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:/JI
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trech amiento s de l a misma, empleando procedi mientos rápidos y
;,,
ec onomizando a l enfermo salud y tiempo.
1»
E n las e nfer medades de la Próst11.ta, emple amos el Procedimiento
°;/i
I tali ano, con las últimas r eformas que han sido hechas en los Es.l)J
tados U nidos po r un renombrado especialista.
j_l¡
L a s enfe r medades p or el agotamiento prematm·o son tratadas con ";/i
éxito e nteramente satisfactorio. Las enferme dades secretas las tra_l)J
tamos po r los p rocedimientos más modem os que en la actuaiidad
)
se usan en Europa. Las hernias son curadas sin o peración sangran~
te y sin ptlligro para el enfermo, si guiendo, cuando conviene, el mé?
todo Esclerógeno ó método francés. La Sítilis es tratada eu sus di- }
versas manifestaci ones; figurando en nuestra estadística más de
:/JI
1~,ooo casos curados con éxito, poP nuestr o procedimi ento. La Va- :/JI
ricoce1e es curada r adicalmente por un procedimiento propio del Dr.
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P reciado.
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Se m and a r án g r atis, á quien los pida remitiendo un timbre de á 10 ?.ll
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AÑO IX. --TOMO II.--NÚM. 3.

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eminentemente curativos que contiene:

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tropical, tan OOII1Ún en nue,tros países, de enfermos de la mé- ~
dula espin-3.l ó atacarloo de par álisis ó rebla.ndecimiem,to senil. , :
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MUNDO ILUSTRADO

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DE JESÚS F. CONTRERAS
EN SU ESTUDIO
PARA ADIESTRAR LA MANO

IZQUIERDA

. &lt;

Y -l

�Domingo 20 de Julio de 1902.

TRISTEZA DE OTOÑO.
Varios amigos íntimos nos reunimos aquella noche en casa de María Suberseaux, que
celebraba su cumpleailoR.
Antes de las diez la conversación fué languideciendo por momentos; y entonceR ¡¡faría
se sentó al piano y tocó-corno sólo ella sabe
hacerlo-una romanza deliciosa que nos impresionó hondamente.
-Nada causa en mi ánimo tan extraüa
emoción como esa melancolía dulce y lúnguida de ciertas músicas, qu~ parece vasar, 3;un
después de muerto el ~~mdo, en loma~ !'econclito de nuestro ser, chJO una de las Jovenri;
allí presentes.
. .
Aquellas simples palabras lucieron en nosotros el efecto de una sugestión. 01 vi dando el
carácter de la velada familiar, cada cual habló de la hora de mayor tristeza por que había
pasado su espíritu, y de la m~sica &lt;1ue mús
perdurabl~mente hab~a logrado rn;ipres10narle.
Las muJ~res exp~s1eron las mas . rar~s. teorías los mas complicados caF0S ps1colog1cos.
Luego les tocó su ~ez {dos hom?res. Toclo:hicimos alguna sencilla confidencia, e\'ocando recuerdos lejanos.
Sólo Armando N:l&lt;'"'*- hermoso muchacho
de ojos luminosos y m,anos ducales, . ;1dorad?
secretamente por Mar1a-permanec10 en silencio como abstraído en un sueño de amargura. '
.
.
Viendo que todas las miradas se fiJaban en
él, comprendió que había llegado su turno y
dijo lo siguiente:
-Paseábame con la bella Isabel Stévenson
en una tarde del último otof10, á la orilla del
mar.
La había conocido en los primeros días de
mi llegada al puerto, y simpatizamos de, tal
modo, que poco tiempo d~spués no~ tratitbamos como si fuéramos antiguos amigos.
Ella habitaba un pequefio pabellón construído sobre las rocas, y en la_ hora de las mareas las olas lleoaban á depositar sus espumas
en el muro de piedra del corredor, pintado de
un azul claro y adornado con una colección
de acuarelas marinas.
Allí pasé horas inolvidables al lado de
aquella mujer encantadora, alrededor de la
cual parecía flota.r un velo de poesía y de misterio.
Vestía siempre de negro y era delicioso el
contraste del color de su traje con el de su
rostro su cuello y sus manos, de una blancura de;lumbradora. Su cabellera, de admirables matiees, caía graciosamente sobre sus
bom bros como una cascada de oro.
Era delgada y esbelta y podría tener veintiséis años. Creo que quien la viera una_ v_ez,
no podría olvidar jamá~ ~quella figura_~mna
de grandes ojos mela~colicos, qu~ ~~nc1aban
·los espíritus con una mtensa caricia 11npalpable. De mí sé decir que su mirada me hacía
el efecto de un beso dulce y terrible, dado en
mi mismo corazón por los labios ardientes de
una mujer querida.
.
.
De su vida no sabía smo que era mglesa,
que viajaba con su madre-una señora fi:U~ y
elegante, de cabellos blancos--y que partman
en el primer trasatlántico que llegara á aquel
puerto, que les habí~ gustado por su aspecto
pintoresco, por su clima y, sobre todo, por la
serenidad de sus noches, cuya calma sólo turbaba el sonoro clamor de las olas.
Aquella tarde. una inquietud sin nombre,
un hondo desconsuelo, se habían apoderado
de mí, sintiendo bajo mi brazo el suave cal&lt;?r
del brazo de mi amiga, que muy pronto, quizá dentro tle algunas horas, dejaría de ver para siempre.
.
.
Ella miraba el horizonte, poblado hacia P.l
sur de enormes nubarrones cenicientos; miraba la movible llanura del mar y el fulgor amarillo del ocaso con una eA.l_)resión desolada; y
envueltos en una como neblina de ensueño,
ebrios de emoción y de angustia, caminábamos como sonámbulos por la ancha playa solitaria, sobre la qu~ parecía descender de los
cielos azules una tristeza profunda. Nuestros
espíritus, impregnados de la doliente poesía

EL MUNDO ILUSTRADO
que había tradu~ido en músíca poética!_ !Cuánto debió trabajar en afinarlo, tesar y estuar sus
cuerdas basta hacerlas vibrar al fin con dulce
gemido!. .. Debió reconocer entonces la posibilidad de realizarlo todo en el mundo, menos
regir el pensamiento humano por la razón abstracta· allí donde esta razón no encuentra un
homb;e sano y equilibrado en quien germinar
y abrirse en flor, muere por no someterse á
la tiranía. El poeta egoísta, de acuerdo con sus
planes podrá hacer mover polichinelas, pero
no cre~r Yerdaderos Reres llenos de vida con
procedimientos mecánicos.
De aquella escena en que Goethe quiso crear
hombres fué arrojado al fí n por un"pudel&gt;,( 1),
ejemplo que hará meditar á todo rl que trate
ele ejercer desde ani ha u na autoridad artificial.
Allí doncle un (-loethc había fraeasatlo, fraea:-aban los clemús, por ser e~to de buen tono:
los poetas siguieron aún compon_iendo pie~as,
pero ya no para repres,_entarlas, srno p~ra 1111primirla,; i;olamente. bnto1H·eH aparec10 aquel
engendro monstruoc;o, inaudito: «¡ Dramas escritos para la lectura muda!"
En su "Wílhelm ¡¡Jfister," noctlw proce&lt;li6 .
como artista puro, al qur hasta el poeta niega
RU concurso para inventar un deRenlace consolado de la acción; rn sus \\'ahlverwandtschaften,,, el poeta, lírico y elegíaco se manifies0, como vidente ele a mas, :1unquc no como vidente de criaturas animadas.
Pero lo que Cervantes hahía percibido en
sus pesonajes "Don Quijote y Sancho Panza,»
se revel6 á la mirada universal y profunda de
( loethe, bajo la forma de :F'.w.sto y i\1e~st6feles; estos personajes perc1b1tlos partí_cularmente por él, acompañaron luego al artista en
sus investigaciones, como el enigma buscado
de un inefable sueño poético, en_igma del 9ue
Gocthe, por un esfuerzo muy poco artístico,
pero sincero eü absoluto, creyó haberse hecho
duefio en un «Drama» impoRible.
Para libr:n al mundo ele la maldición que
per-:a sobre fl, ~e deben buscar ejemplos efect\vos de estudios serios donde encontrar la pos1hi lidad de la salucl. Debemvs buscar los caminos que la na,turale;:a misma, con solicitud de
tierna y cuidadosa madre, ha trazado, adelantándose á nosnt ros para nuestro povecho. Este fné el objeto de las investigaciones de Goethe, y esto es lo que hizo de PI un ejemplo tan
consolador, tan confortante para nosotros. ~
hecho de que su Fausto, viejo y caduco, se viera precisado á recurrir al diablo pa1:a _Preparar
un refugio i't la libre y hurn_ana act1 V1dad, . ~o
nos permte, en verdad, considerar esta creac1on
como el definitivo asilo de los seres puros; pero por este solo hecho el alma del culpable lué
arrebatada á ese diablo, porque un alma celestial adoraba al infatigable trabajador.
.
El poeta hubo ~e h_uscar tambié~ c~n am•
mo sereno en los rnstmtos de asocrnc10n humana aquella tendencia conser~adora de formación descubierb1 en el trabaJO de la naturaleza. Así lo V(;mos claramente en las citas Y,
consideracio~es sacadas de un «\Vanderjahse•
por Henri de Stein · no puede dejar de re
nocer que Goethe s~ pre.:&gt;cupó vivamente co
FROILÁN TURCIOS.
tal pensamiento: la posibil~dad de fundaru
sociedad nueva sobre una tierra nueva. Con s
~·ecto sentido llegó á reconocer que no se I
esperar una gran cosa de una sencilla emigra-.
ción, si no era precedida, dentro del terrufi;,
materno de la vieja patria, por un convenCl
miento fundado en la educación intelectual 1'
Xo sé dónde dijo Goethe que en toda rn vimoral; y desde el puIJto de vista precisameJ?
da á pesar de ser fecunda en acontecimientos,
te de esta educación, intentó presentarn?~ ti·
no' había experimentado más que cuatro sepos ejemplares de sugestionadora expres1on.
manas de pura felicidad. En cuanto á los años
Rica.rdo WAGNER.
de mayor desgracia, no ~es concede especial
mención· los conocemos sm embargo. Fueron
[1] •·Pudel"'1 que en alemán quiere decir" gosq,ueoillJ":;.
1
aquellos 'en que trat6 de adaptar á su uso un
rro de lanae," significa taml?iéo hyerro, fracaso. Alu e
instrumento desafinado y maltrecho. 8u poeste juego de palabra e al pumer Fausto.
deroso espíritu aspiraba á librarse de la soledad silenciosa de la composición literaria por
la obra tle arte viril y sonora. ¿Qué mejor y
más segura mirada que la suya para abarcar
la vida y conocerla? Y una vez poseído de la
verdad, aquella verdad observada, pintada y
descrita por él, ¿qué más natural que el de~eo
de hacerla oír en ese instrumento? ¡Oh Dios
mío! ¡Cómo resonarían en sus oídos, desfiguradas y desconocidas, aquelliis concepciones

de la tarde sufrían un dolor intenso, y nuestros labios guardaban un silencio desesperado, en el que toda palabra, hasta la más leve,
hubiera sido inoportuna.
.
Caminamos así durante algunos mmutos,
mudos y trémulos, fr.,nte al mar infinito. Yo
aspiraba el tenue perfume que se exhalaba de
los cabellos, del seno, tle to&lt;lo el cuerpo de
aquella dulce criatma. Aro11;a sut~l. que me
embriagaba, que me enloquecrn, sugrnén?ome
una visión inaudita de belleza y de gracia ultraterrestrrs.
-¿.No habéiR amado nunca?-le pregu?té
de improYiso, casi instintivamente, 1mpe~1do
por una extraña fuerm interior, por un ardiente dei:,eo de conocer el misterio que rodeaba su
existencia.
]Wa me miró un instante, y ví en sus pupilas una luz nueva. DeRpuéR, (·on una bella,
Ronrisa en los labios hanuoniosos, dijo sencillm11ente.
-Sí. He amado mucho, una sola vez. Es
una antioua historia de mi primera juventud.
lTna leye~da de sangre y de lágri,nas. El mu;
rió trúgicamente, lamentablemente: he aqm
todo. Y o he jurado ser fiel á ¡;u memoria .1:
llevar, durante mi Yitla, en mi alma y en nn
traje, el luto de su amor.
.
l\lientras ella hablaba, sentía yo como s1 una
mano de hierro apretara mi corazón, como si
mi espíritu se llenara de lágrimas de flwgo.
Guardamos de nuevo u11 i;ilencio que entonces me pareció solemne ............ .. ........ ..
Un grito ronco y lejano, que_ venía de al~ú,
de las inmensas soledades marmas, nos lnzo
estremecer.
-Es el trasatlúntico-dije yo mirando en
el claro horizonte del ocaso, casi Ít flor de
agua, una pequeña columna de humo.
La hermosa joven me mirú un segundo,
muy pálida.........
.
.
Y contiuuarnos nncstro paseo, 111consc1entes, taciturnos, bajo l:t anguRtia de un silencio mortuorio ........ .
Llegaba á nosotros, de las últimas casas del
puerto el lánguido sollozo ele una guitarra, á
la que 'se unía una voz de mujer que cantaba
una balada melanc6lica, una de esas banales
canciones de un sentimiento tan vivo, que
nos hace sufrir, sufrir sin causa ó gozar con
un goce doloroso ....... ..
Aquella música lejana, en la agonía del_crepúsculo, bajo el cielo sereno, ~n el que brillaban, como flores de luz, las primeras estrellas;
el monótono ru1110T de las olas; el vuelo de las
aves marinas; el cúlido soplo de las brisas
errabundas· todo mezclado, compenetrado,
confundido' con una desolación íntima y suprema llegaron á producir en mí una tristeza des~sperada, honda, infinita;. una tristeza
ante la cual eran pequeños el cielo y el mar;
una tristeza tan inconsoln;ble, J-:an profunda,
tail extrahumana, que crei moru .............. ..
Morir allí con la postrera luz de la tarde, con
las mano; sobre el corazói1, con los ojos llenos
de lágrimas, con los labios sellados por un silencio terrible, más grande que la Muerte ......

GOETHE

======== = = == == = ====.,;;E~L;;,,;;MUN~;,;,;;;;D,,;;O;.,,;;IL;;;U,;;,,;;S,;T~RAD~~O~-=""

Domingo 20 de Julio de 1902.
- - =============

clesús

c7.

'8onfreras.

Cuando del seno de una raza como la nueRtra? ardiente, pero voluble; pasional, pero H'l'sátil ; generosa, pero inconstante; lúcida, pero
perezos~, surge un hombre á la vez inspirado
y enérgico, talc•ntoso y pujante, síntesis admir~ble ~e cerebro, c~rar.6n y músculos, de intehgencrn clara, Rentunientos nobles v voluntad
indómita, los amantes de la ciencia los entuRiastas del ª!-te, los adoradores de la' patria deben descubrir sus frentes en ¡.:efial de admin1ción_ y mirarlo corno un hijo privilegiado del
destmo.
La naturaleza humana cornpleJ·a.,,. múlti'
p 1e a' pesar d e su aparente
unidad,·' sólo se
acerca á la perfección por la armonía de Rus
facultades y la proporciún de sus diversas al'tividades. En el orden mental las potencia!:fundamentales son la inteliorncia el sentirnie::to v la vol untad
"'
'
E l talento solo, po;. grande que él sea 8ill
la nobleza del sentimiento, es antes pernicioso que benéfico, y odioso que estimable; y sin
1~ energía de la Yol untatl, es infeeu ndo y est(,.
n i. Los hombreR eminentes rn cienl'ia en arte, en políti?-'1.; los que han dejado tr;s ele RÍ
huellas lummosas en la historia los verdadl'ros benefactores ele la humanid~d, han sido {t
la ,:ez l~cidos, b~enos y enérgicos,y no puede
aspirar a constrmr monumentos duraderos y
ohras inm?rtales quien,á la vez que intelige11te,. no se siente noble y grande por el senti1mento, y pujante y poderoso por la voluntad.
I:?s sentimentales sin pujanza, son estérile~
plamderas,. capaces de grmir y llorar, de anhelar y aspirar; pero son los eternos vencidos
por la adversidad y las eternas víctimas en la
lucha por la
Sal_vo tal cual chispazo tk
talento, que b~1lla un rnRtante para extinguirse luego, su vida es oscura su oloria incier•··
· son' fanales,sonluciérº
=, su o braef'uuera. ?\o
1~agas; no son l_uchadores, son convulsionanos; no son ágmlas, son mariposas.
Los hombres pujantes sin sentimentaliF:mo,
S?,n, por lo común, grandes per\'ersos; la p1es1on de la voluntad los empuja á una acción
desbordante que el ideal no orienta, que el
amor no entauza, que la generosidad no atempera. ~on huracanes, aludes cataratas rau
~os y destructores, impetuos~s y arras~ntes.
Toman por asalto á la humanidad, se desbordan sobre las sociedades como los bárbaros
sobre Roma, y dejan en la tierra que pisan
huellas de sangre, en el camino que recorren
am ontonamientos de ruinas, y en la memori~
de los hombres, repugnancia y odio.
f &lt;? así los ~ere~ completos, acabados y arm om co~; é~~os t1en~n una brújula, el ideal;
una aspirac1on, el bu:m; un itinerario y un fanal, su ciencia y su inteligencia, y un· propulsor poderoso, su voluntad. ~on á la vez ala y
palan~; . e:ilor y luz; fecundos y prolíficos,
crean, 11:1c1an, reforman, regeneran y dejan
en la ciencia, principios; en el arte model~s; en la legislación, códigos; en la s~ciedad
';rtu?es; en la industria, mejoras; en la con~
c1enc1a, derechos;
, d en la política, libertades, J"
en e1 corazon e la posteridad, gratitud y
amor.
.
E n el dominio del arte, Jesús F. Contreras
fué uno de esos hombres privilegiados curn
m en!-3,lidad descansó sobre la trípode 'i11conmov1ble del talento, del sentimiento y de la
V&lt;?luntad. Luchador infatigable, nacido en humilde cuna, supo, á fuerza de eneroía de
;onstancia, de trabajo y de estudio :1e~arse
a una po_sición envidiable,y llegó á ~cuparlugar predilecto en el corazón de cuantos lo con oe1eron, en el mundo del arte y en la sociedad.
·

vi?ª·

E sta primera e~pa ~e su epopeya, sus combates c~mtra la m1sena y la ignorancia; sus
an&amp;ustias frente al múrmol rc,helde i't las evocaciones de su ideal; sus luchas utópicas cont~a el bronce candente y destructor que en
c~erta ocasión estuvo á punto de devorarle los
p1~s; esa lenta ascensión al Tabor por un cammo de Calvario, sus días sin pan, sus no-

ESCU L TOR JESUS F CONT RERAS, ·¡· el 12 del actual.

ches sin fuego, las crueles nostalgias de nue:-tro sol y de nuestro cielo en la boardilla extranjera y helada y en el taller brumoso, todos es_os dolores, todas esas miserias son poco
conocidas; pero sus íntimos Rupieron toda su
crueldad.
Xada pudo abatirlo; saltó obi:;tácmlos sorteó escollos, libr6 combates y alcanzó Yict~rias.
El d_e sheredado llegó al bieue,;tar, el aprendi½
se l11zo maestro,_ el artista surgi6 y se impuso,
y ante él ~e abneron todos los horizontes y para él sonrieron todas las esperanzas.
. En la cúspicl~ lo acechaba, tosca y despiadada, la fatalidad, y tras sufrimientos prolongados y crueles, perdió el brazo derecho
qu~ tan vigorosamente empuiiaba y esgrimí~
el cmcel.
. El _gladiador quedó inerme, el inspirado art1sJ-:a,11npotente;y otra vez los buitres de la misena y los buhos habitantes de las noches negras aletearon sobre su frente, amenazándolo
con el olvido y la mendicidad.
El atleta, tlesconcertado un punto recobr6
,
h'
'
t o .sus
µron
.
, . encrgias, re izo su educación , se
1mprov1so 111strume11tos de trabajo, se puso {t
la obra, y el vencido de la víspera alcamó la
más estupenda de las victorias con esa obra
p~o_digiosa que _él llamó "::\Ialgré tout!,,,símbolo
viviente y palpitante de su vida de luchas •·
'?-cto~·ias,y ejemplo inmortal para todos los pu's1lánnnes y para todos los descorazonados.

El tle:-:tino no podía perdonarle aquel 'triunfo y ú pc¡co se eel,ó en él cruelmente: lo maniató con la parálisis· lo aniquiló con el dolor·
~e robó hasta la palaÍn·a y lo empujó rahios~
a la tumba creyendo que iba á hundirlo en el
olvido.
«l\Ialgré tout!" ~1:,e es el grito de los hombres
fuertes; ése el lema de las voluntades pujant~s. «lllalgré tout!" sí, á pesar de todo! Con ese
signo se Yence hasta la muPrte misma. Con
«)Ialgré tout!" Contreras ha conquistado la inmortalidad.

Na_da más á ciertos genios es permitido tener ciert.::&gt;s defectos.-Yíc'rOR Ht:Go.

*

. ::\Iuchos artistas creen demasiado en su gen;o y no bastante en el trabajo.-Juuo BRETo:x.

*

Se comienza por hacer arte se acaba por
hacer obra.-F, BRUNE'l'IERE. '

�EL MUNDO !TJUSTRADO

Domingo 20 de Julio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
su tribuna improvisada. ~na inmensa ~clamación respotide á este ardiente l~amamiento y
en un instante los árboles del Jardín qued_an
despojados de sus hojas, con las cuales los ciudadanos se hacen escarapelas.,,

-:-.. ,··......::? ;,.,:~··

.

'

La. tragedia comenzó,, á parti~ de esta pri mera explosión. Todo Pans se agita y se revue~ve como un mar proceloso, y el Trono experimenta una gran t repidación; de hecho e:staba
ya derribado. Al pueblo se unen algu~os destacamentos de los guardias franceses y se recorren las calles paseando el busto de Nécker; en el jardín de las

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JESU S CONTRERAS EN SU LE CH O DE MUERTE

14 DE JULIO
Camilo Desmoul1ns.
Camilo Desmoulíns era un desconocido que
entró á la Historia de un solo paso.
En los momentos en que, á moción de Mirabeau la Asamblea Nacional, fuerte y terrible de;de 'el solemne juramento del ce.Juego de
la Pelota.i&gt;, pidió á Luis XVI el retiro de París de los veinte regimientos extranjeros pagados por la Corona, y el Monare;a ~espondió con
la destitución de Nécker, el mmistro popular,
París era como una nube demasiado preñada
que d~bía descargarse muy pronto. El hambre
conturbaba todas las inteligencias, el odio convertía cada pecho en una fragua ardiente, la
desesperación hacía vibrar todas la~ 3:lma~. La
noticia de la salida de Nécker del mm1'lter10 de
las finanzas, cayó sob_re ese París,, ei: el cual
la vieja Francia se ag1ta_ba en sus ultimas ?Onvulsiones como una chispa sobre un barnl de
pólvora. El Palacio Real, especie de cuartel general de la Revolución, presentaba aquel día
memorable, el 12 de Julio de 1789, una fisonomía formidable.
He aquí cómo describe un historiador la entrada del jóven colegial:
«En aquel momento el día estaba en su media carrera. Entraba la canícula; un Sol ardiente &lt;lardeaba sus fuegos sobre las planchas
del gran monumento real. Rt•pentinam~n~,
un rayo hiere &lt;:l espejo colocado en el meridiano del jardín y prende fuego al pequeño cañón diversión habitual de los paseantes. Esto
fué ~omo una sefial. Un j6ven que no era para
la multitud más que un desconocido, pero á
quien la Historia llamará _c~n el nombre de Camilo Desmoulíns, se prec1 pita del café de Foy,
sube á una mesa con el vigor y la agilidad de
sus veinte años y pronuncia una arenga inflamada.
- «Ciudadanos! No hay un momento que
perder. Yo llego de Versailles, Nécker ha sido
destituído ... esta caída es el toque á rebato de
una San Bartolomé de los patriotas. Esta noche todos los batallones suizos y alemanes salarán del Campo de Marte para aniquilarnos.

( Apunt e

'fullerías una carga de dragones acomete sobre ellos derribando á algunos, y con esto la
indignación llega al colmo.
Camilo Desrnoulíns, que aún llevaba en la
ropa el polvo de las bancas del co~egio donde
acabara de disertar sobre los discursos ~e
Cicerón y las arengas de Demóstenes, solo, ~;n
mús apoyo que su entusiasmo y ~u gran J?asion
por la Libertad, lanz~ndo el pnmer g~1to de
"'uerra desafiaba las iras de la riionarqma Y de
los re);es, cosa que la misma_ A~a~blea, Nacio11al no se atreYió á hacer, m s1qmera a sostener leO'itimando el movimiento con su autorización~ Tampoco hacía falta.. El pueblo_obr~ba por sí y ante sí; con una soberana rnt mción comprendía que su salud est:a,ba en la guerra y ú ellfl. se lanzaba en un vért1go saludable.
·
Treinta mil hombres re-::--,..._
sueltos armados con fusiles en~ontra&lt;los entre la
paja de un hotel, lo más
florido de la burguesía,
de la juventud y de la c~ase obrera, la flor de la ciudad caminaban dos días
después hacia ~a :13astilla
como una ola fervida, P'.1·
ra ahogarla en su propui.
sangre y demolería entre
sus brazós
La prisión de las ocho
torres estaba preparada
para la defensa con muchos días deant1cipación:
un batallón
de suizos, la
guardia de
los inválidos, municiones, cafiones, víveres,
pólvora en cantidad suficiente fpara volar medio
París, y una muralla de
nueve pies de ,'spesor, reforzada con parrillas de
Album de Contreras.
hierro, hat:fan de este edificio la má~ formidable
ciudadela. Con todo, no resistió más que cinco hc,rflR de combate para quedar reducida á escombros.

Xo nos queda más recurso que correr á las armas y tomar «cocardes» (escarapelas) para reconocernos... Qué color elegís? El verde, que
es el color de la esperanza, ó el azul ~e los Cincinatos, color de la libertad de América y de la
democracia?
((-El verde.... ! El verde... !, grita la multitud, y entonces el jóYen, que ya no tartamudea
ni vacila al hablar, responde con voz clara y
vibrante :
"- Amigos! La señal ha ~i~o dada. Veo ~esde aquí á los espías y sateh~s de la policía
que en estos momentos me miran de frente ... ;
pero no caeré vi~o ~n sus manos. Que todos los
ciudadanos me imiten!»
«Y acto continuo agita dos pistola!", pone
una cinta yerde á su sombrero y desciende de

I

I

de Villasana.)

¿Por qué?, han preguntado los escépticos;
qué significación podía tener para el pueblo la
Bastilla, que era como la prisión de los patricios? ¿Por qué se dirigieron á éBta en vez de dirigirse á Yincetres, que era la prisión de los
pobres·?
Era un acto rle alta justicia. La Rastilla tenía algo de fatídico que la hacía un símbolo
de t"'rror ~' de crueldad inaudita; era la opresión en su forma más desesperante, en su último refinamiento de dolor llevarlo hasta lo inconcebible, más allá de toda resistencia humana. rn prisionero ei"cribía á una dama de honor de María Antonieta: «Hoy, señora, hace
cien mil horas que sufro ... !» Sin embargo, no
imaginaba que le faltaban doscientas mil más.
Entre los siete prisioneros que encontró el poeblo en los calabozos, á seis metros bajo el nivel del suelo, donde la humedad apenas permitía reRpirar, ó en lo alto rle las torres, donde
el frío del invierno ara álgido, dos estaban locos y uno de ellos, cuya barba estaba tan
crecida que le llegaba hasta la cintma, creía
vivir aún bajo el reinado de Luis XY y decía
llamarse «el mayor de la inrr.ensidad». Otro
exclamaba: «Durante los siete afi.os que permanecí encerrado por delitos que jamás llegué á
saber, en la bella estación no tenía suficiente
aire; para calentar mi cámara glacial, se me daban maderos sacados del agua; bebía, ó mejor
dicho, se me envenenaba con agua pestilente
y corrompida; mis alimentos no los habrían comido los perros más hambrientos.. . !»
La destrución de la Bastilla tenía, pues, una
significación grandiosa, humanitaria, para
aquellos bravos campeones de la Revolución.
Por esto la noticia fué recibida con gran regocijo, aun en las clases aristocráticas de pueblos
de tan diYersa índole como el inglés y el ruso.
La Francia libre nació el 14 de julio de
-1789, y con ella la libertad política del pensamiento, del hombre y del pueblo. La obra de
Voltaire se había consumado. En señal de ello
sobre el mismo lugar en que eRtaba la orgullo~
sa prisión de Estado, los republicanos levanta-

ron esa esbelta columna de bronce·en·cm·a cima el Genio de la Libertad parece comÓ que
quiere atraer bajo sus alas doradas á todos los
pueblos que sufren.

***

Pero... ¿.y Camilo Desmoulírn,?
.\h! el gran patriota, la figura más simpática rle la Revolución, después de combatir al
lado de l\lirabeau y de Robespierre, cuando
apenas comenzaba á 8entirse embriagado con
las primeras sonrüms de la gloria, fué, un día,
el 31 de mario de 1794, detenido con Dantón
y enviado con él, su último maestro, al cadalso seis días después. Alma sensible, casi femenina, amaba la vida porque comenzaba á encontrarla bella al lado de su idolatrada Lucíle y de sus hijos.
Al ser conducido en la carreta al patíbulo,
arengaba con desesperación al pueblo:
-Por qué consientes que maten á tus amigos; reconócemel Quién te llevó á la Bastilla?
Quién te condujo á la re,·olución?... Quién te
dió las «cocardes" en el jardín del Palacio
Real. .. ? Soy yo, tu amigo, Camilo Desmoulíns. ..
Funesta amistad... !
Isl\I..\EL MAGAXA.

EL CRISTO.
Conozco á los hombres, y digo que J eólÚs no
es horn bre. Los espíritus superficiales ven una
semejanza entre el Cristo y los fundadores de
imperios, los conquistadores v los dioses de las
demás religiones; pero esta semejanza no existe, porque entre el cristianismo y cualquiera
otra rel igión, media la distancia de lo infinito. ..
Todo _en Jesús me asombra: Ru espíritu me
!'lObrepuJa y su vol~;1tad me confunde; no hay
punto de comparacwn entre El y cualquiera

Domingo 20 de Julio de 1902.
otro en el mundo, pues es un ser aparte. Su
nacimiento, su vida, su muerte, la singularidad de su dogma, que supera la sima de las
profundidades y es su más admirable solución;
la singularidad de este ser misterioso, su imperio, su marcha al través de los siglos y los reinos; todo es para mí un prodigio, no sé qué
misterio insondable que me abisma en una meditación de que no puedo salir, müiterio que
está ante mis ojos, que no lo puedo negar y que
tampoco puedo explicar. En esto no Yco nada
del hombre... Finalmente, y éste es mi último
argumento: no hay Dios en el Cielo si un
hombre ha podido concebir, ejecutar con todo
éxito el gigantesco designio de arrebatar para
sí el culto supremo usurpando el nombre de
Dios Jesús es el único que se ha atrevido á
hacerlo, el único que haya dicho claramente y
afirmado sin perturbarse él mismo de sí propio: ce Yo soy Dios;» lo cual es bien diferente de
esta afirmación: ,eYo soy un Dios»... ¿Cómo,
pués, un judío cuya existencia está más averiguada que todas las de la época en que vivió
siendo sólo el hijo de un carpintero, se hizo pa~
sar desde luego como Dios mismo, como el ser
por excelencia, como el creador de todos los sere~? ¿Y se arroga toda clase de adoraciones, y
edifica su culto con sus manos, no de piedras
sino de hombres?. .. ¿Y cómo por un prodigi¿
que sobrepuja á todo prodigio, quiere el amor
de los hom_bres, es decir, lo más difícil de alcanzar en este mundo, y lo consigue al momento? De todo esto deduzco yo su divinidad. Alejandro, César y Aníbal fracasaron en esta empresa; conqu_istaron el mundo y no llegaron á
tener un amigo.
El Cristo habla, v en lo sucesivo las generaciones le perteneceñ ... Todos los que creen en
El, sien~en ese amor cuya fuerza no puede gastarse, m cuya duración puede limitar el tiempo, ese gran destructor. Yo, Napoleón soy
quien más lo admira, porque he pensado en
esto muchas veces, y es lo que me prueba absolutamente la Divinidad del Cristo.
NAPOLEÓN

BONAPARTE.

dosé cJJ(arla c1loa dlárcena.
. Nos_consagramos hoy al escritor notable y erudito historiador
Jalapeno D. José María Roa Bárcena, á quien la crítica ha juzgado ya y c?locado en el alto puesto á que se ha hecho acreedor
por sus escritos.
S~p~uagenario en l:i, actualidad, el señor Roa es uno de esos
ar:cianos altamente simpáticos, á quieues se les escucha con deleite y se les trata con veneración.
.!ecunda ha sido su labor literaria, y como dice uno de sus
biografos, en todas las obraR que el señor Roa ha dado á luz se
nota una_tendencja decidida á favorecer el desarrollo de las' letras mex1ca~as, a _serles útil cultivando diversos géneros que
pueden serv1r de eJemplo y de enseJi.anza.
. Con cleci~ida vocación ~ara_ las letras, las cultivó desde muy
Joven, pubh?3-ndo sus escntos en varios periódicos vera.cruzanos
Y en «El Umversali&gt;, «T_.a Cruz», ceEl Eco Xacional&gt;, y «La Sociedad», estos últimos de México.
, Su primer tomo de poeRías líricas fué publicado en 1858, y en
este, así como ~n sus «Leyendas» en verso, y en sus «Cuentos y
N~ve\as», desc~be con ~xactitud nuestras costumbres. nuestros
paisaJes y los diversos tipos de nuestra sociedad.
·
, El a~1o de 1860 pub!icó un c,~atecismo elemental de Geografia l!mversal», y tres anos despues su ceCatecismo de Historia. de
:\íéx1co» y sus «_L~yemlas ~Iexicanas«, en verso, que contienen
numerosa~ tra:11m01~es. cuadros y descripciones ele sucesos de
nuestra historia antigua.
Desde es~s ~ínei~i. em·iamos nue,;tro reRpetuoRo saludo al viejo
maeRtr? y_d1st1~g~u?o amdémico, cuyas ccLeyendas« han merecido el, sigmente ¡mc10 del notable literato español D. l\Iarcelin0
:\Ienendez y Pelayo:
ce .... -.... •·. Las ~e!1J:(O por las mejores. En las de asunto azteca
no hay men_o~ fac1h~ad y_ gracia narrativa, y hay, acaso, m{u;
~oesía de estilo y mas lu¡o y pompa en las descripciones· ero
tie:1~n algo de E.)x6tico é interesan menos, á lo cual cont;i6u e
qmz,t la rare~~ y áspera est1:u?tura ele los nombres indígenas ~a
falta de relac1on de las_trad1ciones y creencias de aquellos :eblos con to?o lo 9ue vmo después de la conquista. De dond~ resulta que s!endo 1g~al en unos y otros asuntos la habilidad d l
poet y qu~zá super~or ~n lo más difícil, es poesía menos hum!1:ª a ~e caracter ~n~10, a no ser_ en «La Princesa Papantzin» que
tiene cierta grand1os1dad profética.»
'

�Domingo 20 de Julio de 1902.

EL :MUNDO ILUSTRADO

Domingo 20 de Julio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

ea lluvia que por fin encharca el suelo;
besa el sol esos charcos
y hecho el llanto vapor asciende al cielo:
el vapor que a.si sube
llega aJ trono de Dios y se condensa
en pavorosa nube
que aprisiona en su seno
plegarlas, altiveces y desmayos,
extiende Dios la diestra, estalla el trueno,
la nube se abre, y de justicias lleno
desciende el Redentor envuelto en rayos!

18 DE JULIO.

finiversarío de la n¡uerfe del Eenemérifo Juárez
«La competencia 6 la libertad de
La gran obrn del ilustre Lic.
cultos depura la conducta social
Benito .Juárez, se agiganta en el
de los ministros del altar, eleva
corazón del pueblo á medida que
su
nivel intelectual y estimula su
los tiempo¡.¡ transcurren y el é\er
celo evangélico; en una palabra
moral ele la Nación Mexicana se
el régimen de la Ji bertad, en ]~
vigoriza, alimentándose con los
religión como en todo, no ofende
sabios principios que el Rdormani perjudica sino á los inhábiles
dor puso en el corazón de los buey perezosos, á los nociYos y conos ciudadanos, al cruzar como
rrompidos; y rsta es precisamenastro divino por los horizontes de
te la benéfica influencia de la Lila vida patria.
bertad en la obra de la civilizaAño por año concurre una leción humana. Y la I~leRia eR una
gión de ciudadanos al lugar en
inRtitución civilizadora, ó no tie&lt;JUe han quedado los reRtos del
ne razón de Rer.
Patricio, y conmemoran el 18 de
Julio, fecha negra en la historia
«Xo, las leyes de Reforma no
nacional. porque ese día la muerRon tiránicag, Rino redentoras ele
te ra~ró implacable sobre el amigo
la conciencia del hombre; sólo la
pr~dilecto (lt•l puehlo libre.
ignorancia fanática ó la mala fe
La manifeRtaciím efrduaela d
sectaria pueden proclamar lo condía ele antier fué solemne, grantrario.
diosa y conmorndora cual era juR«.Juárez es hijo del Partido Lito.
beral,
y ciertamente una de sus
Desde el ciudadano esc-larccido
glorias más puras y legítimas; pehasta el humilrle hijo del pueblo,
ro el Partido Liberal no le produfueron á cubrir con flores el lugar
jo para su uso exclrn;ivo, no. J uádonde reposa el il m,tre J uárez.
rez
pertenece á la Nación, y su
Desde la gr:m comitiva que f:e
obra para la Nación fué hecha.
organizó para que marchara de
Caben, pues, dentro de nuestras
laf: puertaf\ del Palacio ~acional
instituciones, con pleno derecho
al panteón de San Fernando, hasen lo religioso, todas las sectas,
ta el solemne momento en que
en lo político, todos los ideales.
el Primer Magistrado de la RepúSólo hay dos cosas intangibles en
blica fué á depo,-itar una corona
nuestra herencia: la Indepensobre la tumba del inl'igne comdencia de la Patria, como baf&lt;e
patriota, ·se sucedieron momentos
inconmovible de la vida naciode verdadera manifestación de panal, y la Reforma, como su amtriotismo.
biente vivificador, como su honComo notas salienteR, la crónira.
ca ha apuntado el notable cliscurRO que el Lic. Rosendo Pineda
«No hay, no puede haber ya
pronunció en el a.cto oficial.
un pueblo intolerante cuya indeNada menoR hubiera podido espendencia no esté destinadiL á peperarse de un orador de semejanrP.cer ó entre los horrores de la
te talla, de un verdadero «leadern
~uerra ó bajo la incontrastable indel Parlamento Xacional, que cofluencia del progreso. La Reforma,
~L LIC. PlNEDA PRONUNCIANDO SU BRH,LANTE DISCURSO.
muJga con las más sanas ideas del
puef', complementa y ampara la
liberalismo.
·
Independencia.
No resistimos á copiar algunas frases del
«Los extremistas de nuestra escuela murmulos ánimos, y ya podemos juzgar mejor de las
notable orador, que probarán la justicia con
cosas. La Iglesia bajo la Reforma vive mejor
ran recelosos por la suerte de la Reforma. ¿Por
que fué aplaudido:
para el cumplimiento de su misión cristiana
qué? ¿Porque el Gobierno de la República no
«Han pasado los tiempos, Re van Rerenando
que bajo el sistema del monopolio religioso.
se inspira en el espírit.u de la intolerar.cia y
de la persecución, característico de nuestro ·
enemigo tradicional? Pero eso sería declararnoR
vencidos, renegando ele la. virtud de nuestro
programa. ¿Con qué derecho habría entonces
vencido el Partido Liberal al Clericalismo?¿Y
con qué derecho conservaría en sus manos el
Gobierno ele la República•? Ko. El Gobierno
no puede ser intolerante, porque tiene que
amparar todas laR sectas, ni puede ser perseguidor, porque tiene que respetar todos los
derechos. La alta misión &lt;lel Gobierno consiste preciRamente en cohonestar, digamos la
palabra, en conciliar dentro de las instituciones todos los intereseR legítimos v todas las
aspiraciones sanas.. Por eso el Presidente de
la Repú~lica es conciliador, y ése será uno de
Rus glor10sos timbres en la historia. Xo; el
hombre que, joven, se lanzó á la vida pública
en las filaR de la Reforma, vertiendo su sang re por ella; el hombre que combatió con insuperable esfuerzo y con gloria insuperable
por la. Indepenrlencia, que· continúa con los
proceflirnientos de In Par., la ohra d~ .Juárez,
ese hombre, no es posible que comprometa los
destin°" de la Patria en vergonzoRas, cobardes
y estét'iles tram,accione:-.
·
«La Reforma eRtá asegurada en el sentimiento del pueblo, y sostenida en las manos del
( foliierno.
«Tengamos, pues, fe en el pon·enir )' eonfia.nz:~ en nuestra cansa ; y como el homenaje mfü.:
cltgno que podamos ofre&lt;'er á la. m emoria d1·
.Juárez, y como la. s uprema expresi6n ele todos nuestros anhelos patrióticos, sobre la tumLA UOMI'l'IV A EN L A A VENIDA JU ÁREZ ,
ba del Grande Hombre llamemos á la concor-

y

¡El choque fué terrible .... ! cuando a.l cabo
entre ruinas sangrientas y despojos
el vencedor se irguió; cuando 'IUS ojos
recorriendo los campos y la altura,
vieron en el confin del horizonte
los tintes indecisos de la aurora
después de aquella noche larga y frfa,
bendiciendo al destino. llenó su alma
de una suprema aspiración: el dfa;
de una indomable voluntad: la C'alma!
Y la paz y la luz al cabo fueron:
vió el arca derrumbarse el alto muro
que encerraba la tierra prometida;
y aquella pobre raza desvalida,
engeñdrada quizá.s por la mirada
despreciativa y seca,
que lanzó en la tortura

'·

dia y al olvido de nuestraR desgracias y rencores á todos los que con nosotros comparten
el nombre de hijos de México. Así y s61o así
consolidaremos la Paz y el imperio ·sereno y
jnsto de la Repúhlica. »

....

El aplaudido po~ta J mié Peón del Yalle pronunció una hermosa composición con trozos
tan brillantes como éste:
Aquellos fueron sfmbolos má.s que hombres:
Hostias por el destino consagradas,
carne y sangre de un pueblo,
en el altar augusto de un calvario,
Dios elevó aquel pan á. lo infinito
del asombrado mundo ante los ojos,
y el sacrificio resultó una gloria;
porque un esclavo comulgó de hinojos
y se Irguió sin cadenas una historia!
Lenta y oculta; acaso basta ignorada
por ellos mismos, germinó la idea:
toda revelación es imprevista,
surge á. la luz de pronto,
mas se elabora ttmida y despacio;
hasta que llega Abril, el campo ignora
que son las flores sus mejores galas,
y el á.guila no sabe que tiene alas
hasta que va á. engastarse en el espacio .....
El llanto que derrama el oprimido __
_

0

'l'RIBUNA EN EL A(;'l'O OFICIAL

a.l caudillo espaflol el héroe aztet'-8.;
en vez de avaro atesorar mllla1•9s,
trocó en yunques y fraguas los altares,
y erigió un templo á Dios : la bibl1-,teca.

¡Juá.rez! ¡Señor! levá.ntate y vé tu obra;
mira la obra de aquellos
Que á. tu lado lucharon y contigo
le dieron con sus leyes !l. la patria
puesto seguro y salvador abrigo;
despierta y mira: del taller, del aula,
venimos ante el ara de esa tumba
el cá.ntico á. entonar de nuestro credo;
venimos á. decirte Que has vencido;
nue el pueblo de sus labios nunca aparta
de tu enseñanza la sagrada forma,
y que soldados de la paz tenemos
un Pstandarte: nuestra Magna Carta,
y sólo un grito al combatir: ¡Reforma!

.....

LHs demás persona.&lt;i que ocuparon la tribuna tnvieron momentoR Yerdaclflramente feliceg, como que todaR ellas Ron de recoflocidas
ideaR de avnnce. y la obra del Patricio les
prestó elocuencia.
Rentimos no ofrecer en nuestraR columnas
inRtant/\.neas de &lt;'arla. uno &lt;le los oradores. L~
&lt;'Ú.mara fotográfica R6lo pudo traernos el momento en que el Lic. Pineda ocupaba. la tribuna.
Ha_v eTi el público la convicci6n de que en
este afio se ha. acentuado de brillante manera
la conmemoraci6n
la muerte de quien por
sus obras ha merec1do la altísima dignidad de

?e

RETIRADA DEL $);{, PRESIDENTE DE ¡,A REPÚBLICA

'

Benemérito de las Américas.

�Domingo 20 de Julio de 1902.

l&lt;}T,

MTTNDO TT,U8TRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

EL EDIFICIO DE LA SE(~H~:TAHÍA D~ JUSTICIA É INSTRUCCIÓN PÚBLICA.
Hace poco más de
un año, el Gobierno
adquiri6 en propiedad
el antiguo edificio que
se encuentra situado
en el ángulo que forman las calles primera
del Reloj y Cordoba ·
nes, y que como se sabe, es obra del inspirado arquitecto Tolsa.
Tal adquisici6n tenía
por objeto situar en
un edificio propio la
Secretaría de Justicia
é Instrucci611 Pública.
Con el prop6sito de
adaptar esta Roberbia
construcci6n al objeto
á que se la destinaba,
1
se tuvo la necesidad de
emprender obras de
gran importancia, las
cuales fueron h á b i 1mmte proyectadas y
acaban de terminarRe
hajo la act&gt;rtada dirN·ciún del f'eñor C1tpitáll
de I 11genieros D. Porfirio Díaz.
En el magnífico edilicio á que nos referimos, se ha logrado en su distrihuciúñ interior
una completa transformaei6n, tanto en la mayor belleza de su arquite&lt;'tura, como en comodidad para el público y los empleados de las
diversas oficinas que t&gt;n él van á instalarse.
Vamos á describir á gran&lt;les ra"gos la ohm
del sefior Capitán de Ingenieros Dí:iz, que de
una manera tan satisfactoria ha conseguido,en
un breve espacio de tiempo, transformar una
residencia particular en un suntuoso palacio.

nen desde la época en
que se construy6 este
edificio los balcones
del motivo central de la
fachada de la calle del
Reloj.
PLANTA BAJA.

A
1

,..,

~

1

"'!!

.
~

··- Fachadas del Edificio de la Secretaría.

LAS FACHADA!&lt;.

La fachada principal, ó sra la de la C'alle del
Reloj, conserva la disposición que se le diera
desde que fué construí do este edificio, sin otras
reformas que las indispensables para dar mayor luz y ventilaci6n á los nuevos departamentos interiores. En la parte central de esta
fachada SP le ha. construído, signiendo el estilo de su arquitectura, un Plegantc tímpano .v
un hermoso frontón. sobre el cnnl quedará
dentro de pocos &lt;lías colocado un helio grnpo
escultórico, en bronce, qne represenfa la Justicia y la Instrucción, obra del malogrado escultor .Jesús F. Contreras.
La fachada del lado Korte, ú sea la &lt;le la
calle de Cordobanes, no ha sufrido reforma alguna. ele importancia, y ta:ito en ésta' corno en
la anterior que hemos rlescrito, los antiguos v
toscos ha.rancfales d&lt;' fierro que tenían los balcones, han ;,ido suhstituídos por elegantes halaustradas ele canterfo, iguales ft las que tie-

Decorado interior de la Entrada Principal
del Nuevo Edificio.

Salón · de Recepciones del señor Ministro,

En esta parte del edificio se encuentran los
nuevo,; locales destinados al Archivo General de Notarías y Registro Público de la
Propiedad y del Comercio, así como á la
oficina pagadora de este ramo, constando estos departamentos de
varias salas y grandes
Aalones elegantemente
decorados, e o n sus
puertaR y 1am brines de
caoba roja, con artísticos tallados, teniendo
cada uno de los primeros su puerta especial
pam la calle, y los pa·sillos que dan acceso
al interior, lujosamente decorados con los
pisos de mosaico traÍ•
clo de Italia. E&gt;1tos departamentos también
están comunicados con los patios princ-ipales.
La gran puerta principal de entrada á este
palacio es de madera de caoba roja, y como
todas las demás del edificio, luce tallados de
gran mérito artístico.
El paRillo 6 cubo que co11dnee de esta puerta principal al interior, ~e halla lujosamente
decorado y ostenta en su elegante plafond varías figuras y trofeos alegóricos ele la Justicia
y la Instrucción; de éste se pasa al vestíbulo
de la gran escalera, el cual se halla también
ric1tmente decorado, siendo su pavimento de
mármol italiano negro y blanco.
La escalera que parte de este hermoso vestíbulo es verdaderamente monumental, sus
peldaüos sor, enormes bloks de mármol estatuario blanco y fué encargada á Carrara; su
barandal es sumamente artístico y elegante,
coneta de cuatro tramos y recibe lnz cenital
por una hermosa cúpula de cristales; frente á
ella se encuentra el local destinado á la Conserjería.
Consta el nuevo edificio de tres patios, y
tiene otras dos escaleras, una para Uf'O de los
empleados del l\Iinüiterio,y la otra para la azotea, lugar en donde tiene sus habitaciones
la servidumbre.
Todos estos patios están comunicados interiormente por pasillos decorados ron eleg,rncia. y pavimentados de mosaico italiano; en el
del fondo se halla instalada en uno de sn,; án.

Salón do trabajo del señor Ministro,

Sala de Juntas de la Subsecretaria de Instrucción Pública.

gulos una poderof;a homha eléctrim que ele,·a [1 los tinacos,que-se encuentran ú un/1. altura de dieci!&lt;iete metros, 1, HOO litros de agua por
hora.
EXTRERUELO.
El vestíbulo en que desemboca la gran escalera de 111ármol en este
piso, luce elegante y c-orrecto decorado, siendo también su pavimento
de mármol de Italia; por él se tiene acceso á las salas de espera del
sefior Su hsecretario de Instrucción Pública, al gran salón de recepciones, á RU Rala dP, trabajo ~' á la de su secretario particular, cu vos artísticos plafond, de PRtilo Renacimit&gt;nto, llaman desde luego hi: atención.
La. Sala de .Juntas, que ~e halla también en este departamento y
que se encuentra fit&gt;lmente reproduC'ida en uno de nuestros grabados
es quizíi uno de los salon~;; más bellos en este nuevo edificio· su ar~
tÍAtico deeorado es ele estilo Renacimiento; los lamb1ines y 'puertas
lucen ele¡mntes t~llaclos; su lujo~o tapiz es ele seda de color salmón, y
C'Ompletando la nqueza de su luJoso plafond.se w una buena pintura
alegórica, que representa la In~trucción. Ha~·, ademús, otros dos grandes salone_s, dos de ellos con vista á la calle, que se destinan á varias
ele las oficmas del ramo, r cuya decoración es muy semejante ú la de
los salones que dejamos descritos.
El gabinete de toilette y W. C. del señor Subsecretal'Ío se halla
también elegantt&gt;mente decorado.
'
Los muros de los corredores se encuentran estucados v sus pisos son
de mosaico italiano.
•

Domingo 20 de Julio de 1902.

sus grandes puertap, lle caoba roja, primorosamente talladas, cuyos
hermosos remates de la misma. madera, casi tocan la elegante cornisa
del hermoso plafond, en cuyo centro se Ye una artística pintura alegórica que representa á la Justicia y á la Instrucción.
.
El piso de esta suntuosa sala es de mosaico de maderas prec10sas y
fué mandado traerá Italia; sus lambrines son de caoba roja, con magníficos tallados.
Sigue después la biblioteca del sefíor l\Iinistro, lujosamente ornamentada,cuya rica estantería es de madera de nogal americano, obscuro, ricamente tallado, y sus grandes puertas estún formadas por cristales de una pieza. El piso de este local se encuentra igualmente tapizado de igual manera que el anterior.
La sala de trabajo del señor l\Iinistro constituye Yerdaderamente
una obra de arte; su rico tapiz de seda es de color oro viejo r ei'tÍt en
perfecta armonfa con la suntuosidad de su plafond de estilo Renacimiento, completando la belleza y lujo de n;te local ~us puertas y
lambrint&gt;s rle caoba roja, magníficamente tallada, así como una ele~ante chimenea de mármol bla11co estatuario, expresamente traída de
Carrara y que pref:enta esculpidos artísticos adornos en relieve.
Sigue clt&gt;spués el departamento del señor ~ubsecretario de .Justicia,
l:omput&gt;sto ele t.es amplias .r elegantes :::alas, la JIÍPza clel secretario
particular del ;,efü,r ~Iinistro, y otros grandes salones destinados á
varias oficinas de esta Secretaría. de Estado.
El gabinete de toilette r \V. C. de los se1iores Ministro y Subsecretario, lucen también elegante decorado.
Los corredores de este piso tienen sus mmos estucadoR, se hallan
cubiertos por elegantes marquesinas de criHtales, y sus pisos son de
rno~aico italiano.

*
El edificio á que noR hemos referido fué ocupado durante mucho
tiempo por la Lotería ~acional y por el ColPgio de Escribanos.

PLAX'fA SUPERIOR.

Desemboca la elegante eRcalera principal en un Yestíhulo decorado
con lujo y gusto artístico, el cual conduee primernmente á la;; salm:;
de espera del señor Mini~tro y ~el seiior SuhRecretario dr .J m1ticia; en
esto~ local;R _desde luego se advierte la belleza dr ~u;; tapices, el gran
mérito artist1co ~le sus plafouds y la rí,Jueza de suR pisos de mosaico
de maderas preciosas, los cuales fueron pedirlos á Itali1t.
Contigua á las salas de eRpe~a de que antN, nos ocupamo~, se encuentra la ~ran sala de recepciones del Rt&gt;ñor St&gt;cretario de .Justicia é
Iustruc-ciún l'ública, que o~tenta Ycrdaclera nrngnificencia en su decor:ido de estilo RenacirniPnto; del hermoso tapiz de st&gt;da &lt;le coloreR p:í.hdos que cubre sus muros, destácanRe, ~omo principal ornamentación,

Vestíbulo y escalera monumental.

Es la construc_ci6n más hermosa que se halla en toda la carrera ele
callt&gt;s que se extiende de~de la esquina N'orte del Palacio Nacional
hasta los límitf's del cacerío ú orillas de los terrenos colonizaclos de
l'erah·íllo.
La inaugmaci(m del suntuoso edificio está ya próxima.

Pinturas alegóricas en los Salones de Recepción y trabajo del Sr. Ministro.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 20 de Julio de 1902.

EL MUNDO ILUS'l'RADO

,,Ca Fiesfa de la &lt;!oloqia Francesa.

desaparecía bajo los millares de ramilletes que tramaban una
red y los focos incandescentes que asomaban de los lirios y
crisántemos que les servían de pantallas, trazando así un cuadro, en lo alto, para hacer resaltar los artísticos detalles y la
finura de la confección en su conjunto.
Los arcos del segundo piso ofrecían el mismo brillafite decorado, agregándose á éste haces de banderas, panoplias de
luces y palmeras, que en los ángulos de la brillante estancia mecían sus verdes penachos.
Tal adorno, senéillo, elegante v poético, atrajo tndas la1-;
miradas.
·
Antes de ganar la doble c;;C'alera. flanqueada de arbustos en
maceteros "artnonvean,'' Re eneontrahael saloncillo de honor, donde fué recibida )fada111e Blondel, la esposa del distinguido diplomático que rrprei-:enta á F'rancia en nuestra RepúhliC'a.
Cortinajes de seda amarillo paja, con flecos y franjas de oro,
haja ban en densos pliegues; mueble,; lujosos tapizados de riea tela rameada; p:antas exóticas en valiosos tiestos de mayólica, Robre columnillas de nogal tallado primorosamente, se
erguían en los á11gulos, )' por último, en el fondo, un espejo
biselado parecía solazarse en reproducir las escenas de la
fiesta.
En la planta alta, los corredores, las Ralas laterales el de
"toilette" de damas; el "fumoir" y demíu, departamentos estaban tan brillantemente iluminados eomo el patio descrito,
distinguién&lt;lose el salón de recepciones, en
donde atraían las miradas un busto en bronce, símbolo de la Francia artística y batallaclora, y nn retrato del Presidente Loubet.

14 DE JULIO.
El entusiasmo que reviste la fiesta
francesa en México, subió de grado este año. Todos los franceses residentes
en esta capital, se dieron cita durante
los días 13 y 14 del me que cun~a, hajo la arboleda frondosas del Tívoli del
Elíseo, y durante la
noche del 14 al 1.'5, en
1 os elegantes salonei$
del Círculo de la calle
dela Palma.
La principal avenida
de la ciudad , donde
abundan los establecimientos ele comercio
francés,se engalanó con
los vistosos colore,; de
la. gran República amiga.
Principiaron las fiestaH con una visita que
vario, miemhi-os prominentes de la Colonia
hicieron al señor Camilo Blondel, Ministro
de Francia en México.
Luego las puertas del
Tívoli se abrieron para
que los alegres -celebrantes de la gloriosa
fecha pudieran reunirse á presenciar las diversiones qne tenían
preparadas y que consistieron en carrera,; á
pie y en burro, en una «G)·mnaka»
curiosísima y presentada por primera
vez en México; juego de "La ponle au
pot)I, una gran kermesse con su respectiva batalla de confetti,y por último, el
baile familiar, organizado en los salones del Tívoli desde las primeras horas de la
noche.
La primera carrera fuf á pie. El punto de
partida estuvo á espaldas de la tribuna principal, y la pista recorrida formaba un semicírculo cuya terminación estaba en uno de los
extremos de la gran tribuna. En esta carrera
fué vencedor el jovencito Alberto Bourlón. A
continuación se efectuó la carrera en sacos,
que, como ,;iempre. provocó hilaridad gene-

/

El Ministro Blondel en la tribuna.

ral. En esta venció Eduardo Laborde, y obtuvo el segundo puesto el niño Echart.
La carrera en burro fué más divertida que
las anteriores. Cnando los jinetes iban en mitad de la pista, el joven Pedro Collantes cay6
de su cahalgadura, pero no sufri6 sino el susto. Los vencedores fueron Alberto Bourl6n,
primer,premio,y Luis Masser,segundo premio.

\

LA '•QIMN AKA, ''

La carrera de la «grenonille)I se efectuó entre aplausos, y en ella fueron
Yencedores los niños Osear :Manier y Rafael Ortiz.
Después se efectu6 la «C-:yronaka»,
(¡ sea una carrera de di versos animales,
conducidos todos por
señorita.~. Las guapas
conductoras de estos
aninmles, fueron la sciiora Blanca ( lómez, señorita J~nriqueta Aumprate, ,;eñorita Elena
)forales, &gt;'eflora F. Pellntier y señoritas Marga.rita ·Dulmlt, Elena
Paz)' Ernilia Gros, que
conducían, respectiYamente, un pato, una
gallina, un guajolote,
un cuyo, una tortuga,
una paloma y un conejo.
Este espectáculo, nne''º en México, llamó la
atenci6n de los concurrentes, que prorrumpiernn en aplausos para las hermosas señorik'ts que :;e disputaron
el premio.
Todos lo;; animales
estaban atados por el
cuello con nn delgado
cordoncillo ele seda, cuya extremidad libre estaba rn poder
ele las dama;;. Dada la señal de partida,
los animales fueron puestos en marcha.
La carrera result6 muy original y
graciosa. Salió vencedor el pato, ocupando el segundo puesto la gallina. Lit
_paloma qued6 u1uerta á mitad de la pista.
Terminaron las carreras con otras en hurro,
montados por los jóvenes de manera de dar
su espalda á la cabeza del animal. En e:ataincómoda posici6n partieron los "jockeys», ele
los cuales fueron vencedores los niños Cástulo
Vaca y Luis Mosser.
La kermesse que se efectuó el luñes, sobrepasó en animación á la que f1e hizo el día anterior.
Además de las familias francesas, vimos allí
á, muchas alemanas, españolas y norteamericanas, aparte de numerosísimas mexicanas.
Los «puestos", iguales en número y en adorno á los del día anterior, se vieron concurridos á tal grado, que las señoritas, dependientes y meseros, no podían cumplir con todos
los pedidos.
Las bandas de ar;illería, Estado Mayor y
14? batallón, se diittribuyeron en el interior
del Tí voli.
Una ligera lluvia comenzó á caer minutos
después de las cinco de la tarde, y esto bastó
para que la mayoría del público invadiera el
salón principal &lt;lel TÍYoli, donde !'le improvis6 un baile que terminó cuando la lluvia hubo pasado.
Puede asegurarse que muy pocas veces se
ha hecho derroche tal de coi ,fetti y i::erpentinas. Los papelillos multicolores tapizaron por
completo el piso de 1as calles y prados de los
jar&lt;linef1, al grado que en una comliderablc extensión del parque no se Yeía. un palmo de
terreno que no estuviese policroma&lt;lo. Las
serpentinas, colgando de los árbole.;; y detenidas en los toC'aclos de las señoras, completa~
ban el encank'l.dor aHpecto de aquel lugar.
La lucha continu6 hasta el obsc:urecer, hora en qne se iluminaron los saloneR, "puestos»
y_jardines con multitud de farolillos vene-,
cianns.
~lu&lt;'has familias ,;e. retira.ron y nna van
parte penetró al salón del baile, mientras
el 1·esto continuaba aún eu los cenadores y jardines del Tívoli.

Domingo 20 de Julio de 1902.

El 'flirt" del cofetti.

El salón de baile ostent:1 ba un ;;encillo adorno. BamlPras meximnas y francesas, colocadas entre guías de he-

no, formaban el decorado de aquel sitio rlonde ,se puso
una abundante ~illería.
·
Cuando terminó la fiesta de la maflann. el señor M1•
nistro de FranC'ia, a.compafiado del presidente~del Comité y al¡runoR miembros rlel mismo Re trasladaron al
hospital francéH cnn objeto rle hacer la Yisita anual qtw
se acostumbra á Ion asilados.
·
El señor Blon&lt;lel mandó lleYar de su casa un exqmsito lunch que se había preparado y lo distribuvó á lo~
enfermos. ~. .o~ mi_embro~ _del Co~ité y algunos otro:-franceses d1r-t111gmdofl, h1c1eron:obsequios á lm; pacirntes.
1

Las fiesta;; tuYieron como digno hroche el baile en el
Casino de la calle de la Palma.
El adorn? era una filigrana ele-arte y coquetería, y la
concurrencia tan numerosa como..distinguida.
Pasado el vestíbulo, el patio, punto culminante de la
fiesta, se ofrecía en toda sa belleza, envuelto en la claridad que derramaban los focos eléctricos suspeudidos
aquí y allá bajo los ar'
cos 6 entre las flores.
El «plafond» estaba cu,bierto por una gigantesca
adormidera que encarrujaba sus pétalos y de allí
brotaba como un raudal
de florefl que venía á terminar en la araña central,
convertida en guirnalda
exuberante.
Seguían las lineas de
los arcos, guías de flores
que iban enlazándose
pomposamente en loe basamentos de las columnas, y la parte media de
ésta contenía foquillos
que brillaban con los colores de las !bandera,; de
-;_
Francia y )léxico.
El cornisamiento casi

Guardia del Liceo Francés.

..

.: .-.·:

.•.

·.

Uno que cae entre dos fuegos.

...

Grotesca carrera en burros

-

Poco antes de las die1. se anunció la llegada
del Sr. General Díaz, que se presentó acompañado de su hijo el Sr. Capitán Díaz, y el Sr.
Capit{m Escandón.
.
La comisión del Comité recibió al sefior
Presidente en la puerta de la calle, y á la ent rada del salón el señor Ministro francés.
El baile comenzó con unos lanceros, y ya
en esos momentos había en el salón más de
doscientas parejas.

*
Se encontraban entre la flelecta concurrencia, los señores Ministros de Inglaterra, su
PHposa; el señor Ministro de Bélgfoa; el señor
Encargaflo de Negocios de Chile, el de España; los Secretarios del Japón y de Austria el
Cónsul General de los Estados Unidos el Gobernador del Distrito y su esposa.
'
A las doce de la noche, el i-eñor Presidente
fué invitado por el señor Ministro francés para tomar el lunch. El primer Magistrado dió
~l abrazo á la Sra. Blondel, y el sefíor Minist ro francés á. la del Sr. Greville.
A la hora del Champague el sefior ~Iinistro francés se
levantó de su asiento, y en correcto espafiol, clió las gracias al Sr. General Díaz por haber asistido á la fiesta
dando así una prueba mús de las simpatías á los francei::e~
y á su patria. Que esas pruebas de amistad no sólo se demostraban en esta ocasión, sino en la no muy lejana al dar
muestras del sentimiento por la catástrofe de la :Martinica.
PropuRo un hrinclis por el Sr. General Díaz y por el Presidente ele Francia.
El sefior Presidrnlc contcRt6 hacienclo nok'l.r la oran
estimación que el pueblo mexicano tiene por Francia~ l:1
nación que primero proclamó los drrechos del hombrr .

�Domingo 20 de Julio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

El Baile de los Viejecitos
XO\.EL\. CORTA.
(Traducción especial de "El Mundo Ilustrado.")
(Concluye)

TII
Yivaracho,;, tembloroso~, emocionados por
la escapada, los dos viejecitos habían bnjado
la escalera de la servidumbre. Mamá Peroux
se cubría la cara hasta debajo de los ojos con
la manteleta; papá Peroux llevaba el pañuelo
sobre las mejillas corno si le dolieran los dien•
tes; de este modo pasaron de prisa por frente
á la puerta del conserje sin ser mirados. La
puerta cochera estaba abierta de par en par y
por ella ganaron la calle sin hacer ruido.
-¿Tienes frío, madrecita·?
Sí, un poco, pero no mucho. Esto me impedirá caminar ele prisa. Dame Yeinte sueldos. Tu vas á la tienda y compras una botella de vino de á dieciséis, no de dieciocho
porque es muy caro, ¿eh?; dieciséis .¿lo oyes!?
- ¿Y si me conoce el dependiente?
-No tengas cuidado. ~unca ponemos los
pies en su casa. ¿Cómo quieres que se figure
que nosotros mismos venimos á buscar nuestras provisiones? Además, si nos reconoce será mucho rn{ts divertido. Anda. l\fientra~ yo
voy á comprar ocho sueldos de castañas. Total: veinticuatro sueldos; lo que sobra lo erastaremos en luz y fuego. ¿Hará calor allá trriba? Te volveré á encontrar aquí mismo ¿eh?
Diez minutos después los viejecitos ~e habían vuelto á reunir.
-Compré dos velas, dijo mamá Peroux.
Pagué h. leña y las castañas y no me c1ueda
un solo sueldo. Toma, ayúdame, esto estú
muy pesado y tengo los dedos helados.
•
- Yo, dijo papá Peroux, compré cuatro
brioches de á sueldo y un limón de á dos.
Tampoco me queda dinero.
Esto no ha sido prudente. Debimos guardar algo para lo imprevisto.
Se miraron sonriendo.
-Lo mismo que en otro tiempo.
-Lo mismo.
Iban caminando lado á lado, ayudándose á
llevar sus fardos. Delante de su casa se detuvieron y miraron hacia el primer piso. El brillo de la luz eléctrica se tamizaba en las cortinas de tul, resbalaba por entre las varillas de
las persianas arrojando hasta la banqueta un
reflejo de iluminación.
·-;--Eso está ~uy .«chic»; dijo el viejecito.
¡Mua! Esto esta meJor por fuera que por dentro ..... .
-¡Eh! ..... . á un lado, ¡imbéciles!-gritó un
c?chero agregando una sarta de juramentos.
1: rozando con las ruedas á los viejecitos penetró el vehículo por la puerta cochera. '
-¿Viste?, dijo la viejecita. Va adentro una
dama vestida de tul color de rosa. Ten cuidado, acércate; mira otro coche que va {i entrar,
y otro y otro. El agente del orden los pone
e!1 fila.. Ah!, en ese landó van dos chmas Yest1das &lt;le .blanco y acompañadas de un viejo
que lleva, el sobretodo entreabierto, dejando
ver toda una ,;arta de condecoracionrs.
-Y. todo es~ mundo su be á nuestra casal
¡Brom1stas! R1 nos reconocieran ..... .
Pchs! Con é,;tos corremos menos peligro
que ~on el tendero.-' _['ara reconocernos sería
prrc1¡.;o que eRta gen_t. .os conociera.
-Pero nuestra híjfí nu1:;stro yerno ..... .
Estiln ya arribn ltaci.endo los honores. To~o está nn~.v hien si!1 no,mtros. ¿,Cómo dndarian que tu co1; el v1110 y el leño bajo el brazo
y yo .ron ~a lmJÍa y las ca,;tafias en el faldón
de m1 levita, estemos aquí haciendo de pazguatos?
Y tener que pagar todo esto! ~e necesita
ser corno nosotros de bonachones.
¡Qué tontera! Siento un disgusto que no me
&lt;leJa reír.
-Oh! cállate, papacito, me vas á hacer reventar de risa. Me di:rie1-to como nna bendita.
-Y yo como un pilluelo.

Mientras tanto, eran más numerosos los coches que llegaban; vinieron más agentes del
~rden y la multitud se apretaba, se hacía dano por.ver. Entonces el papacito propuso:
-Mua, ya me empiezo á cansar· todo este
barullo me atui:de. Sin contar con'que el disg?sto me ha abierto el apetito. Si quieres, subuemos ya.
-Eso~ iba á decir. Hace un poco de frío;
el sexto piso está alto y yo no tengo mis piernas de hace veinte años. Y todavía no estamos en nuestra cafla.
-~ira, elijo el viejecito, precisamente el
conserJe vuelve las espaldas; éste es el momento. Toma .el pan y sígueme. Colémonos trai::
ele ~se «tro1t-quarts» que va (i entrar. X o nos
veran.
S~ hicieron lo más chiquititos posible y Re
deslizaron tras del coche; pasaron entre el inuro Y los caballos v ganaron rectamente la escalera de la servidumbre, sin ser vistos.
-qi Ya ~stá hecho, rlijoel anciano; ni viRtos 111 con?c1dos. Para atrapará papá Peronx
es ne';~sano ser más listo que mi conserjr.
. -:----8.m embargo, he tenido miedo, replicó la
v1eJeclta. :\1 pasar por el pmtal, me palpitaba el corazon con fuerza; pero e,;tos Rustitos
agradan ...... me gui;tan mucho.
. 'Treparon los .eRcalones al principio &lt;"011 n1p1dez, no por 1meclo ele encontrará los criados,
porque bien sahían que éstos estaban en el
vestíbulo y en el cuarto del portero viendo rl
desfile de fracs, de trajes y ele coches, sino porque ?e la calle y del patio subía. un ruido atroz ·
ele pia~ar de caballos, de rodar de carruajes y
de ~lmr y cerrar portezuelas, que les causaba
un mstintivo terror,
En el término de la escalera, frente á la puerta ele la cocina, se detuvieron para tomar aliento Y escuchar algo. Se oía el mismo resoplar
de las hornillas, los mismos golpes de las caserolas, .de los vasos y de las vajilla.e;. Luego
q~e. abrieron la puerta de la repostería, advirtieron que del fondo del departamento lle-

Domingo 20 de Julio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

gaba, como por oleadas, un rumor de multitud
que va y viene, y de voces que se cruzan por
entre las intermitencias de la orquesta.
-¡Qué movimiento, madrecita, y qué desorden debe haber allá.
-¡ No, ni hables papacito! Deben estar oprimidos como sardinas en lata.
- ¡Qué calor debe hacer en semejante estufa!
-Cuando pienso aue allí podía estar yo, me
da calofrío.
·
-Yo siento mareo ..... .
Volvieron á emprender la subida de la escalera, con un miedo atroz de que se abriera
la puerta. ~e la C?cina,y fueran atrapados al
paso, arroJados Vlvos a la hornaza. A medida
que subían, el piafar ele los caballos y los golpes ele las portezuelas se iban haciendo más
y más sordos. Arriba en el corredor desierto
y silencioso, el rumor'llegaba como el' ruido de
la ola de un lejano mar.
-Por aquí, mamá; dame una vela, dijo Peroux, y toma la botella mientras busco mis
cerillo:-.
~~cendió la Yela, sacó la llaYe de la boli::a,
abn?,l~ puerta y, tnn luego como entraPon,
volv10 a echar el cerrojo.
DespuéR, en l'&lt;Upremq dúo lanzaron un profundo sm;piro de libertad, ~orno si acabasen
de escapar de algún peligro.

IY
La buhardilla pequeña, aseada y provii::ta
tlr chimenea, tenía, en vez de trngaluz inclinado una ventana en el fondo.
1\Iientra,;· r¡ue papá Peroux coloraba el trozo
ele, leña entre los ~i::nillos y soplabn con todas
sus fuerzaR para avivar el fuego mamá Peroux
recor~-ía la habitación, recono~ienclo su lecho
nupcial, las dos flillas de caoba, el sillón de
reps verde, el aparador y la mesita plegadiza.
Al encontrar en semejante boardilla todo su
pobre y querido menaje, sentía en su coraz6n
un agradable sobresalto.

•

-Ah! qué bien has hecho, qué aiiorable
eres· por haber conservado todo este mobiliario viejo. Causa placer recordar su juventud!
-Sí, sí, ciertamente, mamacita-dijo el sefi.or Peroux abriendo el armario;-pero no es
éste el momento de charlar ni de enternecerse; ahora es necesario que reúnas tus recuerdos de cocinera. Mira nuestra caserolita de
entonces y nuestra primera sartén. Aquí está
lo mismo, el lim6n cortado en trocitos y la
botella descorchada. Asa las castañas y calienta el vino; yo pondré el mantel y los cubiertos.
Y con toda seriedad, ella con la manteleta
sobre la cabeza, á guisa de cofia, él con la servilleta bajo el brazo, se dispusieron á comer.
-¿ Ya acabaste, mamacita?
-Ya, papá.
- -Entonces vamos á la mesa.
- La mesa está monísima, Peroux, pero
monísima.
- Y con nada, ya lo ves. Por toda cristalería tenemos dos vasos; en cuanto á cubiertos,
encontré nada más una cuchara: nos la prestaremos uno al otro. Confiesa que no estoy
todavía tan empolvado, y que si fuera necesario volverme á ganar la vida de esta manera, me la ganaría.
-Yo también. Nadie hace mejor las cosas
que nosotros. Prueba este vino caliente tan
oloroso á lim6n y ¡chúpate los labios! A las
castañas les falta un poco de fuego.
-Están buenas.
-No, yo me conozco bien; tengo muy buen
ojo. Peroux, hemos sido unos artistas en nuestro género.
-¡Caramba! ¡A tu salud! ¡Felicidades!
-¡A la tuya, Esteban!
Y rompieron á reir; después la viejecita, gozosa, dijo:
-Es encantador esto de sentirse uno en su
casa, solos, como en este momento. En esta
boardillita con techo tan bajo, con mobiliario tan pasado de moda, se siente tibieza y
dulzura, ¿verdad?
-Y qué tranquilos! Esto conforta. Hay
más recuerdos en esta sencilla camarita, que
en todos nuestros grandes y suntuosos departamentos.
-¿Quieres que nos vengamos á vivir aquí?
- Sí, sí quiero. Pero no será fácil con la
presencia de los criados y la vigilancia de nuestra hija.
-Daremos otro baile. Tus castañas están
exquisitas, madre, me estoy deleitando. Dame ahora de beber.
-No te causes males.
-No hay cuidado: imagina todas las drogas que estaría tomando allá abajo; imagina
la cara que harían los mozos si les fuera á pedir un vaso de vino caliente!
-Y qué miradas de desprecio de mi cocinera, si mañana le mandara asar castañas!
-Y decir que hay ge11tes que se imaginan
que con ser rico se puede comer todo lo que
se quiere ..... .
- Y vivir como se desea. ¿Por qué te ríes,
papacito?
-Porque pienso que si tu hija y tu yerno
nos buscan, no nos encontrarán.
-Xo creo que nos busquen ... tienen otras
muchas cosas que hacer. No les hacemos mucha falta .
--'-Ninguna. Pero tú has dicho eso con cierta tristeza. ¿Acaso te arrepientes de haber subido?
-Oh Dios mío! Lo que me entristece es ...
la idea de bajar.
-Nadie nos corre.
-Felizmente. Pero, luego ó después, dentro de algunas horas, toda esa gente se habrá
marchado y será necesario que abandonemos
todos estos vejestorios que nos han hecho jóvenes, para volver á donde están los que nos
hacen viejos.
-Ah, sí! Eso entristece, suspir6 el viejecito. Y eso sin contar con que en el departamento grande nos vamos á sofocar todo el resto de la noche. Debe apestar la cocina el
musgo, las flores marchitas y la comidafrí~· y
cuánto polvo, cuánto desorden debe haber.'
-¡Qué suplicio dormir allá!
-¡ Uf! pero ...... dijo el papacito con la ca-

ra picarezca y el ojo en guiño, si para completar nuestra aventura no bajamos, y nos
acostamos aquí. .....
- Oh, amigo mio, si eso no es posible,¿para qué me alborotas?
-Es muy posible. Hay un par de sábanas
y una almohada; colchón y edredones. Todo
lo que nos falta es recordar c6mo se hace una
cama.
--Si no es más que eso, me encargaré de
hacerla.
-Ah! mamacita, me parece tenemos veinte años, que acabamos de casarnos y que estamos en una camarita de posada campestre,
en una noche de primavera..... .
-Bueno, bueno; creo que estás un poco
inspirado y vas á decir tonterías.
-¡Quién sabe! Abraza á tu viejito, abráza•
lo muy fuerte, con toda franqueza, como lo
amas. como no te atreves á hacerlo allá abajo
cuando tu yerno y tu bija y los criados están
espiándonos para burlarse de nosotros. ¿Quién
nos puede decir aquí que somos ridículos?
Nadie nos ve. Si nuestras caras han envejecido, nuestros corazones no!
Y la viejecita le dió un beso, murmurando
con voz dulcemente emocionada:
-Tienes raz6n, papá: el amor es como las
flores: siempre hermoso ......... hasta ruando
está marchito.
V
Al día siguiente, como á las cinco de la tarde, en el saloncito del gran departamento recién puesto en orden, los viejecitos estaban
sentados en el borde de sus sillones flamantes y nuevos, con los pies de punta, como si
no se atreviesen á posarlos sobre el mullido
peluche de la alfombra. Su hija entró.
-Bueno, dijo la elegante joven, después
de haberse desceñido el abrigo. Bueno, vuestro
baile ha tenido un éxito enorme.
-¡Oh, sí! dijo la viejecita, sonriendo con
cariño al viejecito, nuestro baile ha sido bueno, estoy enteramente de acuerdo.
-¡Mucho muy bueno! agregó papá Peroux,
con un malicioso guiño de ojos. Por nuestra
parte, anoche nos divertimos bonitamente.
-¡Sí, sí! muy bonito, confirm6 la mamá.
-Ah! Conque le tomáis gusto?, dijo la joven pasean&lt;lo la vista de uno á otro de sus padres, con sorpresa de advertirles regocijo en
el semblante. El caso es que todo ha salido
bien.
--Sí, muy bien.
-No hubiera podido ser mejo1·.
Después de un corto silen()io, el viejito volvió á hablar, dirigiéndose á su hija:
-:~fo somos nada disgustados; tu mamá y
yo nos contentamos con poco. Pero de ti que
te conoces mejor que nosotros, quiero saber si
realmente nada creeR que haya faltado en
nuestra fiesta.
-Narla, dijo la jo,,en con corrección; todo

--

ha marchado perfectamente. A mi llegada hice rectificar, en el sal6n de fumar, algunos detalles; pero insignificantes. Ya me esperaba
no haber visto á ustedes poco después de entrar á los salones, porque comprendí que, ocupados en tanto preparativo, no habríais tenido tiempo de acabar pronto vuestra toilette.
Iba á buscará mamacita á su recámara, cuando llegaron los primeros invitados.
Os vi muy poco en suma, pero lo bastante
para juzgar por mí misma que el sastre de mi
marido había transformado á mi padre y que
mi modista había hecho rejuvenecer á mamacita lo menos treinta años.
Se interrumpi6,algo disgustada por los guiños de ojos que se le dirigían.
-¿Pero qué tienen ustedes? ¿qué cosa ridícula he dicho para que tengáis gana de reír?
¿Os burláis de mí porque os alabo?
-Vamos, no te disgustes por tan poco, dijo mamá Peroux con ánimo conciliador. Estamos muy agradecidos, por el 0ontrario, de
las alabanzas que nos diriges. Pero nos reímos ...... porque no creemos merecerlas.
--¡Acabaremos! exclam6 la joven. Yo no
bago más que repetir lo que todo el mundo
decía en derredor mío: «Ah! ¡qué bien lleva
vuestro padre el traje, qué aire tan serio y tan
inteligmte! Y vuestra madre es encantadora
aún con esa deliciosa toilette de raso verde
tierno!»
-¡Qué divertida! decía riendo mam{t Peroux.
-¡Qué buena, qué buena! gritaba papá Peroux, golpeándose las rodillas.
-Qué pasa·? exclam6 la joven impaciente.
¡C6mo estáis de budistas!
-No tanto como tú, contestaron á una voz.
Y el viejecito agreg6:
-¿Conque encontraste que el traje me iba
muy bien?
-Sí, perfectamente bien.
-Y el vestido tierno de tu madre ... . . .
-Le quedaba á mara villa!
-Esto es demasiado; ¿,verdad, mamá'?
-Es el colmo, papacito ..
Y les costó tanto trabajo mostrar seriedad,
que la hija se incomodó.
-¡Por fin me disgustáis! 8i es por burlaros
de mí por lo que hacéis que os cuente lo que
mirasteis tan bien como yo ... . . .
-Nosotros no hemos visto nada, confesó
imperturbable papá Peroux.
-Me vais á hacer creer que no sabéis nada
ele lo que pasó en vuestro baile?
-Lo ignoramos todo, absolutamente todo.
-¿Cómo es esto? ¿Por qué?
-¿Por qué? ......... Porque no estuvimos en
él.
Y_ ante la cara de sorpresa ele su hija, no
pudiendo contenerse, papacito y mamacita se
ec~1aron á la boca los pañuelos y rompieron á
ren locamente.

-. .

�__________

,_
UN BUEN APETITO
UNA BUENA DIGESTIÓN
UN HÍGADO SANO
UN CEREBRO PODEROSO
V NERVIOS FUERTES

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riquezas, y podeis obtener estos benefieios por el precio de una botella de
Zarzaparrilla del Dr. Ayer, y un pomik
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Si vuestro apetito fuese escaso,
vuestra digestión tardía ó incompleta
y os sintieseis nervioso y falto de :fuel'
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•
•
••

La salud del cuerpo, en general, está ligada directamente con el
estómago, ó mejor dicho con el aparato digestivo, donde se prepara
el gran trabajo de la nutrición que ha de fortalecer, desarrollar y
sostener hasta los órganos más peque!lo&lt;J del cuerpo humano.
Este trabajo es universal. Lo mismo que el hombre los animales
y las plantas se nutren para vivir, y los que no lo hacen por falta d e
d
medio ó trastornos independientes de su voluntad ú orig,ina os por
ellos mismos, enferman, deperecen y mueren al :fin inrremisiblemeate.
El estómago debe cuidarse siempre, en cua!quiera época, evitando todo exceso que pueda da!larle cuando está sano atendiéndolo oportunamente cuando está enfermo.

No dejamos, pues, de recordará las víctimas de su estómago,
recurran á las

Píldoras del Dr. Huchard,
DE PARÍS,

Antisépticas Y Sifil1ticas.

•

Las propi edndes de estas píldoras e&amp;tudiadas y experimentadas
por multitud de médicos entre ellos distinguidos prefesores de la E11-

t

•
;

i!

LAS PÍLDORAS DEL DOCTOR HUCHARD, DE PARÍS.

•

t

.

---------------------------------

! Cuidar el estómago es el secreto de la buena salud.
i

i
•

Y NUESTRA SALUD

cuela Nacional de Medicina de México y de la Facultad de Paríf!, son
tales, que su efecto se siente inmediatamente en el enfermo que
las toma.

!
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Doradas para la• ca•0 • con Blarre6s, Plateada•
para lo• casos que están caracterizados
por constlpaoi6n 6 extreiflmlento•

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••
•
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---------Las Píldoras del Doctor Huchard se aplicarán siempre con éxito
en todas las afecciones intestinales, y sobre todo en

!
!•

Gastralgía, Dispepsia, Entero-colitis, Catarro húmedo y
seco del intestino, Dilatación estomacal,
Parecía del estómago, Infecci0nes intestinales,
t
Falta de apetito, Agrios, Malas digestionee-, Ulcera del ;
estómago, Disenteria, etc., etc.

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Medicina y Doctores Gutierrez, Ban&lt;le"a, Gavmo, Ramirez, de Are- •••
llano Garay, Parra, Ocampo y otrJsmuchos que han recetado enhos• •
pltales y á sus enfermos pacttculsres, según lo acredi1!an los certl:fi- •
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MÉXICO, JULIO 27 DE 1902.

ELIXIH ESTOMACAL
DE SAIZ DE CARLOS
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QeuerTado por el método d e M . Pasteur. Pre11cribese en la• molestia• ele
~ g • , la clorosis. la anemia 7 laa convalecencia•; este vine
~ n d a a las personas de edad, ~ las mujere■, jóvenea 7 • loa Jlllio.,

del

[L MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 4.

Y todas las enfermedades del Ea•
tómago é Intestinos por cr6tdca1
y rebeldes que sean, las cura radicalmente el famoso

Vlao fortlticante, c1ig est.,vo. tónico, reconstituyente, de ■aborexcel••te

Zarzaparrilla

"ECONOMICO"

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                </elementTextContainer>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Benemérito Juárez</name>
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        <name>Tristeza de otoño</name>
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                    <text>__________

,_
UN BUEN APETITO
UNA BUENA DIGESTIÓN
UN HÍGADO SANO
UN CEREBRO PODEROSO
V NERVIOS FUERTES

DISrErSlfl
6flSTRfl l,6l fl
~t,x,li

r

Mejores son estos que las grandet'
riquezas, y podeis obtener estos benefieios por el precio de una botella de
Zarzaparrilla del Dr. Ayer, y un pomik
de Píldoras del Dr. Ayer. Son las doa
medicinas más eficaces que pode.is com
pra.r.
Si vuestro apetito fuese escaso,
vuestra digestión tardía ó incompleta
y os sintieseis nervioso y falto de :fuel'
zas, deberíais tomar la.

EL MISMO
1

FERRUGINOSO:
Anemia.
Clorosis, Convalecencias, etc.

GflTflRRO
INTESTINfll,

¡

"'~oso

-

SIETE MEDALLAS

DE

ORO

P ARÍS

20, Rue des Fos&lt;és-St-Jaoques
1 en /as Farmacias.

FOSFATADO:
Linfatismo, Escrófula, se
Infartos de los Ganglios, etc.

1

Dr.Ayer
Expele todas las impurezas de Ja
tangre viciada, la. enriquece y la po•
10ja y da á los nervios fuerza y vigor,
Podeis halla.ros un poco enfermo ó enfermo de gravedad; podeis ser joven 4
viejo; rico ó pobre, no importa como
es encontreis ó sintais desde el u.mento en que la Zarzapa,rrllla del Dr,
Ayer devuh9 la salud á t.ode al

BELLAS ARTES

ESTOMAGO E IITESTIIOS

~••o MUY 1mpop;TANTI!. ,.ía.

El tJnlco VINO autln
RAF.í:iAEL, 01 salo qu, t11n1 ,, d,r1cho 11., /lamars, ast, 11111i
11 111/tllnoy da qui s3 hace m6ncttJn ,n al flf'fmularlo del Prof11
OUOBA.RDAT IS ,, CJ M'" CLEMENT y 0 1•, di Ya1,nc1 (Dr,m,,
rancla), - Cada s,talla lt6oa ta marca di ta11 Unión d• loa Fabrioutd
,n IIPIICUIZO un m1dal/Dn anunciando ,, CLETEAS ...
_.'
L08 tJ1ma1 ,on ¡¡rosaras y p111:rosas fatslllcacton,s.

u,

_______...__

La fama adquirida por eateElixir en todo el mundo lo ha hecho

tan popular, que hacen in6tilealoe
eloi:-ios.
f No dejen de tomar el BU.zlr ...

_____

_

tomaoal de Sáia de Carloa.
De ••nta en Droperfu., BeU-

El VINO de
PEPTONA CATILLON

restablece ,., ftlerzu
,., d/geat/onet, el apetito
Ea e/ mejor recon1tltuyented1
"-__.,~__, laa peraonaa debllltadat por
la edad, el oreclm/ento, /11 enfermedld11 del

ESTOIIIAGO
LANGUIDEZ, ANEMIA,eto.

Preparada por el
a,.J.fJ.Ay•r&amp;Ca., Lowell, Masa., i.UÁ.

8u trand/010 txlto ha dado orlt•n i muo/lu
lmlUolone,; debe, pues, exltlru la lrma
Cat1Uon.
,. IIGIL St••arttn, Parla J ..... raraallll.

Nunca se apliqueuVejigatorio

ompre Ud. el Moiino

f

sin haberie procu.l"ado el verdadero
coN FIRMA oE ALBEsPEYREs EN EL IAOO vEAoE

VEJIGATORIO de ALBESPEYRES

PAPELdeALBESPEYRES para mantener los Vejigatorios sin olor ni dolo,·.
FOIIOlJZE•ALBESPEYRES, 78, Faubourt. St-Den/1, PARIS, 711 IMulu,....,tlCloM.

1

1

Medalla de Oro xpoa t. olvera. 1900

~~~1f~tl½ili
" 1f /, .,,. Fl,ma r obre cada Cll,rri/lo

•·········································································································~
•

}• -NUESTRO=ESTÓMAGO=

!

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••
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i
•
•
••

La salud del cuerpo, en general, está ligada directamente con el
estómago, ó mejor dicho con el aparato digestivo, donde se prepara
el gran trabajo de la nutrición que ha de fortalecer, desarrollar y
sostener hasta los órganos más peque!lo&lt;J del cuerpo humano.
Este trabajo es universal. Lo mismo que el hombre los animales
y las plantas se nutren para vivir, y los que no lo hacen por falta d e
d
medio ó trastornos independientes de su voluntad ú orig,ina os por
ellos mismos, enferman, deperecen y mueren al :fin inrremisiblemeate.
El estómago debe cuidarse siempre, en cua!quiera época, evitando todo exceso que pueda da!larle cuando está sano atendiéndolo oportunamente cuando está enfermo.

No dejamos, pues, de recordará las víctimas de su estómago,
recurran á las

Píldoras del Dr. Huchard,
DE PARÍS,

Antisépticas Y Sifil1ticas.

•

Las propi edndes de estas píldoras e&amp;tudiadas y experimentadas
por multitud de médicos entre ellos distinguidos prefesores de la E11-

t

•
;

i!

LAS PÍLDORAS DEL DOCTOR HUCHARD, DE PARÍS.

•

t

.

---------------------------------

! Cuidar el estómago es el secreto de la buena salud.
i

i
•

Y NUESTRA SALUD

cuela Nacional de Medicina de México y de la Facultad de Paríf!, son
tales, que su efecto se siente inmediatamente en el enfermo que
las toma.

!
!

Doradas para la• ca•0 • con Blarre6s, Plateada•
para lo• casos que están caracterizados
por constlpaoi6n 6 extreiflmlento•

••
••
•
•••

•!•

---------Las Píldoras del Doctor Huchard se aplicarán siempre con éxito
en todas las afecciones intestinales, y sobre todo en

!
!•

Gastralgía, Dispepsia, Entero-colitis, Catarro húmedo y
seco del intestino, Dilatación estomacal,
Parecía del estómago, Infecci0nes intestinales,
t
Falta de apetito, Agrios, Malas digestionee-, Ulcera del ;
estómago, Disenteria, etc., etc.

i

i

Son recomendadas por los Profesores de la Escuela Nacional de •
Medicina y Doctores Gutierrez, Ban&lt;le"a, Gavmo, Ramirez, de Are- •••
llano Garay, Parra, Ocampo y otrJsmuchos que han recetado enhos• •
pltales y á sus enfermos pacttculsres, según lo acredi1!an los certl:fi- •
cados de tan respetables 1'.acultati vos y los enfermos cur ados con ellas

i

PIDANSE EN :LAS PRINCIPALES DROGUERIAS Y :BOTICAS
Donde eatán de venta con las lnatrucclane• necesarias para su uso-

·

;
!•

►·•·············••t•♦.•t•♦.•t•♦-•~•♦.!~•♦-•··············~•t••··············································••t

Subscripción mensual foránea, $1.50
ldem Jdem. en la capital,,, 1.25
Oerente1 UJll!t Rtltl!t &amp;PINNLA,

Director: LIC. RAt-AtL Rtltl!t l!tPINDOLA.

Los principales médicos de M6xico y de las naciones mú cirilizadas lo recetan ya como el mejor medicamento para el

aede.

C

MÉXICO, JULIO 27 DE 1902.

ELIXIH ESTOMACAL
DE SAIZ DE CARLOS
. . . etiou para las persona s debilitada• que los ferruginoaoa y laa qubaaa.
QeuerTado por el método d e M . Pasteur. Pre11cribese en la• molestia• ele
~ g • , la clorosis. la anemia 7 laa convalecencia•; este vine
~ n d a a las personas de edad, ~ las mujere■, jóvenea 7 • loa Jlllio.,

del

[L MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 4.

Y todas las enfermedades del Ea•
tómago é Intestinos por cr6tdca1
y rebeldes que sean, las cura radicalmente el famoso

Vlao fortlticante, c1ig est.,vo. tónico, reconstituyente, de ■aborexcel••te

Zarzaparrilla

"ECONOMICO"

,

BUENOS DÍAS

�nomingo 27 de Julio de 1902.

LOCOS SUBLIMES.
Dentro &lt;le algunos sigluf', cum1du el hombro ci,·ilizaclo se ha.va adaptado, f'i rs que 11'-~a á adaptarse, á las condiciones 110,·ír-imaR de
la vida nctua l. .v á las exigencias de su casi i mprovisarla ci\'ilización; cuando el torrentf·, ho.,·
desbordado _Y espumante, vuelva á su cauce y
lo recorra plácido .v. tral1(¡uilo entre frondas
colgantes y flore,; abintas, la humanidarl de
hoy va á ofrecer á la de mañana el más extraño·espectáculo, ~• loR pensadores fríos y serenos nos diagnosticarán una locura expansiYa
;· deRbordante y un convulsivo ataque de gran
histeria.
Ho.,· por hoy, .v ya hace más de un siglo de
esto, Yi\'imos en perpetuo clese&lt;1uilibrio ('On
nueRtro medio, )' nuestro estado habitual es
un elesenfrenado neurosismo. Del seno ele un
feuelafü,mo apacible y compresivo, pasamoR
brnscamente á fines del siglo XVIII á un régimen expansirn y de libt&gt;rtad; de la sumisión
pasiva del espíritu,á su emancipación completa; del reRpeto, á la reiYindicación; de la. actividad monótona. al trabajo multiforme y complejo; de la fe, al escepticismo; de la verecl.1,
al campo libre; de la madriguera del topo, al
ambiente del águila.
La ciencia )' la industria. con sus progresos,
han creado nurYaH formaR de trabajo y nuevos elementos de placer. Por el libro y el periódico estamos en comunión &lt;le ideas con todos los espíritus, y por los hilos del telPgrafo
en contacto con todos los pueblos. En los
grandes centros repercuten todos los ecos humanos; pensamos con todas las cabezas; sentimos con todos los corazones; queremos con
todas las voluntades. Cada uno de nosotros
está en espíritu presente en todas partes, lo
m ismo en los festiYales artísticos de Berrnth
que en los combates del Tran~ymi.J, que en los
misteriosos Y fecundos laboratorios de Pasteur
~- de Edison·, )' asistimos lo miim10 á los sepelio.s que á las coronacioneR dC' loR re.res lej:rno::-.
La instantánea y el cinematógrafo nos permiten asistir á todos los graneles Ruce::-os .,· ver
cómo se desenvuelven todm, las peri pccias &lt;le
nueRtra artividad; con el teléfono conversn.mos mano á mano con los auRentes; con el fonógrafo legamos á nuestros pósteros el reo ele
nuestros cantos como de nuestro~ gemidos y
hacemos vibrar las rnces de los desapare-:i&lt;lo!&lt;;
cou los rayos de Rocntgen miramos á través
de los cuerpos opacos y percibimos las palpita- .
ciones de nueRtras vfaceras v las a.Iteraciones
de nuestros órganos. Tenemos ,·acunas preventivas contra las grandes plagas,y cmativm-;
ele las grandes epidemias.
La química prepara artificinlrnentt&gt; los productos cuyo monopolio se había reHerrnclo la
~aturaleza, é inventa, y produce otros mil que
la Naturaleza no :-:oñó. .\ntes de n1ucho no
sembraremos, fabricaremos; haremos féculn&gt;&lt;,
azúcarn&gt;&lt;, fibrinai-; ,r :1lhí11ninas ·" p&lt;&gt;cliremos al
laboratorio y k la u1á4ui11a lo que &lt;·0111iemmn
{t ne¡.(arnm, las tiena.s ag,&gt;tadas y las tturestas
taladas; y la Plectricidad, e:&lt;a E:-;fi11ge tantos
:-:iglos im penetmhle .v 111 nda, &lt;·0111ie11m ya. (1 re,·elarnos sus mi:-:terios v á realizar á nurstra
\'ista sus múltiples prodigios, caldeándonor&lt;,
alu111hrú1ulono:-, curando nuestros aehaqt1&lt;'R,
cLindono.; energías inagotables r1ue explotar _y
l'(•\'elándonos mi.,,terios &lt;]lle podemos apro\'edrnr.
Yivimos hoy la \'ida de toda la humanidad;
nu&lt;istro sistema nervirnm r;e encuentra sometido :,;in descani;o á In ex&lt;"itación de todas las
:-enHaciont•s imaginables; aute nuestra \'ista
gira 1111 ca leidoseopio inagotable de formas .'"
C'olorr.,. X uestra ideación, atropdlada y turhulen t.1, forja, crea, inventa, aplica, explota;
uuei;tra &lt;•n1oti,·idad, a¡wna.~ fatigada., encuentrn p:'diulo ,r cxcitaciún en nne,·a:-: impresiones
y nuevaR aspint&lt;'ione:-:; nue;.tra. Yoluntml Ke ve
ú la Yez solicitada en multitud de Renti&lt;los diferentes~• hacemos cada uno el trabajo d e todo un Yiejo pueblo y de toda una antigua ci,,il ización.
l~Rte exc&lt;•so &lt;le actividad mental moral y
rísica, e,-tá en clt&gt;sproporción ('01) la ;.eHistencia
nrtt1al lle nuestro organi::;mo. Para t1ue llegue

EL ~!UNDO ILUSTRADO
{(ser-normal, fisiolbgica é'i nofensiva, son forZO!"OS Y11rios sip:los de adaptaci(m )' de selecci(m. El organismo, individual y colectivo,
no ,::oportn laR bruRcns tranRicionei,,.
IJoy no vivimo,:. urnt vida normal Y regular, i,:ino una vida de fiebre r de mareo; nuestros órp:anoR, adaptados á excitaciones menos
intensas, á impreRioneR menos rudas y á trabajos menoR fatigoRof'. se rei-ienten de un ,rsurmenagei, peligroRo á la salud física y mental.
TodoR somos neur6ticof-l. anémicoR, ~· vivimoR
en perpetuo estado de debilidad irritable.
De ahí nuestrai- deRgraciM y nuestros extravírn::; ele ahí tanta locura v tanto snicidio,
\' de nhí también tanto a.lcoholiRmO V tanto
morfinismo. Los unos sucumben en 1~ lucha,
abrnmadoR, imbécileR ó enajenado,;; lo:, otroR
buRcan en los excitantes una ficticia '" momentánea re!'&lt;istencia ú Jm, ar&lt;perezas de.la lucha y ú los agotamientos (lUC la deRmesuracla
tensión dE- las facultades ncn1Tea.
Xuestro camino de gloria )' de grandeza eRtú sembrado de víctimas &lt;le la enfermedad,
del vicio y del crimen. HemoR con&lt;]uiRtarlo
para la poRteridad bienef'tar, grandeza.. poderío, ). la hemoR pagado con fibras de nueRtra
carne .v lagoR de nuf'Rtra sangre. Romo:- locoR
tal vez, hist~ricos, r&lt;in duda; pero locos é hiRtéricos sublimes, que nos hemos ofrecido t&gt;n
holocausto al bien humano ~' al progrer&lt;o de
la ciencia. La posterirlad nos lo tendrá en
cuenta y sabrá, como C'risto á la Magdalena,
perdonarnos nueRtro deRequilihrio ? nuestro,;
vi.ci.os por lo mucho &lt;]lle hemo,; amado la Civilización y el ProgreRO.

El Ventisquero.
A los tres añ.os de matrimonio, el marqués
C'ltaha tan enamorado de su esposa como el
día antes &lt;le su casan,iento, lo cual podrán no
alC'anza.r á comprender algunos maridoi,:, pern
eRto no es llll inconveniente para que el a.mor
del marqués resulta,ra 1m hecho.
.
En cuanto á Elvira, que había querido á su
primo Arturo de esa manera especial con que
ama la mujer cuando lo hace por vez primera. parecía estar F&lt;atisfecha de su posición social.
Rin el consejo &lt;le amhaR familias, El vira y
Arturo hubieran concluído por ca¡;.:arRc; pero
como ni uno ni otrn C'onb1 han a.pPnas ,·nn lii1•·
neR elP fortnn:1, se &lt;011,·ino por parte ele_ torio,::
c&gt;n que aqurl matrimonio t'r1:1, nn diRpa.rate en
torl:1 la extensión &lt;le la palabra; qnr no hahí:1
11i ,-iquiera. que penr&lt;ar en rl, put&gt;,- «coi1ti¡1:"
pan )' celiolla", era una. frui-e \'HCÍa de tocio
Renticlo ~- cursi por aiia.elidnra; por lo r¡ue los
primos, a.tendiendo á loR sentimientos dr la
realidad más que {1 loR de suR corazones, hi cieron µunto y aparte en 811 mutuo ,v re('Íproco amor.
Y el 111arquéi-l de G.... .. ,que por lo ilu"tre
rle sus blasones, al par (lUe por su cuanti'osí,-ima fortuna,, había Ritlo el candidato sui,piraclo
por cuantas jówneR de la rnús encopetnrla aristocracia se encontraban en estado dP. merel'&lt;-'l',
~· del que se aseguraba, como cosa 1wn1elta, el
enlace con nna. joven algo RU parienta, modelo
de totlo género de virtudeR \' bella hasta ~er 111
admiradón rle los F&lt;alones ~ que por entonees
concurria. vió 'á Elvira, se enamoré, como un
loco de ella, y C'Onclu.vó, con ~rnn et--cándalo
de to&lt;lo!l, por dejar plantada {1. su futma, la
que dci,clr entonces no Yolvió á dejarse ver en
público.
P.:IYira, por 1m parte. no dudó un momento
en aceptar aquel ventajosísimo partido, y el
linajndo y an·himillonario marqués conclu.vó
por tener el mismo trágico fin que cuenta Yíctor Rugo cupo al capitán .Tehs.
El primer_año de mat,rimoqio1!ó Rea el con0

Domingo 27 de Julio de 1902.

EL MUNIDO ILUSTRADO
venido en llamar el de la luna de miel, se lo
pasaron los nuevos espc sos recorriendo las
principales capitaleR de Europa. Desgraciadamente para el marqués, durante este viaje
Elvira tuvo el capricho de que lf's acompañara una prima suya, la cual no YolYió á separarse de la nueva marquesa.
Aquella prima fué el primer punto negro
en la vida del t,1amorado marqués, porque el
11egunclo, ósea el examante y primo también
de Elvirn, más que punto negro,resultó punto
filipino.
La presencia de Arturo en la casa del marqués acabó por constituir para éste una verdadera contrariedad.
Las atenciones que Elvira dispensara á su
primo, las continuas visitas de éste, y otra
multitnd &lt;le detalles, nimios en la forma, pero no en el fondo, concluyeron por despertar
los celos del marido. Rr&lt;te no ignoraba las reJaciom•s amorosas habidas entre Elvira y Artmo hacía algunos años, pero hasta (lUe los
celos no llegaron á germinar en RU corazón,
aquello había pasado inadvertido. Pero desde
entonce,; no.
Las miradas que se cruzaran entre El vira y
Arturo, laR confianzas que mutuamente se permitieran, las coincidencias naturales, ó que al
menos había que confe¡::arse que debían serlo,
reRultaban para el celoso marido una serie de
supoRicione,- que comenzando por preocupar•
le, conclnfan por constituir su deResperación.
La figura imprescindible de aquella prima que
parecía multiplicarRe cuando Arturo se encontraba allí, era para el marqués el mayor
de todo:, los torceelores. Y procurando ocultar
en lo más recóndito ele su alma aquellos, para
él unas veces fundados y otras hasta criminaleR pensamientos; ncudi'endo á lo mejor á su
memoria la figura de a&lt;1uella otra de la que
había lahrado RU eterna infelicidad, y sumido
en el máR hondo de los dolores y en la más
acerha de las amarguras; mirando siempre
desvanPcerse las pruebas ele cuantas sospechas
concebía; en una palabra, f-ufrienclo todo el
horroroso martirio que experimenta todo &amp;.que]
que tiene la der&lt;gracia ctc que se apodere de él
el no sin razón llamado demonio de los celos,
el buen marqués irnfrfa espantosamente, sin
que á ef&lt;te Rufrimiento alcanzara siquiera el Je
nitivo ele la comunicación; hasta que la figura &lt;le Arturo desaparecía y, como consecuencia de esto, la de la imprescindible prima ;:e
restaba, y el enamorado esposo, al encontrarse
á solas ? en presencia de su mujer, comenzaba por olvidar y concluía por arrepentirse y
hasta avergonzarse de aquella serie ·de eludas
y sospechas.

ción del distinguido diplomático, por el Primer Magistrado de nuestra Nación:
.
Se cumplió el solemne ceremomal de estilo
pronunciando el señor Conde una alocución
muy correcta, que le fué contestada
de igual manera por el señor Presidente.
Al acto asisti6 casi toda la colonia
italiana que reside en la capital; todos los Señores Generales, jefes y
oficiales francos de la guarnición, y
Yarios particulares que gustan de
presenciar la respetable ceremonia.

do la imprevisión de no darles cuerda. Este detalle para un tronquista, cual lo era el marqués, no hubiera tenielo importancia alguna
al no tratarse de un camino tan estrecho como el que tenían que recorrer y al
cual rodeaban multitud de precipicios, en el fondo de los cuales se hallaban los ventisqueros.
En el momento de subir al carruaje, que sólo tenía cuatro asientos,
resultó una de aquellas coincidencias
que el marqués acababa siempre por
confesarse que debían ser naturales.
La imprescindible prima, bajo el pretexto de que en los de detrás se mareaba, se empeñó en ir en el asiento
delantero, y como no era cosa de no
complacerla, Arturo y Elvira ocuparon los asientos traseros.
Trataba el marqués con toda su
habilidad y pericia de hacer que los
caballos que tan pronto se iban hacia
la izq,iierda como querían volverse
á la derecha, entraran en camino,
cuando al fijarse en la sombra que
proyectaba el carruaje, creyó ver que
Arturo rodeaba il talle de su prima
y que ambos unían las cabezas en
actitud de darse un beso. , Y al levantarse como movido de un resorte y ver cómo la sombra no le había
engañado, abandonó las riendas, y
tendiendo los crispados puños, rugió: ,c¡miserables!»
Pero antes que el marqués acabara
de pronunciar esta imprecación, los
caballos, al sentirse sueltos hacia el precipicio,
rodaron por éste, y en uni6n del carruaje y de
cuantos iban en él, desaparecieron un instante
después en uno de los próximos ventisqueros.

***
Desde aquel día y siempre á la

misma hora en que ocurrió la catástrofe que acabamos
de relatar, sobre una peña desde la que se dom inaba todo el lugar donde se hallaban los
ventisqueros, se veía la figura de una mujer,
de la que ni- la distancia ni el amplio manto
en que iba envuelta, eran bastantes á ocultar
la juventud, la distinción y la belleza. Y aquella figura, al retirarse de aquel sitio, lo hacía
siempre por el camino que condu0ía á la finca
colindante de la l!Ue por ahi se sigue conociendo como propiedad de los marqueses de G ...

M.

GAYCÍA REY.

\

***

El señor Conde Vinci desciende
de una de las principales familias
de Italia. Nació en Termo y se educó en Roma. En el año de 1884 comenzó la carrera diplomática en
la Secretaría de Relaciones de su
paÍR.
Ha desempeñado los cargos de primer Secretario de las Legaciones de
Sui1.a, Holanda, Madrid, Wáshington, Berlín y, por último, en Londres, de donde partió para Roma con
el objeto de recibir las cartas credenciales de Ministro en nuestro país.
El señor Conde habla perfectamente el español.
Durante su carrera diplomática
ha recibido las condecoraciones de
Drákbrok, Alemania; la del Aguila
Roja, del mismo Imperio; la de Isabel la Católica, de España; las de
San Lázaro y San Mauricio, de Italia, y algunas otras.
E XMO. S R. CONDE JULIO CESAR VINCI,

Su Majestad el Rey de Italia acaba de enviar al Exmo. Señor Conde Julio César Vínci
para que lo represente ante nuestra República
en calidad de Enviado Extraordinario y 1\Iinistro Plenipotenciario.
El jueves próximo pasado, á las doce del
día, se efectuó en audiencia pública la recep-

El señor Conde de Vinci es un modelo de
elegancia y de afabilidad en su trato; se atrae
fácilmente la!:1 simpatías y Re advierte que es
de aquellas personas que saben acrecentarlas y
conservarlas.
Hablando con el diplomático, nos pintó en
pocas palabras la estimación de que goza nuestro pueblo allá en la suntuosa patria del arte,
y nos dijo mucho, mucho y muy grato acP-rca
de los artistas compatriotas que han marc.bado para nutrir el ideal en aquel su bello país.
Nos habló con entusiasmo y galantería de
la ciudad que lo contará por su huésped, y se
manifestó interesado por la marcha de nuestros adelantos.

Y sí: sois los arbustos; el tronco carcomido
cayó en tierra, ya seco, mutilado y herido;
pero las mismas aves en vuestras ramas duermen;
triunfó de los embates del viento y del olvido
el árbol que en los surcos echó de nuevo el germen.

«La muerte no esla gloria.de los que son osados,
no es el apoteosis de los que son malvados;
para ellos el estigma, para ellos el olvido:
para los seres buenos al arte consagrados
la muerte es como para los pájaros el nido.

***

«Entra, reposa, calla; arroja la paleta
~• los pinceles: duerme en la región secreta
donde la carne baja y el espíritu sube;
y, libre al fin, que vuele tu alma de poeta
como sutil fragancia que a.rriba se hace nube.&gt;

Nuevo Enviado ExtraOYdinario y Ministro Plenipotenciario
de Italia en México.

ITALIA EN MÉXICO.

***

Por primera Yez desde su matrimonio, al
concluirse lo,- mese,; de primavera, Elvim )'
su e1;poso dt&gt;ciclieron pasnr una temporada. en
una magnífica posesión que tenían en t&gt;l Pirillf'O v rle In &lt;'Ual colinda.han los terrenoi,; &lt;'ni!
una ·propiPdad ele loR padres c]p aquelln pri•
mera prometida del marqué:- ,I' en donde la
jo\'en RC había irn::talado desde poco después
del casamiento de aquél con El vira.
El tiempo continuaba, por no variar, en un
todo contrario á lo predicho por el almanaquP.
Hn rín ocho díaR que los marqueses se encontraban en su finca del Pirineo,Y oí uno solo se
hahía dejado ,·cr el sol, cuan'do se presentó
Arturo.
Pn ra el m:irqués resultó éste el mayor de todos los nublados.
Dos díaR cleRpués,amaneciú uno espléndido.
El contraste que preRentaban los rayos del
sol, al toear huyendo las capas dP nieve que
cubrían rl suelo. f'!'a realmente hermoso.
Despu(,s clt&gt;l almuerzo, se convino en dar un
paseo en earruaje, ~- en atención á cine el lugar en que el paisajP resultabH más helio y
donde la nieve debía e!lcontrarse en mayor
cantidad,cra el de los Yentisqueros, se decidió
ir por aquél.
Si el marqués,ála llegada de Arturo, no huhiera 1..stado tan preocupado, seguramente que
no habría dejado de fijarse en que de los cuatro caballos enganchadoR, á lm: dos delanteros,
que eran.muy j6venes y briosos1 habían teni-

Alos Discípulos del Maestro ReQull.
Leida en la velada que se
celebró en honor del insigne artista.

Rendido de cansancio por el sendero iba:
pero mostrando una serena confianza,
sobre el endeble cuerpo llevó la frente altiva
-dombo radiante donde brilló perenne y vi va
la luz de un largo sueño de amor y de esperanza.
¿,Lo recordáis? Cabeza de majestad ceñuda
cual si desafiara la iras del destino,
sin el mohín del odio ni el gesto de la duda,
mas sumergida siempre en una triste y muda
contemplación extática del ideal divino.

.... Y él iba lentamente, muy triste y muy sereno,
con rumbo hacia ese dulce palacio misterioso
que acoge á los rendidos de la vida en su seno.
Tocó la ruerta y dijo:-Yo soy un hombre bueno
que aqu ha llegado en busca de paz y de reposo.
Yo soy una existencia de luchador que un día
sintió flotar un aire de gloria en su cabello,
yo soy un pensamiento, yo soy una ene1·gía
gastados en la ruda y angélica porfía
de halla1· en todas partes las formas de lo bello.

Y atravesó la senda con plantas claudicantes;
El iba lentamente, vosotros no; de prisa
.
marchabais juntos, gárrulos, gozosos y triunfantes;
él iba solo y triste, v al veros tan distantes
os saludó, de lejos, con su postrer sonrisa.

Yo he puesto luz y sueños en todas las cabezas,
auréolas inmortales en todos los dolores.
inmaculadas• túnicas en todas las pure,1as,
co1,onas de luceros en todas las tristezas
y rutilantes alas en todos los amores.

Así, al ver los arbustos que bordan las praderas
el árbol carcomido, dice: Sois mis retoños,
son mías vuestras savias que al circular ligeras
os dan calor; y vuestras floridas primaveras
son las transformaciones de mis mustios otoños.

Abrid; traigo la kábala profética en mi acento;
yo me he ceñido el áureo laurel de la conquista;
'::,Oy un impulso firme y un alto pensamiento
gastados en la magna labor de dar aliento
al Bien y á la Belleza. Abrid; soy un artista.

Yo soy un árbol triste que resistió el eterno
combate del invierno con todos sus rigores;
mas antes de cubrirme las nieves del invierno,
cada uno de vosotros en mí fué brote tierno,
anunciación y símbolo de las futuras flores.

Y- ¡oh magia del conjuro grave y solemne!entonces
la puerta misteriosa giró sobre sus gonces,
ycuna vozqueveníade loalto,&gt;exclamó:cpasa;
tu vida tiene toda la fuerza de los bronces,
amaste la Belleza y el Bien; ésta es tu casa.

** *

Hacéis bien, los retoños, en venerar la santa
sombra ele! árbol viejo '}Ue crió vuestros abriles:
un ideal, el suyo, en vuestros pechos canta:
su gran amor al Arte, su religión, levanta
y anima vuestros nobles anhelos juveniles.
Sed como aquel artista, de majestad ceñuda
cual si desafiara las iras del destino:
'
sin el mohín del odio ni el gesto de la duda.
mas embargado siempre por una triste v muda
contemplación extática del ideal divino. •
Sed como aquel maestro que por la senda iba

y que mostrando una serena confianza

'
sobre el endeble cuerpo ]levó la frente'altiva
-dombo radiante donde brilló, perenne v viva
la luz de un largo sueño de amor y de esperanza'.
Julio 1902.

�Domingo 2?' de Julio de 1!)02.

EL MUiNDO ILUSTRADO

EL CONSEJO SUPERIOR
De Educación Pltblica.

Una ele las creaciones que ma.rnr utilidad
traerán, probablemente, á la causa de la Instrucci6n Pública, es sm duda el Consejo ¡.¡nperior de Educación Pública, que aun cuando
!lo está constituído definitivamente, ya Re han
hecho l os nombramientos de las perRonas yne
figurarán al frente de él, ." cuyos retratos damos en el vresente número.
Se nombró, en primer término, Serretario
del Consejo al Doctor Porfirio Parra, bastante
conocido ya en el mundo de la ciencia pnra
que pretendamos decir algo nuevo aeerca de
él.
El Sr. Parra nació en Chihuahua, ele unn
familia humilde, y desde su más tierna e&lt;larl
se dedicó á los estudios, distinguiéndose má:-;
LIC. JUSTO SIERRA,
Subsecretario de Instrucción Públir.-,.~

in, 1Jh~ho 11.T.:'.--'i'n.\ no
Domingo 2?' de Julio de 1902.
=-====----=-========~~~~~~=======---_:

tarde en la Preparatoria, donde fué el discí.
pulo predilecto del inmorta.l Gabino Barreda;
y más tarde en la Escuela de ~íedicina, donde
iüzo una carrera brillantísima.
En la actualidad es profesor de Anatomía
dei;criptiYa y obtuvo por oposición la clase de
Fisiología hace unos cuantos años. Ha repreRt&gt;ntado á Méxiro en multitud de Congresos
Científicos en el Extranjero, y es partidario
acérrimo de la educación de la juventud.
El segundo nombramiento, el de Oficial del
Consejo, fué hecho en favor del Sr. Alonso
).fariscal y Piña, actualmente Diputado al
Congreso de la Unión. El Sr. Mariscal se ha
distinguido por su afecto hacia la educación, y
á esto sin duda se d ebió su nombramiento.
El tercer empleo es el de Oficial Auxiliar, y
fste fué conferido al Sr. Antonio Revilla, periodista muy conocido y que desde las columnas de distintos diarios ha defendido siempre
la Instrucción de las masas y combatido por
ella.

1

1

Don Rafael Angel de la Peña.

LIC. ALONSO MARISCAL,
Oficial.

CUNOS VIEJOS.
Blas6n.

SR.

DR. PORFIRIO PARRA
Secretario

[Para Frias Fe rnán&lt;lez. l

Uh cincE&gt;l mu_,- hE&gt;roico fué E&gt;l que en lahor ardiente
Robre el batido acE&gt;ro de fúlgida coraza,
marcó con los veRtigioR de sn indomable diente
los épicos blasoneR de legendaria raza.
De una aqnilina raza de viejos luchadorE&gt;R,
que siempre &lt;leRpreciando rPYeReR y irnplicioi;,
á los combate;: iban en medio &lt;le looreR
lanzando en RUR clarineR sus roncos epinicio!':.
Rnrgiendo del escudo, caudn l águila abría
i;tls alm: como en lnrgo reYolotear Yiolento,
y cayéndole encima de la tei;ta, fulgía
como bafiado en llamas un corazón sangriento.
Dice la vieja historia que el cin&lt;'el me ha contado,
que un dfa cuya fecha ít precisar no llego,
·
murió la heroica mzn. clespuéi; ele h:i ber triunfado
sobi-e el águila altiva el corazón de fuego.
¿De qmén fn(· aquella her{ildica? ... Aca;:o en tu m Pmoria
aquel E&gt;mhlema muchoR rectwrrloi- te clei-pierta,
Y Yes en los blasoneR caducos ele mi hiRtoria
corazóñ triunfante sobre un ág11ila muerta!

un

Voy á la Justa.

Reñor:i, yo te juro que en la purp(1rea ar~na
ele la lucha Ít que tran&lt;'eR de amores noR onllan,
logra1·é en rudo esfuerzo lucir mi lanza llena
f&lt;nrt 111, 1111.nare de ~q,11111('! Q,U~ (\ t\11'1 riCll'I fin 1!9 hUmillatt,

ANTONIO REVILLA,
Oficial.

El triunfo.

Encima de mi potro de crin copiosa y i-uelta,
mnr&lt;'hC- á bui;&lt;'ar tm lnuro para tn frente hernwi-:n.,
siguiéronme tus ojoi-, y en la campal revuelta
triunfé, y aquí te traigo la palma victoriosa.
H eroico en la pelea. de todos fuí temido,
jni.té con 101, más bravos y ardi entes p;ladiadoref-,
y ~e cu brió de gloria mi acero enrojecido
en sangre de Pelayos y Cides Campeadores.
Rendición.

"\fas ante ti, señ ora., se rinde mi bravura,
y humillo nnte tus plantas blasones y armadura.
Homenaje.

Que i;i por hra,•o un elfo. r eté firme y Rereno
lcgioneR enemip;afl huscando desagravio,;,
nnte ti sólo ansío caer sobre tu seno,
vencido, pero cerca del fuego ele tus labioR!
Y:i Yei;, ante tu eximia belleza irresistible,
apriRionado (]Uedo por amorosos lazoR,
." lo!&lt; alientos púgiles ele mi raza invencible
se mtrnren en la cárcel marmórea de tus brazos.
El Emblema.

¿,Recuerdas el e111 !,lema c!Pl blasón acerado? ..... .
dice el cincel que 1111 día, que yo á fijar no llego,
murió la brava raza, después de haber triunfado
i;;&lt;lbrP. el águila alti va el corazón de fuego!

•

Pocas Ron, indudablemente, las personas
de esta capital &lt;jue no conozcan {t D. Rafael
Angel de la Peña, nuest ro notable gramÍltico
y atildado lingüist,1.
Maestro de toda una gcneraciún, no ba hithielo entre sus discípulos uno solo que no conserve gratos rl:'cuerclos del i Ini-traclo prnfrsor y
del caballero correctíi,imo. El respeto y eariiio
para el seiwr &lt;le la PE&gt;fü!, ~e ha l,1e&lt;'ho tra1icional en la E~cnela :'\ac1onal f repnratorrn,
dónde siempre• ha ocupado uno tk lo~ primeros pucstos entre los Pducndorl',; de l.1 ju\'ent u&lt;l.
Desde qu&lt;' ter111in(• ;;u c,trrera literaria, !"e
dedicó al µrofesora&lt;lo, hahie1Hlo "ido catedr:,tico de Latín y de Litenltura e11 el hoy extino-uido colegio &lt;le Han .Juan &lt;le Letrán, y de
Lógica, Gramáticn Uastella na y prit1H'r cur,;o
de Matemáticas en la Preparat::-ria.
En 186::l cuando el Relior de la PPiin contaba 32 aíi~s de edad, fu(, nombrado indi viduo ele número ele h «8ociedad Húmboklt,» y
más tarde perteneció al «Liceo Hidalgo,» ÍL la
«::locieda&lt;l de ProfeRores de Puehla,, y al «Aten eo Mexicano dc Cie11cia,- .\' Letras," ·en el que
fué presidente de la sección de Ciencias Filológicni;.
. .,
.
8u coni;tantc d ed1caewn al eRtud10 y RUR
profundos conocin~ientos ele nue~trn_ i_dioma,
le valieron haber s1Clo nombrado md1v1duo de
núm ero de la Academia Mexicana de la Leno-ua ·" correspondiente de la Real E spañola,
º ' J deHcle entoncei-, ._,ecretar10
u
· perpet uo &lt;l e
siendo,
la primera.
En junio ele 1897 rePibió el seiior ele la Pt•ña u11a comunicación oticial en que se le hacía saber que D . ~Ii~uel Antonio Caro, \'icepre;:idente pn ejercicio ele la Repú lilica de Cnlombia lo había designado para que desempeñara' en ~I{&gt;xico el cnrgo ele Címst~l Cie~1eral
de dicha República, pero, por rnotn·os mdepenclientes de su volurita&lt;l, no pudo aceptar
tan honrosa distinción.
Refiriéndonos á sus escritos, diremos que
«La Influencia de l os métodos lógicos en el
progreso de las ciencias," rn_1 «~iscurso sobre
la tendencia actual de la ciencia," otro sobre
«El Positivismo considerado como doctrina y
como método," ,,J;:xposición rar.onada de diver-

"ºs planes de estudios," y otros opúsculo:; mús,
le har. valido extraordinarios elogios á RU autor.
H a publicado, asmnsmo, extensas monogrnfías que forrnau parte de una (ira111ática
Fundamental, para lectura. de peri;onas y,i
formadaH en este linaje de conocimientos; una
Uramátita Teórica Prúctica de la Lengua Castellana para los alumnoH que cnrP-an est'l. matnin en la E:-&lt;cuela Preparatol'iit, y vario" estt:d ios lexirngl'áficos, a&lt;lemús de algunos ensa,·os de Crí tita Literaria, c·on10 el prúlogo ,1
;,:\furmnrios de la ~elY,l,, ele D. .Joaquín ArC'aclio l':1gaza; un estudio crítieo &lt;le ,,Angelina,"
otro d e «El .Bachillel'," ek. Finalmentf•, lui
eo mpuesto &lt;liscun;o", ctictúnu'n&lt;•s sol, rt• obras
de texto ,. numNosos artículo,..
Tal
&lt;·n bre,·e resumc11, la ohm liternri:t
de D. Rafael Angel de la Pe iia, eon cuyo retrato honrarno8 las columna¡; de este se11Ja11ario.

e,.;

--------------TRES SON.E.TOS.
[ l!e,tboven l

CLARO DE LUNA

En alta noche la canci{m serena
trae en su giro ,,agabundo el viPnto,
corno rúfoga triste de un lamento
qne allú en el fondo del pasado suena.

La cantiún del e:;píri tu :,;oiiada
que envuelta en nimbo tle triztez,1 liuta,
cual el nenúfar lúnguido, lllle lirota
en silente riber,\ abandonada.
Destacaba lit luna mortecina
perfil &lt;le pri!1cesa bizantina
tle antiguo marco en la brumosa tela;

Hll

y el viento :trl'ehataba un t riste canto,
l'OlllO

como

la vida que frcnnda el llanto,
1111 hondo suspiro &lt;le 8tradella!

EDGARD ALLAN POE.

De l:t hoguera en que su alma se consume
brilla en su frente re8plandor &lt;livi no,
y en torno al desolado peregrino
Lconorn exhala su inmortal perfume.
.Para que el Cue:·vo del dolor le abrume,
le refieren las sombra,; del camino
d e Ligeya el ·1am1:nto sibilino,
los palidos terrores de Ulalume.
Vaga en la noche de su eterna angustia
crispado el corazón, deshecha y mustia
su corona triunfal, el pecho inerte.

Y en la horrenda visión de su delirio
e~cuchit las Campanas del martirio
presagiando sus bo,1as con la ~Inerte!

cCeopoldo j)íaz.
Oh ¡ cuál traduce la profu1ida pena,
la am'asga soledad clel pensamiento,
la hre\'t' ditha, el hondo :-ufrimiento,
c·on fra,:e niga de misterios llena!
Sobre las teclas púlidas del piano,
desgranando su nota cristalina,
pareee una lihélnla tu mano,

Y tu frente ele anfrnona 1-1c inclina
al eYocar del rui,.l:'iior gernmno
la sollozantl:' vibraci ón divina.

PENSAMIENTOS
La tolerancia es una virtud clifíci 1: 11 uc•stro
primer Hentimiento, _y aun el segundo, es odiar
[1 quien no pirn:,;a igual á nosotros. -LE)IA 1'J"RE.

*

Los poetas son hombreR &lt;Jllf' han rnnservatlo t&lt;us ojos ele ni íio... · D.-1.uni,;•r.

*

Los pintores acaban haciendo rt&gt;tmtos, v los
poetas haciendo pniúdicos. - ROBER'l' o~ LA
VIEJA CANCION

t'.,!ZERAXXE.

Oh la vieja canciún, 11u1wa ol ridacla!
La canción vieja de doliente nota
que sollozar parece una harpa ignota
por vagabumlo céfiro agitada.

De lrL confideucia á la ind iscrcción, no har
mayor distancia que del oído á la boca.-P_1,:-

*

'rIT-8ENX.

�Domingo 27 de Julio de 1902.

LOS BEYES SIN CORONA.
Son los tiranos más terribles que conoce la
humanidad. Desde uh trono que en vez de
oros y terciopelos tiene espuma de encajes y
marfil y armiño, el rey dicta su vol~ntad en
un idioma que sólo comprenden sus iguales y
sus esclavas. Estas son de la más alta nobleza que se conoce en la corte humana1 son las
e13canciadoras de vidas las que encienden la
columna de luz que glria en el viaje por la tierra; las que dan su existencia y no m~eren,
son láa rimas de infinitos dolores y sonneas de
inefabLis alegrías, son legión y se llaman una,

EL MUNDO ILUSTRADO
bre la alegría de la corte. La esclava tiemb~a,
viénenle á la imaginación mil sinsabores, qwere que el monarca esté entre sus brazos ....... :.
¡nunca tirano alguno ha ideado peores castigos!
(Infunden miedo un niño que no ríe y una
mujer que no ama; son vidas enfermas de un
mal incurable: el extramundo.)

DON GERAIIDO LÓPHZ DEL CASTILLO.
Elj'.'decano de los ac~ores rnc~~canos,. pon
Gerardo López (lel Cast1llo, munu rl mH•rcoles de la ~rma.na que termina.
La populni-idacl ele Don nrrnrclo cm grnn-

Cuando el rey despierta, la esclava lo saluda con un beso sobre la mejilla tibia, un claror de penumbra entra por los encajes del trono y va á herir las pupilas del soberano, que
por lo brillantes parecen go?1s _de Juz_ en el
fondo de un capullo. Es estoico a las pmneras
caricias, parece que no oye el murmullo dr
las frases mimosas¡ despu~s de un_ rato se ~a
cuenta de que está en la vida y qmere_ ergmrse y caminará la luz. Entonces cambia todo;
es!necesario que se ocupe de los asuntos de su
reino llegan los ministroR: un polichinela que
va s~bre ruedas tocando unos platillof', un
Pierrot manco y con visibles señas ele maltrato en el semblante un automata con sorbete
blanco trián1rnlos'ctc bermellón en los carrillos y ~on el costado herido por el agujero de
la llave; después sigue el &lt;lescuart~lamiento
del ejército: se vierte de golpe la caJa de ?ªr
tón y ni en la más tremenda batalla pudiera
verse cuadro semejante: caen cien generales
confundidos con cien soldados¡ el dragón erguido sobre su cabalgadura se recarga sobrr
el filo de las espadas; caballos y peatones están en actitud de marcha, por más que Jamala suerte loR haga caer &lt;le cabeza entre las pa-

tas de las bestias y amagados por las pu11tas
de las bayonetas; ¡ah y las estaturas!. ..... provocarían una pesadilla épica: junto á un general que no levanta una pulgada sobre el peluche de la alfombra, está un soldado raso
colosal, tan grande, que apenas el rey Rerá
capaz de alzarlo con las dos manos..
Pero Su Majestad no da mucha importancia á eso de los cartabones, le es igual que el
abanderado pueda pasar por entre las pierna,;
de un corneta ó que un general á caballo tenque ordenar que los soldados se pongan en
~uclillas para hablarles al oído.
La revista comiefiza: sobre un rosetón de la
alfombra van poniéndose en pie los militareR¡
alaunos dan la espalda al Soberano, otroR lo
ai~enazan con las bayonetas, el de más allá
no guarda el equilibio y ~a con su persona en
pleno peluche¡ es m,cesano que pase ámanos
del rey: los deditos sonrosados ponen el remedio al acaso y el soldado puede pararse. En
esa revista no hay que llevar los uniformes
flamantes ni las espadas con brillo; el rey corrige todos los desperfectos sili incomodarse, y
en tal faena se encuentra cuando .... . ,

ªª

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-Vamos, niño, dice la voz de la esclava,
ya es hora.
Sí, es hora de que Su Majestad soporte la
toilette¡ de que lance gritos y manotee cuando
el jabón cometa el desacato de colarse por entre los párpados. Pero un momento después
el rey queda flamante y puede marchará 13:s
avenidas del jardín para adiestrarse en los dificilísimos sports del aro ó de la pelota.
Suele dar el Soberano con su persona en
tierra; las damas de la corte se ponen en movimiento, corren {t levantarlo y le sacuden, á
mano limpia, el polvo irreRpctuoso que se le
ha pegado á las regias vestiduras.
Le dan el alto tratamiento de «travieso,)) y
le suplican que suspenda sus interesantísimos
estudios.
El rey frunce el seño y se marcha silencioso á su palacio.
Cuando come, una &lt;lama &lt;le la corte se situa
tras del regio sitial y le lleYa hasta la boca el
alimento. Suelen caer las augustas manos dentro del plato y mojarse en los caldillos ....... ..
El consejo hace oir su voz:con el esquisito tratamiento de «sucio¡,, "cochino", se suplica á
la real persona que suRpentla la ejecución de
su augusta voluntad.
Se le ofrecen frutas exquisitaR, un trozo tlt
mango, por ejemplo: el re? adquiere unos hermosos bigotes rubios que para sí envidiara el
coronado Kaiser. Entonces la dama de servicio maltrata con sumo cuidado las reales comi$uras de la boca y borra el oro del mostacho de sobre la tersura sonrosada.
DespuéR, cuando la noche llega, el palacio
se silencia, la servidumbre camina de puntillas, la veladora hace penumbra en la alcoba
real y entre las espumas de encaje del trono
cae como un pétalo de rosa el monarca, el tirano, el poderoso señor......
Ya duerme, cesa el canto arrullador, la eRclava bosteza ......

Don Gerardo López del Castillo.

tl_e; la había formado s1~ paso en los ese-enanos ante cuatro generacrnnes.
Trabajó en todos los teatros de la capital,
desde el de mayore:- \·uelos en el arte, hasta
el humilde jacalón ele los barrios. Lo conocían
todos los públicos y todos lo aplaudían.
Don Gerardo tuvo genialidades que aumentaron su popularidad haciéndolo héroe de
multitud de anécdotas en que se le pinta como una personalidad simpática, apasionada
siempre por el arte y de su patria.
Trabajó mucho, muchí:simo, y nunca logró
adquirir el elemento ¡,ecuniario que merecía
su asiduidad en la labor. ~Iui'ió pobre, dejando hijos honrados, que él mismo educó para la
escena.
La muerte de Don Gerardo López del CastilJo hará eco en toda la República¡ probablemente no hay poblado en que falte un habitante que hayaLaplauclido al viPjo y simpático
actor.

Domingo 27 de Julio de 1902.

. ",~t

Al entierro concurriemn su:- eompañer¡os
de arte y entre ellos
ha :-;id~ u,uy sentida la
desa¡)a~·ición del decano artista.

El cofre de B11mbert.

***

funden todo un poema:en su:nombre, en nuestra lengua se les dice: Madres.
Lo primero que aprenden los labios del_rey
es á llamará éstas esclavas, cuando no deJahdo escapar un sonido, sí dibujando u~a sonrisa, porque los tales reyes s~n ~e lo ~as raro
que se conoce: frun?en el ceno a s~s iguales,
gritan hasta desgafütarse y se encienden en
blanca ira ante los que se acercan á reverenciarlos; pero con sus esclavas son todo lo contrario gustan de dormir en su regazo, abandona~ el trono por seguirlas, las imploran,
sienten nostalgia ele ellas ..... .
Estos tiranos pregonan sus edictos por sí
mismos en medio del máR desesperante de
' con muecas que provocan nsa,
. coi;
los ruidos,
pataleos que ponen en desorden el trono. )'
la obediencia debe ser inmediata so pena, dr
algún atroz martirio; ¡ah! los castigos Ron tre-

mendos: el rey pone cara triste, sus ojos Re
marchitan, ve con indiferencia el dominio de
sus cariños y pasa como un nublado por so-

EL MUNDO ILUSTRADO

a~unto TI Ulll bert
:-igue teniendo Pll Parí~ t1u1üt \·ida &lt;'11lllo Pl
¡,rinwr rlín que di11HJs ú
nuestro, ledores una
ncticia ilm,trada ele la
('Scanrlalusa t-stafn .
;,
%''
,,
El púhlit:o parisirn1-e es (·01110 el 1rnP1-tro¡
lt&gt; gusta e011&lt;•~·er los
\.,.:·
111Ú,-; lige•ros inr1&lt;l nt1•f:
de lo 1-ensaci,,11111, v la
prPn1-a seri:L 110 d&lt;"~dt:'ft a eéle gu,t ,.
Entre nota r nota dP
:1 rtP, a pareeP ;,11 lnél rel'i~tas ele mú,: nombre
la i nformaeión cletalhtcla é ilustracla cl&lt;c'l mo•
111e1ito en que fu(· ext.raíclo de la c;1,,-:a 11ú1111•r,, (i,) rlc la al'enicla de•
«':randt• Armfe., Pl fa'"º"" l'ofre de hiPl'l'O 1•11
i¡ , t" lt1s c·stntulorE'S deda11 tPn,·r guardados
l11s 111il ,u1u,•,.: dt• fr:111t.:u,,.
l 11~talúro11s(• grú11,-: y
a11dn11iiaj\'s para hac•e1· li:ij:ir la célt'hre caja v la sensacimrnl noti;ii1 \'Ol {¡ por tocia;; la~
c;dleR rereanas. En poco,- 1110111P11to~ se agolpC, ante la casa una multitud cu,io,-a.
,
En París, co1110 entre nosotros, las na,tler1as
se tornan &lt;'n grandes aeontec·imientoR. PaReante;:, hombres ele negocios. n•púrters, fotúgrafos, &amp;, &amp;. toun Re rnniú allí en &lt;&gt;spera del
grnn monwnto. f-;i cuando flota un _sombrero
Yiejo en la,. aguas del :-,lena, la multitud pa;;a
J1ora,; \' horas contemplúnclolo, ¿.qué no sc•ría
en f'stá ,·ez que se tri.taha de un objeto tanta,
Yeces citado en las c0Jumna1- de los periódicos? ¿cómo se habían de privar de decir: «¡ Lo
he visto!»
·
La gruesa fila dr espectadores se mantuvo ii
clistancia, contenida por agentes del orden público que parrrían rl Renicio lle honor del
rr_v de los cofres.

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El descenso del Cofre.

8u I\Iajestncl ele hierre, s&lt;, hiz11 esp&lt;•rar mu&lt;-110. De la pirz:1. que oc•upa ha en el Regundo
pi,-o, i,n rl lado opuesto :'t la fadiada del e&lt;lifil'io, J'n(, trnllf,ladacla poco á poco; pero una
masa qne pesa 2.000 kilos no puede moYerRe
fíwilnH'ntl'. Drspu?s de tres horas de trabajo,
el augu;;to rnuehlP enseñó \lit ángulo por una
Yentan:i ......
Lo n1i~r:10 •¡ui&gt; Pª"ª Pll &lt;'l teatro cuanuo ,;e
h•vnnta el telún &lt;IPRpnc~s de nn entreacto prolongado, ,-:uc•Pdiú Pn aquel e,;pectúculo. La
aparición h1f saludada rnn un rumor prol011gado ele la multitud impaciente. Despufs RÍ·
guieron las peripecias del descenRo. que los
eoncurrPntes conternphron con atención, prro
no sin lanzar gritos burlPRCos.
.\lgunos se &lt;'Ontentaron con &lt;lecir "mírenlo", con una &lt;'Rpecie de ingenuidad admirativa, por lllÍlR CJUP ese cofre se• parezca á tocios lm,
rnfreR; otroR dieron :-;uelta á la Rátirn qtw Ruele
8&lt;'r fr 1·eeeR la filosofía. .1· la ju8ti('i:t elrl Jlllf'·
hlo.
:i\1 ientras, el bloc im p01wntr efectua.hn 1--n ¡]p,-r-t'nso en tre el andiamnjP, lenta, majt&gt;stno~amentc•, hHsta rl pif'o clr In cfille.
l'n rano mrgó (•on l'I cofre haRta la l'asa de
Remates.

MENSAJE
Para una artista.

•

•

De tu arpegio ele notas cristalino
Irradia con tu voz em hriag:ulora.
Del Arte nnevo C'I eRplen&lt;lor cli,·ino.
Y ;;urge de tu hoen, flor roRatl.t.
En cascadai:; de luz, nial una aurCJra
El ~imún ele tu voz como una oleael;.

O e11 hori&lt;las vihracioneR van tus not:l,-:,
Airo,:as cual laR úguilas andina$,
O cual blanca hnnda&lt;la de ga.viotaR ......

La llegada á tierra.

Y surge clr tu boca, flor ro¡sada,
L'n arpegio c[p notas cri:-tnlim1R ......
Con relámpagos blondos de albor:ida!
J US'fO p AS'fOR füos,

��Domingo 27 de Julio de 1902.

Domingo 27 de Julio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

'11' MUINDO ILUSTRADO

m

feentenaric 6e cfllejan6rc ~umás.
Hay "rllndeR popularida1lei- que lleg,rn :t
borrar h~ nacionalidad &lt;lel individuo, dándole por patria el mundo entero. Así ha pasado
á Víctor Rugo, Khakespeare, Dumás y muchos otros.
Francia rn á celebrar el centenario dC"l nacimiento del popular novelista Alejandro Dumíis, y ef'a fiesta será unn nota para todoR los
paí¡;:es.
Dumíis nació el 24 &lt;le .Julio &lt;le 1802 en Villers-Cotterrts, encantador puelilccillo que guarda. por el fecunqo novelista un culto ferv~!·oso. Apenas se ahanduna_~l tre1! en la e¡,;tac-1~n,
Re mira la eRtatnn del J11JO mmiado, fnn&lt;lula
en bro~e, ;;onrit'nte, cnn su ~arn honnthon:i.

que abundan en «Angel Pitou," y que el autor
coloca en el poético pueblecillo.
.
Ji:n París también se celebrará el centenano
de Dnmús, pero será por los meses de octuhrr éJ noYiernhre, _v una &lt;le la,: ~randes fie1,tas

cos-y no pudo nprontarle nada en rnetúlfro,
pero lo citó para el ;;iguiente día c~m todo ~su c:irnara fotográfica. El protf&gt;g1d~ eshn·1,
puntual (1 la citn y encontró al novelista con
una crriReta del taller dr modas cercano.
--Retrátenos usted, elijo Dnmí1s haciendo
que lfl muc·hacha i-e le colgnra al l'Uello en actitud picaresca.
El fotúgrafo ol,edC'ti{, y obtuvo umi placa
casi cs&lt;·atHl:ilosa.
-Ahora t•xhilw usted ese retrato en s111&lt;
muestreroi- y lo 111anda vender ÍI hnrt.-idilla1&lt;
por los bulevares.
Aquella fotografía íntima obtm·o gran fxitn y t&gt;l fotógrafo i"C' creyó hastnnte proteµ1rl,,.

j (

[

PEDAZO DE UN ORIGINAL DE "EL VIZCONDE
DE
BRAGELONE.''
Autógrafo de Dumás que existe en México en poder de nuestro compañero Juan Sánchez Azcona.

Cuando el proceso iba (t terminar, Dnmús
,;e desistió de su acuRación, y el producto de la
venta de lai,, fotografías, que lleg6 á varios
cientos de miles de iran.::os, fué á poder del
fotógrnfo.

***

l'na &lt;le las excentri"idades de Dl1más, fué
hacer construir un castillo exactamente igual
al que ideó en su famosa novela «El Conde ele
~[ontecristo." Era un primor de arte. Y esta
nota de esplendor le duró muy poco tiempo:

✓

/_,_ -,-¡
--i ..:: ---~- ~ ::~;/

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1

...,_.,.-. -·· - 1

~~~\ ~:~

En el año de 1864, cuando volvió de Italia
á París, no tenía recursos y dió al teatro su
obra (&lt;Gardes Forestiers. &gt;&gt; Xo fué bueno el éxito, porque el cajero se marchó llevúndose el
producto de las reprcsentacionei-. Entonces
Dumás ideó la manera de allegarse recursos
uiilizando su popularidad. Formó una compañia dramática y la hizo recorrer varios departamentos ele Francia, recomendándole que
anunciara en todas sus funciones que asistiría el autor de la obra, Alejandro Dnmái-.
Contaba con poderse transladar violentamente &lt;le París á In población donde se encontrara
la compafiía. Así sucedió muchas veces y lo~
éxitos y el dinero estaban Íl la orden del día.
Pero una vez, estando la compañía en Laón,
se hizo el acostumbrado anuncio \' Dumás no
se presentó en el teatro. La furia ele los espectadores fué tremenda, como que se creían burlados. El primer acto de la obra pasú entre
silbidos y cojinazos, pero cuando sonaba la
campana para comenzar el segundo acto, se
escuchó un gran ruido
en el vestíbulo y Du
más hizo su presentación en el palco. Todo
el furor se tornó en
aclamaciones y los concurrentes g1·itaron ú
una voz:
-¡El primer neto;
queremos el primer ac-

jo de la clase más corriente; sobre esa mesa un
tintero, plumas y bastante papel azul. Tres
sillas de barrotes redondos ....... .. era todo el
mueble.
El único lujo que se asomaba por allí, era
una especie de vaso etrusco en que se bañaba
ya una rosa, un clave~ 6 un ramo de lilas.
DumÍls llevaba pocas prendas de vestir, aun
eH el invierno; con la c.abeza descubierta'y los
brazos desnudos, el ilustre novelista pasaba horas y más horas encorvado sobre las cuartillas,
como un buey sobre el surco, haciendo que
pasara de los puntos de la pluma lo negro sobre lo blanco, ó más bien sobre lo azul. Y á
su decir, aquel ejercicio de galero le producía ·
m1a acre voluptuosidad.
Las pobrezas de Dumás eran conocidas por
los dícerec;; nunca se le vió priYado C:e aquellos gustos dispendiosos que eran fácilmente
explicables en la opulencia.
Jamás clejó de tener mesa puesta para sus
amigos, ni abandcn6 la m·esita del café.

to!
Y no hubo remedio,

Ultimo retrato de Dumás,

jfontecristo comenzó á construiri:;e en 1840
jamás fn{, terminado· lo pusieron ú la venht
&lt;leRpués del fracaRO del 'l't&gt;iltro Histórico. La
revolución del afio de 1848 arruinó al castelfano director y tuvo que YOlYer á P~rís. ~na
mañana se le anunció la visita de F10rentmo,
el crítico de un peri6dico que se titulaba "El
Constitucional. » El novelista acababa de almorzar con su hijo Alejandro. El criado hizo
entrar al yif,itante al comeclor.
-Querido Fiorentino le dijo Dnmíis, no
se apure usted por que h~mos teTminado: tome una de estas frutas y cómala.
Y le pre11entó un plato con dos cereza_s arrugadas, casi Recas. Fiorentino no se hizo . ~le
rogar y Dumás lo miró sonriendo y )e diJO:
-Se acaba usted de comer cien rrnl francos.
-;,Cómo es eso·?
- Jluy sencillo: estas dos rerezas es todo lo
q~e me qu~daba &lt;;1.e Mon~ci:isto y Mon~ecnsto me ha costado doscieutos mil francos.

y

l
Dumás en el año de 1828.

L:i c,tlk principal &lt;lel pueblecillo &lt;le lo;; \'alúis, se llama ele Alejandro Dumús, y (i cien
paf-08 después de ha.her entra&lt;lo en elltt, se advierte una placa de mÍlrmol, incrustada. en un
muro, qu¡, señala la casa natal del novelista.
Ya Yillerfi-Cotterets celebró una original
fiesta conmemorando el centenerario de Dnmás. Fué preciso que la adelantaran algunos
días para que la estación de las Huvias no fuera un impedimento. Toda la fiesta se celebró
al aire libre, reproduciendo las descripciones

&lt;·onsi¡,tir{i f'll la «repri,ei, de ,1Enriqtw III y :-u
Corte," f'n el Tratro Francfs.

***

De pocos hombres se contarún tantas anécdot.-is célebre~ como de Dumás; una de las
menos C'Onocidas es la que narra la mariera
como el novelista enriqueció á un fotógrafo
que se le había acercado á pedirle protección.
Dumás se encontraba sin un sueldo-lo que
era tan común en él como tener miles de fran-

pero Dumás no [ué &lt;le la misma opinión y
completó su genno:-iidad acusando ante los
tribunaleR al retratista y exigiéndole una fuerte imlemnización.
El escándalo que produjo este incidente, fu{,
pasto de las conversaciones de todo París, y
nadie quería quedarse sin un ejemplar de aque
lla fotografía. Durnás sigui6 todo el juicio :l
la vez que fomentaba la venta de lof&lt; retrato;;,
que llegaron á inundar verdaderamente las calles parisienses.
·

l

tuvo que repetirse el
primer acto, y la fiesta
continuó bajo los mejores auspicios.
El té1:mino de esa jira fué en Villers-Cotterets, y para celebr~rse el triunfo de la Jira, Dumás ofreció á los
c6micos un banquete
con manjares gnü,ado~
por él mismo.

El gabinete tle tmbajo de Dumú8, cmu;·
do caía en la rna8
extremada pobreza,
cuando se puso ú redactar su periódico ''El
.:\Iosquetero, por ejemplo, tenía ~m aspecto
casi cenobítico.
Nada que fuera un
adorno, ni un cuadro
ni una estatua. Una
mesita de sabino cubierta con un tapiz ro-

))

EL CASTILLO DE MONTE-CRISTO

~~­

�Domingo 27 de julio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

=

__,.,......,._-------------

AÑO IX.--TOM0 11.--NÚM. 5.

MÉXICO, AGOSTO 3 DE 1902.

Subscripción mensual foránea, $1.50
ldem

Jdem. en la cai,itaJ, ,, 1.25

Oerente1 LUI&amp; Rttt6 6PINOOLA.

llrector: LIC. RAf',UL Rfl'f!; &amp;PINOOLA.

PUYS.-CA SA DON DE MURIO DUMAS.

El fin del célebre rscritor fu? triste. Pa.reer
que el destino se propuso someter á aqnC"l
hombre tltn espléndidamente dotado, á una
prueba más terrible que Íl C'ualc¡uier simple
mortal. Dum(ts tuvo diez meses ,Je agonía,
agonía intelectual que no puede enmpararse í1
la. espantosa penitencia que sufrió Xapolón en
la roca de Santa Elena. Durante diez mC'SPsf'l
maravilloso C'uetltista tuvo la sensación dC' su

impotenria ...... Su hijo All'jandro, c11ru1&lt;lo sobrevino la guerrn, lo llevú ni puf'hlo de Puy,
cerca clr Dieppe, ~· allí se extinguiú para rl
mnn&lt;lo aquel gigantesco rspírítu. un día de
invierno ¡.;umbrío, nebulo¡.;o, siniestro ....
IgnorÍ&gt; lar,; desg1·acias que le est.'tlian ocurriendo Íl su patria, _v súlo hasta el ,líri siguiente de Hit muerte, hasta d día siguientr, lo,;
Prusianos rntraron {1 Dieppt&gt;, eomo si para

rsa últim:1 jornada hubieran e:sperado 4ue
nquel gran coraz{m:=de~Llo,; franceses hubiera
df'jado dr latir.

POR EL JARDÍN.
(Cuadro de Toudouze).

CASA DONDE NACIO PUMAS EN VIL.L.ERS-COTTERETS,

SEPULCRO DE DUMAS EN PUYS

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1902, Año 9, Tomo 2, No 4, Julio 27</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Alejandro Dumás</name>
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        <name>Reyes sin corona</name>
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                    <text>Domingo 27 de julio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

=

__,.,......,._-------------

AÑO IX.--TOM0 11.--NÚM. 5.

MÉXICO, AGOSTO 3 DE 1902.

Subscripción mensual foránea, $1.50
ldem

Jdem. en la cai,itaJ, ,, 1.25

Oerente1 LUI&amp; Rttt6 6PINOOLA.

llrector: LIC. RAf',UL Rfl'f!; &amp;PINOOLA.

PUYS.-CA SA DON DE MURIO DUMAS.

El fin del célebre rscritor fu? triste. Pa.reer
que el destino se propuso someter á aqnC"l
hombre tltn espléndidamente dotado, á una
prueba más terrible que Íl C'ualc¡uier simple
mortal. Dum(ts tuvo diez meses ,Je agonía,
agonía intelectual que no puede enmpararse í1
la. espantosa penitencia que sufrió Xapolón en
la roca de Santa Elena. Durante diez mC'SPsf'l
maravilloso C'uetltista tuvo la sensación dC' su

impotenria ...... Su hijo All'jandro, c11ru1&lt;lo sobrevino la guerrn, lo llevú ni puf'hlo de Puy,
cerca clr Dieppe, ~· allí se extinguiú para rl
mnn&lt;lo aquel gigantesco rspírítu. un día de
invierno ¡.;umbrío, nebulo¡.;o, siniestro ....
IgnorÍ&gt; lar,; desg1·acias que le est.'tlian ocurriendo Íl su patria, _v súlo hasta el ,líri siguiente de Hit muerte, hasta d día siguientr, lo,;
Prusianos rntraron {1 Dieppt&gt;, eomo si para

rsa últim:1 jornada hubieran e:sperado 4ue
nquel gran coraz{m:=de~Llo,; franceses hubiera
df'jado dr latir.

POR EL JARDÍN.
(Cuadro de Toudouze).

CASA DONDE NACIO PUMAS EN VIL.L.ERS-COTTERETS,

SEPULCRO DE DUMAS EN PUYS

�Domingo 3 de Agosto de 1902.

LOS NIÑOS CRIMINALES.
NOTAS CALLEJERAS.
La noticia es ya poco alarmante, porque en
fuerza de la costumbre, nos hemos habituado
á verla con cierta despectiva indiierencia. Sin
embargo, es sumamente triste y se presta á
graves consideraciones del orden moral y sociol6gico.
Hace pocos días hablábamos de los niños
que beben; ahora, un acontecimiento de actualidad, publicado hace unos cuantos días
por los peri6dicos, nos obliga á hablar de algo tan doloroso como la embriaguez prematura: la criminalidad precoz; los niños que beben y los niños que matan; el anverso y el reverso de esa obscura medalla que esculpe en
las tinieblas del abismo la maldad humana.
Lo que los niños del pueblo ven, al abrir
los ojos, por primera vez, es una riña. Y conforme van creciendo, van asimismo dándose
cuenta de que la vida es una lucha en la que
vence el que tiene mejor cuchillo y sabe herir
más certeramente á su contrario. Las reyertas
del hogar, los escándalos de la pulquería, los
pleitos de los ebrios, las conversaciones de familia, las admiraciones y alabanzas á los valientes del barrio, forman en tomo del niño
del pueblo una atm6sfera de odio que poco á
poco envenena su espíritu débil y turba su incipiente raz6n.

***
No es raro encontrar por las calles de la ciudad, mujeres que riñen, hombres que pelean
tumultos de borrachos coléricos, y con ellos'
acompañamientos de muchachos que lloran'
de chiquillos que corren y vociferan también'
de hombrecillos que no levantan media var;
del suelo y que ya contemplan impávidos, como si fuese un espectáculo divertido, el combate de dos fieras humanas que por una causa baladí se hieren y se matan en el paroxismo de una rabia salvaje.
Como en los niños eorios, en los nifios delincuentes hay heredismos insanos, perversidades atávicas, rencores y venganzas que han
ido pasando de generación en generación. Son
niños que estuvien..111 amamantados con bilis
y que están educándose entre la sangre y la
blasfemia.
Esos miserables cuartos de vecindad, verdaderas espeluncas, sirven de refugio á iracundas
miserias y á furias' de alimaña. Estos seres
que viven en ei vicio y ,¡e revuelcan en el sombrío y pestilente fango de la ignorancia y el
crimen, no tienen hijos, tienen cachorros. De
su existencia golpeada, fustigada, inquieta·
de sus amores primitivos, rudos, brutales sa~
len estas vidas tristes ya contaminadas po'r un
anhelo selvático de destrucción y aniquilamiento. En estos niños se reproducen todas
las bajas pasiones. En esas almitas anidan cóleras. En esos blancos templos hay buitres.

***

La riña callejera es para ellos lo que el simulacro para los militares. Tienen en sus casas, en el arroyo, en la taberna, un continuo
y eficaz aprenJizaje. Reciben diarias lecciones de los padre:;, &lt;le los amigos, &lt;le los conocidos y de los desconocidos. El mundo para.
estas criaturas no tiene más que dos formas:
el pleito en cualquier parte, en el hogar en la
vecindad, en el barrio, en la pulquerí¡, y la
cárcel, allá lejos, un caserón siniestro donde
los hombres se perfeccionan para salir más
desalmados y más bravos.
Desde antes de entrar en la escuela, suelen
estos muchachos entrar en la comisaría, y antes que el profesor, tiene que ver con ellos el
gendarme.
Oyen, y con su infantil y vivaz imaginaci6n
abultan los h.echos que se les refieren: escándalos, robos,· raterías, asesinatos. Esas conversaciones aisladas, esas confidencias canallescas,esos diálogos obscenos y cínicos son las
lecciones orales que reciben perpetuam~nte los
alumnos de la perversidad y del delito.
El medio_ q~e ~es rodea los empuja fatalmente. La imitación, natural en los recién
venidos á, la vida, los estimula. Sus juegos son

lllt MUNnO ILUS'l':ttAnO
siempre riñas más-6 menos fingidas. Buscan
defensa ó apoyo en el cuchillo real 6imaginario que suponen llevar 6 llevan en la cintura.
Resultan criminales; pero su maldad no es
una planta de generación espontánea; la delincuencia se la enseflan los padres, la aprendieron de lai:, gentes entre las cuales viven; la
respiran en el aire como un miasma.
La perversi6n colectiva colabora en esta
obra IDOJJStruosa. Los niños delincuentes son
un producto del estado social de nuestro pueblo.

EL MUNDO ILUSTRADO
que enfriaba mis manos el antepecho de la ventana.
Miro en efecto lJ_arejas alegres que se esconden tras el seto onental para beber en honor
de los poetas, en la gloria del sol trasmontan.
te.
Suaves perfumes se escapan por las mangas
de seda.
Triste de mí, c¡ue me siento sin alma y sin
defe"!sa ante el áspero viento de Occidente.. ..
El_ viento que azota los crisántemos y los marchita, asemejándolos á mi coraz6n.

VÍ UNA FLOR DE LIS.. ~.
Las playas del «mar chapálico11 !'&lt;On un refugio para cuando Re hace insufrible el peso
de la Yida monótona de la ciudad lujosa. Allí
hay chalets encantadores, acurrucados en nidos ele frondas, y mesones destartalado~ en
donde se puede esconder la vida, conversando
con labriegos y pescadores sencillos; hay hotel con verandas qne se asoman á las aguas
rumorosas, barquichuelos que corren á lo lar•
go de la playa, remados por muchachas vera11eantes, de rostros risuefio&gt;', vestidas con el
vaporoso traje de campo, del que es ÍI modo
de clásico detalle el rebozo de colorPs fuertes,
cruzado sobre el pecho. Y ~•a sea desde el balc6n del hotel, 6 desde el corredor del chalet,
ya desde las arenas de la orilla snlitaria 6 en
la punta del embarcadero-formado con barro y piedras, que el golpe de las olas lustra
y derrumban,--el panorama es tranquilo, quizá un poco melancólico, predispone á los recuerdoR, provoca á los idilios; se Riente que
por la transparencia de los ojos se asoma una
tristeza, agradable porque es inclrfinida ......
Cuando se tiene humor de c01wersar con
los pescadores, se nota. la influencia r¡ue en
ellos han ejercido las horas lentas, que pasau
en la soledad, sin más compaflía que los peces moribundos arrojados al fondo del lanch6n; sin más idea que tirar hien ele la red
para que la presa no se escape; sin n1Íls entusiasmo que el de volver á la playii verde en
que se divisa la crucecita clavarla en lo alto
del campanario. como alguien que los espera
con los brazos abiertos.
La plática es sahro,:a: apuntando á un lugar
impreciso de las aguits, dicen que allí fué la
gran cat.ástrofe que llevó tanto luto{¡ la ciudad de Occidente; hacen advertir que ('\ pequeño mar es traidor, que tan pronto sus
aguas acarician como golpean, que por laima.fianas convida al trabajo y que por las noches despierta Ít la angustia. Allá lejoR está la
mancha de la. isla del Presidio; nni;,· pocos I ugareños saben su historia..... .

el loto rojo

UNA POETISA CHINA.
La gloria de los poetas no se forma en la
China del mismo modo que en las demás naciones. Dilátase largo tiempo en formarse,
pero así resulta más justa y más duradera.
::ialvo raras excepciones en los tiempos modernos, bajo la influencia del ejemplo extranjero,
nunca se ha dado el caso de que un poeta haya tehido la osadía de juzgar dignas de la prensa sus propias poesías y de publicarlas en volumen.
Cada poeta canta en las reuniones de los
amigos y de los literatos los versos que ha
compue:sto-en el País Amarillo los versos se
cantttn siempre al compás de una melopea tradicional; y si una de las poesías tiene la aprobación de los oyentes, éstos piden al autor el
permiso de copiarla. Y así, de mano en mano,
Ja poesía va circulando entre un público siempre más numeroso, y el nombre del poeta se
difunde fácilmente, espontáneamente, como
un perfume suave.
También algunas veces el autor, por carecer
de relaciones, se dirige directamente al público. De ahí las poesías, casi siempre anónimas,
que aparecen escritas en los muros de los eclihcios públicos ó en una que otra puerta. Los
que pasan se acercan, leen, y si la poesía les
parece bella, la copian y la hacen leer á los
amigos. A poco estas poesías resultan célebres
y populares.
Con frecuencia pasa más de un siglo antes
de que un Emperador dé la orden á. una comisión &lt;le literatos para coleccionar en volumen las poesías ya consagradas por la fama.
Entre aqu~llos cuyas obras fueron así recogidas y publicadas, perduran á través de los tiempos Jos nombres de Li-Tai-Pe, Thu-Fu y elde
una poetisa: Ly-y-Hane, quien vivió bajo la
dinastía de los ::;long, en el siglo XII de nuestra era, y de quien muy poco se sabe, fuera de
lo que nos dicen sus versos, altamente sentidos y personales.
Ly-y-Hane, que es muy admirada por sus
compatriotas, discurre siempre sobre un solo
asunto: la herida incurable de su corazón, que
i;angra en la soledad. Y el amor que atlige y
consume á esta Safo del Celeste Iruperio, aparece como ignorado de quien lo inspira. Acaso
ella no tuvo nunca el valor ele revelarlo. Tampoco se lo habría permitido su condición de
mujer ni las costumbres ni las conveniencias.
« Diríase una flor enamorada de un pájaro; una
tlor que, no teniendo voz ni alas, muere exhalando su alma, perfumada de amor,,.
A su dolor, Ly-y-Hane a:socia siempre en
sus versos el ambiente en que vive, el paisaje
que la circunda, lo que ella puede ver desde
su ventana.
He aquí algunas traducciones:

.Ca fiesta de los poetas
:Niebla ligera; densas nubes, largo el día, interminable el dolor ......
El perfume está por extinguirse en la dorada quimera.
¿No es el tiempo de la hermosa fiesta de los
poetas, el tiempo que retorna siempre? Sin
duda, porque ayer, por la primera vez, sentí

Una flor se abre en la superficie del agua
profunda...... Del agua profunda .........
Tomo el sedal y lo lanzo hacia aquella flor
de las raíces profundas ...... Hacia aquella flor
de las raíces profundas.
Turb~do ha sido el misterio de la tenebrosa
~rofun1idad, ceF:a el reposo, la agitación se extiende a lo lejos. Y trato con el sedal de atraer
el loto ...... como si allí estuviese su coraz6n ... .
El s?l sobrena_;1a en la extrema orilla del cielo: palidece; extrnguese; ¡ay! se hunde en la
noche...... Se hunde en la noche.
S~bo al piso superior. Deténgome ante mi
espPJO..... ¡Ah, el rostro triste y dei"trufrlo'
El rostro triste y destruí do.
.. · ..
Las plantas rev~rdecerítn ...... ¿Cómo yo, sin
esperanza, he podido llegar hasta este día'?

J)esesperacíón
Llama, llama.! Implora, implora!
Restaña! Duerme, duerme! Llora llora! Sufre, sufre siempre!
'
Apenas llegan los días cálidos retorna la
estaci6n del frío.
'
¡Cuán penoso es vivir.!
. Dos ó tres tazas de d~bil _viiio no b~stan paia poder soportar el agrio viento matmal.
Ya los cisnes salvajes repasan el río. Hace
~ucbo tiempo que los conozco, por haberlo'!
visto pasar y vol ver (t pasar.
¡M1 corazím está cruelmente herido!

***
Los crisántemos abundan pór to&lt;laR partes
c◊-n exuberancia suntuosa.
, Pero la flor que aquí se marchita ¿quitn
a desearla? ¿No soy yo la eterna guardiana de
esta reja?
¿Ct!ándo, pues, Re extinguirá el día en la
oscuridad?
l!na lluvia sutil baña las hojas ele las paulomas.
El crepúsculo llega lentamente· la. oscuridad
cae poco á poco.
'
Al fin la noche!
Y sin e~nbargo,. nada ha cambiado para mí.
Ah, qmén pudiera-destruir para siernpre la
palabra «desesperación"!

***

"ª

*
*'*
Nada sabemos de la vida de esta poetisa: ignoramos quién fuese el objeto de su amor- no
sabemos ta.mpoco en qué circunstancias se'haya des~rr_ollado esta &lt;.!olorosa pasión; pero si
una cromca pormenorizada nos lo diJ'ese , 11,,.
,
, b
,
' 1,1-'"
ganamos a sa er mas, acerca de su vida, que
lo que nos dicen Estos versos desolados?
«Con 111. más tiema admiraci6n-dice Judit
Gautier-he descifrado los Yersos de esta noble y conmovedora poetisa; y sintiéndome dichosa de haber sido la primera ei, hacer resonar, fuera de los _confines del Celeste Imperio,
el nombre armomoso ele Ly-y-Hane,,_

Domingo 3 de Agosto de 1902.

..

A esas playas del «mar chapálico» fní ú la·
var las desilusiones de una prolo:~gada. p!lr·
manencia. en la aparatrn::a ciudad-me comen1.ó á platicar un amigo mío que es FIOiiador,porque me las imaginé solitnrias, porque creí
que el invierno habría dejado desiertos los
chalE:ts y el hotel de rumbo. Tenía ilusión &lt;le
no encontrará gente alguna que hubiera pisado las calles de la ciudad que me hastiaba.
Y en verdad que loR primeros días pasaron
á medida de mi rnluntad. Era el único lrnésped del hotel, duci10 abRoluto de la vernncla,
del c:.,medor, de la sala de billares; cantaba,
silbaba, refa á solas cuando Yenía ú Yisitarme
algún recuerdo; nadie me irn portunaba con Raludos ni conversaciones ampuloRfü,; prohibí á
la servidumbre que me dirigiera la palahrn y
fuí muy feliz, muy feliz, cuando .......
Cuando vino á. turbar todo mi contento una
mujer extraordinaria. Llegué al comedor pa.•
ra almorzar, y precisamente en la mesa en
que acostumbraba instalarme, la encontré. Su
tipo era muy acentuado como oriunda del
Norte: ojos azules muy Yivos, tez blanca, pelo
rubio en que se esconclía tal cual hilillo de
plata.
Vestía una bata roja recargada de adornos
blancos. Este traje me causó hondo malestar,
porque me revelaba que la desconocida estaba
instalada en 1,mü, hotel, y no por pocas horas.
1\-Ie alejé lo más que pude y fingí no verla;
pero no había transcurrido un cuarto de hora
cuando oí que con voz insinuante se dirigía
diciéndome en correcto espafiol:
-Caballero ....... caballero, repitió, porque
no hice caso de su primer llamamiento.
-Usted me hablaba.
-Sí, para que tenga la amabilidad de informarme respecto á la vida que aquí se lleva.
-Señora, aquí hace uno su voluntad.
-Gracias.

Creí que había terminado la conversación y
me volví :t mirar el lago.
- 1Qué hermoso es eRlo, ¿ ,·erdad?
-Bí-contesté con indiferencia.
¿Me acompafiaría á pasear usted ei-ta tarde en bote?

¡.\cliós tranquilidad!
- ...... sí la acompañaré á t1F1ted; pero .......
el lago es traidor; tan pronto RUR aguas acarician como azotan ......
-Caballero, los peligros para mí son despreciables.
-¿.Cómo, c6mo es eso? Y acerqué mi silla
á la mesa de la desconocida.
-He vivido en plena borrasca; mi historia
ha &gt;&lt;ido una tempestad desencadenada. Contaré á usted algunos rasgos ahora que Ya.rnrnos al bote.
·
·
La mujer se levantó haciéndome un saludo
con la cabeza, y salió del comedor recogiéndose
el trajP de esa manera como lo hacen laH americnnas, ¿comprendes?

***
\'eíamos á lo lejos la playa con su opulenta
vegetaci6n; parecía un adorno rle plum6n verde pega.do á la ondulosa orilla de las agua,;.
ll:l bote que nos llevaba iba á la vela y por
momentos Re perdían todos los detalles &lt;le la
costa.
11i compañera había cambiado ele traje: llevaba una riquísima bata de seda rosa, con
mangas muy anchas; sobre el pecho tenía
bordada una flor de lis.
Charlaba describiéndome la sensación 1¡ue
le producía la inmensidad líquida; veía al cielo y se abismaba siguiendo con los ojos á una
nube. :Me resolví á decirle con timidez:
-¿Y los rasgos de la historia? ........ .
-Es usted curioso.-Y agreg6 después de
una pausa, esta noche sabrá uRted lo que ha
sido mi vida.
Luego se inclinó sobre un costado de la embarcaci6n y hundi6 una mano en el agua. Iba
mojando la orla de la manga y lo advirtió.
Con ingenuo impudor recogi6 la tela hasta el
hombro y me dej6 ver un brazo escultural y
sonrosado. De pronto ~quivé mis mirada,;,
pero luego ví que no le causaban molestia y
me fijé con todo descaro.
·
Cerca del hombro tenía una mancha azul;
mi curiosidad se animó y me acerqué para ver
mejor; era una marca de tatuaje, una flor de lis.
¡:Mujer más extraordinaria ó más ........ ordinaria! pensé.
La tarde iba cayendo, y la sombra comenzaba á subir de las aguas.

ir

-Nos voh·eremoR, p·erdatl'?
,
-~o, sefi.or; pienso esperaraqu, la noclw.
-Jle c¡uedf frío. Hice !-efia al hotPro el~
que arriara la vela con esperanza de que la,;
olas nos arrastra.ra:1 á la orilla. Momentos deHpués la sombra nos invadió.
.
.
N6s habíamos quedado en s1lenc10 por a!•
gún tiempo. Empecé á pensar:. una_ flor de hs
en el hombro de una mujer mister_10sa.........
Sonreí y palpé mi traje para cemorarme de
que era á la usanza modernn; no, no ll~vaba
yo e:spac!a al cinJo, no ern. un personaJe dr
Dumas o cosa as1.
Ella rompi6 el silencio:.
.
-Si mi juventud hubiera corndo a1 lado
de mis padres, mi pasado ~ería u_n ensueñ_o y
no una pesadilla, nunca unos OJOS me ~mraran con burh ni un cerebro se perdena en
' 6 menos p~nosas. n·icen que
conjeturas mús
eRtoy enferma del alma; el mundo_ es. el que
Pstá ao-onizanclo de imbP,cili&lt;lad. :Mis OJOS han
pasad~ por todos los panoramas, _miR labios
hablan todos los idiomas; he conocido á todos
los reyes y todos los reyes han doblado su rodilla ante mí. . .....
(El botero me clió con el codo y volví los
ojos para verlo: quería reir el muy imbécil.)
-Sefi.ora-&lt;lije creyendo que me contes
tarfa la extrniia mujer ......
Por fortuna. estábamos ya en un fondo bajo, el botero saltó al agua y comenzó á impulsar el bote rumbo á la orilla. Tocamos el desembarcadero. Un hombre estaba de pie á 111
orilla dPl agua. Luego r¡ue saltamos Íl ticrr~,
se dirigió apresuradamente ÍI nosotros. Me miró con ojos coléricos y tomando á la mujer
por un brazo, la ar~astrú precipitadamente
rumbo al pueblo.
lile 'luedé sorprendido. J~sa noche fuí á conYersar con los pescadores del mes6n y me aconsejaron que abandonara yiolentamente el puehlo.
Hace un momento que \'i pasar esa «flor
rlel isada. » en u na carretela a.hierta. Parece que
,·a rumbo á Chapultepec, ¿.quieres 'lUe la busquemos?

.Cuis Frías Fernande~.
EL SUEÑO DEL JAGUAR.
Bajo los negros árboles del bosque
se entrelazan las lianas florecidas;
en el aire pesado los in¡.¡ectos
Yan y vienen, ~· en curvas infinitas
se colnmpian los pájaros brillanteR,
los monos, laR aralias amarillas.
Es allí que, siniestro y fatigado,
entre los viejos troncos de marchitas
y musgosas cortezas lentamente
el cazador de be,;tia~ se aproxírna,
frotando !':US riñones musculoso,;
con su elástica cola v las mandíbulas
entreabiertas, seclie~~'l.R, arroj1111do
ronco y breve resuello. Sorprendidas
huyen las alimañas, los lagartos
cuyas escamas en la yerba brillan,
y los reptiles en la espesa fronda
se calientan al sol del mediodía.
Es un sitio del bosque donde nunca
penetra el rojo sol, allí reclina
el jaguar su cabeza en una roca;
pasa el áspera lengua humedecida
por sus potentes manos; luego entorna
sus ojos soñolientos y dormita.
En la ilusión de sus inertes fuerza~,
hace mover su cola estremecida
batiéndose los flancos; despuéi-1 ,;uefü1.
que en medio de las verdes .v escondidas
florestas mudas, las filosas garraR,
co11 sorprendente rapidez felina,
hunde en la carne de los recios toros,
que mugiendo, en tropel se precipitan.
LECOXTE DE LtSLE.

�EL :MUNDO ILUSTRADO

Domingo 3 de Agosto de 1902.

EL :\lU~no ILUSTRADO

et cJJ'(tnistro 6e. cJJ'(ézico en . Bu6a.

LA ZIRANDA DE LA QUINTA.
Era la celad li,;onjem en que el nlnm be),p
t'll la copa ele las prin11•ras emoeiones.
Fué esto al salir de la infanda, cunndnlampos c]p luz cierran el hori1.011te ele In ,·ida.

RECEPCION SOLEMNE

El Presi,le11le de Cuba, !:Ir. Estrada Pah1~a,
ha recibi&lt;lo en arnliencia, con l'I 1·1·rcmomal
&lt;le costumhre al :--r . I ngeniero D. &lt;3ilhcrto
Crespo y :\la/tínez, primer :\linistn1, l'll'nipo•
tr.ncia rio aereditiulo por n uestro paiH ante PI
( iobicrno de la naciente República antillana.
La recepci6n , dice una co~r?-;
ponden cia de la bla, "e Yenticu
en Palacio v fu(· de lo más i-ignificati\'o. A la llegtllla &lt;lel i--r. Cn•spo y l\Iartínez, lo" artilleros cnhnn os 1·on su hamh•ra, presentan&gt;"
am:as, ,. la banda J l u11i&lt;"ipal 1·j,·cutú ci' 11 i111no l\:tya111és. l &gt;&lt;"spués de la ct•rc1110~1i:1 diplo111úti1•a
!'lalió el nuevo :\[nustro, y al llrgar frente ú la b:rndera. t'Uh:~na,
hizo ú ésta una re\"erencrn, :-1enclo salu&lt;lailo· por los marcialc:aeordes &lt;lel ll im no :--acion al Jlcxit'ano; de ese h imno, 111ús hermoso cuanto m[1s lejos tle In. patria :se m;cucha. E l sef1or Cre:-;po
permanecií, un nrnm en to en la
puerta ele Palacio, emocionndo,
c:&lt;cuchando las ,·ihrantc:;not:1s ,lel
himno p atrio.
•\. l a audiencia :súlo concurri&lt;'ron las altas pcrsonali clacl1•s de lit
polít ica, entre las que estaban io,~ecretarios &lt;le l)e.o;pach o, el Ayudante del Presidente y el &lt;lel .J efo
ele la.,; fuerzas, el Te,;orero C:encral el Prei-ide ntc y el Fiscal ¡Jcl
T ribunal i--upremo. PI Yiceprr,;id ente de la Rep ública, el .\.lcalde
:Mu nicipal, Reetor 1lP la UúiYersida d (tobernador Ci"il, 1'resi&lt;lente d~ la .\.u1liencia, .Jefe de las Fuerzas, Pre·
sident e d el ~enaclo, Pre:;iden tc &lt;le la A1~1demia de Ciencias, Director !le PenaJr.:-:, y algunos 8enadores y Hepre~ent:111te~.
. .
Despu és de la ceremorna, el ~r. ~hm:stro
fué present:ldO por el Pr~sidcntc Estra~a P:~1nui á ca&lt;la uno de los citados persomtJe:,;. hn
la tar&lt;le' el scilor l're:spo,
ilcompafüulo
.
, . . del,
Címsul seflor l'alonnno , cstm·o a v1s1t:Lr a
cada uno de los Secretarios de Despacho, con-

\trri&lt;'ultura :-eflor 1\·rry, quien ll' hiw 111úl.ti "ples pn•!.(untas
'
' ·
.in t en•s;UH
' 1os&lt;·
'sobn· ~l t•x1t'o,
por n m•~tro ptiís.
],&lt;1:- discur,-o,- eambia,los entre PI H&lt;•pn·:-&lt;•ntante &lt;l&lt;· ~lí-xico y el :-;r. Estrnda l'nl n ia, ¡•,-tu\"Íerun llt•nos de afeduo,;:i:- frn,-;e,- para los dos
paí:::es, unidos de hoy. en ¡JeJanle,
no súlo por la c011rnnHlail d1• su
I1•11"ua y de su origen, sino ·tami,i(.~ po;· su:- in:;tituciune,; y tt&gt;ndrnl'ia,.;.

0

LA PB~:m:.a.VEBA..
t;"n &lt;lía se me ocnrriú-preYalido &lt;lcl perm iso superior de &lt;tue &lt;lisfrutaha 1h• inquirir
cuanto en µann me Yiniera- recorrer el !'ala•
cio de las fü,tal'ion es, c¡ue se l e,·anta e11 una
d e las regione:; mús agrndable:s del país ,le la
Imaginaciún.
Satisfice mi &lt;"t1riosi&lt;l1t&lt;l; pude contemplar ele
cerca las hahit:H:ioncs lujosas y tapizadns dt•
tri plealfom bra del In"'.ierno.•\. mi _sabor examin{ los janline!&lt; muranlloso,-, culnertos de flo- ·
res y frutos por los que pasea el \'ernno 1•n un
tmJé que n~&lt;la tiene que envidi:n. :, nuestro
p rogenitor ,\.dán, como no Kea la h~Ja &lt;~e parrn.
Me exta.o;ié bmm rato ante las halnt'lc1ones coq uetue~ai-_ del Otoño, y tra.h(&gt; c_~n ,•er:4aci~n ,c·on
el propio mterc:-;ido, com·en-ac10n ,ql!P qu~za algún &lt;lía rt•,·elarc en forma. &lt;le vend11·a «111tNview.»
Iba á salir ,·a 1lel Palado de las Estacion es satisfech;, f instruíclo, en lo que !'ahl',
cua'ndo :-;e me ocurriú preguntar á mi amahlt•
cicerone por la Primavera.
-?\o la he hecho pasar, porque nclualnwnte está la pobre muy atareada~- ten1n &lt;[Ue h !'S·
torbemos.
-¿,En ¡¡ué sr m·upa Psa i;rflnra·?- pn•gunl&lt;'·
asombrado.
-¿,Olvida uste&lt;l acaHo que dentro tlr bren·s
¡Jías ha de i,alir [1 1•¡,rena.
•
-Es yerthul; p&lt;•ro 110 quiero de;;aproYcdiar

º***
l'na corta distancia nos ,.;epnraha de Gruapan, ñ donde por priníern ,•ez se dirigínn 'mi,¡,nsos.
C:~1:iinaha apr~s\~raclo, ·11e~111 ya mi ima~in11c10n ch• Jo¡; p:nsnJe¡.; maranllo:-os que se hahrían de &lt;le::-arrollnr ú 111i Yistn. en múgico ealeiclmwopio.
Ya &lt;',-cncha:,a t·I mnrnH1rio ele tnntos mann11tialt•s y l'l moníitono, p&lt;'rO imp011ente zmn•
!&gt;ar clP las l'a,-1·adas; ya miral,n lo:- úrbol1•s cunpcl~1s el&lt;' sahro:;as frntns y las flores ele inlinitn
,·:11wclad 1 J\ll' lapizan &lt;·1 stwlo, y YeÍa los rojos
Íl'&lt;"hos de )a,; ca:-as clP,-tnc:1rs1• :-ohr~ !,¡., Yerdi•s
Y l'slwl~os Jl, at:!narcs lllC'cidos por el viento.
«¡,\ )11 e:&lt;ta l n111p:m!» Pxcla111í, í1 mi lado
u_na \'01. cuyo_ c•co, ;"ª mu_v lc•jano, resuena
:;1emprc en llll cornzon.
. En :·ano. s&lt;' dilatnli:m lns pupilaR de mi:s
ºJº"; l na lllllll'lha l'nrtina dr Colh,je me i111pcclia IIP~ar l'Oll la mirada hasta el edt:n flori'.lo. Hal~m algo l'OIIIO ~ma~c•l\'a olN·urn qne se
mterpoma llc•na clt• IIIH-teno,-a maj&lt;&gt;:&lt;t:1d.
«Co!1tt&gt;mpln &lt;'S&lt;' úrhol Honú ilP nueYo la
arn1&lt;&gt;l)lº"ª \'OZ _&lt;l&lt;' 111i p:ulre:-lus clías que Jo
han ,·,sto l'rgmrst• ,-ohrp la tierra, son at'a,-o
tanto: &lt;:01110 las hoj:i" que lo euhren. •
. .\ton1to clctm·e el paso para medir con 111i
\"l~tn aquPI l;(iirante &lt;le la Ycgetaciún, que 111e
había p:ir¡•~ulo un hoi-que enl&lt;&gt;ro..\c¡uella in111ensa rortrna qne nH• irnpedíaclivit-:ará t·ru:1pan, aqlwlla "cl\'a obst·urn que ocultaba el
lianorama, no &lt;"nLII, en eft:cto, mús que. nn solo
arhol, orgullo cfo la c·reaeiún!
¡ Era la «ziranda,1 ele la Quinta!

El sefwr lngPnicrn Crc:;¡,o y
~Iartínez cm•nt:1 1·n su nl,0110 los
111ús l1&lt;n1ro~o,- antc-ecclP11l1•s : l' n )Ií•
xil'o cll':-cmpcflú por alµ(m til·lll·
po la ~ub,;ccretaría dr Fomento.
rnpt[1nclose la e,;tinuwiím de cuantos lo trataron, por ,;u cnrúd&lt;'r
afable. espíritu c·o1wilindor _\' r&lt;•e·•
titml d1• mira,-. ,\ la mnerl&lt;• 1lt· D.
,\ncln'·!&lt; Clemente \'úupwz, &lt;·1 anti.,uo Cún,-ul &lt; ieneral de J [fxiro
e,~ l 'uha, fuí• nombrado para i;ul,stiluirlo, y rn ese nuc,·o 1•1wargo
trabajó sin de,-l':rnso para fortnlt&gt;•
cer las reln!'io1w,; nwrcantileH existenlt•,; entre nue,;tro ¡,ab y la 1'1•rla ele las .\.ntillas.
En e,;te senti&lt;lo, nuestro paí,.;
le µehe mu&lt;"ho.
Por lo demús, el primer Ministro de )léxil'o en l 'nha p,; generalmente estimado l'n la I sin, &lt;¡U&lt;' ·
c·onsidem como su ¡;pgunda patria.
Prueba muy clara dP esto ~on lo,.; elogios t'0ll
que la prensa de la Habau:1 1•11alteciú los mí-ritos del estimable diplomatico, al dar cm•nta de su solemne recepción por l·l &lt;;obierno Cubano.

..

.

SR. ING. GILBERTO CRESPO Y MARTINEZ.

versando a.mistos:L y cariñosamente con ea,la
uno el&lt;· ellos; sohre· todo con 1°1 St•cretario ,h·

ocaisún tan oportuna. Le rnego m&lt;· llern ú presencia de la l'rin1a\'era.
Echamos :'1 andar, y por el camino mi amable guía m&lt;' dijo:
Paréceme que se ha dt• arrepentir uste&lt;I de
su c-nriosidad.
- ¿,Por qu{·"?
-Pon1ue ya sabe ust&lt;·cl que analizando de
cerc-a las cos:u;, 1,;p pierden muchas ilusione,-.
- ¡Bah!
he Yisto acaso mil veces los
1•ncantos de la primavera? ¿,Querrá u¡.;ted hacerme creer 1¡uc la realidad no superar{\ {l la
ilusi6n'?
)li guía murmuró unas palabra:- qu&lt;: sin eluda le sugería su mal humor y, de pronto, :&lt;l'·
iialando Ull!\ puerta, me dijo:
-Puede usted pasar; ahí Pst.á la Primavera.
Penetré en una habit:1eión mús pnfum:ula
c¡ue tien&lt;la. de peluquero.
Hcntatla. en un diván , con un pincclito Pn l:t
mano iz,¡uic•rda y una borla de &lt;larsc• poho en
la derecha, estaba una viejecita, llenn la nm1
di' afeites y el t·uerpo de alifafei-.
- J&gt;ispenHe usted, seilora, dijt• dPspu&lt;~s ele
haberla examinado; sin duda nu• l'&lt;¡UiYoqu&lt;'·.
- ¿.l'or quifn pn·gunta"?
- Desea.ha ver{¡ la !'ci1orila Prima,·era, Y. . •
- ~cr\'Ídora ele u,,-trcl, cont,•stú la bruja. ti1w-.
dé de pie&lt;lra. Ella &lt;¡ue \'iÍI mi a,;mnhro, soltÍI
una c-arcajada y dijo:
- Ya, ya comprundo! Pero imagine u:;led,
hombre de Dio,-, qnc c-uento yn mucho,; .s iglos
de existencia, y que la juventud no dura cter-

.

***

1&gt;_ehajo d~ ~lla r!'ina si1:n1prc la :-01ubrn. con~·crtHla &lt;'11 t~mel,las, cle tal ¡.;uerte. qtu• 1w deJan ,k~('ubr:r el tronl'o qu&lt;', 1·01110 E&gt;i cimiento
el&lt;&gt; una torn•, soporta la &lt;':-tu penda 1¡10Ie de

----- -

Y&lt;'nlura: janiús han pe1wtra&lt;lo por sus rama;;
el du(c¡• centellt·o'tlt• las 1•stn•lln,;, la argentada
rlaridacl de la luna, los elhwios del astro re,·
,h·l clía!
·
El cielo-.\guanda, » como le dicen pol'ticarnente los ,qmrépecha »-l'ir\'e de ca¡wlo con :--u l'ristal
purísimo ú la nncha
fronda. al tallo cn•
Jo,-al, :í la:-; nlHlosas
raíce;;, r¡u&lt;', éomo
hrazo,- clPI ri-c¡uelctn
dr 1111 titún, agnrran
al :-ut&gt;lo en una exkn,-iún l'nnsic!Prahll'.

3° de

Agosto de 1902.

En política, la inconstancia t•s una opinión :
e:-; la de todos los hombre¡.; de negocios. -R.,m·,-sox.
La caridad obligatoria CH el cur:-;o forzado de
la nwndiciclad.-vALTOt:R.

**,:·
E"

IJll&lt;' e•n
tie111 pos anti~uos,
la tribu cntna ,1u;,
¡,ohlal,a á l "rna¡,an
iha allí. :'1 :a hora
&lt;'n que,;¡ i-;ol l':,;lá Pn
·d (·enit, ú rendir
e·ulto al geni,, dc• la
norhe!
¡( 'uúntas ,·&lt;'ces 1111
&lt;-jí•rcito &lt;le Yalien!t•s tarascos 1h•:&lt;&lt;':lll"ªría de :;u¡.; fatigas
tlehajo ele aquclla
cleliciosa hín·edn!
¡C'uúnt~s_,·l·cc,- yo rni,-mo \"Í &lt;·n lo,; &lt;lías ele
nuestras &lt;'(ll&lt;':\H ludias ú un c-;cuadrún con1•
J~ldo ele guerrili&lt;•ros oculto 1·11 a, 11wlla oliscurnlacl, pro11to Ít can con10 el ran1 soltrf' t•l
l'riemigo atrinl'hcraelo en lTruapanº!
¡Y c·uúnt.11,; c•sr. recinto ~omlirío ,. místico se
ha tr0&lt;·ado en templo ,lel rlios dc• los idilio:-'.
f:1111:1

.

¡Q~1í· h~rmosa, q~ie imponente ~- qu{, llrna
clr_nrn-tenos l'."' la ;manda ele la Quinta!

Eut·.\trno Hnz.

nn.mente. Como todai-, hu, co,-as, &lt;•:;toy i-mjeta
:1 ca111l&gt;im:, ~- en 111í, romo en todo, la ilusión
de los demás es lo que me pn•st:t 1•ncai1tos.
Y al decir 1·sto, "onriú y su ,-omi:a:a resuití,
honible muec·a d&lt;' ,;u hota desdentada.
:--o q uise Yer ni oir niús. Y clesde entontes
miro con lle:-wonfianza los encantos de la !'rima ,·c•ra.

***

;."º

SALOMÉ.
B:.ul:t :;obre el marmí,reo ¡,a,·imentn
y su forml\ impeta hh· 1wrcgrina
1•n una ll'Ye on,lula&lt;·ií,n felina
puehla &lt;le aromas l'i clonni,lo yi,•nto.

••

Entorna la, pupilas sofladoras,
su caht'll&lt;'f:t fú lgid1t d1·"·lta;
y &lt;'11 la gl oria inmortal &lt;le· i-11 l1t•lll'za
Y&lt;· al lPrminar sus 1lanza::- tentaduras
una fuente de hruilida ¡,lata
dPl H:rntista la pt1licla &lt;':tl)(•1~1.

&lt;'ll

. . ~·-·

UN RECUERDO .
[ Traducción de Loopoldo D ia• ]

Eu..\ miraha fijamente el suelo.
En el hondo silencio los imtnntf's
abi~mos eran ele dolor y duelo.
¡Oh_, ~í po~ siempre juntos, anhelantes,
un 1mprev1sto golpe nos hiriera!
'Lentnrncnte cla,·úme "US brillante:-;
ojo;;..\ un miro su conn1lsa boca
hahlúndome palabras, \' e,·ocando
una rojiz:t"_llaga, &lt;1ue s:ingrando.
pareee que salpica á quien la toca.
(; ,\BHIEL D' .\X~V:\ZlO.

Lo ,;obrcnalural dt&gt; ho_r, pur.1h• sl'I' lo naturnl de mafüma.-.JE.\'.\ H.urn,\.S.
Em·idiar 1•,; &lt;l1·s&lt;·enJ.,r. - .Tm,E,- llll'.\ltll.

Florece &lt;le pasiún su moYimi(•ntn,
,-;onríe de p lat·er su faz clivina,
y su trúgiro ps¡,írtu ilumitn
Pi fulgor &lt;11· un rl'lúmpa~o :-,mgri L•nto.

Domingo

!-l,ly_ARJ;;S PI NTQRE~COS,-TeziytJfo,

�Domingo 3 de Agosto de 1902.

flrfisfas jóvenes.~----.Joven y consagrada por completo al estudio del piano, Artemisa Eliwnrlo :-urge Pn la actualidad como una risueiia promei-a del arte.
En esta pianista y compositora se reúnen &lt;lotes ,·aliosisímas, como son la per!'everaricia, la
modestia, el buen gusto y, antes que todas, el acendrado empeño por el triunfo netamente ar~
tístico, sin mezcla de atribÜtos que en algo pue&lt;lan deslucirlo, pues Artemisa ni ha pensado 111
piensa dedicarse {t la euseñanza para medrar con ella.
, .
.
Desde los primeros años de su infancia, nuestrn hermosa artista comenzó, ron ex_1to enndiablt&gt;, los estudios de piano y composición: aquéllos ,lirigidos por .Julio ;\forales y .Julto lttHtrte y los últimos al lado del notable maestro D. :\Ielesio :\forales.
' Terminados ambos, Artemisa se hnz6 á la vicia clel concertista y en ella continúa recogiendo
aplausos _v formanclo, poco á poro, la iomarce!'ihle corona de laureles que en tiempo no lejano
ha de ceñ,r.
El teatro del Conservatorio, la Sala Wágner, el «Círculo Católicon de Puehla y otros centros donde el arte se reftÍgia, atestiguan los legítimos éxitos que Artemisa ha conquistado en
sus audiciones.
Como compositora ha revelado poseer valiosas dotes de ternura y de sentimentalismo m11rcadamente religiosos, con insinuaciones de sabor simbólico, y de ello dan clara n1nestra sus
ocFugas» y sus «Cánones.»
Ho1uamos hoy nuei;tras columnas public,indo el retrato de la joven y bella pianista mexicana, que ha. logrado colocarse, en temprana edad, á una envidiable altura de conocimiento;;
y reputación.

Domingo 3 de Agosto de 1902.

RT. MUNDO TLUSTRADO

RL MUNDO ILUSTRADO

Rl incendio del Teatro Princí¡al
EN PUEBLA

ocEl Imparcial» ha da&lt;lo cuenta pormenorizada del terrible incendio ocurrido en el Teatro Principal de Puebla en las primeras horas
del último lunes, y que tanta sern,ación produjo en aquella &lt;:iudad.
Las proporciones del siniestro fueron tales,
que no hay, en la capital del vecino Estado,
memorias ele un aeontecimiento semejante:
todo el edificio quedó reducido á cenizas y escombros en unos momentos, perdiéndose con
la completa destrncción de los archivoR de la
Compañía de Zarzuela que en él trabajaba y de
los guardarropas, el patrimonio ele muchas
familias,qne han quedado reflncidas á la miseria.

***
Xo f-ie f'abc á punto fijo cuál fué la causa
determinante del siniestro: se decía primero,
que la fusión de un aJ11m bre de la luz eléctrica hizo que el fuego invadiera poco á poco el
teatro; pero fué desechada esta versión como
inverosímil, debido á que el circuito se apaga
á la una de la mañana y el incendio se declaró

EL TEATRO ARDIENDO.

horas después. Se considera como probable
que el fuego tuvo origen en el departamento
de los coros. Esta versión se funda en que,
por la falta de la luz incandescente á la hora
en que los artistas abandonaban el teatro para
dirigirse á sus habitaciones, muchos hicieron
uso de velas,y en que no es remoto que alguna de éstas quedara encendida en los cuartos.
Las autoridades no aceptan tampoco esta versión, en vista de que el fuego i;,e declaró por
distintos puntos á la vez.

***

La imaginación popular se ha dado vuelo
discurriendo sobre las causas posibles del siniestro, y no ha faltado quien lo atribuya al
diablo.
Nuestras ilustraciones dan perfecta idea de
la magnitud del incendio, que represenh para los propietarios de.l teatro una pérdida com- '
pleta.

Hay en las jóvenes adorables pudores: te_
men dejarse adivinar los secretos que tienen,
y guardan cuidadosamente cerrado el libro en
que no hay nada escrito.--G. M. VALTOUR.
Las mujeres, eü su mayor parte, no nos
a,man: no eligen á un ~ombre porque le amen,
sino porque desean ser amadas por él. KARR.
• #t '

DOS SONETOS
LOS PAJAROS
En los huertos desiertos de turcos v alhanesef\
los pardos ruiseñoreR sus arnore:- mm'.mullan,
en tanto que las tórtolas 8e acarician y arrullan
en las rígidas copas de los yerto,; ciprefles.
En las dormidas naves se posan las gaviota:;
á de~pedir del día las ~xánimes luce&gt;',
v en torno ele las Siete Torres los avestruces
van midiendo á zancadas los campos rnmeliok-i,i;,.
Do el arte muestra ruinas y primavera galas,
se oye trinar cadente, se oye batir de alas,
más que la cauta orquesta del céfiro 8Uaves;
Y al caer de la tarde y al despuntar del dfa,
ociosa como un hijo de Agar la fantasía,
por_el espacio inmenso vaga en pos de las aves.

NARGHILE
En rnga8 reflexiones el fumador se abisma,
en un C'afé del muelle. viendo el sol que se pone.
y en el cristal del límpido narghilé descompone
al:1nu-tir, los matices policromos del prisma.
Orla blanco turbante 1&lt;u faz de tintfs rojos
y del «tornbekii&gt; envuelto en la humareda densa,
¿.cómo acertar que siente, ni presumir que piensa
á través de las turbias pupilas de sus ojos?
¿Es tal vez un satélite de la Joven Turquía,
un~fanátíco ulema ó u:i miserable espía,
que recompensa pródigo el imperial erario?
¿Saborea Husiones ó le amarga el estío?
Ni él lo sabe; y á solas, en medio del gentío
con el ~umo celebra s~ coloquio diario.

Fotograffaa tomadas expresamente para "El Mundo Ilustrado".
ANTONIO m,; ZAYAS.

�Domingo 3 de Agosto de 1!)02.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILU8TRADO

Domingo 3 de Agosto de 1902.
el Sr. Mayor Escandón, han sido. objeto de
i:iumero sas felicit~ciones de sus amigos y com})aiieros•

SAN A NGEL

Las fiestas En~San Angel

"

La expof'irión de planta", flores y fruta¡;; wrificada el último domingo en Ran Angel, ha
sido, sin duda, la nota más Raliente de lastradicionales fiestas del Carmen.
Se escogió como local para la exposición
el lado norte del jardín de San .Jacinto, dividiéndose el certamen en tres secciones: la primera, que era la &lt;le las plantar;:, se encontraba
cerca de la entra&lt;la; la segunda, de fruL'lr&lt;, 1&lt;eg uía á la portad a q ne daba aeceso al jardin, y
la tercera, de flores, ocupaha una de las calles que desembocan en el kiosco central.
La sec&lt;'ión ele planuis tPnía en pri mer t?rrnino un lote que representaba un pequefio
jardín. Entre las plantas que figuraron e11 él,
se er.co11trahan ejemplareR de cloradendro notarlaha.liaR, gl usineas, begonins de dahalias y
horknsia~.
Seguían &lt;kspués otros lotri::, de cfüitintos expo~itores, en que podían Yerse las plan1as má;;
raras for mando caprichor-os grupos y un conjunto que ofrecía el mejor golpe de vista.
En cuan to á los pn&lt;'8tos de frnws, llamaron
tnmhi én la aten ción por lo va riado del contingente exhihido y la riqueza de los ejemplareR.
La sección de flores fué muy interernnte:
entre las pieza~ que se ex h ibían figuraban un
«hote de pes&lt;'adores,&gt;, que era una obra de ar' t&lt;&gt;, una «jitrdineht,» un «laurel,, _v una "c~trclla», trabajadas con el mejor gusto.
Duran te toda la F:xposición, la banda de la.
Escuela ~iwional de Ci &lt;')!OS ejecutó Yarias pi&lt;•zas, instalándose en el pabellón qu e pa ra la
apertura s.i le,·antó en el recinto de la kermesse.
La entrnda fué entcrnmPnte lihre;_v para evitar desórdener- y atro¡wllami cnlos, por u11O de
los extremos del janlín i;e Pntraba y por las
t ref&lt; er-quinas restantes se :;:alía.
El acto de apertura, verificado en la n a"iana, r-e vió muy concurrido. Por la tarde buho
una a.nimada kermer&lt;~e e n que tomaron parle
las fami lias mns distinguidas.
Para hoy estahn anuncia&lt;h la distribución
de rpcompen&gt;as á los expositorei::, conforme al
dictamen del jurado cnlificador, que integran
Iris Rritas. Teresa Glisson, Dolores Cortina.
V értiz, María Rangel y .Anila y Carmen Zu1,iría.

EL ESTADO MAY!JRDRL SR. PRESIDEHE.
l,ln ~r1,1pg lle 11cñoritas.

.

• 1

-

. _.;,:- , • .,, ~~ cxhibl&lt;;l~n d,e plantt~i .·:

L.otc de frut~11

'..: ;·"'t~~',\ ·

.l.Jni

, El Jurado c¡ilifi~ador,

plCZJ floral, :,:,-.. ,l

'

.', ..

,;,;;,:;it.'ii:;:¡~, . ·,.

1:

i\ota recibidn. ·eon ,aplaui-io ('ll Jo,-: CÍr&lt;'ulos
militares ha sido el ascensc,, ú TenientP Coro•
ne!, del Sr. :!\Iayor Félix Dfaz, tlUe por algún

tiempo desempef1ú el cargo de .Jefe interino
del :b;sLndo ~l ayor c]p] Sr. Prer-iclente &lt;lt la República. m Sr. Capitán Primero, .A_yudantc,
D . Pablo Escandón, fné agraciado igualllH.'nü•, ('Oll el d&lt;•spacho de ::\Iayor; :· en virtud dt• haber feneciao el plazo de la liceneia
que tenía. ('on.:edida, ha vuelto á haceri-e c,ngo de su p uesto de .Jefe del miRmo Estado
Mayor, el 8r. Coronel Fenrnnclo González.
Tanto el Sr. Teniente Coronel Díaz rnn1O

J

Sr. M ayor Pablo Escand ón.

EL ESPÍRITU LIBRE.
Xuestras conviccion&lt;'s m:is elevadas deben
parecer in:c:en~at&lt;'ces y aun crímenes á. la&gt;'
inteligencia,- de aquellos que no ei::tán preparados ó que no ~on capares. El exoterismo y
el e~oterismo, tan en U:-0 entre los i 11dios, los
µ-riegos, los pE'rr-as y los rnn~ulmnnP¡:, y dondequiera qn&lt;' hay jerarquía y no igualdad, no
se diHting11e11 por que el filó1-ofo exotérico wa
IM cosas ~xteriormente, i:;in juzga.rlai&gt;, ni estimarlas 111 pc•netrarlas; lo ei:;encial es que las
,·e de bajo en alto, mientras q11e el esóterico
las \'e jDE ALTO gN EA.JO!
Ha_v alturas en el alma de,:cle las cuales la
tragedia mir-nm cle~a dr parecer tragr&lt;lia; y :;:i
iodo el mal drl nm,·er,:o 1-'C concentrara en un
, olo mal, ¿.qnifn osaría de&lt;'iclir si la vista de
&lt;&gt;~Je mal pr'?du~irín nt"cesnriamente Ja compas10n y ,lu plic:i na clP &lt;&gt;~te modo Pl mal mismo?
. ..... Lo que sin·e den limf'nto y fortaleza á loihornhrcR superiorP:-, &lt;lehP- 1-er casi un veneno
pnra los ho111 hrrs i nferioref:, que Ron de una
el'lpeeic m11v difrrl'lltl'. LnR virtudeR de un
hom hre orclina río i n&lt;I icarían tal vez en el filóeofo flaqueza_s _v :·i?ios, y rs posible que un
homhrr de d1~J&gt;OR1&lt;·10•1es snperiores, si degP-nera :' se arrm11n., l l&lt;·rru&lt;· {1 posrer por esto mismo, en el mnnclo infe rior (•11 que ha. caído, l~s
cualidad&lt;'R de un santo.
Libro¡.; hay qne tif'n1,11 vnlor im·er~o, i-egún
(JllQ los IC'a un alma i:-u¡ wriut' ,. furrte ó un n.1mn. inferior .v débil; ('11 rl prii'1wr &lt;'fli&lt;O ;.on hernl&lt;lo8 que aun1entn_n 1n hnin1r:i &lt;le los lml\·oi::;
en el ~rgnn&lt;lo i-:on hhr'.&gt;s 1-'edu&lt;'!Or&lt;'f-&lt;, corruptores, d1soh·er1ter&lt;. Los libros que ú todo el mm ido l(lll't:111, t-on libros qur Rit&gt;mpn• huPlen mal:
el olor de la ple he se IE's ad hirre. , Donde la
plebe_come y bebe, :' tamhifn &lt;loncle venern,
har Rlempre mal olor.

..
~r.

Teniente Coronel F~llx Día;,

l"1,µ1m1m .\'rnTr.;;rm:,

�Domingo 3 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

LA. LEGA.ClÓN DEL PERÚ
A raíz de la reunión de la segunda Conferencia Internarional Americana, el gobierno
del Perú comisionó al distinguido juriscowmlto D. Yíctor ::\I. Maurtua para que, con el carácter de cónsul general de aquella República
en nuestro país, estudiara la mejor manera de
establecer entre los dos países una corriente
de francas y sólidas relaciones.
El Sr. Maurtua se dedicó con todo empeño
al cumplimiento de su encargo, y poco tiemJ.io
después quedó establecida en .México la Legación del Perú, figurando como jefe de ella el
Dr. D. Manuel Alvarez Calderón, ministro
pleuipotenciario acreditado cerca del gobierno
de Wáshington por la misma República.
En ausen cia del :-;r. Ah·arez Cal&lt;lerón, quedó al frente de la Legación el Sr. )Iaurtua, estableciéndose las oficinas respectivas en el número 3 de la 11.t calle de la Industria. El edificio está decorado á todo lujo.
Para dar una iden de la s untuosidad de esa
residencia, publicamos algunas fotografías tomadas expresamente para nuestro semanario,
en los momentos 1•11 que allí se celebraba. el
28 del pasado, el aniversario de la Independencia del Perú, con un magnífico banquet«•.
Los invitados á esta fiesta fueron los Señores Coronel Francisco Orla, )Iinistro de Gua-

y á través de la noche se adelanta.Confiar podemos en su lnz benigna
tJUe ha ele llevarnos á i-egura playa.ronfiar debemos en su luz tranquila
que, á trav~s de la noche, al cielo arnnza!"

Y de Psiqué Yenciendo los terrores,
tomó á su pecho la perdida calma,
v la induje, wnciendo i-u tristeza,
~-en&lt;'iendo ,;us temorei-; y hesándola,
[1 i,;eguir hasta e I fin- cuando &lt;le pronto,
ele la avenirla al fin- 11ue,:tra mirada
detúrnse en la puerta de una tumba,
la puerta de una tumha legendaria:
;.Q11e hay escrito-la dije,-qué hay escrito
de esa tumba en la puerta, dulce herinana?
"l.:Jalume!. .. l:la.lume! ... ella repuso;
"tu perdida Ulalume idolatrada!. ..... "

LEGACION DEL PERU ,-EI Comedor.

El patio de la Legación.

ULALUME.

NOCTURNO.

1
• .
L__,
-

¡-

Forjé el ideal más bello de poesía:
De patria, amor y fe;
Y junto á tu calada celosía,
De amor me moriré.
¿Quién en el mundo me dará consuelo
Para sufrir y amar?
~Ie otorgará la compasión del cielo
La Virgen de Kevlaar.
Como el soldado la sangrienta lanza,
Del pecho en mi aflicción,
Arrancaré este amor sin esperanza:
¡No ti«&gt;nes corazón!
Mísero amante, nítida camelia.
Que floreció en abri l,
No habrá de ser la enamorada Ofelia,
Margarita gentil.
¿,Que importa la ilusión desrnnecida,
Que se rompa el laúd,
Y de este suéño despertar sin vida
En el frío ataúd?

Detalle del Salón de Recepciones.

tema.la; Sr. Encargado de Kegocios &lt;le Espafüi; (+Pneral D. Rafael Reyes, de Colombia;
Lic. D . .Tosé López Portillo y Rojas, Lic. Balhino Dávalos, D. Pedro Snntacilta, Ingeuiero
D. Fiacro Quijano, D. Enrique 1Iillan, clis
tinguid.9 peruano, é Ingeniero D. Luis González Obregón.
El Hr. 1\faurtua atendió á los in vitados con
la ma.vor cortesía y los hizo pasar á la elegante sala de recepción, que He encuentm al fo11do del chalet.

El cielo estaba gris, mustias las hojas,
encogidas las hojas y abrasadas.
Era, del solitario mes de octubre,
noche sombría, en época lejana,
próximo al lago d e Auber, en la obscura
tierra de \Yeir, brumosa y encantadajunto al ciénago de Auher, en la triste
región de \Veir, vam pírica y extraña.
Por la inmensa avenida silenciosa
de cipreses titánicos, vagaba_por la inmensa aven ida de cipreses,
rngaba junto con Psiqué, mi alma,
cuando mi corazón era volcánico
romo los ríos de encendida lavacomo los ríos de encendida escoria
que su corriente sulfurosa ar rastran,
v de la cumbre del Yanek descienden
allá del Polo en la regió11 heladaque gemebundos, del Yanek descienden
del 'Polo Norte en la región ingrata.
Nuestro diálogo fué breve y tranqu ilo,
graYes fueron también nue;;tras palabrasmás quedó el pensamiento adormecido.
y la memoria soñolienta y lánguida.
Que era noche de octubre no advertimos.(¡Ah! noche de las noches ... Xocheinfausta! )
ni el triste lago de Auber recordamos.(Annque, en otro momento, ?asta él llegara. )
Xi el t riste lago d e Auhcr, 111 la ohscum
región de \r eir, Yampirica y extraña.
Y mientras que la noehe envejecía,
anunciaban loi-; astros la mañana,
~. augnraha el cuadrante su venidafin de la arboleda solí ta ria
fulgor opaco .,· nebuloso vimo1&lt;, .
del que surgió la mcdiit luna n1ág1ca-l:i, luna de Astarté, con doble cuerno,
con clohlc cuerno dialllantino _r chno.
Y

ni

El decorado ele esta 1-1ala es estilo Luis XYJ,

y d mobiliario de lo más artístico.
A la una)' media los invitadoti pasaron al
comedor. La mesa estaba a&lt;lornnda con multitud de flores y ofrecía el mejor golpe de Yii-:ta. Hohre el aparador se encontraban uno de
Jo,; n1ejore¡.¡ rdrntm: del Benemérito .Juárez y
alguna,; piezas d(' la rnjilla del llamado 1~111perador )litximiliano.
l're,;idicron la c-on1itla los cction•s Coronel
Orla y Dr. :'lfnurtna y durante ella reinó la
111ás franm animación. ,\ h horn, del c..1.mpahña se brin&lt;lú por el P erú, por su Presiclente y
por el tlistinguiclo representante ele aquel
país.
Terminado el ha1H1uete, los concurrentes pasaron de nuevo al sal6n de recepciones, en
donde we sirvió el café.

Domingo 3 de Agosto de 1902.

"Ru ~&lt;la á tran~s &lt;le un éter rle Rnspiro:::
y es--&lt;lije- mns ardiente, rnú~ que Diana.-

El llanto ,·i6 correr por las mejillas
don de rl gusano, sin morir, se arrastra
por moi-trnrnos In ruta de los cielo,;la paz Lctt1•a ele los cielos, marcha:
la!'! estrellas &lt;l!:'I León ha tra1-1pat-:ado la gnaricla del León dejú á i-u t•spalclay á despecho del León brillan sus ojos
y el amor r!'\'erhera en su mirada. ' '

Despacho del señor Maurtua.

)la~ Psiqu~ elijo lrvantanclo el índice:
" Tiene aquel astro palidez extrañ.a,hondo recelo inspírame... :¡alejémonos!

Huy:u11os pronto de su luz nefa¡;;ta!
Oh! volemos? .... volemm;" .-Y en el polYo
rozaron los extremos de sus ala.&lt;:y me hahló, de terror estremecida,
y en el polvo caer dejó sus alas.Sollozó con angustia tristemente
arrastrando las plumas de sus alas.
"¡Delirios son!-le respondí. - Sigamos
á traYéR de esta luz trémula v diáfana!
Su esplendor !-libilino está ir1:adiando
ií un tiempo la Belleza y la Esperanza!
)lira! El camino de los cielos buf:ca,

MONUIINTO ALA JIPEBATBJZ ISABEL.
Hace poco se inauguró en 1lontreux (Ruiza) el monumento erigido por subsrripc-ión
pública á la Emperatriz Isabel de Austria.
Cuando ocurrió rl
repugnante crimen &lt;¡ne
arrebató la vida á la
Emperatriz, se pensó
en dedicarla un perdurable recuercoen ac¡uello~ lugares dond e «&gt;n
repetidas temporadas
había pai-:ado los último!'! clías felices de su
exü,tencia. Parti ó la
iniciativa de una diHti11p;uifla dama inglesa,
y no solamente los hahit.antes de )Iontreux,
sino los de otras part!'s
ele Suiza v los extranjeros, cooperaron al
pensamiento.
El monumento fu{,
encomendado al escultor :-;trizo .\ ntonio
Chiattonc, que ha acer
taclo ÍI repre~entar en "t&gt;I
111úrn10I de Carrara las
faedoneH de la Emperatriz con la exprfsi',n

Quedó mi corazón mw&lt;tio y sombrío
como las hojas secas y crispadas&lt;'omo las hojas secas y encogidas.y "fué octubre, sin duda, murmurabaen «esta» misma noche, cuando vine
aquí, trayendo abrumadora carga.Del año que pasó fué en esta noche,
en esta noche, cual ninguna infausta.
Ah! Qué demonio me empujó á este sitio
y me condujo á esta región fantástica!
Bien conozco esto mudo lago de Aubery ei-ta tierra de Weir, fosca y nublada:
reconozco el obscuro lago de Aubery de \reir la región brumosa y áspera:
es el ciénago de A uber, es la triste ·
región de \reir, Yampírica y extrafia."
EnoARDO Pm:.

*
.\ctividad v amor á los hombres, es la última palabra &lt;le la vida privada, y también de
la social.-~L BERTHELOT.

de dulzura y de tristeza que conocían cuanlos la contemplaban ele cerca. Los menores
drt.-'lllef: dC&gt;l traje están labrados con gran primor.

�Domingo 3 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL l"\UNDO ILUSTRADO

LAS GB.A.Jl'.A.D.A.S "BARDEN" COXTB.A. INCE:NDIO.
UN INVENTO MARAVILLOSO.
Con resultados Yerdaderarnente notables se
efectuaron hace poco en esta capital las pruebas de las granadas extingnidoras de incendio, cuyo inventor es Mr. !farden. Las experiencias se hicieron por los :-;res. Pascal:· .facq ueminot, Agentes en la República,cle las mara,·illosas granadas A que nos referi mof'.
La Secretaría de Guerra nombró á los i-;rer&lt;.
Coronel C+ustaYo ~Iaffs, tle la )Iaestranza ¡\acional de Artillería, y Tenientes Coroneles Rafael Dúvila y Luis Gil, de los Cuarteles de Ar-

·-

AÑO lX.--TOM0 11.--NÚM. 6.

los almacene;; e~tán HituacloH,se colocó un cuarto de madera cuyo ta.maño era como de tre:,;
metros de alto por dos y medio ch.: anl'ho y G
Una granada "Harden."
de largo; la entratla quedó para el lado por
donde soplaba el Yiento con mayor rapidez.
A las tres de la tarde del jueves :2-1 del ccrrientillería, para que concurrieran á las pruebas
te, y en presencia de 1n. Comisión )Iilitar, que
que los Agentes iban á practicar,y presentaran
después un informe acerca de los resultados · no perdió ningún detalle, se efectuaron las
pruebas. Antes de ellas los Agentes hicieron
obtenidos. La misma Becretaría designó {t los
dar un baño con alquitrán, petróleo y aguaconcesionarios, para que se efectuaran 11:1,s pruerrás ií, la parte interior del CLtarto; el .Jefe de
bas, la Casamata (Almacenes generales de
la Comisión :\[ilitar hizo qne en el lugar en
Artillería), y allí, en uno de loE patios inte

que iba á dcsarrolhrsc el fuego se 1rnsiernn
como comhustihle algunas ramas secas ~· tahl:ts delgadas. El fuego comenzó á produtirse en presencia, no s6lo de los militares de la
('omisión, sino también de algunos otros que
rc¡;iden en los almacene,;, y dr algunas otras
per~onas que habínn acudido á presenciar las
interesant.es experiencias.
.
Las granadas consisten en vnas botellita:;
de cristal azul, muy delgado, para que puedan romperse fácilmente al chocar contra algún objeto, despedir los gases que encierran
:' contener los a,·antes del incendio apagan,lo
las llamas instant{uwamentr.

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peapuét del lncenctlQ, 1-1\l~ll• de una ~ran¡¡da "Hard~n,"

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Subscripcióo meosual furáoea, $1.50
ldem Jdem. en la carital,,, 1.25
6erenle: LlJI&amp; Rtl'I&amp; &amp;PINDOLA,

lllreclor: LIC. RAf'AtL Rtrt&amp; &amp;PINDOLA.

Comisión militar. Agentes y espectadores en las pruebas.

riores, y sin abrigo &lt;le ningún gfnero tontra
el aire, que es muy ÍUE't'te en las lomas en 11uc

MÉXICO, AGOSTO 10 DE 1902.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 3 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL l"\UNDO ILUSTRADO

LAS GB.A.Jl'.A.D.A.S "BARDEN" COXTB.A. INCE:NDIO.
UN INVENTO MARAVILLOSO.
Con resultados Yerdaderarnente notables se
efectuaron hace poco en esta capital las pruebas de las granadas extingnidoras de incendio, cuyo inventor es Mr. !farden. Las experiencias se hicieron por los :-;res. Pascal:· .facq ueminot, Agentes en la República,cle las mara,·illosas granadas A que nos referi mof'.
La Secretaría de Guerra nombró á los i-;rer&lt;.
Coronel C+ustaYo ~Iaffs, tle la )Iaestranza ¡\acional de Artillería, y Tenientes Coroneles Rafael Dúvila y Luis Gil, de los Cuarteles de Ar-

·-

AÑO lX.--TOM0 11.--NÚM. 6.

los almacene;; e~tán HituacloH,se colocó un cuarto de madera cuyo ta.maño era como de tre:,;
metros de alto por dos y medio ch.: anl'ho y G
Una granada "Harden."
de largo; la entratla quedó para el lado por
donde soplaba el Yiento con mayor rapidez.
A las tres de la tarde del jueves :2-1 del ccrrientillería, para que concurrieran á las pruebas
te, y en presencia de 1n. Comisión )Iilitar, que
que los Agentes iban á practicar,y presentaran
después un informe acerca de los resultados · no perdió ningún detalle, se efectuaron las
pruebas. Antes de ellas los Agentes hicieron
obtenidos. La misma Becretaría designó {t los
dar un baño con alquitrán, petróleo y aguaconcesionarios, para que se efectuaran 11:1,s pruerrás ií, la parte interior del CLtarto; el .Jefe de
bas, la Casamata (Almacenes generales de
la Comisión :\[ilitar hizo qne en el lugar en
Artillería), y allí, en uno de loE patios inte

que iba á dcsarrolhrsc el fuego se 1rnsiernn
como comhustihle algunas ramas secas ~· tahl:ts delgadas. El fuego comenzó á produtirse en presencia, no s6lo de los militares de la
('omisión, sino también de algunos otros que
rc¡;iden en los almacene,;, y dr algunas otras
per~onas que habínn acudido á presenciar las
interesant.es experiencias.
.
Las granadas consisten en vnas botellita:;
de cristal azul, muy delgado, para que puedan romperse fácilmente al chocar contra algún objeto, despedir los gases que encierran
:' contener los a,·antes del incendio apagan,lo
las llamas instant{uwamentr.

•
peapuét del lncenctlQ, 1-1\l~ll• de una ~ran¡¡da "Hard~n,"

I

'

Subscripcióo meosual furáoea, $1.50
ldem Jdem. en la carital,,, 1.25
6erenle: LlJI&amp; Rtl'I&amp; &amp;PINDOLA,

lllreclor: LIC. RAf'AtL Rtrt&amp; &amp;PINDOLA.

Comisión militar. Agentes y espectadores en las pruebas.

riores, y sin abrigo &lt;le ningún gfnero tontra
el aire, que es muy ÍUE't'te en las lomas en 11uc

MÉXICO, AGOSTO 10 DE 1902.

~a dleina

�Domingo 10 de Agosto &lt;lt .... .,02.

--

==--

EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 10 de Agosto de 1902

EL 110'NDO ILUSTRADO

OTRO MILAGRO AMABLE
híase alejado «más allá.» ¿Pero dónde era «más
En aquel tiempo .Jeims at,., no había salido
all:í.'?»
EL esenio, con un gesto brusco, indicó
de Galilea, de las orillas del lago de Genezavagamente las montañas de Judea, Engaddi,
ret; pero la nueva de sus milagros había lley las fronteras purpúreas del reino de Asket,
gado ya á Siquem, ciudad rica, entre viñedos,
donde se levanta, siniestra sobre una roca, la
en el país de Samaria. Una tarde había paRa.ciudad
de .Makaur. Pero en vano lof' siervos
do un hombre, con los cabellos al viento, dianhelantes buscaron hasta el país de .Moab.
ciendo que un nuevo rabí, un nuevo profeJesús no estaba allí. Un día, _va á la vuelta,
ta, andaba por las verdes coli~1as que van de
un escriba que Re recogía á Jericó, paAÓ junUagdala á Cafarnaum, an unciando la llegada
to á elloR montado en su mula. Los siervos de
del reino de Dios y curando todos los males
Obed, rodeáronle p reguntándole si había enhumanoR. Mientras descansaba junto al pozo
contrado un profeta de Galilea que hacía mide Jacob, el hombre cont6 también que el ralagros. EL hombre de la Ley gritóles que ni
bí en un campo al pie de Cafa.maum, había
había. profetas, ni bahía milagros fuera de Jecu'rado al siervo de un centurión romano,
rusalén, y que s6lo Jehová era fuerte en su
desde lejos y sólo con murmurar suavemente
templo; y aun persiguióles á pedradas, en
una palabra; y que otra tarde, habiendo atranombre del señor de Israel. Los siervos huvesado en una barca de Galilea á la tierra &lt;le
yeron á Siquem. Y grande fué el desconsuelo
los Geraseniofl, donde se hacía la colecta del
ele Obed porque sus rebaños perecían, sus vibálsamo, había resucitado Ít la hija de Jairo,
flas se secaban-y á ese tiempo crecía en Sahombre importante que leía en la Sinagoga.
maria, consolador y lleno de promesas diviY como la gente puesta al rededor le pregu1,1nas, el nombre de J esús de Galilea.
tase si era ése el Mesías, y qué dulzura habia
Entonces un ce!&gt;turión romano, Publio Sepen sus palabras, el hombre irguióse, tomó el
tilnio, mandaba el fuerte que domina el valle
cayado, y sin beber siquiera del pozo donde
por donde se va á Cesárea. y al mar. Publio
Jacob había bebido, desapareci6, con los caera hombre próspero y goz,iba los favores de
bellos al viento, entre las rocas, por el camiFlacco, legado imperial en Siria. Pero destle
no que conduce á Betania. Pero una esperanhacía mucho tiempo, su hija única é infinitaza, deliciosa como el rocío del Hermón, quemente amada languidecía de un mal extraño,
dó refrescando las almas; y al momento la
imcomprensible aun para los esculapios y patierra pareció menos dura, y toda carga parera los magos que bahía mandado consultar á
ció menos pesada ..... .
Sidón y á Tiro. Blanca y triste como la luna,
Entonces, en Siquem, vivía un viejo llamasin quejarse y sin hablar á su padre, dejábase
do Obed, señor de rebaños, señor de viñas,
acabar, sentada en la explanada del fuerte,
de una familia pontifical, que, desde los antibajo un toldo, mirando melancólicamente los
guos cultos de I srael, sacrificaba en lo alto del
lejos azulados del mar de Tiro, por donde h amonte Ebal. Pero un viento abrasador, ese
bía venido de Roma, en una galera, con solvie1;to. de desolación que viene, á la voz irridados. Algunas veces, á su lado, un legionatada del Señor, del fondo de las tierras de
rio desde las almenas disparaba lentamente á
Asur había matado las mejores reses de RUS
lo alto la flecha y atraYesaba una grandeúguila,
grandes rebaños; y, en las vertientes, donde
volando con ala serena en el azul. La hija de
habían crecido mil pies alegres de viñas, neSeptimio seguía un momento el ave que revogreaba ahora solamente la esterilidad de los
loteaba, hasta golpear muerta. sobre las rocas;
brezos. Obcd, con la cabeza escondida en el
después, más triste y más pálida, conti1111aba.
manto, Jamentábase á la orilla de los camimirando al mar.
nos.
Septimio, habiendo oído aquellos hechizos
Después, oyenC:o en Siquem hablar del radel rabí, tan poderosos sobre los espíritus
bí de Galilea que alimentaba las multitudes
que curaba todos los males, destacó tres decuy sanaba todas las desgracias humanas, Obed,
rias de soldados para buscarlo por todas las
hombre leído, pem;Ó consigo que el rabí seciudades de la Decápolis, en la Pcrea, y á lo
ría uno de esos hechiceros que maravillaban
largo de la costa hasta. Ascalón. Los soldados
á Judea, como Apolonio, el de la yoz de bronmetieron sus escudos dentro de los sacos de
ce, y el sutil Simeón de Samaria. Estos, aun
lona, y partieron haciendo resonar las sandaen las noches obscuras, conversaban con las
lias ferradas sobre las losas de la!&gt; tres estradas
estrellas, y sabían las palabras que ahuyentan
romanas que se cruzan en Samaria. De noche
de las mieses los moscardones negros, engensus armas brillaban en lo alto de las colinas,
drados en los lobos de Egipto. Jesús, más poentre el resplandor de los hachones. De día
deroso que Apolonio, más sutil que Simeón,
penetraban en las casas, rebuscaban en la esdetendría la mortandad de sus ganados y hapesura ele los huertos; y las mujere:a;, inquiería reverdecer sus viñas ...... Ohed llamó á sus
tas, traíanles hijos y vasijas llenas de vino de
siervos, y ordenóles que fueaen á buscar al
8afed, que ellos bebían, cogiéndolas con amrabí á las ciudades de Galilea.
bas manos, de un trago, sentados en el suelo,
Los siervos ciñéronse los cintos de enero y
á la sombra de los sicomoros. Al pasar por
partieron corriendo hacia el Norte, por el calos puestos romanos, otros legionarios ú hommino de las caravanas que conduce á Damasl,res de ias cohortes sirias, oyendo el nombre
co. Una tarde a,·istaron, hacia el poniente rode Septimío, juntábanseles, llevando en el casjizo, las nieYes del monte Hermón. Después
co una rama de olivo. :Mas poco á poco, estas
el lago de Genezaret resplancleci6 ante ellos
marchas inútiles en busca de un rabí judío,
cristalino, azul celeste y tranquilQ, en la fresirritá.banlos; entonces detenían las caravanas,
cura de la mañana; un bando sereno de ciacometían brutalmente á la gente en las algüeñas blancas cortaba el cielo claro volando
deas, clamando por el nombre de Jesús. Al
hacia la parte de Safed; la ciudad nuern de
avistarlos·los pastoreR de Idumea, que dan las
Gama.la tenía un suave brillo de mármol, e1.reses blancas para el Templo, refugiábanse de
tre los verdores; y el agua, transparente y .:in
prisa en los montes; y desde el borde de las
murmurio, bañaba los pieR de las yerbas altas
azoteas de las ciudades, los viejos sacudían
y ele las adelfas en flor. Un pescador que en
sobre ellos las manos llenas de malos presaaquel Jugar desamarraba perezo,iamente Hl bargios, invocando la cólera de Elías. En los alca, díjoles que el rabí había dejado Galilea
rededores de Hebrón arrastraron fuera de las
y se había encaminado con sus di1&lt;cípulos hagrutas á los solitarios para arrancarles el nomcia la parte de Galaad, por donde baja el
bre del desierto ó del palmar donde se esconJordán.
día Jesús de Galilea; y la ignorancia de los
Los siervoR siguieron, corriendo, sin repomercaderes, que venían de Jope con una carso, hasta el sitio en que el Jordán forma un
ancho remanso y duerme un instante, inmóga de betel y que jamás habían oído el nombre del rabí de nalilea, cont6seles como un
vil y verde, á la sombra de los tamarindos.
delito y pagaron veinte dracmas al clecnrión.
De la entrada de una choza, hecha de ramas,
.\.sí prosiguieron hasta Ascalón; no encontraun esenio, cubierto tle pieles &lt;le cabra, taciron á Jesús, y retrocedieron á lo largo de la
turno y salvaje, gritóles que Jesús, solo, ha-

EL PRIMER OBISPO DE AGUASCALIENTES.

costa, enterrando las sandalias en las arena
ardientes. Una madrugada, junto á Cesárea,
avistaron, sobre un fresco otero, un bosque clP.
laureles donde blanqtrnaba recogida.mente el
frontón liso de un templo. Un viejo de luengas barbas, vestido de hilo blanco, aguardaba
allí, grave y religimiamente, la aparición del
sol. Los soldados, desde abajo, preguntáronle,
agitando las ramas de olivo, si sabía de un
profeta de Galilea que hacía milagros. El viejo, sereno y sonriendo, cHjoles que no había
profetas ni había milagros, y que sólo Apolo
Délfico conocía el secreto ele las cosas. Al oír
esto, los soldados, muy despacio, con la cabeza baja, como en una tarde de derrota., recogiéronse al fuerte de Samaria. Y grande fué
la desesperación de Septimio, porque su hija
se moría, sin quejarse y sin hablar á su padre,
y la fama de Jesús de Galilea iba subiendo,
alumbrando toda Samaria, como la aurora
cuando se levanta por detr~s del monte Hermón.
Entonces junto á Siquem, en una casucha,
vivía una viuda, desgraciada entre todas, que
tenía el hijo enfer mo con calenturas. El suelo miserable no estaba enea.lado ni había en
él jergón. En la lámpara de barro encarnado
habíase secado el aceite. El grano faltaba en
el arca: el ruido durmiente del molino casero
había cesado, y ésta era, en Israel, la eviden•
cia cruel de la infinita miseria.
La pobre madre, sentada en un rincón, lloraba; y extendido sobre sus rodillas, envuelto en harapos, pálido y temblando todo,
el niño pedía.le con una voz débil como un
suspiro, que fnese á llamar á ese rabí de Galilea de quien había oído hablar junto al pozo de ,Jacob, que amaba los niños, alimentaba las multitudes v curaba todos los males
humanos con la cai·icia de sus manos. Y la
madre decía llorando:
-¿Cómo quieres, hijo mío, que te deje y
vaya á buscar al rabí á Galilea? Obed es rico y tiene siervos, yo los ví pasar, y en vano
buscaron á .Jesús por arenales y ciudades,
desde Chorazin hasta el país de Moab. Septimio es fuerte y tiene soldados, yo los ví pasar preguntando por .Jesús, sin encontrarle
desde el Hebrón al mar ...... ¿Cómo quieres
que te deje? Jesús está lejos, nuestro dolor está con nosotros. Y sin duda el rabí, que lee
en las sinagogas nuevas, no escucha las quejas
de una madre de Samaria, que sólo rabe ir á
orar, como en otro t iempo, á lo alto del monte Gerazim.
E Lniño. con los ojos cerrados, pálido y como muerto, murmuró el nombre de Jesús.
Y la madre decía llorando:
-¿De qué me serviría, hijo mío, partir é ir
á buscarle'? Largos son los caminos de Siria,
corta es la piedad de los hombres. Viéndome
tan pobre y tan sola, los perros saldrían á Jadrarme á la puerta de las casas. De seguro
Jesús murió; y con él murió, una vez más,
toda la esperanza. de los tristes.
Pálido, y desfallecido, el niño murmuró:
-:\ladre, yo quería verá Jesús de Galilea.
Y en seguida, abriendo despacio la puerta
y sonriendo, Jesús dijo al niño:
-Aquí estoy.
E&lt;;A DE QUEIROZ.

Fray José }YTarla J&gt;orfuga/
La semana pasada tomó poses1on
de su car~o, como primer obispo de
Aguascahente,i, el Ilustrísimo D.
Fray José l\Iarfo Portugal, prelado
que por algunos años gobernó la diócesis de Binaloa y que, posteriormente, fué 1ransladado á la de Sal tillo.
E l Sr. Portugal naci6 en l\Iéxico
el 24 de enero de 183 ·; hizo los estudios de latín y filosofía en e] Seminario de Guadalajara, y habiendo ingresado como novicio al convento de
Zapo¡,anos,se ordenó pocos años después, nombrándosele cura de Asientos.
Fray José María es miembro de
una familia distinguida que contó
entre sus varones prominentes al
cékbre obispo de )Iorelia D. Juan
qayetan? Port,ugal_, único de la Iglef;1a l\Iex1cana a qmen se ha conferido
el capelo cardena!icio. D. Juan Cayetano había muerto un mes antes
de la fecha de su nombramiento y
éste no tuvo efecto.
El primer obispo de Aguascalientes fué consagrado en Guadalajara el
8 de Diciembre de 1888, y desde ese
a-qo hasta el de 1898. en que pas6 á
8altillo, estuvo al frente del obispado &lt;le Sinaloa.
En la capital de la nuern diócesis
ha sido objeto de numerosas manifestaciones de simpatía

MEDIO SIGLO DE VIDA PÚBLICA.
LORO SALISBURY.
Calmadas las turbulencias de la política inglesa, despejado el horizonte que durante más
de dos años estu,·o encnpotado á causa dt&gt;l
conflicto sudafricano, acaba ele retirarse de la
vida p(1blica. una de las figuras mús respeta-

***
cuento

Publicamos este
que ha aparecido
en diversas revistas europeas, corno un homenaje al insigne l'Scritor portuguéR E9a de Queiroz, muerto recientemente en París. En opinión de la crítica contemporánea, este cuento
constituye una de las joyas más preciosas de
la literatura moderna.
LORD SALISBURY.

bles de Inglaterra, uno Je los luchatlores mús
tenaces, que durante muy cerca ele medio siglo fué uno de los más fieles servidores ele su
país y de su partido: Lord Salisbnry.
El último primer ministro de la Gran-Bre-

ta ña, cuenta en la actualidad setenta y dos
años. Hace cuarenta y nueve, cuando el ento~ces senci!l11;men~e :\.fr. Salisbury acababa de
salir de la 1 rnvers1dad de O.xford fué á. ocupar un sitio á la Cámara de los C~munes. como representante del distrito de Sta.mford.
Desde el princip_io en la Cámara baja, y mús
ta~cle en la de los 1ores, donde fué á ocupar el
asiento de su padre, luchó ardientemente como uno de los miembros más convencidos del
1iartido conservador, cuyaR principales figuras,
a la sazón, eran Derby y Disraeli.
Como conservador ha trabajado siempre,
represe11tanrlo á esa fracción interesantÍRima
de la naeión inglesa que desempeña notablemente el papel á qne debieran sujetarse todos
los partidos conservadores: el papel de moderador de la acción impulsiva del elemento reforma.dor.
. Así, lord Sali~~ury, opositor ardiente &lt;le!
sistema democratico, enemigo de toda reforma política, colosal adversario de aquel coloi-o que se llamó Glad;;tone y que era :a;encillamente llamado el gran v-iejo; lord Salisbury
foé el más rudo obstáculo con que ha tropezado el liberalismo inglés; pero á todos los intereses ha opuesto siempre el interés de Inglaterra.
Y a. fuera en el Parlamento en los bancos de
la oposición; en la prensa d¡sde donde en los
.
'
' mucomienzos
el e su. carrera política,
logró
chas veces sacudir al país en una inmensa
coumoción; como miembro del gabinete Dilraeli, ó cor, la inmensa responsabilidad de director ~e la _rolítica ~~glesa, lord Salisbury
combatió la mtroducc1on de reformas liberales en Irlanda, combatió también el ultraimper~alismo .c~mo sistema; abop;ó siempre por
el h~re cambio; se apegó, al pie de la letra, á
sus ideas conservadoras; pero jamás transigió
en aquell? 9ue p~diera. disminuir el poderío
y el prestig10 del 1mpeno británico.
La única vez que estuvo de acuerdo con el
ministerio Gladstone, fué cuando dió su voto
firme en pro de la conservación de la influencia inglesa en Egipto.
·
Como ministro de Relaciones y como enviado del gobierno británico, concluyó numero-

sos tratados y asistió á importantes conferencias internacionales.
Seguramente que Salisbury, como hombre
de Estado, tuvo muchas menos simpatías que
GladKtone, &lt;lespert6 m~nores entusiasmos y
brilló con luz menos viva. l\fas el inmenso
prestigio que nadie podría negarle, se debió á
dos de los ra¡.,gos principales de su vida pública: una firme moderación y una excesiYa pru&lt;leneia, hijaR quizá de la fecunda experiencia
qur debe haber sido el frnto de una de las· carreras políticas más largas que cuenta la hi~toria.
Ese prestigio y esa experiencia fueron, sin
duda a lguna, facto1·eR &lt;le primer orden para
que el gobierno britúníco pudiese re1&lt;olver mejor el tremendo conflicto de Sudáfrica. Es
bien :-ahido que lord Salisbnry se esforzó en
evitarlo; y bajo la guía del prudentísimo estadi;;ta, el pueblo inglés marchó confiado á la
guerra.
El retiro de Sali.:bury ha sido lamentado
por la prensa continental, que veía en él un
espíritu conciliador.
Pero, si bien lord Salisbury se retira, puede decirse que SUR principios conservadores seguirán rigiendo la política inglesa: su sucesor,
y sobrino, 1\1r. Balfour, se ha distinguido ya
por el acierto de su labor como «leader" del
gobierno en la Cámara de los Comunes,- es puede decirse, hechura de su ilustre a~te~esor
cnyas ideas ha secundado brillantemente. E;
el famoso orador que, en ocasión solemne
lanzó al mundo las siguientes frases de grai;
trascendencia política:
'
«He oído, dijo al recibir á la Liga en favor
d~, la paz, rechazar con rnz indign~da la noc1on de _gue, cuando una coRa perjudica á los
que llamáis vuestros rivales, debe forzosamente aprovecharos. Toda la historia del mundo
e~~ ahí para probar la falsedad de ese princ~p10. Todo lo que puede ayudar á la prospendad de otro país, ayuda indirecta, pero se-

/

M R. BALFOU R, Jefe del Gabinete inglés.

gura y realme:ite, á vuestros propios intereses.
Pensar que el mundo está dividido en cierto
número de comunidades, de las cuales cada
una no gana sino lo que pierde su vecina es
la superstición máR hefasta y más grotes:ia á
que puede obedecer una nación.»
. Fórm1;1Ja. supre~a y positiva del altruísmo
mtemac1onal. iÜJa1á que pudiese -ser repetida '
f~eeuente~ente fuera del convencionalismo
diplomático; y ojalá que pudiera ser evocada
para resolYer los conflictos entre pueblo y
pueblo!

~r. .C• .Cara !I }&gt;ardo.

�Oomingo 10 de Agm;to de 1902.

ET, MUNDO ILUSTRADO

tL :i\IU1--UO ILUSTRAnO

LA BELLBZ:A FEMENINA.
La alta filosofía, á través de sus lucubraciones profundai;, de i-ui- i1n-estigaciones complexa,; .Y ele su8 razonamientos complicados,
pro¡,ende :í la rel-'olución de treR grandes cmes,tionN, y á la definición de tres grandes hechos.
La.'&gt; tr,:s preguntas á que quiere dar completa
y exacta rf'f'puesta, so11: ¿']ué PS lo verdadero?
¿,qué es le, bueno? y ¿,qué es lo bello?
Lo \'erdaclero, lo bello y lo bueno han siclo
las tres esfinges, impasibles y mudas, Riempre
er&lt;rui&lt;las v v¡¡Jndas ante la mirada del in vestigador. Toda la ciencia converge á _reso_lver
el primer problema, toda la moral á d1luc1dar
el srgundo, toda la estética á esclarecer el tercero.
El prodigioso desenvolvimiento ele la ciencia hmnana; b variedad inmensa de los medios materiales y mentales ele investigación;
el microscopio, que ncrecienhi lo infinitamente
pequefio; el telescopio,&lt;Jue aproxima lo infinitamente lej:wo; rl análisis, que disocia los
co111rn1estos; la síntesis, que los reconstituye;
el escalpelo, que diseca; el calor, que funde y
volatiliza; la electricitlacl,&lt;Jue anima lo inerte;
h lógica, que templa~- aquilafo. el criterio; el
razonmniento, que escuclrifia lo desconocido;
l.'l e:1l&lt;"11lo,que reduce los frnómenos á fórmulai-. todo ha co11trihuíclo á definir más claramente y 111(•jor para el homhre qué es lo que
dehr entender por Yerdtul y eómo distinguirla
del errnr.
La Yida humana diaria con todas sus peripe('iai-, la hü,toria con todas sus epopeyas ,\·
todas sui- C'at:istrofes, el irn,tinto con todas sus
sugei-t iones .Y la nrcrsidntl con todos sus a premio!-', nos han ilustrado sohre In, naturalezn,
el origen _v la sanción de lo hueno. En esfas
dos materias mucho sabe el hombre y mucho
ha aprendido; si no alcan7.a nún las solucio11es t·ntrgiiricns, entre\·é por lo menos i-us printipalc&gt;J" li1wamit•11tus; 1-'i no se ha a¡,oclernclo
de todo e,) do111inio, ha c1mquistado al menos
prm·1n&lt;·i:1s t•ntt&gt;rn:-- ." ant1•i- &lt;le mucho el eon&lt;'t&gt;pto de lo YPrdadc&gt;ro ,r de lo huenu será sati faelorio v estará liie11 drfinido.
:,¡opas:; lo mismo co11 lo lit&gt;llo. La hellezii,
di:--eernililc en cacl,teaso concreto ron fmficien1&lt;' dnridad, rehm;a tena.mwnte re\·elarnos su
prnfun&lt;lo y fundamental 111i1Sterio. Como una
ninfa juguetona, coqtH'tea con el hombre, ;;e
le ofrecr, lo esquiva, se le a&lt;"erca y huye;
y ctmndo el hombre c1'ee tenerla entre sus brazos, de un salto 1ie escapa.,· se esconde en las
profundidades impt-netrahlPH de la i-elva.
Todos !:'abemo,; que es bello el firmamento
inundado de 1101 í, t11chonaclo ele ascuas de oro;
todos sentimOl-4 la belleza profunda y apacible
del mar en calnm,y su sublimidad imponente
cuando st&gt; &lt;'nere11pa r se agita en el seno de la
tempestad; hella es la luz y hella es la noche;
la lwlleza llt•na los espacios inmensos _v se hace morauas de clinmentP. en las gotas de rocío;
es lwlla la eordi llera colosal é inmutable, y lo
t'S el in,;ecto imperceptible ,v 1wrccedero; son
helios el desinto interminable y el Yalle floriuo; la mujer y el a,·e, la nube y la joya, la
roc•n y la espuma, el fuego y la nieve.
La belleza es po!:&lt;ible en todm, las circunstancias _\· e11 todas las condiciones; puede ofrecer:--c _v ostentar,-e en todas las coRas; cabe en
igual grado ann en las más opuestas _v contra1lictoriasi en ,;u amplísima órbita puede
n1ovPrse c&gt;l unirerso entero, cosaR y sereR, fnerzai- v feñómenos.
Esta heterogeneidad de las cosas bellas, ei-a
frecuente contradicción entre tipos indiscutibles &lt;le bellelm, i111pide al hombre orienta.rHC, enco11trar el hilo, explomr el laberinto ,\'
llegará formular un concepto de lo helio, enpaz de abrazar en su generalidad todai; lascosas hellas ." todas las múltiples formns y modos en yue pueden fler bellas.
Pero si no es posible llegar ft formar una
idea general y fumliimt&gt;nfal de lo bello,sí puede serlo el llegar á definir en qué consisten
ciertos g~neros de belleza, y C'l pon¡ué de ese
atributo en grupo" e~pecialei,; ele eosas y rn
forn Hls especiales de lo bello.
Tal:pasa1 á nuestro juicio1 con una de sus
0

forma" supremas, con una &lt;le&gt; sus 111:í1- pr1:f&lt;'eta,; nrn11ifest:1eionrs, con la belleza ft,1111•11111:1.
Complex,1. variada, múltiple, c,1111prenclida ~11
una escala inme11sn que ni tles&lt;le la gracia
hasta la maje1;tad, la LPlle;m feme11i11a es red11ctihlr, sin embargo, ÍI c·omliciune:-- mpit:ilc-,;
ÍI requisitos i111prl.'•ei11dil,IPs, :t all'ihutos fu111l:rnw11tnlc,si¡u1·, &gt;'e!.(ÚII i111pert'n en 1111:1 ú otrn
proporción ,\' según :--t' ('Ollil&gt;illC'll lllÚ&gt;&lt; {, lllf'llll:-armonio,-amente, pniducen todos :--us 1,n-acl11,-; y
todas su:-- 111oclaliclatbs.
E:&lt;tos atributoi- fund,u11entalc" ,:011 :'t llllt'"·
tro 111rnlo ,lp \·er, frp;,;: la ,;alud, la grn&lt;·ia .r
cil.'rto g-01wro do fuerza, de nptitud ú 1·:qmt"itlad l'II nrn1011ia et n t·l dPRtino y l:1 111i:--i{n
runda111l'ntal de la mujer en ln ti;·na.
Para que u11,1 mujer &gt;'t·a Ju,Jla, •!ehe ('llllH'II·
zar por ser sana. Todn dl•fm111idnd, trnh 111util:u·iú11, todo tras1111to t•xterim ú nsil,1,• d1·
u11a alt1•raciún or¡¡;:u1i('a, dl' 1111 trn~torno fun ·
ciomtl, dP 1111:1 enf1•n11t&gt;dad, t•11 fin, 111Ít11 {, llll'·
no,; t·anwtrrizada, afra, tl1,:.;ligura _\· PX&lt;"IU_\'P
rnú" í, rneno~ t·o111pll'la11H•11t&lt;' la liPllt•za h11111ana y t'SJll'&lt;"ial111e11t(• In fc111eni11:1.
Este t·onc1'pto por sí :--llln, i111pli1•;t ú t•ntr:1ñ:i in II umern 1,IPs 111,\ll ifc,-:taeion,•,; n&lt;·&lt;·P:&lt;nrin" t'·
inevitalilrs di' l,1 lwlleza femt-'11i11:1. '.\i11g1111:1
deformidntl drl t•sqtwieto, ninguna ntr111i:1
musenlnr, ninguna 111n11ifo,-1nciún exterior 1•,:t:'ttica ú di11{n11i&lt;"a clt&gt; un tra:a-torno {¡ lllal i11t1·rior, deja de intluir 111:b {, 111c11t1R rn la li('l11·z:1
de la nllljer,y e~as n11rnil'P,.;t:1eiont•s ,:011 inro11taliles. La ,;alud completa _v vigornm !4e n•1·t'l:1,
no sólo por h ar111011ía _\' proporción dt• J:i,_
formas _v la integridad _,. correcto fu11C'io11a111ie11to de los 111il'mbro,-, sino t:unl,ién poi·
111ultitud de otro;- C'arncteres ri:-ibll's que l.1
tlenuncian v rc&gt;rclan.
La ¡,id tlebl.' HPI' kr:-a, sin manchaR ni Ineras ni cicatrieeH 1·e\·1·lacloras de malt&gt;s {¡ dt· n&lt;'cidentcs ndunles ÍI p:isndo:-. La sangre. rÍ\'ll.
ardiente y genero,-a, debe colorearlo, y las \'I'•
11a1i deuen \'etearl11 _v jaspeada li¡!ern y lo,·almente. Los ojo,: deben ,:er brillantes y lí111pitlos; la pupila pura; la 1111rntln dehe refit·ja1·
;;in emhara7.o y con tidt•lidatl la,: paf;io11,-,; y
las idl.'ns. :-\011 tolerables en la piel cie1·t;1H I'"·
li&lt;leces que llamamos intere:-:antes, y t•n la 111irada cierl.llR languideces \'Oluptuosn,;, _\· sut·l, 11
110 serlo cie1taH exprei-ionesaud:wes {, in,¡ui,.i
doras, por razone:; que no so11 del 111rn11ento y
que anali1~'lre111os e11 su llportuniclad; pern la
hPlleza supre111a e" i1wo11ciliahle con las p:tlideeei:; de la nialaria ú del e:incer, &lt;'on l.1s n1:111chas y liicras reveladoras de !ns co11:-titucio1w,;
enl'ermizas, y con las tlaxidcl'e:, y arrugaR pP·
culiares ele los 1:&lt;ere;; dfl,ilt-'s.
Una eabellera alrnmlantl.', Redo~a y rngamentt• 11ncluladn, es ele111&lt;·11to funrl:1nw11tnl di'
belleza, pon¡ue P:--111a11ire:-;t,1ci611 de la :--alud fi11rccie11te. El pelo rna1chilo, e:--ca:&lt;11, n1orlt•ci1111,
es peculiar tle los :&lt;ere:-- enfermizos, eo11w la
cal vi,:ie de los agotados.
Los labios rojos, la dentadura hlaiwn y 1-ana, el aliento puro, la piel h:ilitosa, In urC'ja
pequefia, bien cortada _y a ¡,licada easi n I C'l'H·
heo, la 11ii:t i:sonro:--.ufa y recta, trn&lt;lucPn \·igor,
organización nor111al, y constit11y1•n ele1,1entol-l
i11&lt;lispe11saLleR &lt;le la l1t•lleza fen1e11inn.
Pero la :-:alud y pm c·om,iguientP la hl'lh·za
se traduc~n tn111bié11 por .-.ctiLudes y nw\·imiPntos. ]~! tro11co erguitl11, hi c:i he;1,a recta,
el andar firme y rít111il'o, el nde111Ítn desparpajado y a111plio, cierta ligera on1lulaciú11 dt•l
talle que renila la nornialid,id de la P,-trndura
anntúuiica; una re!-'pirncifo1 at·o111pa:a-ndn, n111plia, profunda; \'OZ clarn, sonora, 1,ien ti111l,rada, que da i 11dicios de&gt; la intl'wi.tad y \'Í¡.?:or
de los órgnnos crn-respo11dirntes _\' liasta b 111:ino tibia y :--et·a, todo, ú ht vez que ele111e11to t•stético, es condición fisiolúgica. _v todo t•~o y
mucho míi:--, que 0111itimo,; por 110 ser dif11,o~,
nl'cesita una 11rnjer parn Sl'I' l,elln.
De ahí unaconsPtiueneiapri'tt-tic:t importante: la n1ujer, para ser helln, del1l' prncurnr :--1·r
sana, ~: como en Esparta, :--i 1,ien C'on 111i'ts pu
dor y mesura, debe procurar C'Oll la gin111:1,.,Lica, la hidroterapia y la higit&gt;ne, conserrnr t·on
la salüd la belleza, \' acrecentar la hrll ..1,a
con la salud.
·

2Jr. )Yf. Flores.

bomingo 10 de Agosto de 1001

�Domingo 10 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

La coronación .de Eduardo VII.

llajo las naves de la gran
Abadía de Westminster, acaba de ser solemnemente coronado por el Arzobispo de Cantorbery, y de otorgar el jurament¿ d séptimo de los
Eduardos de Inglaterra, el sucesor de la venerable reina Yictoria I.
Xuestros lectores si.ben que, debido á la repentina enfermedad del Rey, hubo de
transferirse la coronación, y pJr fin el estado satisfactorio ilel soberano permitió fijarla
para el día nueve ele Agosto.
Desde que se fijó la fecha, los preparativoi::, temporalmente suspendidos, se reanudaron. Los periódicos ingleses nos dieron anticipadamente, descripciones minuciosas
del decorado que ostentará la brumosa Londrei,, para una sola de cuyas calles se gastó en adorno la sumn. de mil libras esterlinaf:, ó sea m[1s de diez mil pesos en nuestra
moneda.
Las arcaicas ceremonias :1,trajeron, además de los representantes de los gobiernos de
todos los países civilizados, á multitud de visitantes de todos los lugares de la tierra,
que presenciaron, en los albores del siglo XX, desfiles y actos iguales á los que se efectuaban hace tres ó cuatro siglos.
Porque, si bien por atención al estado fü,ico débil del rey Eduardo, se resolvió modificar unas ceremonias y aun suprimir otrafl, en lo general el ritual seguido fué copia
fiel del que la tradición conserva para casos semejantes. Y la nobleza de Inglaterra, una de las más apegadas á la tradición, se preparó á tomar parte en lrus
ceremonias, desempeñando á conciencia el papel que le correspondía.
Casi todas las calles recorridas por la proseción real, fueron limitadas por un cercado, para impedir que la aglo~eración perjudicara el

El adorno en las avenidas principales de Londrea

Domingo 10 de Agosto de HÍ02

EL MUNDO ILUSTRADO

huen orden del desfile; fste [ué ensayado repetidas veces, enganchando
los troncos á carruajes sobrecargados
hasta que tuvieran el peso de las carrozas realeR. Ningún detalle se olvidó.
La procesión debió ser suntuosa,
contribuyendo á su brillo la presencia de Lord Kitchener, la primera figura militar del Reino en e~tos momentos, que desfiló seguido de su
eRtado mayor.
Otro de los detalles del desfile que
indudablemente llamó la atención,
fué la concurrencia del contingente
indio que marchó al frente &lt;le todos,
lo cual es una distinción honrosa hacia los representantes &lt;le la principal
de las posesiones británica1-.
A la solemnísima ceremonia. de
ayer en la A ha.día. de \\'estminster
no concurrieron más que las
altas personalidades de In......
glaterra y &lt;le las naciones
amigas, que enviaron sus representantei:;. Las ceremonias fueron l,rcves para comodidad del rey; se suprimieron laR letanías y algunos
otro,; detalles. Las sillas del
trono, que 1lehían Pstar en
una gran plataforma, para
que pudiesen ser vistas de
todos los eRpectadores, se
pusieron al nivel del ¡;uelo,
parn evitar al rey la fatiga
de subir los peldaño¡;_
La víi-pera de la ceremonia, la Abadíit de Westminster recibió la. riquísima colección de joyas reales
fJUe se conservaba, hacfa
mucho tiempo, en la Torre
de Londres, y que fué usada
en la Coronación. rna. guardia especial qued6 encargada de su custodia hasta el
momento en que vueha á
depositarse en la Torre.
El Soberano ha conferido
á las personalidad.es más encumbradas asistentes á las
fiestas, insignias de las principales Ordenes del Reino.

Posición de Eduardo VII al dar el juramento.

Los trenes llegaban
materialmente llenos
de pasajeros ávidos de
presenciar el desfile de
la regia comitiva, y no
había punto de los que
tocó: en su trayecto el
desfile, que no se viera
invadido por la muchedumbre. :Muchasde
las graderías que en
junio hicieron construir algunas empresas, para a 1q u i I ar
asientos al púhlico, y
de las que i,e levantaron por los clu h,-, ful'ron i,,uprimidas. E11
las que qu0daron, 1, s
asientos se alq ui Ja., cm
á elevados precio~.
A la. hora en que
entra en prensa nuestro semanario, la colonia inglesa, residente
en la capital, celel,m la
Coronación de Eduardo VII, uniéndose al
regocijo de sus nacionales, que se desborda
en to&lt;lo:; lus_lugares del
mundo donde flota el
pabellón inglés, ó en
aquellos en que, como

E/ rey Bay Farina, de Kaway y el Prín•
cipe Pamayangba,
concurrentes á la coronación,

aquí, se agrupan los súbditos de la Corona de
Inglaterra para estrechar los lazos que los
unen.
La nota más saliente de los festejos preparados pot la colonia briünica, fué, sin duda,
el gran baile efectuado la norhe del viernes en
el Circo Orrin, y que superó en lucimiento,
elegancia. y animación á lo que se esperaba.

*
*'*

;

1

El entusiasmo con que en toda Inglaterra se
ha celebrado la coronación del Rey, no tiene
precedente en los anales de los grandes regocijos de Inglaterra. En Londres, horas antes
de la ceremonia, las multitudes recorrían las
calles en medio de las mayores demostraci011es
de júbilo, y millares de olm,1'os se ocupaban
en dar la última mano ú la decoración de las
avenidas y de los edificioi,. En algunas partes
el adorno Iné menos rico &lt;le lo que se espera.ha; pero en otrai,, se hizo mucho mús valioso
con las instnlacio,ws de luz que ostentaron por
la noche los l'alaeios principales de la populosa. ciuúa&lt;l.

Los Arzobispos y Obispos de Inglaterra que tomaron parte en la ceremonia.

VESPERTINA.
~ritos clásicos.
..... ~Iás, ap6yate más .... Que sienta el peso
de tu brazo en el mío; c&gt;stás cansada
y se durmió en tu boca el postrer beso
y en tus pupilas la última mirada.
¡Qué fatiga tan dulce la fatiga
que precede á los éxtasis; pereza
del cuerpo y del espfritu que obliga
á mezclar el amor con la tl'istezal

El contingento indio,

Se va la luz. Y la naturaleza
parece que nos dice: ((Soy amiga
de todos los que se aman; los amparo¡

ya os dí lechos &lt;le flores; os dí asilos
rnistcrio~os; reposad tranquilos
en la estrellada sombra que os preparo.
Gracias, amiga! El alma de las cosas
sigue de nuestro espíritu las huellas;
primero, para amar, nos diste rosas·
después, para soñar, :1os das cstrell~s.

La luz se extingue en el zafir, lo mismo
que en los profundos ojos de mi amada·
'
pero queda un fulgor en el abismo
y un toque de pasi6n en la mirada:
sutil y delicioso panteísmo ........ .
·····.Más, apóyate más; vienes cansada ..... .

.Cuis ~- Urbit¡a.

�BEBE
CUADRO DE JORDAEN&amp;

--,'
..

�Domingo 10 de Agosto. de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ÍLUSTRAbO

RESIDENCIAS DIPLOMÁTICAS.
LA LEGACIÓN DE AUSTRIA
Reanudadas las relacioneR diplomáticas entre México y el Imperio Austro-Húngaro, hace algunos
meses quedó definitivamente instalada en nuestra
metrópoli la legación respectiva, figurando al frente de ella, como Ministro Plenipotenciario, el Sr.
conde de Hóhenwart Gérlachstein.
Las oficinas ele la legación estuvieron provisionalmente instaladas en uno de los principales hoteles de la capital, trarn,ladándose después á la
suntuosa finca de las calles de Bucareli, en que se
encuentran ahora establecidas.
La residencia del señor ministro de AustriaHungría, es una de las más lujo~as: todo en ella
es de ·un gusto exquisito, y difícilmente se encontrarán salones en que, como al:í, se hermanen la
riqueza y el arte para formar un conjunto tan
bello.
Al penetrará la legación,se advierte, en primer
término, el magnífico decorado de la escalera, construída con mármol de Carrara; un guardapolvo de
finísima seda de colores, con bordados y flecos .:!e
oro, cnhre la parte del fondo, haciendo resaltar la
severa elegancia de la obra arquitectónica. Este

Domingo 10 de Ag9sto de 1902

EL HUMO.

'ff·

1~

Fumaba mi pipa, recostado sobre la hierba,
con la frente levantada hacia el cielo; y con
los párpados entrecerrados dejaba flotar mi
espíritu en la deliciosa languidez del sueño
que comienza.
En mi pipa no había tabaco de Cuba• ni de
Oriente. Había recuerdos, e,iperanzas; besos
de ayer, sueñoR de mañana; besos que no se
realizaron y sueños que no han de efectuarse
nunca, y de mi pipa salía una nube de humo
que subía, se vaporizaba y se desvanecía antes de llegar al cielo.
Y me dije: «Esta nube de humo son mis
sueños.». Después,melancólicamente cerré los
párpados y me dormí.

1

Fachada de la Legación.

cuuos españoles y atributos reales; hay también un par de grandrs
i;;illones del tiempo de Carlos V. El señor ministro los obtuvo en Sevilla cuando fué representante de su país en España.
El salón {&lt;blanco» está decorado á t0tlo lujo. Pertenece á la señora
condesa y allí recibe á sus amigas íntimas. Sns cortinas y muebles
son de felpa blanca,y multitud &lt;le objetos de plata tapizan los muros:
allí se ve una colección de primorosos objetos traídos de Tánger, en
la que figuran braseletes, collares, pulseras, etc. En uno de los ángulos está un altar con ca,,delab~os y otros adornos &lt;le plata antiguos
y muy valiosos.
En el ala sur de la finca se encuentra el despacho del señor ministro. Este departamento es amplio y está adornado con cuadros de esculturas debidos á los mejores arti8tas antiguos. Su decorado es estilo
oriental,y sus muebles, tales como sofás, mesas y estanteR, son de estilo
morisco. Sobre la mesa &lt;lel señor ministro se ven retratos de soberanos y nobles de Austria, acuarelas y gobelinos.
El comedor está situado al lado oriente; sus muebles son estilo ro-

Salón de recepciones.

Cuando despert(en-el- cielo - esplendoroso
del ::\Ieuiodía irradiaba triunfalmente la luz
tlel sol y las nubes doradas _¡mrpurinamente
corría~ sobre el azul. Había una sonrosada,
páli&lt;la y frágil, que atrajo mis miradas. La seguí con los ojos y con el pensamiento hacia las
paradisiacas glorias del sol, y sentí que la
amaba yo con todo mi corazón .... .•... porque
aquella nubecilla sonrosada se había formado
con el humo de mis esperanzas y de mis en._ _J
sueños.
J

CATULLE MENDES.

mano, y la vajilla, de plata primorosamente trabajada.
Entre las ,•arias obras de arte que decoran la legación de Austria y que hacen &lt;le
ella una de las más suntuosas residencias
diplom{iticas, se encuentran algunas debiclas [i pintoreR mexicanof-.

Las armas más poderosas dr la mujer
Ron las lágrimas; las mfü, tiernas, lo~suspiros, y la más terriblt&gt;, la lengua.

Despacho del Sr. Ministro.

Todo golpe es fecundo: el de la azada
hace la flor resucitar del suelo;
el del cincel traslada del modelo
la línea por el mármol indicada;
triunfa en la li&lt;l ardiente el de la e8pada;
el del llanto, en la tierra da consuelo,
y el de la gota que desprende el cielo,
deja la verde espiga elaborada.

Escalera principal.

guardapolvo fué ttaído de Tánger por el señor ministro y está trabajado con verdadero derroche de buen gusto. Al terminar la escalera,
t&lt;e extiende un amplio corredor, pavimentado con mosaico y mármol,
y en los ·m uros, que ilumina un tragaluz de cristales de colore~, se
ven cuadros muy valiosos &lt;le distintas épocas y escuelas.
_El salón de recepciones 6 sea el «amarilloi,, es de lo más elegante
que pueda imaginarse. Sus muebles son &lt;le madera preciosa y están
tapizados de raso finísimo,que hace juego con el color de las cortinas
y de la alfombra. En el fondo hay dos retratos muy bien ejecutados
del señor ministro y su esposa. Constrastando con el estilo que domina en el salón, se encmentran otros muebles, tan valiosos desde el
punto de vista histórico, como ricos en detalles de arte.
Estos muebles, finísimamente tallados, que pertenecieron á la condesa Momfanser, de la época de-Isabel la Cat61ica, tienen grabados es-

Labran los de las fábricas grandio$aR,
forjando las figuras luminosas
cuando en lmi yunques el martillo bate;
y al entablar la lucha por la vida,
es el alma por golpes combatida
la m{ii, dura y mejor pam el combate.

El Comedor

Sala de rocl~ir do la señora Hohonwart.

�::s

bomingo 10 de Agosto de 1902.

-·~[arr!
1
El poeta v ió llegar una joven c..l(' un rincú_n del jardín,_ hern10Ra,
triunfal, sonriente; y no quiso tener t iempo smo para meditar e11 que
son ndorahle¡,. los crrlwllos Jorados cu:Lndo flotan sobre las nucas marmóreas, y en que hay ro:-tros que vnlen bien por una alba.
.
Lufgo todo era. del icioso. Ac¡uellos quince n~us, entre la;; ros~~ qmnce aiios, sí, lo ef'tithan pregonando unas pu¡nlas serenas ele 11rna, u11
sc,no a.penas ergui&lt;lo y una frescura primaYeral; aqurllu,- ro-s:tle,-; tfl11hlorosns que hacía,r. ondul:1 r sus arcos ,·er.\P,s, aquellos c..l1_1rnzneros con
sus ramilletes rrle&lt;rre" domle se detenían al paso las ma r1 po:-as errantes llenas de polvZ de oro, y las libélulas &lt;le alas cristalinas é iri&gt;'adas;
aquel cisne en la ancha taza, ei,ponjando el alabastro ele su:-\ plumas,
zambnyéndose entre e,-;pumajt•os _,, burh11ja1&lt;, ron volup~nosida,l, en
la trasparenria del ao-1111 la c;H;ikl. limpia, pintrrda, apar1ble, de don' de feliei&lt;lacl; y en la. puert;i l n ancia~1a,_
.
.te emergía corno unaº onda
u!1
i1wierno en medio de tocia nl1uella vida, cerca 1le '.\[ar.v, una vngm1dad en tior.
Ricardo, poeta. líriro, que anJaha á ra.i:a de cuaclr?~, e;;tabn. allí con
la satisfacción de un goloHO que paln.&lt;lca cosa:- exqu1s1ta~.
Y la anciana y la joven.
-;.Qué traes?
-Flores.
l\Im,tra.ha Man· su falda llena romo iriR hecho trizas, que removía.
co11 una de Rus ,·11anos grúcil&lt;'H ele ninfa, mientras ~muiendo su linda
boca purpurnda, RUR ojos abiertos &lt;'ll redondo dejaban Yer un color de
lapi"'lázuli y n na humedad nuliosa.
Rt:REX

D.\JUO.

PENSAMIENTOS.

C'onfieso que esas existencins ni:&lt;laclas hajo techos ignorado;:, 111,•
han causndo siempre el ef&lt;•cto de ri!lternas ;;iempre cerrndas en que
duermen las aguas y en las que 1-&lt;e reiapira un aire malsano. Todo lo
que es olvido en la tierra, tiene algo c..le la muerte.--..\. Dt:: )[l;SSl~T.

***

Lo que el amor empiez t, sólo puede ser acaba&lt;lo por Dios.

***

Si iaoil'l pieura, seu imán; si planta, sensitirn; si hombre, amnr.\'wroR

Hl'GO.

EL MUSEO DE ARTILLERÍA

EL MUNDO ILUSTRADO

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"J-·.

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"QUO

TRES CRUCES.
I.
VIRIATO.
De Ga.lba la matanza pretoriana
inicua y rnín \Jlle de;:yai;tó la tierra,
'un puehlo de pa,:toreis, á la guerra
lanzó una Ycz allá en la lusit.1na
región feraz, poé-tica y lozana
do tesorns de hien el campo encierra:
guerra feroz que al Cniverso aterra ......
pérfüla, y cruel, y hárhara .,· tirana!
Y \'i riato ~e a Izó. Y con la testa
ceii ida. ele hure!, un lustro entero
siempre al combate con tesón ise aprei-ta.
y en el combate yérguese el primero,
y cae al fin con la cabeza e11hiestii
mártir de f'll deber, Ruhlime y fiero!

II.
KOSOIUSKO.
Sin esperanza alguna., cual existe
el barco sin timón ni arbola&lt;lura
entregado :í la negra desventura
en océano colérico que embiste..·....
Como el hombre infeliz que se resiste
á sepultar HU Yida en la tristura.
&lt;le un in1placable ma.r, tumba segura
en cuya perdición nadie le asiste;
así el polaco aquel, vistió la ma.lla

RETRATu DEL GRAL. MARIANO ESCOBED0.
La Secretaría &lt;le ({nerrrr acnba &lt;lr rrmilir nl Museo Nac-ional &lt;le
Artillería un retrato al úlPo &lt;lel ilu;;tre General D. ~lnriano EscoLedo,
:'.í qui&lt;'n la ltPpúhli~a del_ie, eomo se f&lt;nl~e, t~11t&lt;!S y t1111 _:'aliof&lt;os ,er\"Ícios en ¡,ro d(• "ll 111tpgnclad y de sns rnstitt1&lt;·101ws. ]ti n·trato, cuya,
copirr fologrídka lomada ex¡,ref&lt;anwnle para. 11t1cf'tro srmanario ofrecemos lw.\', sná coloeado en lugar prl'ferente cid 1\1 us&lt;'o, como un
homenaje :'t los merecimientos del patriota eximio.
8ep;ún f'aben1os, Pn el mi,;mo }luf'eo y en &lt;lepartamcnto _especial,
~Pr{u1 colo&lt;·ada"' ,·lll'ia,; reliquiaR que pertenecieron ¡¡] héroe de 13anta
Gerlrudis, tales &lt;·orno laR nn111erosns condecoraciones que conRtelnhnn
el peeho clel &lt;listinguiuo militar, el uniforme, la banda, el esradín y
c•l bastón que U!-'aha en l:1¡.; g1andes formacionef', y algunaR de las
prendas que porta.ha cuando mandó c,l ej(,rcilo de operaciones sobre la plarn de Queré.taro en 1867.
El ch•pnrtanwnto ei-pccial dt'ilicado al Genernl Es1·ohedo donde se
guardar{u1 e!-'as rnlirn,as prendas, formará uno de los que con más interf:- pue&lt;lnn visitar::-e en el Mm;eo &lt;le Artillería, tan riro en objt'tos
hi:;tóricoi-.

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1

VADIS?"-Grupo de hadas.-Grupo de sacerdotes.

del defensor de su Polonia un dí,t
y á todo~ los Yillanos por muralla
i-u pecho preRentó ...... y Europa impía
«¡ Fin is Poloniae!,, O,\'Ó trai-: la batalla:
el adióR postrimer del qne moría ...... !

KRU6ER.
En brega desigual, la frente al rielo
el Yiejo león asiste á su destino,
homérico, inmortal, casi divino ........ .
como germen exótico del suelo.
Xo tiene allí el titán para su anhelo
más que las lobregueces del ramino,
más que las veleidades de su :-sino
y su hihlia y su Dios como consuelo;
). sin cuartel, y al borde clel abi:-1110
"e crece el león en el com hate rudo
sin arredrarse nunca al cataclismo ......
pero ...... ¿por qué, Señor, por qué 110 pudo,
morir como los otros, siempre el mismo
por su patria y su i10nor, sobre el escudo?
.i.D..\LBEHTO CARRíEDO.

ACUARELA.
Había rfrra nn lwllo jnnlín, con mít"' flores que awleas ." n1ús \'iolt--las qui· ro--as. Cn bi&gt;llo ,Y prqut'íin j,ird(n con janune&gt;', pern sin &lt;'Rtat nas; con una pila bl:11H·n. pero sin i-urtidurPf:. Ccr{'a una C'asita con111 hecha para t111 cuPnto dulr•e y feliz ........ .
l~n la pila un cisne se cliapu1~;tba, ren,IYi1•ndo el agua., ,;acudiendo
la~ ala;; cl1• un hla11&lt;·or d&lt;&gt; nie,·r, enarcando el &lt;'Uello en la forma &lt;lt--1
br,L1.o de una lirn ú el asa de una ánforn, y n10\'ienc..lo el pico húmedo
\' con tal luf&lt;trc, eomo si fue1-e lahrndo con una gota de color ele ro:-:a.
· En la puerta &lt;le la cnf'a, como extraída.de una 110,·ela de Di1·kenR,
ei;taba una de esas viej:ts inglef'as, únicas, solas, clíu-,icaf', 1·on la cofia.
encintada, los anteojos ;;obre la nariz, el cuerpo encorvado, las mejillas arrujada1-, más un color de rnanzanrr marlura y 1-alml rira. Sobre
la suya oh,wur:1, (•I cll'lantal.
Llamaba:

••~uo
LA 1:aSPINA.-(Eatudlo fotogrAfico de L"perclo),

Domingo 10 de Agosto de 1902

VADIS?"-Banquet~ d~ N~r9n.-EI tri\lnfQ,

LA PESETA DEL PÚBLlOÓ.

Es cosa a,·eriguada c¡ue á medida que loo
espectáculos baratos i-on más numerosos en la
capit.1,l, la afición del público á las di,·ersiones teatrales ha ido creciendo gradualmente.
Desde el jacalún, que arrniga en los barrios y
se sostiene á coKta de nuestra:-; clasei; ínfimas,
haHta el «teatro &lt;le la tanda)), donde se exhibe
lo má8 tiamante clel «género chico", realizan
ahora lo que hace YeintP aiios no hubieran
realizado lo:; teatro" de entonce;;: ,·ersc llenos,
ele hote en hot&lt;-', por una concurrencia ansiof'n,
más que &lt;le emocione!:' profundas, del cosquilleo que &lt;lespiertnn el libreto salpicado de equívocos y la mú,-ica intencionada y retozona.
De aquí que la 1wseta del público, que cae
á las arcas de la üH¡uilla como una gota continua, ba:-tc para que las ohra1:&lt;, corno lo hemos
Yisto en esto,; último:- díaR, sean llerndas á la
escena, no i::óln eon propiedad, Kino con Iujo
cof'a á que no ei,túhamos acostumbrarlo;; v qu~
el género chico haya echado en }léxi'co raíces tan honda~.
El ccQuo Vadis)), zarzuelita cu,·o éxito consiste principalmente en la suntu~sidacl del decorac..lo y de los traje,-, es una prueba de lo
que significa la afición ele lo¡; t.'lndófilos á esta
clase ele espectáculos, para las empresas: la.
obra se montó, en el primero ele lo;; teatros de
la tanda, ¡;in omilir gastos, .v h,'1. qt1e&lt;lado en
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á peseta, llena ú reYentar las taquillas, de donl~e :-alen trajes y decoracione1-, y música y artrntas.

�Domingo 10 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 7.

MÉXICO, AGOSTO 17 DE 1902.

Subscripción mensual fo~nea, $1,~
Idem ldem, en la capital, .. 1,
Cierente1 LUI&amp; Rt'l't&amp; &amp;PINNLA.

alrccton LIC. RAf'A(L Rtn&amp; &amp;PINDOU.

HERMANAS.
(Estudio fotográftco de P. Torres y P. Lavillett-.)

CAZA DE UN TORDO ·
Cuadro de Gárate

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 10 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 7.

MÉXICO, AGOSTO 17 DE 1902.

Subscripción mensual fo~nea, $1,~
Idem ldem, en la capital, .. 1,
Cierente1 LUI&amp; Rt'l't&amp; &amp;PINNLA.

alrccton LIC. RAf'A(L Rtn&amp; &amp;PINDOU.

HERMANAS.
(Estudio fotográftco de P. Torres y P. Lavillett-.)

CAZA DE UN TORDO ·
Cuadro de Gárate

�Domingo 17 de Agosto de 1902.

Cleptómanos Modernos
Jfofas Ca/1,jeras.
Los diarios de información se han entreter,ido durante la semana en pormenorizar dos
sucesos, no originales ni extrafios siquiera,
pero sí interesantes: el proceso de unos ladrones de cincueh ta mil pesos, y la aprehensión
de otros, que, con hábiles eombinaciones, engañaron á un rico espaüol para robarle algunos miles.
Estas noticias serían de una aburridora insignificancia, si en ellas no apareciera el tipo
del héroe novelesco, de folletín, hecho con un
poco de Rocambole y otro poco de Conde de
Montecristo. Hablo del ladrón de levita, del
misterioso personaje que se presenta en sociedad con los aparatosos modales de un actor,
de un galán joven que viste con elegancia, come y bebe con esplendidez, sabe bailar boston,
y habla del honor como de un ideal ya conquistado y seguro.
En las sociedades e.xquisitamente civilizadas
se presenta este caballero con bastante frecuencia y sus proeza.'l hallan en ellas campo libre
y rico. La vida de estos hombres delie de ser
interesante y curiosa por extremo; debe de estar compuesta de escenas y episodios jocoserios como las memorias de Casanova, con un
gran fondo de filosofía callejera, pervertida y
amarga, en cuyo vulgar pesimismo no palpitará otra cosa que una gran sed de placer y un
sensualismo encanallado y brutal. La educación les ofrece poderosos recursos para llevar
á cabo sus fechorías; y la moda y la urbanidad
ponen á su disposición agradables disfraces
para ocultar sus intenciones y malevolencias.
Son hábiles prestidigitadores, comediantes de
buena escuela, y andan por esos mundos urdiendo planes y fraguanao asechanzas entre e_l
estruendo de una orgía inacabable, como si la
sociedad fuera para ellos lo que para los romanos de Petronio fué la casa de Trimalci6n.
No era común entre nosotros este peligroso
embaucador. Nuestro era y henchía las cárceles el tipo del ladrón miserable que, por las
noches en las calles solitarias, hurtaba, pufial
en mano, y echaba á correr con el reloj y la
bolsa á su lejano escondite, á su tenebrosa corte de los Milagros. Xuestro E'ra el haraposo, el
hambriento, el vagabundo, que, ignorante y
estúpido, arrebataba á la existencia, para poder vivir, lo que ella no le daba de buen grado.
Pero este malhechor era fácil de conocer, y la
policía lo atrapaba con facilidad entre 1ms mil
y tres tentáculos.
Mas al ladrón refinado, al elegante, al que
flanea por el «bulevari&gt; del brazo de los amigos
aristócratas, al que asiste á teatros y «clubsi&gt;,
juega al bacará, va en carruaje al paseo, galantea á las perdidas de moda y desafía á los
que se atreven á poner en tela de juicio su nobleza, á ese autor de estafas y engañifas, {i ese
flamante Picolet, no le veíamos aparecer sino
de cuando en cuando, en los anales del presidio.
Hoy, quizás por primera vez, nos damos
cuenta de que nos invadi6 la plaga y de que
la propiedad tiene un nuevo enemigo, más terrible y_ue el pobre ratero que va entre la multitud, avispado y audaz, buscando la punta
de un pañuelo que extraer, y que el legendario salteador de caminos, que, antaño, iba por
escarpaduras y vericuetos, exponiendo la vida, en persecución de algún convoy imaginario.

LA ORUGA.
Sale de entre las hierbas que la ocultan durante el calor, y atraviesa la avenida arenosa,
haciendo grandes ondulaciones.
En una huella de pie de jardinero, parece
perderse.
Llega á las fresas, allí descansa y parece aspirar el aire¡ después vuelve á emprender su

EL MUNDO ILUSTRADO
camino, y sigue, ya sobre las hojas, ya bajo
las hojas ...... Ahora sí sabe á dónde va.
¡Hermosa oruga, gruesa, velluda, con puntos dorados y ojos negros!
Se guía por el olfato, se estremece y frunce
como espesa y rizada pestaña.
Detiénese al pie de un rosal!
Agárrase, tienta la corteza lisa, balaucea su
cabecita de perro recién nacido y se decide á
trepar.
Ahora, parece que se traga penosamente cada centímetro de camino transcurrido.
En lo alto del rosal ábrese una rosa coloreada como las mejillas de candorosa niña.
Sus perfumes la embriagan, no desconfía de
nadie, y deja que suba por su tallo la primer
oruga que llega, y la recibe como rico regalo.
Y pre8intiendo que la noche será fría, se
siente feliz al echarse una boa en derredor del
cuello.
JULIO REXARD.

LA GOLONDRINA HERIDA.
Al pie de mi ventana ha caído esta tarde,
en el jardín de la fonda, una golondrina herida.
Yo no supe hacer nada por ella: la acaricié,
la sostuve entre mis manos, pero se me murió.
Y es que estos seres, sanos 6 dolientes, corren
sólo por cuenta de Dios, y los hombres nada
sabemos de ellos sino que andan por el aire y
que parecen más felices que nosotros.
Pensando en el que dispar6 sobre la golondrina-el cual es, á no dudar, un hijo de
Adán y, por lo tanto, hermano mío,-me he
sentido un poco avergonzado ante ella. El linaje de esta pobre ave me aparece en estos
momentos harto más noble y principal que el
nuest.ro. En efecto, ella viene en línea recta
de aquellas piadosas avecillas que consolaban
á Cristo en la cruz, arrancándole de la frente
las espinas, y el cazador y yo venimos de los
que se las pusieron.
Este impío Nemrod habrá recorrido eú vano, durante todo el día, estos montes vecinos,
y no se ha resignado á no disparar su escopeta. Ya se ve: compromete á mucho esto de salir de casa arma al brazo. ¿Cómo volver sin
haber hecho sangre? En cambio, ese mismo
no se avergonzará de volver muchas noches
sin haber dado limosna á un pobre.
La cosa ya no tenía remedio; el tiro fué certero, y lo único que yo he podido hacer, para
no dejar en tan mal lugar al género humano,
ha sido dar á la golondrina piadosa sepultura
en un rincón del jardín.
La he enterrado al pie de una palmera, como ella hubiera deseado descansar, si es que
pem16 en esto, que nada se sabe; y alegran su
tumba, en torno del suelo removido, una opulenta mata de geranios y un rosal blanco.
Poca tierra he tenido que sacar para hacer
la fosa. ¡Pobre animalillo! ¡En qué poco espacio cabe! Y sin embargo, mandaba como
soberano en los aires, y de Africa se venía á
España, como yo voy del comedor al salón.
¿Habrá en el mundo quien no las haya envidiado viéndolas volar? Si hay alguno, te'ngamos lástima de él, porque eso es que se encuentra á gusto en la tierra. ¡En la tierra,donde viven los ingratos!
¡Qué pena causa ver en el suelo lo que tuvo
alas y se cerni6 altivo en el espacio! Por eso
son cosas tan tristes un pájai-o muerto y un
alma caída.
En los otros seres, los que andan atados á
la tierra sin poder dejar nunca su impuro contacto, no parece caso tan lastimoRo verlos caer
sin vida. No bajan de tan alto, y ya en su actitud mientras viven, con la mirada hacia el
suelo, los pies palpándole cautelosamente, parece que andan buscando el mejor sitio para,
echarse y morir.
El hombre mismo, que apenas ha conseguido otra ventaja que empinarse un poco sobre
los demás pobladores del mundo, le recorre
de un extremo á otro en busca de algo que él
no sabe lo que es, y que no es más que la
tumba.

Pero el hombre lleva dentro un pájaro á
cuyo vuelo no alcanza ningún otro.
Sube el alma humana, guiada por la oración, ó por el recuerdo 6 por la esperanza, y
tan alto sube, que no hay en el mundo alas
que la sigan. El ruiseñor desde la copa del
árbol, la golondrina en la espadaña de la iglesia y el águila en su altísima rocrt, se preguntan asombrados cuando pasa: ¿A d6nde irá
tan alta?
Y, á pesar de ello, si no hay alas que la alcancen, el alma tiene también sus cazadores.
No la tiran cuando está en lo alto, que no la
dieran entonces. sino que aguardan una de sus
impensadas caídas, un breve descanso en
tierra.
En esta caza s6lo hay un cazador que tenga
licencia de armas. Es uno que usa flechas; da,
al parecer, sin saber en d6nde, porque se finge ciego; pero da siempre en el blanco.
No os guardfis de él, almas nuevas que ahora ensayáis el primer vuelo. Dejaos prender
en sus redes 6 herir por sus tiros, porque es
muy triste la vida de aquel á quien Amor perdona.
Dejaos herir, y si morís de la h erida, mejor.
Aprended de esta pobre golondrina, que volaría á su nido sin reparar en el riesgo ni en la
distancia.
Dejaos herir, y guardaos bien de hacer vuestro nido sin pedir permiso al cazador de las
flechas; porque no basta, no basta, como hoy
se cree, con amontonar muchas pajas.

-

EL MUNDO ILtrS'l'RAbO
UN BUSTO

DEL GHAL. ESCOBKDO
La Secretaría de Guerra,yreviencto que, tar&lt;le o temprano, ha.brá
de erigirse en b República un monumento
que perpetúe la memoria del ilustre general
Don 1Iariano l~scohe&lt;lo, encomendó ú la
Escuela de Bellas .\ rtes el nio&lt;lela&lt;lo de un
busto, en yeso, lJtie
pueda Rervi r de hase
para la ejceuci6n ele la
('Statua, IIE&gt;gado el raso.
El busto á que nos
referin10R fué hecho
por el ::ir. Arnulfo Domínguez, quien tuvo á
la ,·ista las mejores fotografías del vetPrano
y la mnscari !la sacada
á 1,u muerte. La obra
repre~enta al vencedor
de Santa Gertrudis en
la plenitud de su vida.
Desde el punto de
vista artístico , tudoi;
los detalles están tratados con la rninucioi;i&lt;lad que requieren las
obras de esta naturaleza.
La encina que adorna
el busto, es del mejor
efecto.

ENRIQUE MENÉNDEZ y PELAYO.

EL PRELUDIO.
Siempre á igual hora y un breve instante
junto á los hierros de mi ventana,
todas las noches no sé qué mano
preludia un arpa.
No sé qué aliento tan misterioso
siente el arpista siempre que pasa;
no sé qué impulso mueve sus dedos
para tocarla.
¿Es miedo acaso lo que le impele?
¿es alegría que le entusiasma?
¿6 algún recuerdo que le atormenta
ó que le halaga?
¿Qué es lo que inspira su fantasía?
¿cuál es el móvil, cuál es la causa?
¿por qué las notas del instrumento
hieren mi alma?
¡No sé, Dios mío! mas me figuro
que acaso el pobre sufre la carga
dura y terrible de una existencia
desventurada.
¡Cuál me conmueven esos sonidos
dulces y vagos que me regala!
¡ay! ¡quién pudiera darle consuelo,
paz y esperanza!

LAS SEÑOdlTAS ESTRELLAS.
Las sefioritas estn•llas estuvieron en el baile, donde danzaron locamente toda la n oche,
y ahora, mientras vuelven á su hogar al través de los jardines azulei-; del éter, bailan todavía. Atado el resplandeciente cintillo y sueltas
atrás las largas cabelleras. vf&gt;stidas de una vh-ida tela de diamante, cogiendo .por los caminos pálidas flores de pedrerías, y sin resignarse
á andar tranquilas como setioritas delicadas.
¡X o! Bai Jan y ba ilan sin cesar. Las innumerables comparsas forman ya la figura de un
Carnero, (¡ de un Escorpión, 6 de una Lira, 6
de una Balanza, 6 de un Arco que dispara, ó
de un Pez, 6 de un Pavo, 6 de una Ballena, 6
de un Fénix, 6 de una Grulla 6 todas estas figuras á la vez, y el inmenso collar que se desparrama no se modifica, y todas estas frentes
de diamantes alumbran y blanquean lainn1ensidad azul.
-¡Yamosl-dice la grande Aldebarán á la
pequeña Proci6n,-apuremos el paso, por fa-

Yor. ¿Xo ves que se acerca la terrible, la espantosa Aurora, que avanza vestida de rojo y
c¡ue ya nos va á quemar la extremidad de los
cabellos con la llama rosada de su antorcha"?
-¡Ah!-dice Proci6n,-semeha caído uno
ele mis escarpines de cristal y te sigo como
puedo, un pie calzado y el otro desnudo.
-¡Qué importa!-;responde 13: señoritagrande.-Apresúrate, y s1 es necesano arroja también el otro en el camino, en alg~na caverna
de oro. Si no te cuidas de lo que te dije vamos á tener que pisar luego las rosas de¡¡ mafiana, salpicadas de sangre. ¿Y qué dirá el seíior Camilo Flammarión si nos ve todavía en
el cielo á la hora en que es de reglamento que
las honradas estrellas estén en cama?
TEODORO DE BANVILLE.

N.UlIVO OBISPO D! CHIAPAS.
La semana pasada se efectuó en la Colegiata de Guadalupe la consagración del Señor

bomingo 17 de Agosto c1e 1902.
Doctor D. Francisco Orozco y Jiméne1,, nombrado últimamente obispo de Chiapas.
El señor Orozco es en la actualidad el más
joven de los obispos mexicanos; naci6 en Zamora el 19 de noviembre de 1864, habiendo
comenzado sus estudios en el colegio establecido en .Jacona por el padre Plancarte· allí
permaneció dos años; en 1876 se dirigió á
Roma, ingresando al Colegio Pío Latino Americano, en donde siguió sus e~tudios hasta ordenan;e, y en 1888 regresó á l\léxico nombrúndoscle vicerrector de !a Escuela Cat61ica de
Arte!&lt;, en Zamora, puesto que desempeü6 por
mús de cuatro afios. Fué agregado á la Universi&lt;lad Pontificia y nombrado catedrático
d~ hit-toria eclef'iústica, filosofía y Sagrada Escn tura.
Pocos años después se translad6 á esta capital, e11 do1:ide por algún tiempo desempeñ6
el cargo de vicerrector &lt;lel Seminario Conciliar.
:El :.:!9 del pa'3ado julio recibi6 el «brevei, pontifical en el colrgio del Sagrado Coraz6n. El
St'ñor Orozco posee una \'asta instrucción y
!&lt;U nombra111iento se ha recibido en Chiapn;;
con beneplácito.

SR. DR. OROZGO Y JIMENEZ, OBISPO DE CHIAPAS-

Infinidad de personas le han enviado sus
f~licitaciones, y muchas otras de Zamora y de
d~erentes par:es del Estado de ~Iichoacán, vimeron á México para asistir al acto de la
consagraci6n.
Ten:1-ina&lt;la la ceremonia, el nuevo Obispo
Í?é obJeto de numerosas demostraciones de
simpatía, o~sequián&lt;losele con un banquete á
que con?urneron el Sr. Arzobispo Alarcón y
otros miembros del alto clero.

El adivina sin conocerme
cuánto deploro su suerte infausta,
y agradecido, con un arpegio'
me da las gracias.
Yo también triste paso la vida,
yo también sufro penas amargas
y me consuelo cuando en mi reja
preludia el arpa.
CAROLrnA DE SoTO y

ÜORRO.

-Nada sucede en la vida ni como se espera ni como se teme.

.

***

Los OJOS del espíritu son como los del cuerpo, se fatigan cuando quieren ver más allá de
cierto límite.-ALFONSO Iú.RR.

***

-Se ha dicho que ya no hay nifios...... Es
que no se cuenta á los ancianos. - ALFONSO
D.A.UDET.

PUERTAS DE MEXICO.

LAS CALZADAS DE LA P !EDAD y TACUBAYA.

�EL .MU N lJO lL US'l'HAlJO
Domingo 17 de Agosto de 1902.

Domingo 17 de Agosto de J 902.

EL MUNDO ILUSTRADO

LA BELLEZA FEMENINA
La gracia es condici6n de tal modo necesaria de la belleza femenina, que basta en ocasiones para constituirla. Y no s6lo es condici6n necesaria de este género de belleza, sino
de la belleza en general. Nada dotado de gracia deja de ser bello, y se impone un estudio
especial de la gracia para formar cabal concepto de lo bello en general y de la estética femenina en particular. Intentémoslo.
Si todo lo gracioso es bello, no todo lo bello es gracioso. Hay cosas y fen6menos que
dentro de una incontestable é imponente belleza, están totalmente fuera de la gracia.
El indefinido azul del firmamento; la masa
deslumbrante y agobiadora del sol; los horizontes infinitos del mar; los imponentes lineamientos y las rocas abruptas de la cordillera;
el huracán, la tempestad, la tromba, son incontestablemente bellos, sin lliezcla alguna posible y asignable de gracia. Este género de
belleza es grandioso, imponente y monumental; suscita admiraciones extáticas; despierta
emociones profundas, produce espanto, terror,
dolor.
La gracia no penetra tan hondo ni abarca
tanto espacio en la sensibilid.. d; la gracia no
sacude, acaricia; no impone, alhaga¡ no atormenta, recrea; no hace estremecer, sino sonreír.
Para esto es indispensable, desde luego, que
lo gracioso no se presente en masas confusas,
ni revista formas monstruosas ni ocupe espacios desmesurados. Lo gracioso ha de ser pequeño, relativamente al menos; armonioso
siempre; m6vil y ágil en general. El mar no
es gracim;o, decíamos, siendo bello; pero pueden serlo un lago y una fuente. Los grandes
mamíferos; los árboles gigantescof', contrastan
á este respecto con las aves, con los insectos y
con los arbustos. El colibrí, microsc6pico,
multicoloro, ligerq, ágil y juguet6n; la mariposa, esmaltada é inquieta; la nube, diáfana
y ligera; la espuma, blanca y perecedera; h
gota de rocío, la flor,encarnan y simbolizan la
gracia, porque son pequeños, movedizos y armoniosos.
La gracia se caracteriza de preferencia por
el movimiento. Un paso lento y torpe; un
movimiento pesado y difícil; una traslaci6n
rectilínea y mon6tona, excluyen totalmente
la gracia. Entre Hércules luchando y una ninfa jugueteando; entre el proyectil brutal y rudo y las volutas del humo; entre la avalancha·
que rueda y el ave que vuela, median difere:1cias profundas que emanan de los caracteres
fundamentales de la gracia.
Dondequiera que el empuje necesario al
movimiento es considerable,y sobre todo, dondequiera que es claramente perceptible, la
g_:acia desaparece y se evapora. Para que 1a
actitud, el ademán y el movimiento sean graciosos, es necesario que sean fáciles, espontáneos, y que pneda11 tomarse 6 ejecutarse siu
esfuerzo aparente. Sentarse á plomo, echarse
de bruces, andar cojeando 6 arrastrando los
pies, gesticular con vehemencia, moverse c011
lentitud 6 con embarazo, son, todos, actos que
excluyen la gracia.
La mujer verdaderamente bella, debe moverse rítmica y cadenciosamente; debe ser ágil
y vivaz, sin extremar su movilidad; su mímica, su gesticulación y su ademán deben ser
fáciles, c6modos, armoniosos. Todo lo que

puedan tener de extremado, de torpe, de fatigoso, afea á la mujer, le quita el garbo, la soltura, la agilidad, y la convierte en masa inerte, difícilmente movible, 6 en aut6mata chocante y ridículo, movido con alambres ó accionado con resortes.
La gracia en el movimiento supone en la
estructura condiciones y requisitos indispensables.
..
La esbeltez, desde luego, y la flexibilidad
del talle y de los miembros. Importa, en efecto, para que los moYimientos y las actitudes
puedan ser graciosos, que las masas huesosas
y musculares no produzcan impresi6n de pesadez. La osatura debe e.er fina y ligera, las
coyunturas proporcionadas y suficientes. Importa igualmente que no sea muy acentuado
el relieve de los músculos, ni lo sea tampoco
la saliente de los tendones. Cuando, como pasa en los ath:tas, el relieve muscular se dibuja
á cada movimiento ó su acentuación es permanente; cuando los tendones revelan perceptiblemente su tensión bajo la piel que los cubre, el esfuerzo que el movimiento exige, es
directamente visible, y por no estar disimulado 6 atenuado, excluye toda impresión de
gracia. Por eso el Hércules Farnesio 6 el Torso del Belvedere, que parecen tener bajo la
piel una cordillera muscular, no serán jamás
modelos de gracia y sí de ese otro género de
belleza que se llama la fuerza; y por eso será
inmortal símbolo de gracia la Diana Cazadora, eternamente bella, de Hans l\fackart.
De esta necesidad de que el esfuerzo quede
disimulado, nace el que exijamos á la belleza
femenina cierta uniforme y torneada morbidez, que rechazamos en el hombre, símbolo
estético, para nosotros, no de la gracia, sino
rle la fuerza.
La gracia radica, no tan sólo en el cuerpo,
sino en el alma, y trasciende de ésta á aquél.
La respuesta fácil, la réplica viva, la fácil movilidad de la atenci6n, la metúfora adecuada,
traducen la facilidad y la acomodaticia variabilidad del poder mental y disimulan el esfuerzo del pensamiento y de la reflexi6n. Lo
mismo las emociones: todo lo que las haga
aparecer desmesuradas en su manifestaci6n 6
lentas en su aparici6n, les quita la gracia revelando su fuerza 6 su torpeza.
Los OJOS, espejos del alma, la boca, la fisonomía en fin, así como la mímica y el ademán, deben, pues, traducir la espontaneidad,
la adaptabilidad á las circunstancias, la rapidez de aparición y la mesura en la expresi6tt,
características de la verdadera gracia. Ni la
mueca acentuada, ni el grito estridente, ni la
carcajada histérica ni el ademán convulsivo
son compatibles con la gracia, como no lo son
tampoco la mirada fija y opaca, la fisonomía
inexpresiva, la inercia indolente ni el silencio fúnebre.
La mujer, en suma, para ser plenamente
bella,debe encarnar y simbolizar la gracia. La
gracia puede ser su abso1uci6n estética, porque no exigimos á la mujer fuerzas, sino
atractivos; ni empuje, sino delicadeza, y porque, en suma., fuera de la maternidad, que es
su trabajo hercúleo, s6lo le pedimos sea el ornato y el encanto de nuestra existencia.

(1Fot01nfla• de la coleoo1511 J!'elludl11!,J

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 17 de .Agosto de 1902.

Domingo 17 de Agosto de 1902.

eCa ecrcnación 6et c!iteg e6uar6o.
~u oele6raoión en cJ&amp;izioo.
El entusiasmo con que la eolonia inglesa residente en :México celebró
la Coronación del Rey Eduardo VII, efectuada en la populosa Londres el sábado 9 del corriente, hizo que las fiestas organizadas en honor del soberano por la Comisión respectiva, dejaran entre nosotros
los más gratos rPcuerdos.
La serie de festejos se abrió con el suntuoso baile dado en la tienda
de Villamil la noche del 8. El espacioso local, adornado con verdadero derroche de buen gusto, presentaba un aspecto encantndor. El
plafond de la espaciosa sala &lt;le
baile imitaba un a enorme
«Union Jack» en cuyo derredor se veían, enrolladas, draperías de los colores mexicanos.
En los antepechos de los palcos había cal'tones con los nombres de las distintas colonias del
Imperio Británico, y, arraucando de las columnas,arcos de follaje que formaban un primoroso conjunto. Las graderías
desaparecieron bajo una capa
de flores y de verdura.
Dno de los éxitos del adorno
fué la decoración del fondo
que cubría el foro. Era un lienzo qne representaba la regia
mansión del Wíndsor Castle,
cuyos torreones se dei-tacaban
!iObre un cielo opaco, y cuyos
muros se mojaban en una coniente que ,·enía á terminar en
una cascada de admirable efecto. Ladecoración era muy hermosa.
En el:vestíbulo y en el salón
tk dl'saho_go, el i-ir. Bourclwl'.

ville, :Ministro de Iriglaterra, se presentó en el local acompañado de su
esposa.
Al presentarse el señor Presidente de la República, tanto el señor
Ministro, como los sefiom, Anclerson, Foot y Jerome, 8alieron á recibirlo hasta el vestíbulo. El señor Gene1al Díaz ocupó el palco especial
que se le había señalado, y donde le acompañaban los señores )linistro inglés y señora; Embajador Clayton y señora; General Bernardo
Reyes, Ingeniero Lean&lt;lro Fernández y señora; señora Barran de Rin-

[Fot. Schlattman.

EL DECORADO DEL FONDO.

A la hora del champaña,el Sr. Ministro inglés pronunció un corto, pero entusiasta brindis que fué escuchado por los comensales con
el mayor interés. El Señor Ministro Greville tuvo frases de exquisita cortesía para el Sr.
Presidente de la Repúblics. y para el pueblo
mexicano. El Primer ::\Iagistrado correspondi6 á este brindis con el que últimamente dió
&lt;rEl Imparcial,i á conocer. Las palabras del
Sr. Gral. Díaz produjeron en la concurrencia
la más grata impresión.

EL SALÓN DE BAILE.

cún Gallardo y algunas otras
personas distinguidas.
Dc~de ese momento la fiesta
desplegó toda su animación.
El golpe de vista que ofrecía
la sala era indescriptible. Telas
vaporosai- de colores claros en
su mayorí&lt;t, encajes, flores; todo irreprochable y ceñido á la
más exqttisita elegancia.

SALA DE DESAHOGO.

que fué el e!1cargado del adorno, hizo también derroche de su buen
gu~t?· Multitud de banderas, piezas florales y plantas de las más exqms1tas completaban el decorado.

***

La fiesta comenzó cerca de las diez de la noche, hora en que el Sr. Gl·e-

A media noche se sirvió la
cena, á la cual fué invitado el
señor Gcnen,l Díaz.
La mesa oficial estuvo instalada en el foro del Circo, que
estaba adornado con banderas
mexicanas é inglesas. El señor
Presidente tomó asiento en el
centro y á suR lados las sefioras
de Greville y &lt;le Azpíroz. Frente al Primer }lagii-trado, estaban los Reñorcs :\Iinistros de
Inglaterra, Francia é Italia y
señoras, siguiendo á sus lado.-;
[Fots. Schlattman J
los señores Embajador amPri •
.
cano, Lic. Jlanuel Azpíroz, Ingemero Leandro Fernández, Gobernador del Distrito v señora sefiorita. Halfetf', señora Dolores B. de Rincón nallarrlo, L°ir. .Tos{, '.\lgara
R~nor
y señora H.
e1mlH', señora Chytou, selior Encargado 11P Xego-'
c1os de Espafta, Wálfo.nt y señora, Teniente Bartlei- señor }lcC.:nry
Encargado de. N'egocios del .Japón, Conle Stadniki ;. Kilmasegg, ·
otros caballeros y damas distinguidos,

y

tantes de las demás naciones y á los miembros más encumbrados de la Administración.
El terrible aguacero que se desató sobre la
ciudad á la hora que señalaban las invitaciones, no fué obstáculo para que la Legación se

viera concurrida por lo más selecto de nuestra
sociedad. Una buena orquesta estuvo tocando
piezas escogidas, y tanto el Señor Greville como su esposa, atendieron á les invitados con
toda cortesía.

El sábado por la mañana se verificó la ceremonia religiosa dispuesta por la Comisión
de la Iglesia de Cristo. El templo, de moderna arquitectura, fué adornado con verdadera
elegancia.
En el altar se colocó una cruz formada con
gardenias, que tenía á sus lados coronas de
laurel en cuyo centro estaban las iniciales E.
R. y A. R., y en las ventanas, grupos de plantas y flores exquisitas.
En el presbiterio tomaron asiento las personas que componían el coro, y en la nave los
miembros del Cuerpo Diplomático, los altos
funcionarios y multitud de damas pertenecientes, en su mayoría, á la colonia inglesa.
En representaci6n del Sr. Presidente de la República,asistió el Sr. Secretario de Relaciones,
Lic. D. Ignacio :Mariscal.
La ceremonia consistió en u11 sermón predicado por el Rev. Forrester, y en la entonación de algunos coros, principalmente.

-.

Por la tarde, el Sr. :Ministro de Inglaterra
ofreció una suntuosa recepción á los represen-

SALIENDO-DE LA CEREMONIA RELIGIOSA.

��...

Domingo 17 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

EL DEPENDIENTE.
Todos los afanes de las primeras horas del
día se dedicaban á él.
Luego que se oía el martilleo penetrante y
prolotigado del despertador, la señora abandonaba el lecho-con cuidado, con sumo cuidado, para_no mover al muchachito, que dormía el s~eno sabr?so de la mañana, -y tras
de ver si E&gt;n la cocma estaba todo listo para la
primera faena, entraba á la recámara del esposo, entreabría la puerta del balcón y se acercaba á verá su buen hombre que con la cara
hundida en las almohadas, descabezaba todavía el último sueño.
- ¡Eh, las siete!
No obtenía respuesta.
-Ramón, Ramoncito ...... Ram6n Ron las
siete dadas, hijo.
'
-¡Voy, voy, voy!
Media vuelta y á saborear otro jironcito de
reposo.
Ya sabía la señora que aquello duraría poco, y su afán tomaba otro rumbo. Abierto de
par en par el ropero, buscaba los pantalones
planchados la víspera, tomaba el jaquet que
estaba en la armaz6n de alambre, volviendo
la _esp3:lda. á l°: escena de la alcoba; luego hacía
m111uc1osa revista de cuellos, i ba hasta el balc6n para que la luz le ayudara á patentizar las
nitideces y los brillos; igual cuidado con los
p uños, y mucho más al ponerles las mancuernas de chispitas; pañuelo, calcetines Todo
era colocado sobre una silla junto al lecho, y
la sefiora salía llevando en la mano el par de
zapatos empolvados.

BN E1 C1UE EBITANICO.

1 '

EL CONCIERTO DEL MARTES.
Cor.i broche ~e oro, puede decirse, se cerr6 la serie de
festeJos organizados por la Colonia Inglesa para celebrar la Coronaci6n del Rey Eduardo VII
. Los s,:1-lor~es_ del ~lub Bi~tímico, uno d~ los centros de reum6n mas d1st!ngmdos de nuestra Capital, abri6 sus puertas
el mart;s úl~11110, para ~f~·e_cer á la crónica de la semana la
nota m~s i-ahente. ~ l ed1fic10 se veía engalanado, en su parte exterior, cor, multitud de focos incandescentes, de diversos
colores, que formaban una C?:ona imperial. A uno y otro Ja&lt;lo estaban, formadas tambien con focos, las iniciales E R
Y la fecha de _la Coronaci6n. Completaban el adorno del~ fa~
chada haces de banderas inglesas, escudos y piezas florales
artísticamente distribuídos.
En el interior el
adorno era sencillo
pero de buen gusto'.
La entrada se decoró con guías de flores y cedro, y las
escalera:;: estaban tapizadas con fina alfombra. A los lados
había tiestos con
plantas de-ornato y
en el primer desca'.nso una gran corona de gardenias. En los corredores
se veían piezas florales del
mejor efecto, guirnaldas y
banderas.
. El sa16ri. en que debía verificarse el concierto anunciado, es uno de los más elegantes del Club. Su puerta
P:incipal está formada por
vistosos cristales de colores.
En el fondo había dos grandes retratos del rey y la reina, los cuales estaban rodeados de un doble marco de
~lR. GEOROE GREVILLE, ll1INIS'l'RO DE
flores finas, blancas y rojas.
lNGr,ATERRA.
En el remate de la puerta se
, ¡ S 1
puso un cuadro que repre:,;en ta a os oonanos en el trono; El reti·ato d e 1a rema
· ,,.1ctor111,
· est a. b a med'10 cu b"1erto con un ,crespon
negro, y ador nad o con fl ores 11
&gt; anl
d
cas. E
de corti·nas
· l esas
l n caet a. puerta
h elb'salon servían
.
, band eras 1n¡1;
y en os en rep~nos, a 1a ()omtas figuras de flores. Del candil dei
centro,
focos de luz,, pai·t'ian guí as d e fl ores
L
1que
d tema
b ·¡ mas ·ele veinte
,
asa a e · a1 e contigua
a la de conciertos luci'a un ado
d' d
rno parec1·d o.·
-:..\_ 1as. nue, e ~ ~1e 1~ e la noche, hora en ue se resent6 a
panaddob defisu d1stmgmda esposa, el Sr. l\Iinist;o Gre~lle co~en~~1~
agra a 1e esta.
'

***

Ya se hacían los preparativos para que la
v itla del comercio se agitara. Los mozos sacudían las fachadas, descorrían las cortinas de
acero.y á. la mirada &lt;le 101- escasos transeuntes
se iban presentando los maniquíes lujosof-1,que
habían pasado la noche en su cárcel de vidrios
con la mi!'ma postura incómoda en que los
vió la multitud que paseó ayer por el bouleYard. Los ei-ca1-ai·ates ele las joyerías mostra
ban nada más sus zócalos de peluche; los brillantes estaban todavía durmiendo sus luces
en las tinieblas de las cajas de fierro. Las joyas son como los hombres que hacen gran papel en la política ó en las finanzas: no pueden
estar donde quieren, á su antojo: si d uermen,
se les vela; si llegan á un sal6n, atraen las miradas; si sufren demérito, se les relega á. lai- capas i nferiores y se les olvida ... .. .

if

1

1

CLUB BRI'l'.\NICO.

SALÓN PRINCIPALIY CORREDOR.

La «Imperial _Overture,,, ejecutada ror la orquesta fué el primer
número _del cone1nto. Después los «Aires britániGos:,, que acabaron
con el himno «Go&lt;l ~a~e the King", cantado por el coro.
f fe lo~ números siguientes, uno de los más brillantes y aplaudido¡
~ el hu~rno ''.Loyalty", cantado por el coro con acompañamiento de
piano. ~ste h1m_no fué compuesto para esta ocasi6n por el señor
Bruce Bailey, qmen lo dedic6 á la señora Greville esposa del "\finiRtro Inglés.
'
·
A las on?e se suspendió el concierto para
tomar un ligero lunch. Después fueron ejecutados una fantasía, por la orquest:! y el coro «Long life to a boston's name".
La fiesta terminó con un baile improvisado
que se 1;&gt;rolongó hasta las dos rle la mañana
en medio ele la más franca animación. La
sala esta?ª adornada, como la de concierto¡;,
con sencillez y buen gusto.
La concurrencia fué muy numerrn,a y cscogida.

C~mpletamos nuestras ilustraciones relativas a las fiestas de la Colonia inglesa con los
retratos del Sr.. Ministro Greville y' de Mr.
Anderson, Presidente de la Comisión encargada de organizarlas.

Ma,, J, M . ANDERSON,

Ya en los relojes públicos han sonado las
tres campanadas que anuncian la proximidad
de la hora. Los dependientes que han madrugado forman corrillo delante de la puerta cerrada y chicolean con las muchachas del gremio, que no son esquivas con ellos, quizá _por
la igualdad de sus luchas, de sus cansanc10s,
de sus sinsabor.es y ele sus alegrías.

***
El último beso, allá en lo alto de la escalera. La esposa le alcanza todavía para quitar de
la solapa una imperceptible mancha de polvo,
y el flamante señ or baja de p risa. E n el último peldaño se detiene para Yer una vez más
á la compañera y agitar la mano en son de
despedida.
- Vienes temprano, hijito, ya sabes .. ... .
E l esposo hace u n signo afirmativo con la
cabeza, por más que no sepa ese «ya sabes,"
pero se imagina que será un platillo de su gusto que lo espera, 6 el descorche de u na nueva
botella de coñac ó un beso, en último caso.
El es un dependiente de joyería, y á. esa
clase de establecimientos conviene concurrir
con tal 6 cual acicalamiento. AJ!í se trata con
la riqueza sobrante, con el capricho exquisito,
con uno que otro oropel 6 con el último cartucho de oro, que por «último,» es el más vanidoso, el más exigente, el que quiere más solemnidad para quemarse; es como algunos
r eos sentenciados á muerte: aceptan un banquete pocas horas antes de ir al cadalso y qui1•ren champaña seco, porque el dulce puede
hacerles daño.
Y como es tan poco agitado el comercio e11
las joyerías, Pl dependiente pasa muchas horas en reposo, reflexionando acerca &lt;le la última comprarlora, que iba con cara de paRcuas,
el último mozalbete, que estando todavía en
tutela,se aventura á solicitar alhajasácrédito.
De pronto. recuerda á su ei-posa, á la compañera que desde el peldaño alto de su casita
humilde le grit6 que «no tardase, que ya !labia»
¿Qué sabía él'? ¡Y que aquel ángel de
bondades no lucirrn l'Ohl'&lt;' &lt;•l lóhulo de la oreja

Domingo 17 de :Agosto tle 1902.
n i el más raquítico solitario de los que él tomaba diariamente á puñados para ofrecer á
las elamitas perfumadas que quizá valían menos que su gran señora!
)Iientras que arreglaba en el estuche un soberbio aderezo, venía. á Ru imaginaci6n la hermosura de la espmia iluminada con los dardos
&lt;le luz de aquellos brillantes. E l sofrnclo rostro se coloreaba con el rubor ele la alegría y se
le aproximaba más y más hasta dejarle un beso de cariño y de agradecimiento.
-Has t.rabajado mucho para traerme una
alhaja!. ..... te adoro y la adoro ..... .
La hermosa visi6n se borraba brnscamente.
Un señorón seguido por una aya cubierta de
cintas blancas y llevando en los brazos á un
sonrosado capullo de vida, se presentó pidiendo :
- Un juguete para este chico, cualquier cosa, algo que le impida llorar de aquí á casa.
Y al decir esto, puFo sobre los cristales del
mostrador un billete de alto precio.
Se le dió al bebé una sonaja de plata y marfil. Con lo que aquello valía, el dependiente
hubiera cumplido la mitad de sus compromisos mensuales...... ¡iba á ser para qne un niño no llorara durante algunos momentos!. ... ..
El hijo del dependiente nunca había tenido, ni en sueños, una alhaja semejante.
Su hijo .. . aquel niñito encantador que tan•
to lo besaba ..... .
Resueltamente era un hombre desgraciado,
y desgraciada la esposa y desgraciado el hijo!
Y hundido en una ola de desesperación,apuraba y apuraba más aquella pena,cuando acertó á volYer la vista hacia la puerta del establecimiento: allí Yió á un niño harapiento que
contemplaba con ojos de profunda t risteza la
suntuosidad de la tienda de alhajas.

.Cuis Frias Fernánde~.
LA SEÑORA PROFESORA
ANA RAMIRO DE FIGUEROA.
El 12 del corriente dej6 ele exi:.:tir en la capital la &lt;listinguida profesora cu.r o 1w111 hre Pllcabeza estas líneas.
La i-eñora Ramiro
nació en Acapulco é
hizo sus estudios de
profesora en est:t
ciudad, donde obtuvo el título y e~ta, Q
bleci6 un colegio
particular. Algún
tiempo después fué
nombrada directora
üe una escuela no&lt;'turna, pasando más
tarde á. servir una
municipal. Su matrimonio la hizo sc-·
pararse Je i;;u empleo, pero al enviudar, volvi6 á desempeñarlo, poniéndose, ademá~, al frente de un
plantel dominical.
En 1889, el gobierno de Oaxaca la llam6 á
organizar y dirigir la Escuela Normal para
profesoras, creada en la Academia de Niñas
por el gobierno del ge1wral Zertuche, y desde
1896, en que volvi6 á :\féxico,estuvo encargada de las escuelas nacional primaria superior
núm. 2 y nocturna núm. 4.
. Durante el gobierno del general D. Gregor10 Ch~vez, en aquel Estarlo, reorganizó la Esc~ela Normal s~hre las bases de la pPdagogía
e1entífica, contribuyendo á la formación de la
ley reglamentaria que aun rige en aquel plantel, y con RU clara inteligencia y su espíritu ele
progreso, elevó á la Academia á un grado de
esplendor notable.
Por lo demás, ~a seiiora ~inda de Figueroa
i-ostnvo ? clefend16 con ahrnco la conveniencia de adoptar en las eRcuelas primarias de
esta capital los n:iétoclos modernos , e~tre
ello;- el de la escntura-lectura, que ha ido
nbnéndose paso debido á sui; constantes esfu¡,rzos.
La muerte de la estimable profesora ha sido
muy sentida.

,e

�Domingo 17 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 17 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

METRÓPOLI MUERTA.
Los museos son los cementerios del arte: no muestran, evocan .
. Las grandes galerías claras y silenciosas, como salas &lt;le hospital,. nos sumergen e1: sonambulismos extrafios. Et guardián
dor!111ta, sentado al pie de una columna. Por los vidrios pol~•or~entos se filtr~ la luz del sol. Los escasos visitantes pasan
111?1ferentes, haciendo i&lt;onar sus gruesos botines sobre los mosaico~ y ~e detienen ante las mismas obras, con un gesto de
aburrimiei:ito, porque ha~ venido, máR que por venir, por
poder decir que han venido. Desde la calle sube el vaho de
la vida: gritos de mercaderes, ecos amenazantes de multitud
que pasa. Por la ventana, abierta como un marco se ve un
recorte de cielo-la mejor de las telas. L~s muros
ennegrecidos, abren sus grietas como arrugas de ve:
jez.. Los chapiteles, las cornisas y los bajos relieveR,
cubiertos de años y de recuerdos, sonríen con sus
egoísmos de historia. Parece que vivieran todavía su
época en la nuestra, por un contra.sentido de los senticlos. Y todo nos. habla de la muerte. El artista que
pai-a, parece seguir un convoy por una avenida de
cipreses. Su sombra se alarga en las galerías como
un mástil,y se rompe contra el muro.
Se piensa en el eterno contrasentido de las artes
/
obstinadas en i_nvadirse .Y arrebatarse entr~
sí sus prerrogativa!'&lt;. El pintor busca el relieve de sus cuadros, el escritor quiere pintar
escenas, y el escultor se empefia en hacer
hablar á sus estatuas. Quizá fué para conciliar estas ambiciones que los romanos aven, turaron la pintura sobre los mármole8. La
tentativa ful\ grotesca. Pero si una mano sobre
humana consiguiera amontonar en un solo
rayo de luz todo lo divino de todas las artes,
estaría resuelto el problema de los Dioses.
¿,Qué pensaríamos de un ((Prometeo» esculpido por Miguel Angel y pintado por Velásquez, que dijera palabras de Hugo entre el
torbellino de una música de Wágne~?
Son divagaciones. La atmósfera helada
tle las galerías inmensas; el silencio interrumpido
de largo en largo por el ruido de un objeto que cae
ó una indicación del guardián que repercute en to:
das las salas; la misteriosa pasividad de los retratos
cuyos ojos siguen al visitante como si le repro:
charan la fantasía de vivir cuando ellos descansan
detrás de la tela; la resurrección de las lecturas· el
atcwi!'mo de las supersticiones, y un sentimie~to
extr~fio que nos invade ante el esfuerzo de tantas
voluntades victoriosas, inspiran al visita:JAte inge•
nuidades de Pierrot y gestos incongruentes.
Pero por la fúnebre solemnidad de las salas, paFa á veces una pareja joven con trajeR alegres y ojos de domingo.
Son dos enamorados que desdefian las telns y las estatuas
y buscan una cueva ignorada y un rincón solitario para
Reguir hilando hermosos l?royectos de mentira. Pasan ajenos ú todo, con una sonrisa r un beso en los labios. Los
personajeR de las pinturas se asoman para verlos. Un caballero de Yelásquez que baja por una escalera de piedra
Je¡: ¡:aluda ceremoniosamente coii un sombrero emplumado'.
Pero los enmorados es~i: aturdid?s de felicidad y no ven
nada. Cuando encuentran el s1t10 tranqmlo que huscan se sientan Robre la banqueta roja y hablan atropellada y caprichosamente, en pelotones rle alegría, hacienda caricaturas con las palabras. ¿,Qué tienen ellos que ver con :Murillo y con Rembrandt?
Si Goya surgiera de improviRo ó Delacroix bajara de su retrato, habría una obra maestra máR. Con cuatro pinceladas decisivas fijarían el grupo sobre el muro, dándole una auréola de estrofa. Los colores tendrían ironías de Rabeláis y antítesis de
Rugo: en el museo, en la metrópoli muerta donde los cuadros
parecf'n lápidas sepulcrales que hacen el elogio de los artistas
que fueron, el extrado de dos almas locas que ignoran los dei-tinos y corren detrás de una quimera, empujadas por un contra8entido risible que hace nacer la vida de la muerte.

]Ylaque/ ligarte.
SUICIDA.

I
AftTIITAI DIL. TIAT,io HIDAL.QO

De pie sobre la tumba de un suicida,
Exclamé con voz ronca y dolorida:
«Cobarde, no mereces descansar;
No supiste vencer vanos dolores?»
Y hollé rahioso las abiertas flores
Que atlí mismo empezaban á brotar.
Eso fué ayer. ... más hoy, ya fatigado
Y de sufrir y de luchar cansado,
Ya me parece atónito escuchar
Que alguien pisa mi tumba de ira loco
Y me grita.: ~Cobarde! tú tampoco,

Tá tampoco merecea deacanea.rl»

JULIO FLOlUlZ,

JU ANITO .
La madre pasó la noche junto al niño, pálida, con los ojos hundidos y el cabello destrenzado. En su rostro, fresco antes como la
rosa que acaba de abrirse, se adivinaban las
sombras de un dolor incurable y de una tristeza que lentamente se infiltraba en su espíritu.
Juanito, el chiquitín de cuatro años, de pupilas azules como el cielo, estaba enfermo,
muy enfermo desde aquella tarde de octubre
en que salió con él á pasear por el campo lleno de cañas tostadas por la nieve, de troncos
desnudos &lt;le follaje y de yedras marchitas.
Ella recordaba, hundiendo ia mano descolorida en la onda. negra de su cabellera, como
para impedir que la memoria se le escapara
de improviso, que el chiquitín no había, como
otras tardes, correteado gozoso, alegre, hasta
rendir:;e. Otras veces saltaha, iba al río, y
sentándose á la margen, revolvía con sus manecitas incansables la húmt-da arena que brillaba á loi. rayos del sol como un reguero de
piedras preciosas.
Huraño, retraído, i¡¡in aquella sonrisa que
lo hacía ta.n hermoso, no quiso apartarse &lt;le
ella; reclinó la cabecita rubia en su seno y por
primera vez quedó J uarúto como absorto ante
el crepúsculo que daba á las cimas cambiantes de ópalo.
-¿Qué es aquello, mamacita? murmuró inquieto y medio turbado. Se quema el cielo;
mira la lumbre...... Y como si aquel espectáculo le infundiera pavor, vol\'ió su carita de

ángel para ocultarla con las ropas de la mujer,
que le besaba con ternura.
La madre sonrió dulcemente, y acariciando
la sedosa cabellera del niño, le dijo: Esa lumbre que ves, es la lumbre con que Papá D10s,
que está en el cielo, castiga á los niños que no
son, como tú, obedientes y buenos.. .... Más

arriba-¿ves la estrella que está más arriba?
-está la gloria donde Dios pone á los que
quieren mucho á sus padres, como tú me quieres ...... Allá está tu hermanita; es aquella estrella...... Las estrellas son los angelitos ..... .
Crecía la sombra y J uanito vió que el cielo
se llenaba de luceros ..... .

***

en vela y el recuerdo de todas las tristezas
que marchitaban su corazón de veinte afios,
hicieron que la madre quedara largas horas
sumergida en profundas meditaciones.
¿En qué pensaba? Pensaba en el esposo
que encaneció en plena juventud sentado á la
mesa de trabajo y que murió dejándole, como
única herencia, á Juanito; en la nifia que le
mandó el cielo cuando la primavera enfloraba
los campos, y que le arrebató el aire helado
de una mañana de noviembre; en el hijo que
se le maría, y en su desgracia ..... .
Hubo un instante en que reprimió los sollozos que se agolpaban á su garganta y, sin
ruido, se acercó al lecho en que el chiquitín
se consumía. Juanito sintió una mano helada
sobre su frente y abrió los ojos. Un sudor extraño empapaba su cuerpo; sus brazos no se
alzaron ya como un reclamo á las caricias maternales, ni en su boquita aleteaba el beso
casto, inocente ...... el beso más puro de todos
los besos!
-¡Quiero ver las estrellas!. .... . quiero verlas!. .. . .. ¡rnamacital, dijo el niño con voz apenas perceptible.
Y la madre corrió .... .. aturdida, sin sentido, abrió la ventana y se puso á contemplar
el cielo ...... el perfume de las flores invadía
la estancia, y allá, lejos, muy lejos, brillaba
la última estrella.
Juanito había muerto.

Desde aquella tarde la fiebre consumía al
chiquitín de ojos azules. Las noches pasadas

RENÉ DE

RoY.

Srito 6e cZe6enci6n.
¡Almas inermes que lloráis cautivas
del vicio ó del error; almas incultas
que, á. todo anhelo de grandeza esquivas,
vivís por siempre bajo el mal sepultas,
sin que la vida en su batalla inmensa
os haga altivos levantar la cara
y comprender que de la turba ignara
surge á la luz la multitud que piensa!
¡Almas enfermm,, que del fuerte esclavas,
marcháis á la ventura
sin que arda nunca en vuestras turbias frentes
el sueño augusto de pisar la altura
en donde agitan su gloriosa tea
de espíritus videntes
aquellos que con armas refulgentes
combaten por el triunfo de una idea!
¡Seres obscuros, la existencia os llama!
'.rrocad ~a bruma que os envuelve, en lampo
que radie á vuestr0s ojos
y os ilumine el anchuroso campo
donde se ven los estandartes rojos
que ostentan los que en pos de la victoria,
luchan con fe sin t'xhalar un grito
y se arrebujan en la luz de gloria
que sobre ellos refleja lo infinito.
La inercia que os domina es un estado
de mísera agonía;
es la faz angustiosa del nublado
que á vuestros ojos obscurece el día.
Sabed que es tiempo de que alcéis con brío
en vuest1:0s puños la triunfal palanca
con que la vida intelectual nos lega,
en vez del nublo que á la acción estanca
y del error que al pensamiento ciega,
el haz ele lui que al pensamiento arranca
de la inacción para decirle: brega.

Mirad: hacia lo lejos
se descubren las bélicas milicias
y se perciben los sonantes dejos'
de a&lt;¡uellos que alentando á. las caricias
que hace la Fama á su actitud heroica
llevan la luz á. la conciencia obscura '
y van marchando á la guijosa altura

con paso firme y voluntad estoica.
Oíd cómo se escuchan
rumores &lt;le mareas
y explosiones de recios alaridos:
es el épico hervor de los que luchan
agitando el pendón de sus ideas
sobre el grupo sin fe de los vencidos.
Mirad: sobre la cumbre
de brillos esplendentes
alzan al cielo su fulgor de lumbre
las incansables, pensadoras frentes.
Y esa luz, y esos bélicos clamores
y ese ol¡;aje de fuerzas superiores '
que yerguen el proscenio
de su labor, sobre la egregia altura,
forman la olímpica expresión del genio
la faz más amplia del esfuerzo humano '
que todo lo adivina,
'
que sin cesar nuestra existencia explora
y á la voz de los rayos que fulmina,
hace del caos despertar la aurora.

con la expresión de una existencia informe
vitalidades que el error sepulta
'
bajo el dominio de su fuerza enorme.
Quizás penséis que el heroísmo brota
de una celeste inspiración arcana
que empuja al hombre y que le dice: flota
sobre el nivel de la conciencia humana.
Pero mentira. En la eternal batalla
en donde el hombre con lo arcano brega
nadie á triunfar predestinado se halla· '
ta1~ sólo t riunfa y á lo heroico llega '
qmen marcha en pos de la verdad aug11sta
llevanclo en su sendero
'
la voluntad como radiosa fusta
y la razón como tajante acero.
BENITO FENTANES.

STELLA,
(DEL ITALIANO.)

¡Seres que á trágico dolor sujetos
atravesáis la tierra
sin la conciencia de los mil secretos
que en su pasmoso mecanismo encierra!
¡almas sin luz! la humanidad consciente
la que trabaja en la labor pensante
'
estalla en gritos de dolor inmenso '
al comparar vuestra actitud doliente
con la actitud radiante
de los que elevan el sagrado incienso
de su razón ante el altar sublime
en donde oficia la verdad y en donde
se alza un~ voz que á nuestra voz responde
y nu~va vida ~ nuestro ser imprime.
Amáis lo heroico y en la fe sencilla
que os enardece, se vislumbra el rastro
de un culto que se humilla
ante el ara rle todo lo que brilla
sea virtud, inteligencia ó astro. '
Amáis al héroe sin saber que el germen
del heroísmo en vuestro ser se oculta
sin comprender que en vuestra masa duermen

Del árido peñón la bruma vacra
corre su velo de volutas rotas " '
y entre nn vuelo furtivo de g~viota8
tiembla la luz que en el conffo se apaga.
E~ disco arg~nteo de la luna, indaga
la triste obscundad. Yibran las notas
d: un harpa que han templado las ignotas
mnfas que Apolo con su lira embriaga.
¡Crepúsculo Rin fin! El alma aduna
con el beso plateado ele la luna
el casto beso de la novia muerta·

'

y en medio del silencio y la agonía
ya próxima á morir el alm·a mía
'
al borde de la tumba se despier~!. .....
MIGUEL

***

C. NovARO.

-La libertad es incompatible con el amor:
amar es ser esclavo.-MME. DELAU~AY.

�[L 'MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 8

MÉXICO, AGOSTO 24 DE 1902.

Subscripción mensual foráoeñ, $1.50
lctem Jdem. eu la ca1•1tal, ,, l.~r,
Oerenlf!l LUl6 Rt'l'l6 6PINDOLA.

Dlrf!clor: LIC. RAf'AfL Rr'l't~ ~Pl"IOOL4.

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LAS CONSENTIDAS.
(De la coleccl6n Pellandlni.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1902, Año 9, Tomo 2, No 7, Agosto 17</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Belleza femenina</name>
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        <name>Busto General Escobedo</name>
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        <name>Cleptómanos modernos</name>
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        <name>Francisco Orozco y Jiménez</name>
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        <name>Golondrina herida</name>
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        <name>Señoritas estrellas</name>
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                    <text>[L 'MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 8

MÉXICO, AGOSTO 24 DE 1902.

Subscripción mensual foráoeñ, $1.50
lctem Jdem. eu la ca1•1tal, ,, l.~r,
Oerenlf!l LUl6 Rt'l'l6 6PINDOLA.

Dlrf!clor: LIC. RAf'AfL Rr'l't~ ~Pl"IOOL4.

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LAS CONSENTIDAS.
(De la coleccl6n Pellandlni.)

•

�nomingo 24 de Agosto de 1902.

E L VIEJO.
Decrépito, sucio, macilento, apoyando en
un grueso bast6n el corrorndo c~erpo,q~1e por
instantes amenazaba caer; carmnando a rastras con un temblor senil en las piernas, que
denotaba el supremo esfuerzo del movimiento· deteniéndose á ca1la paso para contemplar,
co~ mirada entre distraída y estúpida, lo que
á Ru alrededor sucedía, ÍI sumergido en ensimismamiento caxiloso, como atenaceado por el
recuerdo así cruzabii las calles de )léxico hace quinc~ ailoR, un hombre enveje.cit~o á la
vez por el pen!-amiento, por el Rufr11mento y
por el vicio. Los transeuntes pasa.han ante él
con desdeñosa indiferencia. Xatlie le saludaba, y, sin (•mbargo, todo el mundo lcconocía.
En torno ele aquel horn bre, inerme ya en la 1ucha por la existencia, giraba la multitud, pleº t6rica de fuerzas y ambiciones. Algunos, al
pasar junto {t él,· pensaban: ¡pobre «v.iejo))!
Una compa.--ión rúpida. y tladacomo de limosna por unos cuantos corazones buenos! ~ra e,1
único sentimiento que arrancaba el «VIeJ0" it
aquellos que en otras fpocm, le conocieron y
trataron.
Yo, en distintas ocasiones, pude Yerle de
cerca y notar la profunda huella, el surco indeleble que en aquel rostro habían dejado las
ideas las Hv•rimns y el alcohol. Entre una
barb~ hirl'!uta de canas amarillentas y lacias,
gestic~aba con dolorosa expre."lión la. boca desdentada· sobre la palidez &lt;le los pómulos asomaba la' mancha cárdena, denunciadora de la
fiebre alcohólica, y traR los opacoR vidrios de
unos anteojos de vnrillas torcidas, chispeaban,
baj•&gt; las cejas ásperas y blancas, los o~cur~s
ojoR, inteligentes, viYos y de extraordrnar1a
energía.
¡Qué minado, qué ruino~o ?-e• encontraba
aquel organismo! ¡Qut abatido y qué tri~te
aquel espíritu!
•
E l «Viejo,)) á semc&gt;janza de Edgard el americano bajaha lent:unentc el antro obscuro de
lúgub;es fantasmagorías, é iluminado Íl trechoR por la llama verde del ponche. Cuando
le conocí, lle&lt;raba rn al último peldaño; había dejado todo e11 su pa,·oroso dei;cendimiento· la inteligencia, la fuerza, la fantasín, y sólo
le 'quedaba la vaga conciencia de una vida fecunda en clolores y desilusiones.
¡Y ese hombre in válido del combate social;
ese ¡;er triplementc herido por el infortunio,
por la abyección y por la miseria, había sido
poeta, filó?-ofo, novelista; hahía cantado n?bles ideales, se bahía sentido lleno de i-ent1mientos altos, que hicieron explm,iún de entusiásticas estrofas ataviadas con ricas imúgenes y verba fulgurantu!
El «Yiejo» fué poeta lírico: sus versos son
tristes y se arrodillan ante las enamoradas de
veste blanca v nimbo sobre la frente, como la
Beatriz de la ·Divina Comedia; fué humorista&gt;&gt; notable: sus humorismos están impregnados de fina ohsen·ación, y fueron escritos en
ese estilo vibrante y · «cortado» que tantos
triunfos valió á Alfonso Karr; fué filósofo á
la manera de los viejos románticos: con cierta
mofa sangrienta y cierto doloroso esceptici!nno
que á las veces ríe y á las veces blasf~ma.
El «Viejo11 tuvo su cortejo de adnnradores;
se impuso {t su época; saboreó los manjares
del triunfo. y oyó d eco prolongado de los
aplausos. Tuvo en su juventud veladas de sabio; estudió y produjo; entró con brillantes
armas á luchar por hi exist1:ncia,y se sentó en
la me.cm de los poderosos, y en lot-1 e8cailos del
Congre.r,o.
Cuéntanme que, no obstante, vivió una vida libre, ligera, con algo de misantropía y
extravagancia. De joven habitaba en una boardilla obscura, en la cual, á decir de un literato contemporánro suyo, habfa por único
mueblaje una cama revuelta, algunas sillas
y, colgados en la pared, un machete suriano,
y un cántaro, almac(n de las producciones literarias.
«El .,.iejo,» conforme avanzaba Pn edad, y
por circunstancias que no conozco, pero que
me parece adivinar, fué acentuando su carácter de bohemio, hasta convertirse en un tras-

ET, MlTNDO TT,TT8TRAD0
nochador de café. Ninguno me lha confiado
los detalles de esta existencia tan brillante y
prometedora en el principio, y en el fin tan negra y tan infortunada. ¿Empujada. por quif,n
fué cayendo aquella alma en el abismo? ¿Como fueron desvaneciéndose la~ esperanzas,
muriendo lai; energías, y aflojáulose, poco á
poco la voluntad de este hombre superior'?
Y 'sólo sé lo que necesito: que el «viejo» fué
un vencido de la suerte, un hombre que iba
dejando la vel'ltidura de su talento y de su genio en los zarzales del camino.
¿En el naufragio de esa vida flotarán algunos libros hai-ta alcanzar la playa lejana'? Creo
que sí. . .
.,
. . t ¡·
.
.
El «v1eJo• mur10 ya sm m e 1gencrn, sm esperanza y sin nmigos ...... ¡Pobrecillo!

DIONISIO.
:'.\Ir. )Iarambot abrió la carta que le entregaba su criado Dionisio, y se sonri(&gt;.
Dionisio, que servía en la casa desde hacía
veinte años v que pasaba en to1la la comarca
por Ull criado modelo, preguntó:
-¿Ha recihido el señor una buena noticia'?
::\Ir. )Iarambot no era rico. Antiguo boticario de aldea, jamús había t¡uerido casarse,
y vivía de la modesta renta adquirida ven&lt;liendo droga:o á los campesinos.
A la pregunta del criado contt-stó el farmacéutico:
-Sí , Dionisio. El tío )Ialóis retrocede
- ante.
el pleito con que le amenazo, y manana recibiré mi &lt;linero. A un solterón como yo, nunca
le viene mal el ingreso de 5.000 francos.
Y )Ir. Marambot se frotaba las manos de
gusto.
Al día siguiente, á las nueve de la mañana.
el cartero entregó á Dionii;io cuatro cartas para Ru amo, una de las cuales pesaba mucho.
:'.\Ir. )Iarambot !:'e encerró inmediatamente
en su cuarto hast.-i el mediodía, y despufs confió á Dionisio cuatro sobres pam el correo.
Uno &lt;le ellos, dirigido {t :'.\Ir. :'.\lalóis, era indudablemente un recibo.
Llegó la noche; )Ir. Marambot se acostó á
la hora de costumbrr y se durmió como un
bendito.
De pronto le de~pertó un ruido extrailo.
Sentóse en la eama y escuchó. Pero de repente Re abrió la puerta y se presentó Dionisio en
el umbral, con una bujía en una mano y un
cuchillo de cocina. en la otra.
::\Ir. Marambot supuso que su criado se había vuelto Ronámbulo, é iba á levantan;e para
dirigirse á él, cuando Dionisio apagó la luz y
corrió hacia el lecho.
Su amo tendió las manos para detener el
golpe que le derribó de eApaldas, y trataba
de ap~deran;e &lt;le los brazos del criado-á quien
creyó loco,-ÍL fin de evitar las terribles acometidas que le dirigía.
El pobre boticario fué herido primero en
un hombro y luego en la frente y en el pecho,
mientras· agitaba sus manos en la obscuridad
y gritaba con toda la fuerza de sus pulmones:
-¡Dionisio! ¿Te has vuelto loco, Dionisio?
Pero el otro continuaba hiriendo sin cesar,
hasta el momento en que ::\Ir. :'.\Iarambot exclam6:
-:Xo he recibido el dint•ro, no he recibido
nada. )Ir. :\Ialóis ha retirado su protesta y
voy ÍL pleitear con él. Para eso has llevado las
cartas al correo.
Y haciendo un supremo esfuerzo, cogió de
la mesa de noche una caja de fósforos y encendi6 una luz.
El infeliz esta.ha cubierto &lt;le sangre, y al ver
tan terrible espectáculo, se creyó muerto y perdi6 el sentido.
Rcanimóse al rayar el alba, pero cerró los
ojo~ para no ver nada. Al cabo de algunos minutos amenguóse su espanto y reflexionó.
No estaba muerto y podía volverá la plenitud de la. vida.

EL MU:t-..""DO ILUSTRADO
¿Qué había sido de Dionisio? Probablemente habría emprendido la fuga.
De pronto oyó )Iarambot abrir la puerta.
del cuarto, y su coraz6n dt•jó casi de latir. Al
ver á Dionisio, cerró los ojos y contuvo la respiración, para que el asesino creyese que su
obra estaba tennina&lt;la.
Sintió que le &lt;¡uitaban la sábana, que le
palpaban el vientre y lJUe le lavaban con
agua fría las heridas.
Indudablemente trataban &lt;le Ralvarle, y con
gran&lt;les precaucionee se atrevió á abrir los
ojo~.
Vió á Dioniiüo junto á él y volvió á cerrarlos con espanto.
-¿,Qné hada allí aquel hombre·? ¿Qué nuevo proyecto abrigaba?
-¡Jl),toy perdido!, pensaba :Mr. iiaramhot,
poseíclo de indefinible terror.
Pero no tardó en com·encer::;e de que i;u criado, dc•spué'- de haberle querido matar, se empeñaba en salvarlo.
El boticario abrió de nuevo los ojos y notó
que no había ya san¡tre en el lecho y que le
habían mudado las sábanai...
-¡Jfas cometido un crimen horrible!-exclamó )lr. :\Iarambot.
-Pero voy ~ repararlo-contestó Dioni~io.
-Si ui-;ted no me denuncia, continuaré sirviéndole fielmente como antes.
Xo era oportuno disgustar en aquel momento á su criado, ~· )Ir. )Iarambot exclamó cerrando los ojos:
-¡.Juro que no te denunciaré!

***

Dionh,io salvó á su amo, y por espacio de
muchos días v mu chas nocheR, no i-e separó ni
un instante del lado del paciente.
Aunque el boticario pensaba despachar á
su criado tan pronto como t:stuviese rcsú.ll1lecido. iba aplazando de continuo la realización
de su propósito.
Creía que el miedo á la denuncia contendría
á Dionisio, y le anunció que había hecho testamento ante Xotario, en el que revelaba su
crimen á la ju~ticia por si voh-ía á cometer
otro atentado.
Dionisio siguió siendo un criado incomparable, y )Ir. Maramhot, al ve~e curado y tan
bien asistido, resolvió no despedir nunca á i;u
sirvie11 te.
Pero un día, de.-,pués de· almorzar, oyó un
e~pantoso ruido en la cocina.
Corrió hacin ella y encontró á Dionisio entre &lt;los gendarmes.
Tan pronto como Dionisio viú á su amo,
exclamó:
-¡:'\le ha denunciado usted, y eso es una
infamia después de lo prometido!
:\Ir. '.\Iarambot conteAtó:
Te juro ante Dios que no es así y que ignoro cómo la justicia ha conocido tu tentati rn
ele asesinato contra mí.
rno de los gendarmes dijo entonces:
-¿,Cómo, señor"? Ese hombre ha querido
matarle?
-Sí-murmuró el boticario, sin darse cuenta de lo que ocurría.
-La justicia, repuso el gendarme, tendrá
en cuenta ese crimen; pero ahora, señor :'\Iaram bot, detengo ÍL e:;e pillo por el robo de dos
pavos en casa de )Ir. Duhamet.
Y volviéndose á su compañero, le dijo:
-¡ En marcha!
Y los gendarmes se llevaron á Dionisio.

***

El abogado apeló al recurso de la locura,
apoyando uno en otro los dos delitos para robustecer su argumentación.
El Presidente, vol\'iéndose hacia )Ir. ::\Iarambot, cuya declaración hahfa sido excelente para su criado, le preguntó:
-Pero aun admitiendo que no tuviese UEted á ese hombre por loco, no se explica cómo
ha podido usted consentir que continuar-a. {,
su servicio.
-Qué quiere usted, señor Presidente!, contestó el farmacéutico. -Cuei-ta tanto encontrar
un buen criado en estos tiempos!
Dionisio fuó absuelto y destinado, á costa.
de su amo, á ser encerrado en un manicomio.
GuY DE )lAcPAss.-1....'\T.

Domingo 24 de Agosto de 1902.
dículo v 1¡11e tau1hié11, l'Uando ele sus derechos
se trat~; sabe defenderlos heroicamente, ho~
no deja de aprovechar la excelente opor~u~udad para llenar los boulev~rcs con el cstrcpito
de sus grito;; y de sus canc10ncs, de re,·.~l\'erse
y agitar:;e; pero en el fond?, en 1~ acc10n, ~o
se deja arrebatar por los gritos béhcos de quH!•
nes Je quieran levantiu- en armas en contra de
la autoridad legítima.
:,,i acaso, las sencillas mujeres del pueblo,
.
los c:unpe:-inos y los rudos obreros, s1e1~te1~
ulgu como un dejo &lt;le tristeza al despedir a
los religiol'o,; lfUe se desbandan; como el al&lt;le11110 que marcha del lugarejo natal, en busca de horizontes mfü; amplios, siente que asoma una lagrima á sus ojos cuando, al traspom•r la colina, mira perderse á lo lejos la mancha blanca del ca111pa11ario de la aldea.
Y a,-í la Ley, la augusta reguladora de las
sociedades, va cumpliéndose fielmente, firme.
uwnte, co1110 toda ley de progreso!

j)r. .C. .Cara!/ })ardo,

RONDEL.

La manifestación de las madres de familia en la plaza de la Concordia.

LA REBELIÓN CLERICAL
EN FRANCIA.
Desde l1ace muchos días Franeia PS teatro
&lt;le una al-(itación, bulliciosa Pn ~us ma11iíestacioncs, aparatosa l'n :sus proc:edi111ientos, pero
que, en el fondo, no ofrece gravedad alguna
ni llegarÍL ú a&lt;ll¡uirir lns proporciones &lt;le un
alboroto político.
De tiempo atrús exi!-tía un concordato entre
el gobierno franci:s y el \'atieano, nwdiant1:
el cual, la primrra de las parteH contratantes
se rescrnd,a el 1lerecho de sujetará determi•
nadas rel-(las el establecimiento de m;o&lt;:iaciones religiosas, y In facultad de negar autorizaci(m ú las co11grcgaciones que no :-e sujetaran
Íl esas le,·t!s.
Xo oh~tante el concordato, htt-1 asociaciont•s
se extralimitaron; continuaron organizúndose
sin autc1Üa&lt;'ión. El ilustre jefe del Gabinete
francéi.., :'\l. \\'al1h•ck Rousseau, hizo pa!-'ar un
decreto para la di:,;olueión de las eo11grPgacioncs que no hubiesen cumplido con la ley.
En virtud de r:--r decrl'lo, fueron notificadas
las a:-ociaciones infractorns de que dchínn
dispen-;anw. Buen númern de dichas asociaciones obedecieron al mandato h•gal, pero muchas otras resoh·ieron resi:::tir 6. cuando ml!nos,
hacer ruido y atraer i-;ohre ellas la atención
pública.
.
Para conseguir esto último, c¡ue parece haber sido el verdadero fin de todos los sucesos
recientes, las asoeiaciones reunieron á sus ami·gos, entre los cualeA hay alborotadores de profesión; los que tenían á su cargo ei&lt;cuelas, citaron á una extcmporúnea distribución de
premios, para congregar Ct los padres y, sobre
todo, {1 las madres rle familia.
Reunidas estas sencillas gentt·s, no faltaba
un «leadt•rn eloem•nte c¡uc las exhorta?-e ÍL defender Jo que llamaban los derechos de la divinidad, y resistir [i los manclntos de la lev.
A!-Í se formaron grupos numerosos: sabido
es cuún fácil ha sido en todo tiempo afiliar
manifestantes en el bando de la opoRiciún; y
en los &lt;lías señalados para la clausura forzosa
de los establecimie11tes rnarcadü,- por el decreto legal, se reunían millares ele gentes ansiosas de gritar y de hacer C'std·pilo. Había entre los jefes del movimiento tiguras muy populares: Francisco Coppée, !-acado de quicio hace tiempo por su misticisn10, y un hermano de
Guerin, el famoso por habl'l'se t•ncerra&lt;lo en
el in!provisado «fort Chanol,» donde hizo una
cómica resistenciii á la policía.
Hay allí, al frente del movimiento popular
oposicionistas de oficio, &lt;le aquellos que tie:

111•n la furia antigobiernisl:;t, semejante ú la
furia anticlerical, y que lrs im¡mba á asociarse ÍL cualquier movimiento de cualquier naturaleza. que sea, y 111oti\'ado por 110 importa
qué pretexto, con tal
i¡uc sea un movimiento de protesta y de oposición al mandato de
Joi,; gobernant&lt;s.
•\sí se ha visto la
paradoja de que, aquellos 1¡ue defienden acto~ hostilt'.'i de quienes
han sido acl ver~arios
eternos de la libertad,
,·an ahora por los houlevnres de l'arís gritn nclo «mueras" al Gobit·rno y «viYas• :L la lil&gt;t:r•
t.•uli

:\[artillaré mis laminas di' oro
para o-rabar su imagen ¡wregrina
1·uun&lt;lo llegue hasta rní, blanm y 1livina,
murmurando mi virgen: ¡Yo te adoro! ...

Y vok1rí1 en mi alma su tesoro
su voz angelical y cristalina,

***
El movimiento lia
tmido su lado instru&lt;·ti,·o, en medio de todo.
lJa daclo una ptuehl
palpable y c·onsolaclom de que las instit11eiones de la gran Hepú blica, cuna de• i:1,lihertade1-&lt;,son cada día
más firmes. Ha demostrado cúmo, á lll&lt;'·
di&lt;b que los tic&gt;mpos
pasan, son mfü, y 111:'ts
difíciles las tremeJHlns
reacciones contra e i
j&gt;rogre:&lt;o, que en otro
tiempo y en otros ¡iaíses han lwcho indispensable que cada ley
lihertatlom, cada ¡•a~o
civilizador, sea sellado
con sangre.
)[as esos tiempos
han pasa.do ya. Los
clericales franceses lanManifestación
zan grito:; de guerra,
&lt;le rebeliím furiosa contra la lev y In. autoridad 1·onstituí1la. «L'Cniveri:1, » qt1c es el órgano mús caracterizado de
ese partido, ha publicado las mús atroces injurias contra ~L Combes, el sereno ejecutor
de la ley; ha amenazado {L las autoridades y
predicho el exterminio de todos los instrumentos del Gobierno.
Y sin embargo, el pueblo francú;,que acude
á todos los RitioK builicio~os, que ama todo
aquello que le dn pretexto para gritar, parn.
moverse, para lanzar la ironía, herir con el ri-

frente á una escuela de religiosos.

y por grahar su imagen peregrina
iirnrtillaré mis láminas de oro .....

Y volcarú mi lira su tesoro;
y su sonante estrofa auriargentina
cantará su hermosura y mi te1;oro;
¡y por grabar su imagen peregrina
martillaré mis lúminas de oro! .....

R. ,M.

RUBIO.

�Domingo 24 de Agosto de 1902

EL :MUNDO ILUSTRADO

Domingo 24 de Agosto de HJ02.

EL 1IU:KDO ILUSTRADO

I-IORAS DE MEXICO.
Ya la ciudad ha quedado flamante, acepillada por las máquinas del
barrido, sacudida por el
pompón &lt;le orülo, bien trigueños los asfaltos
por el lavado ú grande agua que van haciendo
el abanico cristalino de las regaderas y In
cuadrilla de aseo público.

el arrabal y se reúnen todas las del rumbo para comenzar la labor ú un mismo tiempo.
Cuai1do llegan al taller, ya «madame)) está en
su puesto y da las primeras órdenes «egeandou
que es un primor.
Las costureras son un gremio alegre, quizá
porque casi todas ellas tienen la hermüsa safü,facción de estar entregando la vida para
llevar un pedazo de pan á una madre anciana, ú un padre imposibilitado para el trabajo,
ó al hermanito huérfano, chiquitín adorable
que ~e queda en la carn de la buena verina
mientras la luchadora va á hacerse sangre en
la yema de los dedos con la punta de la
aguja.
Las ronquistas del feminismo han creado
un nuevo grnpo ele laboriosas. Ko llevan el

mo barrendero, el flojo11a1.o, les echa polvo en
las faldas y las apremia con malos modos para
que le dejen el campo libre.
En los jardines hace iris el chorro del agua
del riego,q11e se convierte e11 mil gotas al azotar las ramazones cubiertns &lt;le hojas brillantes. Va y viene el hombre de la manguera,
siendo diversión &lt;le muchachos desocupados
y ele fuereñ0s que por primera vez visitan la
ciudad populosa. lBl musgo de los camallones
y la arena de laR callecitas se refreRcan y entra
en alegría el jardín que por la noche fué teatro de !&lt;Ole&lt;lad y &lt;le sombras.
La estatua de bronce tnmbi~n recibe su bailo y da al sol sn color toRtado con un fuego
de brillo y un 1\•shalar &lt;le gotas que fingen
diamantes sol.&gt;re piel africana.
Y la promesa de la patria, los hombres del
porvenir, van apresnradus á emprender la
faena del &lt;lía:cn_los salones &lt;lel colegio, todos

HEYJ&lt;.:S Y NOBLES AZTECAR.

EN HONOR DE CUAUHTEMOC.

Ya el sol vierte HU luz de vida en la espléndida mañana; lm1 campanarios son centros
de la onda ritmica que llama con sus sonoridades á las prácticas del templo.
¡Las ocho!
Los relojes pó blicos martillean con monotonía, como un aviso sarcástico á ese enjambre que momentáneamente se derrama por la
ciudad y corre á escomlerse en la vida interior ele los almacenes, de las casas &lt;le modas,
en los escritorios, en los colegios, en los edificios públicos.
Es la costurera, la que escribe en niáquina,
el burócrata de ínfima categoría., el mocetón
extranjero que pasa la vida tras el mostrador,
la empleada en los c.&lt;tfés y en las dulcerías
elegantes; es todo un jirón de actividades que
corre á mover la gran maquinaria del comercio.
Las costureras caminan;•en grupo, Yiven en

humilde chal, ui dejan caer la falda para y11e
no se exhiba la bota &lt;le tacón chueco ni con
indiscreciones del cuero que publican el color
de la media; 110, éstas so1: todas unas da.mitas
de sombrero emplumado y que se ciñen el traje á la manera de las hembras del Norte, hablan~algún idion1a, teclean con habilidad en
la máquina de escribir ó saben empacar con
maravilla de gracia los d.ulces y pasteles, disponer la mesa de refreEcos y ofrecer con exquisita coquetería un ramo de flores.
Los jóvenes burócratas, por lo general, oyen
la hora de entrada á la oficina á varias cuadras del pupitre, y aquello sí que es correr: se
agolpan á las plataformas &lt;le los eléctricos, y
apenas sienten que el movimiento cesa, se
apresuran á bajar con precipitación atropellando cuanto encuentran, tropezando en el empedrado, y, jadeantes,. cubiertos de sudor, llegan con tiempo·limitadísimo para garabatear
una firma en el libro de los registros de asistencia.
:Mientras tanto, en las puertas de las sornbrererías se dan el apretón de manos las oficialas, prometiendo verse á la salida, y el últi-

El jueves por la maiiana i&lt;e ,·erific6 ante la estatua ele Cuauhtemoc la ceremonia. qtH', aílo
por afio, organiza el Ayuntamiento para honrar la memoria del último emperador aztecn.
La significatiYa manifeRtación, que tiende :1 mantener incólume en el pueble el culto al valor y al patriotismo, revistió en esta vez un lucimiento y solemnidad poC'o comunes. Con anticipación se dió principio al adorno de la glorieta y del monumento, c¡uo oster,tal,a multitud ele
banderas y lazos de flores artísticamente com binadoi,;, invitúndose á laR escuelas nacionaleR para que concurrieran al acto.
Comenzó éste con una pieza de música ejecutada por la banda, ,Y después ab&lt;Jrdó la tri h¡1na el señor Presbítero Rirn&lt;loval para leer un cliRclll'i\O en ((nahnatl,,, que luego tradujo al castellano; una pec¡ueiia niña leyó en seguicla un corto diRcurso, 4ue le fué nrny aplaudido por la
desenvoltura l'.On que lo pronunciú. El Rr. .Juan R. Orcí cerró fa parte literaria recitando unos
bonitos verso!'.
·
A continuación subieron al kiosco ,·arios niño;;, vestidos todos de aztecas, .v entre los cualeR se veían sacerdotes, guerreros, nohleR, etc. E!'tos nifi.os entonaron algunos himnos y cánticm: de guerra, dirigiéndof:e despuéR nl monumento en vistosos grupos. Algunoi- indígenas ele
los puebloR cerc.1.noR rcmcurrieron á la manifestación lle\'ando flores, que regaron en los pelclafios que dan acceso á la plataforma.

PAISAJES PARISIENSES.
ELFRlO

il uminadoR por ese alegre rayo &lt;le sol de la
mafiana.
A las puertas del plantel charlan los buenos
camaradas esperando la hora. ¡juena la campana: ¡8on las ocho!
JAYIER DE UL)IA.

•

Los jardines públicos, las plazas y los deRem barcaderos de los ríos, están cu hiertos de
nieve. La ciudad tiene un aspecto hostil. Grandes caravanas de harapientos peregrinan al
acaso por las avenidas. Y los diarios refieren
la aventura de los que, acosados como bestias,
no se resignan á morir sin haber mordido.
Hoy es la historia de la mujer flaca, vestida
de verano, que arrebata nna cartera al transeunte; mañana el epü,odio del profesor desgraciado que sustrae un abrigo de un escaparete; y pasado, el drama de los hambrientos
que asesinan á un hombre por robarle el /l,lfiler de la corbata.
El gendarme y el juez no amedrentan á nadie. Hay muchos que cometen el delito con
el fin de dormir algunas noches bajo techo.
Los asilos están colmndos , y tratan de hacerse admitir en las prisiones.

*
*'*

Los paisajes de París son contradictorios.
Los lagos del bosque de Boulogne se hielan á
veces y se cubren de gentes felices que patinan envueltas en abrigos de pieles. Los carruajes agunrdan al borde de la avenida y como los jardines, los caminos y los árbole~ están muy blancos, todo parece dispuesto para
una boda. Los caoallos se impacientan y piafan, pretegidos del frío por mantas gruesas que
llevan coronas en las puntas. Las damas se
pasean con perros diminutos, de patas muy
finas, que envuelven en mandiles de lana ó
es~onden en el hueco de! «manchón». Las pareJas se anudan y se aleJan Robre un pie escribiendo jeroglíficos con el patín sobr~ el
hielo. Otros se calientan junto :í los braseros,
apurando vasos de licores finos. Y hay tanta.
felicidad en torno nuestro, que el paisaje pa•

reoe_:_f~av_er~l, ~un en medio de 11\ nieve, Pe•

ro al caer la tarde, cuando todos se precipitan
en tumulto hacia la ciudad, la a,·enida e,ná
llena de hon1breR pálidos y mal rnsti&lt;los, que
corren detrás de los carruajes, ú riesgo ele perecer entre las ruedas, y se encaraman sobre
los estribos, para ofrecer un ramo de flores y
LA CHCRCMiA. y EL TEPO:-lAXFLE.
pedir una limosna.
Por las noches, los
cafés se encienden v
hrillan con reflejos de
oro. Al través de los
Yidrios empañados se
,·en mesas muy blancas, salpicadas de luces de colores. Las parejas se despojan de sus
abrigos y comen á boca llena. con grandes
risas holgadas, de gente sin inquietudes.
La espuma del champ~ña rebosa y humedece los manteles. Las
hermmias se vigilan eri
los espejoR, ofreciendo
labios muy rojos y manos llenas de diamantes. La música arrulla.
Pero cuando los grupos
salen, siempre les detiene una mujer an. .
drajosa, con un niño
Nllil'OS CONCURRENTES Á LA CEREMONIA.
en br~zos, que extiende la mano sin llorar, porque se le han helado las lágrimas.
lil fiío subrayva todots ]dos c?i:trastes. Los t~atros rebosan de multitud curiosa. Se ei-trenan
obras nuevaR.
e1 au or ramntico, que se retira t1iunfante después de haber encant d ,
úblico con
bl
. l' . ' 1
d
.
. a o a RU
P
d
d d t ., u~
ema s1cEolog1co a amo a, encuentra, al entrar á su casa, un nifio aban
ona _o . e rns e a puerta.
verdader_o problema, que no es posible resolver con frases raras m giros de a~coba elegante, es ~l destmo de ese desgraciado. Pero como parece haber huído
la mo~a ele Renbr, y c~mo el público se enfada con el que interrumpe sus di gestione~ el 1t
'.1ra~át1co vuelve la hoJa de su día y reanuda al siguiente su eterno juego inofensi.~o deª~ _or
mtngas al redeclor de una mufieca de «bondoir.i,
eJer
Que la nieve r.Jg_a cayendo sobre los techos y 1:1obre las esperanzM. El Rer humano Re n&lt;la tn í,
todo. Loii que tu!tan, acabará_n por encontrar una ext:ai'ía_ voluptuosidad en su tortura,
110
fal~rá un hllmbriento que gl'}.te, con cuello en la gu11lotinll,:-¡ Viva el frío!

Píº

ª:

y'

Jrf•nu,1 v,art,.

�Domingo 24 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
~VUELTA en el copo de humo que se deja escapar de entre los labios cuando se &lt;¡uiere aYivar el
claYillo sofocado por la ceniza, va una sensación,
un recuerdo muy lejano ........ .A1&lt;í, así fné la primer fumada que dimos al cigarro hurtado á nues•
tro señor padre; así, sin que el humo bajara á la
laringe á producir ese dejo amargo &lt;¡ue hoy estimamos magnífico, sabroso, necesario, i nsubstituíble.
La escend se recon-truye con pa:::mosa fidelidad:
el cigarro e1-taba abandornlClo sobre el bufete, &lt;le·
i,;ertó de la cajetilla y allí estuvo mucho tiempo,
hasta que fué advertido por nuestra mirada de
pilluelo, que pasea y pasea sin cesar por todos los
rincones, por todos los muebles, sin dejar un solo
sitio, un solo adminículo, un espacio por pequeño que sea.
El tal cigarro había caído sobre un papel escrito y parecía una oruga atacada por un ejército de
hormiguillas negras. Se nos ot,urrió salvarla de
aquel trance y, con la cara vuelta hacia el sitio
por donde podía ocnrrir una
sorpresa, tendimos la mano,
atrapamos el cigarro y con am,ie&lt;lad lo hundimos en el bolsillo.
Allí fué iÍ hacer compañía á un pedazo de pizarrín, á una media docenn
de huesos de chabacano, al pañuelo anudado en forma de conrjo, á........ .
á todo un nido de baratijas que atiborraban el bolsillo hasta darle fa apa•
riencia de una deformidad corporal.
Luego ahandonamos el lugar de la tremenda hazaña
y recorrimos la casa para m,egmarnos de que la aYentura podía seguir sin peligros.
Qon la cara Yuelta ú un rincún,examinamos detenidamentr la cilíndrica enYoltura. Ii:n aquel entonces la indu~ti_'ia estaba en pañnles; los papelrs nrn.tiza&lt;los eran
rans1mos,_v por loi-i extrrmos de la «canal» no asomaban
las marafias del tabaco cortado en hehrn1&lt;.
Xo, aquello era todo un proceso de laboriosidad: dentro de la hojita blanca, la hoja arom{ttica se apretn ha
conYertida en fragmentos;y para dar solidez ú la en vol•
tura, en las extremidades 1&lt;e hacía un dohlri1 &lt;¡u&lt;', observado desde los distintos puntos de vista posibles, i-e antojaba uu ojo haciendo un guifio,
un muñón de pierna ampntada, la mitad de una boca c]p
vieja ...... Y deshaciendo aq ncl
pleguje, "Jescabeza ndo"- con1,,
se decía,-estaba á
la vista una cola
tura por andarse rode gallina.
sando con los huesos
El cigarro hury el pizarrín y con
tado pas6 varias
toda aquella ráfila de
horas en el bolsibamtijaF. qtlfi viajallo, perdi6 su blanban por innurne,ables manos infantiles,
que g01,an &lt;le mala fama en cuestiones de aseo. La. «canal» se ajó, el
t~haco se puso en movimiento, quiso escapar y
d1ó al traste con la esbelta figura cilíndrica.
Fué preciso ,·iolentar los arontecimientos pr•
ro sobrevino un imprevisto incidente: ¿con' qué
encender aqnel cigano? La hornilla de la cocina era peligrosa por aqul'llo de lai-i delaciones
maritornianas; la caja de cerillos del buró no estaba libre &lt;le acarrear una Rorpresa que huhiern dado fnne~to fin á la aventura; !.qué hac,·r·?
¡.Ah! - magnífico
ro·cuer&lt;lo, -en la n piRa del santo que hahía en el cuarto dr
la.criada, ardía 1111a
lámpara: la. dificu 1tacl esta ha reRucl t:1.
C'c&gt;1, no poco trabajo Re logró trepar hai-;ta tener al a.lnrn('e la
111ístira Anma; pero
un nuevo tropiezo i-;o
nos pone cn el cami-

no: «era un sacrilegio-al decir de la vieja sirvienta-encender cigatTOS en las lámparas dedic'.1-clas á los i:-antoiu Momento de vacilación;
caR1 tenemos deseo de abandonar la a.ventura.
HaRta podernos creer que la borrosa cara de
la imagen está nielta hacia nosotros y sentimos una mirada de reproche.
De pront'.) viene una sorpresa agradable:
hay una cabecita de rerillo al pie del Yaso de
las floreR. ¡ Magnífico!
La casualidad protege la aventura y podemos seguirla á nuestro a,,tojo. Todo depende
_va de elegir un sitio seguro; que sea á la vez
de escondite y de observación. Yamos resueltamente.

Las inocencias de la niñez ;;on los medios
ele defensa que velan en todos los peligro-; en
que la coloca la irreflexión. en niño toma
mil precauciones para hacer algo que le está
prohibido, y al cabo de esa gran !abor viene á
incurrir en un detalle que sería de péi;imas
consecuencias para lo proyecta.de.
Nada se oponía ya á que fuésemos á fumar
nuef-tro primer cigarro; pero sobrevino la idea
de que ,iaquello» no tendría interés si no era
prer;enciado por alguien que nos diese ocasión
de envanecemo~ por la hazaña.
¿.Quién podría ser el elegido·? Precisamente
el que menos: nueRtro hermanito menor, un
chiquitín que hahla mús dP lo necef-ario, que
de buenas ú primeras espetará la hiRtoria á
nue,:tros padres y que será irremisiblemente
creído..
Sí, él nos acompaña, comprende bien la
rnorrnidad &lt;le la a,·entura y también guiña rn
ojo en son de malicia.
La realiznción del delito va á ponerse en
planta. Lasmanostorpes, pequeñas y tembloro!-:t",comienzan la faena. Re deshacen las «ca1,ezaf'» y se intenta el movimiento de «toreen,
que hemos visto en otros dedo~: la rebrldía
del tabaco e:, deResperante, tan pronto se logra
aeomodar en nn extrnno como se ei:,capa por
el contrario; la 1&lt;C.'lnah estiÍ hecha un imposible de macnlacionei,, ajamientos y roturaf'.
Cotwencionalmente admitimos que aquello
está arreglado.
Las miradas del hermanito han seguido
nuestra farna; ya se le advierte e::-.~ocionado,
ya nos f'Omíe como queriéndonos decir que le
causa placer estar en la aventura.
Es indescriptible el momento de frotar la
&lt;'abecita del cerillo en la pared del rincón es-

cogido para teatro de los acontecimientos. ¡Si
se apaga! ........ .
Brota la llama dejando escapar una corona
de humo. En la penumbra, aquella luz da á
nuestros scm hiantes un tono de lividez. La
mano temblorosa acierta á colocar entre los
labios unn extremidad del cigarro, mientras
la otra baila un movimiento de miedo en la
flama azul del cerillo.

Se escapa el primer copo de humo ...... Así,
así nos supo, como cuando ahora queremos
avivar el clavillo sofoc:1do por la ceniza.
Las funrn.das se repitieron sin interrupción.
evitando que el hernrn.nito observara que nos
producía. n,al efecto el 1-ahor amargo de la. nicotina. Luego le tendimos la colilla y él también fum6, escupiendo y pas/Ín&lt;lose el dorso
de una mano por los labio!'.-, mientras que con
la otra se restregaba un ojito que el humo hizo llorar.

La hazaña está cumplida. Pasa el tiempo, y el mal sabor de la boca persiste. 11:n los alimentos
y en las golosina!' ""e' halla un amargor penetrante que recuerda, como la intranquilidad de la conciencia, la consumaci6n del delito.
De pronto sentimos como que alguno nos clava los dedos en las sienes: el estómago protesta;
necesitamos la cama, el reposo, la obscuridad.
Y nuestra madre, inquieta, se acerca á preguntarnos lo que sentimos; nos pasa la mano por la
frente sudorosa, y en un momento de suprema angustia acerca sus labios á nuestros labios y nos
besa....... . .
Todo está descubierto.
-¡Qué bonitas gracias, muchacho pillo: has fumado!
Y una Yocecita aguda agrega con alegría:
- Y yo tam bié11, mamá.
Imposible toda defensa: ¡ay de nosotros cuando llegue nuestro señor padre!

Otro primer cigarro de gran fama es el que se clava á los labios de las elamitas que so pretexto de
un dolor del alma, apuran humo para hacet· nubes al cielo del ideal.
Es increíble que una mujer se resuelva á envolver las cadencias de una frase rariñosa en ambiente
de sala de fumar.
Todo lo hien que parecen unos bigotes cabalgando sobre un veguero, se ven mal unos
labios que besan el extremo nicotinoso de
un cigarro: son pétalos (h, una flor loca.

Domingo 24 de Agosto de 1902.

�Domingo 24 de Agosto

ne 1902.

EL :ivIUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

LA BELLEZA FEMENINA.

•

Existe una correlaci6n íntima y necesaria
entre la estructura de cada ser, su forma y sus
proporciones, la distribución y contextura de
sus 6rgano3, y sus instintoR, sus hábitos, sus
necc1;id:i.&lt;les y su misión ó destino en la vida.
Ei,a correlación es doble. De una parte, se establece entre el Rer mismo y el medio y las
circunstancias en medio de las cuales se desenvuelven y se suceden las peripecias ele su vida; y de la otra, se ostenta en la armonía de
los cli\·ersos órganm:, en la subordinación de
los accesorim, ú los principales, en el equilibrio, digámoslo así, que entre ellos Re establece, y en la nece!&gt;id;1d ó fatalidad que determina y enlaza sus condiciones, de tal suerte que,
dado un órgano, pn&lt;'den preverse los demás,
;,' que, á semejanza de Cuvier, conocido un
Jiente, puede con la imaginación reconstruirse todo un animal.
Tiene garras y eolmilloR el león, alas el águila, aletas el pe;:, chupadores el· pulpo, ei;pinas
el 1&gt;riw, concha la tortuga. :-;E'gún el animal
\"ive y ;;egún donde ,·ive; según se alimenta,
s&lt;'gún se 1wrpetúo, s&lt;'gún posee instintos de
combate ó tienr necesidades de defensa, así
ei;tá organizado, a:-i po:=1ee armas ó coraza y
a~í se desc1wuel\'en sus fauces, sus miembros,
sus eentidos, su organif'mo todo. .Aquí el múi-culo :-e vigoriza, allá el tendón se flexibiliza,
mús allú los tegumentos :-;e endurecen, las garras se afilan, los dientes se aguzan.
Hay más: de ei&lt;a rorrelación, de esa congruencia, de esa lógica inflexible que eslabona ine,·itablemente los tejidos y los órganos
y los adapta ú las necesidades ele! animal, nal'e hL estética &lt;le los seres Yi vos. La helleza,
c¡ue no es 111ás que una forma de la lógica,
consiste to&lt;la, al menos en los seres &lt;¡ue ,·iren,
en esa adaptación admirahle y en esa completa coordinación de los órganos, traducida en
formaH y en proporciones exteriores y visible!'.
Tanto es así, que pueden ser igualmente
hermosos, aunque diver~amente conformados,
el tigre y el ciervo, la paloma y el cóndor, el
crustíiceo y el insecto.

En la belleza humana se coniprueba el mis-

no sea nunca musculada, ni, por consiguiente,
angulosa ni de irregulares contornos. La musculat~ra debe en ella quedar disimulada bajo
una ligera ca¡,a de morbidez, que da torneado
á las formas y las desenvuelve en curvas amplias y armoniof'as. Debe la cadera ser amplia, volada, y no estrecha como en el hombre. El muslo, en Yirtud de esa necesaria
amplitud de la cadera, tiene que ser ligeramente oblicuo; las rodillas, que estar juntas;
la pierna, á partir de la rodilla, que ofrecer
una cierta divergencia; el vientre debe ser
más abo,,edado que en el hombrn, y la cintura estar colocada más alta.
,.\ fin de asegurar la inmovilidad y el reposo de ciertos órganos, la respiración en la mujer se hace principalmente con la tabla del pecho, lo que da mayor amplitud á la parte Hnperior del tórax y hace más saliente el esternón
y míis abovedado el pecho. El seno firme y
turgente completa eRte conjunto estético.
Si en la aclold1cencia y la juventud deben
predominar la gracia y la esbeltez en la estética ÍClllf'nina, en la edad madura deben preponderar la majeRtarl y los indicios visibles &lt;le
la fecundidad. Diana y Yenui- pueden ser
flexibles como juncos, gracioi-as como ná vades, úgileR como ciervas; Juno y Minerrn del)en i-er majestuosas, vigorosas y reposadaR.

En la matrona, cierbi corpulencia, cierta robustez, cierto grado de «e111bonpoint,,, la cintura ,·asta, son altamente estéticas. La expresión de ·1a mirada debe ser serena v augusta
el porte arrogante, el andar lento _; firme. E,:
Oriente t&gt;stiman en tanto la gordura de la mujer, que le rnutilan los pies para obligarla. al
reposo, ~- casi la ceban para acumularle gra~a
hajo la piel.
En la nrnjPr .ra he&lt;·ha, la fri ,·olidad, la ,·oluhilidad. lm; rnanifeRtaciones turbulentas de
la idea ó de la pasión, i-on el"t&gt;ncialmente antiestétical", _,. con ellas las actitmlei-, ademanes
y porte cot-reRpondientes. La madre dehe, ante todo, ol"tentar ternura, que es el sentimiento m:tternal por t&gt;Xrt&gt;lencia, y debe, asimismo,
en toda RU persona &lt;lar muei-tras de valor para el sufrimiento, de heroísmo para d efender
á su prole, de abnegación a hsol uta á los suyoR; y mal se compadecen esas grandes dotes
con la 1110,·ilidad )' la coquetería de que tanto
gustan algunas matronas y que tanto desdicen
de su verdadera misión en la vida y de los
altos fines ú 1¡ue estrm llamada~.

mo principio. El hombre, naci&lt;lo para el tra-

bajo y para la lucha, destinado al esfuerzo perenne, ú la labor mua, ú afrontar peligros y
ÍI. V&lt;'ncer ó subyugar adversarios. tiene por
fondo estético la fuerza. Para ser bello, ha de
ser alto, rnbusto; sn musculatura debe ostentarse bajo la piel en vigorosos relieves, y los
tendonC's dibujarse poderosos y elásticos; su
e;;queleto debe ser rígido, resi~tente y vigorosamente articulado; anchas sus espaldas, y amplio y levantado el pecho.
La misión de la mujer, su destino 1,atural,
es otro. La misión suprema de la mujer es la
maternidad¡ nació. principalmente, para madre y para nodriza, y su organización toda ha
de revelar que es capaz c1e l lenar su misión.
:Qe una manera general, la. maternidad supone el nido, el hogar, la vi&lt;la sedet1taria; la resistencia más que el empuje; la acumulación
de la fuerza en 6rganos determinados, y no su
dispersión en el reRto del organif'mo.
Pe ahí que la mujer verdaderamente bell!l

***
Salud, l"iempre; gracia en la juventud¡ majestad en la edad madura¡ tal es la trípode en
que descansa toda la estética femenina. La
gracia es, por su naturaleza, transitoria¡ la
majestad es y debe ser el atributo estético definiti,·o y permanente. Si yo fupra artista plástico, no esculpiría Venus, ni Dianas, ni náva&lt;les, ni ninfas; esculpiría á la madre de los
Gracos, que encarna las formas más nobles de
la belleza femenina: el vigor fecundo y la no_
bleza majestuosa.
0

Domingo 24 de Agosto de 1902.

�ET, ~ruNno IT,U8TRADO

EL )tUNDO ILUSTRADO

nomingo '2-l rle •\go~to tll' 1 !)0'?.

NUESTROS ARTISTAS.
Joaquir¡ 2). Casasús.
En nuestr:t ~alería de literatos mexicanos prominentes, toca hoy
turno al Sr. Li&lt;'. D ..Joaquín D. Casasús, personalidad de las más
distinguidas en nuestras letras y cieneias y en la política, y que ha
demostraclo &lt;le una. manera evidente que el ardoroso y fructífero culto del gay saber, por ningún modo está reñido con 11:3 au~teridacles
de la ciencia ni con las activida&lt;les inherentes á la viua moderna.
Casasús'. figurando, como decimos, en los míis altos peldaños
de la intelectualidad mexicana, ofrece principalmente &lt;los fases á
que ha dedica.do sus gr:~ndes energ~a~ me!'tales: e~ al propio !iempo un eminente economista y un d1stmgm&lt;lo y muy erudito literato. Como economista, ha pre,-tado importantes servicios al país y á
la ciencia, y su bibliografía económica es conocida y e~comiada por
el mundo intelectual de todos los paíseFt. BástenoH copiar lo que al
Lic. Casasús decía el ilustre Ftahio Emilio Levasseur, Presidente de
la Socieclael de Economíii Política de París y Profesor en el Colegio de
Francia, al opinar sobre el importante libro «La_ Cuestión de 1~, Plata
en México:» •ÚH agradezco el haberme proporcionado la ocas10n de
leer vue:-tra obra sobre la cuestión de la plata en )léxico. Es una
de las obras mejor hechas que conozco, acerca de las razones que militan en fosor de la libre acuirn.ción de la plata. He citado la obra en
mi cun;o del Colegio de Francia, en donde he tratado, durante el primer semestre, de la moneda en los Estados Unidos. Sobre esta materia tengo una opiniún que difiere de la vuestrt1; no estoy convencido de que los Est.'\dos Unidos adopten el tratado cuyo proyecto presentáis; pero siempre se h~lla instrucción leyendo una obra compu&lt;•:&gt;ta
como la vuestm,,,
Una declaración semejante, hecha por un hombre de In. talla &lt;le
Lernsseur, no s{ilo honra altamente á Casasfü,, sino á nuestra patria.
Además del libro citn&lt;lo, CasasÚH ha publicado otras varias ohras
en que con profnndida&lt;l trat.'\ intere:-:antísimos asuntos económicos,
tales como: l(La Demhi contraída en Londrei"," «La Cuestión ele loR
Bancos• «Ln,; InstitucioneR de Crédito,» «El Problema )Ionetario,»
«La C¿níerencia I nternaeional ele Bruselas,1 ( conferencia &lt;lada en
francés en la t--ocicdad de Economía política y social de Lyon), t&lt;lliR•
t-0ria de los impuestos sobre el oro y la plata,» «La Depreciación &lt;le la
Plata y sus remedio:-:~ y «El Peso )Iexicano.» El señor Casasús ha
ocupado prominentes pnestos públicos y ha desempeñado honrosas y
delicadas comisiones. obteniendo siempre ,·aliosas distinciones. El
primer eargo público ,¡ué de:-empeñó, á la edad de 22 años, fué el de
Secretario General dl' Uohierno en el J&lt;);tado de Tabasco. Después
ha sido, sucesivamente, miembro ele la "Gran Comisión de Crédito
Público• que en 1884 e,-tudi6 la delicada cuestión &lt;le la Deuda IngleBa, Diputado al Congres0 de la Unión descle 1886 hasta. la fec.ha, Presidente de la Comisión del Código del Comereio y de la que presentó
el proyecto de Ley de Instituciones de Crédito, Profesor propietmio
de Economía Política en la Escuela ~- de Ingenieros, Delegado de
:México á la Confcrentin Internacional )Ionetaria de Bnu,elas, miembro del Congre:-:o ele Ynlores )[obiliarios de París en 1000, Delegado
de México y Secretario General en la 2 1~ Conferencia Panamericana,
y miembro de la Socie&lt;lad de Economía Política &lt;le París.
RU

***

Esta ha sido la carrera científica y política de Casasús; en cuan•
to (t sn obra literaria, á la que él suele dedicar sus más caras é íntimas atencione.-., ha sido parca., pero ele valor sólido, que le ha lle•
vado á ocupar u n sitial de Académico &lt;le la Lengua. Hu tra.dureií111
dl' la «Ernngclina» &lt;le Longfcllow es una de las mejores ()Ul' se l'Ollo·

cen; su traclucciún de las odas &lt;le Jloracio le ha valido grandes aplausos de los mÍls eminentes humanistas, eomo D . .To,;é Rufino Cuervo,
que ha escrito que dicha traducción le «i;atisfizo de ~a manera míu,
cumplida;» y el Obispo de Yeracruz, D. Joaquín A~C.'\lhO Paga1.a~ que
c:-:cribió al conocer la traducción de Casasús: «Conozco un poeo a Horacio y le soy muy devoto, tanto que aun me ?isponfa á "dar á la estampa algunas Yersiones nuevas; pero ahora desisto enteramente, porque creo que sale sobrando.»

CANTO PRIMERO.

-Ah! Habla hajo. "\o lo d('spiertes. Es n1i
gran padre Xetzahuakorntl.
-\'ámonos.
·
-\'nmonos.

l ~YOC,\CIOX.

I:a ~ivin~ v_irf!Pn india acaba de enjugar:-:t:
la ultnua lagmna. Lo:-: estremecimientos dl' su
l;º&lt;!erosa volu ntad se han extinguido va en el
ultimo ~emb!or de sus labios. Ya no lfora ......
ya no t1cmb!~ ....... :4u cara 1•s una mÍlscara &lt;h•
bronce ...... I mhaJa ...... trabaja...... Es la ineansable ohrcrn de un manto lH'cho c·on plu1n~s llen,ns de luz. Estl' manto es el que llernrÍl
m1 poesia.
l&gt;i\'ina Yir¡:!en, 1,ija de Xetzahualco,·otl tú
la &lt;le 13; Pº!leros~ rnlunt.'\&lt;l, óyeme: Qiiierd qu~
me guH•:- a la (,rut.'\ cfo las Flore:-; con Alma
porque te!1go de hacer una corona para la frcn~
t_~ de la ''.1~ge11 &lt;,1uc c.~tú l?Íllicla &lt;id mucho peni,;,1r. ~~a di\ ma Y1 rg&lt;'n mdia, l lena de screnirlacl
Yolno la cara, nie mirú fiJ'ament,• v &lt;liJ·o· ·'",'&gt;
t
ll ' ?
•
. t,•'
l'lll &gt; arn,;. ~·a e,; la horn en qu&lt;' las cosas no se
ven, en_i-1 aire hay mucha,; brujas\' en el bosque e:-;ta ,·ciando PI dia l,lo; el sudo·estú empapado de sangre .,· hay nrncho,- guerreros sobro
(•I c¡ue duermen &lt;'I suetio de la muerte. Ya es
la h~ra en que lns eosas no se ven, ·no tem-

~rn~

6

\:amos, señora, quino c¡ue me guíes.
- \ amos.

CANTO SEGUNDO.

El ~r. Casasú,; tiene concluídas las traducciones de las obras de Tibulo y de Catulo, ,v está concluyendo las ele Virgilio.
.\demás de las traducciones citadas, Casasús ha escrito numerosas y bellas composiciones originales en prosa y en verso, algunai; de
las cuales publicart&gt;mos próximamente.
.JoYen aún, pues cuenta cuarenta y cuatro años de edad, todavía
pneck espcrars1• mucho de sn talento, de sus conocimientos y de su
laboriosidad, sostenidos por una voluntad férrea, la «volunta&lt;l condem;&lt;1da y dilatada• de
que habla N'ietzHche.

EL IDEAL.
Y luego, una torre de marfil, una flor mii-tica, una estrella ú quien enamorar ... Pasó, la
ví como quien viera una alba, huyente, rápida, implacable.
Era una estatua antigua con alnrn que se
asomaba á los ojos, ojos angeli&lt;'nle,:, todos term1ra, todos cielo azul, todos enigma.
Sintió que la he!&lt;aba eon mis miradas y nw
e,1..,tig6 con la majestad de su helleza, y me viú
como una reina y como una paloma. Pero pasó arrebatadora, triunfante, como una visión
que de.~lumhra. Y yo, el pobre pintor de la
:Naturaleza y de Psiquis, hacedor de ritmor-; y
castillos aéreos, ví el vestido luminoso del
hada, la estrella de su diadema, y pensé en la
promesa ansiachi del amor hermoso. )las de
aquel rayo supremo y fatal, s6lo qued6 en el
fondo de mi cerPbro un rostro de mujer, un
sueño azul.

La virgen y yo, de camino, atrave:-anclo el
bo~c¡ue de las graneles sombras.
-¡,Ve,;, sefiora'?
-¡.Dónde'!
-Allá ...... en _el fondo del bosqi¡e, hay un
gra,n amonton:nmcnto de lnz opaiinal&lt;eniejante a la que \'emos en suetios, y en el fondo de
esa luz, ~u.1 gran tlncatzin; míralo, parece que
estab~ ~1e1e!~do palabrar-; llenas de misterio \'
de ach_\'Jnac1un ,V t&lt;e ha quedado adormido.
cara tiene algo dPI misterio de los c¡ue 1-':then
sae.,r. lois n1alos espíritus del ctH:rpo. t--us manos tienen ~n terrible gesto, parecen creadmi
para empunar las armas c¡ue 1&lt;iemhr:rn In
lllUl'rte.

Ru

CANTO TE:RGERO.
l..\

1;ut•T.\

IIE L.\,-; FI.OIU:-; l'OX .\t.,I.\.

~eñora, ;,cuál e.-&lt; e.--ta flor tan blnnca·?
-Una \'irgen india vino á llorar penas dt•
amor al hor,le de cista&lt;; ª"'U:ts ,. cuando &lt;•I Gra. 11
" \'iú' ya
.1
" '
( ,a 1&gt;a11ero I tojo nació, la
muerta flotando sobre esta.-. aguaFt.
lo- ,
-Señora, ¿,eu:'d e,; estotra flmecita hla11ca
elr. bordes ,·ioletas, quc tiem hhi elnl&lt;'rmentc•
&lt;'Oll las lnn1inosas got.1s &lt;le agua ,·er,h• que
caen de las ¡wñas ,;obre ella·?
Es ~l alma ,_Jt, una virgen extranjrra. ;-;ien1pn~ Yolna :-ns ºlº~ haC'ia :-11 patria ele donde la
trnJeron; 1•1::~ &lt;Id J~a.ís de las &lt;·osas que no se
t~:an; murru cant1rn. Fué la !':-:posa siempre
\ _11gen ele un guerrero...\1 morrr. en esa flore•
etl:t hla~1ca &lt;le h~rdes violetas dc·jú su alma.
-Rcnorn, ¿cual es esta flor d&lt;&gt; tonos Yario,;
y npagado,,?
-Durante t'.ulo el día \'in• encrrraela, sP
l't_nplea l'll ;ttaviar:-:e, y Íl la caí&lt;l:t de· los saturmnos 1·n:p11scnlm, llena el&lt;&gt; pompa,. s(•nstialidacl, '-C c•nt~Pg-a &lt;'ll Jo;. brazos d,·l Lu.f'ero ele lo:Jl\wrtos. hs su l 1 terna clC'l-lpO!-acla. Es PI alma
ch• las c·osas sin remedio.
::-t--eñora, ¿cu.íl e•s eR~a. tlor tan roja que se
le,.111la altanera,\' &lt;lesp1aelacla sobre todas sus
hermana,;'?
-E,; el alma ele! guerrero do lo;; terrible:brazos que eon 1-l~t macana hacía masa la cabeza el_e f-m•.~nenngos. .\1 mcirir, en esa flor
tan roJ:t deJo su alma.
-¿.).' esh florecita pomposa'?
-~,sel alma de un grn~ioso niiiito príncipe;. Era h:rrnano mío; por _eso es la flor ,¡ue
mas ~mo .\ 0 ; pero ha'.' rle prisa tu coronu, porque ya l~ac·e n~~who tiempo qne el Gran Caballero HoJ~ na~io. Ya las aves sr hatian en las
aguas, Y a nn mr qtwma PI dP:-eo ele seguir mi
manto hecho con plm11as llena~ ele luz.
C'1usÍ&gt;FOHO

I B.~ ~~:z.

Domingo 24 de Agosto de 1902.

�Domingo 24 de Agosto de 1902.

Et MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

de Agosto de 1902.

la Empresa Bieni-Larnbardi ef'crituró por cuatro meses forzosos, pagándole un precio excesirn. Miguel Sigalcli, rnntajosamente conocido
en :\Jéjico, Augusto Balhoni y Artmo ::\Iacentelli son los ot1 os tenores.
El resto ele la Compañía, barítonos, bajos,
etc., etc., estú constitnído por los mejores elementos y contrilmye ú qne el cuadro, tal como
SP. anuncia, sea de lo más completo que pueda
veriie en nuestros teatros.
Por lo que hace al repertorio, Guillermo
1:,ell, Aída, Lohengrin, Ebrea, Don Giovanni,
::"\avorese, Tosca, ~Ia.:!beth, .Sanson~ é Dalila
?_ Bella Fanci ulla di Perth, f-on las obras pri nc1pales. Anclrea Clwnicr, Poliuto, l\Iefistoft&gt;le
y algunas otras completan el archi,·o.

Han comenzado á circular los
elencos del cuadro de ópera que ocupará durante la próxima temporada
de invierno el Teatro del Renacimiento, y del cual son empresarios
lm1 Sres. Sieni y Lambardi, tan conocidos de nuestro público como infa
tigables en su empeño de ofrecerle
norndades dignas de notn.
La Compañía, en efecto, está formada &lt;le artistas &lt;le primer orden á
quie11es la crónica extranjera ha tributa&lt;lo calurosos elogios, _y el archicon que cuC'nta es de lo más notable del repertorio antiguo y del moderno.
Como primer soprano dramático
absoluto, figura A velina Carrera, de
la Scala de ~Iilán y del Real de Madrid, que viene precedida de envidiable forna; y como soprano lírico,
Chalfo Herrera, «la Chalíai• que dejó
entre nosotros tan gratos recuerdos
con su Feclora. inimitablf'.

"º

De Li ncla Bram billa, soprano ligero del San Carlos de Nápoles, se sabe que es artista de veras y que ú
sus dotes de cantante aduna todos
los atractivos de la mujer hermosa.
En cuanto á Conceta Dahalander,
la primera mezzo-soprano, ha hecho
una buena carrera.
Al lado de estas artista~, estú Ya •
lentín Duc, tenor dramútico absoluto de la Gran Opera de París, ú, quien

Domingo 24

GOTICA.
Niña de la testa alll'ina
Y nariz &lt;le Roxelana,
De tez cual la porcelana
Y labios ele cla,·C'llina

~

'

,Jj J;

Tremola en tu mandolina
'
Asomada á tu ventana,
Alguna dulce parnna
De la corte parisina.

'

,

, .

t

~

¡Que tus ojos soíiadores
Viertan dulces sus ful.rores
,., . '
-Dardos que Cupido ase:-;t.a
Y tu radiosa hermo~nr'a
Desvanezca mi tristura,
Sifia _de la aurina testa!

, ~ ~ i lvesfn

JosÉ D. VELAsco.

�EL MUNDO
AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 9.

ILUSTRADO

MÉXICO, AGOSTO 31 DE 1902.

Director: LIC. RAl'AIL Rflt&amp; :!IPINDOLA.

Subscripción mensual (nránea, $1.:,0
l dem

J dem. en la cai•it.al, 11 1.25

Cierent e: LUl:!1 RU'f:!I &amp;PIND0L.\.

...

..,

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,.;

..

·-

..,

ISOLA !
(De l a colecc ión de Pellandln i.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1902, Año 9, Tomo 2, No 8, Agosto 24</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO
AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 9.

ILUSTRADO

MÉXICO, AGOSTO 31 DE 1902.

Director: LIC. RAl'AIL Rflt&amp; :!IPINDOLA.

Subscripción mensual (nránea, $1.:,0
l dem

J dem. en la cai•it.al, 11 1.25

Cierent e: LUl:!1 RU'f:!I &amp;PIND0L.\.

...

..,

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..

·-

..,

ISOLA !
(De l a colecc ión de Pellandln i.)

�nomingo

:-n

de Agosto de 1902.

et

,.

c7atalismo.

El fatalismo no es un estado de espíritu peculiar y propio d&lt;&gt; los pueblo;; orientales.
Creer en la fatalidad inexorable y en el implacable destino; imponer que no hay posibiliuad de modifkar loR decretos del hado; admitir que á día fijo y á hora fija lmi sucei-orhun de verificarse i-in que nnda pu!'da impedirlo ni evit:irlo, r reconocer que la acci6n
huma.na es impotente para conjurar cat{1;;trofes ya decretadai- y para esquivar males predeterminado;;, es una tendencia univerrnl y un
pecadillo filosófico de que nadie está exento y
en el 4ue todos incurrimos más ó menos.
«Le llegó su hora,» decimos de una persona
que ha muerto, .v r:,i inquirimos la t.rascendente Rignificación de la fraRe, descuhrimoR que
traduce la convicción profunda de que la persona no podfa haber muerto en otro momento, que ya al nacer tenía marcado el término
fatal é irrevocable de su vida,y que no hubiera habido manera de anticipar ni de retardar
un segundo el suceso.
Según esta doctrina, puPde el hombre exponerse impunemente á mil muertes, precipitarse de una altura, arrojarse al mar, apurnr
veneno, y todo impunemente; si no ha f:Onado
su hora,saldrá incólume de todos los peligros,
como la ;;alamandra del fuego.
Llegada la hora, por el contrario, no hay
precauci6n que baste ni recurso eficaz; encerrado en un relicario, al abrigo de todo riPsgo
y alejarlo de todo peligro, el hombre sucumbirá 1,in que nada ni nadie pueda evitarlo.
Llama desde luPgo la atención que el fatalismo, que teóricamente se aplica á torla clase
de sucesos y que comprende en su doctrina
lo mismo lo favorable que lo adverso y lo mismo la dicha que el dolor, en la práctica no se
profese sino relativamente á los sucesos lúgubres, siniestro,;,amenazadores, y á los acontecimientos de8graciaclos y &lt;lafi.oso,;.
l\adie cree sino muy débilmente que la fortuna., la prosperidad, la dicha, sean suceso,;
fatales é inexorahlPs, que han de ,;obrevenir,
quiérase ó no, á día y hora&amp; fijas, á personas
determinadas. \' ense estos hecho;;. por el contrario, como mudables ó camhiadizos, como
caprichosos y volubles, corno sm1ceptihles de
no i;er al menor cambio de las circuni;tancia;:,
y como influenciados por las má;; efímeras
condicione,; ambiente;,. En cambio, la enfermedad, la ruina, rl dei-!'ngaño, nos parecen
Fometidoi- á una ley fatai, irremiRibl!' f irresi,;tible, que nQ hn de varinr por nuestra influencia ni por influencia alguna.
El origen de la doctrina. fataliFta radica en
un error ele ohservación y en un mal procedimiento de investigaci6n. El fatalista juzga
siempre de hechos con;;umados va de 11contecimientoH renlizadof:. dr Rucef'o8 'verificado,;.
~Juert,t una ¡wr1&lt;ona, el fatalish1 formula ,:u
«ya estaba escrito»,~· trabajos le manda á quirn
quiera hacerle ramhiar de opinión. En vano
eerá hacerle ver que el F11ceso ha tenido una
causa, que ésta, como mnt•1.f: otrnR ef&lt; rn
principio, modificable, ~- qne, moclifiracl~ en
tiempo hábil, el 11contecimiento no se huhiera
realizado; que si la persona no se hubiera expuesto al contagio ó á la intemperie, ó no ,;e
hubiem encontrado en el sitio de la cat.'1strofP,
viviría aún. Inútil será pretender drtnostrarle que eF.a. mii;ma enfermedad 6 accidente hubieran podido ca.usarle la muerte antes del
momento que él llama fatal. El fat:i lista contestará que precisamente se reuni6 el conjunto de coudiciones que causaran la. muerte, porque «ya ett'l.ba escrito» que la persona había
de morir; que si no se reunií1 en otra ocasi611,
es porque no era en ese momento, sino en el
otro cuan&lt;l? tenía qu~ sucumbir, y que si es1
capo
antes a otros peligros, acaso mayores, es
porque no había sonado su hora.
El fatalista, en suma, es una anguila dialéctica, fle~ible y. escurridiza que no ha.y manera de SUJetar 111 de reteuer y que se escapa
de las manos.
Y, sin embargo, el fatalismo es la neaaci6n
de toda la ciencia y de todo el progre~o hu-

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

mano1&lt;. La cirncia, descubriendo la causa de
todos los fenómenos, establee·iendo cómo i-e
pueden modificar y cómo sur, variaciones y
modalidadeR anticipan, retardan ó impiden
los Rncesos, ha dado golpe de murrte al fatalismo; y la industria y el trabajo humanol",
alejando las causas de enfermedad, de muerte ó de ruina, lo han enterrado bajo una montaña de inventoR útiles y ele descubrimientos
prorli¡doi-;os r á diario eiplotacloR.
Contra la. fatalidarl del rayo ha in\'entarlo
el pararra:vo; contra la del naufragio, la hélice-:,· la hrújula; contra l11s del hambre y la desnudez, la indu;;tria y el comercio; contra. la
ele la enfermedad, la hi¡i:iene y lll, terapéutica;
contra la de la ignorancia, la imprenm y la
escuela; contra la del crimen, la autoridad y
la ley.
Cada dfa, á medida que más se estudia,
que más se emprende, las inexorables fatalidades que pesaban sobre la. humanidad, se
atenúan, se aplazan, se modifican ó se conjuran: á las fatalidades que aparecieran inevitables del espacio y del tiempo, el hombre
ha opuei-to el ferrocarril y el telégrafo; contra
la maldición del trabajo, cuentlt ron la míiquina, y nadie sabe aún si llegará á conjurar otras
mayores y más implacables.
El fatalista es un género ele filósofo en perpetua. contradicci6n consigo mismo. De ,;er
consecuente con su doctrina, su vida no sería
máR que la más complet.'1. y perenne inacción. El fata.lista « pur sang n no debía. comer, ni beber, ni dormir, ni trabajar, ni emprender ni lograr. ¿ Para qué? La actividad
y el trabajo tienen por objeto precisamente
conjurar famlidades, conservar y mejorar la
vida propia y la ajena.; y si todo es fatal, y si
todo ha. de verificarse irremecliahlemente en
dfas y horas determinados, no hay para qué
molestarse en bre¡rar, en aspirar, en luchar.
No por no comer el fatalista ha. de morir más
pronto; ni por no luchar ha de dejar de lograr;
ni bregando y penando ha de conjurar los males que lo amenazan.
El fatalismo es un gfncro de filo,;ofía que
no vale la pena de refutar ron considerandos
ni con razonamientos. La mejor refutación
consistiría en probar á los fatalistas, y ellos se
han enr,.argado de hacerlo, que toda su vida y
RU conducta toda es una negación de sus principios, una refutación de sus doctrinas; que,
rn una. palabra, es filosofía que muchos profe~an, pero que nadie practica.

PÁGINA BLANCA.
l,M dioses de Provenza 11nclahan rrr::i.ntei-.
Ellos. los im:nirarl.orrfl del amor Y la. noe;;fa
habían dicho á los bardos: «Cantad á la;; da~
mas. IIE•vad á ;;us ca;;tillos vuestros enf:llf'ños,
trjidofl nor los hilos de oro de vuPstro;; laúdes:
no rlej/'.i,; que resuenen en suR oído;; los ecofl
flolos drl clllrín guerrno entre el fra¡ror del
trueno, ha.crd oír al ruiseñor del hoRque. »
;.A oui~n quHéis qui' rant~mM?-contestó
Rugo dP. Mata.plan::1.--En Be1le::iguart nos congregó Yiolante, y Barcelona ovó nueRtrnR «corranda.s. » )fas ¡ay! que :í la englantina le faltaba una hoja. La arrancó con sus labios Gast6n rl.e Roca.mora de los rizos ele Violante.
Clemenci11 Isaura nos lla.m6 á Montpeller.
Cinco trovadores tomamos plaza en las «Cortes de amor». ¡:N"uestros cantares arrullaron el
suefi.o de Jaime de Foix v de su dama! «No
nos pidáis «endrecasn,_ s6lo hay pureza en el
n:ianto de San Jorge y en la nieve de los Pirmeos. »
Y Jo;; dioses de Provenza andaban errantes.
Del Ter al Llobregat, de éste al Garona, del
Garona al R6dano, los castillos se sucedían

'

con sus torres almenad1u;, sus \'entanas góticas
y sus fosos floridos; pero en cada almena se
agitaba una banda, en cada alféizar se asomaba una doncella, y en cada kso un caballero
armado alargaba 8U mano cubierta de guantelete de acero á la escala de seda que del muro
pendía..
Y eternos peregrinm;, los dioses seguían las
cornisas que dominaban el golfo y la «Costa
azul».
Al fin, junto á ::\Iarsella, vieron un lugarejo
de casitas blancas, cubiertas por los jazmines
y naranjos; y un moscardón que sobre el río
tiraba de un pétalo de rosa guiado por maripo::&lt;as de alas tornasoladas, lo,; condujo á Beauca:re, t:l paraíso de los insectos de color y las
cigarras.
Los dio;;es se dijeron: «Ya que en Provenza
no existe, haremos la mujer ele los ¡,oeta!l.» Y
cogieron una paloma blanca que agitaba sus
alas en el techo de una choza, la bel'aron en
el pico y la transformaron en mujer.

***
¡Qué hermosa era Colombina! Sus ojos eran
azulados como las olas que traen los besos de
Beaulieu á PortvendrPs; sus cabellos rubios
como las mieses de .Aviñón y Pera.lada; sus
labios rojos como las auroras de Montserrat y
Bellegarde, sus manos blancas como los lirios
del Canig6 y Cerdeña.
El pobre Pedro, Pierrot, como le llamaban
en la playa, la vió un día cogiendo fresas. Las
golondrinas, los pardillos y los jilgueros se las
disputaban, y Pierrot se quit6 su larga blusa
y ahuyentó los pájaros. De ent-0nces, Pierrot
y Colombina se quisieron. Almorzaban nenúfares del río y comían la flor de los naranjos.
Por la noche Colombina se sentaba en una roca y se resguardaba del frío, envuelta en los
rayos de la luna, y Pierrot la adormecía cantándole canciones al compás del ruido de las
olas.
Otra vez la Provenza renacía; las cuerdas de
las liras podían sin rubor cantar amores; Colombina y Pierrot eran dichosos, y puros y
blancos sus corazones, como el lino transparente de sus trajes.

A H0RACIO

A TI S

.Cuis ))laf/as de 7averne.

LA SIESTA DE PAN

Donde ahora un pastor indiferente
Trepa ligero con segura planta
Si alguna de sus cabras se adelanta
Al subir del collado la pendiente;

Cuando Atis, ya mujer, en la ribera
Del mar ele Frigia se lamenta en v·ano,
Uno de sus leones soberano
Cibeles suelta en rápida carrera.

Demos punto al certamen, Melibeo;
Ya no suene tu flauta, que en la siesta,
Harto ya de vagar por la flc,resta,
Pan descansa en los brazos de Morfeo.

Entre el bosque de olivos, do la frente
Del ameno Lucrétil se levanta
' v canta
Y más que el Hebro pura, brota
De aguas salubres cristalina fuente·

«Ve y castígalo tú», dice; y la fiera
El cuello enarca, y con furor insano
Ruge, salta, destroza, cruza el llano,
Difundiendo el espanto por doquiera.

Y le placen las grut.'\s del Liceo,
Y ésta es la hora y la guarida es ésta,
A donde viene y á dormir se acuesta
Sobre un lecho oloroso de poleo.

Allí Horacio vivió; y allí tendido
A la sombra de un álamo frondoso
'
'
Coronada
de rosas la cabeza,

Atis mira al le6n, calla y medrosa
Huye hacia el bosque. El címbalo sonoro
Y el atambor re,menan; de la diosa,

Frente á su antro crucemos; débil rayo
Del sol alumbra el 16brego retiro,
Y al pasar le veremos al soslayo.

De asirio nardo con la esencia ungido,
Llenas las copas de falerno humoso,
Cantó el amor, y el vino y la belleza.

Marcha hacia el templo, por la selva, el coro;
Y á Atis llevan en triunfo, delirantes,
Coronadas de yedra las Bacantes.

l\Ias calla, Melibeo, que un suspiro
Del viento basta á despertarlo. Acecha ...
¡Qué hermosa Ninfa en su regazo estrecha!

1Jl!1 ABBOL BOTABLE.

de árboles gigan~escos, se extienden en toda
la comarca, ofreciendo á los ojos del tomista
panoramas en que la Naturaleza ha derrochado, á manos llenas, sus primores.
~ada, sin embargo, hay en el Istmo que
llame tanto la atención como el árbol que representa el grabado que hoy publicamos. El

rarísimo ejemplar es una higuera «Chumbe»
que semeja. un arco enorme cubierto de «bejucos" y enredaderas. Este árbol único en
aquellas regiones, por su configura~ión, se en~uent~a en una finca de campo perteneciente
a particulares, y se conserva como nna positiva curiosidad.

'

Es sabido que el Istmo de Tehuantepec estÍI considerado, por su espléndida vegetación,

Llegó el invierno; cuando el sol se oculta,
Provenza se despoja de sus galas y los nidos
ele a.mor cierran sus puertas con las hojas secas que caen de los árholes temblorosos.
Colombina se aburría, Pierrot ya no cantaba y el Mistral mugía, llevándose muy lejos
los suspiros de amor que ellos lanzaba~.
Hay tierras tan mala8 que por castigo el i;ol
las abrasa noche y día; allí las flores s~n color de fuego, las hojas &lt;le sus árboles se doran
con reflejos lívidos que hacen daño.
Allí el amor no e8 brisa que acaricia, es vendaval que abrasa y seca.
Arlequín amaba á Colombina: una golondrina atravesó el estrecn6 y le cont6 las perfe~~iones de la inocente niña, y Arlequín cubr10 su cuerpo con todos los colores de sus
campos, todos los matices de sus luces.
Colon1bina al ,·erlP alargb las manoi-. Pierrot estaba. fuera; había ido á buscar una luciérnaga para alumbrar el nido de su amada.
Cuando volvi6, la puerta estaba rerrada · él
' canto' hasta e1 amanecer; la nieve le cu'
canto,
bría, y al resbalar por srn; m&lt;&gt;jillas, dióle ese
color con que lo habéis conocido.
Al despuntar la aurora, las persianas de yeclra se entreabrieron, y Arlequín aflomó la
cabeza.
Pierrot huyó. ¿D6nde"? no se sabe. Tan sólo al despertar la primavera, le veréi:; en las
riberas dando serenatai; á la luna.
Está un poquito loco. ~o lo extrañéis· la
nieve ele una noche ha enfriado su mente'soñadora.

Domingo 31 de Agosto de 1902.

como una de las regiones más fértiles de nuestro país. Botaques casi inaccesibles, poblados

�Domingo 31 de Agosto de 1902.

EL :MUNDO ILUSTRADO

-

]}L 1ItJNbO lLtJS'l'RAbO

Domingo 31 de Agosto

de 1902.

APOTEOSIS DE UN BENEMÉRITO.
El último ele julio se hizo en Cam¡wclw, .í
iniciativa !lel «Círculo Liberal Campec-hano,"
la apoteosis del Sr. Lic. l'nblo t+arcía, fundador y benemérito de aquel Estado, fallecido
en .Méri da en la misma fecha &lt;lel ali0 de 18!}3.
'l'od:1s las clases sociales se aprestaron Íl secundar la iclea, &lt;le la agrupación illiciadorn
resultalldo una nu,nifestación \'erdaclerament~
suntuosa, c.¡uc har(t época ell los anales de la
historia campechana.
En representac16n del Sr. Presidente de la
República, presiclió el acto en..iobernador del
Estado, :-,q.José Cai:tellot, /los ·sres. ~ecre-

El vestíbulo de l teatro.

ANT ONIO F ABRÉS,
Publicamos do,; fotografím, que muestran al Sr. Fabrés (nombrado recientemente por el Sr. Presidente de la Repú hlica Profesor de dibujo en la
.\cademia X. de Bellas Artes, ensustitución del Sr. Rehull) en su hermoso
taller ele ParÍR, taller c¡ue es un primoroE&lt;o museo de arte.
m Sr. Fabrfs es muy reputado en Europa, 8obre todo como habilísimo
dibujante y como opulento colorista. Su inspiración complácese de prefE&gt;rencia en nsuntos orientales, en tipos españoles del pueblo pintoresco, E&gt;n
todo /lfllll'llo ')ttl' :1(111 a la pompa del color á la poesfa de la expresión, y hay
en su manera de pintar mucho ele aquella magia y conexi6n de Mei,;sonier.
D. Antonio F"lbrés se sinti6 primero llamado á la escultura y logró darse á conocer con
bellas estatuas; pero un día el lienzo venció al
mármol: el color atrajo con irresistible atracci6n al )Iaestro, )' desde entonces éste, dejando el cincel, hizo ele los pinceles-iy con
qué acierto!-su heredad y RU gloria.
El pintor Fal,rés es un formiclahle trahajauor, y Ml influencia en nuestra Escuela Rern
tan rápida como benéfica. El l\Iae8tro quitará &lt;;U taller eRtahlecido en París, ¡&gt;ara aproYcchar en )I!!xico sus rnliosos elernentoR.

Sr. Jos é Castellot, Gobernador de Campeche.

tarios ele Hacienda. y d,, Guerra y )farina,
fueron representados por los Sres. Dr. Tomás
Aznar Cano y Cayetano \'illa,;eñor, respecti.vamente. El{Gob(:'rnador de Yucatiin eiwi6
u na comisión especial fonuacla por los 8rC's.

Decorado del fon do.

Lic. D. Rodolfo G. Can tón, D. :'.\1 anuel Irigoyen Lara y D. Jo~é I. Xovelo, á quienes acompañó la Banda de )IúEica clel Estado. Igualmente todos los Partidos, Municipalidades y
Corpora~iones públicas del Estado de Campeche, tuvieron su representación oficial.
El programa fué de lo más escogido. Hablaron en prosa los 8res Lics. Santiago i\lartín~z Alomia, :Manuel Irigoyen Lara, Felipe
Rmz Flores y Br. Arcadio Escobedo Guzmán,
y en verso los Sres. Lics. Pedro Rodrícruez
Palmero y Antonio Cisneros Cámara y
Salvador ::\Iartínez Alomia y Felipe Bueno
quien recit6 una composición escrita por el
Dr..Joaquín Carvajal. La parte musical fné
de;;empeiiacla por las
&lt;himas campechanas
Carlllen }Ing:iñaJe R.,
l\fargarita Rojas, Jesús
Dondé r .\.delaida Riva;; y lo~ ProfPsores An
to11iu del Río Carlos
' CárI',eri&gt;z y Abelarclo
d:1111s .:II. G., q uieneR
efectuaron a I piano
hnmo$aS piezas ele concierto.
Damos fotografía:;
del Te::itro «Francisco
de P. 'l'oro,,, en el que
se ve!'ificó la ceremonia, y cuyo adorno re:;ultó notable por su
elegancia y buen gusto artístico. Al pie del
monumento que aparece en el fondo del
teatro, se depositaron
numerosascoronas, llamando la atenci6n entre otras, lá.s de lo; Gobiernos de Campeche
Y Yucntán, la del Sr.
l\linistro de Hacienda
ofrE&gt;cida por su repre'~entan te. la del Cluh
«Pablo García," la c!E&gt;I
«Círculo de Estudiante:,;,". ele Yucatán, y un
precioso mmillete ofrecido por el Agente
C'm~~ular francés, Dr.
.Jultan E. Quintero, {t
nombre de la Francia
Republicana.

Brs.

iOH LOS BESOS .... !
Oh! qué dulces los besos, los hondos
los que brotan clel alma que adora,
'
como surgen los pájaros blondos
cuando rasga sus vestes la aurora :
Oh, qué dulces lo,; besos los hondos!
Oh! qué puros los bes~R, los suaves,
los que llevan aroma en sus alas,
agitanclo al pasar, como aves
su plumaje de nítidas galas '
Oh, que puros los besos, lo; suaves!
Oh! qn_é ardientes los besofl, lostiernoi;,,
los que vibran cual notas de lira
los que lloran dolores eternos '
de la e~erna_ pasión que Auspira,
oh, que anh~ntes los liei-os, Jo:; tiernoi-:!
Oh, que tr114es lo&gt;&lt; ltpsos, los pMido~
los que adoran dolientes quimeras
'
y se eHtnmpan en ro:-trn8 eAculiliclos
?unndo mu~ren las dichas po¡,¡treras,
¡ Oh. que tristes los besos los pálido,11
Oh! qué a!ados lo,o be~os, los bes~~
que han nacido al nacer los amores
lo:&lt; que brotan de labios oprnsos
como brotan temulanclo las florei:,
¡Oh, qué ala&lt;l&lt;,s los besos, los beso!&lt;I. .....
FEDERICO UHRBACH.

MENSAJE.
Sei'lor~:
tus ojos arcaoos,
i:i-ue fingen paisajes de eosas c!ivioas,
,.son_ lagos ele menta, profundos, callado~
ó abismos lucientes de oodus maricas~ ·
Señora:
tus pálidas manos,
~ue ofrecen caricias pia~lnsM y leves,
r;s~n pétalo~ s~ave, de lt~s _sitgr·atlos,
u 1osas rnu~ blaneas de ful¡ndas nievE&gt;., ~
Senora:
tus fénidos labios.,
~~e a~n'!'nte-; 1·edt~u helios madri:,rnles,
r.son LOJa~ ¡;ardeo1as, claveles extral!os
6 ánfon1~ neas de r·ojos coralesi'
·'
Señora:
hay dulzuras a1nortecidas
en la nob_!e palidez de tus maoos
)' luz radiosa de pasiones descon;,cirlas
de larg~s confidencias adormecidas ' '
en el cristal azul de tus ojos arcan~s!
J. M. VARGAS VrLr,A.

•

�~~~~~~~~l;!~=======,,!E~L~M~U:N~D:0::1L=U~S~T~R~AD~O~===::::::::=:::•Domingo 31 de Agosto de 1902.

dominar mis nervios, por tener la segu~idad
de que era ésa la única manera de sahr del
tormento me hizo servirlo de nuevo una, dos,
veinte ve~eR, siempre con ((la idea», nub!ándome la vista, martirizándome, enloquec1éndome hasta la última vez, en que de pront?,
'
' n i c6mo
sin saber
cuán&lt;lo, 111· por que,
. ' sm
.
que ((la idea» me nublara la vista m me hiciera enloquecer, me ví rodeado de gente, sujeto por dos manos de fierro y desplomado en
el sillón á mi cliente, con la vena &lt;lel cuello
destrozada de un navajazo, de la herida manando un río de sangre que formaba un charco en el suelo. ~!iré al hombre y no me e~tremecí ni intenté huir. Debo de haber abierto
mucho los ojos, porque distintamente oí decir con espanto á alguien:

·...~,,.~· :~'
~

,:.e ~-.

~·

-r.. •

,.

... .
~

'l ·. . . :•~~:: ..

."·./:~:\

El muerto iba á asearse á la peluquería cada jueves y domingo. Era un señor gordo, muy
gordo, excesivamente rojo. ,ere? que debe de
-¡ Está loco, está loco!
haber sido rico, porque vestia bien; usaba _una
y no estaba yo Joco, señor. No, ni estoy.
gran cadena de oro, y en las buena~ pr~pmas
Dejé
de sufrir. ?lle puede infinitamente la
no era parco. Siempre me buscaba~ m1. ......
muerte
del pobre viejo, un buen hombre. No
¿Por qué me buscaba, señor, por que me bussoy
asesino,
amo el bien, me conmueven los
~ba? ...... Me hacía charlar y reía de mis ocuniños.
¿Por
qué lo mate? .. .. .
rrencias como un niño.
El prisionero clavó su cabeza en las manos
Un día.... ¡Ah, señor, qué horrible, qué hoy no volvió á hablar.
rtiblel Con la navaja en la mano, le con~ba
no me acuerdo qué mentira, cuando me -~111~
Esperé un ;ato; continuó el mutismo. Le
«la idea,,. La deseché angustiado, se cubno ~1
dí una palmada cariñosa en un hombro y sarostro de un su&lt;lor frío y el corazón me palpilí de la celda, de la cárcel, de la obscuridad á
tó con fuerza. Se fué el señor y «la idea&gt;&gt; se
la luz, á la plaza, abrumado, triste, eniermo.
fué con él. Creí que no vol vería á perturbar~
me más y riendo de la idea como chusca e
imposible, me llamé imbécil; per? volvió :1
En la plaza, unos rapaces que salían delcoseñor y «la idea» volvió ~on él, y siempre asi,
legio jugaban locamente; una parva~a de ~o~on él se iba y con él regresaba la maldita, 1~
londrinas atravesaba el cielo; la multitud distorturante, la tremenda idea. Luché, luche
curría indiierente, y el sol caía augusto Y sodesesperadamente y bebí más, señor, hasta
berano sobre todo aquello envolviéndolo en
el exceso, hasta el delirio. La ahogué;. ;s deoro.
cir, creí ahogarla, pues C&lt;la idea,, volv10 ira-¿Qué debo decir en la defensa?
cunda ' terrible, machacándome el cráneo,
triturándome el corazón, destrozándome la
1902.
JosÉ ,J. GAMBOA
vida ..... .
El alcohol era mi único refugio. Hubo vez
en que pensé que «la idea» no, ;ºl~erí~ ya
nunca, en que era yo feliz. Serv1 a m1 clien~
con toda tranquilidad; reíamos los dos; casi
llegué á quererle. Una de tantas veces, cuanfo
más ajeno estaba á la tortura de antes, solo
vi de su cabeza el enorme cuello, el cuello rojo, que me atraía, que me llamaba'. fuerte:
mente horriblemente. Solté la navaJa, cerrc
los ojo~ y me dejé caer desplomado en el _silló1~
de junto al tocador. Ya repuesto, suph'1 ué a
un compañero que continuara lo. tarea
m:
fuí á mi casa. En el camino me pregunte que
era eso, ¿por qué me iba á mi casa? No sentía
nada ya en la calle, era yo el de antes, y regresé al trabajo.
.
.
Decidí excusarme de segmr trabaJando con
el muerto; pero un pensamiento imbécil de

lLUST:l?.AbO

E

L VERTIGO ele las n.lturas es un
pretexto pn.ra poner en acción la
nervio8idad. Es mfü; que atrayente, repulsivo, es má~ que dominador, Jo1~inado; tiene mucho de voluptuoso,
porqu~ s1 en el momento de estar bajo Ru influencia se tiene la curiosidad de cerrar lmi
ojos, se puede experimentar la sensación de
la caída, y sabido es, por relatos que están en
tela de creencia, que en tales momentos suele
parecer r¡ue se está flotando Robre nubes verdes y rojas.
Esto necesariamente es bellísimo, y más
cuando el senRacionista «vuelve en síi, ,. se encuentra de codos en el barandal de un· halcón
de cuarto piso y siH más novedad que haber
trabado una pierna entre las rejas y no poderla libertar sin algún sacrificio dolo1oso.
Luego, pueden abrirse i111pl.nemente los
ojos¡ la vida de la ciudad pasa ante ellos con
lm, detalles más inesper.1elos. Todos m11even
á risa porque se antojan una fiesta de caleidoscopio grotesco.
Todo el volumen de un hombre puede en-

cerrarse en ese círculo de media vara de diámetro, y si el sol hiere la figura con rayos
oblicuoi;, la hace proyectar una sombra r¡ue
se arrastra i"Obre el asfalto y i-e ve á manera
de una cauda de eometa que tuviera por núcleo un sombrero.
La tersura del piRo empolvado eR una tim
ele esos ciclos grises que cobijan,como capelos
de vidrio opnco, el paisnje de la tarde de estío.
En esa tira pasa la sucesi6n de per-.ipectivas.
A lo largo de la mirada que cae, está la cruz
que sostiene los hilos del telégrafo; pa1•ece el
puente de un violín enorme. Y Jo¡; hilos rayan &lt;le tal n1anera el suelo, que producf'n la
misma i-ensación que cuando se mira el bol'de
de la yfa féirea desde la ventanilla de un tren
en violenta marcha. Debajo de e!'a r&lt;'d se ven
las figuras caminando con Pnervante lentitud:
s6lo desde lo alto se puede apreciar lo poco
que avanza el paso ele los hombres y de las
bestias. La mirada sigue con cansancio el
movimiento sincrónico de la marcha; la visual persigue á lo lejos una figura que Yaría
paulatinamente hasta que se pierde en el extremo ele una raya que traza.

•••

De entre los defensores de oficio fui el degido.
Condujéronme á la celda del reo Juan Linares, peluquero, veintiséis años, prvcesado
por homicidio.
El preso me miró fijamente, muy fijamente. Era un joven delgado, alto, de frente despejada, mirada dura, ojos hundidos, rómulos
salientes, las fosas nasales un poco dilatadas,
los labios gruesos, la barba muy aguda.
-¿Usted es el licenciado X. -.... ?
Después de mi contestación: _me hizo sentar
en el poyo de la celda y me d1Jo:
«Sí, sí, señor, á usted es al que he elegido.
Tal vez me comorenda usted. Yo soy bueno,
siento que soy bueno; pero siempre nervioso;
ahora más que antes, porque bebí, señor; yo
no bebía.-¿Que por qué bebí. ..... ? Por lode
siempre, por ahogar un ~olor, por matar una
pei1 a. He i,ido muy nerv10so, mucho, desde
niño. Los médicos dijeron que tenía «ne uras ... »
quién sabe qué. Padecía miedos infundados,
terrores, algunas ideas que me atormen~ban.
Si estaba en una altura, deseos de arroJarme
desde allí; ganas de matar..... Eso era lo m~s
espantoso señor ...... ¿Usted nunca ha sent1,
.
d
do esas cosas? Dominé mis nervios, que, e
esa manera por lo general me molestaban en
l 1 me
temporadas' cortas. Me enamoré', ¡caro.,
toc6 enamorarme de una mujer coqueta, que
me engafi.aba. Sufrí, sufrí lo indecible y bebí.
¿Por qué? No sé; bebí sin darme cuenta, el
vino producía en mi ser un gran consuelo. _L&lt; s
compañeros de trabajo- soy peluquero, senor,
para servirá usted,-los compañeros de trabajo me lo advirtieron:-,Nas á volverte loco,
Juan;» pero no los escuché.- - Usted, señor,
perd6neme, nunca se ha curado una pena bebiendo? ...... Pasó lo natural, que me echaron
de una peluquería, y de otra y de otra, hasta
el delito.

!

de

~L MUNDO
:bom1ngo :H
Agosto c1.e 1902.
~ __,¡a:::!!!!!!,=::===!e==================,,,,,;==;,,,,;,=,;,;:,:;,,;:,,,~=============,,,,;;;,,,,,,===~=====
Cuando es el momento en que la mirada
ene perpendicularmente, la sensaci6n extraña
llega al colmo. Un paraguas es una flor negra
que carnina; el coche que par-a, es un pinacatP; el foco eléctrico es una cabeza calva que
tiene calado un grotef:co r-orhete.
La mirada pasea ele vez en cuando por el
manto acci&lt;lentaclo de las azoteas, para clescan;;ar de las sern,aciones extraña;.; se ponen de
tú Ít tú con el tercer cuerpo de un campanario; vuela á la campiíia y sorprende un tren
de ('arga que marcha culebreando por entre
las arboledas, que la lejanía convierte en césped.

Vuelve á caer en la franja gris de asfalto.
Par-a un ciclista á toda máquina y cleja la sensación de que va en el aire, al modo de esas
golondrinas que vuelan muy baje y &lt;1ue hacen violentas quebradas para no chocar contra lo que invade la calle. La golondrina y el ciclista tlehen de sentir el mismo v~rtigo; deben
de llevar el mismo torrente tle aire en los oídos,la mi1&lt;mamonstruosidad de impresiones en
la retina ;quizá los aguarda una misrua muerte
......... Aunque no; _ro ví este caso: traía la
golondrina su vuelo bajo, vertiginoso, tremendamente fugaz; de pronto fué á chocar contra
un poste de hierro; el golp&lt;l fuG formidablr;
de haberlo sufrido el cuerpo de un hombre,
quizá huuieran sido incontables los fragmentos de huesos en c¡ue se habría co1'iYertido el
esqueleto.
La golondrina pareció lanzada por aquel '
chor¡ue á recorrer el mismo camino que había traído¡ esto duró un momento, y de la
manera más brusca abandonó el vuelo bajo y
emprendió uno de ascenso vertical; se remontó mucho; luego, parece que se detuvo; después, el cuerpo del a,·e se precipitó en el vacío, con las alas impotentes, voltejeando ......
seguramente había muerto!
Parece q ne el ave quiso ir un último instante á sentir h espléndida grandeza de r-us dominio~; quizá haya clavado la mirada en aquel
rincón del cielo por donde llt'gú ......
El cicli8ta muere de la manera mús prosaica: cae hajo las ruedas de un carro, el asfalto
~e tiñe el~ sangre, E&lt;e ngolpan loR curiosos y
una camilla pone fin al espectltculo.

***

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Pero ha pasa.do el ciclista nuestro Rin no,·edad algunn. A su vértigo, le sigue otro: el del
1ctrolley1,, ruidoso, ca,;i terrible.
D;sde la altura, el tren eléctrico parece un
coleoptero c¡t_ie huye, escapado de un gabinete de naturalista, con el alfiler clavado PU el
lom?. Pasa chi_rriando¡ la gente se aparta de
la v1a; los pasaJeros que suben, parece &lt;¡Ue entra1! á gua_rclarse en una caja.
Una últ1_ma sorpresa: he visto todo el proceso d~l Cl'lmen n1lgar. El ratero echó mano
al reloJ del trarn,eunte; éste echó mano á la
m:i,no del r~tero, y el guardián del Ol'den público puRo a todrn; á mano1 conduciendo al la&lt;lr6n_ á la Comisaría. ¡Oh, si aquellos hombres
que JUz~an de los actos &lt;le la vida pudieran
Yerlos E&lt;iempre desde un cuarto piso!. .....
E~ hora de ab:1ndonar el balcón, he ar-pirado a1r~ sano y v1~to mucho; sé que el vértigo
del_ ab1srn_o es una pamplina y ...... echo una
última mirada al vacío desde la má'l alta meseta de la escalera..

Javier de lllma

.

.

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. _,;:~)~?{i:t~~~·-.

�figosfo 31 de 19()2.

"el J(fundo j/usfrado"

HOSPICIO DE POBRES.
Desde hace algunos años viene h:i.ciéndose Roberto Gayol y Don Mateo Plowes. Los
sentir la urgente necesidad que hay de trans- trabajos de albañilería se encuentran muy
Ja&lt;lar del local que actualmente ocupa en la avanzados; y con el fin de que nuestros lecex-Acordada, el Hospicio de Pobres, á un tores puedan formarse idea de la magnitud
edificio que reúna todas las condiciones que del nueYO Hospicio, pasamos á describirá
grandes rasgos el proyecto respectivo.
requiere tan útil y benéfica institución.
El nueYo edificio, por su disposición esEl Señor )linistro de Gobernación, en vista de esto, propuso la compra de un terreno pecial y por encontrarse completamente aislado, tiene una fachada principal
que tt1Yiera la amplitud necesaria
•
i
que ve á la Calzada de San Antonio
para construir en él un moderno ediAbad, y cinco secundarias,. habiénficio, encomendando el levantamien\TI[
&lt;lose adoptado para la primera el
to de planos y la ejecución de las
~
Estilo Escolar; consta ésta de dos
obras á los señores Ingenieros Don

~la.
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i 1_

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;,~~~ ~

cuerpos, y su costo resulta relativamente económico, pues
los materiales que en ella se han empleado son: mampostería
para los rimientos, ). cantería para las mochetas, moldurai1,
salientes, balaustradas )' remate~; d resto &lt;le la construcción
es de tabique.
El piso del nuevo edificio se eleva á dos metros !-iObre el nivel del terreno en que se ha construido y se halla sobre bóveda de sistema cohesivo, siendo ésta nna de.las
primeras construcciones en que se emplea este sistema.
Al frente hay
tres grandes jardines que corresponden, el del
ala Sur, á la Escuela :para niños;
el del centro, al
patio de Honor,
=c=-::ir , r ,

UII QRAII EDIFICIO.
y el del ala Xorte. al departamer..to para Escuela de Xiíias.
En el j:udín del Patio hay una fuente, y hacia el fondo,
en la. parte central de la fachada, una &lt;&gt;scalinata t1ueconduce
á la. puerta principal del e1lificio. En el Yestíbulo i-;e halla. la
escalera de honor, qm· da acceso á la plnntt, alta.
La techumbre del ,·estíuulo estará formada por una gran
bóYeda de tabique, que se reformó posteriormente y que se
construirá tal como a parece en el cliché que publicamos por 1,;eparado.
En la parte sur del edificio i;e encuentra la Escuela de ~iños y el departamento de Párvulos,
formados por grandes salones destinados á clases,
ejercicios físicos y
recreo, etc. etc habitaciones para los
empleados, pie1,as
para los vigilantes

y serdclumbre, y eHca.leras para la partr

alta.
Rn &lt;&gt;Sta. misma planta ¡:e encuentran la
Dirección, oficinas, almacenes, comeclorei,;, eocina, despensa y otras clependenciai,;,
Al fondo del edificio estarán la la,·andería, rodeada de grandes patios. La parte norte del local está destinada á la. Escuela de Xiñas, rasi igual en su clistribnción á la que antes hemos descrito, y los Talleres de bordados,
modas y confeccionei,, flores artifi•
ciales, cajas de cartón, etc.
En el ala sur de la planta alta se

encuentran otros salones destinados á diveri::as
clases, amplios y bien ventilados dormitorios,
lavabos, un mirador, baíios y otras dependencias de la misma escuela.
La parte central la ocupan un Hall, en el
cual desemboca la escalera de honor; sigue el
Gran Salón ele Actos, la i-ala &lt;le recibir del Director y las habitaciones de éste.
·
l~n el costa&lt;lo norte, y correspondiendo á la escuela de .Xiña:a;,
hay otros locales destirn\dos á clases, dormitorioR, vestidores, y lavabos, mirador, \\'. C. y otras dependencias.

EL CANÓN BAN E, DE TIRO RÁPIDO.

El Coronel Mondragón describe el mecanismo de los cañones.

dilatado de la carga. En seguida pasó el innovador á describir la
pi.,za transforma.da, indicando que en ésta, para efectuar la carga,
sólo son necesarios tres movimientos.
•.
Continuó la descripción por el montaje, que difiere totalmente
del antiguo, pues ahora el caS1ón tiene un aspecto moderno y se
halla montado sobre un trineo que resbala á lo largo de una cuna,
la cual encierra en su interior un freno hidráulico, de forma entera.mente nueva, que rinula el estuerzo de retroceso y da inmo,·ilidad al sistema; al exterior hay un resorte
que recupera al cañón en batería cuando ha termina.do el retroceso sobre la cuna. El sistema
de un mecanismo de puntería en dirección, y
otro de fren :&gt; de camino.
·
El mástil de la cureila ha sido alarga.do dotándose de una azarla que mordiendo el terreno, presta un punto de a.poyo al caíión en el
momento del ti ro.
Como cosa notable presentó el Coronel un
sistema de miragoniométrica, provisto de un
anteojo qne permite hacer las punterías con snn_ia facilidad, gran claridad, y hacer referenciai::
Rm que el apunta.dor camhie de posición, sino
que por una combinación ópticas~ llega al resultado de referirse, ya sea á derecha, izquierda.
ó retagun.rdia, con toda precisión y claridad.
Este aparato, en el cual no hay necesidad ele
la intervención de un guión, permite hacer perfectas punterías por cualquier persona,sin necesidad de que sea apuntador.

El domingo anterior se verificaron en el polígono de
San Lázaro las pruebas del cañón sistema Ba.nge, transf~rmado en cañón de tiro rápido en la Maestranza Nacional, conforme á un ingenioso mecanismo ideado por
el coronel D. Manuel )Iondragón.
Sobre una plataforma de cemento se colocaron dos
c~ñone~, uno del antiguo sist~ma y otro del moderno,
d1spoméndose todo lo necesano para las experiencias á
las cuales había sido invitado el Sr. Presidente de la
República.
A las diez de la mañana se presentó en el polígono
el Primer Magistrado, á quien acompaíiaban entre
otras personas, los Sres. Ministro ele la Guerra 'y capitán Porfirio Díaz.
El Sr. Presidente se dirigió desde I uego á !a plataforma en que se habían instalado las dos piezas 1-mjetas
á prueba, y el coronel 1Iondragón hizo en a.Ita voz la
descripción de la antigua y de la nueva arma interesando á todos los concurrentes.
'
El viejo cañón Bange tiene, entre otros defectos propios de su si~tema, el fuerte retroceso, que hace perder mucho tiempo para volverá dispararlo, la dificultad que ofrece para obtener una buena puntería, y lo

75 m1m que acaban de estudiarse en concurso con una rapidez de
19 disparos por minuto.
'
Lus resultados fueron espléndidos: la dirección del tiro no cambió.
Solamente la altura varió en razón de que el terreno cedía.
Lo~ blancos colocados á 1,000 m., en los que las granadm, obraron
por tiempos, estaban literalmente acribillados de bahl.s.
Despm'.·s se pasó á hacer una prneba &lt;le resistencia y estabilidad,
e111plazamlo el cafl(,_n e1í una plataforma de cemento, sin aplicar el
freno de ruedas; y con sorpresa de los concurrentes, el cañón no se movía, prueba que ninguno de
los cañones experimentados que vinieron &lt;le Europa, pudieron resistir.
Por último, se &lt;lispu~o el tiro r(1piclo á 1,000 m.
::,· se ejrcutú con la rapidez (•norn1c de Yeintidí s
dispai·os por minuto, dejando altamente ~atisfechos (1 los el'pectadoref&lt;.
El eoro1wi )Ion1lragón fué felicitado por sus ~l'periores ,Y por sus compafieroR de arn1ai,.

***Ban1,1;e se coni-idern d,·
La refonrnt dc•l raiiúii
tra~cP1Hl1·nta.l importancia, pues con muy poc,
coi-to para la .Xación, ésta po~eerú un número co11i-iderahle de cañones, eon todos los adelantos moden,os, obteniéndose una eco11omía &lt;le más de ..
400,000 pesos, porque los gastos de la trn.nsformaciún del sistema solo llegarán á 50,000 pesos, y
comprados, no se conFeguirían en menos de ......
500,000 pesos los cañones que se de~ea transformar.

El señor General Díaz presenciando los efectos de los disparos.

Todas las nuevas ~fezas de gue se ha dotado el caiión Bange en su transforma~1on, han sido construídas en la maestranza, por obreros mexicanos y bn.jo la. dirección del señor coronel )londragón.
LA LLUVIA

La ta~·de gris su cabellera afloja
&lt;le luz ciñendo pálida guirnalda,
y al. echar sus cabellos á la espa Ida
llu':ias ele perlas nítidas arroja.
Con cada ¡,~rla se descuelga una hoja,
cua\ desp1:end1do adorno ele una falda
haciendo _mcru~taciones de esmeralda'
sobre la tierra que la lluvia moja.
, La noche que ~?n túnica de nieblas
a los bo~ques cob1Ja, en las tinieblas
los :"caricia con RU aliento el frío.
Y amane.cen temblando en Ja montaiin,
sobre los hilos de la agreste araña,
frescas sartas de gotas de rocío.
Un disparo con el Ban¡¡e transformado
Antes de las pruebas.

ROBERTO BRE:iES ME~Jo:X.

�Domingo 31 de Ágosfo

de

i902.

Et MUNDO ILUSTRADO

Domingo 31 de Agosto de i90i.

EL .MUNDO ILUSTRADO

Edificios que desaparecen.
EL COLEGIO DE LAS BONITAS.

..

Uno de loi- más viejos edificios de la capital acaba de f'er dnribado por la piqueta demoledora del embellecimiento de la población,
dejando una brillante historia de su existencia.
Eu la época del virreinato, el lugar que ocupa el edificio quedaba fuera de lo que en aquel
entonces se llamó la «traza de ~Iéxico" y que
ei,taba limitada hacia ei,e lado por la calle del
Puente del Zacate, situado en el barrio de la
Concepción Cuepópam.
m origen del edificio mencionado es por
demás curioso: en aquella época, la constante
promiscuidad de españoles é indígenas trajo
consigo el aumento de hijas que, generalmente faltas de ilustración, rodaban al fango del
vicio perdiéndose en él.
Un virtuoso sacerdote de Guanajuato, el Sr.
D. Manuel Bolea Sánchez de Tagle, teniendo
en cuenta eso, ideó conRtruir un edificio en
donde recibieran educación todas las niñas
bastardas que nacieran en México y en algunas
ciudades de la entonces Nueva España, hijas
que por su hermosura corrieran el riesgo de
prostituirse; de ahí la denominación del «Colegio de las Bonitas" que desde luego se le dió.
El padre Bolea propagó entre los ricos de
entonces la idea que tenía, y que fué aprobada con entusiasmo, resultando de ahí que
poco después se habían reunido para emprender la obra ciento cincuenta mil pesos que
empleó el Sr. Bolea, desde luego, en la construcción.
Aun no terminada ésta, llegó la época de la
Independencia y hubo que suspender la obra,
que pasó,á la muerte del padre Bolea,á poder
del clero, quedando el edificio á medio construir, Rin que llegara, por lo tanto, á alojar
una sola de las bonitas á que estaba destinado.
El tiempo pasaba y entonces la Señora Ana
l\laría Gómez, condesa de la Cortina, ideó la
instituciún de las Hermanas de la Caridad,
para lo cual le hacía falta un edificio especial,
y no encontrando otro mejor que el principiado Colegio de las .Bonitas, se lo compró al
arzobispo, y de su propio peculio y de acuerdo con su esposo, concluyó la obra, instalando en él á las Hermanas.
La condesa cedió el edificio á la institución;
pero en el documento de ce,iión extendido por
ella, figur6 una cláusula por medio de la cual
se decía que, cuando el edificio por cualquiera circunstancia dejara de pertenecer á las
Hermanas de la Candad, aquél pasaría á poder de los herederos de Ja condesa de la, Cortina.
Esto fué lo que sucedió más tarde cuando
la desamortización de los bienes del clero;pero
aquellos, mediante convenios , lo hicieron

-Cuánto lo siento!
-¿Conque te gusta Margarita?
-Es tan bella!
-Seguramente; no creo que haya media docena en el pueblo corno ella. '.fodos los extranjeros se detienen, durante la estación, delante de mi casa para r,ontemplarla ...... Mas
para qué he de retardar el golpe; querido pastorcito, aque~ que quiera el bouquet, ha de
traerme el florero ...... l\Ie comprendes?
-Es que tengo algún dinero.
--Sí, algunos cuantos escudos con que hacer hervir una olla durante ocho días.
-Estoy cierto que habrá mús.
-Bah! todo eso son historias. Déjame tranquilo y vete con tus ovejas ....... Cuando tengas el florero, hablaremos del bouquet.
Y el zapatero empujó dulcemente al pastor
hacia fuera.
Lentamente, con el corazón oprimido por
la decepción, el pobre pastor subió la colina
en dirección á su ranchería. Allá, sobre los
flancos de los crátnes extinguidos, sentado
sobre lm, brezos ó sobre los haces de retama,
en tanto que su rebaño pastaba, él había acariciado mucho tiempo la idea de que l\Iarg~rita fuera algún día su mujer. Y la l\1argar1ta lo había entretenido con esta esperam.a. Se
conocían de fecha muy atrasada, agradábanse mutuamente, y se amaban de una manera
sencilla, sin decirse muchas frases.

•

Un ángulo del edificio.

pasar á propiedad de la Beneficencia Pública.
El edificio es célebre por los incendios que
ha sufrido, pues en el último período de diez
años, éstos ascienden á más de doce, entre los

cuales figuran como notables el de una trapería que ocupaba varios departamentos que
fueron enteramente consumidos, y que duró
toda la noche.

PEDRO
La trompa del pastor resonó en lo alto de
la aldea.
Una á una, las bestias fueron juntándose
en la sombra crepuscular de los establos y de
las caballerüas; Jai, vacas, lentas y dóciles; los
carneros, más recalcitrantes, poco individualistas; las cabras, caprichoras, fantftsticai,, dibujando á veces piruetas retrógradas, como
esa&lt;: muchachas que están con tanta cara en
el momento de entrar nuevamente el internado.
Una vez que estuvo enteramente reunido el
relJaño, el pastor silb6 á su perro Labri, y juntos descendieron al valle. l!;ra una tarde de
abril con una frescura exquisita. El agua cristalina de los manantiales, formando pequeñas
cascadas á través de las rocas graníticas que
bordeaban el camino, daban la ilusión de pequeñas esquilitas que repicaban á lo lejos. El
aroma de las violeta!'! impregnaba el aire, y
de los álamos inclinados sobre el río, salía el
triuJ dulc-l y ¡ut:r nte de los ruiseñores.

ras enteras el valle que se e~tendía á sns pie~,
el valle soberbio, en un rephegue del cual l~e
movía la sombra amada; pero no er:i el va e
lo que veía eran los ojos de l\fargauta.
Ahora h;bía que perder toda esperanz3:. ...
El carácter obstinado del padre Mateo le impediría cambiar su decisión.
,
, .
Margarita se casaría con otro galan mas :'.co que él, porque no podía pretender hace1se
rico en el oficio de pastor ... •..

*** .

Una tarde que soñaba tristemente en :'.\Iaraarita reclinado sobre un lecho de anémonas
~ilvestres, vió un coupé que pasaba por la carretera en tanto que la hermoea dama que lo
ocupal;a lo miraba fijamente._
.., Repentinamente, a, una senal d~ la_ dama.
se· detiene el coche. La joven salto v1 vamente-á tierra v seºdirigió hacia el pastor.
Intimidado y estupefacto, se levanta, pone
su sombrero bajo el brazo y espera.
-Buenas tardes, Perico.
-Buenas tardes, señora.
-¿Xo me reconoces ...... ? María la hija de
tus amos.
,
y Je tendió la mano, una man.o mas blanc_a
que el marfil, en cuyos dedos. bnllab~n s~rt1jas que lanzaban fuegos semeJantes it relampagos.
Seguramente que la conocía...... siendo los dos
pequeños habían cuidado
sus cabra~ lado á lado. Hacía de esto quince años.
La nifia había hecho su fortuna....... ... Se decía en el
país que hab~a casa~o con
un barón m11lonar10...... .
'._
~ " ... -,.
¡Pero también qué voz! A
los diez años nos lanzaba
trinos capaces de despertar
á todos los volcanes de la
cordillera...... Parece, pues,
\11
que María tenía una mina
.in.
"',
de oro en la garganta.
~"- .
-Y bien, Pedro, siempre pastor?
t.~"
-Siempre, murmuró.
-~o te has casado?
1
- X o. El padre ~Iateo
me ha rehusado á :Margarita, diciendo que me faltaban recursos.
-Debt:rías tomar seis-de
..
las mejores cabras é ir á
tentar fortuna á París, du.....
rante la bella estación. Ahí
tienes mi dirección: 84 bis,
boulevard Enrique IV. Si
quieres, seré yo la primera
á quien veas. Tomó la tarjeta y la envolvió delicadamente en un billete &lt;le á
cien francos, dándolo á Perico, y partió de nuevo en
el coche.
Pedro quedó boquiabierto, anonadado; aspirando
el delicioso perfume que la
damadejó á. su paso.
Luego púsose á palpar
El Templo de las Bonitas.
el billetito azul......... El
era para él la sensatacto de este papelCi
•
• 1 ·Sus cabellos eran
con
Oh! hermosa cnatma. l'los hilos de la Virci6n de
una caricia...... en 1rancos:, Eh' ~bl.
negros, largos Y finos com·~no· más vivo que
Con los escudos que tenfa en el bols1 llo, bie~1
ti t de un morse
'.
odía tentar la aventura. Haoía oído. decir
gen; e1 n e,
decen
ciertas
veces
en
~uchas veces que los cabrero!'! reahzab~n
esos reflejos qu1 resp1~n1te· sus dientes, más
randes beneficios paseando sus cabras. á t1 ael cielo sobre e Pº~tri. ' ~111• cuello fusado
~és de las calles, sil ba~do, un tema, siempre
blancos que los de
'nta torneada y ro.
flauta de
que emergía de una gr~ás ligera presi6n lo
1 obre un acordeon O en una
igua'
·¡
. t
Pan ys esto no era muy d'f'
l 1c1 por cier o.
busta; manos en que ª. 0 delirado esbelto,
·Po;
qué
había
de
lograr
lo
que
ellos?
El
110
hacían temblar; un curpn annoniz~das; pero
bién teñía una hermosa flauta ~e Pan que
cimbrador, de formas 1\a de Margarita, sus
h~ía hecho él mi!,mo; y en mater~a de t?t&gt;ar,
de toda es~ belleza mordro el más grande de
estaba seguro de que no lo superanan los caojos constituían r,ar~?n~es eran esos ojos Y
los encantoR..Qube g
e1-as profundidades
breros de París.
. .,
.
qué flamas bnlla an en .
Durante ocho días lo pers1_gu10 esta idea.
delante
de
negras!
\ ' ac1.1a ba, ya sintiendo el vfrt1go
.
•,
taba sob re e1 dorso de aleste formidable punto de mterrogac1on que
A veces se recos d 1 a y contemplaba hogún grueso bloque e av,

-~....

.?
.,..,

\

ifr

A la entrada del pueblecillo, contra las ventanas ya cerradas de una casita baja, cuya fachada estaba decorada por un sueco gigantesco, tocó el pastor.
Se abrió la puerta, y en el dintel apareció
un robusto viejo, con mirada hostil.
-Ah! eres tú, Pedrn, dijo dulcificándo~e
un poco al reconocer al pa:stor ...... ¿Qué Yienes á hacer á. esta hora?
- •.\. hablarle á usted de Margarita.
-¿Y qué quieres referente á :\Iargarita'?
-Deseo hacerla mi esposa.
Pedro dijo esto con resolución, pero azorado, bajando después la vista y dando rueltas
al sombrero, que tenía en las manos.
-Bien estamos! Acaso es hora ésta oportuna para venir á pedir á una niña en matrimouioi' Sabes ante todo si )Iargarita consiente?
- Oh! en cuanto á eso ...... tengo completa
seguridad. Llamaclla.
-Se ha ido á pasar la noche en casa de su
abuela.

~

',

ta

RESTOS DEL COLEGIO,-Aspecto general.

constituía París, ó ya conmovido, angu1-tiado
al solo pensamiento de abandonar su, aldea.
Consultó con Margarita y tsta lo alento en su
proyecto.
.
..
Al día siguiente, Perico cond~JO 1~s se!s
mejores cabras del puebl? á la gan~a m~1s proxima, y partió con Labn para 1:1 gian c1~dad:
La primera miiñana que Penco se v1ó en
las calles de París con sus ca~ras Y su _per:0,
la emoción fué tantii,que hulnerafl podido JUgarle una mala partí?ª·
,
Lo primero que h1zo fué correr ~- la casa
de la hermosa dama 1Jaría, y le sub~o. un cubilete de leche por la e;;&lt;'alera de serv1c10. Una
camarera salió á abrirle.
-¿,Qué querfo?
_
..
-Traigo esta leche para la senora l\1a1í,t.
-La señora no se ha levantado.
-Decidle que es Pedro el pastor de Fontanas quien la trae; pero haced que le llegue
aún caliente.
.
,
La camarera soltó una nsota.da, tomo la taza y volvi6 al r.ab?. de un. instante.
-l\Iuy hien. d1Jo deshzando en las_ manos
del cahrero una moneda blanca. La !-en ora me
ha dicho que traigáis todas las mañanas una
taza igual de leche, y que os dé por ella dos
francos.
dí d"
-Dadle en mi nombre lof! buenos as, lJO
Perico, radiante de alegría. Para un estreno,
no está mal.
y lleno de valor su flauta resonó de una
' Obreras Jovenes,
.,
manera maravillosa.
cama;
r&amp;ras nodrizas le tendían su vaso 6 su taza o
le pedían prestado su cubilete. Su éxito lo
aturdía le hacía subir vapores á la cabeza.
Pero lo' que más placer le causaba, eran las
atenciones que se tenían por s~s cabras. El
frutero les arrojaba grandes hoJas de col, los
niños les daban frutas y terrones de azúcar.
¡Oh! estos parisienses ... ¿Pero es que pens\
ban alimentar sus cabras y pagarle su leche.

r

Lle(l'ado el otofio Pedro contó por última
vez st~s ahorros. L¿s dos francos diarios de la
bella dama, habían aunmentado consider~1.)lemente. Tenía más de- ciento cincuenta hnses. Era el momento de hablar al padre Mateo y de casarse con l\Iargarita.
.,
No bien hubo saltado del tren, corno á la
casa del zapatero con ,un heri:noso florer? ?culto bajo su bluf'a; habia querido ser espmtual
á su manera.
Margarita enrojeció al verle, y el goce del
pastor fué tan grande, que no pudo reprimirse y la abrazó. Luego sacó el florero de su hlusa y vaci6 su contenido sobre la mesa.
Los luises sonaron agradablemente, esparciéndose sobre la mesa, y fulguraron ante los
ojos del padre Mateo, atónito delante de esta
avalancha de oro.
-¿Me concederéis ahora la mano de Margarita? preguntó Pedro.
~l padre l\Iateo juntó uno por uno los luises de Pedro, contándoloe:, los colocó en el
florero guardó el florero en un armario, con
llave
tendiéndole la mano al :pastor, díjole:
-1Iuchacho ... Tómala. Es tuyo el bouquet,
pero el florero es mío.
.JEAN RocHON.

y

PENSAMIENTOS.
El sabio debe inquietarse de lo que se diga
de él en un siglo, y no &lt;le los elogios ó injurias de un día. - L. P ASTEUR.
Un poco'de pedantismo,y se hace reputación
de profundo; un poco de amargura, y se pasa
por moralista de altos vueloR. -EM. AUGUR.
El tiempo no es dinero, ei, esperanza.-A.
GODARD.

Se dice: «Todo viene al que sabe esperar. »
Se puede también decir: «Todo se escap&amp;. al
que eRpera demasiado.»- E. THIAUDJERE.
Museo: hospital de obras de arte.-A. HALLAYS.

�Domingo 31 de Agosto de 1902.

Et MUNDO lLUST:1:iA})ó
ET, 'MUNDO TT,U8'1'RA no

La Opera en el Benacimisnto.
(Del poema dramático "E I Pastor," por E. Marquina.)
DIMAS

?llAGDALENA

Mujer! estoy cansado.
MAGDALENA

el camino hasta aquí:&gt;

decir satisfacción, y decir ¡:roce,
y decir hermosura y clerit· vida!

Quieres beber ~lel agua mía?
¡,Ha sido largo

DL\fAS

.
Largo y peooso.
Las piedras_\' carnbroños de la sierra
estorban el camino á cada paso
y es difícil andar por esas sendas
para seguir á un lobo.
MAGDALENA

;,A •rn lobo?

[Pe use.)

Sí, Magdalena, veo entre las otra~
tu casa roja, con las tlores blancas,
y me parece hun dfrme allí, como árbol
en el hoyo en que duermen sus raíces.
Mis pasos, hasta. ahora malgastados,

DIMAS

Quiero
beber el agua del Jugar hermoso
recogida en el fresco de tu herrada.
(Bebe J

i Bendiga el cielo el agua, hermana nuestra,

su buena voluntad y su frescu1·a!
i ?endiga el cielo á la mujei·.que llega,;sm preguntarle el,nombre, al caminante
y le tiene carifio y le socorre
con don sencillo, sin poae1· orgullo
en el socorro que le da!

En nuei-tro número anterior publicamos fo.
tografíaR &lt;le algunos de los artistas principales del cua&lt;lro de Opera que ocupará el Renacimiento durante J:i prúxima temporada.
Hoy ofrecemos Jo¡;; retratos del maestro director .Alfredo Donizetti, &lt;lel primer tenor dramático absoluto, Augusto Balboni, y del bajo
~azareno Franchi, así como de los barítonos
Ramón Blanchart y Alfredo Pei. De estos artistas se han hecho en los teatros de Europa
los mayores elogios. Blanchart, que es el pr{
mer barítono absoluto, tiene una carrera
brillantísima.

DIMAS

EL LOCO.

Al mismo
que devoró, hace días, un chicuelo

En la oSCltrida&lt;l del cuchitril, inYadido por
la sombra, el viejo carpintero veía á Yeces surgir una polYareda de historias viejas.
El fantasma de la mujer que le había abandonado, pasaba por su imaginación, con una
muera de deE&lt;dPn. riendo y cantando. Pasaba

Domingo 31 de Ag-osto de 1902.

ra ver pasar la vida. A la hoia en que el taller
comenzaba á poblarse de i-ombra y los muebleR dibujaban siluetas Yagas que parecían
trepar por los muros para agazaparse en los
rincones, el carpintero esforzaba una sonrisa
para acariciar á un chicuelo enfermizo de ojos
muy grandes y muy abiertos. Era su hijo.
La historia fué corta. DeEde mi ventana v
cuando el chiquillo cedió á la enfermedad, se
echó e11 brazos cle],,padre y murió, dándole un
viejo abrazo prometido. Luego, el entierro mi.
sera.ble, que se perdió al volYer la esquina, en.
tre la indiferencia de todos. Y después, durante muchos días, el cuchitril cerra¿o y muelo, con un papel de bordes negros pegado á
la puerta.
Fué un incidente que se olvidó muy pronto. Bastaron mios días para que todos se habituaran á Yer la puerta cerrada. Pero, cuando al caer de una tarde lluvio¡;;a se abrió otra
vez el tugurio. la primer Ye0ina que se acercó
á la puerta, rrtrocedió espantada.
El taller estaba atestado de at.aúdrs pequrfios, de ataúdes para niñn". ,lp nb1ú,lcs negro&gt;'

carne tierna, y brindando su estuche á lapodredumbre del cuerpo, con ademanes voraces
ele monstruos á la entrada &lt;le un bosque.
Ha pasado mucho tiempo ? el carpintero
no descansa. Hu martillo i-igue dando cabeza-

-- - ..... .....
,

)

Nazareno Franchi, bajo absoluto

1

dispe1·so_s, como cabras de un rebafio
que no tienen pastor, se hacen acordes
se o:d_enan todos harmoniosamente, '
se dirigen á un fin; son como notas
de un ruido musical, que se hacen canto
Y expresan el amor cuando las juntan
en un solo cantar labios cantores!

das sobre la madera, como una Yoluntad sobre un obstáculo. Cuando el sol declina y empiezan á brillar las luces tras los escaparates
de las tiendas, abandona la labor y se sienta
á meditar. Pero así c¡ue apunta el alha, n1el-

[Pausa.]

¿Qué tienes, ::\Iagdalena? ,.no me escuchas~
MAGDALENA

MAGDALENA

.
.
Quisiera,
siempre que siento, en mis entraílas mismas
deseos de ofrecer, encontrar dones
'
como este don del agua, que no tiene
más precio que el amor con que se ofre&lt;'e!;
DIMAS

de aquel pueblo de allá, sohre el camino.
Tres noches le he buscarlo: hov finalmente
mordiendo Pl hambre en él, ha sido necio'
para venfr en busca mía: ¡µobre!
;_con_ qué J:rnrnildad venía y qné obligado
a mis ant1g-uas atenciones! Tristes
de co_mp~!dón los ojo~; afilado
el~ m1ser1a ~l hocico: despeinado,
srn pretensiones, el modesto pPlo
que ha~e toscos sus flancos, y las patas
protegiéndose él mismo con la cola
Toda una buena bestia, que, al pri~~¡'pio,
me ha hecho reír de buena gana. Apuesto
4ue me la han enviado á estas montañas
para ponerme alegre; yo le he abierto
lo~_brazos, con dulzura: no me habría
remdo con el lobo, si me hubiera
pagado mi cariño; pero el necio
me ha hecho traición: el animal pequeño
coba:de al hombre, ha pretendido binca1'.
l?s dientes largos en mi propio cuello:
si no le rompo el corazón, me mata
y con la lucha, deliciosamente
'
se han llenado mis miembros de fatiga·
parece que la vicia doblemente
'
me ab:aza ahora, y quiere coa más fuerza
por mis venas correr, aunque me ahogue.

.Porla primera vez, desciendo al llano
y hago descanso en él, y cobro fuerzas :::J
y doy pasto á mi sed, y no deseo
vol ver {L andar ni abandonar el llano.
En esta tarde, abriéndosp á mis ojos
como una flor, la placidez del valle
mt: IIPna ~e perfumes: yo, que nunca
de¡é los picos de la Sierra mía
ni entré en la calma de las tierras quietas
más que para nutrirme, hoy he sabido
cosas hermosas de I a tierra vieja:
hoy sé que hay otras fuprza;; por encima
de la necesidad; hoy sé que agrada
sentarse sin fatiga, y conversar
s!n pedi(· nada y en~ontrar mujeres
srn abatirlas .... ¿.donde vives, niña:&gt;
porque la casa que te guarde, quiero
co?templarla, _de hoy más, desde mis cumbres
ro¡a, con el aliento a,ml del humo
'
1~ p_uertecita abie1·ta desde lejos, '
dimmuta en el valle, quieta inmóvil
atrayéndome á ella, ingenu~mente '
com~ querida cabritilla, joya
'
de mi rebaño, sola entre las yerbas
y echando aliento azul al aire frío!'
¿Cuál es tu casa y cuál tu nombre? dime
cosas nada más tuyas; necesito
reducir sólo á ti todo el cariño
que siento por las cosas de la tierra!
MAGDALENA

MAGDALENA

Mi nombre es Magdalena, y la más grande
de las casas de allí- ¿la ves:- a.quella
con 1·osas que se ríen, por encima
de las tapias del huerto, es donde vivo!

Siéntate aquí; descansarás!
DIMAS

,.l'onoces

p._tos Iugat'P~ tú:

MAGDALENA

Desde chiquilla
l'Ort•o por ellos y me entt·ego á ellos.
Dlll1AS

m cielo copia bien las placideces
de tus ojos de nii1a.
1 SentAudos e.)

Estoy rendido!

DIMAS

Uomo si toda el agua de las nieves,
en un día de sol de nuestra Sierra
se juntara en un hoyo y allí quieta
la fina luz del aire recogiera',
'
me parece que todas las pal abras
con que expresamos hermosura de algo
se Juntan en tu nombre y alH toman
~flor de luz y trascendencia de aguas.
Iu nombre romperá, cuando las ansias
de dat' al mundo mi deleite puncen
mis_ labios torpes, la torpe~a mía,
y diré «Magdalena&gt; cuando quiera

Ni una sola palabra de tus labios
~e _apartará ya más de mi memoda.
&lt;,Piensas que no ~ escucho? Tus palabras
me p_arecen tan bien, que estoy muriendo
de oirte habla1:, desde que estoy contigo,
Y te escucho, s10 pena de moril-me!
DIMAS

Morirte tú? ;,por qué? ¿porqué amor•mfo•,
¡cuéntale á tu pastor las penas tu vas •
·
que tu pastor salurá con su cayado '
a tu defensa!
~1AGDALIJ:NA

. ¿,Cómo hablarte? ;,Quieres
que con nns propias manos te destroce
PI corazón querido ·t ;,que mis ]{Lo-¡-imas
apaguen para siemp1·e tu aleg-l'Ía
co1110 la arena el fuego ele una hÓo-uera''
N ad~ te he de contar: ta1·de te he ;isto ·
Y meJor fuera no eocontra1te nunca:
toma del cuerpo el alma mía, amor,
como has tomado el agua &lt;le mi herrada
Y vuélvete á tus curn bres, y uo baje,,
'
Y no vuelvas al llaoo, donde nad1.i
fuera de mí te mira. cou cariño!
0

Alfredo Donizettl, maestro director

como una obsesión y huía, corriendo tras
el placer, con los cabellos ,;ueltos, el corpiño desceñido y los labios hún1edos, calle abajo, calle abajo, hasta. perderse en la
noche.
Yo observa ha el drama desde mi halcón
c·11ando apoyaba los ojos en los Yirlrins pa-

--

.

Augusto Baltoni, tenor dramático

DIMAS

¡Mi Magdalena!

ve al trabajo. Cua1Hlo los vecinos se acercan,
les mira con ojos extraviados y les rechaza.
-¡Hay qne trabajar!-dice siniestrame1,tr.
Y sigue fabricando ataúdes pequefio:a;, como
si estuviera acechando el cadáver de todos loiniños.

MAGDALENA

Sí, tu Magdalena
9-ue no quiere arrancarte de tu Iglesia,
imagen milagrosa, parn hacerte
puntal de árboles viejos ea el llano
Vuel Vt&lt; á las cumbres con la luz y uéj ame
en la noche del mundo y del espíritu.

(_

DIMA

DOLOROSA.

[Cou cahna la abra.a y se disp0oe á partir.J

Yo trae1·é luz al valle.
l\L~GDA LF.N .\

Y yo la espel'O
con las ventanas de mi casa abiertas!

Ramón Blanchart, baritono absoluto

[Sale Dimas, firme de anclar. y sin volvers ~ á verá Magdale!'"· que le sigue, coi,
los o¡os J leoos d" lágrimas, hast" perde,le
de vist1&lt;.

Alfredo Pei, barítono

de tela y de caoba, de pino pintado y &lt;le cedro oscuro, que abrían sus bocas vacías, aguardando la presa codiciada. Los cajones fúnebres se amontonaban en grandes pilas y avanzanan hasta la puerta, im·adiendo casi la calzada y ofreciéndose al caminante con una sonrisa y un guifio &lt;1ue recordaban un desastrr
posible y un desenlace ine,•itable. Parecía r¡ue
todos estaban pidiendo [1 voces su ración de

Flotan en el silencio del santuario
fervorosos murmullos de oraciones
y pinta en el asfalto sus manchones
el trémulo fulgor del himpadario·
Chocan las frías cnenta.i, del roiario ·
el a.rmónium solloza roncos i,:one¡;;
'
y 8e elevan las turbias nublazone;
que vierte por su boca el incensario·
La Virgen Dolorosa, en la hornacina
con un nimbo de gloria que ilumina '
el do~or de su faz clemente y bella,
DeJa asomar en su pestaña obscura
una gota de llanto que fulgura
como en la. noche el brillo de una estrell:i

J. l\L FACHA.

�Domingo 31 de Agosto de 1902.

Et

EL MUNDO ILUSTRADO

MUNDO ILUSTRADO

AÑO lX.--TOMO ll.--NÚM. 10.

MÉXICO, SEPTIEMBRE 7 DE 1902.

Dlrector1 LIC. RAl'AtL Rfl'f&amp; &amp;PINDOLA.

Oerente1 LUI&amp; Rtl't&amp; &amp;PIN90L4.

LA Vur:LrA D~L SOLDAUÜ.

UNA PARTIDA DE CARTAS.

(Cuadro de Melssonier.

Sub,cripción mensual foránea, $1.50
luem Jdem. en la ,cai•ital, ., 1.25

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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FONDO RICARDO CO\/AfH,Ofi!,f.J

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�BIBLIOTECA UNIVERSl!AíllA
''ALFONSO REYES' •

J"\QNDO
ILUSTRAD
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Oº"ºº.

RICARDO

COVÁRR~~IA

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ANt X.--lf9'Q l ~UM. 1

ai.GA~OO:-iWARRUilAl»ou.

MEXICO, INERO 4 DE 1903.

Subscripcl dn mensual for4n••• $1-50
ld~m. lde11. ta la capital. $1.ZS

Cier ente: LUl6 R?Yf&amp; &amp;PINIIOU

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E LECTO OBL'lPO DE 1EHUANTEPE&lt;'.

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FONDO
RICARDO COVARAU81AS

�Domingo 4 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 4 de Enero de 1903.

EL :.\IUNDO ILUSTRADO

Por d Jlño nutoo....

,

y futuros de arrebol? ....... ..
¿Y entretienes los dolores
con tus vidrios ele colores
relucientes como el sol?
N afio nuevo ha roto el capullo misteBienvenidas sean tus mafia!':!
rioso del futuro. Esta vez se llama
Pero.... viejo, no me engañas
1003. Es el segundón del siglo XX,
con tus dichas de oropel,
....___.,._ _ pero como el primogénito ha
y bien f;é que tus prome!"as
muerto, he ahí &lt;1ue el segundón hereda el
son fingida11, como esas
mayorazgo de nuestras esperanzas y de nuesmariposas de papel. .....
tras i lusiones, que más tarde pasarán al terEf'ta es la manera de tratar á los vieJ0S
ciogénito y ...... así sucesivamente!
eternamente jóvenes. A veces, se les estimula
Pero, por lo pronto, el 1903 ha llegado;
el amor propio y suelen cumplir.)
apresurémonos á prrsentarle las armas, porSf, pues, bien venido. oh misterioso 1903!
que es merecedor de todo nuestro respeto: es
¿Qué nos traes, qué nos prometes? Ah sí
un año nuevo.
dices que todo lo deseado, todo lo soñado: to~
¡Un afio nuevo! ¡Qué palabra, qt1é concepdo lo grande y todo lo bueno ... Eso decían tus
to! Ciertamente, eso es sólo un convencionahermanos, y no cumplieron .. .
lismo, una cifra y nada más; sin embargo,
(rna vieja voz que mucho conocemos, pero
¡cuán ta influencia tiene sobre el alma humaque no sabemos en dónde la hemos escuchana, que tanto suele nutrirse de fantasías!
inte.rrumpe nuestra salut~ción y dice:
¿El afio n uevo? ... . ..... Ay!, como siempre,
·4Qué decís.. .. que no cumpheron? ¿Cononos parecerá tardío para traernos el bien que
céis acaso tocias las esperanzas que se realizaambicionamos, y nos parecerá el veloz )Iercuron, todos lo,; anhelos que se cumplieron torio pedialado cuando nos imparta contrariedos los deseos que trocáronse en hedhos
dades; vendrá salpicado ele la maldad de los
durante el reinado de los predecesores? ¿Es~
hombres y de los cataclismos de la naturaletáis, acaso, en todos los corazones y en todas
za; será lleno de tragedias y de lúgrimas, colas conciencias?,, -La voz calla, y nosotros
mo sus mil novecientoR &lt;los antecesores cononos vemos obligados á enmudecer y á pensar...
cidos y sus incontables desconocidos ...... EsPe1;? luego continúa nuestra salutación :)
to lo sabemos bien, estamos bien seguros de
Sm embargo, flamante año ele 1903, debes
ello: nos lo h'I. enseñado la dolorosa experienconfesar que no traes muy buena catadura·
cia de muchos siglos y de muchas generaciotus cifras suman trece, y ése es un númer~
nes....... ..
que, al decir ?e los, Nigromantes (¡que no
Y no obstante-¡cuán cándidos y cuán
fueran Ignacio RamHez, el de México!) eseternamente niiios somos los hombres!-no
tá henchido siempre de malos augurios!.'..
podemos menos de poner buena cara al afio
(La voz interrumpe: ¿ "Queréis que recon uevo, -01 recién nacido que aún no ha abierrr~mos la hist~ria ele los hombres y que exato bien los ojos, y de cuya mirada esperamos
mrnemos los b10nes que trajeron los afios que
la revelación de todos sus propósitos.
sumaron trece?" - Pero la pereza nos da vaParece ( es una ilusión, pero parece) que
lor, y no damos oídos á la interrupción.)
cada año nuevo deba ser un poquillo meSí, año de 1903, tienes razón, por doquiejor que los otros, que deba traer más sol y
ra se encuentra lo bueno y lo malo y muchas
menos tempestades; pal'ece que ha de traerveces las calamidacles que los hom'bres achanos algún regalo, alguna agradable sorpresa
c~n á los tiempos no son fruto de los tiempos,
que nuestra mente no acierta á adivinar, y
smo de los hombres. ¿Qué es lo que cambia
en el deRpertar del 1 ° de Enero, quién sabe
después de todo: los tiempos ó los hombres?
qué grata curiosidad nos invade.
He aq1;1í un problema curioso que la lírica no
Se aguarda, se desea, se espera ... ...... pero
ha sabido aún resolver, pues mientras Goe¿qué cosa?
the decía: "El tiempo es uno; la humanidad
Lo ignorado, ese ignorado que es la raz6n
varia", Lena~, el delicioso húngaro--wurtem~
secreta de la humana vida, la explicación de
tantas paciencias largas y penosas, de tantos , berguéf', pretendía que los hombres siempre
han _sido iguales y que no han hecho más que
espasmos morales soportados con resignaci6n.
refleJar el transcurso de los tiempos. ¿Quién
Se aguarda, se desea, se espera lo ignorado
.
'
de los dos habrá tenido razón? ...
que esta, en el porvemr.
.
Si eres tú filósofo, flamante 1903, tal vez
Esta ilusión es tonta sin eluda alguna y
puedas resolver el asunto. Pero no eres filóhará sonreír á los espíritus fuertes, á esos que
sof?, eres industrial por e_xcelencia, y un poquieren que el hot.i bre viva sólo de pan á
qmllo g~errero _por atav1$mo; mejor dicho,
esos que desprecian á las rosas porque no ;on
eres
un mdui:;trrnl-guerrero una especie de
útiles, cual solía decir el divino Theo GauFrif'derich Krupp ..,
'
tier ; pero los que ,,todavía,, soñamos un poco,
¿Qué
vas
á
traer
y
qué
,·as
á llevarte? Xo esá pesar de las duras reprimendas de la vida,
peraJ?l0S de ti mucho de trascendencia. Bajo
debemos amar, debemos adorar esa ilusi6n
tu remado no se derrumbará ningún sistema
como tantas otras que con el frufrú de sus
Rocial ni surgirá ningún sistema safvador· los
alas han rozado Jos ensueños de nuestra jufermentos seguirán canturreando durante' tus
ventud; debemos adorarla, como á las flores
doce meses, _como cantunea el agua h·irvienque se destacan ele la eterna verdura, como á
te en la barnga de la tetera; pero no serás tú
la nota que la alondra abandona ai aire inexel que entr~ espumas y humos hagas derrapresivo, como á todo aquello que es sencillo,
mar el líquido .... ..
suave, sereno y fragante.
¿O quién sabe? .... ..
Sé, pues, bienvenido, oh misterioso 19031
Sea lo que fuere. 1903, traigas lo que traje(Recibámosle con carifio, que tal vez de esa
res, puesto que hemos ele vivir en ti (y esS';1e_rte se anime {; cumplirnos alguna de las
ta esperanza sí creo que es universal!), te
vieJas promesas a que faltaron sus preclecesosaludamos y nos saludamos los unos álos
re~, que tal vez así se apiade de nosotros y nos
otros-los hombres deleznables y transitorios
br:nde con. un~ de las realidades que por cada
1 1
-Y. empunan(..o
,ª copa de champagne, nos'
rmllón de ilus10nes trae en su bagaje. Y si no
decimos
los
unos
a los otros, cual si fueras tú
queremos fingirle fe, cligámosle á su nuncio
un haz de esperanzas:
que somos ya gente corrida, que ya no no¡¡_
--¡Por el año nuevo!. .....
p~d;á sorprend~r pasándonos una gota de
m1et por l_~s labios, pero siempre saludémosOSC.\R HERZ.
le con carmo, q~1e, al fin y al cabo, es preciso querer á los tiempos en que se vive. Digámosle por ejemplo:

?.º•

Salve, salve, viejo Enero
que en· tu--alforja de embustero
traes juguetes á grane):
yo celebro tus engaños,
porque son para mis años
mariposas de papel. ... ... ..
¿Para tristes añoranzas
traes risueñas esperanzas

Palimpststos.
.,. __
F ebea.

f

EBEA es la pantera ele Xerón. Suavemente doméstica, como un enorn1e gato
real, se echa cerca del César neurótico
que la acarjc(a con su mnno delicada y vicio'•
sa &lt;le androgmo corrompido.
Bosteza y muestra flexible y húmeda lengua, entre la doble fila de sus· clientes finos y
blancos. Come came humana, y eRtá acostumbrada á ver á cada instante en la mansi6n del
siniestro semidiós de la Roma decadente tres
cosas rojas: la sangre, la púrpura y las ;osas.
Un día lleYa á su presencia Xerón á Leticia
rub~a. y joven virgen de una familia cristiana'.
Leticia tenía el más lindo rostro de quince
año~, las i:nás adorable~ !llanos_ rosadas y pequenas; OJOS de una divrna mll'ada azul· el
cuerpo de un ef~bo q_ue estuvi!)se para tr~nsformarse en muJer, digno de un triunfante coro de exámetros, en una metamorfosis del poeta Ovidio.
Nerón tuvo un capricho por aquella mujer:
d_eseó poseerla por medio de su arte, de su música y de su poesía. l\luda inconmoYible serena en su casta blancura, la doncella ;scuchó el canto de su formidable «impf:ráto1 ,,
qu~ se acompañaba con la lira, y cuando él
artista del trono, hubo concluido sus ,·ersos eróticos y bien rimados, según las reglas _de su ~aestro Séneca, advirtió que su
cautiv~,la vugen d~ s~ deseo caprichoso, permanecia muda y eandida como un lirio como una púdica vestal de 'mármol.
'
Entonces el César, lleno de despecho IJamó á Febea y le señaló la víctima de f:!~ venganza. La fuerte y 1,oberbia pantem llegó, esperezándos~, mostrando las uñas brillantes y
filosas, abnendo en un bostezo despacioso sus
ª1!chas fauces, moviendo la cola sedosa y rápida.
Y sucedió que dijo la bestia fiera:
-Oh Emperador admirable y potente! Tu
volun~ad es la d? un inmortal; tu aspecto se
asemeJa. al de Jupiter; tu frente está ceñida
con el laurel glorioso; pero permite que hoy
te baga s~ber dos cosas: qu_e nunca mis zarpas
se moveran contra una muJer que, como f;;ta,
derrama sus resplandores de estrella y que
tus versos, dáctilos y pirriquios, te h~u resultado detestables.

El Arbol del Rey David.

~ día-apenas había el viento del cielo
mflado en el mar infinitC, las velas de
oro del bajel de la aurora-David anciano, descendió por las gradas de su al~ázar
entre leones de mármol, sonriente, augusto'.
apoyado en el hombro de rosa de la sunamita, la rnbia Abisag, que,desde hacía tres noches, con su ciíndida y suprema virginidad
calentaba el lecho real del soberano poeta.
Sedoc, e~ sacer~ote q~ie se dirigía al templor
se pregunto: ¿á donde uá el amado señor?
~donía!-1, el ambicioso _arrogante, de lejos,
tras una arboleda, frunció el cefio al ver al
re-:r y á la niña,al frescor de la maliana, encarrnnarse á un campo cercano donde abundaban los lirios y las azucenas.
. Natán, profeta, que también los dí visó, inclmóse_ profundamente y bendijo á Jehová
exten_diendo los brazos de manera sacei:dotal.
Re1hí, Sem~í. y Banáis, hijo de Joiada. se
postraron y di¡eron: ¡Luz y paz al sagrado
pastor!
D~vid y A?isag penetraron á un soto que
hubiera podido $er un jardín, y en donde
se oían arrullos de palomas bajo los boscajes.

Ü

** *
Er3: la vic~oria de la primavera, y la tierra
y el c~~lo i;e J~ntaban en una dulce y luminosa umon. Arnba, el sol espléndido y triunfal·
ª?ajo, el despertamiento del mundo, la melo~
diosa fronda, el perfume, los himnos del bosq~1e, las ~lgaradas jocundas de los pájaros, la
diana universal, la gloriosa armonía de la naturaleza.
Abisag tenía la mirada fija en los ojos de su

señor. ¿~Ieditaba, quizá, en algún salmo el
omnipotente príncipe del arpa'?
Se detuvieron.
Luego, fuése David al fondo de una trémula gruta de verclores celegógicos, no lejana, y
retorn6 con una rama en la diestra. Y poseído
de temblor profético:
-Oh mi tierna sunamita! exclamó. Plantemos hoy, ha.jo la mirada del eterno Dios el
árbol del infinito bien 1 cuya flor será la 1'.osa
mística dol amol' inm ortai, al par que el lirio
de la pureza Yencedora y sublime. Nosotros
le sembramos; tú, la in rnaculada esposa del
profeta viejo; yo, el que triunfé de Goliat
con mi honda, de Saúl con mi melodía y de
la:muerle con tu juventud.
• Abisag le escuchaba como en un ensueño
como en un éxtasis amorosamente místico· )'
el resplandor del día naciente confundía' el
oro _de la cabellera de la virgen con la plata
copiosa y luenga de la barba blanca.

NOTA MILITAR.

JI

causa de la renuncia hecha por el seiior
General Bernardo Reyes, de la cartera
de G~1erra y Marina, se hizo cargo de
esa Secretana ele Estado, con el carácter de
Oficial :Mayor interir,o, el seiior General de
Brigada don Juan Villegmi, quien por algún

dades legales,· tom6, en días pasados, posesi6n
de su puesto.
Además, el señor Licenciado don Francisco
Pérez, que fungía como Magistrado del Tribuna_! Superi?r del Distrito, fué nombrado por el
seno!' Presidente de la República, Procurador
General del Ejército, en substituci6n del señor
Lice1;1ciado_don Eduardo Zárate, que pasa al
l'efendo Tnbunal con el mismo carácter que
en él tenía su substituto.

***
Por último, debemos hacer mención del ascenso del señor General de Brigada don Jesús
Alonso J.:'lores á General de División, ascenso
t!ue ha sido muy celebrado en los círculos milrtares.
La hoja de servicios del señor General Flores, está_ l~ena de notas brillantes por los bueno, servic1?s que ha prestado á la Rllpública.
El amentado jefe es oriundo de Guanajua-

SR. L IC. F RANCI S CO PE REZ, P rocu rador
General de l E jército.

SR. GRAL. JUAN VILLOOAS,

Sr·bsecretario de Guerra, interino.

Plantaron aquella rama, que había de ser un árbol frondoso y centenario.

tie~ po ;5irvió como Jefe del Depai t:tm1Jnto de
~rt1ll,ena del l\Iinisterio mencionarlo. El seno: General don Alejandro Pezo, que desempenaba .el emple~ que hoy ocupa el señor Yillegas, tu~ removido al ele Presidente del Tribunal Superior Militar, y previas las formali-

SR. GRAL. ALEJANDRO PEZO

r=-::=::::=~~-~11~~~~:=-:=-.._=-_-_-_
-_
-:._-_
-_-:.;..,. ,.-:-.,.
._-_-_-_-;_=-_-_- _--::-.;:-.:-.:::-.:-::-::=:-=:-P-re....,sidente
del Tribunal Superior 1\filitar.
t?, donde comenz6 su carrera miliJar_ como Subteniente de la Guardia
~acio1;1al de aquel Estado. Por orcl~n. ng~roso obtuvo sus ascensos
c~istin~méndose siempre por su inte'..
hgencia y valor á toda prueba
Concurrió á innumerables bata])
y en una de ellas fué hecho prüion:~
r? por el Ejército francés. Su bautrz~. de sangre_ ~o obtuvo con una.
lie1~l
ida que
en el pie d erech o.
_ recibió
G
, senor eneral Flores, por lo
dernas, ha desempefiado importante:; car~os y recibido honrosas condecoraciones que le han sido otorgaclas, tanto por el Gobierno Federal
como por los ele los Estados.

***
Tiempos desp~és, en días del Rey
He1odes,..el carpmtero José, hijo de
Jacob, htJO de Matán, hijo de Eleazar, hijo de Eliud, hijo de Akim
yendo un día al campo, cortó deÍ
árbol del santo rev lírico la vara que
floreció en el templo, cuando los desposorios con l\faría1 lu estrella la
perla de Dios, la m adre de Jesós el
Cristo.
RUBÉN DARÍ0,

UN CANTAR PERSA.
Fuí de mafianita al monte
mi rebaño á apacentar,
y hallé en él una muchacha
como yo no vi jamás.

Uhta y Jlmor.
De un bardo la voz dorada
dulce y doliente sonó:
«¿qué vale la triste vida?
¿qué vale un sueño de amor?»
¡~y! Así bajé al abismo
sm fondo del corazón
llevando vi vas mis a~sias
lle,:3ndo muerto mi amor~
Y ~olo l~nos negros seres
mi pupila sorprendió
escondidos en las gri~tas
d!: ese abismo de dolor.
N_1 una gota de dulzura,
u_na estrella ni una flor,
solo esos seres horribles
que cantaban á una voz·
"El amor, _vana quimera;
.
~l mundo, mmeñso crisol;
,qué poco vale la vida!
¡qué poco vale el amor!"

-Un beso dame, lucero
la dije lleno ele afán.
'
-Si con.,oro me lo paaas
o '
respond10, venle á buscar.
-El oro que tengo, niña
guardado en mi alforja e~tá:
mi alforja está en mi camello
y mi camello en Kermán ·
'
y ella replicó con risa
'
mirándome faz á faz:'
-En mis labios está el beso
mis dientes están detrás
&gt;
la boca donde los guard~
cerrada con llave está:
tiene la llave mi madre
y mi madre está en Ke;mán.

n;

MANUEL DEL PALACIO.

S R. GRAL. JESUS A L~NSO FLORES.

�Domi,ngo 4 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRs\DO

Domi,ngo 4 de Enero de 1903.

BL MUNDO ILUSTRADO

nutVo Obispo de t:ebuantepet

la población, la aduana marítima estahlecid,1
A propúr::ito de 1n com:ngrnción &lt;le! P. ,:\fejín
rn Presidio. Sus construcciones son por lo
se reliere que cuando ocurrió el falleci111i&lt;,11t~
mismo modernas, y cuenta con algunas not.c1.del virtuorn Obispo &lt;le Ym:atún-en 1888hles, como el cuartel federal y el mercado "Roclon L~andro Rodríguez ele la Gala, al tiempo
111ero Rubio,,. El cuartel está edificado sobre
lJBLlCAMOS hoy el retrato del ~eiior
de ser rnhuu1ado su caclúver, su sueesor &lt;•1 i-a1111a eminencia que domina los fonuea&lt;leros y
don Carlos ue .Jes(1s l\Icjía, actual !lector
bio prelado yucateco don Crescenc:io c'an-il lo
e_l camino ó única entrada que co11cl11ce por
dt&gt;I Seminario Conciliar de YucatÍln y
y_Ancona, quitó al cadáver el pectoral, y dirit1erm_á In. ciudad. La iglesia parroqmal es
electo Obispo de Tehuantepec.
giéndose al Redor Mejía, le dijo !ns siguientes
tHmh1én notablo, tanto por su belleza arc¡uiEl P. Mejía nac:iú en la ciudad dr .fa lapa y
frne:es:
te 1t6nica, como por su
«Conserva este pecelegante decorado intoral de nuestro lloraterior, y el teatro, que
do prelado y guárdalo,
lleva el nombre de11Ruporque no está lejano
bioii, un edificio sóliel día en que, elevado
do y de hermoso aspecá la dignidad, podrás
to.
usarlo.»
En dos ocasiones
diFtintas, ~[azatlánha
INAUGURAGION DE UN PUENTE
sido bloriueado: en
1847 por los invasores
Cerca ele Zinapécuanorte americanos , y
ro, Michoadrn, y en teen 1864 por los franrrenos ele San Joaquín
ceses. Durante este úlJaripro, se acaba de
timo bloqueo, la fragaconstruir un puente
ta "Cordeliere&gt;i fué baque es sin diRputa uno
MAZATLAN.-Una
huerta
en
Belvedere.
tida desde tierrn con
de los más importanuna pequeña boca de
tes ele aquel Estado.
fuego, cuyas punterías dirigió el oficial Gamhnce veinfüéis años que re8ide en :Mérida 1 sienEst~ constrníclo sobre una barranca profunhoa. En este episodio, uno de los más sado_ Rector d~l Se!~inario ele aquella ci udacl,
da y tiene noventa y tres metros de longitud
lientes en la historia de Sinaloa, tomaron parbnJo cuya d1rerc1on este establecimiento ha
por treinta de profundidad. Con motivo de la
te, en defensa de Mazatl{m, Sánchez Ochoa y
1;,rogresado notablemente en los últimos años.
conclusión del puentr, se organizó una pequeMarcial Benítez.
El nuevo prelado goza de generales simpatías
ña fiesta, apadrinando el acto el Sr. Aguado,
El desarrullo comercial de Ma.
r
ain-::;;~---,------- - -~ Jefe Político ele Zinnpécuaro.
1~1tlán comenzó con el dt&gt;ecubri- 1 ·
El costo total del puente, que
m iento de los placeres auríferos
es de mampostería y fierro as&lt;l~ la Califo_rnia2 época en que teciende á ocho mil pesos.
'
ma comerC10 directo con China y
el Japón. Actualmente el comercio extranjero lo hac¡ con San
El misantropo tiene todos los
Francisco California.
vicios de los hombres y ninguna
de sus virtudei:, y cuando i;,e ve
contrariado en sus negras delibeEl mundo es, en todas sus parraC'iones, pone fin á su vida con el
tes, una aritmética viviente en su
v~neno 6 el puñal, creyendo
~esarrollo, y una geometría reatrnmfar de los arcanos de Dios.
lizada en su reposo.
MAZATLAN.-EI Desembarcadero en Belvedere.

P

--------------------

~~

P~st~ Bubónica ~n mazatlán.
clel examen microscópico practicado por el D~ A&lt;lemús, como las casas ocupadas por los
en exatacados se están drFinfectando 6 de,:truyenFabela, resultó comprolmcla en los atacados
tn mo rnn lns notic·im;
' do, según sus condicioneR, para hacer que desla presencia del bacilo de la peste. Parece, por
que con relnción {i la
aparezcan los focos de infección, el Gobierno
lo 111irn10, fuera de toda eluda, que la naturat&gt;pidemia reinnnte en
ha comprado treinta gnmcleR tiendas &lt;le camleza de la enfermedad está ya definida y que
Mnzatlún :-el1nn recipaña para dar abri~o á las personas que no
nue~tros temores no cian infunclaclof',como albido en los últimos
tengan donde alojarse.
gunos p~riGclico&lt;i lo !&lt;uponían.
elfo~: la f'xi~t encia ele
Por Fil parte, la Srcretaría de Gobernación
O1..&gt;mndo con la eficacia que reclaman las
la 1,e1,te buLGnica se
se
dirigió á los Gobernadores ele los Estados
nece,;idaclei;
del
momento,
el
Corn;1,jo
orden(&gt;
coJ1firn1ó ya ofü:iallimítrofes ele Sinaloa, encareciéndo]e¡; la neceque ee ampliara y mejoiara el local f&gt;n que los
me11te, y el púnico
sidad ele poner en juego todas aquellas n,ediatacados por la pe!&gt;te rnn ahora atendidos, y
de los hal,itantes del pne r to 110 tiene límites
uas que directanwnte se
en las actuales circunsencaminen
á impedir
tancias.
la propagación del mal.
Por informes anterioEl Coneejo, y esto eleres, se sal..&gt;ía que la enbe consignarse ron en
fermedad iha poco á pocomio,
anduvo, pues
co cediendo y (]lle la.
acertado al dictar, elesconfianza clel público
ele un princi]JiO . dispoera cada vez mnyor; pesiciones sanitarias conro por de;:gracia, el retra la peste, por más
crudecimiento repC'n ti no
que la exii;tencia no hade la epidemia y la deya estado entonces comclaración de los dele~aprobada..
dos del Consejo Superior de Salubrid&amp;d f.'O ·
breque en el caso se trata
***
efectivamente, de la pesMAZATLAN.-Uno de los pabellones en que se encuentran aislados los en fel"mc~.
Por ser de oportunite negra, vinieron desdad,
damos en ~eguida
pués á echar por tierra
al~unos datos referentes a l puerto infestado.
que se construyeran en la isla de Belvedere,
aquella confianza y á hacer mús aflictiva la siMazatlán (,,Tierra de Venadosi,) fué fundado
donde se encuentra hoy el lazareto, las batuación de los moradores de l\1azatlán.
hace setenta años aproximadamente; época en
rracas suficientes para aislar á las personas
Los médicos enviados por 1•\ Consej') hicieque
se transladó, al lugar en que se halla ahora
que
hayan
tenido
contacto
con
los
enfermos.
ron su primna vi:-ita al lazareto el día 30, y
LAHlllANTES

***
T~marse trabajos y luchar contra las resistencia_s, es una necesidad para el hombre, como mrnar para el topo.

en el ERtaclo ele Yucatán, y su fama ele bomb_re de talento y notable orador, es bien conocHla en los círculos sociales:
La co11~agración del nuevo Obi,;po ele Teh_uantepec se _efectnnrá en la Catedral de ,:\féncla, el domrngo 11 uel corriente me,;, con
g_ra11 pompa y ~olemnidad, oficiando de, ObiRpo consagrante el
ue Yucatan, Monseñor Trítsch!~1-, Y de asistentes los obispos de
1abns&lt;'o y ele Belice.

* *

Para la mayor parle de Ja"s mujeres no es
necesario más que lo supertluo y lo positivo
más que lo ideal.
,

***

El discernimiento vale mús que el precepto, pues lo auivina y aplica oportunamente.

MAZATLAN.-La Plaza de Armas
Puente de 93 metros de longitud construido en

*

* *
Para la ignorancia
existe un
remedio, q_ue es la ciencia; para el fanatismo eso mismo será
su muerte.

S. Joaquín Jaripeo.

�Domi.ngo 4 ae Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

earreras ae eaballos en Pera1vmo.

C:
~

asistencia del señor Presidente &lt;le la
República, se efectuaron, el domingo
en la tarde, en el Hipódromo &lt;le Peralvillo,
las carreras de caballos organizadas por el
Club Hípico Militar y en las cuales tomaron

~ en un pueblo pequeño de mi patria.

__rl :;:!í
la naturaleza, fecunda y pródiga,
derrama sus tesoros con c,;plendidez que

se creería soi1nda. Allí he gozado de las más
perfumadas_\' melancólicas noches de luna, de
los más luminosos crepúsculos y de las más
blancas y sonrm,adas mañanas. Allí vi todo
est.o e::.1belleci&lt;lo y envuelto en un ropaje de
visión intensa, porque P.l amor, como un ave
sin mancha, batía sus alas silenciosamente,
dulcemente en mi corazón.
Cuando la conocí, tenía ella diez y seis años,
traje de luto, un gmn sueño en sus grandes
ojos negros y era delicada como nna azucena.
También como las azucenas, tenía porte aristócr:üa y gentil. Su voz era suave é insinuante, como una serenata lejana, de un hermoso
tiempo pasado, y la recuerdo con un estremecimiento de pasión muy doloroHO.
Yo hubiera querido que su modo de ser fuera enteramente extrnño {I ciertas vulgari&lt;lades
del mundo exterior. i'lli;; lecturas &lt;le raros poetas ideólogos; mi amor á sueños y á meditaciones &lt;le un mundo encantador, &lt;le orden enteramente metafísico, y un estremecimiento
de vaguísinrns visione~, que ocaso habían nacido con mi alma, puesto que recorilalia yue me
poseían desde los más lt&gt;janos días ele mi infancia, todo esto me había hecho cobrar desprecio profundo por las diarias preocupaciones
humanas y me había creado una orgullosa ri~a interior, llena &lt;le escepticismo y que sólo
respetaba á las cosas que traían ensuefio.
Como después de la caída &lt;le mis primeros
nmores, al encontrarme por primera vez en la
1lesolacla aldea del Desencanto, no volviera á
creer ya en la realidad de la amada sofiada,
cuando apareció ella en mi camino, hube de
i;ostener tremenda lucha entre mi doloroso escepticismo arraigado en mi sn y la imagen
blanca ele ella, que me atraía C'0n su encanto
ultraterrestre. Algunas veces yo sufría infinitos desconsuelos: un gesto, una frase, una inflexión de su voz que desarmonizaran y empeq ueíieciemn la idE'a i¡ue de mi novia me ha1,ía formado, de;;truían en un momento todo
el esfuerzo que hubiera hecho para creerla superior. Algunas \·rces comprendía Pila que algo suyo me clii;g11staha, ~· bastaba entonces una
mirada que me dirigiera húmeda ele pena y
ele melancolía, para cambiar mis sentimientos v llenar mi corazón de par. conmoretlora.
Pero el Amor, como una primavern, invadió pronto los campos &lt;le mi alma y llegaron
los días felice,.:, muchos días muy felices que
no olvidaré jamúF&lt;. !:;ólo una nube ele poética
nostalgia, doliente á veces, desde el primer día,
acompañó siempre nuestros pa!&gt;os por el luminoso camino.
Una tarde, á la hora de un bello crep6sculo que di[undía rosadas claridades en la es-

=-

tancia, estábamos ella y yo, solos, en alto balcón, de cara al horizonte del poniente. Acabábamos de abandonar la lectura de una de las
maravillosas historias de Edgard A llan Poe.
Yo comprendía que el alma de ella, lo mismo
que mi alma, agobiadas por el poder ele ensueño de aquel misterioso poeta, se colmaban de
las mismas tristezas; de ese melancólico biene$tar del espíritu, atrayente y conmovedor,
que &lt;leja, como h[tlito divino, como revelaci6n
&lt;le mundos más oellos, el alma de los poetas
seculares. En nuestro interior glo$áhamos la
historia. E'Xtraordinaria de Edgard Allan. Y la.
hora, y la va¡rneda&lt;l del crepúi,culo y la pasión contemplativa de nuestras almas, hacían
de nuestros corazones una plegaria al Dios de
los infinitos ideales.
·
Y así fué que esa tarde. á la hora de un be~
llo crepúsculo, extendió el la la eni$fmáticn noche de sus ojos sobre el dilatado desierto de
mi espíritu; porque cuando sus ojos 1,e encontraron con los míos, ella vió el secreto de· mi
cornzón y yo vi el secreto del corazón &lt;le ella,
y el Amol' tendió la música tle sus alas sobre
nuestras almas.

el Ma ror Luis Pérez Figueroa, y el tercero el
Teniente Manuel García Lugo.
Pasada la última carrera, con obstáculos y
en que vencieron los SE'ñores Raabe y Bóker,
del Club Alemán, siguió un desfile al galope,
por fracciones, ejecutado por g}ndarn:es_ del
Ejército y Foldados del 3?, 4? y 1? Regimiento. El desfile fué con obstáculos &lt;le 2 metros
de altu1:a.

L as tribunas del Hipódromo de Peralvillo.

}&gt;arte, además &lt;le algunos miembros de la citada agrupación, los socios del Club liípico
Alemán y algunos cadetes del Colegio Militar.
La presidencia del Jurado fué integrada por
los señores Generales Francisco M. Ramfrez y
Gregorio Ruiz, sirviendo como jueces de campo los señores )layor Alfonr-o Pra&lt;lillo, Capi-

El sefior General Dfaz hizo la entrega &lt;le
recompensas á los vencedores, que eran saludados por la concunencia con aplausos. Más
&lt;le cinco mil personas concurrieron á la simpática fiesta.

MANUEL DE LA PARRA.

tCa exposición c1a6rés.
La Exposición Fabré!', tan ansiosamente tsperndn. por los devotos &lt;le la Belleza, abrió
ya sus i:alones al público.
Es ésta una nota que debemos Ealudar con
aplauso. Las obras mÍl'l celebradas del notable
pintor, traído por nue$tro Gobierno para que
sirva como maestro rn la Escuela Nacional de
Bellas Artes, se encuentran ahora en las galerías de la vieja Academia de San Carlos, despertando el interés y la admiración de una
multitud de visitantes.
Las salas en que Fabrés exhibe sus trabajos
de eximio artista, son cuatro. En la primera
se ve lo que pudiera llamarse su "obra menuda,,: estudios y bocetos, dibujos á pluma y á
lápiz, y acuarela;:; en la segunda, una serie &lt;le
cuadros en los que llaman poderosamente la
atención "La Ladrona,» 11Por Orden del Sultún, ,, "Bonita y ::\lala» y "La Cantadora,» obras
primoroFas que atraen y convencen.
La tercera sala encierra, como joyas de valor
iner-timahle, 11El Abanderado Flamenco,» "La
Lectura del Quijote,» "Almuerzo en el Campo,1,
"Centinela muerto en la Nieve,1, ccLos Borrachos» y "El Regalo del Sultán». ,cLos Borrachos,1, ó"Bacanal,» es una ef&lt;cena báquica en
que ~e ven quince figuras de tamaño natural}
admirablemente ejecutadas.
En cuanto á la cuarta sala, sólo se ve en ella.
11El Cristo en la Columrra,1&gt; un solo cuadro, que
acusa, en Fabrés, si no la más pura inspiración religio$a, sí las excepcionales facultades
de artista que lo distinguen.
"El )J un&lt;lo Ilustra&lt;loi, da hoy á conocer dos
bellísimas acuarelas del maestro : ,cLimpiando
la Lámpara" y ,cLeyendo el Corán.1, En nues. tras ediciones próximas pu l,licaremos algunas
otras obras del señor Fabré~, que nue!'&lt;tros lectores, estamos seguros, verún con gusto.
El ·matrimonio es una enredadera que la
esperanza embellece, que la dicha conserva y
la dei::gracia fortifica.

*

* * Ít los nifios, que
Los h"rnbres se parecen
adoptan malas maneras en cuanto se lPs mima.

***

Una noche íbamos juntos, bajo los árboles
de avenida solitaria, bajo la luz &lt;le la luna, y
un perfume sutil ~e esparcía. en nuestras almas, porque un ramo de rosas frescas estaba
en el fonrlo de nuestro;; cornzones.
Yo hablé el primero. Le dije estrechando
su mano:
-Hermana, hel'mana, hermana, tengo celos de las e~trellas que te quieren llevar. ¿Ves
cómo parpadean allá lejos? Parecen ojos que
te llaman ....... .
Y un obscuro presentimiento me estreme, ........ .'
cm
Entonces ella, eon ternura inolvidable (¡oh,
eFa noche cómo era doliente su ternura! ), acarició mi frente con su mano y me habló dei,n
alma, de mi alma visionaria, y de mis sueños,
y de los sueños de ella, y de nuestras miRteriorns Yoces interiores y del estupor de ~11 espíritu cuando penetró toda i:u alma en los países
encnntados de mis jardines.
Yo, que nunca la había oído hablnr así,
fasrinatloramente, que la veía aparE&gt;cer por
primna Yez en los campos _de mi alma, con
la bellE&gt;za encnntndora de una heroína de ShakPspenre, sentí estremecer~e mi ser como si
Dios lo poseyera, y una corriente de ensueño,
la más podero~a que haya jamás llegado á nii
corazón, me 1117.0 llorar por vez primna en mi
vida, be~ando l~s cabellos de ella, bajo los negros árooles, baJo la claridad misteriosa de la
luna. Llol'é interiormente sin que ella Yiera
mis lágrimas.... .. ...
'
Y seguimos en silencio por la vía florecidn,
eon nuestro gran suefio en el corazór,.

Domingo -1 de Enero de 1903.

Una carrera.

tán Abraham Plata, Teniente Nicolás Martínez y Subteniente Pablo Zayas Jarero· como
jueces de salida y llegada., los señores Capitán
E!rén Batis _Y Teniente Coronel Rafael Eguía
Lis, respectivamente; y como totalizador el
señor l\fayC&gt;r l\figuel Ruela~.
'

***

Las carreras efectuadas fueron cinco, y el
resultado tl siguiente:
La primera á aoo metros y plana, se jugó
por_ los alumnos del Colegio Militar Roberto
Albises, )lanuel Amezcua, José Alessio Miguel Barrios y Rodolfo Casillas resul¿-indo
premiados los tres primeros. La' segunda carrera, á ;;~ ,metro_~, entre oficiales, fué ganada
por ~l Capitan ~u1s G. Pradillo, á quien tocó
el pr1mer premio! y por el Capitán Santiago
~duna y el Teniente Alberto Salas, que recibieron el segun&lt;l? y el tercero, respectivamente. La tercera, Jugada por los miembros del
Club Hípico :\.lemán, fné á 800 metros: la ganaron los Fenores A. Chatand, que llevaba
traje &lt;le seda a.zu I y blanco, y W. Tenss, que
vestía de blanco y rojo. En cuanto á la enarta
carreri_i., á 800 metros también, fué plana y ú
paso hbre, y tomaron parte en ella los militares que se disputaban los premios ofrecidos
por el Club Alemán. El primer premio lo obtuvo el Capitán Gustavo A . Salas, el segundo

EXCURSION A P IE.
Los periódicos del Salvador dan la noticia
de h~ber lle~a&lt;lo á la capital de esa República
el se?o~ Ennque )f. Crouffort, uno de los excurs10mstas catalanes que emprendieron en
n~osto, ú~timo, el viaje de México á Bu~nos
1
Aires a pie.
El señor Crouffort es el único que ha llevado adelante la proyE'ctada excursión, pues de
sus compafier~s, algunos se quedaron en Oa;aca., arrepenti~os d~ la empresa, y otros en
fehua1~tepe&lt;', srn ah~ntos para proseguir en
su cammo. El excursionista ha recogido una
buena . suma de datos- importantes acerca &lt;le
las regiones que ha visitado.

Sr Enrique M. Crouftort.

�EL ~I UN DO ILUSTRADO

Domi.ngo .J Je Enero de 1903.

EL UUNDO ILUSTRA DO

Domingo 4 de Enero Je 1903.

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"Leyendo el Corán." ( Acuarela de Fabrés.)
"Limpiando la lámpara." (Acuarela de Fabr6s,)

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EL UUXDO ILUSTR.&lt;\.:,O

Domingo 4 de EneTo fie 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Rdlqulas Históricas.

yecto al Virrey el 29 de agosto de 1781, abriéndose sus clase,; en la casa de Moneda el 4 de
noviembre de 1781.

NTRE las reliquias hist6ricas que se lutllan en poder de particulares, se encuentran las que en reproducciones fotográficas damos á conocer hoy á nuestros
abonados.
La carta de H idalgo es un documento im-

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VIVO

Más tarde, aprobada y dotada con trece
mil pesos anuales por Carlos III, se abrió de..,
un modo solemne el 4 de noviembre de 1785,
y por último, en vista del aumento de alumnos, se tra.nsla,d6 la Academia al local que
ahora tiene, instalándose definitivamente eh él en septiembre de 1791.

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JtAnut.d~,....,;

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,,1.r.,x,.,¡,._

p

MADRIGAL .
Rosa que mustia y ajada
miras á tierra, apenada,
vuélvete á. alzar orgullosa.,
pues no hay una Hor, ¡oh rosa!,
que junto ÍL ti valga nada.
Porque tú, que te has erguido
entre la mata de pelo
de mi dulce bien querido,
puedes decir que has tenido
un trono encima de un cielo.
Cielo incomparablemente
más hermoso y esplendente
que el de Dios, pues el de Dios
tiene un sol únicamente
y en el tuyo ¡brillan dos!
JOSÉ GoNZÁLEZ GALÉ.

:~

Cf1'1n-ó

,
1 ¡uaJGIA.0.- lf',:-r

DIA DE MUDANZA.

J
/a.

z4ncc, no/.u~ . t Á, ~ e
1

"1

......,. bf,,.,t,1,,.,1,._ c.,,,,__'/"' .¡¿

E

N mi casa, hace ya varios lui;tros, era para nosotros un gran
{JU .JIMl'J&lt; d,,t,_/_,.,._ "'- ,In ¡J"uk,~&lt;/
día el «día de mudanza.-» Ni ha~ l., ~ j, f,m~/o (J. /)Un. t!J/&gt;"7'&lt;"•-'
bía que penFar en la escuela-«amiga»
se llamaba entonces, -ni en abluciones
inútiles, ni en ninguna de esas zarandaja¡, que amargaban nuestra cuotidiana vida de chiquillos.
portante por todos conceptos, pues vino á es¡Xada de eso! Ese día era de holgorio, de
clarecer un punto largamente debatido y cojuerga, de libertad absoluta, pues los padres,
mentado: ¿por qué motivo el inmortal Cura
tíos, nanas y demás tiranos del hogar, no pode Dolores, encontrándose á dos pasos de la
dían repicar y andar en la procesión.
metrópoli, y victorioso en el Monte de las
Tanto como nosotros gozábamos sufrían
Cruces, no tom6 la ciudad dando fin dti esta
ellos. El natural trajín de una casa puesta remanera al gobierno de virreyes?
pentinamente en movimiento; la torpeza de
Según parece, la carta que publicamos fué una especie de circular
enviada á. distintas partes, con el fin
de acallar los gritos de desconfianza
, / ( ~ J.
c,;.Ü.1t ~ ¡.i.
a Jt. ft~:J.&amp;n ,~,...
que se levantaron á raíz de la retirada del sefior Hidalgo, del ~fo11te
lo..
de las Cruces.
/'""1,,J. /&gt;. J t1f ,.-., Ul#T•I r, • 1 M lt..' l'\
Esto explica por qué la carta no
{~,,1rir, ,,,., Jt. 1t 'b•" lv l1c-..u1tft4..,.,.._,.
tiene dirección expresa, y por qué
está escrita por Don Ignacfo Rayón
':7f!. ,~Jri,U,llt&gt;r
, a.'1 i'Jtd , .. 'l',J "" hhP-x..
,
I ,!
/
y firmada s6lo por Hidalgo el 13 de
/t.ntd·,~
u. ¡: ,. )""( C'•I , , w .. ~rl.,. ~,,r,..JJ.dltJ.noviembre de l 810, 6 sea pocos días
después de la retirada.
Al final de la carta, y fechada rl
día 5 de octubre de 1827, se encuentra una anotaci6n del puño y letra
&lt;le Rayón, en la que declara que la
letra de la carta es de su puño, _y
la firma que.aparece al calce, la que
us6 siempre el Cura Hidalgo.

----------------------"=

''" ,:. . ~ ,.,,. , , ,., .,; ..... /. , , ,. _ /

cía derrames biliosos en «la gente grande," integrada por mis padres y dos tías.
La menuda la formaba yo en unión de dos
primos, mayor uno y menor el otro; todos llevábamos el miFmo nombre de pila, y como los
regafios, amenazas de encierro y zafacocas ó
zapa.tazo limpio, nos eran repartidos por partes iguales, llegamos á constituir una alianza
tripartita, para cometer todo género de infantiles tropelíaF, dividiéndonos hermanablemente las consecuencias.
Las niñas, que eran tres, mayorcitas que
nosot.r os y con humos ya de pollas, quedaban
en «la casa vieja,» guardando la ropa en los
baúles, empaCRn&lt;lo la loza y el cristal en sendos canastones, dei1colgando cuadros, retratos
y repiFaF, procurando, escobeta en ristre, que
las camas llevasen al nuevo hogar el m111or
número de incómodos vecinoF¡ desarmando
guardarropas, y, á plumerazo limpio, quitándoles las telarañas y no pocas arañas que, erguidas en sus múltiples patas, corrían ágran&lt;les pasoF, azoradas de que aFÍ, sin previo a viso, i:-e las pusiese en dispersión.
Pero los tres Manueles, la pilletería de la
familia, ésos ¡á la casa nueva! á fisgonearla
bien por arriba y por abajo, con el pretexto
de "recibir los muebles.)) ¡Buenos estábamos
nosotroF pará recibir algo que no fueran palizas 6 filípicas paternas!·
Ya e1,tábamos allí, desde muy de mañanita, vacío el est6mago, pero el espíritu alegre
como una esquila.
Por más que la fortuna, nunca abundante,
de mi padre iba en mengua, y al cambiar de
casa sufríamos un sensible descenso en comodidades y en condiciones higiénicas, nosotroF,
mocosillos de cinco á siete afios, nos entusiasm{tbamos, nos atraía la novedad; el desorden
que originaba la mudanza estaba de acuerdo
con nuestro temperamento inquieto, bullicioso; gozábamos.
-¿Ya viste?-decfa mi primo-la escalera
es muy bonita; de palo.
-Y en el comedor hay una alacena queparece puerta.
-Yo ya fuí á la azotehuela, es muy grande y tiene dos...... uno para los criaqos, y otro
para nosotros.
-¡Ahí están ya loe; cargadores!
Y bajábamos y subíamos escaleras á mÍts y

/,o/',,

IJ.
ue,,,,6.Slr) ~ u.n.r/

C 1 A~ ..•.,. /hr.W; h • , l,1 /t:.,,; '""' . . ¡_, CEn la inaugurad6n de la Academia de Bellas Artes efectuada á fines
,.,,._...,b,3, t'tJ,•At•,,../. /¡, 4¡..,, /' ert fqnJ"tJ
del siglo XVIII, se repartieron como un recuerdo, entre los que concu2 ,i; .,,.. '- """"'J w /,,_-.(J.1r. , ,
turt1f ~,.,. ''"
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rrieron á la festividad, unos plati/t ..,.;
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tos de porcelana, primorosamente
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grabados, como puede verse por la
fotografía que de uno de ellos-pron1tr.,/''f
~, ,.,.,.,., 4 ,.....,.,.,¡z..
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ba b) emente el Ú1nico que exi.;tepudimos tomar, debido á la deferen,
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~, &lt;-•T, ~·-·
4i .... ,
.'{. ¡.., c...r»-'1'.,,;;.
cia e señor rancisco Garay y Jus- .. .,,..=--~~---- - ~ - - -- - - - - - - - -....:.:=--=-.:.:..;:.. . . ;::..====::....;:.:.:......:..~;__:_----=- - -----•
tiniani, su actual poseedor.
Sobre la fecha de la inauguraci6n de la
los mozos de cordel, que hacía menguar en -no
mejor; «ayudábamos» á los criados á poner los
Academia, no están de acuerdo los cronistas.
pocas piezas el menaje; la irrevérencia de alcopetes á los guardarropas, á clavar alcayatas,
La idea de su fundaci6n nació de Don Ferguno de ellos; que cogía el nicho de la Virgen
para colgar de ellas, ya el retrato del abuelo,
nando José :i\fangino, Superintendente de la
6 la capilla del Sagrado •Coraz6n como si toque parecía miramos con miedo y decirnos:
Real Casa de :Moneda, quien present6 el promara una silla y un bast6n, todo esto produ"iA ver si me matan! », ya un espejo poco se&lt;,i;

1 ,... ..

,....,.,

4.

&lt;. ,., . ,.,

guro en su marco y menos en nuestras manos, ya la cazuela del mole, que era un cacharro como de una vara de diámetro.
Comíamos mal y de prisa al cuidado de las
criadas, olvidando hasta los más nimios rudimentos de educación que nos habían enseñado. Y con el bocado en la boca, como vulgarmente se dice, volvíamos t1 la tarea; &lt;lesempa-cábamos la vajilla, causando en ella considerables bajas; nos mecíamos, tirados boca arriba, en los cctambores» de las camas; subíamos
ú la azotea por una escalerilla de mano, provistos de un jarró lleno &lt;le agua 6 del líquido
que 1¡,e pudiese i;acur, y lo vaciábamos por las chimeneas de
la cocina vecina; nos apersonábamos con el chico de la
portera y le soltábamos algunas groserías de las finas.,
acompafiadas, á veces, de algún soplamocos, para entablar
amistad con él, hasta que, al
anochecer, agobiados, rendidos, llenos de polvo, caíamos
en postura ele fusilados sobre
el primer lecho, :-:i!l6n 6 silla
con que tropezábamos, para
esperar el malditíFimo día siguiente, en cuyo rosado amanecer se esfumaba la grisácea
figura del :-:eñur Argüelles, el
maestro de e:-cuela..

.

la familia, á los conflictos pecuniarios del jefe
de ella.
La hnllé triste; ni una ventana abierta, ni
un tiesto de flores en los balconei,,, ni un canario piando contento y saludando al sol.
Pregunté al portero; no me conocía y se
concretó á decirme:
-¿Quiénes, los del seis? Se están mudando.
Efectivamente, fm el patio se veían las parihuelas cargadas con muebles, para mí muy
conocidos; los mozos de cordel, sudorosos, jadeantes, mal olientes, bajaban las escaleras
cargados como bestial".

Domingo 4. de Enero de 1903.
má y mi tía eAtán en la casa nueva ...... yo me
he quedado aquí para ayudar en lo que pueda ..... . y la abuelita ...... la abuelita se mud6
hace ocho días ...... no sé d6nde!
¡Qué dulces sus palabras! ¡qué ternura en
su vor.! con qué delicadeza clav6 en mi alma,
suanimente, ¡.ioco á poco, el puñal que me
del"garró el alma!
l\Ji madre había muerto, como mueren las
madres, todas, ¡para siempre!

***
Y como era cedía de mudanza,» fué esta señora de diez
años, de cabellos rubios, de
clientes menudos como granitos de arroz, de ojos azules, lle
abundosa y fácil verba, de hoca de roFa, la que dirigía la
e&lt;mudanza. &gt;&gt;
Porque la otra, la viejecita
de cabellos grises, de piel ¡irrugada, de secos y delgadós labios, enclenque el cuerpo y el
habla trémula, és:1, que debió
hacerlo, ccl"e hahía muda&lt;lo antes» ..... Y no ~a\:Jíamos ni sabemos d6nde.
MANUEL l\l. PANES.

Hay en el abismo de la conciencia humana un deseo innato: la posesi6n &lt;le la felicidad. Este es el único pen!-amiento que subordina todas las
voluntades.

** *
Pas6 el tiempo; crecí, me hi-ce ó me hiciPron hombre, por
mitad los años y las miserias de
la vida; tuve hambre y apren&lt;lí á ganarme el pan; tuve an helos de querer mucho y aprendí á leer de corrido en el libro
&lt;lel amor; me enamoró la vida
aventurera. y fuí y vine, camhiando á mtinudo de paisaje,
-despreciando hoy lo que envi&lt;liaba ayer, viendo muchas carns hermosas y muchas almas
P lato conmemorativo de l a inauguración de la Academia de San
feas, gozando una hora para
sufrir un día.
Al fin, el hastío, un hastío estúpido, vul-¡Vaya!-exclamé.-¡Día de muclan· a!
gar, que no podía llevarme al suicidio ni al
Recordaré mis buenos tiempos. Y entré.
idiotismo, se apocler6 de mí.
La casa olía mal: olía ccá botica;» gente!':'exUn residuo de energía me alent6; quise comtrañas i,alieron á recibirme. Daban 6rdenes
1,atir ese hastío y busqué en mi ayuda el tibio
disponiendo de lo que era mío, de lo que er~
re,-coldo de mi hog:n. ¿,Por qué no había d~
nuestro, romo si sobre sus propiedades manencontrar bajo el yugo de mi madre-lo únidasen. Sólo una sobrinita. mía, chiquilla de
-co que me quedaba,-sometido á la esclavitud
diez años, vino á mí con los brazos abiertos.
&lt;le la familia, lo que la libertad, la indepen -¡Nené!. ..... ¿Y tu mamá, y tu tía?....... .
&lt;iencia, el "judaísmo erranten me negaban?
¿dónde están?..... .
Hay cadenas de hierro que se antojan guirnalCa116, bajando la rubia cabecita.
&lt;l11s de flores ; hay 111anoH rngosas que oprimen
-¿Y mi madre, tu abuelita? .. ... .. .
y que gustoso besa el opri111ido.
Entonces la niña, con esa perspicaz comMe resolví y volví t1 mi rasa.
·prensiór. de los muchachos, tartajeando y sin
Era aquella misma donde mis primos v yo
alzar la vii;ta, dijo:
i-etozábamos alegres, ajenos á las miserias tle
-Tío: hoy es día de mudanza ...... mima-

***

La vejez es la edad de oro
de las Yirtudes negativas.

***

Carlos.

La alegría íntima que nos
enajena, va siempre mezclada
de un deseo ardiente que nos
atormenta.

VOT O.
Destaparé mis ánfora3 de esencia.
Y prenderé mis candelabros de oro,
Cuando la diosa pálida que adoro
Llene mi soledad con su presencia.
En su pelo de blonda refulgencia

Y en su labio odorífico y sonoro

Hay el fulgor de un candelabro de oro
Y el perfume de un ánfora de esencia.
Vendrá con su ropaje de inocencia

Y hostigando mi amor con su decore•,

Pero al fin gozaré de su oµulencia
En medio de mis ánforns de esencia
Y mis ardientes candelabros de oro.

EFRÉN REBOLLEDO.

�Domingo -1 de Enero tk 190:3.

EL MUÑDO ILUS'l'RADO

EL 11TXDO ILl~STRADO

los días rstrechamente juntas, como luchando con una fuerza que intentara. apartarnos! ..... .
Ay! Pero ni siquiera había de quedarme esta compañía que endulzaba los sufrimientos de mi corazón.
Quince &lt;lías después salíamos de la iglesia ele San \'icente y tratábamos de atrave~ar la calzada frecuentadísima que desemboca en
la Avenida &lt;le Meilhán, por la que pasaban multitud de carruajes. 1\fi
madre, no repuesta aún de la emoción durante la misa, y con los ojos
nublados todavía por las lágrimas que corrían bajo su velo, tenía prisa de regresará casa. Vi bajo el crespón el brillo de sus dientes que
mordían los l:i bios sollozantes. Llena de impaciencia, quería llevarme muy de prisa hacia el hogar abandonado, d.on&lt;le pu.diéramos llorar sin descanso.
Se lanzó á la mitad de la calle y la seguí; pero al mismo tirmpo
me detuve y dejé escapar un grito. Un carruaje amenazalia pa~ar sobre ella: le ve, se aparta, pero se aparta demasiado y otro la clerriua:
una pesadt.. carreta que parecfo. inofensiva, que caminaba paso á paso. En mi dolor no he tenido la satisfacción ele decirme q ne si esto
ó aquello no hubiera ocurrido, se hubiera evitado el irreparable accidente.
Madre adorada, tú sola te arrojaste á la muerte corno llevada &lt;le
tu firme voluntad! Y en el último momento, en medio ele la nonvulsión postrera, tu mano tuvo un ademán que comprendí súbitamente.
Me decía:
-No avances! Yo muero ...... tú vive! ........ .
Y quedé aturdida. Y no arnncé. Y moriste sola. El timón te
hirió e11 el pecho. Tengo en el corazón el grito sordo, ronco, arrancado
de tu pecho sorprendido. El caballo, bajo la mano del carrero que
&lt;JUería detenerlo, se encabritó y dejó caer su cal'co sobre tu pobre cabeza, caída en tierra. Este golpe fué mortal. Se ha dicho que no habrías muerto del primero. La multitud gritaba y se aglomeraba. ::\Ie
desYanecí.

II

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.--ILUSTRACIONES DE SIMONT.
TRADUCCION Dt "tl JrlUNDO ILUSTRADO."

Hay almas que son tal vez como las semillas de c-iertas plantas,
que no pueden germinar sino en determinado suelo. En los centros
mundanos, en los cursos ele educación á la moda, donde las muchachas llegaban cuhiertas de seclas y encajes, empolvadas y perfumadas,
acompañadas de una institutriz de adorno, a!lí mi alma no Ee encontraba en su medio vital.
lfoé preci!'O que una rúfaga ele viento arrebatase á los míos, á los
que me proporcionahc1n el bienestar, para que yo fuese llevada, como
una semilla, al terreno que me destinaba la Providencia. l~ntonces
creí: mi alma se ensanchó y se ahondó; conoció los sufrimientos y se
llenó Je piedad.
Más aún: mi maho torpe, tomará la pluma para pedir socorro;
no para mí-que, á Dios gracias, no lo necesito, -sino para las otrils,
para, mis compañeras las maestras de escuela. Y escribiré este libro.

¿,Cómo llegué á maestra ele escuela·?
Fuí la hija única de un doctor de l\Iarsella, y de una mujer muy
cuidadosa del bien parecer ele la casa. Este bien parecer estaba asegurado por la fortuna que nos dejó mi abuelo. Pasaban los días en
medio del lujo y la tranquilidad. Sabía yo que era rica; pero quería
ignorar cuál es la magia de la dote. Em muy bien recibida en sociedad. Debía el éxito á mis ojazos azules, franjeados por la línea obscura de las pestañas; á mi talle redondo y fino; á la hermosa trenza
castaña cobriza que me caía sobre la espalda. Era feliz; siempre alegre, siempre haciendo ruido en casa.
Mas,
desde esa época, el fondo ele mi carácter era más bien si•
,J
.

lencioso y lleno de sensaciones «obscuramente luminosas». Por ejem
plo: me sentfa vagamente turbada siempre que ante mi dicha se Hlzaba una miseria ajena. Papá y mamá parecfan hacer de n;i dicha
todas las leyes del uniYerso. Jamás medité acerca de mi egoírn10 deamor; tocábnme sólo dejarme amar, y asi lo hacía.
Pn día la de~gracia cayó súbitamente sobre nosotros, como Rúlntamente se arnontonan las nubes en el cielo y se desata la tempestad.
He dicho que éramos ricos; mas esto no bastaba á un bnen pnclre que tenía locas ambiciones para mí y me quería rica entre las
ricas. Oyó hablar de una empresa de minas, se alucinó y arriesgó nlgunos fondos, que no tardaron en desaparecer; y tras de éstos .:iguieron otro!'. Luego mi padre se ,·ió }lOseído de nna especie de fiebre:
enloquecido, siguió arriesgando lo que le quetiaba, y no tardó en
arruinarse. Entonces se le declaró una enfermedad del coraz6n, antes.
anunciada vagamente. Le vi mortalmente enfermo y no supe la cnnsa, porque él, por un supremo pudor, por lo que llamaba «su culpa,,,
quiso que yo la ignorase. Cuando, al morir él, quedé como petrificada á la cabecera de su lecho, vi á mi madre que gritaba:
-¡Ha muerto porque estamos arrninados!
:No comprendí nada. ¿Qué significaba eso de "arruinadoR»? Sólo.
me laceraba las entrañas la muerte ele aquel ser queriJo. ¿l~ra posible que hubiese muerto?....... Veía, como en un suelio, su hermoso
rostro lívido y descompuesto, sus manos enclavijada~ en el pecho, y
un desfile de personas que acudían silenciosamente á la cámara mortuoria ........ .
No volvió á ser la misma la querida y alegre casa. Por todas partes
pe1iclían grandes corti nnjes. Mamá y yo, vestidas ele In to, pasá hamo~

Los periódicos refirieron el acC'idente mortal de mi madre, recordaron la muerte de mi patlre y dedicaron algunas frases discretas á la
hija que que&lt;laha huérfana y sin fortuna. Porque no se había olvidado la historia de la ruina ele mi pobre padre, y eso ba:;t6 para hacer
el vacío desde luego en derredor de mi recuerdo.
Sólo,dos amigos me quedaron: el Dr. Cairol ysuesposa, que me
llevaron a su casa desde el día de la desgracia. De nada me acuerdo,
hasta un momento en que me encontré junto á los dos ancianof. Fué una maüana; estaba yo acostada en una recámara elegante·
!~asta mi lecho llegaban ;ayos ?e sol. Mis ojos distinguían aquel!¿
sm comprenderlo. Loca, o med10 muerta, murmuraba frases sin sentido. A cada palabra movía lentamente la cabeza en las almohadas.
No tenía fiebre; pero sí algo como un aturdimiento y parece que de
ello llevaba ya algunos día!'.
'
A mi cabecera meditaba el Dr. Cairol. Era él q11ien había cuidado mis achaques de niña, para los que mi padre no se fiaba en su
propia ciencia. Ahora no tengo padre; y el viejo amigo no ha abandonado sn puest?. Mira ,:on ?esespe.ración á la huérfana que no quiere consuelo. Hamtentaclo mil reactivos y su mujer me ha arrnllado
como se hace con los pequeñitos que gimen; pero de mis labios seco~
no se aparta la queja. El doctor está perplejo ....... intentará un Cilti1~0 supremo medio'? Consulta á su mujer y eila pilidece al oírlo. Yac1la por algún tiempo. Por fin, me pulsa, sacude la cabeza y se resuelve.
Pide á su mujer que le ayude, pero ella se aleja y se niega..... .
. Después he recordado to~os esos detalles. En aquel instante, casi
e:i:,:tmto, .nada comp~·endo: nu cabeza se mueve lentamente y mis labios repiten su gemido loco; el doctor desliza su brazo bajo esa pobre
cabeza; habla:
-Escuche usted, hija mía, está usted enferwa y consiento en cuidarla; pero ¿dónde ponerla? Esta es la recámara de mi hijo. 'Usted
eabe, mi hijo Gastón, que acaba de casarse.
La~ p~labras me llegan como ele muy lejos; las oigo mal; el doc tor contmua:
-Escuche usted, María Teresa, es necesario salir de esta recámara para dejársela á mi hijo. Ahora ya no tiene usted casa!
Murmuro:
-Por qué?
--.P~rque es usted P?bre como los pobre.s de las calles. Su padre
l~ arrumo antes de morir. La he~1.os recog~do por compasión, pero
1esulta que nos molesta un poco, l11Ja mfa. Es neceisario que Jo comprenda usted y que tenga en~rgía para que pueda trabajar.
-:Basta! exclama ~uphcante la esposa del doctor, y nos dirige
una mll'ada cuya a11gustia acaba de curarme.
-P~rque .mi pensamiento apenas flota ya; debo sanar. Sentada,
con los OJOS bnllantes, con YOZ tranquila, interrogo:
, -¿Nada tengo ya, nada? Sabía que estaba arruinada, pero no
hacia caso de ello! Antes de la muerte de mamá nada había cambiado en la casa,. aunque ya,p~pá hubiese muerto ...... ¿Por qué?
Por las sumes del medico corrían gotas de sudor.
.
-~orque los acree~ore~ re.spe!aro1~ el luto de su mamá. Pero eso
no t;-rdo mucho, y l~ ~1sena v1i:i~ meYitablemente ...... Sí, la miseria,
Mana Te~esa! La evito su ex.qmsita madre. Pero ahora usted vive,
pob;e amiga mía; sabe usted que no somos ricos ...... su presencia
aqm .....
--Ba~ta ya! repite la señora, torciéndose las manos.
-DéJele usted, señora! El ~octor tiene razón. Es necesario que
me levante, que tome algún partido. ¿Dónde están mis ropas, sefio-

Domingo 4- de Enero de 1903.

ra? No las veo. Sírvase usted dármelas. Sin. duda t,fltedes no pnetlrn
tenerme siempre consigo. Estoy arruinada ...... Es una dicha que
mamá haya muerto.
Me desmayé ror la segunda vez en mi vida.
Cuando Yoll"Í en mí, el llanto surcaba la~ mejillas del doctor.
1\1i corazó:1 estalla en Follozos hienhechoref' . ..... Estoy !'al\'ada.
Ah! las súplicns del buen hombre! Lns exolicnciones &lt;le la .:eñora. Amb.~s están junto á mi lecho, con el rostro radiante ele ternura
y confus10n ....... .
-•-Era para curarla ...... Es usted altiva ...... Sólo eso podía sr.carla de aquel e~tado. No nos vuelva usted á hablar de ello. Nosotros
la querernos mucho, mucho!
Me abrazan, estrechan mis manos; son momentos indecibles dedolor y de afecto. Les &lt;levuelvo rns cariño~. les consuelo ...... Ahora
soy yo la fuerte y ellos los que están abatidos, porque no desisto demi propósito de partir.
-¿.Dónde iría usted, después de todo? pregunta colérico el doctor.
-¿,Dónde? Buscaré y encontraré...... Tengo dieciocho a Ji os, soy
instruída; mi deber es trabajar. Concédame algunos días para reflexionar, para buscar mi ruta.. .. ... .
-Algunos días! Ingrata!
Están aturdidos y vacilantes. Por fin, el doctor inclina su blanca cabeza.
-Tiene usted razón, es el deber. Que nuestro cariño no la estorbe ........ .
Salen ele la pie-za. 1Ie le,·anto, me baño el rostro en agua fre¡.:ca,
y cuando me veo al espejo, me asombro de la seriedad que habían
tomado mis rasgos .... .. hay en ellos algo mús de nohlrza; se ha calmado el temblor de mis labios; mis ojos brillan con fulgor tranquilo.
Nada de lo que busco se ha niostrado aún en mí; pero siento que estoy en la \'Ín. recta: el ambiente moral que respiro place á mi ~ano
pensamiento, que las mas abruptas cimas del deber no espantah.
l\Ie presento ni comedor. Mis amigos me rodean tle las mayores
ntencione~. Xn se habla una sílaba de lo que á todos nos prt&gt;ocupa.
En la noc-he siguie11te, con el codo apoyado en la almohada, paso
las horae soñando despierta. Lo dije ya: soy instruída y quiero trabajar; rero ¿.cómo? Soñaré en una casita modtstísima donde virn !'lula
sin ser una carga para nadie. ¿.Qué trabajo me ¡.ermitirá loararlo·?
me pongo á dnr leccionef:', ¿me bastarán para los gastos ir~dispensables·? Ignoro la totalidad de las exigencias de la vida pero tengo el
instinto de tantas necesicladEs, que me espantan.
'
En mi espíritu surge la Yisión de una institutriz que conozco.
No pue~o rec~rclar su nombre; pero lo~ detalles que se me agolpan,
cubren a e,;ta JO\'en fisonornfa de humildad y ele tristeza que me oprimen el corazón . Seguramente que esa muchacha de veinte nño;:: ha
de tPner alegría, ingenio, esperanzas! Pero nada asoma á su pá'lido
rostro .
. ~s el re~ejo rngo de la ~eñori ta mayor de la casa, y á los ojos de
la nma, .¡.:u d~~cípuln, .es un Juguete de la señora de la casa. ¿,Aceptaré una situac1on semeJante? En la sombra de la noche mi frente se
contrae ...... Xo! no! Nunca! ..... .
l\Iejor estar i-ola y libre! Construir una casita no sé dónde· reinar en ella. Dónde? Cómo? Jamás había oído hablnr de la vida de
la in~titutriz municipal ;mas he aquí que la casita de mi imaginación se
convierte en casa de escuela; hay una clase llena de niños· uua. recámara doncle me ~·etiro ?e~pués de mi trabajo; por todas pa'rtes flores,
ventanas de co1:rnas rusticas, que dan sobre un campo apacible ... . . .
Cosa extra!ia! A mí ll~gan los .perfumes de esa campiña! l\Ie
duer!no tranqu1!?11lf&gt;nte.. ~I1 pensam1~nto ha resbalado de la inquietud a la r;soluc1on clefin1tn-a, como si una fuerza mágica acabase de
llevarm~, a esa vía y_ ~firmarme ~n la dicha de ella. Sin esta previa.
persuas1on &lt;le la fel1c1dad. habna fatalidades.
Seré maestra de escuela!

Si

III
Al día siguiente doy cuenta de mi hallazgo. La señora de Cair?l .escu~l1a; el c!~ctor trata de disuadirme ...... He dado desde el princ1 pio m1 res~lu?10n final; por fin, el doctor aprueba, á medida que
desarrollo mis ideas de la víspera.
, -Uste,d institutriz en mi familia? Vamos! ..... .Ha tenido usted
r~zon •••·••No era e~o lo que se necesitaba . ..... ni dar lecciones en la
cmdad: es~o es peligroso. Allá en mi lugarejo, es distinto: el campo,
la verde_ hierba, el .canto de loR gallos, el balido de las ovejas ... ..
La senora, lo mismo que yo, mira al buen hombre que al fin no
puede contenerse: .
'
. -Con~·enido, nifia! Usted es muy instruída. Xo nos será difíCJl consegt~1rle en:ipleo en una población corta. Falta el diploma .... . .
gsted no tiene diploma; y, en verdad, á pesar de su ciencia necesita
ste1 ese papeh~cho. Así ee que permanecerá usted aquí. Sabe que
Gaston no _necesita de su rccá~ara, pues hace el viaje de bodas, que
du~ará meses. Por consecuencia, será usted nuestra hija, quiera óno
qmern, en tanto que consigue sus papeles. Magnífico!
Quedo estupefacta. El doctor se frota las manos. La señora encantada, me besa. Pero es cierto lo que dicen : tengo que perma~ecer
allí.
-Pero, amigos míos, ustedes no son ricos.
-Y~m~s, niña, hasta por hoy!
, ~fe _mclmo ante su decisión, llena el alma de gratitud. Desde el
d1~ s1gt~1ente entro en campaña. Quiero gastar lo menos posible r.
n:11s amigos; así e~ que no seguiré estudiando en mi antigua escuel/
srno en una gr~tu1ta, puesto que soy pobre y aspiro á emplearme e~
una escuela as1.

�Domingo 4 de Enero de 1903.

EL :MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO
M:e echo á buscar. Entro en la escuela que encuentro mfts_cerca.
-Aquí-me dicen- no es más que una escuela primaria. Usted
habla de diploma, y necesita dirigirse á una escuela superior, por
ejemplo la de la calle de Bergers .... .... .
l\Ie dirijo allí, pero mi estoicismo se detiene ante esa resoluci6n.
Un :fondo de orgullo en rebeli6n, uua altivez de mala ley que me decidía á mezclarme lo mehos posible con las niñas e.le la escuela. Fuí
introducida al despacho de la di rectora. Jamás olvidaré ese instante.
Mi voz vacil6:
-El diploma elemental, señora, y también el superior. Quisiera ambos en este acto. Podré alcanzarlos trabajando día y n-oche, si
es necesario. Quiero saber solamente si este establecimiento está á la
altura de tales estudios; si aquí se siguen todos los programas.
Que adivin6? ...... Sus ojos grandes me miraron.
-Quiere absolutamente concluir este año? Por qué no, si está
Usted resuelta á trabajar? Sí, la escuela está á la altura. . .. D6nde ha
hecho antes usted sus estudios?
Sentí un impulso rebelde; no quería recordar nada de mi pasado. Iba, no obstante, á responder; pero la directora me interrumpi6
con su voz dulce.
- En fin, no es necesario saberlo. Voy á inscribi r el nombre de
usted, y le quedarán abiertas las puertas de la escuela.
Acerc6 un gran libro de registro; buscó una página; luego, cor,
la pluma ya lista, alz6 h::i.cia mí su hermosa frente. l\Ie atemorizaba
tener que decirle mi nombre, que podía hacerle conocer mi historia.
En ese momento llamaron á la puerta' y e; ,tr6 una niña.
-Ah! mi pequeña Cecilia-dijo bondadosamente la directora,falt6 usted esta mañana; lo noté en la clase de aritmética .......... Por
qué?
Muy rubia, intimidada,no de mí, á quien ni siquiera había visto, sino probablemente de la directora, respondi6 la niña:
-Mi padre se hiri6 con una. herramienta al estar trabajando,
señora. :Mamá, para cuidarlo, dej61a ropa que debía entregar y que
no estaba acabada de lavar, y he tenido yo que terminarla.
-Es grave la herida de su papá, Cecilia?
-No,sbñora. Un día de reposo, según parece. Lo principal era
esa ropa.
-Bien, bien ...... Prncure usted ahora ponerse al corriente con su
clase.
- Lo haré, rnñora.
-Una palabra, Cecilia. Ruegue usted á la señorita Vernet que
venga un momento.-Ya la mandé llamar con una niña que ha de
haber olvidado el encargo.
Y, volviéndose á mí, iba á hablar, cuando llamaron de nuevo.
Era la Señorita Vernet,que se disculpaba de haber tardado.
-El profesor de dibujo me retenía, señora...... . .. .
-Bien, querida señorita. No es sino una palabra acerca de la
clase de geografía. Habrá que arreglarse de manera que las niñas
puedan estudiar de día ese libro. La mayoría de ellas tienen en casa muy poca luz, y los nombres de los mapas son tan finos que sus
ojos se fati~an pro~lto. Más 0rde hablaremos del asunto; por ahora
vea usted s1 es posible cambiar la hora de estudio.
Sonreía dulcemente para acompañar con su sonrisa la retirada
de la joven profesora. Y luego, volviéndose á mí, me dijo resueltamente:
-Señorita.
Yo debo de haber estado muy pálida. Refugiada en un extremo
de la pieza, había asistido á esas escenas. La colada de la niña Cecilia•
esos hogares entrevistos, en los que la luz no baetaba para alumbrar la~
páginas del atlas; esa bondad de la directora; esa tranquilidad en el
deber........ . Qué era aquella pobreza cuya revelaci6n, en lugar de
ocasionarme disgusto, me causaba una emoci6n extraña, una emoci6n
de asombro?
-Bien, señorita, es necesario decir su nombre; es un requisito.
Me agité para volver en mí.
-1laría Teresa Romane-murmuré.
-La hija del Dr. Romane, de quien han hablado los peri6dicos?
Sí-dije con brusquedad.
Ah !-exclam6 dejando la pluma. y viniendo hacia mí.-Pobre
pobrecilla! Cómo adiviné que sufría usted!
'
l\Ie hizo sentar, y quedó de pie, mientras yo me ocultaba con
las manos el rostro, inundado de lágrimas..... .. ..
.
-Llore usted. ... .... .Conozco su historia! un padre y una madre
muertos ambvs en tan poco tiempo.
A poy6 su mano en mi hombro.
-Y no es eso todo. Ha ve!1ido usted aquí tan pronto, porque
no tiene nada ni á nadie, ¿no es verdad?
Quiere usted sus diplomas para hacerse un porvenir? ¿Qué
porvenir?
-No tengo hogar, señora, y pediré un empleo al gobierno.
- D6nde, en una poblaci6n corta?
-Sí, seüora.
. Después h~ recordado que, en aquellos momentos, sus ojos se
pusieron sombnos, y su frente se contrajo al pronunciar las palabras
siguientes:
-Por qué no mejor ser institutriz en una familia?
Y después de una corta vacilaci6n:
- .... .. . .. O empleada. en un al macén, 6 en un puesto cualquiera
en el teléfono ó en el telégrafo!. ...... .. Por qué preferir la soledad de
un 1ugarejo?
.
-Así lo quiero-ineistí, s~jeta aún á la magia de la palabra ccsoledad, J&gt; que acababa de pronunciar la maestra. Así lo quiero!

Domingo -! t1c Enero de 1903.

Retir6 su mano de mi hombro. ·Ahora tengo la impresi6n de que
desde ese instante qued6 resuelto mi dP-stino. Su ade~án significaba
((La compadezco, pero adela.nte ...... debe de estar escr1to)).·:· ··
El rostro expresivo de la. directora, sus maneras delica.d.as,, su
bondad las escenas que había yo presencia.do, todo me conquisto.....
Hice a1;te ella reflexiones' acerca de mi es:.Udo de ánimo,
que no. ha.
bía hecho ante mis amigos los Cairol. La hab~é de m1 permanencia. e.n
casa del doc~r, de la posibilidad que me br~ndahan yar~ hacer mis
estudios en donde quisiera; pero que yo hab1a preferido 11" á una .escuela gratuita: Hasta. me atreví á decir que bendecía esa resol uc16n
que me había llevado á elfo..
. .
-Es usted complaciente, sefi.ora.. Los sufmmentos no la arredran; es que debe usted de h~ber visto tantos.
,
.
.
J\le miró como p1·eguntántlome lo que yo habia quendo decH, y
pareci6 haberlo comprendido luego.
-Sí,esa tarea de lavado, esa herida del padre de Cecilia, esa historia de las lámparas .. . ... todo eso asombra á usted sefi.orita ......... Lo
comprendo: ha vivido usted siempre tan lejos de las miserias!. ....... .
si usted supiera qué poemas hay en estas miserias! ....... .
8u rostto se había transfigura.do.
.
Después afiadi6, con sonrisa tranquila, en tanto que su voz vibraba aúu por el entusiasmo con que pronunciaba las palabras:
-Este pueblo, .sefi.orita, es el hermoso pueblo de Francia. Usted mer~ce pertenecer á él, puesto que ha venido á nosotros y quiere
trabajar valero.samente.
Se puso en pie. Salí de allí deslumbrada por no sé qué visiones
adivinadas. He leído en alguna. parte que las almas, aun aquí en la
tierra, antes de haber franqueado la muerte, que es una elevación,
suben algunas veces un grado en la escala misterio&lt;:1a del conocimiento.
Creo que yo acababa de subir un grado.
IV
Fueron horas únicas en mi vida. Ignoraba lo que es el pueblo:
le conocí y le admiré. Todo el Marsella obrero, pero que piensa. y
que no se cree inferior por ser pobre, envía allí á sus hijos. Belleza,
inteligencia, valor, deberes formidables y cumplidos con amor; trabajo admirablemente arreglado en la eseuela y seguido con fiebre noble y sana; el porvenir meditado con calma y aceptado de antemano
en todo lo que tendrá de riguroso: tal fué la impresi6n que me causaron las j6venes de la escuela.
Aceptaban su situaci6n en calma, aun con cierto gozo tranquilo
que prendía en sus hermosos ojos fulgores de juventud y de fe. Por
qué no haría yo lo mismo? Qué más era yo que ellas?
Oh! sus pesadas trenzas, sus talles esculturales de marsellesas
su tiute sonrosado, sus pupilas azules como el mar, 6 negras, de u~
negro aterciopelado. Y su lenguaje, á la vez entusiasta y puro! Y su
gusto por tudo lo que es poesía, arte!. .....
Adorables criaturas, tan modestas y tan llenas de perfecciones
cuyos ensueños todos se resumían en ese diploma que debería hace~
ros independientes de vuestras familias...... Sin duda que esa situación, tan soñada, se os aparecía con probabilidades .de dicha ..... . Yo
veía estremecerse la esperanza en la sonrisa de vuestros labios entreabiertos, cuando alguien relataba ante vosotras la historia de alumnas que os precedieron.
Armanda, la institutriz de los niños de una. gran familia en Rusia, y que s.e cas6 con.el intendente del castillo. Luisa, la s~bprofesora de un mternado importante, y que acababa de ser solicitada en
matritl]oni? por el profesor d~ historia. Rosa, la bella é inteligente
Rosa, a qmen había yo conocido y que iba á casarse con el hermano
de uno de sus discípulos. Seguían los detalles menudos: la casita de
Rusia, que Armanda había descrito en una carta· la instalaci6n de
Luisa en una babitaci6n modesta, que todos habí~n ido á visitar·
por fin, y sob1:e todo, Rosa: había pedido un puesto de institutriz e~
un pueb!o, y sólo esperaba su no.mbr~mien~o} para casarse; después
~archana al pueblo con su mando: el abrma un taller; ella trabaJaría. en la escuela.
Y al fin sucedió ........ ..
Lo supimos inmediatamente...... La carta pas6 de mano en mano. Las j6veues la leyeron conmovidas y soñadoras, y por sus frent~~ puras surcaron, como nubecillas, muchas esperanzas........ Tamb1en ellas serían felices. -¿Por qué no?
·'
-Te confieso que yo preferiría un profesor, un maestro de escuela c?mo yo, decía una4 cándida como si en su mano estuviese el
porvemr.
-En e~ecto, decía otrn, pero Ger6nimo es un excelente obrero.
. -No digo que no .. .... Y, además, se amaban mucho desde ha?e tiempo. l\Ias p3:ra nosot~as, que no pensamos en nadie, sería meJor UJ: profesor. M~ra: la misma cultura de espíritu, las mismas ideas,
las mismas ocupaciones, lo misma casita de escuela.
. L~s hermosos ojos de todas aprobaban en silencio, con esa ligera
d1l¡tta~6n de pupila en que parece que el alma, para entregarse al
ensueno, abre la ventana. y se pone de codos á ella. Y esos silencios
~dora?les se prolongaban y hacían asomar el carmíh á las mejillas
JUvemles.
(CONTINUARÁ.)

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--

EL

\aJ . '

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Excmo. Sr. D. Práxtdts matto Sagasta,
Notable Político Español.

t

EN MADRID EL 5 DEL CORRIENTE.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Año Nuevo</name>
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                    <text>Domingo lo. de Marro de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

ANO X•••JOMO 1.--NUM. 10

MfXICO, MARZO ¡ Df 1903.

Ger ente: LUI&amp; Rn'f&amp; &amp;PINDOLA

Dir ector: LIC. RAl'A U Rfl'f&amp; &amp;Plf"!DOLA.

•·

Vista exterior de la Cervecería de Toluca.

LA INDUSTRIA CERVECERA EN EL PAÍS.
NOTABLES ADELANTOS.

.

,oo

I

iü~:llÑiil

. &lt;Jnl11•1·11ad111•

1lflh~j

( '1111.,lilu1·1•1n:il
d1•l r~lddo J .ilif(• ,\ ~ohf'l•ano dt'

1

Subtcripción mensual forinea, SI.SO
ldem. ldem. en la capital, SI, 15

Al verificarse la apertura de la Segunda Exposici6n del Estado
de México, consagramos algunas líneas en nuestro semanario ÍL describir la magnífica exbibici6n que de sus productos hizo la Compañía
Cervecera Toluca y México, y á. patentizar los adelantos verdaderamente notables que ha alcanza.do en los ultimos años.
Esta importantísima negociación, en efecto, ha ido de progreso
en progreso: fué la primera que implantó en el país la elaboraci6n de
la cerveza «Lager» conservada, de incomparable buen gusto y calidad
suprema, y ha sido, igualmente, la primera en levantar una. fábrica
de botellas del más moderno estilo, abriendo así un nuevo campo á la
actividad de la. clase obrera.
Tanto la industria ele la elaboración de cerveza,como la de fabricaci6n de botellas, han merecido la recompensa más amplia y satisfactoria, no sólo en los eliversos países donde han figurado sus productos en fraternal competencia, sino también en la segunda Exposición del ~stado de México, que cerró sus puertas el 5 del pasado.
Testimonio muy elocuente de esta afirmación es el valioso
grupo ele medallas de todas clases que h:m sido concedidas á la Com•
pañía, y entre las que sobresalen, tanto por su número como por su hermosura, las de oro, de primera clase: precioso galardón acordado al
trabajo honrado é inteligente, á. ese titán de músculos de acero que
todo lo transforma y lo ennoblece.
Actualmente, según sabemos, esta importante negociación, que
no de~cansa en su labor, coronada por tantos y tan merecidos tri un•
fos, ultima el establecimiento ele uña planta de fuerza motriz eléctrica, en sus_ fábricas, para substituir la de vapor que ha empleado.
Es digna del más alto elogio la Compañía Cervecera tanto por
sus constantes esfuerzos en pro del adelanto de la industria nacional,
c?mo por su empeño de_corresponder siempre á la decidida protecc16n que el público le d1~p~nsa. Por lo demás, es de desearse que
tenga muchas empr~sa~ i,m1t~doras en sus afanes &lt;le engrandecimiento. Así, éstaR contribmran, como ella contribuye al desorrollo de
la riqueza nacional.
'

Corbtta "nautnus"
_.,,,

Grupo de Jefes, Oficiales y Guardias,

tomado en la Legación de España.

�EL MUNDO ILUSTR~no

Domingo 8 de Marzo de 1903.

Eitrcitios tuartsmalts.

N

O voy á predicar: ni la sombría sotana
ni la blanca sobrepelliz envuelven mi
cuerpo pecador, y l'.l'li nrida palabra
no trae los místicos estremecimientos de una
inspiración celeste y santa. Y creo, señora
mía y amable lectora de estas profanas charlas, que vuestra Jiminuta oreja, sonrosada como un temprano y tierno pétalo primaveral, guarda celosamente las enseñanzas que durante esta primem semana de recogimiento
cuaresmal ha escuchado de lós elocuentes labios de vuestro predicador favorito, que, desde las alturas de la austera cátedra del Paráclito, ha vertido en vuestra conciencia la
abundosa cascada de su sabiduría mística; y así,nofuera yo,pohre pecador, quien
pudiera amenazaros con los fuegos sempiternos y crueles del Infierno, ni atraeros
al camino del bien con las inefables v misteriosas promesas de la Gloria.......:.
En estos tiempos de cuaresma-que suelen coincidir con los hermosos tiempos de
primavera, como si el recogimiento fuese
m&lt;i.yormente necesario ante las explosiones de la juventud y de la savia nueva,en estos tiempos de cuaresma, los profanos
cronistas cedemos de buen grado nuestro
puesto á los cronistas severos &lt;le la Religión, que durante cuarefita días pasan
revista á vuestros pecados, como nosotros la pasamos á vuestros encantos durante los restantes trescientos veinte días
del afio. Mas no fuera tampoco muy discreto de nuestra parte el hablaros de ªI?ºr
y de placer cuando os preparáis á acercaros al tribunal de la penitencia, y haciendo un duro calce á nuestro natural pagano
y adorador de. la eterna Belleza vi \!iente y
pal¡ itante, vémonos constreñidos á rozar con alf\S de mariposa las cosas herméticas del Espíritu, y en la tarea sólo
puede consolarnos la vaga esperanza ele
sembrar las grises monotonías del asunto
con algunos débiles toques de &lt;(policromía
verbal» ...... ¿Me entendéis, señora, ó acaso he caído ya en las, para vos incomprensibles sutilezas del modernismo andante·? ...... No temáis: habréis de entenderme; y luego vendrá la Pascua, y en
la Pascua-hossana, palmas, resurrección,
amor y vida-me entenderéis mucho mejor.

Así vos, d u lee señora mía, así vos, como la
rosa, sois polvo y en polvo habréis de convertiros. ¿No os atemoriza esta perspectiva? ¿No
tembláis ante el triste destino que se os tiene
reservado? ...... Vi viréis, 1nnaréis, y luego ..... .
la Muerte, siempre la Muerte, os convertirá en
polvo, os volverá á la miseria de que fuisteis
creada ........ y nacerán uuevas mujeres, para
morir también, porque detrás de la Vida viene
siempre la Muerte!. ....... .
-¡Qué estribillo tan insoportable! diréis.
Así es el estribillo de la realidad: es insoportable. Martillea sobre la conciencia, como mi
«policromía verbal» martillea sobre vuestro¡;
oídos. Lo mismo, siempre lo mismo; y «lo
mismo)) es la Muerte, la que ha de convertirnos en polvo, á vos, dulce lectora de estas

EL MUNDO ILUSTRADO
sobre la tierra reinaba el bien, en que no había partidos políticos, ni monederos falsos ni
peste bubónica, ni nada de esos azotes que hoy
nos torturan, un mozo abrazaba á una pucela
bajo las frondas floridas de un viñedo. Acert6
á pasar cierto apóswl que, en sus ensimismamientos míslico3 había adquirido el dón dela
doble vista y cuyos ojos disponían de rayoe
más catódicos y de mayores X X que los del
Dr. Roentgen, y al mirar al enardecido garz6n
que á la pucela abrazaba, díjole cof).los tonoe
más severos de su voz: ¿Qué haces, cuitado,
que con tus brazos abrazas á un montón de
polvo? ...... » El garzón hubo de recapacitarantes de entender las palabras del apóstol; pero
habiéndolas entendido, repuso: ccQue polvo seremos, no lo dudo; pero entretanto ......... • El
resto de su respuesta perdi6se entre los ru•
mores de la tarde moribunda. Y el ap6,.
tol, al escuchar esas palabras, arrancbun
racimo del viñedo y comió las uvas apresuradamente.»
Hasta aquí el piadoso evangelista de
quien transcribo la parábola. Yo, sefiora
mía, no puedo agregar nada á tan elocuente emblema, y cor.cluyo, otorgán•
&lt;loos la más. apostólica de mis bendiciones.
OSCAR UERZ.

NOTA MILITAR.
NUEVO SUBSECRETARIO DE GUERRA.

El señor Presidente de la República ha
nombrado al señor General de Brigada
Luis C. Curiel, Subsecretario de Guerra
y Marina, en substitución del señor General don Juan Villegas, que interina•
mente servía ese puesto y que pasa á hacerse cargo de la Dirección del Colegio
Militar.
Entre otros cargos de importancia, el
señor General Curiel ha desempeñado loe
de Gobernador del Distrito, Diputado al
Congreso de la Unión y Gobernador del
Estado de Jalisco. El nombramiento hecho últimamente en su favor, ha sido
muy bien recibido.
El miércoles por la mañana, ante el
señor Secretario de Gu-erra, prestó le. protesta de ley el nuevo Subsecretario, en•
trando desde luego en posesión de su alto
empleo.

Domingo 8 de Marzo de 1903.

Para las Victimas de la Peste.
tarrtras tn Ptralolllo.
El domingo ?-nJerior por la mañana, se efectuaron en el Hipodromo ele Peralvillo los juegos ele sport _que con el fin de allegar fondos
P?-ra las vfotimas de la peste bubónica, orgamzaron los 3:lum_nos de la Escuela de Agricultura y Vetermaria.
L~s ~uegos, que resultaron bastante lucidos,
consistieron en carreras en bicicleta y á caballo, estas últimas á campo raso y con obstáculos, y eh la «caza ~e la Zorra», ejercio muy en
moda, en la actuahdad, entre los aficionados á
esta clase de sports.
Pasada la primera carrera en bicicleta que
gan~ el señor Ramón Manzano, y los ,cj~egos
de crn~s11 ~n que, tomó parte el «Club México,» se Jugo una a caballo entl'e los alumnos
de la Escuela, David Sosa y Pedro Somera
Esta fué á 4,000 metros, y en ell:iresultó ven~
cedor el segun?º d_e dichos alumnos. Como
parte extr~ordmana del programa; se organizó en segmcla otra carrera, entre los señores J.
Blum, en buggy, Carlos Morales y Ramiro
Manzano, en bicicleta.
Los alumnos de la Escuela"'elton, corrieron despu_és caballos á 400 metros, distinguiéndose entre todos, el niño Salvador Pesquera
que montaba el «Si!eno» y que ganó la carrera'.
Al presenta~e el mño en el palco de las rein~s que,pres1dían la fiesta, t. recibir su prem10, fue _muy aplaudido por la concurrencia.
Los miem!)foS del Club Hípico Militar, tomaron también parte en los juegos así como
las ~eíioritas Haittii Welton, Jenetta Blum y

Sritas. Haittii Welton, Jenetta Blum y Lottii Lekeni.

Las !einas de la fiesta, que lucían primorosos traJes, fue~on las señoritas Elena González,
María y A?"leha Rodrípuez l\liramón, Elena y
Dolores l\favers y i\Iana Barreiro.

EL ESCULTOR.
La piedrn f~é la madre ele la esculturn
e1 helado gra111to fué su profeta
'
el blasonado br~nce su gran poe'ta.
y la arenosa. arcilla su vestidura.

Mi cincel es de hierro, pero fulgura
como ante el sol pasando veloz saeta
i ~oy el dios de las Artes!; ¡soy el atl~ta
cmcelador soberbio de la hermosura! '
El ti~mpo_no destruye mis obras santas·
del l\foisés gigantesco bajo las plant
'
el hombre se estremece, duda, palpi:'......
1Yo sor el,que, ele bloques hecho edazo~
hago surg!1: u fuerza de martillazos p
.'
las curvas impecables de la Afrodita!

PuLVIS ES ....... .

Sois polvo y en polvo habréis de convertiros........ Señora mía: ¿habéis pensado alguna vez, muy en serio y con la
intensidad de los pensamientos graves y
torturantes, en toda la tristeza, en tuda la
desesperanza, que se encierra en el hecho
de todos sabido, pero de todos olvidado,
de que tras de la vida está la muerte? ....
SR.
La rosa, la opulenta. rosa brillante de
rocío, que se aduerme dulcemente sobre
la suavidad de vuestro seno, será mañana un montón ·de hojarasca que, en alas del
viento, se convertirá en polvo y no dejará ni
nn recuerdo de su aroma ni huella alguna
de su belleza. Y sin embargo, la rosa ha
vivido: ha sido. casto botón, apretado dentro de su verde abrazamiento y .temeroso
de abrir su cáliz á la erótica avidez de las
mariposas; ha sido flor tímida, apenas entreabierta á la fresca humedad de la mañana y recatada ante las indiscretas caricias del
sol; ~a sido encanto de los hombres, cuando,
roto su broche, desparram6 á los cuatro vientos la lozanía de sus pétalos; hubo el epinicio
del beso y de la voluptuosidad cuando tocó
vuestros labios y cuando se adurmió suavemente al arrullo de vuestros suspiros ..... .
La rosa ha vivido y, no obstante, la rosa no
es sino polvo, vivificado por la omnipotencia
del Misterio, y fatalmente se tornará de nuevo
en polvo, desaparecerá sin dejar huella de su
aroma ni recuerdo de su belleza, y nacerán
nuevas rosas, para morir al fin ...... que siempre está la Muerte detrás de la Vida!

El HIio dt la tantintra.

RENÉ LoPEZ.

Carrera en buggy.

GENERAL LUIS C. CURIEL, Subsecretario de Guerra
y Marina.

charlas, y á mí, profano orador de estos ejercicios cuaresmales.
La ceniza que, en cruz admirablemente dibujada, puso :t1ó ha mucho sobre vuestra frente la mano pálida-¿no era pálida?-del sacerdote, es el símbolo de la muerte, el símbolo
de la nada, el símbolo del fin. Preparaos á esa
~uerte á e_se fin, á esa nada .. ·.; .. porque lo diJO no se1 quién y lo comprueba la práctica:
ccPulvis es, et in ......... reverteris!»

*
**
~li discurso está triste, tétrico; tétrico como
la oquedad de una tumba. Pero, ¿qué queréis?
estamos en cuaresma y estoy obligado á serviros un discurso cuaresmal.
Como final de mi sermón, pasaré á la parábola. Es de buen tono concluir un sermón con
una parábola. Así_ lo hacen los obispos modermstas, y así qmero hacerlo yo, que aliento
bríos de obispo y de modernista.
(cEn aquellos tiempos de santidad en que

Un hijo tuvo la cantinera
Bello y alegre como el amor·
De ojos dorados, rizo cabelld,
Faz de arrebol.
Bravo era el hijo como la madre:
Niño mimado del batallón
Y a. se abrigaba con la bandera,
Ya se dormía sobre el tambor.
En los furores de los combates
Acompafiada por el cañón
'
Daba á los vientos alegres 'cantos
Su tierna voz.
Entre las balas, luchando intrépido,
Herido el pobre niño cayó.
Para que olvide pena y dolores
Toca la músir.a del batallón. '
A los acordes, el pobre infante •
Lanza sonrisas-rayos de sol·1\Ias ¡ay! sus ojos tienen de dirios
El resplandor.
La cantinera, la triste madre
Siempre ocultando su corazón '
Atravesado por siete espadas '
Finge ante el hijo risueño h~mor.
Una mañana &lt;le primavera
El valeroso niño expiró
Y con la madre lo llora~ todos
Los nobles pechos del batallón.
M. R.

rttii Le~eni, que se presentaron vistiendo
pu¿osos t!aJes de seda. El señor l\Iayor Luis
bef ~igueroa, fué quien ganó la carrera á
a lo Jugada por ~l Cl~b1 y la señorita Blum
. que obtuvo la pr1mac1a en competencia con
sus compañeras.
. Además, como últimos números del programa, se efectuaron otras carreras: una á 500
~etros, po_r el Club Militar, que ganó el Ca~n Santiago Aduna, Y la de obstáculos, á
fi metros, en que resultaron vencedores los
8e Eres W. Richard y J. l\I. Gómez.
. d n cuanto á la «caza de la zorra.,,, el grupo
cazadores se formó por los jinetes que hato 1~1 ~&lt;lo parte en las principales carreras.
apitán l\Ianuel Vida) llevó la cczorra »
· :~;tanclo el caballo ccYenado,» y el que log;6
,,,. ncarle la deseada pieza fué el Doctor Dett ..11er.

Í:

bf
E¡8~

LA SIEGA.
DE &lt;AIRES OE LA MONTA~A.&gt;

Ved en los surcos la mies madura:
ya feculento revienta el grano
que con sus besos cuajó el Verano
-el rey fecundo de la Natura No bien el día surge y fulg~ra
rasgando el velo del Orto indiano
al trigal rubio, con hoz en mano '
la gente agrícola se apresura.
Del mar de oro sobre las olas
se carcajean las amapolas
-bocas de ardiente viva escarlata·mientra~ las hoces como enemigas
armas temibles, segando espigas
fulgen cual medias lunas de plata.
JUAN

B. DELC!ADO.

Niño Salvador Pesquera,

�Domingo 8 de Marzo de 1903.

TALIS VITA .....

l

.j
1

UANDO llegué jadeante, casi sin alientos, al caserón señorial que habitaba
ella qon diez criados ......... no sé lo que
sentí. Vila por de pronto tan postrada en la
p&lt;;&gt;ltrona contigua al balcón donde la hal,ían
sentado env~elta en mantas y mantones que
resb~laban de sus rodillas y de sn espalda á
mfd1da que todo su cuerpo iba inclinán&lt;lo,;e
cada vez más hacia el.costado izquierdo que
es decir, al de su pierna sana; ...... la e~contraba luego tan serena, escogiendo flores para
su tocador Pompadour;me recibía tan risueña
tan ajena á toda idea de muerte· abría aú~
tanto, tanto, aquellos ojazos que 1~ dieron fa~a de herm~sa . ..... devolvióme con tan apac1~le n~t~rahdad el beso que yo me· apresuré·
á 1mJ:&gt;nm1rle.~n la ften~e, ....... que, para salir
de m1 perpleJ1dad y meJor persuadirme de que
·sin duda hahían exagerado mucho los- que allí
me habían llamado ...... quise pulsarla. ¡Dios
mfo! Seguro estoy de que si me pinchan no
me brota siquiera una gota de sangre.
'
La muerte había helado ya su mano derecha, y el pulso de su ardiente izquierda se me
escurría bajo li.. presión del dedo como gota
de mercurio. Era que la vida se le estaba escapando no sé por dónde; iba reduciéndosele
como llama de luz que se apaga. ¡Y la que
por fin, seis meses atrás, había cmado de la
corrosiva hipocondría que la tuvo más de cuatro años en _espantoso potro, sugiriéndole día
1 noche, ?'1muto por minuto, el temor de que
iba á morirse,........ ahora escoaiendo flores!
¿Quién dijera que la que había vi~ido cincuenta años sin tocar la realidad ni en las jorna-..
das de adversida~ más cruel por que pasaron
sus padres y mando; la romántica incurable
que había consumido toda una existencia en
pos de ideales falsos y volviendo siempre la
esp~lda á las pocas venturas ciertas que la
realidad pudo ofrecerle; la que ef'tuvo temiendo la muerte cuando rebosaba salud por todos

-----

EL MUNDO ILUSTRADO

sus·poros ...... ahora, cuando tenía ya un pie
en el sepulcro, ahora, precisame11te se entretendría escogiendo flores de trapo?
dónde'?
¡Cabalmente ju~1to á aquel balcón por donde
el sol, que es n&lt;la, penetraba en oleadas de
luz para invadir la lujo¡;a estancia y aumentar
la 1~ota alegre ele aquellos muebTes y paredes
tap1z~~os de seda Pompadour,ni inventi.dos á
p1oposito para hacer notar más el contraste
tristísi~o de la situación, su efecto teatral, el
lado m~s punzante del drama! ¡Qué ironía v
qué candad á un mismo tiempo!
·
Una a~iga de la paciente y dos de sus camareras iban entretanto forma11do ramos con
las flores escogida~ y. co\ocándolas en los jarrones que su duena md1caba preauntándome luego si sus indica_ciones _fran a°e mi gusto. Aún recuerdo la 1mpres1on dolorosísima
9ue_me produjo e~ta pregunta tan preñada de
tlus10nes y de frivolidad formulada en un
momento tan terrible. Y sin embargo, no eran·
pocas las_ sorpresas que aún me estaban resi,rvadas. Sin hálito suficiente para hablar porque la fatiga a_g~ni~ i?a creciendo acom'pañacla ~e un ge~mdo r1tu11co que no dejaba á la
paciente articular las palabras de corrido oíala ~ictar órdenes sin descanso; sin fuerz~s siqmera para leva=:tar bien la cabeza ni µara
s,ostener la esponJ~ en,tre sue dedos, quiso larnr~e 1~ cara, y, bien o mal, llegó á lavársela.
Insmuo 1u ego el deseo de peinarse, y bien contra n~e1&gt;..tra voluntad hubimos de entregarle
el peme y colocarle un espejo enfrente. Temíamos todos que, ~l verse eh él tan ojerosa,
tan abotagatla y páhda, se nos muriese de espanto ......... y nada de eso; poquito á poco y
descansando á ratos, logró alisarse las trenzas
que las camareras le desataron y que tenía ya
empapadas de un sudor mortal.
-¡Basta, basta!-le decíamos nosotros, sua·
vemente, con el fin de ahorrarle aquellos es·
fuerzos que nos 1Iegaban al alma. Pero en vano; no paró hasta cambiarse el mantón por
una ele~ante manteleta adornada con volantes
de encaJe; hasta tocarse la cabeza con una her-

¿Y

EL :MUNDO ILUSTRADO

n:iosa cofia de inglaterras, prendida por gra,,;
c1osas lazadas de cinta rosa, que In asemejaba
á las damas del siglo XVIII.
Aquell t amiga y yo no salíamos &lt;le nuest
d~loroso asombro; no cesábamos &lt;le cAmb~
miradas de estupefacción en que se canden•
ban la compasión y la sorpresa que iba cau..
sándonos esa &lt;ttoilette macabre." Por fin des-pidió á las muchachnl:1, y aquella sefiord y y&amp;
nos sentamos enfrente ele la enferma contemplándola brgo rato con devotísimo silencio.
En mecli~ de ést~, el tic-tac &lt;le la dorada pén•
d_~la se h1zq sentir mejor y me asusté. Parec10me que tomaba un tono lúgubre, inusitado;
me temblaron las rodillas.
, Mi,e~tras tanto, á la pobre enferma se le p()ma hv1&lt;la Pº!' momentos la faz, se le amora·
t~ba~ los lab1,os y los pómulos, el brillo de los
OJOS iba apagandosele bajo la sombra &lt;le sus
grand~s párpados, cada vez 111ás colgantes y
ma~ch1to_s; s~ le desplomaba todo el cuerpo
hacia la 1zqmerda de un modo evidentísimo.
Temiendo que se nos moría íbamos á levantarnos automáticamente y 'casi sin 1espirar,
cuando notamos que abre otra vez los ojos, se
rebulle, _yergue un poco la frente, y con la
mano «v1 van me] lama á mí. Con el corazón como u!" g:a~o de anís acerquéme á ella, y vi
que, mcl1candome la silla más próxima, me
decía con voz aún bastante firme:
:-~iéntate ahí. ¿No dirías tú .... :. con quá
¡;onaba ahora? Con la despedida de Mario.
¡Qué tenor aquél!
El ahogo, aquel gemido rítmico el estertor
que iba pronunciándose, le oq~cur~cían la voz,
le desmenuzaban más y más las palabras.
-¿Ah, sí! Ya mecontarásesootrodía. Procura ahora descansar un poco.
-N?, «Chiquillo," no ( así me había apellid~do siempre) ......... Fué mag ... magnífico...
L1. .. ceo ... nunca... es .. .tuvo ... así.
-¡Figúrate! ...... Veamos veamos hiJ·a, si
l ogras d ormu
· un poco-interpuso
'
' suma
con
dulzura la amiga.
·
Pero la enferma continu6 en su empeño de

hablar para decirnos que aquel sueño podría,
por asociación de ideas, provenir de la sern,ación que le ·producían ciertas lucecitas y chispazos que estaba viendo.
Esto aument6 nuestro pavor. ¿Lucecitas,
chispazos, en medio del derroche de sol que
inundaba aquella estancia? Tiempo le faltó 1\
la amiga para levantarse y cerrar los postigos,
que era como cerrar los ojos á la realidad: lo
que se acostumbra hacer siempre que ésta
amarga.
-¡Ma ... ri ... o.... estaba.... so ... l&gt;er.... biol.
El pú ... bli ... co ... de pie ... agi ... tan ... do ...
pa ... ñuelos-iba aún ella diciendo. Pero aquí
el resplandor de algún incendio interno tiñó
su rostro, abriéronsele los ojos desmesuradamente, y allá en lo más hondo de sus hegrns
pupilas que en aquella ob;:curidatl crepm-cular veía'mos aún relucir, vi brillar algo parecido al chispor'roteo de un fósforo.
-Hija, por Dios, cállate; no te esfuerces
más- exclamamos nosotros, cada vez más alarmados por los extraños f'Íntomas que iban apareciendo. Su víctima, sin embargo, inerte ya
á todas las senE:aciones, nacla debía Eentir,
cuando ni por eso ni por la dificultad progreRiva de exprellión callar quería.
-Todo e~o lo recuerdo yo, hija mía-me
resolví á decir, por si lograba así mejor mi objeto.
Ni por ésas. La enferma ladeó un poco la
cabeza para mirarme, y con una sonrisilla. algo desdefiosa, apenas dibujada en su labio superior, exclamó entonces ron voz más entera:
-¿Tú? Si no habías nacido todavía.
Al oir estas palabras, que nos revelaban los
grados de juicio y de memoria que aún conservaba la paciente, un rayo de esperanza penetró en nuestras almas. ¿Quién sabe si veníamos siendo victimas de una falsa alarma?
¿Quién mejor que la enferma, de suyo tan
aprensiva, podía ser la primera en as·ustarse
de veras ante el peligro positivo de morirse?
l\las entonces un criado anu!'lció la. llegada
• del médico y del señorito. Era éste un sobrino, heredero proba.ble de la enferma, y única
persona, después de ella, de alguna autoritlad
allí. El médico examinó á la paciente, la anim6 mucho, y, una vez en el salón, nos d;jo á
nosotros ,,que sin pérdida de tiempo mandáramos por la extremaunción; que la gangrena.
gaseosa que la enferma padecía ganaba legua
por hora; que el esta&lt;lo de la paciente se agravaba por se¡rnnrlos, y que, evitar la muerte era
imposible.» Excuso decir cómo nos quedamrn,.
Más muerto que vi\'o, vol\'Íme al lado de la

pobre enferma que, en aquellos momentos, iba
cayendo en un soponcio tristísimo, sin por esto verse libre de aquel gemido rítmico que nos
llegaba al alma.
De entonces acá fueron llegando, una tras
otra, todas las primas y sobrinas de la enferma, á quienes se había man&lt;lado recado por
la mañana. Y todas entraban, corrían á besar
la mano de su desdichada parienta, que, como despertando cada vez de un sueño dulcísimo, abría un instante sus oja.zos para contestar al saludo, las invitaba á mirar las flores
que poco antes ella había escogido ..... , torcía
otra yez lapabeza y ... ¡ay! ... ¡ay! ... ¡ay) volvía á gemir.
Era de notar entonces Jo aturdidas que quedaban las recién llegadas de la tranquilidad
que mostraba aquella mujer antes tan aprenSi\'a y agitada siempre. Una tras otra iban
Fentúnclose sin tino, y la que no a.brnmaba á
preguntas susnrra&lt;las al oído á Ru vecina, se
entregaha á mil absurdris cavilriciones. Las
más malicioi-as llegaron á penRar si, con aquella trnnquiliclacl Rólo aparente, intentaría la
enferma. asustar la muerte. OtraR, aun conociendo sobrad11mente los Rentimientos católicos ele su parienta, llegaban á ,·eren ello propósitos ocultos ele una impenitencia que las
espeluznaba todris. N'o sé si alguien más que
yo tm·o, al contrario, por muy lógico, que
&lt;]Uien nunca supo ver la realidad en pleno uso
de sus facultades, menos pudiera verla en
aqllellos mom.entos de postración suprema.
Entró el sacerdote, aún sin reYestir por consejo del sobrino, que temía como yo mismo el
más leve movimien~o de espanto en la enferma;
y como á las dos palabras notara aquél la plenitud de potenciAs f!Ue todavía conservaba ésta,
hízonos disimuladamente Rigno de despejar.
Entonces todos abandonamos silenciosamente
la estancia, tras nosotros cerróse la. puerta, y
uno á uno fuimos cfü:persándonos todos por
las butacas y sillas del gran salón, que era inmenso y el mejor punto de aquel caserón señorial, para entregar$e, en aquellos mome11tos
ele expectación reverente, quién a! llanto, quién
á la alegría, quién á la adoración de DioR,
quién, en fin, á pensar en los misterios de la
vida y en los falsos juicios que fácilmente hacemos de aquéllos cuando mejor queremos escrutarlos.
Salió el sacer¡;lote guardando una actitud
muy reservada y prudente á pedirnos en nombre de la enferma que entrásemos á. verla su
sobrino y yo. Nos llamaba para preguntarnos
con un acento fan duro como inesperado en

El volcán de Colim¡i en erupci9n,

Domingo 8 de Marzo d€ 1903.

aquellos momentos, quién le había conducido
allí aquel padre para confesarla. cc¿No veíamos acaso que lo que ella tenía era tan sólo un
sueñ.o invencible, pero que se le pasaría dejándola dormir? ¿Quién podía dudar de que,
mafiana que se viera en peligro de muerte,
ella sería la primera en pedir aquel santo sacramento? ¿Había pe3r ventura quien pudiese
creerla á ella capaz de confesarse sih el examen meticuloso de conciencia que de ordinanario estaba a.costumbrada á hacer previamente?x
Ante capítulo de cargos que no podíam9s
rebatir sin descubrir desapiadadamente la verdad á quien nos los dirigía, su sobrino y yo
nos queda[jlQS mirándonos con estupefacción
y sin alcanzará d¿cir, más que muy tímidamente, que nosotros no éramos los culpables
de lo que acaso bid.era aquel bu.en señor por
un exceso ele celo. ,&lt;l,erfa el pobrete un ente
asustadizo, acaso poco práctico aún en el ejercicio de su ministerio, poco experto en conducirse con loR enfermos.» Y aRÍ nos salimos dt&gt;l
apuro, casi temblando ante el compromiFO que
c¡uedaba. pendiente, y que, por terrible que
fuese, nos pareció tanto más excusable, cuanto que ni uno ni otro de los dos teníamos en
la casa autoridad ni prestigios suficientes para
imponernos.
Rumiando estábamos aún estas disculpas,
cuando otra sorpresa cuidó de llenarnos de
f'obresalto. La enferma había inclinado lri cabeza de un modo horrible sobre su pecho. Procuramos levantársela, y vimos con espanto
que no se le aguantaba. Ignoro quién &lt;le los
dos llamó á los de afuera, quién i-e quedó allí.
Todos penetramos como una ole.ida en la cámara; una mano abrió los postigos del balcón.
La enferma tenía los brazos desplomados, los
ojos vueltos en blanco. Todas las mujeres presentes cayeron de rodillas llorando copimmmente, el sacerdote ministró rápidamente la
unción extrema ...... La eterna. soñadora había
caído por fin. sin advertirlo. en el más invencible y duradero de los sueños.
NARCISO ÜLLER.

EL VOLCAN DK COLUU.
A propósito de las erupciones del Yolcán
de Colima ol.,servadas últimamente, damos á
conocerá nuestros lectores una anti'gun vista
que representa el mencionado volcán 'durante
la terrible erupción del 16 de abril de 1872. Es-

�~¡, MUNDO ILUSTRADO

Domingo 8 de Marzo de 190::.

ta vista fué tomada á las 10 y 30 de la mañana
de ese día, desde ei primer cuerpo &lt;le la iglesia
pa:rroquial de Tonila, Jalisco.
La gran nube que corona el cráter, y la multitud de piedras volcánicas que éste arroja,
bastan para formarse idea de Jo extraordinario
del fenómeno.
Por lo que hace á las recientes erupciones,
las noticias que, hasta el día 4, ha publicado
«El Imparcia]i,, nada tienen de graves tratándose de desgracias personales; pero sí demues-

tran que revistieron mnyor importancia de la
que se suponía.

***

El 21 del pasado, á las 12 p. m., una fortísima detonación se dejó oír en los pueblos
cercanos á la montaña, y momentos después
una espe!:a nube cubría el horizonte. El pánico que se apoderó de los babi tan tes de aquellas
comarcas, fué indescriptible, y las autoridades tuvi eron que desplegar toda clase de esfuer-

Domingo 8 de :\larzo de 1903.

EL ~1UXDO ILUSTRA [i11
zos para restablecer la calma. Tres horas después sobrevino otra erupción, y, por· (1ltimo
á las cuatro de la tarde volvieron ú oírse fuer~
tPs ruidos que anunciaban la repetición del
fenómeno.
.
Las corrientes de lava que se derramaron
del cráter, invadieron los montes vecinos
p,oduciendo la ignición, y las cenizas fueron
á caer en forma de lluvia hasta poblaciones
muy distantes del volcán. El día tres se observaron nuevas erupciones.

ca torbtta "nautnus"
BRILLANTES FIESTAS
La Colonia Española residente en México,
celebra con todo entusiasmo la llegnda de la.
corbeta-escuela "Nautilus» á Yeracruz, y la
presencia, en nuestra capital, del comandnnte del barco y de un grupo de sus subord111ados.

EN EL COLEGIO MILITAR.-Grupos de cadetes y marinos.

r

VERACRUZ.-La "Nautilus''.
en el momento de saludar al puerto.

Grandes fueron los preparativos que drsde
un principio se em prendieron para recibir dig•
namente á los marinos; y, si hemos de juzgar
por los festejos que hasta la hora de poner en
prensa este semanario, se han efectuado, diremos que pocas veces se había visto, de par-

..

LOS MARI NOS

ESPANOLES.-La salida de la Legación para

te de la Colonia, desplegar major suma de esfuerzo en la organización de festivales que, como los que nos ocupan, hablan -tan alto en
·pro del patriotismo ibero.
La corbeta arrib6 á Veracruz el 25 del pasado, siendo allí recibidos sus tripulantes con
innumerables demostraciones de regocijo. En
la quinta de Buenavista se les obsequió con
un almuerzo familiar, por la .Junta organiza-

dora de las fiestas, dándose un baile en su honor, que se vi6 concurrido por l o más selecte
de la sociedad veracruznna, en los salones del
Casino, primoroi::amente adornado al efecto.
El lunes por la mafia.na, los marinos designados para venir á la Capital, dejaron el
puerto para tomar pasaje {, bordo del Ferrocarril de Veracruz. La belleza del camino
los impresion6 agradablemente, y en todo el
trayecto fueron agasajados tanto por sus com•
patriotas de Orizaba, Córdoba y otros puntos,
como por el pueblo, que no cesó de tributarles
sus demostraciones de simpatía. A las siete
de la nor.he entró el convoy en la estación de
Buenavista, siendo saludado por la multitud
que llenaba el andén con atronadores aplausos.
. La Comisión encargada de recibirá los viaJeros estaba compuesta por los Sres. Quintín
Gutiérrez, ,José SánchE&gt;z Ramos ,José de la
Orga, Luis Pastor, Valentín Elco~o ,José Ma•
ría. Bermejillo y Marcial del Pr;do, y tan
pronto como el tren se detuvo subió á los carros para dar la bienvenida {; los marino11 é
invjtarl_os á tomar los carruajes que debf~n
conducirlos al alojamiento que se _les tenía
preparado. La recepción en Buenavista fufde
lo más entuaiast.-i.
:
1

*
**

LOS

MARINOS

ESPANOLES.-Salida de Palacio.

Palacio

Comandante don Tomás Azcárate, TE&gt;niente
de Navío don Ignncio Cayetano, Alféreces
Emigdio Igle:-ias, Manuel ~Iendh•il y ,José
Dordá, y Comisario Contador de Fragata don
Felipe Franco.
Guardias marinos: Antonio Perrn, ,Joaquín
Bustamante, Félix (-h rcés ele los Fayos, Cándido Montero, Carlos Regalado, Francisco
Benavente, Luis L6pez :Xisulant, Pedro Pablo
Hernández, .fosé :María H Pra,:, Rnmón Agasino, Juan Antonio del Ri vero, J m,é Iglesias l\I.,
Pastor Jorge y Alvaro Espinosa de los Monteros, Rafael Estrada, .Juan Fernández y Manuel
Vela.
En cuanto á la corbeta y á su Comandante,
tenemos los i:-iguientes elatos: la "Nautilusi&gt;
p erteneci6 á la. ma1:¡nn. mercante de Inglnterra,
fué construídn. en Gla.,gow y, se destinaba al
transporte de mercancías entre loR puertos ingleses y China. El gobierno espn.ñcl adquirió
el harco. para conducir un fuerte pedido de
armamento y municiones que hizo á nquel
país, y en 1885 mandó que en los Astilleros
del Ferrol se reparara. convenientemente pnra.
convertirla en una corbeta destinada á la instrucción d e guardias marinns.
El 0omandante Azcárate comenzó su carrera en 1864 en la Escuela Nacional que por
aquel tiempo existía en San Fernando. Un
afio después ingresó como gunrdia al buque
"Navas de Tolosa,i, haciendo su práctica en la
Escuadra del Pacífico hasta 1869, en que pasó f.. las aguas de América del Sur y Cuba,
para servir allí cinco años. Al regresar á España, después de permanecerá bordo del barco «Pizarro,i, durante algún tiempo, se le confirió el grado de oficial, destinándosele primero al buque "Fernando el Cat6licoi, y después
al «Concordia». Terminada su carrera en la
Escuela Superior de ;\-Iarina, pasó á Filipinas
como agregado á la Comisión Hidrográfica, y
'"'lás tarde se le nom br6 profesor de las Escuelas de Torpedos y Xaval_de Aplicaci6n. F ué
también Director de esta última por espacio
de doce afios. Al frente de la «Nantilus" se encuentra desde agosto de rno1.

En su vinje de instrucción. la corbeta. hn.
tocado Cíidiz, Funclrnl, c+ra.n Canaria, San Vicente, Cabo Yerde, !Ria de Guadalupe y la.
Guayrn., puerto, este último, á donde arribó la
"Nautilus" E'll los díns en que el Presidente
Castro ordenaba el arresto de los alemnnes residentes en Caracas. De la Guayra siguió la
corbeta rumbo á Puerto Limón y Jamaica,
hasta llegará Vera.cruz.

'***

altamente su atenc-ión por el perfecto orden y
el asE&gt;O que en dios f'e observn. Por ln. noche
ee &lt;lió una funci6n et-pecial en Orrin, á la que
fueron convidados los jefes y oficiales de la.
corbeta.

En cuanto al jaripeo que se efectuó el jueves por la. tarde en la plaza "l\léxico,• y al
'.lnnquete con que ('l sE&gt;ñor l\Iinif'tro ele E;:1 :nia

El martes por la mañana,· el señor Prei::idente de la RE-pública. recibió en palacio á los distingui
dos viajeros, sién.dole presentad os
por el señor Ministro de Espafia., Marqués de Prat.
En este acto !:e
- cam biarnn cortof',
pero entusiastas dis
curi::os entre el señor Ministro y el
señor Presidente de
la República. De
los salones de la
presidencia, los marinos pasaron á saludar al señor Seer.etario de Guerra,
y después al señor
Secretario de Relaciones, Licenciado
don Jgnacio Mariscal.
Como se anunció,
El Comandante de la "Nautilus" y el Director del Colegio.
al día siguiente se
obsequió á los tripulantes de la «Na.utilus» con
obsequió á los distinguidos h~1éspedes el misÚn banquete en el Colegio Militar, efectuánmo .día por la noche, sólo diremos que la fiesdose, antes, en el mismo establecimiento, alta. taurina result6 muy animada y que los
gunaR maniobras y ejercicios de gimnasia y
Pl_egantes salone~ de la Legación española, i::e
esgrima en que tomaron parte los alumnos del
neron concurridos por miembros promiplantel. Lof distintos departamentos del Conentes del Cuerpo Diplomático y t~ la Colegio, que recorrieron los m·arinos, llamaron
lonia ibera.

í

1

El perrnnal ele la «Nnutilnsi&gt; conf'ta de•nn
p_rimer Co_mandante, un sE&gt;gundo; nueve -,fi.
c~ales, tremta y nueve guardias marinod y
ciento_ noventa y siete tripulantes. Entre )os
guardias, que son alumnos de marina y que
•
r. b
.
v1e~en
,i ordo, se encuentran algunos pettenec1entes á familias distinguidas ele España,
Y otros emparentados con eRpafioles promin~ntes que residen en México. , La lista completa
de. los 9ue componen la parte del personal
ha vemdo á México, es la siguiente:

que

Visita á la clase de Fislca

del Colegio.

En la torre del Observatorio de t.hapultepec.

�Domingo 8 de ~farzo de 1903.

EL MUNDO I LUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

EN LA ESCUELA DE TIRO DE SAN LÁZARO.

Sus carnes pálidas se hinchaban y se hacían
1ojas.
Sus mejillas se inflamaban, lentamente se
iba haciendo deforme.
Su vientre ya era obeso y bestial; u na panza de aldeano le impedía verse las piernas que
iban perdiendo su delgadez y su largura.
Las pantorrillas º ton.aban una forma extraña.
Empez6 á retorcerse en el lecho, y vió hacia
todas partes con una angustia de torturado.
Apretó los puños, y no sinti6 las manos
largas y entecas de antes¡ sinj.i6 que tenía
unas manos chatas, carnosas y pesadas.
Empezó {~ pensar en todas las cosas terribles
que le sucedían.
Pensó: que era ahora un cuerdo sin lirismos y sin quimeras.
Que era un hombrecito \'entrndo de carrillos rojos y reclondos--sintió deseos de reírse
con carcajadas estruendosas:
Y al iluminársele con un nuevo destello su
razón de cuerdo, lanzó u11 grito . de espanto
como el de un núufrago agonizan t€ pensando
en una cosa siniestra: Pensó que era Sancho
Panza.

NOTABLES PRUEBAS MILITARES
un cuadro negro en su cara anterior y un blanco en el centro de éste. Dentro del almacén
había 230 kilos de pólrnra negra y 11 de pólvora boratada, que debían hacerse conflagrar
con dos k ilos de ácido sulfúrico, contenidos
en seis frascos de cristal.
Dos cañones Bange, de batalla, colocados
á mil metros del blanco, eran los que con sus
proyectiles, debían producir la explosión. Loe
tenientes Guillermo ~Iartínez y Carlos Chávez apu ntaron las piezas, logrúndose la voladura ú los d iez tiros. Una enorme n ube negra
se levantó en el sitio donde i-e encontraba el
almacén, dejándose oir una fortísima detonación. Las paredes quedaron reducidas á polvo.
Tau to el Sr. Presidente de la República como s us acompañaiites se d ir igiero n desputs á
presenciar otra prueba: la de la voladura de
uua. fortificación l?ºr minas _disparadas por
medio de una cornente eléctnca. Terminada
esta última experiencia, el Sr. Gral. Díaz recorrió el campo para inspeccionar los efectos
caurndos por los explosivos.
El éxito alcanzado por el Sr. Teniente Coronel ~Iondragón, en las importantes exper iencias á que nos referimos, fué en extremo
satisfactorio. Ilustramos esta información con
'llgunas i ustantáneas tomadas por n uestro fofógrafo.
.
.
El Sr. Gral. Díaz y sus acompaña ntes, en el polígono de Sa n L ázaro.

En p resencia del Sr. General Díaz y del Sr.
Ministro de la Guerra, se efectuaron el 28 del
pasado, por la tarde, las pruebas prácticas de
fabricación y empleo de explosivos organizadas
por el Sr. Teniente Coronel Enrique l\fondragón, J efe en la actualidad, de la Escuela de
Tiro d e San Lázaro.
Después de un examen oral, en que los
al um nos del establecimiento demostraron notables adelantos en lo concierte á fabricación
de explosivos, pólvora sin humo, etc., etc.,
se ~ió la orden. para que, e11 el polígono, se
vev1ficara la pnmerf!. prueba, consistente en
ejercicios de tiro de 1,recisión. Estos se ejecutaron con pistola, carabina y fusil, sucesivamen te, obteniéndose en todos el mejor hito.
En seguida, se procedió á la destrucción de
una línea telegráfica, 1,onstruída exproft&gt;so para la experiencia. y á la de una vía férrea improvisada también con ese fin.
La voladura de aquélla dió por resu!tado
s u completa destrucción: los postes, hechos
p_edazos, fu_eron l_anzados por la cccarga,, á con
SlClerable d1stanc1a, y los alambres quedaron
red ucidos á pequPñísimos fragmentos.
Por lo que toca á la vía, compuesta de tram?s de 10 metros de longitud, fué volada con
seis cargas concentradas, de dos petardos cada

una, y no_ qued~ron sobre el terreno,dei;pués d 6
la explosión, m huellas de los materiales.
A esta voladura, siguió la de un muro ordinario, de tepetate, de noventa centí metros de espesor
por diez metros de
longitud, en la cual
se emplearon nueve
cargas, de cuatro
petardos, que fueron bastantes áarrasarlo totalmente.
La parte sensacional, por decirlo
así, de las pruebas,
fué una notable experiencia ideada por
el Sr. Brigadier Sa!amanea, Jefe del
Departamento de
Artillería de la Secretaría de Guerra,
consistente en la des
trucción de un almacén de pólvora. El a!'pecto que presentaba
este almacén era el de un espaldón de 14 metros de largo, 4 de eipescr y 6 de altura, con

La histori:t es testigo de los tiempos, luz de
la verdad, v1dade la memoria, señora de las
costum bres y mensajera de la antigüedad.

U n dispa ro.

JI s. m.

la Rtina dt los 1utgos 'floralu
dt fflértaa.

,JU.\N D'SOLA.

EN LA ESCUELA DE TI RO.
V oladura de un al m acén de pólvora.
V oladu r a de una v ía f ér rea.

J:a Jlgonía dt Don Quiiott.
Cuando Alonso Quijano el Bueno, ex-Don
Quijote de la ~lancha, estaba agonizando en
el tugurio de su aldea-en su delirio de febribricitante,-oyó una música lejana de zampoñas pastoriles que pregonaban sus hazañas.
Ya él no era el caballero de la triste figura,
añora era un buen burgués que moría en su
lecho de obrero rodeado de sus familiares que
le consolaban y le pedían bendiciones.
La adarga larga, camarada de sus glorias,
lloraba en un rincón polvoso la muerte del héroe andante. Rocinante, había huído á la
campiña avergonzado de la terrible apostasía.
Alonso Quijano el Bueno seguía oyendo el
quejido de las zampoñas.
De pronto, empezó á lanzar alaridos y blasfemias: había visto una cosa horrible que le
hizo estremecer de miedo.
P or su cerebro de débil calenturiento, empezaron á desfilar todas las visiones de sus pasadas aventuras.
Ya Dulcinea no era la dama ideal, e.eñora
de su alma por su r.obleza y su hermos1!ra;
ahora, era una muchacha vulgar y coloradota
que cuidaba cerdos y que Uamaban Aldonza
Lorenzo.
Toda la historia heroica de la andante caballería, habfa sido una farsa de leyenda para engañar á los cándido~.
Amadís de Gaula había sido un fantasma,
creaci6n de un novelista medioeval.

.

Los gigantes no habían existido nunca ..... .
Todo su añejo amor por la piedad y la justicia, todas sus fiebres de aventuras y combates, le avergonzaban en la hora suprema.
Ya él mismo se había reído y burlado de
sus pasadas locuras de Quijote.

EN LA ESCUELA DE TIRO.

Pero lo que le hacía lam.ar alaridos y blasfemias, era u na cosa extraña que le estaba
agigantando el vientre.
Empezaba á perder su larg.a delgadez de
manchego esqueletoso.

[P1·emio de la Colonia Española. J

(

T u mano de princesa fué tallada
para empuñar un cetro ...... 1Ya lo tienes!
;.Qué diadema más digna de tus sienPs
que una estrofa en diamante cincelada.? .. .
Cual de radioso Olimpo transporta.da,
con tu .Corte de Amor al mnnclo vienes;
Y el esfuerzo e11 la noble lid mantien(\s,
¡oh Reina, por el Arte coronad,d
Feliz el j_nsta&lt;lor c¡ue Pn la porfía
llega. el primero, al solio en qne tu 0,.Jori.1
con dulce majestad nos embelesa¡

y u_ngido por la sacra Poe1&gt;fo,
recibe el galard6n de la victoria
ele tus manos liliales &lt;le princesa!
JOSÉ

I.

CHOPÍN.
Se para el corazón. ) Ii alma despierta
Y e~ q ue parece el piano
que lo toca la mano
de alguna novia inolvidable, muerta.:".

V ien do el efect () de u n disparo.

En eLnegro ata(1d de alma de acero
vibra el ritmo sonoro
como un pnjaro de oro
que herido canta su cantar postrero.
Y es lánguido motivo en la sonata;
en la «berceu,;e» es llanto.
Mi propio desencanto
que no supo escribir mi pluma ingrata.
Al recordar el vals largo y sentido
6 el scherzo adorable,
'
6 la mazurca amable,
vibra y eueña mi pecho entristecido.
Son pétalos de ro~a ya marchita
las notas de la marcha,
que caen como u11'\J. escareha
en la. tumb~ de mi alma sibarita.
¡Oh polacas, mazurcas y bnladaf.
ele tri~!e 1110\'itniPnto,
·
que sois como el lamento
&lt;le mis eternas noches derolacla!':!
¡?h los cantos dolientes nocturnall"."'
hucrfanos de alegría,
que habláis Al alma mía
·
de las honda:s venturas sepulcralrs!

··························· ·················· ······

NOVELO.

, Se para el corazón. Mi alma dei&lt;pierta.
•
que le toca la mano
de alguna novia inolvidabl.e, muerta .....

l_ es que parece el piano

"'
Voladura de una f .;-tlficaclón

Domingo 8 d~ l\far zo de 1903.

EN LA ESC U ELA DE T IRO.
E l Sr. Presidente y .el Sr. Secretario
'-·
de Guerra, reconociendo la fortificación

RAFAEI, 0. GALVAN.

�Domingo 8 de Marzo ele 1903.

El ftrrocarril dt Ctbuanttptc
SALINA CRUZ.
En otras ocaiiiones nos hemos ocupado ele
las obras emprendidas en e1 puerto &lt;le Salina
Cruz, y de los trabajos de reparación del Ferr&lt;&gt;carril Nacional de Tehuantepec que lleva
ÍI rabo la Compaiiía Pearson t\'. 8on.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL JtffiNDO ILUSTRAl&gt;O
-Los sacrificios dictados por la razbn tienen esta ventaja: que el esfuerzo que han costado llega á ser siempre la recompensa
-El amigo verdadero te dice tus defectos,
el falso te adula.
-Los aduladores son las avispas del mundo moral: ti,men miel en los labios y ponzoña en el corazón.
-Xo basta confesar una falta, es menester
repararla.
-La ignorancia se
pone siempre delante
para ser vista, la inteligencia se pone detrás
para ver.

RUI N A S.
Despojoi tristes de
críiel desolación! ·
Derribados de sus
troncos y por tierra el
ancha copa, yacen los
úrboles, donde ~e talaban los montes para los
próximos conucos del
invierno.
Zarzas y abrojos, rasando contra el suelo
sus hojas polvorientas,
se extienden en los
surcos que abrió el ara. do !Í los granos fecundos de simiente; y secos los tallos y sin vida las raíces, ruedan
de los collados, barridos por el viento, los
tristes despojos del yuca!.
Xi un gorjeo, ni un
trino, ni aun siquiera
de las vertientes se percibe el blando murmurnr; ........ . y cuando el
~ol declina, y apaga
susfulgoresen elmist~rioso recogimiento del
crepúsculo, entonces,
del fondo de la sabana,
Puente sobre el rí o de Tehuantepec, inaugu rad o en F ebrero último.
escá panse }entamen te
los lúgubres gemidos
Los anti~uo2 rieles de la vía férrea han side la tórtola, así, cual del pecho que sucumbe,
do substituídos por otros, de 80 libras por
esc!Í parn~e angustiosos los suspiros.......... los
yarda, á fin de que el camino sea mucho más
últimos suspiros, que exhalan en la vida las
sólido, y los puentes, que eran en su mayoría
almas que se Yan ......... Y nada m!Ís turba la
de madera y se encontraban en pésimas concal:na abrumadora del campo aniquilado.
diciones para el tráfico, se han substituído
también, construyendo en su lugar otros de
concreto, mampostería y fierro. Los de los
ríos de Tolosa, Saravia y Tehuantepec son notables. Este último está formado por tres tramos, sistema Pratt, de sesenta metros de claro.
Los edificios para estaciones de la línea han
sido objeto de particular atenci6n, y en algunos puntos, como en Salina Cruz, se han levantado hermosas construcciones de ladrillo.
Porlo que toca á la vía, ha sido modificada en
cuanto á su trazo en algunas parte,i, consiguiéndose de esta manera disminuir las fuertes curvas ó pendientes.
En cuanto á las obras de defensa del puerto, se trabaja con toda actividad en el rompeolas v en el dique seco, J1aci{11dose U&gt;'O de
grandes bloques fabricados rn :--alina Crn1..
La instalación está movida por eledriciclad,
y pronto, según sabemo-:, se tr 1nsladarún los
grandes tnlleres que la l'ompaiiía tiene establecidos en CoatzacoalcoR, á R ncún Antonio.
A los anteriores datos, agregaremos que la
nueva población de Salina Cruz ha renlizndo,
SALINA CRUZ.-Rompe-olas
últimamente, progresos muy notables. Sus
fincas, de e:-tilo enteramente moderno, satisfacen todas las exigencias de l!t higiene: son
amplias, bien ventiladas y de hermoso aspecto y forman calles enteramente rectas.
'En el presente número publicamos algunas
íotografías relacionadas con esta información.

Los pújaros volaron buscando otras regiones 't¡ue·les ofrezcan abrigo hospitalario; y con
los tiernos cantores de la que fué floresut amena, volaron también para. el campo abandonado, las rWntes horas de sus alegres días y
las plácidas noches de argentada luna.
Despojos tristes de criiel desolación!
Leños carbonizados, en medio á un cuadro
de cenizas, cubren el suelo, asiento de la tahona que relucía sobre la loma sn techumbre;
á trechos se rnirat1 restos desvencijados de la
antigua enlJ)ttlizada del corral, (!onde por la
noche, llevaban los muchachos al des"ªº~º
los animales de labranza; y rendidai. tam bien
á la inclemencia las plant!ls trepadoias, por
manojos penden las guíns que ~e encu111braron hasta las altas ramas de lns acacia~, (]lle
Jaban al patio abrigo generoso con rrn sombra;
y por manojos caen de las acacias las ~uías
trepadora;¡, sobre el montón Ja;timero de las
rüinas, como caen, tributo de la muerte, sobre las tumbas queridas los crespones ......
Una tarde de cielo brumoso y negroe nubarrones, vióse en el camino que se abre paso
por la garganta de los valles, un pobre viejecito, que {i paso lento subía la cuesta, encorvado bajo el peso de un morral de guerra.
Cuando llegó á la cumbre, y buscó por la
vereda qne le guiara hasta la loma, donde estaba la tahona, apartado nidal de sus amores
y legado bendito de sus tempranos días.... ... ¡
la noche había echado ya ef negro capuz de
sus tinieblas, sobre aquellos tristes despojos
de crüel desolación ...... !
JOSfJ

.ANTomo ESPINOZA.

PAX.

Las dos hijas del rey, que eran rivales, •
quisieron, por salir de su quebranto,
probar la fuerza de su mutuo encanto
en el cubil de los leones reales.

Domingo 8 de Marzo de 1903.

SUEÑO DE NOVIA.
Nada turba ol silencio; nada roba
la quietud imperante de la alcoba
clomle duerme la novia casta y pura;
y arrebujada en :-:ibanas ele armiño,
s~ faz refleja la expresión de un niiio
que sueña con un beso de ternura.
Entrecerrado el párpado sedeño

y en su boca ele púrpura el risueñó ·
dulce candor de Yirginal capullo, •
tibio el aliento y perfuma,lo exhala
cual el roce ~uavísimo de un ala,
cual la nota muriente de un arrullo.

:E11 los hombros de mármol, destrenzada,
como un írnreo jirón de la alborada,
su e~pesa blonda cabellera, esplende;
y apoyando una mano en la mejilla,
breve mano de rosa, donde brilla
el anillo nupcial, amor trasciende.
Belleza i1lcalizadn, en .la poi.tur.l.
Ht cuerpo gentil, la ,·irgen purn
mfü, sen1ej:~ la estatua del ensm•iio
quc un ~cr que duerme sobre lecho hland,, ....
¡ Es porque en ese instante estú ~oiiando
con sus ansias de novia. y con su &lt;lueiiol

de

SAL INA CRUZ.-Trabajos en el rompe-olas del Este.

:-:-ueña que hacia el paí~ de la c¡uinwrn,
1lo11tle ríe la eterna primavera,
do11de una eterna ju,·enlml i;e alcanza,
entre cojirw~ de fragantes flores,
Ya con su amado bien cantando amores
en b góndola azul de la esperanza!
Y mientras ella sueiia, de sn boc:i,
ú11fora diminuta, el he~o invoea
la oculta llama que dos almas quema:
y es i;u sueiio tan dulce, que en la e,;tancia
¡,!'lrere que ;;e rima en la fragancia
de ,;11,; nítidas cunas mi poema!
L. Tollln:S An.\NDERO.

Gloria llegó. Trompetas y timba1es
repitieron su nombre sacrosa,1to¡
los leones del rey rugieron tanto
que á lo lejos temblaban los sauzales.
Sonrióse la gente cortesana
al presentarse la prirtcesa hermana,
mas el asombro entró en los corazones,
Cuando afrontando la ironía aviesa,
atravesó la pálida princesa
entre un vasto silencio de leones!
LEOPOLDO LUGONES.

ELLLA~TO DEL GRAN CAPITÁN.
Finge el ronco torrente him_no guertero;
La nacarada luna
Semeja casco de bruñido acero,
Y argentado pavés la azul laguna.
FERROCARRIL DE TEHUANTEP EC.-Desviaciones en el canal de Malatengo.

Bajo el claror de fúlgidas estrellas,
A la margen del lago,
Piensa el Gran Capitún en sus querellas
Y de la patria en el reciente estrago......
De castillos ciñendo áurea corona,
Y entre zarzas caida,
Ve el heroico adalid una matrona
Deshecho el corazón por ancha he~ida.

Y en torno de la bella, ~esolados,
A nobles paladtnes
Rompiendo, sin combate derrotados,
Sus armas, sus broqueles y clarines.
Sangre simulan en la orilla amena
Las encendidas flores;
El a1¡uilón desátase, y resuena
Como el tr:,nar de. bélicos tambores.

-

--

del Oeste, en construcción.

□ riPiein

Y en céspedes de grana v amaranto
Vierte el Gran Capitán abrasadoras
Lágrimas ele furor ..... ¡a.rdiente llanto
Que ha de forjar ~spadas vengadoras!
~L\NUt:r. HEIXA.

e

SALINA CRUZ.-Aspecto general del rompe-olas del Oeste.

FERROCARRIL DE TEHUANTEPEC.-Obras de desviación de la linea,

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Domingo 8 de Marzo de 1903.

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•

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR E STE R D E S UZE.

ILU STRACIONE S D E S IMONT.

TRADUCCION Dt "U ~UNDO ILUlHRADO."
(CONTINÚA.)

•

-¡Sefior! ¡Señor!
-¿Qué? M~ acerco allí, para que sea más pronto. Si es sólo porque soy c'lm¡~esmo, no hay más, re~edio....... no hay más que saltar ...... Respondame usted: ¿sera m1 esposa'?
-Pero usted bebe, Silvio.
- ¿Y si no bebiera? ........ .
-¡Oh! ¡Veríamos, veríamos!
Huí, sollozante! agobiada por la emoción.

XXIII

•

BL MUNDO !LUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

. El amor, a&lt;¡t~ello era_ re~lmente amor, había llegado por fin. De
rJ&lt;hllas, en ade!unn de i;uphca, me h•tbía dicho sus palabras ideales:
«,Ust~&lt;! ~ara :-.us ~lascs; yo ~ultivaré mis campos. Cuanto haya
d e m:rn d1ftcil en la v1tla, lo han.: por usted. Sea usted mi esJlosa ..
,
1
,
d .
, ES
t a us t ~d soª:
esta uste tns~e, y es necesario ser amada ...... »
. . ¿_~ ~r q~te. u_egarm~? _¿Porque er~ un .campesino, como él había
d1~ho. ,Oh. ,:;-;o, y mil \~C~~ no! DeJé de sollozar. Sonreí, en pensamiento, ante el heril?º~~ 1d1ho que habría podido anudarse entre la
maestra de escuela,,.Jwc1os~ .Y ~esb~rdante de poesía, y el campt.sino
enamorado ..... ... S1~ fannha a qmen agradar; con una historia tan
fuera d~ lo vulgar; sm preocupa?iones que me detuvieran, me habría
c~sado_mdu!1ablemente con Silv10, no obstante ser campesino, si hubiese sido d1gn? de mí. ¿Acaso no, en otro tiempo, había yo admirad~ á una amiga tnía. que se casó con un obrero? Pero aquel oLrer
era mstruído, no tenía ningún vicio y se encontraba á Ja altura mo~

ral de mi amiga. Socialmente, un campesino y una maestra de e~cuela, así como un obrero, vnlen lo mismo. Hon los mismos dUs trabajos,
no se ven, pasan inadvertidos; pero son de una omndiosa moralidad.
Es, sin embargo, pr1&gt;ciso que ambos sepan has~ dónde llega este valor ~oral.de sus ]~~ores. La institutriz siempre lo sabe. El marido
de m1 amiga tamb1en lo ~abe. Mil vece,-: altivo1 aunque modesto,
habí~ afirmado su valer anttJ los &lt;lemás. l\Üentras que Sil vio, al per~uadirse de que yo ne le quería por marido, había pensado en a rroJars.e de la roca. Y .no era todo. Silvio bebía, ,ne hal,b mentido al
decirme qne en _vanos meses no lo había hecho. l\Iis rcct1er&lt;lo,;, en
este 1_nomento !nen claros, me mostraban al borracho pt·rseguido por
los pilluelos dé h población.
~fe estremecí al pensarlo.
Y después, en el silencio de la. noche, el:itallé en un\ risa nerv iosa que daba compasión.

amada», había dicho aquel hombre. Y estas voces que surgían ahoia d e mi pecho y de la naturaleza entera, hacían sangrar abundantemente mi corazón ....... ¡Se siente la necesidad de ser amada, y ll. mí
nadie me amaba! ...... El, el hermoso Sil vio, encontraría alguna vez
una campesina que no le rechazaría ...... ¿Pero yo? ..... .
Era la distribución de premios. El patio estaba lleno de mamás
en domi ngadas, sumamente conmovidas; de niños adorables, vestidos
dP. gala con trajes extravagantes de incultos campesinos. De la iglesia
y de la prefectura me habían enviado grah número de sillas y una
alfo mbra que se extendía al frente y en la cual se veían dos sillones:
uno para el cura y el otro para el alcalde. Las nifias estaban al frente, en h ileras, en los bancos de la clase.
A u n lado estaba mi sillón. Allí me acomodé, detrás de un montón de libros de pasta roja y dorada. El traje negro dábame aspecto
se\·ero. H acía año y medio que había quedado huérfana y ni un momento h abía abandonado el riguroso luto, sobre el cual, mis cabellos
castañ os lucíah como una aureola.
¡Oh ironía! ¿Quién, de toda la.concurrencia, podríaapreciarme,
si en realidad valgo? A todos les miraba con sus caras bonachonas,
pero sin luz, é incapaces de comprenderme. E1~tristecida, busqu~ rostros amigos; la f:eñorita ~!orín no pudo concurrir; otros han acudido á
mi in vi tación: las f:eñoritas Perrín, Chauchat, Agnel.
Los preparati\·os últimoi::, me impidieron ver si habían asistido los
Albert. ~fas después les cfütinguí juntos, platicando con otras persotias que trntf\ban con gran distinción.
.
Detrú,: de la señorita Perrín estnba Arnoux, el arrogante Joven
r¡ue la f'Cr:--igue, y que, aprovechando la circunstancia de ser primo
de una ele mis di 0 cí pulas, vi110 á estar c~rca ele su pretensa. ¡Insolente! ¡Cobarde! ¿,Si es rico, ¿por qué no se casa con la joven á quien
persigue·? ¡Quién sahe si ella, viéndose sola, acabe po.r ceder!. ..... Y
miré á la j&lt;H'en, y su expre~ión de trif:teza me conmovió hondam~nte.
De pronto, v i á la señorita Agnel, que estaba detrás, ruborizarse \·irnmente. Pemé en el mozo de granja que la perseguía, y que,
sin duda, era quien la había turbado con su presencia. Entre aquel
mar de cabezas, busqué la que pudiera ser del campesinoenamorado,
v me 1-enti turbada á mi vez, al tropezar mis ojos con la mirarla briilante de Sil vio, que me veía fijamente .....: ... Enamorado y ebrio, ¿de
qué no sería capaz ese hombre? ¿Y quién me defendería de sus
asechanzas?
Yolví á mi~ar vagamente en torno mío: fos Albert-el matrimon io modelo-eran los únicos libres de todo mal. Pero aquellas otras
jóvenes, aisladas y abandonadas como yo, ¿no estaban al borde del ·
abismo?
Repentinamente se apo¿eró de mí un sentimiento de orgullo y
de altivez. Cuando la voluntad es firme, ¿q'Ué coea p"Gede ha&lt;:er caer?
¿Si esas jóvenes no amaban á sus perseguidores, por qué incurrían en
faltas?
Me entregué á mis habituales divagaciones, detrás del montón
de libros, dip!omas y coronas, oyendo el rumor del público y de los
alumnos que, impacientes, agua:daban la llegada del alcalde y el cura,
para que comenzara la ceremonia.
l\Ii pensamiento vuela hasta fijar~e en la señorita Pelisier, dr
Destroi, á quien no invité á causa de la distancia. _Só}o ella ~s di~n.a
d e lástima, puesto que ·ama a su galanteador, al anstocrata ures1sb •
ble .. .... ¡Cuán rudo debe ser luchar con el amor! Pensé en mí, que
estaba li hre, y ninguna fuerza, super!or á m i conciencia, puede arrastrarme al mal al que. temo más que a la muerte.
•
¡Xo ama; nunca! He allí la fuerza invencible, la salvación en la
que no pensó el ehtusiasta profesor cuando se empeñaba.en impedir
las miserias inevitables ...... ¡No amar nunca! ¡Qué medio más sencillo!
Las alumnas se pusieron en pie, y yo las imité. Acababan de entrar el alcalde y el señor cura.
E l buen cura me envió al pasar, una sonrisa, y, al llegar ante su
sillón, permaneci6 de pie. 'yo había vuelto á s~ntarme, al mismo
tiempo que m is discípulas. El cura habló. ¿Su discurso f~é cor~o ó
largo, elocuente ó sencillo? De él nó entendí más que la 111tenc16n.
El digno sacerdote me felicitaba públicamente por los progresos de
los niños, por las corteses maneras q~e, según d~cía,, á mí me debían;
por mi conducta privada, toda humildad r_ sab1duna, y
lo cual
pedía las bendiciones del Jielo pA.ra esta h1Ja que el buen D ios había
q uerido enviarle.
Yo estaba profundamente turbada, y ~o estuve más cuando, deja ndo al auditorio, pareció interpelarme directamente, en estos tér- 1
m inos:
«Así, pues, no os pido, en nombre de .1a muni.cipalidad que me
ha cedido la palabra, y en el nomb.re de Dios {1 q~ien repres~nto; no
os pido más que continuar en la misma vía. Y s1 la declaración que
os h ago puede ser una recompensa pára vos, oídla: .Amáis nuestras
montañ as, amáis á nuestros niños: toda la población os ama también.»

Pº:

.,¿,Yo, ,mujer de
d Sil, vio? ¿Yo tan delicada•, tan altiva, con una ilus-

t rac1on 111as gran e aun que lo que marcaba mi pequ1&gt;ño título"? Pero
entonces, ¿qué hombre había que pudiem convenirme? ·Quifn t,m·
dría el valor suficiente?
"

, Y buscaba nerviosamente entre las gentes del lugar; solamente
veia al alcalde y al abate Chavard. A uno de ellos le conocía muv
poco Y sabía qu~ _tJra ~sado, aunque me lo imaginaba perfecto; el
otr? era un exqms1to art1sta, pero muy lejos de interesirn;e por cual qutera otra muchacha de la población, excepto por la señorita i\Iorín.
Luego ¿qué me quedaba? ¿No era en situaciones semejantes, como habían caído otras profesoras?......... ,,Se tiene necesidad de ser

•

Domingo

b

de Marzo d~ 1903.

Estallaron los aplausos. Era demasiado. )fe había puesto en pie:
De mis ojos brotaron dos lágrimas; los ¡bravos! aumentaron; .fué casi
un tumulto. El cura que se había sentado después de su última palabra, y se a~itaba e1~ ·su sillón inquieto por la impresión que había
causado, pareció dispuesto á levantarse, para suplicar que se calmasen los ánimos.
Entonces, en un instante rápido, pero fecundo, pensé cuán árida
debe ser la vía de las institutrices, para que al seguirla sin desviación,
suscitara la admiración de todos.
Quise mostrarme altiva y no pude. Ese pueblo que aclamaba mi
firmeza, ¿sabía cuáles eran mis de;;fallecimientos? Pero en ese momento me avergoncé de mis debilidades y renegué de ellas; y como
me invadió también la exaltación del medio, me juré que jamús había de hacerme indigna de tal muestra de estimación ...... Pero quedé triste, agobiada, como si esos honores pesaran inmensamente sobre
mis hombros....... ..
•
Cuando se calmó el ruido, dí las gracias, brevemente, al señor
cura y á todos los presentes ...... Las alumnas hicieron desfilar todas
las recitaciones y los cantos que tenían preparados; luego leí el informe y el señor Raibert se puso en pie. Dijo -en pocas palabras que se
asociaba de todo corazón á las frases del señor cura. Agregó algunas
palabras dirigidas á las alumnas. Así terminó la ceremonia.
En srguida las mamús vinieron á darme las gracias. Las niñas
se dieron á juguetear y saltar en el patio, y los niños, que antes habían quedado fuera, entraron á tomar parte en los juegos. Los criado;;
de la iglesia y de la prefectura :!omenzaron á llevarse las f'illa~. Poco
á poco se retiraron todos, hasta las 1,rofegora1&gt;, que tardaron algo más,
y mis amigos lO'l Albert. ;~1 señór cura se hahía ido el primero, después de haberme estrechado la mano, seguido del señor Raibert, que
me saludó al pasar.
-Por fin-me dijo desde el portón la señorita Albe1\-¿no quiere usted venir á almorzar con nosotros?
• ·
-No, amigos míos; lo que apetezco en este. momento es un poco
de deEcamo.
Fueron los últimos en retirarse y me dejaron Rola. Entonces f:Hrgió Yictorina. ¿De dónde salía? ¿Había estado en la fiesta·? )fe miró
fijamente; me examin6; su mirada penetró hasta lo mfts íntimo de
mi alma.
-¿Qué desea usted?-h1. pregunté.
Su bord6n se levantó lentamente y sefialó al castillo del alcalde.
-¿No ha venido aún?-me dijo con voz hueca.
-No-contesté, comprendiendo el sentido ele su pregunta.
-Pues bien, va á venir.
Bajó su bordón y se marchó; desapareció casi, como una bruja.

XXV

4Y~nd.ría, como_ lo _anun?ió la vieja? ¿Por qué pensaba yo en ello
y que s1g~1ficaba la ms1stenc1~ de esa mujer para soñar ú ese hombre, 1~ ~ 1smo ahora q.ue ~l pnm~r ,l.ía d~ mi estancia en el pueblo?
En ,a tar.d~ q1~e s!gmo al~ d1str1buc1ún el~ 1~remios, meditaba yo,
sentada en m1 Jardmc1llo, meciéndome en m1 sJlla, con los pies apoyados en otra. Durante todo el día me había sentido impresionada
por las pa~abras de Victo~ina; y, sin quererlo, había estado acechando el cammo que conducia á la casa del sefior Raibert. Nadie se habí~ presentado, y al caer la noche, me encontraba nuevamente tranqmla.
. La _noch,e .era hermosa. Los rosales· en flor se mecían· ú impulsos
de la brisa calida. Hr bía concluído mi temporada de trabajo y he
ae¡uí qu~, du.ran.te d~s me&amp;e,s no iba ú tener nada que hacer. ¿En qué
emplea.na m1~. silenc10s?s d\as? Mis amigos de i\Iarsella acababan de
p~~der á su h1Jo, y hab1an recibido en su casa á la nuera con los dos
metos. No era, pues, de acep~rse, la invitación que hacían para ir á
verles, y me encontraba reducida a seguir allí sin alegrías y sin tristezas.
'
¡Sin tri?stE;_z~s n.i alegrfií~sb! ¿~ue&lt;le. ha?er mayor desdicha para un
ser h umano J.•11s OJOS se Jª an con rnd1ferencia en el cielo E tab
cansada
,
l
, tde m is
· días anteriores y. de los que ven&lt;li·'ia, 11 • ¿·C6mo· h a"1s&gt;nan
&lt;te S_:r es os!. s1?noyen~eramhenbteí 1guales á los anteriores, y esto durane anos y anos ¿ , como a an de ser disLintos? ........ .
Pensaba en mis muertos amados en mis amigos h erid
. l
desgracia, en mis condiscí puhs de la ~scuela ele' la cal ie R
os poi ª
llas niñas cuya juventud se anunciaba tan' trist" ' Uiiner&lt;lgers, aque· b.
·,
'
· ~.
• e e11as me
acaba ba de escn .l,ir · anunc1nndome
la, muerte de 1\Ii·rella, una n111a
·,
.
pob re y agra &lt;la b1 1s1ma, a qmen hab1an matado las pr·
·
1
trabajo.... . ... .
,
1vac1ones y e

ª

•
(CONTINUARÁ. )

�Domingo 8 de .,,arzo de 1903.

'EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

''LA NUEVA INDUSTRIA''

AN8 X•••TOMO 1.••NUM. 11

MEXICO, MARZO 15 DI: 1903.

Subscripcl6n mensual rorlnea, SI.SO
ldtm. ldem. en la capital, $1,25
Gerente: U JI&amp; Rtl't&amp; &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAl'AI L Rtn&amp; &amp;PINDOLA.

UN TRIUNFO LEGÍTIMO.
Dado el interés con que las clases productoras del país vieron la
celebración del Certamen industrial efectuado últimamente en Toluca,
hemos creído oportuno ocuparnos en «El Mundo Ilustrado» de todas
aquellas negociaciones que contribuyeron con su contingente á darle
mayor importancia y significación.
Desde luego, citaremos como una de las prin cipales, á la gran
fábrica de camas de latón «La Nueva Industria», de los Sres. Anastasio ~!estas y Compañía; ubicada en el número 8 de la calle de la l\fonterilla, en esta capital.
Basta ver el catálogo que los Sres. Mestas han distrib uido profusamente, para cerciorarse de los adelantos sórprendentes que han alcanzado en la fabricación · de los productos de su industria: allí, con,·enientemente clasificado!!, se encuentran desde el catre puesto al al-

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Ed ifici o de la esqu i na de l a Monteri lla y San Agustí n, donde se ex hiben loa
productos de " La Nueva Industria:'

tos que salen al mercado,y á esto se debe, indudablemente, la bondad
del articulo y su extraordinaria demanda.
Sin temor de equivocarnos, podemos decir que «La Nueva In,
d~stria,&gt; fabrica y vende mensualmente'de mil trescientas á mil qui;
mentas camas. Este dato prueba, hasta la evidencia, el crédito de que
goza la casa y e~ ensanche, siempre creciente, de sus operaciones.
. Es de_ cons1gnar&amp;e, por lo demás, que &lt;(La Nueva Industria» es la
úmca fábrica en su género, que sigue el sistema inglés. consistente en
fundir las esquinas de hierro en las columnas de latón de las camas,
dando á éstas inmejorables condieiones de durabilidad y solidez.

***

Diploma e,x ped ido á los Sres Mestas.

canee de los más pobres, por su extremada baratura, hasta la soberbia cama de latón sin igual en el comercio, tanto por su artística hechura como por la riqueza de sus materiales, que sólo es dado adquirir á las personas de sobrados recursos.
Colchones, aguamaniles, almohadas, sobrecamas de los estilos
más hermosos, todo se encuentra en los almacenes de «La Nueva Industriai&gt; considerados en la actualidad como los primeros del país por
su magnífico surtido. Qtúen ha,a visto la exhibición que en su elegante almacén &lt;le la Monterilla y San Agustín, tienen constantemente abierta al público los honrados y laboriosos propietarios de la Fábrica, se convencerán de que no hay exageración de nuestra parte.
Las camas que produce la «Nueva Industria" son de estilos inglés
y americano, reputados como los mejores en el mundo. En la fábrica funcionan cincuenta máquinas movidas unas por electricidad y
otras con vapor, y el número de operários que trabajan en los talleres
pasan de trescientos entre hómbres y mujeres.
Inteligentes empleados que por su conocimiento absoluto del ramo, poseen la confianza de los Sres. A. Mestas y Cía., vigilan personalmente los trabajos, para cerciorarse de la buena calidad de los obje-

Por último, diremos que los· Sres. Mestas obtuvieron en el Certame~ de Toluc~ la más alta recompensa que se haya otorgado á los
e~p?SI~orr.s: el pri mer premio, consistente en medalla de oro. Esta
d1stmc16n debe ufa~ar á los incansables industriales, porque signifi•
ca para ellos, un triunfo tan legítimo como merecido.

SRITA. JOSEFINA SOMELLERA.
REINA DE LA CORRIDA DF. TOROS Á BF.NEFICIO DE LA~ VÍCTDiAS DE MAZATLÁN,
EFECTUADA EN GU ADALAJ ARA EL 15 DE BEFRERO,

(Fot. Luperdo.)
Med alla de 1a. Clase otorgada á losSrs. A. Mest as y Comp.,
en l a Exposi ción de Toluca.

•

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 8 de .,,arzo de 1903.

'EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

''LA NUEVA INDUSTRIA''

AN8 X•••TOMO 1.••NUM. 11

MEXICO, MARZO 15 DI: 1903.

Subscripcl6n mensual rorlnea, SI.SO
ldtm. ldem. en la capital, $1,25
Gerente: U JI&amp; Rtl't&amp; &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAl'AI L Rtn&amp; &amp;PINDOLA.

UN TRIUNFO LEGÍTIMO.
Dado el interés con que las clases productoras del país vieron la
celebración del Certamen industrial efectuado últimamente en Toluca,
hemos creído oportuno ocuparnos en «El Mundo Ilustrado» de todas
aquellas negociaciones que contribuyeron con su contingente á darle
mayor importancia y significación.
Desde luego, citaremos como una de las prin cipales, á la gran
fábrica de camas de latón «La Nueva Industria», de los Sres. Anastasio ~!estas y Compañía; ubicada en el número 8 de la calle de la l\fonterilla, en esta capital.
Basta ver el catálogo que los Sres. Mestas han distrib uido profusamente, para cerciorarse de los adelantos sórprendentes que han alcanzado en la fabricación · de los productos de su industria: allí, con,·enientemente clasificado!!, se encuentran desde el catre puesto al al-

d,·1 E:--111d11 l .ib1·1· &gt; ~11 ! 1f' ~ill}O di'

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ékÁufr?,/40J.,t'#~Bj:L;,,u, -1av

,.fen'f;a-/ü?fa ~~.ar

a(¡,re✓1i«~~✓t¿¿;

Ed ifici o de la esqu i na de l a Monteri lla y San Agustí n, donde se ex hiben loa
productos de " La Nueva Industria:'

tos que salen al mercado,y á esto se debe, indudablemente, la bondad
del articulo y su extraordinaria demanda.
Sin temor de equivocarnos, podemos decir que «La Nueva In,
d~stria,&gt; fabrica y vende mensualmente'de mil trescientas á mil qui;
mentas camas. Este dato prueba, hasta la evidencia, el crédito de que
goza la casa y e~ ensanche, siempre creciente, de sus operaciones.
. Es de_ cons1gnar&amp;e, por lo demás, que &lt;(La Nueva Industria» es la
úmca fábrica en su género, que sigue el sistema inglés. consistente en
fundir las esquinas de hierro en las columnas de latón de las camas,
dando á éstas inmejorables condieiones de durabilidad y solidez.

***

Diploma e,x ped ido á los Sres Mestas.

canee de los más pobres, por su extremada baratura, hasta la soberbia cama de latón sin igual en el comercio, tanto por su artística hechura como por la riqueza de sus materiales, que sólo es dado adquirir á las personas de sobrados recursos.
Colchones, aguamaniles, almohadas, sobrecamas de los estilos
más hermosos, todo se encuentra en los almacenes de «La Nueva Industriai&gt; considerados en la actualidad como los primeros del país por
su magnífico surtido. Qtúen ha,a visto la exhibición que en su elegante almacén &lt;le la Monterilla y San Agustín, tienen constantemente abierta al público los honrados y laboriosos propietarios de la Fábrica, se convencerán de que no hay exageración de nuestra parte.
Las camas que produce la «Nueva Industria" son de estilos inglés
y americano, reputados como los mejores en el mundo. En la fábrica funcionan cincuenta máquinas movidas unas por electricidad y
otras con vapor, y el número de operários que trabajan en los talleres
pasan de trescientos entre hómbres y mujeres.
Inteligentes empleados que por su conocimiento absoluto del ramo, poseen la confianza de los Sres. A. Mestas y Cía., vigilan personalmente los trabajos, para cerciorarse de la buena calidad de los obje-

Por último, diremos que los· Sres. Mestas obtuvieron en el Certame~ de Toluc~ la más alta recompensa que se haya otorgado á los
e~p?SI~orr.s: el pri mer premio, consistente en medalla de oro. Esta
d1stmc16n debe ufa~ar á los incansables industriales, porque signifi•
ca para ellos, un triunfo tan legítimo como merecido.

SRITA. JOSEFINA SOMELLERA.
REINA DE LA CORRIDA DF. TOROS Á BF.NEFICIO DE LA~ VÍCTDiAS DE MAZATLÁN,
EFECTUADA EN GU ADALAJ ARA EL 15 DE BEFRERO,

(Fot. Luperdo.)
Med alla de 1a. Clase otorgada á losSrs. A. Mest as y Comp.,
en l a Exposi ción de Toluca.

•

�Domingo 15

de

Marro de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 15

Los altares se visten de lnto .....

E

L templo está t riste, señora mía, muy triste. No es que yo pretenda inundar las sacras naves de una alegría ruidosa y desbordante, que sólo en muy contadas ocasiones
puede compadecerse con la plegaria y con el
amor de Dios; pero la iglesia normal, la de todos los días, t iene silenciosas é inefables alegrías: el oro de los altares, 1os rayos rutilantes de la custodia, la policromía de las flores,
la dulce y plácida rnnrisa de los santos, el !:&gt;eso de sol que se posa sobre las alburas de los
manteles santos, son factores intensos y eficaces de esa tranquila y reposada alegría de los
templos .... . .
Ahora. en estos tiempos de cuaresma, esa
dulce alegría ha h uído del tem plo, arrojada
de él por la amitera. rememoración de aquella
enorme tragedia que, hace cerca de veinte siglos se desarrolló desde las calles floridas de
J erusalén hasta las ensangrentadas colinas
del Calvario.
Los altares se visten de luto, señora mía, y
el gran pafio morado que cubre los reflejos aurinos del ara, cubre también, con su honda
tristeza, el alma de los discípulos del Nazaren o, que todavía lo veneran y lo siguen en el
r,egundo milenario de su encarnación h umana.
El luto de los altares es una sabia providencia de la liturgia eclesiástica; ninguno que en
estos días atraviese las frescas naves de una
catedral, dejará de sentir la impresión intensa de un luto profundo, pesado y poderoso
con el peso y el poder de su universalidad.
La dulce figura del Nazareno, como él lo
quiso, está en la sangre y en la carne de los
hombres, y lo.i morados paños no sólo cu bren
los retablos pla teres&lt;'os, sino también las emociones íntimas. Todos los altares se visten de
luto ..... .

***
Y se olvida el mundo, siquiera. séa por unos
días, por unas horas, por unos minutos, pues
no á todo mortal es dado desprenderse por
luengos plazos, de las cosas de la vida diaria
y tra nsitoria, pues éstas llaman á la brega con
u na tenacidad incesante é ir resistible.
Pero á todo mortal es dado «flotar por un
instante en la atmósfera diáfana del I deal,» y
durante ese instantáneo desprendimiento de
«lo que es,,, du rante esa fugitiva contemplación de «lo que se quisiera que fuese,~ el espíritu descansa del cruel acicate con que lo
castiga la materia y se siente, por un día, por
una hora, por un minuto, omnipotente como
divinidad y libre como una nube que recorriese á su antojo todas las rutas azules del
firmamento.
E l luto morado de los altares es el mismo
luto del espíritu; no es negro, es morado, discreto, suave y dulce. No es ese luto que incuba indignaciones y engendra protestas y
desata llantos; es la «alegre melancolía» del
poeta, que en las almas selectas vierte un óleo
más bienhechor que el contentamiento más
concreto y desenfrenado.
¿No es cierto, sefiora, que también vos celebráis de tiempo en tiempo las moradas cuaresmas de vuestro espíritu, y que vuestro es•
píritu se viste entonces del luto morado de los
altares?

***
Pero esos lutos y esas melancolías no son
eternas, no pueden serlo; tras de toda muerte
hay una resurrección, como tras de toda lágrima hay una sonrisa. Ese es el eterno dest ino de la humanidad: fluctuar eternamente
entre la risa y el llanto, entre la vida y la
muerte. A las veces triunfa la una, á las veces la otra, y, como en todos los triunfos, hay
siempre alguna víctima, algún humano botín que se unce al carro del vencedor .. .... pero la humanidad sobrevive, el vencido se rehace y nuevamente reanuda la lucha entre la
láp;rima y la carcajada, entre la muerte y la
vid a.

renta días los altares de vuestra alma; imitad
á la Catedral majestuosa que envuelve en austeros mantos sus dorados altares y sus tesoros; hacedlo de buen grado para que las misteriosas deidades no se_!rriten, y creed que, ¡
la hora de la resurrecc1on, los paños morados
se rasgarán por sí solos y esplenderá con toda
su pompa la gloria incomparable del amor.
SARDÍN.

iEXCELSIOR!
( DE UN POEMA INÉDITO.)

Ascender! Ascender!
¿Qué á mí el picacho
cuyo vértice agudo rasga el vientre
de la nul)e que canta en las alturas
el himno de las roncas tempestades!
Más alta es la montañ¡¡. del ensueño,
y yo subí á la cúspide imposible
sin que el ave del vértigo azotara
con sus alas mis sienes.
¿.Qué amedrenta,
desde la cumbre que el ardor pregona
del águila caudal, ver el abismo,
el abismo insondable donde hierve
la negrura genésica del caos?
Como la mar de lá ciudad maldita
es el abismo de la infamia: cculta
debajo de su negra superficie
vorágines y vórtices de cieno;
y yo, de1;de la altura luminosa
de mis aspiraciones ideales,
empujado á traición rodé hasta el fondo
sin que enlodara un átomo siquiera
el generoso esfuerzo de mi vida!
Ascender! Ascender!
Hasta la cumb1·e
donde la idea se transforma en astro,
y el astro radia sobre el fango infecto
su piedad infinita; su limosna
de compasiva luz.
I

Dejé el angosto
camino que á la cúspide conduce
y trepé, sudoroso y jadeante,
por el agt•io cantil donde se estrella
la cólera del mar. ¡Nunca el peligro
amenazó tan cerca á la esperanza,
á la esperanza de vencer! Tampoco
mayor empeño comprobó la ingente
fuerza que el alma, cuanto más herida,
en sus dominios misteriosos crea!
Debajo la nerviosa erispatura
de mis débiles manos, cada roca
era un peldaño menos en la escala
de la ruda ascensión. Mi frente ardía
como la llama de implacable incendio;
mis pies sang1·aban purpurando el monte,
y con indócil, turbulento ritmo,
romper quería el corazón su cárcel,
mientras cob1·aba. singular impulso
mi noble empeño en coronar la altura.
II

¡Feliz quien fortalece y dignifica
su combatido espíritu en la recia
batalla de la vida! ¡Venturoso
quien herido y cansado en el palenque,
su voluntad incorruptible exalta
con el vino del triunfo! La impoluta,
la de roble inmortal, ardua corona,
para quien :firme en la pujante liza,
roto el escudo, se desnuda el pecho!
III

Con ósculos de paz, el aire puro
que se respira en la empinada cresta
dulcificó la fiebre de mis ansias
rebeldes al pesar.
Del sol muriente
sobre la espuma de la mar caían,
á manera de pétalos de oro,
sus lágrimas de fuego.-¡También sufre
el padre de la luz! ¡También solloza
como la pobre humanidad! ¿Acaso
no delatan las sombras la amargura
de su arcano dolor? Triste y medroso
arrópase en la túnica intangible
de su enfermera pálida, la tarde,
cuando p1·esiente en la penumbra occidua
los informes fantasmas que la noche,
hermana del silencio y de la muerte,
en la siniestra soledad propaga.

IV
Sobre el negro canal, ancho y profundo
por donde- el mar á la ciudad penetra,
'
la. postrimera claridad del día.
parpadeaba al morir.

Era la hora
de las místicas nupcias del misterio
con la meditación. Era el instante
de la grave quietud del infinito,
donde se juntan como dos plegarias
el callado silencio de las tumbas
y la enorme tristeza de la vid al
V

Ruinoso dolmen, secular remate
del áspera eminencia, altar ó fosa,
en cuyas negras y profundas grietas
la sangre de remotos holocaustos
purpura la leyenda de los siglos,
benigno amparo prometió á mi angustia
y blando apoyo concedió á mi frente.
Pensé? Dormí? Soñé•?
Cándida, intáctil,
piadosa y bella, fulgurante y noble,
envuelta en áureo, vaporoso peplo,
virgínea aparición con lento paso
basta mí descendió, como desciende
poi· esca! a de 1irios milagrosos
al anti-o de los negros infortunios,
coronada de estrellas, la esperanza.
Posó, ligera y suave, en mi cabeza
su mano luminosa cual un prisma,
y regaló mi oído con la dulce
cadencia de su voz:
-Poeta, duerme,
en tanto que la noche taciturna
mantiene suspendido en el espacio
su negro cortinaje; aquí la noche
sublima el sufrimiento de las almas
mordidas por el mal.
Duerme, poeta;
duerme y sueña á la vez basta que brille
la aurora sobre el monte: aquí la aurora
ilumina la ruta del futuro
y despierta en el alma el sentimiento
del amor y del bien. Cuando reposes,
cantarás tu dolor: aquí en la cima
jamás el rayo desgarró la nube,
sin que la nube, al estallar el 1·ayo,
se coronase con la luz del it-is!
Contémplame!
Recuérdame!
Fuí tuy a,
Y tuya soy y lo seré! No importa
que ayer sufriera tu desdén: soy siempre
la amada que perdona tu desvío.
Mírame! Que tus ojos en mis ojos
jamás tropezarán con la perfidia:
~samel Qu_e tus labios en mis labios
Jamás tropezarán con el perjurio;
Y {1mamel Y verás cómo en tu pecho,
~l contacto del mío, el ave muda
ae tu primer amor repite el himno
que celebró con cláusula himenea
la excelsa conjunción de nuestras almas!
Amémonos, poeta!
Soy la misma
que su corona de fragantes rosas
deshojó, como ofrenda, en el camino
de tu naciente juventud.
¿Te acuerdas?
Era un tapiz de pétalos tu ruta,
! Y?, ?úbil ductriz, en el lejano
10dist1nto confín del horizonte,
señalaba á tu espíritu radiante
una ciudad incógnita, una patria
de s1;1eños y de luz .... ¿Era, poeta,
la Crndad de la Gloria?

Embalador dt Ptrsia tn mfxico.
Celebrado entre nuestrq Gobierno y el de
Persia un tratado de amistad y de comercio,
llegó á la Capital, días pasados, el stñor General Isaac Khan, Ministro del Shah en los
Estados Unidos y primer Embajador de este
soberano en México.
El señor Gen eral K han, aparte de la misión
que viene á cumplir y que se relaciona con la
ratificación del tratado referido, trajo el encargo de poner en manos del señ or Presidente de
la República y del señ or Secretario de Relaciones, la condecoración que el Shah les ha
conferido y que consiste en una cruz de oro
esmaltado en cuyo centro se ve la figura de un
león y un sol.
Como el señor General Khan es el primer
Embajador persa en l\Iéxico, nos parece oportuno dar á conocer sus rasgos biográficos más
salienteR. Comenzó su carrera en el cuerpo
militar, y terminados sus estudios en la Academia de Persia, fué n ombrado ayudante del
actual Shah, enton ces príncipe h eredero. En
1883 pasó como «attaché)) militar á San Petersburgo, y al afio siguiente se le designó para
servir como Secretario de la Legación. Durante algún tiempo, fué E ncargado de Negocios:
Más tarde, en 1893, se le confió un importante cargo en Egipto, y al regresar á su país,
entr6 á formar parte de una misión diplomática en Bélgica. Por último, el señor General
Khan ha sido Ayudante de Campo del Shah
y Jefe de la Cancillería persa. Su nom~ramiento de Ministro en los Estados Unidos data del afio de 1900.
Cumplida la honrosa misión que lo ha traído á!México, el nuevo Embajador regresará á.
Wásbington, nombrándose después al repre-

VI
Alcé la frente
clavé la mirada en el espacio.
Era el espacio transparente velo
y la luna, surgiendo, parecía '
un nelumbio gigante que se abría
en la turquesa diáfana del cielo.
.Y

ANDRÉS A. MATA.

SR. GENERAL ISAAC KHAN ,
Embajador de Per sia en M éxico.

Bentante del Shah que deba establecer en nuestro país la correspondiente Legación.
El distinguido diplomático fué recibido por
el Seiior Presidente de la República, con el
ceremonial acostumbrado, el jueves último.

Marro de 1903

S R. GENERA L DE D IVIS ION DO N PEDRO HI NOJOSA,
t el d ía 5 del presente.

-------------------------------

mutrtt 4tl 6mtrat Don Pt4ro ljino1osa.

Ya para entrar en prensa nuestro número
anterior, circuló en la Capital la noticia de que
el jueves 5 del presente, en las primeras horas
de la mañana, había dejado de existir el señor
General de División Pedro Hinojosa, que fué
Secretario de Guerra y Marina durante algún
tiempo y uno de los soldados á quienes la
República debe servicios eminentes.
La dolorosa nueva causó, como era de esperarse, profundo sentimiento en México y se
divulgó por toda la ciudad con rapidez extraordinaria. Era el General Hinojosa uno de los
jefes más antiguos del Ejército, nació el 31 de
enero de 1820; empezó su carrera como soldado voluntario en una expedición exploradora á la margen del Río Bravo; y asistiendo
después á las batallas de Corpus Christi, San
Antoñito, Matamoros, Villas del Norte, Ciudad Guerrero y Camargo, contra la invasión
norteamericana, obtuvo el grado de Comandante, que le fué conferido por el General don
Juan José de la Garza.
Al eRtallar la tremenda lucha de la Reforma, Hinojosa puso su espada al servicio de la
causa nacional, y entonces comenzó :a etapa
más notable de su vida. Concurrió á las acciones de Santa Clara, Monterrey y Ciudad Guer rero, á la toma de Zacatecas (1858) á la batalla de Ahualulco, y á la toma de Guadalajara, conquistándose en esa época, por su bri-

liante comportamiento, el grado de General de
Brigada. En 1860, tomó parte en las acciones
de Venegas y el Pasaje, en el Nazas--en una.
de las cuales recibió una herida en la mano
derP.cha-y en 1861 el Presidente Juárez le
confió la cartera de Guerra. En 1862 se separó de su puesto, para militar á las órdenes de
González Ortega, asistiendo al sitio de Puebla.
Una de las notas má.5 gloriosas de su carrera,
que siempre recordaba enternecido el veterano,
fué-dice una de sus biografías-la confianza
que depositó en él el Presidente J uárez, confiándole la custodia de su familia, á quien pre.tendía plagiar el reaccionario Quiroga, para
que la condujera de Monterrey á Matamoros.
Cumplida esta misión, el General Hinojosa se
encargó del Gobierno de Nuevo León. Su ascenso á Divisionario lo obtuvo en 1884, fecha
en que entró á desempeñar nuevamente la Secretaría de Guerra, que dejó en 1895.

***
El cadáver del veterano fué transladado con
todos los honores de ordenanza de la casa que
habita su familia en las calles de la Mosqueta,
al salón que en Palacio ocupa el departamento de infantería. Este quedó convertido en
capilla ardiente, y fué incontable el número
de personas que desfilaron frente al túmulo.
Los funerales, presididos por el señor General Díaz, se efectuaron el día 6 á las nueve
de la mañana, dándose sepultura al cadáver
en el panteón del Tepeyac.

~
,

El castigo de un imprudente deseo es el de
verlo realizado.

de

--------

EL MUNDO ILUSTRADO.

Hay más todavía: esas dos deidades que
comparten entre sí el imperio sobre el todo,
son deidades que, como las de todas.las. mitologías habidas, exigen cultos y sacrificios; su
ira se aplaca cuando los mortales les ofrecen
hostias en rns santuarios y la Vida quiere ser
amada y temida la m uerte, glorificado el Llanto, &lt;livinizado el Amor.... .. .. . .
Señora mía: no rehuséis enlutar por cua-

-

-

•

I

A.

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 15 de Marzo de 1903

ET, MUNDO ILUSTRADO.

safigre de sus venas. Y la gitana, que era ahora otra fiera, se abalanzó sobre Azís para e&amp;trangularlo, para pisotearlo, para. pulverizarlo.
Y a los brazos extendidos como garras le habían asido por la melena; el león ni siquiera
intentó defenderse; tan sólo alzó los ojos y los
fijó en Gilda. ¡Qué mirada aquélla! Qué mirada. tan llena de sumi!,ión y dulzura.; ta n llena de algo muy raro, de algo nunca visto; algo que era lumino:-o como el amor, y más triste que la queja, más triste que el lamento, más
triste que el ~ollozo, más triBte, mucho más
triste que el reproche.........
La Domadora alzó lentamente su cabeza
hasta tocar con ella la frente del león, y así
estuvieron confundidos un breYe rato. Cuando Gilda alzó el rostro, dos lágrimas corrían le
por las mejillas, mientras una fresca mancha
de sangre lucía sobre la extraña sonrisa de eu
boca como una orgullosa enseña de amor.

Domingo 15 de Marzo de 1903

"

FADL\N FIOLLO.

Habana, febrero l!l03.

MAZATLÁN.
Ampliamos nuestra información gráfica relativa á l\Iazatlán con tres grabados que aparecen hoy en este semanario.
Uno de ellos rcpre~enta lo~ trabajos de desYiación de las aguas que entraban al cafio de

MAZATLAN.- Obras de desviación de las aguas en el Astillero.

y las flores la perfuma.han con su dulce aliento, y_E-onreían las paredes rosadas, y el cielo

-,.

FEl\ilINA
(Para E:L 11UNDO ILUS'l'RADO.)

Derrochados que fueron en empeiio inútil
de seducción, las ovaciones et:ltruendosas, Jos
regalos costosísimos, las súplicas, las promesas y los juramentos, el noble mancebo hubo
de rendirse á la tiranía de su pasión, y un día,
como trompetazo de escándalo, resonaron en
la corte los esponsales del joven marqués de
Valle Alegre con Gilda la Domadora.
Y corno su cufiado, el grave senador, pretendiera hacerle algunas reflexiones respecto
al origen de la novia, contestóle así, al principio, con tono alegre el apasionado doncel:
-Sí, ya sé que la misma Gilda ignora quién
fuera su progenitor; mas yo, que he estudiado
el caso, por lo que me atafie, puedo afirmaros
con orgullo que la estirpe de mi amada es muy
superior á mi rancia estirpe.
-¿Os burláis?
-De ningún modo.
-¿Y en dónde podría yo beber el agua encantada de esa preciosa fuente de información?
-En el mismísimo museo del Lou vre. Después, venid conmigo, y á poco de reparar en
mi novia con ojos de artista observador, fuerza os será confesar que sólo una descendiente
legítima de la Suprema Belleza ostentaría tan
exquisita semejanza con la Venus de Milo.
-Cuidado, marqués, no sea esa peligrosa
hermosura la única dote atávica que de Af,odita os aporte vuestra esposa.
- Ba!:-ta, senador; que cualquiera que no
fuerais vos, pagara bien caro la osadía del pronóstico.
Y se separaron, adusto el uno, torvo el cefio el otro.
Por alegre acuerdo dispusieron los dos enamorados que la boda se efectuara en la barraca. Y alli fué la brillante ocasión del arte
decorativo para lucir talento y ganar dinero en
el embellecimiento de aquel raro nido de amor.
Mas, si la economía fué proscrita como igno-

miniosa pordiosera, en cambio, la discreción
más absoluta fué exigida por el marqués como
cláusula primordial de su contrato con los artistas.
En tanto, la anhelante curiosidad de las
damas de la corte, irritada por el misterioso
silencio que envolvía á la barre.ca, inventaba
los despropósitos más absurdos. La una sabía,
por información que no admitía posibilidad de
error, que cada mañana el marqués, vestido de
,cclown», gastaba largas horas en hacer peligroso aprendizaje sobre un elevado trapecio; la
otra hablaba cavernosamente de alquimia,
hechicerías y nigromancia; y una tercera, bajo la fe de su juramento, afirmaba tener sobornado á alguien de «adentro» que la contaba
cómo el noble amante luchaba pecho á pecho
con el oso, tiraba de las orejas á la pantera y
consentía que Azís recostara la cabeza en sus
hombros y se durmiera; Azfa, el león númida,
el celoso favorito de Gilda.
Un día, por fin, repartiéronse las invitaciones para la boda. Excepción hecha del grave
senador, todas las relaciones del marqués se
apresuraron á concurrir á la ceremonia, con
la evidente seguridad de que a.llí se les serviría
plato muy sabroso en que saciar su voraz murmuración. Mas al entrar en la barro.ca, atónitas se quedaron, y la breve boca que traía un
sarcástico mohín de ii1terrogación en la punta
de los labios, si desplegó su púrpura, fué para un acento circunflejo, en homenaje de admiración y sorpresa: la barraca era. el poema
realizado ele una. fantástica leyenda oriental
un cuento maravilloso de las mil y una noches:
la gruta encantada. del país de los Gnomos.
Y la heroína de aquel poe'Ilo, el hada ele aquel
cuento, la maga de aquella gruta era Gilda.
De las orgullosas patricias que habían acu&lt;lido
allí como á un torneo para ostentarse, justar
en la lid de coquetería, triunfar y sonrefr, no
hubo quien no empalideciera de rabia ó envi-

dia ante la Domadora, que Ít todas
si por su hermosura, si por su arro
pm la des] umbradora riqueza 1le f!U
La ceremonia terminó sin ni11gún o
dente que el susto que causó en la re
concurrencia un poderoso rugido &lt;le
favorito, quien, por empeño de su du
bín alcanzado que su jau la fuera ins
una pieza coutigua á la alcoba. nupcial.
mo no se halló otro motivo que si •
pasto á tanto diente menudo y blanco
á tanta lengua afilada y roja, fué el e
ráneo rugido la comidi lla. de los com
-¡ Qué ocurrencia ele gitanilla, po
novio, allí, como un ayuda de cámara,
e'lpantoso león!
Por la mañana, al dejar su mitad de
do lecho, Gilda hizo resonar en la
canción como un clarín de alegrías.
tres, cuatro, muchas veces la hermosa
que aún descansaba sobre la. almohadat
tanto que él volvía á dormirse, corri6
dar á sus amados compañeros de boh
de gloria.
- Azís, mi buen Azíi-, ¿qué tienes?¿
estás triste? ¿por qué estás bravo? Y le
ba el anca, y le peinaba la guedeja
dedos cargs,,dos de sortijas, y le abr
cuello. Después, fué á los otros. Al ..,
mono hizo mil cabriola!', el oso gruii6
mente, la pantera le lamió las manoí,
pájaros rompieron en una orquesta
como un concierto de alabanzas huju
y á su hermosura.
De súbito algo se e~cuchó que hizo
cer de espanto á la Domadora. Fué
pavoroso rugido que ahogara entre sua
tes vibraciones las notas tristísimas de
mento.
En un salto llegó Gilda á su alcoba.
rror! ...... El pecho del adorado era una
te de la cual corriera á borbotones

MAZATLAN.-Casas Infestada • destruidas por el fuego.

la calle del Astillero, considerado como un foco de infección constante; otro, la esquina de
una calle donde se han quemado algunas casas pertenecientes á los pesto~os, y el último,
al pers~nal del departamento de desinfección,
presenciando las experiencias comparati\·as
que Re efectuaron hace poco con las bombas desinfectantes de que se h~hía hecho U!'.O,
Y las. pulveri~adoras que env;ó al puerto el
ConseJo Superior de Salubridad.

fuera, límpido y puro como los ojos:de la
m uertecita.

-((¡Hossana.!n-parecía cantar la Naturaleza.-«¡hos!'ana!n ¡Dichosa tú, oh niña, que conociste la Muerte sin haber conocido la. vida!
¡dicho::;o tu corazoncito inocente que dejó de
latir Rin que hubiera apresurado nunca un segundo RUft palpitaciones ninguna de las míseras pasiones de la tierra! ¡dichoso tú pensan:ien_to que permaneció en su santa ignorancia i:m penetrar los viles secretos ele este mundo! ¡dichosos tuR ojos que no vieron jamás lo
f~o ,Y lo malo! ¡feliz tu ser todo, que ignoró
siempre lorepugnnnte, y no tuvo tiempo de ser
sal picado por la salpicadma atroz del cieno de
la exi~tencia ...... "¡hossana!»
Sólo los hombres lloraban la ida del ángel.
Las co~aA, en cii,lo y tierra, se regocijaban,
reían, exhalaban su ventura como el aroma
capitoso de sus pétalos las flores recién corta.das.
...... Y la hechicera muertecita, tendida corno un gran copo de nieve humana sobre su
último lecho, cruzadas las manecitas liliales
sobre el pecho impúber, sonreía también con
sonrisa extática y misteriosa al alto techo azul
-azul como el espacio inmenso incomensurable, infinito......
'
LUIS RODRÍGUEZ-EMBIL.

Febrero. 1903.

.-.

FLOR DEL CIELO.
Estaba muerta la niiia. Tendida '!omo un
gran copo de nieve h umana sobre f'U último
lecho de raso, cruzadas las manecitas lilinles
e?~re el seno impúber, sonreía con Ronrisa. extat1ca y mii&lt;teriosa al al to techo azu 1-azu I con~o el espacio inmenso, inconiensurable infinito.
'
Todo era cándido, puro vir~inal y lindo en
"'
• y gracioaque11 a muerte: la. 111uerta,' inocente
sa como un querube; lm, velm, blanquccina.s
que ar?ían lánguidamente erectas, corno doncellas rndo_lente,;: el cuartito satura.do por el
~~orna cap!tc!so &lt;le las florei-l recién cortadns.
• olo se afüg1a el c•goísmo ele los seres hnma.contrastando con la a.legría purísima é in~nt1l de la. gra.n alma univer:-al, gozosa por la
'?:l~ á su seno de aquella virgínea alma de
lllna mmaculada.
ta Lab brisa,entrando por la ventana entreabier' e@aba las guedejas rubias de la durmiente

1os,.

MA:ZATLAN.- El personal de la Oficina de desinfección.

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 15 de l\J.arw de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

«
-"~:

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•

r

--."d,.

.....:....e;¡_.,Jli,li

'

caía como una lluvia vaporosa dere
cías tristes: las hojas amarillas paree
jarse de tu ingratitud!
Sólo estaba encendida aquella rosa
que tú besaste emocionada cuando por
ra vez confesaste que me amabas. El
tu traición la había tornado roja, mu
Y esa flor es la única que te envío:
El remordimiento debe tener color
grel
Y la sangre de los poetas heridos
amor cruel, se condensa en estrofaa
mas, impregnadas de ajenjo, estrofas q
dolorosamente sobre el alma de las
perjuras, de las mujeres ingratas! Es
te inagotable de venganza, de tortura,
El Dolor es inmortal!!

MAÑANA DE MA.YO.
I
Al sonreír del cielo
-Que sus purpurinas nubes se des
Recoge del Oriente el pardo velo
Con sus dedos de rosa la mañana.
Empiezan los rumores
Del aura leve que apresaba el frío,
Y exhíbense en sus cálices las flores
Coronadas de perlas de rocío.
FERROCARRIL

DE

HEHU A NTEPEC.-

El Jtrrocarril dt Ctbuanttptc.
En la edición ali.terior de "El Mundo Ilustrado'' dimos á conocer algunas fotografías referentes á las obras que se llevan á cabo en Salina Cruz, y á los trabajos de reparación del
Ferrocarril de Tehuantepec. Completamos
ahora nueetra información con un grabado que
representa una de las curvas principales del
camino, y con una vista del gran puente tendido sobre el río de Tehuantepec.

ESTELA.
Todo es frágil y vano!
Como la niebla pálida que se alza lentamente en las tardes azules, y viaja hacia el Infinito insondable, así pasan los sueños de felicidad, suenos confusos que dejan sólo un recuerdo adormecido, vago, que se esfuma luego
en la noche profunda del olvido.
Verdes como la Primavera son las esperanzas vivas, y la miel de su savia es filtro de
consuelo, de energía, de piedad; amarillas y
mustias son las esperanzas muertas, y la esencia que despide el polvo marchito de sus hojas, es fruto de amargura, de tristeza, de hastío!. .....
Como las ondas de un manantial purísimo,
huyen las ilusiones diáfanas y corren á perderse tumultuosas en el obscuro lago del Ensueño; las ilusiones iban como bandada perseguida de gaviotas, levantan el vuelo fugiti-

U na curva.

vo en la brumosa tarde de la vida, cuando la
canción que los álamos cantan: ya viene sobre el alma la noche del Dolor, noche sombría, que antecede á la aurora ciel sepulcro!
Las cenizas de las cartas amadas se disipan
al soplo de los vientos, y vuelan como pétalos de flores negras, embriagando el ambiente
con la magia seductora que guardan; y lamagia se extingue también!. .... ... .
Hoy ...... ¡después de que supe tu perjurio
...... he quemado las tuyas!. .....
Cuando iba á levantarse llama que habría
de consumir todas las ternuras escritas que tu
pluma liviana quiso trazar para mí, intenté
extinguir la hoguera, y salvar mi tesoro maldito: pero ...... mi mano culpable se abrasó en
las llamas del incendio, como se habría abrasado mi corazón en el fuego de tu perfidia.
Como una tenue ala gris voló mucho tiempo en pedazo de papel quemado, que vino luego á caer supersticiosamente sobre la cantera
que guarda tu retrato; en el fragmento de la
ceniza mustia se veían grabadas con signos
rojos, estas palabras turbadoras: «un beso de
la que siempre será tuya.
-Estela.»

***

Todo llega y pasa!
Todo pasa y muere!
Después ......... extraje del fondo del cofre
donde ocultaba tus prendas queridas, las flores marchitas que iba á devolverte, aquellas
flores fragantes que vivieron una tarde sobre
tu pecho, como vivió un día mi cariño sobre
tu alma ingrata; el polvo seco de los pétalos

Todo es hechizo y gala:
El árbol verde su ramaje inclina:
Srídeas ondas el raudal resbala,
Y de las selvas el olor se exhala
Del monte Gazirim en Palestina.
Da el buitre al aire su graznido ron
Del sol los rayos la laguna quiebra,
Y sobre el viejo tronco
Se sube á calentarse la culebra.
El pichonzuelo chilla
Mostrando el pico en su nidal de 1am
Con volteretas mil la astuta ardilla
El fruto busca de la endeble rama;
La abeja liba el jugo
Que el tierno ovario de la acacia vierte,
Y el águila, el verango
Del tardigrado inerte,
Rásgale el pecho con profunda herida,
Y comienza la lucha por la virla
Entre los brazos mismos de la muerte.
En tanto, cofi su diana
-Si de alegre expresión-salvaje y ru
El pájaro saluda
La aparición feliz de la mañana.

II
Bajo el rama.je de copado pino
Que se alza al pie de cultivada era,
Gallardo campesino
Con la pala en la mano está en espera.
Nadie viene.
A distancia, en la llanu
Emerge el humo de la antigua choza;
A ordeñar la lechera se apresura;
La alegre cabra en el redil retoza;
Bala la oveja en el lejano cerro,
Y tras el toro que el maíz arrasa,
Mandado por el dueño de la casa,
Ladrando corre y jadeante el perro.
Por fin, un ruido suena:
Una extraña inquietud al mozo llena;
Y del ramaje que el favonio mece,
Bella, graciosa, espiritual, morena,
Una púdica virgen se aparece.
Y como en pos de miel la. abeja toca
El rojo botoncillo del frambueso,
Al punto, éle su amante va á la boca
Y estalla -en gozo la explosión de un b
Ella sigue tranquila su)amino
En alas del placer y la esperanza; .
Y con la pala al hombro, el campesino
También torna feliz á su labranza.

Un pu.ente en la linea del Ferrocarril de Tehuantepec.

EMn..ro CoNST~N'l'INO GUERRJm&lt;llf,

CENTINELA,

Domingo 15 de M11rzo de 1903

�Domingo 15 de Marzo de 1903

Domingo 15 de Marzo -0e 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL :\IUNDO ILUSTRADO.

Fiestas de @fidad en Guadalajara.

P
•

OCAS seguramente son las ciudades de la
República que, como Guadalajara, han
acudido de manera tan espontánea al reclamo de la filantropía, en ocasión de socorrer
á las víctimas de la epidemia reinante en Mazatlán.
La crónica de las fiestas de caridad efectuadas en aquella población así lo demuestra, y es de
aplaudirse, por lo tanto, no ~ólo
el empeño con que los orgamzadores las llevaron á cabo, sino
también la buena voluntad con
que los jaliscienses correspondieron á los afanes de la Junta.
Las simpatías que unen á los
dos Estados-Sinaloa y Jaliscoson, sin duda, motivo muy poderoso para que todos, en la esfera
de su posibilidad, contribuyan al
laudable fin de auxiliar á las víctimas de la peste; pues, según
nuestros info1mes, pasa ya de....
$~2, 000 la suma recaudada y remitida al pue1 to, y se tienen fundadas e;;peranzas de reunir aún
fondos que hagan más cuan toso el
contingente. Como un ra~go de
desprendimiento, merecedor del
más eutusi:u,ta. elogio, citaremos
el hecho de (JUe el Sr. Arzobispo
Ortiz envió á la Junta mil pesos,
si mal no recordamos, como donativo particular, remitiendo, además, el producto de la colecta que
por orden suya. se hizo entre los
fieles.

tas y una niña de las que atendían á la concurrencia en el puesto de atole y tamales.
En los puestos de «Banca,» «Juegos de azar,n
«Cerveza,» «Restaurant,» «Confetti y Flores,»
etc., las más hermosas señoritas de Gu~dalajara desplegaban el encanto de su gracia, lu-

***

Volviendo á las fiestas de caridad efectuadas, es digna de mencionarse en primer término, la
kermesse que se &lt;lió en Palacio y
en la cual tomaron parte las familias más distinguidas.
El hermoso patio del edificio
"Chinas Poblanas".-Luz Cortina Virginia Gallardo y María
ofrecía. un aspecto encantador:
iluminado por multitud de focos
ciendo primorosos trajes, y en el «Teatro,&gt; y en
incandescentes y de arco, con ese derroche
el
«Salón de Conciertos» una estucliantina y
que sólo se acostumbra en la capital de Jaun ¡rrupo de artistas regalaban á los convidalisco, llamaba desde luego la atención por la
dos con selectas audiciones.
elegancia de su adorno y el buen gusto despleLo más granado de la sociedad tapatía cougado en el arreglo de los puestos.
curri6 á la simpática fiesta, cuyo éxito se deImposible sería, para nosotro~, dar la inbe, en gran parte, á. los Sres. Francisco Izáformación gráfica, completa, del suntuoso fesbal, secretario de la .Junta, que trabajó en su
tival; nos falta espacio para ello, y únicamenorganización con verdadero empeño, y Luis
te nos limitamos á. publicar las fotografías que
de la Torre, artista encargado del adorno, que
representan dos de los puestos más notables,
supo cumplirá maravilla su comisión.
y un grupo de «chinas poblanas»: dos señori-

***
Al día siguiente-15 de Febrero-se di6 la
corrida de toros dispuesta por la 1unta y qu'.l
presidieron las Sritas. Fany Cañedo (hija del
Sr. Gobernador de Sinaloa), Josefina. Somellera, Anita Bárcena, Concepción Corcuera y
Elena G. de Quevedo, pertenecientes á la alta sociedad tapatía.
Las «reinas» vestían primorosos
trajes de «manolas» y en carruajes
abiertos, acompañadas de sus
chambelanes, hicieron su paseo
por el redondel antes de ocupar
el palco que se les tenía cle¡:tinado.
Este acto rer-ultó muy lucido: al
paso de los carruaje;; la co1,currmcia aplaudía entusiasmacla, y las
serpentinas y el confetti cubrieron
la arena.
Jóvenes pertenecienteR también
á familias distinguidaR, eapitaneados por Lorenzo Yilla-eiior, for,
maron la cuadrilla de aficion11dos, conquil,tándo 0 e en laR l&lt;Urrtes
del toreo mucho,- aplau¡:n;;. Pam
el adorno de In. Plaza, los ~M•.
Biizio y Gusmeri ob~eq11iaron mu,
estatua. de la Caridad, lwcha ron
c:se objeto.
Los estudiantes del Liceo de YaroneR, organizaron por Reparado
otra corrida: ésta se efectuó el día
8 y fué preRidida por )aR Srita~.
Leocadia Gallardo, Paz Oremlain
y Rosa Gudiño.
En este número encontrarán
nuestros lectores instantúneaH de
las dos funciones taurinae.
Por último, es de consignar:-e la
nota referente á la ,,velada d~ hnnor» arreglada por la prPnsa de
Guadalajara y que se Yerificó en el
Teatro Degollado. El adorno del
edificio fué magnífico, y tnnto 108
números de música, como la parte
Luisa Vidrio.
literaria y los cuadros plá,-ticos
que se presentaron, hicieron de aquella fieeta
una ele las más hermo!:las y mejor organizadas
que se hayan visto en la Perla de Ocridente.
El éxito extraordinario de esta fiesta., se debe
al empeño del inteli~ente periodista y anti~uo
compañero nuestro Lic. Luis l\Ianuel Ro¡as,
que fué quien la promovió.

&gt;1&lt;**
Es de justicia, ya que la Junta de C~i:idad
de Guadalajara ha demostrado tanta d1hgen-

Instantáneas de la corrida organizad3 por los Estudiantes del Liceo de Varones.

AZUR.
(DE GRAF.)

¡Oh formi&lt;lable Azur! Te miro y pienso:
Cual hoy y ayer, así serás mañana.
¿,Qué siglos hace que á la estirpe humana
Cubres callado con tu dombo inmenso?
Cayeron, del olvido bajo el denso
Polrn, los dioses de la edad pagana,
Y aun los hombrefl, en triste caravana,
Te envían preces, cánticos é incienso.
Cna.nto vi ve en el orbe, á una inmutable
Ley rnmetido está, ley implacable,
Y todo es fuerza que á esa ley sucumba.
Sólo, tú sólo, incólume, profundo,
Frío, inmortal, sigues cubriendo el mundo
Cual tapa enorme de anchurosa tumba.
Corrida organizada por la Junta de Caridad de Guadalajara.

ISMAEL ENRIQ'CE ARClNIFX.AS.

Llegada de las reinas.

La Caridad.

cia en cumplir con el deber que se
ha impue8to, dar á conocer los nombrPR de los estimables caballeros que
la forman: La Junta está constituída así: Prei-idente honorario, Sr. Dr.
.Juan R. Zavala; Presidente activo, •
Sr. Juan Somellera; Yir.epresidente,
Lic. Andrés Arroyo de Anda; Secretario, Sr. Francil-'CO Izábal Iriarte;
Tesorero, Sr. Eduardo Collignon; y
Vocales, Sres. Manuel Cufsta Gallar•
do, Francisco Bianchi, Coronel Ignacio L. Montenegro y Lic. .Jesús
Bringas.
El Sr. Gobernador ele Sinaloa ha
dirigido al Sr. Izábal una. e*presiva
carta, significándole su profundo
agradecimiento por la actividad desplegada por la Junta en favor ele las
víctimas de la pe;;te.
De buen grado quit-iéramos dar
á conocer todas las fotografías que
hemos recibido con relación l\. las
fiestas que nos ocupan, y que son
obra del inteligente y húbil fotógrafo José María Lupercio; pero en la
imposibilidad de hacerlo en este seLa cuadrilla.
manario, "El Imparcial,» aprovechando loK elementos ele que ahora dispone, se ha propuesto publicar las
m~~ notables y lo ha.rá así próximamente.

SOUVENIR.
Gala antaño de trianones
El vejete currutaco
'
Vaga. torvo, hipocondriaco
Del castillo en los salones.'
Rendidor de corazones
En espasmo demoniaco '
Reme~ora, enclenque y flaco,
Los mmués y las canciones.
Hosco y triste, ve esfumados
Los mirajes encantados
De la dicha evanescente,
Y en_ su i:_eca faz rugosa
Se desliza silenciosa
Una láisrima candente........ .
JOSÉ

*

l!:1 error es una de las rarezas ele
la humanidad; viene rúpidamente y
se va lentamente.

*

Los grande~ trabajos se Pjecut:rn
110 por_ la fuerza, sino por la per$everanc1a.

*

Es neceFario talento y habiliclacl
parn ser apóstol de una idea; con In
fe ~ola mente se es verdugo ó mártir.

*

Don Tancredo.
Puesto de ponches calientes.

Puesto de Nevería.

VELASCO.

En el corazón humano hay dos medidas, una para el dolor y otra para el
pln~er, qlle i:e Yacían y se llenan alternat1vamen te.

Sucede con la felicidad lo que ron
el horizonte, siempre se halla á
nuestra vista, pero nunca á nuestro
alcance.

El carácter es la fisonomía del
alma.

B.

Una vara,

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 15 de Marro de 1903

DE "RIMAS"

HOY.........
Ya no vive sino en el nostálgico país de los
dolientes recuerdos ..... .
Su nombre la envolvía como un manto formado por exhalaciones de su ser. Blanca, sencilla
como un lirio campesino rimador de aromas a1
la orilla. de las dormidas lagunas; su voz, aomo
los sones de un arpa. antigua en cuyas cuerdas
durmiesen las tradiciones ya imposibles de una
edad caballeresca; dulcemente lánguida, tierna

-

SR. DR. JUAN R. Z.A.VALA, Presiden
te honorario de da Junta de Oa:rldad de GuadaJlajara.

mente triste, como rosas que se abaten todavía
jóvenes bajo los crepúsculos, llamábase Inocencia, y era. pura., ingenua. y leal.

.,

***

Sir. Juan. Som'8lllem,

Presidente activo.

Domingo 15 de Marzo de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

~

Viajera. en mis ensueños, murmuraba
)
inspiraciones de rec~
titud, de sinceridad y
de nobleza. Enamo......
ra.da. de su égida la
•
Victoria., venía ésta
á deponer sus laut•eles tdunfales sobre
las sienes del lidiador; hasta. que un
día, la fa.lacia, el dolo, la ingratitud y la
villanía, en concierto
mendaz y vil, nutrieron sus huestes miseSRITAS. ROSA GUDINO, LEOCADIA GALLARDO Y PAZ ORENOAIN. Reinas de la corrida
rables con todos los
organizad;t por los estudiantes de Guadalajara.
conscriptos de la
ruindad, asalta.~on á
la Inspiratriz sacrosanta. y celebraron
como de hoy para siempre jamás, en remoto exilio, el Honor y la _Hiapoteosis infame sobre el 'cadáver de la
dalguía., que han huído estupefactos de que ya, sobre el polvo de los hses
virgen, enseñando que en estos bajos fandifuntos, extintos los sones de las viejas trovas caballerescas, no pueden
gales !ª no pu~~en descogerse pétalos eupronunciarse, sin rubor y sin peligros, las bellas palabras de orgullo, glo•
carísticos de hr1os intactos ....
ria y altivez, que son entre otras gentes blasón de la. huma.na estirpe!

***
Habría si_do hermoso y noble que cuan·
do ella hubiese senoreado las cimas de la
Vida, sus hermanas que también son hijas de un ensu~ilo a'.1guna. vez en estos
mundos eatrevtsto, hubiesen venido á poblar el du~o país de Realidad; y á cubrir
con rosas mmortales su aridez, y ~ ~huyen~ar ~on cantos de amor el silencio de
su cielo ...... .
Robusta progenie fiera. de todas sus
integrida.~es, habríi:. derivado de aquellas nupcrns de la rectitud implacable
Lic. Andrés Arroyo de Anda. y del candor sereno; y no vivirían,

l\Ie he asomado por la verja
del viejo parque desierto:
todo parece sumido
en un nos~úlgico sueño.
Sobre la obscura arboleda,
en el transparente cielo
de la tarde, tiembla y brilla
un diamantino lucero.
Y del fondo de la umbría
llega acompasado el eco
de algún lago que se queja
al darle una gota un beso.
~lis ojos pierdo, soñando
en la bruma del sendero;
una flor que se moría
ya se ha quedado sin pétalos.
De una. rama amarillenta,
al temblar el aire fresco,
una pálida hoja mustia
dando vueltas cae al suelo.
Ramas y hojas se han movido,
un algo turba el misterio;
de lo espeso de la umbría,
como una nube de incienso,
surge una virgen fantástica
cuyo suavísimo cuerpo
se adivina vagamente
tras blanco y flotante velo;
sus ojos clava en los míos
y entre las sombras huyendo,
se pierde callada y triste
en el fondo del sendero.
Desde el profundo boscaje
llega mon6tono el eco
de algún lago que suspira
al darle una gota un beso.
Y allá sobre las magnolias,
en el transparente cielo
de la tarde, tiembla y brilla
una lágrima-lucero.
El jardín vuelve á sumirse
en melancólico sueño,
y un ruiseñor dulcemente
gime en el hondo silencio.
JUAN

R.

JilúENEZ,

Ecos dt las Jitstas Españolas.
Satisfechos en grado sumo, deben estar los
organizadores de las fiestas con que la Colonia
Española celebró, días pasados, la permanencia de los tripulantes de la «Nautilus» en la

metrópoli, pues tanto los números del programa que alcanzamos á reseñar en nuestra edición anterior, como
los que se efectuaron posteriormente, tuvieron un lucimiento extraordinario.
La rece_eción dada ~l yiernes 6 por el señor Mm1stro
de España en los elegantes
salones de la calle de Sadí
Carnot, en honor de los marinos, superó en brillantez á
lo que era de esperarse, y lo
mismo puede decirse con respecto al banquete y á la gran
romería efectuados en el Elíseo. El local dispuesto para
esta última, estaba primorosamente adornado y durante toda la tarde del sábado
se vió concurrido por innumerables personas. En cuanto al banquete, se sirvió en
el salón principal del Tívoli,
que lucía un artístico adorno, sentándose á la mesa,
entre otras personal" distinguidas, los señores Ministro
de España, Tomás ele Azcárate (Comandante de la
,,Nautilus"), Lic. Justo Sierra, Lic. Pablo Macedo, José l\IarÍI\ Bermejillo, Valentín Elcoro, Gral. Lauro Carrillo, Lic. Indalecio Sánchez Gavito y Quintín Gutiérrez. A los postres, tomaD. TOMAS
ron la palabra, primero el
Sr. Marqués de Prat, y en
seguida el Sr. Lic. D. Justo
Sierra, que asistió en representación del Sr.
Secretario de Relaciones. Hubo, además,
otros brindis en que se puso de manifiesto la
amista.el existente entre los dos países: México y España.
El Sr. Presidente de la República visitó el
Tívoli por la tarde, siendo recibido, tanto por
los españoles allí congregados, como por los
mexicanos, con marcadas muestras de simpatía. Al penetrar al salón el Primer Magistrado, el Sr. :Ministro de España volvió á brindar para darle gracias por haber concurrido á aquella fiesta. En su contestación, el Sr.
Presidente hizo votos por la prosperidad del
Rey de España y por la ele las damas reunidas en aquel sitio, y terminó aludiendo á la
caballerosa conducta observada por el Conde
de Reus para con México, al iniciarse la intervención extranjera.
Completamos nuestra información relativa

***
¡Viajera. de mis ensueños, Egeria. de mis luchas, mártir de un ideal ya
imposible! puesto que hoy ya. no vives sino en el país doliente de los recuer•
dos, en cuya portada sólo quedan las siluetas de cómo eras melancólica.co•
mo los sones de un arpa cantora del a.mor antiguo, sencilla. y blanca c_omo
u~ lis campesino, y dulcemente lánguida como rosas jóvenes caídas baJ? la
tristeza. de los crepúsculos; puesto que también has muerto con este último
año de agonías, y del escudo del gladiador, aún en pie, ha sido borr:1.d_o tu
nombre por el asalto de las vilezas en contubernio, es permitido escnb1r en
su lugar- para rescatar tu vida -la divisa inmisericorde del Breno venga•
dor:
¡VCE VICTIS!. ... . •

DE AZCARATE, Comandante de la "Nautllus."
(Fot. de Felipe Torres.)

á las fiestas que acaban de pasar, con un grupo;que representa al Comandante y á los oficiales de la «N"autilus» y con fotografías del Tívoli.

LA CANCIÓN.
El viejo marino
con trémula voz,
cantaba á menudo
la breve canción:
«Al morir la primavera,
se juraron fiel amor
la garrida costanera
y el gallardo pescador.
Y al volver la primavera
habian puesto ya su amor,
él en otra costanera,
y ella en otro pescador.,,

¡Cuántas veces perdiendo su encanto
la sencilla y alegre canción,
de los labios del viejo marino
como un hondo lamento salió!

"Gna madrugada,
sin querer, le oí
con distinta letra
la canción gemir:

ELOY G. GONZALEZ.

«En la aurora de la vida
prosternado junto á ti,
'
una noche ¡fementida!
adorarte prometí.
Y acabando ya la. \'ida
que arrastré lejos de ti,
aun conservo ¡fementida!
el amor que prometí.,,

Extinguióse la voz del marino
como un eco en lejano confín ..... .
¡La canción que á menudo cantaba.
nunca más la volvimos á oír!
FRANCISCO

Sr. Francisco Izá.ba.l Iri~. Sr. MaJlíUel Cuesta Galllardo.

EN EL TIVOLl,-EI banquete á lo,; marin9s españoleo,

~. Francisco Blanchi.

S. Eduardo Col~ignon,

6-r. Lic. Jeis~ Bring&amp;B•

Febrero,)903.

DtAZISILVEIRA.

�Domingo 15 de Marzo de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

hienas y serpientes
que se paraban so•
bre la cola.
Y tanto fué así,
que muy poco después ib8:n los , animaleR mismos a suplicarle que les tocase, sucediéndole
con frecuencia que
un oso llegara solo
junto á él, y con
tres acordes maravillosos se marchara
contento. En cambio de sus complacencias, las fieras Ie
proporcionaban alim ento y le protegían &lt;le los hombres.
Pt-ro le fatig6 su
fastidiosa Yida. Tan
convencido fügó á
estar de su genio y
del placer que daba.
á las bestias, que ya
no Re esforzó en tocar bien, y Jas fieraR, con tal que él lo
hiciera, quedaban
F&lt;iempre Aatisfechas.
)fo tardó en nega.rse
aun á concederles
este gusto, y dejó de
tocar por indolencia. Tocla la selva
quedó triste, mas no
por ello escasearon
á la puerta del músico los trozos de
carne ni las frutas
f'abro::&lt;as. Continuaron alimentándole
y le amaron mfü,,
porque el corazón
Grupo de Jefes y Oficíales de la corbeta "Nautilus."
- de los animales es
así.
Un &lt;lía, sin embargo, que npoyado en RU
puerta miraba cómo descendía el sol tras de
los árboles inmó•.,iles, pasó cerca una leona.
Dió él m~~stras de entrar, cual si temiese moro tiempo habitaban la Tracia animalestas solicitudes; pero la leona, Ein cuidarse
salvajes y algunos hombres ameclrende él, pasó tranquilamente.
tados.
Entonces le preguntó sorprendido:
Los animales eran muy hermosos: había
-¿_Por qué no me ruegas que toque?
leones rojos como el sol, tigres rayados como
Ella le contestó que no lo deseaba.
Díjole él:
la tarde, y osos negros como la noche.
-¿No me couoces?
Los hombres, enanos y chatos, mal cubiertos de viPjas pieles, armados de lanzas toscas
Y ella le respondió:
-Tú eres Orfeo.
y arcos grm,eros, se encerraban en las cavidades de las montafias tras monstruorns bloques
que ellos rodaban trabajosamente. Pasaban la
vida cazando y corría la sangre en los bosques.
Era tan lúgubre el país, que los dioses lo
habían abandonado. Cuando f'alía Artemisa
del Olimpo al clarear la mañana, jamás seguía
camino.que _llevara ~l Norte_. Las guerras de
allí no mqmeta_ban a Ares; 1a falta de flautas
y de cítaras aleJaba á A polo, y solamente brillaba la tiple Hécate como una cara de Medusa sobre un paisaje petrificado.
Entonces fué á habitar allí un hombre &lt;le
una raza má~ feliz, quien no vestía pieles como los salrnJCS de la montaña.
Usaba la~ga. !única blauca. que le arra!&lt;traha
un poco. C,ui:;tabale _errar de noche á la luz de
la luna por los mullidos claros de los boi:que¡:
llevando en la mano un pequeño carapaclio d~
tortuga, en el que había clavados dos cuernos
&lt;le oro, entre !os que i:e teudían tres Clierda:;
de plata.
Ct_iando ~o~aba con sus ~ledos las cuerda~,
música dehc10sa la_s recorna, mucho más &lt;lulre que el D?-urmurw de las fuentes, qlie las
frases_ del viento entre los á_rbolcs ó que la 1110 _
dula.c1ón de las av(•~- La pr1111era \"Cz que tocú.
despertaron tres t_igreR, tan prodigio::::unente
encantados! que leJos d; causarle ningún lllal,
se le aproximaron lo mus que les fuú posible
y se retir~ron cuando _ces_ó. Fueron mis lo~
que acudieron al día siguiente, así como lobos

ca Cira Encantada

'

Domingo 15 de Marzo de 1903

Agregó éste:

-¿,Y no quieres oirme?
-No quiero-repuso ella.
-¡Oh-exclamó el músico-cuán digno soy
de lástima! . Tú eres por quien yo hubiera tocarlo. Eres mucho más bella que las demás y
debes de comprender mejor. Porque me escuche¡. una hora solamente, yo te daré cuanto
soñares.
Ella le respondió:
- Te pido que robes las carnes frescas que
tienen los hombres de la llanura. Te pido que
asesines al primero que enc•1entres. Te pido
que te apoderes de las víctimas ofrecidas á tus
dioses y que toclo lo depoi-ites á miR pieR.
El le agradeció que no pidiera más, é hizo
lo que le había exigido.
Durante una hora tocó delante de ella; pero
des pué~ rompió su lira y vivió como si estuviera muerto.
PIERRE U&gt;UYS.

EL BESO.
Oh, juventud! Oh amor! Con qué embele~o
r ec neruo de la suerte E&gt;n los agravioi-,
fa, divina imprE&gt;sión del primer beso
que une dos almas, al juntnr dos labios!
No hay, en la vida, ni en el mundo, nada
que wa.he en nuestro Rer más honoa huella,
que el beso con que el alma enamorada
pactos d e amor sobre los labios sella.
Al delicioso choque, estremecido
el coraz6n, la sangre bulle, quema;
y es música al f'Onar á nuestro oído,
himno triunfal de adoración suprema!
Y á la sola memoria de ese i nstantfl
en que todo en nosotros canta y Yibra,
responde, voluptuosa, palpitante,
de llamas una. onda en cada fibra.

Es un ardiente rayo que nos toca.

Y el alma y la materia al par enciende;
conjunción de la luz y de la roca,
el alma que del barro se d esprende!
Oh juventud! Oh amor! Siempre os bendigo
aun de la edad entre las nieves preso,
que, con dulce tristeza, va conmigo
la divina impresión del primer beso!
HERACLIO 1\1. DE LA GUARDIA.

En el Elfseo.-Ballando una Jota,

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.

ILUSTRACIONES DE SIMONT.

TRADUCCION Df "fL .-aUNDO ILU~TRADO."
(CoNTINÚA.)

¡Cuán desolador es el vivir! ¡Qué de suspiros parec~n ~ubir de
la campifíal Y las estrellas, en la altura, ¿no parecen ser lagrimas en
el rostro sombrío de la noche? Y por mi rostro, lentamente, también
corren lágrimas. No suFro, y m~ tristeza es infin_ita. como ~l espacio:
Mis manos queman. Si llegara a enfermar, ¿q_mén me cm~aría? Si
llegara á morir, ¿quién me acompafiaría en m1s po~treros m stanteb?
¿Morir?
.
.
Me invade un terror sagrado y mis dedos se crispan.
¡Oh! No; no. ¡Dios mío! ¡Todavía no! La muerte es lo profundo lo remoto lo negro ..... .. Me aterra. ¡Y la vida es tan buena!
' Mas ¿en qué es buena, por qué es buena?
¡No me lo explico, pero asilo siento!
. .
.
,
Las lágrimas que acabo de derramar han al_JViado mi corazon y
relajado mis nervios. Mis ojos, habituados á la BOJ.?bra de la n?che,
distinguen la. hierba, que me parece sonreír al dormirse. Los páJaros,
también adormecidos, murmuran entre las ramas. Uno de ellos lanza
á plena garganta, un grito de belleza &lt;les~arradora. El es gol pe de arco
de un director &lt;le orquesta, que despierta todas las armonías_ que
duermen en mi alma. Las siento, silenciosas, pero llenas de v1gor,
balancearse dentro de mí, arrastrarme fuera. de este «yo», llenar todo
el espacio de vibraciones angustiosas y suaves, como el cant? de este
ruisefior sube, se desgrana y luego cae de nuevo en una lluvia de sonidos que cantan y lloran á la vez.
¿Estoy mal? ¿Estoy bien?

Ni una ni otra cosa: es un arranque de mi ser, una recrudescenc!a de vida, porque en la noche silenciosa y bajo la. misteriosa cadencia d e los astros, todas las voces &lt;le la naturaleza se alzan sin obstáculo
y llevan consigo mi voz.
Y otra vez mis ojos acarician la sombra en la que se agitan simpatías. De pronto, cerca de mí, en lo más tupido del follaje escucho
un roce, el crujir &lt;le una rama bajo un pie.
'
¿He oído bien?
. .Ten~o ~l valor de levantar~e y acercarme al follaje. Detrás está
S1lv10, Silv10 en persona, encogido, listo para saltar. Me ve y se endereza; sus ojos brillan.
Lanzo un grito terrible que le hace huir. Pero mi grito atrajo á
otros pasos que se acercan, en tanto que los de Silvio se alejan.
Es el sefior Raibert.
Ha, tirn.do su puro, cuya luz roja he visto desgranarse en el suelo.
¿Donde estaba?
Ha llegado hasta la verja de mi jardín y me pregunta con voz
tembloroRa, P?ro cuya distinció1;1 me asombra, me es dulce:
-¿Ha gntado usted, sefionta Romane?

xxn
Estoy nerviosa, irritada, trémula.
El hombre que respondió á mi llamada, es el alcalde del pueblo,

�EL MUNDO ILUSTRADO.

bomlngo 16 de Mnrw de 1903

Todavía hay que temer de Silvio, y el alcalde me librará de cualquier
ataque. Debe haber una ley, un medio cualquiera que permita á un
alcalde evitar las tentativas criminales de un borracho.
Tales son mis ideas.
Estoy cerca del enverjado.
-Sí; yo he llamado: tengo miedo. Un hombre estaba en la espesura, en el otro extremo del jardín. ¡Ahl sefior, yo se lo ruego, que
ese hombre no vuelva. ¡No voy á poder vivir!
Mis ojos buscan al acaso, hacia el sitio donde pudiera encontrnse el señor Raibert. No hay luna.
-¿Es la primera vez-me pregunta-que ese hombre ...... la espía ...... de tal modo?
No sé lo que hago. El hombre que me habla así, no tiene ningún derecho á que yo le haga tales confidencias. Pero mi alma es demasiado cándida: todos los seres que tienen apariencia tan distinguida,
me parecen hermanos míos, en lo que esa palabra expresa de intimidad purísima.
-¿La primera vez? No; ya un día, en el camino de San Roque,
se me presentó, pidiéndome que fuera su esposa.
-¡Ahl ¿Y quién es?
--Silvio Moutet, uno del lugar.
-Sí, sí.. . .. . ¡Un muchacho encantador, en efecto! Bien, y ¿por
qué no lo acepta usted por marido?
-¡Oh! Sefior alcalde ........ .
Toda mi distinción, que parece inadvertida, todo mi deseo de
una uni6n espiritual con alguien que fuese igual á mí, surgió de mis
labios con ese solo grito, provocado por la pregunta del alcalde.
¡Yol ¡Yo esposa de Silvio Moutet, el borracho! Y quien me dice eso tan tranquilamente, es ese hombre inteligente y fino, que debería comprender mejor que cualquiera otro cuán cruel es mi soledad
moral de ahora l. ....... .
¡En qué abandono estoy, Dios mío, para que nadie pueda comprenderme!
Y mis labios temblaron, intentando sonreír, para no contraerse
en un sollozo.
-¡Oh! ¡Sefior alcalde, oh! ......

***

¿DP dónde surge el destino del hombre, para caer sobre él en el
momento preciso en que estaba escrito que cayese? ¿Cómo llegan
cuando no hay para ellos, á lo que parezca, ningún camino preparado?
Y, sobre todo, ¿cómo hay gentes que r, uedan predecir su advenimiento,
como lo había hecho Victorina?
·
El señor Raibert pos6 su mano en la mía, que temblaba. Y sin
transición, su voz at;ariciadora se llenó de ternura infinita, y murmuró:
-Perdón, perdón, perdón .......... ¿Usted esposa de Silvio, ó de
otro, no importa quién, de los de aquí? ...... Mil veces perdón por esa
injuria ..... .
&lt;&lt; ••• Era una prueba l. ...
«... Uited es mujer; él la ha confesado su amor; usted podía amarle ...... Esto era lo que yo temía cuando supe que usted había llorado
tanto en la tarde misma en que Sil vio se Je presentó en el camino....
«... ¿Por qué ha llorado usted tanto, dígame? ¿Y tantas otras veces después? ¿Y esta noche, todavía, cuando soñaba usted, tan pálida, con el rostro hacia el firmamento ...... ?
«.•. ¿Por qué, María Teresa?»
Pensó, más bien que dijo, esa última palabra: mi nombre; pero
mi cerebro le oyó, á fuerza de estar alucinado. Porque estaba yo fuera de mí. Toda esa ternura me ahogaba, no dejándome en pie sino
una idea fija: la predicción de Victorina.
Por mucho tiempo mi garganta contraída no dejó pasar ningún
sonido; por fin murmuré:
-Cuando usted me espiaba de este modo, Victorina le seguía.
le espiaba también, ¿no es verdad? ¿Estaba en alguna parte? ¿La veí~
usted surgir á su paso? ¡ Dígamelo usted, se lo suplico!. .....
Mi estado le alarmó.
-Pero no sé nada de eso, señorita. ¿Por qué?
Entonces volví en mí.
¿Qué _me importaba fuera en verdad una hechicera ó que hubiese presentido el desenlace, á fuerza de inteligencia ó de espionaje?...
El hecho estaba allí, irrecusable: el sefior Raibert había venido y me
hablaba de amor, y á la luz débil de la luna en creciente, vi su rostro
turbarse súbitamente, sus ojos resplandecer de ternura y de respeto
en ta11to que los de Silvio habían brillado como dos brazas.
'
¡Oh, sí; qué dulce sería la unión fraternal con ese hombre!
¡Qué simpáticamente resouaba en mi alma su voz!
¡El me amaba, puesto que sabía también mi vida, casi minuto
á minuto! ¡Pero qué delicadeza, qué respeto en ese amor, puesto que
yo no lo había sabido!
¿Y yo, le amaba?
¡No; sin duda, todavía; pero podía amarle! Sentía que en él había la ternura á que mi alma aspiraba. ¿Qué fuerza me impediría ir
en busca de esa ternura ......... prohibida, puesto que ese hombre era
casado?
1La prudencial El valor de roro per desde ahora con ese atractivo
fatal que me obligaba á permanecer allí, de pie, junto á la barda,
cuando debía haber huido ya.
Y valerosamente, di un paso brusco para cumplir mi resolución
heroica; mis manos se desasieron de la barrera; mi voz era tan blanca como mis manos, baiiadas por la luz de la luna, y como el rostro
angustiado de Raibert. Todo era blanco; era de plata vaporosa que

nos bafiaba pálidamente, que recibía mi'tristeza infinita y pura, blanca también, como todo en ese momento, en derredor de mis ojos, que
se turbaban mientras yo hablaba.
-¡Conque usted me espiaba! ¡Y cuando Victorina casi me lo
anunciaba, yo no podía comprenderla, ni creerla! ¡Oh! ¡Quf mal estaba eso, señor!
Mi voz seguía siendo dulce, á pesar de la ligera rudeza de mis
palabras. Proseguí:
--¿Qué quiere usted de mí? ¿Por quién me toma? ¿Qué espera
usted?
Murmuró:
-¡Nada; se lo juro!
-¡Pues bien-dije exaltándome,-déjeme usted, señor, entonces! ¿Qué viene usted á rondar, por la noche, en rededor de mi jardín, como Silvio el borracho? ¡Ah ironía! es usted quien ha ocurrido
á librarme de él...... ¿Me ve usted sola, en el jardín? ¿Sabe usted que
va á ser media noche? ¡Ah Dios mío! ¡Dios mfol ¿Es así como han
comenzado á desviarRe las otras?
Gritaba casi, exasperada, con las manos juntas, con las mejillas
bañadas de lágrimas que no me ocupaba de enjugar.
Retirado á tres pasos de la verja, el sefior Raibert murmuró, con
la frente descubierta:
-Cálmese usted, sefiorita, se lo ruego. Cálmese usted; voy á retirarme. Pero antes, permítame una palabra, una sola, la última.....
¿Llora usted, no es verdad? Y hace una hora, también lloraba. ¿Cuáles lágrimas eran más amargas: las' de ahora ó las otras? Reflexione.
Es todo lo que pido. Me retiro.
Hizo una reverencia hasta barrer casi el suelo con su sombrero
gris, y desapareció.
Quedé petrificada, con la última frase del alcalde clavada en pleno corazón, como un cuchillo.

ILUSlRADO
ANO X•••TOMO 1.-.,NUM. 12

MEXICO, MARZO 22 DI 1903.

Subscripci6n mensual for•nea, $1.!0
ldem. ldem. en l1 capo1al, S1,25

6erente: LUII', RrY~ &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAl"AlL RtU&amp; &amp;PINDOLA.

XXVII
El alcalde tenía razón. Mi vida cambió; pude por fin el substraerme á la t9mida tentación. Primero permanecí varios días sin salir,
meditando un plan de conducta. Fué una preocupaci6n no libre de
encanto; luego, cuando hube tomado la resolución de no cambiar en
nada mi conducta, y solamente acorazarme contra mí misma, quedar
digna ante el alcalde si llegaba á encontrarle, y, sobre todo, evitar
encontrarle, entonces volví á hacer mis habituales salidas, con el paso más vivo, la mirada más alerta.
No se trataba ya de vagar al acaso y arrastrar uu pensamiento
sin objeto; sino escoger los caminos más cortos, más directos á mi casa, y pensar en evitar un encuentro con el señor Raibert. Así lo hice.
Y Jebe haber ocurrido que esto me fm,se sumamente agradable, porque desde entonces los días pasaban con una rapidez increíble.
Y como el alcalde no se presentaba jamás, y yo pensaba constantemente en él, para evitarle, sucedió que mis paseos fueron más
bien excursiones en busca de ese hombre.
El día que pude convencerme de ello, me detuve llena de confusión, con los ojos rasados en lágrimas de despecho ... ¿Cuál es, pues,
la complexidad de lo que se experimenta? .. . ¿Sentía yo despecho por
no encontrar al sefior Raibert, ó contra mí misma, por el descubrimiento que acaba~a de hacer?_ l!.:sta última debía ser la verdad, porque me
decía, al caminar despacio por la vereda sembrada de margaritas:
«¡Es así como han empezado las otras! ¡Es así, absolutamente! Porque ó yo soy la última de las últimas, puesto que siento que
busco á ese hombre-y no lo creo, porque 110 pienso nada malo puesto que es mi ser el que inconsciente, instintivamente va hacia 'él como el labio sediento hacia el manantial-ó las otras han sido domo
yo, tan puras y tan instintivas, y entonces la vida es una abominación.»
Y me senté, agitada por un mundo de pensamientos.
¿Por qué la sociedad prohibe el amor si la naturaleza ha querido que el amor exista?
'
_¡Oh! ¡Esas piedras que me había referido Phrasia! ¡Esas piedras
arroJa~as á la profesora caída! ¡Esta no había matado á su hijo! ¡Se
había ido, llevando en las entrañas el fruto sagrado y se habían atrevido á lanzar piedras contra ese seno!
'
¿Qué había. hecho esa infeliz joven, sino la obra augusta de perpetuar la vida?
.. Así pe!1sé durante mucho tiempo, con la mano apoyada en la
meJilla .i.rdiente.
Cayó la tarde, violeta y rosa, semejante á un ramillete de viole•
tas, cuyos racimos pendían sobre las cimas de los montes· racimos
malva, salpicados de oro, justamente como la fl()recilla e~balsamadora que los enamorados cortan en los bosques ......... Y soñaba en
todo esto: en los enamorados, en los prometidos, en los esposos ..... .
¿Tales goc~s no me, s~rían permitidos jamás?
¡Habían sido tan rap1das las frases de ternura oídas aquella noche!
. ¡Qué dulce fue_ra que, durante los días en que me creía sola, hubiese sabídome espiada por tal mirada de amor!
¿Dónde estaba hoy esa mirada?
¿Mi rig?r la habría alejado para siempre?
¿No e~1stía en alguna parte, en el misterio de las hojas, y no se
me acercana ya nunca, nunca?
Me incliné para buscarla. De pronto resonó la voz del señor Raibert, haciéndome latir tumultuosamente el corazón:
-¡María Teresa!
( CONTINUARÁ. )

7

ABSTRAÍDA.
( COLECCIÓN P ELLANDDi'J.)

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO ILUSTRADO.

bomlngo 16 de Mnrw de 1903

Todavía hay que temer de Silvio, y el alcalde me librará de cualquier
ataque. Debe haber una ley, un medio cualquiera que permita á un
alcalde evitar las tentativas criminales de un borracho.
Tales son mis ideas.
Estoy cerca del enverjado.
-Sí; yo he llamado: tengo miedo. Un hombre estaba en la espesura, en el otro extremo del jardín. ¡Ahl sefior, yo se lo ruego, que
ese hombre no vuelva. ¡No voy á poder vivir!
Mis ojos buscan al acaso, hacia el sitio donde pudiera encontrnse el señor Raibert. No hay luna.
-¿Es la primera vez-me pregunta-que ese hombre ...... la espía ...... de tal modo?
No sé lo que hago. El hombre que me habla así, no tiene ningún derecho á que yo le haga tales confidencias. Pero mi alma es demasiado cándida: todos los seres que tienen apariencia tan distinguida,
me parecen hermanos míos, en lo que esa palabra expresa de intimidad purísima.
-¿La primera vez? No; ya un día, en el camino de San Roque,
se me presentó, pidiéndome que fuera su esposa.
-¡Ahl ¿Y quién es?
--Silvio Moutet, uno del lugar.
-Sí, sí.. . .. . ¡Un muchacho encantador, en efecto! Bien, y ¿por
qué no lo acepta usted por marido?
-¡Oh! Sefior alcalde ........ .
Toda mi distinción, que parece inadvertida, todo mi deseo de
una uni6n espiritual con alguien que fuese igual á mí, surgió de mis
labios con ese solo grito, provocado por la pregunta del alcalde.
¡Yol ¡Yo esposa de Silvio Moutet, el borracho! Y quien me dice eso tan tranquilamente, es ese hombre inteligente y fino, que debería comprender mejor que cualquiera otro cuán cruel es mi soledad
moral de ahora l. ....... .
¡En qué abandono estoy, Dios mío, para que nadie pueda comprenderme!
Y mis labios temblaron, intentando sonreír, para no contraerse
en un sollozo.
-¡Oh! ¡Sefior alcalde, oh! ......

***

¿DP dónde surge el destino del hombre, para caer sobre él en el
momento preciso en que estaba escrito que cayese? ¿Cómo llegan
cuando no hay para ellos, á lo que parezca, ningún camino preparado?
Y, sobre todo, ¿cómo hay gentes que r, uedan predecir su advenimiento,
como lo había hecho Victorina?
·
El señor Raibert pos6 su mano en la mía, que temblaba. Y sin
transición, su voz at;ariciadora se llenó de ternura infinita, y murmuró:
-Perdón, perdón, perdón .......... ¿Usted esposa de Silvio, ó de
otro, no importa quién, de los de aquí? ...... Mil veces perdón por esa
injuria ..... .
&lt;&lt; ••• Era una prueba l. ...
«... Uited es mujer; él la ha confesado su amor; usted podía amarle ...... Esto era lo que yo temía cuando supe que usted había llorado
tanto en la tarde misma en que Sil vio se Je presentó en el camino....
«... ¿Por qué ha llorado usted tanto, dígame? ¿Y tantas otras veces después? ¿Y esta noche, todavía, cuando soñaba usted, tan pálida, con el rostro hacia el firmamento ...... ?
«.•. ¿Por qué, María Teresa?»
Pensó, más bien que dijo, esa última palabra: mi nombre; pero
mi cerebro le oyó, á fuerza de estar alucinado. Porque estaba yo fuera de mí. Toda esa ternura me ahogaba, no dejándome en pie sino
una idea fija: la predicción de Victorina.
Por mucho tiempo mi garganta contraída no dejó pasar ningún
sonido; por fin murmuré:
-Cuando usted me espiaba de este modo, Victorina le seguía.
le espiaba también, ¿no es verdad? ¿Estaba en alguna parte? ¿La veí~
usted surgir á su paso? ¡ Dígamelo usted, se lo suplico!. .....
Mi estado le alarmó.
-Pero no sé nada de eso, señorita. ¿Por qué?
Entonces volví en mí.
¿Qué _me importaba fuera en verdad una hechicera ó que hubiese presentido el desenlace, á fuerza de inteligencia ó de espionaje?...
El hecho estaba allí, irrecusable: el sefior Raibert había venido y me
hablaba de amor, y á la luz débil de la luna en creciente, vi su rostro
turbarse súbitamente, sus ojos resplandecer de ternura y de respeto
en ta11to que los de Silvio habían brillado como dos brazas.
'
¡Oh, sí; qué dulce sería la unión fraternal con ese hombre!
¡Qué simpáticamente resouaba en mi alma su voz!
¡El me amaba, puesto que sabía también mi vida, casi minuto
á minuto! ¡Pero qué delicadeza, qué respeto en ese amor, puesto que
yo no lo había sabido!
¿Y yo, le amaba?
¡No; sin duda, todavía; pero podía amarle! Sentía que en él había la ternura á que mi alma aspiraba. ¿Qué fuerza me impediría ir
en busca de esa ternura ......... prohibida, puesto que ese hombre era
casado?
1La prudencial El valor de roro per desde ahora con ese atractivo
fatal que me obligaba á permanecer allí, de pie, junto á la barda,
cuando debía haber huido ya.
Y valerosamente, di un paso brusco para cumplir mi resolución
heroica; mis manos se desasieron de la barrera; mi voz era tan blanca como mis manos, baiiadas por la luz de la luna, y como el rostro
angustiado de Raibert. Todo era blanco; era de plata vaporosa que

nos bafiaba pálidamente, que recibía mi'tristeza infinita y pura, blanca también, como todo en ese momento, en derredor de mis ojos, que
se turbaban mientras yo hablaba.
-¡Conque usted me espiaba! ¡Y cuando Victorina casi me lo
anunciaba, yo no podía comprenderla, ni creerla! ¡Oh! ¡Quf mal estaba eso, señor!
Mi voz seguía siendo dulce, á pesar de la ligera rudeza de mis
palabras. Proseguí:
--¿Qué quiere usted de mí? ¿Por quién me toma? ¿Qué espera
usted?
Murmuró:
-¡Nada; se lo juro!
-¡Pues bien-dije exaltándome,-déjeme usted, señor, entonces! ¿Qué viene usted á rondar, por la noche, en rededor de mi jardín, como Silvio el borracho? ¡Ah ironía! es usted quien ha ocurrido
á librarme de él...... ¿Me ve usted sola, en el jardín? ¿Sabe usted que
va á ser media noche? ¡Ah Dios mío! ¡Dios mfol ¿Es así como han
comenzado á desviarRe las otras?
Gritaba casi, exasperada, con las manos juntas, con las mejillas
bañadas de lágrimas que no me ocupaba de enjugar.
Retirado á tres pasos de la verja, el sefior Raibert murmuró, con
la frente descubierta:
-Cálmese usted, sefiorita, se lo ruego. Cálmese usted; voy á retirarme. Pero antes, permítame una palabra, una sola, la última.....
¿Llora usted, no es verdad? Y hace una hora, también lloraba. ¿Cuáles lágrimas eran más amargas: las' de ahora ó las otras? Reflexione.
Es todo lo que pido. Me retiro.
Hizo una reverencia hasta barrer casi el suelo con su sombrero
gris, y desapareció.
Quedé petrificada, con la última frase del alcalde clavada en pleno corazón, como un cuchillo.

ILUSlRADO
ANO X•••TOMO 1.-.,NUM. 12

MEXICO, MARZO 22 DI 1903.

Subscripci6n mensual for•nea, $1.!0
ldem. ldem. en l1 capo1al, S1,25

6erente: LUII', RrY~ &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAl"AlL RtU&amp; &amp;PINDOLA.

XXVII
El alcalde tenía razón. Mi vida cambió; pude por fin el substraerme á la t9mida tentación. Primero permanecí varios días sin salir,
meditando un plan de conducta. Fué una preocupaci6n no libre de
encanto; luego, cuando hube tomado la resolución de no cambiar en
nada mi conducta, y solamente acorazarme contra mí misma, quedar
digna ante el alcalde si llegaba á encontrarle, y, sobre todo, evitar
encontrarle, entonces volví á hacer mis habituales salidas, con el paso más vivo, la mirada más alerta.
No se trataba ya de vagar al acaso y arrastrar uu pensamiento
sin objeto; sino escoger los caminos más cortos, más directos á mi casa, y pensar en evitar un encuentro con el señor Raibert. Así lo hice.
Y Jebe haber ocurrido que esto me fm,se sumamente agradable, porque desde entonces los días pasaban con una rapidez increíble.
Y como el alcalde no se presentaba jamás, y yo pensaba constantemente en él, para evitarle, sucedió que mis paseos fueron más
bien excursiones en busca de ese hombre.
El día que pude convencerme de ello, me detuve llena de confusión, con los ojos rasados en lágrimas de despecho ... ¿Cuál es, pues,
la complexidad de lo que se experimenta? .. . ¿Sentía yo despecho por
no encontrar al sefior Raibert, ó contra mí misma, por el descubrimiento que acaba~a de hacer?_ l!.:sta última debía ser la verdad, porque me
decía, al caminar despacio por la vereda sembrada de margaritas:
«¡Es así como han empezado las otras! ¡Es así, absolutamente! Porque ó yo soy la última de las últimas, puesto que siento que
busco á ese hombre-y no lo creo, porque 110 pienso nada malo puesto que es mi ser el que inconsciente, instintivamente va hacia 'él como el labio sediento hacia el manantial-ó las otras han sido domo
yo, tan puras y tan instintivas, y entonces la vida es una abominación.»
Y me senté, agitada por un mundo de pensamientos.
¿Por qué la sociedad prohibe el amor si la naturaleza ha querido que el amor exista?
'
_¡Oh! ¡Esas piedras que me había referido Phrasia! ¡Esas piedras
arroJa~as á la profesora caída! ¡Esta no había matado á su hijo! ¡Se
había ido, llevando en las entrañas el fruto sagrado y se habían atrevido á lanzar piedras contra ese seno!
'
¿Qué había. hecho esa infeliz joven, sino la obra augusta de perpetuar la vida?
.. Así pe!1sé durante mucho tiempo, con la mano apoyada en la
meJilla .i.rdiente.
Cayó la tarde, violeta y rosa, semejante á un ramillete de viole•
tas, cuyos racimos pendían sobre las cimas de los montes· racimos
malva, salpicados de oro, justamente como la fl()recilla e~balsamadora que los enamorados cortan en los bosques ......... Y soñaba en
todo esto: en los enamorados, en los prometidos, en los esposos ..... .
¿Tales goc~s no me, s~rían permitidos jamás?
¡Habían sido tan rap1das las frases de ternura oídas aquella noche!
. ¡Qué dulce fue_ra que, durante los días en que me creía sola, hubiese sabídome espiada por tal mirada de amor!
¿Dónde estaba hoy esa mirada?
¿Mi rig?r la habría alejado para siempre?
¿No e~1stía en alguna parte, en el misterio de las hojas, y no se
me acercana ya nunca, nunca?
Me incliné para buscarla. De pronto resonó la voz del señor Raibert, haciéndome latir tumultuosamente el corazón:
-¡María Teresa!
( CONTINUARÁ. )

7

ABSTRAÍDA.
( COLECCIÓN P ELLANDDi'J.)

�Domlngo 22 de' Marzo de 1903.

no tngañtis á los niñost

'

Hemos nacido para la verdad: toda educación que disturbe, retarde ó impida este objeto nobilísimo, es falsa, dañosa, reprobable.
Cuando se dice educación, no debe entenderse
só\o un arte determinado y estrecho que ejercitan los maestros, los pedagogos, los padres
ilustrados, para con los, niños. Tiende á educar á éstos, y tal vez mas qm, lo otro_. toda esa
serie de acciones, de palabras, de obJetos, que
los rodean desde el momento en que sus tier•
nos cerebros empiezan á alumbrarse con los
rayos nacientes ele la razón. -Las primeras ideas
ó sensaciones que llegan al niño, dejan en su
memoria ó en su fantasía huellas profundas,
de las que indefectiblem~i:it~ ~e. valdrá m.ás
tarde para formarse y emitir JUICIO~, para eJ~cutar acciones, para corregir ó alentar, seguir
ó rechazar instintos buenos ó malos. Por eso
es de suma importancia saber escoger las personas que deben rodear á los ni~os en sus
primeros años, pues ellas, como dice el poeta, los acompañar.ín por toda la vida. Por de~gracia muy pocas personas toman para su~ hijos una precauci6n de tanta trascendencia, y
muy á menudo loj abandonan en manos de
domésticos ó de parieutes que, por ligereza ó
por ignorancia engañan constantemente á. hs
inteligencias infantiles, crean en ellas arraigados errores y prejuicios fatales, vici~n sus
tiernas fanta~ías sembrando en ellas miedos y
terrores, falsifican sus corazoncitos haciéndolos dobles para siempre, disimuladores, sospechosos........ .
Esa bendita edad de la inocencia y de la
sencillez, inexperta en todo y ávida de saberlo
todo fácilmente escucha los conceptos de los
may~res y casi siempre les presta una fe ciega. Por eso sería obra abyecta y nociva el valerse de tal superioridad para cultivar lo falso· es cierto que con frecuencia se hace por
br~ma y sólo con objeto de divertirse y de observar los efectos curiosos de la infantil credulidad· pero, de todos modos, ese proceder produce ~esultados lamentables. Por ejemplo, un
adulto dice á una chicuela que del mismo modo como se siembran semillas para producir
arbustos y flores, sembrando muñecas se obtendrán árboles, que á guisa de frutos, ¡,roducirán abundantes muñecas. La niña lo creerá
é irá á enterrar sus muñecas en el jardín, con
la esperanza de hallarlas propagadas al día siguiente; entonces, ó bien se defraudan sus esperanzas y no vuelve á creer en nada de lo
que en lo sucesivo le diga el adulto; ó si éste,
para sostenE'r la superchería, ha cuidado de
colocar en el jardín nuevas muñecas, la chicuela creerá firmemente en la propagación de
la materia inerte y esa creencia, aunque más
tarde sea desechada por la razón, no habrá dejado de marcar su huella en la fantasía de la
niña.
Recorriendo nuestros hermosos parques á la
hora en que bajo sus opnlentas arboledas se
congrega la bulliciosa y pequefia muchedumbre que ha de ser la sociedad del mañan.a, .con
frecueucia pueden observarse los procedimientos vioiosos que siguen las niñeras, ignorantes
de la trascendencia de sus engafios. Un niño
cae por tierra y la niñera, para consolar su
llanto le dice: «¡Pégale al suelo, él te tiró.»
El nifio azota el suelo hasta desahogar su ira,
y de esa superchería aparentemente inocente,
quedan dos huellas en su espíritu: la idea de
que el suelo lo tiró, cuando sólo fué causa de
la caída la falta de precaución al correr 6 la
debilidad de sus piernezuelas; el fomento del
instinto de la venganza!
Podrá objetarse que no siempre es posible
dejar de engañ.ar á los nifios y que muchas
veces el torrente de sus «¿por qué?u ..... pone
en aprieto basta á los más avisado~, pues hay
muchas preguntas que no pueden ni deben
contestárseles, dada su índole delicada. Pero
en tales casos es muy posible darles á entender que tales cuestiones no están al alcance de
su comprensión, sin necesidad de engafiarlos.
De muy especial trascendencia son los pre.:
juicios acerca de lo sobrenatural y los miedos
con que las nifieras se complacen en rellenar

EL MUNDO ILUSTRADO.

las imaginaciones de los nifios, y que en no
pocas ocasiones duran en ellas toda la vida sin
que alcaucen á arrancarlas ni los conocimientos ni las convicciones que después puedan
adquirir. Hay personas ilustradas que de noche, cuando están solas y sin luz, sienten invencibles terrores de cosas sobre11aturales, de
aparecidos, de muertos, no obstante que su razón y su ilustración les grita que esos terrores
son absurdos. ¿Qué significa eso? ..... Que los
miedos de la niñez, engendrados por los cuentos
y las amenazas de las nifieras, prendieron tan
fuertemente sus garras en las imaginaciones
tiernas, que más tarde ha sido ya imposible
arrancarlos.
Téngase en cuenta la influencia que esos
malos principios ejercen en el carácter, en la
moralidad y en la felicidad de los hombres, y
repítase sin cesar á los padres de familia y á
los educado res en general: ¡No engañéis á los
niños!
SARDIN.

CUENTOS FON AMBULESCOS.
EL BENEFICIO.
-¡Fuera abajo!
-¡Con permiso, señores; necesitamos quitar esas sillas.
-¡No se olviden esas macetas á la izquierda. Esa puerta del fondo!
Todos esos gritos se oían en el foro.
A la puerta del camarín de la beneficiada
se arremolinaban todos los admiradores, y
procuraban estar cerca de ella, para que los
ruidos de los preparativos de la escena, no les
impidieran conversar.
El camarín era muy pequeño y entre aquellas paredes de tablas mal unidas apenas cabían las canastillas y coronas obsequiadas esa
noche por los amigos de la tiple.
-1\Iis felicitaciones muy sinceras por su
triunfo.
-Lucrecia, voy á tener el gusto de presentar con Vd. á mi amigo Román, que está deseoso de estrechar su mano; es poeta distinguido.
-Señorita ........ .
-Amigo Gómez, recibí su hermoso ramo;
estas flores que saco en este acto son de las
de Vd.
-¡ Ya puede tocarse la primera!
-¿Dónde están las ollas?-preguntaba una
corista.
-¡Luz, mándamP, el sombrero hongo, pero
acepíllalo antes-gritaba á su mujer el barítono.
-¡Que no se olvide el cambio de luz en la
primera mutación-recomendaba el Director
de escena.
Todas esas frases aisladas, unidas al ruido
de los trastos que caían, al chirriar de los telones, arrastrar de muebles, etc., etc., formaban una enorme confusión.
Un vejete de luciente pechera y de monóculo-un imbécil-dijo á la beneficiada:
-Por supuesto que está. Vd. invitada á cenar con nosotros; ya sabe Vd., unos cuantos,
todos de confianza.
-Gracias, D. Paco, pero no puedo! acabo
tan cansada! y me siento enferma; otro día será; me voy directamente á casa.
-¡Oh! y yo que había mandado preparar
una cena compuesta de los platillos favoritos
de Vd.
-No, Vd. no desairará á D. Paco; hará Vd.
un sacrificio.
-Seguramente que Lucrecia no llevaría su
crueldad hasta el punto de dejarnos sin cenll.r
porque sin ella claro está que no cenaríamos'
¿verdad?
'
-¡Cuánto lo siento! pero no puede ser.
-Es verdad-suspiró D. Paco;-como ya recibió Vd. otras tres invitaciones, quién sabe
cuál será el preferido.
-Está Vd. muy bien enterado; es Vd. atroz
D. Paco, pero ninguna he admitido.
'

-Señorita Lucrecia, preparada. ¿Lleva Vd.
ya la pandereta?
-Sí; aquí está..
-1 La tercera! Coro de mujeres á la escena.
-Entonces hasta el otro entreacto; al menos aceptará Vd. una copa de «champagne,•
aquí está en su camarín.
-Con todo gusto.
-A los pies de Vd.
-Voy á seguir aplaudiéndola.
-Hasta luego.
-Sefiorita, tanto gusto ..... .
--¡Por fin, sefueron; quéfastidiol-casigimi6 la beneficiada, sacudiendo de su cabellera rubia-es decir, suya no, la suya, natural,
era negra, muy negra,-de su cabellera de utilería, el confetti que se le había prendido y
dejándose caer sobre una silla.
'
La orquesta preludió el último acto.
Las mujeres con las ollas apoyadas en la
cadera, se alinearon por voces.
-¡Fuera de escena! ¡Arriba!
Y el telón subió.
Desde el salón llegaron los ruidos de asientos que desplegaban, de los pasos de los retardados y de los «Shit» de !os que protestaban por los ruidos.
La voz del coro se alz6 uniforme y sonora.
Lucrecia seguía sentada indolentemente¡ya solal-junto al bastidor segundo de lade-,
recha.
Enfrente, entre los bastidores opuestos apareció un hombre que llevaba cubierta la cabeza con una gorrilla azul. Bajo ella asoma
un mech6n de pelo, brillaban dos ojos y•
movía impacientemente un bigote hirsuto-negro el cabello, negros los ojos y negro el bi•
gote.
Iba en pechos de camisa, una cami.ia azul
cruzada por tirantes negros que sostenían el
pantalón también azul, y á la cintura llevabl
un martillo y una bolsa con clavos.
Fingió, apoyándose con una mano sobre el
bastidor, revisar si estaba bien puesta la escena, y resbal6 su mirada sobre Lucrecia.
Ella entonces levantó la mano blanqueada,
y le chasqueó «Pst,, con la boca, y le mand6
«Ven» con la mirada.
Fué el hombrazo.
Ella resueltamente, sin decirle palabra, le
tomó con la pequeña mano suave y firme la
manota encallecida y temblona, y lo arrastr6
al centro del camarín.
Se le puso enfrente, se cruzó de brazos, le
miró con fijeza, á lo hondo, y como con UD
gran convencimiento, le afirmó, no le preguntó:
-¡Tú me quieres mucho!
-¡Yo?........ .
-No lo niegues, tonto, ¿por
has dicho?
-Pero ..... .
-Esta noche me invitas á cenar.
-Pues ...... -y se llevó la mano significativamente al lugar en que hubiera llevado 101
bolsillos si hubiese vestido chaleco.
-Yo te presto; tú me pagarás bien.
-¡ ......... !
--Shit.
El traspunte llegó con el libro abierto y
farolillo al brazo.
-Señorita Lucrecia, entra Vd.-y le sopl6
al oído la primera frase.
-Vete, tonto, y espérame en la esquina;
envuélvete en tu capa.
-Pero ........ .
-Que te calles.
Sali6 la beneficiada: aplausos; después cien
gemelos se levantaron, y todas las miradal
fueron á prenderse al cuerpo de la mujer.
Algun?s tosían por lo bajo, otros se movíf:D
en los asientos, buscando que viese ella baCJ6
ellos.
Y el hombrazo, pálido, sudoroso, trémulo,
con las manos á la espalda y la mirada al suelo, se preguntaba si estaría despierto como en
las otras noches, 6 si estaría soñando en aquella noche de beneficio.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 22 de' Marzo de 1903.

J:aboratorto Bacttriológico.
IMPORTANTES EXPERIENCIAS.
Como una dependencia del Instituto Patológico ha quedado establecido en el número
12 de ln. 71.1 calle de Carpio, un laborator;o
bacteriológico provisto parn. el servicio de los
útiles y aparatos más modernos.
El lunes de la semana pasada fué visitado
oficialmente por el Sr. Subsecretario de Instrucción Don Justo Sierra y, con estr. motivo,
se dispusieron para ese día algunas experiencias que resultaron muy importantes. En re•
sumen, vamo!', á dar cuenta á nuestros lectoTes de los departamentos en que se di vide el
Laboratorio y de los ensayos efectuados.
El departamento que visitó primero el Sr.
Sierra fué el de comprobaci6n de bacterias.
Allí, en varios microscopios,se le mostró el
bacilo de la peste bubónica, clúndosele á conocer en seguida una interesante serie de microfotografías de bacterias patógenas. En el departamente de preparación de medios de cultivo, que recorrió después el Sr. Subsecretario,
se propagan 103 gérmenes para las ,·acunas de
Haffkine .Y Bedreska y, en otro se hace la
selección de los animales (cultos,'ratas, etc.,)
que deben i,ervir para la experimentación.
El laboratorio técnico especial consta de una
sola pieza, escrupulosamente protegida contra
la invasión ó salida de los insectos y roedores.
Hay en él, u11 ingenioso aparato en el cual se
hacen las inoculaciones, siembras de gérmenes y repartición de vacunas, dispuesto de
manera que sea imposible todo peligro de contagio. Un mecanismo especial permite abrir y
cerrar automáticamente el aparato, y, una vez
terminada'! las experiencias que en él se efectúan, se le desinfecta con vapores de formalina mediante un generador especial y con otros
antisépticos.
En este laLoratorio se inoculó una rata con
virus, se hizo la autopsía de otra, muerta, y
se sembraron medios de cultivo con los productos ele ésta. Las experiencias estuvieron á
cargo del Sr. Dr. Angel Gaviño Jefe del Establecimiento, y del Dr. D. Jos'é Gayón.

El Sr. Subsecretario de lnstrucci6n Pública y el personal del Laboratorio.

Hechas estas pruebas, se visitó el departamento de estufas, donde se hace el cultivo
de los microbios y se preparan las vacunas.
Las estufas se calientan unas por electricidad
y otras con gasolina carburada, á fin de mantenerlas á una temperatura constante. La rata que había s~rvido para la experiencia á que
antes nos referimos, fué cremada reduciéndosela en pocos minutos á un carbón parecido á
la antracita.
Actualmente se prncede al arreglo de un local para los caballos que han de proporcionar
el suero curativo, y que deben ser vacunados.
Como una medida precautoria, se ha construído. un estanque en el cual 1 llegado el caso, los
ammales que mueran por moculación, podrán
ser destruidos empleando para ello substancias químicas especiales.
Además del Sr. Subsecretario de Instruci6n
visitaron el L!i.boratorio los Sres. Dres. Don
Eduardo Licéaga, Toussaint, Altamirano y
algunos otros. La visita duró más de dos horas.

altaneros, llenando los cafés, los puestos de
guardia, las estaciones, las plazas pública!',
las iglesias y los paseos, en los que flota 1~
sombra perfumada de los viejos olmos loreneses!
Sí, ahí están, bajo el gesto severo de Ney
bajo la mirada pensativa de Flaubert frent~
á la catedral inmensa y florecida com~ un inv~rnadero, cerca de este Mosela trasparente y
v1Yo como una alma!

EL IUSEO DK :IETZ.
:_:.-:-:- ffllcbtltt.

FRANCISCO ZAR.A.TE RUJZ.

Un ángulo de la sala de comprobaci6n.

En el museo de Metz
hay, obra de Couture,
un retrato de Michelet.
Extraña é ineludible
figura, toda ella pen&amp;amiento y pasión! Encuadrado, de espesos y
largos cabellos grises,
aquel rostro parece todavía joven. Es seco,
fino, vibrante. La nariz, un poco prolongada, se dilata en venu:nillas palpitantes. La
boca, grande, arqueada, roja, ha sido trazada de una sola pincelada. Respira como
una mezcla de voluptuosidad y de ascetismo, de fe y de inquietud. Pero el rasgo más
notable es el de los
párpados oscuros que
caen sobre la mirada
límpida con una dulzura cuasi femenina ...
Y, sin embargo, aquí
están estos hombres,
los bárbaros azules, los
wurtembergueses verdes, los negros prusianos, todos ellos igualmente mugrientos y

Aparato donde se hacen las inyecciones.

En medio de esta invasión que fuma grita
bebe, c.ome y bulle, haciendo gala de ~na ig~
norancia absoluta de la justicia, cuando se sale ,del rn.useo de Metz, se lleva la imagen del
mas .ardiente francés, del poeta tierno, febril
Y p1~1toresco,. cuyo corazón desbordaba de
amo1 y de odio, pero que no am6 sino el amor
Y no execró sino la iniquidad, y se interroga
ento1:ces con e~tera confianza aquella límpida mITada de vidente, aquellos ojos de párpados sombríos que parecen haber llorado.
EMlLEIIEUZIN.

�Domingo 22 dP' i\farzo d

F.L Ml':'\DO II L'STRADO.

una pequefia pieza que sirve de an
oficinas, comunicn.da con el jardín por
calera. de mampostería., cubierta en
por enredaderas tropicales. En el d
esta e,;calera, se ve el Escudo Real d11
El clespa.cho del Sr. ~linistro, es
mu,v elegante, sus muebles son de lo
tístico y está adornado con vistosos
piezas florales.

s•

***

Fot. Xapoleún.

Pero lo que m6.s llama la atención de
vi~itan el edificio es la Yariedad de pi
grabados y fotografías que posee el
qué:,; &lt;le Prat y que con,-tituye, sin
mejor adorno de su residencia. Hay
dro;; debidos á los maestros antiguos y
no~ mús célebres, distinguiénrlose en 1
ción, como los más valioso$, un «SRn
y un «San Bartolomé,» del Espaiioleto
esce11a en l\ladrid» \" un retrnto del
Baltnzar, ele \'elásqi1ez; una «Santa
de ZurbarÍln, y una «Adoraciún de 108
lle \'an cler Werden.
Entre las foto~rafíns, cuenta el Sr.
los retrato,; &lt;le la Reina Alejandra y de
na de Rusia, con los autúgrafos de las
nas, y los de los miembros de la fam'
española. En RU despncho, y ence
un elegante marco que remata una
real, se ve el &lt;le 8. ~I. Alfonso XIII,

Rtsidtncias Diplomáticas.
ta ttgadón dt España.
Entre las re;:idencias diplom:llicas establecid as en la actualidacl en la )letrópoli, ocupa
lugar preferente, no Hólo por la hermosma de
su construcción, sino también por el buen
gusto que domina en el decorado de Rus i,alones, el edificio de la calle de ~adí Carnot en
que se encuentra instalada la Legación de
España.
La suntuosa residencia, que se levanta enmedio de un jardín, con!-ta de Yarios departamento:&gt;. En la planta baja estún las oficinn¡.; y
el despacho del ~r. ".\lini!-tro, y la !"ala de espera y la de recepción, ú las cuales da accern
una bonü:i escalinata de cantera. T:wto una
como otra 1&gt;stán arregladas con yerdadero arte: en la primera se ven algunos cuadros de
mtrito y muebles de e."tilo morii-co, y en la
seguncla, un lujoso ajuar «Luis XYln y otro
del estilo dominante en la época de lrnbel la
Católica. Ricos cortinajes de se&lt;ln', biombos,
etc. , etc., completan el decorado de la sala,
y los colon a azul y crema dominan en las obras
de tn.picería.
Frente á estos departamento!", se encuentra

Yo le he Yii-to, aunque en sueJ101-,, le he Yisto. J;~ ncon·ado sobre la complicada múqninn,
t em os los múltiples h ilos y con los husos en
la mnno, el YiC'jtl tl'jedor fabrieaba sn tela.
Era larg:i. y Pra :lllchn: todo cahía en t-lla.
E ra fuerte por un 1•xtremo, por el ot10 se d1&gt;shi lnehaha. Ern t:1111hién caprieho:-a: todrn, los
colores se re1111hn nllí. ¡C11ú11tos hilos!
Yicjo \t&gt;jedor, ¡,&lt;¡UÓ hilos .,on l':-rn,;?
-Son los hilo:,; de hi Px isll'llt'ia.
El tehr er:1 lllU)' grande. l1111úmeros crnn
l os que t1ahajaha11 t•n í·l. U nos reían, otro::;
lloraban al :-011 r.colllpn:-ado 1le las lanzaderas:
pe ro todo,; reu nía n los hi los preciosos que más
tarde debían desunir:-e: todos tejían su propia
t ela.
- Yiejo tejedor, ¿11uú fahriea ese jo\·en tan
afanosamente·?
-Ilusione:-:, i-uciíoi:;, e,-pernnzn;: .....
- Yiejo tejedor, ¿,&lt;¡né hilos son los qne emplea. aqnel recPlo:-o·?
- Lus de la enYidia, b mentira y la calumn ia.
--Yic•jo urdidor, ¿,qui- teje aquel anciano"?
De,-;engaflos, infortunio", ingratitudes.
Un os reían, otros lloraban al son ncompasado &lt;le las lanzaderas; pero to&lt;los reunían Jo,hilos que mús tarde delnan dc:,;unin,e: todo!;
fabricaban su propia tela.
A veces la tela era un manto tle púrpura;
otras,. pañoletas y venda~, y ú yeces era un
suda rio.
Mientras unos reían y otros lloraban al son
acompasado de las lanzaderas, el viejo urdidor
me dijo:
- ¡Todos tejen su propia de¡;gracia!

-----

FRA:-.CISCO

Conos.

APOLI\EA
Yo quiero el ,·erso fiícil: que teuga, cual la ~Pda
6 cua l In p iel de un niño, la suavidad que anima
la mano cuvo tacto lo tlelicado estima;
yo quiero
verso, tierno, cual ramo de rewda.

el

Que finja los contornos del iris que se enr('(la
sobre las verdes frondas 6 sobro la alta cima;
que surja níveo y terso y txpire en dulce dma,
como el dilecto cis~e junto a los pies de Leda.
Yo quiero e l verso dócil al labio y al oído,
con vib1•acit'ln que exprese la. mag-ia del sonido
y arranque de las almas esencias misteriosas:
el verso que se nutre de cosas ignorada,;;
que emerge en los capullos al beso de las Hadas
lleva do áureo carro las rienda,,, victoriosas'.

L.

TORRES AB.\:-;D!illO.

LAS FIESTAS L,E CARI DAD DE GUADA L AJ ARA.

(Fot. Lupcrcio.)

Srita. Ana BArcena., reina. de una corrida. de toros

ESTIGMA
( larn en mi pecho tu wrfi&lt;lia'. Clarn
!"obre mi pecho tu puiial! Ahonda!
Hasta que el hi(•rro sin pitda1l n-&lt;ponda
á tu conciencia clelincuentr. y pr:wa.

El Sr. Ministro en su D espacho.

&lt;ledica.toria puesta por él mismo: «Al
de Prat de Nantuillet, Alfonso, 1002·•
Alfonso XII, conserva el Sr. Ministro
retratos, entre los cuales hay uno
líneas que demuestran la estinrnci6n
fianza que le dispensaba aquel Hey:
co Prat, Recuerdo de .Alfon!lo, 1881.•
.\demás, Yimos en la Legación mu
fotografías de otros de los principales
nos de Europa, 1le hombres célebres
tistas notables.

Y no te ocultes! Como iütPrn&lt;a laYa
salrlríl del pecho la sangri1&gt;nla onda,
antes quP prei;a ele terror se esconda
tu mano un tiempo de mi mano e~claY,L
Horrendo estigma que al perdón resi!-h•
~erá en tu vida miserable y triste
la marca impre~a por mi sangre nrdient&lt;'.
Y de extinguirla lratarÍls C'll vano,
porque al borrar~e en tu rebelde mano
mucho más negra. infamará tu frenll'!

***

Para concluir, diremos que tanto el
qués como su distinguida espo"a, ha
captarse por eu exquisito trato, las si
de nuestra buena socicclacl.
La Ara. :Marc¡ues:i perten ece
principales fami:ins de &lt;3recia;
honor de la reina, y por s11 posición en
te, tuvo oportunidad de conocer ni!(
tual 8oberana de J nglater1 a, de 1¡u1en
íntima amiga.

ANDRÉS :\lAT.\,

~EGACI ON DE ESPANA.- Interior del Despacho.

S.\L.\ DJ-; ESPt:R.\.

l!lO~.

EL TELAR DE LA. VIDA.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo '.!2 M )larzo de 1903

Fachada de la L egación de España.

0

Fot. Napoleón.

l•'ot. X apoleón.

�Domingo 22 dé Marzo de 1903.
EL MUNDO ILUSTRADO.

mo de yez en cuando: «-i Burna mano para lo~
- )lira, «niña», mira ....... ¿,Quién lo habrá
lazo,!» K¡Salió :1 su padre este muchacho!» o
Ella le brindó un va,;o de refrei;co.
hecho? Te a~eguro que, si quisiern, de un soexpresiones semej:inte!'. La abuela, _como una
-¡La mitad, no más que lamitad!-obserlo golpe con esta penca le romperín la cri,ma!
momia sin dnr m:1s Aeña.les de vida que el
vú él, al recibirlo.
Y en !&lt;U~ mano~ el flexible rebenque se domovimiento de las r.ianos al e~cardar, parecín
-¿,Y la otra?
bla.ha y batín el i&lt;uelo, como una l'Ulebra cutambién un ,·ellón de lana &lt;'011 sus trapos des-Ya lo Rabes ......
ya cabeza fuera la enorme y pesadii nuez de
hechos y sus cabellos muy blancos .....
El mozo bebiú con an~ia. Aquel día había
plomo
.....
sido de gran labor. Un sol rabioso les había
«La niña» guardó !'i lencio. .Juan vol viú á
escaldado las espaldas; y luego, el viento. un
Y .Juan, el nodo, agriado ya su triunfo p_or
enrollar el chicote á la cintura, y á encerrar
viento secn y revuelto que alborotaba el polel
incidente, ~e empecinaba, YOlvía á la misen !'-U corazón el odio hacia aquel )Iarco~ que
ma murmurando sordamente:
vo ......
bahía sido su amigo y que, su rival ahora,_ se
«¡Ah, si no fuera por «eso•! pensaba Juan,
..'.._¡Qué no¡.(: hacer mús que lazos! Ya le
em 1wñaba. en estorbarle el pa~o, y con &lt;¡\nen
mientras el líquido agridulce le refrescaba. las
proharé que también sé fabricar buenos rebenhabía tenido ya sus encontrones en las tnllas
faucei-.
ques para los bribones!
y los rodeos.
-Toma, el trato es trato ......
· El huaso Antonio seguía examinando la
YfCTOR DO!lllNGO SIL\-" A.
Ella lo vació de un sorbo. Era un comproobm recién concluída, y hablaba para si mismiso que habían celebra.do de¡:&lt;le que el viejo
Antonio les dijera, aquella inolvidable tarde,
al regreso del trabajo, por el camino asoleado:
«Sí, yo les doy mi comentimiento. Se ca~arán
ustedes después de la coRecha, con el favor de
Dios......... » Y nunca habían faltado, nunca
Juan bebió sin compartir con «la niña» la bebida.
Antonio seguía fumando tranquilamente,
sonriendo siempre ante la encantadora perspectiva de los campos verdeguean tes ...... «Oh,
las eras repleL'\s, el re~ollar de las yeguas fatigadas, el trigo vendido en la ciudad, los compradores peleándose su alfalfa.. .. Y, por otra
parte, la fruL'\ que sazonaba en la arboleda!»
La abuela seguía también escardando lana,
siempre callada en su rincón. Un último rayito de sol se coló por una rendija y bañó el
cuadro idílico con la alegría de su luz.
-¡Ya está! exclamó Juan con un suspiro,
apretando el último nudo de su lazo «de á
ocho.»
-¿A ver? dijo el padre.
Y se puso á examinar con mano y ojo de
perito en la materia, la obra maestra de su
hijo.
-¡No está malo! murmuró. Llegarás á ser
un rico trenzador ..... . De tal palo ..... .
Y á la verdad, el guaso Antonio era famoso
en la comarca. por su innegable destreza en la
talabartería campesina. Ninguna mano como
la suya para sobar un cuero ó improvisar una
montura, para. moldear una cabeza. ó trenzar
un lazo. En cuanto á peguale8, cinchas, maneas ó muchachos, ¡bah! en un minuto se hacía una docena, y con dibujos!
Así, .T uan escuchaba con intima satisfacción
los elogios del viejo, y las dulces fruiciones del
estimulo acariciaban su ánimo. Xo acertó á
dar gracias, turbado. Eso si, mientras su padre manoseaba, doblaba y estiraba la elá:;tica
cuerda del lazo, dirigió sus ojos á «la. niña.i:
con la esperanza de ver en los de ella un aplauso mudo, un reflejo de su propia complacencia ...... Pero «la niña» había bajado la vista,
entristecida, turbada también, y trataba de
disimular el temblor de sus labios.
El pobre muchacho se sorprendió súbitamente. Realmente, era cosa que no comprendía ...... Y de la expresión de franca y candorosa alegría que animaba su semblante, fué
pasando al gesto amargo de la decepción más
cruel.
-¿Qué fué, querida? pudo decir al fin.
-Nada, ¿sabes? replicó ella.
LAS FIESTAS DE CARIDAO EN GUADALAJARA
-Pero algo tienes....
Srita. Fany Cañedo, reina de una corrida de toros.
-Sí, sí... voy á contártelo. El otro dfa, ¿recuerdas? cuando fui á acompañarte hasta el
Destroza.das
Pieles negras que ele.va.das
camino, me encontré con Marcos, que nos haEn el campo, de los aires al resuello se curtía.o.
bía aguaitado .. .
Un saúz de secas bojas y caída.
- :Marco!' ..... siempre Marcos.. ... , interrumGreña indócil, antojábaseme una
pi6 el muchacho haciendo un áspero mohín
Hosca.y trémula.tarántula dormitando suspendida.
De los hilos invisibles de la luna.
de desprecio.
Garza. insomne recorría. los azures tranparentes
-Sí, pues ...... Y me dijo: ((tu novio, el baY su sombrase arrastraba en la. llanura florecida ·
bieca, no sabe más que hacer lazos ..... Si yo le
Tal sin lig-as ap11,rentes
'
viera, le enseñaría á hacer rebenques.... ¡Qué
Nuestras almas iban solas por laNubia. de la. vida.
('o.minamos, y de pronto sombra. espesa
lástima, «niña•, que le tengas por novio!» Yo
De alto fresno te cubrió con sus crespones:
me reí de él, á carcajadas, y !e dejé plantado
Mi cuchillo deslustró sus brillazones
en el medio del camino ......
En tu cuer po: mi cuchillo como tiesa.
Xuhes grises como fardos agrupábo.nse o.1 acaso,
-¿Con que eso dijo el bellaco? ¡Ah bribón!
Lengua aguda. de lebrel, que insolaciones
De la. luna. el haz entraba.
Refresca.ro. en las heridas de su presa.
Pero ¿por qué te habías callado?
Por la enorme claraboya. de la iglesia.,y semejaba
Me engañ~ste y engaí'l.a.ste mis congojas.
Su fisonomfa de ordinario apacible y risueAncha. brecha de tremendo metrallazo.
Yo no olvido el arma. aquella. que tiflóse de esña, tomó una expresión de ira que dió miedo
De tu abrigo a.brilla.ntóse el terciopelo,
(carla.ta.!. .. .
Tus
mejillas
sin
carmines
eran
flores
de
alabastro
á «la niña.»
E o l os á rboles la noche preludiaba. su sonata.! .. .
Y el ebúrneo crisantemo que tenías en el pelo
Luengos rayos de la. luna. se filtra.bao por I as bojas
-¡Que no sé hacer más que lazos! Ya le
-Xube negra-fulguraba. como un astro.
Como tubos cri$ta.linos de un gran órgano de pi a probaré que no......
:Multiformes sombras de álamos copudos
(ta.! ....
Y con un ademán rápido, desenrolló de su
De ca.léndulas y montes melenudos,
ABEL C, SALAZAR,
Parecía~
cintura un grueso látigo.

***

"Cadena de rosas."

ta Rtrmtsst dt Santa maría
Como un recuerdo de la animada Kermesse
que 1;e efectuó en i:;anta ::\Iaría de la Ribera en
días pasados, publicamos una fotografía. que
representa al grupo de señoritas que formaron
la «Cadena de rosas», y otra en que pueden
verse algunos puestos y parte de la numerosísima concurrencia que llenaba la Alameda.
La «Cadena» fué la encarga.da de recibir á
los Sres. Secretarios de Gobernación y de Guerra, que pre:sidieron la fiesta, así como á otros
funcionarios, y !t los miembros de la Junta
Directiva de la Kermeese.
Lo&amp; Sres. Corral y Gral. :Mena recorrieron
las distintas callecillas del parque, acompafia.dos de aquel grupo de hermosas señoritas y
presos en un saloncito elegantemente decora:
do, donde otras señoritas hacían veces de autoridades, se les «obligó» á firmar una acta y
pagar una multa, antes de retirarse de allí.
La «CadenaJt estaba formada por las señoritas siguientes:
~Iaría del Car:ien Margáin, ::\Iercedes y J oa.qmna de la Portilla, Guadalupe Pérez, Luisa
de la Jlora, Clotilde l\Iassieu, Ascensión C'ovarrubias, Josefina Novoa, María Pradillo
1\Iatilde Blázquez, Rosa Bonieur, )Iaría Luí~~
Massieu, Celina de la Mora; 1\Ia.ría 1\Iargáin
Victoria. Ducloig, Concepción Sánchez Díaz'
María, Matilde y Ernestina del Castillo An~
Jlaría Novoa, Enriqueta Ducloig, Efüa Carrillo, Dolores, A.melia. y Enriqueta Arroyo Sofía de la Garza,. l\Iaría Escalante, Joaquina
Al.faro, Ema Pomer, .Angela :Monasterio Nina y María Catafio y Lolita Escalante. '

mirando por la puerta las sementeras de alfalfa olean~s como un lago de aguas muy verdes,

y los trigales olorosos que ya empezaban á
labrar el oro de sus ricas espigas. ¡Oh, qué
cosecha la de aquel año!
Juan, su hijo, un gallardo mozo de veinte
~ños, de pie junto á la pared, concluía en ese
instante de trenzar un lazo; y de vez en cuand_o levantaba la vista haciendo un gesto malicioso cad_a vez que_ «la niña,; sorprendía sus
dulces miradas furtivas. «La niña,• una pobre
h~1érfana acogi~a en el hogar por el tío Antomo, era su novrn., su hermosa prometida y el
b_uen mucha.cho sentía una honda compl~cenc1a al -..:erla. así descuidada, ingenua, los brazos casi e_l ~escubierto, preparando el refresco
para el v1eJo labrador. l\[ás lejos, en un rincón, la abuela, una anciana de cabe11o com-

pletamente blanco, escardaba lana, sil
perdida entre las hebras ele cleshech08
nes.
- -¿Con el uiste? preguntó de pronto el
Juan, que por vigésima vez se había
do embelesado mirando á «la niña,» se
bruscamente, rojo por el bochorno.
-¡Ah! ya. luego ......
Y se hunclió &lt;le nuevo en hi tarea in
pida, con un tesón extraño, ca!,i feb ·
quitar la. vista de su obra. «La niña• ·
refresco á su tío. El guaso lió un cigarro,
peó el yesquero, y una bocanada de hu
cendió en el aire.
-¿También á ti? preguntó á su
niña. »
-Como quierai-....... ..

***

La Kermesse, que se repitió el domingo último, resultó lucidísima.

EL LÁTIGO
¡Hermosa tarde aquella de día sábado! Había terminado temprano la faena en los bolsi~los sonaban algunas monedas y la: alegría
remaba en el rancho. Antonio el honrado
campesino, sonreía lejana.mente, 'en silencio,

Grupo de concurrentes ¡ la Kermesse

�Domingo 22 dl; 1Iarzo de 1ll03.

EL MU~DO ILUSTRADO.

EL 111,;¡'\DO ILUSTRADO.

Progresos de la 'fotografia.
Mara villosoi,;, ciertamente, HOn loR adelantos
que la fotografía ha nlcm1zado en los últimos
aiios, é inco1,tahle el número de vcrdndE&gt;rna
obras de :-11-te que producen en la actualidad
los graneles tallNeF.
Xo es y:t el rl'lrato de parecido 111ús ú lllE'•
nos perfecto, ni la .. ,•i-.tan de taló cual edilicio
ó paisaje, lo que 1!1[1s preocupa :l la fotografía
moderna. Perfeec10n:ulos los aparatos ,. )011
procedimientos, el fotógrafo de lllll'l&lt;tra (.pot·a
encuentra á cada pa!-o «n1oti,·o,., que en otros
tiempos i,;ólo ern dacio aproved1ar :í los g•ancle.~ artistas y ai-í \'l'lllOS que, poco ;t poco, la
cámara oh~cura ,·a cn~nuchando Ht do111i11io
para abarcar un calllpo de acciún cada vez m{u1
extenso y mús rieo 1·n a:;11nto".
Ante&lt; los «m odelof'n esta ltan l'xcl llf'i ,·amente elc-stinndo,; ni "' stuclio» de lo,; dernto,; riel
color ú del cim·c•l. 1\horn, inrnclen el tall1•r fo.
to6 r:1fico, y son tan hellas y tan ,·nrins las
ohras en que intervienen, qu&lt;• se le,; coni-i&lt;lera colllo uno ele los n1ús precio:-os rccursoio.
En este número puhlicamos primorosos trabajos íoto~rúficos, sali&lt;los de un taller parisiense, á reserva de ciar ú conocer [1 nue!&lt;tros
lPctoreR, en las p1óximas e&lt;licioncs &lt;le «El
~[undo llustrndon otras fotografías tan bellas
corno úms.

EL TRIUNFO
.\ lherto dejó la pluma !'obre In. me:-a con el
nnvio~o ge:-to del que logra rompt&gt;r l'l grillete que &lt;le,-garrn sus cnn1t•1-, .,· pnr i-u,; linos labios sombreado!-&gt; por vnrnnil 111ost:1tho, aquellos labios denunciadon·s del iugenio a~tulo y
falaz que entre sus amigos le di1•ra fama de
polemi¡.;t:l invencihh•, Yagó, contrayí-ndolos
a¡wnas, un ho:-qucjo dP i-onrisa que de1111nciah:t muy á lai- clara~. por la pri,-a c¡nc ~e dió
pn &lt;k-;apareccr, la docilidad de unos múseulo:,; acostumbrados por la ~evrra dil&lt;ciplina á
reprimir toda manifrstación Pxterior del pt'n!-,Ulli&lt;•nto que se reserva si~temúti('n ment&lt;&gt;,
con el maligno cleseo de permanecer de1-conocido para todo!-.
-Ya está! -dijo-y de f.US ojos adorn1ilados dr penf'ador, brotó una ch iRpa de amoroso f1wg;o, la tierna mirnda que el e~critor diriµ:e al mo1,tún de garrapateadas cuarti llas, mí1R
rxprl':-irn, mú:- intensamente paternal por el
. afecto á las coi-as que no Yi ven ni sienten,
afecto apa!-ionado y sincero muy e"pecial en
él y que i:om,tituía una nueva y curio~a faz &lt;le
su l':trúctcr.
.\largó el brazo para recoger las cuartilll\8;
y arrnstrndo por el mismo sentimü•nto que
impnba al labrador á recontar y examinar
con &lt;'nidaclo,&lt;&gt; y ti&lt;'rno escrúpulo las íre,cas
ga,·illas de la ('Osecha c,-;pcrada por largo tit'lll·
¡,o, clió lr&lt;:tura. fr la obr:1, deleitúnclose al t'S·
('llchar f'U propia yoz, rnai can1lo con exagera.¡., énfasis los períodos culminante,, Ja5 fra•ws pomposamente H ricns que (·l sahía ele l'Í• eto dt•t·isi ro &lt;'n la tri huna, haeicndo pa 11sas intt&gt;nl'ionalt·l-i, como para esperar los aplausos
'llli) l&lt;'ltÍa :-Pguro;-.
.\quello era, como toc1o lo que salía de l-11S
mnnos, un derroche de artificio,-, h{d,il111('11tc
tl1:-i111ulado,- tras el brillo dl';;lnmbrador de lat1
111etúfura;:. El pesimi;:mo de moda, &lt;'l l'nÍt-r·
1110 ¡,c,;imi,:mo eleYado ít la categoría de una
('Ualidad del n1Pjor tono que en t'iertm, hmu1,res d~bile,: pn•tencl&lt;'n encontrar el ai re de tilÓ,:ofm.;, &lt;le sabio':! rlueiios el!' la nnla cl l't1pre111a que &lt;'Xperimcntan por los otro'I el m:iR
(Olllpleto d&lt;•sdc'.:n, rc,-altalia en tcl disl'\lrl'O de
1111 111odo o!-'tensiltlr. ~P hahlaha allí del hom·
lire l'll perpetua lucha con el medio, con la
tierra ingrnta. gastada ya por el paso de mil
generacio1ws, l'tn pohrecida hasta el extremo,
«esa madrastra chocha-decía-que súlo tiene
fuerzas para ahrir sus mandíbulas ele bestia
l'arnicera para dernrar ú lo,; homhrei', si n sa·
1·inr nunca su apetito brutal.» Xo rn:is fe Pll
.i ciencia; no míu; fe en el trabajo; :i ,·i,·ir el
m inuto presente: cerrando los ojos para el porCOLE&lt;.THi:,, PHI.LA:i!H:il.

Domlngo 22 de' 11arzo de 190:1.

venir fatal escrito ya en el «libro ele los &lt;lest~nos.» Puesto que la tierra es a,·ara y es preciso arrancarle á Yiva fuerza lo que en su seno
ll!'\'n. ¡,ara el umor, para la felicida&lt;l, par:1 la
vida, &lt;•astig11Pmos su cit•ga eruel&lt;lad, arroJando sobre su i11rno\'ibl&lt;' faz de idiota el amargo
esputo de nuestro odio inti11it? y justo; caigamos en el poh·o que 110:; ¡,rud1g:i porque losa•
he cargado ele eh•mc11tos cle!-tr~tdor~i-, hiriendo co11 nuestra planta t•l hc11ch1&lt;lo ncntrc que
ja mú,- da {1 111z para 11 \ll'stro bien.
All1l'rto pcrmaneciíi t•n éxta:-is, dejando t¡ll&lt;'
la fresca brba qul' Yenía del jardín, penetran•
do di,-;cretamente por la abierta ventaun, lh·•
gara ha,-ta {·l para r&lt;'frescar su cnarclcciLla
frente con In caricia tle sus leYcs alas.
· Acabó por doblar l:i tahcza lentamente, como arrullado por el rumor tic los aplnu,-;o,presentido~, cerrando los ojos parn oirlos llll'·
jor; pero el augusto i-;ilern:io &lt;¡~ie _lo ru1leaba,
t!P,-pu(.~, aquel Yago e!-'tremec1m1cnt~&gt; ele la
,·ida disper:&lt;a por todas partes, aquel rnresantc trabajo del Uni,·cr~o entero en camino hacia la suma pcrfocción que se iba haciendo cad:1. ,·ez más perceptible, 1,arrió con !-U potent•·
soplo &lt;·l rabioso l'gobmo del escritor para el
que un triunfo literario es todo en la ,·ida, y
y:t no pudo c:-;cuchar m{ls que el canto infinito ele la tierra, la.buem1. madre que vela el sueño de sus hijos:
«Quiero tu amor por l'ntero y sin rei:;ervaalguna; ú cambio de é l, yo te prodigaré los &lt;lom·s !JUe mi :-cno guare la para los buenos. La
llumanida&lt;l sufre por falta de fe; su amar¡!a
duda la &lt;lchilita y no tiene ya fuerza para
amar tanto como es preciso. El amor labra
los &lt;lestinos¡ el tmbajo los fortalece; la fatalidad no existe. Yo niego todo al que me
dci-;precia y me insulta. \'en á mis brazos, pu·
Ha tus labios sobre mis labios y bebe en ellos
l:i. Yida á torrente;;."
Alberto se lcrnntó bruscamente como ohedt•ciendo á una orden YPnida de muy lc·jos, y
llorando lúgrimas de Yergücnza, lle clisgu::-to
ele si rni:,m10, hizo mil pedazos el monstruo~o
artículo oratorio, y los ulancol-i papelitos, como bandad:t tle n1:niposas, fueron volando t•n
todas direi:cione¡.;, eayen1lo sobre las hojas de&gt;
lo:- rmmles en flor, en el va,-to jard ín en donde millares tle botones e"tal !aban hajo la. caricia de un d elicioso a111a11ecer.

DE VERANO
Es la ta.1·de. Lo» rayos del sol se alargan
y hacen llamear el oro de las espigas
y á los pies de los á lamos verde obscuros

arrojan largas sombras que se deslizan
por l1i ext~nsa. llanura, suben y bajan,
se quiebran en las tapias, y reto1'Cidas
culcb1·can, bundiéndoso en las acequias
para corr~r ele nuevo por la campiila.
A un dentecillo fresl'O del sur, las bojas;
de los álamos verdes a.legres brincan,
mientras un calofrío de luz recorre
la on,lea.nte supel'ficie del nun· de espigas.

Fncrten,eutc encorvados los rucios torso,,
los hraZO'i á lo largo de las rodillas,
de frente al sol que so hunclP. los -.eg-adurc,
semPjan, :í. lo lejos, extraña lila.
de adorndores indios qm, se prosternan
;mte el sol, 1·uyo cno1·mc dis1·0 rebrilla.
como la fa7, ~loriosa. do un dios a.legre,
dP un hnen dios muy all'gre, cuya. sonrisa
hat·c surgir océanos do rubio trigo,
hace nacer las flores do la. campiila,
hael' tejer los nidos entre las ramas,
y hace unir'-C los labios, cual rosas vivas
que confunden sus mieles .....
.... El sol -.e ha itlo.
Y por las alamedas "emisomhdas
se a1ejan ll'11tam,•11tc los seg,udores
cantando zamacnvl'as y seguidillas •...
COLEl:ClÓ!'i" PELLANDlNl,

�Domingo 22 de Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 22 de Marzo de 1903.

.

'

·.

la Escuela, de la más escrupulosa atenci6n,
y están dotadas con todos los materiales y útiles necesarios para la enseñanza. }J;n la clase
de Geografía, y en la de piano, pudimos observar el grado de instrucci6n á que alcanzan
los alumnos, y la excelencia de los métodos
err1pleados por los profesores: con el simple
tacto, und. alumna nos señaló en la esfera las
principales naciones del globo, y 1.,n joven
tocó al piano una de las más difíciles lecciones, con firmeza verdaderamente notable.

-~

. . ·: ::l

Y no hay en mi obscura choza
ni un solo rayo ele sol,
ni el que baja hasta la tierra,
ni el que-en la fe sube á Dios .
Loco, fiero y arma al brazo,
dispuesto al arroyo voy
á trocar mi blusa honrada
por el sayo del ladr6n.
Rico albergue, RU portada
abre á mi paso veloz,
cual portillo que brindase
al crimen la tentación.
Y allí penetro convulso
y ciego, con tal pavor,
que jamás delito humano
tuvo más dura expiaci6n.
¡Pero me esperan con hambre
las tres vicias de mi amor!
¡y robo, y huyo y comienzo
mi carrera de pasi6n 1

Tejidos de bejuco.

Orquesta de la Escuela Nacional de Ciegos.

Mientras corría, la turba
tras mis pasos iba en po~,
y aún sus gritos me resuenan
á tempestad y á fragor!
Hace pocos días hablábamos en este semario del~ e1_1señanza de los sordomudos y del
establecimiento con que para impartirla, cuenta nuestro país. Ahora, vamos á referirnos á
la Escuela Nacional de Ciegos que es, sin duda, uno de los planteles educativos más dignos de ser visitados.

Una lección de piano.

. La ~scuela fué f~ndada por el Sr. D. Ignac10 Trigueros, Presidente del Ayuntamiento
d_e México en 1866, y como todas las instituciones que no cuentan para sostenerse con
una a1uda constante y eficaz. estuvo sujeta en
los primeros afios de su establecimiento á un
sinnú11;1ero de dificultades que s6lo la persevera!lcia de su fundador logró vencu.

En 1871, la Secretaría de Gobernaci6n decret6 un impuesto á las loterías públicas, y
con el laudable prop6sito de contribuir al sostenimiento de la Escuela, destin6 parte del
producto á cubrir los gastos más urgentes que
demandaba la instituci6n.
Con este auxilio, el Sr. Trigueros pudo implantar ya algunas
mejoras en el edificio, atender á la
creaci6n de un a
planta de empleados competentes y
activar el ingreso de
alumnos, haciendo
de esta manera que
en un período de
tiempo relativamente corto, el plantel
realizara grandes
progresos.
Concretándonos á
las condiciones en
que actualmente se
encuentra la Escuela, diremos que sus
adelantos son muy
notables y que el
Gobierno ha puesto
cuanto ha estado de
su parte, tanto para mejorar los mátod_os de enseñanza,adaptándolos á las prescripciones de la pedagogía moderna, como para introducir en el edificio todas aquellas reformas
que reclaman la_co_m odidad de los educandosy
el ornato. Los d1stmtos departamentos han sido convenientemente reparados, y la fachada,
que antes presentaba un aspecto conventual
ofrece ahora á la vista, una eerie de amplia;

¡Qué tortura! En mi carrera
un fiel amigo me vi6,
más que un amigo, un hermano
en otro tiempo mejor!. ....

ventanas que la hermosean sobremanera.

***
Por lo que toca al régimen escolar la :Eacuela tiene est&lt;i.blecidas clases de in;trucci6n
primaria y secundaria y clases de música y
el número suficiente de talleres para que loe
alumnos, una vez concluída la enseñanza elemental, puedan dedicarse al aprendizaje de un
oficio que les proporcione los medios de ganarse honradamente la subsistencia al salir
del Establecimiento.
Estos talleres están bajo la direcci6n de
«maestros» competentes y muy familiarizadoe
con la enseñanza de los ciegos. En el de imprenta, vimos ejecutar algunos trabajos con
verda?era habilidad, así como en el de tejidoe
de beJUCO y otros ramos. De la tipografía han
s~li~o casi todos los v~lúmenes que forman la
b1bhoteca del Establecimiento. Los caracteres
impresos son de relieve y la lectura se haca
por los ciegos, por el tacto.
Pe.ro no son únicamente los beneficios dela
ensefianza los que los alumnos reciben; pues
á fin de que terminada su carrera cuenten con
un pequefio capital, se ha formado un «fondOJ
con el producto de los talleres y se lleva á ca•
da uno de los educandos su «cuenta de alcances,» por decirlo así; cuenta que se compone
de los yremios que obtengan, de la parte que,
deducido el costo de los materiales, quede de
la suma en que se vendan los artefactos, y de
l?s donativos que en numerario bagan los par·
t~culares á su favor, ya sea individual ó colee•
tivamente.

***

Las clases correspondientes á lainstrucci6n
primaria y secundaria así como las de músi·
ca, son objeto de part~ del señor Director de

II
Evaclirme pude al cabo
de aquella persecución,
y llevar á mis amores
p::m, alegría y calor.. ...

Clase de Geogr:ifía.

La orquesta formada por un grupo de a lum nos, aunque poco numerosa, cuenta con un
buen instrumental y se distingue por lo correcto de su ejecuci6n.
Por último, diremos que en el Establecimiento se encuentra una exposici6n permanente de
los trabajos que se ejecutan en los talleres y
que se destinan á la venta. Labores manuales,
como bordados, tejidos de gancho, pasamanerías, bolsas para viaje, cajas de carl6n, cepillos, tejidos de bejuco, se encuentran en los
aparadores, distinguiéndose por su magnífica
hechura.

Mas ¡ay! que á presidio fuí;
que un polizonte avizor
al preguntar á las gentes
por el nombre del ladr6n,
A la turba, que es piadosa
porque olvida al que pec6, '
ninguno me conocía,
nadie levantó la voz;
¡Pero mi amigo, mi hermano
en otro tiempo mejor,
compadeciendo mi suerte,
afligido, me vendió!
MANUEL S. PlCHARDO.

El manantial.
Penetrando del bosque en la ei:pesura
donde á escondidas te da á luz la. fuente,
me deleita escuchar el baibuciente
rumor primero de tu linfa pura.
Cuanto berns aquí, se transfigura:
la piedra se hace joya refulgente,
y hasta el lodo que baña tu corriente
se hermosea también, también fulgura.
Al verse en tu crif,tal, las mariposas
te toman por un cielo, y cocliciosas
de lo inefable que en tu seno anida,
se lanzan á beber...... como alma al vuelo
que persigue, en las fuentes de la vida
algo que sepa á manantial del cielo. '

El río.
Dej~ste el bosque allá, y echando afuera
tus ahentos en brazos del destino
al abrirte entre rocas un camino '
tu caudal se embravece á la car{.era.
LYa eres fuert,el ¡A luchar! Tu afán espera
banarse_ más alla de lo mezquino,
despreciando la rueda del molino
y el amor que florece en la ribera.
¡Te tiemblan romó á un dios! Tu altivo em(puje,
besando tala y fecundando ruge·
pero así que, endiosado en tu b!avura

'

llegas al mar y su amargor te toca,
te sepulta una onda de amargura..... .
Y ya no encuentra más que hiel tu boca.

Purificación.
Al pálido lucir del firmamento
que indeciso alborea por Oriente,
cantan las olas la canción doliente
donde todo dolor encuentra acento.
Su amargura se expande en un lamento
tan ~ondo como el mar, que eternamente
persigue en vano ¡aquel dulzor de fuente!
cuya sola memoria es su tormento.
¡Pero ya brilla el sol! Rompe la espuma
sus cristales de hiel, y en tenue bruma
cada cresta espumante se revuelve ..... .

El amigo.

la nube la recoge, toma vuelo
la purifica en el azul del cielo '
y otra vez dulce al manantial 'la vuelve.

I
¡Qué día! Mis pobres hijos
faltos de pan y calor,
se agrupan junto á su madre
que agoniza de aflicción.

Pontons, Septiembre 1902.
M. MORERA

y

GALICIA.

LAMILPA

f
1

De «Aires de la Montaña. ,,
Cuando tierna, es un mar verde cuyas aguas son las hojas
-cintas trfmulas de raso finamente lanceoladas,quP, se agitan como crines 6 se cruzan como espadas
defendiendo los «jilotes» ele ambarinas crenchas flojas.
Ya en i,az6n, :vergue sus frutos; el rumor de las panojas
crepitantf', imita el ruido de las onclas encrE"spadas,
y famélicos la invaden negros tordos en bandadas
-militares orgullosos de ostentar presillas rojas.y ya Reca, por el fuego del buen sol de meclioclía,
es la milpa haz de fusiles, batall6n de infantería
que al redoble acompasado del marcial tambor rnnoro,
vuelve intrépido y triunfante de los campos de la guerra
pregonando que los surcos-las matrices de la tierradan por una sola gota de sudor mil granos de oro.
JUAN

Taller de imprenta.

13. DELGADO.

:México, 1903.

I

ESCVELA DE CIEGOS,-Un ángulo
Clase de labore:; man 11 a1eij,

de la sal¡¡ de Exposición,

�Domingo 22 de' Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

mis ojrn- daban vuelta~ no sé qué fulgores. C!lrca de mí ~o habí~ flo~
res, y sin embargo, me parecía que en alguna parte surg1an punados
de rosas tan llenas de perfume, que por un momento me sentí desfallecer y que mi frente, al reclinarse sin fuerzas, tropezaba con un apoyo rnave y tibio.
Y la ,·oz, llena de amor, proseguía:
-Bien amarln! Oh bien amndal Yo, que durar,te largos meses
me he contentano con ~ecruir la huella de sus pasos, la tengo ahora
cerca de mi pecho......
I Si usted supiera (lUé embriaguez causan
sus rizos sus párpados de seda, sus lahios púlielos! ......
A pdyó su boca en mis labios, como si quisiera aspirarlos....
l\1e aparté con un esfuerzo supremo.
- Xo!- murmuré- Yo no quiero faltar! Compa&lt;lézcase usted de
mí.. .... en nombre ele f'U hermana, si la tiene usted!
Palideció y acercó su rostro al mío, que se apartaba.
No; yo no 111110 ú usted! Amo al amor! Quisiera ele él la flor, el
ensueño nnda már,:, se lo juro! "Cn corazón, una ma110, un cerebro
cultivado toclo esto en un ser ele hombreó ele mujer, 110 importa! Xo
quiero si1~0 un ser an1igo, porque estoy trist.ísimamenle Hola.... .Aquí
110 hay nadie sino ustl·&lt;l. Sea usted eRe amigo, pero respétem e! Leeremos junto!&lt;, platicaremos, pensaremos el uno en el otro ..... Será todo ...... Júrelo tbted!
Y e;ta vez ern yo 'luien le suplicaba qn e m e amal':i. a.;.í! Y era
tan ;.in cero mi deseo de c{rndi&lt;lo amor, que lhibert :-e lernntó i111pre:-iona&lt;lo y n o me rctu,·o la mano sino parn ayudarme ú poner e n
pie ........ .
Cuando estu\'imoF de ¡,ie, el uno junto al otro, s u actitud se cambió en re;;petuo"a y sus ojos me env oh·ieron en una ca ri cia de infinita pieclnd.
:......Pobl'el Pobre n iña! Cuánto elebe usted haber sufrido!
Evocaba mi soledad tan completa, mis silencios ¡.:in fi}1, mi pureza sin pasión y mi deseo de amor. El amor! La fusión de las almas
una en otrn, sin In necesidad de los Fentidos, como en un paraíso en
que se sueña.
Y esto debió parecerle muy hermoso, porque en sus ojos, que se
llenaron de admiración, germinó el deseo fugaz de imitarme, de ascender conmigo á esa cúspide desde la c ual le hablara ele amor con
una iaerenidad tan profunda.
Repitió:
- Pobre pobre niiia. Ni siquiera un hermano en el mund o! Y
q uisiera uste~l r¡ue ese herman o fuese yo! Pues bien, lo seré! Pero escúcheme, :María Teresa ........ .
Poseído de una pasión súbita, volvió á atraerme hacia sí.
-Escuche usted bien ...... seré su h ermano.. .. ..... Pero entonces,
no me perfume usted con su prtsencia demasiado cerca; uo me d é
nnnca la mano, cuando yo le tienda la mía, 4uítese de la nuca esos
rizos que brillan como flamas ......... Oh! .María. Teresa........ . Y rns
ojos ........ .¿Cómo velaría usted sus ojos lánguidos, sus ojos de amor'?
Esta. vez traté en vano rle desasirme.
-Y sus labios, María Teresa: esos labios que he probaJo ya.....
}las se calmó al fin. Golpeó el suelo con el pie, :;e apartó nerYiosamente de mí, fogoso como un león que sacude su melena.
-No! No! Estoy loco. Quiero ser su hermano. Yuelva usted en sí,
seño;ita Romane! Abra usted los ojos! Podría yo ser hasta su padre ...... Qué teme usted de rní•? H a visto usted mis cabellos grises? Y
mi m ujer'? 8abe nsted que ella me espera en casa para dar un paseíto
juntos? Tengo un libro que enviaré á usted ...... Yuelva usted en sí.. ..
Yo huiré, ...... yo, que la causo miedo! Quiere usted que me vaya?....
Volví á la vida, poco á poco.
-Sí-murmuré con v0z débil-váyase usted! .. ...... .
-No; no, mientras usted sufra....... . Compad ézcase de mí. Acaso
le pido algo ahora? Serú tan dulce la amistad que usted ha deseado!
Bien! Ya me voy. No tiene usted necesidad de mí para llegará su casa.
Vea usted que me arranco de aquí fácilmente. Los enamorados no
tienen esta fuerza! Yo soy sólo amigo, nada más, ya. lo verá usteel ....
y pronto le enviaré el lioro ...... ..
Estaba lejos ya, l igero como un fauno ........ E sta semejanza me
atravesó por la imaginación como una hoja de acero. Lle\'aba un vestido de lana color de ladrillo, como el de las hojas de otoño, y cuando corría por el sendero rocalloso, sus pasos resonaban,como las pezufias de los semidioses griegos ..... ..
Por la tarde Phrasia, al llegar como d e costumbre, para que yo
la enviase á buscar mis provisioneci, sacó de s u canasto un cuaderno
de revista.
-Es el seiior alcalde quien envía esto. Estú allá el seíior cura,
y entre amhos lo eligieron para usted. Parece que esto la quitará el
fastielio durante las vacaciones.
El alcalde no se ocultaba. Hasta mezclaba al cura en el asunto.

Ah

LA INSTITUTRIZ.
N OVELA POR E STE R D E S U ZE.

ILUSTRA CIONES DE SIMONT.

TRADUCCION Df "l:L ~ UNDO ILUSTRADO."
(CONTINÚA.)

- ¡Oh! ¡Qué! ¡Qué! ¡Es uoted! ¿Ha regrc-Eado? ¿Por qué, Dio:;
mío, por quf?
Tendí mis manos h acia él, para rechazarle una vez más, en tanto que mi grito era un grito de derrota. ...... .
El n;e tomó de las manoi::.
Permanecía de pie y yo sentada, y para hablarme se i11clinó ít mi
la.do hasta que me hi zo sentir en el rostro la ca.ricia. de su al iento.
'-Sí; ~•o soy ; hr obedecido á usted por mucho tiempo. ¿H asta
cuándo i::ería preciso'?
-¡Siempre! ¡Siempre! Xo está bien ...... Usted es carndo ......
Sus ojos se cubrieron de un velo de tristeza infini ta, y sus dedos
se crisparon entre los m.íof'. .
.
.
- Detesto ese matrunomo ...... Sufro mucho ...... ¡S1 usted sup1€'!ra! ¿Me rlrjará u,:ted amarla, María Teresa'?
-¿Y yo le amaría acaso?
Se puso rodilla en ti erra, para acercarse á mí.
- l~stá usteJ sola, está usted triste... permítame que la ame. ¿.Quién
puede encontrar grato que uRterl desperdicie su vida? Oh! Su casa es•
tá vacía y ohscura! Por sus sueños no hay imagen que cruce! Su porvenir no tiene desenlace! Oh! Hi usted quisiera, l\Iaría Teresa! Quién
lo sabría? Yo sé ocultarme, sé aguardar las horas propicias. En mi
corazón derramará usted todas las tristezas del suyo .. .. .. Y yo también verteré mis angustias en el suyo. En la noche,á la luz de l as estrellas. iremos á em hriagarnos con los perfumes del prado. Y en el
inderno, usted rrie recibirá cerca de su hogar. Pondremos cerrojos en
sus venjanas. ~adie verá proyectadas en el muro nuestras siluetas en-

lazadas. Será usted más que la espoi;a, será usted la amante! Es usted joven, h ermosa y de alma ardiente ...... l\Ii alma es igual á la suyn. Qué pareja, María T eresa! Qué unión será la nuestra! Yo estoy
i::olo; u~ted e!'tá igualmente sola, y nuestros seres se llaman uno á otro.
Consienta usted, se lo imploro!
Ah !11Ti pi urn a tiembla de vergüenza, ahora! U asta qué gmdo de la
escala moral había yo de~cendiclo, para que tales palabas me p udiesen haber sido dirigidas ,;in r¡ue yo me rebelase'? .........
Estabayosinfuerzas,Raibert me retenía aún !as manos y seguía
ai:ro~lillado. Arrodillado, sí, como Sil vio, pero en tanto que delan te de
S1lv10 bahía permanecido de pie, y firme v orgullosa, ahora esta ba
(lUieta, bnjo la presión acariciadora de esas ·manos v el abandono de
mi actitud, me pareció ya una decadencia.
' ·
S1lvio me hnhía dicho:
«Sea usted mi esposa. Será mi Virgen Santa. Yo trabajaré mis
campos mientras usted cuida su escuela. ,&gt;
El otro me de~ía:
«Sea usted mi amnnte! Iremos á ocultarnos entre las sombras de
la noche, y cerraremos herméticamente las ventanas de la cai;a.»
Y había yo rechazado al uno, porque era ebrio y porque 1,ocialmente estaba muy abajo de mí.
¿,Tendría valor para rechazar al otro?
. ¿El vértigo que se apoderaba de mí, no era precusor del naufragio en que sucumbiría mi conciencia?
No estaba yo ciega! Sabía lo que hacía al dejar mis manos en contacto con aquellas que me quemaban&gt; y sin embargo, las dejaba. Ante
0

XXVIII
Qué tlehiera yo haber hecho?
No habría siclo suficiente rechnzar el lihro.
¿Marcharme del pueblo; encontrar ...... 6 n o encontrar trabajo e11
otra pa rte; morir, si era preciso, pero ¿seguir tentando más á ese
hombre y á mí misma?
Tales resoluciones i::on las salvadoras; pero no se las toma sino
cuando ya todo está perdido ...... .. .
Recibí el libro ......... ~Ie encaminaba al abismo ........ .
Unos cuantos artículos serios y hermosos; un estudio acerca d e

Domingo 22 de Marzo de 1903.

los pintores de la época, el principio de una novela muy sencilla.
Esa revista-el alcalde había escogido una ele fecha atr~!'ada, pr?bablemente para que yo leyera toda la novela,-esa revista. me inte· á
f
Al día siguiente se la entregué á Phrasia, que me tra¡o
con 1nuación el cuaderno siguiente.
.
-Bien seíiorita-me decía poco después el señor Ra1bert acercarse al jardín, en el momento preciso en que Phrasia ~e entregaba u~
cuaderno. -Está usted contenta con esa lectura? Qmere usted continuar en ella, 6 desea leer otra cosa?
.
Tenía aspecto bonachón y sencillo, y se mostraha r~Rp~tuoso s111
exageración fingida. Me puse contenta, porque me .ofrecia libros Y Jo,.
libros me encantan. Me dijo que tenía yo ya el último núm~ro _de la
revi:;ta y n ecesitaría esp,era1: al.gún ~i~:up~ á que llegase el s1gU11enle;
pero si quería, estaban a m1 d1spmnc10n libros &lt;le Balzac, de "alter
Scott, Daudet y otros..... .
-En fin-me clijo,-elija usted.
.
::\Ie decielí por Balzac, pero no supe qué elec1r cuando él me pidió el título del libro r¡ue más me agraciase.
-Elíjalo usted, Reñor alcalde.
-Oh .l No, no, no- di¡'o con vehemencia.-Xunca!
.,
. "l
Comprendí la razón de su negntiva. Seguramente tenna que s1 e
escocría eleterminada obra del autor de la "Comedia Humana" y yo
enco~üraba allí alguna semejanza de f-ituacione~, podría i-entirme
lastimada. Ilabía cambiáelose en el Yenlaelero an11go, en el buen hermano. Murmuré:
-No; elíjalo usted. ::\Ie agradMi el &lt;1ue usted me ende. Confío
en usted.
Confíaba en él! Decía yo tal cosa sencillamente; pero lo pensaba
con solemnidad, y él aceptó esto, co mo había aceptado el papel de
hermano mío.
·
l\Ie envió los libros, siempre por conducto de Phrasia. Xu~stra
intimidad no fué más adelante. Algunas veceR, en el cur!'o de nn lectura tropezaba con algún pasaje marcado; pero podía haber sido seíial¡do mucho tiempo antes, y no me fijaba en la señal sino para leer
con mayor detenimiento esas líneas. Xo &lt;ligo que mi pensamiento no
fuese más lejos. Colocaba á Raibert en frente de esas líneas. Si se trataba de soledad, de unión desdichada, de vagas aspiraciones á un
amor lejano, se me aparecía la imagen de ese hombre. ~fe entern~cían sus ca.bellos prematuramente grises, su a~pecto de tm,teza. Cúntlnua. Me representaba su caAa, coronada de torrecillas, d onde vi vía
solo, entre Phrasia y su mujer vieja., enferma y malvada .......
Y me parecía adivinar en él una serie d e desgracias parecidas á
las que yo hube de sufrir; tan semejantes, que una tarde me pareció
que las lágrimas que lloraba sobre mis recuerdos, las derramaba sobre
nuestras cabPzas juntas. Fué extraño. Lloraba d e que el desti110 nos
hubiese h echo tan semejantes y tan separados uno de otro. Xo sé qué
me faltaba aún, á pesar de la amistad surgida en mi existencia. A
veces me imaginaba verme en la casa d e las torrecillas, yendo y viniendo en torno de Raibert, hecho mi espoRo ..... i E:-to no sería nunca! ...... Y cuando salí de ese ensueño, me sentí llena ele vergüenza.
No me daba cuenta de que caminnba ú grandes pasos por el send el'O del amor. En otro tiempo había podido decir á Raibert": ccNo
amo á usted. » Ahora. esto n o habría sido verdad. Ese homb1e tomaba posesión &lt;le mi vida.. Pensaba en él por la n oche, y en el día, al
leer los libros, al hacer las faenas ele mi casa, al tratar de no encontrarlo.
Un día encontré una cartita entre las páginas del libro que me
envió. En ella me ampliaba el tema d el libro, me hacía notar algunas de sus bellezas que, ele otro modo, habrían pasado inadvertidas.
E :1cribía bien. Me pareció elegante s u manera ele trasmitirme sus impresiones i'i propósito del libro, sin tratar de verme, y en un lenguaje
que estaba lleno de ternura, a un cuando en todo el pliego no hubiese
una frase d irigida á mí, directamente. También mi corazón se desbordaba y mi pluma estaba fácil, así es que respondí de la misma
manera, y este juego continuó por algún ti empo. Pero suceelió que
en una ocasión, Raibert firmó su carta: ccPedro.,1 E ste nombre parecía allí estampado como un beso. Estando á solas, me ruboricé, y ese
día no contesté. Aquella debía ser la última de nuestras comunicaciones á distancia: en esa misma noche, Raibert llamaba á mi
puerta.

resó.

XXIX
Tan ajena me era la ielea de que él puJiese irá mi casa, que fuí
á abrir cuando llamó. De un salto se coló hast,1, mi recámara.
-¿Por qué no respondió usted hoy, iia1fa Teresa?
Quise prohibi rl e pronunciar así mi nombre; reprocharle el suyo,
el que se había atrevido á poner al pie de 1-u página eRcri ta; obligarle
á salir como un ladrón contra quien se pide socorro; y todas esta~
ideas se confttndieron en mí. Estaba enl oqueric.la por su presencia.
La firma de la carta, que había sido la causa de todo, me obcecó, m e
martilleó en el cerebro con una idea fija. Y e!'a idea, que quería desp edir á ese hombre, gritar, explicar la indignación causada por tal
sorpresa; ef'a idea estalló en un grito ... el nombre de Raibert.. el nombre de la firma:
·
-¡Pedro! ¡Pedro!
El creyó que era un grito de amor, y trató de atraerme á sí cuando m e vió vacilar desfalleciela.
'
( CO::-ITINU A RÁ. )

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Cuentos funambulescos</name>
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                    <text>Un buen apetito-una buena digestión-un hígado sanoun cerebro activo y fuertes nervios, mejores son que las
mayores riquezas, y podrá u sted recib"ir este beneficio por
el precio de una botella de Zarzaparrilla del Di•, Ayer
y un po-nito de Píldoras del Dr. Ayer. Son estas las dos
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o. F.

ARTE CLÁSICO.

( COLECCI6N PELLA'.\' lJüI. )

�Domingo 29 de Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 29 de Marzo de 1903.

DIAS DE ROMA.
CREPÚSCULO.
Un buen día de febrero en Roma es una
ganga; hay que a-provecharla, es fuerza no perder un minuto; he aquí un programa: á las
ocho de la mañana despertar á Manuel Mercado (jr. ), despertarlo, obligarlo á vestirse, á
desayunarse, á aceptar de buen humor el sacrificio, á bajar, á salir; conjugar esta obra
titánica con la no menor de abreviar las largas etapas de la toilette del doctor Deffis, y,
en fin, reunirnos todos, después de las nueve,
en la puerta de nuestro magnífico hotel ( Gra.nd
Hotel, plaza de las Termas, el mejor de Roma);
subir en nuestros carruajes abiertos bajo un
sol que hacía meritorios esfuerzos por calentarnos, y partir rumbo al Panthe6n, al Gesú,
á la Cancillería, s. la Galería Doria; luego
«louchari, rápidamente en el café Colonna
(buen servicio, excelente chianti, clientela
«scelta» de oficiales, diputados y cocotas), y en
seguida, reembarcarse, ir á Santa María del
Pópolo, subirá la villa Borghese...... ¿Queréis
que paremos aquí, lectores míos? Son las dos
de la tarde, siento un poco de fatiga, el sol
calienta ya, el cielo de un azul de raso de palio viejo se digna sonreír, la atm6sfera dulcemente diáfana, permite ver y detallar las cosas,
el alma se espereza y revolotea contenta en
aquella jaula de oro vivo ¡y aquí nos paramos!
Voy á decir una especie de heregía psicol6gica probablemente, pero juro haberme dado
cuenta en Italia algunas veces, de una sensaci6n particular que me atrevo á llamar «sensación de la inmaterialidad del alma.»; indefinible sensaci6n, por supuesto, pero real, equivalente á la de algo sutil, luminoso, etéreo,
ligero y puro. ¿Efecto de la atm6sfera cargada por el sol en todas sus moléculas de electricidad vital; efecto de tanta reliquia del arte
que satura el ambiente de átomos de juventud
y poesía; efecto de los recuerdos que surgen
en derredor nuestro y corean todos nuestros
pensamientos con el canto sin notas de un
pasado que nos parece divino, porque jamás
volverá? No sé: pero creo que aquí en esta
colina de los huertos ( collis hortorum) fué
donde compuso ese gran vividor fino, desencantado y noble que se llam6 el emperador
Hadriano, aquellos sus tenues versos:
c,Anímula, vágula, blándula .....»
Las arboledas altas, escuetas, levemente
vestidas de frondas verde pálido ú oro viejo,
que hacía pocos días había cuajado de cristal
la nieve; las esplanadai: de felpa amarillenta
bordadas de hojas caídas que iban y venían
con las ráfagas del céfiro (si aquí en este paisaje clásico no se dice c,céfiroi, ¿para cuándo se
guarda?), las fuentes grandes, colmadas de
agua que también parecía un poco vieja, un
poco verde y transparente, sin embargo, pero
con una transparencia aquí y allá interrumpida por archipiélagos de hojas secas y de
musgos negros, las imitaciones de templos
egipcios, las estatuas, los vasos, todo tenía ese
indefinible encanto de una tapicería de Gobelinos, blonda, clara, marchita, regia.....

***

Visitar el museo, es necesidad imperiosísima en aquel momento, hay allí estatuas y vasos antiguos de primer orden, hay allí estatuas
modernas. Con deciros, lectores, que allí está
la famosa Paulina Borgbese de Canoval Desnuda, soberbia, serena con el impudor soberano de una hetaira imperial, parece sonrojar
levemente la fría castidad del mármol. ¡Ah!
Paulette, delicioso «bibeloti, humano, tu papel
de heroína en Santo Domingo, acompañando
á tu primer marido á matar negros, era insostenible, era una &lt;epose» y aquí veniste ya transformada en princesa, y fuiste una italiana (lo
que eras) de la corte de los papas Borgias 6

de los papas Médicis, cruel, impúdica, adorable- sí lo que eras, así habías nacido, así te
enco~tr6 Canova, así te inmortaliz6 en mármol que era el único modo de tornarte pura...
Mientras tu hermano hacía una gran mancha
obscura sobre el mundo con la Rombra del
águila, tú, Paulette Bonaparte, dabas vuelo á
tu &lt;eanímula, vágula, blándula;,, esa almita
era un ave, era una paloma del carro de Ve•
nus... l
Mas no, no entraremos al Muse&lt;, lectores,
la tarde avanza, sigamos nuestro programa,
vamos al Pincio. Ya no se ven desde aquí los
bellos panoramas que antafio no ocultaban las
inexpresivas construcciones nuevas. Se ve bajo los grandes árboles, hoy fríos y medio desnudoi&lt;, á la aristocracia romana 6 á la rica y
plácida burguesía, 6 al &lt;emundo» de los turistas más 6 menos salpicado de rojo, discurrir
en carruajes abiertos, lentamente, por las altas
avenidas ó apiñarse en las grandes glorietns,
donde las resonancias metálicas de la múEica
militar, apoyan el cuchicheo de las corn·ersaciones y el rumor de roces de sedas de la,s hojas caídas, voluptuosamente.asendereadas por
las ráfagas frías.
Ya iba á trasmontar el limpio sol de aquel
día limpio, cuando nuestros cocheros, que nos
querían conducirá la Escuela de Francia (Villa Médici, la antigua mansi6n de Lúculo) allí
mismo situada, se vieron obligados por nuestra fiera energía, á. dejar el Pin&lt;Jio. Bajamos
al Corso, lo seguimos algunos minutos y salimos del corazón de la ciudad, por el puente
Garibaldi, bajo el cual corría manso hoy el
Tíber que hace unos días hizo serias fechorías
por estos contornos, y cinco minutos después
subíamos de..pacio la blanda pendiente del
Gianicolo, el lanículo, como decimos más en
latín nosotros. Visitamos en «S. Pietro in
Montorio» el cctempietto» del Bramante, con
su cupulilla esférica, que luego quiso e.l artífice trasplantar agigantándola á San Pedro, vimos, allá abajo, el agujero en ql!e fué sembrada la cruz donde sufri6 el ap6stol cede cabeza»
su transverberaci6n y continuamos de prisa
nuestra ascensi6n; ya dejamos á nuestra espalda un gran panorama, el de Zolá, pero íbamos en pos de otro mejor. Pasamos frente á. la
fuente del &lt;cAcqua Paola,» hecha de mármoles
y granitos arrancados á los monumentos imperiales y por cuyas tres altas bocas corre
abundante, suntuoso y puro, un triple río que
viene de un lago de las montañas vecinas; dejando para otro día ( día que no lleg6) nuestra visita á la Academia española, seguimos
subiendo: estábamos en la ccparseghiatta Margherita.Jl

te sublime don Quijote de la Revoluci
pedestal altísimo, rodeado de colosales
guerreros y de alegorías suntuosas, 808
estatua ecuestre del General ;el caballot
lo que plantado sobre sus cuatro patas h
el viento que viene de Roma, como
relinchar y salta1 á la primera caricia
espuela, es bello de verdad y de vida·
te no mira á Roma, vuelve la vista '
profunda hacia el Vaticano, cuyas v
relampaguean en este instante de refl.
sol poniente; á quien primero ve el Papa,
do se asoma á contemplar el cielo, es á
baldi; Pío IX lo tenía por un Lucifer,
seguros que León XIII no. Dirá : «Di
perd6llalo, porque era un gran since
que crey6 y am6." Esto, al menos, d'
fuera el Papa.
La silueta del bronce en aquel cielo
pezaba á palidecer, pero infinitamente
diáfafio, era de un efecto incomparab
tamente volvíamos la vista hacia Ro
níamos á nuestros pies.

p

***

Esperábamos más, ei.perábamos otro
to, otra emoci6n, otro grito de las
cago, New-York, París, son panora
nos gigantescos en comparación cor.
mo pintorescos, Toledo, Granada, Mé"
cen más. Era natural; el panorama de
en el tiempo es inmeneo y nuestro
tendía á apropiar el tiempo al espacio,
jetivo á lo objetivo, Roma en nuestra
nación debi6 desbordar aquella línea
ondulada de montañas que la circuía
derse en los límites del mundo antiguo
jurídicamente fué una ciudad del tam
mundo, creíamos que debía la sensaci
terializar, digámoslo así, la noción; y
imagen que llevábamos en el alma y la
reproducía en nuestra retina, no conj
no coincidían, no podíamos afocar bi
Teníamos delante una línea de alt
parda, compacta, obscura, sin ondas
sin picos de gran relieve; el anteojo n
traba los pueblecillos que hacían man
ras en aquella zona de penumbra, t
cual el sol iba á desaparecer en la in
bruma que no lo imprecisaba, pero lo en
y lo atenuaba como un cristal sin
terpuesto entre nuestros ojos y la inm
tena de oro.
Más allá de las verduras deliciosas de
da del Gianícolo en cuya meseta
las eses del Tíber blanquizco y más.
apiñamiento indefinidamente multipli
casas vetustas, de tejados rojizos fo
abiertos ángulos 6 declives lentos sobre
viejos clareados de ventanas que par
Garibaldi, es en Italia, lo que fué en la hisvencijadas, y aquellas horizontalidades
Has angulosidades se agrupaban ó se
toria, un caballero andante, el caballero andante de la libertad de los pueblos; todavía deshan en todas direcciones dispersando
pués de muerto, S!J nombre anda mezclado en
y desuniendo el paisaje. Tratábam~
cretar con cierta angustia aquel haCID
todas las empresas emancipadoras de naciomanchado de árboles esféricos 6 pi
nalidades en formación. A este andante cabasobre cuyas cimas pasaban vibrantes loe
llero se le ve en todas las ciudades de Italia
poco á pie, mucho á caballo, con su birret~
oblicuos, seguidos de sombras largas,
húngaro, su blusa, su ccponcho» argentino y su
del sol poniente.
Las torres redondas, cuadradas, las
gran cara simpática de ap6stol armado. Un
inmenso niño, un arcángel épico, crédulo
6 solas y esbeltas ó pareadas, las puntas
obstinadamente soñador y tenaz realizador d~
obeliscos, t:)do ello tocado, manchado .
lores distintos por un pincel seguro, q
ensueños; la libertad era su Dulcinea y á fuerza de sangre y lágrimas y voluntad, la hizo
la monotonía á aquel mont6n de casas
venir de lo ideal á lo real y esta amada sules; banales á pesar de las sartas pollero
ropas y harapos puestos al sol en las
ya, muestra su efigie en todas partes, como un
talismán colgado del cuello.
y vericuetos de junto al río.
Buscábamos puntos de c,reper,i». [no
-Aquí está y no sé si habrá algo mejor enne á la memoria, indigno académico q
tre los monumentos garibaldinos, pero este de
Gallori, pomposo y teatral como es, me paré-• la palabra es{)afiola exacta; diremos «
de referencia,i, no me satisface &lt;ede
ci6 soberbio, aun rodeado de este panorama
buscábamos el modo de distribuir ea
único, que parece como una decoración hecha
dios topográficos 6 monumentales, aqu
de toda la historia humana en derredor de es-

***

Vista ge neral de Roma.

dro inconexo. Este es el "Aventino'', aquí,
abajo, á la derecha, precifo, mezquino aún,
pobre, negro; aquí estuvo á pique de nacer
otra Roma, la Roma de la &lt;eplebe,,, allá cuando esta Roma que no fund6. R6mulo, sino
que probablemente venci6 y sujet6, era una
agrupaci6n de aldehuelas sometidas á esa fortaleza que estaba allí frente por frente en el
Palatino aliada y unimü•mada c0n la otra que
estaba más allá en el Quirinal y señora ele la
colina sagrada del Capitolio ¿pero d6nde están esas colinas? Apenas se notan en las ondulaciones de la masa urbana, por la altura
de los edificios. Ya entonces empieza el enjambre de abejas de los recuerdos á zumbar en
el espíritu; para el espíritu nada vive tanto
como la muerte; esta muerte que se llama Roma está hecha de infinitas moléculas de \'ida;
los trozos de muros altísimos del Palatino, la
enhiesta torre cuadrada del Capitolio,el Coliseo
más allá con su cráter roto, trágico, eterno como
el Cristianismo, de cuyo nacimiento y grandeza
es el sombrío testigo, y allá las siluetas formidables de las Termas de Caracalla, osamenta de una catedral del placer, dentro de la
cual habría podido caber el domo de San Pedro. Y por todas partes las iglesias: ésas recuerdan los primeros siglos, son las vetustísimas
basílicas reformadas; éstas la Edad Media, la
época del continuo batallar y del constante rezar en que los papas eran santos 6 bandidos,
y en que los "1obles romanos hacían de los
monumentos sus guaridas de gerifaltes y neblíes, y de los templos, teatros de sus orgías
pintorescas y feroces de codicia y de crimen;
y el Renacimiento, fastuoso, severo, armonioso, grande, envuelto en su espléndida nube de
paganismo artístico, sensual y grave; aquí está, andando unos pasos á la izquierda, casi
detrás del Gianícolo, se le ve triunfar en la
corona cupular de San Pedro. &lt;eEsa torre cuadrada, amarillenta que ve V. allí, me decía en
la plazoleta de "S. Pietro in montorio" un fo.
t6grafo, ésa es la torre en que Ner6n cant6 sobre el incendio de Roma. i,
Es un cuento, la torre de Ner6n es del siglo
XII 6 XIII no sé; pero lo que no debe de ser
cuento es que Ner6n cantó; y, por cierto, que

no le veo nada de malo á esto; ¿por qué al ver
aquella sima prodigiosa de humo y de fuego
e~ que se calcinaba como Dido en la pira, la
rema del mundo, no se le había de ocurrir expresar su horror como lo expresan los literatos
en frases hechas, en versos, si los sabía, y en
versos cantados, si era cantante?
. Lo encuentro todo perfectamente natural y
chcho se está que los literatos puros, tienen en
vez de alma uha ánfora de retórica y por sola
pasi6n el anhelo dél aplauso.
Y entonces el paisaje entero vivió á mis
ojos, poblado de héroe~, de mftrtires de criminales, de multitudes 6 sublimes 6 ~iles pero hermosamente decorativas y teatrales: aquellas piedras que habían temblado con· todos
los huracanes de la historia humana; aquellas
arboledas ~egras que habían vibrad0 con to~os los huracanes de las pasiones excelsas 6
mfernales; aquellos trozos de muros que habían azotado las procesiones interminables de
los Céeares, de los Emperadores bárbaros de
l~s .~ontífices dE: guerra y de sangre, 6 de bend1c1on y de lágnmas; de las soberbias cortes'.'-nas cuyo_s pies ,besaban el mundo y la iglesia; y allá ¡unto a la estupenda tumba de Hadriano [Santángelo] la Roma nueva, la cuarta
Roma, la de hoy, lujosa, grandiosa, vacía .....
Por aquel fin de paisaje huye la Vía Appia
el caµiino de la otra Roma, de la su hterránea'
de las Catacumbas, de la muerte !entamen~
transformada en.vida por la sangre mezclada
al J?Olvo de los c!rcos, por las lágrimas que
mo¡aban las cemzas de los mártires, por las
esperanzas, por la fe que tomaba la forma inc~santemente renovada entonces de la plegana ..... .
U~ gran silencio subía de la ciudad, el silenc10 que sucede al tumulto en una asamblea
cuando un orador esperado hondamente se
p_one de pie ..... ~ Apenas un poco de murmuno de frondas, o de agua lejana que caía eh
la taza monumental del "Acqua Paola" subray':1-?ª1:1 aqJel silencio; ¿quién iba á hablar?
¿quien 1b'.'- a ,pron~nciar las palabras supremas? ¿qmén a descifrar el enigma de la esfinge? ¿Este pontífice á caballo de la idea nueva
de donde Italia ha nacido á la unidad 6 aquel

hombre blanco escondido detrás de los crista·
les del Vaticano, verbo encarnado de la historia de Roma la grande, la de los recuerdos,
la que pasó?
No sé, un silencio subía de las cosas y ganaba. como una gran sombra el alma; la luz
que el s?l, que había desaparecido y que yo
había visto desaparecer, no sé en d6nde ni c6rno, la luz que el sol había dejado difundida
en la atmósfera caía como polvo de oro sobre
los perfiles de algunas cimas, sobre las aristas
de algunos edilicios, en las linternillas de algunas cúpulas...... Pero no, todo era sombra
Roma era un silencio, era una catacumba, so:
bre ella había otra Roma vagamente percibida, allá arriba, en las bn~mas de la noche en
las lejanías adivinadas de lo ideal la R~ma
de los latino:1 del porvenir.
'
Fantasías ¡qué! Roma era, un silencio ......

_Me encuentro en una carta escrita veinte
mmutos después estas líneas: "Oh! Roma
Roma, poesía encantada del Pasado y de l~
~fuerte, ciudad de sombras, de esqueletos ves't~&lt;lo!&gt;, de grandezas pulverizadas, de tristezas
sm fin, de melancolías de abismo! Sí, allá del
o~ro lado del mundo, casi del otro lado de la
vida, están la patria, d hogar, la amada, todo, el f~ro, la estrella: pero esta lámpara de
santuano, pero esta antorcha volteada vfoda
de, su flama y de su vida; pero este trozo de
marmo~ de la tumba de los siglos, me atrae,
~e obliga á pe~ar ft él mis labios, y el corazon se me expm~e e11 _añoranzas y en lágrimas y la nostalg1a, la rnmensa, la irremediable, 1~ nostalgi~, de lo que no volverá á i,er
me die~ un ad10s desesperado. Adiós, pues:
l?: de mis ensueños de tantos años, de tantos
horos, ?e tantas almas; nobleza de nuestro
pensamiento y de nuestra raza a&lt;li6s Rom
t~n grande,. tan ~e~igual, tan ~ucia, . tan am:~
nlla, ~n anstocratica, tan destrozada, tan bella. ¡D10s mío, Dios mío, pues qué ya no sé
hacer versos?
JUSTO SIERRA.

'

�Domingo 29 de Marzo de 1903.

EL REGRESO.

Por el aire del cuarto, saturado
De un olor á vejeces peregrino,
Del crepúsculo el rayo vespertino
Va á destefiir los muebles de brocado.
El piano está del caballete al lado
Y de un busto del Dante el perfil fino
Del ar'l.besco azul de un jarr6n chino
Medio oculta el dibujo complicado.
Junto al rojizo orín de una armadura
Hay un viejo retablo, donde inquieta
Brilla la luz del marco en la moldura;
Y parecen clamar por un poeta
Que improvise del cuarto la pintura,
Las manchas de color de la paleta.
JOSÉ A . SILVA.

LOS ESPEJOS.
Testigos siempre mudos, en épocas remotas
Copiaron los virreyes y oidore!:I de Castilla,
De rojizos jubones y de blanca golilla,
Y escucharon las frases de pasiones ignotas;
Más tarde, á los acordes de las rítmicas notaR,
He visto por delante de su luna que brilla,
Cruzando las parejas del valse 6 la cuadrilla
Cual trazan en el agua su vaivén las gaviotas;
Esa noche ellos dieron los alf•gres reflejos
De abanicos inquietos é irirndos diamantes;
Y hace poco miraron lós antiguos espejos
(En la hora solemne, majestuosa y tranquila)
Apagarse la llama de sus ojos brillantes
Y temblar de los cirios la llorosa pupila.
GUILLERMO POSADA.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

En el alma de Luis, de regreso á su pueblo
natal, se operaba lento trabajo de meditaci6n
porque las viejas memorias de la infancia acudían á su encuentro á través de los años en
cada paraje, en cada fronda, en cada vericueto del villorrio.
Era primero la escuela parroquial y el sucio d6mine de luengas barbas, las carreras en
pos de mariposas en los campos llenos de luz
y la página blanca de su primera comuni6n
nublada por el incienso; la muerte de su madre en la alcoba sombría, el cura con sus gruesas gafas, el médico llegando á caballo con su
bufanda roja y entre doble hilera de cirios que
dejaban en todas partes sus lágrimas de cera,
un ataúd con las flores del lugar que se perdía en el horizonte; el abandono del huérfano
después y la argumentaci6n de los tíos: «el
muchacho está grande, es preciso darle una
carrera;» su partida con la maleta en el anca
del rocín, tras la falda del monte desapareciendo el reguero de casas y la torre vieja y enhiesta, y, por último, su llegada á la gran ciudad,
donde se desbordan, como los ríos en los mares, todas las quimeras de provincia. Después
la vida de "barrio latino» y de corte en busca
del saber, la gloria y el amor, y ahora el regreso ......

***

Larga ausencia y notables transformaciones
en su ser, no habían sido bastantes para que
el pueblo dejara su vida siempre igual. Todos
los afios los botones reventaban como los corpiños de las vírgenes, y la primavera tendía
por montes y sabanas sus verdes alfombras
que salpicaba la aurora de rocío; todos los
años, bajo sus múltiples cabecillas de oro y
sus crines hechas con rayos de luz, se doblegaban los trigales y las ramazones de la huerta al peso de los frutos que destilaban miel;
todos los años, diciembre preludiaba su canci6n mon6tona entre los árboles silenciosos y
escuetos-legiones de osamentas con grandes
brazos que imploran-y en el filo de la mon-

taña deshilaba la bruma sus crespones q
flotaban después como blancas cimeras.
¡Cuántos desengaños más, cuántas ilu ·
menos en el alma de Luis, y el paisaje
volvía á contemp!ar, envuelto siempre ~n
paz profunda y pmtoresca! A lo lejos se
tacaba la tapia del camposanto coronada
cruces, la carretera alargaba su mismo
ondulante, las mismas flores ensangren
bordaban los senderos que se perdían con·
certid uro bre de il usi6n; los mismos cactus
polvados surgían de entre los tecorralea
donde asomaban al sol, inm6viles las 1
jas; las mismas casucas de adobe c~n sus
chos de humo anunciaban la proximidad
poblado, y una vez en la aldea, la ca,a del a
tamiento elevaba su misma construcci6n
nosa, en la plaza los mismos arbolillos d
drados, el mismo enmalezamiento de
en los cercanos montes y en los d istan
misma transparencia azul. La casa Jugare
la cai:a señorial del pueblo con sus
portones monásticos-al fondo de la calle
tuosa, invadida de yerba, parecía diri ·
proscrito, con sus balcones abiertos una
ternal mirada de bienvenida· las c:i.
los viejos tíos, que vivían entre un rosa
un acceso de tos, brillaban á través de 1
rejados más blancas que los rosales que
ban los muros.
Adentro, en las amplias salas pene
por el 9lo~ res}noso é iluminadas por el
verd_e uel Jard1~,. los muebles, de tiempo i
~or1al, en el s1t1? de costumbre, las pia
imágenes domésticas, los enladrillados
de ios corredor.is donde pendía, en cu
carne puesta á secar como racimos de a
ciados; sobre el mantel de nieve los man
de tradici6n, las parras lujuriosas, el e
de la fuef1:te, la fiel servidumbre y ha
mulo uncido á su carreta y el viejo
refregando el hocico con la tranca, ¡todos
daban al cruzado que volvía!

mármoles de Leconte amnron en el poeta el d6n
de una impat"ibilidad que resguardara á las líneas del cincel impecable del peligro de un estremecimiento.
Menos paganos, nosotros gustamos de recordarle nuevamente el:mito del pelícano, porque
sin dejar de tener la idolatría de la forma, necesitamos nl mismo tiempo un arrullo para
nuestro corazón y un bálsamo para nuestras
tristezas.
__

***

¡Oh co~tumbres de los pueblos escob
en el terciopelo de los valles cual floraci
manchas verdes y tejados, e~ las costas de

n a cual petrificada espuma del mar, en el abismo de los barrancos como blancas ovejas que se han prendido á su feroz maraña, 6 en los duros cantiles de
cuarzo sobre la frente de la roca, como nidos salvajPs! ¡Oh costumbres que os
afianzáis como raíces al terruño, que se1:rnís, como la corriente que besa los
pies de las encinas, el mismo cauce! ¡Oh iiñejas costumbres sanas y religiosas!
¡Oh perfume de huerto y de selva, olor de dejos muebles y de mAnjares de
la infancia, campana que llamáis á la grey hacia el humilde templo, ritmo
del trabajo campeEtre que te elevas como una oraci6n, canto regional que te
pierdes en la moutaña! ¡Oh inmoYilidad de la vida, oh eterna quietud de las
cosas y lo seres! ......
Y~en el alma de Luis se operaba lento trabajo de meditaci6n .......
EDUARDO COW:N.

EN UN ALBUM DE ARTISTA.

"Dl&gt;AIS D E ROMA."-11 Popolo.

Domingo 29 de Marzo de 1903.

Alaben otros ¡oh poeta! la perfecci6n de tus ánforas cinceladas. Yo prefiero decirte que tu poesía sabe hacer pensar
y hacer sentir; que tu verso tiene un ala que se llama emoci6n y otra ala que se llama pensamiento.
Siendo igualmente justo, te habré dicho sin duda mucho
más.
Los que en tiempos cercanos recorrieron la senda que va
de l!\s esta.tu!\1:1 esbelta.a y delicadas de Gautier á los grandes

Ellos le hablaban para decirle:
-Haznos, estatuario, una estatua. Que llore 6 ría; que
muestre el ge~to del amor, 6 de la meditacióh,
6 del desprecio. Pero que sea perfecta y que
sea pura.
Nosotros le decimos:
-Escúlpenos una elegía en mármol negro,
y hnz de modo que bajo los pliegues armoniosos de la túnica parezca latir un coraz6n.
Llenos de estremecimientos íntimos, al mismo tiempo que de sueños ambiciosos de arte
nosdros quisiéramos infiltrar las almas de lo~
héroes de Shakespeare en el mármol de los
dioses antiguos; quisiéramos cincelar, con el
cincel de Heredia, la carne viva de Musset.
JOSÉ ENRIQUE RODÓ.

�Domingo 29 de Marzo de 1903.

El Uolcán d~ tolima.
A nuestro corresponsal en Colima, debemos
las fotografías que aparecen en esta plana y
que representan una de las erupciones del volcán de aquel nombre, ocurridas últimamente.
Las dos vistas fueron tomadas desde Tonila
una á las 5.10 p. m. del día 7, y otra cinc~
minutos después, por el fotógrafo don Francisco López, y juntamente con ellas recibimos
cenizas volcánicas recogidas, tanto ~n la plaza
del pueblo mencionado, como en las cercanías
de la montaña.
Las vistas á que hacemos referencia, pueden
dar á nuestros lectores una idea, aunque sea
aproximada, de la importancia del fenómeno.

EL MUNDO ILUSTRADO.

liaría que les anuncia el acercamiento de la
tumba, y muy alegres, no obstante, porque la
luz, los pájaros, las flores, las tibias brisas de
la Maga, el germinar de la savia nueva, todo,
en fin entona un canto de amor, y esta música, por ser eterna y perdurable, es la que más
agrada á los oídos de los hombres transitorios.........

EL MUNDO ILUSTRADO.

puede ser fecun~o ó funesto, es signo de puJanza ó de deshielo...... Con la Primavera
hay una reno~ación de brotes ,en las frond!'I,
una resurrección de ensueños o de recuerdoa
ale~rgados e~ ~l alma. Los jóvenes aman
7
suenan, los VIeJOS rememoran, y unos y otroa
sonríen á la luz y á las flores. ·
¡Ha llegado _la Primavera! Es preciso ir al
campo, es preciso bafiarse en la luz es preclec,
tene~ fe, esperanza y c~tridad ante Ía magnificencia de la nueva savia que asciende.
STRINDBERG.

¿Habrá quién pueda sustraerse á los encantos de la primavera?
En el viejo poema indio
se dice que los hombres
malos huyen de la luz;
que los hombres crueles
son enemigos de las flores; que el vuelo de los
pájaros asusta á las conciencias intranquilas..... .
¿Será cierto? Si lo es, tal
vez hay quien pueda susLa primavera ha llegado. Dicen que el veintraerse á los encantos de
tiuno de marzo, á las 12 de la noche, se desla Primavera: los malos,
parrama en el ambiente la juvenil y eterna
los crueles, los de conviajera y hace su entrada triunfal al mundo
ciencia intranquila.
en que año por año aparece á cumplir sus ofiPero, en nuestros días,
cios de «tejedora de guirnaldas de azahar.»
ante el complicado funNo debe creerse, empero, que la Maga cumcionamiento de los senpla los programas como los cumpliría un metimientos, ante la cada
cánico emperador teutón; la Primavera tiene
día creciente esfuma.tura
ciertamente, un día oficial para su aparición'
de lo que fué línea divipero se atrasa ó se adelanta según quelas regio~
soria entre el bien y el
nes en que va á preeentarse le placen ó le dismal, ante el misterio más
gustan.
profundo mientras más
En México la Primavera suele presentarse
explorado
del dinamo
desde el mes de febrero y, á las veces ha sido
psíquico, ¿quiénes son los
vista de incógnito hacia fines de ener~ esconmalos, quiénes son los
dida en un recodo del bosque de Chap~Itepec
crueles, quiénes son los
en alguna mañana luminosa ó durante algú¿
de conciencia intranquicrepúsculo multicolor; y hay quien afirme que
la? Yo creo que, á punto
es tanto lo que ella adora á este pedacito de
fijo,
ni la Primavera lo
tierra, que de él no llega á alejarse durante
sabe; y cuenta que la Pritodo el año, y en él se refugia cuando los heOTRA VISTA DE L VOLCAN.-7 de Marzo, á las 5.15 p. m.
mavera es tan vieja colados cierzos ó las abrasantes canículas de
mo el mundo y que los
otras comarcas la arrojan entristecida con su
viejos saben muchas cosas que ignoran los
séquito de flores y de perfumes.
jóvenes; y cuenta que la Primavera es eternaLa verdad es que, aun cuando por determimente joven y que los jóvenes conocen munadas y breves temporadas se aleja la 1faga de
chas cosas que ya olvidaron los viejos!
El sol y el viento discutían cuál de los
entre nosotros, siempre deja «puesta la casa »
era más fuerte.
por si se le ocurre regresar repentinament~
Es difícil, muy difícil que alguien se susLa discusión fué larga, porque ninguno
c?mo s~ele hacerlo; siempre quedan en algú¿
traiga por completo á los encantos de la Prilos dos quería ceder.
rmconc1to el lecho de flores que la so3tiene y
mavera. El tiempo, ese domador implacable
Viendo que por el camino avanzaba un
la enramada que la cobija; pero la Maga, por
de impulsos y ele impaciencias, ese demoledor
hallero, acordaron probar sus fuerzas desa
respeto siempre á la tradición v á los usos oficonstante de ilusiones y de anhelos, el que
llándose contra él.
c~ales, sólo se atreve á ostentar toda su presenmarchita la tersura de las frentes y de las me-Vas á ver-dijo el vfonto-cómo con
cia y todo su esplendor y todo su imperio dujillas y rocía escarchas sobre las cabelleras
echarme
sobre él, desgarro sus vestidos.
rante los ~eses en que su nombre figura en
triunfantes, no alcanza t, endurecer los coraY comenzó á soplar cuanto podía.
el calendar10, con todos los honores de Reina
zones cuanto lo quisiera ni cuanto lo desearan
Pero cuantos más esfuerzos hacía el vien
por la gracia de Dios y por derecho propio.
muchos de los que albergan corazones. ¡No es
más
oprimía el hombre su abrigo, gruñen
Y los hombres la saludan entonces y le rinden
cierto que haya corazones duros! La corteza
C?ntra aquél, mas caminando, caminand
pleito homenaje, un poco entristecidos porque
acumula capas por afios y cada capa y cada
siempre.
cada vuelta de la Primawra es una pie&lt;lra miaño traen un endurecimiento relativo; pero no
. ~l vient?, encolerizado, descarg6 sobre
hay corteza que resista á
v1aJero
lluvia y nieve; pero el hom bre no
los golpes de un leñador
detuvo.
experto y no conozco leComprendió el viento que no era cosa poei
ñador má.'! experto ni más
bl? arrancarle el abrigo. Sonrió el sol, m
recio que la Vida. Cuantrose entre dos nubes, recalentó la tierra,
do la Vida se recoge y
el pobre caballero, que se regocijaba con aqu
templa todos sus músdulce calor, quitóselo y se lo echó al homb
culos para descargar el
-Ya ves-dijo el sol al viento,-con el bi
golpe, y cuando para ello
se obtiene más que con el mal.
se sirve de sus hachas
máf; filosas, del amor, del
LEoN TOLSTOY.
dolor, de la miseria, de la
belleza ó del odio, el coraz6n más duro sangra.
PENSAMIENTOS.
Y la Primavera, sin ser
un pesado menester de tajo ni de fuerza, es uno de
El espíritu del hombre es tan particular.
esos instruinentos sutiles
que con algo que ve, y á pesar de lo mism
y acerados que la Vida
que ve, se forja un motivo de pesar: nuestró
guarda para taladrar laa
cerebro hace recordar aquellos calat&gt;ozos de la
resistencias postreras ... .. .
inquisición, en los que se amontonaban tan-'
tos y tan extraños instrumentos de suplicio 1
en tal_ confusión, que se hacía incomprensibl.
su ohJeto y su forma. Con igual facilidad diPorque la Primavera,·
ce uno á su amada: «Todas las mujeres me
sin ruidos ni asperezas,
engañan," como le dice: «Me habéis enga·
penetra hasta lo más refiado.J&gt;-A. DE MussET.
cóndito de las almas y
acelera· el curso de la sangre, ese curso que, coEl amor generalmente nace de la
EL "COLIMA" EN ERUPCION.-7 de Marzo, á las t.10 p. m.
mo el de los grandes ríos,
neidad, esto es, de la improvisación.

n;a lltgado la Primaotra,

EL SOL Y EL VIENTO.

Domingo 29 de Marw de 1903.

mazatlán
tasas dtstruidas...•EI stroido tn d taiartto.
tos conoaltdtnt«.
Para los que observan con interés el curso que sigue la epidemia de peste bubónica en Mazatlán, y el valor y eficacia de los elementos que las autoridades han puesto en juego, no s6lo para impedir la propagación de la enfermedad á otros puntos del país, sino también para atender Íl la asistencia y cuidado de los pestosos, son de
impor tancia, á no dudarlo, las ilustraciones que publicamos en el
presente número y que se rP.lacionan en su mayor parte con el
servicio sanitario del puerto.
Sabido es q~10 gracias á ,a energía desplegada en esta ocasi6n por el
Consejo Superior de Salubridad, se ha logrado localizar la epidemia
hasta donde ha sido posible, y, lo que es más, hacer que mediante e¡
concurso de médicos aptos f inteligentes, disminuya el número de defunciones causadas por la peste, al extremo de que en varios días, no
se haya registrado ninguna. Esto bastaría, si no hubiera otras con.
sideraciones igualmente dignas de tomarse en cuenta, para justificar
el celo con que, tanto el Gobierno general, como el de Sinaloa, h¡m
procedido en las actuales circunstancias haciéndose acreedores al
aplauso de la gente sensata.

Contrayéndonos á nuestra información gráfica, que demuestra
hasta cierto punto, ese laudable celo, creemos necesario dar una li~
gera explicación de los grabados que la forman. Uno de ellos representa la serie de barracas provisionales instaladas en la playa sur,
con el objeto de alojar á los que, por haber sido quemadas sus habitaciones, no tiene6 donde dormir; y otro, las ruinas de una manzana que fué destruída por encontrarse infestadas las casas. La calle
de la Constitución, donde se observó mayor número de casos de peste, quedó reducida en un largo tramo, á montones de escombros por
orden de las autoridades, y así aparece en la ilustración correspondiente. Por ¡;eparado, verán nuestros lectores la fotografía de uno de
los sitios habitados en Mazatlán por la gente pobre, y la de un grupo de convalecientes aislados en !ns barracas del 31 de Marzo.
En cuanto al Lazareto, publicamos seis grabados distintos que representan : la «Sala de graves y de pronósticos reservados», la «Sala
de m uy graves», el «Departamento de administraci6n)) y el de :ccon.
valec1entes», el «personal del Lazareto» y dos de los pabellones en que
se aloja á los pestosos. En uno de éstos, hacia el fondo, aparecen los
practicantes de 1Dedicina A. Hernández Mexía ( de México) y .Tesús
Ledesma ~ de Mazatlán) vendando los bubones á una enferma, después de haber sido operada; y en el otro, los sefiores Martínez López y
J. de Avila, practicantes también, curando á un hombre atacado de

Barracas instaladas en la playa su r.

,

Ruinas de una manzana.

En la calle de la Constitución

***

*

Uno de loa sitios habitados por la gente pobre,

1-99 convaleciente, c.~ la peste,

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Personal del Lazareto.

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ffo&lt;Juf\RE

Administrac1on
. • Y d epartamento de convalecientes.

Un pestoso e n la mesa de operaciones.

�Domingo 29 de Marzo &lt;de 1903.

peste. El personal del Lazareto, por el orden
en que aparecen n umeradas las figuras en la fotografía correspondiente, es como sigue: sefi.ores J osé Arroyo, Administrador; Juan Vázquez,
Subadministrador; Modesto Alvarez, J. de
Avila y Martínez López, practicantes; doctoJ
Francisco Lavín, Director; presbítero Cornelio de Aspuro; A. Hernández Mexía, practicante; Rosendo Gómez, practicante; JesúsLedesma, practicante, y señorita Refugio Castelo. Las mujeres que completan el grupo essuvieron atacadas de peste, y prestan hoy sus
ter vicios como enfermeras. Es de justicia, por
10 que toca á la señorita Castelo, hacer constar qu e con el noble y filantrópico objeto de
acudir á la desgracia ajena, solicitó le fuera
permitido atender á los pestosos, sin preocuparse del riesgo á que pudiera estar expuesta

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

desinfección, que ha cedido
sus honorarios á la Junta de
Caridad; unas vistas de las
calles de Benito Juárez y el
Vigía, inundadas á consecuencia de una fuerte lluvia,
y otras de la instalación que
en Siqueros sirve para abastecer de agua á Mazatlán. La
inundación de las calles
obedeció {t que, con motivo
de los trabajos de azolve del
caño que servía para el desagüe y que estaba considerado como un foco constante
de infección, las corrientes
se derramaran invadiendo,
en algunos puntos, hasta las
habitaciones.

,1,1)

' .. . ½~ v.'!/

&lt;-·'J
I
'/,

***

Dada la importancia que
para el país tiene el conociLa
miento de todo lo que se relaciona con la epidemia, esperamos que nuestros lectores vean con interés la informaci ón
que les ofrecemos.

ocfff\ r-10
Sra. Emilla Extensor y su hija.

..

Sr. Lic. J oaquín M . Escoto.
(De una. litograffa wE~ año :d,e 1867,)

,,,.,.:,:,-

Comp f'11RM,O~E S

C,Omf de l'fo'CO M •6UEL

~

/
\,

nutvo Dlrtctor fimtrat dt eorrtos.

La calle del V i gí a, después de la lluvi a.

Por ú ltimo, figura entre nuestras ilustracion es, la fotografía de la sefi.ora Emilia Extensor, quien perdió á su madre y tres hijos, que
murieron de la peste, antes de que se declarara la existencia de la enfermedad en el puerto,
y que en compañía de una joven h ija suya
fué la primera que ingresó al Lazareto. Ade más, publicamos el retrato del señor Ingeniero Natividad González, jefe de la Oficina de

Para substituir al Sr. D. Manuel Zamacona
é Inclán, que renunció el cargo de Director
General de Correos, ha sido nombrado el Sr.
Ingeniero Norberto Domínguez.
El nombramiento hecho á favor del Sr. Domínguez se considera muy acertado, en vista
de los antecedentes que abonan su conducta
como servidor laborioso y honrado del Gobierno. El nuevo Director pertenece á una de las
familias principales de Hidalgo del Parral; comenzó sus estudios en Chihuahua. para continuarlos en la Escuela Preparatoria, y obtuvo
el título de Topógrafo é Hidrógrafo en esta capital, tras una serie de brillantes exámenes.
El Gobierno de Durango le confió, poco
después de recibido, el cargo de interventor
del Estado en la Casa de Moneda, y el de Profesor de algunas aPignaturas en el Instituto
Juárez. De allí pasó á Monterrey como Jefe
de la Oficina de Ensaye y, por último, á Si11aloa,donde ha desempefi.ado la Dirección de
la Casa de Moneda.

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Sr. lng. Norbert o Domlnguez.

El Sr. tic. ]oaquin m. Escoto.

SI QUEROS,- l nstalaci6n para su rtir de agua á Mazatlán .

I

En la vecina población de Tacubaya murió
el lunes último, á las 12. 30 p. m., el Sr. Lic.
D. Joaquín M. Escoto, Diputado al Congreso
de la Unión por uno de los Distritos electorales de Guadalajara.
El Sr. Escoto era originario de Jalisco; comenzó su carrera en la ciudad referida, como
alumno del seminario, y poco después de recibirse de abogado, vino á México, encargá~dose de la defensa del guerrillero Dou J uho
García, sentenciado á muerte por Maximiliano.
•
Obtenido el indulto del jefe liberal, Escoto
se unió á las fuerzas republicanas y durante
algún tiempo desempefi.ó los cargos de Coronel Auditor de Guerra del Ejército del Norte
y de Secretario del Sr. General Mariano Escobedo. Al lado de este insigne patriota estuvo
en San Jacinto y en Querétaro, población, esta última,donde sirvió como Asesor del Consejo de Guerra que condenó á muerte al Ar·
chiduque y á los generales Mi ramón y Mejía.
Más tarde fué nombrado Subsecretario de
Gobernación, Juez 1'? de lo Criminal y Fiscal
de la Suprema Corte, sucesivamente.
Liberal por convicción y de talento, el Sr.
Escoto prestó á la República buenos servicios
y su muerte ha sido muy sentida.

Parece por fin que SP,rá wi hecho la obra colosal de la apertura del Istmo Americano, que
permita á las aguas del Pacífico confundir~e
con las del Atlántico, realizando asi uno de
los pensamientos más colosales de la edad contemporánea.
La idea de buscar esa comunicación, ha estado latente, por decirlo así, desde los días
del descubrimiento de Améri-:a.
Cristóbal Colón, que no podía imaginar la
existencia del Nuevo Mundo, buscaba, al realizar el descubrimiento, no un vasto imperio
que añadir á la corona de Castilla, si_no un camino recto para ir de la Europa Occidental al
Asia Oriental: su pensamiento era profun?amente científico y verdadero; pero América
surgió inopinadamente en ese camino, consumándose así uno de los acontecimientos más

MJlLAS

o(So~ col ~

grandes y transcendentales
de la Historia moderna.
Después de Colón, muchos
descubridores, muchos exploradorel!, buscaban con
empefio el canal que comunicase los dos Océanos imaginando que éste debía de
existir por obra de la naturaleza.
Descubriólo al fin Hernando de Magallanes; pero
tan al Sur, tan remoto, que
su utilidad práctica vino á
ser mu y escasa.
Surgió más tarde el atrevido pensamiento de corn,·
gir la obra de la naturaleza;
de abolir la barrera panameña, y de, ya que
el canal no existe, abrirlo á fuerza de pico, de
lal.,or y de dinero.
Después del desastre de la Compañía france,a y de la abrogación del tratado ClaytonBuhrer, ha quedado á los americanos expedito
el camino para romper el istmo. Arregladas
las dificultades con Francia, con Inglaterra y
con Colombia, todo parece indicar que, á vuelta de pocos años, nuestras costas meridion1iles, así como las costas de Centro y Sudamérica sobre el Pacífico, podrpn comunicarse directamente con Europa, sin necesidad de transbordes, ni de dar la vuelta por el estrecho de
Magallanes.
El grabado que publicamos encierra los
principales detalles del grandioso proyecto,

Desempefiando un humilde empleo en la
Escuela Normal de Profesores, vive el anciano
Juan Idueta, cochero que por mucho tiempo
estuvo al servicio del Benemérito D. Benito
Juárez y que lo acompañó en su peregrinación
á Paso del Norte.
Id u eta recuerda todavía emocionado los episodios de que fué testigo durante la gloriosa
retirada de Juárez, y conserva, hacia su ilustre amo, un cariño que raya en veneración.
En la actualidad, el leal sirviente padece
una afección cardíaca que más de una vez lo
ha puesto al borde del sepulcro. Hace poco sus
males se exacerbaron al extremo de que se con·
siderara inútil todo esfuP,rzo por salvarlo, Y
aunque entró después en un período de rela·
tiva mejoría, el peligro no ha desaparecido por
completo.
El Sr. D. Benito Juárez, hijo del Benemérito, ha estado á visitar al enfermo, á quien
distingue con su estimación, y el Director de la
Escuela, Sr. Rébsamen, ha hecho cuanto ha
estado de su parte para que el paciente no carezca de los auxilios y atenciones indispenrnbles.

Sr. J uan I duetc1.

�Domingo !l9 de Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 29 de Marw de 1903.

!VCE VICTISi
Ni Aníbai, ni Yugurta, ni Mitrídates
se pierden en la sombra del pasado,
ni manchan con la púrpura enconada
el cielo esplendoroso de sus fastos ;
que An(hal, qne Yugurta y que Mitrí&lt;lales
esculpen en los múrmoles de Paros
el verl.Jo &lt;le epopeyas imposibles
que guardan en sus almas burilado,
y aceptnn el combate del perjurio,
y lanzan á los pérfidos el dardo,
y ruedan en la li7.a como buenos
y mueren en la arena como bravos! .......
¿Qué importa que después los Decenviros
los graben Pn las Tablas como bárbaros'?
¡Al tin ha de surgir con la Justicia
el «In rin merecido á los tirano~!

***
Las trombas del simoun en su inclemenci
po&lt;lrún 1.Jarrer los ídolos sagrados
y devastar las fértiles campiñas
con Ciros y Scipiones y Alejandros;
mas siempre habrá conciencias que
el hálito maldito de los amos,
Xenofontes que crucen los desiertos,
Púnicos que sucumban en Cartagos,
Pelópidas que hostiguen á traidores,
Numancias que deshonre11 Emilianos,
Daríos que perezcari en Arbelas,
Demóstenes que azoten á comprados ......
y pueblos prepotentes que levanten
el «Inri» merecido á los tiranos.
ADALBERTO C ARRIEDO.

-1903.

ASTRONOMÍA.
Catorce sabios de la vieja Europa
estudian con afán,
desde la lente que á los cielos mira,
un carn singular.
Son dos estrellas, negras, tan brillantes
como iguales no viéronse jamás.
¿Su proyección'? Ignota: nadie supo
de dónde vienen ni hacia dónde van.

SIMBOLO.
Desaparecía el sol en occidente, arropado
en su manto de oro con la regia pompa de gran
monarca moribundo.
En la abrupta cumbre, una cruz levantada
en alto, y en ella, enclavado y muerto, el Divino Redentor de los humanos.
María y Juan eran los testigos mudos de
aquella trágica escena: velaban al pie del madero santo, como ángeles custodios del Mártir inocente.
Tras la agonía de la tarde, tendió la noche
sus alas medrosas y sombrías; y el pueblo deicida -ebrio de vino y de impudor, -ovacionaba á Barrabás, cantando el himno maeábrico de su infame abyecci6n.
Roncos de vocear y extintos de fuerzas para continuar bullendo y cantando en la bacanal estúpida, unos caminaban dando traspiés,
y otros quedaron tendidos por los suelos, como soldados muertos en sombrio campo de
batalla.
Rasg6 la luna las densas brumas que encapotaban el firmamento, y desde el zenit de la
estrellada comba, radió -como hostia de luz,
-bañando la pálida frente del Cordero.
La Madre y el discípulo amado, llenos de
duelo infinito, velaban al pie de la cruz; y en
medio de aquella escena de recogimiento, de
aquel silencio augusto, santificado por la gracia de la oración, estalló frente á Jesús, turbando la triste, sagrada paz, una carcajada
sacrílega ........ .
Cayó Juan de rodillas, como fulminado por
el rayo; y la Madre mártir-que vió cruzar
ante sus ojos, con la instantaneidad del relámpago, la silueta espantosamente horrible del
insultador,-abrazó en el paroxismo de su
dolor inmenso lotpies ensangrentados de su
Hijo muerto, bañándolos de lágrimas ..... !
El que había reído era Judas ..... !
Pero al tercero día de haber reído el sacrflegio, resonaron con maravilloso estruendo todas las músicas del Empíreo; y las legiones
angélicas, agitando sus alas resplandecientes
en la inmensidad etérea, cantaron, como hermosa salutación al cielo y á la tierra:
-¡ Resurréxit! ...... ¡Resurréxit!..... .

***
¡Y Satanáf' rugi6 de oaio!. .....
J esús h abía triunfado por el amor, y comenzaba el reinado de la Misericordia!
RAFAEL DE LOS

Ríos.

Con los últimos tintes de la tarde
en el espacio se las ve brotar,
y breve tiempo en el espacio radian
su intensa claridad.
Ese es el caso que catorce sabios
inquieren con espíritu tenaz,
desde la lente que á los cielos mira
con su ojo de cristal.
Oh! profesores de la vieja Europa,
cuánta pena me causa contemplar
vuestras blancas melenas agrupadas
sobre el largo instrumento con afún!
Mas, m i secreto descubrir no puedo;
y no sabréis jamás
de quién son las pu pilas que en la noche
per~igue vuestro ~nte de cristal.
FABIO

Marzo, 1903.

Fuu.o.

RAPSODIA.
Alzando airoso la blanca testa,
La frente blanca llena de arrugas,
Guía atrevido la gran orquesta
Que desarrolla temas y :fugas.
Ora se escuchan himnos marciales,
Ya quejas hondas de 1.,s violine,:,
Golpes sonoros de los timbales
Y ecos vibrantes de los clarines.
Es nn conjunto genial, soberbio,
Que alegra á veces y otras contrista,
Es un conjunto que mueve el ne,vio
De la batutc-,, del gran artista.

. . .Se extingue el ritmo, la orquesta calla,
Mueren sonido$, mueren rumores,
Y el auditorio, súbito f'stalla
En mil aplausos atro1,adores.
De pie, sublime, se yergue el viejo,
Inclina un poco la cana testa,
~ Y en sus pupilas brilla un reflejo:
El de las lágrimas de su orquesta ..... . l
ESTUDIO FOTOGR.\.FICO. -(COLECCIÓN PELLAXDlNI. ).

1903.

ENRIQUE T ORRES TORIJA.

ESTUDIO FOTOGRAFICO. - ( COLECCIÓN PELLANDINJ. )

�Domingo 29 de Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

!estar que me invadía el cerebro y el ~oraz6n, como una embriaguez,
me quitaba la noci6n de las cosas habituales, tan estrechas, tan sofocantes en tanto que otras infinitas divinas, hechas de bondad Y de
aband~no, me penetraban, me inu~daban de luz y d.e _ens~eño..
Estaba en el paraíso, bogando en 1:1n mar de delicias silenciosas,
con el coraz6n tan lleno con la realizaci6n de todo, que en él no quedaba un átomo de deseo .. ... Y lloraba, como Pedro, lágrimas dulces
de satisfacci6n. El no decía una palabra, pero había ~asado su brazo
en derredor de mi cintura, y seguía atrayénd?me bac1_a sí.
Por la ventana abierta,entraba la luz límpida de~ cielo,cor:istelado
de estrellas que brillaban con fulgor indeciso. Hubiera, querido que
ese instante no se acabara nunca. Pedro me estrechó mas aún, hasta
tocar mi mejilla con sus labios... ...
.
.
Al pie de la ventana, estall6 una carcaJada estridente ..... •
l\le desprendí de esos brazos, sofocada, con los cab~llo~ sueltos,
loca de terror, pero también de dicha, porque había salido intacta de
la terrible prueba.
Me lancé á la ventana gritando como loca:
.
.
.
-No Victorina1 no! No lo crea usted ...... Se lo Juro, V1ctorma.
No ría usted así. Me va á matar .... ..Y usted, miserable, salga, salga
pronto, vaya á éi.ecir á esa mujer que no es verdad 1~ que SUJ?One!
.Me volví hacia aquel hombre, que permanec1a aturdido, trémulo.
-Pero salga usted pronto!-le grité,recbazánd&lt;;&gt;le ruda;mente.Cobarde, cobarde, que vino á sorprenderme en med10 de mi llanto.. •
Salga, salga prontoi
Estaba loca, en verdad. Corrí tras él, por la e~calera, recha,zándole siempre. Llegando á la puerta de la calle, echo á correr. Sah para buscar á Victorina. La llamé llorando, sollozando dolorosamente.
Eso era absurdo: los transeuntes podían oírme.
-Oírme, qué importa-decía yo. - Cuando les diga que no es
cierto eso, me creerán ...... Victorinal Victorinal
Pero la mujer no respondi6 y volví á subirá mi cuarto, llorando
siempre á gritos.
XXX.

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.

•

ILUSTRACIONES DE SIMONT.

TR4DUCCION Df "fl ~UNDO ILU&amp;TR4D0,"
(CoNTINÚA.)

Y le vi llorar.
-Oh! María Teresa, cuánto hemos luchado, cunnto hemos sufrido! No es bastante aún?
_Me suplicaba, y yo veía ~u ~ostro, hermosísimo, expresando angustia,por el cual corrían las lagrimas lentamente como si se asombrasen de baiíar esos carrillos viriles.
'
Y me dejé atraer hacia él; mi coraz6n se fundía. La sociedad,

1
. . .
. .
os prmcip1~s recibid.os, el honor, tal como se -le entiende por regla ge·
ne~al, Y el cielo Y el mfierno ...... todo se borr6. ..... Estaha sola en el
Nmverso, al !a&lt;lo. de Pedro! Mi espíritu se ensanchaba infinitamente.
0 sé qué mister~os se .me explicaron. Me sentí poseída de una in· ·
men~ mdulgenc1a hacia mí y hacia todo lo que existe.
ra amada .... . . amaba ..... .
Oh desfallecimiento adorable! La excesiva dulzura ele ese ma·

Sí Phrasia tuvo razón cuando me dijo, en los primeros días,que
Victorina era temible! La malvada vieja parecía no vivir desde entonces, sino para aquello que había descubierto.
De un extremo al otro del pueblo, en los lugares cercanos, y de
allí hasta la población en que residía el inspector,la vieja hizo circular la historieta en que mi nombre figuraba.
El cura roe mand6 llamar desde luego. Me recibi6 llorando. Me
arrojé á sus pies. Le juré ante el Cristo que era inocente ...... El movi6 la cabeza, en ademán desesperado.
-¡Ay, pobre nifia, no basta ser inocente, es necesario parecerlo!
Han visto salir al sefior Raibert por la noche de la casa de ustPd. Se
le ha visto, sin que sea posible dudar. Todo el mundo está de acuerdo en afirmar ese hecho que la deshonra á usted: Phrasia, que sabía
que esa noche el sefior Raibert estaba ausente; Sil vio Moutet, queparece espiaba á usted á toda hora; por último, Victorina ..... .
Me sentí desfallecer, palidecer mortalmente.
-Quisie.ra morir, sefior cura ..... .
Se apiad6 de mí.
-Levántese usted. No tengo de qué absolverla, puesto que á los
ojos de los ángeles nada .malo ha cometido usted; pero ha.y que tener
también en cuenta los OJOS de los hombres. Usted no ha sido prudente· cuando menos, ha sido débil. Usted, tan inteligente, tan juiciosa'. ...... ¡Ah señorita Romane, qué desgracia! Levántese usted, le digo.
¿Qué implora usted? ¿Qué puedo hacer yo, si no es lamentar también
lo ocurrido?
Y se lamentaba, en efecto, como un niñ.o, echado en un sill6n,
en tanto que yo me había puesto de pie y le miraba, más enloquecida
por ese dolor por ese reproche tan amargo, en su dulzura misma, en
su mesura, efi su verdad, que si algún castigo terrible me aguardara.
Entonces me puse á hablar de corrido, tumultuosamente, como si
quisiera con mis palabras ahogar mi dolor ..... .
-¡Si usted supiera, señ.or cura, qué cosa tan insignificante fuél
El me prestaba libros; yo no le veía nunca; de repente se presentó en
mi casa. ¡Un segundo nada más, un segundo señor cural Era de noche es cierto; no había lámpara en mi cuarto; pero entraba la luz de
las ~strellas ...... Me pareci6 que no había mal..... . ¡Fué tan rápido!
Iba á deepedirle, cuando ri6 Victorilla. ¡Oh! ¡Esa risa, señor cura!. ..
Esa mujer yo la maldigo ....... . .
Lloraba; y mi aspecto debía ser conmovedor. El cura me estrech6
la mano.
-No maldiga usted á nadie...... Más bien Victorina satv6 á usted. Era de noche, á la alcoba entraba el fulgor de las estrellas; usted
no creía hacer mal.. .... ¿Qué habría sido de usted?
-Nada peor que lo sucedido, puesto que estoy deshonrada por
la maledicencia.
-¡Ah! ¡Si hubiese un remedio! ¡Si ese desdichado no fuese casado!
Me atreví á murmurar:
-Phrasia me ha dicho que su mujer está muy enferma ..... .
Era una esperanza loca, á la cual me había acogido, desde que
me refiri6 Phrasia la enfermedad de la esposa.
-¡Ay!-dijo el cura. - ¿Qué importa eso? Ella no le dejará sus
bienes sino á condición de que no vuelva á casarse......... y él, porla
herencia, aceptará la condición ..... .
-¡Oh! ¡No; no, imposible!

•

Domingo 29 de Marzo de 1903•

-¡A.!í será, hija mía!
-Pero si me ama..... .
-¡Se consolará, créame usted!. . ....
Y mirándome fijamente, el cura me pregunt6:
-¿Y usted, le ama?
¡Si le amaba! ¡A ese hombre que me había estrechado contra su
corazón! A ese hombre, el único que podría lavar mi oprobio, amándome aún, si la buena suerte bacía que su mujer se muriera..... ¡Ah!
Sí le amaba.
Respondí con la mirada. La frente del cura pareció cubrirse con
la sombra de una inquietud terrible.
-¡Cuánto debe usted haber sufrido!-murmur6.
Y apoy6 en mi frente su mano. durante algún tiempo, como si
quisiera hacer penetrar á mi cerebro alguna fuerza, para los momeo•
tos en que más habría de sufrir ... .. .

xxxr ·
¡Ay! Fué, en efecto, tan terrible .. ... . Más aún que mi viaje á la
ciudad, que se refirió únicamente á mi honor, cuando el inspector me
llam6 para que le refiriera mi historia. ¡Y debí referirla con mis altivos labios, con mis labios puros! ·
De pie, con el corazón rebosante de amargura, hi;_blé; referí mi
soledad sofocante; hablé de aquel señor que me prestaba libros,
y que del'pués, una noche, llegó basta mi cuarto, sin que nada de mi
parte le autorizara á hacerl&lt;1. ¿Qué debía yo hacer? ¿Cuál era mi falta?
Erguí orgullosamente la cabeza, y me atreví á ir más lejos.
¿Era yo acaso la única víctima de aquella soledad que hacía brotar almas rapaces en derredor de las jóvenes? Si la sociedad se preocupaba tan poco de sus misioneras-porque nosotras lo somos, y de
las más veuerables,-¿nos abandonaría, tan jóvenes y tan débiles, en
medio de todos los peligros que amenazan á una mujer?
¿Si el hombre á quien se refería, asalt6 mi alcoba, con el plausible pretexto de un libro, no habría yo sucumbido, una ú otra vez, y
sin ningún pretexto, á la fuerza bruta de un ebrio, de Silvio Moutet,
que también me perseguía? Porque, suponiendo, como parecía indicarlo el inspector, que hubiese yo cometido alguna coquetería respecto al seductor Raibert, ¿la habría cometido acaso, respecto del ebrio
Silvio Moutet? ¿Y quién me habría defendido contra éste? ¿Quién
protegía á todas las demás institutrices, en camino de perderse, y de
las cuales él, lo mismo que yo, debía conocer la historia?
Nadie tenía que cuidar á la señora Albert, la espo~a del profesor
de Pinet, ¿no es verdad"? ¡Pero las otras! Las otras pobres, de las que
yo era una, ¿quién nos defendería?
El inspector, un tanto turbado, se alisaba el bigote, movía la
cabeza, me miraba, ora con asombro, ora expresando, á pesar suyo,
que mis razones le habían convencido. Por fin me interrumpi6 y me
dijo sonriendo finamente:
--En suma, scfiorita, ;.es un marido lo que reclama uste&lt;l?
Era brutal. Sufrí muchísimo durante un segundo, preguntándome si me atreYería á responder. Por fin me atreví:
- ¡Pues bien, sí!
Y añadí, demasiado herida en mi pudor, para detenerme en lo
dicho:
-¡No para mí, ya no sería tiempo! ¡Pero para las otras para
mis compañeras, de quienes sería la salvaguardia!
'
Debo haber estado convincente. El inspector tosió, me miró cada vez más asombrado, revolvi6 distraídamente los papeles que había
sobre eu escritorio, y murmur6:
-No digo que no. Sería, en efecto, la salvaguardia, como usted
dice.
Y añadió, poniéndose en pie:
-En fin, querida señorita, no es tal la cuestión, por el momento. Veo que usted no es una persona vulgar, y ciertamente las cosas
deben haber pasado como usted las refiere. Pero el hecho de la presencia del señor Raibert en la casa de usted, no ha dejado de causar
escándalo . Mi deber sería suspender á usted temporalmente, ó por lo
menos, amonestarla severamente. Haga usted cuenta que ya está hecho. Sea usted más reservada que nunca. Es evidente que la situación de las institutrices está llena de peligros, sobre todo cuando la¡¡
jóvenes son tan perfectas, tan ...... hermosas ..... .
Yaciló pa~~ pronunciar es~ palabra, c¡u~ yo e~cuché sin pestafiear. Me tend10 la mano, y trato de tomarse cierta libertad oprimiendo mis dedos más de lo debido.
'
-¡Qué solitaria ha de ser, en verdad, á la e&lt;lad de usted esa casita de la escuela! ¿Qué, en sus paseos, no llega usted nun~ hasta
aquí? El bosquecillo de los Bálsamos, que está en el camino es encantador. Con frecuencia voy allá. No habría mal en encont;arse allí
y platicar un poco ..... .
Me retenía la mano, se acercaba á mí, y en sus ojos brillaban no
sé qué fulgores ..... .
Alcé los ojos, que debían arder como dos cirios.
-Señor-)~ dije con voz grave, - suponga usted que no me ha
absuelto, refl.ex~one en l.o que acaba de decirme, y juzgue si las muchachas que estan en m1 caso no son muy dignas de lástima.
Soltó mi, mano como si le hubiese quemado, palideci6 hondamente y murmuro:
- Perd6n, perd6n ..... .
Sa}í, llevando la cabeza inclinada, en ademán &lt;le indulgencia,
per~on.rndole, como él lo deseaba, en tanto que era yo quien había
vemdo á que me perdonase....... .
( CONTINUARÁ. )

�Et

"La Fuerza del Hombre y la Hermosura de la Mujer."
Antes y desde los tiempos de Sans6.n esto es lo que se ha
dicho de todo cabello exhuberante.
El Viuor del Cabello del D1·. Ayer conserva y embellece el cabello haciéndole crecer y dándole fuerza y lustre.
Restablece el éolor natural del cabello, limpia el cuero

CALZ ADA DECHAPULTEPEC.

AN8 X.--10110 1.--Nlll. 14

tompañia at ttrrtnos dt la calzada dt tbapulttptc. s. Jt.

cabelludo de caspa-con lo cual queda eliminada una gran
causa de la calvicie. Además mejora la circulaci6n en e!
cuero craneal , atajando por este medio la caída del cabello.
Si apeteciese usted un cabello largo y espeso, suave y
nutrido, cabello que tenga todo el rico color de la juventud,
entonces acuda usted al Vigor del Cabello del Dr. Ayer.

MUNDO ·tLUSTRADO
llfXICO, ABRIL 5 Df 1903.

Sabscripdd• mcuaal rorlnca.'Sl,St
ldcm. ldcm. ca la capital, Sl,J5

•1rccton LIC. RA.rA.tL R(l't&amp; &amp;PINDOU.

Gerentes Llll6 Rtl't6 &amp;PINDOL

CONDICIONES.
Diez por ciento al contado al comprar el terreno. Concesi6n de 10
afios para liquidar el noventa por ciento restante, arreglados en veinte
pagos semestrales [ al 6 por ciento interéR anual] ;10 por ciento descuento en todo pago adelantado fuera del primer pago.

1 .

Prepare.do por el DR. J . C. AYER &amp; CO., Lowell, Mass., E. U . A.

TÓNICO

EL MISMO

RECONSTITUYENTE
FEBRÍFUGO

"'"'º

So

F.BRUGINOSO : SIETE M~AS,,ORO FOSFATADO:
h1■ia,

~

Cl1n1i1, Comlecmiu, ,te.

20, lut des Fouk-St,Jacques
1 1n lu !;.rm,1c1u.

~

Litfatiamo, Escr6fola, Me
Infartos de los Ganglios, etc

~

'

i

PETROL~

1

DEL DR. TORREL, DE PARÍS
Unica preparación que evita la caída prematura del pelo, lo
aumenta, suavizi. y hercn'&gt;sea, á la vez que le comunica un aroma agradable.

.

F.L USO DKL PKTROL DRL DR. TORRRI, DRPARIS.

evita la calvicie prematura, qt1~ tanto afea y comunica al hom.
bre el repulsivo aspecto de un joven viejo y gastado.
""&gt;¡,,

Para informes, dirigirse á la Oficina de la Compañia ~n
los terrenos ó á la de Xa.rl B. Cook, Agente vendedor,
Gante, núm. 8.
G:lJ c::J

EL TEST AMENTO.

f¡-·

~~

,

Dtl Tllmo. sr. Jfrzoblspo rttba11.

'}

L os bienes fueron valuados
en $ 125,000
La mayor parte de lo testado consistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mútua"
Compañía de Seguros
sobre l a vida, de Nueva York.
Hace pocos dfas que se practicó la
apertnra del testamento del llustrfslmo
Sr. Arzobispo Don Patricio A. Feeb•n
en la cludaó: de Cblcago. Illlnols. La
,ort nna di distinguido prelado aseen·
dlll íl eerca de $125.000 oro americano :
y segtln el Inventarlo que se ba pub 1cado, los bienes que dejó fueron con.o
Jlgue:

'

Dos p(11lzas de • 'La Mu•
tna.' ' Compatlfa de Seguros sobre la Vida, de Nueva York. por $25,000 -0ro
cada nna. 11 sean. . . .$50,000
Dividendos acumulados SO·
bre nna «re las pólizas. . 9.82!1
Otra póliza de seguro . • . 14,000
Acciones en efectivo y en
Bancos. . . . . . . . . 37,000

1
i

oro
.,
oro
oro
. ""' o

SI

e'\

oro

F:ntre las disposiciones del setlor Ar1.nhlspo, en su testamento, se hicieron

htas:

.

.:,...,_ ,,._ _,J_;.;.·

--

LA ''FQ.S'FATINA FALIRBB.SH

&lt;l

~~-

es el alimento más grande y el más recomendado para los n1i1o!I
desde la edad de seis li siete meses, y particularmente en el momen t,o del destete y dur.tnte el periodo del crecimiento. Faclllta mucho la dentición; asegura la buena formación
de tos huesos; previene y neutraliza los defectns que suelen presentarse al crecer, é impide la diarrea, que es tan frP.cueate en los nlfios. -PARIS, 6 AVENUE VICTORIA, Y EN TODAS LAS FARMACIAS.

A su hermnnn. señorita Kate Feebfln.
que estuvo siempre con él hasta su
muerte. $40.00() oro en bonos y $25.000
oro de una de las pllllzas de seguro :
A la seilora Annn A. Feeban, viuda del
seí\or doctor Eduardo L. Feeban. berma no del seilor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de las pólizas, y $5,000 oro en
efectivo: A. lfl Academia de San Pntri•
cio de Chlcago, de la que es prec~pto·
ra su hermana, Madre M:arln Catallon.
$10,000 oro de la tlltlma póll•a; ll la
escuela • 'Santa Maria' ' de ensel\nnzn
Prllctlca para varones, de Feebanvillt.
Illlnois. que era la institución por In
que mlls se Interesaba el sellor Arzo·
hispo, se entregaron los $4,000 restan•
tes de la tlltlma póliza.

~

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12 ·

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"-

CRISTO ATADO A LA COLUMNA.
CUADRO DE FABRÉ.s.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Et

"La Fuerza del Hombre y la Hermosura de la Mujer."
Antes y desde los tiempos de Sans6.n esto es lo que se ha
dicho de todo cabello exhuberante.
El Viuor del Cabello del D1·. Ayer conserva y embellece el cabello haciéndole crecer y dándole fuerza y lustre.
Restablece el éolor natural del cabello, limpia el cuero

CALZ ADA DECHAPULTEPEC.

AN8 X.--10110 1.--Nlll. 14

tompañia at ttrrtnos dt la calzada dt tbapulttptc. s. Jt.

cabelludo de caspa-con lo cual queda eliminada una gran
causa de la calvicie. Además mejora la circulaci6n en e!
cuero craneal , atajando por este medio la caída del cabello.
Si apeteciese usted un cabello largo y espeso, suave y
nutrido, cabello que tenga todo el rico color de la juventud,
entonces acuda usted al Vigor del Cabello del Dr. Ayer.

MUNDO ·tLUSTRADO
llfXICO, ABRIL 5 Df 1903.

Sabscripdd• mcuaal rorlnca.'Sl,St
ldcm. ldcm. ca la capital, Sl,J5

•1rccton LIC. RA.rA.tL R(l't&amp; &amp;PINDOU.

Gerentes Llll6 Rtl't6 &amp;PINDOL

CONDICIONES.
Diez por ciento al contado al comprar el terreno. Concesi6n de 10
afios para liquidar el noventa por ciento restante, arreglados en veinte
pagos semestrales [ al 6 por ciento interéR anual] ;10 por ciento descuento en todo pago adelantado fuera del primer pago.

1 .

Prepare.do por el DR. J . C. AYER &amp; CO., Lowell, Mass., E. U . A.

TÓNICO

EL MISMO

RECONSTITUYENTE
FEBRÍFUGO

"'"'º

So

F.BRUGINOSO : SIETE M~AS,,ORO FOSFATADO:
h1■ia,

~

Cl1n1i1, Comlecmiu, ,te.

20, lut des Fouk-St,Jacques
1 1n lu !;.rm,1c1u.

~

Litfatiamo, Escr6fola, Me
Infartos de los Ganglios, etc

~

'

i

PETROL~

1

DEL DR. TORREL, DE PARÍS
Unica preparación que evita la caída prematura del pelo, lo
aumenta, suavizi. y hercn'&gt;sea, á la vez que le comunica un aroma agradable.

.

F.L USO DKL PKTROL DRL DR. TORRRI, DRPARIS.

evita la calvicie prematura, qt1~ tanto afea y comunica al hom.
bre el repulsivo aspecto de un joven viejo y gastado.
""&gt;¡,,

Para informes, dirigirse á la Oficina de la Compañia ~n
los terrenos ó á la de Xa.rl B. Cook, Agente vendedor,
Gante, núm. 8.
G:lJ c::J

EL TEST AMENTO.

f¡-·

~~

,

Dtl Tllmo. sr. Jfrzoblspo rttba11.

'}

L os bienes fueron valuados
en $ 125,000
La mayor parte de lo testado consistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mútua"
Compañía de Seguros
sobre l a vida, de Nueva York.
Hace pocos dfas que se practicó la
apertnra del testamento del llustrfslmo
Sr. Arzobispo Don Patricio A. Feeb•n
en la cludaó: de Cblcago. Illlnols. La
,ort nna di distinguido prelado aseen·
dlll íl eerca de $125.000 oro americano :
y segtln el Inventarlo que se ba pub 1cado, los bienes que dejó fueron con.o
Jlgue:

'

Dos p(11lzas de • 'La Mu•
tna.' ' Compatlfa de Seguros sobre la Vida, de Nueva York. por $25,000 -0ro
cada nna. 11 sean. . . .$50,000
Dividendos acumulados SO·
bre nna «re las pólizas. . 9.82!1
Otra póliza de seguro . • . 14,000
Acciones en efectivo y en
Bancos. . . . . . . . . 37,000

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F:ntre las disposiciones del setlor Ar1.nhlspo, en su testamento, se hicieron

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LA ''FQ.S'FATINA FALIRBB.SH

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es el alimento más grande y el más recomendado para los n1i1o!I
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de otra de las pólizas, y $5,000 oro en
efectivo: A. lfl Academia de San Pntri•
cio de Chlcago, de la que es prec~pto·
ra su hermana, Madre M:arln Catallon.
$10,000 oro de la tlltlma póll•a; ll la
escuela • 'Santa Maria' ' de ensel\nnzn
Prllctlca para varones, de Feebanvillt.
Illlnois. que era la institución por In
que mlls se Interesaba el sellor Arzo·
hispo, se entregaron los $4,000 restan•
tes de la tlltlma póliza.

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CRISTO ATADO A LA COLUMNA.
CUADRO DE FABRÉ.s.

�Domingo 5 dJa Abrtl de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

e febrero fuí á ver al Papa á la SixtiHubiera•querido verle á solas, hablar
con él, pero estaba muy fatigado en
esos días, las inmensas peregrinaciones del jubileo secular Je habían dejado exánime.i aoaso
dentro de un mes ¿pero á quién recibiría\' ¿á un
magistrado de la Suprema Corte federal mexicana, ó á don Justo Sierra, que es uno de tantos
apreciables señores que escriben y que en Roma
se cuentan por doce ó quince mil al año? .... Me
fuí á verlo á la Sixtina.
¡Qué mañana! Llovía á mares;
ráfagas de humedad glacial que
mojaba los huesos á través de la
carne, soplaban de continuo; la
tempera.tura había caído de cabeza
al fondo del pozo de los «bajo-ceros&gt;. Y á las nueve de la mañana,
de frac, corb&amp;.ta y guantes blancos,
emprenderla desde las termas de
Diocleciano al Circo de Nerón, digo, desde el Grand Hotel al Vaticano, una legua! Así Jo hice;
llegué, me empapé bien los pies al
bajar del coche, tomé la escalerarampa que conduce á la Capilla, en
mitad de ella dejé abrigos y paraguas, sea por Dios, y fresco como
un carámbano, llegué al vestíbulo,
en donde y a se apiñaba I a gente,
presenté mi carta y entré; en la
primera mitad de la Sixtina había
dos tribunas, de dos cuerpos cada
una, vestidas de sendos paños rojos;
tomé lugar en la de la izquierda,
en la de la derecha están las señoras en «toilette&gt; rigorosa. de recepción, seda negra y sin sombreros. ..
Allí encontré, con gran placer, á
Manuel y Alejandro Escandón, á
Luis Torne!; nós agrupamos, era
natural; un fraile, entre muchos
otros, un frailazo carmelita, que
me estorbaba por su volumen y me
apabullaba el sombrero de copa, me
iba á impedir ver; me hacía el
efecto de una institución, de un gremio, de un partido, era el partido
clerical; yo creo que al fin cedió á
una muda sugestión mía y me abrió
paso, y me prestó sus gemelos.......
¡Qué bueuo ! He aquí lo que vi:
En la mitad de la capilla contigua al altar, fueron colocándose
los diplomáticos, de gran uniforme
y de gran frío; los cardenales se
sentaron en semicírculo,en derredor
del altar; sus trajes, sus solideos
rojos de sangre eran la nota caliente de aquel glacial conjunto: al ver
los plastrones blanco!&gt; de las camisas, yo tiritaba.'Los suiz_os, manequíes mofletudos que se movían
y reían á compás, todos forrados
de seda roja, amarilla y negra,con
las garzotas blancas de los penachos cayendo en torno del casco
negro, me divertían; estaba incomodísimo y divertidísimo. Rojo dosel de damasco cubría casi toda.la
parte inferior del «Juicio final&gt; sólo
se columbraba sobre él el cuerpo
hercúleo del Yahvé del«dies ira.e&gt;
que Miguel Angel atribuyó al Cristo de las Bienaventuranzas, y racimos de condenados que«degringolaban&gt;por los lados del altar.
Bajo el dosel una «madonna&gt; murillesca, bella
mujer de mirada tiernamente maternal y aterciopelada. Se me pasaba decir que aquélla era.una
misa funeral en honor de Pío IX.
Cuando todos los individuos del cuerpo diplo-·
mático (sudamericanos, entre ellos mis respetables amigos los señores Calvo y Vél~z, los ministros de Austria, Francia, Bélgica) ocuparon
sus lugares y sus casacones obscuros bordados
de oro y constelados de placas y cruees chispeantes, hicieron una mancha vívida,len el hacinamiento humano, comenzó en torz¡o (lel alta.r (un11,

mesa con los paramentos rituales) el ir y venir
de clérigos entre luces y tapices. Una puertecilla se abrió á la derecha del altar, toda la concurrencia se volvió mirada, se suspendieron los
mcvimientos, las oraciones, las respiraciones ...
Camareros vestidos de terciopelo negro y alamares de oro, el médico de Su Santidad también
vestido á la antigua usanza, un golpe de frailes
y clérigos, de roquetes albísimos, de pluviales,
de infantiles trajes multicolores .... Surgió de
entre ellos una forma blanca, vestida de blanco,
mitrada de blanco, un triángulo de oro blanco,
en el que había un esmalte bli.nco que se movía,

LEON XI 11.-(U)timo retrato.)

que venía.... Era el Papa; apoyaba los brazos
en los de dos clérigos y resbaló con rapidez hasta su trono. Los rezos y los cantos de la misa
comenzaron. · Mis anteojos me ·acercaron al
rostro exangüe de León XIII; una palidez que
tu viera otras cien palideces detrás, la boca, un
gran pligue cóncavo á donde la sangre moría.en
una línea levemente rosada: eso era el hombre.
Era una lámpara, la luz salía por los ojillos hú~edos y destellantes de bondad, de inteligen•
c1a ... . . .
Unas voces decían en las tribunas altas, salmos y preces litúrgicas; aquellas voces de nií!.os
infinitamente puras, ee eleva.bao y &lt;lesoe1ld!1u~

por la escala de oro del p entágrama como una
barca de cristal sube y baja en las olas; las palabras de la liturgia seguían claras, precisas
aquel ritmo divino. Despu~s de algunos compases, surgió una voz, una extra.h um ana voz, no
del cielo, sino lentamente aspirada por el cielo,
cada vez más fina, más alta, más ideal. .... No
una voz de mujer, no una voz de hombre, no una
voz de ángel, algo así como un s ollozo que se
amplificara en himno y se detuviera apenas vibrante, apenas modulado, en l a. flor del é s:tasis...
No, no era un antig•JO sopranista, no er a un viejo eunuco quien cantaba así. .. era un alma, era
el canto de un alma que tuviese por
escala melódica la escala de Jacob .. . . Las otras voces se yuxtaponían á la principal, afluían á ella,
se confundían con ella en unísonos
sorprendentes que dEcrecían por
«morendos&gt; de un «pianíss imo&gt; inefablemente tenue ; el silencio que
bajaba hasta el fondo del abismo
los asemejaba á un lamento que
fuera un suspiro ...... E sa música
es para enfermar del corazón.
Oí muy buena música en E uropa,
infinitamen,e b uena á veces ; dos cosas no olvidaré jamá s, porque me
abolieron, me r edujeron á la nada
la inteligencia y la voluntad y me
convirtieron en un simple objeto
vibrante: el coro de la Sixtina y la
marcha final del «Cr epúsculo el.e
los dioses&gt; de Wágner.
El Papa r ezaba, se oía el susurro
del viejo río convertido en un hilo
en el fondo de los años : noventa.
León XIII nació con México, meses
antes; nació en F ebr ero de 1810.
Con la garganta adolorida de sollozos comprimidos, veía tomar forma en torno de aquel anciano todo
lo invisible q ue nos rodea y nos
grita repentinamente nuestro nombre al oído ó pone de improviso la
mano en nuestro corazón; sentía que
«el otro» que llevamos dentro y que
es viejísimo, que apareció con la
humanidad, era dueño demí, estaba
en mi lugar. - Llegó la elevación,
la voz que cantaba se hizo lenta y
baja y leve, como una espiración ....
¿Llegó á callar'?¿lo que yo oía, era
el silencio que cantaba? E l Papa
se puso de pie entre los densos pliegues de su pluvial roja; su cabeza
ligeramente nimbada de cabellos
blancos se adelantó primero, luego
todo el cuerpo arrastrando la capa
con esfuerzo ; anduvo dus p&lt;1,sos y
cayó de rodillas comn una gt·an a ve
blanca que se abate con las al as
ensangrentadas;una p a usa, en cuyo
fondo no h abía ni vidas. ni alíen•
tos , hecha de emoción ptira .... La
hostia apareció en las manos del
cardenal oficiante.
Y todo era para mí una sola
ascensión, una sola cosa, la hostia
blanca continuaba en dirección del
cielo á aquel viejecito blanco también, también hostia. En aquellos
instantes todos mis muertos estaban
conmigo, era la comunión de los
muertos , sentía mi alma centuplicada por otras almas antiguas, nuev as, por venir,. eternas, apasionadas de fe y
amor. Y gritaba yo en silencio, como en las
horas de mayor emoción de mi vida. Cuánto desmoronamiento interior, cuántas forta l~zas de pensamiento y de razón y de estudio _se_ desvanecían en mí; cómo triunfa.bale!
s~nt1m1ento sobre la inteligencia, sobre la Jóg10a, cómo comprendía entonces, sin recordarla, por cierto, porque no me era dado analizar
nada, la frase de Pascal: &lt;el corazón tiene razon_e~ que.la razón no alcanza.&gt; Comprender la religión ¡imposible! Penetrar sus misterios ¡impo•
siblel Y s111 embargo, en aquel instante en que
el a.1lnainiell~O d~l es¡&gt;íritu tr!µnfa.ba. de la. ma.te•

ria y me aproximaba al éxtasis, adiós filósofo y
libre-pensador; y en el fondo del viejo arrodillado no quedaba más que el pobre muchacho creyente que se cogía del hábito blanco de la virgen de las Mercedes para pedirle que le devolviese. al padre enfermo y á la madre ausente.
Pude rezar ¡por fin! tuve fe en la plegaria,
creí que Dios la oía y entonces la esposa, los hijos, los amigos, la Patria, todo, todo venía como una espuma de infinitos llantos contenidos,
de oleadas de amargura súbitamente saneadas
y endulzadas por un rayo de sol, á mis labios,
que no sé qué murmuraban, que no sé qué decían:
decían una oración del tamaño de un mundo.
•
Cuando volví en mí, el Papa estaba en pie
delante de su trono, leía en un gran libro abierto que sostenían dos sacerdotes ante él; alzaba
y bajaba la cabeza con movimientos de pájaro
herido; escuchabáse un indefinible rumor, como
de alguno que hablase en voz alta frecuentemente derrumbada en el silencio; era que cantaba
las ora,ciones del &lt;requiem&gt;. Algunas notas opacas, pero gruesas, que no parecían salir de aquella caña endeble, se esparcieron por el aire.
Luego apoyado en sus acólitos se fué; nos fuimos todos.
Me alcé el cuello del frac, único resguardo posible contra la aspérrima atmósfera que nos
mordía con sus dientes de hielo y salí corriendo.
Quería guardar mi emoción entera como un perfume sutilísimo en un frasco herméticamente cerrado, para saturar con él la hoja de papel que,
dirigida á la que más quiero, debía cruzar como
una ave blanca todo el océano. En la escalera
un grupo de damas y caballeros que hablaban español, como lo hablamos los mejicanos. Eran
las señoras de la familia Ese ........ En mi cordial y respetuoso saludo no sabían ellas todo lo
que había de envidia profunda; esta emoción que
había yo sentido, aquellas piadosas mujeres la.
habían sentido, pero no como un delirio, sino
como una dulzura normal, que les dejaba entrever de lejos el Paraíso. Yo volvería de golpe á
lo negro, á la protesta, á la lucha, á la razón,
al análisis, al ¡quién sabe! al gran 1tal vez!
Ellas tenían la fe que no se pierde; la fe, ¿cual
es el secreto para mantenerla viva? Ellas no son
filósofos, pero sin saber el secreto, lo practican;
son buenas, dan mucho, socorren muchas miserias, alivian sin ruido muchos dolores, enjugan
muchas lágrimas; la caridad, el amor, ésa es la
clave del misterio.
Cuando así pensaba, corría en mi cerrada «vettura&gt; por las calles de Roma en medio del diluvio. Me divertía, y esto solía b.acerlo desde que
recorrí por vez primera «la ciudad eterna&gt; compuesta de las ruinas de una serie de oiudades
temporales, me divertía, digo, en verla los pies.
Es muy curioso: los pies indefiniblemente calzados, lodosos, encharcados de los peregrinos,

los deformados y rotos zapatos de los obreros,
los insignificantes y húmedos ~ incoloros d~ los
estudiantes de todos los colegios píos, vestidos
de todos los colores que van y vienen en bandadas risueñas por todas las calles de Roma, las
abarcas convencionales de los modelos en la
plaza de España, uno que otro calzado fino de
muchachos camaristas, dependientes de tie1:1das
de lujo ¿qué sé yo? Y la serie de bases de iglesias, de templos, de palacios, de casas vetustas,
raquíticas, leprosas ó plintos de columnas, zócalos de estatuas, bases de obeliscos, de fuentes
inmensas, de tierra amontonada, de tapiales
anónimos y vulgares, sobre los que asoman árboles desnudos sin frondas, sin pájaros, sin !I.Ol,
grises como el cielo, como las cosas, como el
alma.
...

......

Mi amigo Ara.luce me esperaba en el restaurant de Roma; yo tenía mucha hambre y poco
apetito; cuando salimos á la calle, no llovía;
una gran brocha pálidamente azul barría el cielo y para matar la nostalgia del golfo de oro en
donde hace tres días nos balancéabamos eatre
Al Vesubio y el Posilipo, nos fui.mas á la iglesia
de los Capuchinos, por un camino que nos era
ya habitual y en donde nos servía de «repare&gt; la
negra y grandiosa fuente del Tritón de Bernini.
Subimos á la iglesia por un lado de la doble escalinata que la levanta sobre la plaza; entramos,
no vimos los frescos del Dominiquino (si en Roma tuviese uno obligación de verlo todo, queda·
ría lucido); sí admiramos con circunspección el
célebre S. Miguel de Güido Reni y, precedidos
de un monjecillo, bajamos á los subterráneos.
Hay unas cuantas capillas debajo de la iglesia á lo largo de un pasadizo que recibe luz de
fuera. Esas seis ó siete capillas están fabricadas
de muerte; piso, muros, bóvedas, altar, adornos, candelabros, todo es la muerte. Cadáveres
medio momificados de frailes en sus ataúdes descubiertos, otros ya convertidos en esqueletos
puros mal envueltos en los sayales grises, por
todas partes una tapicería de huesos, de calaveras que lo llena todo; los lustros están hechos
de tibias y peronés siniestramente combinados,
los candelabros son brazos y fémures ¿qué sé
yo? Todo regado, repultado á medias en una
tierra que parece también hecha de polvo de esqueletos, que parece también muerta, la tierra de
los Santos Lugares.
El primer mo~imiento no es de terror, es de
horror; las ideas macábricas invaden en tropel
el cerebro después y se figura uno las noches de
aquellas capillas iluminadas con cirios amarillos, que parecen huesos con flama fosfórica, y
los diálogos, los crujidos, los rechinidos, los
lamentos y las carcajadas huecai. de aquellos señores y sus danzas y rondas y farandolas. Aca-

ROMA.-Castillo de San IAngelo.

Domingo 5 &lt;fu Abrill die 1903
ba uno por sentirse-divertido, el horror se va Y
queda á la vista lo ridículo y pueril de aquellos
recursos para causar miedo y que provocan el
epigrama y las reflexiones chuscas.
Nuestro guía observaba en nuestras caras lívidas como la suya, por la luz especial de aquelles antros teatralmente lúgubres, el efecto de
aquellos horrores. Nos salimos estomacalmente
mal impresionados, pero sin meditación, sin recogimient.o, sin pavor, sin un solo calofrío de
infinito, de eternidad. .. ..
,,. •
Y a en el «hall&gt; del Gran Hotel entre palmas
melancólicas, y divanes, almohadones y tapices
ricos, tomando el té en un rinconcillo que por
casualidad habían dejado libre las «ladys&gt; inglesas ó las &lt;misses&gt; americanas, elegantísimas,
bulliciosas, rodeadas de principillos y &lt;monsignori,&gt; y a en mi rincón fué cuando pude condensar todas mis impresiones del día en este solo
pensamiento: no hay muertos.
JUSTO SIERRA.

EL SONETO.
Es un castillo de cristal. Levanta
sus catorce baluartes que colora
el sol del arte con su luz de aurora,
y asienta en alto fara116n su planta.
Mansión augusta y señorial. La santa
princesa Poesía dentro mora;
hermosura que al vulgo no enamora
y al exquisito pensador encanta.
La noble castellana con su brillo
á un bardo soñador cautiva y ciega
que en pos de la beldad ronda el castillo.

Y cuando el trovador amante llega,
cala el puente y, abriéndole el rastrillo
sumisa en brazos del doncel se entrega'.
EDUARDO GóMEz'HARO.
ir,-: ,..

Puebla, marzo de 1903.

•

...-~y -· .,,~
_.,.~

�..
Domingo 5 die Abril die 1903

EL MUNDO ILUSTRA.DO.

I

EL MUNDO ILUSTRADO.

N d'a, el Buen Tiempo dijo: Hágase la Primaveral Y la primavern fué

En el templo silencioso, frío, inmenso del espacio
La enlutada noche reza su rosario de diamantes:
Por su manto de tienieblas, negro, lúgubre, viudal,
Se deslizan lentamente las estrellas tremulantes
Doloridae, vacilantes,
Como lágrimas piadosas por un paño funeral.
¡Oh las pálidas estrellas! ¿Son los ojos de los ángeles, .
O las almas de los muertos que nos miran, tristes gentes
Desterrados en aqueste fosco valle del dolor?
¿Las aureo:as de los santos, 6 las lámparas ardientes
De las vírgenes prudentes
Aguardando sofiolientas la venida del Señor?

II
En el templo majestuoso, claro, inmenso del espacio
La radiante noche teje su guirnalda de áureas flores
Qull al altar del firmamento inefable aroma dan:
Y se entreabren dulcemente con suavísimos fulgores
Los I u ceros tembladores,
Y es un lirio blanco Sirio, una rosa Aldeba1án.
¡Oh las pálidas estrellas! ¿Son las perlas de esos mares
Infinitos? ¿Son las joyas de la virgen esparcidas?
¿O las místicas antorchas del banquete celestial?
¿Son las luces de la Patria suspirada? ¿Las ya idas
Esperanzas tan queridaR
Que murieron en las cruces donde esplende el ideal?

III
En la calma misteriosa de las noches estrelladas
La eternal magnificencia á la mente maravilla,
Al espíritu amedrenta con tremenda majestad.
Más que el brillo de los soles amo yo tu lucecilla,
Primorosa lamparilla
Que iluminas de la Hostia la profunda soledad.
Siempreviva del santuario, amorosa Sulamita
Que rompartes las tristezas del Amado que te cela,
Y ..:alientas con tus rayos su albo lecho virginal.
;.C6mo envidio tu ventura, vigilante centinela,
Tú que cuentas, siempre en vela,
Los latidos inefables de su pecho paternal!

IV
¡Oh Je~6s! enamorado, tinno E,;poso de mi alma,
No me ba,;ta ser el cirio que en la&lt;; horas de alegría
Se consume en tus altares en ardiente adoraci6n:
En tus horas de abandono quiero hacerte compañía,
Haz que tenga noche y día
·
Como lámpara eucarística encendido el coraz6n.
No me apartes, J esú¡; mío, de la estrella del sagrario:
Vayan otros poseídos de piadoso, noble anhelo,
La grandeza de tuR obras en el orbe á contemplar,
Y á buscar para adorarte con fervit:nte, santo celo
El i11rnenso altar del cielo;
¡Tú me bastas, Amor mío, en el Cielo del altar!
CARLOS BORGEs.

ha, repentinamente, sin una graclaci6n, sin un compás de espera.
salir, {'11 la mañana, creí que se trataba de una "blague" del honlcvard. ¡Había visto improvisarse tantos cuadros, que ptnsé por un
momento: Esta es una Primavera falsificada! La han inventado loi- buenos parisienses "pour épater les bourgeois." Muchas gracias, Señor Prefecto del Sena, es usted muy amable.
Y me lancé, e3céptico, por la Avenida de los Campos Elíseos. Al IIPgar al
Rond-Point, estaba com·encido que para ser de "guarda-ropfo,'.' no estaba tan
mal aquella Primavera. Unas muchachas pasaron á mi lado y me arrojn.ron
un puñado ele lilas. · Pesqué las flores al vuelo y me convencí que no había
mistificaci(m. Decididamente era una Primavera real, positiva, auténtica. Una
noche había bastado para ponn brotes en todos los árboles y miradas lucientes
en todas las pupilas. Y arriba, un sol alegre y franco dejaba caer su lluvia de
oro sobre la ci udaLl rejuvenecida.
Sohrt los pradillos de césped se en treabrían discretamente las ro,:,1~, y un
aliento de perfumes soplaba entre domos de verdura. Y sanamente, bullicio~amente resonaban las fanfarrias de tropeles humanos, ansios9s de saturarse de aquella
renovaci6n de vida, sur¡¡;ida de pronto, trm, una tarde gris y opaca, una tarde de suave
luz cenicienta. que habían envuelto los encajes de Nuestra Señora en un crepúsculo
acariciador y suave.
Hacia el "Bois de Boulogne'' iba la triunfal pan•ada á reclinarse en la húmeda
yerba recién nacida, á llenar,;e los pulmones de aquel aire vivificante, dejando muy lejos el honlevard con el frufrú de las sedas, el tintineo de las copas .v el grito del
vendedor de la última extravagancia en boga: "Le dernier soupir u'un cochon!"
Se salía del infierno del hambre y del frío, para penetrar en nna existencia nueva
ele salud y de amor. En el Invierno parisien se agitan todas las miserias; el vicio mismo es un antifaz del dolor. Sobre las aceras de los grandes bonlevares pasan muchas
tristezas con mirada provocativa.
Parece que os piden un trozo de carne, una luz, un
,
poco de fuego. ¡Hace tanto f no!
Pero llega la Primavera, y huyen esaR sombras. Han florecirlo las lilas y renace el
jardín de Cossette. ¿Os acordáis del buen viejo de la barba florida·? Para é l siempre tuvo flores cada Primavera, porque las aprisionaba con los hilos de oro ele sus estrofas.
Y la juventud, la juventud eterna, porque es el eterno amor, no olvida á ¡:u Poeta.
Para enfocar este espectáculo de luz y de frescura, hay que tomar un sitio en la
imperial de un ómnibuR, y dejarse acariciar por las ramas de laP acaciaF&lt;. Descle la alto
se abarca la poblaci6n en masa, desparramándose por paseos y avenidas. Desfilan á
vuestros. pies la_s ~lewes comitivas: estucliante_s, obrero,:, modist(llas, grandes dam~
personalidacle,:, 111s1g111ficante1&gt;. Todos llevan una flor y una sonrisa, una esperanza y
una promesa.
Y el ómnibus sigue entre aére?s bosqu~cillos, á unos metros &lt;lel ,;uelo, por el que
pasa cantando sus alegrías la multitud, ebria ele plr,cer, abandonada á la dicha de vivir
gozando de aquella hora, qu; acaso_ no vuelva_ más, y que por eFo es necesario apura~
&lt;leleito,:amentfl, entregarse a ella, sm un puntito negro que la obscurt•zca, sin un solo
pensamiento que la conturbe.
Tienen los hijos de Pnríi-, como ningunoR otros de capital del mundo, el secreto de
este abandono á la sen~ación del momento. El "después'' no existe en ei,:e minuto en
esa hora, en e~a mañana vívida. La existencia se forma de ininterrum¡.,idos cuadros
disímbol?s; la dicha está en sabor~ar por completo de ese instante. Es una sana y t6riica filoF&lt;oña que no solemos practicar los que llevamos las mús de las veces nuestras
amnrguras y nuestros desencantos á todas partes.
Por eso,la Primavera parisiense es una fiesta que no anuncia el amargor de un despertar de hastío. Florecen los esµí rirus como las frondas, y sonríen Jo,; labios como se
entreabren los capullos. La Naturaleza es la que manda y ordena:
Artículo primero. Germinarán las plantas y se buscarún los ojos.
y ojos que se buscan, acaban por encontrarse. Y si no ..... .

***

Aquella noche, al_ retirarm~ á mi cuarte;&gt; de e~tudiante, del otm la.do del río, en un barrio tranqmlo y apart.,do, baJo un foco elfctrico.
al pie de una acacia, oí estallar el ~hasquido de un beso. Era una pareJ~ feliz que saludaba la llegada de la Primavera.

Domingo 5 die Abril -de 1903

�Dcmii::go 5 d¡3 Abril! de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

Ca Sra. Jlmparo ]ordan dt Plmtnttl.

/

Al ruido de los cuernos y los venablos
parecen una tropa de negros diablos
desatando sus furias contra la roca.

A consecuencia de una repentina
enfP,rmedad, murió en Oaxaca el 24
de marzo último, la Sra. Amparo
Jordan, esposa del Sr. Gobernador
del Estado, Lic. Emilio Pimentel, y
una de las damas más dbtinguidas y
apreciadas en aquella población.
La muerte de la Sra. de Pimentel,
ocurrida en los primeros meses de
su matrimonio, c,mmovió hondamente ú la sociedad oaxaqueña, que
la contaba en su seno como á una
de sus galas inestimables: joven y
llena de ilusiones, supo captarse
muchas simpatías, y su desaparición, que constituye una pérdida
irreparable, ha despertado un senti-

tristo=Dios y tristo=ffombrt

II

(JI

VERANO

Naturaleza hierve: la vida en,;ancha
el inmenso escenario de sus accione:-;
los gérmenes realizan sus producciones,
y hay de larvas y orugas una avalancha.

Y allá entre la penumbra de nn gabinete,
env uelta en su ve~tuario de tafil&lt;&gt;te,
siente una novia dulce las vagued::Lles

De un ambienteimpre~nado dPamor y fuego,
y es la llama de Agosto, que infiltra, ciego,
su corazón &lt;le anhelos y de ansiedadeF ..... .
111
O'1'0ÑO

El verano ha pasado: la henno~a fie~ta
que apagó mis nostalgias .v 111i.~ de,-vt:ilos,
pasó, como pasaron bajo los &lt;·ielos
las nubes que surgieron tras de la c uesta.
La joya que Natura llevaba. puesta
1&gt;e ha perdido entre opacos, brumoso¡;: velos;
emigraron las aves en raudos vuelos
Jlevándose su alegre, múgica orquesta,

.,,...._._

- .

----- ✓

Las hojas, de los troncos donde germinan
ya vuelan, y en el aire se diseminan.
Y aparece de un monte tras de la falda
Un viejo de cabellos cual blanca nie,·e,
que á llevar, invencible y audaz, se atreve
la carga de diez meses sobre la espalda.

-------

IV
Sra. •Amparo Jordan de P imentel.
INVIERNO

mi1-nto de profundo pei::ar en todo!" los oaxaqueño~,que veían en la j&lt;)\·en esposa un modele de virtudei".
Numerosas son las &lt;lemostrnciones de condolencia de que, por tan lamentable &lt;lef'gracia, ha sido objeto el Sr. Lic. Pimen tel.
Nosotros no~ unimos á ellas de todo cora-•
zón, en viúndole nuestro i.1uy SPntido pé:'ame.

No es la fe la que ha formado el corazón'
sino el corazón el 1¡ue ha dado vida á la fe.

*
Muy á menudo es la palabra á la Ye1tla&lt;l lo
hue la careta ú la cara.

ESTACIONES.
I
PRIMAVERA

Abril con sus perfuml's y sus colores
aroma. y armoniza, brilla y esmalta,
de la montaña agreste, verdeada y alta
al huerto donde crecen pintadas flores.
El 1-'0l nos vivifica con sus calores
mientras el arroyuelo plateado salta,
los fuegos amenguando con que se exalta
la gran Naturaleza llena de ardores.
Traíllas que se escapan de la perrera
corriendo {, las partidas de Primavera.
Y aprisa, J'lll'!I la. noch e FU~ hul'lla!I toca,

Pasaron las auroras primaverales
co n sus campos aiegres y matizados;
los cierzos de la selva que, perfumados,
rimaban sus rondeles y madrigales.
Pasaron los crepúsculos otoñales
con sus tristes murmullos entrecortados
que brotan &lt;le los árliole~, azotados
por los recios brisotes septentrionales.

Ya no vibra. en los ho¡;:ques el ronco cuen1C',
pues vino con sus fríos el viejo in viemo
y pasa sacudiendo su nívea palma.
Después de haber dejado lánguidamente
un invisible pliegue sobre mi frente
Y un témpano de hielo dentro del alma ....
HAMmo HERN Á Xl'E7. l ' OR'f~~LA.

SANTA ANITA.

T
FUNERALES DE LA SRA. DE PIMENTEL EN OAXACA.-EI cortejo y

la carroza fúr.ebre.

prop6slto dt un trfsto dt D. Jlntonlo 'fabrts)

Entre los numerosos cua&lt;lros que
Don Antonio Fahrés acaba de exponer
en la Escuela de Bellas Arte11, para que
el público mexicano pudiera fundar
su11 esperanzas relativas á las labores
del maestro ante las obras del artista,
sólo hubo uno de índole mística, y,
francamente, no contribuyó poco esta
circunstancia para fortalecer- aquellas buenas
esperanzas, pues el dominio místico de la pintura ha siclo sobrada y c-asi exclusivamente
recorrido en la men()ionada escuela por varias
generaciones de maestros y de alumnos, hasta
el gra&lt;lo de que la monotonía esencial de los
asuntos amenazaba ahogar todo impulso nuevo, sano y verdadero en la figura mexicana.
Pero el único cuadro de índole mística presentado por el maestro Fabrés no pertenece
por modo alguno al montón &lt;le los de :m clase; es al¡w personal y hermoso, algo muy humano que tiene el poder de transmitir una. intenea emoción, de la que no es parte ese fetichismo religioso que muchas veces coloca sobre dorados altares á íconos artísticamente
abomina.blef:.
El cuadro místico del maestro Fabrés es un
Cristo atado á la columna. Colocáronle aparte, sólo eu una estancia, cual convenía á la
excepción que represeutaba en una colección
de pinturas en que esplendían la vida y la
realidad. Y, destacándose en rico anaquel sobre un fondo ele tela morado, igual á la que
cubre los altares durante la cuaresma, con la.
mirada dirigida al cielo, con la expresión de
un sufrimiento supremo y virilmente Roportado, hincado de una rodilla sobre el duro
suelo y con las manos apretadas dentro de los
nudos infamantes de la soga, con una mu¡,culatura de hombre cubierta por una epiderm is
de hom hre, el Nazareno aparecía en medio de
toda. la magnificencia del martirio, pregonando la gloria del espíritu por sobre todas las
miserias, todas las infamias, todas las trabas
de la carne débil y todos los intentos de befa
y de escarnio que la maldad y la soberbia de
los hombres han tratado de clavar en las almas sublimet1 ........ .
En frente del cuadro los visitantes se detenían. Todas las manifestaciones &lt;le vida que
se desprendían de los otros cuadro!'! no alcanzaban ú irn presionar á nuestras mujeres como
la exquisita verdad de la figura del Nazareno
que llegaba á sus corazones y á sus cerl'bros
:filtrada á través de ese sentimiento religioso
que las domina y que es más fuerte. mucho
rnúe fuerte que su sentimiento estético. De
muchos labios hermosos escuché muchas exclamaciones entusiastas. El ambiente de adoración que rodea al Nazareno parecía alcanzar
a!' cuadro. El cuadro gustó mucho y el artista quedaba reconocido y proclamado.
Los hombres contemplaban también los sufrimientos del múrtir y externahan sus impre-

.H;n la vasta pradera, desierta y ancha
se oye el gozoso trino &lt;le ]os gorri?nes,
y en su cárcel de rocas y far,dlones
dibuja el oceano su enorme mancha.

j

Domingo 5 die, Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

Cad~ vel\ que se renuevan las amapolas sobre
las gayas chinampas y á Jo largo del canal de la
Viga, en el anhelo d~I puebl? surge como.una
ilusión irresistible la idea de 1r á Santa Amta.
y apenas recoge el obre~o. el importe de .S!I. raya en compañía d~ su familia ó de. su amada ó
de 'sus amigos reallza su anhelo y_ fle~a una canoa florida y coqueta.que al enérgico impulso de
un remador bronceado, resbala sobre l_as turbi&lt;ts aguas del canal y l)ega á Santa Amta, ese
pueblo pintoresco y miserable á la vez, cuyo
único tesoro son las flores que cubren su ~uelo
que convierten en grandt!S manchas pohcru~as á Jas chinampas que.surgen de las agyas.
En el fondo, la excursión á Santa Amta es
bella y c~nstituye una de las costumbres más
nacionales que aún nos quedan. El sol esplende

siones de &lt;li,·ersos modos. Los nrtistas
alababan y censuraban y más de una
discusión, larga y nutrida, turn sus com.ienzos frente al cuadro; yo oí muchas
impresiones; he aquí las mías:
Después &lt;le los pintores místicos del
cuntrocientos, que i;e a partaron tanto de
la vida y que desdeñaron la forma en
aras de una pintura psicológica que murió de
impotencia, cuando lo~ divinos atletas del Renacimiento volvieron Ít inyectarde las vírgenni
venas exhaui;tas &lt;le los ~nntos y sangre de laiy revistieron &lt;le car11e sana y Yiviente los hueEOS de los apóstole8 y de los profeta!", la figura
sublime clt•l Nazareno ntrajo frecuentl'mente
sus simpatías artísticas, pero la atm6sfera de
religio,;i&lt;lad en que ,;e movían, no pudo permitirles contemplará Crif'to como á un hombre
ni interpretarlo como á un hombre. Era preciso que el tiempo corriese, y al correr el tiempo, apareció en Ja pintura el Cristo hombre.
Falta mucho para que los asuntos cristianos
se agoten para la pintura; ma~, ahora, el" preciso humnnizarlos para que penetren en el alma Qe los honi brefl, (]lle sólo se conmueven ya
ante la verdad Pn &lt;·1 arte, y esn tendencia. de
humanización pictórica del Nuevo Testamento, es la única que cla derecho ele existencia,
en la pintura contempornnea, á los asuntos
míF&lt;ticos. Ningún mneFtro contemporáneo ha
podido escapará ern tendencia, ni FabréF&lt;....
--Pero-me observa alguien-¿l'sa inscripción que Fabrés puso como «leitmotiv,, ele i,u
'!uadro? ... .... .. «Los hombres han podido manchar de sangre r, Cristo-hombre, pero á Cristoclios, jamás!» ¿No revl'la eso un alejnmiento
de esa ,,humanización,, de Cristo en pintura? ...
-Tal vez rl'vel e un propósito de alejamiento, pero es un propósito mnlogra&lt;lo. El Cristo
de Fabrés es un homhre; ese cuerpo es humano, completamente humano; un cuerpo que
sufre, un hombre que gime ...... y una alma
que se asoma por los ojos, en esa mirada de
bondad, de resignación, de fuerza intema; pero una alma humana, esencialmente humana!
A Fabrés puede haber sucedido á. la inversn
lo que á Renán aconteciera; propúsose f¡,.t~
humaniza'r
á Cristo en un libro , .v su venera., .
c1on mte11sa y su maravillorn expreRión no
hicieron más que cleificarlv; quiso el otro ;ubrayar en uh cuadro la naturaleza divina de
Cristo, y la realiuad de rn pincel y de su concepción gráfica no han hecho más que glorificar la naturall'za humana de Cristo. Es cierto que los hombres no pudieron manchar de
1-a~gre á ese Cri!'to, porque la sangre de un
Cns~o no mancha nunca. Creo que el eminente pmtor se ha engañado á sí miF&lt;mo no en el
cuadro, sino en la «expresión verbal del asunt~· '' P~ro, también, ¿para qué obligará un
pmcel a que trace palauras?
Í JUAN SÁNCHEZ AZCONA.

c:on toda_ su fue1:za y bruñe las aguas obscuras
con refle¡os lummosos, y la canoa, ancha y plana, avanz~ lentamente y lleva risas, cantos,
desbordar:rnento~ de alegría y de amor á la vida.
Las mu¡eres ciñen coronas floridas en torno de
sus crenchas de ébano, y Ja canción nacionals~empre triste y desgarr¡¡dora y amorosa corno
s~ el amor fuera un sufrimiento- alterna' en los
aires con el arrebatado ritmo del «jarabe&gt; que
rasguean las guitarras y que acompaña ~¡ nutrido taconeo de los bailadores sobre la madera
de ia canoa.
. Pero- siempre hay un pero en nuestras divers1ooes populares y ese pero es casi siempre el
pulque-no toda la excursión conserva ese carácter de inocente diversión; en cuanto el «blanco&gt;
y el &lt;curad~» enardecen la sangre de los pasean~s y se encie!1den_ las heredadas tendencias agresivas con la·mqu1etante vecindad de la hembra
no pocas veces Jas coronas de ama.poi as truécan~

se e!1 coronas de sangre, no pocas veces empieza
el d1~gn~to con filosas lenguas y aci..ba con filosos cucb1llos, no pocas veces se encierra el epílogo de esos paseos entre las seis tablas de un
a.ta?d Y. en_tre las cuatro paredes de una celda
)emtenciar1a.
Si no fuera por_ los peligros del pulque un
paseo ~ Santa Amta sería delicioso; y a.un 'con
l&lt;?s peligros ~i,l pulque, lo es desde el punto de
vista de lo prntoresco y genuinamente nacional
Y por eso sin duda alternan COIJstaotemente e~
las canoas los tranquilos turistas con la gente
de trueno.
. Dicenál?s viejos que los paseos de hoy no son
m un P hdo remedo-de los paseos de antailo
~odrá ser así, pero aún conservan grandes atrar:
tivdos,í Y las verbenas de Santa Anita tendriÍn
to av a muchos años de vida.
TURISTA.

��Domlngo 5 die Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

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EL MUNDO ILUSTRADO .

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Domingo 5 dia Abril de 1903

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EDIFICIOS ESCOLARES.

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E~ oc_tubre de 1902, la Secretaría d e Comumcac1ones y Obras P(1blicas determinó
c~mstruir tres edificios para Escuelas Primarias con capacidad para alojará 250 alumnos
en cada uno, y situados: el primero, en la ca,

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estaban pintados y cuyos pies estaban calzados
de perlas, y detrás de ella marchaba un hombre cuyo traje era de dos colores y cuyo.3 ojos
estnban cargados de deseos.
Y el Cristo se aproximó al hombre, le tocó
en el hombro y le dijo:
- Por qué Rigues á esa mujer y por qué la
miras MÍ?

\

un joven que estnba sentado al borde de los
fosos y que !loral&gt;&lt;J.. El Cristo se aproximó á
él y tocándole los rizos de sus cabellos, le
dijo:
-Amigo mío, por qué lloras?
El jo,·en lernntó los ojos, le reconoció y respondió:
-Yo había muerto .r tú me resucitaste.
Qué otra cosa puedo hacer de mi vida?
ÜSCAR WILm:.

SURSUM

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Cuando mi duro corazón ,·illaho
a l ver su pequefiez ¡ay! desespera
uel piado~o perdón, y nada ei-pera,
me acuerdo de Za4ueo el publicano.

~

~

~--~
~

,,..

.

Palla .Jesúe por Jericó, y en vano
el pequeño hombrecillo ver quisiera
la color de su Ycste tan siquiera ......
¡no alcanza!. . .... mas á un úr hol trepa ufano,

::1-F-~.t•r;.~-.,,- ..;

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Proyecto para el edificio de la plazuela del Carmen.

rnros flores de mimosas como gusanos velludos como trozos de redondos cepillos con los
cuales limpiaba el cañón de su escopeta diminuta. Leal jadeaba escudriñando los agujeros
de las peñas vestidas de timpánulas.
La mañana era rosada y fresca como los
brazos -recién lavados de una mozuela. En la
selva había una solemna majestad, acrecentada por confidenciaR de frondas y trinos incompletos de pájaros. Las nubes de moscos flotaban en el a ire como tules vaporosos, y dulcemente movían sus plumas verdes las palmas
que crecen en las partes húmedas de las montafins. Súbitamente atravesó un cuervo crascitantlo y se detuvo en un ocote viejo y erizado.
Nuestro morral de malla albergaba algunas
a ves; ni una pieza grande.
Pedrín soplaba su balitadera teuazmente, y
á ratos callaba creyendo oír los gañidos de las
ciervas. ¡Nada!
Del barranco profundísimo subía un aliento
perfumado y frío. Nos sentamoR. Pedrín reuni ó hojarasca, hizo lumbre y colgaba pajarracos que plácidamente embroquetaba. Mientras
se asaban se pusoájugarcon Leal, que, escandecido, ladraba no pudiendo atrapar el pan que
le ofrecían y retiraban.
Mi espíritu giraba en el hilo de un sueño,
como una pajilla en la h t-bra de una araña.
Nos eacudi6 el ruido de una rama que al
quebrarse imitó el bramar de un ciervo.
Leal de pronto puso las manos en Ped rín,
que, descuidado, hizo un movimiento tan brusco para esconder el pan, que resbaló en las
hojas de ocote y rápido descendió al fondo, como atraído por una mano im·isible y fortísima.
Leal corrió tras él,. y cuando á ellos llegué, el
crascitar de un cuervo que pasaba muy bajo
me bañó en escalofrío.
Pedrín, con los ojos agonizantes y apoyado
en el brazo izquierdo, ¡quién sabe qué de inmensamente cariñoso y doloroso decía á su
perro, que lúgubremente aullaba, mientras el
fulgor de sus ojos se apagaba lentamente; y,
haciendo un supremo esfuerzo, alz6 su brazo
y le tendió su pan!
'
11Ob, nunca, nunca he llorado corno entonces!!

6

ALMAS INFANTILES.
¡Oh! qué ene,'l nto, qué dulzura, qué inefable
atractivo tienen para mí los campos cuando la
vida errumpe por doquiera!
Las copas florecidas de los manzanos y almendros como chi nescas mantillas que sobre
escuetas ramazones orearan los céfiros; el ocaso como estadio trai- juegos circences; loa ra- yos del sol que, al hundirse tras la calva serranía, clavan sus venablos en las nubes~con •
creciones en la concha enormP. de los cielos,
todo todo esto infiltra rn juventud en mi ser,
y su' soplo saludable pone temblores en el lago adormilado de mi espíritu!
Desde el herrumbroi:o halcón de esta vieja
hacienda hospitalaria, miro barcinar la paja;
las eras donde acriban el trigo que va formando montones &lt;le inquietos gusanillos de 010;
los bueyes acoyundados, con loR ojos ho~dadosos bendiciendo la llanura; las gallinas
aclocadas rascando hoyahcos, rodeadas de
polluelos que por pequeñines aún llevan sus
felpudos abrigos invernales; el pozo con su
glauco terciopelo de m ui:go, donde charlan !as
.:ampesinas &lt;le ojos negros, cuellos kertes q_ue
ensangrientan menudas sartas de corales y pies
morenos de uñas lustroi-as, como empapadas
en rocío· el monte negro que en neblina envuelto p~rece humear, y el loco salpique ,de
casas de tejavanes obscuros! entre largo~ or~nos que S'3 yerguen cual gigantescas espmas
vertebrales.
En el lago que custodian esparrancados tepozanes cuyas bojns nievan céspedes, como
un cruel desplume d e palomae hecho por azore.'!, paso las horat! contemplando los reflejos
de frondajes en el agua, en cuyo _fondo fingen
vegetaciones raras, y los de poi ,cromos ce!ajes semejantes los blancos{\ témpanos de hielo que se mueven, y los negros á reptiles qu e
silenciosamente nadan.
.
Aquí las r;nu)a¡,, acollaradas aún, al medio
día descansan breve rato, y el sol, que rompe
frondas, riega en sus lomos las áureas onzas
de su escarcela.
Pedr(n me acompafiaba siempre. No puedo
olvidarlo; llevo su imagen en el alma como
una cicatriz.
En las maflanas agrisadas aún, cuand o las
nieblas, arrastrándose, iban dejand_o en las
ramas sus diamantes, llamaba á m1 puerta.

Era pequeñín, aduendac.lo, con ojos vagos
que recorda ban quizás un suefio, cejas negras
y curva~, como las plumas caudales. de una
golondrinn. No tenía padres. La hacienda lo
acrianzó noblemente, y él tenía por ella una
gratitud triste y enorme como una nube preñada de liígrimai-.
Aun cuando el cielo achubascado le mostrara su amenaza, él bnjaba á adestrarse en
las ordeñas y en los trabajos de uncir yuntas
y ~uarnecer caballo!'.
Su único amor era Leal, perrnzo de color
de lumbre, &lt;le párpados cacarañados y de pupilas amarillas como las al mendras de los
huesos de durnzno, hocico dentado fieramente y con ribetes de hule nt-g ro.
'Dormía al pie &lt;le la &lt;'nma de Pedrín, comía
con él, jamfis Reparábanse y juntos correteaban en los carrilPR arenoso~, buscaban sombra
bajo los ngavan7.0S en flor, y se internaban entre los bejucos de agraceñas zarzamoras,{1 riesgo de em puyarse.
De sus correrías volvían, el perro acezando
y el muchacho con los znpatos desueladmi y
su eterna melancolía en las pupilas. Cuando
por un m omento desparecía Leal, sus ojos
ernn, no como pÁjaros que entre rejas buscan
salida, sino como pájaros que libres no encuentrnn donde posarse.
¿Qué platicaba el mocozuelo al perro aquel
en los ratos que se acostaban en las quebrajas
del terreno? ¿Qué panteísmo inconsciente hacia salir en frasei, el infortunio de aquella
alma?
El quería los besos de amor y las caricias
que son bendicione~. y encontrHba besos y caricias compasivas. Se vió solo y clavó su afecto en su perro como un pufial en un árbol,
que al ensanchar su tronco más le oprime.
Labró la miel virgen de su cariño en él, como
las abejas en las gavillas resecas.
¡Oh, las bellotas que pudieron ser encinas
y abonaron la esterilid ad de los cascajos ardid os por el e.oll ¡Oh niños buenos, ávidos de
caricias, sin regazo ni amor, moríos! ¡Sois las
nébulas errantes que g uardan los llantos de la
vida!
l\li última excu ri:ión al bosque fu é en agosto.
Pedrín, endechador y alegre, marchaba ágilmente con su cantimplora d e agua acidulada
con naranjas que él mismo dei,jugó¡ brillaba
al ahdar su pantalón bombacho de al paca, y
pringaban su sombrero, á guisa de adornos

ABEL C. SALAZAR.

lle del Ciprés; el segundo en la de Necatitlán,
y el tercero en la Plazuela d el Carmen.
Para elegir los proye&lt;'tos que d ebieran ejecutarse, dicha Secretaría invitó á en trar en
concurso á cuatro arquitectos, que aceptaron
a invitación, presentando el 1&lt;? de enero del
-0 rriente año los dibujos y presupuestos coreR poncl ien tes.

El hombre, rnlviéndose, le reconoció y respondió:
-Yo era eiego; tú me curaste. Qué otra cosa he d e hacer de mi vii-ta?
Y el Cristo se n.proximó 11 In. mujer:
-Este camino que sigues, le dijo, es el camino del pe&lt;'ado. l'or qué seguirlo?
Ln mujer J,, rt-1·onn1•ií, .,· lr rlijn riPndo:

y mientras ,·e á Je¡:ús co11 la mira.di.
con que la miga tierna ve el mendigo,
alza el Señor hacia él su faz amada
y así le dice &lt;'on la voz d e amigo:
-«Baja presto, y camina á tu morada,
que hoy en tu mesa comeré contigo!»
MAR1A ENRIQUETA.

LOS TROFEOS.
]Gn el ancho salón, yerto y desnudo
que de oro y de marfil cubrió un infante,
sobre el muro vetusto y vacilante,
en trofeo gentil ~e alza el escudo.
Aun se agita del noble linajudo
so el e~paldar el tor:eo palpitante
y aun protege la mano el férreo guante
del fiero jw,tn&lt;lor, osado y rudo.
¡ Decade11cia fatal que el alma hiela!
¿Quién tocar oi-ar:'1 las férreas mazas?
¿.Quién esgrimir la espada con RU mano?
Recordar solamente nos consuela
que hun&lt;li6se el ideal de a&lt;] uellas razas
s61o a l gemir del pensamiento humano.
AN'l'ONIO ZOZAYA.

Proyecto para el edificio de la calle de Necatltlán.

Heunido el Jurado calificador, compuesto
&lt;le los Refiores arquitectos Antonio Rivas Mercado, José Ramón &lt;le Ibarroln., Guillermo d e
Heredin, Ingeniero I sidro Díaz Lombardo y
Dr. Luis E. Ruiz, dieron RU aprobación, mt!dia:1te algunas ligeras modificacio1,es, ú los
tres proyectos que presentó el Sr. Arquitecto
Enrique Fernández Castelló, los cuales damos
íí conocer hoy {1 11uestros lectores.

-El camino que i-i~o es agradable y tú me
has perdonarlo todos mis ¡,ecados.
~ntonces el Cristo sintió su comzón lleno
de tristeza y quiso abandonar aquella ci udad.
Pero cuando Pnlín ele &lt;'lla, viú, po r fi n, á

Para establecer la unic.lad de opinión, es
preciso establecer de antemano la certidumbre, asegurari,e perfectn1uente de que los cuadros que pi ntn el espíritu sean idénticos á sus
modelos y que reflejen los objeto~ &lt;'orrectamente y s g(111 i-011.
0

.
.
ta vuelta de lesús nazaret.
á

Cuando J esás quiso volverá Nazareth, Nazareth estaba tan cambiada que no In reconoció. La Nazareth donde él hubía vivido estaba llena de lamentaciones y d e lágrimM, y
aquella ciudad que ahora veía, llena e3taba
de gritos, de risas y de cantos. Y el Cristo, al
entrará la ciudad, vió unos esclavos cargados
de flores, que iban diligentes hacia la escalera de mármol de una casa de mármol blanco.
El Cristo entró á la casa .V en el fondo de una
sala de jaspe, acostado sobre un lecho de púrpura vió á un hombre entre cuyos cabelloR
desh~chos había mezcladas rosas rojas y cu!OS labios estaban rojos de vino. El Cristo se
aproximó á él, le twó en el hombro y le dijo:
-Por qué llevas esta vida'l
m hombre volvió el rostro, le reconoció y
respondi6:
- Yo era leproso; tú me curaste. Por qué
he de llevar otra vida?
Salió el Cri~to d e aquella casa y en la calle
vió á una mujer cuyo rostro y cuyos ve.o;tidos

Proyecto de edificio escolar para la calle del Ciprh.

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Domingo 5 d,~ Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

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..

•
euadro dt la vida araucana.
AS cordilleras iban tornándose suavemente azules bajo el crepúsculo muriente. Sus cimas. á trechos veladas
[
de bruma, huían hacia el cielo, agu&lt;la'S y erectas algunas, otras redondas
y graciosas, semejando guirnaldas de rosas
blancas.
A lo lejos, el azur se impregnaba de ligera
sombra. Al pie de las yertientes, cuyos pliegues monstrnof'os aparecían erizados de follaje poderoso y silvestre, extendíase el campamento de! cacique Sakamata.
El silencio gravitaha sobre la llanura, y los
indios, en el umbral de sus toldos, esperaban
con cierta extraña superstición mezclada de
éxtaRis la veni&lt;la de la noche.
Las tiendas estaban diseminadas en la pradei·a envueltas en aromas sutiles y violentos.
Más a llá la pampa tomaba matices violáceos
y su inmovilidad hacía pensar en la calma infinita·&lt;le un lago.
Al oriente se erguía la tienda de Sakamata.
Era la más rica y la más amplia. El cacique
se hallaba . sentado dentro de ella, grave y
melancólicf inclinaba la frente levantada y
ancha y sus ojos parecían Pxplorar su propia
alma, tan profundos y fijos estaban.
Muy cerqa corría el arroyo de Tomen-W11011,
&lt;lesgrana.ndo sus aguas á Jo largo de las sinuo·sas orillar;, á compás del canto in&lt;lolente de la.
onda capriJhoi,a. Arriba, las a las &lt;le un cóndor remaba;n lentamente por el tranquilo espacio.
Un largoirelincho atravesó de pronto la soledad: era un "guanaco" que corría a l viento
&lt;le la tarde.
El cacique exhaló un sordo gemido; hizo un
geste\ y recayó en su inmovilidad.
¿Qué amargos pensamientos llenaban su espíritu?
Antes lrn.bía sido hernico y temible; infinifo¡:: trofeo~ habían exornado sus años juveniles y robustos; guerre1os de nombre se habían
arrodillado~ ia:u paso; en el fondo de la imaginacióR de las muchedumbres había quedado impresa su fisonomía, como una medalla
inmortal y $1oriosa. Había vencido pueblos y
razas; habí~ pillado, saqueado, matado. incendiado ciq11po::;, aldeas, regiones enteras; había pasáclo, !como un lampo infernal, por sobre las fértiles llanuras, á lo largo de los ríos
lujuriosos de caudales, {t- lo largo de las montañas y por el dorso de sus pendientes.
Sakamata! Los índicos poemas lo celebra-

ban. Sakamata! Su nombre rimaba canciones
guerreras.
ias mujeres más bellas habían sido sus amores, y á menudo, en la alta noche, habían rondado su tienda.
¿Deploraba Sakam·ata la ausencia de aquellos tiempos de epopeya y de amor, en los que
la gracia y e! esplendor &lt;le las cabelleras de las
indígenas beldades se habían confundid.o con
los rápidos fulgores ele los más sangrientos
combates? Cuán triste debía parecerle la vejez, desolada y triste después de tanta gloria!
Levantó la cabeza.
Rouna, su caríi-ima hija, la más pura de las
vírgenes, estaba delante de él. V~stía una tela ligera y blanca, que portaba a la manera
de las vestales. Era bella h~sta el misterio; tenía chispeantes espejo¡;; en sus ojos, y cuando
destrenzaba con ¡;;us dedos finos y ágiles su
cabellera de cambiantes reflejos, pasaban por
los ai:-es estremecimientos brillantes y radiaciones de oro. No era el levante tan espléndido como los cahellos de Rouna. Cada mañana
los enjugaba ú la orilla del arroyo; y la onda
amorosa y acaricindora reflej~ba aquella maravilla, á la cual hacían corteJo todas las gracins del cielo matutino.
Todo su cuerpo era grácil y 'terso, .tal un tallo de Ji~; y su alma era tan límpida cómo las
fuentes de las Cordillerns.
La tribu la adoraba como á una qiosa.
Rouna miraba al anciano con sus ojos perlados de estrellas.
-Padre, se dice que Djamké estará de vuelta antes del crepúsculo.
-Djaneké! Djaneké! murmuró suavemente
el cacique.
..:...Los araucanos alaban sus proezas que,
gritan, atravesarán los si~~os futuros.
,
El anciano se estremec10 y no contesto.
-¿.Qué dices, Padre? ;.Por qué estás triste?
-Invoco, oh Rouna, hij1t querida, la Divinidad de la tarde!
Rouna se alejó un poco. Se dirigió hacia un
arbusto que abría espléndidas flores, y todos
sus cálices parecieron tributarles su perfume á
los encantos de la india.
Los contemplaba fijamente; luego les habló:
-Flores amadas, frágiles flores en las cua.
les he depositado mis ensueños de amor, pronto el amado estará entre nosotros. Le diréis,
corolas llenas de las delicias de mi corazón,
que noche y día he cantado cerca de vosotras
su nombre: Djaneké! Djaneké!

ríos se han enrojecido con la ¡::angre de la tribu indómita....... Todo lo he hecho por amor
á Rouna. Por ella, domaría y exterminaría á
~odos los pu¡blos. ¿Soy ahora digno de tu hiJª, oh Sakamata?
El cacique permaneció silencioso. Todos esperaban las palabras del anciano. Rouna se
adelantó suplicante.
-Respóndeme, oh Sakamata. .
-Responde, padre querido.
El cacique, adusto, dijo por fin:
-Djaneké, eres valeroso. Amo tus hazañas.
Sin duda otros fueron más célebres. Recibe mi
abrazo.
Y aquellos dos hombres se estrecharon solemnemPnte.
Los indios lanzaron exclam11ciones de alegría.
. -Rouna, continuó el cacique, honra mi veJez. "La quiero por mi esposa," me has dicho; pero ¿,hallará ella la dicha bajo tu tienda? Los labios de mi hija y su corazón merecen más dura prueba ........ .
-Para conquiotllr á tu hija, oh Sakamata,
iré por el mundo destruyendo todo á mi paso;
si Jo' exiges, te traeré las hnzas de todos los
jefes de las tribus vecinas. Ordénalo, oh jefe
venerado.
-Toma á -Rouna sobre tus espaldas, Djaneké, antes de que el sol se levante; y, en un
solo aliento, trepa con ella á la cima de las
Cordilleras. Si realizas esta hazaña, Rouna será tuya.
-Acepto ........ .
Y ni una emoción turbó la faz de Djaneké.

***
Y como para responder á la tierna virgen
de pronto, á lo lejos, resonaron gritos de en~
tusiasmo:
-Djanekél Djaneké!
Aquel tumulto de fiesta cre:::ía. Era un prodigioso clamor. Las tiendas se agitaron.
Rouna había palidecido de gozo. Corrió hacia el cacique.
-Padre, padre, helo aquí!
El anciano no se movió. Pasó un inc;tante ·
el ruido se acentuaba; ya se oía distintament¿
el galopi, de los caballos.
El cacique se levantó y salió con una lanza
sobre la cual se apoyó. Aquella arma eetaba
colorada con manchas de sangre: era la lanza
de sus victorias.
-Yo también, exclamó muy bajo, fuí aclamado por las turbas delirantes; yo también
he vuelto cuoierto de heridas victoriosas. Y
ahora .. ....
''Djaneké con su gloria eclipsa la mía..... .
Los pueblos son ingratos!
"Ni una voz que cante mi nombre!
''Sakamata es el sol que se hunde. Djaneké es la resplandeciente aurora que se levanta."
Y un vahído nubló sus ojos.
. Apareció un jinete.. Rouna F&lt;e abrazaba palpitante al arbusto hacia el cual había vuelto.
El cacique temblaba ligeramente.
Djmeké echó pie á tierra. Era grande; mm,cuhJ.&lt;!lo como un tigre; iaal vaje y hello. Porta~ª un -ancho. cinturón de cuero; plumas de
nandú se a¡ntaban en una especie de casco
que le ceñía la frente corno una diadema.
Vió á Rou11a. Un instante se contemplaron.
¿Se be¡::aron ~us almas?
-Te saluclo, divinidad de mi corazón la
dijo. Recibe en eterna oblación mi amor y' mi
culto.
Ella ref'pondió:
-Te esperaba. Mi alma estaba desolada i;in
tus.miradas. Estas flores te repetirán mi plegana de amor.
Djaneké se volvió hacia el cacique:
-Oye, oh veneradísimo jefe. Tu hija Rouna acaba de pronunciar los votos de mi corazón .. De ~a prue~a que me impusi~te he salido v1ctor10so, mas allá de toda esperanza. He
destruí&lt;lo la tribu &lt;le los Mapuches· todos han
su.cumbido, mujeres, niños, todos; ~us bestias
m.1smas ya .no existen. El aliento ele n~is guerreros ha d1sperl"ado hasta las cenizas de sus
can;pamentos. No queda nada de ellos. Los

Los tenues vapores del alba no se habían
desvanecido aún, cuando los indios, adornados con .sus más bellos "wuaralkas" esperaban en silencio y angustiados al pie de las
Cordilleras.
Aparecieron Djaneké y Rouna; sonreían melancólicamente. Una voz se levantó co.1tra el
cacique; el joven héroe hizo callar con una mirada al imprudente.
De todas partes gritaban:
Sé fuerte, Djaneké! Sé fuerte!
El ·cacique, que esperaba impasible ante la
multitud, al verá los dos j6venes exclamó:
. -Apresuraos! Va á salir el sol.
Luego, los abrazó.
Djaneké se volvió hacia los indios, hacia la
pampa, hacia el horizonte. ¿Temía?
De pronto, tomó á Rouna, la levantó, la colocó sobre sus espa.ldas reteniendo con sus
brazos nervudos el cuerpo de la muy amada,
y emprendió la marcha hacia las Cordilleras,
hacia el calvario!
Hubo un movimiento entre los indios, como un vaivén de oleaje.
Y nuevas voces se oyeron:
-Djaneké! Djaneké!
Después, reinó el silencio .. ...... .
Djaneké y Rouna, como soldados el uno á
la otra, habían desaparecido detrás de una roca gigantesca semeja1,te á una silueta de ictiosauro. Se les cli\'isó entre los árboles inmó\'iles por entre los cuales marchaba ya fatigado
el ~anceho. El sol, entre tanto, incPndiaba
las vertientes y las cimas. La tri bu estaba deslumbrada: los indios, trémulos de agonía y de
ansiedad, de admiración y de temor, veían la
pareja que parecía ascenderá un nuevo cielo
de amor.
Djaneké subía.
Sus fuerzas parecían centuplicadas. ¿Su
carga no era acaso una delicia, toda su vida?
Una grandiosa esperanza le sostenía.
Y dijo en alta voz:
-Rouna, te llevaría así hasta las nubes. No
temas. Tu amante ha vencido tribus y tribus

1
'----./·- L.

de los más temibles guerreros: también venceré la montaña.
·
-Descan!'a, Djaneké, no oigas .á ~i padre.
Huyamos. Viviremos juntos, sohtanos y en
una paz infinita. Temo que sucumbas.
-No pronuncies tales palabras, Rouna. Yo
no puedo ser perjuro. He jurado trepar las
Cordilleras.
Volvió á callar.
De la pampa subía un ruido débil, débil.
Diríase el murmullo de un arroyo.
La montaña se hacía áspera y negra. Cavernas por toda¡:: partes. A la derech1;l- mu~·allas de granito. Djaneké se iha hacia la izquierda. Cerca negreaba un precipicio. Retrocedía, volvía á intentar el paso, tomaba un
sendero de bestias.
Hubo un momento en que sinti6 flaquear
las piernas. Le palpitaba fuertemente el corazón. Sin embargo, á Rouna que le interrogaba ansiosa, contestaba:
-Mis fuerzas no me abandonan; pronto habrá concluído la prueba.
Ya no se oía nada de la pampa. H:1.bría
querido volverae á ver; debía estar muy alto.
No osó, empero, levantar los ojos hacia las
cumhres.
Subía, subía sin cesar C()n una energía brutal.
La garganta se le estrechaba. Oh! la sed!
nueva tortura! ·
Ahora reinaba la absoluta rnledad: el sol
estaba, sin embargo, en todo su esplendor y
el desdichado Djaneké no veía sino la noche.
Sus dedos se crispahan en el cuerpo de Rouna. La sed le torturaba.
De pronto vaciló ...... iba á caer.
Un deseo iumenso de tenderse con su carga se apoderó de él.. ..... Se detuvo....... pero
una voz severa le gritó: perjuro! perjuro!
Y continuó su mortal ascensión.
Ya se arrastraba; la cima estaba _próxima:
empero ¿llegaría á ella? Las sienes le palpitaban. Ante sus ojos, mariposas rojas revolaban
entre llamas ardientes, ya erectas, ya esparcidas en círculos infinitos. Sus pies, sus rodillas sangraban. Un copo de espuma salía -de
su boca .
¿Qué garras registraban su pecho? Ah!. .....
sus dedos, ó más bien, sus garras le buscaban
el corazón? Las sentía rasgándole el seno, las
fibras ...... Quiso llamar ...... Rouna! Rounal
Ella, horriblemente p(tlida, había comprendido que su amante Sb moría. Y pensó: "moriré también; nos unirá la muerte." Bruscamente, Djaneké sintió que se aproximaba su
fin.
Cayó y permaneció con. la frente contra la
tierra.

Domingo 5 clla Abrtl c1e 1903

Sin embargo, allí cerca resplandecía de 11ieve la cima!
Rouna tomó la cabeza del Amado. La volvió á abandonar inerte. Sus ojos permanecían
inmensamente abiertos y tenían una dulzura
infinita ........ .
Djaneké no existía ya!
Rouna exhaló un grito espantoso.
Ahora la india, apretados los labios contra la bo~a helada de Djaneké, respiraba en
ella la muerte.
Y sonreía con una bella serenidad.
La muerte era la unión suprema, indisoluble, en un más allá de amor infinito.

***

Y vino la muerte, y la joven india, la dulce virgen, Rouna, la más bella y la más pura
de las desposadas, inclinó sn cabeza doblt gada por un peso mortal y la dejó caer sobre el
cuerpo de Djaneké, el más noble y el más heroico de los amantes.
Entonces, al pie de las Cordill?ras los indios oyeron súbitamttJte que en la montañ'l.
resonaba como una lamentación sobrehumana, que se prolongaba lúgubre por el espacio.
Y comprendieron por un misterioso presentimiento, que allá arriba Djaneké y Rouna
habían muerto; y, como la montaña, también
lloraron, mucho tiempo ...... mucho tiempo.
HENRY DE LA V A ULX.

1

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 5- die! Al}ri!1 de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

.1

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA ~OR ESTER DE SUZE.

ILUSTRACIONES DE SIMONT.

------

TRADUCCION Dt "tL "1UNDO ILUSTRADO."
(CONTINÚA.)

XXXII
A I Como lo había dicho el inspector, quedaba en•pie la pre1 señor Raibert y con ella el escándalo en el pueblo. ·El día
s~nc~
sigment ee al de mi visita'
..al inspector, y que fué domingo, se convirt'10, ara mí en un martirio atroz.
pL
hachas hablaban en secreto al verme pasar cerca de ellas,
n la f~e~~cinclinada, rumbo á la iglesia. Silvio me detuvo.en el
co
.
camino,
para deci·rme que, «á pesar de todo» se casaría conmigo y

.1

J

aceptaría todo, aun el. nifio, en caso de que viniera. Una ~esgraci~da
muchacha, seducida, conocidísima en el pueblo, se atrevió á v~nir á
mi lado, al salir de misa, mirándome con confianza, y me hablo. Su
actitud parecía decir á las demás: «No estoy sola ya. Insul!,adnos
juntas, si queréis, á la-institutriz y á mí. ... , . .Ya no soy la úmca..... &gt;,
- Jesús, al subir el calvario, no pasó, seguramente, por tormento
más terrible.
.
Y o había querido asistir al oficio divino, -para tratar de dar un
mentís á la opinión, para mostrar á todos mi frente pura........ • ¡Ay!

Domingo 5 die Abrlil de 1903

¡La pureza no ha de transparentarse. .... .. para todos estaba yo man-Pero la pobreza, María Teresa, los vestidos que se gastan, las
chada ya!
deudas que se amontonan, las tardes de fiebre, en que se desear~ moMe parecía increíble. Caminaba primero lentamente, entre los
rir, ó marcharse muy lejos, ó intentar otros mediol:', que son pesadillas.
grupos, dirigiendo á todas partes míradas de súplica, buscando en
¡Yo he conocido eso! He conocido ese mal, y por esto me casé con
vano algt,na mirada amiga: todos me volvían la espalda .
una mujer que ahora está sin vida, y qúe-nunca fué nada para mí.
Lo peor era que la muchacha aé que he hablado, no se apartaba
Se exaltaba. Y yo, que me había desprendido de sus. manos, pade mí, y yo no me atrevía á despedirla, y su pres"er1cia y su tenacira
huir,
quedaba ahora clavada en el suelo, tan conmovida, que oldad en perseguirme, eran como una mancha infamante que me señavidaba lo vergonzoso de sus proposiciones.
laba á los ojos de quienes no hubiesen aún tenido noticias de lo acon-He aguardado pacientemente durante diez años. He perdido
tecido ..... . Y seguía caminando, saludando á las conocidas á quienes
casi mi vida, por este momento, en que el oro de esa mujer me va á
encontraba:
pertenecer por fin ... -.. Y quisiera usted que renunciara á él? Ah! Por
-Señora Arna ud ...... Señora Catherine ...... Querida Rosalía... .
usted daría un mundo! Porque jamás he conocido el amor....... El
Tímidamente ensayaba tender los brazos, como para suplicar
amor de un espíritu virgen y que me ama!. ...... . usted, María Tereque me escuchasen aquellas gentes, que se acercaran á mí... . . . Las
sa ...... ! Ah!
madres oprimían á sus hijas como para resguardarlas. Los hombres
reían ruidosamente. L.as muchachas cuchicheaban y sonreían con
Oprimía mis manos contra su pecho,como para ocultarme la tamalignidad. El cura, al ealir de la iglesia, me divisó y pasó rápidara de ese corazón de hombre que no había conocido nunca el amor,
mente de la puerta del templo á la de su habitación.
y sus cabellos grises me parecían más blancos.......... Luego me dijo
bruscamente:
Aquello era demasiado. Ya ni siquiera me cuidé de contener mis
sollozos. Eché á correr y los sollozos estallaron, desgarradores. La
-Pero pobre, qué hará usted de mí.
pobre muchacha que me seguía se detuvo, dominada sin duda,
Y de nuevo nos envolvió la sombra de esa pobreza tan temida
también ella, por la gran compasión que debió haberse apoderado de
que él había invocado antes .. ... .
todos, y que yo advertí en el silencio que se produjo cuando me ale-Mientras que siendo ricol-añadió abriendo los brazos, en un
jaba..... Después, no me di cuenta de nada..... . Seguí corriendo. En
ademán amplio como si quisiera abarcar el mundo. -Siendo rico,
mitad del camino, se me presentó Phrasia, sudorosa, corriendo en
María Teresa, la llevaré á usted lejos, la cubriré de flores y de ensuedirección al pueblo. La mujer no reparó en el estado en que me enños. Venga usted! No quería decirle esto sino más tarde, poco á pocontraba, y solamente me gritó al pasar:
co, para no turbarla ...... Pero hoy su actitud me ha arrancado mi se-Voy en busca del señor cura ..... La señora ha muerto.
creto. Recójale usted. No vacile, Le ofrezco una vida de amor, y
¿Muerta la ¡¡eñora Raibert? ¡Oh! ¡Entonces, entonces!
esto no es posible sin un poco de oro...... Déjeme ese oro y acepte!
Y sin reflexionar otra cosa, con el pecho aliviado por un rayo
Se había arrodillado y se arrastraba, ele rodillas para seguirme,
de esperanza, tomé el camino que conducía á la casa del alcalde. La
porque yo retrocedía poco á poco. Retrocedía, trastornada, casi venreja estaba abierta: penetré. Penetré también á las habitaciones que
cida, enmudecida por una sorpresa inefable: él me amaba!
apenas conocía. Me fuí directamente al gabinete del señor Raibert.
Ah! ¿Por qué no le amé. á él ni á nadie, hasta el punto de que
El alcalde estaba allí, sentado ante su bufete, meditabundo. Me
mi amo~ ahogara la voz de mi conciencia? Por qué no t ransigía, tedirigí á él. Mis ojos brillaban de alegría, de esperan za: todo un honaz, vahen te? ¿El oro? ¿El amor? ¿Una vida de reposo y de ensueño?
nor reconquistado.... y al mismo tiempo de horror: la muerte estaba
allí, á dos pasos... .
¿Qué era esto si no había de poder estar ya orgullosa de mí misma
al menos á mis propios ojos.:.... Ah! sentía ese sufrimieni;o de no po~
-Pedro-dije con voz ahogada.-Es Dios quien ha querido la
der ser altiva á los ojos de los demás. Y murmuré mi última súplimuerte de esa pobre mujer; Dios, que sabe mi inocen cia y mi desesca, desesperada:
peración. ¡Porque estoy deshonrada! Si la esposa de usted no hubiese muerto, regresaría yo á mi casa hoy, á escribir al inspector que mi
-No, no! Nada tengo qué reflexionar.. ... . ... Es inútil? Pero usted, por última vez ...... Oh! Es vergonzoso insistir...... Pero sufro
situación no era sostenible aquí y que me marchaba ........ ¡Y habría
t~nto ...... En el pueblo ya nadie quiere mirarme, todos me desprepartido, créame usted, al acaso, falta de todo, á morir muy pronto!
Quería decir: soy yo, tan joven y tan bella, y á quien usted ha
cian. Las muchachas se reían de mí esta mañana....... Cásese usted
conmigo, Pedro! Le ofrezco una vida de sacrificio, de abnegación.
dicho amar tanto, y á quien sólo el amor, el nombre que va usted á
ofrecerme, pueden salvar de la muerto y de la deshonra.
Nos serán dulces los días, aun sin lujo ...... Casémonos Pedro!
-Yo, Pedro .....
Movió la cabeza repetidas veces: no, no, no! Y c~mo á fuerza
Me ofrecía, conmovedora, con el pecho palpitante de tantas emode retroceder yo y él de seguirme, nos encontramos ante ~na puerta
ciones y de tantos dolores.
·
e11treabierta, vi de pronto que los ojos de ..Pedro se llenaban de sombra, y comprendí.
El alcalde retiró un poco su silla, luego se levantó, se retiró más
aún, densamente pálido, y murmuró:
Se secaron mis lágrimas, y se apoderó de mí una exasperación
increíble.
,,
-Vuelva usted en sí. Hay aquí una 'llUerta: es mi mujer; esto
no es conveniente... Vea us~ed, María Teresa.. . Veremos, más tarde,
-Ah! El vivo no quería escucharme, y allí estaba la m:.crta.
si es posible.:.... Sí;tengo que hablar á usted, á propósito de lo que
:f'.~es bien! sería á la muerta á quie?- iría yo á.. decir mi des.esp.eradice; pero será después, después ..... .
c1on: esta muerta, ClJya mano de hierro, aun más allá de la tumba
-¿Qué no sería posible? ¿Nuestro matrimonio?
estorbaba
á mi vida. Abrí la puerta. Tendidá en su lecho estaba 1~
Bajó la cabeza, y me vinieron á la memoria las palabras del
muerta, vestida de seda negra. Las ventan.as estaban cerradas .
cura.
El Sr. Raibert se había puesto en pie, trastornado, tendiendo
- ¡Oh! ¡No es verdad! ¡No es verdad! -exclarné, como cuando
los brazos.
me lo dijo el cura.-¡Pedro, será por la herencia por lo que me aban- Ahí vienen; María Teresa, se lo ruego, salga usted!
donará usted! ¡Ante Dios, soy la mujer de usted.... usted me ha heVenían, en efecto. Reconocí la voz del cura la de Phrasia y la
cho que le ame, Pedro!
de otras mujeres.
'
•
Muero de vergüenza hoy, al pensar que hice lo que voy á referir ;
-1\Iaría
Teresa!
articuló
Raibert
con
desesperaéi6n.
pero es preciso que mi relato se ajuste á la verdad. Me había arrodi-No!-grité, enloquecida por completo, en momentos en que la
llado, y tendía hacia ese hombre las manos juntas ... Yo, inocente y
gente desembocaba del corredor y se detenía estupefacta al verme. -pura, le rogaba....
•
No! no saldré de aquí. Preguntaré á la müerta, con qué derecho si
-¡Trabajaré para usted, Pedro! Entre mis horas de clase enconsabía que usted es cobarde, le legó en su testamento.
traré manera de que nada nos falte. ¿Dónde quiere usted que vaya?
Llegué hasta el cuerpo, me incliné á ver el rostro flaco de la
¿Qué quiere usted que sea de mí, si no se casa coumigo?
campesina muerta, con las narices fruncidas y la boca estirada· como
Alzó los hombros, y luego, cuando me acerqué á él y le abracé
en una mueca de supremo desafío.
'
las rodillas, me rechazó, diciendo:
-¿Con
qué
derecho,
señora,
con
qué
derecho?
-Es demasiado, es una locura, en este instante, cuando van á
Repetía, locamente, esa palabra. Y al inclinarme mis cabellos
venir las gentes.
sostenidos p~r só~o una horquilla, acabaron de despre~derse y cay~~
Caí por tierra. Me crey6 desvanecida, tuvo miedo de verme sin
ron, como ~m latigazo, sobre el rostro de la muerta. Entonces retrosentido, en el momento en que iban á venir gentes, y se dulcificó, se
cedí horrorizada y los presentes se indignaron.
inclinó hacia mí, trató de poner en orden mis cabellos. Mis ojos
-Salga usted, hija mía!-me dijo el cura tomándome del
abiertos lo tranquilizaron.
brazo.
'
- Cálmese usted-murmuró,-levántese usted. Sí; yo la amo;
-Salga! Salga!-dijeron los demás.
pero ¿acaso se puede hablar de amor en este momento?
Todos me miraban indignados.
-Pedro-murmuré,--no le hablo de amor; le hablo de honra.
Se hubiera dicho que mi aliento le embriagaba; me oprimió conAlgunas mujeres me amenazaban con el puño. Un hombre caítra su pecho al ayudarme á ponerme en pie.
do al mar, no queda envuelto por tamañas ondas de amargura como
-Sí-me suspiró, anhelante;-yo sé que usted no me ama. Si
yo en esos momentos. Vacilante, miré á todos, y luego á Raibert,
me amara, no pensaría en otra cosa que en dejarme de amar. Osted
que permanecía callado, en el fondo de la estancia con los brazos
cruzados.
'
lo ha dicho: la herencia me encadena. ¡Pues bien! Yo haré á usted
más feliz sin el matrimonio. Abandonará su empleo; yo la cubriré
Y comprendí que estaba perdida, que ese hombre no me haría
de oro....
su esp~sa nunca, que la muerta no me respondería, que el cura, que
Prosiguió medio loco, como había estádolo en cierta ocasión, en
las mu¡er~s, &lt;!ue todas esas gept{ls no ¡:ne creían inocente ni me perla colina.
donarían ¡amas.
'
-¡Sí; la amo, la amo!. .. ¡Más d e lo que usted puede comprender, oh niña, cuya(miradas me enloquecen!
Y su voz enronquecía más y más, á cada palabra, á cada sUaba,

I

(

�·Seguras y eficaces son las Pild&lt;&gt;ras del Dr. Ayer, Seguras, porque están exentas de minerales. Eficaces,
porque obran ayudando á la naturaleza.
El estreñimiento causa biliosidad, jaqueca, mal gusto
en la boca, lengua saburrosa, dolores sordos en l a cabeza
y una multitud de otras dolencias. Las Píldoras del Dr.
Ayer son una cura positiva para la constipación y pereza
del hígado . Estas píldoras tomadas en dosis laxativas
todas las noches, obran s uavemente y sin dificultad al día
siguiente. Curan efectivamente los dolores de cabeza y la
dispepsia. Están azucaradas. Son fácil es de tomar.
No hay otras píldoras tan buenas como las Píldoras del
Dr. Ayer.

tolonia·Roma.

ILUSTRADO

OALZADA DECHAPULTEPEC.

eompafita dt ttrrtnos dt la calzada dt ebapulttptc.

s. JI.

CO~DICIONKS.
Diez por ciento al contado al comprar el terreno. Concesi6n de_ 10
afíos para liquidar el noventa por ciento restante, arregla~os en vemte
pagos semestrales [al 6 por ciento interés anual] ;10 por ciento descuento en todo pago adelantado fuera del primer pago.

MfXICO, A6Rll 12 DI: 1903.

ANO X.--TOMO 1.--NUM. 15

Gerente:

Director: LIC. RArAlL Rtl'l&amp; &amp;PINDOLA.

ROMA.-CAPILLA SIXTINA.

Prepr.radaa por el DR. J. C. AYER &amp; OO., Lowell, Maas., E. U. A..

TÓNICO - RECONSTITUYENTE
FEBRÍFUGO

EL MISMO

"'"'º

So

F~llRUGINOSO: SIETE M~AS,,ORO FOSFATADO:
11,■ia;

Cl1ro1il, Coanlecmiaa, ,te.

PARÍS

20, lut des Foués-St,Jacquea
1 •n /11 f;¡,rmaci11.

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EL JUICIO :b1INAL, por Miguel Angel.

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�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>·Seguras y eficaces son las Pild&lt;&gt;ras del Dr. Ayer, Seguras, porque están exentas de minerales. Eficaces,
porque obran ayudando á la naturaleza.
El estreñimiento causa biliosidad, jaqueca, mal gusto
en la boca, lengua saburrosa, dolores sordos en l a cabeza
y una multitud de otras dolencias. Las Píldoras del Dr.
Ayer son una cura positiva para la constipación y pereza
del hígado . Estas píldoras tomadas en dosis laxativas
todas las noches, obran s uavemente y sin dificultad al día
siguiente. Curan efectivamente los dolores de cabeza y la
dispepsia. Están azucaradas. Son fácil es de tomar.
No hay otras píldoras tan buenas como las Píldoras del
Dr. Ayer.

tolonia·Roma.

ILUSTRADO

OALZADA DECHAPULTEPEC.

eompafita dt ttrrtnos dt la calzada dt ebapulttptc.

s. JI.

CO~DICIONKS.
Diez por ciento al contado al comprar el terreno. Concesi6n de_ 10
afíos para liquidar el noventa por ciento restante, arregla~os en vemte
pagos semestrales [al 6 por ciento interés anual] ;10 por ciento descuento en todo pago adelantado fuera del primer pago.

MfXICO, A6Rll 12 DI: 1903.

ANO X.--TOMO 1.--NUM. 15

Gerente:

Director: LIC. RArAlL Rtl'l&amp; &amp;PINDOLA.

ROMA.-CAPILLA SIXTINA.

Prepr.radaa por el DR. J. C. AYER &amp; OO., Lowell, Maas., E. U. A..

TÓNICO - RECONSTITUYENTE
FEBRÍFUGO

EL MISMO

"'"'º

So

F~llRUGINOSO: SIETE M~AS,,ORO FOSFATADO:
11,■ia;

Cl1ro1il, Coanlecmiaa, ,te.

PARÍS

20, lut des Foués-St,Jacquea
1 •n /11 f;¡,rmaci11.

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Infartos de los Ganglios, etc.

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Gante, n11m. 8.

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intestinal, para 13: dia:rea, disentería, enfer!D~da~es del hígado, gastralgias, jaquecas y en todos los
casos en q_ue 1~ d1gest1ón es torpe y la nutrición imperfecta, ó cuando hay inflamación ó infección del
Aparato d1gest1vo 6 de los órganos anexos. De venta: en todas las Droguerías y Boticas-.

Ahnalnlco, Jal.

~

EL JUICIO :b1INAL, por Miguel Angel.

lll5 Rtl't&amp; &amp;PINDOL

�Domingo 12 !de Abril de 1903

PAGINAS DE VIAJE.
Stmana Santa tn Stvllla.

...,

Todos los años aquel heroico valle reverdece y se asoma á .las aguas del Guadalquivir.
El río serpentea entre bosquecillos de naranjos en flor, y el sol tiende su franja escarlata
sobre aquella tierra que comienza á agitarse en
germinación fecunda.
En la ciudad, las calles estrechas se retuercen, culebrean, se pierden, en la alta noche,
en la tiniebla, rasgada á trechos por la luz vacilante que recuerda una tradición ó un milagro. La guitarra vibra tristemente, y en la
entreabierta ventana se adivina el suspiro, el
alado suspiro del amor que vela.
Así aparece Sevilla, la ciudad que se asoma
á las aguas del Guadalquivir.
Por encima del balconcillo y dominando el
minarete, se alza la «Giralda," elevando sus
esbelteces de granito, avanzando en encaje de
piedra, coloso que á poco andar desgastará el
tiempo en trágico desmoronamiento. En la
Catedral, estatuas de Reyes, sepulcros, crucifijos, banderas, estandartes, retablos, lienzos,
la luz penetrando por las ojivas, y el «Monumento&gt;i cuajado de pedrería. Muchos si&amp;los
puestos al servicio de la Religión.
Las ccprocesioneRJ&gt; en Sevilla tienen algo del
sombrío ceremonial de la Edad Media, pasando á través de la raza árabe. Cuando el paganismo se hizo católico, confnndía la escultura
de Venus con la imagen de María. Murillo.
sevillano, ha dado á la religión el color azul
de aquel cielo.
Por eso cuando una sombra viene á opacar
la deslumbrante claridad del cuadro, hay la
certeza de que la nube pasará en breve. Ved,
si no: el «Nazareno,)) oculto tras su birrete
puntiagudo, de amplia túnica, los pies descalzos, semeja un personaje arrancado de un
«Auto de Fe.)) Pero detrás de él, el «paso,»
i nundado de luz, cubierto de flores, despidiendo destellos, hace olvidar al triste encapuchado.
La «saeta» gime una estrofa dolorosa, lenta,
rítmica, punzante. La «saeta)) es un pequeño
poema místico que se encuentra en el corazón
del pueblo y que saben modular todos los labios. Al acercarse el «paso,» en el silencio de
un recogimiento supremo, una voz se alza,
plañidera, t riste, acompasada: es la «saeta.))
De lo¡¡ balcones se desprenden ramos de azahar y guirnaldas de jazmines, cada vez que el
«paso» se aproxima. Cada casa tiene su imagen en veneración. La escultura ostenta la pedrería de las damas de la aristocracia. El pueblo deja hacer á sus próceres y se contenta
con admirar, entona sus «saetas» y arroja un
puñado de rosas á los pies de las imágenes.
Hace algunos años, aquel pueblo religioso,
dudó. De la «saeta" pasó á la blasfemia el pueblo de Sevilla. Eran días de tonmociones sociales, días en que la «bestia humana,, rompe
su envoltura·de hombre: entonces se incendiaron iglesias y las imágenes fueron derribadas de los altares. La Catedral pudo resistir á
los rayos del pueblo, pero no á los del cielo.
Cuando la tormenta revolucionaria pasó, vino de lo alto el fuego hiriendo á la conversa
torre, para purificarla, sin duda.
Pero la Religión no se desquicia en Sevilla,
n i como la mole seculai- de la arquitectura árabe se abate á impulsos de los años. 'En la Semana Santa, no es la Catedral el único templo en donde la sublime tragedia se conmemora y solemniza: un centenar de iglesias irradia; la solemne, la amplia iglesia-madre no
basta para aprisionar á los fieles. Las 'procesiones se suceden el Jueves y el Viernes Santo sin tregua, de hora en hora. Comienzan al
amanecer y terminan entrada. la noche.
Es un desfile santo; La Pasión se desarrolla en todas sus fases: el Grieto emprende este
lento camino que hay desde el Monte de los
Olivos al Monte Calvario. El «paso» lo hace·
avanzar, ora tierno, ya adolorido, pero siempre sereno, y en aquella evocación luminosa
del celeste drama, los espíritus se alzan· y las
rodillas se postran,

EL MUNDO ILUSTRADO.

Ya entonces el contumaz paganismo de la
ciudad nazarita se desvanece; ya sus palpitaciones de tradición mundana ee calman, y solo queda un grupo de almas que se eleva en
oración al Cielo.
Y en la alta noche, á la hora e11 que la guitarra vibra, tristemente, y en· la entreabierta
ventana se adivina el suspiro alado del amor
que vela, Sevilla olvida que es una bella desconocida «que ha dejado al pasar un beso y
una flor,» para convertirse en una virgen cristiana que ciñe en su frente el nimbo del martirio.

SWET HANDES.
¡Oh, las pálidas manos
hermosas! esas manos que son hechas
para tejer guirnaldas
y coronar la sien de los poetas;
esas manos suaves
que al posarse en las cuerdas,
les arrancan un canto que parece
más que un canto, una queja;
esas que en los floreros de la Virgen
ponen, por las mañanas, azucenas;
que piden á las blancas margaritas
una dulce respuesta,
que guardan en las hojas de los libros
otras hojas ya secas......
y que hunden sus dedos
en la ola de rubia cabellera......
¡oh! esas, esas manos
tan pálidas, tan bellas,
¡que se alcen hacia el cielo suplicantes,
cuando al fin yo me muera!
y así, juntas ..... ¡que pidan para mi alma
la dicha que no tuve aquí en la tierra! ......
MARÍA ENRIQUETA.

·-·

ENTRE FLORES.
I
-¿Vive aquí la señorita Delor?
-Sí, señorita; pase usted.
Jualla Lenoir exclamó al entrar en la habitación.
-¡Qué hermoso es esto!
La sala, llena de flores, formaba un raro
contraste con la estrecha y obscura escalera.
-Cuando se vive en un quinto piso- dijo
Matilde Delor, - hay derecho á tener una luz
espléndida.
-¡Cuántas flores!-repuso Juana.
- Es el trabajo de toda una semana. Mañana mismo tengo que llevarlas á la tienda.
-Pues he hecho bien en venir hoy. Una
amiga mía me ha dado las señas de esta casa
y me ha dicho que aquí encontraría muy barato lo que necesito para el día de mi boda.
Matilde Delor, que era una soltero~a entrada ya en años, contemplaba con envidia á la
hermosa Juana.
- Siéntese usted-dijo Matilde,-y yo le iré
enseña1ido lo mejor de mis trabajos.
i. Pero Juana no obedeció y se puso á recorrer la sala, examinando las flores que allí
h~bía, cuando de pronto vió bajo un globo de
cristal una corona. y un ramo, amarillentos
como cosa vieja é inservible.
'
-¿Fueron esos objetos para la boda de su
madre?-preguntó Juana.
-No; para la mía. Pero no han servido
nunca.
Juana interrogó con la mirada á la solterona.

II
-La historia es muy sencilla y no tiene na-

EL MUNDO ILUSTRADO.

da de interesante. Usted es dichosa y tal vez
no la comprendería.
Juana no se atrevió á insistir, lo cual no fué
obstáculo para que Matilde prosiguiera en estos términos:
-No be sido nunca hermosa; sin embargo
tuve la audacia de creer que, como las demá~
mujeres, tenía yo derecho á la felicidad. Suponía, estúpida de mí, que á fuerza. de abnegación y de cariño, podría hacerme amar por
mis prendas morales.
En aquella época pensaba en el día en que
podría ponerme la. corona de desposada, y me
atreví á confecciona.ria, así como el correspondiente ramo de flores. Ahí tiene usted mi obra.
0uando murieron mis ilusiones, la guardé como el recuerdo de una muerta. Hubo, sin embargo, un momento en que creí que iba á. ser
dichosa..
Tenía yo por vecino un dependiente de comercio, al que encontraba con frecuencia. en
la escalera y con el que trabé franca y sincera
amistad.
Creí que no me hallaba fea y que le merecía
todo género de simpatías.
Mi :vecino cayó enfermo y le cui?é noche y
día, sm hacer caso de lo que pudieran decir
de mí las gentes.
Hablábame de sus planes para el porvenir
y me decía que estaba resuelto á casarse.
Concebí grandes esperanzas y sospech é que
iba á ser su esposa.
Cuando mi vecino estuvo curado vino á visitarme y me trajo su fotografía, c~locada en
un hermoso marco.
Al cabo de algunos días volvió á visitarme
y al verme me dijo:
-Tengo que darle á usted una noticia muy
importante.
El corazón me latía con extraordinaria violencia.
- No olvidaré jamás los cuidados y atenciones que usted me ha prodigado y la quiero á
usted como se quiere á una hermana. Por consiguiente, ileseo que sea usted la primera en
conocer la dicha que me espera. Voy á casarme dentro de pocos días con una joven á la
que amo desde hace mucho tiempo.
. Me q1;1edé helada de espanto y caí en tierra
sm sentido.
.

mente conmovida. - Mi felicidad le hace
dafio.. ....
y no sabiendo cómo hacerse perdonar su
ventura y cómo dar las gracias á la florista, exclamó en uh arranque de entusiasmo:
-¡Déme usted un beso!
Y Matilde selló con sus labios aquel rostro
radiante de amor y de alegría, sin que la joven
sospechara lo que en aquel instante 1&gt;.torm1&gt;ntaba el corazón de la infeliz obrera.
V
Cuando l\fatilde estuvo sola, sacó de un caj6n una fotografía firmada por Juan Lenoir, y
se echó á llorar como una niña.
l\IARÍA THlER.Y.

mutrtt dt un [ibtral distinguido.
Publicamos en esta página el retrato del Sr.
Eleazar Loaeza, honrado y laborioso servidor
oel Gobierno, que murió en la capital el 2 del
corriente.

IV
Juana cogió la caja donde habían sido colocadas las flores, y entregó á l\Iatilde el importe de la mercancía.
-No, no; no quiero nada-contestó la otra
rechazando el dinero.
-Pero, mujer .........
- Le regalo á usted esas flores como recuer•
do de la historia que le he referido. ¡Quiera
Dios qu.e tengan mejor suerte que las que había
yo destmado para mi boda!
-¡Pobre criatura!-pensó Juana hoü:la-

I
Es cierto que trabaja, que labora,
Bebiendo, sí, rlesde que su ígneo broche
Abre en los cielos la radiante aurora
Hasta que el sueño llega con la noche.
Y es cierto que al beber va trabajando,
Pues bebiendo y cantando
Es como carpintero que se afana
Y sin cesar martilla,
Fabricando inconsciente la camilla
Que ha de. llevarle al hospital mañana.
Lo infecundo es un tormento;
Cuando una vida es inútil
Se trueca en remordimiento.

III
Son mundos los corazones,
Y si, al perder ilusiones,
Un corazón se querella
Y es mundo que se derrumba,
Brota el recuerdo en su tumba
Y del recuerdo una estrella!

V
El alma del que goza degradado
Viviendo vida obscena,
Se asemeja á un penado
Que disfruta arrastrando su cadena.
M. R. BLANCO · BELMONTE.

NOTA SOCIAL

El Señor Loaeza era uno el de los inmaculados que ªcompafiaron al Benemérito Juár~z en su peregrinación á Paso del Norte, y se
~IStinguió siempre como miembro del partido
liberal mexicano, ..por la firmeza de su carácter y su amor á los principios democráticos.
. 9&lt;&gt;mo empleado, prestó al país buenoa servicios: comenzó su carrera desempeñando un
humilde empleo en el ramo de Hacienda, y,
merced á su constancia y á su conducta irreprochable, llegó á desempeñar más tarde cargos tan honrosos como los de Admini.,trador
d,e la Aduana de Ciudad Juárez y Director
General del Timbre. Hace próximamente dos
aflos fué nombrado Tesorero General ele la Nat6n, Y .c~n tal .~arácter, estuvo al servicio de
a Admimstrac1on Pública hasta su muerte.
Los funerales del Sr. Loaeza se efectuaron
e1día 3 por la mañana en el Panteón Francés, _coucurriendo á ellos el Sr. Secretario ele
Hacienda, los empleados de la Tesorería General y de otras oficinas, y multitud de amigos del tinado.

.....

JUDAS.

El Viernee de Dolores, se efectuó en el oratorio particular del Sr. Dr. Manuel O1'tE&gt;gn Reyes, la primera comunión &lt;le los niñc s José Ignacio y María de
la Luz Pérez Gallardo,
hijos del Sr. Lic. Rafael Pérez Gallardo y
de la Sra. Marfa Vi·
llaseñor de Pérez Gallardo.
Fueron padrinos del
acto, el Sr. Dr. Manuel
OrlegaReyes y la Sri ta.
Trinidad Ortega Reyes, asistiendo á él las
familias Núñez, Velasco, Velasco Russ, Rabaza, Romero, Mur¡,hy, y Martínez de
Castro. Durante la misa, las Sri tas. Martínez
de Castro y l\Ioguel tocaron al piano escogiilas piezas, y terminada la ceremonia, los niños recibieron diverso;;
obsequios de las nume•
rosas amistades ele su
familia.

Venció la ingratitud: la inicua fiera
de Ti, manso cordero, fué el azote;
y besando tu púrpura, vendióte
aquel monstruo de roja cabellera.
Quisiera tu Bondad, tu Amor quisiera
ver la ¡,lanta de Judas sin un brote,
y yue el germen ele! pérfido Iscariote
pal'a siempre infecundo se perdiera.
Más no es así: tus duelos sacrosantos
los ca.man nuevos Judal'!, que te ofenden
y que olvidan tu cruz y tu11 quebrantos.
¡Cuántos viles traidores te sorprenden .... !
Y acercándose hip6critas, ¡ay cuántos·
con un beso sacrílego te venden ..... !
RAlliON A. URBANO.

RONDEL
Como un hervor de perlas musicales, la risa.
cantó en la fina lira de tus labios de grana,
y un desmayo de aromas celebró Ja mañana
que ardió de las montañas tras la curva indecisa.
Y tus sueños de amores balanceó la brisa
como un beso de otoño sobre una flor temprana
cuando en la fina lira de tus labios de grana
puso su hervor de perlas musicales la risa.
Y así como un ensueño musical que desliza
su encanto, mis amores te dije en la mañana
que ardió de las montañas tras la curva indecisa;
y entonces. .... en la lira de tus labios de grana
puso su bervor de perlas mnsicales la risa! .....
R.M. RUBIO.

ESCLAVA.

De todos nuestros sentimientos, la piedad es
1a que n os engaña menos.

*
La vnda&lt;l es todo, porq t1e á la verclaJ no se
le puede quitar ni añadir nada.

*
d La lucha de las almas se hace ron luz· la
e los hombres con sangre y con fuego.
'

*

pies en cruz ...... Y, cuando cantaba, su voz de
cristal hacía sangrar. en su corazón sus heridas natales. En su puño delgado brillaba siem ·
pre un brazalete de hierro donde la blancura
de su nombre estaba grabado: «Slephane,» y
era como el anillo nupcial de su destierro
amargo.
En un perfump diáfano de heliotropo· ella
moría, con loe ojos fijos sobre el mar........ Y
moría en el otoño, hacia el invierno ......... Y
moría como una música se muere ........ .

II

IV
A pesar del misterio y de los velos
Que circundan el ~rono en que se asienta,
La grandeza de D10s se transparenta
En el dosel gigante de los cielos.

III
. Mi veci~o no ha vuelto á verme, compadecido de m1 desventura y comprendiendo que
le amaba.
Al día siguiente se mudó de casa é ignoro
lo que ha sido de él. Francamente, no sé por
~µé le cuen~ á usted esta historia, que nada
tiene de particular. Es posible que se ría usted de mí.
-¿Reírme de usted? Al contrario la compadezco á usted y comprendo lo m~cho que
habrá sufrido.
-Pero nos hemos desviado mucho del objeto .que la ha. traído á usted á esta casa-dijo
.Matilde.-¿Le gusta á usted esta corona?
-Sí, y ese ramo para la falda y ese otro
para el pecho. Vamos 1Í. ver cuánto vale todo
eso.
Juana sacó de su cartera uña tarjeta y se
P.uso á escri~ir las cifras referentes á los precios que le dictaba la florista.
De pronto, los ojos de Matilde se fijaron en
la tarjeta, que la joven había dejado sobre una
mesa. Y con temblorosos labios la obrera leyó: «Juan Lenoir.»
'
-~s el nombre de mi padre-exclamó J uana, sm notar la turbación que se reflejaba en
el rostro de Matilde.

DE VICT OR HUGO.

Domingo 12 de Abril de 1903

- -

. Cuando el deseo está en el ánimo y el silencito en el espacio, el ruido está dentro de noso ros.

Su traje era de tul,
con rosas pálida:-; y
rosas pálidas sus labios. Y sus ojns, fríos.
fríos y azule11, como ei
agua que duerme en el
fondo de los bm,ques...
La mar tinena, co11
languideces amigables
mecía su vida espar
cida en suaves pétalos. ~
Muy d'ulce, ella moría,'~con. sus pequeños

NOTA SOC.IAL.-Primera comun ión de los niños José Ignacio
'1 M. de laLuz Pérez Gallardo,

��EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 12 1de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

LA VENGANZA.

I,
fi

ll
G

·n

La puerta de la alcoba giró silenciosamente y
:\somando por ella el licenciado González del
Castillo, dijo:
- Hasta que quiso Dios. Son las once y cuarto: telefona á la litografía.
~ ¡.Qué fué?
-Mujercita. Es preciosa.
-Entonces, María de la Esperanza, ¿no?
- Sí, sf; María de la Esperanza. Que bagan las
esquelas de una vez y las distribuyan ~in pérdida ele tiempo. Cien ejemplares. Ya tie nen el los
la lista para la distribución.
-¿,Puedo verá la niila?
- Dentro de un momento: ahora la va{~ bañar
la partera. Yo te avisaré.
Volvióse el licenciado á la alcoba cerrando
tras sí la puer ta y ,en un peri ,uete, Rafael, plantado en la a~istencia ,que era donde estaba el teléfono, cumplió con las órdenes de su he1·mano.
¡Qué largo se le hizo. el tiempo de espera: media
hora cabal , pero él bubierii jurado que eru. media vida. Estaba impacieute por conocer al angelito á quien todos los de la familia habían
a.prendido á amar desde antes que bajara del
cielo.
Esperando, se había aplicado Rafael á retener
en la memoria las combinaciones de líneas que
componían grecas en el cielo raso; á tenet' lápiz
y papel á mano, las hubiera reproducido con
maes'tría. Del techo pasó á exami na r l a pared,y
en menos que canta un gallo,se aprendió de cuerito á cuer ito la labor del tapiz: mangos dorados sobre fondo rosa y guirnaldas entrelazadas
formii,ndo arcos. Ya empezaba el impaciente mozo á pstudiar los arabescos de terciopelo negro
apl1cados en el cortinaje azul de felpa q ua escondía una puerta, cuando el cortinaje ondeó y
abri~ndose en dos gajos, dió paso á una seíiora
de edad , bien plantada y bastante guapa..
- Rafaelito-dijo la dama,-ya puede usted pasar á ver á la nifta. Es el retrato de su papá: los
miSIJlOS ojos azules, el cabello como hebras de
oro y la naricita larga. De Julia sólo tiene el color apiñonado.
-Conque remendada, ¿eh?
-Ya verá usted: güera y trigueñita.
Entraron en la alcoba Rafaelito y la abuela
materna de la recién nacida, en t anto que el licenciado González del Castillo acompañaba al
doctór Lavista para despedirlo en la eEcalera. A
alguna pregunta del jurisconsulto, el facultativo
respondió sonriendo:
-En cuanto á eso, no ; confórmese usted con lo
que Dios Je ha dado y cuídelo como á l as niñas de
sus ojos. Las funciones matemalc s de Julia aquí
empiezan y aquí acaban: la esposa cte usted no
es probable que vuelva á tener hijos, salvo un
milagro.
-¿Corre algún peligro, doctor?
- Poi· ahora no. Está delicada, naturalmente,
pero fuera de riesgo. Lo que sí creo indispensable es que á la niíia se le ponga nodriza; Julia
no puede criarla, porque sería en perjuicio de
las dos. Y si la niña se nos muriese .. ..
- ¡Oh , no, no!
-Fu era terrible.
- Sí, sí, terrible- agregó el licenciado,sintiendo que le daba vuelcos el corazón.
La euna, ornada de finísimos encajes, a lboreaba cómo l a concha cubierta de espuma en que
Venqs surgió del mar; pero la cuna ordinariamente estaba vacía mientras su dueña, estregándose- los ojos con los puños de nácar apretados
como capullos, pasábase las horas de regazo á
rega.1,0, impávida á los mimos é indiferente á los
cumpiimientos y adulaciones de que era objeto
venerado.
Re~a, princesa, pedacito de cielo ...... Y la.
rein~ respondía con beri-idos desentonados y
mohi~es indignos de persona bien mirada, que
toda la familia, sin embargo, admiraba como
gracias precoces.
A los pocos días vino la nodriza, una india
prietá con cara de ídolo. Se llamaba Hipólita
y era madre de una. tarasca á la que el cura de
San Seba.stián había puesto por nombre de pila
María Antonia, no encontrando en el santoral
cristiano ningún otro sinónimo de changa ó
monstruo que le viniera de perilla á la horrible
criatura.
Luego que Hipólita encontró acomodo, puso á
María. Antonia en Atzcapotzalco con una comadre s1]ya que ofreció cuidar del monstruo y lactarlo á expensas de una burra parda llena de
mataduras. Como privilegio exclusivo obtuvo la
nodri:za, de sus amos, el permiso de recibir de
visitai á su bija dos veces al mes, sucediendo así
con regularidad los dos años que María de la
Esperanza tardó en aprender á comer de todo.
Al segundo invierno, la niña e1·a un querubín
por lo hermosa y por lo buena, lo dulce y lo amable, un terr ón de amores. Lo que en ella formaba el principa l encanto era sin duda la humildad: respondía con sonrisas y á besos las reconvenciones de la mamá,lo ruismo que á los regaiios de la nodriza.

·-·

María de la Esperanza era para sus padres el
colmo de la vanidad: se sentían orgullosos de
haber dado l a vida á una criatura tan bella y
adorable. Tenía el rostro ovalado, los cabellos
riza dos y rubios, los ojos azules como los ópalos de Australia, la boquita sonrosada y la pequeíia barba adornada de hoyuelos.
Para destetar á la &lt;reina&gt; se desveló la nodriza once noches; valióse de mil argucias para hacerla aborrecer el pecho, pero nada, ella se había aferrado en no soltarlo basta que untado de
hiel se lo pusieron en la boca, causándole la primera pesadumbre gorda de la vida. Cua ndo ya se
dió á comerá. gusto panecitos tostados y cántaros
de leche, la separa.roo de Hipó lita, pero bien p ronto echaron de ver que la niña se ponía triste y había per dido los colores, así es que consultado el
médico de cabecera, la nodriza fué llamada otra
vez al lado de la niña. Hipólita amaba entreiiablemente á María de la Esperanza, pero al mismo tiempo no quería vivir por más tiempo apartada de María Antonia,á quien amaba más,y para volver al destino, impuso condiciones y en
ellas se mantuvo firme. El licenciado en persona
aci&gt;ptó que le pusieran las peras á cua.1·~0 1 por
el bien de María de la Esperanza, porque Hipólita fu é inexorable.

-Vuelvo con la condición de que mi muchachita ha de v i vir conmigo y de andar por donde yo ande.
Y volvió. No se paró á considerar en la rebaja del sueldo, la disminución de alimentos ni
el descenso de categoría social; de nodriza á
criada hay mu::iho que decir en una casa de ricos. Mientras que para Toña fué progreso pasar
del jacal de Atzcapotzalco á la c asa de veintitrés
cuartos en la calle de Santo Domingo, para Hipó lita fué gloria dejar la cama caliente en la elegante alcoba por el petate en el cuarto de la azotea al lado de su criatura. En vez de la &lt;princesa&gt; contra su pecho, la &lt;tarasca&gt; era como quien
dice la alegría, la felicidad, el premio gordo.
Julia amaba á su hija con locura: pensando
e n su porvenir y haciendo mil jardines acerca
del destino de la niña, entretenía la mayor parte·
de los días; y cosiendo primorosos vestidos y
gorras muy monas, le daban las tantas de I a noche sin acordarse dé que existían en el mundo
parientes y amigos á quienes visitar y que en los
teatros se daban bonitos espect iculos.
Cuando María de l a Esperanza, de la mano
de su niñera francesa, causaba, en la Alameda, la admiración de l as madres pobres y la
envi Jia de lás ricas, no se daba cuenta de ello:
inconsciente, como las rosas q ue brotan de una
planta injertada, ignoraba los afanes desu amorosa madre por prenderla y vestirla bien, igual
que las efímeras flores los cuidados del jardinero.
Era nula, en el concepto de la nii'la, la distancia que media entre nodriza y madre: su mente
infantil r eproducía con fidelidad los rostros amigos, ya fuesen bellos ó monstruosos. Así, sin
d€sligurarlos, retrata el arroyuelo á la lun a que
lo platea, el árbol que le p1·esta sombra y á la
bestia que ensucia su raudal cristalino.
Quizá por lo que el amor tiene de egoísta, es
más precoz que la conciencia. En María de la
Esperanza tuvo una revelación prematura cuando la primavera trajo á. las golondrinas á anidar en el techo del corredor. A ellas les platicaba todas las aventuras ocurridas á sus mufiecas
desde que cayeron en manos de 'l'ofia; les enseñaba las canciones que sabía, aprendidas de los
cenzontles de las jaulas colgadas en el balcón, ó
las que atesoraba en ese repertorio íntimo que
traen en su corazón, desde el otro mundo, los artistas-genios.
Enredar de un hilo y repartir besos entre
Hipólita, Toña y el gato1 consumían la existen·
cia de la niña. ¿Para que era más?

El gato e ra el más querido, porque se dejaba
morder la punta de la cola; la tarasca venía deapués é Hipólita ocupaba el tercero y último lugar en el corazón de María de la Esperanza; Julia, el licenciado, la parentela de ambos y la niñera francesa eran objetos secundarios que no
componían mucho.
Desde que á la nodriza le fué permitido tener
consigo á su tarasca, se limó mucho mostrándose más conforme con la civilización. Empleaba
indistintamente el vocabulario aprendido de au
ama, c9n las dos niñas : &lt;hermosa., vida mía, mi
gloria, mi estrella,&gt; todo eso er an María de la
Esper anza y Toña: dos a.Imitas buenas, encarnada la una en un amorcillo de Wateau,y la otra
e n un ídolo azteca.
Si las dos niñas se besaban en presencia de Julia, sentía ella que los celos le mordían el corazón. Perdonaba al gato las caricias de la nifta;
á. Toña la aborrecía de muerte. Verla constantemente al lado de su hija era un sacrificio de gladiador para la madre injusta y esclava de míseras pasiones. Sugirió á la niíiera francesa el
proyecto de apartar de la niña el afecto que sentía p,.Jr la hermana de leche, entreteniéndola con
cuentos que divagaran su imaginación.
- Quiero que pronto hable en francés--decíay que ocupe el puesto que le corresponde, porque
ella es la nifta de la casa y esa neg1·a horrorosa
no es más que la muchacha de la c1•iada. Cuan•
do crezcan las dos un año más, es menester separarlas para siempre.
Pero el gran distribuidor de cetros de oro y de
cetros de cai!.a.; el que, cuando le place, substitu•
ye las coronas de oro por otras de espinas, 1
vicever sa, una mañanita de marzo, mand6
que una ráfaga dorada llevara entre sus átomoa
uno ú un millón de microbios-que para.el cuento es lo mismo-y les ordenó á los aoimalitoa
anidar en la sangre fértil, nueva y rica de la rel•
na, de la estrella, del pedacito de cielo ....
Al primer asomo del mal, La.vista acudió á ver
á la enferma, no obstante ser de noche, sentirse
él quebrantado y tener en casa huéspedes que
atender, muy respetables. Para el facultativo
María de la. Esperanza no era una cliente, sino _
una.espina qi:e entraba.hondo en su corazón á la
vez que las epidemi as periódicas que se ceban
en los niños, aparecía por las garitas de México. La.vista era el viejo médico de las dos familias de l a niíia; h abía aplicado la vacuna al 11•
cenciado cuando estaba en pañales, y á Julia la
primera azotai na en el mundo por haber llegado
á él renegrida de asfixia. Así, la vida de María
de la Esperanza no era cualquier cosa para el
venerable facul tativo.
Desde el primer instante, la catástrofe se pre• nt6 deme.rada 1 cruel; no lo ocultó el doctor
y ases~ó la puña1ada. del diagnóstico á pecho
descubierto para que el dolor de la herida lo
curtiera é hiciera insensible al recioir el golpe
de remate.
-Es un caso de escarlatina maligna con su
difteria y todo- dijo algunos días después. - Con
su difteria y &lt;todo.&gt;
&lt;Todo&gt; quería decir ataúd, flores y tumba.
-¿Tiene remedio, doctor?
- Veremos. Se hará lo que se pueda.
Lo que se pudo tué promover dos juntas de á
cuatro diferentes lumbreras; unos seíiores enlu•
ta.dos muy tiesos y muy preguntones que á todaa
las respuestas hacían: ¡hum! ¡hum! Uomo quien
magulla un za.pote para probar su madurez, ma•
gullar on ellos el cuerpecito delicado· en la bo·
quita, que parecía estuche de perlas,' ajustaron
un tosco tapón de cor cho y se pusieron suceal·
va.mente á espiar como en el lente del cosmora·
ma. Para ver qué? Un h ervidero de flemas in·

-~

~1

-~

•

ron más efecto que el que les hacen á las estre~las
los versos de los poetas. La.vista lo sabía bien:
después de los menjurges de la botica, vendría
áodo:&gt; acostarla en el sepulcro dentro de cuatro ó cinco días.
Antes de ese plazo, muy de mañanita fué lla•
mado el doctor á toda prisa. Encor:itró _á la.enfermita sentada, muy pálida; los OJOS s10 brillo
parecían zafiros revolcados. Al rededor de la
boca se le paseaba un tinte sombrío y m_antenía
el cuello tieso y er guido como las actrices que
hacen en el teatro los papeles de reinas.
La.vista le dijo con dulzura:
-¿Cómo te sientes, chula, qué te duele?
- Quelo agua.
-Que te den agua. Vamos á ver: bebe.
El doctor en persona le acercó el vaso á
los labios; bebió con ansiedad un par de trago~, arrojando inmediatamente el agua por la
nariz; hizo esfuerzos pa1·a dar un respir.gordo y
de su garganta estrecha y reseca partió un chillido mitad aflautado y mitad ronco. Crispó los
puños con desesperación, y arrebatando de manos del doctor el vaso del agua,lo arrojó con furia á la cara de la nodriza. Al mismo instante el
gato brincó á la cama y María de la Esperanza,
precipitándose sobre él, le mascó con rabia las
orejas. El animalito huyó despavorido resoplando, más á. poco volvió á rebujarse en la colcha
á los pies de su verdugo.
González del Castillo nada dijo: los pliegues
de su entrecejo y lo escaldado de sus ojos hablaron por él con la precisión del fonógrafo. Julia
lloraba á mares.
-Los mismos toques, los mismos papeles y que
le den gusto en todo. ¡Pobrecita!
Volveré al o'!Jscurecer.
El &lt;gusto en todo&gt; que formaba pat'te de la receta era más que el tiro de gracia: era el golpe
en la nuca, del cachetero.
Pasada la fatiga del acceso ocasionado por el
trago de agua, el angelito entró en descan so y se
sentó de nuevo.
-Quelo que venga Toña.
-Toña se fué á la calle, mi vida; pero va á
venir mañana- respondió la nodriza vivamente.
-Quelo Toña.
- Mira, mi reina, no quieres mejor al gatito?
Anda, coge al gato chulo.
- No quelo gato, quelo Toi'ia.
-Si, alma mía, que traigan á Toña. ¿Por qué
no te hemos de dar gusto. Hipólita, sube á tu
muchachita.
-Ay nifia! válgame Dios! y si se le pega el mal
á mi criatura.
-Adiós! y por qué se le ha de pegar, tú? Más
bien te puede castigar Dios con que se te enferme y se te muera si eres díscola.-Esta fué para
Hipólita la razón contundente: para que Dios no
la castigara, bajó al cuarto de l a portera en busca de la niíia.
Luego que el doctor diagnosticó escarlatina,
la portera se ofreció de buena gana á hacerse
cargo de Toña de todo en todo. Para que no corrie,·a riesgo alguno, su madre renunció á verla
durante la enfermedad, así es que cuando la portera vió entrar á la nodriza, sin r e parar en que
traía los ojos llorosos, la reprendió agriamente.
Explir.adas las circunstancias, las dos mujeres
comentaron á su sabor la orden de la seíiora.

-Me ha echado una maldición doña Severita,
dice que Dios me puede castigar por díscola. Ya
verá usted.
Persignaron ambas á. la criatura llena de
bendiciones y ave marías Hipólita, m s muerta
que viva, la presentó en la alcoba.
Con qué inefable alegl'Ía la recibió en sus brazos María de la Esper anza! Ambas se abrazaron
y se besaron mucho sin que Julia sintiera en el
corazón aquella rata que se llama celos.
Las dos boquitas se juntaron una vez más en
un beso largo, largo, que interrumpió un acceso
de tos tras el cual v ino otro e.e asfixia. Cuando
el dogal apretó mucho, l a enfermita se cansó de
Toiia y la abofeteó sin piedad.
En la noche el doctor ordenó un vejigatorio
en la garganta. La agitación iba en aumento, el
malestar no tenía fin; pero después de levantado
el cáustico,desapa1·eció la sombra. aquella y algo del tinte de la rosa coloreó las mejillas de l a
niíia.
-Está muy aliviada, doctor, y tiene mucha
hambre.
- Tiene mejor cara hoy. ¿Cómo te va, chula?
-Quelo pan, quelo leühita.
-Que te den pan y lechita, primorosa.
-¿No cree usted, doctor, que está mi hijita
muy aliviada?
-Pai·ece-respondió examinando el floreo de
la colcha con ahinco de artista. Que le den gusto
en todo-agregó levantándose para salir.
-Ah! doctor, se me olvidaba pedirle á. usted
un favor - suplicó Julia:- la muchachita de la
criada ha caído mala y deseo que le recete usted.
Dicen que ardió en calentura. toda la noche.
-Malo. La ver,,:.
-Voy á mandar que la traigan.
- No; si tiene calentura, que no la saquen.
¿ Dónde está? Iré á verla donde esté.
-Pero cómo se va usted á molestar,doctor? El
cuarto de la portera es tan feo y tan obscuro; y
luego que no tiene ni sillas. Diré que la arropen
bien ....
-Un enfriamiento mata lo mismo que un puna! Julia, y no debemos esgrimir el uno ni ocasionar el otro.
-Cabal, doctor, pues á la salida hágame usted favor de entrar en el cua1·to de la portera.
Al bajar La vista, se encontró con que el licenciado y su mamá subían la escalera.
-A qué horas vuelve usted, doctor?-inquirió
con ansiedad el licenciado.
-Para qué? - repuso el facultativo mirando
las macetas que adornaban el rellano. - Yo no
quiero ver eso.
-Para consuelo de Julia- añailió el jurisconsulto, traaando gordo.
-Estaré aquí al obscurecer.
A Hipólita, por orden de la señora, le habían
ocultado la enfermedad de la tarasca. Apenas
la vió el doctor pintada de erupción y honorosa por lo hinchado de los ojos,se hizo cuenta del
enemigo con que tenía que habérselas. Empezó
el c uestionario de rigor.
Era el cuarto muy obscuro, de modo que el reconocimiento de :a piel y la garganta de la enferma tuvo que hacerlo el doctor con ayuda de
su caja de cerillos:aplicó el termómetro, y mieatl'as éste desempei'iaba su oficio, Lavista se puso
á revisar la habitación cual si tratara ó decompra1· la finca ó de remata1· los muebles.

l

Domingo 12 kle Ab'l'il de 1903

El cuarto era frío,además de lóbrego: con puerta al norte y techo no muy alto.Ocupaba uno de los
ángulos el banco de cama, al cual U!3- petate. resguardaba del viento, colocado á guisa de biombo; mientras que otro le servía de colchón y sobre él estaba la tarasca arropada con enaguas
viejas. Un baúl y tres ó cu~tro trebejos _de esos
que no tienen nombre espec1al,por se_r mitades~
terceras partes de algún mueble aphcadas á difer entes objetos muy ajenos al que debieron ser
destinados cuando fueron muebles cabales, completaban el mobiliario. Ln. temperatura, con ser
tan fría, e!ttaba templada y bastante, merced al
brasero donde en ese instante mismo se cocían
las tortillas.
El humo y el olor ácochambrenoentraban en la
terapéutica del doctor, pero no estando en sumano evitarlos, Lavista se aventuró á protestar haciendo ¡hum! que es la. protesta de los doctores.
El te1·mómetro no presentó un número desconsolador.
-¿,Qué come esta niila, sei'lora?
-Lo que Dios me da.
- Necesito saber qué le da á usted Dios.
- Pos, siñor, mole, frijoles, tortilla!' ..... .
-¡Hum! Pues es menester que Dios le dé á usted por ahora leche pura y espesa, y que con ella
alimente usted á esta niíia, porque si come torti11 as, frijoles y mole, se muere. Tiene escarlatina,
pero no está de peligro. Aquí voy á recetar una
friega para todo el cuerpo y cucharadas cada
hora; que no le dé el aire ni se moje, y que el
cuarto se conserve c11,Jiente.
Antes de que el doctor terminara la receta en
una boja de su propia cartera, Julia gritó angustiada desde el extremo de la escalera:
-Doctor, doctor, suba.usted: laniñasemuere.
Era el último acceso, el que iba á fijarle definitiva.mente, en la g arganta, una flauta rota en
la cual la muerte soplaría la nota final.

***
Con los ojos encarnizados de llorar, la garganta enronquecida de dar alaridos y la fe vacilante, hallaban los días y las noches á Julia
sentada, hundida en una butaca junto al balcón
de la alcoba de la niña; inmóvil á ratos, como
estatua sedente, cuestionaba desde el fondo de
su alma al cielo. Especulaba en esa filosofía
brutal a¡iarejada á los grandes dolores, que enciende la idea eu el sabio y obscurece aun más
el cerebro del bruto. Formulaba &lt;in mente&gt; los
&lt;porqués&gt; aterradores c uya única solución es el
perplej ismo.
-Po r qué se fué mi hijita, tan amable, tan inteligente, tan dulce; u n querubín po~ lo hermosa,
una promesa, una alegría. La hubiéramos educado tan bien, teniendo recu rsos de sobra para
ello. ¡Qué dicha. la de verla llegar á la juventud
y set' amada; qué consuelo el deque ella hubiera
cerrado nuestros ojos, estos ojos que ya no la
ve"án jaqiás !
Un sollozo, y otro y mil más rompieron el soliloquio con que había terminado la meditación
de la desolada madre. El mismo tema inspiraba
sus razonamientos y bajaba á los labios exhaustos de tanto deprecar. La ola de llanto acudió
engrosada por el dolor latente y corrió, corrió
basta agotar l as fuentes de los ojos.
En el patio, bebiendo á pulmón lleno un magnífico haz de sol primaveral, saturado de olor á
amapolas y chícharo silvestre, en un petate, echadas á la bartola, estaban la changa y la nodriza. Hipólit&amp;. había puesto á su hija á caleotat·se
fuera del cuarto, por la primera vez después de
la enfe1·medad. Débil aún la pequeíiuela, con
poco_ aliento tendía sus manecitas flacas y despelleJadas al gato fiel, al amigo carifioso de
Mada de la Esperanza, á la cual había acompaña~o hasta el fin. Hipólita era ese día el ser más
fehz de la creación; pensaba en el riesgo pasado
con la alegría victoriosa de los que escapan de
lo_s grandes peligros, mas en su obtuso entendim1ento se deformaban los sucesos terribles que
había presenciado, apareciendo aun más culpabl!3 Jt~lia de lo que er a realmente. La alegría de
B1~óhta e1·a la del lobo que desgarra al tigre
herid~, el principio vital de bestia que activa el
organismo humano.
Oyendo sollozar á la madre afligida, la nodriZl_l, compr~n~ió su in~enso dolor; pero en vez de
piedad, s10t1ó deseos innobles de venganza odio
Y todas las pasiones del infierno. Antes d~ pensar .en lo q_ue iba á hacer, luego que observó que
Juha la miraba, estrechó á la tarasca una y muchas veces contra su corazón, diciéndole con dulzura:
-:-¿Quién es la reina, quién es la princesita
quién es el pedazo de cielo?
'
lulia &lt;?ªYÓ de bruces y con la cara hizo pedazos un tiesto de flores que había en el balcón. La
cuenta estaba saldada.
LAURA MÉNDEZ DE C'UENCA.

muudas que manaban de un telar de placas gri·
ses. Y hum! bum! hum! La madre, abogada en
lágrimas,no se atrevió á despegar los labios, de
miedo de oír la respuesta.
No hay para qué decir que al angelito le e'lha•
ron la botica encima: el abominable corcho fun·
cionaba r egularmente cada ho1·a, haciendo afli•
cos la boquita de rosa; pero los bodoques de hi•
las empapados en ácidos corrosivo¡¡ no le hiele•

1.
1
1

�EL MUNDO ILUSTRADO.
Domingo 12 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

deros defensores el homenaje de vuestra gratitud, os asegura. la roía para toda la vida.»

En t,onor dd S~ñor 6~n~ral Diaz.
Entusiasta manif~stación.

Un grupo de manifestantes en el Paseo de la Reforma.

«El Imparcial» dió cuenta pormenorizada á
sus lectores de la solemne manifestnci6n que
en honor del señor Presidente de la República
se efectuó el día 2 del que cursa, y en la cual
tomaron parte, además del Círculo Nacional
Porfirista, que la organizó, las escuelas pnmarias y las profesionales, los comerciantes, los
agricultores, las &lt;liversas fábricas ei::ta.hlecidas
en el Distrito y las sociedades mutualitas radicadas en la ~Ietrópoli.
La manifestación, dispuesta con - motivo de
celebrarse ese día el aniversario del ai::a.lto y
toma de Puebla por el ilustre jefe del Ejército
de Oriente, fué muy entusiasta. Desde antes
de las nueve de la mañana comenzaron á reunirse en el Paseo de la Reforma los distintos
grupos que debfan integrar la comitiva, siendo incontable el número de persoMs que, deseosas de ver el desfile, ocupaban las aceras y
los balcones de las calles comprendidas entre
las de Patoni v Plateros.
Separados
secciones que indicaba una
banderola especial, los manifestantes se dirigieron á Palacio, &lt;londe los espera.ha el señor
Preaidente. A su paso por San Francisco y
Plateros, el público aplaut.li6 aquella demostración de cariño y respeto al Primer Magistrado y, al llegar al Zócalo, las campanas de
Catedral se echaron á vuelo. Los edificios pertenecientes á las principales negociaciones

mercantiles estaban viRtosamente adornados
con banderas, festones y escudos, así como las
casas de algunas familias.
Una vez frente á Palacio, se desprendió de
la comitiva ei grupo de oradores encargados
de ofrecer al seiior General Díaz la manifestación, penetrando al salón de embajadoret1,
donde se encontraba el héroe del 2 de Abril.
El señor Coronel Antonio Tovar, Presidt.mte
del Círculo Nacional Porfirista, fué el primero
que usó de la palabra. En términos breves y
precisos felicitó por aquella gloriosa jornada
al señor Presidente, y, en Reguida, habló el
sE&gt;ñor don José de Lan&lt;lero y Cos, pronuncian&lt;lo una ligera alocución.
El Primer Magistrado correspondió á las expresivns fraFe.:1 de los Sres. Coronel Tovar y
Landero y Cos, con las siguientes palabrasTt'.Cogidns por taquígrafo-que escucharon todos con profundo interés y que no podemos
menos que reproducir:
«Señores:
«El patriótico entusiasmo con que acabáis de
honrarme al recordar el día 2 de abril de 186i,

***

•

A continuación hicieron uso de la palabra
los Sres. Dr. Gregario Mendizábal, en nombrE'
del grupo de profesionistas; el Sr. Adolfo Valles, representante de las Escuelas Profesionales y de la Preparatoria, y el Sr. Tiburcio Casco, delegado de las Sociedades Mut11alistns.
El Sr. Gral. Díaz contestó á los oradores
::nencionados con otro di.cursb lleno de honrosas frases para el pueblo. Nutridos aplausos
interrumpieron al Sr. Gral. Díaz, siendo objeto, al terminar, de una verdadera.ovación.
Después,el Primer l\Ingistrado salió al balcón
central de Palacio, y en ese momento ios manifestantes y los grupo.:1 ele las distintas cla~es
sociales que ee hallaban reunidos frente al
edificio, prorrumpieron en vi vas y aplausos
al .Jefe del Ejecutivo. Acompañado de los
Sres. Secretarios de Estado que habían concurrido al Salón de Embajadores, presenció
desde allí e\ desfile, manifestan&lt;lo, visiblemente emocionado, á los que le ro&lt;leaban, cuán
grata era para él y cuímto le enorgullecía aquella manifestaci611.
En este número encontrarán nuestros lectores fotografías &lt;lel desfile de los manifestantes
y del aspecto que presentaba la calle del frente del Palacio, durante la ceremonia.

LA VEDA.
Ya empiezan á estremecerse los nidos, á palpitar los escondrijos de los surcos, á temblar
los tallos delicados de la hierba.
Parece que un secreto terror se extiende por
el monte, que un itwencible espanto ha llena-

LA MANIFESTACION DEL DIA 2.-Aspecto de las calles de San Francísco, al paso de la comitiva.

do tle luto los ramajes, las madrigueras y las
lagunas.
A lo lejos se esc ucha. un estampido sordo;
una nubecilla tenue se eleva y caen surcando
el ai1e dos ligeras plumas.
La alegria !"e extingue en aquel dulce oasis,
ayer tan animado por el t rino del pájaro, el
amoroso y acompasado canto &lt;lel ave y el zumbido monótono del insecto.
La calma ya ha cesado; el dolor comienza.
Ha llegado el hombre.
A. ZozAYA.

Llegada de los manifestantes á las calles de San Francisco,

DOS SONETOS.
Et:mtdlodla tn ti Tstmo.
Como placa bruñida por la ola
fulge la arena; el agua se retira;
miasma sutil la. ciénaga respira:
y en ese hálito el sol pinta su aureola,
En la pizarra de la playa sola,
una tortuga. aletargada expira;
y, al redor de un lagarto &lt;1ue !-e estira
. peces su encorvada cola .....' .
baten men
El aire quieto e1-tá: ni una a.ve pasa·
sólo óyens~ en el mar, que el sol abras'a,
murmuraciones con temblor de rezo;
y en la reverberante lejanía,
en medio del sopor del mediodía
se abre la inmensidad como un bostezo ...

tos tonqulstadorts.
Es Pizarra: la barba. encanecida.
Es Cortés: el cabello ensortijado.
Jine~e ~n su corcel, pasa Alvarado;
Valv1dia lleva al suyo de la brida.
¿Y ése?¿Y aquél? En púrpura encendicln
en vueltos van, soldado tras soldado
en marcha a~ Porvenir, desde el Pa;ado,
como conquistadores de la Vida.
Chispeante de oro, el puño del cuchillo·
la coraza, cubierta de fulgores;
'
pleno de sol, el reluciente casco:
pasando van con el temblor de un brillo
cual si fuesen bordados en colores
•
sobre grandes tapices de Damasco ..... .

en

J

Domingo 12 id~ Abril de 1903

El desfile por Patoni.

JOSÉ

es muestra ele vuestro ilustrado c1v1smo y
ofrenda que tributáis por mi conducto al bffl•
vo puehlo mexicano, cuya sangre señala en
los anales de la patria aquella gloriorn fecha.
«Yo la recojo para ese pueblo varonil á cuyr.s
filas pertenezco; circunstancia que me permitió contemplarlo de cerca, cuando alevosamente sorprendido por un!l. guerra sin previa declaración, se transformó de improviso en Ejército más ó menos defectuoso como todo lo que
i:;e improvi!m; pero que fuerte en la conciencia _
de su deber y Au derecho, y justamente indignado por agravio tan inmerecido, hizo Pnten·
cler al in va.sor en PuPbla de Zaragoza, en Santa Gertrudis, en San Pedro de Roimles, en Que·
rétaro, en la Carbonera, en Miahuatlún y Oa•
xaca y una vez más en Puebla, que no somos
ma~as de salvajes á propósito para ensayar
impt•rios sucursales, eino nación constituida;
una República que respeta y f:abe hacer respetar su autonomía, capaz de cumplir, como ha
cumplido, sus compromisos y deberes internacionales, y de merecer, como hn merecido,
la estimación y respeto del mundo civilizado,
aun de aquellos que en mala hora intentaron
suprimir su bandera. en la heráldica de los
pueblos libres.
«En fin, sefiores: el honor que me prodigáis
al tributar por mi conducto á vuestros verda-

S. CHOCANO.

MINAS
En las fragosas cumbres, los metales
Tienen sus yacimientos; el mar cuaja
Promon!orios de perlas y corale:,,
Y hundiéndose del mar en los cristales
El buzo en pos de esos tesoros baja.
'
De ese tu noble corazón que adoro
Ponderar las riquezas no sabría:
'
.Junto á su efecto, nada. vale el oro
Porque tu corazón es un tesoro
'
Que permanece virgen todavía.
JUAN DUZÁN.

L A MANIFESTACION DEL DIA 2.-Los manifestantes frente á Palacio.

�E'L MUNDO ILUSTRADO.

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Eb MUNDO ILUSTRADO.

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Domingo 12 de Abril de 1903

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 12 ~e Abril de 1903

Ptna dt Uida.
A las diez y seis horas de encapillado el reo,
estaba que no podía con sus huesos. ¡Y vaya
Fi tenía hígados el hombre! ,c¡Ya se vería si
temblaba al subir las escaleras del patíbulo!n
Charlaba por los codos y no cesaba de fumar.
Cuando le sirvieron la cena, compuesta de
platos que no había probado nunca, tuvo «felices noc:urrencias, que los «rep6rtersn encargados de informar al público de las últimas
horas del condenado, se apresuraron á transmitirá sus respectivos periódicos. A las doce
de la noche s~ retiró á descansar; en el cuarto
en que se le h abía preparado la cama, no había espectadores; de modo que el miserable
pudo quitarse la careta de cínico valor que
había tenido puesta durante todo el día. Porque la verdad era que sentía congojas terribles, angustia infinita al pensar en que cada
minuto era un paso más hacia la muerte afrentosa. Si al través de la mueca de fingida serenidad que afectaba el rostro del reo se hubiera
podido ver su alma, hasta el juez más severo

lloró rezó y blasfemó; pero blasfemias, rezos
y lágrimas, no eran más que formas. d~ una
oración al que todo lo puede, reconocimiento
íntimo y convencido de la Voluntad Suprema
é infinita.
¡Oh, y con qué atractivos, ha~ta e~ton~,es
icrnorados, se presentaban ante su 1roagmac10n
l~s encantos de la vida! Hasta los mismos dolores y trabajos le parecían deleitosos. Su pasado, surgiendo ante la fantasía del criminal,
no conservaba más que lo agradable.
Al fin se quedó dormido .. ...... .
La puerta se abrió silenciosamente, y entró
un hombre de grave y _severo aspecto; llevaba.
un papel en la mano.
-Toma y lee-dijo el recién llegado.
- No sé leer.
-Es tu indulto.
-¡Cómo!. . . ¡El indulto!. . . ¿Ese papel es el
indulto?....
Las palabras salían á pedazos de sus labios.
A punto estuvo de morir de alegría. ¡Quéfrío
tan grande en el corazón; en el cerebro qué Iuz
tan deslumbradora! ....... ¡El indulto, la vida!

rás si aceptas las condiciones con que se te
concede la vida .. .
El condenado soltó una carcajada.
-¡Condiciones! Todas ... Lo que yo quiero
es vivir. ¡Vivirl. .... -repetfa saboreando con
inefable deleite la dulce palabra.
-Oyeme. Cerca de ti está la muerte. Un
momento horrible, es verdad; pero sólo un
momento.... Luego el descanso, el sueño sin
ensuefios. Dentro de uhas cuantas horas, si
tu quieres, todos tus dolores habrán cesado:
no más tormentos ni deseos irrealizables, ni
desengaños, ni iniquidades, ni traiciones, ni
injusticias.... El reposo absoluto, la paz....
-¡Quiero vivir!
-En cambio-repitió el otro sin hacer caso
de la interrupción,-oye lo que será tu vida.
Al salir de esta cárcel comenzarán para ti
torm,mtos tan horribles que, én comparación
de ellos, los que en la infancia te contaron del
infierno te parecerán insignificantes y como
cosa de juego. Cuantas ignominias existen
caerán sobre ti. ¡ Ladrón, asesino!, serán las
palabras que de continuo habrás de oír. Pedirás trabajo y te contestarán con golpes; tendrás hambre, y nadie te socorrerá; morirás de
sed, y nadie te dará una gota de agua... Y no
creas que te servirán disfraces ni mentiras;
llevarás en la frente la marca con que Dios sefialó á Caín, marca imborrable que te d1munciará á todos los hombres.
-No importa, quiero vivir.
-¿Confías, sin duda, en que la mujer de
tus amores te abrirá los brazos y enjugará tus
lágrimas? Te engañas ... ¿Recuerdas con cuánta dulzura te miraban sus ojos y con qué pasión te besaban sus labios? Ahora está más
hermosa que antes. ¡Si la vieras! Y no te aborrece ... pero te desprecia. Náuseas le causará
el mirarte.... En cambio, quiere con toda su
alma...... ¿á quién dirás? A tu más enconado
rival, á tu más encarnizado enemigo: al hombre que te denunció. No, no creas que podrás
vengarte de él; es más fuerte que tú, y te es•
cupirá á la cara, y la gente se reirá de ti.. .. y
ella, ella también se reirá, y tú, desesperado,
desahogarás en sollozos tu rabia impotente.
-¡Quiero vivir!
-Y aun más que te desprecien los otros, te
despreciarás tú á ti mismo. Y tratarás de dormir, y tu sueño será pesadilla· te emborracharás para olvidar, y tu borra~hera será lúgubre, y siempre, siempre oirás dentro de ti la
voz implacable que te gritará: «¡Asesinoln
-¡La vida, la vida, á pesar de todo!
-Acaso pienses: ,ctengo una hija, y ella me
amará cuando todos me odien y cuando todos me llamen asesino, ella :Ue llamará padre&gt;&gt; ... No lo creas. Cuando te acerques á ella,
correrá á ocultarse. Tendrá miedo de ti. Conform~.vaya creciendo, será mayor su repulsión:
ser h1Ja tuya, ¡qué martirio! Más de una vez
lee;ás en s~ mirada este negro pensamiento:
,c¡s1 se muriera!» El ser más bajo y más vil
será para ella mejor que tú. Y cuando agonices derribado en medio del arroyo escarnecido por la canalla, pasará tu hija, 'y tú la llamarás, y ella, dándote con el pie y encubriend? el rubor del rostro, balbuceará: «¿Pues no
dice que es mi padre? ¡Está borracho, sin duda!. ..... »
-¡Calle ~sted, calle uste&lt;l! -gritó el reo.
-La realidad será más terrible que mi relato. Ahora, elige.
-¡Vivir, vivir, vivir!. ..
--Toma entonces...... -dijo el desconocido
entregando el indulto al condenado.-Mereces
la ptma de vida.
FRANc1sco F.

Yn,LEGAS.

(Zeda.)

ESTUDIO FOTOGRAFICO.

habría sentido hacia el deFgraciado honda conmiseración. Lo que en él pensaba y sentía se
agarraba con frenética desesperación á la vida.
Y en medio del espanto de esta prolongada
agonía, por encima de las sombras de muerte
que le rodeaban, la esperanza, "ese sol que no
se ponen, aparecía y se ocultaba entre las nubes de su pensamiento.
Cuando el homb1e se encontró solo, se echó
de bruces sobre la almohada de su lecho, y

(Manuel Torres.)

Que le vieran llorar ahora, ¿qué le importaba?
-Que vengan todos, todos-decía entre risas y sollozos.-¡Se me ha indultado! .... Que
amanezca cuando qltiera .... Deje usted, sefior,
que le bese las manos .... Qué bueno es usted
y el Rey qué bueno, y qué buenos los minis~
tros, y los jueces y todos los hombres!
-Se te indulta, no sólo de la muerte sino
de la prisión. Saldrás libre de aquí... .. 'A no
ser que tú mismo prefieras la muerte. .. Tú ve-

PENSAMIENTOS.
Cuando se destruye una preocupaci6n antigua, es necesario fundar una virtud nueva.

*

Se puede juzgar del mérito de las gentes por
las críticas de que son objeto· y de sus defectos por los elogios que pe;sonalroente reciben.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 12 de Abril ele 190~

•
LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.

ILUSTRACIONES DE SIMONT.

TRADUCCION O( "U ~UNDO ILU!;TRADO."
(CONTINÚA.)

Entonces, en un relámpago de lucidez, recordé mi vida de i nstitutriz: mis horas tan tranquilas, al principio; la multitud que me
aplaudía por ser juiciosa, en la distribución de premios; luego mis
horas de turbación, mi deseo de un poco de amor; la capilla á donde llevaba yo ese deseo, transfigurando su amor divino.
Que, no haya yo detenídome allí! ¿Por qué había surgido el señor Raibert? ¿Qué hay mejor que el amor de Dios? ¿No tendría yo
que volver á él, necesariamente, si contaba haciéndose el vocío en derredor de roí?
Y pregunté á aquellas gentes, que entonces me creyeron seriamente fuera de mi raz6n.
--¿No es verdad que la señorita l\Iorín es la más feliz?
Luego, tranquilamente, como el actor cuando le llega el momento de desaparecer de la escena, hace con la mano una vaga señal
de adiós, ó un ademán intraducible: el ,,¿y qué?n del h ombre que se
alza, desdeñoso y desesperado, para rechazar a l universo ... .. ... .
......... Y caí, blandamente, sin estrépito, sin causarme daño. Se
habría podido creer en un desvanecimiento de comedia. Sin embargo, no fué así: la vida no se me escapaba, era. yo quien la depositaba .. ....
No comprendo cómo volvió á roí después.

XXXIII
Se me transportó á m i casa, apenas recobré el sentido, me coloqué ante mi mesita, en mi recámarn, cerca de la ventana.
En unos cuantos plumazos, escribí al inspector, dimitiendo mi
empleo.
·
Otra cartitr á mis amigos los Albert, para notificarles lo ocurrido y mi resolución. Tres palabras de adiós y d e admiración, destinadas á la sefiorita l\Iorín, á quien felicitaba «in extremis,n por su
piedad, protectora contra todo mal. Le decía, al mismo tiempo, que
siendo absolutamente inocente, pero estando abrumada por el dolor,
le encargaba, como á la más pura y la más perfecta de las institutrices, de presentar mis respetos al Sr. Broardel, el cura, que tan mal
había querido defenderme.
Cerré las tres cartas y yo misma las fuí á depositar en el buzón.
Fuí tan rápi&lt;lame-nte, y se e,;peraba tan poco verme en la población,
que nadie advirtió mi presencia. No i:;é cómo dormí en esa noche;
creo más bien que no dormí hada absolutamente: no conservo memoria clara de eso.
Al día siguiente, á lns nueYe de la mañana, pasó bajo mis ventanas el entierro de la señora Raibert. A través de las persianas, ví
al alcalde. No sé si él estaba cambiado; por mi parte, ese mismo día,
cuando traté de poner en orden mis trenzas en desorden, ví entre los
rizos de cobre de las sienes, algunos hilos de plata: no cumplía yo
aún los veinte años.
En seguida que hubo pasado el entierro, arreglé mi maleta y

conté mis economías, que sumaban 112 francos. Tomé un carnet y
escribí: de aquí á l\Iursella, en tercera, tanto; esto, tanto¡ lo otro
tanto; el pequeño reducto que alquilar.é para morir, tanto; un fiacr¿
para ir al cementerio, que será mi último gasto, tanto¡ ........ cuando
regrese, si me quedan todavía algunos céntimos, cómpraré rosas, rosas blancas, que esparciré cerca de mi lecho, en el suelo caprichosamente. Escribiré dos palabras en un. papel: «muy poco 'iugar habría
yo necesitado en· el mundo; más ese poco no existe, parto, pues.n
Esto, ó cualquiera otra cosa; después, me moriré sin suicidarme seguramente! .Moriré de hambre, puesto que no tendré para comer'.
Vamos, ahora, Yalorl Todavía hay que colocar esto, para dejarlo en buen estado, y hay que doblar lo otro, para llevármelo en la
maleta, ¿Está hecho todo? ¿Estoy enteramente lista'?. ...... Lo estaba.
l\fe senté cerca de la ventana.
La pobrP.za de~ cielo, en aquella noche limpia, reposada y sin
e~trellas, me agra~lo. •~Yo también-le murmuraba el cielo-yo también las tengo extmgmdas .todas, las estrellas de mis sueños ...... Qué
bueno es ha.liarme en med10 de la noche, envolverse en la sombra
en el ol vido, en la nada .... . . Oh! Cómo me pesa el corazón! Qué fa~
tigadas están mis manos, qué fácil me será morir!»
Y me le~•anté, dí todavía una vuelta por mi cuarto, para ver si
todo e~taba hsto. Marchaba como fantasma ó como máquina: todo estaba bien. Volví á la ventana, me recliné en ella parada esta vez con
el ~rnsto indinad? por completo hacia las ramas' de la enredader~ que
baJO de mí fl.orecia y exhalaba un perfume tan suave que hacía desfallecir.
Flores! Hojas! Basta!. ..... Basta! ......
¿S~is otr~ cosa más que !lores y hojas? ¿Qué tenéis que parecéis
cr~cer, rnvad1r la pared, sub1l' hasta mí? ¿No se diría que roe buscáis con vuestros brazos entrelazados, que van á cogerme, á sofocarme á fuerza de perfume~, y á formarme un. ataúcl &lt;le lianas? ¿Y esas
voces que parecen surgu- de entre los cálices ......... ? ¿Acaso hablan
las flo.res? ¿Y por qué hablan tan c~nfusaroente? L? siento y no lo
comprnndo ......... ,Hablad más al~?, flores. ¿O querén; acaso que mi
cereb;o se rompa a fuerza de tens1on, para recoger al vuelo vuestras
voces.
,
-María Teresa! Señorita l\Iaría Teresa! En el nombre de Dios y
e~ el nombre de las estrellas, y en el nombre del dolor de usted escucheme!
'
-Ya escucho.
-:-Pero .baje usted, !1iña......... yo no me '.ürevo á suplicarle que
me deJ.e S\lb1r..; ...... BaJe basta la yerba bendita. Besaré sus pies pa•
~~d~~dirle perdon ...... Y luego le contaré mi historia y le ofreceré 111i
¿Eran acaso las flores las que hablaban?
(CONCLUIRÁ.)

�Domingo 12 de Abril de 1903

Cárlos Manuel Durán.:

EL MUNDO ILUSTRADO.

ta Escutla Eomtrcial f ranctsa dt mtxico.
H abíamos oído hablat· de la reorgaza nición del
Liceo F rancés, con el nombr e de «Escuela Comermercial Ft·ancesa de México,&gt; y bajo bases que
darían á la enseiíanza que en él establecimiento
se empleat·a, un carácter esencialmente comercial,
r acional y práctico.
Acabamos de hacer una visita al nuevo estableci miento y ella nos ha permitido quedar convencidos de que las reformas implantadas en el
antiguo plantel, responden á una exigencia social , tod a vez que la carrera comercial precisa
estudios tan serios como para cualquiera p1·ofesión liberal, teniendo sobre éstas l a ventaja de
ser más lucrativa.
El local de la escuela ha sufrido modificaciones de tal importancia, que ponen el establecimiento, en punto á «confort&gt; y comodidad, al nivel de los más renombrados del extranjer o. Como es b ien s ..bido, la Escuela ocupa el local que
llevó en otro tiempo el nombre de érívoli de San
Cosme. &gt; Más de dos terceras partes del terreno
q ueocupa-13,000 metros cuadrados- forman
jardines y callecillas sembradas de árboles secula r es.
En tan vasto espacio los niiíos difrutan de su
r ecreo, r espiran un ambiente puro, gozan de sana libertad y sienten por la escuela el mismo car iiío que experiment a el visitante,desde que pone
el pie en la puerta del establecimiento.
L as clases, los estudios y los dormitorios están
i nstalados de acuerdo con los más exigentes
princi pios de la higiene moderna. El refectorio,
dividido en mesas pequeiías, tiene todo el aspecto de una sala de restaurant; y en cuanto á la
cocina, el almuerzo improvisado que se si rvió
ofrecer nos el Director de la Escuela, Sr. André
Sallet , nos demostró que el bienestar material
de los alumnos es objeto de los mismos cuidados
que su cultura intelectual.
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ello se ocupan; escritura en máquina, estenografía, conforme á un método que permite recibi r a l
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solo alfabeto de signos y un ingenioso sistema
de abreviaciones; la aplicación de ciencias na turales y experimentales á la industria; la historia
de la geografía económica del mundo civilizado;
las relaciones comerciales de México con todas
las naciones, los nuevos mercados, los asuntos
referentes á los cambios, etc., etc.
Pero es, sobretodo, R la enseiíanza de las le nguas extranjeras, base de toda educación comercial, en lo que la Dirección ha puesto todo s u
empeiío. A este respecto, viendo la bond ad del
método Berlitz, hemos quedado verdaderamente
sorprendidos.
La enseñanza religiosa e5tá á car-go de uno d9
los más disting-uiclos é i nteligentes presbíteros
mexicanos. Una capilla tan hermosa como sencilla, se inaugurará el 19 del corriente, s iendo
apadrinado el acto por varias damas de la col onia francesa. Eo ella se celebrará todos los domingos y días festivos un servicio religioso.

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y el Director, señor Sallet, lo aplica con toda la
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La Escuela Comercial Francesa recibe niños
desde cinco años de edad. Estos forman una clase especial, enteramente separada de las demás,
teniendo su jardín particular y estando dirigida
por una institutriz que enseña á los niños á leer,
escribir y contar, y nociones de los idiomas francés, inglés y español,clases que les son dadas en
esos idiomas.
Los otros alumnos 1·eciben la enseñanza primaria elemental de acuerdo con los programas
oficiales, así r.omo la parte de enseiíanza supe1·ior exigida para ser admitido en la Escuela
Prepat·atoria y en todos los establecimientos de
instrucción secundaria. Mas, corno el objeto de
la Escuela Comercial es especialmente formar industr iales, comerciantes, empleados de banco y
de escr itorio, todos los cursos que se siguen tienden á este fin.
Los tres idiomas que se enseñan están ií cargo
de profesores de la Escuela Berlitz, contrntados
1rnra ello, y bien sabido es que el sistema de enseiíanza Berlitz está adoptado en todas las principales escuelas del mundo.
E l idioma francés es obligatorio en todos los
actos de la escuel a.
En cuanto á la &lt;enseiíanza comercial~, propiamente dicha, se compone, entre ot1·as materias,
de la teneduría de libros por partida doble, la )
correspondencia mercantil en los tres idiomas
enseñados en la escuela, nociones del derecho
mercantil y civil, estudio de asuntos financieros
y lectura frecuente de las publicaciones que de

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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          <name>Título Uniforme</name>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>.ENGLISH

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A ORILLAS DEL LAGO.

�Domingo 19 de Abril de 1903

J:a mtntira ·y los mtntirosós.
La mentira es vieja como el mundo, y el
mentiroso, tan antiguo como la humanidad.
La Naturaleza ha enseñado al hombre á mentir, y el interés, la imaginación, la ignorancia,
han sido cómplfoes de la Naturaleza en el deloto á engañar, de adulterar la ve~dad, de mutilar los hechos, de suponerles atributos y propiedades de que carecen. La Naturaleza ha
sugerido y facilitado la creaci6n ele ese mundo
de lo falso de lo ma;oavilloso y de lo imposihle que 11:va los nombres de mitología, de superstición y de poesía.
La Naturaleza es la gran mentirosa. Miente
con su b6veda de zafir tachonada de estrellas;
miente con su arcoiris multic&lt; loro, con los
arreboles de sus crepúsculos, con los espejismos de sus desiertos de agua y de sus desiertos de arena. Las espumas de las ondas fingen
sirenas y ninfas; las siluetas de las nu?es como los contornos de las montañas simulan
monstruos y dioses; en las nieblas y en los
crepúsculos sombríos se mueven fantasmas
mentidos, y de las tinieblas surgen falsos espectros y apariciones ficticias. Los ecos remedan voces venidas no se sabe ele dónde; las
fosforescencias luces emanadas no se sabe de
qué. Las gota; de rocío imitan piedras preciosas; los zo6fitos, plantas; los insectos, yerbas,
copos y aristas. Los grandes mamíferos parecen construcciones, y los grandes anfibios,
escollos. Los árboles simulan lanzas ó venablos 6 quitasoles ele titanes; el roble y la encina se retuercen en contracciones im1tad11s del
tétanos 6 de la epilepsia, y los enhiestos pinos
se yerguen majestuosos y simétricos como
granaderos pomeranios, haciendo centinf'la.
Ante esta gran escuela de la ficci6n, del engaño de la ilusi6n, de la mentira en fin, el
hombre se ha hecho mentiroso también; salvo
que la Naturaleza miente inocentemente, sin
conciencia, sin mala intenci6n, en tanto que
el hombre suele mentir deliberadamente. con
fines determinados, con premeditación, alevosía y ventaja.
Hay, en efecto, dos grandes categorías de
mentirorns. Los imaginativos, los exuberantes, los soñadores, como Manolito Gázquez, el
bar6n de la Castaña 6 el bar6n de Mün haussen,
y los mentirosos solapados, calculadores, mal
intencionados, como Yago 6 Tartufo.
Los primeros, como pasa con los portugueses, los andaluces y los orientales, mienten
por exceso de imagil_;laci6n y por exceso de
sensibilidad. Son, en el fondo, poetas que encuentrart mezquino el mundo y raquítica la
Naturaleza. Las cosas y los hombres, tales como ellos son,•no bastan á su fantasía, les parecen raquítico!' ·y mezquinos, peque:íios de
talla y exiguos de proporciones, y con el artificio de la mentira, agregándoles atributos de
que carecen, suponiéndoles tallas y escuadrías
que no tienen, pintándolos, coloreándolos,
vistiéndolos. con mentida!'! galas y adornándolos con joyas ricas y deslumbrantes, los forjan
á la medida de su propia fantasía y los ofrecen como un regalo á la que nos suponen.
Son mentirosos de buena fe, buenos chicos
á carta cabal, amenos, agradables en sociedad,
y grandiosos á veces é inmortales en el arte.
¿Puede darse algo más delicioso ni menos admisible que «Las mil y una noches» 6 «El Cantar de los Cantares» ni nada más grandioso
que «La Iliad.a» 6 el «Ramayana»? ¡Qué epítetos1 qué metáforas, qué pomposas descripciones! Luchas épicas entre seres des-mesurados
y ejércitos innumerables; bellezas inauditas
de mujeres inimaginables; tesoros fabulosos;
glorias sobrehumanas; tormentos inenarrables! La Naturaleza, el hombre, la materia,
la fuerza, el arte, todo es estupendo en esas
candentes imaginaciones, en esos sedientos de
grandeza, en esos insaciables de emociones, en
esos mentirosos sublimes, en esos espíritus
descontentos del raquitismo de lo real y creadores de un mundo más grande y más bello.
Estos son los mentirosos por carta de más.
¡Cuidado con los mentirosos por carla oe menos!
Estos no son poetas, son ca1culadores. No

1lIE. MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

ensanchan el mundo, ni embellecen la Natu-.
raleza. Al contrario, todo lo mutilan, todo lo
comprimen, todo lo velan y lo esfum.an. De
lo bello hacen lo feo y hasta lo monstr~10s0.
Como los chinos, deforman y afean el pie de
las mujeres. Ahí donde sorprenden un encanto, lo velan; una virtud, In. tlesnaturalizan; un
heroísmo, lo atenúan 6 desfiguran. No son corazones expansivos, almas sedientas de ideal
que adulteran lo verdadero para ha~er_lo más
grande 6 más bello; son almas env1d10sas y
mezquinas que todo lo mutilan para darle la
medida de su propia talla; son labios impre~nados de hiel que comunican su amargor al
néctar y á la ambrosía que todos gustamos y
á todos deleita.
Son, en el fondo, seres perversos é i mpotenteR, que incapaces de alcanzar lo bueüo, lo
verdadero 6 lo bello, los desfiguran y los torturan porque nó pueden ni saben crearlo ni
disfrutarlo.
El mentiroso expansivo,exuberante, ardiente, es, en general, un buen hombre y un gran
coraz6n. Díganlo Tartarín y Cyrano de Bergerac, y suele tambifn ser un gran poeta. El
mentiroso concentrado, hip6crita y mezquino
suele ser un alma vil y un coraz6n ele cieno.
Tendamos la mano y los brazos á Manolito
Gázquez, y guardémonos de Harpagon como
de la peste bub6nica.
DR. l\f. FLORES.

BRISAS DE ABRIL
NORTE Y SUR
Si hubiera de creerse siempre á los poeta~,
no habría brisas más refrescantes que las brisas de abril. El mes de abril aparece en el
convencionalismo lírico como Al mes de las
flores tiernas, de las brisas primaverales, de
los erotismos castos. Y resulta, á las veces,
tan bien rimada la. palabra ccAbril,» cuya breve agudeza tiene eufonías cristalinas, que el
lector queda seriamente convencido de que
cuanto le dice el poeta es cierto; y si el lector,
á más de lector es poeta-pues, aunque parezca extraño, hay poetas que leen, - entonces
surge inminente el peligro de que la milagrosa fama del mes de abril siga perpetuándose
en nuevos versos de «ritmos nuevos y de nuevas sensaciones."
Sin embargo, en nuestras latitudes, no es el .
mes de abril el que más se presta para arrancar los melodiosos himnos de la lira. No es
pqsible cantar con coraz6n sincero una primavera caliginosa, y nuestro abril es caliginoso,
asfixiante, polvoroso y seco, y mata con sus
enervantes calores todos los impulsos poéticos
que puedan temblar en las cuerdas de la lira,
por manera que esos entusiasmos en favor del
afamado mes, más deben buscarse en los archivos de la tradici6n que en las observaciones de la realidad.

***

¿De d6ncle viene esa tradici6n?....... Viene
del Norte, como la maquinaria moderna y como la nueva actividad humana. Y nuestros
poetas se bañan en ella con la más ingenua de
las despreocupaciones y llegan á creer firmemente que dicen la verdad cuando dicen que
en el curso del año no hay mes comparable al
c&lt;incomparable abril.»
¿Acaso, saliendo de las ciudades, trasponiendo los lindes abrasados del asfalto urbano y adelantándose por surcos proficuos de
los campos se encontrarán las inenarrables
bellezas que la tradici6n atribuye al príncipe
Abril?
No, entre nosotros. Actualmente nuestros
campos, grises y mustios en esta sequía de la
mesa central, ostentan una mon6tona tristeza·
las flores se marchitan sin ser arrancadas d~
sus tallos, como esas niñas pálidas que mueren antes de probar loS" besos bienhechores del
amor; los ganados mugen soñolientos y cada
uno de sus individuos recuerda al paciente

buey de Carclucci que con hastío byroniano
espa~ta las moscas qu~ tenazmente crispan la
nerviosa seda de su piel; los campesinos
11
contagian de la trist~za de los ganados y, bajo
un ~ol de plomo, cleJan ~agar su mirada de
terciopelo por sobre la triste extensi6n ele 101!
campos grises, cuyos resecos terrones se abren
de trecho en trecho para dar paso á un ngn
sediento y áspero. Si sohre el azu l diáfanod~
cielo se amontonasen las nubes prefiadns de
frescura y reventasen luego en una lluvia re,
confortante y vi ~ificador~, entonces tal vrz el
despertar de la tierra &lt;lana razón á los ilusi
naclos trovadores del mes de abri l. Pero o, que un triste v' l'ft•
tretanto, a lm·1 no es mas
pei::a?o paréntesis entre las tiernas galas· de la
pruna.vera y las opulentas Iloraciohes del
estío.

€1tcdones dt 6obtrnaaor tn tblbulbua.

La_ tradici6n viene del Korte. All:í, donde
los ~1elos apenas han roto sus invernales abra.
za.m1entos, donde las últimas ráfagas nevada,
todavía suelen barrer las calles y los campoa
á la entrada de la noche, doncle la reina pri•
u:ia.vera atrasa. la fecha de su arribo oficial, es
cierto que abril es el mes de las primeras tj.
bie~ns y de las primer~s galas ~orales; all~
alml es un efebo que siente las primeras mordeduras del ~mor; allá, ~bril cobija con 811
t~n:iperatura inefable las liras huérfanas y en•
tibia sus cuerdas en la proporci6n precisa
ra que el canto brote con modulaciones rít
cas y aladas.
Pero la tradición muere en el Sur. Es. una
de la_s mayore~ «insinceridades» de los poeta,
mexicanos-tienen muchas -la de cantar al
mes de abril, como al mes ·ae los medios tonos ?el sentimiento, como al mes de los gran•
des impulsos de la adolescencia, como al mes
de la~ ro~as más bellas y de las más impalpables ~lus10nes. Nuestro abril se trae muchu
asfixias y m_uchos polvos- y la mayor de sus
bellezas radica en la eufonfa de su nombre.
Cántese, en buena hora, al mes de abril como al símbolo de_ esa triste transici6n que ee
c?loca _ent~e la pnmavi:ira y el estío, entre 111
Ciegas ilus!ones de la adolescencia y las
duras realidades de la edad viril. Entonces se
dirá la verdad. P ero no es cuerdo que las li•
ras nuestras encorden i,us canciones sobre 1011
tonos de una poesía_ septentrional; porque la
poesía es . como la vida, como el amor' como
la ra~a: tiene
cualidades comunes y universa,,
les ciertamente, pero en su conjunto es una
para el Norte y otra para el Sur.

1

Salí avergonzado. A1 día siguiente llegué
jugando con otros niños hasta la puerta de la
escuela. Había allí un gran grupo de gente
que hablaba en voz baja. Del balcón entreabierto salía una siniestra claridad que me
asust6.
-Retírate, niño- me dijo tristemente un
anciano; ha.muerto don Jacinto.
Quedé sobrecogido un instante; al fin entré
resueltamente en la. escuela.
Allí estaba el cadáver, imponente, severo,
con la faz dulcemente contraída. Estaba entre
sus libros y sus mapas. ~obre los pies del féretro y al lado de sus negros paños, se extendía
la handera de la patria.
En aquel punto, recordé la. pobreza. del pedagogo, sus virtudes, su labor incansable, su
perd6n hacia mí.
Y eubie11do al tablado, me incliné sobre
aquel coraz6n que tanto había amado, sobre
aquella cabeza, un tiempo pensadora, siempre
ofendida; hice en ella estallar un beso ...... y
huí.

Con motivo de la renuncia que, para encargarse del Gobierno de Jalisco, present6 el señor
Coronel don Miguel Ahumada, del cargo de
Gobernador de Chihuahua, fueron convocado3 los habitantes del Estado de este nombre,
á la elecci6n de la persona que, con arreglo á
la Constituci6n local, debía substituir al funcionario saliente.
Las elecciones se efectuaron el domingo último, y como resultado de ellas, por haber
obtenido unanimidad de votos, fué proclama. do Gobernador el señor General don Luis Terrazas, hombre dotado de una energía á toda
prueba, y que tanto en la época aciaga d!' la
Reforma: y de la Intervenci6n, como en los
tiempos de paz que disfrutamos, ha prestado
al país muy buenos servicios. El señor General Terrazas cuenta con innumerables simpatías en el Estado que va á gobernar y ha sido
objeto de parte de sus con:::i u dada nos, al verse
favorecido por el voto del pueblo, de manifestac.iones de adhesión y de respeto que revelan la
confianza con que los chihuahuenses esperan
el buen resultado de su gestión administrativa.

***

VENUS.

LA ÚLTIMA LECCIÓN.
e

Ello es que hice una barrabasada al maestro. En el momento mismo en que inclinaba
sobre el pupitre la cabeza calva y reluciente,
escupí en ella.
Pon Jacinto quedó desconcertado; en sus
ojos brill6 un relámpago de c6lera.
-¿Q,uién ha siclo el autor de esta infamia?
inter1·og6 balbuciente,
-Dudé un momento; pero .después, temiendo que pagase mi culpa algún compañero, dije:
-Yo he sido.

[DE SAFO]

SR. GRAL. D. LUIS TERRAZAS, electo Gobernador
del Estado de Chihuahua.

Entonces levant6se el anciano, desapareció
de sus ojos 1a·c6lera, y acariciando mis rubias
guedejas, me dijo dulcemente:
-:-·Te perdono porque no has comprendido
el alcance de tu ofensa. Edúcate; s6lo así serás digno de sufrir con paciencia las ofensas
de los niños.

m•

STRINDBERG.

Oía, ~tritas, ~ita.
Errante, solitario peregrino,
Cuántas V&lt;Jces miré con desconsuelo,
Apagadas las luces de mi cielo
Perderse entre las sombras el d.-imino.
Cuántas veces el recio torbellino
Me ~rrebat6 con poderoso vuelo,
Y v1 ofuscado por impuro velo
De la verdad el resplandor divino. ·
Y supe con horror que hay almas muertas
A la_ mía sintiendo, helada y triste,

Por rnmenso dolor de muerte herida.
Hoy, Sefior, que á mi espíritu clespiertas,
Comprendo, con amor, por qué dijiste:
&lt;cSoy el camino.. la verdad , la vida.»
Tepic, 1903·.

Domingo 19 de Abril de 1903

ANTONIO ZARAGOZA,

SITIOS PINTORESCOS.-Xochimilco.

Oh Venus, reina del amor, oh diosa,
reina de las sonrisas, deja el cielo,
desciende presurosa
y al llegar á mi alcoba pára el vuelo;
en el festín alegre y soberano
escancia el vino; y que la copa de oro
pase de mano en mano
rebosa11do del néctar que yo adoro:
ve que 9610 mi techo presta abrigo
al que de Venus es constante amigo.
LAURA

M. DE CUENCA.

�Domingo 19 de Abril de 1903

..

-: -=~-

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

_,.

instantes de la chusma callejera, cuyas
cabezas solía. él pasar á cercén, sólo sabía abrir ojos y oídos á los relatos de
historia del niilo de la casa. El narrador
á su vez daba de mano los juguetes primor osos conque sus padres lo agasajaban, mientras él ocupaba la cátedra e1J !a
portería.

l~ntre los chicos endiablados del barrio de la
:-rerced, Toma.sito se llevaba la palma. No había.
que preguntar cúyas eran las pedradas que hacían llover vidrios de los balcones, ni quién ataba por la cola al gato de la carnicería contra la
perra del tendajón; todos los vecinos hubieran
respondido ácoro:
-El bribón de Tomás, el bl'ibón de Tomás.
Para sus seis años, no se encontraba en los
contornos pillo más redomado; hervía.le Ia sangre como pa.ila. de jabón; así que no era. po~ible
tenerle quieto, porque pa.ra él una silla era la
mismísima corroa.
Sus padres no hacían siquiera. la intentona de
poner á raya á Toma.sito, sabedores de que al
ama le disgustaba mirar!~ retozar en el patio;
ellos, cuyo afecto por el niño era extremado basta rayar en idolatría, Je echaban á la calle á hacer torerías.
-Es cierto que la criatura. es tra.viesa.--decían,
-pero ¡pobrecito! Es nuestro hijo, y ni lo bemos de regala.r ni de comérnbslo, que no somos
verdugos ó bárbaros. Que va.ya el alma mía á
dar guerra á la plazuela, la calle es de todo el
mundo y al que no le guste ....
El muy bribón no veía con malos ojos la debilidad paternal y se apuraba á aturdir con incesante gritería á todo el vecindario. Precisamente en el zaguán de las moradas pacíficas,
convocaba al ejército de pillastrines callejeros,
batiendo diana en una lata vieja de petróleo; allí
er11, el cuartel maestre de donde. partían las órdenes, siempre severas, desde un banco de palos
hasta la ley fuga..
.
El ideal de Tomasín era el generala.to, ya no
por los honores de las batallas bien libradas,
,,ino pot• el relumbrón de los galones y el garbo
del sombrero· de gallina..
Los relumbrones á los ojos del nifio, eran la.
expresión de la. fama y del glorioso prez militar,
servían de punto de mira. á. su arrojo de desea.misa.do, y, por lograt·los, en el campo de batalla.
de la imaginación, más de una. vez había derrota.do á supuestos enemigos. Los instintos bélicos
de Toma.sito, con ser poderosos, se a.batían en la
presencia de León, el hijo de los amos de la. casa
en que ambos vivían, el uno rico, mimado de la
fortuna, el otro de corta suerte, vástago único
de los porteros de la finca, quienes le amaban
como á santo milagroso.
Cuando León bajaba á la portería., libro en
mano el bravo militar tornábase grandísimo
gallin'.a. Su amigo le explicaba. el significado de
las estampas de sus libros de escuela, permitiendo, ademas, que Toma.sito pasara sus dedos mugrosos por la cara ~e _los muilecos.
-¿Quién es este vieJO de los tres cuernos?-Je
preguntó una noche el pillo, aumentando con una
nube de grasa de su dedito índice la tempestad
del Monte Sinaí en un libro de Historia Sagrada.·
-Es Moisés, el t,.ue libró al pueblo judío dela
esclavitud dé Egipto, sacándolo para la tierra
prometida.
.
-¡Ah!-respondió 'l'omasito con la sufici~~cia
de quien recuerda un cuento que le es fa.millar.
-¡.Y estos tres viejos tan feos:&gt;
.
-No seas descomedido, ¡qué tú! Qméne.s ban
de ¡¡er sino los Reyes Magos, los tres santos reyes!
- ¡Cómo! ¿también el negro es rey?
-¿Y qué le hace, tonto·¿
-Yo quiero saber en dónde pueden ser los feyes tan feos. ¿Lo sabes tú'!
-Todavía. no, pero luego que el maestl'o me
explique esa lección, yo te la e nseilo á. ti.
.,-Bueno, bueno. Yo quiero aprenderá rey ó
á. general como tu papá,. digo, como el señor
amo.
Diálogos de esta guisa eran el pan de cada día
en el cuarto de los porteros; ante los razonamientos de León, se aba.tía el ardor bélico del
néroe de plazuela, quien, olvidado por unos

Si el placer de maestro y discípulo no
hubiera tenido el pet•o de rigor, qué diferente marcha habrían seguida los sucesos; mas para colmo de desdichas, el general Ballesteros y su seilora ponían cara de
vina.,.re cuando los chicos se reunían.
-Que no se me roce con el hijo de los porteros-decía el gener al, y su Qigna seílora aumentaba.:
.
-Ese Tomás es un iguala.do, no mira que cada cual tiene su lugar aparte.
Generala á los veintiocho afios, no cualquie'
ra Jo es y la seilora de Ballesteros, á. decir verd a.d había sabido hacer los honores á las charre~ras y al sombrero de gallina. Llenaba el
generalato con dignidad que consistía en tiesura, orgullo y arrogante E;goísmo.
Para vigilar la educación del pequeño León,
le faltaba siempre tiempo á la señora de Balles teros· la modista y las amistades consumían sus
días, 'y el teatro y los bailes, sus noches; p~wo,
en no miraudo á su retofio, corno ella supiera
que no estaba el niilo en el cuarto de los porte,
ros poco se la daba en qué lugar se hallaría y
qué' cosas estaría oyendo y pl1nicanrlo.
Por fortuna para los dos amigos, la memoria.
de la señora de Ballesteros solía do1·mir siestas
prolongadas.
Melchor, el zapatero, no era en rea.lid_ad padre
de Toma.sito 1 eso lo sabía él muy bien, pues
cuando conoció {~ Lorenza, el niilo tenía tres meses de edad. El quiso á la muchacha &lt;porque sí;&gt;
y cuando supo que el padr? de Toma.sito_ babia
muerto, propuso el casorio Y la adopción del
nene: ambas cosas le fueron aceptadas. En el
transcurso del tiempo, Melcbor, á quien Dios no
había concedido desc~ndientes, aprendió á amar
al entenado, en lo que ~ubiera muy bien podido
ganarse el primer premio.
Cuando le pasaba por la ~maginación la idea
de que Toma.sito podía morir, claveteaba con furia. sobre el tirapié, como
quien es\uviera seguro de que
entre las dos tapas de un tacón se hallase agazapada. la
muerte.
.
La madre de Lorenza había
sido por veinticinco a.ilos por. tera de la casa de los Ballesteros. En ella había nacido
y crecido Lc&gt;renza y allí vi. vió hasta que le pasó la desgracia ...... Después se puso
á servir de criada, y más tarde contrajo matrimonio con
el zapatero Melchor, á quien
rro amaba, pero sí sentía por
él grande y respetuo sa. estimación.
Muerta la vieja portera, á
Melchor le fué ofrecido el empleo, y marido y mujer, con
el pequeilo tunante, fueron á
vivir en la casa del militar.
Lorenza encontró en ella
mucbos cambios: el niilo Juanito era ya general y se había casado. La zapatera no
se atrevía á mirar cara á cara á su amo por miedo de que
Melchor pescara el secreto,
en una. mira.da á hurtadillas.
El secreto sí, el secreto del
delito del cual le correspondía la mitad de la culpa, aunque ella, valientemente, se la
había. ecbado toda á las espaldas. ¿ Y qué era el secreto
sino una repetición más de la
travesura del Paraíso: Adán,
Eva y la tradicional serpiente haciendo de las suyas? A
su debido tiempo vino al mundo el pillo redoma.do; para
la madre fué un consuelo,
. para el cómplice una contrariedad.
·

En cel secreto&gt; estaban tres: la mad r e de Lorenza y los dos pecadores; muerta aquélla, el
niilo Juanito con el matrimonio y los r epetidos
ascensos militares, había logrado olvidar; Lorenza se puso á querer al hijo y á mentir al 81•
poso para el bienestar de la familia. Melcbor
engañado por su mujer, era feliz.
'
El general sólo deploraba del pecado las consecuencias; la existencia de ese Toma.sito incorregible que era un peligro para la buena crianza del primogénito. IA&gt;ón era muy mi r ado y pultdo, mientras que el hijo de los porteros sepasaba. de ordinario y grotesco. Veía en la inofensiva criatura. una amenaza de males futuroa.
Creía á todo creer en la inferioridad social de
los hijos de maldición, mientras consideraba A
los legítimos como dones del cielo.
-El hijo de la. portera- decía- no debe allernar con gente decente, sino girar en la esfera de
la madre. ¡Pobre criatura! es su sino, su craylta¡&gt; no debe la vida al a.mor, pues es produc&amp;o
de un accidente.
De 11hí que el general apoyara en todo y por
todo á su cara mitad en lo relativo á poner ook&gt;
á los lazos amistosos de los dos niílos; ell a, animada por la i ncondicional aprobación de todoa
sus actos hostiles contra los porteros, se atrevió
á proponer á su consorte que, para corta r el mal
de raíz, Melcbor y Lorenza fueran su bsti tuido■,
pero al niño Juanito Je entró el rrcelo de que su
víctima, sin la cortapisa de perder la colocación,
hablara de indiscreta, y desbechó el plan, lisonjeándose de generoso.
- Debemos ser buenos con esta pobre gented ijo. -Lorenza es bija de una antil{ua criada de
mi madre y él es un artesano trabaj a dor. Bas\a
atarle á Leoncito el cabo corto, cuidando de que
no se trate con Tomás.
Avergonzada la seilora ante los nobles sentl•
mientos de su marido, de una vez par a siempre
dobló la hoja.
El niño Juanito para sus adent,ros no se juzgaba con tal optimismo y él sabía por q ué. SI Lo·
renza me pierde de vista y lejos de mi i nfluencia,
habla, lo natural es que lo haga jactándose de
baber dado á luz al hijo de un general; las noticias suelen cundir andando, pero los chismes
tienen alas; y si mi es.Josa supiera.... . . Luego,
cerrando los ojos, completaba el razonamie1,to;
apretándolos aún más, veía en Jo más recóndito
de la mente á. Melchor y sentía un horripilante
calosfrío en la espina al esc1Jcbar, con el poder

de la imaginación, el roce de la chaira contra
la chabe,a.
U na tarde de enero, á esa hora en que el cansancio del día tiende al sueílo y el cansancio del
alma hacia Dios, echando medio cuerpo fuera
de la ventana por la portezuela. de la berlina,
León contemplaba con delectación el cielo tachona.do. Encarándose de pronto con la generala, le preguntó resuelto:
-Mamá, ¿cuáles son los ojos de Santa Lucía?
-Déjame, niño, no seas impertinente. Que te
los e nseñe tu nana.
Ocupadísima en discernir cuáles de sus amigas
lleva ban vestidos ricos y de moda, y cuáles iban
ata.viadas con faralaes de la pelea pasada, la
seílor a qe Ballesteros pasó inadvertida. la mueca de desabrimiento de L : oo, al oírse llamar impe rt inente porque deseaba saber. Volviéndose
el chiquitSn á. su noáriza, le dijó:
-Enséñamelos tú, nanita.
- S í, mi alma.. ¿Ves aquellas dos estrellas juntita s en el cielo? Aquellas que parece que te está n mir ando.
-Sí, sí; y luego, veo otras tres muy juntitas
también en medio de cuatro grandotas tan brillantes que forman un marco como el de mi pizarl"a.. ¿Las ves tú, nanita?
-Esos son los tres reyes, los tres santos reyes que a.doraron al Niño Dios en el portal· de
Belem, y por eso después de muertos se los llevó Dios y los cambió en estrellas.
- De modo es que ya no son gentes, ·nanita?
-Sí, también, pero son santos. Mañana es el
dí a. de los Santos Reyes, y su Divina Majestad
les per mite veni r al mundo..
-Y á. qué vienen, nanita~ ¿no les gusta. más
estar en el cielo y ser estrellas?
-Vienen á. premiará los niños buenos. Todos
los que han sido aplicados y obedientes, si ponen esta nocbe un plato. en el balcón, cuando
pasen los Santos Reyes ponen en él dulces; pero
siendo los niilos malos, sus majestades no hacen más caso de los platos que del cajón de la
bas ura..
-¿Y de dónde cogen los Reyes los dulces,
na n ita?
-Los traen del cielo, mi alma.
-Pero ¿cómo saben si los niilos han sido buenos ó no'!
-Desde el cielo, niño, se sabe muy bien lo que
pasa en el mundo; lo que es cierto y lo que no.
-¿He sido yo bueno, nanita?
-Sí, mi alma.
- De modo que si pongo esta noche mi plato
en el balcón, me trnerán los Reyes dulces y juguetes?
-¡Qué duda cabe! Pero tienes que pedirle á tu
papá permiso esta noche, para poner el plato.
-Lo pediré, lo pediré- dijo Leoncito batiendo palmas.
La. sombr&amp;. de la noche había.envuelto la. ciudad por completo; no siendo ya posible disting uirá. las personas que pasaba.nen coche, la señ &lt;?ra de Ballesteros cedió á un ataque de sentimiento maternal, hallando de perlas lo del plato y los dulces de los Santos Reyes. Aplaudien0:º par3: su ca.pote el ingenio de la nana, prome•
tió al niño obtener del general la solicitada licencia.

Durante la cena, el general y su señora t rataron de la venida de los Santos Reyes, y cuando
una hora después, montaron- en la berlina para
ir al teatt·o, Ballesteros dijv al lacayo:
-Vamos antes &lt;Al Paraíso Terrestre,&gt; calle
del Coliseo.
Apenas se perdió á distancia. el ruido del carruaje, León, de escabullida., se bajó al cuarto
del portero. Halló á su a.migo pesaroso y compungido, pues los dos monstruos le habían propinado la azotaina. del siglo.
Habíasele antojado al pfcai,o proclamar la independencia, esa tarde, ap1·ovechando la ausencia. de Melcbor y un ruto de distracción de Lo·
renza. Mientras el uno se marchó á entreg\\r la
obra al taller y remendaba la mujer una. cobija.
echándose cuentas alegres, el bribón arrancó
del marco la estampa de la Virgen de Guadalupe, y pegoteá.ndola muy bien en un paliacate,
que luego ató e'n la cafia. del plumero, se improvisó con la imagen la bandera de la insurrección. De un pedazo de cuero inglés con destino
á un par de botas, se frangolló un bonete de tres
picos, untándose para complemento de abominaciones, toda una caja de betún en 11.mbos carrillos para figurarse unas patillas de torero andaluz de antaño. Tal e1·a la concepción ridícula.
que la imaginacién de Toma.sito se había forma.do del padre de la. Patria..
Barbón y de bonete, el Cura Hidalgo capitaneó esa tarde al más grueso ejército del barrio¡
la batalla fué reñidísima y sangrienta: las piedras llevaban alas, las interjecciones callejeras
se desgranaban de las bocas de los mocosines y
caían como cerezas maduras.
En el campo de batalla cayó Melchor como
una bomba luego que echó de menos él pedazo
de cuero inglés. Con banderas descogidas iba el
heroe, ;ya victorioso y festejado de li. multitud,
cuando el zapatero le alcanzó por una oreja.
Sacado tan vergonzosamente de las filas insurgentes, quien con galán desenfado iba media hora antes á libertar al pueblo del yugo español,
los vecinos del barrio se desbordaron en aclamaciones de júbilo, que en vez de aumentar en
Melchor el anhelo de castigar al culpable, desarmaron su cólera y le recordaron la indulgencia
paternal. Ya no tenía para el hijo ni siquiera
mirada torva; le preguntaba si le dolía mucho
la orejita, y se la acariciaba con tierno afán.
-Es un consentidor-murmuraban las viejas;
los muchachos chiflaban y los hombres se reían
en las barbas de Melchor. En casa, Lorenza
completó la corrección paternal, dando á Toma.sito, con el. paliaca.te, una zurribanda de primera. Jamás se había visto el chico en tal empeño,
y por eso cuando León bajó á verle, le encontró
sollozando muy afligido.
Para consolarle, .en un santiamén le enteró de
la visita que debían hacer esa noche los Santos
Reyes, explicándole las circunstancias y persuadiéndolo á. poner un plato para sí.
--Yo no -tengo balcón- repuso el lloroso niño
con tristeza.
~No le hace. Puedes poner el plato en el pretil: dice mi nana que es lo mismo.
.
-¿En el pretil de la fuente?
-Sí, sí¡ tú pones el tuyo en la fuente, y yo el
mío en el balcón que da para ~l patio. De ese·

Doanlngo 19 de Abril de 1903
modo los Santos Reyes, si ven el uno, no pueden
pasar inadvertido el otro.
En eso quedaron ;y cuando don Morfeo empezó
á colgar de los párpados de los dos amigos, ambos se fueron prestos á dormir.
De vuelta los esposos Ballesteros, nota.ron el
plato del pretil de la fuente: en él babia algunos
confites y cuatro caramelos verdes y brillantes
como el cristal.
-Mira-dijo la se!'iora á su marido-ya poi·
aquí pasaron los Santos Reyes.
-¡Pobres! - respondió el general sonriendo
con lástima. al ver el morroiloso dón de los Reyes Magos.
_
De puntillas,el general y la seilora llegaron al
balcón y en el plat-0 de filetes dorados acomodaron una libra de dulces franceses, una c aja de
soldados y un libro de cuentos de hadas. Retiráronse á su habitación; él se durmió en breve,
gozando anticipadamente de la sorpresa agradable del niño al siguiente día; pero ella estaba
tan nerviosa. y tan impresionada por la abomina.ble y cruel Norma, que había sacrificado á
sus hijos en la ópera que acababa de oír por la
primera vez, que no pudo pegar los ojos en un
par de horas.
'L eón fué el primero en recibir á. la mailana siguiente la grata sorpresa de la visita. ¡Habían
venido los Santos RPyes !
Desde el corredor espió el plato de la. fuente,
y comparando con el propio el regalo de Toma.sito, León pensó que los Reyes J\1agos eran aduladores de ricos y no muy generosos con los pobres.
-Que no se me baje León las·escaleras, Angela-con v0z de trueno dijo el genei·al al salir de
su alcoba en traje dominguero.
-Pierda usted cuida.do, señor-contestó la doméstica temblando.
Confina.do en la asistencia tuvo al pequeílo
hasta las diez, hora en que plantándole en el coche, salie1·on de casa todos para fr de paseo.
León hubiera querido compartiL· su alegría con
la de Tomás y convidarla de los dulces finos, pero la nodriza se mostró inflexible. El coche rodaba. y rodaba mientras el niño ba~a.llaba. &lt;'OD
una idea.
¿Eran tontos los Santos Reyes? ¿no entendían
que el pobre necesita má$ que el rico:-' y si lo entendían, ¿por qué no eran jllstosi' A él á quitm
todo le abundaba en juguetes y golosinas, le habían traído ricos presentes; á Toma.sito, por ca·
r ecer de lo esencial, le salían con cuat1·O dulces
insignificantes, cuatl'O po1·querías que eran la
vergüenza del cielo.
El bríbón de Tomás no esperó á desayunarse,
ni se anduvo con melindres; uno t1·as otrn seeugulló los dulces verdes y los confites, echándose
luego á la. garganta un buen jarro de agua. Reclutando gente para la batalla del día, se anduvo por las cuatro esquinas más de media hora;
feliz, porque los Reyes no habían tornado á mil.!
las escaramuzas de la plazuela. Al primer retortijón, se retorció como un arco; al segundo soltó
la bandera y apretó á. corret• para su casa.
Lorenza echaba en ese instante un tizón soplado de la ceniza, en la olla del café, cuaudo vió
entrar al hijo hecho un-cadáver.
-Mira que pareces un desenterrado: es de hambre. Ven á beber tu café.
Apeteciendo algo caliente, Toma.sito dió algunos tragos, más no hallando consuelo, apartó de
sí la taza y se echó en el petate para busca1· descanso. Pócima tras pócima le dieron los desola.dos padres: hierbabuena, manzanilla, cedrón,
la botica entera.
Por fin, Melchor, envolviendo á la criatura en
un jorongo, cargó con ella a.l consultorio de la
farmacia vecina.
La gente había cargado aquella mailana., así
es que Melchor, recibiendo la ficha 23, tuvo que
esperar largo tiempo su turno. El 15 tenía un
absceso en el cuello y tardó siete m\nutos en salir; del 16 al 20 los casos no debieron set· serios
pues los pacientes de esos n~e1·os pronto se vie'.
ron en la calle; pero el 21, un viejo que padecía
de varices y estaba vendado de piernas, y el 22
un herido ae la cara, se tardaron una barba.1·i'.
dad. Antes de que llamaran al 23, hubo un entreacto: el médico se lavó las manos con que había curado llagas y heridas, para torcer un cigarrito, fumaao el cual, se asomó á la puuta
diciendo:
'

�EL hiúNDO ILUSTRADO.

Domingo 19 de Abril de 1903
-Entre el 23.
-¿Qué ha comido-preguntó frunciendo el ceño el matasanos, después de reconocer minuciosamente al niño.
-Nada, señor, nada, porque ni siquiera bebió el café.
-Pues está envenenado y temo que sea demasiado tarde. Veremos.
En la botica, sin que el farmacéutico cobrara
un centavo al paciente, recibió todus los remedios aconsejados por la ciencia,.pero inútilmen;
te. Era tarde, muy tarde y Tomasito expiró en
brizos del doctor.
¡Y pensar que la muerte, la cruel é inevitable,
roba tintas á las mejillas de las vírgenes, sueños
al adolescente, ilusiones al mozo y promesas al
pequeñuelo! En cambio. con qué tardo y penoso
andar acude al reclamo del decrépito, del caduco y del afligido. Viene, viene siempre, pero es
inoportuna..
León, en presencia del cadáver de Toma.sito,
se quedó perplejo. Se le anudaba. la. garganta. y
no osó articular palabra. No de los ojos, de los
poros todos de su cuerpo sentía él que le brotaban lágrimas como de los poros del arbol resinoso brotan las gotas de la goma. Sus ojos, sin
embargo, se mant~nían secos y torvos bajo el
do~el de la. frente encapotada.
La señora de Ballesteros se conmovió de veras y el general consoló lo mejor que supo á los
padres del niño muerto. A León Je aseguró la
generala que Toma.sito estaba. ya en el cielo.
Ni entusiasmo ni simpatía despertaba al niño
la vide. celestial, eterna tertulia de.holgazanes
repantigados y ebrios de música angélica. De
la orquesta del cielo podía formarse idea por el
concierto religioso de la sagrada catedral, y recordando el zumbido de moscones de los señores
canónigos en el coro, y Je. canturria. monótona
en falsete de los éoloraditos al pie del facistol
pensaba que en materia de música, Dios no de~
bía de ser persona de gusto.
.
Costeó el general el entierro; León y su nodriza asistieron á él en el coche de la casa.
A medida que el sepulturero excavaba la tierra, León hacía esfuerzos mentales por excavar
el cielo. Había oído decir que los dulces verdes
teñidos de fuchina, habían envenenado á. Toma.sito, á su compañero, á su amigo querido: luego ¿eran los Santos Reyes estúpidos ó asesinos?
Sobre la tumba se formó un montecillo de flores, que todos los presentes humedecieron con
sus lágrimas. De regreso á la ciudad, a.tarde-

Domingo 19 de Abril de l!J03

EL MUNDO ILUST RADO.
cía; el cementerio quedó allá a.bajo, metido en
la sombra de los árboles y de la noche;pero con
serlo tanto, era más densa la sombra del espíritu. León, desde el fondo de su alma, interrogó
á la muerte:
-¿Me devolverás á Toma.sito? ¿le volveré á
ver alguna vez?
La luna empezaba. á inundar de claridad el espacio mudo, y la apacible luz aumentaba la melancolía del almaj ninguna voz se oyó, pet·o el
pequeño, en lo mas hnndo de !&gt;U pensamiento,
vió graba.da con letras de fuego la sombría y
le.cónica respuesta del cuervo posa.do en el busto de Palas.

Don 'francisco Diaz dt J:tón.
El lúnes último, en las primeras horas de
la mañana, ~ejó de existir e:n ~sta capital el
Sr. D. Francisco Díaz de Leoi:i,, mteligente tipógrafo á quien la imprenta debe en ~l éxico
muchos y muy 11otables adelantos.
'

Gostumbres Populares.
lOSJUDAS
Es todavía una de las costumbres favoritas
de nuestro pueblo... .. . y no sólo de lo que hemos dado en llamar nuestro pueblo, sino también de muchos á quienes la fortuna y la educación han colocado muy por cima de las úl-

de pertenecer á tal ó cual partido, pagaban
necesariamente tributo. á la costumbre. Para
el pueblo, que se guía casi siempre por la
impresión del momento, aquellos eran los
"Judas'' y él era el Cristo ...... un Cristo que
gozaba con las "volteretas" de un muñeco
colgado á un cordel y lleno, por dentro y por
fu'\lra de "bombas'» destinadas á convertirlo
. en pedazos.
en un' instante
E~to, poco á poco, fué d9sapareciendo, y
los "Judas" de ahora ni lastiman b. reputa-

DESDE .EL PABAlllO.
Ideal! Ideal I Como el viajero
en desiertas regiones extraviado,
abandona el ca.mino verdadero
por seguir el sendero
que lo aleja del punto desea.do,
cuántas veces las almas que te ansían
con tu cerca.na claridad se ofuscan,
de tu región serena se desvían,
por fatua luz se guían
y más te pierden cuando más te buscan 1
FRANCISCO DIAZ SILYEIRA.

RIMA AMARGA .
- Mancebo pansa.ti vo, esperas algo'?
-Aguardo una mujer dtisconocida
que ha de surgir como Je. luz del re.yo
á darme con su a.mot• la fe perdida.
-¿.La fe perdida tú, que gloria sueñas
y e.un no has cumplido veinte y dos eneros?
-Y ya la duda en mí clavó su presa
como el puñal en las entrañas de Eros.
-¿,Pero quién eres tú que tanto sufres
sin doblegarte al peso de los años?
-Que quién soy yo? Je.más me lo preguntes,
heraldo de mis propios desengaños.. ...
-Y á quién esperas, di, siniestra. esfinge
que ca.usas mi dolor sin compreooerte'?
-A una mujer muy pálida y muy triste,
enamorada. de mi a.mor: la l\Iuerte!.'. ...
JOSÉ M. CARBO~ELL.

El Sr. Díaz de León, generalmente estim
do en nuestra sociedad por sus ideas filantrópicas y su espíritu de iniciativa en bien ele los
pobres, fué el fundador del Abilo de l\Iendigos, establecimiento que dirigió hasta su muerte, y que tan buenos servicios ha prestado i
la clase menesterosa.
A sus funerales concurrieron numerorns tipógrafos y algunas personas de nuestra sociedad. Al morir el Sr. Díaz de León, desempenaba el empleo üe Jefe de la Imprenta del
Timbre.

ti mas clases sociales... Quemar en "estatua"
al que ha sido, á través de lo~ tiempos. la personificación más perfecta de la maldad y la
perfidia, al que vendió, por un puñado de monedas, al Divino Maestro, €-S cosa que ni los
años han hecho olvidar, 11i los alcances de
nuestra cultura han podido impedir.
Tras la recordación det sublime drama
del Calvario, con s11s pasajes impregnados de
profunda tristeza, surge siempre como una
nota cómica, el estruendo del sábado de gloria. En figuras imposible~, )a figura del traidor se reproduce año por año; aquí afecta el
cuerpo de una mujer ridfoulamente vestida
con ropas multicolores; allá, el de un "lagartijo" que llern al cuello, á guisa de corbata,
el nudo descomunal de una franja de papel
de china; y más allá, el de uno de tantos "tipos'' grabados en la conciencia popular con
líneas imborrables ..... .
Apenas enmudecen las campanas, comienza en las calles la gritería•que aturde; el rumrnm &lt;le los vendedores; la ensordecedora algarada &lt;le las "matracas" con que los niños
' 'se divierten" ...... en espera de que las campanas desaten su lengua de bronce, para echarse por esos mundos de Dios, ansiosos de ver
que se retuerzan, pendientes de una soga, los
mil y mil muñecos en que la muchedumbre
tiene ¡mestas las miraclaci. Dan las torres la
señal; llena el aire de improviso el repique
á vuelo, y las deto:1nciones se suceden en una
confusi6n espantosa y los gritos de la multitud rompen el silencio, mezclúndose al ruido
insoportable de las murgas callejeras...... . Del
" .Judas," llevado momentos antes en alto y
en son de triunfo, por las populosas avenidas,
no queda más que un miAerable esqueleto de
carrizo y cartón, símbolo de las vanidades humanas.•....... .

C H A PALA.-A la hora del crepúsculo.

Antiguamente, los ".Ju das" solían "representar" á personajes sobre quienes el pueblo
claYaba los ojos, como un puñal. El asesino,
el infidente, el tirano, y hasta los que no debían, para ser quemados, otra "falta" que la

ción de nadie, ni son para la multitud indicio
de venganzas personales. El pueblo ríe, goza, se divierte, y por más que esa diversión no
encaje en el estado de cultura en que se encuentra el país, persiste él en su empeño y por
complacerlo está y estará quién sabe hasta
cuando, pronto á quemar el último cohete.

***
Ent:etanto, la vida ordinaria abre un paréntesis; vuelven los _moradores de la capital
á sus trabajos habituales, y de la balaµstrada
de un balcón queda colgando el último "Judas'' ........ . ..... .
Es tener demasiada buena opinión de nossotros, al reducir todas las cosas á los estrechos límites de nuestra ~pacidad y afirmar
que todo lo que traspasa nuestra comprensión
es imposible.

*

La verdad es la
realización, es la
elegancia que supera á todos los
suefios de la·gloria del hombre.

*

Las grandes palabras representan los grandes
sentimientos, y
del disgu~to éte
unas se cae fácilmente eri el disgusto de los otros

*

Decir: «JamÍ\R
he cambiado»
equiYale Íl decir:
«He nacido infn1 i ble y no he
aprendido las
lecciones de la
vida.&gt;&gt;

PALABRAS.
El poeta se levant6 ante el concurso.
Y dijo:
.
-«Artistas: ¿por qué buscáis hojas de malva para ceñir vuestras cabezas desvanecidas de
gloria? ¿Por qué cogéis las florecillas inodoras? ¿Acaso no hay laureles? Pues bien, yo os
digo: despre(}iad el ,·ano aparato de esa falsas
coronas, que parecen líos de alfalfa con que
son coronados los bueyes por el humilde labriego, ó gajos de vid que cubren las ruborizantes caras de las doncellas en la fiesta de
Pan. Si amáis de veras coronas y no encontráis la simbólica de laurel, coged zarzas espinosas, que remeden en vuestras cabezas círculos sangrientos de dolor.
«Artistas: arrancaos esas piltrafas que denigran. Entendedme. Detesto la. soberbia, que
es la hinchazón del escuerzo, la pompa de jabón, el átomo que zumba delante del infinito.
Quiero que os despojéis de tanta vanidad para que entréis ror las sendas de las violetas y
defendáis vuestros ideales con más amor que
la gloria. La zarza sólo espera nna chispa do
vuestro numen para que fulmine sus 1ojizas
lenguas que hablarán sobre la multitud.
,,Artistas: os hablo con mi al~a sencilla y
casta. El humo marea. ¿Amáis al humo?
¡Ofuscaciones de verdad, bajezas escondidas y
haladroneantes, tinieblas de perversi6nl !No!
Vosot10~ amáis la aurora en que todo canta y
réfleja sin esperar el parabién de las estrellas.
Toda alma llena de luz se contempla y se hasta. La aurora está gloriosa de FÍ misma. Vosotros no alcanzáis á. comprender cómo vue~tra alma se parece á las auroras. Siempre allí
está levantándose el ideal, cada vez más puro
y más luminoso. Está, puei&lt;, en encarnar este
ideal lo más inmensamente posible. Apenas
se anuncie, cantarán los poet&lt;is como loe pájaros en la tierra. Y doquiera brotarán flores.
Yo os digo, pues, que os sobra vuestro espíritu para que bajéis á la Naturaleza y cantéis
sin soberbia en los principios de sus verdadei&lt;.
Y cantad sin esperar las lisonjeras flores de
las amables fier:is humanas, que al fin vuestra alma de artista está llena de todas ellas.
¿Y trocaríais vuestras místicas rosas ideales
por ex~ravagantes claveles confeccionados por
las floristas? Pero me alegraría que ni osarais
pensarlo, antes, cubriéndoos con vuestras manos la cabeza, oíros exclamar: ¡llevamos nuestra corona d.e espinas! Y que esas espinas puedan convertirse en coronas ígneas.
«Artistas: ... .. . yo amo todo lo que no ennoblece la frente de los imbéciles...... ... !,,
. Estallaron los_ bravos en el paraíso. Las rubias damas cubrían el carmín de sus labios
con las plumas de los abanicos. Los caballeros sin alma dirigían sus anteojos á los palcos: Pero un tono de _luz esparcía un reflejo
de ideas, que era como una sonrisa divina entre los tules, los «aigrettes» y las cabelleras.
JOSÉ l&gt;IARÍA VÉLEZ.

�~

Lesnard jugó; al principio gan6 poco; luego
mucho, muchísimo dinero. Aquello era una
fortuna!
La riqueza, ese bendito fantasma, que siempre lo había perseguido en sus largas horas de
infortunio, lo veía ahora muy de cerca; casi
lÓ palpaba. Luego de la ilusión pasaba á la
realidad. Vamos! sería conde, y sus cartas
serían dirigidas al ((Hotel Lesnard.»
Pero ¿qué diablos estoy pensando? exclamaba Lesnard, dominado completamente por la
excitación nerviosa del·juego: apenas si tendré en todo esto cuatrocientos mil francos¡ i
la verdad que es una riqueza, pero .... .. ¿Y mia
millones?. Y de nuevo la cabeza de Lesnard
vuelta un infierno, se inclinaba pesadamen~
sobre su pecho.

CUENTOS DEL MANICOMIO
LOS QUE NOLLEGAN AS. BIPÓLlTO
(&lt;Ni son todos los que
están, ni están todos los
que son.&gt;]

IV
EL MOSCARDÓN,

El muchacho, que no había consPguido pasar de escribiente-ya porque no tuviera ap-

··· á¡· ~~~¡a_·¿.~~-¡-~·¿~;. ·1·1~~~ü~- -~¡¡¡¿~·ii~~~-k
Banca! EL señor vizconde Ruán la dobla,
caso de que haya mejores puestas.
-Pero, cubrid al menos mi·fondo, contestó Lesnard.
-¿Cuánto tenéis, caballero? repuso el visconde.
-Setecientos treinta y cinco·mil francoe,
una miseria, dijo Lesnard.
El vizconde se desabrochó su gabán, y eacanelo del bolsillo de su levita una finísima
cartera, la puso negligentemente 6obre la m
sa, diciendo:
-La banca tiene un millón.
Re dieron las cartas.
Lesnard, con la mirada ü1cierta, las maaot,
'Jris1mdas, sostenida la respiración, esper6.
Apenas si oyó cuando le anunciaron : Ha ·
perdido, señor ele Lésnard.
Cayó de espaldas sin proferir una palabra..
El dueño de la casa dió las señas de su ca..
sa, y lo hizo subir á un carruaje.
····························· ·············· ················
Cuamlo llegó, había recobrado por completo el sentido. Sus manos nerviosas recorrieron
en un instante todas las cavidades de sus bolsillos. ¡Nada! ¡Nada! ¡Completamente arruinado!
La dueña de la casa le salió al encuentro.
-¿Sabéis, caballero, á cuánto asciende vues•
tra cuenta?
- Descuidaos, señora, seré millonario, bal•
buceó Lesnard.
-Pero, ¿qué diablo de millones son esos á
que os referís, y con los cuales pretendéis paJ
garme veinte semanas?
-Señora: el conde Lesnard demora 8118
cuentas, pero vos no quedaréis descontenta
cuando lo hayáis cobrado todo.
Aquella misma noche se ahorcó el pobre
·Lesnard.
·
HE~Y DUVEROY.

·-·

ACUARELA.
Luce, colgada en fúlgida tachuela,
De su esmalte ya opaco la hermosura,
Cubierta por el polvo la pintura
De una antigua y exótica acuarela.
De nácar y carey~es la cañuela;

Y casi_amortiguada, la figura
Destácase de un ibis, que en la obscura ·
Comba de un cielo nebuloso vuela.

•

ESTUD I O f-OT OGRAFICO
COLECCIÓN PELLANDL.\'I.

SUEÑOS FATALES.
Aquel pobre diablo de Lesnard, estaba verdaderamente loco.
Hijo del pueblo, soñando con hacerse noble,
la vida de Lesnard ·fué una larga serié de alternativas. Una spla idea desgraciada lo había dominado siempre: la riqueza, y esta sola idea tentadora, se le presentaba bajo diver-

sos modos, pero no se apartába un solo instante
de su cerebro enfermo.
·
Ora bajo montones de oro; ora en viajes fabulosos, á lejanas tierras, de donde pensaba
regresar cargado de millones; ora bAjo cualquiera otra forma enloquecedora, la idea de
hacerse rico predominaba siempre en· Lesnard.
Recurrió como último medio decisivo al
juego. Hizo almoneda todo cuanto poseía, y

Dooningo 19 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

. EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 19 de Abril d-e 1903

De un lago entre los húmedos zarznle~,
Del ocaso á las luces vesperales
Corre tras de las liebres un podenco.

Y mientras el crepúsculo agonizn,
Sobre el trémulo lago se desliza
Como rosada góndola un flamenco.
JUAN DrzÁ:s.

•

titudes como todo el que lo favorecía con hablar d¡ él, gritaba muy alto, ó bien, como él
m urmuraba temerosamente muy bajo, porque
tenía vergüenza,- también hacía literatura,
también era borracho, y también iba, como el
J efe de la Sección, camino de la muerte por
alcohofümo.
Aquella mañana tomó asiento ante el bufete toelo-¡así, todo!-tembloroso, y aún oliente' al alcohol que le había taro baleado, que lo
h abía peleado, que lo había llorado, que lo
bahía ridiculizAdo en fin, la noche anterior,
y empuñó la pluma, que de seguro le bailaría
entre los dedos, dP,dos maltrntados, dedos de
u ñas rotas y falanges adoloridas.
Llegó el moscardón, un moscardón verde
b asta el l ustre, como el viejo traje del muchacho y regordete y grande, hembra antigua y t'uerte que habría sorbielo al consorte.
Fué primero la mano la elegida para el cosquilleo burlante; se le clavaba, le caminaba
por sohre t~elo el enrojec~&lt;lo dorso, y detpués
se alejaba riendo á c1ircaJadas-no era r1Sa de
burla ruidosa, aquel zumbido que levantaba
al empi narse rumbo al cielo raso azul?-de
las injurias que el agredido elevaba con rapidez para ver si la alcanzaban.
J uan, como era natu ral que se llamase un
escribiente, buscaba que ella que lo veía enormemente agrandado, como ven todos los moscardones á los hombres, según proclama naturalista, oyese también agrandadas sus protestas por la agresión.
Ft,é de!'pués la nariz la que tomó para lugar de sus burlescos paseos y efímeras anidadas y todavía inconforme, en su as.!endiente
bef~ á un hombre, fué á prenelerse á. la cabeza
que-¡también eso hace el alcohol!-empezaba á encalvPcer.
La desesperación escribientil aumentó, como en mañana d~ sed de agua,.entonces dafiosa y de odio á sí mismo, también peligroso,
aumentan las impresiones, cualesquiera que
se rPciuan.
Pe_ro temió al, ridículo, si pe1seguía a! moscardon, y er::pero.
Otras veces siguió el verdeanimalilo, con la
idea del contacto rieliculiza&lt;lor y molesto para
la cara, víctima &lt;le un enrojecimiento febril,
y para la empobrecida cabeza calva.
Entonces el muchacho sosegó sus nervios,
ordenóles una quietud harto difícil, y ¡á. pesar de su alcohol, consi~uió la tranquilidad!
Vol vía el mo~car&lt;lón, y lo cosquilleaba, lo
pinchaba, lo calofría ba m~s y más, para volar
despué;,, siempre con la risa zumban te-como
de censor bal buenesco-en la trompilla agresora.
El e~cribiente--Juitn, ¿.no? -seguía quieto,
y cuando el moscarelón llegaba, él le soplaba
suavemente.
Sólo en un momento en que se le alacranizó en frente el limpiaplumas, limpiaplumas
cortado y cosido por una prima de segundo
orden, arrojó la mano sobre el bufete.
Y siguió quieto, con nervios extraordinariamente tranquilizados.
El moscardón, probablemente cahsado de su
burla, porque muchas veces se fastidiaba antes q ne el burlado, vol vía m~s &lt;le tarde en tarde á la inmóvil cabeza, y sentía cierto entorpecimiento, ciertos vértigos, pero volvía raramente atraído por aquella cabeza, y recordando á sus parientas las falenas por el entorpecimit:mto y la atracción que al mismo tiempo
sienten ante las flamas, pero pensando en que
en aquella cabeza no había flama alguna ni
podía haberla en la cabeza de uno que era
¡er::cribiente y borracho!. .....
Su de::!vanecimiento y su torpeza progresaban, y seguía llegando menos alto y rodando

EST UDIO F OT OGRAFICO.
COLECCIÓN PELLANDIXI.

más bajo cuando tropezaba con la cabeza que
ya no quería perseguir, pero que la atraía.
El escribiente siguió soplándole con suavidad, cada vez que se le prendía el obstinado
moscardón .
. El ~uchacho a.penas parpadeaba, con res1stenc1a tenaz á moverse ........ .
De repente rodó el moscardón sobre la mesa, y quedó tendido con el vientre hacia arriba, agitando locamente las patitas.

. Juan s~ puso en pie de un salto, y gritó
ne~?º ruidosamente, entre la silenciosa admirac10n &lt;le sns compañeros que tenían qui etos
en las manos lo~ portaplumas é inquietas en
las manos las muadas: «se l_o dí á gustar, por
vengarme en alguno, de m1 desgracia; e! alcohol mata, ¡ya lo creo!!»
FRANCISCO Z ÁRA'l'E

Rm z.

�EL MUNDO ILUSTRADO.

b:L MUNDO ILUSTRADO.

Dcxmingo 1!I de At&gt;ril de 1903

ca telegrafia sin HHo~
en mtxico.

E

coucéntricos cuyo centro es el puhto donde cayó la gota y que van aumentando
progresivamente hasta terminar en los extremos del estanque.
Pues bien, el estanque en la telegrafía
sin alambres lo representa la atmósfera·
la gota de agua, la corriente eléctrica qu~
está en estado latente en la antena, y loe
círculos concéntricos lae ondas eléctricas
que van á impresionar el aparato de la oficina opuesta.
Publicamos unos grabados de las oficinas que la Dirección de Telégrafos ha
establecido por vía de ensayo en Cabo
Haro, del Estado de Sonora, y Santa &amp;salia, de la Baja California, así como las
vistas de la bahía de Guaymas, de la. estación del ferrocarril y de la Penitenciaria
del puerto.
Las pruebas se han llevado á cabo con
todo éxito. El costo de las torres es de
quince mil pesos.

L mundo entero ha proclamado los
triunfos obtenidos por Marconi con
su maravillosa inveni::ión de la
telegrafía sin alambres, y en las
distintas naciones se han hecho experi •
mentos de su sistema; justo era, por lo
mismo, que en México, que es tal vez donde más se nece~ita por tener extensas comarcas de su territorio desprovistas de
comuniC'aciones rápidas, se procediera á
efectuar ensayos que encaminaran ú algún
resultado práctico.
Al Director de Telégrafos, señor Ingeniero don Camilo A. González, le ha tocado tomar la iniciativa en un asunto tan
trascendental.
Una casa alemana que es competidora
de Marconi y que ha reformado sus aparatos, es la que contrató la instalación de
dos oficinas, situada una en Cabo Haro,
á siete kilómetros de Guaymas, y la otra
en Santa Rosalía, del Territorio de la Baja California.
SA NT'A ROSALIA.-Exterior de la Oficina.

***
Para el efecto, se construyeron unas casas de madera que tienen tres departamentos, uno destinado á la oficina, propiamente dicha, otro para la instalación
de acumuladores eléctricos, y el último
para almacenes y bodega.
Los aparatos que constituyen el sistema de transmisión, so11 los siguientes: la
llave ó manipulador, que está dotado &lt;le
un contacto de platino, haciendo el otro
contacto en un depósito de mercurio, que
tiene encima una capa de petróleo &lt;le un
centímetro de espesor. El objeto del petróleo es evitar la chispa que se produciría al haber falta de continuidad de la
corriente eléctrica que se utiliza y que es
de gran intensidad.
Un carrete de inducción Ristema Rumkorff, que produce una chispa de 35 á 40
centímetros. Eete carrete está «actuado»
con acumuladores. A continuación hay
un vibrador de mercurio, :&lt;actuado» por
un peque:ño dinamo movido también por
acumuladores. Hay un reostalo que sirve
pam graduar la intensidad de la chispa
eléctrica.
Conectados todos estos aparatos, queda
uno de los terminales del carrete de Rumkorff en comunicación, por medio de un
hilo conductor, con la antena que está colocada en la extremidad posterior de las
torres construídas al efecto.

UN RECUERDO.
Ella miraba fijamente el suelo.
En el hondo silencio los instantes
abismos eran de dolor y duelo.
Oh, si por siempre juntos, anhelantes,
un imprevisto golpe nos hiriera!
Lentamente clavóme sus brillantes
ojos. Aun miro con convulsa boca
hablándome palabras y evocando
una rojiza llaga, que sangrando,
parece que suplica á quien la toca.
GABRIEL D' ANNUNZIO.

TENTACIÓN.
·SANTA ROSALIA.-La caseta y las torres.

Llevabas con donaire la sombrilla.
de seda azul con rosas escarlata,
y hollaba la negruzca escalinata
el tacón de tu arqueada zapatilla.
Envolviste tu cuello en la mantilla,
y al suspender el ruedo de tu bata,
dejastes ver el ce~idor &lt;le plata
que aprisiona tu ~órbida rodilla.
Entonces en tu faz llena de enojos,
hubo un florecimiento de sonrojos
y pudorosa aligeraste el paso.
Mientras que yo, mirándote de hinojos,
sentí que se agitó sobre mis ojos
tu fina enagua de crujiente raso.
LEOPOLDO LUGONF_.g.

El aparato receptor se compone de un
tubo lleno de limadura de níquel, plata
y hierro, que es el que recibe las señales
directamente de la antena. El tubo tiene
un 1vibrador parecido al de las campanas
El Rin estaba poblado de ondinas. E neléctricas, cuyo martillo lo golpea constre éstas había una de maravilloea hertantemente, con objeto de hacer deeaparemosura, llamada Loreley, que en las no
cer la cohesión en la limadura. El mismo
ches de luna abandonaba su palacio de
tubo tiene en sus extremidades unos hilos
líquido cristal y se reclinaba con indolende platino conectados con un registro Morcia seductora en la cima de una roca, bruSANTA ROSALIA.-lnterior de la Ofi,cina.
. se que marca las se:ñales en uña tira, que
ñida por las olas, que se destacaba en el
está movida por un mecanismo de reloj.
centro del río.
Un conmutador especial comunica, segúfl las necesidades del caso,
El conde Palatino Bruno, sefior de aqm1lla comarca, acostumbraba
la antena con el aparato trasmisor ó con el raptor.
á pasearse por las márgenes del Rin en las noches claras. En uno de
esos paseos vió á Loreley y quedó profundamente enamorado de ella.
Y así, en lo Rucesivo, ni una sola noche de luna dejó el conde de ir _á
Hay una explicación muy clara sobre la teoría de la teleo-rafía
sin
contemplar aquella encantadora divinidad, que á veces le sonreía av1•
0
hilos y al alcance de todo el mundo.
vando las llam11s de su pasión. Y como era poeta y pulsaba el arpa, le
En _un estanque lleno d~ agua, se nota que al dejar caer una gota
compuso una canción amorosa, cuya estrofa final decía así: ·«P?r &lt;p~é
del mismo líquido desde cierta altura, se forma una serie de círculos
no has de ser mía? Por qué no he de ser todo tuyo? Llévame a, v1v1r

***

contigo en tu morada, allá en el fondo de las aguas!» Una noche, en
vez de pasearse por las márgenes del Rin, el conde entró en una I reciosa barca, y mecido por las ondas tranquilas y plateadaR del río, se
puso á cantar su canción amorosa. Loreley no tardó en aparecer, más
radian te, más bella y seductora que nunca. El enamorado se fué acercando á la roca magnéticamente atraído por las miradas y las sonrisas
de la ondina. Mas cuando estuvo bastante cerca, Loreley hizo una señal ca balística, y
acto continuo las
ondas del Rin,
que se deslizaban en mansfaimas ondulaciones, se encresparon en tumultuoso oleaje y formando un remolino vertiginoso
absorbieron en
.,u seno á la barca y al trúvador.

*

CABO H A RO.-Exterior &lt;-e la Oficina.

Desde entonces, cuentan los
habitantes de aquellaregión, que
entlas altas ho-

ras de las noche1:1
de luna surgen
de las aguas del
río las not11s ardientes y dulcísimas de un canto amoroso. Son
las voces del
himno n upcial
que el conde Palatino Bruno y la
ondina Loreley
entonan u nidos
para siempre en
el fondo del Rin 1
C.

1903.

R OMAGOSA.

GUAYM A S.-Vista de la Bahía.

lEN QUE PENSARÉ?

Doll:ningo 19 de Abril de 1903

Veía yo allí una flor postergada á ~tra de -~enos mérit~ y ~t~lidad
y mi imaginación exaltada por aquella mfracc1on de los prmc1p10s ~e
justicia, inventó el siguiente diálogo, no amoroso 0omo ella supuso, sino de celos y envidias.
Hablaba la rosa natural y decía:
-Por más esfuerzos que hagas, por más palabras que emplees,
nunci me convencerás de tu superioridad sobre mí. Eres inferior, muy
inferior á todas las de nuestra familia.
¿Quién te educó y quién cuidó de que crecieras gallarda y esbelta?
¿Quién limpió de gusanillos y caracoles tus cabellos? ¿Quién regó tu
tallo? ¿Qué abejas libaron en tu corola y qué mariposas mancharon el
terciopelo de tus hojas con el oro de sus alas? ¿Qué pechos has adornado, sobre qué senos te has mecido y quién de ti hizo símbolo 4e
amor que llevara la alegría á un corazón apasionado?
Responde, di: ¿Quién te hizo, quién te creó, quién te trajo aquí,
sin otra misión que insultar á los que debías respetar?
-Cierto-dijo la rosa de porcelana-que ninguno de esos placeres
be disfrutado. Pero si nadie me educó, si nadie se preocupó de migallardía y esbeltez, fué porque nunca he necesitado de ello; si de gusanos y cirracoles no limpiaron mi capullo, fué porque esos bichos no
han llegado hasta mí. No regaron mi tallo porque supe conservar eterna mi lozanía, y si abejas no libaron en mi corola y mariposas no se
posaron en mí, fué porque á ello no me expusieron, que de haberlo
hecho, sPgura hubiera sido la preferencia, aunque desde ahora te digo
que por feas á las unas y por variables á las otras las desprecio.
Ni he adornado pechos ni expresado pasiones, porque tales cosas
más que honrar denigran y envilecen. Por lo mismo no me he visto
frecuentemente expuesta -al desdén con que se trata á la infeliz que entrega como prenda de amor una mano enamorada á otra que no le corresponde, y que se complace en arrancar sus hojas para arrojarlas en
el lodo de la calle.
Con afán y solicitud me creó un artífice que supo dar á mi delicada belleza perdurable existencia, y esto no podrá reconocer como causa un mieterio indescifrable, cual es el de tu existencia, pero tiene mérito indiscutible, puesto que de mano de hombre es y casi se confunde
con lo que la Naturaleza ha creado. Además, tu poder es efímero tu
reinado es de un día, mientras que el mío no tiene límite· contra 'esto
~é~~es~~~
'
-¡Gran error, nada hay eterno!
-¿OpinaR que todas somos de vida tan fugaz como la tuya? La
mía es más duradera ......
-Sí, tanto como el tallo que adorna tus hojas.
-¿Tiene~ tú acaso un brillo parecido al mío de que te mofas?
--¡Igno;ante! Todas l~s alborad_as, los primeros rayos del sol arrancan al roc10 que cubre mis carnosidades reflejos de plata y azul que
deslumbran y embellecen.
Pero no discutamos más; por mucho que á mí te parezcas no dejarás nunca de ser una imitación un remedo mío.
'
Y las imitaciones son siem p;e fals:is.

··························· ·········· ·············

. Al hacer la limpieza diaria, un criado
Juntó en un mismo montoncillo debasu~a unos J?edazos de porcelana y unas
hoJas mustias arrancadas de una hoja
marchita.
Eran restos de las flores, despojos
que al volverse á encontrar hablaron
así:
-¿No te ha servido tu sólida construc&lt;·ión de que presumías para librarte del destrozo que te hicieron?
-Sí, es verdad que la mutilación ha
sido horrib:e, ptlro tampoco tú has logrado escapar de ella.
-Ciertamente, pero yo dejé un recuerdo de mi vida, algo que recordará
mi ~xistencia rápida, pero útil, algo que
hara pensar en mí; dejé perfumes y aro-

¿En q_ué p~nsaré cuando me halle á punto
de moru·, s1 es que estoy aún en estado de
pensar?
li'¿Pensaré en mi mal aprovechada vida, que
pasé como en un suefío, adormecido, sin saber paladear sus frutos? ¡Cómo! ¿Es ya la
muerte? ¿Tan pronto? Imposible! Aún no he
t~nido tiempo de hacer nada! Sólo que yo me
disponía á hacer algo!
_¿Recordaré mi pasado? ¿Fijaré mi p&amp;nsam1ento en aquellos instantes radiosos que tuve en la vida, en las fisonomías é imágenes para mí caras?
O bien ¿volverán á trazarse en mi memoria
mis malas acciones é invadirá mi alma la ardorosa angustia de un remordimiento tardío?
GUAYMAS.-La estación del Ferrocarril.
¿Pensaré en lo que me espera más allá de
ma que embalsala tumba y si me espera en efecto cosa alguna?
. ~ o...... Paréceme que trataré de no pensar, que me esforzaré por _ maron el cálido
ambientedeaquel
idear alguna pequeñez para distraer la atención de las amenazado«boudoirn donde
ras ti°:ieblas que se ennegrecen ante mí.
vivimos.
En m1 presencia cierto moribundo no cesaba &lt;le condolerse porque no
le querían dar avellanas tostadas. Y sólo allá en lo más recóndito
Y al llegar aquí,
de sus ojos ya sin lustre, mientras tartamudeaba sus quejas, bregaba
u na ráfaga de
Y se estremecía un no sé qué, como el ala rota de un pájaro mortalviento que penemente herido.
tró por el balcón
IVAN TURGUENEFF.
• se apl'esuró á séparar á las dos rivales; proclamando la ley de selección
. tan deseada,
mientras yo pensaba que si «ella,»
. En artístico tocador de elegante «boudoir,» confundidas con mulaquella m u j e r,
tit_~d de porcelanas, miniaturas, barros, búcaros, frascos de esencia y
prefería la flor de
mi chucherías más, estaban aquellas dos flores cuyos tallos descansap o r c e 1ana, era
ban en dos jarrones japoneses de cuello alto y cuerpo ventrudo.
mu y difícil :dejar
GUIA,Y MAS.-La. Penitenciaría.
~ozábanse los pétalos de la una con las hojas de la otra, y tan
tras de sí la fra~proximadas se hallaban, que mirándolas así juntas, me dijo «ella," la
gancia, el aroma y el perfume que habían servido de consuelo en la
uefia Y señora de aquel misterioso santuario lleno de encantos:
muerte á _la rosa, Y que sób ellas, las flores naturales, pueden procla-Deben ser muy amigas; ves, parece que se murmuran al oído
mar Y deJar como recuerdo de una existencia tan breve como hermosa.
secretos amorosos. Me gusta más la de porcelana.
A. MOMPEÓN MOTOS.

LAS DOS ROSAS

�Domingo 19 de Abril de 1903

NÓMADA.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Ah I porque la desgracia peregrina sola!
Bohemia, fuiste mi hermana sin saberlo ....
JUSTO

p ASTOR Rros.

Domingo 19 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

la, en donde dejan á sus hijos las mujeres que
concurren á los lavaderos y a l taller &lt;le planchado allí establecidos; y con otras dependen-

QUO VADIS?

Vivió siempre sola.
Al pie de los portales la sorprendieron los
crudos inviernos.
Supo ele todos los climas, cruz6 todas las
playas. Se detuvo en todas partes y conoció
todas las sociedades. - Sin abri~o, sin pan
y .sin lecho,fué una triunfadora de la bohe-

l!:l dolor os fecundo; de sus entrañas surge la bum anidad como un bosario;
Jesucristo es un símbolo, un poeta, que sube con la cruz basta el Calvario;

*
**

No h!l,y virtu_d sin dolor; del sufrimiento emergen las ideas como cimas;
El sabio cuenta su tristeza en máximas, y el trovadot· en rimas;

mrn... . .. .

***

Errante, sola, sin saber en d6nde había nacido, recorri6 el mundo.
Jamás una sonrisa extraña aromó su alma.
Nadie le tendió la mano en su vía dolorosa.
No supo del placer ni de la amistad.
Se detuvo en la Grecia y contempl6 sus
ruinas.
En Persia, en las calles de 'l'eherán, durmió muchas veces á la intemperie.
Un día fué al palacio del Sha, pero un
grupo de mujPres negras le impidió entrar.
Años despué:i era en la ciudad de Tiro la
«Krisís» de un grupo de navegantes bohemios
de Fenicia.

Cada reouei·do del placer pasado, es un puñal en la memoria hundido;
Y evocamos el nombre de un fantasma; no existe la esperanza del olvido;

***

Somos en los desiertos de la vida como una caravana de camellos;
La ruta es ardua; cede la jornada, cuando ya el sol declina sus destellos;

***

La noche como un manto de frescura, viene sobre los oamic.antes y las cosas·
~s la muerte con todas sus quietudes, y to.das sus crueldades silenciosas;

***

Y luego ... allá._.. donde el dolor se ';!Oaba, con un gl'ito amarguísimo, final,
¿Qué ballamos!-La eterna e1·olución de la matel'ia, 6 el supremo Ideal:'

Grupo de obreras reunidas en el Tlvoll de Toluca.
Oh Nómada! oh bohemia!
En dónde naciste, cuál fué tu nombre, y
cuál tu amado?
Ahl un viejo amigo mío, un «taleb», me
dijo:
-Salíamo~ del H oreb. Ella, la N6mada,
iba junto á mí. Al comienzo del viaje me hablaba solamente de cosas triviales. Después
cuando vió que yo le comprendía, ella me
mostró su alma, me contó mur.has de sus
a,·enturas y lloró conmigo....... . yo también
era un n6made, un bohemio ...... .
Fué ni «novia» durante la peregrinación.
Guardó muchas cosas
y en vano quiso abrirme del todo su corazón ... su corazón que
era como una madrépora, su corazón que
era un jardín de sensitivas que se vieron azotadas por el simoun
de todas laR contrariedades... Después de
aquel viaje ella continuó sus peregrinaciones.. ....
El misterio de su
nacimiento, y de su
nombre, y de su vida,
nadie ha podido saberlo ...
¿Por qué habrá tantos enigmas en la bohemia?
Pobre mujer!
Un día, cuando el
taleb me refirió algunos detalles d~ su vida, ya habías muerto.
Era el invierno.
u Yo tiritaba de frío,
me acordé de tus noches en Teherán y lloré mucho.
Fuiste mi hermana
sin saberlo.
Pat·ias de una misma raza, nos engendró
el Dolor ...
Por qué no nos encontramos en el Camino?

€1

ttooll at Obreros 4t toluca.

J. l. VARGAS VILA.

cias igualmente importantes para la educaci6n de la clase trabajadora.

*

Corresponde al Gobierno del Estado de México la satisfacci6n de haber sido el primero
en el país que emprendió la campaña contra
el alcoholismo.

* * motivo del cumpleDías pasados, y con
años del Sr. Gobernador del Estado, Gral. José Vicente Villada, á quien se debe la fundación del Tívoli, los obreros organizaron una
serie de festejos en honor del progresista go•

J UEVES SANTO.-EI monumento

de

San Hipólito.

i:cos ae la Semana mayor.

Alumnos concurrentes á la escuela del

En la capital del Estado se estableció con
este objeto un Tívoli que se destina únicamente á. los obreros, á fin de que allí encuentren
entretenimientos Fanos y agradables que los
alejen del vicio. El Tívoli está situado en la
calle de E8quipulas, en una extensa huerta
llamada del Carmen, que es uno de los sitios
más pintorescos.
Ningún esfuerzo que tienda al buen servicio del benéfico centro de recreo, ha sido omitido: en él hay una terraza para bailes populares, teatro, boliche, maroma, aparatos gimnásticos, columpios y volantines de los cuales
pueden hacer uso gratuitamente los obreros,
los domingos y días festivos.
Para el servicio diario, también gratuito,
hay un baño de estanque y regadera para varones, y una biblic..teca, dotada con obras de
instrucción en su mayoría, siendo notable la
colección de li bros que tratan de las diversas
artes é industrias á que se dedican los artesanos. Además, el TíYoli cuentacon una escue-

Tívoli.

bernante. Estos festejos, de que dió cr6nica
completa &lt;&lt;El Imparcial » resultaron m uy lucidos.
'

.-- .

AMOR SIN NOMBRE.
¿Quién levanta la estatua entre el escombro?
¿Quién Pnciende la llama entre la nieve·?
¿Quién ama entre la tumba? Y ¿quién se atreve
A provocar las burlas y el asombro·?

Como un recuerdo de las festividades reli~iosas que acaban de pasar, publicamo¡:; una
fotografía del ")Ionumento" de San Hipólito, que tanto llamó la atención de los concurrentes á- los templos, el jueves de la Semana
Mayor.
El "monumento" estaba prok.samente iluminado con focos de luz incatldtscente provistos de pantallas de colores pálidos que ofrecían un hermoso golpe de vista.
Un gran dosel, blanco, con artísticas apliC'lciones, servía de fondo al ''monumento."

MAZATLAN.
Las últimas noticias recibidas de l\Iazatlán,
nos dan cuenta de que la epidemia de peste
bubónica, oportuna y enérgicamente com batida por las autoridades sanitarias, ha de~apar ecido de aque-l puerto. El Lazareto, dice utl.
despacho, ha sido entregado á la nutoridad

política, pasando f&lt; ,¡.,
últimos enfermo i.;
()lle allí se curaban
y que escaparon ft
la muerte, á las ba1-rac.'ls del «31 de
Marzo,» donde pasarán el período de
la convalecen&lt;:ia.
Como complrmentarias de la serie de ilustraciones
que «El Mundo IlusM AZATLAN.- Una "Jota'· en las barra
d 1
· 1d
trado» ha venido
cas e os a,s a os.
publicando, con · relaci6n" á la epidemia, damos hoy á conocer dos fotografías: una que
representa la quemaz6n de casas infestadas,
Charco donde hallo el sol reproducido:
por la noche; y otra, un grupo de aislados en
Tanto las aguas turbias en!lobleces
las barracas, en que aparece un hombre del
Con la imagen prestada, que pareces
pueblo tocando la guitarra y una mujer que
Fragmento de los cielos desprendido.
baila la jota.

REVERBERACIÓN.

La razón y las leyes naturales, son más antiguas que las leyes humanas que ha consagrado el tiempo.

Oh mepte humana! charco de agua obscura:
Cuando tus olas la impiedad altera
Muestra por fondo el vicio la locur~·l
Y, bajo el hueco de la azul esfera
Sólo parec~s bella, y clara y· pura '
Cuando Dios en tu seno reverbera.

Al hablar del amor, nunca te nombro,
Aunque tu amor me inflama y me conmueve.
¡Pobre del Atlas que luciendo lleve
El corazón dormido soore el hombro!

F.

¿Tan tarde para qué? ¿,Para qué hablarte
En alta voz, si mi pasión granuiosa
Se esuapa de los límites del arte?
Si después de morir nadie hablar pudo,
Cómo podré hablar yo, que estoy,oh hermosa,
Muerto &lt;le amor y por lo mismo mudo!
JOSÉ SANTOS CHOCANO.

Mas si á impulso del viento sacudido
Tus linfas tehebrosas estremeces
'
A los ojos at6nitos ofreces
'
El cieno en tus entrañas
. escondido.

M AZATLAN,-Casas infestadas destruidas

por

el f uego ( Fot. tomada de noche.)

BALART.

�•
EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 19 de Abril de 1903

Domingo 19 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

.LA. INST.I TUTRIZ.
.
.
ILUSTRACIONES DE SIMONT.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.
TRADUCCION DI: "(L rlUNDO ILU~TRADO."

LEYENDO Á HORACIO.
I
El lento y monótono
tin-ta.n que en el claustro
se escucha, congrega
para los Oficios solemnes del año,
á los graves monjes del viejo Convento
de Benedictinos. En fila. cruza.ron
al templo sombrío,
rostros demacrados,
almas humilladas,
espectros humanos
bajo capuchones
grises y casullas de estameña.. Al paso
de tantas sandalias, huyeron en grupos
al bosque cercano,
roncos estorniaos, ruidosos jilgueros,
huéspedes a.la.dos
de las arboledas
del Convento. Mayo
en aquella hermosa tarde, como Venus
desceñida. en báquica fiesta de Pafos,
profa.naba. impúdica.
la tie1·ra, en derroches ~e hervorosos ramos
de aromas picantes,
abriendo y violando
botones y hojuelas,
á los besos tibios del sol, inflamádo
con solturas lánguidas,
en medio de suaves secretos desmayos ....
Amor afrodita.
satura. los campos
con primaverales efluvios ardientes;
y en el cenotafio
que tras un boscaje se oculta. reposa
en yacente estatua el bueno San Plácido,
bajo un doselete
prendido de rosas, de mirtos y nardos,
y ultrajado aquella
tarde por los pájaros,
que forman sus nidos en el duro y hondo
pliegue de la mitra marmórea del Santo.

un sol de forna.Ha despide en el aire,
en la. biblioteca sus luces dejando,
como de una hoguera.
fulgores leja.nos ....

III
Y vino la noche. Los Benedictinos,
por la extra.lla. ausencia del fraile alarma.dos,
á la. biblioteca fueron silencio-.os,
y allí le encontraron:
tendido en el suelo, la carne rendida.,
la. boca entreabierta., los ojos cerrados,
los dedos convulsos,
todavía. marcando
la fascina.dora
página. de Horacio.
Y leyeron: .. . . «Cuando
Glicera. a.parece,
ante ella me inflamo,
más blanca. y pulida
que el mármol de Paros.
Su desdén me atrae
y enloquece. Pámpanos,

jóvenes, traedme, y h:i,ré una corona;
incienso, verbena y v100 de dos años .... &gt;
Los Benedictinos,
escanda.liza.dos,
resolvieron presto quti desde aquel día
no se tradujeran los libros profanos
en los tibios meses de la primavera,
para ahorrarse afanes sordos é insensatos,
mudas tentaciones y absurdos deseos,
todos tan contrarios
á los abstinentes consejos unciosos
.
del dios de la. Orden, del bueno Si:.n PllicHlo,
que duerme su sueilo
de piedra. deba.jo
de aquel doselete prendido de rosas,
de mirtos y nardos,
mientras sus nidales
con vuelo a.moroso fabrican los pájaros
en el duro y hondo
pliegue de la. mitra marmórea. del Santo.
MANUEL

:Marzo, 1903.

'.

II
Detrás del movible
telón de damasco
de l a. biblioteca, se ve sobre un libro
· un rostro excava.do,
cuyas dilatadas pupilas flamean
con fulgor extraño,
cual respiraderos de brasa. encendida.
en horno cerra.do.
Ante la fastuosa bacanal de Flora,
consúmenle afanes sordos é insensatos
y pecaminosas
intenciones. -e¡ Casto!
¡Sé casto!&gt;-repite-Y eleva sus rezos .
al dios de la Orden, al bueno San Plác1do,
contra. tentaciones
de su cuerpo flaco;
pero Amor se filtra
por su piel sudosa con fiero reclamo;
v prosigue el fraile la. provocadora
lectura de Horacio,
en un pergamino
vendido al Convento,
con citas y escolios, yor Jusuf el Sabio.

... .. ..... ......... ·············· ·· ···············
cOh Venus, la reina
de Guida y de Pafos,
abandona Chip1·e, y ve á la mora.da
donde está Glicera, que ella., pi·odigando
su incienso, te.invoca. Tráeme á tu hijo,
tan enamorado,
y á N infas y á g racias
sin cintura .... &gt; (1)
«Cuando
Glice1·a aparece,
ante ella me inflamo,
más blanca y pulida
que el mármol de Parus.
Su desdén me atrae
y enloquece. Pámpanos,
jóvenes, traedme, y h~ré una corona;
incienso, verbena y vino de dos años .. .. &gt; (2)
Languidece el fraile. Las campanas tocan
el Augelus. Dardos,
(1) Oda X2C{.

(2) Oda. XIX.

CHAPALA,-En la playa.

•

(CONCLUYE)

S. PICHARDO.

•

•

Tenía la cabeza pesada; los oídos me zumbaban; la ventana parecía baja, muy baja, y las lianas subían sus millares de brazos frágiles, llenos de hojas, invasores y yo me inclinaba, me inclinaba ..... .
Entonces., mi cabellera, pesadamente, se deslizó por completo
en el vacío y los millares de brazos se apoderaron de ella. Yo era la
cautiva de las flores, yo estaba. muerta!
Ah! Qué vértigo el de est.'\. muerte! Durante la noche pura, durante la noche reposada, mi cabeza habíase ahogado en mi cabellera
y en las Uores ....... .
Luego, un desgarramiento; una separación, fibra por fibra, de
cada bucle y de cada flor; dos brazos dulces que recogieron mi talle
encorvado, y un aliento que me decía mil cariñosas palabras suplicantes, cerca, muy cerca de mi rostro ......... E:;¡taba vi val Me había
salvado del abrazo de las flores traidoras!......... Pero ¿.quién?..... .. .
ah! ¿quién me hablaba tan tiernamente? .... .. ¿)li madre·? Lo pensé.
La sombra era una mujer de ojos dulces, de cabellos blancos.
Aunque más baja que yo, su fuerza nerviosa la hacía capaz de sostenerme entre sus brazos ...... Y murmuraba:
-¿Por qué se habría usted arrojado, medio muerta, por esa ventana·? ...... Oh! qué inmenso es su dolor, niñal Cómo la compadezco
y cuánto la amo!
El oír esa voz tan cerca, me llenó &lt;le estupefacción.
)fe eché para atrás, rechacé á la. mujer y la miré con espanto.
-Victorina-murmuré, vuelta por completo á mis sentidos.Csted?
Ella cayó á mis plantas.
-Sí; yo ........ .
Y sin abandonar esa postura, en tanto que yo permanecía erguida., y estremeciéndome de indignación, habló en frases entrecortadas.
Había sido institutriz. Había gustado la miel de la soledad,
miel silvestre, dulce al principio y después irritante hasta la locura.
Había sido bella en su juventud; su camino estaba · cubierto de lazos
y cayó en ellos. Cuando se levantó, después de la embriaguez, era
madre... ...
•
-Si supie~a usted, rníioríta María TP.resa, cuánto honor y cuánto de¡¡eo de hacer el bien, 'habfa en roí! En lugar de maldecirle bendije al fruto ele mí falta! Iba á lavarme en él! Le haría puro, le haría noble, le haría grande! Sería mi estrella, el incesaute impulso
ele mi rehabilitación. Y cuando fuera hombre, lo mostraría al mundo, diciendo: «l\Ie habéis anatematizado porque éste.es mi hijo; pero
estabais locos, ¿no es cierto?" Pero se murió, hija mía. Apenas nacido, se murió .... .. Entonces los azares de una increíble miseria me
condujeron hasta esta población. Ocupada en oficios cada vez más
groseros, me convertí en Victorina, la vieja, con cara &lt;le bruja, que
usted conoció. Y vivi todavía mi vida miserable; pero con mis ojos
ariscos y lastimero1:, observé, tan de cerca como me íué posible, el
destino de todas las institutrices. Hay muchas aquí! Esparcidos,
colgados de cada pendiente de las rt&gt;cas, se yerguen los pueblecillos
con su iglesia y su institutriz. Las conozco á todas. Las vigilo á todas. Algunas son débiles y carecen de grandeza: las menos, es cierto! OLras son admirables: yo las acecho, trato de evitarles el mal que
las tienta. Yo la. he sal vado á usted una noche, señorita :M aría Teresa!
Y levantaba hacia mí su pobre rostro, donde brillaba con reflejos de ternura, la inquiétud de que yo no pudiese comprender la belleza de su acto.
-Aquella terrible risa, sabe usted?
Si lo sabía yo! Y era para salvarme, que se había reídp de ese
modo!. ..... Pero entonces ella era un ángel guardián, con todo y su
cara de bruja, como decía.
Pero entonces, entonces, por qué no se había limitarlo á esa risa? Por qué había propagado por todas partes lo que llamaban mí
falta? ..... .
Le dije todo esto, tendiéndole la mano, para que se levantara,
porque la perdoné. inmediatamente,_á carn,a de su triste historia; pero la perdoné sin ímpetu, sin ardor, sin fuerza ..... ... Quedé afligida
porque mi existencia estaba truncada, de todos modo¡,, no obstante
los esfncrzos que esta mujer creía haber realizado. Ella no aceptó mi
in vitnción; permaneció de rodillas y sólo oprimió mi mano con sus
h\bios.
-Xo; yo uo he Rido! Ha siclo Sil vio, ha sido. Phrm,ia: es nece~ario tan poco en un pueblo! Pero no he siclo yo; se lo juro, scíiorita
~Iarfa Te re~a !
-Qué importa! qué importa!-dije clolorosa1úente ........ .
Y lloré. JWa no se alrevi(1 á decirme nada mfü,; dirigió una mirada en derredor y vió mi baúl cerrado, mi petaquilla sobre un asiento, mi !-ombrero, mis guantes sobre la cama intacta.
--Re marcha usted'?-rnurmuró.
-Sí. ..... para morir ..... .
Re puso en pie, fijó en mí su mirada, que se había hecho grave.
-A suicidarse?
-No! oh, no!......... No lance usted su risa, por segunda vez
Victorina! No voy á hacer nada malo......
•
'

Y le referí, en unas cuantas palabras, lo de mis ciento doce francos; el retiro que alquilaría, mi ida al cementerio, las rosas blancas
del último día, cuando no me quedase un céntimo. Me escuchó primero asombrada, después ansiosa.
-Ah! No voy á reír, no! l\Iás bien voy á salvar t,. usted una vez
más, pobrecilla! Porque usted es noble y buena, yo lo sé ...... Dígame, desde luego, cuál es más triste: mi historia, que acabo de referir,
ó la de usted, que va á terminar de un modo tan cobarde? No quiere •
usted intentar nada para volver á empezar, y apenas tiene usted veinte años? Va usted á partir, está bien; es lo justo y lo debido. · Pero
donde vaya usted no será posilile instalar un nuevo hogar, pequeño.
pero en el cual pueda anidar la felicidad?
·
l\Ii pecho se estremeció, mis ojos se abrieron de par en par para
seguir la visión lanzada al aire: ese hogar en que pudiese anidar la
dicha ..... .
-No es posible-dije suspirando.
Y reí, en tanto que un sollozo de confusión me oprimía la garganta.
-Tengo ciento doce francos, Victorina, y soy enteramente sola
en el mundo. .....
·
Se aproximó á mí, y me dijo en voz baja, muy baja:
-Permita usted que la acompafie, María Teresa! Tengo algunas
~conomías: soy animosa; le serviré de criada, mi,mtras usted da sus
lecciones ... ...... Y por las noches, cuando usted regrese á casa la rodearé de tanto amor, que seré para psted casi una madre ...... Acepte
U'lted, María Teresa! ..... .
XXXIV
Acepté casi inconscientemente, como entre sueños como se reza
como se llora, con cierta incredulidad de que tal gota de miel pudi/
se encontrarse en el fondo de mi copa; rebosante de amargura. J a
anciana no se tomó más tiempo que el indispensable para hacer ;u
maleta y recoger sus economías. Partimos momentos después por el
tren de las cinco ..... .
...... Esta mañana de domingo, en que trazo estas últimas líneas,
me llega carta de ~a sefiora Albert, en que me anuncia que el abate
~havard ha cambiado de curato y 9ue la institutriz-oh! yo creo que
siempre pura, pero no menos.des?1ch~da, po~·que el abate está ligagado por sus votos,- que la rnst1tutr1z Eeñonta l\Iorín, ha renunciado su puesto, para seguir al abate. Y ahora que estoy salvada me llena de confusión esta nueva perspectiva de desgracia. Porqu~ efectivamente estoy salvada.
'
Hace siete meses que estamos en l\Iarsella viviendo en una buh.ardilla de la calle X . .. , dos piezas, un pequefio gabinete, una cocina......
•
. Victori~a es quien ha a~ueblado todo y arregládolo. No he sa- •
b1do nunca a cuánto a1:1cend1an sus economías· pero debe haber tenid? una minal Porque. mi recámara es una ob~ maestra, &lt;!on su lecho
comodo, su. gran espeJo y sus fl~res. Ella duerme en el gabinete, á
pesar de m1~ ruegos, y la ~tra pieza es una especie de coJJ)edor alegre, en medio de su pobreza, y libio como un boudoir.
'
l\Ias qué de?ir de la cocina?: las golosinas que prepara Victorina!
Los plftos cond~mentados. con las sobras de la víspera, pero tan sabrosos. La admirable muJer se ocupa de todo con carifio y por la
noch~, cuando regreso
mis lecciones ( al fin he hallado di;cípulas)
1:1e s;ento t~n conmovida, ~n, llena de reconocimiento, que á mí ve~
, oy •\arrodillarme ante el sillon en que descansa }a anciana ..... .
. E11tonces ella ;111e ac'.1-ricia los cabellos con su mano marchita;
mira al fon?o de mis pupilas, y me dice con dulzura:
-Aqm s~ puede aguardar, no es cierto, hija mía?
l\íe rubonzo, p~rque quiere hablatme de amor, de casamiento
de l~~ numero1&lt;as muadas de hombres que han debido fijarse en
atre, idas y dulces, en tanto 9ue voy de un lado para otro en medio
de la buena, de la sana multitud.
- Se pu~de esperar, no e~ cierto? Se acabó la mala soledad ....
-Oh. S1 1 amiga mía!. .... .
Dig? esto coi: t11nta fe, que ella sonlÍe y se hunde conmigo en
el ~ensuei10; m-3 dice q~e. es verdaderam~nte impo~ible que yo no me
ca. e, p~es no soy amb1c1osa, y ~e predice que m1 vida Rerá dulce
tranqmla, 9ue tendré muchos h1Jos, de los cuales el primero h {
ll~m~rse y1ctor, en memoria d~ Victorina, y también en recuerd: ~~
m1 v!ctona ...... Porque he salido victoriosa de la ~oled d d 1
ducc1ones, del desaliento......
~
ª , e as sey tiene raz6n,
así
sucederú
·
ya
siento
en
derredor
de m1,
, mu1t1·
. , ·• ¡
.'
tlld- de Cos. ~s ar p1.opos1c~
e e un Joven ..... .. Pero, chut!. ..... Oh companeras mrns, mis desdichadas comrañerasl Cómo
t
, ,
f r r.
t
l
·
¡
d
'
me a reveria asir
e .1z, ,i es ar a a 1mgo e e to o, cuando vosotras estúis al borde del
abismo ........ .
Oh!
Si .alguha·1 que lea estas líneas puede salvarse
.
(,
' ' . aún 'yo Ja COllJUro a que sm vaci ar se arme de valor y luche....... el triunf0
. _
ro, pero es tan dulce al final!
es ca

?e

mí'.

FIN

•

�Domingo 19 de Abril de 1908

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 19 de Abril de 1903

los cuales vimos de seguridad contra incendio
y contra robo. Estas últimas son una verdadera maravilla: hechas de acero de Chrome,
tienen una palanca que sirve para ajustar
perfectamente la puerta, que cierra por meqio
de una «chapa de Banco» que se presta á millones de ~ombinaciones. Estas cajas de ,,l\Iosler,i sbn de reputación universal, no tienen
rival; buena prueba de ello tuvimos cuando el
formidable incendio de «La Valenciana," donde en una de ellas se. salv6 má-s de un mil16n
ele pesos. Por eso In caja "Mosler" es en los
Estados Unidos, acá y en todas partes donde
se la conoce, sin6nirno de «Eeguridad absoluta.»

l:Jn Gran Establedmiento N}er,antil.
VISITA Á LA CASA MOSLER, BOWEN &amp; COOK, SUCR.
Pero la sabia administraci6n del señor General Porfirio Díaz, puso una
infranqueable barrera á tales desmanes, y al amparo de la tranquilidad y
de la paz q\Je hoy reinan del uno al otro confín del país, han veniqo en
imponentes masas á aprovecharse de sus incalculables riquezas y á darle
una vida de positivo progreso y prosperidad, inteligencias creadoras, brazos
que ejecutan, capitales que impulsan y fecundan.
l'or eso, en un período de tiempo cortísimo, se ha efectuado en el país
una sorprendente metamorfosis y hemos visto surgir, como por obra de
encantamiento, grandes casas de comercio é industriales, que, ·como la de
Mosler, Bowen &amp; Cook, Sucr., no solamente prestigian el talento y habilidad del hombre que ha sabido crearla y desarrollarla (el Sr. Geo. W.
Cook), i,ino que hablan muy alto en favor de la Naci6n, cuyo bonancible
estado pregonan de manera bien elocuente.
Esta casa, de muy reciente fundaci6n, es hoy, gracias á la labori0 8¡.
dad de su propietario, la primera en su género en toda la República, y se. guramente un establecimiento digno de todo respeto y consideraci6n, porque

Entramos al sal6n donde se exhiben las alforn bras, y nuestra sorpresa, creciente cada vez,
ray6 en positiva admiración. ¡Qué derroche
de buen gusto! ¡qué variedad infinita de estilos y clases! ¡qué de grandes novedades! Desde las alfombras, tapetes 6 telas más sencillos
Plant a baj a.-Oepartament o de cajas.

el um bral, ante la contemplaci6n de un rico y
variado surtido de artículos para escritorio que
se exhiben en un lujoso mostrador todo de
cristal : allí se encuentra desde el lápiz más
corriente, &lt;le!'de el papel más barato, hasta el
artículo &lt;l., lujo y de irreprochable buen gu~to.
Eu seguida está el tlepartn111ento de múquinas
de escribir y conta&lt;lores de dinero. Aqní fe
ven agrupadas sobre una mei;a multitu&lt;l &lt;le
máquinas &lt;le escribir, recibi&lt;lus en cambio de
que han i&lt;lo á pagar i,u tributo, á ren&lt;lir su
homenaje,. ante la superioridad indiscutible
de la gran «Smith Premirr,i- declarada por los
expertos la primera entre las mejores. Y á su
lado, están los contadores ,,National,» impert érritos vigías, dependientes insobornableR, de
honradez acrisolada, que economizan dinero
de un modo prodigioso, y que hoy, conocido
su mérito, tienen demanda de todas partes.
Después, admirando uno á uno los muebles
que hay en los aparadores que dan á la calle
de Vergar3:, llegamos al departamento de cajas
fuertes. Bondadosamente nos fueron mostrados los diversos modelos en existencia, entre

Vist a ext e rior de la casa Mos ler, Bowen y Cook, S uc r.

No ha mucho füimpo, los inmensos recursos con que cuenta
el país pisaban desapercibidos para la mayoría, y ni propios ni extraños, aun cuando supieran apreciarlos, intentaban obtener de
ellos algún provecho, porque el estado de perpetua revuelta en que
estábamos, ponía en peligro todo género de empresas y amedrentaba á los más animosos, que justamen~ temfah ser víctimas de
imprevistos y fatales acontecimientos.

P lanta baj a.- Oeparta ment o de a lfombras y telas.
Entrada principal.-Oepartamento de papelería.

á él deben su i,ubsistencia un gran número de
personas que allí han encontrado trabajo y

porvenir.
Negociaciones como la en que nos ocupamos,
m3recen ciertamente la protecci6n del público,
al que (aunque ya demasiado conocida) vamos á tratar de d~scribir algunas vistas de ella
tomadas para ilustrar este cort~ artículo.

Departamento de máquinas de escribir y contadores.
•

•

El gran almacén de muebles y talleres de
tapicería de :Mosler, Bowen &amp; Cook, Sucr., ocupa, como es sabido, un lugar prominente en
el coraz6n de la ciudad, pues se extiende ·aes•
de la esquina de la 2~ calle de San Francisco
y V ergara hasta la otra esquina de esta calle
con la del 5 de Mayo. Su edificio hacia el lado de San Franciijco, es de notable esbeltez Y
elegancia, y sus grandes y numerosos apa·
radores, profusamente iluminados y artísticamente decorados, constituyen un verdadero
ornato de la ciudad. La entrada principal da
á la calle de San Francisco y se siente uno
gratamente impresionado, desde que traspone

Planta baja.--Sal6n princi pal,

hasta los~más delicados·y costosos, allí se encuentran á precios relativamente bajos, si se
atiende á la buena calidad, y en facilísimas
condiciones de pago.
Continuamos nuestra agradable visita, y llevados en un magnífico ascensor, subimos al
segundo piso. Lo primero que vimos fué un
corredor bonitamente dispuesto con un Yariado surtido de bastoneros de todos tamaños
estilos y maderas, y en los cuales no se sab~
qué estimar más, si lo «decora.ti vos» 6 lo útiles
que son. De aquí, pasamos á un gran sal6n
do~de están expuestos muebles de caoba, á
decir verdad, maravillas de arte algunos de
ellos. Entre otros, recordamos mesas de centro, gabinetes para música, escritorios para señoras, costureros, bahuts·y vitrinas. Entre loR
&lt;los últimos artículos, debemos hacer especii; J
mención de unos de rosa con bronces cincelados, de notable belleza y fino acabado.
Pero donde nos extasiamos contempland,1
con detenimiento cada objeto. fué en el i-alú 11
que p~dríamos llamar «dorado, » porque no hay
u_na pieza que no lo sea. Deslumbradora es )a
riqueza que allí se ostenta, y, si hemos de ser

•

�.

Domingo 19 'de Abril de 1903

EL MUNDO ILUST~O.

EL. MUNDO ILUSTRADO.

Domingo l9 de Abril d,e 1903

muy buscados entre nosotros y ciertamente
de positiva utilidad: mecedores y mesas de
centro. Nunca habíarn.os visto un surtido tan
c¿mpleto: de los primeros ha'y como cien modelos, y de las segnndas como doscientos.
Subimos al 3er. piso y desde luego llamó
nuestra atención el gran número ele cristaleros de encino y de nogal que cubren las paredes del corredor. Teníamos, pues, la indicación clara de que íbamos á visitar el departamento de muebles de comedor.
Efectivamente, aparadores y trinchadores
de encino y de nogal, de todos tamafios, estilos y precios, se presentaron ante nuestra vista, dispuestos convenientemente en un amplio salón, de donde pasarnos á otro en que
están agrupados los ajuares completos. Los
hay de nogal, europeos, ricamente tallados en
los estilos Luis X V, Renacimiento y Enrique
II, y americanos, de construcción inimitable
y buen acabado.
A su lado, queda el departamento de loza
inglesa, donde vimos vajillas completas desde
S 40.00 en adelante, finas y de buen gusto,
así como juegos para lavamano~, de precios

para los escritorios que en seguida se pueden
admirar en otros tres salones, donde los hay
planos, altos·y de cortina. Estos, son de g~an
conYeniencia para los hombres de negoCios,
porque les ahorran tiempo expeditándoles· la
disposición de sus papeles, que con facilidad
encuentran en caso dado. El surtido es riquísimo, y estamos seguros de que·quien desee
un mueble semejante allí lo encontrará mejor
que en cualquiera otra parte.
Dábamos por terminada nuestra visita, pero supimos que en ese mismo piso estaban los
talleres de tapicería y rogamos nos fueran
mostrados. Entrarnos á ellos y admirarnos el
buen orden, y más que nada el grupo de mujeres, casi todas jóvenes, que estaban entregadas á su trabajo, ganándose la vida de una
manera decorosa. Nada falta en aquel sitio: la
herramienta, los aparatos, todo de primera:
artesanos hábiles y cumplidos, maestro inte.
ligente en:su ramo. De ahí, que'.todos digañ
que la mejor casa decora-dbra en M:éxico, es la
Mosler, Bowen &amp; Cook, Sucr.
Pero si lo descrito habla muy alto de l(ca-

•

•

Tercer piso.-Salón de Muebles para Recámara.

Segundo piso,-Muebles para sala,

francos, no im~ginábamos que mueblería algÚna en esta capital reuniera tantos muebles
de fantasía, ni por su número ni por su variedad ni por su clase ni por sus precios. desde
los más bajos imaginables hasta algunos eleV'adísimos que corresponden perfectamente á
su valor artístico. Allí hay ajuares para sala,
sillas, sillones, vis-a-vis, vitrinas, espejos,
jardineras, juegos de consolas, repisas, biombos, devaJ'.lts-chiminées, mesas, taburetes; en
fin, una diversidad infinita de artículos decorativos.
Después fuímos al salón donde están exhibidos los ajuares para sala en maderas de nogal y de caob3:. La inmensa variedad que hay
en existencia, hace pensar por qué todo el que
allá va en busca de ellos, sale siempre satisfecho y nunca sin haber comprado. Los estilos,
hoy tan en boga, Luis XIII, Luis XIV, Luis
XV y Luis XVI, están fan puramente representados, tan pei;fectamente acabados, que no
hay quien [por exigente que s~a] pueda dejar de reconocerlo y de proclamarlo.
Cerca, está otro salón henchido materialmente de dos diferentes clases · de ~uebl~s,

Te~r piso.-Salón de Muebles de Comedor.

Hasta aquí lo de muebles para casa,· en te.
sis general considerados;nos faltaba por ver el
departamento de muebles para despacho: así
lo manifestamos y fuimos conducidos á él. La
fama de que goza la casa Mosler por esta clase de muebles, es mucha ya, y todos reconocernos que es una especialidad de ella; pero,
ciertamente, si se examinan con detención, si
se observan cuidadosamente y se estiman la
calidad, la variedad y la ~antidad que permiten escoger á satisfacción, cualquiera alabanza que se haga es pálida ante la certidumbre
de la realidad. En un solo rincón del 4? piso,
hay aglomerados más de 35 distintos modelos
de chaise-longues de cuero y tela y más de 40
de sillones para cstudio,íorrados de cuero y con
armazones de encino ó de nogal. Después, ocupando la parle principal del salón, cuyas paredes están cubiertas de archiveros de diferentes
clases y de todos tamaíi.os, se encuentran como
60 modelos ó más, de ajuares de cuero de búfalo, perfectamente resorta&lt;los, cómodos y debonita apariencia. Enfrente, se ven muy cerca ele
100 distintos sillones giratorios, propios
Cuarto piso.-Salón Principal.
Segundo piso.- Salón de Muebles Dorados.

sorprendentes por lo bajos, si se tiene en cuenta su buena calidad.
Tocó su turno á los muebles para recámara.
Ajuares completos de madera de encino, finos
y corrientes, llenan dos salones, y por lo tanto, se puede hacer una selección entre una_infinidad de juegos lfütintos. Otra pieza la ocu·
pan los ajuares de nogal americano y otra los
ele ojo de pájaro, corre&amp;pondiéndoles un surtido idéntico de roperos y guardarropas, sin
lunas y con ellas. Pero do,1de tuvimos que
detenernos largo tiempo para examinarlos cuicladosamenteJné en el amplio salón donde están los ajuares europeos de nogal tallado.
Representan los estilos mús conocidos y, ¡{°unque todos y cada uno en lo particular, son dignos ele admiración, hay dos, uno llamado
«Iris» y el otro «Du Barr,r». que ~on verdaderas
obras de arte escultórico.
En el mismo salón está un riquísimo surti~
do de camas de latón de lo mejor que se fabrica en Estados Unidos, y, sin hipérbole, en
el mundo; pues sabido es el aprecio de qtUl
hoy disfrutan en todas partes, por su solidez,
su ·material ·extrafino y su perfecta manufactura.

sa de que tratamos, hay algo más que la hace
mucho más recomendable: su personal e!!tá
formado de individuos aptos y de finas
maneras, que hablan varios idiomas, y que
tratan á todo el mundo, compre ó no, con
cortesía. Todos ellos tienetr, por lo que vimos
y oímos, un lems: KTrabajo y progreso.&gt;,

Satisfechos y agradecidos, por las atenciones que se nos prodigaron, clejam·os la casa .
Mosler, Bowen &amp; Cook, Sucr., cuyo mayor
progreso con sinceridad desearnos; y, cordialmente, felicitamos por el gran éxito que ya
ha alcanzado, á su digno propietario el señor
Geo. W. Couk.
•

Cuarto piso.-Salón de Escritorios de Cortina.

•

�Cárlos Manuel Durán.

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que por los principios e&lt;minentemente
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~

-.~

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!ermos de la méd-.ila 6 atac&amp;.dos de
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Cuentos del manicomio</name>
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                    <text>Cárlos Manuel Durán.

-~L l"\UNDO ILUSTRADO

FARNI AOEUTIOO.

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excelente y

ANO X•..TOMO I.... NUM. ~7

MfXICO,A61Ul 26 Df 1903,

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T 1t
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PREPARA.DO POR

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EL DR. LATOUR BAUMETS,

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DE VENTA

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y Droguar1as.

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que por los principios e&lt;minentemente
curativos que contiene: Estricnina,
Icthiol, Coca, Kola y Aceite de Htgado
de Bacalao, combinados en dosis estudiadas en multitud de casos prácticos.
es á. la vez qur! un licor de gusto agradable, el remedio administrado con
mejor éxito por notables facultativos
en el tratamiento de personas llnfll·
tlcas, de ancianos debilitados, de mujeres cloróticas 6 extenuadas por be•

~

-.~

morraglas 6 por partos laboriosos, de
Individuos gastados por fiebres de
patses cáilidos 6 por la amemi~ tropical
tan común en nuestros patses, de en·
!ermos de la méd-.ila 6 atac&amp;.dos de
parálisis 6 reblandecimiento senil.
La prueba de q_ue la preparación dt'I
Dr. Latour Baumets ha realizado los
fines que persegufa su autor, se puede
teDJer en la multitud de enfermos curados.

.___________.

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.

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De venta en las Droguerías y Boticas.
PRIIVIAVtRA,

�Domingo 26 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRAOO.

Domingo 26 de Abril de 1901

El último libro dtJlmado ntr~o
"€1 exodo y tas 'florts dtl eamtno."
Al terminar la lectura, volví á las dos líneas, escritas en el p6rtico del ejemplar que
me envi6 el poeta: «Para Carlos, que vivi6
mur.has páginas de este libro. Fraternalmente, Amado. 1,
Es verdad, ¡oh buen camarada de mi postrera renovaci6n de vida! son mías algunas de
esas páginas, las más espontáneamente tuyas- porque en ellas no se ha mezclado ese
pérfido amigo que se llama el Arte;-las que·
se evadían de nuestros espíritus como aves de
una nueva primavera; las sinceras, las que no

EL MUNDO ILUSTRADO.

ces salen capítulos como ,,Deutschland)) y
ccMunich-V{agner», en los que el artista resulta un maravilloso instrumentador de una sofiada 1,infonía.
Son gallardas estrofas, pero- ya sabéis mi
opini6n- prefiero al poeta sin colaborador,
por más que ese colaborador se llame el Arte,
la Historia ó la Naturaleza.
-Yo me sabía todo esto de memoria- me
decía una tarde frente al perfil entenebrecido·
de Sainte Chapelle. Lo había visto antes.
Y sí lo vió, y en buena prueba ahí están
sus «Místicas.»
¿Para qué contemplar lo que se ha adivinado? ¿Para qué?
Hay espectáculos que no conocemos todavía y que interesan más acaso: los que todos
llevamos dentro. ¿ Y sabe usted, amigo mí.o,
lo que guarda su monótona y persistente individualidad?
Viajar sin alma, es como pensar sin conciencia. Las cosas inertes pasan, pasan, pasan dejando tras de sí una estela fugitiva. Son
también trazos en el aire. El secreto está en
apoderarse de esos trazos, eñ fijarlos bien, allá
hondo, muy hondo, en donde no se desvanezcan nunca. Hay astros muertos cuya luz nos
llega todavía y que,sin embargo, han desaparecido del firmamento hace millares de
años.
Y así son esas impresiones del poeta: la
imagen se habrá borrado, la línea se habrá
perdido, el color esfumado. Pero siempre vi virá la perdurable, la imperecedera visión de la
sensación sen~ida que nos hablará del recuerdo «como de una patria lejana. 1,

Amado Nervo.

habían rozado sus frágiles alitas blancas con
este lago inmenso de la Idea, de la Idea, que
purifica y amarga, que fustiga y que enaltece.
En todo poeta, como en todo hombre-¿y
qué hombre no es poeta? á ocasiones, al descuido,á retazos,-hay dos personalidades distintas: el ingenuo, el buen niño que duerme,
y el otro: el que se vigila, se lee ( 6 lee á los
demás, es lo mismo) y se discute. Yo amo
más al primero que á éste.
Y he aquí lo que me sorprende y me enamora de eata escapatoria de colegial en vacaciones: la individualidád del poeta en independencia con la infinita variedad del medio:
ora que lo rodee esa blanca luz de Lucerna¿Lucerna, no es Elsa?-- 6 ya que se ciña al
cuerpo ese rojo manto d~ Montmartre. El paisaje lo divaga por un momento 1 se deja arrebatar por este 6 aquel incidente del camino;
pero muy pronto el pensamiento se evade de
aquellas envolturas y surge personal é incisivo, como una flcr exótica.
Nervo ha viajado por Europa; Europa ha
viajado por nosotros, sus compañeros. Es la
diferencia.
Para enlazar la sucesión de cuadros que desfilan por este libro, he menester pensar un
poco más en el voeta y un poco menos en el
camino. Las flores son más interesantes que
el sendero. Parece que este hombre no ve, sino que se ve. Se ve, encuadrado en una amplia decoración por la que cruzan brillantes
comitivas, cortejo de 1u ces, procesión de colores, y esbeltas catedrales y viejas ciudades y
torres, ni,inaretes, castillos, obra:;, de arte, cosas vetustas y flamantes cosas, mezquindades
y grandezas, lo infinitamente pequefio y lo
infinitamente inmenso.... . y el vértigo no se
apodera de esta conciencia, serenamente inmóvil, que marca cada. etapa con su visión
eterna.
El lo dice en el peristilo:
Mi mente es un espejo, rebelde á toda. huella:
mi anhelo es una. pluma. funámbula, donaire
del viento; el aerolito que cae, ésa es mi estrella.;
mis goces y mis penas son plumas en el aire.

A veces,el mundo exterior se mezcla extrafiamente con el alma del visionario, y enton-

EL HOMBRE DEL AZADÓN.
(PARÁFRASIS DE EDwIN MARKHAM.)

Dios hizo a.l hombre á
su imagen y semejanza.
GÉNESIS.

Al peso de los sigloe, encorvado,
la mirada en el suelo, prisionera,
sobre el tosco azad6n el cuerpo inclina;
de las edades el vacío, muestra
en la faz; y la carga de la vida
sus espaldas doblega.
¿Quién lo ha formado así? ¿quién lo ha•creado
para el éxtasis, piedra,
muerto para el arrobo y el delirio,
para el coraje olímpico, materia?
¡Ente que ni padece ni se afana,
indiferente ser que nunca espera,
estólido, é idiota, é insensible,
compañero del buey, del buey pareja!
¿Quién deprimió la curva de su frente
y aflojó su mandíbula de bestia?
¿de quién es el aliento cuyo soplo
de su cerebro arrebató la idea?
¿Es éste el ser del Hacedor imagen
á quien dominio dió de mar y tierra?
¿éste el que robe su poder al cielo
y persiga en su curso á las estrellas?
¿el que sienta las ausias palpitantes
de la existencia eterna?
¿Es éste el suefio que naci6 en la mente
de «Quien» fijó á los astros su carrera
«Quien» sostiene la b6veda azulada ' .
y abrió el Averno en lo hondo de la Tierra?
¡No ha existido figura más terrible,
que más denuncie la codicia ciega,
más llena de señales portentosas
ante el alma soberbia;
más amenazadora y agobiada,
y al mundo, más siniestra!
~ ¡Quéabismoapartaáesehombredel qu~rube!
Esclavo de la yunta y de la rueda
¿qué le importan Platón y sus en~ueños
la órbita de las Híadas y las Pléyadas? '

PHRINE.

¿qué_ le importan los trinos de los pnjaros,
el alJófar de la alba y Au luz bella,
el matiz irisado de las rosas
y el delicado olor de la azucena.

Mirad allí esa mujer cabizbaja delante de ese colegio de ancianos
graves, que están oyendo y deliberando. Una larga túnica de riquísimo
ostro la cubre toda, desde la garganta hasta los pies, ceñida á la
cintura con una gorda trenza de hilo de oro. Un corchete en forma
d_e mariposa, de oro asimismo, salpicado de diamantes diminutos, le
cierra debajo de la barba el doble vestido.
La una mano en el seno, la otra á lo largo del muslo, silenciosa y
afligida, allí está la celestial hermosura esperando la sentencia.
Ni el habla persuasiva de los jurisperitos de Atenas,ni las lágrimas
de sus propios ojos, ni las sonrisas de sus labios preñados en promesas,
han podido con los jueces; han oído éstoti, han juzgado en su ánimo,
van á resolver en pública votaci6n: la frente severa, la mirada adus•
ta, _el desabrimiento del rostro, son presagios funestos para el reo, ese
dehncuentefemenino que ahora sem1:,ja á Psiquis, no indignada contra
el amor travieso, sino humillada ante Juno inflexible. Muerte 6
vergüenza, tal reo no la puede sufrir; vuela la mariposa que figura el
corchete de la garganta, ábrese en un pronto el cordón de la cintura
cae á sus pies la túfiica......
_
'
Friflé es absuelta, -y un aplauso inmenso retumba en el Areópago.

Por la terrible humanidad vendido,
profanado, esquilmado y sin herencia,
del mundo ante lo3 juects, profecía
su grito es: ¡no protesta!

***
¡Oh señores, oh dueños soberanos
que gobernáis la tierra,
es, este ser de vuestras manos, la obra
que devolvéis á Dios como presea?
este monstruoso ente invalidado,
sin ambici6n, sin ánimo ni fuerza!
¿Qué haréis para tornarle á la esperanza,
para erguir su figura cual la vuestra?
De la vida inmortal dadle el deseo;
haced que al Cielo su mirar convierta;
reconstruid en el fondo de su mente
la nidada de sueños del poeta;
la música del alma
y la luz de la idea.
Que la maldad infame el puesto rinda
á la verdad sincera;
y que el error, el dolo y los pesares
se tornen en visiones y quimeras.
Amos, dueños, señores, po&lt;lerorns
legisladores de la vasta esfera,
cuando tle la revuelta el torbellino
sacuda el mundo con potente fuerza,
de este hombre, de este ser, á lo futuro
daréis estrecha cuenta:
á su pregunta inevitable y ruda,
¿cuál será la respuesta?
¿qué eerá de los reinos y los reyes
que moldearon la bestia,
cuando el mudo terror de lo presente
á Dios responda al fin de la carrera,
cuando de las edades, las centurias,
en el silencio, duerman?
LAURA MÉNDEZ DE CUENCA.

·-·

,

JUAN MONTALVO.

PLUVIOSILLA.C*)
Incrustada en una enorme herradura de montañas
-herradura que un Pega.so desprendió en su raudo vuelocomo esbelta y nívea garza en la margen del riachuelo.
sacudiendo alas de niebla, en la luz del Sol te bañas. ·

*

SR. MANUEL ZAMACON•A. E INCLAN.

-

!

:• . : 1

IL:j .;.,::e:alll'i....:.....

--~

-

.,..""

---

=rJ

-

~Ctsortro 6tntral dt la nación.

Con la blanca y adorante floraci6n de tus campafias
y las gasas vaporosas de las nubes de tu cielo
armoniosa y gentil surges-nueva Sara hecha' de hielocon la faz vuelta al idilio de las rústicas cabañas.

*

.....-

• El señor don Manuel Za.macona é Inclán, que por algún tiempo
desempe:fió el cargo de Director General de Correos1 fué nombrado
últimam.ente por el Ejecutivo, Tesorero General de la Na.ci6n.
Conocidos los honrosos antecedentes del señor Zamacona como empleado de la Administración Pública, el nombramiento hecho en su
favor, se considera muy acertado y ha sido recibido con aplauso.
El nuevo Tesorero tomó ya posesión de su cargo.

Eres símbolo de_ Ofeli~, _Beatriz .Y Margarita;
te presentas al curioso viaJador ccb1anco vestita ·»
de Gauthier en la «Sinfonía» eres nota y sensa~ión;

*

y desnuda é incitante, cual marm6rea Galatea
es tu erguido_ Citlaltépetl, seno cándido que albe~
Y que en un rntenso espa$mo desflorara Pigmalión.
(* )

Orizaba.

JUAN B. DELGADO.

EL DANZON.
Gimnasia del amor, la danza agita
su cabellera al aire; el cuerpo mueve
con intenso vaivén y paso breve;
y en un giro veloz se precipita.... .. .. .
El contorneado seno que palpita;
el muslo que al contacto se conmueve;
el amplio vuelo de la falda leve;
todo á la fiebre y al desborde in_cita.
El cubano danz6n, que en sus rodeos
desenvuelve lujurias tropicales,
al son del canto la cintura quit:bra;
y dibuja, r.l girar, sus contorneos,.
cual si se retorciese en espirales
á lo largo de un junco una culebra ......
JosÉ S.

.-.

CrrocANO.

ANTES DEL OCASO.
Si la implacable augusta segadora
mañana en el camino me sorprende,
como al errante pájaro, que enciende
la desgracia mortífera y traidora;
no me lloréis, reíd; que en regia aurora
mi alma sucumba cuando rauda asciende
y &lt;le la cumbre de la gloria tiende
el YUelo, á la colina soñadora ........ .
Yo no quiero morir ya emponzoñada
la rosa de mi vida y deshojada;
morir quiero al romper la primave:e.!
Antes que llegue el vacilante ocaso,
hoy que rebosa de licor mi vaso
y una mujer en el jar&lt;lín me espera! .... •· ···
J osÉ M. CARBO.:SELL.

SITIOS fllNTORESCOS.-Chapala.

(Fot. Rawel.)

�EL MUNDO ILUSTRADO.

DomJngo 26 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

Con los remos abiertos y queriendo dernlvel'8e ó lanzarse al_ boi;que la bestia se revelaba contra todos mis esfuerzos por encammarla
)Ii ca.balgadura seguía al paso, ya hundiendo los cascos en el
ele frente. Entonces, y de improviso, el miedo_, el ~Hiedo horrible me
i1wadió. Sentí culC'brear el terror por todos 1ms m1em hros, P\tes una
polvo &lt;le la senda, ya aferr!tnclose sobre las duras piedras del cantil.
La m ula crn mansa y obediente al m(ts ligero estímulo &lt;)c la rienda ó
itlea terrorífica arnltó mi pen!'amiento, y la angustia indefimble me
de la espuela. Caminaba, zaminaba sin reparo y i;in tropiezo, con el
apretó el corazón como una tenaza férrea. Sí, era indudable; no
podía ser otra. cosa: ¡El tigre! el sanguinario huésped de las selvas d e
cuello flácido y ln cabeza inclinada. Prolongábase el &amp;endero más y
más, bln1H1ueando á lo lejos y torci&lt;':ndose, plegándo~e á las ondulacctierra caliente» me ncechaba sin duda, y yo estaba solo, completaciones clel bosque y los cantiles y á las quebraduras del terreno. Yo
mente solo en el desierto ele los campo,;, pues el ausente no dabn: sem e había abstraído tan hondamente en el pasmo contemplativo de la
íial alguna 'cte su regreso. Gri tP á grito herido, por una, dos, vem te
nwditación, que c!'taha ya en ese punto en que á fuerza de pemar, en
yecef'. ~i tan siquiera el eco contestaba á mi voz. En aquel conflic:t ·&gt;
nada pen~amos. Poco ú poco una dulce tristeza me envolvía, porque
pensé instantáneamente que debía domina:i-me, que. importaba r~~-oel campo es triste, au n en Jac; horas en que mayor \'ida rebosa.
brnr mi sangre fría para encontrar un medro cualqmera de salvac1on.
De repente lenu1tó mi caballería la cabeCon un supremo e!&lt;ÍUerzo logré ¡iqmetar mi
za, irguió las orejns, arqueó el cuello, y reespíritu y calmar la tensión de mis nervio!'.
soplando por la nariz, dilatado el belfo y los
No llevaba conmigo más armas que un revól ojos fij m~ en un punto frontero, intentó detcver y un cuchillo ele monte, i nútiles en u n
ner~e. R.ípidamente vol\'Í sobre mí, inquicom't1ate con el pod&lt; r .&gt;so felino. Las apercibí,
riendo la. causa. tle aquel accidente. Con la
sin embargo, para tmtr de ellas rápi d '.lmente,
vista recorrí toda la extensión que me rodeay procuré orientarme á fin de seguir el meba. Estoy acostumbrado á Yer larguísimas
jor cami no, en caso de poder emprender la
distancias y la noche no es un obstáetf'º para
fuga. Pero de pronto, ya con calma, eché ele
que pueda distinguir un ohjeto lejano sin más
Y&lt;'r que la mula pugnaba por internarse en
claridad que la ele las e~trellas. Nada extrael bos:pe y ei:;to me devolvi6 comp letamen te
ño d escubrieron mis ojos. Castigué á la ac&lt;:el valor perdido, pues en caso d e que la fiera
mila con el látigo y la espuela, y el animal,
me acechara, debía estar preci~arnente en el
resentid o a l castigo, continuó al instante su
bosque, oculta e1,tre las malezas, y en tal cacamino. I maginé que habría ad,·ertido la preso, t'l i nstinto de mi cabalgadura le habría
sencia ele algmia víbora que atravesara el seni ndicaelo tomar otro sendero. Ademíis, en el
dero y no &lt;li la menor importancia ú aquel
camino que $8 extendía ante mí, Íl una distropiezo.
tancia muy larga y que se descubría del todo, no había cosa alguna que !&lt;emejara jaguar
Seguí sin detenerme; pero, á medida que
ó rantera, que son los dos animales fe r1,ces á
avanzaba, el animal 111ostr[i base inquieto y
quienes los naturales de aquellas comarcas
receloso. Pocos minutos transcurrieron, cuandan el nombr11 de tigre.
do, por segu.1da vez, pero de una manera
más acentuada, parósc la mula olfateando
Entre tanto, la mula se había calmado tamel aire con la nariz hinchada y erectas hacia
bifo
un pC1co, más bien agotaela por el mieMANUEL J. OTHON, Eximio Literato..
adelante las desmesuradas orejas. Empezé á
do y el terrible castigo que yo le seguía impoinquietarme. pero sin llegar á la alarma.
niendo si n misericordia, que; porque h ubiera
Fustigué vigorosamente á la bestia y obfiguéla á tomar de nuepresentido la ausencia del peligro. Este continuaba, pues ni por un movo su andadura. Con más detenimiento y cuidado examiné la Ren mento dejó mi pobre bef'tia• de olfatear el aire, lanzanelo entrecortados
da, el bosque, hasta donde la m irada podía penetrar, y el fondo del
resoplidos. Luego de allí,de la prolongada vereda venía el peligro. ¿Qu&lt;:
barranco por donde el río se deslizaba. Inútil fué tam hién aquella sepodría ser·? La proximidad del hombre no espanta á ninguna clase de
gunda i nquisición. Afianzado ya en los estribo!:', enderecé la marcha,
andaduras, por mús que la presienta desde muy lejos. m movimiento
confiado y resuelto, hacia el punto que era el objeto &lt;le mi viaje.
que hacen en presencia de la serpiente, no tiene nada de común con
aquellas muestras de terror sumo que aún duraban en mi Espantado aniH asta entonces había logrado que la mula obedeciera; mas sobremal, rebelde todavía á continuar la marcha. Confuso y pasmado, buscavino u na tercera detención, y entonces, el espanto que se apoderó de
ba yo cuál podría ser el objeto que en tan penoso trance me pusiera;
la cabalgadura, empezó á transmitirse á mis nervios. Ya el azote, la
cuando á lo lejos .. .
rienda y las es[Juelas hincadas despiadamente en los ijares, fueron
inútiles.
[I

Euentos de Espantos(")
I
Encuentro Pavoroso.
I
De esto hace ya bastantes años. Encontrábameen una aldea muy
an tigua de la zona litoral del Golfo. Tenía que regresará la cindncl de
mi residencia y em prender una jor hada de muchas leguas. Abril tocaba á su fin y el calor era insoportable, por lo que decidí hacer la
caminata de noche, pues de otra manera me &lt;'Xponía á un espasmo ó
á una insolaci6n. Ocup&lt;': la tarde en los preparativos consigui&lt;'nte!'I, y
llegadas las n ueve de la noche, monté sobre una poderosa mula baya
y, acom pafiado de un mozo de estribo, atravesé las calles de la villa'
encontrándonos, á pocn andar, en pleno campo.
'
La noche era espléndida. Acababa ele salir la luna llena, pura y
t ranquila, envuelta en un azul diáfano, como si estuviera empapada
en las olas del Atlántico, de donde surgía. Los bnjos de las montañas envolvianse en el caliginoso vapor del 1,calmazo,» que así llaman á la calina por aquellas tierras. El cielo estaba resplandeciente como si una
bQveda de cristal y plata fuera. Desde la salida del pueblo el camino
se marcaba vigorosamtnte al borde pedregoso y áspero de un acantilado, lÍ cuyo pie, por el lado izquierdo, rodaba el río entre guijas y
pefinscales, con u n rumor á veces como el de un rezo á veces
como el de una carcajada. A la derecha se extendía la muraÍia movible y verdinegra d~ un in1;1enso bosque. De manera que la senda,
muy angosta, corrrn, corna y se p rolongaba entre el acantilado del
río y la tortina del follaje.
(*) Al frente de esta serie de cuentos, el auto1· puso la ded icatoria
que aigue:
SR. LIC. DON Jos~ Ló~EZ- PORTJ.1;,LO y ROJAS.-A usted, mi querido
Pepe, consagro la senc1llís1ma narra.ctón de estos tres sucedidos en público testimonio de lo qu_e admiro su elev:i,uo talento y su gran 'corazón, y
como una prenda del imperecedero cariño y la profunda simpatía que á
usted me ligan.

Domingo 26 de Abril de 1903

Buen trecho del camino habíamos recorrido, cuando mi acompañan te me advi r li6 haber olvidado un tubo &lt;le hojalata que contenía
papelefl, para mí de la mayor importancia. Le obligué á regre$ar, lo
cual hizo Yolviendo grupas, y, disparado á carrera tendida, bien pronto se perdió su figura en tre la claridad. de la noche, y el ruido de los
cascos entre el murmurio del río y el rumor de los árboles.
Seguí hacia adelante, paso 1Í. paso, con objeto de que el mozo me
alcanzara en breve tiempo. La brisa que so1 laba desde el mar, llegó
á refrescar la caliente atmósfera, barriendo los sutiles vapores del cal·
mazo y drjando contemplar el paisaje hasta las más profundas lejanía!\ toclo en \'uelto en la inmensa ola de aquella noche tropical Y
divina.
Yo estoy habituado á la soledad de los campos, en la~ montañnii,
.en los bosques y en las llanuras. He pasado muchas noches en una
choza, debajo de un árhol, de un oeñasco 6 á la intemperie absolutamente, sin mlÍ.s compañía que la ele mis pensamientos. Así es que
aquella soledad era para mí muy grata, pues estaba plehamente inundado en la augusta y serena majestad de la naturaleza. Xada. de medroso había en torno mío y ningún temor por consiguiente, me asaltaba. El gozo, el gozo inefable é inmen'so de la contemplaci6n iba
penetrando en mi espíritu á la vez que el aire fresco y perfumado de
la selva hinchaba mis pulmones. Aun olvidé por completo los asuntos, arduo3 y graves por demás, que ocasionaban aquellos viajes por
comarcas Cfsi deshabitadas y salvajes, y hasta olvidé también al ~ozo que eleb1a regresar y darme alcance. Com) caminaba tan d espacio,
no había recorrido cuatro leguas á pesar de tres horas transcurridas.
l\Iedia noche era por filo y el l ucero brotaba ci ntilante y radit&gt;so tras
el vago perfil de la lejana cordillera, blanco, enorme y derail umbrador
como otra luna.
Todo era luz y blancura en aquella noche del trópico. Los pe·
fiascos aparecían semejantes á bloques de plata, y las frondas, lo~ rna·
torra.les y la maleza misma, temblaban como nervios de cristal_ vibrantes y sonoros. El río era un chorro de claridad y sus espumas relam·
pagueaban como uñ lampo, herielas por la mirada luminosa que el
firmamento incrustaba en ellas, desde su alcázar &lt;le diamante.

.,.

�Domingo 26 de Abril de 1903

III
Allá, de un recodo del camino, surgió de pronto una figura que,
aunque avivó de súbito el terror de mi acémila, vino á infundirme
un rayo de consuelo, devolviendo del todo la tranquilidad á mi ya
fatigado espíritu. Era un animal, al parecer asno ó caballo, de color
negro, que la blancura de la noche hacía más negro aún. Sobre él, á
horcajadas, sosteníase un hombre vestido de pardo. Estaba el grupo
todavía muy lejos para poder apreciar otros detalles; mas desde luego aquello era un hombre y yo no estaba ya sólo en el monte. l\Ie
ayudaría, sin duda, á salir de aquel conflicto y ambos inve3tigaríamos la causa de tan grande susto.
Pero lo extrafio, lo inaudito y que para mí no tenía explicación,
era que, á medida que se acercaba aquel á quien yo veía como un
salvador, mi malhadada cabalgadura más se estremecía é impacientaba por huir. Sin embargo, transcurrido ya el período álgido, yo po-

día refrenar aquellos desaforados ímpetus. Soy un jinete medianamente diestro y me impuse al animal casi gobernándolo por completo.
En tanto, el otro jinete iba acercándose, acercándose paso á paso
muy lentamente, como quien no tiene prisa de llegar á parte alguna'.
Por la andadura conocí que venía montado sobre un asno, al que no
estia 1,1laba para que avivara el paso, dejándolo caminará toda su voluntaq y talante.
El lugar donde me encontraba detenido era un sitio más amplio
que el resto de la vereda, pues allí precisamente empezaba á ensanchar el camino, en virtud de qQe los acantilados se iban deprimiendo
paulat_inamente, formando sobre el río un macizo talud &lt;le piedra.
Ya m1 nocturno compañero estaba cerca y pude distinguir que.. no traía
sombrero y sí solamente un «paliacate" ceñido á la cabeza. Quise adelantarm_e su encuentro; espoleé; herí las ancas de la cabalgadura,
que res1stiase de todo punto, y solo conseguí acercarla á la vera de la
espesura, donde los árboles formr..ban un claro. En esa posición esperé, siempre con el revóiver apercibido, pues no me parecía por demás
precaverme.
Cierto malestar, empero, una especie de ansiedad aguda me oprimían el_ ~echo, pues, ~ pesar de todo, aun de la pr6xima compañía de
aquel v1aJero, encontrabame en presencia de algo desconocido, de algo raro, y yo presentía que un acontecimiento extraordinario estaba
pronto á sacudir mi ánimo hasta en lo más profundo.
,
Ya sól~ un.os Ct!~ntos _pasos nos separa.han. Ansioso por dar fin
a ta~ extrana_s1tuac1on, hice un supremo y vigoroso esfuer-w, liwanté
las riendas, hmqué la espuela y sacudí el azote todo á un tiempo y
la mula _se lanz? desesperadam~te hacia el per~zoso grupo, deteniéndose de improviso á unos tres o cuatro metros de distancia. El negro
animal, con esa particularidad de los de su ralea, se acerc6 afanosamente al mío, ha~ta quedar fr~nte á frente los dos y yo con el jinete.
Brusco, terrible, hondís1mo fué el sacudimiento que estuvo á
pu~to de reventar los más vigorosos resortes de mi organismo. Un solo mstante, pero tan rápido como la puñalada ó la fulminación del
rayo que destrozan y aniquilan; un solo instante clavé los ojos en
aquella faz que ante mí relievaba sus contornos de ün plasticismo
brutal y espantable hasta el espasmo del horr0r. Y en ese instante
lúgubre no hubo línea, detalle ni sombra que no ~e incrustaran
profundamente en lo más escabroso y recóndito de mi ser.
Era ufi rostro lívido, cárdeno, al que la inmensa luz lunar prestaba matices azules y verdes, casi fosforescentes. Eran unos ojos abiertos y fijos, fijos, fijos, sobre un solo punto invariable, y aquel punto
en tal instante eran los míos, más abiertos aún, tan abiertos como el
a~ismo, que traga tinieblas y tinieblas sin llenarse jamás. Eran unos
OJOS que fosforescían opacos y brillantes á un tiempo mismo, como un

?

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

vidrio verde. Era una nariz rígida y afilada, semejante al filo de un
cuchillo. De sus poros colgaban coágulos s~ngrientos, ~etenidos sobre
escaso é hirsuto bigote, que sombreaba. labios d~lgadís1mos y apretados. Eran unas mandíbulas donde la piel se rest1raba tensa y manchada de pelos ásperos y tiesos; y del lienzo que ceí?a la frente se escapaba hacia arriba un penacho de greñas que el viento de la noche
azotaba macabramente.
Debajo de aquel rostro 16brego y trágico á la_ vez, un tronco enhiesto y duro dejaba caer los brazos como d?s látigos, sobre las piernas dislocadas. Del extremo de aquellos látigos, envueltos en manta
gris, surgían dos manos, que se encogían desesperadamente, cual si
apretaran asida alguna invisible sombra. Y todo aquel conjunto era
un espectro un espectro palpable y real, con cuerpo y forma, destacado inmensa~ente sobre la divina cla.idad del horizonte.
¿Cómo pude resistir tal aparición? ¿Cómo logré sobreponerme á
mis terrores y dominar la debilidad de mis nervios tan trabajados por
las repetidas y tremendas emociones de aquella noche?
¿Cómo alcancé, por último, á conservar un
punto de lucidez y desviarme de tan horrenda larva, lanzando mi cabalgadura, como
quien se Janza hacia el vértigo, por entre las
intrincadas sendas del bosque, para ir después á tomar de nuevo el camino que mi
instinto solamente me sefialaba? Lo ignoro
todavfa. Sólo sé que al cabo de algú n tiempo
pude orientarme hacia el sendero antes seguido, y ya sobre él proseguí la marcha, como
á través de un sueño.
Como á través de un sueño proseguía, que
todo en derredor tomaba los tintes y el ai,pecto
&lt;le las co!'as entrevistas cuando soñamos. Pero la realidad se imponía tiránicamente á mis
Rentidos, y en vano me figuraba estar bajo
el aterrador influjo de una pesadilla.
Galopaba, corría frenético por el blanco
sendero que otra vez tomara al salir de la selva. El viento me azotaba el rostro, mis
oídos zumbaban y una especie de vértigo me
impelía. Pero la misma frescura de la noche
y aquel furioso galopar fueron parte á calmar
mi excitación. El perfume acre y resinoso
que venía arropado en el -aliento de la montaña, al penetrar en mi pecho, ensanchó mi
ánimo á la par que mis pulmones. Ya la apa•
rici6n iba separándose de mí, no la distancia
ni el espacio transcurridos: veíala. en mi mente como á través de muchas leguas y de muchos años.
Al cabo de algunos momentos fuese aflojando la carrera y yo no
procuraba ya excitarla. Atrevíme primero una, luego dos, por último
repetidas ocasiones á volver atrás la cabeza y hundir la mirada en el
espacio luminoso. Nada.. La soledad que se extendía, que se dilataba
en mi derredor por todas partes. Aquel volver atrás los ojos lleg6 á ser
una obsesi6n dolorosa que habría continuado distendiendo mis nen·ios
de nueva cuenta, á no haber percibido de lejos voces humanas, cuyo
rumor mágico acarició mis oídos como una celeste música, pues había
llegado casi á perder la. noci6n de la humanidad, y pienso quAsentí lo
que el náufrago confinado á. una isla desierta que después de mucho
tiempo logra volver á ver á sus semejantes.
Las voces se acercaban y distinguí luego un grupo de hombres
que venía por el camino platicando y riendo en amigable compañía.
Llegaron hasta. mí, saludándome corteses y sencillos. Eran cinco y todos marchaban á pie. A la pregunta que les dirigí sobre la causa que
les obligaba á caminar á deshora, pues no veía en ellos ningún apero
de labranza ni señal que indicara trabajo alguno, contesláronme, dándome desde luego la explicacíón de lo que me había ocurrido, aunque
yo me guardé bien de hacerles conocer el horror pasado que ellos, seguramente, adivinaron en mi descompuesto semblante. '
En un rancho de la vecina sierra, la tarde anterior había ocurrido ·
una riña á mano armada, en la que sucumbi6 uno de los rijosos. El
!13atador e":1prendió ~a fuga y el cadáver, consignado á la a utoridad,
iba conducido á la villa de la extraña manera que yo le había. encontrado. P:,.ra ahorrarse molestias y evitar que el ramaje se enganchara
en las ropas del muerto, colocáronle los conductores á horcajadas sobre un paciente pollino, sosteniéndole con dos estacas convenientemente aderezadas en el aparejo.
Al c;aber semejante cosa, encontradas sensaciones repentiname~te
de mí se apoderaban: ya era un anhelo brusco de abrazar de agasaJar
á aquellos bárbaros, ya un furioso deseo de acometerlos. Contuve, sin
~mbargo, ~le~ ímpetus, y despidiéndome de la patrulla, proseguí la
interrumpida Jornada.

La del alba se venía á toda prisa cuando el repetido ladrar de ~rros y el alegre canto de los gallos me anunció la cercanía de un ranc~o que se recuesta ~n los estribos de la montaña. Llegado que hube,
hice pa!ada ~n el primer solar cuyos jaca.les á humear empezaban.
Eché pie á tierra y me propuse esperar á mi rezagado mozo mientras
dab~n ~n pienso á mi caballería y á mí frugal, aunque c~nfortante
refnger10.
El sol salía apenas, cuando despavorido, trastornado, casi loco,

Domingo 26 de Abril de 1903

mezquino y desorganizado cerebro. L&amp; embriaguez huy6 c?m~ p~r encanto; y, habilísimo jinete_. se arrojó por el acantilado abaJO siguiendo
toda la. margen del río, hasta encontrarse conmigo en el rancho de la
montafia. Por esa raz6n no topó con los conductores del cadáver, Y le
tuvo, desde el espantable encuentro, por cosa del otro mundo, á pesar
de todos los empeños que puse en arrancar de su ánimo la tremenda
impresión.
.
Cuando rendimos, al día siguiente, la jornada, cayó el desgraciado mancebo presa de mortal paludismo, que degeneró en una terrible
fiebre cerebral.
Pocas semanas después estaba muerto.
Y yo, á pesar de lo bien librado que salí, no las tuve todas conmigo.

llegó por apartado sendero el infeliz sirviente. Detenido en la villa
mientras le entregaban los papeles, Je pareci6 necesario refocilarse con
buena ración de aguardiente. Un tanto ebrio emprendi6 á todo escape
la carrera para darme alcance, pero á poco la dipsomanía le obligó á
detenerse en las últimas casas del poblado, donde repiti6 las dosis del
de caña y trabó plática con los amigos y conocidos.
Ya bastante excitado prosiguió la marcha y en un lugar del cami no t uvo el mismo pavoroso encuentro que yo. Llevaba un ehorme
cigarro de hoja de maíz y había gastado todos los fósforos en encenderlo. Al divisar al macabro noctimbulo, dirigiói::e resueltamente á él
para que le proveyera de fuego, y su sorpresa y espaIIto fueron mayores mil veces que los que yo pasara, pues, montando un caballo que
no se asustaba, y siendo supersticioso en extremo, como toda la gente
campesina, fué brusquísimo y terrible el golpe moral que ncibi6 su

MANUEL

HEROINA CUBANA.

Gobierno Es,&gt;añol, en que fué puesta, como
t?dos .los presos políticos, en libertad.

Publicamos hoy el retrato de la Sra. Magdalena. Peñarredon&lt;la, distinguida heroína cu•
bana que actualmente visita nuestra capital.
L:i. Sra. Pefiarredontla fué encausada el año
de 1887, siendo Gobernador de la Isla el General Fajardo, por un artículo publicado en

L'\ ol,jeción, el desquite, la alegre desconfianza, la ironía, son signos de salud; todo lo
que es absoluto es del dominio &lt;le la patología.

·-·
*

En la frecuentación de sabios y artistas, es
fácil engañarse en sentido inverso: detrás de
un sabio notable se e~cuentra á menudo un
hombre mediocre, y detrás de un artista mediocre, un hombre muy notable.

J. ÜTHÓN.

ESTATUA DE BARREDA.
Próximamente seriS descubierta en Puel,la
la estatua de don Gabino Barreda, que el Gobierno del E¡;útdo mandó hacer á los talleres
de la Fundición ArtíatiCl.t. establecida en la
Capital. El bronce representa al ilustre fundador de la Escuela Preparatoria puesto en
pie, y tanto por la fidelidad que se advierte en
los rasgos fisonómicos, como por la maestría
con que están tratados los detalles de Sf'gundo
orden, constituye una verdadna. obra de arte.
Esta estatua fué la última que modeló el
malogrado escultor Jesús F. Contreras.

*
El que no sabe encontrar el camino que
conduce á. «su.. ideal, vive de una manera más
frívola, más ind ,lente, que el ser sin ideal.
FEDERICO NIETZSCHE.

marina tropical.

De Víctor Hugo.
Hay en la santidad sublime encanto
Emanado del cielo;
Y si sufro al pe11sar quo no soy santo
Procurando ser justo me consuelo.
'

El remero apoy6 la abierta mano
contra el casco del buque; y lentamente
SP, alej6 el postrer bote. Enorm11 lente
bajo el ojo del sol, era el océano.

Puesta la proa hacia el confín lejano,
el buque de las Indias de Occidente
zarpó, llevando á la. europea gente
las riquezas del suelo americano ... ...

Y allá, en las playas, entre espumas rotae,
cuando el buque, virando en sus anhelos,
volvió la espalda con brutal deEaire,

«El Criollo,» contra el Gobierno. Fué acusada de incitará la rebelión, y tuvo que huirá
los Estados Unidos.
Cuando estalló la última guerra, se puso al
servicio de la revolución, siendo nombrada
delegada revolucionaria de la provincia de Pinar del Río por la Junta. de Nueva York. Desde entonces estuvo en continua comunicación
con el Cuartel General &lt;le Pinar del Río, enviando correspondencias, armas y municiones. Cuando el General Weyler creía tener
incomunicado al General Maceo por medio de
la famosa cctrocha militar,» que iba de la costa
Norte á la costa Sur de la Isla, ó sea desde
Mariel á l\Iajana, jamás quedó interrumpido
el servicio de la correspondencia y el envío de
auxilios al campo. cubano. La Sra. Peñarredonda mantenía ese importante servicio valiéndose para ello de los medios más ingeniosos.
Fué presa en Febrero de 1898; y puesta en
libertad por no haberse encontrado prueba alguna en su contra, se le prohibió salir de la
Habana al interior de la Isla, quedando bajo
]a vigilancia de la policía.
A pesar de esto, continuó en su obra revolucionaria, y aprehendida de nuevo el primero de abril de 1898, fué sometida al Tribunal 1\lilitar y encarcelada en la prisión de las
Recogidas basta la evacuación de Cuba por el

se levant6 una banda de gaviotas,
cual si fuese el adiós de cien pañuelos
suspensos y agitados en el aire..... .
JOSÉ S. CHOCANO.

Dl: llllI DIABIO.
La vibración del reloj es la. voz del tiempo.
El carnaval es la risa del afio.
El amor es el deseo infinito de un beso
eterno.
Un beso es el mayor de los placeres, porque
es el único que,siendo infinito, no sacia.
Más fácil es ser heroico que sensato.
Más lejos de la. poesía está la afectaci6n
que la vulgaridad.
NIEVES XENES.

Estatua de Don Oabino Barreda.

�Domingo 26 de Abril de 1003

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 26 de Abril de 1903

LA XEBllttESSE DE llttlXCOAC.
El Ayuntamiento de Mixcoac, con el fin de
allegar fondos para las mejoras materiales de
la población, acostumbra celebrar, año por
año, una kermrsse en que toman parte las
principales familias allí avecindadas.
En esta ora.sión, la fiesta se efectuó en la
Castañeda, una &lt;le las fincas de caro po más
pintorescas de los alrededores, resultando en
extremo lucida, no s6lo por el buen gusto
con que estaba adornado el local, sino también
por la numerosísima concurrencia que, particularmente por la tarde, asistió á ella. Los
puestos, entre los que llamaban mucho la
atención por ¡,u artístico decorado los de refrescos, confetti, y pantallas chinas, estuvieron
á cargo de señoras y señoritas que atendían á
los invitados con verdadera c0rtesía.
En estu número encontrarán nuestros lectores los retratos de algunas de las damas que
más se distinguieron en la simpática fiesta.

FLORES DESHOJADAS....

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Cuando pasé calle arriba
por el «Chalet de !ns rosaF,»
cortaban frescas mimosas,
claveles y siempreviva.
Los unos con podaderas
y los otros con las manos,
de prisa cortaban ramos
de lirios y enredaderas.
Lluvia de hojas y botones
sobre la arena caía ......
-Oh! me dije, qué porfía
por adornar los salones! ..... .
Y mientras fuí caminando
por calles y encrucijadas,
en salas iluminadas
me fuí pensando, pensando ..... .
Q11izá la hermosa doncella
que allí en el «Chalet" vivía
algún festival tenía ..... .
quizá se casaba ella .... ..
Y recordando su frente
y el óvalo peregrino
de su rostro, mi camino
seguí cruzando indolente.
1Dichosos los limoneros
que en esa aurora florearon!
sus blancas flores pasaron
de la rama á los fl.vreros ..... .
Y tristes hojillas muertas
que e11 el viento revolaban!. .....
sólo para ellas cerraban
los festivales sus puertas ......
- Mas no, en seguida pensé;
con las hojas arrugadas
yo también tengo cerradas
las puertas,y no entraré ......
Y así pensando y pensando
en lo vario del destino,
poco á poco mi camino
se fué acortando, acortando ......
. .. .. .Y en un pensar y pensar
en tristes y nlegres cosas,
por el «Chalet de las rosas•
volví de nuevo á pasar ......
Todo estaba tapizado
ele pétalos y botones ..... .
quizá para los salones
ni una flor hubo quedado ..... .
Ya no cortaban violetas;
un hondo ~ilencio hnbía. ......
110 niús el rocln r i::e oía
de las hojillas inquietas ......
Miré tras de la persiana
por contemplar el salón ......
en él no vi ni un bot6n
de rosa muerta ó temprana ......
Los que antes cortaban lirio~,
los que antes cortaban ramos,
llevaban entre sus manos,
en vez de floreros, cirios ......

NUESTRO PAIS.-Una calle de Gua najuato.

Entonce~,ay! cuando vi
de la cnlle en las baldosas
tantaF- hojillas de rosas,
ya todo lo comprendí.. ....
Con larga y triste mirada
contemplé por un momento
el suave aletear del viento
entre la flor deshojada ......
Luego ele allí me alejé
llevando en mi alma una espina ......
y antes de voltear la esquina
hacia la casa miré ......
Nadie corlaba violetas;
un hondo silencio había ......
no más el rodar se oía
de las hojillns inquietas ......
MARÍA ENRIQUETA.

(Fot. Rawel.)

No toquéis á esa puerta! Ko despertéis lo
que allí duerme ...... La inefable tranquilidad
de un amor que sueña adora.das primicia~ ú
el santo reposo de ur,a fatiga que ennoble~iú
el trabajo!
Ah! no toquéis esa puerta, no despertéis lo
que allí duerme, hasta que el sol a ome y se
escuche la agreste sinfonía del alba!
0

PABLO HERNANDEZ.

SOBBEMESA. ALEGBE.
La viPjecita ríe como una muchachuela
c~nt:í.ndo_n?s )a hi~toria de ~us días más bellos.
Dice la vie¡ectta: Oh qué tiempos aquello•
cuando yo enamoraba 1í ocultas de la abu~l'a!"
La viejecita ríe como una picaruela

NOCTURNO.
Es la hora del coticinio eñ un plenilunio
delicioso.
fü espacio límpido y sereno semeja. un lngo
ele estreilaE'.
En las lejanías de la llanura, las copas de
las ceibas seculares se confunden con la. uruma
gris del horizonte.
Mueven el aire tibio ráfngas del ama, que
llegan con frescura y olor de primavera.
En medio del valle, bajo el dosel de palmas, cerca ele un arroyuelo que brilla como
estela de nácar, se levanta una casita obscura
y silenciosa ..... .

y en su_s ojillos brincan maliciosos destellos.

¡Qué bien luce la plata de sus oí veos cabellos
sobre su tez rugosa de color de cauela!
La viejecita olvida todo cuanto la agobia,
y ríen las arrugas de su car:\ bendita

y corren por su cuerpo deliciosos temqlorfs.
Y mi novia me mira y yo miro ÍL mi no,·ia
y reím?s, reím~s ... ;tnientrns la YiPjeci1a
'
nos refiere la h1sto1·1a blanca de sus uuwi·es.
M. MAGALLANES MOURE.

��Domingo 26 de Abril de 1903

Domingo 26 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL ARTE DE ENVEJECER.

--------

,,

De la cercana iglesia llegaban los sohes de
«la última llamada;» ibah á sonar las doce del
día.
A la puerta amplia y sucia del «mesón» se
agrupaba la gente, y entre ella se abrían paso
con dificultad para entrar, los músicos que llegaban.
De repente, se veía cruzar por el patio, de
un cuarto á otro, á los artistas vestidos con los
ligeros trajes de colores marchitos, y puestos
los sombreros «fieltros.)&gt;
El trapecista, á medio desnudarse, en vuelto
en un sarape rojo, gritó desde la puerta de su
cuarto:
-Oye,Antonio, Antonio, préstame una banda;.al fin quP, tú tienes dos; no encuentro la.
mía.
-¡No encuentras la tuya; bueno era que la
tuvieras! pero, ¿crees tú que yo gano para
vestirte? Es la última vez que te la presto.
-Bueno, hermanito; gracias.
El director y el empresario llegaron de prisa; iban jadeantes; habían ido al rayo del sol
hasta el circo.
-¿Ya estamos?
--Sólo falta c,Toto,» no ha venido.
-¡Diablo ese! estará de seguro en la cantina.
-¡Mira, Román! vete á la cantina dela esquina, y di á «Toto» que venga inmediata~
mente.
Román salió á escape.
En verdad, en la taberna, en medio de un
grupo de hombres que hablaban de lo gracioso que c,Toto» era, el payaso clavaba la cabeza
sobre los brazos cruzados, el sombrero puesto
ele través, y dejando destacarse las enrojecidas orejas del blanco del saco, dormía ebriamente.
-Señor «Toto», señor "Toto». Dice el señor
Rodríguez que vaya usted inmediatamente;
11ue ya va á salir el paseo.
,/foto» rechazó la mano que lo movía, y
murmuró una obscenidad.
El muchacho, sin inmutarse, lo movió nuevamente:
-Señor «Toto,» señor «Toto,» ande usted.
-¡Caramba! que ya voy.
Al fin se esperezó y levantó tambaleándose,
para acercarse al mostrador:
-¿Cuánto se debe?
Y el ibero contestó amigablemente:
-Nada ccToto,» nada; todo está pagado; vá·' a,e porque va á salir el paseo.
¡ Qué horrible veía el sol, y cómo le c01,taba
t·:il,·,jo levantar el pantalón que se le caía!
El empresario y el director lo llevaron has-

-No, no, fuera, fuera; el payaso, el payaso!
El escándalo creció.
El Empresario fué hasta la silla del Regidor que presidía, y algo habló y algo accionó
con él.
El murmullo aumentaba grandemente, y
cayeron algunas naranjas y tres tablas en el
redondel.
Algunas familias empezaban á clisponerse
para salir.
Parecía aquélla. una plaza de toros.
Por fin un artista envalentonado, pero empalidecido, llegó hasta la. mitarl de la pista, é
hizo seña. para que callasen y lo oyeran.
En efecto,se hizo el silencio.
-Respetable y benévolo público: el payaso
no puede salir, porque se ha muerto.
La gritería estalló ensordecedora.
Unos aplaudían y vociferaban: ubravo, bravo;» otros: umentira; estará borracho;» otros
más: «que se devuelvan las entradas», y «á la
cárcel el em presarion.
El artista, en mitad del redondel, esperó
unos momentos, y consiguió hablar de nuevo:
-Las personas que lo duden, pueden pasar al vestuario á ver á «Toto».
Las familias huyeron. El pueblo no; aquello era ya otra cosa; eso formaba parte de la
diversión. Muchos salieron protestando, y los
más se a valancharon hacia el vestuario.
La policía apenas podía contener aquella
horda. Sobre una mesa blanca, la que servía
para las pantomimas, estaba el cadáver de
«Toto» vestido de payaso.
Una mueca dolorosa y repugnante contraía
el enharinado rostro; tenía «Toton las manos
Por la tarde:
cerra.das oprimiéndose el pulgar con los deEl calor se hacía insoportable.
más dedos.
Ya el c{fragaespadas» babia asombrado á la
Allí dentro la gente acallaba sus protestas;
concurrencia, el caballo del «Indio apache»
hasta se entristecían algunos.
había salpicado de estiércol á las familias que
Un ebrio que dudaba de la verdad del caso
ocupaban las sillas próximas al redondel; el
se
aproximó y le tocó una mejilla; de repenequilibrista había rodado cuatro veces de cela
te
resbaló y cayó cara con cara sobre el cadácuerda floja,» y .él malabarista había arrojado
ver.
contra la nariz de u na. señora obesa u r.a de las
La concurrencia rió;ccToto,» aun de!'pués de
naranjas con que jugaba.
muerto,
seguía divirtiendo al público.
El público empezó á protestar:
...... Y á la mañana siguiente, mientras el
- Que salga el payaso! que salga el payaso!
Empresario se felicitaba de su idea, que lo
Qué no te pagan,uToto»?
había salvado de la devolución de la~ entrnLa mnltitu&lt;l se contagió bien pronto, y fué
dns
y de la ru plnra de algunas graderías )"
el grito general: ccEl payaso! El payarn!»
sillas, los artistas se quejal1an de rubos de ~us
Entre los artistas se notaba un mo\·imiento
prendas,()ue habían dei::npancido del YeR~unextraño; entraban y salían; procuraban afecrio cuando el público entró (i ver el cad:l\·er
tar indiferencia., pero algo pasaba al!í.
del infortunaclo «Toto».
Salió ,,la mujer fuerte que levantaría un
hombre con los diente!',,&gt; pero el público no la
FRA~CISCO ZÁRATE nuiz.
dt&gt;jó trabnja.r:

ta el cuarto y lo ayudaron á desnudarse de la
ropa de la calle y vestirse el "clownesco&gt;&gt; traje bombacho. Le rociaron alcohol en la cara,
y él, guaseando, abrió la boca para recibirlo.
Cuando le pintarrajeaban el rostro, elijo el
empresario, en tono de empresario:
-¡Que sea la última, ccToto¡i&gt; esto no puede
seguir así!
El contestó:
-Será la última, y estropeó con la. lengua
pegajosa alguna frase que hizo volver la cara
al empresario, para que «Toto,, no viese la risa que le jugueteaba. entre los labios.
Lo subieron al caballo; montaron en los suyos los demás; la. música preludió la marcha,
y salió el paseo entre la gritería .infantil.
-Esta tarde, sefiore~, gran función; todo
nuevo, todo variado; al circo todo el mundo.
El "Circo Orientab, et! lo mejor que se ha visto en esta ciudad, ¿verdad muchachos que sí?
-¡Síiii!
A los balcones habfa a.sornadas familias, y
en las aceras se detenía la gente.
El ((clown» arrojaba á diestra y siniestra los
anuncios de colores, y los muchachos, en mitad del arroyo, se estrujaban por cogerlos.
Tras el payaso seguían todos los demás ,cartistas": seis hombres, dos mujeres, una niña,
cuatro caballos, un burro y un oso; las personas á caballo, y del freno los cuatrapeados.
Los desafinamientos de la orquesta se oían
más y más suavemente; y allá va, jaca.rúndoso y borracho, el payaso; serios, muy serios,
los melenudos y morenos artistas.
Se alejó el payaso.

I
Los pesimistas han contribuído á hncerme
optimista. Su rasgo caract,:rístico consiste en
c¡ue su descontento de todo se traduce por un
inmenso contento ele sí mismos.
·
¡Qué sentimiento de su propia su perioriJad I
¡que desdén por nosotros, pobre~gente t1ue tenemos el culto de la
Esperanza! ¡Quéabruma&lt;lores f'obre11()m hre1&lt;! ¡Simples, tonto!',
cándidos!
No tanto como Yosotro!-, caros a111igo.•.
A lo meno~, no sufrimos de de!-giacia E&lt;ino
cuando la experimentamos. Vo¡:otros la
sentís cuando llega,
autes de llegar, después que llega, y aun
despué1 que ha cesado! Su r&lt;:cuerdo os sirve para prever otras ...
que acaso no sucedan
jamás.
Esto es lo más admirable en ello!-: ocho
veces por cada diez, Hl
orgullosa presciencia
los engaña, y si por
casualidad acontece algo de lo que han pronosticado, su primer
palabra es: "Yº siempre lo he dichon ... ... Y
helos ahí, contentos de
una desdicha ajena
porque les da la razón . .. ..
Dios mío, detesto {i
todos esos grandes y
pequeños Schopen -hauer, que no ven el
fru to sino el trabajo de
germinación, en la flor
sii,o el veneno, en el
cielo sino la nube, en
el corazón sólo el vicio, en el hombre
únicamente á la bestia, en la lucha por b
vida, el crimen.

-Me aburro.
Su fisonomía y su acento me abismarofi.
En boca de ios ricos y de los holgazanes, esa
frase ".\le aburro," tiene tal acento de desesperanza que espeluzna. Aquel honrado sujeto
lo decía riéndose. Acepta el fastidio como
acepta la lluvia, el frío, la escacez, la fatiga,
la muerte. Pertenece á esa razn rústica cuya

jido tenue, de un suave perfume. He ahí la
imagen de la educación y de la naturalezn.
Esta nos da las flores sencillas; nosotros hacemos las dobles. Recibimos dones: nos corresponde formar cualidades: la obra del hombre
completa la obra de Dios. Sólo que, los dones
naturales tienen tal gracia, que no sé si prefiera. la eglantina á la «Reina»....... Para no ser
injusto:,, amémoslas
por igual.
ERNEST LEGOUVÉ.

***

Como un homenaje
á la memoria de Er-

nesto Legouvé, decano
de los escritores fran cE:ses, fallecido recientemente, publicamos
los párrafos anteriores.
Legouvé estaba proximo á cumplir el cen tenario, pues nació el
15 &lt;le Febrero 1807, y
hacía cerca de medio
siglo que Re contaba.
entre los miembros de
la Academia Francesa.

CBEPUSOULO.

.Muere el día. Las
purpúreas nubes se
tornan de un color
:ímbar franjeado de
palideces estelares. El
Nilo se desliza mansamente. Se llenan de
rumores los juncales
de la margen. Abre el
loto sus pétalos azules,
con la emoción de una
nostalgia. Desde el
río, los cocodrilos pro•
longan su hocico armado de cortantes sierras en dirección al
cielo y resuellan á la
manera de una fragua.
8obre el césped que tapiza la opuesta orilla
cruza. de huída una
banda ro~acla de flamencos. Una garza se
]l
peina con el pico su
plumaje y un ibis solitario se queja en el
Al regresar de un
silencio. Pero el cielo,
paseo por el bosque,
vi sentado delante de
por momentos "ª toERNESTO LEGO.UVE, célebre esc•·itor f:anc.és, falle: ido re~ientemente.
mando un azul má¡,
una casita retirada de
la aldea-y cuyo proprofundo; la. noche gozoga enciende las estrella:=:.
existencia se resume en &lt;los infinitivos: "Pª·
pietario está casi ausentc-á un buen hombre
decer y esperar» .. ... .
á quien conocí de jardinero eH casa de uno de
Y las aguas en la sombra se estremecen y
l\Iuy bueno es enviar los campesinos á la
mis amigos.
~·etuerc~n, como una larga serpiente que de
escuela; pero también sería bueno que se nos
-¡Hola! tío Anto,1io, le dije: ¿sois el guar1mprov1s0 baña. de resplandor encarnado la
enviase á la escuela de los campesinos.
luna que surge de los desiertos ..... .
dia de esta casa?
--Sí, señor, desde el otofio.
JOSÉ MARÍA VÉLEZ.
-Lo que no debe seros nada alegre. Ni \·eIII
*
cinos, ni amos.
La demencia, en los individuos, es en cierUn magnífico rosal híbrido, la «Reina" tan
-¡Oh! pero tengo bastante en qué ocuparto modo rara; en los grupos, los partidos, los
doble de pétalos, tan rico de coloref'., florecía
me con el jardín.
pueblos, las épocas, es la regla.
este verano cerca á la verja de mi jardín al
--Sí, en el verano. Pero en el invierno, dulado de una eglantina que abría modesta~enHablar mucho de sí mismo es tal vez un
:.1·~nte las largas veladas, ¿qué hacéis?
te sus cuatro pétalos de rosa pálido, de un temodo de ocultarse.
Me miró y me dijo risueño:

*

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 26 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 26 de Abril de 1903

LOS FUNERALES DEL SOL.
El crepúsculo. Honda melancolía acongoja álos cielos : ha muerto el Sol. No paró miente!! en la proximidad del mar y de pronto se vió que caía en él sin poderse contener. ¡Ha muerto el Sol!
¡El rey de la luz se ha ahogadol Las naves levantan al cielo sus
antenas, en actitud de viudas dolientes que oran por el alma del
esposo difunto. Corporaciones de nubes acuden al entierro del Rey
Sol. Esas blancas son coros de vírgenes que van á poner albas ro!WI
en su tumba: la línea brillante que la perfila es el oro de sus rubios
cabellos. Aquellas pardas que avanzan lentamer,te, son caducos ermitaños que van á recitar ante la fosa gangosas preces. Esa nube
de brillos acerados está formada por la mesnada de un caballero
de Malta, que va á formar la guardia de honor: por eso ha bruñido las alabardas y cotas. Aquella nube que avanza mostrando un
extraño barajo.miento de combas, estrías y colores, el rojo y el gualda, el verde y la púrpura, es una corte medioeval, con sus damas, meninas y pajes, sus bufones, juglares y trovadores, sus doseleR, penachos y oriflamas, que se traslada en confusa banda
para asistirá los funerales del Sol.
Empieza la fúnebre ceremonia. El mar, con enronquecida voz
canta el «Miserere.&gt;• De las naves de guerra disparan el cañonazo
del crepúsculo. Lns cigarras entonan su monótona elegía; tocan á
oraci6n los templos, y las gentes se descubren. Un incógnito seSAN JUAN BAUTISTA.-La manifestación del 2 de Abril.

r·

manlftstadón Popular tn San ]uan Bautista.
El dos del corriente se verificó en Snn Juan Bautista una entu ·
Riaeta manifestación organizada por el «Club Porfirista de Tabas·
co,» con el objeto de proclama1 la candidatura del señor General
Díaz para Presidente de la República en el próximo cun.trenio, y
de celebrar el glorioso aniversario de la toma de Puebla por el Ejército de Oriente.
Los manifestantes recorrieron las principales calles de la ciudad,
seguidos de un numeroso grupo de personas pertenecientes á toda~
las clases sociales, para desfilar después frente á la cai;a del señor
Gobernador del Estado, General Abrnham Bandala, que presenció
el paso de la c;:imitiva desde uno de los balcones del edificio que
habita.
La manifestación, según nuestros informes, resultó muy lucida.

PAISAJE.

pnlturero arroja grandes paletadas de sombra en la regia tumba, y
cuando la tiniebla lo envuelve todo, surge la lun11.. Es la lápida que
una larga caravana de estrellas conduce á la tumba del Sol. Sólo
los poetas pueden descifrar el cabalístico epitafio escrito en su marfilina superficie.

La muerte es la renovación, es la imagen del invierno; todo
lo que muere en esa melancólica estación, renace en la primavera.

*
En sentido abstracto y geométrico podemos decir que la forma del sonido en la naturaleza es regular, por el triple aspecto que
nos ofrece.

CLEMENTE PALMA.

INAUGURACIÓN DE UNA CAPILLA.
Con una solemne función religiosa se efectuó el domingo anterior por la mafíana, la inauguración de la capilla de la Escuela Comercial Francesa, establecimiento á que nos hemos referido ya en este semanario.
El local está. decorado con buen gusto y su capacidad es más que
suficiente para el objeto á que se le destina. En el altar mayor, dentro de una urna de cristales, se encuentra una escultura de San Luis
Rey de Francia, bajo cuya .advocación se puso la capilla, y, al lado
opuesto, un magnífico órgano para el servicio religioso. En los muros se ven algunos gobelinos de mérito, y las ventanas están cubiertas con elegantes vitrinas de coloree.
A la ceremonia inaugural asistieron, como madrinas, las señoras de Blondel, de Tron, de Jacques y de Signoret, contándose entre
las personas invitadas, distinguidas damas y caballeros de la Colonin.
francesa.

NEURÓTICA.
Del huerto en la penumbra misteriosa
Enhebrando un suefio te consumes;
Y enamorad:~ del »no ser,» ansiosa
Cual una visionaria voluptuosa,
Te matas lentamente con perfumes.
Tus nervios extenuados desfallecen
Como al sutil rumor de arpas eolias;
Y en tnnto que tus ojos se adormecen,
En tu redor abriéndose, parecen
Incensarios de nieve las magnolias.
Tu sensibilidad no agonizante,
De tu neurosis la tensión injuria;
Y del hue1to en la atmósfera odorante,
Se asimila tu pálido -semblante
A una hermosa camelia de Liguria.
JUAN DUZAN.

Caída de la tarde.

(Fot. Rawel.)

Capilla de la Escuela Comercial Francesa.

Lo que una época encuenti:a malo, es por lo regular un re~to in
?portuno ~el.o que antes fue encontrado bueno, el atavismo de un
ideal en veJec1do.

�ILUSTRADO
• 1-NUM. I~
ANt X•••JOMO

MfXICO, MUO 3 Df 1903.

•rector: LIC. RAf'At L Rtl't &amp;PINDOLA.

SAN

Cier ente: LUI&amp; Rt~ &amp;PINDOI A

MAN

St. GEBM:AIN

1-1--

Del Dr. LATOUR BAUMETS. París.

TONICO

RECONSTITUYENTE

Con extracto ue aceite de bacalao "Mori'bnol"-Ictiol-kola y estricnina.
Cura Anemia, Clorosis, Escrofula, Raquitismo, Beumatis~o,
Enfe1 medades de la, piel, etc.
Tónica Poderoso ParaCoavalescicntes. Tnbercmosos y Enfürmos del Corazon.
11

'l'o11ificar el sistema nervioso y recon stituir la sangre es volver á la vida y recuperar el uso de 1ollaR su s facultad es. EL VIXO DE RAN GERJ\{AN por su s atractivos y poderosos compo11entcs, por sus asombrosas curaciones, es el Vino 'T6nico
reco11 stit11ycntc má-, rccomcnda&lt;lo por to(las las celebri&lt;ladcsmé&lt;licas del mundo; lo
C&lt;'rlifica11 los prufesores &lt;le la U niYersicla&lt;l de París y de la Escuela Nacional de J\Io&lt;liei11a, de :\léxico.
2&gt;r. lfafae/ .Cavisfa.
" ll:1hll'n1l o f'XpPrimf'ntn1lo pn nl~ 111u,-&lt; l'll l°l'r111os l'I \"I XO ) )!,; S.\ ;\
(; 1-: ID I.\ :'&lt;. lo recnmit•u ,10 1·01110 IIU
11111•11 1(1111&lt;-o y l"l'('0llstitt1.l"l'll l ,•."'

:lJr. ]Jandera.
" lle 11Rn&lt;lo ron l'X&lt;'&lt;'lf'ntr,; r&lt;&gt;snlt n ,l os l'I n xo 1rn S.\:'\ &lt;a:rnL\ N

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CE lt.\1.\X &lt;'11 PI c¡n,, se
"TA\
composición &lt;lrl Yl:\"O DE EL \"IXO DE $.\IXT C:E:-!:\I.\T N
0 111111:111 los rN·o nstítn_reu ll's. In!! tó
SAN
C:Y.;1::\l.\i\', ;:::irnntiza sns une• es una feli;,; (•omllinarión :w1•pt.1•
ni,·o~ nPu1·0~ t l•11ic•os Jl rnrclin eos.
ni ic·th,l"nl. 11:H•f'll dP estn ¡11·,.10:1rn- nos ('Í('Ctos Y llí)IIÍ. &lt;lon,le t:into ble ])01' :Sil ;?IISIO (t to1los IM l'll[erC'ión 11 11:1 11(• l:is 111ás ad1•1·11:1d:1-&lt; ni nhnn,l nn Jns t&gt;nft&gt;rmr,1:1,IP'&lt; 1ior demos y t i1•ne ))l"O)):C'tl:ldf's t:111":1 tiYIIS
t r:1l:1mil•11to 1lt&gt; l:1s 1•11í1•n11Pcln,l,.s. 1•11 hilid:111 en In nntric·iírn. &lt;'&gt;&lt;pt&gt;ro que
ln &gt;' qtlt' p rerlo111i11a la )lol11·1•z:1 d,~ SN:l 111• )l0s.·11·n utilit!a, I fl:11":l el exr&lt;&gt;l&lt;'ntcs 11:1ra lo,; din•1·sos l'st:1cJos
p::t t ol6¡;il'OS.
i::a11 !!r&lt;' y e l rl l.'I.JilHnmleuto &lt;l t•l i11di)1( 1111Íl"O.''
,·ltl 110.
A HF.T.T..\:'\O.
D R. R..
'rofesor d i' Ohstrtr ic·in rn In Eiwne.
• .
11 N. ,Je• :\IC'&lt;lil·l n n ele .\!(•xko. ;\! iem- Prof esor n&lt;lJunlo de Cl1111,•n &lt;•xtl&gt;r- E"c•upln N . &lt;le :'11t,1li1·in:1 &lt;le :\léxico
ro ele 111 Aca,1t•111ln el e .\Iediclna .. na de la Eseuel::t :\ncional de :\l l'di- ;\Ji('ml.Jro 1lel Con~ejo l:-uperior (]¡,
édlco del H ospital lle Sa n Andrés.¡ eina de México.
Snlul.Jrillad.

:-:o n,~ ~.\ :'\

j)r. C!arlos J"ejeoa.

P.ecomiendo &lt;&gt;I YT:\"O DE SAN
EL
DEJ S .-\N GEIUIAN, es G EID I AK. como íitil y 1•ficn;,; e n las
una h11eun preparación , túnico y re- enfr1·111etl:1cJes que c:111sa11 profuucJ\
eonstit11ye11te, lo lle empll'atlo siem- deliili1la(l en In eco110111f:1: 11,;f como
pre eou I.Jueu éxito.
e n las anemi:1s, tuhen·ulosi:;, atre psins, l'tc.

nn.

111:. C.\ n LO!- TEJED.\ .
Proí&lt;'sor fil, Clínil·n infantil e n In
B~u1 ..111 X. tle Me1liciua de .\l é xi co.

2&gt;r. fi de t;;aray.
Tlt• 11sn1lo rn ,·nrio~ &lt;lf' mil' en fe rmos PI \"l:'\ODE $.\:'\ n1.;1t.\l.\ N .1"
lo (·011sitl&lt;•ro nna 11n•d iei na l'X&lt;·l'le nte: P" 1111 t(,nito pod,•roso, tic ;;:1ho r
11;::rndahlp .,· 11111_1" l'fi&lt;-:1;,; p:1ra los :lllt' ·
mic·os. linf:iticos. tulil'l'eulosos. conYnh•s1·lc11 tes y cufen110s &lt;lel &lt;:ora
ZÚLI l'U gpnernl.

¡·

A. DE GAR.\ Y.
Pror1"&lt;or de .Anatomía en la r-:sl'll&lt;'la Nncionnl ele .\1,•cli&lt;-i nn, Cil"ll·
j:1110 de los Ilospitnles .J11:lrez J" E~
pniiol. Presille ute de In Sociedad
:'llé&lt;llca "Pedro Escol.Jedo,'' e t c.

~=1=1~§~ i~~~~~~~
~~1~~1=¡=~~1~¡1
=¡=~~
§1~¡=~~1~m=¡=~=1=~~

Subscripción mensual forinea $1.50
ldem,
ldem. ea la capllal $1.25

MONUMENTO
Erigido en O r izaba á la memor ia de las víct imas de Veracruz. (1847.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>ILUSTRADO
• 1-NUM. I~
ANt X•••JOMO

MfXICO, MUO 3 Df 1903.

•rector: LIC. RAf'At L Rtl't &amp;PINDOLA.

SAN

Cier ente: LUI&amp; Rt~ &amp;PINDOI A

MAN

St. GEBM:AIN

1-1--

Del Dr. LATOUR BAUMETS. París.

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Con extracto ue aceite de bacalao "Mori'bnol"-Ictiol-kola y estricnina.
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p::t t ol6¡;il'OS.
i::a11 !!r&lt;' y e l rl l.'I.JilHnmleuto &lt;l t•l i11di)1( 1111Íl"O.''
,·ltl 110.
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D R. R..
'rofesor d i' Ohstrtr ic·in rn In Eiwne.
• .
11 N. ,Je• :\IC'&lt;lil·l n n ele .\!(•xko. ;\! iem- Prof esor n&lt;lJunlo de Cl1111,•n &lt;•xtl&gt;r- E"c•upln N . &lt;le :'11t,1li1·in:1 &lt;le :\léxico
ro ele 111 Aca,1t•111ln el e .\Iediclna .. na de la Eseuel::t :\ncional de :\l l'di- ;\Ji('ml.Jro 1lel Con~ejo l:-uperior (]¡,
édlco del H ospital lle Sa n Andrés.¡ eina de México.
Snlul.Jrillad.

:-:o n,~ ~.\ :'\

j)r. C!arlos J"ejeoa.

P.ecomiendo &lt;&gt;I YT:\"O DE SAN
EL
DEJ S .-\N GEIUIAN, es G EID I AK. como íitil y 1•ficn;,; e n las
una h11eun preparación , túnico y re- enfr1·111etl:1cJes que c:111sa11 profuucJ\
eonstit11ye11te, lo lle empll'atlo siem- deliili1la(l en In eco110111f:1: 11,;f como
pre eou I.Jueu éxito.
e n las anemi:1s, tuhen·ulosi:;, atre psins, l'tc.

nn.

111:. C.\ n LO!- TEJED.\ .
Proí&lt;'sor fil, Clínil·n infantil e n In
B~u1 ..111 X. tle Me1liciua de .\l é xi co.

2&gt;r. fi de t;;aray.
Tlt• 11sn1lo rn ,·nrio~ &lt;lf' mil' en fe rmos PI \"l:'\ODE $.\:'\ n1.;1t.\l.\ N .1"
lo (·011sitl&lt;•ro nna 11n•d iei na l'X&lt;·l'le nte: P" 1111 t(,nito pod,•roso, tic ;;:1ho r
11;::rndahlp .,· 11111_1" l'fi&lt;-:1;,; p:1ra los :lllt' ·
mic·os. linf:iticos. tulil'l'eulosos. conYnh•s1·lc11 tes y cufen110s &lt;lel &lt;:ora
ZÚLI l'U gpnernl.

¡·

A. DE GAR.\ Y.
Pror1"&lt;or de .Anatomía en la r-:sl'll&lt;'la Nncionnl ele .\1,•cli&lt;-i nn, Cil"ll·
j:1110 de los Ilospitnles .J11:lrez J" E~
pniiol. Presille ute de In Sociedad
:'llé&lt;llca "Pedro Escol.Jedo,'' e t c.

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Subscripción mensual forinea $1.50
ldem,
ldem. ea la capllal $1.25

MONUMENTO
Erigido en O r izaba á la memor ia de las víct imas de Veracruz. (1847.)

�Domingo 3 de Miayo de 1903.

tos (lolor~s vtos s~ntimi~ntos.

EL MUNDO ILUSTRADO.

cos y á la completa satisfacción de las nece~idades animales, y, porque, p~r e_l, COI)trano,
la obscuridad suscita la med1tamon, la concentración dentro de sí mismo, el aislamiento
del mundo exterior.
De esto resulta que los. colores, según son
más ó menos luminosos, excitan en nosotros al
animal ó al nombre. Los relumbrones, los colorines, nos retrotraen al estado salvaje y á la
vida animiil · el «verde&gt;, nos recuerda la alfal,
fa y el «rojo&gt;,' la sanare. Los colored som b nos,
at~nuados, nos excitan el e:1piritu, despie~tan
al hombre en el animal. ~l negro nos sugiere
la muerte· el azul nos recuerda al cielo.
Entre t~(los los matices y todos lós colores,
hay dos de universal imperio y de predominio
general: el negro, que es la negación del color;
el blanco, que es la síntesis de todos ello!&lt;. En
esos dos colores, si así puede llamárseles, está
simbolizada toda la Humanidad¡ el negro es
Hámlet, el blanco es Pierrot.
DR. M. FLORES.

Pocas personas han medf tado en el or}gen
de la relaci6n íntima que liga los colores a los
sentimientos humanos y ii.nimales. Esta correlaci6n es pública y notoria; consta e'; autos
y es universal; pero el porqué, la _razon; la
explicación del fen6meno en_cuya virtud tales
colores despiertan tales emocione::; y tales emociones se expresan ó tienden á ex_presarse por
&lt;lflterminaclos colores ea cosa cur10sa de a.,veriguar que nadie 6 'pocos han dilucidado y
que m'erece ser estudiada.
.,
.
Desde luego, la indicada relac1on existe y
es tan constante como general. No conozco á
nadie que baile seguidillas ante m! paño negro ni tampoco sé que haya qmen estando
tris'te ó abatido, se envuelva en la bandera
nacional. Que el «amarillo suhi~o&gt;, es ~n cursi como es aristocrático el ccamanllo PªJª,)) es
cosa sabida y Jrn lo es menos que el «azul
cielo,, es de' por sí apacibl~, sere~o 'f dulce. El
rojo huele si cabe el ténnmo, a circo romano, á coso' taurino y á campo de batalla, y el
d~
ccblanco» á la vez es símbolo de paz y emblema de pureza. El «verde,, es esencialmente
Prosa. - tomo Segundo.
campestre, ya veremos ~pr qué, y en cuanto
al «morado camote,)) nadie duda que es el coEs un acontecimiento grato y curioso á la
lor nnfíxico y apoplético. .
.
vez la publicaci6n de un tomo de revistas teaLa relaci6n entre los colores y las emociotraleR literarias y Rocia.les escritns el siglo panes es tan fisiológica, tan psicológica, tan nasado por Manuel Gufürrez Nájera, periodista
tural y espontánea, en suma, que ~a'.í~ se~,ún
de sangre pura, ingenio refinadísimo y cronisel tiempo, el lugar, el grado del~ c1vtllz~c1on,
ta exquisit&lt; .
etc., en virtud de JeyeR fijas é 1i:caml&gt;Iable,,
Ese libro que i-ólo habla de sucef'os olvidaque no son otras que las 4ue pre&gt;'1tleq al_ d~~dos¡ de personali1\au,es_ que ya• transitaron y
envolvimiento y refinamie~to de la sen1,1bil1que suraen en sus paginas como espectros; de
dad.
espectú;ulos que fueron; de libros sepultados
De la misina manera que los hombres prien el pohro; ese libro que sólo tratad~ cosas
mitivos y más ó menos salvajes babhn á griviejas y muertas, es nuevo y lleno de vida cotos, gu~tan del ,1tamtam)) y del cctepon~xtle"
mo una rosa recién abierta.
y ccaman&gt;, las reventazones de tímpano, igualLa pro~a del Duque, dulce éírónica, no erimente prefieren los colore~ «cbillanteR,ll los
vt&gt;jece. Aseméjase :i las aguas corriente!" cucontrastes bruscos &lt;le colondo, todo lo que
yo~ murmurios y cuya fre~cura siempre son
ofende la retina hiriéndola, desgarrándola1
nuevos y gratos, aunque el agua. no varíe.
maltratándola. El ruido ensordecedor, el reLeyendo ei::as páginas se impone una intetozo brutal el colorín deslumbrante y chillanrro~a·ci6n: ¿Manuel Gutiérrez Nájera en nueste, son predileclos de los Eeres inferiores, cotra época de perio)ismo popularísimo,en nuesmo lo son en orden al paladar, el refino, el
tros tiempos en que el público se muestra caajo y el chile pican,te. He v~sto negros Yestidos de dril blnnco a rayas roJas; apac;hes «cla-,. da día más voraz de noticias «sensacionales,,,
dos&gt;, de azarcón y almagre, y los cortejos _de ,.de sucesos sangrientos, de relatos estupendos,
habrí.11, sabido ser periodista·? Creo que sí. El
ccAida)) no son sino ,&lt;luces» de fuegos artificiamismo4o dice: nada hay tan difícil como teles «untadas,, en telas rudas.
ner talentb- :en el periodismo. Y él lo tenía.
Quien no ha olido á una oriental, no puede
Hubiera sabi&lt;lo hallar atenuaciones; habría
formar idea de lo que la pituitaria puede sologrado encontrar unn f6rmula estética para
portar en ei;ta.do sal,·aje. Un amigo mío, «r~embellecer las trivialidades barrocas del notitour)) de la India rompió un día un frasqtucierismo y, distinguido, aristocrático, sería el
to de esencia de :osa. Al día siguiente habíafavorito del público en el siglo XX como lo
mos emigrado todos los vecinos.
fué en el XIX.
To&lt;lo e,to para probar que el hombre primiTenía talento é ingenio. Lo afirma su últitivo gusta de lo rudo, lo IJ~usco, lo ~os~o y
mo libro, un libro formado aquí y allá, recobrutal lo mismo en punto a oído que a vJSta,
gido entre.las págiuas de prosa de los peri6diolfato,' gusto, etc. El canlillo es una volupcos. Porque, más desprendido que Búckin. tuosidad de la Edad de Piedra.
gham ( aunque resulte vulgar el repetirlo ) ,fué
El homb1e civilizado ya es otra corn. En
desparramando pedrerías, no por los salones
materia de paladar apenas tolera el gusto del
regius, sino en las antesalas, para que las rehongo 6 el sabor d~ la trufa¡ en punto á olfacogieran los lacayos.
tb el «heno hume&lt;lecidoi, ó la «piel de EspaAhor;i, una mano piadm,a, movida por el
ñ¡ mitigada » y en lo que .á colores se refiere,
amor y la admiración al poeta muerto, ha
el «crema b~jo,&gt;, el ccverde Nilo» ?-tenuado, la
reunido esas páginas dispersas, esa labor de
«fraise serasséen ó la «rosa marclu ta,&gt;) rnn sus
toda una vida arrojada á la calle¡ para ofrepredilecciúnes. . ·
.
.
cerla á un público nuevo, en cuya merrrn:ría
La ley de «la mtens1dad,&gt;, en matena de_color es manifiesta como lo es en otra,; matenas¡
está el nombre del Duque aureolado de caritodo color intenso, crudo, duro es símbolo db"'- ño y están algunos de sus versos, algunos de
sus cuentoi:i, pero que no conoce tal vez su
emociones &lt;le salvaje y tiende á de~perlarlas.
obra diaria y dolorusa, la que le daba el pan
Por eso los niños no entienden de medios coy le robaba Las fuerzas de su i_nteligencia sulores ni de colores pálidos.
Por el contrario, todo color atenuado, como
perior.
Aunque el tomo es muy bello, aunque el
todo olor suave 6 ruido sordo, revela civilizaadmirable y dulce estilo del ático escritor fluci6n, cultura, refinamiento, «degenerescenciai,
ye en sus páginas como una m iel muy rica y
que diría Nordau.
perfumada, los que meditan se estremecerhn
Esto en cuanto á la cantidad; pero «ello» no
&lt;le compasión al Yer cómo se fué ese licor vanos edifica en cuanto á la «calidad. &gt;, ¿Por qué
liorn por la hendidura cada vez mayor de la
el negro es tétrico; el rojo, entusiasta; el azul,
vasija que lo contenía.
plácido· el violeta, melancólico, etc., etc.'?
Pues 'por una raz6n muy· sencilla: porque
Manuel Gutiérrez Nájera es tnl vez un ca~o
único en la historia de nuestra¡¡ letras, no sóla luz es vida, y la obscuridad muerte; porque
lo por la forma originalísima de su talento,
la luz es excitante natural 6 indispeusable de
sino también por su desacostumbrada labotodo nuestro organismo animal; porque la luz
riosidad y por el influjo que ejerció sobre los
excita á la acción, al movimiento, á la activique le rodeaban.
dad, á la plena expansión de los 6rganos físi-

·obras

·-·

manud 6utitrrtx nAitra.

Damd.ngo 3 de M,a,yo de 1903.

EL MU~DO ILUSTRADO.

Trabaj6 con fe y resignación, sabiendo lo
que valía su talento y sin que jamás ·se revelará ni orgullo ni abatimiento en rn oLra.
La nobleza de su t&gt;iemplo influyó en muchos que, sin él, jamás hubieran llegado á laa
altura::; de la fama. Se hizo admira¡lly, cosa ra,
ra, se hizo querer.
Semejante á la cumbre del volcán que ae.
destaca en las claridades celestes, flotando so..
bre la tierra, tuvo siempre en su vida literaria la serenidad de quien por estar muy alto,
no envidia.
La época de rn vida hace contraste con otros
períodos de nuestra historia literaria en que
las contiendas de la inteligencia no parecen
luchas de corazones limpios y fuertes, sino
de condenados que se atacan rabiosamente en
las negruras de un antro 6 de faq uines hambrientos que se arrebatan un mendrugo.
Fué un maestro, porque supo herir los corazones de sus admiradores y, sin querer, trocarlos en discípulos.
Su último libro se agotará muy pronto porque es no sólo bello, sino curiosísimo, ·y constituye una página viva de la historia de ayer,
de nue!"tra sociedad y nuestras letras.
En él, como en cuanto escribió el Duf¼ue,
se observa un sentimiento muy simpático que
hada atractivos todos sus escritos: una especie de amor burlón y piadoso por la ciudad de
México, por esta capital sucia y fea, que empezaba ya á transformarse cuando Gutiérres
Nájera escribía y con su mirada de artista hermo$eaba todos los espectáculos. Puede afir.
marse que después de él nadie ha sabido ver
la ciudad de l\lé.x:ico. Un obstinado presbiLiamo parece cegar á nuestros escritore~, que mi•
ran claramente los aspectos lejanísimos de Europa, pero que en México arañan dolorosamente las tinieblas.
Y ei Duque jamá~ tuvo esa ceguera; sua
ojos eran limpios y claros y veían.
Eso hace más amables.sus escritos y por ello
sµs lectores constantes, su público tiel-toda
la Nación--irá á buscar el nuern libro &lt;lel malogrado vate con un estremecimiento de placentera esperanza que no serÍt defraudada,
porque la obra es hermosa y coxdial como todas las del Duque.
C. T.

hombres, sin parque, armas ni provisiones,
contra más de trece mil; y digno de remembranza es el hecho que la historia ha conservado y en que figura el subteniente Sebastifo
Holzinger y el de igual grado en la Guardia
Nacional, Francisco A. Vélez, hoy General de
División: un proyectil rompi6 !a driza de la
bandera enarbola&lt;la en el baluarte de Santa
Bárbara y la cual desprendi6se. Asciende Holzinger á izarla &lt;le nuevo; pero otra bala derribó el mfü'lón, entre cuyos escombros precipitóse el valiente oficial. Este, no desanimado,
acomet&lt;i nuevamente la empresa y prende en
el asta la bandera que había tenido extendida Vélez durante la OpP.ración, que se efectu6
bajo una lluvia de balas.

***

Sr. Lic. José lves Limantour, Sec~etario de Hacienda.-(Ultimo retrato, por Mora.)
sino los millones que hubiese debido prodigar
para una causa tan santa y tan jusla; pero sobre todo, una causa en que peligraba ella más
que nadie. como peligra siempre en un conflicto entre naciones que profesan diferente
credo.
E n aquellos momentos Fagrados, era un crimen la desuni6n y eran un sacrilegio infame
contra esa deidad augusta que se llama «Patria,&gt;, los rencores de parti&lt;lo y las mezquindades del que pe&lt;lía y del que debía dar. 1cPolkos,, y ,1puros&gt;, hubieron de confundirse en un
s6lo anhelo; «alacranes,&gt;, como decían á los de

Durango; «tapatíos,&gt;, como se llama aún {t los
de Guadalajara¡ «tusos» á los de Zacatecas, y
todos, todos los mexicanos de los cuatro puntos cardinales de la República, sin distinci6n
de ideas políticas ó religiosas,se hallaban obligadoe á concurrir á la ineludible liberaci6n
del territorio que á costa de tanto sacrificio
porlíamos llamnr al fin nuestro. Apodos 6 títulos de gloria debieron desaparecer para ser
reem plazaclos por el más honro.so: soldado mexicano, defensor de la patria.
.
En tales condiciones, Vera.cruz fué diez veces heroica, sosteniendo el sitio con cinco mil

HEROES SIN NOMBRE.
MONUMENTO

ERIGIDO EN ÜRIZABA Á L A MEMO-

RIA DE LAS VÍCTIMAS DE VERACRUZ

J. PouLAT.

EN ORIZ A B A .
1\tcllada por sa autor ti n dt Jlbrll dt 1901, con 11101100 dt la 1nau9wrac16n

del monumentoerigidoen mmoria dt las oictlma,

(1847.)

Publicamos en este número una fotografía
del monumento erigido en O rizaba á los defensores de Veracruz contra la invasión de las
fuerzas norteamericanas y que l111.ce poco inau•
guró el señor Gobernador del Estado: esa obra
de arte no solamente conmemora un hecho de
armas glorioso; pues simboliza u na época Y
conjura un trágico recuerdo.
Tras la fatal bntalla de Angostura que pudo
y debi6 haber sido el lazo de unión entre todos los partidos y toe.los lo.:! mexica~os, lánzanse los reaccionnrios sobre el gobierno de
Gómez Farías como los buitre:; sobre la paloma que hiere ~l cazador, y á atacar á_ la cual
no atreviéranse en la p~enilu&lt;l de su vida.
Los gritos de indignae!.ón que provocaba la
derrota de nuestro ejército en la frontera Y el
clamor de angustia que llegaba de Veracruz,
amenazado por la escuadra del Norte, Eofocábanse entre discusiones tan vergonzosas como
inútiles respecto á la nacionalizr.ci~n de los
bienes eclesiásticos, cuestión que aleJaba á los
batallones unos de otros; que desgranaba las
familias y' que rompía las amistades; disputa
que asombraba laa conciencias y desgarraba
todas las ligas sociales y privadas; entretanto
que nuestro cielo azul tachonado de estrellas,
envolvíase en et" sud'l-rio gris de la p61vol'!l
enemiga y las glaucas aguas del golfo se enpurpuraban de sangre y de rubor. El clero,que
poseía la mitad del territorio y las dos terceras partes de la riqueza pública, regateaba eo•
mo buhonero, ya no el conting~~te personal
de sus sectarios para la protecc1on del país,

Veracruz y su guarnición en estos hechos
cliernn el más hermoso e¡emplo de valor: cuando Santa Ana, que anteriormente dijera con
verdad que la di~cordia civil, y no la desgracia ni la fuerza, había hecho sucumbir al puerto, asentó luego en una proclama que las tropas que lo guarnecían, Pi no podían defenderlo, debieron retirarse¡ los jefes de la Guardia
Nacional publicaron un manifiesto en que hacían presente que la resistencia fué honra suya y oprobio &lt;le quienes los abandonaron y
que habían preferido sucumbir con gloria, á
sal varee sin honor, antes de ser atacados.
Tal es en realidad el detalle doloroso y el
recuerdo amargo: nuestras disensione:1 fratricidas produjeron el abandono d!) Veracruz; pero el monumento erigido en Orizab,i s6lo pt':rpetúa la abnegaci6n del ejército p.ermanente
que pereció; y la fraternai inmolaci6n de los
veracruzanos que sin desacuerdos políticos ni
renc:ores religiosos entraron á la brega y la
sostuvieron hasta el postrer momento con la
intrepidez y el arrojo relevanteR enJa faz del
soldado que avanzando, bayoneta calada, contémplase admirable en el hermoso grupo escultural.

dt la lnoasl6n amrrlcana, 1n7.

Como pájaro que huye de las nieves del Olvi~o,
he llegado á esta comarca, tembloroso y aterido,
á esta tierra toda flores, á este cielo todo luz,
donde el Sol-indio flechero-pertinaz vuelca su aljaba
por clavar dardos de oro en el «Pico de Orizaba,&gt;
ese inmoble centinela. de la beroica Veracruz.

*

Sal ve oh pueblo, grupo airoso de valientes paladines:
que r~doblen los tambores y que vibren los clarines
entonando victoriosos un soberbio himno triunfal.
Que cintilen las espadas, y ensordezcan los cañones,
y fulguren los fusiles, y relinchen los bridones,
é imperténitos avancen los bizanos escuadrones
ante el noble monumento de una página inmortal.

*

Habitante de las selvas, libre rey en mi cabaña,
he venido con la lirh que ha cantado en la montaña,
dulcemente melodiosa cual la flauta del dios Pan.
Y esta lira, á los recuerdos de contiendas pavo:osas,
hoy retuerce sus bordones, que son víboras rabiosas;
hoy erecta sus dos cuernos, que son cuernos de alacrán,

.

*

¿Qué despierta sus rencores? ¿Qué provoca su coraje'?
¿Por qué brota de sus _nervios, ~omo cláu~u!a salvaje
6 igniscente lengua roJa, demomaca maldición? ..
¡Es que evoca la sombría epopeya infortunada
en que Scott dejó esta zona de cadáveres sembrada,
y palpita en su cordaje honda cólera sagrada
al recuerdo de la oveja en las garras del león!

*

¡Imposible la victoria! Eran fuerzas desiguales·
y aun los niños se mostraban ante el Monstruo' colosales·
meda Holzinger el teniente y con él el pabelló~ ·
·
y en el campo, en que la guerra de crueldades hace gala
surge Vélez desplegando la bandera como un ala
'
la bande1·a trigarante derribada de un morlón. '

*

¡Salve al héroe, cuyaespada-llamescente meteororayó el ónix de los cielos con relámpaaos de oro
al grabar luctuosa fecha, rojo símbolo fatal!
¡Salve al cuerpo de valientes, á los ínclitos soldados
que al abriio de la Patria sucumbieron denodados
y que en marmoles y bron&lt;?es mostraránse verpetuS:dos
constelando-nuevos Leómdas- nuestra historia nacional!

*

Levantar á lo~ que mueren por la Patria, un monumento
es un rasgo meritorio, un loable pensamiento·
'
que los mártires patriotas bien merecen tal ho'nor.
Erigido está á los santos el altar en que mañana
vendrá ansiosa á venerarlos la niñez veracruzana
encontrando altos ejemplos de civismo y de valor.

*

Entretanto, pueblo airoso de valientes paladines
que redoblen los tambores y que vibren los clari~es
entonando victoriosos un soberbio himno triunfal.
Que cintilen las espadas, y ensordezcan los cañones
y fulguren los fusiles, y relinchen los bridones
'
é impertérritos avancen los bizarros escuadron~s
ante el noble monumento de una página inmoi·tal.

*

*

Oriza.ba-blanca novia- te enguirnaldan azahares·
Barrio Nuevo en su guitarra. de cristal, te da cant~res·
en un velo de neblinas se ha tornado tu capuz·
'
los silbidos de tus fábric~s son un salmo de p~ogreso:
con la Paz llegó el TcabaJo, y al sentir su ardiente beso
palpitaste con el alma tropical de Veracruz.
'

*

Ver11-cruz-virgen morena- ¿qué pecado cometiste?
E~ raudal de sangre y llant? que con fe y dolor vertiste,
D10s en perlas y corales be.Jo el agua ha de cuajar
Que de día te ab~niquen los palmares que el Sol q;ema,
que de noche fulJa el Faro cual diamante en tu diadema
y tus luchas de espartana, como un épico poema
'
en homéricas estrofas cante un bardo: el ronco ~ar.

No lamento una derrota, ningún triunfo es el que canto;
me ha traído á la tribuna un derecho sacrosanto:
el que á todo buen patriota otorgó la Libertad.
Vengo en nombre de esta raza ardorosa y altanera,
que el valor tiene por gloria, el orgullo por bandera,
por escudo la hidalguía, y poi· timbre la lealtad.
¡Imposible la victoria! Era el débil ante eUuerte;
acechaba, envuelta en sombras, una trágica: la Muerte;
no cortaba aleve Dá.lila; lCls cabellos del Sansón;
al soplar furioso el Norte, Ruth colmaba sus graneros:
eran débiles espigas nuestros bravos guerrille1·os
abatiéndose en los surcos, valerosos cual boeros
al empuje formidable de los hijos de la Albión.

*

JUAN B. DELGADO.

�Domingo 3 de M,ay,o de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

todo esto á compás de credos y salves que rezaba eutre dientes haciendo ?ruces con la mano sobre los campos y hacia los cuatro p~ntos del
horizonte.
Co~gue ya se ~gurará. ,el ~urioso lector c6mo andarían en Noria
del Aguifa l,~s n~gocios eco~om1cos y agrícolas, manejados por estos
tan extraoromanos personaJes.

•

II

,;

P_ues s?cedió que á. don Carpio se lo iban á llevar los diablos, ó
más bie~ d1ch_o, andaban con el inte11to &lt;le llevárselo.
•
Fue la_~1sma doña Pancha 9-~ien l}ev6 á Valnavara, el pueblo
~ond~ yo v1via, 1~ estupen&lt;l3: noticia._ r?dos los habitantes del lugar
mvad1ero~1, la mo1a&lt;la de la_ n ea prop1etana para oír de su misma boca
la re\1 el~c1on &lt;le tan maravillosa a\·entura. Yo fuí uno de los primeros
en ~cud1r y con tollos s~s pelos y señales me refiri6 el suceso, con JenguaJ_e y a&lt;le~anes tan pmtorescos, que mús de una vez, durante la narración, sen~1 ponérseme los pelos de punta. Y era ta.n cierto Ell hecho,
que los do~ o tres moz~s que acompa~aban á su ama., y ella misma,
f?eron testigos preeencu1:les; lo ~ue &lt;lw por resultado que doña F ranCisca abandonara la hacienda mientras el maleficio se conjuraba aunque, según las t_razas, no había que esperar que tal cosa sucedier~ hasta que don Carp10 abandonara la finca, 6 los &lt;liablos, en forma de brujas, cargaran con él· á los profundos.
El casó pas6 de esta manera:
U_na tarde,-ya ~l ponersÉ3 el sol; se desató rumbo á la serranía de
la hacienda tan_ flmosa t?rmenta, qu.: todos los arroyos se salieron de
madre y las pen=:s y los arboles rodaron descuajados por los desfiladeros de las montana::1. Hasta allí el fenómeno nada ofreci6 de pat:ticular; pero ya al entrar la no·che comenz6 á def!colgarse de las nubes una
horrorosa culebra [que así se llaman.las trombas en el lenguaje rústico]. cuya monstruosa cola se retorcía en el aire entre negro., torbellino!! ~e polvo y ~gua .. El pánico se apoderó de los campesinos y del
prop1? don C3;rp10, qu_ien probableme_nt~, p~r alguna imprevisión 6
descmdo, babia enterrado el calendario a mas profundidad de la necesaria, ~abía_ echado más cruces y oraciones de las acostumbradas.
Pero de 1mprov1so y en un punto, ama y administrador, que CQntemp)aban el me!eoro desde el por_tal6n de la ca¡:a grande, entraron precipitadamente a una galera contigua, saliendo al instante armados de
sendos cuchillos, coi:i los que\ disparando estocadas y bendiciones sobre
la culebra, como 9men. se tira á_ fondo ó raja leña, al punto y como
por encanto quedo partida la terrible manga, que vino á resol verse en
descomunal aguacero.
_Pasado ya ~l peligr&lt;:, con gran asombro de los sirvientes que presenciaron el conJuro, dona Pancha y don Carpio dieron trazas de recogerse cada cual en sus habitaciones, pues la noche seguía tormentosa y negra y no era cosa de ir al campo á esa hora para encauzar los
arroyos y reparar los destruidos canales. Así es que don Carpio después de despojarse de las empapadas ropas, se ech6 al coleto doble ra ci6n de tequila de la que acostumbraba, para no resfriarse; y ya ee disponía. á meterse entre las no muy limpias sábanas, ni menos mullido
lecho, cuando percibi6, clara y distinta, una voz extraña que de fuera
le llamaba por su _n ombre, voz que parecía descender de lo _alto y que
se mezclaba con carcajadas horripilantes y soeces maldiciones.
De pronto crey6 don Carpio que !!.quella era ilusi6n de sus oídos
6 las rachas de viento que golpeaban, zumbando, los muros de la easa·
pero como la voz se repitiera, y ya no sola, sino acompañada de otras'
que en distintos tonos le amenazaban imprecándole, el pobre hombr~
se armó de valor; abri6 la ventana y enderezó la vista á la azotea don-

~u~n(os d~ Espantos.

?

11
sario; para las «riumasi&gt; prescribía cortarse las uñas todos los lunes; los
-desmayos y zumbidos de cabeza los curaba colocando una lanita de
borrego prieto en la ternilla de la nariz, y el «ojo de venado,,&gt; el sebo
de le6n y basta el excremento de diversos animales, servían para otras
I
tantas dolencias y accidentes. El terrible mal de ojo, tan común entre
la gente rusticana, no desaparecía sino con repetidas unciones de sali-.
Erase que se era una buena señora, viuda y sesentona, propietaria
va en frente, oídos, nariz y boca. La saliva tenía un uso bastante gede cierta finca rústica, no muy lejana de un pueblo don&lt;le yo desemneralizado en la terapéutica de doña Pancha, pero era necesario saber
peñaba, hace ya tiempo, funciones del orden judicial. ((Noria del Agu imanejarla, pues debía siempre ir a.:ompañada de oraciones y f6rrnulas
la,i&gt; que así se llamaba la hacienda, tenía abundantes y excelentes tiecabalísticas que rnriaban según la naturaleza de la enfermedad; por•
rras de labor, montes poblados de pastos y agua para regar dos 6 tres
que, decía, hay oraciones frías y oracion_e~ calientes y no &lt;leben aplisitios de ganado mayor; con lo que, dicho se está, la propietaria debía
carse aquéllas en los resfriados, ni éstas en las fiebres; sino todo lo
ser rica por demás, pues carecía de familia y sus necesidades eran exicontrario: para todo es necesario saber. En cuanto á otras dolencias
guas, como las de gente que no sale del rancho sino para ((bajar,» así
más graves, variaba el procedimiento, siendo uno de los más enfrgicos
iae dice, á los pueblos vecinos, y eso de tarde en tarde, con ocasión de
y eficaces, colocar un huevo de gallina prieta ( el color negro era ritual)
fiestas y jolgorios 6, sencillamente, para mudar de aires.
debajo de las almohadas del paciente para qut: le extrajera el mal; ó
Pero es el' caso que los rendimientos de la finca eran apenas mebien se metía la mismísima doña Pancha debajo de la cama y lanzaba
dianos, y aunque no llegaban á perderse las cosechas por malo y seco
unos lamentos y gritos tan lastimeros, llamando por su nombre al enque el año fuese, la verdad es que no producían ni la mitad de lo que
fermo, que éste, si estaba aún en sus cabales, creía que la propia muerproducir debían. Cierto que las mujeres carecen, en lo ge!!eral, de dote lo solicitaba des&lt;le lo más profundo de la tierra y se levantaba todo
tes para entenderse en la administración de sus negocios; pero doña
trémulo y despavorido. Pero con estas y otras prácticas, rara era la
Francisca Perales, que á este nombre reepoudía la dueña de Noria del
enfermedad que no cedía al tratamiento; y si el pobre dolien te sucumAguila, había encomendado por completo el manejo de su hacienda á.
bía al fin, era s6lo porque «ya le tocaba. i&gt;
un administrador, hombre campirano y versa&lt;lísimo en todo Jo que á
Don Carpio, el administrador [su nombre era Policarpo], si no
la ciencia de las Ge6rgicas atañe, salvo en introducir innovaciones y
ejercía
la medicina, en cambio, como astr6logo, daba ciento y raya á
mejoras de moderno, procedimientos, pues á ese respecto tanto el ama
los sabihondos que escriben libros cuajados de mentirm, y disparates.
como el empleado oponían la más vigorosa resistencia.
Todos los años, en el mes de enero, la noche de San Antonio Abad,
Dofia Francisca 6 doña Pancha, como más comunmente se la llainstalábase en la era á contemplar el cielo para ver por q ué lado entr~maba, era la adoración y el pafio de lágrimas de sus sirvientes y de
ba el año: iba provisto de un cuaderno donde apuntadas tenía multitodos los aldeanos y campesinos que moraban en cinco leguas á )a retud de observaciones hechas y no interrumpidas por los más lejanos
donda. Y no podía ser de otra manera, pues socorríales en sus necede sus progenitores. Allí, con un farol y un lápiz, trazaba fig uras Y
sidades, aunque nó ciertamente ,con ,mucha largueza, y, sobre todo,
.signos siguiendo la revoluci6n de las estrellas y el cáriz que presentales curaba cuando enfermos acudian a ella en busca de- alivio 6 &lt;lesaba la ((alm6sfera;» y 4 eso de las cuatro ·de la mañana, cuando ya «las
lud. Esto de curar y prescrihir métodos y remedios para toda clase de
siete
cabrillas,&gt; se habían metido y á sus alcances iban celos tres r~yes»
dolencias, era el elemento principal en la vida de la buena señora; era
y
«las
tres Marías,,&gt; don Carpio, con pasmosa seguridad, pronosticaba
como el agua para los peces, el rocío para las flores y para las aves el
la
calidad
del año, y decía, como si lo estuviera viendo, qué clase de
viento. Y no vaya á creerse que echaba mano de medicinas y drogas
frutos se iban á _dar y cuáles - á perder; las plagas y enfermedades de
de las usadas más comunmente por galenos .Y farmacéuticos. Ni por
los animales y de las plantas, y, final'.Ilente, si· el año sería seco 6 Jiu•
pienso. Se reía de los médicos, de las boticas ·y hasta de los curandevioso. Así es que, con tales conocimientos, no había temor de que se
ros, á quienes solía tolerar y aun aconsejar algunas veces. El ejercicio
perdieran el tiempo, el dinero y el trabaj0 en infructuosas siembras Y
de la medicina en ella era una cosa así como rito misterioso y oculto
demás operaciones agrícolas. Bien es verdad que algunas veces solían
y rarísima ocasión empleaba yerbas 6 p6cimas, y cuando lo hacía sus
fallar sus cálculos y pron6sticros, pero eso aco11tecía solamente cuando
menjurjes, verdaderas panaceas, componíanse de los simples más 'inuá lo hora de observaci6n ocurríasele rebuznará un burro prieto ( por
sitados y estramb6ticos. Su terapéutica constaba especialmente de
palabras, signos y prácticas extrañas, ~sí corno de· oraciones, algunas · de conta~o ), en los vecinos corrales, 6 á algún murciélago trazar su,s c?r·
vas capr1chos~s en torno de la era, trípode y observatorio astronomico
de las usadas por la Santa Madre Iglesia y otras del uso exclusivo de
del
buen don Carpio.
aquella sapientísima doctora que tenía su consultorio en la casa granPor lo demás, para todo encontraba remedio, pues cuando se rede de Noria del Aguila.
Pero tampoco se debe pensar que doña Pancha usara indistintatardaban las lluvias y las sementeras poníanse mustias y agos_tadas,
mente de las mismas palabras, signos 6 remedios en todas las enferdon Ca.rpio hacía un agujero en la tierra enterraba el calendarJO del
medades. De ninguna manera. Así, por ejemplo, para el dolor de muemás antiguo Galván ( precisamente habí~ de ser ése) , juntamente con
una oraci6n al mismo San Antonio Abad y otra á San Isidro Labrador,
1as aplicaba una cuerda de guitarra enrollada al cuello á guisa de ro-

CORO DE BRUJAS.

J

Domingo 3 de Mayo -die 1903.

de las voces parecían sonar; y en aquel mismo punto sintió que el horror le cuajaba la sangre, paralizándole los miembros. Destacándose en
la masa negra d~ las so11_1~ras, vi6 el infeliz otras sombras, más negras
aún, que se bulhan vert1gmosamente como en una danza infernal sobre el pretil y sobre las canales de su misma habitaci6n. Horrori~ado
Y loco, cerr6 de un golpe la ventana y sali6 corriendo en busca de doña
Pancha, que á la saz6n se recogía. Des&lt;le la puerta di6le cuenta de lo
que le pasaba; visti_6se alborotada la. señora y ambos, acompañados de
los mozos )'.' ~e pendientes que estaban aún en pie, se dirigieron al cuarto del admimstrado.r, donde todos fueron testigos de la extraordinaria
escena que afortunadamente no se prolongó mucho tiempo pues á po·CO sintióse el aleteo de aquellas sombras como de aves mo~struosas y
pesadas que volaban casi sin ruido en la obscuridad.
Na?ie ~e _atrevi6 á salir é investigar el hecho, pu~s todos, doña Pancha «m capite,i&gt; ~eclara~on que las brujas, teniendo cuentas pendientes con don Carp10¡ veman á cobrarlas y procurarle maleR en pago del
que había hecho á cierta moza del rancho, cuya madre, ~egún se susurraba, era una de las más desaforadas hechiceras que podían encontrarile por aquellos contornos. Dejaron,.pues, en paz á las brujas, ya
que ellas la habían arreb~tado á los mora?or~s de la casa, y pas6se el
resto de la noche en medio del susto consiguiente con el cual dicho
se está, nadie logr6 pegar los ojos.
'
'
Y como ~n las noches p~steriores se repitiera el espantoso fen6meno de las bruJas, los dependientes abandonarou la casa grande y se
f~e:on á dormir_ á ~~raque, aunque estaba en no muy favorables con~1c1ones ,de hab1t:ac1on, .aderezaron de la mejor manera; y &lt;loña Pancha t?mo el partido de ,ransladarse á Valnavará hasta que las brujas
escogieran otro lugar para sus nocturnos conciliábulos, pues los aquel~rres del :1farz en la, noche de Santa Walpurgis, eran tortas y pan
pmtado, si en parangon se ponían con los que noche á "noche se ce~e?raban en la casa principal &lt;le Noria del Aguila.
·•

'

1

III

•1

Todo esto y más todavía ~e fué referido por la buena señora con
tan profu~do co1w~nci,¡n i~nto y á _la vez con t:iles muestras de d¡sdéh
al notar c1~rta sonnsa de rncredd1d~d en mí, que á poco ya estaba. Y.P
tan e~1bru_Jado como ella. Inte.nt~, sm emba rgo, escudriñar una paroo
del n:i1steno, aq_uella qu~ se relac1~naba con la moza hija de la céleb~
hech1?Ha. Dona Francisca me d10 todos 'los datos necesarfos de Jds
· que vme á poner en claro que el bueno del administrador, aficionad~
por demás á las hembras, había tenido sus dares y tomares con unii.
muchacha muy bonita del rancho; pero al ~abo como todo canQa en
' d e aque11os amoríos, no por' otra cosa sino porque
~,
este mun d ?• can~ose
se enaC?oro per&lt;l1dam!mte de_ótra, mujer con la _cual comprendió qu'.e
n?, podia entr;i,r en m~s relac1?~es que las matrimoniales; por lo qU¡e
dio de mano 8: su antigua pas10n; y ya se _habían empezado á corr~r
las amonestac1?nes en la parroquia de_ Vainavara y s6lo faltaba fijar Ja
fecha del c~sono, con grai~ contentamiento de doña Pancha quien se
había ofrecido á ser madrrna.
' - ·· 1
. Pero co_mo el hombre propone... y las brujas disponen, desde el
primer doming~ en que se le¡eron, después del Evangelio, las susodichas amo? estac10nes,. empezo el aquelarre en la azotea del cuarto de
don Carp10, según deJO ya referido.
· .
Bien ente:ado_ del asunto y tod_o confuso y estupefacto, despedíme ~e la propietaria y en poco tiempo olvid~ las brujas, hechicerías
_dem8:s cosas que con ellas -y con los habitantes de Noria del Aguilii, s~
relacionaban.
·
CONCLUIRÁ.

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 3 de Mayo de 1903.

€1

EL MUNDO ILUSTRADO.

Ctrritório Quintana Roo

Domingo 3 de Mayo de 1903.

AL REDEDOR DE LA CIUDAD
CONTRASTES.

Páginas dt un Jllbum dt eampaña.
Para muchos denuestros lectores, indudablemente, es desconocida por completo la parte
de la península yucateca erigida en territorio
federal por el Congreso de la Unión con el
nombre de Quintana Roo.
Hace poco, consignábamos e1. este semanario la noticia de haberse establecido en Xcalak
la primera escuela, y ahora damos principio
á la publicación de una serie de fotografías
que representan distintos puntos de la comarca y que no son, en resumen, más que un pufiado de hojas arrancadas al álbum de campaña de uno de los jefes del ejército que más
se distinguieron en Yucatán: Esta serie, sin
embargo, servirá para que el público se forme
una idea de los esfuerzos desplegados por las •
autoridades federales e.1 la obra de civilización
que emprendieron, y de los afanes con que las
tropas han coadyuvado á las altas miras de la
Administración Púbhca.
En uno de nuestros grabados puede verse
en conjunto, el campamento &lt;(General de la
Vega» tal como 11e encontraba hace pocos

Campamento "General de la Vega."

DOLORA.
El, al verla tan pálida, tan triste,
Ya cuando el tren iba á partir, pensaba:
;.Por qué la calma en mi ánimo persiste
Y no sien to que todo se me acaba?
((No me olvides»-dijo ella, y en su acento
Desfallecfa la doliente queja,
En el cual sollozaba el sentimiento
De quien se va, de quien su dicha deja.
-c(No te olvido,,- dijo él; pero no había
En su palabra aquel temblor que imprime
A la frase amorosa la agonia
Cuando el adiós entre los labios gime.
Y ella, tan triste con sus ojos bellos,
Cantraida la boca, flor ya mustia,
En confuso desorden los cabellos,
Signo de insomnio y dolorosa angustia!
Mas eran, ¡ay! para el amante extraños
El dolor, el horror de la partida ...
El habría llorado á los veinte afios,
Pero despues de amargos desengaños
Ya sabe el corazón cómo es la vida.

I sAIAS GAMBOA.

Selva' virgen.

meses. En él están situadas las barracas que
se ma11daron construir especialmente para alojar á las fuerzas y que, desde el punto de vista de la comodidad y de la higiene, han sido
consideradas como de las mejores en su género. Por separado se levantan los departamentos qué se destinan á la oficialidad y al despacho del jefe de la campaña. Las oficinas
del Cuartel General están reunidas en un edificio de madera. sólidamente construido y bien
ventilado.
Otra de las fotografías que damos á conocer
representa el muelle del campamento, hecho
por los oficiales ~acultatiYos que fueron con las
tropas á la campaña, con el fin de facilitar
el desembarque de las provisiones necesarias
para el servicio. La construcción es de madera y hierro y ofrece notables ventajas para las
maniobras propias de su objeto.

***

Ademái::, entre nuestras ilustraciones figuran:
un grupo de oficiales reunidos á la entrada de
una tienda en amigable convivialidad; el buque-escuela &lt;(Zaragoza,» anclado en Puerto Morelos; una vista de la selva yucateca, y un pueblo de la Isla de Cozumcl que surte de verduras y de algunos de los viveres más indispensables á la costa oriental de la península.
En las próximas ediciones de «El Mundo
Ilustrado» publicaremos las fotografías que
ahora, por falta de espacio, nos hemos visto
obligados á reservar.

La Comida.

t

A la. madre, á la antigua, señorial, cortesana,
vieja., discreta, &lt;iglesiera,&gt; rebujada. en holgados lutos y-¿por qué no ce~ido?-descuidada y
aun sucia, Je ha sa!ido lahijademocrática, limpia., a.man te del agua fresca y bullente, de la luz,
del sol y da las flores.
Parece la ciudad nueva una de estas muchachas de Norte América de belleza correcta, fría
en apariencia, cuya~ formas castas, duras y
elásticas ciñe un truje blanco, con alburas de
pe.loma recién bañada. Son rubias y sonrosadas y encarnan un ideal de belleza fuerte é independiente que atrae los afectos pu1·os y que
a.un á los cor azones maltratados por la v ida les
refresca. y reconforta haciéocloles convertirse á
los limpios ensueños radiantes de la infancia.
La higiene, que nos aburt'E! cuando se nos la
fspeta en ta1·das máximas; la urbanización
que suele ser tema fa.,tidiosísimo de disertacio'.
ues; el buen pa1·ecer de las ciudades, matraca
que agitan los periódicos, nos encantan, nos seducen cuando las vemos hec.has realidad en el
agua que bulle en los jardines, en el aseado frontispicio del palacete cuyos cristales brillan al
sol entre las opacidades aristocráticas del mármol; en la calle recta. y ornada de plantas que
nos recuerdan la exuberancia ardorosa. de la naturaleza, en medio de la corrección urbana. de
líneas y matices.
Si el traje de un hombre muestra con evidencia la índole de éste, su habitación, lujosa ó
paupérrima, sobre todo si él mismo la ba. fabrica.do ó hecho fabricar, le exhibe &lt;le cuerpo entero con sus ideas má.s íntimas, con sus más secretas inclinaciones, con sus gustos menos conocidos.
Na.die ignora. que hay ciudades que seducen
por sólo su aspecto; ciudades en cuyas avenidas
el viajero se siente á sus anchas, feliz, acogido•
cordialmente, y que ha.y otras que repelen, que
parecen expulsar con duro gesto a.l curioso, como hosteleros enfada.dos que no quieren dar po~~

ISLA DE COZUMEL.-San Miguel.

El "Zaragoza" en Puerto Morelos.

.

. Hay ciudades románticas, ciudades histó1·icas,
crndades tristes, ciudades sonrientes, ciudades
a.varas, ciudades idiotas, intelectuales, trabaja..
doras, holgazanas, sobrias, glotonas . ... ..
·
Y México'? .... De Méx ico no sé qué decir.
Es una. ciudad mixta, lo indiqué al principio.
Hacia. el Oriente, la. vieja. descuidada, sucia., que
repugna. é interesa al mismo tiempo, como una.
ruina venerable y q1.e no quiere, que no puede
remozarse.
Aunque se precia. de española rancia, no puede esconder la linfa. iod.ia. que circula. por sus
ca.na.les, corre por sus acequias, empuerca sus
calles y se manifiesta en retoños caoce1·osos en
sus casas de vecindad, en sus plazuelas bedion~as, en sus ba.rria.da.s putrefactas y ponulosa.s.
En vano a.q uí y allá un vasto ca.serón seilori.a.l
de !o~ que apellidara Húwboldt palacios, co~
sutil ironía., q uiere ennoblecerla. Su nobleza es
r~o_cia. y apesta y está. a.demás contaminada. por
VICIOSO desaseo.
Aparte de eso,es una vieja que se &lt;,ubre de afeites Y de alhajas . Una. &lt;ri viore&gt; de diamantes sobre la garganta. apergaminada. de una. a.ocia.na,
repele. El collar de focos eléctricos que esa. par~ de la. ciudad se pone por las noches, la. torna
fúnebre como una. momia ata.viada. para. un baile macabro.
r No m_e extraña que los trenes eléctricos, esos
mdos ¡uguetes de la. muerte, aplasten tanta. a-en~ por los barrios. Venidos de las populosas
c!uda.des de l Norte ultra.civiliza.do, pensaríanst pensa!' pudieran- que caminan entre sombras
de una ciud ad fantástica.
;,Ac!lso tienen algo de real, como no sea en las
pesadillas, esos caserones de fachada. cubierta.
de laboriosos arabescos, que se apartan desplomados de la ca.lle; los portones barrocos· los zagua.n~s húmedos y cavernosos; loo enorr:ies balf~fªJes; los postigos mudos, telarañosos y apo1 auos; todos esos detalles, en fin, que alumbrados crudamente por las claridades eléctricas, semejan restos de tumbas, trozos de monuten~s, semibundidas y truncas ruinas que na.1a tienen que ver con la. vid a. franca. y activa. de
a edad moderna?
E~ esos callejones tuertos y estrechos como intestinos estaría bien el conciliábulo de un merC~der a varo y un fantasma que Je encomendara.
misas por su alma; en esa. plazuela, que mejo1·
tuera llama.ria. basurero, bien pudieran dos gala.ne~ espadachines pedora1·se á mansalva el jullooc11lo con sus estoques de cumplidos gavi1anef á la. luz mortecina. de un faroli1lo; en estotra.
ca le, cerrada. de una. parte por un muro de convento Y de la otra por casas claudicantes que se
~Oblan~nyecodos como un biombo,parecequese
a á asistir á. los discreteos vergonzantes de un
~mbozado y una dueña. celestina; en.esotra plazoleta., su1·cada. p, r verdinegras corrientes de
aguas hediondas, á nadie extl'afiarfa que sentat·a sus reales_un &lt;tianguis&gt; de ind,os; pero vida
mode1·na, lu¡osos establecimientos de mercader~s, vías y fanales eléctricos, buggys y automóviles, ¿verdad que no se concibe que los hay a. en
ta.les rincones'!
Por eso los que anhelan vida,1 luz, aire, movi-

Cuartel General de las fuerzas en el Campamento "de _la Vega."

M11elle del Campamento.

�Domingo 3 (le Mayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Dommgo S de Mayo de 1908.

Eh MUNDO ILUSTRADO.

1. -A veaida L'ladr~s.

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[Colonia americaaa ]
2.-Casa del Sr. Braniff, en la Reforma.
3.-Callejón del To1·0.
4.-Ua tendedero en las .orillas de la ciudad.
5. --Callejón de Sombrereros.
6.-Corredor y jardín de una casa de la calle
de Sadí Carnot.
7. -Detalle del interior de una veciadad.
8.- Patio de una vecindad.
9.-Plazuela de Tepito.
10.-La Alcaicería.
11.-Glorieta central de la Colonia americana.
12.-Una calle de la Colonia. de la Bolsa.
13.- El Baratillo.
14.-Buca.reli.

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�Domingo 3 de M11iYO die 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 3 de MaYo de 1903.

miento, refluyen á Occidente-que a.un aq11í se
cull!-ple la ley aquella histórica de que la civiliza.c1ón marcha del Oriente al Ocaso -fabrican
barr~os nuevos, plantan jardines, ab1!en amplias·
a.vemdas, constmyen palacios y dejan sumida
~n su modon·a triste y mortífera. á la ciudad vieJa que se a.duerme á la sombra de sus obscuros
templos en la estrechez penumbrosa y enmohecida. de sus calles.
Y la hija, nacida de las entraí'ias mismas de su
madre, surgiendo de las a.venidas remozadas de
Plateros y San Francisco, se tiende al sol en la
llanura occidental, como una muchacha fatigada. de una loca partida de lawn-tennis, y abre los
brazos como para estrechar entre ellos el montículo agreste y perfumado donde el alcázar de
Chapultepec vigila sobre el valle.

***

¿,Y los habitantes? Al Oriente subsisten aún los
tipos misera.bles: del vendedor semidesnudo que
trota bajo su carga de caza ó de legumbres· del
lépero agresor de barrio eón un tufo de cab~llos
sobre la frente y la mirada extraviada por la borrachera; de la maritornes vistosamente trajeada.
. Por la maí'ia!la, á la hora en que los campanarios se desgaí!.1ta.o llamando á misa. se ve cruzar por las calles, opacas y sucias,' á la beata
toeada. de negro, con la camándula y el libro entre las manos sarmeotosas,y á la muchacha cnrsi
pinta.da con afeites baratos y a.domada. con traJe y sombrero de desecho. Ni falta el rufiancillo
de barrio, canalla y maleante híbrido de obrer&lt;;&gt; y seí'iorito, ni el aguador da.racterísti.co bar01za.do de mugre y estorbado en sus movimientos
por los panzudos y abollados &lt;chochocoleia&gt; de

1

.,

ACAPULCO.-Callej6n de Ventilación.

los chiquillos mofletudos y rubios: los seí'iores
graves enfundados en la neg1·a levita; todo tan
discreto, tao ordenado, que más que cosa viva,
parece aquello un cuadro de reloj antiguo que se
pone en movimiento al dar la hora.
Así aparta.das, extraí'ias un11, á otra, casi enemistadas, contrarias, permanecen la madre y la

pricho semejante al de una mujer que fué hermosa. y coqueta. y celebrada., y que al ver los atavíos que ofrecen las nuevas modas á sus nietas,
á veces se enamora. de un sombrero, de un listón
ó de un aderezo y quiere ponérselo, aunque desdiga de su fealdad y de sus aí'ios.
CÁSTOR.

·

PROYECTO DE EDIFICIO PARA LA SECRETARIA DE COMUNICACIO NES.-Fachada principal.

UNA OBRA DE IMPORTANCIA

CALLEJÓN DE VKNTILAClÓl

ACAPULCO.-Parte media del Callejón de Ventilación.

l~ta.; ni los vendedores indígenas que hieren el
aire con sus pregones, que parecen lamentos· ni
los_ meodi_gos pioto~escos, de grandes barbas' ascét1ca.s_; 01 los 4:art1_s~as&gt; trashumantes que van
de patio en pat10 b1r10ndo los sensibles corazones de las cocineras con sus canciones amorosas.
El estanquillo, la pulquería, los ultra.marinos
de la esquina., el templo, el figón y la comisa.ría
forman el cerco donde se encierra cada barrio'
los ~Iones de fon~o para los sainetes y las tra~
gedias de sus. vecmos, el escenario para sus niñas, sus a.mores y sus festejos.
La lucha por la vida es cruenta. y evidente. Todas las accesorias son &lt;comercios:&gt; ganchos torcidos y endebles, de quebradizo alambre para
que en ellos se atore al paso el dinero y'la voluntad de los transeúntes; antros de cuyo fondo
parece que surge la voz lastimosa. del deshereda.. do .Jue quiere vivir y que clama. débilmente: ¿y
yo .....
Id, en cambio al extremo opuesto de la. ciudad
mejor dicho, á la otra ciudad. Las calles son an~
chas y pa.triarcll.les, de piso terso, de casas severamente ricas cuyas facha.das, á plomo sol:¡re el
piso, muestran el bienestar y la holgura desde
el sobrio coroizamento hasta la pulida base de
los edificios. A éstos casi siempre les rodean
jardines, céspedes cuidados como un tapiz valioso; macizos de buga.mbilias apañan y encubren los frontispicios; fontanelas con estatuas
dejan caer un cristalino hilo de agua; bestias de
lujo se pasean por las calltijas enarenadas de rojo de los parques ...... Hasta el cielo parece más
amplio y más limpio, porque no lo opacan ni lo
empañan las huma.redas de las fábricas y los figones.
Por las banquetas, discretamente, van las da.mitas cubiertas de encajes, cogiéndose la falda
con gracioso amanera.miento; las niñas nerviosas, delga.das, pálidas, de grandes ojos miopes;

hija, ésta eiipera.ndo tal vez que aquélla. muera
para heredarla., para engullírsela, como dizque
~acen_los críos de ciertos bichos; la otra, la vieJa., deJándose arruinar impasible, despreciativa
desdeñosa por la vida moderna, per:mitiendo qu~
crezcan sus lacras y poniendo á veces aquí y
allá, como al desdén, un revoco, no para apuntalarse ni para prolongar sus días, sino por ca-

Cuando se inici6 la epidemia de peste bub6nica en Mazatlán, el Consejo Superior de
Salubridad se dispuso, sin pérdida de tiempo,
á poner en práctica todas aquellas medidas
que juzg6 indispensables para evitar que los
demás puertos del Pacífico fueran diezmados
por la terrible plaga.
En Acapulco, uno de los más expuestos á
ser invadidos por la peste, se arregl6 desde
luego el Lazareto de la Roqueta; pero una vez
terminadas las obras relativas á su instalaci6n,
se vi6 que, por estar situado casi en el centro
de un bosque, carecía de una de las condiciones higiénicas más importan lea, como era la
&lt;le estar suficientemente ventilado.
Para vencer estas dificultades con la premura que el caso demafidaba, · el señor Doctor
Glass, enviado por el Consejo á Acapulco
para que se encargara de la Delegación Sanitaria, proyectó la apertura de un c,callejón»
que, pasando por el bosque, permitiera al
edificio recibir directamente el aire del mar.
La obra, dificultosa por lo intrincado de la
parte del monte que había que destruir, se
llevó á término con el mejor éxito, como puede verse en uno de los grabados que ilustran
estas páginas. A uno y otro lado del callej6n
de ventilaci6n se extiende aún la espesura del
bosque que cubría antes todo el terreno. Este

I

ACAPULCO.-!;antrada de Boca Grande.

callejón tiene cincuenta metros de ancho por
quinientos cincuenta de largo, ósea la distancia que le separa de la Bahía de Yerbabuena.
El segundo de nuestros grabados representa la parte media de la obra, durante los trabajos de apertura, y el tercero, la entrada de
Boca Grande en la Isla de la Roqueta, donde
está situado el lazareto. La fotografía está tomada desde el cerro de San Martín, que se levanta frente á la isla.
Con la ejecuci'6n de los trabajos á que nos
referimos, el lazareto ha quedado en las mejores condiciones higiénicas, y el Consejo Superior de Salubridad ha dado u~a nueva
muestra del empeño con que viene trabajando
para lograr, en los puertos, un servicio sanitario conforme en todo con las exigencias de
los adelantos modernos.

nuwo Edifielo para la Stcrttarta
dt tomuntcacionts.
En el año de 1901, la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas encargó al señor
Arquitecto S. Contri de la formación de un
proyecto para el edificio de la misma Secretaría, sobre un terreno situado en la Plaza de la
República, frente al
lugar que ocupará
el Palacio Legislativo. Este proyecto
fué presentado y
aprobado á principios del año de
1902, pero hubo de
formarse uno nuevo á causa de que
la Secretaría cambió de idea acerca
de la localización
de su -futuro edificio, desechando el
terreno de la Plaza
de la República y
escogiendo el que
actu:ilmente ocupa
el Hospital de San
Andrés, mucho má~
conveniente que el
primero por su Fituación en el centro de la Ciudad.
En este segundo
proyecto hubo que
comprender departamentos para la
Dirección General
PROYECTO
y Oficina Central de
'Telégrafos.

Este proyecto, aprobado en Octubre último,
ha sido ya completamente desarrollado y estudiado.
El edificio ocupará un rectángulo de 82m. 30
por 57m. 70, limitado por las calles de San
Andrés, Xicoténcatl, Estampa de San Andrés
y una calle nueva que se abrirá en prolongación del callejón de la Condesa. La fachada principal estará en la calle de Sin Andrés, cuya calle se ampliará hasta darle un
ancho de 39 metros.
Su estilo de Arquitectura es del Renacimien·
to italino, serio y de proporciones grandiosaf:l,
apropiado al uso á que se le destina, y en ar·
monía con el estilo de la Escuela de Minería,
que quedará enfrente.
La distribución e'3 sencilla y cómoda, en departamentos amplios, bien ventilados éiluminados. Los dos primeros pisos se destinan en
su totalidad á la Dirección General y Oficina
Central de Telégrafoe, comprendiendo también las oficinas de la Comisión Hidrográfica,
Comisi6n Revisora de Tarifas de Ferrocarriles
y la Contaduría y Pagaduría de la Secretaría
de Comunicaciones. El tercer piso se dedica
todo á las demás dependencias de la misma
Secretaría.
La construccion se hará r.on esqueleto me-

tálico,· sobre una plataforma de cimentación
también metálica; las fachadas se harán de
chiluca y cantería, lo mismo que el patio. El
decorado interior se hará en cada departamento según lo requiera el objeto á que se destine.

VAS PLENUM.
Eres como la crátera esculpida
En terso mármol con cincel divino,
Donde la sangre de la vid, el vino,
Brinda su ardor en onda enrojecida.
Tu cuerpo, como el ánfora, convida
Al beso del placer, y el que con tino
Sabe libar el néctar purpurino,
En gloriosa embriaguez pasa la vida.
Mas ¡ay del que sediento de ventura
Hasta las heces el licor apura
Con imprudencia loca é insensata!
Porque el amor que guardas en tu seno
Es, á la par, elíxir y veneno
Que place á sorbos y á n ..udales mata.
ENRIQUE GONZÁLEZ MARTÍNEZ.

DE EDIFICIO PARA LA SECRETARIA DE COMUNICACIONES.-Fachada correspondiente
á la Dirección de Telégrafos.

�Domingo 3 ide M&lt;ayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILlJSTRADO.

Domingo 3 de Mayo de 1903.

\~~~ia~deN·eró"¿J
~

(i~

------~

Noche, lúgubre n o c h e . ~ / )
Por la negra
margen que inunda y fertiliza el Tíber,
conducen el caaáver, silenciosas,
las dos viejas nodrizas ...... Un esclavo,
por hábito quizá, las acompafía.

!J

Precede Actea. Su mirada inquiere
cuanto logra alcanzar. Hasta el murmurio
&lt;le las sagradas ondas amedrellta
su combatido espfritu. La sombra,
en los dominios del silencio finge
pavorosos fantasmas; y confusa
tropa de cuervos la tiniebla rompe,
_al meiítico olor del cuerpo exangüe
mal fajado en la túnica de seda ..... .
l\Iancha la tierra el hilo putrefacto
que lentamente de la herida fluye.

)

1

Y prosigue solícita y medrosa,
al través de la noche, su jornada
la comitiva fúnebre.
No lejos,
en derredor de la Salaria Vía,
airada. grita la rebelde turba:
-Nerón ha muerto! La nefaria bestia
rueda en el fango de su propia sangre!
- Nerón ha muerto! Que en su cuerpo inmundo
sa0ien los cuervos su voraz instintot
De espanto muda y temblorosa, Actea
el séquito detiene; escucha; indaga;
á las tinieblas interroga...... Luego,
por recónqitas ansias impelida,
inc\ínase ante el rígido cadáver
de aquel odio del mundo y de los dioses;
bésale, por vez última, en la frente,
ábrese el corazón á los recuerdos
y torrente de lágrimas inunda
su pálido semblante.. .... •
Las dos viejas.
al verla sollozar, también sollozan. .
ANDRES MATA.

1

~eh
Se abrió la puerta y entró mi mujer en el
despacho. Luego, vino hacia la mesa donde·
estaba escribiendo, y poniéndose de codos en
ella, me preguntó: ·
-¿Qué haces?
-Nada, un cuento.
- ¿Y á quién se lo vas á dedicar?
-Hija, ·á nadie. Si eso es muy cursi, ya no
lo hacen más que los principiantes.
-Trae la pluma.
Y al mismo tiempo me la quitó de entre los
dedos. Despué1,, acercando la cuartilla donde
estaba el cuento que yo escribía, puso debajo
del título, en letra inglesa espafiolizada: tcDedicado á mi mujer.»
-Pero, criatura-le dije festivamente-¿cómo voy á dedicarte un cuento, dónde hay asesinatos, envenenamientos, suicidios, y qué sé
yo cuántas cosas horribles?
-Pues quítalas. ¿Hacen alguna falta?
-Ninguna, como falta, ninguna.
-Di que no quien'.s.
-Bueno, vamos, te complaceré. Haré otra
cosa; pero déjame trabajar en paz. Después1
ya podrás leerlo.
-Veremos si cumples tu palabra.
Y se retiró satisfecha. Cogí la pluma, separé las cuartillas escritas y sobre una de las que
quedaban limpias puse el título del nuevo
cuento: "La historia de siempre.-Para mi
mujer.»
Helo aquí:
ccCuando Julia oyó que llamaban, fué ella
misma á abrir la puerta.
- Dichosos ojos, rriujer-dijo al verá Carmen.-Pasa, pasa.
-Lo menos hace quince días que digo: I{oy
irás á verla, de hoy no pasa. ¡ Pero se me va
el tiempo de una manera! ¿Y qué tal?
-Bien. ¿Quieres que pasemos al despacho
de mi marido'?
-Sí; donde quieras.
Carmen se quedó mirando una escultura, de
buena firma, que representaba á la muerte
sosteniendo en sus brazos el· cuerpo de una
joven, en actitud desmayada. El grupo llevaba por título: ccLa muerte precipitando la hermosura."
·
-¡Jesús, qné horror! -dijo Carmen .
-¡Ah! sí-contestó Julia con cierto orgullo,-es bonito.
Eso de &lt;ebonito" se lo había oído á su marido.

- ¿Y cómo te va con Pepe?
-Bien ......
-Hija, ¡lo dices de una manera!
-Verás. Si he de ser franca, te diré que no
es malo, ¡pero tiene unas·rarezas!
- A ver, á ver esas rarezas. Me gusta saber
cómo son los sabios para maridos.
-¿Tú no sabes lo que sucedió el día que
nos casamos?
-No. Di, di, me interesa, no puedes imaginarte lo que me interesa.
-Pues salimos de la iglesia, y no sé qué
ideas me vinieron tan extrafias ...... Mira, ¡me
entraron ganas de llorar! El, sin andarse con
cumplimientos, sacó del bolsillo un periódico
y se puso á leer tranquilamente. Créeme, entonces le hubiera ahogado.
-Delicioso-contestti Carmen riéndose á
carcajadas.
·
· -¿Porqué?
-Mujer, es graciosísimo el caso. A ve~, qué
más.
-Al día siguiente, me dijo: Escucha, niña,
tú eres aquí la reina. Haces lo que se te antoje y lo que quieras. Déjame estudiar y escribir, ya ver~s qué feliéea somos.
-¡Qué suerte!
-¿A eso le llaman suerte? Todo lo encuentran bien ó mal, según á mí me parece. Chica, te digo que es un aburrimiento. A veces
prueb0 de enfadarle, pero es inútil.
-¡Oh, qué hermoso! Si tu marido es una
alhaja. ¡Lástima que esos hombres no afmndenl
-¡ Vaya un gusto!
-Hijita, es muy tarde, me voy.
Julia y Carmen se besaron carifíosamente,
y al despedirse pensó Carmen:
-¡ Qué cosas más raras tienen los hombres!
¿Y por qué será así el marido de Julia? Un
día se lo voy á preguntar.
Pocos días después la encontramos sentada
frente á frente con el marido de aquélla.
- Ea, sefior sabio. Las mujeres somos muy
curiosas. ¿Por qué es usted tan frío con su
mujer?
-¡Jesús, María y José! ¡Qué ocurrencia!
¿Yo?
-Sí, usted. Nosotras sabemos mucho. ·
- ¿Y qué sabe usted?

-Que usted quiere á ·Julia, pero es muy
extrafi.o con ella.
-Bien. ¿Y se puede saber á qué vienen estas filosofías?
-Sea usted atento con las sefioras, caballerito, y no tema usted: es una curiosidad. Yo
tengo gusto en saberla, como usted Jo tiene en
enterarse de muchas cosas que dicen esos librotes.
-Acabemos. ¿Va usted á ser discreta? ¿Va
usted á callar lo que yo le diga?
-Haga usted c:uenta que no lii oye nn:die.
Y, al pronunciar estas palabras, sonreía nerviosamente de satisfacción.
-Pues_escuche, Carmen. Yo aprecio á mi
mujer, no haré ¡nás que su gusto, jamás la
faltaré con otra; pero ese cariño que usted pide, yo no puedo tenérselo á ella ni á nadie.
VP.rá usted: Julia tuvo relaciones con un amigo mío, le quería muchísimo, pero era un perdis y la boda no se hizo. Sin embargo, Julia
le adora aún, no lo dtmul'stra, no lo mira si
le encuentra; pero sufre por no haberle mirado. Estoy seguro de que antes de faltarme se
mataría...... pero conserva su amor antiguo.
Y á mí me sucede exactamente lo propio con
una mujer. ¿Se ha enterado usted?
-Muy bien ...... ¡Qué talento!
-Gracias.»
Así acababa el cuento.
Entonces nuestro sabio llamó á Julia y le
dijo:
-Ea, mujer, ahora estarás satisfecha. Ahí
tienes el cuento.
Julia, sonriente, empezó á leer. A medida
que avanzaba, iba poniéndose seria. Cuando
terminó, ¡con qué indignación miró á su marido!
-Eres un infame-exclamó.
-¡Pero mujer, si eso es un cuento!
-Sí, el cuento de nunca acabar.
-0ierto,-pensó el escritor-es 1a historia
de siempre.
Julia, indignada, rompió las cuartillas en
pequeños pedazos.
Y le dijo su marido, moviendo tristemente
la cabeza:
-Hija mía, has roto el cuento sin acordarte de que se puede escribir otro. ¡Ojalá pudiera hacerse lo mismo con el corazón huma,o!
FRANCISCO GIRALDOS.

�bami:ngo 3 de Mayo de 1903.

EL MUNDO ILUS'l'RADO

Et, MUNDO ILUSTRADO.

LOS AHORCADOS.

i c
~~

(CUADRO AL TEMPLE.)

~~-::::::::===-~-===~::::_:i

atir~i ~[t~i @~J-l~@

9

0

....-:;:

Cuelgan de las rama&lt;; los estrangulados
como largos frutos desproporcionados
bajo el 600 tallo de la soga injerta.;
y con la mira.da fijamente abierta
por la crispadura de los estertores,
cuelgan de las ramas como grandes flores.
Tienen sobre el cuerpo bruscos desenc:\jos
y en su boca. brillan los espumarajos
de las maldiciones y del sufrimiento;
se contemplan mudos, y á me1·ced del viento
que los acaricia, son como badajos.
Llevan en su rostro los sangrientos cuajos
de las congestiones, multiformes sellos
que compadecidos, cubren los cabellos
desenmarañados; y la boca muerde
la jaspeada lengua, cancerosa y verde.
Se alzan en la sombra-como imploracioneslos torcidos brazos de las ramazones;
y con c11,rnes bla..:.das, y con nervios flojos,
y en el suelo fijos los abiertos ojos,
los estraogula,dos páiidos,y enjutos,
cuelgan de 111.s ramas como largos frutos .

***

Pero tienen una irónica. venganza
contra sus verdugos: &lt;La Hora. de la. Danza&gt;!
A la media noche, cuando todos duermen,
y en la selva canta su pasión el Germen,
llega un viejo torvo de inclinada testa
dirigiendo el grupo de su gran orquesta:
Es el Viento. Y ruge tarantelas hondas
PD el violoncelo de las verdes frondas.
Y los taciturnos, los estrangulados,
los de los semblantes tan amoratados,
mueven el co1·daje de sus nervios flojos,
clava.o en la. sombra sus abiertos ojos
y crispado e l pelo, como dura. cerda,
bailan suspendidos de la. tosca cuerda.
·Porque el canto lleva gritos sangradores
contra los humanos estrangula.dores,
y los cabizbajos manifiestan gusto
porque encuentran algo vengativo y justo
y al violoncelista de sus embelesos
1e consagran danzas y le mandan besos!
. ·····. ············ ...... .. .......... ·······
¡Y se escucha un sordo traqueteo de huesos!
Entrefanto, el Viejo, con su violoncelo
sigue el estribillo de su ritornelo,
y los cabizbajos prosiguen sus danzas
con sus largas piernas, que parecen lanzas
desarticuladas con siniestra bulla ....
y un perro que pasa, los mira y aúlla! ....
JOSÉ F. ELIZONDO.

CUADRO VIEJO.
Un viento helado, cortante, corre sin reposo; se le ve pasar como un rodillo enorme que
doblega los cardos y achata los pastos.
El campo tieinbla con toda una franca _expresión de frío.
No hay colores ...... todo es plomizo.
Tropeles &lt;.le nubes pardas se cruzan incansables, amenazando á veces abrirse á un rayo
de sol que nunca pasa.

Dooni~ 8 de Mayo de 1903.

La loma, en silencio, estoica, esfuma su líla Natura aterida trepidando en sus onda~,
nea sobre fondo de firmamento obscuro.
corriendo en tinieblas buscando otro a liento.
El arroyo parece más apurado que nunEn la loma hay puntos de fuego que el cierca, trepidan sus ondas; huye buscando otro
zo castiga y no apaga.. ... ¡fogones! ..... ¡la Paaliento.
tria, quiztt, festejando sus triunfos!
En el fondo de la laguna espejan te se renueVICENTE ROSSI.
van las nubes, como en un hervor de vapores
opacos que l uchan por elevarse sin conseguirlo; en la superficie se persiguen grandes pleDe Víctor Hug o.
gados que hace y dP.scorre el viento sobre las
aguas mansas. L:i. laguna tiene frío y. extienAquilón que al volar todo lo arrasas,
de sus cobijas.
.
No tronches á la flor
En 111. hondonada hay algo que asoma á ras
. Y no azotes el pecho en que palpita
de la tierra alta...... parece el lomo de un feCariño 6 ambición.
nomenal carpincho que duerme agarrotadd.....
Pero destruye y llévate muy lejos.
de cuando en cuando arroja jirones de humo
¡Oh terrible aquilón!
débil que el viento absorbe negándole rumbo.
Al tallo que se yergue sin espiga
Es que hay allí un rancho, un puesto r,vanzaY á la mujor que vive sin amor!. .....
do del hombre en la inmensa soledad ..... .. un
carril del futuro.
11[. R. BLANCO-BELMON'rE.
Y el viento corre loco y burl6n : coloca sus
labios poderosos.en los bra~os más pelados de
los árbolef.-1, y silbando, bifurca el sonido en
notas de un agudo e.&lt;tridente que llevan ameM:AXIMAS
naza al sarcasmo.
Surgen sobre la loma bultos inquietos ... .. .
En tiempo de paz, el hombre belicoso se
parecen siluetas de hombres ...... Por la falda
acomete á si mismo.
suben manchas informes ... llegan á lo alto....
¡son hombres!..:·· Se mezclan en agitado gruLas aventuras terribles dan en qué pensar
po ..... saltan chis~as de viva luz que dura un
que el que las ha experimentado tiene en sí
segundo .. .... E l viento trae moribundos ecos
de estampidos!
.
algo de terrible.
Un rayo de sol indeciso rasga las nubes y
*
co~re á la_ !orna. Se distinguen regueros qu~
¿Quién por su buena reputación no se ha
brillan roJizos, y sobre fondo de cielo plomo
sacrificado ya á sí mismo?
coronándola, hombres!. ..... lanzas!. .... bande~
*
1 as!. .... . ¡ la Patria, quizá!. ... ..
En la benevolencia. no hay misantropía, pe. Las nubei::, con rabia, ahogan el rayo de lnz
ro sí mucho &lt;les precio hacia los hombres.
1mprudente.... . . ha
sido un instante, no,-;----- - - - - -- -- - -- - - - -- - -- - -- -- -- -más ... Ha sido la viGOMO SE ADQUIERE
sión del ta:tado instantáneo de un bajo
relieve en granito ...
un frente atrevido
&lt;le pedestal heroico!
La belleza consiste en tener y conservar el cutis fresco, lozano, suaE l viento sigue
ve y nítido; para obtener este resultado úsese el
silbando contento y
sin tregua.; f'alta, corre, se revuelca en
las zanjas.
agua de suavísimo perfume, cuyos benéficos resultados sobre la piel son
tan prodigiosos, QUE NOS PERMITEN GARANTIZAR que, con el uso
del
E l campo, temblando de frío, se
arrolla, se ac-hica.. .
des&amp;.pareceri las herpes, granos, barros, eczemas ( acne) etc., como toda
La loma se oculta,
manifestación parecida y los malos olores del c!lerpo. El cutis más asse borra... . . . y el
pero y de olor desagradable adquiere la belleza y frescura de la primecielo se hace impera edad. Mil frascos vendidos en cuatro meses es la prueba &lt;le su gran
n etrable fondo neéxito.
gro: ha invadido la
D e venta: en el COLISEO NUEVO, NUM 5.
noche.
Los pedidos á A. E. B~~ANCOURT.
El arroyo delata

*

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MARCOS, 5 de 30,000 MARCOS, 5 de
20,000 MARCOS, 2 de 15,000 MARCOS,
16 de 10,000 MARCOS, 55 de 5,000 MARCOS, 103 de 3,000 MARCOS, 11:5 de 2,000
MAltCOS, 616 de 1,000 MARCOS, 14 de
500 MARCOS, 1,022 tte 400 MARCOS,
33,788 de 169 MARCOS, 19,970 de 250
200, 150, 144, 111 MARCOS, etc.
El sorteo de estos 55,763 premios so1.Jredlchos, se hace en siete clases suce~lvas, que siguen en _breves Intervalos.
F'uera de otroe premios mayores, en cada clase se tirara uno. prima espcctai de
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mayores Importan 50,000 Marcos, 55,000
Marcos, 60,000 Marcos, 70,000 Marcos,
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sorteos, ncompa!lando un prospecto oficial
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EL VALOR de los bllletes PARA LAS
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)!ARCOS 9.50 por un cuarto Blllete
Original, para la la., 2a. y 3a. clase.
MARCOS 19.-l'or un medio Billete
Orlgh¡al para la la., 2a. y 3a. clase.
:\!ARCOS 38.- Por un entero BIiiete
Original para la., 2a. y 3n. clase.
A su debido tiempo se avisa il. los dueiíos de billetes, en qué épocas tendrán que
11,wer las remesas para la 4a-, 5a., 6a. y
7a. clase: esto en caso de que el blllete
no hubiera recibido, en et lntermed'lo, un
premio. Pero es muy probable que el billete sea premia.do, PORQUJ-:, como ya estfl
dicho, GAXA CASI CADA SEGUNDO BILLl;:TE, y las probabilidades de ganar aumentan de clase en clase. DESPUES DR
&lt;:ADA F.XTRACCION, SE
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                  <elementText elementTextId="117611">
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Gran Lotería Alemana de Dinero
La loterla de d lnero'blen Importante, autorizada por el Gobierno de Hamburgo y
gnrantlznd'a por In hacienda ptlbllca del
F,stado, contiene 115,000 bllletes, de los
cuales 55,763 deben ser premiados. Resulta,
pues, que cada premio se reparte entre dos
ntlmeros.
'l'odo el rnpltal Importa :
Marcos 11.306,390 6 sean cerca ere Pesos
1.295,000 M011cdo. Mezú:o.na.
Los sorteos se bacen ptlbllcamente bajo
lnspeccl6n del Gobierno, y el pago pu· tual
de los premios esta garan tlzado por el
Estado.
600,000 Marcos ó sean aµroxlmadamente
Pesos 387,000 Moneda MelPleo.na como premio mayor pueden ganarse en ca.so mAs feliz, especialmente 1 PREMIO tte 300,000
MARCOS, 1 de 200,000 MARCOS, 1 de
100,000 MARCOS, 1 de 80,000 MARCOS,
2 de 60,000 MARCOS, 2 de 50,000 MARCOS, 3 de 40,000 MARCOS, 1 de 35,000
MARCOS, 5 de 30,000 MARCOS, 5 de
20,000 MARCOS, 2 de 15,000 MARCOS,
16 de 10,000 MARCOS, 55 de 5,000 MARCOS, 103 de 3,000 MARCOS, 11:5 de 2,000
MAltCOS, 616 de 1,000 MARCOS, 14 de
500 MARCOS, 1,022 tte 400 MARCOS,
33,788 de 169 MARCOS, 19,970 de 250
200, 150, 144, 111 MARCOS, etc.
El sorteo de estos 55,763 premios so1.Jredlchos, se hace en siete clases suce~lvas, que siguen en _breves Intervalos.
F'uera de otroe premios mayores, en cada clase se tirara uno. prima espcctai de
modo que en caso mtis feliz, los premios
mayores Importan 50,000 Marcos, 55,000
Marcos, 60,000 Marcos, 70,000 Marcos,
80,000 Marcos, 90,000 Marcos, y 600,000
Marcos.
Al recibir el valor de los billetes, sea en
d1eques sobre bancos 6 cnsns de comercio
e11ropens, 6 sea en billetes del banco mexicano, ó por medio de un giro postal, en\'laré LOS BILI,ETl•:S ORIGI::--ALES en
. c·artn certificada para los primeros tres
sorteos, ncompa!lando un prospecto oficial
que coutlene todas las explicaciones que se
necesitan.
Ademil.s, se adjuntará i\. caaa comprador la traducción de los bllletes originales
en lengua española.
EL VALOR de los bllletes PARA LAS
•rRES p1·lmeras cla.~es, SEGl:X F.L PROS·
l'l•:CTO OFICIAL, es como sigue. (1 l\iar&lt;·o vale a¡)roxlma.dnmente G;; centavos moneda mexicana).
)!ARCOS 9.50 por un cuarto Blllete
Original, para la la., 2a. y 3a. clase.
MARCOS 19.-l'or un medio Billete
Orlgh¡al para la la., 2a. y 3a. clase.
:\!ARCOS 38.- Por un entero BIiiete
Original para la., 2a. y 3n. clase.
A su debido tiempo se avisa il. los dueiíos de billetes, en qué épocas tendrán que
11,wer las remesas para la 4a-, 5a., 6a. y
7a. clase: esto en caso de que el blllete
no hubiera recibido, en et lntermed'lo, un
premio. Pero es muy probable que el billete sea premia.do, PORQUJ-:, como ya estfl
dicho, GAXA CASI CADA SEGUNDO BILLl;:TE, y las probabilidades de ganar aumentan de clase en clase. DESPUES DR
&lt;:ADA F.XTRACCION, SE
lsXVJARA A
'rODO IX'l'ERESADO LA LISTA OFICIAL.
Los Interesados haril.n bien de mandar
sus pedidos POR lsL PRIMER CORREO,
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de Junio de 1003.
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calle de San Agustln 7, esta autorizado
por mi, de recibir por mi cuenta cualquier
Importe. Al hacer as!, suplico enviarme
directamente la carta Orden bien clara !).
Hamburgo,
avfsttndome ¡¡, lá vez, el Importe remitido a este Banco. Ademtis, se
debe a visar al Banco Alemíin Trasatll\ntlco que llene que abonar el Importe ¡¡, mi
cuenta de la orden del respectivo pagador.
Todo se reune en esta gmn ioterla, para
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so. ]N'J'lmVEXCCOX rmr, GOBIERXO,
SOLIOJ•;z, y ante todo, la GARAN'l'IA
DEL ESTADO l'ARA IsL PAGO DE LOS
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...,.
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1

F..._

EL «CABARET=DE LA l\IORT. »

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�Domiltngo 10 de Mia¡yo de 1903.

ARTÍCULOS DE PRIMERA NECESIDAD
EL MATB.IM:OBIO.
Y o no creo, como el personaje de una de las
comedias de los Quilltero, que la Estadística,
mi sincera y grave amiga, demuestre. que se
casen más mujeres que hombres en este excelente planeta. Pero estoy persuadido de que,
en México,especialmente,se casan menos mujeres de las que casarse debieran.
Sí, señoras mías, las que habéis pasado el
umbral de ese palacio; sí, señoritas, las que
estáis hechas--para seguir una frase de Shakespeare-con la masa con que están fabricados vuestros sueños: el «artículo» matrimonio
-¡dejadme decirl-va resultando tan depreciado como el metal blanco, y no por exceso
de producci6n, sino por depresi6n en la demanda.
Y no me reprochéis que abuse de mis aficiones, un poco plat6nicas, á esta pícara ciencia econ6mica, porque de ella se trata, precisamente, y por ella ando buscando un rinconcito en donde poner ahora mi púlpito.
El amor es metafísico, per? el matrimonio
es físico. Aquél, está salpicado de rocío de
ideales; éste, de buenos y fecundantes chaparrones de realidades. ¡Desgraciado del que se
atreve á salir de casa sin paraguas, en tiempo
de lluvias!
El enamorado es siempre un poeta que cree
que para que la tierra se abra en pr6diga germinaci6n y la savia ascienda en vivificantes
oleadas, basta con trazar en el hueco de un
árbol las iniciales enlazadas de dos espíritus
que se buscan.
Rip-Rip durmi6 cien años en¿} bosque encantado, y cuando se vi6 en la fuente, una
aureola de cabellos blancos orlaba su cabeza.
El amor es también un bosque encantado y
cuando de él se sale-¡ah, no salgáis nunca de
él, yo os lo recomiendol-la nieve ha sepultado ya el campo de amapolas, que antaño esmaltaban la pradera, como corazones ensangrentados.
Cruza, al cárdeno rayo del sol de mediodía,
en pleno «boulevard,» la luciente comitiva, y
las sedas se irisan y cintilan las pedrerías, y
bajo la breve cúpula de la sombrilla1 los encajes se escapan en borbotones de hgera espuma.
Y entonces, recuerdo á mi amigo, al pobre
Rip-Rip, frente á su pupitre de no importa
cuál oficina pública, trazando en el aire operaciones aritméticas, que siempre lo llevan al
mismo resultado: ¡menos uno! ¡menos dos!
¡menos tres!. ... ¡menos veinte!. .. ¡menos ciento l... Y cansado, cansado de sumar, multiplica, ve con asombro que la matemática sale fallida, y que, en la vida real, «menos» multiplicado por «menos,» nunca da más, sino siempre menos!
Creo-como observáis, mis amigas, éste no
es un artíc1,lo, sino un credo, -creo que el
sexo débil es el que más á la letra ha tomado
el manifiesto de Iturbide que coment6 en el
Ateneo de Madrid don Justo Sierra: 1Somos
el pueblo más rico de la tierra!. ...... Iturbide
contaba de antemano con el voto femenino.
Un coro de vocecitas tiernas lo acompaña.
Don Agustín era un«feminista» ... : .. anticipado. Mi amigo Rip-Rip lo execra, lo abomina;
su recuerdo lo enciende al rojo blanco.
La criolla de Nueva Orleáns, que atraviesa
«Canal Streeti,, con su abrigo de panilla clara;
la parisiense que se encarama en la imperial
de un ómnibus, con su blusa de muselina
blanca y su &lt;(canotier" de fr. 1. 50, «Bon Marché" legítimo; la madrileña, de traje de percal
y mantilla, imitaci6n de Flandes, que trota en
el pavimento de la Carrera de San Jer6nimo,
guardan sus galas de seda para las grandes
ocasiones.
Aquí todas las ocasiones son grandes y no
vemos es decir, no ven nuestras señoras inconve~iente en ir á la Plazuela de Tepito, con
el mismo traje con que asisten á una «primera» de la 6pera, á escuchar la «voz de oro» de
una estrella de «exportaci6n americana."
.
-¿Pero en México-me decía en una oca- i'

EL MUNDO ILUSTRADO.

si6n una extranjera,-beberán ustedes en vasos de esmeralda?
-Ya lo creo, sefiora; y ponemos á la ensalada brillantes, en vez de sal.
Virtud, abnegación, heroísmo, sinceridad,
amor ... ¡Qué hermoso cortejo el que lleva detrás de sí la mujer mexicana! Y sin la humorada de don Agustín Iturbide, mi amigo RipRip no habría sido condenado á trabajos forzados de aritm~tica conyugal.
CARLOS DfAZ DUFOO.

iNO HAY FLORES!
Fué una cuadrilla de Furias la que acampó
en esa montaña de nubes que puso sus combas sobre la esmeralda del Valle.
El sol había secado el rocío de la montaña
y jugaba la luz sobre los péta.los de las flores
cuando la terrible montafia avanz6, hadendo
rodar en el espacio una ronca voz de amenaza.
La arboleda contuvo sus rumores, y fué el
silencio que precede al peligro; cayó sombra
en el Vallll y las flore, de 1013 jardines parecieron disponerse al sacrificio: rezaron pidiendo
gracia á la Naturaleza ó se hundieron en la pesarosa idea de dar un adiós á la vida de los
colores y de los perfumes.
Y la montafia de nubes se detuvo, rugió tremenda ante las víctimas, y amorató, como en
congesti6n de rabia, las volutas de sus colgantes pefiascos.
Volvi6 un momento de calma; las aves lo
aprovecharon para esconderse en sus nidos, el
buey volvió la cabeza al sur, y puso en alto la
nariz para aspirar á pulm6n pleno.
¡Venía la catástrofe!
Un puñado de proyectiles fué á chocar sobre las rocas, sobre los troncos, sobre la tierra
endurecida de los surcos........ Hubo algunas
víctimas que cayeron de lo alto de los árboles:
hojas heridas que se precipitaron en el espacio con la muda resignación de un final de
vida.
Momentos después el ataque se hizo terrible:
un rayado muy denso esfumaba el horizonte
y á veces lo hacía perder de vista; crujían las
ramas débiles, tronchábanse los tallos y las
rosas caían acribil!adae, entregando jirones
de pétalos hasta quedar con los cálices desnudo3.
La cuadrilla de Furias se embriagaba en el
desastre ..... .
El palacio de cristal donde moraban las flores aristocráticas, fué destruído; allí donde se
form6 una alcoba tibia, donde se puso una ba.rera á los vientos, allí penetr6 el proyectil
blanco y se deshizo en criminal gelidez.
Los cristales se vieron combatidos y de.,trozados, cayeron hincando sus cortantes aristas
en las flores reinas y el palacio fué invadido
por el frío rabioso de la tempestad.
S6lo las rocas rechazaron el ataque ......
Por fin, la montaña de nubes agot6 sus pertrechos; el horizonte fné delineándose; los
campos estaban cubiertos con un inmenso pafio blanco: era el sudário que cobijaba á un
mill6n de cadáveres.
1Habían muerto las flores!

***

En tanto la ciudad-que parecía, á lo lejos,
otra nube-se tendía en la planicie del Valle
bulliciosa, agitando sus momentos diurnos'.
Ignoraba que en las cercanías se había cometido un gran crimen; escuchó sí lll. amenaza
de la montaña de nublls, pero Re dijo con estoicismo: «Allá que se las entienda con esos
rumores el pinar de la sierrai,;y sigui6 pensando en sus inmediatas horas, en sus alegrías y
en sus tristezas,que forman juntas el enorme
oleaje de su vida.
Pensaba en la gran fiesta de Primavern, en
la llegada triunfal de las flores, en la avenida
engalanada, en los carruajes como búcaros.....
Rodarían pétalos de rosa sobre el asfalto y seria un rico suefio de perfumP,S el ambiente!
Al siguiente día, cuando las miradas se volvieron á los jardines del Valle, la sensaci6n

111b MUNDO ILUSTRADO.

=
fué dolorosa: una pincelada verdinegra había
cubierto el policromismo del paisaje.
¿Qué iría á ser de todos los capullos de vida que tarde por tarde van al templo á dejar
flor~s en el altar de la Virgen?
¿Qué iría á ser del vaso de cristal purísimo
que hay sobre el mármol del tocador de la nifia soñadora, adorable, que ama á las flores
porque son ella misma: sus ensuefios, su pureza, el tinte de su rubor, su perfume?
¿Qué iría á ser del tosco jarro que está allá
en la repisa del taller, junto á la lamparilla
de aceite, al pie de la imagen protectora?
Une tu coraz6n al coraz6n del capullo de
vida y verás:
La Virgen tiene rosas en su altar, porque
tiene almas puras que la adoren.
Une tu cornz6n al coraz6n de la nifia soñadora, adorable, que ama á las flores porque
son ella misma y verás:
El vaso de su tocador tendrá flores porque
ella ama y sut:ña, sueña y ama.
Une tu coraz6n al coraz6n del arte:,ano y
verás:
La imagen protectora tendrá flores, porque
donde la garlopa, el cincel 6 el martillo hacen
su himno de trabajo, habrá flores de esperanza, que son el mejor símbolo de la beatitud
humana.
...... y se puso triste la. vida de los jardines.
¡Tenían razón!
Ahora ha siclo necesario llamar á las reinas
que hañan su hermosura en las brisas costeñas, para que vengan á triunfar en la gran
fiesta.
La Avenida tuvo por huéspedes muchos
perfumes y muchos pétalo!'&gt;.
¡S9an bien llegados!
Los adoramos cual se lo merecen; ambos
son de las flores y las flores son comó las almas: se admiran por su hermosura se aman
por su ambiente, se respetan por su' pureza.

El Jtsti"ª' Escolar dt taridad.
UN TRIUNFO DE LOS ESTUDIANTES.

El festival que con tanto empeño organizaron los estudiantes para reunir fondos destinados al auxilio de las víctimas de la peste
negra y que se efectuó en la Escuela Nacional
Preparatoria durante los días 2, 3 y 5 del que
cursa, ha sido, sin duda, el más brillante entre todos los que, con tan laudable objeto, se
han celebrado en los últimos meses.
A grandes rasgos, porque la cr6nica detallada y completa del festival, exigiría en nuestras columnas un espacio de que no disponemos, vamos á dar cuenta á los abonados de
«El Mundo Ilustradoi, de las notas más salientes del programa á que estuvo sujeto, ocupándonos antes del adorno que ostentaba el amplio edificio de San Ildefonso.
Cuatro grupos florales, artísticamente dispuestos, decoraban el vestíbulo de la Preparatoria, destacándose á uno y otro lado del
cancel entre plantas de ornato, dos leones vaciados en yeso que realzaban notablemente la
hermosura del conjunto. En el centro de la
vitrina del frente, se coloc6 un busto del señor
General Díaz, rodeado de vistosas colgaduras
oro viejo, y de plantas, también de ornato,
y en los medios puntos de la entrada principal de la biblioteca y del sal6n de actos, se
pusieron palmas y gasas que presentaban el
mejor golpe de vista.
El patio del &lt;(Colegio Grande,i, donde se instalaron los puei,tos para la kermesse, lucía,
asimismo. un primoroso adorno, consistente en
grandes colgaduras lila y verde nilo, con cenefas de flores y laureles, que cubrían los arcos,
y ramilletes de flores naturales y de papel. En
el primer cuerpo de la escalera que da acceso
á los pisos superiores, estaba un busto del
ilustre filósofo don Gabino Barreda, entre
guías de laurel artísticamente coro binadas con
piezas florales y colgaduras. Los ccpuestos,i,
distribuídos en el patio, fueron nueve, y todo1-,
sin excepci6n, se encoutraban decomdos con
verdadero derroche de buen gusto. m gimnasio, que se convirtió en teatro, y los corredores del segundo piso, se veían engalanados con
flores en su mayor parte, distinguiéndose en
los ángulos del corredor central gran&lt;les candelabros de bronce.
En cuanto al c&lt;patio de pas:rntes,i, la concurrencia elogi6, y con justicia, el magnífico adorno dispuesto por la comisi6n respectiva. Los
barandales de los corredores se cubrieron con
lienzos que imitaban un artesonado Luis XV,

***
Hubo una montaña de nubes que hizo su
devastación, por albergar una cuadrilla de Furias; luego, el sol de occidente puso oro, mucho oro en sus volutas ..... .
LUIS FRÍAS FERNÁNDEZ.

SONETOS DE BEBEDIA.
EL SOL PONJEXTE

Brillan en lo alto de la cima brava
Las rocas, do el poniente re,·erbera,
Y, formando de espuma una barrera
Comienza el mar donde la tierra acaba.
Noche, silencio. El nido que cantaba
Calla. El hombre á la choza y á la hoguera
Va, y de la tarde la oración postrera
Con el rumor del mar sus ecos traba.
V~lles y pl_ayas, ~l talud y el monte
Repiten el leJano villancico
De los pastores, en confuso coro.
En la sombra se envuelve el horizonte
Y el sol, cual rojo eRpléndido ::i.banico '
Sobre sí cierra sus Yarillas de oro.
'

EL SOLDADO DE MARATO.N

(Epigrama. votivo.)

¡Discordia belico~a! 1Ares violento!
Anciano inútil, ante el ara acudo.
Toma la espada rota, el viejo escudo
Y el casco hendido y en la crin sangriento.
Toma el arco también: sólo mi aiiento
Pudo hacerle doblar, y el brazo rudo
Tié:nblame en tanto que la cuerda anudo
Y el ansia de tenderla otra vez siento.
Toma, en fin, el carcaj. Tu ojo severo
No busque en él las flechas del arquero
De la batalla al huracán dispersas.
'
Si perderlas no pude, si agotarlas.
¿Dónde? Ve á Maratón, v has de encontrarlas
Hundidas en los pechos de los persas.
Traducción de
F. NAYARRO y LEOESMA.

..
..

Domd:ngo 10 de Maiyo de 1903.

1'

y en el centro de los entrepaños se destacaba

runa figura de mujer que sostenía tres focos de
l~z incandescente, y que representaba la Caridad. En el muro oeste del patio se puso un

gran lienzo con paisajes á la aguada y en las
arquerías cortinajes y festones que ~ompletaban el decorado. El palco de las reinas•del
festival que,i6 situado en este departame~to,

Adorno de la entrada.

�Domingo 10 de Ma.yo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 10 de l\fayo de 1903.

tra.~o, lo in\'itó á recorrer, primcrnmente. el
patio del ((Colegio Grand!'» donde dehfa cfoctuarse la Kermesse. El St. Gral. Díaz se clirig(ó luego á la ((Banca," y allí pidió algunofl
billetes, pagando por ellos cien pesos, para
pasar después al Café-concierto donde la EsLudian!ina de}a _Escuela ejecutó, á su llegada,
el Himno Nacrnnal y uh poutpourri de ópera.
EL JUICIO DE DIOS.

.)

i
l

Grupo general de personajes del Juicio de Dios.

f

así como una vistosa tienda per:;a, donde se
vendía cerveza, que se levantó hacia el lado
o~stc d;l patio, entre grupos de plantas exquis1tnfl. E_I pafio que la cubría era azul y blanco, franJeado, y el mostrador estaba tapizado
con ricas telas verde y rosa.
En el "Colegio chico,» dominaban en el
adorno los atributos militares: escudo¡:, caiiones, fusiles, espadas, etc., etc., se veían por
todas pnrtes, contrastando con la multitud de
ramos ele flores y laureles que se destaraban
en los muros. La tapicería era roja y de muy
buen efecto. En el centro del patio se improvisó un jardín; en el ángulo izquierdo ¡,,e im:taló
uno de los ((puestos de la banca," y en el corredor !'lur el "cabaret de la Mort,» cuya entrada
simulaba una gruta.

El Sr. Presidente y su esposa se encamina·_
ron e~ seguida al patio de C&lt;p:u•a.ntef',» tomnn·
do asiento en el palco de honor que se les tenía. ª!reglado para que presenciaran el «Juicio
de Dios.» E-te fu6 un remedo de los tomeos
de la Edad :'.'.Iedia conoc:idos con ese nombre
y en los cualeEt, Regún las creencias ele enton~
ces, la justicia. divina fallabn. en los asuntos de
honra. La doncella quejosa, acompañada de
un grupo de damas que ocupar,.m una tribuna
d_~corad_a á la usanza de aquella épocn, aparec10 cu~1erta con un velo negro. símbolo de la
obscundad en que estaba envuelto el delito
que había de esclarecer el Juicio de Dios. En
seguida salió la comitiva, qne presidía una.
banda de trompetas y un tambor, y los heraldo~ que pregonaban el reto.
Trns rl trovero de la Corte, qne vef'tía un
pestillo riquíflimo de terciopelo morado ohs
curo, mangas con ncuchillados &lt;le Reda, fieltro con plumas blancas y medias rojas de seda, marchaban los gentiles hombres que debían concmrir al ,Juicio. Una vez frentR al
palco de la reina, la comitiva. formó valla,,lef'envainando todos las espadas para hacer el
i&lt;aludo de honor. El trovero avanzó entonces
hacia el palco y, en romance, relató la amoroFa historia de la dama dolorida, que moti Yaba
el juicio. El Sr. Ignacio Betancourt, alumno
de Jurisprudencia, que desempeñó el papel de
trovero y que es autor del romance, fué Yarias
veces interrumpido por los aplausos de la concurrencia.

Un ángulo del Colegio Grande.

Concluí&lt;lo el relato, los jueces de campo,
ncompaña&lt;los ele dos eflcuderofl, partieron el
campo y los combatientes toma.ron la colocación dehida pnra dirimir por las armas la contiendn. Despué, de un vistoso asalto quedó
vencido uno de los combatientes, y el vencedor ofreció el triunfo á la dama quedando
así demostrada su inocencia.
'
Los trompeteros anunciaron la victoria; se

0

LA VISITA DEL SR. PRESIDENTE.

_ El Sr. Pres!d~r,te de la República, acompa11ado d~ su d1strngui&lt;la espoM, honró con su
pre:,1encia el suntuoflo festi\'al vii-itando el día
tle la apertura, por la. tarde,' los prin~ipale~
departamentos ~~ la Preparat~ri~, arreglados
¡,ara su celebrac10n. El Sr. M1mstl'o de .J usticia é Instrucción Pública, encabezando la
comisión formada por todos los profesores del
Establecimiento para recibir al Primer Magis-

Puesto de confetti.- Las vendedoras.

t

1-·

La tribuna de la6 reinas t;lurante el Juicio de Dios.
Gentiles-hombres y caballeros armados.

formó cortejo de honor al caballero triunfante. y la comitiva dei:;filó hacia el punto de salida. El Juicio agradó sobremanera á los invitados, y fué, en honor de la verdad, una de
las partes del programa que más llamaron la
atención.
Terminado este acto, se sirvió en los i:alo_
nes de la Dir'3cci6n un lunch-champagne, ha_
ciendo uso de la palabra, para saludar á nom.

�DomJi,ngo 10 de M,wyo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

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EL MUNDO ILUSTRADO.

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Domirngo 10 d~ M,wyo de 1903.

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Un ángulo del Patio de Pasantes.

Puesto de tamales.-Grupo de vendedoras.

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bre de la juventud estudiosa al Sr. Gral. Díaz, el Sr. Subsecretario de
Instrucción, D. Justo Sierra. El brindis del Sr. Sierra causó en el
auditorio la más grata impresión.
Con frases llenas de afecto para la juventud y para el Sr. Subsecretario, correspondió á él el Sr. Presidente, brindando después en
honor de las damai:t que tomaban parte en aquella fiesta de la filantropía el señor Director de la Preparatoria, Dr. D . .Manuel Flores. El
Primer Magistrado habló de nuevo, significando que era muy justo, en
fiestas semejantes, colocará las damas en el primer lugar y que, las ·
allí presentes, lo merecían por mil títulos. Atronadores aplausos acogieron sus últimas palabras.
.
Antes de retirarse de la Preparatoria el Sr. Presidente, visitó el
Teatro que se instaló en el local de la biblioteca, asistiendo á la representaci6n de una pieza cómica, y el c&lt;Cabaret de la mort.» Este &lt;;onstaba de dos departamentos: en el primero, destinado á sal6n de espera,se servían refrescos á los invitados, y en el segundo, totalmenta cubierto de ne~ro, se hacían curiosísimos experimentos de «ilusionismo,)&gt;

dentro de él, y una vez allí, el monje, haciendo signos cabalísticos, fingía adormecerla, desa-pareciendo en seguida mientras la transformación comenzaba á operarse. La ilusión
no podía ser más completa.
Cerca de las nueve de la noche se retiraron
el señor General Dfaz y su esposa, después de
visitar algunos puestos y de presenciar los ejercicios gimnásticos y los asaltos de florete, sable y box en que tomaron parte los alumno

;
(

r

del Colegio Militar, distinguiéndose notablemente.
El éxito que han obtenido en esta vez los
estudiantes debe con justicia enorgullecerlos,
porque demuestra, por una parte, el empeño
que desplegaron eu la organización de la fiesta, y por otra, el entusiasmo con que la sociedad mexicana secundó sus filantrópicos fines, contribuyendo con su óbolo al auxilio &lt;le
las víctimas de Mazatlán.

Asalto de box por los alumnos del Colegio
Militar, Jesús lsunza y Luis Alzua.

transformando la figura de determinada persona en esqueleto, mediante una combinación
de cristales.
Al penetrar á este salón, se veían en el fondo, una momia con un abanico el?- la mano,
un esqueleto humano, sentado al piano, y uno
de gorila. El candil ei,taba formado con piezas que representaban distintos huesos, y Jo,,
albortantes con cráneos.
Las señoritas Concepci6n Meota, Josefin.a
Cornejo y Luz de la Pefia prestaron ?~ndadosamente su concurso para que se h1c1eran
los ,&lt;experimentos)&gt;mencionado~. Rn un f~o
construido al efecto, se encontraba un ataúd
en posici6n vertical: la persona con quien debía hacerse el experimento, era conducida por
un monje de negras vestiduras hasta colocarla

Señoritas y estudiantes que tomaron parte en las sesiones de Cabaret.

�Domingo 10 de Mayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

€/ .J'lniversario oel 5 de ;Wago.
BRILLANTE DESFILE MILITAR
Con verdadero entusiasmo·se conmemoró en
tre Gral. Zaragoza. Organizada la comitiva,
Siguiendo el orden del programa, vamo.3 á
la capital el glorioso aniversario de la batalla
comenzó el desfile en carruajes descubiertos,
dar, aunque sea en breves líneas, la crónica
del 5 de l\Iayo de 1862. El aspecto que premarchando á la vanguardia un pelotón de
de la fiesta patriótica á que nos referimo~.
sentaban las calles, particularmente las de
guardias presidenciales. Al llegar á San FerA las ocho de la mañana comenzaron á reuPlateros y San Francisco, era bellísimo: mulnando, el 22~ Batallón, que formaba valla desnirse en Palacio los miembros del Ayuntatitud de banderas, esde la entrada hasta
cudos, festones y pieRosales, pre,:ent6 arzas florales decoraban
mas, y el 8r. Presidenel frente de las casas,
te, seguido de los altos
notándose desde las
funcionarios y Jefes
primeras horas de la
que lo acompañaban,
mañana, en toda la
se dirigi6 hasta el mociudad, esa animaci6n
numento levantado al
característica de nueshéroe del 5 de l\Iayo
tras grandes fiestas popara depositar ante él
pulares.
una hermosa corona
Y había razón para
de flores natmales.
ello: porque, aparte de
Los representantes &lt;le
que la celebración de
los Poderes, Gobierno
aquella heroica jor•
del Distrito, etc., etc.,
nada despierta en el
depositaron también
pueblo el recuerdo de
coronas, retirándose la
uno de sus más legíticomitiva para ocupar
mos triunfos, la Comide nuevo los carruasión de Festividades
jes y seguir por la calencargada de dar forzada de la Reforma
ma á los festejos, y la
hasta el punto en que
Secretaría de Guerra y
se encontraban las tri:Marina, cuidaron, en
bunas dispuestas para
esta ocasión, de que el
el acto oficial.
programa tuviera el
Antes de instalarse
mayor número de aen ellas, el Sr. Pre1Sitractivos posible, y de
de11te pasó revista á.
que los distintos ac•
las tropas que formatos que debían efecban la División y que
tuarse, revistieran un
en correctísima línea
lucimiento extraordiLlegada de la comitiva presidencial á San Fernando.
se extendían hasta
nario. Tan plausibles
Chapultepec. Lacerepropósitos, como era natural, se vieron reamiento, los representantes de las Cámaras, de
monia, consistente en un discurso y una poelizados; pues tanto la ceremonia cívica que
la Suprema Corte, del Gobierno del Distrito
Fía, pronunciado aquél por el Sr. Manuel H.
se verificó en la caizada de la Reforma, coy _de )as Secretarías de Estado y los .Jefes del
San Juan,y recitada ésta por el Sr. Lic. J. Anmo el desfile de los cuerpos de las tres arEJárcito que debían a.compañar al Sr. Presitonio Rivera G., principalmente,termin6 cermas por nuestras prii:icipales avenidas, resuldente &lt;le la República al Panteón de San Ferca &lt;le las doce, y fué amenizada por las mejotaron en extremo lucidos.
nando, donde se encuentran los restos Je! ilusres bandas militares. Siguiendo la costumbre

Domingo 10 de Maiyo de 1903.

establecida, el Primer Magistrado puso en man_os de !os supervivientes del 5 de Mayo, Francisco Sanchez, Agustín Martfnez Macario Es~índola, I~uis Parada y Felipe Longo, la cantidad ~e cmcuenta pesos, como gratificación,
pro.cediendo en seguida á imponer condecorac1o~es álo~ Jefes y oficiales á. quienes les
han sido últnnamente confnidas. Durante la
ill?P.º~~ción las banderas de los cuerpos de la
D1v1s10n, ?ºn sus escoltas, permanecieron frente á las tribunas, así como el Colegio l\Iilitar
que form6 en línea desplegada, presentand¿
ar~as, mientras las músicas de Zapadores,
Artillería y Estado l\Iayor ejecutaban turnándose, el Himno Nacional.
'
Una salva de veintiún cañonazos anunció
que ~l _S_r.. Gral. Díaz se retiraba del campo
para dmg1rse rumbo á. Palacio y presenci!lr
desde allí el desfile de la División. El paso de
la comitiva por Patoni, Avenida Juárez San
Francisco y Plateros, á la hora en que' estas
calles estaban henchidas de gente, fué una.
nota en extremo simpática v significativa: el
pueblo aclamó con frenesí al Héroe de la Paz,
y la multitud de familias que esperaban en
los balcones el desfile, se unieron á la entusiasta demostración regando serpentinas y
confetti.
Las tribunas

La columna militar, á las órdenes del Sr.
Gral. de Di visión J e1&lt;ús Alonso Flores, se desprendió ele la Reforma, para romper la marcha, conforme se había prevenido en la orden
respectiva. No es posible en unas cuantas Hn&lt;'as describir el brillantísimo desfile, ni, mucho menos, dar forma á. las impresiones que
causó en el público, para trasladarlas á nuestras columnas. El orden más perfecto se observaba hasta en los más insignificantes detalles: precisión en el paso, gallardía en el porte, todo lo que, á primera vista, acusa instrucción y familiaridad con la escuela del soldado. Más de una vez, los espectadores aplaudieron la uniformidad de los movimientos en
la marcha de la infantería, y la agilidad con
que los dragones, &lt;'Specialmente los del 9?, gobernaban sus briosos caballos. La artillería,
la ambulancia y los cuerpos rurales fueron
también aplaudidos, ylo merecían: formaban
conjuntos verdaderamente dignos de llamar la
atención.
La sección de vanguardia se form6 por un
escuadrón de Gendarmes del Ejército, el Colegio Militar, un grupo de la Compañía de Ametralladoras, y dos escuadrones mínimos del
tercer Regimiento, al mando del señor CoroJJel de E. l\I. E. Joaquín Beltrán. Seguían
luego el General en Jefe y su Estado Mayor,
las brigadas de Infantería, á. las órdenes de los
señoreR Generales Sebastián Villar:-eal y Luis
G. Valle, otras dos, ele Caballería, que mandaban los Generales Gregorio Ruiz y Francisco l\I. Ramírez, y el tren divisionario. A las
cuatro brigadas se incorporaron la Artillería
Montada y dos haterías mínimas. Los batallones 3?, 10? y 14?, 17?, 22? y 24?, reforzado
este último con Zapadores, constituían las dos
brigadas primeramente citadas, y los regimientos 2?, 4?, 7? y 9?, y de rurales, las segundas.
El Colegio Militar, que marchaba, como antes
dijimos, á la vanguardia, se hizo acreedor á los
aplausos del público por la corrección con que
&lt;lcsfiló por secciones.

'

El paso de la columna frente á Palacio duró una hora, y tanto el señor Presidente, que
ocupaba con sus Secretarios y otras personalid:1.des distinguidas el balcón central, como los
attachés militares de las legaciones extranjeras, que presenciaban también el desfile, quedaron en extremo complacidos de su buena
organización y lucimiento.
Antes de cerrar esta crónica, diremos que,
tanto á la ceremonia oficial como á. Palacio,
asislieron muchas familias de la mejor sociedad y que, por lo que toca al número de forasteros que visitaron la ciudad en ocasión &lt;le
la fi.:sta cívica del día 5, no es aventurado su poner que superó, con mucho, al que ordina-

El sepulcro de Zaragoza,

Desfile de la gran columna por San Francisco.

~I paso d&lt;: la comitiva por la glorieta de Carlos IV.

�Domingo 10 de Mra,yo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

blina de ensueños, de ansias, de anhelos amorosos, apenas esbozados ...... la esperaba.

II

Aspecto de la calzada de la Reforma

riamente, ha concurrido á las de los años :;.nteriores.
La ilumióaci6n de Catedral, Palacio y la
Diputaci6n, por la noche, fué notable, y en
cuanto á los fuegos artificiales dispuestos en
el Z6calo, no lucieron tanto como se esperaba,
debido á la lluvia que, con ligeras intermitencias, cay6 sobre la ciudad de~de las primeras
horas de la tarde.

·-·

]utgos floralts 4t Orlzaba.
Damos en este número el retrato de la Sra.
Ana Couto de Segura, reina de los Juegos Florales efectuados últimamente en Orizaba, y los
de las hermosas señoritas Lucía y Rosa Fernández, Sofía l\Iendiola, Cecilia Benito, Angelina Jiménez y Ana Nú1iez, que, en uni6n de
otras damas distinguidas de la sociedad orizabeña, formaron la Corte de Amor.
En el torneo, que revisti6 un lucimiento extraordinario, resultaron vencedores el Sr. Lic.
Rafael de ZayasEnríqnez,queobtuvoel triunfo en dos de los temas; el Sr. Julio Poulat,
que present6 un magnifico trabajo acerca del
ilustre Juárez, y D. Cayetano Rodríguez, Belltrán siendo mantenedor el Lic. José Peón del
Valle, poeta ventajosamente conocido en el
mundo literario.

antes del desfile.

El objeto de los Juegos Florales fué el de
reunir fondos para la erecci6n de un monumento al Benemérito de las Américas.

!POBRE LULÚ!
I
Fué en el Parque, una mañana de enero en
que un agradable viento invernal, azotando
las verdes cabelleras de los árboles, hacía caer
sobre los paseantes una lluvia menudita de gotas de agua, qut: se antojaban besos húmedos
de la aurora.
El sol se levantaba refulgentF\ ígneo, con
la satisfacci6n de un robusto mancebo que ha
pasado buena noche, y sus reflejos ponían en
el cielo pinceladas multicolores, extrañas, desconocidas, que convertían el firmamento en la
inmensa paleta de un pintor-genio, de un pintor df.sequili brado.
Bajo esa lluvia que refrescaba mi alma, paseaba yo meditativo.
Contaba entonces veinte años, y á los veinte años se tiene el derecho de creer Pn todo,
como á los treinta se tiene ...... casi la obl;gaci6n de no creer en nada.
Y con la imaginaci6n envuelta en una ne-

La pusieron por nombre Luz, probablem.ente por toda la que chisporroteaban sus OJOS,
ojos garzos, felinos, parladores; pero la decían
Lulú Y era una nifia un capullo de azucena q~e se abría, poco~ poquito, dej~ndo ver
las alburas de su seno.
Galanteos de chicuelos que por azares de su
poca vida tenían m~s.crecida t:l alma qu~ crecido el cuerpo; amb1c!ones ~e. ella, que Jugaba ya á hacer la señorita, ongmaron eso~ ~mores infantile1:1, que habrían resultado r~s1bles
í1 no haber sido do!orosos.
Lulú era pobre. Tan~ como su pob~eza era
i-:u hermosura ...... Y, mientras su nov10-1su
novio! ¡con qué orgull~ lo decía L~lú!-se me:;;iba los cabellos resolviendo ecuac10nes de se,,undo grado 6 calumniando al «Traductor
Francés » 6 desesperándose con el «Olleudorff,"
ella la 'niña de dieciséis año,;, inclinada la
cab~za cosía «para afuera," pensativa, triste,
soñando con su «Príncipe Azul,,, un «Príncipe" de saquiUo corto y pantal6n raído, y cuyos ilustres -padres 110 tenían, á menudo, lo
necesario para comprarle un par de zapat( s
nuevos.

III
¡ Pobre Lulú! ¡No era feliz! Tral.Jajaba en tanto la luz &lt;lel sol se estrellaba en el fulgor de
i;us pupilas. No conoci6 nunca los ¡,laceres de
la infancia ni los mimos iel awur maternal,
porque su :,mamá"- alguien se lo dijo-«se
había ido" ...... ¿D6nde·? ...... No lo sabw.. A la
tumba 6 al precipicio: todo es sepulcro.
Y su padre no era bueno: óebía; muchas
11oches no dormía en casa, y-¡con qué vergüenza lo confesó Lulú!-:se preocupaba mucho dd desarrollo físico de su hija.
A la hora &lt;le nuestras citas, esperábame como quien espera un consuelo que mitiga las
penas, como quien anhela un bálsamo que si
no cura, sí calma los dolores.
¡Pobre Lulú!

IV
Avanzaba la mañana. El sol erguíase ya con
monárquica omnipotencia; ~n la fron?a, .tupida y verde, á pesar de los cierzos del m vierno parloteaban locamente los pájaros; y las
fl.o~es, como mujeres que se entregan, abrían
sus corolas y exhalaban todo su perfume.
Y lleg6 Lulú. Venía agitada, nerviosa. Suojos, esas dos hogueras donde mi alma gust~s
ba de incendiarse, estaban húmedos: dos hilos de perlas cristalinas resbalaban por sus
mejillas. Y- entre frases entrecortadas, suspiros y sollozo'!, me lo cont6 todo.
Su padre, su «papacito" á quien ella amaba
tanto ...... 1¡quería venderla!!. ..... Yo era BUS
refugio, su salvaci6n, BU único amparo.. ..... .
¡Ahi estaba! Conmigo, todo!. ..... Sin mí, nacta!. ..... Ahí estaba!. . .... Ahí estaba!. .....
Y lo repetía, abriendo los brazos, y ofreciéndome el nido amoroso de su seno.
Al oírla me reconcentré en mí mismo; cerré
los ojos para que no me enloqueciera el fuego
febril que brotaba de los suyos; tomé entre
mis manos su frente pura y la besé con la misma devoci6n, con la misma unci6n con que
besé de niño la cruz realzada en la pasta marfilina de mi devocionario ........ .
Después, me apa:té de ella; corrí, corrí
desesperado .......... y no he vuelto á saber de
Lulú ........ .
¡Cosas de los veinte años!
MANUEL M. PANES.

'.::::
Existe una inocencia en la admiraci6n: el
que la posee no tiene aún la idea de que él
puede ser admirado un día.

--JW-

*

Conviene abandonar la vida como Ulises
abandon6 á Nausicaa, bendiciéndola más que
enamorado de ella.

,.

El Gral. Jesús Alonso Flores.

~~ -- ~

*
Por la música las pasiones gozan de sí mismas.

-

DomJl'llgo 10 de Malyo de 1903.

�I

Domingo 10 de M,a¡yo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

-Bueno; pues allá veremos. ¿Y dice usted que todas las noches
vienen las brujas? ¿Vendrán ahora?
-Sí, señor; pero todavía tardarán, porque no son más que las
nueve y ellas vienen cerca de la media noche. S6lo que ahora han dada en caer por el corral.
-Eso no importa.. Pasaremos el rato platicando. ¿Tiene usted
armas?
Contestóme con t.n gesto de conmiseración. Yo le inspiraba lástimn . Verdaderamente no sabía con quién tenía que habérselas. ¡Armas! ¿para qué? Con seguridad que las espadas de más filo se embotarían contra enemigos diab6licos y las balae más potentes se estrellarían en el plumaje de aquellos pájaros, porque de pájaros vestidas se
preRentaban las hechiceras eu las nocturnas visitas. Confes6me el infeliz hombre que sólo había eñcontrado un remedio, si no para ahu•
yentarlas, al menos para perderlas de vista y, sobre todo, de oídos; y
ei,.te remedio era rezar un rosario é inyectarse en seguida, entre pecho
y espalda, de un golpe y sin resollar, media botella de tequila y á ve•
ces hasta una entera. Bien es verdad que solía amanecer casi todas las
mañanas, rodado de la cama y debajo de la mei-a¡ pero con esto así
pudieran venir todo~ los muertos &lt;le los camposantos y todas las brujas del mi~mo Brooken; que don Carpio así se daba cuenta de ellos como de los habitantes de la luna.
En este diálogo y otros semejantes, paeamos las horas desde mi
llegada hasta la de la frugalísima cena, consistente en un trozo de cecina y una taza de café, que el mismo don Carpio a&lt;lerez6, pues no
había otros seres vi\'ientes que nosotros en aquel enorme y vetusto caserón.
IV
Para el objeto que me proponía, no encontré más arma ~ue una
vieja escopeta de pist6n, de dos cañones, olvidada en un obscuro rinc6n del escritorio. Después de aparejarla lo mejor que fué posible,
procedí á la operación de la carga. Pude enco11trar una poca de p6lvora desperdigada en un monumental cuerno de toro que perdido se hallaba en un caj6n de la tienda; en otro logré juntar hasta tres docenas
de postas y algunas cápsulas que confundidas estaban con una navajo.
de gallo y su correspondiente botana, granos de garbanzo, obleas y
buena. porción de clavos y tornillos.
Ya apercibida mi arma y acercándose la hora de la temerosa. aparici6n, permití á don Carpio rezar su acostumbrado rosario, mas no
engullir.e la milagrosa botella con la que me convidaba para crear ánimos, según decía. No fué poco el trabajo que me costó hacerle prescindir de aquella fórmula cabalística; pero al fin convino en que debíamos estar en nuestro entero juicio y con la cabeza despejada.
Y como todo llega en la vida, si no es la ventura, lleg6 la hora

Eu~ntos -d~ Espantos
11

CORO DE BRUJAS.
-CONCLUYE.-

y aconteci6 que yendo días y viniendo días, una tarde en que
para sacudir el fastidio que me abrumaba, paseábame á caballo por
los alrededores de Valnavara, entregado por completo á mis meditaciones y á la contemplaci6n de los campos, me fuí alejando, alejando
sin sentirlo, hasta que ya, pr6ximo el sol á ocultarse, en~ontrérne precisamente al pie de la cuesta que remontando un cerro poco elevado,
conducía directamente á la hacienda de dofia Pancha. Al darme cuenta del punto hasta donde había llegado, vinieron á mi memoria los
estupendos sucesos en la finca acaecidos y determiné seguir adelante,
para desengafiarme por mis propios ojos. Puse piernas al caballo y en
poco más de una hora, ya obscurecido, me encontré en el espacioso
portal6n de la casa grande, donde don Carpio, solo y sombrío y apoyado sobre un pilar, mostraba en toda su persona el desastroso estado
en que su ánimo había caído.
Imposible sería dar cuenta del gozo con que me acogi6. El mismo condujo á mi cabalgadura, después de desensillarla, á la caballeriza, y luego se aperson6 conmigo ofreciéndome alojamiento por esa noche, con las más grandes muestras de afecto y consideraci6n que en
mi vida he recibido.
--Estoy solo en la casa, me dijo; los dependientes viyen en la de
allá abajo y no han consentido que yo me vaya con ellos, porque temen qne hasta allá me persigan las muy judías. Los moz0s Jueguito
que anochece se van á dormir á la troje, y aquí me tiene usté que ya
no hallo ni qué hacer, pues parece que soy un apestado.
Entramos al escritorio, y después de los cumplidos que son del
caso, exprer,éle sin rodeos el que me llevaba á hacerle compañía por
esa noche. Grande fué su asombro y más aún su espanto al ver que
yo no lo tenía en manera alguna y que estaba abrnlutamente resuelto
á de,:cnbrir el misterio de las brujas, que tanto le atormentaban.
Cuando hubo eMendido luz, quedé admirado del terrible estrago
que las apariciones habían hecho en el pobre hombre. Era antes un
rancherazo de contextura musculosa y recia, pero tan flaco y amojamado estaba, que ya no tenía sino la piel verdosa y plomiza uutada
en los puros huesos.
Di6me lástima, en verdad, su figura y desde luego procuré infundirle ánimos, tomando por el lado c6mico sus extraordinarias aventuras; pero él ataj6me en mi intento, y con ademanes de inaudito aspan-

to, me manifest6 que tenía pensado, pues las hechicerescas visitas no
cesaban, apelar á la fuga y hasta renunciar á su proyectado casamiénto.
-¿Lue~ continúan las brujas viniendo? preguntéle con verdadero interés.
-Sí, se:fíor, me contest6. No hay noche de Dios que esas condenadas no ve!lgan á ... molestarme. Yo ya no puedo más y hasta he tenido que recurrir á tata Prisco. Pues ni por ésas, señor Íicenciado.
-Pues quién es tata Prisco que, según parece, tiene poder para
librar á usted de este maleficio.
-¡Tata Prisco! repuso mirándome asombrado de mi ignorancia.
¿Pero no conoce usted á tata Prisco? ...
Tuve que confesar mi desconocimiento de tan conspicua personalidad.
-Pues tata rrisco, continu6 don Carpio, es un viejo que vive en
Cerro Gordo, á cinco leguas de 'l.quí, y que, aunque dicen que está
descomulgado, es el único capaz de meter en cintura á todas las brujas y demonios que resisten hasta. el agua bendita y á los exorcismos
del sefior cura
·
-¿.Y á qué se debe tan soberana y poderosa virtud de tata Prisco?
insistí con positiva curiosidad.
'
-¡Pues á qué ha de ser! Nada menos que á que tiene ufi pedacito de la ~~ata con que se cchorc6» Judas Iscariote, el cochino ap6stol
que vend10 á Nuestro Refior.
-¡qaramba! ... fí de ~6nde cogi6 semejante reliquia?
-Dicen que uny1dío o francé~ que estuvo por aquí el siglo pasado, porque tata Prisco ya va á aJustar los cien años le di6 ese mecate en pago de haberle enseñado unas minas de oro )' plata con que
se hizo muy rico y volvi6 á su tierra.
-¡Mag~ifica paga! ¿Y con tan poderoso amuleto no ha podido
nada tata Prisco contra las brujas que vienen á desvelará usted?
-:--N~da, señor, nadit~;_y ya cuando lle~a la noche, me entra aquella.. ,,rns16m y aqu~l «sus1d1oii, que _no me dejan. Y si no me voy dr
aquí y largo ~a novia, seguro, segunto que me voy á morir. Y no e~
es? lo m~s, smo que es capaz que las malditas carguen conmigo á los
mismos mfiernos.
-Pues nada, don Carpio, le dije entre serio y festivo. Vamos á
ver si Yºi que no tengo la cuerda de Judas, puedo hacer algo por
usted.
-No, sefior, no haga nada, porque será en vano y hasta puede
que también usted la lleve.
'

.
1

Doondngo 10 de Maiyo de 1903.

tan temida para. don Carpio y para mí tan deseada., Súbitament~. vi á
mi hombre pararse lívido, y con voz cavernosa y tremula, me d1Jo:
-¡Oiga!. .. ¡oiga! Ya están ahí.
Yo que tengo la desgracia de ser algo teniente, es decir, falto de
oído n¿ había escuchado nada, por más que toda mi atenci6n se concent:aba en las indicaciones de don Carpio. Salí á la puerta del escritorio que caía á un pasadizo tan prolongado y estrecho como una cerbatana y negro como una boca de lobo; y entonces alcancé á oír ese
graznido horrísino peculiar de la lechuza¡ en seguida percibí el ,tcucurucú)) del tecolote y un grito sordo y ronco de otro animal que no
era fácil conocer en aquel momento. Pero nada mál".
-Pues eso, don Carpio, le dije, no es otra cc,saque voces de aves
nocturnas, lo cual nada tiene de particular en la casa de una hacienda
que está tan cerca del monte.
-¡Oiga, oigal-repuso sin hacerme caso y sacudiéndome bruscamente con una de sus manazas de esqueleto hercúleo, mientras.se
aplicaba rígido, cerca del oído, el dedo de la otra. -¡Oiga nomás lo
que estún diciendo!
Paré la atención, y efectivamente, entre un rumor extrafio y confusa algarabía, percibí claramente el nor:n bre de don Carpio, precedido de una grosera maldici6n.
Violentamente empuñé la carabina y empujando á don Carpio,
obliguéle, casi á la fuerza, á que saliera conmigo, no sin procurar convencerlo de que aquello nada de sobrenatural tenía, asegurándole que
pronto íbamos á descubrirlo todo, pues yo llevaba nada menos que un
fragmento de la cruz en que muri6 San Diuias, el buen ladr6n, que
también había tenido sus puntas y ribetes de brujo: reliquia mucho
más eficaz que la de tata Prisco. Y mostré al crédulo administrador un
palillo de dientes.
Calmado en parte y convencido un tanto, echó á andar tras de mí,
empufiando, por indicaci6n míai ancho y largo machete. Ambos) además, llevábamos ceñidos nuestros revólvers.
Atravesamos la sala y una serie de piezas que le seguían. En la
última abríase amplia ventana sin verj'l., por la que saltamos á uno de
los patios de aquella vieja y pavorosa casa, muy propia, ciertamente,
para que en ella tuvieran manida todos los habitantes del otro mundo.
La luna, que despuntara poco antes, envolvíase en gruesas nubes y
apenas podía alumbrar con opaca é indecisa clarida del cielo. La tierra estaba aún casi en tinieblas.
Llegamos á la puerta de espacioso corral cercado por ruinosa tapia de piedra. La puerta estaba cerrada, pero á trnvés ele loe mal unidos tablones, podíamos medir el corml en toda su anchurosa extensi6n. Casi en el centro se alzaba escueto y altísimo mezquite, y más
lejos empinábase un guimbalete junto al derruído brocal de una noria
mal cegada. Entre tanto, la algarabía de las brujas, pues brujas debían de ser, según todos los barruntos, no cesaba un momento. Gri-

�Damdmgo 10 die M,a¡fo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

tos, carcajadas ir6nicas y burlescas, silbos horripilantes, rumores como de salmodia; todo, todo se oía á un tiempo mismo, sin confundirse, aunque se mezclaba; y sobresaliendo alguna vez, entre aquel horrisonante vocerío, percibíanse distintamente palabras confusas é incoherentes á veces, á veces agudas y vibrantes, repitiéndose el nombre
de don Carpio, con abrumadora y pertinaz obsesi6n.
-«¡Ya me la pagarás! ¡ya me la pagarás! ¡ya me la pagarás!» Oíase de pronto; y luego una voz hueca, ronca y gutural repetía:
-«¡Carpio cornudo! ¡cornudo! ¡cornudo!"- Y otras dos malas
palabras que no son para escritas, ni menos para leídas.
Sobre una gruesa rama del mezquite pude ver, á la tenue claridad
de la luna, destacándose contra la gris lividez del ei:pacio, tres pájaros
grandes en apretado grupo, que aleteaban haciendo movimientos extra.vagantes y grotescos, al compás del espeluznante rumor que producían. En la punta del guimbalete distinguíase otro pájaro, más negro
que las sombras de las piezas que de atravesar acabábamos, que también Re retorcía como en epilépticas convulsiones. A la luz del día vis•
to, hahríame hecho reír; pero en aquel instante, lo confieso, sentí que
se me erizaban los cabellos.
Puesto ya en semejante trance, por mí mismo hu,:cado, pareci6me
ridículo y vergonzoso retroceder, y arrojándome, de improviso, al fin
de la aventura, entreabrí silenciosamente la puerta del corral, que no
tenía llave ni cerrojos. Me eché la escopeta á la cara y, encafíonándola lo mejor que pude hacia el grupo del mezquite, aprflté el disparador ...... Un formidable traquidazo retumb6 en toda la casa y hasta en
los cerros vecinos, pues había soltado los dos tiros; y, disipado el humo, vi, al pie del arbol, dos de los pájaros heridos mortalmente, que
se agitaban en las postreras contorsiones de la agonía; y el tercero,
maltrecho, volaba torpemente sobre las tapias del corral. El del guimbalete había desaparecido.
Casi al par de la detonaci6n producida por el disparo, surgi6 de
la cercana nopalera,que tras la casa se levantaba, una voz colérica á la
vez que plafiidera, exclamando:
-¡Válganme las benditas Animas! ¡Miren nomásl Ya este hombre borracb6n y sinvergüenza me mat6 mis animalitos. ¡Maldito sea
don Carpio y la madre que lo pari61
Oír aquellos gritos nosotros que nos contemplábamos mutuamente, estupefacws ante la hecatombe, y largarnos á través del corral y

del campo salvando las trancas que las tapias tenían, á guisa de puerta, fué todo uno. Llegamos de un salto cayendo de improviso en lo
más espeso de la nopalera, donde al pie de inmenso y c6ncavo pefí.6n,
encontramos á tres mujeres que se ocupaban en acariciar á un cuerv_o
prodigándole las más tiernas expresiones de carifio, á la vez que le alisaban el negro plumaje del lomo.
Pero don Carpio de un s6lo mandoble dividi6 en dos mitades el
repugnante pajarraco,y sin que yo pudiera contenerle, arremeti6 furioso contra las mujeres, disparándoles cintarazos á diestra y siniestra; y
es que había reconocido en dos de ellas á su ex-amasia y á su ex-suegra, sobre la cual batía, muy á su sabor, firme y macizo, desahogando
la cólera que le embargaba, de modo tal, que si yo no me le impongo
enérgicamente, allí hubieran dado fin por todos los siglos las brujerías
y ma1E1ficios en aquellas dilatadas regiones.
Calmado ya el enfurecido administrador y las brujail de rodillas,
suplicantes y lloiosas ante nosotros, pude inquirir el secreto y explicaci6n de las aventuras á que yo, recientemente armado caballero por
obra y gracia del fastidio que me consumía en Valnavara, pude dar
digno acabamiento y remate, logrando imperecedera fama entre los
campesinos de aquellos lugares y de los demás que en todo lo descubierto de mi partido judicial alientan y alentará11 por varias generaciones.
Yo quisiera revelar al lector tales misterios; pero es el caso que me
be propuesto reservarlos para el día en que si Dios me concede vida
y humor, pueda referir la ocasi6n y manera' en que yo mismo me hice «nahual», después de cursar todas las asignaturas correspondientes,
basta alcanzar el grado en tan importante profesi6n.
Mas si dejo suelto este cabo, que es ciertamente el más interesante, debo atar los demás, aunque sean aC&lt;'esorios; y así diré que don
Carpio, libre ya de aquel peligro, se cas6 al fin, cayendo en otro, tal
vez más grave aún; pues la edad del administrador de Noria del Aguila frisaba con los cincuenta años y su esposa no llegaba á los veinte.
Un detalle antes de concluir: dofia Pancha me tom6 grande ojeriza y mala voluntad. Tan aferrada estaba en sus supersticiones, que no
quiso nunca convenir en que los pájaros que yo había matado eran pájaros sencillamente; y las apaleadas mujeres...... mujeres nada más,
que creo es ser ya demasiado ...... y algo más todavía.
MANUEL

J.

DELA

ORAN SEDER1A "EL PAJE"
.,,_

IHPOHTANTB CAS\ COIKBCIAL.
Acaba de abrir sus puertas al público una
importantísima casa comercial cuyo establecimiento debe, con justicia, aplaudirse por todas las clases sociales.
«El Paje,, es el nombre que los señores Car_
los Arellanoºy Compaiifa han dado á su nuevo establecimiento, situado en la parte más
céntrica y más elegante de la Capital: ei,quina
de la 1~ de Plateros y el Em pedradillo.
Los sefiores Arellano y Compafí.fa, hábiles
cofiocedores del ramo de sedería, procuraron
reunir en sus espaciosos almacenes todo aquello que es arte, gusto, elegancia, y en verdad
que lo han logrado; pues estamos firmemente
Fachada de la gran sedería "El Paje"

ras, sin molestarse, pueden exa'llinar sentadas los efectos que deseen.
Los empleados y dependientes son bien conocidos de la culta sociedad de nuestra Capital. Todos son atentos, finos, correctos y conocedores del ramo. Esta es una garantía para el público, que descuidan algunos comerciantes. Los señores Arellano y Compafiia.
creyeron que por ahí debían empezar y lo lograron. Todo el cuerpo de empleados representa la buena selección que se hizo.
El día de la inauguraci6n y después que el
señor Presbítero Salazar hizo la bendición de
todos los departamentos, se dió acceso al público, que en un momento invadi6 por completo el almacén.
Guardan los dueños el grato recuerdo de haber hecho la primera venta á la distinguida
Eefiora doña Carmen Romero Rubio de Díaz,
esposa del señor Presidente de la República.

ÜTHON.

A la cúpula inmensa del cielo,
do angustiosa la vista se pierde,
se une el plano del piélago verde
donde trotan las moles de hielo.
En la costa silente y bravía,
de verdor y belleza desnuda,
como tropa fantástica y ruda
la escollera se yergue sombría.
Más al norte, cual potros sin freno
se despefian los blancos aludes:
se dijera que son ataúdes
que conducen la muerte en su sflno.
Todo tiene un aspecto iracundo,
todo ofrece un matiz que amedrenta,
tal parece que sorda tormenta
va á arrancar de sus goznes al mundo.
Y en el medio del cuadro gigante,
entre el cielo y el mar, firme y solo,
va, camino del pérfido polo,
el bajel del audaz navegante.
¡Ay! así por el mar de fa vida,
del dolor bajo el pálido cielo,
entre rocas y moles de hielo
va la nave del hombre, perdida!
Va al acaso, no teme y avanza
hacia el polo que pérfido escuda
otro mundo en que reina la duda
y no brilla jamás la esperanza! '
FERNANDO DE ZAYAS.

TUS FLORES.
Este ramo de flores
Que me envía tu mano genero~a,
¿Es ofrenda amorosa
Con que quieres dar paz á mis dolores?
Bien sé que no has pensado
Luchar con lo imposible. He penetrado
Tus piadosos intentos encubiertos,
Por más que con engafios los decores:
Son las últimas flores
Que esparce la piedad sobre los muertos.
EDUAROO CALCA~O.

l

INAUGURACIÓN

AD MORTEM.

ESTUDIO FOTOGRAFICO.-(Rawel.)

Domingo 10 de Maiyo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

.....
Departamento de ventas al menudeo.

En nuestros grabados presentamos algunos
departamentos de la nueva sedería que lleva
el simpático nombre de «El Paje.,,

convencidoc; de que l)Ualquier persona,aun del
gusto más exigente y refinado, encuentra en
«El Paje" lo que de-c;ea. El brillante surtido de
listones, corsés, flores, pasamanería, sedas,
artículos de lujo, artículos para niños y nifias,
no admite ni puede admitir competidor en establecimientos del mismo género.
El departamento de confecciones merece especial mención entre los demás. Al frente de
él ha sido colocada una de las modistas de
más renombre en París, conocedora de todos los estilos, todos los caprichos, todos los
gustos. Verdadero orgullo puede caber á los
señores Arellano de haber montado un departamento que puede llamarse con justicia el primero en la República.

*
**

El departamento de ventas al menudeo, al
par que sencillo, es elegante. Recibe la luz por
nueve amplísimos aparadores y dos puertas
que están á las dos calles.
En el interior hay colocados unos silloncitos giratorios que son muy cómodos y que se
encuentran junto al mostrador, .v las señoDepartamento de Confecciones.

�'EL MUNDO

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Casas con Muestras:

lNt 1-TOMO 1-NUM. 20

ILUSTRADO

MfXICO, MUO 17 Df 1903.

Subscripci6n mensual forhea SI.SO
ldem,
ldem. en la capital Sl.25

!Nrccter: LIC. R,U'AtL RtYI&amp; &amp;PINDOLA.

Cierente: LUI&amp; Rt~ &amp;PIND0l A

Oficinas Almacenes y Fábrica núm 2.
11Th and Washinpton Ave.

Mr. Ford Dix, Grand Hotel Pasaje, Habana, Cuba.
Mr. George Porro, l.ª del ~alto del Agua núm. 3Z, México, D. F .

Iavitación Jara participar
ALA PROXIMA

Gran Lotería Alemana de Dinero.
La Jotcrla de d inero bien Importante, au.
torlzada por el Gobierno de Hamburgo Y
garantlzadn por la hacienda pObllca del
Estado, contiene 115,000 bllletes, de los
cuales 55,763 deben ser premiados. Resulta,
pues, que cada premio se r eparte en tre dos
nOmeros.
Todo el rapltnl Importa:
Marcos 11.306,390 6 sean cerca cl'e Peao,
1.295,000 Mo-ne&lt;la Me.,icana.
Los sorteos se hacen pObllcnmente bajo
lnapeccl6n del Gobierno, 7 el pago pu· tual
de los premios estA garantizado por el
Estado.
600.000 Marco, 6 sean aproximadamen te
Pesos 387,000 Moneda Mexicana como premio mayor pueden ganarse en ca.so mAs feliz, especialmente 1 PREMIO cl'e 300,000
MARCOS, 1 de 200,000 MARCOS, 1 de
100,000 MARCOS, 1 d e 80,000 MARCOS,
2 de 60,000 MARCOS, 2 de 50,000 MARCOS, 8 de 40,000, MARCOS, 1 de 35,000
MARCOS, 5 de 30,000 MARCOS, 5 de
20,000 MARCOS, 2 de 15,000 MARCOS,
16 de 10,000 .MARCOS, 55 de 5,000 MAR·
COS, 108 de 3,000 MARCOS, 1~6 de 2,000
MARCOS, 616 de 1,000 MARCOS, 14 de
500 MARCOS, 1,022 cl'e 400 MARCOS,
83,788 de 169 MARCOS, 19,970 de 250
200, 150, 144, 111 MARCOS, etc.
El sorteo de estos 55,763 premlos sobredichos, se hace en siete clases sucesivas, qu~ siguen en breves Intervalos.
Fuera de otros premios mayores, en cada clase se tlrarA una prima especial de
modo que en caso mAs feliz, loe premios
mayores Importan 50,000 Marcos, 55,000
Marcos, 00,000 Marcos, 70,000 Marco,,
80,000 Marcos, 90,000 Marcos, y 600,000
Marcos.
Al recibir el valor de los billetes, sea en
cheques sobre bancos 6 cMas de comercio
europeas, 6 sea en billetes del banco mexicano, ó por medio de un giro postal, enviaré LOS BILLE'l'ES OIHGINALES en
carta certificada para los primeros tres
sorteos, acompaíln.ndo un prospecto oficial
que contiene todas las expllcaclones que se
necesitan.
·
AdemAs, se adjuntaril il cacl'a comprador la traduccl6n de los billetes originales
en lengua espaílóla.
EL VALOR de los bllletes PARA LAS
TRES prlmerM clases, SEGUN EL PROS·
PlsCTO OI!'ICIAL, es como sigue. (1 Marco vale aproximadamente o;; centavos moneda mexicana).
:\!ARCOS 9.50 por un cuarto Billete
Original, para la la., 2a. y 3a. clase.
MAHCOS 19.- Por un
medio
BIiiete
Original para la la., 2a. y Sa. clase.
MARCOS 38.- Por un entero Billete
Origina! para la., !?a. y 3a. clase.
A su debido tiempo se a visa il los due•
ilos de billetes, en qué épocas tendrlín que
hacer las remesas para la 4a., 5a., 6a. y
7a. clase: esto en caso de que el bllletc
no hubiera recibido, en el lntermecl'lo, un
premio. Per o es muy probable que el billete sea premia.do, PORQUE, como ya estil
dicho, GANA CASI CADA SEGUNDO BI·
LL~~TE, y las probabilidades de ganar aumentan de clase en clase. DESPUES DE
CADA F.XTRACCION, S I•: ENVIARA A
TODO INTERESADO LA LISTA OFI·
CIAL.
Los Interesados harírn bien de mandar
BUS pedidos POR EL PRIMER CORREO,
para que ee pueda efectuarlos puntualmente .
PRINCIPIO DE LOS SORTEOS : el 18
de lunlo de 1903.
Pedidos que no lleguen en tiempo para
la la. clase, serán ejecutados para la 2a.
6 3a. clase, por consiguiente cada uno
PUEDE CONTAR POSITIVAMENTE CON
QUE TENDRE CUIDADO DE QUE DE

CUALQUIER MODO PODRA
TOMAR
PARTM EN ESTA IN'.l'f:RESANTE LO·
TERIA.
Lo mejor es ha.cer las remesas par carta
certlllcada en BI lletes de banco Mexicanos
6 en giros postales ; pero, en caso de que
sea mAs conveniente A los clientes hacer
los pagos en ese país, p8..1·tlclpo que el
Banco AlemAn 'l'rasatlAntlco de México,
calle de San Agusttn 7, estA autorizado
por mi, de recibir por mi cuenta cualquier
Importe. Al hacer asf, suplico enviarme
directamente la carta Orden bien clara A
Uamburgo,
avlsilndome !l la vez, el Importe remitido !l este Banco. Adem!ls, se
debe avisar al Banco Alemán Trasatll\ntlco que tiene que abonar el Importe ll mi
cuenta d'e la orden del respectivo pagador.
'.l'odo se reune en esta gran loter!a, para
dar segm·ldad y benellclo al que participa
de ella, como es el ARRJ,GLO VENTAJO·
SO. IN'rtmVl~NCIO:N Dl~L GOBIERNO, es el allmen.w máa ~adab~ 1 el máa
SOLIDT•:Z, y ante todo, la GARAN'.l'IA recomendado ,para los nifl.oe .1Jesde l&amp;
DlsL ESTADO l'ARA EL PAGO DE LOS eda-d de seis 1 siete meliles sobre todo
PRE:IIIOS. Teniendo relaciones con las
en el momento del destete 1 durante
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coyunturas eofermas 6 deforme~, (;ojera, Pier·
uas chueca•, roaillu anudttd•s, 6 defo•midH•
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Innituto abaj, indicado. qu6 le escrihirá la
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�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 1, No 19, Mayo 10</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>..,,,1·~ ""

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de llamarse así, el solo que es legítimo y de que se hace mención en el
furmulario del Profeso r BOUCHARDAT, es el de Mrs. CLE MENT y Cía.,
de Valence ( Drome, Francia).-Cada Botella lleva la marca de la Un ión de
los Frabricantes y en el pescuezo un medallón anunciando el " CLETEAS,"
Los dem ás son groseras y pelig rosas falsifica ciones.

ripida de I&amp;

LA LUCHA POR LA VIDA el
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Dirigirse al Apartado 123, Tehuacán, Pu~-

SAINT-RAPHAEL,

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Infartos de los Ganglios, etc.

Unica pre paración que evita la caída prematura del pelo, lo
aumenta, s uaviz t y hermosea, á la vez que le.cvmunica un aroma agradable.

EL USO DRL PBTROL DEL DR. TORRBL, DE PABIS.
evita la calvicie prematura, que tanto a fea y comunica al hombre el r e pulsivo aspecto d e un joven viejo y gastado.

Excmo. Sr. D. Práxtdts matto Sagasta,
Notable Político Español.

t

EN MADRID EL 5 DEL CORRIENTE.

�Domingo 11 de En-ero de' 1903.

tos Santos Reyes.

m

ELCHOR, Gaspar, Baltasar ......... .
reyes sin corona h eredada por generaciones nuevas, Eoberanos de &lt;1uién
sabe qué reinos cuyos faustos precisos no han
pasado á lns páginas de la hi!'toria, jE&gt;fes de
Estado anónimos y al propio tiempo eternos
••. .. . ¿os disteis cuenta, al sE&gt;guir los argentinos destellos de la le¡¡:endnria ('Strella que os
condujo á Betblfm, de que con eFa ¡iereg1inaci6n que efectuasteis por montes y por Yalles
y por desiertos ibais á conquiFünos hi imnorta)idad por los siglos de los sigloi,? ..... .
La caravana avanzaba lentamente. la estrella, alumbrando la ruta con las fulguraciones de su cauda enorme, marcaba el rumbo
de la verdad, hecha carne en los frágiles y
tiernos miem br..,cillos de un infnnte que ronreía en la pobreza de un-pesebre. Los más útiles y pacientes cuadrúpedos conducían á los
reyes, á sus séquitos y á las ofrendas que llevaban para el divino recién nacido. El camello,plácido símbolo de la fllstinencia, caminaba á paso tardo, dejando sobre las arenas del
desierto la recia huella de su planta; el elefante, venerable en su burguern contextura, avanzaba absorto en sus eternas y mistniorns meditaciones; el ágil potro númida, con su pezufia nerviosa, iba ganando gloria y renombre
para su regio amo.....
Cuando la estrella se detuvo y sus fulgores
bañaron el mif'E&gt;rableportal hajo cuya techumbre había venido al mundo el ef'perado Mesías, los reyes detuvieron el paso de sui-; caravanas y alabaron á Dios. Luego def:ce11dieron
del paciente camello, del elefante corpulento
y del inquieto corcel, y se postraron ante el
pesebre en que yacía el rey ele reyes ....
No estaba sol o. En torno suyo agrupábanee
los humildes, los pobres pastores de la comarca que antes que nadie reconocieron el poderío del niño Jesús y que fueron los primeros
en cantar sus alabanzai;,. Por eso Cristo, es ante todo, una deidad de los pobres y de los humildes; por eso Cristo, despojado de las pompas litúrgicas que los siglos han amontonado
sobre su carne de redención, fué el primer
hermano de los hombres y el primer proclamador del reinado de los humildee ..... .
La mula y el buey calentaban con su vaho
los delicados miembros del recifn nacido, y
para esta expresión de miseria que significaba
en la tierra el nacimiento de Jesús, cuentan
los sabios intérpretes ele lo nunca visto, que
en los cielos se efectuaba la gloria del Padre,
y que innúmeras legiones de coros angélicos
pregonaban en inefables cánticos la gloria del
Hijo.
Entonces llegaron los reyes y, olvidando sus
orgullos, sus pompas vanas, sus omnipotencias terrestres, cou toda humildad se inclinaron ante el pesebre y reconocieron el dominio
ilimitado del Hijo de Dios.
Después del homenaje de los humildes, fué
el homenaje de los poderosos. Cristo está sobre los más grandes de la tierra, y el símbolo
había menester tres reyes magos que, significando la grandeza de la tierra, se humillaron
ante lo sublime del espíritu.
Los tres reyes ofrendaron sus presentes y
luego, fortificados por sus santas intenciones,
volvieron á sus reinos, :¡,l paso tardo de sus
caravanas.
¿A qué reinos marcharon los reyes magos
Melchor, Gaspar y Baltasar?....... A todos los
reinos de la tierra; porque erns reyes fueron
un símbolo y el símbolo es ubicuo y perenne
por la fuerza de su gracia.

Tal dice la leyenda cristiana. Pero los hombres, que nunca están satisfechos de las sencilleces reveladas, han forjado otra leyenda en
torno de los reyes magos. Esta leyenda es permanente; como un fen6meno físico, se efectúa cada año, por la fecha en que se conmemora el homenaje de los tres reyes magos y
consiste en que, al decir de quién sabe qué

EL MUNDO ILUSTRAD0

EL MUNDO ILUSTRADO
poetas desconocidos y populares, los tres reyes magos, que han Eeguido viviendo en es•
píritu y que en espíritu vivirán basta la conS\1mación de los siglos, no pueden olvidar los
inefablfs gozos que experimentaron al agaioajar al divi,10 infante y, «eficazmente)&gt; secundados por todos los padres ele familia de todas
las generaciones, han resuelto agasajar anualmente á la infancia humana, para revivir
constantemente aquel placer inolvidable que
en Bethlem inundara sus almas.
¿Quién descubrió y di6 á conocerá los mortalrn E',e loable propósito de los tres ri&gt;yes magos? No es fácil p1eciEarlo; pero la. costumbre
es vieja y según parece se manifest6 primero
en Francia, tal vez porque atraídos los reyes
magos por la infinita variedad de compañeros
suyos que aquella tierra ha producido, quisieron en ella reanudar sus relaciones con la gente tramitoria. Despuée, el aguinaldo de los
reyes pas6 á todas las comarcas cristianas, y
á nuestra América ha venido algo tardíamente, como suelen venir tantas cosas á las regiones nueYas que a{m no han tenido mucha
oportunidad de vivir en la tradición y en el
parndo. l\1ae:, como la manifestación anual
que de su e:xistencia hacen los reyes magos es
poética, es hermorn y se yergue sobre el indestructible zócalo del amor á los niños, es
cla1 o que perdurará y que se ampliará cada
día mús.
¡_A qué niños protejen los reyes magos? A
todos los niños buenos y que teñgan zapatos.
La primera condición suele dispensarse por
influencias y perdones de los padres; la segunda no ~é diispensa casi nunca. Los reyes
mago,:, para obsequiar á los niños, exigen que
éstos pongan sus zapatitos en la chimenea 6
en cualquier11 otra parte. Pero si no hay zapatos, no hay juguetes........ á menos que la
caridad intervenga y proporcione los zapatos
y los juguetes.
Sin embargo, ningún evangelista afirma que
el niño .Je::ús baya tenido sandalias...... .

***
También los grandes han tomado como pretexto á los tres reyes magos, para regalarse.
El regalo de los grandes es una torta que esconde una haba; á todos les corresponde un
pedazo de torta, p ero s6lo á \mo de cada grupo corresponde el haba. Pero el feliz conquistador del haba, por el hecho de conquistarla, adquiere determinadas obligaciones que
forzosamente tend1á que cumplir. Por modo
y manera, que también la torta de reyes es un
símbolo: el símbolo de la lucha por la vida.
En •la vida, es más 6 menos fácil á todo el
mundo adquirir una rebanada de torta. Es
difí&lt;!il morirse, más difícil de lo que generalmente se cree. Pero la torta no basta; es preciso conquistar el haba, pues sólo de esta
suerte hay preponderancia sobre los demás y,
dígase lo que se quiera, la esencia del triunfo
es la preponderancia. En cambio, el que en la
vida triunfa se echa á cuestas un fardo de obligaciones, como el que obtiene el haba de la
torta se ve precisado á obsequiar á los otros.
Por desgracia, no todos cumplen en la vida
como suelen cumplir en la torta, porque siempre ha sido más fál)il dar un baile que hacer
un beneficio.
Hacer beneficios es arte eximio que no está
a.l alcance de manos villanas. Ya hemos visto que hasta á los santos reyes magos se les
puede reprochar algo en los beneficios que
procuran: esa exigen9ia del zapato...... .. ¿Cómo no disculpar las imperfecciones de los
simples mortales?
Cuando ha pasado la noche de reyes y la
~en~e menuda se ~egocija de los juguetes que
~l cielo le ha env1ado-(mandados fabricará
_&gt;arís ó á Berlín )-y la gente grande sueña ante las migajas de la torta, es fama que Melchor, Gaspar y Baltasar, arrellanados allá en
sus tronos del empíreo, mandan alzar una esquina de la gran cortina azul de los cielos y
asomándose á nuestra vida y mirando á la
gente menuda y á la gente grande se ríen se
ríen paternal y compasivamente..'....
'
¿Será cierto?
ÜSCARHERZ.

Don Práxtdes matto Sagasta.

S

A GASTA, el viE&gt;jo jefe del partido }ibera!
l'f']'añol, ha pngado el ineludible tributoá la naturaleza. La muerte lo sorprendi6
cuando parecía alejar$C á la vida privad;., después de una lucha de cincuenta años que fué
minando, poco á poco, sus energías.
:Mucho podría escribi rse acerca del notable
estadista español; pero contrayéndonos á los&lt;latos más isalientE-s &lt;le ou carrera ele hombre
púulico, encontramos que desde 1842 estuvoafiliado al partido pr0gresista de España. Al
eF.tallar en la península la guerra de 1854, en
la cual tom6 parte muy activa, fué nombradoPresidente de la Junta Revolucionaria, y poco después pas6 Ct l\fadri&lt;l como Diputa.do por
Zamorn. Siendf Comandante de las milicias
nacionales, cuando el Gral. O'Donell disoh·ió
las Cortes á cañonazos, Sagasta dió una eloC\1ente prueba de ·su valor •.r sangre fría, re cogiendo un casco de grnnada que cayó á sus
pies y que conservó para inspirnr:-:e y pronunciar un elocnente discurso !'Obre los acontecimientos de 1856, que aumentó su popularidad
y su prestigio.
A raíz d e eFtos sucesos emigró á Francia·
,
l
,
r
pero no tarel o en ,·o ver a su patria, y de acuerdo con sus partidarios, publicó un rnanifiestoá la Sación en 1863, anunciando su retraimiento en política. Dos años después se declar6 en foyor de la revolución; estuvo con el General Prim en Yillan,jo, y viéndose obligado
n uernmente á salir del territorio espaJiol, se
dirigi6 á Londres, para preparar, desde allá,
la sublevación de las fuerzas de artillería,
acuarteladas en San Gil. El infatigable luchador, con riesgo de,f'u vida, Yolvió ú .Madrid, y
en la madrugada del 22 ele junio de 66, hizo
que los cuerpos mencionados lanzaran el grito
de insurrección. Sagasta fué perseguido y
sentenciado á muerte_; r ero logró evadirse y
marchar ocultamente á Francia, donde lo esperaba el General Prim.
La enumeración de los sucesos en que tomó
parte el ilustre español, exigiría en nuestrnscolumnas un espacio ele que no disponemos.
Baste decir, por lo mirn10, que Sagasta contribuyó en gran manera á d erribará IRabel II
y que, establecido el nuevo orden de cosas'
fué, sucesivamente, encargado del gobierno ci~
vil, diputado á Cortes, y ministro ele Hacienda y Fo1:11en~o. Formó, por último, el partido co11st1tuc10mdi:3ta, llegando á la Presidencia del ::\Iinisterio; y á la sublevación de llartínez Campos, en Sagnnto, que proclamaba á
Alfonso XII, dejó el poder á Cúnovas del Castillo. El señor Saf!:asta volvió á ser Presidente
d el Consejo de 1881 á 83, de 1885 á 90, 1892
á 96, y á Ja muerte de Cánovas empuñ6 de
nuevo las riendas del gobierno. En diciembre
último, una crisis lo obligó á retirarse del Gabinete.

Sra. Dol ores F lores de Michel.

NUPCIAL.

@

templo de Lourdes se efectu6 el jueúltjmo el enlace canónico de la señ~nta Dolores Flores con el señor L1cenci_ado don Ignacio l\Iichel y Parra, siendo
padnnos de manos el señor Dr. :M anuel F lor es, padre de la desposada, y su esposa la señora Dolores Urrntia, y de velaci6n el señor
don Sinforiano Sisniega y laseñoraJosefaParra viuda de l\Iichel.
El mismo día, en Santa Brígida, celebraron
su enlace el señor Licenciado don Francisco
Fernández Castelló, hijo del señor Secretario
de Justicia é Instrucción Pública, y la. seíiori. ta Dolores Rubio y Obreg6n, sobrina del señor
Gobernador ele Guanajuato. Los señores Licenciados don Justino Fernández y don Joaquín Obregón González apadrinaron el matrinio acompañado8 de la señorita Ana Rubio y
de la señora Adela Fcrnández de 1Iorphy.
Tanto en Lourdes como en Santa. Brígida,
la. concurrencia fué de lo más distinguido, y
los novios recibieron de sus numerosas amistade~, entusiastas felicitaciones y valiosos obseqmos.

•

Sra. Dolores Rubio y Obregón cie Fernández

Domingo 11 de En.ero de 1903.

�· Domingo 11 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 11 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

ca P~st~ Bubónica ~n mazatlán
que se propone acudir en auxilio de los necesitados, arbitrándose recursos por subscripvez son más desconsoladoras las
ción popular, y traer del extranjero desinfecnoticias que se reciben de Mazatlán
tantes y suero antipestoso para distribuirlos.
con respecto á la peste bubónica. Un
gratis.
telegrama fechado el día 5, nos da cuenta de
Pot último, y para que nuestros lectores
que casi la mitad de la población ha emigratengan
una idea del pánico que reina en Mado, temerosa del terrible azote, rumbo á diszatlán, diremos que en un solo día se presentintos puntos del Interior, y de que durante
taron á pedir certificado médico 526 personas
las setenta y dos horas anteüores, el recrudeansiosas de abandonar la poblaci6n. En el campo, al pie de un árcimiento de la epidemia fué verdaderamente alarmante. Treinta y
bol, fué encontrado el cadáver de una joven atacada de la peste, que
cuatro atacados por la peste murieron en ese período, y los que han
iba huyendo por temor de ser descubierta en su casa y aislada por oringresado al lazareto de Belvedere, últimamente, se encuentran en
den de las autoridades.
estado de suma gravedad.
Por todas partes, agrega el telegrama referido, hay cuarentenas establecidas.
Por informes posteriores se supo en México que en algunos ranLos $20,000 que envió el Gobierno Federal á la Junta de Sanidad
chos poco distantes de l\fazatlán se habían observado ya, casos de pesp&lt;tra que atienda á las necesidades más ur~entes del puerto, relaciote bubónica y que en
nadas con la asistencia
la Ensenada de Todos.
de los atacados y la
Santos, había tamextinción de la epidebién aparecido la epimia, se emplearán en
demia. En cuanto á
la construcción de balo primero, no está ofirracas y lazaretos procialmente confirmada
visionales, y en la limla noticia, y i)Or lo quepia de los caños del de
hace á lo segundo, si
sagüe,que se considera
bien se prer,entaron cade la mayor im portansos
de la terrible enfercia. El Sr. Gobernamedad, en la E nsena•
dor de Sinaloa, por su
da, el mal no llegó á
parte,ha ofrecido conspropagarse ni á reveitruir una barraca en
tir
el recrudecimientoBelvedere y otra en la
que se suponía.;;::)~
calle de Benito JuáComo una medida
rez, para aislar á las
encaminada á que: nopersonas que hayan
llegue !a epidemia á
1::stado en contacto con
invadir otros puertos,
los enfermos; poniense
ha ordenado quedo, además, veintilos buques que salgan
cin co policías y doce
de l\Iazatlán no to•
agentes especialmenquen sino en puertos.
te encargados de redodonde haya delegado
blar la vigilancia que
sanitario y útiles para
ejerce la Junta, para
la desinfección. Esto,
impedir la ocultación
indudablemente, conde los pestosos,' en q-ce
tribuirá á calmar el pátan empefiada está la
nico que se ha despergente pobre.
Bahía de Mazatlán.
tado en diversos punComo era de supotos de la costa del Panerse, la presencia de
cífico y á que los esla peste en el puerto,
fuerzos
que han despleha traído consigo el
gado las autoridadesalza de los artículos de
para contener el avanprimera necesidad, y
ce del mal sean más.
la miseria de las clases
fructuosos.
desheredadas. Algunas familias pobres á
quienes en beneficio
El orgullo de la cien·
de1la mayoría, se les
cia es humilde, com
han quemado sus haparado con el de la
bitaciones, atraviesan
ignorancia. -HERBERT
en estos momentos por
SPENCER.
una situación dificilísima.
La risa no es á meAfortunadamente, se
nudo en las mujeres
ha constituído, consino el pudor de las
vocada por los prinlágrimas .--EDUARDO•
cipales comerciantes,
Barrio del Astillero, donde más estragos causa la Peste.
PAILLERON.
una Junta de Caridad,

fl ADA

l:J

:Ps.z
Otro barrio invadido por la Peste.
,

. VIOLETA.
VIOLETA .

.

�Domingo 11 de Enero de 1903.

"EL MUNDO !LUSTRADO

EL l\fUXDO ILUSTR.\"'.JO

Domi,ngo 11 ele EneTo ele 1903.

Nunca levanta el vuelo
en pos del sol que con su luz calcina;
jamás batió sus alas
desafiando, atrevida,
las torvas tempestades
qne lÓs troncos desgajan y derriban ..... .
. Tú no puedes saber cómo es mi Musa;
-crisálida muy tímidase asusta con el rayo;
los profundos abismos la intimidan,
las tormentas del cielo
le hacen ple,gar las alas conmovida
la mucha luz la ciega,
'
y teme al grito de la mar bravía ....
Sabe que no has de hallarla
revolando en alturas infinitas:
la verás en los campos,
absorta ante las suaves lejanías.
De los lagos tranquilos
estará en I as orillas,
mirando en los cristales
movibles de la linfa,
cómo se desvanece
poco á poco tras la alta serranía,
él último destello
de la tarde que expira
la última oleada de o;o
con que el cielo se pinta
cuando el sol moribundo
se sumerge á lo lejos con el día .. . .
:b:n los bellos jardines
esmaltados de flores peregrinas,
no la busques: dirige
hacia el parque tu vista:
¿no la ves? .... anda errante
por aquellas sombrías
alamedas de sauces,
por aquellas oscuras avenidas
donde el viento solloza
sus tristes elegías .. . .
allá va .... é,qué la lleva?
¿_qué busca entre la arena removida?
No preguntes, muy quedo
voy á decírtelo, mas .... no te rías ....
anda cavando tumbas,
con mano compasiva,
para. las hojas muertas,
ptu•a las tt·istes hojas amarillas
que los vientos de otoño
arrastran, despiadados, en sus iras ....
Ya lo ves: ella busca
las opacas neblinas,

labra rota: «Amor,i, al mismo tiempo que exclamaba por lo bajo: ¡Pobre Arturo!
Entonces reconstruy6 en su memoria la escena de la noche pasada; él, sofocado, tierno é
i mpaeiente, le repiti6 en aquel día una vez
más la palabra amor. Pero ¿no sabía ella lo
que era? No. Y riendo le pidió un lápiz para
apuntar la palabra y buscar al día siguiente
su significado.
-¡Pobre Arturo! dijo, y un bostezo largo, le
separ6 los labios rojos.
El gato jugaba con el pie breve de la joven,

DAMAS MEX ICANAS.-Sr itas. Jcsef i na A r m ería, C lem entina Arteaga, Emma M eana, María Refug io Azco, A ngela ~rteaga, María Azco.
Carmen García y D elfina Azco.-De Ag uascalient es.
Fot. A. Cháv.,.~.

AMOR?
L piano abierto, mudo
y fatigado. Retrátanse
en el fondo negro las flamas de las velas moribundas-ojos parpadeantes, prontos á dormirse.
Las sillas en desorden;
m grupo unas, otras aisladas ; hay una frente
.
á otra, conversando con
la mirada-pareja ele enamorados. Sobre ellas mueren
unas flores olvidadas que no tuvieron la fortuna de pertenecerá
una hermosa; entonces algún galán las habría pedido para guar•
darlas.
Infortunadas flores; cuando la mano cruel
1as arranc6 de su tallo, cuando el verdugo cort6 despiadado sus venas, y, exangües, lanzando sus últimos dolorosos suspiros, las llevó á
aqtJ.ella fiesta, ellas abrigaron una última es•
l)eranza-- la esperanza del qne muere, de no
sufrir en el último instante de vida--de mor ir en el pecho de alguna mujer que las acari.ciase en sus momentos postreros, que en un

.
r

beso recibiera el único resto de perfume que
abrigara su coroÍa, y ......... ¡nada! morían solaf:l, marchitas inútilmente, envejecidas prematuramente, caldeadas por una atmósfera
'Viciada, asfixiadas entre el prosllico calor humano y el vulgar humo del tabaco.'
Sobre un sillón, un pobre pequeño abanico
ele papel pintado duerme en la postura en que
l'ay6, semiabierto, soñando con la declaración
que á su través oyó la dueña, dueña ingrata
.que lo ha olvidado en pago á su discreción.

Por encima ele unas rosas, en un hueco blanco del papel, hay trazadas femenilmente unas
letras: «amor», y después un signo de interrogaci6n.
Sobre las consolas y mesas hay copas ol vidadas y un pañuelito manchado de vino.
En l a. alfombra, contrastan las florei- tristes,
pisoteadas, decoloradas, con las flores siempre completas á pesar de las pisadas, y de polen siempre dorado.
De trecho en trecho brillan algunas «horquillasii y alfileres desprendidos de los tocados.
En los candela.~ros las bujías lanzan los ultimos suspiros de luz, y allá abajo, el gallo
grita tenazmente su canción monor rítmica.
El sol se burla de los que velaron é ilumina.
groseramPnte las caras ·de los últimos bailadores que se alejan &lt;le prisa, abrigándose contra
el frío para las carnes, y contra las risas para
la cara descompuesta por el placer.
En la recámara contigua á In sala, el robusto gato blanco de ojos casi azules, ojos más de
mujer que de gato, despert6, y tras el indispensable arqueo del ancho lomo, -saltó fuera
de la cama, en donde, por falta de su compañera, había dormido solo esa noche.
Sali6 á la sala y subi6 al sofá; retoz6 un
momento con el tigre del almohadón de raso.
Luego descendió y fué á afilar las garras
contra el taburete del piano. Se alejó; de paso
hizo presa en un listón negro abandonado, y
tras una silenciosa carrera fué á caer sobre el
sillón,en el cual el abanico,semi-abierto,como
había caído, mostraba por enci ma de unas rosas, en un hueco blanco del papel, unas letras trazadas femenilmente: &lt;&lt;Amor,» y después el signo ele interrogación.
Creyó oportuno hacer moscardones de aquellas letras, como antes había hecho ratón de
la cinta negra, y empezó 1iu fingido ataque en
recuerdo de los verdaderos,en los cuales tanto
gozaba criminalmente.
Se replegaba contra el brazo del sillón y
acechaba, fija. la vista en los plomizos cara-::teres; después daba en derredor de la presa, cautelosamente, algunos pasos cortos y sin ruido,
y caía de un salto, como si Yiniera de muy
lejos, sobre el abanico; todo para volver la espalda á los moscardones, ya harto maltratados, dejarlos caminar dificultosament., unos
pasitos, y vol ver á. hincarles la garra.
Se descolgaba del sillón; tendido en la alfombra, vuelto el vientre hacia arriba, dirigía
manazos al asiento de bejuco; se levantaba;
fingía que, olvidado ya de su pieza ele caza,
se alejc1ba, culebreando la cola, y repentinamente se volvía y recomenzaba el ataque.

El abanico sufría ajaduras nuevas á cada
acometida.
Por fin le pareció fatigosa la caza de los
plomizos moscardones, y se lanzó velozmenmente sobre ellos para, darles el último zarpazo, el que hacía saltar del cuerpo de sus prisioneros roedores el aperitivo chorrillo de &lt;;angre.
Prendió con furia fingida las uñas al pobre
abanico, y desgarró el papel en la parte mis-

mientras ella trataba, por mera curiosidad, de
recomponer la palabra rota por el felino.
Al fin, dej6 caer perezosamente el abanico·
se inclinó para recoger al gato, y acariciándo~
lo mientras sonreía á las travesuras del animalillo y repetía casi cantando: «Pobre.Arturo, pobre Arturo,» entró en la alcoba para reparar las horas de la prolongada vigilia.
Acurrucó al gato ladino en la cama, y sonriendo y tarareando el último vals oído en
aquella madrugada, de pie, ante el espejo
dejó caer en espesa lluvia negra sobre los re~
dondos hombros los lustrosos hilos de la undosa cabellera.
GUY D' AUDIFFRED.

PORCJIDJI.
[PARA MI LIBRO DE VERSOS «LUCIÉRNAGAS.&gt;]

ma en que los caracteres trazados femenilmente, decían «Amor,i, con un signo de interroga.,.
ci6n al final.
Algo apareció bajo el abanico, algo que llamó la atenci6n del felino; entoncE:s el cazador
espió; era algo rojo, como la sangre que teñía
apetitosamente los cuerpos de los roedoros cazados: ¿sería sangre? ..... .
Era un clavel rojo que aplastaba á un pensamiento negro, sombrío, triste ........ Quiw el
gato separar la mano de la ilusoria presa, y no
pudo; había introducido por el agujero toda
la mano y no podía sacarla; asustado realmente ó también en broma, echó á correr haciendo ruido sobre las consolas, hasta ir á
caer sobre el piano. Al pasar rápidamente sobre el teclado, arrancó notas que hicieron una
música extraña.
La joven, que daba la despedida á los últimos convidados, llegó corriendo y se echó a
reír fuertemente, llamando: «Mamá, mamá,
ven á ver el gato, y después: bichito, bichito,
Yen, ven.»
Y con cariño quit6 clti la mano del gato el
abanico de papel pintado.
El felino, cuando se sintió libre del estorbo,
se relami6 la mano con satisfacción y estor·
nudó.
:,a joven, que no cesaba de reír, revisaba el
abanico, y por curiosidad recomponía la pa-

No busques en mis versos
las frescas rosas y las siemprevivas
con que orlan los poetas
sus melodiosas liras.
No has de ballar en sus rAdes
topacios ni amatistas,
ni los bellos colores
que lanzan las facetas de los prismas.
Preso, no está en sus mallas
lo que deslumbra y brilla..
No hallarás en su fondo
esas radiosas tintas
que inundan todo el cielo
en pleno mediodía ..... .
Tú no p~edes saber cómo es mi musa.
De muy le¡os venida,
busca los tintes suaves,
arna I as cosas id as,
lo que entre el pol vo yace amortajado,
lo que se esconde en la pared derruída. ....
Tú no puedes saber. cómo es mi Musa..
No arriesga su barquilla
por los altivos mares:
desde la. playa mira
cómo al besar el cielo
á la extensión mal'ina,
se forma en lontananza
una azulada línea,
y cómo van rodando
las olas al impulso de la brisa.
Ya lo ves, no conoces ámi Musa.
Jamás ha osado ni escalar la cima
de las altas montañas
para ver desde arriba
cuál á sus pies se extienden
el bosque espeso y la gentil campiña
ni trepar por las rocas
'
que al abismo se inclinan,
para cazar el águila
que duerme entre las peñas escondida.

E

L primero de mano pr6ximo tomará posesión de su cargo, como Gobernador Constitucional de Jafüco, el Sr. Coronel D. Mi.
guel Ahumada, jefe en
la actualidad del Poder Ejecutivo de Chihuahua.
Las elecciones que
lo han llamf.do á la
Primera "i\fagistratura
de Jalisco, se verificaron el 28 de diciembre
último, y el voto en
favor del candidato
fué unánime. El Sr.
Ahumada estuvo en
Lagos ei día de la elección y fué objeto, durante sn permanencia
en esa ciudad, de entui;iastas demostraciones
de adhesión y de cariño. En Guadalajara,
población que visit6
después, sus amigos y
partidarios organizaron, asimismo, algunas manifestaciones en
honor del futuro gobernante.
Como Insaculados á
la administraci6n del
Sr. Ahumada, figurarán los Sres. he. l\fa.nuel Gómez y Luna,
Dr. Juan R. Za va.la y
Cor~mel Carlos Villegas, entre quienes, con.
forme á la C&lt;&gt;nstituci6n particular del Estado, elegirá la Legislatura al que debe
substituir al Gobernador en sus faltas absolutas 6 temporales.

la sombra de las cosas,
ó las cosas sin vida ....
Por eso aquí cn mis versos
no has de balla1· Jo que brilla:
que mi Musa no ha osado
engarzar deslumbrantes pedrerías!
¡Oh poetas! ¡oh bardos
que al cruzar por la vida,
vais dejando una estela
de sonoras y gratas a1•rnonías,
¡dajad para mis cantos
las notas indecisas
que en el pedal Jel eco
se quedaron dormidas!
¡Dejadme lo incoloro,
lo que apenas se mira,
lo que se desvanece
y presto en lontananza se disipa.
Dejad que a-quí en mis cantos,
con ternm·a infinita,
yo les diga en voz baja
á las mal'iposillas
sin alas, que los vientos
azotan : «¡pobrecitas!
venid! que son mis versos
urna de todas las tristezas mías ..
-sabed que nunca en ellos
guardo yo mi alegríavenid ! que son el nido
en que tengo escondidas
muchas cosas ya muertas,
y okas ¡ay! que agonizan .... l&gt;
¡Oh poetas sublimes
que pulsáis vuestra lira
corno di vinos magos,
con sin igual maestría:
¡cortad frescas guirnaldas
de rosas, y laurel y siempreviva,
y después que con ellas
coronéis vuestras frentes pensativas,
y después que embriagados
recojáis su perfume con delicia
para vaciarlo luego
en la copa del verso, cristalina,
¡dejad que yo recoja
de la floral orgía,
los pétalos caídos
y las flores holladas y marchitas! ..... .
MARIA ENRIQ:rJETA.

Tanto la elección del Sr. Coronel Ahumada
como la de !os Insaculados han sido recibidas
con aplausos por los'jalicienses.

SR. CO R ON EL M I GUEL A HUMA DA.

�Domingo 11 de Enero de 1903.

€

RA una mufieca preciosa. ¡Como que
se la había mandado á la futura marquesita de X, el día que tomó su primera comunión, su padrino el príncipe de"""*! ...
IJn príncipe ruso auténtico, quiero decir
con dinero, á quien después de haber pasado
en Biarritz su acostumbrada temporada veranie¡ta, tan próspera por cierto en las lides del
juego como en las de la galantería, se le ocu-

rrió venir ccá Yer Españan
y se detuvo cerca' de
";f ,
un año en la corte, donde bien pronto conquistó el campeonato de los salones por su figura arrogante y sus actos principescos, entre
101?-cuales no fué el paclrinazgo de la futura
marquesita ni el menos ostentoso ni e~ menos
comentado .. ... .
Cuando Rosita, que así se )Jamaba ésta,
cumplió con el precepto pascual, apresuróse á
manifestárselo á su padrino en cariñosa carta,
cuyo sobre costóle á la pobre reclamar el auxilio de la institutriíl, y hasta el de sus papás y
el del capellán de la casa, para que le ayudasen á distribuir todas las ccka:1» y las «efes)) correspondientes á un príncipe ruso; y aun así
y todo, resultó equivocado.
Lo cual no fué obstáculo para. que llegase á
su destino y recibiese como contestación la pequefia comunicante una muñeca digna de la
esplendidez y de la categoría del mandatario.
Era, según asegurab¡i, la tapa del estuche,
un modelo de los premiados en la última Exposición de París; un prodigio de juguetería
mecánica que cerraba los ojos, que lloraba, y
que reía, y decía «papá» y «mamá» y oha porción de cosas; que tenía, en fin, hasta un resorte para andar sola, llevímdola de la mano;
una verdadera nifia á la que no le faltaba más
que elalma ..... .
Casi tan alta como Rosita, de pelo rubio y
d~ ojos azules como ella, hasta en las facciones tenía cierta semejanza, por lo cual más
parecía su hermana que su muñeca.
En el palacio &lt;le la marquesa de X vino á
llenar el vacío de ccMimi», la hermanita de
Rosá, muerta recientemente, cuyo nombre y
-vestidos heredó, lo mismo que la cunita en
-que aquélla volara al cielo, y su asiento en la
mesa y en el carruaje, y la atención de todos,
incluso de los criados, algunos de los cuales
renegaban de ella vor «lo que daba que hacer»,
y hasta le tenían tirria.
Entre éstos figuraba, en primer término, el
lacayo, quien siempre que la subía al carruaje, tenía la mala suerte de oprimirla el resorte
del llanto, lo cual le costaba sendos regaños,

EL MUNDO ILUSTRA DO

pues el llanto mccúnico de la muñeca recordaba á los marqueses el de «su Mimii,, que lloraba también, indefectiblemente, en tales ocasionei::.
-Pero Juan, Je decía la marquesa, ¡cuidado que es usted brusco con las criaturas!
Y el buen Juan subía al rescante y Re consolaba con el cochero, á quien tampoco era
muy simpático el juguete.

con el rabillo del ojo hacia adentro y murmuraba: «¡Tú morirás 6 mis manos!i,
Pero Jo que más acrecentaba el odio de
Juan hacia la muñeca, era el ridículo que por
ella corría en todos los paseos.
Apenas se apeaban los señores en el Retiro
ó en la Castellana, le hacían llevarla de la mano como llevaba á la pobre «Mimi», que tampoco le era muy simpática por lo rabiosa y
antoja&lt;liza, y los chiquillos y las niñeras, y
hasta Ja¡¡ graves amas de cría, tan pronto se
apercibían del engaño, comenzaban á hacerle
burla y á decirle chirigotas ultrajantes para su
dignidarl de lacayo de easa grande.
Ya era célebre en el Retiro, donde ~e esperaban para diverlirRe como á los gigantones de
su tierra, y esto le ponía fuera de tino.
¡Cu{rnuis veceR apretaba frenético de ira la
mano de la muñeca, pretendiendo pulverizarla los huesos! Y como en ellas tenía, precisamente, el resorte del llanto, comenzaba á llorar con tal perfección, que el mismo Juan se
gozaba de su martirio creyéndole verdadero.
- Juan, no ser 1 bruto, le decía Rosita, que
la ha.ces daño.
Y la marquesa, por una extraña adaptación
psicológica, también se ponía hecha una furia y lanzaba sobre él todo el poderío de su
,eñorial estirpe. ¡Maldita muñeca! ¡Va á ser
mi perdición I murmuraba Juan para eu librea.

***

-¡Mira qué llamar criatura á ese trastajo!
murmuraba Juan. El mejor día le estrello
contra las piedras.
-Ten cuidado, le contestaba el cochero,
porque bien puede s'.lr que los tribunalrs de
justicia le consideren como tal, y vas á presidio por «infanticidia».
-¿A prisidio por una mufieca?
- Por m:1.tar á otras mu:ñecas con la c&lt;1.beza
y el corazón tan huecos como los de ésa, hay
muchos hombres perdidos para toda su vida.
Y Juan cerraba colérico los puños, miral,a

1

EL MUNDO ILUSTRADO

Aquel día se celebraba el santo de ccMimi,» y
como es natural, era la reina de la fiesta la
muñeca.
Los marqueses, buscando en esta mecánica
suplantación un consuelo, derramaban sobre
ella todas las graci::is de su paternal cariño,
hasta el punto de excitar la envidia de Rosita,
que ya participaba un poco de la mal!i. voluntad que el juguete causaba á la servidumbre.
Porque la primera doncella eRtaba hllrta de

rizarle los bucles, y el ayuda de cámara de
lustrarle los za patitos, y la segunda doncella
de repasarle los calcetines, que los rompía en
fuerza de andar como una persona, y especialmente el del pie izquierdo, y el mozo de comedor estaba harto de sentarla á la mesa y de
hacer que la servía, siempre que á Rosita ó á
los marqueses se les antojaba, porque también
se les antojaba á los marqueseP, sobre todo de
aquellos plato&amp; que más gustaban á la pobre
«Mimji,; y al ama que crió á ésta se la llevaban los demonios, porque veía en la suplantaci6n de la muñeca una profanación intolerable.
Y acaso estaba en lo cierto.
Ello es que se celebraba banquete familiar
en honor &lt;le la muñeca, y que los marqueses
llevaron su ridículo consuelo hasta vestirla de
primera comunión, porque aquel día la hubiese tomado ccMimi» si viviera, y á comprarle la cama grande que á ésta le habían prometido para dicha fecha, lo cual ya llegó á
colmar la envidia de Rosita, que hizo poco
menos que cuestión de confianza, después de
comer, la de acostarse eu ella.
Tal se puso, que la propia marquesa la
acompañó á la alcoba de la muñeca ó sea
la que C&lt;Mimi» ocupara en vida, y la dejó en
la cama nueva y reluciente, dándole un par
tle be3os y prometiendo coro prarle otra. igual
para acabar de contentarla.
Cuando la doncella subió para ccacostar á los
niños,1, frase con que se presentaba todas las
noches, la marquesa la ordenó que se retirara
porque ya estaban en la cama.

"

Ya era media noche, y todavía duraba abajo, en la cocina, la reunión de los criados, á
--q nieoes había llegado parte del familiar bauquete.
Juan había bebido un poco más de lo
111ucho que acostumbraba y estaba delicioso.
-Esta noche mato á la muñeca- exclamó
blandiendo el hacha de la cocina, con que se
partía la leña.
La idea fué recibida con · una salva de
.aplausos, prueba inequívoca de las pocas simvatías con que contaba el juguete.
En aquel momento ofrecía la cocina de los
marqueses de X el pintoresco cuadro de la
«Conjura» de ccHugonotes».
Hasta el ama de cría de «Mimi» blandía su
•cuchillo, pidiendo venganza ...
-¡Buen estreno de cama va á tener! -rugió Juan, desapareciendo con el hacha de la
cocina.
Los demás criados se quedaron mudos é
inmóviles, como deben ele qut:Llarse los cómplices de un crimen mientras éste se perpetra.
Al poco rato regresaba Juan, tambaleándo-se y con el semblante inundado de estúpida
alegría.
- Bebamos, compañeros - balbuceó llenando su vaso. -- Le he metido un hachazo
-en la cabeza, que de fijo le he hecho añicos
todos los resortes.
-Sangre! Sangrel-exclamó el cochero fijándose en el hacha.
Todos se sobrecogi.eron espantados.
-No hagáis caso- replicó Juan apurando
~u copa.- Hasta eangre tenía dentro? Lo que
inventan estos C&lt;franchutes!i,

'!,

A la mañana siguiente, una pareja de la
guardia civil se llevabaá Juan á la cárcel.
-Ya clecia yo que la muñeca iba á ser .mi
perdición!- ~e mía el lacayo con los ojos arrasados en lágrimas.
-Cuando yo te a~eguraba- repuso el co~~ero- que hay muchos hombrns en presi&lt;lto por matar á una muñeca!
EL SASTRE DEL CAMPILLO,

EXPOSICION

FABRE~

LADRONA.

Domingo 11 de En-ero de Ul01.

�EL ~1UNDO ILUSTRADO

Domingo 11 de Enero de 1903.

El'.; :MUNDO ILUS'l'RADO

toncurso

para Edificios
Escolarts.

l

1·
~ -:¡

.

.

-

...

cretaría de Justicia é Irnitrucci6n pública. la
que á su vez los aprobó, indicando á su autor
algunas ligeras modificaciones de detalle.
Ambas Secretarías comisionaron al señor
arquitecto Mariscal para que procediera á hacer los dibujos de ejecución. E: señor Mariscal los ha terminado, y próximamente comenzará á dirigir la construcción de los edificios
mencionados.
Damos en esta plann las
fotografias de los cuatro
proyertos á que antes nos
referimos.

~~

7j ~
.
.
r
11
. . . ,. . . ...~~..,,...~- ---_- --

MINI ATURAS

1

l-

"GUADALUPE."
El domingo pasado fué puesto en escena
por la compaí?-ía del Teat~o !-Ii~lalgo el dra?1a
escrito por el Joven autor Jalisciense Marcelmo
Dávalos con el nombrede «Guadalupe.»
La obra ha sido objeto de elogios y censu. ras, pues mientras unos ven en ella un trabaio defectuoso en la forma y en el fondo, otros·

R. :M. RUBIO.

Escuela de niñas.

En septiembre del año de 1901,la Secretaría
de Comunicaciones y Obras Públicas invit6
á ocho arquitectos mexicanos á entrará un
concurso para la composici6n de edificios destinados á escuelas primarias, sujetándose á
un conjunto de bases pedag6gicas y arquitectónicas estudiadas previamente por una comisi6n técnica nombrada por el Supremo Gobierno, á fin de tener edificios modelos de todas las condiciones apetecibles en la presente
época, para la enseñanza de la juventud, de
los que se carecía en absoluto, pues las escuelas se han establecido en casas de alquiler en
las que se hacinaban niños en las peores condiciones higiénicas.
A cada arquitecto se encomendó la composición de cuatro edificios, y se procuró que
los terrenos en los que se debía
proyectar, fuesen también es-

D E COLORES.
Ilu!&lt;ión color de cielo
Que &lt;le mi alma á la puerta
Has detenido tu vuelo,
Entra, para ti está abierta,
llusión color de cielo.
Esperanza blanca, blanca,
Que desde tan lejos vienes,

nistas contemporáneos estén en contradicci6n.
Di()'o esto porque quizá habrá quien juzgue
"' la narración
'
falsn.
que se l eera' en ~egu!'d a, 1a
cüal tradujo un sabio sacerdote, _m1 amigo, de
un pergamino hallado ~n Palestma, y en el
que el caso estaba escnto en caracteres de la
lengua de Caldea.

***
Salomé, la perla del palacio de Herodes,
después de un paso lascivo, en el festín famoso donde bailó una danza al modo romano,
con música de harpas y crótalos, llenó de entusiasmo, de regocijo, &lt;le locura, al gran rey
y á la soberbia concurrencia. Un mai:cebo
principal arrojó á los pies de la serpentma y
fascinadora mujer una guirnalda de rosas frescas. Cayo Meni po, magistrado obeso, borracho y glotón, alzó su copa dorada y cincelada,
llena &lt;le vino, y la apuró de un solo sorbo.
Era una explosión de asombro y de alegría.
Entonces fné cuando el monarca concedió á
Salomé en premio de su triunfo, y á su ruego, la c~beza de Juan el Bautista. Y Jehová
soltó un relámpago de su cólera divina.
,
Una tradición asegura que la muerte de Salomé acaeció en un lago helado, donde los
hielos le cortaron el cuello.
No fué así, fué de esta manera:

***

Sr. Lic. Marce lino Dávalos .

Escuela de n iño::.

::;¡

geno. Para hacer que tal pexsona ejecute tal
acto, es suficiente hacerle
concebir tal opinión.
-La recompensa de haber
hecho un bien,
es el deseo de
hacer más. - DEMOGE0T.

*
La civilización
no ha de consistir en conocer las leyes de
la naturaleza y
violar las de la
justicia. ESTEBAN LAMY.

Escuela de niñas.

t udiados por otros concurrentes, y así obtener vari'os proyectos de distintos autores pa•
ra cada localidad.
En enero se reuni6 el jurado calificador para examinar los proyectos pre'!entados, y fué
compuesto por los señores arquitectos Don
Antonio Rivas l\Iercado, Don Ramón Ibarrola
y Don Guillermo de Heredia, ·el señor Ingeniero Don Isidro Díaz Lombardo como representante de la Secreta!i'a de Hacienda, y el
seño'l: Dr. Don Luis E. Rufa como director
general, entonces,.. de ~a in~trucción primaria.
.
·
Después de un laborioso estudio, acord6 por
unanímida&lt;l se premiase en primer término
los cuatro proyectos del señor arquitecto Don
Nicolás Mariscal.
Los proyectos premiados pasaron á lá Se- -

Tu esplendorosa veste Cte jacinto
puso en el bosque su temblor de aurora,.
y fuistes, oh mi virgen soñadora!,
¡Sacerdotisa del misterio exti,,tol. ....
Fuimos por el boscoso laberinto
unidos por los labios, á la hora
del amor, y tu veste de jacinto
nos envol\'iÓ con su temblor de aurora.
¡Y llegas tes á mí. corno una aurora!
¡Sacerdotisa del misterio extinto! ....
i Del infinito amor era la hora!. ...
¡Y tu e¡;p]énd ida vefite d e jacinto
Nos envolvió con su temblor de auroral..

Para teñir de rojo los
bue.sos de uu animal vivo
no s.e necesita arrancárselos violentamente¡ hasta
alimentar al animal con
ciertas sustancias coloradas, como la rubia. Para
elevar un aerostato, no es
preciso echarlo hacia arriba por medio de
un cable¡ basta
llenarlo de hidró-

••
l 11

*
La vii tud, como el cuervo, anida gustosa
en las ruinas. -ANATOLIO FRANCE. ·

Domingo 11 de EMro de 19Q3.

BOBI):fJL

Pasa, la entrada está franca.
¿Por qué, por qué te detienes
Esperanza blanca, blanca?
Ensueño color de rosa
Que mil besos has dejado
Sobre mi frente ardorosa,
No te apartes de mi lado,
Ensueño color de rosa.
Amor-crepúsculo rojo
De mis tardes estivalesMi alma descorrió el cerrrojo;
Dale de tu luz raudales,
Amor-crepúsculo rojo.
Nube negra, nube negra
Que anuncias la tempestad
Si mi corazón se alegra,
'
No tiendas tu obscuridad
En mi cielo, nube negra.

la consideran como una producción digna de
a plauso y abundante en pasajes y galas que le
dan importancia y la embellecen.
.
El sefior Dávalos, que ya en otra ocasi6n
&lt;lió pruebas de talento ofreciendo al público,
como primicias, su drama« El Ultimo Cuadro,"
fué ovacion ado durante la representación y
recibió algunas felicitaciones.

PALIMPSESTOS.
LA

MUERTE DE SALOMÉ

La historia á veces no está. en lo cierto. La
leyenda, en ocasiones, es v.erdadera, y las hadas mismas confiesan, en sus intimidades con
algunos poetas, que mucho hay .falseado en
todo lo q!le se refiere á l\lah, á Titania, á Brocelianda, á las sobrenaturales y avasalladoras
beldades. En cuanto á las cosas y sucesos de
antiguos tiempos, acontece que dos ó más ero-

· Después que hubo pasado el festín, sintió
cansancio la princesa encantadora y cruel. Dirigióse á sn al coba donde estaba su lecho, un
gran lecho de marfil, que sostenían sobre sus
lomos cuatro leones de p lata. Dos negras de
Etiopía, jóvenes y risueñas, le desciñeron su
ropaje, y, toda desnuda, saltó Salomé al lugar
del reposo y quedó, blanca y mágicamente
esplendorosa, sobre una tela de púrpura, que
hacfa resaltar la cándida v rosada a rmonía de
sus formas.
·
Sonriente, y mientras sentía un blando soplo de fiabeles, contemplaba, no lejos de ella,
la cabeza pálida ele Juan, que en un plato áureo estaba colocada sobre un trípode. De pronto, sufriendo extraña sofocacifo,, ordenó que
se le quitaran las ajorcas y brazaletes de los
tobillo;; y de los brazos. Fué obed~cida. Llevaba al cuello, {t guisa &lt;le collar, una serpiente de oro, símbolo del tiempo, y cuyos ojos
eran dos rubíes sangrientos y brillantes, Era
su joya fayorita, regalo de un pr~tor, que la
había adquirido de un artífice romano.
Al querérsela arrancar, experimentó Salomé un súbito terror; la víbora se agitaba, co?1º si estuviera vfra, sobre la piel, y, á cada
rnstante apretaba más y más su fino anillo
construído de escamas de metal. Las esclavas
espantadas, inmóviles, semejaban estatuas d~
· piedra. Repentinamente lanzaron ur. grito: la
cabeza trágica de Salomé, la regia danzarina
rodó del lecho hasta los pies del t rípode, don:

Obstsión.
Y Benjamín, el escultor, me dijo:
«No, no tocaré más estos cinceles,
Porque una idea. un pensamiento fijo,
Persigui éndome va con dudas crueles.»
«He visto á mi adorada en el instante
De abandonar el baño presurosa,
Luciendo la blancura deslumbrante
Del frágil cuerpo en desnudez gloriosa;"
,,y desde entonces ¡ay! en honda cuita.
Se pregunta mi mente obsesio!iada,
Si la carne es un mármol que palpita,
O si el mármol es carne congelada!»

Plañidtro.
No sé qué bella melancolía
Tiene la tarde con sus nublados¡
Menuda lluvia p.or los tejados
Baja entonando triste alEgría.
El viento silba y entre los prados
Gotitas cuelga la 11 ·: via fría .... ,
No sé qué· bella melancolía
Tiene la tarde con sus nublados.
Besan mi rostro soplos helados,

Y contemplando morir el día,
Recuerdo dichas, goces pasados,

Y siente mi alma con los nublados
No sé qué bella melancolía.
LUIS CASTILW.

Cog ida de "Segurita" en la Plaza México.
Fot . lnst. de "El Imparcial."

ta música.
·Dulce como la voz de la Serpiente,
Se eleva. entre el follaje rumoroso
De la Gama, y el beso voluptuoso
Despierta y la acaricia delincuente.

Iris &lt;le vivos colores
Que presagias la bonanza,
Luce siempre en mis- amores,
En mi sueño y mi esperanza
Iris de vi vos colores.
'
l\IARÍA. C.

de estaba, triste y lívida, la del precursor de
Jesús· y al lado del cuerpo, desnudo, en el
lecho 'de marfil, sobre la púrpura, qued'o enroscada la serpiente de oro.
RUBÉN DARÍ0.

Los restirados nervios, suavemente
Excita con su ritmovagaroso,
Y gime femen!! como el lloroso
Oboe cristalino de la fuente.

DE KATTENGELL.

t

Arrnlla en las cadencias sugestivas
El reclamo sensual de las lascivas
Tórtolas de cabezas tomasoles,

Y escucha sus murmullos el oído
Vagos y misteriosos, como el ruido'
Del mar en los rosados caracoles.
EFREN REBOLLEDO.
Escuela d€ niiios.
E L A RT E C RI ST IAN O E N MEXl ,:;O.-Altar mayor del temp lo de T axco (Gue.)

�Domingo 11 de Enero d~ 1903.
AN vuelto ya, con la primavera, las hermosas fresas rojas¡ aparecían primero tímidamente en los pequeño¡; tiestos, recostadas sobre las verdes hojas; pero hoy llegan,
apretadas las unas contra
las otras¡ en las canastillas de los vendedores nos aguardan, á nosotros los rimadores,
más ricos de alejandrinos que de monedas de
oro, á aquellos que ¡,refieren las sonrisas de
las muj~ffes á todos los
billetes del Banco de
Francia.

11

Yo iba á cumplirlos
dieciocho años; mRs
corno había crecido de
manera tan rápida, fuí
enviado al campo, á la
casa de mi tía Micaela, que contaba pocos
años más que yo. Hermosa y mucho era mí
tía, y de ello me di
cuenta en el momento¡
mas como se encontrara casada con un
hermano de mi madre,
no osaba yo ni siquiera
mir11rla de frente. y me
hubiera dejado hacer aí11cos antes-que confesar la delicia que experimentaba al contemplar sus pequeños dientes blancos, su sonrisa,
que profundizaba los hoyuelos de sus mejillas;
sus ojos obfcuros y aterciopelados, y,sobre todo, sus labios, labios apetitosos, rojos, inci
tantes como las fresas ~ ue bordaban las extensas avenidas.
Cuando digo que los labios de mi tía Micae-

la eran rojos como las fresas de su jardín, no
hago más que servirme de una metáfora, pues
que apenas las fresas asomaban á flor de tierra, pálidas y friolentas aún, cuando nosotros
íbamos, sin faltar un solo día, á tomar nota
de su desarrollo, sin que hubiese habido todavía manera de cortar una sola. Sin embargo, Dios sabe cuánto deseaba yo ofrecer una á
mi tía l\Iicaela.

EL MUNDO ILUSTRADO

Huía el invierno; la primavera asomaba
_ya, exhalando su amoroso aliento, hac\endo
asomar los retoños en los árboles, cubiertos
aún de ese moho que prece&lt;le á la verdura, y
los caracoles, también ellos, toma han parte en
los preparati vos, dejando grandes surcos de
plata en las avenidas, húmedas todavía del
hielo y de las lloviznas.

***

Una mañana una radiosa mañana, había yo

aban&lt;lonado el lecho desde el alba; el sol era
ardiente como en el mes de junio; en ~l polvo
luminoso, los dorados insectos revoloteabart
zumbando inc~antemente; en los troncos estallaban los renuevos; el amhiente hallábase
impregnado del perfume de la tierra, próxima á dar á luz sus maravillosas concepciones;
el cielo, de un azul pálido, dejaba ver, á través de los árboles, ligeras brumas que seme•
jaban los pliegues de un velo de
desposada.
Mi corazón palpitaba fuertemente, cual si hubiera hallado
ocasión de contemplar un raro espectáculo, y permanecía yo inmóvil. absorto en una deliciosa contemplación.
De pronto, mis ojos se abrieron cuan grandes eran, y apenas
pude contener un grito de alegrín:
acabaha de descubrir en medio
de los sembrados una gran fresa
completamente madura, que resplandecía como un rubí entre el
follaje.
-Qué felicidad! -exclamé,)' cuán ale-gre se va á poner mi
tía Micaelal
En aquel momenio escuché,no
lejos de mí, una voz que cantaba
una vieja canción de amor; la
voz era límpida y brillante, y al
sitio &lt;le donde partía encaminérrie al pnnto.
En aquel sitio un riachuelo
deslizábase tranquilamente¡ el
sol fingía mil ondas de plata
¡:;obre sus cristale&gt;&lt;; Ít la orilla
un sauce humedecía sus ramas
adormecidas, y bajo él, mi tía
Micaela cantaba, sumergien&lt;lo los
pies desnudos en el arroyuelo.
Sus medias y sus pequeñas zapatillas &lt;lescansaban sobre la yerba húmeda; estaba vestida con
un peinador verde pálido, y cantaba distraída, siguiendo el movimiento del agua, que semejaba pugnar por llevarse consigo
aquellos maravillosos pie~ blanco¡:;.
-Tía!-exclamé lleno de gozo,-tía, una fresa madura!
-Muy bien; ven á dármela-contestó ella
riendo.
Y como yo permaneciera indeciso, añadió:
-Cógela con los dientes, bobo, y levántate el pantalón.
Seguí el consejo, atravesé el arroyuelo, llegvé cerca de ella, y adelantando mis labios,
la ofrecí el fruto recién cortado.
Ella reía aún, mirándome con sus hermo-

Domingo 11 de Enero de 1903.

EL .MUNDO I LUSTRADO

sos ojos color de avellana; yo veía aquellns
largas pestnñas, aquellos rizos obscuros esparci&lt;lus sobre su frente, sus mejillas te1 sa,,
y sobre todo, ~.us dos labios rojos, entre los
c~iales brillaban los dientes como húmedas
perlae.
Tomó delicadamente la fresa de rni boca,
con el delicioso gesto de una cabra que ramonea en el prado, y entonces nuestros labios seencontraron, permaneciendo unidos no sé
cu:into tiempo ........ .
Algunos gritos de
llamada resonaron no
lejos de nof:otros; era el
marido &lt;le Micaela, el
mismo hermano de mi
madre, que llamaba
á su esposa.
Como nos hallábamos ocultos por _una
revuelta del camrno,
me dijo ella t:11 voz baja, ríípidamente.
-Calla¡ es preciso
que no nos enc·uentre.
Me precipité en pos
de mi tía, que había.
corrido á . ponerse lns
medias rápidamente;
pero como lo hizo con
demasiado apresuramiento, una de las medias desgarróse; entonces, impaciente, calzada á medias y siempre
seguida por su sobrino, que había perdido la
cabeza, huyó hacia una barraca destinada á
encerrar los útiles de jardinería.
Empuj6 la puerta. y penetró. volviéndose
hacía mí y dejándome ver sus mejillas encendidas y sus ojos, en los que brillaba. un fulg01·
extraño. .Tan bella y provocativa.estaba, que
me detuve en el dintel, tendiendo á. ella mis
brazos. ·
-Cierra en seguida-díjome en voz baja;aquí nadie podrá encontrarnos.
Pero, de pronto, pasó por mi cabeza y pormi corazón una cosa extraña: oía yo á lo lejos una amable voz que pronunciaba mi nombre; un s,mtimiento de horror conmovió todo
mi ser, y, como un buen muchacho que era
yo, huí i,in vol ver el rostro y fuí á encerrarme tn mi cuarto, en donde me puse á llorar
copiosamente.
He aqui por qué, hoy que he envejecido,
la llegada de las fresas hace palpitar acelerndamente mi corazón; he aquí por qué las.
amo cuando aparecen en las plantaciones,
recostadas sobre el verde follaje, y, más tarde,
en las cmmstillas de los vende&lt;lores. Y las.
compro ce.ando llegan hasta mí, yo, un rimador más rico de ah•janclrinos que de monedas.
de oro, y que prefiere la sonrii,a de una mujer i. todos los billetes del Banco ele Francia.
JUANA 1'H1LDA.

mmonartos tbinos en mé~tco.
Hace algunos días se encuentran de pa!'-O•
en la Capital dos acaudalados capitalistas chinos que, como jefes de una Compañía domiciliada en Hongkong, se 1,roponen establecer·
un ~ervicio directo &lt;le vapores entre el puerto
referido y las costas mexicanas del Pacífico.
Eng Hok Tong, Presidente de la Empresa,)"
~ung, Kam 'Ming, Vicepresidente, han recogido a este respecto importantes dat~s relatiYos al comercio y la industria del paí~,
y pronto establecerán el servicio de navegación mencionado. Según parece, los capitalil-'tas tratan, también, de organizar una compañía para la inmigración.
Es muy probable que el puerto escogido como terminal del servicio de vapores sea el &lt;le
l\1anzanillo, pues aparte ele que las 'obras queactualmente se llevan ácabo 011 él favorecerán
grandemente el tráfico, no está re~oto el día
en que su comunicación con los mercados del
interior sea uh hecho, debido á la rapidez:
con que el Central mexicano prolonga sus Jí-.
neas. rumbo á la costa

-Crees que hago también el
amor á las rosas?
-Vaya! yá cuantas flores rn
usted; yo creo que toda~ nacen
blancas, pero usted es qmen pone
ú la mayor parte de ellas ...... de
mil colores.
-Celosilla!
-Celosa yo?
-Entonces no me amas.
-Que no le amo á usted? Ingrato! Para qué habré pedido á la,
Aurora que me trajera esta mañana las más hermosas perlas deOriente, sino para engalanarme y
aparecer más bella á los ojos de
usted? Para qué habré pedido á la
lluvia de anoche que llenara. ese
hoyito de líquido criRtal, sino para ver en tal espejillo si mi hermosura era digna del amor del
Sol?
-Y para qué pides al Céfiro
que apart6 constantemente tu
brillante corola de mis labios, sino para probarme que es falRo
tu cariño?
-Todas las cosas cread.as le
aman á usted, oh Sol!
-Pero una más que todas .....
- Cuá1?
-LaXieve.
-La Nieve enamorada del sol?
Ella, que es la misma frialdad!
·-Sí, la Nieve, que es la primera en «derretirse» por mí.

ESPADA HISTÓRICA.
Publicamos hoy · un grabado
que repr~enta la espada que como un ol'&gt;Requio del primer Ministro de Inglaterra en México,
Mr. Ríchard, recibió D. Guadalupe Victoria, Primer Presidente ele
la República.
La espada, que conserva en su
poder el Sr. Francisco ·de Garay
y J ustiniani, es una primorosa
obra de arte.

LAS ENAMORADAS DEL SOL.

g

N rayo de sol deslizóse como una culebra de luz
entre las verdes frondas del
parque y fué á acariciar la coro-·
la de una Azucena, en cuyos
blancos pétalos brillaba aún la pedrería del rocío.
-Buenos días, hermosa- dijo el rayo, intentando depositar
un áureo beso en el seno inmacula&lt;lo de la flor.
-No Eca usted loco- exclamó ésta-, haciéndose vivamente
á un lado y tratando de esquivar
el beso, con ayuda del Cefirillo
que está siempre alerta y dispues~
to á volar en defensa de las virtudes atropelladas.
-Loco porque te amo?
-Porque así no se dan los buenos días á las flores honradas, y
ya debe usted saber que á mí me han tomado
por símbolo de la pureza.
-Perdona, hija¡ no pude resistirá los impulsos del amor que me abrasa.
---Pues está
muy mal hecho ... oh! vaya!
muy mal hecho! Que besara usted así á
esas locas de
Campanillas azules, que se dejan cortejar por
cuan to bicho
viviente anda
por esos trigos
de Dios, santo
y bueno; pero
atreverse á una flor delicada y pura como
yo!. ..... Ah! por qué no habré nacido rosa?

Leung

Kam Ming.-Eng Hok Tong.

-Rosa?
-Sí; porque mis pétalos de nieve no pueden encenderse jamás á los besos del Sol, como las rosas; y m,a flor que recibe tales:cari0

CASIMIRO PRIETO.

El poeta oye los susurros de la semilla q;e
trabaja debajo ele la tierra; el filósofo oye los.
de la germinación de las ideas en el pueblo. A.

GREARD.

*

**
La gratitud
es:
como aquel licor
de Oriente que
sólo se conserva
en jarros de oro;.
perfuma las almas grandes y
se agria en las.
pequeñas. ....._ JuLIO SANDEAU.

*

Espada de D. Guadalu¡::e Victoria.

cias sin ruborizarse, da una idea muy mala de
su pudor é inocencia.

*
La *desgracia
puede debilitar
.
la confianza, pero no debe quebrantar la convicción. CARLos-·
DE REMUSAT.

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADn

Domingo 11 de Enero de 1903.

Domingo 11 de Enero de 1903.

e

LA INSTITUTRIZ.
Novela por Ester de Suze.-llustración de Simont.
Traducció n de ··Et Mundo llu5 trado•·

(CoNTINÚA, )

V
Llegó la época de los exáme11es, y después mis comparíeras empezaron (\ marcharse una tras otra, á medida que llegaban sus noffibramientos. Sólo el mío tardaba, á pesar de los esfuerzos del Sr.
Cairol.
Entonces los días me parecían larguísimos. El dolor r.ausado por
la muerte de mis padres, había acabado por calm::i,rse un ,poco; y de
ya no llorar ni desear-porque nad3: deseaba!-m~ c~razon. se cansaba de vivir. Habría yo deseado morir, como por mstmto cierra uno
los ojos cuando está en medio de las tiniebla~. , .
.
.
Este deseo me asaltaba por las noches, sm lagnmas, sm sufrimientos. Mi cerebro pensaba, pensaba. como. a~tes del sue~o; des-pués en lugar de sueño me venia un entorpec1m1ento extra.no. ....... .
A él'me abandonaba, y habría deseado morir... .. .
.
Sin embargo, durante el día estaba Y? tranqmla_y reco~raba m1
actividad siguiendo d6cilmente los conseJOS de la senora Ca1rol, que
me iniciaba en los secretos de la vida doméstica y me enseñaba algo
de cocina, de costura, y me daba consejos útiles I?ara mil y mil ca~os.
Era yo bastante hábil, excepto en costura. Un día, la señora Cauol
me dijo:
-Bah! Usted es mujer ya, y el arte de la costura le vendrá por
sí solo.
· h b.
·d
Estas palabras me hicieron estremecer, como s1 u 1esen s1 o un
resplandor de vida que viniera á disipar mis enfermizas tristezas de
antes. Era yo mujer! Es decir, capaz de llegar-~ ser esposa, madre;
aguardar algo, por fh~ .. .... Ah!, un bogar, un h1Jo, un esposo.. .... toda una vida que surgiera de m1, rorleáh&lt;lome de amor, a mí que me
creía ligada s6lo á dos sepulcros ..... Ah! el momento en que eso sucediera en que un ser humilde, pero noble, viniese á tom:\rme de la
mano á decirme: &lt;&lt;Heme aquí. Yo soy el que te estaba destinado ti&gt; .••
.. .... ¿Aceptaría yo? ¿La huérfana de la víspera se atrevería. á despojarse del luto, para lanzarse entre gasas blancas y flores,. hacia el porvenir? ¿O tendría yo el valor~ de rehusar? ¿!&gt;-e:1so la vida no es tan
imperio~a como la muerte? No se puede res1st1r á la muerte cuando

y

llama; ¿se podría resistir á la corriente, cuando pasa el torbellino de
la vida?
Y esa corriente, ese deslizamiento en el río de la vida, debe de se1
inefablemente bueno, puesto que en la naturale~a nada hay detestable. Y sonreía, inundada de ensueños y de lágrimas dulces, al abrazar por úitima vez las tumbas de mis amados padres ......... al fin había llegado mi nombramiento. Iba yo á partir y estaba bien arm1i.da.
de valor; bendecía á mis muertos queri&lt;los, les pedía perd6n por mis
vacilaciones de la víspera......... Sí, por fin aceptaba la vida, y ahora estaba convencida de que la vida me sería buena.
En ese momento, el crepúsculo caía suavemente sobre las tumbas erizadas de cruces. Me pareció que papá y mamá me tomaban de
la mano y me impulsaban sua\·emente, y me levanté, como siguiendo sus sombras, que murmuraron ú mi oído:
-Ve, amada nuestra; no ha llegado la hora de que vengas á
quedar entre estas tumbas. Ye, juiciosa y confiada, y vive...... IIas
acertado: la vida es tan imperiosa como la muerte!. .. . ..
Y salí de allí. Y en los momentos de la partida., tuve más energía que mis buenos amigos, que parecían agobiados. Cuando me arrodillé para bendecirlos en el dintel de su hospitalaria casa, vinieron á
levantarme y me miraron al fondo de los ojos. Mi rostro debe de haber estado radiante.
-Tiene usted algo, :María Teresa. ¿Es una tristeza? ¿Es una esperanza? ¿Qué es, niña?
Era el deseo de vivir una vida juiciosa y sencilla, pero ((plena» ...
Era la. confianza de que esa plenitud, ~iendo una deuda para conmigo, me sería otorgada.

El cielo densamente nublado; copos de nieve caían sin prisa,
seguros de seguir cayendo durante muchos días aún, sobre esa región
inclemente. A la derecha., saliendo de la estaci6n, la ciudad, que se
adivinaba pequeña, y sin embargo, amplia, silenciosa como una catedral, en esa hora. de bruma y de nieve. A la izquierda, un camino
que se diría muy corto, limitado por la. masa de las abruptas monta-

fias que le cerraran el paso; y que, no obstante, corre y se prolonga co ·
mo un laberinto entre esas montañas: tal se me present6 Embrún, la
an tigua ciudad de los arzobispos.
Era una tarde de los comienzos de enero; apenas habían dado las
seis, y ya era de 11oche. Mi nombra.miento era para Chavoux, que
está Í\ media hora de la ciuda,l. Habría podido llegar hasta allí en
ferrocarril· pero por equivocaci6n me bajé del tren una estaci6n
antes. No'habfa que pensar en aguardar por cinco 6 seis horas la llegada de otro tren; tampoco había coche ú 6mnibus en que hacer el
camino.
-¿Ye usted este camino? me dijo el jefe de estaci6n. Pu~s no
hay más que seguirlo: va á Chavoux; pero está largo, sobre touo en
este tiempo ...... A menos que encuentre usted una carreta que la lleve ...... En fin, no sé qué consejo darla.
En efecto, el buen hombre parecía estar perplejo.
Los empleados que pasaban, alzaban su linterna para verme el
rostro, sin miramiento alguno.
-La nueva institutriz de Chavoux? Respondí afirm'\tivamente,
y todos me mostraron cierto respeto vulgar. Por fin, alguien me dijo:
-Trate usted de comenzar el camino. Quizá encuentre usted
u na carreta.
:Xo vacilé ya. ~Ii corazón e,-taba oprimido ante tamaña indiferencia. Salí de la estaci(m, para estar sola, para sentir la brisa ........ .
Oh! ese camino! no ~é cúmo devoré una parte de él. No me detuve
hasta llegar á un pequeño puente bajo el cual dormía un riachuelo
congelado. Y me puse de codos sobre el pasamano y me eché (i llorar...... .
Me sentía mal ; mis piernas se negaban á sostenerme. Con l o 11
últimos copos de nieve, e~casos ya, se había desatado un frío seco,
sin ruido, sin la palpitación de ninguna rMag¡i.; un frío hecho de silencio y &lt;le espacio vacío como mi alma. Lloré. Oh mis locas esperanzas ele una hora de lo,)ura! Qué sola, qué abandonada estaba! ¿A
dónde iba yo·? ¿.Qué habría al término del camino'? ¿Quién me recibiría. allí? ¿Qué país era é,;e, de hielo y de tinieblas, que no tenía ni
una sola dulzura para la pobre institutriz venida de tan lejos para
traer á las niñas su cerebro y su corazón?
¡Qué soledad! Jí~n la estación na&lt;lie había tenido para mí· una
sonrisa; nadie se había ofrecido ú buscarme una carreta que me llevase á mi destino! Se me había deja&lt;lo sin compasi6n marchar por
ese camino frío y negro, entre las espantosas escabrosidades de las
montañas .... .... .
Y, salida de esa preocupación, pensé de nuevo en seguir mi marcha y alcé el rostro para mirar esas montañas que me causaban miedo ...... Y quedé maravillada y hube de retroceder algunos pasos,
para abarcar todo el panorama que aparecía ante mis ojos..... Era el
paisaje feérico de los Alpes, cubiertos de nieve, en una noche estrellada. En el cielo, casi enteramente despejado, brillaban rnillareR,
millones de astros. 1Ie sentía encantada por la limpidez de la nieve
á la luz sideral; por la majestad de las montañas bajo el prodigio de
esa nieve, en la que las aristas bruscas, dei:;nudas por el escurrimiento de la nieYe, resaltaban de trecho en trecho. No eran montañas;
eran reyes de armiño, silencioso~, contemplando sus:dominios, 4ue se
extendían á sus pies.
A ?lis pies se extendía la. campiña, como la gigantesca página
de un hbro, hecha de blancuras apacibles y de negruras rebeldes. Se
erguían en ella las rnmas sin hojas, todo el ejército de un bosque en
lucha con las tempestades recientes· las ramas torcidas)' tan secas
, .d
,
'
tan ng1 as, que no habían conservado un solo copo de nieve.
, La.temp~stad había pasado y, entre la nieve, las ramas perman~cian ~nmov1les. Aquello era hermosísimo. )li a.liento, al salir de
mis labios, se convertía en un va.por visible y tenue, como el humillo de un pebetero. l\Ii corazón se tranquilizó. La luna acababa de sali~ y a~cendía lentamente al infinito, encima de un campanario prendido entre la nieve. Y mi alma se elevó también á las altmas.
, Continué mi camino, como sostenida por nuevos impulsos. No
habian dado las once, cuando llegué á la hostería de la aldea, que
reposaba:"
VII
Al día siguiente muy temprano, bajé de mi recámara hasta la
puerta de la hostería.
. Una c_alle larga, .limitada por casuchas bajas, como acurrucadas
baJo los teJados; mugidos de vacaR; puertas cha.parras, entrecubiertas, de donde salían emanaciones de estercolero· el piar de las aves
de corral, que caúlinaban á sal titos entre los sur~os de nieve· en los
pu~nt~R, uno que otro campesino, ron traje grueso, me mü'.aba con
cunos1da.d ...A~í se me present6 la. aldea, dulce como una imagen-como un merl.10 para alcanzar la dicha, y no como un fin-incapaz de
respo~der &lt;:~n un ~olo, latido á la simpatía que yo pudiese mostrarle.
.
Una. chicuela alma una barrera, llamaba á las gallinas y les arroJaba pufiados ,de grano.
Poco mús leJ·os ' saltaba un chorro de la bo,
ca d e un d ragon a una fuente tosca de piedra, en torno de la cual, un
grupo de muchachos murmuraban y me veían de reojo.
En el fondo, las montañas que la vfapera me habían maravillado, me cautivaban aún, blancas de nieve coronadas de nubes en actitud de guardias colosos, protectores del 'nido, que era la alde~.
Aquí era donde iba ro :í. viYir. ¿Por qué no había de ser dichosa? ¿Qué era lo que me faltaba, que mis ojos buscaban en los ojos de

los muchachos, en el hueco de las puertas que se entreabrí:u1, 6 entre
los pliegues de las montañas?.... .. Todo lo que me rodeaba e,ra hermoso y bueno y tranquilo y puro. Así pensaba yo; pero haurrn querido ~lgo más que pensarlo: ()e~irlo! A quit:n'? Esos muchachos, a~n
cuando llegasen á serm.e familiares, me compre1,~;rfan?. Los aman~
si ellos sabían consegmrlo; pero ¿acaso habría umon poinble entre mi
alma y la de ellos?
"Pas6 un hombre ebrio, y unas mujeres le dirigieron bromas de
un lado á otro de la calle. Yo le miré. Lleg6 junto á mí, se detuvo,
me miró con los ojos soñolientoi;:, se pui-o la mano en el coraz6n ~• me
contó, con voz pastosa, que era yo hermosa y que me amaba. Después siguió su camino, tropezando ú. cada paso. Yo también estu\"e á
punto de caer, desconcertada por la vergüenza. El ebrio se alejó ..... .
pero las mujeres rieron y pensé que reían de mí, y esto me ca.usó
pena. Impresionable, como se es siempn, en situaciones difíciles,
exageré la intención de aquella ri!:'a, como la víi:pera había exagerado la indiferencia de los empleados de la estación.
En ese momento i::entí odio para todo el mundo, y de!'eé estar
sola cuanto antei-; en la casita que debía. ocupar...... P_isó una mujer.
-Señora, sírvase usted decirme: ¿dónde vive el alcalde?
-El señor Ra.ibert?
Con el extremo de su bordón, la vieja me señal6 una calle estrecha que subía.
-Allú, en una casa nueva. Voy allá á dar ·un encargo ú Phracia,
la sirvienta; si usted quiere, la acompafiaré.
-Es usted muy amable, señora!
La mujer era morena, de rostro pequeño, con ojos feroces de Yieja que ha visto mucho. CrE:Í oportuno trabar conversaci6n con ella.
- Usted es de aquí, ¿verdad, señora? Yo soy la nueva institutriz
y voy :í. presentúrmele al alcalde. No tiene usted alguna hijilla que
vaya á ser mi discípula?
-No!--respondió secamente-Yo no tengo hija; pero tendrá usted muchos discípulos. Por cierto que las mamás no saben que hacer
desde hace cinco 6 ,;eis días que se cerr6 la escuela, á causa de la.
muerte de la otra. Ah! aquélla era una. buena mujer! Era casi tan
vieja como yo; pero ésas son !'iempre mejores que las j6venes........ .
-Y al decir esto, la mujer parecía gruñir. Casi me di6 miedo
mirarla con su aspecto de encina derribada y sus pasos bruscos. Siguió hablando:
- Yea usted: las institutric'3s debían servir de ejemplo á las demás mucha~has. Pero son demasiado jóvenes y están muy ¡¡olas; no
saben lo que hacen ...... Decirme que era usted institutriz ......... Qué
bien! .. . ...... Yo lo había adivinado cuando la vi tan joven y tan bonita .... ..... Toda&amp; son iguales, la de San Andrés, la de Greoux, la de
Frene!' ... ..... .
Y me mostraba entre los montes las aldeas que se destacaban
de entre l:! bruma.
-Yen usted! Hay otras como usted allá, y más allá y más lejos.... ..... Todas son dignas de lástima.
pijo esto con firmeza.;_luego se d1;tuvo de~afiándome como pare.
ver s1 la contradecía ...... :t-;o me habna atrevido á ello. Esa mujer
me parecía loca ó inocente; pero me atemorizaba. Murmuré:
-Yo, señora, no deseo más que hacer lo mejor que pueda. En
verdad, no seré digna de lástima.
La vieja se calm6; me mir6 lentamente de pies á cabeza. y comprendí que en eRe examen sus miradas habían encontrado mi mano
muy blanca, m1 busto exuberante, y mis ojos de un azul sombrío en
que parecían fundidas todas las languideces del ensuefio.
Sin ser de belleza n~tabl~, al menos era yo joven, es decir, llena
de encanto. Era la flo.r, mev1tabl1;mente abierta á mis veinte años, y
que a.guardaba al elegido que debia cortarla ..... .Si no se presentaba
ese elegid~, ¿bajo qué ráfaga de decep&lt;'iones se deshojaría la flor?
¿A qué abismo me arrastraría el soplo implacable de la. soledad?
Leí en la frente plegada de la vieja esos pensamientos· pero creí
que no habría l}ega,do á ~xpresar,10. Permanecí serena b¡jo sus miradas. Se calmo mas y mas. ¿Que fuentes de pureza encontr6 en el
torrente tumultuoso que temía hallar en mí, como había hallado en
las otras?
Sus mi¡·adas s~ llenaron de piedad que me pareci6 grandiosa. Se
°:e ade!anto y ~ué a buscar E:n sus cabañas á las niñas á quienes babia, casi maldecido momentos antes, cuando su mano levantada parecia querer descorrer el velo de bruma que cubría los puntos que
me nombraba.
Murmur6 al fin:
-:Es. seguro que usted t~atar{\ de hacer lo mejor que pueda, pobre senonta. Las otras también querían lo mismo. .. ... No toda e8
culpa vuestra, no toda......
(CONTINUARÁ.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 1, No 2, Enero 11</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>'EL MUNDO

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MfXICO, MUO 17 Df 1903.

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!Nrccter: LIC. R,U'AtL RtYI&amp; &amp;PINDOLA.

Cierente: LUI&amp; Rt~ &amp;PIND0l A

Oficinas Almacenes y Fábrica núm 2.
11Th and Washinpton Ave.

Mr. Ford Dix, Grand Hotel Pasaje, Habana, Cuba.
Mr. George Porro, l.ª del ~alto del Agua núm. 3Z, México, D. F .

Iavitación Jara participar
ALA PROXIMA

Gran Lotería Alemana de Dinero.
La Jotcrla de d inero bien Importante, au.
torlzada por el Gobierno de Hamburgo Y
garantlzadn por la hacienda pObllca del
Estado, contiene 115,000 bllletes, de los
cuales 55,763 deben ser premiados. Resulta,
pues, que cada premio se r eparte en tre dos
nOmeros.
Todo el rapltnl Importa:
Marcos 11.306,390 6 sean cerca cl'e Peao,
1.295,000 Mo-ne&lt;la Me.,icana.
Los sorteos se hacen pObllcnmente bajo
lnapeccl6n del Gobierno, 7 el pago pu· tual
de los premios estA garantizado por el
Estado.
600.000 Marco, 6 sean aproximadamen te
Pesos 387,000 Moneda Mexicana como premio mayor pueden ganarse en ca.so mAs feliz, especialmente 1 PREMIO cl'e 300,000
MARCOS, 1 de 200,000 MARCOS, 1 de
100,000 MARCOS, 1 d e 80,000 MARCOS,
2 de 60,000 MARCOS, 2 de 50,000 MARCOS, 8 de 40,000, MARCOS, 1 de 35,000
MARCOS, 5 de 30,000 MARCOS, 5 de
20,000 MARCOS, 2 de 15,000 MARCOS,
16 de 10,000 .MARCOS, 55 de 5,000 MAR·
COS, 108 de 3,000 MARCOS, 1~6 de 2,000
MARCOS, 616 de 1,000 MARCOS, 14 de
500 MARCOS, 1,022 cl'e 400 MARCOS,
83,788 de 169 MARCOS, 19,970 de 250
200, 150, 144, 111 MARCOS, etc.
El sorteo de estos 55,763 premlos sobredichos, se hace en siete clases sucesivas, qu~ siguen en breves Intervalos.
Fuera de otros premios mayores, en cada clase se tlrarA una prima especial de
modo que en caso mAs feliz, loe premios
mayores Importan 50,000 Marcos, 55,000
Marcos, 00,000 Marcos, 70,000 Marco,,
80,000 Marcos, 90,000 Marcos, y 600,000
Marcos.
Al recibir el valor de los billetes, sea en
cheques sobre bancos 6 cMas de comercio
europeas, 6 sea en billetes del banco mexicano, ó por medio de un giro postal, enviaré LOS BILLE'l'ES OIHGINALES en
carta certificada para los primeros tres
sorteos, acompaíln.ndo un prospecto oficial
que contiene todas las expllcaclones que se
necesitan.
·
AdemAs, se adjuntaril il cacl'a comprador la traduccl6n de los billetes originales
en lengua espaílóla.
EL VALOR de los bllletes PARA LAS
TRES prlmerM clases, SEGUN EL PROS·
PlsCTO OI!'ICIAL, es como sigue. (1 Marco vale aproximadamente o;; centavos moneda mexicana).
:\!ARCOS 9.50 por un cuarto Billete
Original, para la la., 2a. y 3a. clase.
MAHCOS 19.- Por un
medio
BIiiete
Original para la la., 2a. y Sa. clase.
MARCOS 38.- Por un entero Billete
Origina! para la., !?a. y 3a. clase.
A su debido tiempo se a visa il los due•
ilos de billetes, en qué épocas tendrlín que
hacer las remesas para la 4a., 5a., 6a. y
7a. clase: esto en caso de que el bllletc
no hubiera recibido, en el lntermecl'lo, un
premio. Per o es muy probable que el billete sea premia.do, PORQUE, como ya estil
dicho, GANA CASI CADA SEGUNDO BI·
LL~~TE, y las probabilidades de ganar aumentan de clase en clase. DESPUES DE
CADA F.XTRACCION, S I•: ENVIARA A
TODO INTERESADO LA LISTA OFI·
CIAL.
Los Interesados harírn bien de mandar
BUS pedidos POR EL PRIMER CORREO,
para que ee pueda efectuarlos puntualmente .
PRINCIPIO DE LOS SORTEOS : el 18
de lunlo de 1903.
Pedidos que no lleguen en tiempo para
la la. clase, serán ejecutados para la 2a.
6 3a. clase, por consiguiente cada uno
PUEDE CONTAR POSITIVAMENTE CON
QUE TENDRE CUIDADO DE QUE DE

CUALQUIER MODO PODRA
TOMAR
PARTM EN ESTA IN'.l'f:RESANTE LO·
TERIA.
Lo mejor es ha.cer las remesas par carta
certlllcada en BI lletes de banco Mexicanos
6 en giros postales ; pero, en caso de que
sea mAs conveniente A los clientes hacer
los pagos en ese país, p8..1·tlclpo que el
Banco AlemAn 'l'rasatlAntlco de México,
calle de San Agusttn 7, estA autorizado
por mi, de recibir por mi cuenta cualquier
Importe. Al hacer asf, suplico enviarme
directamente la carta Orden bien clara A
Uamburgo,
avlsilndome !l la vez, el Importe remitido !l este Banco. Adem!ls, se
debe avisar al Banco Alemán Trasatll\ntlco que tiene que abonar el Importe ll mi
cuenta d'e la orden del respectivo pagador.
'.l'odo se reune en esta gran loter!a, para
dar segm·ldad y benellclo al que participa
de ella, como es el ARRJ,GLO VENTAJO·
SO. IN'rtmVl~NCIO:N Dl~L GOBIERNO, es el allmen.w máa ~adab~ 1 el máa
SOLIDT•:Z, y ante todo, la GARAN'.l'IA recomendado ,para los nifl.oe .1Jesde l&amp;
DlsL ESTADO l'ARA EL PAGO DE LOS eda-d de seis 1 siete meliles sobre todo
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�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 17 de 1-ia.yo de 1903.

LOS ÁNGELES.
Es muy difícil definir de una manera precisa el símbolo que en el Arte está encomendado á los Angeles; pero, aunque la expresión
sea vaga, cabe decir que esos seres, que no son
ni viriles ni femeninos por completo, reprei,entan def:de hace muchos siglos el prototipo
de la belleza ideal, del mismo modo que el
Diablo ha sido siempre el representante del
Mal y del Pecado. Y cuando decimos·ciideal,11
no es porque exista una fórmula absoluta ele
bellezn ideal, un tipo eterno y platónico que
puedi\ haber sido idéntico para el artista de la
Quinta. Dina!'&lt;tía,que esculpió los bajorrelieYes
de la tumba de Tí, y para Bohlini, que pinta
las nen·io8as elegancias de las m:'1s nerviof:as
parisienses de h\ orilla derecha del Sen:1., porque t.'l.m b;én el ideal ef:tético se transformn
ron los p:, · ,es y con los tiempos y hasta en un
mismo indi,·iduo se modifica con el transcurso de los aflos que va vi viendo, lo mismo que
se transforman y moditican los ideales del
bien y rlel mal y de la verdad; pero cuando
aquel arfo;ta egipcio esculpía y cuando este
pintor italiano pinta, la obra artística. no resulta sino una interpreta.:ión de figuras vivas
existentes en tomo de los intérpretes, una interpretación de la realidad ambiente conforme á los gustos propios del artista 6 de la época en que produce. Pero nadie ha visto á un
ángel- excepción hecha de los enamorados,
cuya retina po:;_ee una fuerte virtud transformadora,-y por eso al crear en arte á un íingel, el artista está facult.'l.do para dar forma objetiva única y enteramente á su ensueño. El
divino jlafael declaró en una carta á Castiglione que «essendo carestía di buoni giudici e di
belle donne, io mi servo di certa idea che mi
viene alla mente." Pues bien, esa. ,ccierta idea»
de belleza es la que los 1,intores especialmente y con mayor libertad han podido traducir
en el ángel, por eso t6rnase curioso estudiar
en los ángeles el prototipo de belleza «ideal"
que alentó en la mente de los maestros.

*

fueron también apolíneos y sia alas, pero en
breve su calidad de mensajeros les prestó ese
atributo de la suprema ligereza.y sus espaldas
de andróginos se prolongaron en alas poderosa!'&lt;. Fueron vistiéndose en seguida, y la espléndida desnudez pagana desnpareci6 bajo
la vergonzante suntuosidad ele las telas, cuando el cristiani~mo di6 su golpe de gracia Ít ln
generosa adoración de la carne.
'
El escrito sobre las jemrqnías, atribuíd~ á
aquel Dionisio Areopagita que, convertido
por San Pablo, foé el primer obispo ele Atena~,
determinó pnrn. Jo-. artistas de la Eda&lt;l Media
l:i. clasificación de los ángP,]es. Después, cuando la liturgia empezó á ser menos exigente con
PI arte cristiano-degenern.ción que eternamentP lloran IIuysmans en Flandes y Ner vo
en )léxico,- los ángeles pintados empezaron
también á ganar en suntuosidad &lt;le indumen·
taria y en belleza de formas; pero i-:iem pre los
consideraron los artistas, de acuerdo con aquella filosofía escoláfltica que aceptara Dante,
como creados por el Eterno Amor, no porque
éste hubiera querido acrecer su propia alegría,
que es infinita, sino para que los ángeles, esplendiendo por sí mismos, pudiesen goz~r de
la conciencia de v_ivir, ele la conciencia de
ser:

* * con el CristianisLos ángeles no nacieron
mo. Dice Menandro en la Pitonisa: «Cada uno
de nosotros tiene un genio que le está destinado desde el uacimiento hasta la muerte para que lo conduzca de la mano por la vida,
como el mistogogo conduce al iniciado. Es un
buen genio, porque no hay que creer que los
haya malos." Ese buen genio de Menandro,
como el demonio de Sócrates y de Plat61;, como el mensajero de los libros de Moisés y de
los Jueces, se trocarán en el ángel de los cristianos, intermediario entre el cielo y la tierra,
entre Dios y los hombres. Tertuliano dijo:
,cNos officia divina angelis credimus.,,
Los vasos griegos, las tumbas etruscas, los
fragmentos de viejos bajorrelieves que se guardan en los museo~ europeos, están llenos de
estos geniecillos. Los comentarios rabínicos
de las Sagradas Escrituras fijan la creación de
los ángeles unas veces en el segundo día, otras
en el quinto; y para los de más allá, su creación es perenne porque irradian del sacro río
Dinor, ó, según una deliciosa é intrincada teogonía m6s moderna, se crean sin cesar en un
prodigio de multiplicaci6n infinita, en la que
no hay dismmución del creador en pro del
creado.
De todos modos, la primera religión que
acogi6 á los ángeles de un modo definitivo y
resaltan te, fué la hebrea precisnmente, la cual
los clasificó en jerarquías y lo~ admitió en la
vida cuotidiana de los hombre¡,. Desde la escala de Jacob hasta la curación de T4)bías, los
ángeles son factor activísimo de los más milagrosos sucedidos, y ya en el Viejo Testamento entraron en el campo del arte, pues,
desde el Exodo, las solas imágenes permitidas para la ornamentación del Arca fueron los
pequeí1os rostros alados de los Querubines.
ll:n los cementerios cristianos del primero
y del segundo siglo, los ángeles se asemejan
á esos geniecillos y amorcillos que mucho tenían de los dioses tutelares paganos y que después de uno y medio milenarios volvieron á
la boga en la ornamentación, por gracia de la
:M arquesa Pompadour. En los primeros siglos

Non pera.ver a sé di bene a.cquist-0
Ch'esser non puó. rpa. perché suo splendore
Potesse, risplendendo, dir: Sussisto.

***

Ambiguos, de modo de corresponder en el
arte criFtiano á los Hermafroditas del arte pagano, los ángeles han sido reprei;enL-idos ó más
viriles ó más femeniles, según el temperamento del artista.
.
P,~ra Giolto fueron efebos florecientes, imberbes, con raf:gados ojos, pequeñas y ro~adas
orejas, labios dt:lgados, cabellos rojos ó rubios.
Si tomásemos á cualqmera de esos ángeles que
en la bóveda del altar ma vor de San Francisco de Asís defienden la torre de la Castidad ó
sostienen el trono del Apoteosis, y le soltamos
los rizos sobre las orejas y le arrancamos las
alas para revestirlo con las mallas, el jubón
de pliegues y el cintur6n de puñal, obtendremos el más delicioso pajecito de la época. Toda la fuerza sana y casi pagan:1. de aquel gran
pintor it.'l.liano se revela en esa concepción.
Por el contrario, los sienese~, sensuales y
adoradores de In gracia femenil, pintaron en
torno de la virgen figuras femeninas, seduytO·
ras, esbeltas, que, si se desprendieran del lienzo en que están embarradas, hubieran podido,
sin cambio de i ndum!lntaria y con el solo sacrificio de sus alas, tomar parte en las alegres
danzas que las mozas más bellas de la ciudad
organizaban en la Plaza Pública, como las
pinta Ambrogio Lorenzetti en su riente alegoría del Buen Gobierno.
La misma ccfeminilidad,» pero Il1PS grácil y
más rubia, perfumada de bondad y de pureza,
se encuentra en los ángeles de Angélico. PP.ro
ya en Benozzo Gozzoli, su gran discípulo, vuelve la fuerza de expresión, la resolución en los
ademanes, la firmeza. en el contorno, y, en
consecuencia, surge una variedad de tipo que
lo acerca tí los veriotas perfectos del ccquattrocento" florentino, desde Masaccio á Yerrochio.
Naturalmente, de éstofl, el mÍls ambiguo es el
menos sincero y, por un singular fenómeno,
el más popular: Botticelli. El más sincero es
el menos místico: Fra Filippo Lippi, que recurre 1\. modelos más jóvenes, más ,.iequeiios,
mÍIE rientes, más inconscientes que los adolescentes de luenga cabellera que pintara Botticelli. Con reforzada conciencia del efecto reaparece esa ambigüedad en el mús voluptuoso
escultor del seiscientos, Bernini, cuando esculpe el Angel que, rí1::ndo, hiere á Santa Teresa
( Iglesia de la Victoria, Roma. )
De•de el Renacimiento hasta nuestro~ día!',
los ángeles ó son niños ó son doncellitas núbiles. m llamado arte nuevo ha vuelto á ebfumar h\ precisión del contorno, pero RÍn crear
nada nuevo en esencia.. ¿Habrá en lo futuro
una nueva concepción del á:-:gel"? ... No lo creemos; el arte cristiano casi ha agotado sus manifestaciones, y en las nuevas doctrinas el ángel carece de puesto; lo substituye la mujer eu
todas las manifestaciones de su infinita misión.
ÜSCAR HERz.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 1'7 de Mayo ile 1903.

ca fitsta floral.
ÉXITO EXTRAORDl~ARIO.
Hacía ya algún tiempo que no se efectuaba
en la ·Metrópoli una fiesta tan llena de atractivos como In que se celebró el último domingo, parn. saludar la llegada de la Primavera.
Difícilmente podrá darse mayor entur-iasmo
quo el entusiasmo que reinó ei-e día, y pocas
vece!', estamos seguro~, ge hahr:'tn Yisto nuestras avenidas principales engalanadas con loa
múltiples y brillantes atavíos que lucieron en
esta ocaRión: tal ern. el buen gusto deRplegado
en el adorno de los edificios comprendi&lt;los en
la Avenida ,Juárez y Plateros, y tal la animación que de!&gt;pertó en PI público el lucidísimo
desfile de carruajes, automóvilec;, hicicletas y
carros presentados al cancur::;o floral.
Si hemos de atenernos {t la impresión dominante entre la muchedumbre que asistió.al
festival, diremos q\Je el resultado de éste super6 con mucho, en lucimiento, al que era de
esperarse, y que deben, con razón, estar orgullosos los señores munícipes que lo organizaron y llevaron á cabo con éxito tan extraordinario . .
Esta es la verdad; aunque, por otra parte,
el éxito corresponda también ú las fami lias que
contribuyeron con su contingente al brillo
del concurso, y á las distintas negociaciones
mercantiles que adornaron J:1.c; fachadas de sus
caflaS con l:\ suntuosidad y elegancia ele que
dieron, en esta ,·ez, tan buena mue!'tra. Dicho
e,-to, que creemos de justicia, pn~arnos Íl ocuparnos en ,letalle, del hermoso desfile &lt;le carrnajes efectuado por la. maiiana ~· del combate de flores que, por la t.'l.r&lt;lc, i-e ,·eri ficó en
Chapulteprc.

*
La tribuna que debía ocupar el .Jurado Calificador se improvisó sobre la ei;calinata del
Pahellón Morisco de la Alametla y estaba decorada, principalmente, con lienzos de los colores nacionales. Una callecilla, que se formó
con plantas de ornato, daba acceso á la plataforma, levantándose al frente grandes mástiles que sostenían escudos y banderas mexicanas. El antepecho de la plataforma :-e veía
cubierto de muc::gos y flores que formaban, en
caprichosa combina.ción, un honito conjunto.
El Jurado esL'l.ba constituido por las distinguidas damas siguientes: señoras Carmen Romero Rubio ele Díaz, Amparo K de Corral,
Luz Acosta de González Cosío, Dolores J. de
Licfaga, Luz G. Cosío de López, Josefina M.
C. de Pimentel, Sofía O~io de Landa, Dolores
Barron de Rincón Gallardo, Amada Díaz de
de la Torre, Angela González de ltuarte, Concepción Buch de Parada, Dolores Camacho de
Landa, Luif:a Raigosa de Díaz, .Ta.viera. Buch
de Landa, Dolores Rubio de Fernández, Guadalupe Camacho de !caza, Dolores Cerrnntes
de Riba, María IR-inda de Riba, Emilia Gonzále1. Cosía ele Villarreal, Cau..lina Cuevas de
Escand(m, Guadalupe Escandón de Escandón,
,Josefa Terreros de Algara, Concepción Torne!
de Suinaga, Juana Cuevas de Portilla, Concepción Cuevas de Cortina, B. Y. de )Iartínez del
Río, Sofía Romero Rubio de EHznga, María
Parada de Buch, Dolores C. de Rubín, Fra!!cisca C. de PaRquel, Laura S. de Mariscal,
Dolores M. de Fernández, Clara M. de Morím,
Franci,ca G. de Algara, María E. de Buch,
Elena \'. de Amor, Elena A. de Braniff, Lorenza R. de I3raniff, Guadalupe C. de Braniff,
Guadalupe R. de Chavero, Laura A. de Garamendi, Carmen C. de Laclau, Amparo Y. de
Pliego y Josefina Prida de )lufloz.
En el mismo palco, tomnron asiento algu~fü• seiioritas de lo mejor f:ocied11d, el Sr. P:es1dente de la. :República los Sres. Secretarios
de Gobernación y de Fomento, el Sr. Subsecretario de Hacienda, el Presidente del Ayuntamiento y los; RPgidores D. Agustín Alf:edo
Núiiez, D. ::'llignel Quevedo, D. Jesús Gahndo
y Villa y D. Enrique Fernández Castelló, que
•
fueron los organizadores de la fiesta:
Al presentarse el Sr. Grnl. Díaz en la Avenida Juárez, la multitud que llenaba las ace-

1.-T rlbuna del Jurado.
2.-Carruaje del Sr. Mayor Pablo Escandón (1er. premio.)
3.-Automóvll del Sr. Francisco Sulnaga (2o. premio.)
4.-Auto~ovll del Sr. Enrique Fernlindez Castelló (1er. premio.)
5.-Carruaje de la Srlta. Maria Ramlrez (2o. premio.)
6.- CarruaJe del Sr. Tomás Morlin. (Mención honorífica.)

�Domingo 17 de 1\ta.y,o

ne 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

Doo:rungo 17 de Mía.yo de 1903.

Fiesta Floral.

1.-Carruaje del Sr. J. de Landa y Escandón. (2o. premio.)
3.-Carruaje del Sr. Ulises Basetti (2o. premio.)
5,-Caruaje del Sr. Dr. Fernando López (Mención honor111ca.)

2.-Caruaje del Sr. M. Noriega. (Mención honorífica.)
4.-Bicicletas unidas, representando un automóvil,
6.-Caruaje del Sr. lng. Miguel Quevedo

(Mención

honorífica.)

1,-Las calles de Plateros.

2.-Llegada de los ciclistas á la Alameda.
3.-Adorno del Casino Nacional. (Mención honorítica.)
4.-Carruaje del Sr. J. elum (Mención honorifica.).

•

�•

Domingo 17 de Mayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUI'IDO ILUSTRADO.

_¡;

Domingo 17 de Mayo de 1903.

no, son los siguientes: de «La Esmeralda" (primer premio). de Mosler.
Bowen y Cook (~t&gt;gundo premio), del Casino Nacional, del Hotel Guar~
&lt;liola, de la Dro~uE.-ría, de Carlos Félix, de la American Surety Company, . de la Cn~t~lena &lt;le Plateros y ele la Droguería de la Profesa
[mencwnes hononfica,:J. Había, adem:ís, otros edificios vistosamente
engalauadaR
Entre lo~ carru:ijes c,nne!·cialti:, mencionaremos como los principales el de «~a Tabacalera ::',f PX1ca11a», q LJE' ohtu vo el primer premio, el de
Drogu~na de 1~ Profe~n, ,¡ne olitu~o el ~e~undo, y los de «El Buen
lono,» «bl Palacio de Hierro,, y «El I uerto de Veracruz» que ganaron
las menciones honorífica!-'.
'

ras y los balcones, lo saludó con una salva de aplausos, aclamándolo.
Organizado el desfile, conforme al orden que indicaba la convoC3;t~ria respectiva, partieron del Empedradillo, para la Alameda, las b1c1cletas adornadas. Fueron muchas las que tomaron parte en el concurso, y tan variados los adornos que presentaban, que nos sería imp~sible
describir una por una. Para no citar sino las más notables, mencionaremos la del joven Manuel Tovar, que simulaba una canastilla cubierta
de flores· las que representaban, unidas, un automóvil tapizado de
rosas, q~e conducían los Sres. Enrique y Esteban Brito, y las que, formando un tándem revestido de papel p\ateado y flores rojas Y blancas llevaban los Sres. Manuel Tovar, Roberto Ymaz y José Basurto.
El' joven Tovar, que conduda la canastilla, ve~tía de gato blanc_o
y obtuvo el primer premio. El _segundo lo obtuvieron los ~res. Bnto. Hubo, ademá8, otras máqumas que llamaron la atenc1on por s1L

!~

La Casa Mosler. (2o. premio.)

"La Esmeralda." (1er. premio.)

Notables también por el primor con que estaban engalana~os, fueron los carruajes de la sefiorita María Ramírez, del Sr. Uhses Basetti y del Sr. José W. de Landa y Escandón, que obtuvieron segundos
premios. El primero lucía abullonados de gasa color de rosa, y guías,
listones y flores del mismo color, entrelazados con verdadero arte.
El segundo, piezas florales, de muy buen efecto, que representaban
cuernos de la abundancia, y el tercero, palmas.y flores que ofrecían
un soberbio golpe de vista. El Sr. Basetti y su esposa ocupaba~ e~ s~gundo, y las sefioritas Guadalupe de Landa, Luz Landa Os10, V1rgm1a
Landa y Buch, Dolores Landa., Guadalupe Landit y Buch y Teresa
P. Buch el último.
.
Las menciones honoríficas se adjudicaron á los caballeros y damas siguientes, por los carruajes adornados que presentaron: Sr. Tomás.:Morán, Sra. :Manuela R. de Ramiro, Sr. Luciano Cobián, Sr. Alonso Fernández Caste116, Sr. Ingeniero Miguel Quevedo, Sr. José :María Loza-

Droguería de Carlos Félix (Mención honorífica.)

no, Sr. José l\.L Bermúdez, Sra. Luz González Cosío de López Sr. Antonio Pliego y Sr. Reni Sarra.
'
El carr_uaje del Sr. ~ermúd~z iba adornado con azaleas y gardenias.
Los primeros premios consistían en un estand&lt;trte de seda lila, con
bor)as de oro, b~rdado ';( con esta inscripción: «Ayuntamiento Constitucional de México. Fiesta Floral. -ler. premio del concurso de
automóviles, carruajes comer.::iales, carruajes particulares y de bicicletas." Los segundos premios eran rojos, y las menciones honoríficas,
color de rosa unas y gualda otras. Estas tenían la forma de banderolas, distinguiéndose en esto de los premios, que afectaban la de un
gallardete.

*
En c~anto á los edificios, los que más se distinguieron por su ador-

Tanto ó más animado que el desfile, estuvo el
combate de flores que se efectuó en Chapultepec.
Más de dos mil carruajes concurrieron al paseo,
tocando hasta las 7. p. m. las mejores bandas militares.. El combate, lil!rado con flores, confetti y
serpentmas, se reanudo por la noche en Plateros
en medio del más franco entusiasmo.

adorno y que fueron premiadas con menciones
honoríficas.
Al d'3sfile de bicicletas, siguió el de automóviles.
Las sefioritas Ana Rubio y Mercedes Berriozábal ocupaban el señalado con el número 1, propiedad del Sr. Arquitecto Enrique Fernández Castelló. Literalmente tapizado con gardenias y camelias rojas, este automóvil llevaba prendidas á
las varillas que sostienen el toldo, guías de claveles y otras flores que realzaban notablemente su
belleza. Obtuvo el primer premio. La mención
honorífica se adjudicó al número 5, del Sr. Francisco Suinaga, ocupado por las señoritas Matilde
Ituarte, Concepción Zenea y Ana María Algara.
El adorno era vistoso y artístico.

*

Ojalá que el éxito oLtenido en esta ocasión por
los señores Regidores Núfiez, Galindo y Villa
Que.vedo y Fernández Cast~l)ó, impulse al Ayun~
tam1ento á establecer defimt1vamente entre nosotros la costumbre de saludar la llegada de la PrinrnvP.ra con fiestas tan hermosas como la que acabamos de reseñar.

·-·

La indulgencia es uno de los aspectos de lasabi&lt;l uría. - H. DE LA PomfERA Y.

'f&lt;

Si el paso de los automóviles por Plateros y San
Francisco, hasta la Alameda, reeultó muy lucido,
el de los carruajes, entre los cuales había algunos
verdaderamente notables, produjo entre los espectadores la más agradable impresión. Una lluvia de confetti cubrió el suelo,y las serpentinas formaron, sobre el mar de cabezas que se agitaba en la avenida, una red de colores.
La ((victoria» del Sr. Mayor D. Pablo Escandón, tirada por un hermoso tronco de caballos
«moros,» estaba adornada con infinidad de violetas que formaban guías artísticamente distribuídas en la caja y en las guarniciones del tiro. Esta «victoria,» que obtuvo el primer premio, iba
ocupada por las señoritas Escandón y Rincón
Gallardo.

Droguería de la Profesa. (Mención honorífica.)

*

Los más desgraciados no son los que sufren la
injusticia, sino los que la cometen. -MONTES·
Q,UIEU.

*

La sabiduría práctica no tiene más que un:i r.,.
cuela: la de la experiencia. -81',nLEs

Carro de la ".Tabacalera." (1er. premio.)

Carro de "El Palacio de Hierro" (Mención honorifica.)

•

�•

Domingo 17 de Mayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 17 de Mayo de 1903.

ta Estadón Sanitaria tn 6uaymas.

Ed ificio de la Estación San it aria de

Guay mas.

Un establecimiento de gran importancia para el servicio de sanidad en los puertos, acaba de inaugurarse en Guaymas: nos referimos
á la estación sanitaria que, por acuerdo del
Consejo Superior de Salubridad, se fundó allf
recientemente.
Esta estación es, sin duda, la mejor y la
más bien dotada de cuantas ~xisten en la actualidad en el país: sus departamentos han sido constr uídos previo un detenido estudio y
están provistos de todos los aparatos y útiles
más modernos indispensables para el objeto á
que se les destina. Debido á la distribuci6n
que se les ha dado, y al sistema que se sigue
en el servicio, la desinfección de los equipajes y ropa~ de los pas_ajeros en. tiempo de epidemia se efectuará sm molestias para éstos y
en un¿s cuant0s minutos. Los pasajeros pasarán primeramente á la i:,ala de desinfección,
entregando antes en la de e~tufa sus prendasde
vestir. De allí serán conducidos al baño, y
una vez que salgan de él, recibirán sus ropas
ya desinf_ectadas, para que puedan segui~ su
camino sm temor de que lleven el contagio á
la ciudad.
El departamento de baños se compone de
diez cuartos con estanque, regadera, etc., etc.
En este número publicamos tres grabados
relativos á la nueva estación sanitaria.

LA VICTORIA DEL SOLDADO.
Aún resonaban con eco pavoroso en la montaña las descargas de la fusilería, cuando rodó un soldado desde la altura á la garganta
del valle, bañado en su propia sangre, atravesado el pecho por traidora bala.
Avanzó el día. Se hundieron los últimos
rayos del sol tras la colina de la aldea, besando melancólicamente el dorso de los montes.
Las sombras con ropajes de negras gasas.
o&lt;mltaron la agonía del soldado, en tanto que
las aves, desde los nidos en que plegadas las
alas calentaban á sus hijuelos, gorjeaban una
música extraña, así como las notas dulces de
un cántico místico.
La luna, encantadora reina de la noche,
asomó tristemente tras un jirón de nubes; y
bordaron las estrellas su manto negro con un
enjambre de lágrimas de plata.
Venían á presidir el duelo.
El arroyuelo, que serpentea al pie del~ ermita derruída, murmura una salmodia triste.

*
**

Departam ento de estufa d e desi nf ección.

Comenzó el desfile.
El graznido del hubo-centinela agorero que
se columpiaba en la erguida copa de la centenaria encina-anunció la media noche.
Una virgen pálida vino á mojar con las lágrimas de su lloro la lívida faz del mori bun·
do; era la blanca niebla.

***

La esposa amante del Sol se había ausenta•
do, acaso para ocultar su pena, tras las nevada11 cumbres de la alta serranía.
Viajeros rezagados, algunos luceroe, vacilan·
tes y soñolientos, dando traspiés como beo·
dos, vagaban por la esfera.
Se acercaba la aurora.
Hubo música en los nidos.
El siniestro buho, eter.uo enamorado de las
sombras, después de lanzar su po~trimer graznido, tendió sus negras alas y se perdíó en el
espacio.
Las flores despertaron. La brisa meció sus
tallos, é hizo caer de sus cálices entreabierto~
las perfumadas gotas de rocío, que fueron a
mojar la frente del cadáver.
Había terminado la agonía! ......
ELIEZER

Punt o de la playa en que está instal ada la Estación Sanitaria.

D.

PETIT.

..

.......

,s
,t.

.,~.:;, ;.i,-~
•

Eu~ntos d~ Espantos
III

EL NAHUAL (?)
I
Desde muchas horas antes de amanecer andaba en el monte, guiado por u n mocetón fuerte, nervioso y esbelto, que conocía la sierra con
todas sus entradas, salidas y vericuetos. Eran próximamente las once
de la mañana. El sol se derretía en chorros de fuego, y el cansancio y
el hambre habíanme agobiado de modo tal,que determiné no continuar
más en pos de los venados, único objeto con que saliera del rancho,
no muy cerca.no de nosotros á esa hora, pues ocho largas hacía desde
que empezó nuestra cinegética expedición.
Como se me asegurara desde la noche anterior que, á poco de correr y de transmontar las primeras colinas donde empezaban á elevarse los enormes estribos de la sierra, habríamos de encontrar dos partidas de venados que campeaban en unos sembradíos de cebada, á la
orilla de las ya pizcadas labores de maíz que desde las casas divisábamos, me conformé, al levantarme, con un jarro de café negro, buen
trago de aguardiente y unos cuantos bocados de pan . Así es que, después de tantas horas de ejercicio, me hallaba completamente desfallecido. Y lo peor del caso era que mi tenacidad y mi empeño no obtuvieron compensación ni recompensa alguna, porque de las codiciadas
reses no encontramos sino las h uellas, y no frescas por cierto, pues las
más recientes acusaban el paso de la partida con una antigüedad de
varios días.
Aunque del rancho había falido á caballo, tu\'e que dejarle atado
á un tronco donde la senda que teníamos que remontar era tan empinada y abrupta, que no dejaba paso á la cabalgadura. Mi conductor
i ba á p ie; pero ahí se las dieran todas, pues no parecía i,ino que se paseaba por ameno prado y que la roca viva sobre que se abría el sendero era una suave rampa de mullidísima alfombra fapizadn.
Rendido pues, de tanto andar sin provecho ni esperanza de nlcanzarle, pu¡s á las horas del sol todos los animales montaraces van ú
!iestear sombreándose en los sitios más apartados y oculto!', &lt;le.terminé,
como h e dicho poner fin por esa vez á mi tarea y regresar al rancho,
donde, despué~ de confortar .el estómago y dar descanso al cuerpo, en derezaríamos hacia otro rumbo nuestra expedición, pues yo soy tenacísimo é infatigable cuando de montería se trata, y no le doy punto
hasta que logro derribar siquiera una pieza de las que me propongo
perseguir.
Bajamos de la montaña, y aunque el descenso era penoso por lo
empinado y áspero de la cuesta, hicímoslo con rapide.z s_uma, hasta llegar al sitio donde el caballo esperaba despuntando .pacientemente las
pocas hierbas que estaban á su alcance. Mientras nos ocupábamos en
enfre~arle y apretar el cincho de la mofitura, acert6 á_pasar cerca de
nosotros un vaciero que sobre menguado macho ruCio recorría gran
extensión de la sierra vigilando, según me dijo, diversas pastorías que

bajo su cuidado estaban. Enteréle del objeto que por aquellas asperezas nos traía y nos manifest6, con grande contentamiento mío que me
hizo palpita.r el corazón y hasta olvidar en un instal\te las pasadas fatigaf-, que no lejos del lugar donde nos encontrábamos acababa de ver,
hacía una hora escasa, las dos partidas de venados que iban á refocilarse con la cebada de los vecinos sembradíos; que seguramente habríamos de dar con ellos cuando la tarde empezase á declinar ; y por
último, se ofreció el buen rabadán á conducirme él mismo al sitio
donde todos los días sin faltar uno, y al salir 6 ponerse el sol, los deseados antílopes se dejaban ver sin recelo alguno, pues mucho tiempo
hacía que nadie les daba caza. Ante tan halagadora perspectiva, me
resolví, sin vacilar, á quedarme en el punto donde me encontraba, que
un bosque de encino y palo blanco cubrfa del sol, desparramando en
torno plácida frescura.
Ordené á mi guía ir al rancho y traerme lo que más pronto y á la
mano encontrase de comer y, aunque le ofrecí con insistencia el caballo pata mayor rapidez y comodidad, no lo consinti6 en manera alguna é Mzome VP.r probándolo hasta. la evidencia, que más pronto y mejor llegaría en el caballo de San Francisco, pues cualquiera otro le incomodaba y servíale de estorbo solamente. Dejéle hacer. Le vi bajar
la última colina, echar por un atajo y perderse después á lo largo de
los barbechos en los abandonados laboríos. Quedé solo con el vaciero
informándome de todo lo que á la caza por aquellas montañas se refería., y siendo satisfactorias por demás sus informaciones, supliquéle
con el más.gra!}de encarecimiento no dejase de volver para acompañarme á la ronda de las tan decantadas partidas. Me lo prometi6 de
la. mejor voluntad, asegurándome regresar á poco, pues sólo tenía que
irá «echar un vistazo,, al hato más próximo,que se encontraba distante una pequeña legua.
.
Dos escasas me separaban del rancho: aEÍ es que, dada la destreza y actividad de mi guía, antes de dos horas esperaba su regreso, y
entretanto me aperejé á descabezar un sueño sobre el reseco zacatal
del monte. Como busqué la ruejor posición, la que tomé al echarme
permitíame abarcar con la mirada inmensa extensión de la llanura
que ~e perdía al pie de la tendida falda donde reposaba, la cabeza en alto y el cuerpo descendiendo, según la suave ondulación de
la pendiente que me servía de lecho. Estaba ya completamente solo:
el caballo atado muy cerca y mi carabina '\Vínchester apoyada en un
encino al alcance de la mano.
El sol del mediodía clavaba sobre la tierra gris sus estiletes de
lumbre, que, al atravesar la atmósfera candente, vibraban cual moléculas de oro fundidas en el inmenso crisol del espacio.

II
Regalado .bienestar inundóme al sentir en mis miembros el contacto fresco de la sombreada tierra. Entorné los ojos para librarlos &lt;le
la Iejana reverberaci6n del campo. Poco á poco empez6 á rielevarse al

•

�•

Domingo 17 de !ti.ayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

gerísimo, estaba descansado y el coyote no podía correr mucho por la
dilatado panorama, profundo y vario al propio tiempo en su monotoplanicie sin que presto le diera alcance. Varias ocasiones había emnía. misma, pues un detalle, un a~cidente haladí que surgiera de pronprendido con éxito persecuciones semejantes; así es que abrigaba la
to en cualquier punto del paisaje, imprimía.nle admirable diversidad,
seguridad de cansar al malrndo y ladrón raposo á quien juré hacer paperceptible claramente al ojo experto en semejantes contemplaciones.
gar con la muerte todos sus merodeos.
La planadii se extendía tersa y brufíida por la pesada y aplastante onda abrasadora del sol, haciéndola brillar en la lejanía con un esIII
pejismo áureo y trémulo que inmensas lagunas y refrigerantes corrientes semejaba. Los surcot; del abandonado barbecho aparecían como
Alcanzaba, por fin, á cortarle terreno. La distancia iba menguan •
cintas donde el oro del sol se descoloraba en cobres profundos y apado. El coyote había tomado por un atajo que hacia larguísima cerca
gados, y las duras gleba~, lo mismo que las cepa,, de los rastrojos, rede piedra encaminaba. Tal cerca no fué descubierta por mí sino en
verberantes y policromas, figurábanseme enormes gemas de una capriaquel momento. Dividía las llanuras labrantías de los cerros, forma nchosa y nunca imaginada pedruía.
do dos potreros. Era bastante elavada y corlÍa en línea recta, subien!fasta donde la vi,ta alcanzaba se tendía la llanura, recortándm,f,
&lt;lo y bajando sobre la falda, según las ondulaciones del terreno. Al
allá muy lejos, por la inmenr-:a mancha verde y cenicienta del mezquipie del lienzo y paralelo á él, hundía.se un vallado poco profundo v
tal, en cuyo medio se asentaban las rancheríai-. Mús cerca y en el cencegado en partes por las c~rrientes de la sierra. Por allí seguía desátro de alg6n campo labrantío, desnudo ya de su pompa, f'Ur~fan rnforado el coyote, y yo tras él no cejaba un punto. Pero evidentemenhiestas y rígidas las secas cañas, de donde la mazorca fu{, nrrancada,
te f}Ue si el fugitivo alcanzaba á saltar cerca y vallado, se remontaría
como rojas espadas centellnnles; y aquí y nllá Sf amontonaban giganpor lm1 cerros, ~cultándose entre los mogotes que, salteados aquí y allá,
tescas hacinas &lt;le rastrojo, fulgurantes al sol cml monumentales edien el declive de la fa.Ida, iban espesándo~e más y más, á medida que
ficios de oro puro. Por otro lado, y rompiendo la mononía gris de la
la. montltña se empinaba. A evitarlo á todo trance corría yo desalado
planicie, sola y aislada, á grandísimas dislanciaR, surgía de la tierra
y lograrlo creía antes de mucho, pues por dos ocasiones el bermejo cala nota verde clara de copudo mezquite, como una enorme brocha d~
nino se detuvo fatigado, sentándose sobre los cuartos traseros y diriesmeralda; y más acá, ya muy cerca de mí, á clerech11. é izquierda cogiendo hacia mí sus orejas rígidas y el agudü•imo hocico que constanrría en interminable sucesión la no interrumpida cadena de colinas y
temente atenaceaba sin piedad á la pobre galliua, y ya casi exámine,
laderas festoneadas de vegetación que se levantaban gradualmente soá juzgar por las ligerísimas convulsiones en que se agitaba. Y en esas
bre el terreno, hasta empinarse en las tiü111icas moles de la cordillera
do,i ocasiones intenté disparar haciendo blanco al detener de súbito el
que atrás había dejado. Y arriba, muy arriba, altos, altos, manchancaballo; mas el astuto animal emprendía de nuevo é instantáneamendo el esmalte azul del ei:;pacio, negrísimos y profundos, revoloteaban
te la rápida carrera obligándome á iseguirle siempre á todo lo largo de
los cuervos solitarios, con vuelo sosegado y solemne, c:&gt;mo trÍlgicos
la cerca.
gérmenes de tiniebla ~ue buscaran un sitio pnra cla,·arse en la esplenY á cada momento me acercaba. Unos cuantos más, y tenía la sedorosa inmensidad del éter incendiado.
guridad de fusilarle á mansah•a, pues el coyote iba debilitándose l!eRecogiendo la vista, fijéla en un punto de la llanura y descubrí,
gún se echaba de ver en lo flojo de la carrera y la desesperada ansiedad
en medio de manchonel.! de maleza, los jacales de una estancia, cercacon que buscaba la. salida por cualquier parte. Yo estaba ya jadeante
dos por apretada hilera de magueyes y cardones: podía distinguir apey trémulo por el ardor de la persecución que de frenético estímulo me
nas las tapias de adobe con sus tejados de palma. No había señal de
servía. Un instante, un solo instante, y la presa era segura. Yeíale el
movimiento y vida en aquella mansión, y una tristeza, vaga y honda
rojizo pelambre enmarañado é hirsuto y la esponjada cola casi barrienal mismo tiempo, la rodeaba por todas partes.
do el suelo y medio escondida entre las ancas ... Y de repente, en un
Ya he dicho en otra vez que el campo es triste, siempre triste, insolo punto y de un solo golpe, el animal saltó por oculto brinca.demensamente triste; y hay la singularidad de que la penetrante imprero de la cerca, donde sin duda los leñadores 6 los cuatreros habían rosión de melancolía que produce es tan augusta en la mediación del
dado las piedras para abrirse paso y comunicación entre lasidos desol como en el peso de 1a noche. Siempre existe cierta lobreguez en la
hesas.
majestad &lt;le esas dos horas; sólo que no hay en la del mediodía el horror que por la noche tanto perturba el ánimo y lo amedrenta. Pero
M.\NUEí, ,J. ÜTHÓN.
el que se encuentra en la soledad de los montes cuando el sol toca en el
( !'11\l' l.l'IH,\.)
cenit, siéntese flobrecogi&lt;lo perpetuamente por el infinito y perdurable
misterio de la Naturaleza. Y si el paisnje que se desarrolla ante los ojos
es dilatado, monótono y salvaje, entonces el alma va á empaparse en
la sagrada tristeza, como los picos más encumbrados de las montañas
se empapan en la suprema frialdad de las eternas nieves.
Aunque lo procuré con todo empeño, no pude dormir. El campo,
cuando no hay un objeto que divierta mi espíritu de las cosas comunes de la vida., prodúceme á menudo cierta embriaguez estática, ó más
bien dicho, ufm borrachera en que me sumerjo pláridamente hasta llegar, á fuerza de abstraerm., en la meditaci6n contemplativa,á ese punto muy semt'jante al Nirvana, que el inolvidable poeta describi6 en
un verso de penetrante intensidad al preguntarse:
((¿En qué pensamos cuando no pensamos? ...... »
Estaba, pues, llegando á ese estado espiritual, cuando un accidente s6bito me despertó de mi marasmo. En la estancia 1ue juzgué solitaria y que se aparecía como á un cuarto de legua, vi revolotear, tras
el cercado de magueyes, muchas aves de corral que en confuso desorden y apresuradamente pugnaban uor eludir un pdigro. Al mismo
tiempo aparecieron en el boquete que servía de puerta al solar dos mujeres que agitaban los brazos con ademanes y aspavientos desesperados, y ta.les gritoi:; lanzaban, f}Ue llegaron perceptiblemente hasta mis
oídos. Y en aquf'l propio ini:;tante, un animal que pude distinguir á
la distancia y acababa de saltar el cercado perdiéndose entre los matorrales del montecillo, apareció de pronto en plena llanura, corriendo
rápida y derechamente hacia el sitio donde yo me encontraba. Dos
perros ladrones furiosos le sfguían, pero sin lograr alcanzarle, y, dei:;alentados y rendidm:, fueron quedándo;:e atrúH, uno de otro, ya sin intento de continuar la persecución. Todo esto dur6 algunot; minuto~.
Yo me habí:i incorporado sobre el brazo derecho y al través del ramaje observa.ha. atenta y tautelosamente. El animal perseguido que con
t&lt;U ligereza lograra burlar la furiii de su;; enemigos, era un coyote gnmtle y peludo, y en el ho'.'ico traía una gallina negra que agitaba las alas
cacareando lastimosamente. A cada im,tante :-10 acercaba más á mi
puesto, y calculando yo que no tardaría en estar {¡ tiro, eché mano á
la carabina y me aperci?i á aguardar en acecho aquella á quien ya
consideraba por sr~urí,nma presa. Mas cuando el animal iba á ponerse á mi alcance, con la 1:!ingular astucia de que est{t dotado, adivinó
sin duda mi pre~cncia, por los movimientos que hice nece:::ariamente
al tender el arma para encañonarle y disparar en el momento que le
tuviese bien enfilado.
Y repentinamente el coyote torció el rumbo hacia mi derecha y á
todo escape se lanz6 atravesando los ba1bechos con dirección al cerro.
y con la misma rapidez me puse en pie; y desamarrar el cab11.llo y ponerme de un salto, sobre la silla, obra fué de un solo instante. Y desatentado bajé por la colina como i:i á despefiarme fuera, enderezando
la carrera en pos de la escapada bestia, á quien tratf desde luego de
atajar, cortándole el camino que hacia la montafia proseguía. Mucho
:\lcanzó á. aventajarme en tan cortos momentos; pero mi caballo.era U-

Domingo 17 de ?.'.layo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

m

P royecto para la construcción del Panteón Nacional.

fonso XIII árbitros en las reclamacioneis de
Espafia; pero, por lo que toca al superárbitro
aquel soberano eligió para que hi::iera el nom~
bramiento respectivo al Sr. Gral. Díaz, Presid_en!e de Ménco, y el. Supremo )Iagistrado se
s1rv16 confiar esta delicada misión al Sr. Lic.
D. Luis Gutiérrez Otero.
Hoy publicamc,s en nuestras columnas los
retratos de los Sres. Lirs. Gutiérrez Otero y
Durel
·

EL PANTEÓN NACIONAL.
P ublicamos en este número u11 grabado que
representa el proyecto del sefior Arquitecto
don Guillermo Heredia, conforme al cual se
construirá el Panteón Nacional cuya primera
piedra fué colocada solemnemente por el Primer Magistrado de la Nación, el viernes de la
semana pasada.
En otra ocasión hemos hablado acerra de
este proyecto y, por lo mismo nos limitamos
únicamente á dar á conocer el' dibujo en perspectiva de la gran rotonda y del monumento
que se levantará en el Panteón y que debe
contener los restos de los héroes de nuestra Independencia.
La ceremonia, sencilla é imponente fué
amenizada por una de las mejores band~s militares. El sefior Arquitecto Nicolás Mariscal
pronunció un discurso alusivo al act-0 que se
celebró, y el sefior Ramón Villalba recitó una
poesía que fué aplaudida.
Entre los concurrentes, vimos á los señores
Secretarios de Estado, á algunos jefes de alta
graduación en el Ejército, y á numerosos funcionarios de la Administración P6hlica.

tos niños Jlbandonados.
Pobres niños que brotan en la vida,
como brotan las flores en la sel va,
sin saber cómo brotan y sin ramas
que con sus hojas cubran su belleza!
Amadlos. ¿Son culpables esos lirios
de nacer del estiércol de la tierra?
Xutridos del rocío de las lágrimas,
sus corazones aman la tristeza:
si no murieran en su yerta aurora,
para siempre serían flores yertas!
En sus cálices blancos tienen almas
henchidas de suavísimas esencias,
y solos como van, siempre sonríen
sin soñar en miradas ni en ternezas.
Con sus ojos nostálgicos parecen
adivinar que vienen á la tierra
á morir::;e de olvido, cual las flores
que brotan en el fondo de la selrn.
Su de:stino es secarse cuando ríe
el sol de la amorosa primavera;
i:;er nota negra v fría en la alborada,
doliente inspiración de los poetas,
nieve en los hondos valles florecidos,
héroei:; &lt;le melancólicas levendas:
nacen para formar el ladÓ obscuro
del contraste fatal de la existencia.
Yo :i.o sé si más tarde de la muerte
renacFlr{tn cantando en una estrella;
más, al llegar las noches de diciembre,
sus carnecitas sin calor se hielan,
y se mueren soñando con los lobos
que tienen una madre que los quiera.
-TOAN

R.

JOONEZ,

DE HEREDIA.
LOS CONQUIS'l'ADORES

Sr. Lic. D. Lu is Gutiérrez Otero.

La Cuest ión d e Ve n ezuela.
Como se sabe, próximamente se reunirán
en Caracas los Tribunales de Arbitraje que
deben conocer de las diversas reclamaciones
presentadas contra\'enezuela por algunos países. Las naciones reclamantes, de acuerdo con
esa. República, nombrarán cada una un árbitro, designando al mismo tiempo al Jefe de
Es~do á quien corresponda elegir el superárbitro que habrá, en cada caso particular de

Sr. Lic. D. Fernando Duret.

lll:s recl~ma~i&lt;:m_e.~, de decidir los puntos de
discordia, dmg1entlo como Presidente del Tribunal los debates.
En las reclamaciones de México nuestro
Gobierno ha nombrado úrbitro al
Lic. D.
Fernando Duret, y el Rey D. Alfonso XIII
designado para nombrar el su perárbitro, ha en~
comendado estas funciones al Ministro de Espafia residente en Caracas. No se sabe aún
quiénes hayan sido deeignados por S. M. Al-

s;.

Como ~n ba~do _de halcones que el breñal,
De su altiva miseria fatigados
Dejan, de Palos jefes y forzad~i:;
Parten con suefio heroico y brutal.
A la -::onquista van del vil metal
De Cipango en los moutes apartados,
Y el viento !os empuja f.. los soñados
Confines de la tierra occidental.
Su afán ardiente de un mañana utópico
Los mece en el azul del mar del trópico
Que embriaga y dora sus constantes velas
Y ven surgir, con renovado anhelo
'
l\liles de estrellas nuevas en el cielo '
Delante de las blancas carabelas.
~'. NAVARRO Y LEDJ::SMA.

"ZULEMA."
El maestro Ernestv El~rduy, conoci~o por
sus ~ermosas y elegantísimas composiciones
mus~cales, acaba de dar una muestra de la
p}emtud de su talento, con el poema musical
«Zulema,» re¡,resentado en el Teatro Principal
hace pocos días.
La obra del maestro arrebató el corazón de
los e~pectadores, por su dulzura y su apasionamiento, nada vulgares.
Su 1;1érito es tal, que no pudo pasar disimulado m aun para. la muchedumbre acostumhra~a {~ las e:icenns grotescas ó ridículamente
sentimentales del género chico.
Auu la misma Empresa del Teatro Principal, comprendiendo el alto mérito de la obra
pu-o em~eño en que ésta fuera representatl:'l
con propiedad, para lo
q ne mandó pintar decoraciones y hacPr trajes bastante á propósito para que su aspecto
no desdiga de lo que la.
m6sica significa.

*
Por los grabados que
ahora publica m os,
nuestros lectores podrán apreciar el conjunto de algunas escenas de las más salientes de la obra.

Sr. Janet, escenógrafo

del Principal.

•

�•

Domingo 17 de Miay,o de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO .

EL MUNDO ILl.JSTRADO.

Domfngo 17 de Mayo de 1903.

1.-Terraza de un Cas-

tillo en
nopla.

Constanti-

2.-Dúu del ler. cuadro.
3.-Un Bazar.

4.-Baile de bayaderas.
5.-El Harem.
6.-Mercado de esclavas. Muley liberta !í
Zulema.

•

�Domingo 17 kle Mayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

JlJL MUNDO ILUS'1'RADO.

El turlto~lo Quintana Roo.
En el presente número ampliamos nuestra
informaci6n gráfica relativa á la campaña de
Yucatán, dando á conocer otra serie de fotografías que creemos será de interés, por trafarse de un asunto muy poco conocido, en sus
detalles, de la generalidad de los habitantes
clel país.
En una de nuestras ilustraciones aparece
la «india Desideria", que ca8i desde que se inici6 la "Campaña, ha prestado buenos servicios
á las fuerzas federales, guiándoias á través de
los bosques que pueblan la comarca, hacia los
puntos en que se ocultaban los rebeldeP.. Ln
india está acompañada de otras mujeres de su
familia.
En otro de los grabados que ofrecemoi&lt;, puede verse un hospital establecido en el campamento ccGeneral \'ega» con el ohjeto de atender
á la a!'istencia y cuidado de los soldados enfermos. El edificio es de madera, está pintado
con aceite en su parte interior, para facilitar
el aseo de sus pisos y paredes, y consta de varios departamentos capaces de contener cada
uno hasta cincuenta c,1.mas. E;ito,i departamentos reciben luz y;ventilaci6n por una
serie de amplias ventanas abiertas.en los muros laterales. La casa del señor_ General de la

La guía Desideria y

EU

familia.

El Sueño ele Don Juan

Hospital en el campamento Vega.

cual ningún otro recuerdo. Y pens6 arrojar de
su corazón desolado el recuerdo de sus besos.
Y los recuerdos de sus besos comenzaron á salir de su corazón supliciado, por su boca entreabierta, en forma de unas tardas, y lánguidas y dolientes mariposas.
. Las primeras que aparecieron en su hoca y
volaron por la estancia fueron negras. Y Don
Juan pensó: esas mariposas negras deben ser
el recuerdo de los besos nacidos en las noches
de locas orgías sobre los labios sin amor de las
mujeres impuras.
Luego volaron de la boca las mariposas amarillas. Y Don Juan pensó otra vez: esas deben ser los besos de las atroces perfidias. Y
por último aparecieron las mariposas azules. Y
Don Juan, lleno &lt;le melancolía, recordó que
aquellas mariposas serían el recuerdo de los
besos románticos que &lt;lió temblando cuando
su coraz;',n en flor apenas tendría quince radiantes, inocentes años!
Y todas aquellas mariposas volaron de su
boca marchita como de una flor sin perfume.
Volaron algún tiempo por la estancia mortuoria, y huyeron al fin en aturdida caravana, á
recorrer eternamente los jardines del mundo.
¿Pero el destrozado corazón de Don Juan quedó completamente vacío?
¡Ah! no. Hubo una mariposa que Don Juan
nunca creyó ver salir á su boca impura de libertino empedernido. Y fué una mariposa
muy blanca, muy pálida, muy radiosa que
agitando sus alas de nieve impo,ible sobre la
vaga palidez de sus labios, no quiso huir de su

Sobre la copa de un ceibo, cantaba un turpial al Sol, cantaba á la gloria de la Primavera, la bella estaci6n radi&lt;1.1üe. Pero Don Juan,
envejecido, tembloroso, apolillado y roído por
los afios, miraba con melancolía á la púrpura
lle las rosas y al oro del Sol. A los 80 aiiospensaba,-en un día de primavera, los viejos
no piensan sino en dormir. Son como la ceniza. Quieren dormir para conservar en la entraña, intenso y puro, el rojo rubí del fuego.
Y Don Juan, bajo la sombra. del ceibo en flor
donde cantaba el turpial,se durmió profundamente...... Y sofi6.
Sofi6 que había muerto y que se encontraba envuelto en una mortaja muy blanca dentro de una urna muy negra. Cuatro cirios de
cera pálida alumbraban con su llama triste su
cadáver; y su cadáver se morfa de fastidio en
la gran estancia mortuoria, en donde no se ·escuchaba el menor s0llozo de mujer. ¿Que se
habían hecho la muchedumbre de sus amadas? Las infinitas Eulnlins y Leonoras ¿por
qué lo habían abandonado en la hora suprema de su muerte? Decepcionado, cruelmente
decepcionado, pensó en los innumerables besos que había depositado en tanta linda boca
infiel. En aquella hora de soledad, el recuerdo de esos besos era torturador y amarguísimo

Vega, es también de madera, y tiene la forma
de un «chalet."
Por último, reproducimos la vista de un estero cercano á Chan Santa Cruz, y las de algunas partes de la selva maya, donde se abri6
brecha para el establecimiento del ferrocarril
militar. El grupo de trabajadores que aparece en una de ellas, está formado por negros
contratados en BelicP, para la ejecución de la
obra.

Casa del General de la Vega.

.

'

·~~'. ·, . -~~-..·~ :.~•

coraz6n abandonado ...... No quiso huir, y al
contrario, tornó al corazón solitario de Don
Juan, porque aquella mariposa divina era el
recuerdo de un beso que no pudieron dar sus
labios, de un beso que murió tristemente en
su boca, una tarde de primavera en que encontr6 con los labios entreabiertos y la respiración anhelosa, á una muchachita, rubia como un rayo de sol, que en su nómada vida de
bohemia, libre al deseo, se había quedado dormida sobre la yerba, bajo la sombra de los
ceibos, en el recodo de un camino solitario....
A. FERNÁNDEZ GARCÍA.

·-·

Un pueblo es el medio de que ee sirve la
naturaleza para producir seis ó siete grandes
hombres. Sí: y en seguida para evitarlos.
Un grupo de trabajadores en el Ferrocarril
militar.

*

En la venganza y en el amor, la mujer es
más bárbara que el hombre.

Bajo el dosel movible de vid jugo1,a
donde cuelgan racimos de moscntele~,
riendo las manolas y churumbeles,
celebran una juerga jacarando~a.
La rubia manzanilla corre espumosa
tiñendo de amarillo blancos manteles,
y resuenan mil voces y cascabeles,
y es la luz más ,\legre y esplendoro1&gt;a.
Se escuchan castañuelas y carcajadas,
chasquidos de cristales, risas, palmadas,
y suben por los aires anchos sombreros.
Y al surgir de los pechos tristes canciones,
las guitarras preludian con sus bordones
las notas sugestivas de los boleros.
Trabajos en el Ferrocarril Militar.

• 1

•

Un estero en Quintana Roo.

CUADRO ANDALUZ.

RENÉ LóPRZ.

bom1ngo 17 de Mayo de 1903.

La fechada del Hospital "i:&gt;orfirio Dlaz" en Chihuahua.

El J;ospttal "Porfirio Dlaz" dt eblbuabua.
Entre las numerosas mejoras materiales lleYadas á rabo últimamente en la capital del Estado de Chihuahua, figura el Hospital denominado «Porfirio Díaz,,, qu&amp; se levanta en la
Avenida Colón de aquella ciudad y que es, sin
duda, uno de los mejores del país.
El edificio fué construído previo el dictamen de personas respetables por sus conocimientos científicos, y su costo, en números redondos, se eleva á cien mil pesos. El estilo
g:en~r~l de la construcci6n es ,el gótico; el frontisp1c10 se compone de un portico central defendido por una verja de hierro y ocho ventanas distribuídas simétricamente, y el sistema
adoptado para la distribución interior es el de
pabellones aislados que forman dos grupos
uno para hombres y otro para mujeres. Ade~
má~, el edificio cuenta con departamentos especrnles para la Direcci6n, habitaciones de
ei:nple3:~os, sala de recibir, biblioteca y Admimstrac1on, así como para Botica Laboratorio
de Química y gabinete bacteriológico y de electricidad.
El nuevo hospital fué solemnemente inaugurado bajo la administración del Sr. Coronel
Ahumada, hoy Gobernador de Jalisco.

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15

DE MAYO DE

1903.

(APUNTE DE ALCALDE. )

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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