres. Antes &lt;Tosca&gt; hablaba mal;
ahora canta deliciosamente. Ya es lo que debía
set·: una cantante.

***

Porque la música de Puccini le ha dado verdad
y fuerza.. El flamante genio italiano halló en el
enredo tremendo y lúgubre de S~rdo~, u~a. escena dramática á que afianzar sus rnspiraciones lí-

EL MUNDO ILUSTRADO
ricas. Cada situación le ofrecía campo para describir las cosas más disímbolas y los opuestos
sentimientos.
Tres pasiones juegan en la obra, en infernal y
terrible lucha: amor, celos y odio;el amor engen,
dra los celos, y los celos el odio. Estas ti·es pasiones, enredadas como tres víboras, se retuercen
enfurecidas. El amoi' vence á los celos; pero el
odio vence al amor.
El bíblico combate del ángel negro y el blanco, sobre el puente del abismo, ése es el combate
entre Tosca y Scarpia. Tosca es el Bien celoso;
Scarpia es el Mal enamorado.
Puccini canta y pinta esta trágica batalla. Y,
admira.ble psicólogo dionisíaco, encuentra en
cada nota, en cada frase musical, en cada comcombiaación sinfónica, un precioso estado de
conciencia que le difunde en ondas sonoras y
penetra en los corazones haciéndolos salir por un
solo impulso de amor, 'de dolor 6 de terror.
En el primer acto dominan la ternura y la unción. Es un idilio, un poco nervioso, con sus
pasaies tristes, pero sobre el cual se levanta,
imponiéndose al &lt;Te Deum&gt; y á los cañonazos,
á modo de rumor de al a, el eco de las palabras
amorosas y el ruido de los besos.
El acto segundo es cruel, es torturante. Hay en
él risas de Satán en brama. Pero Luzbel cae
hel'ido por la mano armada del amor.
Puccini nos dice esto con los más desga1·radores acentos de angustia, con las más crispa.doras disonancias, cou los más inauditos y medrosos temas. Su música evoca, como un conjuro,
recuerdos fúnebres y dolientes memorias. Es música que hiere, música que sangra, aguda y luciente como un puñal, pavorosa como un antro,
negra como el crimen y roja como la venganza;
cowo en la balada de Ulhand, suena á lo lejoel tambor de la muerte. El angel blanco parece
que ha vencido; el arnoi· cree que se ha salvado ...•..
Y no; en el tercer acto se ve: todo ha sido un
engaño del Mal, una mentira de la Esperanza.
El amor parece aniquilado por el odio. Y la elegía de Puccini, patética, desesperada, llorosa,
con sus rápidos instantes de alegría funesta, en
las horas del sufrimiento, como chispas de luz
efímera en un fondo de sombra, se deslíe en infinitas tristezas, en sollozantes melancolías, y estalla al fin en imprecaciones blasfematorias, en
colosales derrumbamientos defe, en terl'ibles gemidos de desengaño.
¡Oh, gran obra, que tiene para cada cólera su
grito, para cada pena su suspiro, para cada ternura su canto, su sollozo para cada sufrimiento!

***

A nadie mejor que á Puccini puede aplicarse
el gastado &lt;cliché&gt;: El estilo es el hombre. Manóa Bohemia Tosca, son tres óperas hermanas.
!lfa~ón, coqueta y apasionada; Mimí, dulce y
sensible; Floria, vehemente y fogosa. Como las
hijas del Rey Lear, se han dividido el reino de
su padre. Se pa1·ecen mucho entre sí: son tres
gotas de un mismo nectario, tres celajes de un
mismo cielo. Manón es azul; Mimí, blanca; Tosca, i·oja. Pero estos tres colores se funden en una
so1a tonalidad frisada; estas tres óperas, á manera de tres cuentas, están unidas por el hilo de
oro de la misma inspiración. Procedimientos
artísticos y efectos orquestales semejantes, nos
obligan, oyendo la Tosca, á recordar á las ausentes. Decimos: por aquí pasó la Bohemia, por
allá se asoma Maaón, como de una mujer hermosa solemos decir: tiene la belleza de la familia.
8m embargo, por encima de estas ~peras-.
soplo divino, aliento eterno-flota Verdi. Vei:di
es wua la Italia lírica, todo el sonoro espíritu
cte un pueblv.
Puccini sigue su ascensión; prime1·0 lo f~'Ívolo,
ea seguida 10 tierno, ahora lo dramático. La
tentativa ha resultado genial.
El J&lt;Wen compositor, no sólo es ya espo~tánearuente inspirado, sino sabio. La ·rosca tiene
prunores de frases musicales, de melodías flamantes, de nobles motivos; pero encuna de ellos
caen las áureas bordadura;; de una instrumentación colorida rica, luminosa y eminentemente descriptiva. 'Hay pasajes sintnóicos elocueutfsimos que hablan con el vei'b0 ideal y vago del
sonido, mas exp1'esivo y penetrante, en ocasiones, que el de la palalJra ..... .

**&gt;t
La epopeya de la hi~toria ~niversal, es c?mo
la de Hornero: un ba¡o relieve que no tiene
fin.

***
El furor y la crueldad de un pueblo_ que
combate por ser libre, demuestran la situa•
ci6n de que quiere desprenderse, y no la que
quiere adoptar.

Domingo 26 de Octubre de 1902.

COMUNICACIONES.

cCa inn¡ersión del cahle en el ~o/fo.

EL "ldum.'

en el tambor; la otra extremidad e1&lt;taba en comunicaci6n con la caseta de tierra 1 donde había una dotación semejante de ap aratos.
Desde que el vapor empez6 á soltar el cable
la comunicaci6n entte el buque y tierra fué
constante, y cada media hora se estuvieron
haciendo observacio1,es y mediciones eléctricas
con objeto de cerciorarse de que el cable no
sufría deterioro en el momento de caer al agua.
El vapor iba soltando el cable por la proa
por m_edio de una gran polea, y á bordo, u~
mgemero anotaba en la carta marina el derrotero _d~l cable; ot~o hacía las observaciones y
~ed1c10nes eléctncas, y los operadores se ntihzaban para la transmisi6n.
El buque lleva un dinamómetro para determinar la tensi6n del cable y pa~a buscarlo
cuando se interrumpe y está perdido.

ACE pocos días se puso al servicio el cable tendido entre Veracruz, Frontera y
Campeche, C?nfo~me al co_ntrato celebrado con una compañía extranjera, y del
cual es prop1etar10 exclusivo el Gobierno Federal.
. Las ~aniobras de inmersi6n de un cable son, no sólo laboriosas, sino instructi' as! y bien mere?~n que nos ocupemos de ellas, para que los lectores de este sernanano tengan not1c1?' ~e ~a importan,te operaci?n llevada á término en aguas del
Golfo. El ?\cl_on que soplo en los pnmeros días de septiembre hizo mucho más d1ficiles los trabajos y, por lo mismo, más interesantes.
El pu1:to escogido en la playa de Veracruz ¡,ara establecer la caseta
de conex16n con el cable subterráneo está situado á kilómetro y medio
del malec6n noroeste de las obras dei puerto y antes de la caseta del cable ele Gálveston.
El cable que se acaba de tender se divide en dos clases: cable costero
Y cable &lt;le mar prof~mda; el_ costero es el de mayor diámetro; y el de
,~ar profundo, el mas reducid~. -~l conductor está formado por nueve
hilos de cobre de gran conductih1hclad, enrollados en uno central.
La inm_ersión se empezó en Ve1:acruz, haciéndose la del cable costero,
en sus pnmeros tramos, por me(ho de lanchas y emJ-,arcaciones menores, porque había que atravesar el arrecife ó bajo de ,cLa Caleta» donde
el vapor no podía entrar.
'
El «Idum», vapor destinado para instalar el cable, se situ6 á 12 millaii
~e la P~~ya, hasta donde, corno dijimos antes, las lanchas hicieron la
mmers10n. A bordo del vapor estaba instalada una oficina cablegráfica, que se conect6 con una de las extremidades del cable aún enrollado

***
Al llegar á Frontera el vapor «Idum" se desat6 un_ terri~le ciclón que lo puso en peligro.
El capitán hizo notar esta circunstancia y entonces se mand6 cortar el cable, se le puso
una boya y se echó al agua. Hecho así, el
buque, forzando su máquina, se hizo mar
adentro y tuvo que luchar tres días consecutivos con las olas para regresar al punto donde había dejado la boya.
. Este accidente di6 lugar á una de las operaClones más curiosas: c&lt;)a busca de un cable
perdido». Para esto se hizo indispern:able el
dinam6metro. Su péndulo quedó unido á una
cadena y ésta á un gancho, que se lanz6 al
agua.
El buque, por los datos que proporciona la
carta de navegación, tom6 una direcci6n contraria á la del cable y empez6 á navegar; en el
~omento en que el gancho agarr6 el cable, el
dmamómetro empezó á mar&lt;',ar tensión· fué recogido el cable entonces, se hizo el e~palme
con el cable costero para comunicará Frontera
Y sali6 el buque para Campeche haciendo sond_eos, para, á su regreso, continuar la operac16n.
En Campeche Re instaló la caseta de empalme, que se ve en la fotografía que publicamos;
se tuvo cuidado de instalarla á cubierto del
viento. Las casetas de Veracruz y Frontera
son iguales á la de Campeche.
~l Yapor sali6 de Campeche para Frontera
haciendo la inmer:::i611 de los cables costero v
de mar profundo; el• empalme se hizo frente
á Fron~ra!,qneclando d~sde luego en perfecta
conm111cac1on las tres cJUdadeR referidps. J,n,
Dirección de Telégrafo~ envi6 Yarios em plmdos para que prácticamente conocieran la interesa~te operación á lJUe nos referimos.
. La !nmersión la dirigi6 el Dr. Kénnelh·,
mge~uero electricista, presenciándola el vicepresidente de la compañía constructora Sr.
Henry.
'

Caseta de empalme en Campeche,

�Domingo 26 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

LA PROFESA
NTRE los templos más1 notables levantados por el arte cristiano
durante los tres siglos de la dominación española, en México, ocupa
lugar preferente el conocido hasta el día con el nombre de La Profesa.
Data su fundación del año de 1592, en que los padres de la Compañía de Jesús dieron principio á la obra, con el auxilio de algunos particulares que contribuyeron á ella con donativos más ó menos valiosos. Desde el año de 1585, los jesuítas habían adquirido en propiedad
el terreno necesario para la fundaci6n del templo, obteniendo del Arzobispo D. Pedro Moya de Contreras licencia para establecer allí lo
que después se llamó Casa Profesa; pero, cuando menos lo esperaban,
los religiosos de San Francisco, San Agustín y Santo Domir.go, apoyados por el Ayuntamiento, arrastraron á la Compañía á un pleito dilatado y ruidoso, oponiéndose abiertamente á. la fundación de la referida casa. Los jesuitas, entonces, ocurrieron á los tribunales y al Papa Clemente XIV, en demanda de sus derechos, y el Pontífice falló en
sentido favorable á la solicitud en 26 de junio de 1595.
Esto vino, como era natural, á poner fin á las disidencias, y los trabajos de construcción pudieron proseguirse sin tropiezo, dedicándose
el edificio con toda solemnidad el 28 de agosto de 1720.
El templo consta de tres naves sostenidas por ocho columnas; la nave de en medio es más ancha y más alta que las laterales, y en cuanto
á su arquitectura, se echa de ver en ella el mismo estilo dominante en los primtros templos
construídos en México. En las columnas, sobre todo, hay mucho de gótico.

ciones preciosísimas de pinturas, que representaban un capital y de las que se consrrvan
todavía algunas. De Cabrera, se guardaban
«La Vida de San Ignacio» y la «Historia del
corazón del Hombre degradado por el pecado
mortal y regenerado por la religión y la virtud.» En el cuadro que representa á San Ignacio en la cárcel, las figuras son retratos de
personas de la familia del pintor; en el que representa al mismo santo en el portal de Betlehem, está retratado el franciscano Fray Juan
Fucher, uno de los primeros que vinieron á
América, y así en los demás. Las pinturas
era una colección de retratos de los religiosos
más célebres en aquella época.

Domingo 26 de Octubre de 1902.

meros tiempos de la conquista. Empeñados
- ·
nes, en intrigas y trabacuentas que más de ' con s~naladas excepcioconfesar jamás_ el ~elito que había cometido. El juez eclesiástico, no
cándalos, los hechos censurables se sucedí una yez degeneraroi:i ~n esobstante, cons!dero suficientes para condenar al acusado las declaracioan, minan o el prest10-1
d
1a au ton'da d cat'l'
nes de los testigos, y pronunció sentencia contra Villaseñor el 27 de
o 1ca en estas tierras que tan lt h b'
.0 0 e
rones tan justos Y tan sabios como '.nménez ~ Lo
ian sostemdo vaa~osto de 1744. Por esta sentencia el criminal fué condenado á «serUno de estos escándalos fué el
•d
) as asas.
VII' de galaote por diez años en las galeras de Su Santidad ,,á ser separade 1743. Los historiadores de aqu~1u~~mº e~o: Profesi; el 7 de marzo
do
Y apartado de l;t ~~pañía de Jesús y á otras penas. '
0
detalles,. y si alguno da cuenta. del suceso pes tan den;as1a~lo parcos en
_El defe~sor apelo, p1d1endo se diera porcompurgado al reo· pero naparece srno que pasa por sobre ascuas. E; un h
enc1~a, que no
die sab~ s1 fué Villaseñor trasladado á Roma ó si los jueces '10 pusieron en hberta&lt;l audande el tiempo.
la mañana de ese día amaneció ahorcado en ec o ueraae duda que
~rovincial de ~os jeimíta~ en la ~neva Españ/uDca~~
cdnvento el
En_ 1850 se encontró en la capilla &lt;le San Sebastián, de la Profesa, la
sm que se supiera de pronto crnién fué el aut¿ d. 1" ICo_ s e Segura,
m?mia del padre Segura, que aun se conserva como un recuerdo del
cnmen de que fué víctima.
dición señala como tal á un pádre de la mism r e as:smato. L;:i trafué remitido ocultamente á Europa-dice el D~· Ctm~anía ~le J~sus que
una de su~ obr~s-para dejar el crimen envuelt~ e~ l·gt~stti Rive;a en
vo á los comphces. La muerte del adre Se ur
~ som ~ª.Y a ~alpresión en México, y poco despué/el padregvl cauisd hpond1s1ma imEs también sabido que.en el aposento del Dr. D. Matfas Montea uá escribir una relación
· e
'zquez e uga se puso
clo, en la Profesa, se reumeron en noviembre de 1820 varias perso~as
circunstanciada del suinfluyentes interesadas
ceso. La dicha relación
en que rio llegara i\.
no llegó á imprimir;:e,
promulgarse P.n Méxiporque no convenía
co la Constitución que
probablerpe1ote que se
sancionaron las Cortes
hiciera la luz en el
de Cádiz, por cuant0
asunto, y el manuscrien ella había--según
to se perdió, perdiénsus dichos y temoresdose al parecer los porideas manifiestamente
menores de tan terricontrarias á la religión.
ble acontecimiento.
Todos conocen el plan
Sin embargo,el punfraguado en la Profesa
to ha Yen ido á esclnrey decir aquí qué era l¿
cerse, pue~ f'egún refieque aquellos hombres
re el erudito escritor
se proponían, sería por
D. Luis González Obredemás.
gón, cinco días después de consumado el
crimen, la noche del
11 de marzo, se perpePor último, agregatró en la Profesa otro
remos que en el templo
asesinato que produjo
de la Profesa se celebró
en la ciudad verdadera
en junio de 1855, con
consternaci6n. Esta
tres días de fiesta, el
vez la víctima fué el
d_~gma de la Concephermano portero, Juan
c1on. Cantó la misa
Ramos, quien al pracMonseñor Clementi
titarse las primeras didelegado del Papa e~
ligencias judiciales paMéxico, y la función
ra descubrir al autor
fué tan sonada como
de la muerte del padre
no se había celebrado
Segura, dijo á los jueallí otra.
ces: «en el monte e,otá
Como un dato curioquien el monte &lt;¡ueso, cuentan los cronisma,,.
tas, además, que á principios del siglo pasado
Como el provincial
Segura , el hermano
encontrándose el tem:
portero murió ahorcapio lleno de personas
do en su mismo apoq_u~ concu_ri:fan á ejersento. Las indagacioc1c101s esp1r1tuales, penetro un rayo por la
nes encaminadas con
linternilla de la rotonese motivo á poner en
da, que hizo pedazos
claro el :mceso, fueron
gran parte del muro
f~uc~uosas, pues que al
y se dirigió al primer
s1gmente día era remialtar de la nave deretido con grillos al cocha, incendiando el tralegio máximo de San
je de San Ignacio de
Pedro y San Pablo el
Loyola.
coadjutor D. José Villaseñor, como presunto responsable de los
crímenes mencionados.
En la actualidad el
templo es uno de los
En el proceso seguimás concurridos por
do contra Villaseñor
las familias más enfungió como juez eclecumbradas de la mesiástico D. Cristóbal
Interior del templo.
t!ópoli, tanto por el si~sco_bar, prepósito prodo
1
1
d'
bo en qne está ubicavi!1ct, Y como asesor D. José Messía de la Cerda y Vargas del Con•
' como por a esp en 1dez de ~u tiervicio religioso
l
SeJo e Su Majestad y Alcalde decano de la Real Sala del c'rirnen.
d Nfs ocuparemos ~n l_os sigu_ientes números de «Ei Mundo Ilustrado»
h Como resultado de las diligenci~s, se averiguó que Villaseñor y el
e a ~unos otros ed1fic10s nac10nales que, como la Profesa
·
1
g_ran importancia, ya sea desde el punto de vista hist' . ' encierran
frermano portero .P!·ofef'aban enemistad al padre Segura y que aquél,
d ecuent~mente VIs1tado por los seculares, era «de genio osado, ánimo
s1do_t~~tro de acontecimientos notables, ó bien desd'e º;1~~1 ~~r habfr
oble, ,,s1xoso» con los hermanos, irreverente con los ~acerdotesn y que
tradw1?11 popular se coloca para concederles un interésq de que que
mayor1a tle los casos, no carecen.
, en 8¡
se expresaba mal de la Compañía, después de dilapidar los fondo's que
como de¡,¡perisero se le enconmendaban.
Es, más que probable, seguro, que Ramos fué su cómplice en el crimen del 7 de marzo, porque-reza la causa seguida en el asunto-ere)
mesmo día de la muerte del padre, la llavecita de la muestra del relox,,
te encontró en el aposento del provincial. Villaseñor, temiendo que el
ermano portero lo denunciara, lo ahorcó.
purar.te la substanciación del proceso, declararofi ,.como testigos
~ince religiosos de la Profesa, otros padres y algunos otros seculares.
reo nombró defensor al1padre Francisco_ Javier Lozaqo, 'Y no llegó á

J

lr

~:1

i3

Exterior del templo,

�Domingo 26 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 26 de Octubre ele 1902.

I
·, ...
.

,

...

..

•

"El Tampico" después de la botadura.
"El Veracruz" entrando en el agua.

El ((Veracruz» entró en el agua poco después bauti· á d I l

- .ta M
d G d
..
.
.,
z n o o a se~¡1erce es , o oy, hiJa del primer Secretario de la Embajada d

LOS NUEVOS CAÑONEROS MEXICANOS.

f xico en Wá_shmgton. T:mto la señorita Godoy como la señora Nixone
ueron obsequiadas con primorosos ramos de flores.
'·

***

BOTADURA DE "EL VERACROZ" Y''EL TAMPICO."
Como saben nuestros lectores, el mes pasado fueron bot,1,&lt;los en
Elízabeth port, Estados Unidos, los dos cañoneros que por cuenta del
Gobierno mexicano y bajo la vigilancia de una comisión especial, se
construyeron en uno &lt;le los principaleR astilleros de la República del
Norte, para el servicio de la Marina nacional.
El aspecto que presentaba el arsenal de E lízabeth port el día en que
se ef.,ctuó la botadura, era-al decir de la prensa americana-de lo más
hermoso. Millares de banderas de los colores nacionales y de la República hermana decoraban los edificios y los buques. Los cañoneros,
colocados el uno al lado del otro, se veían pintados de rojo y blanco, y
desde la proa hasta la popa, empavesados artíRtic;amente. En la proa

de los cañoneros se levantó una plataforma, decorándose con exquisito
gusto.
El primero de los buques botado al agua, fué el «Tampico. » La
plataforma estaba llena de una concurrencia distinguida, encontrándose allí los miembros de la Comisión mexicana. En los momentos en
que el cañonero comenzó á entrar en el agua, la señora Lewis Nixen,
esposa del Presidente que fué de la casa constructora, se iidelantó, y
rompiendo una botella de champaña en la proa del barco, dijo: «Te
bautizo, Tampico.» La bandera mexicana se izó en la proa del «Tampico» y fué saludada, en esos momentos por una salva de ventiún cañonazos, entre los «¡vivas!» de los espectadores y los ecos de las músicas.

r~pido, cuatro de seis y tubo para torpedos. A bordo h
comodos pa 1
fi · 1
,
ay camarotes
la R úbli ra os oE c1ades y una camara especial para el Presidente de
ep
ca y su sta o Mayor.

l

Es probable que para ~1-~ño entrante puedan ponerse al servicio
1

t~~c~fóe;,º!s~r;~!~iái~ac~: ~\º~a;i~~c~f:n~~fl!~~t~e vigilar la consCon motivo de la botadura l C · ., f ., ,
y á los invitad r. 1
. ' a omis10n o reCio a los constructores
. b
ols a a ceremoma, un banquete que se verificó el 15 de
sept iem re por a noche.

-

GRABADOS DEL «l\foDERN l\lExrco.,&gt; DE NE,r YORK.

Antes de l bautizo de " El Tamplco.''

_ En cuanto á la capacidad, armamento etc. etc. de los nt1evo~ canoner
· ·
datos: tanto 'el «Veracruw
'
' como el «Tam·
.
o~, d amo~ 1os _sigmentes
~ICo,)J tlene~1 diez pies de calado, un desplazamiento de 980 toneladas
una veloc1d_ad de 16 n~dos. Su maquinaria consta de dos máquinas
e vapor de tripleexpansrnn,y para el servicio de alumbrado cuentan con
~: rnagní_fica instal~ción ( dnplicac~a) de luz eléctrica. Los cafioneros
n provistos también de engranaJe de vapor y de mano para gobernarlos, grúa y cabrestantes de vapor de cubierta, y caseta de piloto acorazada con acero níquel.
.
'
b Además, los barcos tienen lanchas rápidas de vapor una canoa y
h?te de remo, y están dotados con la instalación necesari~ para fabricar
1e!º· Su capacida~ para la conducción de tropas es de 250 hombres, y
8 u armamento consiste en cuatro cañones de cuatro pulgadas, de tirg

a

Antes de la botad11ra del "Veracruz.'

La muchedumbre durante la botadura,

"!el

Tampico" entrando

ein

el agua.

�EL ~fUNDO ILUSTRADO

bomingo 26 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 26 de Octubre de 1902.

Tu }§poskión Nadonal en Jolu,a.
SOLEM:IIE .A.PEBTUB.A..

-,-a.......

Zola en su lecho mortuorio.

La muerte de Emilio Zola.
Los últimos peri6dicos recibidos de París,
traen minuciosos detalles acerca de la muerte
del gran novelista Emilio Zoll\, que tan honda impresi6n causó en el mundo literario.
Zolá, acompañado de su esposa, se recogió
temprano, para levantarse al día siguiente á
buena hora. A la medianoche, la señora se
i,in tió de imnroviso indispuesta; tocó el botón que movía la veladora eléctrica y saltó

«Traté de dormir-dice.-¿Qué pasó después? No lo sé. Vi á E~ilio 9ue se enderez~ba bruscamente, como s1 tuviera un11 necesidad que satisfacer. Pero no lo vi levantarse.»
,&lt;Quise gritar: ¡Emilio!. .. ¡Emilio!. .. Intenté pedir socorro, tocar el timbre. Q uedé inmóvil. No pude pronunciar una palabra... Sentí
de:wanecerme.. .... luego, no recuerdo nada
más» ..... .
Cuando la Señora Zolá volvió en sí, el cadáver de su esposo había sido trasladado á
otra habitación.
En concepto de los médicos, la esposa del
insigne novelista salvó su vida gracias al aire
que pudo respirar oportunamente y que penetraba por la ventana entreabierta, al gabinete de ((toilette.,&gt; En cuanto á Zolá, el óxido
de carbón producido por la chimenea encendida, causó su muerte.
En una de nuestras ilustraciones pue&lt;le verse el cadáver del gran novelista sobre el lecho
mortuorio: su fisonomía está completamente
desfigurada.

FELIPE IV.
Nadie ml\s cortes11no ni pulido
que nuestro r6y Felipe, que Dios guarde,
siempre de negro hasta los pies vestido.

Es pálida su tez como In ta.rde,
cansado el oro de su pelo undoso
y de sus ojos, el azul, cobarde.

Sobre su augusto pecho /[eneroso
ni joyeleA perturban ni cadenas
el negro terciopelo silencioso.

Y, en vez de c;tro real, sostiene apenas,
con desmayo galan, un guante de ante
la blanca mano de azuladas venas.
}Ylanuel }Ylachado

A EPOCA de paz
por que atravesamos, tan fecunda
en bienes para el
país, nos ofrece en
estos días una prue
ba preciosa del ensanche que, al amparo de una Administiación sabiamente orientada y
dirigida, adquieren
en nuestro suelo el
comercio y la industria, factore»
indifpensables de
progreso en todos
los pueblos civilizados de la tierra.
Kos referimos á
la Exposición Nacional promovida
y llevada á cabo
por el Gobierno del
Estado de México,
y abierta al público solemnemente
el 15 del mes en curso. A grandes rasgos, .,·
para que nuestros lectores se formen una idea
de la importancia del certamen, vamoi'I á referirnos á los principales departamentos d e
que consta y al acto solemne de apertura.

justísima razón por la importancia de sus datos y por la galanura del estilo, terminó con
estas palabraR, que impresionaron vivamente á
la concurrencia:
«¡Bendito trabajo! Si tú eres la maldición
divina, ¿qué sería si hubieses sido la bendición de Dios?»

***

Pasado el acto de apertura, el Sr. Secretario de Fomento y los demás asistrntes á la ceremonia, recorrieron los distintos departamentos de la Exposición.

***

En representación del señor Presidente de
la República, asistió al acto el señor Secretario de Fomento, Ingeniero D . Leandro Fernández. Al llegará Toluca el tren que conducía á
los invitados, el S r. Gobernador, Gral. Josf
Vicente Villada, di6 la bienvenida al Sr. Fernández y á sus acompañantes, mientras la
banda del Estado tocaba el Himno Nacional.
Tanto la eRtación como las calles cercanas, es•
taban completamente llenas &lt;le gente.
Pasando bajo dos artísticos arcos triunfales,
uno de estilo azteca y otro morisco, la comitiva se dirigió después al edificio de la Exposición, primorosamente adornado con multitud
de gallardetes, festones y banderas. La ceremonia oficial consistió en un discurso pronunciado por el Sr. Gobernador Villada, y en números de canto y música ejecutados por algunas señoritas y caballeros y por las bandas.
E l discurso del Sr. Villada, aplaudido co·1

El Sr. Ministro de Fomento en la Estación del ferrocarril.

El contingente de las Escuelas Oficiales del
Esta&lt;lo se encuentra en departamentos especiales y constituye una de las notas más salientes del certamen.
Algunos de estos establecimientos presentan una colección de figuras geométricas y distintos útiles de enseñan za ohjetim, y los de
Zumpango y Temaxcaltepec, una colección de
bor&lt;lados, deshilados y calados en seda y lino.

La señora Zola.

del lecho para ir á uno de los departamentoia;
interiores. No tenía fuerzas, pero haciendo un
supremo esfuerzo, según sus mismaR palabra¡.:,
logró llegar hasta el gabinete de toilette. Pasados algunos momentos se repuso, y al volver á la l'!]coba, vió que Zolá dormía profundamente.
Le preguntó, despertándolo, si se sentía mal
y si quería que ~e llamase á los criados; pero como le respondiera que no era «nada» y que la
presencia allí de los sirvientes no tenía objeto, Mme. Zolá intentó conciliar el suefio.

Casa de campo de Zola en Medan,

• t

Los de Sultepec, iguales labores manuales,
así como los de Texcoc9 y Tlalnepantla.
Las escuelas primarias anexas á las normales, enviaron al certamen juguetes de papel y
cuadros propios para la enseñanza objetiva, y
los de Valle de Bravo, implementos agrícolas
y otros trabajos escolares.
En cuanto á las otras escuelas oficiales, presentan trabajos manuales muy artísticos, que
forman una variada v hermosa colección.
La escuela primaria de señoritas expone trabajos en seda verdaderamente notables por lo
bien acabado de su hechura; siendo también

EL CONTINGENTE ESCOLAR.-Salón de labores manuales.

muy dignos de llamar la atención los de la
escuela de párvulos de Toluca y los remitidos
por los establecimientos de instrucción de Lerma, Otum ba, Tenancingo y Tenango.
Las escuelas «Josefa Ortiz, »((Sor Juana Inés,»
,,Progreso)) y ,&lt;Luisa M:aldonado;» las de Teotitlán, Ixtlahuaca y Jilotepec, y la Escuela
Correccion,tl, se distinguen principalmente
por la variedad y finura de los objetos que
ex hiben tanto las de niñas como las de
varones. Estas han enviado obras de capintería, enseres de escuela, calzado, ropa h echa,
muebles, etc.
No menos importante que el departamento
de:-tinado a l contingente escolar, es el de la
industria. En él se ven variados ejemplares
Lle alfarería, presentados por el Sr. Calderón,
y 0tros muchos productos del ramo.
La Escuela de Artes y Oficios presenta hermosos trabajos &lt;le fotografía, figuras en yeso,
harro, y muebles tallados.
En cuanto al contingente minero, lo más
valioso son las muestras enviadas de Ixtlahnnca, Temaxcaltepec, Valle de Bravo, y de
los Estados de Aguai:;calientes y San Luis Potosí.
La Escuela Normal y la de Artes y Oficios
exhiben modas y confeccionesyobjetosdearte, bordados, calados y de plata.
En el departamento central hay un artístico cenador, cubierto de flores artificiales, y
dentro de él un bm,to del señor General Dínz
así como una colección de coronas _v litografía~
hechas en la lJ:scuela de Artes y Oficios para
señoritas.
En el departamento contiguo se puede admirar una colección de mármoles, canteras y
materiales ele construcción, pertenecientes a l
Distrito de Tenancingo.

�Domingo 26 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

RL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 26 de Octubre de 1902.

á abrir el sobre señalado con el lema respectivo, resultando que el autor de la obrá premiada era el notable compositor D. Luis G.
Jordá.
Hay una circunstancia que no debe paFar
inadvertida: entre las setenta y ocho composiciones presentadas, el jurado ei;cogió las tres
que le parecieron mejores, para adjudicar á
una de ellas el premio. La,; tres habían sido
presentadas por el Sr. Jordá.
El triunfo no podía ser más completo.

EL JUGADOR HONRADO.
- Escucha-dijo Marión,-vamos á entretenernos con un juego que he inYentado.
-Se puede saber cuál es?-preguntó él con
timidez.
-Sí, oíd; yo os digo una coiaa, no importa
cuál, la primera que i:;e me ocurra; si os hace
llorar, perdéis y yo gano; si os hace reír, ganáis y yo pierdo.
-Bueno-respondió ron melancolía,-puesto
que tal es vuestro def'eo, empezad.
-Al punto-y acercándose á su oí&lt;lo,--os
aborrezco-dijo.
-Ja, ja, ja.
-Hola-dijo Marión-me engañáis. Os reís
para hacerme perder. Eiitoy segura de que en
el fonclo lloráis á la sola idea de que no os
ame. Pero bueno, esta vez no se cuenta; vol,·amos á empezar, sólo que ahora, si lloráil",
vo gano, y si no, pierdo.
· -Como queráis- suspiró tristemente.
-Oíd-dijo ella,-os :imo con toda mi alma.
m sollozó con desesperación.
-Tampoco!-exclamó ella enojada-¿cómo
se entiende?-ahora debierais reíros con la
más franca alegría, por haberos confesado mi
amor.

NUESTRO PAIS.-Río de la Canoa. (E. de Oaxaca.,

-Creedme ~Iarión-replicó él,-lo que acabáis de decir~ie no puede alegrarme de ning(rn modo. Pensaréis como os dé gana; pero
pcrmitidme que os diga que, tanto llorando
corno riendo, soil'I el mfü, leal de los jugadores; pero advertido yo de la m entiraque~iempre dicta vuestras palabrafl, na.di. puede igualar al gozo de oíros decir que no me am{tif',
como la desesperación que me produce oiro&lt;i
afirmar que me adoráis con toda vuestm alma.
CATULLE ME~DES.

Un pedestal es una peqneiia altura á la que
rodean cuatro precipicios.

***

El corazón guía haci::i las sublimes imprudencinA; la razón es la única que gobjerna.

***

Las palabras fl0n como el dinero: por el sonido se conoce si son falsas.

***

La revoluci6n es una lucha entre un mundo
que quiere nacer y otro que no quiere morir.

Detalles de los salones correspondientes á las Escuelas de Artes y Oficios.

La agricultura está representada por colecciones de cereales que se exhiben en dos departamentos y.que son de lo más completo
que puede verse.
Además, se ven en la Exposición una serie
de cartas del Distrito Federal remitida por la
Escuela Normal de Sefioritas de México, y algunos trabajos de carpinte;ía. y ((labore~)&gt; exhibidos por la Escuela Nac10nal de Ciegos.
En los corredores del edificio hay una magní-

En resumen, la Exposici6n de Toluca ·e ncierra, en sus distintos departamentos, todos
aquellos trabajos y productos que son suficientes para formarse juicio del ¡n-ado de adelanto _que alcanza el país y de la importan ·
cia de sus múltiples fuentei, de riqueza.
El éxito del certamen, por lo demás, se debe indudablemente 41 Sr. Gral. Vil1ada, que,
como funcionario, ha dedicado todas sus energías al progreso de la Entidad que gobierna,
colocándose por sus propios méritos entre los
gobernadores más progresistas de la República.

INTIMA.

Grupo de alumnas de la escuela de Artes.

fica colección de plautas finas pertenecientes
al Sr. Gral. Villada, en gran parte, y en uno
de los salones una valiosa serie de pinturas
exhibidas por el mismo funcionario y 'por su
Secretario particular.
Es también digno de mencionarse el contingente de los ganaderos, entre el cual se ven
hermosos ejemplares de ganado vacuno de raza suiza y criolla, borregos merinos, caballos
cruzados é ingleses, etc., etc., así como aves
de distintas especies, y animales pertenecientes al jardín zoológico.
Los Estados de Aguascalientes, Oaxaca
Coahuila, Durango, Colima, Tabasco, Vera:
cruz é Hidalgo figuran también en el Certamen con exhibiciones muy interesántes de
productos agrícolas é industriales.

. El himno de la Segunda Reserva.
AUTOR!PREMI.ADO.
Como saben nuestros lectores, el Comité
Central Obrero «Patriotas Mexicanos,» abrió
hace poco un certamen para poner música al
himno patriótico de la 2~ Reserva del Ejército.
Se presentaron al certamen 78 compoAiciones, y examinadas éstas por el jurado calificador que inte¡n-aron lm1 Sres. Melesio Morales,
Gustavo E. Campa y Capitán Ricardo Pachaco, se acordó otorgar el primer premio al
autor de la composici6n que tenía por lema este pensami_ento de Gutiérrez Nájera:

Cuando ya estés cerca
del reposo eterno
y tengas los ojos
velados y quietos
en un punto, en la esfera vacía,
mirando espantada
¡ esas cosas que miran los muertos!;
Cuando brote el labio
los quejidos lentos,
y la sangre apenas
circule en tu cuerpo
y penetre la luz en tu alma,
al par que los cirios
a~umbren tu pálido cuerpo,
Allí iré á buscarte
¡con amores nuevos!
¡como te esperaba,
vergonzoso y trémulo,
tantas horas al pie de la reja.

LA INDUSTRIA CIGARRERA

"El Buen Tono"
Nota verdaderam,mte interesante de la Exposición Nacionaren ToJuca, ha sido la concurrencia de la fábrica de cigarros ((El Buen Tono,»

do en dividendos 72 por ciento por cada acción de $100, cangeó ésta
por nuevas acciones de un valor representativo de $250, es decir, en los
cinco años de existencia de la primera sociedad, cada $100 habían producido $322.
La Sociedad, que desde 1899 venía girando con capital de......... .
$. 2. 500,000, pag6 en los tres ejercicios de existencia, 28 por ciento al
nuevo capital, lo que representa 70 por ciento al primitivo capital de
$1.000,000.
Así, pues, en nueve años el primitivo subscriptor le ha sacado á
su capital $392 por cada $100.
Para dará la negociación todo el impulso de que es susceptible,
acaba de elevarse el capital á $4.000,000 por la emisión de $1.500,000
de acciones preferentes con interés mínimum garantizado de 7 por ·
ciento.
La producción diaria &lt;le KE] Buen Tono,» es de cuatro millones de
cigarros, en cuya fabricación se emplean los mejores tabacos, y las máquinas engargoladoras llegan á 125.
Esta notable fúbrica es actualmente proveedora del Gobierno francés y &lt;lel Gran Duque Wladimiro de Rusia. En la Exposición de París
obtuvo el ((Grand Prix,)) ósea la recompenfla más alta.

~-

'
ÍI 1, • I 1

.

Salón principal de la elaboración.

·······································

¡Iré, por si aspiro
tu ceniza mezclada en el viento!
MANUEL PASO.
LUIS G. JORDA.

((El artista no llora lo que deja en el mundo.
sino lo que se lleva.)&gt;
En,.vista de la decisión del jurado, el Comité Central, en sesió:p e:irtrt1ordinatia, procedió

n

tan acreditada, no sólo en el país, sino también en los mercados extranjeros.
«El Buen Tono, » fundado por D. ErneRto Pugibet, y que fué convertido en 1894 en Sociedad Anónima con $1.000,000. según los datof'
que tenemos á la vii,t.1, elevó RU capital social ei:i 189_9 á 82.500,000,
cangeándose cada acción de $100 por dos un med10 acciones de la nueva
sociedad.
Sin im oortar rec,ngo alguno para los accionista1:1, resultó, en consecuencia, qué el accionista primitivo de 1894, después de haber cobra.

Detalle de la exhibición en Toluca.

..·

te

�Domingo 26 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 26 de Octubre de 1902.

LA CERVECER1A DE TOLUCA.
Notables Progresos.
Uno de los departamentos que más llaman la atención de los que
visitan los salones del Certamen á que nos referimos en las páginas anteriores, es el arreglado por la Cervecería de Toluca para exhihir en él
sus magníficos productos. Pocas empresas, seguramente, están allí tan
bien representadas como aquella poderosa Compañía industrial: dispuestas en forma de pirámide, se ven todas las colecciones de las distintas clases de cerveza que fabrica y que tan estimadas son en el comercio, por sus sobresalientes condicionas de pureza, envas1:&gt;, etc., etc.
El lote, indudablemente, es una buena muestra de lo que pueden, en
la actualidad, la constancia en el trabajo, el capital sabiamente manejado, y el deseo más legítimo de atraer á los marchantes y complacerlos.

Había en los salones de la Exposición, al abrirse al público, multitud de visitantes que elogiaron la exhibición hecha por la Companfa,
y que, después, recorrieron los distintos departamentos de la Fábrica,
establecida en la misma ciudad de Toluca, para conocer sus magníficas instalaciones.
La Fábrica está montada en grande escala: la maquinaria es de lo
más moderno, y tanto por la importancia de su producción, como por
la fama que gozan entre los consumidores sus productos, puede considerarse como una de las primeras en América. En la actualidad, la
Cervecería proporciona trabajo á más de mil operarios, contribuyendo
así al bienestar de la clase obrera del Estado de México.

Como Gerente de la Negociación, figura el Sr. D. Santiago Graf, caballero que cuenta con muchas simpatías y que ha dado gran impulso á la Negociación.
Por lo demás, la Compañía Cim•ecera ha sido premiada en distintas
exposiciones nacionales y extranjeras, otorgándosele las más altas recompensas. En la Capital tiene establecida una sucursal desde hace algunos años.

LA FÁBRICA DE SAN ILDEFONSO.
El contingente de la Cerveceria en la Exposición.

Vista exterior de la Cerveceria.

En el movimiento industrial iniciado en México hace algunos arios, desempeña un papel
importantísimo, sin duda, La Fábrica de San
Ildefonso, negociación que ha logrado en un
período de tiempo relativamente corto, elevarse á una altura envidiable y adquirir un
prestigio que la coloca entre las empresas más
impo1tantes establecidas efi nuestro país.
La Fábrica á que nos referimos, situada en
la Municipalidad de Atzcapozaltongo, Distrito de Tlalnepantla, Estado de México, fué
fundada por Don Archibaldo Hope en el
año de 1847. En 1874 pasó á poder de los
Sres. Portilla, constituyéndose en Sociedad
Anónima, por iniciativa del Sr. D. Ernesto
Pugibet, en el año de 1895.
Reformada toda su maquinaria, puede fabricar hoy artículos de clase superior, semejantes en todo á los europeos, tanto en la claHe de casimires «Draperies», novedades para
hombres, ya sean de lana peinada 6 cardada,
como en la de cobertores de diversos estilos,
mantas de viaje y alfombras de tripé 6 «Moquette,:, llamadas de alta lana.
El actual Consejo de Administración lo
forman los Sres. Th. Brániff, H. Tron, D.
Signoret, A. ·Michel y J. B. Bellón, figurando
como Director General el Sr. D. Daniel Ituarte. y como Director Técnico, el Sr. D. León
Hupín.
.
La Compañía de San Ildefonso es propietaria del F. C. de Monte Alto, que partiendo
de Tlalnepantla, llega á San Pedro Atzcapozaltongo, y &lt;le las grandes Instalaciones HidroEléctricas que tiene arrendadas i1 la «Compañía
Explotadora de las Fuerzas Hidroeléctricas
de San Ildefonso, S. A.,» que aprovecha las
energías para la. producci6n de fuerza y luz
en la ~iud8d de México.
En la Exposición de Toluca, la Fábrica de
San Ildefonso exhibe actualmente sus prod uctos en un lote especial, que ha despertado, con

justicia, el interés de los visitantes. Los casimires salidos de sus grandes talleres llaman
desde luego la atención por la finura de su tejido y sus dibujos. Las alfombras que presenta la Fábrica son también de la mejor hechura y· revelan el grnd-0 de adelanto que alcanza

en la actualidad este importante ramo de la
industria.
Ofrecemos en esta página una vista general de la Fábrica y una fotografía del lote
arreglado por la Compañía explotadora para
el certameh abierto últimamente.

Detallo del lote do la Compañia en el Certamen de Toluca.

�Domingo 26

de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

''~a cNueva cln6usfria''

LL MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 18.

MÉXICO, NOVIEMBRE 2 DE 1902.

Subscripción mensual lorAoea, $1.50
l&lt;lem ldem. en la capüal, "1.25

Dlrectori LIC. RAf'AU RfYI&amp; &amp;PINDOLA.

Cierente: LUt!'I Rtl'f&amp; &amp;PINDOLA,

RTJINAS DE PALENQUE.

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' 1J;t¡11 ~,,,
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Camas exhibidas por los Sres. A. Mestas y Comp.

UNA GRAN FABRICA.
En la crónica que de los departamentos de la Exposición Nacional
de Toluca, nos envió nuestro corresponsal en aquella ciudad, daba
cuenta de un local anexo al oficial; local que se distinguía por su elegan.
cia y por los finísimos objetos allí expuestos. Al fondo del hermoso co•
rredor que estaba cubierto con plantas varias, colección del señor General Villada, se destacaba entre nn departamento amplio, trasparentado
por lujosas vitrinas, el de ,eLa Nueva Industria», de los señores Mestas
y Comp., de la ciudad de México. Los concurrentes al certamen, atraÍ•
dos por el hermoso aspecto que presentaba el salón referido, acudían
en masa para admirar la soberbia colección de camas de latón que, con
su brillo y finísimo pulido imitando oro, formaban uno de los mejores
contingentes.
Las camas, cuya fotografía publicamos, estaban provistas de sus col•
chones, sohrecamas de raso y calados de lino.
La fama que tiene c,La Nueva Industria» por sus ricos trabajos, en
toda la República, se ha ensanchado en to&lt;lo el Estado de México con
el contingente que envió á la Exposición.
En la capital. los que conocen la fábrica y almacenes de ccLa Nueva Industria», han admirado siempre la rica y variada colección de sus productos. Hace poco que los señores Mestas, infatigables y honrados industriales que han elevado á una gran altura en la República el ramo
de fabricación de camas de diversas clases, muebles y útiles de casa
abrieron un almacén en la esquina 2~ de la Monterilla y San Agustín'.
Sin exageración alguna, ccLa Nueva Industria» es la primera en la
República y una de l&lt;ts principales en la América latina, en opinión de
los conocedores y del público de buen gusto.
Por lo demás, esta notaole fáhrica. ha tomado parte en varias Exposiciones extranjeras y nacionales, y con justicia se ha hecho acreedora
á los más altos premios.
Seguramente que en la Exposición Nacional de Toluca en donde repetimos, ha llamado la atención, obtendrá una de las ~ejore, redompensas.' pu:s aun9ue hay otros productos del mismo género, pasan inadvertidos Junto a los de ccLa Nueva Industria».

Almacenes en la Esquina de San Agustín y Monterilla,

CORREDOR DE LA CASA DE LAS LEYES.
11-

(Fot. de Walte.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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