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                    <text>EL MUNDO ILUSTRADO.

bomlngo 16 de Mnrw de 1903

Todavía hay que temer de Silvio, y el alcalde me librará de cualquier
ataque. Debe haber una ley, un medio cualquiera que permita á un
alcalde evitar las tentativas criminales de un borracho.
Tales son mis ideas.
Estoy cerca del enverjado.
-Sí; yo he llamado: tengo miedo. Un hombre estaba en la espesura, en el otro extremo del jardín. ¡Ahl sefior, yo se lo ruego, que
ese hombre no vuelva. ¡No voy á poder vivir!
Mis ojos buscan al acaso, hacia el sitio donde pudiera encontrnse el señor Raibert. No hay luna.
-¿Es la primera vez-me pregunta-que ese hombre ...... la espía ...... de tal modo?
No sé lo que hago. El hombre que me habla así, no tiene ningún derecho á que yo le haga tales confidencias. Pero mi alma es demasiado cándida: todos los seres que tienen apariencia tan distinguida,
me parecen hermanos míos, en lo que esa palabra expresa de intimidad purísima.
-¿La primera vez? No; ya un día, en el camino de San Roque,
se me presentó, pidiéndome que fuera su esposa.
-¡Ahl ¿Y quién es?
--Silvio Moutet, uno del lugar.
-Sí, sí.. . .. . ¡Un muchacho encantador, en efecto! Bien, y ¿por
qué no lo acepta usted por marido?
-¡Oh! Sefior alcalde ........ .
Toda mi distinción, que parece inadvertida, todo mi deseo de
una uni6n espiritual con alguien que fuese igual á mí, surgió de mis
labios con ese solo grito, provocado por la pregunta del alcalde.
¡Yol ¡Yo esposa de Silvio Moutet, el borracho! Y quien me dice eso tan tranquilamente, es ese hombre inteligente y fino, que debería comprender mejor que cualquiera otro cuán cruel es mi soledad
moral de ahora l. ....... .
¡En qué abandono estoy, Dios mío, para que nadie pueda comprenderme!
Y mis labios temblaron, intentando sonreír, para no contraerse
en un sollozo.
-¡Oh! ¡Sefior alcalde, oh! ......

***

¿DP dónde surge el destino del hombre, para caer sobre él en el
momento preciso en que estaba escrito que cayese? ¿Cómo llegan
cuando no hay para ellos, á lo que parezca, ningún camino preparado?
Y, sobre todo, ¿cómo hay gentes que r, uedan predecir su advenimiento,
como lo había hecho Victorina?
·
El señor Raibert pos6 su mano en la mía, que temblaba. Y sin
transición, su voz at;ariciadora se llenó de ternura infinita, y murmuró:
-Perdón, perdón, perdón .......... ¿Usted esposa de Silvio, ó de
otro, no importa quién, de los de aquí? ...... Mil veces perdón por esa
injuria ..... .
&lt;&lt; ••• Era una prueba l. ...
«... Uited es mujer; él la ha confesado su amor; usted podía amarle ...... Esto era lo que yo temía cuando supe que usted había llorado
tanto en la tarde misma en que Sil vio se Je presentó en el camino....
«... ¿Por qué ha llorado usted tanto, dígame? ¿Y tantas otras veces después? ¿Y esta noche, todavía, cuando soñaba usted, tan pálida, con el rostro hacia el firmamento ...... ?
«.•. ¿Por qué, María Teresa?»
Pensó, más bien que dijo, esa última palabra: mi nombre; pero
mi cerebro le oyó, á fuerza de estar alucinado. Porque estaba yo fuera de mí. Toda esa ternura me ahogaba, no dejándome en pie sino
una idea fija: la predicción de Victorina.
Por mucho tiempo mi garganta contraída no dejó pasar ningún
sonido; por fin murmuré:
-Cuando usted me espiaba de este modo, Victorina le seguía.
le espiaba también, ¿no es verdad? ¿Estaba en alguna parte? ¿La veí~
usted surgir á su paso? ¡ Dígamelo usted, se lo suplico!. .....
Mi estado le alarmó.
-Pero no sé nada de eso, señorita. ¿Por qué?
Entonces volví en mí.
¿Qué _me importaba fuera en verdad una hechicera ó que hubiese presentido el desenlace, á fuerza de inteligencia ó de espionaje?...
El hecho estaba allí, irrecusable: el sefior Raibert había venido y me
hablaba de amor, y á la luz débil de la luna en creciente, vi su rostro
turbarse súbitamente, sus ojos resplandecer de ternura y de respeto
en ta11to que los de Silvio habían brillado como dos brazas.
'
¡Oh, sí; qué dulce sería la unión fraternal con ese hombre!
¡Qué simpáticamente resouaba en mi alma su voz!
¡El me amaba, puesto que sabía también mi vida, casi minuto
á minuto! ¡Pero qué delicadeza, qué respeto en ese amor, puesto que
yo no lo había sabido!
¿Y yo, le amaba?
¡No; sin duda, todavía; pero podía amarle! Sentía que en él había la ternura á que mi alma aspiraba. ¿Qué fuerza me impediría ir
en busca de esa ternura ......... prohibida, puesto que ese hombre era
casado?
1La prudencial El valor de roro per desde ahora con ese atractivo
fatal que me obligaba á permanecer allí, de pie, junto á la barda,
cuando debía haber huido ya.
Y valerosamente, di un paso brusco para cumplir mi resolución
heroica; mis manos se desasieron de la barrera; mi voz era tan blanca como mis manos, baiiadas por la luz de la luna, y como el rostro
angustiado de Raibert. Todo era blanco; era de plata vaporosa que

nos bafiaba pálidamente, que recibía mi'tristeza infinita y pura, blanca también, como todo en ese momento, en derredor de mis ojos, que
se turbaban mientras yo hablaba.
-¡Conque usted me espiaba! ¡Y cuando Victorina casi me lo
anunciaba, yo no podía comprenderla, ni creerla! ¡Oh! ¡Quf mal estaba eso, señor!
Mi voz seguía siendo dulce, á pesar de la ligera rudeza de mis
palabras. Proseguí:
--¿Qué quiere usted de mí? ¿Por quién me toma? ¿Qué espera
usted?
Murmuró:
-¡Nada; se lo juro!
-¡Pues bien-dije exaltándome,-déjeme usted, señor, entonces! ¿Qué viene usted á rondar, por la noche, en rededor de mi jardín, como Silvio el borracho? ¡Ah ironía! es usted quien ha ocurrido
á librarme de él...... ¿Me ve usted sola, en el jardín? ¿Sabe usted que
va á ser media noche? ¡Ah Dios mío! ¡Dios mfol ¿Es así como han
comenzado á desviarRe las otras?
Gritaba casi, exasperada, con las manos juntas, con las mejillas
bañadas de lágrimas que no me ocupaba de enjugar.
Retirado á tres pasos de la verja, el sefior Raibert murmuró, con
la frente descubierta:
-Cálmese usted, sefiorita, se lo ruego. Cálmese usted; voy á retirarme. Pero antes, permítame una palabra, una sola, la última.....
¿Llora usted, no es verdad? Y hace una hora, también lloraba. ¿Cuáles lágrimas eran más amargas: las' de ahora ó las otras? Reflexione.
Es todo lo que pido. Me retiro.
Hizo una reverencia hasta barrer casi el suelo con su sombrero
gris, y desapareció.
Quedé petrificada, con la última frase del alcalde clavada en pleno corazón, como un cuchillo.

ILUSlRADO
ANO X•••TOMO 1.-.,NUM. 12

MEXICO, MARZO 22 DI 1903.

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ldem. ldem. en l1 capo1al, S1,25

6erente: LUII', RrY~ &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAl"AlL RtU&amp; &amp;PINDOLA.

XXVII
El alcalde tenía razón. Mi vida cambió; pude por fin el substraerme á la t9mida tentación. Primero permanecí varios días sin salir,
meditando un plan de conducta. Fué una preocupaci6n no libre de
encanto; luego, cuando hube tomado la resolución de no cambiar en
nada mi conducta, y solamente acorazarme contra mí misma, quedar
digna ante el alcalde si llegaba á encontrarle, y, sobre todo, evitar
encontrarle, entonces volví á hacer mis habituales salidas, con el paso más vivo, la mirada más alerta.
No se trataba ya de vagar al acaso y arrastrar uu pensamiento
sin objeto; sino escoger los caminos más cortos, más directos á mi casa, y pensar en evitar un encuentro con el señor Raibert. Así lo hice.
Y Jebe haber ocurrido que esto me fm,se sumamente agradable, porque desde entonces los días pasaban con una rapidez increíble.
Y como el alcalde no se presentaba jamás, y yo pensaba constantemente en él, para evitarle, sucedió que mis paseos fueron más
bien excursiones en busca de ese hombre.
El día que pude convencerme de ello, me detuve llena de confusión, con los ojos rasados en lágrimas de despecho ... ¿Cuál es, pues,
la complexidad de lo que se experimenta? .. . ¿Sentía yo despecho por
no encontrar al sefior Raibert, ó contra mí misma, por el descubrimiento que acaba~a de hacer?_ l!.:sta última debía ser la verdad, porque me
decía, al caminar despacio por la vereda sembrada de margaritas:
«¡Es así como han empezado las otras! ¡Es así, absolutamente! Porque ó yo soy la última de las últimas, puesto que siento que
busco á ese hombre-y no lo creo, porque 110 pienso nada malo puesto que es mi ser el que inconsciente, instintivamente va hacia 'él como el labio sediento hacia el manantial-ó las otras han sido domo
yo, tan puras y tan instintivas, y entonces la vida es una abominación.»
Y me senté, agitada por un mundo de pensamientos.
¿Por qué la sociedad prohibe el amor si la naturaleza ha querido que el amor exista?
'
_¡Oh! ¡Esas piedras que me había referido Phrasia! ¡Esas piedras
arroJa~as á la profesora caída! ¡Esta no había matado á su hijo! ¡Se
había ido, llevando en las entrañas el fruto sagrado y se habían atrevido á lanzar piedras contra ese seno!
'
¿Qué había. hecho esa infeliz joven, sino la obra augusta de perpetuar la vida?
.. Así pe!1sé durante mucho tiempo, con la mano apoyada en la
meJilla .i.rdiente.
Cayó la tarde, violeta y rosa, semejante á un ramillete de viole•
tas, cuyos racimos pendían sobre las cimas de los montes· racimos
malva, salpicados de oro, justamente como la fl()recilla e~balsamadora que los enamorados cortan en los bosques ......... Y soñaba en
todo esto: en los enamorados, en los prometidos, en los esposos ..... .
¿Tales goc~s no me, s~rían permitidos jamás?
¡Habían sido tan rap1das las frases de ternura oídas aquella noche!
. ¡Qué dulce fue_ra que, durante los días en que me creía sola, hubiese sabídome espiada por tal mirada de amor!
¿Dónde estaba hoy esa mirada?
¿Mi rig?r la habría alejado para siempre?
¿No e~1stía en alguna parte, en el misterio de las hojas, y no se
me acercana ya nunca, nunca?
Me incliné para buscarla. De pronto resonó la voz del señor Raibert, haciéndome latir tumultuosamente el corazón:
-¡María Teresa!
( CONTINUARÁ. )

7

ABSTRAÍDA.
( COLECCIÓN P ELLANDDi'J.)

�Domlngo 22 de' Marzo de 1903.

no tngañtis á los niñost

'

Hemos nacido para la verdad: toda educación que disturbe, retarde ó impida este objeto nobilísimo, es falsa, dañosa, reprobable.
Cuando se dice educación, no debe entenderse
só\o un arte determinado y estrecho que ejercitan los maestros, los pedagogos, los padres
ilustrados, para con los, niños. Tiende á educar á éstos, y tal vez mas qm, lo otro_. toda esa
serie de acciones, de palabras, de obJetos, que
los rodean desde el momento en que sus tier•
nos cerebros empiezan á alumbrarse con los
rayos nacientes ele la razón. -Las primeras ideas
ó sensaciones que llegan al niño, dejan en su
memoria ó en su fantasía huellas profundas,
de las que indefectiblem~i:it~ ~e. valdrá m.ás
tarde para formarse y emitir JUICIO~, para eJ~cutar acciones, para corregir ó alentar, seguir
ó rechazar instintos buenos ó malos. Por eso
es de suma importancia saber escoger las personas que deben rodear á los ni~os en sus
primeros años, pues ellas, como dice el poeta, los acompañar.ín por toda la vida. Por de~gracia muy pocas personas toman para su~ hijos una precauci6n de tanta trascendencia, y
muy á menudo loj abandonan en manos de
domésticos ó de parieutes que, por ligereza ó
por ignorancia engañan constantemente á. hs
inteligencias infantiles, crean en ellas arraigados errores y prejuicios fatales, vici~n sus
tiernas fanta~ías sembrando en ellas miedos y
terrores, falsifican sus corazoncitos haciéndolos dobles para siempre, disimuladores, sospechosos........ .
Esa bendita edad de la inocencia y de la
sencillez, inexperta en todo y ávida de saberlo
todo fácilmente escucha los conceptos de los
may~res y casi siempre les presta una fe ciega. Por eso sería obra abyecta y nociva el valerse de tal superioridad para cultivar lo falso· es cierto que con frecuencia se hace por
br~ma y sólo con objeto de divertirse y de observar los efectos curiosos de la infantil credulidad· pero, de todos modos, ese proceder produce ~esultados lamentables. Por ejemplo, un
adulto dice á una chicuela que del mismo modo como se siembran semillas para producir
arbustos y flores, sembrando muñecas se obtendrán árboles, que á guisa de frutos, ¡,roducirán abundantes muñecas. La niña lo creerá
é irá á enterrar sus muñecas en el jardín, con
la esperanza de hallarlas propagadas al día siguiente; entonces, ó bien se defraudan sus esperanzas y no vuelve á creer en nada de lo
que en lo sucesivo le diga el adulto; ó si éste,
para sostenE'r la superchería, ha cuidado de
colocar en el jardín nuevas muñecas, la chicuela creerá firmemente en la propagación de
la materia inerte y esa creencia, aunque más
tarde sea desechada por la razón, no habrá dejado de marcar su huella en la fantasía de la
niña.
Recorriendo nuestros hermosos parques á la
hora en que bajo sus opnlentas arboledas se
congrega la bulliciosa y pequefia muchedumbre que ha de ser la sociedad del mañan.a, .con
frecueucia pueden observarse los procedimientos vioiosos que siguen las niñeras, ignorantes
de la trascendencia de sus engafios. Un niño
cae por tierra y la niñera, para consolar su
llanto le dice: «¡Pégale al suelo, él te tiró.»
El nifio azota el suelo hasta desahogar su ira,
y de esa superchería aparentemente inocente,
quedan dos huellas en su espíritu: la idea de
que el suelo lo tiró, cuando sólo fué causa de
la caída la falta de precaución al correr 6 la
debilidad de sus piernezuelas; el fomento del
instinto de la venganza!
Podrá objetarse que no siempre es posible
dejar de engañ.ar á los nifios y que muchas
veces el torrente de sus «¿por qué?u ..... pone
en aprieto basta á los más avisado~, pues hay
muchas preguntas que no pueden ni deben
contestárseles, dada su índole delicada. Pero
en tales casos es muy posible darles á entender que tales cuestiones no están al alcance de
su comprensión, sin necesidad de engafiarlos.
De muy especial trascendencia son los pre.:
juicios acerca de lo sobrenatural y los miedos
con que las nifieras se complacen en rellenar

EL MUNDO ILUSTRADO.

las imaginaciones de los nifios, y que en no
pocas ocasiones duran en ellas toda la vida sin
que alcaucen á arrancarlas ni los conocimientos ni las convicciones que después puedan
adquirir. Hay personas ilustradas que de noche, cuando están solas y sin luz, sienten invencibles terrores de cosas sobre11aturales, de
aparecidos, de muertos, no obstante que su razón y su ilustración les grita que esos terrores
son absurdos. ¿Qué significa eso? ..... Que los
miedos de la niñez, engendrados por los cuentos
y las amenazas de las nifieras, prendieron tan
fuertemente sus garras en las imaginaciones
tiernas, que más tarde ha sido ya imposible
arrancarlos.
Téngase en cuenta la influencia que esos
malos principios ejercen en el carácter, en la
moralidad y en la felicidad de los hombres, y
repítase sin cesar á los padres de familia y á
los educado res en general: ¡No engañéis á los
niños!
SARDIN.

CUENTOS FON AMBULESCOS.
EL BENEFICIO.
-¡Fuera abajo!
-¡Con permiso, señores; necesitamos quitar esas sillas.
-¡No se olviden esas macetas á la izquierda. Esa puerta del fondo!
Todos esos gritos se oían en el foro.
A la puerta del camarín de la beneficiada
se arremolinaban todos los admiradores, y
procuraban estar cerca de ella, para que los
ruidos de los preparativos de la escena, no les
impidieran conversar.
El camarín era muy pequeño y entre aquellas paredes de tablas mal unidas apenas cabían las canastillas y coronas obsequiadas esa
noche por los amigos de la tiple.
-1\Iis felicitaciones muy sinceras por su
triunfo.
-Lucrecia, voy á tener el gusto de presentar con Vd. á mi amigo Román, que está deseoso de estrechar su mano; es poeta distinguido.
-Señorita ........ .
-Amigo Gómez, recibí su hermoso ramo;
estas flores que saco en este acto son de las
de Vd.
-¡ Ya puede tocarse la primera!
-¿Dónde están las ollas?-preguntaba una
corista.
-¡Luz, mándamP, el sombrero hongo, pero
acepíllalo antes-gritaba á su mujer el barítono.
-¡Que no se olvide el cambio de luz en la
primera mutación-recomendaba el Director
de escena.
Todas esas frases aisladas, unidas al ruido
de los trastos que caían, al chirriar de los telones, arrastrar de muebles, etc., etc., formaban una enorme confusión.
Un vejete de luciente pechera y de monóculo-un imbécil-dijo á la beneficiada:
-Por supuesto que está. Vd. invitada á cenar con nosotros; ya sabe Vd., unos cuantos,
todos de confianza.
-Gracias, D. Paco, pero no puedo! acabo
tan cansada! y me siento enferma; otro día será; me voy directamente á casa.
-¡Oh! y yo que había mandado preparar
una cena compuesta de los platillos favoritos
de Vd.
-No, Vd. no desairará á D. Paco; hará Vd.
un sacrificio.
-Seguramente que Lucrecia no llevaría su
crueldad hasta el punto de dejarnos sin cenll.r
porque sin ella claro está que no cenaríamos'
¿verdad?
'
-¡Cuánto lo siento! pero no puede ser.
-Es verdad-suspiró D. Paco;-como ya recibió Vd. otras tres invitaciones, quién sabe
cuál será el preferido.
-Está Vd. muy bien enterado; es Vd. atroz
D. Paco, pero ninguna he admitido.
'

-Señorita Lucrecia, preparada. ¿Lleva Vd.
ya la pandereta?
-Sí; aquí está..
-1 La tercera! Coro de mujeres á la escena.
-Entonces hasta el otro entreacto; al menos aceptará Vd. una copa de «champagne,•
aquí está en su camarín.
-Con todo gusto.
-A los pies de Vd.
-Voy á seguir aplaudiéndola.
-Hasta luego.
-Sefiorita, tanto gusto ..... .
--¡Por fin, sefueron; quéfastidiol-casigimi6 la beneficiada, sacudiendo de su cabellera rubia-es decir, suya no, la suya, natural,
era negra, muy negra,-de su cabellera de utilería, el confetti que se le había prendido y
dejándose caer sobre una silla.
'
La orquesta preludió el último acto.
Las mujeres con las ollas apoyadas en la
cadera, se alinearon por voces.
-¡Fuera de escena! ¡Arriba!
Y el telón subió.
Desde el salón llegaron los ruidos de asientos que desplegaban, de los pasos de los retardados y de los «Shit» de !os que protestaban por los ruidos.
La voz del coro se alz6 uniforme y sonora.
Lucrecia seguía sentada indolentemente¡ya solal-junto al bastidor segundo de lade-,
recha.
Enfrente, entre los bastidores opuestos apareció un hombre que llevaba cubierta la cabeza con una gorrilla azul. Bajo ella asoma
un mech6n de pelo, brillaban dos ojos y•
movía impacientemente un bigote hirsuto-negro el cabello, negros los ojos y negro el bi•
gote.
Iba en pechos de camisa, una cami.ia azul
cruzada por tirantes negros que sostenían el
pantalón también azul, y á la cintura llevabl
un martillo y una bolsa con clavos.
Fingió, apoyándose con una mano sobre el
bastidor, revisar si estaba bien puesta la escena, y resbal6 su mirada sobre Lucrecia.
Ella entonces levantó la mano blanqueada,
y le chasqueó «Pst,, con la boca, y le mand6
«Ven» con la mirada.
Fué el hombrazo.
Ella resueltamente, sin decirle palabra, le
tomó con la pequeña mano suave y firme la
manota encallecida y temblona, y lo arrastr6
al centro del camarín.
Se le puso enfrente, se cruzó de brazos, le
miró con fijeza, á lo hondo, y como con UD
gran convencimiento, le afirmó, no le preguntó:
-¡Tú me quieres mucho!
-¡Yo?........ .
-No lo niegues, tonto, ¿por
has dicho?
-Pero ..... .
-Esta noche me invitas á cenar.
-Pues ...... -y se llevó la mano significativamente al lugar en que hubiera llevado 101
bolsillos si hubiese vestido chaleco.
-Yo te presto; tú me pagarás bien.
-¡ ......... !
--Shit.
El traspunte llegó con el libro abierto y
farolillo al brazo.
-Señorita Lucrecia, entra Vd.-y le sopl6
al oído la primera frase.
-Vete, tonto, y espérame en la esquina;
envuélvete en tu capa.
-Pero ........ .
-Que te calles.
Sali6 la beneficiada: aplausos; después cien
gemelos se levantaron, y todas las miradal
fueron á prenderse al cuerpo de la mujer.
Algun?s tosían por lo bajo, otros se movíf:D
en los asientos, buscando que viese ella baCJ6
ellos.
Y el hombrazo, pálido, sudoroso, trémulo,
con las manos á la espalda y la mirada al suelo, se preguntaba si estaría despierto como en
las otras noches, 6 si estaría soñando en aquella noche de beneficio.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 22 de' Marzo de 1903.

J:aboratorto Bacttriológico.
IMPORTANTES EXPERIENCIAS.
Como una dependencia del Instituto Patológico ha quedado establecido en el número
12 de ln. 71.1 calle de Carpio, un laborator;o
bacteriológico provisto parn. el servicio de los
útiles y aparatos más modernos.
El lunes de la semana pasada fué visitado
oficialmente por el Sr. Subsecretario de Instrucción Don Justo Sierra y, con estr. motivo,
se dispusieron para ese día algunas experiencias que resultaron muy importantes. En re•
sumen, vamo!', á dar cuenta á nuestros lectoTes de los departamentos en que se di vide el
Laboratorio y de los ensayos efectuados.
El departamento que visitó primero el Sr.
Sierra fué el de comprobaci6n de bacterias.
Allí, en varios microscopios,se le mostró el
bacilo de la peste bubónica, clúndosele á conocer en seguida una interesante serie de microfotografías de bacterias patógenas. En el departamente de preparación de medios de cultivo, que recorrió después el Sr. Subsecretario,
se propagan 103 gérmenes para las ,·acunas de
Haffkine .Y Bedreska y, en otro se hace la
selección de los animales (cultos,'ratas, etc.,)
que deben i,ervir para la experimentación.
El laboratorio técnico especial consta de una
sola pieza, escrupulosamente protegida contra
la invasión ó salida de los insectos y roedores.
Hay en él, u11 ingenioso aparato en el cual se
hacen las inoculaciones, siembras de gérmenes y repartición de vacunas, dispuesto de
manera que sea imposible todo peligro de contagio. Un mecanismo especial permite abrir y
cerrar automáticamente el aparato, y, una vez
terminada'! las experiencias que en él se efectúan, se le desinfecta con vapores de formalina mediante un generador especial y con otros
antisépticos.
En este laLoratorio se inoculó una rata con
virus, se hizo la autopsía de otra, muerta, y
se sembraron medios de cultivo con los productos ele ésta. Las experiencias estuvieron á
cargo del Sr. Dr. Angel Gaviño Jefe del Establecimiento, y del Dr. D. Jos'é Gayón.

El Sr. Subsecretario de lnstrucci6n Pública y el personal del Laboratorio.

Hechas estas pruebas, se visitó el departamento de estufas, donde se hace el cultivo
de los microbios y se preparan las vacunas.
Las estufas se calientan unas por electricidad
y otras con gasolina carburada, á fin de mantenerlas á una temperatura constante. La rata que había s~rvido para la experiencia á que
antes nos referimos, fué cremada reduciéndosela en pocos minutos á un carbón parecido á
la antracita.
Actualmente se prncede al arreglo de un local para los caballos que han de proporcionar
el suero curativo, y que deben ser vacunados.
Como una medida precautoria, se ha construído. un estanque en el cual 1 llegado el caso, los
ammales que mueran por moculación, podrán
ser destruidos empleando para ello substancias químicas especiales.
Además del Sr. Subsecretario de Instruci6n
visitaron el L!i.boratorio los Sres. Dres. Don
Eduardo Licéaga, Toussaint, Altamirano y
algunos otros. La visita duró más de dos horas.

altaneros, llenando los cafés, los puestos de
guardia, las estaciones, las plazas pública!',
las iglesias y los paseos, en los que flota 1~
sombra perfumada de los viejos olmos loreneses!
Sí, ahí están, bajo el gesto severo de Ney
bajo la mirada pensativa de Flaubert frent~
á la catedral inmensa y florecida com~ un inv~rnadero, cerca de este Mosela trasparente y
v1Yo como una alma!

EL IUSEO DK :IETZ.
:_:.-:-:- ffllcbtltt.

FRANCISCO ZAR.A.TE RUJZ.

Un ángulo de la sala de comprobaci6n.

En el museo de Metz
hay, obra de Couture,
un retrato de Michelet.
Extraña é ineludible
figura, toda ella pen&amp;amiento y pasión! Encuadrado, de espesos y
largos cabellos grises,
aquel rostro parece todavía joven. Es seco,
fino, vibrante. La nariz, un poco prolongada, se dilata en venu:nillas palpitantes. La
boca, grande, arqueada, roja, ha sido trazada de una sola pincelada. Respira como
una mezcla de voluptuosidad y de ascetismo, de fe y de inquietud. Pero el rasgo más
notable es el de los
párpados oscuros que
caen sobre la mirada
límpida con una dulzura cuasi femenina ...
Y, sin embargo, aquí
están estos hombres,
los bárbaros azules, los
wurtembergueses verdes, los negros prusianos, todos ellos igualmente mugrientos y

Aparato donde se hacen las inyecciones.

En medio de esta invasión que fuma grita
bebe, c.ome y bulle, haciendo gala de ~na ig~
norancia absoluta de la justicia, cuando se sale ,del rn.useo de Metz, se lleva la imagen del
mas .ardiente francés, del poeta tierno, febril
Y p1~1toresco,. cuyo corazón desbordaba de
amo1 y de odio, pero que no am6 sino el amor
Y no execró sino la iniquidad, y se interroga
ento1:ces con e~tera confianza aquella límpida mITada de vidente, aquellos ojos de párpados sombríos que parecen haber llorado.
EMlLEIIEUZIN.

�Domingo 22 dP' i\farzo d

F.L Ml':'\DO II L'STRADO.

una pequefia pieza que sirve de an
oficinas, comunicn.da con el jardín por
calera. de mampostería., cubierta en
por enredaderas tropicales. En el d
esta e,;calera, se ve el Escudo Real d11
El clespa.cho del Sr. ~linistro, es
mu,v elegante, sus muebles son de lo
tístico y está adornado con vistosos
piezas florales.

s•

***

Fot. Xapoleún.

Pero lo que m6.s llama la atención de
vi~itan el edificio es la Yariedad de pi
grabados y fotografías que posee el
qué:,; &lt;le Prat y que con,-tituye, sin
mejor adorno de su residencia. Hay
dro;; debidos á los maestros antiguos y
no~ mús célebres, distinguiénrlose en 1
ción, como los más valioso$, un «SRn
y un «San Bartolomé,» del Espaiioleto
esce11a en l\ladrid» \" un retrnto del
Baltnzar, ele \'elásqi1ez; una «Santa
de ZurbarÍln, y una «Adoraciún de 108
lle \'an cler Werden.
Entre las foto~rafíns, cuenta el Sr.
los retrato,; &lt;le la Reina Alejandra y de
na de Rusia, con los autúgrafos de las
nas, y los de los miembros de la fam'
española. En RU despncho, y ence
un elegante marco que remata una
real, se ve el &lt;le 8. ~I. Alfonso XIII,

Rtsidtncias Diplomáticas.
ta ttgadón dt España.
Entre las re;:idencias diplom:llicas establecid as en la actualidacl en la )letrópoli, ocupa
lugar preferente, no Hólo por la hermosma de
su construcción, sino también por el buen
gusto que domina en el decorado de Rus i,alones, el edificio de la calle de ~adí Carnot en
que se encuentra instalada la Legación de
España.
La suntuosa residencia, que se levanta enmedio de un jardín, con!-ta de Yarios departamento:&gt;. En la planta baja estún las oficinn¡.; y
el despacho del ~r. ".\lini!-tro, y la !"ala de espera y la de recepción, ú las cuales da accern
una bonü:i escalinata de cantera. T:wto una
como otra 1&gt;stán arregladas con yerdadero arte: en la primera se ven algunos cuadros de
mtrito y muebles de e."tilo morii-co, y en la
seguncla, un lujoso ajuar «Luis XYln y otro
del estilo dominante en la época de lrnbel la
Católica. Ricos cortinajes de se&lt;ln', biombos,
etc. , etc., completan el decorado de la sala,
y los colon a azul y crema dominan en las obras
de tn.picería.
Frente á estos departamento!", se encuentra

Yo le he Yii-to, aunque en sueJ101-,, le he Yisto. J;~ ncon·ado sobre la complicada múqninn,
t em os los múltiples h ilos y con los husos en
la mnno, el YiC'jtl tl'jedor fabrieaba sn tela.
Era larg:i. y Pra :lllchn: todo cahía en t-lla.
E ra fuerte por un 1•xtremo, por el ot10 se d1&gt;shi lnehaha. Ern t:1111hién caprieho:-a: todrn, los
colores se re1111hn nllí. ¡C11ú11tos hilos!
Yicjo \t&gt;jedor, ¡,&lt;¡UÓ hilos .,on l':-rn,;?
-Son los hilo:,; de hi Px isll'llt'ia.
El tehr er:1 lllU)' grande. l1111úmeros crnn
l os que t1ahajaha11 t•n í·l. U nos reían, otro::;
lloraban al :-011 r.colllpn:-ado 1le las lanzaderas:
pe ro todo,; reu nía n los hi los preciosos que más
tarde debían desunir:-e: todos tejían su propia
t ela.
- Yiejo tejedor, ¿11uú fahriea ese jo\·en tan
afanosamente·?
-Ilusione:-:, i-uciíoi:;, e,-pernnzn;: .....
- Yiejo tejedor, ¿,&lt;¡né hilos son los qne emplea. aqnel recPlo:-o·?
- Lus de la enYidia, b mentira y la calumn ia.
--Yic•jo urdidor, ¿,qui- teje aquel anciano"?
De,-;engaflos, infortunio", ingratitudes.
Un os reían, otros lloraban al son ncompasado &lt;le las lanzaderas; pero to&lt;los reunían Jo,hilos que mús tarde delnan dc:,;unin,e: todo!;
fabricaban su propia tela.
A veces la tela era un manto tle púrpura;
otras,. pañoletas y venda~, y ú yeces era un
suda rio.
Mientras unos reían y otros lloraban al son
acompasado de las lanzaderas, el viejo urdidor
me dijo:
- ¡Todos tejen su propia de¡;gracia!

-----

FRA:-.CISCO

Conos.

APOLI\EA
Yo quiero el ,·erso fiícil: que teuga, cual la ~Pda
6 cua l In p iel de un niño, la suavidad que anima
la mano cuvo tacto lo tlelicado estima;
yo quiero
verso, tierno, cual ramo de rewda.

el

Que finja los contornos del iris que se enr('(la
sobre las verdes frondas 6 sobro la alta cima;
que surja níveo y terso y txpire en dulce dma,
como el dilecto cis~e junto a los pies de Leda.
Yo quiero e l verso dócil al labio y al oído,
con vib1•acit'ln que exprese la. mag-ia del sonido
y arranque de las almas esencias misteriosas:
el verso que se nutre de cosas ignorada,;;
que emerge en los capullos al beso de las Hadas
lleva do áureo carro las rienda,,, victoriosas'.

L.

TORRES AB.\:-;D!illO.

LAS FIESTAS L,E CARI DAD DE GUADA L AJ ARA.

(Fot. Lupcrcio.)

Srita. Ana BArcena., reina. de una corrida. de toros

ESTIGMA
( larn en mi pecho tu wrfi&lt;lia'. Clarn
!"obre mi pecho tu puiial! Ahonda!
Hasta que el hi(•rro sin pitda1l n-&lt;ponda
á tu conciencia clelincuentr. y pr:wa.

El Sr. Ministro en su D espacho.

&lt;ledica.toria puesta por él mismo: «Al
de Prat de Nantuillet, Alfonso, 1002·•
Alfonso XII, conserva el Sr. Ministro
retratos, entre los cuales hay uno
líneas que demuestran la estinrnci6n
fianza que le dispensaba aquel Hey:
co Prat, Recuerdo de .Alfon!lo, 1881.•
.\demás, Yimos en la Legación mu
fotografías de otros de los principales
nos de Europa, 1le hombres célebres
tistas notables.

Y no te ocultes! Como iütPrn&lt;a laYa
salrlríl del pecho la sangri1&gt;nla onda,
antes quP prei;a ele terror se esconda
tu mano un tiempo de mi mano e~claY,L
Horrendo estigma que al perdón resi!-h•
~erá en tu vida miserable y triste
la marca impre~a por mi sangre nrdient&lt;'.
Y de extinguirla lratarÍls C'll vano,
porque al borrar~e en tu rebelde mano
mucho más negra. infamará tu frenll'!

***

Para concluir, diremos que tanto el
qués como su distinguida espo"a, ha
captarse por eu exquisito trato, las si
de nuestra buena socicclacl.
La Ara. :Marc¡ues:i perten ece
principales fami:ins de &lt;3recia;
honor de la reina, y por s11 posición en
te, tuvo oportunidad de conocer ni!(
tual 8oberana de J nglater1 a, de 1¡u1en
íntima amiga.

ANDRÉS :\lAT.\,

~EGACI ON DE ESPANA.- Interior del Despacho.

S.\L.\ DJ-; ESPt:R.\.

l!lO~.

EL TELAR DE LA. VIDA.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo '.!2 M )larzo de 1903

Fachada de la L egación de España.

0

Fot. Napoleón.

l•'ot. X apoleón.

�Domingo 22 dé Marzo de 1903.
EL MUNDO ILUSTRADO.

mo de yez en cuando: «-i Burna mano para lo~
- )lira, «niña», mira ....... ¿,Quién lo habrá
lazo,!» K¡Salió :1 su padre este muchacho!» o
Ella le brindó un va,;o de refrei;co.
hecho? Te a~eguro que, si quisiern, de un soexpresiones semej:inte!'. La abuela, _como una
-¡La mitad, no más que lamitad!-obserlo golpe con esta penca le romperín la cri,ma!
momia sin dnr m:1s Aeña.les de vida que el
vú él, al recibirlo.
Y en !&lt;U~ mano~ el flexible rebenque se domovimiento de las r.ianos al e~cardar, parecín
-¿,Y la otra?
bla.ha y batín el i&lt;uelo, como una l'Ulebra cutambién un ,·ellón de lana &lt;'011 sus trapos des-Ya lo Rabes ......
ya cabeza fuera la enorme y pesadii nuez de
hechos y sus cabellos muy blancos .....
El mozo bebiú con an~ia. Aquel día había
plomo
.....
sido de gran labor. Un sol rabioso les había
«La niña» guardó !'i lencio. .Juan vol viú á
escaldado las espaldas; y luego, el viento. un
Y .Juan, el nodo, agriado ya su triunfo p_or
enrollar el chicote á la cintura, y á encerrar
viento secn y revuelto que alborotaba el polel
incidente, ~e empecinaba, YOlvía á la misen !'-U corazón el odio hacia aquel )Iarco~ que
ma murmurando sordamente:
vo ......
bahía sido su amigo y que, su rival ahora,_ se
«¡Ah, si no fuera por «eso•! pensaba Juan,
..'.._¡Qué no¡.(: hacer mús que lazos! Ya le
em 1wñaba. en estorbarle el pa~o, y con &lt;¡\nen
mientras el líquido agridulce le refrescaba. las
proharé que también sé fabricar buenos rebenhabía tenido ya sus encontrones en las tnllas
faucei-.
ques para los bribones!
y los rodeos.
-Toma, el trato es trato ......
· El huaso Antonio seguía examinando la
YfCTOR DO!lllNGO SIL\-" A.
Ella lo vació de un sorbo. Era un comproobm recién concluída, y hablaba para si mismiso que habían celebra.do de¡:&lt;le que el viejo
Antonio les dijera, aquella inolvidable tarde,
al regreso del trabajo, por el camino asoleado:
«Sí, yo les doy mi comentimiento. Se ca~arán
ustedes después de la coRecha, con el favor de
Dios......... » Y nunca habían faltado, nunca
Juan bebió sin compartir con «la niña» la bebida.
Antonio seguía fumando tranquilamente,
sonriendo siempre ante la encantadora perspectiva de los campos verdeguean tes ...... «Oh,
las eras repleL'\s, el re~ollar de las yeguas fatigadas, el trigo vendido en la ciudad, los compradores peleándose su alfalfa.. .. Y, por otra
parte, la fruL'\ que sazonaba en la arboleda!»
La abuela seguía también escardando lana,
siempre callada en su rincón. Un último rayito de sol se coló por una rendija y bañó el
cuadro idílico con la alegría de su luz.
-¡Ya está! exclamó Juan con un suspiro,
apretando el último nudo de su lazo «de á
ocho.»
-¿A ver? dijo el padre.
Y se puso á examinar con mano y ojo de
perito en la materia, la obra maestra de su
hijo.
-¡No está malo! murmuró. Llegarás á ser
un rico trenzador ..... . De tal palo ..... .
Y á la verdad, el guaso Antonio era famoso
en la comarca. por su innegable destreza en la
talabartería campesina. Ninguna mano como
la suya para sobar un cuero ó improvisar una
montura, para. moldear una cabeza. ó trenzar
un lazo. En cuanto á peguale8, cinchas, maneas ó muchachos, ¡bah! en un minuto se hacía una docena, y con dibujos!
Así, .T uan escuchaba con intima satisfacción
los elogios del viejo, y las dulces fruiciones del
estimulo acariciaban su ánimo. Xo acertó á
dar gracias, turbado. Eso si, mientras su padre manoseaba, doblaba y estiraba la elá:;tica
cuerda del lazo, dirigió sus ojos á «la. niña.i:
con la esperanza de ver en los de ella un aplauso mudo, un reflejo de su propia complacencia ...... Pero «la niña» había bajado la vista,
entristecida, turbada también, y trataba de
disimular el temblor de sus labios.
El pobre muchacho se sorprendió súbitamente. Realmente, era cosa que no comprendía ...... Y de la expresión de franca y candorosa alegría que animaba su semblante, fué
pasando al gesto amargo de la decepción más
cruel.
-¿Qué fué, querida? pudo decir al fin.
-Nada, ¿sabes? replicó ella.
LAS FIESTAS DE CARIDAO EN GUADALAJARA
-Pero algo tienes....
Srita. Fany Cañedo, reina de una corrida de toros.
-Sí, sí... voy á contártelo. El otro dfa, ¿recuerdas? cuando fui á acompañarte hasta el
Destroza.das
Pieles negras que ele.va.das
camino, me encontré con Marcos, que nos haEn el campo, de los aires al resuello se curtía.o.
bía aguaitado .. .
Un saúz de secas bojas y caída.
- :Marco!' ..... siempre Marcos.. ... , interrumGreña indócil, antojábaseme una
pi6 el muchacho haciendo un áspero mohín
Hosca.y trémula.tarántula dormitando suspendida.
De los hilos invisibles de la luna.
de desprecio.
Garza. insomne recorría. los azures tranparentes
-Sí, pues ...... Y me dijo: ((tu novio, el baY su sombrase arrastraba en la. llanura florecida ·
bieca, no sabe más que hacer lazos ..... Si yo le
Tal sin lig-as ap11,rentes
'
viera, le enseñaría á hacer rebenques.... ¡Qué
Nuestras almas iban solas por laNubia. de la. vida.
('o.minamos, y de pronto sombra. espesa
lástima, «niña•, que le tengas por novio!» Yo
De alto fresno te cubrió con sus crespones:
me reí de él, á carcajadas, y !e dejé plantado
Mi cuchillo deslustró sus brillazones
en el medio del camino ......
En tu cuer po: mi cuchillo como tiesa.
Xuhes grises como fardos agrupábo.nse o.1 acaso,
-¿Con que eso dijo el bellaco? ¡Ah bribón!
Lengua aguda. de lebrel, que insolaciones
De la. luna. el haz entraba.
Refresca.ro. en las heridas de su presa.
Pero ¿por qué te habías callado?
Por la enorme claraboya. de la iglesia.,y semejaba
Me engañ~ste y engaí'l.a.ste mis congojas.
Su fisonomfa de ordinario apacible y risueAncha. brecha de tremendo metrallazo.
Yo no olvido el arma. aquella. que tiflóse de esña, tomó una expresión de ira que dió miedo
De tu abrigo a.brilla.ntóse el terciopelo,
(carla.ta.!. .. .
Tus
mejillas
sin
carmines
eran
flores
de
alabastro
á «la niña.»
E o l os á rboles la noche preludiaba. su sonata.! .. .
Y el ebúrneo crisantemo que tenías en el pelo
Luengos rayos de la. luna. se filtra.bao por I as bojas
-¡Que no sé hacer más que lazos! Ya le
-Xube negra-fulguraba. como un astro.
Como tubos cri$ta.linos de un gran órgano de pi a probaré que no......
:Multiformes sombras de álamos copudos
(ta.! ....
Y con un ademán rápido, desenrolló de su
De ca.léndulas y montes melenudos,
ABEL C, SALAZAR,
Parecía~
cintura un grueso látigo.

***

"Cadena de rosas."

ta Rtrmtsst dt Santa maría
Como un recuerdo de la animada Kermesse
que 1;e efectuó en i:;anta ::\Iaría de la Ribera en
días pasados, publicamos una fotografía. que
representa al grupo de señoritas que formaron
la «Cadena de rosas», y otra en que pueden
verse algunos puestos y parte de la numerosísima concurrencia que llenaba la Alameda.
La «Cadena» fué la encarga.da de recibir á
los Sres. Secretarios de Gobernación y de Guerra, que pre:sidieron la fiesta, así como á otros
funcionarios, y !t los miembros de la Junta
Directiva de la Kermeese.
Lo&amp; Sres. Corral y Gral. :Mena recorrieron
las distintas callecillas del parque, acompafia.dos de aquel grupo de hermosas señoritas y
presos en un saloncito elegantemente decora:
do, donde otras señoritas hacían veces de autoridades, se les «obligó» á firmar una acta y
pagar una multa, antes de retirarse de allí.
La «CadenaJt estaba formada por las señoritas siguientes:
~Iaría del Car:ien Margáin, ::\Iercedes y J oa.qmna de la Portilla, Guadalupe Pérez, Luisa
de la Jlora, Clotilde l\Iassieu, Ascensión C'ovarrubias, Josefina Novoa, María Pradillo
1\Iatilde Blázquez, Rosa Bonieur, )Iaría Luí~~
Massieu, Celina de la Mora; 1\Ia.ría 1\Iargáin
Victoria. Ducloig, Concepción Sánchez Díaz'
María, Matilde y Ernestina del Castillo An~
Jlaría Novoa, Enriqueta Ducloig, Efüa Carrillo, Dolores, A.melia. y Enriqueta Arroyo Sofía de la Garza,. l\Iaría Escalante, Joaquina
Al.faro, Ema Pomer, .Angela :Monasterio Nina y María Catafio y Lolita Escalante. '

mirando por la puerta las sementeras de alfalfa olean~s como un lago de aguas muy verdes,

y los trigales olorosos que ya empezaban á
labrar el oro de sus ricas espigas. ¡Oh, qué
cosecha la de aquel año!
Juan, su hijo, un gallardo mozo de veinte
~ños, de pie junto á la pared, concluía en ese
instante de trenzar un lazo; y de vez en cuand_o levantaba la vista haciendo un gesto malicioso cad_a vez que_ «la niña,; sorprendía sus
dulces miradas furtivas. «La niña,• una pobre
h~1érfana acogi~a en el hogar por el tío Antomo, era su novrn., su hermosa prometida y el
b_uen mucha.cho sentía una honda compl~cenc1a al -..:erla. así descuidada, ingenua, los brazos casi e_l ~escubierto, preparando el refresco
para el v1eJo labrador. l\[ás lejos, en un rincón, la abuela, una anciana de cabe11o com-

pletamente blanco, escardaba lana, sil
perdida entre las hebras ele cleshech08
nes.
- -¿Con el uiste? preguntó de pronto el
Juan, que por vigésima vez se había
do embelesado mirando á «la niña,» se
bruscamente, rojo por el bochorno.
-¡Ah! ya. luego ......
Y se hunclió &lt;le nuevo en hi tarea in
pida, con un tesón extraño, ca!,i feb ·
quitar la. vista de su obra. «La niña• ·
refresco á su tío. El guaso lió un cigarro,
peó el yesquero, y una bocanada de hu
cendió en el aire.
-¿También á ti? preguntó á su
niña. »
-Como quierai-....... ..

***

La Kermesse, que se repitió el domingo último, resultó lucidísima.

EL LÁTIGO
¡Hermosa tarde aquella de día sábado! Había terminado temprano la faena en los bolsi~los sonaban algunas monedas y la: alegría
remaba en el rancho. Antonio el honrado
campesino, sonreía lejana.mente, 'en silencio,

Grupo de concurrentes ¡ la Kermesse

�Domingo 22 dl; 1Iarzo de 1ll03.

EL MU~DO ILUSTRADO.

EL 111,;¡'\DO ILUSTRADO.

Progresos de la 'fotografia.
Mara villosoi,;, ciertamente, HOn loR adelantos
que la fotografía ha nlcm1zado en los últimos
aiios, é inco1,tahle el número de vcrdndE&gt;rna
obras de :-11-te que producen en la actualidad
los graneles tallNeF.
Xo es y:t el rl'lrato de parecido 111ús ú lllE'•
nos perfecto, ni la .. ,•i-.tan de taló cual edilicio
ó paisaje, lo que 1!1[1s preocupa :l la fotografía
moderna. Perfeec10n:ulos los aparatos ,. )011
procedimientos, el fotógrafo de lllll'l&lt;tra (.pot·a
encuentra á cada pa!-o «n1oti,·o,., que en otros
tiempos i,;ólo ern dacio aproved1ar :í los g•ancle.~ artistas y ai-í \'l'lllOS que, poco ;t poco, la
cámara oh~cura ,·a cn~nuchando Ht do111i11io
para abarcar un calllpo de acciún cada vez m{u1
extenso y mús rieo 1·n a:;11nto".
Ante&lt; los «m odelof'n esta ltan l'xcl llf'i ,·amente elc-stinndo,; ni "' stuclio» de lo,; dernto,; riel
color ú del cim·c•l. 1\horn, inrnclen el tall1•r fo.
to6 r:1fico, y son tan hellas y tan ,·nrins las
ohras en que intervienen, qu&lt;• se le,; coni-i&lt;lera colllo uno ele los n1ús precio:-os rccursoio.
En este número puhlicamos primorosos trabajos íoto~rúficos, sali&lt;los de un taller parisiense, á reserva de ciar ú conocer [1 nue!&lt;tros
lPctoreR, en las p1óximas e&lt;licioncs &lt;le «El
~[undo llustrndon otras fotografías tan bellas
corno úms.

EL TRIUNFO
.\ lherto dejó la pluma !'obre In. me:-a con el
nnvio~o ge:-to del que logra rompt&gt;r l'l grillete que &lt;le,-garrn sus cnn1t•1-, .,· pnr i-u,; linos labios sombreado!-&gt; por vnrnnil 111ost:1tho, aquellos labios denunciadon·s del iugenio a~tulo y
falaz que entre sus amigos le di1•ra fama de
polemi¡.;t:l invencihh•, Yagó, contrayí-ndolos
a¡wnas, un ho:-qucjo dP i-onrisa que de1111nciah:t muy á lai- clara~. por la pri,-a c¡nc ~e dió
pn &lt;k-;apareccr, la docilidad de unos múseulo:,; acostumbrados por la ~evrra dil&lt;ciplina á
reprimir toda manifrstación Pxterior del pt'n!-,Ulli&lt;•nto que se reserva si~temúti('n ment&lt;&gt;,
con el maligno cleseo de permanecer de1-conocido para todo!-.
-Ya está! -dijo-y de f.US ojos adorn1ilados dr penf'ador, brotó una ch iRpa de amoroso f1wg;o, la tierna mirnda que el e~critor diriµ:e al mo1,tún de garrapateadas cuarti llas, mí1R
rxprl':-irn, mú:- intensamente paternal por el
. afecto á las coi-as que no Yi ven ni sienten,
afecto apa!-ionado y sincero muy e"pecial en
él y que i:om,tituía una nueva y curio~a faz &lt;le
su l':trúctcr.
.\largó el brazo para recoger las cuartilll\8;
y arrnstrndo por el mismo sentimü•nto que
impnba al labrador á recontar y examinar
con &lt;'nidaclo,&lt;&gt; y ti&lt;'rno escrúpulo las íre,cas
ga,·illas de la ('Osecha c,-;pcrada por largo tit'lll·
¡,o, clió lr&lt;:tura. fr la obr:1, deleitúnclose al t'S·
('llchar f'U propia yoz, rnai can1lo con exagera.¡., énfasis los períodos culminante,, Ja5 fra•ws pomposamente H ricns que (·l sahía ele l'Í• eto dt•t·isi ro &lt;'n la tri huna, haeicndo pa 11sas intt&gt;nl'ionalt·l-i, como para esperar los aplausos
'llli) l&lt;'ltÍa :-Pguro;-.
.\quello era, como toc1o lo que salía de l-11S
mnnos, un derroche de artificio,-, h{d,il111('11tc
tl1:-i111ulado,- tras el brillo dl';;lnmbrador de lat1
111etúfura;:. El pesimi;:mo de moda, &lt;'l l'nÍt-r·
1110 ¡,c,;imi,:mo eleYado ít la categoría de una
('Ualidad del n1Pjor tono que en t'iertm, hmu1,res d~bile,: pn•tencl&lt;'n encontrar el ai re de tilÓ,:ofm.;, &lt;le sabio':! rlueiios el!' la nnla cl l't1pre111a que &lt;'Xperimcntan por los otro'I el m:iR
(Olllpleto d&lt;•sdc'.:n, rc,-altalia en tcl disl'\lrl'O de
1111 111odo o!-'tensiltlr. ~P hahlaha allí del hom·
lire l'll perpetua lucha con el medio, con la
tierra ingrnta. gastada ya por el paso de mil
generacio1ws, l'tn pohrecida hasta el extremo,
«esa madrastra chocha-decía-que súlo tiene
fuerzas para ahrir sus mandíbulas ele bestia
l'arnicera para dernrar ú lo,; homhrei', si n sa·
1·inr nunca su apetito brutal.» Xo rn:is fe Pll
.i ciencia; no míu; fe en el trabajo; :i ,·i,·ir el
m inuto presente: cerrando los ojos para el porCOLE&lt;.THi:,, PHI.LA:i!H:il.

Domlngo 22 de' 11arzo de 190:1.

venir fatal escrito ya en el «libro ele los &lt;lest~nos.» Puesto que la tierra es a,·ara y es preciso arrancarle á Yiva fuerza lo que en su seno
ll!'\'n. ¡,ara el umor, para la felicida&lt;l, par:1 la
vida, &lt;•astig11Pmos su cit•ga eruel&lt;lad, arroJando sobre su i11rno\'ibl&lt;' faz de idiota el amargo
esputo de nuestro odio inti11it? y justo; caigamos en el poh·o que 110:; ¡,rud1g:i porque losa•
he cargado ele eh•mc11tos cle!-tr~tdor~i-, hiriendo co11 nuestra planta t•l hc11ch1&lt;lo ncntrc que
ja mú,- da {1 111z para 11 \ll'stro bien.
All1l'rto pcrmaneciíi t•n éxta:-is, dejando t¡ll&lt;'
la fresca brba qul' Yenía del jardín, penetran•
do di,-;cretamente por la abierta ventaun, lh·•
gara ha,-ta {·l para r&lt;'frescar su cnarclcciLla
frente con In caricia tle sus leYcs alas.
· Acabó por doblar l:i tahcza lentamente, como arrullado por el rumor tic los aplnu,-;o,presentido~, cerrando los ojos parn oirlos llll'·
jor; pero el augusto i-;ilern:io &lt;¡~ie _lo ru1leaba,
t!P,-pu(.~, aquel Yago e!-'tremec1m1cnt~&gt; ele la
,·ida disper:&lt;a por todas partes, aquel rnresantc trabajo del Uni,·cr~o entero en camino hacia la suma pcrfocción que se iba haciendo cad:1. ,·ez más perceptible, 1,arrió con !-U potent•·
soplo &lt;·l rabioso l'gobmo del escritor para el
que un triunfo literario es todo en la ,·ida, y
y:t no pudo c:-;cuchar m{ls que el canto infinito ele la tierra, la.buem1. madre que vela el sueño de sus hijos:
«Quiero tu amor por l'ntero y sin rei:;ervaalguna; ú cambio de é l, yo te prodigaré los &lt;lom·s !JUe mi :-cno guare la para los buenos. La
llumanida&lt;l sufre por falta de fe; su amar¡!a
duda la &lt;lchilita y no tiene ya fuerza para
amar tanto como es preciso. El amor labra
los &lt;lestinos¡ el tmbajo los fortalece; la fatalidad no existe. Yo niego todo al que me
dci-;precia y me insulta. \'en á mis brazos, pu·
Ha tus labios sobre mis labios y bebe en ellos
l:i. Yida á torrente;;."
Alberto se lcrnntó bruscamente como ohedt•ciendo á una orden YPnida de muy lc·jos, y
llorando lúgrimas de Yergücnza, lle clisgu::-to
ele si rni:,m10, hizo mil pedazos el monstruo~o
artículo oratorio, y los ulancol-i papelitos, como bandad:t tle n1:niposas, fueron volando t•n
todas direi:cione¡.;, eayen1lo sobre las hojas de&gt;
lo:- rmmles en flor, en el va,-to jard ín en donde millares tle botones e"tal !aban hajo la. caricia de un d elicioso a111a11ecer.

DE VERANO
Es la ta.1·de. Lo» rayos del sol se alargan
y hacen llamear el oro de las espigas
y á los pies de los á lamos verde obscuros

arrojan largas sombras que se deslizan
por l1i ext~nsa. llanura, suben y bajan,
se quiebran en las tapias, y reto1'Cidas
culcb1·can, bundiéndoso en las acequias
para corr~r ele nuevo por la campiila.
A un dentecillo fresl'O del sur, las bojas;
de los álamos verdes a.legres brincan,
mientras un calofrío de luz recorre
la on,lea.nte supel'ficie del nun· de espigas.

Fncrten,eutc encorvados los rucios torso,,
los hraZO'i á lo largo de las rodillas,
de frente al sol que so hunclP. los -.eg-adurc,
semPjan, :í. lo lejos, extraña lila.
de adorndores indios qm, se prosternan
;mte el sol, 1·uyo cno1·mc dis1·0 rebrilla.
como la fa7, ~loriosa. do un dios a.legre,
dP un hnen dios muy all'gre, cuya. sonrisa
hat·c surgir océanos do rubio trigo,
hace nacer las flores do la. campiila,
hael' tejer los nidos entre las ramas,
y hace unir'-C los labios, cual rosas vivas
que confunden sus mieles .....
.... El sol -.e ha itlo.
Y por las alamedas "emisomhdas
se a1ejan ll'11tam,•11tc los seg,udores
cantando zamacnvl'as y seguidillas •...
COLEl:ClÓ!'i" PELLANDlNl,

�Domingo 22 de Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 22 de Marzo de 1903.

.

'

·.

la Escuela, de la más escrupulosa atenci6n,
y están dotadas con todos los materiales y útiles necesarios para la enseñanza. }J;n la clase
de Geografía, y en la de piano, pudimos observar el grado de instrucci6n á que alcanzan
los alumnos, y la excelencia de los métodos
err1pleados por los profesores: con el simple
tacto, und. alumna nos señaló en la esfera las
principales naciones del globo, y 1.,n joven
tocó al piano una de las más difíciles lecciones, con firmeza verdaderamente notable.

-~

. . ·: ::l

Y no hay en mi obscura choza
ni un solo rayo ele sol,
ni el que baja hasta la tierra,
ni el que-en la fe sube á Dios .
Loco, fiero y arma al brazo,
dispuesto al arroyo voy
á trocar mi blusa honrada
por el sayo del ladr6n.
Rico albergue, RU portada
abre á mi paso veloz,
cual portillo que brindase
al crimen la tentación.
Y allí penetro convulso
y ciego, con tal pavor,
que jamás delito humano
tuvo más dura expiaci6n.
¡Pero me esperan con hambre
las tres vicias de mi amor!
¡y robo, y huyo y comienzo
mi carrera de pasi6n 1

Tejidos de bejuco.

Orquesta de la Escuela Nacional de Ciegos.

Mientras corría, la turba
tras mis pasos iba en po~,
y aún sus gritos me resuenan
á tempestad y á fragor!
Hace pocos días hablábamos en este semario del~ e1_1señanza de los sordomudos y del
establecimiento con que para impartirla, cuenta nuestro país. Ahora, vamos á referirnos á
la Escuela Nacional de Ciegos que es, sin duda, uno de los planteles educativos más dignos de ser visitados.

Una lección de piano.

. La ~scuela fué f~ndada por el Sr. D. Ignac10 Trigueros, Presidente del Ayuntamiento
d_e México en 1866, y como todas las instituciones que no cuentan para sostenerse con
una a1uda constante y eficaz. estuvo sujeta en
los primeros afios de su establecimiento á un
sinnú11;1ero de dificultades que s6lo la persevera!lcia de su fundador logró vencu.

En 1871, la Secretaría de Gobernaci6n decret6 un impuesto á las loterías públicas, y
con el laudable prop6sito de contribuir al sostenimiento de la Escuela, destin6 parte del
producto á cubrir los gastos más urgentes que
demandaba la instituci6n.
Con este auxilio, el Sr. Trigueros pudo implantar ya algunas
mejoras en el edificio, atender á la
creaci6n de un a
planta de empleados competentes y
activar el ingreso de
alumnos, haciendo
de esta manera que
en un período de
tiempo relativamente corto, el plantel
realizara grandes
progresos.
Concretándonos á
las condiciones en
que actualmente se
encuentra la Escuela, diremos que sus
adelantos son muy
notables y que el
Gobierno ha puesto
cuanto ha estado de
su parte, tanto para mejorar los mátod_os de enseñanza,adaptándolos á las prescripciones de la pedagogía moderna, como para introducir en el edificio todas aquellas reformas
que reclaman la_co_m odidad de los educandosy
el ornato. Los d1stmtos departamentos han sido convenientemente reparados, y la fachada,
que antes presentaba un aspecto conventual
ofrece ahora á la vista, una eerie de amplia;

¡Qué tortura! En mi carrera
un fiel amigo me vi6,
más que un amigo, un hermano
en otro tiempo mejor!. ....

ventanas que la hermosean sobremanera.

***
Por lo que toca al régimen escolar la :Eacuela tiene est&lt;i.blecidas clases de in;trucci6n
primaria y secundaria y clases de música y
el número suficiente de talleres para que loe
alumnos, una vez concluída la enseñanza elemental, puedan dedicarse al aprendizaje de un
oficio que les proporcione los medios de ganarse honradamente la subsistencia al salir
del Establecimiento.
Estos talleres están bajo la direcci6n de
«maestros» competentes y muy familiarizadoe
con la enseñanza de los ciegos. En el de imprenta, vimos ejecutar algunos trabajos con
verda?era habilidad, así como en el de tejidoe
de beJUCO y otros ramos. De la tipografía han
s~li~o casi todos los v~lúmenes que forman la
b1bhoteca del Establecimiento. Los caracteres
impresos son de relieve y la lectura se haca
por los ciegos, por el tacto.
Pe.ro no son únicamente los beneficios dela
ensefianza los que los alumnos reciben; pues
á fin de que terminada su carrera cuenten con
un pequefio capital, se ha formado un «fondOJ
con el producto de los talleres y se lleva á ca•
da uno de los educandos su «cuenta de alcances,» por decirlo así; cuenta que se compone
de los yremios que obtengan, de la parte que,
deducido el costo de los materiales, quede de
la suma en que se vendan los artefactos, y de
l?s donativos que en numerario bagan los par·
t~culares á su favor, ya sea individual ó colee•
tivamente.

***

Las clases correspondientes á lainstrucci6n
primaria y secundaria así como las de músi·
ca, son objeto de part~ del señor Director de

II
Evaclirme pude al cabo
de aquella persecución,
y llevar á mis amores
p::m, alegría y calor.. ...

Clase de Geogr:ifía.

La orquesta formada por un grupo de a lum nos, aunque poco numerosa, cuenta con un
buen instrumental y se distingue por lo correcto de su ejecuci6n.
Por último, diremos que en el Establecimiento se encuentra una exposici6n permanente de
los trabajos que se ejecutan en los talleres y
que se destinan á la venta. Labores manuales,
como bordados, tejidos de gancho, pasamanerías, bolsas para viaje, cajas de carl6n, cepillos, tejidos de bejuco, se encuentran en los
aparadores, distinguiéndose por su magnífica
hechura.

Mas ¡ay! que á presidio fuí;
que un polizonte avizor
al preguntar á las gentes
por el nombre del ladr6n,
A la turba, que es piadosa
porque olvida al que pec6, '
ninguno me conocía,
nadie levantó la voz;
¡Pero mi amigo, mi hermano
en otro tiempo mejor,
compadeciendo mi suerte,
afligido, me vendió!
MANUEL S. PlCHARDO.

El manantial.
Penetrando del bosque en la ei:pesura
donde á escondidas te da á luz la. fuente,
me deleita escuchar el baibuciente
rumor primero de tu linfa pura.
Cuanto berns aquí, se transfigura:
la piedra se hace joya refulgente,
y hasta el lodo que baña tu corriente
se hermosea también, también fulgura.
Al verse en tu crif,tal, las mariposas
te toman por un cielo, y cocliciosas
de lo inefable que en tu seno anida,
se lanzan á beber...... como alma al vuelo
que persigue, en las fuentes de la vida
algo que sepa á manantial del cielo. '

El río.
Dej~ste el bosque allá, y echando afuera
tus ahentos en brazos del destino
al abrirte entre rocas un camino '
tu caudal se embravece á la car{.era.
LYa eres fuert,el ¡A luchar! Tu afán espera
banarse_ más alla de lo mezquino,
despreciando la rueda del molino
y el amor que florece en la ribera.
¡Te tiemblan romó á un dios! Tu altivo em(puje,
besando tala y fecundando ruge·
pero así que, endiosado en tu b!avura

'

llegas al mar y su amargor te toca,
te sepulta una onda de amargura..... .
Y ya no encuentra más que hiel tu boca.

Purificación.
Al pálido lucir del firmamento
que indeciso alborea por Oriente,
cantan las olas la canción doliente
donde todo dolor encuentra acento.
Su amargura se expande en un lamento
tan ~ondo como el mar, que eternamente
persigue en vano ¡aquel dulzor de fuente!
cuya sola memoria es su tormento.
¡Pero ya brilla el sol! Rompe la espuma
sus cristales de hiel, y en tenue bruma
cada cresta espumante se revuelve ..... .

El amigo.

la nube la recoge, toma vuelo
la purifica en el azul del cielo '
y otra vez dulce al manantial 'la vuelve.

I
¡Qué día! Mis pobres hijos
faltos de pan y calor,
se agrupan junto á su madre
que agoniza de aflicción.

Pontons, Septiembre 1902.
M. MORERA

y

GALICIA.

LAMILPA

f
1

De «Aires de la Montaña. ,,
Cuando tierna, es un mar verde cuyas aguas son las hojas
-cintas trfmulas de raso finamente lanceoladas,quP, se agitan como crines 6 se cruzan como espadas
defendiendo los «jilotes» ele ambarinas crenchas flojas.
Ya en i,az6n, :vergue sus frutos; el rumor de las panojas
crepitantf', imita el ruido de las onclas encrE"spadas,
y famélicos la invaden negros tordos en bandadas
-militares orgullosos de ostentar presillas rojas.y ya Reca, por el fuego del buen sol de meclioclía,
es la milpa haz de fusiles, batall6n de infantería
que al redoble acompasado del marcial tambor rnnoro,
vuelve intrépido y triunfante de los campos de la guerra
pregonando que los surcos-las matrices de la tierradan por una sola gota de sudor mil granos de oro.
JUAN

Taller de imprenta.

13. DELGADO.

:México, 1903.

I

ESCVELA DE CIEGOS,-Un ángulo
Clase de labore:; man 11 a1eij,

de la sal¡¡ de Exposición,

�Domingo 22 de' Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

mis ojrn- daban vuelta~ no sé qué fulgores. C!lrca de mí ~o habí~ flo~
res, y sin embargo, me parecía que en alguna parte surg1an punados
de rosas tan llenas de perfume, que por un momento me sentí desfallecer y que mi frente, al reclinarse sin fuerzas, tropezaba con un apoyo rnave y tibio.
Y la ,·oz, llena de amor, proseguía:
-Bien amarln! Oh bien amndal Yo, que durar,te largos meses
me he contentano con ~ecruir la huella de sus pasos, la tengo ahora
cerca de mi pecho......
I Si usted supiera (lUé embriaguez causan
sus rizos sus párpados de seda, sus lahios púlielos! ......
A pdyó su boca en mis labios, como si quisiera aspirarlos....
l\1e aparté con un esfuerzo supremo.
- Xo!- murmuré- Yo no quiero faltar! Compa&lt;lézcase usted de
mí.. .... en nombre ele f'U hermana, si la tiene usted!
Palideció y acercó su rostro al mío, que se apartaba.
No; yo no 111110 ú usted! Amo al amor! Quisiera ele él la flor, el
ensueño nnda már,:, se lo juro! "Cn corazón, una ma110, un cerebro
cultivado toclo esto en un ser ele hombreó ele mujer, 110 importa! Xo
quiero si1~0 un ser an1igo, porque estoy trist.ísimamenle Hola.... .Aquí
110 hay nadie sino ustl·&lt;l. Sea usted eRe amigo, pero respétem e! Leeremos junto!&lt;, platicaremos, pensaremos el uno en el otro ..... Será todo ...... Júrelo tbted!
Y e;ta vez ern yo 'luien le suplicaba qn e m e amal':i. a.;.í! Y era
tan ;.in cero mi deseo de c{rndi&lt;lo amor, que lhibert :-e lernntó i111pre:-iona&lt;lo y n o me rctu,·o la mano sino parn ayudarme ú poner e n
pie ........ .
Cuando estu\'imoF de ¡,ie, el uno junto al otro, s u actitud se cambió en re;;petuo"a y sus ojos me env oh·ieron en una ca ri cia de infinita pieclnd.
:......Pobl'el Pobre n iña! Cuánto elebe usted haber sufrido!
Evocaba mi soledad tan completa, mis silencios ¡.:in fi}1, mi pureza sin pasión y mi deseo de amor. El amor! La fusión de las almas
una en otrn, sin In necesidad de los Fentidos, como en un paraíso en
que se sueña.
Y esto debió parecerle muy hermoso, porque en sus ojos, que se
llenaron de admiración, germinó el deseo fugaz de imitarme, de ascender conmigo á esa cúspide desde la c ual le hablara ele amor con
una iaerenidad tan profunda.
Repitió:
- Pobre pobre niiia. Ni siquiera un hermano en el mund o! Y
q uisiera uste~l r¡ue ese herman o fuese yo! Pues bien, lo seré! Pero escúcheme, :María Teresa ........ .
Poseído de una pasión súbita, volvió á atraerme hacia sí.
-Escuche usted bien ...... seré su h ermano.. .. ..... Pero entonces,
no me perfume usted con su prtsencia demasiado cerca; uo me d é
nnnca la mano, cuando yo le tienda la mía, 4uítese de la nuca esos
rizos que brillan como flamas ......... Oh! .María. Teresa........ . Y rns
ojos ........ .¿Cómo velaría usted sus ojos lánguidos, sus ojos de amor'?
Esta. vez traté en vano rle desasirme.
-Y sus labios, María Teresa: esos labios que he probaJo ya.....
}las se calmó al fin. Golpeó el suelo con el pie, :;e apartó nerYiosamente de mí, fogoso como un león que sacude su melena.
-No! No! Estoy loco. Quiero ser su hermano. Yuelva usted en sí,
seño;ita Romane! Abra usted los ojos! Podría yo ser hasta su padre ...... Qué teme usted de rní•? H a visto usted mis cabellos grises? Y
mi m ujer'? 8abe nsted que ella me espera en casa para dar un paseíto
juntos? Tengo un libro que enviaré á usted ...... Yuelva usted en sí.. ..
Yo huiré, ...... yo, que la causo miedo! Quiere usted que me vaya?....
Volví á la vida, poco á poco.
-Sí-murmuré con v0z débil-váyase usted! .. ...... .
-No; no, mientras usted sufra....... . Compad ézcase de mí. Acaso
le pido algo ahora? Serú tan dulce la amistad que usted ha deseado!
Bien! Ya me voy. No tiene usted necesidad de mí para llegará su casa.
Vea usted que me arranco de aquí fácilmente. Los enamorados no
tienen esta fuerza! Yo soy sólo amigo, nada más, ya. lo verá usteel ....
y pronto le enviaré el lioro ...... ..
Estaba lejos ya, l igero como un fauno ........ E sta semejanza me
atravesó por la imaginación como una hoja de acero. Lle\'aba un vestido de lana color de ladrillo, como el de las hojas de otoño, y cuando corría por el sendero rocalloso, sus pasos resonaban,como las pezufias de los semidioses griegos ..... ..
Por la tarde Phrasia, al llegar como d e costumbre, para que yo
la enviase á buscar mis provisioneci, sacó de s u canasto un cuaderno
de revista.
-Es el seiior alcalde quien envía esto. Estú allá el seíior cura,
y entre amhos lo eligieron para usted. Parece que esto la quitará el
fastielio durante las vacaciones.
El alcalde no se ocultaba. Hasta mezclaba al cura en el asunto.

Ah

LA INSTITUTRIZ.
N OVELA POR E STE R D E S U ZE.

ILUSTRA CIONES DE SIMONT.

TRADUCCION Df "l:L ~ UNDO ILUSTRADO."
(CONTINÚA.)

- ¡Oh! ¡Qué! ¡Qué! ¡Es uoted! ¿Ha regrc-Eado? ¿Por qué, Dio:;
mío, por quf?
Tendí mis manos h acia él, para rechazarle una vez más, en tanto que mi grito era un grito de derrota. ...... .
El n;e tomó de las manoi::.
Permanecía de pie y yo sentada, y para hablarme se i11clinó ít mi
la.do hasta que me hi zo sentir en el rostro la ca.ricia. de su al iento.
'-Sí; ~•o soy ; hr obedecido á usted por mucho tiempo. ¿H asta
cuándo i::ería preciso'?
-¡Siempre! ¡Siempre! Xo está bien ...... Usted es carndo ......
Sus ojos se cubrieron de un velo de tristeza infini ta, y sus dedos
se crisparon entre los m.íof'. .
.
.
- Detesto ese matrunomo ...... Sufro mucho ...... ¡S1 usted sup1€'!ra! ¿Me rlrjará u,:ted amarla, María Teresa'?
-¿Y yo le amaría acaso?
Se puso rodilla en ti erra, para acercarse á mí.
- l~stá usteJ sola, está usted triste... permítame que la ame. ¿.Quién
puede encontrar grato que uRterl desperdicie su vida? Oh! Su casa es•
tá vacía y ohscura! Por sus sueños no hay imagen que cruce! Su porvenir no tiene desenlace! Oh! Hi usted quisiera, l\Iaría Teresa! Quién
lo sabría? Yo sé ocultarme, sé aguardar las horas propicias. En mi
corazón derramará usted todas las tristezas del suyo .. .. .. Y yo también verteré mis angustias en el suyo. En la noche,á la luz de l as estrellas. iremos á em hriagarnos con los perfumes del prado. Y en el
inderno, usted rrie recibirá cerca de su hogar. Pondremos cerrojos en
sus venjanas. ~adie verá proyectadas en el muro nuestras siluetas en-

lazadas. Será usted más que la espoi;a, será usted la amante! Es usted joven, h ermosa y de alma ardiente ...... l\Ii alma es igual á la suyn. Qué pareja, María T eresa! Qué unión será la nuestra! Yo estoy
i::olo; u~ted e!'tá igualmente sola, y nuestros seres se llaman uno á otro.
Consienta usted, se lo imploro!
Ah !11Ti pi urn a tiembla de vergüenza, ahora! U asta qué gmdo de la
escala moral había yo de~cendiclo, para que tales palabas me p udiesen haber sido dirigidas ,;in r¡ue yo me rebelase'? .........
Estabayosinfuerzas,Raibert me retenía aún !as manos y seguía
ai:ro~lillado. Arrodillado, sí, como Sil vio, pero en tanto que delan te de
S1lv10 bahía permanecido de pie, y firme v orgullosa, ahora esta ba
(lUieta, bnjo la presión acariciadora de esas ·manos v el abandono de
mi actitud, me pareció ya una decadencia.
' ·
S1lvio me hnhía dicho:
«Sea usted mi esposa. Será mi Virgen Santa. Yo trabajaré mis
campos mientras usted cuida su escuela. ,&gt;
El otro me de~ía:
«Sea usted mi amnnte! Iremos á ocultarnos entre las sombras de
la noche, y cerraremos herméticamente las ventanas de la cai;a.»
Y había yo rechazado al uno, porque era ebrio y porque 1,ocialmente estaba muy abajo de mí.
¿,Tendría valor para rechazar al otro?
. ¿El vértigo que se apoderaba de mí, no era precusor del naufragio en que sucumbiría mi conciencia?
No estaba yo ciega! Sabía lo que hacía al dejar mis manos en contacto con aquellas que me quemaban&gt; y sin embargo, las dejaba. Ante
0

XXVIII
Qué tlehiera yo haber hecho?
No habría siclo suficiente rechnzar el lihro.
¿Marcharme del pueblo; encontrar ...... 6 n o encontrar trabajo e11
otra pa rte; morir, si era preciso, pero ¿seguir tentando más á ese
hombre y á mí misma?
Tales resoluciones i::on las salvadoras; pero no se las toma sino
cuando ya todo está perdido ...... .. .
Recibí el libro ......... ~Ie encaminaba al abismo ........ .
Unos cuantos artículos serios y hermosos; un estudio acerca d e

Domingo 22 de Marzo de 1903.

los pintores de la época, el principio de una novela muy sencilla.
Esa revista-el alcalde había escogido una ele fecha atr~!'ada, pr?bablemente para que yo leyera toda la novela,-esa revista. me inte· á
f
Al día siguiente se la entregué á Phrasia, que me tra¡o
con 1nuación el cuaderno siguiente.
.
-Bien seíiorita-me decía poco después el señor Ra1bert acercarse al jardín, en el momento preciso en que Phrasia ~e entregaba u~
cuaderno. -Está usted contenta con esa lectura? Qmere usted continuar en ella, 6 desea leer otra cosa?
.
Tenía aspecto bonachón y sencillo, y se mostraha r~Rp~tuoso s111
exageración fingida. Me puse contenta, porque me .ofrecia libros Y Jo,.
libros me encantan. Me dijo que tenía yo ya el último núm~ro _de la
revi:;ta y n ecesitaría esp,era1: al.gún ~i~:up~ á que llegase el s1gU11enle;
pero si quería, estaban a m1 d1spmnc10n libros &lt;le Balzac, de "alter
Scott, Daudet y otros..... .
-En fin-me clijo,-elija usted.
.
::\Ie decielí por Balzac, pero no supe qué elec1r cuando él me pidió el título del libro r¡ue más me agraciase.
-Elíjalo usted, Reñor alcalde.
-Oh .l No, no, no- di¡'o con vehemencia.-Xunca!
.,
. "l
Comprendí la razón de su negntiva. Seguramente tenna que s1 e
escocría eleterminada obra del autor de la "Comedia Humana" y yo
enco~üraba allí alguna semejanza de f-ituacione~, podría i-entirme
lastimada. Ilabía cambiáelose en el Yenlaelero an11go, en el buen hermano. Murmuré:
-No; elíjalo usted. ::\Ie agradMi el &lt;1ue usted me ende. Confío
en usted.
Confíaba en él! Decía yo tal cosa sencillamente; pero lo pensaba
con solemnidad, y él aceptó esto, co mo había aceptado el papel de
hermano mío.
·
l\Ie envió los libros, siempre por conducto de Phrasia. Xu~stra
intimidad no fué más adelante. Algunas veceR, en el cur!'o de nn lectura tropezaba con algún pasaje marcado; pero podía haber sido seíial¡do mucho tiempo antes, y no me fijaba en la señal sino para leer
con mayor detenimiento esas líneas. Xo &lt;ligo que mi pensamiento no
fuese más lejos. Colocaba á Raibert en frente de esas líneas. Si se trataba de soledad, de unión desdichada, de vagas aspiraciones á un
amor lejano, se me aparecía la imagen de ese hombre. ~fe entern~cían sus ca.bellos prematuramente grises, su a~pecto de tm,teza. Cúntlnua. Me representaba su caAa, coronada de torrecillas, d onde vi vía
solo, entre Phrasia y su mujer vieja., enferma y malvada .......
Y me parecía adivinar en él una serie d e desgracias parecidas á
las que yo hube de sufrir; tan semejantes, que una tarde me pareció
que las lágrimas que lloraba sobre mis recuerdos, las derramaba sobre
nuestras cabPzas juntas. Fué extraño. Lloraba d e que el desti110 nos
hubiese h echo tan semejantes y tan separados uno de otro. Xo sé qué
me faltaba aún, á pesar de la amistad surgida en mi existencia. A
veces me imaginaba verme en la casa d e las torrecillas, yendo y viniendo en torno de Raibert, hecho mi espoRo ..... i E:-to no sería nunca! ...... Y cuando salí de ese ensueño, me sentí llena ele vergüenza.
No me daba cuenta de que caminnba ú grandes pasos por el send el'O del amor. En otro tiempo había podido decir á Raibert": ccNo
amo á usted. » Ahora. esto n o habría sido verdad. Ese homb1e tomaba posesión &lt;le mi vida.. Pensaba en él por la n oche, y en el día, al
leer los libros, al hacer las faenas ele mi casa, al tratar de no encontrarlo.
Un día encontré una cartita entre las páginas del libro que me
envió. En ella me ampliaba el tema d el libro, me hacía notar algunas de sus bellezas que, ele otro modo, habrían pasado inadvertidas.
E :1cribía bien. Me pareció elegante s u manera ele trasmitirme sus impresiones i'i propósito del libro, sin tratar de verme, y en un lenguaje
que estaba lleno de ternura, a un cuando en todo el pliego no hubiese
una frase d irigida á mí, directamente. También mi corazón se desbordaba y mi pluma estaba fácil, así es que respondí de la misma
manera, y este juego continuó por algún ti empo. Pero suceelió que
en una ocasión, Raibert firmó su carta: ccPedro.,1 E ste nombre parecía allí estampado como un beso. Estando á solas, me ruboricé, y ese
día no contesté. Aquella debía ser la última de nuestras comunicaciones á distancia: en esa misma noche, Raibert llamaba á mi
puerta.

resó.

XXIX
Tan ajena me era la ielea de que él puJiese irá mi casa, que fuí
á abrir cuando llamó. De un salto se coló hast,1, mi recámara.
-¿Por qué no respondió usted hoy, iia1fa Teresa?
Quise prohibi rl e pronunciar así mi nombre; reprocharle el suyo,
el que se había atrevido á poner al pie de 1-u página eRcri ta; obligarle
á salir como un ladrón contra quien se pide socorro; y todas esta~
ideas se confttndieron en mí. Estaba enl oqueric.la por su presencia.
La firma de la carta, que había sido la causa de todo, me obcecó, m e
martilleó en el cerebro con una idea fija. Y e!'a idea, que quería desp edir á ese hombre, gritar, explicar la indignación causada por tal
sorpresa; ef'a idea estalló en un grito ... el nombre de Raibert.. el nombre de la firma:
·
-¡Pedro! ¡Pedro!
El creyó que era un grito de amor, y trató de atraerme á sí cuando m e vió vacilar desfalleciela.
'
( CO::-ITINU A RÁ. )

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"'"'º

So

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bemia,
Clorosis, Connlecencias, ,te,

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20, lu1 des Fo1d1,St-Jacques
I ,n /u F•rmac111.

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..

-

.

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.......

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los terra,n os ó á la de Xarl B.. Cook, Agente vendedor,
Gante, núm. 8.

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importancia del país.

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"Cruz Roja." Apartado 123--Tehuacán, Puebla.

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o. F.

ARTE CLÁSICO.

( COLECCI6N PELLA'.\' lJüI. )

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Un buen apetito-una buena digestión-un hígado sanoun cerebro activo y fuertes nervios, mejores son que las
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o. F.

ARTE CLÁSICO.

( COLECCI6N PELLA'.\' lJüI. )

�Domingo 29 de Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 29 de Marzo de 1903.

DIAS DE ROMA.
CREPÚSCULO.
Un buen día de febrero en Roma es una
ganga; hay que a-provecharla, es fuerza no perder un minuto; he aquí un programa: á las
ocho de la mañana despertar á Manuel Mercado (jr. ), despertarlo, obligarlo á vestirse, á
desayunarse, á aceptar de buen humor el sacrificio, á bajar, á salir; conjugar esta obra
titánica con la no menor de abreviar las largas etapas de la toilette del doctor Deffis, y,
en fin, reunirnos todos, después de las nueve,
en la puerta de nuestro magnífico hotel ( Gra.nd
Hotel, plaza de las Termas, el mejor de Roma);
subir en nuestros carruajes abiertos bajo un
sol que hacía meritorios esfuerzos por calentarnos, y partir rumbo al Panthe6n, al Gesú,
á la Cancillería, s. la Galería Doria; luego
«louchari, rápidamente en el café Colonna
(buen servicio, excelente chianti, clientela
«scelta» de oficiales, diputados y cocotas), y en
seguida, reembarcarse, ir á Santa María del
Pópolo, subirá la villa Borghese...... ¿Queréis
que paremos aquí, lectores míos? Son las dos
de la tarde, siento un poco de fatiga, el sol
calienta ya, el cielo de un azul de raso de palio viejo se digna sonreír, la atm6sfera dulcemente diáfana, permite ver y detallar las cosas,
el alma se espereza y revolotea contenta en
aquella jaula de oro vivo ¡y aquí nos paramos!
Voy á decir una especie de heregía psicol6gica probablemente, pero juro haberme dado
cuenta en Italia algunas veces, de una sensaci6n particular que me atrevo á llamar «sensación de la inmaterialidad del alma.»; indefinible sensaci6n, por supuesto, pero real, equivalente á la de algo sutil, luminoso, etéreo,
ligero y puro. ¿Efecto de la atm6sfera cargada por el sol en todas sus moléculas de electricidad vital; efecto de tanta reliquia del arte
que satura el ambiente de átomos de juventud
y poesía; efecto de los recuerdos que surgen
en derredor nuestro y corean todos nuestros
pensamientos con el canto sin notas de un
pasado que nos parece divino, porque jamás
volverá? No sé: pero creo que aquí en esta
colina de los huertos ( collis hortorum) fué
donde compuso ese gran vividor fino, desencantado y noble que se llam6 el emperador
Hadriano, aquellos sus tenues versos:
c,Anímula, vágula, blándula .....»
Las arboledas altas, escuetas, levemente
vestidas de frondas verde pálido ú oro viejo,
que hacía pocos días había cuajado de cristal
la nieve; las esplanadai: de felpa amarillenta
bordadas de hojas caídas que iban y venían
con las ráfagas del céfiro (si aquí en este paisaje clásico no se dice c,céfiroi, ¿para cuándo se
guarda?), las fuentes grandes, colmadas de
agua que también parecía un poco vieja, un
poco verde y transparente, sin embargo, pero
con una transparencia aquí y allá interrumpida por archipiélagos de hojas secas y de
musgos negros, las imitaciones de templos
egipcios, las estatuas, los vasos, todo tenía ese
indefinible encanto de una tapicería de Gobelinos, blonda, clara, marchita, regia.....

***

Visitar el museo, es necesidad imperiosísima en aquel momento, hay allí estatuas y vasos antiguos de primer orden, hay allí estatuas
modernas. Con deciros, lectores, que allí está
la famosa Paulina Borgbese de Canoval Desnuda, soberbia, serena con el impudor soberano de una hetaira imperial, parece sonrojar
levemente la fría castidad del mármol. ¡Ah!
Paulette, delicioso «bibeloti, humano, tu papel
de heroína en Santo Domingo, acompañando
á tu primer marido á matar negros, era insostenible, era una &lt;epose» y aquí veniste ya transformada en princesa, y fuiste una italiana (lo
que eras) de la corte de los papas Borgias 6

de los papas Médicis, cruel, impúdica, adorable- sí lo que eras, así habías nacido, así te
enco~tr6 Canova, así te inmortaliz6 en mármol que era el único modo de tornarte pura...
Mientras tu hermano hacía una gran mancha
obscura sobre el mundo con la Rombra del
águila, tú, Paulette Bonaparte, dabas vuelo á
tu &lt;eanímula, vágula, blándula;,, esa almita
era un ave, era una paloma del carro de Ve•
nus... l
Mas no, no entraremos al Muse&lt;, lectores,
la tarde avanza, sigamos nuestro programa,
vamos al Pincio. Ya no se ven desde aquí los
bellos panoramas que antafio no ocultaban las
inexpresivas construcciones nuevas. Se ve bajo los grandes árboles, hoy fríos y medio desnudoi&lt;, á la aristocracia romana 6 á la rica y
plácida burguesía, 6 al &lt;emundo» de los turistas más 6 menos salpicado de rojo, discurrir
en carruajes abiertos, lentamente, por las altas
avenidas ó apiñarse en las grandes glorietns,
donde las resonancias metálicas de la múEica
militar, apoyan el cuchicheo de las corn·ersaciones y el rumor de roces de sedas de la,s hojas caídas, voluptuosamente.asendereadas por
las ráfagas frías.
Ya iba á trasmontar el limpio sol de aquel
día limpio, cuando nuestros cocheros, que nos
querían conducirá la Escuela de Francia (Villa Médici, la antigua mansi6n de Lúculo) allí
mismo situada, se vieron obligados por nuestra fiera energía, á. dejar el Pin&lt;Jio. Bajamos
al Corso, lo seguimos algunos minutos y salimos del corazón de la ciudad, por el puente
Garibaldi, bajo el cual corría manso hoy el
Tíber que hace unos días hizo serias fechorías
por estos contornos, y cinco minutos después
subíamos de..pacio la blanda pendiente del
Gianicolo, el lanículo, como decimos más en
latín nosotros. Visitamos en «S. Pietro in
Montorio» el cctempietto» del Bramante, con
su cupulilla esférica, que luego quiso e.l artífice trasplantar agigantándola á San Pedro, vimos, allá abajo, el agujero en ql!e fué sembrada la cruz donde sufri6 el ap6stol cede cabeza»
su transverberaci6n y continuamos de prisa
nuestra ascensi6n; ya dejamos á nuestra espalda un gran panorama, el de Zolá, pero íbamos en pos de otro mejor. Pasamos frente á. la
fuente del &lt;cAcqua Paola,» hecha de mármoles
y granitos arrancados á los monumentos imperiales y por cuyas tres altas bocas corre
abundante, suntuoso y puro, un triple río que
viene de un lago de las montañas vecinas; dejando para otro día ( día que no lleg6) nuestra visita á la Academia española, seguimos
subiendo: estábamos en la ccparseghiatta Margherita.Jl

te sublime don Quijote de la Revoluci
pedestal altísimo, rodeado de colosales
guerreros y de alegorías suntuosas, 808
estatua ecuestre del General ;el caballot
lo que plantado sobre sus cuatro patas h
el viento que viene de Roma, como
relinchar y salta1 á la primera caricia
espuela, es bello de verdad y de vida·
te no mira á Roma, vuelve la vista '
profunda hacia el Vaticano, cuyas v
relampaguean en este instante de refl.
sol poniente; á quien primero ve el Papa,
do se asoma á contemplar el cielo, es á
baldi; Pío IX lo tenía por un Lucifer,
seguros que León XIII no. Dirá : «Di
perd6llalo, porque era un gran since
que crey6 y am6." Esto, al menos, d'
fuera el Papa.
La silueta del bronce en aquel cielo
pezaba á palidecer, pero infinitamente
diáfafio, era de un efecto incomparab
tamente volvíamos la vista hacia Ro
níamos á nuestros pies.

p

***

Esperábamos más, ei.perábamos otro
to, otra emoci6n, otro grito de las
cago, New-York, París, son panora
nos gigantescos en comparación cor.
mo pintorescos, Toledo, Granada, Mé"
cen más. Era natural; el panorama de
en el tiempo es inmeneo y nuestro
tendía á apropiar el tiempo al espacio,
jetivo á lo objetivo, Roma en nuestra
nación debi6 desbordar aquella línea
ondulada de montañas que la circuía
derse en los límites del mundo antiguo
jurídicamente fué una ciudad del tam
mundo, creíamos que debía la sensaci
terializar, digámoslo así, la noción; y
imagen que llevábamos en el alma y la
reproducía en nuestra retina, no conj
no coincidían, no podíamos afocar bi
Teníamos delante una línea de alt
parda, compacta, obscura, sin ondas
sin picos de gran relieve; el anteojo n
traba los pueblecillos que hacían man
ras en aquella zona de penumbra, t
cual el sol iba á desaparecer en la in
bruma que no lo imprecisaba, pero lo en
y lo atenuaba como un cristal sin
terpuesto entre nuestros ojos y la inm
tena de oro.
Más allá de las verduras deliciosas de
da del Gianícolo en cuya meseta
las eses del Tíber blanquizco y más.
apiñamiento indefinidamente multipli
casas vetustas, de tejados rojizos fo
abiertos ángulos 6 declives lentos sobre
viejos clareados de ventanas que par
Garibaldi, es en Italia, lo que fué en la hisvencijadas, y aquellas horizontalidades
Has angulosidades se agrupaban ó se
toria, un caballero andante, el caballero andante de la libertad de los pueblos; todavía deshan en todas direcciones dispersando
pués de muerto, S!J nombre anda mezclado en
y desuniendo el paisaje. Tratábam~
cretar con cierta angustia aquel haCID
todas las empresas emancipadoras de naciomanchado de árboles esféricos 6 pi
nalidades en formación. A este andante cabasobre cuyas cimas pasaban vibrantes loe
llero se le ve en todas las ciudades de Italia
poco á pie, mucho á caballo, con su birret~
oblicuos, seguidos de sombras largas,
húngaro, su blusa, su ccponcho» argentino y su
del sol poniente.
Las torres redondas, cuadradas, las
gran cara simpática de ap6stol armado. Un
inmenso niño, un arcángel épico, crédulo
6 solas y esbeltas ó pareadas, las puntas
obstinadamente soñador y tenaz realizador d~
obeliscos, t:)do ello tocado, manchado .
lores distintos por un pincel seguro, q
ensueños; la libertad era su Dulcinea y á fuerza de sangre y lágrimas y voluntad, la hizo
la monotonía á aquel mont6n de casas
venir de lo ideal á lo real y esta amada sules; banales á pesar de las sartas pollero
ropas y harapos puestos al sol en las
ya, muestra su efigie en todas partes, como un
talismán colgado del cuello.
y vericuetos de junto al río.
Buscábamos puntos de c,reper,i». [no
-Aquí está y no sé si habrá algo mejor enne á la memoria, indigno académico q
tre los monumentos garibaldinos, pero este de
Gallori, pomposo y teatral como es, me paré-• la palabra es{)afiola exacta; diremos «
de referencia,i, no me satisface &lt;ede
ci6 soberbio, aun rodeado de este panorama
buscábamos el modo de distribuir ea
único, que parece como una decoración hecha
dios topográficos 6 monumentales, aqu
de toda la historia humana en derredor de es-

***

Vista ge neral de Roma.

dro inconexo. Este es el "Aventino'', aquí,
abajo, á la derecha, precifo, mezquino aún,
pobre, negro; aquí estuvo á pique de nacer
otra Roma, la Roma de la &lt;eplebe,,, allá cuando esta Roma que no fund6. R6mulo, sino
que probablemente venci6 y sujet6, era una
agrupaci6n de aldehuelas sometidas á esa fortaleza que estaba allí frente por frente en el
Palatino aliada y unimü•mada c0n la otra que
estaba más allá en el Quirinal y señora ele la
colina sagrada del Capitolio ¿pero d6nde están esas colinas? Apenas se notan en las ondulaciones de la masa urbana, por la altura
de los edificios. Ya entonces empieza el enjambre de abejas de los recuerdos á zumbar en
el espíritu; para el espíritu nada vive tanto
como la muerte; esta muerte que se llama Roma está hecha de infinitas moléculas de \'ida;
los trozos de muros altísimos del Palatino, la
enhiesta torre cuadrada del Capitolio,el Coliseo
más allá con su cráter roto, trágico, eterno como
el Cristianismo, de cuyo nacimiento y grandeza
es el sombrío testigo, y allá las siluetas formidables de las Termas de Caracalla, osamenta de una catedral del placer, dentro de la
cual habría podido caber el domo de San Pedro. Y por todas partes las iglesias: ésas recuerdan los primeros siglos, son las vetustísimas
basílicas reformadas; éstas la Edad Media, la
época del continuo batallar y del constante rezar en que los papas eran santos 6 bandidos,
y en que los "1obles romanos hacían de los
monumentos sus guaridas de gerifaltes y neblíes, y de los templos, teatros de sus orgías
pintorescas y feroces de codicia y de crimen;
y el Renacimiento, fastuoso, severo, armonioso, grande, envuelto en su espléndida nube de
paganismo artístico, sensual y grave; aquí está, andando unos pasos á la izquierda, casi
detrás del Gianícolo, se le ve triunfar en la
corona cupular de San Pedro. &lt;eEsa torre cuadrada, amarillenta que ve V. allí, me decía en
la plazoleta de "S. Pietro in montorio" un fo.
t6grafo, ésa es la torre en que Ner6n cant6 sobre el incendio de Roma. i,
Es un cuento, la torre de Ner6n es del siglo
XII 6 XIII no sé; pero lo que no debe de ser
cuento es que Ner6n cantó; y, por cierto, que

no le veo nada de malo á esto; ¿por qué al ver
aquella sima prodigiosa de humo y de fuego
e~ que se calcinaba como Dido en la pira, la
rema del mundo, no se le había de ocurrir expresar su horror como lo expresan los literatos
en frases hechas, en versos, si los sabía, y en
versos cantados, si era cantante?
. Lo encuentro todo perfectamente natural y
chcho se está que los literatos puros, tienen en
vez de alma uha ánfora de retórica y por sola
pasi6n el anhelo dél aplauso.
Y entonces el paisaje entero vivió á mis
ojos, poblado de héroe~, de mftrtires de criminales, de multitudes 6 sublimes 6 ~iles pero hermosamente decorativas y teatrales: aquellas piedras que habían temblado con· todos
los huracanes de la historia humana; aquellas
arboledas ~egras que habían vibrad0 con to~os los huracanes de las pasiones excelsas 6
mfernales; aquellos trozos de muros que habían azotado las procesiones interminables de
los Céeares, de los Emperadores bárbaros de
l~s .~ontífices dE: guerra y de sangre, 6 de bend1c1on y de lágnmas; de las soberbias cortes'.'-nas cuyo_s pies ,besaban el mundo y la iglesia; y allá ¡unto a la estupenda tumba de Hadriano [Santángelo] la Roma nueva, la cuarta
Roma, la de hoy, lujosa, grandiosa, vacía .....
Por aquel fin de paisaje huye la Vía Appia
el caµiino de la otra Roma, de la su hterránea'
de las Catacumbas, de la muerte !entamen~
transformada en.vida por la sangre mezclada
al J?Olvo de los c!rcos, por las lágrimas que
mo¡aban las cemzas de los mártires, por las
esperanzas, por la fe que tomaba la forma inc~santemente renovada entonces de la plegana ..... .
U~ gran silencio subía de la ciudad, el silenc10 que sucede al tumulto en una asamblea
cuando un orador esperado hondamente se
p_one de pie ..... ~ Apenas un poco de murmuno de frondas, o de agua lejana que caía eh
la taza monumental del "Acqua Paola" subray':1-?ª1:1 aqJel silencio; ¿quién iba á hablar?
¿quien 1b'.'- a ,pron~nciar las palabras supremas? ¿qmén a descifrar el enigma de la esfinge? ¿Este pontífice á caballo de la idea nueva
de donde Italia ha nacido á la unidad 6 aquel

hombre blanco escondido detrás de los crista·
les del Vaticano, verbo encarnado de la historia de Roma la grande, la de los recuerdos,
la que pasó?
No sé, un silencio subía de las cosas y ganaba. como una gran sombra el alma; la luz
que el s?l, que había desaparecido y que yo
había visto desaparecer, no sé en d6nde ni c6rno, la luz que el sol había dejado difundida
en la atmósfera caía como polvo de oro sobre
los perfiles de algunas cimas, sobre las aristas
de algunos edilicios, en las linternillas de algunas cúpulas...... Pero no, todo era sombra
Roma era un silencio, era una catacumba, so:
bre ella había otra Roma vagamente percibida, allá arriba, en las bn~mas de la noche en
las lejanías adivinadas de lo ideal la R~ma
de los latino:1 del porvenir.
'
Fantasías ¡qué! Roma era, un silencio ......

_Me encuentro en una carta escrita veinte
mmutos después estas líneas: "Oh! Roma
Roma, poesía encantada del Pasado y de l~
~fuerte, ciudad de sombras, de esqueletos ves't~&lt;lo!&gt;, de grandezas pulverizadas, de tristezas
sm fin, de melancolías de abismo! Sí, allá del
o~ro lado del mundo, casi del otro lado de la
vida, están la patria, d hogar, la amada, todo, el f~ro, la estrella: pero esta lámpara de
santuano, pero esta antorcha volteada vfoda
de, su flama y de su vida; pero este trozo de
marmo~ de la tumba de los siglos, me atrae,
~e obliga á pe~ar ft él mis labios, y el corazon se me expm~e e11 _añoranzas y en lágrimas y la nostalg1a, la rnmensa, la irremediable, 1~ nostalgi~, de lo que no volverá á i,er
me die~ un ad10s desesperado. Adiós, pues:
l?: de mis ensueños de tantos años, de tantos
horos, ?e tantas almas; nobleza de nuestro
pensamiento y de nuestra raza a&lt;li6s Rom
t~n grande,. tan ~e~igual, tan ~ucia, . tan am:~
nlla, ~n anstocratica, tan destrozada, tan bella. ¡D10s mío, Dios mío, pues qué ya no sé
hacer versos?
JUSTO SIERRA.

'

�Domingo 29 de Marzo de 1903.

EL REGRESO.

Por el aire del cuarto, saturado
De un olor á vejeces peregrino,
Del crepúsculo el rayo vespertino
Va á destefiir los muebles de brocado.
El piano está del caballete al lado
Y de un busto del Dante el perfil fino
Del ar'l.besco azul de un jarr6n chino
Medio oculta el dibujo complicado.
Junto al rojizo orín de una armadura
Hay un viejo retablo, donde inquieta
Brilla la luz del marco en la moldura;
Y parecen clamar por un poeta
Que improvise del cuarto la pintura,
Las manchas de color de la paleta.
JOSÉ A . SILVA.

LOS ESPEJOS.
Testigos siempre mudos, en épocas remotas
Copiaron los virreyes y oidore!:I de Castilla,
De rojizos jubones y de blanca golilla,
Y escucharon las frases de pasiones ignotas;
Más tarde, á los acordes de las rítmicas notaR,
He visto por delante de su luna que brilla,
Cruzando las parejas del valse 6 la cuadrilla
Cual trazan en el agua su vaivén las gaviotas;
Esa noche ellos dieron los alf•gres reflejos
De abanicos inquietos é irirndos diamantes;
Y hace poco miraron lós antiguos espejos
(En la hora solemne, majestuosa y tranquila)
Apagarse la llama de sus ojos brillantes
Y temblar de los cirios la llorosa pupila.
GUILLERMO POSADA.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

En el alma de Luis, de regreso á su pueblo
natal, se operaba lento trabajo de meditaci6n
porque las viejas memorias de la infancia acudían á su encuentro á través de los años en
cada paraje, en cada fronda, en cada vericueto del villorrio.
Era primero la escuela parroquial y el sucio d6mine de luengas barbas, las carreras en
pos de mariposas en los campos llenos de luz
y la página blanca de su primera comuni6n
nublada por el incienso; la muerte de su madre en la alcoba sombría, el cura con sus gruesas gafas, el médico llegando á caballo con su
bufanda roja y entre doble hilera de cirios que
dejaban en todas partes sus lágrimas de cera,
un ataúd con las flores del lugar que se perdía en el horizonte; el abandono del huérfano
después y la argumentaci6n de los tíos: «el
muchacho está grande, es preciso darle una
carrera;» su partida con la maleta en el anca
del rocín, tras la falda del monte desapareciendo el reguero de casas y la torre vieja y enhiesta, y, por último, su llegada á la gran ciudad,
donde se desbordan, como los ríos en los mares, todas las quimeras de provincia. Después
la vida de "barrio latino» y de corte en busca
del saber, la gloria y el amor, y ahora el regreso ......

***

Larga ausencia y notables transformaciones
en su ser, no habían sido bastantes para que
el pueblo dejara su vida siempre igual. Todos
los afios los botones reventaban como los corpiños de las vírgenes, y la primavera tendía
por montes y sabanas sus verdes alfombras
que salpicaba la aurora de rocío; todos los
años, bajo sus múltiples cabecillas de oro y
sus crines hechas con rayos de luz, se doblegaban los trigales y las ramazones de la huerta al peso de los frutos que destilaban miel;
todos los años, diciembre preludiaba su canci6n mon6tona entre los árboles silenciosos y
escuetos-legiones de osamentas con grandes
brazos que imploran-y en el filo de la mon-

taña deshilaba la bruma sus crespones q
flotaban después como blancas cimeras.
¡Cuántos desengaños más, cuántas ilu ·
menos en el alma de Luis, y el paisaje
volvía á contemp!ar, envuelto siempre ~n
paz profunda y pmtoresca! A lo lejos se
tacaba la tapia del camposanto coronada
cruces, la carretera alargaba su mismo
ondulante, las mismas flores ensangren
bordaban los senderos que se perdían con·
certid uro bre de il usi6n; los mismos cactus
polvados surgían de entre los tecorralea
donde asomaban al sol, inm6viles las 1
jas; las mismas casucas de adobe c~n sus
chos de humo anunciaban la proximidad
poblado, y una vez en la aldea, la ca,a del a
tamiento elevaba su misma construcci6n
nosa, en la plaza los mismos arbolillos d
drados, el mismo enmalezamiento de
en los cercanos montes y en los d istan
misma transparencia azul. La casa Jugare
la cai:a señorial del pueblo con sus
portones monásticos-al fondo de la calle
tuosa, invadida de yerba, parecía diri ·
proscrito, con sus balcones abiertos una
ternal mirada de bienvenida· las c:i.
los viejos tíos, que vivían entre un rosa
un acceso de tos, brillaban á través de 1
rejados más blancas que los rosales que
ban los muros.
Adentro, en las amplias salas pene
por el 9lo~ res}noso é iluminadas por el
verd_e uel Jard1~,. los muebles, de tiempo i
~or1al, en el s1t1? de costumbre, las pia
imágenes domésticas, los enladrillados
de ios corredor.is donde pendía, en cu
carne puesta á secar como racimos de a
ciados; sobre el mantel de nieve los man
de tradici6n, las parras lujuriosas, el e
de la fuef1:te, la fiel servidumbre y ha
mulo uncido á su carreta y el viejo
refregando el hocico con la tranca, ¡todos
daban al cruzado que volvía!

mármoles de Leconte amnron en el poeta el d6n
de una impat"ibilidad que resguardara á las líneas del cincel impecable del peligro de un estremecimiento.
Menos paganos, nosotros gustamos de recordarle nuevamente el:mito del pelícano, porque
sin dejar de tener la idolatría de la forma, necesitamos nl mismo tiempo un arrullo para
nuestro corazón y un bálsamo para nuestras
tristezas.
__

***

¡Oh co~tumbres de los pueblos escob
en el terciopelo de los valles cual floraci
manchas verdes y tejados, e~ las costas de

n a cual petrificada espuma del mar, en el abismo de los barrancos como blancas ovejas que se han prendido á su feroz maraña, 6 en los duros cantiles de
cuarzo sobre la frente de la roca, como nidos salvajPs! ¡Oh costumbres que os
afianzáis como raíces al terruño, que se1:rnís, como la corriente que besa los
pies de las encinas, el mismo cauce! ¡Oh iiñejas costumbres sanas y religiosas!
¡Oh perfume de huerto y de selva, olor de dejos muebles y de mAnjares de
la infancia, campana que llamáis á la grey hacia el humilde templo, ritmo
del trabajo campeEtre que te elevas como una oraci6n, canto regional que te
pierdes en la moutaña! ¡Oh inmoYilidad de la vida, oh eterna quietud de las
cosas y lo seres! ......
Y~en el alma de Luis se operaba lento trabajo de meditaci6n .......
EDUARDO COW:N.

EN UN ALBUM DE ARTISTA.

"Dl&gt;AIS D E ROMA."-11 Popolo.

Domingo 29 de Marzo de 1903.

Alaben otros ¡oh poeta! la perfecci6n de tus ánforas cinceladas. Yo prefiero decirte que tu poesía sabe hacer pensar
y hacer sentir; que tu verso tiene un ala que se llama emoci6n y otra ala que se llama pensamiento.
Siendo igualmente justo, te habré dicho sin duda mucho
más.
Los que en tiempos cercanos recorrieron la senda que va
de l!\s esta.tu!\1:1 esbelta.a y delicadas de Gautier á los grandes

Ellos le hablaban para decirle:
-Haznos, estatuario, una estatua. Que llore 6 ría; que
muestre el ge~to del amor, 6 de la meditacióh,
6 del desprecio. Pero que sea perfecta y que
sea pura.
Nosotros le decimos:
-Escúlpenos una elegía en mármol negro,
y hnz de modo que bajo los pliegues armoniosos de la túnica parezca latir un coraz6n.
Llenos de estremecimientos íntimos, al mismo tiempo que de sueños ambiciosos de arte
nosdros quisiéramos infiltrar las almas de lo~
héroes de Shakespeare en el mármol de los
dioses antiguos; quisiéramos cincelar, con el
cincel de Heredia, la carne viva de Musset.
JOSÉ ENRIQUE RODÓ.

�Domingo 29 de Marzo de 1903.

El Uolcán d~ tolima.
A nuestro corresponsal en Colima, debemos
las fotografías que aparecen en esta plana y
que representan una de las erupciones del volcán de aquel nombre, ocurridas últimamente.
Las dos vistas fueron tomadas desde Tonila
una á las 5.10 p. m. del día 7, y otra cinc~
minutos después, por el fotógrafo don Francisco López, y juntamente con ellas recibimos
cenizas volcánicas recogidas, tanto ~n la plaza
del pueblo mencionado, como en las cercanías
de la montaña.
Las vistas á que hacemos referencia, pueden
dar á nuestros lectores una idea, aunque sea
aproximada, de la importancia del fenómeno.

EL MUNDO ILUSTRADO.

liaría que les anuncia el acercamiento de la
tumba, y muy alegres, no obstante, porque la
luz, los pájaros, las flores, las tibias brisas de
la Maga, el germinar de la savia nueva, todo,
en fin entona un canto de amor, y esta música, por ser eterna y perdurable, es la que más
agrada á los oídos de los hombres transitorios.........

EL MUNDO ILUSTRADO.

puede ser fecun~o ó funesto, es signo de puJanza ó de deshielo...... Con la Primavera
hay una reno~ación de brotes ,en las frond!'I,
una resurrección de ensueños o de recuerdoa
ale~rgados e~ ~l alma. Los jóvenes aman
7
suenan, los VIeJOS rememoran, y unos y otroa
sonríen á la luz y á las flores. ·
¡Ha llegado _la Primavera! Es preciso ir al
campo, es preciso bafiarse en la luz es preclec,
tene~ fe, esperanza y c~tridad ante Ía magnificencia de la nueva savia que asciende.
STRINDBERG.

¿Habrá quién pueda sustraerse á los encantos de la primavera?
En el viejo poema indio
se dice que los hombres
malos huyen de la luz;
que los hombres crueles
son enemigos de las flores; que el vuelo de los
pájaros asusta á las conciencias intranquilas..... .
¿Será cierto? Si lo es, tal
vez hay quien pueda susLa primavera ha llegado. Dicen que el veintraerse á los encantos de
tiuno de marzo, á las 12 de la noche, se desla Primavera: los malos,
parrama en el ambiente la juvenil y eterna
los crueles, los de conviajera y hace su entrada triunfal al mundo
ciencia intranquila.
en que año por año aparece á cumplir sus ofiPero, en nuestros días,
cios de «tejedora de guirnaldas de azahar.»
ante el complicado funNo debe creerse, empero, que la Maga cumcionamiento de los senpla los programas como los cumpliría un metimientos, ante la cada
cánico emperador teutón; la Primavera tiene
día creciente esfuma.tura
ciertamente, un día oficial para su aparición'
de lo que fué línea divipero se atrasa ó se adelanta según quelas regio~
soria entre el bien y el
nes en que va á preeentarse le placen ó le dismal, ante el misterio más
gustan.
profundo mientras más
En México la Primavera suele presentarse
explorado
del dinamo
desde el mes de febrero y, á las veces ha sido
psíquico, ¿quiénes son los
vista de incógnito hacia fines de ener~ esconmalos, quiénes son los
dida en un recodo del bosque de Chap~Itepec
crueles, quiénes son los
en alguna mañana luminosa ó durante algú¿
de conciencia intranquicrepúsculo multicolor; y hay quien afirme que
la? Yo creo que, á punto
es tanto lo que ella adora á este pedacito de
fijo,
ni la Primavera lo
tierra, que de él no llega á alejarse durante
sabe; y cuenta que la Pritodo el año, y en él se refugia cuando los heOTRA VISTA DE L VOLCAN.-7 de Marzo, á las 5.15 p. m.
mavera es tan vieja colados cierzos ó las abrasantes canículas de
mo el mundo y que los
otras comarcas la arrojan entristecida con su
viejos saben muchas cosas que ignoran los
séquito de flores y de perfumes.
jóvenes; y cuenta que la Primavera es eternaLa verdad es que, aun cuando por determimente joven y que los jóvenes conocen munadas y breves temporadas se aleja la 1faga de
chas cosas que ya olvidaron los viejos!
El sol y el viento discutían cuál de los
entre nosotros, siempre deja «puesta la casa »
era más fuerte.
por si se le ocurre regresar repentinament~
Es difícil, muy difícil que alguien se susLa discusión fué larga, porque ninguno
c?mo s~ele hacerlo; siempre quedan en algú¿
traiga por completo á los encantos de la Prilos dos quería ceder.
rmconc1to el lecho de flores que la so3tiene y
mavera. El tiempo, ese domador implacable
Viendo que por el camino avanzaba un
la enramada que la cobija; pero la Maga, por
de impulsos y ele impaciencias, ese demoledor
hallero, acordaron probar sus fuerzas desa
respeto siempre á la tradición v á los usos oficonstante de ilusiones y de anhelos, el que
llándose contra él.
c~ales, sólo se atreve á ostentar toda su presenmarchita la tersura de las frentes y de las me-Vas á ver-dijo el vfonto-cómo con
cia y todo su esplendor y todo su imperio dujillas y rocía escarchas sobre las cabelleras
echarme
sobre él, desgarro sus vestidos.
rante los ~eses en que su nombre figura en
triunfantes, no alcanza t, endurecer los coraY comenzó á soplar cuanto podía.
el calendar10, con todos los honores de Reina
zones cuanto lo quisiera ni cuanto lo desearan
Pero cuantos más esfuerzos hacía el vien
por la gracia de Dios y por derecho propio.
muchos de los que albergan corazones. ¡No es
más
oprimía el hombre su abrigo, gruñen
Y los hombres la saludan entonces y le rinden
cierto que haya corazones duros! La corteza
C?ntra aquél, mas caminando, caminand
pleito homenaje, un poco entristecidos porque
acumula capas por afios y cada capa y cada
siempre.
cada vuelta de la Primawra es una pie&lt;lra miaño traen un endurecimiento relativo; pero no
. ~l vient?, encolerizado, descarg6 sobre
hay corteza que resista á
v1aJero
lluvia y nieve; pero el hom bre no
los golpes de un leñador
detuvo.
experto y no conozco leComprendió el viento que no era cosa poei
ñador má.'! experto ni más
bl? arrancarle el abrigo. Sonrió el sol, m
recio que la Vida. Cuantrose entre dos nubes, recalentó la tierra,
do la Vida se recoge y
el pobre caballero, que se regocijaba con aqu
templa todos sus músdulce calor, quitóselo y se lo echó al homb
culos para descargar el
-Ya ves-dijo el sol al viento,-con el bi
golpe, y cuando para ello
se obtiene más que con el mal.
se sirve de sus hachas
máf; filosas, del amor, del
LEoN TOLSTOY.
dolor, de la miseria, de la
belleza ó del odio, el coraz6n más duro sangra.
PENSAMIENTOS.
Y la Primavera, sin ser
un pesado menester de tajo ni de fuerza, es uno de
El espíritu del hombre es tan particular.
esos instruinentos sutiles
que con algo que ve, y á pesar de lo mism
y acerados que la Vida
que ve, se forja un motivo de pesar: nuestró
guarda para taladrar laa
cerebro hace recordar aquellos calat&gt;ozos de la
resistencias postreras ... .. .
inquisición, en los que se amontonaban tan-'
tos y tan extraños instrumentos de suplicio 1
en tal_ confusión, que se hacía incomprensibl.
su ohJeto y su forma. Con igual facilidad diPorque la Primavera,·
ce uno á su amada: «Todas las mujeres me
sin ruidos ni asperezas,
engañan," como le dice: «Me habéis enga·
penetra hasta lo más refiado.J&gt;-A. DE MussET.
cóndito de las almas y
acelera· el curso de la sangre, ese curso que, coEl amor generalmente nace de la
EL "COLIMA" EN ERUPCION.-7 de Marzo, á las t.10 p. m.
mo el de los grandes ríos,
neidad, esto es, de la improvisación.

n;a lltgado la Primaotra,

EL SOL Y EL VIENTO.

Domingo 29 de Marw de 1903.

mazatlán
tasas dtstruidas...•EI stroido tn d taiartto.
tos conoaltdtnt«.
Para los que observan con interés el curso que sigue la epidemia de peste bubónica en Mazatlán, y el valor y eficacia de los elementos que las autoridades han puesto en juego, no s6lo para impedir la propagación de la enfermedad á otros puntos del país, sino también para atender Íl la asistencia y cuidado de los pestosos, son de
impor tancia, á no dudarlo, las ilustraciones que publicamos en el
presente número y que se rP.lacionan en su mayor parte con el
servicio sanitario del puerto.
Sabido es q~10 gracias á ,a energía desplegada en esta ocasi6n por el
Consejo Superior de Salubridad, se ha logrado localizar la epidemia
hasta donde ha sido posible, y, lo que es más, hacer que mediante e¡
concurso de médicos aptos f inteligentes, disminuya el número de defunciones causadas por la peste, al extremo de que en varios días, no
se haya registrado ninguna. Esto bastaría, si no hubiera otras con.
sideraciones igualmente dignas de tomarse en cuenta, para justificar
el celo con que, tanto el Gobierno general, como el de Sinaloa, h¡m
procedido en las actuales circunstancias haciéndose acreedores al
aplauso de la gente sensata.

Contrayéndonos á nuestra información gráfica, que demuestra
hasta cierto punto, ese laudable celo, creemos necesario dar una li~
gera explicación de los grabados que la forman. Uno de ellos representa la serie de barracas provisionales instaladas en la playa sur,
con el objeto de alojar á los que, por haber sido quemadas sus habitaciones, no tiene6 donde dormir; y otro, las ruinas de una manzana que fué destruída por encontrarse infestadas las casas. La calle
de la Constitución, donde se observó mayor número de casos de peste, quedó reducida en un largo tramo, á montones de escombros por
orden de las autoridades, y así aparece en la ilustración correspondiente. Por ¡;eparado, verán nuestros lectores la fotografía de uno de
los sitios habitados en Mazatlán por la gente pobre, y la de un grupo de convalecientes aislados en !ns barracas del 31 de Marzo.
En cuanto al Lazareto, publicamos seis grabados distintos que representan : la «Sala de graves y de pronósticos reservados», la «Sala
de m uy graves», el «Departamento de administraci6n)) y el de :ccon.
valec1entes», el «personal del Lazareto» y dos de los pabellones en que
se aloja á los pestosos. En uno de éstos, hacia el fondo, aparecen los
practicantes de 1Dedicina A. Hernández Mexía ( de México) y .Tesús
Ledesma ~ de Mazatlán) vendando los bubones á una enferma, después de haber sido operada; y en el otro, los sefiores Martínez López y
J. de Avila, practicantes también, curando á un hombre atacado de

Barracas instaladas en la playa su r.

,

Ruinas de una manzana.

En la calle de la Constitución

***

*

Uno de loa sitios habitados por la gente pobre,

1-99 convaleciente, c.~ la peste,

�¡--

Personal del Lazareto.

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ffo&lt;Juf\RE

Administrac1on
. • Y d epartamento de convalecientes.

Un pestoso e n la mesa de operaciones.

�Domingo 29 de Marzo &lt;de 1903.

peste. El personal del Lazareto, por el orden
en que aparecen n umeradas las figuras en la fotografía correspondiente, es como sigue: sefi.ores J osé Arroyo, Administrador; Juan Vázquez,
Subadministrador; Modesto Alvarez, J. de
Avila y Martínez López, practicantes; doctoJ
Francisco Lavín, Director; presbítero Cornelio de Aspuro; A. Hernández Mexía, practicante; Rosendo Gómez, practicante; JesúsLedesma, practicante, y señorita Refugio Castelo. Las mujeres que completan el grupo essuvieron atacadas de peste, y prestan hoy sus
ter vicios como enfermeras. Es de justicia, por
10 que toca á la señorita Castelo, hacer constar qu e con el noble y filantrópico objeto de
acudir á la desgracia ajena, solicitó le fuera
permitido atender á los pestosos, sin preocuparse del riesgo á que pudiera estar expuesta

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

desinfección, que ha cedido
sus honorarios á la Junta de
Caridad; unas vistas de las
calles de Benito Juárez y el
Vigía, inundadas á consecuencia de una fuerte lluvia,
y otras de la instalación que
en Siqueros sirve para abastecer de agua á Mazatlán. La
inundación de las calles
obedeció {t que, con motivo
de los trabajos de azolve del
caño que servía para el desagüe y que estaba considerado como un foco constante
de infección, las corrientes
se derramaran invadiendo,
en algunos puntos, hasta las
habitaciones.

,1,1)

' .. . ½~ v.'!/

&lt;-·'J
I
'/,

***

Dada la importancia que
para el país tiene el conociLa
miento de todo lo que se relaciona con la epidemia, esperamos que nuestros lectores vean con interés la informaci ón
que les ofrecemos.

ocfff\ r-10
Sra. Emilla Extensor y su hija.

..

Sr. Lic. J oaquín M . Escoto.
(De una. litograffa wE~ año :d,e 1867,)

,,,.,.:,:,-

Comp f'11RM,O~E S

C,Omf de l'fo'CO M •6UEL

~

/
\,

nutvo Dlrtctor fimtrat dt eorrtos.

La calle del V i gí a, después de la lluvi a.

Por ú ltimo, figura entre nuestras ilustracion es, la fotografía de la sefi.ora Emilia Extensor, quien perdió á su madre y tres hijos, que
murieron de la peste, antes de que se declarara la existencia de la enfermedad en el puerto,
y que en compañía de una joven h ija suya
fué la primera que ingresó al Lazareto. Ade más, publicamos el retrato del señor Ingeniero Natividad González, jefe de la Oficina de

Para substituir al Sr. D. Manuel Zamacona
é Inclán, que renunció el cargo de Director
General de Correos, ha sido nombrado el Sr.
Ingeniero Norberto Domínguez.
El nombramiento hecho á favor del Sr. Domínguez se considera muy acertado, en vista
de los antecedentes que abonan su conducta
como servidor laborioso y honrado del Gobierno. El nuevo Director pertenece á una de las
familias principales de Hidalgo del Parral; comenzó sus estudios en Chihuahua. para continuarlos en la Escuela Preparatoria, y obtuvo
el título de Topógrafo é Hidrógrafo en esta capital, tras una serie de brillantes exámenes.
El Gobierno de Durango le confió, poco
después de recibido, el cargo de interventor
del Estado en la Casa de Moneda, y el de Profesor de algunas aPignaturas en el Instituto
Juárez. De allí pasó á Monterrey como Jefe
de la Oficina de Ensaye y, por último, á Si11aloa,donde ha desempefi.ado la Dirección de
la Casa de Moneda.

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Sr. lng. Norbert o Domlnguez.

El Sr. tic. ]oaquin m. Escoto.

SI QUEROS,- l nstalaci6n para su rtir de agua á Mazatlán .

I

En la vecina población de Tacubaya murió
el lunes último, á las 12. 30 p. m., el Sr. Lic.
D. Joaquín M. Escoto, Diputado al Congreso
de la Unión por uno de los Distritos electorales de Guadalajara.
El Sr. Escoto era originario de Jalisco; comenzó su carrera en la ciudad referida, como
alumno del seminario, y poco después de recibirse de abogado, vino á México, encargá~dose de la defensa del guerrillero Dou J uho
García, sentenciado á muerte por Maximiliano.
•
Obtenido el indulto del jefe liberal, Escoto
se unió á las fuerzas republicanas y durante
algún tiempo desempefi.ó los cargos de Coronel Auditor de Guerra del Ejército del Norte
y de Secretario del Sr. General Mariano Escobedo. Al lado de este insigne patriota estuvo
en San Jacinto y en Querétaro, población, esta última,donde sirvió como Asesor del Consejo de Guerra que condenó á muerte al Ar·
chiduque y á los generales Mi ramón y Mejía.
Más tarde fué nombrado Subsecretario de
Gobernación, Juez 1'? de lo Criminal y Fiscal
de la Suprema Corte, sucesivamente.
Liberal por convicción y de talento, el Sr.
Escoto prestó á la República buenos servicios
y su muerte ha sido muy sentida.

Parece por fin que SP,rá wi hecho la obra colosal de la apertura del Istmo Americano, que
permita á las aguas del Pacífico confundir~e
con las del Atlántico, realizando asi uno de
los pensamientos más colosales de la edad contemporánea.
La idea de buscar esa comunicación, ha estado latente, por decirlo así, desde los días
del descubrimiento de Améri-:a.
Cristóbal Colón, que no podía imaginar la
existencia del Nuevo Mundo, buscaba, al realizar el descubrimiento, no un vasto imperio
que añadir á la corona de Castilla, si_no un camino recto para ir de la Europa Occidental al
Asia Oriental: su pensamiento era profun?amente científico y verdadero; pero América
surgió inopinadamente en ese camino, consumándose así uno de los acontecimientos más

MJlLAS

o(So~ col ~

grandes y transcendentales
de la Historia moderna.
Después de Colón, muchos
descubridores, muchos exploradorel!, buscaban con
empefio el canal que comunicase los dos Océanos imaginando que éste debía de
existir por obra de la naturaleza.
Descubriólo al fin Hernando de Magallanes; pero
tan al Sur, tan remoto, que
su utilidad práctica vino á
ser mu y escasa.
Surgió más tarde el atrevido pensamiento de corn,·
gir la obra de la naturaleza;
de abolir la barrera panameña, y de, ya que
el canal no existe, abrirlo á fuerza de pico, de
lal.,or y de dinero.
Después del desastre de la Compañía france,a y de la abrogación del tratado ClaytonBuhrer, ha quedado á los americanos expedito
el camino para romper el istmo. Arregladas
las dificultades con Francia, con Inglaterra y
con Colombia, todo parece indicar que, á vuelta de pocos años, nuestras costas meridion1iles, así como las costas de Centro y Sudamérica sobre el Pacífico, podrpn comunicarse directamente con Europa, sin necesidad de transbordes, ni de dar la vuelta por el estrecho de
Magallanes.
El grabado que publicamos encierra los
principales detalles del grandioso proyecto,

Desempefiando un humilde empleo en la
Escuela Normal de Profesores, vive el anciano
Juan Idueta, cochero que por mucho tiempo
estuvo al servicio del Benemérito D. Benito
Juárez y que lo acompañó en su peregrinación
á Paso del Norte.
Id u eta recuerda todavía emocionado los episodios de que fué testigo durante la gloriosa
retirada de Juárez, y conserva, hacia su ilustre amo, un cariño que raya en veneración.
En la actualidad, el leal sirviente padece
una afección cardíaca que más de una vez lo
ha puesto al borde del sepulcro. Hace poco sus
males se exacerbaron al extremo de que se con·
siderara inútil todo esfuP,rzo por salvarlo, Y
aunque entró después en un período de rela·
tiva mejoría, el peligro no ha desaparecido por
completo.
El Sr. D. Benito Juárez, hijo del Benemérito, ha estado á visitar al enfermo, á quien
distingue con su estimación, y el Director de la
Escuela, Sr. Rébsamen, ha hecho cuanto ha
estado de su parte para que el paciente no carezca de los auxilios y atenciones indispenrnbles.

Sr. J uan I duetc1.

�Domingo !l9 de Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 29 de Marw de 1903.

!VCE VICTISi
Ni Aníbai, ni Yugurta, ni Mitrídates
se pierden en la sombra del pasado,
ni manchan con la púrpura enconada
el cielo esplendoroso de sus fastos ;
que An(hal, qne Yugurta y que Mitrí&lt;lales
esculpen en los múrmoles de Paros
el verl.Jo &lt;le epopeyas imposibles
que guardan en sus almas burilado,
y aceptnn el combate del perjurio,
y lanzan á los pérfidos el dardo,
y ruedan en la li7.a como buenos
y mueren en la arena como bravos! .......
¿Qué importa que después los Decenviros
los graben Pn las Tablas como bárbaros'?
¡Al tin ha de surgir con la Justicia
el «In rin merecido á los tirano~!

***
Las trombas del simoun en su inclemenci
po&lt;lrún 1.Jarrer los ídolos sagrados
y devastar las fértiles campiñas
con Ciros y Scipiones y Alejandros;
mas siempre habrá conciencias que
el hálito maldito de los amos,
Xenofontes que crucen los desiertos,
Púnicos que sucumban en Cartagos,
Pelópidas que hostiguen á traidores,
Numancias que deshonre11 Emilianos,
Daríos que perezcari en Arbelas,
Demóstenes que azoten á comprados ......
y pueblos prepotentes que levanten
el «Inri» merecido á los tiranos.
ADALBERTO C ARRIEDO.

-1903.

ASTRONOMÍA.
Catorce sabios de la vieja Europa
estudian con afán,
desde la lente que á los cielos mira,
un carn singular.
Son dos estrellas, negras, tan brillantes
como iguales no viéronse jamás.
¿Su proyección'? Ignota: nadie supo
de dónde vienen ni hacia dónde van.

SIMBOLO.
Desaparecía el sol en occidente, arropado
en su manto de oro con la regia pompa de gran
monarca moribundo.
En la abrupta cumbre, una cruz levantada
en alto, y en ella, enclavado y muerto, el Divino Redentor de los humanos.
María y Juan eran los testigos mudos de
aquella trágica escena: velaban al pie del madero santo, como ángeles custodios del Mártir inocente.
Tras la agonía de la tarde, tendió la noche
sus alas medrosas y sombrías; y el pueblo deicida -ebrio de vino y de impudor, -ovacionaba á Barrabás, cantando el himno maeábrico de su infame abyecci6n.
Roncos de vocear y extintos de fuerzas para continuar bullendo y cantando en la bacanal estúpida, unos caminaban dando traspiés,
y otros quedaron tendidos por los suelos, como soldados muertos en sombrio campo de
batalla.
Rasg6 la luna las densas brumas que encapotaban el firmamento, y desde el zenit de la
estrellada comba, radió -como hostia de luz,
-bañando la pálida frente del Cordero.
La Madre y el discípulo amado, llenos de
duelo infinito, velaban al pie de la cruz; y en
medio de aquella escena de recogimiento, de
aquel silencio augusto, santificado por la gracia de la oración, estalló frente á Jesús, turbando la triste, sagrada paz, una carcajada
sacrílega ........ .
Cayó Juan de rodillas, como fulminado por
el rayo; y la Madre mártir-que vió cruzar
ante sus ojos, con la instantaneidad del relámpago, la silueta espantosamente horrible del
insultador,-abrazó en el paroxismo de su
dolor inmenso lotpies ensangrentados de su
Hijo muerto, bañándolos de lágrimas ..... !
El que había reído era Judas ..... !
Pero al tercero día de haber reído el sacrflegio, resonaron con maravilloso estruendo todas las músicas del Empíreo; y las legiones
angélicas, agitando sus alas resplandecientes
en la inmensidad etérea, cantaron, como hermosa salutación al cielo y á la tierra:
-¡ Resurréxit! ...... ¡Resurréxit!..... .

***
¡Y Satanáf' rugi6 de oaio!. .....
J esús h abía triunfado por el amor, y comenzaba el reinado de la Misericordia!
RAFAEL DE LOS

Ríos.

Con los últimos tintes de la tarde
en el espacio se las ve brotar,
y breve tiempo en el espacio radian
su intensa claridad.
Ese es el caso que catorce sabios
inquieren con espíritu tenaz,
desde la lente que á los cielos mira
con su ojo de cristal.
Oh! profesores de la vieja Europa,
cuánta pena me causa contemplar
vuestras blancas melenas agrupadas
sobre el largo instrumento con afún!
Mas, m i secreto descubrir no puedo;
y no sabréis jamás
de quién son las pu pilas que en la noche
per~igue vuestro ~nte de cristal.
FABIO

Marzo, 1903.

Fuu.o.

RAPSODIA.
Alzando airoso la blanca testa,
La frente blanca llena de arrugas,
Guía atrevido la gran orquesta
Que desarrolla temas y :fugas.
Ora se escuchan himnos marciales,
Ya quejas hondas de 1.,s violine,:,
Golpes sonoros de los timbales
Y ecos vibrantes de los clarines.
Es nn conjunto genial, soberbio,
Que alegra á veces y otras contrista,
Es un conjunto que mueve el ne,vio
De la batutc-,, del gran artista.

. . .Se extingue el ritmo, la orquesta calla,
Mueren sonido$, mueren rumores,
Y el auditorio, súbito f'stalla
En mil aplausos atro1,adores.
De pie, sublime, se yergue el viejo,
Inclina un poco la cana testa,
~ Y en sus pupilas brilla un reflejo:
El de las lágrimas de su orquesta ..... . l
ESTUDIO FOTOGR.\.FICO. -(COLECCIÓN PELLAXDlNI. ).

1903.

ENRIQUE T ORRES TORIJA.

ESTUDIO FOTOGRAFICO. - ( COLECCIÓN PELLANDINJ. )

�Domingo 29 de Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

!estar que me invadía el cerebro y el ~oraz6n, como una embriaguez,
me quitaba la noci6n de las cosas habituales, tan estrechas, tan sofocantes en tanto que otras infinitas divinas, hechas de bondad Y de
aband~no, me penetraban, me inu~daban de luz y d.e _ens~eño..
Estaba en el paraíso, bogando en 1:1n mar de delicias silenciosas,
con el coraz6n tan lleno con la realizaci6n de todo, que en él no quedaba un átomo de deseo .. ... Y lloraba, como Pedro, lágrimas dulces
de satisfacci6n. El no decía una palabra, pero había ~asado su brazo
en derredor de mi cintura, y seguía atrayénd?me bac1_a sí.
Por la ventana abierta,entraba la luz límpida de~ cielo,cor:istelado
de estrellas que brillaban con fulgor indeciso. Hubiera, querido que
ese instante no se acabara nunca. Pedro me estrechó mas aún, hasta
tocar mi mejilla con sus labios... ...
.
.
Al pie de la ventana, estall6 una carcaJada estridente ..... •
l\le desprendí de esos brazos, sofocada, con los cab~llo~ sueltos,
loca de terror, pero también de dicha, porque había salido intacta de
la terrible prueba.
Me lancé á la ventana gritando como loca:
.
.
.
-No Victorina1 no! No lo crea usted ...... Se lo Juro, V1ctorma.
No ría usted así. Me va á matar .... ..Y usted, miserable, salga, salga
pronto, vaya á éi.ecir á esa mujer que no es verdad 1~ que SUJ?One!
.Me volví hacia aquel hombre, que permanec1a aturdido, trémulo.
-Pero salga usted pronto!-le grité,recbazánd&lt;;&gt;le ruda;mente.Cobarde, cobarde, que vino á sorprenderme en med10 de mi llanto.. •
Salga, salga prontoi
Estaba loca, en verdad. Corrí tras él, por la e~calera, recha,zándole siempre. Llegando á la puerta de la calle, echo á correr. Sah para buscar á Victorina. La llamé llorando, sollozando dolorosamente.
Eso era absurdo: los transeuntes podían oírme.
-Oírme, qué importa-decía yo. - Cuando les diga que no es
cierto eso, me creerán ...... Victorinal Victorinal
Pero la mujer no respondi6 y volví á subirá mi cuarto, llorando
siempre á gritos.
XXX.

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.

•

ILUSTRACIONES DE SIMONT.

TR4DUCCION Df "fl ~UNDO ILU&amp;TR4D0,"
(CoNTINÚA.)

Y le vi llorar.
-Oh! María Teresa, cuánto hemos luchado, cunnto hemos sufrido! No es bastante aún?
_Me suplicaba, y yo veía ~u ~ostro, hermosísimo, expresando angustia,por el cual corrían las lagrimas lentamente como si se asombrasen de baiíar esos carrillos viriles.
'
Y me dejé atraer hacia él; mi coraz6n se fundía. La sociedad,

1
. . .
. .
os prmcip1~s recibid.os, el honor, tal como se -le entiende por regla ge·
ne~al, Y el cielo Y el mfierno ...... todo se borr6. ..... Estaha sola en el
Nmverso, al !a&lt;lo. de Pedro! Mi espíritu se ensanchaba infinitamente.
0 sé qué mister~os se .me explicaron. Me sentí poseída de una in· ·
men~ mdulgenc1a hacia mí y hacia todo lo que existe.
ra amada .... . . amaba ..... .
Oh desfallecimiento adorable! La excesiva dulzura ele ese ma·

Sí Phrasia tuvo razón cuando me dijo, en los primeros días,que
Victorina era temible! La malvada vieja parecía no vivir desde entonces, sino para aquello que había descubierto.
De un extremo al otro del pueblo, en los lugares cercanos, y de
allí hasta la población en que residía el inspector,la vieja hizo circular la historieta en que mi nombre figuraba.
El cura roe mand6 llamar desde luego. Me recibi6 llorando. Me
arrojé á sus pies. Le juré ante el Cristo que era inocente ...... El movi6 la cabeza, en ademán desesperado.
-¡Ay, pobre nifia, no basta ser inocente, es necesario parecerlo!
Han visto salir al sefior Raibert por la noche de la casa de ustPd. Se
le ha visto, sin que sea posible dudar. Todo el mundo está de acuerdo en afirmar ese hecho que la deshonra á usted: Phrasia, que sabía
que esa noche el sefior Raibert estaba ausente; Sil vio Moutet, queparece espiaba á usted á toda hora; por último, Victorina ..... .
Me sentí desfallecer, palidecer mortalmente.
-Quisie.ra morir, sefior cura ..... .
Se apiad6 de mí.
-Levántese usted. No tengo de qué absolverla, puesto que á los
ojos de los ángeles nada .malo ha cometido usted; pero ha.y que tener
también en cuenta los OJOS de los hombres. Usted no ha sido prudente· cuando menos, ha sido débil. Usted, tan inteligente, tan juiciosa'. ...... ¡Ah señorita Romane, qué desgracia! Levántese usted, le digo.
¿Qué implora usted? ¿Qué puedo hacer yo, si no es lamentar también
lo ocurrido?
Y se lamentaba, en efecto, como un niñ.o, echado en un sill6n,
en tanto que yo me había puesto de pie y le miraba, más enloquecida
por ese dolor por ese reproche tan amargo, en su dulzura misma, en
su mesura, efi su verdad, que si algún castigo terrible me aguardara.
Entonces me puse á hablar de corrido, tumultuosamente, como si
quisiera con mis palabras ahogar mi dolor ..... .
-¡Si usted supiera, señ.or cura, qué cosa tan insignificante fuél
El me prestaba libros; yo no le veía nunca; de repente se presentó en
mi casa. ¡Un segundo nada más, un segundo señor cural Era de noche es cierto; no había lámpara en mi cuarto; pero entraba la luz de
las ~strellas ...... Me pareci6 que no había mal..... . ¡Fué tan rápido!
Iba á deepedirle, cuando ri6 Victorilla. ¡Oh! ¡Esa risa, señor cura!. ..
Esa mujer yo la maldigo ....... . .
Lloraba; y mi aspecto debía ser conmovedor. El cura me estrech6
la mano.
-No maldiga usted á nadie...... Más bien Victorina satv6 á usted. Era de noche, á la alcoba entraba el fulgor de las estrellas; usted
no creía hacer mal.. .... ¿Qué habría sido de usted?
-Nada peor que lo sucedido, puesto que estoy deshonrada por
la maledicencia.
-¡Ah! ¡Si hubiese un remedio! ¡Si ese desdichado no fuese casado!
Me atreví á murmurar:
-Phrasia me ha dicho que su mujer está muy enferma ..... .
Era una esperanza loca, á la cual me había acogido, desde que
me refiri6 Phrasia la enfermedad de la esposa.
-¡Ay!-dijo el cura. - ¿Qué importa eso? Ella no le dejará sus
bienes sino á condición de que no vuelva á casarse......... y él, porla
herencia, aceptará la condición ..... .
-¡Oh! ¡No; no, imposible!

•

Domingo 29 de Marzo de 1903•

-¡A.!í será, hija mía!
-Pero si me ama..... .
-¡Se consolará, créame usted!. . ....
Y mirándome fijamente, el cura me pregunt6:
-¿Y usted, le ama?
¡Si le amaba! ¡A ese hombre que me había estrechado contra su
corazón! A ese hombre, el único que podría lavar mi oprobio, amándome aún, si la buena suerte bacía que su mujer se muriera..... ¡Ah!
Sí le amaba.
Respondí con la mirada. La frente del cura pareció cubrirse con
la sombra de una inquietud terrible.
-¡Cuánto debe usted haber sufrido!-murmur6.
Y apoy6 en mi frente su mano. durante algún tiempo, como si
quisiera hacer penetrar á mi cerebro alguna fuerza, para los momeo•
tos en que más habría de sufrir ... .. .

xxxr ·
¡Ay! Fué, en efecto, tan terrible .. ... . Más aún que mi viaje á la
ciudad, que se refirió únicamente á mi honor, cuando el inspector me
llam6 para que le refiriera mi historia. ¡Y debí referirla con mis altivos labios, con mis labios puros! ·
De pie, con el corazón rebosante de amargura, hi;_blé; referí mi
soledad sofocante; hablé de aquel señor que me prestaba libros,
y que del'pués, una noche, llegó basta mi cuarto, sin que nada de mi
parte le autorizara á hacerl&lt;1. ¿Qué debía yo hacer? ¿Cuál era mi falta?
Erguí orgullosamente la cabeza, y me atreví á ir más lejos.
¿Era yo acaso la única víctima de aquella soledad que hacía brotar almas rapaces en derredor de las jóvenes? Si la sociedad se preocupaba tan poco de sus misioneras-porque nosotras lo somos, y de
las más veuerables,-¿nos abandonaría, tan jóvenes y tan débiles, en
medio de todos los peligros que amenazan á una mujer?
¿Si el hombre á quien se refería, asalt6 mi alcoba, con el plausible pretexto de un libro, no habría yo sucumbido, una ú otra vez, y
sin ningún pretexto, á la fuerza bruta de un ebrio, de Silvio Moutet,
que también me perseguía? Porque, suponiendo, como parecía indicarlo el inspector, que hubiese yo cometido alguna coquetería respecto al seductor Raibert, ¿la habría cometido acaso, respecto del ebrio
Silvio Moutet? ¿Y quién me habría defendido contra éste? ¿Quién
protegía á todas las demás institutrices, en camino de perderse, y de
las cuales él, lo mismo que yo, debía conocer la historia?
Nadie tenía que cuidar á la señora Albert, la espo~a del profesor
de Pinet, ¿no es verdad"? ¡Pero las otras! Las otras pobres, de las que
yo era una, ¿quién nos defendería?
El inspector, un tanto turbado, se alisaba el bigote, movía la
cabeza, me miraba, ora con asombro, ora expresando, á pesar suyo,
que mis razones le habían convencido. Por fin me interrumpi6 y me
dijo sonriendo finamente:
--En suma, scfiorita, ;.es un marido lo que reclama uste&lt;l?
Era brutal. Sufrí muchísimo durante un segundo, preguntándome si me atreYería á responder. Por fin me atreví:
- ¡Pues bien, sí!
Y añadí, demasiado herida en mi pudor, para detenerme en lo
dicho:
-¡No para mí, ya no sería tiempo! ¡Pero para las otras para
mis compañeras, de quienes sería la salvaguardia!
'
Debo haber estado convincente. El inspector tosió, me miró cada vez más asombrado, revolvi6 distraídamente los papeles que había
sobre eu escritorio, y murmur6:
-No digo que no. Sería, en efecto, la salvaguardia, como usted
dice.
Y añadió, poniéndose en pie:
-En fin, querida señorita, no es tal la cuestión, por el momento. Veo que usted no es una persona vulgar, y ciertamente las cosas
deben haber pasado como usted las refiere. Pero el hecho de la presencia del señor Raibert en la casa de usted, no ha dejado de causar
escándalo . Mi deber sería suspender á usted temporalmente, ó por lo
menos, amonestarla severamente. Haga usted cuenta que ya está hecho. Sea usted más reservada que nunca. Es evidente que la situación de las institutrices está llena de peligros, sobre todo cuando la¡¡
jóvenes son tan perfectas, tan ...... hermosas ..... .
Yaciló pa~~ pronunciar es~ palabra, c¡u~ yo e~cuché sin pestafiear. Me tend10 la mano, y trato de tomarse cierta libertad oprimiendo mis dedos más de lo debido.
'
-¡Qué solitaria ha de ser, en verdad, á la e&lt;lad de usted esa casita de la escuela! ¿Qué, en sus paseos, no llega usted nun~ hasta
aquí? El bosquecillo de los Bálsamos, que está en el camino es encantador. Con frecuencia voy allá. No habría mal en encont;arse allí
y platicar un poco ..... .
Me retenía la mano, se acercaba á mí, y en sus ojos brillaban no
sé qué fulgores ..... .
Alcé los ojos, que debían arder como dos cirios.
-Señor-)~ dije con voz grave, - suponga usted que no me ha
absuelto, refl.ex~one en l.o que acaba de decirme, y juzgue si las muchachas que estan en m1 caso no son muy dignas de lástima.
Soltó mi, mano como si le hubiese quemado, palideci6 hondamente y murmuro:
- Perd6n, perd6n ..... .
Sa}í, llevando la cabeza inclinada, en ademán &lt;le indulgencia,
per~on.rndole, como él lo deseaba, en tanto que era yo quien había
vemdo á que me perdonase....... .
( CONTINUARÁ. )

�Et

"La Fuerza del Hombre y la Hermosura de la Mujer."
Antes y desde los tiempos de Sans6.n esto es lo que se ha
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EL MISMO

RECONSTITUYENTE
FEBRÍFUGO

"'"'º

So

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h1■ia,

~

Cl1n1i1, Comlecmiu, ,te.

20, lut des Fouk-St,Jacques
1 1n lu !;.rm,1c1u.

~

Litfatiamo, Escr6fola, Me
Infartos de los Ganglios, etc

~

'

i

PETROL~

1

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Unica preparación que evita la caída prematura del pelo, lo
aumenta, suavizi. y hercn'&gt;sea, á la vez que le comunica un aroma agradable.

.

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evita la calvicie prematura, qt1~ tanto afea y comunica al hom.
bre el repulsivo aspecto de un joven viejo y gastado.
""&gt;¡,,

Para informes, dirigirse á la Oficina de la Compañia ~n
los terrenos ó á la de Xa.rl B. Cook, Agente vendedor,
Gante, núm. 8.
G:lJ c::J

EL TEST AMENTO.

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~~

,

Dtl Tllmo. sr. Jfrzoblspo rttba11.

'}

L os bienes fueron valuados
en $ 125,000
La mayor parte de lo testado consistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mútua"
Compañía de Seguros
sobre l a vida, de Nueva York.
Hace pocos dfas que se practicó la
apertnra del testamento del llustrfslmo
Sr. Arzobispo Don Patricio A. Feeb•n
en la cludaó: de Cblcago. Illlnols. La
,ort nna di distinguido prelado aseen·
dlll íl eerca de $125.000 oro americano :
y segtln el Inventarlo que se ba pub 1cado, los bienes que dejó fueron con.o
Jlgue:

'

Dos p(11lzas de • 'La Mu•
tna.' ' Compatlfa de Seguros sobre la Vida, de Nueva York. por $25,000 -0ro
cada nna. 11 sean. . . .$50,000
Dividendos acumulados SO·
bre nna «re las pólizas. . 9.82!1
Otra póliza de seguro . • . 14,000
Acciones en efectivo y en
Bancos. . . . . . . . . 37,000

1
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oro
.,
oro
oro
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F:ntre las disposiciones del setlor Ar1.nhlspo, en su testamento, se hicieron

htas:

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--

LA ''FQ.S'FATINA FALIRBB.SH

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~~-

es el alimento más grande y el más recomendado para los n1i1o!I
desde la edad de seis li siete meses, y particularmente en el momen t,o del destete y dur.tnte el periodo del crecimiento. Faclllta mucho la dentición; asegura la buena formación
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que estuvo siempre con él hasta su
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oro de una de las pllllzas de seguro :
A la seilora Annn A. Feeban, viuda del
seí\or doctor Eduardo L. Feeban. berma no del seilor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de las pólizas, y $5,000 oro en
efectivo: A. lfl Academia de San Pntri•
cio de Chlcago, de la que es prec~pto·
ra su hermana, Madre M:arln Catallon.
$10,000 oro de la tlltlma póll•a; ll la
escuela • 'Santa Maria' ' de ensel\nnzn
Prllctlca para varones, de Feebanvillt.
Illlnois. que era la institución por In
que mlls se Interesaba el sellor Arzo·
hispo, se entregaron los $4,000 restan•
tes de la tlltlma póliza.

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CRISTO ATADO A LA COLUMNA.
CUADRO DE FABRÉ.s.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 1, No 13, Marzo 29</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Et

"La Fuerza del Hombre y la Hermosura de la Mujer."
Antes y desde los tiempos de Sans6.n esto es lo que se ha
dicho de todo cabello exhuberante.
El Viuor del Cabello del D1·. Ayer conserva y embellece el cabello haciéndole crecer y dándole fuerza y lustre.
Restablece el éolor natural del cabello, limpia el cuero

CALZ ADA DECHAPULTEPEC.

AN8 X.--10110 1.--Nlll. 14

tompañia at ttrrtnos dt la calzada dt tbapulttptc. s. Jt.

cabelludo de caspa-con lo cual queda eliminada una gran
causa de la calvicie. Además mejora la circulaci6n en e!
cuero craneal , atajando por este medio la caída del cabello.
Si apeteciese usted un cabello largo y espeso, suave y
nutrido, cabello que tenga todo el rico color de la juventud,
entonces acuda usted al Vigor del Cabello del Dr. Ayer.

MUNDO ·tLUSTRADO
llfXICO, ABRIL 5 Df 1903.

Sabscripdd• mcuaal rorlnca.'Sl,St
ldcm. ldcm. ca la capital, Sl,J5

•1rccton LIC. RA.rA.tL R(l't&amp; &amp;PINDOU.

Gerentes Llll6 Rtl't6 &amp;PINDOL

CONDICIONES.
Diez por ciento al contado al comprar el terreno. Concesi6n de 10
afios para liquidar el noventa por ciento restante, arreglados en veinte
pagos semestrales [ al 6 por ciento interéR anual] ;10 por ciento descuento en todo pago adelantado fuera del primer pago.

1 .

Prepare.do por el DR. J . C. AYER &amp; CO., Lowell, Mass., E. U . A.

TÓNICO

EL MISMO

RECONSTITUYENTE
FEBRÍFUGO

"'"'º

So

F.BRUGINOSO : SIETE M~AS,,ORO FOSFATADO:
h1■ia,

~

Cl1n1i1, Comlecmiu, ,te.

20, lut des Fouk-St,Jacques
1 1n lu !;.rm,1c1u.

~

Litfatiamo, Escr6fola, Me
Infartos de los Ganglios, etc

~

'

i

PETROL~

1

DEL DR. TORREL, DE PARÍS
Unica preparación que evita la caída prematura del pelo, lo
aumenta, suavizi. y hercn'&gt;sea, á la vez que le comunica un aroma agradable.

.

F.L USO DKL PKTROL DRL DR. TORRRI, DRPARIS.

evita la calvicie prematura, qt1~ tanto afea y comunica al hom.
bre el repulsivo aspecto de un joven viejo y gastado.
""&gt;¡,,

Para informes, dirigirse á la Oficina de la Compañia ~n
los terrenos ó á la de Xa.rl B. Cook, Agente vendedor,
Gante, núm. 8.
G:lJ c::J

EL TEST AMENTO.

f¡-·

~~

,

Dtl Tllmo. sr. Jfrzoblspo rttba11.

'}

L os bienes fueron valuados
en $ 125,000
La mayor parte de lo testado consistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mútua"
Compañía de Seguros
sobre l a vida, de Nueva York.
Hace pocos dfas que se practicó la
apertnra del testamento del llustrfslmo
Sr. Arzobispo Don Patricio A. Feeb•n
en la cludaó: de Cblcago. Illlnols. La
,ort nna di distinguido prelado aseen·
dlll íl eerca de $125.000 oro americano :
y segtln el Inventarlo que se ba pub 1cado, los bienes que dejó fueron con.o
Jlgue:

'

Dos p(11lzas de • 'La Mu•
tna.' ' Compatlfa de Seguros sobre la Vida, de Nueva York. por $25,000 -0ro
cada nna. 11 sean. . . .$50,000
Dividendos acumulados SO·
bre nna «re las pólizas. . 9.82!1
Otra póliza de seguro . • . 14,000
Acciones en efectivo y en
Bancos. . . . . . . . . 37,000

1
i

oro
.,
oro
oro
. ""' o

SI

e'\

oro

F:ntre las disposiciones del setlor Ar1.nhlspo, en su testamento, se hicieron

htas:

.

.:,...,_ ,,._ _,J_;.;.·

--

LA ''FQ.S'FATINA FALIRBB.SH

&lt;l

~~-

es el alimento más grande y el más recomendado para los n1i1o!I
desde la edad de seis li siete meses, y particularmente en el momen t,o del destete y dur.tnte el periodo del crecimiento. Faclllta mucho la dentición; asegura la buena formación
de tos huesos; previene y neutraliza los defectns que suelen presentarse al crecer, é impide la diarrea, que es tan frP.cueate en los nlfios. -PARIS, 6 AVENUE VICTORIA, Y EN TODAS LAS FARMACIAS.

A su hermnnn. señorita Kate Feebfln.
que estuvo siempre con él hasta su
muerte. $40.00() oro en bonos y $25.000
oro de una de las pllllzas de seguro :
A la seilora Annn A. Feeban, viuda del
seí\or doctor Eduardo L. Feeban. berma no del seilor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de las pólizas, y $5,000 oro en
efectivo: A. lfl Academia de San Pntri•
cio de Chlcago, de la que es prec~pto·
ra su hermana, Madre M:arln Catallon.
$10,000 oro de la tlltlma póll•a; ll la
escuela • 'Santa Maria' ' de ensel\nnzn
Prllctlca para varones, de Feebanvillt.
Illlnois. que era la institución por In
que mlls se Interesaba el sellor Arzo·
hispo, se entregaron los $4,000 restan•
tes de la tlltlma póliza.

~

~

~~

12 ·

g

~-

"-

CRISTO ATADO A LA COLUMNA.
CUADRO DE FABRÉ.s.

�Domingo 5 dJa Abrtl de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

e febrero fuí á ver al Papa á la SixtiHubiera•querido verle á solas, hablar
con él, pero estaba muy fatigado en
esos días, las inmensas peregrinaciones del jubileo secular Je habían dejado exánime.i aoaso
dentro de un mes ¿pero á quién recibiría\' ¿á un
magistrado de la Suprema Corte federal mexicana, ó á don Justo Sierra, que es uno de tantos
apreciables señores que escriben y que en Roma
se cuentan por doce ó quince mil al año? .... Me
fuí á verlo á la Sixtina.
¡Qué mañana! Llovía á mares;
ráfagas de humedad glacial que
mojaba los huesos á través de la
carne, soplaban de continuo; la
tempera.tura había caído de cabeza
al fondo del pozo de los «bajo-ceros&gt;. Y á las nueve de la mañana,
de frac, corb&amp;.ta y guantes blancos,
emprenderla desde las termas de
Diocleciano al Circo de Nerón, digo, desde el Grand Hotel al Vaticano, una legua! Así Jo hice;
llegué, me empapé bien los pies al
bajar del coche, tomé la escalerarampa que conduce á la Capilla, en
mitad de ella dejé abrigos y paraguas, sea por Dios, y fresco como
un carámbano, llegué al vestíbulo,
en donde y a se apiñaba I a gente,
presenté mi carta y entré; en la
primera mitad de la Sixtina había
dos tribunas, de dos cuerpos cada
una, vestidas de sendos paños rojos;
tomé lugar en la de la izquierda,
en la de la derecha están las señoras en «toilette&gt; rigorosa. de recepción, seda negra y sin sombreros. ..
Allí encontré, con gran placer, á
Manuel y Alejandro Escandón, á
Luis Torne!; nós agrupamos, era
natural; un fraile, entre muchos
otros, un frailazo carmelita, que
me estorbaba por su volumen y me
apabullaba el sombrero de copa, me
iba á impedir ver; me hacía el
efecto de una institución, de un gremio, de un partido, era el partido
clerical; yo creo que al fin cedió á
una muda sugestión mía y me abrió
paso, y me prestó sus gemelos.......
¡Qué bueuo ! He aquí lo que vi:
En la mitad de la capilla contigua al altar, fueron colocándose
los diplomáticos, de gran uniforme
y de gran frío; los cardenales se
sentaron en semicírculo,en derredor
del altar; sus trajes, sus solideos
rojos de sangre eran la nota caliente de aquel glacial conjunto: al ver
los plastrones blanco!&gt; de las camisas, yo tiritaba.'Los suiz_os, manequíes mofletudos que se movían
y reían á compás, todos forrados
de seda roja, amarilla y negra,con
las garzotas blancas de los penachos cayendo en torno del casco
negro, me divertían; estaba incomodísimo y divertidísimo. Rojo dosel de damasco cubría casi toda.la
parte inferior del «Juicio final&gt; sólo
se columbraba sobre él el cuerpo
hercúleo del Yahvé del«dies ira.e&gt;
que Miguel Angel atribuyó al Cristo de las Bienaventuranzas, y racimos de condenados que«degringolaban&gt;por los lados del altar.
Bajo el dosel una «madonna&gt; murillesca, bella
mujer de mirada tiernamente maternal y aterciopelada. Se me pasaba decir que aquélla era.una
misa funeral en honor de Pío IX.
Cuando todos los individuos del cuerpo diplo-·
mático (sudamericanos, entre ellos mis respetables amigos los señores Calvo y Vél~z, los ministros de Austria, Francia, Bélgica) ocuparon
sus lugares y sus casacones obscuros bordados
de oro y constelados de placas y cruees chispeantes, hicieron una mancha vívida,len el hacinamiento humano, comenzó en torz¡o (lel alta.r (un11,

mesa con los paramentos rituales) el ir y venir
de clérigos entre luces y tapices. Una puertecilla se abrió á la derecha del altar, toda la concurrencia se volvió mirada, se suspendieron los
mcvimientos, las oraciones, las respiraciones ...
Camareros vestidos de terciopelo negro y alamares de oro, el médico de Su Santidad también
vestido á la antigua usanza, un golpe de frailes
y clérigos, de roquetes albísimos, de pluviales,
de infantiles trajes multicolores .... Surgió de
entre ellos una forma blanca, vestida de blanco,
mitrada de blanco, un triángulo de oro blanco,
en el que había un esmalte bli.nco que se movía,

LEON XI 11.-(U)timo retrato.)

que venía.... Era el Papa; apoyaba los brazos
en los de dos clérigos y resbaló con rapidez hasta su trono. Los rezos y los cantos de la misa
comenzaron. · Mis anteojos me ·acercaron al
rostro exangüe de León XIII; una palidez que
tu viera otras cien palideces detrás, la boca, un
gran pligue cóncavo á donde la sangre moría.en
una línea levemente rosada: eso era el hombre.
Era una lámpara, la luz salía por los ojillos hú~edos y destellantes de bondad, de inteligen•
c1a ... . . .
Unas voces decían en las tribunas altas, salmos y preces litúrgicas; aquellas voces de nií!.os
infinitamente puras, ee eleva.bao y &lt;lesoe1ld!1u~

por la escala de oro del p entágrama como una
barca de cristal sube y baja en las olas; las palabras de la liturgia seguían claras, precisas
aquel ritmo divino. Despu~s de algunos compases, surgió una voz, una extra.h um ana voz, no
del cielo, sino lentamente aspirada por el cielo,
cada vez más fina, más alta, más ideal. .... No
una voz de mujer, no una voz de hombre, no una
voz de ángel, algo así como un s ollozo que se
amplificara en himno y se detuviera apenas vibrante, apenas modulado, en l a. flor del é s:tasis...
No, no era un antig•JO sopranista, no er a un viejo eunuco quien cantaba así. .. era un alma, era
el canto de un alma que tuviese por
escala melódica la escala de Jacob .. . . Las otras voces se yuxtaponían á la principal, afluían á ella,
se confundían con ella en unísonos
sorprendentes que dEcrecían por
«morendos&gt; de un «pianíss imo&gt; inefablemente tenue ; el silencio que
bajaba hasta el fondo del abismo
los asemejaba á un lamento que
fuera un suspiro ...... E sa música
es para enfermar del corazón.
Oí muy buena música en E uropa,
infinitamen,e b uena á veces ; dos cosas no olvidaré jamá s, porque me
abolieron, me r edujeron á la nada
la inteligencia y la voluntad y me
convirtieron en un simple objeto
vibrante: el coro de la Sixtina y la
marcha final del «Cr epúsculo el.e
los dioses&gt; de Wágner.
El Papa r ezaba, se oía el susurro
del viejo río convertido en un hilo
en el fondo de los años : noventa.
León XIII nació con México, meses
antes; nació en F ebr ero de 1810.
Con la garganta adolorida de sollozos comprimidos, veía tomar forma en torno de aquel anciano todo
lo invisible q ue nos rodea y nos
grita repentinamente nuestro nombre al oído ó pone de improviso la
mano en nuestro corazón; sentía que
«el otro» que llevamos dentro y que
es viejísimo, que apareció con la
humanidad, era dueño demí, estaba
en mi lugar. - Llegó la elevación,
la voz que cantaba se hizo lenta y
baja y leve, como una espiración ....
¿Llegó á callar'?¿lo que yo oía, era
el silencio que cantaba? E l Papa
se puso de pie entre los densos pliegues de su pluvial roja; su cabeza
ligeramente nimbada de cabellos
blancos se adelantó primero, luego
todo el cuerpo arrastrando la capa
con esfuerzo ; anduvo dus p&lt;1,sos y
cayó de rodillas comn una gt·an a ve
blanca que se abate con las al as
ensangrentadas;una p a usa, en cuyo
fondo no h abía ni vidas. ni alíen•
tos , hecha de emoción ptira .... La
hostia apareció en las manos del
cardenal oficiante.
Y todo era para mí una sola
ascensión, una sola cosa, la hostia
blanca continuaba en dirección del
cielo á aquel viejecito blanco también, también hostia. En aquellos
instantes todos mis muertos estaban
conmigo, era la comunión de los
muertos , sentía mi alma centuplicada por otras almas antiguas, nuev as, por venir,. eternas, apasionadas de fe y
amor. Y gritaba yo en silencio, como en las
horas de mayor emoción de mi vida. Cuánto desmoronamiento interior, cuántas forta l~zas de pensamiento y de razón y de estudio _se_ desvanecían en mí; cómo triunfa.bale!
s~nt1m1ento sobre la inteligencia, sobre la Jóg10a, cómo comprendía entonces, sin recordarla, por cierto, porque no me era dado analizar
nada, la frase de Pascal: &lt;el corazón tiene razon_e~ que.la razón no alcanza.&gt; Comprender la religión ¡imposible! Penetrar sus misterios ¡impo•
siblel Y s111 embargo, en aquel instante en que
el a.1lnainiell~O d~l es¡&gt;íritu tr!µnfa.ba. de la. ma.te•

ria y me aproximaba al éxtasis, adiós filósofo y
libre-pensador; y en el fondo del viejo arrodillado no quedaba más que el pobre muchacho creyente que se cogía del hábito blanco de la virgen de las Mercedes para pedirle que le devolviese. al padre enfermo y á la madre ausente.
Pude rezar ¡por fin! tuve fe en la plegaria,
creí que Dios la oía y entonces la esposa, los hijos, los amigos, la Patria, todo, todo venía como una espuma de infinitos llantos contenidos,
de oleadas de amargura súbitamente saneadas
y endulzadas por un rayo de sol, á mis labios,
que no sé qué murmuraban, que no sé qué decían:
decían una oración del tamaño de un mundo.
•
Cuando volví en mí, el Papa estaba en pie
delante de su trono, leía en un gran libro abierto que sostenían dos sacerdotes ante él; alzaba
y bajaba la cabeza con movimientos de pájaro
herido; escuchabáse un indefinible rumor, como
de alguno que hablase en voz alta frecuentemente derrumbada en el silencio; era que cantaba
las ora,ciones del &lt;requiem&gt;. Algunas notas opacas, pero gruesas, que no parecían salir de aquella caña endeble, se esparcieron por el aire.
Luego apoyado en sus acólitos se fué; nos fuimos todos.
Me alcé el cuello del frac, único resguardo posible contra la aspérrima atmósfera que nos
mordía con sus dientes de hielo y salí corriendo.
Quería guardar mi emoción entera como un perfume sutilísimo en un frasco herméticamente cerrado, para saturar con él la hoja de papel que,
dirigida á la que más quiero, debía cruzar como
una ave blanca todo el océano. En la escalera
un grupo de damas y caballeros que hablaban español, como lo hablamos los mejicanos. Eran
las señoras de la familia Ese ........ En mi cordial y respetuoso saludo no sabían ellas todo lo
que había de envidia profunda; esta emoción que
había yo sentido, aquellas piadosas mujeres la.
habían sentido, pero no como un delirio, sino
como una dulzura normal, que les dejaba entrever de lejos el Paraíso. Yo volvería de golpe á
lo negro, á la protesta, á la lucha, á la razón,
al análisis, al ¡quién sabe! al gran 1tal vez!
Ellas tenían la fe que no se pierde; la fe, ¿cual
es el secreto para mantenerla viva? Ellas no son
filósofos, pero sin saber el secreto, lo practican;
son buenas, dan mucho, socorren muchas miserias, alivian sin ruido muchos dolores, enjugan
muchas lágrimas; la caridad, el amor, ésa es la
clave del misterio.
Cuando así pensaba, corría en mi cerrada «vettura&gt; por las calles de Roma en medio del diluvio. Me divertía, y esto solía b.acerlo desde que
recorrí por vez primera «la ciudad eterna&gt; compuesta de las ruinas de una serie de oiudades
temporales, me divertía, digo, en verla los pies.
Es muy curioso: los pies indefiniblemente calzados, lodosos, encharcados de los peregrinos,

los deformados y rotos zapatos de los obreros,
los insignificantes y húmedos ~ incoloros d~ los
estudiantes de todos los colegios píos, vestidos
de todos los colores que van y vienen en bandadas risueñas por todas las calles de Roma, las
abarcas convencionales de los modelos en la
plaza de España, uno que otro calzado fino de
muchachos camaristas, dependientes de tie1:1das
de lujo ¿qué sé yo? Y la serie de bases de iglesias, de templos, de palacios, de casas vetustas,
raquíticas, leprosas ó plintos de columnas, zócalos de estatuas, bases de obeliscos, de fuentes
inmensas, de tierra amontonada, de tapiales
anónimos y vulgares, sobre los que asoman árboles desnudos sin frondas, sin pájaros, sin !I.Ol,
grises como el cielo, como las cosas, como el
alma.
...

......

Mi amigo Ara.luce me esperaba en el restaurant de Roma; yo tenía mucha hambre y poco
apetito; cuando salimos á la calle, no llovía;
una gran brocha pálidamente azul barría el cielo y para matar la nostalgia del golfo de oro en
donde hace tres días nos balancéabamos eatre
Al Vesubio y el Posilipo, nos fui.mas á la iglesia
de los Capuchinos, por un camino que nos era
ya habitual y en donde nos servía de «repare&gt; la
negra y grandiosa fuente del Tritón de Bernini.
Subimos á la iglesia por un lado de la doble escalinata que la levanta sobre la plaza; entramos,
no vimos los frescos del Dominiquino (si en Roma tuviese uno obligación de verlo todo, queda·
ría lucido); sí admiramos con circunspección el
célebre S. Miguel de Güido Reni y, precedidos
de un monjecillo, bajamos á los subterráneos.
Hay unas cuantas capillas debajo de la iglesia á lo largo de un pasadizo que recibe luz de
fuera. Esas seis ó siete capillas están fabricadas
de muerte; piso, muros, bóvedas, altar, adornos, candelabros, todo es la muerte. Cadáveres
medio momificados de frailes en sus ataúdes descubiertos, otros ya convertidos en esqueletos
puros mal envueltos en los sayales grises, por
todas partes una tapicería de huesos, de calaveras que lo llena todo; los lustros están hechos
de tibias y peronés siniestramente combinados,
los candelabros son brazos y fémures ¿qué sé
yo? Todo regado, repultado á medias en una
tierra que parece también hecha de polvo de esqueletos, que parece también muerta, la tierra de
los Santos Lugares.
El primer mo~imiento no es de terror, es de
horror; las ideas macábricas invaden en tropel
el cerebro después y se figura uno las noches de
aquellas capillas iluminadas con cirios amarillos, que parecen huesos con flama fosfórica, y
los diálogos, los crujidos, los rechinidos, los
lamentos y las carcajadas huecai. de aquellos señores y sus danzas y rondas y farandolas. Aca-

ROMA.-Castillo de San IAngelo.

Domingo 5 &lt;fu Abrill die 1903
ba uno por sentirse-divertido, el horror se va Y
queda á la vista lo ridículo y pueril de aquellos
recursos para causar miedo y que provocan el
epigrama y las reflexiones chuscas.
Nuestro guía observaba en nuestras caras lívidas como la suya, por la luz especial de aquelles antros teatralmente lúgubres, el efecto de
aquellos horrores. Nos salimos estomacalmente
mal impresionados, pero sin meditación, sin recogimient.o, sin pavor, sin un solo calofrío de
infinito, de eternidad. .. ..
,,. •
Y a en el «hall&gt; del Gran Hotel entre palmas
melancólicas, y divanes, almohadones y tapices
ricos, tomando el té en un rinconcillo que por
casualidad habían dejado libre las «ladys&gt; inglesas ó las &lt;misses&gt; americanas, elegantísimas,
bulliciosas, rodeadas de principillos y &lt;monsignori,&gt; y a en mi rincón fué cuando pude condensar todas mis impresiones del día en este solo
pensamiento: no hay muertos.
JUSTO SIERRA.

EL SONETO.
Es un castillo de cristal. Levanta
sus catorce baluartes que colora
el sol del arte con su luz de aurora,
y asienta en alto fara116n su planta.
Mansión augusta y señorial. La santa
princesa Poesía dentro mora;
hermosura que al vulgo no enamora
y al exquisito pensador encanta.
La noble castellana con su brillo
á un bardo soñador cautiva y ciega
que en pos de la beldad ronda el castillo.

Y cuando el trovador amante llega,
cala el puente y, abriéndole el rastrillo
sumisa en brazos del doncel se entrega'.
EDUARDO GóMEz'HARO.
ir,-: ,..

Puebla, marzo de 1903.

•

...-~y -· .,,~
_.,.~

�..
Domingo 5 die Abril die 1903

EL MUNDO ILUSTRA.DO.

I

EL MUNDO ILUSTRADO.

N d'a, el Buen Tiempo dijo: Hágase la Primaveral Y la primavern fué

En el templo silencioso, frío, inmenso del espacio
La enlutada noche reza su rosario de diamantes:
Por su manto de tienieblas, negro, lúgubre, viudal,
Se deslizan lentamente las estrellas tremulantes
Doloridae, vacilantes,
Como lágrimas piadosas por un paño funeral.
¡Oh las pálidas estrellas! ¿Son los ojos de los ángeles, .
O las almas de los muertos que nos miran, tristes gentes
Desterrados en aqueste fosco valle del dolor?
¿Las aureo:as de los santos, 6 las lámparas ardientes
De las vírgenes prudentes
Aguardando sofiolientas la venida del Señor?

II
En el templo majestuoso, claro, inmenso del espacio
La radiante noche teje su guirnalda de áureas flores
Qull al altar del firmamento inefable aroma dan:
Y se entreabren dulcemente con suavísimos fulgores
Los I u ceros tembladores,
Y es un lirio blanco Sirio, una rosa Aldeba1án.
¡Oh las pálidas estrellas! ¿Son las perlas de esos mares
Infinitos? ¿Son las joyas de la virgen esparcidas?
¿O las místicas antorchas del banquete celestial?
¿Son las luces de la Patria suspirada? ¿Las ya idas
Esperanzas tan queridaR
Que murieron en las cruces donde esplende el ideal?

III
En la calma misteriosa de las noches estrelladas
La eternal magnificencia á la mente maravilla,
Al espíritu amedrenta con tremenda majestad.
Más que el brillo de los soles amo yo tu lucecilla,
Primorosa lamparilla
Que iluminas de la Hostia la profunda soledad.
Siempreviva del santuario, amorosa Sulamita
Que rompartes las tristezas del Amado que te cela,
Y ..:alientas con tus rayos su albo lecho virginal.
;.C6mo envidio tu ventura, vigilante centinela,
Tú que cuentas, siempre en vela,
Los latidos inefables de su pecho paternal!

IV
¡Oh Je~6s! enamorado, tinno E,;poso de mi alma,
No me ba,;ta ser el cirio que en la&lt;; horas de alegría
Se consume en tus altares en ardiente adoraci6n:
En tus horas de abandono quiero hacerte compañía,
Haz que tenga noche y día
·
Como lámpara eucarística encendido el coraz6n.
No me apartes, J esú¡; mío, de la estrella del sagrario:
Vayan otros poseídos de piadoso, noble anhelo,
La grandeza de tuR obras en el orbe á contemplar,
Y á buscar para adorarte con fervit:nte, santo celo
El i11rnenso altar del cielo;
¡Tú me bastas, Amor mío, en el Cielo del altar!
CARLOS BORGEs.

ha, repentinamente, sin una graclaci6n, sin un compás de espera.
salir, {'11 la mañana, creí que se trataba de una "blague" del honlcvard. ¡Había visto improvisarse tantos cuadros, que ptnsé por un
momento: Esta es una Primavera falsificada! La han inventado loi- buenos parisienses "pour épater les bourgeois." Muchas gracias, Señor Prefecto del Sena, es usted muy amable.
Y me lancé, e3céptico, por la Avenida de los Campos Elíseos. Al IIPgar al
Rond-Point, estaba com·encido que para ser de "guarda-ropfo,'.' no estaba tan
mal aquella Primavera. Unas muchachas pasaron á mi lado y me arrojn.ron
un puñado ele lilas. · Pesqué las flores al vuelo y me convencí que no había
mistificaci(m. Decididamente era una Primavera real, positiva, auténtica. Una
noche había bastado para ponn brotes en todos los árboles y miradas lucientes
en todas las pupilas. Y arriba, un sol alegre y franco dejaba caer su lluvia de
oro sobre la ci udaLl rejuvenecida.
Sohrt los pradillos de césped se en treabrían discretamente las ro,:,1~, y un
aliento de perfumes soplaba entre domos de verdura. Y sanamente, bullicio~amente resonaban las fanfarrias de tropeles humanos, ansios9s de saturarse de aquella
renovaci6n de vida, sur¡¡;ida de pronto, trm, una tarde gris y opaca, una tarde de suave
luz cenicienta. que habían envuelto los encajes de Nuestra Señora en un crepúsculo
acariciador y suave.
Hacia el "Bois de Boulogne'' iba la triunfal pan•ada á reclinarse en la húmeda
yerba recién nacida, á llenar,;e los pulmones de aquel aire vivificante, dejando muy lejos el honlevard con el frufrú de las sedas, el tintineo de las copas .v el grito del
vendedor de la última extravagancia en boga: "Le dernier soupir u'un cochon!"
Se salía del infierno del hambre y del frío, para penetrar en nna existencia nueva
ele salud y de amor. En el Invierno parisien se agitan todas las miserias; el vicio mismo es un antifaz del dolor. Sobre las aceras de los grandes bonlevares pasan muchas
tristezas con mirada provocativa.
Parece que os piden un trozo de carne, una luz, un
,
poco de fuego. ¡Hace tanto f no!
Pero llega la Primavera, y huyen esaR sombras. Han florecirlo las lilas y renace el
jardín de Cossette. ¿Os acordáis del buen viejo de la barba florida·? Para é l siempre tuvo flores cada Primavera, porque las aprisionaba con los hilos de oro ele sus estrofas.
Y la juventud, la juventud eterna, porque es el eterno amor, no olvida á ¡:u Poeta.
Para enfocar este espectáculo de luz y de frescura, hay que tomar un sitio en la
imperial de un ómnibuR, y dejarse acariciar por las ramas de laP acaciaF&lt;. Descle la alto
se abarca la poblaci6n en masa, desparramándose por paseos y avenidas. Desfilan á
vuestros. pies la_s ~lewes comitivas: estucliante_s, obrero,:, modist(llas, grandes dam~
personalidacle,:, 111s1g111ficante1&gt;. Todos llevan una flor y una sonrisa, una esperanza y
una promesa.
Y el ómnibus sigue entre aére?s bosqu~cillos, á unos metros &lt;lel ,;uelo, por el que
pasa cantando sus alegrías la multitud, ebria ele plr,cer, abandonada á la dicha de vivir
gozando de aquella hora, qu; acaso_ no vuelva_ más, y que por eFo es necesario apura~
&lt;leleito,:amentfl, entregarse a ella, sm un puntito negro que la obscurt•zca, sin un solo
pensamiento que la conturbe.
Tienen los hijos de Pnríi-, como ningunoR otros de capital del mundo, el secreto de
este abandono á la sen~ación del momento. El "después'' no existe en ei,:e minuto en
esa hora, en e~a mañana vívida. La existencia se forma de ininterrum¡.,idos cuadros
disímbol?s; la dicha está en sabor~ar por completo de ese instante. Es una sana y t6riica filoF&lt;oña que no solemos practicar los que llevamos las mús de las veces nuestras
amnrguras y nuestros desencantos á todas partes.
Por eso,la Primavera parisiense es una fiesta que no anuncia el amargor de un despertar de hastío. Florecen los esµí rirus como las frondas, y sonríen Jo,; labios como se
entreabren los capullos. La Naturaleza es la que manda y ordena:
Artículo primero. Germinarán las plantas y se buscarún los ojos.
y ojos que se buscan, acaban por encontrarse. Y si no ..... .

***

Aquella noche, al_ retirarm~ á mi cuarte;&gt; de e~tudiante, del otm la.do del río, en un barrio tranqmlo y apart.,do, baJo un foco elfctrico.
al pie de una acacia, oí estallar el ~hasquido de un beso. Era una pareJ~ feliz que saludaba la llegada de la Primavera.

Domingo 5 die Abril -de 1903

�Dcmii::go 5 d¡3 Abril! de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

Ca Sra. Jlmparo ]ordan dt Plmtnttl.

/

Al ruido de los cuernos y los venablos
parecen una tropa de negros diablos
desatando sus furias contra la roca.

A consecuencia de una repentina
enfP,rmedad, murió en Oaxaca el 24
de marzo último, la Sra. Amparo
Jordan, esposa del Sr. Gobernador
del Estado, Lic. Emilio Pimentel, y
una de las damas más dbtinguidas y
apreciadas en aquella población.
La muerte de la Sra. de Pimentel,
ocurrida en los primeros meses de
su matrimonio, c,mmovió hondamente ú la sociedad oaxaqueña, que
la contaba en su seno como á una
de sus galas inestimables: joven y
llena de ilusiones, supo captarse
muchas simpatías, y su desaparición, que constituye una pérdida
irreparable, ha despertado un senti-

tristo=Dios y tristo=ffombrt

II

(JI

VERANO

Naturaleza hierve: la vida en,;ancha
el inmenso escenario de sus accione:-;
los gérmenes realizan sus producciones,
y hay de larvas y orugas una avalancha.

Y allá entre la penumbra de nn gabinete,
env uelta en su ve~tuario de tafil&lt;&gt;te,
siente una novia dulce las vagued::Lles

De un ambienteimpre~nado dPamor y fuego,
y es la llama de Agosto, que infiltra, ciego,
su corazón &lt;le anhelos y de ansiedadeF ..... .
111
O'1'0ÑO

El verano ha pasado: la henno~a fie~ta
que apagó mis nostalgias .v 111i.~ de,-vt:ilos,
pasó, como pasaron bajo los &lt;·ielos
las nubes que surgieron tras de la c uesta.
La joya que Natura llevaba. puesta
1&gt;e ha perdido entre opacos, brumoso¡;: velos;
emigraron las aves en raudos vuelos
Jlevándose su alegre, múgica orquesta,

.,,...._._

- .

----- ✓

Las hojas, de los troncos donde germinan
ya vuelan, y en el aire se diseminan.
Y aparece de un monte tras de la falda
Un viejo de cabellos cual blanca nie,·e,
que á llevar, invencible y audaz, se atreve
la carga de diez meses sobre la espalda.

-------

IV
Sra. •Amparo Jordan de P imentel.
INVIERNO

mi1-nto de profundo pei::ar en todo!" los oaxaqueño~,que veían en la j&lt;)\·en esposa un modele de virtudei".
Numerosas son las &lt;lemostrnciones de condolencia de que, por tan lamentable &lt;lef'gracia, ha sido objeto el Sr. Lic. Pimen tel.
Nosotros no~ unimos á ellas de todo cora-•
zón, en viúndole nuestro i.1uy SPntido pé:'ame.

No es la fe la que ha formado el corazón'
sino el corazón el 1¡ue ha dado vida á la fe.

*
Muy á menudo es la palabra á la Ye1tla&lt;l lo
hue la careta ú la cara.

ESTACIONES.
I
PRIMAVERA

Abril con sus perfuml's y sus colores
aroma. y armoniza, brilla y esmalta,
de la montaña agreste, verdeada y alta
al huerto donde crecen pintadas flores.
El 1-'0l nos vivifica con sus calores
mientras el arroyuelo plateado salta,
los fuegos amenguando con que se exalta
la gran Naturaleza llena de ardores.
Traíllas que se escapan de la perrera
corriendo {, las partidas de Primavera.
Y aprisa, J'lll'!I la. noch e FU~ hul'lla!I toca,

Pasaron las auroras primaverales
co n sus campos aiegres y matizados;
los cierzos de la selva que, perfumados,
rimaban sus rondeles y madrigales.
Pasaron los crepúsculos otoñales
con sus tristes murmullos entrecortados
que brotan &lt;le los árliole~, azotados
por los recios brisotes septentrionales.

Ya no vibra. en los ho¡;:ques el ronco cuen1C',
pues vino con sus fríos el viejo in viemo
y pasa sacudiendo su nívea palma.
Después de haber dejado lánguidamente
un invisible pliegue sobre mi frente
Y un témpano de hielo dentro del alma ....
HAMmo HERN Á Xl'E7. l ' OR'f~~LA.

SANTA ANITA.

T
FUNERALES DE LA SRA. DE PIMENTEL EN OAXACA.-EI cortejo y

la carroza fúr.ebre.

prop6slto dt un trfsto dt D. Jlntonlo 'fabrts)

Entre los numerosos cua&lt;lros que
Don Antonio Fahrés acaba de exponer
en la Escuela de Bellas Arte11, para que
el público mexicano pudiera fundar
su11 esperanzas relativas á las labores
del maestro ante las obras del artista,
sólo hubo uno de índole mística, y,
francamente, no contribuyó poco esta
circunstancia para fortalecer- aquellas buenas
esperanzas, pues el dominio místico de la pintura ha siclo sobrada y c-asi exclusivamente
recorrido en la men()ionada escuela por varias
generaciones de maestros y de alumnos, hasta
el gra&lt;lo de que la monotonía esencial de los
asuntos amenazaba ahogar todo impulso nuevo, sano y verdadero en la figura mexicana.
Pero el único cuadro de índole mística presentado por el maestro Fabrés no pertenece
por modo alguno al montón &lt;le los de :m clase; es al¡w personal y hermoso, algo muy humano que tiene el poder de transmitir una. intenea emoción, de la que no es parte ese fetichismo religioso que muchas veces coloca sobre dorados altares á íconos artísticamente
abomina.blef:.
El cuadro místico del maestro Fabrés es un
Cristo atado á la columna. Colocáronle aparte, sólo eu una estancia, cual convenía á la
excepción que represeutaba en una colección
de pinturas en que esplendían la vida y la
realidad. Y, destacándose en rico anaquel sobre un fondo ele tela morado, igual á la que
cubre los altares durante la cuaresma, con la.
mirada dirigida al cielo, con la expresión de
un sufrimiento supremo y virilmente Roportado, hincado de una rodilla sobre el duro
suelo y con las manos apretadas dentro de los
nudos infamantes de la soga, con una mu¡,culatura de hombre cubierta por una epiderm is
de hom hre, el Nazareno aparecía en medio de
toda. la magnificencia del martirio, pregonando la gloria del espíritu por sobre todas las
miserias, todas las infamias, todas las trabas
de la carne débil y todos los intentos de befa
y de escarnio que la maldad y la soberbia de
los hombres han tratado de clavar en las almas sublimet1 ........ .
En frente del cuadro los visitantes se detenían. Todas las manifestaciones &lt;le vida que
se desprendían de los otros cuadro!'! no alcanzaban ú irn presionar á nuestras mujeres como
la exquisita verdad de la figura del Nazareno
que llegaba á sus corazones y á sus cerl'bros
:filtrada á través de ese sentimiento religioso
que las domina y que es más fuerte. mucho
rnúe fuerte que su sentimiento estético. De
muchos labios hermosos escuché muchas exclamaciones entusiastas. El ambiente de adoración que rodea al Nazareno parecía alcanzar
a!' cuadro. El cuadro gustó mucho y el artista quedaba reconocido y proclamado.
Los hombres contemplaban también los sufrimientos del múrtir y externahan sus impre-

.H;n la vasta pradera, desierta y ancha
se oye el gozoso trino &lt;le ]os gorri?nes,
y en su cárcel de rocas y far,dlones
dibuja el oceano su enorme mancha.

j

Domingo 5 die, Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

Cad~ vel\ que se renuevan las amapolas sobre
las gayas chinampas y á Jo largo del canal de la
Viga, en el anhelo d~I puebl? surge como.una
ilusión irresistible la idea de 1r á Santa Amta.
y apenas recoge el obre~o. el importe de .S!I. raya en compañía d~ su familia ó de. su amada ó
de 'sus amigos reallza su anhelo y_ fle~a una canoa florida y coqueta.que al enérgico impulso de
un remador bronceado, resbala sobre l_as turbi&lt;ts aguas del canal y l)ega á Santa Amta, ese
pueblo pintoresco y miserable á la vez, cuyo
único tesoro son las flores que cubren su ~uelo
que convierten en grandt!S manchas pohcru~as á Jas chinampas que.surgen de las agyas.
En el fondo, la excursión á Santa Amta es
bella y c~nstituye una de las costumbres más
nacionales que aún nos quedan. El sol esplende

siones de &lt;li,·ersos modos. Los nrtistas
alababan y censuraban y más de una
discusión, larga y nutrida, turn sus com.ienzos frente al cuadro; yo oí muchas
impresiones; he aquí las mías:
Después &lt;le los pintores místicos del
cuntrocientos, que i;e a partaron tanto de
la vida y que desdeñaron la forma en
aras de una pintura psicológica que murió de
impotencia, cuando lo~ divinos atletas del Renacimiento volvieron Ít inyectarde las vírgenni
venas exhaui;tas &lt;le los ~nntos y sangre de laiy revistieron &lt;le car11e sana y Yiviente los hueEOS de los apóstole8 y de los profeta!", la figura
sublime clt•l Nazareno ntrajo frecuentl'mente
sus simpatías artísticas, pero la atm6sfera de
religio,;i&lt;lad en que ,;e movían, no pudo permitirles contemplará Crif'to como á un hombre
ni interpretarlo como á un hombre. Era preciso que el tiempo corriese, y al correr el tiempo, apareció en Ja pintura el Cristo hombre.
Falta mucho para que los asuntos cristianos
se agoten para la pintura; ma~, ahora, el" preciso humnnizarlos para que penetren en el alma Qe los honi brefl, (]lle sólo se conmueven ya
ante la verdad Pn &lt;·1 arte, y esn tendencia. de
humanización pictórica del Nuevo Testamento, es la única que cla derecho ele existencia,
en la pintura contempornnea, á los asuntos
míF&lt;ticos. Ningún mneFtro contemporáneo ha
podido escapará ern tendencia, ni FabréF&lt;....
--Pero-me observa alguien-¿l'sa inscripción que Fabrés puso como «leitmotiv,, ele i,u
'!uadro? ... .... .. «Los hombres han podido manchar de sangre r, Cristo-hombre, pero á Cristoclios, jamás!» ¿No revl'la eso un alejnmiento
de esa ,,humanización,, de Cristo en pintura? ...
-Tal vez rl'vel e un propósito de alejamiento, pero es un propósito mnlogra&lt;lo. El Cristo
de Fabrés es un homhre; ese cuerpo es humano, completamente humano; un cuerpo que
sufre, un hombre que gime ...... y una alma
que se asoma por los ojos, en esa mirada de
bondad, de resignación, de fuerza intema; pero una alma humana, esencialmente humana!
A Fabrés puede haber sucedido á. la inversn
lo que á Renán aconteciera; propúsose f¡,.t~
humaniza'r
á Cristo en un libro , .v su venera., .
c1on mte11sa y su maravillorn expreRión no
hicieron más que cleificarlv; quiso el otro ;ubrayar en uh cuadro la naturaleza divina de
Cristo, y la realiuad de rn pincel y de su concepción gráfica no han hecho más que glorificar la naturall'za humana de Cristo. Es cierto que los hombres no pudieron manchar de
1-a~gre á ese Cri!'to, porque la sangre de un
Cns~o no mancha nunca. Creo que el eminente pmtor se ha engañado á sí miF&lt;mo no en el
cuadro, sino en la «expresión verbal del asunt~· '' P~ro, también, ¿para qué obligará un
pmcel a que trace palauras?
Í JUAN SÁNCHEZ AZCONA.

c:on toda_ su fue1:za y bruñe las aguas obscuras
con refle¡os lummosos, y la canoa, ancha y plana, avanz~ lentamente y lleva risas, cantos,
desbordar:rnento~ de alegría y de amor á la vida.
Las mu¡eres ciñen coronas floridas en torno de
sus crenchas de ébano, y Ja canción nacionals~empre triste y desgarr¡¡dora y amorosa corno
s~ el amor fuera un sufrimiento- alterna' en los
aires con el arrebatado ritmo del «jarabe&gt; que
rasguean las guitarras y que acompaña ~¡ nutrido taconeo de los bailadores sobre la madera
de ia canoa.
. Pero- siempre hay un pero en nuestras divers1ooes populares y ese pero es casi siempre el
pulque-no toda la excursión conserva ese carácter de inocente diversión; en cuanto el «blanco&gt;
y el &lt;curad~» enardecen la sangre de los pasean~s y se encie!1den_ las heredadas tendencias agresivas con la·mqu1etante vecindad de la hembra
no pocas veces Jas coronas de ama.poi as truécan~

se e!1 coronas de sangre, no pocas veces empieza
el d1~gn~to con filosas lenguas y aci..ba con filosos cucb1llos, no pocas veces se encierra el epílogo de esos paseos entre las seis tablas de un
a.ta?d Y. en_tre las cuatro paredes de una celda
)emtenciar1a.
Si no fuera por_ los peligros del pulque un
paseo ~ Santa Amta sería delicioso; y a.un 'con
l&lt;?s peligros ~i,l pulque, lo es desde el punto de
vista de lo prntoresco y genuinamente nacional
Y por eso sin duda alternan COIJstaotemente e~
las canoas los tranquilos turistas con la gente
de trueno.
. Dicenál?s viejos que los paseos de hoy no son
m un P hdo remedo-de los paseos de antailo
~odrá ser así, pero aún conservan grandes atrar:
tivdos,í Y las verbenas de Santa Anita tendriÍn
to av a muchos años de vida.
TURISTA.

��Domlngo 5 die Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

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E~ oc_tubre de 1902, la Secretaría d e Comumcac1ones y Obras P(1blicas determinó
c~mstruir tres edificios para Escuelas Primarias con capacidad para alojará 250 alumnos
en cada uno, y situados: el primero, en la ca,

!

':"!

estaban pintados y cuyos pies estaban calzados
de perlas, y detrás de ella marchaba un hombre cuyo traje era de dos colores y cuyo.3 ojos
estnban cargados de deseos.
Y el Cristo se aproximó al hombre, le tocó
en el hombro y le dijo:
- Por qué Rigues á esa mujer y por qué la
miras MÍ?

\

un joven que estnba sentado al borde de los
fosos y que !loral&gt;&lt;J.. El Cristo se aproximó á
él y tocándole los rizos de sus cabellos, le
dijo:
-Amigo mío, por qué lloras?
El jo,·en lernntó los ojos, le reconoció y respondió:
-Yo había muerto .r tú me resucitaste.
Qué otra cosa puedo hacer de mi vida?
ÜSCAR WILm:.

SURSUM

.....

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Cuando mi duro corazón ,·illaho
a l ver su pequefiez ¡ay! desespera
uel piado~o perdón, y nada ei-pera,
me acuerdo de Za4ueo el publicano.

~

~

~--~
~

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.

Palla .Jesúe por Jericó, y en vano
el pequeño hombrecillo ver quisiera
la color de su Ycste tan siquiera ......
¡no alcanza!. . .... mas á un úr hol trepa ufano,

::1-F-~.t•r;.~-.,,- ..;

,

l.

.)

.l
Proyecto para el edificio de la plazuela del Carmen.

rnros flores de mimosas como gusanos velludos como trozos de redondos cepillos con los
cuales limpiaba el cañón de su escopeta diminuta. Leal jadeaba escudriñando los agujeros
de las peñas vestidas de timpánulas.
La mañana era rosada y fresca como los
brazos -recién lavados de una mozuela. En la
selva había una solemna majestad, acrecentada por confidenciaR de frondas y trinos incompletos de pájaros. Las nubes de moscos flotaban en el a ire como tules vaporosos, y dulcemente movían sus plumas verdes las palmas
que crecen en las partes húmedas de las montafins. Súbitamente atravesó un cuervo crascitantlo y se detuvo en un ocote viejo y erizado.
Nuestro morral de malla albergaba algunas
a ves; ni una pieza grande.
Pedrín soplaba su balitadera teuazmente, y
á ratos callaba creyendo oír los gañidos de las
ciervas. ¡Nada!
Del barranco profundísimo subía un aliento
perfumado y frío. Nos sentamoR. Pedrín reuni ó hojarasca, hizo lumbre y colgaba pajarracos que plácidamente embroquetaba. Mientras
se asaban se pusoájugarcon Leal, que, escandecido, ladraba no pudiendo atrapar el pan que
le ofrecían y retiraban.
Mi espíritu giraba en el hilo de un sueño,
como una pajilla en la h t-bra de una araña.
Nos eacudi6 el ruido de una rama que al
quebrarse imitó el bramar de un ciervo.
Leal de pronto puso las manos en Ped rín,
que, descuidado, hizo un movimiento tan brusco para esconder el pan, que resbaló en las
hojas de ocote y rápido descendió al fondo, como atraído por una mano im·isible y fortísima.
Leal corrió tras él,. y cuando á ellos llegué, el
crascitar de un cuervo que pasaba muy bajo
me bañó en escalofrío.
Pedrín, con los ojos agonizantes y apoyado
en el brazo izquierdo, ¡quién sabe qué de inmensamente cariñoso y doloroso decía á su
perro, que lúgubremente aullaba, mientras el
fulgor de sus ojos se apagaba lentamente; y,
haciendo un supremo esfuerzo, alz6 su brazo
y le tendió su pan!
'
11Ob, nunca, nunca he llorado corno entonces!!

6

ALMAS INFANTILES.
¡Oh! qué ene,'l nto, qué dulzura, qué inefable
atractivo tienen para mí los campos cuando la
vida errumpe por doquiera!
Las copas florecidas de los manzanos y almendros como chi nescas mantillas que sobre
escuetas ramazones orearan los céfiros; el ocaso como estadio trai- juegos circences; loa ra- yos del sol que, al hundirse tras la calva serranía, clavan sus venablos en las nubes~con •
creciones en la concha enormP. de los cielos,
todo todo esto infiltra rn juventud en mi ser,
y su' soplo saludable pone temblores en el lago adormilado de mi espíritu!
Desde el herrumbroi:o halcón de esta vieja
hacienda hospitalaria, miro barcinar la paja;
las eras donde acriban el trigo que va formando montones &lt;le inquietos gusanillos de 010;
los bueyes acoyundados, con loR ojos ho~dadosos bendiciendo la llanura; las gallinas
aclocadas rascando hoyahcos, rodeadas de
polluelos que por pequeñines aún llevan sus
felpudos abrigos invernales; el pozo con su
glauco terciopelo de m ui:go, donde charlan !as
.:ampesinas &lt;le ojos negros, cuellos kertes q_ue
ensangrientan menudas sartas de corales y pies
morenos de uñas lustroi-as, como empapadas
en rocío· el monte negro que en neblina envuelto p~rece humear, y el loco salpique ,de
casas de tejavanes obscuros! entre largo~ or~nos que S'3 yerguen cual gigantescas espmas
vertebrales.
En el lago que custodian esparrancados tepozanes cuyas bojns nievan céspedes, como
un cruel desplume d e palomae hecho por azore.'!, paso las horat! contemplando los reflejos
de frondajes en el agua, en cuyo _fondo fingen
vegetaciones raras, y los de poi ,cromos ce!ajes semejantes los blancos{\ témpanos de hielo que se mueven, y los negros á reptiles qu e
silenciosamente nadan.
.
Aquí las r;nu)a¡,, acollaradas aún, al medio
día descansan breve rato, y el sol, que rompe
frondas, riega en sus lomos las áureas onzas
de su escarcela.
Pedr(n me acompafiaba siempre. No puedo
olvidarlo; llevo su imagen en el alma como
una cicatriz.
En las maflanas agrisadas aún, cuand o las
nieblas, arrastrándose, iban dejand_o en las
ramas sus diamantes, llamaba á m1 puerta.

Era pequeñín, aduendac.lo, con ojos vagos
que recorda ban quizás un suefio, cejas negras
y curva~, como las plumas caudales. de una
golondrinn. No tenía padres. La hacienda lo
acrianzó noblemente, y él tenía por ella una
gratitud triste y enorme como una nube preñada de liígrimai-.
Aun cuando el cielo achubascado le mostrara su amenaza, él bnjaba á adestrarse en
las ordeñas y en los trabajos de uncir yuntas
y ~uarnecer caballo!'.
Su único amor era Leal, perrnzo de color
de lumbre, &lt;le párpados cacarañados y de pupilas amarillas como las al mendras de los
huesos de durnzno, hocico dentado fieramente y con ribetes de hule nt-g ro.
'Dormía al pie &lt;le la &lt;'nma de Pedrín, comía
con él, jamfis Reparábanse y juntos correteaban en los carrilPR arenoso~, buscaban sombra
bajo los ngavan7.0S en flor, y se internaban entre los bejucos de agraceñas zarzamoras,{1 riesgo de em puyarse.
De sus correrías volvían, el perro acezando
y el muchacho con los znpatos desueladmi y
su eterna melancolía en las pupilas. Cuando
por un m omento desparecía Leal, sus ojos
ernn, no como pÁjaros que entre rejas buscan
salida, sino como pájaros que libres no encuentrnn donde posarse.
¿Qué platicaba el mocozuelo al perro aquel
en los ratos que se acostaban en las quebrajas
del terreno? ¿Qué panteísmo inconsciente hacia salir en frasei, el infortunio de aquella
alma?
El quería los besos de amor y las caricias
que son bendicione~. y encontrHba besos y caricias compasivas. Se vió solo y clavó su afecto en su perro como un pufial en un árbol,
que al ensanchar su tronco más le oprime.
Labró la miel virgen de su cariño en él, como
las abejas en las gavillas resecas.
¡Oh, las bellotas que pudieron ser encinas
y abonaron la esterilid ad de los cascajos ardid os por el e.oll ¡Oh niños buenos, ávidos de
caricias, sin regazo ni amor, moríos! ¡Sois las
nébulas errantes que g uardan los llantos de la
vida!
l\li última excu ri:ión al bosque fu é en agosto.
Pedrín, endechador y alegre, marchaba ágilmente con su cantimplora d e agua acidulada
con naranjas que él mismo dei,jugó¡ brillaba
al ahdar su pantalón bombacho de al paca, y
pringaban su sombrero, á guisa de adornos

ABEL C. SALAZAR.

lle del Ciprés; el segundo en la de Necatitlán,
y el tercero en la Plazuela d el Carmen.
Para elegir los proye&lt;'tos que d ebieran ejecutarse, dicha Secretaría invitó á en trar en
concurso á cuatro arquitectos, que aceptaron
a invitación, presentando el 1&lt;? de enero del
-0 rriente año los dibujos y presupuestos coreR poncl ien tes.

El hombre, rnlviéndose, le reconoció y respondió:
-Yo era eiego; tú me curaste. Qué otra cosa he d e hacer de mi vii-ta?
Y el Cristo se n.proximó 11 In. mujer:
-Este camino que sigues, le dijo, es el camino del pe&lt;'ado. l'or qué seguirlo?
Ln mujer J,, rt-1·onn1•ií, .,· lr rlijn riPndo:

y mientras ,·e á Je¡:ús co11 la mira.di.
con que la miga tierna ve el mendigo,
alza el Señor hacia él su faz amada
y así le dice &lt;'on la voz d e amigo:
-«Baja presto, y camina á tu morada,
que hoy en tu mesa comeré contigo!»
MAR1A ENRIQUETA.

LOS TROFEOS.
]Gn el ancho salón, yerto y desnudo
que de oro y de marfil cubrió un infante,
sobre el muro vetusto y vacilante,
en trofeo gentil ~e alza el escudo.
Aun se agita del noble linajudo
so el e~paldar el tor:eo palpitante
y aun protege la mano el férreo guante
del fiero jw,tn&lt;lor, osado y rudo.
¡ Decade11cia fatal que el alma hiela!
¿Quién tocar oi-ar:'1 las férreas mazas?
¿.Quién esgrimir la espada con RU mano?
Recordar solamente nos consuela
que hun&lt;li6se el ideal de a&lt;] uellas razas
s61o a l gemir del pensamiento humano.
AN'l'ONIO ZOZAYA.

Proyecto para el edificio de la calle de Necatltlán.

Heunido el Jurado calificador, compuesto
&lt;le los Refiores arquitectos Antonio Rivas Mercado, José Ramón &lt;le Ibarroln., Guillermo d e
Heredin, Ingeniero I sidro Díaz Lombardo y
Dr. Luis E. Ruiz, dieron RU aprobación, mt!dia:1te algunas ligeras modificacio1,es, ú los
tres proyectos que presentó el Sr. Arquitecto
Enrique Fernández Castelló, los cuales damos
íí conocer hoy {1 11uestros lectores.

-El camino que i-i~o es agradable y tú me
has perdonarlo todos mis ¡,ecados.
~ntonces el Cristo sintió su comzón lleno
de tristeza y quiso abandonar aquella ci udad.
Pero cuando Pnlín ele &lt;'lla, viú, po r fi n, á

Para establecer la unic.lad de opinión, es
preciso establecer de antemano la certidumbre, asegurari,e perfectn1uente de que los cuadros que pi ntn el espíritu sean idénticos á sus
modelos y que reflejen los objeto~ &lt;'orrectamente y s g(111 i-011.
0

.
.
ta vuelta de lesús nazaret.
á

Cuando J esás quiso volverá Nazareth, Nazareth estaba tan cambiada que no In reconoció. La Nazareth donde él hubía vivido estaba llena de lamentaciones y d e lágrimM, y
aquella ciudad que ahora veía, llena e3taba
de gritos, de risas y de cantos. Y el Cristo, al
entrará la ciudad, vió unos esclavos cargados
de flores, que iban diligentes hacia la escalera de mármol de una casa de mármol blanco.
El Cristo entró á la casa .V en el fondo de una
sala de jaspe, acostado sobre un lecho de púrpura vió á un hombre entre cuyos cabelloR
desh~chos había mezcladas rosas rojas y cu!OS labios estaban rojos de vino. El Cristo se
aproximó á él, le twó en el hombro y le dijo:
-Por qué llevas esta vida'l
m hombre volvió el rostro, le reconoció y
respondi6:
- Yo era leproso; tú me curaste. Por qué
he de llevar otra vida?
Salió el Cri~to d e aquella casa y en la calle
vió á una mujer cuyo rostro y cuyos ve.o;tidos

Proyecto de edificio escolar para la calle del Ciprh.

�!

Domingo 5 d,~ Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

·,

..

•
euadro dt la vida araucana.
AS cordilleras iban tornándose suavemente azules bajo el crepúsculo muriente. Sus cimas. á trechos veladas
[
de bruma, huían hacia el cielo, agu&lt;la'S y erectas algunas, otras redondas
y graciosas, semejando guirnaldas de rosas
blancas.
A lo lejos, el azur se impregnaba de ligera
sombra. Al pie de las yertientes, cuyos pliegues monstrnof'os aparecían erizados de follaje poderoso y silvestre, extendíase el campamento de! cacique Sakamata.
El silencio gravitaha sobre la llanura, y los
indios, en el umbral de sus toldos, esperaban
con cierta extraña superstición mezclada de
éxtaRis la veni&lt;la de la noche.
Las tiendas estaban diseminadas en la pradei·a envueltas en aromas sutiles y violentos.
Más a llá la pampa tomaba matices violáceos
y su inmovilidad hacía pensar en la calma infinita·&lt;le un lago.
Al oriente se erguía la tienda de Sakamata.
Era la más rica y la más amplia. El cacique
se hallaba . sentado dentro de ella, grave y
melancólicf inclinaba la frente levantada y
ancha y sus ojos parecían Pxplorar su propia
alma, tan profundos y fijos estaban.
Muy cerqa corría el arroyo de Tomen-W11011,
&lt;lesgrana.ndo sus aguas á Jo largo de las sinuo·sas orillar;, á compás del canto in&lt;lolente de la.
onda capriJhoi,a. Arriba, las a las &lt;le un cóndor remaba;n lentamente por el tranquilo espacio.
Un largoirelincho atravesó de pronto la soledad: era un "guanaco" que corría a l viento
&lt;le la tarde.
El cacique exhaló un sordo gemido; hizo un
geste\ y recayó en su inmovilidad.
¿Qué amargos pensamientos llenaban su espíritu?
Antes lrn.bía sido hernico y temible; infinifo¡:: trofeo~ habían exornado sus años juveniles y robustos; guerre1os de nombre se habían
arrodillado~ ia:u paso; en el fondo de la imaginacióR de las muchedumbres había quedado impresa su fisonomía, como una medalla
inmortal y $1oriosa. Había vencido pueblos y
razas; habí~ pillado, saqueado, matado. incendiado ciq11po::;, aldeas, regiones enteras; había pasáclo, !como un lampo infernal, por sobre las fértiles llanuras, á lo largo de los ríos
lujuriosos de caudales, {t- lo largo de las montañas y por el dorso de sus pendientes.
Sakamata! Los índicos poemas lo celebra-

ban. Sakamata! Su nombre rimaba canciones
guerreras.
ias mujeres más bellas habían sido sus amores, y á menudo, en la alta noche, habían rondado su tienda.
¿Deploraba Sakam·ata la ausencia de aquellos tiempos de epopeya y de amor, en los que
la gracia y e! esplendor &lt;le las cabelleras de las
indígenas beldades se habían confundid.o con
los rápidos fulgores ele los más sangrientos
combates? Cuán triste debía parecerle la vejez, desolada y triste después de tanta gloria!
Levantó la cabeza.
Rouna, su caríi-ima hija, la más pura de las
vírgenes, estaba delante de él. V~stía una tela ligera y blanca, que portaba a la manera
de las vestales. Era bella h~sta el misterio; tenía chispeantes espejo¡;; en sus ojos, y cuando
destrenzaba con ¡;;us dedos finos y ágiles su
cabellera de cambiantes reflejos, pasaban por
los ai:-es estremecimientos brillantes y radiaciones de oro. No era el levante tan espléndido como los cahellos de Rouna. Cada mañana
los enjugaba ú la orilla del arroyo; y la onda
amorosa y acaricindora reflej~ba aquella maravilla, á la cual hacían corteJo todas las gracins del cielo matutino.
Todo su cuerpo era grácil y 'terso, .tal un tallo de Ji~; y su alma era tan límpida cómo las
fuentes de las Cordillerns.
La tribu la adoraba como á una qiosa.
Rouna miraba al anciano con sus ojos perlados de estrellas.
-Padre, se dice que Djamké estará de vuelta antes del crepúsculo.
-Djaneké! Djaneké! murmuró suavemente
el cacique.
..:...Los araucanos alaban sus proezas que,
gritan, atravesarán los si~~os futuros.
,
El anciano se estremec10 y no contesto.
-¿.Qué dices, Padre? ;.Por qué estás triste?
-Invoco, oh Rouna, hij1t querida, la Divinidad de la tarde!
Rouna se alejó un poco. Se dirigió hacia un
arbusto que abría espléndidas flores, y todos
sus cálices parecieron tributarles su perfume á
los encantos de la india.
Los contemplaba fijamente; luego les habló:
-Flores amadas, frágiles flores en las cua.
les he depositado mis ensueños de amor, pronto el amado estará entre nosotros. Le diréis,
corolas llenas de las delicias de mi corazón,
que noche y día he cantado cerca de vosotras
su nombre: Djaneké! Djaneké!

ríos se han enrojecido con la ¡::angre de la tribu indómita....... Todo lo he hecho por amor
á Rouna. Por ella, domaría y exterminaría á
~odos los pu¡blos. ¿Soy ahora digno de tu hiJª, oh Sakamata?
El cacique permaneció silencioso. Todos esperaban las palabras del anciano. Rouna se
adelantó suplicante.
-Respóndeme, oh Sakamata. .
-Responde, padre querido.
El cacique, adusto, dijo por fin:
-Djaneké, eres valeroso. Amo tus hazañas.
Sin duda otros fueron más célebres. Recibe mi
abrazo.
Y aquellos dos hombres se estrecharon solemnemPnte.
Los indios lanzaron exclam11ciones de alegría.
. -Rouna, continuó el cacique, honra mi veJez. "La quiero por mi esposa," me has dicho; pero ¿,hallará ella la dicha bajo tu tienda? Los labios de mi hija y su corazón merecen más dura prueba ........ .
-Para conquiotllr á tu hija, oh Sakamata,
iré por el mundo destruyendo todo á mi paso;
si Jo' exiges, te traeré las hnzas de todos los
jefes de las tribus vecinas. Ordénalo, oh jefe
venerado.
-Toma á -Rouna sobre tus espaldas, Djaneké, antes de que el sol se levante; y, en un
solo aliento, trepa con ella á la cima de las
Cordilleras. Si realizas esta hazaña, Rouna será tuya.
-Acepto ........ .
Y ni una emoción turbó la faz de Djaneké.

***
Y como para responder á la tierna virgen
de pronto, á lo lejos, resonaron gritos de en~
tusiasmo:
-Djanekél Djaneké!
Aquel tumulto de fiesta cre:::ía. Era un prodigioso clamor. Las tiendas se agitaron.
Rouna había palidecido de gozo. Corrió hacia el cacique.
-Padre, padre, helo aquí!
El anciano no se movió. Pasó un inc;tante ·
el ruido se acentuaba; ya se oía distintament¿
el galopi, de los caballos.
El cacique se levantó y salió con una lanza
sobre la cual se apoyó. Aquella arma eetaba
colorada con manchas de sangre: era la lanza
de sus victorias.
-Yo también, exclamó muy bajo, fuí aclamado por las turbas delirantes; yo también
he vuelto cuoierto de heridas victoriosas. Y
ahora .. ....
''Djaneké con su gloria eclipsa la mía..... .
Los pueblos son ingratos!
"Ni una voz que cante mi nombre!
''Sakamata es el sol que se hunde. Djaneké es la resplandeciente aurora que se levanta."
Y un vahído nubló sus ojos.
. Apareció un jinete.. Rouna F&lt;e abrazaba palpitante al arbusto hacia el cual había vuelto.
El cacique temblaba ligeramente.
Djmeké echó pie á tierra. Era grande; mm,cuhJ.&lt;!lo como un tigre; iaal vaje y hello. Porta~ª un -ancho. cinturón de cuero; plumas de
nandú se a¡ntaban en una especie de casco
que le ceñía la frente corno una diadema.
Vió á Rou11a. Un instante se contemplaron.
¿Se be¡::aron ~us almas?
-Te saluclo, divinidad de mi corazón la
dijo. Recibe en eterna oblación mi amor y' mi
culto.
Ella ref'pondió:
-Te esperaba. Mi alma estaba desolada i;in
tus.miradas. Estas flores te repetirán mi plegana de amor.
Djaneké se volvió hacia el cacique:
-Oye, oh veneradísimo jefe. Tu hija Rouna acaba de pronunciar los votos de mi corazón .. De ~a prue~a que me impusi~te he salido v1ctor10so, mas allá de toda esperanza. He
destruí&lt;lo la tribu &lt;le los Mapuches· todos han
su.cumbido, mujeres, niños, todos; ~us bestias
m.1smas ya .no existen. El aliento ele n~is guerreros ha d1sperl"ado hasta las cenizas de sus
can;pamentos. No queda nada de ellos. Los

Los tenues vapores del alba no se habían
desvanecido aún, cuando los indios, adornados con .sus más bellos "wuaralkas" esperaban en silencio y angustiados al pie de las
Cordilleras.
Aparecieron Djaneké y Rouna; sonreían melancólicamente. Una voz se levantó co.1tra el
cacique; el joven héroe hizo callar con una mirada al imprudente.
De todas partes gritaban:
Sé fuerte, Djaneké! Sé fuerte!
El ·cacique, que esperaba impasible ante la
multitud, al verá los dos j6venes exclamó:
. -Apresuraos! Va á salir el sol.
Luego, los abrazó.
Djaneké se volvió hacia los indios, hacia la
pampa, hacia el horizonte. ¿Temía?
De pronto, tomó á Rouna, la levantó, la colocó sobre sus espa.ldas reteniendo con sus
brazos nervudos el cuerpo de la muy amada,
y emprendió la marcha hacia las Cordilleras,
hacia el calvario!
Hubo un movimiento entre los indios, como un vaivén de oleaje.
Y nuevas voces se oyeron:
-Djaneké! Djaneké!
Después, reinó el silencio .. ...... .
Djaneké y Rouna, como soldados el uno á
la otra, habían desaparecido detrás de una roca gigantesca semeja1,te á una silueta de ictiosauro. Se les cli\'isó entre los árboles inmó\'iles por entre los cuales marchaba ya fatigado
el ~anceho. El sol, entre tanto, incPndiaba
las vertientes y las cimas. La tri bu estaba deslumbrada: los indios, trémulos de agonía y de
ansiedad, de admiración y de temor, veían la
pareja que parecía ascenderá un nuevo cielo
de amor.
Djaneké subía.
Sus fuerzas parecían centuplicadas. ¿Su
carga no era acaso una delicia, toda su vida?
Una grandiosa esperanza le sostenía.
Y dijo en alta voz:
-Rouna, te llevaría así hasta las nubes. No
temas. Tu amante ha vencido tribus y tribus

1
'----./·- L.

de los más temibles guerreros: también venceré la montaña.
·
-Descan!'a, Djaneké, no oigas .á ~i padre.
Huyamos. Viviremos juntos, sohtanos y en
una paz infinita. Temo que sucumbas.
-No pronuncies tales palabras, Rouna. Yo
no puedo ser perjuro. He jurado trepar las
Cordilleras.
Volvió á callar.
De la pampa subía un ruido débil, débil.
Diríase el murmullo de un arroyo.
La montaña se hacía áspera y negra. Cavernas por toda¡:: partes. A la derech1;l- mu~·allas de granito. Djaneké se iha hacia la izquierda. Cerca negreaba un precipicio. Retrocedía, volvía á intentar el paso, tomaba un
sendero de bestias.
Hubo un momento en que sinti6 flaquear
las piernas. Le palpitaba fuertemente el corazón. Sin embargo, á Rouna que le interrogaba ansiosa, contestaba:
-Mis fuerzas no me abandonan; pronto habrá concluído la prueba.
Ya no se oía nada de la pampa. H:1.bría
querido volverae á ver; debía estar muy alto.
No osó, empero, levantar los ojos hacia las
cumhres.
Subía, subía sin cesar C()n una energía brutal.
La garganta se le estrechaba. Oh! la sed!
nueva tortura! ·
Ahora reinaba la absoluta rnledad: el sol
estaba, sin embargo, en todo su esplendor y
el desdichado Djaneké no veía sino la noche.
Sus dedos se crispahan en el cuerpo de Rouna. La sed le torturaba.
De pronto vaciló ...... iba á caer.
Un deseo iumenso de tenderse con su carga se apoderó de él.. ..... Se detuvo....... pero
una voz severa le gritó: perjuro! perjuro!
Y continuó su mortal ascensión.
Ya se arrastraba; la cima estaba _próxima:
empero ¿llegaría á ella? Las sienes le palpitaban. Ante sus ojos, mariposas rojas revolaban
entre llamas ardientes, ya erectas, ya esparcidas en círculos infinitos. Sus pies, sus rodillas sangraban. Un copo de espuma salía -de
su boca .
¿Qué garras registraban su pecho? Ah!. .....
sus dedos, ó más bien, sus garras le buscaban
el corazón? Las sentía rasgándole el seno, las
fibras ...... Quiso llamar ...... Rouna! Rounal
Ella, horriblemente p(tlida, había comprendido que su amante Sb moría. Y pensó: "moriré también; nos unirá la muerte." Bruscamente, Djaneké sintió que se aproximaba su
fin.
Cayó y permaneció con. la frente contra la
tierra.

Domingo 5 clla Abrtl c1e 1903

Sin embargo, allí cerca resplandecía de 11ieve la cima!
Rouna tomó la cabeza del Amado. La volvió á abandonar inerte. Sus ojos permanecían
inmensamente abiertos y tenían una dulzura
infinita ........ .
Djaneké no existía ya!
Rouna exhaló un grito espantoso.
Ahora la india, apretados los labios contra la bo~a helada de Djaneké, respiraba en
ella la muerte.
Y sonreía con una bella serenidad.
La muerte era la unión suprema, indisoluble, en un más allá de amor infinito.

***

Y vino la muerte, y la joven india, la dulce virgen, Rouna, la más bella y la más pura
de las desposadas, inclinó sn cabeza doblt gada por un peso mortal y la dejó caer sobre el
cuerpo de Djaneké, el más noble y el más heroico de los amantes.
Entonces, al pie de las Cordill?ras los indios oyeron súbitamttJte que en la montañ'l.
resonaba como una lamentación sobrehumana, que se prolongaba lúgubre por el espacio.
Y comprendieron por un misterioso presentimiento, que allá arriba Djaneké y Rouna
habían muerto; y, como la montaña, también
lloraron, mucho tiempo ...... mucho tiempo.
HENRY DE LA V A ULX.

1

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 5- die! Al}ri!1 de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

.1

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA ~OR ESTER DE SUZE.

ILUSTRACIONES DE SIMONT.

------

TRADUCCION Dt "tL "1UNDO ILUSTRADO."
(CONTINÚA.)

XXXII
A I Como lo había dicho el inspector, quedaba en•pie la pre1 señor Raibert y con ella el escándalo en el pueblo. ·El día
s~nc~
sigment ee al de mi visita'
..al inspector, y que fué domingo, se convirt'10, ara mí en un martirio atroz.
pL
hachas hablaban en secreto al verme pasar cerca de ellas,
n la f~e~~cinclinada, rumbo á la iglesia. Silvio me detuvo.en el
co
.
camino,
para deci·rme que, «á pesar de todo» se casaría conmigo y

.1

J

aceptaría todo, aun el. nifio, en caso de que viniera. Una ~esgraci~da
muchacha, seducida, conocidísima en el pueblo, se atrevió á v~nir á
mi lado, al salir de misa, mirándome con confianza, y me hablo. Su
actitud parecía decir á las demás: «No estoy sola ya. Insul!,adnos
juntas, si queréis, á la-institutriz y á mí. ... , . .Ya no soy la úmca..... &gt;,
- Jesús, al subir el calvario, no pasó, seguramente, por tormento
más terrible.
.
Y o había querido asistir al oficio divino, -para tratar de dar un
mentís á la opinión, para mostrar á todos mi frente pura........ • ¡Ay!

Domingo 5 die Abrlil de 1903

¡La pureza no ha de transparentarse. .... .. para todos estaba yo man-Pero la pobreza, María Teresa, los vestidos que se gastan, las
chada ya!
deudas que se amontonan, las tardes de fiebre, en que se desear~ moMe parecía increíble. Caminaba primero lentamente, entre los
rir, ó marcharse muy lejos, ó intentar otros mediol:', que son pesadillas.
grupos, dirigiendo á todas partes míradas de súplica, buscando en
¡Yo he conocido eso! He conocido ese mal, y por esto me casé con
vano algt,na mirada amiga: todos me volvían la espalda .
una mujer que ahora está sin vida, y qúe-nunca fué nada para mí.
Lo peor era que la muchacha aé que he hablado, no se apartaba
Se exaltaba. Y yo, que me había desprendido de sus. manos, pade mí, y yo no me atrevía á despedirla, y su pres"er1cia y su tenacira
huir,
quedaba ahora clavada en el suelo, tan conmovida, que oldad en perseguirme, eran como una mancha infamante que me señavidaba lo vergonzoso de sus proposiciones.
laba á los ojos de quienes no hubiesen aún tenido noticias de lo acon-He aguardado pacientemente durante diez años. He perdido
tecido ..... . Y seguía caminando, saludando á las conocidas á quienes
casi mi vida, por este momento, en que el oro de esa mujer me va á
encontraba:
pertenecer por fin ... -.. Y quisiera usted que renunciara á él? Ah! Por
-Señora Arna ud ...... Señora Catherine ...... Querida Rosalía... .
usted daría un mundo! Porque jamás he conocido el amor....... El
Tímidamente ensayaba tender los brazos, como para suplicar
amor de un espíritu virgen y que me ama!. ...... . usted, María Tereque me escuchasen aquellas gentes, que se acercaran á mí... . . . Las
sa ...... ! Ah!
madres oprimían á sus hijas como para resguardarlas. Los hombres
reían ruidosamente. L.as muchachas cuchicheaban y sonreían con
Oprimía mis manos contra su pecho,como para ocultarme la tamalignidad. El cura, al ealir de la iglesia, me divisó y pasó rápidara de ese corazón de hombre que no había conocido nunca el amor,
mente de la puerta del templo á la de su habitación.
y sus cabellos grises me parecían más blancos.......... Luego me dijo
bruscamente:
Aquello era demasiado. Ya ni siquiera me cuidé de contener mis
sollozos. Eché á correr y los sollozos estallaron, desgarradores. La
-Pero pobre, qué hará usted de mí.
pobre muchacha que me seguía se detuvo, dominada sin duda,
Y de nuevo nos envolvió la sombra de esa pobreza tan temida
también ella, por la gran compasión que debió haberse apoderado de
que él había invocado antes .. ... .
todos, y que yo advertí en el silencio que se produjo cuando me ale-Mientras que siendo ricol-añadió abriendo los brazos, en un
jaba..... Después, no me di cuenta de nada..... . Seguí corriendo. En
ademán amplio como si quisiera abarcar el mundo. -Siendo rico,
mitad del camino, se me presentó Phrasia, sudorosa, corriendo en
María Teresa, la llevaré á usted lejos, la cubriré de flores y de ensuedirección al pueblo. La mujer no reparó en el estado en que me enños. Venga usted! No quería decirle esto sino más tarde, poco á pocontraba, y solamente me gritó al pasar:
co, para no turbarla ...... Pero hoy su actitud me ha arrancado mi se-Voy en busca del señor cura ..... La señora ha muerto.
creto. Recójale usted. No vacile, Le ofrezco una vida de amor, y
¿Muerta la ¡¡eñora Raibert? ¡Oh! ¡Entonces, entonces!
esto no es posible sin un poco de oro...... Déjeme ese oro y acepte!
Y sin reflexionar otra cosa, con el pecho aliviado por un rayo
Se había arrodillado y se arrastraba, ele rodillas para seguirme,
de esperanza, tomé el camino que conducía á la casa del alcalde. La
porque yo retrocedía poco á poco. Retrocedía, trastornada, casi venreja estaba abierta: penetré. Penetré también á las habitaciones que
cida, enmudecida por una sorpresa inefable: él me amaba!
apenas conocía. Me fuí directamente al gabinete del señor Raibert.
Ah! ¿Por qué no le amé. á él ni á nadie, hasta el punto de que
El alcalde estaba allí, sentado ante su bufete, meditabundo. Me
mi amo~ ahogara la voz de mi conciencia? Por qué no t ransigía, tedirigí á él. Mis ojos brillaban de alegría, de esperan za: todo un honaz, vahen te? ¿El oro? ¿El amor? ¿Una vida de reposo y de ensueño?
nor reconquistado.... y al mismo tiempo de horror: la muerte estaba
allí, á dos pasos... .
¿Qué era esto si no había de poder estar ya orgullosa de mí misma
al menos á mis propios ojos.:.... Ah! sentía ese sufrimieni;o de no po~
-Pedro-dije con voz ahogada.-Es Dios quien ha querido la
der ser altiva á los ojos de los demás. Y murmuré mi última súplimuerte de esa pobre mujer; Dios, que sabe mi inocen cia y mi desesca, desesperada:
peración. ¡Porque estoy deshonrada! Si la esposa de usted no hubiese muerto, regresaría yo á mi casa hoy, á escribir al inspector que mi
-No, no! Nada tengo qué reflexionar.. ... . ... Es inútil? Pero usted, por última vez ...... Oh! Es vergonzoso insistir...... Pero sufro
situación no era sostenible aquí y que me marchaba ........ ¡Y habría
t~nto ...... En el pueblo ya nadie quiere mirarme, todos me desprepartido, créame usted, al acaso, falta de todo, á morir muy pronto!
Quería decir: soy yo, tan joven y tan bella, y á quien usted ha
cian. Las muchachas se reían de mí esta mañana....... Cásese usted
conmigo, Pedro! Le ofrezco una vida de sacrificio, de abnegación.
dicho amar tanto, y á quien sólo el amor, el nombre que va usted á
ofrecerme, pueden salvar de la muerto y de la deshonra.
Nos serán dulces los días, aun sin lujo ...... Casémonos Pedro!
-Yo, Pedro .....
Movió la cabeza repetidas veces: no, no, no! Y c~mo á fuerza
Me ofrecía, conmovedora, con el pecho palpitante de tantas emode retroceder yo y él de seguirme, nos encontramos ante ~na puerta
ciones y de tantos dolores.
·
e11treabierta, vi de pronto que los ojos de ..Pedro se llenaban de sombra, y comprendí.
El alcalde retiró un poco su silla, luego se levantó, se retiró más
aún, densamente pálido, y murmuró:
Se secaron mis lágrimas, y se apoderó de mí una exasperación
increíble.
,,
-Vuelva usted en sí. Hay aquí una 'llUerta: es mi mujer; esto
no es conveniente... Vea us~ed, María Teresa.. . Veremos, más tarde,
-Ah! El vivo no quería escucharme, y allí estaba la m:.crta.
si es posible.:.... Sí;tengo que hablar á usted, á propósito de lo que
:f'.~es bien! sería á la muerta á quie?- iría yo á.. decir mi des.esp.eradice; pero será después, después ..... .
c1on: esta muerta, ClJya mano de hierro, aun más allá de la tumba
-¿Qué no sería posible? ¿Nuestro matrimonio?
estorbaba
á mi vida. Abrí la puerta. Tendidá en su lecho estaba 1~
Bajó la cabeza, y me vinieron á la memoria las palabras del
muerta, vestida de seda negra. Las ventan.as estaban cerradas .
cura.
El Sr. Raibert se había puesto en pie, trastornado, tendiendo
- ¡Oh! ¡No es verdad! ¡No es verdad! -exclarné, como cuando
los brazos.
me lo dijo el cura.-¡Pedro, será por la herencia por lo que me aban- Ahí vienen; María Teresa, se lo ruego, salga usted!
donará usted! ¡Ante Dios, soy la mujer de usted.... usted me ha heVenían, en efecto. Reconocí la voz del cura la de Phrasia y la
cho que le ame, Pedro!
de otras mujeres.
'
•
Muero de vergüenza hoy, al pensar que hice lo que voy á referir ;
-1\Iaría
Teresa!
articuló
Raibert
con
desesperaéi6n.
pero es preciso que mi relato se ajuste á la verdad. Me había arrodi-No!-grité, enloquecida por completo, en momentos en que la
llado, y tendía hacia ese hombre las manos juntas ... Yo, inocente y
gente desembocaba del corredor y se detenía estupefacta al verme. -pura, le rogaba....
•
No! no saldré de aquí. Preguntaré á la müerta, con qué derecho si
-¡Trabajaré para usted, Pedro! Entre mis horas de clase enconsabía que usted es cobarde, le legó en su testamento.
traré manera de que nada nos falte. ¿Dónde quiere usted que vaya?
Llegué hasta el cuerpo, me incliné á ver el rostro flaco de la
¿Qué quiere usted que sea de mí, si no se casa coumigo?
campesina muerta, con las narices fruncidas y la boca estirada· como
Alzó los hombros, y luego, cuando me acerqué á él y le abracé
en una mueca de supremo desafío.
'
las rodillas, me rechazó, diciendo:
-¿Con
qué
derecho,
señora,
con
qué
derecho?
-Es demasiado, es una locura, en este instante, cuando van á
Repetía, locamente, esa palabra. Y al inclinarme mis cabellos
venir las gentes.
sostenidos p~r só~o una horquilla, acabaron de despre~derse y cay~~
Caí por tierra. Me crey6 desvanecida, tuvo miedo de verme sin
ron, como ~m latigazo, sobre el rostro de la muerta. Entonces retrosentido, en el momento en que iban á venir gentes, y se dulcificó, se
cedí horrorizada y los presentes se indignaron.
inclinó hacia mí, trató de poner en orden mis cabellos. Mis ojos
-Salga usted, hija mía!-me dijo el cura tomándome del
abiertos lo tranquilizaron.
brazo.
'
- Cálmese usted-murmuró,-levántese usted. Sí; yo la amo;
-Salga! Salga!-dijeron los demás.
pero ¿acaso se puede hablar de amor en este momento?
Todos me miraban indignados.
-Pedro-murmuré,--no le hablo de amor; le hablo de honra.
Se hubiera dicho que mi aliento le embriagaba; me oprimió conAlgunas mujeres me amenazaban con el puño. Un hombre caítra su pecho al ayudarme á ponerme en pie.
do al mar, no queda envuelto por tamañas ondas de amargura como
-Sí-me suspiró, anhelante;-yo sé que usted no me ama. Si
yo en esos momentos. Vacilante, miré á todos, y luego á Raibert,
me amara, no pensaría en otra cosa que en dejarme de amar. Osted
que permanecía callado, en el fondo de la estancia con los brazos
cruzados.
'
lo ha dicho: la herencia me encadena. ¡Pues bien! Yo haré á usted
más feliz sin el matrimonio. Abandonará su empleo; yo la cubriré
Y comprendí que estaba perdida, que ese hombre no me haría
de oro....
su esp~sa nunca, que la muerta no me respondería, que el cura, que
Prosiguió medio loco, como había estádolo en cierta ocasión, en
las mu¡er~s, &lt;!ue todas esas gept{ls no ¡:ne creían inocente ni me perla colina.
donarían ¡amas.
'
-¡Sí; la amo, la amo!. .. ¡Más d e lo que usted puede comprender, oh niña, cuya(miradas me enloquecen!
Y su voz enronquecía más y más, á cada palabra, á cada sUaba,

I

(

�·Seguras y eficaces son las Pild&lt;&gt;ras del Dr. Ayer, Seguras, porque están exentas de minerales. Eficaces,
porque obran ayudando á la naturaleza.
El estreñimiento causa biliosidad, jaqueca, mal gusto
en la boca, lengua saburrosa, dolores sordos en l a cabeza
y una multitud de otras dolencias. Las Píldoras del Dr.
Ayer son una cura positiva para la constipación y pereza
del hígado . Estas píldoras tomadas en dosis laxativas
todas las noches, obran s uavemente y sin dificultad al día
siguiente. Curan efectivamente los dolores de cabeza y la
dispepsia. Están azucaradas. Son fácil es de tomar.
No hay otras píldoras tan buenas como las Píldoras del
Dr. Ayer.

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MfXICO, A6Rll 12 DI: 1903.

ANO X.--TOMO 1.--NUM. 15

Gerente:

Director: LIC. RArAlL Rtl'l&amp; &amp;PINDOLA.

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Prepr.radaa por el DR. J. C. AYER &amp; OO., Lowell, Maas., E. U. A..

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EL JUICIO :b1INAL, por Miguel Angel.

lll5 Rtl't&amp; &amp;PINDOL

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>·Seguras y eficaces son las Pild&lt;&gt;ras del Dr. Ayer, Seguras, porque están exentas de minerales. Eficaces,
porque obran ayudando á la naturaleza.
El estreñimiento causa biliosidad, jaqueca, mal gusto
en la boca, lengua saburrosa, dolores sordos en l a cabeza
y una multitud de otras dolencias. Las Píldoras del Dr.
Ayer son una cura positiva para la constipación y pereza
del hígado . Estas píldoras tomadas en dosis laxativas
todas las noches, obran s uavemente y sin dificultad al día
siguiente. Curan efectivamente los dolores de cabeza y la
dispepsia. Están azucaradas. Son fácil es de tomar.
No hay otras píldoras tan buenas como las Píldoras del
Dr. Ayer.

tolonia·Roma.

ILUSTRADO

OALZADA DECHAPULTEPEC.

eompafita dt ttrrtnos dt la calzada dt ebapulttptc.

s. JI.

CO~DICIONKS.
Diez por ciento al contado al comprar el terreno. Concesi6n de_ 10
afíos para liquidar el noventa por ciento restante, arregla~os en vemte
pagos semestrales [al 6 por ciento interés anual] ;10 por ciento descuento en todo pago adelantado fuera del primer pago.

MfXICO, A6Rll 12 DI: 1903.

ANO X.--TOMO 1.--NUM. 15

Gerente:

Director: LIC. RArAlL Rtl'l&amp; &amp;PINDOLA.

ROMA.-CAPILLA SIXTINA.

Prepr.radaa por el DR. J. C. AYER &amp; OO., Lowell, Maas., E. U. A..

TÓNICO - RECONSTITUYENTE
FEBRÍFUGO

EL MISMO

"'"'º

So

F~llRUGINOSO: SIETE M~AS,,ORO FOSFATADO:
11,■ia;

Cl1ro1il, Coanlecmiaa, ,te.

PARÍS

20, lut des Foués-St,Jacquea
1 •n /11 f;¡,rmaci11.

Liafatiamo, Em6fula, Mó
Infartos de los Ganglios, etc.

PETROL. . . . . . . .
DEL DR. TORREL, DE PARÍS
Unica preparaci6n que evita la caída prematura del pelo, lo
aumenta, suavizi y hermosea, á la vez que le comunica un aroma agradable.

EL uso-DEL PETROL DEL DR. TOBREL, DB PARIS.
evita la calvicie prematura, que tanto afea y comunica al hombre el repulsivo aspecto de un joven viejo y gastado.

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Cárlos Manuel Dnrán.
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Píldoras Digestivas y Antisépticas

1

DEL DOCTOR

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Plateadas, para los casos sin diarrea.~

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intestinal, para 13: dia:rea, disentería, enfer!D~da~es del hígado, gastralgias, jaquecas y en todos los
casos en q_ue 1~ d1gest1ón es torpe y la nutrición imperfecta, ó cuando hay inflamación ó infección del
Aparato d1gest1vo 6 de los órganos anexos. De venta: en todas las Droguerías y Boticas-.

Ahnalnlco, Jal.

~

EL JUICIO :b1INAL, por Miguel Angel.

lll5 Rtl't&amp; &amp;PINDOL

�Domingo 12 !de Abril de 1903

PAGINAS DE VIAJE.
Stmana Santa tn Stvllla.

...,

Todos los años aquel heroico valle reverdece y se asoma á .las aguas del Guadalquivir.
El río serpentea entre bosquecillos de naranjos en flor, y el sol tiende su franja escarlata
sobre aquella tierra que comienza á agitarse en
germinación fecunda.
En la ciudad, las calles estrechas se retuercen, culebrean, se pierden, en la alta noche,
en la tiniebla, rasgada á trechos por la luz vacilante que recuerda una tradición ó un milagro. La guitarra vibra tristemente, y en la
entreabierta ventana se adivina el suspiro, el
alado suspiro del amor que vela.
Así aparece Sevilla, la ciudad que se asoma
á las aguas del Guadalquivir.
Por encima del balconcillo y dominando el
minarete, se alza la «Giralda," elevando sus
esbelteces de granito, avanzando en encaje de
piedra, coloso que á poco andar desgastará el
tiempo en trágico desmoronamiento. En la
Catedral, estatuas de Reyes, sepulcros, crucifijos, banderas, estandartes, retablos, lienzos,
la luz penetrando por las ojivas, y el «Monumento&gt;i cuajado de pedrería. Muchos si&amp;los
puestos al servicio de la Religión.
Las ccprocesioneRJ&gt; en Sevilla tienen algo del
sombrío ceremonial de la Edad Media, pasando á través de la raza árabe. Cuando el paganismo se hizo católico, confnndía la escultura
de Venus con la imagen de María. Murillo.
sevillano, ha dado á la religión el color azul
de aquel cielo.
Por eso cuando una sombra viene á opacar
la deslumbrante claridad del cuadro, hay la
certeza de que la nube pasará en breve. Ved,
si no: el «Nazareno,)) oculto tras su birrete
puntiagudo, de amplia túnica, los pies descalzos, semeja un personaje arrancado de un
«Auto de Fe.)) Pero detrás de él, el «paso,»
i nundado de luz, cubierto de flores, despidiendo destellos, hace olvidar al triste encapuchado.
La «saeta» gime una estrofa dolorosa, lenta,
rítmica, punzante. La «saeta)) es un pequeño
poema místico que se encuentra en el corazón
del pueblo y que saben modular todos los labios. Al acercarse el «paso,» en el silencio de
un recogimiento supremo, una voz se alza,
plañidera, t riste, acompasada: es la «saeta.))
De lo¡¡ balcones se desprenden ramos de azahar y guirnaldas de jazmines, cada vez que el
«paso» se aproxima. Cada casa tiene su imagen en veneración. La escultura ostenta la pedrería de las damas de la aristocracia. El pueblo deja hacer á sus próceres y se contenta
con admirar, entona sus «saetas» y arroja un
puñado de rosas á los pies de las imágenes.
Hace algunos años, aquel pueblo religioso,
dudó. De la «saeta" pasó á la blasfemia el pueblo de Sevilla. Eran días de tonmociones sociales, días en que la «bestia humana,, rompe
su envoltura·de hombre: entonces se incendiaron iglesias y las imágenes fueron derribadas de los altares. La Catedral pudo resistir á
los rayos del pueblo, pero no á los del cielo.
Cuando la tormenta revolucionaria pasó, vino de lo alto el fuego hiriendo á la conversa
torre, para purificarla, sin duda.
Pero la Religión no se desquicia en Sevilla,
n i como la mole seculai- de la arquitectura árabe se abate á impulsos de los años. 'En la Semana Santa, no es la Catedral el único templo en donde la sublime tragedia se conmemora y solemniza: un centenar de iglesias irradia; la solemne, la amplia iglesia-madre no
basta para aprisionar á los fieles. Las 'procesiones se suceden el Jueves y el Viernes Santo sin tregua, de hora en hora. Comienzan al
amanecer y terminan entrada. la noche.
Es un desfile santo; La Pasión se desarrolla en todas sus fases: el Grieto emprende este
lento camino que hay desde el Monte de los
Olivos al Monte Calvario. El «paso» lo hace·
avanzar, ora tierno, ya adolorido, pero siempre sereno, y en aquella evocación luminosa
del celeste drama, los espíritus se alzan· y las
rodillas se postran,

EL MUNDO ILUSTRADO.

Ya entonces el contumaz paganismo de la
ciudad nazarita se desvanece; ya sus palpitaciones de tradición mundana ee calman, y solo queda un grupo de almas que se eleva en
oración al Cielo.
Y en la alta noche, á la hora e11 que la guitarra vibra, tristemente, y en· la entreabierta
ventana se adivina el suspiro alado del amor
que vela, Sevilla olvida que es una bella desconocida «que ha dejado al pasar un beso y
una flor,» para convertirse en una virgen cristiana que ciñe en su frente el nimbo del martirio.

SWET HANDES.
¡Oh, las pálidas manos
hermosas! esas manos que son hechas
para tejer guirnaldas
y coronar la sien de los poetas;
esas manos suaves
que al posarse en las cuerdas,
les arrancan un canto que parece
más que un canto, una queja;
esas que en los floreros de la Virgen
ponen, por las mañanas, azucenas;
que piden á las blancas margaritas
una dulce respuesta,
que guardan en las hojas de los libros
otras hojas ya secas......
y que hunden sus dedos
en la ola de rubia cabellera......
¡oh! esas, esas manos
tan pálidas, tan bellas,
¡que se alcen hacia el cielo suplicantes,
cuando al fin yo me muera!
y así, juntas ..... ¡que pidan para mi alma
la dicha que no tuve aquí en la tierra! ......
MARÍA ENRIQUETA.

·-·

ENTRE FLORES.
I
-¿Vive aquí la señorita Delor?
-Sí, señorita; pase usted.
Jualla Lenoir exclamó al entrar en la habitación.
-¡Qué hermoso es esto!
La sala, llena de flores, formaba un raro
contraste con la estrecha y obscura escalera.
-Cuando se vive en un quinto piso- dijo
Matilde Delor, - hay derecho á tener una luz
espléndida.
-¡Cuántas flores!-repuso Juana.
- Es el trabajo de toda una semana. Mañana mismo tengo que llevarlas á la tienda.
-Pues he hecho bien en venir hoy. Una
amiga mía me ha dado las señas de esta casa
y me ha dicho que aquí encontraría muy barato lo que necesito para el día de mi boda.
Matilde Delor, que era una soltero~a entrada ya en años, contemplaba con envidia á la
hermosa Juana.
- Siéntese usted-dijo Matilde,-y yo le iré
enseña1ido lo mejor de mis trabajos.
i. Pero Juana no obedeció y se puso á recorrer la sala, examinando las flores que allí
h~bía, cuando de pronto vió bajo un globo de
cristal una corona. y un ramo, amarillentos
como cosa vieja é inservible.
'
-¿Fueron esos objetos para la boda de su
madre?-preguntó Juana.
-No; para la mía. Pero no han servido
nunca.
Juana interrogó con la mirada á la solterona.

II
-La historia es muy sencilla y no tiene na-

EL MUNDO ILUSTRADO.

da de interesante. Usted es dichosa y tal vez
no la comprendería.
Juana no se atrevió á insistir, lo cual no fué
obstáculo para que Matilde prosiguiera en estos términos:
-No be sido nunca hermosa; sin embargo
tuve la audacia de creer que, como las demá~
mujeres, tenía yo derecho á la felicidad. Suponía, estúpida de mí, que á fuerza. de abnegación y de cariño, podría hacerme amar por
mis prendas morales.
En aquella época pensaba en el día en que
podría ponerme la. corona de desposada, y me
atreví á confecciona.ria, así como el correspondiente ramo de flores. Ahí tiene usted mi obra.
0uando murieron mis ilusiones, la guardé como el recuerdo de una muerta. Hubo, sin embargo, un momento en que creí que iba á. ser
dichosa..
Tenía yo por vecino un dependiente de comercio, al que encontraba con frecuencia. en
la escalera y con el que trabé franca y sincera
amistad.
Creí que no me hallaba fea y que le merecía
todo género de simpatías.
Mi :vecino cayó enfermo y le cui?é noche y
día, sm hacer caso de lo que pudieran decir
de mí las gentes.
Hablábame de sus planes para el porvenir
y me decía que estaba resuelto á casarse.
Concebí grandes esperanzas y sospech é que
iba á ser su esposa.
Cuando mi vecino estuvo curado vino á visitarme y me trajo su fotografía, c~locada en
un hermoso marco.
Al cabo de algunos días volvió á visitarme
y al verme me dijo:
-Tengo que darle á usted una noticia muy
importante.
El corazón me latía con extraordinaria violencia.
- No olvidaré jamás los cuidados y atenciones que usted me ha prodigado y la quiero á
usted como se quiere á una hermana. Por consiguiente, ileseo que sea usted la primera en
conocer la dicha que me espera. Voy á casarme dentro de pocos días con una joven á la
que amo desde hace mucho tiempo.
. Me q1;1edé helada de espanto y caí en tierra
sm sentido.
.

mente conmovida. - Mi felicidad le hace
dafio.. ....
y no sabiendo cómo hacerse perdonar su
ventura y cómo dar las gracias á la florista, exclamó en uh arranque de entusiasmo:
-¡Déme usted un beso!
Y Matilde selló con sus labios aquel rostro
radiante de amor y de alegría, sin que la joven
sospechara lo que en aquel instante 1&gt;.torm1&gt;ntaba el corazón de la infeliz obrera.
V
Cuando l\fatilde estuvo sola, sacó de un caj6n una fotografía firmada por Juan Lenoir, y
se echó á llorar como una niña.
l\IARÍA THlER.Y.

mutrtt dt un [ibtral distinguido.
Publicamos en esta página el retrato del Sr.
Eleazar Loaeza, honrado y laborioso servidor
oel Gobierno, que murió en la capital el 2 del
corriente.

IV
Juana cogió la caja donde habían sido colocadas las flores, y entregó á l\Iatilde el importe de la mercancía.
-No, no; no quiero nada-contestó la otra
rechazando el dinero.
-Pero, mujer .........
- Le regalo á usted esas flores como recuer•
do de la historia que le he referido. ¡Quiera
Dios qu.e tengan mejor suerte que las que había
yo destmado para mi boda!
-¡Pobre criatura!-pensó Juana hoü:la-

I
Es cierto que trabaja, que labora,
Bebiendo, sí, rlesde que su ígneo broche
Abre en los cielos la radiante aurora
Hasta que el sueño llega con la noche.
Y es cierto que al beber va trabajando,
Pues bebiendo y cantando
Es como carpintero que se afana
Y sin cesar martilla,
Fabricando inconsciente la camilla
Que ha de. llevarle al hospital mañana.
Lo infecundo es un tormento;
Cuando una vida es inútil
Se trueca en remordimiento.

III
Son mundos los corazones,
Y si, al perder ilusiones,
Un corazón se querella
Y es mundo que se derrumba,
Brota el recuerdo en su tumba
Y del recuerdo una estrella!

V
El alma del que goza degradado
Viviendo vida obscena,
Se asemeja á un penado
Que disfruta arrastrando su cadena.
M. R. BLANCO · BELMONTE.

NOTA SOCIAL

El Señor Loaeza era uno el de los inmaculados que ªcompafiaron al Benemérito Juár~z en su peregrinación á Paso del Norte, y se
~IStinguió siempre como miembro del partido
liberal mexicano, ..por la firmeza de su carácter y su amor á los principios democráticos.
. 9&lt;&gt;mo empleado, prestó al país buenoa servicios: comenzó su carrera desempeñando un
humilde empleo en el ramo de Hacienda, y,
merced á su constancia y á su conducta irreprochable, llegó á desempeñar más tarde cargos tan honrosos como los de Admini.,trador
d,e la Aduana de Ciudad Juárez y Director
General del Timbre. Hace próximamente dos
aflos fué nombrado Tesorero General ele la Nat6n, Y .c~n tal .~arácter, estuvo al servicio de
a Admimstrac1on Pública hasta su muerte.
Los funerales del Sr. Loaeza se efectuaron
e1día 3 por la mañana en el Panteón Francés, _coucurriendo á ellos el Sr. Secretario ele
Hacienda, los empleados de la Tesorería General y de otras oficinas, y multitud de amigos del tinado.

.....

JUDAS.

El Viernee de Dolores, se efectuó en el oratorio particular del Sr. Dr. Manuel O1'tE&gt;gn Reyes, la primera comunión &lt;le los niñc s José Ignacio y María de
la Luz Pérez Gallardo,
hijos del Sr. Lic. Rafael Pérez Gallardo y
de la Sra. Marfa Vi·
llaseñor de Pérez Gallardo.
Fueron padrinos del
acto, el Sr. Dr. Manuel
OrlegaReyes y la Sri ta.
Trinidad Ortega Reyes, asistiendo á él las
familias Núñez, Velasco, Velasco Russ, Rabaza, Romero, Mur¡,hy, y Martínez de
Castro. Durante la misa, las Sri tas. Martínez
de Castro y l\Ioguel tocaron al piano escogiilas piezas, y terminada la ceremonia, los niños recibieron diverso;;
obsequios de las nume•
rosas amistades ele su
familia.

Venció la ingratitud: la inicua fiera
de Ti, manso cordero, fué el azote;
y besando tu púrpura, vendióte
aquel monstruo de roja cabellera.
Quisiera tu Bondad, tu Amor quisiera
ver la ¡,lanta de Judas sin un brote,
y yue el germen ele! pérfido Iscariote
pal'a siempre infecundo se perdiera.
Más no es así: tus duelos sacrosantos
los ca.man nuevos Judal'!, que te ofenden
y que olvidan tu cruz y tu11 quebrantos.
¡Cuántos viles traidores te sorprenden .... !
Y acercándose hip6critas, ¡ay cuántos·
con un beso sacrílego te venden ..... !
RAlliON A. URBANO.

RONDEL
Como un hervor de perlas musicales, la risa.
cantó en la fina lira de tus labios de grana,
y un desmayo de aromas celebró Ja mañana
que ardió de las montañas tras la curva indecisa.
Y tus sueños de amores balanceó la brisa
como un beso de otoño sobre una flor temprana
cuando en la fina lira de tus labios de grana
puso su hervor de perlas musicales la risa.
Y así como un ensueño musical que desliza
su encanto, mis amores te dije en la mañana
que ardió de las montañas tras la curva indecisa;
y entonces. .... en la lira de tus labios de grana
puso su bervor de perlas mnsicales la risa! .....
R.M. RUBIO.

ESCLAVA.

De todos nuestros sentimientos, la piedad es
1a que n os engaña menos.

*
La vnda&lt;l es todo, porq t1e á la verclaJ no se
le puede quitar ni añadir nada.

*
d La lucha de las almas se hace ron luz· la
e los hombres con sangre y con fuego.
'

*

pies en cruz ...... Y, cuando cantaba, su voz de
cristal hacía sangrar. en su corazón sus heridas natales. En su puño delgado brillaba siem ·
pre un brazalete de hierro donde la blancura
de su nombre estaba grabado: «Slephane,» y
era como el anillo nupcial de su destierro
amargo.
En un perfump diáfano de heliotropo· ella
moría, con loe ojos fijos sobre el mar........ Y
moría en el otoño, hacia el invierno ......... Y
moría como una música se muere ........ .

II

IV
A pesar del misterio y de los velos
Que circundan el ~rono en que se asienta,
La grandeza de D10s se transparenta
En el dosel gigante de los cielos.

III
. Mi veci~o no ha vuelto á verme, compadecido de m1 desventura y comprendiendo que
le amaba.
Al día siguiente se mudó de casa é ignoro
lo que ha sido de él. Francamente, no sé por
~µé le cuen~ á usted esta historia, que nada
tiene de particular. Es posible que se ría usted de mí.
-¿Reírme de usted? Al contrario la compadezco á usted y comprendo lo m~cho que
habrá sufrido.
-Pero nos hemos desviado mucho del objeto .que la ha. traído á usted á esta casa-dijo
.Matilde.-¿Le gusta á usted esta corona?
-Sí, y ese ramo para la falda y ese otro
para el pecho. Vamos 1Í. ver cuánto vale todo
eso.
Juana sacó de su cartera uña tarjeta y se
P.uso á escri~ir las cifras referentes á los precios que le dictaba la florista.
De pronto, los ojos de Matilde se fijaron en
la tarjeta, que la joven había dejado sobre una
mesa. Y con temblorosos labios la obrera leyó: «Juan Lenoir.»
'
-~s el nombre de mi padre-exclamó J uana, sm notar la turbación que se reflejaba en
el rostro de Matilde.

DE VICT OR HUGO.

Domingo 12 de Abril de 1903

- -

. Cuando el deseo está en el ánimo y el silencito en el espacio, el ruido está dentro de noso ros.

Su traje era de tul,
con rosas pálida:-; y
rosas pálidas sus labios. Y sus ojns, fríos.
fríos y azule11, como ei
agua que duerme en el
fondo de los bm,ques...
La mar tinena, co11
languideces amigables
mecía su vida espar
cida en suaves pétalos. ~
Muy d'ulce, ella moría,'~con. sus pequeños

NOTA SOC.IAL.-Primera comun ión de los niños José Ignacio
'1 M. de laLuz Pérez Gallardo,

��EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 12 1de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

LA VENGANZA.

I,
fi

ll
G

·n

La puerta de la alcoba giró silenciosamente y
:\somando por ella el licenciado González del
Castillo, dijo:
- Hasta que quiso Dios. Son las once y cuarto: telefona á la litografía.
~ ¡.Qué fué?
-Mujercita. Es preciosa.
-Entonces, María de la Esperanza, ¿no?
- Sí, sf; María de la Esperanza. Que bagan las
esquelas de una vez y las distribuyan ~in pérdida ele tiempo. Cien ejemplares. Ya tie nen el los
la lista para la distribución.
-¿,Puedo verá la niila?
- Dentro de un momento: ahora la va{~ bañar
la partera. Yo te avisaré.
Volvióse el licenciado á la alcoba cerrando
tras sí la puer ta y ,en un peri ,uete, Rafael, plantado en la a~istencia ,que era donde estaba el teléfono, cumplió con las órdenes de su he1·mano.
¡Qué largo se le hizo. el tiempo de espera: media
hora cabal , pero él bubierii jurado que eru. media vida. Estaba impacieute por conocer al angelito á quien todos los de la familia habían
a.prendido á amar desde antes que bajara del
cielo.
Esperando, se había aplicado Rafael á retener
en la memoria las combinaciones de líneas que
componían grecas en el cielo raso; á tenet' lápiz
y papel á mano, las hubiera reproducido con
maes'tría. Del techo pasó á exami na r l a pared,y
en menos que canta un gallo,se aprendió de cuerito á cuer ito la labor del tapiz: mangos dorados sobre fondo rosa y guirnaldas entrelazadas
formii,ndo arcos. Ya empezaba el impaciente mozo á pstudiar los arabescos de terciopelo negro
apl1cados en el cortinaje azul de felpa q ua escondía una puerta, cuando el cortinaje ondeó y
abri~ndose en dos gajos, dió paso á una seíiora
de edad , bien plantada y bastante guapa..
- Rafaelito-dijo la dama,-ya puede usted pasar á ver á la nifta. Es el retrato de su papá: los
miSIJlOS ojos azules, el cabello como hebras de
oro y la naricita larga. De Julia sólo tiene el color apiñonado.
-Conque remendada, ¿eh?
-Ya verá usted: güera y trigueñita.
Entraron en la alcoba Rafaelito y la abuela
materna de la recién nacida, en t anto que el licenciado González del Castillo acompañaba al
doctór Lavista para despedirlo en la eEcalera. A
alguna pregunta del jurisconsulto, el facultativo
respondió sonriendo:
-En cuanto á eso, no ; confórmese usted con lo
que Dios Je ha dado y cuídelo como á l as niñas de
sus ojos. Las funciones matemalc s de Julia aquí
empiezan y aquí acaban: la esposa cte usted no
es probable que vuelva á tener hijos, salvo un
milagro.
-¿Corre algún peligro, doctor?
- Poi· ahora no. Está delicada, naturalmente,
pero fuera de riesgo. Lo que sí creo indispensable es que á la niíia se le ponga nodriza; Julia
no puede criarla, porque sería en perjuicio de
las dos. Y si la niña se nos muriese .. ..
- ¡Oh , no, no!
-Fu era terrible.
- Sí, sí, terrible- agregó el licenciado,sintiendo que le daba vuelcos el corazón.
La euna, ornada de finísimos encajes, a lboreaba cómo l a concha cubierta de espuma en que
Venqs surgió del mar; pero la cuna ordinariamente estaba vacía mientras su dueña, estregándose- los ojos con los puños de nácar apretados
como capullos, pasábase las horas de regazo á
rega.1,0, impávida á los mimos é indiferente á los
cumpiimientos y adulaciones de que era objeto
venerado.
Re~a, princesa, pedacito de cielo ...... Y la.
rein~ respondía con beri-idos desentonados y
mohi~es indignos de persona bien mirada, que
toda la familia, sin embargo, admiraba como
gracias precoces.
A los pocos días vino la nodriza, una india
prietá con cara de ídolo. Se llamaba Hipólita
y era madre de una. tarasca á la que el cura de
San Seba.stián había puesto por nombre de pila
María Antonia, no encontrando en el santoral
cristiano ningún otro sinónimo de changa ó
monstruo que le viniera de perilla á la horrible
criatura.
Luego que Hipólita encontró acomodo, puso á
María. Antonia en Atzcapotzalco con una comadre s1]ya que ofreció cuidar del monstruo y lactarlo á expensas de una burra parda llena de
mataduras. Como privilegio exclusivo obtuvo la
nodri:za, de sus amos, el permiso de recibir de
visitai á su bija dos veces al mes, sucediendo así
con regularidad los dos años que María de la
Esperanza tardó en aprender á comer de todo.
Al segundo invierno, la niña e1·a un querubín
por lo hermosa y por lo buena, lo dulce y lo amable, un terr ón de amores. Lo que en ella formaba el principa l encanto era sin duda la humildad: respondía con sonrisas y á besos las reconvenciones de la mamá,lo ruismo que á los regaiios de la nodriza.

·-·

María de la Esperanza era para sus padres el
colmo de la vanidad: se sentían orgullosos de
haber dado l a vida á una criatura tan bella y
adorable. Tenía el rostro ovalado, los cabellos
riza dos y rubios, los ojos azules como los ópalos de Australia, la boquita sonrosada y la pequeíia barba adornada de hoyuelos.
Para destetar á la &lt;reina&gt; se desveló la nodriza once noches; valióse de mil argucias para hacerla aborrecer el pecho, pero nada, ella se había aferrado en no soltarlo basta que untado de
hiel se lo pusieron en la boca, causándole la primera pesadumbre gorda de la vida. Cua ndo ya se
dió á comerá. gusto panecitos tostados y cántaros
de leche, la separa.roo de Hipó lita, pero bien p ronto echaron de ver que la niña se ponía triste y había per dido los colores, así es que consultado el
médico de cabecera, la nodriza fué llamada otra
vez al lado de la niña. Hipólita amaba entreiiablemente á María de la Esperanza, pero al mismo tiempo no quería vivir por más tiempo apartada de María Antonia,á quien amaba más,y para volver al destino, impuso condiciones y en
ellas se mantuvo firme. El licenciado en persona
aci&gt;ptó que le pusieran las peras á cua.1·~0 1 por
el bien de María de la Esperanza, porque Hipólita fu é inexorable.

-Vuelvo con la condición de que mi muchachita ha de v i vir conmigo y de andar por donde yo ande.
Y volvió. No se paró á considerar en la rebaja del sueldo, la disminución de alimentos ni
el descenso de categoría social; de nodriza á
criada hay mu::iho que decir en una casa de ricos. Mientras que para Toña fué progreso pasar
del jacal de Atzcapotzalco á la c asa de veintitrés
cuartos en la calle de Santo Domingo, para Hipó lita fué gloria dejar la cama caliente en la elegante alcoba por el petate en el cuarto de la azotea al lado de su criatura. En vez de la &lt;princesa&gt; contra su pecho, la &lt;tarasca&gt; era como quien
dice la alegría, la felicidad, el premio gordo.
Julia amaba á su hija con locura: pensando
e n su porvenir y haciendo mil jardines acerca
del destino de la niña, entretenía la mayor parte·
de los días; y cosiendo primorosos vestidos y
gorras muy monas, le daban las tantas de I a noche sin acordarse dé que existían en el mundo
parientes y amigos á quienes visitar y que en los
teatros se daban bonitos espect iculos.
Cuando María de l a Esperanza, de la mano
de su niñera francesa, causaba, en la Alameda, la admiración de l as madres pobres y la
envi Jia de lás ricas, no se daba cuenta de ello:
inconsciente, como las rosas q ue brotan de una
planta injertada, ignoraba los afanes desu amorosa madre por prenderla y vestirla bien, igual
que las efímeras flores los cuidados del jardinero.
Era nula, en el concepto de la nii'la, la distancia que media entre nodriza y madre: su mente
infantil r eproducía con fidelidad los rostros amigos, ya fuesen bellos ó monstruosos. Así, sin
d€sligurarlos, retrata el arroyuelo á la lun a que
lo platea, el árbol que le p1·esta sombra y á la
bestia que ensucia su raudal cristalino.
Quizá por lo que el amor tiene de egoísta, es
más precoz que la conciencia. En María de la
Esperanza tuvo una revelación prematura cuando la primavera trajo á. las golondrinas á anidar en el techo del corredor. A ellas les platicaba todas las aventuras ocurridas á sus mufiecas
desde que cayeron en manos de 'l'ofia; les enseñaba las canciones que sabía, aprendidas de los
cenzontles de las jaulas colgadas en el balcón, ó
las que atesoraba en ese repertorio íntimo que
traen en su corazón, desde el otro mundo, los artistas-genios.
Enredar de un hilo y repartir besos entre
Hipólita, Toña y el gato1 consumían la existen·
cia de la niña. ¿Para que era más?

El gato e ra el más querido, porque se dejaba
morder la punta de la cola; la tarasca venía deapués é Hipólita ocupaba el tercero y último lugar en el corazón de María de la Esperanza; Julia, el licenciado, la parentela de ambos y la niñera francesa eran objetos secundarios que no
componían mucho.
Desde que á la nodriza le fué permitido tener
consigo á su tarasca, se limó mucho mostrándose más conforme con la civilización. Empleaba
indistintamente el vocabulario aprendido de au
ama, c9n las dos niñas : &lt;hermosa., vida mía, mi
gloria, mi estrella,&gt; todo eso er an María de la
Esper anza y Toña: dos a.Imitas buenas, encarnada la una en un amorcillo de Wateau,y la otra
e n un ídolo azteca.
Si las dos niñas se besaban en presencia de Julia, sentía ella que los celos le mordían el corazón. Perdonaba al gato las caricias de la nifta;
á. Toña la aborrecía de muerte. Verla constantemente al lado de su hija era un sacrificio de gladiador para la madre injusta y esclava de míseras pasiones. Sugirió á la niíiera francesa el
proyecto de apartar de la niña el afecto que sentía p,.Jr la hermana de leche, entreteniéndola con
cuentos que divagaran su imaginación.
- Quiero que pronto hable en francés--decíay que ocupe el puesto que le corresponde, porque
ella es la nifta de la casa y esa neg1·a horrorosa
no es más que la muchacha de la c1•iada. Cuan•
do crezcan las dos un año más, es menester separarlas para siempre.
Pero el gran distribuidor de cetros de oro y de
cetros de cai!.a.; el que, cuando le place, substitu•
ye las coronas de oro por otras de espinas, 1
vicever sa, una mañanita de marzo, mand6
que una ráfaga dorada llevara entre sus átomoa
uno ú un millón de microbios-que para.el cuento es lo mismo-y les ordenó á los aoimalitoa
anidar en la sangre fértil, nueva y rica de la rel•
na, de la estrella, del pedacito de cielo ....
Al primer asomo del mal, La.vista acudió á ver
á la enferma, no obstante ser de noche, sentirse
él quebrantado y tener en casa huéspedes que
atender, muy respetables. Para el facultativo
María de la. Esperanza no era una cliente, sino _
una.espina qi:e entraba.hondo en su corazón á la
vez que las epidemi as periódicas que se ceban
en los niños, aparecía por las garitas de México. La.vista era el viejo médico de las dos familias de l a niíia; h abía aplicado la vacuna al 11•
cenciado cuando estaba en pañales, y á Julia la
primera azotai na en el mundo por haber llegado
á él renegrida de asfixia. Así, la vida de María
de la Esperanza no era cualquier cosa para el
venerable facul tativo.
Desde el primer instante, la catástrofe se pre• nt6 deme.rada 1 cruel; no lo ocultó el doctor
y ases~ó la puña1ada. del diagnóstico á pecho
descubierto para que el dolor de la herida lo
curtiera é hiciera insensible al recioir el golpe
de remate.
-Es un caso de escarlatina maligna con su
difteria y todo- dijo algunos días después. - Con
su difteria y &lt;todo.&gt;
&lt;Todo&gt; quería decir ataúd, flores y tumba.
-¿Tiene remedio, doctor?
- Veremos. Se hará lo que se pueda.
Lo que se pudo tué promover dos juntas de á
cuatro diferentes lumbreras; unos seíiores enlu•
ta.dos muy tiesos y muy preguntones que á todaa
las respuestas hacían: ¡hum! ¡hum! Uomo quien
magulla un za.pote para probar su madurez, ma•
gullar on ellos el cuerpecito delicado· en la bo·
quita, que parecía estuche de perlas,' ajustaron
un tosco tapón de cor cho y se pusieron suceal·
va.mente á espiar como en el lente del cosmora·
ma. Para ver qué? Un h ervidero de flemas in·

-~

~1

-~

•

ron más efecto que el que les hacen á las estre~las
los versos de los poetas. La.vista lo sabía bien:
después de los menjurges de la botica, vendría
áodo:&gt; acostarla en el sepulcro dentro de cuatro ó cinco días.
Antes de ese plazo, muy de mañanita fué lla•
mado el doctor á toda prisa. Encor:itró _á la.enfermita sentada, muy pálida; los OJOS s10 brillo
parecían zafiros revolcados. Al rededor de la
boca se le paseaba un tinte sombrío y m_antenía
el cuello tieso y er guido como las actrices que
hacen en el teatro los papeles de reinas.
La.vista le dijo con dulzura:
-¿Cómo te sientes, chula, qué te duele?
- Quelo agua.
-Que te den agua. Vamos á ver: bebe.
El doctor en persona le acercó el vaso á
los labios; bebió con ansiedad un par de trago~, arrojando inmediatamente el agua por la
nariz; hizo esfuerzos pa1·a dar un respir.gordo y
de su garganta estrecha y reseca partió un chillido mitad aflautado y mitad ronco. Crispó los
puños con desesperación, y arrebatando de manos del doctor el vaso del agua,lo arrojó con furia á la cara de la nodriza. Al mismo instante el
gato brincó á la cama y María de la Esperanza,
precipitándose sobre él, le mascó con rabia las
orejas. El animalito huyó despavorido resoplando, más á. poco volvió á rebujarse en la colcha
á los pies de su verdugo.
González del Castillo nada dijo: los pliegues
de su entrecejo y lo escaldado de sus ojos hablaron por él con la precisión del fonógrafo. Julia
lloraba á mares.
-Los mismos toques, los mismos papeles y que
le den gusto en todo. ¡Pobrecita!
Volveré al o'!Jscurecer.
El &lt;gusto en todo&gt; que formaba pat'te de la receta era más que el tiro de gracia: era el golpe
en la nuca, del cachetero.
Pasada la fatiga del acceso ocasionado por el
trago de agua, el angelito entró en descan so y se
sentó de nuevo.
-Quelo que venga Toña.
-Toña se fué á la calle, mi vida; pero va á
venir mañana- respondió la nodriza vivamente.
-Quelo Toña.
- Mira, mi reina, no quieres mejor al gatito?
Anda, coge al gato chulo.
- No quelo gato, quelo Toi'ia.
-Si, alma mía, que traigan á Toña. ¿Por qué
no te hemos de dar gusto. Hipólita, sube á tu
muchachita.
-Ay nifia! válgame Dios! y si se le pega el mal
á mi criatura.
-Adiós! y por qué se le ha de pegar, tú? Más
bien te puede castigar Dios con que se te enferme y se te muera si eres díscola.-Esta fué para
Hipólita la razón contundente: para que Dios no
la castigara, bajó al cuarto de l a portera en busca de la niíia.
Luego que el doctor diagnosticó escarlatina,
la portera se ofreció de buena gana á hacerse
cargo de Toña de todo en todo. Para que no corrie,·a riesgo alguno, su madre renunció á verla
durante la enfermedad, así es que cuando la portera vió entrar á la nodriza, sin r e parar en que
traía los ojos llorosos, la reprendió agriamente.
Explir.adas las circunstancias, las dos mujeres
comentaron á su sabor la orden de la seíiora.

-Me ha echado una maldición doña Severita,
dice que Dios me puede castigar por díscola. Ya
verá usted.
Persignaron ambas á. la criatura llena de
bendiciones y ave marías Hipólita, m s muerta
que viva, la presentó en la alcoba.
Con qué inefable alegl'Ía la recibió en sus brazos María de la Esper anza! Ambas se abrazaron
y se besaron mucho sin que Julia sintiera en el
corazón aquella rata que se llama celos.
Las dos boquitas se juntaron una vez más en
un beso largo, largo, que interrumpió un acceso
de tos tras el cual v ino otro e.e asfixia. Cuando
el dogal apretó mucho, l a enfermita se cansó de
Toiia y la abofeteó sin piedad.
En la noche el doctor ordenó un vejigatorio
en la garganta. La agitación iba en aumento, el
malestar no tenía fin; pero después de levantado
el cáustico,desapa1·eció la sombra. aquella y algo del tinte de la rosa coloreó las mejillas de l a
niíia.
-Está muy aliviada, doctor, y tiene mucha
hambre.
- Tiene mejor cara hoy. ¿Cómo te va, chula?
-Quelo pan, quelo leühita.
-Que te den pan y lechita, primorosa.
-¿No cree usted, doctor, que está mi hijita
muy aliviada?
-Pai·ece-respondió examinando el floreo de
la colcha con ahinco de artista. Que le den gusto
en todo-agregó levantándose para salir.
-Ah! doctor, se me olvidaba pedirle á. usted
un favor - suplicó Julia:- la muchachita de la
criada ha caído mala y deseo que le recete usted.
Dicen que ardió en calentura. toda la noche.
-Malo. La ver,,:.
-Voy á mandar que la traigan.
- No; si tiene calentura, que no la saquen.
¿ Dónde está? Iré á verla donde esté.
-Pero cómo se va usted á molestar,doctor? El
cuarto de la portera es tan feo y tan obscuro; y
luego que no tiene ni sillas. Diré que la arropen
bien ....
-Un enfriamiento mata lo mismo que un puna! Julia, y no debemos esgrimir el uno ni ocasionar el otro.
-Cabal, doctor, pues á la salida hágame usted favor de entrar en el cua1·to de la portera.
Al bajar La vista, se encontró con que el licenciado y su mamá subían la escalera.
-A qué horas vuelve usted, doctor?-inquirió
con ansiedad el licenciado.
-Para qué? - repuso el facultativo mirando
las macetas que adornaban el rellano. - Yo no
quiero ver eso.
-Para consuelo de Julia- añailió el jurisconsulto, traaando gordo.
-Estaré aquí al obscurecer.
A Hipólita, por orden de la señora, le habían
ocultado la enfermedad de la tarasca. Apenas
la vió el doctor pintada de erupción y honorosa por lo hinchado de los ojos,se hizo cuenta del
enemigo con que tenía que habérselas. Empezó
el c uestionario de rigor.
Era el cuarto muy obscuro, de modo que el reconocimiento de :a piel y la garganta de la enferma tuvo que hacerlo el doctor con ayuda de
su caja de cerillos:aplicó el termómetro, y mieatl'as éste desempei'iaba su oficio, Lavista se puso
á revisar la habitación cual si tratara ó decompra1· la finca ó de remata1· los muebles.

l

Domingo 12 kle Ab'l'il de 1903

El cuarto era frío,además de lóbrego: con puerta al norte y techo no muy alto.Ocupaba uno de los
ángulos el banco de cama, al cual U!3- petate. resguardaba del viento, colocado á guisa de biombo; mientras que otro le servía de colchón y sobre él estaba la tarasca arropada con enaguas
viejas. Un baúl y tres ó cu~tro trebejos _de esos
que no tienen nombre espec1al,por se_r mitades~
terceras partes de algún mueble aphcadas á difer entes objetos muy ajenos al que debieron ser
destinados cuando fueron muebles cabales, completaban el mobiliario. Ln. temperatura, con ser
tan fría, e!ttaba templada y bastante, merced al
brasero donde en ese instante mismo se cocían
las tortillas.
El humo y el olor ácochambrenoentraban en la
terapéutica del doctor, pero no estando en sumano evitarlos, Lavista se aventuró á protestar haciendo ¡hum! que es la. protesta de los doctores.
El te1·mómetro no presentó un número desconsolador.
-¿,Qué come esta niila, sei'lora?
-Lo que Dios me da.
- Necesito saber qué le da á usted Dios.
- Pos, siñor, mole, frijoles, tortilla!' ..... .
-¡Hum! Pues es menester que Dios le dé á usted por ahora leche pura y espesa, y que con ella
alimente usted á esta niíia, porque si come torti11 as, frijoles y mole, se muere. Tiene escarlatina,
pero no está de peligro. Aquí voy á recetar una
friega para todo el cuerpo y cucharadas cada
hora; que no le dé el aire ni se moje, y que el
cuarto se conserve c11,Jiente.
Antes de que el doctor terminara la receta en
una boja de su propia cartera, Julia gritó angustiada desde el extremo de la escalera:
-Doctor, doctor, suba.usted: laniñasemuere.
Era el último acceso, el que iba á fijarle definitiva.mente, en la g arganta, una flauta rota en
la cual la muerte soplaría la nota final.

***
Con los ojos encarnizados de llorar, la garganta enronquecida de dar alaridos y la fe vacilante, hallaban los días y las noches á Julia
sentada, hundida en una butaca junto al balcón
de la alcoba de la niña; inmóvil á ratos, como
estatua sedente, cuestionaba desde el fondo de
su alma al cielo. Especulaba en esa filosofía
brutal a¡iarejada á los grandes dolores, que enciende la idea eu el sabio y obscurece aun más
el cerebro del bruto. Formulaba &lt;in mente&gt; los
&lt;porqués&gt; aterradores c uya única solución es el
perplej ismo.
-Po r qué se fué mi hijita, tan amable, tan inteligente, tan dulce; u n querubín po~ lo hermosa,
una promesa, una alegría. La hubiéramos educado tan bien, teniendo recu rsos de sobra para
ello. ¡Qué dicha. la de verla llegar á la juventud
y set' amada; qué consuelo el deque ella hubiera
cerrado nuestros ojos, estos ojos que ya no la
ve"án jaqiás !
Un sollozo, y otro y mil más rompieron el soliloquio con que había terminado la meditación
de la desolada madre. El mismo tema inspiraba
sus razonamientos y bajaba á los labios exhaustos de tanto deprecar. La ola de llanto acudió
engrosada por el dolor latente y corrió, corrió
basta agotar l as fuentes de los ojos.
En el patio, bebiendo á pulmón lleno un magnífico haz de sol primaveral, saturado de olor á
amapolas y chícharo silvestre, en un petate, echadas á la bartola, estaban la changa y la nodriza. Hipólit&amp;. había puesto á su hija á caleotat·se
fuera del cuarto, por la primera vez después de
la enfe1·medad. Débil aún la pequeíiuela, con
poco_ aliento tendía sus manecitas flacas y despelleJadas al gato fiel, al amigo carifioso de
Mada de la Esperanza, á la cual había acompaña~o hasta el fin. Hipólita era ese día el ser más
fehz de la creación; pensaba en el riesgo pasado
con la alegría victoriosa de los que escapan de
lo_s grandes peligros, mas en su obtuso entendim1ento se deformaban los sucesos terribles que
había presenciado, apareciendo aun más culpabl!3 Jt~lia de lo que er a realmente. La alegría de
B1~óhta e1·a la del lobo que desgarra al tigre
herid~, el principio vital de bestia que activa el
organismo humano.
Oyendo sollozar á la madre afligida, la nodriZl_l, compr~n~ió su in~enso dolor; pero en vez de
piedad, s10t1ó deseos innobles de venganza odio
Y todas las pasiones del infierno. Antes d~ pensar .en lo q_ue iba á hacer, luego que observó que
Juha la miraba, estrechó á la tarasca una y muchas veces contra su corazón, diciéndole con dulzura:
-:-¿Quién es la reina, quién es la princesita
quién es el pedazo de cielo?
'
lulia &lt;?ªYÓ de bruces y con la cara hizo pedazos un tiesto de flores que había en el balcón. La
cuenta estaba saldada.
LAURA MÉNDEZ DE C'UENCA.

muudas que manaban de un telar de placas gri·
ses. Y hum! bum! hum! La madre, abogada en
lágrimas,no se atrevió á despegar los labios, de
miedo de oír la respuesta.
No hay para qué decir que al angelito le e'lha•
ron la botica encima: el abominable corcho fun·
cionaba r egularmente cada ho1·a, haciendo afli•
cos la boquita de rosa; pero los bodoques de hi•
las empapados en ácidos corrosivo¡¡ no le hiele•

1.
1
1

�EL MUNDO ILUSTRADO.
Domingo 12 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

deros defensores el homenaje de vuestra gratitud, os asegura. la roía para toda la vida.»

En t,onor dd S~ñor 6~n~ral Diaz.
Entusiasta manif~stación.

Un grupo de manifestantes en el Paseo de la Reforma.

«El Imparcial» dió cuenta pormenorizada á
sus lectores de la solemne manifestnci6n que
en honor del señor Presidente de la República
se efectuó el día 2 del que cursa, y en la cual
tomaron parte, además del Círculo Nacional
Porfirista, que la organizó, las escuelas pnmarias y las profesionales, los comerciantes, los
agricultores, las &lt;liversas fábricas ei::ta.hlecidas
en el Distrito y las sociedades mutualitas radicadas en la ~Ietrópoli.
La manifestación, dispuesta con - motivo de
celebrarse ese día el aniversario del ai::a.lto y
toma de Puebla por el ilustre jefe del Ejército
de Oriente, fué muy entusiasta. Desde antes
de las nueve de la mañana comenzaron á reunirse en el Paseo de la Reforma los distintos
grupos que debfan integrar la comitiva, siendo incontable el número de persoMs que, deseosas de ver el desfile, ocupaban las aceras y
los balcones de las calles comprendidas entre
las de Patoni v Plateros.
Separados
secciones que indicaba una
banderola especial, los manifestantes se dirigieron á Palacio, &lt;londe los espera.ha el señor
Preaidente. A su paso por San Francisco y
Plateros, el público aplaut.li6 aquella demostración de cariño y respeto al Primer Magistrado y, al llegar al Zócalo, las campanas de
Catedral se echaron á vuelo. Los edificios pertenecientes á las principales negociaciones

mercantiles estaban viRtosamente adornados
con banderas, festones y escudos, así como las
casas de algunas familias.
Una vez frente á Palacio, se desprendió de
la comitiva ei grupo de oradores encargados
de ofrecer al seiior General Díaz la manifestación, penetrando al salón de embajadoret1,
donde se encontraba el héroe del 2 de Abril.
El señor Coronel Antonio Tovar, Presidt.mte
del Círculo Nacional Porfirista, fué el primero
que usó de la palabra. En términos breves y
precisos felicitó por aquella gloriosa jornada
al señor Presidente, y, en Reguida, habló el
sE&gt;ñor don José de Lan&lt;lero y Cos, pronuncian&lt;lo una ligera alocución.
El Primer Magistrado correspondió á las expresivns fraFe.:1 de los Sres. Coronel Tovar y
Landero y Cos, con las siguientes palabrasTt'.Cogidns por taquígrafo-que escucharon todos con profundo interés y que no podemos
menos que reproducir:
«Señores:
«El patriótico entusiasmo con que acabáis de
honrarme al recordar el día 2 de abril de 186i,

***

•

A continuación hicieron uso de la palabra
los Sres. Dr. Gregario Mendizábal, en nombrE'
del grupo de profesionistas; el Sr. Adolfo Valles, representante de las Escuelas Profesionales y de la Preparatoria, y el Sr. Tiburcio Casco, delegado de las Sociedades Mut11alistns.
El Sr. Gral. Díaz contestó á los oradores
::nencionados con otro di.cursb lleno de honrosas frases para el pueblo. Nutridos aplausos
interrumpieron al Sr. Gral. Díaz, siendo objeto, al terminar, de una verdadera.ovación.
Después,el Primer l\Ingistrado salió al balcón
central de Palacio, y en ese momento ios manifestantes y los grupo.:1 ele las distintas cla~es
sociales que ee hallaban reunidos frente al
edificio, prorrumpieron en vi vas y aplausos
al .Jefe del Ejecutivo. Acompañado de los
Sres. Secretarios de Estado que habían concurrido al Salón de Embajadores, presenció
desde allí e\ desfile, manifestan&lt;lo, visiblemente emocionado, á los que le ro&lt;leaban, cuán
grata era para él y cuímto le enorgullecía aquella manifestaci611.
En este número encontrarán nuestros lectores fotografías &lt;lel desfile de los manifestantes
y del aspecto que presentaba la calle del frente del Palacio, durante la ceremonia.

LA VEDA.
Ya empiezan á estremecerse los nidos, á palpitar los escondrijos de los surcos, á temblar
los tallos delicados de la hierba.
Parece que un secreto terror se extiende por
el monte, que un itwencible espanto ha llena-

LA MANIFESTACION DEL DIA 2.-Aspecto de las calles de San Francísco, al paso de la comitiva.

do tle luto los ramajes, las madrigueras y las
lagunas.
A lo lejos se esc ucha. un estampido sordo;
una nubecilla tenue se eleva y caen surcando
el ai1e dos ligeras plumas.
La alegria !"e extingue en aquel dulce oasis,
ayer tan animado por el t rino del pájaro, el
amoroso y acompasado canto &lt;lel ave y el zumbido monótono del insecto.
La calma ya ha cesado; el dolor comienza.
Ha llegado el hombre.
A. ZozAYA.

Llegada de los manifestantes á las calles de San Francisco,

DOS SONETOS.
Et:mtdlodla tn ti Tstmo.
Como placa bruñida por la ola
fulge la arena; el agua se retira;
miasma sutil la. ciénaga respira:
y en ese hálito el sol pinta su aureola,
En la pizarra de la playa sola,
una tortuga. aletargada expira;
y, al redor de un lagarto &lt;1ue !-e estira
. peces su encorvada cola .....' .
baten men
El aire quieto e1-tá: ni una a.ve pasa·
sólo óyens~ en el mar, que el sol abras'a,
murmuraciones con temblor de rezo;
y en la reverberante lejanía,
en medio del sopor del mediodía
se abre la inmensidad como un bostezo ...

tos tonqulstadorts.
Es Pizarra: la barba. encanecida.
Es Cortés: el cabello ensortijado.
Jine~e ~n su corcel, pasa Alvarado;
Valv1dia lleva al suyo de la brida.
¿Y ése?¿Y aquél? En púrpura encendicln
en vueltos van, soldado tras soldado
en marcha a~ Porvenir, desde el Pa;ado,
como conquistadores de la Vida.
Chispeante de oro, el puño del cuchillo·
la coraza, cubierta de fulgores;
'
pleno de sol, el reluciente casco:
pasando van con el temblor de un brillo
cual si fuesen bordados en colores
•
sobre grandes tapices de Damasco ..... .

en

J

Domingo 12 id~ Abril de 1903

El desfile por Patoni.

JOSÉ

es muestra ele vuestro ilustrado c1v1smo y
ofrenda que tributáis por mi conducto al bffl•
vo puehlo mexicano, cuya sangre señala en
los anales de la patria aquella gloriorn fecha.
«Yo la recojo para ese pueblo varonil á cuyr.s
filas pertenezco; circunstancia que me permitió contemplarlo de cerca, cuando alevosamente sorprendido por un!l. guerra sin previa declaración, se transformó de improviso en Ejército más ó menos defectuoso como todo lo que
i:;e improvi!m; pero que fuerte en la conciencia _
de su deber y Au derecho, y justamente indignado por agravio tan inmerecido, hizo Pnten·
cler al in va.sor en PuPbla de Zaragoza, en Santa Gertrudis, en San Pedro de Roimles, en Que·
rétaro, en la Carbonera, en Miahuatlún y Oa•
xaca y una vez más en Puebla, que no somos
ma~as de salvajes á propósito para ensayar
impt•rios sucursales, eino nación constituida;
una República que respeta y f:abe hacer respetar su autonomía, capaz de cumplir, como ha
cumplido, sus compromisos y deberes internacionales, y de merecer, como hn merecido,
la estimación y respeto del mundo civilizado,
aun de aquellos que en mala hora intentaron
suprimir su bandera. en la heráldica de los
pueblos libres.
«En fin, sefiores: el honor que me prodigáis
al tributar por mi conducto á vuestros verda-

S. CHOCANO.

MINAS
En las fragosas cumbres, los metales
Tienen sus yacimientos; el mar cuaja
Promon!orios de perlas y corale:,,
Y hundiéndose del mar en los cristales
El buzo en pos de esos tesoros baja.
'
De ese tu noble corazón que adoro
Ponderar las riquezas no sabría:
'
.Junto á su efecto, nada. vale el oro
Porque tu corazón es un tesoro
'
Que permanece virgen todavía.
JUAN DUZÁN.

L A MANIFESTACION DEL DIA 2.-Los manifestantes frente á Palacio.

�E'L MUNDO ILUSTRADO.

Domlngo lll de

Eb MUNDO ILUSTRADO.

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Domingo 12 de Abril de 1903

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 12 ~e Abril de 1903

Ptna dt Uida.
A las diez y seis horas de encapillado el reo,
estaba que no podía con sus huesos. ¡Y vaya
Fi tenía hígados el hombre! ,c¡Ya se vería si
temblaba al subir las escaleras del patíbulo!n
Charlaba por los codos y no cesaba de fumar.
Cuando le sirvieron la cena, compuesta de
platos que no había probado nunca, tuvo «felices noc:urrencias, que los «rep6rtersn encargados de informar al público de las últimas
horas del condenado, se apresuraron á transmitirá sus respectivos periódicos. A las doce
de la noche s~ retiró á descansar; en el cuarto
en que se le h abía preparado la cama, no había espectadores; de modo que el miserable
pudo quitarse la careta de cínico valor que
había tenido puesta durante todo el día. Porque la verdad era que sentía congojas terribles, angustia infinita al pensar en que cada
minuto era un paso más hacia la muerte afrentosa. Si al través de la mueca de fingida serenidad que afectaba el rostro del reo se hubiera
podido ver su alma, hasta el juez más severo

lloró rezó y blasfemó; pero blasfemias, rezos
y lágrimas, no eran más que formas. d~ una
oración al que todo lo puede, reconocimiento
íntimo y convencido de la Voluntad Suprema
é infinita.
¡Oh, y con qué atractivos, ha~ta e~ton~,es
icrnorados, se presentaban ante su 1roagmac10n
l~s encantos de la vida! Hasta los mismos dolores y trabajos le parecían deleitosos. Su pasado, surgiendo ante la fantasía del criminal,
no conservaba más que lo agradable.
Al fin se quedó dormido .. ...... .
La puerta se abrió silenciosamente, y entró
un hombre de grave y _severo aspecto; llevaba.
un papel en la mano.
-Toma y lee-dijo el recién llegado.
- No sé leer.
-Es tu indulto.
-¡Cómo!. . . ¡El indulto!. . . ¿Ese papel es el
indulto?....
Las palabras salían á pedazos de sus labios.
A punto estuvo de morir de alegría. ¡Quéfrío
tan grande en el corazón; en el cerebro qué Iuz
tan deslumbradora! ....... ¡El indulto, la vida!

rás si aceptas las condiciones con que se te
concede la vida .. .
El condenado soltó una carcajada.
-¡Condiciones! Todas ... Lo que yo quiero
es vivir. ¡Vivirl. .... -repetfa saboreando con
inefable deleite la dulce palabra.
-Oyeme. Cerca de ti está la muerte. Un
momento horrible, es verdad; pero sólo un
momento.... Luego el descanso, el sueño sin
ensuefios. Dentro de uhas cuantas horas, si
tu quieres, todos tus dolores habrán cesado:
no más tormentos ni deseos irrealizables, ni
desengaños, ni iniquidades, ni traiciones, ni
injusticias.... El reposo absoluto, la paz....
-¡Quiero vivir!
-En cambio-repitió el otro sin hacer caso
de la interrupción,-oye lo que será tu vida.
Al salir de esta cárcel comenzarán para ti
torm,mtos tan horribles que, én comparación
de ellos, los que en la infancia te contaron del
infierno te parecerán insignificantes y como
cosa de juego. Cuantas ignominias existen
caerán sobre ti. ¡ Ladrón, asesino!, serán las
palabras que de continuo habrás de oír. Pedirás trabajo y te contestarán con golpes; tendrás hambre, y nadie te socorrerá; morirás de
sed, y nadie te dará una gota de agua... Y no
creas que te servirán disfraces ni mentiras;
llevarás en la frente la marca con que Dios sefialó á Caín, marca imborrable que te d1munciará á todos los hombres.
-No importa, quiero vivir.
-¿Confías, sin duda, en que la mujer de
tus amores te abrirá los brazos y enjugará tus
lágrimas? Te engañas ... ¿Recuerdas con cuánta dulzura te miraban sus ojos y con qué pasión te besaban sus labios? Ahora está más
hermosa que antes. ¡Si la vieras! Y no te aborrece ... pero te desprecia. Náuseas le causará
el mirarte.... En cambio, quiere con toda su
alma...... ¿á quién dirás? A tu más enconado
rival, á tu más encarnizado enemigo: al hombre que te denunció. No, no creas que podrás
vengarte de él; es más fuerte que tú, y te es•
cupirá á la cara, y la gente se reirá de ti.. .. y
ella, ella también se reirá, y tú, desesperado,
desahogarás en sollozos tu rabia impotente.
-¡Quiero vivir!
-Y aun más que te desprecien los otros, te
despreciarás tú á ti mismo. Y tratarás de dormir, y tu sueño será pesadilla· te emborracharás para olvidar, y tu borra~hera será lúgubre, y siempre, siempre oirás dentro de ti la
voz implacable que te gritará: «¡Asesinoln
-¡La vida, la vida, á pesar de todo!
-Acaso pienses: ,ctengo una hija, y ella me
amará cuando todos me odien y cuando todos me llamen asesino, ella :Ue llamará padre&gt;&gt; ... No lo creas. Cuando te acerques á ella,
correrá á ocultarse. Tendrá miedo de ti. Conform~.vaya creciendo, será mayor su repulsión:
ser h1Ja tuya, ¡qué martirio! Más de una vez
lee;ás en s~ mirada este negro pensamiento:
,c¡s1 se muriera!» El ser más bajo y más vil
será para ella mejor que tú. Y cuando agonices derribado en medio del arroyo escarnecido por la canalla, pasará tu hija, 'y tú la llamarás, y ella, dándote con el pie y encubriend? el rubor del rostro, balbuceará: «¿Pues no
dice que es mi padre? ¡Está borracho, sin duda!. ..... »
-¡Calle ~sted, calle uste&lt;l! -gritó el reo.
-La realidad será más terrible que mi relato. Ahora, elige.
-¡Vivir, vivir, vivir!. ..
--Toma entonces...... -dijo el desconocido
entregando el indulto al condenado.-Mereces
la ptma de vida.
FRANc1sco F.

Yn,LEGAS.

(Zeda.)

ESTUDIO FOTOGRAFICO.

habría sentido hacia el deFgraciado honda conmiseración. Lo que en él pensaba y sentía se
agarraba con frenética desesperación á la vida.
Y en medio del espanto de esta prolongada
agonía, por encima de las sombras de muerte
que le rodeaban, la esperanza, "ese sol que no
se ponen, aparecía y se ocultaba entre las nubes de su pensamiento.
Cuando el homb1e se encontró solo, se echó
de bruces sobre la almohada de su lecho, y

(Manuel Torres.)

Que le vieran llorar ahora, ¿qué le importaba?
-Que vengan todos, todos-decía entre risas y sollozos.-¡Se me ha indultado! .... Que
amanezca cuando qltiera .... Deje usted, sefior,
que le bese las manos .... Qué bueno es usted
y el Rey qué bueno, y qué buenos los minis~
tros, y los jueces y todos los hombres!
-Se te indulta, no sólo de la muerte sino
de la prisión. Saldrás libre de aquí... .. 'A no
ser que tú mismo prefieras la muerte. .. Tú ve-

PENSAMIENTOS.
Cuando se destruye una preocupaci6n antigua, es necesario fundar una virtud nueva.

*

Se puede juzgar del mérito de las gentes por
las críticas de que son objeto· y de sus defectos por los elogios que pe;sonalroente reciben.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 12 de Abril ele 190~

•
LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.

ILUSTRACIONES DE SIMONT.

TRADUCCION O( "U ~UNDO ILU!;TRADO."
(CONTINÚA.)

Entonces, en un relámpago de lucidez, recordé mi vida de i nstitutriz: mis horas tan tranquilas, al principio; la multitud que me
aplaudía por ser juiciosa, en la distribución de premios; luego mis
horas de turbación, mi deseo de un poco de amor; la capilla á donde llevaba yo ese deseo, transfigurando su amor divino.
Que, no haya yo detenídome allí! ¿Por qué había surgido el señor Raibert? ¿Qué hay mejor que el amor de Dios? ¿No tendría yo
que volver á él, necesariamente, si contaba haciéndose el vocío en derredor de roí?
Y pregunté á aquellas gentes, que entonces me creyeron seriamente fuera de mi raz6n.
--¿No es verdad que la señorita l\Iorín es la más feliz?
Luego, tranquilamente, como el actor cuando le llega el momento de desaparecer de la escena, hace con la mano una vaga señal
de adiós, ó un ademán intraducible: el ,,¿y qué?n del h ombre que se
alza, desdeñoso y desesperado, para rechazar a l universo ... .. ... .
......... Y caí, blandamente, sin estrépito, sin causarme daño. Se
habría podido creer en un desvanecimiento de comedia. Sin embargo, no fué así: la vida no se me escapaba, era. yo quien la depositaba .. ....
No comprendo cómo volvió á roí después.

XXXIII
Se me transportó á m i casa, apenas recobré el sentido, me coloqué ante mi mesita, en mi recámarn, cerca de la ventana.
En unos cuantos plumazos, escribí al inspector, dimitiendo mi
empleo.
·
Otra cartitr á mis amigos los Albert, para notificarles lo ocurrido y mi resolución. Tres palabras de adiós y d e admiración, destinadas á la sefiorita l\Iorín, á quien felicitaba «in extremis,n por su
piedad, protectora contra todo mal. Le decía, al mismo tiempo, que
siendo absolutamente inocente, pero estando abrumada por el dolor,
le encargaba, como á la más pura y la más perfecta de las institutrices, de presentar mis respetos al Sr. Broardel, el cura, que tan mal
había querido defenderme.
Cerré las tres cartas y yo misma las fuí á depositar en el buzón.
Fuí tan rápi&lt;lame-nte, y se e,;peraba tan poco verme en la población,
que nadie advirtió mi presencia. No i:;é cómo dormí en esa noche;
creo más bien que no dormí hada absolutamente: no conservo memoria clara de eso.
Al día siguiente, á lns nueYe de la mañana, pasó bajo mis ventanas el entierro de la señora Raibert. A través de las persianas, ví
al alcalde. No sé si él estaba cambiado; por mi parte, ese mismo día,
cuando traté de poner en orden mis trenzas en desorden, ví entre los
rizos de cobre de las sienes, algunos hilos de plata: no cumplía yo
aún los veinte años.
En seguida que hubo pasado el entierro, arreglé mi maleta y

conté mis economías, que sumaban 112 francos. Tomé un carnet y
escribí: de aquí á l\Iursella, en tercera, tanto; esto, tanto¡ lo otro
tanto; el pequeño reducto que alquilar.é para morir, tanto; un fiacr¿
para ir al cementerio, que será mi último gasto, tanto¡ ........ cuando
regrese, si me quedan todavía algunos céntimos, cómpraré rosas, rosas blancas, que esparciré cerca de mi lecho, en el suelo caprichosamente. Escribiré dos palabras en un. papel: «muy poco 'iugar habría
yo necesitado en· el mundo; más ese poco no existe, parto, pues.n
Esto, ó cualquiera otra cosa; después, me moriré sin suicidarme seguramente! .Moriré de hambre, puesto que no tendré para comer'.
Vamos, ahora, Yalorl Todavía hay que colocar esto, para dejarlo en buen estado, y hay que doblar lo otro, para llevármelo en la
maleta, ¿Está hecho todo? ¿Estoy enteramente lista'?. ...... Lo estaba.
l\fe senté cerca de la ventana.
La pobrP.za de~ cielo, en aquella noche limpia, reposada y sin
e~trellas, me agra~lo. •~Yo también-le murmuraba el cielo-yo también las tengo extmgmdas .todas, las estrellas de mis sueños ...... Qué
bueno es ha.liarme en med10 de la noche, envolverse en la sombra
en el ol vido, en la nada .... . . Oh! Cómo me pesa el corazón! Qué fa~
tigadas están mis manos, qué fácil me será morir!»
Y me le~•anté, dí todavía una vuelta por mi cuarto, para ver si
todo e~taba hsto. Marchaba como fantasma ó como máquina: todo estaba bien. Volví á la ventana, me recliné en ella parada esta vez con
el ~rnsto indinad? por completo hacia las ramas' de la enredader~ que
baJO de mí fl.orecia y exhalaba un perfume tan suave que hacía desfallecir.
Flores! Hojas! Basta!. ..... Basta! ......
¿S~is otr~ cosa más que !lores y hojas? ¿Qué tenéis que parecéis
cr~cer, rnvad1r la pared, sub1l' hasta mí? ¿No se diría que roe buscáis con vuestros brazos entrelazados, que van á cogerme, á sofocarme á fuerza de perfume~, y á formarme un. ataúcl &lt;le lianas? ¿Y esas
voces que parecen surgu- de entre los cálices ......... ? ¿Acaso hablan
las flo.res? ¿Y por qué hablan tan c~nfusaroente? L? siento y no lo
comprnndo ......... ,Hablad más al~?, flores. ¿O querén; acaso que mi
cereb;o se rompa a fuerza de tens1on, para recoger al vuelo vuestras
voces.
,
-María Teresa! Señorita l\Iaría Teresa! En el nombre de Dios y
e~ el nombre de las estrellas, y en el nombre del dolor de usted escucheme!
'
-Ya escucho.
-:-Pero .baje usted, !1iña......... yo no me '.ürevo á suplicarle que
me deJ.e S\lb1r..; ...... BaJe basta la yerba bendita. Besaré sus pies pa•
~~d~~dirle perdon ...... Y luego le contaré mi historia y le ofreceré 111i
¿Eran acaso las flores las que hablaban?
(CONCLUIRÁ.)

�Domingo 12 de Abril de 1903

Cárlos Manuel Durán.:

EL MUNDO ILUSTRADO.

ta Escutla Eomtrcial f ranctsa dt mtxico.
H abíamos oído hablat· de la reorgaza nición del
Liceo F rancés, con el nombr e de «Escuela Comermercial Ft·ancesa de México,&gt; y bajo bases que
darían á la enseiíanza que en él establecimiento
se empleat·a, un carácter esencialmente comercial,
r acional y práctico.
Acabamos de hacer una visita al nuevo estableci miento y ella nos ha permitido quedar convencidos de que las reformas implantadas en el
antiguo plantel, responden á una exigencia social , tod a vez que la carrera comercial precisa
estudios tan serios como para cualquiera p1·ofesión liberal, teniendo sobre éstas l a ventaja de
ser más lucrativa.
El local de la escuela ha sufrido modificaciones de tal importancia, que ponen el establecimiento, en punto á «confort&gt; y comodidad, al nivel de los más renombrados del extranjer o. Como es b ien s ..bido, la Escuela ocupa el local que
llevó en otro tiempo el nombre de érívoli de San
Cosme. &gt; Más de dos terceras partes del terreno
q ueocupa-13,000 metros cuadrados- forman
jardines y callecillas sembradas de árboles secula r es.
En tan vasto espacio los niiíos difrutan de su
r ecreo, r espiran un ambiente puro, gozan de sana libertad y sienten por la escuela el mismo car iiío que experiment a el visitante,desde que pone
el pie en la puerta del establecimiento.
L as clases, los estudios y los dormitorios están
i nstalados de acuerdo con los más exigentes
princi pios de la higiene moderna. El refectorio,
dividido en mesas pequeiías, tiene todo el aspecto de una sala de restaurant; y en cuanto á la
cocina, el almuerzo improvisado que se si rvió
ofrecer nos el Director de la Escuela, Sr. André
Sallet , nos demostró que el bienestar material
de los alumnos es objeto de los mismos cuidados
que su cultura intelectual.
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solo alfabeto de signos y un ingenioso sistema
de abreviaciones; la aplicación de ciencias na turales y experimentales á la industria; la historia
de la geografía económica del mundo civilizado;
las relaciones comerciales de México con todas
las naciones, los nuevos mercados, los asuntos
referentes á los cambios, etc., etc.
Pero es, sobretodo, R la enseiíanza de las le nguas extranjeras, base de toda educación comercial, en lo que la Dirección ha puesto todo s u
empeiío. A este respecto, viendo la bond ad del
método Berlitz, hemos quedado verdaderamente
sorprendidos.
La enseñanza religiosa e5tá á car-go de uno d9
los más disting-uiclos é i nteligentes presbíteros
mexicanos. Una capilla tan hermosa como sencilla, se inaugurará el 19 del corriente, s iendo
apadrinado el acto por varias damas de la col onia francesa. Eo ella se celebrará todos los domingos y días festivos un servicio religioso.

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teniendo su jardín particular y estando dirigida
por una institutriz que enseña á los niños á leer,
escribir y contar, y nociones de los idiomas francés, inglés y español,clases que les son dadas en
esos idiomas.
Los otros alumnos 1·eciben la enseñanza primaria elemental de acuerdo con los programas
oficiales, así r.omo la parte de enseiíanza supe1·ior exigida para ser admitido en la Escuela
Prepat·atoria y en todos los establecimientos de
instrucción secundaria. Mas, corno el objeto de
la Escuela Comercial es especialmente formar industr iales, comerciantes, empleados de banco y
de escr itorio, todos los cursos que se siguen tienden á este fin.
Los tres idiomas que se enseñan están ií cargo
de profesores de la Escuela Berlitz, contrntados
1rnra ello, y bien sabido es que el sistema de enseiíanza Berlitz está adoptado en todas las principales escuelas del mundo.
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actos de la escuel a.
En cuanto á la &lt;enseiíanza comercial~, propiamente dicha, se compone, entre ot1·as materias,
de la teneduría de libros por partida doble, la )
correspondencia mercantil en los tres idiomas
enseñados en la escuela, nociones del derecho
mercantil y civil, estudio de asuntos financieros
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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lNI X•.•T0M0 1-NUM, (6

MfXICO, i\BRIL 19 Df 1903,.

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A ORILLAS DEL LAGO.

�Domingo 19 de Abril de 1903

J:a mtntira ·y los mtntirosós.
La mentira es vieja como el mundo, y el
mentiroso, tan antiguo como la humanidad.
La Naturaleza ha enseñado al hombre á mentir, y el interés, la imaginación, la ignorancia,
han sido cómplfoes de la Naturaleza en el deloto á engañar, de adulterar la ve~dad, de mutilar los hechos, de suponerles atributos y propiedades de que carecen. La Naturaleza ha
sugerido y facilitado la creaci6n ele ese mundo
de lo falso de lo ma;oavilloso y de lo imposihle que 11:va los nombres de mitología, de superstición y de poesía.
La Naturaleza es la gran mentirosa. Miente
con su b6veda de zafir tachonada de estrellas;
miente con su arcoiris multic&lt; loro, con los
arreboles de sus crepúsculos, con los espejismos de sus desiertos de agua y de sus desiertos de arena. Las espumas de las ondas fingen
sirenas y ninfas; las siluetas de las nu?es como los contornos de las montañas simulan
monstruos y dioses; en las nieblas y en los
crepúsculos sombríos se mueven fantasmas
mentidos, y de las tinieblas surgen falsos espectros y apariciones ficticias. Los ecos remedan voces venidas no se sabe ele dónde; las
fosforescencias luces emanadas no se sabe de
qué. Las gota; de rocío imitan piedras preciosas; los zo6fitos, plantas; los insectos, yerbas,
copos y aristas. Los grandes mamíferos parecen construcciones, y los grandes anfibios,
escollos. Los árboles simulan lanzas ó venablos 6 quitasoles ele titanes; el roble y la encina se retuercen en contracciones im1tad11s del
tétanos 6 de la epilepsia, y los enhiestos pinos
se yerguen majestuosos y simétricos como
granaderos pomeranios, haciendo centinf'la.
Ante esta gran escuela de la ficci6n, del engaño de la ilusi6n, de la mentira en fin, el
hombre se ha hecho mentiroso también; salvo
que la Naturaleza miente inocentemente, sin
conciencia, sin mala intenci6n, en tanto que
el hombre suele mentir deliberadamente. con
fines determinados, con premeditación, alevosía y ventaja.
Hay, en efecto, dos grandes categorías de
mentirorns. Los imaginativos, los exuberantes, los soñadores, como Manolito Gázquez, el
bar6n de la Castaña 6 el bar6n de Mün haussen,
y los mentirosos solapados, calculadores, mal
intencionados, como Yago 6 Tartufo.
Los primeros, como pasa con los portugueses, los andaluces y los orientales, mienten
por exceso de imagil_;laci6n y por exceso de
sensibilidad. Son, en el fondo, poetas que encuentrart mezquino el mundo y raquítica la
Naturaleza. Las cosas y los hombres, tales como ellos son,•no bastan á su fantasía, les parecen raquítico!' ·y mezquinos, peque:íios de
talla y exiguos de proporciones, y con el artificio de la mentira, agregándoles atributos de
que carecen, suponiéndoles tallas y escuadrías
que no tienen, pintándolos, coloreándolos,
vistiéndolos. con mentida!'! galas y adornándolos con joyas ricas y deslumbrantes, los forjan
á la medida de su propia fantasía y los ofrecen como un regalo á la que nos suponen.
Son mentirosos de buena fe, buenos chicos
á carta cabal, amenos, agradables en sociedad,
y grandiosos á veces é inmortales en el arte.
¿Puede darse algo más delicioso ni menos admisible que «Las mil y una noches» 6 «El Cantar de los Cantares» ni nada más grandioso
que «La Iliad.a» 6 el «Ramayana»? ¡Qué epítetos1 qué metáforas, qué pomposas descripciones! Luchas épicas entre seres des-mesurados
y ejércitos innumerables; bellezas inauditas
de mujeres inimaginables; tesoros fabulosos;
glorias sobrehumanas; tormentos inenarrables! La Naturaleza, el hombre, la materia,
la fuerza, el arte, todo es estupendo en esas
candentes imaginaciones, en esos sedientos de
grandeza, en esos insaciables de emociones, en
esos mentirosos sublimes, en esos espíritus
descontentos del raquitismo de lo real y creadores de un mundo más grande y más bello.
Estos son los mentirosos por carta de más.
¡Cuidado con los mentirosos por carla oe menos!
Estos no son poetas, son ca1culadores. No

1lIE. MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

ensanchan el mundo, ni embellecen la Natu-.
raleza. Al contrario, todo lo mutilan, todo lo
comprimen, todo lo velan y lo esfum.an. De
lo bello hacen lo feo y hasta lo monstr~10s0.
Como los chinos, deforman y afean el pie de
las mujeres. Ahí donde sorprenden un encanto, lo velan; una virtud, In. tlesnaturalizan; un
heroísmo, lo atenúan 6 desfiguran. No son corazones expansivos, almas sedientas de ideal
que adulteran lo verdadero para ha~er_lo más
grande 6 más bello; son almas env1d10sas y
mezquinas que todo lo mutilan para darle la
medida de su propia talla; son labios impre~nados de hiel que comunican su amargor al
néctar y á la ambrosía que todos gustamos y
á todos deleita.
Son, en el fondo, seres perversos é i mpotenteR, que incapaces de alcanzar lo bueüo, lo
verdadero 6 lo bello, los desfiguran y los torturan porque nó pueden ni saben crearlo ni
disfrutarlo.
El mentiroso expansivo,exuberante, ardiente, es, en general, un buen hombre y un gran
coraz6n. Díganlo Tartarín y Cyrano de Bergerac, y suele tambifn ser un gran poeta. El
mentiroso concentrado, hip6crita y mezquino
suele ser un alma vil y un coraz6n ele cieno.
Tendamos la mano y los brazos á Manolito
Gázquez, y guardémonos de Harpagon como
de la peste bub6nica.
DR. l\f. FLORES.

BRISAS DE ABRIL
NORTE Y SUR
Si hubiera de creerse siempre á los poeta~,
no habría brisas más refrescantes que las brisas de abril. El mes de abril aparece en el
convencionalismo lírico como Al mes de las
flores tiernas, de las brisas primaverales, de
los erotismos castos. Y resulta, á las veces,
tan bien rimada la. palabra ccAbril,» cuya breve agudeza tiene eufonías cristalinas, que el
lector queda seriamente convencido de que
cuanto le dice el poeta es cierto; y si el lector,
á más de lector es poeta-pues, aunque parezca extraño, hay poetas que leen, - entonces
surge inminente el peligro de que la milagrosa fama del mes de abril siga perpetuándose
en nuevos versos de «ritmos nuevos y de nuevas sensaciones."
Sin embargo, en nuestras latitudes, no es el .
mes de abril el que más se presta para arrancar los melodiosos himnos de la lira. No es
pqsible cantar con coraz6n sincero una primavera caliginosa, y nuestro abril es caliginoso,
asfixiante, polvoroso y seco, y mata con sus
enervantes calores todos los impulsos poéticos
que puedan temblar en las cuerdas de la lira,
por manera que esos entusiasmos en favor del
afamado mes, más deben buscarse en los archivos de la tradici6n que en las observaciones de la realidad.

***

¿De d6ncle viene esa tradici6n?....... Viene
del Norte, como la maquinaria moderna y como la nueva actividad humana. Y nuestros
poetas se bañan en ella con la más ingenua de
las despreocupaciones y llegan á creer firmemente que dicen la verdad cuando dicen que
en el curso del año no hay mes comparable al
c&lt;incomparable abril.»
¿Acaso, saliendo de las ciudades, trasponiendo los lindes abrasados del asfalto urbano y adelantándose por surcos proficuos de
los campos se encontrarán las inenarrables
bellezas que la tradici6n atribuye al príncipe
Abril?
No, entre nosotros. Actualmente nuestros
campos, grises y mustios en esta sequía de la
mesa central, ostentan una mon6tona tristeza·
las flores se marchitan sin ser arrancadas d~
sus tallos, como esas niñas pálidas que mueren antes de probar loS" besos bienhechores del
amor; los ganados mugen soñolientos y cada
uno de sus individuos recuerda al paciente

buey de Carclucci que con hastío byroniano
espa~ta las moscas qu~ tenazmente crispan la
nerviosa seda de su piel; los campesinos
11
contagian de la trist~za de los ganados y, bajo
un ~ol de plomo, cleJan ~agar su mirada de
terciopelo por sobre la triste extensi6n ele 101!
campos grises, cuyos resecos terrones se abren
de trecho en trecho para dar paso á un ngn
sediento y áspero. Si sohre el azu l diáfanod~
cielo se amontonasen las nubes prefiadns de
frescura y reventasen luego en una lluvia re,
confortante y vi ~ificador~, entonces tal vrz el
despertar de la tierra &lt;lana razón á los ilusi
naclos trovadores del mes de abri l. Pero o, que un triste v' l'ft•
tretanto, a lm·1 no es mas
pei::a?o paréntesis entre las tiernas galas· de la
pruna.vera y las opulentas Iloraciohes del
estío.

€1tcdones dt 6obtrnaaor tn tblbulbua.

La_ tradici6n viene del Korte. All:í, donde
los ~1elos apenas han roto sus invernales abra.
za.m1entos, donde las últimas ráfagas nevada,
todavía suelen barrer las calles y los campoa
á la entrada de la noche, doncle la reina pri•
u:ia.vera atrasa. la fecha de su arribo oficial, es
cierto que abril es el mes de las primeras tj.
bie~ns y de las primer~s galas ~orales; all~
alml es un efebo que siente las primeras mordeduras del ~mor; allá, ~bril cobija con 811
t~n:iperatura inefable las liras huérfanas y en•
tibia sus cuerdas en la proporci6n precisa
ra que el canto brote con modulaciones rít
cas y aladas.
Pero la tradición muere en el Sur. Es. una
de la_s mayore~ «insinceridades» de los poeta,
mexicanos-tienen muchas -la de cantar al
mes de abril, como al mes ·ae los medios tonos ?el sentimiento, como al mes de los gran•
des impulsos de la adolescencia, como al mes
de la~ ro~as más bellas y de las más impalpables ~lus10nes. Nuestro abril se trae muchu
asfixias y m_uchos polvos- y la mayor de sus
bellezas radica en la eufonfa de su nombre.
Cántese, en buena hora, al mes de abril como al símbolo de_ esa triste transici6n que ee
c?loca _ent~e la pnmavi:ira y el estío, entre 111
Ciegas ilus!ones de la adolescencia y las
duras realidades de la edad viril. Entonces se
dirá la verdad. P ero no es cuerdo que las li•
ras nuestras encorden i,us canciones sobre 1011
tonos de una poesía_ septentrional; porque la
poesía es . como la vida, como el amor' como
la ra~a: tiene
cualidades comunes y universa,,
les ciertamente, pero en su conjunto es una
para el Norte y otra para el Sur.

1

Salí avergonzado. A1 día siguiente llegué
jugando con otros niños hasta la puerta de la
escuela. Había allí un gran grupo de gente
que hablaba en voz baja. Del balcón entreabierto salía una siniestra claridad que me
asust6.
-Retírate, niño- me dijo tristemente un
anciano; ha.muerto don Jacinto.
Quedé sobrecogido un instante; al fin entré
resueltamente en la. escuela.
Allí estaba el cadáver, imponente, severo,
con la faz dulcemente contraída. Estaba entre
sus libros y sus mapas. ~obre los pies del féretro y al lado de sus negros paños, se extendía
la handera de la patria.
En aquel punto, recordé la. pobreza. del pedagogo, sus virtudes, su labor incansable, su
perd6n hacia mí.
Y eubie11do al tablado, me incliné sobre
aquel coraz6n que tanto había amado, sobre
aquella cabeza, un tiempo pensadora, siempre
ofendida; hice en ella estallar un beso ...... y
huí.

Con motivo de la renuncia que, para encargarse del Gobierno de Jalisco, present6 el señor
Coronel don Miguel Ahumada, del cargo de
Gobernador de Chihuahua, fueron convocado3 los habitantes del Estado de este nombre,
á la elecci6n de la persona que, con arreglo á
la Constituci6n local, debía substituir al funcionario saliente.
Las elecciones se efectuaron el domingo último, y como resultado de ellas, por haber
obtenido unanimidad de votos, fué proclama. do Gobernador el señor General don Luis Terrazas, hombre dotado de una energía á toda
prueba, y que tanto en la época aciaga d!' la
Reforma: y de la Intervenci6n, como en los
tiempos de paz que disfrutamos, ha prestado
al país muy buenos servicios. El señor General Terrazas cuenta con innumerables simpatías en el Estado que va á gobernar y ha sido
objeto de parte de sus con:::i u dada nos, al verse
favorecido por el voto del pueblo, de manifestac.iones de adhesión y de respeto que revelan la
confianza con que los chihuahuenses esperan
el buen resultado de su gestión administrativa.

***

VENUS.

LA ÚLTIMA LECCIÓN.
e

Ello es que hice una barrabasada al maestro. En el momento mismo en que inclinaba
sobre el pupitre la cabeza calva y reluciente,
escupí en ella.
Pon Jacinto quedó desconcertado; en sus
ojos brill6 un relámpago de c6lera.
-¿Q,uién ha siclo el autor de esta infamia?
inter1·og6 balbuciente,
-Dudé un momento; pero .después, temiendo que pagase mi culpa algún compañero, dije:
-Yo he sido.

[DE SAFO]

SR. GRAL. D. LUIS TERRAZAS, electo Gobernador
del Estado de Chihuahua.

Entonces levant6se el anciano, desapareció
de sus ojos 1a·c6lera, y acariciando mis rubias
guedejas, me dijo dulcemente:
-:-·Te perdono porque no has comprendido
el alcance de tu ofensa. Edúcate; s6lo así serás digno de sufrir con paciencia las ofensas
de los niños.

m•

STRINDBERG.

Oía, ~tritas, ~ita.
Errante, solitario peregrino,
Cuántas V&lt;Jces miré con desconsuelo,
Apagadas las luces de mi cielo
Perderse entre las sombras el d.-imino.
Cuántas veces el recio torbellino
Me ~rrebat6 con poderoso vuelo,
Y v1 ofuscado por impuro velo
De la verdad el resplandor divino. ·
Y supe con horror que hay almas muertas
A la_ mía sintiendo, helada y triste,

Por rnmenso dolor de muerte herida.
Hoy, Sefior, que á mi espíritu clespiertas,
Comprendo, con amor, por qué dijiste:
&lt;cSoy el camino.. la verdad , la vida.»
Tepic, 1903·.

Domingo 19 de Abril de 1903

ANTONIO ZARAGOZA,

SITIOS PINTORESCOS.-Xochimilco.

Oh Venus, reina del amor, oh diosa,
reina de las sonrisas, deja el cielo,
desciende presurosa
y al llegar á mi alcoba pára el vuelo;
en el festín alegre y soberano
escancia el vino; y que la copa de oro
pase de mano en mano
rebosa11do del néctar que yo adoro:
ve que 9610 mi techo presta abrigo
al que de Venus es constante amigo.
LAURA

M. DE CUENCA.

�Domingo 19 de Abril de 1903

..

-: -=~-

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

_,.

instantes de la chusma callejera, cuyas
cabezas solía. él pasar á cercén, sólo sabía abrir ojos y oídos á los relatos de
historia del niilo de la casa. El narrador
á su vez daba de mano los juguetes primor osos conque sus padres lo agasajaban, mientras él ocupaba la cátedra e1J !a
portería.

l~ntre los chicos endiablados del barrio de la
:-rerced, Toma.sito se llevaba la palma. No había.
que preguntar cúyas eran las pedradas que hacían llover vidrios de los balcones, ni quién ataba por la cola al gato de la carnicería contra la
perra del tendajón; todos los vecinos hubieran
respondido ácoro:
-El bribón de Tomás, el bl'ibón de Tomás.
Para sus seis años, no se encontraba en los
contornos pillo más redomado; hervía.le Ia sangre como pa.ila. de jabón; así que no era. po~ible
tenerle quieto, porque pa.ra él una silla era la
mismísima corroa.
Sus padres no hacían siquiera. la intentona de
poner á raya á Toma.sito, sabedores de que al
ama le disgustaba mirar!~ retozar en el patio;
ellos, cuyo afecto por el niño era extremado basta rayar en idolatría, Je echaban á la calle á hacer torerías.
-Es cierto que la criatura. es tra.viesa.--decían,
-pero ¡pobrecito! Es nuestro hijo, y ni lo bemos de regala.r ni de comérnbslo, que no somos
verdugos ó bárbaros. Que va.ya el alma mía á
dar guerra á la plazuela, la calle es de todo el
mundo y al que no le guste ....
El muy bribón no veía con malos ojos la debilidad paternal y se apuraba á aturdir con incesante gritería á todo el vecindario. Precisamente en el zaguán de las moradas pacíficas,
convocaba al ejército de pillastrines callejeros,
batiendo diana en una lata vieja de petróleo; allí
er11, el cuartel maestre de donde. partían las órdenes, siempre severas, desde un banco de palos
hasta la ley fuga..
.
El ideal de Tomasín era el generala.to, ya no
por los honores de las batallas bien libradas,
,,ino pot• el relumbrón de los galones y el garbo
del sombrero· de gallina..
Los relumbrones á los ojos del nifio, eran la.
expresión de la. fama y del glorioso prez militar,
servían de punto de mira. á. su arrojo de desea.misa.do, y, por lograt·los, en el campo de batalla.
de la imaginación, más de una. vez había derrota.do á supuestos enemigos. Los instintos bélicos
de Toma.sito, con ser poderosos, se a.batían en la
presencia de León, el hijo de los amos de la. casa
en que ambos vivían, el uno rico, mimado de la
fortuna, el otro de corta suerte, vástago único
de los porteros de la finca, quienes le amaban
como á santo milagroso.
Cuando León bajaba á la portería., libro en
mano el bravo militar tornábase grandísimo
gallin'.a. Su amigo le explicaba. el significado de
las estampas de sus libros de escuela, permitiendo, ademas, que Toma.sito pasara sus dedos mugrosos por la cara ~e _los muilecos.
-¿Quién es este vieJO de los tres cuernos?-Je
preguntó una noche el pillo, aumentando con una
nube de grasa de su dedito índice la tempestad
del Monte Sinaí en un libro de Historia Sagrada.·
-Es Moisés, el t,.ue libró al pueblo judío dela
esclavitud dé Egipto, sacándolo para la tierra
prometida.
.
-¡Ah!-respondió 'l'omasito con la sufici~~cia
de quien recuerda un cuento que le es fa.millar.
-¡.Y estos tres viejos tan feos:&gt;
.
-No seas descomedido, ¡qué tú! Qméne.s ban
de ¡¡er sino los Reyes Magos, los tres santos reyes!
- ¡Cómo! ¿también el negro es rey?
-¿Y qué le hace, tonto·¿
-Yo quiero saber en dónde pueden ser los feyes tan feos. ¿Lo sabes tú'!
-Todavía. no, pero luego que el maestl'o me
explique esa lección, yo te la e nseilo á. ti.
.,-Bueno, bueno. Yo quiero aprenderá rey ó
á. general como tu papá,. digo, como el señor
amo.
Diálogos de esta guisa eran el pan de cada día
en el cuarto de los porteros; ante los razonamientos de León, se aba.tía el ardor bélico del
néroe de plazuela, quien, olvidado por unos

Si el placer de maestro y discípulo no
hubiera tenido el pet•o de rigor, qué diferente marcha habrían seguida los sucesos; mas para colmo de desdichas, el general Ballesteros y su seilora ponían cara de
vina.,.re cuando los chicos se reunían.
-Que no se me roce con el hijo de los porteros-decía el gener al, y su Qigna seílora aumentaba.:
.
-Ese Tomás es un iguala.do, no mira que cada cual tiene su lugar aparte.
Generala á los veintiocho afios, no cualquie'
ra Jo es y la seilora de Ballesteros, á. decir verd a.d había sabido hacer los honores á las charre~ras y al sombrero de gallina. Llenaba el
generalato con dignidad que consistía en tiesura, orgullo y arrogante E;goísmo.
Para vigilar la educación del pequeño León,
le faltaba siempre tiempo á la señora de Balles teros· la modista y las amistades consumían sus
días, 'y el teatro y los bailes, sus noches; p~wo,
en no miraudo á su retofio, corno ella supiera
que no estaba el niilo en el cuarto de los porte,
ros poco se la daba en qué lugar se hallaría y
qué' cosas estaría oyendo y pl1nicanrlo.
Por fortuna para los dos amigos, la memoria.
de la señora de Ballesteros solía do1·mir siestas
prolongadas.
Melchor, el zapatero, no era en rea.lid_ad padre
de Toma.sito 1 eso lo sabía él muy bien, pues
cuando conoció {~ Lorenza, el niilo tenía tres meses de edad. El quiso á la muchacha &lt;porque sí;&gt;
y cuando supo que el padr? de Toma.sito_ babia
muerto, propuso el casorio Y la adopción del
nene: ambas cosas le fueron aceptadas. En el
transcurso del tiempo, Melcbor, á quien Dios no
había concedido desc~ndientes, aprendió á amar
al entenado, en lo que ~ubiera muy bien podido
ganarse el primer premio.
Cuando le pasaba por la ~maginación la idea
de que Toma.sito podía morir, claveteaba con furia. sobre el tirapié, como
quien es\uviera seguro de que
entre las dos tapas de un tacón se hallase agazapada. la
muerte.
.
La madre de Lorenza había
sido por veinticinco a.ilos por. tera de la casa de los Ballesteros. En ella había nacido
y crecido Lc&gt;renza y allí vi. vió hasta que le pasó la desgracia ...... Después se puso
á servir de criada, y más tarde contrajo matrimonio con
el zapatero Melchor, á quien
rro amaba, pero sí sentía por
él grande y respetuo sa. estimación.
Muerta la vieja portera, á
Melchor le fué ofrecido el empleo, y marido y mujer, con
el pequeilo tunante, fueron á
vivir en la casa del militar.
Lorenza encontró en ella
mucbos cambios: el niilo Juanito era ya general y se había casado. La zapatera no
se atrevía á mirar cara á cara á su amo por miedo de que
Melchor pescara el secreto,
en una. mira.da á hurtadillas.
El secreto sí, el secreto del
delito del cual le correspondía la mitad de la culpa, aunque ella, valientemente, se la
había. ecbado toda á las espaldas. ¿ Y qué era el secreto
sino una repetición más de la
travesura del Paraíso: Adán,
Eva y la tradicional serpiente haciendo de las suyas? A
su debido tiempo vino al mundo el pillo redoma.do; para
la madre fué un consuelo,
. para el cómplice una contrariedad.
·

En cel secreto&gt; estaban tres: la mad r e de Lorenza y los dos pecadores; muerta aquélla, el
niilo Juanito con el matrimonio y los r epetidos
ascensos militares, había logrado olvidar; Lorenza se puso á querer al hijo y á mentir al 81•
poso para el bienestar de la familia. Melcbor
engañado por su mujer, era feliz.
'
El general sólo deploraba del pecado las consecuencias; la existencia de ese Toma.sito incorregible que era un peligro para la buena crianza del primogénito. IA&gt;ón era muy mi r ado y pultdo, mientras que el hijo de los porteros sepasaba. de ordinario y grotesco. Veía en la inofensiva criatura. una amenaza de males futuroa.
Creía á todo creer en la inferioridad social de
los hijos de maldición, mientras consideraba A
los legítimos como dones del cielo.
-El hijo de la. portera- decía- no debe allernar con gente decente, sino girar en la esfera de
la madre. ¡Pobre criatura! es su sino, su craylta¡&gt; no debe la vida al a.mor, pues es produc&amp;o
de un accidente.
De 11hí que el general apoyara en todo y por
todo á su cara mitad en lo relativo á poner ook&gt;
á los lazos amistosos de los dos niílos; ell a, animada por la i ncondicional aprobación de todoa
sus actos hostiles contra los porteros, se atrevió
á proponer á su consorte que, para corta r el mal
de raíz, Melcbor y Lorenza fueran su bsti tuido■,
pero al niño Juanito Je entró el rrcelo de que su
víctima, sin la cortapisa de perder la colocación,
hablara de indiscreta, y desbechó el plan, lisonjeándose de generoso.
- Debemos ser buenos con esta pobre gented ijo. -Lorenza es bija de una antil{ua criada de
mi madre y él es un artesano trabaj a dor. Bas\a
atarle á Leoncito el cabo corto, cuidando de que
no se trate con Tomás.
Avergonzada la seilora ante los nobles sentl•
mientos de su marido, de una vez par a siempre
dobló la hoja.
El niño Juanito para sus adent,ros no se juzgaba con tal optimismo y él sabía por q ué. SI Lo·
renza me pierde de vista y lejos de mi i nfluencia,
habla, lo natural es que lo haga jactándose de
baber dado á luz al hijo de un general; las noticias suelen cundir andando, pero los chismes
tienen alas; y si mi es.Josa supiera.... . . Luego,
cerrando los ojos, completaba el razonamie1,to;
apretándolos aún más, veía en Jo más recóndito
de la mente á. Melchor y sentía un horripilante
calosfrío en la espina al esc1Jcbar, con el poder

de la imaginación, el roce de la chaira contra
la chabe,a.
U na tarde de enero, á esa hora en que el cansancio del día tiende al sueílo y el cansancio del
alma hacia Dios, echando medio cuerpo fuera
de la ventana por la portezuela. de la berlina,
León contemplaba con delectación el cielo tachona.do. Encarándose de pronto con la generala, le preguntó resuelto:
-Mamá, ¿cuáles son los ojos de Santa Lucía?
-Déjame, niño, no seas impertinente. Que te
los e nseñe tu nana.
Ocupadísima en discernir cuáles de sus amigas
lleva ban vestidos ricos y de moda, y cuáles iban
ata.viadas con faralaes de la pelea pasada, la
seílor a qe Ballesteros pasó inadvertida. la mueca de desabrimiento de L : oo, al oírse llamar impe rt inente porque deseaba saber. Volviéndose
el chiquitSn á. su noáriza, le dijó:
-Enséñamelos tú, nanita.
- S í, mi alma.. ¿Ves aquellas dos estrellas juntita s en el cielo? Aquellas que parece que te está n mir ando.
-Sí, sí; y luego, veo otras tres muy juntitas
también en medio de cuatro grandotas tan brillantes que forman un marco como el de mi pizarl"a.. ¿Las ves tú, nanita?
-Esos son los tres reyes, los tres santos reyes que a.doraron al Niño Dios en el portal· de
Belem, y por eso después de muertos se los llevó Dios y los cambió en estrellas.
- De modo es que ya no son gentes, ·nanita?
-Sí, también, pero son santos. Mañana es el
dí a. de los Santos Reyes, y su Divina Majestad
les per mite veni r al mundo..
-Y á. qué vienen, nanita~ ¿no les gusta. más
estar en el cielo y ser estrellas?
-Vienen á. premiará los niños buenos. Todos
los que han sido aplicados y obedientes, si ponen esta nocbe un plato. en el balcón, cuando
pasen los Santos Reyes ponen en él dulces; pero
siendo los niilos malos, sus majestades no hacen más caso de los platos que del cajón de la
bas ura..
-¿Y de dónde cogen los Reyes los dulces,
na n ita?
-Los traen del cielo, mi alma.
-Pero ¿cómo saben si los niilos han sido buenos ó no'!
-Desde el cielo, niño, se sabe muy bien lo que
pasa en el mundo; lo que es cierto y lo que no.
-¿He sido yo bueno, nanita?
-Sí, mi alma.
- De modo que si pongo esta noche mi plato
en el balcón, me trnerán los Reyes dulces y juguetes?
-¡Qué duda cabe! Pero tienes que pedirle á tu
papá permiso esta noche, para poner el plato.
-Lo pediré, lo pediré- dijo Leoncito batiendo palmas.
La. sombr&amp;. de la noche había.envuelto la. ciudad por completo; no siendo ya posible disting uirá. las personas que pasaba.nen coche, la señ &lt;?ra de Ballesteros cedió á un ataque de sentimiento maternal, hallando de perlas lo del plato y los dulces de los Santos Reyes. Aplaudien0:º par3: su ca.pote el ingenio de la nana, prome•
tió al niño obtener del general la solicitada licencia.

Durante la cena, el general y su señora t rataron de la venida de los Santos Reyes, y cuando
una hora después, montaron- en la berlina para
ir al teatt·o, Ballesteros dijv al lacayo:
-Vamos antes &lt;Al Paraíso Terrestre,&gt; calle
del Coliseo.
Apenas se perdió á distancia. el ruido del carruaje, León, de escabullida., se bajó al cuarto
del portero. Halló á su a.migo pesaroso y compungido, pues los dos monstruos le habían propinado la azotaina. del siglo.
Habíasele antojado al pfcai,o proclamar la independencia, esa tarde, ap1·ovechando la ausencia. de Melcbor y un ruto de distracción de Lo·
renza. Mientras el uno se marchó á entreg\\r la
obra al taller y remendaba la mujer una. cobija.
echándose cuentas alegres, el bribón arrancó
del marco la estampa de la Virgen de Guadalupe, y pegoteá.ndola muy bien en un paliacate,
que luego ató e'n la cafia. del plumero, se improvisó con la imagen la bandera de la insurrección. De un pedazo de cuero inglés con destino
á un par de botas, se frangolló un bonete de tres
picos, untándose para complemento de abominaciones, toda una caja de betún en 11.mbos carrillos para figurarse unas patillas de torero andaluz de antaño. Tal e1·a la concepción ridícula.
que la imaginacién de Toma.sito se había forma.do del padre de la. Patria..
Barbón y de bonete, el Cura Hidalgo capitaneó esa tarde al más grueso ejército del barrio¡
la batalla fué reñidísima y sangrienta: las piedras llevaban alas, las interjecciones callejeras
se desgranaban de las bocas de los mocosines y
caían como cerezas maduras.
En el campo de batalla cayó Melchor como
una bomba luego que echó de menos él pedazo
de cuero inglés. Con banderas descogidas iba el
heroe, ;ya victorioso y festejado de li. multitud,
cuando el zapatero le alcanzó por una oreja.
Sacado tan vergonzosamente de las filas insurgentes, quien con galán desenfado iba media hora antes á libertar al pueblo del yugo español,
los vecinos del barrio se desbordaron en aclamaciones de júbilo, que en vez de aumentar en
Melchor el anhelo de castigar al culpable, desarmaron su cólera y le recordaron la indulgencia
paternal. Ya no tenía para el hijo ni siquiera
mirada torva; le preguntaba si le dolía mucho
la orejita, y se la acariciaba con tierno afán.
-Es un consentidor-murmuraban las viejas;
los muchachos chiflaban y los hombres se reían
en las barbas de Melchor. En casa, Lorenza
completó la corrección paternal, dando á Toma.sito, con el. paliaca.te, una zurribanda de primera. Jamás se había visto el chico en tal empeño,
y por eso cuando León bajó á verle, le encontró
sollozando muy afligido.
Para consolarle, .en un santiamén le enteró de
la visita que debían hacer esa noche los Santos
Reyes, explicándole las circunstancias y persuadiéndolo á. poner un plato para sí.
--Yo no -tengo balcón- repuso el lloroso niño
con tristeza.
~No le hace. Puedes poner el plato en el pretil: dice mi nana que es lo mismo.
.
-¿En el pretil de la fuente?
-Sí, sí¡ tú pones el tuyo en la fuente, y yo el
mío en el balcón que da para ~l patio. De ese·

Doanlngo 19 de Abril de 1903
modo los Santos Reyes, si ven el uno, no pueden
pasar inadvertido el otro.
En eso quedaron ;y cuando don Morfeo empezó
á colgar de los párpados de los dos amigos, ambos se fueron prestos á dormir.
De vuelta los esposos Ballesteros, nota.ron el
plato del pretil de la fuente: en él babia algunos
confites y cuatro caramelos verdes y brillantes
como el cristal.
-Mira-dijo la se!'iora á su marido-ya poi·
aquí pasaron los Santos Reyes.
-¡Pobres! - respondió el general sonriendo
con lástima. al ver el morroiloso dón de los Reyes Magos.
_
De puntillas,el general y la seilora llegaron al
balcón y en el plat-0 de filetes dorados acomodaron una libra de dulces franceses, una c aja de
soldados y un libro de cuentos de hadas. Retiráronse á su habitación; él se durmió en breve,
gozando anticipadamente de la sorpresa agradable del niño al siguiente día; pero ella estaba
tan nerviosa. y tan impresionada por la abomina.ble y cruel Norma, que había sacrificado á
sus hijos en la ópera que acababa de oír por la
primera vez, que no pudo pegar los ojos en un
par de horas.
'L eón fué el primero en recibir á. la mailana siguiente la grata sorpresa de la visita. ¡Habían
venido los Santos RPyes !
Desde el corredor espió el plato de la. fuente,
y comparando con el propio el regalo de Toma.sito, León pensó que los Reyes J\1agos eran aduladores de ricos y no muy generosos con los pobres.
-Que no se me baje León las·escaleras, Angela-con v0z de trueno dijo el genei·al al salir de
su alcoba en traje dominguero.
-Pierda usted cuida.do, señor-contestó la doméstica temblando.
Confina.do en la asistencia tuvo al pequeílo
hasta las diez, hora en que plantándole en el coche, salie1·on de casa todos para fr de paseo.
León hubiera querido compartiL· su alegría con
la de Tomás y convidarla de los dulces finos, pero la nodriza se mostró inflexible. El coche rodaba. y rodaba mientras el niño ba~a.llaba. &lt;'OD
una idea.
¿Eran tontos los Santos Reyes? ¿no entendían
que el pobre necesita má$ que el rico:-' y si lo entendían, ¿por qué no eran jllstosi' A él á quitm
todo le abundaba en juguetes y golosinas, le habían traído ricos presentes; á Toma.sito, por ca·
r ecer de lo esencial, le salían con cuat1·O dulces
insignificantes, cuatl'O po1·querías que eran la
vergüenza del cielo.
El bríbón de Tomás no esperó á desayunarse,
ni se anduvo con melindres; uno t1·as otrn seeugulló los dulces verdes y los confites, echándose
luego á la. garganta un buen jarro de agua. Reclutando gente para la batalla del día, se anduvo por las cuatro esquinas más de media hora;
feliz, porque los Reyes no habían tornado á mil.!
las escaramuzas de la plazuela. Al primer retortijón, se retorció como un arco; al segundo soltó
la bandera y apretó á. corret• para su casa.
Lorenza echaba en ese instante un tizón soplado de la ceniza, en la olla del café, cuaudo vió
entrar al hijo hecho un-cadáver.
-Mira que pareces un desenterrado: es de hambre. Ven á beber tu café.
Apeteciendo algo caliente, Toma.sito dió algunos tragos, más no hallando consuelo, apartó de
sí la taza y se echó en el petate para busca1· descanso. Pócima tras pócima le dieron los desola.dos padres: hierbabuena, manzanilla, cedrón,
la botica entera.
Por fin, Melchor, envolviendo á la criatura en
un jorongo, cargó con ella a.l consultorio de la
farmacia vecina.
La gente había cargado aquella mailana., así
es que Melchor, recibiendo la ficha 23, tuvo que
esperar largo tiempo su turno. El 15 tenía un
absceso en el cuello y tardó siete m\nutos en salir; del 16 al 20 los casos no debieron set· serios
pues los pacientes de esos n~e1·os pronto se vie'.
ron en la calle; pero el 21, un viejo que padecía
de varices y estaba vendado de piernas, y el 22
un herido ae la cara, se tardaron una barba.1·i'.
dad. Antes de que llamaran al 23, hubo un entreacto: el médico se lavó las manos con que había curado llagas y heridas, para torcer un cigarrito, fumaao el cual, se asomó á la puuta
diciendo:
'

�EL hiúNDO ILUSTRADO.

Domingo 19 de Abril de 1903
-Entre el 23.
-¿Qué ha comido-preguntó frunciendo el ceño el matasanos, después de reconocer minuciosamente al niño.
-Nada, señor, nada, porque ni siquiera bebió el café.
-Pues está envenenado y temo que sea demasiado tarde. Veremos.
En la botica, sin que el farmacéutico cobrara
un centavo al paciente, recibió todus los remedios aconsejados por la ciencia,.pero inútilmen;
te. Era tarde, muy tarde y Tomasito expiró en
brizos del doctor.
¡Y pensar que la muerte, la cruel é inevitable,
roba tintas á las mejillas de las vírgenes, sueños
al adolescente, ilusiones al mozo y promesas al
pequeñuelo! En cambio. con qué tardo y penoso
andar acude al reclamo del decrépito, del caduco y del afligido. Viene, viene siempre, pero es
inoportuna..
León, en presencia del cadáver de Toma.sito,
se quedó perplejo. Se le anudaba. la. garganta. y
no osó articular palabra. No de los ojos, de los
poros todos de su cuerpo sentía él que le brotaban lágrimas como de los poros del arbol resinoso brotan las gotas de la goma. Sus ojos, sin
embargo, se mant~nían secos y torvos bajo el
do~el de la. frente encapotada.
La señora de Ballesteros se conmovió de veras y el general consoló lo mejor que supo á los
padres del niño muerto. A León Je aseguró la
generala que Toma.sito estaba. ya en el cielo.
Ni entusiasmo ni simpatía despertaba al niño
la vide. celestial, eterna tertulia de.holgazanes
repantigados y ebrios de música angélica. De
la orquesta del cielo podía formarse idea por el
concierto religioso de la sagrada catedral, y recordando el zumbido de moscones de los señores
canónigos en el coro, y Je. canturria. monótona
en falsete de los éoloraditos al pie del facistol
pensaba que en materia de música, Dios no de~
bía de ser persona de gusto.
.
Costeó el general el entierro; León y su nodriza asistieron á él en el coche de la casa.
A medida que el sepulturero excavaba la tierra, León hacía esfuerzos mentales por excavar
el cielo. Había oído decir que los dulces verdes
teñidos de fuchina, habían envenenado á. Toma.sito, á su compañero, á su amigo querido: luego ¿eran los Santos Reyes estúpidos ó asesinos?
Sobre la tumba se formó un montecillo de flores, que todos los presentes humedecieron con
sus lágrimas. De regreso á la ciudad, a.tarde-

Domingo 19 de Abril de l!J03

EL MUNDO ILUST RADO.
cía; el cementerio quedó allá a.bajo, metido en
la sombra de los árboles y de la noche;pero con
serlo tanto, era más densa la sombra del espíritu. León, desde el fondo de su alma, interrogó
á la muerte:
-¿Me devolverás á Toma.sito? ¿le volveré á
ver alguna vez?
La luna empezaba. á inundar de claridad el espacio mudo, y la apacible luz aumentaba la melancolía del almaj ninguna voz se oyó, pet·o el
pequeño, en lo mas hnndo de !&gt;U pensamiento,
vió graba.da con letras de fuego la sombría y
le.cónica respuesta del cuervo posa.do en el busto de Palas.

Don 'francisco Diaz dt J:tón.
El lúnes último, en las primeras horas de
la mañana, ~ejó de existir e:n ~sta capital el
Sr. D. Francisco Díaz de Leoi:i,, mteligente tipógrafo á quien la imprenta debe en ~l éxico
muchos y muy 11otables adelantos.
'

Gostumbres Populares.
lOSJUDAS
Es todavía una de las costumbres favoritas
de nuestro pueblo... .. . y no sólo de lo que hemos dado en llamar nuestro pueblo, sino también de muchos á quienes la fortuna y la educación han colocado muy por cima de las úl-

de pertenecer á tal ó cual partido, pagaban
necesariamente tributo. á la costumbre. Para
el pueblo, que se guía casi siempre por la
impresión del momento, aquellos eran los
"Judas'' y él era el Cristo ...... un Cristo que
gozaba con las "volteretas" de un muñeco
colgado á un cordel y lleno, por dentro y por
fu'\lra de "bombas'» destinadas á convertirlo
. en pedazos.
en un' instante
E~to, poco á poco, fué d9sapareciendo, y
los "Judas" de ahora ni lastiman b. reputa-

DESDE .EL PABAlllO.
Ideal! Ideal I Como el viajero
en desiertas regiones extraviado,
abandona el ca.mino verdadero
por seguir el sendero
que lo aleja del punto desea.do,
cuántas veces las almas que te ansían
con tu cerca.na claridad se ofuscan,
de tu región serena se desvían,
por fatua luz se guían
y más te pierden cuando más te buscan 1
FRANCISCO DIAZ SILYEIRA.

RIMA AMARGA .
- Mancebo pansa.ti vo, esperas algo'?
-Aguardo una mujer dtisconocida
que ha de surgir como Je. luz del re.yo
á darme con su a.mot• la fe perdida.
-¿.La fe perdida tú, que gloria sueñas
y e.un no has cumplido veinte y dos eneros?
-Y ya la duda en mí clavó su presa
como el puñal en las entrañas de Eros.
-¿,Pero quién eres tú que tanto sufres
sin doblegarte al peso de los años?
-Que quién soy yo? Je.más me lo preguntes,
heraldo de mis propios desengaños.. ...
-Y á quién esperas, di, siniestra. esfinge
que ca.usas mi dolor sin compreooerte'?
-A una mujer muy pálida y muy triste,
enamorada. de mi a.mor: la l\Iuerte!.'. ...
JOSÉ M. CARBO~ELL.

El Sr. Díaz de León, generalmente estim
do en nuestra sociedad por sus ideas filantrópicas y su espíritu de iniciativa en bien ele los
pobres, fué el fundador del Abilo de l\Iendigos, establecimiento que dirigió hasta su muerte, y que tan buenos servicios ha prestado i
la clase menesterosa.
A sus funerales concurrieron numerorns tipógrafos y algunas personas de nuestra sociedad. Al morir el Sr. Díaz de León, desempenaba el empleo üe Jefe de la Imprenta del
Timbre.

ti mas clases sociales... Quemar en "estatua"
al que ha sido, á través de lo~ tiempos. la personificación más perfecta de la maldad y la
perfidia, al que vendió, por un puñado de monedas, al Divino Maestro, €-S cosa que ni los
años han hecho olvidar, 11i los alcances de
nuestra cultura han podido impedir.
Tras la recordación det sublime drama
del Calvario, con s11s pasajes impregnados de
profunda tristeza, surge siempre como una
nota cómica, el estruendo del sábado de gloria. En figuras imposible~, )a figura del traidor se reproduce año por año; aquí afecta el
cuerpo de una mujer ridfoulamente vestida
con ropas multicolores; allá, el de un "lagartijo" que llern al cuello, á guisa de corbata,
el nudo descomunal de una franja de papel
de china; y más allá, el de uno de tantos "tipos'' grabados en la conciencia popular con
líneas imborrables ..... .
Apenas enmudecen las campanas, comienza en las calles la gritería•que aturde; el rumrnm &lt;le los vendedores; la ensordecedora algarada &lt;le las "matracas" con que los niños
' 'se divierten" ...... en espera de que las campanas desaten su lengua de bronce, para echarse por esos mundos de Dios, ansiosos de ver
que se retuerzan, pendientes de una soga, los
mil y mil muñecos en que la muchedumbre
tiene ¡mestas las miraclaci. Dan las torres la
señal; llena el aire de improviso el repique
á vuelo, y las deto:1nciones se suceden en una
confusi6n espantosa y los gritos de la multitud rompen el silencio, mezclúndose al ruido
insoportable de las murgas callejeras...... . Del
" .Judas," llevado momentos antes en alto y
en son de triunfo, por las populosas avenidas,
no queda más que un miAerable esqueleto de
carrizo y cartón, símbolo de las vanidades humanas.•....... .

C H A PALA.-A la hora del crepúsculo.

Antiguamente, los ".Ju das" solían "representar" á personajes sobre quienes el pueblo
claYaba los ojos, como un puñal. El asesino,
el infidente, el tirano, y hasta los que no debían, para ser quemados, otra "falta" que la

ción de nadie, ni son para la multitud indicio
de venganzas personales. El pueblo ríe, goza, se divierte, y por más que esa diversión no
encaje en el estado de cultura en que se encuentra el país, persiste él en su empeño y por
complacerlo está y estará quién sabe hasta
cuando, pronto á quemar el último cohete.

***
Ent:etanto, la vida ordinaria abre un paréntesis; vuelven los _moradores de la capital
á sus trabajos habituales, y de la balaµstrada
de un balcón queda colgando el último "Judas'' ........ . ..... .
Es tener demasiada buena opinión de nossotros, al reducir todas las cosas á los estrechos límites de nuestra ~pacidad y afirmar
que todo lo que traspasa nuestra comprensión
es imposible.

*

La verdad es la
realización, es la
elegancia que supera á todos los
suefios de la·gloria del hombre.

*

Las grandes palabras representan los grandes
sentimientos, y
del disgu~to éte
unas se cae fácilmente eri el disgusto de los otros

*

Decir: «JamÍ\R
he cambiado»
equiYale Íl decir:
«He nacido infn1 i ble y no he
aprendido las
lecciones de la
vida.&gt;&gt;

PALABRAS.
El poeta se levant6 ante el concurso.
Y dijo:
.
-«Artistas: ¿por qué buscáis hojas de malva para ceñir vuestras cabezas desvanecidas de
gloria? ¿Por qué cogéis las florecillas inodoras? ¿Acaso no hay laureles? Pues bien, yo os
digo: despre(}iad el ,·ano aparato de esa falsas
coronas, que parecen líos de alfalfa con que
son coronados los bueyes por el humilde labriego, ó gajos de vid que cubren las ruborizantes caras de las doncellas en la fiesta de
Pan. Si amáis de veras coronas y no encontráis la simbólica de laurel, coged zarzas espinosas, que remeden en vuestras cabezas círculos sangrientos de dolor.
«Artistas: arrancaos esas piltrafas que denigran. Entendedme. Detesto la. soberbia, que
es la hinchazón del escuerzo, la pompa de jabón, el átomo que zumba delante del infinito.
Quiero que os despojéis de tanta vanidad para que entréis ror las sendas de las violetas y
defendáis vuestros ideales con más amor que
la gloria. La zarza sólo espera nna chispa do
vuestro numen para que fulmine sus 1ojizas
lenguas que hablarán sobre la multitud.
,,Artistas: os hablo con mi al~a sencilla y
casta. El humo marea. ¿Amáis al humo?
¡Ofuscaciones de verdad, bajezas escondidas y
haladroneantes, tinieblas de perversi6nl !No!
Vosot10~ amáis la aurora en que todo canta y
réfleja sin esperar el parabién de las estrellas.
Toda alma llena de luz se contempla y se hasta. La aurora está gloriosa de FÍ misma. Vosotros no alcanzáis á. comprender cómo vue~tra alma se parece á las auroras. Siempre allí
está levantándose el ideal, cada vez más puro
y más luminoso. Está, puei&lt;, en encarnar este
ideal lo más inmensamente posible. Apenas
se anuncie, cantarán los poet&lt;is como loe pájaros en la tierra. Y doquiera brotarán flores.
Yo os digo, pues, que os sobra vuestro espíritu para que bajéis á la Naturaleza y cantéis
sin soberbia en los principios de sus verdadei&lt;.
Y cantad sin esperar las lisonjeras flores de
las amables fier:is humanas, que al fin vuestra alma de artista está llena de todas ellas.
¿Y trocaríais vuestras místicas rosas ideales
por ex~ravagantes claveles confeccionados por
las floristas? Pero me alegraría que ni osarais
pensarlo, antes, cubriéndoos con vuestras manos la cabeza, oíros exclamar: ¡llevamos nuestra corona d.e espinas! Y que esas espinas puedan convertirse en coronas ígneas.
«Artistas: ... .. . yo amo todo lo que no ennoblece la frente de los imbéciles...... ... !,,
. Estallaron los_ bravos en el paraíso. Las rubias damas cubrían el carmín de sus labios
con las plumas de los abanicos. Los caballeros sin alma dirigían sus anteojos á los palcos: Pero un tono de _luz esparcía un reflejo
de ideas, que era como una sonrisa divina entre los tules, los «aigrettes» y las cabelleras.
JOSÉ l&gt;IARÍA VÉLEZ.

�~

Lesnard jugó; al principio gan6 poco; luego
mucho, muchísimo dinero. Aquello era una
fortuna!
La riqueza, ese bendito fantasma, que siempre lo había perseguido en sus largas horas de
infortunio, lo veía ahora muy de cerca; casi
lÓ palpaba. Luego de la ilusión pasaba á la
realidad. Vamos! sería conde, y sus cartas
serían dirigidas al ((Hotel Lesnard.»
Pero ¿qué diablos estoy pensando? exclamaba Lesnard, dominado completamente por la
excitación nerviosa del·juego: apenas si tendré en todo esto cuatrocientos mil francos¡ i
la verdad que es una riqueza, pero .... .. ¿Y mia
millones?. Y de nuevo la cabeza de Lesnard
vuelta un infierno, se inclinaba pesadamen~
sobre su pecho.

CUENTOS DEL MANICOMIO
LOS QUE NOLLEGAN AS. BIPÓLlTO
(&lt;Ni son todos los que
están, ni están todos los
que son.&gt;]

IV
EL MOSCARDÓN,

El muchacho, que no había consPguido pasar de escribiente-ya porque no tuviera ap-

··· á¡· ~~~¡a_·¿.~~-¡-~·¿~;. ·1·1~~~ü~- -~¡¡¡¿~·ii~~~-k
Banca! EL señor vizconde Ruán la dobla,
caso de que haya mejores puestas.
-Pero, cubrid al menos mi·fondo, contestó Lesnard.
-¿Cuánto tenéis, caballero? repuso el visconde.
-Setecientos treinta y cinco·mil francoe,
una miseria, dijo Lesnard.
El vizconde se desabrochó su gabán, y eacanelo del bolsillo de su levita una finísima
cartera, la puso negligentemente 6obre la m
sa, diciendo:
-La banca tiene un millón.
Re dieron las cartas.
Lesnard, con la mirada ü1cierta, las maaot,
'Jris1mdas, sostenida la respiración, esper6.
Apenas si oyó cuando le anunciaron : Ha ·
perdido, señor ele Lésnard.
Cayó de espaldas sin proferir una palabra..
El dueño de la casa dió las señas de su ca..
sa, y lo hizo subir á un carruaje.
····························· ·············· ················
Cuamlo llegó, había recobrado por completo el sentido. Sus manos nerviosas recorrieron
en un instante todas las cavidades de sus bolsillos. ¡Nada! ¡Nada! ¡Completamente arruinado!
La dueña de la casa le salió al encuentro.
-¿Sabéis, caballero, á cuánto asciende vues•
tra cuenta?
- Descuidaos, señora, seré millonario, bal•
buceó Lesnard.
-Pero, ¿qué diablo de millones son esos á
que os referís, y con los cuales pretendéis paJ
garme veinte semanas?
-Señora: el conde Lesnard demora 8118
cuentas, pero vos no quedaréis descontenta
cuando lo hayáis cobrado todo.
Aquella misma noche se ahorcó el pobre
·Lesnard.
·
HE~Y DUVEROY.

·-·

ACUARELA.
Luce, colgada en fúlgida tachuela,
De su esmalte ya opaco la hermosura,
Cubierta por el polvo la pintura
De una antigua y exótica acuarela.
De nácar y carey~es la cañuela;

Y casi_amortiguada, la figura
Destácase de un ibis, que en la obscura ·
Comba de un cielo nebuloso vuela.

•

ESTUD I O f-OT OGRAFICO
COLECCIÓN PELLANDL.\'I.

SUEÑOS FATALES.
Aquel pobre diablo de Lesnard, estaba verdaderamente loco.
Hijo del pueblo, soñando con hacerse noble,
la vida de Lesnard ·fué una larga serié de alternativas. Una spla idea desgraciada lo había dominado siempre: la riqueza, y esta sola idea tentadora, se le presentaba bajo diver-

sos modos, pero no se apartába un solo instante
de su cerebro enfermo.
·
Ora bajo montones de oro; ora en viajes fabulosos, á lejanas tierras, de donde pensaba
regresar cargado de millones; ora bAjo cualquiera otra forma enloquecedora, la idea de
hacerse rico predominaba siempre en· Lesnard.
Recurrió como último medio decisivo al
juego. Hizo almoneda todo cuanto poseía, y

Dooningo 19 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

. EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 19 de Abril d-e 1903

De un lago entre los húmedos zarznle~,
Del ocaso á las luces vesperales
Corre tras de las liebres un podenco.

Y mientras el crepúsculo agonizn,
Sobre el trémulo lago se desliza
Como rosada góndola un flamenco.
JUAN DrzÁ:s.

•

titudes como todo el que lo favorecía con hablar d¡ él, gritaba muy alto, ó bien, como él
m urmuraba temerosamente muy bajo, porque
tenía vergüenza,- también hacía literatura,
también era borracho, y también iba, como el
J efe de la Sección, camino de la muerte por
alcohofümo.
Aquella mañana tomó asiento ante el bufete toelo-¡así, todo!-tembloroso, y aún oliente' al alcohol que le había taro baleado, que lo
h abía peleado, que lo había llorado, que lo
bahía ridiculizAdo en fin, la noche anterior,
y empuñó la pluma, que de seguro le bailaría
entre los dedos, dP,dos maltrntados, dedos de
u ñas rotas y falanges adoloridas.
Llegó el moscardón, un moscardón verde
b asta el l ustre, como el viejo traje del muchacho y regordete y grande, hembra antigua y t'uerte que habría sorbielo al consorte.
Fué primero la mano la elegida para el cosquilleo burlante; se le clavaba, le caminaba
por sohre t~elo el enrojec~&lt;lo dorso, y detpués
se alejaba riendo á c1ircaJadas-no era r1Sa de
burla ruidosa, aquel zumbido que levantaba
al empi narse rumbo al cielo raso azul?-de
las injurias que el agredido elevaba con rapidez para ver si la alcanzaban.
J uan, como era natu ral que se llamase un
escribiente, buscaba que ella que lo veía enormemente agrandado, como ven todos los moscardones á los hombres, según proclama naturalista, oyese también agrandadas sus protestas por la agresión.
Ft,é de!'pués la nariz la que tomó para lugar de sus burlescos paseos y efímeras anidadas y todavía inconforme, en su as.!endiente
bef~ á un hombre, fué á prenelerse á. la cabeza
que-¡también eso hace el alcohol!-empezaba á encalvPcer.
La desesperación escribientil aumentó, como en mañana d~ sed de agua,.entonces dafiosa y de odio á sí mismo, también peligroso,
aumentan las impresiones, cualesquiera que
se rPciuan.
Pe_ro temió al, ridículo, si pe1seguía a! moscardon, y er::pero.
Otras veces siguió el verdeanimalilo, con la
idea del contacto rieliculiza&lt;lor y molesto para
la cara, víctima &lt;le un enrojecimiento febril,
y para la empobrecida cabeza calva.
Entonces el muchacho sosegó sus nervios,
ordenóles una quietud harto difícil, y ¡á. pesar de su alcohol, consi~uió la tranquilidad!
Vol vía el mo~car&lt;lón, y lo cosquilleaba, lo
pinchaba, lo calofría ba m~s y más, para volar
despué;,, siempre con la risa zumban te-como
de censor bal buenesco-en la trompilla agresora.
El e~cribiente--Juitn, ¿.no? -seguía quieto,
y cuando el moscarelón llegaba, él le soplaba
suavemente.
Sólo en un momento en que se le alacranizó en frente el limpiaplumas, limpiaplumas
cortado y cosido por una prima de segundo
orden, arrojó la mano sobre el bufete.
Y siguió quieto, con nervios extraordinariamente tranquilizados.
El moscardón, probablemente cahsado de su
burla, porque muchas veces se fastidiaba antes q ne el burlado, vol vía m~s &lt;le tarde en tarde á la inmóvil cabeza, y sentía cierto entorpecimiento, ciertos vértigos, pero volvía raramente atraído por aquella cabeza, y recordando á sus parientas las falenas por el entorpecimit:mto y la atracción que al mismo tiempo
sienten ante las flamas, pero pensando en que
en aquella cabeza no había flama alguna ni
podía haberla en la cabeza de uno que era
¡er::cribiente y borracho!. .....
Su de::!vanecimiento y su torpeza progresaban, y seguía llegando menos alto y rodando

EST UDIO F OT OGRAFICO.
COLECCIÓN PELLANDIXI.

más bajo cuando tropezaba con la cabeza que
ya no quería perseguir, pero que la atraía.
El escribiente siguió soplándole con suavidad, cada vez que se le prendía el obstinado
moscardón .
. El ~uchacho a.penas parpadeaba, con res1stenc1a tenaz á moverse ........ .
De repente rodó el moscardón sobre la mesa, y quedó tendido con el vientre hacia arriba, agitando locamente las patitas.

. Juan s~ puso en pie de un salto, y gritó
ne~?º ruidosamente, entre la silenciosa admirac10n &lt;le sns compañeros que tenían qui etos
en las manos lo~ portaplumas é inquietas en
las manos las muadas: «se l_o dí á gustar, por
vengarme en alguno, de m1 desgracia; e! alcohol mata, ¡ya lo creo!!»
FRANCISCO Z ÁRA'l'E

Rm z.

�EL MUNDO ILUSTRADO.

b:L MUNDO ILUSTRADO.

Dcxmingo 1!I de At&gt;ril de 1903

ca telegrafia sin HHo~
en mtxico.

E

coucéntricos cuyo centro es el puhto donde cayó la gota y que van aumentando
progresivamente hasta terminar en los extremos del estanque.
Pues bien, el estanque en la telegrafía
sin alambres lo representa la atmósfera·
la gota de agua, la corriente eléctrica qu~
está en estado latente en la antena, y loe
círculos concéntricos lae ondas eléctricas
que van á impresionar el aparato de la oficina opuesta.
Publicamos unos grabados de las oficinas que la Dirección de Telégrafos ha
establecido por vía de ensayo en Cabo
Haro, del Estado de Sonora, y Santa &amp;salia, de la Baja California, así como las
vistas de la bahía de Guaymas, de la. estación del ferrocarril y de la Penitenciaria
del puerto.
Las pruebas se han llevado á cabo con
todo éxito. El costo de las torres es de
quince mil pesos.

L mundo entero ha proclamado los
triunfos obtenidos por Marconi con
su maravillosa inveni::ión de la
telegrafía sin alambres, y en las
distintas naciones se han hecho experi •
mentos de su sistema; justo era, por lo
mismo, que en México, que es tal vez donde más se nece~ita por tener extensas comarcas de su territorio desprovistas de
comuniC'aciones rápidas, se procediera á
efectuar ensayos que encaminaran ú algún
resultado práctico.
Al Director de Telégrafos, señor Ingeniero don Camilo A. González, le ha tocado tomar la iniciativa en un asunto tan
trascendental.
Una casa alemana que es competidora
de Marconi y que ha reformado sus aparatos, es la que contrató la instalación de
dos oficinas, situada una en Cabo Haro,
á siete kilómetros de Guaymas, y la otra
en Santa Rosalía, del Territorio de la Baja California.
SA NT'A ROSALIA.-Exterior de la Oficina.

***
Para el efecto, se construyeron unas casas de madera que tienen tres departamentos, uno destinado á la oficina, propiamente dicha, otro para la instalación
de acumuladores eléctricos, y el último
para almacenes y bodega.
Los aparatos que constituyen el sistema de transmisión, so11 los siguientes: la
llave ó manipulador, que está dotado &lt;le
un contacto de platino, haciendo el otro
contacto en un depósito de mercurio, que
tiene encima una capa de petróleo &lt;le un
centímetro de espesor. El objeto del petróleo es evitar la chispa que se produciría al haber falta de continuidad de la
corriente eléctrica que se utiliza y que es
de gran intensidad.
Un carrete de inducción Ristema Rumkorff, que produce una chispa de 35 á 40
centímetros. Eete carrete está «actuado»
con acumuladores. A continuación hay
un vibrador de mercurio, :&lt;actuado» por
un peque:ño dinamo movido también por
acumuladores. Hay un reostalo que sirve
pam graduar la intensidad de la chispa
eléctrica.
Conectados todos estos aparatos, queda
uno de los terminales del carrete de Rumkorff en comunicación, por medio de un
hilo conductor, con la antena que está colocada en la extremidad posterior de las
torres construídas al efecto.

UN RECUERDO.
Ella miraba fijamente el suelo.
En el hondo silencio los instantes
abismos eran de dolor y duelo.
Oh, si por siempre juntos, anhelantes,
un imprevisto golpe nos hiriera!
Lentamente clavóme sus brillantes
ojos. Aun miro con convulsa boca
hablándome palabras y evocando
una rojiza llaga, que sangrando,
parece que suplica á quien la toca.
GABRIEL D' ANNUNZIO.

TENTACIÓN.
·SANTA ROSALIA.-La caseta y las torres.

Llevabas con donaire la sombrilla.
de seda azul con rosas escarlata,
y hollaba la negruzca escalinata
el tacón de tu arqueada zapatilla.
Envolviste tu cuello en la mantilla,
y al suspender el ruedo de tu bata,
dejastes ver el ce~idor &lt;le plata
que aprisiona tu ~órbida rodilla.
Entonces en tu faz llena de enojos,
hubo un florecimiento de sonrojos
y pudorosa aligeraste el paso.
Mientras que yo, mirándote de hinojos,
sentí que se agitó sobre mis ojos
tu fina enagua de crujiente raso.
LEOPOLDO LUGONF_.g.

El aparato receptor se compone de un
tubo lleno de limadura de níquel, plata
y hierro, que es el que recibe las señales
directamente de la antena. El tubo tiene
un 1vibrador parecido al de las campanas
El Rin estaba poblado de ondinas. E neléctricas, cuyo martillo lo golpea constre éstas había una de maravilloea hertantemente, con objeto de hacer deeaparemosura, llamada Loreley, que en las no
cer la cohesión en la limadura. El mismo
ches de luna abandonaba su palacio de
tubo tiene en sus extremidades unos hilos
líquido cristal y se reclinaba con indolende platino conectados con un registro Morcia seductora en la cima de una roca, bruSANTA ROSALIA.-lnterior de la Ofi,cina.
. se que marca las se:ñales en uña tira, que
ñida por las olas, que se destacaba en el
está movida por un mecanismo de reloj.
centro del río.
Un conmutador especial comunica, segúfl las necesidades del caso,
El conde Palatino Bruno, sefior de aqm1lla comarca, acostumbraba
la antena con el aparato trasmisor ó con el raptor.
á pasearse por las márgenes del Rin en las noches claras. En uno de
esos paseos vió á Loreley y quedó profundamente enamorado de ella.
Y así, en lo Rucesivo, ni una sola noche de luna dejó el conde de ir _á
Hay una explicación muy clara sobre la teoría de la teleo-rafía
sin
contemplar aquella encantadora divinidad, que á veces le sonreía av1•
0
hilos y al alcance de todo el mundo.
vando las llam11s de su pasión. Y como era poeta y pulsaba el arpa, le
En _un estanque lleno d~ agua, se nota que al dejar caer una gota
compuso una canción amorosa, cuya estrofa final decía así: ·«P?r &lt;p~é
del mismo líquido desde cierta altura, se forma una serie de círculos
no has de ser mía? Por qué no he de ser todo tuyo? Llévame a, v1v1r

***

contigo en tu morada, allá en el fondo de las aguas!» Una noche, en
vez de pasearse por las márgenes del Rin, el conde entró en una I reciosa barca, y mecido por las ondas tranquilas y plateadaR del río, se
puso á cantar su canción amorosa. Loreley no tardó en aparecer, más
radian te, más bella y seductora que nunca. El enamorado se fué acercando á la roca magnéticamente atraído por las miradas y las sonrisas
de la ondina. Mas cuando estuvo bastante cerca, Loreley hizo una señal ca balística, y
acto continuo las
ondas del Rin,
que se deslizaban en mansfaimas ondulaciones, se encresparon en tumultuoso oleaje y formando un remolino vertiginoso
absorbieron en
.,u seno á la barca y al trúvador.

*

CABO H A RO.-Exterior &lt;-e la Oficina.

Desde entonces, cuentan los
habitantes de aquellaregión, que
entlas altas ho-

ras de las noche1:1
de luna surgen
de las aguas del
río las not11s ardientes y dulcísimas de un canto amoroso. Son
las voces del
himno n upcial
que el conde Palatino Bruno y la
ondina Loreley
entonan u nidos
para siempre en
el fondo del Rin 1
C.

1903.

R OMAGOSA.

GUAYM A S.-Vista de la Bahía.

lEN QUE PENSARÉ?

Doll:ningo 19 de Abril de 1903

Veía yo allí una flor postergada á ~tra de -~enos mérit~ y ~t~lidad
y mi imaginación exaltada por aquella mfracc1on de los prmc1p10s ~e
justicia, inventó el siguiente diálogo, no amoroso 0omo ella supuso, sino de celos y envidias.
Hablaba la rosa natural y decía:
-Por más esfuerzos que hagas, por más palabras que emplees,
nunci me convencerás de tu superioridad sobre mí. Eres inferior, muy
inferior á todas las de nuestra familia.
¿Quién te educó y quién cuidó de que crecieras gallarda y esbelta?
¿Quién limpió de gusanillos y caracoles tus cabellos? ¿Quién regó tu
tallo? ¿Qué abejas libaron en tu corola y qué mariposas mancharon el
terciopelo de tus hojas con el oro de sus alas? ¿Qué pechos has adornado, sobre qué senos te has mecido y quién de ti hizo símbolo 4e
amor que llevara la alegría á un corazón apasionado?
Responde, di: ¿Quién te hizo, quién te creó, quién te trajo aquí,
sin otra misión que insultar á los que debías respetar?
-Cierto-dijo la rosa de porcelana-que ninguno de esos placeres
be disfrutado. Pero si nadie me educó, si nadie se preocupó de migallardía y esbeltez, fué porque nunca he necesitado de ello; si de gusanos y cirracoles no limpiaron mi capullo, fué porque esos bichos no
han llegado hasta mí. No regaron mi tallo porque supe conservar eterna mi lozanía, y si abejas no libaron en mi corola y mariposas no se
posaron en mí, fué porque á ello no me expusieron, que de haberlo
hecho, sPgura hubiera sido la preferencia, aunque desde ahora te digo
que por feas á las unas y por variables á las otras las desprecio.
Ni he adornado pechos ni expresado pasiones, porque tales cosas
más que honrar denigran y envilecen. Por lo mismo no me he visto
frecuentemente expuesta -al desdén con que se trata á la infeliz que entrega como prenda de amor una mano enamorada á otra que no le corresponde, y que se complace en arrancar sus hojas para arrojarlas en
el lodo de la calle.
Con afán y solicitud me creó un artífice que supo dar á mi delicada belleza perdurable existencia, y esto no podrá reconocer como causa un mieterio indescifrable, cual es el de tu existencia, pero tiene mérito indiscutible, puesto que de mano de hombre es y casi se confunde
con lo que la Naturaleza ha creado. Además, tu poder es efímero tu
reinado es de un día, mientras que el mío no tiene límite· contra 'esto
~é~~es~~~
'
-¡Gran error, nada hay eterno!
-¿OpinaR que todas somos de vida tan fugaz como la tuya? La
mía es más duradera ......
-Sí, tanto como el tallo que adorna tus hojas.
-¿Tiene~ tú acaso un brillo parecido al mío de que te mofas?
--¡Igno;ante! Todas l~s alborad_as, los primeros rayos del sol arrancan al roc10 que cubre mis carnosidades reflejos de plata y azul que
deslumbran y embellecen.
Pero no discutamos más; por mucho que á mí te parezcas no dejarás nunca de ser una imitación un remedo mío.
'
Y las imitaciones son siem p;e fals:is.

··························· ·········· ·············

. Al hacer la limpieza diaria, un criado
Juntó en un mismo montoncillo debasu~a unos J?edazos de porcelana y unas
hoJas mustias arrancadas de una hoja
marchita.
Eran restos de las flores, despojos
que al volverse á encontrar hablaron
así:
-¿No te ha servido tu sólida construc&lt;·ión de que presumías para librarte del destrozo que te hicieron?
-Sí, es verdad que la mutilación ha
sido horrib:e, ptlro tampoco tú has logrado escapar de ella.
-Ciertamente, pero yo dejé un recuerdo de mi vida, algo que recordará
mi ~xistencia rápida, pero útil, algo que
hara pensar en mí; dejé perfumes y aro-

¿En q_ué p~nsaré cuando me halle á punto
de moru·, s1 es que estoy aún en estado de
pensar?
li'¿Pensaré en mi mal aprovechada vida, que
pasé como en un suefío, adormecido, sin saber paladear sus frutos? ¡Cómo! ¿Es ya la
muerte? ¿Tan pronto? Imposible! Aún no he
t~nido tiempo de hacer nada! Sólo que yo me
disponía á hacer algo!
_¿Recordaré mi pasado? ¿Fijaré mi p&amp;nsam1ento en aquellos instantes radiosos que tuve en la vida, en las fisonomías é imágenes para mí caras?
O bien ¿volverán á trazarse en mi memoria
mis malas acciones é invadirá mi alma la ardorosa angustia de un remordimiento tardío?
GUAYMAS.-La estación del Ferrocarril.
¿Pensaré en lo que me espera más allá de
ma que embalsala tumba y si me espera en efecto cosa alguna?
. ~ o...... Paréceme que trataré de no pensar, que me esforzaré por _ maron el cálido
ambientedeaquel
idear alguna pequeñez para distraer la atención de las amenazado«boudoirn donde
ras ti°:ieblas que se ennegrecen ante mí.
vivimos.
En m1 presencia cierto moribundo no cesaba &lt;le condolerse porque no
le querían dar avellanas tostadas. Y sólo allá en lo más recóndito
Y al llegar aquí,
de sus ojos ya sin lustre, mientras tartamudeaba sus quejas, bregaba
u na ráfaga de
Y se estremecía un no sé qué, como el ala rota de un pájaro mortalviento que penemente herido.
tró por el balcón
IVAN TURGUENEFF.
• se apl'esuró á séparar á las dos rivales; proclamando la ley de selección
. tan deseada,
mientras yo pensaba que si «ella,»
. En artístico tocador de elegante «boudoir,» confundidas con mulaquella m u j e r,
tit_~d de porcelanas, miniaturas, barros, búcaros, frascos de esencia y
prefería la flor de
mi chucherías más, estaban aquellas dos flores cuyos tallos descansap o r c e 1ana, era
ban en dos jarrones japoneses de cuello alto y cuerpo ventrudo.
mu y difícil :dejar
GUIA,Y MAS.-La. Penitenciaría.
~ozábanse los pétalos de la una con las hojas de la otra, y tan
tras de sí la fra~proximadas se hallaban, que mirándolas así juntas, me dijo «ella," la
gancia, el aroma y el perfume que habían servido de consuelo en la
uefia Y señora de aquel misterioso santuario lleno de encantos:
muerte á _la rosa, Y que sób ellas, las flores naturales, pueden procla-Deben ser muy amigas; ves, parece que se murmuran al oído
mar Y deJar como recuerdo de una existencia tan breve como hermosa.
secretos amorosos. Me gusta más la de porcelana.
A. MOMPEÓN MOTOS.

LAS DOS ROSAS

�Domingo 19 de Abril de 1903

NÓMADA.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Ah I porque la desgracia peregrina sola!
Bohemia, fuiste mi hermana sin saberlo ....
JUSTO

p ASTOR Rros.

Domingo 19 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

la, en donde dejan á sus hijos las mujeres que
concurren á los lavaderos y a l taller &lt;le planchado allí establecidos; y con otras dependen-

QUO VADIS?

Vivió siempre sola.
Al pie de los portales la sorprendieron los
crudos inviernos.
Supo ele todos los climas, cruz6 todas las
playas. Se detuvo en todas partes y conoció
todas las sociedades. - Sin abri~o, sin pan
y .sin lecho,fué una triunfadora de la bohe-

l!:l dolor os fecundo; de sus entrañas surge la bum anidad como un bosario;
Jesucristo es un símbolo, un poeta, que sube con la cruz basta el Calvario;

*
**

No h!l,y virtu_d sin dolor; del sufrimiento emergen las ideas como cimas;
El sabio cuenta su tristeza en máximas, y el trovadot· en rimas;

mrn... . .. .

***

Errante, sola, sin saber en d6nde había nacido, recorri6 el mundo.
Jamás una sonrisa extraña aromó su alma.
Nadie le tendió la mano en su vía dolorosa.
No supo del placer ni de la amistad.
Se detuvo en la Grecia y contempl6 sus
ruinas.
En Persia, en las calles de 'l'eherán, durmió muchas veces á la intemperie.
Un día fué al palacio del Sha, pero un
grupo de mujPres negras le impidió entrar.
Años despué:i era en la ciudad de Tiro la
«Krisís» de un grupo de navegantes bohemios
de Fenicia.

Cada reouei·do del placer pasado, es un puñal en la memoria hundido;
Y evocamos el nombre de un fantasma; no existe la esperanza del olvido;

***

Somos en los desiertos de la vida como una caravana de camellos;
La ruta es ardua; cede la jornada, cuando ya el sol declina sus destellos;

***

La noche como un manto de frescura, viene sobre los oamic.antes y las cosas·
~s la muerte con todas sus quietudes, y to.das sus crueldades silenciosas;

***

Y luego ... allá._.. donde el dolor se ';!Oaba, con un gl'ito amarguísimo, final,
¿Qué ballamos!-La eterna e1·olución de la matel'ia, 6 el supremo Ideal:'

Grupo de obreras reunidas en el Tlvoll de Toluca.
Oh Nómada! oh bohemia!
En dónde naciste, cuál fué tu nombre, y
cuál tu amado?
Ahl un viejo amigo mío, un «taleb», me
dijo:
-Salíamo~ del H oreb. Ella, la N6mada,
iba junto á mí. Al comienzo del viaje me hablaba solamente de cosas triviales. Después
cuando vió que yo le comprendía, ella me
mostró su alma, me contó mur.has de sus
a,·enturas y lloró conmigo....... . yo también
era un n6made, un bohemio ...... .
Fué ni «novia» durante la peregrinación.
Guardó muchas cosas
y en vano quiso abrirme del todo su corazón ... su corazón que
era como una madrépora, su corazón que
era un jardín de sensitivas que se vieron azotadas por el simoun
de todas laR contrariedades... Después de
aquel viaje ella continuó sus peregrinaciones.. ....
El misterio de su
nacimiento, y de su
nombre, y de su vida,
nadie ha podido saberlo ...
¿Por qué habrá tantos enigmas en la bohemia?
Pobre mujer!
Un día, cuando el
taleb me refirió algunos detalles d~ su vida, ya habías muerto.
Era el invierno.
u Yo tiritaba de frío,
me acordé de tus noches en Teherán y lloré mucho.
Fuiste mi hermana
sin saberlo.
Pat·ias de una misma raza, nos engendró
el Dolor ...
Por qué no nos encontramos en el Camino?

€1

ttooll at Obreros 4t toluca.

J. l. VARGAS VILA.

cias igualmente importantes para la educaci6n de la clase trabajadora.

*

Corresponde al Gobierno del Estado de México la satisfacci6n de haber sido el primero
en el país que emprendió la campaña contra
el alcoholismo.

* * motivo del cumpleDías pasados, y con
años del Sr. Gobernador del Estado, Gral. José Vicente Villada, á quien se debe la fundación del Tívoli, los obreros organizaron una
serie de festejos en honor del progresista go•

J UEVES SANTO.-EI monumento

de

San Hipólito.

i:cos ae la Semana mayor.

Alumnos concurrentes á la escuela del

En la capital del Estado se estableció con
este objeto un Tívoli que se destina únicamente á. los obreros, á fin de que allí encuentren
entretenimientos Fanos y agradables que los
alejen del vicio. El Tívoli está situado en la
calle de E8quipulas, en una extensa huerta
llamada del Carmen, que es uno de los sitios
más pintorescos.
Ningún esfuerzo que tienda al buen servicio del benéfico centro de recreo, ha sido omitido: en él hay una terraza para bailes populares, teatro, boliche, maroma, aparatos gimnásticos, columpios y volantines de los cuales
pueden hacer uso gratuitamente los obreros,
los domingos y días festivos.
Para el servicio diario, también gratuito,
hay un baño de estanque y regadera para varones, y una biblic..teca, dotada con obras de
instrucción en su mayoría, siendo notable la
colección de li bros que tratan de las diversas
artes é industrias á que se dedican los artesanos. Además, el TíYoli cuentacon una escue-

Tívoli.

bernante. Estos festejos, de que dió cr6nica
completa &lt;&lt;El Imparcial » resultaron m uy lucidos.
'

.-- .

AMOR SIN NOMBRE.
¿Quién levanta la estatua entre el escombro?
¿Quién Pnciende la llama entre la nieve·?
¿Quién ama entre la tumba? Y ¿quién se atreve
A provocar las burlas y el asombro·?

Como un recuerdo de las festividades reli~iosas que acaban de pasar, publicamo¡:; una
fotografía del ")Ionumento" de San Hipólito, que tanto llamó la atención de los concurrentes á- los templos, el jueves de la Semana
Mayor.
El "monumento" estaba prok.samente iluminado con focos de luz incatldtscente provistos de pantallas de colores pálidos que ofrecían un hermoso golpe de vista.
Un gran dosel, blanco, con artísticas apliC'lciones, servía de fondo al ''monumento."

MAZATLAN.
Las últimas noticias recibidas de l\Iazatlán,
nos dan cuenta de que la epidemia de peste
bubónica, oportuna y enérgicamente com batida por las autoridades sanitarias, ha de~apar ecido de aque-l puerto. El Lazareto, dice utl.
despacho, ha sido entregado á la nutoridad

política, pasando f&lt; ,¡.,
últimos enfermo i.;
()lle allí se curaban
y que escaparon ft
la muerte, á las ba1-rac.'ls del «31 de
Marzo,» donde pasarán el período de
la convalecen&lt;:ia.
Como complrmentarias de la serie de ilustraciones
que «El Mundo IlusM AZATLAN.- Una "Jota'· en las barra
d 1
· 1d
trado» ha venido
cas e os a,s a os.
publicando, con · relaci6n" á la epidemia, damos hoy á conocer dos fotografías: una que
representa la quemaz6n de casas infestadas,
Charco donde hallo el sol reproducido:
por la noche; y otra, un grupo de aislados en
Tanto las aguas turbias en!lobleces
las barracas, en que aparece un hombre del
Con la imagen prestada, que pareces
pueblo tocando la guitarra y una mujer que
Fragmento de los cielos desprendido.
baila la jota.

REVERBERACIÓN.

La razón y las leyes naturales, son más antiguas que las leyes humanas que ha consagrado el tiempo.

Oh mepte humana! charco de agua obscura:
Cuando tus olas la impiedad altera
Muestra por fondo el vicio la locur~·l
Y, bajo el hueco de la azul esfera
Sólo parec~s bella, y clara y· pura '
Cuando Dios en tu seno reverbera.

Al hablar del amor, nunca te nombro,
Aunque tu amor me inflama y me conmueve.
¡Pobre del Atlas que luciendo lleve
El corazón dormido soore el hombro!

F.

¿Tan tarde para qué? ¿,Para qué hablarte
En alta voz, si mi pasión granuiosa
Se esuapa de los límites del arte?
Si después de morir nadie hablar pudo,
Cómo podré hablar yo, que estoy,oh hermosa,
Muerto &lt;le amor y por lo mismo mudo!
JOSÉ SANTOS CHOCANO.

Mas si á impulso del viento sacudido
Tus linfas tehebrosas estremeces
'
A los ojos at6nitos ofreces
'
El cieno en tus entrañas
. escondido.

M AZATLAN,-Casas infestadas destruidas

por

el f uego ( Fot. tomada de noche.)

BALART.

�•
EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 19 de Abril de 1903

Domingo 19 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

.LA. INST.I TUTRIZ.
.
.
ILUSTRACIONES DE SIMONT.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.
TRADUCCION DI: "(L rlUNDO ILU~TRADO."

LEYENDO Á HORACIO.
I
El lento y monótono
tin-ta.n que en el claustro
se escucha, congrega
para los Oficios solemnes del año,
á los graves monjes del viejo Convento
de Benedictinos. En fila. cruza.ron
al templo sombrío,
rostros demacrados,
almas humilladas,
espectros humanos
bajo capuchones
grises y casullas de estameña.. Al paso
de tantas sandalias, huyeron en grupos
al bosque cercano,
roncos estorniaos, ruidosos jilgueros,
huéspedes a.la.dos
de las arboledas
del Convento. Mayo
en aquella hermosa tarde, como Venus
desceñida. en báquica fiesta de Pafos,
profa.naba. impúdica.
la tie1·ra, en derroches ~e hervorosos ramos
de aromas picantes,
abriendo y violando
botones y hojuelas,
á los besos tibios del sol, inflamádo
con solturas lánguidas,
en medio de suaves secretos desmayos ....
Amor afrodita.
satura. los campos
con primaverales efluvios ardientes;
y en el cenotafio
que tras un boscaje se oculta. reposa
en yacente estatua el bueno San Plácido,
bajo un doselete
prendido de rosas, de mirtos y nardos,
y ultrajado aquella
tarde por los pájaros,
que forman sus nidos en el duro y hondo
pliegue de la mitra marmórea del Santo.

un sol de forna.Ha despide en el aire,
en la. biblioteca sus luces dejando,
como de una hoguera.
fulgores leja.nos ....

III
Y vino la noche. Los Benedictinos,
por la extra.lla. ausencia del fraile alarma.dos,
á la. biblioteca fueron silencio-.os,
y allí le encontraron:
tendido en el suelo, la carne rendida.,
la. boca entreabierta., los ojos cerrados,
los dedos convulsos,
todavía. marcando
la fascina.dora
página. de Horacio.
Y leyeron: .. . . «Cuando
Glicera. a.parece,
ante ella me inflamo,
más blanca. y pulida
que el mármol de Paros.
Su desdén me atrae
y enloquece. Pámpanos,

jóvenes, traedme, y h:i,ré una corona;
incienso, verbena y v100 de dos años .... &gt;
Los Benedictinos,
escanda.liza.dos,
resolvieron presto quti desde aquel día
no se tradujeran los libros profanos
en los tibios meses de la primavera,
para ahorrarse afanes sordos é insensatos,
mudas tentaciones y absurdos deseos,
todos tan contrarios
á los abstinentes consejos unciosos
.
del dios de la. Orden, del bueno Si:.n PllicHlo,
que duerme su sueilo
de piedra. deba.jo
de aquel doselete prendido de rosas,
de mirtos y nardos,
mientras sus nidales
con vuelo a.moroso fabrican los pájaros
en el duro y hondo
pliegue de la. mitra marmórea. del Santo.
MANUEL

:Marzo, 1903.

'.

II
Detrás del movible
telón de damasco
de l a. biblioteca, se ve sobre un libro
· un rostro excava.do,
cuyas dilatadas pupilas flamean
con fulgor extraño,
cual respiraderos de brasa. encendida.
en horno cerra.do.
Ante la fastuosa bacanal de Flora,
consúmenle afanes sordos é insensatos
y pecaminosas
intenciones. -e¡ Casto!
¡Sé casto!&gt;-repite-Y eleva sus rezos .
al dios de la Orden, al bueno San Plác1do,
contra. tentaciones
de su cuerpo flaco;
pero Amor se filtra
por su piel sudosa con fiero reclamo;
v prosigue el fraile la. provocadora
lectura de Horacio,
en un pergamino
vendido al Convento,
con citas y escolios, yor Jusuf el Sabio.

... .. ..... ......... ·············· ·· ···············
cOh Venus, la reina
de Guida y de Pafos,
abandona Chip1·e, y ve á la mora.da
donde está Glicera, que ella., pi·odigando
su incienso, te.invoca. Tráeme á tu hijo,
tan enamorado,
y á N infas y á g racias
sin cintura .... &gt; (1)
«Cuando
Glice1·a aparece,
ante ella me inflamo,
más blanca y pulida
que el mármol de Parus.
Su desdén me atrae
y enloquece. Pámpanos,
jóvenes, traedme, y h~ré una corona;
incienso, verbena y vino de dos años .. .. &gt; (2)
Languidece el fraile. Las campanas tocan
el Augelus. Dardos,
(1) Oda X2C{.

(2) Oda. XIX.

CHAPALA,-En la playa.

•

(CONCLUYE)

S. PICHARDO.

•

•

Tenía la cabeza pesada; los oídos me zumbaban; la ventana parecía baja, muy baja, y las lianas subían sus millares de brazos frágiles, llenos de hojas, invasores y yo me inclinaba, me inclinaba ..... .
Entonces., mi cabellera, pesadamente, se deslizó por completo
en el vacío y los millares de brazos se apoderaron de ella. Yo era la
cautiva de las flores, yo estaba. muerta!
Ah! Qué vértigo el de est.'\. muerte! Durante la noche pura, durante la noche reposada, mi cabeza habíase ahogado en mi cabellera
y en las Uores ....... .
Luego, un desgarramiento; una separación, fibra por fibra, de
cada bucle y de cada flor; dos brazos dulces que recogieron mi talle
encorvado, y un aliento que me decía mil cariñosas palabras suplicantes, cerca, muy cerca de mi rostro ......... E:;¡taba vi val Me había
salvado del abrazo de las flores traidoras!......... Pero ¿.quién?..... .. .
ah! ¿quién me hablaba tan tiernamente? .... .. ¿)li madre·? Lo pensé.
La sombra era una mujer de ojos dulces, de cabellos blancos.
Aunque más baja que yo, su fuerza nerviosa la hacía capaz de sostenerme entre sus brazos ...... Y murmuraba:
-¿Por qué se habría usted arrojado, medio muerta, por esa ventana·? ...... Oh! qué inmenso es su dolor, niñal Cómo la compadezco
y cuánto la amo!
El oír esa voz tan cerca, me llenó &lt;le estupefacción.
)fe eché para atrás, rechacé á la. mujer y la miré con espanto.
-Victorina-murmuré, vuelta por completo á mis sentidos.Csted?
Ella cayó á mis plantas.
-Sí; yo ........ .
Y sin abandonar esa postura, en tanto que yo permanecía erguida., y estremeciéndome de indignación, habló en frases entrecortadas.
Había sido institutriz. Había gustado la miel de la soledad,
miel silvestre, dulce al principio y después irritante hasta la locura.
Había sido bella en su juventud; su camino estaba · cubierto de lazos
y cayó en ellos. Cuando se levantó, después de la embriaguez, era
madre... ...
•
-Si supie~a usted, rníioríta María TP.resa, cuánto honor y cuánto de¡¡eo de hacer el bien, 'habfa en roí! En lugar de maldecirle bendije al fruto ele mí falta! Iba á lavarme en él! Le haría puro, le haría noble, le haría grande! Sería mi estrella, el incesaute impulso
ele mi rehabilitación. Y cuando fuera hombre, lo mostraría al mundo, diciendo: «l\Ie habéis anatematizado porque éste.es mi hijo; pero
estabais locos, ¿no es cierto?" Pero se murió, hija mía. Apenas nacido, se murió .... .. Entonces los azares de una increíble miseria me
condujeron hasta esta población. Ocupada en oficios cada vez más
groseros, me convertí en Victorina, la vieja, con cara &lt;le bruja, que
usted conoció. Y vivi todavía mi vida miserable; pero con mis ojos
ariscos y lastimero1:, observé, tan de cerca como me íué posible, el
destino de todas las institutrices. Hay muchas aquí! Esparcidos,
colgados de cada pendiente de las rt&gt;cas, se yerguen los pueblecillos
con su iglesia y su institutriz. Las conozco á todas. Las vigilo á todas. Algunas son débiles y carecen de grandeza: las menos, es cierto! OLras son admirables: yo las acecho, trato de evitarles el mal que
las tienta. Yo la. he sal vado á usted una noche, señorita :M aría Teresa!
Y levantaba hacia mí su pobre rostro, donde brillaba con reflejos de ternura, la inquiétud de que yo no pudiese comprender la belleza de su acto.
-Aquella terrible risa, sabe usted?
Si lo sabía yo! Y era para salvarme, que se había reídp de ese
modo!. ..... Pero entonces ella era un ángel guardián, con todo y su
cara de bruja, como decía.
Pero entonces, entonces, por qué no se había limitarlo á esa risa? Por qué había propagado por todas partes lo que llamaban mí
falta? ..... .
Le dije todo esto, tendiéndole la mano, para que se levantara,
porque la perdoné. inmediatamente,_á carn,a de su triste historia; pero la perdoné sin ímpetu, sin ardor, sin fuerza ..... ... Quedé afligida
porque mi existencia estaba truncada, de todos modo¡,, no obstante
los esfncrzos que esta mujer creía haber realizado. Ella no aceptó mi
in vitnción; permaneció de rodillas y sólo oprimió mi mano con sus
h\bios.
-Xo; yo uo he Rido! Ha siclo Sil vio, ha sido. Phrm,ia: es nece~ario tan poco en un pueblo! Pero no he siclo yo; se lo juro, scíiorita
~Iarfa Te re~a !
-Qué importa! qué importa!-dije clolorosa1úente ........ .
Y lloré. JWa no se alrevi(1 á decirme nada mfü,; dirigió una mirada en derredor y vió mi baúl cerrado, mi petaquilla sobre un asiento, mi !-ombrero, mis guantes sobre la cama intacta.
--Re marcha usted'?-rnurmuró.
-Sí. ..... para morir ..... .
Re puso en pie, fijó en mí su mirada, que se había hecho grave.
-A suicidarse?
-No! oh, no!......... No lance usted su risa, por segunda vez
Victorina! No voy á hacer nada malo......
•
'

Y le referí, en unas cuantas palabras, lo de mis ciento doce francos; el retiro que alquilaría, mi ida al cementerio, las rosas blancas
del último día, cuando no me quedase un céntimo. Me escuchó primero asombrada, después ansiosa.
-Ah! No voy á reír, no! l\Iás bien voy á salvar t,. usted una vez
más, pobrecilla! Porque usted es noble y buena, yo lo sé ...... Dígame, desde luego, cuál es más triste: mi historia, que acabo de referir,
ó la de usted, que va á terminar de un modo tan cobarde? No quiere •
usted intentar nada para volver á empezar, y apenas tiene usted veinte años? Va usted á partir, está bien; es lo justo y lo debido. · Pero
donde vaya usted no será posilile instalar un nuevo hogar, pequeño.
pero en el cual pueda anidar la felicidad?
·
l\Ii pecho se estremeció, mis ojos se abrieron de par en par para
seguir la visión lanzada al aire: ese hogar en que pudiese anidar la
dicha ..... .
-No es posible-dije suspirando.
Y reí, en tanto que un sollozo de confusión me oprimía la garganta.
-Tengo ciento doce francos, Victorina, y soy enteramente sola
en el mundo. .....
·
Se aproximó á mí, y me dijo en voz baja, muy baja:
-Permita usted que la acompafie, María Teresa! Tengo algunas
~conomías: soy animosa; le serviré de criada, mi,mtras usted da sus
lecciones ... ...... Y por las noches, cuando usted regrese á casa la rodearé de tanto amor, que seré para psted casi una madre ...... Acepte
U'lted, María Teresa! ..... .
XXXIV
Acepté casi inconscientemente, como entre sueños como se reza
como se llora, con cierta incredulidad de que tal gota de miel pudi/
se encontrarse en el fondo de mi copa; rebosante de amargura. J a
anciana no se tomó más tiempo que el indispensable para hacer ;u
maleta y recoger sus economías. Partimos momentos después por el
tren de las cinco ..... .
...... Esta mañana de domingo, en que trazo estas últimas líneas,
me llega carta de ~a sefiora Albert, en que me anuncia que el abate
~havard ha cambiado de curato y 9ue la institutriz-oh! yo creo que
siempre pura, pero no menos.des?1ch~da, po~·que el abate está ligagado por sus votos,- que la rnst1tutr1z Eeñonta l\Iorín, ha renunciado su puesto, para seguir al abate. Y ahora que estoy salvada me llena de confusión esta nueva perspectiva de desgracia. Porqu~ efectivamente estoy salvada.
'
Hace siete meses que estamos en l\Iarsella viviendo en una buh.ardilla de la calle X . .. , dos piezas, un pequefio gabinete, una cocina......
•
. Victori~a es quien ha a~ueblado todo y arregládolo. No he sa- •
b1do nunca a cuánto a1:1cend1an sus economías· pero debe haber tenid? una minal Porque. mi recámara es una ob~ maestra, &lt;!on su lecho
comodo, su. gran espeJo y sus fl~res. Ella duerme en el gabinete, á
pesar de m1~ ruegos, y la ~tra pieza es una especie de coJJ)edor alegre, en medio de su pobreza, y libio como un boudoir.
'
l\Ias qué de?ir de la cocina?: las golosinas que prepara Victorina!
Los plftos cond~mentados. con las sobras de la víspera, pero tan sabrosos. La admirable muJer se ocupa de todo con carifio y por la
noch~, cuando regreso
mis lecciones ( al fin he hallado di;cípulas)
1:1e s;ento t~n conmovida, ~n, llena de reconocimiento, que á mí ve~
, oy •\arrodillarme ante el sillon en que descansa }a anciana ..... .
. E11tonces ella ;111e ac'.1-ricia los cabellos con su mano marchita;
mira al fon?o de mis pupilas, y me dice con dulzura:
-Aqm s~ puede aguardar, no es cierto, hija mía?
l\íe rubonzo, p~rque quiere hablatme de amor, de casamiento
de l~~ numero1&lt;as muadas de hombres que han debido fijarse en
atre, idas y dulces, en tanto 9ue voy de un lado para otro en medio
de la buena, de la sana multitud.
- Se pu~de esperar, no e~ cierto? Se acabó la mala soledad ....
-Oh. S1 1 amiga mía!. .... .
Dig? esto coi: t11nta fe, que ella sonlÍe y se hunde conmigo en
el ~ensuei10; m-3 dice q~e. es verdaderam~nte impo~ible que yo no me
ca. e, p~es no soy amb1c1osa, y ~e predice que m1 vida Rerá dulce
tranqmla, 9ue tendré muchos h1Jos, de los cuales el primero h {
ll~m~rse y1ctor, en memoria d~ Victorina, y también en recuerd: ~~
m1 v!ctona ...... Porque he salido victoriosa de la ~oled d d 1
ducc1ones, del desaliento......
~
ª , e as sey tiene raz6n,
así
sucederú
·
ya
siento
en
derredor
de m1,
, mu1t1·
. , ·• ¡
.'
tlld- de Cos. ~s ar p1.opos1c~
e e un Joven ..... .. Pero, chut!. ..... Oh companeras mrns, mis desdichadas comrañerasl Cómo
t
, ,
f r r.
t
l
·
¡
d
'
me a reveria asir
e .1z, ,i es ar a a 1mgo e e to o, cuando vosotras estúis al borde del
abismo ........ .
Oh!
Si .alguha·1 que lea estas líneas puede salvarse
.
(,
' ' . aún 'yo Ja COllJUro a que sm vaci ar se arme de valor y luche....... el triunf0
. _
ro, pero es tan dulce al final!
es ca

?e

mí'.

FIN

•

�Domingo 19 de Abril de 1908

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 19 de Abril de 1903

los cuales vimos de seguridad contra incendio
y contra robo. Estas últimas son una verdadera maravilla: hechas de acero de Chrome,
tienen una palanca que sirve para ajustar
perfectamente la puerta, que cierra por meqio
de una «chapa de Banco» que se presta á millones de ~ombinaciones. Estas cajas de ,,l\Iosler,i sbn de reputación universal, no tienen
rival; buena prueba de ello tuvimos cuando el
formidable incendio de «La Valenciana," donde en una de ellas se. salv6 má-s de un mil16n
ele pesos. Por eso In caja "Mosler" es en los
Estados Unidos, acá y en todas partes donde
se la conoce, sin6nirno de «Eeguridad absoluta.»

l:Jn Gran Establedmiento N}er,antil.
VISITA Á LA CASA MOSLER, BOWEN &amp; COOK, SUCR.
Pero la sabia administraci6n del señor General Porfirio Díaz, puso una
infranqueable barrera á tales desmanes, y al amparo de la tranquilidad y
de la paz q\Je hoy reinan del uno al otro confín del país, han veniqo en
imponentes masas á aprovecharse de sus incalculables riquezas y á darle
una vida de positivo progreso y prosperidad, inteligencias creadoras, brazos
que ejecutan, capitales que impulsan y fecundan.
l'or eso, en un período de tiempo cortísimo, se ha efectuado en el país
una sorprendente metamorfosis y hemos visto surgir, como por obra de
encantamiento, grandes casas de comercio é industriales, que, ·como la de
Mosler, Bowen &amp; Cook, Sucr., no solamente prestigian el talento y habilidad del hombre que ha sabido crearla y desarrollarla (el Sr. Geo. W.
Cook), i,ino que hablan muy alto en favor de la Naci6n, cuyo bonancible
estado pregonan de manera bien elocuente.
Esta casa, de muy reciente fundaci6n, es hoy, gracias á la labori0 8¡.
dad de su propietario, la primera en su género en toda la República, y se. guramente un establecimiento digno de todo respeto y consideraci6n, porque

Entramos al sal6n donde se exhiben las alforn bras, y nuestra sorpresa, creciente cada vez,
ray6 en positiva admiración. ¡Qué derroche
de buen gusto! ¡qué variedad infinita de estilos y clases! ¡qué de grandes novedades! Desde las alfombras, tapetes 6 telas más sencillos
Plant a baj a.-Oepartament o de cajas.

el um bral, ante la contemplaci6n de un rico y
variado surtido de artículos para escritorio que
se exhiben en un lujoso mostrador todo de
cristal : allí se encuentra desde el lápiz más
corriente, &lt;le!'de el papel más barato, hasta el
artículo &lt;l., lujo y de irreprochable buen gu~to.
Eu seguida está el tlepartn111ento de múquinas
de escribir y conta&lt;lores de dinero. Aqní fe
ven agrupadas sobre una mei;a multitu&lt;l &lt;le
máquinas &lt;le escribir, recibi&lt;lus en cambio de
que han i&lt;lo á pagar i,u tributo, á ren&lt;lir su
homenaje,. ante la superioridad indiscutible
de la gran «Smith Premirr,i- declarada por los
expertos la primera entre las mejores. Y á su
lado, están los contadores ,,National,» impert érritos vigías, dependientes insobornableR, de
honradez acrisolada, que economizan dinero
de un modo prodigioso, y que hoy, conocido
su mérito, tienen demanda de todas partes.
Después, admirando uno á uno los muebles
que hay en los aparadores que dan á la calle
de Vergar3:, llegamos al departamento de cajas
fuertes. Bondadosamente nos fueron mostrados los diversos modelos en existencia, entre

Vist a ext e rior de la casa Mos ler, Bowen y Cook, S uc r.

No ha mucho füimpo, los inmensos recursos con que cuenta
el país pisaban desapercibidos para la mayoría, y ni propios ni extraños, aun cuando supieran apreciarlos, intentaban obtener de
ellos algún provecho, porque el estado de perpetua revuelta en que
estábamos, ponía en peligro todo género de empresas y amedrentaba á los más animosos, que justamen~ temfah ser víctimas de
imprevistos y fatales acontecimientos.

P lanta baj a.- Oeparta ment o de a lfombras y telas.
Entrada principal.-Oepartamento de papelería.

á él deben su i,ubsistencia un gran número de
personas que allí han encontrado trabajo y

porvenir.
Negociaciones como la en que nos ocupamos,
m3recen ciertamente la protecci6n del público,
al que (aunque ya demasiado conocida) vamos á tratar de d~scribir algunas vistas de ella
tomadas para ilustrar este cort~ artículo.

Departamento de máquinas de escribir y contadores.
•

•

El gran almacén de muebles y talleres de
tapicería de :Mosler, Bowen &amp; Cook, Sucr., ocupa, como es sabido, un lugar prominente en
el coraz6n de la ciudad, pues se extiende ·aes•
de la esquina de la 2~ calle de San Francisco
y V ergara hasta la otra esquina de esta calle
con la del 5 de Mayo. Su edificio hacia el lado de San Franciijco, es de notable esbeltez Y
elegancia, y sus grandes y numerosos apa·
radores, profusamente iluminados y artísticamente decorados, constituyen un verdadero
ornato de la ciudad. La entrada principal da
á la calle de San Francisco y se siente uno
gratamente impresionado, desde que traspone

Planta baja.--Sal6n princi pal,

hasta los~más delicados·y costosos, allí se encuentran á precios relativamente bajos, si se
atiende á la buena calidad, y en facilísimas
condiciones de pago.
Continuamos nuestra agradable visita, y llevados en un magnífico ascensor, subimos al
segundo piso. Lo primero que vimos fué un
corredor bonitamente dispuesto con un Yariado surtido de bastoneros de todos tamaños
estilos y maderas, y en los cuales no se sab~
qué estimar más, si lo «decora.ti vos» 6 lo útiles
que son. De aquí, pasamos á un gran sal6n
do~de están expuestos muebles de caoba, á
decir verdad, maravillas de arte algunos de
ellos. Entre otros, recordamos mesas de centro, gabinetes para música, escritorios para señoras, costureros, bahuts·y vitrinas. Entre loR
&lt;los últimos artículos, debemos hacer especii; J
mención de unos de rosa con bronces cincelados, de notable belleza y fino acabado.
Pero donde nos extasiamos contempland,1
con detenimiento cada objeto. fué en el i-alú 11
que p~dríamos llamar «dorado, » porque no hay
u_na pieza que no lo sea. Deslumbradora es )a
riqueza que allí se ostenta, y, si hemos de ser

•

�.

Domingo 19 'de Abril de 1903

EL MUNDO ILUST~O.

EL. MUNDO ILUSTRADO.

Domingo l9 de Abril d,e 1903

muy buscados entre nosotros y ciertamente
de positiva utilidad: mecedores y mesas de
centro. Nunca habíarn.os visto un surtido tan
c¿mpleto: de los primeros ha'y como cien modelos, y de las segnndas como doscientos.
Subimos al 3er. piso y desde luego llamó
nuestra atención el gran número ele cristaleros de encino y de nogal que cubren las paredes del corredor. Teníamos, pues, la indicación clara de que íbamos á visitar el departamento de muebles de comedor.
Efectivamente, aparadores y trinchadores
de encino y de nogal, de todos tamafios, estilos y precios, se presentaron ante nuestra vista, dispuestos convenientemente en un amplio salón, de donde pasarnos á otro en que
están agrupados los ajuares completos. Los
hay de nogal, europeos, ricamente tallados en
los estilos Luis X V, Renacimiento y Enrique
II, y americanos, de construcción inimitable
y buen acabado.
A su lado, queda el departamento de loza
inglesa, donde vimos vajillas completas desde
S 40.00 en adelante, finas y de buen gusto,
así como juegos para lavamano~, de precios

para los escritorios que en seguida se pueden
admirar en otros tres salones, donde los hay
planos, altos·y de cortina. Estos, son de g~an
conYeniencia para los hombres de negoCios,
porque les ahorran tiempo expeditándoles· la
disposición de sus papeles, que con facilidad
encuentran en caso dado. El surtido es riquísimo, y estamos seguros de que·quien desee
un mueble semejante allí lo encontrará mejor
que en cualquiera otra parte.
Dábamos por terminada nuestra visita, pero supimos que en ese mismo piso estaban los
talleres de tapicería y rogamos nos fueran
mostrados. Entrarnos á ellos y admirarnos el
buen orden, y más que nada el grupo de mujeres, casi todas jóvenes, que estaban entregadas á su trabajo, ganándose la vida de una
manera decorosa. Nada falta en aquel sitio: la
herramienta, los aparatos, todo de primera:
artesanos hábiles y cumplidos, maestro inte.
ligente en:su ramo. De ahí, que'.todos digañ
que la mejor casa decora-dbra en M:éxico, es la
Mosler, Bowen &amp; Cook, Sucr.
Pero si lo descrito habla muy alto de l(ca-

•

•

Tercer piso.-Salón de Muebles para Recámara.

Segundo piso,-Muebles para sala,

francos, no im~ginábamos que mueblería algÚna en esta capital reuniera tantos muebles
de fantasía, ni por su número ni por su variedad ni por su clase ni por sus precios. desde
los más bajos imaginables hasta algunos eleV'adísimos que corresponden perfectamente á
su valor artístico. Allí hay ajuares para sala,
sillas, sillones, vis-a-vis, vitrinas, espejos,
jardineras, juegos de consolas, repisas, biombos, devaJ'.lts-chiminées, mesas, taburetes; en
fin, una diversidad infinita de artículos decorativos.
Después fuímos al salón donde están exhibidos los ajuares para sala en maderas de nogal y de caob3:. La inmensa variedad que hay
en existencia, hace pensar por qué todo el que
allá va en busca de ellos, sale siempre satisfecho y nunca sin haber comprado. Los estilos,
hoy tan en boga, Luis XIII, Luis XIV, Luis
XV y Luis XVI, están fan puramente representados, tan pei;fectamente acabados, que no
hay quien [por exigente que s~a] pueda dejar de reconocerlo y de proclamarlo.
Cerca, está otro salón henchido materialmente de dos diferentes clases · de ~uebl~s,

Te~r piso.-Salón de Muebles de Comedor.

Hasta aquí lo de muebles para casa,· en te.
sis general considerados;nos faltaba por ver el
departamento de muebles para despacho: así
lo manifestamos y fuimos conducidos á él. La
fama de que goza la casa Mosler por esta clase de muebles, es mucha ya, y todos reconocernos que es una especialidad de ella; pero,
ciertamente, si se examinan con detención, si
se observan cuidadosamente y se estiman la
calidad, la variedad y la ~antidad que permiten escoger á satisfacción, cualquiera alabanza que se haga es pálida ante la certidumbre
de la realidad. En un solo rincón del 4? piso,
hay aglomerados más de 35 distintos modelos
de chaise-longues de cuero y tela y más de 40
de sillones para cstudio,íorrados de cuero y con
armazones de encino ó de nogal. Después, ocupando la parle principal del salón, cuyas paredes están cubiertas de archiveros de diferentes
clases y de todos tamaíi.os, se encuentran como
60 modelos ó más, de ajuares de cuero de búfalo, perfectamente resorta&lt;los, cómodos y debonita apariencia. Enfrente, se ven muy cerca ele
100 distintos sillones giratorios, propios
Cuarto piso.-Salón Principal.
Segundo piso.- Salón de Muebles Dorados.

sorprendentes por lo bajos, si se tiene en cuenta su buena calidad.
Tocó su turno á los muebles para recámara.
Ajuares completos de madera de encino, finos
y corrientes, llenan dos salones, y por lo tanto, se puede hacer una selección entre una_infinidad de juegos lfütintos. Otra pieza la ocu·
pan los ajuares de nogal americano y otra los
ele ojo de pájaro, corre&amp;pondiéndoles un surtido idéntico de roperos y guardarropas, sin
lunas y con ellas. Pero do,1de tuvimos que
detenernos largo tiempo para examinarlos cuicladosamenteJné en el amplio salón donde están los ajuares europeos de nogal tallado.
Representan los estilos mús conocidos y, ¡{°unque todos y cada uno en lo particular, son dignos ele admiración, hay dos, uno llamado
«Iris» y el otro «Du Barr,r». que ~on verdaderas
obras de arte escultórico.
En el mismo salón está un riquísimo surti~
do de camas de latón de lo mejor que se fabrica en Estados Unidos, y, sin hipérbole, en
el mundo; pues sabido es el aprecio de qtUl
hoy disfrutan en todas partes, por su solidez,
su ·material ·extrafino y su perfecta manufactura.

sa de que tratamos, hay algo más que la hace
mucho más recomendable: su personal e!!tá
formado de individuos aptos y de finas
maneras, que hablan varios idiomas, y que
tratan á todo el mundo, compre ó no, con
cortesía. Todos ellos tienetr, por lo que vimos
y oímos, un lems: KTrabajo y progreso.&gt;,

Satisfechos y agradecidos, por las atenciones que se nos prodigaron, clejam·os la casa .
Mosler, Bowen &amp; Cook, Sucr., cuyo mayor
progreso con sinceridad desearnos; y, cordialmente, felicitamos por el gran éxito que ya
ha alcanzado, á su digno propietario el señor
Geo. W. Couk.
•

Cuarto piso.-Salón de Escritorios de Cortina.

•

�Cárlos Manuel Durán.

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desde la edad de seis á siete meses,. y particularmente en el mo•
.nento del destete y dur,mte el periodo del crecimiento. Facilita mucho la dentición; asegura la buena tormaelón
le los huesos; previene y neutraliza los defectos que suelen presentarRe al crecer, é Impide la dianea, que es tao frP.,uegte en los nlt'ios. -PARIS, 6 AVENUE VICTORIA, Y EN TODAS LA8 FARMACIAS.
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PREPARA.DO POR

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DE VENTA

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y Droguar1as.

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que por los principios e&lt;minentemente
curativos que contiene: Estricnina,
Icthiol, Coca, Kola y Aceite de Htgado
de Bacalao, combinados en dosis estudiadas en multitud de casos prácticos.
es á. la vez qur! un licor de gusto agradable, el remedio administrado con
mejor éxito por notables facultativos
en el tratamiento de personas llnfll·
tlcas, de ancianos debilitados, de mujeres cloróticas 6 extenuadas por be•

~

-.~

morraglas 6 por partos laboriosos, de
Individuos gastados por fiebres de
patses cáilidos 6 por la amemi~ tropical
tan común en nuestros patses, de en·
!ermos de la méd-.ila 6 atac&amp;.dos de
parálisis 6 reblandecimiento senil.
La prueba de q_ue la preparación dt'I
Dr. Latour Baumets ha realizado los
fines que persegufa su autor, se puede
teDJer en la multitud de enfermos curados.

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·P/LDORAS

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Subscripci6n mensual foránea S1. l0
ldem,
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Antiséptica&amp;
y _Digest_
i vas
DEL DR. B. HUCHARD,
DE PARIS.

PUTEADAS PARA LOS CASOS SIN DlARhEt
DORADAS PARA LOS CASOS CON DIARREA.
De venta en las Droguerías y Boticas.
PRIIVIAVtRA,

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>Cárlos Manuel Durán.

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En frascos.
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PREPARA.DO POR

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rróNICO RECONSTITUYENTE,

VI.NO

EL DR. LATOUR BAUMETS,

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DE VENTA

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y Droguar1as.

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que por los principios e&lt;minentemente
curativos que contiene: Estricnina,
Icthiol, Coca, Kola y Aceite de Htgado
de Bacalao, combinados en dosis estudiadas en multitud de casos prácticos.
es á. la vez qur! un licor de gusto agradable, el remedio administrado con
mejor éxito por notables facultativos
en el tratamiento de personas llnfll·
tlcas, de ancianos debilitados, de mujeres cloróticas 6 extenuadas por be•

~

-.~

morraglas 6 por partos laboriosos, de
Individuos gastados por fiebres de
patses cáilidos 6 por la amemi~ tropical
tan común en nuestros patses, de en·
!ermos de la méd-.ila 6 atac&amp;.dos de
parálisis 6 reblandecimiento senil.
La prueba de q_ue la preparación dt'I
Dr. Latour Baumets ha realizado los
fines que persegufa su autor, se puede
teDJer en la multitud de enfermos curados.

.___________.

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~....,,....~~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ... ~~~~~~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~

·P/LDORAS

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Subscripci6n mensual foránea S1. l0
ldem,
ldem. en la capital S1.25

·

~

~ ~ ,,...__

Antiséptica&amp;
y _Digest_
i vas
DEL DR. B. HUCHARD,
DE PARIS.

PUTEADAS PARA LOS CASOS SIN DlARhEt
DORADAS PARA LOS CASOS CON DIARREA.
De venta en las Droguerías y Boticas.
PRIIVIAVtRA,

�Domingo 26 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRAOO.

Domingo 26 de Abril de 1901

El último libro dtJlmado ntr~o
"€1 exodo y tas 'florts dtl eamtno."
Al terminar la lectura, volví á las dos líneas, escritas en el p6rtico del ejemplar que
me envi6 el poeta: «Para Carlos, que vivi6
mur.has páginas de este libro. Fraternalmente, Amado. 1,
Es verdad, ¡oh buen camarada de mi postrera renovaci6n de vida! son mías algunas de
esas páginas, las más espontáneamente tuyas- porque en ellas no se ha mezclado ese
pérfido amigo que se llama el Arte;-las que·
se evadían de nuestros espíritus como aves de
una nueva primavera; las sinceras, las que no

EL MUNDO ILUSTRADO.

ces salen capítulos como ,,Deutschland)) y
ccMunich-V{agner», en los que el artista resulta un maravilloso instrumentador de una sofiada 1,infonía.
Son gallardas estrofas, pero- ya sabéis mi
opini6n- prefiero al poeta sin colaborador,
por más que ese colaborador se llame el Arte,
la Historia ó la Naturaleza.
-Yo me sabía todo esto de memoria- me
decía una tarde frente al perfil entenebrecido·
de Sainte Chapelle. Lo había visto antes.
Y sí lo vió, y en buena prueba ahí están
sus «Místicas.»
¿Para qué contemplar lo que se ha adivinado? ¿Para qué?
Hay espectáculos que no conocemos todavía y que interesan más acaso: los que todos
llevamos dentro. ¿ Y sabe usted, amigo mí.o,
lo que guarda su monótona y persistente individualidad?
Viajar sin alma, es como pensar sin conciencia. Las cosas inertes pasan, pasan, pasan dejando tras de sí una estela fugitiva. Son
también trazos en el aire. El secreto está en
apoderarse de esos trazos, eñ fijarlos bien, allá
hondo, muy hondo, en donde no se desvanezcan nunca. Hay astros muertos cuya luz nos
llega todavía y que,sin embargo, han desaparecido del firmamento hace millares de
años.
Y así son esas impresiones del poeta: la
imagen se habrá borrado, la línea se habrá
perdido, el color esfumado. Pero siempre vi virá la perdurable, la imperecedera visión de la
sensación sen~ida que nos hablará del recuerdo «como de una patria lejana. 1,

Amado Nervo.

habían rozado sus frágiles alitas blancas con
este lago inmenso de la Idea, de la Idea, que
purifica y amarga, que fustiga y que enaltece.
En todo poeta, como en todo hombre-¿y
qué hombre no es poeta? á ocasiones, al descuido,á retazos,-hay dos personalidades distintas: el ingenuo, el buen niño que duerme,
y el otro: el que se vigila, se lee ( 6 lee á los
demás, es lo mismo) y se discute. Yo amo
más al primero que á éste.
Y he aquí lo que me sorprende y me enamora de eata escapatoria de colegial en vacaciones: la individualidád del poeta en independencia con la infinita variedad del medio:
ora que lo rodee esa blanca luz de Lucerna¿Lucerna, no es Elsa?-- 6 ya que se ciña al
cuerpo ese rojo manto d~ Montmartre. El paisaje lo divaga por un momento 1 se deja arrebatar por este 6 aquel incidente del camino;
pero muy pronto el pensamiento se evade de
aquellas envolturas y surge personal é incisivo, como una flcr exótica.
Nervo ha viajado por Europa; Europa ha
viajado por nosotros, sus compañeros. Es la
diferencia.
Para enlazar la sucesión de cuadros que desfilan por este libro, he menester pensar un
poco más en el voeta y un poco menos en el
camino. Las flores son más interesantes que
el sendero. Parece que este hombre no ve, sino que se ve. Se ve, encuadrado en una amplia decoración por la que cruzan brillantes
comitivas, cortejo de 1u ces, procesión de colores, y esbeltas catedrales y viejas ciudades y
torres, ni,inaretes, castillos, obra:;, de arte, cosas vetustas y flamantes cosas, mezquindades
y grandezas, lo infinitamente pequefio y lo
infinitamente inmenso.... . y el vértigo no se
apodera de esta conciencia, serenamente inmóvil, que marca cada. etapa con su visión
eterna.
El lo dice en el peristilo:
Mi mente es un espejo, rebelde á toda. huella:
mi anhelo es una. pluma. funámbula, donaire
del viento; el aerolito que cae, ésa es mi estrella.;
mis goces y mis penas son plumas en el aire.

A veces,el mundo exterior se mezcla extrafiamente con el alma del visionario, y enton-

EL HOMBRE DEL AZADÓN.
(PARÁFRASIS DE EDwIN MARKHAM.)

Dios hizo a.l hombre á
su imagen y semejanza.
GÉNESIS.

Al peso de los sigloe, encorvado,
la mirada en el suelo, prisionera,
sobre el tosco azad6n el cuerpo inclina;
de las edades el vacío, muestra
en la faz; y la carga de la vida
sus espaldas doblega.
¿Quién lo ha formado así? ¿quién lo ha•creado
para el éxtasis, piedra,
muerto para el arrobo y el delirio,
para el coraje olímpico, materia?
¡Ente que ni padece ni se afana,
indiferente ser que nunca espera,
estólido, é idiota, é insensible,
compañero del buey, del buey pareja!
¿Quién deprimió la curva de su frente
y aflojó su mandíbula de bestia?
¿de quién es el aliento cuyo soplo
de su cerebro arrebató la idea?
¿Es éste el ser del Hacedor imagen
á quien dominio dió de mar y tierra?
¿éste el que robe su poder al cielo
y persiga en su curso á las estrellas?
¿el que sienta las ausias palpitantes
de la existencia eterna?
¿Es éste el suefio que naci6 en la mente
de «Quien» fijó á los astros su carrera
«Quien» sostiene la b6veda azulada ' .
y abrió el Averno en lo hondo de la Tierra?
¡No ha existido figura más terrible,
que más denuncie la codicia ciega,
más llena de señales portentosas
ante el alma soberbia;
más amenazadora y agobiada,
y al mundo, más siniestra!
~ ¡Quéabismoapartaáesehombredel qu~rube!
Esclavo de la yunta y de la rueda
¿qué le importan Platón y sus en~ueños
la órbita de las Híadas y las Pléyadas? '

PHRINE.

¿qué_ le importan los trinos de los pnjaros,
el alJófar de la alba y Au luz bella,
el matiz irisado de las rosas
y el delicado olor de la azucena.

Mirad allí esa mujer cabizbaja delante de ese colegio de ancianos
graves, que están oyendo y deliberando. Una larga túnica de riquísimo
ostro la cubre toda, desde la garganta hasta los pies, ceñida á la
cintura con una gorda trenza de hilo de oro. Un corchete en forma
d_e mariposa, de oro asimismo, salpicado de diamantes diminutos, le
cierra debajo de la barba el doble vestido.
La una mano en el seno, la otra á lo largo del muslo, silenciosa y
afligida, allí está la celestial hermosura esperando la sentencia.
Ni el habla persuasiva de los jurisperitos de Atenas,ni las lágrimas
de sus propios ojos, ni las sonrisas de sus labios preñados en promesas,
han podido con los jueces; han oído éstoti, han juzgado en su ánimo,
van á resolver en pública votaci6n: la frente severa, la mirada adus•
ta, _el desabrimiento del rostro, son presagios funestos para el reo, ese
dehncuentefemenino que ahora sem1:,ja á Psiquis, no indignada contra
el amor travieso, sino humillada ante Juno inflexible. Muerte 6
vergüenza, tal reo no la puede sufrir; vuela la mariposa que figura el
corchete de la garganta, ábrese en un pronto el cordón de la cintura
cae á sus pies la túfiica......
_
'
Friflé es absuelta, -y un aplauso inmenso retumba en el Areópago.

Por la terrible humanidad vendido,
profanado, esquilmado y sin herencia,
del mundo ante lo3 juects, profecía
su grito es: ¡no protesta!

***
¡Oh señores, oh dueños soberanos
que gobernáis la tierra,
es, este ser de vuestras manos, la obra
que devolvéis á Dios como presea?
este monstruoso ente invalidado,
sin ambici6n, sin ánimo ni fuerza!
¿Qué haréis para tornarle á la esperanza,
para erguir su figura cual la vuestra?
De la vida inmortal dadle el deseo;
haced que al Cielo su mirar convierta;
reconstruid en el fondo de su mente
la nidada de sueños del poeta;
la música del alma
y la luz de la idea.
Que la maldad infame el puesto rinda
á la verdad sincera;
y que el error, el dolo y los pesares
se tornen en visiones y quimeras.
Amos, dueños, señores, po&lt;lerorns
legisladores de la vasta esfera,
cuando tle la revuelta el torbellino
sacuda el mundo con potente fuerza,
de este hombre, de este ser, á lo futuro
daréis estrecha cuenta:
á su pregunta inevitable y ruda,
¿cuál será la respuesta?
¿qué eerá de los reinos y los reyes
que moldearon la bestia,
cuando el mudo terror de lo presente
á Dios responda al fin de la carrera,
cuando de las edades, las centurias,
en el silencio, duerman?
LAURA MÉNDEZ DE CUENCA.

·-·

,

JUAN MONTALVO.

PLUVIOSILLA.C*)
Incrustada en una enorme herradura de montañas
-herradura que un Pega.so desprendió en su raudo vuelocomo esbelta y nívea garza en la margen del riachuelo.
sacudiendo alas de niebla, en la luz del Sol te bañas. ·

*

SR. MANUEL ZAMACON•A. E INCLAN.

-

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:• . : 1

IL:j .;.,::e:alll'i....:.....

--~

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---

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-

~Ctsortro 6tntral dt la nación.

Con la blanca y adorante floraci6n de tus campafias
y las gasas vaporosas de las nubes de tu cielo
armoniosa y gentil surges-nueva Sara hecha' de hielocon la faz vuelta al idilio de las rústicas cabañas.

*

.....-

• El señor don Manuel Za.macona é Inclán, que por algún tiempo
desempe:fió el cargo de Director General de Correos1 fué nombrado
últimam.ente por el Ejecutivo, Tesorero General de la Na.ci6n.
Conocidos los honrosos antecedentes del señor Zamacona como empleado de la Administración Pública, el nombramiento hecho en su
favor, se considera muy acertado y ha sido recibido con aplauso.
El nuevo Tesorero tomó ya posesión de su cargo.

Eres símbolo de_ Ofeli~, _Beatriz .Y Margarita;
te presentas al curioso viaJador ccb1anco vestita ·»
de Gauthier en la «Sinfonía» eres nota y sensa~ión;

*

y desnuda é incitante, cual marm6rea Galatea
es tu erguido_ Citlaltépetl, seno cándido que albe~
Y que en un rntenso espa$mo desflorara Pigmalión.
(* )

Orizaba.

JUAN B. DELGADO.

EL DANZON.
Gimnasia del amor, la danza agita
su cabellera al aire; el cuerpo mueve
con intenso vaivén y paso breve;
y en un giro veloz se precipita.... .. .. .
El contorneado seno que palpita;
el muslo que al contacto se conmueve;
el amplio vuelo de la falda leve;
todo á la fiebre y al desborde in_cita.
El cubano danz6n, que en sus rodeos
desenvuelve lujurias tropicales,
al son del canto la cintura quit:bra;
y dibuja, r.l girar, sus contorneos,.
cual si se retorciese en espirales
á lo largo de un junco una culebra ......
JosÉ S.

.-.

CrrocANO.

ANTES DEL OCASO.
Si la implacable augusta segadora
mañana en el camino me sorprende,
como al errante pájaro, que enciende
la desgracia mortífera y traidora;
no me lloréis, reíd; que en regia aurora
mi alma sucumba cuando rauda asciende
y &lt;le la cumbre de la gloria tiende
el YUelo, á la colina soñadora ........ .
Yo no quiero morir ya emponzoñada
la rosa de mi vida y deshojada;
morir quiero al romper la primave:e.!
Antes que llegue el vacilante ocaso,
hoy que rebosa de licor mi vaso
y una mujer en el jar&lt;lín me espera! .... •· ···
J osÉ M. CARBO.:SELL.

SITIOS fllNTORESCOS.-Chapala.

(Fot. Rawel.)

�EL MUNDO ILUSTRADO.

DomJngo 26 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

Con los remos abiertos y queriendo dernlvel'8e ó lanzarse al_ boi;que la bestia se revelaba contra todos mis esfuerzos por encammarla
)Ii ca.balgadura seguía al paso, ya hundiendo los cascos en el
ele frente. Entonces, y de improviso, el miedo_, el ~Hiedo horrible me
i1wadió. Sentí culC'brear el terror por todos 1ms m1em hros, P\tes una
polvo &lt;le la senda, ya aferr!tnclose sobre las duras piedras del cantil.
La m ula crn mansa y obediente al m(ts ligero estímulo &lt;)c la rienda ó
itlea terrorífica arnltó mi pen!'amiento, y la angustia indefimble me
de la espuela. Caminaba, zaminaba sin reparo y i;in tropiezo, con el
apretó el corazón como una tenaza férrea. Sí, era indudable; no
podía ser otra. cosa: ¡El tigre! el sanguinario huésped de las selvas d e
cuello flácido y ln cabeza inclinada. Prolongábase el &amp;endero más y
más, bln1H1ueando á lo lejos y torci&lt;':ndose, plegándo~e á las ondulacctierra caliente» me ncechaba sin duda, y yo estaba solo, completaciones clel bosque y los cantiles y á las quebraduras del terreno. Yo
mente solo en el desierto ele los campo,;, pues el ausente no dabn: sem e había abstraído tan hondamente en el pasmo contemplativo de la
íial alguna 'cte su regreso. Gri tP á grito herido, por una, dos, vem te
nwditación, que c!'taha ya en ese punto en que á fuerza de pemar, en
yecef'. ~i tan siquiera el eco contestaba á mi voz. En aquel conflic:t ·&gt;
nada pen~amos. Poco ú poco una dulce tristeza me envolvía, porque
pensé instantáneamente que debía domina:i-me, que. importaba r~~-oel campo es triste, au n en Jac; horas en que mayor \'ida rebosa.
brnr mi sangre fría para encontrar un medro cualqmera de salvac1on.
De repente lenu1tó mi caballería la cabeCon un supremo e!&lt;ÍUerzo logré ¡iqmetar mi
za, irguió las orejns, arqueó el cuello, y reespíritu y calmar la tensión de mis nervio!'.
soplando por la nariz, dilatado el belfo y los
No llevaba conmigo más armas que un revól ojos fij m~ en un punto frontero, intentó detcver y un cuchillo ele monte, i nútiles en u n
ner~e. R.ípidamente vol\'Í sobre mí, inquicom't1ate con el pod&lt; r .&gt;so felino. Las apercibí,
riendo la. causa. tle aquel accidente. Con la
sin embargo, para tmtr de ellas rápi d '.lmente,
vista recorrí toda la extensión que me rodeay procuré orientarme á fin de seguir el meba. Estoy acostumbrado á Yer larguísimas
jor cami no, en caso de poder emprender la
distancias y la noche no es un obstáetf'º para
fuga. Pero de pronto, ya con calma, eché ele
que pueda distinguir un ohjeto lejano sin más
Y&lt;'r que la mula pugnaba por internarse en
claridad que la ele las e~trellas. Nada extrael bos:pe y ei:;to me devolvi6 comp letamen te
ño d escubrieron mis ojos. Castigué á la ac&lt;:el valor perdido, pues en caso d e que la fiera
mila con el látigo y la espuela, y el animal,
me acechara, debía estar preci~arnente en el
resentid o a l castigo, continuó al instante su
bosque, oculta e1,tre las malezas, y en tal cacamino. I maginé que habría ad,·ertido la preso, t'l i nstinto de mi cabalgadura le habría
sencia ele algmia víbora que atravesara el seni ndicaelo tomar otro sendero. Ademíis, en el
dero y no &lt;li la menor importancia ú aquel
camino que $8 extendía ante mí, Íl una distropiezo.
tancia muy larga y que se descubría del todo, no había cosa alguna que !&lt;emejara jaguar
Seguí sin detenerme; pero, á medida que
ó rantera, que son los dos animales fe r1,ces á
avanzaba, el animal 111ostr[i base inquieto y
quienes los naturales de aquellas comarcas
receloso. Pocos minutos transcurrieron, cuandan el nombr11 de tigre.
do, por segu.1da vez, pero de una manera
más acentuada, parósc la mula olfateando
Entre tanto, la mula se había calmado tamel aire con la nariz hinchada y erectas hacia
bifo
un pC1co, más bien agotaela por el mieMANUEL J. OTHON, Eximio Literato..
adelante las desmesuradas orejas. Empezé á
do y el terrible castigo que yo le seguía impoinquietarme. pero sin llegar á la alarma.
niendo si n misericordia, que; porque h ubiera
Fustigué vigorosamente á la bestia y obfiguéla á tomar de nuepresentido la ausencia del peligro. Este continuaba, pues ni por un movo su andadura. Con más detenimiento y cuidado examiné la Ren mento dejó mi pobre bef'tia• de olfatear el aire, lanzanelo entrecortados
da, el bosque, hasta donde la m irada podía penetrar, y el fondo del
resoplidos. Luego de allí,de la prolongada vereda venía el peligro. ¿Qu&lt;:
barranco por donde el río se deslizaba. Inútil fué tam hién aquella sepodría ser·? La proximidad del hombre no espanta á ninguna clase de
gunda i nquisición. Afianzado ya en los estribo!:', enderecé la marcha,
andaduras, por mús que la presienta desde muy lejos. m movimiento
confiado y resuelto, hacia el punto que era el objeto &lt;le mi viaje.
que hacen en presencia de la serpiente, no tiene nada de común con
aquellas muestras de terror sumo que aún duraban en mi Espantado aniH asta entonces había logrado que la mula obedeciera; mas sobremal, rebelde todavía á continuar la marcha. Confuso y pasmado, buscavino u na tercera detención, y entonces, el espanto que se apoderó de
ba yo cuál podría ser el objeto que en tan penoso trance me pusiera;
la cabalgadura, empezó á transmitirse á mis nervios. Ya el azote, la
cuando á lo lejos .. .
rienda y las es[Juelas hincadas despiadamente en los ijares, fueron
inútiles.
[I

Euentos de Espantos(")
I
Encuentro Pavoroso.
I
De esto hace ya bastantes años. Encontrábameen una aldea muy
an tigua de la zona litoral del Golfo. Tenía que regresará la cindncl de
mi residencia y em prender una jor hada de muchas leguas. Abril tocaba á su fin y el calor era insoportable, por lo que decidí hacer la
caminata de noche, pues de otra manera me &lt;'Xponía á un espasmo ó
á una insolaci6n. Ocup&lt;': la tarde en los preparativos consigui&lt;'nte!'I, y
llegadas las n ueve de la noche, monté sobre una poderosa mula baya
y, acom pafiado de un mozo de estribo, atravesé las calles de la villa'
encontrándonos, á pocn andar, en pleno campo.
'
La noche era espléndida. Acababa ele salir la luna llena, pura y
t ranquila, envuelta en un azul diáfano, como si estuviera empapada
en las olas del Atlántico, de donde surgía. Los bnjos de las montañas envolvianse en el caliginoso vapor del 1,calmazo,» que así llaman á la calina por aquellas tierras. El cielo estaba resplandeciente como si una
bQveda de cristal y plata fuera. Desde la salida del pueblo el camino
se marcaba vigorosamtnte al borde pedregoso y áspero de un acantilado, lÍ cuyo pie, por el lado izquierdo, rodaba el río entre guijas y
pefinscales, con u n rumor á veces como el de un rezo á veces
como el de una carcajada. A la derecha se extendía la muraÍia movible y verdinegra d~ un in1;1enso bosque. De manera que la senda,
muy angosta, corrrn, corna y se p rolongaba entre el acantilado del
río y la tortina del follaje.
(*) Al frente de esta serie de cuentos, el auto1· puso la ded icatoria
que aigue:
SR. LIC. DON Jos~ Ló~EZ- PORTJ.1;,LO y ROJAS.-A usted, mi querido
Pepe, consagro la senc1llís1ma narra.ctón de estos tres sucedidos en público testimonio de lo qu_e admiro su elev:i,uo talento y su gran 'corazón, y
como una prenda del imperecedero cariño y la profunda simpatía que á
usted me ligan.

Domingo 26 de Abril de 1903

Buen trecho del camino habíamos recorrido, cuando mi acompañan te me advi r li6 haber olvidado un tubo &lt;le hojalata que contenía
papelefl, para mí de la mayor importancia. Le obligué á regre$ar, lo
cual hizo Yolviendo grupas, y, disparado á carrera tendida, bien pronto se perdió su figura en tre la claridad. de la noche, y el ruido de los
cascos entre el murmurio del río y el rumor de los árboles.
Seguí hacia adelante, paso 1Í. paso, con objeto de que el mozo me
alcanzara en breve tiempo. La brisa que so1 laba desde el mar, llegó
á refrescar la caliente atmósfera, barriendo los sutiles vapores del cal·
mazo y drjando contemplar el paisaje hasta las más profundas lejanía!\ toclo en \'uelto en la inmensa ola de aquella noche tropical Y
divina.
Yo estoy habituado á la soledad de los campos, en la~ montañnii,
.en los bosques y en las llanuras. He pasado muchas noches en una
choza, debajo de un árhol, de un oeñasco 6 á la intemperie absolutamente, sin mlÍ.s compañía que la ele mis pensamientos. Así es que
aquella soledad era para mí muy grata, pues estaba plehamente inundado en la augusta y serena majestad de la naturaleza. Xada. de medroso había en torno mío y ningún temor por consiguiente, me asaltaba. El gozo, el gozo inefable é inmen'so de la contemplaci6n iba
penetrando en mi espíritu á la vez que el aire fresco y perfumado de
la selva hinchaba mis pulmones. Aun olvidé por completo los asuntos, arduo3 y graves por demás, que ocasionaban aquellos viajes por
comarcas Cfsi deshabitadas y salvajes, y hasta olvidé también al ~ozo que eleb1a regresar y darme alcance. Com) caminaba tan d espacio,
no había recorrido cuatro leguas á pesar de tres horas transcurridas.
l\Iedia noche era por filo y el l ucero brotaba ci ntilante y radit&gt;so tras
el vago perfil de la lejana cordillera, blanco, enorme y derail umbrador
como otra luna.
Todo era luz y blancura en aquella noche del trópico. Los pe·
fiascos aparecían semejantes á bloques de plata, y las frondas, lo~ rna·
torra.les y la maleza misma, temblaban como nervios de cristal_ vibrantes y sonoros. El río era un chorro de claridad y sus espumas relam·
pagueaban como uñ lampo, herielas por la mirada luminosa que el
firmamento incrustaba en ellas, desde su alcázar &lt;le diamante.

.,.

�Domingo 26 de Abril de 1903

III
Allá, de un recodo del camino, surgió de pronto una figura que,
aunque avivó de súbito el terror de mi acémila, vino á infundirme
un rayo de consuelo, devolviendo del todo la tranquilidad á mi ya
fatigado espíritu. Era un animal, al parecer asno ó caballo, de color
negro, que la blancura de la noche hacía más negro aún. Sobre él, á
horcajadas, sosteníase un hombre vestido de pardo. Estaba el grupo
todavía muy lejos para poder apreciar otros detalles; mas desde luego aquello era un hombre y yo no estaba ya sólo en el monte. l\Ie
ayudaría, sin duda, á salir de aquel conflicto y ambos inve3tigaríamos la causa de tan grande susto.
Pero lo extrafio, lo inaudito y que para mí no tenía explicación,
era que, á medida que se acercaba aquel á quien yo veía como un
salvador, mi malhadada cabalgadura más se estremecía é impacientaba por huir. Sin embargo, transcurrido ya el período álgido, yo po-

día refrenar aquellos desaforados ímpetus. Soy un jinete medianamente diestro y me impuse al animal casi gobernándolo por completo.
En tanto, el otro jinete iba acercándose, acercándose paso á paso
muy lentamente, como quien no tiene prisa de llegar á parte alguna'.
Por la andadura conocí que venía montado sobre un asno, al que no
estia 1,1laba para que avivara el paso, dejándolo caminará toda su voluntaq y talante.
El lugar donde me encontraba detenido era un sitio más amplio
que el resto de la vereda, pues allí precisamente empezaba á ensanchar el camino, en virtud de qQe los acantilados se iban deprimiendo
paulat_inamente, formando sobre el río un macizo talud &lt;le piedra.
Ya m1 nocturno compañero estaba cerca y pude distinguir que.. no traía
sombrero y sí solamente un «paliacate" ceñido á la cabeza. Quise adelantarm_e su encuentro; espoleé; herí las ancas de la cabalgadura,
que res1stiase de todo punto, y solo conseguí acercarla á la vera de la
espesura, donde los árboles formr..ban un claro. En esa posición esperé, siempre con el revóiver apercibido, pues no me parecía por demás
precaverme.
Cierto malestar, empero, una especie de ansiedad aguda me oprimían el_ ~echo, pues, ~ pesar de todo, aun de la pr6xima compañía de
aquel v1aJero, encontrabame en presencia de algo desconocido, de algo raro, y yo presentía que un acontecimiento extraordinario estaba
pronto á sacudir mi ánimo hasta en lo más profundo.
,
Ya sól~ un.os Ct!~ntos _pasos nos separa.han. Ansioso por dar fin
a ta~ extrana_s1tuac1on, hice un supremo y vigoroso esfuer-w, liwanté
las riendas, hmqué la espuela y sacudí el azote todo á un tiempo y
la mula _se lanz? desesperadam~te hacia el per~zoso grupo, deteniéndose de improviso á unos tres o cuatro metros de distancia. El negro
animal, con esa particularidad de los de su ralea, se acerc6 afanosamente al mío, ha~ta quedar fr~nte á frente los dos y yo con el jinete.
Brusco, terrible, hondís1mo fué el sacudimiento que estuvo á
pu~to de reventar los más vigorosos resortes de mi organismo. Un solo mstante, pero tan rápido como la puñalada ó la fulminación del
rayo que destrozan y aniquilan; un solo instante clavé los ojos en
aquella faz que ante mí relievaba sus contornos de ün plasticismo
brutal y espantable hasta el espasmo del horr0r. Y en ese instante
lúgubre no hubo línea, detalle ni sombra que no ~e incrustaran
profundamente en lo más escabroso y recóndito de mi ser.
Era ufi rostro lívido, cárdeno, al que la inmensa luz lunar prestaba matices azules y verdes, casi fosforescentes. Eran unos ojos abiertos y fijos, fijos, fijos, sobre un solo punto invariable, y aquel punto
en tal instante eran los míos, más abiertos aún, tan abiertos como el
a~ismo, que traga tinieblas y tinieblas sin llenarse jamás. Eran unos
OJOS que fosforescían opacos y brillantes á un tiempo mismo, como un

?

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

vidrio verde. Era una nariz rígida y afilada, semejante al filo de un
cuchillo. De sus poros colgaban coágulos s~ngrientos, ~etenidos sobre
escaso é hirsuto bigote, que sombreaba. labios d~lgadís1mos y apretados. Eran unas mandíbulas donde la piel se rest1raba tensa y manchada de pelos ásperos y tiesos; y del lienzo que ceí?a la frente se escapaba hacia arriba un penacho de greñas que el viento de la noche
azotaba macabramente.
Debajo de aquel rostro 16brego y trágico á la_ vez, un tronco enhiesto y duro dejaba caer los brazos como d?s látigos, sobre las piernas dislocadas. Del extremo de aquellos látigos, envueltos en manta
gris, surgían dos manos, que se encogían desesperadamente, cual si
apretaran asida alguna invisible sombra. Y todo aquel conjunto era
un espectro un espectro palpable y real, con cuerpo y forma, destacado inmensa~ente sobre la divina cla.idad del horizonte.
¿Cómo pude resistir tal aparición? ¿Cómo logré sobreponerme á
mis terrores y dominar la debilidad de mis nervios tan trabajados por
las repetidas y tremendas emociones de aquella noche?
¿Cómo alcancé, por último, á conservar un
punto de lucidez y desviarme de tan horrenda larva, lanzando mi cabalgadura, como
quien se Janza hacia el vértigo, por entre las
intrincadas sendas del bosque, para ir después á tomar de nuevo el camino que mi
instinto solamente me sefialaba? Lo ignoro
todavfa. Sólo sé que al cabo de algú n tiempo
pude orientarme hacia el sendero antes seguido, y ya sobre él proseguí la marcha, como
á través de un sueño.
Como á través de un sueño proseguía, que
todo en derredor tomaba los tintes y el ai,pecto
&lt;le las co!'as entrevistas cuando soñamos. Pero la realidad se imponía tiránicamente á mis
Rentidos, y en vano me figuraba estar bajo
el aterrador influjo de una pesadilla.
Galopaba, corría frenético por el blanco
sendero que otra vez tomara al salir de la selva. El viento me azotaba el rostro, mis
oídos zumbaban y una especie de vértigo me
impelía. Pero la misma frescura de la noche
y aquel furioso galopar fueron parte á calmar
mi excitación. El perfume acre y resinoso
que venía arropado en el -aliento de la montaña, al penetrar en mi pecho, ensanchó mi
ánimo á la par que mis pulmones. Ya la apa•
rici6n iba separándose de mí, no la distancia
ni el espacio transcurridos: veíala. en mi mente como á través de muchas leguas y de muchos años.
Al cabo de algunos momentos fuese aflojando la carrera y yo no
procuraba ya excitarla. Atrevíme primero una, luego dos, por último
repetidas ocasiones á volver atrás la cabeza y hundir la mirada en el
espacio luminoso. Nada.. La soledad que se extendía, que se dilataba
en mi derredor por todas partes. Aquel volver atrás los ojos lleg6 á ser
una obsesi6n dolorosa que habría continuado distendiendo mis nen·ios
de nueva cuenta, á no haber percibido de lejos voces humanas, cuyo
rumor mágico acarició mis oídos como una celeste música, pues había
llegado casi á perder la. noci6n de la humanidad, y pienso quAsentí lo
que el náufrago confinado á. una isla desierta que después de mucho
tiempo logra volver á ver á sus semejantes.
Las voces se acercaban y distinguí luego un grupo de hombres
que venía por el camino platicando y riendo en amigable compañía.
Llegaron hasta. mí, saludándome corteses y sencillos. Eran cinco y todos marchaban á pie. A la pregunta que les dirigí sobre la causa que
les obligaba á caminar á deshora, pues no veía en ellos ningún apero
de labranza ni señal que indicara trabajo alguno, contesláronme, dándome desde luego la explicacíón de lo que me había ocurrido, aunque
yo me guardé bien de hacerles conocer el horror pasado que ellos, seguramente, adivinaron en mi descompuesto semblante. '
En un rancho de la vecina sierra, la tarde anterior había ocurrido ·
una riña á mano armada, en la que sucumbi6 uno de los rijosos. El
!13atador e":1prendió ~a fuga y el cadáver, consignado á la a utoridad,
iba conducido á la villa de la extraña manera que yo le había. encontrado. P:,.ra ahorrarse molestias y evitar que el ramaje se enganchara
en las ropas del muerto, colocáronle los conductores á horcajadas sobre un paciente pollino, sosteniéndole con dos estacas convenientemente aderezadas en el aparejo.
Al c;aber semejante cosa, encontradas sensaciones repentiname~te
de mí se apoderaban: ya era un anhelo brusco de abrazar de agasaJar
á aquellos bárbaros, ya un furioso deseo de acometerlos. Contuve, sin
~mbargo, ~le~ ímpetus, y despidiéndome de la patrulla, proseguí la
interrumpida Jornada.

La del alba se venía á toda prisa cuando el repetido ladrar de ~rros y el alegre canto de los gallos me anunció la cercanía de un ranc~o que se recuesta ~n los estribos de la montaña. Llegado que hube,
hice pa!ada ~n el primer solar cuyos jaca.les á humear empezaban.
Eché pie á tierra y me propuse esperar á mi rezagado mozo mientras
dab~n ~n pienso á mi caballería y á mí frugal, aunque c~nfortante
refnger10.
El sol salía apenas, cuando despavorido, trastornado, casi loco,

Domingo 26 de Abril de 1903

mezquino y desorganizado cerebro. L&amp; embriaguez huy6 c?m~ p~r encanto; y, habilísimo jinete_. se arrojó por el acantilado abaJO siguiendo
toda la. margen del río, hasta encontrarse conmigo en el rancho de la
montafia. Por esa raz6n no topó con los conductores del cadáver, Y le
tuvo, desde el espantable encuentro, por cosa del otro mundo, á pesar
de todos los empeños que puse en arrancar de su ánimo la tremenda
impresión.
.
Cuando rendimos, al día siguiente, la jornada, cayó el desgraciado mancebo presa de mortal paludismo, que degeneró en una terrible
fiebre cerebral.
Pocas semanas después estaba muerto.
Y yo, á pesar de lo bien librado que salí, no las tuve todas conmigo.

llegó por apartado sendero el infeliz sirviente. Detenido en la villa
mientras le entregaban los papeles, Je pareci6 necesario refocilarse con
buena ración de aguardiente. Un tanto ebrio emprendi6 á todo escape
la carrera para darme alcance, pero á poco la dipsomanía le obligó á
detenerse en las últimas casas del poblado, donde repiti6 las dosis del
de caña y trabó plática con los amigos y conocidos.
Ya bastante excitado prosiguió la marcha y en un lugar del cami no t uvo el mismo pavoroso encuentro que yo. Llevaba un ehorme
cigarro de hoja de maíz y había gastado todos los fósforos en encenderlo. Al divisar al macabro noctimbulo, dirigiói::e resueltamente á él
para que le proveyera de fuego, y su sorpresa y espaIIto fueron mayores mil veces que los que yo pasara, pues, montando un caballo que
no se asustaba, y siendo supersticioso en extremo, como toda la gente
campesina, fué brusquísimo y terrible el golpe moral que ncibi6 su

MANUEL

HEROINA CUBANA.

Gobierno Es,&gt;añol, en que fué puesta, como
t?dos .los presos políticos, en libertad.

Publicamos hoy el retrato de la Sra. Magdalena. Peñarredon&lt;la, distinguida heroína cu•
bana que actualmente visita nuestra capital.
L:i. Sra. Pefiarredontla fué encausada el año
de 1887, siendo Gobernador de la Isla el General Fajardo, por un artículo publicado en

L'\ ol,jeción, el desquite, la alegre desconfianza, la ironía, son signos de salud; todo lo
que es absoluto es del dominio &lt;le la patología.

·-·
*

En la frecuentación de sabios y artistas, es
fácil engañarse en sentido inverso: detrás de
un sabio notable se e~cuentra á menudo un
hombre mediocre, y detrás de un artista mediocre, un hombre muy notable.

J. ÜTHÓN.

ESTATUA DE BARREDA.
Próximamente seriS descubierta en Puel,la
la estatua de don Gabino Barreda, que el Gobierno del E¡;útdo mandó hacer á los talleres
de la Fundición ArtíatiCl.t. establecida en la
Capital. El bronce representa al ilustre fundador de la Escuela Preparatoria puesto en
pie, y tanto por la fidelidad que se advierte en
los rasgos fisonómicos, como por la maestría
con que están tratados los detalles de Sf'gundo
orden, constituye una verdadna. obra de arte.
Esta estatua fué la última que modeló el
malogrado escultor Jesús F. Contreras.

*
El que no sabe encontrar el camino que
conduce á. «su.. ideal, vive de una manera más
frívola, más ind ,lente, que el ser sin ideal.
FEDERICO NIETZSCHE.

marina tropical.

De Víctor Hugo.
Hay en la santidad sublime encanto
Emanado del cielo;
Y si sufro al pe11sar quo no soy santo
Procurando ser justo me consuelo.
'

El remero apoy6 la abierta mano
contra el casco del buque; y lentamente
SP, alej6 el postrer bote. Enorm11 lente
bajo el ojo del sol, era el océano.

Puesta la proa hacia el confín lejano,
el buque de las Indias de Occidente
zarpó, llevando á la. europea gente
las riquezas del suelo americano ... ...

Y allá, en las playas, entre espumas rotae,
cuando el buque, virando en sus anhelos,
volvió la espalda con brutal deEaire,

«El Criollo,» contra el Gobierno. Fué acusada de incitará la rebelión, y tuvo que huirá
los Estados Unidos.
Cuando estalló la última guerra, se puso al
servicio de la revolución, siendo nombrada
delegada revolucionaria de la provincia de Pinar del Río por la Junta. de Nueva York. Desde entonces estuvo en continua comunicación
con el Cuartel General &lt;le Pinar del Río, enviando correspondencias, armas y municiones. Cuando el General Weyler creía tener
incomunicado al General Maceo por medio de
la famosa cctrocha militar,» que iba de la costa
Norte á la costa Sur de la Isla, ó sea desde
Mariel á l\Iajana, jamás quedó interrumpido
el servicio de la correspondencia y el envío de
auxilios al campo. cubano. La Sra. Peñarredonda mantenía ese importante servicio valiéndose para ello de los medios más ingeniosos.
Fué presa en Febrero de 1898; y puesta en
libertad por no haberse encontrado prueba alguna en su contra, se le prohibió salir de la
Habana al interior de la Isla, quedando bajo
]a vigilancia de la policía.
A pesar de esto, continuó en su obra revolucionaria, y aprehendida de nuevo el primero de abril de 1898, fué sometida al Tribunal 1\lilitar y encarcelada en la prisión de las
Recogidas basta la evacuación de Cuba por el

se levant6 una banda de gaviotas,
cual si fuese el adiós de cien pañuelos
suspensos y agitados en el aire..... .
JOSÉ S. CHOCANO.

Dl: llllI DIABIO.
La vibración del reloj es la. voz del tiempo.
El carnaval es la risa del afio.
El amor es el deseo infinito de un beso
eterno.
Un beso es el mayor de los placeres, porque
es el único que,siendo infinito, no sacia.
Más fácil es ser heroico que sensato.
Más lejos de la. poesía está la afectaci6n
que la vulgaridad.
NIEVES XENES.

Estatua de Don Oabino Barreda.

�Domingo 26 de Abril de 1003

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 26 de Abril de 1903

LA XEBllttESSE DE llttlXCOAC.
El Ayuntamiento de Mixcoac, con el fin de
allegar fondos para las mejoras materiales de
la población, acostumbra celebrar, año por
año, una kermrsse en que toman parte las
principales familias allí avecindadas.
En esta ora.sión, la fiesta se efectuó en la
Castañeda, una &lt;le las fincas de caro po más
pintorescas de los alrededores, resultando en
extremo lucida, no s6lo por el buen gusto
con que estaba adornado el local, sino también
por la numerosísima concurrencia que, particularmente por la tarde, asistió á ella. Los
puestos, entre los que llamaban mucho la
atención por ¡,u artístico decorado los de refrescos, confetti, y pantallas chinas, estuvieron
á cargo de señoras y señoritas que atendían á
los invitados con verdadera c0rtesía.
En estu número encontrarán nuestros lectores los retratos de algunas de las damas que
más se distinguieron en la simpática fiesta.

FLORES DESHOJADAS....

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Cuando pasé calle arriba
por el «Chalet de !ns rosaF,»
cortaban frescas mimosas,
claveles y siempreviva.
Los unos con podaderas
y los otros con las manos,
de prisa cortaban ramos
de lirios y enredaderas.
Lluvia de hojas y botones
sobre la arena caía ......
-Oh! me dije, qué porfía
por adornar los salones! ..... .
Y mientras fuí caminando
por calles y encrucijadas,
en salas iluminadas
me fuí pensando, pensando ..... .
Q11izá la hermosa doncella
que allí en el «Chalet" vivía
algún festival tenía ..... .
quizá se casaba ella .... ..
Y recordando su frente
y el óvalo peregrino
de su rostro, mi camino
seguí cruzando indolente.
1Dichosos los limoneros
que en esa aurora florearon!
sus blancas flores pasaron
de la rama á los fl.vreros ..... .
Y tristes hojillas muertas
que e11 el viento revolaban!. .....
sólo para ellas cerraban
los festivales sus puertas ......
- Mas no, en seguida pensé;
con las hojas arrugadas
yo también tengo cerradas
las puertas,y no entraré ......
Y así pensando y pensando
en lo vario del destino,
poco á poco mi camino
se fué acortando, acortando ......
. .. .. .Y en un pensar y pensar
en tristes y nlegres cosas,
por el «Chalet de las rosas•
volví de nuevo á pasar ......
Todo estaba tapizado
ele pétalos y botones ..... .
quizá para los salones
ni una flor hubo quedado ..... .
Ya no cortaban violetas;
un hondo ~ilencio hnbía. ......
110 niús el rocln r i::e oía
de las hojillas inquietas ......
Miré tras de la persiana
por contemplar el salón ......
en él no vi ni un bot6n
de rosa muerta ó temprana ......
Los que antes cortaban lirio~,
los que antes cortaban ramos,
llevaban entre sus manos,
en vez de floreros, cirios ......

NUESTRO PAIS.-Una calle de Gua najuato.

Entonce~,ay! cuando vi
de la cnlle en las baldosas
tantaF- hojillas de rosas,
ya todo lo comprendí.. ....
Con larga y triste mirada
contemplé por un momento
el suave aletear del viento
entre la flor deshojada ......
Luego ele allí me alejé
llevando en mi alma una espina ......
y antes de voltear la esquina
hacia la casa miré ......
Nadie corlaba violetas;
un hondo silencio había ......
no más el rodar se oía
de las hojillns inquietas ......
MARÍA ENRIQUETA.

(Fot. Rawel.)

No toquéis á esa puerta! Ko despertéis lo
que allí duerme ...... La inefable tranquilidad
de un amor que sueña adora.das primicia~ ú
el santo reposo de ur,a fatiga que ennoble~iú
el trabajo!
Ah! no toquéis esa puerta, no despertéis lo
que allí duerme, hasta que el sol a ome y se
escuche la agreste sinfonía del alba!
0

PABLO HERNANDEZ.

SOBBEMESA. ALEGBE.
La viPjecita ríe como una muchachuela
c~nt:í.ndo_n?s )a hi~toria de ~us días más bellos.
Dice la vie¡ectta: Oh qué tiempos aquello•
cuando yo enamoraba 1í ocultas de la abu~l'a!"
La viejecita ríe como una picaruela

NOCTURNO.
Es la hora del coticinio eñ un plenilunio
delicioso.
fü espacio límpido y sereno semeja. un lngo
ele estreilaE'.
En las lejanías de la llanura, las copas de
las ceibas seculares se confunden con la. uruma
gris del horizonte.
Mueven el aire tibio ráfngas del ama, que
llegan con frescura y olor de primavera.
En medio del valle, bajo el dosel de palmas, cerca ele un arroyuelo que brilla como
estela de nácar, se levanta una casita obscura
y silenciosa ..... .

y en su_s ojillos brincan maliciosos destellos.

¡Qué bien luce la plata de sus oí veos cabellos
sobre su tez rugosa de color de cauela!
La viejecita olvida todo cuanto la agobia,
y ríen las arrugas de su car:\ bendita

y corren por su cuerpo deliciosos temqlorfs.
Y mi novia me mira y yo miro ÍL mi no,·ia
y reím?s, reím~s ... ;tnientrns la YiPjeci1a
'
nos refiere la h1sto1·1a blanca de sus uuwi·es.
M. MAGALLANES MOURE.

��Domingo 26 de Abril de 1903

Domingo 26 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL ARTE DE ENVEJECER.

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,,

De la cercana iglesia llegaban los sohes de
«la última llamada;» ibah á sonar las doce del
día.
A la puerta amplia y sucia del «mesón» se
agrupaba la gente, y entre ella se abrían paso
con dificultad para entrar, los músicos que llegaban.
De repente, se veía cruzar por el patio, de
un cuarto á otro, á los artistas vestidos con los
ligeros trajes de colores marchitos, y puestos
los sombreros «fieltros.)&gt;
El trapecista, á medio desnudarse, en vuelto
en un sarape rojo, gritó desde la puerta de su
cuarto:
-Oye,Antonio, Antonio, préstame una banda;.al fin quP, tú tienes dos; no encuentro la.
mía.
-¡No encuentras la tuya; bueno era que la
tuvieras! pero, ¿crees tú que yo gano para
vestirte? Es la última vez que te la presto.
-Bueno, hermanito; gracias.
El director y el empresario llegaron de prisa; iban jadeantes; habían ido al rayo del sol
hasta el circo.
-¿Ya estamos?
--Sólo falta c,Toto,» no ha venido.
-¡Diablo ese! estará de seguro en la cantina.
-¡Mira, Román! vete á la cantina dela esquina, y di á «Toto» que venga inmediata~
mente.
Román salió á escape.
En verdad, en la taberna, en medio de un
grupo de hombres que hablaban de lo gracioso que c,Toto» era, el payaso clavaba la cabeza
sobre los brazos cruzados, el sombrero puesto
ele través, y dejando destacarse las enrojecidas orejas del blanco del saco, dormía ebriamente.
-Señor «Toto», señor "Toto». Dice el señor
Rodríguez que vaya usted inmediatamente;
11ue ya va á salir el paseo.
,/foto» rechazó la mano que lo movía, y
murmuró una obscenidad.
El muchacho, sin inmutarse, lo movió nuevamente:
-Señor «Toto,» señor «Toto,» ande usted.
-¡Caramba! que ya voy.
Al fin se esperezó y levantó tambaleándose,
para acercarse al mostrador:
-¿Cuánto se debe?
Y el ibero contestó amigablemente:
-Nada ccToto,» nada; todo está pagado; vá·' a,e porque va á salir el paseo.
¡ Qué horrible veía el sol, y cómo le c01,taba
t·:il,·,jo levantar el pantalón que se le caía!
El empresario y el director lo llevaron has-

-No, no, fuera, fuera; el payaso, el payaso!
El escándalo creció.
El Empresario fué hasta la silla del Regidor que presidía, y algo habló y algo accionó
con él.
El murmullo aumentaba grandemente, y
cayeron algunas naranjas y tres tablas en el
redondel.
Algunas familias empezaban á clisponerse
para salir.
Parecía aquélla. una plaza de toros.
Por fin un artista envalentonado, pero empalidecido, llegó hasta la. mitarl de la pista, é
hizo seña. para que callasen y lo oyeran.
En efecto,se hizo el silencio.
-Respetable y benévolo público: el payaso
no puede salir, porque se ha muerto.
La gritería estalló ensordecedora.
Unos aplaudían y vociferaban: ubravo, bravo;» otros: umentira; estará borracho;» otros
más: «que se devuelvan las entradas», y «á la
cárcel el em presarion.
El artista, en mitad del redondel, esperó
unos momentos, y consiguió hablar de nuevo:
-Las personas que lo duden, pueden pasar al vestuario á ver á «Toto».
Las familias huyeron. El pueblo no; aquello era ya otra cosa; eso formaba parte de la
diversión. Muchos salieron protestando, y los
más se a valancharon hacia el vestuario.
La policía apenas podía contener aquella
horda. Sobre una mesa blanca, la que servía
para las pantomimas, estaba el cadáver de
«Toto» vestido de payaso.
Una mueca dolorosa y repugnante contraía
el enharinado rostro; tenía «Toton las manos
Por la tarde:
cerra.das oprimiéndose el pulgar con los deEl calor se hacía insoportable.
más dedos.
Ya el c{fragaespadas» babia asombrado á la
Allí dentro la gente acallaba sus protestas;
concurrencia, el caballo del «Indio apache»
hasta se entristecían algunos.
había salpicado de estiércol á las familias que
Un ebrio que dudaba de la verdad del caso
ocupaban las sillas próximas al redondel; el
se
aproximó y le tocó una mejilla; de repenequilibrista había rodado cuatro veces de cela
te
resbaló y cayó cara con cara sobre el cadácuerda floja,» y .él malabarista había arrojado
ver.
contra la nariz de u na. señora obesa u r.a de las
La concurrencia rió;ccToto,» aun de!'pués de
naranjas con que jugaba.
muerto,
seguía divirtiendo al público.
El público empezó á protestar:
...... Y á la mañana siguiente, mientras el
- Que salga el payaso! que salga el payaso!
Empresario se felicitaba de su idea, que lo
Qué no te pagan,uToto»?
había salvado de la devolución de la~ entrnLa mnltitu&lt;l se contagió bien pronto, y fué
dns
y de la ru plnra de algunas graderías )"
el grito general: ccEl payaso! El payarn!»
sillas, los artistas se quejal1an de rubos de ~us
Entre los artistas se notaba un mo\·imiento
prendas,()ue habían dei::npancido del YeR~unextraño; entraban y salían; procuraban afecrio cuando el público entró (i ver el cad:l\·er
tar indiferencia., pero algo pasaba al!í.
del infortunaclo «Toto».
Salió ,,la mujer fuerte que levantaría un
hombre con los diente!',,&gt; pero el público no la
FRA~CISCO ZÁRATE nuiz.
dt&gt;jó trabnja.r:

ta el cuarto y lo ayudaron á desnudarse de la
ropa de la calle y vestirse el "clownesco&gt;&gt; traje bombacho. Le rociaron alcohol en la cara,
y él, guaseando, abrió la boca para recibirlo.
Cuando le pintarrajeaban el rostro, elijo el
empresario, en tono de empresario:
-¡Que sea la última, ccToto¡i&gt; esto no puede
seguir así!
El contestó:
-Será la última, y estropeó con la. lengua
pegajosa alguna frase que hizo volver la cara
al empresario, para que «Toto,, no viese la risa que le jugueteaba. entre los labios.
Lo subieron al caballo; montaron en los suyos los demás; la. música preludió la marcha,
y salió el paseo entre la gritería .infantil.
-Esta tarde, sefiore~, gran función; todo
nuevo, todo variado; al circo todo el mundo.
El "Circo Orientab, et! lo mejor que se ha visto en esta ciudad, ¿verdad muchachos que sí?
-¡Síiii!
A los balcones habfa a.sornadas familias, y
en las aceras se detenía la gente.
El ((clown» arrojaba á diestra y siniestra los
anuncios de colores, y los muchachos, en mitad del arroyo, se estrujaban por cogerlos.
Tras el payaso seguían todos los demás ,cartistas": seis hombres, dos mujeres, una niña,
cuatro caballos, un burro y un oso; las personas á caballo, y del freno los cuatrapeados.
Los desafinamientos de la orquesta se oían
más y más suavemente; y allá va, jaca.rúndoso y borracho, el payaso; serios, muy serios,
los melenudos y morenos artistas.
Se alejó el payaso.

I
Los pesimistas han contribuído á hncerme
optimista. Su rasgo caract,:rístico consiste en
c¡ue su descontento de todo se traduce por un
inmenso contento ele sí mismos.
·
¡Qué sentimiento de su propia su perioriJad I
¡que desdén por nosotros, pobre~gente t1ue tenemos el culto de la
Esperanza! ¡Quéabruma&lt;lores f'obre11()m hre1&lt;! ¡Simples, tonto!',
cándidos!
No tanto como Yosotro!-, caros a111igo.•.
A lo meno~, no sufrimos de de!-giacia E&lt;ino
cuando la experimentamos. Vo¡:otros la
sentís cuando llega,
autes de llegar, después que llega, y aun
despué1 que ha cesado! Su r&lt;:cuerdo os sirve para prever otras ...
que acaso no sucedan
jamás.
Esto es lo más admirable en ello!-: ocho
veces por cada diez, Hl
orgullosa presciencia
los engaña, y si por
casualidad acontece algo de lo que han pronosticado, su primer
palabra es: "Yº siempre lo he dichon ... ... Y
helos ahí, contentos de
una desdicha ajena
porque les da la razón . .. ..
Dios mío, detesto {i
todos esos grandes y
pequeños Schopen -hauer, que no ven el
fru to sino el trabajo de
germinación, en la flor
sii,o el veneno, en el
cielo sino la nube, en
el corazón sólo el vicio, en el hombre
únicamente á la bestia, en la lucha por b
vida, el crimen.

-Me aburro.
Su fisonomía y su acento me abismarofi.
En boca de ios ricos y de los holgazanes, esa
frase ".\le aburro," tiene tal acento de desesperanza que espeluzna. Aquel honrado sujeto
lo decía riéndose. Acepta el fastidio como
acepta la lluvia, el frío, la escacez, la fatiga,
la muerte. Pertenece á esa razn rústica cuya

jido tenue, de un suave perfume. He ahí la
imagen de la educación y de la naturalezn.
Esta nos da las flores sencillas; nosotros hacemos las dobles. Recibimos dones: nos corresponde formar cualidades: la obra del hombre
completa la obra de Dios. Sólo que, los dones
naturales tienen tal gracia, que no sé si prefiera. la eglantina á la «Reina»....... Para no ser
injusto:,, amémoslas
por igual.
ERNEST LEGOUVÉ.

***

Como un homenaje
á la memoria de Er-

nesto Legouvé, decano
de los escritores fran cE:ses, fallecido recientemente, publicamos
los párrafos anteriores.
Legouvé estaba proximo á cumplir el cen tenario, pues nació el
15 &lt;le Febrero 1807, y
hacía cerca de medio
siglo que Re contaba.
entre los miembros de
la Academia Francesa.

CBEPUSOULO.

.Muere el día. Las
purpúreas nubes se
tornan de un color
:ímbar franjeado de
palideces estelares. El
Nilo se desliza mansamente. Se llenan de
rumores los juncales
de la margen. Abre el
loto sus pétalos azules,
con la emoción de una
nostalgia. Desde el
río, los cocodrilos pro•
longan su hocico armado de cortantes sierras en dirección al
cielo y resuellan á la
manera de una fragua.
8obre el césped que tapiza la opuesta orilla
cruza. de huída una
banda ro~acla de flamencos. Una garza se
]l
peina con el pico su
plumaje y un ibis solitario se queja en el
Al regresar de un
silencio. Pero el cielo,
paseo por el bosque,
vi sentado delante de
por momentos "ª toERNESTO LEGO.UVE, célebre esc•·itor f:anc.és, falle: ido re~ientemente.
mando un azul má¡,
una casita retirada de
la aldea-y cuyo proprofundo; la. noche gozoga enciende las estrella:=:.
existencia se resume en &lt;los infinitivos: "Pª·
pietario está casi ausentc-á un buen hombre
decer y esperar» .. ... .
á quien conocí de jardinero eH casa de uno de
Y las aguas en la sombra se estremecen y
l\Iuy bueno es enviar los campesinos á la
mis amigos.
~·etuerc~n, como una larga serpiente que de
escuela; pero también sería bueno que se nos
-¡Hola! tío Anto,1io, le dije: ¿sois el guar1mprov1s0 baña. de resplandor encarnado la
enviase á la escuela de los campesinos.
luna que surge de los desiertos ..... .
dia de esta casa?
--Sí, señor, desde el otofio.
JOSÉ MARÍA VÉLEZ.
-Lo que no debe seros nada alegre. Ni \·eIII
*
cinos, ni amos.
La demencia, en los individuos, es en cierUn magnífico rosal híbrido, la «Reina" tan
-¡Oh! pero tengo bastante en qué ocuparto modo rara; en los grupos, los partidos, los
doble de pétalos, tan rico de coloref'., florecía
me con el jardín.
pueblos, las épocas, es la regla.
este verano cerca á la verja de mi jardín al
--Sí, en el verano. Pero en el invierno, dulado de una eglantina que abría modesta~enHablar mucho de sí mismo es tal vez un
:.1·~nte las largas veladas, ¿qué hacéis?
te sus cuatro pétalos de rosa pálido, de un temodo de ocultarse.
Me miró y me dijo risueño:

*

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 26 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 26 de Abril de 1903

LOS FUNERALES DEL SOL.
El crepúsculo. Honda melancolía acongoja álos cielos : ha muerto el Sol. No paró miente!! en la proximidad del mar y de pronto se vió que caía en él sin poderse contener. ¡Ha muerto el Sol!
¡El rey de la luz se ha ahogadol Las naves levantan al cielo sus
antenas, en actitud de viudas dolientes que oran por el alma del
esposo difunto. Corporaciones de nubes acuden al entierro del Rey
Sol. Esas blancas son coros de vírgenes que van á poner albas ro!WI
en su tumba: la línea brillante que la perfila es el oro de sus rubios
cabellos. Aquellas pardas que avanzan lentamer,te, son caducos ermitaños que van á recitar ante la fosa gangosas preces. Esa nube
de brillos acerados está formada por la mesnada de un caballero
de Malta, que va á formar la guardia de honor: por eso ha bruñido las alabardas y cotas. Aquella nube que avanza mostrando un
extraño barajo.miento de combas, estrías y colores, el rojo y el gualda, el verde y la púrpura, es una corte medioeval, con sus damas, meninas y pajes, sus bufones, juglares y trovadores, sus doseleR, penachos y oriflamas, que se traslada en confusa banda
para asistirá los funerales del Sol.
Empieza la fúnebre ceremonia. El mar, con enronquecida voz
canta el «Miserere.&gt;• De las naves de guerra disparan el cañonazo
del crepúsculo. Lns cigarras entonan su monótona elegía; tocan á
oraci6n los templos, y las gentes se descubren. Un incógnito seSAN JUAN BAUTISTA.-La manifestación del 2 de Abril.

r·

manlftstadón Popular tn San ]uan Bautista.
El dos del corriente se verificó en Snn Juan Bautista una entu ·
Riaeta manifestación organizada por el «Club Porfirista de Tabas·
co,» con el objeto de proclama1 la candidatura del señor General
Díaz para Presidente de la República en el próximo cun.trenio, y
de celebrar el glorioso aniversario de la toma de Puebla por el Ejército de Oriente.
Los manifestantes recorrieron las principales calles de la ciudad,
seguidos de un numeroso grupo de personas pertenecientes á toda~
las clases sociales, para desfilar después frente á la cai;a del señor
Gobernador del Estado, General Abrnham Bandala, que presenció
el paso de la c;:imitiva desde uno de los balcones del edificio que
habita.
La manifestación, según nuestros informes, resultó muy lucida.

PAISAJE.

pnlturero arroja grandes paletadas de sombra en la regia tumba, y
cuando la tiniebla lo envuelve todo, surge la lun11.. Es la lápida que
una larga caravana de estrellas conduce á la tumba del Sol. Sólo
los poetas pueden descifrar el cabalístico epitafio escrito en su marfilina superficie.

La muerte es la renovación, es la imagen del invierno; todo
lo que muere en esa melancólica estación, renace en la primavera.

*
En sentido abstracto y geométrico podemos decir que la forma del sonido en la naturaleza es regular, por el triple aspecto que
nos ofrece.

CLEMENTE PALMA.

INAUGURACIÓN DE UNA CAPILLA.
Con una solemne función religiosa se efectuó el domingo anterior por la mafíana, la inauguración de la capilla de la Escuela Comercial Francesa, establecimiento á que nos hemos referido ya en este semanario.
El local está. decorado con buen gusto y su capacidad es más que
suficiente para el objeto á que se le destina. En el altar mayor, dentro de una urna de cristales, se encuentra una escultura de San Luis
Rey de Francia, bajo cuya .advocación se puso la capilla, y, al lado
opuesto, un magnífico órgano para el servicio religioso. En los muros se ven algunos gobelinos de mérito, y las ventanas están cubiertas con elegantes vitrinas de coloree.
A la ceremonia inaugural asistieron, como madrinas, las señoras de Blondel, de Tron, de Jacques y de Signoret, contándose entre
las personas invitadas, distinguidas damas y caballeros de la Colonin.
francesa.

NEURÓTICA.
Del huerto en la penumbra misteriosa
Enhebrando un suefio te consumes;
Y enamorad:~ del »no ser,» ansiosa
Cual una visionaria voluptuosa,
Te matas lentamente con perfumes.
Tus nervios extenuados desfallecen
Como al sutil rumor de arpas eolias;
Y en tnnto que tus ojos se adormecen,
En tu redor abriéndose, parecen
Incensarios de nieve las magnolias.
Tu sensibilidad no agonizante,
De tu neurosis la tensión injuria;
Y del hue1to en la atmósfera odorante,
Se asimila tu pálido -semblante
A una hermosa camelia de Liguria.
JUAN DUZAN.

Caída de la tarde.

(Fot. Rawel.)

Capilla de la Escuela Comercial Francesa.

Lo que una época encuenti:a malo, es por lo regular un re~to in
?portuno ~el.o que antes fue encontrado bueno, el atavismo de un
ideal en veJec1do.

�ILUSTRADO
• 1-NUM. I~
ANt X•••JOMO

MfXICO, MUO 3 Df 1903.

•rector: LIC. RAf'At L Rtl't &amp;PINDOLA.

SAN

Cier ente: LUI&amp; Rt~ &amp;PINDOI A

MAN

St. GEBM:AIN

1-1--

Del Dr. LATOUR BAUMETS. París.

TONICO

RECONSTITUYENTE

Con extracto ue aceite de bacalao "Mori'bnol"-Ictiol-kola y estricnina.
Cura Anemia, Clorosis, Escrofula, Raquitismo, Beumatis~o,
Enfe1 medades de la, piel, etc.
Tónica Poderoso ParaCoavalescicntes. Tnbercmosos y Enfürmos del Corazon.
11

'l'o11ificar el sistema nervioso y recon stituir la sangre es volver á la vida y recuperar el uso de 1ollaR su s facultad es. EL VIXO DE RAN GERJ\{AN por su s atractivos y poderosos compo11entcs, por sus asombrosas curaciones, es el Vino 'T6nico
reco11 stit11ycntc má-, rccomcnda&lt;lo por to(las las celebri&lt;ladcsmé&lt;licas del mundo; lo
C&lt;'rlifica11 los prufesores &lt;le la U niYersicla&lt;l de París y de la Escuela Nacional de J\Io&lt;liei11a, de :\léxico.
2&gt;r. lfafae/ .Cavisfa.
" ll:1hll'n1l o f'XpPrimf'ntn1lo pn nl~ 111u,-&lt; l'll l°l'r111os l'I \"I XO ) )!,; S.\ ;\
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CE lt.\1.\X &lt;'11 PI c¡n,, se
"TA\
composición &lt;lrl Yl:\"O DE EL \"IXO DE $.\IXT C:E:-!:\I.\T N
0 111111:111 los rN·o nstítn_reu ll's. In!! tó
SAN
C:Y.;1::\l.\i\', ;:::irnntiza sns une• es una feli;,; (•omllinarión :w1•pt.1•
ni,·o~ nPu1·0~ t l•11ic•os Jl rnrclin eos.
ni ic·th,l"nl. 11:H•f'll dP estn ¡11·,.10:1rn- nos ('Í('Ctos Y llí)IIÍ. &lt;lon,le t:into ble ])01' :Sil ;?IISIO (t to1los IM l'll[erC'ión 11 11:1 11(• l:is 111ás ad1•1·11:1d:1-&lt; ni nhnn,l nn Jns t&gt;nft&gt;rmr,1:1,IP'&lt; 1ior demos y t i1•ne ))l"O)):C'tl:ldf's t:111":1 tiYIIS
t r:1l:1mil•11to 1lt&gt; l:1s 1•11í1•n11Pcln,l,.s. 1•11 hilid:111 en In nntric·iírn. &lt;'&gt;&lt;pt&gt;ro que
ln &gt;' qtlt' p rerlo111i11a la )lol11·1•z:1 d,~ SN:l 111• )l0s.·11·n utilit!a, I fl:11":l el exr&lt;&gt;l&lt;'ntcs 11:1ra lo,; din•1·sos l'st:1cJos
p::t t ol6¡;il'OS.
i::a11 !!r&lt;' y e l rl l.'I.JilHnmleuto &lt;l t•l i11di)1( 1111Íl"O.''
,·ltl 110.
A HF.T.T..\:'\O.
D R. R..
'rofesor d i' Ohstrtr ic·in rn In Eiwne.
• .
11 N. ,Je• :\IC'&lt;lil·l n n ele .\!(•xko. ;\! iem- Prof esor n&lt;lJunlo de Cl1111,•n &lt;•xtl&gt;r- E"c•upln N . &lt;le :'11t,1li1·in:1 &lt;le :\léxico
ro ele 111 Aca,1t•111ln el e .\Iediclna .. na de la Eseuel::t :\ncional de :\l l'di- ;\Ji('ml.Jro 1lel Con~ejo l:-uperior (]¡,
édlco del H ospital lle Sa n Andrés.¡ eina de México.
Snlul.Jrillad.

:-:o n,~ ~.\ :'\

j)r. C!arlos J"ejeoa.

P.ecomiendo &lt;&gt;I YT:\"O DE SAN
EL
DEJ S .-\N GEIUIAN, es G EID I AK. como íitil y 1•ficn;,; e n las
una h11eun preparación , túnico y re- enfr1·111etl:1cJes que c:111sa11 profuucJ\
eonstit11ye11te, lo lle empll'atlo siem- deliili1la(l en In eco110111f:1: 11,;f como
pre eou I.Jueu éxito.
e n las anemi:1s, tuhen·ulosi:;, atre psins, l'tc.

nn.

111:. C.\ n LO!- TEJED.\ .
Proí&lt;'sor fil, Clínil·n infantil e n In
B~u1 ..111 X. tle Me1liciua de .\l é xi co.

2&gt;r. fi de t;;aray.
Tlt• 11sn1lo rn ,·nrio~ &lt;lf' mil' en fe rmos PI \"l:'\ODE $.\:'\ n1.;1t.\l.\ N .1"
lo (·011sitl&lt;•ro nna 11n•d iei na l'X&lt;·l'le nte: P" 1111 t(,nito pod,•roso, tic ;;:1ho r
11;::rndahlp .,· 11111_1" l'fi&lt;-:1;,; p:1ra los :lllt' ·
mic·os. linf:iticos. tulil'l'eulosos. conYnh•s1·lc11 tes y cufen110s &lt;lel &lt;:ora
ZÚLI l'U gpnernl.

¡·

A. DE GAR.\ Y.
Pror1"&lt;or de .Anatomía en la r-:sl'll&lt;'la Nncionnl ele .\1,•cli&lt;-i nn, Cil"ll·
j:1110 de los Ilospitnles .J11:lrez J" E~
pniiol. Presille ute de In Sociedad
:'llé&lt;llca "Pedro Escol.Jedo,'' e t c.

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Subscripción mensual forinea $1.50
ldem,
ldem. ea la capllal $1.25

MONUMENTO
Erigido en O r izaba á la memor ia de las víct imas de Veracruz. (1847.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>ILUSTRADO
• 1-NUM. I~
ANt X•••JOMO

MfXICO, MUO 3 Df 1903.

•rector: LIC. RAf'At L Rtl't &amp;PINDOLA.

SAN

Cier ente: LUI&amp; Rt~ &amp;PINDOI A

MAN

St. GEBM:AIN

1-1--

Del Dr. LATOUR BAUMETS. París.

TONICO

RECONSTITUYENTE

Con extracto ue aceite de bacalao "Mori'bnol"-Ictiol-kola y estricnina.
Cura Anemia, Clorosis, Escrofula, Raquitismo, Beumatis~o,
Enfe1 medades de la, piel, etc.
Tónica Poderoso ParaCoavalescicntes. Tnbercmosos y Enfürmos del Corazon.
11

'l'o11ificar el sistema nervioso y recon stituir la sangre es volver á la vida y recuperar el uso de 1ollaR su s facultad es. EL VIXO DE RAN GERJ\{AN por su s atractivos y poderosos compo11entcs, por sus asombrosas curaciones, es el Vino 'T6nico
reco11 stit11ycntc má-, rccomcnda&lt;lo por to(las las celebri&lt;ladcsmé&lt;licas del mundo; lo
C&lt;'rlifica11 los prufesores &lt;le la U niYersicla&lt;l de París y de la Escuela Nacional de J\Io&lt;liei11a, de :\léxico.
2&gt;r. lfafae/ .Cavisfa.
" ll:1hll'n1l o f'XpPrimf'ntn1lo pn nl~ 111u,-&lt; l'll l°l'r111os l'I \"I XO ) )!,; S.\ ;\
(; 1-: ID I.\ :'&lt;. lo recnmit•u ,10 1·01110 IIU
11111•11 1(1111&lt;-o y l"l'('0llstitt1.l"l'll l ,•."'

:lJr. ]Jandera.
" lle 11Rn&lt;lo ron l'X&lt;'&lt;'lf'ntr,; r&lt;&gt;snlt n ,l os l'I n xo 1rn S.\:'\ &lt;a:rnL\ N

ca"º"'

en
de tfsl11 pulnwu:, r. de n n emia y ele enren11e1l:1cle&gt;s 1·1óuitns 1le
l:1 1&gt;:el."

l &gt;lt . rt .\ F .\ L-: L I. .\ \. 18T.\.
~11l,dl1·1•1·tor r l 'rof,,i,or ele Clínira
1:~ 1,•rnn eu la E,;1:11 .. 1:1 :'&gt;aeional lle
.\l í·x lt·o.

j)r. J,1anuel t;;u!iére~

2&gt;r. ifoqúe )llacou~ef.

DR

R .\ XOI:íl.\ .

T'rnf P"0r 11!' Flsiolo::-'a
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ROQUE :II .-\COUZET .

CatNlrfuli1·0 1le In F.se1wln X:1t"!o
nnl lle .\INlit"iua 1le ~l éxko.

xit-o.

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}Yla;ia5.

j)r.

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oe .)'irel.':rno.

Ln &lt;'f'J\&lt;'&lt;'1:i l Po111 po-&lt;idr,n &lt;11'1 \ "I
CE lt.\1.\X &lt;'11 PI c¡n,, se
"TA\
composición &lt;lrl Yl:\"O DE EL \"IXO DE $.\IXT C:E:-!:\I.\T N
0 111111:111 los rN·o nstítn_reu ll's. In!! tó
SAN
C:Y.;1::\l.\i\', ;:::irnntiza sns une• es una feli;,; (•omllinarión :w1•pt.1•
ni,·o~ nPu1·0~ t l•11ic•os Jl rnrclin eos.
ni ic·th,l"nl. 11:H•f'll dP estn ¡11·,.10:1rn- nos ('Í('Ctos Y llí)IIÍ. &lt;lon,le t:into ble ])01' :Sil ;?IISIO (t to1los IM l'll[erC'ión 11 11:1 11(• l:is 111ás ad1•1·11:1d:1-&lt; ni nhnn,l nn Jns t&gt;nft&gt;rmr,1:1,IP'&lt; 1ior demos y t i1•ne ))l"O)):C'tl:ldf's t:111":1 tiYIIS
t r:1l:1mil•11to 1lt&gt; l:1s 1•11í1•n11Pcln,l,.s. 1•11 hilid:111 en In nntric·iírn. &lt;'&gt;&lt;pt&gt;ro que
ln &gt;' qtlt' p rerlo111i11a la )lol11·1•z:1 d,~ SN:l 111• )l0s.·11·n utilit!a, I fl:11":l el exr&lt;&gt;l&lt;'ntcs 11:1ra lo,; din•1·sos l'st:1cJos
p::t t ol6¡;il'OS.
i::a11 !!r&lt;' y e l rl l.'I.JilHnmleuto &lt;l t•l i11di)1( 1111Íl"O.''
,·ltl 110.
A HF.T.T..\:'\O.
D R. R..
'rofesor d i' Ohstrtr ic·in rn In Eiwne.
• .
11 N. ,Je• :\IC'&lt;lil·l n n ele .\!(•xko. ;\! iem- Prof esor n&lt;lJunlo de Cl1111,•n &lt;•xtl&gt;r- E"c•upln N . &lt;le :'11t,1li1·in:1 &lt;le :\léxico
ro ele 111 Aca,1t•111ln el e .\Iediclna .. na de la Eseuel::t :\ncional de :\l l'di- ;\Ji('ml.Jro 1lel Con~ejo l:-uperior (]¡,
édlco del H ospital lle Sa n Andrés.¡ eina de México.
Snlul.Jrillad.

:-:o n,~ ~.\ :'\

j)r. C!arlos J"ejeoa.

P.ecomiendo &lt;&gt;I YT:\"O DE SAN
EL
DEJ S .-\N GEIUIAN, es G EID I AK. como íitil y 1•ficn;,; e n las
una h11eun preparación , túnico y re- enfr1·111etl:1cJes que c:111sa11 profuucJ\
eonstit11ye11te, lo lle empll'atlo siem- deliili1la(l en In eco110111f:1: 11,;f como
pre eou I.Jueu éxito.
e n las anemi:1s, tuhen·ulosi:;, atre psins, l'tc.

nn.

111:. C.\ n LO!- TEJED.\ .
Proí&lt;'sor fil, Clínil·n infantil e n In
B~u1 ..111 X. tle Me1liciua de .\l é xi co.

2&gt;r. fi de t;;aray.
Tlt• 11sn1lo rn ,·nrio~ &lt;lf' mil' en fe rmos PI \"l:'\ODE $.\:'\ n1.;1t.\l.\ N .1"
lo (·011sitl&lt;•ro nna 11n•d iei na l'X&lt;·l'le nte: P" 1111 t(,nito pod,•roso, tic ;;:1ho r
11;::rndahlp .,· 11111_1" l'fi&lt;-:1;,; p:1ra los :lllt' ·
mic·os. linf:iticos. tulil'l'eulosos. conYnh•s1·lc11 tes y cufen110s &lt;lel &lt;:ora
ZÚLI l'U gpnernl.

¡·

A. DE GAR.\ Y.
Pror1"&lt;or de .Anatomía en la r-:sl'll&lt;'la Nncionnl ele .\1,•cli&lt;-i nn, Cil"ll·
j:1110 de los Ilospitnles .J11:lrez J" E~
pniiol. Presille ute de In Sociedad
:'llé&lt;llca "Pedro Escol.Jedo,'' e t c.

~=1=1~§~ i~~~~~~~
~~1~~1=¡=~~1~¡1
=¡=~~
§1~¡=~~1~m=¡=~=1=~~

Subscripción mensual forinea $1.50
ldem,
ldem. ea la capllal $1.25

MONUMENTO
Erigido en O r izaba á la memor ia de las víct imas de Veracruz. (1847.)

�Domingo 3 de Miayo de 1903.

tos (lolor~s vtos s~ntimi~ntos.

EL MUNDO ILUSTRADO.

cos y á la completa satisfacción de las nece~idades animales, y, porque, p~r e_l, COI)trano,
la obscuridad suscita la med1tamon, la concentración dentro de sí mismo, el aislamiento
del mundo exterior.
De esto resulta que los. colores, según son
más ó menos luminosos, excitan en nosotros al
animal ó al nombre. Los relumbrones, los colorines, nos retrotraen al estado salvaje y á la
vida animiil · el «verde&gt;, nos recuerda la alfal,
fa y el «rojo&gt;,' la sanare. Los colored som b nos,
at~nuados, nos excitan el e:1piritu, despie~tan
al hombre en el animal. ~l negro nos sugiere
la muerte· el azul nos recuerda al cielo.
Entre t~(los los matices y todos lós colores,
hay dos de universal imperio y de predominio
general: el negro, que es la negación del color;
el blanco, que es la síntesis de todos ello!&lt;. En
esos dos colores, si así puede llamárseles, está
simbolizada toda la Humanidad¡ el negro es
Hámlet, el blanco es Pierrot.
DR. M. FLORES.

Pocas personas han medf tado en el or}gen
de la relaci6n íntima que liga los colores a los
sentimientos humanos y ii.nimales. Esta correlaci6n es pública y notoria; consta e'; autos
y es universal; pero el porqué, la _razon; la
explicación del fen6meno en_cuya virtud tales
colores despiertan tales emocione::; y tales emociones se expresan ó tienden á ex_presarse por
&lt;lflterminaclos colores ea cosa cur10sa de a.,veriguar que nadie 6 'pocos han dilucidado y
que m'erece ser estudiada.
.,
.
Desde luego, la indicada relac1on existe y
es tan constante como general. No conozco á
nadie que baile seguidillas ante m! paño negro ni tampoco sé que haya qmen estando
tris'te ó abatido, se envuelva en la bandera
nacional. Que el «amarillo suhi~o&gt;, es ~n cursi como es aristocrático el ccamanllo PªJª,)) es
cosa sabida y Jrn lo es menos que el «azul
cielo,, es de' por sí apacibl~, sere~o 'f dulce. El
rojo huele si cabe el ténnmo, a circo romano, á coso' taurino y á campo de batalla, y el
d~
ccblanco» á la vez es símbolo de paz y emblema de pureza. El «verde,, es esencialmente
Prosa. - tomo Segundo.
campestre, ya veremos ~pr qué, y en cuanto
al «morado camote,)) nadie duda que es el coEs un acontecimiento grato y curioso á la
lor nnfíxico y apoplético. .
.
vez la publicaci6n de un tomo de revistas teaLa relaci6n entre los colores y las emociotraleR literarias y Rocia.les escritns el siglo panes es tan fisiológica, tan psicológica, tan nasado por Manuel Gufürrez Nájera, periodista
tural y espontánea, en suma, que ~a'.í~ se~,ún
de sangre pura, ingenio refinadísimo y cronisel tiempo, el lugar, el grado del~ c1vtllz~c1on,
ta exquisit&lt; .
etc., en virtud de JeyeR fijas é 1i:caml&gt;Iable,,
Ese libro que i-ólo habla de sucef'os olvidaque no son otras que las 4ue pre&gt;'1tleq al_ d~~dos¡ de personali1\au,es_ que ya• transitaron y
envolvimiento y refinamie~to de la sen1,1bil1que suraen en sus paginas como espectros; de
dad.
espectú;ulos que fueron; de libros sepultados
De la misina manera que los hombres prien el pohro; ese libro que sólo tratad~ cosas
mitivos y más ó menos salvajes babhn á griviejas y muertas, es nuevo y lleno de vida cotos, gu~tan del ,1tamtam)) y del cctepon~xtle"
mo una rosa recién abierta.
y ccaman&gt;, las reventazones de tímpano, igualLa pro~a del Duque, dulce éírónica, no erimente prefieren los colore~ «cbillanteR,ll los
vt&gt;jece. Aseméjase :i las aguas corriente!" cucontrastes bruscos &lt;le colondo, todo lo que
yo~ murmurios y cuya fre~cura siempre son
ofende la retina hiriéndola, desgarrándola1
nuevos y gratos, aunque el agua. no varíe.
maltratándola. El ruido ensordecedor, el reLeyendo ei::as páginas se impone una intetozo brutal el colorín deslumbrante y chillanrro~a·ci6n: ¿Manuel Gutiérrez Nájera en nueste, son predileclos de los Eeres inferiores, cotra época de perio)ismo popularísimo,en nuesmo lo son en orden al paladar, el refino, el
tros tiempos en que el público se muestra caajo y el chile pican,te. He v~sto negros Yestidos de dril blnnco a rayas roJas; apac;hes «cla-,. da día más voraz de noticias «sensacionales,,,
dos&gt;, de azarcón y almagre, y los cortejos _de ,.de sucesos sangrientos, de relatos estupendos,
habrí.11, sabido ser periodista·? Creo que sí. El
ccAida)) no son sino ,&lt;luces» de fuegos artificiamismo4o dice: nada hay tan difícil como teles «untadas,, en telas rudas.
ner talentb- :en el periodismo. Y él lo tenía.
Quien no ha olido á una oriental, no puede
Hubiera sabi&lt;lo hallar atenuaciones; habría
formar idea de lo que la pituitaria puede sologrado encontrar unn f6rmula estética para
portar en ei;ta.do sal,·aje. Un amigo mío, «r~embellecer las trivialidades barrocas del notitour)) de la India rompió un día un frasqtucierismo y, distinguido, aristocrático, sería el
to de esencia de :osa. Al día siguiente habíafavorito del público en el siglo XX como lo
mos emigrado todos los vecinos.
fué en el XIX.
To&lt;lo e,to para probar que el hombre primiTenía talento é ingenio. Lo afirma su últitivo gusta de lo rudo, lo IJ~usco, lo ~os~o y
mo libro, un libro formado aquí y allá, recobrutal lo mismo en punto a oído que a vJSta,
gido entre.las págiuas de prosa de los peri6diolfato,' gusto, etc. El canlillo es una volupcos. Porque, más desprendido que Búckin. tuosidad de la Edad de Piedra.
gham ( aunque resulte vulgar el repetirlo ) ,fué
El homb1e civilizado ya es otra corn. En
desparramando pedrerías, no por los salones
materia de paladar apenas tolera el gusto del
regius, sino en las antesalas, para que las rehongo 6 el sabor d~ la trufa¡ en punto á olfacogieran los lacayos.
tb el «heno hume&lt;lecidoi, ó la «piel de EspaAhor;i, una mano piadm,a, movida por el
ñ¡ mitigada » y en lo que .á colores se refiere,
amor y la admiración al poeta muerto, ha
el «crema b~jo,&gt;, el ccverde Nilo» ?-tenuado, la
reunido esas páginas dispersas, esa labor de
«fraise serasséen ó la «rosa marclu ta,&gt;) rnn sus
toda una vida arrojada á la calle¡ para ofrepredilecciúnes. . ·
.
.
cerla á un público nuevo, en cuya merrrn:ría
La ley de «la mtens1dad,&gt;, en matena de_color es manifiesta como lo es en otra,; matenas¡
está el nombre del Duque aureolado de caritodo color intenso, crudo, duro es símbolo db"'- ño y están algunos de sus versos, algunos de
sus cuentoi:i, pero que no conoce tal vez su
emociones &lt;le salvaje y tiende á de~perlarlas.
obra diaria y dolorusa, la que le daba el pan
Por eso los niños no entienden de medios coy le robaba Las fuerzas de su i_nteligencia sulores ni de colores pálidos.
Por el contrario, todo color atenuado, como
perior.
Aunque el tomo es muy bello, aunque el
todo olor suave 6 ruido sordo, revela civilizaadmirable y dulce estilo del ático escritor fluci6n, cultura, refinamiento, «degenerescenciai,
ye en sus páginas como una m iel muy rica y
que diría Nordau.
perfumada, los que meditan se estremecerhn
Esto en cuanto á la cantidad; pero «ello» no
&lt;le compasión al Yer cómo se fué ese licor vanos edifica en cuanto á la «calidad. &gt;, ¿Por qué
liorn por la hendidura cada vez mayor de la
el negro es tétrico; el rojo, entusiasta; el azul,
vasija que lo contenía.
plácido· el violeta, melancólico, etc., etc.'?
Pues 'por una raz6n muy· sencilla: porque
Manuel Gutiérrez Nájera es tnl vez un ca~o
único en la historia de nuestra¡¡ letras, no sóla luz es vida, y la obscuridad muerte; porque
lo por la forma originalísima de su talento,
la luz es excitante natural 6 indispeusable de
sino también por su desacostumbrada labotodo nuestro organismo animal; porque la luz
riosidad y por el influjo que ejerció sobre los
excita á la acción, al movimiento, á la activique le rodeaban.
dad, á la plena expansión de los 6rganos físi-

·obras

·-·

manud 6utitrrtx nAitra.

Damd.ngo 3 de M,a,yo de 1903.

EL MU~DO ILUSTRADO.

Trabaj6 con fe y resignación, sabiendo lo
que valía su talento y sin que jamás ·se revelará ni orgullo ni abatimiento en rn oLra.
La nobleza de su t&gt;iemplo influyó en muchos que, sin él, jamás hubieran llegado á laa
altura::; de la fama. Se hizo admira¡lly, cosa ra,
ra, se hizo querer.
Semejante á la cumbre del volcán que ae.
destaca en las claridades celestes, flotando so..
bre la tierra, tuvo siempre en su vida literaria la serenidad de quien por estar muy alto,
no envidia.
La época de rn vida hace contraste con otros
períodos de nuestra historia literaria en que
las contiendas de la inteligencia no parecen
luchas de corazones limpios y fuertes, sino
de condenados que se atacan rabiosamente en
las negruras de un antro 6 de faq uines hambrientos que se arrebatan un mendrugo.
Fué un maestro, porque supo herir los corazones de sus admiradores y, sin querer, trocarlos en discípulos.
Su último libro se agotará muy pronto porque es no sólo bello, sino curiosísimo, ·y constituye una página viva de la historia de ayer,
de nue!"tra sociedad y nuestras letras.
En él, como en cuanto escribió el Duf¼ue,
se observa un sentimiento muy simpático que
hada atractivos todos sus escritos: una especie de amor burlón y piadoso por la ciudad de
México, por esta capital sucia y fea, que empezaba ya á transformarse cuando Gutiérres
Nájera escribía y con su mirada de artista hermo$eaba todos los espectáculos. Puede afir.
marse que después de él nadie ha sabido ver
la ciudad de l\lé.x:ico. Un obstinado presbiLiamo parece cegar á nuestros escritore~, que mi•
ran claramente los aspectos lejanísimos de Europa, pero que en México arañan dolorosamente las tinieblas.
Y ei Duque jamá~ tuvo esa ceguera; sua
ojos eran limpios y claros y veían.
Eso hace más amables.sus escritos y por ello
sµs lectores constantes, su público tiel-toda
la Nación--irá á buscar el nuern libro &lt;lel malogrado vate con un estremecimiento de placentera esperanza que no serÍt defraudada,
porque la obra es hermosa y coxdial como todas las del Duque.
C. T.

hombres, sin parque, armas ni provisiones,
contra más de trece mil; y digno de remembranza es el hecho que la historia ha conservado y en que figura el subteniente Sebastifo
Holzinger y el de igual grado en la Guardia
Nacional, Francisco A. Vélez, hoy General de
División: un proyectil rompi6 !a driza de la
bandera enarbola&lt;la en el baluarte de Santa
Bárbara y la cual desprendi6se. Asciende Holzinger á izarla &lt;le nuevo; pero otra bala derribó el mfü'lón, entre cuyos escombros precipitóse el valiente oficial. Este, no desanimado,
acomet&lt;i nuevamente la empresa y prende en
el asta la bandera que había tenido extendida Vélez durante la OpP.ración, que se efectu6
bajo una lluvia de balas.

***

Sr. Lic. José lves Limantour, Sec~etario de Hacienda.-(Ultimo retrato, por Mora.)
sino los millones que hubiese debido prodigar
para una causa tan santa y tan jusla; pero sobre todo, una causa en que peligraba ella más
que nadie. como peligra siempre en un conflicto entre naciones que profesan diferente
credo.
E n aquellos momentos Fagrados, era un crimen la desuni6n y eran un sacrilegio infame
contra esa deidad augusta que se llama «Patria,&gt;, los rencores de parti&lt;lo y las mezquindades del que pe&lt;lía y del que debía dar. 1cPolkos,, y ,1puros&gt;, hubieron de confundirse en un
s6lo anhelo; «alacranes,&gt;, como decían á los de

Durango; «tapatíos,&gt;, como se llama aún {t los
de Guadalajara¡ «tusos» á los de Zacatecas, y
todos, todos los mexicanos de los cuatro puntos cardinales de la República, sin distinci6n
de ideas políticas ó religiosas,se hallaban obligadoe á concurrir á la ineludible liberaci6n
del territorio que á costa de tanto sacrificio
porlíamos llamnr al fin nuestro. Apodos 6 títulos de gloria debieron desaparecer para ser
reem plazaclos por el más honro.so: soldado mexicano, defensor de la patria.
.
En tales condiciones, Vera.cruz fué diez veces heroica, sosteniendo el sitio con cinco mil

HEROES SIN NOMBRE.
MONUMENTO

ERIGIDO EN ÜRIZABA Á L A MEMO-

RIA DE LAS VÍCTIMAS DE VERACRUZ

J. PouLAT.

EN ORIZ A B A .
1\tcllada por sa autor ti n dt Jlbrll dt 1901, con 11101100 dt la 1nau9wrac16n

del monumentoerigidoen mmoria dt las oictlma,

(1847.)

Publicamos en este número una fotografía
del monumento erigido en O rizaba á los defensores de Veracruz contra la invasión de las
fuerzas norteamericanas y que l111.ce poco inau•
guró el señor Gobernador del Estado: esa obra
de arte no solamente conmemora un hecho de
armas glorioso; pues simboliza u na época Y
conjura un trágico recuerdo.
Tras la fatal bntalla de Angostura que pudo
y debi6 haber sido el lazo de unión entre todos los partidos y toe.los lo.:! mexica~os, lánzanse los reaccionnrios sobre el gobierno de
Gómez Farías como los buitre:; sobre la paloma que hiere ~l cazador, y á atacar á_ la cual
no atreviéranse en la p~enilu&lt;l de su vida.
Los gritos de indignae!.ón que provocaba la
derrota de nuestro ejército en la frontera Y el
clamor de angustia que llegaba de Veracruz,
amenazado por la escuadra del Norte, Eofocábanse entre discusiones tan vergonzosas como
inútiles respecto á la nacionalizr.ci~n de los
bienes eclesiásticos, cuestión que aleJaba á los
batallones unos de otros; que desgranaba las
familias y' que rompía las amistades; disputa
que asombraba laa conciencias y desgarraba
todas las ligas sociales y privadas; entretanto
que nuestro cielo azul tachonado de estrellas,
envolvíase en et" sud'l-rio gris de la p61vol'!l
enemiga y las glaucas aguas del golfo se enpurpuraban de sangre y de rubor. El clero,que
poseía la mitad del territorio y las dos terceras partes de la riqueza pública, regateaba eo•
mo buhonero, ya no el conting~~te personal
de sus sectarios para la protecc1on del país,

Veracruz y su guarnición en estos hechos
cliernn el más hermoso e¡emplo de valor: cuando Santa Ana, que anteriormente dijera con
verdad que la di~cordia civil, y no la desgracia ni la fuerza, había hecho sucumbir al puerto, asentó luego en una proclama que las tropas que lo guarnecían, Pi no podían defenderlo, debieron retirarse¡ los jefes de la Guardia
Nacional publicaron un manifiesto en que hacían presente que la resistencia fué honra suya y oprobio &lt;le quienes los abandonaron y
que habían preferido sucumbir con gloria, á
sal varee sin honor, antes de ser atacados.
Tal es en realidad el detalle doloroso y el
recuerdo amargo: nuestras disensione:1 fratricidas produjeron el abandono d!) Veracruz; pero el monumento erigido en Orizab,i s6lo pt':rpetúa la abnegaci6n del ejército p.ermanente
que pereció; y la fraternai inmolaci6n de los
veracruzanos que sin desacuerdos políticos ni
renc:ores religiosos entraron á la brega y la
sostuvieron hasta el postrer momento con la
intrepidez y el arrojo relevanteR enJa faz del
soldado que avanzando, bayoneta calada, contémplase admirable en el hermoso grupo escultural.

dt la lnoasl6n amrrlcana, 1n7.

Como pájaro que huye de las nieves del Olvi~o,
he llegado á esta comarca, tembloroso y aterido,
á esta tierra toda flores, á este cielo todo luz,
donde el Sol-indio flechero-pertinaz vuelca su aljaba
por clavar dardos de oro en el «Pico de Orizaba,&gt;
ese inmoble centinela. de la beroica Veracruz.

*

Sal ve oh pueblo, grupo airoso de valientes paladines:
que r~doblen los tambores y que vibren los clarines
entonando victoriosos un soberbio himno triunfal.
Que cintilen las espadas, y ensordezcan los cañones,
y fulguren los fusiles, y relinchen los bridones,
é imperténitos avancen los bizanos escuadrones
ante el noble monumento de una página inmortal.

*

Habitante de las selvas, libre rey en mi cabaña,
he venido con la lirh que ha cantado en la montaña,
dulcemente melodiosa cual la flauta del dios Pan.
Y esta lira, á los recuerdos de contiendas pavo:osas,
hoy retuerce sus bordones, que son víboras rabiosas;
hoy erecta sus dos cuernos, que son cuernos de alacrán,

.

*

¿Qué despierta sus rencores? ¿Qué provoca su coraje'?
¿Por qué brota de sus _nervios, ~omo cláu~u!a salvaje
6 igniscente lengua roJa, demomaca maldición? ..
¡Es que evoca la sombría epopeya infortunada
en que Scott dejó esta zona de cadáveres sembrada,
y palpita en su cordaje honda cólera sagrada
al recuerdo de la oveja en las garras del león!

*

¡Imposible la victoria! Eran fuerzas desiguales·
y aun los niños se mostraban ante el Monstruo' colosales·
meda Holzinger el teniente y con él el pabelló~ ·
·
y en el campo, en que la guerra de crueldades hace gala
surge Vélez desplegando la bandera como un ala
'
la bande1·a trigarante derribada de un morlón. '

*

¡Salve al héroe, cuyaespada-llamescente meteororayó el ónix de los cielos con relámpaaos de oro
al grabar luctuosa fecha, rojo símbolo fatal!
¡Salve al cuerpo de valientes, á los ínclitos soldados
que al abriio de la Patria sucumbieron denodados
y que en marmoles y bron&lt;?es mostraránse verpetuS:dos
constelando-nuevos Leómdas- nuestra historia nacional!

*

Levantar á lo~ que mueren por la Patria, un monumento
es un rasgo meritorio, un loable pensamiento·
'
que los mártires patriotas bien merecen tal ho'nor.
Erigido está á los santos el altar en que mañana
vendrá ansiosa á venerarlos la niñez veracruzana
encontrando altos ejemplos de civismo y de valor.

*

Entretanto, pueblo airoso de valientes paladines
que redoblen los tambores y que vibren los clari~es
entonando victoriosos un soberbio himno triunfal.
Que cintilen las espadas, y ensordezcan los cañones
y fulguren los fusiles, y relinchen los bridones
'
é impertérritos avancen los bizarros escuadron~s
ante el noble monumento de una página inmoi·tal.

*

*

Oriza.ba-blanca novia- te enguirnaldan azahares·
Barrio Nuevo en su guitarra. de cristal, te da cant~res·
en un velo de neblinas se ha tornado tu capuz·
'
los silbidos de tus fábric~s son un salmo de p~ogreso:
con la Paz llegó el TcabaJo, y al sentir su ardiente beso
palpitaste con el alma tropical de Veracruz.
'

*

Ver11-cruz-virgen morena- ¿qué pecado cometiste?
E~ raudal de sangre y llant? que con fe y dolor vertiste,
D10s en perlas y corales be.Jo el agua ha de cuajar
Que de día te ab~niquen los palmares que el Sol q;ema,
que de noche fulJa el Faro cual diamante en tu diadema
y tus luchas de espartana, como un épico poema
'
en homéricas estrofas cante un bardo: el ronco ~ar.

No lamento una derrota, ningún triunfo es el que canto;
me ha traído á la tribuna un derecho sacrosanto:
el que á todo buen patriota otorgó la Libertad.
Vengo en nombre de esta raza ardorosa y altanera,
que el valor tiene por gloria, el orgullo por bandera,
por escudo la hidalguía, y poi· timbre la lealtad.
¡Imposible la victoria! Era el débil ante eUuerte;
acechaba, envuelta en sombras, una trágica: la Muerte;
no cortaba aleve Dá.lila; lCls cabellos del Sansón;
al soplar furioso el Norte, Ruth colmaba sus graneros:
eran débiles espigas nuestros bravos guerrille1·os
abatiéndose en los surcos, valerosos cual boeros
al empuje formidable de los hijos de la Albión.

*

JUAN B. DELGADO.

�Domingo 3 de M,ay,o de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

todo esto á compás de credos y salves que rezaba eutre dientes haciendo ?ruces con la mano sobre los campos y hacia los cuatro p~ntos del
horizonte.
Co~gue ya se ~gurará. ,el ~urioso lector c6mo andarían en Noria
del Aguifa l,~s n~gocios eco~om1cos y agrícolas, manejados por estos
tan extraoromanos personaJes.

•

II

,;

P_ues s?cedió que á. don Carpio se lo iban á llevar los diablos, ó
más bie~ d1ch_o, andaban con el inte11to &lt;le llevárselo.
•
Fue la_~1sma doña Pancha 9-~ien l}ev6 á Valnavara, el pueblo
~ond~ yo v1via, 1~ estupen&lt;l3: noticia._ r?dos los habitantes del lugar
mvad1ero~1, la mo1a&lt;la de la_ n ea prop1etana para oír de su misma boca
la re\1 el~c1on &lt;le tan maravillosa a\·entura. Yo fuí uno de los primeros
en ~cud1r y con tollos s~s pelos y señales me refiri6 el suceso, con JenguaJ_e y a&lt;le~anes tan pmtorescos, que mús de una vez, durante la narración, sen~1 ponérseme los pelos de punta. Y era ta.n cierto Ell hecho,
que los do~ o tres moz~s que acompa~aban á su ama., y ella misma,
f?eron testigos preeencu1:les; lo ~ue &lt;lw por resultado que doña F ranCisca abandonara la hacienda mientras el maleficio se conjuraba aunque, según las t_razas, no había que esperar que tal cosa sucedier~ hasta que don Carp10 abandonara la finca, 6 los &lt;liablos, en forma de brujas, cargaran con él· á los profundos.
El casó pas6 de esta manera:
U_na tarde,-ya ~l ponersÉ3 el sol; se desató rumbo á la serranía de
la hacienda tan_ flmosa t?rmenta, qu.: todos los arroyos se salieron de
madre y las pen=:s y los arboles rodaron descuajados por los desfiladeros de las montana::1. Hasta allí el fenómeno nada ofreci6 de pat:ticular; pero ya al entrar la no·che comenz6 á def!colgarse de las nubes una
horrorosa culebra [que así se llaman.las trombas en el lenguaje rústico]. cuya monstruosa cola se retorcía en el aire entre negro., torbellino!! ~e polvo y ~gua .. El pánico se apoderó de los campesinos y del
prop1? don C3;rp10, qu_ien probableme_nt~, p~r alguna imprevisión 6
descmdo, babia enterrado el calendario a mas profundidad de la necesaria, ~abía_ echado más cruces y oraciones de las acostumbradas.
Pero de 1mprov1so y en un punto, ama y administrador, que CQntemp)aban el me!eoro desde el por_tal6n de la ca¡:a grande, entraron precipitadamente a una galera contigua, saliendo al instante armados de
sendos cuchillos, coi:i los que\ disparando estocadas y bendiciones sobre
la culebra, como 9men. se tira á_ fondo ó raja leña, al punto y como
por encanto quedo partida la terrible manga, que vino á resol verse en
descomunal aguacero.
_Pasado ya ~l peligr&lt;:, con gran asombro de los sirvientes que presenciaron el conJuro, dona Pancha y don Carpio dieron trazas de recogerse cada cual en sus habitaciones, pues la noche seguía tormentosa y negra y no era cosa de ir al campo á esa hora para encauzar los
arroyos y reparar los destruidos canales. Así es que don Carpio después de despojarse de las empapadas ropas, se ech6 al coleto doble ra ci6n de tequila de la que acostumbraba, para no resfriarse; y ya ee disponía. á meterse entre las no muy limpias sábanas, ni menos mullido
lecho, cuando percibi6, clara y distinta, una voz extraña que de fuera
le llamaba por su _n ombre, voz que parecía descender de lo _alto y que
se mezclaba con carcajadas horripilantes y soeces maldiciones.
De pronto crey6 don Carpio que !!.quella era ilusi6n de sus oídos
6 las rachas de viento que golpeaban, zumbando, los muros de la easa·
pero como la voz se repitiera, y ya no sola, sino acompañada de otras'
que en distintos tonos le amenazaban imprecándole, el pobre hombr~
se armó de valor; abri6 la ventana y enderezó la vista á la azotea don-

~u~n(os d~ Espantos.

?

11
sario; para las «riumasi&gt; prescribía cortarse las uñas todos los lunes; los
-desmayos y zumbidos de cabeza los curaba colocando una lanita de
borrego prieto en la ternilla de la nariz, y el «ojo de venado,,&gt; el sebo
de le6n y basta el excremento de diversos animales, servían para otras
I
tantas dolencias y accidentes. El terrible mal de ojo, tan común entre
la gente rusticana, no desaparecía sino con repetidas unciones de sali-.
Erase que se era una buena señora, viuda y sesentona, propietaria
va en frente, oídos, nariz y boca. La saliva tenía un uso bastante gede cierta finca rústica, no muy lejana de un pueblo don&lt;le yo desemneralizado en la terapéutica de doña Pancha, pero era necesario saber
peñaba, hace ya tiempo, funciones del orden judicial. ((Noria del Agu imanejarla, pues debía siempre ir a.:ompañada de oraciones y f6rrnulas
la,i&gt; que así se llamaba la hacienda, tenía abundantes y excelentes tiecabalísticas que rnriaban según la naturaleza de la enfermedad; por•
rras de labor, montes poblados de pastos y agua para regar dos 6 tres
que, decía, hay oraciones frías y oracion_e~ calientes y no &lt;leben aplisitios de ganado mayor; con lo que, dicho se está, la propietaria debía
carse aquéllas en los resfriados, ni éstas en las fiebres; sino todo lo
ser rica por demás, pues carecía de familia y sus necesidades eran exicontrario: para todo es necesario saber. En cuanto á otras dolencias
guas, como las de gente que no sale del rancho sino para ((bajar,» así
más graves, variaba el procedimiento, siendo uno de los más enfrgicos
iae dice, á los pueblos vecinos, y eso de tarde en tarde, con ocasión de
y eficaces, colocar un huevo de gallina prieta ( el color negro era ritual)
fiestas y jolgorios 6, sencillamente, para mudar de aires.
debajo de las almohadas del paciente para qut: le extrajera el mal; ó
Pero es el' caso que los rendimientos de la finca eran apenas mebien se metía la mismísima doña Pancha debajo de la cama y lanzaba
dianos, y aunque no llegaban á perderse las cosechas por malo y seco
unos lamentos y gritos tan lastimeros, llamando por su nombre al enque el año fuese, la verdad es que no producían ni la mitad de lo que
fermo, que éste, si estaba aún en sus cabales, creía que la propia muerproducir debían. Cierto que las mujeres carecen, en lo ge!!eral, de dote lo solicitaba des&lt;le lo más profundo de la tierra y se levantaba todo
tes para entenderse en la administración de sus negocios; pero doña
trémulo y despavorido. Pero con estas y otras prácticas, rara era la
Francisca Perales, que á este nombre reepoudía la dueña de Noria del
enfermedad que no cedía al tratamiento; y si el pobre dolien te sucumAguila, había encomendado por completo el manejo de su hacienda á.
bía al fin, era s6lo porque «ya le tocaba. i&gt;
un administrador, hombre campirano y versa&lt;lísimo en todo Jo que á
Don Carpio, el administrador [su nombre era Policarpo], si no
la ciencia de las Ge6rgicas atañe, salvo en introducir innovaciones y
ejercía
la medicina, en cambio, como astr6logo, daba ciento y raya á
mejoras de moderno, procedimientos, pues á ese respecto tanto el ama
los sabihondos que escriben libros cuajados de mentirm, y disparates.
como el empleado oponían la más vigorosa resistencia.
Todos los años, en el mes de enero, la noche de San Antonio Abad,
Dofia Francisca 6 doña Pancha, como más comunmente se la llainstalábase en la era á contemplar el cielo para ver por q ué lado entr~maba, era la adoración y el pafio de lágrimas de sus sirvientes y de
ba el año: iba provisto de un cuaderno donde apuntadas tenía multitodos los aldeanos y campesinos que moraban en cinco leguas á )a retud de observaciones hechas y no interrumpidas por los más lejanos
donda. Y no podía ser de otra manera, pues socorríales en sus necede sus progenitores. Allí, con un farol y un lápiz, trazaba fig uras Y
sidades, aunque nó ciertamente ,con ,mucha largueza, y, sobre todo,
.signos siguiendo la revoluci6n de las estrellas y el cáriz que presentales curaba cuando enfermos acudian a ella en busca de- alivio 6 &lt;lesaba la ((alm6sfera;» y 4 eso de las cuatro ·de la mañana, cuando ya «las
lud. Esto de curar y prescrihir métodos y remedios para toda clase de
siete
cabrillas,&gt; se habían metido y á sus alcances iban celos tres r~yes»
dolencias, era el elemento principal en la vida de la buena señora; era
y
«las
tres Marías,,&gt; don Carpio, con pasmosa seguridad, pronosticaba
como el agua para los peces, el rocío para las flores y para las aves el
la
calidad
del año, y decía, como si lo estuviera viendo, qué clase de
viento. Y no vaya á creerse que echaba mano de medicinas y drogas
frutos se iban á _dar y cuáles - á perder; las plagas y enfermedades de
de las usadas más comunmente por galenos .Y farmacéuticos. Ni por
los animales y de las plantas, y, final'.Ilente, si· el año sería seco 6 Jiu•
pienso. Se reía de los médicos, de las boticas ·y hasta de los curandevioso. Así es que, con tales conocimientos, no había temor de que se
ros, á quienes solía tolerar y aun aconsejar algunas veces. El ejercicio
perdieran el tiempo, el dinero y el trabaj0 en infructuosas siembras Y
de la medicina en ella era una cosa así como rito misterioso y oculto
demás operaciones agrícolas. Bien es verdad que algunas veces solían
y rarísima ocasión empleaba yerbas 6 p6cimas, y cuando lo hacía sus
fallar sus cálculos y pron6sticros, pero eso aco11tecía solamente cuando
menjurjes, verdaderas panaceas, componíanse de los simples más 'inuá lo hora de observaci6n ocurríasele rebuznará un burro prieto ( por
sitados y estramb6ticos. Su terapéutica constaba especialmente de
palabras, signos y prácticas extrañas, ~sí corno de· oraciones, algunas · de conta~o ), en los vecinos corrales, 6 á algún murciélago trazar su,s c?r·
vas capr1chos~s en torno de la era, trípode y observatorio astronomico
de las usadas por la Santa Madre Iglesia y otras del uso exclusivo de
del
buen don Carpio.
aquella sapientísima doctora que tenía su consultorio en la casa granPor lo demás, para todo encontraba remedio, pues cuando se rede de Noria del Aguila.
Pero tampoco se debe pensar que doña Pancha usara indistintatardaban las lluvias y las sementeras poníanse mustias y agos_tadas,
mente de las mismas palabras, signos 6 remedios en todas las enferdon Ca.rpio hacía un agujero en la tierra enterraba el calendarJO del
medades. De ninguna manera. Así, por ejemplo, para el dolor de muemás antiguo Galván ( precisamente habí~ de ser ése) , juntamente con
una oraci6n al mismo San Antonio Abad y otra á San Isidro Labrador,
1as aplicaba una cuerda de guitarra enrollada al cuello á guisa de ro-

CORO DE BRUJAS.

J

Domingo 3 de Mayo -die 1903.

de las voces parecían sonar; y en aquel mismo punto sintió que el horror le cuajaba la sangre, paralizándole los miembros. Destacándose en
la masa negra d~ las so11_1~ras, vi6 el infeliz otras sombras, más negras
aún, que se bulhan vert1gmosamente como en una danza infernal sobre el pretil y sobre las canales de su misma habitaci6n. Horrori~ado
Y loco, cerr6 de un golpe la ventana y sali6 corriendo en busca de doña
Pancha, que á la saz6n se recogía. Des&lt;le la puerta di6le cuenta de lo
que le pasaba; visti_6se alborotada la. señora y ambos, acompañados de
los mozos )'.' ~e pendientes que estaban aún en pie, se dirigieron al cuarto del admimstrado.r, donde todos fueron testigos de la extraordinaria
escena que afortunadamente no se prolongó mucho tiempo pues á po·CO sintióse el aleteo de aquellas sombras como de aves mo~struosas y
pesadas que volaban casi sin ruido en la obscuridad.
Na?ie ~e _atrevi6 á salir é investigar el hecho, pu~s todos, doña Pancha «m capite,i&gt; ~eclara~on que las brujas, teniendo cuentas pendientes con don Carp10¡ veman á cobrarlas y procurarle maleR en pago del
que había hecho á cierta moza del rancho, cuya madre, ~egún se susurraba, era una de las más desaforadas hechiceras que podían encontrarile por aquellos contornos. Dejaron,.pues, en paz á las brujas, ya
que ellas la habían arreb~tado á los mora?or~s de la casa, y pas6se el
resto de la noche en medio del susto consiguiente con el cual dicho
se está, nadie logr6 pegar los ojos.
'
'
Y como ~n las noches p~steriores se repitiera el espantoso fen6meno de las bruJas, los dependientes abandonarou la casa grande y se
f~e:on á dormir_ á ~~raque, aunque estaba en no muy favorables con~1c1ones ,de hab1t:ac1on, .aderezaron de la mejor manera; y &lt;loña Pancha t?mo el partido de ,ransladarse á Valnavará hasta que las brujas
escogieran otro lugar para sus nocturnos conciliábulos, pues los aquel~rres del :1farz en la, noche de Santa Walpurgis, eran tortas y pan
pmtado, si en parangon se ponían con los que noche á "noche se ce~e?raban en la casa principal &lt;le Noria del Aguila.
·•

'

1

III

•1

Todo esto y más todavía ~e fué referido por la buena señora con
tan profu~do co1w~nci,¡n i~nto y á _la vez con t:iles muestras de d¡sdéh
al notar c1~rta sonnsa de rncredd1d~d en mí, que á poco ya estaba. Y.P
tan e~1bru_Jado como ella. Inte.nt~, sm emba rgo, escudriñar una paroo
del n:i1steno, aq_uella qu~ se relac1~naba con la moza hija de la céleb~
hech1?Ha. Dona Francisca me d10 todos 'los datos necesarfos de Jds
· que vme á poner en claro que el bueno del administrador, aficionad~
por demás á las hembras, había tenido sus dares y tomares con unii.
muchacha muy bonita del rancho; pero al ~abo como todo canQa en
' d e aque11os amoríos, no por' otra cosa sino porque
~,
este mun d ?• can~ose
se enaC?oro per&lt;l1dam!mte de_ótra, mujer con la _cual comprendió qu'.e
n?, podia entr;i,r en m~s relac1?~es que las matrimoniales; por lo qU¡e
dio de mano 8: su antigua pas10n; y ya se _habían empezado á corr~r
las amonestac1?nes en la parroquia de_ Vainavara y s6lo faltaba fijar Ja
fecha del c~sono, con grai~ contentamiento de doña Pancha quien se
había ofrecido á ser madrrna.
' - ·· 1
. Pero co_mo el hombre propone... y las brujas disponen, desde el
primer doming~ en que se le¡eron, después del Evangelio, las susodichas amo? estac10nes,. empezo el aquelarre en la azotea del cuarto de
don Carp10, según deJO ya referido.
· .
Bien ente:ado_ del asunto y tod_o confuso y estupefacto, despedíme ~e la propietaria y en poco tiempo olvid~ las brujas, hechicerías
_dem8:s cosas que con ellas -y con los habitantes de Noria del Aguilii, s~
relacionaban.
·
CONCLUIRÁ.

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 3 de Mayo de 1903.

€1

EL MUNDO ILUSTRADO.

Ctrritório Quintana Roo

Domingo 3 de Mayo de 1903.

AL REDEDOR DE LA CIUDAD
CONTRASTES.

Páginas dt un Jllbum dt eampaña.
Para muchos denuestros lectores, indudablemente, es desconocida por completo la parte
de la península yucateca erigida en territorio
federal por el Congreso de la Unión con el
nombre de Quintana Roo.
Hace poco, consignábamos e1. este semanario la noticia de haberse establecido en Xcalak
la primera escuela, y ahora damos principio
á la publicación de una serie de fotografías
que representan distintos puntos de la comarca y que no son, en resumen, más que un pufiado de hojas arrancadas al álbum de campaña de uno de los jefes del ejército que más
se distinguieron en Yucatán: Esta serie, sin
embargo, servirá para que el público se forme
una idea de los esfuerzos desplegados por las •
autoridades federales e.1 la obra de civilización
que emprendieron, y de los afanes con que las
tropas han coadyuvado á las altas miras de la
Administración Púbhca.
En uno de nuestros grabados puede verse
en conjunto, el campamento &lt;(General de la
Vega» tal como 11e encontraba hace pocos

Campamento "General de la Vega."

DOLORA.
El, al verla tan pálida, tan triste,
Ya cuando el tren iba á partir, pensaba:
;.Por qué la calma en mi ánimo persiste
Y no sien to que todo se me acaba?
((No me olvides»-dijo ella, y en su acento
Desfallecfa la doliente queja,
En el cual sollozaba el sentimiento
De quien se va, de quien su dicha deja.
-c(No te olvido,,- dijo él; pero no había
En su palabra aquel temblor que imprime
A la frase amorosa la agonia
Cuando el adiós entre los labios gime.
Y ella, tan triste con sus ojos bellos,
Cantraida la boca, flor ya mustia,
En confuso desorden los cabellos,
Signo de insomnio y dolorosa angustia!
Mas eran, ¡ay! para el amante extraños
El dolor, el horror de la partida ...
El habría llorado á los veinte afios,
Pero despues de amargos desengaños
Ya sabe el corazón cómo es la vida.

I sAIAS GAMBOA.

Selva' virgen.

meses. En él están situadas las barracas que
se ma11daron construir especialmente para alojar á las fuerzas y que, desde el punto de vista de la comodidad y de la higiene, han sido
consideradas como de las mejores en su género. Por separado se levantan los departamentos qué se destinan á la oficialidad y al despacho del jefe de la campaña. Las oficinas
del Cuartel General están reunidas en un edificio de madera. sólidamente construido y bien
ventilado.
Otra de las fotografías que damos á conocer
representa el muelle del campamento, hecho
por los oficiales ~acultatiYos que fueron con las
tropas á la campaña, con el fin de facilitar
el desembarque de las provisiones necesarias
para el servicio. La construcción es de madera y hierro y ofrece notables ventajas para las
maniobras propias de su objeto.

***

Ademái::, entre nuestras ilustraciones figuran:
un grupo de oficiales reunidos á la entrada de
una tienda en amigable convivialidad; el buque-escuela &lt;(Zaragoza,» anclado en Puerto Morelos; una vista de la selva yucateca, y un pueblo de la Isla de Cozumcl que surte de verduras y de algunos de los viveres más indispensables á la costa oriental de la península.
En las próximas ediciones de «El Mundo
Ilustrado» publicaremos las fotografías que
ahora, por falta de espacio, nos hemos visto
obligados á reservar.

La Comida.

t

A la. madre, á la antigua, señorial, cortesana,
vieja., discreta, &lt;iglesiera,&gt; rebujada. en holgados lutos y-¿por qué no ce~ido?-descuidada y
aun sucia, Je ha sa!ido lahijademocrática, limpia., a.man te del agua fresca y bullente, de la luz,
del sol y da las flores.
Parece la ciudad nueva una de estas muchachas de Norte América de belleza correcta, fría
en apariencia, cuya~ formas castas, duras y
elásticas ciñe un truje blanco, con alburas de
pe.loma recién bañada. Son rubias y sonrosadas y encarnan un ideal de belleza fuerte é independiente que atrae los afectos pu1·os y que
a.un á los cor azones maltratados por la v ida les
refresca. y reconforta haciéocloles convertirse á
los limpios ensueños radiantes de la infancia.
La higiene, que nos aburt'E! cuando se nos la
fspeta en ta1·das máximas; la urbanización
que suele ser tema fa.,tidiosísimo de disertacio'.
ues; el buen pa1·ecer de las ciudades, matraca
que agitan los periódicos, nos encantan, nos seducen cuando las vemos hec.has realidad en el
agua que bulle en los jardines, en el aseado frontispicio del palacete cuyos cristales brillan al
sol entre las opacidades aristocráticas del mármol; en la calle recta. y ornada de plantas que
nos recuerdan la exuberancia ardorosa. de la naturaleza, en medio de la corrección urbana. de
líneas y matices.
Si el traje de un hombre muestra con evidencia la índole de éste, su habitación, lujosa ó
paupérrima, sobre todo si él mismo la ba. fabrica.do ó hecho fabricar, le exhibe &lt;le cuerpo entero con sus ideas má.s íntimas, con sus más secretas inclinaciones, con sus gustos menos conocidos.
Na.die ignora. que hay ciudades que seducen
por sólo su aspecto; ciudades en cuyas avenidas
el viajero se siente á sus anchas, feliz, acogido•
cordialmente, y que ha.y otras que repelen, que
parecen expulsar con duro gesto a.l curioso, como hosteleros enfada.dos que no quieren dar po~~

ISLA DE COZUMEL.-San Miguel.

El "Zaragoza" en Puerto Morelos.

.

. Hay ciudades románticas, ciudades histó1·icas,
crndades tristes, ciudades sonrientes, ciudades
a.varas, ciudades idiotas, intelectuales, trabaja..
doras, holgazanas, sobrias, glotonas . ... ..
·
Y México'? .... De Méx ico no sé qué decir.
Es una. ciudad mixta, lo indiqué al principio.
Hacia. el Oriente, la. vieja. descuidada, sucia., que
repugna. é interesa al mismo tiempo, como una.
ruina venerable y q1.e no quiere, que no puede
remozarse.
Aunque se precia. de española rancia, no puede esconder la linfa. iod.ia. que circula. por sus
ca.na.les, corre por sus acequias, empuerca sus
calles y se manifiesta en retoños caoce1·osos en
sus casas de vecindad, en sus plazuelas bedion~as, en sus ba.rria.da.s putrefactas y ponulosa.s.
En vano a.q uí y allá un vasto ca.serón seilori.a.l
de !o~ que apellidara Húwboldt palacios, co~
sutil ironía., q uiere ennoblecerla. Su nobleza es
r~o_cia. y apesta y está. a.demás contaminada. por
VICIOSO desaseo.
Aparte de eso,es una vieja que se &lt;,ubre de afeites Y de alhajas . Una. &lt;ri viore&gt; de diamantes sobre la garganta. apergaminada. de una. a.ocia.na,
repele. El collar de focos eléctricos que esa. par~ de la. ciudad se pone por las noches, la. torna
fúnebre como una. momia ata.viada. para. un baile macabro.
r No m_e extraña que los trenes eléctricos, esos
mdos ¡uguetes de la. muerte, aplasten tanta. a-en~ por los barrios. Venidos de las populosas
c!uda.des de l Norte ultra.civiliza.do, pensaríanst pensa!' pudieran- que caminan entre sombras
de una ciud ad fantástica.
;,Ac!lso tienen algo de real, como no sea en las
pesadillas, esos caserones de fachada. cubierta.
de laboriosos arabescos, que se apartan desplomados de la ca.lle; los portones barrocos· los zagua.n~s húmedos y cavernosos; loo enorr:ies balf~fªJes; los postigos mudos, telarañosos y apo1 auos; todos esos detalles, en fin, que alumbrados crudamente por las claridades eléctricas, semejan restos de tumbas, trozos de monuten~s, semibundidas y truncas ruinas que na.1a tienen que ver con la. vid a. franca. y activa. de
a edad moderna?
E~ esos callejones tuertos y estrechos como intestinos estaría bien el conciliábulo de un merC~der a varo y un fantasma que Je encomendara.
misas por su alma; en esa. plazuela, que mejo1·
tuera llama.ria. basurero, bien pudieran dos gala.ne~ espadachines pedora1·se á mansalva el jullooc11lo con sus estoques de cumplidos gavi1anef á la. luz mortecina. de un faroli1lo; en estotra.
ca le, cerrada. de una. parte por un muro de convento Y de la otra por casas claudicantes que se
~Oblan~nyecodos como un biombo,parecequese
a á asistir á. los discreteos vergonzantes de un
~mbozado y una dueña. celestina; en.esotra plazoleta., su1·cada. p, r verdinegras corrientes de
aguas hediondas, á nadie extl'afiarfa que sentat·a sus reales_un &lt;tianguis&gt; de ind,os; pero vida
mode1·na, lu¡osos establecimientos de mercader~s, vías y fanales eléctricos, buggys y automóviles, ¿verdad que no se concibe que los hay a. en
ta.les rincones'!
Por eso los que anhelan vida,1 luz, aire, movi-

Cuartel General de las fuerzas en el Campamento "de _la Vega."

M11elle del Campamento.

�Domingo 3 (le Mayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Dommgo S de Mayo de 1908.

Eh MUNDO ILUSTRADO.

1. -A veaida L'ladr~s.

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[Colonia americaaa ]
2.-Casa del Sr. Braniff, en la Reforma.
3.-Callejón del To1·0.
4.-Ua tendedero en las .orillas de la ciudad.
5. --Callejón de Sombrereros.
6.-Corredor y jardín de una casa de la calle
de Sadí Carnot.
7. -Detalle del interior de una veciadad.
8.- Patio de una vecindad.
9.-Plazuela de Tepito.
10.-La Alcaicería.
11.-Glorieta central de la Colonia americana.
12.-Una calle de la Colonia. de la Bolsa.
13.- El Baratillo.
14.-Buca.reli.

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7

�Domingo 3 de M11iYO die 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 3 de MaYo de 1903.

miento, refluyen á Occidente-que a.un aq11í se
cull!-ple la ley aquella histórica de que la civiliza.c1ón marcha del Oriente al Ocaso -fabrican
barr~os nuevos, plantan jardines, ab1!en amplias·
a.vemdas, constmyen palacios y dejan sumida
~n su modon·a triste y mortífera. á la ciudad vieJa que se a.duerme á la sombra de sus obscuros
templos en la estrechez penumbrosa y enmohecida. de sus calles.
Y la hija, nacida de las entraí'ias mismas de su
madre, surgiendo de las a.venidas remozadas de
Plateros y San Francisco, se tiende al sol en la
llanura occidental, como una muchacha fatigada. de una loca partida de lawn-tennis, y abre los
brazos como para estrechar entre ellos el montículo agreste y perfumado donde el alcázar de
Chapultepec vigila sobre el valle.

***

¿,Y los habitantes? Al Oriente subsisten aún los
tipos misera.bles: del vendedor semidesnudo que
trota bajo su carga de caza ó de legumbres· del
lépero agresor de barrio eón un tufo de cab~llos
sobre la frente y la mirada extraviada por la borrachera; de la maritornes vistosamente trajeada.
. Por la maí'ia!la, á la hora en que los campanarios se desgaí!.1ta.o llamando á misa. se ve cruzar por las calles, opacas y sucias,' á la beata
toeada. de negro, con la camándula y el libro entre las manos sarmeotosas,y á la muchacha cnrsi
pinta.da con afeites baratos y a.domada. con traJe y sombrero de desecho. Ni falta el rufiancillo
de barrio, canalla y maleante híbrido de obrer&lt;;&gt; y seí'iorito, ni el aguador da.racterísti.co bar01za.do de mugre y estorbado en sus movimientos
por los panzudos y abollados &lt;chochocoleia&gt; de

1

.,

ACAPULCO.-Callej6n de Ventilación.

los chiquillos mofletudos y rubios: los seí'iores
graves enfundados en la neg1·a levita; todo tan
discreto, tao ordenado, que más que cosa viva,
parece aquello un cuadro de reloj antiguo que se
pone en movimiento al dar la hora.
Así aparta.das, extraí'ias un11, á otra, casi enemistadas, contrarias, permanecen la madre y la

pricho semejante al de una mujer que fué hermosa. y coqueta. y celebrada., y que al ver los atavíos que ofrecen las nuevas modas á sus nietas,
á veces se enamora. de un sombrero, de un listón
ó de un aderezo y quiere ponérselo, aunque desdiga de su fealdad y de sus aí'ios.
CÁSTOR.

·

PROYECTO DE EDIFICIO PARA LA SECRETARIA DE COMUNICACIO NES.-Fachada principal.

UNA OBRA DE IMPORTANCIA

CALLEJÓN DE VKNTILAClÓl

ACAPULCO.-Parte media del Callejón de Ventilación.

l~ta.; ni los vendedores indígenas que hieren el
aire con sus pregones, que parecen lamentos· ni
los_ meodi_gos pioto~escos, de grandes barbas' ascét1ca.s_; 01 los 4:art1_s~as&gt; trashumantes que van
de patio en pat10 b1r10ndo los sensibles corazones de las cocineras con sus canciones amorosas.
El estanquillo, la pulquería, los ultra.marinos
de la esquina., el templo, el figón y la comisa.ría
forman el cerco donde se encierra cada barrio'
los ~Iones de fon~o para los sainetes y las tra~
gedias de sus. vecmos, el escenario para sus niñas, sus a.mores y sus festejos.
La lucha por la vida es cruenta. y evidente. Todas las accesorias son &lt;comercios:&gt; ganchos torcidos y endebles, de quebradizo alambre para
que en ellos se atore al paso el dinero y'la voluntad de los transeúntes; antros de cuyo fondo
parece que surge la voz lastimosa. del deshereda.. do .Jue quiere vivir y que clama. débilmente: ¿y
yo .....
Id, en cambio al extremo opuesto de la. ciudad
mejor dicho, á la otra ciudad. Las calles son an~
chas y pa.triarcll.les, de piso terso, de casas severamente ricas cuyas facha.das, á plomo sol:¡re el
piso, muestran el bienestar y la holgura desde
el sobrio coroizamento hasta la pulida base de
los edificios. A éstos casi siempre les rodean
jardines, céspedes cuidados como un tapiz valioso; macizos de buga.mbilias apañan y encubren los frontispicios; fontanelas con estatuas
dejan caer un cristalino hilo de agua; bestias de
lujo se pasean por las calltijas enarenadas de rojo de los parques ...... Hasta el cielo parece más
amplio y más limpio, porque no lo opacan ni lo
empañan las huma.redas de las fábricas y los figones.
Por las banquetas, discretamente, van las da.mitas cubiertas de encajes, cogiéndose la falda
con gracioso amanera.miento; las niñas nerviosas, delga.das, pálidas, de grandes ojos miopes;

hija, ésta eiipera.ndo tal vez que aquélla. muera
para heredarla., para engullírsela, como dizque
~acen_los críos de ciertos bichos; la otra, la vieJa., deJándose arruinar impasible, despreciativa
desdeñosa por la vida moderna, per:mitiendo qu~
crezcan sus lacras y poniendo á veces aquí y
allá, como al desdén, un revoco, no para apuntalarse ni para prolongar sus días, sino por ca-

Cuando se inici6 la epidemia de peste bub6nica en Mazatlán, el Consejo Superior de
Salubridad se dispuso, sin pérdida de tiempo,
á poner en práctica todas aquellas medidas
que juzg6 indispensables para evitar que los
demás puertos del Pacífico fueran diezmados
por la terrible plaga.
En Acapulco, uno de los más expuestos á
ser invadidos por la peste, se arregl6 desde
luego el Lazareto de la Roqueta; pero una vez
terminadas las obras relativas á su instalaci6n,
se vi6 que, por estar situado casi en el centro
de un bosque, carecía de una de las condiciones higiénicas más importan lea, como era la
&lt;le estar suficientemente ventilado.
Para vencer estas dificultades con la premura que el caso demafidaba, · el señor Doctor
Glass, enviado por el Consejo á Acapulco
para que se encargara de la Delegación Sanitaria, proyectó la apertura de un c,callejón»
que, pasando por el bosque, permitiera al
edificio recibir directamente el aire del mar.
La obra, dificultosa por lo intrincado de la
parte del monte que había que destruir, se
llevó á término con el mejor éxito, como puede verse en uno de los grabados que ilustran
estas páginas. A uno y otro lado del callej6n
de ventilaci6n se extiende aún la espesura del
bosque que cubría antes todo el terreno. Este

I

ACAPULCO.-!;antrada de Boca Grande.

callejón tiene cincuenta metros de ancho por
quinientos cincuenta de largo, ósea la distancia que le separa de la Bahía de Yerbabuena.
El segundo de nuestros grabados representa la parte media de la obra, durante los trabajos de apertura, y el tercero, la entrada de
Boca Grande en la Isla de la Roqueta, donde
está situado el lazareto. La fotografía está tomada desde el cerro de San Martín, que se levanta frente á la isla.
Con la ejecuci'6n de los trabajos á que nos
referimos, el lazareto ha quedado en las mejores condiciones higiénicas, y el Consejo Superior de Salubridad ha dado u~a nueva
muestra del empeño con que viene trabajando
para lograr, en los puertos, un servicio sanitario conforme en todo con las exigencias de
los adelantos modernos.

nuwo Edifielo para la Stcrttarta
dt tomuntcacionts.
En el año de 1901, la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas encargó al señor
Arquitecto S. Contri de la formación de un
proyecto para el edificio de la misma Secretaría, sobre un terreno situado en la Plaza de la
República, frente al
lugar que ocupará
el Palacio Legislativo. Este proyecto
fué presentado y
aprobado á principios del año de
1902, pero hubo de
formarse uno nuevo á causa de que
la Secretaría cambió de idea acerca
de la localización
de su -futuro edificio, desechando el
terreno de la Plaza
de la República y
escogiendo el que
actu:ilmente ocupa
el Hospital de San
Andrés, mucho má~
conveniente que el
primero por su Fituación en el centro de la Ciudad.
En este segundo
proyecto hubo que
comprender departamentos para la
Dirección General
PROYECTO
y Oficina Central de
'Telégrafos.

Este proyecto, aprobado en Octubre último,
ha sido ya completamente desarrollado y estudiado.
El edificio ocupará un rectángulo de 82m. 30
por 57m. 70, limitado por las calles de San
Andrés, Xicoténcatl, Estampa de San Andrés
y una calle nueva que se abrirá en prolongación del callejón de la Condesa. La fachada principal estará en la calle de Sin Andrés, cuya calle se ampliará hasta darle un
ancho de 39 metros.
Su estilo de Arquitectura es del Renacimien·
to italino, serio y de proporciones grandiosaf:l,
apropiado al uso á que se le destina, y en ar·
monía con el estilo de la Escuela de Minería,
que quedará enfrente.
La distribución e'3 sencilla y cómoda, en departamentos amplios, bien ventilados éiluminados. Los dos primeros pisos se destinan en
su totalidad á la Dirección General y Oficina
Central de Telégrafoe, comprendiendo también las oficinas de la Comisión Hidrográfica,
Comisi6n Revisora de Tarifas de Ferrocarriles
y la Contaduría y Pagaduría de la Secretaría
de Comunicaciones. El tercer piso se dedica
todo á las demás dependencias de la misma
Secretaría.
La construccion se hará r.on esqueleto me-

tálico,· sobre una plataforma de cimentación
también metálica; las fachadas se harán de
chiluca y cantería, lo mismo que el patio. El
decorado interior se hará en cada departamento según lo requiera el objeto á que se destine.

VAS PLENUM.
Eres como la crátera esculpida
En terso mármol con cincel divino,
Donde la sangre de la vid, el vino,
Brinda su ardor en onda enrojecida.
Tu cuerpo, como el ánfora, convida
Al beso del placer, y el que con tino
Sabe libar el néctar purpurino,
En gloriosa embriaguez pasa la vida.
Mas ¡ay del que sediento de ventura
Hasta las heces el licor apura
Con imprudencia loca é insensata!
Porque el amor que guardas en tu seno
Es, á la par, elíxir y veneno
Que place á sorbos y á n ..udales mata.
ENRIQUE GONZÁLEZ MARTÍNEZ.

DE EDIFICIO PARA LA SECRETARIA DE COMUNICACIONES.-Fachada correspondiente
á la Dirección de Telégrafos.

�Domingo 3 ide M&lt;ayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILlJSTRADO.

Domingo 3 de Mayo de 1903.

\~~~ia~deN·eró"¿J
~

(i~

------~

Noche, lúgubre n o c h e . ~ / )
Por la negra
margen que inunda y fertiliza el Tíber,
conducen el caaáver, silenciosas,
las dos viejas nodrizas ...... Un esclavo,
por hábito quizá, las acompafía.

!J

Precede Actea. Su mirada inquiere
cuanto logra alcanzar. Hasta el murmurio
&lt;le las sagradas ondas amedrellta
su combatido espfritu. La sombra,
en los dominios del silencio finge
pavorosos fantasmas; y confusa
tropa de cuervos la tiniebla rompe,
_al meiítico olor del cuerpo exangüe
mal fajado en la túnica de seda ..... .
l\Iancha la tierra el hilo putrefacto
que lentamente de la herida fluye.

)

1

Y prosigue solícita y medrosa,
al través de la noche, su jornada
la comitiva fúnebre.
No lejos,
en derredor de la Salaria Vía,
airada. grita la rebelde turba:
-Nerón ha muerto! La nefaria bestia
rueda en el fango de su propia sangre!
- Nerón ha muerto! Que en su cuerpo inmundo
sa0ien los cuervos su voraz instintot
De espanto muda y temblorosa, Actea
el séquito detiene; escucha; indaga;
á las tinieblas interroga...... Luego,
por recónqitas ansias impelida,
inc\ínase ante el rígido cadáver
de aquel odio del mundo y de los dioses;
bésale, por vez última, en la frente,
ábrese el corazón á los recuerdos
y torrente de lágrimas inunda
su pálido semblante.. .... •
Las dos viejas.
al verla sollozar, también sollozan. .
ANDRES MATA.

1

~eh
Se abrió la puerta y entró mi mujer en el
despacho. Luego, vino hacia la mesa donde·
estaba escribiendo, y poniéndose de codos en
ella, me preguntó: ·
-¿Qué haces?
-Nada, un cuento.
- ¿Y á quién se lo vas á dedicar?
-Hija, ·á nadie. Si eso es muy cursi, ya no
lo hacen más que los principiantes.
-Trae la pluma.
Y al mismo tiempo me la quitó de entre los
dedos. Despué1,, acercando la cuartilla donde
estaba el cuento que yo escribía, puso debajo
del título, en letra inglesa espafiolizada: tcDedicado á mi mujer.»
-Pero, criatura-le dije festivamente-¿cómo voy á dedicarte un cuento, dónde hay asesinatos, envenenamientos, suicidios, y qué sé
yo cuántas cosas horribles?
-Pues quítalas. ¿Hacen alguna falta?
-Ninguna, como falta, ninguna.
-Di que no quien'.s.
-Bueno, vamos, te complaceré. Haré otra
cosa; pero déjame trabajar en paz. Después1
ya podrás leerlo.
-Veremos si cumples tu palabra.
Y se retiró satisfecha. Cogí la pluma, separé las cuartillas escritas y sobre una de las que
quedaban limpias puse el título del nuevo
cuento: "La historia de siempre.-Para mi
mujer.»
Helo aquí:
ccCuando Julia oyó que llamaban, fué ella
misma á abrir la puerta.
- Dichosos ojos, rriujer-dijo al verá Carmen.-Pasa, pasa.
-Lo menos hace quince días que digo: I{oy
irás á verla, de hoy no pasa. ¡ Pero se me va
el tiempo de una manera! ¿Y qué tal?
-Bien. ¿Quieres que pasemos al despacho
de mi marido'?
-Sí; donde quieras.
Carmen se quedó mirando una escultura, de
buena firma, que representaba á la muerte
sosteniendo en sus brazos el· cuerpo de una
joven, en actitud desmayada. El grupo llevaba por título: ccLa muerte precipitando la hermosura."
·
-¡Jesús, qné horror! -dijo Carmen .
-¡Ah! sí-contestó Julia con cierto orgullo,-es bonito.
Eso de &lt;ebonito" se lo había oído á su marido.

- ¿Y cómo te va con Pepe?
-Bien ......
-Hija, ¡lo dices de una manera!
-Verás. Si he de ser franca, te diré que no
es malo, ¡pero tiene unas·rarezas!
- A ver, á ver esas rarezas. Me gusta saber
cómo son los sabios para maridos.
-¿Tú no sabes lo que sucedió el día que
nos casamos?
-No. Di, di, me interesa, no puedes imaginarte lo que me interesa.
-Pues salimos de la iglesia, y no sé qué
ideas me vinieron tan extrafias ...... Mira, ¡me
entraron ganas de llorar! El, sin andarse con
cumplimientos, sacó del bolsillo un periódico
y se puso á leer tranquilamente. Créeme, entonces le hubiera ahogado.
-Delicioso-contestti Carmen riéndose á
carcajadas.
·
· -¿Porqué?
-Mujer, es graciosísimo el caso. A ve~, qué
más.
-Al día siguiente, me dijo: Escucha, niña,
tú eres aquí la reina. Haces lo que se te antoje y lo que quieras. Déjame estudiar y escribir, ya ver~s qué feliéea somos.
-¡Qué suerte!
-¿A eso le llaman suerte? Todo lo encuentran bien ó mal, según á mí me parece. Chica, te digo que es un aburrimiento. A veces
prueb0 de enfadarle, pero es inútil.
-¡Oh, qué hermoso! Si tu marido es una
alhaja. ¡Lástima que esos hombres no afmndenl
-¡ Vaya un gusto!
-Hijita, es muy tarde, me voy.
Julia y Carmen se besaron carifíosamente,
y al despedirse pensó Carmen:
-¡ Qué cosas más raras tienen los hombres!
¿Y por qué será así el marido de Julia? Un
día se lo voy á preguntar.
Pocos días después la encontramos sentada
frente á frente con el marido de aquélla.
- Ea, sefior sabio. Las mujeres somos muy
curiosas. ¿Por qué es usted tan frío con su
mujer?
-¡Jesús, María y José! ¡Qué ocurrencia!
¿Yo?
-Sí, usted. Nosotras sabemos mucho. ·
- ¿Y qué sabe usted?

-Que usted quiere á ·Julia, pero es muy
extrafi.o con ella.
-Bien. ¿Y se puede saber á qué vienen estas filosofías?
-Sea usted atento con las sefioras, caballerito, y no tema usted: es una curiosidad. Yo
tengo gusto en saberla, como usted Jo tiene en
enterarse de muchas cosas que dicen esos librotes.
-Acabemos. ¿Va usted á ser discreta? ¿Va
usted á callar lo que yo le diga?
-Haga usted c:uenta que no lii oye nn:die.
Y, al pronunciar estas palabras, sonreía nerviosamente de satisfacción.
-Pues_escuche, Carmen. Yo aprecio á mi
mujer, no haré ¡nás que su gusto, jamás la
faltaré con otra; pero ese cariño que usted pide, yo no puedo tenérselo á ella ni á nadie.
VP.rá usted: Julia tuvo relaciones con un amigo mío, le quería muchísimo, pero era un perdis y la boda no se hizo. Sin embargo, Julia
le adora aún, no lo dtmul'stra, no lo mira si
le encuentra; pero sufre por no haberle mirado. Estoy seguro de que antes de faltarme se
mataría...... pero conserva su amor antiguo.
Y á mí me sucede exactamente lo propio con
una mujer. ¿Se ha enterado usted?
-Muy bien ...... ¡Qué talento!
-Gracias.»
Así acababa el cuento.
Entonces nuestro sabio llamó á Julia y le
dijo:
-Ea, mujer, ahora estarás satisfecha. Ahí
tienes el cuento.
Julia, sonriente, empezó á leer. A medida
que avanzaba, iba poniéndose seria. Cuando
terminó, ¡con qué indignación miró á su marido!
-Eres un infame-exclamó.
-¡Pero mujer, si eso es un cuento!
-Sí, el cuento de nunca acabar.
-0ierto,-pensó el escritor-es 1a historia
de siempre.
Julia, indignada, rompió las cuartillas en
pequeños pedazos.
Y le dijo su marido, moviendo tristemente
la cabeza:
-Hija mía, has roto el cuento sin acordarte de que se puede escribir otro. ¡Ojalá pudiera hacerse lo mismo con el corazón huma,o!
FRANCISCO GIRALDOS.

�bami:ngo 3 de Mayo de 1903.

EL MUNDO ILUS'l'RADO

Et, MUNDO ILUSTRADO.

LOS AHORCADOS.

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~~

(CUADRO AL TEMPLE.)

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atir~i ~[t~i @~J-l~@

9

0

....-:;:

Cuelgan de las rama&lt;; los estrangulados
como largos frutos desproporcionados
bajo el 600 tallo de la soga injerta.;
y con la mira.da fijamente abierta
por la crispadura de los estertores,
cuelgan de las ramas como grandes flores.
Tienen sobre el cuerpo bruscos desenc:\jos
y en su boca. brillan los espumarajos
de las maldiciones y del sufrimiento;
se contemplan mudos, y á me1·ced del viento
que los acaricia, son como badajos.
Llevan en su rostro los sangrientos cuajos
de las congestiones, multiformes sellos
que compadecidos, cubren los cabellos
desenmarañados; y la boca muerde
la jaspeada lengua, cancerosa y verde.
Se alzan en la sombra-como imploracioneslos torcidos brazos de las ramazones;
y con c11,rnes bla..:.das, y con nervios flojos,
y en el suelo fijos los abiertos ojos,
los estraogula,dos páiidos,y enjutos,
cuelgan de 111.s ramas como largos frutos .

***

Pero tienen una irónica. venganza
contra sus verdugos: &lt;La Hora. de la. Danza&gt;!
A la media noche, cuando todos duermen,
y en la selva canta su pasión el Germen,
llega un viejo torvo de inclinada testa
dirigiendo el grupo de su gran orquesta:
Es el Viento. Y ruge tarantelas hondas
PD el violoncelo de las verdes frondas.
Y los taciturnos, los estrangulados,
los de los semblantes tan amoratados,
mueven el co1·daje de sus nervios flojos,
clava.o en la. sombra sus abiertos ojos
y crispado e l pelo, como dura. cerda,
bailan suspendidos de la. tosca cuerda.
·Porque el canto lleva gritos sangradores
contra los humanos estrangula.dores,
y los cabizbajos manifiestan gusto
porque encuentran algo vengativo y justo
y al violoncelista de sus embelesos
1e consagran danzas y le mandan besos!
. ·····. ············ ...... .. .......... ·······
¡Y se escucha un sordo traqueteo de huesos!
Entrefanto, el Viejo, con su violoncelo
sigue el estribillo de su ritornelo,
y los cabizbajos prosiguen sus danzas
con sus largas piernas, que parecen lanzas
desarticuladas con siniestra bulla ....
y un perro que pasa, los mira y aúlla! ....
JOSÉ F. ELIZONDO.

CUADRO VIEJO.
Un viento helado, cortante, corre sin reposo; se le ve pasar como un rodillo enorme que
doblega los cardos y achata los pastos.
El campo tieinbla con toda una franca _expresión de frío.
No hay colores ...... todo es plomizo.
Tropeles &lt;.le nubes pardas se cruzan incansables, amenazando á veces abrirse á un rayo
de sol que nunca pasa.

Dooni~ 8 de Mayo de 1903.

La loma, en silencio, estoica, esfuma su líla Natura aterida trepidando en sus onda~,
nea sobre fondo de firmamento obscuro.
corriendo en tinieblas buscando otro a liento.
El arroyo parece más apurado que nunEn la loma hay puntos de fuego que el cierca, trepidan sus ondas; huye buscando otro
zo castiga y no apaga.. ... ¡fogones! ..... ¡la Paaliento.
tria, quiztt, festejando sus triunfos!
En el fondo de la laguna espejan te se renueVICENTE ROSSI.
van las nubes, como en un hervor de vapores
opacos que l uchan por elevarse sin conseguirlo; en la superficie se persiguen grandes pleDe Víctor Hug o.
gados que hace y dP.scorre el viento sobre las
aguas mansas. L:i. laguna tiene frío y. extienAquilón que al volar todo lo arrasas,
de sus cobijas.
.
No tronches á la flor
En 111. hondonada hay algo que asoma á ras
. Y no azotes el pecho en que palpita
de la tierra alta...... parece el lomo de un feCariño 6 ambición.
nomenal carpincho que duerme agarrotadd.....
Pero destruye y llévate muy lejos.
de cuando en cuando arroja jirones de humo
¡Oh terrible aquilón!
débil que el viento absorbe negándole rumbo.
Al tallo que se yergue sin espiga
Es que hay allí un rancho, un puesto r,vanzaY á la mujor que vive sin amor!. .....
do del hombre en la inmensa soledad ..... .. un
carril del futuro.
11[. R. BLANCO-BELMON'rE.
Y el viento corre loco y burl6n : coloca sus
labios poderosos.en los bra~os más pelados de
los árbolef.-1, y silbando, bifurca el sonido en
notas de un agudo e.&lt;tridente que llevan ameM:AXIMAS
naza al sarcasmo.
Surgen sobre la loma bultos inquietos ... .. .
En tiempo de paz, el hombre belicoso se
parecen siluetas de hombres ...... Por la falda
acomete á si mismo.
suben manchas informes ... llegan á lo alto....
¡son hombres!..:·· Se mezclan en agitado gruLas aventuras terribles dan en qué pensar
po ..... saltan chis~as de viva luz que dura un
que el que las ha experimentado tiene en sí
segundo .. .... E l viento trae moribundos ecos
de estampidos!
.
algo de terrible.
Un rayo de sol indeciso rasga las nubes y
*
co~re á la_ !orna. Se distinguen regueros qu~
¿Quién por su buena reputación no se ha
brillan roJizos, y sobre fondo de cielo plomo
sacrificado ya á sí mismo?
coronándola, hombres!. ..... lanzas!. .... bande~
*
1 as!. .... . ¡ la Patria, quizá!. ... ..
En la benevolencia. no hay misantropía, pe. Las nubei::, con rabia, ahogan el rayo de lnz
ro sí mucho &lt;les precio hacia los hombres.
1mprudente.... . . ha
sido un instante, no,-;----- - - - - -- -- - -- - - - -- - -- - -- -- -- -más ... Ha sido la viGOMO SE ADQUIERE
sión del ta:tado instantáneo de un bajo
relieve en granito ...
un frente atrevido
&lt;le pedestal heroico!
La belleza consiste en tener y conservar el cutis fresco, lozano, suaE l viento sigue
ve y nítido; para obtener este resultado úsese el
silbando contento y
sin tregua.; f'alta, corre, se revuelca en
las zanjas.
agua de suavísimo perfume, cuyos benéficos resultados sobre la piel son
tan prodigiosos, QUE NOS PERMITEN GARANTIZAR que, con el uso
del
E l campo, temblando de frío, se
arrolla, se ac-hica.. .
des&amp;.pareceri las herpes, granos, barros, eczemas ( acne) etc., como toda
La loma se oculta,
manifestación parecida y los malos olores del c!lerpo. El cutis más asse borra... . . . y el
pero y de olor desagradable adquiere la belleza y frescura de la primecielo se hace impera edad. Mil frascos vendidos en cuatro meses es la prueba &lt;le su gran
n etrable fondo neéxito.
gro: ha invadido la
D e venta: en el COLISEO NUEVO, NUM 5.
noche.
Los pedidos á A. E. B~~ANCOURT.
El arroyo delata

*

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***

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en lengua española.
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Callejón de ventilación</name>
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        <name>Colores y sentimientos</name>
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Gran Lotería Alemana de Dinero
La loterla de d lnero'blen Importante, autorizada por el Gobierno de Hamburgo y
gnrantlznd'a por In hacienda ptlbllca del
F,stado, contiene 115,000 bllletes, de los
cuales 55,763 deben ser premiados. Resulta,
pues, que cada premio se reparte entre dos
ntlmeros.
'l'odo el rnpltal Importa :
Marcos 11.306,390 6 sean cerca ere Pesos
1.295,000 M011cdo. Mezú:o.na.
Los sorteos se bacen ptlbllcamente bajo
lnspeccl6n del Gobierno, y el pago pu· tual
de los premios esta garan tlzado por el
Estado.
600,000 Marcos ó sean aµroxlmadamente
Pesos 387,000 Moneda MelPleo.na como premio mayor pueden ganarse en ca.so mAs feliz, especialmente 1 PREMIO tte 300,000
MARCOS, 1 de 200,000 MARCOS, 1 de
100,000 MARCOS, 1 de 80,000 MARCOS,
2 de 60,000 MARCOS, 2 de 50,000 MARCOS, 3 de 40,000 MARCOS, 1 de 35,000
MARCOS, 5 de 30,000 MARCOS, 5 de
20,000 MARCOS, 2 de 15,000 MARCOS,
16 de 10,000 MARCOS, 55 de 5,000 MARCOS, 103 de 3,000 MARCOS, 11:5 de 2,000
MAltCOS, 616 de 1,000 MARCOS, 14 de
500 MARCOS, 1,022 tte 400 MARCOS,
33,788 de 169 MARCOS, 19,970 de 250
200, 150, 144, 111 MARCOS, etc.
El sorteo de estos 55,763 premios so1.Jredlchos, se hace en siete clases suce~lvas, que siguen en _breves Intervalos.
F'uera de otroe premios mayores, en cada clase se tirara uno. prima espcctai de
modo que en caso mtis feliz, los premios
mayores Importan 50,000 Marcos, 55,000
Marcos, 60,000 Marcos, 70,000 Marcos,
80,000 Marcos, 90,000 Marcos, y 600,000
Marcos.
Al recibir el valor de los billetes, sea en
d1eques sobre bancos 6 cnsns de comercio
e11ropens, 6 sea en billetes del banco mexicano, ó por medio de un giro postal, en\'laré LOS BILI,ETl•:S ORIGI::--ALES en
. c·artn certificada para los primeros tres
sorteos, ncompa!lando un prospecto oficial
que coutlene todas las explicaciones que se
necesitan.
Ademil.s, se adjuntará i\. caaa comprador la traducción de los bllletes originales
en lengua española.
EL VALOR de los bllletes PARA LAS
•rRES p1·lmeras cla.~es, SEGl:X F.L PROS·
l'l•:CTO OFICIAL, es como sigue. (1 l\iar&lt;·o vale a¡)roxlma.dnmente G;; centavos moneda mexicana).
)!ARCOS 9.50 por un cuarto Blllete
Original, para la la., 2a. y 3a. clase.
MARCOS 19.-l'or un medio Billete
Orlgh¡al para la la., 2a. y 3a. clase.
:\!ARCOS 38.- Por un entero BIiiete
Original para la., 2a. y 3n. clase.
A su debido tiempo se avisa il. los dueiíos de billetes, en qué épocas tendrán que
11,wer las remesas para la 4a-, 5a., 6a. y
7a. clase: esto en caso de que el blllete
no hubiera recibido, en et lntermed'lo, un
premio. Pero es muy probable que el billete sea premia.do, PORQUJ-:, como ya estfl
dicho, GAXA CASI CADA SEGUNDO BILLl;:TE, y las probabilidades de ganar aumentan de clase en clase. DESPUES DR
&lt;:ADA F.XTRACCION, SE
lsXVJARA A
'rODO IX'l'ERESADO LA LISTA OFICIAL.
Los Interesados haril.n bien de mandar
sus pedidos POR lsL PRIMER CORREO,
para que se pueda efectuarlos puntualmente.
PRINCIPIO DE LOS SORTEOS : el 18
de Junio de 1003.
Pedicl'os que no lleguen en tiempo para
ta la. clase, semn ejecuta.dos para la 2a.
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6 en gl ros postales ; pero, en caso de que
sea m!ls conveniente !\ los clientes hacer
los pagos en ese pats, participo que el
Banco Alem!).n Trasatli\.ntlco de México,
calle de San Agustln 7, esta autorizado
por mi, de recibir por mi cuenta cualquier
Importe. Al hacer as!, suplico enviarme
directamente la carta Orden bien clara !).
Hamburgo,
avfsttndome ¡¡, lá vez, el Importe remitido a este Banco. Ademtis, se
debe a visar al Banco Alemíin Trasatll\ntlco que llene que abonar el Importe ¡¡, mi
cuenta de la orden del respectivo pagador.
Todo se reune en esta gmn ioterla, para
dar, seguridad y beneficio al que participa
de ella, como es el ARRF:GLO VF:::-iTAJO
so. ]N'J'lmVEXCCOX rmr, GOBIERXO,
SOLIOJ•;z, y ante todo, la GARAN'l'IA
DEL ESTADO l'ARA IsL PAGO DE LOS
l'Rt,:lIIOS. Teniendo relaciones con las
mayores plazas del mundo, PUEDO PAGAR
LAS CANTIDADES
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(ALEMANIA) Casa fundada en 1855.
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~e mandar!). gratis y tranco, el prospl'Cla fortuna, y varias veces tuvo que pagar to oftclal ti quien lo pida. C'orrespoodencla
premios de mayor consideración, especial- en todas lenguas.
mente i\ cllen tes en México.
1

e

ELIXIR FSfOMACAL
DE

SAIZ DE.CARLOS
0.. el H por 100 d.e 1-1 eafenaN Ml

•

J:8TOMAG0 E INTESTINOS
hr ....... J rtW.11 ... -. . . . . . . .,....u
-

LII-LtllAll,_IILW lffA W

...,.
-----■

1

F..._

EL «CABARET=DE LA l\IORT. »

~

)

/j¡

�Domiltngo 10 de Mia¡yo de 1903.

ARTÍCULOS DE PRIMERA NECESIDAD
EL MATB.IM:OBIO.
Y o no creo, como el personaje de una de las
comedias de los Quilltero, que la Estadística,
mi sincera y grave amiga, demuestre. que se
casen más mujeres que hombres en este excelente planeta. Pero estoy persuadido de que,
en México,especialmente,se casan menos mujeres de las que casarse debieran.
Sí, señoras mías, las que habéis pasado el
umbral de ese palacio; sí, señoritas, las que
estáis hechas--para seguir una frase de Shakespeare-con la masa con que están fabricados vuestros sueños: el «artículo» matrimonio
-¡dejadme decirl-va resultando tan depreciado como el metal blanco, y no por exceso
de producci6n, sino por depresi6n en la demanda.
Y no me reprochéis que abuse de mis aficiones, un poco plat6nicas, á esta pícara ciencia econ6mica, porque de ella se trata, precisamente, y por ella ando buscando un rinconcito en donde poner ahora mi púlpito.
El amor es metafísico, per? el matrimonio
es físico. Aquél, está salpicado de rocío de
ideales; éste, de buenos y fecundantes chaparrones de realidades. ¡Desgraciado del que se
atreve á salir de casa sin paraguas, en tiempo
de lluvias!
El enamorado es siempre un poeta que cree
que para que la tierra se abra en pr6diga germinaci6n y la savia ascienda en vivificantes
oleadas, basta con trazar en el hueco de un
árbol las iniciales enlazadas de dos espíritus
que se buscan.
Rip-Rip durmi6 cien años en¿} bosque encantado, y cuando se vi6 en la fuente, una
aureola de cabellos blancos orlaba su cabeza.
El amor es también un bosque encantado y
cuando de él se sale-¡ah, no salgáis nunca de
él, yo os lo recomiendol-la nieve ha sepultado ya el campo de amapolas, que antaño esmaltaban la pradera, como corazones ensangrentados.
Cruza, al cárdeno rayo del sol de mediodía,
en pleno «boulevard,» la luciente comitiva, y
las sedas se irisan y cintilan las pedrerías, y
bajo la breve cúpula de la sombrilla1 los encajes se escapan en borbotones de hgera espuma.
Y entonces, recuerdo á mi amigo, al pobre
Rip-Rip, frente á su pupitre de no importa
cuál oficina pública, trazando en el aire operaciones aritméticas, que siempre lo llevan al
mismo resultado: ¡menos uno! ¡menos dos!
¡menos tres!. ... ¡menos veinte!. .. ¡menos ciento l... Y cansado, cansado de sumar, multiplica, ve con asombro que la matemática sale fallida, y que, en la vida real, «menos» multiplicado por «menos,» nunca da más, sino siempre menos!
Creo-como observáis, mis amigas, éste no
es un artíc1,lo, sino un credo, -creo que el
sexo débil es el que más á la letra ha tomado
el manifiesto de Iturbide que coment6 en el
Ateneo de Madrid don Justo Sierra: 1Somos
el pueblo más rico de la tierra!. ...... Iturbide
contaba de antemano con el voto femenino.
Un coro de vocecitas tiernas lo acompaña.
Don Agustín era un«feminista» ... : .. anticipado. Mi amigo Rip-Rip lo execra, lo abomina;
su recuerdo lo enciende al rojo blanco.
La criolla de Nueva Orleáns, que atraviesa
«Canal Streeti,, con su abrigo de panilla clara;
la parisiense que se encarama en la imperial
de un ómnibus, con su blusa de muselina
blanca y su &lt;(canotier" de fr. 1. 50, «Bon Marché" legítimo; la madrileña, de traje de percal
y mantilla, imitaci6n de Flandes, que trota en
el pavimento de la Carrera de San Jer6nimo,
guardan sus galas de seda para las grandes
ocasiones.
Aquí todas las ocasiones son grandes y no
vemos es decir, no ven nuestras señoras inconve~iente en ir á la Plazuela de Tepito, con
el mismo traje con que asisten á una «primera» de la 6pera, á escuchar la «voz de oro» de
una estrella de «exportaci6n americana."
.
-¿Pero en México-me decía en una oca- i'

EL MUNDO ILUSTRADO.

si6n una extranjera,-beberán ustedes en vasos de esmeralda?
-Ya lo creo, sefiora; y ponemos á la ensalada brillantes, en vez de sal.
Virtud, abnegación, heroísmo, sinceridad,
amor ... ¡Qué hermoso cortejo el que lleva detrás de sí la mujer mexicana! Y sin la humorada de don Agustín Iturbide, mi amigo RipRip no habría sido condenado á trabajos forzados de aritm~tica conyugal.
CARLOS DfAZ DUFOO.

iNO HAY FLORES!
Fué una cuadrilla de Furias la que acampó
en esa montaña de nubes que puso sus combas sobre la esmeralda del Valle.
El sol había secado el rocío de la montaña
y jugaba la luz sobre los péta.los de las flores
cuando la terrible montafia avanz6, hadendo
rodar en el espacio una ronca voz de amenaza.
La arboleda contuvo sus rumores, y fué el
silencio que precede al peligro; cayó sombra
en el Vallll y las flore, de 1013 jardines parecieron disponerse al sacrificio: rezaron pidiendo
gracia á la Naturaleza ó se hundieron en la pesarosa idea de dar un adiós á la vida de los
colores y de los perfumes.
Y la montafia de nubes se detuvo, rugió tremenda ante las víctimas, y amorató, como en
congesti6n de rabia, las volutas de sus colgantes pefiascos.
Volvi6 un momento de calma; las aves lo
aprovecharon para esconderse en sus nidos, el
buey volvió la cabeza al sur, y puso en alto la
nariz para aspirar á pulm6n pleno.
¡Venía la catástrofe!
Un puñado de proyectiles fué á chocar sobre las rocas, sobre los troncos, sobre la tierra
endurecida de los surcos........ Hubo algunas
víctimas que cayeron de lo alto de los árboles:
hojas heridas que se precipitaron en el espacio con la muda resignación de un final de
vida.
Momentos después el ataque se hizo terrible:
un rayado muy denso esfumaba el horizonte
y á veces lo hacía perder de vista; crujían las
ramas débiles, tronchábanse los tallos y las
rosas caían acribil!adae, entregando jirones
de pétalos hasta quedar con los cálices desnudo3.
La cuadrilla de Furias se embriagaba en el
desastre ..... .
El palacio de cristal donde moraban las flores aristocráticas, fué destruído; allí donde se
form6 una alcoba tibia, donde se puso una ba.rera á los vientos, allí penetr6 el proyectil
blanco y se deshizo en criminal gelidez.
Los cristales se vieron combatidos y de.,trozados, cayeron hincando sus cortantes aristas
en las flores reinas y el palacio fué invadido
por el frío rabioso de la tempestad.
S6lo las rocas rechazaron el ataque ......
Por fin, la montaña de nubes agot6 sus pertrechos; el horizonte fné delineándose; los
campos estaban cubiertos con un inmenso pafio blanco: era el sudário que cobijaba á un
mill6n de cadáveres.
1Habían muerto las flores!

***

En tanto la ciudad-que parecía, á lo lejos,
otra nube-se tendía en la planicie del Valle
bulliciosa, agitando sus momentos diurnos'.
Ignoraba que en las cercanías se había cometido un gran crimen; escuchó sí lll. amenaza
de la montaña de nublls, pero Re dijo con estoicismo: «Allá que se las entienda con esos
rumores el pinar de la sierrai,;y sigui6 pensando en sus inmediatas horas, en sus alegrías y
en sus tristezas,que forman juntas el enorme
oleaje de su vida.
Pensaba en la gran fiesta de Primavern, en
la llegada triunfal de las flores, en la avenida
engalanada, en los carruajes como búcaros.....
Rodarían pétalos de rosa sobre el asfalto y seria un rico suefio de perfumP,S el ambiente!
Al siguiente día, cuando las miradas se volvieron á los jardines del Valle, la sensaci6n

111b MUNDO ILUSTRADO.

=
fué dolorosa: una pincelada verdinegra había
cubierto el policromismo del paisaje.
¿Qué iría á ser de todos los capullos de vida que tarde por tarde van al templo á dejar
flor~s en el altar de la Virgen?
¿Qué iría á ser del vaso de cristal purísimo
que hay sobre el mármol del tocador de la nifia soñadora, adorable, que ama á las flores
porque son ella misma: sus ensuefios, su pureza, el tinte de su rubor, su perfume?
¿Qué iría á ser del tosco jarro que está allá
en la repisa del taller, junto á la lamparilla
de aceite, al pie de la imagen protectora?
Une tu coraz6n al coraz6n del capullo de
vida y verás:
La Virgen tiene rosas en su altar, porque
tiene almas puras que la adoren.
Une tu cornz6n al coraz6n de la nifia soñadora, adorable, que ama á las flores porque
son ella misma y verás:
El vaso de su tocador tendrá flores porque
ella ama y sut:ña, sueña y ama.
Une tu coraz6n al coraz6n del arte:,ano y
verás:
La imagen protectora tendrá flores, porque
donde la garlopa, el cincel 6 el martillo hacen
su himno de trabajo, habrá flores de esperanza, que son el mejor símbolo de la beatitud
humana.
...... y se puso triste la. vida de los jardines.
¡Tenían razón!
Ahora ha siclo necesario llamar á las reinas
que hañan su hermosura en las brisas costeñas, para que vengan á triunfar en la gran
fiesta.
La Avenida tuvo por huéspedes muchos
perfumes y muchos pétalo!'&gt;.
¡S9an bien llegados!
Los adoramos cual se lo merecen; ambos
son de las flores y las flores son comó las almas: se admiran por su hermosura se aman
por su ambiente, se respetan por su' pureza.

El Jtsti"ª' Escolar dt taridad.
UN TRIUNFO DE LOS ESTUDIANTES.

El festival que con tanto empeño organizaron los estudiantes para reunir fondos destinados al auxilio de las víctimas de la peste
negra y que se efectuó en la Escuela Nacional
Preparatoria durante los días 2, 3 y 5 del que
cursa, ha sido, sin duda, el más brillante entre todos los que, con tan laudable objeto, se
han celebrado en los últimos meses.
A grandes rasgos, porque la cr6nica detallada y completa del festival, exigiría en nuestras columnas un espacio de que no disponemos, vamos á dar cuenta á los abonados de
«El Mundo Ilustradoi, de las notas más salientes del programa á que estuvo sujeto, ocupándonos antes del adorno que ostentaba el amplio edificio de San Ildefonso.
Cuatro grupos florales, artísticamente dispuestos, decoraban el vestíbulo de la Preparatoria, destacándose á uno y otro lado del
cancel entre plantas de ornato, dos leones vaciados en yeso que realzaban notablemente la
hermosura del conjunto. En el centro de la
vitrina del frente, se coloc6 un busto del señor
General Díaz, rodeado de vistosas colgaduras
oro viejo, y de plantas, también de ornato,
y en los medios puntos de la entrada principal de la biblioteca y del sal6n de actos, se
pusieron palmas y gasas que presentaban el
mejor golpe de vista.
El patio del &lt;(Colegio Grande,i, donde se instalaron los puei,tos para la kermesse, lucía,
asimismo. un primoroso adorno, consistente en
grandes colgaduras lila y verde nilo, con cenefas de flores y laureles, que cubrían los arcos,
y ramilletes de flores naturales y de papel. En
el primer cuerpo de la escalera que da acceso
á los pisos superiores, estaba un busto del
ilustre filósofo don Gabino Barreda, entre
guías de laurel artísticamente coro binadas con
piezas florales y colgaduras. Los ccpuestos,i,
distribuídos en el patio, fueron nueve, y todo1-,
sin excepci6n, se encoutraban decomdos con
verdadero derroche de buen gusto. m gimnasio, que se convirtió en teatro, y los corredores del segundo piso, se veían engalanados con
flores en su mayor parte, distinguiéndose en
los ángulos del corredor central gran&lt;les candelabros de bronce.
En cuanto al c&lt;patio de pas:rntes,i, la concurrencia elogi6, y con justicia, el magnífico adorno dispuesto por la comisi6n respectiva. Los
barandales de los corredores se cubrieron con
lienzos que imitaban un artesonado Luis XV,

***
Hubo una montaña de nubes que hizo su
devastación, por albergar una cuadrilla de Furias; luego, el sol de occidente puso oro, mucho oro en sus volutas ..... .
LUIS FRÍAS FERNÁNDEZ.

SONETOS DE BEBEDIA.
EL SOL PONJEXTE

Brillan en lo alto de la cima brava
Las rocas, do el poniente re,·erbera,
Y, formando de espuma una barrera
Comienza el mar donde la tierra acaba.
Noche, silencio. El nido que cantaba
Calla. El hombre á la choza y á la hoguera
Va, y de la tarde la oración postrera
Con el rumor del mar sus ecos traba.
V~lles y pl_ayas, ~l talud y el monte
Repiten el leJano villancico
De los pastores, en confuso coro.
En la sombra se envuelve el horizonte
Y el sol, cual rojo eRpléndido ::i.banico '
Sobre sí cierra sus Yarillas de oro.
'

EL SOLDADO DE MARATO.N

(Epigrama. votivo.)

¡Discordia belico~a! 1Ares violento!
Anciano inútil, ante el ara acudo.
Toma la espada rota, el viejo escudo
Y el casco hendido y en la crin sangriento.
Toma el arco también: sólo mi aiiento
Pudo hacerle doblar, y el brazo rudo
Tié:nblame en tanto que la cuerda anudo
Y el ansia de tenderla otra vez siento.
Toma, en fin, el carcaj. Tu ojo severo
No busque en él las flechas del arquero
De la batalla al huracán dispersas.
'
Si perderlas no pude, si agotarlas.
¿Dónde? Ve á Maratón, v has de encontrarlas
Hundidas en los pechos de los persas.
Traducción de
F. NAYARRO y LEOESMA.

..
..

Domd:ngo 10 de Maiyo de 1903.

1'

y en el centro de los entrepaños se destacaba

runa figura de mujer que sostenía tres focos de
l~z incandescente, y que representaba la Caridad. En el muro oeste del patio se puso un

gran lienzo con paisajes á la aguada y en las
arquerías cortinajes y festones que ~ompletaban el decorado. El palco de las reinas•del
festival que,i6 situado en este departame~to,

Adorno de la entrada.

�Domingo 10 de Ma.yo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 10 de l\fayo de 1903.

tra.~o, lo in\'itó á recorrer, primcrnmente. el
patio del ((Colegio Grand!'» donde dehfa cfoctuarse la Kermesse. El St. Gral. Díaz se clirig(ó luego á la ((Banca," y allí pidió algunofl
billetes, pagando por ellos cien pesos, para
pasar después al Café-concierto donde la EsLudian!ina de}a _Escuela ejecutó, á su llegada,
el Himno Nacrnnal y uh poutpourri de ópera.
EL JUICIO DE DIOS.

.)

i
l

Grupo general de personajes del Juicio de Dios.

f

así como una vistosa tienda per:;a, donde se
vendía cerveza, que se levantó hacia el lado
o~stc d;l patio, entre grupos de plantas exquis1tnfl. E_I pafio que la cubría era azul y blanco, franJeado, y el mostrador estaba tapizado
con ricas telas verde y rosa.
En el "Colegio chico,» dominaban en el
adorno los atributos militares: escudo¡:, caiiones, fusiles, espadas, etc., etc., se veían por
todas pnrtes, contrastando con la multitud de
ramos ele flores y laureles que se destaraban
en los muros. La tapicería era roja y de muy
buen efecto. En el centro del patio se improvisó un jardín; en el ángulo izquierdo ¡,,e im:taló
uno de los ((puestos de la banca," y en el corredor !'lur el "cabaret de la Mort,» cuya entrada
simulaba una gruta.

El Sr. Presidente y su esposa se encamina·_
ron e~ seguida al patio de C&lt;p:u•a.ntef',» tomnn·
do asiento en el palco de honor que se les tenía. ª!reglado para que presenciaran el «Juicio
de Dios.» E-te fu6 un remedo de los tomeos
de la Edad :'.'.Iedia conoc:idos con ese nombre
y en los cualeEt, Regún las creencias ele enton~
ces, la justicia. divina fallabn. en los asuntos de
honra. La doncella quejosa, acompañada de
un grupo de damas que ocupar,.m una tribuna
d_~corad_a á la usanza de aquella épocn, aparec10 cu~1erta con un velo negro. símbolo de la
obscundad en que estaba envuelto el delito
que había de esclarecer el Juicio de Dios. En
seguida salió la comitiva, qne presidía una.
banda de trompetas y un tambor, y los heraldo~ que pregonaban el reto.
Trns rl trovero de la Corte, qne vef'tía un
pestillo riquíflimo de terciopelo morado ohs
curo, mangas con ncuchillados &lt;le Reda, fieltro con plumas blancas y medias rojas de seda, marchaban los gentiles hombres que debían concmrir al ,Juicio. Una vez frentR al
palco de la reina, la comitiva. formó valla,,lef'envainando todos las espadas para hacer el
i&lt;aludo de honor. El trovero avanzó entonces
hacia el palco y, en romance, relató la amoroFa historia de la dama dolorida, que moti Yaba
el juicio. El Sr. Ignacio Betancourt, alumno
de Jurisprudencia, que desempeñó el papel de
trovero y que es autor del romance, fué Yarias
veces interrumpido por los aplausos de la concurrencia.

Un ángulo del Colegio Grande.

Concluí&lt;lo el relato, los jueces de campo,
ncompaña&lt;los ele dos eflcuderofl, partieron el
campo y los combatientes toma.ron la colocación dehida pnra dirimir por las armas la contiendn. Despué, de un vistoso asalto quedó
vencido uno de los combatientes, y el vencedor ofreció el triunfo á la dama quedando
así demostrada su inocencia.
'
Los trompeteros anunciaron la victoria; se

0

LA VISITA DEL SR. PRESIDENTE.

_ El Sr. Pres!d~r,te de la República, acompa11ado d~ su d1strngui&lt;la espoM, honró con su
pre:,1encia el suntuoflo festi\'al vii-itando el día
tle la apertura, por la. tarde,' los prin~ipale~
departamentos ~~ la Preparat~ri~, arreglados
¡,ara su celebrac10n. El Sr. M1mstl'o de .J usticia é Instrucción Pública, encabezando la
comisión formada por todos los profesores del
Establecimiento para recibir al Primer Magis-

Puesto de confetti.- Las vendedoras.

t

1-·

La tribuna de la6 reinas t;lurante el Juicio de Dios.
Gentiles-hombres y caballeros armados.

formó cortejo de honor al caballero triunfante. y la comitiva dei:;filó hacia el punto de salida. El Juicio agradó sobremanera á los invitados, y fué, en honor de la verdad, una de
las partes del programa que más llamaron la
atención.
Terminado este acto, se sirvió en los i:alo_
nes de la Dir'3cci6n un lunch-champagne, ha_
ciendo uso de la palabra, para saludar á nom.

�DomJi,ngo 10 de M,wyo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

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EL MUNDO ILUSTRADO.

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Domirngo 10 d~ M,wyo de 1903.

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Un ángulo del Patio de Pasantes.

Puesto de tamales.-Grupo de vendedoras.

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'r(',r,.1:

bre de la juventud estudiosa al Sr. Gral. Díaz, el Sr. Subsecretario de
Instrucción, D. Justo Sierra. El brindis del Sr. Sierra causó en el
auditorio la más grata impresión.
Con frases llenas de afecto para la juventud y para el Sr. Subsecretario, correspondió á él el Sr. Presidente, brindando después en
honor de las damai:t que tomaban parte en aquella fiesta de la filantropía el señor Director de la Preparatoria, Dr. D . .Manuel Flores. El
Primer Magistrado habló de nuevo, significando que era muy justo, en
fiestas semejantes, colocará las damas en el primer lugar y que, las ·
allí presentes, lo merecían por mil títulos. Atronadores aplausos acogieron sus últimas palabras.
.
Antes de retirarse de la Preparatoria el Sr. Presidente, visitó el
Teatro que se instaló en el local de la biblioteca, asistiendo á la representaci6n de una pieza cómica, y el c&lt;Cabaret de la mort.» Este &lt;;onstaba de dos departamentos: en el primero, destinado á sal6n de espera,se servían refrescos á los invitados, y en el segundo, totalmenta cubierto de ne~ro, se hacían curiosísimos experimentos de «ilusionismo,)&gt;

dentro de él, y una vez allí, el monje, haciendo signos cabalísticos, fingía adormecerla, desa-pareciendo en seguida mientras la transformación comenzaba á operarse. La ilusión
no podía ser más completa.
Cerca de las nueve de la noche se retiraron
el señor General Dfaz y su esposa, después de
visitar algunos puestos y de presenciar los ejercicios gimnásticos y los asaltos de florete, sable y box en que tomaron parte los alumno

;
(

r

del Colegio Militar, distinguiéndose notablemente.
El éxito que han obtenido en esta vez los
estudiantes debe con justicia enorgullecerlos,
porque demuestra, por una parte, el empeño
que desplegaron eu la organización de la fiesta, y por otra, el entusiasmo con que la sociedad mexicana secundó sus filantrópicos fines, contribuyendo con su óbolo al auxilio &lt;le
las víctimas de Mazatlán.

Asalto de box por los alumnos del Colegio
Militar, Jesús lsunza y Luis Alzua.

transformando la figura de determinada persona en esqueleto, mediante una combinación
de cristales.
Al penetrar á este salón, se veían en el fondo, una momia con un abanico el?- la mano,
un esqueleto humano, sentado al piano, y uno
de gorila. El candil ei,taba formado con piezas que representaban distintos huesos, y Jo,,
albortantes con cráneos.
Las señoritas Concepci6n Meota, Josefin.a
Cornejo y Luz de la Pefia prestaron ?~ndadosamente su concurso para que se h1c1eran
los ,&lt;experimentos)&gt;mencionado~. Rn un f~o
construido al efecto, se encontraba un ataúd
en posici6n vertical: la persona con quien debía hacerse el experimento, era conducida por
un monje de negras vestiduras hasta colocarla

Señoritas y estudiantes que tomaron parte en las sesiones de Cabaret.

�Domingo 10 de Mayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

€/ .J'lniversario oel 5 de ;Wago.
BRILLANTE DESFILE MILITAR
Con verdadero entusiasmo·se conmemoró en
tre Gral. Zaragoza. Organizada la comitiva,
Siguiendo el orden del programa, vamo.3 á
la capital el glorioso aniversario de la batalla
comenzó el desfile en carruajes descubiertos,
dar, aunque sea en breves líneas, la crónica
del 5 de l\Iayo de 1862. El aspecto que premarchando á la vanguardia un pelotón de
de la fiesta patriótica á que nos referimo~.
sentaban las calles, particularmente las de
guardias presidenciales. Al llegar á San FerA las ocho de la mañana comenzaron á reuPlateros y San Francisco, era bellísimo: mulnando, el 22~ Batallón, que formaba valla desnirse en Palacio los miembros del Ayuntatitud de banderas, esde la entrada hasta
cudos, festones y pieRosales, pre,:ent6 arzas florales decoraban
mas, y el 8r. Presidenel frente de las casas,
te, seguido de los altos
notándose desde las
funcionarios y Jefes
primeras horas de la
que lo acompañaban,
mañana, en toda la
se dirigi6 hasta el mociudad, esa animaci6n
numento levantado al
característica de nueshéroe del 5 de l\Iayo
tras grandes fiestas popara depositar ante él
pulares.
una hermosa corona
Y había razón para
de flores natmales.
ello: porque, aparte de
Los representantes &lt;le
que la celebración de
los Poderes, Gobierno
aquella heroica jor•
del Distrito, etc., etc.,
nada despierta en el
depositaron también
pueblo el recuerdo de
coronas, retirándose la
uno de sus más legíticomitiva para ocupar
mos triunfos, la Comide nuevo los carruasión de Festividades
jes y seguir por la calencargada de dar forzada de la Reforma
ma á los festejos, y la
hasta el punto en que
Secretaría de Guerra y
se encontraban las tri:Marina, cuidaron, en
bunas dispuestas para
esta ocasión, de que el
el acto oficial.
programa tuviera el
Antes de instalarse
mayor número de aen ellas, el Sr. Pre1Sitractivos posible, y de
de11te pasó revista á.
que los distintos ac•
las tropas que formatos que debían efecban la División y que
tuarse, revistieran un
en correctísima línea
lucimiento extraordiLlegada de la comitiva presidencial á San Fernando.
se extendían hasta
nario. Tan plausibles
Chapultepec. Lacerepropósitos, como era natural, se vieron reamiento, los representantes de las Cámaras, de
monia, consistente en un discurso y una poelizados; pues tanto la ceremonia cívica que
la Suprema Corte, del Gobierno del Distrito
Fía, pronunciado aquél por el Sr. Manuel H.
se verificó en la caizada de la Reforma, coy _de )as Secretarías de Estado y los .Jefes del
San Juan,y recitada ésta por el Sr. Lic. J. Anmo el desfile de los cuerpos de las tres arEJárcito que debían a.compañar al Sr. Presitonio Rivera G., principalmente,termin6 cermas por nuestras prii:icipales avenidas, resuldente &lt;le la República al Panteón de San Ferca &lt;le las doce, y fué amenizada por las mejotaron en extremo lucidos.
nando, donde se encuentran los restos Je! ilusres bandas militares. Siguiendo la costumbre

Domingo 10 de Maiyo de 1903.

establecida, el Primer Magistrado puso en man_os de !os supervivientes del 5 de Mayo, Francisco Sanchez, Agustín Martfnez Macario Es~índola, I~uis Parada y Felipe Longo, la cantidad ~e cmcuenta pesos, como gratificación,
pro.cediendo en seguida á imponer condecorac1o~es álo~ Jefes y oficiales á. quienes les
han sido últnnamente confnidas. Durante la
ill?P.º~~ción las banderas de los cuerpos de la
D1v1s10n, ?ºn sus escoltas, permanecieron frente á las tribunas, así como el Colegio l\Iilitar
que form6 en línea desplegada, presentand¿
ar~as, mientras las músicas de Zapadores,
Artillería y Estado l\Iayor ejecutaban turnándose, el Himno Nacional.
'
Una salva de veintiún cañonazos anunció
que ~l _S_r.. Gral. Díaz se retiraba del campo
para dmg1rse rumbo á. Palacio y presenci!lr
desde allí el desfile de la División. El paso de
la comitiva por Patoni, Avenida Juárez San
Francisco y Plateros, á la hora en que' estas
calles estaban henchidas de gente, fué una.
nota en extremo simpática v significativa: el
pueblo aclamó con frenesí al Héroe de la Paz,
y la multitud de familias que esperaban en
los balcones el desfile, se unieron á la entusiasta demostración regando serpentinas y
confetti.
Las tribunas

La columna militar, á las órdenes del Sr.
Gral. de Di visión J e1&lt;ús Alonso Flores, se desprendió ele la Reforma, para romper la marcha, conforme se había prevenido en la orden
respectiva. No es posible en unas cuantas Hn&lt;'as describir el brillantísimo desfile, ni, mucho menos, dar forma á. las impresiones que
causó en el público, para trasladarlas á nuestras columnas. El orden más perfecto se observaba hasta en los más insignificantes detalles: precisión en el paso, gallardía en el porte, todo lo que, á primera vista, acusa instrucción y familiaridad con la escuela del soldado. Más de una vez, los espectadores aplaudieron la uniformidad de los movimientos en
la marcha de la infantería, y la agilidad con
que los dragones, &lt;'Specialmente los del 9?, gobernaban sus briosos caballos. La artillería,
la ambulancia y los cuerpos rurales fueron
también aplaudidos, ylo merecían: formaban
conjuntos verdaderamente dignos de llamar la
atención.
La sección de vanguardia se form6 por un
escuadrón de Gendarmes del Ejército, el Colegio Militar, un grupo de la Compañía de Ametralladoras, y dos escuadrones mínimos del
tercer Regimiento, al mando del señor CoroJJel de E. l\I. E. Joaquín Beltrán. Seguían
luego el General en Jefe y su Estado Mayor,
las brigadas de Infantería, á. las órdenes de los
señoreR Generales Sebastián Villar:-eal y Luis
G. Valle, otras dos, ele Caballería, que mandaban los Generales Gregorio Ruiz y Francisco l\I. Ramírez, y el tren divisionario. A las
cuatro brigadas se incorporaron la Artillería
Montada y dos haterías mínimas. Los batallones 3?, 10? y 14?, 17?, 22? y 24?, reforzado
este último con Zapadores, constituían las dos
brigadas primeramente citadas, y los regimientos 2?, 4?, 7? y 9?, y de rurales, las segundas.
El Colegio Militar, que marchaba, como antes
dijimos, á la vanguardia, se hizo acreedor á los
aplausos del público por la corrección con que
&lt;lcsfiló por secciones.

'

El paso de la columna frente á Palacio duró una hora, y tanto el señor Presidente, que
ocupaba con sus Secretarios y otras personalid:1.des distinguidas el balcón central, como los
attachés militares de las legaciones extranjeras, que presenciaban también el desfile, quedaron en extremo complacidos de su buena
organización y lucimiento.
Antes de cerrar esta crónica, diremos que,
tanto á la ceremonia oficial como á. Palacio,
asislieron muchas familias de la mejor sociedad y que, por lo que toca al número de forasteros que visitaron la ciudad en ocasión &lt;le
la fi.:sta cívica del día 5, no es aventurado su poner que superó, con mucho, al que ordina-

El sepulcro de Zaragoza,

Desfile de la gran columna por San Francisco.

~I paso d&lt;: la comitiva por la glorieta de Carlos IV.

�Domingo 10 de Mra,yo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

blina de ensueños, de ansias, de anhelos amorosos, apenas esbozados ...... la esperaba.

II

Aspecto de la calzada de la Reforma

riamente, ha concurrido á las de los años :;.nteriores.
La ilumióaci6n de Catedral, Palacio y la
Diputaci6n, por la noche, fué notable, y en
cuanto á los fuegos artificiales dispuestos en
el Z6calo, no lucieron tanto como se esperaba,
debido á la lluvia que, con ligeras intermitencias, cay6 sobre la ciudad de~de las primeras
horas de la tarde.

·-·

]utgos floralts 4t Orlzaba.
Damos en este número el retrato de la Sra.
Ana Couto de Segura, reina de los Juegos Florales efectuados últimamente en Orizaba, y los
de las hermosas señoritas Lucía y Rosa Fernández, Sofía l\Iendiola, Cecilia Benito, Angelina Jiménez y Ana Nú1iez, que, en uni6n de
otras damas distinguidas de la sociedad orizabeña, formaron la Corte de Amor.
En el torneo, que revisti6 un lucimiento extraordinario, resultaron vencedores el Sr. Lic.
Rafael de ZayasEnríqnez,queobtuvoel triunfo en dos de los temas; el Sr. Julio Poulat,
que present6 un magnifico trabajo acerca del
ilustre Juárez, y D. Cayetano Rodríguez, Belltrán siendo mantenedor el Lic. José Peón del
Valle, poeta ventajosamente conocido en el
mundo literario.

antes del desfile.

El objeto de los Juegos Florales fué el de
reunir fondos para la erecci6n de un monumento al Benemérito de las Américas.

!POBRE LULÚ!
I
Fué en el Parque, una mañana de enero en
que un agradable viento invernal, azotando
las verdes cabelleras de los árboles, hacía caer
sobre los paseantes una lluvia menudita de gotas de agua, qut: se antojaban besos húmedos
de la aurora.
El sol se levantaba refulgentF\ ígneo, con
la satisfacci6n de un robusto mancebo que ha
pasado buena noche, y sus reflejos ponían en
el cielo pinceladas multicolores, extrañas, desconocidas, que convertían el firmamento en la
inmensa paleta de un pintor-genio, de un pintor df.sequili brado.
Bajo esa lluvia que refrescaba mi alma, paseaba yo meditativo.
Contaba entonces veinte años, y á los veinte años se tiene el derecho de creer Pn todo,
como á los treinta se tiene ...... casi la obl;gaci6n de no creer en nada.
Y con la imaginaci6n envuelta en una ne-

La pusieron por nombre Luz, probablem.ente por toda la que chisporroteaban sus OJOS,
ojos garzos, felinos, parladores; pero la decían
Lulú Y era una nifia un capullo de azucena q~e se abría, poco~ poquito, dej~ndo ver
las alburas de su seno.
Galanteos de chicuelos que por azares de su
poca vida tenían m~s.crecida t:l alma qu~ crecido el cuerpo; amb1c!ones ~e. ella, que Jugaba ya á hacer la señorita, ongmaron eso~ ~mores infantile1:1, que habrían resultado r~s1bles
í1 no haber sido do!orosos.
Lulú era pobre. Tan~ como su pob~eza era
i-:u hermosura ...... Y, mientras su nov10-1su
novio! ¡con qué orgull~ lo decía L~lú!-se me:;;iba los cabellos resolviendo ecuac10nes de se,,undo grado 6 calumniando al «Traductor
Francés » 6 desesperándose con el «Olleudorff,"
ella la 'niña de dieciséis año,;, inclinada la
cab~za cosía «para afuera," pensativa, triste,
soñando con su «Príncipe Azul,,, un «Príncipe" de saquiUo corto y pantal6n raído, y cuyos ilustres -padres 110 tenían, á menudo, lo
necesario para comprarle un par de zapat( s
nuevos.

III
¡ Pobre Lulú! ¡No era feliz! Tral.Jajaba en tanto la luz &lt;lel sol se estrellaba en el fulgor de
i;us pupilas. No conoci6 nunca los ¡,laceres de
la infancia ni los mimos iel awur maternal,
porque su :,mamá"- alguien se lo dijo-«se
había ido" ...... ¿D6nde·? ...... No lo sabw.. A la
tumba 6 al precipicio: todo es sepulcro.
Y su padre no era bueno: óebía; muchas
11oches no dormía en casa, y-¡con qué vergüenza lo confesó Lulú!-:se preocupaba mucho dd desarrollo físico de su hija.
A la hora &lt;le nuestras citas, esperábame como quien espera un consuelo que mitiga las
penas, como quien anhela un bálsamo que si
no cura, sí calma los dolores.
¡Pobre Lulú!

IV
Avanzaba la mañana. El sol erguíase ya con
monárquica omnipotencia; ~n la fron?a, .tupida y verde, á pesar de los cierzos del m vierno parloteaban locamente los pájaros; y las
fl.o~es, como mujeres que se entregan, abrían
sus corolas y exhalaban todo su perfume.
Y lleg6 Lulú. Venía agitada, nerviosa. Suojos, esas dos hogueras donde mi alma gust~s
ba de incendiarse, estaban húmedos: dos hilos de perlas cristalinas resbalaban por sus
mejillas. Y- entre frases entrecortadas, suspiros y sollozo'!, me lo cont6 todo.
Su padre, su «papacito" á quien ella amaba
tanto ...... 1¡quería venderla!!. ..... Yo era BUS
refugio, su salvaci6n, BU único amparo.. ..... .
¡Ahi estaba! Conmigo, todo!. ..... Sin mí, nacta!. ..... Ahí estaba!. . .... Ahí estaba!. .....
Y lo repetía, abriendo los brazos, y ofreciéndome el nido amoroso de su seno.
Al oírla me reconcentré en mí mismo; cerré
los ojos para que no me enloqueciera el fuego
febril que brotaba de los suyos; tomé entre
mis manos su frente pura y la besé con la misma devoci6n, con la misma unci6n con que
besé de niño la cruz realzada en la pasta marfilina de mi devocionario ........ .
Después, me apa:té de ella; corrí, corrí
desesperado .......... y no he vuelto á saber de
Lulú ........ .
¡Cosas de los veinte años!
MANUEL M. PANES.

'.::::
Existe una inocencia en la admiraci6n: el
que la posee no tiene aún la idea de que él
puede ser admirado un día.

--JW-

*

Conviene abandonar la vida como Ulises
abandon6 á Nausicaa, bendiciéndola más que
enamorado de ella.

,.

El Gral. Jesús Alonso Flores.

~~ -- ~

*
Por la música las pasiones gozan de sí mismas.

-

DomJl'llgo 10 de Malyo de 1903.

�I

Domingo 10 de M,a¡yo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

-Bueno; pues allá veremos. ¿Y dice usted que todas las noches
vienen las brujas? ¿Vendrán ahora?
-Sí, señor; pero todavía tardarán, porque no son más que las
nueve y ellas vienen cerca de la media noche. S6lo que ahora han dada en caer por el corral.
-Eso no importa.. Pasaremos el rato platicando. ¿Tiene usted
armas?
Contestóme con t.n gesto de conmiseración. Yo le inspiraba lástimn . Verdaderamente no sabía con quién tenía que habérselas. ¡Armas! ¿para qué? Con seguridad que las espadas de más filo se embotarían contra enemigos diab6licos y las balae más potentes se estrellarían en el plumaje de aquellos pájaros, porque de pájaros vestidas se
preRentaban las hechiceras eu las nocturnas visitas. Confes6me el infeliz hombre que sólo había eñcontrado un remedio, si no para ahu•
yentarlas, al menos para perderlas de vista y, sobre todo, de oídos; y
ei,.te remedio era rezar un rosario é inyectarse en seguida, entre pecho
y espalda, de un golpe y sin resollar, media botella de tequila y á ve•
ces hasta una entera. Bien es verdad que solía amanecer casi todas las
mañanas, rodado de la cama y debajo de la mei-a¡ pero con esto así
pudieran venir todo~ los muertos &lt;le los camposantos y todas las brujas del mi~mo Brooken; que don Carpio así se daba cuenta de ellos como de los habitantes de la luna.
En este diálogo y otros semejantes, paeamos las horas desde mi
llegada hasta la de la frugalísima cena, consistente en un trozo de cecina y una taza de café, que el mismo don Carpio a&lt;lerez6, pues no
había otros seres vi\'ientes que nosotros en aquel enorme y vetusto caserón.
IV
Para el objeto que me proponía, no encontré más arma ~ue una
vieja escopeta de pist6n, de dos cañones, olvidada en un obscuro rinc6n del escritorio. Después de aparejarla lo mejor que fué posible,
procedí á la operación de la carga. Pude enco11trar una poca de p6lvora desperdigada en un monumental cuerno de toro que perdido se hallaba en un caj6n de la tienda; en otro logré juntar hasta tres docenas
de postas y algunas cápsulas que confundidas estaban con una navajo.
de gallo y su correspondiente botana, granos de garbanzo, obleas y
buena. porción de clavos y tornillos.
Ya apercibida mi arma y acercándose la hora de la temerosa. aparici6n, permití á don Carpio rezar su acostumbrado rosario, mas no
engullir.e la milagrosa botella con la que me convidaba para crear ánimos, según decía. No fué poco el trabajo que me costó hacerle prescindir de aquella fórmula cabalística; pero al fin convino en que debíamos estar en nuestro entero juicio y con la cabeza despejada.
Y como todo llega en la vida, si no es la ventura, lleg6 la hora

Eu~ntos -d~ Espantos
11

CORO DE BRUJAS.
-CONCLUYE.-

y aconteci6 que yendo días y viniendo días, una tarde en que
para sacudir el fastidio que me abrumaba, paseábame á caballo por
los alrededores de Valnavara, entregado por completo á mis meditaciones y á la contemplaci6n de los campos, me fuí alejando, alejando
sin sentirlo, hasta que ya, pr6ximo el sol á ocultarse, en~ontrérne precisamente al pie de la cuesta que remontando un cerro poco elevado,
conducía directamente á la hacienda de dofia Pancha. Al darme cuenta del punto hasta donde había llegado, vinieron á mi memoria los
estupendos sucesos en la finca acaecidos y determiné seguir adelante,
para desengafiarme por mis propios ojos. Puse piernas al caballo y en
poco más de una hora, ya obscurecido, me encontré en el espacioso
portal6n de la casa grande, donde don Carpio, solo y sombrío y apoyado sobre un pilar, mostraba en toda su persona el desastroso estado
en que su ánimo había caído.
Imposible sería dar cuenta del gozo con que me acogi6. El mismo condujo á mi cabalgadura, después de desensillarla, á la caballeriza, y luego se aperson6 conmigo ofreciéndome alojamiento por esa noche, con las más grandes muestras de afecto y consideraci6n que en
mi vida he recibido.
--Estoy solo en la casa, me dijo; los dependientes viyen en la de
allá abajo y no han consentido que yo me vaya con ellos, porque temen qne hasta allá me persigan las muy judías. Los moz0s Jueguito
que anochece se van á dormir á la troje, y aquí me tiene usté que ya
no hallo ni qué hacer, pues parece que soy un apestado.
Entramos al escritorio, y después de los cumplidos que son del
caso, exprer,éle sin rodeos el que me llevaba á hacerle compañía por
esa noche. Grande fué su asombro y más aún su espanto al ver que
yo no lo tenía en manera alguna y que estaba abrnlutamente resuelto
á de,:cnbrir el misterio de las brujas, que tanto le atormentaban.
Cuando hubo eMendido luz, quedé admirado del terrible estrago
que las apariciones habían hecho en el pobre hombre. Era antes un
rancherazo de contextura musculosa y recia, pero tan flaco y amojamado estaba, que ya no tenía sino la piel verdosa y plomiza uutada
en los puros huesos.
Di6me lástima, en verdad, su figura y desde luego procuré infundirle ánimos, tomando por el lado c6mico sus extraordinarias aventuras; pero él ataj6me en mi intento, y con ademanes de inaudito aspan-

to, me manifest6 que tenía pensado, pues las hechicerescas visitas no
cesaban, apelar á la fuga y hasta renunciar á su proyectado casamiénto.
-¿Lue~ continúan las brujas viniendo? preguntéle con verdadero interés.
-Sí, se:fíor, me contest6. No hay noche de Dios que esas condenadas no ve!lgan á ... molestarme. Yo ya no puedo más y hasta he tenido que recurrir á tata Prisco. Pues ni por ésas, señor Íicenciado.
-Pues quién es tata Prisco que, según parece, tiene poder para
librar á usted de este maleficio.
-¡Tata Prisco! repuso mirándome asombrado de mi ignorancia.
¿Pero no conoce usted á tata Prisco? ...
Tuve que confesar mi desconocimiento de tan conspicua personalidad.
-Pues tata rrisco, continu6 don Carpio, es un viejo que vive en
Cerro Gordo, á cinco leguas de 'l.quí, y que, aunque dicen que está
descomulgado, es el único capaz de meter en cintura á todas las brujas y demonios que resisten hasta. el agua bendita y á los exorcismos
del sefior cura
·
-¿.Y á qué se debe tan soberana y poderosa virtud de tata Prisco?
insistí con positiva curiosidad.
'
-¡Pues á qué ha de ser! Nada menos que á que tiene ufi pedacito de la ~~ata con que se cchorc6» Judas Iscariote, el cochino ap6stol
que vend10 á Nuestro Refior.
-¡qaramba! ... fí de ~6nde cogi6 semejante reliquia?
-Dicen que uny1dío o francé~ que estuvo por aquí el siglo pasado, porque tata Prisco ya va á aJustar los cien años le di6 ese mecate en pago de haberle enseñado unas minas de oro )' plata con que
se hizo muy rico y volvi6 á su tierra.
-¡Mag~ifica paga! ¿Y con tan poderoso amuleto no ha podido
nada tata Prisco contra las brujas que vienen á desvelará usted?
-:--N~da, señor, nadit~;_y ya cuando lle~a la noche, me entra aquella.. ,,rns16m y aqu~l «sus1d1oii, que _no me dejan. Y si no me voy dr
aquí y largo ~a novia, seguro, segunto que me voy á morir. Y no e~
es? lo m~s, smo que es capaz que las malditas carguen conmigo á los
mismos mfiernos.
-Pues nada, don Carpio, le dije entre serio y festivo. Vamos á
ver si Yºi que no tengo la cuerda de Judas, puedo hacer algo por
usted.
-No, sefior, no haga nada, porque será en vano y hasta puede
que también usted la lleve.
'

.
1

Doondngo 10 de Maiyo de 1903.

tan temida para. don Carpio y para mí tan deseada., Súbitament~. vi á
mi hombre pararse lívido, y con voz cavernosa y tremula, me d1Jo:
-¡Oiga!. .. ¡oiga! Ya están ahí.
Yo que tengo la desgracia de ser algo teniente, es decir, falto de
oído n¿ había escuchado nada, por más que toda mi atenci6n se concent:aba en las indicaciones de don Carpio. Salí á la puerta del escritorio que caía á un pasadizo tan prolongado y estrecho como una cerbatana y negro como una boca de lobo; y entonces alcancé á oír ese
graznido horrísino peculiar de la lechuza¡ en seguida percibí el ,tcucurucú)) del tecolote y un grito sordo y ronco de otro animal que no
era fácil conocer en aquel momento. Pero nada mál".
-Pues eso, don Carpio, le dije, no es otra cc,saque voces de aves
nocturnas, lo cual nada tiene de particular en la casa de una hacienda
que está tan cerca del monte.
-¡Oiga, oigal-repuso sin hacerme caso y sacudiéndome bruscamente con una de sus manazas de esqueleto hercúleo, mientras.se
aplicaba rígido, cerca del oído, el dedo de la otra. -¡Oiga nomás lo
que estún diciendo!
Paré la atención, y efectivamente, entre un rumor extrafio y confusa algarabía, percibí claramente el nor:n bre de don Carpio, precedido de una grosera maldici6n.
Violentamente empuñé la carabina y empujando á don Carpio,
obliguéle, casi á la fuerza, á que saliera conmigo, no sin procurar convencerlo de que aquello nada de sobrenatural tenía, asegurándole que
pronto íbamos á descubrirlo todo, pues yo llevaba nada menos que un
fragmento de la cruz en que muri6 San Diuias, el buen ladr6n, que
también había tenido sus puntas y ribetes de brujo: reliquia mucho
más eficaz que la de tata Prisco. Y mostré al crédulo administrador un
palillo de dientes.
Calmado en parte y convencido un tanto, echó á andar tras de mí,
empufiando, por indicaci6n míai ancho y largo machete. Ambos) además, llevábamos ceñidos nuestros revólvers.
Atravesamos la sala y una serie de piezas que le seguían. En la
última abríase amplia ventana sin verj'l., por la que saltamos á uno de
los patios de aquella vieja y pavorosa casa, muy propia, ciertamente,
para que en ella tuvieran manida todos los habitantes del otro mundo.
La luna, que despuntara poco antes, envolvíase en gruesas nubes y
apenas podía alumbrar con opaca é indecisa clarida del cielo. La tierra estaba aún casi en tinieblas.
Llegamos á la puerta de espacioso corral cercado por ruinosa tapia de piedra. La puerta estaba cerrada, pero á trnvés ele loe mal unidos tablones, podíamos medir el corml en toda su anchurosa extensi6n. Casi en el centro se alzaba escueto y altísimo mezquite, y más
lejos empinábase un guimbalete junto al derruído brocal de una noria
mal cegada. Entre tanto, la algarabía de las brujas, pues brujas debían de ser, según todos los barruntos, no cesaba un momento. Gri-

�Damdmgo 10 die M,a¡fo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

tos, carcajadas ir6nicas y burlescas, silbos horripilantes, rumores como de salmodia; todo, todo se oía á un tiempo mismo, sin confundirse, aunque se mezclaba; y sobresaliendo alguna vez, entre aquel horrisonante vocerío, percibíanse distintamente palabras confusas é incoherentes á veces, á veces agudas y vibrantes, repitiéndose el nombre
de don Carpio, con abrumadora y pertinaz obsesi6n.
-«¡Ya me la pagarás! ¡ya me la pagarás! ¡ya me la pagarás!» Oíase de pronto; y luego una voz hueca, ronca y gutural repetía:
-«¡Carpio cornudo! ¡cornudo! ¡cornudo!"- Y otras dos malas
palabras que no son para escritas, ni menos para leídas.
Sobre una gruesa rama del mezquite pude ver, á la tenue claridad
de la luna, destacándose contra la gris lividez del ei:pacio, tres pájaros
grandes en apretado grupo, que aleteaban haciendo movimientos extra.vagantes y grotescos, al compás del espeluznante rumor que producían. En la punta del guimbalete distinguíase otro pájaro, más negro
que las sombras de las piezas que de atravesar acabábamos, que también Re retorcía como en epilépticas convulsiones. A la luz del día vis•
to, hahríame hecho reír; pero en aquel instante, lo confieso, sentí que
se me erizaban los cabellos.
Puesto ya en semejante trance, por mí mismo hu,:cado, pareci6me
ridículo y vergonzoso retroceder, y arrojándome, de improviso, al fin
de la aventura, entreabrí silenciosamente la puerta del corral, que no
tenía llave ni cerrojos. Me eché la escopeta á la cara y, encafíonándola lo mejor que pude hacia el grupo del mezquite, aprflté el disparador ...... Un formidable traquidazo retumb6 en toda la casa y hasta en
los cerros vecinos, pues había soltado los dos tiros; y, disipado el humo, vi, al pie del arbol, dos de los pájaros heridos mortalmente, que
se agitaban en las postreras contorsiones de la agonía; y el tercero,
maltrecho, volaba torpemente sobre las tapias del corral. El del guimbalete había desaparecido.
Casi al par de la detonaci6n producida por el disparo, surgi6 de
la cercana nopalera,que tras la casa se levantaba, una voz colérica á la
vez que plafiidera, exclamando:
-¡Válganme las benditas Animas! ¡Miren nomásl Ya este hombre borracb6n y sinvergüenza me mat6 mis animalitos. ¡Maldito sea
don Carpio y la madre que lo pari61
Oír aquellos gritos nosotros que nos contemplábamos mutuamente, estupefacws ante la hecatombe, y largarnos á través del corral y

del campo salvando las trancas que las tapias tenían, á guisa de puerta, fué todo uno. Llegamos de un salto cayendo de improviso en lo
más espeso de la nopalera, donde al pie de inmenso y c6ncavo pefí.6n,
encontramos á tres mujeres que se ocupaban en acariciar á un cuerv_o
prodigándole las más tiernas expresiones de carifio, á la vez que le alisaban el negro plumaje del lomo.
Pero don Carpio de un s6lo mandoble dividi6 en dos mitades el
repugnante pajarraco,y sin que yo pudiera contenerle, arremeti6 furioso contra las mujeres, disparándoles cintarazos á diestra y siniestra; y
es que había reconocido en dos de ellas á su ex-amasia y á su ex-suegra, sobre la cual batía, muy á su sabor, firme y macizo, desahogando
la cólera que le embargaba, de modo tal, que si yo no me le impongo
enérgicamente, allí hubieran dado fin por todos los siglos las brujerías
y ma1E1ficios en aquellas dilatadas regiones.
Calmado ya el enfurecido administrador y las brujail de rodillas,
suplicantes y lloiosas ante nosotros, pude inquirir el secreto y explicaci6n de las aventuras á que yo, recientemente armado caballero por
obra y gracia del fastidio que me consumía en Valnavara, pude dar
digno acabamiento y remate, logrando imperecedera fama entre los
campesinos de aquellos lugares y de los demás que en todo lo descubierto de mi partido judicial alientan y alentará11 por varias generaciones.
Yo quisiera revelar al lector tales misterios; pero es el caso que me
be propuesto reservarlos para el día en que si Dios me concede vida
y humor, pueda referir la ocasi6n y manera' en que yo mismo me hice «nahual», después de cursar todas las asignaturas correspondientes,
basta alcanzar el grado en tan importante profesi6n.
Mas si dejo suelto este cabo, que es ciertamente el más interesante, debo atar los demás, aunque sean aC&lt;'esorios; y así diré que don
Carpio, libre ya de aquel peligro, se cas6 al fin, cayendo en otro, tal
vez más grave aún; pues la edad del administrador de Noria del Aguila frisaba con los cincuenta años y su esposa no llegaba á los veinte.
Un detalle antes de concluir: dofia Pancha me tom6 grande ojeriza y mala voluntad. Tan aferrada estaba en sus supersticiones, que no
quiso nunca convenir en que los pájaros que yo había matado eran pájaros sencillamente; y las apaleadas mujeres...... mujeres nada más,
que creo es ser ya demasiado ...... y algo más todavía.
MANUEL

J.

DELA

ORAN SEDER1A "EL PAJE"
.,,_

IHPOHTANTB CAS\ COIKBCIAL.
Acaba de abrir sus puertas al público una
importantísima casa comercial cuyo establecimiento debe, con justicia, aplaudirse por todas las clases sociales.
«El Paje,, es el nombre que los señores Car_
los Arellanoºy Compaiifa han dado á su nuevo establecimiento, situado en la parte más
céntrica y más elegante de la Capital: ei,quina
de la 1~ de Plateros y el Em pedradillo.
Los sefiores Arellano y Compafí.fa, hábiles
cofiocedores del ramo de sedería, procuraron
reunir en sus espaciosos almacenes todo aquello que es arte, gusto, elegancia, y en verdad
que lo han logrado; pues estamos firmemente
Fachada de la gran sedería "El Paje"

ras, sin molestarse, pueden exa'llinar sentadas los efectos que deseen.
Los empleados y dependientes son bien conocidos de la culta sociedad de nuestra Capital. Todos son atentos, finos, correctos y conocedores del ramo. Esta es una garantía para el público, que descuidan algunos comerciantes. Los señores Arellano y Compafiia.
creyeron que por ahí debían empezar y lo lograron. Todo el cuerpo de empleados representa la buena selección que se hizo.
El día de la inauguraci6n y después que el
señor Presbítero Salazar hizo la bendición de
todos los departamentos, se dió acceso al público, que en un momento invadi6 por completo el almacén.
Guardan los dueños el grato recuerdo de haber hecho la primera venta á la distinguida
Eefiora doña Carmen Romero Rubio de Díaz,
esposa del señor Presidente de la República.

ÜTHON.

A la cúpula inmensa del cielo,
do angustiosa la vista se pierde,
se une el plano del piélago verde
donde trotan las moles de hielo.
En la costa silente y bravía,
de verdor y belleza desnuda,
como tropa fantástica y ruda
la escollera se yergue sombría.
Más al norte, cual potros sin freno
se despefian los blancos aludes:
se dijera que son ataúdes
que conducen la muerte en su sflno.
Todo tiene un aspecto iracundo,
todo ofrece un matiz que amedrenta,
tal parece que sorda tormenta
va á arrancar de sus goznes al mundo.
Y en el medio del cuadro gigante,
entre el cielo y el mar, firme y solo,
va, camino del pérfido polo,
el bajel del audaz navegante.
¡Ay! así por el mar de fa vida,
del dolor bajo el pálido cielo,
entre rocas y moles de hielo
va la nave del hombre, perdida!
Va al acaso, no teme y avanza
hacia el polo que pérfido escuda
otro mundo en que reina la duda
y no brilla jamás la esperanza! '
FERNANDO DE ZAYAS.

TUS FLORES.
Este ramo de flores
Que me envía tu mano genero~a,
¿Es ofrenda amorosa
Con que quieres dar paz á mis dolores?
Bien sé que no has pensado
Luchar con lo imposible. He penetrado
Tus piadosos intentos encubiertos,
Por más que con engafios los decores:
Son las últimas flores
Que esparce la piedad sobre los muertos.
EDUAROO CALCA~O.

l

INAUGURACIÓN

AD MORTEM.

ESTUDIO FOTOGRAFICO.-(Rawel.)

Domingo 10 de Maiyo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

.....
Departamento de ventas al menudeo.

En nuestros grabados presentamos algunos
departamentos de la nueva sedería que lleva
el simpático nombre de «El Paje.,,

convencidoc; de que l)Ualquier persona,aun del
gusto más exigente y refinado, encuentra en
«El Paje" lo que de-c;ea. El brillante surtido de
listones, corsés, flores, pasamanería, sedas,
artículos de lujo, artículos para niños y nifias,
no admite ni puede admitir competidor en establecimientos del mismo género.
El departamento de confecciones merece especial mención entre los demás. Al frente de
él ha sido colocada una de las modistas de
más renombre en París, conocedora de todos los estilos, todos los caprichos, todos los
gustos. Verdadero orgullo puede caber á los
señores Arellano de haber montado un departamento que puede llamarse con justicia el primero en la República.

*
**

El departamento de ventas al menudeo, al
par que sencillo, es elegante. Recibe la luz por
nueve amplísimos aparadores y dos puertas
que están á las dos calles.
En el interior hay colocados unos silloncitos giratorios que son muy cómodos y que se
encuentran junto al mostrador, .v las señoDepartamento de Confecciones.

�'EL MUNDO

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torlzada por el Gobierno de Hamburgo Y
garantlzadn por la hacienda pObllca del
Estado, contiene 115,000 bllletes, de los
cuales 55,763 deben ser premiados. Resulta,
pues, que cada premio se r eparte en tre dos
nOmeros.
Todo el rapltnl Importa:
Marcos 11.306,390 6 sean cerca cl'e Peao,
1.295,000 Mo-ne&lt;la Me.,icana.
Los sorteos se hacen pObllcnmente bajo
lnapeccl6n del Gobierno, 7 el pago pu· tual
de los premios estA garantizado por el
Estado.
600.000 Marco, 6 sean aproximadamen te
Pesos 387,000 Moneda Mexicana como premio mayor pueden ganarse en ca.so mAs feliz, especialmente 1 PREMIO cl'e 300,000
MARCOS, 1 de 200,000 MARCOS, 1 de
100,000 MARCOS, 1 d e 80,000 MARCOS,
2 de 60,000 MARCOS, 2 de 50,000 MARCOS, 8 de 40,000, MARCOS, 1 de 35,000
MARCOS, 5 de 30,000 MARCOS, 5 de
20,000 MARCOS, 2 de 15,000 MARCOS,
16 de 10,000 .MARCOS, 55 de 5,000 MAR·
COS, 108 de 3,000 MARCOS, 1~6 de 2,000
MARCOS, 616 de 1,000 MARCOS, 14 de
500 MARCOS, 1,022 cl'e 400 MARCOS,
83,788 de 169 MARCOS, 19,970 de 250
200, 150, 144, 111 MARCOS, etc.
El sorteo de estos 55,763 premlos sobredichos, se hace en siete clases sucesivas, qu~ siguen en breves Intervalos.
Fuera de otros premios mayores, en cada clase se tlrarA una prima especial de
modo que en caso mAs feliz, loe premios
mayores Importan 50,000 Marcos, 55,000
Marcos, 00,000 Marcos, 70,000 Marco,,
80,000 Marcos, 90,000 Marcos, y 600,000
Marcos.
Al recibir el valor de los billetes, sea en
cheques sobre bancos 6 cMas de comercio
europeas, 6 sea en billetes del banco mexicano, ó por medio de un giro postal, enviaré LOS BILLE'l'ES OIHGINALES en
carta certificada para los primeros tres
sorteos, acompaíln.ndo un prospecto oficial
que contiene todas las expllcaclones que se
necesitan.
·
AdemAs, se adjuntaril il cacl'a comprador la traduccl6n de los billetes originales
en lengua espaílóla.
EL VALOR de los bllletes PARA LAS
TRES prlmerM clases, SEGUN EL PROS·
PlsCTO OI!'ICIAL, es como sigue. (1 Marco vale aproximadamente o;; centavos moneda mexicana).
:\!ARCOS 9.50 por un cuarto Billete
Original, para la la., 2a. y 3a. clase.
MAHCOS 19.- Por un
medio
BIiiete
Original para la la., 2a. y Sa. clase.
MARCOS 38.- Por un entero Billete
Origina! para la., !?a. y 3a. clase.
A su debido tiempo se a visa il los due•
ilos de billetes, en qué épocas tendrlín que
hacer las remesas para la 4a., 5a., 6a. y
7a. clase: esto en caso de que el bllletc
no hubiera recibido, en el lntermecl'lo, un
premio. Per o es muy probable que el billete sea premia.do, PORQUE, como ya estil
dicho, GANA CASI CADA SEGUNDO BI·
LL~~TE, y las probabilidades de ganar aumentan de clase en clase. DESPUES DE
CADA F.XTRACCION, S I•: ENVIARA A
TODO INTERESADO LA LISTA OFI·
CIAL.
Los Interesados harírn bien de mandar
BUS pedidos POR EL PRIMER CORREO,
para que ee pueda efectuarlos puntualmente .
PRINCIPIO DE LOS SORTEOS : el 18
de lunlo de 1903.
Pedidos que no lleguen en tiempo para
la la. clase, serán ejecutados para la 2a.
6 3a. clase, por consiguiente cada uno
PUEDE CONTAR POSITIVAMENTE CON
QUE TENDRE CUIDADO DE QUE DE

CUALQUIER MODO PODRA
TOMAR
PARTM EN ESTA IN'.l'f:RESANTE LO·
TERIA.
Lo mejor es ha.cer las remesas par carta
certlllcada en BI lletes de banco Mexicanos
6 en giros postales ; pero, en caso de que
sea mAs conveniente A los clientes hacer
los pagos en ese país, p8..1·tlclpo que el
Banco AlemAn 'l'rasatlAntlco de México,
calle de San Agusttn 7, estA autorizado
por mi, de recibir por mi cuenta cualquier
Importe. Al hacer asf, suplico enviarme
directamente la carta Orden bien clara A
Uamburgo,
avlsilndome !l la vez, el Importe remitido !l este Banco. Adem!ls, se
debe avisar al Banco Alemán Trasatll\ntlco que tiene que abonar el Importe ll mi
cuenta d'e la orden del respectivo pagador.
'.l'odo se reune en esta gran loter!a, para
dar segm·ldad y benellclo al que participa
de ella, como es el ARRJ,GLO VENTAJO·
SO. IN'rtmVl~NCIO:N Dl~L GOBIERNO, es el allmen.w máa ~adab~ 1 el máa
SOLIDT•:Z, y ante todo, la GARAN'.l'IA recomendado ,para los nifl.oe .1Jesde l&amp;
DlsL ESTADO l'ARA EL PAGO DE LOS eda-d de seis 1 siete meliles sobre todo
PRE:IIIOS. Teniendo relaciones con las
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Se mandarll grntls y tranco, el p1·ospecto oficial il quien lo pida. Correspondencia
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coyunturas eofermas 6 deforme~, (;ojera, Pier·
uas chueca•, roaillu anudttd•s, 6 defo•midH•
des, reumát.ic1ts, escriba pictieorloinfnrmes al
Innituto abaj, indicado. qu6 le escrihirá la
manera de encontrar remedio!\ su m•I Ksta cas• es la Iostitucióo Ortopédic• má• c, mplei• de
América. Y por sus muc,,os Elementos hacen
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>..,,,1·~ ""

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--

EL

\aJ . '

,ANO X•••TOMO l..,,.NUM. 2

MUNDO ILUSTRADO
MIXICO, fNfRO II Df 1903.

Subscripción mensual foránea, $1,50
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más eficaz para las personas debilita::las que los ferruginosos y las quinas.
Conservado por el método de M. Pasteur. Pre scríbese e n las molestias del
estómago, la clorosis, la anemia y las convalecencias; este vino se r ecomienda á fas personas de edad, á fas mujeres, jóvenes y á los niños.

Es el secretl) de la buena salud.

No dejamos, pues, de r ecordar á
las víctimas de su est6mago recurra á las

Píldoras del Dr. Huchard,
DE PAB.IS.

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.tia Grinde lia R o bus t a .Ese Jarabe tiene

Ele1&lt;cesodetraha1omentalproduce
agotamiento
fuerzas y

i

El único VINO auténtico de S. RAPHAEL e l solo que t iene el derecho
de llamarse así, el solo que es legítimo y de que se hace mención en el
furmulario del Profeso r BOUCHARDAT, es el de Mrs. CLE MENT y Cía.,
de Valence ( Drome, Francia).-Cada Botella lleva la marca de la Un ión de
los Frabricantes y en el pescuezo un medallón anunciando el " CLETEAS,"
Los dem ás son groseras y pelig rosas falsifica ciones.

ripida de I&amp;

LA LUCHA POR LA VIDA el
de
NEURASTENIA

Dirigirse al Apartado 123, Tehuacán, Pu~-

SAINT-RAPHAEL,

■uy

DE V E N T A

Racahout de los Arabes Delangrenier
l!l mejor alimento para los oióos

i!N TODAS LAS
DROGUE.RÍAS.

PETROL. . . . . -. . .
DEL DR. TORREL, DE PARÍS.

EL MISMO

1111io

So

FERRUGINOSO : SIETE M~AS ..ORO FOSFATADO:
b1ai1,

Cl1naia, C11nlecmi11, ,te.

l"ÁAÍ8

ZO, lff d• F-'t-St (111Cq111
1 en /u Farmu/u .
0

Lilfatiamo, Em6fnla, 846
Infartos de los Ganglios, etc.

Unica pre paración que evita la caída prematura del pelo, lo
aumenta, s uaviz t y hermosea, á la vez que le.cvmunica un aroma agradable.

EL USO DRL PBTROL DEL DR. TORRBL, DE PABIS.
evita la calvicie prematura, que tanto a fea y comunica al hombre el r e pulsivo aspecto d e un joven viejo y gastado.

Excmo. Sr. D. Práxtdts matto Sagasta,
Notable Político Español.

t

EN MADRID EL 5 DEL CORRIENTE.

�Domingo 11 de En-ero de' 1903.

tos Santos Reyes.

m

ELCHOR, Gaspar, Baltasar ......... .
reyes sin corona h eredada por generaciones nuevas, Eoberanos de &lt;1uién
sabe qué reinos cuyos faustos precisos no han
pasado á lns páginas de la hi!'toria, jE&gt;fes de
Estado anónimos y al propio tiempo eternos
••. .. . ¿os disteis cuenta, al sE&gt;guir los argentinos destellos de la le¡¡:endnria ('Strella que os
condujo á Betblfm, de que con eFa ¡iereg1inaci6n que efectuasteis por montes y por Yalles
y por desiertos ibais á conquiFünos hi imnorta)idad por los siglos de los sigloi,? ..... .
La caravana avanzaba lentamente. la estrella, alumbrando la ruta con las fulguraciones de su cauda enorme, marcaba el rumbo
de la verdad, hecha carne en los frágiles y
tiernos miem br..,cillos de un infnnte que ronreía en la pobreza de un-pesebre. Los más útiles y pacientes cuadrúpedos conducían á los
reyes, á sus séquitos y á las ofrendas que llevaban para el divino recién nacido. El camello,plácido símbolo de la fllstinencia, caminaba á paso tardo, dejando sobre las arenas del
desierto la recia huella de su planta; el elefante, venerable en su burguern contextura, avanzaba absorto en sus eternas y mistniorns meditaciones; el ágil potro númida, con su pezufia nerviosa, iba ganando gloria y renombre
para su regio amo.....
Cuando la estrella se detuvo y sus fulgores
bañaron el mif'E&gt;rableportal hajo cuya techumbre había venido al mundo el ef'perado Mesías, los reyes detuvieron el paso de sui-; caravanas y alabaron á Dios. Luego def:ce11dieron
del paciente camello, del elefante corpulento
y del inquieto corcel, y se postraron ante el
pesebre en que yacía el rey ele reyes ....
No estaba sol o. En torno suyo agrupábanee
los humildes, los pobres pastores de la comarca que antes que nadie reconocieron el poderío del niño Jesús y que fueron los primeros
en cantar sus alabanzai;,. Por eso Cristo, es ante todo, una deidad de los pobres y de los humildes; por eso Cristo, despojado de las pompas litúrgicas que los siglos han amontonado
sobre su carne de redención, fué el primer
hermano de los hombres y el primer proclamador del reinado de los humildee ..... .
La mula y el buey calentaban con su vaho
los delicados miembros del recifn nacido, y
para esta expresión de miseria que significaba
en la tierra el nacimiento de Jesús, cuentan
los sabios intérpretes ele lo nunca visto, que
en los cielos se efectuaba la gloria del Padre,
y que innúmeras legiones de coros angélicos
pregonaban en inefables cánticos la gloria del
Hijo.
Entonces llegaron los reyes y, olvidando sus
orgullos, sus pompas vanas, sus omnipotencias terrestres, cou toda humildad se inclinaron ante el pesebre y reconocieron el dominio
ilimitado del Hijo de Dios.
Después del homenaje de los humildes, fué
el homenaje de los poderosos. Cristo está sobre los más grandes de la tierra, y el símbolo
había menester tres reyes magos que, significando la grandeza de la tierra, se humillaron
ante lo sublime del espíritu.
Los tres reyes ofrendaron sus presentes y
luego, fortificados por sus santas intenciones,
volvieron á sus reinos, :¡,l paso tardo de sus
caravanas.
¿A qué reinos marcharon los reyes magos
Melchor, Gaspar y Baltasar?....... A todos los
reinos de la tierra; porque erns reyes fueron
un símbolo y el símbolo es ubicuo y perenne
por la fuerza de su gracia.

Tal dice la leyenda cristiana. Pero los hombres, que nunca están satisfechos de las sencilleces reveladas, han forjado otra leyenda en
torno de los reyes magos. Esta leyenda es permanente; como un fen6meno físico, se efectúa cada año, por la fecha en que se conmemora el homenaje de los tres reyes magos y
consiste en que, al decir de quién sabe qué

EL MUNDO ILUSTRAD0

EL MUNDO ILUSTRADO
poetas desconocidos y populares, los tres reyes magos, que han Eeguido viviendo en es•
píritu y que en espíritu vivirán basta la conS\1mación de los siglos, no pueden olvidar los
inefablfs gozos que experimentaron al agaioajar al divi,10 infante y, «eficazmente)&gt; secundados por todos los padres ele familia de todas
las generaciones, han resuelto agasajar anualmente á la infancia humana, para revivir
constantemente aquel placer inolvidable que
en Bethlem inundara sus almas.
¿Quién descubrió y di6 á conocerá los mortalrn E',e loable propósito de los tres ri&gt;yes magos? No es fácil p1eciEarlo; pero la. costumbre
es vieja y según parece se manifest6 primero
en Francia, tal vez porque atraídos los reyes
magos por la infinita variedad de compañeros
suyos que aquella tierra ha producido, quisieron en ella reanudar sus relaciones con la gente tramitoria. Despuée, el aguinaldo de los
reyes pas6 á todas las comarcas cristianas, y
á nuestra América ha venido algo tardíamente, como suelen venir tantas cosas á las regiones nueYas que a{m no han tenido mucha
oportunidad de vivir en la tradición y en el
parndo. l\1ae:, como la manifestación anual
que de su e:xistencia hacen los reyes magos es
poética, es hermorn y se yergue sobre el indestructible zócalo del amor á los niños, es
cla1 o que perdurará y que se ampliará cada
día mús.
¡_A qué niños protejen los reyes magos? A
todos los niños buenos y que teñgan zapatos.
La primera condición suele dispensarse por
influencias y perdones de los padres; la segunda no ~é diispensa casi nunca. Los reyes
mago,:, para obsequiar á los niños, exigen que
éstos pongan sus zapatitos en la chimenea 6
en cualquier11 otra parte. Pero si no hay zapatos, no hay juguetes........ á menos que la
caridad intervenga y proporcione los zapatos
y los juguetes.
Sin embargo, ningún evangelista afirma que
el niño .Je::ús baya tenido sandalias...... .

***
También los grandes han tomado como pretexto á los tres reyes magos, para regalarse.
El regalo de los grandes es una torta que esconde una haba; á todos les corresponde un
pedazo de torta, p ero s6lo á \mo de cada grupo corresponde el haba. Pero el feliz conquistador del haba, por el hecho de conquistarla, adquiere determinadas obligaciones que
forzosamente tend1á que cumplir. Por modo
y manera, que también la torta de reyes es un
símbolo: el símbolo de la lucha por la vida.
En •la vida, es más 6 menos fácil á todo el
mundo adquirir una rebanada de torta. Es
difí&lt;!il morirse, más difícil de lo que generalmente se cree. Pero la torta no basta; es preciso conquistar el haba, pues sólo de esta
suerte hay preponderancia sobre los demás y,
dígase lo que se quiera, la esencia del triunfo
es la preponderancia. En cambio, el que en la
vida triunfa se echa á cuestas un fardo de obligaciones, como el que obtiene el haba de la
torta se ve precisado á obsequiar á los otros.
Por desgracia, no todos cumplen en la vida
como suelen cumplir en la torta, porque siempre ha sido más fál)il dar un baile que hacer
un beneficio.
Hacer beneficios es arte eximio que no está
a.l alcance de manos villanas. Ya hemos visto que hasta á los santos reyes magos se les
puede reprochar algo en los beneficios que
procuran: esa exigen9ia del zapato...... .. ¿Cómo no disculpar las imperfecciones de los
simples mortales?
Cuando ha pasado la noche de reyes y la
~en~e menuda se ~egocija de los juguetes que
~l cielo le ha env1ado-(mandados fabricará
_&gt;arís ó á Berlín )-y la gente grande sueña ante las migajas de la torta, es fama que Melchor, Gaspar y Baltasar, arrellanados allá en
sus tronos del empíreo, mandan alzar una esquina de la gran cortina azul de los cielos y
asomándose á nuestra vida y mirando á la
gente menuda y á la gente grande se ríen se
ríen paternal y compasivamente..'....
'
¿Será cierto?
ÜSCARHERZ.

Don Práxtdes matto Sagasta.

S

A GASTA, el viE&gt;jo jefe del partido }ibera!
l'f']'añol, ha pngado el ineludible tributoá la naturaleza. La muerte lo sorprendi6
cuando parecía alejar$C á la vida privad;., después de una lucha de cincuenta años que fué
minando, poco á poco, sus energías.
:Mucho podría escribi rse acerca del notable
estadista español; pero contrayéndonos á los&lt;latos más isalientE-s &lt;le ou carrera ele hombre
púulico, encontramos que desde 1842 estuvoafiliado al partido pr0gresista de España. Al
eF.tallar en la península la guerra de 1854, en
la cual tom6 parte muy activa, fué nombradoPresidente de la Junta Revolucionaria, y poco después pas6 Ct l\fadri&lt;l como Diputa.do por
Zamorn. Siendf Comandante de las milicias
nacionales, cuando el Gral. O'Donell disoh·ió
las Cortes á cañonazos, Sagasta dió una eloC\1ente prueba de ·su valor •.r sangre fría, re cogiendo un casco de grnnada que cayó á sus
pies y que conservó para inspirnr:-:e y pronunciar un elocnente discurso !'Obre los acontecimientos de 1856, que aumentó su popularidad
y su prestigio.
A raíz d e eFtos sucesos emigró á Francia·
,
l
,
r
pero no tarel o en ,·o ver a su patria, y de acuerdo con sus partidarios, publicó un rnanifiestoá la Sación en 1863, anunciando su retraimiento en política. Dos años después se declar6 en foyor de la revolución; estuvo con el General Prim en Yillan,jo, y viéndose obligado
n uernmente á salir del territorio espaJiol, se
dirigi6 á Londres, para preparar, desde allá,
la sublevación de las fuerzas de artillería,
acuarteladas en San Gil. El infatigable luchador, con riesgo de,f'u vida, Yolvió ú .Madrid, y
en la madrugada del 22 ele junio de 66, hizo
que los cuerpos mencionados lanzaran el grito
de insurrección. Sagasta fué perseguido y
sentenciado á muerte_; r ero logró evadirse y
marchar ocultamente á Francia, donde lo esperaba el General Prim.
La enumeración de los sucesos en que tomó
parte el ilustre español, exigiría en nuestrnscolumnas un espacio ele que no disponemos.
Baste decir, por lo mirn10, que Sagasta contribuyó en gran manera á d erribará IRabel II
y que, establecido el nuevo orden de cosas'
fué, sucesivamente, encargado del gobierno ci~
vil, diputado á Cortes, y ministro ele Hacienda y Fo1:11en~o. Formó, por último, el partido co11st1tuc10mdi:3ta, llegando á la Presidencia del ::\Iinisterio; y á la sublevación de llartínez Campos, en Sagnnto, que proclamaba á
Alfonso XII, dejó el poder á Cúnovas del Castillo. El señor Saf!:asta volvió á ser Presidente
d el Consejo de 1881 á 83, de 1885 á 90, 1892
á 96, y á Ja muerte de Cánovas empuñ6 de
nuevo las riendas del gobierno. En diciembre
último, una crisis lo obligó á retirarse del Gabinete.

Sra. Dol ores F lores de Michel.

NUPCIAL.

@

templo de Lourdes se efectu6 el jueúltjmo el enlace canónico de la señ~nta Dolores Flores con el señor L1cenci_ado don Ignacio l\Iichel y Parra, siendo
padnnos de manos el señor Dr. :M anuel F lor es, padre de la desposada, y su esposa la señora Dolores Urrntia, y de velaci6n el señor
don Sinforiano Sisniega y laseñoraJosefaParra viuda de l\Iichel.
El mismo día, en Santa Brígida, celebraron
su enlace el señor Licenciado don Francisco
Fernández Castelló, hijo del señor Secretario
de Justicia é Instrucción Pública, y la. seíiori. ta Dolores Rubio y Obreg6n, sobrina del señor
Gobernador ele Guanajuato. Los señores Licenciados don Justino Fernández y don Joaquín Obregón González apadrinaron el matrinio acompañado8 de la señorita Ana Rubio y
de la señora Adela Fcrnández de 1Iorphy.
Tanto en Lourdes como en Santa. Brígida,
la. concurrencia fué de lo más distinguido, y
los novios recibieron de sus numerosas amistade~, entusiastas felicitaciones y valiosos obseqmos.

•

Sra. Dolores Rubio y Obregón cie Fernández

Domingo 11 de En.ero de 1903.

�· Domingo 11 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 11 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

ca P~st~ Bubónica ~n mazatlán
que se propone acudir en auxilio de los necesitados, arbitrándose recursos por subscripvez son más desconsoladoras las
ción popular, y traer del extranjero desinfecnoticias que se reciben de Mazatlán
tantes y suero antipestoso para distribuirlos.
con respecto á la peste bubónica. Un
gratis.
telegrama fechado el día 5, nos da cuenta de
Pot último, y para que nuestros lectores
que casi la mitad de la población ha emigratengan
una idea del pánico que reina en Mado, temerosa del terrible azote, rumbo á diszatlán, diremos que en un solo día se presentintos puntos del Interior, y de que durante
taron á pedir certificado médico 526 personas
las setenta y dos horas anteüores, el recrudeansiosas de abandonar la poblaci6n. En el campo, al pie de un árcimiento de la epidemia fué verdaderamente alarmante. Treinta y
bol, fué encontrado el cadáver de una joven atacada de la peste, que
cuatro atacados por la peste murieron en ese período, y los que han
iba huyendo por temor de ser descubierta en su casa y aislada por oringresado al lazareto de Belvedere, últimamente, se encuentran en
den de las autoridades.
estado de suma gravedad.
Por todas partes, agrega el telegrama referido, hay cuarentenas establecidas.
Por informes posteriores se supo en México que en algunos ranLos $20,000 que envió el Gobierno Federal á la Junta de Sanidad
chos poco distantes de l\fazatlán se habían observado ya, casos de pesp&lt;tra que atienda á las necesidades más ur~entes del puerto, relaciote bubónica y que en
nadas con la asistencia
la Ensenada de Todos.
de los atacados y la
Santos, había tamextinción de la epidebién aparecido la epimia, se emplearán en
demia. En cuanto á
la construcción de balo primero, no está ofirracas y lazaretos procialmente confirmada
visionales, y en la limla noticia, y i)Or lo quepia de los caños del de
hace á lo segundo, si
sagüe,que se considera
bien se prer,entaron cade la mayor im portansos
de la terrible enfercia. El Sr. Gobernamedad, en la E nsena•
dor de Sinaloa, por su
da, el mal no llegó á
parte,ha ofrecido conspropagarse ni á reveitruir una barraca en
tir
el recrudecimientoBelvedere y otra en la
que se suponía.;;::)~
calle de Benito JuáComo una medida
rez, para aislar á las
encaminada á que: nopersonas que hayan
llegue !a epidemia á
1::stado en contacto con
invadir otros puertos,
los enfermos; poniense
ha ordenado quedo, además, veintilos buques que salgan
cin co policías y doce
de l\Iazatlán no to•
agentes especialmenquen sino en puertos.
te encargados de redodonde haya delegado
blar la vigilancia que
sanitario y útiles para
ejerce la Junta, para
la desinfección. Esto,
impedir la ocultación
indudablemente, conde los pestosos,' en q-ce
tribuirá á calmar el pátan empefiada está la
nico que se ha despergente pobre.
Bahía de Mazatlán.
tado en diversos punComo era de supotos de la costa del Panerse, la presencia de
cífico y á que los esla peste en el puerto,
fuerzos
que han despleha traído consigo el
gado las autoridadesalza de los artículos de
para contener el avanprimera necesidad, y
ce del mal sean más.
la miseria de las clases
fructuosos.
desheredadas. Algunas familias pobres á
quienes en beneficio
El orgullo de la cien·
de1la mayoría, se les
cia es humilde, com
han quemado sus haparado con el de la
bitaciones, atraviesan
ignorancia. -HERBERT
en estos momentos por
SPENCER.
una situación dificilísima.
La risa no es á meAfortunadamente, se
nudo en las mujeres
ha constituído, consino el pudor de las
vocada por los prinlágrimas .--EDUARDO•
cipales comerciantes,
Barrio del Astillero, donde más estragos causa la Peste.
PAILLERON.
una Junta de Caridad,

fl ADA

l:J

:Ps.z
Otro barrio invadido por la Peste.
,

. VIOLETA.
VIOLETA .

.

�Domingo 11 de Enero de 1903.

"EL MUNDO !LUSTRADO

EL l\fUXDO ILUSTR.\"'.JO

Domi,ngo 11 ele EneTo ele 1903.

Nunca levanta el vuelo
en pos del sol que con su luz calcina;
jamás batió sus alas
desafiando, atrevida,
las torvas tempestades
qne lÓs troncos desgajan y derriban ..... .
. Tú no puedes saber cómo es mi Musa;
-crisálida muy tímidase asusta con el rayo;
los profundos abismos la intimidan,
las tormentas del cielo
le hacen ple,gar las alas conmovida
la mucha luz la ciega,
'
y teme al grito de la mar bravía ....
Sabe que no has de hallarla
revolando en alturas infinitas:
la verás en los campos,
absorta ante las suaves lejanías.
De los lagos tranquilos
estará en I as orillas,
mirando en los cristales
movibles de la linfa,
cómo se desvanece
poco á poco tras la alta serranía,
él último destello
de la tarde que expira
la última oleada de o;o
con que el cielo se pinta
cuando el sol moribundo
se sumerge á lo lejos con el día .. . .
:b:n los bellos jardines
esmaltados de flores peregrinas,
no la busques: dirige
hacia el parque tu vista:
¿no la ves? .... anda errante
por aquellas sombrías
alamedas de sauces,
por aquellas oscuras avenidas
donde el viento solloza
sus tristes elegías .. . .
allá va .... é,qué la lleva?
¿_qué busca entre la arena removida?
No preguntes, muy quedo
voy á decírtelo, mas .... no te rías ....
anda cavando tumbas,
con mano compasiva,
para. las hojas muertas,
ptu•a las tt·istes hojas amarillas
que los vientos de otoño
arrastran, despiadados, en sus iras ....
Ya lo ves: ella busca
las opacas neblinas,

labra rota: «Amor,i, al mismo tiempo que exclamaba por lo bajo: ¡Pobre Arturo!
Entonces reconstruy6 en su memoria la escena de la noche pasada; él, sofocado, tierno é
i mpaeiente, le repiti6 en aquel día una vez
más la palabra amor. Pero ¿no sabía ella lo
que era? No. Y riendo le pidió un lápiz para
apuntar la palabra y buscar al día siguiente
su significado.
-¡Pobre Arturo! dijo, y un bostezo largo, le
separ6 los labios rojos.
El gato jugaba con el pie breve de la joven,

DAMAS MEX ICANAS.-Sr itas. Jcsef i na A r m ería, C lem entina Arteaga, Emma M eana, María Refug io Azco, A ngela ~rteaga, María Azco.
Carmen García y D elfina Azco.-De Ag uascalient es.
Fot. A. Cháv.,.~.

AMOR?
L piano abierto, mudo
y fatigado. Retrátanse
en el fondo negro las flamas de las velas moribundas-ojos parpadeantes, prontos á dormirse.
Las sillas en desorden;
m grupo unas, otras aisladas ; hay una frente
.
á otra, conversando con
la mirada-pareja ele enamorados. Sobre ellas mueren
unas flores olvidadas que no tuvieron la fortuna de pertenecerá
una hermosa; entonces algún galán las habría pedido para guar•
darlas.
Infortunadas flores; cuando la mano cruel
1as arranc6 de su tallo, cuando el verdugo cort6 despiadado sus venas, y, exangües, lanzando sus últimos dolorosos suspiros, las llevó á
aqtJ.ella fiesta, ellas abrigaron una última es•
l)eranza-- la esperanza del qne muere, de no
sufrir en el último instante de vida--de mor ir en el pecho de alguna mujer que las acari.ciase en sus momentos postreros, que en un

.
r

beso recibiera el único resto de perfume que
abrigara su coroÍa, y ......... ¡nada! morían solaf:l, marchitas inútilmente, envejecidas prematuramente, caldeadas por una atmósfera
'Viciada, asfixiadas entre el prosllico calor humano y el vulgar humo del tabaco.'
Sobre un sillón, un pobre pequeño abanico
ele papel pintado duerme en la postura en que
l'ay6, semiabierto, soñando con la declaración
que á su través oyó la dueña, dueña ingrata
.que lo ha olvidado en pago á su discreción.

Por encima ele unas rosas, en un hueco blanco del papel, hay trazadas femenilmente unas
letras: «amor», y después un signo de interrogaci6n.
Sobre las consolas y mesas hay copas ol vidadas y un pañuelito manchado de vino.
En l a. alfombra, contrastan las florei- tristes,
pisoteadas, decoloradas, con las flores siempre completas á pesar de las pisadas, y de polen siempre dorado.
De trecho en trecho brillan algunas «horquillasii y alfileres desprendidos de los tocados.
En los candela.~ros las bujías lanzan los ultimos suspiros de luz, y allá abajo, el gallo
grita tenazmente su canción monor rítmica.
El sol se burla de los que velaron é ilumina.
groseramPnte las caras ·de los últimos bailadores que se alejan &lt;le prisa, abrigándose contra
el frío para las carnes, y contra las risas para
la cara descompuesta por el placer.
En la recámara contigua á In sala, el robusto gato blanco de ojos casi azules, ojos más de
mujer que de gato, despert6, y tras el indispensable arqueo del ancho lomo, -saltó fuera
de la cama, en donde, por falta de su compañera, había dormido solo esa noche.
Sali6 á la sala y subi6 al sofá; retoz6 un
momento con el tigre del almohadón de raso.
Luego descendió y fué á afilar las garras
contra el taburete del piano. Se alejó; de paso
hizo presa en un listón negro abandonado, y
tras una silenciosa carrera fué á caer sobre el
sillón,en el cual el abanico,semi-abierto,como
había caído, mostraba por enci ma de unas rosas, en un hueco blanco del papel, unas letras trazadas femenilmente: &lt;&lt;Amor,» y después el signo ele interrogación.
Creyó oportuno hacer moscardones de aquellas letras, como antes había hecho ratón de
la cinta negra, y empezó 1iu fingido ataque en
recuerdo de los verdaderos,en los cuales tanto
gozaba criminalmente.
Se replegaba contra el brazo del sillón y
acechaba, fija. la vista en los plomizos cara-::teres; después daba en derredor de la presa, cautelosamente, algunos pasos cortos y sin ruido,
y caía de un salto, como si Yiniera de muy
lejos, sobre el abanico; todo para volver la espalda á los moscardones, ya harto maltratados, dejarlos caminar dificultosament., unos
pasitos, y vol ver á. hincarles la garra.
Se descolgaba del sillón; tendido en la alfombra, vuelto el vientre hacia arriba, dirigía
manazos al asiento de bejuco; se levantaba;
fingía que, olvidado ya de su pieza ele caza,
se alejc1ba, culebreando la cola, y repentinamente se volvía y recomenzaba el ataque.

El abanico sufría ajaduras nuevas á cada
acometida.
Por fin le pareció fatigosa la caza de los
plomizos moscardones, y se lanzó velozmenmente sobre ellos para, darles el último zarpazo, el que hacía saltar del cuerpo de sus prisioneros roedores el aperitivo chorrillo de &lt;;angre.
Prendió con furia fingida las uñas al pobre
abanico, y desgarró el papel en la parte mis-

mientras ella trataba, por mera curiosidad, de
recomponer la palabra rota por el felino.
Al fin, dej6 caer perezosamente el abanico·
se inclinó para recoger al gato, y acariciándo~
lo mientras sonreía á las travesuras del animalillo y repetía casi cantando: «Pobre.Arturo, pobre Arturo,» entró en la alcoba para reparar las horas de la prolongada vigilia.
Acurrucó al gato ladino en la cama, y sonriendo y tarareando el último vals oído en
aquella madrugada, de pie, ante el espejo
dejó caer en espesa lluvia negra sobre los re~
dondos hombros los lustrosos hilos de la undosa cabellera.
GUY D' AUDIFFRED.

PORCJIDJI.
[PARA MI LIBRO DE VERSOS «LUCIÉRNAGAS.&gt;]

ma en que los caracteres trazados femenilmente, decían «Amor,i, con un signo de interroga.,.
ci6n al final.
Algo apareció bajo el abanico, algo que llamó la atenci6n del felino; entoncE:s el cazador
espió; era algo rojo, como la sangre que teñía
apetitosamente los cuerpos de los roedoros cazados: ¿sería sangre? ..... .
Era un clavel rojo que aplastaba á un pensamiento negro, sombrío, triste ........ Quiw el
gato separar la mano de la ilusoria presa, y no
pudo; había introducido por el agujero toda
la mano y no podía sacarla; asustado realmente ó también en broma, echó á correr haciendo ruido sobre las consolas, hasta ir á
caer sobre el piano. Al pasar rápidamente sobre el teclado, arrancó notas que hicieron una
música extraña.
La joven, que daba la despedida á los últimos convidados, llegó corriendo y se echó a
reír fuertemente, llamando: «Mamá, mamá,
ven á ver el gato, y después: bichito, bichito,
Yen, ven.»
Y con cariño quit6 clti la mano del gato el
abanico de papel pintado.
El felino, cuando se sintió libre del estorbo,
se relami6 la mano con satisfacción y estor·
nudó.
:,a joven, que no cesaba de reír, revisaba el
abanico, y por curiosidad recomponía la pa-

No busques en mis versos
las frescas rosas y las siemprevivas
con que orlan los poetas
sus melodiosas liras.
No has de ballar en sus rAdes
topacios ni amatistas,
ni los bellos colores
que lanzan las facetas de los prismas.
Preso, no está en sus mallas
lo que deslumbra y brilla..
No hallarás en su fondo
esas radiosas tintas
que inundan todo el cielo
en pleno mediodía ..... .
Tú no p~edes saber cómo es mi musa.
De muy le¡os venida,
busca los tintes suaves,
arna I as cosas id as,
lo que entre el pol vo yace amortajado,
lo que se esconde en la pared derruída. ....
Tú no puedes saber. cómo es mi Musa..
No arriesga su barquilla
por los altivos mares:
desde la. playa mira
cómo al besar el cielo
á la extensión mal'ina,
se forma en lontananza
una azulada línea,
y cómo van rodando
las olas al impulso de la brisa.
Ya lo ves, no conoces ámi Musa.
Jamás ha osado ni escalar la cima
de las altas montañas
para ver desde arriba
cuál á sus pies se extienden
el bosque espeso y la gentil campiña
ni trepar por las rocas
'
que al abismo se inclinan,
para cazar el águila
que duerme entre las peñas escondida.

E

L primero de mano pr6ximo tomará posesión de su cargo, como Gobernador Constitucional de Jafüco, el Sr. Coronel D. Mi.
guel Ahumada, jefe en
la actualidad del Poder Ejecutivo de Chihuahua.
Las elecciones que
lo han llamf.do á la
Primera "i\fagistratura
de Jalisco, se verificaron el 28 de diciembre
último, y el voto en
favor del candidato
fué unánime. El Sr.
Ahumada estuvo en
Lagos ei día de la elección y fué objeto, durante sn permanencia
en esa ciudad, de entui;iastas demostraciones
de adhesión y de cariño. En Guadalajara,
población que visit6
después, sus amigos y
partidarios organizaron, asimismo, algunas manifestaciones en
honor del futuro gobernante.
Como Insaculados á
la administraci6n del
Sr. Ahumada, figurarán los Sres. he. l\fa.nuel Gómez y Luna,
Dr. Juan R. Za va.la y
Cor~mel Carlos Villegas, entre quienes, con.
forme á la C&lt;&gt;nstituci6n particular del Estado, elegirá la Legislatura al que debe
substituir al Gobernador en sus faltas absolutas 6 temporales.

la sombra de las cosas,
ó las cosas sin vida ....
Por eso aquí cn mis versos
no has de balla1· Jo que brilla:
que mi Musa no ha osado
engarzar deslumbrantes pedrerías!
¡Oh poetas! ¡oh bardos
que al cruzar por la vida,
vais dejando una estela
de sonoras y gratas a1•rnonías,
¡dajad para mis cantos
las notas indecisas
que en el pedal Jel eco
se quedaron dormidas!
¡Dejadme lo incoloro,
lo que apenas se mira,
lo que se desvanece
y presto en lontananza se disipa.
Dejad que a-quí en mis cantos,
con ternm·a infinita,
yo les diga en voz baja
á las mal'iposillas
sin alas, que los vientos
azotan : «¡pobrecitas!
venid! que son mis versos
urna de todas las tristezas mías ..
-sabed que nunca en ellos
guardo yo mi alegríavenid ! que son el nido
en que tengo escondidas
muchas cosas ya muertas,
y okas ¡ay! que agonizan .... l&gt;
¡Oh poetas sublimes
que pulsáis vuestra lira
corno di vinos magos,
con sin igual maestría:
¡cortad frescas guirnaldas
de rosas, y laurel y siempreviva,
y después que con ellas
coronéis vuestras frentes pensativas,
y después que embriagados
recojáis su perfume con delicia
para vaciarlo luego
en la copa del verso, cristalina,
¡dejad que yo recoja
de la floral orgía,
los pétalos caídos
y las flores holladas y marchitas! ..... .
MARIA ENRIQ:rJETA.

Tanto la elección del Sr. Coronel Ahumada
como la de !os Insaculados han sido recibidas
con aplausos por los'jalicienses.

SR. CO R ON EL M I GUEL A HUMA DA.

�Domingo 11 de Enero de 1903.

€

RA una mufieca preciosa. ¡Como que
se la había mandado á la futura marquesita de X, el día que tomó su primera comunión, su padrino el príncipe de"""*! ...
IJn príncipe ruso auténtico, quiero decir
con dinero, á quien después de haber pasado
en Biarritz su acostumbrada temporada veranie¡ta, tan próspera por cierto en las lides del
juego como en las de la galantería, se le ocu-

rrió venir ccá Yer Españan
y se detuvo cerca' de
";f ,
un año en la corte, donde bien pronto conquistó el campeonato de los salones por su figura arrogante y sus actos principescos, entre
101?-cuales no fué el paclrinazgo de la futura
marquesita ni el menos ostentoso ni e~ menos
comentado .. ... .
Cuando Rosita, que así se )Jamaba ésta,
cumplió con el precepto pascual, apresuróse á
manifestárselo á su padrino en cariñosa carta,
cuyo sobre costóle á la pobre reclamar el auxilio de la institutriíl, y hasta el de sus papás y
el del capellán de la casa, para que le ayudasen á distribuir todas las ccka:1» y las «efes)) correspondientes á un príncipe ruso; y aun así
y todo, resultó equivocado.
Lo cual no fué obstáculo para. que llegase á
su destino y recibiese como contestación la pequefia comunicante una muñeca digna de la
esplendidez y de la categoría del mandatario.
Era, según asegurab¡i, la tapa del estuche,
un modelo de los premiados en la última Exposición de París; un prodigio de juguetería
mecánica que cerraba los ojos, que lloraba, y
que reía, y decía «papá» y «mamá» y oha porción de cosas; que tenía, en fin, hasta un resorte para andar sola, llevímdola de la mano;
una verdadera nifia á la que no le faltaba más
que elalma ..... .
Casi tan alta como Rosita, de pelo rubio y
d~ ojos azules como ella, hasta en las facciones tenía cierta semejanza, por lo cual más
parecía su hermana que su muñeca.
En el palacio &lt;le la marquesa de X vino á
llenar el vacío de ccMimi», la hermanita de
Rosá, muerta recientemente, cuyo nombre y
-vestidos heredó, lo mismo que la cunita en
-que aquélla volara al cielo, y su asiento en la
mesa y en el carruaje, y la atención de todos,
incluso de los criados, algunos de los cuales
renegaban de ella vor «lo que daba que hacer»,
y hasta le tenían tirria.
Entre éstos figuraba, en primer término, el
lacayo, quien siempre que la subía al carruaje, tenía la mala suerte de oprimirla el resorte
del llanto, lo cual le costaba sendos regaños,

EL MUNDO ILUSTRA DO

pues el llanto mccúnico de la muñeca recordaba á los marqueses el de «su Mimii,, que lloraba también, indefectiblemente, en tales ocasionei::.
-Pero Juan, Je decía la marquesa, ¡cuidado que es usted brusco con las criaturas!
Y el buen Juan subía al rescante y Re consolaba con el cochero, á quien tampoco era
muy simpático el juguete.

con el rabillo del ojo hacia adentro y murmuraba: «¡Tú morirás 6 mis manos!i,
Pero Jo que más acrecentaba el odio de
Juan hacia la muñeca, era el ridículo que por
ella corría en todos los paseos.
Apenas se apeaban los señores en el Retiro
ó en la Castellana, le hacían llevarla de la mano como llevaba á la pobre «Mimi», que tampoco le era muy simpática por lo rabiosa y
antoja&lt;liza, y los chiquillos y las niñeras, y
hasta Ja¡¡ graves amas de cría, tan pronto se
apercibían del engaño, comenzaban á hacerle
burla y á decirle chirigotas ultrajantes para su
dignidarl de lacayo de easa grande.
Ya era célebre en el Retiro, donde ~e esperaban para diverlirRe como á los gigantones de
su tierra, y esto le ponía fuera de tino.
¡Cu{rnuis veceR apretaba frenético de ira la
mano de la muñeca, pretendiendo pulverizarla los huesos! Y como en ellas tenía, precisamente, el resorte del llanto, comenzaba á llorar con tal perfección, que el mismo Juan se
gozaba de su martirio creyéndole verdadero.
- Juan, no ser 1 bruto, le decía Rosita, que
la ha.ces daño.
Y la marquesa, por una extraña adaptación
psicológica, también se ponía hecha una furia y lanzaba sobre él todo el poderío de su
,eñorial estirpe. ¡Maldita muñeca! ¡Va á ser
mi perdición I murmuraba Juan para eu librea.

***

-¡Mira qué llamar criatura á ese trastajo!
murmuraba Juan. El mejor día le estrello
contra las piedras.
-Ten cuidado, le contestaba el cochero,
porque bien puede s'.lr que los tribunalrs de
justicia le consideren como tal, y vas á presidio por «infanticidia».
-¿A prisidio por una mufieca?
- Por m:1.tar á otras mu:ñecas con la c&lt;1.beza
y el corazón tan huecos como los de ésa, hay
muchos hombres perdidos para toda su vida.
Y Juan cerraba colérico los puños, miral,a

1

EL MUNDO ILUSTRADO

Aquel día se celebraba el santo de ccMimi,» y
como es natural, era la reina de la fiesta la
muñeca.
Los marqueses, buscando en esta mecánica
suplantación un consuelo, derramaban sobre
ella todas las graci::is de su paternal cariño,
hasta el punto de excitar la envidia de Rosita,
que ya participaba un poco de la mal!i. voluntad que el juguete causaba á la servidumbre.
Porque la primera doncella eRtaba hllrta de

rizarle los bucles, y el ayuda de cámara de
lustrarle los za patitos, y la segunda doncella
de repasarle los calcetines, que los rompía en
fuerza de andar como una persona, y especialmente el del pie izquierdo, y el mozo de comedor estaba harto de sentarla á la mesa y de
hacer que la servía, siempre que á Rosita ó á
los marqueses se les antojaba, porque también
se les antojaba á los marqueseP, sobre todo de
aquellos plato&amp; que más gustaban á la pobre
«Mimji,; y al ama que crió á ésta se la llevaban los demonios, porque veía en la suplantaci6n de la muñeca una profanación intolerable.
Y acaso estaba en lo cierto.
Ello es que se celebraba banquete familiar
en honor &lt;le la muñeca, y que los marqueses
llevaron su ridículo consuelo hasta vestirla de
primera comunión, porque aquel día la hubiese tomado ccMimi» si viviera, y á comprarle la cama grande que á ésta le habían prometido para dicha fecha, lo cual ya llegó á
colmar la envidia de Rosita, que hizo poco
menos que cuestión de confianza, después de
comer, la de acostarse eu ella.
Tal se puso, que la propia marquesa la
acompañó á la alcoba de la muñeca ó sea
la que C&lt;Mimi» ocupara en vida, y la dejó en
la cama nueva y reluciente, dándole un par
tle be3os y prometiendo coro prarle otra. igual
para acabar de contentarla.
Cuando la doncella subió para ccacostar á los
niños,1, frase con que se presentaba todas las
noches, la marquesa la ordenó que se retirara
porque ya estaban en la cama.

"

Ya era media noche, y todavía duraba abajo, en la cocina, la reunión de los criados, á
--q nieoes había llegado parte del familiar bauquete.
Juan había bebido un poco más de lo
111ucho que acostumbraba y estaba delicioso.
-Esta noche mato á la muñeca- exclamó
blandiendo el hacha de la cocina, con que se
partía la leña.
La idea fué recibida con · una salva de
.aplausos, prueba inequívoca de las pocas simvatías con que contaba el juguete.
En aquel momento ofrecía la cocina de los
marqueses de X el pintoresco cuadro de la
«Conjura» de ccHugonotes».
Hasta el ama de cría de «Mimi» blandía su
•cuchillo, pidiendo venganza ...
-¡Buen estreno de cama va á tener! -rugió Juan, desapareciendo con el hacha de la
cocina.
Los demás criados se quedaron mudos é
inmóviles, como deben ele qut:Llarse los cómplices de un crimen mientras éste se perpetra.
Al poco rato regresaba Juan, tambaleándo-se y con el semblante inundado de estúpida
alegría.
- Bebamos, compañeros - balbuceó llenando su vaso. -- Le he metido un hachazo
-en la cabeza, que de fijo le he hecho añicos
todos los resortes.
-Sangre! Sangrel-exclamó el cochero fijándose en el hacha.
Todos se sobrecogi.eron espantados.
-No hagáis caso- replicó Juan apurando
~u copa.- Hasta eangre tenía dentro? Lo que
inventan estos C&lt;franchutes!i,

'!,

A la mañana siguiente, una pareja de la
guardia civil se llevabaá Juan á la cárcel.
-Ya clecia yo que la muñeca iba á ser .mi
perdición!- ~e mía el lacayo con los ojos arrasados en lágrimas.
-Cuando yo te a~eguraba- repuso el co~~ero- que hay muchos hombrns en presi&lt;lto por matar á una muñeca!
EL SASTRE DEL CAMPILLO,

EXPOSICION

FABRE~

LADRONA.

Domingo 11 de En-ero de Ul01.

�EL ~1UNDO ILUSTRADO

Domingo 11 de Enero de 1903.

El'.; :MUNDO ILUS'l'RADO

toncurso

para Edificios
Escolarts.

l

1·
~ -:¡

.

.

-

...

cretaría de Justicia é Irnitrucci6n pública. la
que á su vez los aprobó, indicando á su autor
algunas ligeras modificaciones de detalle.
Ambas Secretarías comisionaron al señor
arquitecto Mariscal para que procediera á hacer los dibujos de ejecución. E: señor Mariscal los ha terminado, y próximamente comenzará á dirigir la construcción de los edificios
mencionados.
Damos en esta plann las
fotografias de los cuatro
proyertos á que antes nos
referimos.

~~

7j ~
.
.
r
11
. . . ,. . . ...~~..,,...~- ---_- --

MINI ATURAS

1

l-

"GUADALUPE."
El domingo pasado fué puesto en escena
por la compaí?-ía del Teat~o !-Ii~lalgo el dra?1a
escrito por el Joven autor Jalisciense Marcelmo
Dávalos con el nombrede «Guadalupe.»
La obra ha sido objeto de elogios y censu. ras, pues mientras unos ven en ella un trabaio defectuoso en la forma y en el fondo, otros·

R. :M. RUBIO.

Escuela de niñas.

En septiembre del año de 1901,la Secretaría
de Comunicaciones y Obras Públicas invit6
á ocho arquitectos mexicanos á entrará un
concurso para la composici6n de edificios destinados á escuelas primarias, sujetándose á
un conjunto de bases pedag6gicas y arquitectónicas estudiadas previamente por una comisi6n técnica nombrada por el Supremo Gobierno, á fin de tener edificios modelos de todas las condiciones apetecibles en la presente
época, para la enseñanza de la juventud, de
los que se carecía en absoluto, pues las escuelas se han establecido en casas de alquiler en
las que se hacinaban niños en las peores condiciones higiénicas.
A cada arquitecto se encomendó la composición de cuatro edificios, y se procuró que
los terrenos en los que se debía
proyectar, fuesen también es-

D E COLORES.
Ilu!&lt;ión color de cielo
Que &lt;le mi alma á la puerta
Has detenido tu vuelo,
Entra, para ti está abierta,
llusión color de cielo.
Esperanza blanca, blanca,
Que desde tan lejos vienes,

nistas contemporáneos estén en contradicci6n.
Di()'o esto porque quizá habrá quien juzgue
"' la narración
'
falsn.
que se l eera' en ~egu!'d a, 1a
cüal tradujo un sabio sacerdote, _m1 amigo, de
un pergamino hallado ~n Palestma, y en el
que el caso estaba escnto en caracteres de la
lengua de Caldea.

***
Salomé, la perla del palacio de Herodes,
después de un paso lascivo, en el festín famoso donde bailó una danza al modo romano,
con música de harpas y crótalos, llenó de entusiasmo, de regocijo, &lt;le locura, al gran rey
y á la soberbia concurrencia. Un mai:cebo
principal arrojó á los pies de la serpentma y
fascinadora mujer una guirnalda de rosas frescas. Cayo Meni po, magistrado obeso, borracho y glotón, alzó su copa dorada y cincelada,
llena &lt;le vino, y la apuró de un solo sorbo.
Era una explosión de asombro y de alegría.
Entonces fné cuando el monarca concedió á
Salomé en premio de su triunfo, y á su ruego, la c~beza de Juan el Bautista. Y Jehová
soltó un relámpago de su cólera divina.
,
Una tradición asegura que la muerte de Salomé acaeció en un lago helado, donde los
hielos le cortaron el cuello.
No fué así, fué de esta manera:

***

Sr. Lic. Marce lino Dávalos .

Escuela de n iño::.

::;¡

geno. Para hacer que tal pexsona ejecute tal
acto, es suficiente hacerle
concebir tal opinión.
-La recompensa de haber
hecho un bien,
es el deseo de
hacer más. - DEMOGE0T.

*
La civilización
no ha de consistir en conocer las leyes de
la naturaleza y
violar las de la
justicia. ESTEBAN LAMY.

Escuela de niñas.

t udiados por otros concurrentes, y así obtener vari'os proyectos de distintos autores pa•
ra cada localidad.
En enero se reuni6 el jurado calificador para examinar los proyectos pre'!entados, y fué
compuesto por los señores arquitectos Don
Antonio Rivas l\Iercado, Don Ramón Ibarrola
y Don Guillermo de Heredia, ·el señor Ingeniero Don Isidro Díaz Lombardo como representante de la Secreta!i'a de Hacienda, y el
seño'l: Dr. Don Luis E. Rufa como director
general, entonces,.. de ~a in~trucción primaria.
.
·
Después de un laborioso estudio, acord6 por
unanímida&lt;l se premiase en primer término
los cuatro proyectos del señor arquitecto Don
Nicolás Mariscal.
Los proyectos premiados pasaron á lá Se- -

Tu esplendorosa veste Cte jacinto
puso en el bosque su temblor de aurora,.
y fuistes, oh mi virgen soñadora!,
¡Sacerdotisa del misterio exti,,tol. ....
Fuimos por el boscoso laberinto
unidos por los labios, á la hora
del amor, y tu veste de jacinto
nos envol\'iÓ con su temblor de aurora.
¡Y llegas tes á mí. corno una aurora!
¡Sacerdotisa del misterio extinto! ....
i Del infinito amor era la hora!. ...
¡Y tu e¡;p]énd ida vefite d e jacinto
Nos envolvió con su temblor de auroral..

Para teñir de rojo los
bue.sos de uu animal vivo
no s.e necesita arrancárselos violentamente¡ hasta
alimentar al animal con
ciertas sustancias coloradas, como la rubia. Para
elevar un aerostato, no es
preciso echarlo hacia arriba por medio de
un cable¡ basta
llenarlo de hidró-

••
l 11

*
La vii tud, como el cuervo, anida gustosa
en las ruinas. -ANATOLIO FRANCE. ·

Domingo 11 de EMro de 19Q3.

BOBI):fJL

Pasa, la entrada está franca.
¿Por qué, por qué te detienes
Esperanza blanca, blanca?
Ensueño color de rosa
Que mil besos has dejado
Sobre mi frente ardorosa,
No te apartes de mi lado,
Ensueño color de rosa.
Amor-crepúsculo rojo
De mis tardes estivalesMi alma descorrió el cerrrojo;
Dale de tu luz raudales,
Amor-crepúsculo rojo.
Nube negra, nube negra
Que anuncias la tempestad
Si mi corazón se alegra,
'
No tiendas tu obscuridad
En mi cielo, nube negra.

la consideran como una producción digna de
a plauso y abundante en pasajes y galas que le
dan importancia y la embellecen.
.
El sefior Dávalos, que ya en otra ocasi6n
&lt;lió pruebas de talento ofreciendo al público,
como primicias, su drama« El Ultimo Cuadro,"
fué ovacion ado durante la representación y
recibió algunas felicitaciones.

PALIMPSESTOS.
LA

MUERTE DE SALOMÉ

La historia á veces no está. en lo cierto. La
leyenda, en ocasiones, es v.erdadera, y las hadas mismas confiesan, en sus intimidades con
algunos poetas, que mucho hay .falseado en
todo lo q!le se refiere á l\lah, á Titania, á Brocelianda, á las sobrenaturales y avasalladoras
beldades. En cuanto á las cosas y sucesos de
antiguos tiempos, acontece que dos ó más ero-

· Después que hubo pasado el festín, sintió
cansancio la princesa encantadora y cruel. Dirigióse á sn al coba donde estaba su lecho, un
gran lecho de marfil, que sostenían sobre sus
lomos cuatro leones de p lata. Dos negras de
Etiopía, jóvenes y risueñas, le desciñeron su
ropaje, y, toda desnuda, saltó Salomé al lugar
del reposo y quedó, blanca y mágicamente
esplendorosa, sobre una tela de púrpura, que
hacfa resaltar la cándida v rosada a rmonía de
sus formas.
·
Sonriente, y mientras sentía un blando soplo de fiabeles, contemplaba, no lejos de ella,
la cabeza pálida ele Juan, que en un plato áureo estaba colocada sobre un trípode. De pronto, sufriendo extraña sofocacifo,, ordenó que
se le quitaran las ajorcas y brazaletes de los
tobillo;; y de los brazos. Fué obed~cida. Llevaba al cuello, {t guisa &lt;le collar, una serpiente de oro, símbolo del tiempo, y cuyos ojos
eran dos rubíes sangrientos y brillantes, Era
su joya fayorita, regalo de un pr~tor, que la
había adquirido de un artífice romano.
Al querérsela arrancar, experimentó Salomé un súbito terror; la víbora se agitaba, co?1º si estuviera vfra, sobre la piel, y, á cada
rnstante apretaba más y más su fino anillo
construído de escamas de metal. Las esclavas
espantadas, inmóviles, semejaban estatuas d~
· piedra. Repentinamente lanzaron ur. grito: la
cabeza trágica de Salomé, la regia danzarina
rodó del lecho hasta los pies del t rípode, don:

Obstsión.
Y Benjamín, el escultor, me dijo:
«No, no tocaré más estos cinceles,
Porque una idea. un pensamiento fijo,
Persigui éndome va con dudas crueles.»
«He visto á mi adorada en el instante
De abandonar el baño presurosa,
Luciendo la blancura deslumbrante
Del frágil cuerpo en desnudez gloriosa;"
,,y desde entonces ¡ay! en honda cuita.
Se pregunta mi mente obsesio!iada,
Si la carne es un mármol que palpita,
O si el mármol es carne congelada!»

Plañidtro.
No sé qué bella melancolía
Tiene la tarde con sus nublados¡
Menuda lluvia p.or los tejados
Baja entonando triste alEgría.
El viento silba y entre los prados
Gotitas cuelga la 11 ·: via fría .... ,
No sé qué· bella melancolía
Tiene la tarde con sus nublados.
Besan mi rostro soplos helados,

Y contemplando morir el día,
Recuerdo dichas, goces pasados,

Y siente mi alma con los nublados
No sé qué bella melancolía.
LUIS CASTILW.

Cog ida de "Segurita" en la Plaza México.
Fot . lnst. de "El Imparcial."

ta música.
·Dulce como la voz de la Serpiente,
Se eleva. entre el follaje rumoroso
De la Gama, y el beso voluptuoso
Despierta y la acaricia delincuente.

Iris &lt;le vivos colores
Que presagias la bonanza,
Luce siempre en mis- amores,
En mi sueño y mi esperanza
Iris de vi vos colores.
'
l\IARÍA. C.

de estaba, triste y lívida, la del precursor de
Jesús· y al lado del cuerpo, desnudo, en el
lecho 'de marfil, sobre la púrpura, qued'o enroscada la serpiente de oro.
RUBÉN DARÍ0.

Los restirados nervios, suavemente
Excita con su ritmovagaroso,
Y gime femen!! como el lloroso
Oboe cristalino de la fuente.

DE KATTENGELL.

t

Arrnlla en las cadencias sugestivas
El reclamo sensual de las lascivas
Tórtolas de cabezas tomasoles,

Y escucha sus murmullos el oído
Vagos y misteriosos, como el ruido'
Del mar en los rosados caracoles.
EFREN REBOLLEDO.
Escuela d€ niiios.
E L A RT E C RI ST IAN O E N MEXl ,:;O.-Altar mayor del temp lo de T axco (Gue.)

�Domingo 11 de Enero d~ 1903.
AN vuelto ya, con la primavera, las hermosas fresas rojas¡ aparecían primero tímidamente en los pequeño¡; tiestos, recostadas sobre las verdes hojas; pero hoy llegan,
apretadas las unas contra
las otras¡ en las canastillas de los vendedores nos aguardan, á nosotros los rimadores,
más ricos de alejandrinos que de monedas de
oro, á aquellos que ¡,refieren las sonrisas de
las muj~ffes á todos los
billetes del Banco de
Francia.

11

Yo iba á cumplirlos
dieciocho años; mRs
corno había crecido de
manera tan rápida, fuí
enviado al campo, á la
casa de mi tía Micaela, que contaba pocos
años más que yo. Hermosa y mucho era mí
tía, y de ello me di
cuenta en el momento¡
mas como se encontrara casada con un
hermano de mi madre,
no osaba yo ni siquiera
mir11rla de frente. y me
hubiera dejado hacer aí11cos antes-que confesar la delicia que experimentaba al contemplar sus pequeños dientes blancos, su sonrisa,
que profundizaba los hoyuelos de sus mejillas;
sus ojos obfcuros y aterciopelados, y,sobre todo, sus labios, labios apetitosos, rojos, inci
tantes como las fresas ~ ue bordaban las extensas avenidas.
Cuando digo que los labios de mi tía Micae-

la eran rojos como las fresas de su jardín, no
hago más que servirme de una metáfora, pues
que apenas las fresas asomaban á flor de tierra, pálidas y friolentas aún, cuando nosotros
íbamos, sin faltar un solo día, á tomar nota
de su desarrollo, sin que hubiese habido todavía manera de cortar una sola. Sin embargo, Dios sabe cuánto deseaba yo ofrecer una á
mi tía l\Iicaela.

EL MUNDO ILUSTRADO

Huía el invierno; la primavera asomaba
_ya, exhalando su amoroso aliento, hac\endo
asomar los retoños en los árboles, cubiertos
aún de ese moho que prece&lt;le á la verdura, y
los caracoles, también ellos, toma han parte en
los preparati vos, dejando grandes surcos de
plata en las avenidas, húmedas todavía del
hielo y de las lloviznas.

***

Una mañana una radiosa mañana, había yo

aban&lt;lonado el lecho desde el alba; el sol era
ardiente como en el mes de junio; en ~l polvo
luminoso, los dorados insectos revoloteabart
zumbando inc~antemente; en los troncos estallaban los renuevos; el amhiente hallábase
impregnado del perfume de la tierra, próxima á dar á luz sus maravillosas concepciones;
el cielo, de un azul pálido, dejaba ver, á través de los árboles, ligeras brumas que seme•
jaban los pliegues de un velo de
desposada.
Mi corazón palpitaba fuertemente, cual si hubiera hallado
ocasión de contemplar un raro espectáculo, y permanecía yo inmóvil. absorto en una deliciosa contemplación.
De pronto, mis ojos se abrieron cuan grandes eran, y apenas
pude contener un grito de alegrín:
acabaha de descubrir en medio
de los sembrados una gran fresa
completamente madura, que resplandecía como un rubí entre el
follaje.
-Qué felicidad! -exclamé,)' cuán ale-gre se va á poner mi
tía Micaelal
En aquel momenio escuché,no
lejos de mí, una voz que cantaba
una vieja canción de amor; la
voz era límpida y brillante, y al
sitio &lt;le donde partía encaminérrie al pnnto.
En aquel sitio un riachuelo
deslizábase tranquilamente¡ el
sol fingía mil ondas de plata
¡:;obre sus cristale&gt;&lt;; Ít la orilla
un sauce humedecía sus ramas
adormecidas, y bajo él, mi tía
Micaela cantaba, sumergien&lt;lo los
pies desnudos en el arroyuelo.
Sus medias y sus pequeñas zapatillas &lt;lescansaban sobre la yerba húmeda; estaba vestida con
un peinador verde pálido, y cantaba distraída, siguiendo el movimiento del agua, que semejaba pugnar por llevarse consigo
aquellos maravillosos pie~ blanco¡:;.
-Tía!-exclamé lleno de gozo,-tía, una fresa madura!
-Muy bien; ven á dármela-contestó ella
riendo.
Y como yo permaneciera indeciso, añadió:
-Cógela con los dientes, bobo, y levántate el pantalón.
Seguí el consejo, atravesé el arroyuelo, llegvé cerca de ella, y adelantando mis labios,
la ofrecí el fruto recién cortado.
Ella reía aún, mirándome con sus hermo-

Domingo 11 de Enero de 1903.

EL .MUNDO I LUSTRADO

sos ojos color de avellana; yo veía aquellns
largas pestnñas, aquellos rizos obscuros esparci&lt;lus sobre su frente, sus mejillas te1 sa,,
y sobre todo, ~.us dos labios rojos, entre los
c~iales brillaban los dientes como húmedas
perlae.
Tomó delicadamente la fresa de rni boca,
con el delicioso gesto de una cabra que ramonea en el prado, y entonces nuestros labios seencontraron, permaneciendo unidos no sé
cu:into tiempo ........ .
Algunos gritos de
llamada resonaron no
lejos de nof:otros; era el
marido &lt;le Micaela, el
mismo hermano de mi
madre, que llamaba
á su esposa.
Como nos hallábamos ocultos por _una
revuelta del camrno,
me dijo ella t:11 voz baja, ríípidamente.
-Calla¡ es preciso
que no nos enc·uentre.
Me precipité en pos
de mi tía, que había.
corrido á . ponerse lns
medias rápidamente;
pero como lo hizo con
demasiado apresuramiento, una de las medias desgarróse; entonces, impaciente, calzada á medias y siempre
seguida por su sobrino, que había perdido la
cabeza, huyó hacia una barraca destinada á
encerrar los útiles de jardinería.
Empuj6 la puerta. y penetró. volviéndose
hacía mí y dejándome ver sus mejillas encendidas y sus ojos, en los que brillaba. un fulg01·
extraño. .Tan bella y provocativa.estaba, que
me detuve en el dintel, tendiendo á. ella mis
brazos. ·
-Cierra en seguida-díjome en voz baja;aquí nadie podrá encontrarnos.
Pero, de pronto, pasó por mi cabeza y pormi corazón una cosa extraña: oía yo á lo lejos una amable voz que pronunciaba mi nombre; un s,mtimiento de horror conmovió todo
mi ser, y, como un buen muchacho que era
yo, huí i,in vol ver el rostro y fuí á encerrarme tn mi cuarto, en donde me puse á llorar
copiosamente.
He aqui por qué, hoy que he envejecido,
la llegada de las fresas hace palpitar acelerndamente mi corazón; he aquí por qué las.
amo cuando aparecen en las plantaciones,
recostadas sobre el verde follaje, y, más tarde,
en las cmmstillas de los vende&lt;lores. Y las.
compro ce.ando llegan hasta mí, yo, un rimador más rico de ah•janclrinos que de monedas.
de oro, y que prefiere la sonrii,a de una mujer i. todos los billetes del Banco ele Francia.
JUANA 1'H1LDA.

mmonartos tbinos en mé~tco.
Hace algunos días se encuentran de pa!'-O•
en la Capital dos acaudalados capitalistas chinos que, como jefes de una Compañía domiciliada en Hongkong, se 1,roponen establecer·
un ~ervicio directo &lt;le vapores entre el puerto
referido y las costas mexicanas del Pacífico.
Eng Hok Tong, Presidente de la Empresa,)"
~ung, Kam 'Ming, Vicepresidente, han recogido a este respecto importantes dat~s relatiYos al comercio y la industria del paí~,
y pronto establecerán el servicio de navegación mencionado. Según parece, los capitalil-'tas tratan, también, de organizar una compañía para la inmigración.
Es muy probable que el puerto escogido como terminal del servicio de vapores sea el &lt;le
l\1anzanillo, pues aparte ele que las 'obras queactualmente se llevan ácabo 011 él favorecerán
grandemente el tráfico, no está re~oto el día
en que su comunicación con los mercados del
interior sea uh hecho, debido á la rapidez:
con que el Central mexicano prolonga sus Jí-.
neas. rumbo á la costa

-Crees que hago también el
amor á las rosas?
-Vaya! yá cuantas flores rn
usted; yo creo que toda~ nacen
blancas, pero usted es qmen pone
ú la mayor parte de ellas ...... de
mil colores.
-Celosilla!
-Celosa yo?
-Entonces no me amas.
-Que no le amo á usted? Ingrato! Para qué habré pedido á la,
Aurora que me trajera esta mañana las más hermosas perlas deOriente, sino para engalanarme y
aparecer más bella á los ojos de
usted? Para qué habré pedido á la
lluvia de anoche que llenara. ese
hoyito de líquido criRtal, sino para ver en tal espejillo si mi hermosura era digna del amor del
Sol?
-Y para qué pides al Céfiro
que apart6 constantemente tu
brillante corola de mis labios, sino para probarme que es falRo
tu cariño?
-Todas las cosas cread.as le
aman á usted, oh Sol!
-Pero una más que todas .....
- Cuá1?
-LaXieve.
-La Nieve enamorada del sol?
Ella, que es la misma frialdad!
·-Sí, la Nieve, que es la primera en «derretirse» por mí.

ESPADA HISTÓRICA.
Publicamos hoy · un grabado
que repr~enta la espada que como un ol'&gt;Requio del primer Ministro de Inglaterra en México,
Mr. Ríchard, recibió D. Guadalupe Victoria, Primer Presidente ele
la República.
La espada, que conserva en su
poder el Sr. Francisco ·de Garay
y J ustiniani, es una primorosa
obra de arte.

LAS ENAMORADAS DEL SOL.

g

N rayo de sol deslizóse como una culebra de luz
entre las verdes frondas del
parque y fué á acariciar la coro-·
la de una Azucena, en cuyos
blancos pétalos brillaba aún la pedrería del rocío.
-Buenos días, hermosa- dijo el rayo, intentando depositar
un áureo beso en el seno inmacula&lt;lo de la flor.
-No Eca usted loco- exclamó ésta-, haciéndose vivamente
á un lado y tratando de esquivar
el beso, con ayuda del Cefirillo
que está siempre alerta y dispues~
to á volar en defensa de las virtudes atropelladas.
-Loco porque te amo?
-Porque así no se dan los buenos días á las flores honradas, y
ya debe usted saber que á mí me han tomado
por símbolo de la pureza.
-Perdona, hija¡ no pude resistirá los impulsos del amor que me abrasa.
---Pues está
muy mal hecho ... oh! vaya!
muy mal hecho! Que besara usted así á
esas locas de
Campanillas azules, que se dejan cortejar por
cuan to bicho
viviente anda
por esos trigos
de Dios, santo
y bueno; pero
atreverse á una flor delicada y pura como
yo!. ..... Ah! por qué no habré nacido rosa?

Leung

Kam Ming.-Eng Hok Tong.

-Rosa?
-Sí; porque mis pétalos de nieve no pueden encenderse jamás á los besos del Sol, como las rosas; y m,a flor que recibe tales:cari0

CASIMIRO PRIETO.

El poeta oye los susurros de la semilla q;e
trabaja debajo ele la tierra; el filósofo oye los.
de la germinación de las ideas en el pueblo. A.

GREARD.

*

**
La gratitud
es:
como aquel licor
de Oriente que
sólo se conserva
en jarros de oro;.
perfuma las almas grandes y
se agria en las.
pequeñas. ....._ JuLIO SANDEAU.

*

Espada de D. Guadalu¡::e Victoria.

cias sin ruborizarse, da una idea muy mala de
su pudor é inocencia.

*
La *desgracia
puede debilitar
.
la confianza, pero no debe quebrantar la convicción. CARLos-·
DE REMUSAT.

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADn

Domingo 11 de Enero de 1903.

Domingo 11 de Enero de 1903.

e

LA INSTITUTRIZ.
Novela por Ester de Suze.-llustración de Simont.
Traducció n de ··Et Mundo llu5 trado•·

(CoNTINÚA, )

V
Llegó la época de los exáme11es, y después mis comparíeras empezaron (\ marcharse una tras otra, á medida que llegaban sus noffibramientos. Sólo el mío tardaba, á pesar de los esfuerzos del Sr.
Cairol.
Entonces los días me parecían larguísimos. El dolor r.ausado por
la muerte de mis padres, había acabado por calm::i,rse un ,poco; y de
ya no llorar ni desear-porque nad3: deseaba!-m~ c~razon. se cansaba de vivir. Habría yo deseado morir, como por mstmto cierra uno
los ojos cuando está en medio de las tiniebla~. , .
.
.
Este deseo me asaltaba por las noches, sm lagnmas, sm sufrimientos. Mi cerebro pensaba, pensaba. como. a~tes del sue~o; des-pués en lugar de sueño me venia un entorpec1m1ento extra.no. ....... .
A él'me abandonaba, y habría deseado morir... .. .
.
Sin embargo, durante el día estaba Y? tranqmla_y reco~raba m1
actividad siguiendo d6cilmente los conseJOS de la senora Ca1rol, que
me iniciaba en los secretos de la vida doméstica y me enseñaba algo
de cocina, de costura, y me daba consejos útiles I?ara mil y mil ca~os.
Era yo bastante hábil, excepto en costura. Un día, la señora Cauol
me dijo:
-Bah! Usted es mujer ya, y el arte de la costura le vendrá por
sí solo.
· h b.
·d
Estas palabras me hicieron estremecer, como s1 u 1esen s1 o un
resplandor de vida que viniera á disipar mis enfermizas tristezas de
antes. Era yo mujer! Es decir, capaz de llegar-~ ser esposa, madre;
aguardar algo, por fh~ .. .... Ah!, un bogar, un h1Jo, un esposo.. .... toda una vida que surgiera de m1, rorleáh&lt;lome de amor, a mí que me
creía ligada s6lo á dos sepulcros ..... Ah! el momento en que eso sucediera en que un ser humilde, pero noble, viniese á tom:\rme de la
mano á decirme: &lt;&lt;Heme aquí. Yo soy el que te estaba destinado ti&gt; .••
.. .... ¿Aceptaría yo? ¿La huérfana de la víspera se atrevería. á despojarse del luto, para lanzarse entre gasas blancas y flores,. hacia el porvenir? ¿O tendría yo el valor~ de rehusar? ¿!&gt;-e:1so la vida no es tan
imperio~a como la muerte? No se puede res1st1r á la muerte cuando

y

llama; ¿se podría resistir á la corriente, cuando pasa el torbellino de
la vida?
Y esa corriente, ese deslizamiento en el río de la vida, debe de se1
inefablemente bueno, puesto que en la naturale~a nada hay detestable. Y sonreía, inundada de ensueños y de lágrimas dulces, al abrazar por úitima vez las tumbas de mis amados padres ......... al fin había llegado mi nombramiento. Iba yo á partir y estaba bien arm1i.da.
de valor; bendecía á mis muertos queri&lt;los, les pedía perd6n por mis
vacilaciones de la víspera......... Sí, por fin aceptaba la vida, y ahora estaba convencida de que la vida me sería buena.
En ese momento, el crepúsculo caía suavemente sobre las tumbas erizadas de cruces. Me pareció que papá y mamá me tomaban de
la mano y me impulsaban sua\·emente, y me levanté, como siguiendo sus sombras, que murmuraron ú mi oído:
-Ve, amada nuestra; no ha llegado la hora de que vengas á
quedar entre estas tumbas. Ye, juiciosa y confiada, y vive...... IIas
acertado: la vida es tan imperiosa como la muerte!. .. . ..
Y salí de allí. Y en los momentos de la partida., tuve más energía que mis buenos amigos, que parecían agobiados. Cuando me arrodillé para bendecirlos en el dintel de su hospitalaria casa, vinieron á
levantarme y me miraron al fondo de los ojos. Mi rostro debe de haber estado radiante.
-Tiene usted algo, :María Teresa. ¿Es una tristeza? ¿Es una esperanza? ¿Qué es, niña?
Era el deseo de vivir una vida juiciosa y sencilla, pero ((plena» ...
Era la. confianza de que esa plenitud, ~iendo una deuda para conmigo, me sería otorgada.

El cielo densamente nublado; copos de nieve caían sin prisa,
seguros de seguir cayendo durante muchos días aún, sobre esa región
inclemente. A la derecha., saliendo de la estaci6n, la ciudad, que se
adivinaba pequeña, y sin embargo, amplia, silenciosa como una catedral, en esa hora. de bruma y de nieve. A la izquierda, un camino
que se diría muy corto, limitado por la. masa de las abruptas monta-

fias que le cerraran el paso; y que, no obstante, corre y se prolonga co ·
mo un laberinto entre esas montañas: tal se me present6 Embrún, la
an tigua ciudad de los arzobispos.
Era una tarde de los comienzos de enero; apenas habían dado las
seis, y ya era de 11oche. Mi nombra.miento era para Chavoux, que
está Í\ media hora de la ciuda,l. Habría podido llegar hasta allí en
ferrocarril· pero por equivocaci6n me bajé del tren una estaci6n
antes. No'habfa que pensar en aguardar por cinco 6 seis horas la llegada de otro tren; tampoco había coche ú 6mnibus en que hacer el
camino.
-¿Ye usted este camino? me dijo el jefe de estaci6n. Pu~s no
hay más que seguirlo: va á Chavoux; pero está largo, sobre touo en
este tiempo ...... A menos que encuentre usted una carreta que la lleve ...... En fin, no sé qué consejo darla.
En efecto, el buen hombre parecía estar perplejo.
Los empleados que pasaban, alzaban su linterna para verme el
rostro, sin miramiento alguno.
-La nueva institutriz de Chavoux? Respondí afirm'\tivamente,
y todos me mostraron cierto respeto vulgar. Por fin, alguien me dijo:
-Trate usted de comenzar el camino. Quizá encuentre usted
u na carreta.
:Xo vacilé ya. ~Ii corazón e,-taba oprimido ante tamaña indiferencia. Salí de la estaci(m, para estar sola, para sentir la brisa ........ .
Oh! ese camino! no ~é cúmo devoré una parte de él. No me detuve
hasta llegar á un pequeño puente bajo el cual dormía un riachuelo
congelado. Y me puse de codos sobre el pasamano y me eché (i llorar...... .
Me sentía mal ; mis piernas se negaban á sostenerme. Con l o 11
últimos copos de nieve, e~casos ya, se había desatado un frío seco,
sin ruido, sin la palpitación de ninguna rMag¡i.; un frío hecho de silencio y &lt;le espacio vacío como mi alma. Lloré. Oh mis locas esperanzas ele una hora de lo,)ura! Qué sola, qué abandonada estaba! ¿A
dónde iba yo·? ¿.Qué habría al término del camino'? ¿Quién me recibiría. allí? ¿Qué país era é,;e, de hielo y de tinieblas, que no tenía ni
una sola dulzura para la pobre institutriz venida de tan lejos para
traer á las niñas su cerebro y su corazón?
¡Qué soledad! Jí~n la estación na&lt;lie había tenido para mí· una
sonrisa; nadie se había ofrecido ú buscarme una carreta que me llevase á mi destino! Se me había deja&lt;lo sin compasi6n marchar por
ese camino frío y negro, entre las espantosas escabrosidades de las
montañas .... .... .
Y, salida de esa preocupación, pensé de nuevo en seguir mi marcha y alcé el rostro para mirar esas montañas que me causaban miedo ...... Y quedé maravillada y hube de retroceder algunos pasos,
para abarcar todo el panorama que aparecía ante mis ojos..... Era el
paisaje feérico de los Alpes, cubiertos de nieve, en una noche estrellada. En el cielo, casi enteramente despejado, brillaban rnillareR,
millones de astros. 1Ie sentía encantada por la limpidez de la nieve
á la luz sideral; por la majestad de las montañas bajo el prodigio de
esa nieve, en la que las aristas bruscas, dei:;nudas por el escurrimiento de la nieYe, resaltaban de trecho en trecho. No eran montañas;
eran reyes de armiño, silencioso~, contemplando sus:dominios, 4ue se
extendían á sus pies.
A ?lis pies se extendía la. campiña, como la gigantesca página
de un hbro, hecha de blancuras apacibles y de negruras rebeldes. Se
erguían en ella las rnmas sin hojas, todo el ejército de un bosque en
lucha con las tempestades recientes· las ramas torcidas)' tan secas
, .d
,
'
tan ng1 as, que no habían conservado un solo copo de nieve.
, La.temp~stad había pasado y, entre la nieve, las ramas perman~cian ~nmov1les. Aquello era hermosísimo. )li a.liento, al salir de
mis labios, se convertía en un va.por visible y tenue, como el humillo de un pebetero. l\Ii corazón se tranquilizó. La luna acababa de sali~ y a~cendía lentamente al infinito, encima de un campanario prendido entre la nieve. Y mi alma se elevó también á las altmas.
, Continué mi camino, como sostenida por nuevos impulsos. No
habian dado las once, cuando llegué á la hostería de la aldea, que
reposaba:"
VII
Al día siguiente muy temprano, bajé de mi recámara hasta la
puerta de la hostería.
. Una c_alle larga, .limitada por casuchas bajas, como acurrucadas
baJo los teJados; mugidos de vacaR; puertas cha.parras, entrecubiertas, de donde salían emanaciones de estercolero· el piar de las aves
de corral, que caúlinaban á sal titos entre los sur~os de nieve· en los
pu~nt~R, uno que otro campesino, ron traje grueso, me mü'.aba con
cunos1da.d ...A~í se me present6 la. aldea, dulce como una imagen-como un merl.10 para alcanzar la dicha, y no como un fin-incapaz de
respo~der &lt;:~n un ~olo, latido á la simpatía que yo pudiese mostrarle.
.
Una. chicuela alma una barrera, llamaba á las gallinas y les arroJaba pufiados ,de grano.
Poco mús leJ·os ' saltaba un chorro de la bo,
ca d e un d ragon a una fuente tosca de piedra, en torno de la cual, un
grupo de muchachos murmuraban y me veían de reojo.
En el fondo, las montañas que la vfapera me habían maravillado, me cautivaban aún, blancas de nieve coronadas de nubes en actitud de guardias colosos, protectores del 'nido, que era la alde~.
Aquí era donde iba ro :í. viYir. ¿Por qué no había de ser dichosa? ¿Qué era lo que me faltaba, que mis ojos buscaban en los ojos de

los muchachos, en el hueco de las puertas que se entreabrí:u1, 6 entre
los pliegues de las montañas?.... .. Todo lo que me rodeaba e,ra hermoso y bueno y tranquilo y puro. Así pensaba yo; pero haurrn querido ~lgo más que pensarlo: ()e~irlo! A quit:n'? Esos muchachos, a~n
cuando llegasen á serm.e familiares, me compre1,~;rfan?. Los aman~
si ellos sabían consegmrlo; pero ¿acaso habría umon poinble entre mi
alma y la de ellos?
"Pas6 un hombre ebrio, y unas mujeres le dirigieron bromas de
un lado á otro de la calle. Yo le miré. Lleg6 junto á mí, se detuvo,
me miró con los ojos soñolientoi;:, se pui-o la mano en el coraz6n ~• me
contó, con voz pastosa, que era yo hermosa y que me amaba. Después siguió su camino, tropezando ú. cada paso. Yo también estu\"e á
punto de caer, desconcertada por la vergüenza. El ebrio se alejó ..... .
pero las mujeres rieron y pensé que reían de mí, y esto me ca.usó
pena. Impresionable, como se es siempn, en situaciones difíciles,
exageré la intención de aquella ri!:'a, como la víi:pera había exagerado la indiferencia de los empleados de la estación.
En ese momento i::entí odio para todo el mundo, y de!'eé estar
sola cuanto antei-; en la casita que debía. ocupar...... P_isó una mujer.
-Señora, sírvase usted decirme: ¿dónde vive el alcalde?
-El señor Ra.ibert?
Con el extremo de su bordón, la vieja me señal6 una calle estrecha que subía.
-Allú, en una casa nueva. Voy allá á dar ·un encargo ú Phracia,
la sirvienta; si usted quiere, la acompafiaré.
-Es usted muy amable, señora!
La mujer era morena, de rostro pequeño, con ojos feroces de Yieja que ha visto mucho. CrE:Í oportuno trabar conversaci6n con ella.
- Usted es de aquí, ¿verdad, señora? Yo soy la nueva institutriz
y voy :í. presentúrmele al alcalde. No tiene usted alguna hijilla que
vaya á ser mi discípula?
-No!--respondió secamente-Yo no tengo hija; pero tendrá usted muchos discípulos. Por cierto que las mamás no saben que hacer
desde hace cinco 6 ,;eis días que se cerr6 la escuela, á causa de la.
muerte de la otra. Ah! aquélla era una. buena mujer! Era casi tan
vieja como yo; pero ésas son !'iempre mejores que las j6venes........ .
-Y al decir esto, la mujer parecía gruñir. Casi me di6 miedo
mirarla con su aspecto de encina derribada y sus pasos bruscos. Siguió hablando:
- Yea usted: las institutric'3s debían servir de ejemplo á las demás mucha~has. Pero son demasiado jóvenes y están muy ¡¡olas; no
saben lo que hacen ...... Decirme que era usted institutriz ......... Qué
bien! .. . ...... Yo lo había adivinado cuando la vi tan joven y tan bonita .... ..... Toda&amp; son iguales, la de San Andrés, la de Greoux, la de
Frene!' ... ..... .
Y me mostraba entre los montes las aldeas que se destacaban
de entre l:! bruma.
-Yen usted! Hay otras como usted allá, y más allá y más lejos.... ..... Todas son dignas de lástima.
pijo esto con firmeza.;_luego se d1;tuvo de~afiándome como pare.
ver s1 la contradecía ...... :t-;o me habna atrevido á ello. Esa mujer
me parecía loca ó inocente; pero me atemorizaba. Murmuré:
-Yo, señora, no deseo más que hacer lo mejor que pueda. En
verdad, no seré digna de lástima.
La vieja se calm6; me mir6 lentamente de pies á cabeza. y comprendí que en eRe examen sus miradas habían encontrado mi mano
muy blanca, m1 busto exuberante, y mis ojos de un azul sombrío en
que parecían fundidas todas las languideces del ensuefio.
Sin ser de belleza n~tabl~, al menos era yo joven, es decir, llena
de encanto. Era la flo.r, mev1tabl1;mente abierta á mis veinte años, y
que a.guardaba al elegido que debia cortarla ..... .Si no se presentaba
ese elegid~, ¿bajo qué ráfaga de decep&lt;'iones se deshojaría la flor?
¿A qué abismo me arrastraría el soplo implacable de la. soledad?
Leí en la frente plegada de la vieja esos pensamientos· pero creí
que no habría l}ega,do á ~xpresar,10. Permanecí serena b¡jo sus miradas. Se calmo mas y mas. ¿Que fuentes de pureza encontr6 en el
torrente tumultuoso que temía hallar en mí, como había hallado en
las otras?
Sus mi¡·adas s~ llenaron de piedad que me pareci6 grandiosa. Se
°:e ade!anto y ~ué a buscar E:n sus cabañas á las niñas á quienes babia, casi maldecido momentos antes, cuando su mano levantada parecia querer descorrer el velo de bruma que cubría los puntos que
me nombraba.
Murmur6 al fin:
-:Es. seguro que usted t~atar{\ de hacer lo mejor que pueda, pobre senonta. Las otras también querían lo mismo. .. ... No toda e8
culpa vuestra, no toda......
(CONTINUARÁ.)

�....+•++++♦ •+•+ •+•+• +•+•+•+• +•+•+•+•·.. +•+•+•+++-++-++-++-

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>'EL MUNDO

.La Prelle Shoe Co.,. St. Louis. U. S. A.
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lNt 1-TOMO 1-NUM. 20

ILUSTRADO

MfXICO, MUO 17 Df 1903.

Subscripci6n mensual forhea SI.SO
ldem,
ldem. en la capital Sl.25

!Nrccter: LIC. R,U'AtL RtYI&amp; &amp;PINDOLA.

Cierente: LUI&amp; Rt~ &amp;PIND0l A

Oficinas Almacenes y Fábrica núm 2.
11Th and Washinpton Ave.

Mr. Ford Dix, Grand Hotel Pasaje, Habana, Cuba.
Mr. George Porro, l.ª del ~alto del Agua núm. 3Z, México, D. F .

Iavitación Jara participar
ALA PROXIMA

Gran Lotería Alemana de Dinero.
La Jotcrla de d inero bien Importante, au.
torlzada por el Gobierno de Hamburgo Y
garantlzadn por la hacienda pObllca del
Estado, contiene 115,000 bllletes, de los
cuales 55,763 deben ser premiados. Resulta,
pues, que cada premio se r eparte en tre dos
nOmeros.
Todo el rapltnl Importa:
Marcos 11.306,390 6 sean cerca cl'e Peao,
1.295,000 Mo-ne&lt;la Me.,icana.
Los sorteos se hacen pObllcnmente bajo
lnapeccl6n del Gobierno, 7 el pago pu· tual
de los premios estA garantizado por el
Estado.
600.000 Marco, 6 sean aproximadamen te
Pesos 387,000 Moneda Mexicana como premio mayor pueden ganarse en ca.so mAs feliz, especialmente 1 PREMIO cl'e 300,000
MARCOS, 1 de 200,000 MARCOS, 1 de
100,000 MARCOS, 1 d e 80,000 MARCOS,
2 de 60,000 MARCOS, 2 de 50,000 MARCOS, 8 de 40,000, MARCOS, 1 de 35,000
MARCOS, 5 de 30,000 MARCOS, 5 de
20,000 MARCOS, 2 de 15,000 MARCOS,
16 de 10,000 .MARCOS, 55 de 5,000 MAR·
COS, 108 de 3,000 MARCOS, 1~6 de 2,000
MARCOS, 616 de 1,000 MARCOS, 14 de
500 MARCOS, 1,022 cl'e 400 MARCOS,
83,788 de 169 MARCOS, 19,970 de 250
200, 150, 144, 111 MARCOS, etc.
El sorteo de estos 55,763 premlos sobredichos, se hace en siete clases sucesivas, qu~ siguen en breves Intervalos.
Fuera de otros premios mayores, en cada clase se tlrarA una prima especial de
modo que en caso mAs feliz, loe premios
mayores Importan 50,000 Marcos, 55,000
Marcos, 00,000 Marcos, 70,000 Marco,,
80,000 Marcos, 90,000 Marcos, y 600,000
Marcos.
Al recibir el valor de los billetes, sea en
cheques sobre bancos 6 cMas de comercio
europeas, 6 sea en billetes del banco mexicano, ó por medio de un giro postal, enviaré LOS BILLE'l'ES OIHGINALES en
carta certificada para los primeros tres
sorteos, acompaíln.ndo un prospecto oficial
que contiene todas las expllcaclones que se
necesitan.
·
AdemAs, se adjuntaril il cacl'a comprador la traduccl6n de los billetes originales
en lengua espaílóla.
EL VALOR de los bllletes PARA LAS
TRES prlmerM clases, SEGUN EL PROS·
PlsCTO OI!'ICIAL, es como sigue. (1 Marco vale aproximadamente o;; centavos moneda mexicana).
:\!ARCOS 9.50 por un cuarto Billete
Original, para la la., 2a. y 3a. clase.
MAHCOS 19.- Por un
medio
BIiiete
Original para la la., 2a. y Sa. clase.
MARCOS 38.- Por un entero Billete
Origina! para la., !?a. y 3a. clase.
A su debido tiempo se a visa il los due•
ilos de billetes, en qué épocas tendrlín que
hacer las remesas para la 4a., 5a., 6a. y
7a. clase: esto en caso de que el bllletc
no hubiera recibido, en el lntermecl'lo, un
premio. Per o es muy probable que el billete sea premia.do, PORQUE, como ya estil
dicho, GANA CASI CADA SEGUNDO BI·
LL~~TE, y las probabilidades de ganar aumentan de clase en clase. DESPUES DE
CADA F.XTRACCION, S I•: ENVIARA A
TODO INTERESADO LA LISTA OFI·
CIAL.
Los Interesados harírn bien de mandar
BUS pedidos POR EL PRIMER CORREO,
para que ee pueda efectuarlos puntualmente .
PRINCIPIO DE LOS SORTEOS : el 18
de lunlo de 1903.
Pedidos que no lleguen en tiempo para
la la. clase, serán ejecutados para la 2a.
6 3a. clase, por consiguiente cada uno
PUEDE CONTAR POSITIVAMENTE CON
QUE TENDRE CUIDADO DE QUE DE

CUALQUIER MODO PODRA
TOMAR
PARTM EN ESTA IN'.l'f:RESANTE LO·
TERIA.
Lo mejor es ha.cer las remesas par carta
certlllcada en BI lletes de banco Mexicanos
6 en giros postales ; pero, en caso de que
sea mAs conveniente A los clientes hacer
los pagos en ese país, p8..1·tlclpo que el
Banco AlemAn 'l'rasatlAntlco de México,
calle de San Agusttn 7, estA autorizado
por mi, de recibir por mi cuenta cualquier
Importe. Al hacer asf, suplico enviarme
directamente la carta Orden bien clara A
Uamburgo,
avlsilndome !l la vez, el Importe remitido !l este Banco. Adem!ls, se
debe avisar al Banco Alemán Trasatll\ntlco que tiene que abonar el Importe ll mi
cuenta d'e la orden del respectivo pagador.
'.l'odo se reune en esta gran loter!a, para
dar segm·ldad y benellclo al que participa
de ella, como es el ARRJ,GLO VENTAJO·
SO. IN'rtmVl~NCIO:N Dl~L GOBIERNO, es el allmen.w máa ~adab~ 1 el máa
SOLIDT•:Z, y ante todo, la GARAN'.l'IA recomendado ,para los nifl.oe .1Jesde l&amp;
DlsL ESTADO l'ARA EL PAGO DE LOS eda-d de seis 1 siete meliles sobre todo
PRE:IIIOS. Teniendo relaciones con las
en el momento del destete 1 durante
mayores pinzas del mundo, l'UEDO PA·
GAR LAS
CAN'l'ID.ADES
GANADAS el periodo del crecimiento. "Faclltta
'l'A:IIBilsN EN EL DOlII CILIO DE LOS la dentición, asegura la buena forma·
clón de los huesos."
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(ALifüA::--'IA ) ('asa fundada en 1855.
OFICINA CF.NTRAL Dlil LOTERIA
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LA VENTA DE LOS BILLETES.
F.ata casa ha sido siempre preterida por
la fortuna, y varias veces tuvo que pagar
premios de mayor conslderacl6n, especial•
mente A clientes en J\Iéxlco.
Desconf!ese de cualquiera otra oferta
pues nadie estü autorizado !l ello.
Se mandarll grntls y tranco, el p1·ospecto oficial il quien lo pida. Correspondencia
en todas lenguas.

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Si usted 6 cual(luier pers DA d• m familia
padec•n rle detorm1dan•s en •1 cu• rpo, como
pies torcidos 6 doblados. eufor merlad d• J,. caderA 6de la espina.t'aralisis.Parali,is intHntil,
coyunturas eofermas 6 deforme~, (;ojera, Pier·
uas chueca•, roaillu anudttd•s, 6 defo•midH•
des, reumát.ic1ts, escriba pictieorloinfnrmes al
Innituto abaj, indicado. qu6 le escrihirá la
manera de encontrar remedio!\ su m•I Ksta cas• es la Iostitucióo Ortopédic• má• c, mplei• de
América. Y por sus muc,,os Elementos hacen
curaciones que no se puArtPn hacer enot ra pR r·
te y después de estar desahuciRdns. l ,os métodos empleados Fon especi•les y rn efic•ci• ha
sido demo,tr•da. No se emplea" ni Kmplastos
muJestos ni penoeRs op~rAci011es quir6rgicas ni
t ratamientos dolorosos de ni¡runa esr&gt;ecie.- 'Se
remiten Libros y Referencias á quién la• pida.
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Desconflen de la.a imitaciones y fa!slflcacionea.
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: ~[as. tallts dt san; francisco y la Jlotntda ]u~rtz, tn la fttsta floral dd 10 dt mayo.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 17 de 1-ia.yo de 1903.

LOS ÁNGELES.
Es muy difícil definir de una manera precisa el símbolo que en el Arte está encomendado á los Angeles; pero, aunque la expresión
sea vaga, cabe decir que esos seres, que no son
ni viriles ni femeninos por completo, reprei,entan def:de hace muchos siglos el prototipo
de la belleza ideal, del mismo modo que el
Diablo ha sido siempre el representante del
Mal y del Pecado. Y cuando decimos·ciideal,11
no es porque exista una fórmula absoluta ele
bellezn ideal, un tipo eterno y platónico que
puedi\ haber sido idéntico para el artista de la
Quinta. Dina!'&lt;tía,que esculpió los bajorrelieYes
de la tumba de Tí, y para Bohlini, que pinta
las nen·io8as elegancias de las m:'1s nerviof:as
parisienses de h\ orilla derecha del Sen:1., porque t.'l.m b;én el ideal ef:tético se transformn
ron los p:, · ,es y con los tiempos y hasta en un
mismo indi,·iduo se modifica con el transcurso de los aflos que va vi viendo, lo mismo que
se transforman y moditican los ideales del
bien y rlel mal y de la verdad; pero cuando
aquel arfo;ta egipcio esculpía y cuando este
pintor italiano pinta, la obra artística. no resulta sino una interpreta.:ión de figuras vivas
existentes en tomo de los intérpretes, una interpretación de la realidad ambiente conforme á los gustos propios del artista 6 de la época en que produce. Pero nadie ha visto á un
ángel- excepción hecha de los enamorados,
cuya retina po:;_ee una fuerte virtud transformadora,-y por eso al crear en arte á un íingel, el artista está facult.'l.do para dar forma objetiva única y enteramente á su ensueño. El
divino jlafael declaró en una carta á Castiglione que «essendo carestía di buoni giudici e di
belle donne, io mi servo di certa idea che mi
viene alla mente." Pues bien, esa. ,ccierta idea»
de belleza es la que los 1,intores especialmente y con mayor libertad han podido traducir
en el ángel, por eso t6rnase curioso estudiar
en los ángeles el prototipo de belleza «ideal"
que alentó en la mente de los maestros.

*

fueron también apolíneos y sia alas, pero en
breve su calidad de mensajeros les prestó ese
atributo de la suprema ligereza.y sus espaldas
de andróginos se prolongaron en alas poderosa!'&lt;. Fueron vistiéndose en seguida, y la espléndida desnudez pagana desnpareci6 bajo
la vergonzante suntuosidad ele las telas, cuando el cristiani~mo di6 su golpe de gracia Ít ln
generosa adoración de la carne.
'
El escrito sobre las jemrqnías, atribuíd~ á
aquel Dionisio Areopagita que, convertido
por San Pablo, foé el primer obispo ele Atena~,
determinó pnrn. Jo-. artistas de la Eda&lt;l Media
l:i. clasificación de los ángP,]es. Después, cuando la liturgia empezó á ser menos exigente con
PI arte cristiano-degenern.ción que eternamentP lloran IIuysmans en Flandes y Ner vo
en )léxico,- los ángeles pintados empezaron
también á ganar en suntuosidad &lt;le indumen·
taria y en belleza de formas; pero i-:iem pre los
consideraron los artistas, de acuerdo con aquella filosofía escoláfltica que aceptara Dante,
como creados por el Eterno Amor, no porque
éste hubiera querido acrecer su propia alegría,
que es infinita, sino para que los ángeles, esplendiendo por sí mismos, pudiesen goz~r de
la conciencia de v_ivir, ele la conciencia de
ser:

* * con el CristianisLos ángeles no nacieron
mo. Dice Menandro en la Pitonisa: «Cada uno
de nosotros tiene un genio que le está destinado desde el uacimiento hasta la muerte para que lo conduzca de la mano por la vida,
como el mistogogo conduce al iniciado. Es un
buen genio, porque no hay que creer que los
haya malos." Ese buen genio de Menandro,
como el demonio de Sócrates y de Plat61;, como el mensajero de los libros de Moisés y de
los Jueces, se trocarán en el ángel de los cristianos, intermediario entre el cielo y la tierra,
entre Dios y los hombres. Tertuliano dijo:
,cNos officia divina angelis credimus.,,
Los vasos griegos, las tumbas etruscas, los
fragmentos de viejos bajorrelieves que se guardan en los museo~ europeos, están llenos de
estos geniecillos. Los comentarios rabínicos
de las Sagradas Escrituras fijan la creación de
los ángeles unas veces en el segundo día, otras
en el quinto; y para los de más allá, su creación es perenne porque irradian del sacro río
Dinor, ó, según una deliciosa é intrincada teogonía m6s moderna, se crean sin cesar en un
prodigio de multiplicaci6n infinita, en la que
no hay dismmución del creador en pro del
creado.
De todos modos, la primera religión que
acogi6 á los ángeles de un modo definitivo y
resaltan te, fué la hebrea precisnmente, la cual
los clasificó en jerarquías y lo~ admitió en la
vida cuotidiana de los hombre¡,. Desde la escala de Jacob hasta la curación de T4)bías, los
ángeles son factor activísimo de los más milagrosos sucedidos, y ya en el Viejo Testamento entraron en el campo del arte, pues,
desde el Exodo, las solas imágenes permitidas para la ornamentación del Arca fueron los
pequeí1os rostros alados de los Querubines.
ll:n los cementerios cristianos del primero
y del segundo siglo, los ángeles se asemejan
á esos geniecillos y amorcillos que mucho tenían de los dioses tutelares paganos y que después de uno y medio milenarios volvieron á
la boga en la ornamentación, por gracia de la
:M arquesa Pompadour. En los primeros siglos

Non pera.ver a sé di bene a.cquist-0
Ch'esser non puó. rpa. perché suo splendore
Potesse, risplendendo, dir: Sussisto.

***

Ambiguos, de modo de corresponder en el
arte criFtiano á los Hermafroditas del arte pagano, los ángeles han sido reprei;enL-idos ó más
viriles ó más femeniles, según el temperamento del artista.
.
P,~ra Giolto fueron efebos florecientes, imberbes, con raf:gados ojos, pequeñas y ro~adas
orejas, labios dt:lgados, cabellos rojos ó rubios.
Si tomásemos á cualqmera de esos ángeles que
en la bóveda del altar ma vor de San Francisco de Asís defienden la torre de la Castidad ó
sostienen el trono del Apoteosis, y le soltamos
los rizos sobre las orejas y le arrancamos las
alas para revestirlo con las mallas, el jubón
de pliegues y el cintur6n de puñal, obtendremos el más delicioso pajecito de la época. Toda la fuerza sana y casi pagan:1. de aquel gran
pintor it.'l.liano se revela en esa concepción.
Por el contrario, los sienese~, sensuales y
adoradores de In gracia femenil, pintaron en
torno de la virgen figuras femeninas, seduytO·
ras, esbeltas, que, si se desprendieran del lienzo en que están embarradas, hubieran podido,
sin cambio de i ndum!lntaria y con el solo sacrificio de sus alas, tomar parte en las alegres
danzas que las mozas más bellas de la ciudad
organizaban en la Plaza Pública, como las
pinta Ambrogio Lorenzetti en su riente alegoría del Buen Gobierno.
La misma ccfeminilidad,» pero Il1PS grácil y
más rubia, perfumada de bondad y de pureza,
se encuentra en los ángeles de Angélico. PP.ro
ya en Benozzo Gozzoli, su gran discípulo, vuelve la fuerza de expresión, la resolución en los
ademanes, la firmeza. en el contorno, y, en
consecuencia, surge una variedad de tipo que
lo acerca tí los veriotas perfectos del ccquattrocento" florentino, desde Masaccio á Yerrochio.
Naturalmente, de éstofl, el mÍls ambiguo es el
menos sincero y, por un singular fenómeno,
el más popular: Botticelli. El más sincero es
el menos místico: Fra Filippo Lippi, que recurre 1\. modelos más jóvenes, más ,.iequeiios,
mÍIE rientes, más inconscientes que los adolescentes de luenga cabellera que pintara Botticelli. Con reforzada conciencia del efecto reaparece esa ambigüedad en el mús voluptuoso
escultor del seiscientos, Bernini, cuando esculpe el Angel que, rí1::ndo, hiere á Santa Teresa
( Iglesia de la Victoria, Roma. )
De•de el Renacimiento hasta nuestro~ día!',
los ángeles ó son niños ó son doncellitas núbiles. m llamado arte nuevo ha vuelto á ebfumar h\ precisión del contorno, pero RÍn crear
nada nuevo en esencia.. ¿Habrá en lo futuro
una nueva concepción del á:-:gel"? ... No lo creemos; el arte cristiano casi ha agotado sus manifestaciones, y en las nuevas doctrinas el ángel carece de puesto; lo substituye la mujer eu
todas las manifestaciones de su infinita misión.
ÜSCAR HERz.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 1'7 de Mayo ile 1903.

ca fitsta floral.
ÉXITO EXTRAORDl~ARIO.
Hacía ya algún tiempo que no se efectuaba
en la ·Metrópoli una fiesta tan llena de atractivos como In que se celebró el último domingo, parn. saludar la llegada de la Primavera.
Difícilmente podrá darse mayor entur-iasmo
quo el entusiasmo que reinó ei-e día, y pocas
vece!', estamos seguro~, ge hahr:'tn Yisto nuestras avenidas principales engalanadas con loa
múltiples y brillantes atavíos que lucieron en
esta ocaRión: tal ern. el buen gusto deRplegado
en el adorno de los edificios comprendi&lt;los en
la Avenida ,Juárez y Plateros, y tal la animación que de!&gt;pertó en PI público el lucidísimo
desfile de carruajes, automóvilec;, hicicletas y
carros presentados al cancur::;o floral.
Si hemos de atenernos {t la impresión dominante entre la muchedumbre que asistió.al
festival, diremos q\Je el resultado de éste super6 con mucho, en lucimiento, al que era de
esperarse, y que deben, con razón, estar orgullosos los señores munícipes que lo organizaron y llevaron á cabo con éxito tan extraordinario . .
Esta es la verdad; aunque, por otra parte,
el éxito corresponda también ú las fami lias que
contribuyeron con su contingente al brillo
del concurso, y á las distintas negociaciones
mercantiles que adornaron J:1.c; fachadas de sus
caflaS con l:\ suntuosidad y elegancia ele que
dieron, en esta ,·ez, tan buena mue!'tra. Dicho
e,-to, que creemos de justicia, pn~arnos Íl ocuparnos en ,letalle, del hermoso desfile &lt;le carrnajes efectuado por la. maiiana ~· del combate de flores que, por la t.'l.r&lt;lc, i-e ,·eri ficó en
Chapulteprc.

*
La tribuna que debía ocupar el .Jurado Calificador se improvisó sobre la ei;calinata del
Pahellón Morisco de la Alametla y estaba decorada, principalmente, con lienzos de los colores nacionales. Una callecilla, que se formó
con plantas de ornato, daba acceso á la plataforma, levantándose al frente grandes mástiles que sostenían escudos y banderas mexicanas. El antepecho de la plataforma :-e veía
cubierto de muc::gos y flores que formaban, en
caprichosa combina.ción, un honito conjunto.
El Jurado esL'l.ba constituido por las distinguidas damas siguientes: señoras Carmen Romero Rubio ele Díaz, Amparo K de Corral,
Luz Acosta de González Cosío, Dolores J. de
Licfaga, Luz G. Cosío de López, Josefina M.
C. de Pimentel, Sofía O~io de Landa, Dolores
Barron de Rincón Gallardo, Amada Díaz de
de la Torre, Angela González de ltuarte, Concepción Buch de Parada, Dolores Camacho de
Landa, Luif:a Raigosa de Díaz, .Ta.viera. Buch
de Landa, Dolores Rubio de Fernández, Guadalupe Camacho de !caza, Dolores Cerrnntes
de Riba, María IR-inda de Riba, Emilia Gonzále1. Cosía ele Villarreal, Cau..lina Cuevas de
Escand(m, Guadalupe Escandón de Escandón,
,Josefa Terreros de Algara, Concepción Torne!
de Suinaga, Juana Cuevas de Portilla, Concepción Cuevas de Cortina, B. Y. de )Iartínez del
Río, Sofía Romero Rubio de EHznga, María
Parada de Buch, Dolores C. de Rubín, Fra!!cisca C. de PaRquel, Laura S. de Mariscal,
Dolores M. de Fernández, Clara M. de Morím,
Franci,ca G. de Algara, María E. de Buch,
Elena \'. de Amor, Elena A. de Braniff, Lorenza R. de I3raniff, Guadalupe C. de Braniff,
Guadalupe R. de Chavero, Laura A. de Garamendi, Carmen C. de Laclau, Amparo Y. de
Pliego y Josefina Prida de )lufloz.
En el mismo palco, tomnron asiento algu~fü• seiioritas de lo mejor f:ocied11d, el Sr. P:es1dente de la. :República los Sres. Secretarios
de Gobernación y de Fomento, el Sr. Subsecretario de Hacienda, el Presidente del Ayuntamiento y los; RPgidores D. Agustín Alf:edo
Núiiez, D. ::'llignel Quevedo, D. Jesús Gahndo
y Villa y D. Enrique Fernández Castelló, que
•
fueron los organizadores de la fiesta:
Al presentarse el Sr. Grnl. Díaz en la Avenida Juárez, la multitud que llenaba las ace-

1.-T rlbuna del Jurado.
2.-Carruaje del Sr. Mayor Pablo Escandón (1er. premio.)
3.-Automóvll del Sr. Francisco Sulnaga (2o. premio.)
4.-Auto~ovll del Sr. Enrique Fernlindez Castelló (1er. premio.)
5.-Carruaje de la Srlta. Maria Ramlrez (2o. premio.)
6.- CarruaJe del Sr. Tomás Morlin. (Mención honorífica.)

�Domingo 17 de 1\ta.y,o

ne 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

Doo:rungo 17 de Mía.yo de 1903.

Fiesta Floral.

1.-Carruaje del Sr. J. de Landa y Escandón. (2o. premio.)
3.-Carruaje del Sr. Ulises Basetti (2o. premio.)
5,-Caruaje del Sr. Dr. Fernando López (Mención honor111ca.)

2.-Caruaje del Sr. M. Noriega. (Mención honorífica.)
4.-Bicicletas unidas, representando un automóvil,
6.-Caruaje del Sr. lng. Miguel Quevedo

(Mención

honorífica.)

1,-Las calles de Plateros.

2.-Llegada de los ciclistas á la Alameda.
3.-Adorno del Casino Nacional. (Mención honorítica.)
4.-Carruaje del Sr. J. elum (Mención honorifica.).

•

�•

Domingo 17 de Mayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUI'IDO ILUSTRADO.

_¡;

Domingo 17 de Mayo de 1903.

no, son los siguientes: de «La Esmeralda" (primer premio). de Mosler.
Bowen y Cook (~t&gt;gundo premio), del Casino Nacional, del Hotel Guar~
&lt;liola, de la Dro~uE.-ría, de Carlos Félix, de la American Surety Company, . de la Cn~t~lena &lt;le Plateros y ele la Droguería de la Profesa
[mencwnes hononfica,:J. Había, adem:ís, otros edificios vistosamente
engalauadaR
Entre lo~ carru:ijes c,nne!·cialti:, mencionaremos como los principales el de «~a Tabacalera ::',f PX1ca11a», q LJE' ohtu vo el primer premio, el de
Drogu~na de 1~ Profe~n, ,¡ne olitu~o el ~e~undo, y los de «El Buen
lono,» «bl Palacio de Hierro,, y «El I uerto de Veracruz» que ganaron
las menciones honorífica!-'.
'

ras y los balcones, lo saludó con una salva de aplausos, aclamándolo.
Organizado el desfile, conforme al orden que indicaba la convoC3;t~ria respectiva, partieron del Empedradillo, para la Alameda, las b1c1cletas adornadas. Fueron muchas las que tomaron parte en el concurso, y tan variados los adornos que presentaban, que nos sería imp~sible
describir una por una. Para no citar sino las más notables, mencionaremos la del joven Manuel Tovar, que simulaba una canastilla cubierta
de flores· las que representaban, unidas, un automóvil tapizado de
rosas, q~e conducían los Sres. Enrique y Esteban Brito, y las que, formando un tándem revestido de papel p\ateado y flores rojas Y blancas llevaban los Sres. Manuel Tovar, Roberto Ymaz y José Basurto.
El' joven Tovar, que conduda la canastilla, ve~tía de gato blanc_o
y obtuvo el primer premio. El _segundo lo obtuvieron los ~res. Bnto. Hubo, ademá8, otras máqumas que llamaron la atenc1on por s1L

!~

La Casa Mosler. (2o. premio.)

"La Esmeralda." (1er. premio.)

Notables también por el primor con que estaban engalana~os, fueron los carruajes de la sefiorita María Ramírez, del Sr. Uhses Basetti y del Sr. José W. de Landa y Escandón, que obtuvieron segundos
premios. El primero lucía abullonados de gasa color de rosa, y guías,
listones y flores del mismo color, entrelazados con verdadero arte.
El segundo, piezas florales, de muy buen efecto, que representaban
cuernos de la abundancia, y el tercero, palmas.y flores que ofrecían
un soberbio golpe de vista. El Sr. Basetti y su esposa ocupaba~ e~ s~gundo, y las sefioritas Guadalupe de Landa, Luz Landa Os10, V1rgm1a
Landa y Buch, Dolores Landa., Guadalupe Landit y Buch y Teresa
P. Buch el último.
.
Las menciones honoríficas se adjudicaron á los caballeros y damas siguientes, por los carruajes adornados que presentaron: Sr. Tomás.:Morán, Sra. :Manuela R. de Ramiro, Sr. Luciano Cobián, Sr. Alonso Fernández Caste116, Sr. Ingeniero Miguel Quevedo, Sr. José :María Loza-

Droguería de Carlos Félix (Mención honorífica.)

no, Sr. José l\.L Bermúdez, Sra. Luz González Cosío de López Sr. Antonio Pliego y Sr. Reni Sarra.
'
El carr_uaje del Sr. ~ermúd~z iba adornado con azaleas y gardenias.
Los primeros premios consistían en un estand&lt;trte de seda lila, con
bor)as de oro, b~rdado ';( con esta inscripción: «Ayuntamiento Constitucional de México. Fiesta Floral. -ler. premio del concurso de
automóviles, carruajes comer.::iales, carruajes particulares y de bicicletas." Los segundos premios eran rojos, y las menciones honoríficas,
color de rosa unas y gualda otras. Estas tenían la forma de banderolas, distinguiéndose en esto de los premios, que afectaban la de un
gallardete.

*
En c~anto á los edificios, los que más se distinguieron por su ador-

Tanto ó más animado que el desfile, estuvo el
combate de flores que se efectuó en Chapultepec.
Más de dos mil carruajes concurrieron al paseo,
tocando hasta las 7. p. m. las mejores bandas militares.. El combate, lil!rado con flores, confetti y
serpentmas, se reanudo por la noche en Plateros
en medio del más franco entusiasmo.

adorno y que fueron premiadas con menciones
honoríficas.
Al d'3sfile de bicicletas, siguió el de automóviles.
Las sefioritas Ana Rubio y Mercedes Berriozábal ocupaban el señalado con el número 1, propiedad del Sr. Arquitecto Enrique Fernández Castelló. Literalmente tapizado con gardenias y camelias rojas, este automóvil llevaba prendidas á
las varillas que sostienen el toldo, guías de claveles y otras flores que realzaban notablemente su
belleza. Obtuvo el primer premio. La mención
honorífica se adjudicó al número 5, del Sr. Francisco Suinaga, ocupado por las señoritas Matilde
Ituarte, Concepción Zenea y Ana María Algara.
El adorno era vistoso y artístico.

*

Ojalá que el éxito oLtenido en esta ocasión por
los señores Regidores Núfiez, Galindo y Villa
Que.vedo y Fernández Cast~l)ó, impulse al Ayun~
tam1ento á establecer defimt1vamente entre nosotros la costumbre de saludar la llegada de la PrinrnvP.ra con fiestas tan hermosas como la que acabamos de reseñar.

·-·

La indulgencia es uno de los aspectos de lasabi&lt;l uría. - H. DE LA PomfERA Y.

'f&lt;

Si el paso de los automóviles por Plateros y San
Francisco, hasta la Alameda, reeultó muy lucido,
el de los carruajes, entre los cuales había algunos
verdaderamente notables, produjo entre los espectadores la más agradable impresión. Una lluvia de confetti cubrió el suelo,y las serpentinas formaron, sobre el mar de cabezas que se agitaba en la avenida, una red de colores.
La ((victoria» del Sr. Mayor D. Pablo Escandón, tirada por un hermoso tronco de caballos
«moros,» estaba adornada con infinidad de violetas que formaban guías artísticamente distribuídas en la caja y en las guarniciones del tiro. Esta «victoria,» que obtuvo el primer premio, iba
ocupada por las señoritas Escandón y Rincón
Gallardo.

Droguería de la Profesa. (Mención honorífica.)

*

Los más desgraciados no son los que sufren la
injusticia, sino los que la cometen. -MONTES·
Q,UIEU.

*

La sabiduría práctica no tiene más que un:i r.,.
cuela: la de la experiencia. -81',nLEs

Carro de la ".Tabacalera." (1er. premio.)

Carro de "El Palacio de Hierro" (Mención honorifica.)

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Domingo 17 de Mayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 17 de Mayo de 1903.

ta Estadón Sanitaria tn 6uaymas.

Ed ificio de la Estación San it aria de

Guay mas.

Un establecimiento de gran importancia para el servicio de sanidad en los puertos, acaba de inaugurarse en Guaymas: nos referimos
á la estación sanitaria que, por acuerdo del
Consejo Superior de Salubridad, se fundó allf
recientemente.
Esta estación es, sin duda, la mejor y la
más bien dotada de cuantas ~xisten en la actualidad en el país: sus departamentos han sido constr uídos previo un detenido estudio y
están provistos de todos los aparatos y útiles
más modernos indispensables para el objeto á
que se les destina. Debido á la distribuci6n
que se les ha dado, y al sistema que se sigue
en el servicio, la desinfección de los equipajes y ropa~ de los pas_ajeros en. tiempo de epidemia se efectuará sm molestias para éstos y
en un¿s cuant0s minutos. Los pasajeros pasarán primeramente á la i:,ala de desinfección,
entregando antes en la de e~tufa sus prendasde
vestir. De allí serán conducidos al baño, y
una vez que salgan de él, recibirán sus ropas
ya desinf_ectadas, para que puedan segui~ su
camino sm temor de que lleven el contagio á
la ciudad.
El departamento de baños se compone de
diez cuartos con estanque, regadera, etc., etc.
En este número publicamos tres grabados
relativos á la nueva estación sanitaria.

LA VICTORIA DEL SOLDADO.
Aún resonaban con eco pavoroso en la montaña las descargas de la fusilería, cuando rodó un soldado desde la altura á la garganta
del valle, bañado en su propia sangre, atravesado el pecho por traidora bala.
Avanzó el día. Se hundieron los últimos
rayos del sol tras la colina de la aldea, besando melancólicamente el dorso de los montes.
Las sombras con ropajes de negras gasas.
o&lt;mltaron la agonía del soldado, en tanto que
las aves, desde los nidos en que plegadas las
alas calentaban á sus hijuelos, gorjeaban una
música extraña, así como las notas dulces de
un cántico místico.
La luna, encantadora reina de la noche,
asomó tristemente tras un jirón de nubes; y
bordaron las estrellas su manto negro con un
enjambre de lágrimas de plata.
Venían á presidir el duelo.
El arroyuelo, que serpentea al pie del~ ermita derruída, murmura una salmodia triste.

*
**

Departam ento de estufa d e desi nf ección.

Comenzó el desfile.
El graznido del hubo-centinela agorero que
se columpiaba en la erguida copa de la centenaria encina-anunció la media noche.
Una virgen pálida vino á mojar con las lágrimas de su lloro la lívida faz del mori bun·
do; era la blanca niebla.

***

La esposa amante del Sol se había ausenta•
do, acaso para ocultar su pena, tras las nevada11 cumbres de la alta serranía.
Viajeros rezagados, algunos luceroe, vacilan·
tes y soñolientos, dando traspiés como beo·
dos, vagaban por la esfera.
Se acercaba la aurora.
Hubo música en los nidos.
El siniestro buho, eter.uo enamorado de las
sombras, después de lanzar su po~trimer graznido, tendió sus negras alas y se perdíó en el
espacio.
Las flores despertaron. La brisa meció sus
tallos, é hizo caer de sus cálices entreabierto~
las perfumadas gotas de rocío, que fueron a
mojar la frente del cadáver.
Había terminado la agonía! ......
ELIEZER

Punt o de la playa en que está instal ada la Estación Sanitaria.

D.

PETIT.

..

.......

,s
,t.

.,~.:;, ;.i,-~
•

Eu~ntos d~ Espantos
III

EL NAHUAL (?)
I
Desde muchas horas antes de amanecer andaba en el monte, guiado por u n mocetón fuerte, nervioso y esbelto, que conocía la sierra con
todas sus entradas, salidas y vericuetos. Eran próximamente las once
de la mañana. El sol se derretía en chorros de fuego, y el cansancio y
el hambre habíanme agobiado de modo tal,que determiné no continuar
más en pos de los venados, único objeto con que saliera del rancho,
no muy cerca.no de nosotros á esa hora, pues ocho largas hacía desde
que empezó nuestra cinegética expedición.
Como se me asegurara desde la noche anterior que, á poco de correr y de transmontar las primeras colinas donde empezaban á elevarse los enormes estribos de la sierra, habríamos de encontrar dos partidas de venados que campeaban en unos sembradíos de cebada, á la
orilla de las ya pizcadas labores de maíz que desde las casas divisábamos, me conformé, al levantarme, con un jarro de café negro, buen
trago de aguardiente y unos cuantos bocados de pan . Así es que, después de tantas horas de ejercicio, me hallaba completamente desfallecido. Y lo peor del caso era que mi tenacidad y mi empeño no obtuvieron compensación ni recompensa alguna, porque de las codiciadas
reses no encontramos sino las h uellas, y no frescas por cierto, pues las
más recientes acusaban el paso de la partida con una antigüedad de
varios días.
Aunque del rancho había falido á caballo, tu\'e que dejarle atado
á un tronco donde la senda que teníamos que remontar era tan empinada y abrupta, que no dejaba paso á la cabalgadura. Mi conductor
i ba á p ie; pero ahí se las dieran todas, pues no parecía i,ino que se paseaba por ameno prado y que la roca viva sobre que se abría el sendero era una suave rampa de mullidísima alfombra fapizadn.
Rendido pues, de tanto andar sin provecho ni esperanza de nlcanzarle, pu¡s á las horas del sol todos los animales montaraces van ú
!iestear sombreándose en los sitios más apartados y oculto!', &lt;le.terminé,
como h e dicho poner fin por esa vez á mi tarea y regresar al rancho,
donde, despué~ de confortar .el estómago y dar descanso al cuerpo, en derezaríamos hacia otro rumbo nuestra expedición, pues yo soy tenacísimo é infatigable cuando de montería se trata, y no le doy punto
hasta que logro derribar siquiera una pieza de las que me propongo
perseguir.
Bajamos de la montaña, y aunque el descenso era penoso por lo
empinado y áspero de la cuesta, hicímoslo con rapide.z s_uma, hasta llegar al sitio donde el caballo esperaba despuntando .pacientemente las
pocas hierbas que estaban á su alcance. Mientras nos ocupábamos en
enfre~arle y apretar el cincho de la mofitura, acert6 á_pasar cerca de
nosotros un vaciero que sobre menguado macho ruCio recorría gran
extensión de la sierra vigilando, según me dijo, diversas pastorías que

bajo su cuidado estaban. Enteréle del objeto que por aquellas asperezas nos traía y nos manifest6, con grande contentamiento mío que me
hizo palpita.r el corazón y hasta olvidar en un instal\te las pasadas fatigaf-, que no lejos del lugar donde nos encontrábamos acababa de ver,
hacía una hora escasa, las dos partidas de venados que iban á refocilarse con la cebada de los vecinos sembradíos; que seguramente habríamos de dar con ellos cuando la tarde empezase á declinar ; y por
último, se ofreció el buen rabadán á conducirme él mismo al sitio
donde todos los días sin faltar uno, y al salir 6 ponerse el sol, los deseados antílopes se dejaban ver sin recelo alguno, pues mucho tiempo
hacía que nadie les daba caza. Ante tan halagadora perspectiva, me
resolví, sin vacilar, á quedarme en el punto donde me encontraba, que
un bosque de encino y palo blanco cubrfa del sol, desparramando en
torno plácida frescura.
Ordené á mi guía ir al rancho y traerme lo que más pronto y á la
mano encontrase de comer y, aunque le ofrecí con insistencia el caballo pata mayor rapidez y comodidad, no lo consinti6 en manera alguna é Mzome VP.r probándolo hasta. la evidencia, que más pronto y mejor llegaría en el caballo de San Francisco, pues cualquiera otro le incomodaba y servíale de estorbo solamente. Dejéle hacer. Le vi bajar
la última colina, echar por un atajo y perderse después á lo largo de
los barbechos en los abandonados laboríos. Quedé solo con el vaciero
informándome de todo lo que á la caza por aquellas montañas se refería., y siendo satisfactorias por demás sus informaciones, supliquéle
con el más.gra!}de encarecimiento no dejase de volver para acompañarme á la ronda de las tan decantadas partidas. Me lo prometi6 de
la. mejor voluntad, asegurándome regresar á poco, pues sólo tenía que
irá «echar un vistazo,, al hato más próximo,que se encontraba distante una pequeña legua.
.
Dos escasas me separaban del rancho: aEÍ es que, dada la destreza y actividad de mi guía, antes de dos horas esperaba su regreso, y
entretanto me aperejé á descabezar un sueño sobre el reseco zacatal
del monte. Como busqué la ruejor posición, la que tomé al echarme
permitíame abarcar con la mirada inmensa extensión de la llanura
que ~e perdía al pie de la tendida falda donde reposaba, la cabeza en alto y el cuerpo descendiendo, según la suave ondulación de
la pendiente que me servía de lecho. Estaba ya completamente solo:
el caballo atado muy cerca y mi carabina '\Vínchester apoyada en un
encino al alcance de la mano.
El sol del mediodía clavaba sobre la tierra gris sus estiletes de
lumbre, que, al atravesar la atmósfera candente, vibraban cual moléculas de oro fundidas en el inmenso crisol del espacio.

II
Regalado .bienestar inundóme al sentir en mis miembros el contacto fresco de la sombreada tierra. Entorné los ojos para librarlos &lt;le
la Iejana reverberaci6n del campo. Poco á poco empez6 á rielevarse al

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Domingo 17 de !ti.ayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

gerísimo, estaba descansado y el coyote no podía correr mucho por la
dilatado panorama, profundo y vario al propio tiempo en su monotoplanicie sin que presto le diera alcance. Varias ocasiones había emnía. misma, pues un detalle, un a~cidente haladí que surgiera de pronprendido con éxito persecuciones semejantes; así es que abrigaba la
to en cualquier punto del paisaje, imprimía.nle admirable diversidad,
seguridad de cansar al malrndo y ladrón raposo á quien juré hacer paperceptible claramente al ojo experto en semejantes contemplaciones.
gar con la muerte todos sus merodeos.
La planadii se extendía tersa y brufíida por la pesada y aplastante onda abrasadora del sol, haciéndola brillar en la lejanía con un esIII
pejismo áureo y trémulo que inmensas lagunas y refrigerantes corrientes semejaba. Los surcot; del abandonado barbecho aparecían como
Alcanzaba, por fin, á cortarle terreno. La distancia iba menguan •
cintas donde el oro del sol se descoloraba en cobres profundos y apado. El coyote había tomado por un atajo que hacia larguísima cerca
gados, y las duras gleba~, lo mismo que las cepa,, de los rastrojos, rede piedra encaminaba. Tal cerca no fué descubierta por mí sino en
verberantes y policromas, figurábanseme enormes gemas de una capriaquel momento. Dividía las llanuras labrantías de los cerros, forma nchosa y nunca imaginada pedruía.
do dos potreros. Era bastante elavada y corlÍa en línea recta, subien!fasta donde la vi,ta alcanzaba se tendía la llanura, recortándm,f,
&lt;lo y bajando sobre la falda, según las ondulaciones del terreno. Al
allá muy lejos, por la inmenr-:a mancha verde y cenicienta del mezquipie del lienzo y paralelo á él, hundía.se un vallado poco profundo v
tal, en cuyo medio se asentaban las rancheríai-. Mús cerca y en el cencegado en partes por las c~rrientes de la sierra. Por allí seguía desátro de alg6n campo labrantío, desnudo ya de su pompa, f'Ur~fan rnforado el coyote, y yo tras él no cejaba un punto. Pero evidentemenhiestas y rígidas las secas cañas, de donde la mazorca fu{, nrrancada,
te f}Ue si el fugitivo alcanzaba á saltar cerca y vallado, se remontaría
como rojas espadas centellnnles; y aquí y nllá Sf amontonaban giganpor lm1 cerros, ~cultándose entre los mogotes que, salteados aquí y allá,
tescas hacinas &lt;le rastrojo, fulgurantes al sol cml monumentales edien el declive de la fa.Ida, iban espesándo~e más y más, á medida que
ficios de oro puro. Por otro lado, y rompiendo la mononía gris de la
la. montltña se empinaba. A evitarlo á todo trance corría yo desalado
planicie, sola y aislada, á grandísimas dislanciaR, surgía de la tierra
y lograrlo creía antes de mucho, pues por dos ocasiones el bermejo cala nota verde clara de copudo mezquite, como una enorme brocha d~
nino se detuvo fatigado, sentándose sobre los cuartos traseros y diriesmeralda; y más acá, ya muy cerca de mí, á clerech11. é izquierda cogiendo hacia mí sus orejas rígidas y el agudü•imo hocico que constanrría en interminable sucesión la no interrumpida cadena de colinas y
temente atenaceaba sin piedad á la pobre galliua, y ya casi exámine,
laderas festoneadas de vegetación que se levantaban gradualmente soá juzgar por las ligerísimas convulsiones en que se agitaba. Y en esas
bre el terreno, hasta empinarse en las tiü111icas moles de la cordillera
do,i ocasiones intenté disparar haciendo blanco al detener de súbito el
que atrás había dejado. Y arriba, muy arriba, altos, altos, manchancaballo; mas el astuto animal emprendía de nuevo é instantáneamendo el esmalte azul del ei:;pacio, negrísimos y profundos, revoloteaban
te la rápida carrera obligándome á iseguirle siempre á todo lo largo de
los cuervos solitarios, con vuelo sosegado y solemne, c:&gt;mo trÍlgicos
la cerca.
gérmenes de tiniebla ~ue buscaran un sitio pnra cla,·arse en la esplenY á cada momento me acercaba. Unos cuantos más, y tenía la sedorosa inmensidad del éter incendiado.
guridad de fusilarle á mansah•a, pues el coyote iba debilitándose l!eRecogiendo la vista, fijéla en un punto de la llanura y descubrí,
gún se echaba de ver en lo flojo de la carrera y la desesperada ansiedad
en medio de manchonel.! de maleza, los jacales de una estancia, cercacon que buscaba la. salida por cualquier parte. Yo estaba ya jadeante
dos por apretada hilera de magueyes y cardones: podía distinguir apey trémulo por el ardor de la persecución que de frenético estímulo me
nas las tapias de adobe con sus tejados de palma. No había señal de
servía. Un instante, un solo instante, y la presa era segura. Yeíale el
movimiento y vida en aquella mansión, y una tristeza, vaga y honda
rojizo pelambre enmarañado é hirsuto y la esponjada cola casi barrienal mismo tiempo, la rodeaba por todas partes.
do el suelo y medio escondida entre las ancas ... Y de repente, en un
Ya he dicho en otra vez que el campo es triste, siempre triste, insolo punto y de un solo golpe, el animal saltó por oculto brinca.demensamente triste; y hay la singularidad de que la penetrante imprero de la cerca, donde sin duda los leñadores 6 los cuatreros habían rosión de melancolía que produce es tan augusta en la mediación del
dado las piedras para abrirse paso y comunicación entre lasidos desol como en el peso de 1a noche. Siempre existe cierta lobreguez en la
hesas.
majestad &lt;le esas dos horas; sólo que no hay en la del mediodía el horror que por la noche tanto perturba el ánimo y lo amedrenta. Pero
M.\NUEí, ,J. ÜTHÓN.
el que se encuentra en la soledad de los montes cuando el sol toca en el
( !'11\l' l.l'IH,\.)
cenit, siéntese flobrecogi&lt;lo perpetuamente por el infinito y perdurable
misterio de la Naturaleza. Y si el paisnje que se desarrolla ante los ojos
es dilatado, monótono y salvaje, entonces el alma va á empaparse en
la sagrada tristeza, como los picos más encumbrados de las montañas
se empapan en la suprema frialdad de las eternas nieves.
Aunque lo procuré con todo empeño, no pude dormir. El campo,
cuando no hay un objeto que divierta mi espíritu de las cosas comunes de la vida., prodúceme á menudo cierta embriaguez estática, ó más
bien dicho, ufm borrachera en que me sumerjo pláridamente hasta llegar, á fuerza de abstraerm., en la meditaci6n contemplativa,á ese punto muy semt'jante al Nirvana, que el inolvidable poeta describi6 en
un verso de penetrante intensidad al preguntarse:
((¿En qué pensamos cuando no pensamos? ...... »
Estaba, pues, llegando á ese estado espiritual, cuando un accidente s6bito me despertó de mi marasmo. En la estancia 1ue juzgué solitaria y que se aparecía como á un cuarto de legua, vi revolotear, tras
el cercado de magueyes, muchas aves de corral que en confuso desorden y apresuradamente pugnaban uor eludir un pdigro. Al mismo
tiempo aparecieron en el boquete que servía de puerta al solar dos mujeres que agitaban los brazos con ademanes y aspavientos desesperados, y ta.les gritoi:; lanzaban, f}Ue llegaron perceptiblemente hasta mis
oídos. Y en aquf'l propio ini:;tante, un animal que pude distinguir á
la distancia y acababa de saltar el cercado perdiéndose entre los matorrales del montecillo, apareció de pronto en plena llanura, corriendo
rápida y derechamente hacia el sitio donde yo me encontraba. Dos
perros ladrones furiosos le sfguían, pero sin lograr alcanzarle, y, dei:;alentados y rendidm:, fueron quedándo;:e atrúH, uno de otro, ya sin intento de continuar la persecución. Todo esto dur6 algunot; minuto~.
Yo me habí:i incorporado sobre el brazo derecho y al través del ramaje observa.ha. atenta y tautelosamente. El animal perseguido que con
t&lt;U ligereza lograra burlar la furiii de su;; enemigos, era un coyote gnmtle y peludo, y en el ho'.'ico traía una gallina negra que agitaba las alas
cacareando lastimosamente. A cada im,tante :-10 acercaba más á mi
puesto, y calculando yo que no tardaría en estar {¡ tiro, eché mano á
la carabina y me aperci?i á aguardar en acecho aquella á quien ya
consideraba por sr~urí,nma presa. Mas cuando el animal iba á ponerse á mi alcance, con la 1:!ingular astucia de que est{t dotado, adivinó
sin duda mi pre~cncia, por los movimientos que hice nece:::ariamente
al tender el arma para encañonarle y disparar en el momento que le
tuviese bien enfilado.
Y repentinamente el coyote torció el rumbo hacia mi derecha y á
todo escape se lanz6 atravesando los ba1bechos con dirección al cerro.
y con la misma rapidez me puse en pie; y desamarrar el cab11.llo y ponerme de un salto, sobre la silla, obra fué de un solo instante. Y desatentado bajé por la colina como i:i á despefiarme fuera, enderezando
la carrera en pos de la escapada bestia, á quien tratf desde luego de
atajar, cortándole el camino que hacia la montafia proseguía. Mucho
:\lcanzó á. aventajarme en tan cortos momentos; pero mi caballo.era U-

Domingo 17 de ?.'.layo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

m

P royecto para la construcción del Panteón Nacional.

fonso XIII árbitros en las reclamacioneis de
Espafia; pero, por lo que toca al superárbitro
aquel soberano eligió para que hi::iera el nom~
bramiento respectivo al Sr. Gral. Díaz, Presid_en!e de Ménco, y el. Supremo )Iagistrado se
s1rv16 confiar esta delicada misión al Sr. Lic.
D. Luis Gutiérrez Otero.
Hoy publicamc,s en nuestras columnas los
retratos de los Sres. Lirs. Gutiérrez Otero y
Durel
·

EL PANTEÓN NACIONAL.
P ublicamos en este número u11 grabado que
representa el proyecto del sefior Arquitecto
don Guillermo Heredia, conforme al cual se
construirá el Panteón Nacional cuya primera
piedra fué colocada solemnemente por el Primer Magistrado de la Nación, el viernes de la
semana pasada.
En otra ocasión hemos hablado acerra de
este proyecto y, por lo mismo nos limitamos
únicamente á dar á conocer el' dibujo en perspectiva de la gran rotonda y del monumento
que se levantará en el Panteón y que debe
contener los restos de los héroes de nuestra Independencia.
La ceremonia, sencilla é imponente fué
amenizada por una de las mejores band~s militares. El sefior Arquitecto Nicolás Mariscal
pronunció un discurso alusivo al act-0 que se
celebró, y el sefior Ramón Villalba recitó una
poesía que fué aplaudida.
Entre los concurrentes, vimos á los señores
Secretarios de Estado, á algunos jefes de alta
graduación en el Ejército, y á numerosos funcionarios de la Administración P6hlica.

tos niños Jlbandonados.
Pobres niños que brotan en la vida,
como brotan las flores en la sel va,
sin saber cómo brotan y sin ramas
que con sus hojas cubran su belleza!
Amadlos. ¿Son culpables esos lirios
de nacer del estiércol de la tierra?
Xutridos del rocío de las lágrimas,
sus corazones aman la tristeza:
si no murieran en su yerta aurora,
para siempre serían flores yertas!
En sus cálices blancos tienen almas
henchidas de suavísimas esencias,
y solos como van, siempre sonríen
sin soñar en miradas ni en ternezas.
Con sus ojos nostálgicos parecen
adivinar que vienen á la tierra
á morir::;e de olvido, cual las flores
que brotan en el fondo de la selrn.
Su de:stino es secarse cuando ríe
el sol de la amorosa primavera;
i:;er nota negra v fría en la alborada,
doliente inspiración de los poetas,
nieve en los hondos valles florecidos,
héroei:; &lt;le melancólicas levendas:
nacen para formar el ladÓ obscuro
del contraste fatal de la existencia.
Yo :i.o sé si más tarde de la muerte
renacFlr{tn cantando en una estrella;
más, al llegar las noches de diciembre,
sus carnecitas sin calor se hielan,
y se mueren soñando con los lobos
que tienen una madre que los quiera.
-TOAN

R.

JOONEZ,

DE HEREDIA.
LOS CONQUIS'l'ADORES

Sr. Lic. D. Lu is Gutiérrez Otero.

La Cuest ión d e Ve n ezuela.
Como se sabe, próximamente se reunirán
en Caracas los Tribunales de Arbitraje que
deben conocer de las diversas reclamaciones
presentadas contra\'enezuela por algunos países. Las naciones reclamantes, de acuerdo con
esa. República, nombrarán cada una un árbitro, designando al mismo tiempo al Jefe de
Es~do á quien corresponda elegir el superárbitro que habrá, en cada caso particular de

Sr. Lic. D. Fernando Duret.

lll:s recl~ma~i&lt;:m_e.~, de decidir los puntos de
discordia, dmg1entlo como Presidente del Tribunal los debates.
En las reclamaciones de México nuestro
Gobierno ha nombrado úrbitro al
Lic. D.
Fernando Duret, y el Rey D. Alfonso XIII
designado para nombrar el su perárbitro, ha en~
comendado estas funciones al Ministro de Espafia residente en Caracas. No se sabe aún
quiénes hayan sido deeignados por S. M. Al-

s;.

Como ~n ba~do _de halcones que el breñal,
De su altiva miseria fatigados
Dejan, de Palos jefes y forzad~i:;
Parten con suefio heroico y brutal.
A la -::onquista van del vil metal
De Cipango en los moutes apartados,
Y el viento !os empuja f.. los soñados
Confines de la tierra occidental.
Su afán ardiente de un mañana utópico
Los mece en el azul del mar del trópico
Que embriaga y dora sus constantes velas
Y ven surgir, con renovado anhelo
'
l\liles de estrellas nuevas en el cielo '
Delante de las blancas carabelas.
~'. NAVARRO Y LEDJ::SMA.

"ZULEMA."
El maestro Ernestv El~rduy, conoci~o por
sus ~ermosas y elegantísimas composiciones
mus~cales, acaba de dar una muestra de la
p}emtud de su talento, con el poema musical
«Zulema,» re¡,resentado en el Teatro Principal
hace pocos días.
La obra del maestro arrebató el corazón de
los e~pectadores, por su dulzura y su apasionamiento, nada vulgares.
Su 1;1érito es tal, que no pudo pasar disimulado m aun para. la muchedumbre acostumhra~a {~ las e:icenns grotescas ó ridículamente
sentimentales del género chico.
Auu la misma Empresa del Teatro Principal, comprendiendo el alto mérito de la obra
pu-o em~eño en que ésta fuera representatl:'l
con propiedad, para lo
q ne mandó pintar decoraciones y hacPr trajes bastante á propósito para que su aspecto
no desdiga de lo que la.
m6sica significa.

*
Por los grabados que
ahora publica m os,
nuestros lectores podrán apreciar el conjunto de algunas escenas de las más salientes de la obra.

Sr. Janet, escenógrafo

del Principal.

•

�•

Domingo 17 de Miay,o de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO .

EL MUNDO ILl.JSTRADO.

Domfngo 17 de Mayo de 1903.

1.-Terraza de un Cas-

tillo en
nopla.

Constanti-

2.-Dúu del ler. cuadro.
3.-Un Bazar.

4.-Baile de bayaderas.
5.-El Harem.
6.-Mercado de esclavas. Muley liberta !í
Zulema.

•

�Domingo 17 kle Mayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

JlJL MUNDO ILUS'1'RADO.

El turlto~lo Quintana Roo.
En el presente número ampliamos nuestra
informaci6n gráfica relativa á la campaña de
Yucatán, dando á conocer otra serie de fotografías que creemos será de interés, por trafarse de un asunto muy poco conocido, en sus
detalles, de la generalidad de los habitantes
clel país.
En una de nuestras ilustraciones aparece
la «india Desideria", que ca8i desde que se inici6 la "Campaña, ha prestado buenos servicios
á las fuerzas federales, guiándoias á través de
los bosques que pueblan la comarca, hacia los
puntos en que se ocultaban los rebeldeP.. Ln
india está acompañada de otras mujeres de su
familia.
En otro de los grabados que ofrecemoi&lt;, puede verse un hospital establecido en el campamento ccGeneral \'ega» con el ohjeto de atender
á la a!'istencia y cuidado de los soldados enfermos. El edificio es de madera, está pintado
con aceite en su parte interior, para facilitar
el aseo de sus pisos y paredes, y consta de varios departamentos capaces de contener cada
uno hasta cincuenta c,1.mas. E;ito,i departamentos reciben luz y;ventilaci6n por una
serie de amplias ventanas abiertas.en los muros laterales. La casa del señor_ General de la

La guía Desideria y

EU

familia.

El Sueño ele Don Juan

Hospital en el campamento Vega.

cual ningún otro recuerdo. Y pens6 arrojar de
su corazón desolado el recuerdo de sus besos.
Y los recuerdos de sus besos comenzaron á salir de su corazón supliciado, por su boca entreabierta, en forma de unas tardas, y lánguidas y dolientes mariposas.
. Las primeras que aparecieron en su hoca y
volaron por la estancia fueron negras. Y Don
Juan pensó: esas mariposas negras deben ser
el recuerdo de los besos nacidos en las noches
de locas orgías sobre los labios sin amor de las
mujeres impuras.
Luego volaron de la boca las mariposas amarillas. Y Don Juan pensó otra vez: esas deben ser los besos de las atroces perfidias. Y
por último aparecieron las mariposas azules. Y
Don Juan, lleno &lt;le melancolía, recordó que
aquellas mariposas serían el recuerdo de los
besos románticos que &lt;lió temblando cuando
su coraz;',n en flor apenas tendría quince radiantes, inocentes años!
Y todas aquellas mariposas volaron de su
boca marchita como de una flor sin perfume.
Volaron algún tiempo por la estancia mortuoria, y huyeron al fin en aturdida caravana, á
recorrer eternamente los jardines del mundo.
¿Pero el destrozado corazón de Don Juan quedó completamente vacío?
¡Ah! no. Hubo una mariposa que Don Juan
nunca creyó ver salir á su boca impura de libertino empedernido. Y fué una mariposa
muy blanca, muy pálida, muy radiosa que
agitando sus alas de nieve impo,ible sobre la
vaga palidez de sus labios, no quiso huir de su

Sobre la copa de un ceibo, cantaba un turpial al Sol, cantaba á la gloria de la Primavera, la bella estaci6n radi&lt;1.1üe. Pero Don Juan,
envejecido, tembloroso, apolillado y roído por
los afios, miraba con melancolía á la púrpura
lle las rosas y al oro del Sol. A los 80 aiiospensaba,-en un día de primavera, los viejos
no piensan sino en dormir. Son como la ceniza. Quieren dormir para conservar en la entraña, intenso y puro, el rojo rubí del fuego.
Y Don Juan, bajo la sombra. del ceibo en flor
donde cantaba el turpial,se durmió profundamente...... Y sofi6.
Sofi6 que había muerto y que se encontraba envuelto en una mortaja muy blanca dentro de una urna muy negra. Cuatro cirios de
cera pálida alumbraban con su llama triste su
cadáver; y su cadáver se morfa de fastidio en
la gran estancia mortuoria, en donde no se ·escuchaba el menor s0llozo de mujer. ¿Que se
habían hecho la muchedumbre de sus amadas? Las infinitas Eulnlins y Leonoras ¿por
qué lo habían abandonado en la hora suprema de su muerte? Decepcionado, cruelmente
decepcionado, pensó en los innumerables besos que había depositado en tanta linda boca
infiel. En aquella hora de soledad, el recuerdo de esos besos era torturador y amarguísimo

Vega, es también de madera, y tiene la forma
de un «chalet."
Por último, reproducimos la vista de un estero cercano á Chan Santa Cruz, y las de algunas partes de la selva maya, donde se abri6
brecha para el establecimiento del ferrocarril
militar. El grupo de trabajadores que aparece en una de ellas, está formado por negros
contratados en BelicP, para la ejecución de la
obra.

Casa del General de la Vega.

.

'

·~~'. ·, . -~~-..·~ :.~•

coraz6n abandonado ...... No quiso huir, y al
contrario, tornó al corazón solitario de Don
Juan, porque aquella mariposa divina era el
recuerdo de un beso que no pudieron dar sus
labios, de un beso que murió tristemente en
su boca, una tarde de primavera en que encontr6 con los labios entreabiertos y la respiración anhelosa, á una muchachita, rubia como un rayo de sol, que en su nómada vida de
bohemia, libre al deseo, se había quedado dormida sobre la yerba, bajo la sombra de los
ceibos, en el recodo de un camino solitario....
A. FERNÁNDEZ GARCÍA.

·-·

Un pueblo es el medio de que ee sirve la
naturaleza para producir seis ó siete grandes
hombres. Sí: y en seguida para evitarlos.
Un grupo de trabajadores en el Ferrocarril
militar.

*

En la venganza y en el amor, la mujer es
más bárbara que el hombre.

Bajo el dosel movible de vid jugo1,a
donde cuelgan racimos de moscntele~,
riendo las manolas y churumbeles,
celebran una juerga jacarando~a.
La rubia manzanilla corre espumosa
tiñendo de amarillo blancos manteles,
y resuenan mil voces y cascabeles,
y es la luz más ,\legre y esplendoro1&gt;a.
Se escuchan castañuelas y carcajadas,
chasquidos de cristales, risas, palmadas,
y suben por los aires anchos sombreros.
Y al surgir de los pechos tristes canciones,
las guitarras preludian con sus bordones
las notas sugestivas de los boleros.
Trabajos en el Ferrocarril Militar.

• 1

•

Un estero en Quintana Roo.

CUADRO ANDALUZ.

RENÉ LóPRZ.

bom1ngo 17 de Mayo de 1903.

La fechada del Hospital "i:&gt;orfirio Dlaz" en Chihuahua.

El J;ospttal "Porfirio Dlaz" dt eblbuabua.
Entre las numerosas mejoras materiales lleYadas á rabo últimamente en la capital del Estado de Chihuahua, figura el Hospital denominado «Porfirio Díaz,,, qu&amp; se levanta en la
Avenida Colón de aquella ciudad y que es, sin
duda, uno de los mejores del país.
El edificio fué construído previo el dictamen de personas respetables por sus conocimientos científicos, y su costo, en números redondos, se eleva á cien mil pesos. El estilo
g:en~r~l de la construcci6n es ,el gótico; el frontisp1c10 se compone de un portico central defendido por una verja de hierro y ocho ventanas distribuídas simétricamente, y el sistema
adoptado para la distribución interior es el de
pabellones aislados que forman dos grupos
uno para hombres y otro para mujeres. Ade~
má~, el edificio cuenta con departamentos especrnles para la Direcci6n, habitaciones de
ei:nple3:~os, sala de recibir, biblioteca y Admimstrac1on, así como para Botica Laboratorio
de Química y gabinete bacteriológico y de electricidad.
El nuevo hospital fué solemnemente inaugurado bajo la administración del Sr. Coronel
Ahumada, hoy Gobernador de Jalisco.

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El Sr. Presidente de la República coloca la primera piedra del Panteón Nacional.

Q•• llldal/a de Oro E~p. dt Hltitne di la inlincia l'arl• .' ~~

CAPERüzrd:~~~r:n'iico.

~,-

. •~,

15

DE MAYO DE

1903.

(APUNTE DE ALCALDE. )

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 1, No 20, Mayo 17</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>ASMA vCATARRO
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.,_;:?/{:· . ;_!, ..,. .,; &lt;::·:},:.{-,-'~\f~';~· -

El Sr. Presidente de la República coloca la primera piedra del Panteón Nacional.

Q•• llldal/a de Oro E~p. dt Hltitne di la inlincia l'arl• .' ~~

CAPERüzrd:~~~r:n'iico.

~,-

. •~,

15

DE MAYO DE

1903.

(APUNTE DE ALCALDE. )

�Domingo 24 de M'a(fo de '1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 21

EL MUNDO ILUSTRADO.

oe Maiyo

de 1903.

DÍAS DE ROMA.
S. P. Q. R.

et eapitolio.

alturas, hoy apenas adivinables, de esta roca
bicéfala, la que está á nuestra izquierda (vemos al Fo-ro) fué la ciudadela, fué el acrópolis
Una advertencia: en este Capitolio que tede Roma, y la que está á nuestra derecha susnemos á la vista, nada hay del antiguo, ó metentó, fortificado también, el templo triplede
jor
dicho,
de
los
antiguos
capitolios,
nada
arEra domingo; salimos temprano-¡oh núJove Capitolino. la cabeza de la ciudad, dediquitectónico, al menos. Y aquí ha llegado la
menes propicios al viandantel-y armados de
cado junto con Júpiter (Dyaus-Piter-Dios paoportunidad
de
ponerme
en
actitud
de
maesnuestro guía, que estaba co~o nunca de buen
dre) á :Minerva y á Juno. Luego los griegos
tro
y
de
dómine;
pero
esto
es
fatal:
np
se
ha
humor es decir .que charlo hasta los codos,
la dieron en la flor de identificar la desdado
el
cai&lt;o
en
el
transcuri-10
de
los
siglos,
de
nos pa;amos la ~lara ~aftana en_ el Capitolio.
nuda mitología romana, ideada lentamente
que
un
catedrático,
nuevo
ó
viejo,
deeperdi(Para visitar las admirables secciones arqueopor un pueblo de campesinos mercaderes y
cie
la
ocasión
de
ser
pedante.
Pecho
al
agua.
lógicas de los museos romanoi&lt;, nad3: h~y _coguerreros
á un tiempo, con la suntuosa mito,
Subamos
al
«campanile,))
digo,
IÍ
la
torre
del
mo el librillo en dos tomos de Helb1g intitulogfa
suya
(de los griegos). Fué ésta una de
palacio
senatorial.
No
describamos
el
panolado «Museos de arqueología clásica de Rolas
formas
del
desquite que tornaron los conrama;
es
regio,
sin
embargo,
es
imponente
esma»· por desgracia mi ausencia del alemán
quistados sobre los conquistadores materiales;
te lago de techos pardos, unos que se ven
me ha impedido conocer el tan celebrado ~orno
mental y moralmente la verdadera conquismuy bajos, otros muy altoia, dando Fo~bra
citado «Cicerone» de Burckhardt.) Subimos
tada fué Roma. Entonces Jove resultó Zeua,
con los aleros á las fachadas que se emprnan,
por facilísima rampa, y gracias á una escalinaJuno era la Heré griega, y Minerva se identiamarillentas
en
derredor
de
sus
ventanas
y
ta lateral dejamos á un lado la monumental
ficó con la menos romana de las divinidades
~aleones de todas las formas y colores, y las
que asci~nde entre jardines y desemboc~ en
del Panthe6n helénico, con Athena, que es la
masas de verdura y los vericuetos que son las
la plaza en medio de dos grupos. soberbios
divinización de cuanto en el genio griego ha1.
calles, y las torres·y las cúpulas y los nom·
( los Dióscuros) que forman los extremos cende más intelectual y annónico.
brea
sonoros
y
prt-ñados
de
recuerdos
y
de
trales de la balaustrada; nos eIJcontrábamos
Lo cierto es que el templo de Júpiter capihistoria que brotan de todos los hacinamientos
en la meseta capitalina. La impresión es entolino
era bajo, ancho, tosco, pintarrajeay
surgen
de
todas
las
penumbras;
allá
la
cúcantadora; la plaza embaldosada, limpia y
do con un amplio frontón deforme, decorado
pula de San Ped~o, en el horizon~e, como una
amplia, cerrada por la gran balaustra&lt;la decoco~ relieves y remates de barro cocido; un
eterna tiara de piedra, aquí la cmta lechosa
rada por los dióscuros [Caetor y Pollux] y
verdadero templo etrusco, erigido por los Tardel
Tíber,
que
pe
acerca
al
mon~e
ca
pi
to
lino
en
por los llamados trofeos de Mario, á nu~stra
quinas, que eran probablemente reyes etruscos,
un amplio bucle que se canahz~ en;erran~o
espalda; por linderrn,, al fr_ente nue~tro, tiene
y que incendiado y destruido variaR veces, f~6
una ii,leta y se pierde en un laberinto o i,e a leJa
el palacio del senador sobrio, grandioso y elesiempre restaurado en su vPnerada forma pn¡¡ formar otro recodo: éf&lt;e era el Campo de }'.forgante coronado por un gallardo campanile
mitiva. Domiciano lo vi6 incendiar y acab6
te,
n.os
decía
el
parlero
«cicerone,,&gt;
y
era
ciercuad;angular; á los lados el museo capitalino
de reconstruirlo en su misma forma tradicioto; ahora lo cubren las «villas)) y las carns, lo
y el palacio de los «coni:ervadores• \. habrá que
nal, aunque suntuosamente enriquecida, reFurca
el
Corso
Vittorio
Emannele
y
allí
donno leer de «los mochos»). Los edificios corosultó un verdadero templo de oro, que dur6
de maniol,rahan los soldados de la República
nados de balaustradas y estatuas, decoradas
hasta algunoi&lt; siglos después del cristianismo
v se transformaban los ejércitos en colegios
sus fachadas con mayor 6 menor arte, en el
triunfante. El palacio Caffarelli, la actual casa
~lectorales y se celeuraban en tiempo del impuro estilo neohelénico del Renacimient~,
de la Embajada del imperio alemán, ocupa
perio juegos á que a~ii&lt;tfon los romanos al
forman un conjunto hermoso que hace respicasi todo el sitio en que estuvo el templo. Si
abrigo de magnífrcos pórticos y se alzaron un
rar el alma á sus anchas, si puede decirse así,
los arqueólogos alemanes dejaran demoler una
dfo las piras de incineración ele Syla y de Auy que revela bien la mano del que hizo la traparte de su palacio, es seguro que se encongusto y sus gigantescos sepulcros, nada hay
za y firmó: «Miguel-Angel.,&gt;
trarían
preciosas reliquias é indicaciones.
característico.
nada
que
no
se
parezca
á
la
En el centro el Marco-Aurelio; pobre em¡Lástima que no lleven su arqueología hasta
Roma que nos circunda.
perador éste, el destino quiso tenerlo á ca~allo
Vuelva u¡¡ted la espalda al Campo de Marallí!
toda su vida y toda su muerte; fué y sigue
te cccaro signore,» decía nuestro consultor, y
siendo el emperador ecuestre, y no era con
***
v~a.i, :ii:fectivamentevi, vi la historia de Roma;
eso con lo que soñaba; soñaba con transforEsta
casa
flamante
[flamante en compara•
allí estaba en un trozo de tierra, rodeado por
mar el palacio imperial en una casa modesta,
ci6n
de
las
otras
antiguallas
que pululan i
celas
siete
colinas"
:
el
Capitolio,
aquí;
á
mi
donde, descansando de los trabajo:; de la adnuestra vista] en que se albergan hoy los muderee;ha el Palatino, cargado de ruinas impeminietración del mundo, confiada á una plénfoi pes romanos bajo el rectorado de don
riales· entre él y el Capitolio, en un plano leyade de filósofos, se hubiese consagrado al
Próspero Colonna, uno de los hombres y de
jano,' el Aventino, el sacr~monte d~ la plecomercio intimo con los libros de los grandes
los
nombres más decorativos que puede ha•
be·
escondido
por
el
Palatmo,
el
Ceho;
aquí
pensadores, á departirá diario C?~ un ~rupo
liarse, está henchida de recuerdos medio-evadelante el Esquilino, á cuyo pie fabricó Nerón
de estoicos benévolos, sus correhg10narios, y
les; allá abajo, en una sala que es hoy una
su Casa de oro, de todo ello queda un recuerá dedicar las noches á un diálogo noble y proespecie de bodega, fué coronado Petrarca hado colosal, el Coloseo, el coliseo como decimos
fundo y sin fin con· su conciencia. Pero los
ce cinco ó seis Riglos ¿qué se yo? Y éste es. el
nosotros
que
allá
en
la
lejanía
muestra
sus
bárbaros rompieron las barreras poco cuidarecuerdo que más me conmueve: conmoci6~
rotos
bo;des;
el
Quirinal,
la
colina
regia
de
das de aquel imperio de los Antoninos, tan
puramente oficial, digámoslo así, como mll
hoy, la verdadera Roma primitiya q~izás, que
quieto y tan feliz, y ya tenéis á mi hombre
buenos
lectores se figuran; en el fondo me im·
en
el
crepúsculo
auroral
de
la
historia
de
este
obligado á empeñar basta eus muebles para:
porta poco que Petrarca haya sido coronado 6
pueblo se unió con esta Roma semietrusca
atenderá los gastos de la guerra, pues que el
no; mas como he perpetrado versos en afi08
del Capitolio y el Palatino. Y la unión no era
erario se había ido agotando, sin necesidad
mejores, tenía el deber de «emocionarme.•
dificil la naturaleza la indicaba con un crescasi de ser repuesto, y forzado á montar á caNo nie emocioné sino por escrito. Más me
tón
q~e
unía
el
cerro
de
Quirino
(Marte)
y
ballo· no ha desmontado, ya lo veis. El cabaimpresionó la humilde celda que vi hace poel Capitolino, cresta que rompieron los Antollo e; arrogante, no me gusta por barrigón; en
cos días, en que el Tasso agonizó y murió eaninos para alojar nuevos foros grandiosos, hoy
el reino animal, y comprendo en él provisioperando su coronación.
.
sepultados, exceptuando un fragmento del de
nalmente al hombre, no me gustan nosotros
¿Qué
deseaba
ver
en
estos
museos
del
C
apt•
Trajano,
domiuado
todavía
por
la
magnífica
los barrigones [¡y qué diría mi excelente don
talio? Todo; pero confieso que hoy que miro
columna sepulcral que imitó Napoleón. C&amp;:ar,
Rafael A. de la Peña, de esta construcción l],
en
mi recuerdo, sólo percibo un tumulto _de
Augusto,
Trajano,
Constantino,
fueron
para
y tengo para mi que los caballos barrigudos
figuras, de colores, de reliquias; los dos ed1fi•
Ja Edad Media los emperadoree, por excelenque figuran en los cuadros de Rafael y Velázcios iguales y simétricos que á entrarobü!! la·
cia. Sólo Nerón rivaliza en popularidad con
q uez v. g. y en las e~tatuas de Gattamelata 1
dos del palacio senatorial erigen sus arquitecellos en el sentido del mal. A Trajano, lo ende Felipe III (Madrid- Plaza mayor) sou lnturas
magníficas, esas que han servido de mocont~ó
el
Dante
en
el
Purga.torio
salvado,
grajos de éste. En cambio, el hombre qué nobledelo cláeico á muchas generaciones de alum·
cias á las oraciones de San Gregorio Magno,
mente qué majestuosa, qué imperialmente
nos en las escuelas de Bellas Artes, inclusive
apasionado del gran español justiciero y filánsentado está y qué uello, qué archil&gt;ello mola nuestra, son dos museos: pero el de los con·
tropo «ante quien muda se postró la tierra."
numento de conjunto resulta. Miguel-Angel
servadores ó munícipes romanos, da idea de
Y fJSas son las siete colinas; entre ellas corre
le arregló el pedestal, bajo por cierto, en un
un formidable mosaico hi~tórico. Todo se me
una larga hondonada que ,·a desde deu11j9 de
fragmento de edificio antiguo. Toda vía se norevuelve y confunde en la memoria: una masa
nosotros hasta el arco tle Tito; éi;e es el Foro,
ta que la e3tatua estuvo dorada, y si el origiprodigiosa de fragmentos y reliquias de Roma,
e~ ya lo dije, la historia antigua &lt;le Roma.
nal tornase á la vida, no le disgustaría saber,
'Porque, como sauéiR, los edificios &lt;lel Capiurnas sepulcrales, estelas votivas, fragmen~
tanto así despreciaba el falso brillo, que su esincrustados en los muros, como estaban en !
tolio no miraban al Tíbe1 como los de hoy,
tatua se salvó de las destrucciones de Roma,
Forum ( en la «regia" ó casa del pontífice máXI·
sino al Foro, al antiguo mercado, lentamente
desde la época de Alarico á la del condestable
mo ), muy interesantes para mí, profesor, ¡ay!,
convertido en la plaza pública del mundo ande Barbón más de doce siglos, gracias á que
pero poco hablantes para mí, viajero; vasos, es•
tiguo. En este lugar en que estamos hubo un
· el vulgo c;ey6 siempre que era la estatua de
tatuas y medias estatuas, y bustos y más bustoet
bosquecillo,
el
«intermontium,1&gt;
y
de
las
dos
Constantino.

***

EL CAPITOLIO.

deliciosa la estatua del «muchacho de la espi( virtus romana) en ese rostro, en ese hirsuto
na,»un poco inconcl uída, mejor por eso quizás;
cuello, es indecible; los ojos,que aun guardan
en una gran sala solemne, la de las reuniones
restos del esmalte primitivo ( uno de ellos)
del concejo, dos estatuazas, una en bronce, de
dan miedo. Indudablemente que es la loba d~
mármol la otra, de los papas H. y R. [no reQuirinus, la guerra, la muert1i, la amamancuerdo] ,obras modernas, pero pomposas y autadora de aquella doble aldehuela del Lacio
gustas de veras; tropiézase en aquella visita
que se alimentó con fierro en vez de leche
con objetos etruscos, con recuerdos de Gariconquistó al mundo.
baldi, con bustos de hombres célebres. de italianos ilustres [no se parecen á los bustos de
***
la Roma vieja, que son de italianos célebres
Pasamos de nuevo frente á la estatua de
también]. Y ni las galerías de pintura acertaMarco-Aurelio, que aun guarda un relámparon á fijar mi atención mareada: los nombres
go de oro en el exterior y otro de bondad en
sí, éste es un Tiziano, éste un Rubens, ése un
los ojos que parece el reflejo de un foco esconVan Dyck; éstos son cuadros de los «primitidido. ¡Qué admirable estatua! ¡Qué ademán!
vos,» entreví que había alli bellezas en aquel
El cctu regere imperio populos,» toma, ante la
kaleidoscopio: ¿cuáles?
clemencia augusta de esa mano tendida un
acento casi cristiano.... ...
'
Sí, hubo un objeto que me atrajo, me fijó y
El museo de los Conservadores puede conque ahora surge en el desbarajuste infinito de
siderarse fundado por ~ixto IV, uno de los
mis reminiscencias, como si una pirámide de
grandes mecenas del movimiento que resuciescombros alta como el castillo de Santángelo
tó el arte pagano y reno,·ó :i.l mundo inyecle sirviera de pedestal: la Loba del Capitolio.
tándole el sentimiento y, e1 pensamiento anNo sé si ésta será la loba original, el paladión
tiguos; digno tío de Julio II. Este otro mude la Roma republicana; los arqueólogos disseo capitalino, es rival del otro y lo comenzó
putan sobre esta. ¿Es obra de la Edad Media?
Inocencia X; es admirable. Entramos, y en el
¿Data del siglo V antes de J. C. y es un ejempatio nos dimos de manos á boca con un seplar del arte etrusco-romano? Las notas mejoflor que queríamos conocer, con Marforio.
res dicen que cuando se incendió ó se derrum¿Conocéis; lectores, esta historia? Voy á refresbó en el siglo X la Basílica de Letrán, el recárosla en cuatro palabras: los estudiantes &lt;le
constructor ( d papa Sergio III) hizo buscar
uno d9 los establecimientos eclesiásticos de
para decoración &lt;le la pJ·aza alguna estatua anprincipios del siglo XVI, tu vieron la ocurrentigua de gran significa.ción. Entonces supo que
cia de fijar sobre un fragmento de estatua ( de
entre los escombros de un templo pagano en
Patroclo; existe todavía) que se hallaba en un
el Forum, estaba la «Lol&gt;a.i&gt; mutilada;la hizo exángulo de cierta plazuela, epigramas latinrn!
traer, un fundidor cualquiera le agregó las pierinofensivos primero, violentamente satírico;
nas, mal hechas, pero muy bien ajustadas.y la
después; muchos se han conservado, y la cosremendó aquí y nllÍI¡ en pleno siglo XVI fué
tumbre no se ha perdido del todo. Como por
trasladada al Capitolio y un artista del Renaciallí mismo vivía un charlatán de lengua vipemiento le agregó lo:i dos ge¡nelillos que acerrina que hablaba mal de todo y de todos [¿un
can sus bocas á las ubres seculares. ¿Q,1e si es
maestro de escuela, un 1&lt;astre?] llamado Pasla loba original? Claro, evidente: es Roma. Es
quino, el fragmento de estatua pasó por símla república dura, feroz, heroica, invicta; no,
á ésta no le arrancarán los hijos. Lo que hay ' , bolo suyo y la gente le llam6 Pasquino [ de
de. expresión, de fuerza, de valor, de virtud ~donde nuestro «pasquines,&gt;]. Pero los desaho-

y

gos de Pasquino tenían una réplica y de ella
se encargal',a otra estatua que se encontraba
en un lugar llamado cela salita de l\farforioi,
frente á la antigua prisión mamertina [hoy S.
Pietro in carcereJ ; esta gran estatua que representa IÍ un dios fluvial, está hoy en el centro del «cortilei, del museo capitolino.
Después comenzó el desfile de estatuas: dioses y hombres y relieves magníficos en las
tumbas [véanse los catálogos, que no he de rehacer] y mosaicos de una ejecución maravillosa. ¡ Pero, Dios mío, casi todo está restaurado! En Roma, en toda Italia, todos los artistas han sido restauradores, incluyendo el archigrán Miguel Angel; todos han profanado.
Aquí hay alguna de estas resta uraciones que
es una revelación. Un Hércules ¡¡e encontró
mutilado; un escultor, y no malo le puso á
su gui.;a los miembros que le falt¡ban; éstos
fueron hallados luego y se pudo ver la magnitud del disparate del artista restaurador. ¡Horresco! Odio las restauraciones hechas sobre
los originales mismos; creo que deben hacersé
reconstituciones con e3crupulosidad religiosa.
-No opino por que deban dejarse perecer las
ruinas; aquí está. el monu::nento, aquí el fragmento desprendido, colóquese en su lugar.
Hagamos esto con nuestras ruinas mejicanas
que las estaciones desmenuzan y cuyos fragm entos se va llevando el viento ......... á los
mu seos extranjeros.
Si no respetase el buen humor de mis lectores, á quienes supongo fastidiados por estas
largas enumeraciones que no tendrían fin si
quisiese puntualizar un poco, les hablaría
aquí de la «Planta de Roma» (tan buscada
y estudiada por arqueólogos é historiógrafos)
y qu~ yo devoraba con los ojos ¡ay! sin poderla casi entender. Ocupa es;e plano de Roma hecho en el tercer siglo imperial [en tiempo de
los Severos] amplios trozos de muros y está
compuesto de innumerables fragme~tos 110
todos bien dispuestos y que aun no completan la traza augusta.-Algún día quedará res-

�Domingo 24 de Mayo

&lt;&gt;e 1903.

taurada [todavía se están descubriendo fragmentos] la «Forma UrbiSJ&gt; y esto será una alegría para cuantos en nuestro amor por la Roma
de hoy implicamos el de la muerta Roma señorial, madre común de los latinos.-Les hablaría á fuer de trashumante pedagogo de las
«Tabula Iliaca," obra escultórica compuesta
de piezas marmóreas para ilustrar los cantos
de la Iliada enseñados en las escuelas griegas;
enseñanza demostrativa que, antes que nosotros, practicaron los antigum1.
Mas volvamos al arte. ¡.Pero eH arte puro
éste? Este de las galerías de bustos imperiales
y de filósofos, etc.? Es interesantísimo; no sé
si haya algo más interesante. JJ;ntra uno en
estos cementerios de fisonomías hist6rica1,, como si quisiese sorprender en las líne11s del
rostro, en la mirada am1enle de los ojos de
mármol, los verdaderos, los secretos móviles
de las acciones de aquellos hombres que con
un solo capricho imprimían gigantesca, oscilaciones en la balanza de los destinos del
mundo.
Muchas de estas efigies Re ven tan repetidas
en los museos romanos y en otros de Italia en
estatuas, bustos, relieves y 'lledallas, que acaban por sernos familiares y un Augusto, un
Nerón, un Domiciano, un Trajano, un Hadriano [con éste comienza la serie de los emperadores barbudos], un Antonino, un Marco
Aurelio, un Cómmodo ( este histrión infame
es hijo indudablemente de Marco Aurelio, los
bustos comparados lo dicen y es una lástima;
yo no habría tenido inconveniente en condenar veinte veces por infiel á Faustina, que,
de seguro, lo fué, con tal de purificar al emperador bueno del delito de haber engendrado á Cómmodo). Luego el tipo romano se
mezcla con caracteres númidas en los Severos;
Caracalla, el fratricida e3 odioso, sin ser antipático, es el rostro de Caín; luego viene la
chusma¡ arte y máscara humana todo va naufragando en lo rudo, en lo innoble; á las veces se levanta, hay un esfuerzo, un aleteo de
alma en la cárcel de mármol¡ luego todo se
acaba; los bárbaros reinan. Entre los bustos
de los filósofos( así se denomina una sección),
los bustos de Sócrates, de Esquilo, de Cicerón, son los que, á pesar de la ate1\ción fatigada, retienen más, como entre los de los emperadores obligan á retardar el lento paso y á
detenerlo algunos minutos, tres mujeres, Domicia, finísima obra, Sabina, ej~cución brillantísima, y una de las Julias de la corte de
los Severos, una asiático-romana.
Y así se suceden las horas, y los ojos se cansan,y los pies duelen,y la curiosidad no duerme, sin ern bargo: se asciende á las salas en
que están las obras maestras, originales ó ré-

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILuSTRADO.

Domingo ?4 &lt;le Maiyo de 1903.

El "tonma" tn Erui,ción.
El volcán de Colima, según los datos recogidos en el ObserYatorio Meteorológico, ha ent~ado en~ un período de gran ac~ividnd. A pll.rtir del fo de febrero, las erupc10nes han sido
muy frec.uentes, registrándose algunas, como
las ocurridas el 18 y el 24 del mismo mes entre las que i-e clasifican como mi\ximas. '
Todo el mes de marzo continuó el volcán en
erupción¡ dmante el de abril permaneció casi inactivo, y últimamente, como antes decíamos, ha vuelto á coronarse de fuego causando
entre los moradores de las poblaciones cercanas el pánico consiguiente. Lafotograííaque
ofrecemos á nuestros lectores repre!:'enta una
f~se-la más importante sin duda-de la ernpc16n del 2-i de marzo. Esta ocurrió á la 1..55
p. m:, efectuán~o~e en !'leis impulsos y en el
térmmo da media hora. Fuertes ruidos sub-

La primera piedra del Panteón Nacional.-EI señor General Díaz en la plataforma de honor.

plicas ó reproducciones hechas con tanto arte
como los originales,y adiós cansancio, las horas vuelan y ya sabe uno á dónde volver y
vuelve: yo no quería ver ni á Bedeker, ni á
Helbig¡ no quería indicaciones, quería la impresión directa, sin intermediarios. No quería estudiar, quería gozar; no quería saber si
esta estatua era arcaica [trátase del arte griego, que es el único arte puro] ó si era del período ático, ó si del alejandrino y helenístico
que inundó á Roma con sus copias y producciones, bellísimas algunas, interesantes todas.
Un .filósofo [Zenón, dicen, el fundador del
estoicismo] de un parecido sorprendente (no
lo conocí, pero no le hace, se parece, vi ve, habla, dogmatiza, impone), un sátiro descansando, adorable de gracia; el niño ahogando al
ganso, tan cómico, tan primorosamente ejecutado ¿qué sé yo?
Sí sé:la Amazona herida, bien dolorosamente mujer; el grupo del muchacho y la muchacha ( en el gabinete de la Venus) que en su
maravillosa verdad tiene tanta psicología y fisiología como una lección de Ezequiel Chávez sobre el despertar de las pasiones que

aseguran al mundo un largo reinado para la
prole de Adán.
Y luego el Galo moribundo; es un gigante
herido que cae sobre sus armas, que no piensa, que no ora, que no sufre, que repasa antes
de expirar su vida errante de combate, de
amor y de gloria.y que quiere no dejar caer la
cabeza sino muerto. Mis lectores saben que en
nuestra escuela de Bellas Artes hay un Yiejo
yeso que reproduce esta magnífica estatua en
sus mismas proporciones.
La muerte: aquí está la vida, aquí está
la divina mujer de carne blanca y pura, que
para no ser arrugada y profanada por los años,
ha tomado la consistencia cristaliua del mármol y que de tal manera es en la inefable música de sus curvas un poema de salud, de
amor, de pudor desnudo y de inmaculable belleza, que la impresión canta en nuestro interior como el eco de una lira ó de un ruiseñor.
No sé qué disparates estoy diciendo; esta
madona del arte que se llama la Venus del
Capitolio, sagrada de verdad, de esplendor y
de vida, hija de Praxiteles [ó nieta suya por
lo menos], es una de esas elocuencias del mármol por donde el alma helénica se ha puesto
en comunión con el alma de la humanidad .. .
En fin, hay que irá verla y no divagar ..... .
Sólo tú, madre divina de Aiilo, sólo tú, pe•
ro tú sola, eres más bella, más diosa, más mujer, más alma; sólo tú tienes, en 1a purísima
sensualidad de tus labios, la sonrisa misma
del Ideal.

..

En la cúspide del volcán

terráneos que se prolongaron por cinco minutos, precedieron al imponente espectáculo.

Cráter del "Tacaná.''

El cerro "Malat" cubierto por las cenizas.

***

JUSTO SIERRA.

[a Primtra Pitdra dtl Panteón nacional

A propósito de erupciones vol::ánicas, reproducimos algunas fotografías tornadas durante el viaje que el Sr. Gobernador de Chiapas hizo á los lugares del Estado de este nombre que más sufrieron con motivo de la reciente erupción del "Santa María." En una
de ellas aparece el Sr. Gobernador, acompañado de las personas que con él emprendieron la excursión, descansando en la cúspide

del volcán "Tacaná." En otra se ve el cráter
del mismo volcán, y en las demás, la entrada
d~ ~ste¡ un cerro cubierto de cenizas y la plamc1e en que estaba situado el cráter primitivo.
Las personas que rodean al Sr. Gobernador
son las siguientes: Ingeniero Manuel Paz
ContreraR, Dr. Juan G. Saldafia, Adeodato
Román, Ingeniero X. K. López, dos •'prácticos" y algunos rurales. -Por el orden en que
citamos á estos caballeros, están numera.dos
en la fotografía.

Planicie del cráter primitivo del volcán

Dimos cuenta en el número anterior de este
semanario de haberse efectuado el 15 del corriente la ceremonia de colocación de la
primera piedra del Panteón Nacional.
Ampliando nuestra información relativa á
esta cere!l}onia, publicamos un grabado que re•
pre.5enta al Sr. Gral. Díaz y á Jos Sres. Secre·
tarios de Estado en la plataforma de honor, y
otro en que puede apreciarse el aspecto que
ofrecia, en conjunto, el local dispuesto para
la concurrencia, dun.nte el acto referido. En
lugar prefer-t1nte verán nuestros lectores un
dtbujo en que el Primer ~Iagistrado aparece
colocando la primera piedra del Panteón.

La concurrencia durante el acto oficial.

Entrada al cráter del "Tacaná"

·

�Domlng,o 24 de Maiyo d-e 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Eutntos dt Espantos
111
Por ese lugar precisamente había saltado el coyote y desapar~cido,
sin que á verle volviera en todo aquel espa!'iO. Trepé por las piedra&amp;
rodadas del brincaclero, siempre llevando del ronzal á mi caballo, Y
cuando estuve en la medianía del boquete, me asomé al lado opuesto
( CONCLUYE. )
del potrero busrando en el suelo las huellas que el animal hubi~ra ~ejado... Y en este punto, protesto y juro que el pasmo y la adm1rac16!'
Quien se haya encontrado en lance parecido, podrá figurarse la
&lt;lejáronme de un gol, e y de una sola pieza, parado, confuso y aturdidesazón y descorazonamiento que sentí de súbito. La c6lera y el desdo.
Al pie del muro de cantos sueltos de que la cerca estaba compuesta,
pecho invadiéronme de tal manern, que me propme disparar todos los
acurrucado, hecho un ovillo, en informe montón que se encogía sobre
tiros de mi carabina sobre la solapada bestia que así me había burlasí mismo, un viejecillo desmedrarlo, sucio hasta la repugnancia, ap~redo, apenas la divisa:-a á la otra parte del lienzo, pues pensar en seguirció á mis atónitos ojos, qne todo esperaba encontrar, menos semeJanla era pensar en lo excuiaado. y poco menos que imposible hacer brinte engendro de asquerosidades, á quien apenas podía considerarse cocar el caballo por aquel portillo, practicable s6lo para los peones y
mo un ser humano. Las rodillas finas y puntiagudas, ceñidas po~ los
animales monteses; é intentar la persecución á pie era casi una locura,
brazos en apretado nudo, como por dos cobrizas serpientes, escuáhdas
por lo duro, sinuoso y empinado de la vertiente. Así es que paré &lt;le
y
viscosas. El descubierto cráneo, coronado por hirsuto grefial de mepronto el caballo y me apercibí á hacer fuego en el instante que el cochas grises, descllnsaba sobre aquel infame nido que los codos y las
yote apareciera al otro lado del hrincadero, lo cual tenía que suceder
choquezuelas formaban, y todo el conjunto aparecía cubierto por mveforzosamente, y en un momento, sin que logrllra esconden,e entre los
rosímil envoltura de andrajos nauseabundoF. Los desnudos brazo~ Y
mogotes, que en aquel sitio eran ralos y dejaban claros suficientes para
las pierna~, tan canijos y descarnados como los de una m?mi~, teman
poder dar caza á una pieza mucho más pequeña que la que se me hael color grasoso y obscuro del café tostado; y Pn tal aparienc~a Y posbía escapado.
·
.
tura, el vejete semejaba un fakir indio sumergido en la estúpida somDesde el punto en que tne encontraba, ámenos de cincuenta panolencia de su contemplación. A su lado descansaba en el suelo, bosos del brincadero, descubríase buena extensión de terreno por ambos
ca
abajo, un viejísimo ~ombrero de palma, alto de cor,a, agudo Y a~olados de la cerca, que precisamente á corta distancia y por 111. parte inlla&lt;lo. Y la inmovilidad de toda aquella masa vil, cuasi informe, m·
terna se torcía en ángulo obtuso, &amp;iguiendo la irregular pendiente de
fundióme &lt;le pronto estupor tal, que no acerté á tomar por largos mola montaña, lo que me permitía ver cualquier objeto que se moviera
mentos reRolución alguna. Por tin, repuesto de mi sorpresa, alcé !•
al pie mismo de la provisional muralla. Y es el caso que trn1iscurrievoz para &lt;lei&lt;pertar al viejo á quien juzgué dormido 6 amodorrado baJO
ron segundo!:', minutos, sin que el decantado animal apareciera. Desla inmenm ola ardiente del sol, qne más que inundarle, le quemaba;
de el caballo dominaba yo todos los lugares por donde podía surgir de
mas ningún movimiento respondió á mi llamado. Repetí las voces
pronto, aun á largo trecho, y aunque contra las piedra'&gt; de la cerca !"e
hasta llegar lll diapasón del grito· y sólo en el último que acompafíé con
deslizara intentando incrustarse en ellas, á verle alcanzaría siguiéndoun empujón dado sohre rn espa1:1a con la culata de mi cambina ( pues
le con la vista por todas las verecias. Confundido halL'tbame y «mii,tisentía viva repugnancia &lt;le tocarle) alzó pesaclamenlP. la tembloro~a
ficado» casi con aquella desaparición repentina. -La bóveda, antrs azul,
cabeza que &lt;lirigi6 hacia mí, most.r(;ndome una faz tan en consonancia
del cielo estaba roja y el sol se desbarataba en cataratas de lumbre soc@ el cuerpo, que comencé á Fentir inexpticable inquietud. U~os
bre la extensión bravía. Allí el monte era yermo: ab1jo la inmeni;a
111
sabana de tierra candente; arriba las e,;tribaciones de la cordillera, · cuantos pelos ásperos y rígidos manchaban de blanco y gris aquel •
mundo semblantti, donde lo~ ojo!'!, como dos gotas de agua sucia, esconmanchadas á veces por el chaparral ceniciento, cubiertas á trechos por
díansc vacilantes y contraídos entre &lt;los círculos, rojos hasta la san•
los peñascos calizos que rodaron los siglos de la. montaña, como enorgre, encendiJos hasta el fuego y despoblados de cejas y pestañas, de los
mes osamentas de una raza monstruosa; y entre aquellas dos arideces,
cuales pugnaba por desprenderse y resbalar un humor asqueroso sobre
el cercado de piedras calcáreas de abrasadora blancura y que en sinuolos pellejos negros y cochinos de aquellos pómulos, partidos por arrusísima curva iba siguiendo los accidentes &lt;le las laderas desoladas.
gas tan profundas, que semejaban cuchilladas.
Eché pie á tierra, desaté el cabestro, y llevando de él á mi cabalgaduFij6 en mí la mirada, sin verme al parecer: tanta vaguedad h~bía
ra, dirigíme al puntq mismo del brincadero donde la cerca aparecía
en ella. Trató de incorporarse, pero el temblor de los remos se lo llJl•
como una gigant~ mandíbula, monda y desdentada.

EL NAHUAL (?)

Domingo 24 de Mayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTnAnO.

pidi6 y dej6se caer de n~evo sobre la piedra que le servía de asiento.
Co~o. no contestara á mis preguntas ni hiciese caso de las palabras que
le dmgía, mostréme duro y amenazador. hasta lograr infundirle cierta
timidez que le oblig6 á hablarme, advii:tiéndome desde luego que era
sordo. E ntonces á gritos le interrogué.
- ¿Dónde está el coyote que brincó por aquí?
- No he visto, padrecito; me respondi6 enseñándome 1os dos colmillos únicos, verdes y negruzcos, de que sus encías estaban guarnecidas.
-Eso no es verdad. En este mismo lugar ha caído y por fuerza
tuvo que tropezar contigo y despertarte, por muy dormido que estuvieras.
- No ha brincado nada, padre santo. Y su voz era tan quejumbrosa y entrecortada, como si mortal dolencia le aquejara. Yo no he
visto, continuó, estoy muy malo y aquí me quedé á descansar «pos,&gt; ya
no puedo ni llegar á mi casa.
'
-¿En dónde vives?
-Allá, mt, dij?, señalando con un vago movimiento del enjuto brazo un punto mdeterminado que estuviese á la vuelta de los cercanos cer~os.. Vengo de pedir limosna por algunos ranchos donde hay
almas c_ar1tabvas que me socorren. Pero estoy muy malo y ya no puedo cammar.
En la voz y los ademanes del v!ejo ~e a~vertía, efectivamente, que
estaba muy enfermo, lo que empezo á rnsp1rarme hondísima compasión. E xpliquéle el caso del coyote y la imposibilidad de que hubiera
desaparecido sin ser visto. Juró y ¡-&gt;erjuró el viejo que no había sentido la carrera ni el brinco. Me incliné buscando en la tierra las huellas
del animal, pero el terreno era pedregoso y yo no podía observarlas.
Al najarme un poco para examinar mejor el suelo, hice rodar algunas
piedras de la cerca que cayeron casi sobre el sombrero del mendiio. Y
en aquel instante... ¡horror de los horrores! el sombrero empezó á moverse vertiginosamente como si oculta fuerza le impeliera: No pude
darme cuen ta de mi asombro, porque en el momento mismo vol6 el
tal sombrero volcado por una gallina prieta que, escapánciose de debajo, echó á correr aleteando, aturdida y asm,tada, hasta los mogotes
más cercanos, donde se escondió súbitamente, dejando oír sólo su alharaquienta gritería.
Imposible dar cuenta &lt;le mi estupefacción y &lt;le mi asombro. Por
un primer impulso quise arrojarme sobre el mendigo y molerle á golpes 6 descerrajarle un tiro. Mezcla increíble de furor y espanto se apoderó de mí, y ciego, desatentado y frenético, sin tener conciencia de
mis actos, iba ya á consumar horrendo crimen, cuando el viejo, en el
colmo del terror y como por enérgica fuerza impelido, púsose de rodillas y con las lágrimas en los ojos y alzando hacia mí los brazos implorantes, gritóme, con grito tan desesperado, que nunca olvidaré:
- ¡Perdóname, padrecito de mi alma, no me mates, nada te ha-

gol Esa gallinita me la dieron de caridad; no me la he robado. Soy un
pobre, soy un pobrecito viejo y estoy eufermo. ¡Nu te vaya á castigar
Dios!
Una ola de sangre fría hízome volver al buen sentido, tan repentinamente como me había abandoi1ado. Pero mi retorno al cabal juicio
vino de estupor tal acompafiado, que tardé buen espacio en darme razón exacta de aquel evento. Cuando alcancé á rc:,:;011erme, me envolVÍll cierto ambiente de misterio y pavor, que me impulsó á trastumbarme del montón de piedras dontle hasta entonces había permanecido,
y poco á poco fuí enrollando el cabestro; amarrélo á los tientos de la ,
silla y monté de nuevo, ordenando al viejo con voz que el mismo estado de mi ánimo hacía imperiosa y amenazante, esperar en aquel punto basta mi regreso.
IV
A carrera tendida por entre los barbechos me dirigí á la estancia
de donde el coyote había robado la gallina. Llegué en unos minutos.
Llamé en seguida con las palabras sacramentales:
-¡Ave María!
.
-En gracia concebida, me contestaron desde a.dentro dos mujeres
que á poco aparecieron eIJ el umbral de los jacales.
-¿No se ha llevado el coyote alguna gallina?, les pregunté precipitadamente.
.
-Sí, siñor; y todos los días se lleva una 6, con perdón de su mercé, un puerquito, de modo que ya no tenemos vida. Ni los perros, ni
balazos que Je avientan los hombres, pueden espantarlo, _:cpos» siempre le ccjierrani, y los perros se cansan y le tienen miedo.
--¿Hay aquí algún hombre que venga conmigo á seguir al coyote
que está del otro lado de la cerca?
A mi pregunta, presentóse u:1 muchacho que acababa de llegar del
trabajo, según me dijo; le invité á acompañarme, á lo que prest6se de
muy buen ~rado; y ambos, entre las bendiciones y los votos de las
m ujeres, endere1,amos el rumbo hacia el lugar &lt;le mi aventura que como era natural, no quise referir á aquellas buenas gentes.
'
Cuando nos acercábamos al portillo del l,rincadero, divisamos al
rabadán y al_ guía que ya estaban de regreso y se dirigían á nosotros,
pues no ~ab1éndoi,1e encontrado en el punto donde me dejaron, vinie-•
ron en m1 b~~ca, dando conmigo en poco tiempo. También les puse al
tanto del obJeto que me había apartado del bosquecillo de los encinos
y todos cuatro llegamos en un momento al logar donde el coyote s~
me escapara dejándome burlado, y donde el viejo mendigo debía aguar- ·
darme.
Pero éste también_ había desaparecido; y aunque pensaba yo que
no podía estar muy leJOS según era enfermizo y débil su aspecto, no

�-

Domingo 24 de Mayo de 1903.

Ii:L MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

TÍA LOLA.

Domingo 24

Colocóse los anteojos, tosió, como quien recapacita ó tiene miedo de decir alguna cosa,
y ......

¡La tía Lola!. ..... ¡Pobrecita! Antójaseme
estarla vien,lo ahora tal y como la conocí cuando mis ojos se abrieron á la razón: chaparrona, metida en carnes, diligente, y con algo raro, algo int1ngible, como los efluvios de una
bondad que abriera la cárcel de los poros y cayera, como un riego bienhechor, sobre nosotros.
Peinaba ya, entonces, las canas grises de los
cincuenta años; dos hondos pliegues unían su
fina nariz con las comisuras de sus labio'4, y
su frente se rugaba bajo las toscas pinceladas
del implacable tiempo.
Y si n embargo, había sido hermosa, con esa
hermosura plúcida, candorosa, limpia de fingimiento, que parece no estar á gusto en su
carnal y tosca envoltura, y pretende salir &lt;le
ella, y volar.
Rondáronla señoritos &lt;le noble alcurnia y
vejetes encopetados, ofreciéndole, amén de riquezas y placer&lt; e, lo que es tan fúcil ofrecer
como dejar de cumplir: amor. l\fas ella lo despreció tollo, poniendo su pensamiento en algo
que creyó mejor, más digno y más perdurable:
en Dios.
Y as( fué viviendo, honestamente, tranquilamente, hasta qGe una noche, del regazo de
mi madre que agonizaba, pasamos al de aquella santa, mujer que, llorando, con sus beso1:1,
co11 sus caricias, con sus consejos, parecía querer anticiparnos los besos, los consejos, las caricias que quizás muy pronto perderíamos para siempre.

-¡Se muere!-dijo á mi padre-¡No tiene
remedio! La enterocolitis está ya muy avanzada; sería inútil hacer sufrir más á la enferma.
Aleje usted á la familia y quédese con este jovencito que ya está en f!dad de ir conociendo
las realidades de la vida.
Y, sí. d'ía Lola» se moría. Desde donde
estábamos se dejaba escuchar su respiración
cada :vez más fatigada y cada vez más lenta.
Mi padre cumplió las ó1denee del médico,
y nos quedamos solos.
No creíamos tan cercana la desgracia; nos
itlentaba la ei:,pemnza que da el cariño. Pero,
al ver aquel ro~tro enjuto, amarillento con la
amarillez de la cera vieja, al ver esas manos
que temblequenban sohre la cama y esos ojos
hundidos que f¡e iban alejando como se alejan
ante los nuestros las figura!-! ei1 una pesadilla,
comprendimos qu~ aquella vida se acababa.
Despué,, c,tía Lola» se puso á tararear una

de Mazy-o d-e 1903.

canción que tenía algo de dulce y de místico,
de infantil y de devoto; y con la última armonía, que fué descendiendo suavemente hRsta
perderse en el espacio ....... murió!
¡Era su alma que volaba!
l\Ii padre no pudo contenerse más, y, sollozando como un niño, salió corriendo de la
pieza.
Y yo quedé ahí, solo, mudo, inmóvil, comprentliendo, sin lo que era, que algo nuevo
se me revelaba. Porque del significado de
«aquello,» de lo que aquello quería decir, nada sabía.
En medio &lt;le las brumas de mi cereb:o,algo
reflexioné y caí arrodillado junto al lecho, humedeciendo con mis lágrimas las ropas del
cadáver.
Era ése el primer golpe que la realidad me
asestaba; el primer zarpazo que de la muerte
recibía; la primera orla negra con que el dolor
enlutaba mi corazón.
MANUEL l\1.

P JINES.

***
Sra. Victoria Corona de SAnchez Juirez

(Fot. Valleto.)

Sr. Andrés Sánchez Juárez

El viejo, .cuyas dolencias y falta de fuerzas eran más aparentes
quise decir una palabra sobre el hidlazgo del viejo á mis compafi.eros,
que reales, explotaba la credulidad de los sendllos montañeses para
para que fuesen á bui-carle.
.
hacerse temer y robar á mansalva, _con la ayuda del leal y bien amaesLos tres eran peritísimos en eso de seguir pistas y encontrar huetrado coyote, que le proveía de aves de corral y cuadrúpedos, con cullas. Púseles sobre el terreno mismo, y con todo y que sólo de piedra
ya venta satisfacía las menguadas necesidades de su miserable exisdma se componía, pudieron adivin&amp;r el paso, pero no de un animal, sitencia...
no de un hombre. Advertirlo y quedarse parados de una sola pieza,
Y ahora, al entrar la noche, el fiel canino march3:ba en pos del
viéndome con atónita mirada, fué una sola cosa.
-¡Alabao sea el Santísimo Sacramento del Altar!, exclamó el varústico funeral por entre las lóbregas asperezas de la serranía, lanzando
el doloroso clamor de la despedida á aqueila miseria y abyección que
ciero y todos tres se persignaron: ésta es la «fuella,, del nahual.
-¿Qué nahual?, les pregunté con una sonrisa incrédula, que yo
le abandonaban para siempre y que le habían amparado con amor y
mismo no estaba muy seguro de que faese natural.
.
abrigo en la soledad de los campos, en cuya infinita tristeza iba á per-Pos, siñor, dijo el muchacho .á quien fuí á traer de la vecma esderse el lastimero grito, como el toque lúgubre de rnlvaje clarín que,
tancia, es un viejo muy malo que se aparece por todos estos montes y
para .contemplar en tanta pequeñez la augusta grandeza de la muerte,
convocara á todos los espectros de la montaña.
naiden sabe de dónde viene ni dónde vive.
-Sí, amo, repuso el vaciero; y dicen que se güelve coyote ó cualMANUEL J. 0rHÓN,
quier otro animal ansina de esos del monte, porque izque tiene pauto
con el enemigo malo.
.
-Yo nunquita le vide, dijo mi guía, que hasta entonces había estado mudo y estupefacto; pero he óido hablar muncho de ese viejo, que
dicen que tiene la caca en una cueva del cerro.
-Eso no es verdad, les dije, no hay nah\lales; y si algún viejo ó
La crónica social de la semana registra una nota saliente: el
mozo ha pasado por aquí hace poco, Yarpos á buscarle y por fuerza tematrimonio de la Señorita Victoria Corona con el Sr. Andrés Sán•
nemos qne dar con él.
chez Juárez-miembros, los dos, de familias muy distinguidas y estiY nos pusimos en obra, pero to:.lo fué inútil. Agotamos el vigor
madas.
y la paciencia. El «fuellerío» desaparecía sobre las rocas dond~ no era
La ceremonia civil se efectuó el 16 del corriente, por la noche, en la
posible percibirlo, ó entre los matorrales que se espesaban haciéndose
casa habitación del Sr. Li.c. Ramón Corona, estando presentes como
bravíos y obstruyéndonos el paso completamente. Quise que nos intestigo~, la Sra. Jesús J . de Sánchez, y los Sres. Gral. D¿n Porternáramos en las cañadas de la sierra~ p('!ro mis tres acompa:fiantefl, á
firio Díaz, D. José Sánóhez Ramos, D.Sebastiár. Camacho, el Marqués
una, se opusieron obstinadamente y no logré arrancarles, con todos
de Prat, D. Tomás Braniff,D. Ignacio l\L Luchichí y D. Pedro Santamis esfuerzos, aquella supersiición de la cabeza.
cilia, contándose, además, entre los concurrentes numerosas damas y
Desalentado al fin, volvime, no sin proponerme descubrir -por
caballeros de representación.
'
·
cualquier medio y á todo trance a·q uel hasta entonces paraJOÍ inexpli·
El matrimonio canónico se verificó el lunes por la mañana en la
cable misterio; y no cejé un punto hasta que, transcurrido más de- un
capil(a particular del Sr. Arzobispo, que fué quien dió la bendición
afio pude lograr al cabo dar con el eecreto, cuando el víejecillo fué
nupclal á los desposados. Los Sres. José Sánchez Ramos y Lic. Ramón
enc¿ntrado muerto en una covacha oculta entre lo más salvaje y esCorona, y~ los Sras. María de Jesús Juárez de Sánchez é Isabel S. de
carpado de la montaña.
. •
~01:ona apadri 1;aron el acto,_ concluí do el cual, la distinguida pareja reEl hallazgo del cadáver fué debido á una circunsta~ci! bien sinc1b~ó en el salon d~l ~1"f&lt;&gt;b~pado las felicitaciones &lt;le sus parientes y
gular por cierto. Ocupábanse unos leñadores en sus habituales faenas,
amigos.
. · ,1 '·,
cuando escucharon los aullidos agudos y prolongados de un-:coyote, y El nuevo m.i.trimo~fo &lt;fttenta en la buena sociedad mexicana con
tan insistentes eran, que determinaron ir en busca del animal para ,. mt!cha~ y_&lt;tnuy m~i:eci'd_s.lfsi_ifiatfa~-·
matarle. Topároule á la entrada de una cueva poco profunda donde se
----=~~;~~- .
ocultó al sospechar que le perseguían. Los leñadores se aventuraron ··.;: .. ; ..:_,!,t~--,., .
dentro de la cueva, ¡y cuál sería su asombro al encontrar al viejo muer,&lt;l':1- i r.
. ~~
to y junto de él, como si fuese 1m perro, al coyote echado y lamiéncfo~ : . ,I ¡
' ... ~~ / o(?J.~~
, ..
le con tan grandes muestras de cariño y de dolor1 que los hombres se
·. ., 1 · l~
í?iélt➔~ ~-.·
enternecieron, y á . pesar de la superstición que abrigaban sobre las
~ ~ '✓
brujerías del viejo, le sacaron de ~llí 1 lleváridole 4 enterrar al cementerio más cetéano;

NUPCIAL.

.-"'~~~

1

•

..

Mi madre sanó, si bien no del todo, pero ya
la buena semilla de cctía Lola» había caído en
el surco. Tenía yo diez años, y á esa edad el
alma de los niños está abierta á todos los amores.
Tía Lola se convirtió en el «paño de lágrimas» de todas nuestras aflicciones, caprichos
é impertinencias, en el «refugium peccatorum» de todas nuestras picardías.
El que, al pasar por el comedor, metía un
dedo en el platón de la «crema;» el que prendía
á la falda de la criaqa un papel untado de grasa y luego le prendía fuego; el que ataba algato de la cola, sujeto á una estaca, y, luego le
tocaba impíamente el violín hasta que el animal se ccenfurruñaba,» todos, al ser descubiertos, huyendo de la ira paterna, íbamos á buscar abrigo tras las faldas de ,,tía Lola,&gt;1 que
abría sus brazos en cruz, amparándonos carifíosamente.
Cuando la penuria le impedía á mi padre,
por no poder ser dispendioso, satisfacernos
cualquier capricho, fruslerías, juguetillos baratos, dulces ó chucherías, era ella, 1tía Lola, » la que, muy á la chita callanda, de allá,
del fondo del armario, sacaba una petaquilla
de mimbre, en la que tenía bien guardados
sus ahorros. ¡Y qué ahorros! Setenta ú ochenta pesos,entre los que había monedas de todas
Jas fechas y de todos los cuños.
•
Después, nos formaba á todos en línea desplegada, cogiditos de la mano ...... ¡y ese día
reinaba en casa la más santa de las alegrías:
la alegría de los niños pobres!
-¡Sólo piensas en divertirlosl-gritaba mi
madre.
-¡Déjame!-contestaba «tía Lola,» con una
voz en la que había melod,ías de órgano.¡Bastante tendrán que sufrir!
¡Oh profetisa!

***

Salió el médico, un señor de cráneo broncíneo, trigueño, 1am piño, con excepción del bi.
gote, de gruesos belfos, muy atildado en su
vestir, dejando asomar por un bolsillo un moquero de yerbas, y llevando en una mano el
sombrero de copa y en la otra unos espejuelos
de cristales octangu1ares encuadrados en arillos de oro,

~amaa ~iafin9uidaa.
Stñorita maría ttrtsa Dtbtsa.

�Domln~ Z-4 ije ~ o de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

mL MUNDO ILUSTRADO.

Los premios consistían en una licorera de
cristal con aplicaciones de plata, un látigo con
mango del mismo metal y un estuche de cristal para camino.
Entre los aficionados á los ejercicios hípicos
han llamado mucho la atenci6n estas carreras¡
pues muy pocos esperaban que pudieran hr.cerse en el tiempo en que las hicieron los vencedores. La cfütancia que separa á México de
Amecameca es más 6 menos de 64 kilómetros.

RIMA PROFANA.
La blanca nifia que adoro
Lleva al templo su oraci6n
Y, como un piano sonoro,
Suena el _¡.,iso bajo el oro
dé su empinado tac6n.

En la glorieta de C:&gt;16n.-EI juez de llegada.

Sugestiva y elegante,
Toca apenas con su guante
el agua de bautizar,
y queda el agua fragante
Con fragancia de azahar.

DE AMECAMECA Á MÉXICO.
Las carreras que organiz6 el Club Hípico
Alemán y que se efectuaron el-domingo 17 por
la mafiana, tuvieron un éxito completo.
Desde la víspera salieron rumbo á Amecameca, punto designado como de partida, los
socios que debían disputarse los premios ofrecidos, recorriendo en el menor tiempo po~ible
la distancia que separa á aquella poblaci6n de
la ciudad de México. El juez de llegada se instal6 en la glorieta de Col6n, nrreglándose previamente los relojes para evitar alguna diferencia en los c6mputos.
A las cinco de la mafiana parti6 el primer
corredor, y cinco minutos después el segundo.
El tiempo en que aquél hizo la carrera, fué
de 3 h. 7 m., y el que emple6 éste, de 3 h . 4
m. solamente. El tercero sali6 á las 5.10, presentándose en la glorieta á las 8.14, y los demás, que partieron de Amecameca con intervalos de cinco minu~os, hicieron eh el trayecto más de cuatro horas cada uno.
El juez declar6 vencedores al sefior vY.Julsrud, que montaba el caballo «Emigrant» y que
obtuvo el primer premio; al señor W. Richardt,
que montaba el «Baby" y que gan6 el segundo,
y al señor J. "\\.irth, que hizo la carrera en el
«Aschenhroedel» y que obtuvo el tercero. Los
señores Julsrud y Richardt emplearon en la
carrera el mismo tiempo, y el señor "\Virth tres
minutos más.

Sres. W. Reichardt, W. Julsrud y J.

Wirth.

Luego, ante el ara se inclina
Donde un cristo de marfil
Que el fondo obscuro ilumina,
Muestra la gracia divina
De su divino perfil.
Mirándola, así, de hinojos,
Siento invencibles antojos
De interrumpir su oraci6n,
Y darla un beso en los ojos
Que estalle en su coraz6n.
FABIO FIALLO.

Rtinas dt una torrHa dt toros.

Llegada de uno de loa corredores.

Hace pocos díai1 i;e vnific6 en Guadalajara
la corrida de toros de aficionados qne un grupo de jóvene~ lle nquella ciudarl organiz6 en
honor clel seiior Gobernador clel Estado.
La fiesta, que er-tuvo bastante animada, fué
pre!'idida por cinco sefioritas de la mejor sociedad, que se presentaron luciendo ricos y
vistosos trajes de "chulas,,, de distintos colores. Al hacer el paseo acostumbrado, en carretela descubierta y por el redondel, las "reinasfueron aplaudidas con entusiasmo por la numerosa concurrencia que llenaba la plaza.
Agrupados en una página, verán nuestros
lectores los retratos de las hermosas tapatías.

Domingo 24. de Ma,yo de 1903.

�EL MUNDO ILUSTRADO.
Domlngll ?4 de Me.yo d~ 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

"LA SARGENTA."

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"LA SARGENTA" .-Cuadro 2o.-En Santo Domingo.

El Rayo de Luz.

Cuadro 4o.-Despedida de la Sargenta.

Ya era de madrugada cuando dejó_Baltasar
la lc,ca orgía, en cuyo torbellino de risa~ Y de
libaciones había pai:ado ll\ noche nntenor al
día de su santo, al día de Reyes. 8alió ~ la
calle mal envuelto en su capa que, retorcida
por el viento, apenas le presen·aba del _Mo.
Bien es cierto que para el traFmochador libertino en el estado de embriaguez en que Fe ha•
JJab; la atmór,fera acuosa en que flotaba la
brun:a era un alivio, un beso de frescur:1- que
acariciaba dulcemente su frente calenturienta.
Dió varios pasos en direcci6n á_ su_e~
Pero sus piernas flaquea?an. I:as 1!d1ficios giraban a,1te sus ojos turbios en mfernal rond~
El corazón se le subía á la garg~nta. Expen·
ment6 un dE;seo inmenso de tumbarse &lt;londequiern, allí en el suelo fangoi:-o, sin _atend~r á
la pulcritud y eleg~ncia de_ su ropa.Je. Si no
hubiera comprendido. mediante un supremo
y último esfuerzo de su razón, el mal quemo·
mentáneamente le dominaba, hubiei;e creído
que se le acababa la vida.
-Estoy borracho, atrozmente borrachopensó entre las obscuridades de su ?erebro.
Ya iba á caer a.l doblar una esqmna, cuando le detuvo una mano. Era una mano d~ra
y fu1::rte, una mano acostumbrada nl trabaJO,
á domar la materia. Era. la mano de un obre·
ro. Iba el hombre vestido de blusa. Sin duda
volvía de su faena. Con voz serena y ronca,
dijo al calavera:
.
-Sígame usted. Le llevaré á mi casa.
Baltnsar obedeció sumiso como un cordero.
Grande era su debilidad, pero el brazo en que
se apoyaba era robusto. Si hubiese sido n~esario, Je habría llevado en suspenso. Y_el JO·
veu tuvo una vaga y sentimental reoumscen·
cia de cuando era nifio, y así le llevaba su pa·
dre después &lt;le la tertulia, amodorrado por el
sueño. Llegaron á una casa modesta. En la
puerta aguardaba una mujer, una hermosa
hija del pueblo. Sorprendida al ver á un se·
fiorito átales horas en compa11ía de su esposo,
pronto adivinó lo que ocurría, y en su car~
brilló la sonrisa de la bondad, de que estaba
llena su alma.

ae M83'o

&lt;Je 1903.

al libertino. Este fingió que dormía, pero por
entre sus párpados disimuladamente cerrados,
pudo contemplarlas á su sabor. Eran dos arrogantes mocitas. Una de quince nños, la otra
de veinte. Venían despeinadas, medio vestida~. Y Íl su pre~encia, con c:mdidez, Fin coquetería y t::in impudor, se recogieron el abundante pelo negro y se ajustaron el seno frente
al eRpejo que colgaba t::obre la cómoda. Luego
se retiraron á almorzar en la cocinn.
Incorporóse Baltasnr entonces. El rayo de
luz que penetraba por el balcón había crecido
en intensidad, y de azul pálido se había trocado en oro de fuego. Su mirada cayó 1,obre
unos diminutos zapatitos que estaban colocados, apareados en el suelo, delante de una silla. Se ech6 mano al ·bolsillo.
-Deben ser rle la hermana menor-dijo.
Y deposit6 en ellos todo el dinero que llevaba.
Luego tosió, se arregló las ropas. Y apareció en el acto la espol'a del obrero.
-¿Cómo ha pasado usted la noche? ¿Desea
tomar alguna cosa.?
-Gracias-murmuró Baltnsar cogiendo el
sombrero.-No olvidaré jamás á ustede?.

[ttra dt 6on%áltz tarrasco y música dt 6asc61.
«La. Sarge~ta,» esa linda cría.dita remilgada,
capaz de apasionarse con ar~ores :omántic&lt;&gt;11,
de seguir á su «hombre• baJo los implacables
rayos del sol y en_tre el ardiente polvo de 101
caminos esa muJer transformada en cosa al
servicio 'del t::er á quien ama, por obra del
amor es un tipo netamente mexicano.
Así son nuestras pobres mujeres del pueblo, abnegadas, triste, obstinad~_mente abnegadas, esclavizadas por el _e;armo, obscuramente sojuzgadas por la pas1on.
Así son las hembras que cuando su «homhre• les pega y alguno las defiende,_ acometen
á t!U defensor- las que mueren asesmadas por
au amante si~ confesar que éste las hiriú.
González Carrasco que i,abe observar y cifrar estéticamente nuestros tipos Y nuestra&amp;
constumbres nacionales, ha simbolizado con
maestría ese tipo de mujer del pueblo.
Los otros, los que sirven de fondo á la acción de ese grande amor que no sabe expresarse en frases cultas, s.:&gt;n también caracteres
fielmente copiados de la vid9: re9:l.
.
Carrasco ha sabido también mtroduc1~ el
lenguaje popular á la. escena, con tal gracia y
maestría, que en vez de disgustar, agrada y
hace reír.
. .
Gascón, por su part~, ha contribmdo. al
éxito amenizando la pieza con una música
movida y agradable.
Da gusto ver obras como ésta, porque en
ellas se vé algo así como las primeras piedras
que han de formar los verdaderos cimientos
del arte nacional.
Nuestros grabados reproducen las escenas
principales de «La Sargenta.»

DomJngn ,:i

*

"LA SARGENTA".-Cuadro 5o.-En el campamento.

-Pasa&lt;l adentro-dijo.
Trataron de hacerle té, de prepararle una
cama. Pern Baltasar se opuso. Estaba avergonzado. Su misma situación, su rico porte,
era un reproehe en medio de aquella honrada
pobreza. Content6se con reclinarse, revuelto
en su capa, sobre un sofá de paja. Trajéronle,
no obstante, dos almohadas y una manta. Y
le dejaron en la salita, retirándose ellos á su
alcoba.
Todo quedó en silencio, todo quedó en calma. A través de los vapores que el vino eleva
á la cabeza, y luchando entre el insomnio y
el letargo, Baltasar apartó de su rostro el embozo de su capa y paseó una mirada por la
habitación. Eran los muebles sencillos, humildes. En medio una mesa redonda con tapete de bayeta, un mantel arrollado á un extremo, una copa, un plato, una cuchara, restos de la cena de familia. Enfrente una cómoda con dos floreros, el único lujo de aquellos
pobres. Sillas alrededor con costura, señales
de laboriosidad. Y todo limpio, reluciente,
ordenado.
Sobre un taburete, en un vaso, ardía una
lamparilla, bafiando de suave claridad la estancia, enviando á todos lados tiernas miradas. Era como una pupila de oro que estaba
dP.Spierta, vigilante, mientras los otros dormían. En la pared un reloj viejo marcaba las
horas, siempre iguales y i;iempre tranquilas,
y sonaba su tictac reposado como el latido de
un corazón que ignora toda ambición y todo
tormento.
-Nunca había visitado la casa del obrero
~dijo entre sí BaltaFar. -No creí que la felicidad se hallara sino entre seda y oro. Veo
que la ventura puede existir hermanada con
la pobreza.
Fué calmándose la irritación de sus nervios.
Y un sueño agradable, un sopor suave, fué
apoderándose de sus SPntidol'. Dijérase que
todo su cuerpo iba sumergiéndose en un bafio
de aceite tibio. Y su alma, desligada de las
cadenas terrestres, voló á otros tiempos y á
otras escenas.
\'ió galopando por el aire caballéros en brio~os co~celes, á los tres Reyes Magos que en la
infancia de él, al amanecer de aquel mismo
día, le habían aportado vistosísimos juguete!!.
Ahora pasaban también, pero sin traerle nada.
Afl.igióse en extremo.
-¿Xo me reserváis algo?-les preguntó con
an¡mstia.
-:-: Ya no tiene encanto para ti ninguna baratiJa-le r~spoudieror..
Reflexionó Baltasar que &lt;:ra verdad aquello.
Todas las ilusiones se habían deshecho entre
sus manos como se deshacen las alas de una
mariposa. El ansia de la gloria le había_deja-

do en el pecho un vacío insondable. La codicia de la fortuna no había sido para él más
que una montaña, prontamente salvada, y
tras de la cual se extendían siempre idénticos
paisajes, monótonos y sin atractivos.
Ante tan completo desencanto experimentó
una sensaci6n estranguladora. Se estremeció
bruscamente y abrió los ojos.
Por el balcón entornado empezaba á clarear
el día. Sintió rumor de colmena que se despierta. Era el obrero, que de pie ya, se disponía á salir para su trabajo. Su mujer trajinaba en la cocina. De una alcol:¡a salían algo así
como gorjeos confusos, como un cuchicheo
argentino. Eran las dos bijas del boro bre compasivo que había dado albergue á Baltarar
aquella noche. Preludiaron un canto. Pero
fué acallado por una voz que les r 3comendaba
silencio. ¡Pobres alondras! Todas las mafianas cantaban antes de salir en busca, como el
padre, del grano de trigo. Sólo aquella vez
permanecieron mudas.
Pasó el obrero junto á Baltasar y creyólo
aún dormido.
-¡Silencio! ¡Que no se despierte!
Y marchó para la calle ~in hacer ruido.
Las muchachas, más curiosas, se acercaron

Y partió. Pero el r:c•uerdo ele aquella noche eh adelante fué para él como un sol que
alumbró su obscura vida, fué como un ejemplo purísimo, como uh reproche que le perseguía cuando emprendía una senda extraviada.
Sin saber cómo, cuando salía á dar un paseo,
sus pies se encaminaban hacia aquella casa de
modesta apariencia, como si una querencia
grata hasta allí le guiara. Y siempre, al pasar frente á ella, la ealudaba como á un lugar
sagrado.
¿Por quf?
Oídlo:
· -Aquel afio-dice-hice de Rey Mago, pues
llené de dinero los zapatitos de una linda muchacha. Y aquel año, cuando ya los Reyes
Magos nada podían regalarme, me hicieron un
presente inestimable.
¡Un rayo de luzl Y á favor de este rayo de
luz filtrado al través de un balcón, aprendí en
la casa de un pobre la verdadera, la íntima,
la eterna ventura.»
Todos arrostramos en la vida tenebrosas
tempestades. )luchas veces, tras de los conflictos espa11tosos, continuamos andando por
el mundo, sin haber recogido de la tremenda
catástrofe enseñ.i.nza alguna. Mas, no siempre
sucede eso. De la nube obscurísima surge un
rayo de luz. Y este rayo de luz, bien se llame
resignación, esperanza, amor. es la estrella que
gufa en adelante nuestros pasos.

"LA SARGENTA".- Cuadro 60.-Escena final.

JOSÉ DE SILES.

�Domingo 24 de Mayo de 1903.

LA RUINAS DE TULUM.
En el punto de la costa oriental de Yucatán
que se conoce con el nombre de Tulum y que
está situado á sesenta millas, aproximadamente, de la Bahía de la Ascensión, se encuentran

no Huerta, al desembarcar en Tulum y emprender una expedición militar que le fué encomendada, visitó detenidamente las ruinas,
encontrándolas casi abandonadas. Algunos
oficiales del ejército que formaban parte de la
expedición levantaron planos del supuesto
templo, tomando, además, fotografías y apun-

Dom.Ingo 24 de Ma;yo d~ 19'03.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

*

rio de Quintana Roo, damos á conocer: una
que representa el muelle del campamento«General Vega» durante el desembarque de
materiales de construcción; otra, el acopio de
durmientes, rieles, etc., para el ferrocarril militar, y una del campamento de trabajadores
inmediato al ''Vigía.''

¡Qué dulce tu nombre! Lo dice la boca
y al punto de ella parece surgir
el canto que anhelos divinos provoca,
un hilo de mieles que endulzan la boca,
el soplo de brisa más blando de abril. ...
Oh virgen, tu talle semeja una palma;
tus ojos son astros de vívida luz;
son nácar tus manos . . .. ¡Cuán bella es tu a lma!
¡Qué hermos a, qué casta, qué buena eres tú!
VfCTOR M , RACAMONDE.

CUENTO DE LAS ALMAS.

1

l
:

Psiquis sufría; pálida, muy pálida; enferma, muy enferma.
Su padre, el viejo Essenio, el barbudo terapeuta,_ de mir_ar gelatinoso, por lo arcaico, y
guedeJaS calcmaclas por los soles de cien ciclos, leyó y releyó los ajados y ceñudos rugosos papiros, de la Helenia sabia, de la Alejandría claudicante, de la Palestina santa y de la
Roma disoluta. El viejo Essenio consultó á
profetas, augures y astromantes; clamó á los
dioses, y clamó á los cielos: «Decidme de Psiquis la oculta llaga, y yo la aliviaré con los
poderes de mi ciencia.» ccEs amor, es duda?»
~No, el amor tiene gemidoi;,, pero trae aleluyas, sonrisas de ángel: y el engE:ndro de las
tinieblas, la duda en el saber, es triste, es
nostálgica, nunca maldice.,,
Y Psiquis 'gemía, enferma, muy enferma; y
el viejo Essenio enjugó los turbios ojos, tur

LA MUERTE.
La fiebre aument&lt;tba por momentos; mi
sangre,como un torrente de lava corría aceleradamente por mis venas y la 'vista se me
anublaba mffes y más cada instante, hasta el
punto de que apenas si distinguía al médico
que con i:eloj en mano contaba mis pulsacio~
nes, y al grupo de personas queridas qur. es~eraban anhelantes la opinión del facultativo.

1

*

Frente y escalinata del supuesto te,nplo de Tulum,

j

1

r

Un Desembarque en el " Campamento Vega."

las ruinas de un antiquísimo edificio que se
supone haya sido templo consagrado por los
primitivos pobladores de aquella comarca á
alguno dr. sus dioses, y que aparecen, tal como se ve en las fotografías que ofrecemos á
nuestros lectores, destruidas en gran parte por
la acción del tiempo. El Sr. Gral. Victoria-

tes de las fachadas. En el interior de las ruinas fué encontrado, entre otros objetos que indudablemente pertenecieron á los indios, un
ídolo de piedra.

***

.Paia completar la serie de fotografías que
venimos publicando, con relación al Territo.

A LULU.
:No vayas al campo;
los lirios, los nardos que cree.en allí,
al verte tan blanca, más blanca que un ampo,
que un copo de espuma, que el lirio del campo,
se van á morir,
de envidia los nardos, los lirios de celos;
porque eres más blanca que el nítido tul
del traje de novia; que todas las plumas
de todas las garzas que cruzan los cielos ....
No son las espumas,
los cisnes, las hostias, los sueños del niño,
la piel del armiño,
el alma de un ángel más blancos que tú.

*

No vuelvas los ojos-te dice la estrellaal cielo sin fin;
la luz de tus ojos es fúlgida y bella;
no mires al éter .. .. Yo sé de una estrella
que muere de amores .... y muere por ti.
Tus hondas pupilas
son grandes, muy gr.a ndes. No tiene el azur
celajes más limpios. Las·aguas tranquilas
do moja la luna sus albos cabellos,
los rubios destellos
de todos los soles no tienen más luz.

ldolo encontrado en Tulum.

~io~ como el cristal que regaza á los vahos del
mvierno.

Una mujer pálida, muy pálida, envuelta en
blancas y vaporosas vestiduras, se acercó á mí
lecho cor, paso silencioso. Un estremecimiento de alegría agitó mi cuerpo al contemplarla.
Era ella la amada de mis ensueños la amada
imposible.
'
Sus labios eran finos y delgados y en ellos
parecía aletear un beso casto é ideal, un beso
en que no ardía el fuego impuro de los besos
que manchan y queman.
Sus ojos oscuros y profundos, tenían la
atra?ción misteriosa del abismo que incita á
arroJarse en él, y el vago y misterioso encanto de lo desconocido. Y ella, tomando mi cabeza entre sus manos,~me d;;o con voz suave

y melodiosa: ceYo soy la mujer que tú suefias
la mujer que esperas tanto tiempo; yo he es'.
cuchado tus ruegos y acudo á tu llamado para h3:blarte de 13: dicha suprema, que no' conocéis los que vivís envueltos en los torbellinos de las mundanas pasiones. Pronto celebraremos nuestras nupcias eterna~, bajo los
mármoles blancos, á la sombra ele los saucea
llorones y melancólicos. Adiós hasta entonces,amado mío?i,
E imprimiendo en mi frente afiebrada un
Leso frío y delicioso, desapareció sin que pudiera estrecharla entre mis brazos.

····················································· .. ...

En la candileja agonizante, como espíritu
que acaba, rondó y rondó alado insecto, hasta
alcanzar la muerte.
«Ah!-gimió el filósofo estoico y pensador,el escarabajo me enseña más que la ciencia de
los hombres y que la clemencia de los dios~s: tú, oh hiquis, como el insecto miserable,
tienes hambre de luzlii
Y murieron Psiquis la pálida y Essenio el
terapeuta, de morbosidades ignotas, de ignoradas cuitas.
PIERRE LoUYs.

*

Si vienes al valle,
los vientos que pasan te van á decir:
es. reina, tu t~lle
·
esbelto lo mismo que el junco del valle,
y breve y gracioso como un colibrí.
Las verdes palmeras,
las hojas más finas del alto abedul,
con ser tan afrosa.s, con ser tan ligeras,
no son como tú.

*

Acopio de materiales para el Ferrocarril Militar.

Yo sé que tus manos
son obras maestras de un arte sutil,
prodigios de carne, jazmines enanos;
no tienen las manos
las hadas i.sí.
No hay joya, no hay cáliz, no hay mármol, no
(hay nieves,
no hay concha en el seno del piélago azul
más níveos y puros. Tus manos tan breves
parecen jazmines de carne, Lulú.

*

Volví en mí. En los semblantes ele todos
los que me rodeaban bri1laba la alegría. Me
había salvado.
El doctor me dijo que al ponerme en la
frente un pedazo ele hielo para hacer disminuir la fiebre, había recobrado. el sentido. Pero yo no le creo, pues ha sido ella, estoy seguro, que ha venido á mi lecho y me ha besado..
P?r eso estoy pálido: pálidos son los prometidos de la amante de los besos de hielo
cuya cita espero tanto tiempo para celebra~
nuestras nupcias eternas bajo los mármoles
blancos y á la sombra de los sauces llorones y . \
mela.ncólicos. -CARLOS HEGARD.
.,

Campamento de trabajadores.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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          <name>Título Uniforme</name>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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�Dom!Lngo 31 ae Mayo die 1903.

EL MUNOO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

J:a Eitncia dt la Escoba.
El polvo, he ahí el enemigo.
Y no es un enemigo de broma que combata
en orden esparcido y cuyos embates puedan
esquivarse fácilmente con sólo una poca de vigilancia; es un enemigo que tiene el don de la
ubicuidad, un enemigo de cada momento que
nos envuelve por todos lados, ~in tregua ni
compasión, arriba, abajo, á la &lt;lerecha, á la
izquierda; combate por dentro y por fuera, de
noche y de día y para él ningún sitio es neutral, ningún sitio es sagrado, ni nuestras más
íntimas ropas, ni nuestros bolsillos, ni nuestros ojos, ni nuestros bronquios, ni los poros
de nuestra piel; aparte de aquellos que emplean el agua como vehículo de propagación,
casi todas las enfermedades "evitables" penetran en el organismo en forma de gérmenes
impalpables, que es como si . dijéramos de
polvillos vagabundos. ¿No acontece esto trat.ándose de la tuberculosü1, cuyo bacilo llega á
poblar materialmente la atmósfera de los lugareR infestados, que en nuestros días son los
más? ¿No pasa lo mismo con los gérmenes del
tétano, de la difteria, de la erisipela, de la
influenza?...... .. .
He aquí por qué la supresión del polvo
[dust abatment] preocupa á las autoridades
municipales y sanitarias de Inglaterra tanto ó
miis que la supresión del humo [smoke abatment]; he aquí por qué en los cabildos ingleses se discute tanto y tan hondo acerca de lo
que pudiéramos llamar la ciencia de la escoba, cultivada en aquel país por recias manos
reforzadas con ingeniosos aparatos, y en México por manecitas fomeniles que empuñan
el rudimentario utensilio de "popote" y acarician con él los pavimentos, ya que la anemia
nacional no les presta vigor para otra cosa. Y
á fe que tienen razón aquellos previsores magistrados, porque en breve se hablará de la
cuestión del barrido como se habló de la cuestión de Venezuela y como se habla de la cuestión obrera. Sólo que la cuestión del barrido
es de mayor trascendencia, y en toda empuñadura de escoba podría escribirse con doble
intención el shakespeariano ''To be or not to
be" como un símbolismo de que la ciencia de
la escoba es una cuestión social, de vida ó de
muerte.

***

¿Queréis, señora, que os diga lo que hasta
ahora se ha resuelto sobre el particular? ¿Queréis conocer los prolegómenos de una ciencia
que soléis practicar casi en carácter de sport?
Pues, ante todo, sabed que ha sido resuelto,
sin discusiones ni réplicas, suprimir el barrido en seco. Esa resolución es el alfa, el principio fundamental, la regla esencial de la ciencia del barrido. ¿Por qué? Por la razón que os
obliga á envolver vuestro peinado cuando empufiáis la escoba: porque el polvillo, removido á locas, sólo cambia de sitio, pero no queda suprimido. Es, pues, un verdadero axioma, a~eptado por todos los doctores de la n ueva ciencia, que el barrido en seco eólo remueve
el polvo, diseminándolo y ampliando su acción
maléfica. Bien; ¿pero cómo debe procederse?
Este es, en la actualidad, el nudo de la cuestión, y ocúpanse en desatarlo con tino muchas
eminencias científicas.
¿Sonreís, señora? ...... Sí, es claro que-pensáis-no debiendo barrer en seco, lo primero
que deba hacerse será humedecer el pavimento. Y tenéis razón, ésa es una deducción lógica y hasta ella han llegado las eminencias
científicas de que os dignáis reíros. Mas, ¿con
qué humedecer los pavimentos? Agregar agua
de la que usamos generalmente en las casas á
polvos infestados, no nos parece óptimo; pero,
convengamos á priori que el agua tiene el don
de aumentar la pesantez del polvo, impidiendo que éste se levante en nubes y permitiendo
que sea retirado de la circulación con facilidad
relativa. Pensad, empero, que la humedad
favorece, en vez de contrariar, la pululación
de los microbios, y que hay motivos para suponer que exalta y excita la virulencia de esos
minúsculos enemigos de la humanidad.

Pensad que los efectos del rocío no dura~
sino por algunos instantes y qu~ luego la aridez y el polvo vuelven á entromzarse con mayor intensidad que antes. Pens~d, en ~n, q?e
si ese procedimiento ee de práctica reahzacion
para las calles, plazas y ca?1inos públicos,. ~s
de aplicaci6n menos apropiad3: en los d~micilios sefialadamente cuando se tienen pavimentos 'encerados ó cubiertos con alfombras más
ó menos ricas. ¿Qué hacer, pues? ..... .
Tratándose de las calles y de las vías férreas,
los americanos se han servido del petróleo, al
parecer con éxito pero esa substancia sería
todavía menos ad~ptable en el domicilio. D\cese que hay substancias ligeramente oleaginosas que sin los inconvenientes del petr6leo,
poseen las cualidades de pesantez para uso en
los domicilios, pero no se han hecho comp~obaciones precisas á ese respecto. Por lo demas,
esas substancias fijarían, si? duda, sobr~ el p~vimento los gérmenes patogenos y casi eqmvaldría ese resultado al de introducir y detener al lobo dentro del redil.
1Pero el torbellino del" polvo es cosa tan tremenda! Para darsf\ buena cuenta de él, es preciso haber visto, por ejemplo, la angustia q_ue
se apodera de los enfermos cuando se realiza
el barrido en una sala de hospital. Por eso se
ha condenado sin apelación el barrido en
seco.
Hoy, muchas eminencias científicas trata?
de resolver el problema, tratando de descubnr
una fórmula que á la substancia absorbente
del polvo una algún principio microbicida,
adaptable al rocío de habitaciones. Pero las
eminencias buscan, buscan, y hasta ahora no
han podido encontrar lo que precisamente
buscan ..... .

***

¿Os imaginabais, señora, que una simple
operación doméstica pudiese preocupar tanto
á los austeros sacerdotes de la ciencia? Es un
hecho, señora, y tal vez vos podríais ayu~ar
sus investigaciones con las enseñanzas valiosas de vuestra experiencia.

da de tempestad que azota el mar, rugió sobre
los ámbitos de lo inconmensurable.
-Soy yo, la Envidia!

Domdn·go 31 d,e Mayo di8 1903.

RAFAEL ANGEL TROYO.

CUADROS RÚSTICOS.
I
GLORIA MATUT1N A

Despunta el alba. El espacio esple!!de
Como ascua de oro, y silenciosa y grave
La noche deja la imponente nave
DonJe sus gasas enlutadas prende.
Entre lal:l chozas la oración asciende,
La prole ríe con preludios de ave
Y esbelta criolla de semblante suave
En limpia manta el desayuno tiende.
El cerdo gruñe en el chiquero. El gallo
Despierta jubiloso su serrallo,
Mieatras ladra el lebrel con voz de asombro

Y sigue al labrador, que satisfecho
Va hacia su campo con la fe en el pecho
Y la herramienta del trabajo al hombro.

II
POLICROMA

Respira el campo con rumor de ignotas
Voces de idilio. El aljófar rueda
Sobre los montes, y á la luz remeda
Diamantee raros de soguillas rotas.
Se oyen ecos de cántigas remotas,
Alisa el tordo su plumón de seda,
Y oculto el papagayo en la arboleda,
Alza su voz de alharaquientas notas.
Muge el ganado; con acentos broncos
Suenan las hachas al herir los troncos,
Y mientras mueve con paciente mano

SARDÍN.

El fantasma dt la gloria.

El labrador en su heredad la yunta,
Fresca ilusión sobre su fe despunta
Como despunta sobre el surco el grano.

III
MEI&gt;IO DÍA
Del borde del camino sembrado de maiezas. voces invisibles gritábanle: adelante! suChorros de luz reverberante y roja
bel no desmayes! y animado por aquel him- · Derrama el sol, y por doquier palpita
no sonoro que parecía empujarle, arremetía
Vital impulso que al trabajo incita
con frenesí las espuelas en los ijares del bruto,
Y nueva savia sobre el campo arroja.
que con las crines al aire y las narices inflamadas por el vértigo de la carrera, subía, suTras el arado que á la tierra afloja,
bía, subía, como la bestia del Apocalipsis, caCanta el labriego, bajo el sol se irrita,
mino de los cielos.
Y la epidermis de su frente imita
Adelante! sube! clamaba otra vez la mucheObscuro bronce que en sudor se moja.
dumbre invisible. Y con la lira de cuerdas de
oro á la espalda, que semejaba una rubia caLa fe lo anima, y aunque no se rinde,
bellera mecida por el viento, y con las obscuras
Suelta el arado y á la inculta linde
melenas alborotadas como el oleaje de un mar
Avanza y se hunde en matorral espeso,
negro, aquel soñador,que parecía un guerrero
Donde le ofrece su consorte alivio
veía ya desde la empinada vía fulgurar entre
Uniendo al jugo del almuerzo tibio
las bruma!' de la altura de la cima, la cima
La miel ardiente del amante beso.
coronada de astros, bajo cuyos resplandores
había tantas veces dormido sus ensueños.
IV
Ya se acercaba; los feroces cascos del blanco
corcel leventaban chispas de oro del camino
RETORNO
tapizado de estrellas. Ya se acercaba, cuando
. aquel potente vuelo de bestia divina que desEn el rigor de la enervante siesta,
garraba las nubes y que no había logrado deMustia se mueve la ondulante caña,
tener Júpiter con la cadena de sus rayos, paY en la laguna con pereza extraña
róse momentáneamente. Un fantasma, una.
Inclina el bruto la cansada testa.
beldad le sujetaba las bridas. -Quién sois, que
El campo vibra con rumor de orquesta,
así osais determe·?- gritó el jinete consternado.
Pasan las horas, el fulgor se empaña,
-- Yo... -murmuró dulcemente el fantasmaY en el bosque, en el llano y la cabaña
la buena hada de los viajeros extraviados; déTiende su red la obscuridad funesta.
jame besar tu frente de pensador gigante é indicarte el verdadero camino de la gloria. Y
Todo reposa en la inacción; la vida
apartándole de la senda que recorría, le conBajo
el nublado y la quietud se anida;
dujo á otro camino.
El perro aúlla con marcado asombro
-Por aquí, le dijo, y desapareció luego.
De nuevo el bruto se precipitó en rápida:.
Y sigue al labrador, que satisfecho
carrera. A poco la noche descendió, vino la
Vuelve
á su choza con la fe en el pecho
confusión de las sombras, y el hielo mortal
Y
la
herramienta
del trabajo al hombro.
del abismo que se abría bajo los pies .....
Entonces una carcajada espantosa, carcajaBENITO FENTANES.

EL SB. GENERAL LUIS PÉBEZ FIGUEBOA.
El día 23 del corriente dejó de existir en
Tlalpam el señor General de División Luiio Pérez Figueroa, uno de los jefes del Ejército más
r?sp~tados y queridos por su lealtad á las instituc~o~es ~epublicanas y su amor á la Patria.
Ongmano db Salvatierra [Guanajuato], el
's~ñor Pérez Figueroa comenzó su carrera militar en 1853, sentando plaza de Subteniente
~e Inf~ntería; en 1855 fué ascendido al grado
~nmediato superior, y, gracias á su conducta
•. irreprochable, su carrera fué, á partir de esa
1
época, tan rápida como brillante. En 1866 se
· ' le confirió la banda de General de Brigada, y
·. u~ ~fio más tarde la de Divisionario. De los
disti_~tos combates y escaramuzas á que concf rrio, Y que fueron 78, sólo mencionaremos
e asal~o y toma de la plaza de Chilapa, la
ocupación de Guadalajara en agosto de 1855,

la defensa de Matamoros Izúcar en 1861, la
célebre batalla de la Carbonera y la ocupación
de México en noviembre de 1872, acciones de
armas en que el distinguido soldado demostró
su inquebrantable valor, poniéndose siempre
al servicio de la causa liberal y de los verdaderos intereses del pueblo. Las condecoraciones que le fueron. conferidas, tanto por el Gobierno General como por los Estados, acreditan su brillante comportamiento militar y lo
hacen acreedor al aplauso de sus compatriotas. Al morir, el señor General Pérez Figueroa poseía la Condecoración de la Paz, la Cruz
de Primera Clase, la Medalla Honorífica del
Estado de Veracruz [ decretada en 1868] el
Di ploma por la batalla de la Carbonera, la :Uedalla por el asalto y toma de Puebla, en 1867
y la que se confirió por el Estado de este nom~
bre á los que combatieron en su territorio contra el llamado Imperio.
El sepelio del señor General Pérez Figueroa

se efectuó el lunes por la tarde, con los honores de Ordenanza, concurriendo al acto el señor Pr-esidente de la República, los jefes del
Ejército más caracterizados y ufi gran número
de particulares.

Sólo por un conocimiento de las consecuencias naturales obtenido experimentalmente, es
uor lo que los hombres y las mujeres se detienen en la pendiente del mal.

*
Los nifios que han sido más castigados rara
vez hacen los mejores hombres.
'

*
Es tan fácil engañarse uno á sí mismo sin
advertirlo, como difícil engafiar á los demás
sin que lo noten.

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domdtngo 31 de Mayo die 1903.

lontananza florida, una música vaga que se
acerca y se confunde con la música del mu
A veces arrastra una pied ra, una rama u~
puñado de hojas secaR, hasta las aguas. '
Saltan chispas de plata entre las ondas· un
círculo de luminosa pedrería se dibuja el
11gua y va creciendo. extendiéndose hasta per.
derse, como un sueño que se desvanece.
De improviso un murmullo, lejano, se per.
cibe. Una silueta blanca se destaca sobre el
fohdo azul.
Es una mujer que camina lentamente hacia
el mar.
Su cabellera recogida en lo alto, brilla como
8 i fuese de oro macizo, cincelada por un art{.
fice exquisito.
U na guirnalda de rosas blancas, como un
enjambre de mariposas en t~rno de áurea fronda, circunda la cabeza gentil.
Las pupilas, húmedas, brillantes, tienen el
color de una hoja &lt;le laurel, em papada de rocío.
Las cejas, negras, tienen la cun·atura altiva y gallarda de los arcos de triunfo.
Las pestañas, largas. dibujan una sombra
leve en las mejillas pálidas.
La nariz, recta y delicada, reposa sobre una
boca fresca, encendida como el pétalo de una
roja flor.
Envuelve su cuerpo una túnica blanca, sin

:n

Fachada de la Legación de Cuba.

EN LA LEGACIÓN DE CUBA.

j
l

1

&lt;¡
l

Con motivo de haberse celebrado, el 20 del
que cursa, el primer aniversario de )a entrC'ga
del Gobierno de Cuba, por los americanos, al
Presidente electo para regir los destinos de la
nueva República, el señor General don Carlos
García Vélez, Ministro Plenipotenciario de
aquel país en México, _ofreció á sus numeros~s
amistades y á los miembros del Cuerpo Diplomático, una recepción que se efectuó el
mismo día por la tarde en su elegante casa de
la calle del Ejido.
Los salones de la Legación fueron visitados por lu mayor parte ~e los representan!es
de los Gobiernos extrnnJeros, por altos func10narios de la Administración Pública y por familias y caballeros de la buena sociedad. E l
sefior Ministro y su d istinguida esposa, la señora Ibor de García Vélez, atendieron con exquisita cortesía á los concurrentes, y durante
la fiesta la música del Estado Mayor tocó en
el jardí~ anexo al edificio aires nacionales y
cubanos, el himno bayamés y trozos de las
6peras más celebradas.
A propósito de la recepción á que 110s referimos, publicamos hoy fotografías de los prin-

cipales departamentos de la Legación, acompañándolas de dos grupos: uno en que aparecen el señor General García Vélez, su esposa
y su hijito, y otro que repreRenta al mismo
señor General tomando el café con su Secretario.
Los salones de la Legación están decorados
con suntuosidad y P-legancia.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Las pupilas quedan fijas, como si contemplasen algo con ansiedad.
Los labios se descoloran, el cuerpo se estremece, se alarga un poco y la cabeza cae hacia
atrás, inmóvil.. ... ... .
Dársanis ha cumplido el juramento que hizo ante el altar de la diosa Afrodita.
Su amado, el hermoso Fanes, llamado por
su belleza «EL Apolo ele Lesbos,i, partió hacia
el desfiladero de las Termópilas á luchar contra los persas, bajo las órdenes del rey de Esparta, el héroe Leónidas, por la libertad de la
patria.
Antes de partir, Dársanis juró que si su
amante tornaba de la guerra, sacrificaría, en
holocausto, un toro blanco; y si moría en el
combate. jnró morir ella también.
Aquella noche llegó á Atenas la noticia de
la muerte de losguerreros helenos, cada uno
de los cuales se convirtió en un héroe, nimbado de gloria.
Dársanis peinó sus cabellos, se ciñó una
guirnalda de rosas, como si fuese á una fiesta,
y sih derramar una lágrima, sin proferir una
queja, sin decir una eola palabra, salió hacia
el mar, llevando un pomito de nácar que su
amado le había traído del país del ámbar, lleno de exquisito perfume oriental, y que ella
después había colmado de un veneno que causaba la muerte con rapidez; y bajo un laurel,
el mismo que conservaba en su corteza su

FLOR DE ATENAS
Rumorosas y azules, las ondas del mar, lentamente rnn á morir en la playa arenosa, suave como un regazo, en donde se reclinan, leYeR y acariciantes, las dormidas a_guaf'.
Tiembla la luna en la superficie trémula y
ondulaIJte,y en ella se refleja un cielo intensamente azul.
A lo lejos se yerguen, majestuosos, ga)lardos como símbolos de · heroísmo y d9 triunfo frescos laureles, pámpanos y mirtos, que
b~lancean sus frondas, como inmensos pabt:·
Uones, de esmeraldas, épicamente tremolados
por bélicos titanes.
A veces un viento impetuoso produce, en la

RAFAEL RAMOS PEDRUEZA.

México, abril de 1903.
La fvrtuna es madrastra ele la prudencia.

LEGACION DE CUBA.-Tomando el café.

mangas, como si la rodease una nube, platea·
da por la luz.
.
,
Es pálida blanca, bella, sE&gt;meJante a
tatuas mardióreas que alumbra la luua en{"
pórticos de los templos, en las plaza~, en 81
monumentos.
tó. ,
Se llama D{usanis, es bija de un re
sabe muchas canciones, cono~e los vers~s hao'.:
divino Homero y de la ardiente Saío,..
bla la lengua ele los egipcios, ele los femClC,,
de los persas.
rdt
Los poetas de su tiempo la ll_aman «Flo
Atenas," «Perla griega" y depositan en el p6rtico de su casa ver¡.:os y flores.
Flor
Pero.... ¿por qué la bella Dársanis, 1ª • ora
de Atenas,» la «PBCla griega,» se halla ah
tan entristecida?
.
r,abeLentamente sigue su camino, con _ls 1)81
za inclinada bajo el peso de una mme
amargura.
.
. e·
Bajo la sombra de un laurel se cletien lÍ 108
.
rayos de la luna penetran á ~ravés del
como finísimos prismas lummosos de P a
de cristal.
el rOI'
Ella se recli~a .s obre el musgo, con labiCJ8
tro al cielo ... ... Vacía después en sus
el contenido de un pomito de nácar ... ···d
Brevemente palidece su tez, en torno , 8,.18111
••
.. ble raplU11
ojos se esfuma haciéndose más v1s1
mente, un círdulo color de v ioleta.

la.~¡e-

ndi

'1 :!;

A medida que los hombres van conociendo
mejor las leyes de la vida, confían menos en
sí mismos y más eh la naturaleza.

*

El salvajismo engendra el salvajismo, y la
dulzura engendra la dulzura.

.-.

LA. MÁS FERMOSA.
Que siga el Caballero su camino,
agravios desfaciendo con su lanza;
todo noble tesón al cabo alcanza
fijar las justas leyes del destino.
Cálate el roto yelmo de Mambrino
y en tu rocín glorioso altivo avanza;
dei-oye al refranero Sancho Panza
y en tu brazo confía y en tu sino.

*

No temas la esquivez de la Fortuna:
si el Caballero de la Blanca Luna
medir sus armas con las tuyas osa

*

y te derriba por contraria suerte,
de Dulcinea, en ani-ias ele tu muerte,
¡di que siempre será la más fermosal

La historia del mundo muestra que las raz¡¡s
mejor alimentadas han sido siempre las más
enérgicas y las dominantee.

El Sr. Ministro de Cuba, su esposa Y su hijo.

LEGACION DE CUBA.-Antesala.

LEGACION DE CUBA.-Sala de recepciones.

un dios que explora el horizonte, con sus miradas de fuego y de luz.
Una claridad intensa iluminó todas lascosas, se verti ó sobre el mar, como un polvo finísimo de oro y de cristal.
Súbitamente las aguas parecieron esconderse bajo aquella luz.
RE&gt;splandecieron las hojas de los árboles, como si fuesen de esmalte. y en todas partes se
difundi6 la forma y el color.
Dársanis, con la inmovilidad y la rigidez de
la muerte, irradiaba con sobrehumana belleza. intensamente blanca y pálida, coronada de
rosas, con los brazos entreabiertos, con la divina cabeza hacia atrás, pareciendo dormir un
sueño infinito, de paz y de gloria.

·-·

Domd!llgo 31 de Mayo die 1903.

los avaros guarda"r1 su te~oro como si efectivamente fuese suyo; mas temen servir~e de
él como si en realidad perteneciera á otro.

ENRIQUE HERNÁNDEZ M:ryARES.

,

nombre y el de Fanes, el m ismo que había
arrullado con su música de frondas el idil io
pasional , cumplió el juramento hecho ante el
altar de la Diosa del Amor.

(

············· ······························. ·· ·············

Lentamen te, tras el mar, surgió una claridad azulada, hacia el Oriente; después se hizo
rosa, luego pu rpúrea.
Las onda~, tembloro!'aR, parecían á vecE's
quedar inmóviles, cu¡¡jadaR por la frescura del
a lba, matizándose &lt;le color de violeta, con frn.n~
jas ondulantes de un oro rojizo y &lt;lesluml,rnd or.
En la lejanía, por la parte de la ciu&lt;lnd, f'e
perfilaron, bajo un cielo pálido, las tt&gt;chumbres de los templos, las cúspides de los monumentos, luciendo la blancura de sus mármoles y el tono ohscuro de sus bronces.
La luna se ofuscó lentamente, como una esperanza que se aleja.
Las corolas de las flores se colmaron ele rocío.
Las frondas ee poblaron de rumorel'..... los
pájaros en sus aéreos palacios de esmeral&lt;lal',
cantaban.
Un soplo de brisa matinal deshoj6 algunas
rosas de la guirnalda que ceñía los cabellos de
la muerta.
•
Sobre la cumbre azul de una montaña apareció el sol, rojo, enorme, como el rostro de

I.EGACIQN DE CUijA.-~I c;omedor.

~-~.,_l,:.
...
~

i..--

-

,

-

�Doon!Jngo 81 de Me.yo de 1908.

1!)L

MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRA no.

Erupciones del "Colima."
1.- 26 de Febrero de 1872.-11 a. m.
2.- 13 de Agosto de 1872.-11.55 a. m.
3.-24 de Diciembre ide 1872.- 11.55
a.m.
4.- 5 de Enero de 1873.- 8.25 a. m.
5.- 19 de Octubre de 1900.-7 a. m.
6.- 15 de Febrero de. 1901.- 10 a. m.
7.- 2 de Marzo de 1901.- 8 a. m.
8.- La misma, l\. las 8.30 a. m.
9.-5 de Marzo de 1901.- 8 a. m.
10.-La mdsma, á. las 9. a m.
11.- 15 de Noviembre de 1901.-9 a. m.
,2.- 2 de Diciembre de 1901.- 8 a. m.
l3.- 18 de Diciembre de 1901.-4 p. m.

EL YOLCAN DE COLIMA.
El período de plena actividad en que se en-cuentra el «Colima,» ha despertado en todo el
·país el más vivo interés. Casi diariamente se
tienen noticias de haber ocurrido una nueva
erupción, y por más que hasta hoy no se hayan registrado pérdidas de vidas ni de propiedades, como aconteció hace pocos meses en
una extensa zona de la República á causa de
las frecuentes erupciones del Santa María, el
pánico cunde entre los moradores de los pueblos situados á corta distancia del v0lcán, y
el temor de que sobrevenga una catástrofe es
cada día más grande.
Hojeando un estudio que con relación á las
erupciones observadas en febrero y marzo de
este afio, publicó el sefior Presbítero José María Arreola, encontramos que el «Colima)&gt; es,
desde tiempos muy remotos, un volcán activo,
cuyas emisiones de vapores y cenizas se recrudecen en ciertas épocas hasta adquirir un carácter violento; que ha habido una semejanza
notable entre los diversos períodos de actividad, anotándose únicamente como extraordinaria, la formación de un cráter secundario en
1869; y, por último, que por las obs~rvaciones
hechas hasta hoy, se viene en conocimiento
de que el «Colima&gt;&gt; nunca ha derramado sus

lavas, debido, sin duda, á que su fuerza
impulsiva no es suficiente para hacer que
laR mismas lavas rebasen los bordes del
cráter.
,........_
Sea de esto lo que fuere, sí parece indudable que las erupciones del volcán
&lt;&gt;curridas en los últimos afios, han sido de
las más notables, y que pocas veceR se había visto la montafia coronada de fuego
con tanta frecuencia ; pues sólo en el corto período comprendido entre 1899 y
1902, se registraron más de doR mil, produciendo á veceR, ligeras lluvias de cen izas. A principios del corriente afio
disminuyó sensiblemente el número de
erupciones; mas á partir del 15 de febrero, el volcán entró en plena actividad, y
de entonces acá, muy sefialado es el día
en que no se registra una nueva erupción. A consecuencia, indudablemente,
de lit. constante emisión de gases y de los
productos arrastrados por ella, el cráter
sufrió hace poco una deformación, observándose otra en los pri meros días dP,
marzo.
Por lo que ve al espectáculo que preRenta el volcán durante las erupciones, es
bellísimo. La enorme columna de humo
arrojada por el cráter y á merced del viento, se resuelve en figuras caprichosas, que
al ser bafiadas por los rayos del sol, afectan los
cambiantes del ópalo, y que van, po~o á poco, esfumándose hasta perderse en el horizonte.
De este espectáculo imponent,3 y grandioRo
dan una idea los grabados que ilustran esta
página y que son copia de una curiosísima serie de fotografías que nos fué enviada por un
respetable caballero. Como lo notarán nuestros lectores, algunas de esas fotografías no son
directas: están tomadas, indudablemente, de
pinturas que en vista de grabados antiguos
fueron hechas ex profeso, ya sea por el mismo fotógrafo que las firma -el sefior R. R.
Rivera, de Colima,-ó bien por alguna otra
persona, para reproducir, con más ó menos
exactitud, las erupciones que representan.

PÁGINA DE ALBLJM.
Yo creí ser inmune á los amores
-viejo lobo del mar de la existenciay, oh sirena de cantos seductores,
ante tus atractivos tentadores
nada valen mis aí!o! ni experiencia.
Oculta, y misteriosa, y bella, y rara
cisterna, te hallo en medio de un camino
monótono y desierto cual Sabara,
y me acerco á tu algente linfa para
refrescarme,1sediento peregrino,

Domdl!lgo 31 de Ma.yo de 1903.

Y calmarás mi sed, la sed ardiente
del erotismo que mi anhelo fragua;
más como el mal en ti vive latente,
al ver mi r ostro en tu cristal fulgente,
tal vez con cieno se revuelva el agua.

*

Tus ojos asesinos! Que me vean
los que están por sus víctimas l uctuosos
y fingen, cuando inquietos parpadean,
Mariposas nocturnas que aletean
bajo dos arcos negros y sedosos.

*

Ya el amor me levantá y engrandece,
comienzo á presentir dichas supremas,
y todo mi organismo se estremece
viendo tu combo seno que parece
un colmado tibor de crisantemas.

*

Para un himno triunfal tu voz afina,
suelta de tus cabellos el follaje ....
Como al roce del arco el violín trina,
quiero al besar tu boca venusina,
que vibre de tus nervios el cordaje.

*

Mi alma intenta olvidarte, y sólo veo
que vuela á ti desatentada y loca:
cabalga mi razón como Perseo
en el bronco P egaso de un deseo
que por dantesca cima se desboca ....

*

Tan magna es tu bondad cual tu hermosura·
y pues de mi desgracia no te mofas,
'
rayo de sol, desgarra mi negrura;
gota de miel, ~ndulza mi amargura;
ala de oro, levanta mis estrofas.
México, mayo de 1903.

JUAN B, DELGADO,

�Domingo ti de Me.yo die 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Elb MUNDO ILUSTRADO.

Dom11ingo 31 de Mayo die 1903.

1/(islorias de él'iedra.

SAN AGUSTIN
I
Cuentan los cronistas que por el año de
1533 llegaron á la capital de Nueva Espafia
siete religiosos de la Orden de San Agustín,
hospedándose primero en el Convento de Santo Domingo, donde permanecieron cuarenta
días, y después, en una casa de la calle de Tacuba, de cuyas señas y ubicación no ha llegado hasta nosotros noticia exacta y verdadera. Fray Francisco de la Cruz, vicario provincial, Fray Jerónimo de San Esteban (a) Jiménez, Fray Juan de San Román, Fray Agus-

monasterio y del templo, pagándose á éstos,
á guisa de salario, dos reales por cada seis
días de trabajo; pero, como rentas tan seguras
y jornales tan exiguos no fueran parte á que la
obra se llevara á término con la celeridad deseada y la magnificencia á que estaban tan
acostumbrados los frailes, el Emperador Carlos V la tomó á su cargo, y en 1587 se dió por
concluida, habiéndose gastado en ella algo más
de $160,000. Varias veces-como observa el
Sr. González Obregón-se hundió parte de lo
construido, á causa de la naturaleza del terreno, «sin embargo de que se tomaron las precauciones de sacar el agua de los cimientos
con bombas y de colocar allí grandes trozos de
piedra sólidamente pegados con argamasa.»(1)
Con todo, el edificio permaneció en pie largos
afios, basta el 11 de diciembre de 1676, en
que fué destruido en parte por un formidable
incendio que redujo á escombros el templo
primitivo.
Don Antonio de Robles en su «Diario de Sucesos Notables,» dice, hablando del siniestro:
«Con ocasion de celebrar la aparicion de Nues«tra Sefiora de Guadalupe, se prendió fuego
«por la plomada del relox en la iglesia del

•

,,sus cruces todas, y el clero y el Cabildo to«dos muy tristes y confusos como si fuera ei dia
«del juicio.,,
Pronto aquella tristeza se trocó eii alegría y
la confusión en tranquilidad, pues el 14, á buen
temprano, salieron los agustinos á recoger limosnas para la reconstrucci6n del templo y en
ese solo día lograron reunir cuarenta mil pesos.
El 22 de mayo de 1677,
con asistencia del Arzobispo D. Fray Payo Enríquez de Rivera, se puso mano á la reconstrucción, colocáfidose la primera piedra del nuevo
edificio, á la izquierda de
la antigua fachada; y tal
fué el gasto erogado en la
obra, que al informarse
el Rey Carlos II de la suma que se había invertido en la fábrica, preguntó, asombrado, si los muros eran de plata.
II

Antes de seguir adelante en nuestra narración, veamos lo que acontecía en el Convento
de San Agustín por los años de 1650 y 1655,
dos de los más borrascosos en la historia de
la Orden.
Don Gregorio Martín del Guijo, en su ,&lt;Diario de Sucesos Notables, i&gt; refiere que el 1~ de
septiembre de 1650 present6 al Virrey el Maestro Fray Juan Guerrero un (&lt;buleto» de su Generalísimo en que se prevenía que, á la muerte del Provincial, entrara á. ejercer sus funciones el mismo Guerrero. Quejóse Fray J uafi
de que el Definitorio había elegido, sin derecho, á Fray Andrés do Oñate [ ele Guatemala], Vicario Provincial, por muerte del religioso investido con tal carácter, y de que aquél
«venia ciego é impedido del uso y ejercicio de
su oficio.» El Virrey decretó se enviara el me-

El templo de San Agustln.-(De grabado antiguo.)

tín de la Coruña [a] de Gorma, Fray Juan
de Osaguera, Fray Jorge de Avila y Fray
Alonc¡o de Borja, que así se llamaban los siete agustinos, hicieron su entrada en la poblaci6n el 7 de junio del referido año, y en cabildo del día 30 se presentaron al Ayuntamiento solicitando se les concediera sitio
á propósito para construir ,,su casa.» Dióles la
Ciudad un terreno situado por el rumbo sur y
conocido entre los indios con el nombre de
Zoquiapan (,,lugar cenagoso») l,)Or encontrarse
en él un manantial, y ocho afios más tarde28 de agosto de 1541- dieron principio á la
construcción, tanto de una iglesia como de un
convento, colocando la primer9. piedra el Virrey
D. Antonio de Mendoza, la segunda el Arzobispo Fray Juan de Zumárraga, la tercera el
Prior de Santo Domingo, la cuarta el Guardián
de San Francisco y la quinta el Vicario provincial de la Orden. Por Cédula Real,el pueblo
de Tetzcoco fué el designado para acudir con
sus tributos y con Kpeones» á la edificación del

«Convento de San Agustin, y en dos horas se
«quemó toda la iglesia y altares; fué noche fúe
«nebre. Asistió su Divina Magestad Sacramen,,tado con el Cabildo [eclesiástico], Ciudad
,,[Ayuntamiento] y Audiencia y el Sr. Arzo(&lt;bispo Virey; que procuró remediar no se
"quemase todo el convento y cuadras circun"vecinas. Asistió Jesus Nazareno y todos los
"santos de las Religiones. Concluyó aquella
"noche. Aunque dur6 tres dias el fuego no su"cedi6 muerte ninguna. Sefué S. E. á las on(&lt;Ce de dicha noche.»
;:- Dos días después, según refiere el mismo D.
Antonio de Robles, el Arzobispo dispuso unn.
procesión deprecatoria ,,desde la Catedral al
hospital de Nuestra Señora,, (hoy de Jesús).
dba el DPan, agrega, con el Santísimo y Nues«tra Sefiora de Guadalupe, con plegaria y le,&lt;tanias. Fueron las cofradias y Religiones con
(1) «México Viejo.&gt; - Edición de 1900.-Página 140.

-------

Fraile Agustino.

Un bajo relieve de la fachada principal del extemplo de San Agustín.

morial al Definitorio; se reunió éste, y admitida la orden del Generalísimo, mand6 que todos los religiosos la firmasen, declarando
Provincial al dicho Guerrero. Esto no fué de
agrado del Virrey; pues, tan pronto como tuvo noticias del caso, ~vió correos á Gua.terna·

Extemplo de San Agustín.-Estado actual.

la que llamasen á Oñate, y habiéndose éste
presentado en México por el mes de septiembre de 1651, el Real Acuerdo mandó que «sin
el? hargo de cualesquier letras ó actos que en su
virtud hubieren hechoi, (los religiosos) tuvieran á Fray Andrés por legítimo Provincial. ..
''A su ejecucioñ [ del AcuerdoJ vino la Sala
"del Crimen y Guardia del Virey-dice Guijo
"-causando notable alboroto por el reino, y
"llegados á la puerta reglar no les quisieron
"abrir, y considerando que queriau echar aba"jo la puerta, les abrieron las de la iglesia y
"notificaron al Definitorio la dicha provision,
"y tan solamente la obedeció el Prior del Con"vento y el Definidor Betanzos y los otros
"tres y Rios no; con que se dió cuenta á las
"nueve de la noche al Virey y Oidores; y á
"estas horas se despachó la segunda provi' 'sion y respondieron lo mismo, con que se
"fueron los alcaldes y guardia y quedó el con''vento en un infierno de disturbios»........ Al
siguiente día no se dijo misa en San Agustín;
volvió la Sala del Crimen «con mayores estruendos, » y poniendo «guardas en la puerta
reglar» consiguió que los revoltosos definidores prometieran guardar á Frav Andrés obediencia. Ríos fué poco después desterrado.
Pero si este capítulo es digno de llamar 14
atención, el que se refiere á Ja muerte del
Maestro González ocurrida en San Agustín el
21 de octubre de 1655, pinta, admirablemente, el grado de relajación á que por aquella
época habían llegado los frailes: ,,A las
once horas del dia estaba bueno y con salud
Y en pie el maestro Rodrigo Gonzalez, padre
de provincia del orden de San Agustin y de
los de la parte de España, y á las doce de dicho dia se murió; y habiendo averiguado su
muerte se halló que lo habian muerto entre
dos legos de dicho Orden ...... por robarlo; y
fueron luego puestos en prision, y sabida por
e~ Virey la maldad, despues de enterrado el
difunto envió médicos y cirujanos y escribano Y desenterraron el cuerpo y se &lt;lió fe de la
puñalada.» Guijo se ocupa después del proceso de los asesinos y de las honras fúnebres del maestro González, en los siguienteil
términos: «Procedió la Orden contra ellos segun sus reglas, y teniendo sustanciada la
causa y ellos confesado su delito, le celebraron
sus honras al difunto el lunes 8 de Noviembre

en el convento de San Agustin con toda solemnidad, para lo cual convidaron al cabildo
seglar y todas las Religiones y clerecia, y ocurrió todo el reino y predicó el maestro Fray
Miguel de IJonsuegra, y con lugares singulares
de la escritura prob6 la maldad de los homicidas y ponderó las virtudes del muerto y haber tenido los puestos principales de su Ord&amp;n
y sido Provincial y tener de hábito cincuenta
y dos años: púsosele un túmulo muy magnífico á costa de la Orden, y concluso el proceso, provincial y definidores i::entenciaron los
deli u cuentes á doi:cientos azotes, cárcel perpe-

tua y comer tres dias en la semana en la piedra, y recibir dichos dias disciplina de vuelta,
y que se les diesen pan y legumbres cada
tantas horas, con pena de pecado mortal á sus
frailes para que les den carne, y en virtud de
esta sentencia, los sacaron jueves 11 de Noviembre á las 9 horas de la mafiana por los
claustros bajos del convento con sus hábitos
blancos menores y aprisionados y con voz de
pregonero que decía su delito; los azotaron
con disciplinas á la redonda, y todo el convento estaba con las capillas caladas arrimados á las paredes hasta que Re acabó el acto y

Sil!~ría de San Agustín

�Do!!nffngo 31 de Ma.yo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

luego volvieron á emparedarlos, interin que
su Señoría ordenaba lo que conviniese; y este
castigo fué público y á vista del Reino.» (2)

III
Abandonamos aquí al verídico testigo presencial de· los sucesos narrados, para proseguir
la historia del monasterio y del templo de los
agustinos, apoyándonos en lo que sobre la
materia se ha publicado por diversos autores.
Como los mercedarios, los religiosos de la
Orden de San Agustín procuraron á todo
trance, con el transcurso de los años, ensanchar su convento. En 1575 solicitaron del
Cabildo licencia para construir un pasadizo
elevado que comunicara el monasterio con un
solar que había á la espalda y que les pertenecía; opúsose á la solicitud el Corregidor,
alegando que la construcción proyectada acarreaba grandes inconvenientes, y llevado el
asunto á conocimiento del Virrey, éste resolvió que era de accederse á lo pedido, siempre que la obra fuera
de arquería y que estuv1era hecha
de tal modo, que el arco no impidiese ni entorpeciera el paso.
El arco,que se derribó en 1825,
&lt;lió origen al nombre que lleva
hasta nuestros días la calle situada entre la del San Felipe Neri y
la de Jesús.
No satisfechos con el triunfo
que habían alcanzado, los agustinos intentaron, en 1597, incorporar á su convento la calle del
Arco, que, según el señor González Obregón, no sólo estaba formada por la que hoy se conoce
con este nombre, sino también
por todas las que con-ían en la
misma linea, tanto hacia el
Oriente como hacia el Poniente;
pero, como los vecinos acudieran
al Cabildo en demanda de que se
negara á los frailes lo que pretendían, éstos presentaron entonces un nuevo escrito sosteniéndose en la solicitud que habían elevado al Virrey y que estaba pendiente de resolución. De paso
diremos que los quejosos recusaron á algunos regidores, oponiéndose á que conocieran del asunto, por tener entre los agustinos
parientes y valedores, y que, en
su empeño de no ceder á las exigencias de los peticionarios, llegaron á amenazar al Ayuntamiento con exigirle, si su resolución era favorable á la parte contraria, daños y perjuicios.
A pesar de tan fuerte amenaza, el Cabildo opinó que podía
permitirse á los Agustinos cerrar la calle, y en 6 de mayo de 1597, el Virrey de Zúñiga y Acevedo ordenó que el Ayuntamiento resolviera por sí en el caso. Falló éste
en sentido favorable para los rnligiosos; los vecinos apelaron ante la Real Audiencia, y el
pleito que se siguió con este motivo, fué largo y muy reñido. Una y otra parte presentaron
pruebas y testigos, y la Audiencia, por fin,
vino á dar la razón á los quejosos; pero no pararon allí las cosas: los ver.cidos en !a disputa
suplicaron del fallo pronunciado, ·y corrida una
multitud de trámites que sería largo enumeiar y que dió origen á diversos incidentes, el
Rey puso punto final en el litigio, confirmando lo hecho por la Audiencia.
Más audaces que los agustinos, fueron,
sin duda, los mercedarios; pues el cronista
Pareja, al hablar de una calle que incorporaron t. su monasterio, escribe que, por consajo del Virrey, y ya que no les era posible
arreglar nada en el terreno jurídico, se proveyeron una noche de materiales é instru-

1

1
(

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1

1
J

t

(2) No obstante carecer el anterior relato y los
demás que hemos transcrito, de la ortografía usada por los cronistas é historiadores de la época
á que se contraen, nos ha parecido conveniente
reproducirlos tal como se encuentran en la única
edición de los &lt;Diarios de Sucesos Notables&gt; que
se conoce, y que fué hecha en México en 1853.

mentos de albañilería, y sin que nadie los
viese, cerraron la calle anexando el predio á
su convento. Los vecinos, que no encontraban
al siguiente día la salida, ocurrieron al Virr_ey
quejándose de los frailes, y su Excelenc_,a,
continúa Pareja, respondio á sus instancia~
que "¿qué había de hacer á una Religión que
para mayor conveniencia de su convento, ~abia cerrado aquella callejuela?; que lo tuviesen á bien y se portasen bien con los religiosos, que no les estaría mal tenerlos por amigos»......... La respuesta del Virrey no podta
envolver una injusticia más grande; y, sm
eru bargo, los vecinos hubieron de conformarse con ella, consumándose así uno de los más
escandalosos y manifiestos despojos.

IV
Volviendo á San Agustín, parece que los
frailes no pretendieron en lo sucesivo ensanchar &lt;CSU casa," como ellos decían. Esta, como

sos, existe ahora en el salón de actos de1 Colegio de San Ildefonso.' '
Réstanos sólo hablar de la capilla del Terc_er Orden, c~ya f~chada, ennegrecida por el
tiempo, comienza a desaparecer tras los sólidos muros que se están levantanclo jnnto
á dla. La capilla fué dedicada el 12 de diciembre de 1714; tenía el altar mayor haciael
lado sur, y la puerta principal hacia el extremo opuesto. En la actualidad está convertida
en sala de lectores de la Biblio'teca nocturna.
Para concluir, sólo diremos que el CO!lvento
sirvió de cuartel á los invasores norteamericanos, y que al ser exclaustrados los religiosoa
en virtud de las leyes de Reforma, Re vendió
gran parte de él á algunos particulares que comenzaron á derribarlo desde luego y levantar en su lugar algunas casas. Los hnmanoe
Gil y Alonso González de Avila, degollados
en la Plaza Mayor de México el 3 de agosto
de 1566, por hallarse comprometidos enlacélebre conjuración d&lt;: los hijos d"
D. Hernán Cortés, fueron ~epultados en el templo y allí permanecen hasta hoy sus cenizas.

i

FUERA DE MÉXICO.
EL 5 DE M.A.YO.
· En Laredo Texas, fué celebrado con verdadero entusiasmo por los mexicanos allí residentes, el aniversario de Ja batalla librada
frente á Puebla contra las tropas intervencionistas francesas el 5 de Mayo de 1862.
Los americanos, en ésta, como en otras ocasiones, se unieron al regocijo de nuestros compatriotas, y las autoridades locales, por su
parte, facilitaron á los organizadores de la fiesta cuantos elementos creyeron necesarios para que revistiera la máyor solemnidad. Entre
otros acto~ igualmente lucidos, se efectuó por
la mañana una procesión de carros alegóricos,
y una ceremonia cívica, durante la cual se
pronunciaron discursos patrióticos. Numero-

J. G. U.

El Último Esclavo.
Recia espalda y anchurosa,
corta frente, cuerpo bajo,
y la pasa entrecanosa
como gris espumarajo.
Tez abrupta, sin perfil,
cual escamoso terrón,
donde blanquea el marfil
en la grieta del carbón.
Vino en un barco negrero,
del Africa occidental,
y le atezó máR el fiero
toque del sol tropical.
Cual profundos harponazos,
de la esclavitud testigos,
.muestra en tobillos y brazos
las huellas de sus castigos.
Sin encono y sin piedad,
cuando el cubano guerreaba,
peleó por la libertad,
sin saber por qué peleaba.
Y cOJ,cluída la guerra,
premiado por el desvío,
y echado sobre la tierra
á la puerta del bohío,

Sillería de San Agustín

todos los edificios de su género que había en
la capital de Nueva España, era espaciosa y
muy rica; su puerta principal veía al Norte,
por el lado Poniente tenía otra, y una por la
parte posterior, 1ue se llamaba ''falsa. ' ' Dentro del monasterio existía una huerta poblada
de numerosos árboles frutales, y en cuanto á
las demás dependencias, el claustro bajo estaba decorado con una serie de cuadros de Cabrera que representaba la vida de San Agustín, y el sup~rior, con otra que reproducía
los pasajes más culminantes de la vida de
Cristo. Había, además, algunas otras pinturas de mérito colocadas en la sacristía.
El templo, que ocupa actualmente la Biblioteca Nacional, era uno de los más suntuosos;
el altar mayor veía al Norte, y á uno y á otro
lado de lo que es ahora salón de lectores, se
encontraban las capillas y los cubos de las
puertas qm. comunicaban con el atrio y con
el convento. Cerca de la entrada principal se
encontraba el coro, y en éste, dii:e el Sr. González Obregón, "una preciosa sillería hecha de
maderas finas y compuesta de dos series de
sillas, unas bajas y otras altas. En ellas se hallaban tallados primorosamente 354 pasajes
del Antiguo Testamento, desde el Génesis hasta el Apocalipsis de San Juan. Parte de esta
sillería, valuada según se dice en 240,000 pe-

Mientras tuerce á su manera
la vitola de un habano,
y del café, en la caldera,
tuesta el oloroso grano,

PROCESlON ClVlCA EN LAREDO TEXAS.
-Un carro alegórico.

sas familias, tanto mexicanas como americanas, concurrieron á la referida ceremqnia. En
Ciudad Guerrero (Tamaulipas), se efectuó
también con motivo del glorioso aniversario,
una fiesta análoga á la de Laredo, y en Hidalgo del Parral, fué solemnemente inaugurado un monumento erigido con donativos particulares al Padre de la Indepeñdencia.

Desfilan ante sus ojos,
por la vejez azulados,
cual nostálgicos despojos
de tiempos nunca olvidados,
El verde cañaveral,
el trapiche y el batey,
su verdugo: el mayoral,
y su compañero: el buey;
Su tambor y sus verduras,
su couuco y su machete,
del cepo las cerraduras
y el herraje del grillete;
Sin que, en su antiguo gozar,
nuevamente su alma vibre,
y siñ saberse explicar
la ventura de ser libre!. ....... .
MANUEL

S.

En este número
verán nuestros lectores las fotografías
relativas á los actos
mencionados.

LA IIARIPOSA
La linda niña había bajado al jardín
aquella mañana, y
después de coger un
ramo de flores que
prendió con infantil coquetería eu su
seno, tomó la redecilla y se puso á co- ~
rrer tras las mariposas que en rápidas curvas burlaban
el afanoso empeño
con que se veíal\
perseguidas.
Después de mucho batallar logró la
.niña atrapar una de
las más hermosas,
y colocándola cuidadosamente junto
á las flores, se dirigió jadeante á su
madre para ostentar
el triunfo conquistado. Pero cuál fué
su decepción al ver
que el animalito, en
su afán por escapar
de. la prisión á que
se le redujera, había sacudido las alas
con tanta desesperación, que las flores del ramo habían
perdido sus pétalos,
y el lindo polvo que
fué gala mejor del
insecto yobjeto único de la constante
Monumento á Hidalgo en Parral
aspiración de la niña, había desaparecido manchándola el vestiTodas las virtudes de la mujer son suyas
do; y que de las brillantes alas sólo quedaban
propias, mientras que sus vicios son nuestros
dos hojas secas y descoloridas que se agitaban
y se los enseñamos.
temblando en convulsiones de agonía.
"'
La niña sintió entonces' oprimfrsele el coEl taiento es la riqueza, el tacto es la morazón, y una lágrima corrió por sus mejillas;
neda corriente.
pero la madre trató de consolarla diciendo:
,,Así, hija clel alma,· son las ilusiones todas
de la vida. Corremos afanosos tras ellas para
alcanzarlas, y una vez conseguido nuestro objeto, el placer del vencimiento dura apenas un
breve instante antes de trocarse en desencanto; el palacio forjado
en nuestra mente se
derrumba sin estruendo, pero lastimando el
corazón, y un viento
de otoño cruel arranca
los más bellos adornos
del paisaje que forjó
nuestra mente, para
que los troncos, cubiertos de la nieve que
trae el invierno, eleven
sus ramas secas al cielo como si fueran brazos descarnados que
piden les haga renacer
á otra vida mejor, donde no haya dolo ni engaño; sino donde es
eterna la primavera
Una calle de Laredo durante la procesión.
del alma.»
G. S.

PICHARDO.

Mayo, 1903.

Habana, 1903.

Domllalgo 81 de Me.yo die 1908.

LAMAR.

*
. Feliz quien escarrui~nta en los primeros peligros, pero es más feliz el que escarmienta en
los peligros ajenos.

*
El acto oficial en

c.

Guerrero,

No hay oficio vil en las manos de un hombre de bien.

�Dom:mgo

at de Mayo de 1908.

Eh MUNDO ILUSTR.ADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

bres en «ia» y había tantas J ulias Sofías y
E milias como hubo, treinta afios ~ás tarde,
Claras y Eloísas.

***

E ra l\Iontcerny un hombre demasiado honrado para considerar de otra manera que como
una adopción su matrimonio con una niña de
catorce afios. Aun llegó á tomar su papel de
padre tan en serio, que Je propuso á Sofía proporcionarle maestros, si quería continuar su
eaucación. La mueca con que la niña acogió
tal proposición, le hizo sonreír y optar por
dejarla en libertad para que jugara al volante
ó saltara á la cuerda en su jardín.
Bien p.-onto, aparte de la vaga solicitud que
por deber atestiguaba á la jovencita, dejó de
ocuparse de ella, pues absorbían su espíritu

El marqués dt montttmv.
d'or

'1ean d'oujoulat.
(Traduccl6n de " E l Mundo Ilustrado.")

No fué poco el asombro que caus6 en los corrillos filosóficos que Voltaire, Diderot y d' Alembert habían dejado tras ellos, cuando se
supo que el Marqués de Montcerny había contraído matrimonio.
El crónico Grimm no perdi6 tan bella ocasi6n de consignar una notita burlona en su
gaceta: «Muchas veces hemos oído á nuestro
a.migo Montcerny declamar contra el abuso
bárbaro que autoriza á los padres para que dispongan de sus hijas antes de que hayan llegado á la edad de la razón, y pronunciarse
contra esos matrimonios antinaturales en los
que el marido se acerca {\ la decrepitud, mientras que la mujer juega al aro todavía. Pues
bien, como es sabido, Montcerny pasa de los
cincuenta afios,y su joven esposa, á lo queparece, apenas llega á los catorce; por lo tanto,
hay que admitir que los filósofos no siempre
son consecuentes consigo mismos, sobre todo
cuando el amor a.nda de por medio.»
Engafiábase Grimm: Montcerny no eSU\ba
enamorado ni era inconsecuente, y su matri.
monio no era más que una acción generosa.
A aquel gran escéptico, á aquel intransigente
demoledor de prejuicios, animábale un espíritu caballeresco que le impulsaba á convertirse dondequiera en el defensor del oprimido.
Su generosidad y el horror que le causaban
los injustos privilegios del nacimiento y de la
fortuna y que, vagamente, le hacían considerarse como culpab!e, por haber nacido rico y
noble, le habían conducido á meuudo á ser la
víctima de intrigantes c0n los cuales se considerara obligado á reparar las iniquidades de
la suerte.
Demasiado inteligente para no comprender
que con frecuencia había sido engafiado,y demasil\do bueno para no dejarse engañar de
nuevo, había tomado el filosófico partido de
resignarse á esta. incompatibilidad entre sucorazón y su talento.
Su matrimonio habíase decidido en estas

circunstancias: un pariente suyo, M. de Valseney, le había pedido hospitalidad en su palacio por breves día@, mientras arreglaba la
entrada de una de sus hijas á un convento. A
Montcerny le sorprendió desde luego la extra•
ordinaria tristeza que parecía abrumar á la niña. Habiéndose encontrado á solas con ella,
la interrogó con benevolencia; y la'jovencita, á
quien sólo el temor que sentía por su padre le
había dado hasta entonces ánimos para contenerse, estalló en sollozos:
-No quiero ser religiosa, dijo al fin llorando desolada; mejor quisiera morir que entrar
al convento, pero en vano he suplicado á mi
padre; no ha querido oírme.
-Trataré de hablarle en vuestro favor, dijo Montcerny muy conmovido.
Ella le cogió la mano y ee la besó en un
arrebato de agradecimiento, lo que les dejó
tan confusos á uno y á otra, que se separaron
sin saber qué decirFe.
Ese mismo día Montcerny emprendió la tarea de convencer al inflexible padre de au joven protegida; pero todo fué inútil. Valseney,
que no quería dotar á su hija, no veía para
ella más perspectiva que el claustro; según él
la muchacha debería someterse á su voluntad'.
y de seguro que el cielo le otorgaría la gracia
de concederle vocación, pam recompensar su
obediencia filial.
Montcerny, agotados sus argumentos acabó por decir:
'
-Pues bien, yo la dotaré.
Pero entonces el otro se enfadó, considerándose insultado por esa oferta de una limosna,
y poco faltó para que no abandonase la casa
de su huésped en el mismo instante.
Montcerny, descorazonado, volvió á donde
estaba la pequeña. Encontróla jugando en el
jardín con un perrazo cuya amistad se había
conquistado; la animación del juego había
desordenado sus cabellos rubios, de un rubio
ceniciento, y en su rostro, hinchado aún por

el llanto reciente, una expresión alégre ha bía
reaparecido, porque la viveza de su imaginación le representaba ya como certidumbre lo
que apenas acababa de entrever como esperanza.
Pero el aire de tristeza con que Mont..:em y
se le acercaba, la desencant6 de improviso; él,
sin embargo, no se atrevía á hablnr, turbado
por la mirada de terror que fijaba en él la nifia. Para acabar má'! pronto, adoptó un continente brusco: «Malas noticias,ll exclam6.
No tuvo tiempo para decir máe. La niña,
sentándose en la escalinata y ocultando el
rostro en su delantalillo de muselina, se entregó de nuevo á un desesperado llanto.
Montcerny alejóse suspirando, dominado
por una piedad aún más profunda. Por la noche no pudo dormir, y durante sus largas horas de insomnio fué cuando le vino la idea de
casarse con su amiguita. puesto que no disponía de otro recurso para rnlvarla.
Vacilaba aún, por temor al ridículo; pero
al día sefialado para la entrada al convento de
la pequefia de Valseney, el apenado rostro
acabó de enternecerle y, sin permitirse más
reflexiones, pidió á M. de Valseney la mano
de su hija..
El padre no se hizo de rogar; lo único que
deseaba era desembarazarse de la. nifia, Y
Montcerny fué preferido al convento.
El matrimonio se efectuó en un plazo cortísimo. M. de Valseney regresó á su provincia,
y el recién caeado, cogiendo un reqpiro después de tan precipitado acontecimiento, ex_Pe·
rimentó la seneación del hombre que desp_1erta de un suefío, sino que no le era posible
creer que hubiera sofiado, puesto que la rea·
lidad tangible, el «cuerpo del delito,» como
decía él mismo, permanecía. á su lado, en la
persona de Sofía de Valseney, marquesa de
Montcerny.
La nifia se llamaba Sofía como Mme. d' H ou·
detot, la moda estaba entonces por los nom-

gran revolución pacífica. Habíanse ya reunido todos los invitados,cuando Montcerny notó que su mujer, á la que ha.bía olvidado por
completo en medio de sus ensueños políticos, no estaba en el salón.
Suponiendo que se retardaba en el tocador,
envió un lacayo á la marquesa á suplicarle
que viniese á recibir á sus huéspedes.
Mucho tardó la respuesta, h ubo idas y venidas por el palacio, balbuceos, exclamaciones ahogadas y, por fin, el mayordomo, con
aspecto conmovido, vino á pedir permiso á su
amo para hablar con él á solas, y de sus labios, en la puerta del gran salón de honor lleno de invitados, supo Moctcerny que su mujer había huido dos horas ante.., en un fiacre,
en el que llevaba, por todo equipqje, una caja de sombreros con el más bonito de sus gorros de encaje, y dos
canarios de Holanda
domesticados, por
los que sentía un
singular carif\o.
La catástrofe dejó
á Montcerny impasible en apariencia;
volvi6 á donde estaLan sus invita.dos y
les previno sencillamenteque la marquesa, atacada por
súbita indisposición, n9 podría presentarse el.l la comida.
Desgraciadamente algunos lacayos,
instruí dos porla servidumbre del marqués, habían deslizado va á hurtadillas la· noticia á 1,us
amos, de manera
que la reunión destinada á celebrar el
advenimiento de la
libertad y la justicia, pasó toda ella
entre miradas de reojo y secreteos disimulados.

Domingo 81 de Mrayo de 1903.

que Isabel de F rancia y otros veintitrés condenados, de los que doce eran mujeres, eran
conducidos al patíbulo; Montcerny saludó y
permaneció inmóvil, con la cabeza dPscu bierta,
basta que acabaron de paear todas las carretas. Un agente del comité de su demarcación
encontrábase allí casualmente y le denunció
como culpable de haber demostrado simpatía
por los enemigos del pueblo.
Esa misma noche fué aprehendido el marqués y encarcelado en la priEión de Luxemburgo.
Como verdadero fil6¡,ofo que era, ho se sintió muy conmoYido por la aYentura, pero al
día. siguiente, al bajar al patio, qued6 m uy
sorprendido al ver hasta qué grado participaban de su estoicismo sus compañeros de infortunio.
Hombres y mujeres conversaban con animaci6n; ee formaban grupos en el vasto patio; se reía; se contaban cuentos y se trababan
empeñados partidos de diversos juegos. Por
algunos Jugares vagaban parejas de enamorados, tan absortos en sus pláticas, que no prestaban atención á las ruidosas distracciones de
los demás detenidos.
«¿Qué, caballero, podréis dudar aún de los
sentimientos que abriga mi corazón?.11 dijo de
imµroviso junto á Montcerny uua voz que le
hizo estremecer. Volvióse y pudo verá la joven
que acababa de rozarlp, al pasar; iba de bracero con un joven y al hablarle Yolvi6 hacia
él la cara, de manera que el marqués, de pronto, sólo pudo ver su talle gracioso y los bucles
rubios de su cabellera, esparcidos sobre su espalda; pero un instante después, la joven,
atraída por la influencia de su mirada, volvió
la cabeza, y l\fontcerny reconoció á Sofía de
Valseney, crecida, embellecida, radiante de
juventud y de hermosu ra.
También ella le había reconocido y su turbación fué tal, que solt6 súbitamente el brazo
de su amigo y se refugió en la prisión.
Entretanto, ~Iontcerny se había informado
con los guardias y por ellos había sabido que
su mujer había sido arrestada en compañía del
caballero de Raynold [ el mismo joven de
quien la había visto acompañada], y que ambos estaban acusados de haber mantenido sospechosas inteligencias con el extrar,jero es decir, de haber intentado procurarse pas~portes
para atravesar la frontera.
(CONCLUIRÁ. )

elevados intereses: el rey acababa de decidirse á convocar los Estados Generales, para satisfacer el de@eo de reformas manifestado por los
partidos filosófico y económico, á los cuales se
adhería casi toda la nobleza de Francia.
}fontcerny estaba en el colmo del entusiasmo; temía que la vida no le alcanzara para
presenciar la era de emancipa?ió~ y de fraternidad en pro de cuyo advemm1ento habían
con tanto ardor trabajado él y otros pensadores de la época. Con la imaginación llena por
el pensamiento de la edad de oro, que iba á
florecer de nuevo, apenas si tm•o ocasión de
notar el cambio, cada día más acentuado, que
se efectuaba en la manera de ser de su joven
esposa. Esta ho reía ya, ni saltaba á la cuerda; pálida, melancólica, taciturna, errab:i,
desde el alba hasta la puesta. del sol, á lo largo de los corredores, por los salones, por e!
jardín, como si buscara alguna cos~ que m
ella misma sabía qué fuera, con la mirada vaga y los labios cerrados.
Dos ó tres veces que Montcerny, por casualidad notara su extra.fía actitud, quiso interroga~ á la doncellita, pero ésta, invariablemente respondía: «No tengo nada» y luego se
echaba á llorar. Creyendo que se tratab~ de
un capricho infantil y pasajero, no volvió él
á ocuparse más del caso.
La v{spera del día fijado para la apertura de
los Estados generales, celebr6se un gran banquete en el palacio Montcerny, en honor de la

Ningún esfuerzo
hizo Montcerny por
encontrar á la pequefia fugitiva,aunque estaba persuadido de que el m0ti vo de la fuga debía ser alguna intriga de amor. Pero desdefió vengarse.
Sin embargo, el golpe fué para él mur duro. Aunque Sofía jamás ocupó un gran lugar
en su afecto, encontrar tan grande ingratitud
en el corazón de una criatura tan joven, le
conmovió dolorosamente: era éste el más amargo de todos los desengaños á los que s? generosidad le había expuesto con frecuencia.
"Si este suceso no me cura para siempre de
mis sentimientos caballerescos, me convenceré de que soy incorregible,ll se decía á sí mismo cuando el recuerdo de su mujercita atravesaba por su espíritu.
Pasaron cuatro afios. Montcerny, después
de haber seguido con profunda angustia las
peripecias de la revolución tan deseada por
él se había disgustndo de ella y vivía solo,
e~ su palacio, rodeado de sus libros. Su creencia en la felicidad humana, la creencia que le
apasionara de!3de su juyentud, había caido e!1
tierra convertida en rumas, pu1::s ahora tons1deraba á. los hombres demasiado perversos
para que pudieran jamás ser felices.
Durante largo tiempo, á pesar de los peligros de la época, su tranquilo y desdefioso valor le conquistó una especie de segu~idad,
pues el peligro se aparta de los que no mtentan huír de él. Para que le arrestaran fué preciso que Montcerny se acercara de propia voluntad á la guillotina.
Un día encontró á su paso el convoy en el

TEATROS,-Soledad Alvarez e n "La Sargenta.'

�Domfflngo 31 de· Me.yo die 1903.

l!Jb MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Invitados y oficialidad á bordo del "Pri.,z Adalbert."

El "Prinz Adalbert" en el muelle.

Tu Línea Hamburguesa Amerkana.
EL "PBl!fZ .&amp;D.A.LBEBT"
Los principales diarios de la capital dieron
noticia á sus lectores de la simpática fiesta con
que se celebr6 hace poco en Veracruz el arribo
del "Prinz Adalbert", primer barco de la
"Hamburg Amerika Linie" que toca las costas mexicanas.
·
La llegada del hermoso trasatlántico, que,
á primera vista, parece una nota común y corriente én el movimiento diario del puerto,
reviste, sin duda, capital importancia; pues
con ella ha quedado establecida la comunicaci6n directa de nuestros mercados con los mer-

cados alemanes, realizándose de esta manera
uno de los proyectos más fecundos en beneficios para el comercio y para la industria del
paí~.
Bajo este concepto, el servicio de la nueva
línea de vapores está llamada á influir poderosamente en el desarrollo de la riqueza nacional, y es de aplaudirse el empefio con que
la Compafiía ha llevado á cabo su establecimiento.
Los Sres. Chrístlieb y Rubke, representantes, en esta capital, de la Línea Hamburgue-

Un camarote del "Prlnz Adalbert".

sa, hicieron cuanto estuvo de su parte para que
la inauguraci6n del servicio revistiera el mayor lucimiento, y sin temor de equivocarnos,
podemos decir que pocas veces habíamos asistido á una fiesta tan bien organizada como la
que se efectu6 á bordo del "Prinz Adalbert"
el 10 del corriente.
En un tren especial -del Ferrocarril Mexicano, compuesto de tres lujosos "Pullman" ,salieron los invitados rumbo á Veracruz, el 9
del presente por la noche. Entre las persor.as
que ocupaban los ''Pullman'', vimos á los sefiores Ministros Plenipotenciarios dtl Jap6n y
de Guatemala, á la familia Chrístlieb, al señor Rubke y esposa, al señor Diputado Daniel García y señora, al sefior Mateos Cardefia, Secretario particular del Sr. Ministro de
Gobernaci6n, y á otros distinguidos caballeros pertenecientes en su mayoría á la Colonia
Alemana.
El 10, á medio día, llegó el tren especial á
Veracruz, siendo saludado, al detenerse en el
muelle con los marciales acordes de los Himnos Nacional Mexicano y de Alemania, ejecutadqs por la banda del "Prinz Adalbert."
La oficialidad del barco recibió á los invitados en la escalera, conduciéndolos á los camarotes previamente arreglados para sus "toilettes." El adorno que lucía el trasatlántico era
hermoso: multitud de flores y plantas tropi~
cales festoneaban sus bordes, apareciendo á la
vista del público vistosamente empavesado
con las banderas de todas las naciones. jj;n el
puente de popa había dos fuentes artificiales
que realzaban notablemente la belleza del
adorno.
En cuanto á las magníficas condiciones del
· buque para el servicio, quedamos gratamente
impresionados de nuestra visita á sus principales departa'llentos. Sus camarotes, amplios
y elegantes, son para dejar satisfecho al más
exigente en materia de "confort;" el salón de
sefioras y el corredor, están decorados con

verdadero lujo, y tanto en los pasillos como
en las escaleras, se echa de ver desde luego la
magnífica distribución que supieron dar al
bflrco los coni-tructorei-. Durante nuestra visita pudimoR ver los camarotes especiales para familias con que cuénta el "Prinz Adalbert": r,on notables por las ventajas que ofrecen desde el punto de Yista de la comodidad,
y están amueblados con mucha elegancia. En
fin, el trasatlántico está dotado de todo lo necesario para el buen servicio, y es indudable
que será, en lo de adelante, el preferido de los
viajeros.
Acerca de su construcción, capacidad, etc.,
sabemos que fué construido en los astilleros
de Bremenhaven el año pasado.
Desplaza 6,530 toneladas, tiene de eslora
413 pies, de man~a 42 y de puntal 105, y el
número de sus tripulantes es de 112. El total
de cami..rotes de primera clase puede contener
135 pasajeros, y en tercera clase pueden viajar c6modamente hasta 1,200 personas. Hay
en el buque fábrica de pan y de hielo, biblioteca, refrigerador, sala de fumar, peluquería,
Y un departamento muy amplio para ganado
y aves de corral. El alumbrado es eléctrico.

DoimJlingo 31 de Mayo ae 1903.

quío. El aspecto que ofrecían estos departamentos llamó justamente la atención. Guías
de flores enredadas en las columnas y prendidas á los muros y al techo, constituían el primoroso adorno que ostentaban los salones.
Durante la comida, tanto el Capitán del
barco como los oficiales principales pronunciaron entusiastas brindis, que fu~ron muy
aplaudidos.
Por la tarde, después del banquete se organiz6 una excursi6n en botes por 1~ bahía
con el objeto de que los invitados pudiera~
conocer de cerca las grandiosas obras del puerto. La tertulia que se efectu6 por la noche á
bordo del buque y á la que concurrieron numerosas damas de la mejor sociedad de Veracruz, fué el broche de oro de la agradable fiesta inaugural. En medio de la mayor animación se bailó hasta !as doce, hora en que las
familias abandonaron el buque, y loH concurrentes que debían regresará México tomaron
asiento en los "Pullman." Al regreso se sirvió un almuerzo en Esperanza.
Es de consignarse, con encomio1 la cariñosa acogida de que fueron objeto ta nto de parte, del Capitán del buque, Sr. "\Vett, como de
los oficiales, las personas que asistieron al banquete y á la tertulia; pues en su afán de cumplimentará los concurrentes, los colmaron de

***

A las dos de tarde, los convidados pasaron
al comedor y al sal6n de navío, donde debía
efectuarse el banquete dispuesto en su obse-

"PRINZ ADALBERT."-EI

comedor.

atenciones, haciendo así que la visita al
"Prmz
. Adalbert'' fuera,
' para
' todos, verdaderamente agradable.

*
En estas páginas damos á cono&lt;::er algunas
fotografías del buque, á fin de que nuestros
lectores puedan formarse una idea de lo bien
acon?icionado de sus departamentos. Por lo
demas, son dignos de elogio, tanto la Compañía "Han;b~rg Amerika ~inie" que ha llevado á la practica el pensamiento largo tiempo acariciado, de establecer una ;ía de comun~cación rápida y segura entre Alemania y México, como los Sres. Chrístlieb y Rubke sus represe~tantes, que supieron, de maner~ tan esp~é~d1da, cele~rar la inauguraci6n de un servi~10 d_e tanta i~p~rtancia para los dos países,
y a qmeJ:~S los mvitados les quedan altamente agradecidos por las numerosas atenciones
que les dispensaron desde su salida de México hasta su regreso.

"PRINZ ADALBERT,"-La cubierta de paseo.

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                    <text>-----------------------------------------------Si aprecia usted la suavidad
y resistencia de su cutis,

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MlXICO, JUNIO 7 Df 1903.

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PROYECTO DE BENARD,

PERSP ECTIVA GENERAL,

DETALLE DEL FRONTISPICIO

�lllL MUNDO ILUSTRAD(')

Domingo 7 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

fin de la r:J? Onarq11ía primera al Capitolio, por
los T arqurnos; más allá en desorden, unos delante de otros, todos semiocultos, escalonando
sus p_ór ticos, sus frontones, sus columnatas, las
ba.síllc~s, los templos, los arcos triunfales, y
más ba¡os los monumentos honorarios, las exhedras ..... .
E l crestón de roca que uniera durante toda la
época r epublicana el Quirinal y el Capitolio y
que hacía par angón al Palatino bordando y encerrando el Foro, había desaparecido y los Antoninos h abían colmado la i nmensa brecha con
nuevas pl_azas, nuevos Foros, nuevas basflicas
s untu_osís1mas, nuevos templos, cuyas reliquias
constituyen hoy algunos de los más selectos
ejemplares del a r te greco-roma.no y por encima
de cuyos tejados ele bronce dorado se percibía
en el remate de altísima columna rodeada por Ja
espiral esculpida que conmemoraba y conmemora aún los _triunfos de la guerra dácica, la estatua de Tra¡ano el gl'an emperador español· hoy
existe la. m_armórea columna regiamente p~tinada por el t1e~po, pero S . Pedro remata sin gracia el soberbio monumento militar.
Consta ntino, siguiendo los 2igzags de la vía
sacra., a v anzaba por la hondonada ael Foro
rodeado por los senadores que cantaban h imno~
le~tos en los ritmos tradicionales y ofre1ía.n
gmrnalda~ y coronas, ceñidos y vigilados por
los pretorianos galos á cuyas espaldas se arremohnaba y aullaba en las escalinatas, en los
pedestales, en los terrados y en las bal austr a d as
la plebe a nsiosa como siempre ele ser la protagonis ta de las fiestas triunfales ( csenat us popu•
l usque romanus S . P. Q. R.)&gt; A medida que
av3:nza b a surgían . á su paso, .casi apiñados,
casi formando también una multitud inmóvil de
mármol y bronce, las columnatas de las basílicas en q ue se reunía á la sombra la perenne
asamblea. de los desocupados r omanos del in número pu~blo ávido de di vel'siones y 'regalos,
de pan y v_rno, de san3"re y combate y lujuria,
aquel a quien se apell idaba cpanem et circenses&gt;
y con é l c o nfundido el grupo inquieto é insolente de los negociantes que trataban y discutían
sus asuntos en que estaban complicados los intereses económicos del mundo. A la derecha
del Arco de Tito, el emperador pudo contemplar
el coloso neroniano trasladado á las graderías
del templo levantado por Hadriano á Venu~ y á
Roma (madreé hija) de él na.da queda· luego
y~ e_n ot ra direc~ión, los templos que a.y~t' ha.bí~
er1g1do Maxenc1u, su hermano político y su ven·
cido y su víctima, cuya lívida cabeza enai-bolaba
un hastia rio en el séquito del tri unfador: allí
escogió su b asílica Constantino, aún perduran
sus tres arcos y sus muros ; nada hay más im-

ponente en las ruinas del Foro. Desde allí pudo
rer algunos fragmentos de las multiplicadas coumnatas de los foros de Vespasiano Y Nerva
~etr~s del templo de Antonino y Faustina (bo '
i¡¡-lesia de ~-Lorenzo in miranda) Y de laespléidida basíhcaEmilia (quedan algunos zócalos
al!,l"unas columnas restauradas; allí acaba ó co:
~nenza la calle Cavour). Siguió su ruta asediaa por las estatuas y los monumentos votivos
rodeados de balcones en donde se hacinaban
~asta ahogarse las familias de los descendientes
e ~arones más ó menos ilustres que habían lo·
gra o e 1 honor de una columna ó una efigie en
el Foro Y. esta plaza, nunca gt·ande, se tornaba
un_ laberrnJo de vericuetos gracias á aquel
e!lJ am bre sin orden ni alineamiento de construc•
f iones en_tre las que se desarrollaba como podía
a ':fa trrnnfal. El imperator , con el rostro va·
roml sombreado no sólo, afortunadamente para
il, por la cor ona de laurel, sino por los velarios
Re s~da, a.quí Y allá tendidos, se deslizó entre la
eg1a Y el templo de Julio César, el'igido allí
d_ond~ el_ cadáver del padr e del imperio había
sido rncrner ad_o; saliendo al templo redondo de
Ves_ta Y al ~trio de_ las Vestales, pudo ver de
arr i~a. aba¡o, la gigante y terrífica estatua de
Dom1ciano; debe de haber gustado más del aspect~ del esbeltí_simo templo de Castor y Pollux.
Al pie del Pa_la.tmo franqueó el arco triunfal de
Aug~sto, d~¡ó á un lado la recién incendiada
basílica Ju~ia ;¡: se detuvo antes de pasar bajo el
arco de Tiberio. Descendió de su carro · entre
este arco y el de Septimio Severo (hoy en pie to•
davía.) se extendía el muro rostral, la tri buna de
las arengas en cuyas extremidades se hallaban
la oquedad que se denomi naba ce! onbligo&gt; (el
centro) de Roma y la ccolumna&gt;miliaria de oro
de donde partí~n todas las rutas del imper io; no
en es_e muro, srno en el de la tribuna Julia esta•
ban rncrustadas las rostl'as ( proras) de los navíos captura.d~s por Augu,to y Agdppa en la
bat~lla de Act1um en que el primero ganó el imp~r10 del D?UJ?-~ºi en éste, aunque no era el de la
tr:1buna prim1t1va que estaba en la. antigua cur ia, se ;v~ían, sin ernbar~o, las rostras de una.
mod_est1s1ma hazaña naval; ésta era la tribuna
d~l 11np~r10, aquí hablaban al pueblo en apren ·
dtdo::_ discursos d_e aparato los emperado1·es; allí
a.n~a.no habló Cwerón una sola. vez, a l menos:
ab1 estuvo clavada su cabeza; la boca entreall1e1·ta. ;)'. seca de donde brotara la maravillosa
elocuencia de los apóstrofes clásicos, mostraba
la lengua negra desgar1·ada po1· el implacable
~lfiler de oro de la. odiosa mujer de Antonio.
1P!é!rO qué _honor supremo y cuán merecido en su ma! i Servir de epitafio á la libertad de Roma.!
Constantino,según nos cuentan los bajorrelieves

DÍAS DE ROMA.
S. P.

EL FORO.
Bien ornado el espíritu con efigies de emperadores, imágenes de l a loba cívica, y lineamientos fisonómicos de personajes romanos duros, fieros, r esueltos, materi a a.masada con voluntad y acción, hay que empujarlo en su carro
de sangre y nervios por una de las rampas que
costean el Capitolio rumbo á la amplia hondon a da del Foro. Y a cu ando se le ve desde Jo al to
del campanile capi tolino, l a evocación es poderosísi ma. El a l ma, el genio, &lt;el daimone,&gt; el demonio de Roma surge de entre aquellas ruinas
de todos los siglos; se siente el calofrío del contacto con la eternidad en la for ma de l a muerte
de las cosas, per o de una muerte que no muere,
que ya bo mori rá, que acompañará al hombre
hasta los días en que venga á agonizar aquí en
un grupo flébil y sin voz, aquí donde otro grupo
se levantó de su pantano, domó y saqueó al mundo antiguo y durante seis siglos paseó por esta
estrecha cvia sacra&gt; de los triunfos su botín de
guerra compuesto de las maravillas del arte de
todas las civilizaciones, de los exotismos pere•
grinos de todas las barbaries, de los tipos de
todas las bellezas, de todas las virtudes, de todas las bajezas, de todas las deformidades, de
todos los miedos, de todos los dolores y las
muestras de todas las costumbres, de todas las
industrias,y los productos encantadores ó extraños de todos los climas. Y nos parece oír los
ecos del trompeteo de los buccinadores, del r uido de las ruedas de bronce de los carros contra
las baldosas, de los galopes árabes ó africanos
en tropeles de colores, de los himnos de los sacerdocios y los 1&gt;asos lentos y formidables de los
elefantes y los Chmellos, y las canciones obscenas de los soldados en torno de sus enseñas altas y el infinito clamoreo del pueblo incrusta.do
en los monumentos, en los atrios de las basíli·
cas, en las escalinatas de los templos . . Y la aud ición se complica con la visión y se mira desembocar del arco de Tito en lo más alto de la
vía sacra, úri ti'iunfadór sobre un éafrb de marfil y oro, un Sdpión, un Pompeyo, un César, un

Q. R.

Germánico, un Trajano .. Y se adquiere conciencia de que la onda de luz y de armonía queparece hacer flotar la clámide de los imperatores,
todavía mezcla sus vibraciones á nuestr a vida,
á nuestra h istoria, á nuestra pasión , á nuestras
a lmas.

***

Por ahí, por donde veo, desde la rampa del
Capitolio los gigantescos y quebrados contornas del Coliseo, en el llano que existía entre el
·Esquilino, el Celio y el Pala.tino, en donde Nerón
erigió su cdomus aurea&gt;,frente á l a que se levan•
taba su estatua colosal (un coloso que dió a l
circo de los F lavios el nomb re popular de cColoseo,&gt; de donde hemos hecho &lt;Coliseo), allí se
organizaron alguna vez sin duda, las interminables panegiria.s de los últimos triunfos imperiales, que en los grandes tiempos de la República
y el alto imperio partían del campo de Marte.
Ahí precisamente está el arco de Constantino
pesado, grandioso, melancólico, fabricado con
despojos de otros monumentos; ahí para pene•
trar en la vía sacra debieron haberse formado
ea orden de marcha sus legiones semi bárbaras
que en lugar de enseñas llevaban el lábaro, en
que se expresaba que el emperador había vencido á M axencio, no guiado por la cruz, como
diríamos ahora, sino por un impulso divi no,
cinstinctu divinitatis&gt; y ésta fué la primera fórmula de transición del paganismo á la religión
de Cristo. De ahí los triunfadores (primer cuar•
to del siglo IV) 6Dtre las multitudes abigarradas
que se apiñaban y desgajaban desde las pendientes del Pala.tino hacia la vía sacra, subieron
hasta el Arco de Tito, situado en Jo más altC&gt; de
la Velia y todavía hoy en pie; pequeño en eom•
paración del Arco de Constantino, ornamentado
con relieves que recuerdan las victorias sobre el
pueblo judío, del hijo de Vespasiano, del cap•.
turador de Jerusalem, del destru_,ctor deiTemplo.
Y viniendo del Goliseo y de-1 Arco de Constanti~
no por la pendiente aún embaldosada con las
mismas piedras que pisaron los caballos de los
Césares triunfales, quedan, cuantos pasan á la
sombra del Arco de Tito mucho tiempo para.dos,
clavada l a vista en los relieves negruzcos que

representan los despojos del Templo, entre los
que descuella el candelabro de los siete brazos,
y una indecible angustia. se apodera del espfritu:
sobre vencedores y vencidos el tiempo ha pasado
su segur niveladora: ni patria judía ni imperio
romano; sólo quedan,sobreviviendo á. las ruinas,
dos a l mas: el alma de la Biblia y la del &lt;Corpus
Juris&gt;, siempre en contacto, siempre en lucha,
incompenebrables y encadenadas la una á la
otra; el Evangelio que fué el puente no fas uni•
mismó, las ligó .. ..
Dejémonos de psicologías históricas, y a que
todos los puntos de vista parecen dar momentáneamente l a impresión clara· de la verdad, que
se desvanece pronto ante la ve1·dad de la impresión contr aria, y sigamos tres minutos á los
soldados de Constantino que al ver los r elieves
del arco de Tito, deben de haber lanzado l:lr·
guísimas exclamaciones antisemitas. [Sé que
no era éste el camino habitual de los triunfado•
.res, pero supongo que Co;;stantino quiso reco•
l'l'er toda la Vía sacra). Cuando de Jo alto de
su carro esculpido arrasti·ado al paso po r cuá·
driga jadeante y espumeante, el Augusto que
una. década después iba á ser señor del orbe ro·
mano para despojar á Roma de su preeminencia.
imperial, lanzó una larga mirada investigadora
hasta el Capitolio que cortaba el breve horizonte con su doble frente coronada.y todo elcForuro&gt;
surgió ante él como un tumulto de palacios, de
templos y columnas. A su izquierda. la casa es·
pléndida de las Vestales en cuyos pórticos altos
~e agrupaban las vírgenes sagradas q ue pro~to
i ban á ver apagado el antiguo hogar de la ciudad, el fuego de Vesta, que sería reemplazado
por la lámpara de arcilla encendida e n las catacumbas, cuyo resplandor iluminaría a l mundo.
Por encima de los pisos superiores de la casa
de las Vestales aparecían las exuberantes v~rduras del Palatino coronado por los palacios
imperiales que se escalonaban en las pendientes
del cerro y se acercaban al Foro, al que se descendía. por amplia escalinata ó por estrechos pasadizos. Allí abajo estaba, en el templo de _vesta, redondo como las primitivas chozas latm_a.s,
en la &lt;Regia,&gt;·la casa del pontífice rey, el mdalo
religioso de' la Roma primitiva, trasladado

EL Foro, desde e l Capitolio

Domingo 7 de Junio de 1903.
pobrísimos de arte de su a r co triunfal h abl ó
allí. ¿Qué dijo? No sé, mas fué furios'amente
aplaud!do, aclamado,cantado, incensado y siguió
su camrno por la dur~ pendiente del Capitolio,
por la rampa de la victoria cclivus victoriae&gt;·
dejó á un l ado el templo-tesoro de Saturno (d~
él q~eda un gran fragmento) que forzó César para -p1llarlo en sus ~fas de lucha; el de Vespasiano, un poc~ más leJos; el famosísimo templo de
l a Concordia, que se había convertido en museo
en que los t riunfadores depositaban lo más selecto y curioso de su botín de guerra en aras
de ~na diosa que fué la de los grandes' días im•
periales en que la cul tura heleno- latina satur ó
al mundo de entonces y preparó el nuestro, y por
fin_ llegó al templo de Júpiter capitolino todo
ch1spea'?-te de oro: techumbres, chapiteles, ba•
ses, _relieves, p uertas. Allí aquel cristiano ya
bautizado, ~egún cuenta una piadosa tradición
(falsa, lo digo con escándalo de nuestr o cícero•
ne) que nos h a valido e l admir able bautisterio
de San Juan de Letrán, aquel cristiano q uejamás _l~ fué de corazón, cumplió con los r itos
trad1c10nales, consagró sus triunfos al D ios de
la potencia romana y supongo qué después se
iría á comerá cualquier parte, porque debió lle•
var una hambre atroz ... . . .

***

~il- d?scient_os veinticuatr o años después, al
prrnc1p1ar el segun do tercio del siglo XVI otro
César, otro A ugusto, el emper ador Carlos 'ven·
tr~ba en triunfo en Roma, exactamente por la
m1~ma,ruta _que el fundador del cristianismo político u oficial : la t1·azada por los a1·cos de Coas•
t~n~ino, de Tito y, desviándose un poco, de Sep•
t tmio Severo. L~s roma_nos habrían dicho que
aquél no er a un triunfo, srno una &lt;ovación ,&gt; pues
que el emperador, armado de punta en blanco
cabalgaba sobre un corcel de Andalucía. vestid¿
como él de acero, bajo las flotantes gu~ldrapa s
de púrpura. y oro. ¿De quién triunfaba. el señor
de España y las Indias, de Alemania y los Paí•
ses ~fajos? De los i_nfieles africanos que sólo á
medias había vencido; de Francisco I vencido
antaño, pero á quien ahor a se disponía' á vencer
de nuevo_ (lo 9ue no logró,_pbt· supuesto) dentro
de ~1-anc1a misma, por traidor á la cristiandad
Y _aliado de lo~_musulmanes;en realidad de qu ien
tr(unfaba el h1¡0 de Juana la Loca era de Roma
misma, que á pesar de los años transcurridos n o
podía_ reponer se, ni !se repondría. jamás, d~ la
rnvas1ón de las bordas de Car los mandadas por
Borbón y que dejaron muy atrá~ las de los godos y los vándalos, los sarracenos y los norman·
d_os ... . Aquello había sido odioso, horrendo; l a
crndad etern a, era u na eterna rui na, aquella rui-

�Domingo 7 de Junio de 1903.
na fué estropeada y pillada con una rabia sin
nombre .... Es la más espantosa profanación de
cadáver de que hace mención la historia.
Dice Rabelais que para planificar el camino
del emperador austriaco, el Papa había hecho
arrasar más de trescientas casas é iglesias; ¿qué
era, pues, aquellaplazaquerecorríaCarlos, bajo
el palio, seguido de sus españoles y alemanes y
rodeado de los cardenales rojos, los senadores de
o.gaño?Eracil campo vaccino;&gt; fué el Foro. Era
el sepulcro del Foro. Casi estaban ya al mismo
nivel el pie del arco de Tito y el trozo del arco de
Septimio Severo que aparecía á medias entre los
escombros;éstos,comounlago demármol martajada y de poi va fijado por las malezas y los
abrojos, venía desde la Velia y cubría toda la
base de la colina del Capitolio, y ahogaba los
plintos de las columnas de los templos de Saturno y Vespasiano y ocultaba otros templos y
basílicas bajo su masa formidable de fragmentos.
En lo alto del Capitolio (existe un grabado de
la época reproducido en la edición italiana del
Gregorovius) no había más que una especie de
convento fortaleza en el centro, con su torre [fué
la torre de la comuna romana que repicó tantas
veces la libertad y el tumulto trágico1, algunas
casucas en donde estuvo el templo de las puertas
y los relieves de oro, y en la cima en que se
alzaban la ciudadela y el templo de Juno, la
iglesia de Santa María de Aracreli. Aquí en
donde recuerdo estas cosas, sentado en una base
de columna de la basílica Julia, estoy á siete ú
ocho metros del nivel del piso recorrido por el
caballo de Carlos V.
Todo había sido sistemáticamente demolido
siglo á siglo, los edificios habíanse tornado
canteras para las iglesias circunstantes ó habían
sido transformados en ellas; el Coliseo, los arcos
triunfales, los sepulcros imperiales habían sido
convertidos en fortalezas y ceñidos de torres y
coronados de almenas por los gerifaltes de la
nobleza romana medioeval en perenne reyerta,
los Frangipani y los Ambaldi y los Orsini y los
Colonna .... La gran figura infortunada de Cola
de Rienzo, se yergue y domina casi pura, casi
rumana como la de uno de los Graccos, esta tempestad de diez siglos de pillaje, de destrucción,
de crimen, de horror y poesía. (Estoy quizás
i mpresionado por Emmanuel, á quien vi anoche
representar un Rienzo grandílocuo, sober bio y
teatral. ... )

***

1 '

Discurrían por entre aquellas reliquias los
grupos de colegiales vestidos de sotanillas, negras éstos, rojas aquéllos, azules ó verdes esotros, dirigidos por sus profesores, que les explicaban aquel museo único .... Yo seguí á les que
pude entender: visitamos juntos el atrio del templo de Vesta, vimos la fuente, descubierta en esos
días, en que habían abrevado sus caballos los
dióscuros de;pués de la batalla del lago Regilum,
admiramo" por la décima vez el fragmento del
templo á ellos alzado con sus tres deliciosas columnas corintias,estudiamos las ruinas dela casa
de los pontífices, cla Regia,&gt; las del templo de César, y de las rastras alli levantadas por Augusto;
fuímos á ver los restos de las otras rostras, es
decir, de la otl'a tribuna delas arengas, junto al
arco de Septimio Severo, descendimos ahí cerca
por una rampa al fondo de una oquedad en
donde hay una piedra que el tiempo ha gastado
cónica.mente y en donde hay letras arcaicas que
parecen griegas; subimos para oír al profesor
hablar del lugar en que había estado el primitivo
Foro, poblado de tiendas ( &lt;tabernas&gt; decía u los
romanos) y sobre él, en un vasto terrado, el
Comicio, el lugar de las reunionés públicas de
aquella ciudad de patricios de cuyos derechos
estaba la plebe excluída, y dominando al Comicio, la Curia, e.n donde el Senado, que luego se
reunió en diversos lugares, celebraba sus sesiones. Todo esto lo cambiaron ó destruyeron los
primeros césares. Luego nos paramos frente á
las ruinas del templo de la Concordia, de Vespasiano; al pie del que es hoy palacio del Senador,
en donde reina el síndico de Roma, don Próspero,
vimos las ruinas del Ta.bulario (archivos), las del
pórtico de los doce dioses ( deorum consentium),
y á nuestra izquierda las columnas altísimas de
Saturno y en el centro de esta región la última
obra de la adulación y de la abyección de la
historia de Roma expirante bajo la tiara: la columna levantada, siendo papa San G1·egorio
Magno, al abominable tirano bizantino Focas.

***

Id á ver el F-oro y, si tenéis unos trozos de
columnas y templos en la memoria, es decir, unos
fragmentos de historia romana (es mi caso), decidme á quién veis, á quien sentís discurrir incesantemente por el Foro, quiénes el protagonista
invisible y presente en aquel prodigioso doro
escénico.&gt; El, el gran seductor de la historia, el
que surge más vivo, más viril (et terrible afeminado de que habló Cicerón) del libro clásico de
Mommsen y de las teorías aristocráticas de los
nietzcbeanos y de los ensueños de transformación
r(:lvolucionaria de los demócratas, el que hizo
· posible la transformación romano- helénica del
mundo y nos hizo posibles á los latinos ele hoy
el calvo de la corona de laurel. ... Julio César'.
Aquí vivió [en la Regia], de aquí salió atropellando los_presagios y las súplicas. de su mujer·
por aquí fué al pórtico de Pompeyo [un poc¿

EL MUNDO ILUSTRADO

lejos del Foro, cerca de donde nosotros, á pesar
de las heladas lluvias nocturnas del enero romano, vamos á ver al gran actor Novelli ene! Teatro Valle], aquí en latribunade las arengas fué
expuesto &amp;u cuerpo esmaltado de heridas que
parecían labios clamadores de venganzas, allá
fué incinerado en medio de los alaridos del pueblo cosmopolita .... de esa pira pa1·tió la transformación imperial de Roma y del mundo ....
Cierta ocasión en que después de visitar Versalles y sus galerías de pinturas militar s, mi
infortunado Jesús Contreras y yo hablábamos de
Napoleón, insensiblemente pasamos á César, su
abuelo, y el joven escultor me decía: ¡qué escultórico fué ese hombre, qué conjunto de ademanes
estéticos su historia, qué actitudes, se podía seguir su vida con una serie de estatuas, mármol
unas, otras bronce . ... I Y 1·epasábamos: pagando su rescate á los piratas y prometiéndoles
ahorcarles, llorando al pie de la estatua de Alejandro en España, pasando el Rubicón, forzando el templo de Saturno, diciendo en el
Adriático al barquero: c¿qué temes~ vas con César,&gt; apartando de sí la cabeza de Pompeyo,
atrayendo á sí la cabeza morena de Cleopatra,
escribiendo al Senado la famosa misiva cvinevi-vencí,&gt; domando á su ejército amotinado con
la sola frase despectiva «quirites&gt; [paisanos,
dirían nuestros soldados], rechazando la corona
regia (él, que por su cargo de pontífice era el rey
de los sacrificios) quP. le ofrecía Antonio; luego
envolviéndose en la toga al ver el puñal de Bruto, y despufs, ya muerto, recolocado el laurel
sobre la frente lívida, su lenta aparición casi de
pie en el féretro (gracias á un artificio de Antonio) ante el pueblo de donde sacaba fuerzas para aplastar á la aristocracia que impedía á Roma gobernar en paz al mundo... «Cuánta estatua,
cuánto bajo relieve hay en esa historia... &gt;me decía mi amigo. .. cEn mi corazón está César, dijo
el poeta latino, allí tiene un templo.&gt; Así en el
Foro .... . .
JUSTO SIERRA.

APLICACIÓN.
Sentada en la Explanada, bordaba una labor amarilla de belludo estambre persa.
El cielo estaba azul, y el monte como una
trarn·parencia luminosa.
Bordaba.
Redondas nubecitas blancas flotaron y el
monte se puso como blanca tiza.
'
Bordaba.
Un joven poeta
pasó: saludó .. . .. .
Todo era gris como plomo; el monte había desaparecido.
Ella recogió su
bordado amarillo y
se fué.
De nuevo el cielo
estaba azul, y el
monte como una
transparencia 1uminosa.
Sentada en la Explanada, bordaba
una labor amarilla
de velludo estambre persa.
Un joven poeta
pasó, y ealudó ..... .
.1!,;l cielo estaba negro, con un millón
de estrellas blancas.
Ella estaba sentada en su cuarto y
bordaba su labor amarilla de velludo
estambre persa.
El joven poeta
miraba el cielo negro y el mill6n de
estrellas blancas.

La opinión pública: he ahí una ¡,otenc·
qua se forma de la audacia de unos pocos y 8
la cobardía de los demás.

Jª

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 7 de Junio de 1903.

COSTA DE IlEAUREGAD.

¿Qué podemos desear mejor si no un bello
sueño seguido de una hella muerte?
V. CHERBULIEZ.

Lo qt~e _ent~n_demos por justicia es á menudo una InJUst1cia en nuestro favor.
BARBEY D'AUREVILLY.

S i un pensamiento de tres líneas no merece
que se le dedique un capítulo, no vale nada.
REVEILLERE.

SAN FERNANDO.

monumtntos qut Duapartttrán.
El proyecto de erección de la rotonda y del
cenotafio que formarán el Panteón Nacional
en terrenos del Hospital de Dementes, com~
prende la apertura ele una calle, á través del
cPmenterio de San Fernando, que corresponda á uno de los cuatro pórticos q ue deben
dar acceso al edificio.
Con este motivo, el cementerio que hace
largos afios existe, por decirlo así, en el corazón de la ciudad, y en el que se hallan sepultados algunos de nuestros héroes, desaparecerá totalmente en plazo más 6 menos corto,
transladándose los restos mortales que en ál
se encuentran, ya sea á los demás panteones,
ó _bien á la cripta del Panteón Nacional, según
que pertenezcan á simples particulares 6 á alguno de los hombres ilustres mexicanos.
Los monumentos de Juárez, Zaragoza, D.
Vicente Guerrero, y algunos otros, serán reconstruídos en la cripta, según el proyecto
respectivo, á fin de que se conserven allí, juntamente con las urnas que guarden las ceniw
de los caudillos de la Independencia.

PETER ALTENBERG.

Las mujeres tienen siempre la mirada más penetrante que los hombres;
y siempre que se
cruzan nuestras miradas con las de
ellas,recibimos nosotros la primera
herida.-E. ABOUT.

El mejor amigo.

( Fot. Arriaga.)

l. Monumento del Gral. D. Ignacio Comonfort.-2. Capilla del Gral. D. Martín Carrera.-3. Capilla de D. Vicente Guerrero. - 4. Monumento de Juárez.-5. Monumento de Zaragoza.- 6. Monumento de D. José María Lafragua.

�Domingo 7 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

PSICOLOGlA CALLEJERA.
RÓTULOS Y MUESTRAS.
Irse por los barrios, dando de mano al ocioso vagar bulevardero y al olvido las figuras
europeizadas de los que pasean por las pulidas
calles del centro, es placer que á poco de gustarlo agrada y se mete muy adentro del &amp;nimo; y que, muy luego, &lt;le placer se cambia
en tarea de observaci6n grata y fecunda.
No son por cierto las bellas muchachas elegantes, que todas ellas parecen iguales, ni los
holgazanes cclagartijos" del bulevar, los que
pueden proporcionar datos, apuntes y documentos, para una obra de aliento, ya que todos ellos se esfuerzan por copiar al pie de la
letra y con éxito dudoso, los trajes, el porte y
hasta las muecas de los figurines europeos 6
de allende el Bravo.
Por los barrios, no; por los barrios la vida
nacional se manifiesta nuda, y completa y latente, en todas sus manifestaciones. De éstas
pudiéramos apuntar muchas; pero hacerlo no
sería leve faena, por eso ahora nos queremos
referirá una sola de ellas; á la más vistosa y
abigarrada, que se proyecta en rabiosos colorines sobre las fachadas y atrae las curiosas
miradas de los extranjeros.
Nos referimos á las muestras de los establecimientos populares.
Para muchos, para la mayoría, esos pintarrajeados muñecos, esas gordas letras pretenciosamente adornadas, que decoran los frontis de tabernas, fondas y cafetines, no son más
que muñecos y letras más 6 menos mal embadurnadas; mas quien se detenga á considerarlo, encontrará, sin duda, una significaci6n
oculta á r6tulos y muestras, que no pocas veces esconden graves misterios, y evidencian,
otras, sinceras manifestaciones del alma popular.
Hay muestras pretenciosas que están clamando á voces la erudición trasnochada del
traficante, adquirida aquí y allá, en rancios
tomos de novelas por entregas.
«El tocador de Venus., " ccEl brindis de Galatea,» ccLa Babilonia de los Artesanos,i, «La
guerra franco-china,i y ccLas glorias de Baco,•
pertenecen á ese género; que al leerlos, no parece sino que ve uno al gordo jicarero 6 al comerciante en ínfima escala, sentado detrás de
un panzudo barril y dándose un atracón de
literatura al por menor, que le pone los pelos

de punta y remueve coh imágenes ardientes
de guerra, de amor y de heroísmo su espeso y torpe intelecto.
ccEl Novio de Tacba,ii ccLa hija del Drenaje,» ,c:Mientras,&gt;i ccAquí dije,i, ,,Son las diez,i,
pertenecen á un género de humorismo muy
nacional, osado, grosero á veces, colindante
con el insulto y la agresi6n; pero que colma de risa los labios de los bebedores de
plazuela y les pone llamaradas de regocijo en
la mirada.
ccEl Rey bueno,» ccLa Alegría de la Huerta,»
c&lt;Una noche en peligro,» ccLa Chanza,&gt;i «El Va- .
seo» denotan ideas adquiridas acá y allá, en
los azares de una vida accidentada, que ha conocido los rincones mohosos de las bartolinas
y las galerfas de los teatrillos de barrio.

***

Alguna vez supimos que alguien proponía
que se evitara á los comerciantes esas chuscas exhibiciones y no se les permitiera poner
más que la raz6n social frente á sus casas.
Mala iniciativa, contra la cual se hubiera pronunciado, de poder hacerlo, el conde Buff6n,
porque el estilo del comerciante está en la enseña de su establecimiento, y, como sabéis,
el estilo es el hombre.
Un poco de observación de parte del parroquiano, le ahorraría graves disgustos y molestias. Nadie que no fuera reñ.idor de oficio
pondría los pies en un figón que se llama
"Las glorias de los valientes," y muy pocos
acudirían á la abacería que lleva por nombre
"La peste bub6nica."
Considerando así las muestras, como proyecciones de la personalidad psíquica de los
tenderos, nadie podría llamarse á engaño, y
las relaciones entre parroquianos y tenderos
serían suaves y deleitosas cual si viviésemos
en la edad de oro.
Por desgracia sucede que ni el comprador
se preocupa por tales futesas, ni el tendero
suele, á menudo, ser quien idea é imagina la
fábri ca de su fachada, sino algún pintamonas,
desfarrapado, que por ganarse el pafl ideara
no digo cosas tales como se ven en r6tulos y
muestras, sino la propia invención de la pólvora.
Para combatir la degeneraci6n, se añade, al
ejercicio escolar, el ejerci~io esportivo, ambos
exagerados: esto es lo mismo. que quemar la
vela por sus dos extremos.
ROMILLY.

Si se abriera á las mujeres la puerta de todas las libertades, las honradas y las prudente!' se negarían á entrar.
ACKERMANN.

MIENTRAS .

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J:
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Domingo 7 de Junio de 1903.

�Domingo 7 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

BARBE
~e Rt;tw l'~ '/

Curre1 ,.1 r'ela

D. RAFAEL DELGADO.

Notable novel ista mexicano.

Pancho el Tuerto.
Cuento Viajero.
Después de aquel discurso tan erudito, repleto de citas de fil6sofos y de soci6logos, desde Arist6teles hasta lo más fresquito de los
tomistas al uso, el Dean sorbi6 un polvo de lo
más rico, se limpi6 las narices con el rico pafiuelo de seda, doblóle poco á poco, arrellanóse en el comodísimo sill6n, y se prepar6 á escuchar atentamente, seguro de no ser vencido
por su antagonista, y dispuesto á replicarle si
era necesario.
El vejete, famoso gregoriano, discípulo de
Rodríguez Puebla y compañero del Nigromante, hizo una mueca, un gesto de mico, se
colocó sobre las rodillas, asiéndole por los extremos, el bastoncillo de áureo puño y pulida
contera, y, vivísimos y chispeantes los azules ojos, las cejas m6viles, tremulillo el mento, fluctuante la sonrisa, se expresó en estos
términos:
-¡Norabuena, sefior y amigo mío! Allá va
un sucedido! Erase que se era, hace muchos
años ... ..... . en aquellos felices tiempos de Su
Alteza Serenísima, cuando la ciencia y los saberes todos residían en clérigos de campanillas, frailes graves, «Doctores de la Ley» y licenciados «in utroque,» y ante todo y sobre
todo, en mi grande y respetable amigo don Lucas Alamán, un cierto individuo, Francisco
de nombre, á quien todos llamaban Pancho.
Decidor y agudo cuando estaba en su juicio,
subía y bajaba en pos de sus amigos [que los
tenía por docenas y muy generosos], á quienes entretenía gratamente con dichos, coplas
y cuentos,sazonados á veces con uno que otro
remoque.
Pancho estaba en todas partes: en los corredores de Palacio y en el torno de las Capuchinas; en el pórtico del GraIL Teatro de SantaAnna y en la portería de Santo Domingo; en
los bancos de las cadenas, en conversación
con pensionistas famélicos y estudiantes de

tuna, 6 en la célebre alacena de don Antonio
de la Torre, de charla con literatos y gaceteros.
Era conocido de mil personas conspicuas y
de viso, las cuales solían premiar sus gracias
con una columnaria 6 con un medio nuevecito, y lo mismo «se trataba,,-así lo decía élcon el canónigo Moreno y Jove que con el
Ministro Tornel; lo mismo con los c6mioos de
Puesto Nuevo que con los frailes de la Merced; lo mismo con don Lucas, tan seriote y
estirado, que con don Marcos Arr6niz, quien
á pesar de su melancolía, era festivo y bromeador.

Pero también le conocían en otras partes ...
en todas las pulquerías de la Muy Noble y
Leal ciudad de México.
Lépero más listo y agudo que él no se produjo nunca, ni le hubo más típico en la ostentosa y envanecida capital, desde los tiempos
venturosos de Bucare]i. Pancho parecía fa.
vorecido por el cielo con milagrosa y rarísima
virtud, con esa que á pocos santos fué concedida, y de la cual goz6- según consta del respectivo proceso-San Alfonso María de Ligorio: del d6n de ubicuidad. Era como el aire
que por doquiera se colaba sin ser visto ni esperado. ¡Qué de veces al bajar del acuerdo al-

gún Ministro, Tornel 6 Alamf\b, al descend~r
del púlpito el obispo Madrid; al salir del «~1glo1&gt; Guillermo Prieto, 6 al llegar don Muc10
Valdovinos á la librería de Andrade, ó á la
«Gran Sociedadi&gt; Panchito Zarco, no se encon·
traron con la carucha de Pancho, siempre
amable, siempre risueña, siempre simpática!
¡Y qué cara! ¡Por S. A. S., por la Or~en de
Guadalupe, que otra mejor y más típ1~ no
iba ni venía por Plateros, ni lucía en la Viga,
ni se paseaba en la Alameda! ¡Bueno~ ratos
que dió .Pancho al Conde dE! la Cortina, el
tremendo aristarco de «El Zurriago,» vapulador de las literaturas' 'crucificada'' y«fiorida!»..
- Y ..... [á propósito, sefior Dean] ¿no cree
S. S. que buena falta que nos hace, al presente, el señor Conde, con su periodiquito Y su
presunción y su "Diablo en el Baile?" Pues.··
como iba yo diciendo ... ¡Buenos ratos que gozaban oyéndole en la concurrida alacena, en
aquel mentidero de sénecas y de poetas melenudos, en aquellos portales por donde arrastró aus desengafios amorosos, muy embozado
en su capita, el infortunado Rodríguez Galvánl
Nunca pedía el buen Pancho, y todos le
daban; nunca se ponía en acecho de un protector. y siempre el dadivoso le tenía delante.
-¡Ya no sé qué hacer!-dijo en cierta oca·
sión el obispo Madrid.-¡Qué haré con ese
hombre! ¡Si hasta en la cátedra sagrada ~e
tengo delante! Me salta al paso cuando baJO
del coche; doquiera me lo encuentro;.P.ºr
doquiera le veo ..... , ¡Creo que le he adm1ms·
trado más de cien veces el sacramento de la
coufirmaciónl
,
¡Claro! S. S. I. era generoso en demas1al
Como que en su casa, según dicen, y de ello
pudo dar fe don Tomás Gardida, se gastaban
mensualmente más de cuatrocientos pesos.... .
en ..... chocolate!
Lo malo estaba en que Pancho.... bebía de
tiempo en tiempo más de la cuenta; ~ue- era
muy dado al blanco líquido y á las m1xtel.as,

y que se echaba unos zarambecos y cogía unas
monas, que ...... ¡Jesús ~os valga! ¡Cuántas noches no le dió la Diputaci6n c6modo y oportuno hospedaje! Sepa Vd., señor Dcan, que
no gusto de hipérboles, pues, como solía decir don Luis de la Rosa, por la hipérbole estamos en México como estamos. ¡Todo es aquí
uua hipérbole! No gusto de exageraciones, ni
hay motivo para que yo difame tan cruelmente á. Pancho el Tuerto. ¿Tuerto dijt:? Tuerto
era, ni más ni menos que Camoens y que Bretón, mi amado Bret6n de los Herreros, "gloria y regocijo del teatro español." ¡Qué aficionado al pulque! Desde Regina hasta el Carmen no había bebedor que se le igualara!
Pero, vamos al cuento.
Cierto día un día solemne en que repicaron
'
.
todas las campanas,
en que "rugieron
sonora;
mente los cafiones," en que S. A. S. ostento
en la Insigne y Nacional Colegiata prestigioso
manto, Pancho, que, por fas ó nefas, se congratulaba con todos en todo regocijo público
6 privado, fué á la Villa, y de allí volvió haciendo equis, cantante y turbio, más que turbio crepuscular, y llegando á Santa Ana, camino de su casa, que estaba por el Carmen,
dió en la tienda de un rapabarbas, amigo viejo, maleante si los hay. Allí cayó, y allí lo
recogieron ...... caritativamente.
Diéronle blando lecho en una estera, junto
€\ la piedra de amolar, cerca de un par d.e gallos giros, convalecientes de ciertas les10nes
gloriosas recibidas en San Agustín de las Cuevas; junto á la pared, en la cual, en marco
desportillado pasmo de la parroquia juvenil,
alardeaba de'su hermosura Di-ana de Poitiers,
muy del brazo de Francisco I, y no lejos de
una guitarra mugrienta y resobada, fiel compafiera de su dueño en sus afortunadas amorosas conquistas. ¡Malísimo ambiente el de la
frecuentada barbería! ¡Qué fetideces de pomada de rosa, de canela y de contrahecho maca~r! ¡Cuán acre el tufillo de la plebeya bandolina, y qué nauseabundo el de la jabonadura
evaporada en la reluciente vacía de cobre! La
tienda, caldeada por el sol vespertino, a.rdía
como un horno, y en ella zumbaba; un enJambre de moscas pr6fugas de la carmcerla fron-

tera. Pancho cayó en el petate como piedra
en barranca, despatarrado y hecho una i griega. ¡Cataplurnl ¡Y á dormir la turca!
Traíala de las mejores, de las indómitas y
largas, de esas que duran un día.
El Tuerto roncaba ó parecía roncar.
Fígaro es malévolo. Se le ocurri6 esa vez
hacer una de las suyas. ¡Qué no se le ocurre
á un barbero!
Mientras uno de los aprendices, puestos los
pies en la cabeza, se lanzó en busca de una
mortaja, el maestro, con ayuda de los otros¡buen par de pillastresl-levanta.ron {\ Pancho
y le subieron al potro, digo, á la butaca.
Y ...... y ...... le abrieron cerquillo: un cerquillo clásico, elegantísimo, como aquel tan
donairoso del P. Navarrete, insigne Mayoral
de la Arcadia Mexicana; un cerquillo de comisario, 6 de orador cris6stomo; superior en belleza á la más aristocrática borreguna. ¡Como
que nu13stro barbero lo era de dominicos y
mercedarios, gentes de mucho gusto y de supremo coramvobisl
Quedó Pancho, en un dos por tres, sin pelo
&lt;le barba. con un i;,oberbio cerqui1lo, y con un
copete que pondría envidia en el más lindo
cacatúa, si cupiera pasión tan fea en pajarillos tan hermosos.
Luego, dejáronle en pañaletes, peor que si
fuera mendicante; vistiéronle la mortaja-que
no fué cedida por amor 9-e Jesucristo, -y listo de este modo el pobre Pancho, y por ta]
manera entrado en religi6n, le sacaron á la
calle, le tendieron al borde de la acera, y n1lí
me lo dejaron.
Allí le recogió la ronda, Ja pacífica ronda
del barrio, la cual se mostró piadosa y compasiva con el franciscano, con aquella reverencia
por el pulque embriagada y caída en miseria
lamenta.ble y atroz.
Mandáronle por r.ordillera á San Fernando,
al Colegio Apostólico, pues de allí debía ser el
desdichado religioso.
Turulato se quedó el portero cuando le entregaron aqud cadáver, que cuerpo sin vida
parecía Pancho, y con ayuda de tres donados,
le llevó á una celda, mientras otros iban á dar
aviso de lo acaecido al R. P. Guardián.
-¡Válgame Nuestro Padre San Francisco!
-exclamaba el portero.--¿De dónde será este
religioso desventurado? Pero, en fin, ¡quede
en esta santa casa ~on
la gracia de Dios!
Nuestro hábito viste,
y«bajoel sayal hay ál,1&gt;
y si no es de los nuestros...... que ordene el
padre Guardián lo que
mejor le plazca.
El buen anciano
abrió la celda. Echaron á Pancho en un
camastro, no más muelle que la estera de la
barbería, y allí le vió
el Guardián, que no
pudo dieimular su disgusto.
-¡Por caridad! ¡Dejadle en paz! Veladle,
cuidadle, y cubramos
la desnudez del Patriarca con la piadosa
capa de Jafetl
ilil- il-

Tempranito,no bien
dijo misa, acudi6 el
Guardián á la celda en
qu-3 estaba el desconocido religioso. Entr6se de pronto, severo
el aspecto, duro el rostro, agitando el cordoncillo seráfico, como siempre que iba á
reprender. Hallóse á
Pancho sentado al borde de la cama, en momentos en que apuraba sediento el búcaro que le pusieran cerca los legos vigilantes.

Domingo 7 de Junio de 1903.

-Hermano.... . ¡Alabado sea Dios!- dijo
el Guardián.
Pancho le miró de hito en hito, sorprendido y atónito.
-¿Cómo se llamasu reverencia?-prosiguió.
-¿De qué colegio viene? .... ¿Cuándo llegó? ...
¿A qué vino? ..... .
Pancho no contestó. Miraba con asombro
cuanto le rodeaba: el escaso y paupérrimo
mueblaje de la celda, el camastro, el crucifijo
sangriento colgado en la pared, las disciplinas
crueles, pendientes de un clavo.
Veíalo todo como á través de un velo, y envuelto aún el infeliz en los humos alcohólicos,
no se daha cuenta de lo que tenía delante, ni
acertaba á responder.
-¡Responda, hermano! Responda y dígame de dónde viene y cuál es su nombre.
- Francisco.
-El hábito lo dice, hermano. ¿C6mo se
llama?
-Francisco.
-¡Su nombre!. ... ..-suplic6.
-¡Ese!-replic6 el «Tuerto,1&gt; impacientado.
-Su nombre ..... .
-¡«Posi&gt; ya lo oy6!
-Sepa que le han traído de tal modo que
ha causado escándalo gravísimo en la Comunidad; que ha escandalizado en plazas y calles.... ... . .
- «Posi&gt;.... no es la primera ...... ni la última, padre!
Frunció el ceño el Guardián.
-¡Sí, hermano!-replicó.-Merecéis castigo ..... .
- ¡Castigo, eh?-,-y se echó á reír.
-Si.
-¡Qué sé yo! Lo que sé es que estoy crudo, padre; pero....... muy crudo! ¡Vaya que
«pítima» tan rebuena! Qnien tiene la culpa es
mi compadre «Tanasio», que «juéi&gt; quien me
la ofert6, frente al Pocito, cuando pasaron los
lanceros del «Cojoi&gt; ...... Me eché tres jícaras.. .
tres jícaras grandes, «ansinota». Pero como yo
no «ninguneo, ,&gt;á «naidenii... .. «posi&gt;.... ¡entré
al quiero! ¡«Posi, qué ya no hay hombres!
-¡Hermano!-suplicó el Guardián.-¡Por
las llagas de Nuestro Padre San Francisco!
¿De qué Colegio viene? ¿De dónde viene?
-¡«Posi&gt;de mi casa!
-Dígame su gracia.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 7 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
CÁMARA DE DIPUTADOS

Como lo muestra el dibujo, esta sala sería
dotada, en el fondo, de un gran nicho para la
instalación de la mesa de la Cámara y del
Congreso: sobre él, una plancha de mármol
obscuro, con la inscripción «Lex», simbolizará la glorificación de la Ley, para lo cual el
autor del proyecto ha creído que no sería mal
el circundar esa palabra de una decoración
radiante, tan rica y tan pomposa como fuera
posible. Ha hecho eRfuerzos, además-y con
éxito,-para que esta decoración pueda ser vista desde la entrada.
DIBUJO GEOMÉTRICO DE LA FACHADA

PA L ACIO DEL PODER L EGI SL ATIVO.-( P royect o de Bénard),- Fachada principal

-¿Mi gracia? ¡Ujú! «Pos&gt;&gt; Francisco García ...... criado de «usté»I
-:Mire su reverencia, y repare ... .. .
-¡Yo no reparo .... .. ¿eh!
Comprenda que ha. deshonrado el hábito
que viste ..... .
-¡Ja.... .. jajá!-respondió el «Tuerto».¡«Dealtiro» me «tantea»!
Vióse Pancho, y abrió tamaños ojos, y alzándose el sayal, contempló su interna desnudez.
-¡Oiga, su paternidad!- se apresuró á decir nerviosamente.--¡Oigame!-y volvía la
mirada por toda la celda.-¡Téngame «pacencia»! ¡Yo no soy fraile, ni lo he sido, ni quiero serlo! ¡Si yo tengo mi mujer!., ....
-¡Jesús nos valga, hermano!
-&lt;,Veasté». ¡Queme traigan un espejo! Quiero verme el «frontispicio» ... porque la «verdá»,

la «puritita verdá»: yo no soy fraile. ¡Un espejo!
-Est1i hombre está loco-pensó el Guardián.
-¡ Un espejo! ¡Un espejo!-repitió irritado.
Trajéronle lo que pedía, una luna opaca,
única en el convento.
Vióse en ella Pancho una y cien veces, pálido, trémulo, salientes los ojos, y tras largo
silencio, exclamé&gt; entre resignado y burlón:
-¡«Pos» ya soy fraile!
-¿De dónde vino? ¿Cómo se llama?-insistía el Superior.
-¡«Pos» no sé! «Veasté» ......... Vea su reverencia; que vayan á mi casa, á la plazuela
del Carmen, y allá, en el siete, junto á la pulquería de don Tiburcio «el Timbón&gt;,, allí vivo
yo; que entren, y eu el último cuarto, ¡hasta

RAFAEL DELGADO.

1903.

de mármol blanco, flanqueada á derecha é izquierda por columnas de granito color de rosa, sobre las cuales se alzan águilas mexicanas de bronce dorado, vese un pórtico con un
frontispicio en el centro formando, en su conjunto, una entrada digna del «Palacio de las
Leyes.» Este frontispicio- triple puerta de honor del edificio-sería, á lo que parece, construído con columnas monolíticas de granito
pulimentado, de mármol y de bronce dorado:
se cree que podrán encontrarse esos monolitos en el país mismo.
Tras del frontisoicio, donde hay un verdadero pomco -.e .:-.-:nor, y sobre el fron tón en
que se ve ufl bajo relieve de bronce dorado,
que sepresenta á la República Mexicana ?f.r~
ciendo á sus hijos los beneficios de la cJVJh·
zaci6n moderna, aparece el coronamiento fi.
nal, el majestuoso dombo de la Sala de Pasos
Perdidos, cuya silueta viene á completar la
harmonía del conjunto.

GRANDIOSO PROYECTO.
El Palado del Podtr [tglslattoo.
Publicamos en el presente número algunos
de los detalles principales, así como 1a perspectiva general del proyecto que, para la construcción de un palacio del Poder Legislativo,
ha hecho, por comisión del Gobierno, el notable arquitecto francés M. Benard.
Puede juzgarse por nuestras ilustraciones
que el edificio, en caso de construirse según
este proyecto, habrá de ser colosal y espléndido así por la disposición y belleza de sus form~s como por la riqueza de los materiales que
en él habrán de emplearse. Tal magnificencia es digna de la Representación Nacional de
un pueblo libre.
A grandes rasgos daremos uria explicación
de nuestras ilustraciones,y algunos datos biográficos del distinguido arquitecto á que nos
referimos.

SAL.A, DE PASOS PERDIDOS.

PERSPECTIVA DELA FACHADA·

Este ~ibujo muestra el conjunto del monumento proyectado. En lo alto de la escalinata

adentro!, allí es mi casa, y allí están mi «probecita» mujer, y mis «probes» hijitos..... .
Pancho, acongojado, llenos de lágrimas IOI!
, ojos, siguió diciendo:
- Y que pregunten por mí, por Pancho el
«Tuerto». ¡Si no está, ése soy yo! Y ...... si está .... «antonces» ...... &lt;can tonces»... .. . ¡El diablo sepa quién soy yo!
Le reconocieron los legos, y se explicaron
lo que había acaecido.
Echóse á reír el Deán, y el vejete agregó:
-¿Ve Su Señoría cómo no es cosa imposible perder la conciencia?
-¡Ja....... jajá!. ...... Señor mío: ¡no me
venga usted con cuentos de Boccaccio ó de
Tirso!

M. BENARD, distinguido· arquitecto francés.

Una gran sala magnífica, dará acce~o á. t?·
das las partes principales del edificio. Sm
embargo, el puesto de honor estará reser':ado
á la sala de Sesiones de la Cámara de Diputados, que deberá servir también para las del
Congreso General. •

i

Este dibujo permite ver el carácter arquitectural sobrio y grandioso que el arquitecto pro•
yecta imprimir al edificio.
Las columnas que forman el peristilo son
de orden corintio; las de los p6rticos late!ales1
de orden j6nico.
Estos p6rticos están decorados con nichos
monumentales, destinados á colocar en ellos
los símbolos de bronce y de mármol de los
grandes hechos gloriosos de la historia mexicana: les formarán cuadro, mármoles harmoniosos de colores, destinados á hacer resaltar el
mérito de los gr,rnitos puiimentados de lascolumnas.
Las del peristilo, hechas también de granito, serán de orden corintio y sostendrán un
átbo decorado con estatuas de mármol blanco, que representarán las virtudes cívicas.
El fondo del peristilo estará adornado con
un mosai".!o hecho sobre oro, que represente
los beneficios de la paz. La perspectiva general del edificio puede verse en nuestra primera plana, así como el p6rtico central.

EL PERRO NEGRO.
Envuelto en una polvareda blanquecina cam_inaba el ejército, al caer de la tarde. Asr.endia J?Or un árido escarpe, erizado de ásperos
gramtos ........ .
El ~ol en el ocaso semejaba una fúlgida flor
~:1~grienta, y sobre los campos callados, la
umebla empezaba á tender su ala misteriosa.
D~ pronto surgió de un grupo de árboles
petnficados un perro negro, un macilento perro negro, que con sus ojos casi humanos miraba largamente á los guerreros que pasaban,
rudos y fuertes, con el fusil al hombro.
Los miraba en silencio· y la mancha de sombra de su cuerpo casi se perdía en la sombra
del crepúsculo.

Domingo 7 de Junio de 1903.

era la Muerte . ........ un soplo de lo desconocido pasó por nuestras cabezas .... .... .
FROILÁN TURCIOS.

EN RUINAS.
En un rincón distante de la aldea
Alzábase aquel templo solitario
Con su blanco y ruinoso campanario
Que el tiempo con su mano a¡rnjerea.
El viento por sus bóvedas pasea;
Roto se ve en el suelo el incensario1
Y el pobre campesino vfoionario
Al pie de los altares curiosea.
Deshecho se halla el púlpito: en las naves,

1
EL ARQUITECTO

El señor Benar&lt;l es un arquitecto distinguido, como bastaría para demostrarlo este
proyecto, cuya perfección es tan grande, que
las fotografías que de él publicamos, parecen
tomadas, no de un dibujo, sino de un edificio
ya construido.
El mérito del señor Benard ha sido reconocido en su patria, donde obtuvo el «Gran premio de Roma,&gt;, que, como es sabido, significa
la consagración del talento de un artista.
Además de Italia, el señor Benard ha recorrido la Grecia. En ambos países estudió los
monumentos clásicos de la antigüedad y del
Renacimiento.
En Francia ha hecho trabajos muy notables.
En 1899 venció en el Gran Concur¡,o Internacional para la Universidad de California.
En jnnio del año pasado obtuvo el premio
«Jean Reynaud» de la Academia de Bellas
Artes, que es de un gran valor, porque sólo
se concede cada cinco años y aspiran á él los
mejores artistas europeos.
Actualmente, Benard se halla en l\Iéxico,
para dirigir la construcción del palacio legislativo, en caso de que su proyecto ee lleve á
cabo.

EN CAMINO.
Como voz de socorro en la espesura
De solitaria selva, hasta mi oído
Llegó en alas del viento tu gemido
En el rudo breñal de mi tortura.
¡Cuán presto mi dolor y mi amargura
Disipó tu clamor! ¡cómo rendido
En tu auxilio acudí, dando al olvido
El peso de mi amarga desventura!
Me porté como buen samaritano;
Ungí tus llagas con mi propia mano
Y en seguro lugar te dí hospedaje.
No espera premio la nobleza mía;
En paz te quedas, ilusión de un día;
Yo tengo prisa y seguiré mi viaje.
E.

GONZÁLEZ MA:RTÍNEZ.

La Cámara de Diputados, según el proyecto de Bénard.

Pasaban, pasaban los viejos capitanes, los
j6venes soldados........ .
Luego, ante un alegre muchacho que se movía penosamente, el perro ladró de una manera honible ......... Después laoz6 un aullido
lento y quejumbroso, una especie de lamentación lúgubre que, bajo el cielo sombrío en la
hora fantástica, impresion6 angustiosa~ente.
Al anochecer de la .ú ltima jornada una bala traidora arrebató la Yida al pobre' muchacho ...... .. .
Estaba allí, sobre los duros guijarros del
camino, con los ojos abiertos, frío y ensangrentado.
Entonces, recordando la espantable escena
macabra, el aullido lúgubre resonando en la
distancia, al comprender que el peno negro

Entablan ~us polémicas las aves,
Y en med10 del horror de aquellas ruinas
Donde hacinados yacen los escombro~1
Encógese el incrédulo de•hombros
Y levantan su hogar las golondrin~s.
BONIFACIO BYRNE.

En las almas más grandes hay siempre sit~o~ débHes en los cuales duermen las superst1c10nes.
A. THOMEREAU.

¡Qué moralistas tan singulares somos! Abrumamos de injurias á la mujer caída y de burlas á la que envejeció sin caer.
ARMAND SILVESTRE.

�EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 7 de Junio de 1903.

Domingo 7 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

LOS MONJES.
El Ultimo Sutño dt tabart.
Cuando Tabaré hubo muerto, y de su flanco herido la sangre partía, como un ancho y
espumoso torrente rojo, su alma, en la forma
de una minúscula mariposa blanca, desprendi6se de la carne heroica que la guardaba, y
agitando sus alas de espuma y de seda, se prepar6 á remontarse hacia el inmenso cielo azul.
En el claro del bosque, junto al guadal vecino, la humana forma del indígena yacía rígida, llena de la serenidad augusta y solemne
de la muerte. El ancho pecho del cadáver se
destacaba como un escudo de bronce sobre un
manto de púrpura. La mariposa roz6 con las
alas una burbuja de sangre, y coloreada de
blanco y rosa, se fué por los aires, bebiendo
con su diminuta trompa combada el polen de
oro del sol.

El alma de Tabaré, gloriosa en la poesía de
aquella tarde llena de quietud, vi6 llegar al
crepúsculo desplegando sus infinitos tules violetas y pensó que era ya hora de dormir el
largo sueño de los siglos futuro~. En aquel
instante se entreabri6 en los espacios la corola
de luz de una estrella.
La blanca mariposa, coloreada de rojo por
una gota de la sangre indígena, tendi6 su vuelo hacia el lucero que la besaba con sus infinitos labios de luz; pero mientras ascendfa,
lleg6 hasta ella el vaho de la selva, el hedor
del limo del río padre, el hálito inmenso de
la-campiña toda.
Vi6 entonces que el astro estaba muy arriba, que cuanto más ascendía, más lejana se le
antojaba aquella lágrima del cielo; y volvi6
hacia la tierra, para tener por tumba algo que
fuera color y potencia, vida y perfume en la

rías, dulces flores del llanto y de la muerte
riegan la · sangre de Tabaré, con sus pomo~
pequeños y aromados, por sobre las ?uchillaR,
á lo largo de los pantanos, en los Juncos de
las cañadas, ante ese cielo que vi6 morir al
amante rudo y supremo, bajo su inmensa serenidad azul.
GOYCOECHEA MENÉNDEZ.

Leyendo La Divina Comedia.
En la última página de El Infierno del Dan~.

¡Oh tú que tienes los cabellos canos!
Tú, dime: en el camino de la vida,
;,Nadie llega hasta el fin de la partida
La frente pura, cándidas las manos?
Dime si por ventura son hermanos
E11:oísmo y virtud, fuerza y caída?
¿Nunca entran sin terror á la escondida
l\fansi6n de los recuerdos los ancianos?
El juez, el acusado y el que acusa
Se miran con rubor que á todos quema:
Hnencia de maldad, ¿quién te rehusa?
¡Poema del rey Pecado es tu poem11!
Dante: ¿quién está en pie? Tu noble Musa
Clamando sobre todos ¡anatema!
FRANCISCO GA VIDIA .

MARUJA.

Proyecto Benard.-Sal6n de pasos perdidos del Palacio Legislativo.

Cruzó por la llanura, pas6 por sobre la selva, contempl6 á la distancia las cuchillas onduladas, fecundas, perfilando el horizonte en
suavísimas combas; sigui6 hasta el río padre
que lleva sus aguas límpidas hacia el río inmenso, cenagoso y mugiente; trazó giros voluptuosos entre las cortaderas de largas hojas
aterciopeladas; se deslizó por las totoras que
enarcaban sus tallos cilíndricos, vibrantes ante
el viento de la tarde y se detuvo un momento
sobre el verde radioso de un viajero camalote.
El sol, en el último período del ocaso, desgranaba todos sus bermellones y fundía el nácar de las nubes en 6palos intensos y deslumbrantes. Las cigarras comenzaban á suspender
sus eternas sonatas monocordes, las palomas
guardaban en sus buches sus melanc6licos
arrullos y entre las hojas de los sarandíes comenzaban á rodar las titilantes lágrimas del
rocío.

última esperanza del dolor y de la muerte.
Penetró en el bosque hirviente de savia, se
posó sobre los rosales salvajes, en la grana ardiente de los ceibos, en la dorada fruta de los
ta.las, en las largas varas enhiestas de los cardos morados. Y así, errante y solitario el espíritu de Tabaré, marchó por la eelva. hasta
que de pronto cay6 en el búcaro entreabierto
de una dulce mburucuyá.
Y el bosque entero floreció en pll.Sionarias.
Alma de dolor y de ensueños, agigantada
por la muerte, divinizada por el amor; alma
pura y sañuda en la cual barbotaba el genio
de la raza, toda la fiera expresi6n del charrúa;
alma melanc6lica, amargada errante, alma
toda perfume, toda color, toda caricias, ella
fué el germen potente que encendi6 el fuego
de una roja pedrería en el fruto combado de
las purpúreas mburucáuyes.
Y desde aquel instante, las leves pasiona-

Hace tiempo, cuando vivía en San Petersbur&lt;10 acostumbraba, al tomar un trineo de
alq1~'¡1~r, emprender conversación con el cochero.
Me agrada en especial charlar con los que
hacen el servicio de noche, pobres labriegos
de las cercanías, que vienen á la capit11l trayendo carricoches de mala muerte, embadurnados de ocre y tirados nor un jamelgo, á ganar el pan- la renta para el amo.
Cierto día llamé á uno de estos tales. Era
un mozo de veinte años, fornido y robusto, de
azules ojos y colorados carrillos. De su remendada gorra, calada hasta. las cejas, se escapaban las sortijas de su rubio pelo, y un tafetán,
roto y menguado, cubría á duras penas sus
anchos hombros.
Pareci6me que el bello rostro imberbe del
cochero estaba triste y sombrío; charlamos, y
noté que su voz resonaba dolorosamente.
-¿Cómo tan triste, hermano?-le pregunté.-¿Ti&amp;nes alguna pena?
Al pronto no respondi6.
-Sí, Barino, tengo pena-dijo al cabo;una pena tan grande que no hay otra como
ella; se me ha muerto mi mujer.
- Según eso, la querías mucho.
El mozo, sin volverse, agach6 la cabeza.
-Barino, la quería. Ya va á cumplir el octavo mes y no puedo olvidarla. Es uha cosa
que me roe aquí en el coraz6n, y acab6se y yo
no entiendo por qué se murió: era joYen y sana. En veinticuatro horas se la llevó el c6lera.
-¿Y era buena tu mujer?
¡Ay Barino! -suspiró hondamente el pobretín,-éramos tan amigos! Y i,e há muerto
sin mí.. .... Desde que supe aquí.. .... pues.....
que la habían enterrado, al momento eché á
andar para la aldea ...... para mi casa. Llegué ...... era más de media noche: entré en ella,
me paré en medio y llamé muy bajito..... Ma. ...... eh , M aruJa......
· l
ruJa
. Y nada, nada más
que el canto de un grillo en un rincón ..... .
Entonces me eché á llorar, me senté en el suelo y pegué en él con la mano, diciendo :
-¡Ah vientre hambriento, te la has tragado; trágame á mí tambienl María....... ¡Ay
María!-repitió con enronquecida voz.
.
Y sin rnltar las riendas de cuerda, se enJUg6 una lágrima con su guante de cuero, lasacudi6 de soslayo, agach6 lo.3 hombros y no
pronunci6 una palabra más.
.
Al bajarme del trineo le dí buena propma;
saludóme hasta el suelo, quitándose la gorra
con ambas manos; volvi6se y tom6 un can8ado trotecillo sobre la helada sábana de la calle desierta, invadida por la bruma gri.3 del
frío de enero.
!VAN TOURGENEF.

I
¡Austeros monjes que tenéis por mundo
la soledad solemne de los claustros,
en los conventos lúgubres que oponen
muros de piedra al torbellino humano!
Que os encerráis entre paredes frías,
sin más adornos que los viejos santos
y un Cristo agonizante que alza al cielo
los tristes ojos cuando está expirando;
que ante la imagen del dolor supremo
meditáis en recónditos arcanos,
suspensa el alma, el pensamiento absorto,
por infinito amor trasfigurados;
que veic; lr humanidad y sus pasiones,
el amor, el orgullo, los encantos,
reducidos á tétrico resumen
en la espantosa desnudez de un cráneo;
6 bien, hundidos en las toscas sillas,
la cabellera entre los dedos flacos,
inmóviles cual momias que los tiempos
hubiesen al pasar patrificado,
en lenguas muertas releéis las páginas
borrosas ya de los infolios raros,
al alma y á la vida y á las cosas
el principio y el término buscando:
vosotros, desertores de la tierra,
sin pasar el umbral del camposanto,
decidme E&gt;i es muy dulce ese silencio,
si allí el dolor no llega á conturbarosl

II
Cuando ferviente la plegaria brota,
cuando se eleva en vuestra voz el canto,
¿no hay otra voz interna que os suspende?
¿no hay otro acento que interrumpe el salmo?
En las serenas noches silenciosa.a,
cuando el cielo se a.dorna con sus astros
y recorréis con la capucha vuelta
los corredores y los anchos patios,
¿fio os detenéis de pronto cual si oyerais
un eco evocador que os ha llamado

y el ligero desliz inolvidable
de presurosos, conocidos pasos?
En ei;as horas en que duerme el mundo,
en que se siente el súbito aletazo
bajo el cual se despiertan los recuerdos
y se pronuncia un nombre ya olvidado,
decidme si no oís en lus rumores
de la noche ese nombre que os foé caro
y el soplo de la brisa no os parece
un beso tentador sobre los labios;
si al penetrar por el follaje obscuro
la luna no os engaña con sus rayos
y creéis ver en la penumbra el halda
m6vil de un traje vaporoso y blanco;
si vuestra mente vaga1osa entonces
no se espacia en recuerdos ya lejanos
y no sentís inmensa pesadumbre
que hace rodar por vuestra faz el llanto ..... .
Ah! decid si olvidáis, si á vuestras puertas
no acuden en tumulto, golpeando,
los fúnebres fantasmas del recuerdo,
que vienen de la noche del pasado!
¿Ya sois libres? El último refugio
adonde huísteis del dolor humano,
es quietud, es olvido, es la sofiada
ma.nsi6n feliz de espiritual descanso?
Y o sé de la leyenda de un austero
monje, á quien muerto en su sitial hallaron
sobre un libro de antigua biblioteca.
reliquia del convento y de los años-'
, .
'
muerto sobre una pagma
en que había
como señal de algún pasaje extraño, '
prenda de un grande am~r desconocido
una guedeja de cabellos áureos.
'

¿Qué dijeron al monje esos cabellos?
¿Qué singular y misterioso encanto
se desprendió de aquellas hebras de oro?
y quién las puso en el ritual sagrado?
¡Oh mujer! oh belleza! oh triunfadora
más poderosa que la muerte! En vano
tiene abismos el tiempo, el mar distancias
el alma frío, y soledad los claustros!
'
lSAÍAS GAMBOA.

�Domingo 7 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL M1JNDO ILUSTRADO

€1 marquts dt montttmy.
é!or d~an é!oujoulal.
(Traducción de "El Mundo Ilustrado.")
CONCLUYE.

Cuando Sofía volvi6 á bajar al patio, la primera persona con quien se encontr6 frente á
frente fué Montcerny, al cual se acerc6 tímidame~te, cual si quisiera hablarle, pero luego
qued6se sin saber qué hacer, tan confusa que
él, aunque desdefiosamente, se a~i_adó:
-No temáii1 nada, sefiora, le diJo; como no
estoy aquí por mi voluntad, desgraciadamente no podré libertaros de mi presencia; pero sí
os ofrezco que me mantendré á una distancia
tan grande de vos cuanto las dimensiones del
patio lo permitan.
Iba ya á alejarse cuando ·ella le detuvo colocando suavemente la mano sobre su brazo.
-¿Estáis aún muy disgustado conmigo? le
p regunt6.
. .
.
.
Sin su voz acariciadora y sin su cándida
mirada, Montcerny hubiera podido creer muy
bien que se burlaba de él.
Sofía repuso con el m ismo tono de niño que
se excusa por no haber aprendido la lecci6n :
-Ya sé que hice muy mal yéndome de
vuestra casa sin vuestro permiso; pero no tengo la culpa: ¡me fastidiaba tanto!
Refirióle en seguida cuán largas le habían
parecido las horas en aquel palacio, en el que
le parecía hallarse perdida, intimidada, además, por la presencia de aquel m~rido, más
viejo que su padre y aun más seno. Lo que
sobre todo había colmado su aburrimiento,
fueron las reuniones de sabios y filósofos que
se efectuaban en la casa de Montcerny.
-¡Oh!, dijo, creo que al fin me hubiese ~esuelto á fastidiarme sola con vos; pero aquellas
gentes que sólo hablab~n de. cosas incompre~sibles ... nada más su vista me tornaba estúpida, y si alguna de ellas me dirigía la palabra,
por el temor de contestarle una necedad, me
sentía tentada de echarme á llorar.
Por ese tiempo, la h ija mayor de M. de
Valseney habíase casado, y al venir de provincias á París para ser presentada en la corte, se
detuvo en la Capital algunos días. La tristeza
y el desmejoramiento de su hermana la sorprendieron; crey6 qu~ era la víctima de _un
marido de carácter agrio y celoso, y movida
por la piedad, ofreció á la niña que se refugiara secretamente en su casa. Sofía se rehus6
primero, pero el fastidio venci6 muy luego sus
resistencias.
-Tenía el proyecto de escribiros inmediatamente después de mi partida, para suplicaros que me dejaseis vivir con mi hermana;
pero encontraba tan difícil decirlo, que fui
dejando mi proyecto de un día para otro, hasta que acabé por no escribir nada.
A pesar de un resto de resentimiento que
contra ella sentía, Montcerny no pudo evitar
una sonrisa, al escuchar el cándido acento
con que Sofía exponía sus infantiles excusas.
La conversaci6n continuó en un tono más
amistoso. Sofía, más segura ya de sí misma,
habl6 de la prisi6n, donde parecía verlo todo
de color de rosa.
Esto hizo que Montcerny recordara al caballero de Raynald, que fuera arrestado al mismo tiempo que ella.
-Os sentís feliz en esta cárcel, la dijo, porque vuestro amado esiá aquí con vos.
Ruboriz6se ella y ocultó su rostro entre las
manos. Luego, separando un po~o los d~dos,
le mir6 con ojos á un tiempo tímidos y nsuefios y escap6 corriendo.
.
Al día siguiente fué un poco más explícita;
Montcerny ya no la intimidaba como antaño,
pues la común desgracia establecía una especie de igualdad entre ambos.
-Hace mucho tiempo que el caballero de
Raynald es mi apasionado, dijo en el lenguaje extravagante de la época, y confieso que
soy sensible á su fuego; pero antes de estar

presa, jamás me atreví á hacerle conocer mi
sensibilidad, temerosa de dejarme arrastrar
más allá de los límites de la virtud.
Medit6 un momento y repuso suspirando:
-Eso me ha hecho sufrir muchas veces,
porque ¡es tan duro hacer desgraciado al hombre á quien se ama!
Refiri6le entonces á Montcerny c6mo hr.bía
sido que habiendo caído ella enferma, no pudo
seguir á su familia cuando ésta había emigrado y cómo el caballero Raynald, decidido á
no' abandonarla, quiso esperar á que sanara
para emigrar, y que en cuanto se halló ella en
estado de poder viajar, le ofreci6 acompañarla
á Viena, donde residía su familia.
Pero las diligencias que hicieron para procurarse pasaportes, llegaron á parecer sospechosas y por esa causa fueron detenidos la
víspera del día fijado para la partida.
Mientras l\fontcerny escuchaba este relato,
buscaba co!l los ojos á Raynald, que iba y venía á poca distancia, lanzando á hurtadillas
inquietas miradas á Sofía y á su interlocutor.
Al marqués, sin que supiera por qué, le disgnstaron tales miradas, y esta sensaci6n de disgusto fué acentuándose más tarde, pues lleg6
á ser para él una costumbre reunirse con Sofía en el patio, y como el caballero no dejaba
nunca de hacer lo mismo, bien pronto cada
uno de ellos sinti6 una secreta irritaci6n contra el otro.
De tal modo que uh buen día Montcerny,
reflexionando, comprendi6 que estaba celoso
y se vi6 obligado á confesarse que lo que por
Sofía experimentaba era amor, sencilla y simplemente.
Desde que hizo tal descubrimiento, se puso
tristfsimo; la muerte dej6 de serle indiferente
y comenz6 á reprocharse no haber sabido conquistar oportunamente el cariño de Sofía.
Otra cosa le ocupaba entonces el pensamiento:
la felicidad de la Naci6n, la que, en cambio,
maldito si se ocupaba de la de él! ¡Y cuán
estúpido el orgullo que le impidiera buscar las
huellas de su mujer! ¡Con cuánta facilidad se
había dejado ganar la partida por aquel impertinente caballerete!
En semejante estado de ánimo, apreci6 las
ventajas del sistema político en vigor, que suprimía las dificultades de los ciudadanos suprimiendo á estos mismos. En efecto, ¿,qué rivalidad podría haber entre él y el caballero,
respecto de Sofía, puesto que les iban á guillotinar á los tres?

***

Una mañana, un rumor extraordinario circul6 por la prisi6n; una noticia tal que emocionaba á todo París y que los carceleros no
pudieron reservársela: los diputados habíanse
sublevado contra Robespierre, y los triunviros
habían sido acusados y arrestados en medio
de hurras y gritos de liheraci6n.
¿Qué resultado podría tener semejante golpe de Estado para los infelices encerrados en
las prisiones? Eso era lo que iodos discutían
aquella mañana en el patio, sacados de improviso, por tal noticia, de la apatía en que les
sumergiera la certidumbre de morir.
E l propio Montcerny sinti6 que su coraz6n
latía más rápidamente y se apresur6 á reunirse con Sofía, que permanecía pensativa, sentada en un banco situado en Ur\ rinc6n del patio.
Creyendo Montcerny que tal vez ignoraba lo
que ocurría, quiso comunicárselo1 pero ella le
interrumpió diciéndole sencillamente que lo
sabía todo.
-¿Y tal noticia no os causa regocijo?, pregunt6 sorprendido.
-No, contestó ella sacudiendo la cabeza.
Aunque me pongan en libertad, no por eso
podré casarme con mi amado, y sin él, ¿para
qué quiero la vida? ...

Montcerny entonces comenz6 tímidamente
á defender su causa.
-Sofía, dijo, he olvidado ya por completo
mis quimeras de antaño, y si llegásemos á salir de aquí, todos mis. pensamientos serían
parn vos.
Pero vióse obligado á callar ante la confusi6n que ella mostróle oyendo tales palabras.
Precisamente en esos momentos el caballero
se aproximaba y Sofía le acogi6 con tanto placer, que l\fontcerny comprendió cuán poco la
interesaba lo que acababa &lt;le decirle, y se
alejó triste y colérico, lleno de amargura el
corazón contra su rival.
Como en sus idas y venidas por el patio
pasaba ante la ventanilla del portero, pudo
ver á tres hombres con carmañolas rojas que
permanecían frente á la portería. Uno de ellos
tenía en la mano un papel y lo leía en voz
alta; eran los delegados del Tribunal Revolucionario que venían á llamará algunos de los
acusados.
·
Montcerny, á quien la víspera tal espectáculo hubiese dejado casi indiferente, sintió un
estremecimiento pensando que tal vez, yacer-'
canos á la libertad él y Sofía, aquella úl tima
embestida de la muerte iba á arrancarlos de
la vida.
Detúvose tan inquieto y vacilante, que la
portera comprendió sus pensamientos, se sintió movida á compasión por su ansiedad, y
aprovechándose de que su marido y los otros
tres hombres charlaban sin reparar en ella, se
acercó á la ventanilla y le dijo á media voz:
-No temas, ciudadano, he leído la lista y
tu nomb:te no figura en ella.
-Pero y ... ¿ella?, pregunt6 Moñtcerny muy
conmovido, designando con los ojos á Sofía,
que conversaba con Raynald en el extremo
opuesto del patio.
- Ella tampoco.
Luego, dirigiendo hacia los dos j6venes una
mirada impregnada de vaga compasi6n, la
mujer repuso:
-Solamente está su enamorado. ¡Pobrecillal. .. ¡mucho va á llorar!
-¿Es del caballero Raynald de quien habláis'?
La conserje hizo un signo afirmativo y él se
alej6, intentando reprimir una alegría que le
daba horror.
«¡Pensar que me he creído bueno dura nte
cerca de sesenta años!» se decía, dirigiéndose
lentamente hacia el banco donde estaban sentados Raynald y Sofía.
Ahora, á pesar de todo, al verles tan jóvenes, tan hermosos, inclinando sus rostros hasta casi tocarse, una especie de piedaJ despert6se en él. Al verle venir Raynald, se alejó
precipitadamente sin pretender ocultarle su
emoci6n, y Sofía se enjugó los ojos á toda prisa:
Incapaz como era de disimular una emoci6n,
cuando Montcerny se dispuso á prepararla
nuevamente á la idea de ser separada de Raynald y comenzó á hablarla del porvenir, diciéndole:
· -Vamos, ¿habéis reflexionado? ¿No queréis vivir conmigo si permiten los acontecimientos que salgamos de aquí?
Ella no pudo más que responderle sollozando:
-¿Y á él, á mi pobre amigo, deberé abandonarle?
En vano él quiso objetarle que el amor no
dura toda la vida y que tal vez 1-1.egaría día en
que se felicitara de haberse visto separada de
su amigo antes de haber sufrido su frialdad 6
sus infidelidades.
A todo respondía ella moviendo la cabeza:
-No le conocéis, ni conocái:i su corazón;
nunca me será infiel, y si le abandono, jamá8
encontrará consuelo.

Y como viese que Montcerny parecía no
creerlo, acabó por irritarse.
-¿Entonces creéis que yo me acostumbraría á vivir pensando que él me olvidaba por
otra mujer'/ Sabed que mejor quisiera verle
muerto que infiel.
Montcerny, poco hábil en cuestiones de astucia, comprendi6 que su dédalo de preparaciones para nada servía y prefirió decir la ver-

dad:
•
-Pues bien, nada temáis, ninguna mujer
os lo arrebatará, puesto que va á morir.
E nhiesta ante él, pálidos los labios y los
ojos dilatados, gritó:
-¡Mentira!
Nada contestó él... cay6 sobre ambos un terrible silencio.
Pero de improviso, comprendi6 Sofía en la
expresi6n del rostro de .Moutcerny que éste
no ha?í~ mentido, y repuso con voz que pasaba sibilante por entre sus dientes apretados:
- ¡No quiero que le maten!. .. ¡no le matarán!
El callaba sin encontrar qué responder á
esa locura.

téis de tal manera?, preguntó Montcerny tristemente. Y le record6 el ridículo que había
desafiado por salvarla ~~l _claustro, y luego,
¿alguna vez le había dm gido una expresión
dura, le había causado nunca el menor sufrimiento? ¿Cuando ella le abandon6 había intentado siquiera vengarse? ¡Y he ¡quí que le
~bandonaba nuevamente ahora que estaba vieJO, descorazonado y solitario!
Sofía escuchóle primero con feroz indiferencia, pero luego sintió que su voluntad se doblegaba, comprendiendo que Montcerny dflcía
la verdad, y que ella no tenía la libertad de
morir. Su rebeldía cedió el lugar á una inmensa desesperación; volvi6 á caer sentada
sobre el banco, ocultó el rostro entre las manos y lloró silenciosamente mucho tiempo.
Cuando al fin levantó la cabeza, Montcerny
se aterró al observar su extraviada expresión.
Sofía, que no había temido la guillotina cuando se trataba de ella misma, ddiraba de miedo pensando en la ejecución de Raynald. Frases entrecortadas escapábanse de sus convulsos labios:
-¡Sin mí se habría salvado!. . .. porque estaba;yo .enferma.:se quedó en Francia... ¡Dios

Domingo 7 de Junto de 1903.

***

Por la tarde, cuando se efectuaba la sesi6n
del Tribunal revolucionario, Fouquier Tinville interrumpió con mal humor al actuario
que llamaba á los acusados, al v.ir levan tarse
al que contestaba al nombre de Raynald.
-¡Un error más! gritó el acusador público
á ~u ~ubordinado. ¡Qué dices tú ahí que tiene
vemh cuatro años! Ponle por lo menos sesenta ... ... ¡Vamos, corrige el acta de acusación y
pron to, que no tenemos tiempo que perder !
~sta sesi6n, la ~!tima del Tribunal, fué muy
agitada. El presidente Dumás fué arrestado
antes que concluyera la audiencia; pero después de deliberar, los jurados dicidierod continuar en su ausencia y dictaron el veredicto
de muerte.
•
Algu nos instan tes después los condenados
al dirigirse al lugar del suplicio, pudiero¿
creer qu_e se verían salvados, pues el pueblo
enardecido por la prisión de Robespierre, tra:
tó de cerrar el paso á la comitiva y libertar á
las víctimas.
Desgraciadamente el General Haniiot, que
recorría las calles con un destacamento de
hombres a rmados, dispersó á la multitud y
e~colt~ la última carreta basta el lugar de las
eJecuc10nes.
-Esta vez, por lo menos, pens6 l\fontcerny
subiendo las gradas del patíbulo, puedo estar
seguro de no arrepentirme de mi generosidad.

SOL DE SANGRE.
Por inmensos caminos solitario¡;,
H uyendo de ignorados campanari~s
Los peregrinos van, faltos de alient~
Y de aldeas siniestras y lejanas
'
Les saludan al paso las campanas
Con notas que cabalgan sobre el viento.
E l horizonte, bajo el sol, se dora,
Manchado por la .•angre de una a urora
Que se teme á la vez y que se espera·
Las nubes se amotinan y se empujad
Y como buitres, al huir, -se estrujan '
En el espanto de la noche negra.
Tiembla y cede la tierra bajo el peso
Se abre un abismo en el dintel del bes~
Y todo es sepulcral, como una luna;
Sólo se oye el rumor so.rdo y la queja
De aquella muchedumbre que se aleja
Con fatigas de mar hacia su cuna.
En la sangre del sol busca su origen ·
Torvos y extraños sentimientos rigen '
Su reflujo fatal hacia la aurora
Y jadeante, vencida y sin alie~to
Se arrastra latigueada por el vien'to
Royendo el amargor que la devora.'
-¡ Quiera Dios que me maten con él! continu6 cada vez más rebelde y exasperada! ¡No
se lo llevarán sin mí!. ..... ¡No lo quiero!
- Debéis resignaros, dijo él gravemente, no
sois duefia de salvarle ni de morir con él.
Pero Sofía no. le escuchaba; un pensamiento súbito había cruzado por su mente.
-Hay mujeres en la lista; yo sabré cuáles.
son ... buscaré á una de ellas y me arrojaré á
sus pies para suplicarle que me permita ocupar su lugar en la carreta.... ¡Qué importa el
cambio á esos miserables con tal que esté completo el número de sus víctimas... ... Ellos no
miran ; ¡matan!
Decía la verdad; poco tiempo antes habían
guillotinado á Raint-Pern, padre, en lugar
del hijo, y Fouquier Tinville ni siquiera había
notado que le entregaban un condenado _c aduco en vez de un joven.
Montcerny retuvo á la joven por una mano:
-¿Y yo, Sofía, si vos morís, que será de
mí?
Ella se desprendi6, contestando duramente:
-Os pasaréis sin mí, como lo habéis hecho durante cerca de sesenta años.
-¿Qué mal os he hecho para que me tra-

mío!. .. ser la causa de su pérdida y no poder
siquiera morir con él!. ..
Montcerny ya ni siquiera pretendía consolarla; con la mirada fija en la tierra reflexionaba, y por fin dijo, como hablando consigo
mismo:
-Sin embargo ...... si yo le salvara ..... .
Sofía fij6 en él una mirada de loca, y cogiéndole ambas manos con tal fuerza que las uñas
le penetraban en la carne :
-¡Salvadle! gritó ¡salvadle y haré lo que
queráis!. ... .. ¡Me iré á vivir con vos!. ..... ¡no
volveré á verle nunca!. .... . ¡Le olvidaré si así
lo queréis; pero ...... salvadle!. ... . .
Se oyó el tañido de una campana y los prisioneros 'comenzaron á abandonar el patio.
-Id con ellos, dijo Montcerny; aún no puedo deciros lo que haré para salvarle, pero ¡tened confianza en mí!
Y cuando ella se alejaba tambaleando de
emoción, voivi6 á llamarla:
-¿No me diréis nada autes de partir, Sofía?
Ella junt6 convulsivamente las manos y repiti6:
-¡Salvadlel

Y mañana al triunfar, cuando derribe
La_ absurda sociecJad que la proscribe,
Brillará _como un sol á nuestros ojos.
Sus pupilas extrañas y dementes,
Empapadas en púrpuras ardientes
Parecerán dos corazones rojos.
'
Sus manos, impacientes de batalla
Removerán la gigantesca hornalla '
Donde alimenta el sol sus encarnados
Y en la ruda apoteosis del incendio '
La Plebe se alzará como un compeddio
De t.odos los sollozos ignorados.
MANUEL UGARTE.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>ELÍXIR ESTOMACAL DE SAIZ DE CARLOS.
Lo r ecetan los médicos de t odas las naciones; es tónico digestivo y antigastrá.lgico cura el 98 por 100 de los enfermos del estómago é intesti nos, aunque s us dolencias sean de más de 30 años de antigiiedad y hayan fracasado todos los demás medicamentos. Cura el dolor de estómago, las acedias,
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EL MUNDO ILUSTRADO
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CELESTE.
(Cuadr o ae Herbert Schmalz) ,

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 14 de Junio de 1903.

·o IAS DE ROMA.
S. P.

EL PALATINO.
En algunas regiones del Asia ó del Africa. inex•
plora.da.s puede suceder toda.vía. lo que aquí su·
cedió: u-d pueblo de pastores, es decir, de nó_ma.des que necesita. fijarse en un lugar venta.¡oso
pa.r'a. la. defensa. de sus gana.dos; q~e inve~ta. ó
conoce el arado para hacer producir la tierra.;
que sin dejar de ser completamente pastor, comienza á. ser labrador, y que creyéndose rodeado
de fuerzas sobrenaturales, se pone en contacto
con ·ellas por medio de un grupo S3.CE:rdota.l, y
que sintiéndose rodea.do de fuerzas vivas (los
otros grupos que le disputan el paso ó el hogar),
entra. en contacto con ellas por medio de un grupo guerrero: un pueblo en esta. situación, se
encuentra. un conjunto de colinas en terrenos ó fértiles ó pantanosos, junto á un río, y allí
se detiene y lu,ha. por quedarse y lo logra a.l fin:
ésa. es la historia de Roma. na.ciente, á la que la
leyenda. (en buena parte fa.brice.da. por l?s griegos) ha puesto su marco de poesía. épica. y de
ensueño religioso. El cerro Fa.la.tino, alto de unos
cuarenta. metros sobre el pantano del Fo~o; defendido por el riachuelo del Vela.bro; domrna.ndo
la.s otras colinas de que estaba. aislado, era un
sitio admira.ble pa.ra. vivir y defenderse; allí los
roma.nos de la leyenda, que en el fondo son los
de la realidad, planta.ron sus cabañas redondas,
encerraron sus ganados que pacían en el pantano
y en los llanos próximos y se rodearon de una.
muralla de defensa; es decir, «ina.uguraron&gt; una
ciudad· es decir, para. concitarse la protección de
los dio~es, acudieron á los vecinos etruscos que
conocían mejores recetas para. esto, y el caudillo,
envuelto en el velo ceremonial, c_u mplió &lt;;on los
ritos augura.les y trazó un surco en la mitad de
la pendiente de la colina. cuadrilonga, levantando el arado en donde debían situarse las puertas:
a.sí definió la ciudad de Roma, cuyo recinto fué
sagrado, es decir, consagra~o á los dios~s, d_esde
·aquel punto. La profanación, el sacrilegio se
castigaba con la muerte: de allí la leyenda de
Remo el profanador y de Rómulo el inaugurador.
¿Y será. cierto que estas piedras, que estos bloques entre sí unidos sin cemento, por sólo el
peso son las reliquias de la &lt;Roma quadrata,&gt;
del~ que Rómulo fundó '? Yo lo deseo vivamente· a.sí podría decir que había visto materialmente '1a cuna de lo que ho.y es, no la raza, sino el
alma latina.
¡Oh! este Palatino, aun después que Roma hu-

Q. R.

bo dominado las colinas ·circunstantes, siguió
siendo la ciudad, por excelencia. Los roma.nos
veneraban allá a.bajo, por donde acabamos de
entrar, junto á la iglesia de San Theodoro, la
cueva en que la loba amamantó á los gemelos;
aquí arriba la casa del fundador, los restos de
la primitiva traza.; aquí estaba, por donde sube
la ca.lle pendiente que lleva al Foro, la puerta en
que ungía.o a.l entra.r ó al sa.lir los ganados
(&lt;porta. mugoni11.&gt;); juuto está el templo que
Rómulo ofreció levantar á Júpiter Stator [que
detiene], porque, como recordáis, lectores, los
sabinos, g ue tenían sus aldehuelas en las próxima.s
colinas, a.ta.ca.ron furiosamente á. los romanos
del Pala.tino, que les habían arrebata.do á sus
mujeres, y tal fué la embestida., que los romanos
pusieron pies en poi vorosa, y para contener aquel
pánico, RómuJo invocó á Júpiter, le ofreció un
templo y el buen señor les paró los pies y contuvo el corazón de los fugitivos. Y he aquí los
restos de ese templo. Muchos eruditos dudan que
estos vestigios tengan ta.maña. antigüedad; yo,
que no soy erudito, no lo dudo. ¡Pero si lo del
rapto de las sabinas es un cuento probablemente, me argüía uno de mis compañeros; usted
mismo nos lo ha dicho en la clase de historial
Sí, pero en primer lugar las luchas ent1·e los dos
pueblos, son innegables; los romanos se batieron
siempre, combatieron sin cesar, sobrevivieron á.
esas luchas y por eso fueron lo que fueron, la.
eelección se había verificado, eran los más aptos
para la vida.. Y díga me usted ¿qué camiao habría
tomado la historia roma.na, cuáa probable es
que nosotros no habríamos llegado á ser, si Júpiter no detiene aquí á los sabinos y les impide
tomar á. Roma, incendiarla y matar al ág uila en
el nido! Hagamos conforme á los sagrado s ritos
un sacrificio [mental] sobre estas piedras s antas.
Todo es emoción histórica. inexpresable en esta visita. Cuando en el lado de la Colina que ve
al Velabro, a l Capitolio, al mercado de los bueyes, junto al río («Foruin boarium&gt;) dice el guía:
aquí estu vo la casa de Cicerón, la que CJodio
hizo quema1· á. las turbas locas y que el Senado
hizo reconstruirá expensas de la República (como hizo la Asamblea con la de M. Thiers , quemada. por los clodios de la Comuna), se s iente
~alofrfo, como si las palabras fuesen una evocación, como si viésemos venir una sombra errante entre aquellas reliquias de un mundo materialmentemuerto, anímica.mente vivo é inmortal.
Hay mucho de artificial, de «voulu,&gt; en todo esto,
lo comprendo; p&amp;ro de estas a.ctitudes que tomamos ante nosotros mismos, se compone el ademán
total de la vida.

Domingo 14 de Junio de 1903.

mL MUNDO ILUSTRADO.

***

Augusto, cuando todavía se llamaba Octaviol
compró aquí una casita (precisamente la. de
orador Hortensio, el émulo de Cicer ón) y de esa
casita na.ció el Palatino imperia l; un siglo des•
¡:¡ués, ya. no vivía.en el cerro s agr ado más que el
emperador y su familia., con sus augusta.nos, con
sus libertos, con las servidumbres, en sus pal..
cios.
No sé si habrán quedado vestig ios de la casa
de Hortensio; si le&gt;s ha.y, no supieron mostrármelos los guías oficiales del Palatino. Lo sentí,
porque Hortensio fué mi patrón, como quien dice
el general vencido de mis primeras ambiciones
infantiles; ¡cuántas batallas perdimos juntos, mi
general ! ¡Como que Cicerón e.·a. nuestro contrario, y yo nunca logré, no sin amar¡rur~, ser ofi•
c ial de Cicerón! Veo perfectamente ea mis recuerdos sobre las paredes crudamente blancas de cal
del liceo en que á los once años estudiaba enMéri·
da, el escudo azul de los de Hortensio y el rojo de
los de Cicerón; éstos eran los primeros, los que
tenían mejores puntos de aplicación y de condueta. Los de Hortensio éramos los segundos, JO
siempre fuí de los segundos; no e1·a. de los ~egUDdos á veces, porque era de los terce;os; siempre
me ha sucedido lo mismo; me be res1gna~o á eUOml
hace tiempo, pero confieso que nunca qut~e á
jefe nunca· mi sueño dorado era ser de C1ceró11t
per¿ a.pena~ me acercaba un poco á él por 1'
historia por la aritmética ca.fa yo en brazos tle
HortensíQ .. . ... Y todo esto era ideado por nuel'
tro s anto y sabio profesor italiano_el senor M.,
galoni que según decían, había sido secretarfe.
de Ro~si c~ando éste fué asesinado en Roma;!
cuya vid~ anterior á su venida á Améric~ siempre quedó envuelta. para nosot1·os en el m1s'8ri:.
l a verdad es que lo creíamos ua cardenal fugi
vo. Pero volv!\mos á Hortensio, es decir, á Aft!
gusto.

***

li

Una ascención al Palatino se llam a en el
guaje de los guías ; visitar el Palacio ?e los
se.res. Y era. de ver la cara compungida de
amigo Pepe Velá zquez, excelente ~om paílero
viaje por lo consecuente y lo _pare¡o, como
decimos, pe rn que no había sido _pag3:do por
Gobier no como yo para saber h1stor1 a, cuan
se veía en a.quell o~ espacios rod~ados de m
de ladrillo ó d e ese r elleno especial _que lof
manos usaban y afir maban con ladrillos Y u
revestían de má rmol ó piedra, mur?s 3:ltís
á veces, y derechos ó curvos, pero 10fin1

desnudos, enormes esqueletos de edificios, con
los pisos destrozados en que apenas qu~dan
fragmentos de mármoles y sombras de mosaicos:
¡Esto es el palacio de los Cé~ares!
.
En primer lugar,d~s palac1os,&gt;deberíadec1r_se;
son varios, todos u01dos, es verdad, pero bien
car acter ísticos: Augu~to, que encontr:ó una Roma de ladrillo y la de¡ó de mármol, hizo el suyo,
modesto en comparación de los otros, cierta.mente· no era más que la ca.sa del patricio romano,
u~ poco ampliticada: el pórtico, la sala de rec~pciones ó audiencias («ta.blinum&gt;), luego el_per!s·
tilo (patio rodeado de columnas), con hab1tac10nes á lo largo de los cort'edores, y al fondo el
comedor ó «Triclinium;&gt; los adoratorios ó lararios, las bibliotecas, los ja.rdincillos ~nte;iores complicaban, pero no alteraban la distr1buc ió~ clásica. Pero la casa de Agusto quedó un
poco abandonada en tiempo de Tiberio, que odiaba á su padrastro y que se hizo edificar en la
parte de la meseta. que veía al Capitoli~ un palacio propio, pronto abandonado también_ ~or
su propietario, que prefería las nefandas dehc1asdel Golfo de Nápoles, la divina copa de coral y
oro y zafiro en que el cruel viejo engast~ ~in
cesar efímeros rubíes de sangre humana. L1via,
viuda de Augusto y madre d~ Tiberio, s~ retiró
también del ót&gt;sierto palacio á una cas~ta que
hizo decorar primorosamente por sus prntores
griegos.
. .
.
Un loco de ata.r subió al solio imper1a1 y no
quiso ser menos que su antecesor Y también tuvo
su palacio del la.do del Foro; míransedesdeéste
la. 3 ruinas del palacio de Ca.lígula sobre la casa
de las Vesta.les, á guis_a de gigantesco coh:J?e.nar
desbaratado y sin abe1as. Ca.lígula, para v1s1tar
á su berma.no Júpiter y acordar con él asua~os
del imperio ó regañarlo cuando fuera nec~sario,
se hizo levantar un puente entre su palaCJo y la
roca del Capitolio. O~ co~fieso que este megalómano infame, y sangmnar10 y depra.v_a.do, tal vez
porque deba. sospecharse que era un irresponsable divierte y hace reír un poco. A sus contempor án'eos no les ca.usó tanta risa y uno de ellos,
constantemente befado y ul~rajado por el César
demente, lo espió en el criptopórt1co (un largo
pasadizo oculto) y lo mató.
Claudio el imbécil, sabio filólogo_, qu~ no~ h_a.
dejado muy buenos datos sob~e la historia prim1tiva. de Roma y cuya hist-0ria privada es la d_e
una calabaza., diría. séneca, yo buscarí3: el símil
más bien en la zoología. que en la botánica., porgue es una de las n¡ás prodigiosas representaciones tauro-humanas que hay en los anales latinos, ¡lean á Suetonio y á Tácit? quienes duden!
no edificó na.da aquí. Su mu¡er, una señora.
pelinegra. que se disfrazaba con una gran peluca
rubia y acompaña.da de un&amp; sola esclava. se escapaba de noche por el criptopórtico, bajaba_ al
Foro Jo atravesaba y se perdía en los tugurios
infectos de la Suburra., de do~de regresaba antes
del sol, dassa.ta., sed non sat1ata;&gt; esta ~adama
Claudio se llamaba. Mesalina. en el pala.c10; en la
Suburra, la loba: ¿no será tod? est~ un chismazo
del amigo Juvenal? A Cla~d10, _cierto día que
había comido devorado, me¡or d1cho, uaa. ó dos
libras de bongos condimentados por la coci~era
Locusta un gran &lt;cordon bleu&gt; que solía gmsar
con sa.ls'a. de mu~rte, suc~di? en el solio el hijo
de su última mu¡er Agr1pp10a., hermana de. Ca.lígula, y que se había empapa.do en las ~áximas
mora.les de Séneca, el preceptor de su h~¡o, para
tener el gust-0 de hacer todo lo contrario; ¡pero
tanto que es para santiguarse) El tal hijo sellama.be. Nerón, que dejó el Palati_no, por chico y
por cursi y se fué á hacer p11,la.c1os á otra parte.
Buscaba 'buscaba.. Un díaseincendiógranpa.rte
de Roma\ habéis visto ese inc_endio en «Quo y:adis·&gt; es lo que ahí se ve me¡or; y Nerón d1¡0:
ést¡ es la mía. y sobre lace.;iza levantó uaa casa
de oro en cuyos jardines podía caber todo el
Palati~o. Todo allí era imp~ov_isado, pero enorme y no os repetiré l_a descripc1ó~ de las maravillas• Roma incendiada había sido para el s~premo' bergante imperial una lámpara. de Aladlno á. su luz habían surgido prodigios del suelo.
N~ era esto lo que le tenían á. mal los roma.nos,
sino que todo fuera para él; hasta entonces los
emperadores habían construido para el solaz del
pueblo; éste ante todo.
A esa tradición volvieron los Flavios, que reconstruyeron ma.teri~lm~nte una parte de Roma,
que hicieron un Capitolio de oro y elev_aron en
l a fantástica mansión neroniana. el Coliseo; ya
Roma tenía su inmenso «Circo máximo&gt; para. las
car reras y las luchas,el &lt;Circo llaviano&gt; era casi
r edopdo para los combates de gladiadores y de
fieras y para las batal_las na.v_a]es (&lt;na_umaquias&gt;). El último Fla.v10, Dom1cia.no, tirano
político del tipo de '!i_be;io, más espi.J?tab_le_ y
menos serio que el v1e¡o impuro de Ca.pri, erigió,
no una casa, para eso tenía la de Augusto, sino
un verdadero palacio en la colina imperial;
Marcial y Sta.cío, el elegantísimo y el a_mpul~. sísimo poeta de la. adulación abyecta y srn lím1tes, nos han descrit-0 los portentos del nuevo
pala.ciú imperial, la sala de audiencias sostenida por soberbia.s columnas, decorada por altísimas hornacin11.s en que descansaba~ grand~s
estatuas de los dioses y en cuyo ábside Dom1ciano, á la usanza oriental, se hizo erigir un
trono (los otros emp~radores no lo habían usa.do); el peristilo de tres mil metros cuadrados,
y el comedor que se confundía. con el olimpo,
con el cielo, decían los poetas arrodillados; ro-

L a Casa de Calígu la.

deado (le jardines (nínfeos} y dispuesto á maravilla para esas orgías sin nombre que tan teatralmente organizaba Nerón y que el mancebo
El agábal, el emperador invertido, había de extremar y refinar con torpezas extra.humanas,
siglo y medio después.
Pero Domiciano era un culto; él regaló á Roma para juegos grieg'.ls, un estadio en pleno
Campo de Marte, que aún conserva su forma y
su nombre(«Circo agonale&gt;) en la pla.zaNavonn~,
con tan insigne pompa. &lt;fontana.da.&gt; por Ber01ni y su escuela. Otro est_adio hizo_ construir Domiciano junto á su mansión p.ilahna.
.
Los Antoninos conservaron los pala.cios sagrados · pero erigieron sus grandes monumentos fo;os templos, arcos, termas, en la. ciudad,
no 'en el c'erro imperial. Vino después el te1·cer
siglo: Septimio Severo quiso rápidamente hacer lo que los otros habían hecho sucesivamente para hacerse perdonar su origen y fisonomía
.africana. La verdad es que él y su feroz hijo
Cara.calla fueron constructores babilónicos;
para aprovechar una orilla del Palatino aún no
ocupada, prolongó la superficie haciendo substrucciones .,.igantescas que aún quedan, allí encima estab; su mirador, su «belvedere,&gt; desde
allí veía med ia Roma y asistía á. los juegos del
Circo máximo.
Luego vinieron los abandonos, las invasiones,

'
!
los saqueos furiosos y rápidos y los despojos
metódicos; mármoles y bronces desaparecieron
ó fueron mutilados: los mosaicos se hundieron
rotos; la maravillosa. túnica de arte de aquellas
casas dignas de los amos del mundo, fué arrancada en jirones y distribuida entre los templos
de la religión nueva ó arrojada al polvo y á la
incuria. del tiempo. Cuando los vi_rrPyes bizantinos estaban en Roma, solían vivir en estos
palacios a.penas habitables ya. La vegetación,
la incuria hicieron lo demás; los techos cayeron, y los muros, sin su blindaje de bronceó de
granito ó de mármol, vinieron al suelo y soterra.ron los pavimentos de incomparables mosaicos, dejando en pie eno1·mes fragmentos que
recortan en el cielo sus trágicos perfiles. Luego
los señores romanos del Renacimiento, los favo•
ritos de los papas, pusieron sobre todo esto sus
jardines y sus &lt;villas&gt; (los famosos jardines
fa.rnesianos). Ha.ce poco liega.ron los arqueólogos y la exhumación comenzó .

***
¡Qué fría estaba. la gris mañana. de Enero que
visitamos por vez primera. el Palatino; qué frías
las cosas, qué eternamente frías, qué muertas!
Visitamos: debía decir devoramos, porque nos
metimos por todas partes sin orden ni cronolo-

Restos de la Roma "quadrata.''

�bomingo 14 de Junio de 19M.

F.lL MUNDO ILUSTRADÓ

EL MUNDO ILUSTRADO

gía,con desesperación de nuestros cicerones; los
&lt;bedekers&gt; no fueron desenvainados. Corría un
remusgo por entre aquellos lamentables esqueletos que nos llegaba al nuestro, glacial y penetrante; parecía un soplo de ultratumba; nos
sentíamos clareados como los palacios á través
de cuyas arcadas veíamos discurrir las sombras
de los Augustos y Domicianos bajo las especies
de mises de habla inglesa que escogían las ruinas para flirtear con sus blondos compañeros,
ó asestaban los kodaks á los muros que erguían aún en el espacio helado sus lamentables
fragmentos de donde caían grandes trozos de
sombra que parecía hecha de siglos, y añoranzas y silencios ....
Entramos en el criptopó1·tico que corre al
margen de los palacios de Calígula y Tiberio.
Es un amplio pasadizo cerrado completamente,
excepto sus extremos, y que recibe la luz por
lumbreras cuyos bordes el tiempo hacarcomido.
Es un verdadero túnel, tan alto, que parece angosto; el revestimiento de bóvedas, muros y techos ha desaparecido, sólo quedan los últimos
pilones de ladrillo que sostenían el empuje de
las bóvedas y hasta ellos están en parte desbaratados; por aquella sombra casi nocturna, acá
y allá encharcada de claridad glacial que caía
de las aberturas cenitales, discurríamos en silencio, cuando el guía nos dijo: aquí mató Cherea al emperador Ca.lígula. Contestamos á una
y sin pensarlo: hizo bien, y seguimos nuestro
camino. Pero al frío material que nos hacía tiritar, unióse desde aquel momento un frío de
otro género, un frío moral, diríamos; aquE'I ambiente que nos parecía siniestro, se volvió trágico. Y veíamos al muchacho aquel de veintiocho años, cabeza pequeña. en un cuerpo enorme,
con el rostro de vieja lívida en que los afeites destinados, no á. hermosearlo, sino á. darle un aspecto aterrador, no acertaban á disimular las
arrugas y parpadeos seniles, con la implacable
senilidad del vicio; lo veíamos caer con la cabeza partida al primer golpe del fierro de Cberea, bañado en sangre y levantándose y cayendo nuevamente bajo los puñales. Su guardia
germánica había tomado otro camino al subir
del 1!,oro, en que se habían celebrado unos juegos en honor de Augusto, y no lo pudo socorrer; su tío Ulaudio, que le seguía de lejos cojeando, y con la cabeza, trémula como si en lugar de cuello tuviera una espirnl de alambre, y

la boca siempre abierta y Jlena de baba y de
gula, se ocultó detrás de una tapicería,de donde
lo arranca.roo los germanos enfurecidos y lo hicieron emperador.
Entramos en la casa de Livia; si estas pinturas son de su tiempo, era una gran aficionada
al arte puro, madama Augusto; un paisaje, una
calle de Roma, un tema mitol6gico (Io guardada por Argos y salvada por Mercurio), y ornamentación decora.ti va en varias partes, esto es
todo; es bastante µara dar idea del admirable
sentimiento pictórico de los artistas que por
aquí pasaron hace veinte siglos. De vuelta de
Pompeya quisimos rever estas pinturas; no, ninguno de los frescos de la ciudad muerta (y :.on
ct:!ntenares) es superior á éstos ni en dibujo ni
en delicia de colorido; parece que los siglos les
han puesto delante un cristal ligeramente ambarino, pero que les han conservado mejor sufres•
cura y su encanto.
Dos horas ¡rastamos en recorrer pórticos, salas regias, triclinios, basílicas, exhedras, pedagogios (escuelas ó efebias de jóvenes soldados
de la guardia imperial), grandioso todo, triste
todo, como que no hay nada; sí, si hay, 1estos
e.le ¡rnredes, lu.s suficientes para marcar las masas de los edificios, algunos a1·cos que parecen
ojos eoormt&gt;s sin pupilas, algunos paredones de
ladrillo y tierra que parecen milagros de equilibrio, todo hueco, todo vacío, tl'uzos de un cadáver inmenso disecado implacablemente por el
tiempo. Esto, el Foro mutilado, los bustos y las
estatuas que se custodian en los museos, producen la impresión de que es Roma un anfiteatro,
el supremo anfiteatro de anatomía ....
Lo que está en pie son las sustrucciones del
palacio de Severo, varios pisos de arcadas que
muchos creen un palacio en ruinas y que son los
cimientos de la postrt,ra de las casas imperiales ..... De encima d!l ellos se ve la traza dttl
Circo máximo y los 'fragmentos albeantes del
cementerio israelita y el Aventino escueto enfrente. Aquí abajo estaba un pórtico de varios
pisos (&lt;el zeptiiooium;&gt; JI) destruyó Sixto V para apl'Ovechar el material) erigido por el eropel'ado1· africano, con obj!lto de servir de perspectiva final á la vía Appia, que se ve salir de
Roma entre ruinas y pe1·derse en Ju. maravillosa
melancolía de la campiña roma.na, entre relic¡uias y sepulcros.

***
De estas visitas sale ?ºº cabizbajo,

silencio-

so, como cuando se deJa una casa mortuoria
como cuando se ha visto un cadáver......
'
¿Habrán hech? bien_ lns arqueólogos en exhumar esta Rom_a imperial de su tumba gigantesca, para satisfacer una cu1·iosidad que no se
sacia, que no puede saciarse'! Pero ha.n violado_ así el miste1·io, es dec_ir, la poesía de estas
ru10as. ¿No estaban me101· ba¡o sus jardines
~aroesios y su villa Milis, sombreadas por los
cipreses negros, y los cedros verde~, y las enci•
nas ahora. quemadas por el invierno y las higueras que descienden opulentas y frondosas
(en estos momentos son huraños esqueletos gráciles y feos) de las hignt&gt;ras de los tiempos de
Rómuloi' ¡Cuánto indefinible encanto habría en
esta Roma sagrada adivina.da entre las llores
y ahora vi~ta en fra~n-!entos irreparables ent~
las narraciones fast1d1osas de los &lt;cicerooep
uniformados!
Sí, pero cómo ayuda todo esto que se ha exhumado á la evocación. ~l espíritu trabajosa y
dolorosami,nte, pe1·0 por la herza, pero inevitablemente, complt&gt;ta los muros, rehace las bóvedas, pone ea pie las columnatas, restaura los
estadios y repone los mármoles, ll1·ooces mosaicos, jardines y fuentE's (¡ohl lu.s divinas' fuent¿s eternamente wurmu1·antes de Roma), y todas
las líoeas se completan y reto1·na el encanto de
Jos cu.piteles y el relieve de los frisos, y cuelgan los cortinu.jes asiáticos en las entradu.s de
lus tl'iclioios, y las estatuas griegas sonríen ó
cantan en sus nichos ..... .
Y un inmenso regocijo se difunde en el alma
se ve alzarse y vivir lo ideal. .. . Y vienen lue~
golas sombras, y cuentan todu.s ellas su drama
su idilio, su risu. .... Un grafito por aquí encon~
trado y que se conserva en un museo, representa á. Cristo en forma de asno crucificado; ésia
fué la primera impresión que hizo el cristianismo sobre el pueblo romano; entre esa caricatura y la transfiguración de Ra.fael,¡qué transformación! ni las de las edades geolog1cas pueden
servir de metro á estlls tru.nsforwaciones del alma! Vida intensa del almn hecba de nues,ra comunión con los muertos: ¡Oh Roma, oh Roma, á. quién no has du.do el derecho de llamarte
Roma míal
JUSTO SIERRA.

j

PÁGINAS DE VIAJE.
LOS PEDOS DE LUCEBR!.
Carlos Sarrus, un exquisito crítico de arte,
ha escrito, no recuerdo con qué motivo: «Todo hombre tiene dos patrias: la suya y Francia.»- Y yo creo que todo hombre nacido en
país libre, tiene también dos patrias: aquella
en que nació y Suiza, d hermoso jirón coronado de picachos blancos, tenuemente asomados á. la superficie de lagos azules.
La libertad es allí una función orgánica;
parece que baja arrastrada por el viento que
desciende de los ventisquero¡¡, que brota con
la generosa savia de las viejas selvas de pinos,
que se esparcE: con las corrientes de agua,
que se alza en himno en las gigantescas moles de granito que escalan el cielo. Pero ¡penetrad más hondo! Poblad aquellos valles,
sembrad-como el Diablo de la leyenda-caseríos y «villas,» suspended nidos humanos en
aleros de abismos, y siempre veréis la simbólica flecha de Tell partiendo el corazón de
Gészler.
Y martilleando tenazmente sobre esa idea,
en aquella rosada mafiana estival, frente á las
agudas agujas dt- San Ligero, vino, de pronto, una aparición á descubrir el secreto de la
gran fuerza harmónica que sentía latir en torn-o mío. Aparición minúscula, casi insignificante, baladí, fugitiva para los ojos de un
viajero presuroso, que sólo procura abarcar
los contornos gruesos, las líneas de relieve:
un cochecillo cargado de botes con leche, tirado por un perro. ¡Ah! sí, es verdad! La libertad es fuerza, porque es acción, porque es movimiento, porque es trabajo! He ahí el secreto.
Sólo los pueblos ricos son pueblos libresha dicho un estadista ilustre;- pero para ser

rico, es necesario que el mazo golpee el yunque, que el agua mueva el molino, que el
músculo atirante el brazo, que la máquina
haga andar la fábrica, que el buey arrastre el
arado, que el perro conduzca el carro. Y una
ráfaga de luz pasó sobre la blanca ciudad policroma, rebosante de los ruidos de la vida. Y
pasaron también por mis oídos las varoniles
estrofas del poeta de "La Camparn/':
''Afianzado en el suelo fuertemente
ya el molde está de recocida greda:
hoy fabricada la campana queda.
obreros, acudid á la labor."
Y como para responder á mi evocadón, de
lo alto de las torres de la ''Hof-Kirche" comenzaron á descender las notas broncíneas
que como clarines de combate llamaban á la~
huf:stes alegres, á las que cantan la victoria
en la tarea, á las que responden (t la energía
de la naturaleza con su energía propia y fecundan la existencia con la simiente viril del
impulso.
Minutos antes, desde el Restaurant del
Gütsch, á. doscientos metros de altura, Lucerna se me había aparecido dormitando al pie
del círculo de montafias que la rodea como
si quisiera protegerla de las 'lliradas lividas.
El sol se había alzado perezosamente, envuelto en un tul de brumas, y lanzaba sus dardos
sobre el Reuss, que se deslizaba presuroso bajo bosquecillos obscuros; aquí y allá chispazos rojos sobre el albo crestón de un~ monta.fía. Dormitaba la bella ciudad policroma
arrullada por las rítmicas ondas del lago.
'
Ahora, el sopor había huído y la robusta
potencia de un gran pueblo se hacía sentir en
las avenidas, repletas de turistas, llegados de
todas parte:&gt; del mundo, para contemplar espectáculos de naturaleza, indiferentes á este
otro espectáculo del hombre en acción de la
vida escapándose á borbotones, para h¡cer an-

dar una idea, para mover una maquinaria que
reclama que ninguna ruedeci!la esté ociosa.
Un criminalista moderno ha sofiado que en
la puerta de cada prisión se coloque una leyenda: c(Aquí, el que no trabaja, no come.•
Pero, de esta suerte, el trabajo resulta un castigo, es algo cruel y duro, determinado por la
ley de la existencia, justiciera, en el fondo,
ma13 impuesta al modo que los antiguos caba•
lleros cristianos imponían el amor á la humanidad predicado por el Cristo: á tajos y reveses. Someterse á esa ley, es ya una pena;
aceptarla con regocijo, hacer de ella un cimiento en que sustentar un edificio, es haber
glorificado el supremo objeto de la Creación,
al que une por un misterioso reguero de ener•
gías invisibles al gusano con la flor, al hombre con el astro.
Y en esa rosada mafiana de Lucerna, frente
á aquel cochecillo tirado por un perro, medité
largamente, mientras de las agudas agujas de
San Ligero caían las notas broncíneas de la
campana que llamaban á las alegres huestes,
como clarines de batalla.

'i!fad:.t ~ ff!it6
~

La despoblación de un país es el suicidio
de una raza.
ROOSEVELT.

El matrimonio es el principio del divorcio.
RENAUD,

Domingo 14 de Junio de 1903.

Escuda torrtcdonal para muJtns.
Próximamente se inaugurará el edificio que
por acuerdo del Gobierno del Di~trito se construyó en Coyoacán con el objeto de establecer
en él una Escu~!ª Correccional para mujeres.
La construcc1on se encuentra situada en terrenos c?lindanles con l:ian Angel, se divide en
dos secciones, afectas, una á la educación corre.:cional, y o~ra á la corrección penal, y
consta de dos pisos. En el superior se encuentran los dormitorios, lai; celdas ó 1:-eparoc la
enfermería y sus &lt;lependencius; y en d i~forior, los departamentos de recreo, ei;cuelas,
talleres, comedor, bafios, etc.
Acerca del régimen i11leriur de la Eocuela
la educación correccional com prenderú, sPgú1~
sabemos, un grupo al que deuen ingrei;&amp;.r las
acusadas menores de nueve años á quienes las
autoridades apliquen la reclu.,ióu µreventivu
y otro, que se formará con las we11orei; &lt;l~
veintiuno y mayores &lt;le calorce que el Gol&gt;ernador del Distrito uian&lt;le internar {L la Escuela para auxiliará los padres &lt;le familia en el
ejercicio de la patria poteRlad, Ri fuere necesario. Al primer grupo perlcnecerán también
las menores de catorce años y mayores de nueve que sin discernimiento infrinjan alguna ley
penal.
La segun&lt;la secc1on comprenderá un solo
grupo, debiendo formari:e éste por las mujeres
de catorce á dieciocho años de edad que hayan
sido sentenciadas juüicialmente.

.,-.
I

1

1 1

Escuela Correccional de mujeres.-Perspectiva del edificio.

***

Por lo que ve á la distribución interior del
edificio, la parte que ocupará la Sección Primera se compone de un dormitorio, dos salones para escuela, cinco piezas de c,separo,,, cincuenta celdas, un patio para ejercicios físicos
y recreo, un departamento de talleres uno
, un locutorio, un comedor
'
para en fermer1a,
y
una sala de aseo. La parte destinada á la otra
sección, consta de cincuenta celdas-dormitorios, que, en caso ofrecido, sérvirán para incomunicará las reclusas responsables de alguna
falta ; salones para escuela, talleres, enfermería, etc., etc. Además, en la planta general
del edificio, quedan incluídas otras dependencias, como son las habitaciones y el despacho
de la Directora, los almacenes de productos
de los talleres, los baños, la botica, la lavandería y la cocina.
En suma, la construcción obedece á un proyecto condenzudamentE: estudiado y está sujeta en todo á las condiciones higiénicas que
requiere un edificio de su naturaleza.

LA. NAVE DEL REY.

..

Fachada Principal

En el bajel vetusto de la vida
Como galeote arrastro mi cadena,
Y es para mí la suerte fiero cómitre,
Rudo, tenaz, y firme en su tarea.
Desde que apunta el sol, y tinto en sangre
Rompe las nubes negras,
H asta que oculta en cenagal pestífero
Su máscara siniestra,
Fijo en el banco, en medio de la turba
Que vomita blasfemias,
Brego sin esperanza, y á la cólera
Del Ponto pido fuerzas.
1-.ocuTOP ,
Al empuje de todos junto el mío,
.
Y avanza la galera,
Sm recelo de sirtes ni de ráfagas,
En pos de las tinieblas.
Si desfallece el corazón, y el remo
En mis brazos flaquea,
¡Guayl- grita el capataz, y vibra.el látigo
En mi espalda sangrienta ...
¡Cómitre! ¡ No desmayes ni perdones,
Ni compasión me tengas!
¡Chasca el rebenque! ¡Mátamel
Y ... acaba tu faena!"
RAFAEL DELGADO.

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Un patio de la Escuela Correccional

�Domingo 14 de J unio de 1903.

E L MUNDO ILUSTRADO
.;,

EL MUNDO ILUSTRADO

de verba, interrumpida solamente por los acentos dulcísimos de Michonnet en el monólogo
y por el duetto de Adriana y Mauricio, duetto
breve, pero lleno de sentimiento. En intervalo muy corto, asistimos á uua sucesi6n de escenas c6micas, vivaces, llenas de sinceridad
[ especialmente en la música] .
Eu el segundo acto, «l'andante mesto» para
tenor «l'anima hos tanca» es una página inspiradísima, así como el siguiente dúo entre
Adriana y Mauricio, «noh e certo dei piu comm uni. »
El int.ermezzo ( que ha llegado á ser obligatorio), es otra de las páginas que se imponen,
y no cabe duda que el dúo de las dos mujeres,
si bieh por su efecto escénico recuerda el de
«Gioconda,» produce p rofunda impresión por
su fuerza dramática y sobre todo por su condsi6n.
El tercer acto comienza con una introducción originalísima. La declaración del Abate,
á guisa. de minueto, es deliciosa y pintoresca,
pues nos da el color local de la época con una
fidelidad admirable.
El «racconto» del conde de Sajonia, lleno de
bélico ardor, y la gran escena de Fedrá. recitada por Adriana, son los puntos culminantes
del acto.
E n el cuarto son muchas las bellezas para poder enumerarlas superficialmente. El
triste preludio, los tiernos acentos de Michonnet en el "duettino» con Adriana, son páginas
sentidas, soberbias, que se podrían llamar
psicológicas. H ay en este acto un crescendo
de bellezas musicales á las que da fin la frase
magistral «no la mia fronte che pensier non
m uta,» elevadísima por su inspiración y por
su concepto; frase repetida después por los
violines, en los momentos que preceden á la ca•
tástrofe, y que conmueven en lo mfls hondo.
Lo repetimos u na vez más: el maestro
Polacco imprimi6 tal fuerza, tal unidad, tal
intensidad emocional en la obra, con un talento que es tan grande como su esfuerzo, que ,
él se debe m uy particularmente, el aplauso
unánime tributado á. Cilea desde aquí.

D

A n d a11 ~e ~11~ t e\~S •

-

PROYECTO DE PALACIO LEGISLATIVO.-La gran escalera.

El Proyecto para el Palacio Legislativo.
Para completar nuestra información relativa
al "proyecto de Palacio del Poder Legislativo
que formó el notable arquitecto francés M.
Bénard, publicamos en el presente número un
dibujo que representa la sran escalera de honor.
Esta escalera, en caso de que se_construya,
será no sólo de la!:! más hermosas que existan,
sino también una de las que, con justicia, merezcan ser consideradas como monumentales.
Las galerías que rodearán los dos grandes
brazos que conduzcan al vestíbulo situado entre el peristilo y la sala de pasos perdidos,
ostentarán primorosas columnas de mármol
amarillo de Siena, siguiéndose en el desarrollo
del proyecto un estilo verdaderamente grandioso, tanto por la riqu_eza de la ornamen~ci6n como por la magnitud de las proporciones.
La escalera, con las galerías, ocupará una
extensión de dos mil quinientos metros cuadrados, aproximadamente.

ADRIANA DE LECOUYREUR.
Opinl6n solirt ti maestro €lita.
Francisco Cilea es un poeta que une á su
verdadero talento una gran modestia. Jamás
hl:l presentado con bombo un0 solo de sus trabajos, ni se ha dejado seducir por éxitos fáciles. ¡Ama el Arte por el Arte! Esto lo ha probado tantas veces cuantas ha presentado un
nuevo trabajo, hecho, no en épocas, tijas sino

después de períodos de tiempo relativamente
largos, durante los cuales poco ó nada se ha
hablado de él. Es, en una palabra, un maestro
y un artista.
Lejos de seguir la escuela alemana ( empresa ardua y que acaba por absorber y borrar la
personalidad\ ha cuidado de conservar la
sencillez y claridad de su técnica, que indudablemente es la más aristocrática de las de los
compositores italianos jóvenes.
Fueron sus primeros trabajos la «Filda» y
la "Arlesiana». Esta última es una joya cincelada. Tesoros ele armonía, esbozos melódicos
vagos y origint1.les, coros conducidos con admirable maestría; toda la ópera tiene un sello
de melancolía extrafia y por momentos dolorosa, que deja una impresión indeleble.
El maestro Polacco, que dirigió la Arlesiana en Milán, dice que Cilea podría llamarse el
Massenet italiano.
La Adriana de Lecouvreur ha tenido-y esto es indiscutible-gran éxito entre nosotros.
Todos los trozos fueron aplaudidos y bisados.
Estamos, por lo tanto, S('guros de que la enfermedad del tenor Amadi fué la única causa
de que la «Adriana» no fuera la obra preferida
en la actual temporada. Tanto el conjunto como la «mise en scéne,» fueron cuidados escrupulosamente. A una. y otra. cosa se dedic6 con
amor el maestro Polacco, y lÍ él debe Cilea. el
mayor tributo de gratitud. Puede decirse que
ningún detalle fué olvidado y que para obtener la seguridad, la fusión deseada., no omitió
la empresa sacrificio alguno, hasta el de retrasar varios días el principio de la temporada.
No es del caso hacer aquí un esturlio crítico dfl la ópera y d,ebemos limitarnos á citar los
fragmentos más notables de esta partitura, que
hará época en México.
El primer acto es una comedia lírica llena

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El Maestro Polaeco.

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-La mujer es una segunda alma de 11uestro ser, que bajo forma diferente, corresponde
á todos nuestros pensamientos, que despierta
á todos nuestros deseos que enciende, y á todas nuestras debilidades que llora.
-No siempre se han de refrenar las pasion es de los nifios con la severidad, ni siempre
se han de acostumbrar á los mimos y ca.ricial!.
-No todos los que leen saben leer.
-La variedad deleitael entendimiento.

Domingo 14 de Junio de 1903.

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�Domingo 14 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 14 de Junio de 1903.

LAS TORRES.
Serena!:', sobre la agitaci6n tumultuosa de
las ciudades, las torres de los templos yerguen
sus austeras siluetas.
Divinas viejas, hijas de las montañaR elevadas al cielo, como formidables plegaria~, por
todos los que han amado, por todos los que han
sufrido, por los que pasaron por la tierra con
la mirada fija en la altura, ~urlicantes y espe.
r&lt;tnzado!', contt;mplan indecisas, con las órbitas vacías ae sus ventanales, la ruda lucha
moderna de seres que jamái; convierten sus
ojos á los cielos.
Nuevos edificios de zinc y fierro, semejantes á carapachos gigantescos de monstruos antediluvianos, interceptan el horizonte que antes las torres dominaban; y las voces de las
campanas que llaman dulcemente á la oraci6n, se pierden entre el tumulto de la calle y
el chillar discordante de los silbatos de las fábrica!!.
El vigoroso empuj6n de la vida moderna á
veces derriba una de esas torre:1, U!!a de esaa
plegarias de piedra, para aprovechar ~us escombros formiaables en alguna raquítica construcci6n moderna.
Los gigar,tes van cayendo uno á uno.. .
Otros nuevos se levantan; pero frágiles, artificiosos, ccind ustrialmente» fabricados, evidenciando una fe insegura de sí misma, y que e.i
manera alguna recuerda los impulsos generosos y ardienteR que hirieran exclamar á los
canónigos de Burgos: «Hagamos un templo
tal que la posteridad nos tenga por locos.»
Las torres viejas, leprosas, desconchadas,
heridas por el rayo, maltratadas por la tempestad, desniveladas por los temblores, aparecen austeras y venerables sobre la marejada
de azoteas y se perfilan en el fondo azuloso de
las montañas.
Y esas viejas adustas tienen dulzuras maternales. En las oquedades de sus murallas
se abrigan las palomas que cruzan á veces en
bandadas estruendosas por cima de las calles
apacibles de los barrios lejanos, y en la ti?na
fértil de luengos terrenos tr_aída por los vientos y depositada en las cornisas, á las veces,
una leve flor silvestre crece y prospera, perceptible apenas como la sonrisa de un infante
en el regazo de su madre.
Por las noches, bajo la 11 u vía y los nublados, las torres son pavorosas¡ crujen, y se lamentan y dan libertad á. sus otros hijos, malos,
rapaces y siniestros: los buhos y las lechums.
Si las torres son mnjestuosas en las poblaciones si imnoblecen y decoran las sombrfaa
calles 'metropolitana.~, en los campos, humil•
des, sencillas, encaladai::, perdidas com_o velas
lejanas en los mares esmeralda del ~r~go que
comienza á apuntar, aparecen fam1h11res Y
hospitalarias.
El viajero que rPgresa de apartados lugarea
no puede contemplar con los ojos secos la torre del templo donde aprendió á rezar al lado
de su madre, aunque los fupgos implacables de
la vida hayan re8ecado su coraz6n.
¿Caerán algún día las torres? ¿Se ca~sarán
de implorar esos enormes brazos su_µh~ nteB
que se tienden hacia el cielo? ¿Substttuiran _á
los gallardos contornos de_ los templos, la~ 81•
luetas toscas de los cobei't1zos de las fabr1caa,
semejantes á bestias.grises que hozan, y á_las
gallardas líneas &lt;1e las torres un fúnebre eflZ&amp;•
miento de chimeneas?
Las torres son maj&lt;&gt;stuosas, benévolas, cordiales y hospitalarias; las torres se ende~ezR~
como símbolos sobre las muchedumbres rneb·
nadas; ,;e proyectan hacia el cenit como noblell
pensamientos. No temen; maternal~s y roblli"
tas atraen á los lastimados de la vida con 811
aspecto y con sus voces y les brinda~ la P8'.
numbra. pacífica del templo, adormecida por
un tibio olor de incienso.
la
Sobre las miserias metropolitanas, sobre
lucha vil y dolorosa por el mendrugo, las
rres, esas divinas viejas, bijas de l~s monta
fias, yerguen sus austeras siluetas, 1!11plorando del cielo, ciego y mudo, un perdon .........
una bendici6n tal vez.
C. T.

t°:

TORRE DE

~~

JUAN

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 14 de Junio de 1903.

EL ALBUM DE HIDALGO.
Pronto será remitido al Museo Nacional el
álbum que el Benemérito J uárez mandó poner
en la casa que habitó en Dolores el Padre de
la Independencia, á fin de que escribieran eu
él sus nombres las personas que_ visitaran el

Juárez, que aparece e~ la prim~ra página, el
registro de firmas se abrió,el_ 6 de JUDIO de 186~,
ocupando las primeras pagmas, con sus rúbricas los miembros del Gabinete republicano y
otr~s hombres notables adictos al inmortal
plebeyo de Gnelatao. La parte del álbum en
que se ve la constancia, está deteriorada, casi
por completo, y entre las pocas firmas que
se distinguen, figuran las de don Jesús Terán

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ALBUM DE HIDALGO,-La primer:i plígina.

histórico edificio. El álbum, lleno literalmente de autógrafos entre los cuales existen algunos de personajes que tienen en nuestra historia un lugar distinguido, es un volumen de
trescientas fojas, aproximadamente, está empastado con «tafilete» rojo y en la tapa superior
ó principal tiene, en letras de oro, esta inscripción: «¡Honor al primer caudillo de la Inde: pendencia de México, D. Miguel Hidalgo y
Costilla.» Según la constancia, firmada por

y don Juan Antonio de la Fuente, Secretarios
de Estado, y las de don Francisco Zarco, don
Manuel María de Zamacona y don Francisco
de P. Gochicoa, Diputados en aquella época
al Congreso de la Unión reunido en San Luis
Potosí.
.
En otra página, y encabezadas con la fecha
i&lt;16 ·de Séptiembre de 1864,» se ven las siguientes palabras puestas por el Archiduque Maximiliano de Austria el día mencionado: «Uu

EL MUNDO ILUSTRADO

pueblo que bajo la protección y con la bendición de Dios funda su Independencia sobre la
libertad y la ley y tiene una sola voluntad,
es invencible y puede elevar su frente con orgullo.i,
Las frases anteriores, pertenecientes á la
arenga que el día anterior pronunció el Archiduque desde la ventana de la pieza de estudio
de Hidalgo, para celebrar la insurrección de
Dolores, fueron escritas
en presencia de la. numerosa comitiva que lo
acompañó primero á un
Te Deum, cantado en la
iglesia parroquial en acción de gracias por la Independencia,y después á
un banquete que se dió
en su honor y al cual concurrieron los veteranos de
1810 que se hallaban presentes en la población.
Para escribir en el álbum, Maximiliano tomó
asiento en la misma silla
y se apoyó en la misma
mesa en que lo hiciera,
sesenta años antes, el esclarecido párroco de Dolores.
Juntamente con Maximiliano, firmaron en el
álbum don Juan de Dios
Peza, Subsecretario de
Guerra y Marina, don
Sebastián de Scherzenlechner, que había sido
ayo del Archiduque, que
lo awmpañó en su viaje de Miramar á México
(River~ «Anales del Segundo lmperio,,), y que
á la sazón fungía de Consejero de Estado; don
Angel Iglesias y Domínguez, Secretario de Gabinete del llamado Emperador y médico consultor
de su Corte, y el Coronel
Miguel López, que mandaba el primer regimiento de la Guardia Imperial. La firma de este último está burdamente tachada y sobre ella, casi
ilegibles, se ven los nombres de los que la tacharon y la declaración de
haberlo hecho así.
Otras firmas de personas adictas al Archiduque, aparecen también
en el álbum. En las demás páginas, i¡e encuentra una multitud de autógrafos que sería imposible enumerar: existen en ellas, de los señores General Dfaz y del
General Escobedo, de
Miramón y del Licenciado don Joaquín María
Escoto, acesor del Consejo de Guerra que sentenció á muerte á Maximiliano, y de otros hombres prominentes. Firmas enteramente desconocidas y ((pensamientos»
que, por lo incorrecto de
la forma y lo vacío del
fondo, revelan haber sido
escritos por gentes rudas
y sin ilustración, llenan
algunas páginas del libro.

***

Hojeanqo este álbum, se experimenta algo
así como la impresión que experimentamos al
recorrer un cementerio. Del mismo modo que
descubrimos en éste, junto á la tumba de un
homore ilustre, el sepulcro de un hombre sin
fama y sin gloria, vemos en él, junto á la fra.
se concisa y elocuente del pensador profundo,

la palabra sin brillo del humilde hijo del pueblo. Liberales y conservadores, enemigos en
los campos de batalla, han estampado en él
sus firmas, como si todos, olvidándose de que
lucharon sin tregua por ideales muy distintos,
se sintieran, antes que todo, mexicanos.
Esta ofrenda al Padre dti la Independencia
no puede ser más hermosa, y desde el punto
de vista en que la consideramos, merece que
se la tenga como muy
digna del libertador.
Nosotros hemos querido dará conocer ánuestros lectores algunas de
las páginas más notables
del álbum, y en este número publicamos la que
contiene las firmas del
Benemérito de América y
de sus leales partidarios
y la que guarda las palabras del Archiduque de
Austria.

IMPRESIONES DE ESTÉTICA

La Palabra

Domingo 14 de Junio de 1903.

recuerdo; que cuatro voces unidas por un misterioso enlace, os den la imagen vibrante de
algo muerto en vuestro ser ó despierten en él
una hueva tristeza ó evoquen una visión de
hermosura... Que la palabra, en fin, tenga un
ala; que suene y resuene como un cántico; que
vibre en ella un espíritu, y diga, en un c,olo
ritmo, algo de lo que sentimos y de lo que
pensamos.

ARBOL DE FUEGO.
Arbol, bajo la púrpura florida
De tu copa, que Mayo ha engalanado,
Acaso alguna vez mi bien amado
Llegue á buscar tu sombra apetecida.
Para entonces la música sentida
De tus pájaros, guarda enamorado,

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En el verso puro ó en
la prosa tenue y honda,
' 7 ~ ~ ···U
la p~labra debe ser un
/
canto. En cada vocablo
ha.y un espíritu y un rit•
mo. De aquí el poder
mágico de la música sagrada del estilo. La palabra es, en verdad, una
milagrosa harmonía; pero más intensa y múltiple
que cualquiera otra, toda
vez que puede expresar,
con sonidos precisos, los
más complejos estados de
alma.
Oyendo una suave sonata de Beethoven so:ñ.áis
dulcemente con tristes
cosas de a.mor y de dolor,
interpretando, de singular manera. su melodía.
Pero por más sinceras
que sean vuestras emocione.s, no podríais asegurar que fueran las mismas
que, al concluir aquella.
música, sintiera el divino
Ludovico. Las palabras
de una frase- tomadas en
su sentido absoluto como
harmonía y como pensamiento-sí os dan la idea
de la impresión precisa
que sintió el autor al darles vida y espíritu.
Es tan pobre nuestro
vocabulario, que á veces
-cuando la sutilidad de
nuestro ser quiere manifestarse en una forma diáfana y cristalina- deseáramos inventar palabras
y fórmulas profundas que
expresaran todo lo que
nos hace estremecer, sufrir ó gozar. Porque consideramos &amp;ntonces como
una profanación el tener
que usar los vocablos banales y las míseras frases
de cliché para decir cosas
ALBUM DE HIDALGO.-Autógrafo
hondas y puras que han
dormido un largo sueño
virginal en el fondo de nuestra alma.
Que no sea una melodía monocorde, sino
El esteta debe amar, sobre todas las cosas,
una polífona canción, amplia y sonora, derra•
la extraordinaria melodía de las palabras. El
mando sus notas como una cascada de pedredebe descifrar el sentido oculto de cada una
rías fulgurantes.
FROILÁN TURCIOS,
de ellas y hac'3rlas vibrar y harmonizarlas de
tal modo, que una frase sea el molde sagrado
de una pena ó Je un estremecimiento.
Que en una línea de prosa ó en un verso el
alma humana halle una dolorosa palpitación,
ó _una brusca sacudida ó la melancolía de un

de Maximiliano.

Y en el soplo más fresco y _perfumado
Envuelve á la que es vida de mi vida.
En tu manto imperial de tintas rojas
Envuelto, la canción de los amores,
De sus labios es bueno que recojas.
Bríndale tus tesoros y esplendores,
Bésala con el beso de tus hojas
Y báñala en la lluvia de tus flores 1
VICENTE AcosTA.

�Domingo 14 de J unio de 1903.

EL MUNDO I LUSTRADO
lilL MUNDO ILUSTlliDO

LAS CAMPANAS.

§

arzo se había enamorado Biasce. Dos ó
s noches que no conseguía. conciliar el
sueño. Sentía. en todo el cuerpo hormigueos, ardores, picaduras,como si de un
momento á otro fueran á salirle dela piel, á millares, yemas, ramitas, rn.1nojr,s ele rosas sil ves-

tres. Hasta el fondo de su cuchitril entl'aba, sin saberse por dónde, fragancia nueva,
fragancia fresca y áspera de savia en movi miento, de almendros floridc•s .. .. Por Santa Bárbara. protectora.! La última vez que vió á Zolfina,
precisa.mente era en un almendro donde se apo·
yaba, contemplandu dos velas
en alta mar. Y sobre su cabeza
extendíase una a.legre blancura
balsámica que cuchicheaba al
sol; y á su alrededor veíase la
azulada florescencia ae un oleaje de lino; y en sus ojos había
dos vincapervincas abiertas y
debía de tener también flores en
el corazón.
En el camastro, pensaba de
nuevo Biasce enloqi..ecido en toda aquella luz, en aquel desbordamiento de vida primaveral.
Ya la línea extrema del Adriádico se iluminaba allá abi,,jo con
las primeras miradas tímidas de
la aurora cuando se levantó y
trepó por la esca.lera de palo
hasta los nidos de golondrinas,
hasta el rema.te del ca1npa.nario.
Flotaban por los aires voce~
indistintas y extrailas, semejantes á fugitivos alientos jadeantes, á res¡,iraciones de hojas, á
roces de brotes verdes, á susurros de alas. Dormían aún las
casas acurrucadas; parecía dormida á. medias todavía la llanura, cubierta con cortinas de leves nieblas.
De trecho en trecho, sobre
aquel inmenso estanque, balanceaba. el céfiro los árboles: en el
fondo, las colinas moradas se
degradaban en tonos más delicados, fundiéndose en el ceniciento horizonte.
En frente, el mar centelleaba
corno una faja de acero, con alguna vela obscura en la penumbra. Dominándolo todo, la fresca diáfana serenidad del firmamento, en el cual las estrellas
una tras otra iban palideciendo.
Las tres campanas inmóviles,
con el hueco vientre de bronce
adornado de arabescos, a.guardaban que los brazos de Bia.sce
arrojaran vibraciones triunfales á las brisas matutinas.

Y Biasce cogió las cuerdas. Al primer impulso, la campa.na mayor, la Loba, se estremeció
profundamente: dila.tóse, estrechóse, volvióse á
di latar su ancha boca: una ol a de sonidos metál icos, seguida. de una especie de mugido pro•
fundo, cayó sobre los tejados todos, se propagó
con el viento por toda la orilla, por toda la lla•
nura. Y los tañidos se precipitaban,se precipi•
taba.o. Animába.se el bronce, semejante á un
monstruo loco de ira ó de amor, oscilaba. espantablemente de derecha á izquierda, enseñaba la
boca á las dos aberturas, soltaba dos notas _am•
plias, profundas, unidas por contiouo zumbid~,
rompía de pronto el ritmo, aceleraba el mO!l·
miento hasta. confundirlo en un temblor de cns·
talina harmonía, que se ensanchaba. solemnemente en el espacio.
.
Aba.jo,las ondas sonoras y las o nd a.s lum1no·
sa.s arrojaban de las campiñas al s ueño, su?ían
las nieblas como humo, se doraban , se disol ·
vía.o suavemente en la claridad ma tutina: los
ribazos tomaban color cobrizo. Y súbitamente
oyóse otro sonoro tirnbre al repicar de la E~trige, agrio, ronco, cascado, parecido á u n ra.b10so
ladrido contra el rugir de una fier a . . .. Y des·
pués resonó el martilleo rápido de la Cantor~,
martilleo alegre, límpido, ágil, revoltoso, parec1•
do á un diluvio de granizo en una cúpula de
cristal.
Y luego se escucharon los lejanos ecos de
otros campanarios que despertaban : el ca_mpa•
nariode Sao Roque, allí abajo, campanar10ro·
jizo oculto entre encinas; el de Santa Tere•a,
enorme pilón de azúcar horadad&lt; ; el_ de San
Franco, campanario de convento . .. . d iez, doce,
quince lenguas metálicas que vertían e~ el cam·
po las sanas y alegres variaciones del himno do·
minkal, en luminoso triunfo.
Aquel estrépito embriagaba á Bias~e. Había
que ve1· al chicarrón huesudo y nerv10so, con
una gran cicatriz rojiza en la frente, menear
. jadeante los brazos, aganarse á las cue~das
como un mono, dejarse arrebatar por. la irresistible fuerza de su Loba querida, subll"Se á ~o
más alto para dar los últimos impu lsos á a
Cantora, mientras 1·etemblaban sordamente los
otros dos monstruos domados.
Allí arriba era un rey Biasce. Las espesas yedras escalaban la añosa pared descon~hada con
juvenil arranque; enredábanse en las vigas de la
techumbre como en troncos vivos; vestían los ro·
jos ladrillos con tapiz de hojitas correosa~,
lucientes, parecidas á las placas de esm~lte, do¡.
ga.ban por los anchos aleros como reptiles e
gados y pululantes;asaltaban las tejas animadas
por los nidos, nidos viejos y nu1::vos, llenos
dal gorjeo de amorosas golondrinas. Al po

1:

/r:

Biasce le tenían por loco, pero al lí arriba era
rey y poet a . Cuando se combaba el cielo sereno
sobr(;l la florida campifla, cuando el Adriático
brillab a con chispas de sol y anaranjados velos,
cua ndo ll enaba las calles el tráfico, permanecía
en el r emate del campanario sin hacer nada. como salvaje halcón, aplicando el oído al costado
de la L oba, del terrible y soberbio animal que
un día le babia descalabrado, y de cuando en
cuando le daba un golpecito con el dedo doblado, p a r a escu~bar sus largas y deliciosas vibraciones. Cerca de él relucía la Cantora como una
joya en su envoltura. de arabescos y cifras, con
la im agen de San Antonio en relieve; más lejos
la Estr ige mos~~aba la panza, vieja ya, surca~
da por una rend1Ja en toda su lo ngitud y con los
bordes desportillados.
¡Cuánta meditación junto á las tres campanas,
qué va¡rabundear de sueños extraños, qué arrebatos lírico s de pasión y de deseo! ¡Y que ga llard a e r a y her mosa la imagen de Zolfina, surgiendo de aquPl mar de ondas sonoras, entre los
ardores del mediodía, ó desvaneciéndose á la ho•
ra. del crepúsculo, cuando l a Loba sonaba con
tonos cansados y melancó licos, y espaciaba sus
repiq ues b asta morir de languidez!
E ncontrá ronse una ta1·de de abril en la pradera, tras los nogales de la Monna, bajo un cielo
opa. li no en el cenit y con manchas moradas hacia el Poniente. Tara.reab&lt;1. ella segando hierba
p a ra la vaca preñada. Subía le el olor pr imaveral á l a cabeza y le daba vértigos, como los vapores di&gt;! viuo dulce en octubre. Al inclinarse,
le r ozaba á veces la falda la desnuda carne, levemente, como acariciándola, y el placer le hacía entornar los ojos.
Biasce andaba contoneándose, caída. haci a
atrás la gorr a, con un ramito de claveles en la.
oreja . No era. mal mozo B i asce. Tenía ojos
j!'randes y negr os, llenos de campesi na. tristeza,
de u na como nostalgia, ojos que recordaban los
de los a nimales cautivo~. Además, tenía su voz
cierto enea.oto, algo hondo que no parecía humano. No conocía ni modulaciones, ni flexibilidad
ni morbideces. Allá a rriba, juuto á sus campanas, a.l aire libre, á toda luz, en la gr an soledad, h a bía aprendido un lenguaje lleno de sonoridades, de notas metálicas, de imprevistas
asperezas, de profundidades guturales.
-¿.Qué hace usted, Zolfinar
- Heno par a la vaca del tío Miguel, eso bago
- respundió l a muchacha rubia, que seguía encorvada. para recoger la hierba, palpitante el
seno.
-¿Nota usted la fraganc ia , Zolfina? Estaba.
yo en lo alto del campanario; miraba las barcas
que el viento griego empuja mar adentro, y ha
pasad o usted por abajo , cantando.. .. Cantaba
usted &lt;F lorecillas Cam¡,estres.&gt;
Se calló porque sentía algo e n la garganta.
que le ahogaba. Silenciosos ambos, escucha ban
el arnplio susurro de las nogueras y el murmullo del mar lejano.
Bia.sce, muy pálido, acabó por inclinarse tambié n hacia l a hier ba, y entre aquella. voluptuosa

frescur a vegetal, sus ávidas manos buscaron las
de Zolfina, colorada ya como una b rasa.
-¿Quiere usted que le ayude?-dijo de repente.
Biasce le cogió la muñeca.
-¡Déjame!-murmuró l a pobre muchach a con
desfallecida voz.-¡Déjame, Biasce!
Su arnor crecía como e l heno, y el heno subía,
subía como una ol a, y en medio de aquella marea. ver de, Zolfina, er guida con un pañuelo rojo
atado á la cabeza, parecía. una espléndida amapola. ¡Qué alegres retornelos entre las hileras
bajas de manzanos y morales blancos, á lo largo de los matorr ales cargados de nísperos y madreselva, por los carnpos donde amarilleaban
las coles flo r idas, mientr as a ll á a.bajo, en Sa.n
Antonio, la Cantora bacía. variaciones tan alegr .is que parecía una urr aca en celo!
Pero una mañana que la esper aba Biasce en
la fuente con un ramo hermoso de alelíes r ecién
cogidos, Zolfina no acudió. Estaba en la cama,
con viruela negra.
¡Pobre Bia.sce! Cuando lo supo , se Je heló la
sangre y se tambaleó más que la noche que Je
rompió la cabeza1la1Loba.; y 1no obstante, tuvo

Domingo 14 de J unio de 1903.

que subir al campanario y romperse los bra-zos
tirando de las cuerdas, con la desesperación en
el a.lma, entre el barullo del dorní ngo de Ramos,
ante la insultante alegría del sol, de las ramas
de oliva, de las telas bonitas, de las nubes de
incienso, de los cantos y de l as oraciones, mientras su pobre Zolfina. sufría, sabe Dios qué tormentos, virgen bendita, ¡sabe Dios qué tormentos!. . ..
Tuvo días ter ribles Biasce. A l c:ier la noche,
rondaba alrededor de la. casa de la enferma, como un chacal en d~rredor de un cementerio; pa•
rábase á veces ba.Jo la ventana cerrada iluminad!!- por dentro, y, con los ojos henchidos de
lágr1was, veía. pasar sombr as por los cristales;
aguzaba el oído, se apretaba con la mano el pecho, quebrantado por el ahogo, .Y seguía dando
vueltas como un loco ó corría á refugiarse en el
camp_anar io. Allí pasaba de noche largas horas, Junto á las campanas inmóviles abatido
por inmensa angustia, más lívido qu~ un cadáver. Aba.jo, por las calles inundadas por la luna y por el silencio, no pasaba un alma. Delante, el mar triste y rizado que rompía con monótono rumor en I a desierta play a.: arriba el cruel
azul.
'
. Y más lejos, debajo del techo que apenas se
vislumbr aba, Zolfina agonizaba tendida en la.
cam~, sileo~iosa, corriéndole por la cara ennegrec~da cuaJa~ones de materia purulenta., ca.llad_a siempre, mientras palidecía la vela en la claridad crepuscular y se convertía el cuchicheo de
las plegarias en explosión de sollozos. Dos ó
tres ve'?es 1!3".ªºtó la cabeza rubia, penosamente,
cnmo si quisiera hablar, pero las palabras se le
queda.bao en la garganta, y le faltaba. el aire
l a abandonaba la luz. Movió los labios con abo~
gado estertor, como un cordero al cual degüellan, y se quedó fría.
. Bi_asce fué á ver á su pobre muerta. Alelado,
vidr10sas las pupilas, miró el ataúd engalanado
con frescas flores, bajo las cuales se exk,ndía.
a quella.. podr edumbre de carne joven, aquella
«;:orrupción de humores descompuestos ya deba.Jo del nevado lino. Miróla un momento mezclad!&gt; con la_ muchedumbre, salió, volvió á. su guarid!!-, subió la esca.lera de palo hasta la mitad
cogi ó l_a cuerd~ de la Cantora, Je hizo un nud¿
corredizo, metió el cuello en él y se dejó colgar
en el vacío.
La~ sacudi~as ~el ahorcado hicieron que,
rompiendo el s1lenc10 del Viernes Santo, lanzara
la Cl!-ntora,_ con u~ relámpago luminoso, cinco
ó s~is rep1q ues rnesperados, alegres, argenti~os. una.bandada de golondrinas surgió del teJ ado hacrn el sol.
GABRIEL

D' ANNUNZIO.

�Domingo 14 de Junto de 1903.

EL MUh.0O ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Uisita dd RtV Eduardo 41 Papa.
Publicamos en este número un grabado que
representa la visita del Rey de Inglaterra á S.
S. León XIII, en el Vaticano, durante supermanencia en Roma.
Siguiendo la costumbre estable~ida,_ el Rey
se dirigió del Quirinal_ á la ~mbaJa_da !nglesa,
para ir de ella á la. res1denc1a pontificia, don·
de le aguardaba el Papa. Al penetrar el coche
que conducía al Rey en el patio de Sa~ Dám~so el marqués de Sachetti se adelanto á abrir
la 'portezuela, presentando en seguida al_ soberano inglés al Secretario del Ceremoi:i1al, al
jeíe de los guardias n~bles y á ott~s dignatarios. Al pasar del salon del trono a la antecámara secreta. León XIII !'!alió al encuentro de
Eduardo VIÍ, estrechándole cordialmente la
mano. El Papa Vtstía sotana blanca con muceta de terciopelo rojo.
.
.
La entrevista duró más de qumce mmutos.

EL VELO.
En la sacra montaña de oro, bajo la bóve- ·
da de oro incrustada de diamantes, tamaños
como sol~s- los majestuosos personajes del
Triángulo, Brama, Visnú y Siva, dedicábanee á combinar, por primera vez, las fuerzas y
acciones necesarias á la existencia de un mundo. Mundos eran-pero en potencia solam~nte- aquellos inconmensurables globos _diamantinos, magníficos, trasparentes, pero mertes y glaciales, semejantes á facetad~s trozos
de hielo· y para que desde sus entranas á su
corteza ~e desarrollase la intensidad ardorosa
de la Vida, era indispensable manchar su limpieza y apagar sus lucee, encenaga~ en barro
su cuerpo cristalino, convertir en tie~ra sombría lo que era refulgente piedra preciosa.
Y no bastaba la transformación en lodo pa•
ra producir la vida: se_ ,requería al_g o más terrible aún. Los del Triangulo se m1ra~on ~ensativos, vacilando; adivinaban el misterio y
sabían en qué condiciones se desenvuelve la
Vida, por ley fatal. «La Vida-dijo ~rªD?ª, el
creador-es sensualidad, perpetua mqmetud
de la carne.»-«La Vida-declaró Visnú, el
conservador-es interés, incesante estímulo
gástrico.»- «La Vida-respondió Si va, el destructor-no es sino odio, combate, mue~te.»
Callaron un momento, indecisos y contristados. porque no acertaban á dar á la Vida otras
fórmulas bellas y nobles; al fin Brama elevó
su voz. :con todo eso, es preciso que la Vida
sea. .11 «Sea»-repitieron Siva y Visnú.
.
Descolgando uno de los solitarios que tachonaban la bóveda-no de los mayores,-

Visita del Rey Eduardo :i Le6n XIII.

Brama lo hizo girar rápidamente entre las
palmas de sus manos, amasándolo. El ?ri_llante globo perdió su claridad y se conv1rt1ó en
masa ignea que despedía sulfurosos vapores
y exhalaba'llamaradas volcánicas.
Poco á poco el globo se fué apaga_ndo y enfriando, y apareció, á manera de gigante cu·

bierto de vello, revestido de vegetación densa

y colo~al, selvas intrincadas y húmedas, pobladas de alimañas monstruosa.a. Se las veía
luchar, disputarse la hembra? el pasto, romper y pisotear troncos y rama.Je, ensangrent.ar
el suelo virgen. Brama, el cr~dor-desde el
inmenso cáliz de loto que le sirve de trono Y
asiento,-contemplaba tristemente el esti:ago¡
Visnú, el conservador, reclinado en su hoJa _de
higuera, sonreía; y Siva,el destructor, el ebno,
el de cuádruple rostro, que luce sobre _la. _cabeza el segmento de la luna, reía con Júbilo,
respirando deleitosamente el olor de la sangre.
-La naturaleza no es sino guerra. y desorden-dijo al fin Brama pesaroso.-Falta en
ese mundo la luz: falta el pensamiento. Sobre
los apetitos ciegos y las fatalidades físicas po~dré á un ser capaz de inspiraciones meta~ÍSJ•
cas, que busque la perf,icción, sepa _dommar
sus sentidos coro¡ renda los Astras, rnterpn_,te el Verbo practique con pGreza y austen·
dad el Hacrificio.
·
-Y á ese ser - pregunt6 Visnú-¿le harás
inmortal'? ¿Le eximirás del dolor? ¿Le comu·
nicarás tu divina esencia?
Antes que Brama respondiese, Siva, el de
la piel de tigre, alzó furioso sus cuatro braz08
armados.
- Nada puede ser inmortal ni divino en ese
mundo que acabas de crear-grit6.-Pertenece á 111. corrupción y me pertenece, por conll8cuencia. Vosotros' creáis y conserváºis para que
..
yo aniquile. Soy la única erdad,_ la definitl:
va. En mí viene á parar y a re~um1rse la crea_
ción. Ese s3r superior que quieres ~acer ~
recer en la Tierra, engendrará, se ahmen llar'
morirá. Es mío. De su cráneo haré un co 1
que será el atributo de Si va.
. , Vi.s-¡Oh rojo Siva, insaciable!-profino

y

y

Panorama de la ciudad hacia el N. 0.-(Tomado desde Catedral) .

nú.-Yo te digo que esa criatura racional,
consciente, no se contará en el número de tus
víctimas. Si es capaz de reflexión; si puede
saber lo que traen consigo la vida y el inevitable hado; si tiene la certidumbre de morir
al fin, de!!pués de tantas penas, anulará con
su voluntad la creación; suprimirá el dolor no
engendrando; arrancará la raíz del árbol amargo, y se salvará salvando á su especie. ¿No es
cierto, Brama? El ser que posea luz de pensamiento, ¿Re avendrá á vivir?
Fl creador, con serena y luminosa sonrisa.,
extendió In mano y señaló al último término
de la montaña ele oro, en el cual se divisaba
una pagoda de paredes de turque~a. Ante la
escalinata de aquella pagoda hacían la guardia extrafias figuras: una era de varón, formada de floreii, lotos azule~, alteas purpúreas,
rosas de A_lejnndría de encendido corazón,
azucenas de aroma que perturba el sentido;
dentro del pecho de la figura ardía fuego devorador, pero las flores no se marchitaban,
porque brotaba de ellas incesantemente copioso rocfo de llanto. La otra figura cambiaba
de aspecto á cada instar.te: movibles placas
multicolon:s parecían girar y desvaneceri!e,
borrándose cual los olas al contacto de la playa, sobre los contornos fingidos de un cuerpo
juvenil, onduloso y serpentino. Tan pronto
se cubría de sombra como irradiaba luz; ya ee
envolvía en gris humareda, ya se irisaba con
las dulces tintas de la aurora. Hubo un instante en que la envoltura fantásticafse rasgó,
y bajo el prestigio se divisó un esqueleto ..... .
De la pagoda de turquesa vieron entonces
Siva y Visnú que salín una mujer, y la reconocieron al punto. Era la esposa de Brama,
mndrP, y matriz de todos los seres, con múltiples encarnaciones y varios nombres. En tal
momento se llamaba Maya, y no podía llamarse de otro modo, pues la envolvía de pies
á cabeza, recatando por completo su hermosura sin par, el maravilloso velo que tanto envidiaban las otras diosas, consortes de Visnú
y de Siva. No s6lo la envolvía, sino que arrastraba. y flotaba en torno de la divinidad en
pliegues de elegancia regia. Los que la miraban acercarse quedaron deslumbrados. El velo no se podía comparar á nada: se supondría
entretejido con hebraA de sol, rielares de luna, titilaciones de estrellas, reflejos de agua
profunda herida por luz de antorcha, destellos de rubí oriental, suavidades de oriente de
perla, claridades de pupilas, relampagueos de
hojas de armas, hilos de seda invisibles á fuerza de finura, diáfanas orlas de encaje de cristal. A cada paso de la diosa, el aire vibraba y
refulgía.
Al llegar cerca de los tres personajes, Maya desvió un poco el velo y enseñó su risueña
cara celestial.
-1\Ie encargo-dijo-de que el hombre se
avenga á vivir. Bajaré al mundo, llevando
conmigo á la pareja de guardianes de mi pagoda-el Amor y la Mentira,-después, desprendiéndome de mi sagrado velo, envolveré cofl
él toda la superficie del globo; y el hombre no
verá la t&gt;xistencia siuo al través de este tejido
mágico. Seré para la especie humana la mayor bienhechora; la conduciré, velada, hasta
el último confín del dolor; y la envoltura del
velo de ~laya, á quien los mortales nombrarán «Ilusión,x cubrirá sin tregua lo descarnado y lo horrible de los destinos humano!l.
Absortos ante la diosa, los del Triángulo callal&gt;an, a.probando el discreto ardid con el cual
haría tragará los míseros mortales el anzuelo
de la existencia. Sólo Yisnú, que tenía un espíritu crítico muy refinado, rumiaba una objeción.
-Divina madre de los seres-resolvióse á
de&lt;!ir por último,-tu idea es excelente é ingeniosa, y ·yo aseguro que dará feliz resultado;
pero... ¡itlivino un inconveniente grave. Tu
rústico velo es de un tejido tan delicado y sutil, que cuando envuelvas en él al globo que
tu esposo acaba de acondicionar para la Vida,
la agitación de los hombres romperá la mágica tela, y entonces, por el desgarrón, se verá
la realidad desnuda.
Maya cruzó sobre su seno pequeño y redondo los brazos torneados, y con profunda piedad, suspiró:

-¡Ay del que la vea!
-No importa-rugió Siva, triunfante.-El
velo de la celei,te Maya está vivo, y por donde se rompa, se volverá á juntar de suyo, naturalmente.
EMJ:r..rA PARDO BAZÁN.

LA MUJER DANZANDO.
Danza, mt.jer, porque las-aguas corren
•
y las fl,ores derraman
perfumes de placer, y las estrellas
se de.Qhacen en lágrimas.
Danza saliendo de la muerte obscura
que oprime tus espaldas,
y las dos flores blancas ele tus manos
en la noche levanta!
Ofrécete al continuo movimiento
de la vida que pasa;
loor etemo á la actitud cambiante
que transparenta el fuego de las almas!
l\Iueve la flor dorada de tu cuerpo
al compás de la danza;
deja empapado en tu perfume el aire
y derrocha la luz de tus miradas!
Como incensario tu cabeza ondule
coronada de llamas;
como incensario del amor oculto
bajo las ricas aras.

Domingo 14 de Junto de 1903.

Entrégate á las danzas! A mis ojos
brilla tranfigurada
bajo la lluvia musical, que llena
de un chorrear de fuente tus entrañas.
Te haces sagrada hundiéndote en las olas
de la música vaga;
todo tu cuerpo, abriéndose, descubre
el interior misterio que lo embarga.
l\lujer danzando, enamorada viva,
tus hombros s;e adelgazan
como corriente de agua por la noche:
tus pupilas se agrandan!
Eres como milagro que !'le inicia
bajo el cambiante velo de las danzas;
como suave nenúfar que se mueve
con movimiento oculto sobre el agua. •
Se ha desprendido mustia de tu frente
la primera guirnalda;
se han desprendido mustias de tu espíritu
las ideas prestadas.
Tú sola reinas en In Danza.
Ruedan
flores blancas de almendro por tu espalda,
te envuelve una luz suave, y por los ojos
se te derrama sobre el mundo el alma.
Dijérase que el Universo entero
copia el compás alegre de tu danza;
que, oscilando, las flores
la imitan encantadas.

ESTUDIO FOTOGRAFICO.-(Rawel).

EDUARDO ~IARQUJ::-.A.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>. ..

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Fot. ele "El Mundo Ilustrado"

�Domingo 21 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

COLOR DE SANGRE.

•

La noche del 5 al 6 de octubre de 1789, una
multitud irritada, ehria de muerte, se agolpaba en los muros del Castillo de Versailles, pidiendo el martirio de la familia real. La reina,
sobre todo, atrae las iras del monstruo: «Es
necesario dei-trozarla, deecua rtizarla. "Un hombre dice: «¡C6mo me gustaría poner la mano
sobre esta b ... I" Al amanecer, algunos gritan :
«¿En d6nde Pstá esa s ... tunanta? iE8 menester arrancarla el coraz6n ... ! ¡Queremos cortarle la cabeza, guisarle los hígados!&gt;, [II. Taine, «La Revoluci6n," tomo I].- Las páginas
de la historia, á semejanza de los famosos ciclos de Vico, reproducen, con variaciones de
lugar y época, la misma mancha rojiza: todavía, como en los tiempos de Hámlet, «hay
mucho podrido en Dinamarca".
La t1agedia de Belgrado no tiene !.'iquiera el
mérito de arrancar de un hondo ,mfrimiento;
no es dolor trocado en ira: es sencillamente el
acto de ccregrei;,i6n" de un coro ele cortel:lanos
de 6pt-ra bufa. Ji:n este ambiente cargado de vapor de sangre humana, se antoja oír un airecillo de cancán, silbado por el histri6n l\Iilano,
el tirano offembachnei:;co del reino de Servia.
Sobre los cuerpo:-1 hechos pedazos se prenden
la¡, antorchas de una ciudad iluminada «a
giorno» y se organiza la fiesta en el sal6n que
ha dejado varío un catafalco. Frente á la indignaci6n de los pueblos civilizados, los autores del atentado s6lo tienen una frase, soltada rudamente al trepanar el cráneo del princi pilio de voluntad enferma: «¡Era un imbécil!&gt;, Y la orquesta preludia una cuadrilla.
Raspando al ruso, se descubre al cosaco;
raspando al servio, se descubre al eslavo subyugado por el turco; del ruso, tiene la ferocidad; del turco, la abyección. Corre mucha sangre de genízaro por esas venas. Por muchos
siglos esa sangre ha circulado lentamente, sin
que bastara la ignominia á ha:::erla correr con
mayor fuerza. Un día, el perro sumiso recobra sus dientes de fiera y entonces mata, no importa t. quién : los mismo á Miguel Obrenovitch, el soberano sin tacha, que á Alejandro,
el vacilante vástago de un «rastacuere» degenerado. El ruso injerto en este grupo de sometidos, ha hecho su aparici6n y se complace
en empapar sus manos en la entrañas de sus
victima.e. Un resplandor color de sangre ilumina e:;te cuadro de «bra vi» estremecidos por
el miedo.
Si fuéramos á buscar la ley de herencia, más
bien que en la desventurada Reina Natalia,
debiéramos tratar de descubrir los estigmas de
Alejandro en la truanesca figura de Milano, el
viejo déspota de Servia. Milano es el vicio hecho hombre. Todo lo que la degenerescencia
de una raza puede amontonar sobre un hombre, él lo ha recogido y sumado: es Luis XIV
y Lorenzo XVII, pertenece á la realidad como
á la opereta; no es un ser humano, es su ca:icatura; no es un tirano, es su mueca. Dícese
que Alfonso Daudet lo escogi6 como protagonista de sus «Reyes en el destierro»: todavía
me resulta más noble, más elevado, más digno este personajP que el «boulevardier" ele última fila, concurrente de los bastidores de un
teatrillo de barrio, abogado en el alcohol, héroe de suripantas y concienzudo «escroqueur»
de los garitos malafamados.
Servia, empero, soport6 con imperturbable
paciencia las brechas que este aventurero coronado abri6 al tesoro público. Cada vez que
el viejo verde se veía desplumado, corría á
Servia y se bacía pagar sus traro pas. ¡Y sus
compatriotas lo recibían con los brazos abiertos; tomaban parte en °us farsas, le dejaban
nombrarse generalísimo, jeft de policfa, inquisidor (dice el conde de Saint André, en una
biografía del personaje que apareci6 hace tres
6 cuatro años en las columnas de la ccRevue
des Revues"), le demostraban un afecto tierno
de hijos débiles por un padre pr6digo!
Había hecho mucho más que Alejandro para merecer la muerte. Pero el ruso dormía en
su cojín oriental. El puebL que gui6 Esteban
el Fuerte á la conquista, yacía en un sopor de
harem, se dejaba expoliar por el turco con go-

rrilla de pilluelo parisién. -Ef:ltre tan to, había
una reina, uña mujer, una esposa, una madre, que sufría, que sufre aún, la_ indeci~le
tortura del abandono y de la ingratitud: JSatalia. Unida muy joven al Obreno,·itch, Natalia Kechko, hija ele! un funcionario ruso,
acaso más bien por ambici6n que por amot,
la madre de Alejandro, alcanz6 en Francia lo
que su esposo no pudo encontrar en el destierro: la estimacion y el respeto. Hoy al dolor
de esta mujer, se unirán las lágrimas de muchas madres. Sobre los incendio!-! de pasi6n de
la corte servia caerán estas gotas de rocío.
Un día aquella abandonada experiment6 el
más rudo' dolor que acaso la haya angustiado
en país extraño: el viejo Milano la arrancó de
los brazos á su hijo. El tiranoide deseaba jugar al trono con el pequeño; era una presa que
poder explotar concienzudamente. El, capai
de apostar un reino á un «seco» de la ruleta,
apost6 á un albur la candidatura de su hijo.
¡Y ganó aquella vez! Ganó la intrus16n á las
arcas del tesoro servio, de donde salían á borbotones los luises que el valetudinario dPjaba
ir en sus orgías de bellezas pintarrajeadas!
Así se fué incubando el drama, que la dPbilidad de Alejandro no tuvo la entereza de
atajar. De la alcoba de esta borrosa silueta de
soberano inconsistente, ~alió vapor de perfume, que se troc6 después en ola de odio. El
genízaro vigilaba á la puerta, y un día la tea
que le sirvi6 para iluminar la orgía, se convirti6 en rayo que fulmina.
Belgrado se ilumina cea giorno» y la orquesta preludia una cuadrilla. Pero hay mucho
color de sangre en el telón que sirve de fondo
á esta escena.

ÚLTIMA NOX.
I
Es la noche. En el vaso de Sevres
que se yergue en la artística mesa,
derramando un ma1,ojo de rosas
-rojas urnas de mística esencia, los capullos levantan altivo8
SUR nacientes corolas de seda
y parecen mirar con delicia
los lujosos tapices de Persia,
el dorado artes6n de los techos,
los tibore8, los biombos que ostentan
-pesadillas de oro-las grullas
que en un campo de arroz aletean,
el blanquísimo lecho copiado
en la luna gentil de Venecia
y los muebles estilo Luis XV
que decoran la estancia opulenta.

II
Como un 6palo verde, la llama
de la azul veladora está inquieta:
ya, pupila curiosa, se abre;
ya, pupila cansada, se cierra.
En el lecho, la virgen, la pálida
febrilmente se agita, se queja
y sus dedos pulidos se crispan,
de la muerte en el ansia postrera,
estrujando nerviosos las sábanas
y el satín de sus carnes de cera.
III
En la alfombra, la copa en pedazos
ha caído. vertiendo la espesa,
venenosa mixtura que ha poco
apuró en su dolor la doncella.
Todo duerme. Tan s6lo se escucha
crepitar á intervalos la anémica
veladora de tintes violáceos,
que incansable, tenaz parpadea.
En el vaso de Sevres se agostan,
agonizan las rosas enfermas,
exhalando su tenue perfume:

Domingo 21 de Junio de 1903.

¡pobres flores! •.. es su alma que vuela
Cae un pétalo al fin. como gota
·
de ígnea sangre, en la arústica me~a
, otro m:íR, y otro y otro ...' '
y d espues
¡Es la muerte callada que Ilegal
IV
¡Y los pétalos i:iguen cavendo
y la luz de la lámpara acecha1 '
y al morir, en espai-mo angus tioso
con deleite y fruición se apacienta'
-dilatada pupila de sátiroen la carne lilial de la rn uertal
ANA

M. VALVERDE.

tas f f~stas dd forpus.
El Corpus-todo el mundo lo sabe-ha
perdido en México, y quizá en toda~ pa.rte11,
los factoreR más pompoi:;os de RU esplendor de
antafio. El brillante sol de la calle ya no se
refleja sobre los bordados de las casullas ni
snhre los ricos dorados de la custodia. La proce~ión tradicional se verifica bajo los domhos
majestuosos de la. Catedral y el repique de las
campanas tiene un prudente límite de duración. Cambian los tiempos y con los tiempos
cambian las ceremonias.
Quien lee las cr6nicas antiguas, quien en
las sabro~as de!lcripciones de Facundo se entera de las fiestns de Corpus de antaño, tal vez
sif'nta no haberlas presenciado; si el lector es
viejo y ccalcanzó" algo de aquellas fiestas, bien
puede ser el más acérrimo enemigo de las cosas de iglesia y, sin embargo, experimentará
cierta rara tristeza, suspirará contrito y 08
declarará que, «á pesar de todo,» aquellos
Corpu'3 eran de lo más vistoso, de lo que ya
no hay, de lo que se ha ido para no volver
jamás y de lo que no se olvida nunca cuando se ha visto alguna vez. Esto me han asegurado muchas personas que se permiten el
lujo de haber tenido uso de razón en tiem•
pos de Su Alteza Serenísima y que, por ende,
ya lo van perdiendo en las fechas que alcanzamos. Digo esto porque estoy íntimamente
convencido de que nuestras fiestas actualescomo los desfiles florales, etc.,-son evidentemente más artísticas que aquéllas; pero es
prurito de los viejos amar las fiestas de su ju. ventud, porque es prurito de los hombres acariciar voluptuosamente los recuerdos juveniles.
El Corpus de antaño, sobre el fondo de ~u
significación religiosa, tenía caracteres de fies•
ta profana y oficial. La reli¡?i6n se salía del
templo é invadía lo? dominios del mundo y
del Gobierno. Junto á las espirales de incienso, ascendían los humo:! de la pólvora mili ta r;
los místicos recamos litúrgicos de las casullas
y de las capas pluviales se confundían con el
brillo de las charreteras y de los entorchados;
la multitud adoraba, en una curiosa amalga·
ma, á Dios y al Poder. Y el pueblo se desbordaba jubiloso, r.on las pupilas abitas de orope•
les, sin darse cuent.a á punto fijo, si el sentimiento de alegría que lo dominaba era religioso 6 profano, místico 6 sensual. Graves autores
afirman que predominaba lo último.
El Corpus de antafio suponía todo linaje de
pteparativos: preparativos públicos y preparativos privados. Al propio tiempo que las
autoridades municipales soltaban las correas
de la escarcela urbana para que se adquiriese
la lona que habría de defender el largo trayecto de la procesi6n de los rayos solares, las
pequeñas autoridades domésticas, p¡1dres .Y
maridos, soltaban las onzas de á diez y seu1
para surtir de nueva indumentaria á la prole,
ávida de lucirse decorosamente en tamafia festi vi dad. Tenclida la lona y confeccionado el
indumento privado, llegaba el gran día Y. con
él la procesi6n magna: los poderes púbhc?s,
las comunidade~, los gremios y las corporac10·
nei', las escuelas y-lo mús vistoso-las Jro·
pas recorrían la ciudad precediendo y siguiendo al símbolo del Santo Cuerpo, que, encerra¡
do en rica custodia, conducía devotamente e
arzobispo, entre fanfarrias militares, cantos

El Sr. Arzobispo Alarcón y los Canónigos de Catedral, revestidos para Jaceremonia del Corpus.

litúre:icos, estallar de cohetes, batir de parches
y :clamoreos de campanas, mientras que el público bañaba con pétalos de flores á la magna
y ,brillante sierpe, que era emblema de todo
cuanto por aquel entonces significaba autoridad y fuerza.
Hoy que la práctica religiosa. no sale del
templo y que la línea de demarcaci6n entre la
Iglesia y el Estado ha dejado &lt;le ser metafísica, el Corpus ha perdido su pompa callejera,
y los factores de la procesión se han amengua-

do, suprimiéndose muchos y muy principales.
"'•
Esto no obstantP, las ceremonias con que
el clero metropolitano celebra las fiestas en el
interior de la Catedral, son suntuosas y atraen
innumerables, aunque más 6 menos devotos
espectadores.
Es el Corpus todavía una de las solemnidades que en México dan mejor idea de la esplendidez del rito cat61ico. El Metropolitano,
rodeado de las altas dignidades del clero y de

~umerosos sacerdotes, ataviados con lujosos y
neos ornamentos; los altares cuajados de cirios; las voces sonoras del órgano entonando
las melodías rituales; el pueblo, perteneciente
á todas las clases sociales, inclinándose devoto ante la custodia, forman un conjunto imponente que encuadra de modo majestuo8o en la
hermosa Catedral mexicana.
El Corpus en México tiene una nota curiosa: !orman parte de la procesi6n chicuelos
vestidos de Arcángeles 6 de tipos legendarios
de la c,róni~a religiosa. ~l indio Juan Diego,
aquel a quien se apareciera la patrona nacional, es el más favorecido por la elecci6n maternal de los devotos que hacen figurar á sus hijos en la procesi6n. Pero esta costumbre va
perdiéndose y á fe que esto no es de lamentarse mucho, pues como la estética no siempre
preside en los chicuelos disfrazados, á las veces resultan ellos una nota grotesca en el brillante cortejo que recorre todos los ámbitos de
la Basílica.
En_tretanto, en el atrio, las «tarascas,» las
«mu~itaSJ&gt; y la fruta deleitan al pueblo. En
l\Iéx1co y en España toda fiesta religiosa trae
con!.'igo una verbena diurna con mercancías
~spec~ales. Esto es ~ípico y pudiera prestarse
a curiosas observaciones hist6rico-psicol6gicas.
SARDÍN.

CANCION REMOTA.
Bajo la luminosa pedrería
del impasible cielo de verano,
con la nostalgia de un amor lejano
sentí el anhelo de la muerte fría.
Ella dijo su leve melodía.
en mi desierto corazón arc&amp;.oo
y la tenue caricia de su mano'
me embriagó de dolor y poesía.
Fué en una r;.ocbe cálida de junio,
-al fulgor de un dorado plenilunioque escuché la canción de la Sirena.

CORPUS.-La crug1a de Catedral.

Ni amé su ritmo, ni turbó mi calma·
pero en las horas tristes, en mi alma '
au melodía fúnebre resuena..
FROILÁN TURCIOS.

�bomi:lg? H de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

€/ flsesinafo oe los 1(eyes de Servia.
Honda sensaci6n han causado en Europa los
acontecimientos ocurridos la noche dt:l 10 del
corriente en la capital del reino de Servia, y
de los cuales tienen ya noticia nuestros lectores por la abundante información q~e acerca
del suceso han publicado «El Imparcial)) y «El
Mundo.,, Nos referimos al asesinato de los reyts de Servia.
El cable, que ha transmitido á todos los

sona. Nauruovitch se adelantó en seguida y
le dijo, presentándole un papel: ,,Queremos
que Vuestra Majestad firme este documento
en que está contenida la promesa de que Vuestra Majestad romperá con «esa mujer))-la reina consorte;- con «esa mujer,: de mala re_:)U·
tación que ha traído la desgracia á vuestra casa
y á la nación. En caso contrario, Vuestra Majestad tiene que abdicar.)) Ante exigencias tan
repentinas y amenazas tan terribles,
el soberano llegó al
colmo de la excitación y disparó un
tiro sobre el grupo
de amotinados.
Atraída por el disparo, la reina Draga apareció en la
puerta que comunicaba su alcoba con
la de su esposo. El
Rey quiso entonces
tranquilizarla, rogándole que volviera á su cámara; pero

Berlín de 1871, es uno de los pequeños países
de los Balkanes; se halla al Norte de Turquía
y cuenta, aproximadamente, con 2.500,000
habitantes. Alejandro nació en 1876, fué coronado en 1889, y pertenece á la casa de los
Obrenovitch. Cuando quiso ca~arse con Draga- viuda de un ingeniero que prestó sus servicios en los Balkanes,-la agitación del reino
fué muy grande y el mismo Gabinete se opuso con toda energía al matrimonio. Realizado
éste, á pesar de la oposición del pueb:o, de los
parientes del Rey, y aun de los ministros, la
antipatía hacia Draga fué creciendo cada vez
más hasta convertirse en odio, y las desavenencias surgidas entre el monarca y sus vasalios, Re hicieron mucho más palpables y sensibles desde entonces.

***

Sea ele esto lo que fuere, el crimen de qu11
hablamos resulta monstruoso, no sólo por la
alta investidura de las víctimas, sino por el
lujo de crueldad con que sus autores lo llevaron á cabo. En esta plana verán nuestros lectores el retrato del joven Rey asesinado, y el
de la soberana, esposa suya, que result6 muer-

EL MUNDO ILUSTRADO

ta fomlsl6n fomerdal mexicana en f entro
VSudamérica.
Han regresado ya á México loR miembros
&lt;le la Comisión nombrada por el Gobierno de
la Unión para promovPr en Centro y Sudamérica el ensanche de nuestras relaciones comerciales.
La Comisión Re muPst.ra en extremo f'atisfecha de la hri l lante :icogida de que fué objeto
en las diRtintaR ciudades que visitó, y abriga
la. esperanza de que sus gestionf's, encaminadas á bui:;car, principalmente, merC'ndos para
los distintos productos de la industria mexicana que pueden colocarse en aquellos paÍRefl,

Sr. León Signoret

disposiciones muy poco comunes para llegar
á ¡:¡er una artista de verdad, su carrera, sin
duda será una de las más brillantes.
En' estf' número publicamos el retrato de la
señorita Escobar.

LA LIMOSNA.

l::ir. Adolfo Christheb.

'

caminaban frotándose las manos mal cubiertas pasaban los ricos cupés, donde los niños
mdstraban tras los cristalPs del ventanillo su
aguinalclo de Navidad: al feo Pierrot, que reía;
y rápidos, llenando el aire ,con la l~ca fanfarria de SU!'l cascabeleF, corrian los tnneoR, dejando tras sí el eco de festivas canciones y de
risas sonoraR.
Cuánta alegría bajo el cielo plomizo y triste de aquella tarde de diciembre!
Y mientras todos pasaban é iban lejos como
en bulliciosa fieRta, allá en el lejano bulevar
-donde el vendedor de flores rumoreaba su
cansada melopea, - y en una esquina, un pobre cieguecillo, tiritando de frío bajo un roído
~ohretodo, tocaba el violín, implorando así el

,.

•

.

La señorita María Luisa Escobar, aventajada alumna del Conservatorio, ha sido de las
agraciadas con esa concesión, y bajo el amparo
del Gobierno, completa en la actualidad sus
estudios. Dotada ele una hennorn voz y con

Domingo 21 de Junio de 1903.

pueblos civifüados del orbe los detalles de la
brutal agresi6n y de sus terribles consecuencias, dice que los asesinos, encabezados por
los coroneles Naumovitch y Machín, se dirigieron en las primeras horas &lt;le la noche al
Palacio &lt;le Servia, en Belgrado_. mientras en
distintos puntos de la ciudad se apostaban las
tropas suficientes para impedir todo auxilio
que pudiera prestarse á los Foberanos; y que
una vez en el interior del edificio, los amotinados aprehendieron á algunos sirvientes, matando á otros á bayonetazos. Un joven, hermano de la Reina Draga, se presentó frente á
la turba en paños menores, y fué muerto también, en tanto que uno de los ayudantes del
rey Alejandro preguntaba á gritos: ¿Quién se
atreve á entrar aquí? ¿Qué significa esto?,, La
soldadesca le exigió entonces que se rindiera, y como no lograra intimidarlo, lo asesinó
en medio del desorden más espantoso.
El Coronel Naumovitch-agrega un despacho-abrió la puerta que daba á las habitaciones del Rey, valiéndose de una bomba, y dos
de los conjurados, uno de ellos enemigo acérrimo del monarca, penetraron á la pieza en
que éste se encontraba, y echaron mano á sus
rev6lvers. El Rey, que se había ya recogido,
les salió al encuentro, en traje de noche, y empuñando una pistola, pidió explicaciones sobre
aquel acto de manifiesta hostilidad á su per-

como la presencia
de ella en aquel sitio, recrudeciera
el odio que hacia
su persona sentían
los conjurados, éstos acabaron por
asesinar á los dos
soberano!". Algunos miembros de
la familia real y
dos de los ministros
del Trono fueron
muertos, asimismo, por los revolucionarios.
Esta es, en extracto, la narración que acerca del suceso ha transmitido el
cable. En cuanto á la C!Lusa que produjo el tumulto, la versión más generalizada indica que,
amén de otros• motivos que los sublevados
alegan para justificar su conducta, el que más
influyó en su ánimo, fué la tendencia del Rey
Alejandro á eliminar el elemento radical del
Gobierno y á poner en manos de un hermano
de la Reina Draga los intereses de la monarquía.
El reino de Servia, constituído, como el de
Rumania y Bulgaria, en virtud del tratado de

Había nevado mucho. En los árboles de los
bulevare,:, cubiertos de copos de nieve, parecía que hubiese brotado una tupida florescencia de blancos azahareFI. Las estatuas lucían
albas pelucas de escarcha. Y un viento mny
frío, muy cruel, levantaba el polvo helado de
las calles, azotando los rostros de aqnellmi que
trajinaban presurosos é iban dejando la huella de sus claveteados zapatos sob:·e las aceras
blanqueadas.
En medio del tumultuoso desfile de los
obreros y el barullo de las grisetas pobres que

redunde en beneficio de la clase
obrera y del come1cio en general.
Los señores Adolfo Chr~stlieb,
León Signoret y José Manuel Muñoz, que formaba~ la Comisión
mencionada, y que iban, además,
investidos con el carácter de Delegados de la Cámara de Comercio tuvieron oportunidad de pone;se en comunicación, durante
su viaje, con los comerciantes é industriales más prominentes de la
América latina, recogiendo de esta manera multitud de elatos é informes indispensables al objeto
que se propuso el Gobierno.
En Buenos Aires, la Comisión
visitó la Exposición ele productos
nacionales, tomando nota de las
condiciones en que se desarrolla la industria en la Argentina y
del monto de la producción. El señor Ministro de México en aquel
país, ofreció después á los señores
Chrístlieb, Signoret y Muñoz
un
,
banquete que se efectuo en uno
de los mejores hoteles.
ta á manos de uno de los que encabezaron la
conjuración.
El sucesor de Alejandro en el trono _de Ser•
via, es el Príncipe Pedro Karageorgev1tch.

pan de la noche. De aquella caja
descolorida y casi negra por el
uso, brotaba como un lamento la
melancólica romanza del Tannhauser: «La Estrella de la Tarde;))
con sus armonías sollozantes y
nostálgicas llenó de lágrimas á
otro mendigo, ciego también, que
en el opuesto extremo de la esquina temblaba de hambre y frío.
Aquel violín, pulsado bajo el
poder de la miseri?- y el _sufrimiento, gemía sentidas y tiernas
cadencias; á veces sus uotas sonaban como gritos escapados de
un alma herida, y luego languidecían, susurrantes, tenuPs, con
la dulce suavidad de un suspiro.
Entre tanto, su bella música sólo
era oída por el otro pordiosero,
que con el rostro bañado en lágrimas, permanecía como en un éxtasis, oyendo y oyendo aquelia
plegaria que venía de otra aln1a
desgraciada como la suya. De
pronto, y como si hubiese concebido una idea, echó adelante su
bastón, tanteó lo nieve, y paso
tras paso y resbalón tras resbalón,
se fué dirigiendo hacia el punto
de donde emergía la música.
Cuando llegó frente al violinista,
hundió su mano en el bolsillo del
pantalón, sacó de su profundidad
un centavo y con voz temblona y
llena de dulzura, dijo:

ALUMNA DEL CONSERVATORIO
PENSIONADA.

Con el propósito de estimular
á la juventud estudiosa, el Gobierno ha sf'guido la costumbre
de conceder una pensión á los
alumnos del Conservatorio Nacional de Música y de otros establecimientos de enseñanza, que
más se distingan por su aplicación y buenas facultades para el
ramo que cultiven,

Sr. José Manuel Muñoz.

-Tomad amigo, que tocáis
muy bien.

Srita,. Marra Luisa Escobar.

Y ambos ciegos cruzaron las
manos en distintas direcciones.
El caritativo pobre dejó caer el
centavo, qlle fué á perderse en la

�Domingo 21 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

nieve, y contento, paladeando la delicia de E'U
buena obra, volvi6 las espaldas y se fué, en
tanto que el mendigo del violín, cansado de
mantener su brazo tendido en es:r,era de la limosna, creyéndose víctima de un engaño
frunci6 el ceño, y pasándose la mano por lo;
ojos, se limpi6 una lágrima.

lina;i, y señorita Elena Moreno, que r!)present6 á la Prensa, llevando sobre un traje lila de
irreprochable hechura los nombres de los periódicos principales. Las señoras de Hnro, de
Méndez, de Lavíe,y las señoritas Schmidtlein,
Winter y Lizardi, lucían también primorosos
trajes.
El sal6n de baile, el patio y los comedores
estaban decorados con verdadera elegancia.
En las primeras horas de la mañana terminó la fiesta, quedando los concurrentes muy
satisfechos de la exquisita galantería con que
fueron atendidos por los señores Acho.

RAFAEL ANGEL TROYO.

nota dt Sodtdad.
Muy grata impresi6n ha causado entre la
juventud elegante el baile que el señor don
Guillermo Acho y su estimable esposa, la señora Micaela M. de Acho, dieron la noche del
ocho del corriente en su lujosa residencia de
la calle de Rosales.
Las damas y caballeros concurrentes á la
simpática fiesta se presentaron, en su mayor
parte, vistiendo caprichosos trajes de fantasía
que representaban anuncios comerciales. Entre las damas que más se distinguieron por su
originalidad y buen gusto en la manera de
vestir, figuran la señora de Acho, que significaba la Ciudad de París, la señora de Rivas Mercado, que vestía de China, la señora
de Castellanos, la señora de Galván, que llevaba airoso traje de sevillana, las señoritas
María Ramírez y Angela Honorat y la niña
Alicia Rivas Mercado. La señorita Hono.rat
vestía de ccimperial,» y la señorita Ramírez de
«Antigüedades».
Dignas son también d&amp; mencionarse por su
brillante concurso en la aristocrática reunión,
las estimables damas: señorita Concepción
Pacheco, «japonesa;,, señorita Margarita Contri, «anuncio de 6peras;,, Reñora de Dublán
«imperial;» señorita Angela Haro, ,&lt;primave~
ra;» señ.ora de Scherer, ccanuncio de fotografía;» seño~ita Carolina, Mac Manus y señora de
Martín, «Japonesas;» señora de Scherder, «Pie-

ta tumba dtl Soldado.

rrot;,, señora de Caso, ,canuiww ue cigar1u","
señora de Arzamendi, «china;» señorita Nelly
Nichols, «primavera;» señorita Machien Nichols, cmoche;» señorita Clotilde Herrán, «Fe-

El vencedor ejército la cumbre
Salv6 de la montafia,
Y en el ya solitario campamento
Que de vívida luz la tarde baña,
Del negro terranova,
Compañero jovial del regimiento,
Resuenan los aullidos,
Por los ecos del valle repetidos.
Llora sobre la tumba del soldado,
Y bajo aquella cruz de tosco leño
Lame el césped aún ensangrentado
Y aguarda el fin de tan profundo sueño.
Meses después, los ouitres de la sierra
Rondaban todavía
El valle, campo de batalla un día.
Las cruces de la tumba ya por tierra.. .
Ni un recuerdo, ni un nombre .. .
¡Oh! no: sobre la tumba del soldado,
Del negro terranova
Cesaron los aullidos,
Mas del noble animal alH han quedado
Los huesos sobre el césped esparcidos.
JORGE !SAACS,

Domingo 21 de Junio de 1903.

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Pilril Toros del Jilrill ••••

ban de tres: la santera de la ermita del Niño
Cautivo, una vieja chiflada, y dos vecinos revoltosos y díscolos, de oficio ...... barberos.
¿Por qué se expresaban en esos términos? Los barberos por
chismes del oficio; la
beata porque....... era
beata.
Cierto es que don Malaquías hablaba siempre mal de los sacerdotes que llegaban á
apacentar las piadosas greyes de Villapaz.

Domingo 21 de Junio de 1903.

(Cuento Viajero.)

•

¡Gulírdeme el cielo de pensar y decir que
don Malaquías López, como le llamaban algunos, ó «ñon&gt; l\Ialaquías, como le nombraban casi todos, era librepensador, espíritu
fuerte, ó algo así! ¡Nunca! ¡Hay tantos que
lo parecen y que no lo son!
Además, ¿quién me ordena juzgará las perrnnas? Yo tengo mi propia, particular sicología, la cual me sirve para explicarme muchas
cosas, para darme cuenta de otras, y, por ende, para conceder á cada individuo justa y
merecida estimación.
Don l\falaquías era lo que Dios le había
hecho, y si hablaba como hablaba de los párrocos de Villapaz, se debe á que es parlachín
y suelto de locuela; á que le placía lucirse delante del alcalde, y le gustaba halagar el vibrante jacobinismo de J uanito Bolaños, el
normalista, director de la Escuela «Melchor
Ocampo," y contentar al boticario, que era
magnetizador y espiritista, y más dado á las
cuarenta que á los capítulos y fórmulas de la
farmacopea.
¡Qué babia de hacer don Malaquías! El
hombre tenía «fufú." y por ello le llamaba talentoso el desbravador de chicos; se carteaba
con altos personajes, se leía de cabo á rabo
los periódicos, y tratábase, á las veces, con diputados arbitristas y con señorones metidos
en el revuelto belén de la política. Itero más:
allá en sus floridas mocedades soltó el pelo de
la d~hesa y aprendió su cacho de latín en el
Seminario Palafoxiano.
Más de un siglo-si las tradiciones no mienten,-imper6 en el pueblo la dinastía de los
López, en cuyas manos habilísimas se mantuvieron siempre las navajas y el cetro de todo poder en Villapaz. Con Malaquías iba á
extinguirse tan ilustre familia; sí, pero se extinguiría gloriosamente, por manera digna de
tan ilustre abolorio y de un pasado tan brillante.
Don Malaquías no era ambicioso ni avariento de riquezas, honores y cargos. En jamás de los jamases quiso ser alcalde, regidor,
tesorero, secretario, juez, ó mayordomo de
cofradías. ¿Para qué? El con sus navajas y
sus tijeras se la pasaba «capulina.,&gt;

nadie decía oxte ni moxt~. El barbero ponía
-¡Bueno estoy-solía decir-para bregar
y deponía alcaldes, regidores y secretarios·
con mis paisanos! ¡Buen geniecito el mío patraía y echaba maestros; residenciaba tesore:
ra que ustedes, ilustres moradores de Villaros; armaba y desbarataba negocios ajenos·
paz, sufrieran mi «gemalidad!" Si algún día
decidía en los asuntos edilicios, y todo si~
( que no llegará nunca) mandara yo aquí, iría
aparecer en escena, desde el telar ó entre basde otro modo la procesión, y todo lo veríamos
tidores, con la purita verba, con vivísima
de otra manera. Sí, señores: metería yo en
charla, mientras el cliente aguardaba el turcintura á todo bicho viviente, me fajaría bien
no, mientras los parroquianos-que lo eran
las bragas, que no las gasto sueltas. y de arricuantos barbados y empelados alentaban en
ba abajo, todos entrarían por el aro, quieras
Villapaz-yacían inermes entre aquellas maque no: desde el cura hasta el campanero;
nos habilísimas, y en aquel sillón forrado de
desde el síndico y el juez hasta Melchor, el
bayeta roja, potro monumental y perdurable,
alguacil, cuyos gatuperios me tengo bien saque, llegado al pueblo en dichoso día, signifibidos! Y ...... ¡vamos á ver! ¿quién estaría concó progres.:&gt; altísimo de la cultura villapaciega.
forme con mi gestión política, administrativa
-Señor don Malaquías...... -llegábase diy social? ¿Quién? ¡Clarinete! ¡Nadie! Así disciendo el normalista-Hace tres meses que no
curro, así pienso yo. Y así se lo «canté," punme da un centavo el Tesorero ...... Voy ... ... y
tual y textualmente, al Gobernador, cuando
me contesta que espere yo; que ya viene la
pasó con los ingenieros y con los ingeniosos,
cosecha del café ... ...... ¡ Y apenas estamos en
y cuando vino con los gringos esos que hicieagosto! ¡Triste suerte la mía! ¡Estudiar tanron el ferrocarril, y ahora quieren aprovechar
tos afios en la Normal, para ...... llegará este
para una fábrica el salto de Comaloapan. El
punto!
Gobernador me dijo: &lt;&lt;Conozco á ustedes muy
-Hablaré con el Alcalde--respondía probien; sé lo que usted vale; es usted un buen
tectoramente el señor don :Mala.quías.
liberal, amigo del adelanto y del progreso, y
Y pronto recibía Bolaños cinco ó seis duros,
puede usted ayudarnos ...... en bien del Muen abono de los sueldos vencidos, durillos que
nicipio y con provecho propio. El Gobierno
necesita de hombres como usted. Villapaz só- . le sacaban ele apuros y le sabían á gloria.
-Don l\falaquías ...... -suplicaba un vecilo de nombre es villa....... Usted puede....... ))
no, Bardales ó Pérez. -¿Sabe usted? ¡Qué in¡Clarinete! ¡Vaya si podía yo, y si puedo! Pejusticia, estando como están los negocios, con
ro dije: ¡Nones! ¡Cada cual en su casa, y Dios
el café tan bajo! l\Ie han subido el derecho de
en la de todos!
patente. Arrégleme usted eso.....
Los viejos de Villapaz, y con ellos cuantos
-Yo me apersonaré con el Síndico. ¡Yate
allí vivían, hasta los extranjeros, declaraban
bajarán la cuota! ¿Qué es eso de cargar lamaque don Malaquías era muy «leído y escribino á las gentes trabajadoras?-respondía el
do;» que era persona sapientísima, con mucha
barbero.
gramática parda, y capaz de cortar un pelo en
Se apersonaba Malaquías con los ediles, con
el aire; que todo entendía, y que metidito en
el Secretario y con el Tesorero, y el quejoso
casa y encerrado en el obrador, tusando peera oído. Rebajábanle la cuota y seguía pa·
lambres y raspando jetas, charlando en la bogando lo mismo que en años anteriores, por
tica ó de plática en el mostrador de Indalecio
más que fuese patente la prosperidad del merBardales ( un hijo de Colindres, con trazas de
cader, y por mucho que el normalista, á pefuturo banquero), era el primer ciudadano de
sar de su ateísmo, estuviese á punto de rezar
Villapaz.
á gritos el padrenuestro en medio de la plar.a,
Como la fronda no S-3 mueve sin la volunun dia de tianguis, y tentadísimo de m~ndar
tad de· Dios, así nada era posible en aquel
al diablo la metodología, dejar los estudios Y
pueblo sin la opinión y el voto de la conspimeterse á predicador, ó lo que es lo mismo, á
cua personalidad barberil. Sabíanlo todos, y

D )mingo 21 de Jt•nio de 1903

Y eso que S. S. I. les mandaba de lo mejorcito que Dios le daba: curas jóvenes y viejos, teólogos y lárragos, mejicanos y ~xtranjeros ¡ cleriguillos guapos como. San Lms Gonzaga, y españoles burdos y reCios que habían
sido curas castrenses ó capellanes de barco.
¡Ni por esas! A poco de llegado al pintoresco
pueblecillo, cátense ustedes capitulado al nuevo cura, por esto, por aquello, ó lo de más
allá, y ...... ¡venga cura nuevo!
..
A no ser por causas de grave re!'ponsab1hdad prelaticia, el Obispo habría dejado sin
párroco á los villapaciegos. Conviene saber
que si la nueva víctima tardaba en llegar más
de ocho días, allá van ocursos al Prelado, y
allá ihan comisiones y delegaciones del pueblo, presididas casi siempre por el mismísimo
don Malaquías.
-Padre Domínguez-dijo cierta vez S. S.
I. á un clérigo de aspecto tímido y bondadoso, muy vivos y brillantes los ojos, mirada
inteligente y finos modales,-he dispuesto que
vaya usted á Villapaz.

•

periodista, para decir al Gobierno cien mil
perrerías y clamar contra aquella política retrógrada y contra aquella administración, que
importaban un anacronismo en las postrimerías del siglo de las luces.
¡Qué excelente y servicial don Malaquías!
Pero ...... ¡cuidado! ¡cuidadito con no tenerle
satisfecho en aquello en que cifraba su vanidad! Dígalo el maeetrito aquel que no regenteó la Escuela arriba de dos meses y medio.
El pedante mozuelo, á poco de tratar á don
Malaquías, '.)On quien tuvo acaloradas discusiones, dejóse decir, cierta noche, ~n un corrillo que el barbero era ...... un «¡ignorante!"
¡M~yor blasfemia no fué proferida, que sepamos, por boca satánica! ¡Nunca hi~iera tal,
mozo tan desdichado! De nada le valieron títulos profesionales, saberes esotéricos y recomendaciones de gente de pro. Alguno de los
oyentes contó el caso, y la «palabrita» fué causa de infortunio para el presumido lenguaraz.
Al saberla don Malaquías, alzó los hombros
desdeñosamente y se engolfó de nuevo en la
lectura de un periódico favorito. Pero, días
después, en cabildo p~eno, dió cuen.ta el Secretario de un memonal muy «punt1comado,
muy lógico y muy enérgico," dirigido al H.
Ayuntamiento por padres y tutores de cuantos niños concurrían á la Escuela. Pedían que
el maestro fuese despedido por inepto, y que
se trajera un profesor competente, de «más
ciencia » de «mejor personalidad," de «mayor
repres:ntación,» y que no viniera á revolver
el pueblo y á difamar á los vecinos.
Entre las firmas de los ocurrentes estaban
las de todos los concejales, de modo que no
hubo discusión y el normalista hubo de ha' día despn és, cargo, con sus
cer la roa.eta un
libracos y sin lograr que le fuesen pagados
sus alca~c~s, tomó camino en busca de tierras
más propicias y cultas.
No faltaban en Villapaz quienes dijeran que
don Malaquías era impío, hereje, protestante
y masón. Los que tales cosas decían no pasa-

Decía de ellos poco; pero eso era suficiente
para que los malaventurados rectores, á poco
de su arribo, tuvieran que tomar el portante.
La parroquia de Villapaz tenía fama. de
pingüe, ¡vaya que sí! como que, según cálculos, podía producir largos tres mil pesos; el
clima era bueno; la casa cural regularcilla; la
región muy rica en aguas regadizas, y el suelo productor de piñas fragantes y de mangos
melifluos.
Todo á pedir de boca; pero los párrocos duraban allí lo que dura en el triste una alegría.
El Obispo, aunque discreto y machucho, no
sabía qué hacer, y la fama del pueblo corría
en proverbio entre la clerecía:
«¿Vas á Villa paz?
Puee ...... pronto volverás."

-Ilustrísimo Señor .... .. -murmuró el sacerdote, repitiendo «in mente» las rimas del
proverbio.
-Sí, irá usted. ¡Ya no sé qué hacer con
esa parroquia! ¡Mucho tino! ¡Mucha prudencia! Y sobre todo, y ante todo: ¡suma caridad!
No hace ni un mes que mandé al P. Gorostegui, y esas buenas gentes ya no le quieren, y
me piden .. .... ¡lo de siempre! otro cura.
-Como V. I. lo ordene-contestó resignado el humilde levita.
-¡Bien!-prosiguió S. S. jugando con su
cruz pectoral -En Venta-Blanca se encontraré usted con el P. Gorostegui. Allí se verán
ustedes, probablemente almorzarán juntos y
él dará informes de aquello. El sitio es muy
pintoresco ...... ¡Ea! ¡A trabajar! ¡Que no fal-

�Domingo 21 de Junio de 1903.

te misa el domingo! ¡Que Dios Nuestro Señor
le acompañe, P. Domínguez!
Entre once y doce de la mañana, se encontraron en Venta-Blanca los clérigos. Almorzaron juntos en el portal6n de la venta.
-¿Qué tal fué en Villapaz?-pregunt6 dulcemente el P. Domínguez.
-¡Pésimamente!-prorrumpi6 el español.
-¡Pardiobre! ¿Sabéis que he sido capellán de
tropa? ¿Sí? Pues ni esa gentualla me di6 más
guerra! ¡Y, gu:i.rda Pablo, que eso sí que es
canela, y de la fina! Aquello no puede ser
peor. ..... en cuanto al modo de ser, vamos!
Y cuenta que las gentes son piadosas, dulces,
amables. Cuanto á costumbres...... ¡Pecadores! ¡Pecadores! ¡Hijos de Adán y Eva! ¿La
feligresía? Corta y con buenos caminos. ¿El
curato? Productivo. ¿La casa? Buena. Pero,
ya sabéis:
En Villapaz, si vas,
no durarás.

•

-Pues, entonces, compañero, dígame: ¡por
qué no permanecen los curas en ese pueblo'?
--¡Bah!-exclam6 estupendamente Gorostegui-¡Bah! ¡Tonterías!
-¿Cuáles son ellas?
-A ello voy.
-Oigamos ...... oigamos.
-Allí nadie va al templo, como no sean
tres 6 cuatro vejezuelas, la santera, que casi lo
es, el sacristán, el organista, el cantor y los
monagos.
-¿Pues no me decía usted, hace poco, que
los de Villa paz son piadosos?

EL MUNDO ILUSTRADO

-Como piadosos ..... . lo son!
-Pues entonces no me explico.
-Oídme.
-Atento estoy.
Acomod6se en el banco el P. Domínguez,
repantig6se en su tosco sillón el P. Gorostegui, y habl6 así:
-Son creyentes y piadosos. Ni la enseñanza laica ni los periódicos han sido parte á debilitar allí la piedad y la fe. ¡Si á las veces
me ha parecido aquello, salva la naturaleza
tropical, como remedo 6 trasunto de algún
pueblo encartado!
-Pues no acierto á comprender.
-Habéis de saber que hay allí un raspabarbas llamado Malaquías, tenido en opini6n
de sabio. ¡Bllfm pez! Acúsanle de impío, hereje y carbon&amp;rio; mas tengo para mí que le
calumnian la santera y los dos barberos enemigos del Malaquías. ¡Buena pareja!
El barbero paréceme hombre de bien, y de
los muy listos. No ea rana, y maneja á todo
el pueblo como .Maese Pedro sus títeres. Quise conquistármele, pero ya era tarde! Cuentan
que algo sabe; que hizo estudios de gramática en no sé qué seminario, y se tiene por fuerte en varias disciplinas. Pienso y creo que el
barbero ese es el menos borrico de todo el pueblo. ¿Os dije que intenté atraérmele? ¡Bien!
Pues era tarde. Es ~l caso que ......... llegáis,
mandáis al campanero que anuncie serm6u,
llaman á tal, la iglesia se llena, viene todo el
mundo ...... Malaquías «in cápite.&gt;, ¡Pardiobre! ¡Ni con la elocuencia de cien Crisóstomos,
mil Ambrosios y cien mil Agustinos, 1-'aca-

•
ríais fruto! Subís al púlpito, ponéis el texto
decís: «capítulo cuarto, versículo sexto» (lo~
que !ueren), y tenéis . delante al Malaquías,
pendiente de vos y haciendo señas de que no
aprueba lo que habéis dicho. Luego despuéfl
á la salida, allá se va de corro en corro, d¿
casa en casa, de taberna en taberna diciendo
y repitiendo que el cura es un ignor~nte; que,
como á todos consta, no sabe más que hH1&lt;ta

•

EL MUNDO ILUSTRADO

r?:1 bcSW 1__ -

Domingo 21 de Junio de 1903.

-«Hermanos míos: ¡Es infinita y portentosa la sabiduría de Dios Nuestro Señor ...... »

*
Hace más de diez años que el P. Domínguez es cura de Villapaz. Allí le tienes, lector
paciente, de enero á enero; allí vive querido,
respetado y muy contento de sus feligreses.
A menos que le hagan canónigo, que no le
harán, porque donde está es más útil, allí se
dormirá plácidamente en el Señor, y allí le
darán los villapaciegos cariñoso sepulcro.
Don Malaquías, ya muy viejo y lleno de
achaques, vive también allí, quiere mucho á
su párroco, le admira, le aplaude y le venera;
es jefe de los Claveros del Santísimo, preside
la Conferencia de San Vicente de Paul, se pasa la velada en la casa cural en amable tertulia, y sigue sosteniendo en sus manos trémulas y torpes, pero fuertes aún, el cetro del poder en el pueblo dichoso de Villapaz.

.-.

RAFAEL DELGAOO.

El Jllbum dt fiidalgo.
Publicamos hoy dos páginas del álbum de
Hidalgo á que hicimos referencia en nuestro
número anterior, y en las cuales se ven los autógrafos de los señores General Díaz y General don Mariano Escobedo.
El álbum, como dijimos, va á ser remitido
pr6ximamente al Museo Nacional, á fin de
que se conserve allí juntamente con los objetos que pertenecieron al Padre de la Independencia.

•
Novillada en Tlálpam.

~ .._/4...,_,.,.;;,---r

~~~_.=&gt;

P~

u::::::::::::::.r

12L..L,.,

ALBUM DE HIDALGO.-Aut6grafo del Sr. Gral. Diaz.

el «capítulo cuarto y hasta el versículo sexto.»
Le creen cuanto dice, y lo~ pobres rústicos y
las personas sencillas, que piensan que un cura debe ser un Santo Tomás de Aquino, no
vuelven al templo, como no sea para cristianar muñecos, para casarse 6 hacerse infelices,
que todo es uno, 6 á pedir responsos para sus
difuntos. Y no sé c6mo, porque allí no se
muere nadie! ¿A misa? El domingo, y eso....
uno, dos, tres ...... y paremos de contar! ¿Dijo el Malaquías que erais ignorante? No hay
remedio: nadie quiere oír la divina palabra.
Y en seguida: al Obispo: que mande otro párroco.
Termin6 el almuerzo, despidiéronse los clérigos, y caballeros en sendas mulae, seguido
cada cual de su espolique, echaron por caminos opuestos.
Sábado por la tarde, á tiempo que la campana mayor de Villapaz, una campana muy
sonora-orgullo y amor de los villapaciegos,
-convocaba al sermón, tres 6 cuatro vecinos
fueron á la barbería de L6pez.
-¡Conque tenemos nuevo cural
-Que será como todos ...... ¡El gran ignorante!
-¿Va usted á oírlo?
-¡Clarinete! Vamos, pues.
Don Málaquias tom6 el sombrero- un
fieltro pringoso,-arm6se de bast6n, cerr6 la
puerta del «establecimiento,&gt;, y en paso muy
gravedoso, charla que te charla por el camino,
se fué á la iglesia con la compaña.
Lleno estaba el templo. A no ser tanta y
tan grande la popularidad de Malaqufas, trabajos tuviera éste para ganar el sitio que había de ocupar con su persona en circunstancia
como aquélla.

ALBUM DE HIDALGO.-Aut6grafo del Sr. Gral. Escobedo.

Son6 la hora en el cascado reloj de la sacristía y el buen P. Domínguez, revestido con
roque~ lujoso, baja la mirada, el andar modesto las manos juntas sobre el pecho, apareci6 'en el presbiterio. Qr6 breve espacio, de
rodillas delante del altar, y lentamente, precedido de dos monacillos, dirigióse al púlpito.
Más de mil miradas estaban fijas en el párroco, el cual se santigu6, hizo al Sacramento
la reverencia debida, se cal6 el bonete, y volviéndose á la pilastra frontera, descubrió, 6
crey6 descubrir, por las señas que le habían
dado el sacristán y la santera, al famoso don
Malaquías, el susodicho pez.
. ,
Tras pausa prolongada, q~e. avivo en los
presentes el interés y la cur10sidad, en alta
voz, con acento clarísimo dijo el texto:
-«In verbo autem laxabo rete.»
Y tradujo:
-ccNo obstante, en tu nombre echaré la
red.»
Detúvose y agreg6:
-Palabras tomadas del Santo Evangelio de
San Lacas. «Capítulo: cinco millones, trescientos cuarenta v tres mil, setecientos noventa y nueve. Ve;sículo: cinco millones, doscientos treinta y tres mil, quinientos catorce. i,
Volviéronse todos á verá don Malaquías,
en cuyo rostro se manifestaba extraordinario
asombro.
¡Qué de interrogaciones en todas las pupilas! ¡Qué de frases admirativas en todos los
labios!
-¡Este síl-exclam6 el barbero, olvidándose del respeto debido á la casa de Dios, en

momentos en que el P. Domínguez daba comienzo á su sermón en estos términos:

Como un recuerdo de la novillada que se
efectu6 el 11 del corriente en Tlálpam, reproducimos una fotografía en que aparecen las
reinas que presidieron la fiesta y los aficionados que tomaron parte en la lidia. Forman el
grupo de ccsoberanas,» las hermosas Sritas. María Margáin, Enriqueta de la Garza, Luz Sagaceta, Mercedes D. Fernández, Refugio Zúñiga,
Ana Rovalo, Guadalupe Collantes y Paz Segovia, y el de aficionados, los jóvenes Fernando Zúñi~a, José Agüeros, Guillermo Landa y
Osio, Salvador Diego Fernández, Agustín
Agüeros, Julián Fernández, Enrique Buenrostro, Luis Zamora, Luis Agüeros, y doctor
de plaza, .José Arroyo.

NOVILLADA EN TLALPAM.-Grupo de reinas y aficionados.

•

��Domingo 21 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

..,

Guadalaja,ra,, á, 18 de mayo de 1903.
Sres. JORGE UNNA y CO.---San Luis Potosí.
Muy señores míos y amigos:
1eniendo que a,muebfar y decorar los principales departamentos de mi nueva, casa,, me_~irigí
á, ustedes encargándoles la, obra total, dejando todos los detalles á, su buena fe y honorabil1dad.

Domingo 21 de Junio de 1903.

·,

..~~.t·',.. ,,

Ahoz-a, que tengo todo en mi poder, no puedo menos que aanes mis plácemes por el excelente gasto y la, bue11:a, construcción quetemplearon ustedes en todas sus manufacturas, y me felicito po1·
la, buena, elección que hice de su casa, para, este objeto
Pueden ustedes conta,r siempre con mi recomendación y de preferirlos para lo que se me
ofrezca, en lo futuro.
De ustedes ufectísimo bJtento amigo y S. S.-]ost tutroo (firma,do.)

�CARTA A LAS DAMAS

"Señoras: el mayor realce de la belleza es un cutis fresco y limpio :
Cuando una dama conserva el cutis
suave, nl'.tido y lozano, cautiva siempre, y, sus encantos son imperdurables, sea cual fuere su edad.
Con el uso de la "AGUA TROPICAL" obtendréis una belleza imborrable y disminuiréis la edad, que es
todo lo que puede des~arse. Un par
de frascos bastan para convencerse de
esa verdad." Jeany W. Groshs.
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Los pedidos á. A. E. Betancourt.

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Cur a el 98 por ciento de los enfermos del E STOMAGO E INTESTINOS
ra dicalmente por crónicas y rebeldes
que sean sus dolencias, esto lo conftr.
man las eminencias médicas del mundo, y la fama adquirida por este ELI-

DE sA1z DE CARLOS ~ I!a T~i A~NTA EN DROGUERIAS

-----------------------·---

EL MUNDO ILUSTRADO
lNO X-TOMO 1-NUM. 26

Ml:XICO, JUNIO 21 Df 1903.

Dlr edor: LIC. RAl'AU Rfl'lS SPINDOLA

Cif'r P.ntP: LUl!I Rfl'f&amp; &amp;PINDOI 4

TOMEN VINO SAN GERMAN.
ASMA
OPRESION
CATARRO
CUliC ON pronta y aaegurada con lo

pnt,os anfiasmattcoaG ªM BfER
11
COQUELUCHE

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Siglo XVIII</text>
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                <text>Siglo XIX</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>CARTA A LAS DAMAS

"Señoras: el mayor realce de la belleza es un cutis fresco y limpio :
Cuando una dama conserva el cutis
suave, nl'.tido y lozano, cautiva siempre, y, sus encantos son imperdurables, sea cual fuere su edad.
Con el uso de la "AGUA TROPICAL" obtendréis una belleza imborrable y disminuiréis la edad, que es
todo lo que puede des~arse. Un par
de frascos bastan para convencerse de
esa verdad." Jeany W. Groshs.
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Los pedidos á. A. E. Betancourt.

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ECES.

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Cur a el 98 por ciento de los enfermos del E STOMAGO E INTESTINOS
ra dicalmente por crónicas y rebeldes
que sean sus dolencias, esto lo conftr.
man las eminencias médicas del mundo, y la fama adquirida por este ELI-

DE sA1z DE CARLOS ~ I!a T~i A~NTA EN DROGUERIAS

-----------------------·---

EL MUNDO ILUSTRADO
lNO X-TOMO 1-NUM. 26

Ml:XICO, JUNIO 21 Df 1903.

Dlr edor: LIC. RAl'AU Rfl'lS SPINDOLA

Cif'r P.ntP: LUl!I Rfl'f&amp; &amp;PINDOI 4

TOMEN VINO SAN GERMAN.
ASMA
OPRESION
CATARRO
CUliC ON pronta y aaegurada con lo

pnt,os anfiasmattcoaG ªM BfER
11
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�Domingo 21! de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

LA IDEA LIBERAL.

La naturaleza vive de transacciones, de
transiciones y conciliaciones: imitémosla.
D' EsTOURNELLES DE CoNSTANT.

Después de algunos años de absoluta inacción los liberales mexicanos acaban de dar,
en ~na serie de asambleas interesantísimas,
sefiales inequívocas de que la idea liberal no
se ha extinguido en México; sino que vive latente, más difundida que nunca, y pronta á
entrar en acción en el momento mismo en que
los intereses del país lo hagan necei:ario.
Este resurgimiento ha sido una revelación
para todos, no solamente porque ha hecho indudable la reorganización del partido liberal
y ha dejado ver cuál sería, en ese caso necesario la magnitud del esfuerzo que desarrollara 'ese partido á quien cabe la gloria de haber ::ialvado á la Patria, más de una vez; sino
que también ha sorprendido, porque hemos
visto palpablemente la evolución benéfica que
la paz ha impreso á la idea liberal en México.
No es ya el partido liberal-ni podría serlo-el de exaltadas ideal', el grupo de videntes fanáticos que en otro tiempo, con la mirada fija en un ideal imposible de realizarse,
emprendía la jornada á través del dP;sierto,
sufriendo miserias, á veces derrotado, á veces
vencedor; siempre firme, implacable, tenaz,
marchando de frente á la conquista de principios, en los que cifraba ciegamente la salvación de la patria.
Aquella cohorte de fanáticos estaba llena de
heroísmos sublimes y de odios sangrientos:
acometida á cada paso, humillada y escarnecida, cuando la fortuna se ponía de parte de
sus enemigos, usaba &lt;le la ley de las represalias y en virtud de ella, junto á cada cadalso
solía levantar un cadalso; y frente á cada crimen solía dejar un reguero de sangre.
El liberal que hemos visto surgir en estos
días, ha sufrido una transformación. No en
vano pasan lustros de paz y de progreso; no
en vano los hechos vienen, en el ·curso de los
afios, á rectificar principios, á desvanecer en_suefios y á consagrar las verdades.
E l liberal de estos tiempos no tiene más que
un odio: á la anarquía; no ,defiende más
que un principio: el del orden dentro de la
ley. El liberal de hoy no quiere imperar como único soberano sobre un pueblo inh&amp;bil
para contrarrestar de algún modo aquella fuerza; quiere la lucha, pacífica, dentro del orden
institucional; quiere que los grupos sociales se
organicen y que así como tienen sus intereses
económicos especiales á cada uno, tengan
igualmente sus intereses políticos y los defiendan.
El liberal mexicano moderno quiere la paz
como resultante necesaria de fuerzas que obran
en sentidos diversos y con diveisas intensidades; pero siempre dentro de una órbita marcada por una ley, por cualquieraJey; pero que
sea la Ley.
Estos principios, lanzados ya como el programa actual del partido liberal, han encontrado entueiasta acogida por todos aquellos
que creen sinceramente en que hemos llegado
á un período de nuestra existencia en que 8e
hace indispensable organizarnos definitivamente en la forma de una sociedad civilizada;
por todos aquellos que tienen fe en los destinos de la patria, y están convencidos de que
la paz y el progreso de que hemos disfrutado
en este cuarto de siglo, no han sido una pausa, ni han sido un paréntesis, no han sido un
desmayo pasajero, sino el principio de nuestra vida de civilización.
Por esto las manifestaciones políticas efectuadas en estos días, á propósito de los trabajos electorales, han tenido gran resonancia en
todo el país, y seguramente darán frutos beneficiosos para la Patria.
~r. .Cuis .Cara y }'ardo.

*
Para agradar á los demás, es menester hablar poco de L.&gt; que á nosotros nos interesa y
mucho de lo que les afecta á ellos.
V ALERY-RADOT.

Cutntos dtl trabajo.
JUAN
Pasando por aquel cuarto obscuro, desconchado, en donde el negro de los manchones de
tinta de imprenta hacía sombra en la sombra, las pupilas se abrían en toda su Amplitud
para poner en guardia de algún peligro; los
pies vacilaban para afirmar el paso; se tendían
las manos para tropezar con el obstáculo.
Pasábase cerca de la amiga-la buena amiga que nos ayudaba á ganar el pan y la gloria: una máquina que imprimía periódicos;pero los ojos no podían advertir los contnrnos,
las ruedas con dientes, las palancas poderosas
que con s6lo un ligero abatimiento contenían
la impetuosidad asombrosa de aquel vértigo
de acciones; pasábai&lt;e cerca, muy cerca de la
amiga confinada al rincón obscuro, y sólo una
voz rompía el rumor de nuestros pasos:
-¡Cnidadol. .. ¡cuidado! no se trompiecen,
jefes.
Era Juan el que daba esa advertencia.
Juan fué un muchacho bueno: llegó á la
cai&lt;a una madrugada muy fría; quiso trabajo
y se le dió una escoba para que barriera la calle; después fué el guardián de una puerta;
luego cuidó los tornillos trasroscados de una
máquina vieja, y después de este «luego,, pasó
muchas auroras embriagándose con el ruidal
de la flamante prensa del diario de la mañana, poniendo aceite donde se le mandaba, pasando trapos sobre los rodillos de fierro, atornillando y destornillando, dedeándose la
frente, al quitarse el sudor, basta dejarla pintada, con la tinta del trabajo, una corona que
los pensadores predican y que para sí han
deseado en el reino demócrata del obrero.
Juan era un enclenque de tez bruna, tenía
por mejor traje un pantalón azul, que por delante se le trepaba hasta las axilas, sobre una
camisola negra, y por detrRs le quedaban colgados en los pies de una X formada por las
cintas de unos tirantes de color indefinible.
Usaba cachucha, ó para mejor decir, una cachucha usaba su cabeza á guisa de perchero
que la casualidad le ofrecía. No era fácil ver
que aquel casquete de trapo mugriento sedesprendiera de la testa aguda de nuestro Juan.
Acaso, en at¡uellas horas de la madrugada,
cuando el movimiento de la máquina se antojaba la disforme convul::iión de un monstruo
de mil miembros, el muchacho tiraba la cachucha al rincón, como si la creyera un obstáculo para recibir todo el ambiente de trabajo que exhalaba la montaña de fierros combinados. Y si ocurría algún incidente, si se reventaba la tira de papel continuo ó si se hacía
necesario alimentar el sistema de entintadores,
Juan empuñaba la palanca interruptora y tiraba de ella con suavidad cariñosa, y las ruedas y las flechas interrumpían su vértigo, el
monstruo descansaba y el dominador se ponía
á acariciar el hierro luciente y tibio de los volantes.
Juan, en esos momentos, se sentía poderoso.
Era el rey del trabajo; era el átomo activo en
el gran todo ...
Terminada la labor, cuando apenas el alba
volvía la frente al caserío, el maquinista redoblaba sus actividades; limpiaba la secreción
de las tuercas, volvía flamante la tersura de
los cilindros, evitaba la tensi6n de las bandas,
y después, en la más plácida de las dichas,
iba á tirarse sobre un montón de papel inútil;
á descansar, á soñar un momento con no sé
qué clase de sueños humildes que traducían
gratitud para la vida, para la adorada y tremenda lucha.

Domingo 28 de Junio de 1903.

***
Juan preparaba cierta noche su máquina y
queriendo probar si ya estaba dispuesto' la
puso en movimiento. La acción comenz6
ciendo estremecer los muros desconchados,
dejó oírse el ruido que al maquinista le producía voluptuosidades; en la sala de redacción
se trazaron de prisa los renglones de la noticia de última hora; las máquinas de formaci6b
activaron el trabajo; el repique del plomo de
las letras en el componedor, se oía como el baile de una granizada sobre un techo de cristales.
Juan había dado el ¡alerta!
De pronto un gran grito, un grito desgarrador, puso en movimiento á todos los operarios. Había salido de aquel cuarto negro donde estaba la máquina impresora ...

ha-

·············································· ·············
¡Tremenda confusión l. ..
....Juan, tendido en el suelo, junto al vértigo de los engranajes, no daba señales de vida:
su hombro derecho era un manantial de
sangre, y allá, entre los rodillos, se veía un
brazo espantosamente triturado.
En los semblantes se leía horror; ces6 todo
ruido; las impresiones se cambiaban en vos
baja ...
-¡Un médico!
Era imposible salvar al pobre Juan, su máquina-su querida compafiera -lo había sacrificado.
El facultativo orden6 llevar á la victima á
un sitio blando é inmediato; eligióse el montón de papeles inútiles donde Juan pasaba 8118
contadas horas de sueño.
-¡Es imposible!-dijo el médico después
de examinar la berida,-morirá dentro de unas
horas. Hagamos un esfuerzo ...
Los medicamentos lograron que Juan vol-

cCa eo,¡vención _;Yacional cCiberal.
La Convenci6n Nacional Liberal, formada,
como se sabe, por los delegados de los comités
constituidos en las diversas entidades federativas de la República, conforme á las bases de
la Unión Liberal, se reunió por primera vez
en la Cámara de Diputados, el día 19 delco~
rriente.
Mas de ciento setenta delegados, entre propietarios y suplentes, concurrieron á la junta,
estando por ellos representados veintiocho
comités locales: veinticinco establecidos en
igual número de Estados, uno en el Distrito
Federal, y dos en los territorios de Tepic y Baja California. La sesi6n fué presidida por el
¡;efior Diputado don Triuidad García, acompañándole en la, plataforma de honor los señores Vicepresidente Gabriel Mancera, y Secretarios Emeterio de la Garza, jr., Ramón Prida, Ernesto Chavero y Daniel García.
El discurso de bienvenida, encomendado al
señor Licenciado don Pablo Macedo, y que ya
conocen, indudablemente, nuestros lectores
por haberlo publicado íntegro «El Imparcial,»
fué escuchado con positivo interés por los concurrentes y muy aplaudido.

***
La Mesa definitiva de la Convención i,e nombró en la junta efectuada el 20, por la noche,
resultando electos: el señor General Jerónimo
Treviño, Presidente; el señor General Jesús
Aréchiga, Vicepresidente; y los señores Lice.1ciado Miguel S. Macedo, Licenciado Eme-

brándose después al sefior Mancera como presidente, y á un grupo formado por dos deleg~dos de cada uno de los Estados, para participar al supremo mandatario la elección que
acababa de hacerse e11 su favor. Los comisionados fueron recibidos por el señor Presidente
el lunes en la tarde, en el Salón Amarillo de
Palacio. :í!.:l discurso que el señor Mancera dirigió al señor General Díaz, fué contestado
p~r el Primer Magistrado en los siguientes térmmos:
«Señores Delegados:
La primera y más alta entre las distinciones que pueden conferirse á un ciudadano en
los puebloia constituidos bajo la forma republicana representativa popular, t:.s la designación previa y solemne por sus compatriotas
para Jefe Supremo del Poder Público, ya sea
que llegue ó no á ejercerlo. Tal es, señores delegados, la honra que por vuestra benévola
mediación me prodigan vuestros generosos delegantes; y como si no fuera tan grande, como
es inmerecida por mi parte, han tratado de
magnificarla con manifestaciones públicas en
todo el territorio nacional. Yo la contemplo,
la aprecio en toda su magnitud, y la agradeceré mientras viva, con el mayor y más cordial reconocimiento de que soy capaz, sin que
esto sea motivo para suponer que yo también
opino en favor de mi candidatura, pues aunque mo siento poseído de nobles y grandes
ambiciones patrióticas y con todo el humano orgullo que es natural en casos como

Sr. General Jerónimo Treviño,
(De un retrato antiguo)

el mío, no me parece que un hombre bien
entrado ya á la edad en que todos los pueblos
civilizados jubilan á sus servidores, sea el más
á prop6sito para dirigir la marcha progresiva
de una Naci6n joven y briosa que con varonil
resolución é impulso creciente, se lanza á la
obra de su rehabilitación y engrandecimiento
al sentirse libre de las calamidades que duran~ más de medio siglo le impidieran armomzar sus poderosas fuerzas vitales· pero
entiéndase bien que al confesarme poc~ adecu~do para_ la di~ección a~ministrativa y política de m1 Patr1a, no le mego los últimos servicios que aún pudiera prestarle; con mucha
pena le denuncio mi deficiencia, porque así
me parece debido y oportuno, ahora que aún
no ha formulado legalmente su soberano mandato; pero siempre listo para acatar con todo
respeto los que tenga á bien imponerme·
q_ue para. eso le be pertenecido y le pertenezc~
sm reserva. »
Al concluir su corta, pero interesantísima
alocución, el sefior Presidentefué ovacionado.

*

viera en sí; pero al transcurso de poco tiempo,
una fiebre intensa se apoderó del paciente.
Y en angustioso delirio decía medio incorporándose sobre el brazo izquierdo y mirando
con ojos tremendamente abiertos á la máquina
inmóvil :
-¡Nadie!. .. nadie la tiente ... ¡qué hermosa esl. .. ¡me di6 de comer!. .. mañana la haré
trabajar mejor ... ¡ohl. .. ¡que no la muevan! ...
¡¡es míal! ... ¡mía!. .. mía ...
Luego un rato de iaomnolencia.
¡Qué triste el trabajo de aquella noche!

***
Llegó su turno á la máquina que imprimía,
y un aprendiz substituyó á Juan en la faena.
La balumba estremeció los muros desconchados del cuarto y el pobre herido abri6 los
ojos para ver en derredor, con la pena de la
desesperación impotente. Alguna¡¡ palabras
hicieron esfuerzos por salirle de los labios: tal
vez hayan sido súplica, tal vez maldici6n.
Juan murió cuando el primer grito del ra·
paz vendedor del periódico se escucb6 en la
calle casi desierta, apenas tocada por el recla·
mo nácar de la aurora.
LUIS FRÍAS FERNÁNDEZ,

Los delegados á la Convención recibidos el dia • 22 por el Sr. Presidente.

terio de la Garza, Juan P: M. Camou y Licenciado Luis Manuel Rojas, Secretarios. La designación del candidato del partido liberal
mexicano para la Presidencia de la República
en el próximo período constitucional, se hizo
en la sesión del domingo último, apoyando la
candidatura del señor General don Porfirio
Díaz en nombre de algunas delegaciones que
' •de los comités que representaban,
tenían,
mandato expreso de votar por el ilustre goberuante, el señor Ingeniero don Francisco
Bulnes. La notable pieza oratoria del señor
Bulnes caus6 profunda impresión entre las
numerosas personas que ocupaban las tribunas de los diputados Y. las galerías, y fué varias veces interrumpida por prolongados aplausos. Muchas fueron las felicitaciones que el
orado,r recibió, al terminar, de sus amigos y
admiradores.
A propuesta del señor Licenciado Ro~endo
Pineda, los delegados eligieron su candidato,
por aclamación, al señor General Díaz, nom-

* * los delegados fueron
El{martes por la noche
obsequiados por los miembros del comité localdel Distrito con un banquete que se efectu6
en Chapultepec. El sefior Licenciado don
Joaquín D. Casasús pronunció un hermoso y
correcto brindi~, para ofrecer el banquete, hablando en seguida, á nombre de las Delegaciones, el sefior Licenciado don Carlos Robles.
Ambos ◊radores fueron muy aplaudidos.

Los delegados saliendo de Palacio.

�Domingo 28 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

,.

J1

ca misa dt las Sombras.
He aquí lo qu,1 el sacristán de la iglesia de
Santa Eulalia, en Neuville d' Aumond, me refirió una hermosa noche de verano, bebiéndo11e bajo el emparrado del «Caballo Blancoi, una
botella de vino á la salud de un muerto á
quien había enterrado pomposamente aquella
mafiana cubierto su ataúd con un pafio negro, tachonado de grandes lágrimas. de ¡-lata.
«Mi difunto padre- habla el sacr1stán-fué
sepultt:rero, como yo. Tenía el genio alegre;
lo cual era, indudablemente, efecto de su profesión; pues se ha obs~rvado qu~ c~a.ntos trabajan en los cementer10s son de Jovial humor.
No les asusta la idea de la muerte, ni piensan

jamás en ella. Yo mii;mo, señor, entro en el
camposanto de noche con la misma tranquilidad que aquí; y si por casualidad me tropiezo
con un alma del otro mundo, no me inquieto
por ello, considerando que muy bien puede ir
á sus asuntos, como yo á los míos. Conozco
al dedillo las costumbres de los muertos y su
carácter. Sé, respecto á este punto, cosas que
los mismos curi..s ignoran; y si contase todo lo
que he visto, os quedaríais asombrado. Pero
no todas las verdades pueden fácilmente decirse; y mi padre, gran aficionado á narrar
historias, no reveló, seguramente, la vigésima
parte de lo que sabía. Fn desquite, solía repe-

tir con frecuencia los mismos relatoF, y contb
cien veces, que yo sepa, la. aventura de Catalina
Fon ta.in e.
«Catalina Fontaine era una solterona. Íl
quien él recordaba. haber visto f&lt;iendo niñ~.
No me extrañaría que hubiese aún en ~I paui
hasta tres ancianos que recuerden tam b1én haber oído hablar ~ e Catalina, pues era muy c~nocida y bien reputada, aunquP. pobre. Ilabitaba al final de la calle de las Monjas, en la
torrecilla que podéis toclavía ver, y qu~ pertenece á un antiguo palacio medio arrm~ado
que está enfrente del jardín rle las Ur~ulm~s.
Hay en la torrecilla varias figuras é mscrip-

cíones medio borradas por el tiempo. El ·difunto párroco de Santa Eulalia, ~l. Levasseur
afirmaba que una de éstas dice en latín: qu~
"el amor es más fuerte que la muerte.i «Lo
cual debe entenderse-añadía-del amor divino."
«Catalina Fontaine vivía sola en aquella ca¡:ita. Era encajera. Ya sabéis que los encajes
de por aquí eran antiguamente famosos. No
se le conocían ni parientes ni amigos. Decíase que á la edad de dieciocho años había amado al joven caballero de Aumont-Cléry, con
quien se llegó á desposar en secreto; pero las
personas de .,ien no creían una palabra de todo ello, y decían que eso era un cuento ideado porque Catalina Fontaine tenía más trazas
de dama que de ohrera; porque andaba triste
de continuo, y porque llevaba en el dedo del
eoraz6n uno de esos :millos en que el artífice
ha puesto dos manos enlazadaF, y que los prometidos Cllmbiaban entre sí en el acto del desposorio. Ahora sabréis lo que había de verdad
en todo ello.
«Catalina Fontaine vivía santamente. Frecuenta.ha mucho las iglesias, y en todo tiempo oía la misa de S!'is en Santa Eulalia.
«Pues señor ..... En cierta noche de diciembre, cuando reposaba tranquilamente en su
alcoba, fué súbitamente def-pertada por el toque de las campanas. No dudando que la llamaban á la misa de alba, la piadosa mujer se
vistió apresuradamente y bajó á la calle, donde tan obscura era la. noche, qne no se veía ni
las casas, ni se vislumbraba la menor claridad
en el sombrío cielo. Ki el más leve rumor turbaba el silencio dP aquellas tinieblas, y sentíase uno allí separado de toda criatura viviente. Pero Catalina Fontaine, que conocía cada
una de las piedras en que sentaba el pie, y que
hubiese podido irá la iglesia con los ojos vendados, llegó sin dificultad hasta la encrucijada de las calles de la Parroquia y de las l\Ionjas. Una vez allí, vió que las puertas de la
iglesia estaban de par en par abiertas, y que
salía por ellas un vivísimo resplan-..or de cirios. Siguió adelante, y al franquear el pórtico, se encontró en medio de una asamblea tan
numerosa, que materialmente llenaba el templo. No reconoció á ninguno -le los presentes,

y sorprendíale ver á todas aquellas gentes vestidas de terciopelo y de brocado, con plumas
en el sombrero y ciñendo la espada al uso de
los antiguos tiempos. Había allí buen número de señores que se apoyaban en largos bastones con puño de oro, y muchas damas que
ostentaban cofias de encaje, prendidas con un
peinecillo en forma de diadema. Caballeros
de San Luis daban la mano á aquellas damas,
que recataban detrás dP-1 abanico el pintado
rostro. del cual no se veía más que la sien empolvada y una mosca en el lagrimal. Todos se
dirigían á su puesto sin hacer el más leve ruido, din que se percihiera el rumor de sus pasos sobre las losaa, ni el rozamiento de las faJ.
das. En las naves laterales del templo multitud de j6venes artesanos que vestían chaqueta
obscura, pantalones &lt;le bombasí y medias azule!-, cogían por el talle á otras tan tas muc:hachas muy lindas y f-Onrosadas que bajaban
pudorosamente la vista. Junto á las pilas de
agua bendita, sentábanse en el suelo, con la
tranquilidad de los animales domésticos, las
aldeanas de zagalejo encarnado y 11.pretado
corpiño, mientras sus novios, con el traje de
los días de fiesta, permanecían de pie detrás
de ellas, haciendo girar entre las manos el flamante sombrero. Todas aquellas fisonomías
silencio~as parecían eternizadas en el mismo
pensamiento, dulce y triste. Arrodillada en su
lugar acostumbrado, Catalina Fontaine vió
adelantarse hacia el altar al oficiante, precedido por los diáconos. No reconoci6 tampoco
á ninguno de ellos. Dió principio la misa,
muda ceremonia, en la que ni se oía el murmullo de los labios que oraban, ni el tintineo
rle la campanilla vagamente agitada. Catalina
Fontaine sentíase bajo la influencia y las miradas de su misterioso vecino, y habiéndole
examinado sin volver casi la cabeza, le reconoció por el joven caballero de Aumont-Cléry,
que la había amado, y muerto hacía cuarenta
y cinco añoE. Y le reconoci6 por una señal
imperceptible que tenía debajo de la oreja
izquierda y, especialmente, por la sombra que
sus largas pestañas negras proyectaban sobre
sus mejillas. Vestía el mismo traje de caza,
rojo, con galones de oro, que llevaba el día
aquel en que, habiéndola encontrado P.n E'l

Domingo 28 de Junio de 1903.

bosque de San Leonardo, pidiérale agua primeramente y después l.!!1 beso. Conservaba
aún su juventud y su bella apostura. Todavía
mostraba al sonreír sus dientes de lobezno.
Catalina le interpeló en voz baja:
«-Monseñor, que fuisteis mi amigo y á quien
dí en otros tiempos lo que una joven guarda
en mayor estima, ¡Dios os tenga en su santa
gloria! _Quiera El insp~rarme, por fin, que me
arrepienta del pecado que cometí con vos,
porque lo cierto es que, con loR cabellos blancos y próxima ó morir, no me pesa aún de haberos amado. tero, amigo mío difunto, mi
hermoso señor, decidme: ¿quiénes son estas
personas vestidas á la usanza antigua que oyen
aquí esta misa silenciosa?
«El caballero de Aumont-Cléry rei::pondióle
con una voz más débil que un suspiro y, sin
embargo, más clara que el cristal:
«-Catalina, estos hombres y estas mujeres
son ánimas del purgatorio que ofendieron á
Dioe, pecando como nosotros, por amor á las
criaturas; pero que no han sido, á pesar de ello,
rechazadas por el Señor, puesto que su pecado fué, como el nuestro, sin malicia.
«:\Iientras separadas de los que amaron en
la tierra, se purifican en el fu¡,go lustral del
purgatorio, sufren los males de la ausencia, y
este padecer es para ellas el más cruel de todos. Tan desgraciadas son, que un ángel del
cielo se ha compadecido de sus penas de amor
y, con la venia de Dios, reúne todos los años,
durante una hora de la noche, al amigo y la
amiga en su propia iglesia parroquial, en
donde se leR permite oír la misa de las sombras cogidos de la mano. Tal es la verdad, y
si hoy me es dado verte aquí, Catalina, antes
de tu muerte, cosa es que no se habrá realizado sin conocimiento del Señor.
«A esto repuso Catalina Fontaine:
«-JAyl Querría morir para volverme hermosa, como en los dfas, mi difunto señor y
dueño, en que te daba de beber en el bosque.
«Mientras hablaban así en voz baja un ca,
nónigo muy viejecito hacía la colecta,' presentando á los circunstantes una gran bandeja de
cobre, sobre la cual dejaban ellos caer monedas antiguas que ya no circulaban hacía muchos años: escudos de seis libras, ducados,

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 28 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

i

\ J

Banquete á. los Delegados á. la Convención Nacional Liberal.-Aspecto del salón.

florines, jacohos, nobles... Y las piezas caían
en silencio. Cuando le ofrecieron la bandeja.
el caballero arroj6 en ella un luiR que, al igual
de las otras monedas de oro y plata, no produjo el menor ruido.
_
«DespuPs se par6 el anciano can6nigo ante
Catalina Fontaine, la cual púsose á rebuscar
en su faltriquera, sin encontrar un solo ochavo. Entonces. no queriendo negar su ofrenda,
se quit6 el anillo que le había dado el caballero la víspera de su muerte, y lo arroj6 en el
plato de cobre.
«El anillo de oro son6 al caer como el badajo de una camµana; y al ruido retumbante que
hizo, el caballero de Aumont-Cléry, el can6nigo, el celebrante, los diáconos, las damas.
los caballeros, la reuni6n entera, 1:1e desvaneci6
como por ensalmo; apagáronse los cirios, y
qued6 Catalina Fontaine absolutamente sola
en'las tinieblas.»
Al concluir de esta manera su relato, el sacristán se ech6 al coleto un buen trago de vino, qued6se pensativo un instante, y luego
prosigui6 en estos términos:
«Os he referido esa historia tal y como mi
padre me la cont6 muchísimas veces, y la creo
verídica, puesto que está de acuerdo con todo
lo observado por mí, respecto á los háhitos y
aficiones particulares de los muertos. Los be
tratado mucho desde mi niñez, y sé que tienen por costumbre volverá sus amores.
«Por esta raz6n, los difuntos avaros suelen
vagar de noche al rededor de los tesoros que
escondieron en vida. Al vigilar atentamente
en defensa de sus caudales, el trabajo que se
dan, lejos de aprovecharles, t6rnase en daño
de ellos, y así no es raro descubrir .e l dinero
oculto bajo tierra, removiendo la del paraje
frecuentado por un fantasma.
«De igual suerte, los maridos difuntos vienen á atormentar, durante la noche, á sus mujeres casadas en segundas nupcias, y podía
citaros muchos que han guardado mejor á su

eRposa &lt;lespués de muertos, que lo hicieron en
vida. Y eRo no está bien, porque en rect11. justicia, los difuutos no deben ser celoi:;os. Pero,
en fin, yo os refiero lo que he tenido ocasi6n
de ohservar. Conviene, pues, andar con cuidado al casarse con una,viuda.
«Aparte de eso, la historia que os be relatado, se confirm6 del siguiente modo:
«En la mañana que sucedi6 á aquella noche
extraordinaria, Catalina Fontaine fué encontrarla muertá en RU habitaci6n; y el pertiguero de Santa Eulalia hall6 en la bandeja de
cobre que servía para las colectas, un anillo
de oro con dos manos entrelazadas.
«Por lo demás, yo no soy hombre capaz de
inventar cuentos que hap;an reír.... ¡Si pidiéramos otra botellita de vino! ... &gt;&gt;

EL VIOLÍN DE LEDA.
La abuelita se moría. Hacía ya dos semanas que lenta, lentamente se iba consumiendo. Ahora su semblante tenía la blancura de
un marfil viejo; sus ojos estaban casi apagados por el dolor y s6lo brillaban cuando oía
en la larga escalera el trotecillo acompasado
de su pequeña Leda, que regresaba de la calle
á donde iba á buscar el pan, después de mu~
chas horas de ausencia.
¡Oh, qué frío hacía aquella noche! ...... La
nieve golpeaba inclemente los cristales desvencijados, que parecían ceder al impulso del
viento.
La buhardilla, encaramada allá sobre sus seis
pisoR, semejaba un nido vacío que la tempestad se iba á llevar en su furor. Y sola allí la
pobre vieja. en su lecho de muerte, viendo entrar por las grietas de lof! ventanales el polvo
de nieve que traía el frío punzante, pensaba
en la muerte que sentía acercarse, en los días
pasados en que no fal~ba pan en su casa, y
en su pobr.e Leda, la meta de su coraz6n, que

agua y los ojos de lágrimas. ¡Ob madrecita,
dijo, qué mal día!. .. y no pudo contener el
llanto al ver á la enferma que enmudecía y
que con la mirada buscaba el consuelo de sus
manos pequeñitas para llevarlas á sus labios.
¡Ahuelita mía, madre mía! murmur6, y precipitándose ,:obre su lecho, la bes6 en la frente, en las manos, en la boca, como si con RUS
besos quisiera reanimarla. ¿Qué hacer? ... Ya
no había carbón para dar calor á aquel cuerpo. y plisando su mirada alrededor, vi6 la
única i;i lla que forma ha el mobiliario del cuartucho, y con toda la fuerza que le permití::rn
i::us bracitos, la quebr6 y la echó á la estufo.
A poco, la buhardilla se ilumin6, y el calor lentamente fué derritiendo la nieve condensada en
las ventanas; y la a.huela, como
si volviese &lt;le un suefi.o,abri6 sus
ojos. y RUS labios dijeron algo ininteligible ...
Qué alegría experimentó entonces la pequPñuela. Tenía ya lumbre, pero faltaba pan, y para hacer olvidar el hambre á la pobre
agoniz&lt;1.nte y para acallar sus dolores, toc6 el violín muy quedo.
Ahora era Chopín quien calmaba el otro mal con sus blandas armonías ...
De pronto las llamas se apagaron, y al calor sigui6 un frío intenso que helaba y hacía mantener las manos abiertas como si
fueRen de madera.
La abuelita se moría. Pálida
como un cirio y con los ojos inm6viles, su respiraci6n se iba acortando poco á poco con pequeños intervalos en que mezclaba
quejiqos lastimeros que apenas
se oían. Leda, como una loca,
con el alma destrozada por el dolor, se asía á su madre. ¡Oh, y
no había lumbre para prolongar
su vida!
En seguirla una idea la conmovi6: su violín! su violín! ... y sin vacilar lo estrech6 contra su coraz6n, como á un hermanito querido
á quien dijese ac1i6s para siempre, abri6 la

puertecilla de la estufa y precipitadamente lo
arroj6 en las brasas; torn6 al lado de su abue-

Domingo 28 de Junio de 1903.

sativa y silenciosa á la orilla del lecho, se qued6 esperando, esperando que despertara!
RAFAEL ANGEL TROYO.

muerte de núñez de .Rrce.
Con su desesperante laconii:omo, el cable ha
trasmitido á la América latina una noticia dolorosa: la de la muerte del insigne español don
Gaspar Núñez de Arce, acaecida en Madrid el
nueve del que cursa.
Núñez de Arce, uno de los mác; grandes poetas contemporáneos, naci6 en Valladolid en
1834; á los quince años daba á la escena su
primer obra &lt;lramiítica, y á los diecinueve ingresaba como ::edactor á mio de los principales peri6dicos hispano!:'. Siendo correRponsal
de ,, La Iberia," acom pañ6 al General O' Donell
durante la guerra de Africa, y represent6 más
tarde en las Cortes á su ciudad natal. Fué,
&lt;lespuéf', Gobernador de Barcelona, Subsecretario de Ultramar y Secretario de la Presidenciii; y en el Ministerio que presidía Sagasta en
1800, tuvo á su cargo la cartera de Ultramar.
Como poeta, su labor constituye un monumento que hará imperecedero su nombre. Sus poemas, leídos por todos los que hablan el idioma de Cervantes, son
gala y orgullo de la litl'ratura castellana. ((Raimundo Lulio," «La
Visi6n de Fray Martín," «La Pesra" y ((El Vértigo," para no citar
\
más que los principales, le conquistaron univer::&gt;al renombre en
el mundo de las letras.

..

/ .. ·

***

D. Gaspar Núñez de Arce.

la moribunda, y cuando empezaba á esparcirse
la luz en la buhardilla y las cuerdas chirriaban sus últimas notas, la enfnma temb16 sú
bitamente y cerr6 los ojos. Y la pobre nifíaque nunca había visto morirse á nadie, pen-

Al morir, don Gaspar desempeñaba el cargo de Gobernador
del Banco Hipotecario de España. La nueva de su fallecimiento caus6 en toda la Península una
profunda impresi6n, y tanto las
Cortes como la Familia Real, se apresuraron
á hacer presentes á los deudos del poeta sus
sentimientos de condolencia por tan sensible
pérdida. Los funerales de Núñez de Arce se
efectuaron el día once con gran solemnidad.

había ido lejos á tocar el violín pam implorar
la caridad, y no venía.... ¡Ah, qué frío! y el
último pedazo de carb6n ardía en la estufa!

***

Leda había recorrido muchas calles, en
compañía de su violín, de ese querido amigo
de su infortunio que lloraba las tristezas de su
alma desamparada; había ido al pie de los
grandes palacios á gemir su amada música de
Beethoven y Chopín, y los ujieres la habían
despedido con desprecio. Era un día fatal.
Siempre llevaba algún consuelo á su hogar,
pero aquel día ya era tarde. La noche la había sorprendido sollozando sus armonías á la
puerta de un templo. Allí, y mientras del cielo de París caía la nieve, ella tocaba la «Canci6n sin palabra3,)) de l\féndelssohn. Era la
última invocacj6n que bacía á la caridad en
aquella noche cruél de su destino, y por eso
sus notas se iban llorando como niños huérfanos y se perdían en las brumosas lejanías,
como suaves rumores de aleteos.
Ya la nieve había blanqueado su sobretodo
negro, y sus manos heladas y doloridas no
podían sostener más el violín, cuando ces6 de
tocar, y con el rostro inundado de lágrimas,
apret6 contra el ::oraz6n su querido instrumento, el único amigo después de su abuelita y el
que tantas veces las había salvado del ham·
bre y la miseria; lo limpi6 cuidadosamente,
lo puso en su bolsa raída y luego, echándoselo
á la espalda, se fué, se fué chafando la nieve
con sus zapatos claveteados y se perdi6 en
medio de la muchedumbre elegante que salía
de los teatrof-l.

***

Cuando la agonizante viejecita oy6 el trotecito de su Leda que subía, no pudo in~or·
potarse en la cama: rígida y medio parab~ada por el frío que había seguido á la ya extm·
guida lumbre, se content6 con sonreír, cuando
la pequeñuela entr6 con el cuerpo bañado de

El Sr. Lic. Joaqufn D. Casasús, ofrece el banquete á. los Delegados
A la Convención.

El Sr. Lic. Carlos Robles contesta el brindis del Sr. Casasús.

�Domingo 28 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo l&gt;8 de Junio de 1903.

€rtcción dt una DióctsiS.
El Obispo de las mtxtecas.
Mañana, según está anunciado se efectuará en Oaxaca la f-Oletnne consagr~ción del señor Presbítero Doclor dor. Rafael Amador
como primer Obüipo de las Mixtecas.
'
El señor Amador comenzó su carrera el año
de 1874, en el Seminario de Puebla distinguiéndose siempre entre sus conrliscípulos por
su claro talento y su ejemplar conducta. Al
terminar sus estudios, en 1883, fué nombrado
Prefecto ele disciplina del mismo establecimiento y catedrático de latinidad. Por gtstiones de algunos miembros prominente¡¡ del clero, pasó más tarde al Colegio Pío latinoamericano, de Roma, y allí, hajo la dirección de
los padres je~uítal', perfeccion6 sus vastos conocirniento!', para gmduarse Dortor en Teología Dogmática &lt;le la Univen,idad Gregoriana.
Las órdenes sncerdotales las recibió t-1 st-ñor
Amador en la Basílica de San.Juan de Letrán,
de manos del Cardenal Parroqui, Vicario del
Papa.
A su regreso al país, el nueyo prelado desempeñ6 dislintos cargos en el Seminario de
Puebla; fué después cura de San Juan Bautista, y, por último, estuvo al frente de la parroquia de Huajuapan durante algún tiempo.

NUESTRO PAIS.-Monumento á Hidalgo en el Paseo de la Presa {Guanajuato.)

La creación del nuevo Obispado se debe, en
g ran parte, á las gestiones del mismo señor
Doctor Amador, y la promoción de éste al

episcop'ldo SP, considera generalmente como
muy merecida.

SOLOS!
El Sr. Soughimoura, Ministro del Japón en México.

Recepción dtl Señor mtntstro dtl :Japón.
Con el ceremonial acostumbrado, fué recibido el martes en audiencia solemne por el Sr.
Presidente de la República, el señor Koichi
Songhimoura, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario del Japón cerca del
Gobierno Mexicano.
A la recepción, que se efectuó á
las doce del día, concurrieron los
miembros del Gabinete y los jefes
del Ejército más caracterizados. Los
discursos cambiados con tste motivo
eiltre el señor Ministro y el señor
Presidente, revelan la franca y cordial amistad que une á los dos países y el empeño con que sus respectivos Gobiernos procuran estrecharla cada día más.
Damos á conocerá nueetros lectores una fotografía que representa al
señor Ministro del Japón y ásu esposa,y otras en que aparecen entraje japonés.

peratrices, ante las cuales el poeta quemaba
incienso.
Kung-Seng, reclinado sobre muelles cojines, después de larga y mística abstracción,
encendió su finísima pipa de espuma de mar
en una llamilla azul que se agitaba sobre un
trípode de marfil. Principió á fumar á grandes bocanadas y á poco quedó envuelto en una

MARFIL.
En aquella tarde otoñal y mientras el viento impelía la hojarasca
dorada que.c aía delos árboles, y las
cigarras chillaban entre los movedizos arrozales, en la pequeña casa
blanca y en su delicioso l'aloncilo de
exoticas cnrrnsidades, Kung-Seng,
el melancólico bardo chino, soñaba
~on el caprichoso vuelo de las grullas y el amor de las mujeres amarillas.
i Su minúsculo gabinete era un
precioso estuche, lleno de valiosos
l:lijes de marfil y ricos tapices bordaRos de gárgolas y dragones fieros.
}3iombos cubiertos de cigüeñas rosadas y platos de Jaca yokoamesa,
donde se esponjaban perfumadas ?
frescas peonías.
Y bajo lindos quitasoles, pintados de anchas camelias, se erguían
los severos bustos de dos bellas ero-

Sus inviAibles alas la tristeza
Desperezaba en lo insondable, el mundo
Parecía temblar en lo profundo
De aquella singular naturaleza.

Sra. de Sougnimoura.

densa humareda que se el'fumaba en tenu_e
palidez sobre los bustos de las emperatrices.
Entonces, y en su dulce sopor. ,;oñó que muy
quedo y á hurtadillas iba surgiendo del extremo de la pipa, envuelta en azul espiral, una
encantadora figura de mujer, quizás de una
princesa tan grande como el dedo meñique,
de cabellos obscuros -que ondeaban sobre sus
hombros, y de ojos chispeantes y negros como dos puntitos de azabache.
Subió vaporosa, sonriendo graciosamefite sobre su peana de nubecillas blancas, vió al poeta y le envió
un beso con la punta de sus dedos
pequeñitoe. Después, lemamehte,
lentamente, bajó y se fué ocultando
en la cabeza de la pipa; sólo la cabellera quedó afuera, flotando tntre el humo.
Kung-Seng se estremeció y silenciosamente alargó la maµo para
aprisionarla por los cabellos; sus dedos tocaron la braca y despertó sobresaltado. Al ver la amarga realidad de aquel sueño, se levantó lleno
de ira y arrojó al suelo, quebrando
en mil pedazos, la pipa mald~ta d_e
donde había. brotado la mágica visión de la única mujer que le había.
sonreído.

Tu fragante y undívaga cabeza
En cuyo aroma mi semblante inundo
Acariciaba el viento vagabundo
'
Al traspasar la. frígida maleza.
¿Te acuerdas? ¡solos! Desde aquella gruta
Ql;e adorna el liquen y perfuma el monte
Mientras la sombra su recinto enluta

'

Con las trémulas manos enlazadas
Mirábamos tl lúgubre horizonte
'
Borrarse entre las nieblas desgarradas!

***

_¡Ah!. ..... de esa gruta negra entre la boca
Vibra aún nuestro amor, nuestra ventura
Presa está allí, y un ecó de ternura
Parece resonar de roca en roca.
Los ósculos ardientes que en mi loca
Y honda explosión &lt;le júbilo en tu pura
Frente imprimí, palpitan en Ja obscura
Selva glacial que mi memoria evoca.
Ya por eso el verano con su lumbre
Jamás me alegra, aunque sus rubias alas
Llenen los bosques de esp}endor eterno:
Y hoy s?lamente hacia la yerta cumbre
De un ~or~zonte lívido y sin galas
Van mis OJOS en busca del invierno!

Página at Jllbum.

JULIO FL6REZ.

Hermosa, arrogante, erguida
Cual sacerdotisa druida
De las pasadas eJades,
Tienes, amiga, el derecho
De agitar las tempestades,
Si no en el mar, en el pecho.

TRINOS
_-A ti te di~e el corazón: ¡oh bella
Vida en que vivo! ¡oh dulce vida mía!
-A ti te canta el corazón: ¡oh estrell¡· ·· · ·
En tu mirada azul esplende el día! ... '

Pareces la mensajera
De la esperanza primera;
Mensajera soberana
Que anuncia. á los corazones
Las supremas emociones
De toda la vida humana.
El Sr. Ministro y su esposa, en traje europeo.

***
A ti se ac~rca el corazón y exclama:
Ardo y palpito en el amor primero ...
- A ti se va mi corazón y llama
Al tuyo y dice: sin tu amor me muero!. ...

CALDCTO VELADO.

Sr. Dr. Rafael Amador, Obispo de las Mixtecas.

31 de mayo de 1903.

F'ERNANGRANA.

�Domingo 28 de Junio de 1903.

EL MUhuO ILUSTRADO
E L MUNDO ILUSTRADO

•

1

ga sensación de tristeza. Después de la lluvia, hay que echarse por esos
mundos &lt;le Dios: aquí, son dos rapaces que hunden en el agua los pies
descalzos y que rPmueven el fango, Ratisfechos y sonrientes, r.omo si
sus expansiones de pilluelos no tuvieran más campo en qué desenvolverse; allí, un gru po de mujeres que toma casi por asalto la f uente del
barrio-seca muchos días-en que el
chaparrón dejó una insignificante can---=-:::=:;~~~-tidad de agua; á la orilla de la ace- , ,
quia, un desocupado que tira el anzuelo; más allá, unas lavanderas que estrujan y exprimen con callosas manos 1:i:ropas empapadas en el agua turbia dP
la zanja, y en el canal- en ese cana 1
que en parte ha desaparecido, pero qu,se engalana aún con las rojas amapolni-: ~
del Viernes &lt;le Dolores-la canoa qu,·
amenaza s umergirse a l peso de la carl!ll, y el indio que tiende la red para la
1•f'~r,, ... Entretimto, &amp;I piso trnnsforma-

Domingo 28 de Junio de 1903.

CB.OQlJ'IS BEGB.O.
. Salida de la comedia. Llovizna. El pórtico del r egio coliseo se
hmcha de senos descotados, de boas de piel animal que se estremecen
al rozar de la piel femenina h umana, de traje¡;¡ blai:icos, de trajes negros de ,,frac", de chispeo de joyas.... . .
En la calle, los carruajes,al trote insolente de las soberbias parejas, se
acercan, toman su carga, parten con un
g_?lpazo de _la portezuela y dejan tras
s1 un ambiente de perfumes y murmullos.
P?co á poco, ~l río de gente bien
vestida va decreciendo, decreciendo cada vez con mayw rapidez. Los coches
de alquiler se ocupan tam,bién, y parten, parten como los &lt;lemas...... S6lo
queda al cabo uno, el más mísero y
triste de todos, aguardando filo~6firn y

DESPUÉS DE LA LLUVIA
De alJá de las barriadas á don de no ha llegado toda vía esa fie~re_que invade las art~rias principales de la l\fetr6roli, y que se traduce.en ~d1fic1os suntuosos v allardos, en calles amplias y bien orientadas, )'. en Jardines q,':1e son
regalo a/los ojos, surge la nota triste, profundameute _triste, de la llm 1a que
azota las ventana!! sin flores m
cristales, que carcome los muros
de las casas estrechas y obscuras
donde se retuerce la indigencia, y
que i nunda, gota Í\ gota, pero sin
descanso, las to~cidas callejas y
las plazuelas desiertas.
(
Acá, en el &lt;CCentro,&gt;1 donde la
vida se derrama y el tráfico crece
sin cesar, la lluvia es alegre: cae,
Robre la lámina de aRfnlto de la
hermosa aven ida y sobre las coras de los fresnos que sombrean
el parque, con rumoresd_eriRasj~YenileR y re:,bala por el cristal pulido de 1'os escaparates y de ios balconescomo un reguero de diamantes... Allá, no¡ allá es pesada, es
cruel es implacable: asaetea el
clrnrdo, y el charco parere hervi r
y resolverse en burbujas que se
deshacen impregnando la atmóffera con emanaciones pestilentes¡
llama á las puertas de los desheredados y sorprende á la madre
sin pan 'y á los hijos sin abrigo;
a · a tierra y el lodo salpica de manchas negras la falda de per~ ~~e s~có el s~l de la mafiana y que cubre, piadosa, la desnudez de la humilde hija del pueblo.• ••···· ·
*

y esos rincones, esos lunares d~ Ía población donde se _revuel~n tantas
· · s y tantas desgracias tienen para el observador -¡qmén lo duial-sus
m1sena encantos que
· atraen,
' que conmue,·en, que d eJan
· en el alma una vaencantos;

d o por la lluvia en movible y enorme
espejo, retrata las paredes sin color de
las pocilgas y las figuras toscamente
pintadas de las pulquerías.

***

1

Vista de cerca la vida de n uestro pueblo, en los suburbios, en los cu::hitriles,
donde se desarrolla trabajosamente, se
nos presenta rodeada de puntos dolorosos como llagas; pero esto no basta á
despojarla de ese tinte marcadamente típico que la distingue y constituye su fisonomía propia, característica.
.
.
Alguien ha dicho que para ese pueblo todo es motivo de humonsmo ...... aunque en este humorismo asome de cuando en cuando un
rasgo de tristeza ... Quién sabe ... Al pensar en la lluvia que azota las
ventauas sin flores ni cristales que carcome los muros de las casas
estrechas y obscuras en que se ;etuerce la indigencia, y que inunda,
gota á gota, pero sin descanso las torcidas calleja~ y la~ estrechas
plazuelas, el espíritu se vuelve, casi sin quererlo, hacia los mi'.íos desvalidos que buscan refugio en los huecos de las puertas y hacia las _madres, sin pan, que aguarda~ entre las paredes húmedas de su pocilga,
el sol que alumbre y las caliente!. .....

pacientemente un pasajero que no llega.
Es viejo el coche, como el cochero,
como el penco que tira de los dos día
y noche trotando trabajosamente entre
las barras negras.
Se entienden cochero y bestia. Ambos han luchado, ambos han sido latigueados por la vida penosa y dura:
ambos se entienden. Y filosófica y resignadamente aguardan ..... . La llovizna los empapa. La gente se retira. Apenas queda ya nadie. El último transeúnte pasa, se aleja...... Todo queda desierto.
Entonces el viejo del pescante toma las riendas con un suspiro.
- Vamos, Perico.

***

. ..... Y en la noche obscura y ·húmeda se pierden tam bién ellos,
los dos tristes, los dos cansados, los dos viejos y E&gt;olos, el uno dando
tumbos sobre el sucio pescante, el otro trotando trabajosamente entre
las negras barras..... .
LUIS RODRÍGUEZ EM:Brr,.
Mayo, 1903.

Tres Sonetos

j

LAS VF:NDL\ilAS.

EL PAI-\ADO.

Ven íi olvidar las penas junto á mis cepas de oro!
L os opulentos pámpanos te brindarán asilo,
Embriagarán tus ojos las danzas de Batilo
Y oirás de las vendimias el capricaate coro!

Yo he nacido con alma de fauno ... Ea otros días
Habi té de los bosques la sagt•ada espesura.,
En siete tubos frágiles cant.é mis alegrías
Y conocí el divino sabor de la. hermosura..

Al viento desplegadas las libres cabelleras,
Con sed tlevora.dora de l ucha y de matanza.,
Sobre sus potros cruzan las vírgenes guerreras
Golpeando en los broqueles la. brilladora lanza

T ú, del placer i1tnoras el íntimo tesoro ....
Mis años se deslizan en el hogar tranquilo;
S obre la blanda cera grabo con áureo estilo
Estrofas palpitantes á la beldad que adoro.

Aprendí de los pájar os las gratas ha.rmonía.s
Y á veces, al impulso de una. inmortal locura.,
(Las Ménades Jo saben) lancé ea lafrondaobscura.
El clamor oso grito que anuncia las orgías.

Desnudas como lirios, terribles como fieras,
Arrojan al espacio sus himnos de venganza.
Y el escuadrón ligero, como torrente, avanza.
Entre rugidos breves de elásticas panteras.

L a. gloria. es fugitiva ... La juventud es breve....
Ma.i'iana., los cabellos se cubrirán de nieve,
Corceles fatigados serán nuestras pasiones .. . .

Mas quiso un dios injusto, para colmar mi da.ilo,
Hacer del fa.uno un mísero pastor, cuyo reba.ilo
Verás, oh caminante, detrás de las colinas.

Bella y domina.dora., bajo el casco de plata,
Con las verdes pupilas, que su furor dilata.,
Fulgura., como el gemo del mal, Pentbesiléa.:

Mira.! .... la vii'ia. esca.la de mi jardín el muro,
L as rosas nos invitan, desde el rosal obscuro,
Y en los racimos la.ten inéditas canciones.

Huyeron, para siempre, las ninfas á. mi paso
y en doliente ti.a.uta saludo al sol de ocaso,
De algún antiguo templo sentado entre las ruinas.

11a.s, súbito, resuenan de algún clarín leja.no
Las notas... Aparecen los Griegos en el llano
Y la. invencible lanza de Aquiles centellea.
'
LEoPOLDo D!Az,

LAS A:\[AZOXAS.

.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 28 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

~

Poeta. soy; y Jo que fnera. un día,
'por falta d., honradez, justo desdoro,
es el orgullo de la musa. mía,
que proclama una nueva poesía.,
porque mira. llegar otra. Edad de Oro.

Arte por arte, no!
Lejos, muy lejos,
donde ya están los pueblos en su ocaso,
donde a.penas los últimos reflejos
brillan sobres las crestas del Parnaso:
allá tal vez; pero jamás en donde
todo está por hacer, ya que su parte,
si el arte sólo al corazón responde,
deben tener el corazón y el arte!
Abro yo con la lira mi ca.mino,
en bien de todos, y por él se lanza
el tropel venga.dor contra. el destino,
como un deseo en pos de una esperanza.;
y mi canto mejor no es sólo un canto,
sino también un grite; de quebranto
con que, antes de morir, clama el Derecho.

LA G UERRA
(DE UN LIBRO 1'1N PRENSA)

Al salir de una reumon electoral. en un
barrio gris, de casas chatas, donde anida una
población medrosa y hambrienta, topé anoche
con un hombre elegante que distribuía prospectos revolucionarios. Vestía de negro, llevaba sombrero de copa y tenía una extraña
sonrisa. Entre el atropello de los grupos que
borboteaban y se escurrían por las calles adyacentes, un camarada me contó la historia...
· En 1870 vivía en las cercanías de l\fezier"ls
un rico propietario rnral llamado Kest. Era
viudo, y tenía un hijo de veinte a11os. .
Después de la declaración de guerra, el aspecto de la comarca cambió. Las caravanas
de paisanos fugitivos paeaban á escape por las
c,i.rreteras, huyendo del ejército invasor. Casi
todos los habitantes salieron de la provincia.
Sólo quedaron los que no se resignaban á
abandonar su heredad, ó los que, alemanes
de origen y franceses según la ley, se encúntraban perplejos entre Jos patrias. Kest fué
uno de estos últimos. Su hijo era miope y
estaba exceptuado del servicio. Resolvió aguar-

Cuando los sol&lt;ln&lt;los franceses recuperaron la poi-ici[..n al clarear
1~ madrugada, ~ncontraron el cadáver, que conservaba todavía la
r!Pdª entre los dientes. Junto á él lloraba el hijo con las ropas telll as en sangre.
'
Lods soldados entraron tumultuosamente ebrios de victoria exe1aman o:
'
' •
¡\'iva Francia!
P~:º los veinte años del huérfano, se irguieron bajo el azote
-¿,,\ 1va_ Francia?-preguntó, mostrándoles los pmios. '
·
:Sus OJOS con!emplaron el caclíiver de su padre r la devastación
de su caRa......
roja pareció pasarle ·por Jos OJOS
· ......
•::\1 e F L na •llamarada
• ,
1
-,, u ra •ranc1a.-grito.-¡::\Iueralaguerral
aquel_ hombre tranquilo, que no había tE&gt;nido hast.'l. entonc~s,nrngu11a idea ~ebelde, se levantó de pronto. El di&gt;sastre Je arranco a la somnolencia de la vida común y le despertó en Ja
J'd d ....
,rea1a
l'IIANUET, UGARTK
París.

Y

Mas al verme correr tras la. victoria.,
dejara de cantar, nadie se asombre;
que, aunque el arte será siempre mi gloria,
sé que, pa1 a triunfar sobre la. esco1·ia.,
antes que ser poeta .... huy que ser bombn&gt;!

¿No tuvo 11yer el viejo Continente
su Edad de Oro también, cua.ndo el poeta
dirigió el rumbo de la indocta. gente,
abrió el camino y señaló la. meta'?
Ta.l en el mundo de Colón, acaso
ha.lis. Orfeo una. lira. y un proscenio,
y domestica. fieras á su paso,
y a.cima el polvo a.l soplo de su genio;
porque á la. voz de Orfeo cuando ca.eta,
el exánime pueblo se leva.eta,
y, a.l ver la. lira entre sus sa.bias manos,
correo humildes á la.mer su planta,
ta.l vez no fieras, pero sí tiranos!
Nuevo mundo, nuevo a.rte! Y que no sea.
copia. servil de la. época. pagana,
ni sacrificio de la. noble idea.
en aras sólo de la forma. vana.
Es numen virginal el que me inspira
y á las alturas del a.zul me eleva;
por eso tengo, al empuila.r mi Jira,
vieja la forma, pero el alma nueva.!

trc•, gritand? fras~s e_ajonas. Los tres primeros saltaron por la ventana como SI pers1gmeran á alguien, pero el último descubrió en la
i-ombra el..cu~rpo &lt;!el viejo Kest y le hundió la bayoneta en el echo. El h1Jo mtento parar el gol¡ie y cayó herido
T ¡
t p
las tin ieblas......
·...... O( o es o en

Canto, para dar gloria. a.l berohmo:
ca.oto, para. dar vida. al moribundo;
canto, ¡.,orque tí la voz de mi lirismo,
Je arrancaré su lauro al combatiente
qua ose manchar con sangre el nuevo mundo
y en esP lauro envolveré mi frente!

A MIS COMPA!ih:Ros DE LETRAS m: GUATEMALA.

Para toda. orfanda.d mi alroa es un manto
y un firme escudo pa.ra todo pecho!
Nada me importa. el lenguaraz tumulto,
que arroja.ró. con mano despiadada.
mis perlas en el fango de su insulto;
nada me importa el sacrificio; nada.!
Luchando seguiré y haciendo brecha.,
basta clavar 1a silbaclora flecha.
de una. estrofa. en la. sien del enemigo,
a.u oque en la. furia de la lid deshecha.
no pudiese contar más que conmigo...
Cuando invoco á. las musas inmortales,
vuelvo los ojos á la patria mía,
y, al contemplarla. altiva en su congoja,
si Tirteo me niega. himnos triunfa.les,
Simónides me presta una elegíu;
y en vez de eomudecerme en el quebranto,
me envuelvo en mi bandera blanca y roja,
desespérome y sufro .... ¡pero ca.oto!

dar. Era un hombre cachazudo, que vivía en
medio del campo, sin mezclarse á las agitaciones de la ciudad. Si otros experimentaban
-el deseo de perseguirse y matarse, tanto peor
para elloe. Enrique Kest seguiría fumando su
pipa.
Las avanzada!:! del ejército francés llegaron
á cinco kilómetros de la casa. Grn.ndes gruP&lt;'S de t:oldados alegres se disperi:aron por la
aldea, chanceando con los vecinos y jactándose de derrotar á los alemanes sin mover los
brazos. Kest los regaló con tabico y vfreres.
Su hijo sintió no poder empuñar un fur-il. Lo
que pocos días antes le era indiferente, arabó
por llenarle de entusiasmo. Pero el viejo Kest
permaneció insensible. Ri regalaba á los soldados franceses, era para que le dejaran vivir
en paz. Con los alemanes haría lo mismo. No
tenía odio contra. ningún país.
La guerra les rodeó y les sitió en aquella
casa. Cuando las operaciones comenzaron, los
soldados se hicieron más exigentes. Llegaban
noticias entrecortadas y confusas de combates
parciales y tiroteos rápidos ...... Los alemanes
debían estar cerca ...... Las tropas cambiaban
de posición diariamente ......... Y la casa acabó por ser un puesto de avanzada.
Lejos de la vigilancia de los jefes superiores, los soldados se dejaron llevar á los peores

Domingo 28 de Junio de 1903.

ALBERTO FUSTER.

Ab! Cuántos viven la prosaica vida
de una vulgar codicia. sin encantos :
cuántos tienen el alma. ensordecida
por el enorme estrépito de tant~s
émbolos, y cilindros y engranaJ_es
- vértigo fragoroso, en cuyos giros
van cayendo en tropel los corazones,
la.s notas de los líricos cordaje~,
las angustias envueltas en suspiros
y las crucificadas ilusiones;cuáotos sordc,s así, no de las musas
pueden gozar con los solemnes cantos,
y las miran perplejas y confusas
horrorizarse á su presencia; cuántos
no oyen la voz del viento en la. enramada.,
ni la voz del arroyo en la espesura.,
ni la voz del abismo en la ca5cada,
ni la. voz de los dioses en la altura:
¿qué sabrán del ideal'! No sabrán nada.
más que el reptil de só1·dida. figura,
que se revuelca en fétido pantano .. . .
Sólo merecen el desdén profundo
del que proclama., sobre el o.1evo mundo,
no el artificio, sino el arte humano!

. Publicamos hoy algunas reproducciones de obrae del artista mexicano Alberto Fuster.
Albe;to Fuster es un heraldo de los nuevos ideales artísticos europeos. ltn sus obras podemos valorar la vida pálida y sutil ( extraída como un filt~o? &lt;le las obraA poderosas de l'I. antigüedad) que anima. las compos1c1ones de los modernos decoradores de allende el
ocl!a.10.
Los vigorosos espíritus de la época del Renacimiento bebieron á
grande~ ~ragos en la fuente pura y pródiga de los tiempos clásicoi.;
los esp1ntus moder!1os, desolados y posefoo1:1 por ardientes visiones
después de_ vagar por sel vas tenebrosas y enmohecidas y por llana'.
das polvorientas, asaeteadoi. por el sol, también han recurrido, para
ap,agar 1~ sed de su garganta, á la enorm&amp; y melanc6lica fuente de
~rnrmol im))oluto de la que mana el agua inagotable, fresca y cristali na ...
Sin? qu;,, pe~vert!dos ó codicio!'os, han querido mezclar filtros
Y bebedizos ,1 la hnfa mmaculada y han llevado á la serE&gt;nidad marmórea de la rítmica existencia antigua, la agitación urente de la vida
mod_erna; los ardores bermejos d~ la i-angre impulsada por las pasione~ mdomables; el espasmo nervioso del placer y del deseo.

Vosotros, no: mi espíritu se mira
en vosotros también.
Dadme la. lira;
inflamad con a.plausos mi deseo;
que al sentir una lira. entre mis manos,
sabré, de patria en patria, como Orfeo,
conjurar guerras y domar tfraoosl ... .

FUbl'ER.-Aspasia.
La belleza ad?lescente y majestuosa de la Citerea, la hermosura
C'_a.sta, y firm~ y vigorosa de In doncella antigua, se animan bajo el
cmcel y los pmceles de los modernos artífices, con las contracciones
doloro~ 6_agudame~te placenteras de las mujeres frágiles y adora_
bles, artificiosas y aruficiales, sonrien:es y perversas, frívolas y apa-

JOSÉ SANTOS CHOCANO.

Para "El mundo TIMstrado."

excesos. Como hacía frío y no había bosque
en las cercanías, destrozaron los muebles para '
hacer lumbre. Las mesas, los sillones y los
armarios huyeron por las chimeneas...... El
viejo Kest se guar&lt;l6 de protestar. Cuand_o
todo el mobiliario se trocó en ceniza, le obligaron á abandonar la cama. Y la cama ardió
como las otras cosas.
Una noche corrió la voz de que los alemanes estaban á tres kilómE&gt;tros. Los soldados
se pre,:ipitaron sobre las armas. Los oficiales
dieron grandes voces. Se oyó un fuego lejano ......... Y el combate se empeñó gradualmet.te ...... Los obuses comenzaron á caer sobre el jardín ...... Luego cayeron sob1e la casa... ..... Algunos muros se desplomaron ... _. ..
Y Kest se refugió en una de las últimas piezas, con su hijo.
Era una escaramuza seria. Se oyeron las
descargas, el ruido de las bayonetas que se
ajustaban á los fusiles y el clamor de u na lucha cuerpo á cuerpo. El fragor de las ar~a~,
el toque del clarín y los gritos, hacían adivinar la refriega. Los combatientes debían estar
en Ql patio mismo de la casa.
La puerta de la pieza donde se había refugiado Kest, cedió de pronto. Un olor acre de
pólvora entró por la abertura. Y cuatro soldados de caras bestiales se precipitaron den-

j

FUSTER.-Ca.beza de estudio.

FUSTER.-Magniflcat.

�EL MtrNt&gt;o ILUSTRADO

Domingo 28 de J unio de 1903.

FUSTER.-El Poeta.

sionadas, por quienes labora, y sufre y goza el
artista de nuestros tiempos.
Precediendo al vigoroso y lozano reto fiar del
Renacimiento, una savia enfermiza y aromada
fluyó por las venas endurecidas del viejo trouco clásico, en apariencia muerto y seco. Los
artistas de nuestra época, enamorados de un
ideal morboso, pero bellísimo, han apurado
ávidamente los restos de eee fluido y, con sutiles sortilegios de amor, han sabido extraer
su esencia para animar sus obras.
Como si eso no bastara, acudieron á la sabiduría supraterrena de los artistas i,,emibárbaros ó esencialmente civiles del Oriente, y
arrebatados por una fiebre torturadora, cimentan, embriagados y convencidos, el armonio' so edificio del arte moderno, que apasionará á
· la posteridad.
Inconformes con la naturaleza, cuando ésta
se muestra aviesa y contraria á ló que piden
sus espíritus, no vacilan en domeñarla, ajustándola al ideal que les enamora.
Muchas obras modernas, aquellas en que su
autor buscó la originalidad por «actitud» y no
fué original por convicción é impulso propio,
perecerán por extravagantes; pero las otras,
emanación directa de un espíritu, exteriorización de un pensamiento que se conoce á sí
mismo, vivirán perdurables.
Alberto Fuster, mexicano transplantado en
E uropa, ha encontrado allí su camino y le sigue convencido, tan sinceramente, que cuando se aparta de su manera de hacer, propia,
como adquirida por el pensamiento y el trabajo, no produce sino obras mediocres.
En cambio, cuando sigue sin vacilaciones
su impulsión verdadera, su dibujo es firme,
su colorido h ar monioso y sus figuras se agrupan en hermosos conjuntos.
Si acierta á no apartarse de la vía empren-

dida, si no se divaga con las bellezas, para él
falsas, de los senderos umbrosos y floridos que
cruzan el camino, llegará á una cumbre de las
más altas y favorecidas por los áureos reflejos
de la gloria.
En sus obras el pensamiento es poético y
poderoso y parece como que sobre ellos se inclinan con amor de maestros los más altos espíritus que han cultivado el arte moderno.
Que Fuster insista en sus labores y en su
estudio y ennoblecerá su nombre y ennoblecerá el nombre de su Patria.

C. T.

LOS CONSUEGROS.
Los muchachos se querían mucho; los padres estaban conformes; novio y novia eran
ricos por su casa ...... ¡Pocas bodas habrá en
el mundo como ésta!, decía la gente.
El padre de la novia, Don And rés, era magistrado de la Audiencia territorial; el padre
del novio, catedrático, profes0r de Química eu
la Universidad de***, ciudad donde las dos
familias vivían.
Los novios reunían todas las condiciones
para ser felices: jóvenes, guapos; ella con una
dote considerable; él con la carrera ele ingeniero terminada.
Llevaban seis meses de relaciones cuando
decidieron los padres ( que los dos eran viudos) realizar la boda el día primero de septiembre, en que Felisa cumplía veinte afios.
Su novio, Rafael, tenía veinticinco.
Dióse p~~te á la familia y amigos; anuncióse la petic1on de mano en los periódicos; la

FUSTER.-Tr!ptlco.

mt MUNDO ILUSTR.A.t&gt;O.
ciudad en «masa,» como suele decirse, celebr6
el pr6ximo feliz acontecimiento.
Y para conmemorarlo dignamente, los consuegros acordaron gastarse entre los dos veinte mil duros en crear algo de provecho para
sus semejantes. Dejar memoria de la boda.
La idea partió de D. Luis, el químico, á
quien ya debía la ciudad varios donativos importantes. Don Andrés la acogió con entusiasmo, y para mejor éxito nombraron Ún
juez de examen, un árbitro, un depositario de
sus planes. Quiero decir que se acordó en
una reunión de familia, á la que asistieron
más de treinta personas, que los padres y fu.
turos consuegros escribirían lo que pensaban
fundar, con todos los detalles y presupuesto
de gastos, y la víspera del día en que los muchachos habían de tomarse los dichos, se abrirían los pliegos delante de las familias respectivas y se destinarían veinte mil duros á lo
«que fuera.»
-No olvide usted, Don Andrés-dijo un
pariente suyo presente, -que en esta villa tenemos un teatro muy malo que amenaza ruina, y nos pasamos los inviernos sin distracción alguna.
-Más valdrá que piensen ustedes en un
hospital-observó un pariente de Don Luis.
--0 en una escuela.
-O en hacer reparaciones en la catedral,
que está perdida.
-Den ustedes premios á muchos jóvenes,
para que vayan á estudiar al extranjero...... .
Cada uno de los presentes tenía su idea
propia; los futuros consuegros les dejaron hablar, les dieron muy bien de cenar y se reservaron, naturalmente, su pensamiento.
Los novios, felicísimos y contando los días,
apenas se ocuparon aquella tarde de lo que á
su alrededor pasaba, pero algo tenían que
opinar, y así que se quedaron solos, Felisa le
dijo á Rafael:
-Tu padre y tú lleváis de residencia en la
ciudad ocho meses nada más.
-Los mismos que hace que te quiero.
-Tú y yo nos conocemos ya lo bastante;
hemos cambiado, á diario, ideas é impresiones; pero nuestros padres no se conocen tan
bien como nosotros.
-¿Qué quieres decir?
-Que le pido á Dios que esta noble idea
que tu padre ha tenido, no produzca disgustos.
-¿Por qué?
- Allá veremos.
-¿Van á estar en desacuerdo cuando se
trata de hacer bien? Tu padre propondrá algo que redundará en beneficio de sus semejantes; el mío, también; por consiguiente,
ésta es una lucha de nobles aspiraciones que
no puede molestar á nadie.
- ¡Ojalá que así sea!
Y siguieron su interrumpida conversación
amorosa.
Pasaron tres semanas, durante las cuales
los dos padres trabajaron en secreto en la redacción de sus proyectos. Indudablemente,
el químico era. más fácil en su t rabajo que el
magistrado en el suyo; porque éste se quedó
en la casa varios días y recibió muchas extrañas visitas, y su amigo no interrumpió su
vida ordinaria. AsP.diados ambos á pregu~~s
por infinidad de vecinos, extendida la not1c1a
de sus proyectos y excitada como parece verse la curiosidad pública, el magistrado propuso á Don Luis convocar á gran número de
personas en su propia casa y hacerles oír los
dos pliegos.
.
-Mi casa es muv grande-dijo el mag1strado. -Daré un «iunch» y celebraremos ,el
suceso. Además, en caso de duda, podran
votar.
- ¡Es verdad! Así se da gusto á todos. Yo
ya entregué mi pliego al alcalde ( que era el
depositario de los proyectos) .
- Y o le dí el mío anoche.
-Entonces, el jueves, á la hora que usted
quiera, mi querido Don Andrés.
-Voy á extender las invitaciones.
No se dan todos los días veinte m il duros
para una buena obra, y la curiosidad de la
ciudad estaba justificada.
d
La concurrencia al salón grande de casa de1
magistrado era numerosísima, y en ella o-

1

minaban las sefio:as. El alcalde colocó á su
derecha á los nov10s; á la izquierda á los padres. Todo el mundo estaba de buen humor·
la fies~ era de las que se ven pocas veces. '
-Ph~go del Sr: _Don Andrés Aznar-dijo
la aut,ondad mumc1pal, rompiendo un sobre
y leyo:
'
. «Fundación de un convento de monjas clansas, hec~a por los Sres. Don Andrés Aznar
y Don Luis del Olmo ... ... ... »
._
1!n aplau~.º cerrado resonó en la sala. D;;;;'.
Luis Y su _h1J~ _Rafael se miraron asombrados.
Don Luis d1Jo:
-No se puede unir mi nombre al de nadie

- ¡Tiene razón! Tiene razón!-gritaban de
todos lados.
yo, :im ho~bre de ciencia, voy á proteger !l monJas clansas?-gritó el químico.
_-¡Ya me habían dicho que usted era hereJel
-¡Yo no podía suponer que usted era lo
que eill
-¡Padn.!
-¡Rafael ~o...... ya te lo dije!
-¡ Las monJas, las monjas!-repetían cien
voces.
-¡Venga mi pliegol-dijo Don Luis.-Vámonos de aquí, Rafael.. ....

-ff

Domingo 28 de Junio de 1903.

A D~m Luis le han formado expediente gu.
bernativo.
EUSEBIO BLASCO.

, ~ola Y. triste, sobre el puente de la nave
BaJo el cielo opalizado por la niebla
'
y errab~ndas las pupilas en los ciel~s,
En los cielos y las aguas, ¿en qué piensa?
,. Es pola~a. S.iempre sola, bella siempre
Siempre tr1~te, lee ó medita. ¿Acaso suefi~
Con la patria sobre el Gólgota, 6 sü alma
Busca otra alma por los hielos de Siberia?
Lirio intacto, flor de nieve flor de Ensueño
Av~ errante que alzó el vuel~ de la estepa '
Cual seduce ]a nostalgia de sus ojos
'
y el encanto de su lánguida belleza'.
La luz pálida y difusa de la tarde
De la eslava los cabellos rubios besa
Y ~a nav? se desliza lentamente
'
BaJo el cielo opalizado por la niebla.
ISMAEL ENRIQUE ARCINIEGAS.

Rostand, A cadémico ,
Edmundo Rostand, el célebre autor de ((C rano de Bergerac» y de :el' Aiglom, ha ing y
do en la A~dem;a Francesa. Su presenta:~i~
entr~ los C&lt;lfi_m~rtales)&gt; se efectuó el día 4 del
come~te, s1rv1éndole de padrinos M. .Jules
Claret1~ y _M. Paul Hervien, dos de los miembros mas ilustres de ]a Academia.
Rostand fué recibido con el ceremonial de
costumbre por el vizconde Melchior de Vogüe
en e~,Palac10 de ~azarín, y su discurso de re~
i¡:pc10{1', pronunciado ante una concurrencia
-~ sedecta como numerosa, causó la admirac1on e todos.
d E~n~rvo académico, que cuenta hoy 35 años
te .ª Y que cubre la vacante que¡¡ su muere ~J~ra Henry de Bornier, obtuvo para ser
ef l! Acad JIDia, diecisiete votos. Seun ,°. a ec arado á la prensa parisiense su
propo~1,to era escribir en verso su discurs~ de
r?cepc1~n, pez:o hubo de abandonar esta idea
s1gurn o e~ eJem plo de otros poetas que co~o amartrne, Vft-tor Rugo y l\Iusset p'refirieron hablar en prosa.
'
- A 18: r~cepción de Rostand concurrió el seror 1.-Dmstro de Hacienda, Licenciado José
ves ipma~tour, que actualmente se encuent ra en aris.

J

:~rntt

Comprenderlo todo, es perdonarlo todo.
ToLsToY.

*

Es ob_ligac~ón !ndeclinable de cada hombre
el trabbªJ!1brj neo o pobre, todo hombre ocioso
es un n on.
Edmundo Rostand.

sin saber antes si la idea me parece buena!
Abra usted mi pliego, señor alcalde ..... .
El alcalde abrió y leyó:
«Fundación de una fábrica, que será de los
ob1:eros desde su principio, para lo cual Don
Luis del Olmo y Don Andrés Aznar les ceden
Y transmiten Ja cantidad de cien mil pesetas.&gt;&gt; .. ..

_}In rumor, algo como un rugido, interrum- .
p10 la lectura.
-¡Cóm_o! - gritó Don Andrés-¿Yo voy á
regalar m1 dinero á esa gen te? ¿Yo socialista?

Hubo un verdadero tumulto, un escándaÍoLos consue_gros se insultaron, Jos novios lloraban, la cm dad se dividió en bandos ...... pero ¡ay! la boda no se hizo, el catedrático renunció á su cátedra y se marchó con su hijo
mal vistos y censurados los dos ...... ; y hoy;
día de la fee;ha, el convento se alza flamante
y ha costado un millón por suscripción pú~
blica, y Felisa está allí con sus blancos hábitos, rezando y llorando su amor perdido y
b~scando con~uelos á 1e1us penas en el amor á
Dios, seg~n dice su santo padre........ .

J. J.

R OUSSEAU.

*

Adquirir el conocimiento de sí •
ha
· d
mismo es
,cer prov1s16n e indulgencia para los 'd

mm

~

PETIT SKNX.

�</text>
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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LA CANTADORA.
CUADRO DE

F ABRÉS.

�Domingo 18 de Enero de 1903.

fantasías dt Tnoitrno.
El frío mttropolitano.

B

enojo del cielo no quiere pasar. Ceudo y malhumorado amanece día con
día, y su capote gris envuelve los rayos
del sol que, bienhechores, pretenden llegar
hasta nosotros para traernos una poca de tibieza, que desentuma nuestros pobres miembros ateridos por el frío.
El frío es intenso, y como eu :México hemos
creído muy al pie de la letra la hermosa fábula de nuestra «primavera eterna,» no nos hallamos muy bien provistos de armas contra el
frío y por eso éste se da aires de sorprendernos cada año, fingiéndose siempre más severo
y despiadado que otras veces. En cada invierno solemos decirnos: nunca hubo frío tan duro como en este año!. ..... Y no es eso: es que
el frío corr:o el dolor, siempre aparece más
intens~ en su manifestación actual, y con facilidad lo olvidamos en la tregua que nos concede el cambio de estación ó la época de felicidad ... .. .
Si diésemos fe absoluta á las indicaciones
del termómetro, para juzgar nuestro invierno
metropolitano, lo encor,trai-íamos dulce en exct'so, parangonado con el de otras regiones.
Nunca tendremos aquí el extremo descenso
«bajo cero» que se observa en Berlín, Londres
ú París; y, sin embargo, el frí? de ~léxico es
cruel se hace sentir con una rntens1dad tortura~te, molesta y entume los miembros y las
energías. Es un frío seco, un frío desnudo,
que ni siquiera se trae la envoltura consoladora de una sábana de nieve, que ho trae di ver·
siones de invierno, que hiere sin piedad y no
permite que las aguas se congelen para que
sobre la tersura del hielo tracen los patines sus
caprichosas parábolas.
No tenemos ni diversiones invernales ni defensas contra el frío, porque nuestras habitaciones están hechas para la legendaria primavera perpetua y no tenemos el recurso de acercarnos á la chimenea y escuchar, al amor de
la lumbre los cuentos fantásticos de la abuela
ó los mur~ullos inefables de una canción de
amor ........ .
En México hace frío, pero no hay invierno ...
Porque el invierno no significa sólo el descenso de la temperatura, no es solamente la sensación de hielo que flota en la atmósfera; el
invierno es la nieve que cae, la leña que crepita, el vaho que d.ise~a fantasías sobr~ las v~drieras. Eso es el mv1erno; no estos dias grises que como enormes capeloe, vienen á posarse s¿bre nuestra Mesa Central y entristece11
la vida de la metrópoli.

***
Sin embargo, el frío es eminentemente voluptuoso. No en sí mismo tal vez, sino en las
sensaciones que la defensa procura.
Cuando transitamos por las euHes, envueltos en abrigos y paletós, y sentimos sobre el
rostro las mil aguzadas agujas del cierzo, nos
invade una egoísta satisfacci6n al considerarnos defendidos contra esos embates.
Sobre las baldosas helad!-1,S los tacones producen un ruido más seco y más sonoro que en
otros tiempos, y es un deleite marchar por calles y por plazas, bien abri~ados contra las
burlas del frío.
Las mujeres en invierno tienen mil recursos
para aumentar sus encantos y su misterio. El
frío les permite enmascararse á medias con
esos mil inventos de la moda que, confeccionados de telas, de pieles ó de plumas, arropan
cariñosamente los cuerpos friolentos y esfuman las características de las siluetas conocidas y encubren coquet.amente los rostros banales á fuerza de vistos, para sólo dejar adivinar una cabecita fina que se asoma entre las
fantasías del abrigo.
La mujer metropolitana, fina y nerviosa, es
adorable cuando se atavía de invierfio; tan
adorable, que fuera merecedora de fríos más
intensos y más largos. ¡Pobrecilla! Es lásti-

EL MUNDO ILUSTRADO
ma que no lleguen á nosotros los placeres invernales, porque ellos ofrecerían á la mtltropo•
litana un cam¡.,o vasto para lucir sus gracias.
Esos pequeños pies, cuya fisonomía ( véase
el texto del Dr. Flores) va haciéndose cada
día más sonriente, merced al cuidado nimio
que las m ujeres de México van poniendo en
su calzado, piden á gritos las emociones del
«patinage»; y al verlos trotar sobre el asfalto,
se experimenta un deseo loco &lt;le que, por un
arte de maravilla, se congelase el romántico
lago de Chapultepec, para que aquellos piececitos pudieHen lucir su agilidad y su finura,
armados de minúsculos patines, y conduciendo á sus poseedoras como en una fuga 1le ensueño y de placer.
Deci&lt;lidamente, ya que el frío es tan intenso, tenemos derecho para pedir que el invierno sea completo, y que no se limite á cubrirnos con ese capelo gris que entristece nuestra
vida.

EL MUNDO ILUS'l'RADO
y un volcán de purísimos antojos
bajo la curva trémula de un seno!

III
Una noche muy fría. Llueve.... llueve:
el trágico fantasma de la tisis
pasa sobre la nieve!
Es la salida del teatro. Hueca
resuena entre el tumulto
ruidoso, una tos seca!
IV
Unos ojos abiertos, exaltados
como los de una liebre
y algunos rizos luengos y dorados
por el sudor pegados
á una sien escavada por la fiebre!
V

Pisadas silenciosas!
Relampaguear de cirios!
Olor de frescas rosas,
de azucenas y lirios....

***

En México no se conocen los verdaderos
placeres del invierno. La poesía invernal nos
es incomprensible y por eso, . al recorrer las literaturas del Norte, muchas veces nos encontramos con símbolos inexplicables y con sensim1entos que se escapan á nuestro análisis.
Ibsen, Sudermann, Dickens, están llenos de
la gloria invernal; Goethe ha cantado los placerPS del hielo con un entusiasmo que á nosotros podría parecer .... .. pueril. Y sin embargo, todos los genios del Norte han hecho bien
en glorificar el invierno, porque en los países
del Norte el invierno es la estación de la poesía nacional.
En la calle y en la casa, el invierno ofrece
maravillas. El deleite de sentarse cabe el fuego, la familia toda, grandes y chicos, debatiendo los asuntos más tiernos, rememorando
añoranzas en los viejos y sembrando imperecederos recuerdos en los jóvenes; cuando el
frío de afuera, franco y completo. parece que
aprieta á los miembros de la familia unos contra otros, obligándolos á la unión y congregándolos-sin símbolo-en torno del hogar;
ese deleite es algo que á nosotros nos falta, algo que con nada podríamos sustituir, y que
es engendrador de ternuras, de anhelos y de
saudades especiales.
Por eso hemos dicho que nuestro invierno
es malévolo; porque nos ofrece las crudezas
del frío, sin compensaciones ni encantos; porque no permite que encendamos fuego en las
estancias ni tolera que discurramos bajo el cielo estrellado. Nuestro i nvierno es hipócrita,
indeciso, falso y despiadado. Mata de frío y no
ofrenda las delicias de la chimenea. Es como
un traidor que ataca sin dar lugar á la defensa. Es un monstruo.
Porque si nuestra prensa de información
rara vPz da cuenta con fallecimientos por congelación, no es porque nuestro invierno no
mate, sino porque es un asesino «cerebral,»
cauto, precavido, que no se atreve á dar un
golpe de una vez, sino que atormenta lentamente á su víotima, la envenena paulatinamente, debilita sus pulmones, infiltra en ellos
el germen de la tuberculosis ........ .
Y luego, cuando llega la primavera y la estadística de la mortalidad arroja cifras enormes, la gente llama asesina á la primavera.
¡Pero cuántas de las víctimas son .hostias rezagadas del invierno!
S'l'RINDBERG.

MICROPOEMA
I
Una cuna rosada que la luna
tras de un cristal con níveo rayo armiña
y en el mullido fondo de la cuna
'
un ángel... ... .. una niña!

II
Unos ojos ardientes, unos ojos
en que el azul del cielo es más sereno·
tersa piel, blancos dientes, Jabios roj~s

Domingo 18 de Eoei.'O de 1!903. _

.-.

JULIO FLORES.

NuevoMinistro de Gobernación.
tambios en d 6abinete.

E

L viernes á las doce del día, prestó la,
protesta de ley ante el señor Presidentede la Repúblic¡i., el señor don Ramón Corral, nombrado últimamente por el .l!;jecutivo
Secretario de Estado y del Despacho de Gobernación. El señor General don Manuel González Cosío, que desempeñaba ese alto puesto, pasó á encargarse de la cartera de Fomento, en substitución del señor Ingeniero don
Leandro Fernán&lt;lez, que se hizo cargo de la de
Comunicaciones y Obras Públicas. Para Secretario de Guerra y Marina, fué designado,
por último, el señor General don Francisco Z.
Mena.
Tanto el nuevo Ministro de la Guerra, como
los sefiores Ingeniero Fernández y General
González Cosío, rindieron también la protesta
el viernes pasado.

SR. O. RAM O N CORRAL, Secretario de Gobernación.

SR. G RA L. O. FRA N CI SCO Z. M E NA, Secretario de Guerra.

(Fot. Valleto..)

***
El señor Corral, que por primera vez forma
parte del Gabinete, nació en Alamos, Honora,
el 10 de enero de 1854, dándose á conocer primeramente como periodista en «El Fantasma,&gt;
y ccLa Voz de Alamos," publicaciones de combate que fundó y sostuvo.
El año de 1875 tom6 las armas contra el jefe revolucionario Gral. Pesqueiro, y muerto
éste, desde las columnas dela ccRevista Histórica del Estado" hizo un estudio desapasionado y justiciero de aquel jefe, reconociendo los
importantes servicios que prestó á la Reforma.
Después, y sucesivamente, fué electo Diputado á la Legislatura de Sonora; desempeñó
por algún tiempo el cargo de Secretario de
Gobierno; tomó parte en la formación de algunas leyes, hoy vigentes, relacionadas con
el Ramo de Hacienda, y colaboró con el actual Magistrado á Ja Suprema Corte, Don
Eduardo Castañeda, en la revisión del Código
Penal del Distrito, para su adopción en Sonora.
El fü. Corral ha sido también Diputado al
Congreso de la Unión, y Gobernador de su
Estado natal en dos ocasiones. Durante su administración se llevaron á cabo en Sonora mejoras de mu.cha importancia.
Por último, estuvo al frente del Gobierno del Distrito desde el 18 de Diciembre de
1900, captánd·ose en el desempeño de su cargo, los elogios de la prensa y de la gente sensata.

***

En cuanto á las demás personalidades que
integran el Gabinete del Sr. Gral. Díaz, hemos dado ya/\, conocer en nuestro semanario
sus datos biográficos. Sus servicios como colaboradores del Sr. Presidente, los hacen, sin
duda, dignos de la confianza que en ellos
deposita el Primer Magistrado.

SR. GRAL. D. M A NUEL GONZALEZ COSI O,
Sec retari o de Fomento.

(Fot. Va.neto.)

SR. ING. D. LE AND RO FERNA NDEZ, Secretario
de Comunicacionea,
(Fol Schlattman.)

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 18 de Enero de 1903.

NOCTURNO.

-ro~
,~ ..

Al llegar á su alcoba,
obscura y solitaria,
la engañosa careta.
á pedazos arranca,
y queda al descubierto
aquella faz tan pálida
que entre los muertos mismos
honda im presi6n causara.

rr~--·•••·.,"'"''"'••·•"•·

'

Elévanse en tumulto
aquellas notas raras
que las nocturnas aves
escuchan espantadas.
Y crecen, siempre crecen ...
Hasta que al fin el arpa
prorrumpiendo en un grito
de odio y amor, estalla!
FABIO FLALLO

PINTORESCOS.-La Venta de Cuaji'malpa .

Brillan de bélico deseo
sns pupilas de halc6n en la espesura
y hay heroicas barbaries de trofeo
en la furia triunfal de su escultura.

CINEGÉTICA.
Duerme la loba.
Cual colérica ceja
está encorvado el arco de raoba.
El dardo va, como una enorme abeja
zumbando al viento,
y del ijar á las nerviosas patas
cae un ch orro sangriento
cual racimos de abejas escarlatas.
Alza un nemrod coloso
el gran bronce del busto entre las ramas.
Crispa un soplo febril su vello de oro,
su tím ida nariz resuella flamas.

_)

.. - ~ - ~~--=

tos "J:itbuani."
¿Eran de Lithuania?
¿Quién sabe?
El mayor de los aplaudidos acróbatas, el
director de la familia de «los caballeros acrobáticos», decía que eran franceses, y así lo repetían el hermano siguiente, más fuerte, más
brusco, más hombre en apariencia (y más borracho) que Félix, y así lo aseguraban los dos

Si después de haber veetido al desnudo, le
echas en cara tu favor, es lo mismo que si lo
desnudaras ele irnevo.-FILEM6N.

....._...-

..-.

--Un Filósofo.-=(Cuadro de Fabrés.)

E l pensamiento es un poder; y el talento,.
una libertad.-VICTOR Hrno.

***

Los insolentes en la prosperidad, son siem•
pre viles eñ la desgracia.-.ANóNJMO.

i:_iiños que completaban la fam ilia de «Los Lithuani», como se anunciaban ante aquel público. ¿Quién sabía cuál era su apellido en
verdad, y de d6nde eran verdacleramente nativos? ¿Acaso no lo habían olvidado ellos m ismos?
Su patria era el circo, dondequiera que estuviese: en el circo vivían: vivían por el circo
y por tanto alentaban para el circo.
'
Nada les importaba ese mundo que se agitaba allá afuera de aquel recinto y que venía
á aplaudirlos alegremente cada ~oche.
Lo q ~e ~ ~llos importaba era estar seguros
en los eJerc1c1os que presentaban: "saltar siempre con limpieza, no errar los saltos sobre los
h ombros, no necesitar la repetición de las
suertes que pare_cínn m{~s difíciles al público;
en caso necesano repetir contentos la suerte
fracasada; y sobre todo, sonreir, sonreir siempre, aun cuando hubiesen sufrido una torcedura", era el semidecálogo que Félix repetía
á sus hermanos.
Y ¿serían en verdad sus hermanos?
Raramente y desgraciaclarnente eran en verdad hermanos los que formaban la familia de
los acr6batas que habían llegado á ser los artistas prefe~·!dos del público en aquel circo que
daba «func1on todas las noches, jueves tarde
y noche, y domingo y días festivos mañana
tarde y noche,&gt;.
'
'

-

-

,,

Es un ocaso:
incendiado del sol el bosque arde,
y un águila gigante va de paso
reinando en los azures de la tarde!
LEOPOLDO LUGONES.

.,¡- n"

~-

Vibra al principio trémula
en sus manos el arpa,
con un preludio lento
de notas apagadas;
después surge el '·motivo",
y es su armonía extrafia
inaudito concierto
de risas y de lágrimas.

SITIOS

Domingo 18 de Enero de 1903.

EL MUNDO I LUSTRADO

En efecto, había entre ellos un parecido
aceptable, como el parecido de familia; todos
cuatro eran rubios, de frentes amplias, de ojos
verdes, de cuerpos bajos y robustos; hasta llevaban todos, para completar el parecido, anchas huellas de viruelas en el rostro.
Era el de «Los Lithuani» un o de los actos
que á mí, como á la mayoría del público, más
agradaba, y que esperábamos con ansia.
Siempre era el acto
7?--Acr6batas .................. «Los Lithuani»
y después seguía:
«Intermedio.-10 minutos.,&gt;
A cada suerte, á cada trabajo, el público
rompía la mon6tona pieza musical americana,
con salvas de aplausos, y aún con gritos entusiastas. ,
Era de verse &lt;tla limpieza. y precisi6n» con
q.ue ejecutaban sus trabajos y el cariño que se
demostraban los artistas, como se ha dado en
llamar (i todos los trabajadores de circo, á semejanza, y acaso con la misma razón que á
muc:hos trabajadores en mármol ó en «terracotta,&gt; y á muchos majaderos en palabras 6 en
notas musicales.
Antes de comenzar una nueva suerte, cuand_o se embreaban pies y manos los acr6batas,
siempre el di rector acariciaba la carilla pálida
de la niña 9ue iba rápidamente, por el desarrollo de piernas y brazos, camino de la pubertad, la besaba en la frente y la empujaba
C?~1 suavi_d~d al centro de la pista, y así tamb1en acanc1aba la cabellera rizada del muchacho que siempre serio y casi mal humorado,
cumplía cronométricamente con sus ejercicios
y s?lo plega1?a al público la boca grande, d~
· labios promrnentes, en un gesto más de amargura y odio, que de satisfacción y gratitud
cuando daba las gracias por los aplausos que
le regalaban después de sus trabajos.
Ese día:
Ya los programas lo gritaban en letras muy
g!andes y muy rojas, como buenas norteamencanas: «Beneficio de «Los Lithuani,&gt; .-Actos nuevos.-Gran sensaci6n.-La escalera de
«Los Caballeros Acrobáticos. i&gt;

,11~

. .: :

/.

~

'

Y todavía el acto no resultaba bien; todavía el chiquillo de boca plegada por gesto extraño, no podía sostenerse con seguridad, de
cabeza sobre la cabeza fraternal.
F élix se adaptaba á la redonda y dura cabeza, cabeza que dijérase escapada de un boliche, cabeza de acróbata, la r uedecilla acolchonada que sujetaba un barboquejo, y colocaba
encima, cabeza sobre cabeza, al pequeño Luis
provisto de la mandolina, la vieja por supuesto, que la vistm,a que tenía incrustaciones de
concha, era sólo para ia funci6n, para lucirla
y cuando no tuviera gran peligro, porque y~
Ja suerte resultara.
Entonces al compás de la música del niño
bocabajeado, empezaba Félix á ascender la es:
calera oblicua que conducía al pedestalillo,
para descender después por la otra igual escalera, siempre F élix con la vista clavada en
su carga, y balancP.ando cabeza y brazos para
conservar el equilibrio. «!l'fignón»- así llamaba el redactor de programas á la pequeña
acróbata de piernas y brazos gruesos y cortos
y carilla pálida- seguía por abajo la marcha
del grupo, pronta á prestar su ayuda al muchacho, si caía de la cabeza fraternn l.
Félix, sudoroso, chasqueaba el pulgar contra el medio, mientras el niño rubio, todo en
temores, rasgueaba el instrnmento y encogía.
6 alargaba las ¡Jiernas para buscar ~l salvador
equilibrio.
Los labios prominentes de su boca ancha
iban resecos y los ojos tijo3 siempre con la
mirada tendida hacia su frente, tom'a:ban decuando en cuando nublazones lacrimo~as.
Llegaban hasta el peldaño sexto 6 séptimo.
de I~_escale.ra azul ~ tendida oblicuamente, y
el mno vacilaba ......... y caía salvando siempre en la izquierda la mandolina, mientras
con la derecha desesperadamente abierta buscaba el apoyo que siempre le ofrecía oportunamente la «l\1ignon».

�Domingo 18 de Enero de 1903.
Entonces era cuando al propio tiempo que
se arrancaba el barboqu&lt;'jo y la ruedecilla
acolchonada, prorrumpía Félix en sus denuesios y en sus amenazas que iban in\'ariablemente perseguidos por los estrujones que imprimía al chico para adaptarlo nuevamente ú
la cabeza.
Y el niño protestaba primero.
-¡Oh! yo no puedo; no es tan fácil; tenga
paciencia.
(Aquí seguía la injuria: imbécil, estúpido
... ...... podía irse á robar; el trabajo no era
para él.)
-Vamos otra vez; cuidado, much.o cuidado.
Subió el acróbata que ante el público acariciaba antes de cada suerte la carilla pálida
de la niña y pasaba la manota sobre la cabellera rizada del niño.
Sólo se oía en el circo, á la 1-30 de la tarde, el sonillo de las cuerdas de la mandolina.
El gran circo estaba ya vacío; sólo en el
centro de la pista ensay:iban ellos, «los beneficiad os. &gt;1
Ya los acomodadores habían acabado de
arreglar por numeración las lunetas que los
concurrentes desaneglaran la noche anterior,
en su salida pre,rnrosa que no respetaba el alineamiento de los pasillos, y ya habían dejado
los mismos azules acomodadores limpios de
programas ajados el suelo y de polvo negruzco las barandillas de los palcos.
Ya los maquinistas habían preparado en el
foro la casa pobre para «Los Reyes del patín»
y habían corrido á medias el telón de anuncios.
Sólo se oía el sonido de las cuerdas de la
mandolina, la respiración agitnda de Luisillo,
y á inter\'alos irregulares el 11am golpeado de
Félix sobre las tablas de la escalera, y aquel
cha.,quido del pulgar contra el medio, ruido
con el cual el director de la familia de cccaballeros acrobáticos» quería mantener provechosa la 'ltención del muchacho, á fin de que no
rodara nuevame:1te al suelo.
No se oían los pasos de «Mignón», porque
pisaba sobre el serrín, y porque calzaba las
alpargatas de ensayo.
Llegaron los hermanos hasta la plataforma
que separaba las escaleras opuestas oblicuamente.
Félix respiró con fuerza, y dejó salir un
«vaya,, de descauso; pero al t.mpezar el descenso por la otra escalera, el niño perdió el
equilibrio y cayó hasta el suelo de la pista.
Apenas pudo ccMignón» detenerlo para que
el golpe no fuese muy fuerte, y por encima de
los brazos de ella salieron las manos de él: la
derecha abierta buscando el punto de apoyo,
y cerrada la izquierda apretando el brazo &lt;.le
la mandolina.
De un salto cayó Félix al lado de los niños
que, conocedoras de su suerte, ya temblaban.
Efectivamente: el director de la «familia de
acróbataS&gt;J rugió tres injurias, y descargó con
fuerza sobre la carilla pálida del niño, la manota ennegrecida y llena de cicatrices.
(No deben ustedes asombrarse: aquello en
el ensayo era siempre igual, á diario, porque
á diario ensayaban. Sólo en las funciones,
¡qué fraternal y qué hermoso era el cariño que
&lt;lemostraba á los hermanos Félix el director;
acariciaba la carilla pálida de la niña, la besaba en la frente, y pasaba la mano por sobre la
caballera rizada del muchacho que, siempre
serio, mal humorado, cumplía cronométricamente con sus ejercicios; solamente plegaba
al público los labios en un gesto más de amargura y de odio que de Ratisfacción y agradecimiento cnanclo le aplaudían sus trabajos. Desde las primeras suertes que el muchacho había ensayado, recibía como castigo la bofetada, y como premio un jadeante: ya está
bueno.)
La sangre saltó de la boca y la nariz de
aquella carilla ac.-obática, y «Mignón» sacó
de entre la banda del vestido viejo-el vestido de ensayo que en algunas partes dejaba
asomar la rosada carne-un pañuelo grande y
floreado.
Félix, gruñendo otra injuria para la criatura, se fué hacia la puerta para gritar á la can-

EL MUNDO ILUSTRADO
tina que le mandaran una cerveza, y volver á
trabajar.
Luis le repitió cuando ya estaba lejos, como siempre:
-Cuando yo sea grande,. me largaré.
Félix volvió la cara, y rió con provocativa
burla:
-Bien, bien: lo veremos ..... .
Sentado ~obre el redondel, apoyando los codos sobre las rodillas y la cabeza en las palmas ele las manos, quedó cubierto por la penumbra del circo, Luis, que sollozaba fuertemente y agitadamente. Se le mezclabaH en la
cara sudorosa, las lágrimas y la sangre tibias.
Entretanto crl\Iignón», apoyándole sobre la
espalda una mano, con la otra le ofrecía silenciosamente el pañuelo, sin acertar á consolarlo con palabra.«,y acercaba á la cara sangrienta
el contraste de su carilla púlida.

Domingo J 8 de Enero ele 1903".

EL MUNDO ILUSTRADO

Como es sabido, anualmente Ee celebra en
la pintoresca población de CoyQacán, un certamen de pájaros, peces y flores de ornato.
Luciclísimos son estos co11cursos y á su mayor
realce contribuye la presencia de damas dis•
tinguidas de nuestra sociedad, quienes se encargan de repartir los premios, alenta.ndo con
ello á los expositores.
Dentro de poco se efectuará el certamen correspondiente al año actual, y con ese motivo
publicamos el anverso y reverso de las medallas que se otorgarán como prernios. Por los
grabados se puede ver que dichas medallas serán verdaderamente artísticas, pues los bajosrelieves están trabajados con exquü,ito gusto.
La Junta Directiva de la Exposición publi-

á 1!éxico, y cumpliendo con la ley de lamateria, sustentó examen en la Academia de San
Carlos, siendo aprobado en él por unanimidad. A partir de aquella época, comenzó á tomar parte en distinto,, concursos artísticos y
á dirigir la ejecución ele importantes obras arquitel)tónicas, figurando entre éstas como unas
de las principale,:, el teatro J uárez' de Guanaj uato, y la Aduana de Santiago. El primero

corregir, en la parte interior algunos inconve-·
nientes que presenta en la distribución de los
salones, escaleras, etc., etc.
Las dos casas que tienen vista á la 31!' calle
de Colón, serán derribadas, según el proyecto,
para substituirlas por una serie de salas queocuparán las secciones, en la planta alta, y el
archivo en la baja. La fachada principal se
elevará convenientemente , construyéndose

EXP0SICI0N DE FLORES EN C0Y0ACAN.
Anverso y reverso de las medallas que se otorgarán á los vencedores.

El muchacho, ele pronto arr~bató el pañuelo y rugió más y dijo:
-)Ie largaré cuando sea hombre, sí; me
largaré ó lo mato!
,c:\Iignón&gt;, casi lloró:
-No digas eso...... .
(Yo, que era empleado de la empresa, desde mi escondite, tras la cortin3 roja que en la
última grada servía para disimular en unas
noches la ausencia del público que algunas
vfces llegaba á demostrar su hastío por la monotonía del espectáculo, comprendí por qué
motivo la misma empresa nos prohibía la entrada á los ensayos. )
Y por la noche, cuando ante el público se
presentaran los cccaballeros acrobáticos,&gt;, 1ujosos, sonrientes, y Félix acariciara y besara á
los niños, ¡cómo estaría gustoso el público,
cuánto simpatizaría con los artistas y hasta
qué ruido los aplaudiría!. .... .

***

cará en estos &lt;lías las convocatorias para el
certamen mencionado.

Dirtctor dt ta Escutla dt Btllas .Rrtts.
Para cubrir la vacante &lt;¡ue como Director de
la Escuela Nacional de Bellas Artes dejó el
Sr. D. Román S. de Lascurain, por renuncia
que hizo de su puesto, fué designado por la
Secretaría de Justicia é Instrucción Pública
el Sr. D. Antonio Ri\'as Mercado, notable arquitecto que cuenta en su abono con facultades muy poco comunes.
La personalidad del nuevo Director de Bellas Artes es suficientemente conocida y, por
lo mismo, nos limitaremos á consignar aquí
sus rasgos más salientes. El Sr. Rivas Mercado hizo sus estudios en París, donde recibió
el título de arquitectico y obtuvo seis medalJas de oro como premio á sus obras. Al venir

Reformas al edificio de la Secretaria de

de estos edificios, sobre todo le ha valido
muchos elogios.
'
En la actualidad, el Sr. Rivas .Mercado tiene á su cargo la construcción del monumento
á la Independer.cia que se levantará en la
cuarta glorieta de la calzada de la Reforma.

Lt\ SACUDIDA.
Es dolor ó placer, golpe 6 halago;
en l?s dulces espíritus, consuelo,
lluvia reparadora que del cielo
devuelve en gotas el ~apor del Íago.

En un periódico de una ciudad de la República, he leido que en cierto restaurant, mientras
comían varios artistas de la compañía de circo qne acababa de llegar, un jo\'en se arrojó
sobre otro hombre, y con el tenedor que usaba en la mesa, lo hirió varias veces ferozmente. Se agregaba que el heridor y el herido eran
hermanos, y que éste estaba muy grave. ,,.Parece que antes, durante un ensayo, el mayor
de los dos golpeó con crueldad al otro.»
......... Y yo be pensado en «Los Lithuani&gt;i
y en el público que tanto simpatizaba con
aquel cariñoso hermano que siempre suavizaba caricias sobre la carilla pá,lida de «Mignón»,
y por sobre la cabellera rizada ele Luis .. .
A pesar de todo, ¿se acuerdan ustedes dela
cara mal humorada, y del gesto más de amargura que ele satisfacción y gratitud que plegaba aquella bor:a grande de labios prominentes?........ .
FRANCISCO ZÁRATE Rurz.

Relaciones.-Fachada principal.

Et Edlfdo dt ta Stcrttaria dt Rttadonts.
Por encai:go de la Secretaría de Relaciones,
el Sr. Arqmtecto D. Nicolás Mariscal, ha proyectado algunas reformas al edificio que en la
calle de Patoni ocupa la Secretaría mencionada.
_La~ reformas á que nos referimos tienden
prmc1palmente á dar á la construcci6n que
ahora se confunde por su estilo y prop'orciones con las casas particulares, una apariencia
más adecuada al objeto á que se destina, y á

otro piso rematado por un ático de hermosoaspecto.
Como puede verse en los grabados que ofrec~mos en esta plana, el Sr. Mariscal se ha
aJu.stado e? la !ºi:mación de su proyecto, al
estilo arqu1tectomco del actual edificio.
Mejor es que venga l~ virtud acompaíiada
c~m la pobre~a, que la riqueza con la violencia;, la frugalidad con la salud, que la glotonena con las enfermedades.

Es en el pecho mi&amp;erable estrago
co!ltra toda virtud maldad' y duelo
Sacuden á la vez, ~elos á Otelo,
·
á Desdémona amor, envidia á Yago.
Va acompaña1,clo á cada sacudida
un germen propulsor de muerte ó vida
Es delito en la mente depravada.
·
nuevo ser en el seno fecundado
rede.nción en el pueblo subyugddo,
Y crimen en la tumba despeñada!
j\JA~UEL

Sr. Arquitecto O. Anton:o Rivas
Mercado.

S.

PICITARDO.

Reformas al edificio de la Secretaria de

Relaciones.-Fachada posterior.

�Domingo 18 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUS'l'ltADO
mi paseo, luego me detuve; cuando me cansaba de ver en el espejo, enarbolaba mis «gemelos» y veía furiosamente haf'ta que el tortico\i me rendía y tornaba á mi espejo y así
hice las tres \'eces que estuve allí, pues aunque estuve cuatro, la última no la cuento, porque solo vi al Papa.

***

' «Michel piú che terreno, angel divino", como dijo el Ariosto, era, ya se sabe, ei emperador sin bP.rederos de la escultura cincocentista. Así lo creía Julio U cuando le encargó
su sepulcro; ya estaba listo el ángel para desbastar los dos mil quintales de mármol que
en bloques formidables había hecho arrancu
á las canteras de Carrara, cuando el Papa varió de idea y quiso hacer del escultor un pintor. Furioso de horror y de ira, Miguel Angel
se evadió del pontífice, que no ce3Ó de rechmarlo á la sefioría de Florencia; hasta q 11e
por influjo de lo'I jefes de la República, del
gran bonachón Soderini, sobre todo, el artista tornó á ponerse en contacto con su iracundo Mecenas: el Papa acababa de aplastar á la
republiquilla de Bolonia y á sus jefes ·ó tirnnos que pretendían emanciparla del yugo romano. El escultor levantó al guerrero triunfante más bien que al Papa, un monumento
coronado por la estatua pontifical, digna de
un emperador de los tiempos altos (de esa estatua derribada por los boloñeses c·n un día
de exaltación republicana, no queda un· solo
fragmento). Y luego, ya sereno y resignado
á ser pintor, volvió á Roma, subió al departamento del Vaticano en que estaba la vasta Hala cuyos muros laterales estaban decorados
por frescos de Sandro BottiJelli, de Pinturri-

chio, de Ghirlandaio, de Signorelli, curiosos,
interesantes, bellos, apagados hoy por los destellos del estupendo reflector encendido en la
bóveda; vió, levantó su enorme andamio, hizo venir de Florencia unos cuantos artífices
que le enseñasen los secretos de la pintura al
fresco, se acostó eir su antro oculto junto al
techo y pintó, pintó, pint6 cuatro años largos. Ya su barba y su vientre se habían unido por un hof'io deforme, su rostro estaba sin
cesar maculado y convertido en mosaico por
el gotear de los pinceles y aquel hombre no se
sentía pintor, «ne io pittore». Bajó un día,
quitó sus andamios y vió todo lo que había
hecho. Tenía razón; aquello era una escultura ó una pintura esculpida. Roma entera. desfiló bajo la bóveda, desconcertada, estupefacta, atónita; la admiración vino al fin, dura.
todavía, durará cuando la :marteada bóYeda y
los frescos gigantescos hayan muerto.
Y allí fuí un &lt;lía, después de visitar largamente la basílica pontificia; pasé cuatro horas, sentí una fatiga infiñita, una trepidación
psicológica inexpresable, un deseo inmenso
&lt;le dar un grito que resonara corno un trueno
durantE; un &amp;iglo, un deseo inmenso de callarme para siempre. Dorm~ diez 6 doce horas
seguidas, si no me habría muerto.

***
¿Qué ·hay, pues, allí? No sé. Es como si un
Hirnala.ya ó un Ande le pusiera á uno la mano
sobre la cabeza. Es ésta una de esas obras
huma.nas que son, para nuestro limitado espíritu, superiores á las obras de la naturaleza;
éstas producen una sen!'ación envuelta en el
misterio, que es una emoción; las obras del,
genio complican la sensación y la emoción
con un mundo nuevo: el pensamiento. La bóveda de la Sixtina piensa.
Es un poema. plástico ¿hay otro igual? ¡Y
qué mal prevenido iba yo! Varias personas
me habían dicho en México, en París, en Madrid: ¡la Sixtina es una disilusión, es un «camelo»! El Juicio final, una rapa bituminosa.
en donde se amontonan hércules de feria en
convulsión; la bóveda, una placa de cuadros
apagados entre un laberinto de figuras desnudas y figurones vestidos; los desnudos, obscenos no por desnudos, sino por fuertes.
Entré, arreglé mis anteojos y vi durante
una hora C&lt;el Juicio final»; Iu ego tomé u no de
esos espejillos muy bien plateados que alquilan los guardianes de la capilla al entrar y fuí
viniendo paso á paso desde el lado contrario
al «Juicio», que fué por donde comenzó l\Iiguel Angel; luPgo rehice en sentido contrario

Sí, señores, permítanme ustedes ante todo
rezar por los que Yen un «camelo» en la Sixtina. ,,Perdónalos, Señor, no saben lo que diCP.n. Y si lo saben, Señor, por qué no has
permitido que yo fuese en su lugar, ruantns
veces han idu ellos? RehazleR, Señor, la mollera y líbranos de mal. Amén.,,
-Lo que sucede, me decía uno de pi;os aniigos míos, es que ibas "suge"tionado» por todo
cuanto has leído, clesde ·wíncktlman, &lt;le,&lt;le
Goethe, desde Michelet, ( no, esto no lo decía
él, lo digo yo) y Montegut, y Taine, y .Burckardt, y Klaczko, y Castelar (y fa mar) y
naturalmente no es uno hombre &lt;le talento, si
no le gusta la Sixtina y tú quieres pasar {1 todo trance por homlire &lt;le talento, sobre todo
á tus propios ojos.
-¿De modo que no me ha causado una
impresión inmensa la Sixtina·? ¿De suerte que
&lt;"S pura «pose" la mía?
-Lo juro.
Yo os juro, lectoref', que ésta es una calumnia infame. Os juro ...... Pero en fin, vayan
ustedes á ver...... ¡Y llévenme!

**"
Ojos, anteojos y espejo me mostraron esto
sucintamente; una ilustraciún de la :Biblia.,
una Biblia plástica ¿lo he dicho ya? Pues lo
repito: un poema plástico, austero, titánico,
hecho con puro material humano que á fuer za de sencillez y de idea se vuelve di vino. Cou
puro material humano; allí no hay más que
piedra y músculo vestido ó desnudo; más bien
desnudo. Todo es pintado, piedra y músculo:

el limpio cañón de la b6veda se volvió un_a
arquitectura: entablamentos, tímpanos, p1la.strai:, ménsulas, cariátides, cornisas suben
del muro al centro, en donde, entre fuertes
marcos arquitectónicos, se desarrollan en trípticos conjugados cuatro grandes cuadros ( iba
á d ecir tapicerías) y cinco pequefi.os que rep re.-;entan los primeros momentos del Génesis: una teogonía, una cosmogonía: un surgimiento de la divinidad, un surgimiento del
uniYerso, un surgimiento del hombre, un surgimiento de la humanidad. Dios naciendo
del caos; Dios distribuyendo el cosmos, es
decir creándolo; Dios recorriendo su imperio
(« l~I «Pneuma&gt;: de lah,·é era llevado sobre las
agua;;»); D io,; com unicando al hombre lacentella psíquica, «animándolo».
Luego el drama humano: el idilio preliminar: Eva; el primer acto &lt;le la. tragedia: la necesidad de conocer, la Ciencia y su satánica
epifanía en el E&lt;lén; la expulsión del Paraíso
á este valle de lágrimas. (La mirada de Eva
es un mundo de dolor. de espanto y de esperanza. Parece decir: ya sé lo que es la desventura; no importa! l\Ie llevo unos momentos de
paraírn conmigo, me llevó el amor). Def:¡rnés,
ó poco después, aparece la humanidad en el
Dilu\·io (siniestro, sublime cuadro en su ho. rror y en su color) en fin, los hijos &lt;le Noé,
las razas, el .insulto al P_adre, el origen de la
raza maldita......... La redención por el agua·
que se llamó el Diluvio no había bastado;
reaparecía el pecado al otro día del castigo,
era preci;:a la redención por la f'angre .... . . Y
comenzó la preparación: eso es lo que anuncian esos profet:1s, esas sibilas, todos pensando, todos meditando, todos escudriñando la
ciencia humana para vislumbrar la ver¿ad divina: héla aquí: el olesías vendrá. Ved estas
familias pobres, sin historia ó con la misma
monútona historia de labor y esperanza infi nita&gt;&lt;, estos grupos de los tímpanos: pues allí
se elabora la buena nueva, de esas entrañas sociales nacerá el Cri~to. ¿Y será vencido el pe-

Domingo 18 de Enero de 1903.
cado? ¡Oh! no, el mal es eterno, el mal renacerá perpttuamente.... Y entonces habrá que
extinguir la humanidad, habrá que reincorporará Dios lo; buenoR y al mal los malos.
¿.Y cuúl será entonces el objeto de_ l_a lucha'?
Misterio, abismo. Eso cuenta "el Ju1c10 finaJ,,_

***
Y no hay más, como pensamiento; no hay
más en la bóveda de la Sixtina, á pesar &lt;le
que no ha habido visionario, soñador, .filósofo ó teólogo que no haya leído estas pí1ginas
maravillosas como los intérpretes las pictografías, descifrando símbolos y desatando enigmas. No, la interpretación vuelve estos episodios á su genuino sentido y de esta version
plástica del libro '!anto, sólo puede extraerse
lo que allí puso el arcángel-poeta del pincel y
del cincel: el libro santo.
Sí, pero si Miguel Angel no puso allí una
metafísica esotérica, de esas que solo pueden
comprender los iniciados, sí pu~o una alma,
su alma, su alma inmensa. Esa alma, ya se ha
copiosamente dicho, y no podía menos, y es
cierto, era la de un di~cípulo de Dante y del
dominico quemado por orden de Alejandro
VI, de Savonarola. Estos dos profetas, ardientes, batalladores de la verdad y del bien, descomponían la luz del mundo en un espectro
de tristeza, de dolm- y de ira santa. Era el de
ellos un pesimismo que no resultaba de esa
especie de fe en la nada como el de Schoperíhauer .v el de Leopardi ( 4ue es en la poesía
un Miguel Angel sin antorcha), sino el que resulta de la confrontación perenne de la realidad con el Ideal; confrontación dolorosa, más
amarga que la muerte. De este pesimismo estaba impregnado Miguel Angel. No hay una
sola sonrisa en aquel inmenso e&lt;lificio en &lt;¡ue
el material supremo y único casi es la figura
humana; hasta en las más dulces de estas figuras, la del padre Adán en su "animación", la
de Eva brotando de Adán dormido, la de la
Sibila délfica, que es una maravilla de pensa-

�Domingo J 8 de Enero de 1903.
miento y de forma, l:t de esa divina mujer
que ~e viRlumbra más que se Ye en el tímpan,o coloc.:l;o entre Daniel y la Líbica, os dirnn ~l m!smo sentimiento; en ninguna enco:-!trar~1e m. un solo anuncio de alegría; al contrano, mientras más clulcel', más tristes.
Así es como aquel hombre que sufría físi~mente por !a ~ootura en que pint6 cuatro
anos ( él lo dice a maravilla en su famoso soneto.á Juan de Pistoia) izado en su tablado
altísimo; que sufría moralmentP. con las desgracias de su patria; que sufría intelectualmente por su inconformidad con lo existente
que le parecía todo onentado hacia el mal·
as1, es como aquel hombre feo (la fealdad sin-'
gular hace á los hombres 6 misántropos 6 bufos 6 ambas cosas) á quien un compailero de
taller, cansa.do de sus sarcasmos, había aplastado las nances de una puilada; aquel hombre ca&amp;to que nunca se vi6 -nel diletto della
carne involto,» que nunca tuvo más que una
gran p~si6n de espíritu, la &lt;le la pura y luminosa é mefable Yictoria Colonna; así fué como con su ~lma, más que con su pincel, pintó 6 esculp10, porque todo allí lo repito es
~cultu.r;1, la b6veda de la Sixti:1a: por es~ la
imprts1on total es supremamente melancólica. ¡Cómo! Hasta Dios es triste? Oh! maestro
si J?ios fuera capaz de tristeza se resumiría eÍ
Umverso en una lágrima!
Pero esa alma era una complicación no
una simplificación; cada alma es un agregado de almas; por eso la psicología, con
perdón del maestro Ezequiel Chávez, es todavía una especie de alquimia; para llegar en
estas almas compuestas al elemento irreductible y simple, á la ((faculté maitresse» de Taine, ¡qué trabajo! y cuán vano, casi siempre!
El alma de Miguel Angel se distingue por
el don formidable y doloroso de concebir la
forma, pero no la forma escueta macerada y
nimfa de los primitivos 6 de los ~ísticos, sino
plena, rotunda, enorme, lujuriante como solí~n concebirla los paganos, como la concibieron el autor del H ércules Farnesio 6 el autor del Laocoonte; solo un pa&lt;&gt;ano podía entender así ~a plástica, s6Io un pagano, sUo uno
de esos artistas que podían decir: la forma es
~do, en la ~orma está el alma, era capaz de
pi!:~r el Cnsto Heraklés del Juicio final y el
ceJiJunto Júpiter olímpico del fresco de la
Creaci6n de la Sixtina ( todas las figuras de
Jehovah pintadas en la bóveda llevan en la
frente el pliegue clásico del rost~o famoso del
Júpite~ de ~tricoli) son hechuras paganas y
lo son mfimtamente esos pares de mancebos
mara~illosos que decoran en posturas que
co~sbtuyen un reto á todas las leyes de la estát1~, los .ángulos de los frescos superiores,
l~s .«1gnudL». Plásticamente esas figuras son
d1vmas; pero la divibidad les viene de que son
soberanamente humanas· es la misma explicaci6n del antropomoríis:Uo helénico· á fuerza
de embeber
de serenidad de belleza 'de pen.
samien.~, una figura humana, la daban una
-9xpres1on, un verbo divino.
Pero ad~más de ser pagano, era este hombre, lo repito, profundo, intensamente cristiano en su obra. ¿Cómo esta antítesis? Pues sí,
Y ~n pr.ofunda que puede inferirse de ella, al
ex1Stenc1a de otra alma. Veía como un pagano, sentía como cristiano ambas cosas hondísi';Il~n_iente. Porque veí~ como un pagano,
la drnmdad adquiría bajo sus pinceles el aspecto colosal; los super-hombres de Nietzche
~o son más que dioses paganos, en el sentid~
mtelec~ual; así los comprendían los paganos
e~ su aspecto físico; los dioses en comparac1on .de los hombres eran titanes; Miguel Angel ~ie.m_pre pint6 6 esculpió titánicamente á
la divinidad. Sentía como un cristiano: nun.
ca fué de la secta orgullosa y selecta encarnada en aquel gran Farinata de gli Uberti, que,
según el Dante, veía eón tan soberbio desdén
al_in.fierno (como que no creía enél)· fué un
cnstiano de corazón; el ideal del cristi~no según el maestro que acabo de citar es ten~r el
coraz6n religioso, eoo basta Dios no exije
más. (Con vito.)
'
Pero, en honor de la verdad Miguel Angel
era un v~rdad~ro díscípul.o de Savonarola, que
hab~a de¡~do imbotirwble impresi6n en su ánimo J.uveml; quién sa~e si pertenecía al grupo
de discípulos del ardiente ~ominico, al grupo
)

)

EL MUNDO ILUSTRADO
que celebraba en secreto su culto y adoraha
sus reliquias: el fierro en que había sido ahorcado, el cilicio que el fuego no había consumido, el vino que habfa bendecido antes &lt;le
morir, sus cenizas quizás........ Así como el
fraile temerario que, sintiéndose un Elías ó un
Jeremías, había gritado á la faz de la iniquidad del mundo: «el Papa Alejandro YI no
c~ee en Dios",. así .l\Iiguel Angel empapaba su
pmcel en las iras, en las negras venganzas que
relamp~guean sin cel'ar en la sombra trágica
del antiguo testamento. El ceño de Dios cont:aí&lt;lo desde que el primer hombre aparece,
s1~u~ a~í al través de toda la preparación del
cr~st1~msm? durante la ley mosaica. ¡ La Biblia t~e.ne sm emb~rgo sonrisas y escampado3
de Id1ho! Esto lo ignora Miguel Angel, lo ignoró Savonarola; su cielo fué relampa&lt;&gt;ueante
y ne¡zro; s6lo el cielo del Paraíso tien~ el co.
lor del zafiro líquido que el profeta veía en los
frescos del Beato Angélico en las celdas de Sa11
Marcos; pero era este un cielo ideal el de ultra-tumba.........
'

*

.
* después de conT rernta
afios, según *creo,
cluída la bóveda en cuyos ángulos, como soportes &lt;le ~u. obra, Miguel Angel resumi6 la
moral del vieJ0 testamento en castigos terribles
(el de la plaga de las serpiente~ sobre todo
que es un prodigio de pintura c;uel) treint~
años después, digo, acab6 ele pintar s~ .Tuicio
fi.nal. ~l. es tll mismo, es la misma interpretac16n trag1ca y negra ¿Que es el cielo Dios mío
con un amo t~n fuerte, tan terrible,' tan poco'
capaz de sonrisa ~ de misericordia•? El «pauci
rerum sum .e!ecti» es la regla sin excepción,
allí, en el J ~1cio final; puede haber premiados
por sus méritos, porque conformaron su vida
á un ideal d~ austera virtud, porque vivieron
como Fra Girolamo quería que los florentinos
viviesen cuando fundó la república de Cristo·
pero no hay perdonados, no hay pecadores'
solo hay justo.s; pecadores sí hay, llenan eÍ
cuadro de lágrimas, de lamentos de actitudes
pavorosas, de contorsiones fr~néticamente
exasperadas, pero todos caen hacia el infierno
como caen los objetos hacia el centro de la tierra en virtud de la gravedad.
T?do ello no era más que la traducción de
la vida por un alma dolorosísimamente inconforme ?~n la vida, por un alma que había sido espmtualmente bautizada por Savonarola
é iluminada con luz ~obrenatural por el Dan:
te. Los que se creen mamados, los que se juzga~ por. algún defecto físico capital incapaces
de mspirar amor ( amor de mujer se entiende
que es. el a~or), los artistas que ~e sienten an:
tiestét1cos, o retan á Dios ó retan al mundo·
la obra entera de Miguel Angel el inmens~
poeta de la nariz aplastada, es u~ desafío, es
un anatema al inundo.
Pero es un himno perenne á la naturaleza
que P,ara él es.la fuer za, ya que no la gracia;
¡oh! a la gracia llega tan pocas veces! Cuando
representa al ser humano en la plenitud de la

Domingo 18 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
vida, llega á algo que llamaríamos la gracia
d~ la fuerza, la lu~ del poder, como e11 esa divma figur~ de J o!'!a~, que anima el Juicio final
desde la boveda. No me cansaba de verla •fué
un efecto pasmo8o el que me causó; reduc~ibnes ~u.ras son todos los mancebos desnudos
q~1e decoran los trípticos del plrif6n. Ese Jon&lt;1s, es, e1~ su el'culturnl belleza, la villa inmortal, In Juventud .eterna; es la eterna juventud ~e la ohra de M~gu.el Angel sintetizada en
1~ mas r~~I, en la mas 1deaJ de las representaciones vmles ele] a.rte huma~o. Xo, ni el A polo del Belvedere, m el «A pox1omenos" de Lisipo ( que er,;tcfo. p~r allí á diez minutos de distancia de la S1xtma ) me hicieron el efecto de
esta estatua de J onás, que es una pintura.

***

PP.ro todo est?. es repensado, es hecho
luego, es el análisis, pluma en mano de un
bloque &lt;le sensación, de sentimiento &lt;le emoción,. todo jun~o. Por consi.guiente &lt;&lt;~o es.» La
renl 1mpork'lncia de la crítica para crear se infiere rlara de estos de8menuzamientos del ser
El crítico explica y cuando ha explicado un~
personal.idad humana hasta en sus elementos
1rredu~hble~, preten&lt;le rehacerla, se empeña
en la srntes1s y no resulta la vida, cuando más
resulta un «homunculus.,, Quien crea es el
po~ta, n~ e~ el crítico; es Miguel Angel, no
Tame . .Nadie ha llevado el análisis de un 1,].
ma humana más allá de lo que lleva Taine el
de Napoleón, y al rehacerlo le resulta un precipitado psicológico en el fondo de su retorta
dialéctica, un Napoleón &lt;le laboratorio.
Yo salí de mi~, visitas á la capilla arcangélic.1. con la sensac10n de que pesaba sobre mi ce1;eb.ro una humanidad entera, materia prima y
ultima de la bóveda. Era una Babel de cuerpos humanos que sentía yo pesar materialmente sobre el alma (¿puede decirse esto?),
derrumhars.e en el!a como aquella gente que
llovía del cielo al infierno de Alighieri. Mas
hay un modo de serenarse, de al igerar la carga de _pena que todos aqu~llos dioses y hombres tristes y aquellas muJeres dolorosas dejan
en el espíritu: tornará ver la cabeza de Jonásdivinamente escorzada en la misteriosa sombra, ó ver reflejarse en la tersa superficie del
espejo á Jahvé, el Dios animador comunicando al primer padre la electricida¡l vital que le
circula por las venas y lo hace pensar ya. y lo
prepara á .amar_, Una gra1~ onda de paz y de
serena resignación á la existencia viene de la
sublime figura y circunda el alma nuestra isla sin nombre, con el océano siu horiz¿nte
del alma del artista.
¡Pero qué fatiga, Dios de todos los cielos!
Vol~i':°os al hote).sin ver ú la Roma de hoy,
bulhc1osa y regoc1Ja&lt;la, que nos hace señas para arrastrarnos al fondo ele su fosa de historia
de pasado, de sepulcro; se encierra uno en s~
cuarto y cae sobre el lecho, «come corpo morto cade.»

Justo Sierra.

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.--ILUSTRACIONES DE SIMONT.
TRADUCCION Df "fL ~UNDO ILUSTRADO."
( CONTINÚA. )

, Y yo escuc~aba á 13: anciana, subyugada por sus palabras, cuyo
mas ho?dº. sentido traui:oa de comprender, cuando de súbito apareció
ante mis OJOS una especie de castillo de fachada blanca techo de tejas y á los lados unas torrecillas elecr~ntes
en tigura de palomar.
0
-Allí es-dijo la anciana.
-¿La casa del alcalcle?-pregunté--¡qué bonita es!. .....
La mujer exclamó con rudeza:
-¡Vaya usted! ¡Corra! ¡Es bonita! ¡Usted también es bonita!
¡El a.lcalde la e~pern !
escuela no está lejos: allí abajo, junto á esa
esquma ...... y el ¡msara por esa e1,quina! ¡ por allí pasará!. .... .
Y se alejó rápidamente, no obstante que tenía algún encargo para la casa. ;,Qué la sucedi6•? ¿Era realmente una loca? Se alejó golpeando el suelo con su bordón. l\fe causaba interés su figura encor:ada, su cabeza envuelta en un pañuelo, que le daba aspecto de bruJª· Creí estremecerme &lt;le espanto; de mí salió una simpatía que fué
tras aquella mujer.

1:ª

VIII
Llamé á la reja de la casa. La sirvienta vino á abrir, me hizo
atravesar el jardín y me introdujo al despacho del alcalde. ~Iuebles
elegantes. una revista sobre una mesa, libros en un estante, cuyos títulos, vistos de u ria ojeada, me asombraron ...... Me aturdí un poco.
Este conjunto y las palabras de la vieja, me turbaron. ¿Qué clase de
persona sería este alcalde, eq__quien yo creía encontrar un rudo campesino?
Phrasia, la sirviente, regres6 luego. Sus ojuelos bondadosos expresaban una satisfacción que yo no me explicaba.
-Es muy molesto para la señorita; pero el sefior alcalde no está
en casa. Creo que salió sin que yo le viese. ¿Ko querrá usted regresar
cuando esté él aquí?
-Vengo, buena señora, á hacer una visita al señor alcalde; pero,
sobre todo, á recojer las llaves de la escuela-dije sin contener mi impaciencia.-¿A d6nde quiere usted que vaya mientras·? ...... Soy la
institutriz.
-Lo sé, lo sé. Tanto que el señor esperaba ayer á usted. Ji~n
cuanto á las llaves, yo creo que las necesita usted ...... Si yo pudiera
encontrar á monsieur Durand, el ayudante.
Se asom6 á la ventana entreabierta, y llam6 á alguien que pasaba:
-Eh, Victorina, mira si el tío Durand está en su campo.
Me acerqué á la venk1.na, y vi que la llamada Victorina era precisamente la vieja que me había acompañado. Así lo dije á Phrasia.
-¿Entonces notaría usted que está un poco chiflada?
-Así lo creería yo; pero no es mala, ¿verdad?
-Eso, según ...... hay aquí gentes buenas que la iemen.
La vieja regresó diciendo que allí estaba el señor Durand, y Phrasia la envió nuevamente á decirle que Yiniese para un asunto del al•
calde. :Minutos después, un excelente campesino se presentó á saludarme con cortedad. Le presenté mis papeles de ideñticlad, mi nombramiento, etc.; él los examinó cuidadosamente, y luego, atendiendo
á lo que le explicaba la 1,in·iente, ofreció ir á la oficina á buscar las
llaves. Quedé sola con Phrasia, que cerró la ventana, corri6 las cortinas para que entrara el sol, y atizó la chimenea.
-No tiene usted más que sentarse y aguardar. El tío Durand no
tardará mucho. Pronto estará usted en la escuela, que desde aquí
se ve.
Me mostr6, á través de los vidrios, una construcción cuadrangular, amplia, rodeada de un jardín. Me pareció que aquella casita, soña&lt;la tanto, estaba bien aislada, no obstante su cercanía. á la del alcalde. No po&lt;lía apartar de ella mis ojos. Figuráballle ya que había
de sentarme en «aquella» ventana, que desde allí divisaba; que me
pasearía en «aquel» jardín, que tendría sólo, como vecino, al alcalde
y su sirvienta.
-¿Está usted triste, señorita?
-¡Oh! no, Phrasia. Estoy mirando mi futura casa.
La pobre mujer se ruborizó &lt;le placer al oír que la llamaba por
su nombre.
-Victorina ha:)rá dicho á usted mi nombre de seguro ...... Por
mi p!l.rte, me parece usted muy amable. Pero la señora no gusta de
que se haga nada en su ausencia, y, por esto, le había dicho á usted
que regresara.
-Bien comprendí que tendría usted alguna razón para ello, Phrasia. ¿,Es casado el sefior Raibert?
Dije esto con indiferencia. La buena mujer parecía tener gran

afecto á sus señores; el poquísimo interca r¡ue yo daba á mis preguntas pareció excusar su indiscreci6n. Comenz6 á hablar:
-¡ Por supuesto que son casados! No se podría decir lo contra-.
rio. Desde luego, yo respeto tanto al sefrnr como á la señora, y jamás
diré mal de ninguno. Pero la Reñora es mucho mayor que él. Y luego, él es de un carácter tan distinto al de la señora que, á fe mía, es
muy cierto que el pobre hombre sufre. Pero es culpa &lt;le él. ¿Por qué
se casó con ella? Era ella una pobre vieja, la «tía» Zoar&lt;l, como yo ó
como Victorina, vea usted! T1:mía muchos parientes ricos, que no la
ciaban ni una sola migaja, porque e,itaba refiida con todos. Un día,
no sé cómo se las arreglaron, pero ello es que los parientes murieron
uno tras otro, y qued6 ella como única heredera. Entonces le dijeron
riendo: «Ahora que es usted rica, señora Zoard, debería usted casarse. Tal vez haya galanes que la cortejen, el señor Pierce, por ejemplo.» Como á los dos meses la señora Zoarcl se casaba con el señor
Raibert.
-Pero-le pregnnté-¿quién lo oblig6 á c.'tsar e?
-Eh! Fueron los dineros de la señora Zoarcl, buena señorita!
En los días de abon1, todo se hace por dinero; véalo usted.
Y se echó á reír.
-Creo que hasta usted misma, si hubiera encontrado facilidacl
de esos dineros ....... .
-Oh! Phrasia ..... . .
Su rostro candoroso pareció turbarse porque yo hubiera encontrado algo malo en sus palabras.
Por otro parte, yo no estaba dispuesta á seguir oyendo esa charla. La historia del Sr. Raibert acababa de provocar todo mi desdén y
con él toda mi indiferencia.
Allí viene el Sr. Durand-dije, poniéndome en pie, porque adiviné su llegada al oír el ruido de la llave.
Y volviéndome á la mujer, que había quedado confundida:
-Si usted viniese con nosotros, señora Phrasia•?
Le encantó la proposici6n.
-Seguro que sí! Y vaya que la pobre difunta era mi amiga, y
yo conozco la casa mejor que nadie.

IX
Partimos en pequeña caravana.
El sol, briilante ya, fundía la nieve á or~llas del sendero, y bañaba de luz montañas deslumbrantes. Impaciente y conmovida marchaba á toda prisa, devorando con la mirada «mfo sendero la empalizada de «mi" jardín, la fachada de «mi» casa.
'
-Ve u~te&lt;l que no está lejos la casa-dijo Phrasiaen el momen~ en que el Sr. Durand abría la reja.
En seguida el pobre hombre, muy mortificado, con voz balbuciente; pero ayudado de Phrasia, me explic6 c6mo funcionaba cada
una de las cerraduras y me hizo Yisitar escrupulosamente cada uno
de los departamentos Je la casa.
Una hora después llegaba al salón de clases: una pieza con dos
grande~ ventanas, seguida de una salita d.e desahogo; con sus gises
y sus lienzos sobre una plancha; sus hanqmllos, un mapa-muncli en
un ángulo; escobas, gamuzas, todos los útiles de aseo.
En el lado opuesto un corredor, una pieza rntrecha. con las paredes y el piso muy bien cuidados: amueblada con un diván alaunas sillas y en el centro una mesa de caoba cubierta con una 'carp~ta
verde.
-Esta es para las recepciones, como si ·dijéramos el sa16n -me
dijo Phrasia. Cuando el inspector, ó el alcalde ó el señor cura' vengan á verá usted, aquí será donde los reciba..... .
Sub~ó por la escalera interior: abrió las alacenas, me mostr6 todos los uncones.
-~~lí pon.rlrá usted sus proY~siones; allá su ropa; por aquí las
cosas v1eJas. Tiene usted una cocma pequeiia, pero cómoda. Junto
hay una piececita; la pobre señorita Bellot no la empleaba para nada; usted Yerá en qué la utiliza. Por último, aquí está la recámara.
Vea usted, todo está muy bien, la cama, los muebles: nada falta.
No permanecía un momento quieta: todo lo registraba mostrándome los útiles de loza.
'
El bueno del ayudante la dejaba hablar, y también pronunciaba
alguna que otra frase, completando las de Phrasia. Abajo estaba la
ra.rbonera, en el fondo del corredor. Y estaba bien provista lo mismo que el bote del petróleo. Yo debería gastarlo á medida que lo n 6 cesitara, por supuesto, siu despilfarro.

�Domingo 18 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 18 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
Por último, me llevaron lí recorrer el
jardín, rodeado de unaempal!znda, y con
un rincón retirado y circuido por un
alambrado.
-En estío esto se cubre de verdura.
Ya lo verá usted. Las alumnas ho deben entrar aquí: esto es sólo para usted.
Todavía me llevaron á un pasadizo
chaparro, cubierto porun cobertizo, y en
cuyo fondo una puerta daba acceso á a l
go que debe haber sido en otro tiempo
una caballeriza; pero que ahora estaba
atestado de muebles viejos, libros no menos deteriorados, una ó dos cubas, una
escale1a de mano ...... qué sé yo cuántas
cosas más.
-Esto no es de usted, señorita,-me
dijo el ayudante-por más que usted guarde la llave. Todo esto pertenece á la oficina municipal: son corns viejas que no
hay doude guardar Y. que no es posible
echar~á la basura.
Al hablar así me mostraba aquel
montón de muebles viejos y f polilla dos.
Salimos.
-Ahorn,-me dijo Phrasia-ya conoce ust(d i::u casa. ¿Quiere usted que
en algo la ayude hoy?
(CONTI.:SUARÁ.)

INAUGURACIONDE LA ,JOYERÍA "LA PERLA"
NOTABLES PROGRESOS
Prneoa mu.v clara de lo que i-ignificnn en la época ele paz quP, atravesamos, el espíritu de empresa
prudentemente dirigido y la perseverancia en el trabajo, fué la inauguración del nuevo edificio &lt;le la
Joyería ccLa Perla,» efectuada el sábado 10 del corriente, y de la cual
han dado cuenta las principales publiraciones periódicas.
El auge, verdaderamente notable,
adquirido en los últimos años por
la importante negociación mercantil á que nos referimos, demandaba ya la construcción de un local apropósito para 1:iU objeto, provisto de amplios y vistosos escaparates, de bien arreglados departamentos para atender al públicu, y, en
suma, de tocias aquellas dependencias que hacen &lt;le los establecimientos de este
género, casas dignas de ser visitadas y favorecidas por los consumidores rnás exigentes
y &lt;le más refinado gusto artístico.

El edificio, s egún el proyecto.

tran doce esbeltos aparadores que rematah en
óvalo. Su entrada principal, de correctas proporciones y vistoso aspecto, cae á la calle de la
Profesa y está destinada al público que visite

Los Srs. Diener, prop ietarios de "La Perla."

Los Sres. Diener Hermanos, laborioso:,; y
emprendedores propietarios de c,La Perlan han
comprendido el"to, y en su afán &lt;le corresponder á su clientela la decidida. protección que
les dispensa, mandaron construir en la esquina oriental de la P rofesa y callejón de Santa
Clara, el hermoso edificio que acaba de inaugurarse y que en nuestro c,boulevard» figura como una de las más preciadas joyas de ornato.
La suntuosa finca tiene 35 metros de frente
por 16 de fondo, y en su fachada se encuen-

La ent rada á la Joyería.

puede exigir el gw;to m¡'1s delicado_
Hay allí, taml,i(.n, multitud de ohjetos indispensa.bles á toda clafle depersonai:; y puestos al alcance de todas las fortunas; pues desde la joya de más alto precio que sólo puedé adquirir el capitalista, hasta el
reloj que, sin i-acrificio alguno, es
&lt;lado obtener al olirero, se encuentran en lo~ aparadores colocado,. de
tal manera, con tal arte, que llaman desde luego la atención. Tocl&lt;&gt;
lo que allí ge exhibe, es de lo mejor
que se conoce y de calidad reconocida.
En el interior, al lado derecho, se
ve una st&gt;rie de primorosas vitrinas
de cristal, donde i;e expone á la vista de los visitantei,, una variedad
de objetos de arte verdaderamente
dign&lt;J. de ser admirada: collares ele perlas
y brillantes, braceletes, anillos, etc., etc., entre
los cualPs se encuentran jo_vaR c¡ue valen S25, 000
y aun S 30,000. Amplios pasillos, conveniente-

Exterior de " La Perla" el día de la inauguración.

el establecimiento. La otra, que ve al callejón
de Santa Clara, se destina al servicio del escritorio, de los empleados y de las habitaciones.
Los t:-ahajos arquitectónicos son obra de los
Sre&amp;. Ingenieros Dorner y Bacmeister.
La puerta principal da acceso á un salón oval
y tapizado con mosaicos de granito, en cuyas
paredes descansan lujosos aparadores. En estos puede verse, admirablemente dispuesto
todo lo que en materia de joyería y relojerí~

mente dispuestos, sirven para recorrer esta.
parte del edificio, notable por mil títulos.
A la izquierda, se ve una multitud de estatuas de alabastro, de bronce, de oro, de plata,
que forman un conjunto deslumbrador. La
variedad de formas y de clases, y el primor
con que están trabajadas, son para dejar y
con mucho, campo abierto á todos los gust~s.

***

Por último, baremos menci6n del departa-

Un detalle de la planta baja

�Domin*o 18 de Enero de 1903.

EL 1fUXDO ILUSTRADO

[L
ANI X•••JOMO 1.--NUM. 4

Mu No·o

ILUSTRAD o

MfXICO, fNfRO 25 Df 1903.

91rccten uc. RAl'A(L Rtn&amp; &amp;PINDOLA.

Los em ple ados de " La Perla."

mento central. En él Fe halla la mús completa colección de bastones y rt&gt;lojes de pared,
de bolsillo, de escritorio y de pie.
... Entre los de pie, se distinguen los llamados
«Boule," que son especialidad de la easa. En
el segundo piso hay más salo1ws que se deFtinarán á la exhibición de novedades y ú los
que se tendrá acce!:lo por una hermosa escalera que se está acabando de construir.

Dada esta incompleta idea de. la distribución del nuevo edificio de ,e La Perla,¡• y de las
valiosas exhihiciones que tanto han admirado
sus visitantes, agregaremos alii;unas palabras
relativas á la inauguración. Más de 2,000 invitaciones repartieron los señores Diener entre
las fam ilias de la alta sociedacl mexicana, el
{;ue1 po Diplomático, la Banca, el Comercio,
la Prensa, etc. A las diez de la mañana, los
invitados comenzaron á recorrer el edificio,
:siendo galantemente obsequiados por los dueños de la casa con finas carteras, calendaril's
artísticos, y u n «lunch champagne.» Entre los
concurrentes ee repartió el vals «La Perh1,»
compuesto expreRaniente para la inaugurnción
por el señ or Lerdo de 'l'ejada, director de la
orquesta ~ue amenizó el acto.
Entre las familias y í'aballeros qne visitaron la joyería, vimos al Sf'ñor Ministro alemán
y su Secretario, y á los de Bélgica, Italia y
Austria; al seüor General Rinc6n Gallardo y
-su espo¡,¡a¡ y á las familias Fernández Castelló,
!caza, Barrón, Escand6n, Algara, Iturhe
y otia~. La seiiora esposa del señor Presidente de la República, que concurrió también á
la fiesta, fué oh~eqniada con una primorosa
Lombonera por los señores Diener, quienes en-

Ger ente: LUI&amp; Rtl'~ &amp;PI NDOLA

Cent ro de mesa .- Reproducción de uno existe nte e n el P alacio de Versalles.

viaron al señor Presidente de la República,
una. rica cartera.
Durante todo el día, en suma, la casa Diener se vió concurridísima. Los visitantes, de
sospresa en sorpresa, recori-ían los amplios
departamentos admirando, hasta en los más
in~ignificantes detalles, el derroche de gusto
a, tístico desplegado por los propietarios de la
rica joyería, en la exhibición de los distintos
objetos que alli se encuentran y que forman
sin duda, el surtido más bien dispuesto qu e
pueda hallarse en la metr6poli. Los escaparates estaban arreglados de tal manera y con tal
conocimiento del «efecto», que á primera vista cl~~pertaba~ la _c"?-riosidad del público, que
elogto y con Justicia, su magnífica disposición.
El triunfo obtenido en esta vez por los honrados y laboriosos joyeros, no puede ser ni
míis completo ni más significativo; pues, por
una parte, la impresi6n que causó en la culta
sociedad mexicana, fué muy o-rata )' por otra
.
• o
'
'
pone de mamfiesto lo que pueden la constancia en la empresa y la honradez.
La fiesta se prolong6 hasta las primeras horas de la noche. El hermoso edificio de «La
Perla« estaba iluminado con verdadero arte.

En el presente número publicamos fotog'rafías del exterior de! edificio de ,eLa Perla» y de
algunos de sus departamentos, así como los
retratos de los señores Diener_ La sola Yista
de esas fotografías basta para que nuestros lectores se formen una idea. &lt;le la importancia del
establecimiento mercantil inaugurado y de la.
suntuosidad que se observa en todos sus departamentos.

C~mplo d~ Santo Domingot ~n~Oaxaca.-Tnttrior.
Vis itando :os saloner.

Grupo de objetos de arte.

Subscripcídn mensual foránea. $1.~U
ldem. ldem. en la capital, $1.25

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 1, No 3, Enero 18</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Capilla Sixtina</name>
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                    <text>Domin*o 18 de Enero de 1903.

EL 1fUXDO ILUSTRADO

[L
ANI X•••JOMO 1.--NUM. 4

Mu No·o

ILUSTRAD o

MfXICO, fNfRO 25 Df 1903.

91rccten uc. RAl'A(L Rtn&amp; &amp;PINDOLA.

Los em ple ados de " La Perla."

mento central. En él Fe halla la mús completa colección de bastones y rt&gt;lojes de pared,
de bolsillo, de escritorio y de pie.
... Entre los de pie, se distinguen los llamados
«Boule," que son especialidad de la easa. En
el segundo piso hay más salo1ws que se deFtinarán á la exhibición de novedades y ú los
que se tendrá acce!:lo por una hermosa escalera que se está acabando de construir.

Dada esta incompleta idea de. la distribución del nuevo edificio de ,e La Perla,¡• y de las
valiosas exhihiciones que tanto han admirado
sus visitantes, agregaremos alii;unas palabras
relativas á la inauguración. Más de 2,000 invitaciones repartieron los señores Diener entre
las fam ilias de la alta sociedacl mexicana, el
{;ue1 po Diplomático, la Banca, el Comercio,
la Prensa, etc. A las diez de la mañana, los
invitados comenzaron á recorrer el edificio,
:siendo galantemente obsequiados por los dueños de la casa con finas carteras, calendaril's
artísticos, y u n «lunch champagne.» Entre los
concurrentes ee repartió el vals «La Perh1,»
compuesto expreRaniente para la inaugurnción
por el señ or Lerdo de 'l'ejada, director de la
orquesta ~ue amenizó el acto.
Entre las familias y í'aballeros qne visitaron la joyería, vimos al Sf'ñor Ministro alemán
y su Secretario, y á los de Bélgica, Italia y
Austria; al seüor General Rinc6n Gallardo y
-su espo¡,¡a¡ y á las familias Fernández Castelló,
!caza, Barrón, Escand6n, Algara, Iturhe
y otia~. La seiiora esposa del señor Presidente de la República, que concurrió también á
la fiesta, fué oh~eqniada con una primorosa
Lombonera por los señores Diener, quienes en-

Ger ente: LUI&amp; Rtl'~ &amp;PI NDOLA

Cent ro de mesa .- Reproducción de uno existe nte e n el P alacio de Versalles.

viaron al señor Presidente de la República,
una. rica cartera.
Durante todo el día, en suma, la casa Diener se vió concurridísima. Los visitantes, de
sospresa en sorpresa, recori-ían los amplios
departamentos admirando, hasta en los más
in~ignificantes detalles, el derroche de gusto
a, tístico desplegado por los propietarios de la
rica joyería, en la exhibición de los distintos
objetos que alli se encuentran y que forman
sin duda, el surtido más bien dispuesto qu e
pueda hallarse en la metr6poli. Los escaparates estaban arreglados de tal manera y con tal
conocimiento del «efecto», que á primera vista cl~~pertaba~ la _c"?-riosidad del público, que
elogto y con Justicia, su magnífica disposición.
El triunfo obtenido en esta vez por los honrados y laboriosos joyeros, no puede ser ni
míis completo ni más significativo; pues, por
una parte, la impresi6n que causó en la culta
sociedad mexicana, fué muy o-rata )' por otra
.
• o
'
'
pone de mamfiesto lo que pueden la constancia en la empresa y la honradez.
La fiesta se prolong6 hasta las primeras horas de la noche. El hermoso edificio de «La
Perla« estaba iluminado con verdadero arte.

En el presente número publicamos fotog'rafías del exterior de! edificio de ,eLa Perla» y de
algunos de sus departamentos, así como los
retratos de los señores Diener_ La sola Yista
de esas fotografías basta para que nuestros lectores se formen una idea. &lt;le la importancia del
establecimiento mercantil inaugurado y de la.
suntuosidad que se observa en todos sus departamentos.

C~mplo d~ Santo Domingot ~n~Oaxaca.-Tnttrior.
Vis itando :os saloner.

Grupo de objetos de arte.

Subscripcídn mensual foránea. $1.~U
ldem. ldem. en la capital, $1.25

�EL MUNDO ILUST RADO

Domingo 25 de Enero de 1903.

ANTB EL PBLIGRO.

S

pueblo mexicano es sincera, es sólida, es permanente; el rictus sombrío que pueda ostenta r en su rostro es In máRcara heredada de la.
raza de bronce que-dígase lo que se quiera,
-no es ya el pueblo mexicano; pero en la
amalgama producida por el bronce indiano y
la carne ibera, aquél fi jó la apal"iencia del
metal nuevo, y éRta fijó su ley. Una ley sonriente, plácidamente sonriente, que es la a\egrfa. inexpu,znable, la que no la deja abatirse,
la que le defiende del dolor y del pánico.
Así, cuando el peligro le amenaza, el puPblo se da cutlnta del peligro y se deja guiar de
buena gana por los paternales consejos de sus
autor idades; pero encuentra siempre, en el
arroyo inacabable de sn alegría, la fuerza indispenRable para no abati rse, y esta entereza
que nutre en su sangre caliente, le da aires &lt;le
indiferente ó de fatalista. Pero no es ni una
cosa ni otra: es alegre1 plácida y permanentemente alegre ... .. .
Hasta para defenderse del peligro, necesita
que la sonr isa-su eterna sonrisa -esté con él.
Sabe que la defensa contra In peste ha menester ele mucho dinero, y desembolRa desde luego la mitad de lo que puede &lt;lar para auxiliar
á sus hermanos; más In otra mitad la reserva
..... para darla también, pero mediante una
corrida cl1: toros, un concierto, una función
teatral, mediante algo, en fin, que tenga una
base de alegría. Y en la corrida ele toros, en
el concierto, en la función tea.trnl, su gozo no
se desborda, su carcajada no estalla, su rostro
no pierde su fingido rictus doloroso; pero su
alegría fisiológica corre, corre como un riachuelo inacabable......... .

E ha dicho que la sangre latina, corriend o siempre con precipitación extraordinaria, tiene los ardimientos de la lava y
se p resta á todas las exageraciones y á todas
las explosiones, sin que nunca pueda guardar
esa temperatura próxima á Ogrados Réaumur,
que se conceptúa indispensable para obrar con
p recaución y seguridad. Cintamente, no somos los latinos bichos de sangre fría; el líquido q ue por nuestras venas co rre es muy rojo
y muy caliente, y es exacto también que con
sobrada frecuencia nos impele á adelantarnos
á los acontecimientos y á tergiversar el mundo. Pero debe tenerse en cuenta que esa «preci pitación» latina ha precipitado tambifo la
conquü,ta de muchos derechos y de muchas
emancipaciones, y siquiera sea por esto, los
h ombres fríos deben perdonarnos el calor de
n u ~,,tra sangre.
Y asevéraee q ue la sangre fría es indispen•
sable en las grandes empresas y en los momentos &lt;le grandes pruebas, porque el cereb ro humano es como el vino &lt;le Clrnmpagne:
mejor, mientras más helado :;e sirve. Un cerebro «frappé» vale más, dicen, que dos cerebros
"ªl tiempo»; pero es menester acordari!e de
qu e el propio vino de Champa~~e, aband?mi.do indt'fini&lt;lamente á las caricias del hielo,
tórnase á la postre en una mezcla de cristalizaciones y de alcohol, que hace daño al estómago, señala&lt;lament; _s i se consume en países
en que el clima es cahdo y el sol no encuentra b rumas que detengan su enardecido y fecundo beso de amor á la tierra. En consec uencia hay que graduar el enfriami ento de
la sang:e según los tiempos y segun los climas tanto m'is cuanto que, á las veces, la
calu'mniarl.a sangre caliente es mfü, sabia y
más prudente que la decantada sangre fria.
La sangre latina conserva mucho de su calor au n cuando el terror y el pánico pugnen
po~ helarla. Los ¡_&gt;ueblos latin_os han tenido
siempre una sonnsa en los labios aun ante los
peligros más inminentes; y el chiste,-esa
flor de fuego de lo3 trópicos, que nada tiene
que ver con (•l Mhumour», que es flor alpina,
-ha tenido siempre, entre los latinos, marnvillosos florecimientos delante de la boca de
un cañón y enfrente de las amenazas de una
epidemia........ .
¿gs li~ereza? ¿Es fal la de pre\'isión? ¿Es
«étour&lt;lerie,,?............. Yo no lo creo; creánlo
asi, si les place, los deturpa.dores sistemáticos del alma latina; pero aquellos que saben
que el peligro no Ae detienf' con miedos, sino
con decisiones, hallarán fuerte la inexpugnable alegría latina. Hay que defenderse, es
cierto; pero las lágrimas no defienden. Empúñe:;e la e8pacla, y una vez empuñada, ¿qué
más da que en los labios brote una sonrisa? ... •

***
En cambio, la alegría. es y ha Aido siempre
una fuerza; no la. alegría arti~cial, producida
por agentes externos y que se de,barata como
una pompa de jabón; no la alegría que se manifiesta en carcajadas sin motivo y en estrofas sin música y sin ritmo; ésa no es alegría,
es embriaguez; embriaguez &lt;le vino, de aire,
de sol, de amor, de t1 r rnra . ........ pero embriaguez al fin, que muy á menudo hace presa en los hombres de sangre fría. En último
resultado, es é:-x'l. una alegría patológica; y la
alegría fuerte, la que defiende y ampara, es la.
a\e,rría fisiológica, la normal, la permanente,
la que no ha menester explosiones ruidosas,
porque está. en la carne y corre mansamente
por las venas como un arroyo inacabable.
Se ha dicho hast&lt;:1. el cansancio que el pueblo mexicano es un pueblo triste. Debe decirse, empero, que «parece» un pueblo triste.
No ríe con grandes carcajadas, porque sonrie siempre. No pa8a bruscamente de una
carcajada á una líigrima, cual sucede en otros
pueblos de sangre muy fría. A las wces, los
fenómenos y las manifestaciones aparecen
gmndes sólo por la fuerza del contraste. Esas
son grandezas negativas. Pero la alegría del

***

NO ES ALLÁ!. .....
Afü1, me dijeron, rnÚ!• alh'1 de la torcida carretera, mús alltL del pueblo, en lo alto d e la
colina i;ilencio!:'a, bajo la so111hra ele aquel grupo de úrboles mui,;tios que Re inclinan tristemente sohre In tierra, ¡ullá e1;tú!
¿Allá? No, no era posible, no era ése el risuefio rincontito de v(•rdurn. que me pintahaa
en tus cartas, el pedazo &lt;le la huerta murciana, lleno &lt;le sol, lleno &lt;le flore:;:, lleno de pijaros que gorjeando la ale~ría de vivir en tu
ventana, parecía que te !!amaban para que
bajaKes ni jartlín Íl coger ro~ns. Y no eran de
allí las rosas que impregnadas de btlsos me
mandabas para que l,eso;; y rosas te llevara
cuando fuera por ti.
No, no era ése el frondoso h uertecito, refugio de tus últimas ternma-., donde tú me esperabas, no era ése. 'fe habías ido; te habías ido
para siempre del huerto, le habías ido por
aquel cam ino tan tri,.,te, Hquella lhi1la tarde
de otoñ(I tan hosca, aqudLt tarde tan fría ; t.e
habías ido y estab;1s all(1 "ola i,:in follaje, sin
luz, sin pájaro~, sin rosa~. 111ús allá de la polvorienta carreLera, mú~ all.'1 dt'l pueblo, en la
colina silenciosa, bajo los úrboles ayuellos de
m ustia!I desmayadas cabelleras.
Y allá subí á buscarte, 1,llú. El cielo estaba gris, el día también e,t Lha negro, la campiña estaba triste. Yo subí dese~perado y loco; subí dando tumbos, deseando caerme por
el barranco abajo. Subí yo no sé cómo por el
camino horrible, por el ca.mino lóbrego, siniestro, espantoso camino que recorriste tú la
víspera balanceándote entre flores, balanceándole en los brazos &lt;le la muerte.
Subí y c11í anonadado de rodillas para llorarte mejor; de rolillas para darte tus rosas y
tus besos mezclados con los mios, con todoe
los besos que yo pude darte, con todo.'! loe
que yo debía darte cuando fuera al huerto
por ti.
.
Ya ves! fuí á buscarte y te he traído; y aqm
estoy solo contigo, solo con tu recuerüo, solo
con tu imagen, con tu memoria intacta y pu•
ra en el fondo de mi alma. En el único sitio
hermoso que hay en ella he levantado yo tu
verdadero sepulcro.
Ya no volverán á decirme: ¡allá, más all4
del pueblo, en lo alto de la colina s ilenciosa,
bajo la sombra de los árholes de mustias deemayadas cabelleras ...... allí1 está!
¿Allá? No: no me lo vol\'erán á decir; porque no es allá donde tú estús ..... .... !

Por eso en los actuales momentos en que
estamos nmer.azados por la peste, aunque la
preocupación exi1-1te en todas las clases sociales y aunque todos nos damos cuenta exacta
del peligro y enérgicamente nos esforzamos
por conjurarlo, el pánico está muy lejos de
manifestarse en el público.
.
Eso es una fuerza y una enorme fuerza. A
pesar de nuestra sangre caliente y &lt;le n11ei&gt;tras
exageraciones ya le~endarinR, los mexicanos
estamos man ifestando ya una cordura digna
de envidia, mayor cordura que la que manifest6 la sangre fdn de los californianos al ocultar la existencia de la peste, poniendo así en
peligro á todo un continente ..... .
La caridarl., ese ángel blanco cuyas enormes y pt:rísimas alas siempre han amado las
diafanidade;; &lt;le nuestro cielo, ha venido ya,
como Riempre suele, trayendo ráfagas de consuelo y auras de esperanza. Ante el peligro
todas las clases sociales de toda la Repúhlica
han aprontado sus auxilios; y si la existencia
diari&lt;1. no se ha modificado, si las apariencias
de nuestra vida son las rnismaq, no debe significar que el peliµ;ro 110 nos al irme. Nos alarma, m1\s no nos abate. He aqui un e;itado de .
cosas que debemo:1 conservar; es preciso cerrar las puertas al pánico. A ello nos ayudará
poderosamente la i&lt;lio!;incracia de nuestro
puebl0, y ÍI ello deben tender los esfuerzos de
las clases dirigentes.
¿.Serán vanas las precauci1mes de la ciencia?
¿VemlrÍ\ 1,iempre la peste negra á devastar
n uestrns florecientes ciudades, como lo ha hecho ya Cún l\fazatl{m? .... ¡Quién :;:abe!. ...
Esperemo~, sea lo que fuere; esperemos serenamente; a.prestémonos á la defensa, pero
sin que nue-tra i::angre latina abandone sus vip;ores ni deje su alegría inacabable, que es
fuerza de prevención, de resistencia y-si el
caso llega,-de reconstitución!
◊SCARHERZ.

Domingo 25 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUS1'HADO

MIGUEL EDUARDO PARDO,

LA VIDA.
Leo en mi libro. Es y a la media noche.
El pelo de mi amada
es uo chorro de libras esterlinas.
Y surge sn cabeza de las blancas
coberturas del lecho
como el dibujo rle un pintor de bada~.
Me dicen: &lt;es un perro&gt; ó bien: &lt;le a.dora&gt;.
Hoy nos hemos 1·eído tí carcajadas.
Los amigos me envidian
mi casita, mi ocio, la muchacha,
mi juventud y la sonrisa et&gt;t•oa. ..... .
Mi ~onrisa es mi fuer1.a. y es mi máscara.
Yo soy feliz. Y bien! Esto es horl'ible.
Suspiro por mis uoches angustiadas,
por mi vida haraposa de bohemio,
por mis noches sin cama.,
por mi cruel desolación de huérfano,
por mi vida tle huérfano y de paria.
A qué vencí'! Poi· qué libru.1· las ruda s,
las tremeotlas batallas,
poL· la vida., el éxito y el nomb1·e?
Para qué la. a.sccns16n de las montañas?
Si esta noche, de súbito,
á mí viniera uoa. hada
y me dijese:
-Escúchame, poeta:
traigo para tus sienes esta 1·a.ma.
de florido laurel; traigo esta púrpura.
para cubrir de púrpm·a tu espalda;
para tu bolsa. un vellocino de oro,
y esta rubia. gentil para. tu cama.,a.l bada. bienhechora
le daría las gracias,
y á trueque de esos dones
la pediría.:
-Hada.,
pnnme en el brazo músculos,
y ambición en el alma.

R.

ministro de tolombia•en méxtco.1
El Gobierno de ln RepúhliC'a•de Colomhia
ha desi¡mndo al f&lt;eñor Genrral don Rafael Reyes para qne, con el carácter de Rnvinclo Extraordinario y :\linii&gt;tro Plenipotenciario, re-

mo Delegado á la Segunda Conferencia PanAmericana, á la cual prest6 importantes servicios, y reside aquí desde entonces.
La designadón hecha en su favor, ha sido
recibida con aplauso, pues en el corto tiempo
que el señor General lleva de vi\'ir entre nosotros, se ha captado francas y numerosas simpatía!-!.
El 11uevo ministro fué recibido solemnemente por el Primer Magistrado el martes de la semana pasada.

.Cos cambios eq el qabinefe
En nuestra edición anterior publicamos l os
retratos ele los nuevos Secretarios de Gobernación, Fomento, Guerra y Comunicaciones
que integran el Gabinete del Sr. Gral. Díaz. '
Para completar nuestra nota referente á este importante asunto, damos hoy á conocer
unas fotografías que
representan el aspecto
de los corredores de
Palacio, antes de la ceremonia, y la salida de
los Jefes y Oficiales
que concurrieron al acto.

volotean, y ruedan sobre la arena de oro las
ondas del arroyo; corriendo de un lado á otro,
ven á la pobre enferma, una de ellas se nrrrca y, mirándola con dulzura, la dice:
--EstÍls tri!,te, vuelve á tu alegrfo ...... ¿.No
tienes aqui todo lo necei::ario para dii&gt;frutar
de una npacible &lt;licita? ¿No te regocija \'er
esas verdes ramas que te protegen contra
el ardor del 1&lt;01? ¿.No te gusta reE&lt;pirar por la
tarde, Robre el floreciente mus¡zo y junto al
agua? Aquí hallarás el frei;co rocío de las flores; las zarzas de las selvns te darán alimento
delicado y este brillante manantial mitigará
tu Red. ¡Oh amiga mía! La verdadera dicha
consiste en saber contentarse con poco, y ese
poco se encuentra en todas partes.
¡Oh sabia filosofía, dijo el á1n1ila bajando
la cabeza. ¡Oh sabia filosofía! ¡Ilablas como
una. paloma!
GOETBE.

-Cuando el infortunio se generaliza en'un
país, se hace univE-rsnl el f'goíi,mo.

El Anila J la Paloma.

SR. GRAL. RAFAEL REY ES, M inistr o
de Colombia.

p resente {i aquel país cerca del Gobierno me"'{icano.
E l señor General Reyes vino á México co-

Un águila muy joven acababa de remontar su vuelo lanzándose con su presn
hacia las regiones del
aire. La flecha del cazador la hiere y la corta en el ala derecbn.
Cae en un bosque de
mirtos. Durante tres
días eternos devora su
dolor; durante t res largas noches sufre la tremenda herida, hasta L---------::,- - - - - - - - - - - - - - - - - - -...1
que por fin el bálsamo DESPUES DE L A PROTESTA.-Salida de los Jefes y oficiales del Ej6rclto
de la naturaleza la
cura. Entonces se arrastra hacia afuera del bosFRAGMENTO.
que, agita el ala ..... pero ¡ay! el nervio estaba
cortado, apen~s puede levantarla para coger
una presa indigna de su rango. Se posa trit,teNo hablaré de mi amor en las orillas
mente sobre una roca á la orilla de un arroyo.
donde el agua, al pasar flores arranque
contempla la copa de las encinas y la bóveda
azules ó amarill~.
d~l cielo, y una lágrima se desprende de sus
Yo hablara de mi amor junto al estanque
OJOS.
allí, donde la onda sosegada
'
En este momento llegan por entre las rano se estremece nunc&amp;., ni despierta
mas de los mirtos un par de palomas que rede su suefio-pupiln siempre abierta
ele ~arga y melanc61ica mirada. Alh, bajo la cúpula sombría
que le forman los chopos enlazados,
donde tienen cerrada celosía
los pájaros callados . .... ... .
y donde por las tardes dulcemente
va á morir un reflejo del poniente
l\lis frases de ternura. volarían
hac~a los tristes y temblantes chopos
cub1erl?s ya con _los primeros copos
de la meve; y mis lágrimas... caerían ...
caerían al estanque se hundirían
en el silencio de la~ verdes ondas
que al golpe &lt;le mis lágrimas despiertas
temblaran cual las fro~das
'
y quedaran después por siempre muertne...
MARÍA ENRIQUETA.

'!oda pasión sincera es egoísta, lo mismo
la rntelectua.l que otra cualquiera -P
IlOURGET.

·

AUL

***

_E_l extremo dolor tiene su miRterio de, u
bltc1dad como el extremo amor ALF
P •

BLANCO FOMBON A.

L os corredores de Palacio, a ntes de rendir la protesta los nuevos Secretarlos de E stado.

LAliARTINE.

.-

ONSO DE

�EL MUNDO ILUSTRADO

[JI PES(E
BUBOnTeJI En
fflJIZJltCJln
~~
Et SERUTtTO SJlnTtJIRTO

.

'

de Enero de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO

Domiingo 25 de Enero de 1903.

-

Dorruingo 25

........

·--

~r+3.\

FafQa de la Delegación Sanitaria.

***
Lo que anteriormente hemos expuesto con referencia á la~ dis_¡ o,iciones sanitarias puestas en vigor, hace suponer que la ep1dem1a no
tra;;pasarn los límites de la ciudad que ha invadido y que, por lo t~nto, el riesgo que corren las demás ciudades de la República, de ser diezmadas por la. peste, es muy remoto.
Urge, sí, en las circunstancias actuales, que los vecinos de l\fazatl~n
ayuden á la policía sanitaria en sus trabajos, á fin d e que pn nto se
Yean libres de la plaga que pesa sobre ello.s.

El Cerro de los Espantos
Hacía un frío horrible. Ko obstante mi
grueso abrigo de lana que me cubría de la cabeza á los pies, sentía que me helaba.
La caminata había sido lnrga, y llegué~ pensar que una vez en la po:mda, el cansanc10 cerraría mis ojos y podría r&lt;'ponerme c01_1 ~na
buena noche, de las fatigas de la exped1;1on.
Por desgracia el sueño se me a~u~e~to por
completo, y v~endo que. lucha~a ,rnutilme~t~
con el insommo y la fatiga, dec1d1 atemperar
el frío que me hostigaba, hnciendo compañía al rn:-1-rordo:no del
rancho y á su familia, Hentados
en el mero suelo, al re 1edor d e
una ho.,.uera cuyas llamas crepitantes ~ubían y bajaban en fantá.stica danza.
La ranchería entera ee entregaba al descanso, y en las chozas
esparcidas en el llano, sólo se percibía la lumbre continuamente
alimentada de las hogueras, al calor de las cuales dormían los huenos campesinos el sueño plácido
del hombre honrado.
Debía ser ya bastante tarde,
porque, al decir del mayordomo,
«e'. carro estaba ya muy cargado» y los gallos habían lanzado
al viento su tercer canto.
Arrellanado en un pequeño
banco y fijos los ojos en el fuego
que bailaba su interminable dan za me puse á escuchar la con ver'
' ,\
r, .m1
•
sación
del viejo mayordomo que d ecrn
m ozo sentado también al amor de la lumbre:
-¿El ceno grande, decía «Usté?. » Pues le
dicen el Cerro de los Espantos.
-¿Pues qué espantan allí•?
.
- ¡Ah sí señor desde hace mucho tiempo ...... ,;Naiden» p~sa de noche por esos lugares porque «segurito» que le dan su susto!
:.._¿Y no más de noche hay eqJantos?
-No más de noche, porque de día eso es
muy transitado y los espantos sólo ,:alen cuando no hav un alma.
-¿Y usted cree en eso? no pude menos de pregun tar al ver la
seriedad con que el campesino
trataba el asunto.
-Cómo 110, señor, si esto es
muy cierto; por esta cruz que es
cierto.
-¿Pero ha visto Ud. los espantos alguna vez?
-Sí, señor, con estos «mesmos» ojos, una vez que me anocheció en el «Ranchito)) y tuve
que pasar por el pie del cerro ya
&lt;cescurecido. ,, Por cierto que ya
no me pasará otra en mi vida. .. .
-¿Y c5mo fué eso? pregunté yo
movido por la curiosidad; cuénteme cómo estuvo eso.
-Pues le contaré el caso por
darle gusto, ,cmi amo;» aunque
«Ust~, no me lo crea, como otros
señores á quienes se lo he contado.
Hizo el aldeano una leve pausa para remover los tizones de la hoguera que languid ecía,
y luego continuó:
- Pues verá ((Usté» que, como le dije, tuve
que ir al «Ranchito» á un ,,encargue del patrón».
Salí de aquí poquito después de medio día
para estar de vuelta temprano; pero como ahí
tengo algunas amistades, por aquí un trago,
por allá otro, se me fué pasando el tiempo,
hasta que cuando menos pensé, ya estaba casi ,,pardeando.» Luego me acordé de los espantos: tomé mis providencias para venirme,
y después de acompañará mis amigos la última copa, salí- de priesa, pensando pasar el cerro antes de que anocheciera. Pero por más
que anduve no pude llegar á tiempo; porque
apenas había llegado á ((Las Vaquitas,» un
punto que·está como á media legua del callejón del cern,, cuando ya estaba «de á tiro»
anochecido. Me vino entonces á la cabeza

quedarme allí á pasar la noche; pe;.o rec~r,lé
que otro día tenía que coger nn toro ret1_nto
que bá]aba al aguaje «~uy de madru~a~1ta»
con el ganado, y no qmse &lt;~etenerme m,ts que
para tomar una ó dos cop1t~s de mezcal 3ue
me «brim1ó" tío Roque. ¡Ymll"e«Usté,,,senor,
lo que es la mala suerte!: Don. R( que me decía que me quedara, que qué iba~ hacer tan
tarde hasta mi casa; pero el mahhto toro «~e
me metió en la cabeza» y ya estaban los OJltos de Santa Lucía co~o por allí [y señalaba
un punto del cielo], cuan~o salí del rancho.
Caminé recio, con ((el pendiente» de pasar de
priei-a por donde salían los esl?~ntos, y pronto estuve á la entraaa del rallf&gt;Jon.

ACAPULCO.-EJ

Lazareto.

-¿Ve «Ustén aquel cerro que está allá, con
la figura de una campana? pues entre ese cerro y el de los Espantos está el callejón que
tenía que atravesar y que le dicen el Cañón
del Diablo. ¡Y del di..:hlo es, señor, para pasarlo de noche! Figúrese n.omás: un cerro
aquí y otro acá, y por el medio el cañón ..... .
No hay más que una veredita por donde a1~dar, porque por lln lado y otro rnn un&lt;_&gt;s rel1ces, ¡que válgame el Padre Eterno! 81 basta

ulululú ya más cerca, como ,ai viniera á «in' » Ya casi· lile (1evo1via;
' pero tem1'
contrarme.
que me fuesen. á burln r J&gt;?r eso, y ~rnciendo,
como dice el dicho, de tripas corazo~i.. .. segu(
adelante. Unos cuirntos pasos . hab,a Jdad?J
cuando otro ull!lulú¡ lí. este gnto respond10
otro, y se oía así como un «respon~o" de \ºOCt•i-;
luego se oyeron tres ~roces que c_o1:testaba~1, y
en segui tla, cuatro, eme~, u.n m,1llo.n degnto:&lt;;
1,Pro ya no delante de m 1, s1110 a 1111s P.Sp~ldas,
por donde yo había pasado. Por lo reCio &lt;1ue
se oían los aullidos, conocí que se acercaban,
gan{mJome t&lt;:lrreno;. entonces emp1·endí u na
carrera con todas mis fuerza¡;, como un loco,
por aquella veredita qne no se acababa nunca.
Pero de s1-guro que lo,: el'pfritus
rna.iciaron &lt;JUe yo coní.1, y corrieron también, ganá ndome siempre distancia; porque llega ron
más claros á n1is oídos los gritos
ele ulululú. Corrí un trecho largo, pero al fin 110 pude más; me
e.-taba ahogando; me faltal,n. el
«resuello;» ya casi me tiraba en
el suelo para que los demonios
hicieran de mí lo que qni~ieran.
Desesperado, echo entonces manos á la «media), y me la empino toda; apenas podía yo sostenerme..... Y aquellos g,istos ulululú, cerca, más cerca; ya los oía
á la distancia de unos c·uantos
pasos ..... .
De pronto sien~o un «ro1.ón,, en
este brazo y veo un bulto quepasa como una flecha. Doy entonces un grito horrible; pero con,o
si ese grito fuera una señal, en el
momento me «rodearon un montón de hultos negros,» que brotaban de los árboles, de las ¡,iedras, de cada rama, de todo ...... ; y en un instante se llenó aquel carnpo de puros el'píritus, señor, d e puros espíritus; gritando todos, haciendo ge~tos borribleia;,
bailando y dándome aquellos gol pes ¡qué válgame Cristo-Padre!-M:e pareció que me volvía loco; que todo el mundo se movía ai-:í,
como por todos lados; quise correr, y sentí que
mis pies habían echado raíces; entonces dí
gritos espantosos pidiendo auxilio; las cccorvas» se me doblaron,
y caí al suelo sin saber más &lt;le
mí ........ .
Los ojos del aldeano brillaban
ií la luz de la lumbre, como los de
un gato; el espanto se pintaba ele
tal modo en su semblan te, que
rnás de una vez, durante el relato, sentí que un escalofrío sacudía
mi cuerpo y que mis pelos se ponían de punta. Ante la verdad
del sentimiento ele aquel campesino, yo, hombre de mundo y
con mis ribet~s de filósofo, llegué
á fingirme la realidad de aquellos hechos tan pintorescamente
narrados, y temblé, como temblaba el labriego á la vista de los
espíritus agresores.

Depar1:amento de desinfección.

de día da horror pasar por allí, «contimás,, de
noche .. ... .
-Bueno ¿y pasó Ud. siempre?
-Pues, sí, señor, por mi mala suerte. ..... .
Yo nunca he tenido miedo, pero quién sabe
por qué aquella noche me entró un miedo muy
grande. Veía delante de mí aquel cañón «escuro," como la boca del infierno. Me«persiné»
tres veces, me saqué el rosario fuera de la camisa, y sin quererlo pensar más, entré al callejón. ¿Ah, señor, qué fué aquello!
Apenas habra andado unos cuantos pasos,
cuando empecé á oír unos como gritos lejanos
que hacían: ulululú. Al principio creí que
eran perros; pero después pensé que no, porque las casas estaban muy lejanas y los aullidos eran muy extraños, así como de una cosa
del otro mundo. Para crear valor me eché un
trago de una «media» de mezcal que me había
dado el tío Roque. Seguí andando y oí otro

-¿Y qué más pasó?-me decidí á preguntar viendo que el campesino suspendía su narraci6n.
-Nada, señor, ya no pasó nada; es decir,
ya no supe nada; quién sabe qué harían conm igo los ((malinos." Otro día, ya amaneciendo, me·«incontraron" unos lecheros que iban
«pá la ciudá;,, me dijeron que estaba tirado
como ccá la mitá,, del cañón, con muchos golpes en todo el cuerpo y «rasguñosn hechos así,
como por uñas de diablo ....... . . Un mes «enterito» estuve en cama entre la vida y la muerte; porque, á consecuencia del susto y de los
golpes, me entró ccun fiebre" que por poco me
lleva al otro mundo.

¡
1·

1

***
El fuego empezaba á languidecer; los tres
hijos del mayordomo ~e habían quedado dormidos al amor de la lumbre, y siendo ya ]?a8-.
tante tarde, nos retiramos á descansar. En toda la noche, sin embargo, no pude coger el

¡

'

! '

�Domingo 25 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL :\1 u~ 1)() J l.l"!::;TIIA

sueño: me sentía molesto y como sobresaltado; delante de mi vista se levantaba el Cerro
de los Espantos, como una inm,ensa m~ncha
negra; y como saliendo del Cafion del Diablo,
mis oídos creían percibir, lejano, muy lejano,
aquel ulululú lanzado por los fantasmas desde el fondo de sus guaridas.

•

FRANCISCO VERDUGO F ALQUEZ.

El Jlrt~ tristiano
~n mtxtco.
?:err¡plo de Santo Jomi17go de~óaxaca.

P

Dom,ingo 2,; ele g,ero ele 1903.

n1a Gage, las carretns cargadas con materiales
de constrncci6n, pa&amp;aban por encima de ellas.
Durante la época de la inclependencin estuvieron acantonadas en el convento las tropas
de l\Iorelos ( 1812) y después las del general
D. Antonio León, cuando derrot6 en Etht á
las ú ltimas tropas reali,:tas. Allí estuvo preso
el héroe suriano D. Yic,:mte Guerrero, víctima ele la infame traición &lt;le Picaluya, y por
último, en la capilla del Rosario fueron s~pultados sus restos. Exclaustrados los religiosos, el edificio se convirti6 en cuartel, y el
templo qued6 abandonado. El actual arzobiRpo de Oaxaca, Sr. Gillow,gestion6 la devo1uci ón de la iglesia al clero y la obtuvo en
Abril de 1895, dando comienzo á su reparad6n sin demora alguna.
Terminadas las obras resptctivas, el tem·
plo c¡ued6 abierto al culto nuevamente eri los
primeros días de noviembre último.

Mazatlán.

UBLICAMOS hoy en nuestro semanario algunas fotografías del templo de
Santo Domingo, de Oaxaca, reputado
como uno de los primeros del país.
Acerca de la construcci6n &lt;le este edificio,
verdaderamente notable, creemos oportuno
dar á conocer los siguientes da~os. La obra,
llevada á cabo por los frailes dominicos, secomenz6 el año de 1570, aprovechándose para
ello un solar que cedi6 el ayuntamiento. Los
religiosos, nl poner manos á la obra, contaban únicamente con veinte reales; el rey les
di6 más tarde, como ayuda,setecientos pesos,
y con éstos y el producto de las limosnas que
lograron reunir, compraron otros solares para
agregHlos al que ya tenían, obteniendo del
Cabildo la merced de otras fajas de terreno y
del agua suficiente para la edificaci6n de la
iglesia y del convento respectivo. Púsoles el
Cabildo á los frailes como condici6n precisa
para gozar de aquella merced, la de que en
un plazo de veinte años quedara terminado
el edificio; pero como esto no se logr6 por las
dificultades con que tropezaron los religioso8,
el ayuntamiefito quiso más tarde recobrar los
terrenos que les había donado, arrastrándolos
á un pleito que vino al fin á resolvt:lrse de manera pacífica entre ambas partes. Se señal6 á
los frailes nuevamente la canti&lt;Li.d de agua
que podíi,.n tomar para la obra, á cambio de
su ayuda pecuniaria para la introducci6n del
líquido á la ciudad; y les fueron cedidos los
solares en disputa, bajo promeea de que la
mayor parte del convento quedaría terminada,
á más tardar. dentro &lt;le treinta años.
Los dorni~iros cumplieron las obligaciones

nn

1
REPOSO
Como errante viajera fatigada,
quiero olvidar del t iempo en que he vivido
la punzadora espina que me ha herido
y la copa de néctar rebosada.
Ni nun sie.n to ahandonar la bien amada
tierra hermosa del sol en que he nacido;
¡tanto mi corazón ha padecido
&lt;le f&lt;u triste existencia en la jornada!
QLfédense aquí la gloria. lo;; amores,
l os (liamantef&lt;, los páj,u·os, las flores,
,cu:into á gozar y sonreír convi,b;
111i único anhelo es Yerme SPpnltada
en el seno del «'l'odon 6 de la 11:Nacla,,,
y no tornar á conocerle, ¡oh vida!
MERCEDES 11IATAMOROS.

ESCUEL \ DE FARMACIA

Fachada del templo.

que se habían impuesto y estuvieron en posesi6n del edificio hasta 1633, en que se mandaron reconocer y revisar los títulos. Estos

Las bóvedas del templo de Sto. Domingo,

se encontraron legítimos y en debida forma,y
no volvi6 á removerse la cue~tión.

***
«El convento dice el P. Gay, ensu «H istoria de Oaxaca,, ' fué destruído tres veces por
terremotos y r~construído con ventaja basta
quedar en su estado actual. Es un vasto edificio cuyo costo total, incluso el templo, pae6 de dos millones.,, Las torres del templo,
miden desde el suelo á las cruces, ciento treinta,vnras.
Hablando del interior del edificio, el cronista citado, dice que era un verdadero relicario par.a la religión y las artes: los _muros Y
las bóvedas estaban cuajados de primorosos
adornos de oro· á uno y otro lado babí'l. riquísimas capiu'as de las que, la destinada á
la virgen del Rosario, podía considerarse como un templo en toda forma; y un árbol, el
que representa uno de nuestros giaba&lt;los precis!j,mente, extendía por todas partes sus rarnaR y sus hojas doradas, entre las cuales sobresalían, en bajo relieve, bustos de &lt;;autos
que á proporci6n de la altura disminuían en
tamaño para formar un conjunto verdaderamente artístico. Las pinturas eran obra de
Concha.
En cuanto al conYento, el P. Gay, agrega
que sus inmensos dormitorios, sus galerías,
sus jardines, etc., etc., eran orgullo de los
frailes y admiraci6n de los viajeros, y 9-ue su
construcci6n era tan s6lida, que &lt;cla artillería,
funcionando sobre sus bóvedas y á veces disparando contra ellasn, ninguna mella les hizo.
La construcci6n ha resistido á los más fuertes
terremotos, y para que esto ni remotamente
parezca exagerado, agregaremos que las paredes de piedra son tan gruesas, que según afir·

Al emprenderse la construcción del Hospital General que se lleva á cabo en la Indianilla, se pensó en la conveniencia &lt;le formar,
para el mejor servicio del ramo de botica, un
personal apto é instruído, especialmente encargado de auxiliar á los profesores en el despacho de fórmulas y en las distintas pre¡,araciones farmacéuticae.
A esto se debe la creación de una escuela
teórico-práctica de farmacia, tornándose por
modelo la Botica del Hospital Militar, en donde, bajo la dirección del capitán primero Francisco Jiménez Learte, ha estado cursando las
materias priucipalei!, un grupo de señoritas.
Actualmente af&lt;isten ft las clases dieciocho

B6veda del coro alto.

alumnas que reciben una lección práctica de
ocho á doce de la maíiana, que es la hora del
despacho del hospital, y otra te6rica de doce
á una de la tarde.
A semejanza de las enfermeras que se emplearán en el ho,pit,al, la.s farmacéuticas usa-

Gru¡30 de alumnas

de la Escuela de Farmacia.

rán un uniforme consistente en falda y blu_
sa de holanda cruda con r ul6s blancos, delan _
tales de bramante blanco y cofias del mismo
~olor; además, llevarán distintivo en el brazo
izquierdo con la cruz roja y las iniciales del
Hospital referido.

�DoilllÍngo 25 de Enero de l no:l.

EL MUNDO 11,USTRADO

E L MUKDO ILUSTRADO

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EL MUNDO ILUS'TRADO

Domingo 25 &lt;le En€ro d&lt;&gt; 1V03.

EL :\fUKDO ILUSTRADO

Un "Dadmitnto" notablt.

DEL.A.. PAMPA

Como un recuerdo de las fiestas de Navidad
celebradas entre nosotros, publicamos fotografías del "nacimienton quP. la familia Pérez
Gallardo pu.so en su casa habitación de ]as calles del Pino, y que, á no dudarlo, fué uno de
los más notables.
· Las figuras, de cera primorosamente ,trab~jada, fueron hechas por la señora Mana V1llaseñor de Pércz Gallardo, quien, desde hace
tiempo, venía modelándolas.
.
El conjunto del «nacimiento&gt;&gt; á que nos referimos era del mejor efecto: los grupos estaban repartidos con arte, y hasta en los más
pequeños detalles se echaba de ver el primor
y la paciencia con que había sido arreglada la
composición.

Del vientre de la sier,·a descendieron,
:y con ramas de robles y de encina

sus músculos ciiiel'on.
Mugieron como toros atrevidos,
-corno yeguas otearon la colina,
:y como el mar lanzaron sus rugic'os.
Agitaron sus zarpas de colosos,
y sus crines hil'sutas
-sacudieron altivos y furiosos.
El rayo sus puñales le clavaba
al dorso de las grutas,
y á su:estruendo el ganado se agrupaba.
Huyó la tempestad; la noche entera.
se deleitó en Ia orgía
donde agotó sus fue1·zas de pantera.

IN PACE.

Y cuando el sol con fecundan tes rayos
sobre inmensos cadáveres hervía,
-el gaucho persiguiendo los caballos,
del pajonal surgía . .... .
JUS'l'O p ASTOR Ríos.

A la nave del tiempo indiferente,
no he de seguir la estela que ha dejado;
que grandes son los duelos del presente
para sufrir con el dolor pasado.

~• Sr .tanónigo D. .Rngtl .R. Uasconctlos

No ambiciono la gloria
de recordar las cosas fenecidas,
si vieue la memoria
á dejar más abiertas mis heridas.

Damos á conocerá nuestros lectores el retrato del señor Canónigo don Angel A. Vas-concelos, de la Catedral de Oaxaca, á cuya actividad se dehe, en gran parte, la reparación
del magnífico templo de Santo Domingo á
-que hemos hecho referencia en las páginas ~nteriores.

El recuerdo de sombras se reviste
y en sorda pena al corazón envuelve,

el que tl'iste pasó, porque fué triste,
y el del tiempo feliz, p01·que no vuelve!
¡Dejadme descansar! Nunca á mi oído
venga de ayer un eco ya lejano
á atormentarme con su ingrato ruido;
porque prefiero entre el tumulto vano
del festín en que pie1·do
á cada nuevo sol un bien querido,
á la vida punzante del recuerdo,
la muerte generosa del olvido! .....
MANUEL

S. PlCHARDO,

***

Se comprende mil veces mejor ]o infinito
por el corazón que por la inteligencia.

***

Para poder es preciso creer que se puede, y
esta fe debe traducirse inmediatamente por
los actos.
La "Adoración.''

Fingían trazos de un pincel tenue, mojado en besos,
Reviviendo sueños pasados y glorias idas ....

Bóveda del Coro Bajo del Templo de Santo Domingo.

Ida es la gloria de sus encantos;
Pasado el sueño de su sonrisa,
Yo lentamente sigo la ruta de mis quebrantos;
Ella .... ha jugado como un ¡,el'fume sob1·e una brisa!

El sabio practica el bien como respira: constituye su Yida.

***

La experiencia no es más que una mezcla
de hechos y de interpretaciones. La ciencia
deja de merecer este nombre, desde el momento en que se limita á coleccionar y á mencionar hechos puros.

***

El señor Canónigo Vasconcelos es uno de
los sacerdotes más estimados de la sociedad
o~aqueña, 110 sólo por su talento, sino también:por las virtudes evangélicas que loadornan.
MINIATURAS
No permitas que el sol ardiente seque una
lágrima de dolor antes que tú mismo la hayas
enjugado.

***
No hay enemigos más encubiertos que un
lisonjero, un ambicioso y un envidioso.

El trabajo, tn una palabra, no es otra cosa
que el restablecimiento parcial de equilibrio,
y toda fuente de trabajo se agotará el día en
que el equilibrio uní versal se alcance. Entonces la inmovilidad reinará en el mundo silenciosa y triste.

***

La educación puede considerarse como una
segunda existencia dada al hombre.

***
Las cualidades vienen de la naturaleza pero las virtudes son el fruto de nuestra educaci6n.

*"'*

Aquel que no ha comido su pan con lágrimas, y que no ha pasado noches de dolor llorando en su lecho, no conoce aúñ una fuerza
divina.

El viejo sol; Osiris,
que las arenas del desierto dora,
después que enciende con la luz del iris
las transparentes gasas &lt;le la aurora,
esplende en el zenit.
Su roja hoguera,
que finge el brillo de purpúreas clámides,
los átomos inflama, y reverbera
al pi':'l de l_as pirámides.
Mudas las aguas del sagrado Nilo,
sueñan con inundar pueblos remotos;
y moviendo las ondas con sigilo,
sobre azulados cálices &lt;le lotos
asoma la cabeza un cocodrilo.
Entre el follaje verde,
que la ribera esmalta,
pareja de ibis jugueteando salta,
y otra en el seno del marjal se pierde.
El viejo sol: Osirls,
que colorea con la luz del iris
las gasas de la aurora y de la tarde,
en lo más alto de los cielos arde;
y á través del desierto solitario
se divisa á lo lejos del camino'
la silueta borrosa del bedurno'
en la giba dorsal de un dro111edario.
ANDRÉS A. MATA, '

Quizás ya nunca nos encontrarémos;
Quizás ya nunca veré á mi errante desconocida:
Quizás la misma barca de amores empujaremos,
El uno á un lado y el otro al otro, como dos remos,
ToJa la vida bogando juntos y separados toda. la vida.
JOSÉ SANTOS

Los Reya. m.!gos.

DE VIAJE
Ave de paso,
Fugaz viajera. desconocida:
Fué sólo un sueño, sólo un capricho, sólo un acaso;
Duró un instante, pero un instante de los que llenan toda una vida.
No era la gloria del paganismo,
No era el encanto de la hermosura. plástica. y recia:
Era algo vago, nube de incienso, luz de idealismo ....
No era la Grecia,
Era. la Roma del Cristianismo.
Al rededor de sus dos ojos-¡oh qué ojos esoslQue las facciones de su semblante desvanecidas

Un grupo de pastores.

CHOCANO.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domñngo 25 de Einero de 1903.

....

·-

Domingo 25 de JDnero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

;:;~;·:
.,

...,:~- ..... ' ~·

X

-¿La Aeñorita Romane, no es esto? Tengo mucho gGsto en saludarla, seÍ1orita. ¿Cree usted que va _á estar contenta en nuestra al-

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··.·.·:

LA INSTI.T UTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.--ILUSTRACIONES DE SIMONT.
.,
TRADUCCION Df "fL ~UNDO llU~TRADO,"
(CONTINÚA.)

Acepté, y me ayud6 á instalarme; á poner en orden las cosas de
uso corriente. Cuando se retir6, tomé mi desayuno en un rincón
de la sala del tapiz verde. Las ventanas daban á la llanura silenciosa y blanca, sembrada de arbustos cuyas ramas tenue,; y sin hojas se destacaban airosamente sobre la limpidez del cielo.
Nada se movía en torno mío; el espacio no me enviaba el más
leve soplo.

Pensé que se había realizado mi sueño de otros días, cuahdo ansiaba encontrarme lejos del mundo.
Ahora iba yo á estarlo.
Sólo me acompañarían los pequeñuelos y el campo cubierto &lt;le
nieve. Pues bien: si Dios Re dignaba permitir que esto bastara para
llenar mi corazón, ¿por qué habría de quejarme?

•dea? Alto; llevando con soltura un elegante vestido. de tela p~rda;
-descubierta la frente amplia, coronada de cabellos grises¡ ,el conJ.~mto
•del rostro exce"ivamente distinguido y en él ?na expres1on d:, t11ste¡
za que conmovfo. no obstante la plácida sonrisa que a~ompadabad
-esas palahras: tal era el hombre, e!l a¡,ariencia. muy bien .e U?ª o,
-que me salu1!aba á 1~ f!lañana sigmente en el dintel de la 1gles1a, al
salir de la misa dom1111cal.
.
.
.
Alcé la vista, y él pareci6 sorprenders~ de ll_lIS miradas. Se rn-clin6 como si hasta ese momento me hubiese vist?. .,
~Soy el Sr. Raibert, ~eñorí~; el alcalde á quien se s1rv10 usted
hacer una visita ayer. ¡Cuanto siento no haber estado en casal ¿Ha
encontrado usted todo conforme á sus dese?s?
-Ab1&lt;olutamente, sefior, muchas gracias. Phrasia y el Sr. Durand no podían haberlo h~cho mejor _p~ra mí.
-Tanto mejor. señorita. Les felicitaré de nuevo P.ºr. ello. Un al-calde necesim ser algo corno el padre de todos sus ~dmm1.strados ..... .
Y sí encuentra usted algo que la desagrade, y está en mis manos el
remedio..... . ...
d
'
Le di nueni.ment.e las gracias, asegurándole que n~ a tema .que
-&lt;lesear, si no era á mis p 3queñas discípulas, entre quienes ansiaba
mucho encontrarme.
-¿No necesitaría ~1sted un día de rep,oso?
.
-~o, señor, no! ..ulegué ayer, y el dui. de hoy, con ser dommgo, me ha caído muy bien para descansar¡ con esto creo que me bas1ta y aún me sobra.
.
.
__ Bien veo que es usted ammosa! Nuestra anterior P:ofesora era
muy amada aquí; pero más bie?, rnn~rada. Usted, señorita, esté segura de conquistarse todas las !llmpat1as,-........
.
Al pronunciar estas palabras, hablo más quedo. M:1 rostro debe
baberse nublado hasta el punto de hacer que mi interlocutor-s~ arrepintiera de su última frase. Vi que se tu~bó. Trat6 de exphcarn;e
&lt;¡ue !'e refería á mi juventud, la cual consideraba como una garantia
-de éxito para con las alumnas.
Ltieao como en derredor de nosotros !'e formaban grupos de
personas°q~e salían. de mis:1, el alcalde, se dirigió á uno de esos grupos; con cierta grac10sa alt1".ez ~e, acerco t. las m~c~achas que lo for'lllahan y á ellas y á mí nos rnv1to á trab~r conoc1m~ento. El cm:a salía de la iglesia en esos momentos: también le llamo y me le traJo.
-La nueva pastora de este rebaño, señor cura.
.
-Ah! Ah! Bien, muy bien! Somos pastores de almas, señorita!
Yo he visto á usted durante la mi,;a. Por cierto que mostraba ustect
mucho recogimient:.! Ya lo quisieran para sí muchos de mis feli;gresesl
Se volvi6 á mirará la,; j6venes, encantadoras, inteligentes, aun-que campesinas (en el mús agreste sentido de esta expresión), ele
-franco reir, de robusto talle, de rostro fresco, encuadrado en la cofia
-ribeteada de encajes... . ......
-La piedad, querida hija, es la primera g~rantíal
--¿Garantía de qué, señor cura?-¡:;regu.1to una muchachii. n~uefia.
.
-Vea usted! Vea usted!-dijo el buen cura, desconcertado.Delfina mucho cuidado! Usted ríe de todo. ¿Qué pensará de uste&lt;l
~sta sefiorita? Ella parece muy seria, y así debe de ser. Le prohibiré
á. usted que la mire, si no ha de ser usted juiciosa.
La muchacha no rliú importancia á la reprimenda.. Sigui6 rien-do, y lueg) entabló con sus compafierns una charla en «patois» que
no pu&lt;le yo entender.
Esa alegría y ese lenguaje que no comprandí, me entristecieron.
El cura me hizo algunas preguntas acerca de mis antecedentes, de
mi o.igen, etc.
-Volveré á verla, hija mía. Vaya ahora entre esa juventud..... .
no es indigna de usted ....... . .
-Oh! ciertamente, señor cura. ¿Por qué había de serlo?
Murmuré esto con temblorosa voz, que contrastaba con la firmeza de mis palabras. Las muchachas nada entendieron. Se agolpaban
cerca de nosotros, mujeres y nifia!s, mis futuras &lt;liscípulwi, c¡ue no ,;e
~ansaban de mirarme. Los chicuelos, menos interesados en verme,
se dispersaron al momento, correteando y arrojándose bolas de nieve.
El alcalde había desaparecido; pero e11tre el grupo ele hombre1;:, no se
por qué me llamó la atención el rostro de un joven como de veinte
años, á quien miré como si fuese un antiguo conocido, y que se ruboriz6 cuando nuestras miradas se encontraron.
Toda la gente de la aldea se enJontrabn. á la salida &lt;le misa. A
poco anrlar se dispersó en familias que tomaron cada cual el camino
de m casa, y pronto me encontré i:ola, en lo alto de la vereda que
conducía á la escuela.
¡Sola! Un suspiro de ali vio escap6 de mis labios, y me caus6 alar"' ma. ¡Ohl Quién sabe si iría yo á estar siempre descontenta aquí. Durante tocia la misa, mi alma se había reconcentrado en una súplica
que reunia mis resoluciones y mis deseos de poder ,;orortar la vida
fácilmente; es decir, con amor, puesto que el amor es el secreto de la
posibilidad de vivir.
¡Dios mío!--murmuraba-permitid que les ame. Referíame á
todos los habitantes de la aldea... .. . El señor Raibert surgi6 ante mí,
en la misma vereda, que era también la d&amp; su casa. ¿Aparecía ante
mí como un alivio, como un contrapeso que me permitiese soportar

la vulgaridad y lo insípido que acababa de arrancarme un suspiro tan
dolornso? ...... ¡Lo ignoro!
. .
., Ol 'dé
Ese hombre me bahía saludado con exqmsita correcc10n. v1
el poquillo dei,precio que me causara su ~is~oria. Y luego, 1~ ema~ación moral debe tener una forma que se d1st111gue entre ma.mfestac10nes del mismogrado ...... Elegante y fina-¡de alma, por supuesto!acababa de reconocer los mismos matices en el alcalde. Hubo algo ele
dulzura en el saludo que dirigí á esa alma gemela de la mía!

XI
En esa misma tarde hice uha visita il sefior cura. Se mostró bondadoso aunque un tanto solemne, no dejando de prevenirme contra
ciertos'peligros que, segú!l él, debían abundar en mi soledad.
-Será tan penoso vivir sola á la edad de usted, sin que una esperanza legítima venga á sostenerla!
Y bajaba la cabeza, sin mirarme ya, pensando sin duda en otras
jóvenes solas y abandonadas como yo, á quienes había visto perderse en yo no sé qué rutas! También yo guardaba silencio, dejando á.
mi pensamiento hacia esos caminos qu&amp; adivinaba, con terror, bordeados de tristezas..... El cura había hablado de ,,esperanzas legítimas.»
Luego las hay ilegítimas, en el horizonte de una institutriz! ¡ Ah!
Que yo siga aµartada de ellas... .... Y, como á la vieja de la víspera,
murmuré:
-Quiero guardarme ele todo. Quiero no hacer siempre sino el
bien. ¿U61110 lograrlo, señor cura?
El murmuró, vacilante, como si hubiese expresado un medio imposible:
- Permanecer sin ningún deseo, pobre hija mía! Encontrarse
fe~iz en su soledad, no poblarla con ningún deseo ...... Ninguna esperanza ........ .
Esta última palabra me turbó. ¿Qué ciencia del corazón poseía
ese hombre que á cada momento insistía sin piedad, en prohibir las
esperanzas que llenan por sí solas la vida &lt;le una joven?...... Y me
miraba, ansioso de oír mi respuesta.
Un día, á una palabra de mi antigua protectora, y otra vez entre
las tumbas, me había yo sentido subyugada por las inefables promesas que un impulso de mi sangre joven había llevado hasta mi corazón. Pero, si para la realización de esas promesas era preciso desviarse un milímetro de la vía iiifiexible ...... ¡Ah! ¡Cuán poco me conocía el señor cura, si dudaba de mí!. ..... Me puse en pie, para dar fin
á la visita, con la frente erguida, y los labios sonrientes en su tácito
voto de austeridad.
-¿Jamás desear otra cosa que la soledad, señor cura? ¡Me será
muy fácil, yo lo aseguro!
Sacudí la cabeza, levemente, sin darme cuenta del peso que para ella alguna vez sería mi soledad. Repetí:
-¡Será fácil, muy fácil!

XII
Así lo fué .. Me agradaron mis discípulas; instalé mi pequeño hogar, y me apas10né pronto por el estudio y por el cuidado de rui casita. Así el tiempo me parecía breve. Ya era el arreglo de mi recá11;1ara, que me ?(~gustaba y qu.e cambiaba yo al momento; ya era un
sistema de rev1s1on de las lecciones, que me parecía preferible y en
cuyo desarrollo me ocupaba en las horas libres. El cuiuado de niii:!
útiles también me o~upaba mucho, porque era yo muy torpe.
También ~i cocinita me había ocupado¡ .pero me agradaba muy
poco. No ~abna yo encontrado pla0er en condimentar cuidado~am ~nte un platJIJo que después comiera yo ,;ola. Día tras día tomaba rnis
alimentos de prisa, casi siempre &lt;le pie, al lado de la estufa que humeaba aún.
Lo extraño e, que en aquella época, en que nada deseaba yo
me embarga.La la tri:steza á la hora de la comida. Comía, :siempre po:
seíd~ de vaga ansi_eda&lt;l, como si algo me falta:;e. Creo que habría yo
querido una me:;Ha con su mantel deslumbrante de l,lancura· una
flor en un vaso; al~uien .... :. una anciana madre, un chiquillo, ;lguno, ~n fiu, para quien hubiese preparado platillos. l\Ie imaoinaba la
m_eslta en 1~ pieza inmediata á la cocina¡ á mí, con un delabntal, inclrnada ans10samente ante la estufo, y después llevando la torta humeante, apetito~a, con una sonrisa de orgullo ...... EsiL vi¡;ión Rt: bonaba con ~l último bocado .. . ... Si era de noche, me retiraba rápidamente á m1 cuarto, donde me esperaban lo;i cuadernos de mis uisdpulas ........ .
( COXTINUARÁ. )

iCUIDADO, SEÑORA!

Vd. emp,ezaá engrosar, y engrosar es
envsJecer. Tomepues,todas fa, mauanas
en ayunas dos graJeas de THYROiDINA
ROUTY y su talle se conservará esodco
6 volverá á serlo.- El frasco de 60gra,Jeu 10•.
P.A.RIS, Laboratorio. 1, Ruo do CbO.teaudun.

IEDICAIENTG CIERTO t IROFENSITO El ABSOLUTO.
Téngase cuidado de eligir: Thyro1dlna Bouty.

o

a

a

e

�Domingo 25 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

LL MUNDO ILUSTRADO
ANO X•••TOMO 1.--NUM. 5

Subscripción mensual foránea, SI 51&gt;
ldem. ldem. en la capital, Sl.2S

MEXICO, fIBIURO 1" DE 1903.

Gerente: LUI~ RtYf~ ~Pl ~ll0LA

Director: LIC. RAFAtL Rfl't~ ~PINDOLA.

Vista del exterior con parte de los carros para guardar las mieles

La industria en Sinaloa.
EL INGENIO AZUC ARERO DE "ELDORADO."
Los sefiores J oaquín Redo y sus hijos Joaquín, Diego y Alejandro han establecido en
el Distrito de Culiacán, en las
márgenes del río de San Lorenzo, un ingenio nzucarero
en su hacienda «Elclorado.»
En este Ingenio se hará la
primera zafra en los primeros
días del mes de Febrero pr6ximo. La maquinaria de esta fábrica de 11zúcar es la más grande de la República; con facilidad pueden molerse 600 toneladas de caña en 22 horas,
produciendo más 6 menos
4,000 arrobas de azúcar. Toda
la maquinaria es de lo más•
moderno que f:e conoce; el
motor es de 500 caballos y
cada uno de los seis rodillos
del doble molino pesa 20 toneladas.
La fábrica producirá azúcar granulada de euperior calidad y de aspecto llamntirn.
Cuando llegue á ser posible
la exportación de azúcar de
México para los Estados Unidos, ningún otro ingenio del
país podrá efectuarlo más ventajosamente que el de los sefiores Redo y Cía., porque el Ingenio está situado á 12 ki16metros del embarcadero.

Exterior del ingenio azucarero " Eldorado."-En construcción.

En este Ingenio se hará el acarreo de la caña con locomotora de vapor; la vía férrea tiene, en sus diferentes direcciones, 7 millas.
Las calderas son del sistema más moderno
conocido y tienen 1,500 caballos de vapor.

***

El Estado de Sinaloa, se ha considera-

den hacerse y se hacen hasta ci neo cortes deun plantío, siempre remunerativo, y porqueson sanos los lu¡rares en donde se produce la.
caña. Contra todas e8as ventajas hay un inconveniente de grandísima importancia: falta
de brazos para la agricultura, porque el Estado ele por sí mismo es despoblado y se trabajan en él numerosas minas,
ne~ocios que pueden reportar
jornales mucho más altos que
la agric-ultura.
No cube duda de que entre
nuestra prorl ucción agrícola.
susceptible de producir artículos ele exportación, después del tabaco, vendrá el azúcar.
El señor Don Joaquín Redo fué el pri111eru en explotar
la inJ ui-tria azucarera en Sin a loa, Estado que produce
ho.v máo &lt;le 600,000 arrobas de
azúcar y que probablemente
dentro rle algunos años producirá má,: del doble.
Una buena parte de s u producci6n se vende ya en Chihuahua y Durango.

***
Acarreo de uno de los rodillos del molino de caña.

do como el que reúne condiciones más favorables para el cultivo de la caña, porque pue-

lnduclablemente el ingenio
á c¡ue aludimo,; eHtíÍ llamadoá
ser, para la Industria en Sin a•
loa, un i mpulso tanto más
palusible cuanto que permitirá á innumerables operarios encontrar en él
ocupaci6n y gitnar!'.e la subsistencia.

Stñor 6tntral Don francisco f 1tñtdo
Jacal que ha servido de habitación
construyen el ingenie.

á los ingenieros que

Almacén para el azúcar del Ingenio.

6obernaaor '1d Estado at stnatoa.

'

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 1, No 4, Enero 25</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 25 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

LL MUNDO ILUSTRADO
ANO X•••TOMO 1.--NUM. 5

Subscripción mensual foránea, SI 51&gt;
ldem. ldem. en la capital, Sl.2S

MEXICO, fIBIURO 1" DE 1903.

Gerente: LUI~ RtYf~ ~Pl ~ll0LA

Director: LIC. RAFAtL Rfl't~ ~PINDOLA.

Vista del exterior con parte de los carros para guardar las mieles

La industria en Sinaloa.
EL INGENIO AZUC ARERO DE "ELDORADO."
Los sefiores J oaquín Redo y sus hijos Joaquín, Diego y Alejandro han establecido en
el Distrito de Culiacán, en las
márgenes del río de San Lorenzo, un ingenio nzucarero
en su hacienda «Elclorado.»
En este Ingenio se hará la
primera zafra en los primeros
días del mes de Febrero pr6ximo. La maquinaria de esta fábrica de 11zúcar es la más grande de la República; con facilidad pueden molerse 600 toneladas de caña en 22 horas,
produciendo más 6 menos
4,000 arrobas de azúcar. Toda
la maquinaria es de lo más•
moderno que f:e conoce; el
motor es de 500 caballos y
cada uno de los seis rodillos
del doble molino pesa 20 toneladas.
La fábrica producirá azúcar granulada de euperior calidad y de aspecto llamntirn.
Cuando llegue á ser posible
la exportación de azúcar de
México para los Estados Unidos, ningún otro ingenio del
país podrá efectuarlo más ventajosamente que el de los sefiores Redo y Cía., porque el Ingenio está situado á 12 ki16metros del embarcadero.

Exterior del ingenio azucarero " Eldorado."-En construcción.

En este Ingenio se hará el acarreo de la caña con locomotora de vapor; la vía férrea tiene, en sus diferentes direcciones, 7 millas.
Las calderas son del sistema más moderno
conocido y tienen 1,500 caballos de vapor.

***

El Estado de Sinaloa, se ha considera-

den hacerse y se hacen hasta ci neo cortes deun plantío, siempre remunerativo, y porqueson sanos los lu¡rares en donde se produce la.
caña. Contra todas e8as ventajas hay un inconveniente de grandísima importancia: falta
de brazos para la agricultura, porque el Estado ele por sí mismo es despoblado y se trabajan en él numerosas minas,
ne~ocios que pueden reportar
jornales mucho más altos que
la agric-ultura.
No cube duda de que entre
nuestra prorl ucción agrícola.
susceptible de producir artículos ele exportación, después del tabaco, vendrá el azúcar.
El señor Don Joaquín Redo fué el pri111eru en explotar
la inJ ui-tria azucarera en Sin a loa, Estado que produce
ho.v máo &lt;le 600,000 arrobas de
azúcar y que probablemente
dentro rle algunos años producirá má,: del doble.
Una buena parte de s u producci6n se vende ya en Chihuahua y Durango.

***
Acarreo de uno de los rodillos del molino de caña.

do como el que reúne condiciones más favorables para el cultivo de la caña, porque pue-

lnduclablemente el ingenio
á c¡ue aludimo,; eHtíÍ llamadoá
ser, para la Industria en Sin a•
loa, un i mpulso tanto más
palusible cuanto que permitirá á innumerables operarios encontrar en él
ocupaci6n y gitnar!'.e la subsistencia.

Stñor 6tntral Don francisco f 1tñtdo
Jacal que ha servido de habitación
construyen el ingenie.

á los ingenieros que

Almacén para el azúcar del Ingenio.

6obernaaor '1d Estado at stnatoa.

'

�Domingo lo. de Febrero de 1903.

La Mujer yla Super-hembra
Jules Claretie el aplaudido director del Teatro Francés tie1~e un pensamiento cuya lectura arrastra ó, interesante:-; reflexiones : &lt;CEl hombre y la mujer, en el arte como_ !:'1_1 el amor,
efectúan un cambio de sus sentim1entos respectivos, y siempre hay un~ mujer en la obi:a
de un hombre, como hay siempn, un hombie
en la obra de una mujer.,&gt;
E l pensamiento es sugestivo y es h~rmos~;
¿será igualmen te cierto? .... .. Porque s1 la verdad es un factor poderosísimo de 13: b~lleza,
no puede decirse que le sea un factor 111d1spensablt:. El apotegma de Boileau e,; hermosC!,
pero no es cierto. «Rien n'est beau que le vrai,
le vrai seul est aimableJJ .. .. .... y hay much~s
quimeras, muchos ensueños, muchas mentiras que sun un portento de belle~a.
Tal vez bien visto el pensamiento de Claretie sea t;n hermoso'ensueño. Para acercarlo
á la verdad convendría, quizá, hacerle algunas
modificaciones tales, verbigracia, ~orno la de
suprimir los a;tículos indeterminados, á :fin de
obtener en la idea una representación «abstracta,&gt; de esa reprocidad de los E.exos que se supone. Es verdad que Claretie sólo la supone
en el amor y en el arte; pero el amor y el arte
son fue rzas tan poderosas y tan ubicuas, q~e
están y gobiernan en la vida t?da. Reconocido esto ¿será cierto el pensamiento'?
Con;iene examinarlo por partes. Creem~s
que la divinizaci?n de la muj~r es un sei:t.1miento que palpita t,n el corazon de la vieJa
h umanidad y constituye una potente palanc-a
para nuestras ambiciones, para nue:itros ensueñ os, para todos nuestros_ a~·dimi~ntos. Tal pa~
rece que Carl yle, al escribir su h bro «Los l:é
roes » que tanto se lee y tanto se medita, quiso
fort~lecer nuestro pensamiento en un_ fuerte
baño de individualismo. Pero ...... ¿quién escribirá «Las heroínasJJ?.. ... Debe hacerse; debe cantarse el triunfo de la juYentu&lt;l, ~e la
belleza, de la gracia, el triunfo todo de la idealidad femen ina alentadora del pecho humano,
engendradorll. ;n él de grandes y fecu ndas rebeliones, pobladora incansable de la mente que
crea y sostén perenne de la voluntad, que
triunfa! Vemos a l héroe, ya sea f:anto, apos,tol,
guerrero, legislaclor ó poeta, y ol\'idamos a la
heroína que vivf', palpita y pi~nsa dentro de
él. Podrá decirse que la Beatriz clel Dante_ Y
la Laura del Petra:rca pudieron no ha.1.Jer existido, sin que ~or ello clejasen de crea,1· el _uno
su «Divina Comedia)) y el otro sus langu1dos
y deliciosos sonetos; pero Beatriz y Laura son
símbolos del «eterno femenino)) que Goethe,
más :filósofo y menos exclusivista, supo p~·o•
clamar ante tos ho11,bres como una ver~ad mnegable. La Yenus I nspiradora es siempre
abstracta, aún cuando á las veces ap3:rez?a_encarnada. en crea.tura mortal y trans1tona, la
mujer, como musa inspira~l?r~, e~,eterna Y
abstracta., por virtud de la divm1za_c1_on femenina que palpita en el alma de la vieJa humanidad.
Tiene razón Claretie en una parte de su pensamiento. Es cierto que la mujer-no una rouje'l'-está siempre en la obra del hombre. La
mujer ejerce sobre el hombre, de mo?o con~tante y con fuerza ineludible,, Ulla v1r~ud dinámica y graduadora que no solo proviene de
-su profundidad sentimental, sino también.del
mayor equil!brio de la ni:turale~a femenina,
&lt;J.Ue es esencialmente altrmsta, a!:.'i en el º:den
moral como en las manifestaciones matenales
de la vida. Y el ejercicio de esa virtud so_bre
el hombre es la misión genuina de la muJer,
es el únic¿ concorde con sus aptitudes, es el
que sólo puede proporcionarle su verdad~r~
felicidad. Es cierto: siempre se encontrara a
la mujer en la obra del hombre.

***

La segunda parte del pensamiento de Cbretie es falsa, en nuestro sentir. En la ri:ra
ohm femenina que alcanza á ser concreta é_mdividual no se advierte ni á un hombre mal
hombre·' allí se pierde la noción del sexo Y
surge p¿derosamente el sentimiento de la es-

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
pecie; el amor se_t;ansforma e1;1 caridad, alcai:iza su manifestacion más sublime, se des~?Jª
de su envoltura de egoísmo, que está teJida
con hilos de placer en el pretexto de la procre~ción, y sin titubeos ni zozobras alca1_1za _el pináculo del sacrificio y del renuncia1mento.
Las heroínas-en la acción y en el arte,-las
llamadas varonas, porque la creaci?n _perdurable ha sido eminentemente varoml, siempre
se han distinguido por esas virtudes; para la
idealización completa de Juana de Arco, la
leyenda creyó indispensable conservarla p~c~la mientras á un Pela yo jamás SP. le ha exigid¿ la mancebía; la lira erótica pocas veces ha
sido tañida. por mano de mujer ( i:iue8 l_~s corte~anas se escapan ya í~ la clasificacion del
sexo como Safo no cupo en la estrechez del
gine~eo) y cuando lo ha sid~, ~u melodía no
ha acertado á alcanzar pecuhandad de sexo Y
se ha antojado una imitación ?-ª querella !11asculina. El heroísmo db la muJer, el hermsmo
propiamente femenino, ha estacl_o s~empre dentro del sacrificio; y en este sacrificio no ha habido casi nunca el irnpulso de un hombre, y
siempre se podría encontrar el impulso de la
Humanidad.
Hemos hablado de la mujer, tal cual es, tal
cual debe ser siempre; 119 _d el tipo hembra
creado mentalmente i)or la compacta humareda del feminismo propiamente dicho, porque
«esa» ya no es una mujer, cua~ Zarathustr_a ya
no es un hombre. Y nos refernnos al femuusmo porque nos parece que la re0iprocidad
ex¡cta que supone el pensamiento Claretie,
conque iniciamos esta charla, s?I? se finge
admisihle dentro de las teortas fem1111stas, que
no son las de conceder á la mujer el carácter de un «valor» en la vida económica y de
mejorar su condición social de acuerdo ~on
sus aptitucles :fisiológicas y psicológicas, , smo
la de equipararla al hombre en tod?s los ordenes de actividad y de vida. Este ideal de la
mujer «recíproca» del hombre, idfotic-a.~1hombre de esta «new style woman,» surg10 de la
pre~ipitación del feminismo: tan perfecto (?)
pero tan imposible, como el ideal de Zarathustra del cereuro de Nietgsche. E l «super-hombre,&gt; y la «super-hembra&gt;, habrí_an menester
una «su per- atmósfera,» que no existe, para ser
viables.
.
Pero hemos dicho que sólo «se finge» adnusible la reciprocidad exacta de los sexo~ en la
obra porque la «super-hem brai&gt; para 1p;ualar
a l h'om bre, para ejercer idéntica ~ctividad
que éste y para «vencerlo,», u_na vez 1gua.lado,
&amp;iquiera por la fuerza 1~umer1~a ?el se~o !emenino «new style » tendna que 1r identificando' en lo que más pued e estar a,
se con el hombre
su alcance, esto es, en lo m~ral é intelect;1al,
y entonces perdería sus cua.hdades femenmas
tan seguramente, cuanto la a~opción del talón oro en un sistema monetario supone restricciones de acuñación y hasta demonetización de la plata· y una vez idénticos espiritualmente el homb're y la mujer, la atracción de
los sexos vendría á descansar sobre bases por
demás groseras para que p'1diera seguir existiendo influencia moral alguna de un sexo sobre el otro. La «su rer-bembra&gt;, pierde, pues,
la virtud dinámica de la mujer sobre el hombre con el hecho de haberse igualado á él,
pu~s ya dijimos qu~ aquella virtu? proviene
de cualidades esencialmente femeninas y ahora agregaremos que no son a~enas á ella _las
condiciones actuales de la vida de la muJer,
que la preservan del incesante_ gasto de e!1ergía nerviosa. Y perdida esa v11tud femenma,
la «super-hembra,&gt; no se encontrará ya en la
obra dP,l hombre; y, además, también por gasto de aquella virtud femenina, en la obra de
la «super-hembra,&gt; se debilitará el sentimiento
de la especie, y la .obra femenina irá perdiendo su peculiaridad más preciosa.

?e

*
*'*
El hermoso pensamiento de Claretie, resulta, pues, falso en una de sus partes, ya se le
analice fuera ó dentro de los ideales del feminiRrno oficial.
Más precirn y verdadero quedará en esta
forma:
«El hombre y la mujer, en el amor como en

el arte se complementan; pero mientras en
la ohr~ de un hombre está siempre la mujer.
en la obra de una mujer está siempre la Especie.&gt;,
Se de~prendería entonres de esta fórmula el
hecho de que la mujer es moralmente superior al hombre. Pero ...... ¿r¡uién ha intentado
negar eso en buen terreno?
Sí, la mujer es siempre moralmente superior al hombre; la «super-heuibra," nunca; ésta, es lo que el italiano Ferrari llamó donosamente «el tercer sexo. i&gt;

Jlsaltos dt Esgrima.

@

omingo a nterior, por la mañana,
erificaron en la Escuela Nacional Preparatoria los asaltos de florete, sable y box organi zados por los señores ProfesoTes Rafael Dav icl, Manuel B. Carrillo y Rómu-

aplaudido!', entre los que formaban la primera parte del programa.
.
En cuanto á la segunda parte, fué cubierta
con algunos otro~ asaltoR, en que se distinguieron m ucho los señores Rómulo Timperi, Angel Escudero, Rafael David (jr. ), Manuel Carri llo, Felipe Lazo y Mauricio Cazessús. ~ara
terminar, los señores Fernando Colín y Silver io Santa María sostuvieron un reñido asalto
de box.

JUAN SÁNCHEZ- AZCONA.

El Señor 6obernador de Slnaloa.

E

N lugar preferente publicamos el retrato
del Sr. G,)bernador de Sinaloa, General
D. Francisco Cañedo, á quien debe Mazatlán en las aflictivas circunstancias por que
atraviesa, much os y muy importantes servicios.
La solicitud con que el referido funcionario
a.:udió en auxilio del puerto al iniciari,;e la
epidemia, y sus gestio_nes en bien d_el Yeci ndario amenazado, son digna!'! &lt;le elop:10, pues en
su empeñ o de ayudar á las autoridades sanitarias al mejor éxito de sus trabajos y de impartirá los habitantes de la ciudad infestada,
toda la protección de que era capaz, ha permanecido allí, aun á riesgo del contagio, para
vigilar más de cerca el cumpl imiento de las
medidas encaminadas á la extinción del mal,
y para promover, en favor de la clase menesterosa cuanto ha estado de su parte. La Leaislat~ra de Sinaloa acordó llamarlo á Culia~án, alegando que su presencia en aquel punto se creía indispensable, en los momentos en
que el número de inmigrantes y la miseria de
la gente del pueblo podía originar graves
trastornos, y el Sr. Gral. Cañedo, comprendiendo que su estancia en Mazatlán era más
importante toda\'ía. se excusó de cumplir tal
disposición rogando á la Cámara la revocara
en vista de'que no podía apartarse del puerto
sin grave peligro del ordei1 y de la salubridad
pública. Esta actitud del Sr. Gobernador le
ha conquistado muchas simpatías.
Nosotros, al publicar el retrato del distin·guido gobernante, no hacemos más que honrar á quien honor merece.

MARIO
Esclavo de insaciables amuiciones
que lo lanzaron contra el orbe en guerra,
de su bogar y su patria se destierra
el :fiero vencedor de los teutones.
Superando asechanzas y aquilones,
toca su nave en la africana tierra,
y el gran proscrito pensath-o yerra
á solas por las líbicas regiones.

LA "MURALLA."

lo Ti::nperi, con el laudable propósito de allegar
fondos para las víctimas de la epidemia rein ante en Mazatlán.
La fiesta, que fué presidida por el señor
S ubsecretario de Instrucción Pública, se verificó en el patio de «paf'a1ites» con\'enientemente arreglado para ello. y resultó en extremo
interesante. E n el cehtro del patio se levantó
la plataforma en que debían dar1&lt;e los asalto¡:,
colocándose á un lado, bajo un dosel de peluche rojo, la mei:;a destinada á la prei:;i&lt;lencia.
E l acto dió principio con la «muralla,» saludo correctamente hecho por los alumnos de
sPgun&lt;lo año, y con un asalto de florete que
ejt'cutaron, cou 1:otahle df'f:treza, los jóvenes
César Pedrazi y Juan Ruiz E¡.;parza. Los alumnos del Colf'gio Mili tar José Alf'si r y Francisco Montafio ocuparon def'pués la plataforma
entablando un asalto á ~n blf' que llamó mucho
la atención de la con('u rrencia. A éste, siguieron otros m:altos en que demo:;:traron sus habilidades, en el manejo del florete, los señores
F rancisco 'i'ilontaño y Mauricio Cazessús, y en
el del sable, los jóvenes Eduardo Prieto y Souza y Gustavo Garmendia, alumnos del Colegio
Militar. Este fué uno de los números más

En f'l intermedio de la primera á la segunda parte del programa, las niñas David y
Landgrave hicieron una colecta de fondos entre los conc-urrentes á la fiesta, reuniendo más
de cien perns que entregaron al señor Subsecretario de Instrucción Púolic-a y que se destinan á las víctimas de la peste negra.

Mu~oz LLOSA.

Cuaodo pasa, la tierra resplandece
Esparce claridad su blanca gasa:
'
Todo se alumbra en torno; y me parece
Que pasara la luz cuando ella pasa.
Cuando entra, un fragante cinamomo
Parece que en la estancia floreciera:
T?do se alegra y se perfuma, como
81 acabase de entrar la primavera.

***

***
En el gran teatro del mundo el apuntador
es el amor propio.

Asalto de f lorete ent re los Sres. Rafael
David (jr.) y Manuel B. Carri llo.

••••••••••••••••••••••

Blanca estrella que irradiara
su imágen en fuente clara
tal en ellos tu alma vi·J '

PARA UN ÁLBUM

La simpatía es la llave de oro que abre todos los corazones.

En los primel'os días del mes pasado, se ~eri:ficó en Querétaro la dist.r ibución de prem10s
á los ven..:edores en el Concurso Artístico abierto últimamente en aquella ciudad. á iniciativa del Sr. José Germán Patiño, Director de la
Academia de Pintura.
La exhibición de las distintas obras de arte d uró del 21 de Diciembre al 1~ de Enero,
ca'l culándose en más de 5,000 el número de
visitantes que en ese período, relatframen~e
corto, recorrieron los salones de la Exposición.
Entre las obras que en traron al cor,curRo,
había convenientemente clasificados, trabajos al'óleo, acuarelas, esculturas y dibujos,
que fueron muy elogiados. En el ramo de
composición original (al óleo) obtuvo el primer premio el Sr. José F. Frías, que presentó
el cuadro titulado «La Vocación de San Juan
y Santiago;,&gt; en el de Paisaje, la señorita Aurora GueYara, y en el de «Acuarela» la se?0·
rita Ofelia Montes de O(:a. De estos prem10s,
el primero fué ofrecido por el Sr. Gobernador,
el segundo por el Sr. Obispo, y el tercero por
el Ayuntamiento de Querétaro.
En cuanto al ramo de escultura, se otorgaron recompensas á los Sres. Diego Almaraz
Guillén, por un cristo en marfil; y Manuel
Muñoz Fuentes, por una «Dolorosa» en blanco; y menciones honorífic-as á los Sres. Federico Mosqueda y Braulio Rodríguez.
Además de las personas mencionadas, obtuvieron menciones honoríficas y «accesits~
las señoritas Ana y Guadalupe Balvanera,
Sofía Alvarez, Aurora y Consuelo Guevara,
Herminia Héfferan, Dolores Martínez, Dolo-

Qué profeta, ni qué Fabios!
llorosas entonces vilas
que hablaban como sibi1as
lo que callaban tus labios .. .... .

ANTONIO GóMEZ RESTREPO.

Más seguro es conducirse bien en la vida,
cuando se comprenden racionalmente la~ consecuencias buenas y malas de las acc10ne~,
que cuando sólo se creen según autoridad
ajena. .

QUERETANO.

1\Ie recuerdas sin reFabios
que en horas bien intranquilas
lloraron, ¡sí! tus pupilas
nuestros íntimos agravios.

CESAR .J.

«¡Anda, le dice al mensajero aciago,
y di le á tu señor que á l\lario viste
sentado entre las ruinas de Cartago!»

EL CERTAMEN ARTÍSTICO

mitntras Clorabas

Mas, como un cisne travieso
quiso mi alma darle un beso '
y tus lágrimas bebí!

Rudo lictor, en que piedad no existe,
partir le ordena con hostil amago;
y el héroe, alzando la mirada triste,

Domingo lo. &lt;le Febrero de 1903.

Todo el a z ul tlel cielo está en sus ojos
En sus trenzas, el oro de Tbolumes
'
Y entre sus labios húmedos y rojos
Toda la miel y todos los perfumes.
ALEJANDRO

P ARRA:M.

Asalto entre los j óvenes César Pedrazi y Juan Ruiz Esparza.

••••••••••••••••••••••

res Ruíz y María Gutiérrez y alaunos
otros
0
artistas y aficionados.
'
La :fi~sta de distribución de premios se vi6
concurrida por lo m!ts granado de la sociedad
queretana.
En el presente número damos á conocer algunas ~e las ?bras presentadas al concureo;
prometiendo a nuestros lectores publicar en
las próximas ediciones de «El Mundo Ilu;trado» l~s foto~r~ffos de otros de los princi¡,ales
trabaJos artist1cos.

�Domingo lo. de FebTcro de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Yd.? Pues de la manera más extraña.
Un día estaba en mi despacho, abrumado de
trabajo, porque aunque trabajaba de la mañana á la noche, nunca conseguí estar descansa-; do, cuando empezaron á venirme ~nos pensamientos, así, así.. .... como oscuros ...... ?omo
los que vienen en el sueño..... . Que me 1ba_á
convertir en mono de cristal; que ese cambio
-Deténgase, Feñor, deténga;:e; ¿no ve que
me quiebra'? gritó á mi lado una voz angustiosa.
Me volví apr1&gt;suradamente y me encontré
con un hombrl', alto, fornido, de mirada inteligente, que i:;e deshacía 1&gt;11 ceremoniosas cortesí:as. Pensé que no era un loco como los demás que acababa de visitar, y le tendí la mano que él e1&lt;trechó afertum;a.mente. Yo, ú mi
ve~, estreché la su_,·a; pero al sentir la presión
de mi:i declos, mi hombre gritó con el espanto
pintado en el semblante\
- No tan fuerte, señor, no tan fuerte, ¿.no
ve V d.?; y al mismo tiempo me mostraba una
tablilla que ll1&gt;vaba suspendida al cuello, en
donde sólo se l1&gt;ía esta palabra: «Frngile."
-¿.Qué significa eso? pregunté en inglés al
guardián q11e me acompaiiaba.
-Nada, 1111&gt; contPf'tÓ, que e., te pobre loco
cree ser de vidrio, y ve en cualquiera que se
le acerca un peligro para su integridad.
Me simpatizó aquel hombre, y de.:eando
trabar ron,·er.:aciún con él, formulé algunas
excusai:;, y le interrogué sobre la manera como
se había operado aquella extraña transformación de cuerpo humano en cuerpo de cristal.
-Eso, re:-ponclió mi entre,·ii:;taclo, es la cosa más sencilla ch·l mundo, y si Vd. tiene la
paciencia necei&lt;aria para oírme, se la contaré
punto por punto.
Acepté con gusto, y él continuó:
--Vd. quizíi no i-;epa que yo soy un abogado con bufete eFtal,lecido en la Villa de Ramos ...... Pues l,ien, allí vi\'Í con mi familia,
tranquilo y feliz, hm,ta
que comenzó á entrarme
esta enfermedad. ¿Cómo ■
fué eso, me pregunta ■

Domingo lo. de Febrero de 190J.

que aquella gota estaba incrnstaC:a en mi c:irne.
Creí volverme loco; corrí al lado de mi espoi,a y mis hijos, manifestándoles mi desgracia,
y no me ditron crédito; insistí, les mostré el
dedo en que temblaba aquella gota blanca, y
me dijeron que nada veían. Me creyeron atacarlo de enagenación mental, y á pesar de mis
protestas de que estaba cuerdo, perfectamente cuerdo, me obligaron
á encenarme en mi cuarto ....... .

•••
Allí noté la segunda
gota ele vidrio; era gruesa, como hueso de avellana, y estaba implanta da en la precisa base del
ta16n. Ya .:abfa yo que
allí la hallaría: la voz
que hablaba clentro de
mí me lo había dicho.
Llamé á mi familia para mostrarle esta nueva
prueba de que no e~;aba
engañado, y suced10 lo
que la vez prin:era: nadie vió aquel cnstal que
yo tenía delante de mis
ojos. Todas las personas
que me rodeaban me mi-

•••••••••••••••••••••-••••
•
••
•
••
•
•••
•
•••
•
■
■

se iba á operar esa misma tarde; que en aquellos momentos empezaba la traneformaci6n ... Me vino clara la
idea de que allí, á la extremi&lt;lad del dedo mefiique de
la mano izquierda, el fenómeno hab{a aparecido ya, y
apena,; tuve valor para mirará donde mi conciencia me
indicaba.....¿y qué cree Vd., SEñor, que encontré? ¡Pues
una gota cristalina! La sacudí con espanto; y la gota no
cayó; quise arrancarla, y me apercibí r.on terror inmenso

■

■

••
···························~····················~········
•
••

•••••••••••••••••••••••

ALREDE DORES DE TLALPAM .-Chimalcoyoc.

Ch im alcoyoc.

·············•··••······································..............

raban de cierto modo, como se mira á un desequilibrado.
Pasaron algunos días sin novedad; pero la
noche del último tuve un sueño espantoso....
Sofié que aquellas gotas de cristal se extendían por todo mi cuerpo, creciendo, creciendo ...... ; que invadíafí. mis carnes, que transformaban mi naturaleza, que me convertían,
al fin en un mono de cristal. ... . .. Era de seguro Ía voz de mi conciencia la que hablaba
así esa voz que de todo me advertía y todo
adi'vinaba ... . .. Y adivinó en esto, como en lo
demás, porque al día siguiente el sueño. había empezado á realizarse: las gotas de cnstal
crecieron crecieron ...... ... ; y primero las manos y los' pies, y luego los brazos. Y. las pi~rnas, y después todo el cuerpo, se hicieron cristalinos; si Ee puede leer con ellos, como con
unos lentes .. . ..... .
Ahora ya siento el frío del vidrio aquí, cerca del ~oraz6ri .. ...... Y nadie quiere creerme,
señor nadie; todos me dicen que son preocnpacio~es. Al médico de V_i,lla de ~m~s f.ué al
primero que se Je ocurr10 ese drngnost1co y
después lo han seguido todos los d~más...... :
¡Los médicus! ¡qués ,ben los médicos de m1
enfermedad! Han llegado á decir que estoy loco y roe han traído á esta casa y entre personas extrañas para que cure.
-¿Y sufre Vd. mucho? pregunté compadecido de aquel hombre.
-¡Ah, lo indecible! me contestó. ¡~o puede Vd. imaginárselo! Eso de tener siempre
que andar cuidando esta caja de cristal.. ..... .
Que aquí un mal paso; que allá un golpecito
cualquiera; que acullá un descuido &lt;le algún
transeunte ...... Por esto último me he puesto
esta tablilla ... .... Y á pesar de tantas precauciones no siempresalgo bien librado: ¿ve Vd.
esta oreja sin su lóbulo? Pues fué un moscardón, señor, un simple mo!'&lt;cardón: pasó volando ta.n de recio y tan cerca de mí, que no
pude evitarlo: el animal chocó contra mi oreja y se llevó el lóbulo; como todo es puro cristal.. ...... .
No pude menos de sonreirme ele las ideas
de aquel hombre, y por decirle algo, le pregunté:
-¿Y no se alivia Vd.? ¿no tiene Vd. es:
paranzas de curar?
-¿Aliviarme? ¿Con qué? Los médicos me

recetan bromuros, ejercicios, baños....... .
¡tonterías! ¡algo han de hacer! ¿Curarme?
Ya no creo en mi curación. Poco á poco
me voy haciendo enteramente de vidrio
y eso no tiene remedio. Mis manos, mis
brazos, mis hombros, toda la cabeza, los
pies, las piernas, los muslos... ¿qué queda? Apenas el tronco, el pedacito donde
está el corazón; ese rinconcito querido es
lo único que está todavía sano; pero la ola
de cristal avanza y pronto no quedará nada; hasta esa islita de carne que todavía
hay en mi pecho desaparecerá, y entonces. ... entonces seré cadáver.
Sonó en aquellos momentos la campanilla llamando á los enajenados al refectorio, y el buen hombre se despidi6, diciéndome con triste sonrisa:
-Nos llaman; hasta que llegue la hora, es necesario alimentarse. Con permiso de Vd . ...
Y evitando los obstáculos y rodeando
los tropiezos, el pobre loco, serio, rígido , pesado , fuése
arrastrando penoi:amente su supuesto
cuerpo de cristal. FRANCISCO VEROU·
GO FALQUEZ.

Todo hombre &lt;l,·biera asir la idea de
que no es más que
un eslabón en la cadena de la creación,
y que á pesar de su
amor por la patria
tiene el rn u n d o
abierto ante sí para
la práctica de sus
hechos de abnegación y caridad.

*
Los autores muet~n pero sus obras
iñguen viviendo,

Jn~íaofán~~
0LLtJtR1'~

�Domingo lo. de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo lo. de Febrero de 1903.

..

El cumpleaños de Guillermo II.
BRILLANTES FIESTAS.

A Colonia alemána residente en México, celebró el martes
último el cumpleaños del Emperador Guillermo II, con
diYersos juegos de sport que se efectuaron en el Hipódromo
de Peralvillo, por la mañana, y con un suntuoso baile dado la
noche de ese mismo día en los salones del Círculo alemán.
«El Imparcial» publicó la crónica pormenorizada, tanto del

[

Evoluciones en bicicleta.

Desfile de los miembros del Orfe6n Alemán, frente á las t ribunas.

baile como de los juegos, y, por lo mismo, sólo nos limitamos á consignar en nuestras columnas las notas más salientes de las fiestas.
Lo que más llamó la atención de la escogida concurrencia que llenaba las tribunas de Peralvillo, fué, á no dudarlo, la serie de ejercicios gimnásticos hechos por los miembros del orfeón alemán, y los
partidos de pelota, á mano limpia y con cuerda, en los cuales toma
ron parte caballeros pertenecientes al Cl~b de gimnasia, divicl_ido en
dos grupos: «blancos» y «negros.,, El pnmer torneo tardó cuarenta

.minutos y el segundo veinte, resul~ndo vencedores en uno. y otro_
«blancos.» Estos juegos, que por pnmera vez se ven en México, exm
· ron vivamente la curiosidad del público, que aplaudió entusias
aquel derroche de agiliqad.
Los juegos cíclicos cqnsistieron en vistosos ejercicios á paso len
y en una carrera á 1,600 metros, que resultó muy interesante. La
automóviles fué á tres millas inglesas, y la de caballos á 500 y 1,
metros. De las dos últimas, la primera fué ganada por los cab
«Toxca,» &lt;&lt;Ponciano" y «Perker» y fa · segunda por el «Rayo,» el «E
grant,» el «Sol» y «Old Bov.»
.
La señora baronesa de Flrecker, esposa del sefíor Secretario de
Legación de Alemania, distribuyó las recompensas otorgadas á los v
cedores, de la manera siguiente: Al señor Schmidt medalla de o
como director de las evoluciones en bicicleta.-Al Club A
tico, una ei.tatua de bisquit, por Jcis juegos de pelota.los que ganaron la carrera en bicicleta, un busto en bro
de Guillermo II, y una purera.-Al vencedor en la de au
móviles, una garrafa de plata y un bastón. -Finalmente,
corredores á caballo fueron premiados con· un estuche
viaje, úµa licorera, una ponchera y unos gemelos de oro.
A la una y media de la tarde terminó fa simpática fiesta,
jando' entre los concurrentes los más gratos recuerdos.

adornado con flores, banderas y ricas colgaduras. En uno de los muros, se destacaba el
busto del Emperador, y en el opuesto, un
buen retrato del señor General Díaz.
El señor Presidente de la República se presentó en el Casino á las diez de la noche, hora
en que comenzó el baile, y en que los salones
estaban ya ocupados por uno. concurrencia tan
numerosa como distinguida. Damas y caballeros de todas las colonias extrnnjeras y de la
mejor sociedad mexicana, se dieron cita ert el
aristocrático Casino.
·
Durante el baile, que se prolongó hasta el
amanecer, la animación y la cordialidad no
decayeron un solo momento. A la media noche se sirvi6 á los convidados una cena, pronunciando el señor bar6n Von Heyking un
entusiasta brindis, lleno de cariñosas frases
para el señor General Díaz. El Primer Magistrado correspondió á ellas con la galantería y la

Guillermo II, por la Colonia alemana y por
las damas alli reunidas.
Los organizadores de los festejos á que nos

Ejercicios gim.,5-•icos.

ELLA
;,Pero existe? Quizás. En ocasiones
me parece que sí, y en mi deseo
toma formas humanas, y la veo
con todas sus hermosas tentaciones.
¡Ensueño, así'en mi espíritu te impones!
Y al llevarme á la orilla del Lelieo,
callas de mi razón el clamoreo
y miro palpitar mis ilusiones!
¡Ficción·ó realid¡¡.d, qué importa! ¡Es ella!
La que á mi cuerpo miserable envfa,
algún vigor para el combate diario;
La carrera de automóviles,

sinceridad que son tn él características1 y terminó su alocución proponiendo un brin dis por

referimos, deben estar satisfechos del brillante
resultado obtenido.

***

.

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la que me inunda en luz como una estrella
me hará bendecir en mi agonía
'
al Cristo del perdón y del calvario!

y

El Casino ·alemán, donde debía
brarse el baile, estaba primorosa.me
,

-La limosna fio hace más que tapar la
boca á la miseria; el trabajo y la economía la
extirpan de todo el pueblo.

•
Los automóviles.

IFRANCISCO CHACÓN.

�Primtr

Etrtamen Jlrtistico
tutrttano.

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"e~s'(~!"..
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�Do:tnyigo lo. de Febrero de 1903.

Domingo lo. de Febrero de 1903.

'.Et MUNDO n,USTR¡\DO

EL MUNDO ILUSTRADO

violetas eran para ,cNini,» su vecina, una
muchacha fresca y rosada que tenía los ojos
muy azules.
Los versos eran para nosotros. Xosotros los
leíamos y 'aplaudíamos. Todos teníamos una
alabanza para Garcín. Era un ingenio que debía brillar. m tiempo vendría. Oh, el pájaro
azul volaría muy alto· Bravo ¡bien! Eh, mozo, más ajenjo!

MAZATLAN MODERNO.
En el presente número damos á conocer
un grabado que representa lo que era i\Iazatlún hace medio siglo: un grupo de jac..'lles, y
otros en que puede apreciarse su rápido progreso y su desarrollo. Actualmente hay en el
puerto multitud de edificios particulares que
lo hermosean, buenos templo~, y dos plazas
de toros; un merc..'ldo-el "Romero Rubio,&gt;que satisface ampliamente las necesidades de
la pob!aciúri, y una plaza i:ecientemente inaugurada que ocupa el sitio más céntrico.
Entre sus paseos principales, se cuentan el
ele las «Olas Altas» y el del jardín «~fachado»
que son los preferidos. Las fiestas del Carna~
val, que se celebran alli hace muchos años
y que ahora, por la epidemia, se han suspendido, son muy notables: á ellas concurren familias &lt;le Culiacán, ·lel
Rosario, Tepic y otras
poblaciones del occidente del país.

*"'*

Principios de Garcín:
De las flores, las lindas campánulas.
Entre las piedras preciosas, el 7x'tfiro. De
las inmensidades, el cielo y el amor, es decir,
la:-; pupilas de Nini .
Y repetía el poet'l: creo que siempre e:; preferible la neurosis á la imbecilidad.
A veces Garcín estaba más triste que de
costumbre.
Andaba por los boulevares, veía pasar indiferente los h::josos carruajes, los elegantes, las hermosas mujeres. Frente al escaparate de un joyero sonrPia: pero cuando pasaba cerca de un almacén ele libros, se llegaba. á las vidriera!'&lt;, husmeaba, y al ver las
lujosas ediciones, se declaraba decididamente envidioso, arrugaba la frente, para des,, ,
ahogarse vol vía el rostro hacia el cielo y suspiraba. Corría al café en busca de nosotros,
conmovido, exaltado, casi llorando, pedía. un
vaso de ajenjo y nos decía:-Sí, dentro de la
jaula de mi cerebro está preso un pájaro azul,
quiere su libertad ....... ..

Desde entonces Garcín cambi6 de carácter. Se volvi6 charlador, sedi6 un baño de alegría compr6 levita nueva, y comenz6 un poema en tercetos titulado,
pues es claro: «El Pájaro Azul.»
.
Cada noche se leía en nuestra tertulia
algo nuevo en la obra. Aquello era excelente, disparatado, sublime.
Allí habia un cielo muy hermoso, una
campiña muy fresca, países brotados como por la magia del pincel de Corot, rostros de niños asomados entre las flores;
los ojos de Nini, húmed?s y grandes; y
por añadidura, el buen Dios que envía vol d .. l d sobre todo aquello, un pájaro azul que sin saber
an o, vo an o,
.
d l
b d 1
ta en donde quec6mo ni cuándo, amela! dentro e cere ro e poe ,
,
da aprisionado. Cuando el pájaro canta, se hacen versos alegres }
rosados. Cuando el pájaro quiere volar y ~bre l~s alas y se da
contra las paredes del cráneo, se alzan los OJOS al cielo, s~ arruga la
frente y se bebe ajenjo con poca agua, fumando ademas por remate un cigarro de papel.
He aquí el poema.
.
,
Una noche lleg6 Garcín riendo mucho y sin embargo muy triste.

***

La bella vecina habíapsido conducida al cementerio.
,. .
- t:na noticia! una noticia! Canto ultimo de m1 poema .. ~1111
}1a muerto. Viene la primavera y Nini se va. Ahorro de_ v10ktas
para la campiña. Ahora falta el epílogo del poema. Los editores n_o
se digr.an siquiera leer mis versos. Yosotros muy pi:onto tend_rf1t1
que dispersaros. Ley del tiempo . .El epílo~o, debe titularse ns1:
,De cómo el pájaro azul alzn. el vuelo al e1elo azul.»

***
Plena primavera! Los árbol~s florecidos, las nubes ros:idas en el
alba y pálidas por la tarde: el aire sua,·e que mueve las hoJaS y hace

..

••

***

EIPáia=

ro Jtzut

París es un teatro
divertido y terrible.
Entre los concurrentes al c..'lfé Plombier,
buenos y decididos
muchachos pintores,
1:;scultores, escritores,
poetas-sí, todos ·buscando el viejo laurel
verde ;ninguno más
queridó que aque) pobre Garcín, triste casi
siempre, buen bebedor
de ajenjo, soñador que
nunca se emborrachaba, y, como bohemio
intachable, bravo, improvi~ador.
En el cuartucho destartalado de nuestras
alegresreuniones,guardaba el yeso de las paredes, (entre los] esboEn la Isl a de B elvedere
zos y rasgos de futuros Clays, versos, ~stro!as ent~ras escritas en la letra echada y gruesa de nuestro amado «Pájaro Azul.,, «El Pújaro Azul»
era. el pobre Gar?m. No sa~é1s por qué se llamaba así? Nosotros le bautizamos con ese nombre.
Ello no fué un simple capncho. Aquel excelente much?cho tenía ~l vino triste. _Cuando le preguntábamos por qué
cuan?-o todos reia_mos como msensatos 6 chicuelos, H arrugaba el ceño v miraba fiJamente el Cielo ~aso, nos respondía con cierta amargura:
-_Ca~aradas: habé1e de saber que tengo un pájaro azul en el cerebro, por
consiguiente.. ..

Hubo· algunos que llegaron á creer en un
descalabro de raz6n.
Un alienista á quien se le di6 noticia de lo
que pasaba, calificó el caso como una mono.nanía especial. Sus estudios patol6gicos no
dejaban lugar á duda. Decididamente, el desgraciado Garcín estaba loco.
Un día recibi6 de su padre, un viejo provinciano de Normandía, comerciante en trapos,
una carta que decía lo siguiente, poco más 6
menos:
«Sé tus locuras en París.-Miehtras permanezcas de ese modo, no tendrás de mí un solo SOU. Ven á llevar los libros de mi almacén,
y cuando hayas quemado, gandul, tus rnanuscristos de tonterías, tendrás mi dinero.»
Esta carta se ley6 en el café Plombier.
- Y te irás?
-No te irás?
-Aceptas?
-Desdeñas?
Bravo Garcín! Rompi6 la carta y soltando
el trapo á la vena, improvisó unas cuantas estrofas, que acababan si mal no recuerdo:
sí, seré siempre un gandul,
lo cual aplaudo y celebro,
mientras sea mi cerebro
jaula del pájaro azul!

El muel le y la Aduana.

--

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MAZATLAN.-EI M ercado

***

Sucedia ta~bién que gustaba ele ir á las campifias nuevas, al entrar la primavera. El aue del bosque hacía bien á sus pulmones, según nos decía el
poeta.
sus ex&lt;:ursiones ª?lía traer ram~s de violetas y gruesos cuadernillos de maclngales, escritos al rmdo de las hoJas y bajo el ancho cielo sin nubes. Las

pe

Una corrida de toros en Maziltll n,

..

" Romero Rubio."

�Domi,ngo lo. de F ebrero ele 190:.l.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo lo. de Febrero de 1903.
aletear las cintas de los sombreros de paja,
con especial ruido! Garcín no ha ido al cam·
po.
Hele aquí, viene con traje nuevo, á nuestro
afamado caié Plombier, pálido, con una risita triste.
-Amigos míos, un abrazo! Abrazadme todos, así, fuerte: decidme adiós, con todo el
corazón, con toda el alma...... El pájaro azul
vuela........ .
Y el pobre Garcín lloró, nos estrechó, nos
apretó las manos con todas sus fuerzas y se
fué.
Todos dijimos: GarcÍn, el hijo pródigo, busca á su padre, el viejo normando.-Musaa,
adiós; adiós, ~racias. Nuestro poeta se decide
á medir trapos! ¡Eh! Una copa por Garcínl

Oficial« mtxtcanos tn ti Eltrdto JlltmAn
Con autorización de la Secretaría de Guerra
y Marina, salieron rumbo á Europa los Sres.
Capitán Gustavo A. Salas y Teniente Nicolás
Martínez, oficiales del Ejército que, por una
s~ñalada distinción del Emperador de Alemama para el Gobierno mexicano, van á incor-

Entre el silencio, y la. quietud, y el frío
De la. vieja. ciuda.d, como un fantasma.,
Bajo el ojo doliente de la. luna,
Algunas madrugadas
El músico bohemio, el que tocando
En sucio bodegón la vida gana,
Cruza. las calles cabi,zbajo, solo,
Llevando entre la.s manos su guitarra.

..

Del viejo y melancólico instrumento
Maquinalmente arranca.,
A veces notas ágiles y limpias,
A veces notas lúgubres y largas:
Salpican el silencio aquellas notas
Que por entre sus dedos se desgranan:
Unas ascienden por el éter húmedo ,
Otras ruedan al suelo como lágrimas,
Y otras van á esconderse temblorosas
Como en una caverna entre la caja.

..

***

Pálidos, asustados, entristecidos, al día siguiente todos los parroquianos del café Plombier, que metíamos tanta bulla en aquel cuartucho destartalado, nos hallamos en la habitación de Garcín. El estaba en su lecho, sobre
laR sábanas ensangrentadas, con el cráneo todo roto de un balazo. Sobre la almohada había fracmentado ele masa cerebral. Qué horrible!
Cuando repuestos de la primera impresión,
pudimos llorar ante el cadáver de nuestro amigo, encontramos que tenía consigo el famoso
poema. En la última página, había escritas
estas palabras: Hoy, en plena primavera, dejo abierta la puerta de la jaula al pobre pájaro azul.
Ay Garcín, cuántos llevan en el cerebro tu
misma enfermedad!
RUBEN

GUITARRISTA

La. guitarra. es su amante. Aquel bohemio
Por ella diera el alma,
Por ella vive, y morirá con ella.
Entre las yertas manos agarrada..
En esas ho1·as quietas
Que preceden al alba.,
Cua.ndo con dulce mano ca.riñosa
Acaricia sus formas tomeadas
Y contra el pecho aprieta.el alto y duro
Pecho de la guitarra,
Como presa de extraño calofrío
&lt;~lla,&gt; febr~l, convulsa, apasionada,
Tiembla. ba.¡o la. mano del a.rtista
Vibran sus carnes y sus nervios ~a.ltan
Los bordones azotan el silencio,
'
El cobre grita. y el acero canta.

*

Por los trastes, que fingen
Una tendida escala,
Los arpegios sonoros y las notas
Circulan, suben, bajan ....
Se agitan, se columpian,
.
. Corren, giran, se paran,
Y como mqmeta. tropa. de funámbulos
Alegres ríen y en las cuerdas bailan.

DARIO.
CapitAn Gustavo A, Sala,.

porarse á ~no d,e los regimientos del Imperio.
Los _oficiales a ~ue hacemos referencia son
demas.1ado. conoCidos en Jos círculos militares
como mtehgentes y est~diosos, y es seguro que
durante su permanencia en Alemanja realiza-

*

Y las clavijas-postes telegráficosP?r la corriente eléctrica. agita.das,

S~enten que por los trémulos alambres
Circ~lll-n amorosos telegramas
Escritos en la. clave misteriosa.
En que los dos enamorados hablan.

*

.
Testigos de la escena:
La luna triste, las estrellas blancas
Los perros que en las calles merode'an
Y los serenos que la villa guardan.

ROSAS
El alma de las niñas que se mueren
de amar sin esperanza
es el aroma delicado y puro '
que esconde el cáliz de las rosas blancas.

*

Fots. Valleto.

De la mujer ardiente, apasionada
. que mata el desengaño, . '
habita el alma rosas encendidas
su embriagadora esencia derram'ando.

Y cuando yo me muera, sé de cierto
que la pobre alma mía
á perfumar irá de entre las flores
la más roja de toda la campiña.
JULIA.

Tte. Nicolás Marttnez,

rán grandes y positivos progresos en el ramo
á que se dedican.
En cuanto á la deferencia con que el Kaiser honra, una vez más, á México, habla muy
alto en pro de las buenas relaciones que existen entre los dos países.

Por fin, cuando la aurora se presenta.,
Y los astros se apagan,
Y se despierta la ciudad, y asoman
Las gentes por las calles solitarias
Con el cl!-nsancio aquel que sigue siempre
Al éxtasis de amor, ya fatigadas
Las manos y la mente, suelta el músico
A su fiel compañera., que se agarra
De su cuello y solloza., y se estremece
Con un furor de loca enamorada ....

•€

PROPINA.

N la pared de mi alcoba duerme un reloj vit&gt;jo comprado por diez céntimos, un
día de nit&gt;ve á una pobre hembra demaerada que cruzó por
mi calle llevando en
los brazos el fruto de
un amor dei;leal.
Hace mucho su negro minutero señala
· eternamente una hoia,
una hora misma, y es
á mi antojo como una
mano desconocida que
mostrase allá lejos algo cabalístico y cruel.
El minutero señala
eternamente las nueve, y esa hora maligna parece haber sido
en mi existencia la
destinada á mirar sueederse la cadena de
mis infortunios.
Eran las nueve de
la mañana cuando dejé mis lares patrios ,
por ir tras los besos
eruelesquernatan mi·y
&lt;lulcemente.
Eran las nueve de
la noche cuando Beatriz me abandon6, en
tanto que yo, con unos
buenos camaradas que
hacían versos tristes
:y cantaban cantinelas
.alegres, hablaba ele la
fidelidad de las mujeres en una d e las puertas del «boulevard.,,
Eran las nueve de
la mañana cuando un
viejo enemigo me trató de burguéR.
Y eran las nueve de
la noche cuando cerré
los ojos moribundos á
h casera que los días
&lt;le fiesta me daba pe--chent limpia y cuellos

mente en su mano huesosa una moneda de
diez céntimos, sea ó no día de nieve.
Anoche, no os extrafie, hermosa niña, vendí mi gabán único, que tanto he amatlo, por
tener diez céntimos que depositar cuidadosamente en la mano huesosa de una pobre hem-

Lo que el hombre sabe es nada en comparaci6n de lo que ignora.

..**

La educación es el aprendizaje de la virtud;
la instrncción es el aprendizaje de la ciencia.

***
La liberalidad no consiste en dar
mucho, sino d~1r en ocasión oportuna.

MERCADOS DE

LA CAPITAL-La Merced.

nU!l\'OS.

Ahora, no os extrafie, hermo~a nifia, que
-eada vez que cruza por mi calle una pobre
hembra demacrada llevando en lo;; brazos el
iruto de un amor desleal, deposite cuidarlosa-

brn demacrada cine cruzó por mi c.alle llevando en los brnzo1 el fruto ne un amor desleal.
l'HARf,ES BAUDELAIRE.

*

Así concluye el misterioso idilio
Y aquella fugitiva. serenata.
'
Es el epitalamio de las bodas
Del músico bohemio y su guitarra!
CLIMACO

Soro

BORDA.

Ml BARQUILLA.
I

II

'~iene en la mano un arpa laureada
:Y cingulo de estrellas en la frente·
v~gll; en el éter, y su huella ardie~te
fiJa rnmortales formas en la nada.

~lll;.ª en el mar st~ fijo derrotero.
.Bo,,.t al ocaso el hn"uido

Tie1;de el «velo de .Maya)) y hechizada
la realidad trnnsfigm:ar se siente;
Hebe del alm·1, un vrno fervescente
le escancia que sus penas anonada.

Rienlto ~cncarse, ten13bro!'-a y fría
1•01
a. noc 1e sm ma 1-1
•
,
,
' ana Y sm lucero.
1 1, tu, la maga de mi·
.
b · á •
amor primero
ªJª ' m1 barca para ser sn auí
,
o ,al.

¡A?! Yuelve á mí tus ojos, Poesía,
Y. el Jugo suave de la flor del loto
vierte en el cáliz que me di~te un día,

R ,

'.4hora de acíbar rebosante y roto.
¡Sirena, ven! Y la barquilla mía
lleva cantando á su ancladero ignoto.

¡Barquera, ven! Tus notas pl -·c1
me lleven por escalas m 1 d' ani eras
l
·
'· e o 10sas
a concierto de amcr de, lases feras.

~erenamente la barqui lla mía

, ,
l
' ,.,
remero
) ) a 1e a umbra Véspero la YÍa.

Adiós, cielos sin sol
.
val cabo ad.; · •
'campos sm rosas,
F'
ios rn 6 eles compañeras
&amp;zon y e, lumbreras engañosas! ,

l!l03.
RICARDO DEL MoN'rE.

LA TEMPORADA EN ORRIN.-Miss Dounie

notable ecuestre.
Mazatlin en Semana Santa.

MAZATLAN.--Pll!A do la RepCibllca.

'

�Domingo lo. de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo lo. de Febrero de 1903.

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.--ILUSTRACIONES DE SIMONT.
TRADUCCION DI: "U .iUNDO ILU!;TR.4D0."
(CONTINÚA. )

A medio día, antes de reanudar el trabajo, si hacía mal tiempo,
ayudaba á las discípulas en la clase misma, y sentía placer en dejar•
me rodear de su dulce simpatía, en permitir cierta familia ridad sana
y agradable entre su inteligencia y la mía.. ...... .
O bien, si hacía buen tiempo, salía invitada por el sol espléndido de eF&lt;as regioneF&lt;. Era para mí una fiesta!
Montones de nieve, en las colinas y en los campos, sin un pliegue, sin una arruga, me llenaban de encanto. Arrebujada en mi chaquetilla negra, con las manos hundidas en el manguito, los ojos llorando de frío, andaba con garbo, pisando fuerte para entrar en calor,
caminaba como euvuelta en la ligereza de la atm6sfera.
·
Mis ojos no se saciaban de tanta blanqueza y tanta calma. Sonreía al espacio, á las bandadas de cuervos que pasaban muy alto, en
un cielo tan limpio como la. nieve del campo ...... Sonreía á los pocos
campesinos que encontraba y que me interpelaban ir6nicamente á
prop6sito de la rubicundez de mi nariz.
-Ah! Ah! Señorita! Se diría que está V. probando nuestro
clima!
-Sí, amigos míos; estoy probándolo! Y me gusta mucho este
clima; muchísimo!
Con el aliento apresmado á causa de !a rapidez de mis pasos,
contestaba con esas solas palabras, sonriendo y saludando con una
inclinaci6n de cabeza. Y seguía adelante, con las mejillas encendidas, la sangre hirviente, el rostro deliciosamente azotado por el
cierzo.

XIII
Algunas veces encontraba yo á la vieja Victorina. Trataba de saludarla con afecto, pero ella me respondía, encogiéndose de hombros,
alguna frase profunda que me dejaba pensativa.
-Siga, siga V. su camino, señorita! Yo le responderé más tarde,
cuando haya visto lo que V. vale!
Un día, quise hacerla hablar más. La detuve.
-Le ruego, Yictorina, que me explique el significado de sus palabras.
Ella insisti6 en su frase, sigui6 su marcha y me dej6 plantada,
en el camino, llena de prei,entimientos vagos . .. .. .
Jamás veía ni encontraba yo á otra persona. Habría podido dedir los nombres de todos los que me saludaban al pasar. El Sr. Raibert también se me presentaba; pero raras veces: algunos domingos
cuando él a1&lt;istía á misa-lo cual, por otra parte, era muy raro-ó
bien en nuestro camino, sembrado de arbustos, que sólo á nosotros
pertenecía, puesto que iba de un lado á la casa del alcalde, y por el
otra á. la escuela. El se descubría rápidamente; yo le saludaba con
deferencia, puesto que era el alcalde: eso era todo.
La idea más remota de que yo pudiese interesarle en lo más mínimo, me habría dejado estupefacta. Jamás, desde el día siguiente
de mi llegada, me había dirigido la palabra.
En cuanto á la señora de Raibert, pregunté al señor cura si debería hacerla una visita; pero él me indicó desde luego que ella no
gustaba de trabar relación con nadie, que no sabría apreciar mi cortesía; en fin, que valía más desistir dP. la visita. Yo consentí fácil1,1ente en ello.
Sucedía también que al salir de mi1,a, alguna mamá se me acercaba para pedirme noticias de su bija. Más tímida que ésta, la mujer
h ablaba poco, y ruborizándose me decía que de buena gana me in vitaría á ir el jueves á su quinta; pero que 1&lt;SU hombre" era tan rudo,
que ella no se atrevía á invitarme. Muchas se encontraban en este
caso; otras vivían demasiado lejos.
-El pr6ximo verano había que venir á nuestra casa, señorita.
Nos daría mucho gusto verla allí.
Yo daba las gracias á unas y otras sin desdén, pero sin el menor
deseo de trabar amistad con nadie.

XIV
Sin embargo, se había formado una verdadera amistad entre el
señor y la señora Albert, los profesores de Pinet, y yo. Estaban casados: él atendía la escuela de varones del lugar, y ella la de niñas;
ese matrimonio joven no permanecía encerrado en su aldea, á pesar
del invierno, sino que hacía frecuentes expediciones en un trineo alquilado, que guiaba el esposo, haciendo sonar ruidosamente el látigo.
Un jueves los sorprendi6 una tempestad y se detuvieron en mi
casa, pidiéndome un vaso de vino caliente, por humanidad y por
compañerismo. Inteligentes, alegres, llenos de vida y de gracia, me

agradaron los dos jóvenes. Ella era de Gardamira, cerca de Marsella;:
él de los Bajos Alpes.
La primera vez su visita fué corta; pero algunos jueves más tarde volvieron á visitarme; trayéndome ella un pastel que había confe~cionado. Ella se hizo de confianza mientras el esposo i ba á recorrer el jardín y la bodega; ella me refiri6 su noviazgo, el empleo deambos en Pinet, donde vivían de amor y de trabajo, y me pintó la.
casita nueva de la escuela, que amaban tanto como si fuese de ellos.
Regres6 el joven trayendo un haz de ramas secas.
-He encontrado esto por alli, señorita. ¿Lo quiere usted para
su fogón?
-Lo que es la costumbre-exclam6 la joven riendo.-Como es.
él quien se ocupa de esto en nuestra casa, cree que aquí también será
lo mismo.
Me eché á reír con ellos, y recibí las ramas secas, diciendo, extrañamente imprE&gt;sionada:
-¡Deje usted! Es un verdadero servicio...... ¡Cuántas veces mefalta un poco de leña!
El quedó contento, y me preguntó si en algo más podía sermeútil. Y cuando su esposa me decía:
-¿Entonces no la veremos á ui;ted por allá hasta el p róximo verano, María Teresa?
El, sin saber el mal que podía hacerme, le dijo:
-¡Eh, hija! La señorita no tiene á nadie que la ponga como á
ti en el trineo y la lleve por dondequiera. ¿O quieres que vaya á piede Chavoux á Pinet?
-Es verdad. ¡Usted está sola, querida señorita!
La joven se puso en pie, me estrechó las manos al despedirme yme acarició con una mirada compasiva. Sentí vago rencor hacia aquel
que me había hecho recordar mi soledad absoluta.
El joven insta16 á su m ujercita en el trineo, la cubrió con un
abrigo, me dijo adiós é hizo chasquear su fuete. Parti6 el trineo, dejando tras sí una nube de polvillo de nieve.

s.- ·

***
Regresé á mi saloncito, que me pareci6 muy vacío; pero esto dur6 poco. Mi soledad no me pesaba aún; más bien me agradaba, 6 quizá ya no la sentía.
El cura, que me estrechaba la mano todos los domingos, y hundía sus ojos de confesor hasta el fondo de los míos, podía aún sondearme con su mirada terrihle.
Amaba yo mi apacible habitación, sin desear nada fuera de ella.
Mis amigos &lt;le Pin et no regresaron; s6lo me escribieron dos 6 tres veces, diciéndome que aguardaban mi visita al llegar la primavera. Era
todo. Estaba yo absolutamente sola!
Solo Phrasia me veía con frecuencia. La buena mujer parecí&amp;
tenerme gran cariño. Desde mi arribo, había ella tomado la costum·
bre de hacerme mis compras cuando bacía las suyas. Se detenía al
pie de la ventana de la clase y llamaba. Abría yo; le daba mi pequeña lista y el dinero.
Si las nifi.as, ocupadas en un trabajo ya señalado, me daban
tiempo, Phrllf;ia por fuera y yo por dentro teníamos una corta charla en voz baja.
'
Las golondrinas, en otros años habían anidado bajo el techo de
la escuela. ~hrasia me daba consejoA sobre lo que debía hacer para
que en la primavera próxima regresasen allí mismo las golondrinas.
Ella me hablaba todavía de la criada de .M. Broadel- el cura -su
rival en fe_licidad, á los ojos de la poblaci6n: la una, declarando que
esta ha meJ?r en casa del señor cura que en la del señor alcalde, y la
otra sostemendo lo contrario.
, . -~ sin embll;rgo, no hay comparaci6n! me decía Phrasia con
com1ca 1mportanc1a. -En casa de un cura se fastidia una mortalmen·
te.-Después ...... debe una recibirá gentes de poco más 6 menos á
q_uienes aloja el santo varón. Sé algo de eao, yo, que durante largo
tiempo estuve colocada en casa del Abate Chavard de San Román.
Ah! Aquello acabó por cargarme, se lo aseguro! N~ me hablaba dos
palabras semana!es. Siempre correteando por los caminos, cuando no
moilela!ldo ~gur1llas de barro. No digo yo que el trabajo sea feo: al
contrario! 81 hasta ha ganado medallas de oro en u11a exposición de
Gre1~oble; y yo, á fuer de ignorante, me quedaba pasmada de CJ?e
pudiese hacer tan bellas vírgenes y tan bellos Jesuses ....... Pero ¡d1a·
blo! prefiero la casa del señor Raibert. La señora tiene mal carácter,
no hay para qué ocultarlo, pero, con todo, es agradable. Y el señor
lo mismo. Y se carne bien. Y á veces reímos durante las veladas del
invierno, Mi6n, la otra criada y yo. La charlatana no hubiera acaba·
do nunca.

A veces me ocurría ~~terrumpirla, interesada por algú,1 detal le
que me llamaba la atenc1on.
-¿l\Iodela, pues, figuras en barro el Abate Chavard? Se podrán
ver?
-¿Por qué? Yo la llev~r~. si Ud. quiere. Le &lt;lará mucho gusto
al pobre AbaU;. ¡Parece fast1d1arse tanto el pobre, allá arnbnl
~lla quena contarme la soledad del Abate.. ..... Pero mis niñas
se ag1tabau en la clas!'.
.. -La dejo, mi buena Pbrasia, veo que ellas han acabado su ejer&lt;:1c10.
qE'rré la ventana. DH1icada á mis nifia¡a, se me olvidaron las golon~rrnas, los yesos del Abate Chavard, las historias de tantaR institutr!ces de,los alre?edores, que Phrasia comenzaba siempre. sin llegar pmás a concluirlas.
-Sus cuadernos de dictado, Feñoritasl
. L~s dulces cari_tas de líneas curvas, las buenas mejillas frescas,
se mclmaban estudiosamente sobre los cuadernos abiertos
Yo dictaba lentamente.
·
Las plumas rasgueaban. Daba el sol contra los vidrios. A veces
en ~l fo,ndo _de Jl!i jardín, precisamente en el momento en que hacia
él d1r1g1a mis miradas, los espesores de la nieve se fundían á los rayos del sol.
.
Yo amaba el prodigio que realizaba la luz, fundiendo los lechos
mm aculados.
;\fi C?razón, ~ fuerza .~e paz, n~e parecía fundirse también como
aquella meve, baJo la acc1on de un suave calor.

En tanto que las mnas rcpa~aban su trabajo mi cerebro se
oaupaba, de combitiar el orclt•n de las ocupacione::1 que venían después_:_((como hacer el almu~rzo; dar una puntada al crespón de mi
corp1i:io, que estaba descosido; las muestras que pondría en hermosa
l~tn~ mglesa, en los cuadernos de las niñas, para la lección del día
s1gu1ente; una carta _al señor y á la señora de Cairol; y esto, y aquello ......... tenía yo t1em po para todo'?
l\Ii frente se erguía, orgullosa de tanto trJ.bajo.
-Ya repasamoi:;, señorita.
-Comience lJ'd., pues, Rosalinda. A ver la primera frase.
La pe9ueña ob~der:ía. Su voz infantil, vacilante, me encantaba.
Lo_s dia_s demasiad~ cortos ~1? dejaban desconsolada por no ha~er tem_do ~1e1~1po ~ufic1ente. V1via en una especie de plenitud ó de
mconF&lt;c1cnc1a 1nfi111tamente agradable.
Un día, me pareció que despertaba ......... Lo noté un domingo,
al atardecer ........ .
(CONTINUARÁ.. )

�ªrcn1.1.~

. s~

clt;~1úc~.

Cf 41

)"'A,

..

· EL MUNDO ILUSTRADO
ANO X•••TOMO 1.--NUM. 6

MEXICO, UBRERO ¡ DE 1903.

Subscripción mensual tor,nea, $1,S0
ldem. ldem. en la capital, $1,25
Cierente: LUI&amp; Rtl't&amp; &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAfAU Rtl't&amp; &amp;PINDOLA•

,¡.,.--.J...,

.:;r.. -

.

----=-

e:.:.:~--

HlllQSlllATINA
1'AL.l.,,,-B""SH
A'
A'
A'
_¡;¡_ ~

es el !ilin.ento máR ¡z-rande y el más recomendado paulos n!fius
desde la edad de seis á siete meses, y particularmente en el mo
mento del dest&amp;te y durclnte el período del cr~lmiento. Facilita mucho la dentición; 1111egura la buena formación
de los huesos; previene y neutraliza los defectns que ~uelen orPsentarRe al crecer, é lmpirle la dlarreP, que es tan frP-cueate en los nlfios. -PARI~, 6 AVENOE VICTORIA, Y l&lt;]NTODARLASFARMAL'JA8.
l ff
.li.U1.

El cabello espeso y lustroso pertenece á la juventud, el
cabello claro y ajado á la vejez. El Vigor del Cabello del
Dr• ...4.yer devuelve el color juvenil y pondrá el cabello de
usted, suave, lustroso, rico y abundante. Mantendrá el
cuero cabelludo limpio de caspa é impedirá que su cabello
caiga.
El Vigor del Cabello del Dr. Ayer da al cabello aquella
apariencia sedosa y lustrosa tan natural en la primera
edad. Para la mujer es el adorno de la hermosura juvenil.
En ningún caso deja de restaurar el color natural del
cabello.
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LBCHE ANTEFÉLI
1 Er AS J E l TEJAS. T • Z ASOLEADA
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1At&lt;PUI LID S. TEZ BARt&lt;OSA
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q,
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más eficaz para las personas debillta::tas que los ferrugir,osos y las quinas.
Conservado por el método de M. Pasteur. Prescríbese en las molestias del
estómago, la clorosis, la anemia y las convalecencias; este vino se r ecomienda á las personas de edad, á las mujeres, jóvenes y á los niños.

AVISO MUY IMPORT.a}¡TE.
El único VINO auténtico de S. RAPHAEL el solo que tiene el derecho
de llamarse así, el solo que es legítimo y de que se hace mención en el
furmulario del Profesor BOUCHARDAT, es el de Mrs. CLEMENT y Cta.,
de Valence (Drome, Francia).-Cada Botella lleva la marca de la Uni ón de
los Frabricantes y en el pescuezo un medallón anunciando el "CLETEAS,"
Los demás son groseras y peligrosas falsificaciones,

POR UNA PARTB

la acción imtiséptica de las soluciones alcalinasde las Aguas
de ''Cruz Roja" Tehuacán, y por otra la alción purgante de las misi.nas Aguas, mantienen al intestino en un estado poco á propósito para la formación de cálculos.
Solicitamos Agentes activos fn todas las poblaciones de
importancia del país_

.Negociación de ~ guas Minerales de
"Cruz Roja." Apartado 128--Tehuacán, Pue·
bla.

el Quijote.
Cuadro de Fabrés.

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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. s~

clt;~1úc~.

Cf 41

)"'A,

..

· EL MUNDO ILUSTRADO
ANO X•••TOMO 1.--NUM. 6

MEXICO, UBRERO ¡ DE 1903.

Subscripción mensual tor,nea, $1,S0
ldem. ldem. en la capital, $1,25
Cierente: LUI&amp; Rtl't&amp; &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAfAU Rtl't&amp; &amp;PINDOLA•

,¡.,.--.J...,

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HlllQSlllATINA
1'AL.l.,,,-B""SH
A'
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es el !ilin.ento máR ¡z-rande y el más recomendado paulos n!fius
desde la edad de seis á siete meses, y particularmente en el mo
mento del dest&amp;te y durclnte el período del cr~lmiento. Facilita mucho la dentición; 1111egura la buena formación
de los huesos; previene y neutraliza los defectns que ~uelen orPsentarRe al crecer, é lmpirle la dlarreP, que es tan frP-cueate en los nlfios. -PARI~, 6 AVENOE VICTORIA, Y l&lt;]NTODARLASFARMAL'JA8.
l ff
.li.U1.

El cabello espeso y lustroso pertenece á la juventud, el
cabello claro y ajado á la vejez. El Vigor del Cabello del
Dr• ...4.yer devuelve el color juvenil y pondrá el cabello de
usted, suave, lustroso, rico y abundante. Mantendrá el
cuero cabelludo limpio de caspa é impedirá que su cabello
caiga.
El Vigor del Cabello del Dr. Ayer da al cabello aquella
apariencia sedosa y lustrosa tan natural en la primera
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estómago, la clorosis, la anemia y las convalecencias; este vino se r ecomienda á las personas de edad, á las mujeres, jóvenes y á los niños.

AVISO MUY IMPORT.a}¡TE.
El único VINO auténtico de S. RAPHAEL el solo que tiene el derecho
de llamarse así, el solo que es legítimo y de que se hace mención en el
furmulario del Profesor BOUCHARDAT, es el de Mrs. CLEMENT y Cta.,
de Valence (Drome, Francia).-Cada Botella lleva la marca de la Uni ón de
los Frabricantes y en el pescuezo un medallón anunciando el "CLETEAS,"
Los demás son groseras y peligrosas falsificaciones,

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el Quijote.
Cuadro de Fabrés.

�Domingo 8 de Febrero de 1903.

tas D~lidas dd Domingo
Es domingo. En las casas de familias burguesas y cristianaR, que son _las ~ás en esta
:\Ietrópoli, reina un traqueteo inusitado en l_os
demás días de la semana, pero que se repite
durante la mañana de cadn domingo con una
precisión ql!e puect~ ~!amarse matemática.
El jefe de la fam1ha, que e~ ~I padre «g~neralmentei&gt; no va á su empleo o a sus negoCJos,
y utiliza 1~ mañana del domingo para proceder
á la expoliació'1 capilar de su rost~oi porque
tiene para él que los barberos &lt;le ofic10 le_ hacen daiio á su epidermiR, á más &lt;le no sat1sfa
cer f:US personales aspiraciones estética!". 1:uego de rasurado, pasa los botones dorad~¡¡ tt la
albeantc camii;a del día, endosa la levita ele
honor enciende un cigarro, y c6modamente
instal~do en una mecedora, Re entreg;; á la
lectura del «Imparcial» doble, dedicando igual
ate11ción al acontecimiento internado1_1al del
momento que al último crimen de bar~10. Entretanto la familia Re arregla para !-ahr.
Para ia mamú, la maii:111a del dc,mingo ~s
atrozmente pet&lt;ada. Ha mandado ít misa á la
criada y tal parece que ésta tiene gra~es pecados que purgar y que se echa tres nusas en
vez de una, á ju1.gar por el tiempo que emplea
en su "salida.)) Está, pueH, sola la mam(1; y
t·omo desde su señor esposo hast:i. el postrero
y más chiq~itín de sus retoiios him ~1enester
de su benevola ayuda, la pobre senora no
acierta .,{¡ dar::;e aha~to" para nada.
Locl muchachos, libres hoy &lt;le la escuela,
tienen tiempo y obligación &lt;le de&lt;licar~e á ~tna
«toilette" mús minuciosa que de ord111ano y
se inmolan, quieran ó no, al zacate, al jabón y
al peine· y van y vienen de un cuarto (1 otro,
arrastrai;do las toallas y pidien&lt;lo á gritos el
abrochaclor para cerrarse los zapatos. La nrn.má atiende á éste y á aquél, y no pocas veces
se ve constreili&lt;la á echar mano Íl una oreja
diminuta en vez rle hacerlo á un bracito torpe é inqu'¡eto. m varoncito mayor, el seiiotito de la casa, c¡ue ya acaba de entrará la Preparatoria y á quien empiezan á apuntar ya el
bozo y la presunción, Ke hace malus. lenguas
&lt;lel tmhajo que la planchadora. ha eJecuta&lt;lo
en el alto cuello ,,Chicago, 35, • y lo declara
una. «porquería." La resigna&lt;la mamá ofrece
cambiar de planchadora.
En cuanto ú las muchachas de la casa, casaderas ya y exigentes en el atavío, hace un
buen rato que se encuentran delante del espejo, arreglán&lt;lo,e }os rizos, en:ipolvándose las
mejillai-, estrechandoRe las cmtas del co!sé
con fraternal reciproci&lt;lad; y luego de bien
y;stas y revistas, endo~an el vestido de seda,
embarrnn los guantes gris perla sobre sus manecitas Jiliales, dan un toque poi,trero á las
plumas del sombrero y, como eu éstas y en
las otras han dt\do ya casi las once, eleclaran
á. la mamá que se afane y se apresure, porque
ya ..han llamaelo• dos veces y no van á alcanzar la. misa.
Pero la mamá, ¡pobre señora! aún está de~vestida y todavía tiene que despachar los siguientes chismes: una planchadita á su falda
negra una recosidita á la espiguilla de la misma, l~s polvos &lt;le nti~arbo para el papú, el
«alpiste» para los cananos, etc., etc .......... ¡y
todo eso tiene que hact&gt;rlo rodeada de las travesuras &lt;le sus impruelentes hijos y hostigada por las impaciencias de sus_ núbiles niñas!
¡~Ialelito día para ella, el dommgo!
.
La criada ha regresado de la eterna rmsa;
pero olvidó el jamón para el puchero y quién
sabe qué otras C0!&gt;aS, y tiene que !&gt;alir den uevo........ .
Por fin, el padre ha leído hasta la última
noticia del «Imparcial»; mira el reloj, toma el
sombrero de seda y con su grueso bastón de
cerezo da. un fuerte golpe-su llamada de atención-sobre el pavimento.
-Ea!. ..... ¿estamos listos?
Esta vot del padre produce indescriptible
regocijo en loR muchachos y pone de. humor
mohíno á. las niiias; pues esta voz -qmere decir que el jefe de la familia tiene el propósito
de acompailar í1 la. prole, y si ello sirve á. los
muchachos, porqu" i;iempre logran mayores

-

EL MUNDO ILUSTRADO
beneficios pa1a sus compras dominicales d~ l_a.
relatiYa esplendidez del padre que de l_a. J~lciosa economía de la madre, en cambio disgusta á las niñaR, porque «Papá» no se hace
el disimulado y no tolera &lt;1ue, durante el pnReo 1 se acerque á saludarlas Rodolfo N., el pollo más elegante de la :\Ietrópoli. .
.
El padre se impacienta y empieza á l&gt;aJar
Jns escaleras· la prole le sigue; pero uno de
los chicos \'~elve á subir la escalera porque ha
olvidado el pailuelo, y una de las niiias hace
Jo propio, porque dice que se le ha usolta.d_o»
una Jiga, pero en realidad para darse otro v1Ktazo en el espejo.
Finalmente, faltan&lt;lo un cuarto para las
doce la familia desfila por la banqueta, con
rumlJo al «centro,» marchando por parejas como una patrulla. Toela~, cxceptuan&lt;lo un poco quizá ú la mam(1, \'an compuestos, Ju'
.
1 í ncientes
y 'posesionados dP la excepciona.
dole dei día domingo, de esn. ín&lt;lole que se
trasluce por un rictus singular en el rostro,
que "ª pregonando la conciencia de los trapos de cristianar.
Al llrgar al templo, ~l padre se retir~ á «fl:~near» un rato por dos o treR calles, s1 es ohhre pen!"ador,11 ó penetrn con la prolt' en las
na Yes olientes á incienso, si es «obserrnnte."
Ln. misa. da. princi pi 0, y se escucha ese peeuJia.r susurro de mil labios que rezan mecánicamente, produciendo el zumbido de una gig:rntesca colmena, interrumpido i-Ólo por accrsus
de tos en todos los tonos, tos contngio!:'a hasta para el oficiante, - por los gritos ele tal ó
cual parroquiano de pocos n1est&gt;!&gt;, ¡,or el argt•ntino tintineo de la campanilla de! monago y, á las veces, no muy mras por cierto,
por las desapacibles quejas de algún can que
es víctima de pi!'otones y de golpes.
La mamá, en la premurl\ dP la marcha, olvidó el libro de oraciones y como no t&gt;stá i"Cgura ele acordarse de memoria de toda la misa, recita, una trae otra, innumerables avemarfos, sembradas de tal ó cual pa.drenuet&lt;tro; los chicos preguntan á cada momento si
In misa está ya para terminar, y uno de ellos
insiste en pedir explicaciones acerca de si las
voces del órgano «~alen» por las bocas de los
úngelt&gt;s pintados sobre el frontispicio de aquél,
mientras otro se entretiene en dar golpecitoH
con la ¡.;ombrilla de ~[amá sobre las suelas
de un caballero arrodillado &lt;lelante de (.1;
las niñas, en cambio, aparentan leer con toda

¿Quieres, bardo genial, que te describa
el baile hermoso que en mi patria. priva.·?
Si tu paleta. mágica. tuviera,
qué digno el cuadro de tus ojos fuera!
Perv, aunque débil mi pincel, lo pinta
y escoge para. tí su mejor tinta.
Es, poeta., el danzón, ritmo cubano
con aires de andaluz y de africano.
Tiene las indolencias tropicales
con el cimbrar de los caila.verales.
Es al extraño disonante ruido
y canto delicioso á nuestro oído;
Música emocional que, cuando vibra.,
es tósigo y estímulo en la. fibra.
Esguinces tiene de elegante rango
y sacudidas gráficas de tango;
De tiple y de bandurria suavidades,
y de congo tambor, sonoridades.
Fué el da.nzón tolerado esparcimiento
en años de dolor y de tormento;
Reproche, al par, de intransigencia. airada
contra. una sociedad atribulada
Que en él buscaba elíxir embriagante,
como alivio á. su pena torturante,
Y que, indolente y dócil cua.ndo esclava.,
para ser libre fué rebelde y brava!

devoción en sus libros de marfil, pero con toda maestría desparraman ojeadas por las naves, para Yer y ser vistas ... .. .
La misa ha concluido. La familia se pone
en marcha y «alcanza11 todada. dos ó tres piezas f'n la. Alame,la, pre,·ia compra de pasteles
y otras golosinas t&gt;n alguna dulcería del tránsito. Los muchachos quieren globos; las niñas sillas en la calzada principal; y satisfechos unos v otras, escuchan la danza postrera y tornan· al hogar, encontrúndose con que
la criada ha olvido comprar el pulque antes
de las doc&lt;&gt;, por ignorar la última disposición
gubernati,·a, y la familia toma el pan de c,ada
día ..... domingo-esto es, aumentado con un
plato-y lo rocía con agua pura. y criRtalina.
Por la tarde, ;;egún los gu"to,:, Chapultepec ó teatro en palco~ i,egundos. Y en la noche cornmmación de la comicia de la mañana plática acerca ele las impre;;iom'!-1 &lt;lel día
y de lo,; propósitos para el domingo próximo.
· Tale;; son las delicias dominicales ele una
familia burgue~a y honra.da de !'sta :\letrópoli. 1&lt;:1 fiel cronista no ¡,ueele afirmar de una
manera positiva. Ri esas delicias i:on inefahlea
ú no; eso lo juzgarú d lt.&gt;ctor lwnt\'olo. Pero
sí ptH:tle ase11urar qu&lt;&gt;, «mutatis mutandiK,•
Jo mii;mo pa;':'l. en todas las ciudades ele alguna categoría.
La afluencia ele familias co1110 la anterior,
en los sitios públiro", prt&gt;sla ú la ~l etrópoli
un aspt&gt;cto especial rn los clomingo". En este
día &lt;•fü&lt;i todos as&lt;·it•nd"n, en a parit·ncia, un
esc,~lún en la enorme &lt;&gt;scalern Rocial: la hija
el&lt;&gt; la co"turem parf&gt;C&lt;' la ef:po;;a ele un oficial
lC?; la esposa clrl oficial 1&lt;:' parece una arist6crnta de muchos ca.pi tales; y la. aristúcrnta de
wras........ ésa. es la única que se pit&gt;rde, en
db domingo, entre la multitud at:\\'iada de
lujo, porque ésa es enteramente igual t'n todoe
los días de la semana.
Para muchos [para este humil&lt;le croniKta,
entre otros] el domingo es un día inr;;oportablc, y el mejor partido que en_ (,1 pueel~ ~omar•
i,e es el &lt;le no asomar las nances por filtro con•
t•t;rrido; para. muchoi- m(u,, ~1~1pero, c•l clo1!1in•
rro es el gran &lt;lía, y las delicias del domingo
;mbalsaman y matizan el.aburrimiento de loe
otros seis días ele la semana. Por eso hay que
ceder á éHtos el domingo, en propiedad absoluta y exclusiYa.

y

SARDÍN.

Es el danzón, para. bomb1·es y mujeres,
el más fascinador de los placeres;
Va unido á. nuestt-a suerte y existencia.,
con él celebra. el rico su opulencia,
Y en él buscando goces á la vida.,
mi pobre pueblo su miseria olvida! ....
Ese es el baile que el cubano sabe,
como en México el clásico jarabe,
La. mazurka en Polonia, en Alemania.
el vals, y las cuadrillas en Rumania.;
Como la. jota. en tierra aragonesa
y el bullidor can-ca.u en la francesa..
Cual ésos tiene en la expresión artística,
su originalidad caracteHstica.
Ha.y que escucharlo en la criolla. orquesta.
y entre el tumulto de mestiza fiesta.
Da la seí'lal el jefe del jolgorio
con un largo bastón de Directo1·io.
La bailadora típica, que enlaza
en tez, sangre y pasión, la doble raza,
Imprime á la. tensión de su cadera
un rítmico temblor de bayadera.
Irguiendo el busto, digno de un Tanagra,
{t Terpsícore entera. se consa.gt•a,
Y haciendo de su cuerpo sierpe y lazo,
se ciñe al compai'lero en un abrazo.
Lleva desnuda la morena. espalda,
ct&gt;í'lido el ciúturón, corta la falda.,
Una cinta. en el !Jelo envedijado,
una flor, en que el múrice ha toca.do,
Del dombo seno en el macizo lecho,
)' un lazo, como gdmpola, en el pecho.

EL MUNDO I LUSTRADO

Domingo 8 de Febrero de 1903.

E-

Los labios muestra. por el centro hendidos
al desgaste de besos repetidos,
Y tras el belfo, en vívido resalte,
brilla. el oriente de perlado esmalte.
Más que ventanas, a.l placer abiertas,
ele la. nariz las palpitantes puertas.
Arrebola su faz transfigura.da.
dE&gt; sus ojos la. intensa. llamara.da.:
La. exhalación de su mirar acrece
entre el negt·o capuz que lo guarnece,
Y es su vista cual luz en la penumbra,
ruando está más obscura, más alumbra!
El compás con la lengua. paladea
y con el pie en el piso lo rasguea.
Entregada. a.l da.nzón, menos á él sorda,
con pespuutes de suela. el piso borda,
Y si pintar pudiera. el za.patea.do,
luciera. el suelo oria-inal dechado.
El timbal la. conduce en raudo giro,
ó se aduerme, ondulante, al son clel güiro;
Del metal á los ecos serpentea.,
6 a.l rumor de la cuerda se marea;
Sin sentir, aunque finge que tí.él se lanza,
el deleite sensual, sí el ele la danza.
Retiembla en su cadera rurvilínra
la morbidez elástica. virgínea,
Y hay t&gt;n su contorsión y pal'.oxismo,
rua.l en la nota., etiópico attivismo.
Quita {i su compañero el jipijapa
y la. zalea de sus rilios tapa,
Poniendo nueva. nota {1 su desgarro,
al clavar pn los dientes el cigarro.
A su a.lredor, con zumbo de arbolPda,
la desga.jada. muchedumbre rueda;
Baila. el sudor los rostros agitados,
por la elt'.-ctrica. luz abrillantados;
C..:ien olo1·es, en mezcla. sofocant.P,
un perfume combinan excitan te,
Y del salón se esparce en la. onda tibia,
como un vaho enervante ele lascivia. ....
Ese es el baile que el cubano sabe,
como en México el clásico jarabe.
Va unido á nuestra sue1·te y existencia,
con él celebra. el rico su opulencia,
Y en él buscando goces á. la. vida.,
mi pobre pueblo su misel'ia. olvida.! .. . .
MANUEL

***
El lunes último, afite
un público numeroso y
escogido, el General dió
en el Teatro Arheu rn
primera conferencia, con
el objeto de reunir fondos para las viudas y
huérfanos de sus compatriotas que murieron en
la campaiia. El Sr. Lic.
D. Justo Sierra presentó ú. la concurrencia al
jefe bóero, pronunciando, con este motivo, una
bellísima alocuci6h en
que puso de relieve los
rasgos más salientes de la
vida de Viljoen. A continuación, éste pronunciú su discurso en inglés
haciendo la rEsefla histórica del Transvaal y de
la última. guerra.
La narración, traduci&lt;la a.l castellano por el
Sr. Lic. D. Rafael Par·
do, interesó vivamente
ú la concurrencia. Después se exhibieron, con
linterna mágica, alguno:;
pasajes de la guerra Sudafricana.
Los jefes bóeros que
acompañan al (¾enera.l
Yiljoen son el Capitán
M. 0' bonell y los Comandantes M. Touche,
G. Joubert, P. Kritzinger y M. W alan.

S. PICHAR!)().

EL BARRANCO.

La antel'ior composición, que publicó "El
Fígaro" de la Haba.na., está dedicada al poeta
vE&gt;racruza.no D. Salvador Día.z Mirón.

·-·

BOEROS EN MÉXICO.
«El Imparcial,&gt; ha da&lt;lo cuenta de la llegada á :\léxico del General Benjamín Yiljoen,
y de un grupo de sus compaileros de armas
en la porfiada lucha que contra Inglaterra sostuvo la. República del Transvaal.
Viljoen es una de las figuras salientes de
aquel cuadro que asombró al mundo y que
constituye una. de las páginas más nota bles
de la historia contemporánea.
Su primer ataque sobre laf! posiciones británicas, lo dió el 16 de julio de 1900 en Olitantsfontein, siendo ase endido entonces ú. general. Antes había sido oficial de policía., periodista y Diputado, sucesivamente.

El Gral. b6ero Benjamín Vi ljoen, en t raje militar.

Xo era el inmenso barranco sino una de
tantas resquebrajaduras de la sierra que alargaba sus picos audaces hacia el espacio re~ado de sangre luminosa, como si estallara la
suave onelulación de las crestas ó se desesperara la. curva imperturbable de la montaña en
aquellas rocas altas y duras, fecundas de vegetación y de rumores, en aquellos pefiascos
empinados al cielo como torres de espontánea arquitectura.
En lo alto del abrupto cantil asomaban las
piedras de la cumbre sus cabezas enormes de
monstruo,y las matas floridas y trémulas sus
verdes flecos 6 sus penachos triunfales; la
exuberancia. de la primavera surgía de entre
los agrietados paredones, de las cuevas-bostezos del abismo-de los senos abiertos de las
rocas, entrañas de cuarzo, geológicos desga-

rramientos; el musgo tendía sus ri&lt;'.os tapices
de seda., y árboles corpulentos nacidos en la
peña infecunda afianzaban la roca con sus
raíces gruesas y fuertes como nervios robustos.
El río era cabellera trenzada eh grueso manojo, preso en sus ondas de líquida plata el
nenúfar desfallecido 6 suelta y libre, derramándose por encima de la arena como bucle
de mujn sobre senos blahdos, y por encima
de la roca bruñida por el sol como las melenas desordenadas sobre las frentes invadidas
por el ensueño; ó bien cristal prodigioso qGe
se quebraba en las aristas del cauce 6 reflejaba las palmas abriendo sobre ei crepúsculo su abanico de púas.
Entre el mezclado rumor del agua y de la
fronda bajaba la torada innumerable, segura
la doble pezufia que chapotea el río, colgante la papada grasosa, fatigado el pecho, el anca
estrecha, la mirada tranquila-casi mirada de
optimista filósofo, -alto el testuz, rectos los
pitones, y del hocico que siempre rumia, pendiente el belfo en busca de la linfa fresca y
clara. La agradable emanación dilata la nariz y llena de salvaje felicidad el ancho rostro que las bestias introducen en el agua y
levantan después gotean te y satisfecho ..... .
Y la tarde que declina va prendiendo en
cada filo del monte un jirón de su regio estandarte, el río.. solloza, y el vimto, entre las
ramas que brotan de los troncos como las
cuerdás de la. lira, solloza también.
EDUARDO COLTN.

La verdad es una y en la naturaleza todo
sr correRponde.

***
Creer todo descubierto es un error profunelo
e!! tom'l.r el horizonte por el fin del mundo. '

***
M. Touche.
G. Joubert,

LOS JEFES BO E ROS.
P. Kritzinger.
B. J. Vi ljoen.

M. O'Bonell.
M. W alam.

El rayo es la electricidad en estado salvaje; el sonido es la música en su estado natural.

�EL MUNDO ILUSTRAIJO

Domingo 8 de Febrero de l 903.

Ca fiesta de los Reporters
en el fiidalgo

E

ON el prop6sito de allegar fondos para las víctin?as_ de la epi~emia reinan~e en Mazatlán, los rep6rters de los prmc1pal~s pen6dicos orgamzaron una agradable velada que se efectuo en el
teatro de la calle de Corchero el 31 del pasado, ante una concurrencia tan numerosa como distinguida.
El empefio de los promotorefl de la fies_t3: de caridad á que n?s referimos, por una parte, y, por otra, la solicitud c~n qu~ _la sociedad
mexicana acude siempre al llamado de la filantroprn, h1c1eron que el
éxito del festival superara, y con mucho, al que era de espera~·se. El
teatro estaba primorosamente adornado y lleno, como suele decirse, de
bote en bote.
Tres partes comprendía el programa. La primera, se _cubri6 con
escogidas piezas ejtcutadas por la orquesta del Couservat~no, con n_ú meros de canto y piano, y con una poe1Sía, que reproducimos, escrita
expresamente por el Sr. Luis G. Urhina. La señorita Carmen Rangel en el «Solo de piano,, que ejecut6 con verdadero amor; la Feñora
l\f¡ría Vega de Cuevas, con el «Raconto» de «Andrea Chenier,» cantado con dulce sentimiento y el Sr. Roberto F . l\Iarín, en la ccRomanza» que cubría el VII nú~ero del programa, se conquistaron much?s
y muy merecidos aplausos. Urbina supo con~over á la_ concurrencia
con su exquisita obra de poeta, y fué también aplaudido con entusiasmo.
La i::egunda parte consisti6 en la representación de la ~ermo~a
6pera ccEl Maestro de Capilla,» cuidadosamente ensayada baJO la dirección del maestro Arag6n. Tomaron parte en rl desempeño la seño-

Por último, se pu~o en escena ,,Los Martes de las de Gómez,» sainete en cuyo desempeño tomaron parte los rep6rters y los artistas de
la Compañía Fábregas.
. ..
La concurrencia, como antes d1J1mos, era del~ ~Íls s~lecto. El Sr,
Presidente de la República, acompañado de su d1stmgu1da esposa, y

de gigantes airados que en combate bravío,
luchan, y se deslíen en el aire sombrío;
de enormes barcas aéreas en un fúnebre piélago;
de aquelarres diabólicos y de alas de murciélago.
y en la noche cerrada que cruza el peregrino,
solo, triste y callado, por el agrio camino
pasa, impalpable y hosca, la caravana nubia,
blandiendo los sutiles puñales de la lluvia.
Las mil bocas del viento grita.o y clamorean;
son voces inauditas, voces que silabean
palabras misteriosas de un lenguaje profundo
que se queja con todos los dolores del mundo:
árboles que hirió el rayo, rocas que se descuajan,
hojarascas que suben y torrentes que bajan;
y entre aquellos rumores espantosos, de cuando
en cuando se oye, tierno, dulce, indeciso y blando
el gemido angustioso ele las frá~iles cosas:
los nidos a1•rancados, las desho¡adas rosas
se duelen del Destino y en amantes querellas
unen sus ayes á los ayes de las estrellas,
que hasta los astros de oro que por el cielo vagan
se quejan de las sombras que sus luces apagan.
Y todas esas voces juntábanse en un coro
magnifico y doliente, y terl'ible y sonoro.
Y decían: Viajero qufl caminas perdido
en la noche cerrada, solitario y rendido,
no hallarás lo que ahora tu cansancio apetece,
pan, lumbre, lecho, nada; eres hombre; padece.
No hallarás lo que buscas: pan,lumbre, lecho, nada,
camina sin descanso por la noche cerrada.
Somos tus guías, ;,sabes? Y nosotros sufrimos
y es fuerza que tú sufras, y nosotros sentimos
el implacable estigma de un gran dolor profundo
que llena los espacios y es el alma del mundo.
¿Y quién eres tú para evadirte al castigo?
'!'orna tu parte, sufre, llora, sé nuestro amigo,
recibe tus dolores, y funde tu tristeza
en la tristeza augusta de la Naturaleza.
Y así por el fangoso v empinado sendero,
en medio de la noche cenada iba. el viajero,
y en tanto, entre la sombra, la caravana nubia
blandía los sutiles puñales de la lluvia.
De pronto, bruscamente, algo informe y obscuro
cortó la ruta; entonces palpó el viajero un muro,
buscó la puerta; al rudo golpe pesado y seco
del aldabón, y cuyo rumor repitió el eco,
una voz dulce y santa, una voz adorable,
una voz exquisita, una voz inefable,
preguntó:-¿Dí quién eres, qué buscas?-Un viajero
que ha perdido la ruta, contestó el caballero.
-¿Y no encontraste alberg-ue·t-1Ay,nol Lo busqué en
vengo t1•iste y rendido; soy el Dolor humano. (va.no,
La voz, música angélica.-¡Oh caminante!, pasa
~gl'itó,-vive, consuélate, alienta.; ésta es tu casa.
Y el Dolor, que en la senda que se tuerce y se empil'a
era una mancha que anda, camina que camina,
al cruzar la imp1·evista radiosa puerta franca,
mfró una imagen blanca, muy blanca, toda blanca.
Y oyó la voz angélica:-Ven,entra, eres mi hermano:
esperándote estaba; soy el Amor humano.
Recobrarás las fuerzas, sentil·ás la alegría,
reposa, pe1·egrino, mient1·as que vuelve el día.
Y la frente inclinada de la fatiga al peso,
se irguió al sentir el tibio soplo de amor de un beso.
Afuera, entre la. sombra, la. ca1·avana nubia
blandía los sutiles puñales de la lluvia.

OrEJ:TJI.

e

ANTAS veces surge ante mí la visión
de Ofelia en las lejanías del recuerdo,
llueven en mi pensamiento flores para ella: la digo palabras que la reina madre de
llamlet la decía deshojando rosafl sobre su féretro· suavidades para la suave; y siento que
el a~biente ideal de la meditaci6n trascien&lt;le,
cuando ella se acerca, á azahares en botón y á
las violetas que, colmando el voto de Laertes,
han crecido sobre la tumba de la blanca novia
infortunada.

***

SR. RAFAEL LOPEZ

***

de su hija la Sra. Amada Díaz de la Torre, asistió (. la fiesta perman
ciendo en el teatro hasta que terminó el último número del program.
Los repórters, indudablemente, deben estar satisfechos del b
llante éxito que obtuvieron.
En este número publicamos los retratos de los aficionados que
maron parte en el festival. Los de los profesionistas, los hemos d
ya á conocer en otras ocasiones.

DOLOR-AMOR
En medio de la noche cerrada., iba el viajero,
solo, callado, triste. La sombra. en el send ro,
la sombra que era negra, la. lluvia que era helada,
el viento que gemía con voz desespe1·ada.,
ésos eran los guías del caminante. A veces
a.bríase en el fondo de aquellas lobregueces,
al fin del horizonte, tras la brumosa cumbre,
rnjiza .Y deslumbrante una grieta de lumbre.
Bl'illaba entonces en la fatídica fi¡!'ura
que en las tinieblas era cu¡,,l otra mancha obscura,
la cruz ele una tizona, la pluma ele un sombrero ..... .
y en medio de la noche cerrada, iha el viajero.
P, r la fangosa ruta que se tuerce y se e1:npina,
como una mancha que anda, camina que camina,
iba. c,allado y triste; y sombra. y lluvia y viento
SPgu1anle como nn formidable acompafiam1cnto.
Pero la sombra tiene un alma, y se t·eviste
de fantiística.., formas que amedrentan al u'.iste:
la 1lt1~ia. tiene brazos que arma, con furia y dolo,
de sutiles puilales para matar al solo·
el viento tiene bocas que clama.o: desgraciado
del que cruza la noche solitario y callado.
He aquí que de pronto el espacio se puebla
de fantasmas con la1·gos ropajes de tiniebla;
de extravagantes monstruos que en muda caravana
corren basta perderse poi· la ext:rnsión lejana:
0

Sra. MARIA vEGA DE CUEVAS

rita Beatriz Franco, que hizo la Gertrudis; el Sr. José Ruiz B., que caracterizó el Benetto, y el Sr. Rafael López R., que cantó el Barnaba
La representación fué del agrado del público, y constituye, tanto para el maestro Director como para la Srita. Franco y los Sres. López y
Ruiz, un trit:nfo.

Domingo 8 de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

e=-

Este es el viejo cuento, la fábula tontuna,
con que nos arrulla1·on al borde de la cuna,
llenos de cristalinas cadencias celestiales,
esos Perraults divinos, los labios maternales.
¿Quién volviera á escucharos, cristalinas cadencias
de las «Mil y Una Noches&gt; de nuestras inocencias!
Las madres son poetas; cuentan mejor, es claro,
que nosotros, que hacemos del artificio raro,
un oropel que oculte nuestras faltas seguras
de emociones sinceras y sencillas ternuras.
Yo aquí lo simbolizo, le pongo algunas gemas
retóricas, y adorno con mis estratagemas
de rimas y metáfo1·as, cual si bordara el viento,
la trama simple y pura del primoroso cuento.
Vosotros, los felices, ¿,habéis adivinado
la intención? Un viajero á, la pue1·ta ha tocado;
viene triste y rendido y lo siguen veloces,
su cortejo de sombras y su coro de voces.
Tiene mucha fatiga, tiene mucha tristeza,
y lo hiere implacable la cruel Naturaleza..
Vosotros, los felices, heraldos de concordia,
abrid las áureas puertas de la Miserico1·dia.
Abrid,que ese viajero que implora. es vuestro hermano;
lo esperaba.is, ¿no es cierto? Es el D0101· humano.
¡Oh felices y buenos! ¡Oh almas generosas!
Endulzad como abejas, reventad como rosas,
y sed como ellas siempre, que dan en abundancia
las unas sus panales, las otras su fragancia.
Sed pródigos, felices, de amor y de consuelo;
amar es como una santa misión del cielo,
y consolar es bella. forma. de a.mor sublime:
nos salva porque eleva; lo que eleva redime.
Allá lejos un grupo de hombres, por fatal suerte,
desesperado lucha con la sombra y la muerte.
Tocan, abrid, felices, tendedles vuestras manos,
que están tristes, y sufren, y son nuestros hermanos.
Abrid; entrn, viajero; la negra caravana
se perderá. por siempre tras la extensión lejana;
te volverán, en breve, la fuerza y la. alegría
descansa, pe1·egrino, mientras que viene el día.
No temas; venceremos, re~obra la confianza,
que al calor del consuelo reviva tu esperanza
por9-ue el amor es grande, porque el amor es 'ruerte
• Y triunfa de la. Sombra, del Mal y de la Muerte.
LUIS G. URBINA.

Ofelia, como todos los personajes de Shakespeare, respira naturalidad; pero entre todaf:
las creaciones &lt;le! poderoso vate, ella, que es
la más ideal, representa el candor, la inocencia, tal cual se presenta en la vida. Apellidnrla virtuosa es desconocerla. La virtud, justo
medio entre la pasión y el deber, excluye In
inocencia, que es privilegio virgin11l, frágil y
delicioso equilibrio de santas ignorancias y de
divinas curiosidades. La naturaleza, la apasionada por excelencia, gran romántica, ha
puesto lo más puro, lo más cálido, lo más
misterioso de su romanticismo, no en la juventud, que es su obra maestra, sino en la virginidad, su creación predilecta, antesala del
amor y de la primavera del ser. Las vfr~enes
no son virtuosas, sino puras: novias cándidas
que · presienten el altar é ignoran el tálamo
mientras juegan con sus rizos y hacen tembla~
sus velos, tibias auras acariciadoras que les
traen ecos de canciones de nidos y citéreos
rumores.
En Ofelia no hay artificio. Ama á Hamlet
y confiesa ciertamente que ama porque «á su~
juramentos iban unidos cuantos votos pueden
dirigirse-al cielo.,,
A ella es á quien Hamlet, al advertirla dice
t3:n quedo que ~lla misma no lo oiga: :&lt;¡Oh!
virgen, que mis faltas no sean olvidadas en
tus piadosas oraciones!» Al borde de su fosa
es donde él acepta el reto de Laertes y clama:
cc¡ Y o la amaba! La ternura sumada do mil
hermanos no iguala á mi amor." Su fe en Ofelia perdura y sobrenada en el deshecho temporal en que naufragan su fe en la humanidad
y el amor á la madre qt?e le dió el ser.

*"'*

SR. ROBERTO F. MARIN

SR. JOS~ RUIZ B.

En un teatro
todo lleno de crudezas' Ofelia
, .
aparece puns1ma,
guardada por el amor y el
respeto que sólo la inocencia 6 la alta virtud
inspiran. Loca, vestida de blanco en desorden la rubia cahellera, coronada d~ flores «el
infierno mismo y su horror cambian de n~turaleza expresados por ella, y se transforman
en encanto y gracia." Cuando c&lt;mantenida sobre las ondas como una náyade cantando
fragmentos de antiguas baladas,, l~s aguas se
entrea?ren par3: ,sep_ultarla, la muerte ccdeja su
melodiosa canc1on mterrumpida ...... » y, más
que m~ ser humano, lo que &lt;lesaparece es un
almo ritmo de amor, una santa ilusión que se
nos arranc__a del alma, una amada nuestra que
se va, sueno de ventura del que se nos despierta hruscamente..... .
En la eterna lucha de Atenas con Jerusalén
del Parnaso con Sión, de que nos habla Hei~
ne, esa vaporosa beldad que vive no más que
un día Eoñando amor, cáliz intocado que el
dolor rompe en la cerrazón de la locura es
santa en el cielo de la idea, igual que el ~ás
sagrado mármol de la Grecia. Habla y conmueve: anda, y la nube angélica la nube de
las celestes ascehsiones se for~a á su paso
)'. se condensa bajo sus plantas: sonríe, y el
Jim bo apunta en torno á sus sienes «·¡ gratia
plena!"
Y es eterna porque toda mujer es, un instan te al menos en su vida, Ofelia, y ese instante es el más humano, el más intenso y el má
pt~rf ?e su existencia: penumbra de au ror;s
?nsah?a de amor, de donde surge, al reclamii
~mpenoso de Eros, roja ó blanca, la mariposa
ide?-1, María, la de Efraím, 6 Julieta 6 Margarita.
CÉSAR Zm,mrA,

.

�EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 8 de F ebrero de 1903.

D ominp;o 8 de Febrero de UJU:l. ·

EL MUNDO ILUSTRADO

.. .,

($CULTURA EN MARFIL
PREMIO

•' MERCURtO" -...;
PREM•o

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S~ Braolio Rodri uez Granada~

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DIEGO ALMAQAt 'f G Vl l l EIII .

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..

�KljTEl Puñal del Ca~inante
1
~-,-~ ,

Un Califa tenía una hiJa úmca á
quien adoraba porque era de una belleza perfecta, y la había llamado
--Nouronnihar, que quiere decir «luz
del día,» nombre admirablemente
pues lo, pues parecía hecha de _un rayo de sol. Pero sufr~a por ella u~ gra~
tormento, á causa de que ~n _mgromante le había an_unciado que,Nour~nmhar se prendaría de un cristiano, y que esta desgrae1a le su~edena el dia en
e tocase un puñal olvidado en el brocal de un pozo. Sab1en~o esto y deseoso
conjurar el destino, p~ohibió term~n_antemente qu~ se aproximara á todas las
fuentes cisternas, manantiales ú otros sitios donde hubiera agua fresca y clara. En
su; salidas hacía que la acompañaran esclavas que llevaban agua, _Y, para mayor precaución, su cinturón era de cristal, su collar, sus pend~ent~s,
sus pulseras eran de c_ristal hue~o y llenos de agua p_erfectamente hmp~a.
Así caminaba, precedida y segmda de un largo corteJ0 de hermúsas muJeres de brazos desnudos como una princesa deslumbradora delante de la
cual todo el pueblo se' prosternaba como delante de una diosa. Al principio Nouronnihar se mostraba admirada de su escolta y de su extraño .
ontinente· sus esclavas se limitaban á decirle que así lo había ordenado el Califa,
~ues no er~ necesario que supiera el peligro que la amenazaba.
~ _, - ' 1
""· · 1

d~

***
Cierto día la madre de Nouronnihar murió de una m~nera tan repen_tina, que
nadie pudo decir cómo ni de qué enfermedad. Y más b:1llantes que_las ¡oyas q_ue
ornaban su belleza lucieron las lágrimas sobre el puro cristal de los OJOS de la prmcesa. Grande fué ;u dolor, pero noble y silencioso como convenía á una persona de
su rango. Quiso ver por última vez el rostro de la muerta, y se fué sola a la cámara mortuoria.l
El espectáculo fúnebre la llenó &lt;le tristeza. Levantó ligeramente por el lado de
la cabeza el velo que la cubría. y lloró. Hizo un movimiento y el velo cayó hacia
un lado dejando ver el pecho desnudo. Bajo el seno izquierdo, tenía una profunda
herida que aún sangraba y que había manchado el velo.
.
Experimentó un gran espanto. Sin embargo, no llamó, comprendiendo que la
mano misteriosa que había matado, debía quedar oculta. Pero lavó con sus propias lágrimas la llaga, y para lavar 1:ll velo delator, rompió sus joyas.
Interiormente se lamentaba:
«¿Para este triste oficio me habéis sido confiadas, frágiles joyas de que estaba
orgullosa? Y esta agua lustral debía correr más abundante que mis lágrimas, sobre
este cuerpo traspasado, antes tan lleno de vida que me la dió á mí, y ahora tan
inerte que mi desesperación es incapaz de reanimarla?»
,
,
A pesar de todos sus esfuerzos, la mancha se extendia, pero no desaparecia.
Un vago temoi invadió el alma de Nouronnihar.
-¿Cómo hacer ahora para que nadie sepa este crimen?- pensaba.
-Iré por el campo hasta que encuentre una fuente solitaria en la que
hundiré el velo y lo sacaré después limpio como estaba antes.
Furtivamente, por una puerta secreta, abandonó el palacio y ganó
de prü;a la campiña. Mucho tiempo camii.ió guiada por el sol poniente.
Ya su sombra se alargaba por detras de sí, cuando en un recodo del
camino, en un cerco de plátanos, se ofreció á su vista la delicada arquitectura de un pozo. Sobre el brocal relucía la h0ja de un pufial. Lo
apartó su mano con indiferencia, y, fatigada por la jornada, se apoyó
contra el mármol de una columnilla.
Inclinándose sobre el borde, desenredó el largo velo, cuya blancura descendía sobre el agua tenebrosa semejante á un
rayo de luna. Y he aquí que de sus dedos cansados ó distraídos, se le escapó, y cayendo con lentitud, acabó por desaparecer de sus ojos bajo el inmóvil y negro espejo que no reflejaba ya más que un rostro lejano. En vano, para cogerle, se inclinó hasta donde más
pudo; desesperada y sabiendo la inutilidad
del esfuerzo, tendía hacia el abismo sus be-

llos brazos en actitud implorante.
Su garganta palpitaba de sollozos.
Invocaba á los genios invisibles del
agua y del aire, que á las veces suelen ser complacientes . .....
-«¿Qué buscas? dijo una voz grave á su lado.
-Ayúdame! imploró ella volviéndose. Y quetlóse confusa, porque tenía el rostro descubierto en presencia
de un hombre; éste era de alta estatura, vestido de blanco, con una coraza de plata. En los pliegues de su manto trazaba una cruz su signo sangriento.
Ocultó como al través de una gasa áurea la gracia luminosa de sus facciones y
repitió:
-Ayúdame! Tú has llegado hasta aquí porque el Profeta te ha enviado!
-El Profeta? Qué quieres decir? Tu fe no es la mía. Qué ayuda
reclamas de mí y qué te ha sucedido?
Ella lo contemplaba sin responder, como si de su memoria hubiesen
huido todos los recuerdos desde que apareció el extranjero.
-Quién eres? le preguntó.
-El caminante.
-Yo me llamo Luz del día. Pero tú eres el sol!
-El sol no tardará en ocultarse. Dí antes de que llegue la noche, en que no
se puede obrar, qué debo hacer? exclamó con voz imperiosa.
Desde que habló con autoridad, Nour.onnihar le amó. Obediente y turbada,
contóle su historia, sintiéndose feliz en confiarle un secreto. El drama desaparecía
bajo la ternura de sentimientos enteramente desconocidos.
Cuando terminó, lanzó sobre él una mirada húmeda:
- Me traerás el veio?
-Allí está bien, déjalo. Ven!
Y arrastrándola hasta el brocal del pozo, le dijo:
-Que mi puñal le haga compañía!
La hoja de acero fulguró, dió algunos botes sobre las paredes eonoras hasta
encontrar el metal del agua, y se hundió.
- Había, murmuró, sangre en el velo y sangre en la hoja del pufial. Olvida
el velo, olvida el puñal; así me olvidarás tú también, así te olvidaré yo al fin.
-Pero no se olvida al Sol!
-Tú serás siempre mi Luz!
-La luz del Sol!
.
El_ ne~ro espejo inmó:7il, reflejaba e~ el fondo del pozo dos imágenes muy lepnas, mchnadas una hacia la otra. Arriba las nubes se teñían de sangre roja que
derramaba el sol desde su ocaso ........ .
Nouronnihar despertó en su cámara cuando la luz penetraba por las altas almenas, cuyos marcos estaban labrados sobre las maderas más preciosas. y se
admiró de no estar á la sombra &lt;le los plátanos, cerca de la frescura
del pozo. ¿En dónde estaban el puñal y el velo el sol el gran sol con
cuyo manto de rayos la había envuelto?
·
'
Le respondió el silencio de las mujeres mas como ella era una
princesa de gran sentido, se calló.
'
. , Pero no pudiendo okidar al caminante, de su pena hizo una cane1on, que tQdavía se canta por aquellas regiones desconocidas cuando
bajan los caballos á beber á las fuentes:
«El extranjero que se sentó en el brocal tenía los rayos del sol sobre los dedos, su manto tenía el sol en los pliegues su pufial
tenía el sol sobre la hoja, y sus ojos tenían el amo; por sol.,,
Pero apenas se ocultó el sol, como un pufial que un guerrero negligente deja ::aer sobre la hierba el hombre que se
envolvía con el sol desapareció.
'
Y los leones, irritados, bajaron á la fuente para refrescar
sus fauces ardientes, preguntando por qué el
hombre ha huído como el sol.
ROBERT SCHEFFER.

�Domingo 8 &lt;le Febrero de 1903.

Residencias Diplomáticas.
ta Ctgadón dt 1tatta.

R

ECIENTEl\Il~NTE establecida. la. Legación de Italia en la calle del Elíseo, por
el señor conde de Yinci, Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario de Hu
l\Iaje~tad Yictor )fanuel, cerca del Gobierno
mexicano, nos apresuramos á dar á conocer á
nuestros lectores algunas fotografías de esa
elegante residencia diplomática.
La casa. ,¡ue ocupa la Legación es pequeña;
pero tanto las habitaciones como las oficinas,
están artí:,;licamente· amuebladas y decoradas
con el mejor gusto.
A la entrada hav un corredor en el cual se
ven muebles austriacos v cuadros italianos
antiguod, y que sin·e de· sala de espera . •\l
lado izquierdo, está el departamento P-n que
despacha el señor ~Iinistro; es un gabinete
decorado con cuadros de mérito, y provisto de
sofás, estilo árabe, y aparadorefl 1omanos. l~n
él se encuentran fotografías de los reyes de
I talia. y de a lgunos hombres ilustres.
Sigue después la sala de recepción, en la
que se hallan una. hermosa. chimenea de metal y madera con lunas venecianas en su parte

-

LEGACI ON DE ITALIA.-Sal a de r ecepción .

mi Primtra tomunión

-¡ Seto! ¡Beto!

□

-Tía. ..... .'!
-¡Arriba.! Son las cinco v media.; todos están
y a en pie. Lá va.te na.da más.las mano;; Y. los oj_os.
¡~lucho cuidado con tragar agua! 1 v10lent1to,
que ya es la. hora!
-Voy, tía, voy .
Resuelto, salté do la. cama. Era el día de mi
primera comunión. Mis padres se habían visto
precisados á transferirlo repetidas veces, no por
falta de espíritu religioso, que en ellos nunca. escaseó, sino porque su triste situación pecuniaria les prohibía distraer lo necesario para tos
gastos que la fiesta origiaaba: el trajecito y los
za.patos nuevo~, el almuerzo familia1· después de
1·ecibido el sacramento, todas esas minucias con
que ellos soñaban y que en un solo momento,
echaría. por tierra. ese castillo de naipes que se
llama. cp1·esupuesto&gt; en la casa de un pobre.
Ahora., una circunstancia. casual les permitía
,·er rPalizados sus deseos. Mi primo, otro chiquillo, dos años menor que yo, iba ácelebrarsu
primera comunión, y sabedora. mi tía de las poderosas cau~as por las cuales yo no lo había.
hecho, ofrecióse í~ sufragar parte de los gastos,
que no montaban, ui con mucho, á grandes sumas, ni podihll dejar la más ligera huella en el
bien saneado capital de mi buena pariente.
Abiertas las puertas y bien bañado de luz el
cuartucho que de alcoba me servía, ¡qué inmens,L
alegría, alegría de niño pobre , arrancada. pal
mo á palmo al infortu010, hizo latir mi corazón!

LEGACION DE ITALIA.-Et Sr. Ministro en su Despacho.

superior é inferior; un centro de mesa con flores; y aparadores y rinconeras de estilo antiguo, muy valioso~. Tanto en esta sala como
en el despacho, las cortinas son de seda, café
claro, y muy elegantes.
.Atr:wesando por un amplio patio se pa~a al
corredor, pequeño romo todas las dependencias de la Legación, pero arreglado con exquisito gusto. Hus rinconera1&lt;, aparadores, etc.,
etc., son artísticos y constituyen un bonito
conjunto.
En la parte alta, como hemos dicho, están
las oficinas de la Legación y las rec:1maras del
señor Mini~tro; las primeras no eRtán aún definitivamente instaladas.
En una de la¡:; fotografías que pul,Jicamo~,
aparece el señor conde de Yinci en RU mei;a de
acuerdos, y en olra, acompañado del Có11s11l,
señor .J. Pollano, que hace algún tiempo reside en ~léxico.
El señor 1Iinislro de Italia es muy estimado en los círculos diplomáticos y cuenta, en
la mejor sociedad mexicana, con innumerables simpatías.

Domingo 8 de Febrero de 1903.

E L MUND O ILUSTRADO

E"L MUNDO ILUSTRADO

_,_

o

o

El Sr tn lnlst ro y ol C6nsul do I talia.

Ahí, sobre la. silla, la camisa. albeank, colgando las mangas perpzosamente; la corbata.
blanca., prueba patente de las ba.bilidosa.s manos
de una. de mis hermanitas; y pendiente del respaldo, el trajecillo negro .. . . no muy negro, pues
procedía. de cierto casacón que mi padre vistiera.
en mejores tiempos, y que, sometido til suplicio
de las tijeras, la aguja v la plancha, maneja.do
todo ello por mi madre con la destreza de un Coblentz (era el sastre de moda entonces} había
sufrido una. completa mC'tamorfosis.
.\bajo, juntitos, como dos gemelos, los zapatos, de punta achatada, acorazada con puntera
de metal, y relucientes como si por arte de birlibirloque se hubiese conver.tido en charol finísimo
la tosca_picl de que estaban fabricados, gracias
al entusiasmo con que mi padre los limpiara la
noche anterior.
Sonaron las seis de la ma.ñaca.; la eampana de
la pa1·rnquia dió precipitada.mente la última Jla·
mada; atl'onaron el aire los silbatos de las m{Lquinas, de las f,ibricas, de los talleres. Se oían
charlas de mujeres que picoteaban en (•I mercado
ve&lt;:ino; cloquetlr de a.ves de corral, que. en manoJos, colgando las l!abezas cong(•stionadas,
presag-ia.ban el saeriticio. El l'Ojo de los periódicos, repicando scC'amente con su pata de palo
sob1·e las baldosas del l'tnbauquetado. voceaba.
hi prensa del día; las vacas de la 01·deña mugiendo como si les dolic,e alg'o, atravesaban la.
boc~calle; el jalctinero, á ful·r,m de pregonarla,
realizaba su mcl'cancía, una substancia gelatinosa., roja, amarilla ó blan ·a, .encerrada en vasos de cristal, opacado por el roce demillarescle
bocas, y li lo lejos, rompiendo {L intervalos la.
algarabía de la calle, una murga. wagneriana.
anunciaba 1ü vecinclal'io la apertura. de un nuevo
&lt;Expendio de carnes,&gt; con los acordes de un paso doble obligado á tamborn.

planchado, sin una. mota y oliendo á esencia., que
mareaba, no á bencina, como ol mío. ¿,Y la corbata de crespón tra.nspareote·t ;,y las ma.ncuernilla8 de oro'? ¿y los zapatos do un charol suavísimo? ¿y el 1·eloj, el reloj cuyo tic· tac precipitado marcaba el compás á los latidos de mi pecho? ..... .
Cerré los ojos, y á la orden de «¡Sube!&gt; dicte.da. por mi tía., subí al crche acompa.ilado de no
recuerdo quién, y partimos.
La ceremonia debía efectuarse en una de las
capillas laterales de la parroquia, con asistencia. únicamente de las personas invitadas. El sacristán, dispend1osa.mente remunerado por mi tía
que, en trntandose de cosas de iglesia., abría basta.
revl'ntarlos los cordones de la bolsa, había hecho
alarde e1.1 cpaoneaux,&gt; guirnaldas, cruces y estrellas florales, de su buen gusto artístico; las
luces de los cirios de todos tamaños, repartidos
en candelabros y candeleros, arrancaba.o chispas (1 los filamentos dora.dos de las cornisas, del
tabernáculo, dl• las columnas que sostenían la
cúpula, en cuyo inte1·ior se divisaba la. imagen
de una. virgen pequeñita.
Junto al presbiterio, en el centro de la única.
na,·c, estaban coloca.dos dos reclinatorios. Ahí
nos anodillamos, mi primo en el de la derecha;
yo en el de la izquierda.
El piano. herido poi· las no muy diestras
manos de umi de mis herma.nas, dejó oír una
cprcghiera&gt; antidiluvia.na, apareció el sacerdote
v comenzó la misa.
• Previamente, mi tía se me había acercado y con
esa voz misteriosa con que se babia en los templos, me ¡.,reguntó si qnería reconciliarme. ¿Reconciliarme'! .... ¿Por qué'? ¿para. qué .... '! ¿Qué
pecndo, ¡ infeliz de mí!, podría yo haber cometido en las últimas catorce ó di&lt;-&gt;ciséis horas'! . ....
Y ahora, 1·epa.sa.ndo sin leei-las las bojas del

te, diminuta., la hostia. que a.penas sus dedos parecían tocar.

·······
···················· ··· .. ····· ...... ······
lloy que mi espíritu ha roda.do despeñado y

dando tumbos poi· los abismos del desengaño;
hoy que de mi fo sólo quedan recuerdos empapa·
dos en lágrimas, como sólo quede.o del buque
tablones podridos, después del naufragio ...... .
hoy comprendo que me es imposible dar una
idee. del estremt&gt;cimieoto mezcla de alegría y de
pavor, de placer y de miedo, de su¡,remo, infinito anhelo y de irresistible JJánico que recorrió
todo mi ser cuando la hostia blanca c1uedó tem·
blando entre mis labios.

***

-¡Cier1·a la boca! dijo mi madi·e. Obedecí y
media hora después subíamos al coche que debel'Ía conducirnos á la. casa. de mi tía.
En el patio, festonado coquetamente, do¡¡ músicas de cuerda. a.legraban con sus sones; una. a.1fombr a. de pétalos de amapola cubría el tt·ayecto por escaleras y corredores; los chicos de la.
se1·vidumbre, desde le. azotea la.nze.han al airo
cobe~es y «palomitas;&gt;. un.a .lluvia. de cag-asa.jo&gt;
a.rro¡ado por me.nos 111v1sibles, nos cubrió de
pies á cabeza. 'l'odo e1·a gritos, voces de mando,
ruido de cacerolas y de v a.jilla, risas, palmadas.
¡La. sana alegría de la. gente buena desbordándose por todas partes!
Yo estaba triste. Quería. refr, y al verme en los
espejos me a.terrurizaba la·mueca hon·orosa. que
como un zig-ze.g, plegaba mi rost1·0.
La~ felicitaciones, los abrazos, los besos, los
es~ruJones q~e h.acen, daño, todo e1·a pare. mi
pruno. Gracms s1 alla, de rato en rato alguien
que yo no conocía se ace1·caba. {t mí y rde decía:
-También tú, no'! ¡:.luy bien! Así debes ser
siempre bueno.
'
Pasamos al comedor. ¡Era. una. maravilla! Las
pared~s desapa1-ecían bajo cuadrilon!{os Je tela
artísticamente plegada, sa.lpicanos de flores· del
techo pendía un enorme cauastón, de musgo y
llores, del que se desprendían guías de heno fresco {~lasque se ent1·ela.zaban otras do rosas marg,L_l'lt~s, claveles, violetas, gardenias, to'da 1e.
!uJur10sa llora do la estación. El &lt;chemin de tab_le&gt; era una .obra ?e a1·te, así como la colocac16n de la cnstalel'la., de la loza, de las servilletas y de los cubie1·tos de plata que se sosten~au como. 3:rm.as en pabellones, poi· un pi•odig10 de equ1hbno.
:\le sentaron, junto á mi primo, en la cabecera
de la mesa., y después de un c¡A almorzar!&gt; dicho. en tono de ma~do pot· el jefe do I a casa los
cubiet·tos pasa1·00 a las manos y cu1Ltro cri~dos
se p1·cs.entar?º. a1&gt;rontando en :scndo,, A"anafones
le. beb~da. claswa: los huevos espirituales.
N ad1c quedaba. por ser sei·v ido, l', sin ciuba.rg?, noté que n.ad10 com~nza.ba, J sí que todos los
OJO~ c~taban fiJos en m1 primo. Este, ageno á la
curios10ad de quo era objeto, llevó la mano al
,·aso, alzó.lo Y, un grito de alegría al que siguieron los ¡vivas. y los ¡b1·avos! de todos tos concu~rentes, se escapó do su ga1·ganta.: en el plato,
baJo el va&amp;o que acab,L de lovauta.1·, brillaba como un oJo do fuego, una moneda de oro.
_lnsti~tivamente, siu reflexionar, levanté tambieu mi vaso : en el plato, débil, tímidamente relucía.. una monedita. de plata, pcqut:üila, muy pe4. uet11ta.
Alcé la vista. y mis ojos tropezaron con los de
m1 padre. En ellos, irisada por un rayo de sol
b1·illaba. una. lágrima.
'
Salté d~ la. sil_ta, mo abracé ít mi padre y recogí en mis lab10,., con ansias de sediento esa
lágrima bendita., esa lágl'Íma que e1·a el p~ema
LEGAC ION DE IT A L IA,-EI comedor.
ele toda.~ nuest1·a.s pob1·ezas, esa lí1grima quo yo
no hu.br1a. _cambiado poi· todas las monedas de
oro del unive1·so.
nuevo d~~ociona1•io, deslumbrado por el ful or
MANUEL hl. PANES.
~.e l~s c1nos, aprisiona.do en el traje nuevo lnHabía concluído de vcstir,ue y abil'rlo el bal1~1~ o que el coutraoru, de un zapato me iasticón. para que la gloria riidiante de aquel día de
m.~ &gt;a el cal~añal Y que los guantes oprimían imma,·o me bat1ara de pies ,i cabeza.
P!amente nas manos, experimentaba. un desa.soEstaba. alegre. pero con una aleg-l'Ía ne1·viusu.
E l mundo e3 una coqueta que no exige rnás
SIC'!-\:º, un a 117ol(•sti a irritantes.
·
r.unzante, .com? debe de ser la aleg-l'Í,i del que:
que homenajes urn pasajeros cowo sus encanb,8 \;:"º.t~nia. calg-o&gt; adentro, caigo&gt; que me susiendo un rnfchz, se sae.a. la lot(•l'Ía. y comp1·ende
rn. a,ta ª garganta. provocándom&lt;&gt; ganas de
4ue cada moneda que dilapida, lo acerca nueva.tos, y pretende al mismo tiempo que l:ie le
salivar, cosa que se me babhL p1·oh i bido· y ese
mente á su antigut~ mberi11.
guarde
fidelidad á su perfidia.
~algo&gt; crc~ía, crecía mucho cuando ab'rieDlio
Llamaban de nu(•,·o {1 misa cu,rndo entl'ú ,Í. mi
1 t!voluntariamente las ventanas de la' nariz a•euarto toda ~a. familia .. ~li pad,e, sie1upre1·arit&gt;.11·aba por ellas el perfume 1&gt;enetrnnte qu{,'Jnj~ñoso, pero swmprc serio y pan·o en sus dc1110~La. incertidumbre de la fl'licida&lt;l es más
r10samenu• se. des¡n·endía. de las ropas de las
tra.l'iones de afecto; mis hermanas. la. uua co11 un
cruel que la certeza de la desgracia.
lazo bhLnco, perifollo que arrancó á al.,uuo de
II!ªnos. del a.liento de mi primo. Y cuan~to quesus \'estidos y prendió en mi bn1zo iz(jui;rdo, la.
ria. engo.Harme, para no pensar 1mis en ellu en
l~~ orncwnes del devocionario ó adivinai· t•l ~i"otra con una vela de cen~ ces1·amada:» mi tía,
Hay cosas muy á la vista que los sagace,;
con una. novedad. su re!{alo pa1·ticuhu·: unos
mhl'ado de los l~tinajos que el sacerdote trit~gua.ntes diminutos que me pusic1·011 en gn1vcs
~·aba entre sus laoios, sólo oía el tic tac tic· tac
no ven.
aprietos y un devocional'io.
11n.p!a.c.able d.e :iquel. su reloj que aun no ~onocía.
Se oyó el roda.1· de un coche 11ue se detuvo en
_r.~er1~ cnVJfüa, tristeza del bien agcno, como
La. voz de lo que duerme el Ycrbo de lo,;
1a. p ue1·ta.
cltn.a ~'.u co~fesor. :· ... ·! ¡Q_ué ho~ror, Dios mío,
-¡Ya. est¡Í.11 abí'.-dijo ;ilg-uipn.
envHha ...... X ese caigo&gt; mexphcable estuvo á
muerto!' ilustres, nos empuj'a al i:,acrificio por
E1·a un calcsón cno,·mt&gt;, de flwrtcs sopandas
punto de asfixiarme.
la felicidad del género humano.
fona_do de ¡mño colo1· cn·ma. (·011 un pe,cant~
Concluyó la. !'.°isa. El sacerdote, dei;pojado de
seme¡ante al de.um~ diligencia y tintdo poi· dos
hL ca~~•lla,_ ab1·16 el tabernácul&lt;?, hizo varias gcmulas obesas, de anchas y humeant.,s fosas nanutlex1?nes, y ante nuestros OJOS maravillados
sa. es y orejas gigantescas.
,Lpart:1•1ó un copón de oro luciendo un doble cínEn su interior, que podía dar cómoda cabida.
gulo de pied1·a.s preciosas.
baste. á ocho personas, venían únicamente mi tia
l\Ian0o solícitas encendieron nuestras velas·
y mi primo. Al vedos, mi sana, mi buena mi huvoces eariñosas y tt·émulas poi· la emoción mur:
milde ~legl'Ía., sufrió el p1·imer golpe.
'
muraro1;1 í1 nuestro .oído no sé qué consejos. Al¡Oh! Qué contraste entre mi t1·ajecillo verdinecé los OJOS, angustiado, y vi ante mí la figura
gro, me.~ pesp~teado, con!esando aquí y allá,
~el ~acerdote, blanca, gigantesca., eno~me, en le.
con sus 1~re~ed1a.bles zurcidos su primer origen,
izqu1e1·da. mano el copón que parecía un haz de
y el de m1 primo, de &lt;satín&gt; fino, admirablemente
llamas y en la. derecha, inmaculada., trasnparen .

)

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�BL MUNl&gt;O ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 8 de Febrero de 1903.

Domingo 8 de Febrero de 1903.

por los afio!:' y la nieve, el viejo abuelo fuma,
rumiando recuerdos de ceúienterio .....
Y contra el seco barranco cuyos fantasmáticos cedros semejan inquietantes sudarios extendidos, me pierdo y desaparezco, cargado de
insultos del cielo aterido y maldiciones de la
tierra congelada ..... .

...

CONDE KOSTlA.

1903.

TU CABELLERA.
ROXDEL.

Lo que más de tí fascina,
y lo que más de tí adoro,
son los cabellos de oro
de tu melena leonina.
De tu carne alabastrina
el más p reciado tesoro,
es la cai::cada ele oro
ele tu melena leonina.
Cuando la muerte a!':esina
me hiera romo lo imploro,
ron crueldad y con inquina,
clame la. mortaja. de oro
ele tu melena leouina.
México.
JUAN

B.

DELGADO.

BESO DE ESCLAVA.

NUESTRO PAIS.-Una calle de San Cristóbal Las (;asas.

MINIATURAS,

La blanca. virgen que a.l tribuno adora,
La bella Eunice de Petronio esclava,
Absorta queda, coutemplando inmóvil,
Del clueilo amado la marmórea estatua.

.,,

La -sangre ardiente, palpitante el seno,
Alta la faz, en actitud gallarda,
Eunice piensa que mirando al mármol
La estatua adquiere sentimiento y almal

Al
r:T

..,

"'!"

Se acerca á ella y con afán que tienta
Un banco acerca y con amor la abraza,
Y loca de pasi6n estampa un beso
En la boca de mármol de la estatua!
México, 1903.

ALBA.

Cuando esparce su melanc6lica luz la luna
~lega: á mi alma el recuerdo de esa palide~
ideal, con que el amor ilumin6 tu faz!
Y llega taro bién después á mi alma triste
doliente, la negra remembranza de tu; mano;
yertas que yo aprisionaba con ardor entre las
mías, mustios lirios inm6viles entre la blancura de sus velos de desposada muerta!
¡Oh, mi adorada!
Cuando la luna esparce su melancólica luz
pienso en ti, porque así era esa palidez ideai
con que el amor borr6 las rosas de tus labios
porque así eran los últimos lívidos destello;
con que el ocaso tifi6 por siempre tu virginal
blancura........ .
FLOR DE TUMBA.

Tanto dafí.o le había hecho el perfume de
esa alma casta de mujer, era tan fuerte el escudo de virtud que se oponía á sus golpes ma-

lignos, que el vil hombre, no pudiendo mancillarla, la hundi6 un pufial en mitad del coraz6n!
Así, pensó, quedaba ya destruído por siem •
pre el polen de ese lirio de carne santa, blancura luminosa que sus ojos no podían resistir.
Pero después ........ .
Y cuando fué al cementerio, sorprendido
vió c6mo de la tumba que contenían sus despojos, brotaban rosas blancas, albas rosas cuya fragancia esparcían las mariposas en su
vuelo ........ .
Cór,ERA DIVINA,

¿Que ~o es subli_me la cólera? ¿Que no es
santa la ua que agita la roja flama del infierno? ¿Renegáis del poema que es revoluci6n y
exterminio?
Pues nada más hermoso ni gigantesco q11e
el océano embravecido rompiendo su cárcel de
rocas, convirtiendo !:'U rizada linfa en alborotada melena de espumas, haciendo ele su murmul_lo como hi~n_o atronador y escupiendo,
tern ble en su delmo, con el azul ele sus olas el
azul del firmamento!
RA F'A EL ANGEL '!'!to YO,

1

CANCIÓN DEL CAMINO.

S

OBRE la cima descarnada de los montes
que el cieno y la ráfaga han hecho ásperos é inaccesihles, pasea la obscura niebla matinal, al través de rígidos cipreses, sus
cendales de mauchado 6palo.
Un sol muerto parece burlar mi frialdad de
cripta; sus rayos sin fuerza, como implacables
espadas de escarcha, taladran los matorrales
que me bordan, y en los brazos secos de las
que fueron ramas de julio, penden como lacias cabelleras fibrosas los abandonados nidos,
sin plumas ni cantos.
Y bajo un tapiz de retamas y juncos descoloridos, trazo, caprichosamente, mi surco de

' #

plata que recorren tiritando, los glotones lobos de pelo gris y ojos como lámparas .....
En la inclinaci6n de las colinas, al pie de
los olivos espectrales, á lo largo de los muros
que el huracán agrieta y el granizo desmorona,
bajo el emparrado que la tormenta deshace
rudamente, entre las risas burlonas del cierzo
y las grietas satánicas del vendaval.
Sigo mi camino, elevando la blanca y fina
bruma-velo d e luz maldecida desgarrándose
á través de los cielos para espanto de vencejos que alocados huyen.....
Y atravieso las salvajes cercas donde en las
radiantes mañanas de mayo filtraba el sol inclinado sobre las ramas, haciendo temblar sobre claros corpiños la sombra de las cabelleras
destrenzadas ... ..
Y extiendo mi congelada cinta á la orilla del

hoy 16brego sendero, donde ayer sangraban,
cerca de los lirios, las amapola~, pr6ximo al
árbol donde reía, de pie sobre el columpio, la
más linda de las desposadas ...... ;
Donde el sol, como un broquel de oro se extendía dulcemente perezoso; donde, sobre las
parejas enlazadas por el baile, la tela de una
saya ciñéndose al cuerpo, dibujaba un terso
perfecto como el de una ninfa...... ;
En donde salían, de la yerba polvorienta y
cálida, gritos estridentes y acres perfumes,
mientras un lagarto, flexible esmeralda, huye
á perderse en la obscuridad tibia de los surcos ..... .
Hoy, desciendo, triste y solitario, hasta la
muerte, la llanura desesperadamente blanca;
costeo cerradas casucas donde desepcantado

ALREDEDORES

DE TLALPAM.-C himalcoyoc.

�Domingo 8 tde Febrero Id.e 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTE R DE SUZE.
ILU STRACIONES D E SIM ON T.
T RADUCCION Df "fL "1UNDO ILU!!ITRADO. "

ban el suelo y, con miradas llenas de luz veía el espacio, adorándole.
Luego, recogida, pensando en otros renuevos que presentía:
-Ansío ver que acabe de llegar la primavera á estas regiones alpinas. Será mny hermosa, ¿verdad, señor cura?
El sacerdote salió de su abstracción, como si viniese de muy lejos, del fondo de mi alma, donde se había hundido:
-¿Eh? ..... ¡Ah, sí! ¡1\Iuy hermoso!
Y sigui6 su camino, andando pesadamente.
Llegada á casa. me entristecí al entrar sola: hubiera querido qne
conmigo entrara toda la primavera.

(CONTINÚA,)

XVI

\

Habían transcurrido tres meses desde mi llr.gada á Chavoux.
Hasta entonces no había yo asistido jamás á las vísperas: lo incierto
del tiempo al obscurecer y mis ocupaciones, me lo habían impedido.
Aquel domingo comprendí que me fastidiaría en casa, no teniendo nada que resolver en las habitaciones ni trabajo alguno que preparar para el día siguiente. Me dirigí, pues, á la parroquia.
Hacía un tiempo encantador.
Transcurría abril con sus deshielos, con sus murmuradores arroyuelos cuya última capa de nieve se había roto al impulso de la estación primaveral. Hinchada ahora, la corriente saltaba cantando multitud de promesas, se derramaba en el canal, cubriéndose de copos de
espuma, formando cascadas llenas de murmurios; ae mezclaba á las
ondas de otros mil arroyuelos igualmente crecidos, que convergían de
todos lados del campo. Era el agua viviente, el agua reina, de la cual
surgiría todo el verdor de la campiña.
Ya en los lugares en que la nieve se había fundido más pronto,
se descubría la tierra morena, potente, pero mostrando apenas una
que otra hierba raqui:tica, de lejos en lejos-á los bordes del arroyo,
la hierba se acumulaba abundante, tomando la coqueta apariencia de
un listón verde.
Listones primaverales cortados á cada paso, á lo largo de las corrientes, por pequeños montones de nieve retenida aquí y allá en los
huecos de los peñascos, en las salientes del terreno. Listones que el
invierno hubiese sacado de algún estuche primoroso, como de una
canastilla, y 103 hubiera dejado esparcidos como deja un ladrón en
desorden el botín, al ser sorprendido y emprender la fuga. Me creía
estar Rofiando, al contemplar esas hierbas y esa agua, al mismo tiempo que aquellas montañas siempre inmutablemente blancas, y ciertos espacios cubiertos de nieve, endurecida aún ú lo largo de las salientes que la abrigaban de los rayos del sol.
De ese conjunto surgían misteriosas dulzuras, mia embriaguez
inexplicable. Algunas muchachas que, como yo, se dirigían á la iglesia, se me aparecían de pronto en lugares imprevistos. Recodos que
sin duda les eran familiares. Las muchachas correteaban y reían, y
sus pies ágiles saltahan hábilmente por las quebradas del terreno.
Al llegar al camino, me saludaban tímidamente, se replegaban
con sus compañeras, se erguían en el aire infinitamente puro, por el
cual pasaban poderosas ráfagas de vida.
Yo, menos lista para aventurarme en las cuestas empinadas, no
me mezclaba á las demás jóvenes; pero también me sentía embriagada, piadosamente embelesada. En la iglesia, hice remontar hacia Dios
la emoción ele que me había sobrecogido, en presencia de los primeros impulsos de la primavera. Rin embargo, tras de ese desbordamiento, esa abundancia de agua que acababa yo de ver, me pareció

Domingo 8 de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

que el lago de mi alma, antes tan tranquilo, se hinchaba poco á poco,
lenta y poderosamente, como los riachuelos de los campos. También
parecieron sacudirme los graneles estremecimientos de vida que habían surcado el espacio, como si yo hubiese sido algún hermoso manojo de flores, adormecido hasta entonces, pero cuyos perfumes iban
á esparcirse al soplo de esa brisa.
Arrodillada, con la cabeza entre las manos, escuchaba las voces
vibrantes de los muchachos que salmodiaban, con impaciencias y languideces, la harmonía de las vísperas.
En esas voces parecía' estallar un gozo nuevo, el de los pájaros
que saludan la llegada del buen tiempo. Alcé la frente, turbada de
que las demás jóvenes pareciesen experimentar lo mismo que yo: una
espera de dicha inexplicable.. ...... .
A través de las vitrinas, el sol llegaba hasta mí, derramando fulgores azulosos sobre mis manos. Yo las levanté, como si esa luz azul
fuese tangible......... y cuando la vi desvanecerse, sentí que algo me
faltaba ........ .
Al mismo tiempo, sentí que la divina paz de mi alma r;e había
fundido como la nieve ........ .

La l)rimavera no me siguió; pero me invitó á seguirla. Fueron
estratagemas, llamadas; una fuerza cada vez más poderosa, contra la
cual luchaba con heroísmo. Me llamaba con las manos, en el rayo
de sol que me hacía sefias á través de la ventana. Asomaba en el extremo de las ramas verdes excitando en su misterio á la hoja encarcelada, como esos cartuchos de sorpresa que hacen palpitar de emoción
á los niños que con ellos juegan. Me sonreía en el extremo de las ramas: «Mira: no apartes los ojos; verás el lindo secreto que surja cuando alce yo estos millares de puntas verdes.&gt;&gt;
Sobre los tranquilos montes, armaba descomunal desorden; pasaba su escoba de rayos, que hacían fu ndirse la nieve, inundando
con ella la hierba. Chorros de esta nieve queclábase, de trecho en trecho, en los agujeros, desde la cima hasta la hase de la montaña, en
largas y delgadas hileras ondulantes, parecidas á t renzas brillantes
sobre los hombros de alguna jove11 .
La primavera me decía:
,,Espera: voy á deshacer esas trenzas; voy á esparcirlas en musgosas fuentes, en ocultos anoyuelos, en min úsculos torrentes, que habrán de admirarte. No vuelvas los ojos; vas á ver!,,
Yo esperaba, palpitante, con los ojos divagados, durante el trabajo de las niñas, con el alma fatigada por la inquietud de esta expectación.
Vino abril, después mayo. Se hicieron vacíos en los ba11cos de
mi clase.
-Bertita, l\Iaría y Catali na ya no vendrán, pues. ¿Verdad, Rosalin&lt;la?
-:Xo, señorita, hai-ta el invierno. No hay suficientes criados en
su casa para los trabajos que comienzan. Es p reciso que ellas ayuden.
Otras siguieron el ejemplo de las primeras. Por las abiertas ventanas, entraba el aire y flotaba, después, sobre los vacíos bancos.
A vece!'&gt;, cual si se les comunicase el turbulento trabajo de la natu raleza, las chiquillas se agitaban, charlaban, iban y venfan, sin motivo y á pesar de mis esfuerzos para contenerlas.
Otras veces, amodorradaR, con el brazo izquierdo bien redondeado, ~a mano sobre la página y la otra mano con un portaplumas que
escnbía las letras con lentitud cuidadosa, permanecían petrificadas
largas medias horas.
-¡Vamos, hijas mías, sacudámonos! ¿Yase concluyó la página?
Un ruido semejante al de una colmena que se conmoviese de repente .... .. y luego, otra vez el dulce y cálido silencio.
Yo me quedaba entonces divagando.
l\Ie asaltaban escrúpulos que me impedían perturbar el éxta~is
obscuro de aquellas niñas. Hasta las permitía que se durmiesen.
Sonaban las once.
¡Oh! El alegre movimiento de las niñas que lo guardaban todo
para poderse marchar pronto! Era una resurrección. Y yo también
despachaba mi almuerzo á toda prisa.

Afuera, no marchaba yo tan de prisa como e_n invierno. La nieve había desaparecido completamente de los cammos. La s?m?ra de
las menudas hojas oscilaba bajo mis pies como flotante enea.Je, impalpable alfombra preparada para plantas de hada.
Mis pasos eran lentos en medio ele esta sombra.
Yo no soñaba, pero mi corazón estnba henchido de la misma savia que desbordaba en aquel!os juveniles pechos.
La hora de la próxima clase me obligaba á regresar pronto; pero
¿qué fiesta y qué sufrimiento cuando en la tarde volvía. ú comenzar
mi carrera á través del eampo!
Porque yo sufría. H ubiera querido hablar, correr, jugar un poco
ó inclinarme sobre un lago; contar cosas profundas y pueriles, que
me lastimaban el alma.
¡Yo no sabía qué!
Mis pasos se hacían, sin motivo, mús lentos. Hubiera querido
no regresar nu nca, caminar así, durante imposibles horar.
Porque al menos por aquellos caminos y en aquel espacio, me
era más llevadero el dolor sin nombre que me agobiaba. l\Ii pensamiento fijo, mas sin objeto, encontraba en qué distraerse, con las fruslerías que me cautivaban.
Así, por ejemplo, gustábamc permanecer inclinada sobre la tierra, buscando pequeñas flores embalsamadas, con las cuales adornaba mi corpiño y mi cabellera. Cuando á lo lejos oía la sonaja de una
cabrilla, quedábame suspensa, sin ver el animal, escuchando con toda mi atención el tintineo del C.'\Scabel. Ese sonido, suave y desigual, me parecía expresar el llamado hecho por voz extraña, á lo íntimo de mi ser! Un día en que la cabrilla se me presentó de súbito,
destacándose en una altura, me impresionó vivamente . ..... Oh! Lanzar al espacio la tortura inexplicable de mi alma! l\Iis ojos ardían;
mas no hubiesen podido llorar. Eh! De qué, Dios mío? ...... Se podía
acaso, libre de toda congoja, errar oor sitios más bellos?
Ay! Era necesario regresar tari pronto! Las montañas, sonroRadas, después azules, después violadas, se desvanecían en la noche,
llena de tonos opacos. Apresuraba el paso, temerosa de los reptiles
que á esa hora se deslizan entre la hierba.
En cuanto llegaba ú casa, me metía en el lecho, cuyas ropas se
impregnaban del aroma de los tomillos y los bálsamos que traía en
la cabellera y en las manos.
Tal vez por esto, mi sueño era tan pesado.

XYII
Phrasia había convenido en venir á buscarme el jue\·es por la
maíiana, para llevarme á Saint Romain, Ít ver los trabajos del A bate
Chavartl.
-Al mismo tiempo nos detendremos en casa de la profesora. Es
tan bella; la verá Vd.! Es amable como \'d. y también está sola. Será bueno que se hagan amigas.
La buena mujer se había puesto su más lindo delantal acab&lt;t.do
de planchar, y su vestido pardo, de los días de fiesta.
. -No ~~ porque, el señor Abate haga caso de mi vestido. l\Iira
siempre qmen sabe a dónde, que es como si no viese nada. Pero es
por respeto. En cuanto á Vd ........ .
Miró mi vestido negro y mi sombrerito, del que pendía el velo.
. -Vd. _con esas «máquinas» [se refería á mis guantes] y su sombri~la tan hgera,. y sus cabellos como un encaje, no hay qué decir:
esta V d. muy bien.
(CONTINUARÁ.)

.....................................................................

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QUE VIGILAR

AUTODIÓVILES.

***
-¿,Un acceso de piedad, señorita Romana?
El cura me había visto en las vísperas v me dirigi6 l:i palabra en
la plazoleta, haciendo alusi6n ú lo que había yo dicho un día respecto á mis fervores de piedad .... .. que me venían por accesos.
- Para ser franca, señor cura, le confesaré que m:1s bien es un
acceso de fastidio. No habría sabido qué hacer esta tarde en casa .. . .. .
El buen cura tosió, como si le hubiese subido un golpe de sangre á la garganta; irguió su talle, movió rápidamente el entrecejo, y
me miró con escrutadora é inquieta mirada.
-¿Qué hacía usted en los domingos anteriores?
-Me instalaba, sciior cura. 1\Ie familiarizaba con mis ocupaciones. Además, hacía demasiado frío para aventurarse afuera, cle~pués
de puesto el sol.. .... Mientras que ahora ......
Aspiré úvidamente la brisa.... Mis impresiones se desbordr.ron.
- ...... Ahora, señor cura...... , llega la primavera· la nieve se ha
fundido, entre el ramaje se estremecen los retoños. '
Mi rostro ha de haberse encendido, mis pies impacientes holla-

***

EL C.&amp;M:INO.

SU MOTOR fun-

ES EL MEJC,R VERTCULO

ciona suavemente,
sin trepidación y
responde á 1a ma- .....,,""",.........,
no que le di1 ige.
No vibra ni ha- ,,......,.-._
ce ruido, anda tan
suavemente como
, es posible, viajade l 0 á25millas
por bo1·a, ~i,.~ cual fuet·e la n_aLUraleza del camino, pues anda en
peores lo nnsmo que en los mejores.

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. . . . LIIIUILIIIANT'NAN . .FIIIIAII UTA ftaM
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SAINT-RAPHAEL, ·

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*• ., ......

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mienda á las personas de edad, i las mujeres, jóvenes y á los niños.

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de llamarse así, el solo que es legítimo y de que se hace mención en el
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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