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.,_;:?/{:· . ;_!, ..,. .,; &lt;::·:},:.{-,-'~\f~';~· -

El Sr. Presidente de la República coloca la primera piedra del Panteón Nacional.

Q•• llldal/a de Oro E~p. dt Hltitne di la inlincia l'arl• .' ~~

CAPERüzrd:~~~r:n'iico.

~,-

. •~,

15

DE MAYO DE

1903.

(APUNTE DE ALCALDE. )

�Domingo 24 de M'a(fo de '1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 21

EL MUNDO ILUSTRADO.

oe Maiyo

de 1903.

DÍAS DE ROMA.
S. P. Q. R.

et eapitolio.

alturas, hoy apenas adivinables, de esta roca
bicéfala, la que está á nuestra izquierda (vemos al Fo-ro) fué la ciudadela, fué el acrópolis
Una advertencia: en este Capitolio que tede Roma, y la que está á nuestra derecha susnemos á la vista, nada hay del antiguo, ó metentó, fortificado también, el templo triplede
jor
dicho,
de
los
antiguos
capitolios,
nada
arEra domingo; salimos temprano-¡oh núJove Capitolino. la cabeza de la ciudad, dediquitectónico, al menos. Y aquí ha llegado la
menes propicios al viandantel-y armados de
cado junto con Júpiter (Dyaus-Piter-Dios paoportunidad
de
ponerme
en
actitud
de
maesnuestro guía, que estaba co~o nunca de buen
dre) á :Minerva y á Juno. Luego los griegos
tro
y
de
dómine;
pero
esto
es
fatal:
np
se
ha
humor es decir .que charlo hasta los codos,
la dieron en la flor de identificar la desdado
el
cai&lt;o
en
el
transcuri-10
de
los
siglos,
de
nos pa;amos la ~lara ~aftana en_ el Capitolio.
nuda mitología romana, ideada lentamente
que
un
catedrático,
nuevo
ó
viejo,
deeperdi(Para visitar las admirables secciones arqueopor un pueblo de campesinos mercaderes y
cie
la
ocasión
de
ser
pedante.
Pecho
al
agua.
lógicas de los museos romanoi&lt;, nad3: h~y _coguerreros
á un tiempo, con la suntuosa mito,
Subamos
al
«campanile,))
digo,
IÍ
la
torre
del
mo el librillo en dos tomos de Helb1g intitulogfa
suya
(de los griegos). Fué ésta una de
palacio
senatorial.
No
describamos
el
panolado «Museos de arqueología clásica de Rolas
formas
del
desquite que tornaron los conrama;
es
regio,
sin
embargo,
es
imponente
esma»· por desgracia mi ausencia del alemán
quistados sobre los conquistadores materiales;
te lago de techos pardos, unos que se ven
me ha impedido conocer el tan celebrado ~orno
mental y moralmente la verdadera conquismuy bajos, otros muy altoia, dando Fo~bra
citado «Cicerone» de Burckhardt.) Subimos
tada fué Roma. Entonces Jove resultó Zeua,
con los aleros á las fachadas que se emprnan,
por facilísima rampa, y gracias á una escalinaJuno era la Heré griega, y Minerva se identiamarillentas
en
derredor
de
sus
ventanas
y
ta lateral dejamos á un lado la monumental
ficó con la menos romana de las divinidades
~aleones de todas las formas y colores, y las
que asci~nde entre jardines y desemboc~ en
del Panthe6n helénico, con Athena, que es la
masas de verdura y los vericuetos que son las
la plaza en medio de dos grupos. soberbios
divinización de cuanto en el genio griego ha1.
calles, y las torres·y las cúpulas y los nom·
( los Dióscuros) que forman los extremos cende más intelectual y annónico.
brea
sonoros
y
prt-ñados
de
recuerdos
y
de
trales de la balaustrada; nos eIJcontrábamos
Lo cierto es que el templo de Júpiter capihistoria que brotan de todos los hacinamientos
en la meseta capitalina. La impresión es entolino
era bajo, ancho, tosco, pintarrajeay
surgen
de
todas
las
penumbras;
allá
la
cúcantadora; la plaza embaldosada, limpia y
do con un amplio frontón deforme, decorado
pula de San Ped~o, en el horizon~e, como una
amplia, cerrada por la gran balaustra&lt;la decoco~ relieves y remates de barro cocido; un
eterna tiara de piedra, aquí la cmta lechosa
rada por los dióscuros [Caetor y Pollux] y
verdadero templo etrusco, erigido por los Tardel
Tíber,
que
pe
acerca
al
mon~e
ca
pi
to
lino
en
por los llamados trofeos de Mario, á nu~stra
quinas, que eran probablemente reyes etruscos,
un amplio bucle que se canahz~ en;erran~o
espalda; por linderrn,, al fr_ente nue~tro, tiene
y que incendiado y destruido variaR veces, f~6
una ii,leta y se pierde en un laberinto o i,e a leJa
el palacio del senador sobrio, grandioso y elesiempre restaurado en su vPnerada forma pn¡¡ formar otro recodo: éf&lt;e era el Campo de }'.forgante coronado por un gallardo campanile
mitiva. Domiciano lo vi6 incendiar y acab6
te,
n.os
decía
el
parlero
«cicerone,,&gt;
y
era
ciercuad;angular; á los lados el museo capitalino
de reconstruirlo en su misma forma tradicioto; ahora lo cubren las «villas)) y las carns, lo
y el palacio de los «coni:ervadores• \. habrá que
nal, aunque suntuosamente enriquecida, reFurca
el
Corso
Vittorio
Emannele
y
allí
donno leer de «los mochos»). Los edificios corosultó un verdadero templo de oro, que dur6
de maniol,rahan los soldados de la República
nados de balaustradas y estatuas, decoradas
hasta algunoi&lt; siglos después del cristianismo
v se transformaban los ejércitos en colegios
sus fachadas con mayor 6 menor arte, en el
triunfante. El palacio Caffarelli, la actual casa
~lectorales y se celeuraban en tiempo del impuro estilo neohelénico del Renacimient~,
de la Embajada del imperio alemán, ocupa
perio juegos á que a~ii&lt;tfon los romanos al
forman un conjunto hermoso que hace respicasi todo el sitio en que estuvo el templo. Si
abrigo de magnífrcos pórticos y se alzaron un
rar el alma á sus anchas, si puede decirse así,
los arqueólogos alemanes dejaran demoler una
dfo las piras de incineración ele Syla y de Auy que revela bien la mano del que hizo la traparte de su palacio, es seguro que se encongusto y sus gigantescos sepulcros, nada hay
za y firmó: «Miguel-Angel.,&gt;
trarían
preciosas reliquias é indicaciones.
característico.
nada
que
no
se
parezca
á
la
En el centro el Marco-Aurelio; pobre em¡Lástima que no lleven su arqueología hasta
Roma que nos circunda.
perador éste, el destino quiso tenerlo á ca~allo
Vuelva u¡¡ted la espalda al Campo de Marallí!
toda su vida y toda su muerte; fué y sigue
te cccaro signore,» decía nuestro consultor, y
siendo el emperador ecuestre, y no era con
***
v~a.i, :ii:fectivamentevi, vi la historia de Roma;
eso con lo que soñaba; soñaba con transforEsta
casa
flamante
[flamante en compara•
allí estaba en un trozo de tierra, rodeado por
mar el palacio imperial en una casa modesta,
ci6n
de
las
otras
antiguallas
que pululan i
celas
siete
colinas"
:
el
Capitolio,
aquí;
á
mi
donde, descansando de los trabajo:; de la adnuestra vista] en que se albergan hoy los muderee;ha el Palatino, cargado de ruinas impeminietración del mundo, confiada á una plénfoi pes romanos bajo el rectorado de don
riales· entre él y el Capitolio, en un plano leyade de filósofos, se hubiese consagrado al
Próspero Colonna, uno de los hombres y de
jano,' el Aventino, el sacr~monte d~ la plecomercio intimo con los libros de los grandes
los
nombres más decorativos que puede ha•
be·
escondido
por
el
Palatmo,
el
Ceho;
aquí
pensadores, á departirá diario C?~ un ~rupo
liarse, está henchida de recuerdos medio-evadelante el Esquilino, á cuyo pie fabricó Nerón
de estoicos benévolos, sus correhg10narios, y
les; allá abajo, en una sala que es hoy una
su Casa de oro, de todo ello queda un recuerá dedicar las noches á un diálogo noble y proespecie de bodega, fué coronado Petrarca hado colosal, el Coloseo, el coliseo como decimos
fundo y sin fin con· su conciencia. Pero los
ce cinco ó seis Riglos ¿qué se yo? Y éste es. el
nosotros
que
allá
en
la
lejanía
muestra
sus
bárbaros rompieron las barreras poco cuidarecuerdo que más me conmueve: conmoci6~
rotos
bo;des;
el
Quirinal,
la
colina
regia
de
das de aquel imperio de los Antoninos, tan
puramente oficial, digámoslo así, como mll
hoy, la verdadera Roma primitiya q~izás, que
quieto y tan feliz, y ya tenéis á mi hombre
buenos
lectores se figuran; en el fondo me im·
en
el
crepúsculo
auroral
de
la
historia
de
este
obligado á empeñar basta eus muebles para:
porta poco que Petrarca haya sido coronado 6
pueblo se unió con esta Roma semietrusca
atenderá los gastos de la guerra, pues que el
no; mas como he perpetrado versos en afi08
del Capitolio y el Palatino. Y la unión no era
erario se había ido agotando, sin necesidad
mejores, tenía el deber de «emocionarme.•
dificil la naturaleza la indicaba con un crescasi de ser repuesto, y forzado á montar á caNo nie emocioné sino por escrito. Más me
tón
q~e
unía
el
cerro
de
Quirino
(Marte)
y
ballo· no ha desmontado, ya lo veis. El cabaimpresionó la humilde celda que vi hace poel Capitolino, cresta que rompieron los Antollo e; arrogante, no me gusta por barrigón; en
cos días, en que el Tasso agonizó y murió eaninos para alojar nuevos foros grandiosos, hoy
el reino animal, y comprendo en él provisioperando su coronación.
.
sepultados, exceptuando un fragmento del de
nalmente al hombre, no me gustan nosotros
¿Qué
deseaba
ver
en
estos
museos
del
C
apt•
Trajano,
domiuado
todavía
por
la
magnífica
los barrigones [¡y qué diría mi excelente don
talio? Todo; pero confieso que hoy que miro
columna sepulcral que imitó Napoleón. C&amp;:ar,
Rafael A. de la Peña, de esta construcción l],
en
mi recuerdo, sólo percibo un tumulto _de
Augusto,
Trajano,
Constantino,
fueron
para
y tengo para mi que los caballos barrigudos
figuras, de colores, de reliquias; los dos ed1fi•
Ja Edad Media los emperadoree, por excelenque figuran en los cuadros de Rafael y Velázcios iguales y simétricos que á entrarobü!! la·
cia. Sólo Nerón rivaliza en popularidad con
q uez v. g. y en las e~tatuas de Gattamelata 1
dos del palacio senatorial erigen sus arquitecellos en el sentido del mal. A Trajano, lo ende Felipe III (Madrid- Plaza mayor) sou lnturas
magníficas, esas que han servido de mocont~ó
el
Dante
en
el
Purga.torio
salvado,
grajos de éste. En cambio, el hombre qué nobledelo cláeico á muchas generaciones de alum·
cias á las oraciones de San Gregorio Magno,
mente qué majestuosa, qué imperialmente
nos en las escuelas de Bellas Artes, inclusive
apasionado del gran español justiciero y filánsentado está y qué uello, qué archil&gt;ello mola nuestra, son dos museos: pero el de los con·
tropo «ante quien muda se postró la tierra."
numento de conjunto resulta. Miguel-Angel
servadores ó munícipes romanos, da idea de
Y fJSas son las siete colinas; entre ellas corre
le arregló el pedestal, bajo por cierto, en un
un formidable mosaico hi~tórico. Todo se me
una larga hondonada que ,·a desde deu11j9 de
fragmento de edificio antiguo. Toda vía se norevuelve y confunde en la memoria: una masa
nosotros hasta el arco tle Tito; éi;e es el Foro,
ta que la e3tatua estuvo dorada, y si el origiprodigiosa de fragmentos y reliquias de Roma,
e~ ya lo dije, la historia antigua &lt;le Roma.
nal tornase á la vida, no le disgustaría saber,
'Porque, como sauéiR, los edificios &lt;lel Capiurnas sepulcrales, estelas votivas, fragmen~
tanto así despreciaba el falso brillo, que su esincrustados en los muros, como estaban en !
tolio no miraban al Tíbe1 como los de hoy,
tatua se salvó de las destrucciones de Roma,
Forum ( en la «regia" ó casa del pontífice máXI·
sino al Foro, al antiguo mercado, lentamente
desde la época de Alarico á la del condestable
mo ), muy interesantes para mí, profesor, ¡ay!,
convertido en la plaza pública del mundo ande Barbón más de doce siglos, gracias á que
pero poco hablantes para mí, viajero; vasos, es•
tiguo. En este lugar en que estamos hubo un
· el vulgo c;ey6 siempre que era la estatua de
tatuas y medias estatuas, y bustos y más bustoet
bosquecillo,
el
«intermontium,1&gt;
y
de
las
dos
Constantino.

***

EL CAPITOLIO.

deliciosa la estatua del «muchacho de la espi( virtus romana) en ese rostro, en ese hirsuto
na,»un poco inconcl uída, mejor por eso quizás;
cuello, es indecible; los ojos,que aun guardan
en una gran sala solemne, la de las reuniones
restos del esmalte primitivo ( uno de ellos)
del concejo, dos estatuazas, una en bronce, de
dan miedo. Indudablemente que es la loba d~
mármol la otra, de los papas H. y R. [no reQuirinus, la guerra, la muert1i, la amamancuerdo] ,obras modernas, pero pomposas y autadora de aquella doble aldehuela del Lacio
gustas de veras; tropiézase en aquella visita
que se alimentó con fierro en vez de leche
con objetos etruscos, con recuerdos de Gariconquistó al mundo.
baldi, con bustos de hombres célebres. de italianos ilustres [no se parecen á los bustos de
***
la Roma vieja, que son de italianos célebres
Pasamos de nuevo frente á la estatua de
también]. Y ni las galerías de pintura acertaMarco-Aurelio, que aun guarda un relámparon á fijar mi atención mareada: los nombres
go de oro en el exterior y otro de bondad en
sí, éste es un Tiziano, éste un Rubens, ése un
los ojos que parece el reflejo de un foco esconVan Dyck; éstos son cuadros de los «primitidido. ¡Qué admirable estatua! ¡Qué ademán!
vos,» entreví que había alli bellezas en aquel
El cctu regere imperio populos,» toma, ante la
kaleidoscopio: ¿cuáles?
clemencia augusta de esa mano tendida un
acento casi cristiano.... ...
'
Sí, hubo un objeto que me atrajo, me fijó y
El museo de los Conservadores puede conque ahora surge en el desbarajuste infinito de
siderarse fundado por ~ixto IV, uno de los
mis reminiscencias, como si una pirámide de
grandes mecenas del movimiento que resuciescombros alta como el castillo de Santángelo
tó el arte pagano y reno,·ó :i.l mundo inyecle sirviera de pedestal: la Loba del Capitolio.
tándole el sentimiento y, e1 pensamiento anNo sé si ésta será la loba original, el paladión
tiguos; digno tío de Julio II. Este otro mude la Roma republicana; los arqueólogos disseo capitalino, es rival del otro y lo comenzó
putan sobre esta. ¿Es obra de la Edad Media?
Inocencia X; es admirable. Entramos, y en el
¿Data del siglo V antes de J. C. y es un ejempatio nos dimos de manos á boca con un seplar del arte etrusco-romano? Las notas mejoflor que queríamos conocer, con Marforio.
res dicen que cuando se incendió ó se derrum¿Conocéis; lectores, esta historia? Voy á refresbó en el siglo X la Basílica de Letrán, el recárosla en cuatro palabras: los estudiantes &lt;le
constructor ( d papa Sergio III) hizo buscar
uno d9 los establecimientos eclesiásticos de
para decoración &lt;le la pJ·aza alguna estatua anprincipios del siglo XVI, tu vieron la ocurrentigua de gran significa.ción. Entonces supo que
cia de fijar sobre un fragmento de estatua ( de
entre los escombros de un templo pagano en
Patroclo; existe todavía) que se hallaba en un
el Forum, estaba la «Lol&gt;a.i&gt; mutilada;la hizo exángulo de cierta plazuela, epigramas latinrn!
traer, un fundidor cualquiera le agregó las pierinofensivos primero, violentamente satírico;
nas, mal hechas, pero muy bien ajustadas.y la
después; muchos se han conservado, y la cosremendó aquí y nllÍI¡ en pleno siglo XVI fué
tumbre no se ha perdido del todo. Como por
trasladada al Capitolio y un artista del Renaciallí mismo vivía un charlatán de lengua vipemiento le agregó lo:i dos ge¡nelillos que acerrina que hablaba mal de todo y de todos [¿un
can sus bocas á las ubres seculares. ¿Q,1e si es
maestro de escuela, un 1&lt;astre?] llamado Pasla loba original? Claro, evidente: es Roma. Es
quino, el fragmento de estatua pasó por símla república dura, feroz, heroica, invicta; no,
á ésta no le arrancarán los hijos. Lo que hay ' , bolo suyo y la gente le llam6 Pasquino [ de
de. expresión, de fuerza, de valor, de virtud ~donde nuestro «pasquines,&gt;]. Pero los desaho-

y

gos de Pasquino tenían una réplica y de ella
se encargal',a otra estatua que se encontraba
en un lugar llamado cela salita de l\farforioi,
frente á la antigua prisión mamertina [hoy S.
Pietro in carcereJ ; esta gran estatua que representa IÍ un dios fluvial, está hoy en el centro del «cortilei, del museo capitolino.
Después comenzó el desfile de estatuas: dioses y hombres y relieves magníficos en las
tumbas [véanse los catálogos, que no he de rehacer] y mosaicos de una ejecución maravillosa. ¡ Pero, Dios mío, casi todo está restaurado! En Roma, en toda Italia, todos los artistas han sido restauradores, incluyendo el archigrán Miguel Angel; todos han profanado.
Aquí hay alguna de estas resta uraciones que
es una revelación. Un Hércules ¡¡e encontró
mutilado; un escultor, y no malo le puso á
su gui.;a los miembros que le falt¡ban; éstos
fueron hallados luego y se pudo ver la magnitud del disparate del artista restaurador. ¡Horresco! Odio las restauraciones hechas sobre
los originales mismos; creo que deben hacersé
reconstituciones con e3crupulosidad religiosa.
-No opino por que deban dejarse perecer las
ruinas; aquí está. el monu::nento, aquí el fragmento desprendido, colóquese en su lugar.
Hagamos esto con nuestras ruinas mejicanas
que las estaciones desmenuzan y cuyos fragm entos se va llevando el viento ......... á los
mu seos extranjeros.
Si no respetase el buen humor de mis lectores, á quienes supongo fastidiados por estas
largas enumeraciones que no tendrían fin si
quisiese puntualizar un poco, les hablaría
aquí de la «Planta de Roma» (tan buscada
y estudiada por arqueólogos é historiógrafos)
y qu~ yo devoraba con los ojos ¡ay! sin poderla casi entender. Ocupa es;e plano de Roma hecho en el tercer siglo imperial [en tiempo de
los Severos] amplios trozos de muros y está
compuesto de innumerables fragme~tos 110
todos bien dispuestos y que aun no completan la traza augusta.-Algún día quedará res-

�Domingo 24 de Mayo

&lt;&gt;e 1903.

taurada [todavía se están descubriendo fragmentos] la «Forma UrbiSJ&gt; y esto será una alegría para cuantos en nuestro amor por la Roma
de hoy implicamos el de la muerta Roma señorial, madre común de los latinos.-Les hablaría á fuer de trashumante pedagogo de las
«Tabula Iliaca," obra escultórica compuesta
de piezas marmóreas para ilustrar los cantos
de la Iliada enseñados en las escuelas griegas;
enseñanza demostrativa que, antes que nosotros, practicaron los antigum1.
Mas volvamos al arte. ¡.Pero eH arte puro
éste? Este de las galerías de bustos imperiales
y de filósofos, etc.? Es interesantísimo; no sé
si haya algo más interesante. JJ;ntra uno en
estos cementerios de fisonomías hist6rica1,, como si quisiese sorprender en las líne11s del
rostro, en la mirada am1enle de los ojos de
mármol, los verdaderos, los secretos móviles
de las acciones de aquellos hombres que con
un solo capricho imprimían gigantesca, oscilaciones en la balanza de los destinos del
mundo.
Muchas de estas efigies Re ven tan repetidas
en los museos romanos y en otros de Italia en
estatuas, bustos, relieves y 'lledallas, que acaban por sernos familiares y un Augusto, un
Nerón, un Domiciano, un Trajano, un Hadriano [con éste comienza la serie de los emperadores barbudos], un Antonino, un Marco
Aurelio, un Cómmodo ( este histrión infame
es hijo indudablemente de Marco Aurelio, los
bustos comparados lo dicen y es una lástima;
yo no habría tenido inconveniente en condenar veinte veces por infiel á Faustina, que,
de seguro, lo fué, con tal de purificar al emperador bueno del delito de haber engendrado á Cómmodo). Luego el tipo romano se
mezcla con caracteres númidas en los Severos;
Caracalla, el fratricida e3 odioso, sin ser antipático, es el rostro de Caín; luego viene la
chusma¡ arte y máscara humana todo va naufragando en lo rudo, en lo innoble; á las veces se levanta, hay un esfuerzo, un aleteo de
alma en la cárcel de mármol¡ luego todo se
acaba; los bárbaros reinan. Entre los bustos
de los filósofos( así se denomina una sección),
los bustos de Sócrates, de Esquilo, de Cicerón, son los que, á pesar de la ate1\ción fatigada, retienen más, como entre los de los emperadores obligan á retardar el lento paso y á
detenerlo algunos minutos, tres mujeres, Domicia, finísima obra, Sabina, ej~cución brillantísima, y una de las Julias de la corte de
los Severos, una asiático-romana.
Y así se suceden las horas, y los ojos se cansan,y los pies duelen,y la curiosidad no duerme, sin ern bargo: se asciende á las salas en
que están las obras maestras, originales ó ré-

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILuSTRADO.

Domingo ?4 &lt;le Maiyo de 1903.

El "tonma" tn Erui,ción.
El volcán de Colima, según los datos recogidos en el ObserYatorio Meteorológico, ha ent~ado en~ un período de gran ac~ividnd. A pll.rtir del fo de febrero, las erupc10nes han sido
muy frec.uentes, registrándose algunas, como
las ocurridas el 18 y el 24 del mismo mes entre las que i-e clasifican como mi\ximas. '
Todo el mes de marzo continuó el volcán en
erupción¡ dmante el de abril permaneció casi inactivo, y últimamente, como antes decíamos, ha vuelto á coronarse de fuego causando
entre los moradores de las poblaciones cercanas el pánico consiguiente. Lafotograííaque
ofrecemos á nuestros lectores repre!:'enta una
f~se-la más importante sin duda-de la ernpc16n del 2-i de marzo. Esta ocurrió á la 1..55
p. m:, efectuán~o~e en !'leis impulsos y en el
térmmo da media hora. Fuertes ruidos sub-

La primera piedra del Panteón Nacional.-EI señor General Díaz en la plataforma de honor.

plicas ó reproducciones hechas con tanto arte
como los originales,y adiós cansancio, las horas vuelan y ya sabe uno á dónde volver y
vuelve: yo no quería ver ni á Bedeker, ni á
Helbig¡ no quería indicaciones, quería la impresión directa, sin intermediarios. No quería estudiar, quería gozar; no quería saber si
esta estatua era arcaica [trátase del arte griego, que es el único arte puro] ó si era del período ático, ó si del alejandrino y helenístico
que inundó á Roma con sus copias y producciones, bellísimas algunas, interesantes todas.
Un .filósofo [Zenón, dicen, el fundador del
estoicismo] de un parecido sorprendente (no
lo conocí, pero no le hace, se parece, vi ve, habla, dogmatiza, impone), un sátiro descansando, adorable de gracia; el niño ahogando al
ganso, tan cómico, tan primorosamente ejecutado ¿qué sé yo?
Sí sé:la Amazona herida, bien dolorosamente mujer; el grupo del muchacho y la muchacha ( en el gabinete de la Venus) que en su
maravillosa verdad tiene tanta psicología y fisiología como una lección de Ezequiel Chávez sobre el despertar de las pasiones que

aseguran al mundo un largo reinado para la
prole de Adán.
Y luego el Galo moribundo; es un gigante
herido que cae sobre sus armas, que no piensa, que no ora, que no sufre, que repasa antes
de expirar su vida errante de combate, de
amor y de gloria.y que quiere no dejar caer la
cabeza sino muerto. Mis lectores saben que en
nuestra escuela de Bellas Artes hay un Yiejo
yeso que reproduce esta magnífica estatua en
sus mismas proporciones.
La muerte: aquí está la vida, aquí está
la divina mujer de carne blanca y pura, que
para no ser arrugada y profanada por los años,
ha tomado la consistencia cristaliua del mármol y que de tal manera es en la inefable música de sus curvas un poema de salud, de
amor, de pudor desnudo y de inmaculable belleza, que la impresión canta en nuestro interior como el eco de una lira ó de un ruiseñor.
No sé qué disparates estoy diciendo; esta
madona del arte que se llama la Venus del
Capitolio, sagrada de verdad, de esplendor y
de vida, hija de Praxiteles [ó nieta suya por
lo menos], es una de esas elocuencias del mármol por donde el alma helénica se ha puesto
en comunión con el alma de la humanidad .. .
En fin, hay que irá verla y no divagar ..... .
Sólo tú, madre divina de Aiilo, sólo tú, pe•
ro tú sola, eres más bella, más diosa, más mujer, más alma; sólo tú tienes, en 1a purísima
sensualidad de tus labios, la sonrisa misma
del Ideal.

..

En la cúspide del volcán

terráneos que se prolongaron por cinco minutos, precedieron al imponente espectáculo.

Cráter del "Tacaná.''

El cerro "Malat" cubierto por las cenizas.

***

JUSTO SIERRA.

[a Primtra Pitdra dtl Panteón nacional

A propósito de erupciones vol::ánicas, reproducimos algunas fotografías tornadas durante el viaje que el Sr. Gobernador de Chiapas hizo á los lugares del Estado de este nombre que más sufrieron con motivo de la reciente erupción del "Santa María." En una
de ellas aparece el Sr. Gobernador, acompañado de las personas que con él emprendieron la excursión, descansando en la cúspide

del volcán "Tacaná." En otra se ve el cráter
del mismo volcán, y en las demás, la entrada
d~ ~ste¡ un cerro cubierto de cenizas y la plamc1e en que estaba situado el cráter primitivo.
Las personas que rodean al Sr. Gobernador
son las siguientes: Ingeniero Manuel Paz
ContreraR, Dr. Juan G. Saldafia, Adeodato
Román, Ingeniero X. K. López, dos •'prácticos" y algunos rurales. -Por el orden en que
citamos á estos caballeros, están numera.dos
en la fotografía.

Planicie del cráter primitivo del volcán

Dimos cuenta en el número anterior de este
semanario de haberse efectuado el 15 del corriente la ceremonia de colocación de la
primera piedra del Panteón Nacional.
Ampliando nuestra información relativa á
esta cere!l}onia, publicamos un grabado que re•
pre.5enta al Sr. Gral. Díaz y á Jos Sres. Secre·
tarios de Estado en la plataforma de honor, y
otro en que puede apreciarse el aspecto que
ofrecia, en conjunto, el local dispuesto para
la concurrencia, dun.nte el acto referido. En
lugar prefer-t1nte verán nuestros lectores un
dtbujo en que el Primer ~Iagistrado aparece
colocando la primera piedra del Panteón.

La concurrencia durante el acto oficial.

Entrada al cráter del "Tacaná"

·

�Domlng,o 24 de Maiyo d-e 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Eutntos dt Espantos
111
Por ese lugar precisamente había saltado el coyote y desapar~cido,
sin que á verle volviera en todo aquel espa!'iO. Trepé por las piedra&amp;
rodadas del brincaclero, siempre llevando del ronzal á mi caballo, Y
cuando estuve en la medianía del boquete, me asomé al lado opuesto
( CONCLUYE. )
del potrero busrando en el suelo las huellas que el animal hubi~ra ~ejado... Y en este punto, protesto y juro que el pasmo y la adm1rac16!'
Quien se haya encontrado en lance parecido, podrá figurarse la
&lt;lejáronme de un gol, e y de una sola pieza, parado, confuso y aturdidesazón y descorazonamiento que sentí de súbito. La c6lera y el desdo.
Al pie del muro de cantos sueltos de que la cerca estaba compuesta,
pecho invadiéronme de tal manern, que me propme disparar todos los
acurrucado, hecho un ovillo, en informe montón que se encogía sobre
tiros de mi carabina sobre la solapada bestia que así me había burlasí mismo, un viejecillo desmedrarlo, sucio hasta la repugnancia, ap~redo, apenas la divisa:-a á la otra parte del lienzo, pues pensar en seguirció á mis atónitos ojos, qne todo esperaba encontrar, menos semeJanla era pensar en lo excuiaado. y poco menos que imposible hacer brinte engendro de asquerosidades, á quien apenas podía considerarse cocar el caballo por aquel portillo, practicable s6lo para los peones y
mo un ser humano. Las rodillas finas y puntiagudas, ceñidas po~ los
animales monteses; é intentar la persecución á pie era casi una locura,
brazos en apretado nudo, como por dos cobrizas serpientes, escuáhdas
por lo duro, sinuoso y empinado de la vertiente. Así es que paré &lt;le
y
viscosas. El descubierto cráneo, coronado por hirsuto grefial de mepronto el caballo y me apercibí á hacer fuego en el instante que el cochas grises, descllnsaba sobre aquel infame nido que los codos y las
yote apareciera al otro lado del hrincadero, lo cual tenía que suceder
choquezuelas formaban, y todo el conjunto aparecía cubierto por mveforzosamente, y en un momento, sin que logrllra esconden,e entre los
rosímil envoltura de andrajos nauseabundoF. Los desnudos brazo~ Y
mogotes, que en aquel sitio eran ralos y dejaban claros suficientes para
las pierna~, tan canijos y descarnados como los de una m?mi~, teman
poder dar caza á una pieza mucho más pequeña que la que se me hael color grasoso y obscuro del café tostado; y Pn tal aparienc~a Y posbía escapado.
·
.
tura, el vejete semejaba un fakir indio sumergido en la estúpida somDesde el punto en que tne encontraba, ámenos de cincuenta panolencia de su contemplación. A su lado descansaba en el suelo, bosos del brincadero, descubríase buena extensión de terreno por ambos
ca
abajo, un viejísimo ~ombrero de palma, alto de cor,a, agudo Y a~olados de la cerca, que precisamente á corta distancia y por 111. parte inlla&lt;lo. Y la inmovilidad de toda aquella masa vil, cuasi informe, m·
terna se torcía en ángulo obtuso, &amp;iguiendo la irregular pendiente de
fundióme &lt;le pronto estupor tal, que no acerté á tomar por largos mola montaña, lo que me permitía ver cualquier objeto que se moviera
mentos reRolución alguna. Por tin, repuesto de mi sorpresa, alcé !•
al pie mismo de la provisional muralla. Y es el caso que trn1iscurrievoz para &lt;lei&lt;pertar al viejo á quien juzgué dormido 6 amodorrado baJO
ron segundo!:', minutos, sin que el decantado animal apareciera. Desla inmenm ola ardiente del sol, qne más que inundarle, le quemaba;
de el caballo dominaba yo todos los lugares por donde podía surgir de
mas ningún movimiento respondió á mi llamado. Repetí las voces
pronto, aun á largo trecho, y aunque contra las piedra'&gt; de la cerca !"e
hasta llegar lll diapasón del grito· y sólo en el último que acompafíé con
deslizara intentando incrustarse en ellas, á verle alcanzaría siguiéndoun empujón dado sohre rn espa1:1a con la culata de mi cambina ( pues
le con la vista por todas las verecias. Confundido halL'tbame y «mii,tisentía viva repugnancia &lt;le tocarle) alzó pesaclamenlP. la tembloro~a
ficado» casi con aquella desaparición repentina. -La bóveda, antrs azul,
cabeza que &lt;lirigi6 hacia mí, most.r(;ndome una faz tan en consonancia
del cielo estaba roja y el sol se desbarataba en cataratas de lumbre soc@ el cuerpo, que comencé á Fentir inexpticable inquietud. U~os
bre la extensión bravía. Allí el monte era yermo: ab1jo la inmeni;a
111
sabana de tierra candente; arriba las e,;tribaciones de la cordillera, · cuantos pelos ásperos y rígidos manchaban de blanco y gris aquel •
mundo semblantti, donde lo~ ojo!'!, como dos gotas de agua sucia, esconmanchadas á veces por el chaparral ceniciento, cubiertas á trechos por
díansc vacilantes y contraídos entre &lt;los círculos, rojos hasta la san•
los peñascos calizos que rodaron los siglos de la. montaña, como enorgre, encendiJos hasta el fuego y despoblados de cejas y pestañas, de los
mes osamentas de una raza monstruosa; y entre aquellas dos arideces,
cuales pugnaba por desprenderse y resbalar un humor asqueroso sobre
el cercado de piedras calcáreas de abrasadora blancura y que en sinuolos pellejos negros y cochinos de aquellos pómulos, partidos por arrusísima curva iba siguiendo los accidentes &lt;le las laderas desoladas.
gas tan profundas, que semejaban cuchilladas.
Eché pie á tierra, desaté el cabestro, y llevando de él á mi cabalgaduFij6 en mí la mirada, sin verme al parecer: tanta vaguedad h~bía
ra, dirigíme al puntq mismo del brincadero donde la cerca aparecía
en ella. Trató de incorporarse, pero el temblor de los remos se lo llJl•
como una gigant~ mandíbula, monda y desdentada.

EL NAHUAL (?)

Domingo 24 de Mayo de 1903.

EL MUNDO ILUSTnAnO.

pidi6 y dej6se caer de n~evo sobre la piedra que le servía de asiento.
Co~o. no contestara á mis preguntas ni hiciese caso de las palabras que
le dmgía, mostréme duro y amenazador. hasta lograr infundirle cierta
timidez que le oblig6 á hablarme, advii:tiéndome desde luego que era
sordo. E ntonces á gritos le interrogué.
- ¿Dónde está el coyote que brincó por aquí?
- No he visto, padrecito; me respondi6 enseñándome 1os dos colmillos únicos, verdes y negruzcos, de que sus encías estaban guarnecidas.
-Eso no es verdad. En este mismo lugar ha caído y por fuerza
tuvo que tropezar contigo y despertarte, por muy dormido que estuvieras.
- No ha brincado nada, padre santo. Y su voz era tan quejumbrosa y entrecortada, como si mortal dolencia le aquejara. Yo no he
visto, continuó, estoy muy malo y aquí me quedé á descansar «pos,&gt; ya
no puedo ni llegar á mi casa.
'
-¿En dónde vives?
-Allá, mt, dij?, señalando con un vago movimiento del enjuto brazo un punto mdeterminado que estuviese á la vuelta de los cercanos cer~os.. Vengo de pedir limosna por algunos ranchos donde hay
almas c_ar1tabvas que me socorren. Pero estoy muy malo y ya no puedo cammar.
En la voz y los ademanes del v!ejo ~e a~vertía, efectivamente, que
estaba muy enfermo, lo que empezo á rnsp1rarme hondísima compasión. E xpliquéle el caso del coyote y la imposibilidad de que hubiera
desaparecido sin ser visto. Juró y ¡-&gt;erjuró el viejo que no había sentido la carrera ni el brinco. Me incliné buscando en la tierra las huellas
del animal, pero el terreno era pedregoso y yo no podía observarlas.
Al najarme un poco para examinar mejor el suelo, hice rodar algunas
piedras de la cerca que cayeron casi sobre el sombrero del mendiio. Y
en aquel instante... ¡horror de los horrores! el sombrero empezó á moverse vertiginosamente como si oculta fuerza le impeliera: No pude
darme cuen ta de mi asombro, porque en el momento mismo vol6 el
tal sombrero volcado por una gallina prieta que, escapánciose de debajo, echó á correr aleteando, aturdida y asm,tada, hasta los mogotes
más cercanos, donde se escondió súbitamente, dejando oír sólo su alharaquienta gritería.
Imposible dar cuenta &lt;le mi estupefacción y &lt;le mi asombro. Por
un primer impulso quise arrojarme sobre el mendigo y molerle á golpes 6 descerrajarle un tiro. Mezcla increíble de furor y espanto se apoderó de mí, y ciego, desatentado y frenético, sin tener conciencia de
mis actos, iba ya á consumar horrendo crimen, cuando el viejo, en el
colmo del terror y como por enérgica fuerza impelido, púsose de rodillas y con las lágrimas en los ojos y alzando hacia mí los brazos implorantes, gritóme, con grito tan desesperado, que nunca olvidaré:
- ¡Perdóname, padrecito de mi alma, no me mates, nada te ha-

gol Esa gallinita me la dieron de caridad; no me la he robado. Soy un
pobre, soy un pobrecito viejo y estoy eufermo. ¡Nu te vaya á castigar
Dios!
Una ola de sangre fría hízome volver al buen sentido, tan repentinamente como me había abandoi1ado. Pero mi retorno al cabal juicio
vino de estupor tal acompafiado, que tardé buen espacio en darme razón exacta de aquel evento. Cuando alcancé á rc:,:;011erme, me envolVÍll cierto ambiente de misterio y pavor, que me impulsó á trastumbarme del montón de piedras dontle hasta entonces había permanecido,
y poco á poco fuí enrollando el cabestro; amarrélo á los tientos de la ,
silla y monté de nuevo, ordenando al viejo con voz que el mismo estado de mi ánimo hacía imperiosa y amenazante, esperar en aquel punto basta mi regreso.
IV
A carrera tendida por entre los barbechos me dirigí á la estancia
de donde el coyote había robado la gallina. Llegué en unos minutos.
Llamé en seguida con las palabras sacramentales:
-¡Ave María!
.
-En gracia concebida, me contestaron desde a.dentro dos mujeres
que á poco aparecieron eIJ el umbral de los jacales.
-¿No se ha llevado el coyote alguna gallina?, les pregunté precipitadamente.
.
-Sí, siñor; y todos los días se lleva una 6, con perdón de su mercé, un puerquito, de modo que ya no tenemos vida. Ni los perros, ni
balazos que Je avientan los hombres, pueden espantarlo, _:cpos» siempre le ccjierrani, y los perros se cansan y le tienen miedo.
--¿Hay aquí algún hombre que venga conmigo á seguir al coyote
que está del otro lado de la cerca?
A mi pregunta, presentóse u:1 muchacho que acababa de llegar del
trabajo, según me dijo; le invité á acompañarme, á lo que prest6se de
muy buen ~rado; y ambos, entre las bendiciones y los votos de las
m ujeres, endere1,amos el rumbo hacia el lugar &lt;le mi aventura que como era natural, no quise referir á aquellas buenas gentes.
'
Cuando nos acercábamos al portillo del l,rincadero, divisamos al
rabadán y al_ guía que ya estaban de regreso y se dirigían á nosotros,
pues no ~ab1éndoi,1e encontrado en el punto donde me dejaron, vinie-•
ron en m1 b~~ca, dando conmigo en poco tiempo. También les puse al
tanto del obJeto que me había apartado del bosquecillo de los encinos
y todos cuatro llegamos en un momento al logar donde el coyote s~
me escapara dejándome burlado, y donde el viejo mendigo debía aguar- ·
darme.
Pero éste también_ había desaparecido; y aunque pensaba yo que
no podía estar muy leJOS según era enfermizo y débil su aspecto, no

�-

Domingo 24 de Mayo de 1903.

Ii:L MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

TÍA LOLA.

Domingo 24

Colocóse los anteojos, tosió, como quien recapacita ó tiene miedo de decir alguna cosa,
y ......

¡La tía Lola!. ..... ¡Pobrecita! Antójaseme
estarla vien,lo ahora tal y como la conocí cuando mis ojos se abrieron á la razón: chaparrona, metida en carnes, diligente, y con algo raro, algo int1ngible, como los efluvios de una
bondad que abriera la cárcel de los poros y cayera, como un riego bienhechor, sobre nosotros.
Peinaba ya, entonces, las canas grises de los
cincuenta años; dos hondos pliegues unían su
fina nariz con las comisuras de sus labio'4, y
su frente se rugaba bajo las toscas pinceladas
del implacable tiempo.
Y si n embargo, había sido hermosa, con esa
hermosura plúcida, candorosa, limpia de fingimiento, que parece no estar á gusto en su
carnal y tosca envoltura, y pretende salir &lt;le
ella, y volar.
Rondáronla señoritos &lt;le noble alcurnia y
vejetes encopetados, ofreciéndole, amén de riquezas y placer&lt; e, lo que es tan fúcil ofrecer
como dejar de cumplir: amor. l\fas ella lo despreció tollo, poniendo su pensamiento en algo
que creyó mejor, más digno y más perdurable:
en Dios.
Y as( fué viviendo, honestamente, tranquilamente, hasta qGe una noche, del regazo de
mi madre que agonizaba, pasamos al de aquella santa, mujer que, llorando, con sus beso1:1,
co11 sus caricias, con sus consejos, parecía querer anticiparnos los besos, los consejos, las caricias que quizás muy pronto perderíamos para siempre.

-¡Se muere!-dijo á mi padre-¡No tiene
remedio! La enterocolitis está ya muy avanzada; sería inútil hacer sufrir más á la enferma.
Aleje usted á la familia y quédese con este jovencito que ya está en f!dad de ir conociendo
las realidades de la vida.
Y, sí. d'ía Lola» se moría. Desde donde
estábamos se dejaba escuchar su respiración
cada :vez más fatigada y cada vez más lenta.
Mi padre cumplió las ó1denee del médico,
y nos quedamos solos.
No creíamos tan cercana la desgracia; nos
itlentaba la ei:,pemnza que da el cariño. Pero,
al ver aquel ro~tro enjuto, amarillento con la
amarillez de la cera vieja, al ver esas manos
que temblequenban sohre la cama y esos ojos
hundidos que f¡e iban alejando como se alejan
ante los nuestros las figura!-! ei1 una pesadilla,
comprendimos qu~ aquella vida se acababa.
Despué,, c,tía Lola» se puso á tararear una

de Mazy-o d-e 1903.

canción que tenía algo de dulce y de místico,
de infantil y de devoto; y con la última armonía, que fué descendiendo suavemente hRsta
perderse en el espacio ....... murió!
¡Era su alma que volaba!
l\Ii padre no pudo contenerse más, y, sollozando como un niño, salió corriendo de la
pieza.
Y yo quedé ahí, solo, mudo, inmóvil, comprentliendo, sin lo que era, que algo nuevo
se me revelaba. Porque del significado de
«aquello,» de lo que aquello quería decir, nada sabía.
En medio &lt;le las brumas de mi cereb:o,algo
reflexioné y caí arrodillado junto al lecho, humedeciendo con mis lágrimas las ropas del
cadáver.
Era ése el primer golpe que la realidad me
asestaba; el primer zarpazo que de la muerte
recibía; la primera orla negra con que el dolor
enlutaba mi corazón.
MANUEL l\1.

P JINES.

***
Sra. Victoria Corona de SAnchez Juirez

(Fot. Valleto.)

Sr. Andrés Sánchez Juárez

El viejo, .cuyas dolencias y falta de fuerzas eran más aparentes
quise decir una palabra sobre el hidlazgo del viejo á mis compafi.eros,
que reales, explotaba la credulidad de los sendllos montañeses para
para que fuesen á bui-carle.
.
hacerse temer y robar á mansalva, _con la ayuda del leal y bien amaesLos tres eran peritísimos en eso de seguir pistas y encontrar huetrado coyote, que le proveía de aves de corral y cuadrúpedos, con cullas. Púseles sobre el terreno mismo, y con todo y que sólo de piedra
ya venta satisfacía las menguadas necesidades de su miserable exisdma se componía, pudieron adivin&amp;r el paso, pero no de un animal, sitencia...
no de un hombre. Advertirlo y quedarse parados de una sola pieza,
Y ahora, al entrar la noche, el fiel canino march3:ba en pos del
viéndome con atónita mirada, fué una sola cosa.
-¡Alabao sea el Santísimo Sacramento del Altar!, exclamó el varústico funeral por entre las lóbregas asperezas de la serranía, lanzando
el doloroso clamor de la despedida á aqueila miseria y abyección que
ciero y todos tres se persignaron: ésta es la «fuella,, del nahual.
-¿Qué nahual?, les pregunté con una sonrisa incrédula, que yo
le abandonaban para siempre y que le habían amparado con amor y
mismo no estaba muy seguro de que faese natural.
.
abrigo en la soledad de los campos, en cuya infinita tristeza iba á per-Pos, siñor, dijo el muchacho .á quien fuí á traer de la vecma esderse el lastimero grito, como el toque lúgubre de rnlvaje clarín que,
tancia, es un viejo muy malo que se aparece por todos estos montes y
para .contemplar en tanta pequeñez la augusta grandeza de la muerte,
convocara á todos los espectros de la montaña.
naiden sabe de dónde viene ni dónde vive.
-Sí, amo, repuso el vaciero; y dicen que se güelve coyote ó cualMANUEL J. 0rHÓN,
quier otro animal ansina de esos del monte, porque izque tiene pauto
con el enemigo malo.
.
-Yo nunquita le vide, dijo mi guía, que hasta entonces había estado mudo y estupefacto; pero he óido hablar muncho de ese viejo, que
dicen que tiene la caca en una cueva del cerro.
-Eso no es verdad, les dije, no hay nah\lales; y si algún viejo ó
La crónica social de la semana registra una nota saliente: el
mozo ha pasado por aquí hace poco, Yarpos á buscarle y por fuerza tematrimonio de la Señorita Victoria Corona con el Sr. Andrés Sán•
nemos qne dar con él.
chez Juárez-miembros, los dos, de familias muy distinguidas y estiY nos pusimos en obra, pero to:.lo fué inútil. Agotamos el vigor
madas.
y la paciencia. El «fuellerío» desaparecía sobre las rocas dond~ no era
La ceremonia civil se efectuó el 16 del corriente, por la noche, en la
posible percibirlo, ó entre los matorrales que se espesaban haciéndose
casa habitación del Sr. Li.c. Ramón Corona, estando presentes como
bravíos y obstruyéndonos el paso completamente. Quise que nos intestigo~, la Sra. Jesús J . de Sánchez, y los Sres. Gral. D¿n Porternáramos en las cañadas de la sierra~ p('!ro mis tres acompa:fiantefl, á
firio Díaz, D. José Sánóhez Ramos, D.Sebastiár. Camacho, el Marqués
una, se opusieron obstinadamente y no logré arrancarles, con todos
de Prat, D. Tomás Braniff,D. Ignacio l\L Luchichí y D. Pedro Santamis esfuerzos, aquella supersiición de la cabeza.
cilia, contándose, además, entre los concurrentes numerosas damas y
Desalentado al fin, volvime, no sin proponerme descubrir -por
caballeros de representación.
'
·
cualquier medio y á todo trance a·q uel hasta entonces paraJOÍ inexpli·
El matrimonio canónico se verificó el lunes por la mañana en la
cable misterio; y no cejé un punto hasta que, transcurrido más de- un
capil(a particular del Sr. Arzobispo, que fué quien dió la bendición
afio pude lograr al cabo dar con el eecreto, cuando el víejecillo fué
nupclal á los desposados. Los Sres. José Sánchez Ramos y Lic. Ramón
enc¿ntrado muerto en una covacha oculta entre lo más salvaje y esCorona, y~ los Sras. María de Jesús Juárez de Sánchez é Isabel S. de
carpado de la montaña.
. •
~01:ona apadri 1;aron el acto,_ concluí do el cual, la distinguida pareja reEl hallazgo del cadáver fué debido á una circunsta~ci! bien sinc1b~ó en el salon d~l ~1"f&lt;&gt;b~pado las felicitaciones &lt;le sus parientes y
gular por cierto. Ocupábanse unos leñadores en sus habituales faenas,
amigos.
. · ,1 '·,
cuando escucharon los aullidos agudos y prolongados de un-:coyote, y El nuevo m.i.trimo~fo &lt;fttenta en la buena sociedad mexicana con
tan insistentes eran, que determinaron ir en busca del animal para ,. mt!cha~ y_&lt;tnuy m~i:eci'd_s.lfsi_ifiatfa~-·
matarle. Topároule á la entrada de una cueva poco profunda donde se
----=~~;~~- .
ocultó al sospechar que le perseguían. Los leñadores se aventuraron ··.;: .. ; ..:_,!,t~--,., .
dentro de la cueva, ¡y cuál sería su asombro al encontrar al viejo muer,&lt;l':1- i r.
. ~~
to y junto de él, como si fuese 1m perro, al coyote echado y lamiéncfo~ : . ,I ¡
' ... ~~ / o(?J.~~
, ..
le con tan grandes muestras de cariño y de dolor1 que los hombres se
·. ., 1 · l~
í?iélt➔~ ~-.·
enternecieron, y á . pesar de la superstición que abrigaban sobre las
~ ~ '✓
brujerías del viejo, le sacaron de ~llí 1 lleváridole 4 enterrar al cementerio más cetéano;

NUPCIAL.

.-"'~~~

1

•

..

Mi madre sanó, si bien no del todo, pero ya
la buena semilla de cctía Lola» había caído en
el surco. Tenía yo diez años, y á esa edad el
alma de los niños está abierta á todos los amores.
Tía Lola se convirtió en el «paño de lágrimas» de todas nuestras aflicciones, caprichos
é impertinencias, en el «refugium peccatorum» de todas nuestras picardías.
El que, al pasar por el comedor, metía un
dedo en el platón de la «crema;» el que prendía
á la falda de la criaqa un papel untado de grasa y luego le prendía fuego; el que ataba algato de la cola, sujeto á una estaca, y, luego le
tocaba impíamente el violín hasta que el animal se ccenfurruñaba,» todos, al ser descubiertos, huyendo de la ira paterna, íbamos á buscar abrigo tras las faldas de ,,tía Lola,&gt;1 que
abría sus brazos en cruz, amparándonos carifíosamente.
Cuando la penuria le impedía á mi padre,
por no poder ser dispendioso, satisfacernos
cualquier capricho, fruslerías, juguetillos baratos, dulces ó chucherías, era ella, 1tía Lola, » la que, muy á la chita callanda, de allá,
del fondo del armario, sacaba una petaquilla
de mimbre, en la que tenía bien guardados
sus ahorros. ¡Y qué ahorros! Setenta ú ochenta pesos,entre los que había monedas de todas
Jas fechas y de todos los cuños.
•
Después, nos formaba á todos en línea desplegada, cogiditos de la mano ...... ¡y ese día
reinaba en casa la más santa de las alegrías:
la alegría de los niños pobres!
-¡Sólo piensas en divertirlosl-gritaba mi
madre.
-¡Déjame!-contestaba «tía Lola,» con una
voz en la que había melod,ías de órgano.¡Bastante tendrán que sufrir!
¡Oh profetisa!

***

Salió el médico, un señor de cráneo broncíneo, trigueño, 1am piño, con excepción del bi.
gote, de gruesos belfos, muy atildado en su
vestir, dejando asomar por un bolsillo un moquero de yerbas, y llevando en una mano el
sombrero de copa y en la otra unos espejuelos
de cristales octangu1ares encuadrados en arillos de oro,

~amaa ~iafin9uidaa.
Stñorita maría ttrtsa Dtbtsa.

�Domln~ Z-4 ije ~ o de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

mL MUNDO ILUSTRADO.

Los premios consistían en una licorera de
cristal con aplicaciones de plata, un látigo con
mango del mismo metal y un estuche de cristal para camino.
Entre los aficionados á los ejercicios hípicos
han llamado mucho la atenci6n estas carreras¡
pues muy pocos esperaban que pudieran hr.cerse en el tiempo en que las hicieron los vencedores. La cfütancia que separa á México de
Amecameca es más 6 menos de 64 kilómetros.

RIMA PROFANA.
La blanca nifia que adoro
Lleva al templo su oraci6n
Y, como un piano sonoro,
Suena el _¡.,iso bajo el oro
dé su empinado tac6n.

En la glorieta de C:&gt;16n.-EI juez de llegada.

Sugestiva y elegante,
Toca apenas con su guante
el agua de bautizar,
y queda el agua fragante
Con fragancia de azahar.

DE AMECAMECA Á MÉXICO.
Las carreras que organiz6 el Club Hípico
Alemán y que se efectuaron el-domingo 17 por
la mafiana, tuvieron un éxito completo.
Desde la víspera salieron rumbo á Amecameca, punto designado como de partida, los
socios que debían disputarse los premios ofrecidos, recorriendo en el menor tiempo po~ible
la distancia que separa á aquella poblaci6n de
la ciudad de México. El juez de llegada se instal6 en la glorieta de Col6n, nrreglándose previamente los relojes para evitar alguna diferencia en los c6mputos.
A las cinco de la mafiana parti6 el primer
corredor, y cinco minutos después el segundo.
El tiempo en que aquél hizo la carrera, fué
de 3 h. 7 m., y el que emple6 éste, de 3 h . 4
m. solamente. El tercero sali6 á las 5.10, presentándose en la glorieta á las 8.14, y los demás, que partieron de Amecameca con intervalos de cinco minu~os, hicieron eh el trayecto más de cuatro horas cada uno.
El juez declar6 vencedores al sefior vY.Julsrud, que montaba el caballo «Emigrant» y que
obtuvo el primer premio; al señor W. Richardt,
que montaba el «Baby" y que gan6 el segundo,
y al señor J. "\\.irth, que hizo la carrera en el
«Aschenhroedel» y que obtuvo el tercero. Los
señores Julsrud y Richardt emplearon en la
carrera el mismo tiempo, y el señor "\Virth tres
minutos más.

Sres. W. Reichardt, W. Julsrud y J.

Wirth.

Luego, ante el ara se inclina
Donde un cristo de marfil
Que el fondo obscuro ilumina,
Muestra la gracia divina
De su divino perfil.
Mirándola, así, de hinojos,
Siento invencibles antojos
De interrumpir su oraci6n,
Y darla un beso en los ojos
Que estalle en su coraz6n.
FABIO FIALLO.

Rtinas dt una torrHa dt toros.

Llegada de uno de loa corredores.

Hace pocos díai1 i;e vnific6 en Guadalajara
la corrida de toros de aficionados qne un grupo de jóvene~ lle nquella ciudarl organiz6 en
honor clel seiior Gobernador clel Estado.
La fiesta, que er-tuvo bastante animada, fué
pre!'idida por cinco sefioritas de la mejor sociedad, que se presentaron luciendo ricos y
vistosos trajes de "chulas,,, de distintos colores. Al hacer el paseo acostumbrado, en carretela descubierta y por el redondel, las "reinasfueron aplaudidas con entusiasmo por la numerosa concurrencia que llenaba la plaza.
Agrupados en una página, verán nuestros
lectores los retratos de las hermosas tapatías.

Domingo 24. de Ma,yo de 1903.

�EL MUNDO ILUSTRADO.
Domlngll ?4 de Me.yo d~ 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

"LA SARGENTA."

---

"LA SARGENTA" .-Cuadro 2o.-En Santo Domingo.

El Rayo de Luz.

Cuadro 4o.-Despedida de la Sargenta.

Ya era de madrugada cuando dejó_Baltasar
la lc,ca orgía, en cuyo torbellino de risa~ Y de
libaciones había pai:ado ll\ noche nntenor al
día de su santo, al día de Reyes. 8alió ~ la
calle mal envuelto en su capa que, retorcida
por el viento, apenas le presen·aba del _Mo.
Bien es cierto que para el traFmochador libertino en el estado de embriaguez en que Fe ha•
JJab; la atmór,fera acuosa en que flotaba la
brun:a era un alivio, un beso de frescur:1- que
acariciaba dulcemente su frente calenturienta.
Dió varios pasos en direcci6n á_ su_e~
Pero sus piernas flaquea?an. I:as 1!d1ficios giraban a,1te sus ojos turbios en mfernal rond~
El corazón se le subía á la garg~nta. Expen·
ment6 un dE;seo inmenso de tumbarse &lt;londequiern, allí en el suelo fangoi:-o, sin _atend~r á
la pulcritud y eleg~ncia de_ su ropa.Je. Si no
hubiera comprendido. mediante un supremo
y último esfuerzo de su razón, el mal quemo·
mentáneamente le dominaba, hubiei;e creído
que se le acababa la vida.
-Estoy borracho, atrozmente borrachopensó entre las obscuridades de su ?erebro.
Ya iba á caer a.l doblar una esqmna, cuando le detuvo una mano. Era una mano d~ra
y fu1::rte, una mano acostumbrada nl trabaJO,
á domar la materia. Era. la mano de un obre·
ro. Iba el hombre vestido de blusa. Sin duda
volvía de su faena. Con voz serena y ronca,
dijo al calavera:
.
-Sígame usted. Le llevaré á mi casa.
Baltnsar obedeció sumiso como un cordero.
Grande era su debilidad, pero el brazo en que
se apoyaba era robusto. Si hubiese sido n~esario, Je habría llevado en suspenso. Y_el JO·
veu tuvo una vaga y sentimental reoumscen·
cia de cuando era nifio, y así le llevaba su pa·
dre después &lt;le la tertulia, amodorrado por el
sueño. Llegaron á una casa modesta. En la
puerta aguardaba una mujer, una hermosa
hija del pueblo. Sorprendida al ver á un se·
fiorito átales horas en compa11ía de su esposo,
pronto adivinó lo que ocurría, y en su car~
brilló la sonrisa de la bondad, de que estaba
llena su alma.

ae M83'o

&lt;Je 1903.

al libertino. Este fingió que dormía, pero por
entre sus párpados disimuladamente cerrados,
pudo contemplarlas á su sabor. Eran dos arrogantes mocitas. Una de quince nños, la otra
de veinte. Venían despeinadas, medio vestida~. Y Íl su pre~encia, con c:mdidez, Fin coquetería y t::in impudor, se recogieron el abundante pelo negro y se ajustaron el seno frente
al eRpejo que colgaba t::obre la cómoda. Luego
se retiraron á almorzar en la cocinn.
Incorporóse Baltasnr entonces. El rayo de
luz que penetraba por el balcón había crecido
en intensidad, y de azul pálido se había trocado en oro de fuego. Su mirada cayó 1,obre
unos diminutos zapatitos que estaban colocados, apareados en el suelo, delante de una silla. Se ech6 mano al ·bolsillo.
-Deben ser rle la hermana menor-dijo.
Y deposit6 en ellos todo el dinero que llevaba.
Luego tosió, se arregló las ropas. Y apareció en el acto la espol'a del obrero.
-¿Cómo ha pasado usted la noche? ¿Desea
tomar alguna cosa.?
-Gracias-murmuró Baltnsar cogiendo el
sombrero.-No olvidaré jamás á ustede?.

[ttra dt 6on%áltz tarrasco y música dt 6asc61.
«La. Sarge~ta,» esa linda cría.dita remilgada,
capaz de apasionarse con ar~ores :omántic&lt;&gt;11,
de seguir á su «hombre• baJo los implacables
rayos del sol y en_tre el ardiente polvo de 101
caminos esa muJer transformada en cosa al
servicio 'del t::er á quien ama, por obra del
amor es un tipo netamente mexicano.
Así son nuestras pobres mujeres del pueblo, abnegadas, triste, obstinad~_mente abnegadas, esclavizadas por el _e;armo, obscuramente sojuzgadas por la pas1on.
Así son las hembras que cuando su «homhre• les pega y alguno las defiende,_ acometen
á t!U defensor- las que mueren asesmadas por
au amante si~ confesar que éste las hiriú.
González Carrasco que i,abe observar y cifrar estéticamente nuestros tipos Y nuestra&amp;
constumbres nacionales, ha simbolizado con
maestría ese tipo de mujer del pueblo.
Los otros, los que sirven de fondo á la acción de ese grande amor que no sabe expresarse en frases cultas, s.:&gt;n también caracteres
fielmente copiados de la vid9: re9:l.
.
Carrasco ha sabido también mtroduc1~ el
lenguaje popular á la. escena, con tal gracia y
maestría, que en vez de disgustar, agrada y
hace reír.
. .
Gascón, por su part~, ha contribmdo. al
éxito amenizando la pieza con una música
movida y agradable.
Da gusto ver obras como ésta, porque en
ellas se vé algo así como las primeras piedras
que han de formar los verdaderos cimientos
del arte nacional.
Nuestros grabados reproducen las escenas
principales de «La Sargenta.»

DomJngn ,:i

*

"LA SARGENTA".-Cuadro 5o.-En el campamento.

-Pasa&lt;l adentro-dijo.
Trataron de hacerle té, de prepararle una
cama. Pern Baltasar se opuso. Estaba avergonzado. Su misma situación, su rico porte,
era un reproehe en medio de aquella honrada
pobreza. Content6se con reclinarse, revuelto
en su capa, sobre un sofá de paja. Trajéronle,
no obstante, dos almohadas y una manta. Y
le dejaron en la salita, retirándose ellos á su
alcoba.
Todo quedó en silencio, todo quedó en calma. A través de los vapores que el vino eleva
á la cabeza, y luchando entre el insomnio y
el letargo, Baltasar apartó de su rostro el embozo de su capa y paseó una mirada por la
habitación. Eran los muebles sencillos, humildes. En medio una mesa redonda con tapete de bayeta, un mantel arrollado á un extremo, una copa, un plato, una cuchara, restos de la cena de familia. Enfrente una cómoda con dos floreros, el único lujo de aquellos
pobres. Sillas alrededor con costura, señales
de laboriosidad. Y todo limpio, reluciente,
ordenado.
Sobre un taburete, en un vaso, ardía una
lamparilla, bafiando de suave claridad la estancia, enviando á todos lados tiernas miradas. Era como una pupila de oro que estaba
dP.Spierta, vigilante, mientras los otros dormían. En la pared un reloj viejo marcaba las
horas, siempre iguales y i;iempre tranquilas,
y sonaba su tictac reposado como el latido de
un corazón que ignora toda ambición y todo
tormento.
-Nunca había visitado la casa del obrero
~dijo entre sí BaltaFar. -No creí que la felicidad se hallara sino entre seda y oro. Veo
que la ventura puede existir hermanada con
la pobreza.
Fué calmándose la irritación de sus nervios.
Y un sueño agradable, un sopor suave, fué
apoderándose de sus SPntidol'. Dijérase que
todo su cuerpo iba sumergiéndose en un bafio
de aceite tibio. Y su alma, desligada de las
cadenas terrestres, voló á otros tiempos y á
otras escenas.
\'ió galopando por el aire caballéros en brio~os co~celes, á los tres Reyes Magos que en la
infancia de él, al amanecer de aquel mismo
día, le habían aportado vistosísimos juguete!!.
Ahora pasaban también, pero sin traerle nada.
Afl.igióse en extremo.
-¿Xo me reserváis algo?-les preguntó con
an¡mstia.
-:-: Ya no tiene encanto para ti ninguna baratiJa-le r~spoudieror..
Reflexionó Baltasar que &lt;:ra verdad aquello.
Todas las ilusiones se habían deshecho entre
sus manos como se deshacen las alas de una
mariposa. El ansia de la gloria le había_deja-

do en el pecho un vacío insondable. La codicia de la fortuna no había sido para él más
que una montaña, prontamente salvada, y
tras de la cual se extendían siempre idénticos
paisajes, monótonos y sin atractivos.
Ante tan completo desencanto experimentó
una sensaci6n estranguladora. Se estremeció
bruscamente y abrió los ojos.
Por el balcón entornado empezaba á clarear
el día. Sintió rumor de colmena que se despierta. Era el obrero, que de pie ya, se disponía á salir para su trabajo. Su mujer trajinaba en la cocina. De una alcol:¡a salían algo así
como gorjeos confusos, como un cuchicheo
argentino. Eran las dos bijas del boro bre compasivo que había dado albergue á Baltarar
aquella noche. Preludiaron un canto. Pero
fué acallado por una voz que les r 3comendaba
silencio. ¡Pobres alondras! Todas las mafianas cantaban antes de salir en busca, como el
padre, del grano de trigo. Sólo aquella vez
permanecieron mudas.
Pasó el obrero junto á Baltasar y creyólo
aún dormido.
-¡Silencio! ¡Que no se despierte!
Y marchó para la calle ~in hacer ruido.
Las muchachas, más curiosas, se acercaron

Y partió. Pero el r:c•uerdo ele aquella noche eh adelante fué para él como un sol que
alumbró su obscura vida, fué como un ejemplo purísimo, como uh reproche que le perseguía cuando emprendía una senda extraviada.
Sin saber cómo, cuando salía á dar un paseo,
sus pies se encaminaban hacia aquella casa de
modesta apariencia, como si una querencia
grata hasta allí le guiara. Y siempre, al pasar frente á ella, la ealudaba como á un lugar
sagrado.
¿Por quf?
Oídlo:
· -Aquel afio-dice-hice de Rey Mago, pues
llené de dinero los zapatitos de una linda muchacha. Y aquel año, cuando ya los Reyes
Magos nada podían regalarme, me hicieron un
presente inestimable.
¡Un rayo de luzl Y á favor de este rayo de
luz filtrado al través de un balcón, aprendí en
la casa de un pobre la verdadera, la íntima,
la eterna ventura.»
Todos arrostramos en la vida tenebrosas
tempestades. )luchas veces, tras de los conflictos espa11tosos, continuamos andando por
el mundo, sin haber recogido de la tremenda
catástrofe enseñ.i.nza alguna. Mas, no siempre
sucede eso. De la nube obscurísima surge un
rayo de luz. Y este rayo de luz, bien se llame
resignación, esperanza, amor. es la estrella que
gufa en adelante nuestros pasos.

"LA SARGENTA".- Cuadro 60.-Escena final.

JOSÉ DE SILES.

�Domingo 24 de Mayo de 1903.

LA RUINAS DE TULUM.
En el punto de la costa oriental de Yucatán
que se conoce con el nombre de Tulum y que
está situado á sesenta millas, aproximadamente, de la Bahía de la Ascensión, se encuentran

no Huerta, al desembarcar en Tulum y emprender una expedición militar que le fué encomendada, visitó detenidamente las ruinas,
encontrándolas casi abandonadas. Algunos
oficiales del ejército que formaban parte de la
expedición levantaron planos del supuesto
templo, tomando, además, fotografías y apun-

Dom.Ingo 24 de Ma;yo d~ 19'03.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

*

rio de Quintana Roo, damos á conocer: una
que representa el muelle del campamento«General Vega» durante el desembarque de
materiales de construcción; otra, el acopio de
durmientes, rieles, etc., para el ferrocarril militar, y una del campamento de trabajadores
inmediato al ''Vigía.''

¡Qué dulce tu nombre! Lo dice la boca
y al punto de ella parece surgir
el canto que anhelos divinos provoca,
un hilo de mieles que endulzan la boca,
el soplo de brisa más blando de abril. ...
Oh virgen, tu talle semeja una palma;
tus ojos son astros de vívida luz;
son nácar tus manos . . .. ¡Cuán bella es tu a lma!
¡Qué hermos a, qué casta, qué buena eres tú!
VfCTOR M , RACAMONDE.

CUENTO DE LAS ALMAS.

1

l
:

Psiquis sufría; pálida, muy pálida; enferma, muy enferma.
Su padre, el viejo Essenio, el barbudo terapeuta,_ de mir_ar gelatinoso, por lo arcaico, y
guedeJaS calcmaclas por los soles de cien ciclos, leyó y releyó los ajados y ceñudos rugosos papiros, de la Helenia sabia, de la Alejandría claudicante, de la Palestina santa y de la
Roma disoluta. El viejo Essenio consultó á
profetas, augures y astromantes; clamó á los
dioses, y clamó á los cielos: «Decidme de Psiquis la oculta llaga, y yo la aliviaré con los
poderes de mi ciencia.» ccEs amor, es duda?»
~No, el amor tiene gemidoi;,, pero trae aleluyas, sonrisas de ángel: y el engE:ndro de las
tinieblas, la duda en el saber, es triste, es
nostálgica, nunca maldice.,,
Y Psiquis 'gemía, enferma, muy enferma; y
el viejo Essenio enjugó los turbios ojos, tur

LA MUERTE.
La fiebre aument&lt;tba por momentos; mi
sangre,como un torrente de lava corría aceleradamente por mis venas y la 'vista se me
anublaba mffes y más cada instante, hasta el
punto de que apenas si distinguía al médico
que con i:eloj en mano contaba mis pulsacio~
nes, y al grupo de personas queridas qur. es~eraban anhelantes la opinión del facultativo.

1

*

Frente y escalinata del supuesto te,nplo de Tulum,

j

1

r

Un Desembarque en el " Campamento Vega."

las ruinas de un antiquísimo edificio que se
supone haya sido templo consagrado por los
primitivos pobladores de aquella comarca á
alguno dr. sus dioses, y que aparecen, tal como se ve en las fotografías que ofrecemos á
nuestros lectores, destruidas en gran parte por
la acción del tiempo. El Sr. Gral. Victoria-

tes de las fachadas. En el interior de las ruinas fué encontrado, entre otros objetos que indudablemente pertenecieron á los indios, un
ídolo de piedra.

***

.Paia completar la serie de fotografías que
venimos publicando, con relación al Territo.

A LULU.
:No vayas al campo;
los lirios, los nardos que cree.en allí,
al verte tan blanca, más blanca que un ampo,
que un copo de espuma, que el lirio del campo,
se van á morir,
de envidia los nardos, los lirios de celos;
porque eres más blanca que el nítido tul
del traje de novia; que todas las plumas
de todas las garzas que cruzan los cielos ....
No son las espumas,
los cisnes, las hostias, los sueños del niño,
la piel del armiño,
el alma de un ángel más blancos que tú.

*

No vuelvas los ojos-te dice la estrellaal cielo sin fin;
la luz de tus ojos es fúlgida y bella;
no mires al éter .. .. Yo sé de una estrella
que muere de amores .... y muere por ti.
Tus hondas pupilas
son grandes, muy gr.a ndes. No tiene el azur
celajes más limpios. Las·aguas tranquilas
do moja la luna sus albos cabellos,
los rubios destellos
de todos los soles no tienen más luz.

ldolo encontrado en Tulum.

~io~ como el cristal que regaza á los vahos del
mvierno.

Una mujer pálida, muy pálida, envuelta en
blancas y vaporosas vestiduras, se acercó á mí
lecho cor, paso silencioso. Un estremecimiento de alegría agitó mi cuerpo al contemplarla.
Era ella la amada de mis ensueños la amada
imposible.
'
Sus labios eran finos y delgados y en ellos
parecía aletear un beso casto é ideal, un beso
en que no ardía el fuego impuro de los besos
que manchan y queman.
Sus ojos oscuros y profundos, tenían la
atra?ción misteriosa del abismo que incita á
arroJarse en él, y el vago y misterioso encanto de lo desconocido. Y ella, tomando mi cabeza entre sus manos,~me d;;o con voz suave

y melodiosa: ceYo soy la mujer que tú suefias
la mujer que esperas tanto tiempo; yo he es'.
cuchado tus ruegos y acudo á tu llamado para h3:blarte de 13: dicha suprema, que no' conocéis los que vivís envueltos en los torbellinos de las mundanas pasiones. Pronto celebraremos nuestras nupcias eterna~, bajo los
mármoles blancos, á la sombra ele los saucea
llorones y melancólicos. Adiós hasta entonces,amado mío?i,
E imprimiendo en mi frente afiebrada un
Leso frío y delicioso, desapareció sin que pudiera estrecharla entre mis brazos.

····················································· .. ...

En la candileja agonizante, como espíritu
que acaba, rondó y rondó alado insecto, hasta
alcanzar la muerte.
«Ah!-gimió el filósofo estoico y pensador,el escarabajo me enseña más que la ciencia de
los hombres y que la clemencia de los dios~s: tú, oh hiquis, como el insecto miserable,
tienes hambre de luzlii
Y murieron Psiquis la pálida y Essenio el
terapeuta, de morbosidades ignotas, de ignoradas cuitas.
PIERRE LoUYs.

*

Si vienes al valle,
los vientos que pasan te van á decir:
es. reina, tu t~lle
·
esbelto lo mismo que el junco del valle,
y breve y gracioso como un colibrí.
Las verdes palmeras,
las hojas más finas del alto abedul,
con ser tan afrosa.s, con ser tan ligeras,
no son como tú.

*

Acopio de materiales para el Ferrocarril Militar.

Yo sé que tus manos
son obras maestras de un arte sutil,
prodigios de carne, jazmines enanos;
no tienen las manos
las hadas i.sí.
No hay joya, no hay cáliz, no hay mármol, no
(hay nieves,
no hay concha en el seno del piélago azul
más níveos y puros. Tus manos tan breves
parecen jazmines de carne, Lulú.

*

Volví en mí. En los semblantes ele todos
los que me rodeaban bri1laba la alegría. Me
había salvado.
El doctor me dijo que al ponerme en la
frente un pedazo ele hielo para hacer disminuir la fiebre, había recobrado. el sentido. Pero yo no le creo, pues ha sido ella, estoy seguro, que ha venido á mi lecho y me ha besado..
P?r eso estoy pálido: pálidos son los prometidos de la amante de los besos de hielo
cuya cita espero tanto tiempo para celebra~
nuestras nupcias eternas bajo los mármoles
blancos y á la sombra de los sauces llorones y . \
mela.ncólicos. -CARLOS HEGARD.
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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u. &amp;...

�Dom!Lngo 31 ae Mayo die 1903.

EL MUNOO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

J:a Eitncia dt la Escoba.
El polvo, he ahí el enemigo.
Y no es un enemigo de broma que combata
en orden esparcido y cuyos embates puedan
esquivarse fácilmente con sólo una poca de vigilancia; es un enemigo que tiene el don de la
ubicuidad, un enemigo de cada momento que
nos envuelve por todos lados, ~in tregua ni
compasión, arriba, abajo, á la &lt;lerecha, á la
izquierda; combate por dentro y por fuera, de
noche y de día y para él ningún sitio es neutral, ningún sitio es sagrado, ni nuestras más
íntimas ropas, ni nuestros bolsillos, ni nuestros ojos, ni nuestros bronquios, ni los poros
de nuestra piel; aparte de aquellos que emplean el agua como vehículo de propagación,
casi todas las enfermedades "evitables" penetran en el organismo en forma de gérmenes
impalpables, que es como si . dijéramos de
polvillos vagabundos. ¿No acontece esto trat.ándose de la tuberculosü1, cuyo bacilo llega á
poblar materialmente la atmósfera de los lugareR infestados, que en nuestros días son los
más? ¿No pasa lo mismo con los gérmenes del
tétano, de la difteria, de la erisipela, de la
influenza?...... .. .
He aquí por qué la supresión del polvo
[dust abatment] preocupa á las autoridades
municipales y sanitarias de Inglaterra tanto ó
miis que la supresión del humo [smoke abatment]; he aquí por qué en los cabildos ingleses se discute tanto y tan hondo acerca de lo
que pudiéramos llamar la ciencia de la escoba, cultivada en aquel país por recias manos
reforzadas con ingeniosos aparatos, y en México por manecitas fomeniles que empuñan
el rudimentario utensilio de "popote" y acarician con él los pavimentos, ya que la anemia
nacional no les presta vigor para otra cosa. Y
á fe que tienen razón aquellos previsores magistrados, porque en breve se hablará de la
cuestión del barrido como se habló de la cuestión de Venezuela y como se habla de la cuestión obrera. Sólo que la cuestión del barrido
es de mayor trascendencia, y en toda empuñadura de escoba podría escribirse con doble
intención el shakespeariano ''To be or not to
be" como un símbolismo de que la ciencia de
la escoba es una cuestión social, de vida ó de
muerte.

***

¿Queréis, señora, que os diga lo que hasta
ahora se ha resuelto sobre el particular? ¿Queréis conocer los prolegómenos de una ciencia
que soléis practicar casi en carácter de sport?
Pues, ante todo, sabed que ha sido resuelto,
sin discusiones ni réplicas, suprimir el barrido en seco. Esa resolución es el alfa, el principio fundamental, la regla esencial de la ciencia del barrido. ¿Por qué? Por la razón que os
obliga á envolver vuestro peinado cuando empufiáis la escoba: porque el polvillo, removido á locas, sólo cambia de sitio, pero no queda suprimido. Es, pues, un verdadero axioma, a~eptado por todos los doctores de la n ueva ciencia, que el barrido en seco eólo remueve
el polvo, diseminándolo y ampliando su acción
maléfica. Bien; ¿pero cómo debe procederse?
Este es, en la actualidad, el nudo de la cuestión, y ocúpanse en desatarlo con tino muchas
eminencias científicas.
¿Sonreís, señora? ...... Sí, es claro que-pensáis-no debiendo barrer en seco, lo primero
que deba hacerse será humedecer el pavimento. Y tenéis razón, ésa es una deducción lógica y hasta ella han llegado las eminencias
científicas de que os dignáis reíros. Mas, ¿con
qué humedecer los pavimentos? Agregar agua
de la que usamos generalmente en las casas á
polvos infestados, no nos parece óptimo; pero,
convengamos á priori que el agua tiene el don
de aumentar la pesantez del polvo, impidiendo que éste se levante en nubes y permitiendo
que sea retirado de la circulación con facilidad
relativa. Pensad, empero, que la humedad
favorece, en vez de contrariar, la pululación
de los microbios, y que hay motivos para suponer que exalta y excita la virulencia de esos
minúsculos enemigos de la humanidad.

Pensad que los efectos del rocío no dura~
sino por algunos instantes y qu~ luego la aridez y el polvo vuelven á entromzarse con mayor intensidad que antes. Pens~d, en ~n, q?e
si ese procedimiento ee de práctica reahzacion
para las calles, plazas y ca?1inos públicos,. ~s
de aplicaci6n menos apropiad3: en los d~micilios sefialadamente cuando se tienen pavimentos 'encerados ó cubiertos con alfombras más
ó menos ricas. ¿Qué hacer, pues? ..... .
Tratándose de las calles y de las vías férreas,
los americanos se han servido del petróleo, al
parecer con éxito pero esa substancia sería
todavía menos ad~ptable en el domicilio. D\cese que hay substancias ligeramente oleaginosas que sin los inconvenientes del petr6leo,
poseen las cualidades de pesantez para uso en
los domicilios, pero no se han hecho comp~obaciones precisas á ese respecto. Por lo demas,
esas substancias fijarían, si? duda, sobr~ el p~vimento los gérmenes patogenos y casi eqmvaldría ese resultado al de introducir y detener al lobo dentro del redil.
1Pero el torbellino del" polvo es cosa tan tremenda! Para darsf\ buena cuenta de él, es preciso haber visto, por ejemplo, la angustia q_ue
se apodera de los enfermos cuando se realiza
el barrido en una sala de hospital. Por eso se
ha condenado sin apelación el barrido en
seco.
Hoy, muchas eminencias científicas trata?
de resolver el problema, tratando de descubnr
una fórmula que á la substancia absorbente
del polvo una algún principio microbicida,
adaptable al rocío de habitaciones. Pero las
eminencias buscan, buscan, y hasta ahora no
han podido encontrar lo que precisamente
buscan ..... .

***

¿Os imaginabais, señora, que una simple
operación doméstica pudiese preocupar tanto
á los austeros sacerdotes de la ciencia? Es un
hecho, señora, y tal vez vos podríais ayu~ar
sus investigaciones con las enseñanzas valiosas de vuestra experiencia.

da de tempestad que azota el mar, rugió sobre
los ámbitos de lo inconmensurable.
-Soy yo, la Envidia!

Domdn·go 31 d,e Mayo di8 1903.

RAFAEL ANGEL TROYO.

CUADROS RÚSTICOS.
I
GLORIA MATUT1N A

Despunta el alba. El espacio esple!!de
Como ascua de oro, y silenciosa y grave
La noche deja la imponente nave
DonJe sus gasas enlutadas prende.
Entre lal:l chozas la oración asciende,
La prole ríe con preludios de ave
Y esbelta criolla de semblante suave
En limpia manta el desayuno tiende.
El cerdo gruñe en el chiquero. El gallo
Despierta jubiloso su serrallo,
Mieatras ladra el lebrel con voz de asombro

Y sigue al labrador, que satisfecho
Va hacia su campo con la fe en el pecho
Y la herramienta del trabajo al hombro.

II
POLICROMA

Respira el campo con rumor de ignotas
Voces de idilio. El aljófar rueda
Sobre los montes, y á la luz remeda
Diamantee raros de soguillas rotas.
Se oyen ecos de cántigas remotas,
Alisa el tordo su plumón de seda,
Y oculto el papagayo en la arboleda,
Alza su voz de alharaquientas notas.
Muge el ganado; con acentos broncos
Suenan las hachas al herir los troncos,
Y mientras mueve con paciente mano

SARDÍN.

El fantasma dt la gloria.

El labrador en su heredad la yunta,
Fresca ilusión sobre su fe despunta
Como despunta sobre el surco el grano.

III
MEI&gt;IO DÍA
Del borde del camino sembrado de maiezas. voces invisibles gritábanle: adelante! suChorros de luz reverberante y roja
bel no desmayes! y animado por aquel him- · Derrama el sol, y por doquier palpita
no sonoro que parecía empujarle, arremetía
Vital impulso que al trabajo incita
con frenesí las espuelas en los ijares del bruto,
Y nueva savia sobre el campo arroja.
que con las crines al aire y las narices inflamadas por el vértigo de la carrera, subía, suTras el arado que á la tierra afloja,
bía, subía, como la bestia del Apocalipsis, caCanta el labriego, bajo el sol se irrita,
mino de los cielos.
Y la epidermis de su frente imita
Adelante! sube! clamaba otra vez la mucheObscuro bronce que en sudor se moja.
dumbre invisible. Y con la lira de cuerdas de
oro á la espalda, que semejaba una rubia caLa fe lo anima, y aunque no se rinde,
bellera mecida por el viento, y con las obscuras
Suelta el arado y á la inculta linde
melenas alborotadas como el oleaje de un mar
Avanza y se hunde en matorral espeso,
negro, aquel soñador,que parecía un guerrero
Donde le ofrece su consorte alivio
veía ya desde la empinada vía fulgurar entre
Uniendo al jugo del almuerzo tibio
las bruma!' de la altura de la cima, la cima
La miel ardiente del amante beso.
coronada de astros, bajo cuyos resplandores
había tantas veces dormido sus ensueños.
IV
Ya se acercaba; los feroces cascos del blanco
corcel leventaban chispas de oro del camino
RETORNO
tapizado de estrellas. Ya se acercaba, cuando
. aquel potente vuelo de bestia divina que desEn el rigor de la enervante siesta,
garraba las nubes y que no había logrado deMustia se mueve la ondulante caña,
tener Júpiter con la cadena de sus rayos, paY en la laguna con pereza extraña
róse momentáneamente. Un fantasma, una.
Inclina el bruto la cansada testa.
beldad le sujetaba las bridas. -Quién sois, que
El campo vibra con rumor de orquesta,
así osais determe·?- gritó el jinete consternado.
Pasan las horas, el fulgor se empaña,
-- Yo... -murmuró dulcemente el fantasmaY en el bosque, en el llano y la cabaña
la buena hada de los viajeros extraviados; déTiende su red la obscuridad funesta.
jame besar tu frente de pensador gigante é indicarte el verdadero camino de la gloria. Y
Todo reposa en la inacción; la vida
apartándole de la senda que recorría, le conBajo
el nublado y la quietud se anida;
dujo á otro camino.
El perro aúlla con marcado asombro
-Por aquí, le dijo, y desapareció luego.
De nuevo el bruto se precipitó en rápida:.
Y sigue al labrador, que satisfecho
carrera. A poco la noche descendió, vino la
Vuelve
á su choza con la fe en el pecho
confusión de las sombras, y el hielo mortal
Y
la
herramienta
del trabajo al hombro.
del abismo que se abría bajo los pies .....
Entonces una carcajada espantosa, carcajaBENITO FENTANES.

EL SB. GENERAL LUIS PÉBEZ FIGUEBOA.
El día 23 del corriente dejó de existir en
Tlalpam el señor General de División Luiio Pérez Figueroa, uno de los jefes del Ejército más
r?sp~tados y queridos por su lealtad á las instituc~o~es ~epublicanas y su amor á la Patria.
Ongmano db Salvatierra [Guanajuato], el
's~ñor Pérez Figueroa comenzó su carrera militar en 1853, sentando plaza de Subteniente
~e Inf~ntería; en 1855 fué ascendido al grado
~nmediato superior, y, gracias á su conducta
•. irreprochable, su carrera fué, á partir de esa
1
época, tan rápida como brillante. En 1866 se
· ' le confirió la banda de General de Brigada, y
·. u~ ~fio más tarde la de Divisionario. De los
disti_~tos combates y escaramuzas á que concf rrio, Y que fueron 78, sólo mencionaremos
e asal~o y toma de la plaza de Chilapa, la
ocupación de Guadalajara en agosto de 1855,

la defensa de Matamoros Izúcar en 1861, la
célebre batalla de la Carbonera y la ocupación
de México en noviembre de 1872, acciones de
armas en que el distinguido soldado demostró
su inquebrantable valor, poniéndose siempre
al servicio de la causa liberal y de los verdaderos intereses del pueblo. Las condecoraciones que le fueron. conferidas, tanto por el Gobierno General como por los Estados, acreditan su brillante comportamiento militar y lo
hacen acreedor al aplauso de sus compatriotas. Al morir, el señor General Pérez Figueroa poseía la Condecoración de la Paz, la Cruz
de Primera Clase, la Medalla Honorífica del
Estado de Veracruz [ decretada en 1868] el
Di ploma por la batalla de la Carbonera, la :Uedalla por el asalto y toma de Puebla, en 1867
y la que se confirió por el Estado de este nom~
bre á los que combatieron en su territorio contra el llamado Imperio.
El sepelio del señor General Pérez Figueroa

se efectuó el lunes por la tarde, con los honores de Ordenanza, concurriendo al acto el señor Pr-esidente de la República, los jefes del
Ejército más caracterizados y ufi gran número
de particulares.

Sólo por un conocimiento de las consecuencias naturales obtenido experimentalmente, es
uor lo que los hombres y las mujeres se detienen en la pendiente del mal.

*
Los nifios que han sido más castigados rara
vez hacen los mejores hombres.
'

*
Es tan fácil engañarse uno á sí mismo sin
advertirlo, como difícil engafiar á los demás
sin que lo noten.

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domdtngo 31 de Mayo die 1903.

lontananza florida, una música vaga que se
acerca y se confunde con la música del mu
A veces arrastra una pied ra, una rama u~
puñado de hojas secaR, hasta las aguas. '
Saltan chispas de plata entre las ondas· un
círculo de luminosa pedrería se dibuja el
11gua y va creciendo. extendiéndose hasta per.
derse, como un sueño que se desvanece.
De improviso un murmullo, lejano, se per.
cibe. Una silueta blanca se destaca sobre el
fohdo azul.
Es una mujer que camina lentamente hacia
el mar.
Su cabellera recogida en lo alto, brilla como
8 i fuese de oro macizo, cincelada por un art{.
fice exquisito.
U na guirnalda de rosas blancas, como un
enjambre de mariposas en t~rno de áurea fronda, circunda la cabeza gentil.
Las pupilas, húmedas, brillantes, tienen el
color de una hoja &lt;le laurel, em papada de rocío.
Las cejas, negras, tienen la cun·atura altiva y gallarda de los arcos de triunfo.
Las pestañas, largas. dibujan una sombra
leve en las mejillas pálidas.
La nariz, recta y delicada, reposa sobre una
boca fresca, encendida como el pétalo de una
roja flor.
Envuelve su cuerpo una túnica blanca, sin

:n

Fachada de la Legación de Cuba.

EN LA LEGACIÓN DE CUBA.

j
l

1

&lt;¡
l

Con motivo de haberse celebrado, el 20 del
que cursa, el primer aniversario de )a entrC'ga
del Gobierno de Cuba, por los americanos, al
Presidente electo para regir los destinos de la
nueva República, el señor General don Carlos
García Vélez, Ministro Plenipotenciario de
aquel país en México, _ofreció á sus numeros~s
amistades y á los miembros del Cuerpo Diplomático, una recepción que se efectuó el
mismo día por la tarde en su elegante casa de
la calle del Ejido.
Los salones de la Legación fueron visitados por lu mayor parte ~e los representan!es
de los Gobiernos extrnnJeros, por altos func10narios de la Administración Pública y por familias y caballeros de la buena sociedad. E l
sefior Ministro y su d istinguida esposa, la señora Ibor de García Vélez, atendieron con exquisita cortesía á los concurrentes, y durante
la fiesta la música del Estado Mayor tocó en
el jardí~ anexo al edificio aires nacionales y
cubanos, el himno bayamés y trozos de las
6peras más celebradas.
A propósito de la recepción á que 110s referimos, publicamos hoy fotografías de los prin-

cipales departamentos de la Legación, acompañándolas de dos grupos: uno en que aparecen el señor General García Vélez, su esposa
y su hijito, y otro que repreRenta al mismo
señor General tomando el café con su Secretario.
Los salones de la Legación están decorados
con suntuosidad y P-legancia.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Las pupilas quedan fijas, como si contemplasen algo con ansiedad.
Los labios se descoloran, el cuerpo se estremece, se alarga un poco y la cabeza cae hacia
atrás, inmóvil.. ... ... .
Dársanis ha cumplido el juramento que hizo ante el altar de la diosa Afrodita.
Su amado, el hermoso Fanes, llamado por
su belleza «EL Apolo ele Lesbos,i, partió hacia
el desfiladero de las Termópilas á luchar contra los persas, bajo las órdenes del rey de Esparta, el héroe Leónidas, por la libertad de la
patria.
Antes de partir, Dársanis juró que si su
amante tornaba de la guerra, sacrificaría, en
holocausto, un toro blanco; y si moría en el
combate. jnró morir ella también.
Aquella noche llegó á Atenas la noticia de
la muerte de losguerreros helenos, cada uno
de los cuales se convirtió en un héroe, nimbado de gloria.
Dársanis peinó sus cabellos, se ciñó una
guirnalda de rosas, como si fuese á una fiesta,
y sih derramar una lágrima, sin proferir una
queja, sin decir una eola palabra, salió hacia
el mar, llevando un pomito de nácar que su
amado le había traído del país del ámbar, lleno de exquisito perfume oriental, y que ella
después había colmado de un veneno que causaba la muerte con rapidez; y bajo un laurel,
el mismo que conservaba en su corteza su

FLOR DE ATENAS
Rumorosas y azules, las ondas del mar, lentamente rnn á morir en la playa arenosa, suave como un regazo, en donde se reclinan, leYeR y acariciantes, las dormidas a_guaf'.
Tiembla la luna en la superficie trémula y
ondulaIJte,y en ella se refleja un cielo intensamente azul.
A lo lejos se yerguen, majestuosos, ga)lardos como símbolos de · heroísmo y d9 triunfo frescos laureles, pámpanos y mirtos, que
b~lancean sus frondas, como inmensos pabt:·
Uones, de esmeraldas, épicamente tremolados
por bélicos titanes.
A veces un viento impetuoso produce, en la

RAFAEL RAMOS PEDRUEZA.

México, abril de 1903.
La fvrtuna es madrastra ele la prudencia.

LEGACION DE CUBA.-Tomando el café.

mangas, como si la rodease una nube, platea·
da por la luz.
.
,
Es pálida blanca, bella, sE&gt;meJante a
tatuas mardióreas que alumbra la luua en{"
pórticos de los templos, en las plaza~, en 81
monumentos.
tó. ,
Se llama D{usanis, es bija de un re
sabe muchas canciones, cono~e los vers~s hao'.:
divino Homero y de la ardiente Saío,..
bla la lengua ele los egipcios, ele los femClC,,
de los persas.
rdt
Los poetas de su tiempo la ll_aman «Flo
Atenas," «Perla griega" y depositan en el p6rtico de su casa ver¡.:os y flores.
Flor
Pero.... ¿por qué la bella Dársanis, 1ª • ora
de Atenas,» la «PBCla griega,» se halla ah
tan entristecida?
.
r,abeLentamente sigue su camino, con _ls 1)81
za inclinada bajo el peso de una mme
amargura.
.
. e·
Bajo la sombra de un laurel se cletien lÍ 108
.
rayos de la luna penetran á ~ravés del
como finísimos prismas lummosos de P a
de cristal.
el rOI'
Ella se recli~a .s obre el musgo, con labiCJ8
tro al cielo ... ... Vacía después en sus
el contenido de un pomito de nácar ... ···d
Brevemente palidece su tez, en torno , 8,.18111
••
.. ble raplU11
ojos se esfuma haciéndose más v1s1
mente, un círdulo color de v ioleta.

la.~¡e-

ndi

'1 :!;

A medida que los hombres van conociendo
mejor las leyes de la vida, confían menos en
sí mismos y más eh la naturaleza.

*

El salvajismo engendra el salvajismo, y la
dulzura engendra la dulzura.

.-.

LA. MÁS FERMOSA.
Que siga el Caballero su camino,
agravios desfaciendo con su lanza;
todo noble tesón al cabo alcanza
fijar las justas leyes del destino.
Cálate el roto yelmo de Mambrino
y en tu rocín glorioso altivo avanza;
dei-oye al refranero Sancho Panza
y en tu brazo confía y en tu sino.

*

No temas la esquivez de la Fortuna:
si el Caballero de la Blanca Luna
medir sus armas con las tuyas osa

*

y te derriba por contraria suerte,
de Dulcinea, en ani-ias ele tu muerte,
¡di que siempre será la más fermosal

La historia del mundo muestra que las raz¡¡s
mejor alimentadas han sido siempre las más
enérgicas y las dominantee.

El Sr. Ministro de Cuba, su esposa Y su hijo.

LEGACION DE CUBA.-Antesala.

LEGACION DE CUBA.-Sala de recepciones.

un dios que explora el horizonte, con sus miradas de fuego y de luz.
Una claridad intensa iluminó todas lascosas, se verti ó sobre el mar, como un polvo finísimo de oro y de cristal.
Súbitamente las aguas parecieron esconderse bajo aquella luz.
RE&gt;splandecieron las hojas de los árboles, como si fuesen de esmalte. y en todas partes se
difundi6 la forma y el color.
Dársanis, con la inmovilidad y la rigidez de
la muerte, irradiaba con sobrehumana belleza. intensamente blanca y pálida, coronada de
rosas, con los brazos entreabiertos, con la divina cabeza hacia atrás, pareciendo dormir un
sueño infinito, de paz y de gloria.

·-·

Domd!llgo 31 de Mayo die 1903.

los avaros guarda"r1 su te~oro como si efectivamente fuese suyo; mas temen servir~e de
él como si en realidad perteneciera á otro.

ENRIQUE HERNÁNDEZ M:ryARES.

,

nombre y el de Fanes, el m ismo que había
arrullado con su música de frondas el idil io
pasional , cumplió el juramento hecho ante el
altar de la Diosa del Amor.

(

············· ······························. ·· ·············

Lentamen te, tras el mar, surgió una claridad azulada, hacia el Oriente; después se hizo
rosa, luego pu rpúrea.
Las onda~, tembloro!'aR, parecían á vecE's
quedar inmóviles, cu¡¡jadaR por la frescura del
a lba, matizándose &lt;le color de violeta, con frn.n~
jas ondulantes de un oro rojizo y &lt;lesluml,rnd or.
En la lejanía, por la parte de la ciu&lt;lnd, f'e
perfilaron, bajo un cielo pálido, las tt&gt;chumbres de los templos, las cúspides de los monumentos, luciendo la blancura de sus mármoles y el tono ohscuro de sus bronces.
La luna se ofuscó lentamente, como una esperanza que se aleja.
Las corolas de las flores se colmaron ele rocío.
Las frondas ee poblaron de rumorel'..... los
pájaros en sus aéreos palacios de esmeral&lt;lal',
cantaban.
Un soplo de brisa matinal deshoj6 algunas
rosas de la guirnalda que ceñía los cabellos de
la muerta.
•
Sobre la cumbre azul de una montaña apareció el sol, rojo, enorme, como el rostro de

I.EGACIQN DE CUijA.-~I c;omedor.

~-~.,_l,:.
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�Doon!Jngo 81 de Me.yo de 1908.

1!)L

MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRA no.

Erupciones del "Colima."
1.- 26 de Febrero de 1872.-11 a. m.
2.- 13 de Agosto de 1872.-11.55 a. m.
3.-24 de Diciembre ide 1872.- 11.55
a.m.
4.- 5 de Enero de 1873.- 8.25 a. m.
5.- 19 de Octubre de 1900.-7 a. m.
6.- 15 de Febrero de. 1901.- 10 a. m.
7.- 2 de Marzo de 1901.- 8 a. m.
8.- La misma, l\. las 8.30 a. m.
9.-5 de Marzo de 1901.- 8 a. m.
10.-La mdsma, á. las 9. a m.
11.- 15 de Noviembre de 1901.-9 a. m.
,2.- 2 de Diciembre de 1901.- 8 a. m.
l3.- 18 de Diciembre de 1901.-4 p. m.

EL YOLCAN DE COLIMA.
El período de plena actividad en que se en-cuentra el «Colima,» ha despertado en todo el
·país el más vivo interés. Casi diariamente se
tienen noticias de haber ocurrido una nueva
erupción, y por más que hasta hoy no se hayan registrado pérdidas de vidas ni de propiedades, como aconteció hace pocos meses en
una extensa zona de la República á causa de
las frecuentes erupciones del Santa María, el
pánico cunde entre los moradores de los pueblos situados á corta distancia del v0lcán, y
el temor de que sobrevenga una catástrofe es
cada día más grande.
Hojeando un estudio que con relación á las
erupciones observadas en febrero y marzo de
este afio, publicó el sefior Presbítero José María Arreola, encontramos que el «Colima)&gt; es,
desde tiempos muy remotos, un volcán activo,
cuyas emisiones de vapores y cenizas se recrudecen en ciertas épocas hasta adquirir un carácter violento; que ha habido una semejanza
notable entre los diversos períodos de actividad, anotándose únicamente como extraordinaria, la formación de un cráter secundario en
1869; y, por último, que por las obs~rvaciones
hechas hasta hoy, se viene en conocimiento
de que el «Colima&gt;&gt; nunca ha derramado sus

lavas, debido, sin duda, á que su fuerza
impulsiva no es suficiente para hacer que
laR mismas lavas rebasen los bordes del
cráter.
,........_
Sea de esto lo que fuere, sí parece indudable que las erupciones del volcán
&lt;&gt;curridas en los últimos afios, han sido de
las más notables, y que pocas veceR se había visto la montafia coronada de fuego
con tanta frecuencia ; pues sólo en el corto período comprendido entre 1899 y
1902, se registraron más de doR mil, produciendo á veceR, ligeras lluvias de cen izas. A principios del corriente afio
disminuyó sensiblemente el número de
erupciones; mas á partir del 15 de febrero, el volcán entró en plena actividad, y
de entonces acá, muy sefialado es el día
en que no se registra una nueva erupción. A consecuencia, indudablemente,
de lit. constante emisión de gases y de los
productos arrastrados por ella, el cráter
sufrió hace poco una deformación, observándose otra en los pri meros días dP,
marzo.
Por lo que ve al espectáculo que preRenta el volcán durante las erupciones, es
bellísimo. La enorme columna de humo
arrojada por el cráter y á merced del viento, se resuelve en figuras caprichosas, que
al ser bafiadas por los rayos del sol, afectan los
cambiantes del ópalo, y que van, po~o á poco, esfumándose hasta perderse en el horizonte.
De este espectáculo imponent,3 y grandioRo
dan una idea los grabados que ilustran esta
página y que son copia de una curiosísima serie de fotografías que nos fué enviada por un
respetable caballero. Como lo notarán nuestros lectores, algunas de esas fotografías no son
directas: están tomadas, indudablemente, de
pinturas que en vista de grabados antiguos
fueron hechas ex profeso, ya sea por el mismo fotógrafo que las firma -el sefior R. R.
Rivera, de Colima,-ó bien por alguna otra
persona, para reproducir, con más ó menos
exactitud, las erupciones que representan.

PÁGINA DE ALBLJM.
Yo creí ser inmune á los amores
-viejo lobo del mar de la existenciay, oh sirena de cantos seductores,
ante tus atractivos tentadores
nada valen mis aí!o! ni experiencia.
Oculta, y misteriosa, y bella, y rara
cisterna, te hallo en medio de un camino
monótono y desierto cual Sabara,
y me acerco á tu algente linfa para
refrescarme,1sediento peregrino,

Domdl!lgo 31 de Ma.yo de 1903.

Y calmarás mi sed, la sed ardiente
del erotismo que mi anhelo fragua;
más como el mal en ti vive latente,
al ver mi r ostro en tu cristal fulgente,
tal vez con cieno se revuelva el agua.

*

Tus ojos asesinos! Que me vean
los que están por sus víctimas l uctuosos
y fingen, cuando inquietos parpadean,
Mariposas nocturnas que aletean
bajo dos arcos negros y sedosos.

*

Ya el amor me levantá y engrandece,
comienzo á presentir dichas supremas,
y todo mi organismo se estremece
viendo tu combo seno que parece
un colmado tibor de crisantemas.

*

Para un himno triunfal tu voz afina,
suelta de tus cabellos el follaje ....
Como al roce del arco el violín trina,
quiero al besar tu boca venusina,
que vibre de tus nervios el cordaje.

*

Mi alma intenta olvidarte, y sólo veo
que vuela á ti desatentada y loca:
cabalga mi razón como Perseo
en el bronco P egaso de un deseo
que por dantesca cima se desboca ....

*

Tan magna es tu bondad cual tu hermosura·
y pues de mi desgracia no te mofas,
'
rayo de sol, desgarra mi negrura;
gota de miel, ~ndulza mi amargura;
ala de oro, levanta mis estrofas.
México, mayo de 1903.

JUAN B, DELGADO,

�Domingo ti de Me.yo die 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Elb MUNDO ILUSTRADO.

Dom11ingo 31 de Mayo die 1903.

1/(islorias de él'iedra.

SAN AGUSTIN
I
Cuentan los cronistas que por el año de
1533 llegaron á la capital de Nueva Espafia
siete religiosos de la Orden de San Agustín,
hospedándose primero en el Convento de Santo Domingo, donde permanecieron cuarenta
días, y después, en una casa de la calle de Tacuba, de cuyas señas y ubicación no ha llegado hasta nosotros noticia exacta y verdadera. Fray Francisco de la Cruz, vicario provincial, Fray Jerónimo de San Esteban (a) Jiménez, Fray Juan de San Román, Fray Agus-

monasterio y del templo, pagándose á éstos,
á guisa de salario, dos reales por cada seis
días de trabajo; pero, como rentas tan seguras
y jornales tan exiguos no fueran parte á que la
obra se llevara á término con la celeridad deseada y la magnificencia á que estaban tan
acostumbrados los frailes, el Emperador Carlos V la tomó á su cargo, y en 1587 se dió por
concluida, habiéndose gastado en ella algo más
de $160,000. Varias veces-como observa el
Sr. González Obregón-se hundió parte de lo
construido, á causa de la naturaleza del terreno, «sin embargo de que se tomaron las precauciones de sacar el agua de los cimientos
con bombas y de colocar allí grandes trozos de
piedra sólidamente pegados con argamasa.»(1)
Con todo, el edificio permaneció en pie largos
afios, basta el 11 de diciembre de 1676, en
que fué destruido en parte por un formidable
incendio que redujo á escombros el templo
primitivo.
Don Antonio de Robles en su «Diario de Sucesos Notables,» dice, hablando del siniestro:
«Con ocasion de celebrar la aparicion de Nues«tra Sefiora de Guadalupe, se prendió fuego
«por la plomada del relox en la iglesia del

•

,,sus cruces todas, y el clero y el Cabildo to«dos muy tristes y confusos como si fuera ei dia
«del juicio.,,
Pronto aquella tristeza se trocó eii alegría y
la confusión en tranquilidad, pues el 14, á buen
temprano, salieron los agustinos á recoger limosnas para la reconstrucci6n del templo y en
ese solo día lograron reunir cuarenta mil pesos.
El 22 de mayo de 1677,
con asistencia del Arzobispo D. Fray Payo Enríquez de Rivera, se puso mano á la reconstrucción, colocáfidose la primera piedra del nuevo
edificio, á la izquierda de
la antigua fachada; y tal
fué el gasto erogado en la
obra, que al informarse
el Rey Carlos II de la suma que se había invertido en la fábrica, preguntó, asombrado, si los muros eran de plata.
II

Antes de seguir adelante en nuestra narración, veamos lo que acontecía en el Convento
de San Agustín por los años de 1650 y 1655,
dos de los más borrascosos en la historia de
la Orden.
Don Gregorio Martín del Guijo, en su ,&lt;Diario de Sucesos Notables, i&gt; refiere que el 1~ de
septiembre de 1650 present6 al Virrey el Maestro Fray Juan Guerrero un (&lt;buleto» de su Generalísimo en que se prevenía que, á la muerte del Provincial, entrara á. ejercer sus funciones el mismo Guerrero. Quejóse Fray J uafi
de que el Definitorio había elegido, sin derecho, á Fray Andrés do Oñate [ ele Guatemala], Vicario Provincial, por muerte del religioso investido con tal carácter, y de que aquél
«venia ciego é impedido del uso y ejercicio de
su oficio.» El Virrey decretó se enviara el me-

El templo de San Agustln.-(De grabado antiguo.)

tín de la Coruña [a] de Gorma, Fray Juan
de Osaguera, Fray Jorge de Avila y Fray
Alonc¡o de Borja, que así se llamaban los siete agustinos, hicieron su entrada en la poblaci6n el 7 de junio del referido año, y en cabildo del día 30 se presentaron al Ayuntamiento solicitando se les concediera sitio
á propósito para construir ,,su casa.» Dióles la
Ciudad un terreno situado por el rumbo sur y
conocido entre los indios con el nombre de
Zoquiapan (,,lugar cenagoso») l,)Or encontrarse
en él un manantial, y ocho afios más tarde28 de agosto de 1541- dieron principio á la
construcción, tanto de una iglesia como de un
convento, colocando la primer9. piedra el Virrey
D. Antonio de Mendoza, la segunda el Arzobispo Fray Juan de Zumárraga, la tercera el
Prior de Santo Domingo, la cuarta el Guardián
de San Francisco y la quinta el Vicario provincial de la Orden. Por Cédula Real,el pueblo
de Tetzcoco fué el designado para acudir con
sus tributos y con Kpeones» á la edificación del

«Convento de San Agustin, y en dos horas se
«quemó toda la iglesia y altares; fué noche fúe
«nebre. Asistió su Divina Magestad Sacramen,,tado con el Cabildo [eclesiástico], Ciudad
,,[Ayuntamiento] y Audiencia y el Sr. Arzo(&lt;bispo Virey; que procuró remediar no se
"quemase todo el convento y cuadras circun"vecinas. Asistió Jesus Nazareno y todos los
"santos de las Religiones. Concluyó aquella
"noche. Aunque dur6 tres dias el fuego no su"cedi6 muerte ninguna. Sefué S. E. á las on(&lt;Ce de dicha noche.»
;:- Dos días después, según refiere el mismo D.
Antonio de Robles, el Arzobispo dispuso unn.
procesión deprecatoria ,,desde la Catedral al
hospital de Nuestra Señora,, (hoy de Jesús).
dba el DPan, agrega, con el Santísimo y Nues«tra Sefiora de Guadalupe, con plegaria y le,&lt;tanias. Fueron las cofradias y Religiones con
(1) «México Viejo.&gt; - Edición de 1900.-Página 140.

-------

Fraile Agustino.

Un bajo relieve de la fachada principal del extemplo de San Agustín.

morial al Definitorio; se reunió éste, y admitida la orden del Generalísimo, mand6 que todos los religiosos la firmasen, declarando
Provincial al dicho Guerrero. Esto no fué de
agrado del Virrey; pues, tan pronto como tuvo noticias del caso, ~vió correos á Gua.terna·

Extemplo de San Agustín.-Estado actual.

la que llamasen á Oñate, y habiéndose éste
presentado en México por el mes de septiembre de 1651, el Real Acuerdo mandó que «sin
el? hargo de cualesquier letras ó actos que en su
virtud hubieren hechoi, (los religiosos) tuvieran á Fray Andrés por legítimo Provincial. ..
''A su ejecucioñ [ del AcuerdoJ vino la Sala
"del Crimen y Guardia del Virey-dice Guijo
"-causando notable alboroto por el reino, y
"llegados á la puerta reglar no les quisieron
"abrir, y considerando que queriau echar aba"jo la puerta, les abrieron las de la iglesia y
"notificaron al Definitorio la dicha provision,
"y tan solamente la obedeció el Prior del Con"vento y el Definidor Betanzos y los otros
"tres y Rios no; con que se dió cuenta á las
"nueve de la noche al Virey y Oidores; y á
"estas horas se despachó la segunda provi' 'sion y respondieron lo mismo, con que se
"fueron los alcaldes y guardia y quedó el con''vento en un infierno de disturbios»........ Al
siguiente día no se dijo misa en San Agustín;
volvió la Sala del Crimen «con mayores estruendos, » y poniendo «guardas en la puerta
reglar» consiguió que los revoltosos definidores prometieran guardar á Frav Andrés obediencia. Ríos fué poco después desterrado.
Pero si este capítulo es digno de llamar 14
atención, el que se refiere á Ja muerte del
Maestro González ocurrida en San Agustín el
21 de octubre de 1655, pinta, admirablemente, el grado de relajación á que por aquella
época habían llegado los frailes: ,,A las
once horas del dia estaba bueno y con salud
Y en pie el maestro Rodrigo Gonzalez, padre
de provincia del orden de San Agustin y de
los de la parte de España, y á las doce de dicho dia se murió; y habiendo averiguado su
muerte se halló que lo habian muerto entre
dos legos de dicho Orden ...... por robarlo; y
fueron luego puestos en prision, y sabida por
e~ Virey la maldad, despues de enterrado el
difunto envió médicos y cirujanos y escribano Y desenterraron el cuerpo y se &lt;lió fe de la
puñalada.» Guijo se ocupa después del proceso de los asesinos y de las honras fúnebres del maestro González, en los siguienteil
términos: «Procedió la Orden contra ellos segun sus reglas, y teniendo sustanciada la
causa y ellos confesado su delito, le celebraron
sus honras al difunto el lunes 8 de Noviembre

en el convento de San Agustin con toda solemnidad, para lo cual convidaron al cabildo
seglar y todas las Religiones y clerecia, y ocurrió todo el reino y predicó el maestro Fray
Miguel de IJonsuegra, y con lugares singulares
de la escritura prob6 la maldad de los homicidas y ponderó las virtudes del muerto y haber tenido los puestos principales de su Ord&amp;n
y sido Provincial y tener de hábito cincuenta
y dos años: púsosele un túmulo muy magnífico á costa de la Orden, y concluso el proceso, provincial y definidores i::entenciaron los
deli u cuentes á doi:cientos azotes, cárcel perpe-

tua y comer tres dias en la semana en la piedra, y recibir dichos dias disciplina de vuelta,
y que se les diesen pan y legumbres cada
tantas horas, con pena de pecado mortal á sus
frailes para que les den carne, y en virtud de
esta sentencia, los sacaron jueves 11 de Noviembre á las 9 horas de la mafiana por los
claustros bajos del convento con sus hábitos
blancos menores y aprisionados y con voz de
pregonero que decía su delito; los azotaron
con disciplinas á la redonda, y todo el convento estaba con las capillas caladas arrimados á las paredes hasta que Re acabó el acto y

Sil!~ría de San Agustín

�Do!!nffngo 31 de Ma.yo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

luego volvieron á emparedarlos, interin que
su Señoría ordenaba lo que conviniese; y este
castigo fué público y á vista del Reino.» (2)

III
Abandonamos aquí al verídico testigo presencial de· los sucesos narrados, para proseguir
la historia del monasterio y del templo de los
agustinos, apoyándonos en lo que sobre la
materia se ha publicado por diversos autores.
Como los mercedarios, los religiosos de la
Orden de San Agustín procuraron á todo
trance, con el transcurso de los años, ensanchar su convento. En 1575 solicitaron del
Cabildo licencia para construir un pasadizo
elevado que comunicara el monasterio con un
solar que había á la espalda y que les pertenecía; opúsose á la solicitud el Corregidor,
alegando que la construcción proyectada acarreaba grandes inconvenientes, y llevado el
asunto á conocimiento del Virrey, éste resolvió que era de accederse á lo pedido, siempre que la obra fuera
de arquería y que estuv1era hecha
de tal modo, que el arco no impidiese ni entorpeciera el paso.
El arco,que se derribó en 1825,
&lt;lió origen al nombre que lleva
hasta nuestros días la calle situada entre la del San Felipe Neri y
la de Jesús.
No satisfechos con el triunfo
que habían alcanzado, los agustinos intentaron, en 1597, incorporar á su convento la calle del
Arco, que, según el señor González Obregón, no sólo estaba formada por la que hoy se conoce
con este nombre, sino también
por todas las que con-ían en la
misma linea, tanto hacia el
Oriente como hacia el Poniente;
pero, como los vecinos acudieran
al Cabildo en demanda de que se
negara á los frailes lo que pretendían, éstos presentaron entonces un nuevo escrito sosteniéndose en la solicitud que habían elevado al Virrey y que estaba pendiente de resolución. De paso
diremos que los quejosos recusaron á algunos regidores, oponiéndose á que conocieran del asunto, por tener entre los agustinos
parientes y valedores, y que, en
su empeño de no ceder á las exigencias de los peticionarios, llegaron á amenazar al Ayuntamiento con exigirle, si su resolución era favorable á la parte contraria, daños y perjuicios.
A pesar de tan fuerte amenaza, el Cabildo opinó que podía
permitirse á los Agustinos cerrar la calle, y en 6 de mayo de 1597, el Virrey de Zúñiga y Acevedo ordenó que el Ayuntamiento resolviera por sí en el caso. Falló éste
en sentido favorable para los rnligiosos; los vecinos apelaron ante la Real Audiencia, y el
pleito que se siguió con este motivo, fué largo y muy reñido. Una y otra parte presentaron
pruebas y testigos, y la Audiencia, por fin,
vino á dar la razón á los quejosos; pero no pararon allí las cosas: los ver.cidos en !a disputa
suplicaron del fallo pronunciado, ·y corrida una
multitud de trámites que sería largo enumeiar y que dió origen á diversos incidentes, el
Rey puso punto final en el litigio, confirmando lo hecho por la Audiencia.
Más audaces que los agustinos, fueron,
sin duda, los mercedarios; pues el cronista
Pareja, al hablar de una calle que incorporaron t. su monasterio, escribe que, por consajo del Virrey, y ya que no les era posible
arreglar nada en el terreno jurídico, se proveyeron una noche de materiales é instru-

1

1
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1
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t

(2) No obstante carecer el anterior relato y los
demás que hemos transcrito, de la ortografía usada por los cronistas é historiadores de la época
á que se contraen, nos ha parecido conveniente
reproducirlos tal como se encuentran en la única
edición de los &lt;Diarios de Sucesos Notables&gt; que
se conoce, y que fué hecha en México en 1853.

mentos de albañilería, y sin que nadie los
viese, cerraron la calle anexando el predio á
su convento. Los vecinos, que no encontraban
al siguiente día la salida, ocurrieron al Virr_ey
quejándose de los frailes, y su Excelenc_,a,
continúa Pareja, respondio á sus instancia~
que "¿qué había de hacer á una Religión que
para mayor conveniencia de su convento, ~abia cerrado aquella callejuela?; que lo tuviesen á bien y se portasen bien con los religiosos, que no les estaría mal tenerlos por amigos»......... La respuesta del Virrey no podta
envolver una injusticia más grande; y, sm
eru bargo, los vecinos hubieron de conformarse con ella, consumándose así uno de los más
escandalosos y manifiestos despojos.

IV
Volviendo á San Agustín, parece que los
frailes no pretendieron en lo sucesivo ensanchar &lt;CSU casa," como ellos decían. Esta, como

sos, existe ahora en el salón de actos de1 Colegio de San Ildefonso.' '
Réstanos sólo hablar de la capilla del Terc_er Orden, c~ya f~chada, ennegrecida por el
tiempo, comienza a desaparecer tras los sólidos muros que se están levantanclo jnnto
á dla. La capilla fué dedicada el 12 de diciembre de 1714; tenía el altar mayor haciael
lado sur, y la puerta principal hacia el extremo opuesto. En la actualidad está convertida
en sala de lectores de la Biblio'teca nocturna.
Para concluir, sólo diremos que el CO!lvento
sirvió de cuartel á los invasores norteamericanos, y que al ser exclaustrados los religiosoa
en virtud de las leyes de Reforma, Re vendió
gran parte de él á algunos particulares que comenzaron á derribarlo desde luego y levantar en su lugar algunas casas. Los hnmanoe
Gil y Alonso González de Avila, degollados
en la Plaza Mayor de México el 3 de agosto
de 1566, por hallarse comprometidos enlacélebre conjuración d&lt;: los hijos d"
D. Hernán Cortés, fueron ~epultados en el templo y allí permanecen hasta hoy sus cenizas.

i

FUERA DE MÉXICO.
EL 5 DE M.A.YO.
· En Laredo Texas, fué celebrado con verdadero entusiasmo por los mexicanos allí residentes, el aniversario de Ja batalla librada
frente á Puebla contra las tropas intervencionistas francesas el 5 de Mayo de 1862.
Los americanos, en ésta, como en otras ocasiones, se unieron al regocijo de nuestros compatriotas, y las autoridades locales, por su
parte, facilitaron á los organizadores de la fiesta cuantos elementos creyeron necesarios para que revistiera la máyor solemnidad. Entre
otros acto~ igualmente lucidos, se efectuó por
la mañana una procesión de carros alegóricos,
y una ceremonia cívica, durante la cual se
pronunciaron discursos patrióticos. Numero-

J. G. U.

El Último Esclavo.
Recia espalda y anchurosa,
corta frente, cuerpo bajo,
y la pasa entrecanosa
como gris espumarajo.
Tez abrupta, sin perfil,
cual escamoso terrón,
donde blanquea el marfil
en la grieta del carbón.
Vino en un barco negrero,
del Africa occidental,
y le atezó máR el fiero
toque del sol tropical.
Cual profundos harponazos,
de la esclavitud testigos,
.muestra en tobillos y brazos
las huellas de sus castigos.
Sin encono y sin piedad,
cuando el cubano guerreaba,
peleó por la libertad,
sin saber por qué peleaba.
Y cOJ,cluída la guerra,
premiado por el desvío,
y echado sobre la tierra
á la puerta del bohío,

Sillería de San Agustín

todos los edificios de su género que había en
la capital de Nueva España, era espaciosa y
muy rica; su puerta principal veía al Norte,
por el lado Poniente tenía otra, y una por la
parte posterior, 1ue se llamaba ''falsa. ' ' Dentro del monasterio existía una huerta poblada
de numerosos árboles frutales, y en cuanto á
las demás dependencias, el claustro bajo estaba decorado con una serie de cuadros de Cabrera que representaba la vida de San Agustín, y el sup~rior, con otra que reproducía
los pasajes más culminantes de la vida de
Cristo. Había, además, algunas otras pinturas de mérito colocadas en la sacristía.
El templo, que ocupa actualmente la Biblioteca Nacional, era uno de los más suntuosos;
el altar mayor veía al Norte, y á uno y á otro
lado de lo que es ahora salón de lectores, se
encontraban las capillas y los cubos de las
puertas qm. comunicaban con el atrio y con
el convento. Cerca de la entrada principal se
encontraba el coro, y en éste, dii:e el Sr. González Obregón, "una preciosa sillería hecha de
maderas finas y compuesta de dos series de
sillas, unas bajas y otras altas. En ellas se hallaban tallados primorosamente 354 pasajes
del Antiguo Testamento, desde el Génesis hasta el Apocalipsis de San Juan. Parte de esta
sillería, valuada según se dice en 240,000 pe-

Mientras tuerce á su manera
la vitola de un habano,
y del café, en la caldera,
tuesta el oloroso grano,

PROCESlON ClVlCA EN LAREDO TEXAS.
-Un carro alegórico.

sas familias, tanto mexicanas como americanas, concurrieron á la referida ceremqnia. En
Ciudad Guerrero (Tamaulipas), se efectuó
también con motivo del glorioso aniversario,
una fiesta análoga á la de Laredo, y en Hidalgo del Parral, fué solemnemente inaugurado un monumento erigido con donativos particulares al Padre de la Indepeñdencia.

Desfilan ante sus ojos,
por la vejez azulados,
cual nostálgicos despojos
de tiempos nunca olvidados,
El verde cañaveral,
el trapiche y el batey,
su verdugo: el mayoral,
y su compañero: el buey;
Su tambor y sus verduras,
su couuco y su machete,
del cepo las cerraduras
y el herraje del grillete;
Sin que, en su antiguo gozar,
nuevamente su alma vibre,
y siñ saberse explicar
la ventura de ser libre!. ....... .
MANUEL

S.

En este número
verán nuestros lectores las fotografías
relativas á los actos
mencionados.

LA IIARIPOSA
La linda niña había bajado al jardín
aquella mañana, y
después de coger un
ramo de flores que
prendió con infantil coquetería eu su
seno, tomó la redecilla y se puso á co- ~
rrer tras las mariposas que en rápidas curvas burlaban
el afanoso empeño
con que se veíal\
perseguidas.
Después de mucho batallar logró la
.niña atrapar una de
las más hermosas,
y colocándola cuidadosamente junto
á las flores, se dirigió jadeante á su
madre para ostentar
el triunfo conquistado. Pero cuál fué
su decepción al ver
que el animalito, en
su afán por escapar
de. la prisión á que
se le redujera, había sacudido las alas
con tanta desesperación, que las flores del ramo habían
perdido sus pétalos,
y el lindo polvo que
fué gala mejor del
insecto yobjeto único de la constante
Monumento á Hidalgo en Parral
aspiración de la niña, había desaparecido manchándola el vestiTodas las virtudes de la mujer son suyas
do; y que de las brillantes alas sólo quedaban
propias, mientras que sus vicios son nuestros
dos hojas secas y descoloridas que se agitaban
y se los enseñamos.
temblando en convulsiones de agonía.
"'
La niña sintió entonces' oprimfrsele el coEl taiento es la riqueza, el tacto es la morazón, y una lágrima corrió por sus mejillas;
neda corriente.
pero la madre trató de consolarla diciendo:
,,Así, hija clel alma,· son las ilusiones todas
de la vida. Corremos afanosos tras ellas para
alcanzarlas, y una vez conseguido nuestro objeto, el placer del vencimiento dura apenas un
breve instante antes de trocarse en desencanto; el palacio forjado
en nuestra mente se
derrumba sin estruendo, pero lastimando el
corazón, y un viento
de otoño cruel arranca
los más bellos adornos
del paisaje que forjó
nuestra mente, para
que los troncos, cubiertos de la nieve que
trae el invierno, eleven
sus ramas secas al cielo como si fueran brazos descarnados que
piden les haga renacer
á otra vida mejor, donde no haya dolo ni engaño; sino donde es
eterna la primavera
Una calle de Laredo durante la procesión.
del alma.»
G. S.

PICHARDO.

Mayo, 1903.

Habana, 1903.

Domllalgo 81 de Me.yo die 1908.

LAMAR.

*
. Feliz quien escarrui~nta en los primeros peligros, pero es más feliz el que escarmienta en
los peligros ajenos.

*
El acto oficial en

c.

Guerrero,

No hay oficio vil en las manos de un hombre de bien.

�Dom:mgo

at de Mayo de 1908.

Eh MUNDO ILUSTR.ADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

bres en «ia» y había tantas J ulias Sofías y
E milias como hubo, treinta afios ~ás tarde,
Claras y Eloísas.

***

E ra l\Iontcerny un hombre demasiado honrado para considerar de otra manera que como
una adopción su matrimonio con una niña de
catorce afios. Aun llegó á tomar su papel de
padre tan en serio, que Je propuso á Sofía proporcionarle maestros, si quería continuar su
eaucación. La mueca con que la niña acogió
tal proposición, le hizo sonreír y optar por
dejarla en libertad para que jugara al volante
ó saltara á la cuerda en su jardín.
Bien p.-onto, aparte de la vaga solicitud que
por deber atestiguaba á la jovencita, dejó de
ocuparse de ella, pues absorbían su espíritu

El marqués dt montttmv.
d'or

'1ean d'oujoulat.
(Traduccl6n de " E l Mundo Ilustrado.")

No fué poco el asombro que caus6 en los corrillos filosóficos que Voltaire, Diderot y d' Alembert habían dejado tras ellos, cuando se
supo que el Marqués de Montcerny había contraído matrimonio.
El crónico Grimm no perdi6 tan bella ocasi6n de consignar una notita burlona en su
gaceta: «Muchas veces hemos oído á nuestro
a.migo Montcerny declamar contra el abuso
bárbaro que autoriza á los padres para que dispongan de sus hijas antes de que hayan llegado á la edad de la razón, y pronunciarse
contra esos matrimonios antinaturales en los
que el marido se acerca {\ la decrepitud, mientras que la mujer juega al aro todavía. Pues
bien, como es sabido, Montcerny pasa de los
cincuenta afios,y su joven esposa, á lo queparece, apenas llega á los catorce; por lo tanto,
hay que admitir que los filósofos no siempre
son consecuentes consigo mismos, sobre todo
cuando el amor a.nda de por medio.»
Engafiábase Grimm: Montcerny no eSU\ba
enamorado ni era inconsecuente, y su matri.
monio no era más que una acción generosa.
A aquel gran escéptico, á aquel intransigente
demoledor de prejuicios, animábale un espíritu caballeresco que le impulsaba á convertirse dondequiera en el defensor del oprimido.
Su generosidad y el horror que le causaban
los injustos privilegios del nacimiento y de la
fortuna y que, vagamente, le hacían considerarse como culpab!e, por haber nacido rico y
noble, le habían conducido á meuudo á ser la
víctima de intrigantes c0n los cuales se considerara obligado á reparar las iniquidades de
la suerte.
Demasiado inteligente para no comprender
que con frecuencia había sido engafiado,y demasil\do bueno para no dejarse engañar de
nuevo, había tomado el filosófico partido de
resignarse á esta. incompatibilidad entre sucorazón y su talento.
Su matrimonio habíase decidido en estas

circunstancias: un pariente suyo, M. de Valseney, le había pedido hospitalidad en su palacio por breves día@, mientras arreglaba la
entrada de una de sus hijas á un convento. A
Montcerny le sorprendió desde luego la extra•
ordinaria tristeza que parecía abrumar á la niña. Habiéndose encontrado á solas con ella,
la interrogó con benevolencia; y la'jovencita, á
quien sólo el temor que sentía por su padre le
había dado hasta entonces ánimos para contenerse, estalló en sollozos:
-No quiero ser religiosa, dijo al fin llorando desolada; mejor quisiera morir que entrar
al convento, pero en vano he suplicado á mi
padre; no ha querido oírme.
-Trataré de hablarle en vuestro favor, dijo Montcerny muy conmovido.
Ella le cogió la mano y ee la besó en un
arrebato de agradecimiento, lo que les dejó
tan confusos á uno y á otra, que se separaron
sin saber qué decirFe.
Ese mismo día Montcerny emprendió la tarea de convencer al inflexible padre de au joven protegida; pero todo fué inútil. Valseney,
que no quería dotar á su hija, no veía para
ella más perspectiva que el claustro; según él
la muchacha debería someterse á su voluntad'.
y de seguro que el cielo le otorgaría la gracia
de concederle vocación, pam recompensar su
obediencia filial.
Montcerny, agotados sus argumentos acabó por decir:
'
-Pues bien, yo la dotaré.
Pero entonces el otro se enfadó, considerándose insultado por esa oferta de una limosna,
y poco faltó para que no abandonase la casa
de su huésped en el mismo instante.
Montcerny, descorazonado, volvió á donde
estaba la pequeña. Encontróla jugando en el
jardín con un perrazo cuya amistad se había
conquistado; la animación del juego había
desordenado sus cabellos rubios, de un rubio
ceniciento, y en su rostro, hinchado aún por

el llanto reciente, una expresión alégre ha bía
reaparecido, porque la viveza de su imaginación le representaba ya como certidumbre lo
que apenas acababa de entrever como esperanza.
Pero el aire de tristeza con que Mont..:em y
se le acercaba, la desencant6 de improviso; él,
sin embargo, no se atrevía á hablnr, turbado
por la mirada de terror que fijaba en él la nifia. Para acabar má'! pronto, adoptó un continente brusco: «Malas noticias,ll exclam6.
No tuvo tiempo para decir máe. La niña,
sentándose en la escalinata y ocultando el
rostro en su delantalillo de muselina, se entregó de nuevo á un desesperado llanto.
Montcerny alejóse suspirando, dominado
por una piedad aún más profunda. Por la noche no pudo dormir, y durante sus largas horas de insomnio fué cuando le vino la idea de
casarse con su amiguita. puesto que no disponía de otro recurso para rnlvarla.
Vacilaba aún, por temor al ridículo; pero
al día sefialado para la entrada al convento de
la pequefia de Valseney, el apenado rostro
acabó de enternecerle y, sin permitirse más
reflexiones, pidió á M. de Valseney la mano
de su hija..
El padre no se hizo de rogar; lo único que
deseaba era desembarazarse de la. nifia, Y
Montcerny fué preferido al convento.
El matrimonio se efectuó en un plazo cortísimo. M. de Valseney regresó á su provincia,
y el recién caeado, cogiendo un reqpiro después de tan precipitado acontecimiento, ex_Pe·
rimentó la seneación del hombre que desp_1erta de un suefío, sino que no le era posible
creer que hubiera sofiado, puesto que la rea·
lidad tangible, el «cuerpo del delito,» como
decía él mismo, permanecía. á su lado, en la
persona de Sofía de Valseney, marquesa de
Montcerny.
La nifia se llamaba Sofía como Mme. d' H ou·
detot, la moda estaba entonces por los nom-

gran revolución pacífica. Habíanse ya reunido todos los invitados,cuando Montcerny notó que su mujer, á la que ha.bía olvidado por
completo en medio de sus ensueños políticos, no estaba en el salón.
Suponiendo que se retardaba en el tocador,
envió un lacayo á la marquesa á suplicarle
que viniese á recibir á sus huéspedes.
Mucho tardó la respuesta, h ubo idas y venidas por el palacio, balbuceos, exclamaciones ahogadas y, por fin, el mayordomo, con
aspecto conmovido, vino á pedir permiso á su
amo para hablar con él á solas, y de sus labios, en la puerta del gran salón de honor lleno de invitados, supo Moctcerny que su mujer había huido dos horas ante.., en un fiacre,
en el que llevaba, por todo equipqje, una caja de sombreros con el más bonito de sus gorros de encaje, y dos
canarios de Holanda
domesticados, por
los que sentía un
singular carif\o.
La catástrofe dejó
á Montcerny impasible en apariencia;
volvi6 á donde estaLan sus invita.dos y
les previno sencillamenteque la marquesa, atacada por
súbita indisposición, n9 podría presentarse el.l la comida.
Desgraciadamente algunos lacayos,
instruí dos porla servidumbre del marqués, habían deslizado va á hurtadillas la· noticia á 1,us
amos, de manera
que la reunión destinada á celebrar el
advenimiento de la
libertad y la justicia, pasó toda ella
entre miradas de reojo y secreteos disimulados.

Domingo 81 de Mrayo de 1903.

que Isabel de F rancia y otros veintitrés condenados, de los que doce eran mujeres, eran
conducidos al patíbulo; Montcerny saludó y
permaneció inmóvil, con la cabeza dPscu bierta,
basta que acabaron de paear todas las carretas. Un agente del comité de su demarcación
encontrábase allí casualmente y le denunció
como culpable de haber demostrado simpatía
por los enemigos del pueblo.
Esa misma noche fué aprehendido el marqués y encarcelado en la priEión de Luxemburgo.
Como verdadero fil6¡,ofo que era, ho se sintió muy conmoYido por la aYentura, pero al
día. siguiente, al bajar al patio, qued6 m uy
sorprendido al ver hasta qué grado participaban de su estoicismo sus compañeros de infortunio.
Hombres y mujeres conversaban con animaci6n; ee formaban grupos en el vasto patio; se reía; se contaban cuentos y se trababan
empeñados partidos de diversos juegos. Por
algunos Jugares vagaban parejas de enamorados, tan absortos en sus pláticas, que no prestaban atención á las ruidosas distracciones de
los demás detenidos.
«¿Qué, caballero, podréis dudar aún de los
sentimientos que abriga mi corazón?.11 dijo de
imµroviso junto á Montcerny uua voz que le
hizo estremecer. Volvióse y pudo verá la joven
que acababa de rozarlp, al pasar; iba de bracero con un joven y al hablarle Yolvi6 hacia
él la cara, de manera que el marqués, de pronto, sólo pudo ver su talle gracioso y los bucles
rubios de su cabellera, esparcidos sobre su espalda; pero un instante después, la joven,
atraída por la influencia de su mirada, volvió
la cabeza, y l\fontcerny reconoció á Sofía de
Valseney, crecida, embellecida, radiante de
juventud y de hermosu ra.
También ella le había reconocido y su turbación fué tal, que solt6 súbitamente el brazo
de su amigo y se refugió en la prisión.
Entretanto, ~Iontcerny se había informado
con los guardias y por ellos había sabido que
su mujer había sido arrestada en compañía del
caballero de Raynold [ el mismo joven de
quien la había visto acompañada], y que ambos estaban acusados de haber mantenido sospechosas inteligencias con el extrar,jero es decir, de haber intentado procurarse pas~portes
para atravesar la frontera.
(CONCLUIRÁ. )

elevados intereses: el rey acababa de decidirse á convocar los Estados Generales, para satisfacer el de@eo de reformas manifestado por los
partidos filosófico y económico, á los cuales se
adhería casi toda la nobleza de Francia.
}fontcerny estaba en el colmo del entusiasmo; temía que la vida no le alcanzara para
presenciar la era de emancipa?ió~ y de fraternidad en pro de cuyo advemm1ento habían
con tanto ardor trabajado él y otros pensadores de la época. Con la imaginación llena por
el pensamiento de la edad de oro, que iba á
florecer de nuevo, apenas si tm•o ocasión de
notar el cambio, cada día más acentuado, que
se efectuaba en la manera de ser de su joven
esposa. Esta ho reía ya, ni saltaba á la cuerda; pálida, melancólica, taciturna, errab:i,
desde el alba hasta la puesta. del sol, á lo largo de los corredores, por los salones, por e!
jardín, como si buscara alguna cos~ que m
ella misma sabía qué fuera, con la mirada vaga y los labios cerrados.
Dos ó tres veces que Montcerny, por casualidad notara su extra.fía actitud, quiso interroga~ á la doncellita, pero ésta, invariablemente respondía: «No tengo nada» y luego se
echaba á llorar. Creyendo que se tratab~ de
un capricho infantil y pasajero, no volvió él
á ocuparse más del caso.
La v{spera del día fijado para la apertura de
los Estados generales, celebr6se un gran banquete en el palacio Montcerny, en honor de la

Ningún esfuerzo
hizo Montcerny por
encontrar á la pequefia fugitiva,aunque estaba persuadido de que el m0ti vo de la fuga debía ser alguna intriga de amor. Pero desdefió vengarse.
Sin embargo, el golpe fué para él mur duro. Aunque Sofía jamás ocupó un gran lugar
en su afecto, encontrar tan grande ingratitud
en el corazón de una criatura tan joven, le
conmovió dolorosamente: era éste el más amargo de todos los desengaños á los que s? generosidad le había expuesto con frecuencia.
"Si este suceso no me cura para siempre de
mis sentimientos caballerescos, me convenceré de que soy incorregible,ll se decía á sí mismo cuando el recuerdo de su mujercita atravesaba por su espíritu.
Pasaron cuatro afios. Montcerny, después
de haber seguido con profunda angustia las
peripecias de la revolución tan deseada por
él se había disgustndo de ella y vivía solo,
e~ su palacio, rodeado de sus libros. Su creencia en la felicidad humana, la creencia que le
apasionara de!3de su juyentud, había caido e!1
tierra convertida en rumas, pu1::s ahora tons1deraba á. los hombres demasiado perversos
para que pudieran jamás ser felices.
Durante largo tiempo, á pesar de los peligros de la época, su tranquilo y desdefioso valor le conquistó una especie de segu~idad,
pues el peligro se aparta de los que no mtentan huír de él. Para que le arrestaran fué preciso que Montcerny se acercara de propia voluntad á la guillotina.
Un día encontró á su paso el convoy en el

TEATROS,-Soledad Alvarez e n "La Sargenta.'

�Domfflngo 31 de· Me.yo die 1903.

l!Jb MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Invitados y oficialidad á bordo del "Pri.,z Adalbert."

El "Prinz Adalbert" en el muelle.

Tu Línea Hamburguesa Amerkana.
EL "PBl!fZ .&amp;D.A.LBEBT"
Los principales diarios de la capital dieron
noticia á sus lectores de la simpática fiesta con
que se celebr6 hace poco en Veracruz el arribo
del "Prinz Adalbert", primer barco de la
"Hamburg Amerika Linie" que toca las costas mexicanas.
·
La llegada del hermoso trasatlántico, que,
á primera vista, parece una nota común y corriente én el movimiento diario del puerto,
reviste, sin duda, capital importancia; pues
con ella ha quedado establecida la comunicaci6n directa de nuestros mercados con los mer-

cados alemanes, realizándose de esta manera
uno de los proyectos más fecundos en beneficios para el comercio y para la industria del
paí~.
Bajo este concepto, el servicio de la nueva
línea de vapores está llamada á influir poderosamente en el desarrollo de la riqueza nacional, y es de aplaudirse el empefio con que
la Compafiía ha llevado á cabo su establecimiento.
Los Sres. Chrístlieb y Rubke, representantes, en esta capital, de la Línea Hamburgue-

Un camarote del "Prlnz Adalbert".

sa, hicieron cuanto estuvo de su parte para que
la inauguraci6n del servicio revistiera el mayor lucimiento, y sin temor de equivocarnos,
podemos decir que pocas veces habíamos asistido á una fiesta tan bien organizada como la
que se efectu6 á bordo del "Prinz Adalbert"
el 10 del corriente.
En un tren especial -del Ferrocarril Mexicano, compuesto de tres lujosos "Pullman" ,salieron los invitados rumbo á Veracruz, el 9
del presente por la noche. Entre las persor.as
que ocupaban los ''Pullman'', vimos á los sefiores Ministros Plenipotenciarios dtl Jap6n y
de Guatemala, á la familia Chrístlieb, al señor Rubke y esposa, al señor Diputado Daniel García y señora, al sefior Mateos Cardefia, Secretario particular del Sr. Ministro de
Gobernaci6n, y á otros distinguidos caballeros pertenecientes en su mayoría á la Colonia
Alemana.
El 10, á medio día, llegó el tren especial á
Veracruz, siendo saludado, al detenerse en el
muelle con los marciales acordes de los Himnos Nacional Mexicano y de Alemania, ejecutadqs por la banda del "Prinz Adalbert."
La oficialidad del barco recibió á los invitados en la escalera, conduciéndolos á los camarotes previamente arreglados para sus "toilettes." El adorno que lucía el trasatlántico era
hermoso: multitud de flores y plantas tropi~
cales festoneaban sus bordes, apareciendo á la
vista del público vistosamente empavesado
con las banderas de todas las naciones. jj;n el
puente de popa había dos fuentes artificiales
que realzaban notablemente la belleza del
adorno.
En cuanto á las magníficas condiciones del
· buque para el servicio, quedamos gratamente
impresionados de nuestra visita á sus principales departa'llentos. Sus camarotes, amplios
y elegantes, son para dejar satisfecho al más
exigente en materia de "confort;" el salón de
sefioras y el corredor, están decorados con

verdadero lujo, y tanto en los pasillos como
en las escaleras, se echa de ver desde luego la
magnífica distribución que supieron dar al
bflrco los coni-tructorei-. Durante nuestra visita pudimoR ver los camarotes especiales para familias con que cuénta el "Prinz Adalbert": r,on notables por las ventajas que ofrecen desde el punto de Yista de la comodidad,
y están amueblados con mucha elegancia. En
fin, el trasatlántico está dotado de todo lo necesario para el buen servicio, y es indudable
que será, en lo de adelante, el preferido de los
viajeros.
Acerca de su construcción, capacidad, etc.,
sabemos que fué construido en los astilleros
de Bremenhaven el año pasado.
Desplaza 6,530 toneladas, tiene de eslora
413 pies, de man~a 42 y de puntal 105, y el
número de sus tripulantes es de 112. El total
de cami..rotes de primera clase puede contener
135 pasajeros, y en tercera clase pueden viajar c6modamente hasta 1,200 personas. Hay
en el buque fábrica de pan y de hielo, biblioteca, refrigerador, sala de fumar, peluquería,
Y un departamento muy amplio para ganado
y aves de corral. El alumbrado es eléctrico.

DoimJlingo 31 de Mayo ae 1903.

quío. El aspecto que ofrecían estos departamentos llamó justamente la atención. Guías
de flores enredadas en las columnas y prendidas á los muros y al techo, constituían el primoroso adorno que ostentaban los salones.
Durante la comida, tanto el Capitán del
barco como los oficiales principales pronunciaron entusiastas brindis, que fu~ron muy
aplaudidos.
Por la tarde, después del banquete se organiz6 una excursi6n en botes por 1~ bahía
con el objeto de que los invitados pudiera~
conocer de cerca las grandiosas obras del puerto. La tertulia que se efectu6 por la noche á
bordo del buque y á la que concurrieron numerosas damas de la mejor sociedad de Veracruz, fué el broche de oro de la agradable fiesta inaugural. En medio de la mayor animación se bailó hasta !as doce, hora en que las
familias abandonaron el buque, y loH concurrentes que debían regresará México tomaron
asiento en los "Pullman." Al regreso se sirvió un almuerzo en Esperanza.
Es de consignarse, con encomio1 la cariñosa acogida de que fueron objeto ta nto de parte, del Capitán del buque, Sr. "\Vett, como de
los oficiales, las personas que asistieron al banquete y á la tertulia; pues en su afán de cumplimentará los concurrentes, los colmaron de

***

A las dos de tarde, los convidados pasaron
al comedor y al sal6n de navío, donde debía
efectuarse el banquete dispuesto en su obse-

"PRINZ ADALBERT."-EI

comedor.

atenciones, haciendo así que la visita al
"Prmz
. Adalbert'' fuera,
' para
' todos, verdaderamente agradable.

*
En estas páginas damos á cono&lt;::er algunas
fotografías del buque, á fin de que nuestros
lectores puedan formarse una idea de lo bien
acon?icionado de sus departamentos. Por lo
demas, son dignos de elogio, tanto la Compañía "Han;b~rg Amerika ~inie" que ha llevado á la practica el pensamiento largo tiempo acariciado, de establecer una ;ía de comun~cación rápida y segura entre Alemania y México, como los Sres. Chrístlieb y Rubke sus represe~tantes, que supieron, de maner~ tan esp~é~d1da, cele~rar la inauguraci6n de un servi~10 d_e tanta i~p~rtancia para los dos países,
y a qmeJ:~S los mvitados les quedan altamente agradecidos por las numerosas atenciones
que les dispensaron desde su salida de México hasta su regreso.

"PRINZ ADALBERT,"-La cubierta de paseo.

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lN8 X-TOMO 1-NUM. 23

MlXICO, JUNIO 7 Df 1903.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 1, No 22, Mayo 31</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Ciencia de la escoba</name>
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        <name>Cuadros rústicos</name>
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        <name>Flor de Atenas</name>
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        <name>Legación de Cuba</name>
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        <name>Volcán de Colima</name>
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                    <text>-----------------------------------------------Si aprecia usted la suavidad
y resistencia de su cutis,

lN8 X-TOMO 1-NUM. 23

MlXICO, JUNIO 7 Df 1903.

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PROYECTO DE BENARD,

PERSP ECTIVA GENERAL,

DETALLE DEL FRONTISPICIO

�lllL MUNDO ILUSTRAD(')

Domingo 7 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

fin de la r:J? Onarq11ía primera al Capitolio, por
los T arqurnos; más allá en desorden, unos delante de otros, todos semiocultos, escalonando
sus p_ór ticos, sus frontones, sus columnatas, las
ba.síllc~s, los templos, los arcos triunfales, y
más ba¡os los monumentos honorarios, las exhedras ..... .
E l crestón de roca que uniera durante toda la
época r epublicana el Quirinal y el Capitolio y
que hacía par angón al Palatino bordando y encerrando el Foro, había desaparecido y los Antoninos h abían colmado la i nmensa brecha con
nuevas pl_azas, nuevos Foros, nuevas basflicas
s untu_osís1mas, nuevos templos, cuyas reliquias
constituyen hoy algunos de los más selectos
ejemplares del a r te greco-roma.no y por encima
de cuyos tejados ele bronce dorado se percibía
en el remate de altísima columna rodeada por Ja
espiral esculpida que conmemoraba y conmemora aún los _triunfos de la guerra dácica, la estatua de Tra¡ano el gl'an emperador español· hoy
existe la. m_armórea columna regiamente p~tinada por el t1e~po, pero S . Pedro remata sin gracia el soberbio monumento militar.
Consta ntino, siguiendo los 2igzags de la vía
sacra., a v anzaba por la hondonada ael Foro
rodeado por los senadores que cantaban h imno~
le~tos en los ritmos tradicionales y ofre1ía.n
gmrnalda~ y coronas, ceñidos y vigilados por
los pretorianos galos á cuyas espaldas se arremohnaba y aullaba en las escalinatas, en los
pedestales, en los terrados y en las bal austr a d as
la plebe a nsiosa como siempre ele ser la protagonis ta de las fiestas triunfales ( csenat us popu•
l usque romanus S . P. Q. R.)&gt; A medida que
av3:nza b a surgían . á su paso, .casi apiñados,
casi formando también una multitud inmóvil de
mármol y bronce, las columnatas de las basílicas en q ue se reunía á la sombra la perenne
asamblea. de los desocupados r omanos del in número pu~blo ávido de di vel'siones y 'regalos,
de pan y v_rno, de san3"re y combate y lujuria,
aquel a quien se apell idaba cpanem et circenses&gt;
y con é l c o nfundido el grupo inquieto é insolente de los negociantes que trataban y discutían
sus asuntos en que estaban complicados los intereses económicos del mundo. A la derecha
del Arco de Tito, el emperador pudo contemplar
el coloso neroniano trasladado á las graderías
del templo levantado por Hadriano á Venu~ y á
Roma (madreé hija) de él na.da queda· luego
y~ e_n ot ra direc~ión, los templos que a.y~t' ha.bí~
er1g1do Maxenc1u, su hermano político y su ven·
cido y su víctima, cuya lívida cabeza enai-bolaba
un hastia rio en el séquito del tri unfador: allí
escogió su b asílica Constantino, aún perduran
sus tres arcos y sus muros ; nada hay más im-

ponente en las ruinas del Foro. Desde allí pudo
rer algunos fragmentos de las multiplicadas coumnatas de los foros de Vespasiano Y Nerva
~etr~s del templo de Antonino y Faustina (bo '
i¡¡-lesia de ~-Lorenzo in miranda) Y de laespléidida basíhcaEmilia (quedan algunos zócalos
al!,l"unas columnas restauradas; allí acaba ó co:
~nenza la calle Cavour). Siguió su ruta asediaa por las estatuas y los monumentos votivos
rodeados de balcones en donde se hacinaban
~asta ahogarse las familias de los descendientes
e ~arones más ó menos ilustres que habían lo·
gra o e 1 honor de una columna ó una efigie en
el Foro Y. esta plaza, nunca gt·ande, se tornaba
un_ laberrnJo de vericuetos gracias á aquel
e!lJ am bre sin orden ni alineamiento de construc•
f iones en_tre las que se desarrollaba como podía
a ':fa trrnnfal. El imperator , con el rostro va·
roml sombreado no sólo, afortunadamente para
il, por la cor ona de laurel, sino por los velarios
Re s~da, a.quí Y allá tendidos, se deslizó entre la
eg1a Y el templo de Julio César, el'igido allí
d_ond~ el_ cadáver del padr e del imperio había
sido rncrner ad_o; saliendo al templo redondo de
Ves_ta Y al ~trio de_ las Vestales, pudo ver de
arr i~a. aba¡o, la gigante y terrífica estatua de
Dom1ciano; debe de haber gustado más del aspect~ del esbeltí_simo templo de Castor y Pollux.
Al pie del Pa_la.tmo franqueó el arco triunfal de
Aug~sto, d~¡ó á un lado la recién incendiada
basílica Ju~ia ;¡: se detuvo antes de pasar bajo el
arco de Tiberio. Descendió de su carro · entre
este arco y el de Septimio Severo (hoy en pie to•
davía.) se extendía el muro rostral, la tri buna de
las arengas en cuyas extremidades se hallaban
la oquedad que se denomi naba ce! onbligo&gt; (el
centro) de Roma y la ccolumna&gt;miliaria de oro
de donde partí~n todas las rutas del imper io; no
en es_e muro, srno en el de la tribuna Julia esta•
ban rncrustadas las rostl'as ( proras) de los navíos captura.d~s por Augu,to y Agdppa en la
bat~lla de Act1um en que el primero ganó el imp~r10 del D?UJ?-~ºi en éste, aunque no era el de la
tr:1buna prim1t1va que estaba en la. antigua cur ia, se ;v~ían, sin ernbar~o, las rostras de una.
mod_est1s1ma hazaña naval; ésta era la tribuna
d~l 11np~r10, aquí hablaban al pueblo en apren ·
dtdo::_ discursos d_e aparato los emperado1·es; allí
a.n~a.no habló Cwerón una sola. vez, a l menos:
ab1 estuvo clavada su cabeza; la boca entreall1e1·ta. ;)'. seca de donde brotara la maravillosa
elocuencia de los apóstrofes clásicos, mostraba
la lengua negra desgar1·ada po1· el implacable
~lfiler de oro de la. odiosa mujer de Antonio.
1P!é!rO qué _honor supremo y cuán merecido en su ma! i Servir de epitafio á la libertad de Roma.!
Constantino,según nos cuentan los bajorrelieves

DÍAS DE ROMA.
S. P.

EL FORO.
Bien ornado el espíritu con efigies de emperadores, imágenes de l a loba cívica, y lineamientos fisonómicos de personajes romanos duros, fieros, r esueltos, materi a a.masada con voluntad y acción, hay que empujarlo en su carro
de sangre y nervios por una de las rampas que
costean el Capitolio rumbo á la amplia hondon a da del Foro. Y a cu ando se le ve desde Jo al to
del campanile capi tolino, l a evocación es poderosísi ma. El a l ma, el genio, &lt;el daimone,&gt; el demonio de Roma surge de entre aquellas ruinas
de todos los siglos; se siente el calofrío del contacto con la eternidad en la for ma de l a muerte
de las cosas, per o de una muerte que no muere,
que ya bo mori rá, que acompañará al hombre
hasta los días en que venga á agonizar aquí en
un grupo flébil y sin voz, aquí donde otro grupo
se levantó de su pantano, domó y saqueó al mundo antiguo y durante seis siglos paseó por esta
estrecha cvia sacra&gt; de los triunfos su botín de
guerra compuesto de las maravillas del arte de
todas las civilizaciones, de los exotismos pere•
grinos de todas las barbaries, de los tipos de
todas las bellezas, de todas las virtudes, de todas las bajezas, de todas las deformidades, de
todos los miedos, de todos los dolores y las
muestras de todas las costumbres, de todas las
industrias,y los productos encantadores ó extraños de todos los climas. Y nos parece oír los
ecos del trompeteo de los buccinadores, del r uido de las ruedas de bronce de los carros contra
las baldosas, de los galopes árabes ó africanos
en tropeles de colores, de los himnos de los sacerdocios y los 1&gt;asos lentos y formidables de los
elefantes y los Chmellos, y las canciones obscenas de los soldados en torno de sus enseñas altas y el infinito clamoreo del pueblo incrusta.do
en los monumentos, en los atrios de las basíli·
cas, en las escalinatas de los templos . . Y la aud ición se complica con la visión y se mira desembocar del arco de Tito en lo más alto de la
vía sacra, úri ti'iunfadór sobre un éafrb de marfil y oro, un Sdpión, un Pompeyo, un César, un

Q. R.

Germánico, un Trajano .. Y se adquiere conciencia de que la onda de luz y de armonía queparece hacer flotar la clámide de los imperatores,
todavía mezcla sus vibraciones á nuestr a vida,
á nuestra h istoria, á nuestra pasión , á nuestras
a lmas.

***

Por ahí, por donde veo, desde la rampa del
Capitolio los gigantescos y quebrados contornas del Coliseo, en el llano que existía entre el
·Esquilino, el Celio y el Pala.tino, en donde Nerón
erigió su cdomus aurea&gt;,frente á l a que se levan•
taba su estatua colosal (un coloso que dió a l
circo de los F lavios el nomb re popular de cColoseo,&gt; de donde hemos hecho &lt;Coliseo), allí se
organizaron alguna vez sin duda, las interminables panegiria.s de los últimos triunfos imperiales, que en los grandes tiempos de la República
y el alto imperio partían del campo de Marte.
Ahí precisamente está el arco de Constantino
pesado, grandioso, melancólico, fabricado con
despojos de otros monumentos; ahí para pene•
trar en la vía sacra debieron haberse formado
ea orden de marcha sus legiones semi bárbaras
que en lugar de enseñas llevaban el lábaro, en
que se expresaba que el emperador había vencido á M axencio, no guiado por la cruz, como
diríamos ahora, sino por un impulso divi no,
cinstinctu divinitatis&gt; y ésta fué la primera fórmula de transición del paganismo á la religión
de Cristo. De ahí los triunfadores (primer cuar•
to del siglo IV) 6Dtre las multitudes abigarradas
que se apiñaban y desgajaban desde las pendientes del Pala.tino hacia la vía sacra, subieron
hasta el Arco de Tito, situado en Jo más altC&gt; de
la Velia y todavía hoy en pie; pequeño en eom•
paración del Arco de Constantino, ornamentado
con relieves que recuerdan las victorias sobre el
pueblo judío, del hijo de Vespasiano, del cap•.
turador de Jerusalem, del destru_,ctor deiTemplo.
Y viniendo del Goliseo y de-1 Arco de Constanti~
no por la pendiente aún embaldosada con las
mismas piedras que pisaron los caballos de los
Césares triunfales, quedan, cuantos pasan á la
sombra del Arco de Tito mucho tiempo para.dos,
clavada l a vista en los relieves negruzcos que

representan los despojos del Templo, entre los
que descuella el candelabro de los siete brazos,
y una indecible angustia. se apodera del espfritu:
sobre vencedores y vencidos el tiempo ha pasado
su segur niveladora: ni patria judía ni imperio
romano; sólo quedan,sobreviviendo á. las ruinas,
dos a l mas: el alma de la Biblia y la del &lt;Corpus
Juris&gt;, siempre en contacto, siempre en lucha,
incompenebrables y encadenadas la una á la
otra; el Evangelio que fué el puente no fas uni•
mismó, las ligó .. ..
Dejémonos de psicologías históricas, y a que
todos los puntos de vista parecen dar momentáneamente l a impresión clara· de la verdad, que
se desvanece pronto ante la ve1·dad de la impresión contr aria, y sigamos tres minutos á los
soldados de Constantino que al ver los r elieves
del arco de Tito, deben de haber lanzado l:lr·
guísimas exclamaciones antisemitas. [Sé que
no era éste el camino habitual de los triunfado•
.res, pero supongo que Co;;stantino quiso reco•
l'l'er toda la Vía sacra). Cuando de Jo alto de
su carro esculpido arrasti·ado al paso po r cuá·
driga jadeante y espumeante, el Augusto que
una. década después iba á ser señor del orbe ro·
mano para despojar á Roma de su preeminencia.
imperial, lanzó una larga mirada investigadora
hasta el Capitolio que cortaba el breve horizonte con su doble frente coronada.y todo elcForuro&gt;
surgió ante él como un tumulto de palacios, de
templos y columnas. A su izquierda. la casa es·
pléndida de las Vestales en cuyos pórticos altos
~e agrupaban las vírgenes sagradas q ue pro~to
i ban á ver apagado el antiguo hogar de la ciudad, el fuego de Vesta, que sería reemplazado
por la lámpara de arcilla encendida e n las catacumbas, cuyo resplandor iluminaría a l mundo.
Por encima de los pisos superiores de la casa
de las Vestales aparecían las exuberantes v~rduras del Palatino coronado por los palacios
imperiales que se escalonaban en las pendientes
del cerro y se acercaban al Foro, al que se descendía. por amplia escalinata ó por estrechos pasadizos. Allí abajo estaba, en el templo de _vesta, redondo como las primitivas chozas latm_a.s,
en la &lt;Regia,&gt;·la casa del pontífice rey, el mdalo
religioso de' la Roma primitiva, trasladado

EL Foro, desde e l Capitolio

Domingo 7 de Junio de 1903.
pobrísimos de arte de su a r co triunfal h abl ó
allí. ¿Qué dijo? No sé, mas fué furios'amente
aplaud!do, aclamado,cantado, incensado y siguió
su camrno por la dur~ pendiente del Capitolio,
por la rampa de la victoria cclivus victoriae&gt;·
dejó á un l ado el templo-tesoro de Saturno (d~
él q~eda un gran fragmento) que forzó César para -p1llarlo en sus ~fas de lucha; el de Vespasiano, un poc~ más leJos; el famosísimo templo de
l a Concordia, que se había convertido en museo
en que los t riunfadores depositaban lo más selecto y curioso de su botín de guerra en aras
de ~na diosa que fué la de los grandes' días im•
periales en que la cul tura heleno- latina satur ó
al mundo de entonces y preparó el nuestro, y por
fin_ llegó al templo de Júpiter capitolino todo
ch1spea'?-te de oro: techumbres, chapiteles, ba•
ses, _relieves, p uertas. Allí aquel cristiano ya
bautizado, ~egún cuenta una piadosa tradición
(falsa, lo digo con escándalo de nuestr o cícero•
ne) que nos h a valido e l admir able bautisterio
de San Juan de Letrán, aquel cristiano q uejamás _l~ fué de corazón, cumplió con los r itos
trad1c10nales, consagró sus triunfos al D ios de
la potencia romana y supongo qué después se
iría á comerá cualquier parte, porque debió lle•
var una hambre atroz ... . . .

***

~il- d?scient_os veinticuatr o años después, al
prrnc1p1ar el segun do tercio del siglo XVI otro
César, otro A ugusto, el emper ador Carlos 'ven·
tr~ba en triunfo en Roma, exactamente por la
m1~ma,ruta _que el fundador del cristianismo político u oficial : la t1·azada por los a1·cos de Coas•
t~n~ino, de Tito y, desviándose un poco, de Sep•
t tmio Severo. L~s roma_nos habrían dicho que
aquél no er a un triunfo, srno una &lt;ovación ,&gt; pues
que el emperador, armado de punta en blanco
cabalgaba sobre un corcel de Andalucía. vestid¿
como él de acero, bajo las flotantes gu~ldrapa s
de púrpura. y oro. ¿De quién triunfaba. el señor
de España y las Indias, de Alemania y los Paí•
ses ~fajos? De los i_nfieles africanos que sólo á
medias había vencido; de Francisco I vencido
antaño, pero á quien ahor a se disponía' á vencer
de nuevo_ (lo 9ue no logró,_pbt· supuesto) dentro
de ~1-anc1a misma, por traidor á la cristiandad
Y _aliado de lo~_musulmanes;en realidad de qu ien
tr(unfaba el h1¡0 de Juana la Loca era de Roma
misma, que á pesar de los años transcurridos n o
podía_ reponer se, ni !se repondría. jamás, d~ la
rnvas1ón de las bordas de Car los mandadas por
Borbón y que dejaron muy atrá~ las de los godos y los vándalos, los sarracenos y los norman·
d_os ... . Aquello había sido odioso, horrendo; l a
crndad etern a, era u na eterna rui na, aquella rui-

�Domingo 7 de Junio de 1903.
na fué estropeada y pillada con una rabia sin
nombre .... Es la más espantosa profanación de
cadáver de que hace mención la historia.
Dice Rabelais que para planificar el camino
del emperador austriaco, el Papa había hecho
arrasar más de trescientas casas é iglesias; ¿qué
era, pues, aquellaplazaquerecorríaCarlos, bajo
el palio, seguido de sus españoles y alemanes y
rodeado de los cardenales rojos, los senadores de
o.gaño?Eracil campo vaccino;&gt; fué el Foro. Era
el sepulcro del Foro. Casi estaban ya al mismo
nivel el pie del arco de Tito y el trozo del arco de
Septimio Severo que aparecía á medias entre los
escombros;éstos,comounlago demármol martajada y de poi va fijado por las malezas y los
abrojos, venía desde la Velia y cubría toda la
base de la colina del Capitolio, y ahogaba los
plintos de las columnas de los templos de Saturno y Vespasiano y ocultaba otros templos y
basílicas bajo su masa formidable de fragmentos.
En lo alto del Capitolio (existe un grabado de
la época reproducido en la edición italiana del
Gregorovius) no había más que una especie de
convento fortaleza en el centro, con su torre [fué
la torre de la comuna romana que repicó tantas
veces la libertad y el tumulto trágico1, algunas
casucas en donde estuvo el templo de las puertas
y los relieves de oro, y en la cima en que se
alzaban la ciudadela y el templo de Juno, la
iglesia de Santa María de Aracreli. Aquí en
donde recuerdo estas cosas, sentado en una base
de columna de la basílica Julia, estoy á siete ú
ocho metros del nivel del piso recorrido por el
caballo de Carlos V.
Todo había sido sistemáticamente demolido
siglo á siglo, los edificios habíanse tornado
canteras para las iglesias circunstantes ó habían
sido transformados en ellas; el Coliseo, los arcos
triunfales, los sepulcros imperiales habían sido
convertidos en fortalezas y ceñidos de torres y
coronados de almenas por los gerifaltes de la
nobleza romana medioeval en perenne reyerta,
los Frangipani y los Ambaldi y los Orsini y los
Colonna .... La gran figura infortunada de Cola
de Rienzo, se yergue y domina casi pura, casi
rumana como la de uno de los Graccos, esta tempestad de diez siglos de pillaje, de destrucción,
de crimen, de horror y poesía. (Estoy quizás
i mpresionado por Emmanuel, á quien vi anoche
representar un Rienzo grandílocuo, sober bio y
teatral. ... )

***

1 '

Discurrían por entre aquellas reliquias los
grupos de colegiales vestidos de sotanillas, negras éstos, rojas aquéllos, azules ó verdes esotros, dirigidos por sus profesores, que les explicaban aquel museo único .... Yo seguí á les que
pude entender: visitamos juntos el atrio del templo de Vesta, vimos la fuente, descubierta en esos
días, en que habían abrevado sus caballos los
dióscuros de;pués de la batalla del lago Regilum,
admiramo" por la décima vez el fragmento del
templo á ellos alzado con sus tres deliciosas columnas corintias,estudiamos las ruinas dela casa
de los pontífices, cla Regia,&gt; las del templo de César, y de las rastras alli levantadas por Augusto;
fuímos á ver los restos de las otras rostras, es
decir, de la otl'a tribuna delas arengas, junto al
arco de Septimio Severo, descendimos ahí cerca
por una rampa al fondo de una oquedad en
donde hay una piedra que el tiempo ha gastado
cónica.mente y en donde hay letras arcaicas que
parecen griegas; subimos para oír al profesor
hablar del lugar en que había estado el primitivo
Foro, poblado de tiendas ( &lt;tabernas&gt; decía u los
romanos) y sobre él, en un vasto terrado, el
Comicio, el lugar de las reunionés públicas de
aquella ciudad de patricios de cuyos derechos
estaba la plebe excluída, y dominando al Comicio, la Curia, e.n donde el Senado, que luego se
reunió en diversos lugares, celebraba sus sesiones. Todo esto lo cambiaron ó destruyeron los
primeros césares. Luego nos paramos frente á
las ruinas del templo de la Concordia, de Vespasiano; al pie del que es hoy palacio del Senador,
en donde reina el síndico de Roma, don Próspero,
vimos las ruinas del Ta.bulario (archivos), las del
pórtico de los doce dioses ( deorum consentium),
y á nuestra izquierda las columnas altísimas de
Saturno y en el centro de esta región la última
obra de la adulación y de la abyección de la
historia de Roma expirante bajo la tiara: la columna levantada, siendo papa San G1·egorio
Magno, al abominable tirano bizantino Focas.

***

Id á ver el F-oro y, si tenéis unos trozos de
columnas y templos en la memoria, es decir, unos
fragmentos de historia romana (es mi caso), decidme á quién veis, á quien sentís discurrir incesantemente por el Foro, quiénes el protagonista
invisible y presente en aquel prodigioso doro
escénico.&gt; El, el gran seductor de la historia, el
que surge más vivo, más viril (et terrible afeminado de que habló Cicerón) del libro clásico de
Mommsen y de las teorías aristocráticas de los
nietzcbeanos y de los ensueños de transformación
r(:lvolucionaria de los demócratas, el que hizo
· posible la transformación romano- helénica del
mundo y nos hizo posibles á los latinos ele hoy
el calvo de la corona de laurel. ... Julio César'.
Aquí vivió [en la Regia], de aquí salió atropellando los_presagios y las súplicas. de su mujer·
por aquí fué al pórtico de Pompeyo [un poc¿

EL MUNDO ILUSTRADO

lejos del Foro, cerca de donde nosotros, á pesar
de las heladas lluvias nocturnas del enero romano, vamos á ver al gran actor Novelli ene! Teatro Valle], aquí en latribunade las arengas fué
expuesto &amp;u cuerpo esmaltado de heridas que
parecían labios clamadores de venganzas, allá
fué incinerado en medio de los alaridos del pueblo cosmopolita .... de esa pira pa1·tió la transformación imperial de Roma y del mundo ....
Cierta ocasión en que después de visitar Versalles y sus galerías de pinturas militar s, mi
infortunado Jesús Contreras y yo hablábamos de
Napoleón, insensiblemente pasamos á César, su
abuelo, y el joven escultor me decía: ¡qué escultórico fué ese hombre, qué conjunto de ademanes
estéticos su historia, qué actitudes, se podía seguir su vida con una serie de estatuas, mármol
unas, otras bronce . ... I Y 1·epasábamos: pagando su rescate á los piratas y prometiéndoles
ahorcarles, llorando al pie de la estatua de Alejandro en España, pasando el Rubicón, forzando el templo de Saturno, diciendo en el
Adriático al barquero: c¿qué temes~ vas con César,&gt; apartando de sí la cabeza de Pompeyo,
atrayendo á sí la cabeza morena de Cleopatra,
escribiendo al Senado la famosa misiva cvinevi-vencí,&gt; domando á su ejército amotinado con
la sola frase despectiva «quirites&gt; [paisanos,
dirían nuestros soldados], rechazando la corona
regia (él, que por su cargo de pontífice era el rey
de los sacrificios) quP. le ofrecía Antonio; luego
envolviéndose en la toga al ver el puñal de Bruto, y despufs, ya muerto, recolocado el laurel
sobre la frente lívida, su lenta aparición casi de
pie en el féretro (gracias á un artificio de Antonio) ante el pueblo de donde sacaba fuerzas para aplastar á la aristocracia que impedía á Roma gobernar en paz al mundo... «Cuánta estatua,
cuánto bajo relieve hay en esa historia... &gt;me decía mi amigo. .. cEn mi corazón está César, dijo
el poeta latino, allí tiene un templo.&gt; Así en el
Foro .... . .
JUSTO SIERRA.

APLICACIÓN.
Sentada en la Explanada, bordaba una labor amarilla de belludo estambre persa.
El cielo estaba azul, y el monte como una
trarn·parencia luminosa.
Bordaba.
Redondas nubecitas blancas flotaron y el
monte se puso como blanca tiza.
'
Bordaba.
Un joven poeta
pasó: saludó .. . .. .
Todo era gris como plomo; el monte había desaparecido.
Ella recogió su
bordado amarillo y
se fué.
De nuevo el cielo
estaba azul, y el
monte como una
transparencia 1uminosa.
Sentada en la Explanada, bordaba
una labor amarilla
de velludo estambre persa.
Un joven poeta
pasó, y ealudó ..... .
.1!,;l cielo estaba negro, con un millón
de estrellas blancas.
Ella estaba sentada en su cuarto y
bordaba su labor amarilla de velludo
estambre persa.
El joven poeta
miraba el cielo negro y el mill6n de
estrellas blancas.

La opinión pública: he ahí una ¡,otenc·
qua se forma de la audacia de unos pocos y 8
la cobardía de los demás.

Jª

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 7 de Junio de 1903.

COSTA DE IlEAUREGAD.

¿Qué podemos desear mejor si no un bello
sueño seguido de una hella muerte?
V. CHERBULIEZ.

Lo qt~e _ent~n_demos por justicia es á menudo una InJUst1cia en nuestro favor.
BARBEY D'AUREVILLY.

S i un pensamiento de tres líneas no merece
que se le dedique un capítulo, no vale nada.
REVEILLERE.

SAN FERNANDO.

monumtntos qut Duapartttrán.
El proyecto de erección de la rotonda y del
cenotafio que formarán el Panteón Nacional
en terrenos del Hospital de Dementes, com~
prende la apertura ele una calle, á través del
cPmenterio de San Fernando, que corresponda á uno de los cuatro pórticos q ue deben
dar acceso al edificio.
Con este motivo, el cementerio que hace
largos afios existe, por decirlo así, en el corazón de la ciudad, y en el que se hallan sepultados algunos de nuestros héroes, desaparecerá totalmente en plazo más 6 menos corto,
transladándose los restos mortales que en ál
se encuentran, ya sea á los demás panteones,
ó _bien á la cripta del Panteón Nacional, según
que pertenezcan á simples particulares 6 á alguno de los hombres ilustres mexicanos.
Los monumentos de Juárez, Zaragoza, D.
Vicente Guerrero, y algunos otros, serán reconstruídos en la cripta, según el proyecto
respectivo, á fin de que se conserven allí, juntamente con las urnas que guarden las ceniw
de los caudillos de la Independencia.

PETER ALTENBERG.

Las mujeres tienen siempre la mirada más penetrante que los hombres;
y siempre que se
cruzan nuestras miradas con las de
ellas,recibimos nosotros la primera
herida.-E. ABOUT.

El mejor amigo.

( Fot. Arriaga.)

l. Monumento del Gral. D. Ignacio Comonfort.-2. Capilla del Gral. D. Martín Carrera.-3. Capilla de D. Vicente Guerrero. - 4. Monumento de Juárez.-5. Monumento de Zaragoza.- 6. Monumento de D. José María Lafragua.

�Domingo 7 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

PSICOLOGlA CALLEJERA.
RÓTULOS Y MUESTRAS.
Irse por los barrios, dando de mano al ocioso vagar bulevardero y al olvido las figuras
europeizadas de los que pasean por las pulidas
calles del centro, es placer que á poco de gustarlo agrada y se mete muy adentro del &amp;nimo; y que, muy luego, &lt;le placer se cambia
en tarea de observaci6n grata y fecunda.
No son por cierto las bellas muchachas elegantes, que todas ellas parecen iguales, ni los
holgazanes cclagartijos" del bulevar, los que
pueden proporcionar datos, apuntes y documentos, para una obra de aliento, ya que todos ellos se esfuerzan por copiar al pie de la
letra y con éxito dudoso, los trajes, el porte y
hasta las muecas de los figurines europeos 6
de allende el Bravo.
Por los barrios, no; por los barrios la vida
nacional se manifiesta nuda, y completa y latente, en todas sus manifestaciones. De éstas
pudiéramos apuntar muchas; pero hacerlo no
sería leve faena, por eso ahora nos queremos
referirá una sola de ellas; á la más vistosa y
abigarrada, que se proyecta en rabiosos colorines sobre las fachadas y atrae las curiosas
miradas de los extranjeros.
Nos referimos á las muestras de los establecimientos populares.
Para muchos, para la mayoría, esos pintarrajeados muñecos, esas gordas letras pretenciosamente adornadas, que decoran los frontis de tabernas, fondas y cafetines, no son más
que muñecos y letras más 6 menos mal embadurnadas; mas quien se detenga á considerarlo, encontrará, sin duda, una significaci6n
oculta á r6tulos y muestras, que no pocas veces esconden graves misterios, y evidencian,
otras, sinceras manifestaciones del alma popular.
Hay muestras pretenciosas que están clamando á voces la erudición trasnochada del
traficante, adquirida aquí y allá, en rancios
tomos de novelas por entregas.
«El tocador de Venus., " ccEl brindis de Galatea,» ccLa Babilonia de los Artesanos,i, «La
guerra franco-china,i y ccLas glorias de Baco,•
pertenecen á ese género; que al leerlos, no parece sino que ve uno al gordo jicarero 6 al comerciante en ínfima escala, sentado detrás de
un panzudo barril y dándose un atracón de
literatura al por menor, que le pone los pelos

de punta y remueve coh imágenes ardientes
de guerra, de amor y de heroísmo su espeso y torpe intelecto.
ccEl Novio de Tacba,ii ccLa hija del Drenaje,» ,c:Mientras,&gt;i ccAquí dije,i, ,,Son las diez,i,
pertenecen á un género de humorismo muy
nacional, osado, grosero á veces, colindante
con el insulto y la agresi6n; pero que colma de risa los labios de los bebedores de
plazuela y les pone llamaradas de regocijo en
la mirada.
ccEl Rey bueno,» ccLa Alegría de la Huerta,»
c&lt;Una noche en peligro,» ccLa Chanza,&gt;i «El Va- .
seo» denotan ideas adquiridas acá y allá, en
los azares de una vida accidentada, que ha conocido los rincones mohosos de las bartolinas
y las galerfas de los teatrillos de barrio.

***

Alguna vez supimos que alguien proponía
que se evitara á los comerciantes esas chuscas exhibiciones y no se les permitiera poner
más que la raz6n social frente á sus casas.
Mala iniciativa, contra la cual se hubiera pronunciado, de poder hacerlo, el conde Buff6n,
porque el estilo del comerciante está en la enseña de su establecimiento, y, como sabéis,
el estilo es el hombre.
Un poco de observación de parte del parroquiano, le ahorraría graves disgustos y molestias. Nadie que no fuera reñ.idor de oficio
pondría los pies en un figón que se llama
"Las glorias de los valientes," y muy pocos
acudirían á la abacería que lleva por nombre
"La peste bub6nica."
Considerando así las muestras, como proyecciones de la personalidad psíquica de los
tenderos, nadie podría llamarse á engaño, y
las relaciones entre parroquianos y tenderos
serían suaves y deleitosas cual si viviésemos
en la edad de oro.
Por desgracia sucede que ni el comprador
se preocupa por tales futesas, ni el tendero
suele, á menudo, ser quien idea é imagina la
fábri ca de su fachada, sino algún pintamonas,
desfarrapado, que por ganarse el pafl ideara
no digo cosas tales como se ven en r6tulos y
muestras, sino la propia invención de la pólvora.
Para combatir la degeneraci6n, se añade, al
ejercicio escolar, el ejerci~io esportivo, ambos
exagerados: esto es lo mismo. que quemar la
vela por sus dos extremos.
ROMILLY.

Si se abriera á las mujeres la puerta de todas las libertades, las honradas y las prudente!' se negarían á entrar.
ACKERMANN.

MIENTRAS .

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J:
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Domingo 7 de Junio de 1903.

�Domingo 7 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

BARBE
~e Rt;tw l'~ '/

Curre1 ,.1 r'ela

D. RAFAEL DELGADO.

Notable novel ista mexicano.

Pancho el Tuerto.
Cuento Viajero.
Después de aquel discurso tan erudito, repleto de citas de fil6sofos y de soci6logos, desde Arist6teles hasta lo más fresquito de los
tomistas al uso, el Dean sorbi6 un polvo de lo
más rico, se limpi6 las narices con el rico pafiuelo de seda, doblóle poco á poco, arrellanóse en el comodísimo sill6n, y se prepar6 á escuchar atentamente, seguro de no ser vencido
por su antagonista, y dispuesto á replicarle si
era necesario.
El vejete, famoso gregoriano, discípulo de
Rodríguez Puebla y compañero del Nigromante, hizo una mueca, un gesto de mico, se
colocó sobre las rodillas, asiéndole por los extremos, el bastoncillo de áureo puño y pulida
contera, y, vivísimos y chispeantes los azules ojos, las cejas m6viles, tremulillo el mento, fluctuante la sonrisa, se expresó en estos
términos:
-¡Norabuena, sefior y amigo mío! Allá va
un sucedido! Erase que se era, hace muchos
años ... ..... . en aquellos felices tiempos de Su
Alteza Serenísima, cuando la ciencia y los saberes todos residían en clérigos de campanillas, frailes graves, «Doctores de la Ley» y licenciados «in utroque,» y ante todo y sobre
todo, en mi grande y respetable amigo don Lucas Alamán, un cierto individuo, Francisco
de nombre, á quien todos llamaban Pancho.
Decidor y agudo cuando estaba en su juicio,
subía y bajaba en pos de sus amigos [que los
tenía por docenas y muy generosos], á quienes entretenía gratamente con dichos, coplas
y cuentos,sazonados á veces con uno que otro
remoque.
Pancho estaba en todas partes: en los corredores de Palacio y en el torno de las Capuchinas; en el pórtico del GraIL Teatro de SantaAnna y en la portería de Santo Domingo; en
los bancos de las cadenas, en conversación
con pensionistas famélicos y estudiantes de

tuna, 6 en la célebre alacena de don Antonio
de la Torre, de charla con literatos y gaceteros.
Era conocido de mil personas conspicuas y
de viso, las cuales solían premiar sus gracias
con una columnaria 6 con un medio nuevecito, y lo mismo «se trataba,,-así lo decía élcon el canónigo Moreno y Jove que con el
Ministro Tornel; lo mismo con los c6mioos de
Puesto Nuevo que con los frailes de la Merced; lo mismo con don Lucas, tan seriote y
estirado, que con don Marcos Arr6niz, quien
á pesar de su melancolía, era festivo y bromeador.

Pero también le conocían en otras partes ...
en todas las pulquerías de la Muy Noble y
Leal ciudad de México.
Lépero más listo y agudo que él no se produjo nunca, ni le hubo más típico en la ostentosa y envanecida capital, desde los tiempos
venturosos de Bucare]i. Pancho parecía fa.
vorecido por el cielo con milagrosa y rarísima
virtud, con esa que á pocos santos fué concedida, y de la cual goz6- según consta del respectivo proceso-San Alfonso María de Ligorio: del d6n de ubicuidad. Era como el aire
que por doquiera se colaba sin ser visto ni esperado. ¡Qué de veces al bajar del acuerdo al-

gún Ministro, Tornel 6 Alamf\b, al descend~r
del púlpito el obispo Madrid; al salir del «~1glo1&gt; Guillermo Prieto, 6 al llegar don Muc10
Valdovinos á la librería de Andrade, ó á la
«Gran Sociedadi&gt; Panchito Zarco, no se encon·
traron con la carucha de Pancho, siempre
amable, siempre risueña, siempre simpática!
¡Y qué cara! ¡Por S. A. S., por la Or~en de
Guadalupe, que otra mejor y más típ1~ no
iba ni venía por Plateros, ni lucía en la Viga,
ni se paseaba en la Alameda! ¡Bueno~ ratos
que dió .Pancho al Conde dE! la Cortina, el
tremendo aristarco de «El Zurriago,» vapulador de las literaturas' 'crucificada'' y«fiorida!»..
- Y ..... [á propósito, sefior Dean] ¿no cree
S. S. que buena falta que nos hace, al presente, el señor Conde, con su periodiquito Y su
presunción y su "Diablo en el Baile?" Pues.··
como iba yo diciendo ... ¡Buenos ratos que gozaban oyéndole en la concurrida alacena, en
aquel mentidero de sénecas y de poetas melenudos, en aquellos portales por donde arrastró aus desengafios amorosos, muy embozado
en su capita, el infortunado Rodríguez Galvánl
Nunca pedía el buen Pancho, y todos le
daban; nunca se ponía en acecho de un protector. y siempre el dadivoso le tenía delante.
-¡Ya no sé qué hacer!-dijo en cierta oca·
sión el obispo Madrid.-¡Qué haré con ese
hombre! ¡Si hasta en la cátedra sagrada ~e
tengo delante! Me salta al paso cuando baJO
del coche; doquiera me lo encuentro;.P.ºr
doquiera le veo ..... , ¡Creo que le he adm1ms·
trado más de cien veces el sacramento de la
coufirmaciónl
,
¡Claro! S. S. I. era generoso en demas1al
Como que en su casa, según dicen, y de ello
pudo dar fe don Tomás Gardida, se gastaban
mensualmente más de cuatrocientos pesos.... .
en ..... chocolate!
Lo malo estaba en que Pancho.... bebía de
tiempo en tiempo más de la cuenta; ~ue- era
muy dado al blanco líquido y á las m1xtel.as,

y que se echaba unos zarambecos y cogía unas
monas, que ...... ¡Jesús ~os valga! ¡Cuántas noches no le dió la Diputaci6n c6modo y oportuno hospedaje! Sepa Vd., señor Dcan, que
no gusto de hipérboles, pues, como solía decir don Luis de la Rosa, por la hipérbole estamos en México como estamos. ¡Todo es aquí
uua hipérbole! No gusto de exageraciones, ni
hay motivo para que yo difame tan cruelmente á. Pancho el Tuerto. ¿Tuerto dijt:? Tuerto
era, ni más ni menos que Camoens y que Bretón, mi amado Bret6n de los Herreros, "gloria y regocijo del teatro español." ¡Qué aficionado al pulque! Desde Regina hasta el Carmen no había bebedor que se le igualara!
Pero, vamos al cuento.
Cierto día un día solemne en que repicaron
'
.
todas las campanas,
en que "rugieron
sonora;
mente los cafiones," en que S. A. S. ostento
en la Insigne y Nacional Colegiata prestigioso
manto, Pancho, que, por fas ó nefas, se congratulaba con todos en todo regocijo público
6 privado, fué á la Villa, y de allí volvió haciendo equis, cantante y turbio, más que turbio crepuscular, y llegando á Santa Ana, camino de su casa, que estaba por el Carmen,
dió en la tienda de un rapabarbas, amigo viejo, maleante si los hay. Allí cayó, y allí lo
recogieron ...... caritativamente.
Diéronle blando lecho en una estera, junto
€\ la piedra de amolar, cerca de un par d.e gallos giros, convalecientes de ciertas les10nes
gloriosas recibidas en San Agustín de las Cuevas; junto á la pared, en la cual, en marco
desportillado pasmo de la parroquia juvenil,
alardeaba de'su hermosura Di-ana de Poitiers,
muy del brazo de Francisco I, y no lejos de
una guitarra mugrienta y resobada, fiel compafiera de su dueño en sus afortunadas amorosas conquistas. ¡Malísimo ambiente el de la
frecuentada barbería! ¡Qué fetideces de pomada de rosa, de canela y de contrahecho maca~r! ¡Cuán acre el tufillo de la plebeya bandolina, y qué nauseabundo el de la jabonadura
evaporada en la reluciente vacía de cobre! La
tienda, caldeada por el sol vespertino, a.rdía
como un horno, y en ella zumbaba; un enJambre de moscas pr6fugas de la carmcerla fron-

tera. Pancho cayó en el petate como piedra
en barranca, despatarrado y hecho una i griega. ¡Cataplurnl ¡Y á dormir la turca!
Traíala de las mejores, de las indómitas y
largas, de esas que duran un día.
El Tuerto roncaba ó parecía roncar.
Fígaro es malévolo. Se le ocurri6 esa vez
hacer una de las suyas. ¡Qué no se le ocurre
á un barbero!
Mientras uno de los aprendices, puestos los
pies en la cabeza, se lanzó en busca de una
mortaja, el maestro, con ayuda de los otros¡buen par de pillastresl-levanta.ron {\ Pancho
y le subieron al potro, digo, á la butaca.
Y ...... y ...... le abrieron cerquillo: un cerquillo clásico, elegantísimo, como aquel tan
donairoso del P. Navarrete, insigne Mayoral
de la Arcadia Mexicana; un cerquillo de comisario, 6 de orador cris6stomo; superior en belleza á la más aristocrática borreguna. ¡Como
que nu13stro barbero lo era de dominicos y
mercedarios, gentes de mucho gusto y de supremo coramvobisl
Quedó Pancho, en un dos por tres, sin pelo
&lt;le barba. con un i;,oberbio cerqui1lo, y con un
copete que pondría envidia en el más lindo
cacatúa, si cupiera pasión tan fea en pajarillos tan hermosos.
Luego, dejáronle en pañaletes, peor que si
fuera mendicante; vistiéronle la mortaja-que
no fué cedida por amor 9-e Jesucristo, -y listo de este modo el pobre Pancho, y por ta]
manera entrado en religi6n, le sacaron á la
calle, le tendieron al borde de la acera, y n1lí
me lo dejaron.
Allí le recogió la ronda, Ja pacífica ronda
del barrio, la cual se mostró piadosa y compasiva con el franciscano, con aquella reverencia
por el pulque embriagada y caída en miseria
lamenta.ble y atroz.
Mandáronle por r.ordillera á San Fernando,
al Colegio Apostólico, pues de allí debía ser el
desdichado religioso.
Turulato se quedó el portero cuando le entregaron aqud cadáver, que cuerpo sin vida
parecía Pancho, y con ayuda de tres donados,
le llevó á una celda, mientras otros iban á dar
aviso de lo acaecido al R. P. Guardián.
-¡Válgame Nuestro Padre San Francisco!
-exclamaba el portero.--¿De dónde será este
religioso desventurado? Pero, en fin, ¡quede
en esta santa casa ~on
la gracia de Dios!
Nuestro hábito viste,
y«bajoel sayal hay ál,1&gt;
y si no es de los nuestros...... que ordene el
padre Guardián lo que
mejor le plazca.
El buen anciano
abrió la celda. Echaron á Pancho en un
camastro, no más muelle que la estera de la
barbería, y allí le vió
el Guardián, que no
pudo dieimular su disgusto.
-¡Por caridad! ¡Dejadle en paz! Veladle,
cuidadle, y cubramos
la desnudez del Patriarca con la piadosa
capa de Jafetl
ilil- il-

Tempranito,no bien
dijo misa, acudi6 el
Guardián á la celda en
qu-3 estaba el desconocido religioso. Entr6se de pronto, severo
el aspecto, duro el rostro, agitando el cordoncillo seráfico, como siempre que iba á
reprender. Hallóse á
Pancho sentado al borde de la cama, en momentos en que apuraba sediento el búcaro que le pusieran cerca los legos vigilantes.

Domingo 7 de Junio de 1903.

-Hermano.... . ¡Alabado sea Dios!- dijo
el Guardián.
Pancho le miró de hito en hito, sorprendido y atónito.
-¿Cómo se llamasu reverencia?-prosiguió.
-¿De qué colegio viene? .... ¿Cuándo llegó? ...
¿A qué vino? ..... .
Pancho no contestó. Miraba con asombro
cuanto le rodeaba: el escaso y paupérrimo
mueblaje de la celda, el camastro, el crucifijo
sangriento colgado en la pared, las disciplinas
crueles, pendientes de un clavo.
Veíalo todo como á través de un velo, y envuelto aún el infeliz en los humos alcohólicos,
no se daha cuenta de lo que tenía delante, ni
acertaba á responder.
-¡Responda, hermano! Responda y dígame de dónde viene y cuál es su nombre.
- Francisco.
-El hábito lo dice, hermano. ¿C6mo se
llama?
-Francisco.
-¡Su nombre!. ... ..-suplic6.
-¡Ese!-replic6 el «Tuerto,1&gt; impacientado.
-Su nombre ..... .
-¡«Posi&gt; ya lo oy6!
-Sepa que le han traído de tal modo que
ha causado escándalo gravísimo en la Comunidad; que ha escandalizado en plazas y calles.... ... . .
- «Posi&gt;.... no es la primera ...... ni la última, padre!
Frunció el ceño el Guardián.
-¡Sí, hermano!-replicó.-Merecéis castigo ..... .
- ¡Castigo, eh?-,-y se echó á reír.
-Si.
-¡Qué sé yo! Lo que sé es que estoy crudo, padre; pero....... muy crudo! ¡Vaya que
«pítima» tan rebuena! Qnien tiene la culpa es
mi compadre «Tanasio», que «juéi&gt; quien me
la ofert6, frente al Pocito, cuando pasaron los
lanceros del «Cojoi&gt; ...... Me eché tres jícaras.. .
tres jícaras grandes, «ansinota». Pero como yo
no «ninguneo, ,&gt;á «naidenii... .. «posi&gt;.... ¡entré
al quiero! ¡«Posi, qué ya no hay hombres!
-¡Hermano!-suplicó el Guardián.-¡Por
las llagas de Nuestro Padre San Francisco!
¿De qué Colegio viene? ¿De dónde viene?
-¡«Posi&gt;de mi casa!
-Dígame su gracia.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 7 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
CÁMARA DE DIPUTADOS

Como lo muestra el dibujo, esta sala sería
dotada, en el fondo, de un gran nicho para la
instalación de la mesa de la Cámara y del
Congreso: sobre él, una plancha de mármol
obscuro, con la inscripción «Lex», simbolizará la glorificación de la Ley, para lo cual el
autor del proyecto ha creído que no sería mal
el circundar esa palabra de una decoración
radiante, tan rica y tan pomposa como fuera
posible. Ha hecho eRfuerzos, además-y con
éxito,-para que esta decoración pueda ser vista desde la entrada.
DIBUJO GEOMÉTRICO DE LA FACHADA

PA L ACIO DEL PODER L EGI SL ATIVO.-( P royect o de Bénard),- Fachada principal

-¿Mi gracia? ¡Ujú! «Pos&gt;&gt; Francisco García ...... criado de «usté»I
-:Mire su reverencia, y repare ... .. .
-¡Yo no reparo .... .. ¿eh!
Comprenda que ha. deshonrado el hábito
que viste ..... .
-¡Ja.... .. jajá!-respondió el «Tuerto».¡«Dealtiro» me «tantea»!
Vióse Pancho, y abrió tamaños ojos, y alzándose el sayal, contempló su interna desnudez.
-¡Oiga, su paternidad!- se apresuró á decir nerviosamente.--¡Oigame!-y volvía la
mirada por toda la celda.-¡Téngame «pacencia»! ¡Yo no soy fraile, ni lo he sido, ni quiero serlo! ¡Si yo tengo mi mujer!., ....
-¡Jesús nos valga, hermano!
-&lt;,Veasté». ¡Queme traigan un espejo! Quiero verme el «frontispicio» ... porque la «verdá»,

la «puritita verdá»: yo no soy fraile. ¡Un espejo!
-Est1i hombre está loco-pensó el Guardián.
-¡ Un espejo! ¡Un espejo!-repitió irritado.
Trajéronle lo que pedía, una luna opaca,
única en el convento.
Vióse en ella Pancho una y cien veces, pálido, trémulo, salientes los ojos, y tras largo
silencio, exclamé&gt; entre resignado y burlón:
-¡«Pos» ya soy fraile!
-¿De dónde vino? ¿Cómo se llama?-insistía el Superior.
-¡«Pos» no sé! «Veasté» ......... Vea su reverencia; que vayan á mi casa, á la plazuela
del Carmen, y allá, en el siete, junto á la pulquería de don Tiburcio «el Timbón&gt;,, allí vivo
yo; que entren, y eu el último cuarto, ¡hasta

RAFAEL DELGADO.

1903.

de mármol blanco, flanqueada á derecha é izquierda por columnas de granito color de rosa, sobre las cuales se alzan águilas mexicanas de bronce dorado, vese un pórtico con un
frontispicio en el centro formando, en su conjunto, una entrada digna del «Palacio de las
Leyes.» Este frontispicio- triple puerta de honor del edificio-sería, á lo que parece, construído con columnas monolíticas de granito
pulimentado, de mármol y de bronce dorado:
se cree que podrán encontrarse esos monolitos en el país mismo.
Tras del frontisoicio, donde hay un verdadero pomco -.e .:-.-:nor, y sobre el fron tón en
que se ve ufl bajo relieve de bronce dorado,
que sepresenta á la República Mexicana ?f.r~
ciendo á sus hijos los beneficios de la cJVJh·
zaci6n moderna, aparece el coronamiento fi.
nal, el majestuoso dombo de la Sala de Pasos
Perdidos, cuya silueta viene á completar la
harmonía del conjunto.

GRANDIOSO PROYECTO.
El Palado del Podtr [tglslattoo.
Publicamos en el presente número algunos
de los detalles principales, así como 1a perspectiva general del proyecto que, para la construcción de un palacio del Poder Legislativo,
ha hecho, por comisión del Gobierno, el notable arquitecto francés M. Benard.
Puede juzgarse por nuestras ilustraciones
que el edificio, en caso de construirse según
este proyecto, habrá de ser colosal y espléndido así por la disposición y belleza de sus form~s como por la riqueza de los materiales que
en él habrán de emplearse. Tal magnificencia es digna de la Representación Nacional de
un pueblo libre.
A grandes rasgos daremos uria explicación
de nuestras ilustraciones,y algunos datos biográficos del distinguido arquitecto á que nos
referimos.

SAL.A, DE PASOS PERDIDOS.

PERSPECTIVA DELA FACHADA·

Este ~ibujo muestra el conjunto del monumento proyectado. En lo alto de la escalinata

adentro!, allí es mi casa, y allí están mi «probecita» mujer, y mis «probes» hijitos..... .
Pancho, acongojado, llenos de lágrimas IOI!
, ojos, siguió diciendo:
- Y que pregunten por mí, por Pancho el
«Tuerto». ¡Si no está, ése soy yo! Y ...... si está .... «antonces» ...... &lt;can tonces»... .. . ¡El diablo sepa quién soy yo!
Le reconocieron los legos, y se explicaron
lo que había acaecido.
Echóse á reír el Deán, y el vejete agregó:
-¿Ve Su Señoría cómo no es cosa imposible perder la conciencia?
-¡Ja....... jajá!. ...... Señor mío: ¡no me
venga usted con cuentos de Boccaccio ó de
Tirso!

M. BENARD, distinguido· arquitecto francés.

Una gran sala magnífica, dará acce~o á. t?·
das las partes principales del edificio. Sm
embargo, el puesto de honor estará reser':ado
á la sala de Sesiones de la Cámara de Diputados, que deberá servir también para las del
Congreso General. •

i

Este dibujo permite ver el carácter arquitectural sobrio y grandioso que el arquitecto pro•
yecta imprimir al edificio.
Las columnas que forman el peristilo son
de orden corintio; las de los p6rticos late!ales1
de orden j6nico.
Estos p6rticos están decorados con nichos
monumentales, destinados á colocar en ellos
los símbolos de bronce y de mármol de los
grandes hechos gloriosos de la historia mexicana: les formarán cuadro, mármoles harmoniosos de colores, destinados á hacer resaltar el
mérito de los gr,rnitos puiimentados de lascolumnas.
Las del peristilo, hechas también de granito, serán de orden corintio y sostendrán un
átbo decorado con estatuas de mármol blanco, que representarán las virtudes cívicas.
El fondo del peristilo estará adornado con
un mosai".!o hecho sobre oro, que represente
los beneficios de la paz. La perspectiva general del edificio puede verse en nuestra primera plana, así como el p6rtico central.

EL PERRO NEGRO.
Envuelto en una polvareda blanquecina cam_inaba el ejército, al caer de la tarde. Asr.endia J?Or un árido escarpe, erizado de ásperos
gramtos ........ .
El ~ol en el ocaso semejaba una fúlgida flor
~:1~grienta, y sobre los campos callados, la
umebla empezaba á tender su ala misteriosa.
D~ pronto surgió de un grupo de árboles
petnficados un perro negro, un macilento perro negro, que con sus ojos casi humanos miraba largamente á los guerreros que pasaban,
rudos y fuertes, con el fusil al hombro.
Los miraba en silencio· y la mancha de sombra de su cuerpo casi se perdía en la sombra
del crepúsculo.

Domingo 7 de Junio de 1903.

era la Muerte . ........ un soplo de lo desconocido pasó por nuestras cabezas .... .... .
FROILÁN TURCIOS.

EN RUINAS.
En un rincón distante de la aldea
Alzábase aquel templo solitario
Con su blanco y ruinoso campanario
Que el tiempo con su mano a¡rnjerea.
El viento por sus bóvedas pasea;
Roto se ve en el suelo el incensario1
Y el pobre campesino vfoionario
Al pie de los altares curiosea.
Deshecho se halla el púlpito: en las naves,

1
EL ARQUITECTO

El señor Benar&lt;l es un arquitecto distinguido, como bastaría para demostrarlo este
proyecto, cuya perfección es tan grande, que
las fotografías que de él publicamos, parecen
tomadas, no de un dibujo, sino de un edificio
ya construido.
El mérito del señor Benard ha sido reconocido en su patria, donde obtuvo el «Gran premio de Roma,&gt;, que, como es sabido, significa
la consagración del talento de un artista.
Además de Italia, el señor Benard ha recorrido la Grecia. En ambos países estudió los
monumentos clásicos de la antigüedad y del
Renacimiento.
En Francia ha hecho trabajos muy notables.
En 1899 venció en el Gran Concur¡,o Internacional para la Universidad de California.
En jnnio del año pasado obtuvo el premio
«Jean Reynaud» de la Academia de Bellas
Artes, que es de un gran valor, porque sólo
se concede cada cinco años y aspiran á él los
mejores artistas europeos.
Actualmente, Benard se halla en l\Iéxico,
para dirigir la construcción del palacio legislativo, en caso de que su proyecto ee lleve á
cabo.

EN CAMINO.
Como voz de socorro en la espesura
De solitaria selva, hasta mi oído
Llegó en alas del viento tu gemido
En el rudo breñal de mi tortura.
¡Cuán presto mi dolor y mi amargura
Disipó tu clamor! ¡cómo rendido
En tu auxilio acudí, dando al olvido
El peso de mi amarga desventura!
Me porté como buen samaritano;
Ungí tus llagas con mi propia mano
Y en seguro lugar te dí hospedaje.
No espera premio la nobleza mía;
En paz te quedas, ilusión de un día;
Yo tengo prisa y seguiré mi viaje.
E.

GONZÁLEZ MA:RTÍNEZ.

La Cámara de Diputados, según el proyecto de Bénard.

Pasaban, pasaban los viejos capitanes, los
j6venes soldados........ .
Luego, ante un alegre muchacho que se movía penosamente, el perro ladró de una manera honible ......... Después laoz6 un aullido
lento y quejumbroso, una especie de lamentación lúgubre que, bajo el cielo sombrío en la
hora fantástica, impresion6 angustiosa~ente.
Al anochecer de la .ú ltima jornada una bala traidora arrebató la Yida al pobre' muchacho ...... .. .
Estaba allí, sobre los duros guijarros del
camino, con los ojos abiertos, frío y ensangrentado.
Entonces, recordando la espantable escena
macabra, el aullido lúgubre resonando en la
distancia, al comprender que el peno negro

Entablan ~us polémicas las aves,
Y en med10 del horror de aquellas ruinas
Donde hacinados yacen los escombro~1
Encógese el incrédulo de•hombros
Y levantan su hogar las golondrin~s.
BONIFACIO BYRNE.

En las almas más grandes hay siempre sit~o~ débHes en los cuales duermen las superst1c10nes.
A. THOMEREAU.

¡Qué moralistas tan singulares somos! Abrumamos de injurias á la mujer caída y de burlas á la que envejeció sin caer.
ARMAND SILVESTRE.

�EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 7 de Junio de 1903.

Domingo 7 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

LOS MONJES.
El Ultimo Sutño dt tabart.
Cuando Tabaré hubo muerto, y de su flanco herido la sangre partía, como un ancho y
espumoso torrente rojo, su alma, en la forma
de una minúscula mariposa blanca, desprendi6se de la carne heroica que la guardaba, y
agitando sus alas de espuma y de seda, se prepar6 á remontarse hacia el inmenso cielo azul.
En el claro del bosque, junto al guadal vecino, la humana forma del indígena yacía rígida, llena de la serenidad augusta y solemne
de la muerte. El ancho pecho del cadáver se
destacaba como un escudo de bronce sobre un
manto de púrpura. La mariposa roz6 con las
alas una burbuja de sangre, y coloreada de
blanco y rosa, se fué por los aires, bebiendo
con su diminuta trompa combada el polen de
oro del sol.

El alma de Tabaré, gloriosa en la poesía de
aquella tarde llena de quietud, vi6 llegar al
crepúsculo desplegando sus infinitos tules violetas y pensó que era ya hora de dormir el
largo sueño de los siglos futuro~. En aquel
instante se entreabri6 en los espacios la corola
de luz de una estrella.
La blanca mariposa, coloreada de rojo por
una gota de la sangre indígena, tendi6 su vuelo hacia el lucero que la besaba con sus infinitos labios de luz; pero mientras ascendfa,
lleg6 hasta ella el vaho de la selva, el hedor
del limo del río padre, el hálito inmenso de
la-campiña toda.
Vi6 entonces que el astro estaba muy arriba, que cuanto más ascendía, más lejana se le
antojaba aquella lágrima del cielo; y volvi6
hacia la tierra, para tener por tumba algo que
fuera color y potencia, vida y perfume en la

rías, dulces flores del llanto y de la muerte
riegan la · sangre de Tabaré, con sus pomo~
pequeños y aromados, por sobre las ?uchillaR,
á lo largo de los pantanos, en los Juncos de
las cañadas, ante ese cielo que vi6 morir al
amante rudo y supremo, bajo su inmensa serenidad azul.
GOYCOECHEA MENÉNDEZ.

Leyendo La Divina Comedia.
En la última página de El Infierno del Dan~.

¡Oh tú que tienes los cabellos canos!
Tú, dime: en el camino de la vida,
;,Nadie llega hasta el fin de la partida
La frente pura, cándidas las manos?
Dime si por ventura son hermanos
E11:oísmo y virtud, fuerza y caída?
¿Nunca entran sin terror á la escondida
l\fansi6n de los recuerdos los ancianos?
El juez, el acusado y el que acusa
Se miran con rubor que á todos quema:
Hnencia de maldad, ¿quién te rehusa?
¡Poema del rey Pecado es tu poem11!
Dante: ¿quién está en pie? Tu noble Musa
Clamando sobre todos ¡anatema!
FRANCISCO GA VIDIA .

MARUJA.

Proyecto Benard.-Sal6n de pasos perdidos del Palacio Legislativo.

Cruzó por la llanura, pas6 por sobre la selva, contempl6 á la distancia las cuchillas onduladas, fecundas, perfilando el horizonte en
suavísimas combas; sigui6 hasta el río padre
que lleva sus aguas límpidas hacia el río inmenso, cenagoso y mugiente; trazó giros voluptuosos entre las cortaderas de largas hojas
aterciopeladas; se deslizó por las totoras que
enarcaban sus tallos cilíndricos, vibrantes ante
el viento de la tarde y se detuvo un momento
sobre el verde radioso de un viajero camalote.
El sol, en el último período del ocaso, desgranaba todos sus bermellones y fundía el nácar de las nubes en 6palos intensos y deslumbrantes. Las cigarras comenzaban á suspender
sus eternas sonatas monocordes, las palomas
guardaban en sus buches sus melanc6licos
arrullos y entre las hojas de los sarandíes comenzaban á rodar las titilantes lágrimas del
rocío.

última esperanza del dolor y de la muerte.
Penetró en el bosque hirviente de savia, se
posó sobre los rosales salvajes, en la grana ardiente de los ceibos, en la dorada fruta de los
ta.las, en las largas varas enhiestas de los cardos morados. Y así, errante y solitario el espíritu de Tabaré, marchó por la eelva. hasta
que de pronto cay6 en el búcaro entreabierto
de una dulce mburucuyá.
Y el bosque entero floreció en pll.Sionarias.
Alma de dolor y de ensueños, agigantada
por la muerte, divinizada por el amor; alma
pura y sañuda en la cual barbotaba el genio
de la raza, toda la fiera expresi6n del charrúa;
alma melanc6lica, amargada errante, alma
toda perfume, toda color, toda caricias, ella
fué el germen potente que encendi6 el fuego
de una roja pedrería en el fruto combado de
las purpúreas mburucáuyes.
Y desde aquel instante, las leves pasiona-

Hace tiempo, cuando vivía en San Petersbur&lt;10 acostumbraba, al tomar un trineo de
alq1~'¡1~r, emprender conversación con el cochero.
Me agrada en especial charlar con los que
hacen el servicio de noche, pobres labriegos
de las cercanías, que vienen á la capit11l trayendo carricoches de mala muerte, embadurnados de ocre y tirados nor un jamelgo, á ganar el pan- la renta para el amo.
Cierto día llamé á uno de estos tales. Era
un mozo de veinte años, fornido y robusto, de
azules ojos y colorados carrillos. De su remendada gorra, calada hasta. las cejas, se escapaban las sortijas de su rubio pelo, y un tafetán,
roto y menguado, cubría á duras penas sus
anchos hombros.
Pareci6me que el bello rostro imberbe del
cochero estaba triste y sombrío; charlamos, y
noté que su voz resonaba dolorosamente.
-¿Cómo tan triste, hermano?-le pregunté.-¿Ti&amp;nes alguna pena?
Al pronto no respondi6.
-Sí, Barino, tengo pena-dijo al cabo;una pena tan grande que no hay otra como
ella; se me ha muerto mi mujer.
- Según eso, la querías mucho.
El mozo, sin volverse, agach6 la cabeza.
-Barino, la quería. Ya va á cumplir el octavo mes y no puedo olvidarla. Es uha cosa
que me roe aquí en el coraz6n, y acab6se y yo
no entiendo por qué se murió: era joYen y sana. En veinticuatro horas se la llevó el c6lera.
-¿Y era buena tu mujer?
¡Ay Barino! -suspiró hondamente el pobretín,-éramos tan amigos! Y i,e há muerto
sin mí.. .... Desde que supe aquí.. .... pues.....
que la habían enterrado, al momento eché á
andar para la aldea ...... para mi casa. Llegué ...... era más de media noche: entré en ella,
me paré en medio y llamé muy bajito..... Ma. ...... eh , M aruJa......
· l
ruJa
. Y nada, nada más
que el canto de un grillo en un rincón ..... .
Entonces me eché á llorar, me senté en el suelo y pegué en él con la mano, diciendo :
-¡Ah vientre hambriento, te la has tragado; trágame á mí tambienl María....... ¡Ay
María!-repitió con enronquecida voz.
.
Y sin rnltar las riendas de cuerda, se enJUg6 una lágrima con su guante de cuero, lasacudi6 de soslayo, agach6 lo.3 hombros y no
pronunci6 una palabra más.
.
Al bajarme del trineo le dí buena propma;
saludóme hasta el suelo, quitándose la gorra
con ambas manos; volvi6se y tom6 un can8ado trotecillo sobre la helada sábana de la calle desierta, invadida por la bruma gri.3 del
frío de enero.
!VAN TOURGENEF.

I
¡Austeros monjes que tenéis por mundo
la soledad solemne de los claustros,
en los conventos lúgubres que oponen
muros de piedra al torbellino humano!
Que os encerráis entre paredes frías,
sin más adornos que los viejos santos
y un Cristo agonizante que alza al cielo
los tristes ojos cuando está expirando;
que ante la imagen del dolor supremo
meditáis en recónditos arcanos,
suspensa el alma, el pensamiento absorto,
por infinito amor trasfigurados;
que veic; lr humanidad y sus pasiones,
el amor, el orgullo, los encantos,
reducidos á tétrico resumen
en la espantosa desnudez de un cráneo;
6 bien, hundidos en las toscas sillas,
la cabellera entre los dedos flacos,
inmóviles cual momias que los tiempos
hubiesen al pasar patrificado,
en lenguas muertas releéis las páginas
borrosas ya de los infolios raros,
al alma y á la vida y á las cosas
el principio y el término buscando:
vosotros, desertores de la tierra,
sin pasar el umbral del camposanto,
decidme E&gt;i es muy dulce ese silencio,
si allí el dolor no llega á conturbarosl

II
Cuando ferviente la plegaria brota,
cuando se eleva en vuestra voz el canto,
¿no hay otra voz interna que os suspende?
¿no hay otro acento que interrumpe el salmo?
En las serenas noches silenciosa.a,
cuando el cielo se a.dorna con sus astros
y recorréis con la capucha vuelta
los corredores y los anchos patios,
¿fio os detenéis de pronto cual si oyerais
un eco evocador que os ha llamado

y el ligero desliz inolvidable
de presurosos, conocidos pasos?
En ei;as horas en que duerme el mundo,
en que se siente el súbito aletazo
bajo el cual se despiertan los recuerdos
y se pronuncia un nombre ya olvidado,
decidme si no oís en lus rumores
de la noche ese nombre que os foé caro
y el soplo de la brisa no os parece
un beso tentador sobre los labios;
si al penetrar por el follaje obscuro
la luna no os engaña con sus rayos
y creéis ver en la penumbra el halda
m6vil de un traje vaporoso y blanco;
si vuestra mente vaga1osa entonces
no se espacia en recuerdos ya lejanos
y no sentís inmensa pesadumbre
que hace rodar por vuestra faz el llanto ..... .
Ah! decid si olvidáis, si á vuestras puertas
no acuden en tumulto, golpeando,
los fúnebres fantasmas del recuerdo,
que vienen de la noche del pasado!
¿Ya sois libres? El último refugio
adonde huísteis del dolor humano,
es quietud, es olvido, es la sofiada
ma.nsi6n feliz de espiritual descanso?
Y o sé de la leyenda de un austero
monje, á quien muerto en su sitial hallaron
sobre un libro de antigua biblioteca.
reliquia del convento y de los años-'
, .
'
muerto sobre una pagma
en que había
como señal de algún pasaje extraño, '
prenda de un grande am~r desconocido
una guedeja de cabellos áureos.
'

¿Qué dijeron al monje esos cabellos?
¿Qué singular y misterioso encanto
se desprendió de aquellas hebras de oro?
y quién las puso en el ritual sagrado?
¡Oh mujer! oh belleza! oh triunfadora
más poderosa que la muerte! En vano
tiene abismos el tiempo, el mar distancias
el alma frío, y soledad los claustros!
'
lSAÍAS GAMBOA.

�Domingo 7 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL M1JNDO ILUSTRADO

€1 marquts dt montttmy.
é!or d~an é!oujoulal.
(Traducción de "El Mundo Ilustrado.")
CONCLUYE.

Cuando Sofía volvi6 á bajar al patio, la primera persona con quien se encontr6 frente á
frente fué Montcerny, al cual se acerc6 tímidame~te, cual si quisiera hablarle, pero luego
qued6se sin saber qué hacer, tan confusa que
él, aunque desdefiosamente, se a~i_adó:
-No temáii1 nada, sefiora, le diJo; como no
estoy aquí por mi voluntad, desgraciadamente no podré libertaros de mi presencia; pero sí
os ofrezco que me mantendré á una distancia
tan grande de vos cuanto las dimensiones del
patio lo permitan.
Iba ya á alejarse cuando ·ella le detuvo colocando suavemente la mano sobre su brazo.
-¿Estáis aún muy disgustado conmigo? le
p regunt6.
. .
.
.
Sin su voz acariciadora y sin su cándida
mirada, Montcerny hubiera podido creer muy
bien que se burlaba de él.
Sofía repuso con el m ismo tono de niño que
se excusa por no haber aprendido la lecci6n :
-Ya sé que hice muy mal yéndome de
vuestra casa sin vuestro permiso; pero no tengo la culpa: ¡me fastidiaba tanto!
Refirióle en seguida cuán largas le habían
parecido las horas en aquel palacio, en el que
le parecía hallarse perdida, intimidada, además, por la presencia de aquel m~rido, más
viejo que su padre y aun más seno. Lo que
sobre todo había colmado su aburrimiento,
fueron las reuniones de sabios y filósofos que
se efectuaban en la casa de Montcerny.
-¡Oh!, dijo, creo que al fin me hubiese ~esuelto á fastidiarme sola con vos; pero aquellas
gentes que sólo hablab~n de. cosas incompre~sibles ... nada más su vista me tornaba estúpida, y si alguna de ellas me dirigía la palabra,
por el temor de contestarle una necedad, me
sentía tentada de echarme á llorar.
Por ese tiempo, la h ija mayor de M. de
Valseney habíase casado, y al venir de provincias á París para ser presentada en la corte, se
detuvo en la Capital algunos días. La tristeza
y el desmejoramiento de su hermana la sorprendieron; crey6 qu~ era la víctima de _un
marido de carácter agrio y celoso, y movida
por la piedad, ofreció á la niña que se refugiara secretamente en su casa. Sofía se rehus6
primero, pero el fastidio venci6 muy luego sus
resistencias.
-Tenía el proyecto de escribiros inmediatamente después de mi partida, para suplicaros que me dejaseis vivir con mi hermana;
pero encontraba tan difícil decirlo, que fui
dejando mi proyecto de un día para otro, hasta que acabé por no escribir nada.
A pesar de un resto de resentimiento que
contra ella sentía, Montcerny no pudo evitar
una sonrisa, al escuchar el cándido acento
con que Sofía exponía sus infantiles excusas.
La conversaci6n continuó en un tono más
amistoso. Sofía, más segura ya de sí misma,
habl6 de la prisi6n, donde parecía verlo todo
de color de rosa.
Esto hizo que Montcerny recordara al caballero de Raynald, que fuera arrestado al mismo tiempo que ella.
-Os sentís feliz en esta cárcel, la dijo, porque vuestro amado esiá aquí con vos.
Ruboriz6se ella y ocultó su rostro entre las
manos. Luego, separando un po~o los d~dos,
le mir6 con ojos á un tiempo tímidos y nsuefios y escap6 corriendo.
.
Al día siguiente fué un poco más explícita;
Montcerny ya no la intimidaba como antaño,
pues la común desgracia establecía una especie de igualdad entre ambos.
-Hace mucho tiempo que el caballero de
Raynald es mi apasionado, dijo en el lenguaje extravagante de la época, y confieso que
soy sensible á su fuego; pero antes de estar

presa, jamás me atreví á hacerle conocer mi
sensibilidad, temerosa de dejarme arrastrar
más allá de los límites de la virtud.
Medit6 un momento y repuso suspirando:
-Eso me ha hecho sufrir muchas veces,
porque ¡es tan duro hacer desgraciado al hombre á quien se ama!
Refiri6le entonces á Montcerny c6mo hr.bía
sido que habiendo caído ella enferma, no pudo
seguir á su familia cuando ésta había emigrado y cómo el caballero Raynald, decidido á
no' abandonarla, quiso esperar á que sanara
para emigrar, y que en cuanto se halló ella en
estado de poder viajar, le ofreci6 acompañarla
á Viena, donde residía su familia.
Pero las diligencias que hicieron para procurarse pasaportes, llegaron á parecer sospechosas y por esa causa fueron detenidos la
víspera del día fijado para la partida.
Mientras l\fontcerny escuchaba este relato,
buscaba co!l los ojos á Raynald, que iba y venía á poca distancia, lanzando á hurtadillas
inquietas miradas á Sofía y á su interlocutor.
Al marqués, sin que supiera por qué, le disgnstaron tales miradas, y esta sensaci6n de disgusto fué acentuándose más tarde, pues lleg6
á ser para él una costumbre reunirse con Sofía en el patio, y como el caballero no dejaba
nunca de hacer lo mismo, bien pronto cada
uno de ellos sinti6 una secreta irritaci6n contra el otro.
De tal modo que uh buen día Montcerny,
reflexionando, comprendi6 que estaba celoso
y se vi6 obligado á confesarse que lo que por
Sofía experimentaba era amor, sencilla y simplemente.
Desde que hizo tal descubrimiento, se puso
tristfsimo; la muerte dej6 de serle indiferente
y comenz6 á reprocharse no haber sabido conquistar oportunamente el cariño de Sofía.
Otra cosa le ocupaba entonces el pensamiento:
la felicidad de la Naci6n, la que, en cambio,
maldito si se ocupaba de la de él! ¡Y cuán
estúpido el orgullo que le impidiera buscar las
huellas de su mujer! ¡Con cuánta facilidad se
había dejado ganar la partida por aquel impertinente caballerete!
En semejante estado de ánimo, apreci6 las
ventajas del sistema político en vigor, que suprimía las dificultades de los ciudadanos suprimiendo á estos mismos. En efecto, ¿,qué rivalidad podría haber entre él y el caballero,
respecto de Sofía, puesto que les iban á guillotinar á los tres?

***

Una mañana, un rumor extraordinario circul6 por la prisi6n; una noticia tal que emocionaba á todo París y que los carceleros no
pudieron reservársela: los diputados habíanse
sublevado contra Robespierre, y los triunviros
habían sido acusados y arrestados en medio
de hurras y gritos de liheraci6n.
¿Qué resultado podría tener semejante golpe de Estado para los infelices encerrados en
las prisiones? Eso era lo que iodos discutían
aquella mañana en el patio, sacados de improviso, por tal noticia, de la apatía en que les
sumergiera la certidumbre de morir.
E l propio Montcerny sinti6 que su coraz6n
latía más rápidamente y se apresur6 á reunirse con Sofía, que permanecía pensativa, sentada en un banco situado en Ur\ rinc6n del patio.
Creyendo Montcerny que tal vez ignoraba lo
que ocurría, quiso comunicárselo1 pero ella le
interrumpió diciéndole sencillamente que lo
sabía todo.
-¿Y tal noticia no os causa regocijo?, pregunt6 sorprendido.
-No, contestó ella sacudiendo la cabeza.
Aunque me pongan en libertad, no por eso
podré casarme con mi amado, y sin él, ¿para
qué quiero la vida? ...

Montcerny entonces comenz6 tímidamente
á defender su causa.
-Sofía, dijo, he olvidado ya por completo
mis quimeras de antaño, y si llegásemos á salir de aquí, todos mis. pensamientos serían
parn vos.
Pero vióse obligado á callar ante la confusi6n que ella mostróle oyendo tales palabras.
Precisamente en esos momentos el caballero
se aproximaba y Sofía le acogi6 con tanto placer, que l\fontcerny comprendió cuán poco la
interesaba lo que acababa &lt;le decirle, y se
alejó triste y colérico, lleno de amargura el
corazón contra su rival.
Como en sus idas y venidas por el patio
pasaba ante la ventanilla del portero, pudo
ver á tres hombres con carmañolas rojas que
permanecían frente á la portería. Uno de ellos
tenía en la mano un papel y lo leía en voz
alta; eran los delegados del Tribunal Revolucionario que venían á llamará algunos de los
acusados.
·
Montcerny, á quien la víspera tal espectáculo hubiese dejado casi indiferente, sintió un
estremecimiento pensando que tal vez, yacer-'
canos á la libertad él y Sofía, aquella úl tima
embestida de la muerte iba á arrancarlos de
la vida.
Detúvose tan inquieto y vacilante, que la
portera comprendió sus pensamientos, se sintió movida á compasión por su ansiedad, y
aprovechándose de que su marido y los otros
tres hombres charlaban sin reparar en ella, se
acercó á la ventanilla y le dijo á media voz:
-No temas, ciudadano, he leído la lista y
tu nomb:te no figura en ella.
-Pero y ... ¿ella?, pregunt6 Moñtcerny muy
conmovido, designando con los ojos á Sofía,
que conversaba con Raynald en el extremo
opuesto del patio.
- Ella tampoco.
Luego, dirigiendo hacia los dos j6venes una
mirada impregnada de vaga compasi6n, la
mujer repuso:
-Solamente está su enamorado. ¡Pobrecillal. .. ¡mucho va á llorar!
-¿Es del caballero Raynald de quien habláis'?
La conserje hizo un signo afirmativo y él se
alej6, intentando reprimir una alegría que le
daba horror.
«¡Pensar que me he creído bueno dura nte
cerca de sesenta años!» se decía, dirigiéndose
lentamente hacia el banco donde estaban sentados Raynald y Sofía.
Ahora, á pesar de todo, al verles tan jóvenes, tan hermosos, inclinando sus rostros hasta casi tocarse, una especie de piedaJ despert6se en él. Al verle venir Raynald, se alejó
precipitadamente sin pretender ocultarle su
emoci6n, y Sofía se enjugó los ojos á toda prisa:
Incapaz como era de disimular una emoci6n,
cuando Montcerny se dispuso á prepararla
nuevamente á la idea de ser separada de Raynald y comenzó á hablarla del porvenir, diciéndole:
· -Vamos, ¿habéis reflexionado? ¿No queréis vivir conmigo si permiten los acontecimientos que salgamos de aquí?
Ella no pudo más que responderle sollozando:
-¿Y á él, á mi pobre amigo, deberé abandonarle?
En vano él quiso objetarle que el amor no
dura toda la vida y que tal vez 1-1.egaría día en
que se felicitara de haberse visto separada de
su amigo antes de haber sufrido su frialdad 6
sus infidelidades.
A todo respondía ella moviendo la cabeza:
-No le conocéis, ni conocái:i su corazón;
nunca me será infiel, y si le abandono, jamá8
encontrará consuelo.

Y como viese que Montcerny parecía no
creerlo, acabó por irritarse.
-¿Entonces creéis que yo me acostumbraría á vivir pensando que él me olvidaba por
otra mujer'/ Sabed que mejor quisiera verle
muerto que infiel.
Montcerny, poco hábil en cuestiones de astucia, comprendi6 que su dédalo de preparaciones para nada servía y prefirió decir la ver-

dad:
•
-Pues bien, nada temáis, ninguna mujer
os lo arrebatará, puesto que va á morir.
E nhiesta ante él, pálidos los labios y los
ojos dilatados, gritó:
-¡Mentira!
Nada contestó él... cay6 sobre ambos un terrible silencio.
Pero de improviso, comprendi6 Sofía en la
expresi6n del rostro de .Moutcerny que éste
no ha?í~ mentido, y repuso con voz que pasaba sibilante por entre sus dientes apretados:
- ¡No quiero que le maten!. .. ¡no le matarán!
El callaba sin encontrar qué responder á
esa locura.

téis de tal manera?, preguntó Montcerny tristemente. Y le record6 el ridículo que había
desafiado por salvarla ~~l _claustro, y luego,
¿alguna vez le había dm gido una expresión
dura, le había causado nunca el menor sufrimiento? ¿Cuando ella le abandon6 había intentado siquiera vengarse? ¡Y he ¡quí que le
~bandonaba nuevamente ahora que estaba vieJO, descorazonado y solitario!
Sofía escuchóle primero con feroz indiferencia, pero luego sintió que su voluntad se doblegaba, comprendiendo que Montcerny dflcía
la verdad, y que ella no tenía la libertad de
morir. Su rebeldía cedió el lugar á una inmensa desesperación; volvi6 á caer sentada
sobre el banco, ocultó el rostro entre las manos y lloró silenciosamente mucho tiempo.
Cuando al fin levantó la cabeza, Montcerny
se aterró al observar su extraviada expresión.
Sofía, que no había temido la guillotina cuando se trataba de ella misma, ddiraba de miedo pensando en la ejecución de Raynald. Frases entrecortadas escapábanse de sus convulsos labios:
-¡Sin mí se habría salvado!. . .. porque estaba;yo .enferma.:se quedó en Francia... ¡Dios

Domingo 7 de Junto de 1903.

***

Por la tarde, cuando se efectuaba la sesi6n
del Tribunal revolucionario, Fouquier Tinville interrumpió con mal humor al actuario
que llamaba á los acusados, al v.ir levan tarse
al que contestaba al nombre de Raynald.
-¡Un error más! gritó el acusador público
á ~u ~ubordinado. ¡Qué dices tú ahí que tiene
vemh cuatro años! Ponle por lo menos sesenta ... ... ¡Vamos, corrige el acta de acusación y
pron to, que no tenemos tiempo que perder !
~sta sesi6n, la ~!tima del Tribunal, fué muy
agitada. El presidente Dumás fué arrestado
antes que concluyera la audiencia; pero después de deliberar, los jurados dicidierod continuar en su ausencia y dictaron el veredicto
de muerte.
•
Algu nos instan tes después los condenados
al dirigirse al lugar del suplicio, pudiero¿
creer qu_e se verían salvados, pues el pueblo
enardecido por la prisión de Robespierre, tra:
tó de cerrar el paso á la comitiva y libertar á
las víctimas.
Desgraciadamente el General Haniiot, que
recorría las calles con un destacamento de
hombres a rmados, dispersó á la multitud y
e~colt~ la última carreta basta el lugar de las
eJecuc10nes.
-Esta vez, por lo menos, pens6 l\fontcerny
subiendo las gradas del patíbulo, puedo estar
seguro de no arrepentirme de mi generosidad.

SOL DE SANGRE.
Por inmensos caminos solitario¡;,
H uyendo de ignorados campanari~s
Los peregrinos van, faltos de alient~
Y de aldeas siniestras y lejanas
'
Les saludan al paso las campanas
Con notas que cabalgan sobre el viento.
E l horizonte, bajo el sol, se dora,
Manchado por la .•angre de una a urora
Que se teme á la vez y que se espera·
Las nubes se amotinan y se empujad
Y como buitres, al huir, -se estrujan '
En el espanto de la noche negra.
Tiembla y cede la tierra bajo el peso
Se abre un abismo en el dintel del bes~
Y todo es sepulcral, como una luna;
Sólo se oye el rumor so.rdo y la queja
De aquella muchedumbre que se aleja
Con fatigas de mar hacia su cuna.
En la sangre del sol busca su origen ·
Torvos y extraños sentimientos rigen '
Su reflujo fatal hacia la aurora
Y jadeante, vencida y sin alie~to
Se arrastra latigueada por el vien'to
Royendo el amargor que la devora.'
-¡ Quiera Dios que me maten con él! continu6 cada vez más rebelde y exasperada! ¡No
se lo llevarán sin mí!. ..... ¡No lo quiero!
- Debéis resignaros, dijo él gravemente, no
sois duefia de salvarle ni de morir con él.
Pero Sofía no. le escuchaba; un pensamiento súbito había cruzado por su mente.
-Hay mujeres en la lista; yo sabré cuáles.
son ... buscaré á una de ellas y me arrojaré á
sus pies para suplicarle que me permita ocupar su lugar en la carreta.... ¡Qué importa el
cambio á esos miserables con tal que esté completo el número de sus víctimas... ... Ellos no
miran ; ¡matan!
Decía la verdad; poco tiempo antes habían
guillotinado á Raint-Pern, padre, en lugar
del hijo, y Fouquier Tinville ni siquiera había
notado que le entregaban un condenado _c aduco en vez de un joven.
Montcerny retuvo á la joven por una mano:
-¿Y yo, Sofía, si vos morís, que será de
mí?
Ella se desprendi6, contestando duramente:
-Os pasaréis sin mí, como lo habéis hecho durante cerca de sesenta años.
-¿Qué mal os he hecho para que me tra-

mío!. .. ser la causa de su pérdida y no poder
siquiera morir con él!. ..
Montcerny ya ni siquiera pretendía consolarla; con la mirada fija en la tierra reflexionaba, y por fin dijo, como hablando consigo
mismo:
-Sin embargo ...... si yo le salvara ..... .
Sofía fij6 en él una mirada de loca, y cogiéndole ambas manos con tal fuerza que las uñas
le penetraban en la carne :
-¡Salvadle! gritó ¡salvadle y haré lo que
queráis!. ... .. ¡Me iré á vivir con vos!. ..... ¡no
volveré á verle nunca!. .... . ¡Le olvidaré si así
lo queréis; pero ...... salvadle!. ... . .
Se oyó el tañido de una campana y los prisioneros 'comenzaron á abandonar el patio.
-Id con ellos, dijo Montcerny; aún no puedo deciros lo que haré para salvarle, pero ¡tened confianza en mí!
Y cuando ella se alejaba tambaleando de
emoción, voivi6 á llamarla:
-¿No me diréis nada autes de partir, Sofía?
Ella junt6 convulsivamente las manos y repiti6:
-¡Salvadlel

Y mañana al triunfar, cuando derribe
La_ absurda sociecJad que la proscribe,
Brillará _como un sol á nuestros ojos.
Sus pupilas extrañas y dementes,
Empapadas en púrpuras ardientes
Parecerán dos corazones rojos.
'
Sus manos, impacientes de batalla
Removerán la gigantesca hornalla '
Donde alimenta el sol sus encarnados
Y en la ruda apoteosis del incendio '
La Plebe se alzará como un compeddio
De t.odos los sollozos ignorados.
MANUEL UGARTE.

�ELÍXIR ESTOMACAL DE SAIZ DE CARLOS.
Lo r ecetan los médicos de t odas las naciones; es tónico digestivo y antigastrá.lgico cura el 98 por 100 de los enfermos del estómago é intesti nos, aunque s us dolencias sean de más de 30 años de antigiiedad y hayan fracasado todos los demás medicamentos. Cura el dolor de estómago, las acedias,
aguas de boca, vómitos, la indigestión, las dispepsias, estreñimiento, diarrea
disent eria, dilatación del estómago, filcera del estómago, neurastenia gástrica, hiper cloridr ia, anemia y clor osis con dispepsia ; las cura porque aumenta el apetito, auxilia la acción digestiva, el enfermo come más, digiere mejor y hay mayor asimilación y nutrición completa. Cura el mareo del mar.

Una comida abundante se digier e sin dificultad con una cucharada de Elixir
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EL MUNDO ILUSTRADO
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>ELÍXIR ESTOMACAL DE SAIZ DE CARLOS.
Lo r ecetan los médicos de t odas las naciones; es tónico digestivo y antigastrá.lgico cura el 98 por 100 de los enfermos del estómago é intesti nos, aunque s us dolencias sean de más de 30 años de antigiiedad y hayan fracasado todos los demás medicamentos. Cura el dolor de estómago, las acedias,
aguas de boca, vómitos, la indigestión, las dispepsias, estreñimiento, diarrea
disent eria, dilatación del estómago, filcera del estómago, neurastenia gástrica, hiper cloridr ia, anemia y clor osis con dispepsia ; las cura porque aumenta el apetito, auxilia la acción digestiva, el enfermo come más, digiere mejor y hay mayor asimilación y nutrición completa. Cura el mareo del mar.

Una comida abundante se digier e sin dificultad con una cucharada de Elixir
de Saiz de Carlos, de agradable sabor, inofensivo lo mismo par a el enfermo
que para el que está. sano, pudiéndose tomar á la vez que las aguas mineromedicinales y en sustitución de ellas Y de los licor es de mesa. Es de éxito
seguro en las diarreas de los niños en todas sus edades. No sólo cura, sino
que obra como preventivo, impidiendo con su us o las enfermedades del tubo
digestivo. Diez años de éxito constante. Exljase en las etiquetas de las botellas le palabra STOMACALIX marcada fábrica r egistrada. De venta; Serrano, 30, farmacia, Madrid y principales de E spaña, Europa y América.

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CELESTE.
(Cuadr o ae Herbert Schmalz) ,

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 14 de Junio de 1903.

·o IAS DE ROMA.
S. P.

EL PALATINO.
En algunas regiones del Asia ó del Africa. inex•
plora.da.s puede suceder toda.vía. lo que aquí su·
cedió: u-d pueblo de pastores, es decir, de nó_ma.des que necesita. fijarse en un lugar venta.¡oso
pa.r'a. la. defensa. de sus gana.dos; q~e inve~ta. ó
conoce el arado para hacer producir la tierra.;
que sin dejar de ser completamente pastor, comienza á. ser labrador, y que creyéndose rodeado
de fuerzas sobrenaturales, se pone en contacto
con ·ellas por medio de un grupo S3.CE:rdota.l, y
que sintiéndose rodea.do de fuerzas vivas (los
otros grupos que le disputan el paso ó el hogar),
entra. en contacto con ellas por medio de un grupo guerrero: un pueblo en esta. situación, se
encuentra. un conjunto de colinas en terrenos ó fértiles ó pantanosos, junto á un río, y allí
se detiene y lu,ha. por quedarse y lo logra a.l fin:
ésa. es la historia de Roma. na.ciente, á la que la
leyenda. (en buena parte fa.brice.da. por l?s griegos) ha puesto su marco de poesía. épica. y de
ensueño religioso. El cerro Fa.la.tino, alto de unos
cuarenta. metros sobre el pantano del Fo~o; defendido por el riachuelo del Vela.bro; domrna.ndo
la.s otras colinas de que estaba. aislado, era un
sitio admira.ble pa.ra. vivir y defenderse; allí los
roma.nos de la leyenda, que en el fondo son los
de la realidad, planta.ron sus cabañas redondas,
encerraron sus ganados que pacían en el pantano
y en los llanos próximos y se rodearon de una.
muralla de defensa; es decir, «ina.uguraron&gt; una
ciudad· es decir, para. concitarse la protección de
los dio~es, acudieron á los vecinos etruscos que
conocían mejores recetas para. esto, y el caudillo,
envuelto en el velo ceremonial, c_u mplió &lt;;on los
ritos augura.les y trazó un surco en la mitad de
la pendiente de la colina. cuadrilonga, levantando el arado en donde debían situarse las puertas:
a.sí definió la ciudad de Roma, cuyo recinto fué
sagrado, es decir, consagra~o á los dios~s, d_esde
·aquel punto. La profanación, el sacrilegio se
castigaba con la muerte: de allí la leyenda de
Remo el profanador y de Rómulo el inaugurador.
¿Y será. cierto que estas piedras, que estos bloques entre sí unidos sin cemento, por sólo el
peso son las reliquias de la &lt;Roma quadrata,&gt;
del~ que Rómulo fundó '? Yo lo deseo vivamente· a.sí podría decir que había visto materialmente '1a cuna de lo que ho.y es, no la raza, sino el
alma latina.
¡Oh! este Palatino, aun después que Roma hu-

Q. R.

bo dominado las colinas ·circunstantes, siguió
siendo la ciudad, por excelencia. Los roma.nos
veneraban allá a.bajo, por donde acabamos de
entrar, junto á la iglesia de San Theodoro, la
cueva en que la loba amamantó á los gemelos;
aquí arriba la casa del fundador, los restos de
la primitiva traza.; aquí estaba, por donde sube
la ca.lle pendiente que lleva al Foro, la puerta en
que ungía.o a.l entra.r ó al sa.lir los ganados
(&lt;porta. mugoni11.&gt;); juuto está el templo que
Rómulo ofreció levantar á Júpiter Stator [que
detiene], porque, como recordáis, lectores, los
sabinos, g ue tenían sus aldehuelas en las próxima.s
colinas, a.ta.ca.ron furiosamente á. los romanos
del Pala.tino, que les habían arrebata.do á sus
mujeres, y tal fué la embestida., que los romanos
pusieron pies en poi vorosa, y para contener aquel
pánico, RómuJo invocó á Júpiter, le ofreció un
templo y el buen señor les paró los pies y contuvo el corazón de los fugitivos. Y he aquí los
restos de ese templo. Muchos eruditos dudan que
estos vestigios tengan ta.maña. antigüedad; yo,
que no soy erudito, no lo dudo. ¡Pero si lo del
rapto de las sabinas es un cuento probablemente, me argüía uno de mis compañeros; usted
mismo nos lo ha dicho en la clase de historial
Sí, pero en primer lugar las luchas ent1·e los dos
pueblos, son innegables; los romanos se batieron
siempre, combatieron sin cesar, sobrevivieron á.
esas luchas y por eso fueron lo que fueron, la.
eelección se había verificado, eran los más aptos
para la vida.. Y díga me usted ¿qué camiao habría
tomado la historia roma.na, cuáa probable es
que nosotros no habríamos llegado á ser, si Júpiter no detiene aquí á los sabinos y les impide
tomar á. Roma, incendiarla y matar al ág uila en
el nido! Hagamos conforme á los sagrado s ritos
un sacrificio [mental] sobre estas piedras s antas.
Todo es emoción histórica. inexpresable en esta visita. Cuando en el lado de la Colina que ve
al Velabro, a l Capitolio, al mercado de los bueyes, junto al río («Foruin boarium&gt;) dice el guía:
aquí estu vo la casa de Cicerón, la que CJodio
hizo quema1· á. las turbas locas y que el Senado
hizo reconstruirá expensas de la República (como hizo la Asamblea con la de M. Thiers , quemada. por los clodios de la Comuna), se s iente
~alofrfo, como si las palabras fuesen una evocación, como si viésemos venir una sombra errante entre aquellas reliquias de un mundo materialmentemuerto, anímica.mente vivo é inmortal.
Hay mucho de artificial, de «voulu,&gt; en todo esto,
lo comprendo; p&amp;ro de estas a.ctitudes que tomamos ante nosotros mismos, se compone el ademán
total de la vida.

Domingo 14 de Junio de 1903.

mL MUNDO ILUSTRADO.

***

Augusto, cuando todavía se llamaba Octaviol
compró aquí una casita (precisamente la. de
orador Hortensio, el émulo de Cicer ón) y de esa
casita na.ció el Palatino imperia l; un siglo des•
¡:¡ués, ya. no vivía.en el cerro s agr ado más que el
emperador y su familia., con sus augusta.nos, con
sus libertos, con las servidumbres, en sus pal..
cios.
No sé si habrán quedado vestig ios de la casa
de Hortensio; si le&gt;s ha.y, no supieron mostrármelos los guías oficiales del Palatino. Lo sentí,
porque Hortensio fué mi patrón, como quien dice
el general vencido de mis primeras ambiciones
infantiles; ¡cuántas batallas perdimos juntos, mi
general ! ¡Como que Cicerón e.·a. nuestro contrario, y yo nunca logré, no sin amar¡rur~, ser ofi•
c ial de Cicerón! Veo perfectamente ea mis recuerdos sobre las paredes crudamente blancas de cal
del liceo en que á los once años estudiaba enMéri·
da, el escudo azul de los de Hortensio y el rojo de
los de Cicerón; éstos eran los primeros, los que
tenían mejores puntos de aplicación y de condueta. Los de Hortensio éramos los segundos, JO
siempre fuí de los segundos; no e1·a. de los ~egUDdos á veces, porque era de los terce;os; siempre
me ha sucedido lo mismo; me be res1gna~o á eUOml
hace tiempo, pero confieso que nunca qut~e á
jefe nunca· mi sueño dorado era ser de C1ceró11t
per¿ a.pena~ me acercaba un poco á él por 1'
historia por la aritmética ca.fa yo en brazos tle
HortensíQ .. . ... Y todo esto era ideado por nuel'
tro s anto y sabio profesor italiano_el senor M.,
galoni que según decían, había sido secretarfe.
de Ro~si c~ando éste fué asesinado en Roma;!
cuya vid~ anterior á su venida á Améric~ siempre quedó envuelta. para nosot1·os en el m1s'8ri:.
l a verdad es que lo creíamos ua cardenal fugi
vo. Pero volv!\mos á Hortensio, es decir, á Aft!
gusto.

***

li

Una ascención al Palatino se llam a en el
guaje de los guías ; visitar el Palacio ?e los
se.res. Y era. de ver la cara compungida de
amigo Pepe Velá zquez, excelente ~om paílero
viaje por lo consecuente y lo _pare¡o, como
decimos, pe rn que no había sido _pag3:do por
Gobier no como yo para saber h1stor1 a, cuan
se veía en a.quell o~ espacios rod~ados de m
de ladrillo ó d e ese r elleno especial _que lof
manos usaban y afir maban con ladrillos Y u
revestían de má rmol ó piedra, mur?s 3:ltís
á veces, y derechos ó curvos, pero 10fin1

desnudos, enormes esqueletos de edificios, con
los pisos destrozados en que apenas qu~dan
fragmentos de mármoles y sombras de mosaicos:
¡Esto es el palacio de los Cé~ares!
.
En primer lugar,d~s palac1os,&gt;deberíadec1r_se;
son varios, todos u01dos, es verdad, pero bien
car acter ísticos: Augu~to, que encontr:ó una Roma de ladrillo y la de¡ó de mármol, hizo el suyo,
modesto en comparación de los otros, cierta.mente· no era más que la ca.sa del patricio romano,
u~ poco ampliticada: el pórtico, la sala de rec~pciones ó audiencias («ta.blinum&gt;), luego el_per!s·
tilo (patio rodeado de columnas), con hab1tac10nes á lo largo de los cort'edores, y al fondo el
comedor ó «Triclinium;&gt; los adoratorios ó lararios, las bibliotecas, los ja.rdincillos ~nte;iores complicaban, pero no alteraban la distr1buc ió~ clásica. Pero la casa de Agusto quedó un
poco abandonada en tiempo de Tiberio, que odiaba á su padrastro y que se hizo edificar en la
parte de la meseta. que veía al Capitoli~ un palacio propio, pronto abandonado también_ ~or
su propietario, que prefería las nefandas dehc1asdel Golfo de Nápoles, la divina copa de coral y
oro y zafiro en que el cruel viejo engast~ ~in
cesar efímeros rubíes de sangre humana. L1via,
viuda de Augusto y madre d~ Tiberio, s~ retiró
también del ót&gt;sierto palacio á una cas~ta que
hizo decorar primorosamente por sus prntores
griegos.
. .
.
Un loco de ata.r subió al solio imper1a1 y no
quiso ser menos que su antecesor Y también tuvo
su palacio del la.do del Foro; míransedesdeéste
la. 3 ruinas del palacio de Ca.lígula sobre la casa
de las Vesta.les, á guis_a de gigantesco coh:J?e.nar
desbaratado y sin abe1as. Ca.lígula, para v1s1tar
á su berma.no Júpiter y acordar con él asua~os
del imperio ó regañarlo cuando fuera nec~sario,
se hizo levantar un puente entre su palaCJo y la
roca del Capitolio. O~ co~fieso que este megalómano infame, y sangmnar10 y depra.v_a.do, tal vez
porque deba. sospecharse que era un irresponsable divierte y hace reír un poco. A sus contempor án'eos no les ca.usó tanta risa y uno de ellos,
constantemente befado y ul~rajado por el César
demente, lo espió en el criptopórt1co (un largo
pasadizo oculto) y lo mató.
Claudio el imbécil, sabio filólogo_, qu~ no~ h_a.
dejado muy buenos datos sob~e la historia prim1tiva. de Roma y cuya hist-0ria privada es la d_e
una calabaza., diría. séneca, yo buscarí3: el símil
más bien en la zoología. que en la botánica., porgue es una de las n¡ás prodigiosas representaciones tauro-humanas que hay en los anales latinos, ¡lean á Suetonio y á Tácit? quienes duden!
no edificó na.da aquí. Su mu¡er, una señora.
pelinegra. que se disfrazaba con una gran peluca
rubia y acompaña.da de un&amp; sola esclava. se escapaba de noche por el criptopórtico, bajaba_ al
Foro Jo atravesaba y se perdía en los tugurios
infectos de la Suburra., de do~de regresaba antes
del sol, dassa.ta., sed non sat1ata;&gt; esta ~adama
Claudio se llamaba. Mesalina. en el pala.c10; en la
Suburra, la loba: ¿no será tod? est~ un chismazo
del amigo Juvenal? A Cla~d10, _cierto día que
había comido devorado, me¡or d1cho, uaa. ó dos
libras de bongos condimentados por la coci~era
Locusta un gran &lt;cordon bleu&gt; que solía gmsar
con sa.ls'a. de mu~rte, suc~di? en el solio el hijo
de su última mu¡er Agr1pp10a., hermana de. Ca.lígula, y que se había empapa.do en las ~áximas
mora.les de Séneca, el preceptor de su h~¡o, para
tener el gust-0 de hacer todo lo contrario; ¡pero
tanto que es para santiguarse) El tal hijo sellama.be. Nerón, que dejó el Palati_no, por chico y
por cursi y se fué á hacer p11,la.c1os á otra parte.
Buscaba 'buscaba.. Un díaseincendiógranpa.rte
de Roma\ habéis visto ese inc_endio en «Quo y:adis·&gt; es lo que ahí se ve me¡or; y Nerón d1¡0:
ést¡ es la mía. y sobre lace.;iza levantó uaa casa
de oro en cuyos jardines podía caber todo el
Palati~o. Todo allí era imp~ov_isado, pero enorme y no os repetiré l_a descripc1ó~ de las maravillas• Roma incendiada había sido para el s~premo' bergante imperial una lámpara. de Aladlno á. su luz habían surgido prodigios del suelo.
N~ era esto lo que le tenían á. mal los roma.nos,
sino que todo fuera para él; hasta entonces los
emperadores habían construido para el solaz del
pueblo; éste ante todo.
A esa tradición volvieron los Flavios, que reconstruyeron ma.teri~lm~nte una parte de Roma,
que hicieron un Capitolio de oro y elev_aron en
l a fantástica mansión neroniana. el Coliseo; ya
Roma tenía su inmenso «Circo máximo&gt; para. las
car reras y las luchas,el &lt;Circo llaviano&gt; era casi
r edopdo para los combates de gladiadores y de
fieras y para las batal_las na.v_a]es (&lt;na_umaquias&gt;). El último Fla.v10, Dom1cia.no, tirano
político del tipo de '!i_be;io, más espi.J?tab_le_ y
menos serio que el v1e¡o impuro de Ca.pri, erigió,
no una casa, para eso tenía la de Augusto, sino
un verdadero palacio en la colina imperial;
Marcial y Sta.cío, el elegantísimo y el a_mpul~. sísimo poeta de la. adulación abyecta y srn lím1tes, nos han descrit-0 los portentos del nuevo
pala.ciú imperial, la sala de audiencias sostenida por soberbia.s columnas, decorada por altísimas hornacin11.s en que descansaba~ grand~s
estatuas de los dioses y en cuyo ábside Dom1ciano, á la usanza oriental, se hizo erigir un
trono (los otros emp~radores no lo habían usa.do); el peristilo de tres mil metros cuadrados,
y el comedor que se confundía. con el olimpo,
con el cielo, decían los poetas arrodillados; ro-

L a Casa de Calígu la.

deado (le jardines (nínfeos} y dispuesto á maravilla para esas orgías sin nombre que tan teatralmente organizaba Nerón y que el mancebo
El agábal, el emperador invertido, había de extremar y refinar con torpezas extra.humanas,
siglo y medio después.
Pero Domiciano era un culto; él regaló á Roma para juegos grieg'.ls, un estadio en pleno
Campo de Marte, que aún conserva su forma y
su nombre(«Circo agonale&gt;) en la pla.zaNavonn~,
con tan insigne pompa. &lt;fontana.da.&gt; por Ber01ni y su escuela. Otro est_adio hizo_ construir Domiciano junto á su mansión p.ilahna.
.
Los Antoninos conservaron los pala.cios sagrados · pero erigieron sus grandes monumentos fo;os templos, arcos, termas, en la. ciudad,
no 'en el c'erro imperial. Vino después el te1·cer
siglo: Septimio Severo quiso rápidamente hacer lo que los otros habían hecho sucesivamente para hacerse perdonar su origen y fisonomía
.africana. La verdad es que él y su feroz hijo
Cara.calla fueron constructores babilónicos;
para aprovechar una orilla del Palatino aún no
ocupada, prolongó la superficie haciendo substrucciones .,.igantescas que aún quedan, allí encima estab; su mirador, su «belvedere,&gt; desde
allí veía med ia Roma y asistía á. los juegos del
Circo máximo.
Luego vinieron los abandonos, las invasiones,

'
!
los saqueos furiosos y rápidos y los despojos
metódicos; mármoles y bronces desaparecieron
ó fueron mutilados: los mosaicos se hundieron
rotos; la maravillosa. túnica de arte de aquellas
casas dignas de los amos del mundo, fué arrancada en jirones y distribuida entre los templos
de la religión nueva ó arrojada al polvo y á la
incuria. del tiempo. Cuando los vi_rrPyes bizantinos estaban en Roma, solían vivir en estos
palacios a.penas habitables ya. La vegetación,
la incuria hicieron lo demás; los techos cayeron, y los muros, sin su blindaje de bronceó de
granito ó de mármol, vinieron al suelo y soterra.ron los pavimentos de incomparables mosaicos, dejando en pie eno1·mes fragmentos que
recortan en el cielo sus trágicos perfiles. Luego
los señores romanos del Renacimiento, los favo•
ritos de los papas, pusieron sobre todo esto sus
jardines y sus &lt;villas&gt; (los famosos jardines
fa.rnesianos). Ha.ce poco liega.ron los arqueólogos y la exhumación comenzó .

***
¡Qué fría estaba. la gris mañana. de Enero que
visitamos por vez primera. el Palatino; qué frías
las cosas, qué eternamente frías, qué muertas!
Visitamos: debía decir devoramos, porque nos
metimos por todas partes sin orden ni cronolo-

Restos de la Roma "quadrata.''

�bomingo 14 de Junio de 19M.

F.lL MUNDO ILUSTRADÓ

EL MUNDO ILUSTRADO

gía,con desesperación de nuestros cicerones; los
&lt;bedekers&gt; no fueron desenvainados. Corría un
remusgo por entre aquellos lamentables esqueletos que nos llegaba al nuestro, glacial y penetrante; parecía un soplo de ultratumba; nos
sentíamos clareados como los palacios á través
de cuyas arcadas veíamos discurrir las sombras
de los Augustos y Domicianos bajo las especies
de mises de habla inglesa que escogían las ruinas para flirtear con sus blondos compañeros,
ó asestaban los kodaks á los muros que erguían aún en el espacio helado sus lamentables
fragmentos de donde caían grandes trozos de
sombra que parecía hecha de siglos, y añoranzas y silencios ....
Entramos en el criptopó1·tico que corre al
margen de los palacios de Calígula y Tiberio.
Es un amplio pasadizo cerrado completamente,
excepto sus extremos, y que recibe la luz por
lumbreras cuyos bordes el tiempo hacarcomido.
Es un verdadero túnel, tan alto, que parece angosto; el revestimiento de bóvedas, muros y techos ha desaparecido, sólo quedan los últimos
pilones de ladrillo que sostenían el empuje de
las bóvedas y hasta ellos están en parte desbaratados; por aquella sombra casi nocturna, acá
y allá encharcada de claridad glacial que caía
de las aberturas cenitales, discurríamos en silencio, cuando el guía nos dijo: aquí mató Cherea al emperador Ca.lígula. Contestamos á una
y sin pensarlo: hizo bien, y seguimos nuestro
camino. Pero al frío material que nos hacía tiritar, unióse desde aquel momento un frío de
otro género, un frío moral, diríamos; aquE'I ambiente que nos parecía siniestro, se volvió trágico. Y veíamos al muchacho aquel de veintiocho años, cabeza pequeña. en un cuerpo enorme,
con el rostro de vieja lívida en que los afeites destinados, no á. hermosearlo, sino á. darle un aspecto aterrador, no acertaban á disimular las
arrugas y parpadeos seniles, con la implacable
senilidad del vicio; lo veíamos caer con la cabeza partida al primer golpe del fierro de Cberea, bañado en sangre y levantándose y cayendo nuevamente bajo los puñales. Su guardia
germánica había tomado otro camino al subir
del 1!,oro, en que se habían celebrado unos juegos en honor de Augusto, y no lo pudo socorrer; su tío Ulaudio, que le seguía de lejos cojeando, y con la cabeza, trémula como si en lugar de cuello tuviera una espirnl de alambre, y

la boca siempre abierta y Jlena de baba y de
gula, se ocultó detrás de una tapicería,de donde
lo arranca.roo los germanos enfurecidos y lo hicieron emperador.
Entramos en la casa de Livia; si estas pinturas son de su tiempo, era una gran aficionada
al arte puro, madama Augusto; un paisaje, una
calle de Roma, un tema mitol6gico (Io guardada por Argos y salvada por Mercurio), y ornamentación decora.ti va en varias partes, esto es
todo; es bastante µara dar idea del admirable
sentimiento pictórico de los artistas que por
aquí pasaron hace veinte siglos. De vuelta de
Pompeya quisimos rever estas pinturas; no, ninguno de los frescos de la ciudad muerta (y :.on
ct:!ntenares) es superior á éstos ni en dibujo ni
en delicia de colorido; parece que los siglos les
han puesto delante un cristal ligeramente ambarino, pero que les han conservado mejor sufres•
cura y su encanto.
Dos horas ¡rastamos en recorrer pórticos, salas regias, triclinios, basílicas, exhedras, pedagogios (escuelas ó efebias de jóvenes soldados
de la guardia imperial), grandioso todo, triste
todo, como que no hay nada; sí, si hay, 1estos
e.le ¡rnredes, lu.s suficientes para marcar las masas de los edificios, algunos a1·cos que parecen
ojos eoormt&gt;s sin pupilas, algunos paredones de
ladrillo y tierra que parecen milagros de equilibrio, todo hueco, todo vacío, tl'uzos de un cadáver inmenso disecado implacablemente por el
tiempo. Esto, el Foro mutilado, los bustos y las
estatuas que se custodian en los museos, producen la impresión de que es Roma un anfiteatro,
el supremo anfiteatro de anatomía ....
Lo que está en pie son las sustrucciones del
palacio de Severo, varios pisos de arcadas que
muchos creen un palacio en ruinas y que son los
cimientos de la postrt,ra de las casas imperiales ..... De encima d!l ellos se ve la traza dttl
Circo máximo y los 'fragmentos albeantes del
cementerio israelita y el Aventino escueto enfrente. Aquí abajo estaba un pórtico de varios
pisos (&lt;el zeptiiooium;&gt; JI) destruyó Sixto V para apl'Ovechar el material) erigido por el eropel'ado1· africano, con obj!lto de servir de perspectiva final á la vía Appia, que se ve salir de
Roma entre ruinas y pe1·derse en Ju. maravillosa
melancolía de la campiña roma.na, entre relic¡uias y sepulcros.

***
De estas visitas sale ?ºº cabizbajo,

silencio-

so, como cuando se deJa una casa mortuoria
como cuando se ha visto un cadáver......
'
¿Habrán hech? bien_ lns arqueólogos en exhumar esta Rom_a imperial de su tumba gigantesca, para satisfacer una cu1·iosidad que no se
sacia, que no puede saciarse'! Pero ha.n violado_ así el miste1·io, es dec_ir, la poesía de estas
ru10as. ¿No estaban me101· ba¡o sus jardines
~aroesios y su villa Milis, sombreadas por los
cipreses negros, y los cedros verde~, y las enci•
nas ahora. quemadas por el invierno y las higueras que descienden opulentas y frondosas
(en estos momentos son huraños esqueletos gráciles y feos) de las hignt&gt;ras de los tiempos de
Rómuloi' ¡Cuánto indefinible encanto habría en
esta Roma sagrada adivina.da entre las llores
y ahora vi~ta en fra~n-!entos irreparables ent~
las narraciones fast1d1osas de los &lt;cicerooep
uniformados!
Sí, pero cómo ayuda todo esto que se ha exhumado á la evocación. ~l espíritu trabajosa y
dolorosami,nte, pe1·0 por la herza, pero inevitablemente, complt&gt;ta los muros, rehace las bóvedas, pone ea pie las columnatas, restaura los
estadios y repone los mármoles, ll1·ooces mosaicos, jardines y fuentE's (¡ohl lu.s divinas' fuent¿s eternamente wurmu1·antes de Roma), y todas
las líoeas se completan y reto1·na el encanto de
Jos cu.piteles y el relieve de los frisos, y cuelgan los cortinu.jes asiáticos en las entradu.s de
lus tl'iclioios, y las estatuas griegas sonríen ó
cantan en sus nichos ..... .
Y un inmenso regocijo se difunde en el alma
se ve alzarse y vivir lo ideal. .. . Y vienen lue~
golas sombras, y cuentan todu.s ellas su drama
su idilio, su risu. .... Un grafito por aquí encon~
trado y que se conserva en un museo, representa á. Cristo en forma de asno crucificado; ésia
fué la primera impresión que hizo el cristianismo sobre el pueblo romano; entre esa caricatura y la transfiguración de Ra.fael,¡qué transformación! ni las de las edades geolog1cas pueden
servir de metro á estlls tru.nsforwaciones del alma! Vida intensa del almn hecba de nues,ra comunión con los muertos: ¡Oh Roma, oh Roma, á. quién no has du.do el derecho de llamarte
Roma míal
JUSTO SIERRA.

j

PÁGINAS DE VIAJE.
LOS PEDOS DE LUCEBR!.
Carlos Sarrus, un exquisito crítico de arte,
ha escrito, no recuerdo con qué motivo: «Todo hombre tiene dos patrias: la suya y Francia.»- Y yo creo que todo hombre nacido en
país libre, tiene también dos patrias: aquella
en que nació y Suiza, d hermoso jirón coronado de picachos blancos, tenuemente asomados á. la superficie de lagos azules.
La libertad es allí una función orgánica;
parece que baja arrastrada por el viento que
desciende de los ventisquero¡¡, que brota con
la generosa savia de las viejas selvas de pinos,
que se esparcE: con las corrientes de agua,
que se alza en himno en las gigantescas moles de granito que escalan el cielo. Pero ¡penetrad más hondo! Poblad aquellos valles,
sembrad-como el Diablo de la leyenda-caseríos y «villas,» suspended nidos humanos en
aleros de abismos, y siempre veréis la simbólica flecha de Tell partiendo el corazón de
Gészler.
Y martilleando tenazmente sobre esa idea,
en aquella rosada mafiana estival, frente á las
agudas agujas dt- San Ligero, vino, de pronto, una aparición á descubrir el secreto de la
gran fuerza harmónica que sentía latir en torn-o mío. Aparición minúscula, casi insignificante, baladí, fugitiva para los ojos de un
viajero presuroso, que sólo procura abarcar
los contornos gruesos, las líneas de relieve:
un cochecillo cargado de botes con leche, tirado por un perro. ¡Ah! sí, es verdad! La libertad es fuerza, porque es acción, porque es movimiento, porque es trabajo! He ahí el secreto.
Sólo los pueblos ricos son pueblos libresha dicho un estadista ilustre;- pero para ser

rico, es necesario que el mazo golpee el yunque, que el agua mueva el molino, que el
músculo atirante el brazo, que la máquina
haga andar la fábrica, que el buey arrastre el
arado, que el perro conduzca el carro. Y una
ráfaga de luz pasó sobre la blanca ciudad policroma, rebosante de los ruidos de la vida. Y
pasaron también por mis oídos las varoniles
estrofas del poeta de "La Camparn/':
''Afianzado en el suelo fuertemente
ya el molde está de recocida greda:
hoy fabricada la campana queda.
obreros, acudid á la labor."
Y como para responder á mi evocadón, de
lo alto de las torres de la ''Hof-Kirche" comenzaron á descender las notas broncíneas
que como clarines de combate llamaban á la~
huf:stes alegres, á las que cantan la victoria
en la tarea, á las que responden (t la energía
de la naturaleza con su energía propia y fecundan la existencia con la simiente viril del
impulso.
Minutos antes, desde el Restaurant del
Gütsch, á. doscientos metros de altura, Lucerna se me había aparecido dormitando al pie
del círculo de montafias que la rodea como
si quisiera protegerla de las 'lliradas lividas.
El sol se había alzado perezosamente, envuelto en un tul de brumas, y lanzaba sus dardos
sobre el Reuss, que se deslizaba presuroso bajo bosquecillos obscuros; aquí y allá chispazos rojos sobre el albo crestón de un~ monta.fía. Dormitaba la bella ciudad policroma
arrullada por las rítmicas ondas del lago.
'
Ahora, el sopor había huído y la robusta
potencia de un gran pueblo se hacía sentir en
las avenidas, repletas de turistas, llegados de
todas parte:&gt; del mundo, para contemplar espectáculos de naturaleza, indiferentes á este
otro espectáculo del hombre en acción de la
vida escapándose á borbotones, para h¡cer an-

dar una idea, para mover una maquinaria que
reclama que ninguna ruedeci!la esté ociosa.
Un criminalista moderno ha sofiado que en
la puerta de cada prisión se coloque una leyenda: c(Aquí, el que no trabaja, no come.•
Pero, de esta suerte, el trabajo resulta un castigo, es algo cruel y duro, determinado por la
ley de la existencia, justiciera, en el fondo,
ma13 impuesta al modo que los antiguos caba•
lleros cristianos imponían el amor á la humanidad predicado por el Cristo: á tajos y reveses. Someterse á esa ley, es ya una pena;
aceptarla con regocijo, hacer de ella un cimiento en que sustentar un edificio, es haber
glorificado el supremo objeto de la Creación,
al que une por un misterioso reguero de ener•
gías invisibles al gusano con la flor, al hombre con el astro.
Y en esa rosada mafiana de Lucerna, frente
á aquel cochecillo tirado por un perro, medité
largamente, mientras de las agudas agujas de
San Ligero caían las notas broncíneas de la
campana que llamaban á las alegres huestes,
como clarines de batalla.

'i!fad:.t ~ ff!it6
~

La despoblación de un país es el suicidio
de una raza.
ROOSEVELT.

El matrimonio es el principio del divorcio.
RENAUD,

Domingo 14 de Junio de 1903.

Escuda torrtcdonal para muJtns.
Próximamente se inaugurará el edificio que
por acuerdo del Gobierno del Di~trito se construyó en Coyoacán con el objeto de establecer
en él una Escu~!ª Correccional para mujeres.
La construcc1on se encuentra situada en terrenos c?lindanles con l:ian Angel, se divide en
dos secciones, afectas, una á la educación corre.:cional, y o~ra á la corrección penal, y
consta de dos pisos. En el superior se encuentran los dormitorios, lai; celdas ó 1:-eparoc la
enfermería y sus &lt;lependencius; y en d i~forior, los departamentos de recreo, ei;cuelas,
talleres, comedor, bafios, etc.
Acerca del régimen i11leriur de la Eocuela
la educación correccional com prenderú, sPgú1~
sabemos, un grupo al que deuen ingrei;&amp;.r las
acusadas menores de nueve años á quienes las
autoridades apliquen la reclu.,ióu µreventivu
y otro, que se formará con las we11orei; &lt;l~
veintiuno y mayores &lt;le calorce que el Gol&gt;ernador del Distrito uian&lt;le internar {L la Escuela para auxiliará los padres &lt;le familia en el
ejercicio de la patria poteRlad, Ri fuere necesario. Al primer grupo perlcnecerán también
las menores de catorce años y mayores de nueve que sin discernimiento infrinjan alguna ley
penal.
La segun&lt;la secc1on comprenderá un solo
grupo, debiendo formari:e éste por las mujeres
de catorce á dieciocho años de edad que hayan
sido sentenciadas juüicialmente.

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Escuela Correccional de mujeres.-Perspectiva del edificio.

***

Por lo que ve á la distribución interior del
edificio, la parte que ocupará la Sección Primera se compone de un dormitorio, dos salones para escuela, cinco piezas de c,separo,,, cincuenta celdas, un patio para ejercicios físicos
y recreo, un departamento de talleres uno
, un locutorio, un comedor
'
para en fermer1a,
y
una sala de aseo. La parte destinada á la otra
sección, consta de cincuenta celdas-dormitorios, que, en caso ofrecido, sérvirán para incomunicará las reclusas responsables de alguna
falta ; salones para escuela, talleres, enfermería, etc., etc. Además, en la planta general
del edificio, quedan incluídas otras dependencias, como son las habitaciones y el despacho
de la Directora, los almacenes de productos
de los talleres, los baños, la botica, la lavandería y la cocina.
En suma, la construcción obedece á un proyecto condenzudamentE: estudiado y está sujeta en todo á las condiciones higiénicas que
requiere un edificio de su naturaleza.

LA. NAVE DEL REY.

..

Fachada Principal

En el bajel vetusto de la vida
Como galeote arrastro mi cadena,
Y es para mí la suerte fiero cómitre,
Rudo, tenaz, y firme en su tarea.
Desde que apunta el sol, y tinto en sangre
Rompe las nubes negras,
H asta que oculta en cenagal pestífero
Su máscara siniestra,
Fijo en el banco, en medio de la turba
Que vomita blasfemias,
Brego sin esperanza, y á la cólera
Del Ponto pido fuerzas.
1-.ocuTOP ,
Al empuje de todos junto el mío,
.
Y avanza la galera,
Sm recelo de sirtes ni de ráfagas,
En pos de las tinieblas.
Si desfallece el corazón, y el remo
En mis brazos flaquea,
¡Guayl- grita el capataz, y vibra.el látigo
En mi espalda sangrienta ...
¡Cómitre! ¡ No desmayes ni perdones,
Ni compasión me tengas!
¡Chasca el rebenque! ¡Mátamel
Y ... acaba tu faena!"
RAFAEL DELGADO.

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Un patio de la Escuela Correccional

�Domingo 14 de J unio de 1903.

E L MUNDO ILUSTRADO
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EL MUNDO ILUSTRADO

de verba, interrumpida solamente por los acentos dulcísimos de Michonnet en el monólogo
y por el duetto de Adriana y Mauricio, duetto
breve, pero lleno de sentimiento. En intervalo muy corto, asistimos á uua sucesi6n de escenas c6micas, vivaces, llenas de sinceridad
[ especialmente en la música] .
Eu el segundo acto, «l'andante mesto» para
tenor «l'anima hos tanca» es una página inspiradísima, así como el siguiente dúo entre
Adriana y Mauricio, «noh e certo dei piu comm uni. »
El int.ermezzo ( que ha llegado á ser obligatorio), es otra de las páginas que se imponen,
y no cabe duda que el dúo de las dos mujeres,
si bieh por su efecto escénico recuerda el de
«Gioconda,» produce p rofunda impresión por
su fuerza dramática y sobre todo por su condsi6n.
El tercer acto comienza con una introducción originalísima. La declaración del Abate,
á guisa. de minueto, es deliciosa y pintoresca,
pues nos da el color local de la época con una
fidelidad admirable.
El «racconto» del conde de Sajonia, lleno de
bélico ardor, y la gran escena de Fedrá. recitada por Adriana, son los puntos culminantes
del acto.
E n el cuarto son muchas las bellezas para poder enumerarlas superficialmente. El
triste preludio, los tiernos acentos de Michonnet en el "duettino» con Adriana, son páginas
sentidas, soberbias, que se podrían llamar
psicológicas. H ay en este acto un crescendo
de bellezas musicales á las que da fin la frase
magistral «no la mia fronte che pensier non
m uta,» elevadísima por su inspiración y por
su concepto; frase repetida después por los
violines, en los momentos que preceden á la ca•
tástrofe, y que conmueven en lo mfls hondo.
Lo repetimos u na vez más: el maestro
Polacco imprimi6 tal fuerza, tal unidad, tal
intensidad emocional en la obra, con un talento que es tan grande como su esfuerzo, que ,
él se debe m uy particularmente, el aplauso
unánime tributado á. Cilea desde aquí.

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A n d a11 ~e ~11~ t e\~S •

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PROYECTO DE PALACIO LEGISLATIVO.-La gran escalera.

El Proyecto para el Palacio Legislativo.
Para completar nuestra información relativa
al "proyecto de Palacio del Poder Legislativo
que formó el notable arquitecto francés M.
Bénard, publicamos en el presente número un
dibujo que representa la sran escalera de honor.
Esta escalera, en caso de que se_construya,
será no sólo de la!:! más hermosas que existan,
sino también una de las que, con justicia, merezcan ser consideradas como monumentales.
Las galerías que rodearán los dos grandes
brazos que conduzcan al vestíbulo situado entre el peristilo y la sala de pasos perdidos,
ostentarán primorosas columnas de mármol
amarillo de Siena, siguiéndose en el desarrollo
del proyecto un estilo verdaderamente grandioso, tanto por la riqu_eza de la ornamen~ci6n como por la magnitud de las proporciones.
La escalera, con las galerías, ocupará una
extensión de dos mil quinientos metros cuadrados, aproximadamente.

ADRIANA DE LECOUYREUR.
Opinl6n solirt ti maestro €lita.
Francisco Cilea es un poeta que une á su
verdadero talento una gran modestia. Jamás
hl:l presentado con bombo un0 solo de sus trabajos, ni se ha dejado seducir por éxitos fáciles. ¡Ama el Arte por el Arte! Esto lo ha probado tantas veces cuantas ha presentado un
nuevo trabajo, hecho, no en épocas, tijas sino

después de períodos de tiempo relativamente
largos, durante los cuales poco ó nada se ha
hablado de él. Es, en una palabra, un maestro
y un artista.
Lejos de seguir la escuela alemana ( empresa ardua y que acaba por absorber y borrar la
personalidad\ ha cuidado de conservar la
sencillez y claridad de su técnica, que indudablemente es la más aristocrática de las de los
compositores italianos jóvenes.
Fueron sus primeros trabajos la «Filda» y
la "Arlesiana». Esta última es una joya cincelada. Tesoros ele armonía, esbozos melódicos
vagos y origint1.les, coros conducidos con admirable maestría; toda la ópera tiene un sello
de melancolía extrafia y por momentos dolorosa, que deja una impresión indeleble.
El maestro Polacco, que dirigió la Arlesiana en Milán, dice que Cilea podría llamarse el
Massenet italiano.
La Adriana de Lecouvreur ha tenido-y esto es indiscutible-gran éxito entre nosotros.
Todos los trozos fueron aplaudidos y bisados.
Estamos, por lo tanto, S('guros de que la enfermedad del tenor Amadi fué la única causa
de que la «Adriana» no fuera la obra preferida
en la actual temporada. Tanto el conjunto como la «mise en scéne,» fueron cuidados escrupulosamente. A una. y otra. cosa se dedic6 con
amor el maestro Polacco, y lÍ él debe Cilea. el
mayor tributo de gratitud. Puede decirse que
ningún detalle fué olvidado y que para obtener la seguridad, la fusión deseada., no omitió
la empresa sacrificio alguno, hasta el de retrasar varios días el principio de la temporada.
No es del caso hacer aquí un esturlio crítico dfl la ópera y d,ebemos limitarnos á citar los
fragmentos más notables de esta partitura, que
hará época en México.
El primer acto es una comedia lírica llena

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El Maestro Polaeco.

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-La mujer es una segunda alma de 11uestro ser, que bajo forma diferente, corresponde
á todos nuestros pensamientos, que despierta
á todos nuestros deseos que enciende, y á todas nuestras debilidades que llora.
-No siempre se han de refrenar las pasion es de los nifios con la severidad, ni siempre
se han de acostumbrar á los mimos y ca.ricial!.
-No todos los que leen saben leer.
-La variedad deleitael entendimiento.

Domingo 14 de Junio de 1903.

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�Domingo 14 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 14 de Junio de 1903.

LAS TORRES.
Serena!:', sobre la agitaci6n tumultuosa de
las ciudades, las torres de los templos yerguen
sus austeras siluetas.
Divinas viejas, hijas de las montañaR elevadas al cielo, como formidables plegaria~, por
todos los que han amado, por todos los que han
sufrido, por los que pasaron por la tierra con
la mirada fija en la altura, ~urlicantes y espe.
r&lt;tnzado!', contt;mplan indecisas, con las órbitas vacías ae sus ventanales, la ruda lucha
moderna de seres que jamái; convierten sus
ojos á los cielos.
Nuevos edificios de zinc y fierro, semejantes á carapachos gigantescos de monstruos antediluvianos, interceptan el horizonte que antes las torres dominaban; y las voces de las
campanas que llaman dulcemente á la oraci6n, se pierden entre el tumulto de la calle y
el chillar discordante de los silbatos de las fábrica!!.
El vigoroso empuj6n de la vida moderna á
veces derriba una de esas torre:1, U!!a de esaa
plegarias de piedra, para aprovechar ~us escombros formiaables en alguna raquítica construcci6n moderna.
Los gigar,tes van cayendo uno á uno.. .
Otros nuevos se levantan; pero frágiles, artificiosos, ccind ustrialmente» fabricados, evidenciando una fe insegura de sí misma, y que e.i
manera alguna recuerda los impulsos generosos y ardienteR que hirieran exclamar á los
canónigos de Burgos: «Hagamos un templo
tal que la posteridad nos tenga por locos.»
Las torres viejas, leprosas, desconchadas,
heridas por el rayo, maltratadas por la tempestad, desniveladas por los temblores, aparecen austeras y venerables sobre la marejada
de azoteas y se perfilan en el fondo azuloso de
las montañas.
Y esas viejas adustas tienen dulzuras maternales. En las oquedades de sus murallas
se abrigan las palomas que cruzan á veces en
bandadas estruendosas por cima de las calles
apacibles de los barrios lejanos, y en la ti?na
fértil de luengos terrenos tr_aída por los vientos y depositada en las cornisas, á las veces,
una leve flor silvestre crece y prospera, perceptible apenas como la sonrisa de un infante
en el regazo de su madre.
Por las noches, bajo la 11 u vía y los nublados, las torres son pavorosas¡ crujen, y se lamentan y dan libertad á. sus otros hijos, malos,
rapaces y siniestros: los buhos y las lechums.
Si las torres son mnjestuosas en las poblaciones si imnoblecen y decoran las sombrfaa
calles 'metropolitana.~, en los campos, humil•
des, sencillas, encaladai::, perdidas com_o velas
lejanas en los mares esmeralda del ~r~go que
comienza á apuntar, aparecen fam1h11res Y
hospitalarias.
El viajero que rPgresa de apartados lugarea
no puede contemplar con los ojos secos la torre del templo donde aprendió á rezar al lado
de su madre, aunque los fupgos implacables de
la vida hayan re8ecado su coraz6n.
¿Caerán algún día las torres? ¿Se ca~sarán
de implorar esos enormes brazos su_µh~ nteB
que se tienden hacia el cielo? ¿Substttuiran _á
los gallardos contornos de_ los templos, la~ 81•
luetas toscas de los cobei't1zos de las fabr1caa,
semejantes á bestias.grises que hozan, y á_las
gallardas líneas &lt;1e las torres un fúnebre eflZ&amp;•
miento de chimeneas?
Las torres son maj&lt;&gt;stuosas, benévolas, cordiales y hospitalarias; las torres se ende~ezR~
como símbolos sobre las muchedumbres rneb·
nadas; ,;e proyectan hacia el cenit como noblell
pensamientos. No temen; maternal~s y roblli"
tas atraen á los lastimados de la vida con 811
aspecto y con sus voces y les brinda~ la P8'.
numbra. pacífica del templo, adormecida por
un tibio olor de incienso.
la
Sobre las miserias metropolitanas, sobre
lucha vil y dolorosa por el mendrugo, las
rres, esas divinas viejas, bijas de l~s monta
fias, yerguen sus austeras siluetas, 1!11plorando del cielo, ciego y mudo, un perdon .........
una bendici6n tal vez.
C. T.

t°:

TORRE DE

~~

JUAN

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 14 de Junio de 1903.

EL ALBUM DE HIDALGO.
Pronto será remitido al Museo Nacional el
álbum que el Benemérito J uárez mandó poner
en la casa que habitó en Dolores el Padre de
la Independencia, á fin de que escribieran eu
él sus nombres las personas que_ visitaran el

Juárez, que aparece e~ la prim~ra página, el
registro de firmas se abrió,el_ 6 de JUDIO de 186~,
ocupando las primeras pagmas, con sus rúbricas los miembros del Gabinete republicano y
otr~s hombres notables adictos al inmortal
plebeyo de Gnelatao. La parte del álbum en
que se ve la constancia, está deteriorada, casi
por completo, y entre las pocas firmas que
se distinguen, figuran las de don Jesús Terán

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ALBUM DE HIDALGO,-La primer:i plígina.

histórico edificio. El álbum, lleno literalmente de autógrafos entre los cuales existen algunos de personajes que tienen en nuestra historia un lugar distinguido, es un volumen de
trescientas fojas, aproximadamente, está empastado con «tafilete» rojo y en la tapa superior
ó principal tiene, en letras de oro, esta inscripción: «¡Honor al primer caudillo de la Inde: pendencia de México, D. Miguel Hidalgo y
Costilla.» Según la constancia, firmada por

y don Juan Antonio de la Fuente, Secretarios
de Estado, y las de don Francisco Zarco, don
Manuel María de Zamacona y don Francisco
de P. Gochicoa, Diputados en aquella época
al Congreso de la Unión reunido en San Luis
Potosí.
.
En otra página, y encabezadas con la fecha
i&lt;16 ·de Séptiembre de 1864,» se ven las siguientes palabras puestas por el Archiduque Maximiliano de Austria el día mencionado: «Uu

EL MUNDO ILUSTRADO

pueblo que bajo la protección y con la bendición de Dios funda su Independencia sobre la
libertad y la ley y tiene una sola voluntad,
es invencible y puede elevar su frente con orgullo.i,
Las frases anteriores, pertenecientes á la
arenga que el día anterior pronunció el Archiduque desde la ventana de la pieza de estudio
de Hidalgo, para celebrar la insurrección de
Dolores, fueron escritas
en presencia de la. numerosa comitiva que lo
acompañó primero á un
Te Deum, cantado en la
iglesia parroquial en acción de gracias por la Independencia,y después á
un banquete que se dió
en su honor y al cual concurrieron los veteranos de
1810 que se hallaban presentes en la población.
Para escribir en el álbum, Maximiliano tomó
asiento en la misma silla
y se apoyó en la misma
mesa en que lo hiciera,
sesenta años antes, el esclarecido párroco de Dolores.
Juntamente con Maximiliano, firmaron en el
álbum don Juan de Dios
Peza, Subsecretario de
Guerra y Marina, don
Sebastián de Scherzenlechner, que había sido
ayo del Archiduque, que
lo awmpañó en su viaje de Miramar á México
(River~ «Anales del Segundo lmperio,,), y que
á la sazón fungía de Consejero de Estado; don
Angel Iglesias y Domínguez, Secretario de Gabinete del llamado Emperador y médico consultor
de su Corte, y el Coronel
Miguel López, que mandaba el primer regimiento de la Guardia Imperial. La firma de este último está burdamente tachada y sobre ella, casi
ilegibles, se ven los nombres de los que la tacharon y la declaración de
haberlo hecho así.
Otras firmas de personas adictas al Archiduque, aparecen también
en el álbum. En las demás páginas, i¡e encuentra una multitud de autógrafos que sería imposible enumerar: existen en ellas, de los señores General Dfaz y del
General Escobedo, de
Miramón y del Licenciado don Joaquín María
Escoto, acesor del Consejo de Guerra que sentenció á muerte á Maximiliano, y de otros hombres prominentes. Firmas enteramente desconocidas y ((pensamientos»
que, por lo incorrecto de
la forma y lo vacío del
fondo, revelan haber sido
escritos por gentes rudas
y sin ilustración, llenan
algunas páginas del libro.

***

Hojeanqo este álbum, se experimenta algo
así como la impresión que experimentamos al
recorrer un cementerio. Del mismo modo que
descubrimos en éste, junto á la tumba de un
homore ilustre, el sepulcro de un hombre sin
fama y sin gloria, vemos en él, junto á la fra.
se concisa y elocuente del pensador profundo,

la palabra sin brillo del humilde hijo del pueblo. Liberales y conservadores, enemigos en
los campos de batalla, han estampado en él
sus firmas, como si todos, olvidándose de que
lucharon sin tregua por ideales muy distintos,
se sintieran, antes que todo, mexicanos.
Esta ofrenda al Padre dti la Independencia
no puede ser más hermosa, y desde el punto
de vista en que la consideramos, merece que
se la tenga como muy
digna del libertador.
Nosotros hemos querido dará conocer ánuestros lectores algunas de
las páginas más notables
del álbum, y en este número publicamos la que
contiene las firmas del
Benemérito de América y
de sus leales partidarios
y la que guarda las palabras del Archiduque de
Austria.

IMPRESIONES DE ESTÉTICA

La Palabra

Domingo 14 de Junio de 1903.

recuerdo; que cuatro voces unidas por un misterioso enlace, os den la imagen vibrante de
algo muerto en vuestro ser ó despierten en él
una hueva tristeza ó evoquen una visión de
hermosura... Que la palabra, en fin, tenga un
ala; que suene y resuene como un cántico; que
vibre en ella un espíritu, y diga, en un c,olo
ritmo, algo de lo que sentimos y de lo que
pensamos.

ARBOL DE FUEGO.
Arbol, bajo la púrpura florida
De tu copa, que Mayo ha engalanado,
Acaso alguna vez mi bien amado
Llegue á buscar tu sombra apetecida.
Para entonces la música sentida
De tus pájaros, guarda enamorado,

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En el verso puro ó en
la prosa tenue y honda,
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la p~labra debe ser un
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canto. En cada vocablo
ha.y un espíritu y un rit•
mo. De aquí el poder
mágico de la música sagrada del estilo. La palabra es, en verdad, una
milagrosa harmonía; pero más intensa y múltiple
que cualquiera otra, toda
vez que puede expresar,
con sonidos precisos, los
más complejos estados de
alma.
Oyendo una suave sonata de Beethoven so:ñ.áis
dulcemente con tristes
cosas de a.mor y de dolor,
interpretando, de singular manera. su melodía.
Pero por más sinceras
que sean vuestras emocione.s, no podríais asegurar que fueran las mismas
que, al concluir aquella.
música, sintiera el divino
Ludovico. Las palabras
de una frase- tomadas en
su sentido absoluto como
harmonía y como pensamiento-sí os dan la idea
de la impresión precisa
que sintió el autor al darles vida y espíritu.
Es tan pobre nuestro
vocabulario, que á veces
-cuando la sutilidad de
nuestro ser quiere manifestarse en una forma diáfana y cristalina- deseáramos inventar palabras
y fórmulas profundas que
expresaran todo lo que
nos hace estremecer, sufrir ó gozar. Porque consideramos &amp;ntonces como
una profanación el tener
que usar los vocablos banales y las míseras frases
de cliché para decir cosas
ALBUM DE HIDALGO.-Autógrafo
hondas y puras que han
dormido un largo sueño
virginal en el fondo de nuestra alma.
Que no sea una melodía monocorde, sino
El esteta debe amar, sobre todas las cosas,
una polífona canción, amplia y sonora, derra•
la extraordinaria melodía de las palabras. El
mando sus notas como una cascada de pedredebe descifrar el sentido oculto de cada una
rías fulgurantes.
FROILÁN TURCIOS,
de ellas y hac'3rlas vibrar y harmonizarlas de
tal modo, que una frase sea el molde sagrado
de una pena ó Je un estremecimiento.
Que en una línea de prosa ó en un verso el
alma humana halle una dolorosa palpitación,
ó _una brusca sacudida ó la melancolía de un

de Maximiliano.

Y en el soplo más fresco y _perfumado
Envuelve á la que es vida de mi vida.
En tu manto imperial de tintas rojas
Envuelto, la canción de los amores,
De sus labios es bueno que recojas.
Bríndale tus tesoros y esplendores,
Bésala con el beso de tus hojas
Y báñala en la lluvia de tus flores 1
VICENTE AcosTA.

�Domingo 14 de J unio de 1903.

EL MUNDO I LUSTRADO
lilL MUNDO ILUSTlliDO

LAS CAMPANAS.

§

arzo se había enamorado Biasce. Dos ó
s noches que no conseguía. conciliar el
sueño. Sentía. en todo el cuerpo hormigueos, ardores, picaduras,como si de un
momento á otro fueran á salirle dela piel, á millares, yemas, ramitas, rn.1nojr,s ele rosas sil ves-

tres. Hasta el fondo de su cuchitril entl'aba, sin saberse por dónde, fragancia nueva,
fragancia fresca y áspera de savia en movi miento, de almendros floridc•s .. .. Por Santa Bárbara. protectora.! La última vez que vió á Zolfina,
precisa.mente era en un almendro donde se apo·
yaba, contemplandu dos velas
en alta mar. Y sobre su cabeza
extendíase una a.legre blancura
balsámica que cuchicheaba al
sol; y á su alrededor veíase la
azulada florescencia ae un oleaje de lino; y en sus ojos había
dos vincapervincas abiertas y
debía de tener también flores en
el corazón.
En el camastro, pensaba de
nuevo Biasce enloqi..ecido en toda aquella luz, en aquel desbordamiento de vida primaveral.
Ya la línea extrema del Adriádico se iluminaba allá abi,,jo con
las primeras miradas tímidas de
la aurora cuando se levantó y
trepó por la esca.lera de palo
hasta los nidos de golondrinas,
hasta el rema.te del ca1npa.nario.
Flotaban por los aires voce~
indistintas y extrailas, semejantes á fugitivos alientos jadeantes, á res¡,iraciones de hojas, á
roces de brotes verdes, á susurros de alas. Dormían aún las
casas acurrucadas; parecía dormida á. medias todavía la llanura, cubierta con cortinas de leves nieblas.
De trecho en trecho, sobre
aquel inmenso estanque, balanceaba. el céfiro los árboles: en el
fondo, las colinas moradas se
degradaban en tonos más delicados, fundiéndose en el ceniciento horizonte.
En frente, el mar centelleaba
corno una faja de acero, con alguna vela obscura en la penumbra. Dominándolo todo, la fresca diáfana serenidad del firmamento, en el cual las estrellas
una tras otra iban palideciendo.
Las tres campanas inmóviles,
con el hueco vientre de bronce
adornado de arabescos, a.guardaban que los brazos de Bia.sce
arrojaran vibraciones triunfales á las brisas matutinas.

Y Biasce cogió las cuerdas. Al primer impulso, la campa.na mayor, la Loba, se estremeció
profundamente: dila.tóse, estrechóse, volvióse á
di latar su ancha boca: una ol a de sonidos metál icos, seguida. de una especie de mugido pro•
fundo, cayó sobre los tejados todos, se propagó
con el viento por toda la orilla, por toda la lla•
nura. Y los tañidos se precipitaban,se precipi•
taba.o. Animába.se el bronce, semejante á un
monstruo loco de ira ó de amor, oscilaba. espantablemente de derecha á izquierda, enseñaba la
boca á las dos aberturas, soltaba dos notas _am•
plias, profundas, unidas por contiouo zumbid~,
rompía de pronto el ritmo, aceleraba el mO!l·
miento hasta. confundirlo en un temblor de cns·
talina harmonía, que se ensanchaba. solemnemente en el espacio.
.
Aba.jo,las ondas sonoras y las o nd a.s lum1no·
sa.s arrojaban de las campiñas al s ueño, su?ían
las nieblas como humo, se doraban , se disol ·
vía.o suavemente en la claridad ma tutina: los
ribazos tomaban color cobrizo. Y súbitamente
oyóse otro sonoro tirnbre al repicar de la E~trige, agrio, ronco, cascado, parecido á u n ra.b10so
ladrido contra el rugir de una fier a . . .. Y des·
pués resonó el martilleo rápido de la Cantor~,
martilleo alegre, límpido, ágil, revoltoso, parec1•
do á un diluvio de granizo en una cúpula de
cristal.
Y luego se escucharon los lejanos ecos de
otros campanarios que despertaban : el ca_mpa•
nariode Sao Roque, allí abajo, campanar10ro·
jizo oculto entre encinas; el de Santa Tere•a,
enorme pilón de azúcar horadad&lt; ; el_ de San
Franco, campanario de convento . .. . d iez, doce,
quince lenguas metálicas que vertían e~ el cam·
po las sanas y alegres variaciones del himno do·
minkal, en luminoso triunfo.
Aquel estrépito embriagaba á Bias~e. Había
que ve1· al chicarrón huesudo y nerv10so, con
una gran cicatriz rojiza en la frente, menear
. jadeante los brazos, aganarse á las cue~das
como un mono, dejarse arrebatar por. la irresistible fuerza de su Loba querida, subll"Se á ~o
más alto para dar los últimos impu lsos á a
Cantora, mientras 1·etemblaban sordamente los
otros dos monstruos domados.
Allí arriba era un rey Biasce. Las espesas yedras escalaban la añosa pared descon~hada con
juvenil arranque; enredábanse en las vigas de la
techumbre como en troncos vivos; vestían los ro·
jos ladrillos con tapiz de hojitas correosa~,
lucientes, parecidas á las placas de esm~lte, do¡.
ga.ban por los anchos aleros como reptiles e
gados y pululantes;asaltaban las tejas animadas
por los nidos, nidos viejos y nu1::vos, llenos
dal gorjeo de amorosas golondrinas. Al po

1:

/r:

Biasce le tenían por loco, pero al lí arriba era
rey y poet a . Cuando se combaba el cielo sereno
sobr(;l la florida campifla, cuando el Adriático
brillab a con chispas de sol y anaranjados velos,
cua ndo ll enaba las calles el tráfico, permanecía
en el r emate del campanario sin hacer nada. como salvaje halcón, aplicando el oído al costado
de la L oba, del terrible y soberbio animal que
un día le babia descalabrado, y de cuando en
cuando le daba un golpecito con el dedo doblado, p a r a escu~bar sus largas y deliciosas vibraciones. Cerca de él relucía la Cantora como una
joya en su envoltura. de arabescos y cifras, con
la im agen de San Antonio en relieve; más lejos
la Estr ige mos~~aba la panza, vieja ya, surca~
da por una rend1Ja en toda su lo ngitud y con los
bordes desportillados.
¡Cuánta meditación junto á las tres campanas,
qué va¡rabundear de sueños extraños, qué arrebatos lírico s de pasión y de deseo! ¡Y que ga llard a e r a y her mosa la imagen de Zolfina, surgiendo de aquPl mar de ondas sonoras, entre los
ardores del mediodía, ó desvaneciéndose á la ho•
ra. del crepúsculo, cuando l a Loba sonaba con
tonos cansados y melancó licos, y espaciaba sus
repiq ues b asta morir de languidez!
E ncontrá ronse una ta1·de de abril en la pradera, tras los nogales de la Monna, bajo un cielo
opa. li no en el cenit y con manchas moradas hacia el Poniente. Tara.reab&lt;1. ella segando hierba
p a ra la vaca preñada. Subía le el olor pr imaveral á l a cabeza y le daba vértigos, como los vapores di&gt;! viuo dulce en octubre. Al inclinarse,
le r ozaba á veces la falda la desnuda carne, levemente, como acariciándola, y el placer le hacía entornar los ojos.
Biasce andaba contoneándose, caída. haci a
atrás la gorr a, con un ramito de claveles en la.
oreja . No era. mal mozo B i asce. Tenía ojos
j!'randes y negr os, llenos de campesi na. tristeza,
de u na como nostalgia, ojos que recordaban los
de los a nimales cautivo~. Además, tenía su voz
cierto enea.oto, algo hondo que no parecía humano. No conocía ni modulaciones, ni flexibilidad
ni morbideces. Allá a rriba, juuto á sus campanas, a.l aire libre, á toda luz, en la gr an soledad, h a bía aprendido un lenguaje lleno de sonoridades, de notas metálicas, de imprevistas
asperezas, de profundidades guturales.
-¿.Qué hace usted, Zolfinar
- Heno par a la vaca del tío Miguel, eso bago
- respundió l a muchacha rubia, que seguía encorvada. para recoger la hierba, palpitante el
seno.
-¿Nota usted la fraganc ia , Zolfina? Estaba.
yo en lo alto del campanario; miraba las barcas
que el viento griego empuja mar adentro, y ha
pasad o usted por abajo , cantando.. .. Cantaba
usted &lt;F lorecillas Cam¡,estres.&gt;
Se calló porque sentía algo e n la garganta.
que le ahogaba. Silenciosos ambos, escucha ban
el arnplio susurro de las nogueras y el murmullo del mar lejano.
Bia.sce, muy pálido, acabó por inclinarse tambié n hacia l a hier ba, y entre aquella. voluptuosa

frescur a vegetal, sus ávidas manos buscaron las
de Zolfina, colorada ya como una b rasa.
-¿Quiere usted que le ayude?-dijo de repente.
Biasce le cogió la muñeca.
-¡Déjame!-murmuró l a pobre muchach a con
desfallecida voz.-¡Déjame, Biasce!
Su arnor crecía como e l heno, y el heno subía,
subía como una ol a, y en medio de aquella marea. ver de, Zolfina, er guida con un pañuelo rojo
atado á la cabeza, parecía. una espléndida amapola. ¡Qué alegres retornelos entre las hileras
bajas de manzanos y morales blancos, á lo largo de los matorr ales cargados de nísperos y madreselva, por los carnpos donde amarilleaban
las coles flo r idas, mientr as a ll á a.bajo, en Sa.n
Antonio, la Cantora bacía. variaciones tan alegr .is que parecía una urr aca en celo!
Pero una mañana que la esper aba Biasce en
la fuente con un ramo hermoso de alelíes r ecién
cogidos, Zolfina no acudió. Estaba en la cama,
con viruela negra.
¡Pobre Bia.sce! Cuando lo supo , se Je heló la
sangre y se tambaleó más que la noche que Je
rompió la cabeza1la1Loba.; y 1no obstante, tuvo

Domingo 14 de J unio de 1903.

que subir al campanario y romperse los bra-zos
tirando de las cuerdas, con la desesperación en
el a.lma, entre el barullo del dorní ngo de Ramos,
ante la insultante alegría del sol, de las ramas
de oliva, de las telas bonitas, de las nubes de
incienso, de los cantos y de l as oraciones, mientras su pobre Zolfina. sufría, sabe Dios qué tormentos, virgen bendita, ¡sabe Dios qué tormentos!. . ..
Tuvo días ter ribles Biasce. A l c:ier la noche,
rondaba alrededor de la. casa de la enferma, como un chacal en d~rredor de un cementerio; pa•
rábase á veces ba.Jo la ventana cerrada iluminad!!- por dentro, y, con los ojos henchidos de
lágr1was, veía. pasar sombr as por los cristales;
aguzaba el oído, se apretaba con la mano el pecho, quebrantado por el ahogo, .Y seguía dando
vueltas como un loco ó corría á refugiarse en el
camp_anar io. Allí pasaba de noche largas horas, Junto á las campanas inmóviles abatido
por inmensa angustia, más lívido qu~ un cadáver. Aba.jo, por las calles inundadas por la luna y por el silencio, no pasaba un alma. Delante, el mar triste y rizado que rompía con monótono rumor en I a desierta play a.: arriba el cruel
azul.
'
. Y más lejos, debajo del techo que apenas se
vislumbr aba, Zolfina agonizaba tendida en la.
cam~, sileo~iosa, corriéndole por la cara ennegrec~da cuaJa~ones de materia purulenta., ca.llad_a siempre, mientras palidecía la vela en la claridad crepuscular y se convertía el cuchicheo de
las plegarias en explosión de sollozos. Dos ó
tres ve'?es 1!3".ªºtó la cabeza rubia, penosamente,
cnmo si quisiera hablar, pero las palabras se le
queda.bao en la garganta, y le faltaba. el aire
l a abandonaba la luz. Movió los labios con abo~
gado estertor, como un cordero al cual degüellan, y se quedó fría.
. Bi_asce fué á ver á su pobre muerta. Alelado,
vidr10sas las pupilas, miró el ataúd engalanado
con frescas flores, bajo las cuales se exk,ndía.
a quella.. podr edumbre de carne joven, aquella
«;:orrupción de humores descompuestos ya deba.Jo del nevado lino. Miróla un momento mezclad!&gt; con la_ muchedumbre, salió, volvió á. su guarid!!-, subió la esca.lera de palo hasta la mitad
cogi ó l_a cuerd~ de la Cantora, Je hizo un nud¿
corredizo, metió el cuello en él y se dejó colgar
en el vacío.
La~ sacudi~as ~el ahorcado hicieron que,
rompiendo el s1lenc10 del Viernes Santo, lanzara
la Cl!-ntora,_ con u~ relámpago luminoso, cinco
ó s~is rep1q ues rnesperados, alegres, argenti~os. una.bandada de golondrinas surgió del teJ ado hacrn el sol.
GABRIEL

D' ANNUNZIO.

�Domingo 14 de Junto de 1903.

EL MUh.0O ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Uisita dd RtV Eduardo 41 Papa.
Publicamos en este número un grabado que
representa la visita del Rey de Inglaterra á S.
S. León XIII, en el Vaticano, durante supermanencia en Roma.
Siguiendo la costumbre estable~ida,_ el Rey
se dirigió del Quirinal_ á la ~mbaJa_da !nglesa,
para ir de ella á la. res1denc1a pontificia, don·
de le aguardaba el Papa. Al penetrar el coche
que conducía al Rey en el patio de Sa~ Dám~so el marqués de Sachetti se adelanto á abrir
la 'portezuela, presentando en seguida al_ soberano inglés al Secretario del Ceremoi:i1al, al
jeíe de los guardias n~bles y á ott~s dignatarios. Al pasar del salon del trono a la antecámara secreta. León XIII !'!alió al encuentro de
Eduardo VIÍ, estrechándole cordialmente la
mano. El Papa Vtstía sotana blanca con muceta de terciopelo rojo.
.
.
La entrevista duró más de qumce mmutos.

EL VELO.
En la sacra montaña de oro, bajo la bóve- ·
da de oro incrustada de diamantes, tamaños
como sol~s- los majestuosos personajes del
Triángulo, Brama, Visnú y Siva, dedicábanee á combinar, por primera vez, las fuerzas y
acciones necesarias á la existencia de un mundo. Mundos eran-pero en potencia solam~nte- aquellos inconmensurables globos _diamantinos, magníficos, trasparentes, pero mertes y glaciales, semejantes á facetad~s trozos
de hielo· y para que desde sus entranas á su
corteza ~e desarrollase la intensidad ardorosa
de la Vida, era indispensable manchar su limpieza y apagar sus lucee, encenaga~ en barro
su cuerpo cristalino, convertir en tie~ra sombría lo que era refulgente piedra preciosa.
Y no bastaba la transformación en lodo pa•
ra producir la vida: se_ ,requería al_g o más terrible aún. Los del Triangulo se m1ra~on ~ensativos, vacilando; adivinaban el misterio y
sabían en qué condiciones se desenvuelve la
Vida, por ley fatal. «La Vida-dijo ~rªD?ª, el
creador-es sensualidad, perpetua mqmetud
de la carne.»-«La Vida-declaró Visnú, el
conservador-es interés, incesante estímulo
gástrico.»- «La Vida-respondió Si va, el destructor-no es sino odio, combate, mue~te.»
Callaron un momento, indecisos y contristados. porque no acertaban á dar á la Vida otras
fórmulas bellas y nobles; al fin Brama elevó
su voz. :con todo eso, es preciso que la Vida
sea. .11 «Sea»-repitieron Siva y Visnú.
.
Descolgando uno de los solitarios que tachonaban la bóveda-no de los mayores,-

Visita del Rey Eduardo :i Le6n XIII.

Brama lo hizo girar rápidamente entre las
palmas de sus manos, amasándolo. El ?ri_llante globo perdió su claridad y se conv1rt1ó en
masa ignea que despedía sulfurosos vapores
y exhalaba'llamaradas volcánicas.
Poco á poco el globo se fué apaga_ndo y enfriando, y apareció, á manera de gigante cu·

bierto de vello, revestido de vegetación densa

y colo~al, selvas intrincadas y húmedas, pobladas de alimañas monstruosa.a. Se las veía
luchar, disputarse la hembra? el pasto, romper y pisotear troncos y rama.Je, ensangrent.ar
el suelo virgen. Brama, el cr~dor-desde el
inmenso cáliz de loto que le sirve de trono Y
asiento,-contemplaba tristemente el esti:ago¡
Visnú, el conservador, reclinado en su hoJa _de
higuera, sonreía; y Siva,el destructor, el ebno,
el de cuádruple rostro, que luce sobre _la. _cabeza el segmento de la luna, reía con Júbilo,
respirando deleitosamente el olor de la sangre.
-La naturaleza no es sino guerra. y desorden-dijo al fin Brama pesaroso.-Falta en
ese mundo la luz: falta el pensamiento. Sobre
los apetitos ciegos y las fatalidades físicas po~dré á un ser capaz de inspiraciones meta~ÍSJ•
cas, que busque la perf,icción, sepa _dommar
sus sentidos coro¡ renda los Astras, rnterpn_,te el Verbo practique con pGreza y austen·
dad el Hacrificio.
·
-Y á ese ser - pregunt6 Visnú-¿le harás
inmortal'? ¿Le eximirás del dolor? ¿Le comu·
nicarás tu divina esencia?
Antes que Brama respondiese, Siva, el de
la piel de tigre, alzó furioso sus cuatro braz08
armados.
- Nada puede ser inmortal ni divino en ese
mundo que acabas de crear-grit6.-Pertenece á 111. corrupción y me pertenece, por conll8cuencia. Vosotros' creáis y conserváºis para que
..
yo aniquile. Soy la única erdad,_ la definitl:
va. En mí viene á parar y a re~um1rse la crea_
ción. Ese s3r superior que quieres ~acer ~
recer en la Tierra, engendrará, se ahmen llar'
morirá. Es mío. De su cráneo haré un co 1
que será el atributo de Si va.
. , Vi.s-¡Oh rojo Siva, insaciable!-profino

y

y

Panorama de la ciudad hacia el N. 0.-(Tomado desde Catedral) .

nú.-Yo te digo que esa criatura racional,
consciente, no se contará en el número de tus
víctimas. Si es capaz de reflexión; si puede
saber lo que traen consigo la vida y el inevitable hado; si tiene la certidumbre de morir
al fin, de!!pués de tantas penas, anulará con
su voluntad la creación; suprimirá el dolor no
engendrando; arrancará la raíz del árbol amargo, y se salvará salvando á su especie. ¿No es
cierto, Brama? El ser que posea luz de pensamiento, ¿Re avendrá á vivir?
Fl creador, con serena y luminosa sonrisa.,
extendió In mano y señaló al último término
de la montaña ele oro, en el cual se divisaba
una pagoda de paredes de turque~a. Ante la
escalinata de aquella pagoda hacían la guardia extrafias figuras: una era de varón, formada de floreii, lotos azule~, alteas purpúreas,
rosas de A_lejnndría de encendido corazón,
azucenas de aroma que perturba el sentido;
dentro del pecho de la figura ardía fuego devorador, pero las flores no se marchitaban,
porque brotaba de ellas incesantemente copioso rocfo de llanto. La otra figura cambiaba
de aspecto á cada instar.te: movibles placas
multicolon:s parecían girar y desvaneceri!e,
borrándose cual los olas al contacto de la playa, sobre los contornos fingidos de un cuerpo
juvenil, onduloso y serpentino. Tan pronto
se cubría de sombra como irradiaba luz; ya ee
envolvía en gris humareda, ya se irisaba con
las dulces tintas de la aurora. Hubo un instante en que la envoltura fantásticafse rasgó,
y bajo el prestigio se divisó un esqueleto ..... .
De la pagoda de turquesa vieron entonces
Siva y Visnú que salín una mujer, y la reconocieron al punto. Era la esposa de Brama,
mndrP, y matriz de todos los seres, con múltiples encarnaciones y varios nombres. En tal
momento se llamaba Maya, y no podía llamarse de otro modo, pues la envolvía de pies
á cabeza, recatando por completo su hermosura sin par, el maravilloso velo que tanto envidiaban las otras diosas, consortes de Visnú
y de Siva. No s6lo la envolvía, sino que arrastraba. y flotaba en torno de la divinidad en
pliegues de elegancia regia. Los que la miraban acercarse quedaron deslumbrados. El velo no se podía comparar á nada: se supondría
entretejido con hebraA de sol, rielares de luna, titilaciones de estrellas, reflejos de agua
profunda herida por luz de antorcha, destellos de rubí oriental, suavidades de oriente de
perla, claridades de pupilas, relampagueos de
hojas de armas, hilos de seda invisibles á fuerza de finura, diáfanas orlas de encaje de cristal. A cada paso de la diosa, el aire vibraba y
refulgía.
Al llegar cerca de los tres personajes, Maya desvió un poco el velo y enseñó su risueña
cara celestial.
-1\Ie encargo-dijo-de que el hombre se
avenga á vivir. Bajaré al mundo, llevando
conmigo á la pareja de guardianes de mi pagoda-el Amor y la Mentira,-después, desprendiéndome de mi sagrado velo, envolveré cofl
él toda la superficie del globo; y el hombre no
verá la t&gt;xistencia siuo al través de este tejido
mágico. Seré para la especie humana la mayor bienhechora; la conduciré, velada, hasta
el último confín del dolor; y la envoltura del
velo de ~laya, á quien los mortales nombrarán «Ilusión,x cubrirá sin tregua lo descarnado y lo horrible de los destinos humano!l.
Absortos ante la diosa, los del Triángulo callal&gt;an, a.probando el discreto ardid con el cual
haría tragará los míseros mortales el anzuelo
de la existencia. Sólo Yisnú, que tenía un espíritu crítico muy refinado, rumiaba una objeción.
-Divina madre de los seres-resolvióse á
de&lt;!ir por último,-tu idea es excelente é ingeniosa, y ·yo aseguro que dará feliz resultado;
pero... ¡itlivino un inconveniente grave. Tu
rústico velo es de un tejido tan delicado y sutil, que cuando envuelvas en él al globo que
tu esposo acaba de acondicionar para la Vida,
la agitación de los hombres romperá la mágica tela, y entonces, por el desgarrón, se verá
la realidad desnuda.
Maya cruzó sobre su seno pequeño y redondo los brazos torneados, y con profunda piedad, suspiró:

-¡Ay del que la vea!
-No importa-rugió Siva, triunfante.-El
velo de la celei,te Maya está vivo, y por donde se rompa, se volverá á juntar de suyo, naturalmente.
EMJ:r..rA PARDO BAZÁN.

LA MUJER DANZANDO.
Danza, mt.jer, porque las-aguas corren
•
y las fl,ores derraman
perfumes de placer, y las estrellas
se de.Qhacen en lágrimas.
Danza saliendo de la muerte obscura
que oprime tus espaldas,
y las dos flores blancas ele tus manos
en la noche levanta!
Ofrécete al continuo movimiento
de la vida que pasa;
loor etemo á la actitud cambiante
que transparenta el fuego de las almas!
l\Iueve la flor dorada de tu cuerpo
al compás de la danza;
deja empapado en tu perfume el aire
y derrocha la luz de tus miradas!
Como incensario tu cabeza ondule
coronada de llamas;
como incensario del amor oculto
bajo las ricas aras.

Domingo 14 de Junto de 1903.

Entrégate á las danzas! A mis ojos
brilla tranfigurada
bajo la lluvia musical, que llena
de un chorrear de fuente tus entrañas.
Te haces sagrada hundiéndote en las olas
de la música vaga;
todo tu cuerpo, abriéndose, descubre
el interior misterio que lo embarga.
l\lujer danzando, enamorada viva,
tus hombros s;e adelgazan
como corriente de agua por la noche:
tus pupilas se agrandan!
Eres como milagro que !'le inicia
bajo el cambiante velo de las danzas;
como suave nenúfar que se mueve
con movimiento oculto sobre el agua. •
Se ha desprendido mustia de tu frente
la primera guirnalda;
se han desprendido mustias de tu espíritu
las ideas prestadas.
Tú sola reinas en In Danza.
Ruedan
flores blancas de almendro por tu espalda,
te envuelve una luz suave, y por los ojos
se te derrama sobre el mundo el alma.
Dijérase que el Universo entero
copia el compás alegre de tu danza;
que, oscilando, las flores
la imitan encantadas.

ESTUDIO FOTOGRAFICO.-(Rawel).

EDUARDO ~IARQUJ::-.A.

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PROCESIÓN DEL CORPUS EN CATEDRAL.
Fot. ele "El Mundo Ilustrado"

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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Fot. ele "El Mundo Ilustrado"

�Domingo 21 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

COLOR DE SANGRE.

•

La noche del 5 al 6 de octubre de 1789, una
multitud irritada, ehria de muerte, se agolpaba en los muros del Castillo de Versailles, pidiendo el martirio de la familia real. La reina,
sobre todo, atrae las iras del monstruo: «Es
necesario dei-trozarla, deecua rtizarla. "Un hombre dice: «¡C6mo me gustaría poner la mano
sobre esta b ... I" Al amanecer, algunos gritan :
«¿En d6nde Pstá esa s ... tunanta? iE8 menester arrancarla el coraz6n ... ! ¡Queremos cortarle la cabeza, guisarle los hígados!&gt;, [II. Taine, «La Revoluci6n," tomo I].- Las páginas
de la historia, á semejanza de los famosos ciclos de Vico, reproducen, con variaciones de
lugar y época, la misma mancha rojiza: todavía, como en los tiempos de Hámlet, «hay
mucho podrido en Dinamarca".
La t1agedia de Belgrado no tiene !.'iquiera el
mérito de arrancar de un hondo ,mfrimiento;
no es dolor trocado en ira: es sencillamente el
acto de ccregrei;,i6n" de un coro ele cortel:lanos
de 6pt-ra bufa. Ji:n este ambiente cargado de vapor de sangre humana, se antoja oír un airecillo de cancán, silbado por el histri6n l\Iilano,
el tirano offembachnei:;co del reino de Servia.
Sobre los cuerpo:-1 hechos pedazos se prenden
la¡, antorchas de una ciudad iluminada «a
giorno» y se organiza la fiesta en el sal6n que
ha dejado varío un catafalco. Frente á la indignaci6n de los pueblos civilizados, los autores del atentado s6lo tienen una frase, soltada rudamente al trepanar el cráneo del princi pilio de voluntad enferma: «¡Era un imbécil!&gt;, Y la orquesta preludia una cuadrilla.
Raspando al ruso, se descubre al cosaco;
raspando al servio, se descubre al eslavo subyugado por el turco; del ruso, tiene la ferocidad; del turco, la abyección. Corre mucha sangre de genízaro por esas venas. Por muchos
siglos esa sangre ha circulado lentamente, sin
que bastara la ignominia á ha:::erla correr con
mayor fuerza. Un día, el perro sumiso recobra sus dientes de fiera y entonces mata, no importa t. quién : los mismo á Miguel Obrenovitch, el soberano sin tacha, que á Alejandro,
el vacilante vástago de un «rastacuere» degenerado. El ruso injerto en este grupo de sometidos, ha hecho su aparici6n y se complace
en empapar sus manos en la entrañas de sus
victima.e. Un resplandor color de sangre ilumina e:;te cuadro de «bra vi» estremecidos por
el miedo.
Si fuéramos á buscar la ley de herencia, más
bien que en la desventurada Reina Natalia,
debiéramos tratar de descubrir los estigmas de
Alejandro en la truanesca figura de Milano, el
viejo déspota de Servia. Milano es el vicio hecho hombre. Todo lo que la degenerescencia
de una raza puede amontonar sobre un hombre, él lo ha recogido y sumado: es Luis XIV
y Lorenzo XVII, pertenece á la realidad como
á la opereta; no es un ser humano, es su ca:icatura; no es un tirano, es su mueca. Dícese
que Alfonso Daudet lo escogi6 como protagonista de sus «Reyes en el destierro»: todavía
me resulta más noble, más elevado, más digno este personajP que el «boulevardier" ele última fila, concurrente de los bastidores de un
teatrillo de barrio, abogado en el alcohol, héroe de suripantas y concienzudo «escroqueur»
de los garitos malafamados.
Servia, empero, soport6 con imperturbable
paciencia las brechas que este aventurero coronado abri6 al tesoro público. Cada vez que
el viejo verde se veía desplumado, corría á
Servia y se bacía pagar sus traro pas. ¡Y sus
compatriotas lo recibían con los brazos abiertos; tomaban parte en °us farsas, le dejaban
nombrarse generalísimo, jeft de policfa, inquisidor (dice el conde de Saint André, en una
biografía del personaje que apareci6 hace tres
6 cuatro años en las columnas de la ccRevue
des Revues"), le demostraban un afecto tierno
de hijos débiles por un padre pr6digo!
Había hecho mucho más que Alejandro para merecer la muerte. Pero el ruso dormía en
su cojín oriental. El puebL que gui6 Esteban
el Fuerte á la conquista, yacía en un sopor de
harem, se dejaba expoliar por el turco con go-

rrilla de pilluelo parisién. -Ef:ltre tan to, había
una reina, uña mujer, una esposa, una madre, que sufría, que sufre aún, la_ indeci~le
tortura del abandono y de la ingratitud: JSatalia. Unida muy joven al Obreno,·itch, Natalia Kechko, hija ele! un funcionario ruso,
acaso más bien por ambici6n que por amot,
la madre de Alejandro, alcanz6 en Francia lo
que su esposo no pudo encontrar en el destierro: la estimacion y el respeto. Hoy al dolor
de esta mujer, se unirán las lágrimas de muchas madres. Sobre los incendio!-! de pasi6n de
la corte servia caerán estas gotas de rocío.
Un día aquella abandonada experiment6 el
más rudo' dolor que acaso la haya angustiado
en país extraño: el viejo Milano la arrancó de
los brazos á su hijo. El tiranoide deseaba jugar al trono con el pequeño; era una presa que
poder explotar concienzudamente. El, capai
de apostar un reino á un «seco» de la ruleta,
apost6 á un albur la candidatura de su hijo.
¡Y ganó aquella vez! Ganó la intrus16n á las
arcas del tesoro servio, de donde salían á borbotones los luises que el valetudinario dPjaba
ir en sus orgías de bellezas pintarrajeadas!
Así se fué incubando el drama, que la dPbilidad de Alejandro no tuvo la entereza de
atajar. De la alcoba de esta borrosa silueta de
soberano inconsistente, ~alió vapor de perfume, que se troc6 después en ola de odio. El
genízaro vigilaba á la puerta, y un día la tea
que le sirvi6 para iluminar la orgía, se convirti6 en rayo que fulmina.
Belgrado se ilumina cea giorno» y la orquesta preludia una cuadrilla. Pero hay mucho
color de sangre en el telón que sirve de fondo
á esta escena.

ÚLTIMA NOX.
I
Es la noche. En el vaso de Sevres
que se yergue en la artística mesa,
derramando un ma1,ojo de rosas
-rojas urnas de mística esencia, los capullos levantan altivo8
SUR nacientes corolas de seda
y parecen mirar con delicia
los lujosos tapices de Persia,
el dorado artes6n de los techos,
los tibore8, los biombos que ostentan
-pesadillas de oro-las grullas
que en un campo de arroz aletean,
el blanquísimo lecho copiado
en la luna gentil de Venecia
y los muebles estilo Luis XV
que decoran la estancia opulenta.

II
Como un 6palo verde, la llama
de la azul veladora está inquieta:
ya, pupila curiosa, se abre;
ya, pupila cansada, se cierra.
En el lecho, la virgen, la pálida
febrilmente se agita, se queja
y sus dedos pulidos se crispan,
de la muerte en el ansia postrera,
estrujando nerviosos las sábanas
y el satín de sus carnes de cera.
III
En la alfombra, la copa en pedazos
ha caído. vertiendo la espesa,
venenosa mixtura que ha poco
apuró en su dolor la doncella.
Todo duerme. Tan s6lo se escucha
crepitar á intervalos la anémica
veladora de tintes violáceos,
que incansable, tenaz parpadea.
En el vaso de Sevres se agostan,
agonizan las rosas enfermas,
exhalando su tenue perfume:

Domingo 21 de Junio de 1903.

¡pobres flores! •.. es su alma que vuela
Cae un pétalo al fin. como gota
·
de ígnea sangre, en la arústica me~a
, otro m:íR, y otro y otro ...' '
y d espues
¡Es la muerte callada que Ilegal
IV
¡Y los pétalos i:iguen cavendo
y la luz de la lámpara acecha1 '
y al morir, en espai-mo angus tioso
con deleite y fruición se apacienta'
-dilatada pupila de sátiroen la carne lilial de la rn uertal
ANA

M. VALVERDE.

tas f f~stas dd forpus.
El Corpus-todo el mundo lo sabe-ha
perdido en México, y quizá en toda~ pa.rte11,
los factoreR más pompoi:;os de RU esplendor de
antafio. El brillante sol de la calle ya no se
refleja sobre los bordados de las casullas ni
snhre los ricos dorados de la custodia. La proce~ión tradicional se verifica bajo los domhos
majestuosos de la. Catedral y el repique de las
campanas tiene un prudente límite de duración. Cambian los tiempos y con los tiempos
cambian las ceremonias.
Quien lee las cr6nicas antiguas, quien en
las sabro~as de!lcripciones de Facundo se entera de las fiestns de Corpus de antaño, tal vez
sif'nta no haberlas presenciado; si el lector es
viejo y ccalcanzó" algo de aquellas fiestas, bien
puede ser el más acérrimo enemigo de las cosas de iglesia y, sin embargo, experimentará
cierta rara tristeza, suspirará contrito y 08
declarará que, «á pesar de todo,» aquellos
Corpu'3 eran de lo más vistoso, de lo que ya
no hay, de lo que se ha ido para no volver
jamás y de lo que no se olvida nunca cuando se ha visto alguna vez. Esto me han asegurado muchas personas que se permiten el
lujo de haber tenido uso de razón en tiem•
pos de Su Alteza Serenísima y que, por ende,
ya lo van perdiendo en las fechas que alcanzamos. Digo esto porque estoy íntimamente
convencido de que nuestras fiestas actualescomo los desfiles florales, etc.,-son evidentemente más artísticas que aquéllas; pero es
prurito de los viejos amar las fiestas de su ju. ventud, porque es prurito de los hombres acariciar voluptuosamente los recuerdos juveniles.
El Corpus de antaño, sobre el fondo de ~u
significación religiosa, tenía caracteres de fies•
ta profana y oficial. La reli¡?i6n se salía del
templo é invadía lo? dominios del mundo y
del Gobierno. Junto á las espirales de incienso, ascendían los humo:! de la pólvora mili ta r;
los místicos recamos litúrgicos de las casullas
y de las capas pluviales se confundían con el
brillo de las charreteras y de los entorchados;
la multitud adoraba, en una curiosa amalga·
ma, á Dios y al Poder. Y el pueblo se desbordaba jubiloso, r.on las pupilas abitas de orope•
les, sin darse cuent.a á punto fijo, si el sentimiento de alegría que lo dominaba era religioso 6 profano, místico 6 sensual. Graves autores
afirman que predominaba lo último.
El Corpus de antafio suponía todo linaje de
pteparativos: preparativos públicos y preparativos privados. Al propio tiempo que las
autoridades municipales soltaban las correas
de la escarcela urbana para que se adquiriese
la lona que habría de defender el largo trayecto de la procesi6n de los rayos solares, las
pequeñas autoridades domésticas, p¡1dres .Y
maridos, soltaban las onzas de á diez y seu1
para surtir de nueva indumentaria á la prole,
ávida de lucirse decorosamente en tamafia festi vi dad. Tenclida la lona y confeccionado el
indumento privado, llegaba el gran día Y. con
él la procesi6n magna: los poderes púbhc?s,
las comunidade~, los gremios y las corporac10·
nei', las escuelas y-lo mús vistoso-las Jro·
pas recorrían la ciudad precediendo y siguiendo al símbolo del Santo Cuerpo, que, encerra¡
do en rica custodia, conducía devotamente e
arzobispo, entre fanfarrias militares, cantos

El Sr. Arzobispo Alarcón y los Canónigos de Catedral, revestidos para Jaceremonia del Corpus.

litúre:icos, estallar de cohetes, batir de parches
y :clamoreos de campanas, mientras que el público bañaba con pétalos de flores á la magna
y ,brillante sierpe, que era emblema de todo
cuanto por aquel entonces significaba autoridad y fuerza.
Hoy que la práctica religiosa. no sale del
templo y que la línea de demarcaci6n entre la
Iglesia y el Estado ha dejado &lt;le ser metafísica, el Corpus ha perdido su pompa callejera,
y los factores de la procesión se han amengua-

do, suprimiéndose muchos y muy principales.
"'•
Esto no obstantP, las ceremonias con que
el clero metropolitano celebra las fiestas en el
interior de la Catedral, son suntuosas y atraen
innumerables, aunque más 6 menos devotos
espectadores.
Es el Corpus todavía una de las solemnidades que en México dan mejor idea de la esplendidez del rito cat61ico. El Metropolitano,
rodeado de las altas dignidades del clero y de

~umerosos sacerdotes, ataviados con lujosos y
neos ornamentos; los altares cuajados de cirios; las voces sonoras del órgano entonando
las melodías rituales; el pueblo, perteneciente
á todas las clases sociales, inclinándose devoto ante la custodia, forman un conjunto imponente que encuadra de modo majestuo8o en la
hermosa Catedral mexicana.
El Corpus en México tiene una nota curiosa: !orman parte de la procesi6n chicuelos
vestidos de Arcángeles 6 de tipos legendarios
de la c,róni~a religiosa. ~l indio Juan Diego,
aquel a quien se apareciera la patrona nacional, es el más favorecido por la elecci6n maternal de los devotos que hacen figurar á sus hijos en la procesi6n. Pero esta costumbre va
perdiéndose y á fe que esto no es de lamentarse mucho, pues como la estética no siempre
preside en los chicuelos disfrazados, á las veces resultan ellos una nota grotesca en el brillante cortejo que recorre todos los ámbitos de
la Basílica.
En_tretanto, en el atrio, las «tarascas,» las
«mu~itaSJ&gt; y la fruta deleitan al pueblo. En
l\Iéx1co y en España toda fiesta religiosa trae
con!.'igo una verbena diurna con mercancías
~spec~ales. Esto es ~ípico y pudiera prestarse
a curiosas observaciones hist6rico-psicol6gicas.
SARDÍN.

CANCION REMOTA.
Bajo la luminosa pedrería
del impasible cielo de verano,
con la nostalgia de un amor lejano
sentí el anhelo de la muerte fría.
Ella dijo su leve melodía.
en mi desierto corazón arc&amp;.oo
y la tenue caricia de su mano'
me embriagó de dolor y poesía.
Fué en una r;.ocbe cálida de junio,
-al fulgor de un dorado plenilunioque escuché la canción de la Sirena.

CORPUS.-La crug1a de Catedral.

Ni amé su ritmo, ni turbó mi calma·
pero en las horas tristes, en mi alma '
au melodía fúnebre resuena..
FROILÁN TURCIOS.

�bomi:lg? H de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

€/ flsesinafo oe los 1(eyes de Servia.
Honda sensaci6n han causado en Europa los
acontecimientos ocurridos la noche dt:l 10 del
corriente en la capital del reino de Servia, y
de los cuales tienen ya noticia nuestros lectores por la abundante información q~e acerca
del suceso han publicado «El Imparcial)) y «El
Mundo.,, Nos referimos al asesinato de los reyts de Servia.
El cable, que ha transmitido á todos los

sona. Nauruovitch se adelantó en seguida y
le dijo, presentándole un papel: ,,Queremos
que Vuestra Majestad firme este documento
en que está contenida la promesa de que Vuestra Majestad romperá con «esa mujer))-la reina consorte;- con «esa mujer,: de mala re_:)U·
tación que ha traído la desgracia á vuestra casa
y á la nación. En caso contrario, Vuestra Majestad tiene que abdicar.)) Ante exigencias tan
repentinas y amenazas tan terribles,
el soberano llegó al
colmo de la excitación y disparó un
tiro sobre el grupo
de amotinados.
Atraída por el disparo, la reina Draga apareció en la
puerta que comunicaba su alcoba con
la de su esposo. El
Rey quiso entonces
tranquilizarla, rogándole que volviera á su cámara; pero

Berlín de 1871, es uno de los pequeños países
de los Balkanes; se halla al Norte de Turquía
y cuenta, aproximadamente, con 2.500,000
habitantes. Alejandro nació en 1876, fué coronado en 1889, y pertenece á la casa de los
Obrenovitch. Cuando quiso ca~arse con Draga- viuda de un ingeniero que prestó sus servicios en los Balkanes,-la agitación del reino
fué muy grande y el mismo Gabinete se opuso con toda energía al matrimonio. Realizado
éste, á pesar de la oposición del pueb:o, de los
parientes del Rey, y aun de los ministros, la
antipatía hacia Draga fué creciendo cada vez
más hasta convertirse en odio, y las desavenencias surgidas entre el monarca y sus vasalios, Re hicieron mucho más palpables y sensibles desde entonces.

***

Sea ele esto lo que fuere, el crimen de qu11
hablamos resulta monstruoso, no sólo por la
alta investidura de las víctimas, sino por el
lujo de crueldad con que sus autores lo llevaron á cabo. En esta plana verán nuestros lectores el retrato del joven Rey asesinado, y el
de la soberana, esposa suya, que result6 muer-

EL MUNDO ILUSTRADO

ta fomlsl6n fomerdal mexicana en f entro
VSudamérica.
Han regresado ya á México loR miembros
&lt;le la Comisión nombrada por el Gobierno de
la Unión para promovPr en Centro y Sudamérica el ensanche de nuestras relaciones comerciales.
La Comisión Re muPst.ra en extremo f'atisfecha de la hri l lante :icogida de que fué objeto
en las diRtintaR ciudades que visitó, y abriga
la. esperanza de que sus gestionf's, encaminadas á bui:;car, principalmente, merC'ndos para
los distintos productos de la industria mexicana que pueden colocarse en aquellos paÍRefl,

Sr. León Signoret

disposiciones muy poco comunes para llegar
á ¡:¡er una artista de verdad, su carrera, sin
duda será una de las más brillantes.
En' estf' número publicamos el retrato de la
señorita Escobar.

LA LIMOSNA.

l::ir. Adolfo Christheb.

'

caminaban frotándose las manos mal cubiertas pasaban los ricos cupés, donde los niños
mdstraban tras los cristalPs del ventanillo su
aguinalclo de Navidad: al feo Pierrot, que reía;
y rápidos, llenando el aire ,con la l~ca fanfarria de SU!'l cascabeleF, corrian los tnneoR, dejando tras sí el eco de festivas canciones y de
risas sonoraR.
Cuánta alegría bajo el cielo plomizo y triste de aquella tarde de diciembre!
Y mientras todos pasaban é iban lejos como
en bulliciosa fieRta, allá en el lejano bulevar
-donde el vendedor de flores rumoreaba su
cansada melopea, - y en una esquina, un pobre cieguecillo, tiritando de frío bajo un roído
~ohretodo, tocaba el violín, implorando así el

,.

•

.

La señorita María Luisa Escobar, aventajada alumna del Conservatorio, ha sido de las
agraciadas con esa concesión, y bajo el amparo
del Gobierno, completa en la actualidad sus
estudios. Dotada ele una hennorn voz y con

Domingo 21 de Junio de 1903.

pueblos civifüados del orbe los detalles de la
brutal agresi6n y de sus terribles consecuencias, dice que los asesinos, encabezados por
los coroneles Naumovitch y Machín, se dirigieron en las primeras horas &lt;le la noche al
Palacio &lt;le Servia, en Belgrado_. mientras en
distintos puntos de la ciudad se apostaban las
tropas suficientes para impedir todo auxilio
que pudiera prestarse á los Foberanos; y que
una vez en el interior del edificio, los amotinados aprehendieron á algunos sirvientes, matando á otros á bayonetazos. Un joven, hermano de la Reina Draga, se presentó frente á
la turba en paños menores, y fué muerto también, en tanto que uno de los ayudantes del
rey Alejandro preguntaba á gritos: ¿Quién se
atreve á entrar aquí? ¿Qué significa esto?,, La
soldadesca le exigió entonces que se rindiera, y como no lograra intimidarlo, lo asesinó
en medio del desorden más espantoso.
El Coronel Naumovitch-agrega un despacho-abrió la puerta que daba á las habitaciones del Rey, valiéndose de una bomba, y dos
de los conjurados, uno de ellos enemigo acérrimo del monarca, penetraron á la pieza en
que éste se encontraba, y echaron mano á sus
rev6lvers. El Rey, que se había ya recogido,
les salió al encuentro, en traje de noche, y empuñando una pistola, pidió explicaciones sobre
aquel acto de manifiesta hostilidad á su per-

como la presencia
de ella en aquel sitio, recrudeciera
el odio que hacia
su persona sentían
los conjurados, éstos acabaron por
asesinar á los dos
soberano!". Algunos miembros de
la familia real y
dos de los ministros
del Trono fueron
muertos, asimismo, por los revolucionarios.
Esta es, en extracto, la narración que acerca del suceso ha transmitido el
cable. En cuanto á la C!Lusa que produjo el tumulto, la versión más generalizada indica que,
amén de otros• motivos que los sublevados
alegan para justificar su conducta, el que más
influyó en su ánimo, fué la tendencia del Rey
Alejandro á eliminar el elemento radical del
Gobierno y á poner en manos de un hermano
de la Reina Draga los intereses de la monarquía.
El reino de Servia, constituído, como el de
Rumania y Bulgaria, en virtud del tratado de

Había nevado mucho. En los árboles de los
bulevare,:, cubiertos de copos de nieve, parecía que hubiese brotado una tupida florescencia de blancos azahareFI. Las estatuas lucían
albas pelucas de escarcha. Y un viento mny
frío, muy cruel, levantaba el polvo helado de
las calles, azotando los rostros de aqnellmi que
trajinaban presurosos é iban dejando la huella de sus claveteados zapatos sob:·e las aceras
blanqueadas.
En medio del tumultuoso desfile de los
obreros y el barullo de las grisetas pobres que

redunde en beneficio de la clase
obrera y del come1cio en general.
Los señores Adolfo Chr~stlieb,
León Signoret y José Manuel Muñoz, que formaba~ la Comisión
mencionada, y que iban, además,
investidos con el carácter de Delegados de la Cámara de Comercio tuvieron oportunidad de pone;se en comunicación, durante
su viaje, con los comerciantes é industriales más prominentes de la
América latina, recogiendo de esta manera multitud de elatos é informes indispensables al objeto
que se propuso el Gobierno.
En Buenos Aires, la Comisión
visitó la Exposición ele productos
nacionales, tomando nota de las
condiciones en que se desarrolla la industria en la Argentina y
del monto de la producción. El señor Ministro de México en aquel
país, ofreció después á los señores
Chrístlieb, Signoret y Muñoz
un
,
banquete que se efectuo en uno
de los mejores hoteles.
ta á manos de uno de los que encabezaron la
conjuración.
El sucesor de Alejandro en el trono _de Ser•
via, es el Príncipe Pedro Karageorgev1tch.

pan de la noche. De aquella caja
descolorida y casi negra por el
uso, brotaba como un lamento la
melancólica romanza del Tannhauser: «La Estrella de la Tarde;))
con sus armonías sollozantes y
nostálgicas llenó de lágrimas á
otro mendigo, ciego también, que
en el opuesto extremo de la esquina temblaba de hambre y frío.
Aquel violín, pulsado bajo el
poder de la miseri?- y el _sufrimiento, gemía sentidas y tiernas
cadencias; á veces sus uotas sonaban como gritos escapados de
un alma herida, y luego languidecían, susurrantes, tenuPs, con
la dulce suavidad de un suspiro.
Entre tanto, su bella música sólo
era oída por el otro pordiosero,
que con el rostro bañado en lágrimas, permanecía como en un éxtasis, oyendo y oyendo aquelia
plegaria que venía de otra aln1a
desgraciada como la suya. De
pronto, y como si hubiese concebido una idea, echó adelante su
bastón, tanteó lo nieve, y paso
tras paso y resbalón tras resbalón,
se fué dirigiendo hacia el punto
de donde emergía la música.
Cuando llegó frente al violinista,
hundió su mano en el bolsillo del
pantalón, sacó de su profundidad
un centavo y con voz temblona y
llena de dulzura, dijo:

ALUMNA DEL CONSERVATORIO
PENSIONADA.

Con el propósito de estimular
á la juventud estudiosa, el Gobierno ha sf'guido la costumbre
de conceder una pensión á los
alumnos del Conservatorio Nacional de Música y de otros establecimientos de enseñanza, que
más se distingan por su aplicación y buenas facultades para el
ramo que cultiven,

Sr. José Manuel Muñoz.

-Tomad amigo, que tocáis
muy bien.

Srita,. Marra Luisa Escobar.

Y ambos ciegos cruzaron las
manos en distintas direcciones.
El caritativo pobre dejó caer el
centavo, qlle fué á perderse en la

�Domingo 21 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

nieve, y contento, paladeando la delicia de E'U
buena obra, volvi6 las espaldas y se fué, en
tanto que el mendigo del violín, cansado de
mantener su brazo tendido en es:r,era de la limosna, creyéndose víctima de un engaño
frunci6 el ceño, y pasándose la mano por lo;
ojos, se limpi6 una lágrima.

lina;i, y señorita Elena Moreno, que r!)present6 á la Prensa, llevando sobre un traje lila de
irreprochable hechura los nombres de los periódicos principales. Las señoras de Hnro, de
Méndez, de Lavíe,y las señoritas Schmidtlein,
Winter y Lizardi, lucían también primorosos
trajes.
El sal6n de baile, el patio y los comedores
estaban decorados con verdadera elegancia.
En las primeras horas de la mañana terminó la fiesta, quedando los concurrentes muy
satisfechos de la exquisita galantería con que
fueron atendidos por los señores Acho.

RAFAEL ANGEL TROYO.

nota dt Sodtdad.
Muy grata impresi6n ha causado entre la
juventud elegante el baile que el señor don
Guillermo Acho y su estimable esposa, la señora Micaela M. de Acho, dieron la noche del
ocho del corriente en su lujosa residencia de
la calle de Rosales.
Las damas y caballeros concurrentes á la
simpática fiesta se presentaron, en su mayor
parte, vistiendo caprichosos trajes de fantasía
que representaban anuncios comerciales. Entre las damas que más se distinguieron por su
originalidad y buen gusto en la manera de
vestir, figuran la señora de Acho, que significaba la Ciudad de París, la señora de Rivas Mercado, que vestía de China, la señora
de Castellanos, la señora de Galván, que llevaba airoso traje de sevillana, las señoritas
María Ramírez y Angela Honorat y la niña
Alicia Rivas Mercado. La señorita Hono.rat
vestía de ccimperial,» y la señorita Ramírez de
«Antigüedades».
Dignas son también d&amp; mencionarse por su
brillante concurso en la aristocrática reunión,
las estimables damas: señorita Concepción
Pacheco, «japonesa;,, señorita Margarita Contri, «anuncio de 6peras;,, Reñora de Dublán
«imperial;» señorita Angela Haro, ,&lt;primave~
ra;» señ.ora de Scherer, ccanuncio de fotografía;» seño~ita Carolina, Mac Manus y señora de
Martín, «Japonesas;» señora de Scherder, «Pie-

ta tumba dtl Soldado.

rrot;,, señora de Caso, ,canuiww ue cigar1u","
señora de Arzamendi, «china;» señorita Nelly
Nichols, «primavera;» señorita Machien Nichols, cmoche;» señorita Clotilde Herrán, «Fe-

El vencedor ejército la cumbre
Salv6 de la montafia,
Y en el ya solitario campamento
Que de vívida luz la tarde baña,
Del negro terranova,
Compañero jovial del regimiento,
Resuenan los aullidos,
Por los ecos del valle repetidos.
Llora sobre la tumba del soldado,
Y bajo aquella cruz de tosco leño
Lame el césped aún ensangrentado
Y aguarda el fin de tan profundo sueño.
Meses después, los ouitres de la sierra
Rondaban todavía
El valle, campo de batalla un día.
Las cruces de la tumba ya por tierra.. .
Ni un recuerdo, ni un nombre .. .
¡Oh! no: sobre la tumba del soldado,
Del negro terranova
Cesaron los aullidos,
Mas del noble animal alH han quedado
Los huesos sobre el césped esparcidos.
JORGE !SAACS,

Domingo 21 de Junio de 1903.

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Pilril Toros del Jilrill ••••

ban de tres: la santera de la ermita del Niño
Cautivo, una vieja chiflada, y dos vecinos revoltosos y díscolos, de oficio ...... barberos.
¿Por qué se expresaban en esos términos? Los barberos por
chismes del oficio; la
beata porque....... era
beata.
Cierto es que don Malaquías hablaba siempre mal de los sacerdotes que llegaban á
apacentar las piadosas greyes de Villapaz.

Domingo 21 de Junio de 1903.

(Cuento Viajero.)

•

¡Gulírdeme el cielo de pensar y decir que
don Malaquías López, como le llamaban algunos, ó «ñon&gt; l\Ialaquías, como le nombraban casi todos, era librepensador, espíritu
fuerte, ó algo así! ¡Nunca! ¡Hay tantos que
lo parecen y que no lo son!
Además, ¿quién me ordena juzgará las perrnnas? Yo tengo mi propia, particular sicología, la cual me sirve para explicarme muchas
cosas, para darme cuenta de otras, y, por ende, para conceder á cada individuo justa y
merecida estimación.
Don l\falaquías era lo que Dios le había
hecho, y si hablaba como hablaba de los párrocos de Villapaz, se debe á que es parlachín
y suelto de locuela; á que le placía lucirse delante del alcalde, y le gustaba halagar el vibrante jacobinismo de J uanito Bolaños, el
normalista, director de la Escuela «Melchor
Ocampo," y contentar al boticario, que era
magnetizador y espiritista, y más dado á las
cuarenta que á los capítulos y fórmulas de la
farmacopea.
¡Qué babia de hacer don Malaquías! El
hombre tenía «fufú." y por ello le llamaba talentoso el desbravador de chicos; se carteaba
con altos personajes, se leía de cabo á rabo
los periódicos, y tratábase, á las veces, con diputados arbitristas y con señorones metidos
en el revuelto belén de la política. Itero más:
allá en sus floridas mocedades soltó el pelo de
la d~hesa y aprendió su cacho de latín en el
Seminario Palafoxiano.
Más de un siglo-si las tradiciones no mienten,-imper6 en el pueblo la dinastía de los
López, en cuyas manos habilísimas se mantuvieron siempre las navajas y el cetro de todo poder en Villapaz. Con Malaquías iba á
extinguirse tan ilustre familia; sí, pero se extinguiría gloriosamente, por manera digna de
tan ilustre abolorio y de un pasado tan brillante.
Don Malaquías no era ambicioso ni avariento de riquezas, honores y cargos. En jamás de los jamases quiso ser alcalde, regidor,
tesorero, secretario, juez, ó mayordomo de
cofradías. ¿Para qué? El con sus navajas y
sus tijeras se la pasaba «capulina.,&gt;

nadie decía oxte ni moxt~. El barbero ponía
-¡Bueno estoy-solía decir-para bregar
y deponía alcaldes, regidores y secretarios·
con mis paisanos! ¡Buen geniecito el mío patraía y echaba maestros; residenciaba tesore:
ra que ustedes, ilustres moradores de Villaros; armaba y desbarataba negocios ajenos·
paz, sufrieran mi «gemalidad!" Si algún día
decidía en los asuntos edilicios, y todo si~
( que no llegará nunca) mandara yo aquí, iría
aparecer en escena, desde el telar ó entre basde otro modo la procesión, y todo lo veríamos
tidores, con la purita verba, con vivísima
de otra manera. Sí, señores: metería yo en
charla, mientras el cliente aguardaba el turcintura á todo bicho viviente, me fajaría bien
no, mientras los parroquianos-que lo eran
las bragas, que no las gasto sueltas. y de arricuantos barbados y empelados alentaban en
ba abajo, todos entrarían por el aro, quieras
Villapaz-yacían inermes entre aquellas maque no: desde el cura hasta el campanero;
nos habilísimas, y en aquel sillón forrado de
desde el síndico y el juez hasta Melchor, el
bayeta roja, potro monumental y perdurable,
alguacil, cuyos gatuperios me tengo bien saque, llegado al pueblo en dichoso día, signifibidos! Y ...... ¡vamos á ver! ¿quién estaría concó progres.:&gt; altísimo de la cultura villapaciega.
forme con mi gestión política, administrativa
-Señor don Malaquías...... -llegábase diy social? ¿Quién? ¡Clarinete! ¡Nadie! Así disciendo el normalista-Hace tres meses que no
curro, así pienso yo. Y así se lo «canté," punme da un centavo el Tesorero ...... Voy ... ... y
tual y textualmente, al Gobernador, cuando
me contesta que espere yo; que ya viene la
pasó con los ingenieros y con los ingeniosos,
cosecha del café ... ...... ¡ Y apenas estamos en
y cuando vino con los gringos esos que hicieagosto! ¡Triste suerte la mía! ¡Estudiar tanron el ferrocarril, y ahora quieren aprovechar
tos afios en la Normal, para ...... llegará este
para una fábrica el salto de Comaloapan. El
punto!
Gobernador me dijo: &lt;&lt;Conozco á ustedes muy
-Hablaré con el Alcalde--respondía probien; sé lo que usted vale; es usted un buen
tectoramente el señor don :Mala.quías.
liberal, amigo del adelanto y del progreso, y
Y pronto recibía Bolaños cinco ó seis duros,
puede usted ayudarnos ...... en bien del Muen abono de los sueldos vencidos, durillos que
nicipio y con provecho propio. El Gobierno
necesita de hombres como usted. Villapaz só- . le sacaban ele apuros y le sabían á gloria.
-Don l\falaquías ...... -suplicaba un vecilo de nombre es villa....... Usted puede....... ))
no, Bardales ó Pérez. -¿Sabe usted? ¡Qué in¡Clarinete! ¡Vaya si podía yo, y si puedo! Pejusticia, estando como están los negocios, con
ro dije: ¡Nones! ¡Cada cual en su casa, y Dios
el café tan bajo! l\Ie han subido el derecho de
en la de todos!
patente. Arrégleme usted eso.....
Los viejos de Villapaz, y con ellos cuantos
-Yo me apersonaré con el Síndico. ¡Yate
allí vivían, hasta los extranjeros, declaraban
bajarán la cuota! ¿Qué es eso de cargar lamaque don Malaquías era muy «leído y escribino á las gentes trabajadoras?-respondía el
do;» que era persona sapientísima, con mucha
barbero.
gramática parda, y capaz de cortar un pelo en
Se apersonaba Malaquías con los ediles, con
el aire; que todo entendía, y que metidito en
el Secretario y con el Tesorero, y el quejoso
casa y encerrado en el obrador, tusando peera oído. Rebajábanle la cuota y seguía pa·
lambres y raspando jetas, charlando en la bogando lo mismo que en años anteriores, por
tica ó de plática en el mostrador de Indalecio
más que fuese patente la prosperidad del merBardales ( un hijo de Colindres, con trazas de
cader, y por mucho que el normalista, á pefuturo banquero), era el primer ciudadano de
sar de su ateísmo, estuviese á punto de rezar
Villapaz.
á gritos el padrenuestro en medio de la plar.a,
Como la fronda no S-3 mueve sin la volunun dia de tianguis, y tentadísimo de m~ndar
tad de· Dios, así nada era posible en aquel
al diablo la metodología, dejar los estudios Y
pueblo sin la opinión y el voto de la conspimeterse á predicador, ó lo que es lo mismo, á
cua personalidad barberil. Sabíanlo todos, y

D )mingo 21 de Jt•nio de 1903

Y eso que S. S. I. les mandaba de lo mejorcito que Dios le daba: curas jóvenes y viejos, teólogos y lárragos, mejicanos y ~xtranjeros ¡ cleriguillos guapos como. San Lms Gonzaga, y españoles burdos y reCios que habían
sido curas castrenses ó capellanes de barco.
¡Ni por esas! A poco de llegado al pintoresco
pueblecillo, cátense ustedes capitulado al nuevo cura, por esto, por aquello, ó lo de más
allá, y ...... ¡venga cura nuevo!
..
A no ser por causas de grave re!'ponsab1hdad prelaticia, el Obispo habría dejado sin
párroco á los villapaciegos. Conviene saber
que si la nueva víctima tardaba en llegar más
de ocho días, allá van ocursos al Prelado, y
allá ihan comisiones y delegaciones del pueblo, presididas casi siempre por el mismísimo
don Malaquías.
-Padre Domínguez-dijo cierta vez S. S.
I. á un clérigo de aspecto tímido y bondadoso, muy vivos y brillantes los ojos, mirada
inteligente y finos modales,-he dispuesto que
vaya usted á Villapaz.

•

periodista, para decir al Gobierno cien mil
perrerías y clamar contra aquella política retrógrada y contra aquella administración, que
importaban un anacronismo en las postrimerías del siglo de las luces.
¡Qué excelente y servicial don Malaquías!
Pero ...... ¡cuidado! ¡cuidadito con no tenerle
satisfecho en aquello en que cifraba su vanidad! Dígalo el maeetrito aquel que no regenteó la Escuela arriba de dos meses y medio.
El pedante mozuelo, á poco de tratar á don
Malaquías, '.)On quien tuvo acaloradas discusiones, dejóse decir, cierta noche, ~n un corrillo que el barbero era ...... un «¡ignorante!"
¡M~yor blasfemia no fué proferida, que sepamos, por boca satánica! ¡Nunca hi~iera tal,
mozo tan desdichado! De nada le valieron títulos profesionales, saberes esotéricos y recomendaciones de gente de pro. Alguno de los
oyentes contó el caso, y la «palabrita» fué causa de infortunio para el presumido lenguaraz.
Al saberla don Malaquías, alzó los hombros
desdeñosamente y se engolfó de nuevo en la
lectura de un periódico favorito. Pero, días
después, en cabildo p~eno, dió cuen.ta el Secretario de un memonal muy «punt1comado,
muy lógico y muy enérgico," dirigido al H.
Ayuntamiento por padres y tutores de cuantos niños concurrían á la Escuela. Pedían que
el maestro fuese despedido por inepto, y que
se trajera un profesor competente, de «más
ciencia » de «mejor personalidad," de «mayor
repres:ntación,» y que no viniera á revolver
el pueblo y á difamar á los vecinos.
Entre las firmas de los ocurrentes estaban
las de todos los concejales, de modo que no
hubo discusión y el normalista hubo de ha' día despn és, cargo, con sus
cer la roa.eta un
libracos y sin lograr que le fuesen pagados
sus alca~c~s, tomó camino en busca de tierras
más propicias y cultas.
No faltaban en Villapaz quienes dijeran que
don Malaquías era impío, hereje, protestante
y masón. Los que tales cosas decían no pasa-

Decía de ellos poco; pero eso era suficiente
para que los malaventurados rectores, á poco
de su arribo, tuvieran que tomar el portante.
La parroquia de Villapaz tenía fama. de
pingüe, ¡vaya que sí! como que, según cálculos, podía producir largos tres mil pesos; el
clima era bueno; la casa cural regularcilla; la
región muy rica en aguas regadizas, y el suelo productor de piñas fragantes y de mangos
melifluos.
Todo á pedir de boca; pero los párrocos duraban allí lo que dura en el triste una alegría.
El Obispo, aunque discreto y machucho, no
sabía qué hacer, y la fama del pueblo corría
en proverbio entre la clerecía:
«¿Vas á Villa paz?
Puee ...... pronto volverás."

-Ilustrísimo Señor .... .. -murmuró el sacerdote, repitiendo «in mente» las rimas del
proverbio.
-Sí, irá usted. ¡Ya no sé qué hacer con
esa parroquia! ¡Mucho tino! ¡Mucha prudencia! Y sobre todo, y ante todo: ¡suma caridad!
No hace ni un mes que mandé al P. Gorostegui, y esas buenas gentes ya no le quieren, y
me piden .. .... ¡lo de siempre! otro cura.
-Como V. I. lo ordene-contestó resignado el humilde levita.
-¡Bien!-prosiguió S. S. jugando con su
cruz pectoral -En Venta-Blanca se encontraré usted con el P. Gorostegui. Allí se verán
ustedes, probablemente almorzarán juntos y
él dará informes de aquello. El sitio es muy
pintoresco ...... ¡Ea! ¡A trabajar! ¡Que no fal-

�Domingo 21 de Junio de 1903.

te misa el domingo! ¡Que Dios Nuestro Señor
le acompañe, P. Domínguez!
Entre once y doce de la mañana, se encontraron en Venta-Blanca los clérigos. Almorzaron juntos en el portal6n de la venta.
-¿Qué tal fué en Villapaz?-pregunt6 dulcemente el P. Domínguez.
-¡Pésimamente!-prorrumpi6 el español.
-¡Pardiobre! ¿Sabéis que he sido capellán de
tropa? ¿Sí? Pues ni esa gentualla me di6 más
guerra! ¡Y, gu:i.rda Pablo, que eso sí que es
canela, y de la fina! Aquello no puede ser
peor. ..... en cuanto al modo de ser, vamos!
Y cuenta que las gentes son piadosas, dulces,
amables. Cuanto á costumbres...... ¡Pecadores! ¡Pecadores! ¡Hijos de Adán y Eva! ¿La
feligresía? Corta y con buenos caminos. ¿El
curato? Productivo. ¿La casa? Buena. Pero,
ya sabéis:
En Villapaz, si vas,
no durarás.

•

-Pues, entonces, compañero, dígame: ¡por
qué no permanecen los curas en ese pueblo'?
--¡Bah!-exclam6 estupendamente Gorostegui-¡Bah! ¡Tonterías!
-¿Cuáles son ellas?
-A ello voy.
-Oigamos ...... oigamos.
-Allí nadie va al templo, como no sean
tres 6 cuatro vejezuelas, la santera, que casi lo
es, el sacristán, el organista, el cantor y los
monagos.
-¿Pues no me decía usted, hace poco, que
los de Villa paz son piadosos?

EL MUNDO ILUSTRADO

-Como piadosos ..... . lo son!
-Pues entonces no me explico.
-Oídme.
-Atento estoy.
Acomod6se en el banco el P. Domínguez,
repantig6se en su tosco sillón el P. Gorostegui, y habl6 así:
-Son creyentes y piadosos. Ni la enseñanza laica ni los periódicos han sido parte á debilitar allí la piedad y la fe. ¡Si á las veces
me ha parecido aquello, salva la naturaleza
tropical, como remedo 6 trasunto de algún
pueblo encartado!
-Pues no acierto á comprender.
-Habéis de saber que hay allí un raspabarbas llamado Malaquías, tenido en opini6n
de sabio. ¡Bllfm pez! Acúsanle de impío, hereje y carbon&amp;rio; mas tengo para mí que le
calumnian la santera y los dos barberos enemigos del Malaquías. ¡Buena pareja!
El barbero paréceme hombre de bien, y de
los muy listos. No ea rana, y maneja á todo
el pueblo como .Maese Pedro sus títeres. Quise conquistármele, pero ya era tarde! Cuentan
que algo sabe; que hizo estudios de gramática en no sé qué seminario, y se tiene por fuerte en varias disciplinas. Pienso y creo que el
barbero ese es el menos borrico de todo el pueblo. ¿Os dije que intenté atraérmele? ¡Bien!
Pues era tarde. Es ~l caso que ......... llegáis,
mandáis al campanero que anuncie serm6u,
llaman á tal, la iglesia se llena, viene todo el
mundo ...... Malaquías «in cápite.&gt;, ¡Pardiobre! ¡Ni con la elocuencia de cien Crisóstomos,
mil Ambrosios y cien mil Agustinos, 1-'aca-

•
ríais fruto! Subís al púlpito, ponéis el texto
decís: «capítulo cuarto, versículo sexto» (lo~
que !ueren), y tenéis . delante al Malaquías,
pendiente de vos y haciendo señas de que no
aprueba lo que habéis dicho. Luego despuéfl
á la salida, allá se va de corro en corro, d¿
casa en casa, de taberna en taberna diciendo
y repitiendo que el cura es un ignor~nte; que,
como á todos consta, no sabe más que hH1&lt;ta

•

EL MUNDO ILUSTRADO

r?:1 bcSW 1__ -

Domingo 21 de Junio de 1903.

-«Hermanos míos: ¡Es infinita y portentosa la sabiduría de Dios Nuestro Señor ...... »

*
Hace más de diez años que el P. Domínguez es cura de Villapaz. Allí le tienes, lector
paciente, de enero á enero; allí vive querido,
respetado y muy contento de sus feligreses.
A menos que le hagan canónigo, que no le
harán, porque donde está es más útil, allí se
dormirá plácidamente en el Señor, y allí le
darán los villapaciegos cariñoso sepulcro.
Don Malaquías, ya muy viejo y lleno de
achaques, vive también allí, quiere mucho á
su párroco, le admira, le aplaude y le venera;
es jefe de los Claveros del Santísimo, preside
la Conferencia de San Vicente de Paul, se pasa la velada en la casa cural en amable tertulia, y sigue sosteniendo en sus manos trémulas y torpes, pero fuertes aún, el cetro del poder en el pueblo dichoso de Villapaz.

.-.

RAFAEL DELGAOO.

El Jllbum dt fiidalgo.
Publicamos hoy dos páginas del álbum de
Hidalgo á que hicimos referencia en nuestro
número anterior, y en las cuales se ven los autógrafos de los señores General Díaz y General don Mariano Escobedo.
El álbum, como dijimos, va á ser remitido
pr6ximamente al Museo Nacional, á fin de
que se conserve allí juntamente con los objetos que pertenecieron al Padre de la Independencia.

•
Novillada en Tlálpam.

~ .._/4...,_,.,.;;,---r

~~~_.=&gt;

P~

u::::::::::::::.r

12L..L,.,

ALBUM DE HIDALGO.-Aut6grafo del Sr. Gral. Diaz.

el «capítulo cuarto y hasta el versículo sexto.»
Le creen cuanto dice, y lo~ pobres rústicos y
las personas sencillas, que piensan que un cura debe ser un Santo Tomás de Aquino, no
vuelven al templo, como no sea para cristianar muñecos, para casarse 6 hacerse infelices,
que todo es uno, 6 á pedir responsos para sus
difuntos. Y no sé c6mo, porque allí no se
muere nadie! ¿A misa? El domingo, y eso....
uno, dos, tres ...... y paremos de contar! ¿Dijo el Malaquías que erais ignorante? No hay
remedio: nadie quiere oír la divina palabra.
Y en seguida: al Obispo: que mande otro párroco.
Termin6 el almuerzo, despidiéronse los clérigos, y caballeros en sendas mulae, seguido
cada cual de su espolique, echaron por caminos opuestos.
Sábado por la tarde, á tiempo que la campana mayor de Villapaz, una campana muy
sonora-orgullo y amor de los villapaciegos,
-convocaba al sermón, tres 6 cuatro vecinos
fueron á la barbería de L6pez.
-¡Conque tenemos nuevo cural
-Que será como todos ...... ¡El gran ignorante!
-¿Va usted á oírlo?
-¡Clarinete! Vamos, pues.
Don Málaquias tom6 el sombrero- un
fieltro pringoso,-arm6se de bast6n, cerr6 la
puerta del «establecimiento,&gt;, y en paso muy
gravedoso, charla que te charla por el camino,
se fué á la iglesia con la compaña.
Lleno estaba el templo. A no ser tanta y
tan grande la popularidad de Malaqufas, trabajos tuviera éste para ganar el sitio que había de ocupar con su persona en circunstancia
como aquélla.

ALBUM DE HIDALGO.-Aut6grafo del Sr. Gral. Escobedo.

Son6 la hora en el cascado reloj de la sacristía y el buen P. Domínguez, revestido con
roque~ lujoso, baja la mirada, el andar modesto las manos juntas sobre el pecho, apareci6 'en el presbiterio. Qr6 breve espacio, de
rodillas delante del altar, y lentamente, precedido de dos monacillos, dirigióse al púlpito.
Más de mil miradas estaban fijas en el párroco, el cual se santigu6, hizo al Sacramento
la reverencia debida, se cal6 el bonete, y volviéndose á la pilastra frontera, descubrió, 6
crey6 descubrir, por las señas que le habían
dado el sacristán y la santera, al famoso don
Malaquías, el susodicho pez.
. ,
Tras pausa prolongada, q~e. avivo en los
presentes el interés y la cur10sidad, en alta
voz, con acento clarísimo dijo el texto:
-«In verbo autem laxabo rete.»
Y tradujo:
-ccNo obstante, en tu nombre echaré la
red.»
Detúvose y agreg6:
-Palabras tomadas del Santo Evangelio de
San Lacas. «Capítulo: cinco millones, trescientos cuarenta v tres mil, setecientos noventa y nueve. Ve;sículo: cinco millones, doscientos treinta y tres mil, quinientos catorce. i,
Volviéronse todos á verá don Malaquías,
en cuyo rostro se manifestaba extraordinario
asombro.
¡Qué de interrogaciones en todas las pupilas! ¡Qué de frases admirativas en todos los
labios!
-¡Este síl-exclam6 el barbero, olvidándose del respeto debido á la casa de Dios, en

momentos en que el P. Domínguez daba comienzo á su sermón en estos términos:

Como un recuerdo de la novillada que se
efectu6 el 11 del corriente en Tlálpam, reproducimos una fotografía en que aparecen las
reinas que presidieron la fiesta y los aficionados que tomaron parte en la lidia. Forman el
grupo de ccsoberanas,» las hermosas Sritas. María Margáin, Enriqueta de la Garza, Luz Sagaceta, Mercedes D. Fernández, Refugio Zúñiga,
Ana Rovalo, Guadalupe Collantes y Paz Segovia, y el de aficionados, los jóvenes Fernando Zúñi~a, José Agüeros, Guillermo Landa y
Osio, Salvador Diego Fernández, Agustín
Agüeros, Julián Fernández, Enrique Buenrostro, Luis Zamora, Luis Agüeros, y doctor
de plaza, .José Arroyo.

NOVILLADA EN TLALPAM.-Grupo de reinas y aficionados.

•

��Domingo 21 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

..,

Guadalaja,ra,, á, 18 de mayo de 1903.
Sres. JORGE UNNA y CO.---San Luis Potosí.
Muy señores míos y amigos:
1eniendo que a,muebfar y decorar los principales departamentos de mi nueva, casa,, me_~irigí
á, ustedes encargándoles la, obra total, dejando todos los detalles á, su buena fe y honorabil1dad.

Domingo 21 de Junio de 1903.

·,

..~~.t·',.. ,,

Ahoz-a, que tengo todo en mi poder, no puedo menos que aanes mis plácemes por el excelente gasto y la, bue11:a, construcción quetemplearon ustedes en todas sus manufacturas, y me felicito po1·
la, buena, elección que hice de su casa, para, este objeto
Pueden ustedes conta,r siempre con mi recomendación y de preferirlos para lo que se me
ofrezca, en lo futuro.
De ustedes ufectísimo bJtento amigo y S. S.-]ost tutroo (firma,do.)

�CARTA A LAS DAMAS

"Señoras: el mayor realce de la belleza es un cutis fresco y limpio :
Cuando una dama conserva el cutis
suave, nl'.tido y lozano, cautiva siempre, y, sus encantos son imperdurables, sea cual fuere su edad.
Con el uso de la "AGUA TROPICAL" obtendréis una belleza imborrable y disminuiréis la edad, que es
todo lo que puede des~arse. Un par
de frascos bastan para convencerse de
esa verdad." Jeany W. Groshs.
De venta en la calle del Coliseo Nuevo, 5, y en la Drogueria de Uihlein.
Los pedidos á. A. E. Betancourt.

6 Leche Can.des
a 6 m.ezolada con agua, dls
ECAS. LEI\TEJAS. TEZ ASOLEA
~ARPULLIDOS, TEZ BARROSA
ARRUGAS PRECOCES
EFLORESCENCIAS
ECES.

Elixír
Estomacal

Cur a el 98 por ciento de los enfermos del E STOMAGO E INTESTINOS
ra dicalmente por crónicas y rebeldes
que sean sus dolencias, esto lo conftr.
man las eminencias médicas del mundo, y la fama adquirida por este ELI-

DE sA1z DE CARLOS ~ I!a T~i A~NTA EN DROGUERIAS

-----------------------·---

EL MUNDO ILUSTRADO
lNO X-TOMO 1-NUM. 26

Ml:XICO, JUNIO 21 Df 1903.

Dlr edor: LIC. RAl'AU Rfl'lS SPINDOLA

Cif'r P.ntP: LUl!I Rfl'f&amp; &amp;PINDOI 4

TOMEN VINO SAN GERMAN.
ASMA
OPRESION
CATARRO
CUliC ON pronta y aaegurada con lo

pnt,os anfiasmattcoaG ªM BfER
11
COQUELUCHE

7los CIGARROS

Ttal&amp;alnlt mlml 1111,m1, '" h1lrulm1 NI loa

POLVOS FUMIG!TORIOS GWIEI

PABIS - 208 bl.a, Fg S~D•Dla
.,,,_: , . UUDII, I•• J CP-1 • '· l lnml.

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la. Dlatero&amp; 12 y 14

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Enrique (i, Schafer.

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J.l

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es el alimento más grande y el más r ecomendado paralos nlñob
desde la edad de seis á siete meses, y particularmente en el momento del destete y duunte el período del crecimiento. Facilita mucho la dentición; asegura la buena formación
de los huesos; previene y neutraliza los defectns que suelen presentarse al crecer, é impide la diauea, que es tan fr P•
cuente en los ni!'ios. -PARIS, 6 AV.ENUE VICTORIA, Y EN TODAS LAS FARMACIAS.
ARTICULOS

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Compuesta de substancias tónicas y saludables, evita las arrugas, refresca el cutis y conserva la hermosura de la cara hasta la vejez, comunica un perfume delicioso, y con su uso diario, las sefi.oras tienen la seguridad
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Tanto en Europa como en América, la usan las damas más aristocráticas.
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Píldoras Digestivas y Antisépticas
DEL DR, B. HUCHARD, DE PARIS.
~ Doradas,

para los casos con diarrea.

-~

l

Plateadas, para los casos sin diarrea.~

Muy experimentadas en las enfermed ades del Aparato digestivo. Contiene l a mater ia activa de los
fermentos digestivos, y los antisépticos más podero sos combinados en una for ma. nueva y asoci a.dos
con otras subs tancias medicinales. Es el mejor r emedio para. la dispepsia, mala. digestión estomacal é
intestinal, para l a. diarrea, disenter ía., enfermed ades del h íg ado, gastra.lgi as, ja.quecas y en todos los
casos en que la digestión es torpe y la. nutrición imperfecta., 6 cuando hay inflamación ó infección del
Ap ara.to digestivo ó de los órg anos anexos.
,___,

Ds venta en todas las Droguerías y Boticas.

.

Subscripción mensual roránea $1. ! 0
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MAGGI
PARA SAZONAR
Sopa, Caldo y Salsa
En frascos.

Instalación Soltmnt dt la tonotnción nacional J:ibtral.
LA MESA DIRECTIVA.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>CARTA A LAS DAMAS

"Señoras: el mayor realce de la belleza es un cutis fresco y limpio :
Cuando una dama conserva el cutis
suave, nl'.tido y lozano, cautiva siempre, y, sus encantos son imperdurables, sea cual fuere su edad.
Con el uso de la "AGUA TROPICAL" obtendréis una belleza imborrable y disminuiréis la edad, que es
todo lo que puede des~arse. Un par
de frascos bastan para convencerse de
esa verdad." Jeany W. Groshs.
De venta en la calle del Coliseo Nuevo, 5, y en la Drogueria de Uihlein.
Los pedidos á. A. E. Betancourt.

6 Leche Can.des
a 6 m.ezolada con agua, dls
ECAS. LEI\TEJAS. TEZ ASOLEA
~ARPULLIDOS, TEZ BARROSA
ARRUGAS PRECOCES
EFLORESCENCIAS
ECES.

Elixír
Estomacal

Cur a el 98 por ciento de los enfermos del E STOMAGO E INTESTINOS
ra dicalmente por crónicas y rebeldes
que sean sus dolencias, esto lo conftr.
man las eminencias médicas del mundo, y la fama adquirida por este ELI-

DE sA1z DE CARLOS ~ I!a T~i A~NTA EN DROGUERIAS

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EL MUNDO ILUSTRADO
lNO X-TOMO 1-NUM. 26

Ml:XICO, JUNIO 21 Df 1903.

Dlr edor: LIC. RAl'AU Rfl'lS SPINDOLA

Cif'r P.ntP: LUl!I Rfl'f&amp; &amp;PINDOI 4

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�Domingo 21! de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

LA IDEA LIBERAL.

La naturaleza vive de transacciones, de
transiciones y conciliaciones: imitémosla.
D' EsTOURNELLES DE CoNSTANT.

Después de algunos años de absoluta inacción los liberales mexicanos acaban de dar,
en ~na serie de asambleas interesantísimas,
sefiales inequívocas de que la idea liberal no
se ha extinguido en México; sino que vive latente, más difundida que nunca, y pronta á
entrar en acción en el momento mismo en que
los intereses del país lo hagan necei:ario.
Este resurgimiento ha sido una revelación
para todos, no solamente porque ha hecho indudable la reorganización del partido liberal
y ha dejado ver cuál sería, en ese caso necesario la magnitud del esfuerzo que desarrollara 'ese partido á quien cabe la gloria de haber ::ialvado á la Patria, más de una vez; sino
que también ha sorprendido, porque hemos
visto palpablemente la evolución benéfica que
la paz ha impreso á la idea liberal en México.
No es ya el partido liberal-ni podría serlo-el de exaltadas ideal', el grupo de videntes fanáticos que en otro tiempo, con la mirada fija en un ideal imposible de realizarse,
emprendía la jornada á través del dP;sierto,
sufriendo miserias, á veces derrotado, á veces
vencedor; siempre firme, implacable, tenaz,
marchando de frente á la conquista de principios, en los que cifraba ciegamente la salvación de la patria.
Aquella cohorte de fanáticos estaba llena de
heroísmos sublimes y de odios sangrientos:
acometida á cada paso, humillada y escarnecida, cuando la fortuna se ponía de parte de
sus enemigos, usaba &lt;le la ley de las represalias y en virtud de ella, junto á cada cadalso
solía levantar un cadalso; y frente á cada crimen solía dejar un reguero de sangre.
El liberal que hemos visto surgir en estos
días, ha sufrido una transformación. No en
vano pasan lustros de paz y de progreso; no
en vano los hechos vienen, en el ·curso de los
afios, á rectificar principios, á desvanecer en_suefios y á consagrar las verdades.
E l liberal de estos tiempos no tiene más que
un odio: á la anarquía; no ,defiende más
que un principio: el del orden dentro de la
ley. El liberal de hoy no quiere imperar como único soberano sobre un pueblo inh&amp;bil
para contrarrestar de algún modo aquella fuerza; quiere la lucha, pacífica, dentro del orden
institucional; quiere que los grupos sociales se
organicen y que así como tienen sus intereses
económicos especiales á cada uno, tengan
igualmente sus intereses políticos y los defiendan.
El liberal mexicano moderno quiere la paz
como resultante necesaria de fuerzas que obran
en sentidos diversos y con diveisas intensidades; pero siempre dentro de una órbita marcada por una ley, por cualquieraJey; pero que
sea la Ley.
Estos principios, lanzados ya como el programa actual del partido liberal, han encontrado entueiasta acogida por todos aquellos
que creen sinceramente en que hemos llegado
á un período de nuestra existencia en que 8e
hace indispensable organizarnos definitivamente en la forma de una sociedad civilizada;
por todos aquellos que tienen fe en los destinos de la patria, y están convencidos de que
la paz y el progreso de que hemos disfrutado
en este cuarto de siglo, no han sido una pausa, ni han sido un paréntesis, no han sido un
desmayo pasajero, sino el principio de nuestra vida de civilización.
Por esto las manifestaciones políticas efectuadas en estos días, á propósito de los trabajos electorales, han tenido gran resonancia en
todo el país, y seguramente darán frutos beneficiosos para la Patria.
~r. .Cuis .Cara y }'ardo.

*
Para agradar á los demás, es menester hablar poco de L.&gt; que á nosotros nos interesa y
mucho de lo que les afecta á ellos.
V ALERY-RADOT.

Cutntos dtl trabajo.
JUAN
Pasando por aquel cuarto obscuro, desconchado, en donde el negro de los manchones de
tinta de imprenta hacía sombra en la sombra, las pupilas se abrían en toda su Amplitud
para poner en guardia de algún peligro; los
pies vacilaban para afirmar el paso; se tendían
las manos para tropezar con el obstáculo.
Pasábase cerca de la amiga-la buena amiga que nos ayudaba á ganar el pan y la gloria: una máquina que imprimía periódicos;pero los ojos no podían advertir los contnrnos,
las ruedas con dientes, las palancas poderosas
que con s6lo un ligero abatimiento contenían
la impetuosidad asombrosa de aquel vértigo
de acciones; pasábai&lt;e cerca, muy cerca de la
amiga confinada al rincón obscuro, y sólo una
voz rompía el rumor de nuestros pasos:
-¡Cnidadol. .. ¡cuidado! no se trompiecen,
jefes.
Era Juan el que daba esa advertencia.
Juan fué un muchacho bueno: llegó á la
cai&lt;a una madrugada muy fría; quiso trabajo
y se le dió una escoba para que barriera la calle; después fué el guardián de una puerta;
luego cuidó los tornillos trasroscados de una
máquina vieja, y después de este «luego,, pasó
muchas auroras embriagándose con el ruidal
de la flamante prensa del diario de la mañana, poniendo aceite donde se le mandaba, pasando trapos sobre los rodillos de fierro, atornillando y destornillando, dedeándose la
frente, al quitarse el sudor, basta dejarla pintada, con la tinta del trabajo, una corona que
los pensadores predican y que para sí han
deseado en el reino demócrata del obrero.
Juan era un enclenque de tez bruna, tenía
por mejor traje un pantalón azul, que por delante se le trepaba hasta las axilas, sobre una
camisola negra, y por detrRs le quedaban colgados en los pies de una X formada por las
cintas de unos tirantes de color indefinible.
Usaba cachucha, ó para mejor decir, una cachucha usaba su cabeza á guisa de perchero
que la casualidad le ofrecía. No era fácil ver
que aquel casquete de trapo mugriento sedesprendiera de la testa aguda de nuestro Juan.
Acaso, en at¡uellas horas de la madrugada,
cuando el movimiento de la máquina se antojaba la disforme convul::iión de un monstruo
de mil miembros, el muchacho tiraba la cachucha al rincón, como si la creyera un obstáculo para recibir todo el ambiente de trabajo que exhalaba la montaña de fierros combinados. Y si ocurría algún incidente, si se reventaba la tira de papel continuo ó si se hacía
necesario alimentar el sistema de entintadores,
Juan empuñaba la palanca interruptora y tiraba de ella con suavidad cariñosa, y las ruedas y las flechas interrumpían su vértigo, el
monstruo descansaba y el dominador se ponía
á acariciar el hierro luciente y tibio de los volantes.
Juan, en esos momentos, se sentía poderoso.
Era el rey del trabajo; era el átomo activo en
el gran todo ...
Terminada la labor, cuando apenas el alba
volvía la frente al caserío, el maquinista redoblaba sus actividades; limpiaba la secreción
de las tuercas, volvía flamante la tersura de
los cilindros, evitaba la tensi6n de las bandas,
y después, en la más plácida de las dichas,
iba á tirarse sobre un montón de papel inútil;
á descansar, á soñar un momento con no sé
qué clase de sueños humildes que traducían
gratitud para la vida, para la adorada y tremenda lucha.

Domingo 28 de Junio de 1903.

***
Juan preparaba cierta noche su máquina y
queriendo probar si ya estaba dispuesto' la
puso en movimiento. La acción comenz6
ciendo estremecer los muros desconchados,
dejó oírse el ruido que al maquinista le producía voluptuosidades; en la sala de redacción
se trazaron de prisa los renglones de la noticia de última hora; las máquinas de formaci6b
activaron el trabajo; el repique del plomo de
las letras en el componedor, se oía como el baile de una granizada sobre un techo de cristales.
Juan había dado el ¡alerta!
De pronto un gran grito, un grito desgarrador, puso en movimiento á todos los operarios. Había salido de aquel cuarto negro donde estaba la máquina impresora ...

ha-

·············································· ·············
¡Tremenda confusión l. ..
....Juan, tendido en el suelo, junto al vértigo de los engranajes, no daba señales de vida:
su hombro derecho era un manantial de
sangre, y allá, entre los rodillos, se veía un
brazo espantosamente triturado.
En los semblantes se leía horror; ces6 todo
ruido; las impresiones se cambiaban en vos
baja ...
-¡Un médico!
Era imposible salvar al pobre Juan, su máquina-su querida compafiera -lo había sacrificado.
El facultativo orden6 llevar á la victima á
un sitio blando é inmediato; eligióse el montón de papeles inútiles donde Juan pasaba 8118
contadas horas de sueño.
-¡Es imposible!-dijo el médico después
de examinar la berida,-morirá dentro de unas
horas. Hagamos un esfuerzo ...
Los medicamentos lograron que Juan vol-

cCa eo,¡vención _;Yacional cCiberal.
La Convenci6n Nacional Liberal, formada,
como se sabe, por los delegados de los comités
constituidos en las diversas entidades federativas de la República, conforme á las bases de
la Unión Liberal, se reunió por primera vez
en la Cámara de Diputados, el día 19 delco~
rriente.
Mas de ciento setenta delegados, entre propietarios y suplentes, concurrieron á la junta,
estando por ellos representados veintiocho
comités locales: veinticinco establecidos en
igual número de Estados, uno en el Distrito
Federal, y dos en los territorios de Tepic y Baja California. La sesi6n fué presidida por el
¡;efior Diputado don Triuidad García, acompañándole en la, plataforma de honor los señores Vicepresidente Gabriel Mancera, y Secretarios Emeterio de la Garza, jr., Ramón Prida, Ernesto Chavero y Daniel García.
El discurso de bienvenida, encomendado al
señor Licenciado don Pablo Macedo, y que ya
conocen, indudablemente, nuestros lectores
por haberlo publicado íntegro «El Imparcial,»
fué escuchado con positivo interés por los concurrentes y muy aplaudido.

***
La Mesa definitiva de la Convención i,e nombró en la junta efectuada el 20, por la noche,
resultando electos: el señor General Jerónimo
Treviño, Presidente; el señor General Jesús
Aréchiga, Vicepresidente; y los señores Lice.1ciado Miguel S. Macedo, Licenciado Eme-

brándose después al sefior Mancera como presidente, y á un grupo formado por dos deleg~dos de cada uno de los Estados, para participar al supremo mandatario la elección que
acababa de hacerse e11 su favor. Los comisionados fueron recibidos por el señor Presidente
el lunes en la tarde, en el Salón Amarillo de
Palacio. :í!.:l discurso que el señor Mancera dirigió al señor General Díaz, fué contestado
p~r el Primer Magistrado en los siguientes térmmos:
«Señores Delegados:
La primera y más alta entre las distinciones que pueden conferirse á un ciudadano en
los puebloia constituidos bajo la forma republicana representativa popular, t:.s la designación previa y solemne por sus compatriotas
para Jefe Supremo del Poder Público, ya sea
que llegue ó no á ejercerlo. Tal es, señores delegados, la honra que por vuestra benévola
mediación me prodigan vuestros generosos delegantes; y como si no fuera tan grande, como
es inmerecida por mi parte, han tratado de
magnificarla con manifestaciones públicas en
todo el territorio nacional. Yo la contemplo,
la aprecio en toda su magnitud, y la agradeceré mientras viva, con el mayor y más cordial reconocimiento de que soy capaz, sin que
esto sea motivo para suponer que yo también
opino en favor de mi candidatura, pues aunque mo siento poseído de nobles y grandes
ambiciones patrióticas y con todo el humano orgullo que es natural en casos como

Sr. General Jerónimo Treviño,
(De un retrato antiguo)

el mío, no me parece que un hombre bien
entrado ya á la edad en que todos los pueblos
civilizados jubilan á sus servidores, sea el más
á prop6sito para dirigir la marcha progresiva
de una Naci6n joven y briosa que con varonil
resolución é impulso creciente, se lanza á la
obra de su rehabilitación y engrandecimiento
al sentirse libre de las calamidades que duran~ más de medio siglo le impidieran armomzar sus poderosas fuerzas vitales· pero
entiéndase bien que al confesarme poc~ adecu~do para_ la di~ección a~ministrativa y política de m1 Patr1a, no le mego los últimos servicios que aún pudiera prestarle; con mucha
pena le denuncio mi deficiencia, porque así
me parece debido y oportuno, ahora que aún
no ha formulado legalmente su soberano mandato; pero siempre listo para acatar con todo
respeto los que tenga á bien imponerme·
q_ue para. eso le be pertenecido y le pertenezc~
sm reserva. »
Al concluir su corta, pero interesantísima
alocución, el sefior Presidentefué ovacionado.

*

viera en sí; pero al transcurso de poco tiempo,
una fiebre intensa se apoderó del paciente.
Y en angustioso delirio decía medio incorporándose sobre el brazo izquierdo y mirando
con ojos tremendamente abiertos á la máquina
inmóvil :
-¡Nadie!. .. nadie la tiente ... ¡qué hermosa esl. .. ¡me di6 de comer!. .. mañana la haré
trabajar mejor ... ¡ohl. .. ¡que no la muevan! ...
¡¡es míal! ... ¡mía!. .. mía ...
Luego un rato de iaomnolencia.
¡Qué triste el trabajo de aquella noche!

***
Llegó su turno á la máquina que imprimía,
y un aprendiz substituyó á Juan en la faena.
La balumba estremeció los muros desconchados del cuarto y el pobre herido abri6 los
ojos para ver en derredor, con la pena de la
desesperación impotente. Alguna¡¡ palabras
hicieron esfuerzos por salirle de los labios: tal
vez hayan sido súplica, tal vez maldici6n.
Juan murió cuando el primer grito del ra·
paz vendedor del periódico se escucb6 en la
calle casi desierta, apenas tocada por el recla·
mo nácar de la aurora.
LUIS FRÍAS FERNÁNDEZ,

Los delegados á la Convención recibidos el dia • 22 por el Sr. Presidente.

terio de la Garza, Juan P: M. Camou y Licenciado Luis Manuel Rojas, Secretarios. La designación del candidato del partido liberal
mexicano para la Presidencia de la República
en el próximo período constitucional, se hizo
en la sesión del domingo último, apoyando la
candidatura del señor General don Porfirio
Díaz en nombre de algunas delegaciones que
' •de los comités que representaban,
tenían,
mandato expreso de votar por el ilustre goberuante, el señor Ingeniero don Francisco
Bulnes. La notable pieza oratoria del señor
Bulnes caus6 profunda impresión entre las
numerosas personas que ocupaban las tribunas de los diputados Y. las galerías, y fué varias veces interrumpida por prolongados aplausos. Muchas fueron las felicitaciones que el
orado,r recibió, al terminar, de sus amigos y
admiradores.
A propuesta del señor Licenciado Ro~endo
Pineda, los delegados eligieron su candidato,
por aclamación, al señor General Díaz, nom-

* * los delegados fueron
El{martes por la noche
obsequiados por los miembros del comité localdel Distrito con un banquete que se efectu6
en Chapultepec. El sefior Licenciado don
Joaquín D. Casasús pronunció un hermoso y
correcto brindi~, para ofrecer el banquete, hablando en seguida, á nombre de las Delegaciones, el sefior Licenciado don Carlos Robles.
Ambos ◊radores fueron muy aplaudidos.

Los delegados saliendo de Palacio.

�Domingo 28 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

,.

J1

ca misa dt las Sombras.
He aquí lo qu,1 el sacristán de la iglesia de
Santa Eulalia, en Neuville d' Aumond, me refirió una hermosa noche de verano, bebiéndo11e bajo el emparrado del «Caballo Blancoi, una
botella de vino á la salud de un muerto á
quien había enterrado pomposamente aquella
mafiana cubierto su ataúd con un pafio negro, tachonado de grandes lágrimas. de ¡-lata.
«Mi difunto padre- habla el sacr1stán-fué
sepultt:rero, como yo. Tenía el genio alegre;
lo cual era, indudablemente, efecto de su profesión; pues se ha obs~rvado qu~ c~a.ntos trabajan en los cementer10s son de Jovial humor.
No les asusta la idea de la muerte, ni piensan

jamás en ella. Yo mii;mo, señor, entro en el
camposanto de noche con la misma tranquilidad que aquí; y si por casualidad me tropiezo
con un alma del otro mundo, no me inquieto
por ello, considerando que muy bien puede ir
á sus asuntos, como yo á los míos. Conozco
al dedillo las costumbres de los muertos y su
carácter. Sé, respecto á este punto, cosas que
los mismos curi..s ignoran; y si contase todo lo
que he visto, os quedaríais asombrado. Pero
no todas las verdades pueden fácilmente decirse; y mi padre, gran aficionado á narrar
historias, no reveló, seguramente, la vigésima
parte de lo que sabía. Fn desquite, solía repe-

tir con frecuencia los mismos relatoF, y contb
cien veces, que yo sepa, la. aventura de Catalina
Fon ta.in e.
«Catalina Fontaine era una solterona. Íl
quien él recordaba. haber visto f&lt;iendo niñ~.
No me extrañaría que hubiese aún en ~I paui
hasta tres ancianos que recuerden tam b1én haber oído hablar ~ e Catalina, pues era muy c~nocida y bien reputada, aunquP. pobre. Ilabitaba al final de la calle de las Monjas, en la
torrecilla que podéis toclavía ver, y qu~ pertenece á un antiguo palacio medio arrm~ado
que está enfrente del jardín rle las Ur~ulm~s.
Hay en la torrecilla varias figuras é mscrip-

cíones medio borradas por el tiempo. El ·difunto párroco de Santa Eulalia, ~l. Levasseur
afirmaba que una de éstas dice en latín: qu~
"el amor es más fuerte que la muerte.i «Lo
cual debe entenderse-añadía-del amor divino."
«Catalina Fontaine vivía sola en aquella ca¡:ita. Era encajera. Ya sabéis que los encajes
de por aquí eran antiguamente famosos. No
se le conocían ni parientes ni amigos. Decíase que á la edad de dieciocho años había amado al joven caballero de Aumont-Cléry, con
quien se llegó á desposar en secreto; pero las
personas de .,ien no creían una palabra de todo ello, y decían que eso era un cuento ideado porque Catalina Fontaine tenía más trazas
de dama que de ohrera; porque andaba triste
de continuo, y porque llevaba en el dedo del
eoraz6n uno de esos :millos en que el artífice
ha puesto dos manos enlazadaF, y que los prometidos Cllmbiaban entre sí en el acto del desposorio. Ahora sabréis lo que había de verdad
en todo ello.
«Catalina Fontaine vivía santamente. Frecuenta.ha mucho las iglesias, y en todo tiempo oía la misa de S!'is en Santa Eulalia.
«Pues señor ..... En cierta noche de diciembre, cuando reposaba tranquilamente en su
alcoba, fué súbitamente def-pertada por el toque de las campanas. No dudando que la llamaban á la misa de alba, la piadosa mujer se
vistió apresuradamente y bajó á la calle, donde tan obscura era la. noche, qne no se veía ni
las casas, ni se vislumbraba la menor claridad
en el sombrío cielo. Ki el más leve rumor turbaba el silencio dP aquellas tinieblas, y sentíase uno allí separado de toda criatura viviente. Pero Catalina Fontaine, que conocía cada
una de las piedras en que sentaba el pie, y que
hubiese podido irá la iglesia con los ojos vendados, llegó sin dificultad hasta la encrucijada de las calles de la Parroquia y de las l\Ionjas. Una vez allí, vió que las puertas de la
iglesia estaban de par en par abiertas, y que
salía por ellas un vivísimo resplan-..or de cirios. Siguió adelante, y al franquear el pórtico, se encontró en medio de una asamblea tan
numerosa, que materialmente llenaba el templo. No reconoció á ninguno -le los presentes,

y sorprendíale ver á todas aquellas gentes vestidas de terciopelo y de brocado, con plumas
en el sombrero y ciñendo la espada al uso de
los antiguos tiempos. Había allí buen número de señores que se apoyaban en largos bastones con puño de oro, y muchas damas que
ostentaban cofias de encaje, prendidas con un
peinecillo en forma de diadema. Caballeros
de San Luis daban la mano á aquellas damas,
que recataban detrás dP-1 abanico el pintado
rostro. del cual no se veía más que la sien empolvada y una mosca en el lagrimal. Todos se
dirigían á su puesto sin hacer el más leve ruido, din que se percihiera el rumor de sus pasos sobre las losaa, ni el rozamiento de las faJ.
das. En las naves laterales del templo multitud de j6venes artesanos que vestían chaqueta
obscura, pantalones &lt;le bombasí y medias azule!-, cogían por el talle á otras tan tas muc:hachas muy lindas y f-Onrosadas que bajaban
pudorosamente la vista. Junto á las pilas de
agua bendita, sentábanse en el suelo, con la
tranquilidad de los animales domésticos, las
aldeanas de zagalejo encarnado y 11.pretado
corpiño, mientras sus novios, con el traje de
los días de fiesta, permanecían de pie detrás
de ellas, haciendo girar entre las manos el flamante sombrero. Todas aquellas fisonomías
silencio~as parecían eternizadas en el mismo
pensamiento, dulce y triste. Arrodillada en su
lugar acostumbrado, Catalina Fontaine vió
adelantarse hacia el altar al oficiante, precedido por los diáconos. No reconoci6 tampoco
á ninguno de ellos. Dió principio la misa,
muda ceremonia, en la que ni se oía el murmullo de los labios que oraban, ni el tintineo
rle la campanilla vagamente agitada. Catalina
Fontaine sentíase bajo la influencia y las miradas de su misterioso vecino, y habiéndole
examinado sin volver casi la cabeza, le reconoció por el joven caballero de Aumont-Cléry,
que la había amado, y muerto hacía cuarenta
y cinco añoE. Y le reconoci6 por una señal
imperceptible que tenía debajo de la oreja
izquierda y, especialmente, por la sombra que
sus largas pestañas negras proyectaban sobre
sus mejillas. Vestía el mismo traje de caza,
rojo, con galones de oro, que llevaba el día
aquel en que, habiéndola encontrado P.n E'l

Domingo 28 de Junio de 1903.

bosque de San Leonardo, pidiérale agua primeramente y después l.!!1 beso. Conservaba
aún su juventud y su bella apostura. Todavía
mostraba al sonreír sus dientes de lobezno.
Catalina le interpeló en voz baja:
«-Monseñor, que fuisteis mi amigo y á quien
dí en otros tiempos lo que una joven guarda
en mayor estima, ¡Dios os tenga en su santa
gloria! _Quiera El insp~rarme, por fin, que me
arrepienta del pecado que cometí con vos,
porque lo cierto es que, con loR cabellos blancos y próxima ó morir, no me pesa aún de haberos amado. tero, amigo mío difunto, mi
hermoso señor, decidme: ¿quiénes son estas
personas vestidas á la usanza antigua que oyen
aquí esta misa silenciosa?
«El caballero de Aumont-Cléry rei::pondióle
con una voz más débil que un suspiro y, sin
embargo, más clara que el cristal:
«-Catalina, estos hombres y estas mujeres
son ánimas del purgatorio que ofendieron á
Dioe, pecando como nosotros, por amor á las
criaturas; pero que no han sido, á pesar de ello,
rechazadas por el Señor, puesto que su pecado fué, como el nuestro, sin malicia.
«:\Iientras separadas de los que amaron en
la tierra, se purifican en el fu¡,go lustral del
purgatorio, sufren los males de la ausencia, y
este padecer es para ellas el más cruel de todos. Tan desgraciadas son, que un ángel del
cielo se ha compadecido de sus penas de amor
y, con la venia de Dios, reúne todos los años,
durante una hora de la noche, al amigo y la
amiga en su propia iglesia parroquial, en
donde se leR permite oír la misa de las sombras cogidos de la mano. Tal es la verdad, y
si hoy me es dado verte aquí, Catalina, antes
de tu muerte, cosa es que no se habrá realizado sin conocimiento del Señor.
«A esto repuso Catalina Fontaine:
«-JAyl Querría morir para volverme hermosa, como en los dfas, mi difunto señor y
dueño, en que te daba de beber en el bosque.
«Mientras hablaban así en voz baja un ca,
nónigo muy viejecito hacía la colecta,' presentando á los circunstantes una gran bandeja de
cobre, sobre la cual dejaban ellos caer monedas antiguas que ya no circulaban hacía muchos años: escudos de seis libras, ducados,

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 28 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

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Banquete á. los Delegados á. la Convención Nacional Liberal.-Aspecto del salón.

florines, jacohos, nobles... Y las piezas caían
en silencio. Cuando le ofrecieron la bandeja.
el caballero arroj6 en ella un luiR que, al igual
de las otras monedas de oro y plata, no produjo el menor ruido.
_
«DespuPs se par6 el anciano can6nigo ante
Catalina Fontaine, la cual púsose á rebuscar
en su faltriquera, sin encontrar un solo ochavo. Entonces. no queriendo negar su ofrenda,
se quit6 el anillo que le había dado el caballero la víspera de su muerte, y lo arroj6 en el
plato de cobre.
«El anillo de oro son6 al caer como el badajo de una camµana; y al ruido retumbante que
hizo, el caballero de Aumont-Cléry, el can6nigo, el celebrante, los diáconos, las damas.
los caballeros, la reuni6n entera, 1:1e desvaneci6
como por ensalmo; apagáronse los cirios, y
qued6 Catalina Fontaine absolutamente sola
en'las tinieblas.»
Al concluir de esta manera su relato, el sacristán se ech6 al coleto un buen trago de vino, qued6se pensativo un instante, y luego
prosigui6 en estos términos:
«Os he referido esa historia tal y como mi
padre me la cont6 muchísimas veces, y la creo
verídica, puesto que está de acuerdo con todo
lo observado por mí, respecto á los háhitos y
aficiones particulares de los muertos. Los be
tratado mucho desde mi niñez, y sé que tienen por costumbre volverá sus amores.
«Por esta raz6n, los difuntos avaros suelen
vagar de noche al rededor de los tesoros que
escondieron en vida. Al vigilar atentamente
en defensa de sus caudales, el trabajo que se
dan, lejos de aprovecharles, t6rnase en daño
de ellos, y así no es raro descubrir .e l dinero
oculto bajo tierra, removiendo la del paraje
frecuentado por un fantasma.
«De igual suerte, los maridos difuntos vienen á atormentar, durante la noche, á sus mujeres casadas en segundas nupcias, y podía
citaros muchos que han guardado mejor á su

eRposa &lt;lespués de muertos, que lo hicieron en
vida. Y eRo no está bien, porque en rect11. justicia, los difuutos no deben ser celoi:;os. Pero,
en fin, yo os refiero lo que he tenido ocasi6n
de ohservar. Conviene, pues, andar con cuidado al casarse con una,viuda.
«Aparte de eso, la historia que os be relatado, se confirm6 del siguiente modo:
«En la mañana que sucedi6 á aquella noche
extraordinaria, Catalina Fontaine fué encontrarla muertá en RU habitaci6n; y el pertiguero de Santa Eulalia hall6 en la bandeja de
cobre que servía para las colectas, un anillo
de oro con dos manos entrelazadas.
«Por lo demás, yo no soy hombre capaz de
inventar cuentos que hap;an reír.... ¡Si pidiéramos otra botellita de vino! ... &gt;&gt;

EL VIOLÍN DE LEDA.
La abuelita se moría. Hacía ya dos semanas que lenta, lentamente se iba consumiendo. Ahora su semblante tenía la blancura de
un marfil viejo; sus ojos estaban casi apagados por el dolor y s6lo brillaban cuando oía
en la larga escalera el trotecillo acompasado
de su pequeña Leda, que regresaba de la calle
á donde iba á buscar el pan, después de mu~
chas horas de ausencia.
¡Oh, qué frío hacía aquella noche! ...... La
nieve golpeaba inclemente los cristales desvencijados, que parecían ceder al impulso del
viento.
La buhardilla, encaramada allá sobre sus seis
pisoR, semejaba un nido vacío que la tempestad se iba á llevar en su furor. Y sola allí la
pobre vieja. en su lecho de muerte, viendo entrar por las grietas de lof! ventanales el polvo
de nieve que traía el frío punzante, pensaba
en la muerte que sentía acercarse, en los días
pasados en que no fal~ba pan en su casa, y
en su pobr.e Leda, la meta de su coraz6n, que

agua y los ojos de lágrimas. ¡Ob madrecita,
dijo, qué mal día!. .. y no pudo contener el
llanto al ver á la enferma que enmudecía y
que con la mirada buscaba el consuelo de sus
manos pequeñitas para llevarlas á sus labios.
¡Ahuelita mía, madre mía! murmur6, y precipitándose ,:obre su lecho, la bes6 en la frente, en las manos, en la boca, como si con RUS
besos quisiera reanimarla. ¿Qué hacer? ... Ya
no había carbón para dar calor á aquel cuerpo. y plisando su mirada alrededor, vi6 la
única i;i lla que forma ha el mobiliario del cuartucho, y con toda la fuerza que le permití::rn
i::us bracitos, la quebr6 y la echó á la estufo.
A poco, la buhardilla se ilumin6, y el calor lentamente fué derritiendo la nieve condensada en
las ventanas; y la a.huela, como
si volviese &lt;le un suefi.o,abri6 sus
ojos. y RUS labios dijeron algo ininteligible ...
Qué alegría experimentó entonces la pequPñuela. Tenía ya lumbre, pero faltaba pan, y para hacer olvidar el hambre á la pobre
agoniz&lt;1.nte y para acallar sus dolores, toc6 el violín muy quedo.
Ahora era Chopín quien calmaba el otro mal con sus blandas armonías ...
De pronto las llamas se apagaron, y al calor sigui6 un frío intenso que helaba y hacía mantener las manos abiertas como si
fueRen de madera.
La abuelita se moría. Pálida
como un cirio y con los ojos inm6viles, su respiraci6n se iba acortando poco á poco con pequeños intervalos en que mezclaba
quejiqos lastimeros que apenas
se oían. Leda, como una loca,
con el alma destrozada por el dolor, se asía á su madre. ¡Oh, y
no había lumbre para prolongar
su vida!
En seguirla una idea la conmovi6: su violín! su violín! ... y sin vacilar lo estrech6 contra su coraz6n, como á un hermanito querido
á quien dijese ac1i6s para siempre, abri6 la

puertecilla de la estufa y precipitadamente lo
arroj6 en las brasas; torn6 al lado de su abue-

Domingo 28 de Junio de 1903.

sativa y silenciosa á la orilla del lecho, se qued6 esperando, esperando que despertara!
RAFAEL ANGEL TROYO.

muerte de núñez de .Rrce.
Con su desesperante laconii:omo, el cable ha
trasmitido á la América latina una noticia dolorosa: la de la muerte del insigne español don
Gaspar Núñez de Arce, acaecida en Madrid el
nueve del que cursa.
Núñez de Arce, uno de los mác; grandes poetas contemporáneos, naci6 en Valladolid en
1834; á los quince años daba á la escena su
primer obra &lt;lramiítica, y á los diecinueve ingresaba como ::edactor á mio de los principales peri6dicos hispano!:'. Siendo correRponsal
de ,, La Iberia," acom pañ6 al General O' Donell
durante la guerra de Africa, y represent6 más
tarde en las Cortes á su ciudad natal. Fué,
&lt;lespuéf', Gobernador de Barcelona, Subsecretario de Ultramar y Secretario de la Presidenciii; y en el Ministerio que presidía Sagasta en
1800, tuvo á su cargo la cartera de Ultramar.
Como poeta, su labor constituye un monumento que hará imperecedero su nombre. Sus poemas, leídos por todos los que hablan el idioma de Cervantes, son
gala y orgullo de la litl'ratura castellana. ((Raimundo Lulio," «La
Visi6n de Fray Martín," «La Pesra" y ((El Vértigo," para no citar
\
más que los principales, le conquistaron univer::&gt;al renombre en
el mundo de las letras.

..

/ .. ·

***

D. Gaspar Núñez de Arce.

la moribunda, y cuando empezaba á esparcirse
la luz en la buhardilla y las cuerdas chirriaban sus últimas notas, la enfnma temb16 sú
bitamente y cerr6 los ojos. Y la pobre nifíaque nunca había visto morirse á nadie, pen-

Al morir, don Gaspar desempeñaba el cargo de Gobernador
del Banco Hipotecario de España. La nueva de su fallecimiento caus6 en toda la Península una
profunda impresi6n, y tanto las
Cortes como la Familia Real, se apresuraron
á hacer presentes á los deudos del poeta sus
sentimientos de condolencia por tan sensible
pérdida. Los funerales de Núñez de Arce se
efectuaron el día once con gran solemnidad.

había ido lejos á tocar el violín pam implorar
la caridad, y no venía.... ¡Ah, qué frío! y el
último pedazo de carb6n ardía en la estufa!

***

Leda había recorrido muchas calles, en
compañía de su violín, de ese querido amigo
de su infortunio que lloraba las tristezas de su
alma desamparada; había ido al pie de los
grandes palacios á gemir su amada música de
Beethoven y Chopín, y los ujieres la habían
despedido con desprecio. Era un día fatal.
Siempre llevaba algún consuelo á su hogar,
pero aquel día ya era tarde. La noche la había sorprendido sollozando sus armonías á la
puerta de un templo. Allí, y mientras del cielo de París caía la nieve, ella tocaba la «Canci6n sin palabra3,)) de l\féndelssohn. Era la
última invocacj6n que bacía á la caridad en
aquella noche cruél de su destino, y por eso
sus notas se iban llorando como niños huérfanos y se perdían en las brumosas lejanías,
como suaves rumores de aleteos.
Ya la nieve había blanqueado su sobretodo
negro, y sus manos heladas y doloridas no
podían sostener más el violín, cuando ces6 de
tocar, y con el rostro inundado de lágrimas,
apret6 contra el ::oraz6n su querido instrumento, el único amigo después de su abuelita y el
que tantas veces las había salvado del ham·
bre y la miseria; lo limpi6 cuidadosamente,
lo puso en su bolsa raída y luego, echándoselo
á la espalda, se fué, se fué chafando la nieve
con sus zapatos claveteados y se perdi6 en
medio de la muchedumbre elegante que salía
de los teatrof-l.

***

Cuando la agonizante viejecita oy6 el trotecito de su Leda que subía, no pudo in~or·
potarse en la cama: rígida y medio parab~ada por el frío que había seguido á la ya extm·
guida lumbre, se content6 con sonreír, cuando
la pequeñuela entr6 con el cuerpo bañado de

El Sr. Lic. Joaqufn D. Casasús, ofrece el banquete á. los Delegados
A la Convención.

El Sr. Lic. Carlos Robles contesta el brindis del Sr. Casasús.

�Domingo 28 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo l&gt;8 de Junio de 1903.

€rtcción dt una DióctsiS.
El Obispo de las mtxtecas.
Mañana, según está anunciado se efectuará en Oaxaca la f-Oletnne consagr~ción del señor Presbítero Doclor dor. Rafael Amador
como primer Obüipo de las Mixtecas.
'
El señor Amador comenzó su carrera el año
de 1874, en el Seminario de Puebla distinguiéndose siempre entre sus conrliscípulos por
su claro talento y su ejemplar conducta. Al
terminar sus estudios, en 1883, fué nombrado
Prefecto ele disciplina del mismo establecimiento y catedrático de latinidad. Por gtstiones de algunos miembros prominente¡¡ del clero, pasó más tarde al Colegio Pío latinoamericano, de Roma, y allí, hajo la dirección de
los padres je~uítal', perfeccion6 sus vastos conocirniento!', para gmduarse Dortor en Teología Dogmática &lt;le la Univen,idad Gregoriana.
Las órdenes sncerdotales las recibió t-1 st-ñor
Amador en la Basílica de San.Juan de Letrán,
de manos del Cardenal Parroqui, Vicario del
Papa.
A su regreso al país, el nueyo prelado desempeñ6 dislintos cargos en el Seminario de
Puebla; fué después cura de San Juan Bautista, y, por último, estuvo al frente de la parroquia de Huajuapan durante algún tiempo.

NUESTRO PAIS.-Monumento á Hidalgo en el Paseo de la Presa {Guanajuato.)

La creación del nuevo Obispado se debe, en
g ran parte, á las gestiones del mismo señor
Doctor Amador, y la promoción de éste al

episcop'ldo SP, considera generalmente como
muy merecida.

SOLOS!
El Sr. Soughimoura, Ministro del Japón en México.

Recepción dtl Señor mtntstro dtl :Japón.
Con el ceremonial acostumbrado, fué recibido el martes en audiencia solemne por el Sr.
Presidente de la República, el señor Koichi
Songhimoura, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario del Japón cerca del
Gobierno Mexicano.
A la recepción, que se efectuó á
las doce del día, concurrieron los
miembros del Gabinete y los jefes
del Ejército más caracterizados. Los
discursos cambiados con tste motivo
eiltre el señor Ministro y el señor
Presidente, revelan la franca y cordial amistad que une á los dos países y el empeño con que sus respectivos Gobiernos procuran estrecharla cada día más.
Damos á conocerá nueetros lectores una fotografía que representa al
señor Ministro del Japón y ásu esposa,y otras en que aparecen entraje japonés.

peratrices, ante las cuales el poeta quemaba
incienso.
Kung-Seng, reclinado sobre muelles cojines, después de larga y mística abstracción,
encendió su finísima pipa de espuma de mar
en una llamilla azul que se agitaba sobre un
trípode de marfil. Principió á fumar á grandes bocanadas y á poco quedó envuelto en una

MARFIL.
En aquella tarde otoñal y mientras el viento impelía la hojarasca
dorada que.c aía delos árboles, y las
cigarras chillaban entre los movedizos arrozales, en la pequeña casa
blanca y en su delicioso l'aloncilo de
exoticas cnrrnsidades, Kung-Seng,
el melancólico bardo chino, soñaba
~on el caprichoso vuelo de las grullas y el amor de las mujeres amarillas.
i Su minúsculo gabinete era un
precioso estuche, lleno de valiosos
l:lijes de marfil y ricos tapices bordaRos de gárgolas y dragones fieros.
}3iombos cubiertos de cigüeñas rosadas y platos de Jaca yokoamesa,
donde se esponjaban perfumadas ?
frescas peonías.
Y bajo lindos quitasoles, pintados de anchas camelias, se erguían
los severos bustos de dos bellas ero-

Sus inviAibles alas la tristeza
Desperezaba en lo insondable, el mundo
Parecía temblar en lo profundo
De aquella singular naturaleza.

Sra. de Sougnimoura.

densa humareda que se el'fumaba en tenu_e
palidez sobre los bustos de las emperatrices.
Entonces, y en su dulce sopor. ,;oñó que muy
quedo y á hurtadillas iba surgiendo del extremo de la pipa, envuelta en azul espiral, una
encantadora figura de mujer, quizás de una
princesa tan grande como el dedo meñique,
de cabellos obscuros -que ondeaban sobre sus
hombros, y de ojos chispeantes y negros como dos puntitos de azabache.
Subió vaporosa, sonriendo graciosamefite sobre su peana de nubecillas blancas, vió al poeta y le envió
un beso con la punta de sus dedos
pequeñitoe. Después, lemamehte,
lentamente, bajó y se fué ocultando
en la cabeza de la pipa; sólo la cabellera quedó afuera, flotando tntre el humo.
Kung-Seng se estremeció y silenciosamente alargó la maµo para
aprisionarla por los cabellos; sus dedos tocaron la braca y despertó sobresaltado. Al ver la amarga realidad de aquel sueño, se levantó lleno
de ira y arrojó al suelo, quebrando
en mil pedazos, la pipa mald~ta d_e
donde había. brotado la mágica visión de la única mujer que le había.
sonreído.

Tu fragante y undívaga cabeza
En cuyo aroma mi semblante inundo
Acariciaba el viento vagabundo
'
Al traspasar la. frígida maleza.
¿Te acuerdas? ¡solos! Desde aquella gruta
Ql;e adorna el liquen y perfuma el monte
Mientras la sombra su recinto enluta

'

Con las trémulas manos enlazadas
Mirábamos tl lúgubre horizonte
'
Borrarse entre las nieblas desgarradas!

***

_¡Ah!. ..... de esa gruta negra entre la boca
Vibra aún nuestro amor, nuestra ventura
Presa está allí, y un ecó de ternura
Parece resonar de roca en roca.
Los ósculos ardientes que en mi loca
Y honda explosión &lt;le júbilo en tu pura
Frente imprimí, palpitan en Ja obscura
Selva glacial que mi memoria evoca.
Ya por eso el verano con su lumbre
Jamás me alegra, aunque sus rubias alas
Llenen los bosques de esp}endor eterno:
Y hoy s?lamente hacia la yerta cumbre
De un ~or~zonte lívido y sin galas
Van mis OJOS en busca del invierno!

Página at Jllbum.

JULIO FL6REZ.

Hermosa, arrogante, erguida
Cual sacerdotisa druida
De las pasadas eJades,
Tienes, amiga, el derecho
De agitar las tempestades,
Si no en el mar, en el pecho.

TRINOS
_-A ti te di~e el corazón: ¡oh bella
Vida en que vivo! ¡oh dulce vida mía!
-A ti te canta el corazón: ¡oh estrell¡· ·· · ·
En tu mirada azul esplende el día! ... '

Pareces la mensajera
De la esperanza primera;
Mensajera soberana
Que anuncia. á los corazones
Las supremas emociones
De toda la vida humana.
El Sr. Ministro y su esposa, en traje europeo.

***
A ti se ac~rca el corazón y exclama:
Ardo y palpito en el amor primero ...
- A ti se va mi corazón y llama
Al tuyo y dice: sin tu amor me muero!. ...

CALDCTO VELADO.

Sr. Dr. Rafael Amador, Obispo de las Mixtecas.

31 de mayo de 1903.

F'ERNANGRANA.

�Domingo 28 de Junio de 1903.

EL MUhuO ILUSTRADO
E L MUNDO ILUSTRADO

•

1

ga sensación de tristeza. Después de la lluvia, hay que echarse por esos
mundos &lt;le Dios: aquí, son dos rapaces que hunden en el agua los pies
descalzos y que rPmueven el fango, Ratisfechos y sonrientes, r.omo si
sus expansiones de pilluelos no tuvieran más campo en qué desenvolverse; allí, un gru po de mujeres que toma casi por asalto la f uente del
barrio-seca muchos días-en que el
chaparrón dejó una insignificante can---=-:::=:;~~~-tidad de agua; á la orilla de la ace- , ,
quia, un desocupado que tira el anzuelo; más allá, unas lavanderas que estrujan y exprimen con callosas manos 1:i:ropas empapadas en el agua turbia dP
la zanja, y en el canal- en ese cana 1
que en parte ha desaparecido, pero qu,se engalana aún con las rojas amapolni-: ~
del Viernes &lt;le Dolores-la canoa qu,·
amenaza s umergirse a l peso de la carl!ll, y el indio que tiende la red para la
1•f'~r,, ... Entretimto, &amp;I piso trnnsforma-

Domingo 28 de Junio de 1903.

CB.OQlJ'IS BEGB.O.
. Salida de la comedia. Llovizna. El pórtico del r egio coliseo se
hmcha de senos descotados, de boas de piel animal que se estremecen
al rozar de la piel femenina h umana, de traje¡;¡ blai:icos, de trajes negros de ,,frac", de chispeo de joyas.... . .
En la calle, los carruajes,al trote insolente de las soberbias parejas, se
acercan, toman su carga, parten con un
g_?lpazo de _la portezuela y dejan tras
s1 un ambiente de perfumes y murmullos.
P?co á poco, ~l río de gente bien
vestida va decreciendo, decreciendo cada vez con mayw rapidez. Los coches
de alquiler se ocupan tam,bién, y parten, parten como los &lt;lemas...... S6lo
queda al cabo uno, el más mísero y
triste de todos, aguardando filo~6firn y

DESPUÉS DE LA LLUVIA
De alJá de las barriadas á don de no ha llegado toda vía esa fie~re_que invade las art~rias principales de la l\fetr6roli, y que se traduce.en ~d1fic1os suntuosos v allardos, en calles amplias y bien orientadas, )'. en Jardines q,':1e son
regalo a/los ojos, surge la nota triste, profundameute _triste, de la llm 1a que
azota las ventana!! sin flores m
cristales, que carcome los muros
de las casas estrechas y obscuras
donde se retuerce la indigencia, y
que i nunda, gota Í\ gota, pero sin
descanso, las to~cidas callejas y
las plazuelas desiertas.
(
Acá, en el &lt;CCentro,&gt;1 donde la
vida se derrama y el tráfico crece
sin cesar, la lluvia es alegre: cae,
Robre la lámina de aRfnlto de la
hermosa aven ida y sobre las coras de los fresnos que sombrean
el parque, con rumoresd_eriRasj~YenileR y re:,bala por el cristal pulido de 1'os escaparates y de ios balconescomo un reguero de diamantes... Allá, no¡ allá es pesada, es
cruel es implacable: asaetea el
clrnrdo, y el charco parere hervi r
y resolverse en burbujas que se
deshacen impregnando la atmóffera con emanaciones pestilentes¡
llama á las puertas de los desheredados y sorprende á la madre
sin pan 'y á los hijos sin abrigo;
a · a tierra y el lodo salpica de manchas negras la falda de per~ ~~e s~có el s~l de la mafiana y que cubre, piadosa, la desnudez de la humilde hija del pueblo.• ••···· ·
*

y esos rincones, esos lunares d~ Ía población donde se _revuel~n tantas
· · s y tantas desgracias tienen para el observador -¡qmén lo duial-sus
m1sena encantos que
· atraen,
' que conmue,·en, que d eJan
· en el alma una vaencantos;

d o por la lluvia en movible y enorme
espejo, retrata las paredes sin color de
las pocilgas y las figuras toscamente
pintadas de las pulquerías.

***

1

Vista de cerca la vida de n uestro pueblo, en los suburbios, en los cu::hitriles,
donde se desarrolla trabajosamente, se
nos presenta rodeada de puntos dolorosos como llagas; pero esto no basta á
despojarla de ese tinte marcadamente típico que la distingue y constituye su fisonomía propia, característica.
.
.
Alguien ha dicho que para ese pueblo todo es motivo de humonsmo ...... aunque en este humorismo asome de cuando en cuando un
rasgo de tristeza ... Quién sabe ... Al pensar en la lluvia que azota las
ventauas sin flores ni cristales que carcome los muros de las casas
estrechas y obscuras en que se ;etuerce la indigencia, y que inunda,
gota á gota, pero sin descanso las torcidas calleja~ y la~ estrechas
plazuelas, el espíritu se vuelve, casi sin quererlo, hacia los mi'.íos desvalidos que buscan refugio en los huecos de las puertas y hacia las _madres, sin pan, que aguarda~ entre las paredes húmedas de su pocilga,
el sol que alumbre y las caliente!. .....

pacientemente un pasajero que no llega.
Es viejo el coche, como el cochero,
como el penco que tira de los dos día
y noche trotando trabajosamente entre
las barras negras.
Se entienden cochero y bestia. Ambos han luchado, ambos han sido latigueados por la vida penosa y dura:
ambos se entienden. Y filosófica y resignadamente aguardan ..... . La llovizna los empapa. La gente se retira. Apenas queda ya nadie. El último transeúnte pasa, se aleja...... Todo queda desierto.
Entonces el viejo del pescante toma las riendas con un suspiro.
- Vamos, Perico.

***

. ..... Y en la noche obscura y ·húmeda se pierden tam bién ellos,
los dos tristes, los dos cansados, los dos viejos y E&gt;olos, el uno dando
tumbos sobre el sucio pescante, el otro trotando trabajosamente entre
las negras barras..... .
LUIS RODRÍGUEZ EM:Brr,.
Mayo, 1903.

Tres Sonetos

j

LAS VF:NDL\ilAS.

EL PAI-\ADO.

Ven íi olvidar las penas junto á mis cepas de oro!
L os opulentos pámpanos te brindarán asilo,
Embriagarán tus ojos las danzas de Batilo
Y oirás de las vendimias el capricaate coro!

Yo he nacido con alma de fauno ... Ea otros días
Habi té de los bosques la sagt•ada espesura.,
En siete tubos frágiles cant.é mis alegrías
Y conocí el divino sabor de la. hermosura..

Al viento desplegadas las libres cabelleras,
Con sed tlevora.dora de l ucha y de matanza.,
Sobre sus potros cruzan las vírgenes guerreras
Golpeando en los broqueles la. brilladora lanza

T ú, del placer i1tnoras el íntimo tesoro ....
Mis años se deslizan en el hogar tranquilo;
S obre la blanda cera grabo con áureo estilo
Estrofas palpitantes á la beldad que adoro.

Aprendí de los pájar os las gratas ha.rmonía.s
Y á veces, al impulso de una. inmortal locura.,
(Las Ménades Jo saben) lancé ea lafrondaobscura.
El clamor oso grito que anuncia las orgías.

Desnudas como lirios, terribles como fieras,
Arrojan al espacio sus himnos de venganza.
Y el escuadrón ligero, como torrente, avanza.
Entre rugidos breves de elásticas panteras.

L a. gloria. es fugitiva ... La juventud es breve....
Ma.i'iana., los cabellos se cubrirán de nieve,
Corceles fatigados serán nuestras pasiones .. . .

Mas quiso un dios injusto, para colmar mi da.ilo,
Hacer del fa.uno un mísero pastor, cuyo reba.ilo
Verás, oh caminante, detrás de las colinas.

Bella y domina.dora., bajo el casco de plata,
Con las verdes pupilas, que su furor dilata.,
Fulgura., como el gemo del mal, Pentbesiléa.:

Mira.! .... la vii'ia. esca.la de mi jardín el muro,
L as rosas nos invitan, desde el rosal obscuro,
Y en los racimos la.ten inéditas canciones.

Huyeron, para siempre, las ninfas á. mi paso
y en doliente ti.a.uta saludo al sol de ocaso,
De algún antiguo templo sentado entre las ruinas.

11a.s, súbito, resuenan de algún clarín leja.no
Las notas... Aparecen los Griegos en el llano
Y la. invencible lanza de Aquiles centellea.
'
LEoPOLDo D!Az,

LAS A:\[AZOXAS.

.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 28 de Junio de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

~

Poeta. soy; y Jo que fnera. un día,
'por falta d., honradez, justo desdoro,
es el orgullo de la musa. mía,
que proclama una nueva poesía.,
porque mira. llegar otra. Edad de Oro.

Arte por arte, no!
Lejos, muy lejos,
donde ya están los pueblos en su ocaso,
donde a.penas los últimos reflejos
brillan sobres las crestas del Parnaso:
allá tal vez; pero jamás en donde
todo está por hacer, ya que su parte,
si el arte sólo al corazón responde,
deben tener el corazón y el arte!
Abro yo con la lira mi ca.mino,
en bien de todos, y por él se lanza
el tropel venga.dor contra. el destino,
como un deseo en pos de una esperanza.;
y mi canto mejor no es sólo un canto,
sino también un grite; de quebranto
con que, antes de morir, clama el Derecho.

LA G UERRA
(DE UN LIBRO 1'1N PRENSA)

Al salir de una reumon electoral. en un
barrio gris, de casas chatas, donde anida una
población medrosa y hambrienta, topé anoche
con un hombre elegante que distribuía prospectos revolucionarios. Vestía de negro, llevaba sombrero de copa y tenía una extraña
sonrisa. Entre el atropello de los grupos que
borboteaban y se escurrían por las calles adyacentes, un camarada me contó la historia...
· En 1870 vivía en las cercanías de l\fezier"ls
un rico propietario rnral llamado Kest. Era
viudo, y tenía un hijo de veinte a11os. .
Después de la declaración de guerra, el aspecto de la comarca cambió. Las caravanas
de paisanos fugitivos paeaban á escape por las
c,i.rreteras, huyendo del ejército invasor. Casi
todos los habitantes salieron de la provincia.
Sólo quedaron los que no se resignaban á
abandonar su heredad, ó los que, alemanes
de origen y franceses según la ley, se encúntraban perplejos entre Jos patrias. Kest fué
uno de estos últimos. Su hijo era miope y
estaba exceptuado del servicio. Resolvió aguar-

Cuando los sol&lt;ln&lt;los franceses recuperaron la poi-ici[..n al clarear
1~ madrugada, ~ncontraron el cadáver, que conservaba todavía la
r!Pdª entre los dientes. Junto á él lloraba el hijo con las ropas telll as en sangre.
'
Lods soldados entraron tumultuosamente ebrios de victoria exe1aman o:
'
' •
¡\'iva Francia!
P~:º los veinte años del huérfano, se irguieron bajo el azote
-¿,,\ 1va_ Francia?-preguntó, mostrándoles los pmios. '
·
:Sus OJOS con!emplaron el caclíiver de su padre r la devastación
de su caRa......
roja pareció pasarle ·por Jos OJOS
· ......
•::\1 e F L na •llamarada
• ,
1
-,, u ra •ranc1a.-grito.-¡::\Iueralaguerral
aquel_ hombre tranquilo, que no había tE&gt;nido hast.'l. entonc~s,nrngu11a idea ~ebelde, se levantó de pronto. El di&gt;sastre Je arranco a la somnolencia de la vida común y le despertó en Ja
J'd d ....
,rea1a
l'IIANUET, UGARTK
París.

Y

Mas al verme correr tras la. victoria.,
dejara de cantar, nadie se asombre;
que, aunque el arte será siempre mi gloria,
sé que, pa1 a triunfar sobre la. esco1·ia.,
antes que ser poeta .... huy que ser bombn&gt;!

¿No tuvo 11yer el viejo Continente
su Edad de Oro también, cua.ndo el poeta
dirigió el rumbo de la indocta. gente,
abrió el camino y señaló la. meta'?
Ta.l en el mundo de Colón, acaso
ha.lis. Orfeo una. lira. y un proscenio,
y domestica. fieras á su paso,
y a.cima el polvo a.l soplo de su genio;
porque á la. voz de Orfeo cuando ca.eta,
el exánime pueblo se leva.eta,
y, a.l ver la. lira entre sus sa.bias manos,
correo humildes á la.mer su planta,
ta.l vez no fieras, pero sí tiranos!
Nuevo mundo, nuevo a.rte! Y que no sea.
copia. servil de la. época. pagana,
ni sacrificio de la. noble idea.
en aras sólo de la forma. vana.
Es numen virginal el que me inspira
y á las alturas del a.zul me eleva;
por eso tengo, al empuila.r mi Jira,
vieja la forma, pero el alma nueva.!

trc•, gritand? fras~s e_ajonas. Los tres primeros saltaron por la ventana como SI pers1gmeran á alguien, pero el último descubrió en la
i-ombra el..cu~rpo &lt;!el viejo Kest y le hundió la bayoneta en el echo. El h1Jo mtento parar el gol¡ie y cayó herido
T ¡
t p
las tin ieblas......
·...... O( o es o en

Canto, para dar gloria. a.l berohmo:
ca.oto, para. dar vida. al moribundo;
canto, ¡.,orque tí la voz de mi lirismo,
Je arrancaré su lauro al combatiente
qua ose manchar con sangre el nuevo mundo
y en esP lauro envolveré mi frente!

A MIS COMPA!ih:Ros DE LETRAS m: GUATEMALA.

Para toda. orfanda.d mi alroa es un manto
y un firme escudo pa.ra todo pecho!
Nada me importa. el lenguaraz tumulto,
que arroja.ró. con mano despiadada.
mis perlas en el fango de su insulto;
nada me importa el sacrificio; nada.!
Luchando seguiré y haciendo brecha.,
basta clavar 1a silbaclora flecha.
de una. estrofa. en la. sien del enemigo,
a.u oque en la. furia de la lid deshecha.
no pudiese contar más que conmigo...
Cuando invoco á. las musas inmortales,
vuelvo los ojos á la patria mía,
y, al contemplarla. altiva en su congoja,
si Tirteo me niega. himnos triunfa.les,
Simónides me presta una elegíu;
y en vez de eomudecerme en el quebranto,
me envuelvo en mi bandera blanca y roja,
desespérome y sufro .... ¡pero ca.oto!

dar. Era un hombre cachazudo, que vivía en
medio del campo, sin mezclarse á las agitaciones de la ciudad. Si otros experimentaban
-el deseo de perseguirse y matarse, tanto peor
para elloe. Enrique Kest seguiría fumando su
pipa.
Las avanzada!:! del ejército francés llegaron
á cinco kilómetros de la casa. Grn.ndes gruP&lt;'S de t:oldados alegres se disperi:aron por la
aldea, chanceando con los vecinos y jactándose de derrotar á los alemanes sin mover los
brazos. Kest los regaló con tabico y vfreres.
Su hijo sintió no poder empuñar un fur-il. Lo
que pocos días antes le era indiferente, arabó
por llenarle de entusiasmo. Pero el viejo Kest
permaneció insensible. Ri regalaba á los soldados franceses, era para que le dejaran vivir
en paz. Con los alemanes haría lo mismo. No
tenía odio contra. ningún país.
La guerra les rodeó y les sitió en aquella
casa. Cuando las operaciones comenzaron, los
soldados se hicieron más exigentes. Llegaban
noticias entrecortadas y confusas de combates
parciales y tiroteos rápidos ...... Los alemanes
debían estar cerca ...... Las tropas cambiaban
de posición diariamente ......... Y la casa acabó por ser un puesto de avanzada.
Lejos de la vigilancia de los jefes superiores, los soldados se dejaron llevar á los peores

Domingo 28 de Junio de 1903.

ALBERTO FUSTER.

Ab! Cuántos viven la prosaica vida
de una vulgar codicia. sin encantos :
cuántos tienen el alma. ensordecida
por el enorme estrépito de tant~s
émbolos, y cilindros y engranaJ_es
- vértigo fragoroso, en cuyos giros
van cayendo en tropel los corazones,
la.s notas de los líricos cordaje~,
las angustias envueltas en suspiros
y las crucificadas ilusiones;cuáotos sordc,s así, no de las musas
pueden gozar con los solemnes cantos,
y las miran perplejas y confusas
horrorizarse á su presencia; cuántos
no oyen la voz del viento en la. enramada.,
ni la voz del arroyo en la espesura.,
ni la voz del abismo en la ca5cada,
ni la. voz de los dioses en la altura:
¿qué sabrán del ideal'! No sabrán nada.
más que el reptil de só1·dida. figura,
que se revuelca en fétido pantano .. . .
Sólo merecen el desdén profundo
del que proclama., sobre el o.1evo mundo,
no el artificio, sino el arte humano!

. Publicamos hoy algunas reproducciones de obrae del artista mexicano Alberto Fuster.
Albe;to Fuster es un heraldo de los nuevos ideales artísticos europeos. ltn sus obras podemos valorar la vida pálida y sutil ( extraída como un filt~o? &lt;le las obraA poderosas de l'I. antigüedad) que anima. las compos1c1ones de los modernos decoradores de allende el
ocl!a.10.
Los vigorosos espíritus de la época del Renacimiento bebieron á
grande~ ~ragos en la fuente pura y pródiga de los tiempos clásicoi.;
los esp1ntus moder!1os, desolados y posefoo1:1 por ardientes visiones
después de_ vagar por sel vas tenebrosas y enmohecidas y por llana'.
das polvorientas, asaeteadoi. por el sol, también han recurrido, para
ap,agar 1~ sed de su garganta, á la enorm&amp; y melanc6lica fuente de
~rnrmol im))oluto de la que mana el agua inagotable, fresca y cristali na ...
Sin? qu;,, pe~vert!dos ó codicio!'os, han querido mezclar filtros
Y bebedizos ,1 la hnfa mmaculada y han llevado á la serE&gt;nidad marmórea de la rítmica existencia antigua, la agitación urente de la vida
mod_erna; los ardores bermejos d~ la i-angre impulsada por las pasione~ mdomables; el espasmo nervioso del placer y del deseo.

Vosotros, no: mi espíritu se mira
en vosotros también.
Dadme la. lira;
inflamad con a.plausos mi deseo;
que al sentir una lira. entre mis manos,
sabré, de patria en patria, como Orfeo,
conjurar guerras y domar tfraoosl ... .

FUbl'ER.-Aspasia.
La belleza ad?lescente y majestuosa de la Citerea, la hermosura
C'_a.sta, y firm~ y vigorosa de In doncella antigua, se animan bajo el
cmcel y los pmceles de los modernos artífices, con las contracciones
doloro~ 6_agudame~te placenteras de las mujeres frágiles y adora_
bles, artificiosas y aruficiales, sonrien:es y perversas, frívolas y apa-

JOSÉ SANTOS CHOCANO.

Para "El mundo TIMstrado."

excesos. Como hacía frío y no había bosque
en las cercanías, destrozaron los muebles para '
hacer lumbre. Las mesas, los sillones y los
armarios huyeron por las chimeneas...... El
viejo Kest se guar&lt;l6 de protestar. Cuand_o
todo el mobiliario se trocó en ceniza, le obligaron á abandonar la cama. Y la cama ardió
como las otras cosas.
Una noche corrió la voz de que los alemanes estaban á tres kilómE&gt;tros. Los soldados
se pre,:ipitaron sobre las armas. Los oficiales
dieron grandes voces. Se oyó un fuego lejano ......... Y el combate se empeñó gradualmet.te ...... Los obuses comenzaron á caer sobre el jardín ...... Luego cayeron sob1e la casa... ..... Algunos muros se desplomaron ... _. ..
Y Kest se refugió en una de las últimas piezas, con su hijo.
Era una escaramuza seria. Se oyeron las
descargas, el ruido de las bayonetas que se
ajustaban á los fusiles y el clamor de u na lucha cuerpo á cuerpo. El fragor de las ar~a~,
el toque del clarín y los gritos, hacían adivinar la refriega. Los combatientes debían estar
en Ql patio mismo de la casa.
La puerta de la pieza donde se había refugiado Kest, cedió de pronto. Un olor acre de
pólvora entró por la abertura. Y cuatro soldados de caras bestiales se precipitaron den-

j

FUSTER.-Ca.beza de estudio.

FUSTER.-Magniflcat.

�EL MtrNt&gt;o ILUSTRADO

Domingo 28 de J unio de 1903.

FUSTER.-El Poeta.

sionadas, por quienes labora, y sufre y goza el
artista de nuestros tiempos.
Precediendo al vigoroso y lozano reto fiar del
Renacimiento, una savia enfermiza y aromada
fluyó por las venas endurecidas del viejo trouco clásico, en apariencia muerto y seco. Los
artistas de nuestra época, enamorados de un
ideal morboso, pero bellísimo, han apurado
ávidamente los restos de eee fluido y, con sutiles sortilegios de amor, han sabido extraer
su esencia para animar sus obras.
Como si eso no bastara, acudieron á la sabiduría supraterrena de los artistas i,,emibárbaros ó esencialmente civiles del Oriente, y
arrebatados por una fiebre torturadora, cimentan, embriagados y convencidos, el armonio' so edificio del arte moderno, que apasionará á
· la posteridad.
Inconformes con la naturaleza, cuando ésta
se muestra aviesa y contraria á ló que piden
sus espíritus, no vacilan en domeñarla, ajustándola al ideal que les enamora.
Muchas obras modernas, aquellas en que su
autor buscó la originalidad por «actitud» y no
fué original por convicción é impulso propio,
perecerán por extravagantes; pero las otras,
emanación directa de un espíritu, exteriorización de un pensamiento que se conoce á sí
mismo, vivirán perdurables.
Alberto Fuster, mexicano transplantado en
E uropa, ha encontrado allí su camino y le sigue convencido, tan sinceramente, que cuando se aparta de su manera de hacer, propia,
como adquirida por el pensamiento y el trabajo, no produce sino obras mediocres.
En cambio, cuando sigue sin vacilaciones
su impulsión verdadera, su dibujo es firme,
su colorido h ar monioso y sus figuras se agrupan en hermosos conjuntos.
Si acierta á no apartarse de la vía empren-

dida, si no se divaga con las bellezas, para él
falsas, de los senderos umbrosos y floridos que
cruzan el camino, llegará á una cumbre de las
más altas y favorecidas por los áureos reflejos
de la gloria.
En sus obras el pensamiento es poético y
poderoso y parece como que sobre ellos se inclinan con amor de maestros los más altos espíritus que han cultivado el arte moderno.
Que Fuster insista en sus labores y en su
estudio y ennoblecerá su nombre y ennoblecerá el nombre de su Patria.

C. T.

LOS CONSUEGROS.
Los muchachos se querían mucho; los padres estaban conformes; novio y novia eran
ricos por su casa ...... ¡Pocas bodas habrá en
el mundo como ésta!, decía la gente.
El padre de la novia, Don And rés, era magistrado de la Audiencia territorial; el padre
del novio, catedrático, profes0r de Química eu
la Universidad de***, ciudad donde las dos
familias vivían.
Los novios reunían todas las condiciones
para ser felices: jóvenes, guapos; ella con una
dote considerable; él con la carrera ele ingeniero terminada.
Llevaban seis meses de relaciones cuando
decidieron los padres ( que los dos eran viudos) realizar la boda el día primero de septiembre, en que Felisa cumplía veinte afios.
Su novio, Rafael, tenía veinticinco.
Dióse p~~te á la familia y amigos; anuncióse la petic1on de mano en los periódicos; la

FUSTER.-Tr!ptlco.

mt MUNDO ILUSTR.A.t&gt;O.
ciudad en «masa,» como suele decirse, celebr6
el pr6ximo feliz acontecimiento.
Y para conmemorarlo dignamente, los consuegros acordaron gastarse entre los dos veinte mil duros en crear algo de provecho para
sus semejantes. Dejar memoria de la boda.
La idea partió de D. Luis, el químico, á
quien ya debía la ciudad varios donativos importantes. Don Andrés la acogió con entusiasmo, y para mejor éxito nombraron Ún
juez de examen, un árbitro, un depositario de
sus planes. Quiero decir que se acordó en
una reunión de familia, á la que asistieron
más de treinta personas, que los padres y fu.
turos consuegros escribirían lo que pensaban
fundar, con todos los detalles y presupuesto
de gastos, y la víspera del día en que los muchachos habían de tomarse los dichos, se abrirían los pliegos delante de las familias respectivas y se destinarían veinte mil duros á lo
«que fuera.»
-No olvide usted, Don Andrés-dijo un
pariente suyo presente, -que en esta villa tenemos un teatro muy malo que amenaza ruina, y nos pasamos los inviernos sin distracción alguna.
-Más valdrá que piensen ustedes en un
hospital-observó un pariente de Don Luis.
--0 en una escuela.
-O en hacer reparaciones en la catedral,
que está perdida.
-Den ustedes premios á muchos jóvenes,
para que vayan á estudiar al extranjero...... .
Cada uno de los presentes tenía su idea
propia; los futuros consuegros les dejaron hablar, les dieron muy bien de cenar y se reservaron, naturalmente, su pensamiento.
Los novios, felicísimos y contando los días,
apenas se ocuparon aquella tarde de lo que á
su alrededor pasaba, pero algo tenían que
opinar, y así que se quedaron solos, Felisa le
dijo á Rafael:
-Tu padre y tú lleváis de residencia en la
ciudad ocho meses nada más.
-Los mismos que hace que te quiero.
-Tú y yo nos conocemos ya lo bastante;
hemos cambiado, á diario, ideas é impresiones; pero nuestros padres no se conocen tan
bien como nosotros.
-¿Qué quieres decir?
-Que le pido á Dios que esta noble idea
que tu padre ha tenido, no produzca disgustos.
-¿Por qué?
- Allá veremos.
-¿Van á estar en desacuerdo cuando se
trata de hacer bien? Tu padre propondrá algo que redundará en beneficio de sus semejantes; el mío, también; por consiguiente,
ésta es una lucha de nobles aspiraciones que
no puede molestar á nadie.
- ¡Ojalá que así sea!
Y siguieron su interrumpida conversación
amorosa.
Pasaron tres semanas, durante las cuales
los dos padres trabajaron en secreto en la redacción de sus proyectos. Indudablemente,
el químico era. más fácil en su t rabajo que el
magistrado en el suyo; porque éste se quedó
en la casa varios días y recibió muchas extrañas visitas, y su amigo no interrumpió su
vida ordinaria. AsP.diados ambos á pregu~~s
por infinidad de vecinos, extendida la not1c1a
de sus proyectos y excitada como parece verse la curiosidad pública, el magistrado propuso á Don Luis convocar á gran número de
personas en su propia casa y hacerles oír los
dos pliegos.
.
-Mi casa es muv grande-dijo el mag1strado. -Daré un «iunch» y celebraremos ,el
suceso. Además, en caso de duda, podran
votar.
- ¡Es verdad! Así se da gusto á todos. Yo
ya entregué mi pliego al alcalde ( que era el
depositario de los proyectos) .
- Y o le dí el mío anoche.
-Entonces, el jueves, á la hora que usted
quiera, mi querido Don Andrés.
-Voy á extender las invitaciones.
No se dan todos los días veinte m il duros
para una buena obra, y la curiosidad de la
ciudad estaba justificada.
d
La concurrencia al salón grande de casa de1
magistrado era numerosísima, y en ella o-

1

minaban las sefio:as. El alcalde colocó á su
derecha á los nov10s; á la izquierda á los padres. Todo el mundo estaba de buen humor·
la fies~ era de las que se ven pocas veces. '
-Ph~go del Sr: _Don Andrés Aznar-dijo
la aut,ondad mumc1pal, rompiendo un sobre
y leyo:
'
. «Fundación de un convento de monjas clansas, hec~a por los Sres. Don Andrés Aznar
y Don Luis del Olmo ... ... ... »
._
1!n aplau~.º cerrado resonó en la sala. D;;;;'.
Luis Y su _h1J~ _Rafael se miraron asombrados.
Don Luis d1Jo:
-No se puede unir mi nombre al de nadie

- ¡Tiene razón! Tiene razón!-gritaban de
todos lados.
yo, :im ho~bre de ciencia, voy á proteger !l monJas clansas?-gritó el químico.
_-¡Ya me habían dicho que usted era hereJel
-¡Yo no podía suponer que usted era lo
que eill
-¡Padn.!
-¡Rafael ~o...... ya te lo dije!
-¡ Las monJas, las monjas!-repetían cien
voces.
-¡Venga mi pliegol-dijo Don Luis.-Vámonos de aquí, Rafael.. ....

-ff

Domingo 28 de Junio de 1903.

A D~m Luis le han formado expediente gu.
bernativo.
EUSEBIO BLASCO.

, ~ola Y. triste, sobre el puente de la nave
BaJo el cielo opalizado por la niebla
'
y errab~ndas las pupilas en los ciel~s,
En los cielos y las aguas, ¿en qué piensa?
,. Es pola~a. S.iempre sola, bella siempre
Siempre tr1~te, lee ó medita. ¿Acaso suefi~
Con la patria sobre el Gólgota, 6 sü alma
Busca otra alma por los hielos de Siberia?
Lirio intacto, flor de nieve flor de Ensueño
Av~ errante que alzó el vuel~ de la estepa '
Cual seduce ]a nostalgia de sus ojos
'
y el encanto de su lánguida belleza'.
La luz pálida y difusa de la tarde
De la eslava los cabellos rubios besa
Y ~a nav? se desliza lentamente
'
BaJo el cielo opalizado por la niebla.
ISMAEL ENRIQUE ARCINIEGAS.

Rostand, A cadémico ,
Edmundo Rostand, el célebre autor de ((C rano de Bergerac» y de :el' Aiglom, ha ing y
do en la A~dem;a Francesa. Su presenta:~i~
entr~ los C&lt;lfi_m~rtales)&gt; se efectuó el día 4 del
come~te, s1rv1éndole de padrinos M. .Jules
Claret1~ y _M. Paul Hervien, dos de los miembros mas ilustres de ]a Academia.
Rostand fué recibido con el ceremonial de
costumbre por el vizconde Melchior de Vogüe
en e~,Palac10 de ~azarín, y su discurso de re~
i¡:pc10{1', pronunciado ante una concurrencia
-~ sedecta como numerosa, causó la admirac1on e todos.
d E~n~rvo académico, que cuenta hoy 35 años
te .ª Y que cubre la vacante que¡¡ su muere ~J~ra Henry de Bornier, obtuvo para ser
ef l! Acad JIDia, diecisiete votos. Seun ,°. a ec arado á la prensa parisiense su
propo~1,to era escribir en verso su discurs~ de
r?cepc1~n, pez:o hubo de abandonar esta idea
s1gurn o e~ eJem plo de otros poetas que co~o amartrne, Vft-tor Rugo y l\Iusset p'refirieron hablar en prosa.
'
- A 18: r~cepción de Rostand concurrió el seror 1.-Dmstro de Hacienda, Licenciado José
ves ipma~tour, que actualmente se encuent ra en aris.

J

:~rntt

Comprenderlo todo, es perdonarlo todo.
ToLsToY.

*

Es ob_ligac~ón !ndeclinable de cada hombre
el trabbªJ!1brj neo o pobre, todo hombre ocioso
es un n on.
Edmundo Rostand.

sin saber antes si la idea me parece buena!
Abra usted mi pliego, señor alcalde ..... .
El alcalde abrió y leyó:
«Fundación de una fábrica, que será de los
ob1:eros desde su principio, para lo cual Don
Luis del Olmo y Don Andrés Aznar les ceden
Y transmiten Ja cantidad de cien mil pesetas.&gt;&gt; .. ..

_}In rumor, algo como un rugido, interrum- .
p10 la lectura.
-¡Cóm_o! - gritó Don Andrés-¿Yo voy á
regalar m1 dinero á esa gen te? ¿Yo socialista?

Hubo un verdadero tumulto, un escándaÍoLos consue_gros se insultaron, Jos novios lloraban, la cm dad se dividió en bandos ...... pero ¡ay! la boda no se hizo, el catedrático renunció á su cátedra y se marchó con su hijo
mal vistos y censurados los dos ...... ; y hoy;
día de la fee;ha, el convento se alza flamante
y ha costado un millón por suscripción pú~
blica, y Felisa está allí con sus blancos hábitos, rezando y llorando su amor perdido y
b~scando con~uelos á 1e1us penas en el amor á
Dios, seg~n dice su santo padre........ .

J. J.

R OUSSEAU.

*

Adquirir el conocimiento de sí •
ha
· d
mismo es
,cer prov1s16n e indulgencia para los 'd

mm

~

PETIT SKNX.

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 1, No 26, Junio 28</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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LA CANTADORA.
CUADRO DE

F ABRÉS.

�Domingo 18 de Enero de 1903.

fantasías dt Tnoitrno.
El frío mttropolitano.

B

enojo del cielo no quiere pasar. Ceudo y malhumorado amanece día con
día, y su capote gris envuelve los rayos
del sol que, bienhechores, pretenden llegar
hasta nosotros para traernos una poca de tibieza, que desentuma nuestros pobres miembros ateridos por el frío.
El frío es intenso, y como eu :México hemos
creído muy al pie de la letra la hermosa fábula de nuestra «primavera eterna,» no nos hallamos muy bien provistos de armas contra el
frío y por eso éste se da aires de sorprendernos cada año, fingiéndose siempre más severo
y despiadado que otras veces. En cada invierno solemos decirnos: nunca hubo frío tan duro como en este año!. ..... Y no es eso: es que
el frío corr:o el dolor, siempre aparece más
intens~ en su manifestación actual, y con facilidad lo olvidamos en la tregua que nos concede el cambio de estación ó la época de felicidad ... .. .
Si diésemos fe absoluta á las indicaciones
del termómetro, para juzgar nuestro invierno
metropolitano, lo encor,trai-íamos dulce en exct'so, parangonado con el de otras regiones.
Nunca tendremos aquí el extremo descenso
«bajo cero» que se observa en Berlín, Londres
ú París; y, sin embargo, el frí? de ~léxico es
cruel se hace sentir con una rntens1dad tortura~te, molesta y entume los miembros y las
energías. Es un frío seco, un frío desnudo,
que ni siquiera se trae la envoltura consoladora de una sábana de nieve, que ho trae di ver·
siones de invierno, que hiere sin piedad y no
permite que las aguas se congelen para que
sobre la tersura del hielo tracen los patines sus
caprichosas parábolas.
No tenemos ni diversiones invernales ni defensas contra el frío, porque nuestras habitaciones están hechas para la legendaria primavera perpetua y no tenemos el recurso de acercarnos á la chimenea y escuchar, al amor de
la lumbre los cuentos fantásticos de la abuela
ó los mur~ullos inefables de una canción de
amor ........ .
En México hace frío, pero no hay invierno ...
Porque el invierno no significa sólo el descenso de la temperatura, no es solamente la sensación de hielo que flota en la atmósfera; el
invierno es la nieve que cae, la leña que crepita, el vaho que d.ise~a fantasías sobr~ las v~drieras. Eso es el mv1erno; no estos dias grises que como enormes capeloe, vienen á posarse s¿bre nuestra Mesa Central y entristece11
la vida de la metrópoli.

***
Sin embargo, el frío es eminentemente voluptuoso. No en sí mismo tal vez, sino en las
sensaciones que la defensa procura.
Cuando transitamos por las euHes, envueltos en abrigos y paletós, y sentimos sobre el
rostro las mil aguzadas agujas del cierzo, nos
invade una egoísta satisfacci6n al considerarnos defendidos contra esos embates.
Sobre las baldosas helad!-1,S los tacones producen un ruido más seco y más sonoro que en
otros tiempos, y es un deleite marchar por calles y por plazas, bien abri~ados contra las
burlas del frío.
Las mujeres en invierno tienen mil recursos
para aumentar sus encantos y su misterio. El
frío les permite enmascararse á medias con
esos mil inventos de la moda que, confeccionados de telas, de pieles ó de plumas, arropan
cariñosamente los cuerpos friolentos y esfuman las características de las siluetas conocidas y encubren coquet.amente los rostros banales á fuerza de vistos, para sólo dejar adivinar una cabecita fina que se asoma entre las
fantasías del abrigo.
La mujer metropolitana, fina y nerviosa, es
adorable cuando se atavía de invierfio; tan
adorable, que fuera merecedora de fríos más
intensos y más largos. ¡Pobrecilla! Es lásti-

EL MUNDO ILUSTRADO
ma que no lleguen á nosotros los placeres invernales, porque ellos ofrecerían á la mtltropo•
litana un cam¡.,o vasto para lucir sus gracias.
Esos pequeños pies, cuya fisonomía ( véase
el texto del Dr. Flores) va haciéndose cada
día más sonriente, merced al cuidado nimio
que las m ujeres de México van poniendo en
su calzado, piden á gritos las emociones del
«patinage»; y al verlos trotar sobre el asfalto,
se experimenta un deseo loco &lt;le que, por un
arte de maravilla, se congelase el romántico
lago de Chapultepec, para que aquellos piececitos pudieHen lucir su agilidad y su finura,
armados de minúsculos patines, y conduciendo á sus poseedoras como en una fuga 1le ensueño y de placer.
Deci&lt;lidamente, ya que el frío es tan intenso, tenemos derecho para pedir que el invierno sea completo, y que no se limite á cubrirnos con ese capelo gris que entristece nuestra
vida.

EL MUNDO ILUS'l'RADO
y un volcán de purísimos antojos
bajo la curva trémula de un seno!

III
Una noche muy fría. Llueve.... llueve:
el trágico fantasma de la tisis
pasa sobre la nieve!
Es la salida del teatro. Hueca
resuena entre el tumulto
ruidoso, una tos seca!
IV
Unos ojos abiertos, exaltados
como los de una liebre
y algunos rizos luengos y dorados
por el sudor pegados
á una sien escavada por la fiebre!
V

Pisadas silenciosas!
Relampaguear de cirios!
Olor de frescas rosas,
de azucenas y lirios....

***

En México no se conocen los verdaderos
placeres del invierno. La poesía invernal nos
es incomprensible y por eso, . al recorrer las literaturas del Norte, muchas veces nos encontramos con símbolos inexplicables y con sensim1entos que se escapan á nuestro análisis.
Ibsen, Sudermann, Dickens, están llenos de
la gloria invernal; Goethe ha cantado los placerPS del hielo con un entusiasmo que á nosotros podría parecer .... .. pueril. Y sin embargo, todos los genios del Norte han hecho bien
en glorificar el invierno, porque en los países
del Norte el invierno es la estación de la poesía nacional.
En la calle y en la casa, el invierno ofrece
maravillas. El deleite de sentarse cabe el fuego, la familia toda, grandes y chicos, debatiendo los asuntos más tiernos, rememorando
añoranzas en los viejos y sembrando imperecederos recuerdos en los jóvenes; cuando el
frío de afuera, franco y completo. parece que
aprieta á los miembros de la familia unos contra otros, obligándolos á la unión y congregándolos-sin símbolo-en torno del hogar;
ese deleite es algo que á nosotros nos falta, algo que con nada podríamos sustituir, y que
es engendrador de ternuras, de anhelos y de
saudades especiales.
Por eso hemos dicho que nuestro invierno
es malévolo; porque nos ofrece las crudezas
del frío, sin compensaciones ni encantos; porque no permite que encendamos fuego en las
estancias ni tolera que discurramos bajo el cielo estrellado. Nuestro i nvierno es hipócrita,
indeciso, falso y despiadado. Mata de frío y no
ofrenda las delicias de la chimenea. Es como
un traidor que ataca sin dar lugar á la defensa. Es un monstruo.
Porque si nuestra prensa de información
rara vPz da cuenta con fallecimientos por congelación, no es porque nuestro invierno no
mate, sino porque es un asesino «cerebral,»
cauto, precavido, que no se atreve á dar un
golpe de una vez, sino que atormenta lentamente á su víotima, la envenena paulatinamente, debilita sus pulmones, infiltra en ellos
el germen de la tuberculosis ........ .
Y luego, cuando llega la primavera y la estadística de la mortalidad arroja cifras enormes, la gente llama asesina á la primavera.
¡Pero cuántas de las víctimas son .hostias rezagadas del invierno!
S'l'RINDBERG.

MICROPOEMA
I
Una cuna rosada que la luna
tras de un cristal con níveo rayo armiña
y en el mullido fondo de la cuna
'
un ángel... ... .. una niña!

II
Unos ojos ardientes, unos ojos
en que el azul del cielo es más sereno·
tersa piel, blancos dientes, Jabios roj~s

Domingo 18 de Eoei.'O de 1!903. _

.-.

JULIO FLORES.

NuevoMinistro de Gobernación.
tambios en d 6abinete.

E

L viernes á las doce del día, prestó la,
protesta de ley ante el señor Presidentede la Repúblic¡i., el señor don Ramón Corral, nombrado últimamente por el .l!;jecutivo
Secretario de Estado y del Despacho de Gobernación. El señor General don Manuel González Cosío, que desempeñaba ese alto puesto, pasó á encargarse de la cartera de Fomento, en substitución del señor Ingeniero don
Leandro Fernán&lt;lez, que se hizo cargo de la de
Comunicaciones y Obras Públicas. Para Secretario de Guerra y Marina, fué designado,
por último, el señor General don Francisco Z.
Mena.
Tanto el nuevo Ministro de la Guerra, como
los sefiores Ingeniero Fernández y General
González Cosío, rindieron también la protesta
el viernes pasado.

SR. O. RAM O N CORRAL, Secretario de Gobernación.

SR. G RA L. O. FRA N CI SCO Z. M E NA, Secretario de Guerra.

(Fot. Valleto..)

***
El señor Corral, que por primera vez forma
parte del Gabinete, nació en Alamos, Honora,
el 10 de enero de 1854, dándose á conocer primeramente como periodista en «El Fantasma,&gt;
y ccLa Voz de Alamos," publicaciones de combate que fundó y sostuvo.
El año de 1875 tom6 las armas contra el jefe revolucionario Gral. Pesqueiro, y muerto
éste, desde las columnas dela ccRevista Histórica del Estado" hizo un estudio desapasionado y justiciero de aquel jefe, reconociendo los
importantes servicios que prestó á la Reforma.
Después, y sucesivamente, fué electo Diputado á la Legislatura de Sonora; desempeñó
por algún tiempo el cargo de Secretario de
Gobierno; tomó parte en la formación de algunas leyes, hoy vigentes, relacionadas con
el Ramo de Hacienda, y colaboró con el actual Magistrado á Ja Suprema Corte, Don
Eduardo Castañeda, en la revisión del Código
Penal del Distrito, para su adopción en Sonora.
El fü. Corral ha sido también Diputado al
Congreso de la Unión, y Gobernador de su
Estado natal en dos ocasiones. Durante su administración se llevaron á cabo en Sonora mejoras de mu.cha importancia.
Por último, estuvo al frente del Gobierno del Distrito desde el 18 de Diciembre de
1900, captánd·ose en el desempeño de su cargo, los elogios de la prensa y de la gente sensata.

***

En cuanto á las demás personalidades que
integran el Gabinete del Sr. Gral. Díaz, hemos dado ya/\, conocer en nuestro semanario
sus datos biográficos. Sus servicios como colaboradores del Sr. Presidente, los hacen, sin
duda, dignos de la confianza que en ellos
deposita el Primer Magistrado.

SR. GRAL. D. M A NUEL GONZALEZ COSI O,
Sec retari o de Fomento.

(Fot. Va.neto.)

SR. ING. D. LE AND RO FERNA NDEZ, Secretario
de Comunicacionea,
(Fol Schlattman.)

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 18 de Enero de 1903.

NOCTURNO.

-ro~
,~ ..

Al llegar á su alcoba,
obscura y solitaria,
la engañosa careta.
á pedazos arranca,
y queda al descubierto
aquella faz tan pálida
que entre los muertos mismos
honda im presi6n causara.

rr~--·•••·.,"'"''"'••·•"•·

'

Elévanse en tumulto
aquellas notas raras
que las nocturnas aves
escuchan espantadas.
Y crecen, siempre crecen ...
Hasta que al fin el arpa
prorrumpiendo en un grito
de odio y amor, estalla!
FABIO FLALLO

PINTORESCOS.-La Venta de Cuaji'malpa .

Brillan de bélico deseo
sns pupilas de halc6n en la espesura
y hay heroicas barbaries de trofeo
en la furia triunfal de su escultura.

CINEGÉTICA.
Duerme la loba.
Cual colérica ceja
está encorvado el arco de raoba.
El dardo va, como una enorme abeja
zumbando al viento,
y del ijar á las nerviosas patas
cae un ch orro sangriento
cual racimos de abejas escarlatas.
Alza un nemrod coloso
el gran bronce del busto entre las ramas.
Crispa un soplo febril su vello de oro,
su tím ida nariz resuella flamas.

_)

.. - ~ - ~~--=

tos "J:itbuani."
¿Eran de Lithuania?
¿Quién sabe?
El mayor de los aplaudidos acróbatas, el
director de la familia de «los caballeros acrobáticos», decía que eran franceses, y así lo repetían el hermano siguiente, más fuerte, más
brusco, más hombre en apariencia (y más borracho) que Félix, y así lo aseguraban los dos

Si después de haber veetido al desnudo, le
echas en cara tu favor, es lo mismo que si lo
desnudaras ele irnevo.-FILEM6N.

....._...-

..-.

--Un Filósofo.-=(Cuadro de Fabrés.)

E l pensamiento es un poder; y el talento,.
una libertad.-VICTOR Hrno.

***

Los insolentes en la prosperidad, son siem•
pre viles eñ la desgracia.-.ANóNJMO.

i:_iiños que completaban la fam ilia de «Los Lithuani», como se anunciaban ante aquel público. ¿Quién sabía cuál era su apellido en
verdad, y de d6nde eran verdacleramente nativos? ¿Acaso no lo habían olvidado ellos m ismos?
Su patria era el circo, dondequiera que estuviese: en el circo vivían: vivían por el circo
y por tanto alentaban para el circo.
'
Nada les importaba ese mundo que se agitaba allá afuera de aquel recinto y que venía
á aplaudirlos alegremente cada ~oche.
Lo q ~e ~ ~llos importaba era estar seguros
en los eJerc1c1os que presentaban: "saltar siempre con limpieza, no errar los saltos sobre los
h ombros, no necesitar la repetición de las
suertes que pare_cínn m{~s difíciles al público;
en caso necesano repetir contentos la suerte
fracasada; y sobre todo, sonreir, sonreir siempre, aun cuando hubiesen sufrido una torcedura", era el semidecálogo que Félix repetía
á sus hermanos.
Y ¿serían en verdad sus hermanos?
Raramente y desgraciaclarnente eran en verdad hermanos los que formaban la familia de
los acr6batas que habían llegado á ser los artistas prefe~·!dos del público en aquel circo que
daba «func1on todas las noches, jueves tarde
y noche, y domingo y días festivos mañana
tarde y noche,&gt;.
'
'

-

-

,,

Es un ocaso:
incendiado del sol el bosque arde,
y un águila gigante va de paso
reinando en los azures de la tarde!
LEOPOLDO LUGONES.

.,¡- n"

~-

Vibra al principio trémula
en sus manos el arpa,
con un preludio lento
de notas apagadas;
después surge el '·motivo",
y es su armonía extrafia
inaudito concierto
de risas y de lágrimas.

SITIOS

Domingo 18 de Enero de 1903.

EL MUNDO I LUSTRADO

En efecto, había entre ellos un parecido
aceptable, como el parecido de familia; todos
cuatro eran rubios, de frentes amplias, de ojos
verdes, de cuerpos bajos y robustos; hasta llevaban todos, para completar el parecido, anchas huellas de viruelas en el rostro.
Era el de «Los Lithuani» un o de los actos
que á mí, como á la mayoría del público, más
agradaba, y que esperábamos con ansia.
Siempre era el acto
7?--Acr6batas .................. «Los Lithuani»
y después seguía:
«Intermedio.-10 minutos.,&gt;
A cada suerte, á cada trabajo, el público
rompía la mon6tona pieza musical americana,
con salvas de aplausos, y aún con gritos entusiastas. ,
Era de verse &lt;tla limpieza. y precisi6n» con
q.ue ejecutaban sus trabajos y el cariño que se
demostraban los artistas, como se ha dado en
llamar (i todos los trabajadores de circo, á semejanza, y acaso con la misma razón que á
muc:hos trabajadores en mármol ó en «terracotta,&gt; y á muchos majaderos en palabras 6 en
notas musicales.
Antes de comenzar una nueva suerte, cuand_o se embreaban pies y manos los acr6batas,
siempre el di rector acariciaba la carilla pálida
de la niña 9ue iba rápidamente, por el desarrollo de piernas y brazos, camino de la pubertad, la besaba en la frente y la empujaba
C?~1 suavi_d~d al centro de la pista, y así tamb1en acanc1aba la cabellera rizada del muchacho que siempre serio y casi mal humorado,
cumplía cronométricamente con sus ejercicios
y s?lo plega1?a al público la boca grande, d~
· labios promrnentes, en un gesto más de amargura y odio, que de satisfacción y gratitud
cuando daba las gracias por los aplausos que
le regalaban después de sus trabajos.
Ese día:
Ya los programas lo gritaban en letras muy
g!andes y muy rojas, como buenas norteamencanas: «Beneficio de «Los Lithuani,&gt; .-Actos nuevos.-Gran sensaci6n.-La escalera de
«Los Caballeros Acrobáticos. i&gt;

,11~

. .: :

/.

~

'

Y todavía el acto no resultaba bien; todavía el chiquillo de boca plegada por gesto extraño, no podía sostenerse con seguridad, de
cabeza sobre la cabeza fraternal.
F élix se adaptaba á la redonda y dura cabeza, cabeza que dijérase escapada de un boliche, cabeza de acróbata, la r uedecilla acolchonada que sujetaba un barboquejo, y colocaba
encima, cabeza sobre cabeza, al pequeño Luis
provisto de la mandolina, la vieja por supuesto, que la vistm,a que tenía incrustaciones de
concha, era sólo para ia funci6n, para lucirla
y cuando no tuviera gran peligro, porque y~
Ja suerte resultara.
Entonces al compás de la música del niño
bocabajeado, empezaba Félix á ascender la es:
calera oblicua que conducía al pedestalillo,
para descender después por la otra igual escalera, siempre F élix con la vista clavada en
su carga, y balancP.ando cabeza y brazos para
conservar el equilibrio. «!l'fignón»- así llamaba el redactor de programas á la pequeña
acróbata de piernas y brazos gruesos y cortos
y carilla pálida- seguía por abajo la marcha
del grupo, pronta á prestar su ayuda al muchacho, si caía de la cabeza fraternn l.
Félix, sudoroso, chasqueaba el pulgar contra el medio, mientras el niño rubio, todo en
temores, rasgueaba el instrnmento y encogía.
6 alargaba las ¡Jiernas para buscar ~l salvador
equilibrio.
Los labios prominentes de su boca ancha
iban resecos y los ojos tijo3 siempre con la
mirada tendida hacia su frente, tom'a:ban decuando en cuando nublazones lacrimo~as.
Llegaban hasta el peldaño sexto 6 séptimo.
de I~_escale.ra azul ~ tendida oblicuamente, y
el mno vacilaba ......... y caía salvando siempre en la izquierda la mandolina, mientras
con la derecha desesperadamente abierta buscaba el apoyo que siempre le ofrecía oportunamente la «l\1ignon».

�Domingo 18 de Enero de 1903.
Entonces era cuando al propio tiempo que
se arrancaba el barboqu&lt;'jo y la ruedecilla
acolchonada, prorrumpía Félix en sus denuesios y en sus amenazas que iban in\'ariablemente perseguidos por los estrujones que imprimía al chico para adaptarlo nuevamente ú
la cabeza.
Y el niño protestaba primero.
-¡Oh! yo no puedo; no es tan fácil; tenga
paciencia.
(Aquí seguía la injuria: imbécil, estúpido
... ...... podía irse á robar; el trabajo no era
para él.)
-Vamos otra vez; cuidado, much.o cuidado.
Subió el acróbata que ante el público acariciaba antes de cada suerte la carilla pálida
de la niña y pasaba la manota sobre la cabellera rizada del niño.
Sólo se oía en el circo, á la 1-30 de la tarde, el sonillo de las cuerdas de la mandolina.
El gran circo estaba ya vacío; sólo en el
centro de la pista ensay:iban ellos, «los beneficiad os. &gt;1
Ya los acomodadores habían acabado de
arreglar por numeración las lunetas que los
concurrentes desaneglaran la noche anterior,
en su salida pre,rnrosa que no respetaba el alineamiento de los pasillos, y ya habían dejado
los mismos azules acomodadores limpios de
programas ajados el suelo y de polvo negruzco las barandillas de los palcos.
Ya los maquinistas habían preparado en el
foro la casa pobre para «Los Reyes del patín»
y habían corrido á medias el telón de anuncios.
Sólo se oía el sonido de las cuerdas de la
mandolina, la respiración agitnda de Luisillo,
y á inter\'alos irregulares el 11am golpeado de
Félix sobre las tablas de la escalera, y aquel
cha.,quido del pulgar contra el medio, ruido
con el cual el director de la familia de cccaballeros acrobáticos» quería mantener provechosa la 'ltención del muchacho, á fin de que no
rodara nuevame:1te al suelo.
No se oían los pasos de «Mignón», porque
pisaba sobre el serrín, y porque calzaba las
alpargatas de ensayo.
Llegaron los hermanos hasta la plataforma
que separaba las escaleras opuestas oblicuamente.
Félix respiró con fuerza, y dejó salir un
«vaya,, de descauso; pero al t.mpezar el descenso por la otra escalera, el niño perdió el
equilibrio y cayó hasta el suelo de la pista.
Apenas pudo ccMignón» detenerlo para que
el golpe no fuese muy fuerte, y por encima de
los brazos de ella salieron las manos de él: la
derecha abierta buscando el punto de apoyo,
y cerrada la izquierda apretando el brazo &lt;.le
la mandolina.
De un salto cayó Félix al lado de los niños
que, conocedoras de su suerte, ya temblaban.
Efectivamente: el director de la «familia de
acróbataS&gt;J rugió tres injurias, y descargó con
fuerza sobre la carilla pálida del niño, la manota ennegrecida y llena de cicatrices.
(No deben ustedes asombrarse: aquello en
el ensayo era siempre igual, á diario, porque
á diario ensayaban. Sólo en las funciones,
¡qué fraternal y qué hermoso era el cariño que
&lt;lemostraba á los hermanos Félix el director;
acariciaba la carilla pálida de la niña, la besaba en la frente, y pasaba la mano por sobre la
caballera rizada del muchacho que, siempre
serio, mal humorado, cumplía cronométricamente con sus ejercicios; solamente plegaba
al público los labios en un gesto más de amargura y de odio que de Ratisfacción y agradecimiento cnanclo le aplaudían sus trabajos. Desde las primeras suertes que el muchacho había ensayado, recibía como castigo la bofetada, y como premio un jadeante: ya está
bueno.)
La sangre saltó de la boca y la nariz de
aquella carilla ac.-obática, y «Mignón» sacó
de entre la banda del vestido viejo-el vestido de ensayo que en algunas partes dejaba
asomar la rosada carne-un pañuelo grande y
floreado.
Félix, gruñendo otra injuria para la criatura, se fué hacia la puerta para gritar á la can-

EL MUNDO ILUSTRADO
tina que le mandaran una cerveza, y volver á
trabajar.
Luis le repitió cuando ya estaba lejos, como siempre:
-Cuando yo sea grande,. me largaré.
Félix volvió la cara, y rió con provocativa
burla:
-Bien, bien: lo veremos ..... .
Sentado ~obre el redondel, apoyando los codos sobre las rodillas y la cabeza en las palmas ele las manos, quedó cubierto por la penumbra del circo, Luis, que sollozaba fuertemente y agitadamente. Se le mezclabaH en la
cara sudorosa, las lágrimas y la sangre tibias.
Entretanto crl\Iignón», apoyándole sobre la
espalda una mano, con la otra le ofrecía silenciosamente el pañuelo, sin acertar á consolarlo con palabra.«,y acercaba á la cara sangrienta
el contraste de su carilla púlida.

Domingo J 8 de Enero ele 1903".

EL MUNDO ILUSTRADO

Como es sabido, anualmente Ee celebra en
la pintoresca población de CoyQacán, un certamen de pájaros, peces y flores de ornato.
Luciclísimos son estos co11cursos y á su mayor
realce contribuye la presencia de damas dis•
tinguidas de nuestra sociedad, quienes se encargan de repartir los premios, alenta.ndo con
ello á los expositores.
Dentro de poco se efectuará el certamen correspondiente al año actual, y con ese motivo
publicamos el anverso y reverso de las medallas que se otorgarán como prernios. Por los
grabados se puede ver que dichas medallas serán verdaderamente artísticas, pues los bajosrelieves están trabajados con exquü,ito gusto.
La Junta Directiva de la Exposición publi-

á 1!éxico, y cumpliendo con la ley de lamateria, sustentó examen en la Academia de San
Carlos, siendo aprobado en él por unanimidad. A partir de aquella época, comenzó á tomar parte en distinto,, concursos artísticos y
á dirigir la ejecución ele importantes obras arquitel)tónicas, figurando entre éstas como unas
de las principale,:, el teatro J uárez' de Guanaj uato, y la Aduana de Santiago. El primero

corregir, en la parte interior algunos inconve-·
nientes que presenta en la distribución de los
salones, escaleras, etc., etc.
Las dos casas que tienen vista á la 31!' calle
de Colón, serán derribadas, según el proyecto,
para substituirlas por una serie de salas queocuparán las secciones, en la planta alta, y el
archivo en la baja. La fachada principal se
elevará convenientemente , construyéndose

EXP0SICI0N DE FLORES EN C0Y0ACAN.
Anverso y reverso de las medallas que se otorgarán á los vencedores.

El muchacho, ele pronto arr~bató el pañuelo y rugió más y dijo:
-)Ie largaré cuando sea hombre, sí; me
largaré ó lo mato!
,c:\Iignón&gt;, casi lloró:
-No digas eso...... .
(Yo, que era empleado de la empresa, desde mi escondite, tras la cortin3 roja que en la
última grada servía para disimular en unas
noches la ausencia del público que algunas
vfces llegaba á demostrar su hastío por la monotonía del espectáculo, comprendí por qué
motivo la misma empresa nos prohibía la entrada á los ensayos. )
Y por la noche, cuando ante el público se
presentaran los cccaballeros acrobáticos,&gt;, 1ujosos, sonrientes, y Félix acariciara y besara á
los niños, ¡cómo estaría gustoso el público,
cuánto simpatizaría con los artistas y hasta
qué ruido los aplaudiría!. .... .

***

cará en estos &lt;lías las convocatorias para el
certamen mencionado.

Dirtctor dt ta Escutla dt Btllas .Rrtts.
Para cubrir la vacante &lt;¡ue como Director de
la Escuela Nacional de Bellas Artes dejó el
Sr. D. Román S. de Lascurain, por renuncia
que hizo de su puesto, fué designado por la
Secretaría de Justicia é Instrucción Pública
el Sr. D. Antonio Ri\'as Mercado, notable arquitecto que cuenta en su abono con facultades muy poco comunes.
La personalidad del nuevo Director de Bellas Artes es suficientemente conocida y, por
lo mismo, nos limitaremos á consignar aquí
sus rasgos más salientes. El Sr. Rivas Mercado hizo sus estudios en París, donde recibió
el título de arquitectico y obtuvo seis medalJas de oro como premio á sus obras. Al venir

Reformas al edificio de la Secretaria de

de estos edificios, sobre todo le ha valido
muchos elogios.
'
En la actualidad, el Sr. Rivas .Mercado tiene á su cargo la construcción del monumento
á la Independer.cia que se levantará en la
cuarta glorieta de la calzada de la Reforma.

Lt\ SACUDIDA.
Es dolor ó placer, golpe 6 halago;
en l?s dulces espíritus, consuelo,
lluvia reparadora que del cielo
devuelve en gotas el ~apor del Íago.

En un periódico de una ciudad de la República, he leido que en cierto restaurant, mientras
comían varios artistas de la compañía de circo qne acababa de llegar, un jo\'en se arrojó
sobre otro hombre, y con el tenedor que usaba en la mesa, lo hirió varias veces ferozmente. Se agregaba que el heridor y el herido eran
hermanos, y que éste estaba muy grave. ,,.Parece que antes, durante un ensayo, el mayor
de los dos golpeó con crueldad al otro.»
......... Y yo be pensado en «Los Lithuani&gt;i
y en el público que tanto simpatizaba con
aquel cariñoso hermano que siempre suavizaba caricias sobre la carilla pá,lida de «Mignón»,
y por sobre la cabellera rizada ele Luis .. .
A pesar de todo, ¿se acuerdan ustedes dela
cara mal humorada, y del gesto más de amargura que ele satisfacción y gratitud que plegaba aquella bor:a grande de labios prominentes?........ .
FRANCISCO ZÁRATE Rurz.

Relaciones.-Fachada principal.

Et Edlfdo dt ta Stcrttaria dt Rttadonts.
Por encai:go de la Secretaría de Relaciones,
el Sr. Arqmtecto D. Nicolás Mariscal, ha proyectado algunas reformas al edificio que en la
calle de Patoni ocupa la Secretaría mencionada.
_La~ reformas á que nos referimos tienden
prmc1palmente á dar á la construcci6n que
ahora se confunde por su estilo y prop'orciones con las casas particulares, una apariencia
más adecuada al objeto á que se destina, y á

otro piso rematado por un ático de hermosoaspecto.
Como puede verse en los grabados que ofrec~mos en esta plana, el Sr. Mariscal se ha
aJu.stado e? la !ºi:mación de su proyecto, al
estilo arqu1tectomco del actual edificio.
Mejor es que venga l~ virtud acompaíiada
c~m la pobre~a, que la riqueza con la violencia;, la frugalidad con la salud, que la glotonena con las enfermedades.

Es en el pecho mi&amp;erable estrago
co!ltra toda virtud maldad' y duelo
Sacuden á la vez, ~elos á Otelo,
·
á Desdémona amor, envidia á Yago.
Va acompaña1,clo á cada sacudida
un germen propulsor de muerte ó vida
Es delito en la mente depravada.
·
nuevo ser en el seno fecundado
rede.nción en el pueblo subyugddo,
Y crimen en la tumba despeñada!
j\JA~UEL

Sr. Arquitecto O. Anton:o Rivas
Mercado.

S.

PICITARDO.

Reformas al edificio de la Secretaria de

Relaciones.-Fachada posterior.

�Domingo 18 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUS'l'ltADO
mi paseo, luego me detuve; cuando me cansaba de ver en el espejo, enarbolaba mis «gemelos» y veía furiosamente haf'ta que el tortico\i me rendía y tornaba á mi espejo y así
hice las tres \'eces que estuve allí, pues aunque estuve cuatro, la última no la cuento, porque solo vi al Papa.

***

' «Michel piú che terreno, angel divino", como dijo el Ariosto, era, ya se sabe, ei emperador sin bP.rederos de la escultura cincocentista. Así lo creía Julio U cuando le encargó
su sepulcro; ya estaba listo el ángel para desbastar los dos mil quintales de mármol que
en bloques formidables había hecho arrancu
á las canteras de Carrara, cuando el Papa varió de idea y quiso hacer del escultor un pintor. Furioso de horror y de ira, Miguel Angel
se evadió del pontífice, que no ce3Ó de rechmarlo á la sefioría de Florencia; hasta q 11e
por influjo de lo'I jefes de la República, del
gran bonachón Soderini, sobre todo, el artista tornó á ponerse en contacto con su iracundo Mecenas: el Papa acababa de aplastar á la
republiquilla de Bolonia y á sus jefes ·ó tirnnos que pretendían emanciparla del yugo romano. El escultor levantó al guerrero triunfante más bien que al Papa, un monumento
coronado por la estatua pontifical, digna de
un emperador de los tiempos altos (de esa estatua derribada por los boloñeses c·n un día
de exaltación republicana, no queda un· solo
fragmento). Y luego, ya sereno y resignado
á ser pintor, volvió á Roma, subió al departamento del Vaticano en que estaba la vasta Hala cuyos muros laterales estaban decorados
por frescos de Sandro BottiJelli, de Pinturri-

chio, de Ghirlandaio, de Signorelli, curiosos,
interesantes, bellos, apagados hoy por los destellos del estupendo reflector encendido en la
bóveda; vió, levantó su enorme andamio, hizo venir de Florencia unos cuantos artífices
que le enseñasen los secretos de la pintura al
fresco, se acostó eir su antro oculto junto al
techo y pintó, pintó, pint6 cuatro años largos. Ya su barba y su vientre se habían unido por un hof'io deforme, su rostro estaba sin
cesar maculado y convertido en mosaico por
el gotear de los pinceles y aquel hombre no se
sentía pintor, «ne io pittore». Bajó un día,
quitó sus andamios y vió todo lo que había
hecho. Tenía razón; aquello era una escultura ó una pintura esculpida. Roma entera. desfiló bajo la bóveda, desconcertada, estupefacta, atónita; la admiración vino al fin, dura.
todavía, durará cuando la :marteada bóYeda y
los frescos gigantescos hayan muerto.
Y allí fuí un &lt;lía, después de visitar largamente la basílica pontificia; pasé cuatro horas, sentí una fatiga infiñita, una trepidación
psicológica inexpresable, un deseo inmenso
&lt;le dar un grito que resonara corno un trueno
durantE; un &amp;iglo, un deseo inmenso de callarme para siempre. Dorm~ diez 6 doce horas
seguidas, si no me habría muerto.

***
¿Qué ·hay, pues, allí? No sé. Es como si un
Hirnala.ya ó un Ande le pusiera á uno la mano
sobre la cabeza. Es ésta una de esas obras
huma.nas que son, para nuestro limitado espíritu, superiores á las obras de la naturaleza;
éstas producen una sen!'ación envuelta en el
misterio, que es una emoción; las obras del,
genio complican la sensación y la emoción
con un mundo nuevo: el pensamiento. La bóveda de la Sixtina piensa.
Es un poema. plástico ¿hay otro igual? ¡Y
qué mal prevenido iba yo! Varias personas
me habían dicho en México, en París, en Madrid: ¡la Sixtina es una disilusión, es un «camelo»! El Juicio final, una rapa bituminosa.
en donde se amontonan hércules de feria en
convulsión; la bóveda, una placa de cuadros
apagados entre un laberinto de figuras desnudas y figurones vestidos; los desnudos, obscenos no por desnudos, sino por fuertes.
Entré, arreglé mis anteojos y vi durante
una hora C&lt;el Juicio final»; Iu ego tomé u no de
esos espejillos muy bien plateados que alquilan los guardianes de la capilla al entrar y fuí
viniendo paso á paso desde el lado contrario
al «Juicio», que fué por donde comenzó l\Iiguel Angel; luPgo rehice en sentido contrario

Sí, señores, permítanme ustedes ante todo
rezar por los que Yen un «camelo» en la Sixtina. ,,Perdónalos, Señor, no saben lo que diCP.n. Y si lo saben, Señor, por qué no has
permitido que yo fuese en su lugar, ruantns
veces han idu ellos? RehazleR, Señor, la mollera y líbranos de mal. Amén.,,
-Lo que sucede, me decía uno de pi;os aniigos míos, es que ibas "suge"tionado» por todo
cuanto has leído, clesde ·wíncktlman, &lt;le,&lt;le
Goethe, desde Michelet, ( no, esto no lo decía
él, lo digo yo) y Montegut, y Taine, y .Burckardt, y Klaczko, y Castelar (y fa mar) y
naturalmente no es uno hombre &lt;le talento, si
no le gusta la Sixtina y tú quieres pasar {1 todo trance por homlire &lt;le talento, sobre todo
á tus propios ojos.
-¿De modo que no me ha causado una
impresión inmensa la Sixtina·? ¿De suerte que
&lt;"S pura «pose" la mía?
-Lo juro.
Yo os juro, lectoref', que ésta es una calumnia infame. Os juro ...... Pero en fin, vayan
ustedes á ver...... ¡Y llévenme!

**"
Ojos, anteojos y espejo me mostraron esto
sucintamente; una ilustraciún de la :Biblia.,
una Biblia plástica ¿lo he dicho ya? Pues lo
repito: un poema plástico, austero, titánico,
hecho con puro material humano que á fuer za de sencillez y de idea se vuelve di vino. Cou
puro material humano; allí no hay más que
piedra y músculo vestido ó desnudo; más bien
desnudo. Todo es pintado, piedra y músculo:

el limpio cañón de la b6veda se volvió un_a
arquitectura: entablamentos, tímpanos, p1la.strai:, ménsulas, cariátides, cornisas suben
del muro al centro, en donde, entre fuertes
marcos arquitectónicos, se desarrollan en trípticos conjugados cuatro grandes cuadros ( iba
á d ecir tapicerías) y cinco pequefi.os que rep re.-;entan los primeros momentos del Génesis: una teogonía, una cosmogonía: un surgimiento de la divinidad, un surgimiento del
uniYerso, un surgimiento del hombre, un surgimiento de la humanidad. Dios naciendo
del caos; Dios distribuyendo el cosmos, es
decir creándolo; Dios recorriendo su imperio
(« l~I «Pneuma&gt;: de lah,·é era llevado sobre las
agua;;»); D io,; com unicando al hombre lacentella psíquica, «animándolo».
Luego el drama humano: el idilio preliminar: Eva; el primer acto &lt;le la. tragedia: la necesidad de conocer, la Ciencia y su satánica
epifanía en el E&lt;lén; la expulsión del Paraíso
á este valle de lágrimas. (La mirada de Eva
es un mundo de dolor. de espanto y de esperanza. Parece decir: ya sé lo que es la desventura; no importa! l\Ie llevo unos momentos de
paraírn conmigo, me llevó el amor). Def:¡rnés,
ó poco después, aparece la humanidad en el
Dilu\·io (siniestro, sublime cuadro en su ho. rror y en su color) en fin, los hijos &lt;le Noé,
las razas, el .insulto al P_adre, el origen de la
raza maldita......... La redención por el agua·
que se llamó el Diluvio no había bastado;
reaparecía el pecado al otro día del castigo,
era preci;:a la redención por la f'angre .... . . Y
comenzó la preparación: eso es lo que anuncian esos profet:1s, esas sibilas, todos pensando, todos meditando, todos escudriñando la
ciencia humana para vislumbrar la ver¿ad divina: héla aquí: el olesías vendrá. Ved estas
familias pobres, sin historia ó con la misma
monútona historia de labor y esperanza infi nita&gt;&lt;, estos grupos de los tímpanos: pues allí
se elabora la buena nueva, de esas entrañas sociales nacerá el Cri~to. ¿Y será vencido el pe-

Domingo 18 de Enero de 1903.
cado? ¡Oh! no, el mal es eterno, el mal renacerá perpttuamente.... Y entonces habrá que
extinguir la humanidad, habrá que reincorporará Dios lo; buenoR y al mal los malos.
¿.Y cuúl será entonces el objeto de_ l_a lucha'?
Misterio, abismo. Eso cuenta "el Ju1c10 finaJ,,_

***
Y no hay más, como pensamiento; no hay
más en la bóveda de la Sixtina, á pesar &lt;le
que no ha habido visionario, soñador, .filósofo ó teólogo que no haya leído estas pí1ginas
maravillosas como los intérpretes las pictografías, descifrando símbolos y desatando enigmas. No, la interpretación vuelve estos episodios á su genuino sentido y de esta version
plástica del libro '!anto, sólo puede extraerse
lo que allí puso el arcángel-poeta del pincel y
del cincel: el libro santo.
Sí, pero si Miguel Angel no puso allí una
metafísica esotérica, de esas que solo pueden
comprender los iniciados, sí pu~o una alma,
su alma, su alma inmensa. Esa alma, ya se ha
copiosamente dicho, y no podía menos, y es
cierto, era la de un di~cípulo de Dante y del
dominico quemado por orden de Alejandro
VI, de Savonarola. Estos dos profetas, ardientes, batalladores de la verdad y del bien, descomponían la luz del mundo en un espectro
de tristeza, de dolm- y de ira santa. Era el de
ellos un pesimismo que no resultaba de esa
especie de fe en la nada como el de Schoperíhauer .v el de Leopardi ( 4ue es en la poesía
un Miguel Angel sin antorcha), sino el que resulta de la confrontación perenne de la realidad con el Ideal; confrontación dolorosa, más
amarga que la muerte. De este pesimismo estaba impregnado Miguel Angel. No hay una
sola sonrisa en aquel inmenso e&lt;lificio en &lt;¡ue
el material supremo y único casi es la figura
humana; hasta en las más dulces de estas figuras, la del padre Adán en su "animación", la
de Eva brotando de Adán dormido, la de la
Sibila délfica, que es una maravilla de pensa-

�Domingo J 8 de Enero de 1903.
miento y de forma, l:t de esa divina mujer
que ~e viRlumbra más que se Ye en el tímpan,o coloc.:l;o entre Daniel y la Líbica, os dirnn ~l m!smo sentimiento; en ninguna enco:-!trar~1e m. un solo anuncio de alegría; al contrano, mientras más clulcel', más tristes.
Así es como aquel hombre que sufría físi~mente por !a ~ootura en que pint6 cuatro
anos ( él lo dice a maravilla en su famoso soneto.á Juan de Pistoia) izado en su tablado
altísimo; que sufría moralmentP. con las desgracias de su patria; que sufría intelectualmente por su inconformidad con lo existente
que le parecía todo onentado hacia el mal·
as1, es como aquel hombre feo (la fealdad sin-'
gular hace á los hombres 6 misántropos 6 bufos 6 ambas cosas) á quien un compailero de
taller, cansa.do de sus sarcasmos, había aplastado las nances de una puilada; aquel hombre ca&amp;to que nunca se vi6 -nel diletto della
carne involto,» que nunca tuvo más que una
gran p~si6n de espíritu, la &lt;le la pura y luminosa é mefable Yictoria Colonna; así fué como con su ~lma, más que con su pincel, pintó 6 esculp10, porque todo allí lo repito es
~cultu.r;1, la b6veda de la Sixti:1a: por es~ la
imprts1on total es supremamente melancólica. ¡Cómo! Hasta Dios es triste? Oh! maestro
si J?ios fuera capaz de tristeza se resumiría eÍ
Umverso en una lágrima!
Pero esa alma era una complicación no
una simplificación; cada alma es un agregado de almas; por eso la psicología, con
perdón del maestro Ezequiel Chávez, es todavía una especie de alquimia; para llegar en
estas almas compuestas al elemento irreductible y simple, á la ((faculté maitresse» de Taine, ¡qué trabajo! y cuán vano, casi siempre!
El alma de Miguel Angel se distingue por
el don formidable y doloroso de concebir la
forma, pero no la forma escueta macerada y
nimfa de los primitivos 6 de los ~ísticos, sino
plena, rotunda, enorme, lujuriante como solí~n concebirla los paganos, como la concibieron el autor del H ércules Farnesio 6 el autor del Laocoonte; solo un pa&lt;&gt;ano podía entender así ~a plástica, s6Io un pagano, sUo uno
de esos artistas que podían decir: la forma es
~do, en la ~orma está el alma, era capaz de
pi!:~r el Cnsto Heraklés del Juicio final y el
ceJiJunto Júpiter olímpico del fresco de la
Creaci6n de la Sixtina ( todas las figuras de
Jehovah pintadas en la bóveda llevan en la
frente el pliegue clásico del rost~o famoso del
Júpite~ de ~tricoli) son hechuras paganas y
lo son mfimtamente esos pares de mancebos
mara~illosos que decoran en posturas que
co~sbtuyen un reto á todas las leyes de la estát1~, los .ángulos de los frescos superiores,
l~s .«1gnudL». Plásticamente esas figuras son
d1vmas; pero la divibidad les viene de que son
soberanamente humanas· es la misma explicaci6n del antropomoríis:Uo helénico· á fuerza
de embeber
de serenidad de belleza 'de pen.
samien.~, una figura humana, la daban una
-9xpres1on, un verbo divino.
Pero ad~más de ser pagano, era este hombre, lo repito, profundo, intensamente cristiano en su obra. ¿Cómo esta antítesis? Pues sí,
Y ~n pr.ofunda que puede inferirse de ella, al
ex1Stenc1a de otra alma. Veía como un pagano, sentía como cristiano ambas cosas hondísi';Il~n_iente. Porque veí~ como un pagano,
la drnmdad adquiría bajo sus pinceles el aspecto colosal; los super-hombres de Nietzche
~o son más que dioses paganos, en el sentid~
mtelec~ual; así los comprendían los paganos
e~ su aspecto físico; los dioses en comparac1on .de los hombres eran titanes; Miguel Angel ~ie.m_pre pint6 6 esculpió titánicamente á
la divinidad. Sentía como un cristiano: nun.
ca fué de la secta orgullosa y selecta encarnada en aquel gran Farinata de gli Uberti, que,
según el Dante, veía eón tan soberbio desdén
al_in.fierno (como que no creía enél)· fué un
cnstiano de corazón; el ideal del cristi~no según el maestro que acabo de citar es ten~r el
coraz6n religioso, eoo basta Dios no exije
más. (Con vito.)
'
Pero, en honor de la verdad Miguel Angel
era un v~rdad~ro díscípul.o de Savonarola, que
hab~a de¡~do imbotirwble impresi6n en su ánimo J.uveml; quién sa~e si pertenecía al grupo
de discípulos del ardiente ~ominico, al grupo
)

)

EL MUNDO ILUSTRADO
que celebraba en secreto su culto y adoraha
sus reliquias: el fierro en que había sido ahorcado, el cilicio que el fuego no había consumido, el vino que habfa bendecido antes &lt;le
morir, sus cenizas quizás........ Así como el
fraile temerario que, sintiéndose un Elías ó un
Jeremías, había gritado á la faz de la iniquidad del mundo: «el Papa Alejandro YI no
c~ee en Dios",. así .l\Iiguel Angel empapaba su
pmcel en las iras, en las negras venganzas que
relamp~guean sin cel'ar en la sombra trágica
del antiguo testamento. El ceño de Dios cont:aí&lt;lo desde que el primer hombre aparece,
s1~u~ a~í al través de toda la preparación del
cr~st1~msm? durante la ley mosaica. ¡ La Biblia t~e.ne sm emb~rgo sonrisas y escampado3
de Id1ho! Esto lo ignora Miguel Angel, lo ignoró Savonarola; su cielo fué relampa&lt;&gt;ueante
y ne¡zro; s6lo el cielo del Paraíso tien~ el co.
lor del zafiro líquido que el profeta veía en los
frescos del Beato Angélico en las celdas de Sa11
Marcos; pero era este un cielo ideal el de ultra-tumba.........
'

*

.
* después de conT rernta
afios, según *creo,
cluída la bóveda en cuyos ángulos, como soportes &lt;le ~u. obra, Miguel Angel resumi6 la
moral del vieJ0 testamento en castigos terribles
(el de la plaga de las serpiente~ sobre todo
que es un prodigio de pintura c;uel) treint~
años después, digo, acab6 ele pintar s~ .Tuicio
fi.nal. ~l. es tll mismo, es la misma interpretac16n trag1ca y negra ¿Que es el cielo Dios mío
con un amo t~n fuerte, tan terrible,' tan poco'
capaz de sonrisa ~ de misericordia•? El «pauci
rerum sum .e!ecti» es la regla sin excepción,
allí, en el J ~1cio final; puede haber premiados
por sus méritos, porque conformaron su vida
á un ideal d~ austera virtud, porque vivieron
como Fra Girolamo quería que los florentinos
viviesen cuando fundó la república de Cristo·
pero no hay perdonados, no hay pecadores'
solo hay justo.s; pecadores sí hay, llenan eÍ
cuadro de lágrimas, de lamentos de actitudes
pavorosas, de contorsiones fr~néticamente
exasperadas, pero todos caen hacia el infierno
como caen los objetos hacia el centro de la tierra en virtud de la gravedad.
T?do ello no era más que la traducción de
la vida por un alma dolorosísimamente inconforme ?~n la vida, por un alma que había sido espmtualmente bautizada por Savonarola
é iluminada con luz ~obrenatural por el Dan:
te. Los que se creen mamados, los que se juzga~ por. algún defecto físico capital incapaces
de mspirar amor ( amor de mujer se entiende
que es. el a~or), los artistas que ~e sienten an:
tiestét1cos, o retan á Dios ó retan al mundo·
la obra entera de Miguel Angel el inmens~
poeta de la nariz aplastada, es u~ desafío, es
un anatema al inundo.
Pero es un himno perenne á la naturaleza
que P,ara él es.la fuer za, ya que no la gracia;
¡oh! a la gracia llega tan pocas veces! Cuando
representa al ser humano en la plenitud de la

Domingo 18 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
vida, llega á algo que llamaríamos la gracia
d~ la fuerza, la lu~ del poder, como e11 esa divma figur~ de J o!'!a~, que anima el Juicio final
desde la boveda. No me cansaba de verla •fué
un efecto pasmo8o el que me causó; reduc~ibnes ~u.ras son todos los mancebos desnudos
q~1e decoran los trípticos del plrif6n. Ese Jon&lt;1s, es, e1~ su el'culturnl belleza, la villa inmortal, In Juventud .eterna; es la eterna juventud ~e la ohra de M~gu.el Angel sintetizada en
1~ mas r~~I, en la mas 1deaJ de las representaciones vmles ele] a.rte huma~o. Xo, ni el A polo del Belvedere, m el «A pox1omenos" de Lisipo ( que er,;tcfo. p~r allí á diez minutos de distancia de la S1xtma ) me hicieron el efecto de
esta estatua de J onás, que es una pintura.

***

PP.ro todo est?. es repensado, es hecho
luego, es el análisis, pluma en mano de un
bloque &lt;le sensación, de sentimiento &lt;le emoción,. todo jun~o. Por consi.guiente &lt;&lt;~o es.» La
renl 1mpork'lncia de la crítica para crear se infiere rlara de estos de8menuzamientos del ser
El crítico explica y cuando ha explicado un~
personal.idad humana hasta en sus elementos
1rredu~hble~, preten&lt;le rehacerla, se empeña
en la srntes1s y no resulta la vida, cuando más
resulta un «homunculus.,, Quien crea es el
po~ta, n~ e~ el crítico; es Miguel Angel, no
Tame . .Nadie ha llevado el análisis de un 1,].
ma humana más allá de lo que lleva Taine el
de Napoleón, y al rehacerlo le resulta un precipitado psicológico en el fondo de su retorta
dialéctica, un Napoleón &lt;le laboratorio.
Yo salí de mi~, visitas á la capilla arcangélic.1. con la sensac10n de que pesaba sobre mi ce1;eb.ro una humanidad entera, materia prima y
ultima de la bóveda. Era una Babel de cuerpos humanos que sentía yo pesar materialmente sobre el alma (¿puede decirse esto?),
derrumhars.e en el!a como aquella gente que
llovía del cielo al infierno de Alighieri. Mas
hay un modo de serenarse, de al igerar la carga de _pena que todos aqu~llos dioses y hombres tristes y aquellas muJeres dolorosas dejan
en el espíritu: tornará ver la cabeza de Jonásdivinamente escorzada en la misteriosa sombra, ó ver reflejarse en la tersa superficie del
espejo á Jahvé, el Dios animador comunicando al primer padre la electricida¡l vital que le
circula por las venas y lo hace pensar ya. y lo
prepara á .amar_, Una gra1~ onda de paz y de
serena resignación á la existencia viene de la
sublime figura y circunda el alma nuestra isla sin nombre, con el océano siu horiz¿nte
del alma del artista.
¡Pero qué fatiga, Dios de todos los cielos!
Vol~i':°os al hote).sin ver ú la Roma de hoy,
bulhc1osa y regoc1Ja&lt;la, que nos hace señas para arrastrarnos al fondo ele su fosa de historia
de pasado, de sepulcro; se encierra uno en s~
cuarto y cae sobre el lecho, «come corpo morto cade.»

Justo Sierra.

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.--ILUSTRACIONES DE SIMONT.
TRADUCCION Df "fL ~UNDO ILUSTRADO."
( CONTINÚA. )

, Y yo escuc~aba á 13: anciana, subyugada por sus palabras, cuyo
mas ho?dº. sentido traui:oa de comprender, cuando de súbito apareció
ante mis OJOS una especie de castillo de fachada blanca techo de tejas y á los lados unas torrecillas elecr~ntes
en tigura de palomar.
0
-Allí es-dijo la anciana.
-¿La casa del alcalcle?-pregunté--¡qué bonita es!. .....
La mujer exclamó con rudeza:
-¡Vaya usted! ¡Corra! ¡Es bonita! ¡Usted también es bonita!
¡El a.lcalde la e~pern !
escuela no está lejos: allí abajo, junto á esa
esquma ...... y el ¡msara por esa e1,quina! ¡ por allí pasará!. .... .
Y se alejó rápidamente, no obstante que tenía algún encargo para la casa. ;,Qué la sucedi6•? ¿Era realmente una loca? Se alejó golpeando el suelo con su bordón. l\fe causaba interés su figura encor:ada, su cabeza envuelta en un pañuelo, que le daba aspecto de bruJª· Creí estremecerme &lt;le espanto; de mí salió una simpatía que fué
tras aquella mujer.

1:ª

VIII
Llamé á la reja de la casa. La sirvienta vino á abrir, me hizo
atravesar el jardín y me introdujo al despacho del alcalde. ~Iuebles
elegantes. una revista sobre una mesa, libros en un estante, cuyos títulos, vistos de u ria ojeada, me asombraron ...... Me aturdí un poco.
Este conjunto y las palabras de la vieja, me turbaron. ¿Qué clase de
persona sería este alcalde, eq__quien yo creía encontrar un rudo campesino?
Phrasia, la sirviente, regres6 luego. Sus ojuelos bondadosos expresaban una satisfacción que yo no me explicaba.
-Es muy molesto para la señorita; pero el sefior alcalde no está
en casa. Creo que salió sin que yo le viese. ¿Ko querrá usted regresar
cuando esté él aquí?
-Vengo, buena señora, á hacer una visita al señor alcalde; pero,
sobre todo, á recojer las llaves de la escuela-dije sin contener mi impaciencia.-¿A d6nde quiere usted que vaya mientras·? ...... Soy la
institutriz.
-Lo sé, lo sé. Tanto que el señor esperaba ayer á usted. Ji~n
cuanto á las llaves, yo creo que las necesita usted ...... Si yo pudiera
encontrar á monsieur Durand, el ayudante.
Se asom6 á la ventana entreabierta, y llam6 á alguien que pasaba:
-Eh, Victorina, mira si el tío Durand está en su campo.
Me acerqué á la venk1.na, y vi que la llamada Victorina era precisamente la vieja que me había acompañado. Así lo dije á Phrasia.
-¿Entonces notaría usted que está un poco chiflada?
-Así lo creería yo; pero no es mala, ¿verdad?
-Eso, según ...... hay aquí gentes buenas que la iemen.
La vieja regresó diciendo que allí estaba el señor Durand, y Phrasia la envió nuevamente á decirle que Yiniese para un asunto del al•
calde. :Minutos después, un excelente campesino se presentó á saludarme con cortedad. Le presenté mis papeles de ideñticlad, mi nombramiento, etc.; él los examinó cuidadosamente, y luego, atendiendo
á lo que le explicaba la 1,in·iente, ofreció ir á la oficina á buscar las
llaves. Quedé sola con Phrasia, que cerró la ventana, corri6 las cortinas para que entrara el sol, y atizó la chimenea.
-No tiene usted más que sentarse y aguardar. El tío Durand no
tardará mucho. Pronto estará usted en la escuela, que desde aquí
se ve.
Me mostr6, á través de los vidrios, una construcción cuadrangular, amplia, rodeada de un jardín. Me pareció que aquella casita, soña&lt;la tanto, estaba bien aislada, no obstante su cercanía. á la del alcalde. No po&lt;lía apartar de ella mis ojos. Figuráballle ya que había
de sentarme en «aquella» ventana, que desde allí divisaba; que me
pasearía en «aquel» jardín, que tendría sólo, como vecino, al alcalde
y su sirvienta.
-¿Está usted triste, señorita?
-¡Oh! no, Phrasia. Estoy mirando mi futura casa.
La pobre mujer se ruborizó &lt;le placer al oír que la llamaba por
su nombre.
-Victorina ha:)rá dicho á usted mi nombre de seguro ...... Por
mi p!l.rte, me parece usted muy amable. Pero la señora no gusta de
que se haga nada en su ausencia, y, por esto, le había dicho á usted
que regresara.
-Bien comprendí que tendría usted alguna razón para ello, Phrasia. ¿,Es casado el sefior Raibert?
Dije esto con indiferencia. La buena mujer parecía tener gran

afecto á sus señores; el poquísimo interca r¡ue yo daba á mis preguntas pareció excusar su indiscreci6n. Comenz6 á hablar:
-¡ Por supuesto que son casados! No se podría decir lo contra-.
rio. Desde luego, yo respeto tanto al sefrnr como á la señora, y jamás
diré mal de ninguno. Pero la Reñora es mucho mayor que él. Y luego, él es de un carácter tan distinto al de la señora que, á fe mía, es
muy cierto que el pobre hombre sufre. Pero es culpa &lt;le él. ¿Por qué
se casó con ella? Era ella una pobre vieja, la «tía» Zoar&lt;l, como yo ó
como Victorina, vea usted! T1:mía muchos parientes ricos, que no la
ciaban ni una sola migaja, porque e,itaba refiida con todos. Un día,
no sé cómo se las arreglaron, pero ello es que los parientes murieron
uno tras otro, y qued6 ella como única heredera. Entonces le dijeron
riendo: «Ahora que es usted rica, señora Zoard, debería usted casarse. Tal vez haya galanes que la cortejen, el señor Pierce, por ejemplo.» Como á los dos meses la señora Zoarcl se casaba con el señor
Raibert.
-Pero-le pregnnté-¿quién lo oblig6 á c.'tsar e?
-Eh! Fueron los dineros de la señora Zoarcl, buena señorita!
En los días de abon1, todo se hace por dinero; véalo usted.
Y se echó á reír.
-Creo que hasta usted misma, si hubiera encontrado facilidacl
de esos dineros ....... .
-Oh! Phrasia ..... . .
Su rostro candoroso pareció turbarse porque yo hubiera encontrado algo malo en sus palabras.
Por otro parte, yo no estaba dispuesta á seguir oyendo esa charla. La historia del Sr. Raibert acababa de provocar todo mi desdén y
con él toda mi indiferencia.
Allí viene el Sr. Durand-dije, poniéndome en pie, porque adiviné su llegada al oír el ruido de la llave.
Y volviéndome á la mujer, que había quedado confundida:
-Si usted viniese con nosotros, señora Phrasia•?
Le encantó la proposici6n.
-Seguro que sí! Y vaya que la pobre difunta era mi amiga, y
yo conozco la casa mejor que nadie.

IX
Partimos en pequeña caravana.
El sol, briilante ya, fundía la nieve á or~llas del sendero, y bañaba de luz montañas deslumbrantes. Impaciente y conmovida marchaba á toda prisa, devorando con la mirada «mfo sendero la empalizada de «mi" jardín, la fachada de «mi» casa.
'
-Ve u~te&lt;l que no está lejos la casa-dijo Phrasiaen el momen~ en que el Sr. Durand abría la reja.
En seguida el pobre hombre, muy mortificado, con voz balbuciente; pero ayudado de Phrasia, me explic6 c6mo funcionaba cada
una de las cerraduras y me hizo Yisitar escrupulosamente cada uno
de los departamentos Je la casa.
Una hora después llegaba al salón de clases: una pieza con dos
grande~ ventanas, seguida de una salita d.e desahogo; con sus gises
y sus lienzos sobre una plancha; sus hanqmllos, un mapa-muncli en
un ángulo; escobas, gamuzas, todos los útiles de aseo.
En el lado opuesto un corredor, una pieza rntrecha. con las paredes y el piso muy bien cuidados: amueblada con un diván alaunas sillas y en el centro una mesa de caoba cubierta con una 'carp~ta
verde.
-Esta es para las recepciones, como si ·dijéramos el sa16n -me
dijo Phrasia. Cuando el inspector, ó el alcalde ó el señor cura' vengan á verá usted, aquí será donde los reciba..... .
Sub~ó por la escalera interior: abrió las alacenas, me mostr6 todos los uncones.
-~~lí pon.rlrá usted sus proY~siones; allá su ropa; por aquí las
cosas v1eJas. Tiene usted una cocma pequeiia, pero cómoda. Junto
hay una piececita; la pobre señorita Bellot no la empleaba para nada; usted Yerá en qué la utiliza. Por último, aquí está la recámara.
Vea usted, todo está muy bien, la cama, los muebles: nada falta.
No permanecía un momento quieta: todo lo registraba mostrándome los útiles de loza.
'
El bueno del ayudante la dejaba hablar, y también pronunciaba
alguna que otra frase, completando las de Phrasia. Abajo estaba la
ra.rbonera, en el fondo del corredor. Y estaba bien provista lo mismo que el bote del petróleo. Yo debería gastarlo á medida que lo n 6 cesitara, por supuesto, siu despilfarro.

�Domingo 18 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 18 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
Por último, me llevaron lí recorrer el
jardín, rodeado de unaempal!znda, y con
un rincón retirado y circuido por un
alambrado.
-En estío esto se cubre de verdura.
Ya lo verá usted. Las alumnas ho deben entrar aquí: esto es sólo para usted.
Todavía me llevaron á un pasadizo
chaparro, cubierto porun cobertizo, y en
cuyo fondo una puerta daba acceso á a l
go que debe haber sido en otro tiempo
una caballeriza; pero que ahora estaba
atestado de muebles viejos, libros no menos deteriorados, una ó dos cubas, una
escale1a de mano ...... qué sé yo cuántas
cosas más.
-Esto no es de usted, señorita,-me
dijo el ayudante-por más que usted guarde la llave. Todo esto pertenece á la oficina municipal: son corns viejas que no
hay doude guardar Y. que no es posible
echar~á la basura.
Al hablar así me mostraba aquel
montón de muebles viejos y f polilla dos.
Salimos.
-Ahorn,-me dijo Phrasia-ya conoce ust(d i::u casa. ¿Quiere usted que
en algo la ayude hoy?
(CONTI.:SUARÁ.)

INAUGURACIONDE LA ,JOYERÍA "LA PERLA"
NOTABLES PROGRESOS
Prneoa mu.v clara de lo que i-ignificnn en la época ele paz quP, atravesamos, el espíritu de empresa
prudentemente dirigido y la perseverancia en el trabajo, fué la inauguración del nuevo edificio &lt;le la
Joyería ccLa Perla,» efectuada el sábado 10 del corriente, y de la cual
han dado cuenta las principales publiraciones periódicas.
El auge, verdaderamente notable,
adquirido en los últimos años por
la importante negociación mercantil á que nos referimos, demandaba ya la construcción de un local apropósito para 1:iU objeto, provisto de amplios y vistosos escaparates, de bien arreglados departamentos para atender al públicu, y, en
suma, de tocias aquellas dependencias que hacen &lt;le los establecimientos de este
género, casas dignas de ser visitadas y favorecidas por los consumidores rnás exigentes
y &lt;le más refinado gusto artístico.

El edificio, s egún el proyecto.

tran doce esbeltos aparadores que rematah en
óvalo. Su entrada principal, de correctas proporciones y vistoso aspecto, cae á la calle de la
Profesa y está destinada al público que visite

Los Srs. Diener, prop ietarios de "La Perla."

Los Sres. Diener Hermanos, laborioso:,; y
emprendedores propietarios de c,La Perlan han
comprendido el"to, y en su afán &lt;le corresponder á su clientela la decidida. protección que
les dispensa, mandaron construir en la esquina oriental de la P rofesa y callejón de Santa
Clara, el hermoso edificio que acaba de inaugurarse y que en nuestro c,boulevard» figura como una de las más preciadas joyas de ornato.
La suntuosa finca tiene 35 metros de frente
por 16 de fondo, y en su fachada se encuen-

La ent rada á la Joyería.

puede exigir el gw;to m¡'1s delicado_
Hay allí, taml,i(.n, multitud de ohjetos indispensa.bles á toda clafle depersonai:; y puestos al alcance de todas las fortunas; pues desde la joya de más alto precio que sólo puedé adquirir el capitalista, hasta el
reloj que, sin i-acrificio alguno, es
&lt;lado obtener al olirero, se encuentran en lo~ aparadores colocado,. de
tal manera, con tal arte, que llaman desde luego la atención. Tocl&lt;&gt;
lo que allí ge exhibe, es de lo mejor
que se conoce y de calidad reconocida.
En el interior, al lado derecho, se
ve una st&gt;rie de primorosas vitrinas
de cristal, donde i;e expone á la vista de los visitantei,, una variedad
de objetos de arte verdaderamente
dign&lt;J. de ser admirada: collares ele perlas
y brillantes, braceletes, anillos, etc., etc., entre
los cualPs se encuentran jo_vaR c¡ue valen S25, 000
y aun S 30,000. Amplios pasillos, conveniente-

Exterior de " La Perla" el día de la inauguración.

el establecimiento. La otra, que ve al callejón
de Santa Clara, se destina al servicio del escritorio, de los empleados y de las habitaciones.
Los t:-ahajos arquitectónicos son obra de los
Sre&amp;. Ingenieros Dorner y Bacmeister.
La puerta principal da acceso á un salón oval
y tapizado con mosaicos de granito, en cuyas
paredes descansan lujosos aparadores. En estos puede verse, admirablemente dispuesto
todo lo que en materia de joyería y relojerí~

mente dispuestos, sirven para recorrer esta.
parte del edificio, notable por mil títulos.
A la izquierda, se ve una multitud de estatuas de alabastro, de bronce, de oro, de plata,
que forman un conjunto deslumbrador. La
variedad de formas y de clases, y el primor
con que están trabajadas, son para dejar y
con mucho, campo abierto á todos los gust~s.

***

Por último, baremos menci6n del departa-

Un detalle de la planta baja

�Domin*o 18 de Enero de 1903.

EL 1fUXDO ILUSTRADO

[L
ANI X•••JOMO 1.--NUM. 4

Mu No·o

ILUSTRAD o

MfXICO, fNfRO 25 Df 1903.

91rccten uc. RAl'A(L Rtn&amp; &amp;PINDOLA.

Los em ple ados de " La Perla."

mento central. En él Fe halla la mús completa colección de bastones y rt&gt;lojes de pared,
de bolsillo, de escritorio y de pie.
... Entre los de pie, se distinguen los llamados
«Boule," que son especialidad de la easa. En
el segundo piso hay más salo1ws que se deFtinarán á la exhibición de novedades y ú los
que se tendrá acce!:lo por una hermosa escalera que se está acabando de construir.

Dada esta incompleta idea de. la distribución del nuevo edificio de ,e La Perla,¡• y de las
valiosas exhihiciones que tanto han admirado
sus visitantes, agregaremos alii;unas palabras
relativas á la inauguración. Más de 2,000 invitaciones repartieron los señores Diener entre
las fam ilias de la alta sociedacl mexicana, el
{;ue1 po Diplomático, la Banca, el Comercio,
la Prensa, etc. A las diez de la mañana, los
invitados comenzaron á recorrer el edificio,
:siendo galantemente obsequiados por los dueños de la casa con finas carteras, calendaril's
artísticos, y u n «lunch champagne.» Entre los
concurrentes ee repartió el vals «La Perh1,»
compuesto expreRaniente para la inaugurnción
por el señ or Lerdo de 'l'ejada, director de la
orquesta ~ue amenizó el acto.
Entre las familias y í'aballeros qne visitaron la joyería, vimos al Sf'ñor Ministro alemán
y su Secretario, y á los de Bélgica, Italia y
Austria; al seüor General Rinc6n Gallardo y
-su espo¡,¡a¡ y á las familias Fernández Castelló,
!caza, Barrón, Escand6n, Algara, Iturhe
y otia~. La seiiora esposa del señor Presidente de la República, que concurrió también á
la fiesta, fué oh~eqniada con una primorosa
Lombonera por los señores Diener, quienes en-

Ger ente: LUI&amp; Rtl'~ &amp;PI NDOLA

Cent ro de mesa .- Reproducción de uno existe nte e n el P alacio de Versalles.

viaron al señor Presidente de la República,
una. rica cartera.
Durante todo el día, en suma, la casa Diener se vió concurridísima. Los visitantes, de
sospresa en sorpresa, recori-ían los amplios
departamentos admirando, hasta en los más
in~ignificantes detalles, el derroche de gusto
a, tístico desplegado por los propietarios de la
rica joyería, en la exhibición de los distintos
objetos que alli se encuentran y que forman
sin duda, el surtido más bien dispuesto qu e
pueda hallarse en la metr6poli. Los escaparates estaban arreglados de tal manera y con tal
conocimiento del «efecto», que á primera vista cl~~pertaba~ la _c"?-riosidad del público, que
elogto y con Justicia, su magnífica disposición.
El triunfo obtenido en esta vez por los honrados y laboriosos joyeros, no puede ser ni
míis completo ni más significativo; pues, por
una parte, la impresi6n que causó en la culta
sociedad mexicana, fué muy o-rata )' por otra
.
• o
'
'
pone de mamfiesto lo que pueden la constancia en la empresa y la honradez.
La fiesta se prolong6 hasta las primeras horas de la noche. El hermoso edificio de «La
Perla« estaba iluminado con verdadero arte.

En el presente número publicamos fotog'rafías del exterior de! edificio de ,eLa Perla» y de
algunos de sus departamentos, así como los
retratos de los señores Diener_ La sola Yista
de esas fotografías basta para que nuestros lectores se formen una idea. &lt;le la importancia del
establecimiento mercantil inaugurado y de la.
suntuosidad que se observa en todos sus departamentos.

C~mplo d~ Santo Domingot ~n~Oaxaca.-Tnttrior.
Vis itando :os saloner.

Grupo de objetos de arte.

Subscripcídn mensual foránea. $1.~U
ldem. ldem. en la capital, $1.25

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domin*o 18 de Enero de 1903.

EL 1fUXDO ILUSTRADO

[L
ANI X•••JOMO 1.--NUM. 4

Mu No·o

ILUSTRAD o

MfXICO, fNfRO 25 Df 1903.

91rccten uc. RAl'A(L Rtn&amp; &amp;PINDOLA.

Los em ple ados de " La Perla."

mento central. En él Fe halla la mús completa colección de bastones y rt&gt;lojes de pared,
de bolsillo, de escritorio y de pie.
... Entre los de pie, se distinguen los llamados
«Boule," que son especialidad de la easa. En
el segundo piso hay más salo1ws que se deFtinarán á la exhibición de novedades y ú los
que se tendrá acce!:lo por una hermosa escalera que se está acabando de construir.

Dada esta incompleta idea de. la distribución del nuevo edificio de ,e La Perla,¡• y de las
valiosas exhihiciones que tanto han admirado
sus visitantes, agregaremos alii;unas palabras
relativas á la inauguración. Más de 2,000 invitaciones repartieron los señores Diener entre
las fam ilias de la alta sociedacl mexicana, el
{;ue1 po Diplomático, la Banca, el Comercio,
la Prensa, etc. A las diez de la mañana, los
invitados comenzaron á recorrer el edificio,
:siendo galantemente obsequiados por los dueños de la casa con finas carteras, calendaril's
artísticos, y u n «lunch champagne.» Entre los
concurrentes ee repartió el vals «La Perh1,»
compuesto expreRaniente para la inaugurnción
por el señ or Lerdo de 'l'ejada, director de la
orquesta ~ue amenizó el acto.
Entre las familias y í'aballeros qne visitaron la joyería, vimos al Sf'ñor Ministro alemán
y su Secretario, y á los de Bélgica, Italia y
Austria; al seüor General Rinc6n Gallardo y
-su espo¡,¡a¡ y á las familias Fernández Castelló,
!caza, Barrón, Escand6n, Algara, Iturhe
y otia~. La seiiora esposa del señor Presidente de la República, que concurrió también á
la fiesta, fué oh~eqniada con una primorosa
Lombonera por los señores Diener, quienes en-

Ger ente: LUI&amp; Rtl'~ &amp;PI NDOLA

Cent ro de mesa .- Reproducción de uno existe nte e n el P alacio de Versalles.

viaron al señor Presidente de la República,
una. rica cartera.
Durante todo el día, en suma, la casa Diener se vió concurridísima. Los visitantes, de
sospresa en sorpresa, recori-ían los amplios
departamentos admirando, hasta en los más
in~ignificantes detalles, el derroche de gusto
a, tístico desplegado por los propietarios de la
rica joyería, en la exhibición de los distintos
objetos que alli se encuentran y que forman
sin duda, el surtido más bien dispuesto qu e
pueda hallarse en la metr6poli. Los escaparates estaban arreglados de tal manera y con tal
conocimiento del «efecto», que á primera vista cl~~pertaba~ la _c"?-riosidad del público, que
elogto y con Justicia, su magnífica disposición.
El triunfo obtenido en esta vez por los honrados y laboriosos joyeros, no puede ser ni
míis completo ni más significativo; pues, por
una parte, la impresi6n que causó en la culta
sociedad mexicana, fué muy o-rata )' por otra
.
• o
'
'
pone de mamfiesto lo que pueden la constancia en la empresa y la honradez.
La fiesta se prolong6 hasta las primeras horas de la noche. El hermoso edificio de «La
Perla« estaba iluminado con verdadero arte.

En el presente número publicamos fotog'rafías del exterior de! edificio de ,eLa Perla» y de
algunos de sus departamentos, así como los
retratos de los señores Diener_ La sola Yista
de esas fotografías basta para que nuestros lectores se formen una idea. &lt;le la importancia del
establecimiento mercantil inaugurado y de la.
suntuosidad que se observa en todos sus departamentos.

C~mplo d~ Santo Domingot ~n~Oaxaca.-Tnttrior.
Vis itando :os saloner.

Grupo de objetos de arte.

Subscripcídn mensual foránea. $1.~U
ldem. ldem. en la capital, $1.25

�EL MUNDO ILUST RADO

Domingo 25 de Enero de 1903.

ANTB EL PBLIGRO.

S

pueblo mexicano es sincera, es sólida, es permanente; el rictus sombrío que pueda ostenta r en su rostro es In máRcara heredada de la.
raza de bronce que-dígase lo que se quiera,
-no es ya el pueblo mexicano; pero en la
amalgama producida por el bronce indiano y
la carne ibera, aquél fi jó la apal"iencia del
metal nuevo, y éRta fijó su ley. Una ley sonriente, plácidamente sonriente, que es la a\egrfa. inexpu,znable, la que no la deja abatirse,
la que le defiende del dolor y del pánico.
Así, cuando el peligro le amenaza, el puPblo se da cutlnta del peligro y se deja guiar de
buena gana por los paternales consejos de sus
autor idades; pero encuentra siempre, en el
arroyo inacabable de sn alegría, la fuerza indispenRable para no abati rse, y esta entereza
que nutre en su sangre caliente, le da aires &lt;le
indiferente ó de fatalista. Pero no es ni una
cosa ni otra: es alegre1 plácida y permanentemente alegre ... .. .
Hasta para defenderse del peligro, necesita
que la sonr isa-su eterna sonrisa -esté con él.
Sabe que la defensa contra In peste ha menester ele mucho dinero, y desembolRa desde luego la mitad de lo que puede &lt;lar para auxiliar
á sus hermanos; más In otra mitad la reserva
..... para darla también, pero mediante una
corrida cl1: toros, un concierto, una función
teatral, mediante algo, en fin, que tenga una
base de alegría. Y en la corrida ele toros, en
el concierto, en la función tea.trnl, su gozo no
se desborda, su carcajada no estalla, su rostro
no pierde su fingido rictus doloroso; pero su
alegría fisiológica corre, corre como un riachuelo inacabable......... .

E ha dicho que la sangre latina, corriend o siempre con precipitación extraordinaria, tiene los ardimientos de la lava y
se p resta á todas las exageraciones y á todas
las explosiones, sin que nunca pueda guardar
esa temperatura próxima á Ogrados Réaumur,
que se conceptúa indispensable para obrar con
p recaución y seguridad. Cintamente, no somos los latinos bichos de sangre fría; el líquido q ue por nuestras venas co rre es muy rojo
y muy caliente, y es exacto también que con
sobrada frecuencia nos impele á adelantarnos
á los acontecimientos y á tergiversar el mundo. Pero debe tenerse en cuenta que esa «preci pitación» latina ha precipitado tambifo la
conquü,ta de muchos derechos y de muchas
emancipaciones, y siquiera sea por esto, los
h ombres fríos deben perdonarnos el calor de
n u ~,,tra sangre.
Y asevéraee q ue la sangre fría es indispen•
sable en las grandes empresas y en los momentos &lt;le grandes pruebas, porque el cereb ro humano es como el vino &lt;le Clrnmpagne:
mejor, mientras más helado :;e sirve. Un cerebro «frappé» vale más, dicen, que dos cerebros
"ªl tiempo»; pero es menester acordari!e de
qu e el propio vino de Champa~~e, aband?mi.do indt'fini&lt;lamente á las caricias del hielo,
tórnase á la postre en una mezcla de cristalizaciones y de alcohol, que hace daño al estómago, señala&lt;lament; _s i se consume en países
en que el clima es cahdo y el sol no encuentra b rumas que detengan su enardecido y fecundo beso de amor á la tierra. En consec uencia hay que graduar el enfriami ento de
la sang:e según los tiempos y segun los climas tanto m'is cuanto que, á las veces, la
calu'mniarl.a sangre caliente es mfü, sabia y
más prudente que la decantada sangre fria.
La sangre latina conserva mucho de su calor au n cuando el terror y el pánico pugnen
po~ helarla. Los ¡_&gt;ueblos latin_os han tenido
siempre una sonnsa en los labios aun ante los
peligros más inminentes; y el chiste,-esa
flor de fuego de lo3 trópicos, que nada tiene
que ver con (•l Mhumour», que es flor alpina,
-ha tenido siempre, entre los latinos, marnvillosos florecimientos delante de la boca de
un cañón y enfrente de las amenazas de una
epidemia........ .
¿gs li~ereza? ¿Es fal la de pre\'isión? ¿Es
«étour&lt;lerie,,?............. Yo no lo creo; creánlo
asi, si les place, los deturpa.dores sistemáticos del alma latina; pero aquellos que saben
que el peligro no Ae detienf' con miedos, sino
con decisiones, hallarán fuerte la inexpugnable alegría latina. Hay que defenderse, es
cierto; pero las lágrimas no defienden. Empúñe:;e la e8pacla, y una vez empuñada, ¿qué
más da que en los labios brote una sonrisa? ... •

***
En cambio, la alegría. es y ha Aido siempre
una fuerza; no la. alegría arti~cial, producida
por agentes externos y que se de,barata como
una pompa de jabón; no la alegría que se manifiesta en carcajadas sin motivo y en estrofas sin música y sin ritmo; ésa no es alegría,
es embriaguez; embriaguez &lt;le vino, de aire,
de sol, de amor, de t1 r rnra . ........ pero embriaguez al fin, que muy á menudo hace presa en los hombres de sangre fría. En último
resultado, es é:-x'l. una alegría patológica; y la
alegría fuerte, la que defiende y ampara, es la.
a\e,rría fisiológica, la normal, la permanente,
la que no ha menester explosiones ruidosas,
porque está. en la carne y corre mansamente
por las venas como un arroyo inacabable.
Se ha dicho hast&lt;:1. el cansancio que el pueblo mexicano es un pueblo triste. Debe decirse, empero, que «parece» un pueblo triste.
No ríe con grandes carcajadas, porque sonrie siempre. No pa8a bruscamente de una
carcajada á una líigrima, cual sucede en otros
pueblos de sangre muy fría. A las wces, los
fenómenos y las manifestaciones aparecen
gmndes sólo por la fuerza del contraste. Esas
son grandezas negativas. Pero la alegría del

***

NO ES ALLÁ!. .....
Afü1, me dijeron, rnÚ!• alh'1 de la torcida carretera, mús alltL del pueblo, en lo alto d e la
colina i;ilencio!:'a, bajo la so111hra ele aquel grupo de úrboles mui,;tios que Re inclinan tristemente sohre In tierra, ¡ullá e1;tú!
¿Allá? No, no era posible, no era ése el risuefio rincontito de v(•rdurn. que me pintahaa
en tus cartas, el pedazo &lt;le la huerta murciana, lleno &lt;le sol, lleno &lt;le flore:;:, lleno de pijaros que gorjeando la ale~ría de vivir en tu
ventana, parecía que te !!amaban para que
bajaKes ni jartlín Íl coger ro~ns. Y no eran de
allí las rosas que impregnadas de btlsos me
mandabas para que l,eso;; y rosas te llevara
cuando fuera por ti.
No, no era ése el frondoso h uertecito, refugio de tus últimas ternma-., donde tú me esperabas, no era ése. 'fe habías ido; te habías ido
para siempre del huerto, le habías ido por
aquel cam ino tan tri,.,te, Hquella lhi1la tarde
de otoñ(I tan hosca, aqudLt tarde tan fría ; t.e
habías ido y estab;1s all(1 "ola i,:in follaje, sin
luz, sin pájaro~, sin rosa~. 111ús allá de la polvorienta carreLera, mú~ all.'1 dt'l pueblo, en la
colina silenciosa, bajo los úrboles ayuellos de
m ustia!I desmayadas cabelleras.
Y allá subí á buscarte, 1,llú. El cielo estaba gris, el día también e,t Lha negro, la campiña estaba triste. Yo subí dese~perado y loco; subí dando tumbos, deseando caerme por
el barranco abajo. Subí yo no sé cómo por el
camino horrible, por el ca.mino lóbrego, siniestro, espantoso camino que recorriste tú la
víspera balanceándote entre flores, balanceándole en los brazos &lt;le la muerte.
Subí y c11í anonadado de rodillas para llorarte mejor; de rolillas para darte tus rosas y
tus besos mezclados con los mios, con todoe
los besos que yo pude darte, con todo.'! loe
que yo debía darte cuando fuera al huerto
por ti.
.
Ya ves! fuí á buscarte y te he traído; y aqm
estoy solo contigo, solo con tu recuerüo, solo
con tu imagen, con tu memoria intacta y pu•
ra en el fondo de mi alma. En el único sitio
hermoso que hay en ella he levantado yo tu
verdadero sepulcro.
Ya no volverán á decirme: ¡allá, más all4
del pueblo, en lo alto de la colina s ilenciosa,
bajo la sombra de los árholes de mustias deemayadas cabelleras ...... allí1 está!
¿Allá? No: no me lo vol\'erán á decir; porque no es allá donde tú estús ..... .... !

Por eso en los actuales momentos en que
estamos nmer.azados por la peste, aunque la
preocupación exi1-1te en todas las clases sociales y aunque todos nos damos cuenta exacta
del peligro y enérgicamente nos esforzamos
por conjurarlo, el pánico está muy lejos de
manifestarse en el público.
.
Eso es una fuerza y una enorme fuerza. A
pesar de nuestra sangre caliente y &lt;le n11ei&gt;tras
exageraciones ya le~endarinR, los mexicanos
estamos man ifestando ya una cordura digna
de envidia, mayor cordura que la que manifest6 la sangre fdn de los californianos al ocultar la existencia de la peste, poniendo así en
peligro á todo un continente ..... .
La caridarl., ese ángel blanco cuyas enormes y pt:rísimas alas siempre han amado las
diafanidade;; &lt;le nuestro cielo, ha venido ya,
como Riempre suele, trayendo ráfagas de consuelo y auras de esperanza. Ante el peligro
todas las clases sociales de toda la Repúhlica
han aprontado sus auxilios; y si la existencia
diari&lt;1. no se ha modificado, si las apariencias
de nuestra vida son las rnismaq, no debe significar que el peliµ;ro 110 nos al irme. Nos alarma, m1\s no nos abate. He aqui un e;itado de .
cosas que debemo:1 conservar; es preciso cerrar las puertas al pánico. A ello nos ayudará
poderosamente la i&lt;lio!;incracia de nuestro
puebl0, y ÍI ello deben tender los esfuerzos de
las clases dirigentes.
¿.Serán vanas las precauci1mes de la ciencia?
¿VemlrÍ\ 1,iempre la peste negra á devastar
n uestrns florecientes ciudades, como lo ha hecho ya Cún l\fazatl{m? .... ¡Quién :;:abe!. ...
Esperemo~, sea lo que fuere; esperemos serenamente; a.prestémonos á la defensa, pero
sin que nue-tra i::angre latina abandone sus vip;ores ni deje su alegría inacabable, que es
fuerza de prevención, de resistencia y-si el
caso llega,-de reconstitución!
◊SCARHERZ.

Domingo 25 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUS1'HADO

MIGUEL EDUARDO PARDO,

LA VIDA.
Leo en mi libro. Es y a la media noche.
El pelo de mi amada
es uo chorro de libras esterlinas.
Y surge sn cabeza de las blancas
coberturas del lecho
como el dibujo rle un pintor de bada~.
Me dicen: &lt;es un perro&gt; ó bien: &lt;le a.dora&gt;.
Hoy nos hemos 1·eído tí carcajadas.
Los amigos me envidian
mi casita, mi ocio, la muchacha,
mi juventud y la sonrisa et&gt;t•oa. ..... .
Mi ~onrisa es mi fuer1.a. y es mi máscara.
Yo soy feliz. Y bien! Esto es horl'ible.
Suspiro por mis uoches angustiadas,
por mi vida haraposa de bohemio,
por mis noches sin cama.,
por mi cruel desolación de huérfano,
por mi vida tle huérfano y de paria.
A qué vencí'! Poi· qué libru.1· las ruda s,
las tremeotlas batallas,
poL· la vida., el éxito y el nomb1·e?
Para qué la. a.sccns16n de las montañas?
Si esta noche, de súbito,
á mí viniera uoa. hada
y me dijese:
-Escúchame, poeta:
traigo para tus sienes esta 1·a.ma.
de florido laurel; traigo esta púrpura.
para cubrir de púrpm·a tu espalda;
para tu bolsa. un vellocino de oro,
y esta rubia. gentil para. tu cama.,a.l bada. bienhechora
le daría las gracias,
y á trueque de esos dones
la pediría.:
-Hada.,
pnnme en el brazo músculos,
y ambición en el alma.

R.

ministro de tolombia•en méxtco.1
El Gobierno de ln RepúhliC'a•de Colomhia
ha desi¡mndo al f&lt;eñor Genrral don Rafael Reyes para qne, con el carácter de Rnvinclo Extraordinario y :\linii&gt;tro Plenipotenciario, re-

mo Delegado á la Segunda Conferencia PanAmericana, á la cual prest6 importantes servicios, y reside aquí desde entonces.
La designadón hecha en su favor, ha sido
recibida con aplauso, pues en el corto tiempo
que el señor General lleva de vi\'ir entre nosotros, se ha captado francas y numerosas simpatía!-!.
El 11uevo ministro fué recibido solemnemente por el Primer Magistrado el martes de la semana pasada.

.Cos cambios eq el qabinefe
En nuestra edición anterior publicamos l os
retratos ele los nuevos Secretarios de Gobernación, Fomento, Guerra y Comunicaciones
que integran el Gabinete del Sr. Gral. Díaz. '
Para completar nuestra nota referente á este importante asunto, damos hoy á conocer
unas fotografías que
representan el aspecto
de los corredores de
Palacio, antes de la ceremonia, y la salida de
los Jefes y Oficiales
que concurrieron al acto.

volotean, y ruedan sobre la arena de oro las
ondas del arroyo; corriendo de un lado á otro,
ven á la pobre enferma, una de ellas se nrrrca y, mirándola con dulzura, la dice:
--EstÍls tri!,te, vuelve á tu alegrfo ...... ¿.No
tienes aqui todo lo necei::ario para dii&gt;frutar
de una npacible &lt;licita? ¿No te regocija \'er
esas verdes ramas que te protegen contra
el ardor del 1&lt;01? ¿.No te gusta reE&lt;pirar por la
tarde, Robre el floreciente mus¡zo y junto al
agua? Aquí hallarás el frei;co rocío de las flores; las zarzas de las selvns te darán alimento
delicado y este brillante manantial mitigará
tu Red. ¡Oh amiga mía! La verdadera dicha
consiste en saber contentarse con poco, y ese
poco se encuentra en todas partes.
¡Oh sabia filosofía, dijo el á1n1ila bajando
la cabeza. ¡Oh sabia filosofía! ¡Ilablas como
una. paloma!
GOETBE.

-Cuando el infortunio se generaliza en'un
país, se hace univE-rsnl el f'goíi,mo.

El Anila J la Paloma.

SR. GRAL. RAFAEL REY ES, M inistr o
de Colombia.

p resente {i aquel país cerca del Gobierno me"'{icano.
E l señor General Reyes vino á México co-

Un águila muy joven acababa de remontar su vuelo lanzándose con su presn
hacia las regiones del
aire. La flecha del cazador la hiere y la corta en el ala derecbn.
Cae en un bosque de
mirtos. Durante tres
días eternos devora su
dolor; durante t res largas noches sufre la tremenda herida, hasta L---------::,- - - - - - - - - - - - - - - - - - -...1
que por fin el bálsamo DESPUES DE L A PROTESTA.-Salida de los Jefes y oficiales del Ej6rclto
de la naturaleza la
cura. Entonces se arrastra hacia afuera del bosFRAGMENTO.
que, agita el ala ..... pero ¡ay! el nervio estaba
cortado, apen~s puede levantarla para coger
una presa indigna de su rango. Se posa trit,teNo hablaré de mi amor en las orillas
mente sobre una roca á la orilla de un arroyo.
donde el agua, al pasar flores arranque
contempla la copa de las encinas y la bóveda
azules ó amarill~.
d~l cielo, y una lágrima se desprende de sus
Yo hablara de mi amor junto al estanque
OJOS.
allí, donde la onda sosegada
'
En este momento llegan por entre las rano se estremece nunc&amp;., ni despierta
mas de los mirtos un par de palomas que rede su suefio-pupiln siempre abierta
ele ~arga y melanc61ica mirada. Alh, bajo la cúpula sombría
que le forman los chopos enlazados,
donde tienen cerrada celosía
los pájaros callados . .... ... .
y donde por las tardes dulcemente
va á morir un reflejo del poniente
l\lis frases de ternura. volarían
hac~a los tristes y temblantes chopos
cub1erl?s ya con _los primeros copos
de la meve; y mis lágrimas... caerían ...
caerían al estanque se hundirían
en el silencio de la~ verdes ondas
que al golpe &lt;le mis lágrimas despiertas
temblaran cual las fro~das
'
y quedaran después por siempre muertne...
MARÍA ENRIQUETA.

'!oda pasión sincera es egoísta, lo mismo
la rntelectua.l que otra cualquiera -P
IlOURGET.

·

AUL

***

_E_l extremo dolor tiene su miRterio de, u
bltc1dad como el extremo amor ALF
P •

BLANCO FOMBON A.

L os corredores de Palacio, a ntes de rendir la protesta los nuevos Secretarlos de E stado.

LAliARTINE.

.-

ONSO DE

�EL MUNDO ILUSTRADO

[JI PES(E
BUBOnTeJI En
fflJIZJltCJln
~~
Et SERUTtTO SJlnTtJIRTO

.

'

de Enero de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO

Domiingo 25 de Enero de 1903.

-

Dorruingo 25

........

·--

~r+3.\

FafQa de la Delegación Sanitaria.

***
Lo que anteriormente hemos expuesto con referencia á la~ dis_¡ o,iciones sanitarias puestas en vigor, hace suponer que la ep1dem1a no
tra;;pasarn los límites de la ciudad que ha invadido y que, por lo t~nto, el riesgo que corren las demás ciudades de la República, de ser diezmadas por la. peste, es muy remoto.
Urge, sí, en las circunstancias actuales, que los vecinos de l\fazatl~n
ayuden á la policía sanitaria en sus trabajos, á fin d e que pn nto se
Yean libres de la plaga que pesa sobre ello.s.

El Cerro de los Espantos
Hacía un frío horrible. Ko obstante mi
grueso abrigo de lana que me cubría de la cabeza á los pies, sentía que me helaba.
La caminata había sido lnrga, y llegué~ pensar que una vez en la po:mda, el cansanc10 cerraría mis ojos y podría r&lt;'ponerme c01_1 ~na
buena noche, de las fatigas de la exped1;1on.
Por desgracia el sueño se me a~u~e~to por
completo, y v~endo que. lucha~a ,rnutilme~t~
con el insommo y la fatiga, dec1d1 atemperar
el frío que me hostigaba, hnciendo compañía al rn:-1-rordo:no del
rancho y á su familia, Hentados
en el mero suelo, al re 1edor d e
una ho.,.uera cuyas llamas crepitantes ~ubían y bajaban en fantá.stica danza.
La ranchería entera ee entregaba al descanso, y en las chozas
esparcidas en el llano, sólo se percibía la lumbre continuamente
alimentada de las hogueras, al calor de las cuales dormían los huenos campesinos el sueño plácido
del hombre honrado.
Debía ser ya bastante tarde,
porque, al decir del mayordomo,
«e'. carro estaba ya muy cargado» y los gallos habían lanzado
al viento su tercer canto.
Arrellanado en un pequeño
banco y fijos los ojos en el fuego
que bailaba su interminable dan za me puse á escuchar la con ver'
' ,\
r, .m1
•
sación
del viejo mayordomo que d ecrn
m ozo sentado también al amor de la lumbre:
-¿El ceno grande, decía «Usté?. » Pues le
dicen el Cerro de los Espantos.
-¿Pues qué espantan allí•?
.
- ¡Ah sí señor desde hace mucho tiempo ...... ,;Naiden» p~sa de noche por esos lugares porque «segurito» que le dan su susto!
:.._¿Y no más de noche hay eqJantos?
-No más de noche, porque de día eso es
muy transitado y los espantos sólo ,:alen cuando no hav un alma.
-¿Y usted cree en eso? no pude menos de pregun tar al ver la
seriedad con que el campesino
trataba el asunto.
-Cómo 110, señor, si esto es
muy cierto; por esta cruz que es
cierto.
-¿Pero ha visto Ud. los espantos alguna vez?
-Sí, señor, con estos «mesmos» ojos, una vez que me anocheció en el «Ranchito)) y tuve
que pasar por el pie del cerro ya
&lt;cescurecido. ,, Por cierto que ya
no me pasará otra en mi vida. .. .
-¿Y c5mo fué eso? pregunté yo
movido por la curiosidad; cuénteme cómo estuvo eso.
-Pues le contaré el caso por
darle gusto, ,cmi amo;» aunque
«Ust~, no me lo crea, como otros
señores á quienes se lo he contado.
Hizo el aldeano una leve pausa para remover los tizones de la hoguera que languid ecía,
y luego continuó:
- Pues verá ((Usté» que, como le dije, tuve
que ir al «Ranchito» á un ,,encargue del patrón».
Salí de aquí poquito después de medio día
para estar de vuelta temprano; pero como ahí
tengo algunas amistades, por aquí un trago,
por allá otro, se me fué pasando el tiempo,
hasta que cuando menos pensé, ya estaba casi ,,pardeando.» Luego me acordé de los espantos: tomé mis providencias para venirme,
y después de acompañará mis amigos la última copa, salí- de priesa, pensando pasar el cerro antes de que anocheciera. Pero por más
que anduve no pude llegar á tiempo; porque
apenas había llegado á ((Las Vaquitas,» un
punto que·está como á media legua del callejón del cern,, cuando ya estaba «de á tiro»
anochecido. Me vino entonces á la cabeza

quedarme allí á pasar la noche; pe;.o rec~r,lé
que otro día tenía que coger nn toro ret1_nto
que bá]aba al aguaje «~uy de madru~a~1ta»
con el ganado, y no qmse &lt;~etenerme m,ts que
para tomar una ó dos cop1t~s de mezcal 3ue
me «brim1ó" tío Roque. ¡Ymll"e«Usté,,,senor,
lo que es la mala suerte!: Don. R( que me decía que me quedara, que qué iba~ hacer tan
tarde hasta mi casa; pero el mahhto toro «~e
me metió en la cabeza» y ya estaban los OJltos de Santa Lucía co~o por allí [y señalaba
un punto del cielo], cuan~o salí del rancho.
Caminé recio, con ((el pendiente» de pasar de
priei-a por donde salían los esl?~ntos, y pronto estuve á la entraaa del rallf&gt;Jon.

ACAPULCO.-EJ

Lazareto.

-¿Ve «Ustén aquel cerro que está allá, con
la figura de una campana? pues entre ese cerro y el de los Espantos está el callejón que
tenía que atravesar y que le dicen el Cañón
del Diablo. ¡Y del di..:hlo es, señor, para pasarlo de noche! Figúrese n.omás: un cerro
aquí y otro acá, y por el medio el cañón ..... .
No hay más que una veredita por donde a1~dar, porque por lln lado y otro rnn un&lt;_&gt;s rel1ces, ¡que válgame el Padre Eterno! 81 basta

ulululú ya más cerca, como ,ai viniera á «in' » Ya casi· lile (1evo1via;
' pero tem1'
contrarme.
que me fuesen. á burln r J&gt;?r eso, y ~rnciendo,
como dice el dicho, de tripas corazo~i.. .. segu(
adelante. Unos cuirntos pasos . hab,a Jdad?J
cuando otro ull!lulú¡ lí. este gnto respond10
otro, y se oía así como un «respon~o" de \ºOCt•i-;
luego se oyeron tres ~roces que c_o1:testaba~1, y
en segui tla, cuatro, eme~, u.n m,1llo.n degnto:&lt;;
1,Pro ya no delante de m 1, s1110 a 1111s P.Sp~ldas,
por donde yo había pasado. Por lo reCio &lt;1ue
se oían los aullidos, conocí que se acercaban,
gan{mJome t&lt;:lrreno;. entonces emp1·endí u na
carrera con todas mis fuerza¡;, como un loco,
por aquella veredita qne no se acababa nunca.
Pero de s1-guro que lo,: el'pfritus
rna.iciaron &lt;JUe yo coní.1, y corrieron también, ganá ndome siempre distancia; porque llega ron
más claros á n1is oídos los gritos
ele ulululú. Corrí un trecho largo, pero al fin 110 pude más; me
e.-taba ahogando; me faltal,n. el
«resuello;» ya casi me tiraba en
el suelo para que los demonios
hicieran de mí lo que qni~ieran.
Desesperado, echo entonces manos á la «media), y me la empino toda; apenas podía yo sostenerme..... Y aquellos g,istos ulululú, cerca, más cerca; ya los oía
á la distancia de unos c·uantos
pasos ..... .
De pronto sien~o un «ro1.ón,, en
este brazo y veo un bulto quepasa como una flecha. Doy entonces un grito horrible; pero con,o
si ese grito fuera una señal, en el
momento me «rodearon un montón de hultos negros,» que brotaban de los árboles, de las ¡,iedras, de cada rama, de todo ...... ; y en un instante se llenó aquel carnpo de puros el'píritus, señor, d e puros espíritus; gritando todos, haciendo ge~tos borribleia;,
bailando y dándome aquellos gol pes ¡qué válgame Cristo-Padre!-M:e pareció que me volvía loco; que todo el mundo se movía ai-:í,
como por todos lados; quise correr, y sentí que
mis pies habían echado raíces; entonces dí
gritos espantosos pidiendo auxilio; las cccorvas» se me doblaron,
y caí al suelo sin saber más &lt;le
mí ........ .
Los ojos del aldeano brillaban
ií la luz de la lumbre, como los de
un gato; el espanto se pintaba ele
tal modo en su semblan te, que
rnás de una vez, durante el relato, sentí que un escalofrío sacudía
mi cuerpo y que mis pelos se ponían de punta. Ante la verdad
del sentimiento ele aquel campesino, yo, hombre de mundo y
con mis ribet~s de filósofo, llegué
á fingirme la realidad de aquellos hechos tan pintorescamente
narrados, y temblé, como temblaba el labriego á la vista de los
espíritus agresores.

Depar1:amento de desinfección.

de día da horror pasar por allí, «contimás,, de
noche .. ... .
-Bueno ¿y pasó Ud. siempre?
-Pues, sí, señor, por mi mala suerte. ..... .
Yo nunca he tenido miedo, pero quién sabe
por qué aquella noche me entró un miedo muy
grande. Veía delante de mí aquel cañón «escuro," como la boca del infierno. Me«persiné»
tres veces, me saqué el rosario fuera de la camisa, y sin quererlo pensar más, entré al callejón. ¿Ah, señor, qué fué aquello!
Apenas habra andado unos cuantos pasos,
cuando empecé á oír unos como gritos lejanos
que hacían: ulululú. Al principio creí que
eran perros; pero después pensé que no, porque las casas estaban muy lejanas y los aullidos eran muy extraños, así como de una cosa
del otro mundo. Para crear valor me eché un
trago de una «media» de mezcal que me había
dado el tío Roque. Seguí andando y oí otro

-¿Y qué más pasó?-me decidí á preguntar viendo que el campesino suspendía su narraci6n.
-Nada, señor, ya no pasó nada; es decir,
ya no supe nada; quién sabe qué harían conm igo los ((malinos." Otro día, ya amaneciendo, me·«incontraron" unos lecheros que iban
«pá la ciudá;,, me dijeron que estaba tirado
como ccá la mitá,, del cañón, con muchos golpes en todo el cuerpo y «rasguñosn hechos así,
como por uñas de diablo ....... . . Un mes «enterito» estuve en cama entre la vida y la muerte; porque, á consecuencia del susto y de los
golpes, me entró ccun fiebre" que por poco me
lleva al otro mundo.

¡
1·

1

***
El fuego empezaba á languidecer; los tres
hijos del mayordomo ~e habían quedado dormidos al amor de la lumbre, y siendo ya ]?a8-.
tante tarde, nos retiramos á descansar. En toda la noche, sin embargo, no pude coger el

¡

'

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�Domingo 25 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL :\1 u~ 1)() J l.l"!::;TIIA

sueño: me sentía molesto y como sobresaltado; delante de mi vista se levantaba el Cerro
de los Espantos, como una inm,ensa m~ncha
negra; y como saliendo del Cafion del Diablo,
mis oídos creían percibir, lejano, muy lejano,
aquel ulululú lanzado por los fantasmas desde el fondo de sus guaridas.

•

FRANCISCO VERDUGO F ALQUEZ.

El Jlrt~ tristiano
~n mtxtco.
?:err¡plo de Santo Jomi17go de~óaxaca.

P

Dom,ingo 2,; ele g,ero ele 1903.

n1a Gage, las carretns cargadas con materiales
de constrncci6n, pa&amp;aban por encima de ellas.
Durante la época de la inclependencin estuvieron acantonadas en el convento las tropas
de l\Iorelos ( 1812) y después las del general
D. Antonio León, cuando derrot6 en Etht á
las ú ltimas tropas reali,:tas. Allí estuvo preso
el héroe suriano D. Yic,:mte Guerrero, víctima ele la infame traición &lt;le Picaluya, y por
último, en la capilla del Rosario fueron s~pultados sus restos. Exclaustrados los religiosos, el edificio se convirti6 en cuartel, y el
templo qued6 abandonado. El actual arzobiRpo de Oaxaca, Sr. Gillow,gestion6 la devo1uci ón de la iglesia al clero y la obtuvo en
Abril de 1895, dando comienzo á su reparad6n sin demora alguna.
Terminadas las obras resptctivas, el tem·
plo c¡ued6 abierto al culto nuevamente eri los
primeros días de noviembre último.

Mazatlán.

UBLICAMOS hoy en nuestro semanario algunas fotografías del templo de
Santo Domingo, de Oaxaca, reputado
como uno de los primeros del país.
Acerca de la construcci6n &lt;le este edificio,
verdaderamente notable, creemos oportuno
dar á conocer los siguientes da~os. La obra,
llevada á cabo por los frailes dominicos, secomenz6 el año de 1570, aprovechándose para
ello un solar que cedi6 el ayuntamiento. Los
religiosos, nl poner manos á la obra, contaban únicamente con veinte reales; el rey les
di6 más tarde, como ayuda,setecientos pesos,
y con éstos y el producto de las limosnas que
lograron reunir, compraron otros solares para
agregHlos al que ya tenían, obteniendo del
Cabildo la merced de otras fajas de terreno y
del agua suficiente para la edificaci6n de la
iglesia y del convento respectivo. Púsoles el
Cabildo á los frailes como condici6n precisa
para gozar de aquella merced, la de que en
un plazo de veinte años quedara terminado
el edificio; pero como esto no se logr6 por las
dificultades con que tropezaron los religioso8,
el ayuntamiefito quiso más tarde recobrar los
terrenos que les había donado, arrastrándolos
á un pleito que vino al fin á resolvt:lrse de manera pacífica entre ambas partes. Se señal6 á
los frailes nuevamente la canti&lt;Li.d de agua
que podíi,.n tomar para la obra, á cambio de
su ayuda pecuniaria para la introducci6n del
líquido á la ciudad; y les fueron cedidos los
solares en disputa, bajo promeea de que la
mayor parte del convento quedaría terminada,
á más tardar. dentro &lt;le treinta años.
Los dorni~iros cumplieron las obligaciones

nn

1
REPOSO
Como errante viajera fatigada,
quiero olvidar del t iempo en que he vivido
la punzadora espina que me ha herido
y la copa de néctar rebosada.
Ni nun sie.n to ahandonar la bien amada
tierra hermosa del sol en que he nacido;
¡tanto mi corazón ha padecido
&lt;le f&lt;u triste existencia en la jornada!
QLfédense aquí la gloria. lo;; amores,
l os (liamantef&lt;, los páj,u·os, las flores,
,cu:into á gozar y sonreír convi,b;
111i único anhelo es Yerme SPpnltada
en el seno del «'l'odon 6 de la 11:Nacla,,,
y no tornar á conocerle, ¡oh vida!
MERCEDES 11IATAMOROS.

ESCUEL \ DE FARMACIA

Fachada del templo.

que se habían impuesto y estuvieron en posesi6n del edificio hasta 1633, en que se mandaron reconocer y revisar los títulos. Estos

Las bóvedas del templo de Sto. Domingo,

se encontraron legítimos y en debida forma,y
no volvi6 á removerse la cue~tión.

***
«El convento dice el P. Gay, ensu «H istoria de Oaxaca,, ' fué destruído tres veces por
terremotos y r~construído con ventaja basta
quedar en su estado actual. Es un vasto edificio cuyo costo total, incluso el templo, pae6 de dos millones.,, Las torres del templo,
miden desde el suelo á las cruces, ciento treinta,vnras.
Hablando del interior del edificio, el cronista citado, dice que era un verdadero relicario par.a la religión y las artes: los _muros Y
las bóvedas estaban cuajados de primorosos
adornos de oro· á uno y otro lado babí'l. riquísimas capiu'as de las que, la destinada á
la virgen del Rosario, podía considerarse como un templo en toda forma; y un árbol, el
que representa uno de nuestros giaba&lt;los precis!j,mente, extendía por todas partes sus rarnaR y sus hojas doradas, entre las cuales sobresalían, en bajo relieve, bustos de &lt;;autos
que á proporci6n de la altura disminuían en
tamaño para formar un conjunto verdaderamente artístico. Las pinturas eran obra de
Concha.
En cuanto al conYento, el P. Gay, agrega
que sus inmensos dormitorios, sus galerías,
sus jardines, etc., etc., eran orgullo de los
frailes y admiraci6n de los viajeros, y 9-ue su
construcci6n era tan s6lida, que &lt;cla artillería,
funcionando sobre sus bóvedas y á veces disparando contra ellasn, ninguna mella les hizo.
La construcci6n ha resistido á los más fuertes
terremotos, y para que esto ni remotamente
parezca exagerado, agregaremos que las paredes de piedra son tan gruesas, que según afir·

Al emprenderse la construcción del Hospital General que se lleva á cabo en la Indianilla, se pensó en la conveniencia &lt;le formar,
para el mejor servicio del ramo de botica, un
personal apto é instruído, especialmente encargado de auxiliar á los profesores en el despacho de fórmulas y en las distintas pre¡,araciones farmacéuticae.
A esto se debe la creación de una escuela
teórico-práctica de farmacia, tornándose por
modelo la Botica del Hospital Militar, en donde, bajo la dirección del capitán primero Francisco Jiménez Learte, ha estado cursando las
materias priucipalei!, un grupo de señoritas.
Actualmente af&lt;isten ft las clases dieciocho

B6veda del coro alto.

alumnas que reciben una lección práctica de
ocho á doce de la maíiana, que es la hora del
despacho del hospital, y otra te6rica de doce
á una de la tarde.
A semejanza de las enfermeras que se emplearán en el ho,pit,al, la.s farmacéuticas usa-

Gru¡30 de alumnas

de la Escuela de Farmacia.

rán un uniforme consistente en falda y blu_
sa de holanda cruda con r ul6s blancos, delan _
tales de bramante blanco y cofias del mismo
~olor; además, llevarán distintivo en el brazo
izquierdo con la cruz roja y las iniciales del
Hospital referido.

�DoilllÍngo 25 de Enero de l no:l.

EL MUNDO 11,USTRADO

E L MUKDO ILUSTRADO

Domingo 25 de Enero de 1903:.,,

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EL MUNDO ILUS'TRADO

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EL :\fUKDO ILUSTRADO

Un "Dadmitnto" notablt.

DEL.A.. PAMPA

Como un recuerdo de las fiestas de Navidad
celebradas entre nosotros, publicamos fotografías del "nacimienton quP. la familia Pérez
Gallardo pu.so en su casa habitación de ]as calles del Pino, y que, á no dudarlo, fué uno de
los más notables.
· Las figuras, de cera primorosamente ,trab~jada, fueron hechas por la señora Mana V1llaseñor de Pércz Gallardo, quien, desde hace
tiempo, venía modelándolas.
.
El conjunto del «nacimiento&gt;&gt; á que nos referimos era del mejor efecto: los grupos estaban repartidos con arte, y hasta en los más
pequeños detalles se echaba de ver el primor
y la paciencia con que había sido arreglada la
composición.

Del vientre de la sier,·a descendieron,
:y con ramas de robles y de encina

sus músculos ciiiel'on.
Mugieron como toros atrevidos,
-corno yeguas otearon la colina,
:y como el mar lanzaron sus rugic'os.
Agitaron sus zarpas de colosos,
y sus crines hil'sutas
-sacudieron altivos y furiosos.
El rayo sus puñales le clavaba
al dorso de las grutas,
y á su:estruendo el ganado se agrupaba.
Huyó la tempestad; la noche entera.
se deleitó en Ia orgía
donde agotó sus fue1·zas de pantera.

IN PACE.

Y cuando el sol con fecundan tes rayos
sobre inmensos cadáveres hervía,
-el gaucho persiguiendo los caballos,
del pajonal surgía . .... .
JUS'l'O p ASTOR Ríos.

A la nave del tiempo indiferente,
no he de seguir la estela que ha dejado;
que grandes son los duelos del presente
para sufrir con el dolor pasado.

~• Sr .tanónigo D. .Rngtl .R. Uasconctlos

No ambiciono la gloria
de recordar las cosas fenecidas,
si vieue la memoria
á dejar más abiertas mis heridas.

Damos á conocerá nuestros lectores el retrato del señor Canónigo don Angel A. Vas-concelos, de la Catedral de Oaxaca, á cuya actividad se dehe, en gran parte, la reparación
del magnífico templo de Santo Domingo á
-que hemos hecho referencia en las páginas ~nteriores.

El recuerdo de sombras se reviste
y en sorda pena al corazón envuelve,

el que tl'iste pasó, porque fué triste,
y el del tiempo feliz, p01·que no vuelve!
¡Dejadme descansar! Nunca á mi oído
venga de ayer un eco ya lejano
á atormentarme con su ingrato ruido;
porque prefiero entre el tumulto vano
del festín en que pie1·do
á cada nuevo sol un bien querido,
á la vida punzante del recuerdo,
la muerte generosa del olvido! .....
MANUEL

S. PlCHARDO,

***

Se comprende mil veces mejor ]o infinito
por el corazón que por la inteligencia.

***

Para poder es preciso creer que se puede, y
esta fe debe traducirse inmediatamente por
los actos.
La "Adoración.''

Fingían trazos de un pincel tenue, mojado en besos,
Reviviendo sueños pasados y glorias idas ....

Bóveda del Coro Bajo del Templo de Santo Domingo.

Ida es la gloria de sus encantos;
Pasado el sueño de su sonrisa,
Yo lentamente sigo la ruta de mis quebrantos;
Ella .... ha jugado como un ¡,el'fume sob1·e una brisa!

El sabio practica el bien como respira: constituye su Yida.

***

La experiencia no es más que una mezcla
de hechos y de interpretaciones. La ciencia
deja de merecer este nombre, desde el momento en que se limita á coleccionar y á mencionar hechos puros.

***

El señor Canónigo Vasconcelos es uno de
los sacerdotes más estimados de la sociedad
o~aqueña, 110 sólo por su talento, sino también:por las virtudes evangélicas que loadornan.
MINIATURAS
No permitas que el sol ardiente seque una
lágrima de dolor antes que tú mismo la hayas
enjugado.

***
No hay enemigos más encubiertos que un
lisonjero, un ambicioso y un envidioso.

El trabajo, tn una palabra, no es otra cosa
que el restablecimiento parcial de equilibrio,
y toda fuente de trabajo se agotará el día en
que el equilibrio uní versal se alcance. Entonces la inmovilidad reinará en el mundo silenciosa y triste.

***

La educación puede considerarse como una
segunda existencia dada al hombre.

***
Las cualidades vienen de la naturaleza pero las virtudes son el fruto de nuestra educaci6n.

*"'*

Aquel que no ha comido su pan con lágrimas, y que no ha pasado noches de dolor llorando en su lecho, no conoce aúñ una fuerza
divina.

El viejo sol; Osiris,
que las arenas del desierto dora,
después que enciende con la luz del iris
las transparentes gasas &lt;le la aurora,
esplende en el zenit.
Su roja hoguera,
que finge el brillo de purpúreas clámides,
los átomos inflama, y reverbera
al pi':'l de l_as pirámides.
Mudas las aguas del sagrado Nilo,
sueñan con inundar pueblos remotos;
y moviendo las ondas con sigilo,
sobre azulados cálices &lt;le lotos
asoma la cabeza un cocodrilo.
Entre el follaje verde,
que la ribera esmalta,
pareja de ibis jugueteando salta,
y otra en el seno del marjal se pierde.
El viejo sol: Osirls,
que colorea con la luz del iris
las gasas de la aurora y de la tarde,
en lo más alto de los cielos arde;
y á través del desierto solitario
se divisa á lo lejos del camino'
la silueta borrosa del bedurno'
en la giba dorsal de un dro111edario.
ANDRÉS A. MATA, '

Quizás ya nunca nos encontrarémos;
Quizás ya nunca veré á mi errante desconocida:
Quizás la misma barca de amores empujaremos,
El uno á un lado y el otro al otro, como dos remos,
ToJa la vida bogando juntos y separados toda. la vida.
JOSÉ SANTOS

Los Reya. m.!gos.

DE VIAJE
Ave de paso,
Fugaz viajera. desconocida:
Fué sólo un sueño, sólo un capricho, sólo un acaso;
Duró un instante, pero un instante de los que llenan toda una vida.
No era la gloria del paganismo,
No era el encanto de la hermosura. plástica. y recia:
Era algo vago, nube de incienso, luz de idealismo ....
No era la Grecia,
Era. la Roma del Cristianismo.
Al rededor de sus dos ojos-¡oh qué ojos esoslQue las facciones de su semblante desvanecidas

Un grupo de pastores.

CHOCANO.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domñngo 25 de Einero de 1903.

....

·-

Domingo 25 de JDnero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

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-¿La Aeñorita Romane, no es esto? Tengo mucho gGsto en saludarla, seÍ1orita. ¿Cree usted que va _á estar contenta en nuestra al-

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,,;-~it?&lt;!'· .. - -~-. ~~:-¿~;.

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··.·.·:

LA INSTI.T UTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.--ILUSTRACIONES DE SIMONT.
.,
TRADUCCION Df "fL ~UNDO llU~TRADO,"
(CONTINÚA.)

Acepté, y me ayud6 á instalarme; á poner en orden las cosas de
uso corriente. Cuando se retir6, tomé mi desayuno en un rincón
de la sala del tapiz verde. Las ventanas daban á la llanura silenciosa y blanca, sembrada de arbustos cuyas ramas tenue,; y sin hojas se destacaban airosamente sobre la limpidez del cielo.
Nada se movía en torno mío; el espacio no me enviaba el más
leve soplo.

Pensé que se había realizado mi sueño de otros días, cuahdo ansiaba encontrarme lejos del mundo.
Ahora iba yo á estarlo.
Sólo me acompañarían los pequeñuelos y el campo cubierto &lt;le
nieve. Pues bien: si Dios Re dignaba permitir que esto bastara para
llenar mi corazón, ¿por qué habría de quejarme?

•dea? Alto; llevando con soltura un elegante vestido. de tela p~rda;
-descubierta la frente amplia, coronada de cabellos grises¡ ,el conJ.~mto
•del rostro exce"ivamente distinguido y en él ?na expres1on d:, t11ste¡
za que conmovfo. no obstante la plácida sonrisa que a~ompadabad
-esas palahras: tal era el hombre, e!l a¡,ariencia. muy bien .e U?ª o,
-que me salu1!aba á 1~ f!lañana sigmente en el dintel de la 1gles1a, al
salir de la misa dom1111cal.
.
.
.
Alcé la vista, y él pareci6 sorprenders~ de ll_lIS miradas. Se rn-clin6 como si hasta ese momento me hubiese vist?. .,
~Soy el Sr. Raibert, ~eñorí~; el alcalde á quien se s1rv10 usted
hacer una visita ayer. ¡Cuanto siento no haber estado en casal ¿Ha
encontrado usted todo conforme á sus dese?s?
-Ab1&lt;olutamente, sefior, muchas gracias. Phrasia y el Sr. Durand no podían haberlo h~cho mejor _p~ra mí.
-Tanto mejor. señorita. Les felicitaré de nuevo P.ºr. ello. Un al-calde necesim ser algo corno el padre de todos sus ~dmm1.strados ..... .
Y sí encuentra usted algo que la desagrade, y está en mis manos el
remedio..... . ...
d
'
Le di nueni.ment.e las gracias, asegurándole que n~ a tema .que
-&lt;lesear, si no era á mis p 3queñas discípulas, entre quienes ansiaba
mucho encontrarme.
-¿No necesitaría ~1sted un día de rep,oso?
.
-~o, señor, no! ..ulegué ayer, y el dui. de hoy, con ser dommgo, me ha caído muy bien para descansar¡ con esto creo que me bas1ta y aún me sobra.
.
.
__ Bien veo que es usted ammosa! Nuestra anterior P:ofesora era
muy amada aquí; pero más bie?, rnn~rada. Usted, señorita, esté segura de conquistarse todas las !llmpat1as,-........
.
Al pronunciar estas palabras, hablo más quedo. M:1 rostro debe
baberse nublado hasta el punto de hacer que mi interlocutor-s~ arrepintiera de su última frase. Vi que se tu~bó. Trat6 de exphcarn;e
&lt;¡ue !'e refería á mi juventud, la cual consideraba como una garantia
-de éxito para con las alumnas.
Ltieao como en derredor de nosotros !'e formaban grupos de
personas°q~e salían. de mis:1, el alcalde, se dirigió á uno de esos grupos; con cierta grac10sa alt1".ez ~e, acerco t. las m~c~achas que lo for'lllahan y á ellas y á mí nos rnv1to á trab~r conoc1m~ento. El cm:a salía de la iglesia en esos momentos: también le llamo y me le traJo.
-La nueva pastora de este rebaño, señor cura.
.
-Ah! Ah! Bien, muy bien! Somos pastores de almas, señorita!
Yo he visto á usted durante la mi,;a. Por cierto que mostraba ustect
mucho recogimient:.! Ya lo quisieran para sí muchos de mis feli;gresesl
Se volvi6 á mirará la,; j6venes, encantadoras, inteligentes, aun-que campesinas (en el mús agreste sentido de esta expresión), ele
-franco reir, de robusto talle, de rostro fresco, encuadrado en la cofia
-ribeteada de encajes... . ......
-La piedad, querida hija, es la primera g~rantíal
--¿Garantía de qué, señor cura?-¡:;regu.1to una muchachii. n~uefia.
.
-Vea usted! Vea usted!-dijo el buen cura, desconcertado.Delfina mucho cuidado! Usted ríe de todo. ¿Qué pensará de uste&lt;l
~sta sefiorita? Ella parece muy seria, y así debe de ser. Le prohibiré
á. usted que la mire, si no ha de ser usted juiciosa.
La muchacha no rliú importancia á la reprimenda.. Sigui6 rien-do, y lueg) entabló con sus compafierns una charla en «patois» que
no pu&lt;le yo entender.
Esa alegría y ese lenguaje que no comprandí, me entristecieron.
El cura me hizo algunas preguntas acerca de mis antecedentes, de
mi o.igen, etc.
-Volveré á verla, hija mía. Vaya ahora entre esa juventud..... .
no es indigna de usted ....... . .
-Oh! ciertamente, señor cura. ¿Por qué había de serlo?
Murmuré esto con temblorosa voz, que contrastaba con la firmeza de mis palabras. Las muchachas nada entendieron. Se agolpaban
cerca de nosotros, mujeres y nifia!s, mis futuras &lt;liscípulwi, c¡ue no ,;e
~ansaban de mirarme. Los chicuelos, menos interesados en verme,
se dispersaron al momento, correteando y arrojándose bolas de nieve.
El alcalde había desaparecido; pero e11tre el grupo ele hombre1;:, no se
por qué me llamó la atención el rostro de un joven como de veinte
años, á quien miré como si fuese un antiguo conocido, y que se ruboriz6 cuando nuestras miradas se encontraron.
Toda la gente de la aldea se enJontrabn. á la salida &lt;le misa. A
poco anrlar se dispersó en familias que tomaron cada cual el camino
de m casa, y pronto me encontré i:ola, en lo alto de la vereda que
conducía á la escuela.
¡Sola! Un suspiro de ali vio escap6 de mis labios, y me caus6 alar"' ma. ¡Ohl Quién sabe si iría yo á estar siempre descontenta aquí. Durante tocia la misa, mi alma se había reconcentrado en una súplica
que reunia mis resoluciones y mis deseos de poder ,;orortar la vida
fácilmente; es decir, con amor, puesto que el amor es el secreto de la
posibilidad de vivir.
¡Dios mío!--murmuraba-permitid que les ame. Referíame á
todos los habitantes de la aldea... .. . El señor Raibert surgi6 ante mí,
en la misma vereda, que era también la d&amp; su casa. ¿Aparecía ante
mí como un alivio, como un contrapeso que me permitiese soportar

la vulgaridad y lo insípido que acababa de arrancarme un suspiro tan
dolornso? ...... ¡Lo ignoro!
. .
., Ol 'dé
Ese hombre me bahía saludado con exqmsita correcc10n. v1
el poquillo dei,precio que me causara su ~is~oria. Y luego, 1~ ema~ación moral debe tener una forma que se d1st111gue entre ma.mfestac10nes del mismogrado ...... Elegante y fina-¡de alma, por supuesto!acababa de reconocer los mismos matices en el alcalde. Hubo algo ele
dulzura en el saludo que dirigí á esa alma gemela de la mía!

XI
En esa misma tarde hice uha visita il sefior cura. Se mostró bondadoso aunque un tanto solemne, no dejando de prevenirme contra
ciertos'peligros que, segú!l él, debían abundar en mi soledad.
-Será tan penoso vivir sola á la edad de usted, sin que una esperanza legítima venga á sostenerla!
Y bajaba la cabeza, sin mirarme ya, pensando sin duda en otras
jóvenes solas y abandonadas como yo, á quienes había visto perderse en yo no sé qué rutas! También yo guardaba silencio, dejando á.
mi pensamiento hacia esos caminos qu&amp; adivinaba, con terror, bordeados de tristezas..... El cura había hablado de ,,esperanzas legítimas.»
Luego las hay ilegítimas, en el horizonte de una institutriz! ¡ Ah!
Que yo siga aµartada de ellas... .... Y, como á la vieja de la víspera,
murmuré:
-Quiero guardarme ele todo. Quiero no hacer siempre sino el
bien. ¿U61110 lograrlo, señor cura?
El murmuró, vacilante, como si hubiese expresado un medio imposible:
- Permanecer sin ningún deseo, pobre hija mía! Encontrarse
fe~iz en su soledad, no poblarla con ningún deseo ...... Ninguna esperanza ........ .
Esta última palabra me turbó. ¿Qué ciencia del corazón poseía
ese hombre que á cada momento insistía sin piedad, en prohibir las
esperanzas que llenan por sí solas la vida &lt;le una joven?...... Y me
miraba, ansioso de oír mi respuesta.
Un día, á una palabra de mi antigua protectora, y otra vez entre
las tumbas, me había yo sentido subyugada por las inefables promesas que un impulso de mi sangre joven había llevado hasta mi corazón. Pero, si para la realización de esas promesas era preciso desviarse un milímetro de la vía iiifiexible ...... ¡Ah! ¡Cuán poco me conocía el señor cura, si dudaba de mí!. ..... Me puse en pie, para dar fin
á la visita, con la frente erguida, y los labios sonrientes en su tácito
voto de austeridad.
-¿Jamás desear otra cosa que la soledad, señor cura? ¡Me será
muy fácil, yo lo aseguro!
Sacudí la cabeza, levemente, sin darme cuenta del peso que para ella alguna vez sería mi soledad. Repetí:
-¡Será fácil, muy fácil!

XII
Así lo fué .. Me agradaron mis discípulas; instalé mi pequeño hogar, y me apas10né pronto por el estudio y por el cuidado de rui casita. Así el tiempo me parecía breve. Ya era el arreglo de mi recá11;1ara, que me ?(~gustaba y qu.e cambiaba yo al momento; ya era un
sistema de rev1s1on de las lecciones, que me parecía preferible y en
cuyo desarrollo me ocupaba en las horas libres. El cuiuado de niii:!
útiles también me o~upaba mucho, porque era yo muy torpe.
También ~i cocinita me había ocupado¡ .pero me agradaba muy
poco. No ~abna yo encontrado pla0er en condimentar cuidado~am ~nte un platJIJo que después comiera yo ,;ola. Día tras día tomaba rnis
alimentos de prisa, casi siempre &lt;le pie, al lado de la estufa que humeaba aún.
Lo extraño e, que en aquella época, en que nada deseaba yo
me embarga.La la tri:steza á la hora de la comida. Comía, :siempre po:
seíd~ de vaga ansi_eda&lt;l, como si algo me falta:;e. Creo que habría yo
querido una me:;Ha con su mantel deslumbrante de l,lancura· una
flor en un vaso; al~uien .... :. una anciana madre, un chiquillo, ;lguno, ~n fiu, para quien hubiese preparado platillos. l\Ie imaoinaba la
m_eslta en 1~ pieza inmediata á la cocina¡ á mí, con un delabntal, inclrnada ans10samente ante la estufo, y después llevando la torta humeante, apetito~a, con una sonrisa de orgullo ...... EsiL vi¡;ión Rt: bonaba con ~l último bocado .. . ... Si era de noche, me retiraba rápidamente á m1 cuarto, donde me esperaban lo;i cuadernos de mis uisdpulas ........ .
( COXTINUARÁ. )

iCUIDADO, SEÑORA!

Vd. emp,ezaá engrosar, y engrosar es
envsJecer. Tomepues,todas fa, mauanas
en ayunas dos graJeas de THYROiDINA
ROUTY y su talle se conservará esodco
6 volverá á serlo.- El frasco de 60gra,Jeu 10•.
P.A.RIS, Laboratorio. 1, Ruo do CbO.teaudun.

IEDICAIENTG CIERTO t IROFENSITO El ABSOLUTO.
Téngase cuidado de eligir: Thyro1dlna Bouty.

o

a

a

e

�Domingo 25 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

LL MUNDO ILUSTRADO
ANO X•••TOMO 1.--NUM. 5

Subscripción mensual foránea, SI 51&gt;
ldem. ldem. en la capital, Sl.2S

MEXICO, fIBIURO 1" DE 1903.

Gerente: LUI~ RtYf~ ~Pl ~ll0LA

Director: LIC. RAFAtL Rfl't~ ~PINDOLA.

Vista del exterior con parte de los carros para guardar las mieles

La industria en Sinaloa.
EL INGENIO AZUC ARERO DE "ELDORADO."
Los sefiores J oaquín Redo y sus hijos Joaquín, Diego y Alejandro han establecido en
el Distrito de Culiacán, en las
márgenes del río de San Lorenzo, un ingenio nzucarero
en su hacienda «Elclorado.»
En este Ingenio se hará la
primera zafra en los primeros
días del mes de Febrero pr6ximo. La maquinaria de esta fábrica de 11zúcar es la más grande de la República; con facilidad pueden molerse 600 toneladas de caña en 22 horas,
produciendo más 6 menos
4,000 arrobas de azúcar. Toda
la maquinaria es de lo más•
moderno que f:e conoce; el
motor es de 500 caballos y
cada uno de los seis rodillos
del doble molino pesa 20 toneladas.
La fábrica producirá azúcar granulada de euperior calidad y de aspecto llamntirn.
Cuando llegue á ser posible
la exportación de azúcar de
México para los Estados Unidos, ningún otro ingenio del
país podrá efectuarlo más ventajosamente que el de los sefiores Redo y Cía., porque el Ingenio está situado á 12 ki16metros del embarcadero.

Exterior del ingenio azucarero " Eldorado."-En construcción.

En este Ingenio se hará el acarreo de la caña con locomotora de vapor; la vía férrea tiene, en sus diferentes direcciones, 7 millas.
Las calderas son del sistema más moderno
conocido y tienen 1,500 caballos de vapor.

***

El Estado de Sinaloa, se ha considera-

den hacerse y se hacen hasta ci neo cortes deun plantío, siempre remunerativo, y porqueson sanos los lu¡rares en donde se produce la.
caña. Contra todas e8as ventajas hay un inconveniente de grandísima importancia: falta
de brazos para la agricultura, porque el Estado ele por sí mismo es despoblado y se trabajan en él numerosas minas,
ne~ocios que pueden reportar
jornales mucho más altos que
la agric-ultura.
No cube duda de que entre
nuestra prorl ucción agrícola.
susceptible de producir artículos ele exportación, después del tabaco, vendrá el azúcar.
El señor Don Joaquín Redo fué el pri111eru en explotar
la inJ ui-tria azucarera en Sin a loa, Estado que produce
ho.v máo &lt;le 600,000 arrobas de
azúcar y que probablemente
dentro rle algunos años producirá má,: del doble.
Una buena parte de s u producci6n se vende ya en Chihuahua y Durango.

***
Acarreo de uno de los rodillos del molino de caña.

do como el que reúne condiciones más favorables para el cultivo de la caña, porque pue-

lnduclablemente el ingenio
á c¡ue aludimo,; eHtíÍ llamadoá
ser, para la Industria en Sin a•
loa, un i mpulso tanto más
palusible cuanto que permitirá á innumerables operarios encontrar en él
ocupaci6n y gitnar!'.e la subsistencia.

Stñor 6tntral Don francisco f 1tñtdo
Jacal que ha servido de habitación
construyen el ingenie.

á los ingenieros que

Almacén para el azúcar del Ingenio.

6obernaaor '1d Estado at stnatoa.

'

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 1, No 4, Enero 25</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 25 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

LL MUNDO ILUSTRADO
ANO X•••TOMO 1.--NUM. 5

Subscripción mensual foránea, SI 51&gt;
ldem. ldem. en la capital, Sl.2S

MEXICO, fIBIURO 1" DE 1903.

Gerente: LUI~ RtYf~ ~Pl ~ll0LA

Director: LIC. RAFAtL Rfl't~ ~PINDOLA.

Vista del exterior con parte de los carros para guardar las mieles

La industria en Sinaloa.
EL INGENIO AZUC ARERO DE "ELDORADO."
Los sefiores J oaquín Redo y sus hijos Joaquín, Diego y Alejandro han establecido en
el Distrito de Culiacán, en las
márgenes del río de San Lorenzo, un ingenio nzucarero
en su hacienda «Elclorado.»
En este Ingenio se hará la
primera zafra en los primeros
días del mes de Febrero pr6ximo. La maquinaria de esta fábrica de 11zúcar es la más grande de la República; con facilidad pueden molerse 600 toneladas de caña en 22 horas,
produciendo más 6 menos
4,000 arrobas de azúcar. Toda
la maquinaria es de lo más•
moderno que f:e conoce; el
motor es de 500 caballos y
cada uno de los seis rodillos
del doble molino pesa 20 toneladas.
La fábrica producirá azúcar granulada de euperior calidad y de aspecto llamntirn.
Cuando llegue á ser posible
la exportación de azúcar de
México para los Estados Unidos, ningún otro ingenio del
país podrá efectuarlo más ventajosamente que el de los sefiores Redo y Cía., porque el Ingenio está situado á 12 ki16metros del embarcadero.

Exterior del ingenio azucarero " Eldorado."-En construcción.

En este Ingenio se hará el acarreo de la caña con locomotora de vapor; la vía férrea tiene, en sus diferentes direcciones, 7 millas.
Las calderas son del sistema más moderno
conocido y tienen 1,500 caballos de vapor.

***

El Estado de Sinaloa, se ha considera-

den hacerse y se hacen hasta ci neo cortes deun plantío, siempre remunerativo, y porqueson sanos los lu¡rares en donde se produce la.
caña. Contra todas e8as ventajas hay un inconveniente de grandísima importancia: falta
de brazos para la agricultura, porque el Estado ele por sí mismo es despoblado y se trabajan en él numerosas minas,
ne~ocios que pueden reportar
jornales mucho más altos que
la agric-ultura.
No cube duda de que entre
nuestra prorl ucción agrícola.
susceptible de producir artículos ele exportación, después del tabaco, vendrá el azúcar.
El señor Don Joaquín Redo fué el pri111eru en explotar
la inJ ui-tria azucarera en Sin a loa, Estado que produce
ho.v máo &lt;le 600,000 arrobas de
azúcar y que probablemente
dentro rle algunos años producirá má,: del doble.
Una buena parte de s u producci6n se vende ya en Chihuahua y Durango.

***
Acarreo de uno de los rodillos del molino de caña.

do como el que reúne condiciones más favorables para el cultivo de la caña, porque pue-

lnduclablemente el ingenio
á c¡ue aludimo,; eHtíÍ llamadoá
ser, para la Industria en Sin a•
loa, un i mpulso tanto más
palusible cuanto que permitirá á innumerables operarios encontrar en él
ocupaci6n y gitnar!'.e la subsistencia.

Stñor 6tntral Don francisco f 1tñtdo
Jacal que ha servido de habitación
construyen el ingenie.

á los ingenieros que

Almacén para el azúcar del Ingenio.

6obernaaor '1d Estado at stnatoa.

'

�Domingo lo. de Febrero de 1903.

La Mujer yla Super-hembra
Jules Claretie el aplaudido director del Teatro Francés tie1~e un pensamiento cuya lectura arrastra ó, interesante:-; reflexiones : &lt;CEl hombre y la mujer, en el arte como_ !:'1_1 el amor,
efectúan un cambio de sus sentim1entos respectivos, y siempre hay un~ mujer en la obi:a
de un hombre, como hay siempn, un hombie
en la obra de una mujer.,&gt;
E l pensamiento es sugestivo y es h~rmos~;
¿será igualmen te cierto? .... .. Porque s1 la verdad es un factor poderosísimo de 13: b~lleza,
no puede decirse que le sea un factor 111d1spensablt:. El apotegma de Boileau e,; hermosC!,
pero no es cierto. «Rien n'est beau que le vrai,
le vrai seul est aimableJJ .. .. .... y hay much~s
quimeras, muchos ensueños, muchas mentiras que sun un portento de belle~a.
Tal vez bien visto el pensamiento de Claretie sea t;n hermoso'ensueño. Para acercarlo
á la verdad convendría, quizá, hacerle algunas
modificaciones tales, verbigracia, ~orno la de
suprimir los a;tículos indeterminados, á :fin de
obtener en la idea una representación «abstracta,&gt; de esa reprocidad de los E.exos que se supone. Es verdad que Claretie sólo la supone
en el amor y en el arte; pero el amor y el arte
son fue rzas tan poderosas y tan ubicuas, q~e
están y gobiernan en la vida t?da. Reconocido esto ¿será cierto el pensamiento'?
Con;iene examinarlo por partes. Creem~s
que la divinizaci?n de la muj~r es un sei:t.1miento que palpita t,n el corazon de la vieJa
h umanidad y constituye una potente palanc-a
para nuestras ambiciones, para nue:itros ensueñ os, para todos nuestros_ a~·dimi~ntos. Tal pa~
rece que Carl yle, al escribir su h bro «Los l:é
roes » que tanto se lee y tanto se medita, quiso
fort~lecer nuestro pensamiento en un_ fuerte
baño de individualismo. Pero ...... ¿quién escribirá «Las heroínasJJ?.. ... Debe hacerse; debe cantarse el triunfo de la juYentu&lt;l, ~e la
belleza, de la gracia, el triunfo todo de la idealidad femen ina alentadora del pecho humano,
engendradorll. ;n él de grandes y fecu ndas rebeliones, pobladora incansable de la mente que
crea y sostén perenne de la voluntad, que
triunfa! Vemos a l héroe, ya sea f:anto, apos,tol,
guerrero, legislaclor ó poeta, y ol\'idamos a la
heroína que vivf', palpita y pi~nsa dentro de
él. Podrá decirse que la Beatriz clel Dante_ Y
la Laura del Petra:rca pudieron no ha.1.Jer existido, sin que ~or ello clejasen de crea,1· el _uno
su «Divina Comedia)) y el otro sus langu1dos
y deliciosos sonetos; pero Beatriz y Laura son
símbolos del «eterno femenino)) que Goethe,
más :filósofo y menos exclusivista, supo p~·o•
clamar ante tos ho11,bres como una ver~ad mnegable. La Yenus I nspiradora es siempre
abstracta, aún cuando á las veces ap3:rez?a_encarnada. en crea.tura mortal y trans1tona, la
mujer, como musa inspira~l?r~, e~,eterna Y
abstracta., por virtud de la divm1za_c1_on femenina que palpita en el alma de la vieJa humanidad.
Tiene razón Claretie en una parte de su pensamiento. Es cierto que la mujer-no una rouje'l'-está siempre en la obra del hombre. La
mujer ejerce sobre el hombre, de mo?o con~tante y con fuerza ineludible,, Ulla v1r~ud dinámica y graduadora que no solo proviene de
-su profundidad sentimental, sino también.del
mayor equil!brio de la ni:turale~a femenina,
&lt;J.Ue es esencialmente altrmsta, a!:.'i en el º:den
moral como en las manifestaciones matenales
de la vida. Y el ejercicio de esa virtud so_bre
el hombre es la misión genuina de la muJer,
es el únic¿ concorde con sus aptitudes, es el
que sólo puede proporcionarle su verdad~r~
felicidad. Es cierto: siempre se encontrara a
la mujer en la obra del hombre.

***

La segunda parte del pensamiento de Cbretie es falsa, en nuestro sentir. En la ri:ra
ohm femenina que alcanza á ser concreta é_mdividual no se advierte ni á un hombre mal
hombre·' allí se pierde la noción del sexo Y
surge p¿derosamente el sentimiento de la es-

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
pecie; el amor se_t;ansforma e1;1 caridad, alcai:iza su manifestacion más sublime, se des~?Jª
de su envoltura de egoísmo, que está teJida
con hilos de placer en el pretexto de la procre~ción, y sin titubeos ni zozobras alca1_1za _el pináculo del sacrificio y del renuncia1mento.
Las heroínas-en la acción y en el arte,-las
llamadas varonas, porque la creaci?n _perdurable ha sido eminentemente varoml, siempre
se han distinguido por esas virtudes; para la
idealización completa de Juana de Arco, la
leyenda creyó indispensable conservarla p~c~la mientras á un Pela yo jamás SP. le ha exigid¿ la mancebía; la lira erótica pocas veces ha
sido tañida. por mano de mujer ( i:iue8 l_~s corte~anas se escapan ya í~ la clasificacion del
sexo como Safo no cupo en la estrechez del
gine~eo) y cuando lo ha sid~, ~u melodía no
ha acertado á alcanzar pecuhandad de sexo Y
se ha antojado una imitación ?-ª querella !11asculina. El heroísmo db la muJer, el hermsmo
propiamente femenino, ha estacl_o s~empre dentro del sacrificio; y en este sacrificio no ha habido casi nunca el irnpulso de un hombre, y
siempre se podría encontrar el impulso de la
Humanidad.
Hemos hablado de la mujer, tal cual es, tal
cual debe ser siempre; 119 _d el tipo hembra
creado mentalmente i)or la compacta humareda del feminismo propiamente dicho, porque
«esa» ya no es una mujer, cua~ Zarathustr_a ya
no es un hombre. Y nos refernnos al femuusmo porque nos parece que la re0iprocidad
ex¡cta que supone el pensamiento Claretie,
conque iniciamos esta charla, s?I? se finge
admisihle dentro de las teortas fem1111stas, que
no son las de conceder á la mujer el carácter de un «valor» en la vida económica y de
mejorar su condición social de acuerdo ~on
sus aptitucles :fisiológicas y psicológicas, , smo
la de equipararla al hombre en tod?s los ordenes de actividad y de vida. Este ideal de la
mujer «recíproca» del hombre, idfotic-a.~1hombre de esta «new style woman,» surg10 de la
pre~ipitación del feminismo: tan perfecto (?)
pero tan imposible, como el ideal de Zarathustra del cereuro de Nietgsche. E l «super-hombre,&gt; y la «super-hembra&gt;, habrí_an menester
una «su per- atmósfera,» que no existe, para ser
viables.
.
Pero hemos dicho que sólo «se finge» adnusible la reciprocidad exacta de los sexo~ en la
obra porque la «super-hem brai&gt; para 1p;ualar
a l h'om bre, para ejercer idéntica ~ctividad
que éste y para «vencerlo,», u_na vez 1gua.lado,
&amp;iquiera por la fuerza 1~umer1~a ?el se~o !emenino «new style » tendna que 1r identificando' en lo que más pued e estar a,
se con el hombre
su alcance, esto es, en lo m~ral é intelect;1al,
y entonces perdería sus cua.hdades femenmas
tan seguramente, cuanto la a~opción del talón oro en un sistema monetario supone restricciones de acuñación y hasta demonetización de la plata· y una vez idénticos espiritualmente el homb're y la mujer, la atracción de
los sexos vendría á descansar sobre bases por
demás groseras para que p'1diera seguir existiendo influencia moral alguna de un sexo sobre el otro. La «su rer-bembra&gt;, pierde, pues,
la virtud dinámica de la mujer sobre el hombre con el hecho de haberse igualado á él,
pu~s ya dijimos qu~ aquella virtu? proviene
de cualidades esencialmente femeninas y ahora agregaremos que no son a~enas á ella _las
condiciones actuales de la vida de la muJer,
que la preservan del incesante_ gasto de e!1ergía nerviosa. Y perdida esa v11tud femenma,
la «super-hembra,&gt; no se encontrará ya en la
obra dP,l hombre; y, además, también por gasto de aquella virtud femenina, en la obra de
la «super-hembra,&gt; se debilitará el sentimiento
de la especie, y la .obra femenina irá perdiendo su peculiaridad más preciosa.

?e

*
*'*
El hermoso pensamiento de Claretie, resulta, pues, falso en una de sus partes, ya se le
analice fuera ó dentro de los ideales del feminiRrno oficial.
Más precirn y verdadero quedará en esta
forma:
«El hombre y la mujer, en el amor como en

el arte se complementan; pero mientras en
la ohr~ de un hombre está siempre la mujer.
en la obra de una mujer está siempre la Especie.&gt;,
Se de~prendería entonres de esta fórmula el
hecho de que la mujer es moralmente superior al hombre. Pero ...... ¿r¡uién ha intentado
negar eso en buen terreno?
Sí, la mujer es siempre moralmente superior al hombre; la «super-heuibra," nunca; ésta, es lo que el italiano Ferrari llamó donosamente «el tercer sexo. i&gt;

Jlsaltos dt Esgrima.

@

omingo a nterior, por la mañana,
erificaron en la Escuela Nacional Preparatoria los asaltos de florete, sable y box organi zados por los señores ProfesoTes Rafael Dav icl, Manuel B. Carrillo y Rómu-

aplaudido!', entre los que formaban la primera parte del programa.
.
En cuanto á la segunda parte, fué cubierta
con algunos otro~ asaltoR, en que se distinguieron m ucho los señores Rómulo Timperi, Angel Escudero, Rafael David (jr. ), Manuel Carri llo, Felipe Lazo y Mauricio Cazessús. ~ara
terminar, los señores Fernando Colín y Silver io Santa María sostuvieron un reñido asalto
de box.

JUAN SÁNCHEZ- AZCONA.

El Señor 6obernador de Slnaloa.

E

N lugar preferente publicamos el retrato
del Sr. G,)bernador de Sinaloa, General
D. Francisco Cañedo, á quien debe Mazatlán en las aflictivas circunstancias por que
atraviesa, much os y muy importantes servicios.
La solicitud con que el referido funcionario
a.:udió en auxilio del puerto al iniciari,;e la
epidemia, y sus gestio_nes en bien d_el Yeci ndario amenazado, son digna!'! &lt;le elop:10, pues en
su empeñ o de ayudar á las autoridades sanitarias al mejor éxito de sus trabajos y de impartirá los habitantes de la ciudad infestada,
toda la protección de que era capaz, ha permanecido allí, aun á riesgo del contagio, para
vigilar más de cerca el cumpl imiento de las
medidas encaminadas á la extinción del mal,
y para promover, en favor de la clase menesterosa cuanto ha estado de su parte. La Leaislat~ra de Sinaloa acordó llamarlo á Culia~án, alegando que su presencia en aquel punto se creía indispensable, en los momentos en
que el número de inmigrantes y la miseria de
la gente del pueblo podía originar graves
trastornos, y el Sr. Gral. Cañedo, comprendiendo que su estancia en Mazatlán era más
importante toda\'ía. se excusó de cumplir tal
disposición rogando á la Cámara la revocara
en vista de'que no podía apartarse del puerto
sin grave peligro del ordei1 y de la salubridad
pública. Esta actitud del Sr. Gobernador le
ha conquistado muchas simpatías.
Nosotros, al publicar el retrato del distin·guido gobernante, no hacemos más que honrar á quien honor merece.

MARIO
Esclavo de insaciables amuiciones
que lo lanzaron contra el orbe en guerra,
de su bogar y su patria se destierra
el :fiero vencedor de los teutones.
Superando asechanzas y aquilones,
toca su nave en la africana tierra,
y el gran proscrito pensath-o yerra
á solas por las líbicas regiones.

LA "MURALLA."

lo Ti::nperi, con el laudable propósito de allegar
fondos para las víctimas de la epidemia rein ante en Mazatlán.
La fiesta, que fué presidida por el señor
S ubsecretario de Instrucción Pública, se verificó en el patio de «paf'a1ites» con\'enientemente arreglado para ello. y resultó en extremo
interesante. E n el cehtro del patio se levantó
la plataforma en que debían dar1&lt;e los asalto¡:,
colocándose á un lado, bajo un dosel de peluche rojo, la mei:;a destinada á la prei:;i&lt;lencia.
E l acto dió principio con la «muralla,» saludo correctamente hecho por los alumnos de
sPgun&lt;lo año, y con un asalto de florete que
ejt'cutaron, cou 1:otahle df'f:treza, los jóvenes
César Pedrazi y Juan Ruiz E¡.;parza. Los alumnos del Colf'gio Mili tar José Alf'si r y Francisco Montafio ocuparon def'pués la plataforma
entablando un asalto á ~n blf' que llamó mucho
la atención de la con('u rrencia. A éste, siguieron otros m:altos en que demo:;:traron sus habilidades, en el manejo del florete, los señores
F rancisco 'i'ilontaño y Mauricio Cazessús, y en
el del sable, los jóvenes Eduardo Prieto y Souza y Gustavo Garmendia, alumnos del Colegio
Militar. Este fué uno de los números más

En f'l intermedio de la primera á la segunda parte del programa, las niñas David y
Landgrave hicieron una colecta de fondos entre los conc-urrentes á la fiesta, reuniendo más
de cien perns que entregaron al señor Subsecretario de Instrucción Púolic-a y que se destinan á las víctimas de la peste negra.

Mu~oz LLOSA.

Cuaodo pasa, la tierra resplandece
Esparce claridad su blanca gasa:
'
Todo se alumbra en torno; y me parece
Que pasara la luz cuando ella pasa.
Cuando entra, un fragante cinamomo
Parece que en la estancia floreciera:
T?do se alegra y se perfuma, como
81 acabase de entrar la primavera.

***

***
En el gran teatro del mundo el apuntador
es el amor propio.

Asalto de f lorete ent re los Sres. Rafael
David (jr.) y Manuel B. Carri llo.

••••••••••••••••••••••

Blanca estrella que irradiara
su imágen en fuente clara
tal en ellos tu alma vi·J '

PARA UN ÁLBUM

La simpatía es la llave de oro que abre todos los corazones.

En los primel'os días del mes pasado, se ~eri:ficó en Querétaro la dist.r ibución de prem10s
á los ven..:edores en el Concurso Artístico abierto últimamente en aquella ciudad. á iniciativa del Sr. José Germán Patiño, Director de la
Academia de Pintura.
La exhibición de las distintas obras de arte d uró del 21 de Diciembre al 1~ de Enero,
ca'l culándose en más de 5,000 el número de
visitantes que en ese período, relatframen~e
corto, recorrieron los salones de la Exposición.
Entre las obras que en traron al cor,curRo,
había convenientemente clasificados, trabajos al'óleo, acuarelas, esculturas y dibujos,
que fueron muy elogiados. En el ramo de
composición original (al óleo) obtuvo el primer premio el Sr. José F. Frías, que presentó
el cuadro titulado «La Vocación de San Juan
y Santiago;,&gt; en el de Paisaje, la señorita Aurora GueYara, y en el de «Acuarela» la se?0·
rita Ofelia Montes de O(:a. De estos prem10s,
el primero fué ofrecido por el Sr. Gobernador,
el segundo por el Sr. Obispo, y el tercero por
el Ayuntamiento de Querétaro.
En cuanto al ramo de escultura, se otorgaron recompensas á los Sres. Diego Almaraz
Guillén, por un cristo en marfil; y Manuel
Muñoz Fuentes, por una «Dolorosa» en blanco; y menciones honorífic-as á los Sres. Federico Mosqueda y Braulio Rodríguez.
Además de las personas mencionadas, obtuvieron menciones honoríficas y «accesits~
las señoritas Ana y Guadalupe Balvanera,
Sofía Alvarez, Aurora y Consuelo Guevara,
Herminia Héfferan, Dolores Martínez, Dolo-

Qué profeta, ni qué Fabios!
llorosas entonces vilas
que hablaban como sibi1as
lo que callaban tus labios .. .... .

ANTONIO GóMEZ RESTREPO.

Más seguro es conducirse bien en la vida,
cuando se comprenden racionalmente la~ consecuencias buenas y malas de las acc10ne~,
que cuando sólo se creen según autoridad
ajena. .

QUERETANO.

1\Ie recuerdas sin reFabios
que en horas bien intranquilas
lloraron, ¡sí! tus pupilas
nuestros íntimos agravios.

CESAR .J.

«¡Anda, le dice al mensajero aciago,
y di le á tu señor que á l\lario viste
sentado entre las ruinas de Cartago!»

EL CERTAMEN ARTÍSTICO

mitntras Clorabas

Mas, como un cisne travieso
quiso mi alma darle un beso '
y tus lágrimas bebí!

Rudo lictor, en que piedad no existe,
partir le ordena con hostil amago;
y el héroe, alzando la mirada triste,

Domingo lo. &lt;le Febrero de 1903.

Todo el a z ul tlel cielo está en sus ojos
En sus trenzas, el oro de Tbolumes
'
Y entre sus labios húmedos y rojos
Toda la miel y todos los perfumes.
ALEJANDRO

P ARRA:M.

Asalto entre los j óvenes César Pedrazi y Juan Ruiz Esparza.

••••••••••••••••••••••

res Ruíz y María Gutiérrez y alaunos
otros
0
artistas y aficionados.
'
La :fi~sta de distribución de premios se vi6
concurrida por lo m!ts granado de la sociedad
queretana.
En el presente número damos á conocer algunas ~e las ?bras presentadas al concureo;
prometiendo a nuestros lectores publicar en
las próximas ediciones de «El Mundo Ilu;trado» l~s foto~r~ffos de otros de los princi¡,ales
trabaJos artist1cos.

�Domingo lo. de FebTcro de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Yd.? Pues de la manera más extraña.
Un día estaba en mi despacho, abrumado de
trabajo, porque aunque trabajaba de la mañana á la noche, nunca conseguí estar descansa-; do, cuando empezaron á venirme ~nos pensamientos, así, así.. .... como oscuros ...... ?omo
los que vienen en el sueño..... . Que me 1ba_á
convertir en mono de cristal; que ese cambio
-Deténgase, Feñor, deténga;:e; ¿no ve que
me quiebra'? gritó á mi lado una voz angustiosa.
Me volví apr1&gt;suradamente y me encontré
con un hombrl', alto, fornido, de mirada inteligente, que i:;e deshacía 1&gt;11 ceremoniosas cortesí:as. Pensé que no era un loco como los demás que acababa de visitar, y le tendí la mano que él e1&lt;trechó afertum;a.mente. Yo, ú mi
ve~, estreché la su_,·a; pero al sentir la presión
de mi:i declos, mi hombre gritó con el espanto
pintado en el semblante\
- No tan fuerte, señor, no tan fuerte, ¿.no
ve V d.?; y al mismo tiempo me mostraba una
tablilla que ll1&gt;vaba suspendida al cuello, en
donde sólo se l1&gt;ía esta palabra: «Frngile."
-¿.Qué significa eso? pregunté en inglés al
guardián q11e me acompaiiaba.
-Nada, 1111&gt; contPf'tÓ, que e., te pobre loco
cree ser de vidrio, y ve en cualquiera que se
le acerca un peligro para su integridad.
Me simpatizó aquel hombre, y de.:eando
trabar ron,·er.:aciún con él, formulé algunas
excusai:;, y le interrogué sobre la manera como
se había operado aquella extraña transformación de cuerpo humano en cuerpo de cristal.
-Eso, re:-ponclió mi entre,·ii:;taclo, es la cosa más sencilla ch·l mundo, y si Vd. tiene la
paciencia necei&lt;aria para oírme, se la contaré
punto por punto.
Acepté con gusto, y él continuó:
--Vd. quizíi no i-;epa que yo soy un abogado con bufete eFtal,lecido en la Villa de Ramos ...... Pues l,ien, allí vi\'Í con mi familia,
tranquilo y feliz, hm,ta
que comenzó á entrarme
esta enfermedad. ¿Cómo ■
fué eso, me pregunta ■

Domingo lo. de Febrero de 190J.

que aquella gota estaba incrnstaC:a en mi c:irne.
Creí volverme loco; corrí al lado de mi espoi,a y mis hijos, manifestándoles mi desgracia,
y no me ditron crédito; insistí, les mostré el
dedo en que temblaba aquella gota blanca, y
me dijeron que nada veían. Me creyeron atacarlo de enagenación mental, y á pesar de mis
protestas de que estaba cuerdo, perfectamente cuerdo, me obligaron
á encenarme en mi cuarto ....... .

•••
Allí noté la segunda
gota ele vidrio; era gruesa, como hueso de avellana, y estaba implanta da en la precisa base del
ta16n. Ya .:abfa yo que
allí la hallaría: la voz
que hablaba clentro de
mí me lo había dicho.
Llamé á mi familia para mostrarle esta nueva
prueba de que no e~;aba
engañado, y suced10 lo
que la vez prin:era: nadie vió aquel cnstal que
yo tenía delante de mis
ojos. Todas las personas
que me rodeaban me mi-

•••••••••••••••••••••-••••
•
••
•
••
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•••
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•••
•
■
■

se iba á operar esa misma tarde; que en aquellos momentos empezaba la traneformaci6n ... Me vino clara la
idea de que allí, á la extremi&lt;lad del dedo mefiique de
la mano izquierda, el fenómeno hab{a aparecido ya, y
apena,; tuve valor para mirará donde mi conciencia me
indicaba.....¿y qué cree Vd., SEñor, que encontré? ¡Pues
una gota cristalina! La sacudí con espanto; y la gota no
cayó; quise arrancarla, y me apercibí r.on terror inmenso

■

■

••
···························~····················~········
•
••

•••••••••••••••••••••••

ALREDE DORES DE TLALPAM .-Chimalcoyoc.

Ch im alcoyoc.

·············•··••······································..............

raban de cierto modo, como se mira á un desequilibrado.
Pasaron algunos días sin novedad; pero la
noche del último tuve un sueño espantoso....
Sofié que aquellas gotas de cristal se extendían por todo mi cuerpo, creciendo, creciendo ...... ; que invadíafí. mis carnes, que transformaban mi naturaleza, que me convertían,
al fin en un mono de cristal. ... . .. Era de seguro Ía voz de mi conciencia la que hablaba
así esa voz que de todo me advertía y todo
adi'vinaba ... . .. Y adivinó en esto, como en lo
demás, porque al día siguiente el sueño. había empezado á realizarse: las gotas de cnstal
crecieron crecieron ...... ... ; y primero las manos y los' pies, y luego los brazos. Y. las pi~rnas, y después todo el cuerpo, se hicieron cristalinos; si Ee puede leer con ellos, como con
unos lentes .. . ..... .
Ahora ya siento el frío del vidrio aquí, cerca del ~oraz6ri .. ...... Y nadie quiere creerme,
señor nadie; todos me dicen que son preocnpacio~es. Al médico de V_i,lla de ~m~s f.ué al
primero que se Je ocurr10 ese drngnost1co y
después lo han seguido todos los d~más...... :
¡Los médicus! ¡qués ,ben los médicos de m1
enfermedad! Han llegado á decir que estoy loco y roe han traído á esta casa y entre personas extrañas para que cure.
-¿Y sufre Vd. mucho? pregunté compadecido de aquel hombre.
-¡Ah, lo indecible! me contestó. ¡~o puede Vd. imaginárselo! Eso de tener siempre
que andar cuidando esta caja de cristal.. ..... .
Que aquí un mal paso; que allá un golpecito
cualquiera; que acullá un descuido &lt;le algún
transeunte ...... Por esto último me he puesto
esta tablilla ... .... Y á pesar de tantas precauciones no siempresalgo bien librado: ¿ve Vd.
esta oreja sin su lóbulo? Pues fué un moscardón, señor, un simple mo!'&lt;cardón: pasó volando ta.n de recio y tan cerca de mí, que no
pude evitarlo: el animal chocó contra mi oreja y se llevó el lóbulo; como todo es puro cristal.. ...... .
No pude menos de sonreirme ele las ideas
de aquel hombre, y por decirle algo, le pregunté:
-¿Y no se alivia Vd.? ¿no tiene Vd. es:
paranzas de curar?
-¿Aliviarme? ¿Con qué? Los médicos me

recetan bromuros, ejercicios, baños....... .
¡tonterías! ¡algo han de hacer! ¿Curarme?
Ya no creo en mi curación. Poco á poco
me voy haciendo enteramente de vidrio
y eso no tiene remedio. Mis manos, mis
brazos, mis hombros, toda la cabeza, los
pies, las piernas, los muslos... ¿qué queda? Apenas el tronco, el pedacito donde
está el corazón; ese rinconcito querido es
lo único que está todavía sano; pero la ola
de cristal avanza y pronto no quedará nada; hasta esa islita de carne que todavía
hay en mi pecho desaparecerá, y entonces. ... entonces seré cadáver.
Sonó en aquellos momentos la campanilla llamando á los enajenados al refectorio, y el buen hombre se despidi6, diciéndome con triste sonrisa:
-Nos llaman; hasta que llegue la hora, es necesario alimentarse. Con permiso de Vd . ...
Y evitando los obstáculos y rodeando
los tropiezos, el pobre loco, serio, rígido , pesado , fuése
arrastrando penoi:amente su supuesto
cuerpo de cristal. FRANCISCO VEROU·
GO FALQUEZ.

Todo hombre &lt;l,·biera asir la idea de
que no es más que
un eslabón en la cadena de la creación,
y que á pesar de su
amor por la patria
tiene el rn u n d o
abierto ante sí para
la práctica de sus
hechos de abnegación y caridad.

*
Los autores muet~n pero sus obras
iñguen viviendo,

Jn~íaofán~~
0LLtJtR1'~

�Domingo lo. de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo lo. de Febrero de 1903.

..

El cumpleaños de Guillermo II.
BRILLANTES FIESTAS.

A Colonia alemána residente en México, celebró el martes
último el cumpleaños del Emperador Guillermo II, con
diYersos juegos de sport que se efectuaron en el Hipódromo
de Peralvillo, por la mañana, y con un suntuoso baile dado la
noche de ese mismo día en los salones del Círculo alemán.
«El Imparcial» publicó la crónica pormenorizada, tanto del

[

Evoluciones en bicicleta.

Desfile de los miembros del Orfe6n Alemán, frente á las t ribunas.

baile como de los juegos, y, por lo mismo, sólo nos limitamos á consignar en nuestras columnas las notas más salientes de las fiestas.
Lo que más llamó la atención de la escogida concurrencia que llenaba las tribunas de Peralvillo, fué, á no dudarlo, la serie de ejercicios gimnásticos hechos por los miembros del orfeón alemán, y los
partidos de pelota, á mano limpia y con cuerda, en los cuales toma
ron parte caballeros pertenecientes al Cl~b de gimnasia, divicl_ido en
dos grupos: «blancos» y «negros.,, El pnmer torneo tardó cuarenta

.minutos y el segundo veinte, resul~ndo vencedores en uno. y otro_
«blancos.» Estos juegos, que por pnmera vez se ven en México, exm
· ron vivamente la curiosidad del público, que aplaudió entusias
aquel derroche de agiliqad.
Los juegos cíclicos cqnsistieron en vistosos ejercicios á paso len
y en una carrera á 1,600 metros, que resultó muy interesante. La
automóviles fué á tres millas inglesas, y la de caballos á 500 y 1,
metros. De las dos últimas, la primera fué ganada por los cab
«Toxca,» &lt;&lt;Ponciano" y «Perker» y fa · segunda por el «Rayo,» el «E
grant,» el «Sol» y «Old Bov.»
.
La señora baronesa de Flrecker, esposa del sefíor Secretario de
Legación de Alemania, distribuyó las recompensas otorgadas á los v
cedores, de la manera siguiente: Al señor Schmidt medalla de o
como director de las evoluciones en bicicleta.-Al Club A
tico, una ei.tatua de bisquit, por Jcis juegos de pelota.los que ganaron la carrera en bicicleta, un busto en bro
de Guillermo II, y una purera.-Al vencedor en la de au
móviles, una garrafa de plata y un bastón. -Finalmente,
corredores á caballo fueron premiados con· un estuche
viaje, úµa licorera, una ponchera y unos gemelos de oro.
A la una y media de la tarde terminó fa simpática fiesta,
jando' entre los concurrentes los más gratos recuerdos.

adornado con flores, banderas y ricas colgaduras. En uno de los muros, se destacaba el
busto del Emperador, y en el opuesto, un
buen retrato del señor General Díaz.
El señor Presidente de la República se presentó en el Casino á las diez de la noche, hora
en que comenzó el baile, y en que los salones
estaban ya ocupados por uno. concurrencia tan
numerosa como distinguida. Damas y caballeros de todas las colonias extrnnjeras y de la
mejor sociedad mexicana, se dieron cita ert el
aristocrático Casino.
·
Durante el baile, que se prolongó hasta el
amanecer, la animación y la cordialidad no
decayeron un solo momento. A la media noche se sirvi6 á los convidados una cena, pronunciando el señor bar6n Von Heyking un
entusiasta brindis, lleno de cariñosas frases
para el señor General Díaz. El Primer Magistrado correspondió á ellas con la galantería y la

Guillermo II, por la Colonia alemana y por
las damas alli reunidas.
Los organizadores de los festejos á que nos

Ejercicios gim.,5-•icos.

ELLA
;,Pero existe? Quizás. En ocasiones
me parece que sí, y en mi deseo
toma formas humanas, y la veo
con todas sus hermosas tentaciones.
¡Ensueño, así'en mi espíritu te impones!
Y al llevarme á la orilla del Lelieo,
callas de mi razón el clamoreo
y miro palpitar mis ilusiones!
¡Ficción·ó realid¡¡.d, qué importa! ¡Es ella!
La que á mi cuerpo miserable envfa,
algún vigor para el combate diario;
La carrera de automóviles,

sinceridad que son tn él características1 y terminó su alocución proponiendo un brin dis por

referimos, deben estar satisfechos del brillante
resultado obtenido.

***

.

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la que me inunda en luz como una estrella
me hará bendecir en mi agonía
'
al Cristo del perdón y del calvario!

y

El Casino ·alemán, donde debía
brarse el baile, estaba primorosa.me
,

-La limosna fio hace más que tapar la
boca á la miseria; el trabajo y la economía la
extirpan de todo el pueblo.

•
Los automóviles.

IFRANCISCO CHACÓN.

�Primtr

Etrtamen Jlrtistico
tutrttano.

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"e~s'(~!"..
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�Do:tnyigo lo. de Febrero de 1903.

Domingo lo. de Febrero de 1903.

'.Et MUNDO n,USTR¡\DO

EL MUNDO ILUSTRADO

violetas eran para ,cNini,» su vecina, una
muchacha fresca y rosada que tenía los ojos
muy azules.
Los versos eran para nosotros. Xosotros los
leíamos y 'aplaudíamos. Todos teníamos una
alabanza para Garcín. Era un ingenio que debía brillar. m tiempo vendría. Oh, el pájaro
azul volaría muy alto· Bravo ¡bien! Eh, mozo, más ajenjo!

MAZATLAN MODERNO.
En el presente número damos á conocer
un grabado que representa lo que era i\Iazatlún hace medio siglo: un grupo de jac..'lles, y
otros en que puede apreciarse su rápido progreso y su desarrollo. Actualmente hay en el
puerto multitud de edificios particulares que
lo hermosean, buenos templo~, y dos plazas
de toros; un merc..'ldo-el "Romero Rubio,&gt;que satisface ampliamente las necesidades de
la pob!aciúri, y una plaza i:ecientemente inaugurada que ocupa el sitio más céntrico.
Entre sus paseos principales, se cuentan el
ele las «Olas Altas» y el del jardín «~fachado»
que son los preferidos. Las fiestas del Carna~
val, que se celebran alli hace muchos años
y que ahora, por la epidemia, se han suspendido, son muy notables: á ellas concurren familias &lt;le Culiacán, ·lel
Rosario, Tepic y otras
poblaciones del occidente del país.

*"'*

Principios de Garcín:
De las flores, las lindas campánulas.
Entre las piedras preciosas, el 7x'tfiro. De
las inmensidades, el cielo y el amor, es decir,
la:-; pupilas de Nini .
Y repetía el poet'l: creo que siempre e:; preferible la neurosis á la imbecilidad.
A veces Garcín estaba más triste que de
costumbre.
Andaba por los boulevares, veía pasar indiferente los h::josos carruajes, los elegantes, las hermosas mujeres. Frente al escaparate de un joyero sonrPia: pero cuando pasaba cerca de un almacén ele libros, se llegaba. á las vidriera!'&lt;, husmeaba, y al ver las
lujosas ediciones, se declaraba decididamente envidioso, arrugaba la frente, para des,, ,
ahogarse vol vía el rostro hacia el cielo y suspiraba. Corría al café en busca de nosotros,
conmovido, exaltado, casi llorando, pedía. un
vaso de ajenjo y nos decía:-Sí, dentro de la
jaula de mi cerebro está preso un pájaro azul,
quiere su libertad ....... ..

Desde entonces Garcín cambi6 de carácter. Se volvi6 charlador, sedi6 un baño de alegría compr6 levita nueva, y comenz6 un poema en tercetos titulado,
pues es claro: «El Pájaro Azul.»
.
Cada noche se leía en nuestra tertulia
algo nuevo en la obra. Aquello era excelente, disparatado, sublime.
Allí habia un cielo muy hermoso, una
campiña muy fresca, países brotados como por la magia del pincel de Corot, rostros de niños asomados entre las flores;
los ojos de Nini, húmed?s y grandes; y
por añadidura, el buen Dios que envía vol d .. l d sobre todo aquello, un pájaro azul que sin saber
an o, vo an o,
.
d l
b d 1
ta en donde quec6mo ni cuándo, amela! dentro e cere ro e poe ,
,
da aprisionado. Cuando el pájaro canta, se hacen versos alegres }
rosados. Cuando el pájaro quiere volar y ~bre l~s alas y se da
contra las paredes del cráneo, se alzan los OJOS al cielo, s~ arruga la
frente y se bebe ajenjo con poca agua, fumando ademas por remate un cigarro de papel.
He aquí el poema.
.
,
Una noche lleg6 Garcín riendo mucho y sin embargo muy triste.

***

La bella vecina habíapsido conducida al cementerio.
,. .
- t:na noticia! una noticia! Canto ultimo de m1 poema .. ~1111
}1a muerto. Viene la primavera y Nini se va. Ahorro de_ v10ktas
para la campiña. Ahora falta el epílogo del poema. Los editores n_o
se digr.an siquiera leer mis versos. Yosotros muy pi:onto tend_rf1t1
que dispersaros. Ley del tiempo . .El epílo~o, debe titularse ns1:
,De cómo el pájaro azul alzn. el vuelo al e1elo azul.»

***
Plena primavera! Los árbol~s florecidos, las nubes ros:idas en el
alba y pálidas por la tarde: el aire sua,·e que mueve las hoJaS y hace

..

••

***

EIPáia=

ro Jtzut

París es un teatro
divertido y terrible.
Entre los concurrentes al c..'lfé Plombier,
buenos y decididos
muchachos pintores,
1:;scultores, escritores,
poetas-sí, todos ·buscando el viejo laurel
verde ;ninguno más
queridó que aque) pobre Garcín, triste casi
siempre, buen bebedor
de ajenjo, soñador que
nunca se emborrachaba, y, como bohemio
intachable, bravo, improvi~ador.
En el cuartucho destartalado de nuestras
alegresreuniones,guardaba el yeso de las paredes, (entre los] esboEn la Isl a de B elvedere
zos y rasgos de futuros Clays, versos, ~stro!as ent~ras escritas en la letra echada y gruesa de nuestro amado «Pájaro Azul.,, «El Pújaro Azul»
era. el pobre Gar?m. No sa~é1s por qué se llamaba así? Nosotros le bautizamos con ese nombre.
Ello no fué un simple capncho. Aquel excelente much?cho tenía ~l vino triste. _Cuando le preguntábamos por qué
cuan?-o todos reia_mos como msensatos 6 chicuelos, H arrugaba el ceño v miraba fiJamente el Cielo ~aso, nos respondía con cierta amargura:
-_Ca~aradas: habé1e de saber que tengo un pájaro azul en el cerebro, por
consiguiente.. ..

Hubo· algunos que llegaron á creer en un
descalabro de raz6n.
Un alienista á quien se le di6 noticia de lo
que pasaba, calificó el caso como una mono.nanía especial. Sus estudios patol6gicos no
dejaban lugar á duda. Decididamente, el desgraciado Garcín estaba loco.
Un día recibi6 de su padre, un viejo provinciano de Normandía, comerciante en trapos,
una carta que decía lo siguiente, poco más 6
menos:
«Sé tus locuras en París.-Miehtras permanezcas de ese modo, no tendrás de mí un solo SOU. Ven á llevar los libros de mi almacén,
y cuando hayas quemado, gandul, tus rnanuscristos de tonterías, tendrás mi dinero.»
Esta carta se ley6 en el café Plombier.
- Y te irás?
-No te irás?
-Aceptas?
-Desdeñas?
Bravo Garcín! Rompi6 la carta y soltando
el trapo á la vena, improvisó unas cuantas estrofas, que acababan si mal no recuerdo:
sí, seré siempre un gandul,
lo cual aplaudo y celebro,
mientras sea mi cerebro
jaula del pájaro azul!

El muel le y la Aduana.

--

T-

----

-------

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· !;ai&amp;Nil-l;;-,w

1"

"""'"'--'

:nillll
MAZATLAN.-EI M ercado

***

Sucedia ta~bién que gustaba ele ir á las campifias nuevas, al entrar la primavera. El aue del bosque hacía bien á sus pulmones, según nos decía el
poeta.
sus ex&lt;:ursiones ª?lía traer ram~s de violetas y gruesos cuadernillos de maclngales, escritos al rmdo de las hoJas y bajo el ancho cielo sin nubes. Las

pe

Una corrida de toros en Maziltll n,

..

" Romero Rubio."

�Domi,ngo lo. de F ebrero ele 190:.l.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo lo. de Febrero de 1903.
aletear las cintas de los sombreros de paja,
con especial ruido! Garcín no ha ido al cam·
po.
Hele aquí, viene con traje nuevo, á nuestro
afamado caié Plombier, pálido, con una risita triste.
-Amigos míos, un abrazo! Abrazadme todos, así, fuerte: decidme adiós, con todo el
corazón, con toda el alma...... El pájaro azul
vuela........ .
Y el pobre Garcín lloró, nos estrechó, nos
apretó las manos con todas sus fuerzas y se
fué.
Todos dijimos: GarcÍn, el hijo pródigo, busca á su padre, el viejo normando.-Musaa,
adiós; adiós, ~racias. Nuestro poeta se decide
á medir trapos! ¡Eh! Una copa por Garcínl

Oficial« mtxtcanos tn ti Eltrdto JlltmAn
Con autorización de la Secretaría de Guerra
y Marina, salieron rumbo á Europa los Sres.
Capitán Gustavo A. Salas y Teniente Nicolás
Martínez, oficiales del Ejército que, por una
s~ñalada distinción del Emperador de Alemama para el Gobierno mexicano, van á incor-

Entre el silencio, y la. quietud, y el frío
De la. vieja. ciuda.d, como un fantasma.,
Bajo el ojo doliente de la. luna,
Algunas madrugadas
El músico bohemio, el que tocando
En sucio bodegón la vida gana,
Cruza. las calles cabi,zbajo, solo,
Llevando entre la.s manos su guitarra.

..

Del viejo y melancólico instrumento
Maquinalmente arranca.,
A veces notas ágiles y limpias,
A veces notas lúgubres y largas:
Salpican el silencio aquellas notas
Que por entre sus dedos se desgranan:
Unas ascienden por el éter húmedo ,
Otras ruedan al suelo como lágrimas,
Y otras van á esconderse temblorosas
Como en una caverna entre la caja.

..

***

Pálidos, asustados, entristecidos, al día siguiente todos los parroquianos del café Plombier, que metíamos tanta bulla en aquel cuartucho destartalado, nos hallamos en la habitación de Garcín. El estaba en su lecho, sobre
laR sábanas ensangrentadas, con el cráneo todo roto de un balazo. Sobre la almohada había fracmentado ele masa cerebral. Qué horrible!
Cuando repuestos de la primera impresión,
pudimos llorar ante el cadáver de nuestro amigo, encontramos que tenía consigo el famoso
poema. En la última página, había escritas
estas palabras: Hoy, en plena primavera, dejo abierta la puerta de la jaula al pobre pájaro azul.
Ay Garcín, cuántos llevan en el cerebro tu
misma enfermedad!
RUBEN

GUITARRISTA

La. guitarra. es su amante. Aquel bohemio
Por ella diera el alma,
Por ella vive, y morirá con ella.
Entre las yertas manos agarrada..
En esas ho1·as quietas
Que preceden al alba.,
Cua.ndo con dulce mano ca.riñosa
Acaricia sus formas tomeadas
Y contra el pecho aprieta.el alto y duro
Pecho de la guitarra,
Como presa de extraño calofrío
&lt;~lla,&gt; febr~l, convulsa, apasionada,
Tiembla. ba.¡o la. mano del a.rtista
Vibran sus carnes y sus nervios ~a.ltan
Los bordones azotan el silencio,
'
El cobre grita. y el acero canta.

*

Por los trastes, que fingen
Una tendida escala,
Los arpegios sonoros y las notas
Circulan, suben, bajan ....
Se agitan, se columpian,
.
. Corren, giran, se paran,
Y como mqmeta. tropa. de funámbulos
Alegres ríen y en las cuerdas bailan.

DARIO.
CapitAn Gustavo A, Sala,.

porarse á ~no d,e los regimientos del Imperio.
Los _oficiales a ~ue hacemos referencia son
demas.1ado. conoCidos en Jos círculos militares
como mtehgentes y est~diosos, y es seguro que
durante su permanencia en Alemanja realiza-

*

Y las clavijas-postes telegráficosP?r la corriente eléctrica. agita.das,

S~enten que por los trémulos alambres
Circ~lll-n amorosos telegramas
Escritos en la. clave misteriosa.
En que los dos enamorados hablan.

*

.
Testigos de la escena:
La luna triste, las estrellas blancas
Los perros que en las calles merode'an
Y los serenos que la villa guardan.

ROSAS
El alma de las niñas que se mueren
de amar sin esperanza
es el aroma delicado y puro '
que esconde el cáliz de las rosas blancas.

*

Fots. Valleto.

De la mujer ardiente, apasionada
. que mata el desengaño, . '
habita el alma rosas encendidas
su embriagadora esencia derram'ando.

Y cuando yo me muera, sé de cierto
que la pobre alma mía
á perfumar irá de entre las flores
la más roja de toda la campiña.
JULIA.

Tte. Nicolás Marttnez,

rán grandes y positivos progresos en el ramo
á que se dedican.
En cuanto á la deferencia con que el Kaiser honra, una vez más, á México, habla muy
alto en pro de las buenas relaciones que existen entre los dos países.

Por fin, cuando la aurora se presenta.,
Y los astros se apagan,
Y se despierta la ciudad, y asoman
Las gentes por las calles solitarias
Con el cl!-nsancio aquel que sigue siempre
Al éxtasis de amor, ya fatigadas
Las manos y la mente, suelta el músico
A su fiel compañera., que se agarra
De su cuello y solloza., y se estremece
Con un furor de loca enamorada ....

•€

PROPINA.

N la pared de mi alcoba duerme un reloj vit&gt;jo comprado por diez céntimos, un
día de nit&gt;ve á una pobre hembra demaerada que cruzó por
mi calle llevando en
los brazos el fruto de
un amor dei;leal.
Hace mucho su negro minutero señala
· eternamente una hoia,
una hora misma, y es
á mi antojo como una
mano desconocida que
mostrase allá lejos algo cabalístico y cruel.
El minutero señala
eternamente las nueve, y esa hora maligna parece haber sido
en mi existencia la
destinada á mirar sueederse la cadena de
mis infortunios.
Eran las nueve de
la mañana cuando dejé mis lares patrios ,
por ir tras los besos
eruelesquernatan mi·y
&lt;lulcemente.
Eran las nueve de
la noche cuando Beatriz me abandon6, en
tanto que yo, con unos
buenos camaradas que
hacían versos tristes
:y cantaban cantinelas
.alegres, hablaba ele la
fidelidad de las mujeres en una d e las puertas del «boulevard.,,
Eran las nueve de
la mañana cuando un
viejo enemigo me trató de burguéR.
Y eran las nueve de
la noche cuando cerré
los ojos moribundos á
h casera que los días
&lt;le fiesta me daba pe--chent limpia y cuellos

mente en su mano huesosa una moneda de
diez céntimos, sea ó no día de nieve.
Anoche, no os extrafie, hermosa niña, vendí mi gabán único, que tanto he amatlo, por
tener diez céntimos que depositar cuidadosamente en la mano huesosa de una pobre hem-

Lo que el hombre sabe es nada en comparaci6n de lo que ignora.

..**

La educación es el aprendizaje de la virtud;
la instrncción es el aprendizaje de la ciencia.

***
La liberalidad no consiste en dar
mucho, sino d~1r en ocasión oportuna.

MERCADOS DE

LA CAPITAL-La Merced.

nU!l\'OS.

Ahora, no os extrafie, hermo~a nifia, que
-eada vez que cruza por mi calle una pobre
hembra demacrada llevando en lo;; brazos el
iruto de un amor desleal, deposite cuidarlosa-

brn demacrada cine cruzó por mi c.alle llevando en los brnzo1 el fruto ne un amor desleal.
l'HARf,ES BAUDELAIRE.

*

Así concluye el misterioso idilio
Y aquella fugitiva. serenata.
'
Es el epitalamio de las bodas
Del músico bohemio y su guitarra!
CLIMACO

Soro

BORDA.

Ml BARQUILLA.
I

II

'~iene en la mano un arpa laureada
:Y cingulo de estrellas en la frente·
v~gll; en el éter, y su huella ardie~te
fiJa rnmortales formas en la nada.

~lll;.ª en el mar st~ fijo derrotero.
.Bo,,.t al ocaso el hn"uido

Tie1;de el «velo de .Maya)) y hechizada
la realidad trnnsfigm:ar se siente;
Hebe del alm·1, un vrno fervescente
le escancia que sus penas anonada.

Rienlto ~cncarse, ten13bro!'-a y fría
1•01
a. noc 1e sm ma 1-1
•
,
,
' ana Y sm lucero.
1 1, tu, la maga de mi·
.
b · á •
amor primero
ªJª ' m1 barca para ser sn auí
,
o ,al.

¡A?! Yuelve á mí tus ojos, Poesía,
Y. el Jugo suave de la flor del loto
vierte en el cáliz que me di~te un día,

R ,

'.4hora de acíbar rebosante y roto.
¡Sirena, ven! Y la barquilla mía
lleva cantando á su ancladero ignoto.

¡Barquera, ven! Tus notas pl -·c1
me lleven por escalas m 1 d' ani eras
l
·
'· e o 10sas
a concierto de amcr de, lases feras.

~erenamente la barqui lla mía

, ,
l
' ,.,
remero
) ) a 1e a umbra Véspero la YÍa.

Adiós, cielos sin sol
.
val cabo ad.; · •
'campos sm rosas,
F'
ios rn 6 eles compañeras
&amp;zon y e, lumbreras engañosas! ,

l!l03.
RICARDO DEL MoN'rE.

LA TEMPORADA EN ORRIN.-Miss Dounie

notable ecuestre.
Mazatlin en Semana Santa.

MAZATLAN.--Pll!A do la RepCibllca.

'

�Domingo lo. de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo lo. de Febrero de 1903.

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.--ILUSTRACIONES DE SIMONT.
TRADUCCION DI: "U .iUNDO ILU!;TR.4D0."
(CONTINÚA. )

A medio día, antes de reanudar el trabajo, si hacía mal tiempo,
ayudaba á las discípulas en la clase misma, y sentía placer en dejar•
me rodear de su dulce simpatía, en permitir cierta familia ridad sana
y agradable entre su inteligencia y la mía.. ...... .
O bien, si hacía buen tiempo, salía invitada por el sol espléndido de eF&lt;as regioneF&lt;. Era para mí una fiesta!
Montones de nieve, en las colinas y en los campos, sin un pliegue, sin una arruga, me llenaban de encanto. Arrebujada en mi chaquetilla negra, con las manos hundidas en el manguito, los ojos llorando de frío, andaba con garbo, pisando fuerte para entrar en calor,
caminaba como euvuelta en la ligereza de la atm6sfera.
·
Mis ojos no se saciaban de tanta blanqueza y tanta calma. Sonreía al espacio, á las bandadas de cuervos que pasaban muy alto, en
un cielo tan limpio como la. nieve del campo ...... Sonreía á los pocos
campesinos que encontraba y que me interpelaban ir6nicamente á
prop6sito de la rubicundez de mi nariz.
-Ah! Ah! Señorita! Se diría que está V. probando nuestro
clima!
-Sí, amigos míos; estoy probándolo! Y me gusta mucho este
clima; muchísimo!
Con el aliento apresmado á causa de !a rapidez de mis pasos,
contestaba con esas solas palabras, sonriendo y saludando con una
inclinaci6n de cabeza. Y seguía adelante, con las mejillas encendidas, la sangre hirviente, el rostro deliciosamente azotado por el
cierzo.

XIII
Algunas veces encontraba yo á la vieja Victorina. Trataba de saludarla con afecto, pero ella me respondía, encogiéndose de hombros,
alguna frase profunda que me dejaba pensativa.
-Siga, siga V. su camino, señorita! Yo le responderé más tarde,
cuando haya visto lo que V. vale!
Un día, quise hacerla hablar más. La detuve.
-Le ruego, Yictorina, que me explique el significado de sus palabras.
Ella insisti6 en su frase, sigui6 su marcha y me dej6 plantada,
en el camino, llena de prei,entimientos vagos . .. .. .
Jamás veía ni encontraba yo á otra persona. Habría podido dedir los nombres de todos los que me saludaban al pasar. El Sr. Raibert también se me presentaba; pero raras veces: algunos domingos
cuando él a1&lt;istía á misa-lo cual, por otra parte, era muy raro-ó
bien en nuestro camino, sembrado de arbustos, que sólo á nosotros
pertenecía, puesto que iba de un lado á la casa del alcalde, y por el
otra á. la escuela. El se descubría rápidamente; yo le saludaba con
deferencia, puesto que era el alcalde: eso era todo.
La idea más remota de que yo pudiese interesarle en lo más mínimo, me habría dejado estupefacta. Jamás, desde el día siguiente
de mi llegada, me había dirigido la palabra.
En cuanto á la señora de Raibert, pregunté al señor cura si debería hacerla una visita; pero él me indicó desde luego que ella no
gustaba de trabar relación con nadie, que no sabría apreciar mi cortesía; en fin, que valía más desistir dP. la visita. Yo consentí fácil1,1ente en ello.
Sucedía también que al salir de mi1,a, alguna mamá se me acercaba para pedirme noticias de su bija. Más tímida que ésta, la mujer
h ablaba poco, y ruborizándose me decía que de buena gana me in vitaría á ir el jueves á su quinta; pero que 1&lt;SU hombre" era tan rudo,
que ella no se atrevía á invitarme. Muchas se encontraban en este
caso; otras vivían demasiado lejos.
-El pr6ximo verano había que venir á nuestra casa, señorita.
Nos daría mucho gusto verla allí.
Yo daba las gracias á unas y otras sin desdén, pero sin el menor
deseo de trabar amistad con nadie.

XIV
Sin embargo, se había formado una verdadera amistad entre el
señor y la señora Albert, los profesores de Pinet, y yo. Estaban casados: él atendía la escuela de varones del lugar, y ella la de niñas;
ese matrimonio joven no permanecía encerrado en su aldea, á pesar
del invierno, sino que hacía frecuentes expediciones en un trineo alquilado, que guiaba el esposo, haciendo sonar ruidosamente el látigo.
Un jueves los sorprendi6 una tempestad y se detuvieron en mi
casa, pidiéndome un vaso de vino caliente, por humanidad y por
compañerismo. Inteligentes, alegres, llenos de vida y de gracia, me

agradaron los dos jóvenes. Ella era de Gardamira, cerca de Marsella;:
él de los Bajos Alpes.
La primera vez su visita fué corta; pero algunos jueves más tarde volvieron á visitarme; trayéndome ella un pastel que había confe~cionado. Ella se hizo de confianza mientras el esposo i ba á recorrer el jardín y la bodega; ella me refiri6 su noviazgo, el empleo deambos en Pinet, donde vivían de amor y de trabajo, y me pintó la.
casita nueva de la escuela, que amaban tanto como si fuese de ellos.
Regres6 el joven trayendo un haz de ramas secas.
-He encontrado esto por alli, señorita. ¿Lo quiere usted para
su fogón?
-Lo que es la costumbre-exclam6 la joven riendo.-Como es.
él quien se ocupa de esto en nuestra casa, cree que aquí también será
lo mismo.
Me eché á reír con ellos, y recibí las ramas secas, diciendo, extrañamente imprE&gt;sionada:
-¡Deje usted! Es un verdadero servicio...... ¡Cuántas veces mefalta un poco de leña!
El quedó contento, y me preguntó si en algo más podía sermeútil. Y cuando su esposa me decía:
-¿Entonces no la veremos á ui;ted por allá hasta el p róximo verano, María Teresa?
El, sin saber el mal que podía hacerme, le dijo:
-¡Eh, hija! La señorita no tiene á nadie que la ponga como á
ti en el trineo y la lleve por dondequiera. ¿O quieres que vaya á piede Chavoux á Pinet?
-Es verdad. ¡Usted está sola, querida señorita!
La joven se puso en pie, me estrechó las manos al despedirme yme acarició con una mirada compasiva. Sentí vago rencor hacia aquel
que me había hecho recordar mi soledad absoluta.
El joven insta16 á su m ujercita en el trineo, la cubrió con un
abrigo, me dijo adiós é hizo chasquear su fuete. Parti6 el trineo, dejando tras sí una nube de polvillo de nieve.

s.- ·

***
Regresé á mi saloncito, que me pareci6 muy vacío; pero esto dur6 poco. Mi soledad no me pesaba aún; más bien me agradaba, 6 quizá ya no la sentía.
El cura, que me estrechaba la mano todos los domingos, y hundía sus ojos de confesor hasta el fondo de los míos, podía aún sondearme con su mirada terrihle.
Amaba yo mi apacible habitación, sin desear nada fuera de ella.
Mis amigos &lt;le Pin et no regresaron; s6lo me escribieron dos 6 tres veces, diciéndome que aguardaban mi visita al llegar la primavera. Era
todo. Estaba yo absolutamente sola!
Solo Phrasia me veía con frecuencia. La buena mujer parecí&amp;
tenerme gran cariño. Desde mi arribo, había ella tomado la costum·
bre de hacerme mis compras cuando bacía las suyas. Se detenía al
pie de la ventana de la clase y llamaba. Abría yo; le daba mi pequeña lista y el dinero.
Si las nifi.as, ocupadas en un trabajo ya señalado, me daban
tiempo, Phrllf;ia por fuera y yo por dentro teníamos una corta charla en voz baja.
'
Las golondrinas, en otros años habían anidado bajo el techo de
la escuela. ~hrasia me daba consejoA sobre lo que debía hacer para
que en la primavera próxima regresasen allí mismo las golondrinas.
Ella me hablaba todavía de la criada de .M. Broadel- el cura -su
rival en fe_licidad, á los ojos de la poblaci6n: la una, declarando que
esta ha meJ?r en casa del señor cura que en la del señor alcalde, y la
otra sostemendo lo contrario.
, . -~ sin embll;rgo, no hay comparaci6n! me decía Phrasia con
com1ca 1mportanc1a. -En casa de un cura se fastidia una mortalmen·
te.-Después ...... debe una recibirá gentes de poco más 6 menos á
q_uienes aloja el santo varón. Sé algo de eao, yo, que durante largo
tiempo estuve colocada en casa del Abate Chavard de San Román.
Ah! Aquello acabó por cargarme, se lo aseguro! N~ me hablaba dos
palabras semana!es. Siempre correteando por los caminos, cuando no
moilela!ldo ~gur1llas de barro. No digo yo que el trabajo sea feo: al
contrario! 81 hasta ha ganado medallas de oro en u11a exposición de
Gre1~oble; y yo, á fuer de ignorante, me quedaba pasmada de CJ?e
pudiese hacer tan bellas vírgenes y tan bellos Jesuses ....... Pero ¡d1a·
blo! prefiero la casa del señor Raibert. La señora tiene mal carácter,
no hay para qué ocultarlo, pero, con todo, es agradable. Y el señor
lo mismo. Y se carne bien. Y á veces reímos durante las veladas del
invierno, Mi6n, la otra criada y yo. La charlatana no hubiera acaba·
do nunca.

A veces me ocurría ~~terrumpirla, interesada por algú,1 detal le
que me llamaba la atenc1on.
-¿l\Iodela, pues, figuras en barro el Abate Chavard? Se podrán
ver?
-¿Por qué? Yo la llev~r~. si Ud. quiere. Le &lt;lará mucho gusto
al pobre AbaU;. ¡Parece fast1d1arse tanto el pobre, allá arnbnl
~lla quena contarme la soledad del Abate.. ..... Pero mis niñas
se ag1tabau en la clas!'.
.. -La dejo, mi buena Pbrasia, veo que ellas han acabado su ejer&lt;:1c10.
qE'rré la ventana. DH1icada á mis nifia¡a, se me olvidaron las golon~rrnas, los yesos del Abate Chavard, las historias de tantaR institutr!ces de,los alre?edores, que Phrasia comenzaba siempre. sin llegar pmás a concluirlas.
-Sus cuadernos de dictado, Feñoritasl
. L~s dulces cari_tas de líneas curvas, las buenas mejillas frescas,
se mclmaban estudiosamente sobre los cuadernos abiertos
Yo dictaba lentamente.
·
Las plumas rasgueaban. Daba el sol contra los vidrios. A veces
en ~l fo,ndo _de Jl!i jardín, precisamente en el momento en que hacia
él d1r1g1a mis miradas, los espesores de la nieve se fundían á los rayos del sol.
.
Yo amaba el prodigio que realizaba la luz, fundiendo los lechos
mm aculados.
;\fi C?razón, ~ fuerza .~e paz, n~e parecía fundirse también como
aquella meve, baJo la acc1on de un suave calor.

En tanto que las mnas rcpa~aban su trabajo mi cerebro se
oaupaba, de combitiar el orclt•n de las ocupacione::1 que venían después_:_((como hacer el almu~rzo; dar una puntada al crespón de mi
corp1i:io, que estaba descosido; las muestras que pondría en hermosa
l~tn~ mglesa, en los cuadernos de las niñas, para la lección del día
s1gu1ente; una carta _al señor y á la señora de Cairol; y esto, y aquello ......... tenía yo t1em po para todo'?
l\Ii frente se erguía, orgullosa de tanto trJ.bajo.
-Ya repasamoi:;, señorita.
-Comience lJ'd., pues, Rosalinda. A ver la primera frase.
La pe9ueña ob~der:ía. Su voz infantil, vacilante, me encantaba.
Lo_s dia_s demasiad~ cortos ~1? dejaban desconsolada por no ha~er tem_do ~1e1~1po ~ufic1ente. V1via en una especie de plenitud ó de
mconF&lt;c1cnc1a 1nfi111tamente agradable.
Un día, me pareció que despertaba ......... Lo noté un domingo,
al atardecer ........ .
(CONTINUARÁ.. )

�ªrcn1.1.~

. s~

clt;~1úc~.

Cf 41

)"'A,

..

· EL MUNDO ILUSTRADO
ANO X•••TOMO 1.--NUM. 6

MEXICO, UBRERO ¡ DE 1903.

Subscripción mensual tor,nea, $1,S0
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Cierente: LUI&amp; Rtl't&amp; &amp;PINDOLA

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,¡.,.--.J...,

.:;r.. -

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estómago, la clorosis, la anemia y las convalecencias; este vino se r ecomienda á las personas de edad, á las mujeres, jóvenes y á los niños.

AVISO MUY IMPORT.a}¡TE.
El único VINO auténtico de S. RAPHAEL el solo que tiene el derecho
de llamarse así, el solo que es legítimo y de que se hace mención en el
furmulario del Profesor BOUCHARDAT, es el de Mrs. CLEMENT y Cta.,
de Valence (Drome, Francia).-Cada Botella lleva la marca de la Uni ón de
los Frabricantes y en el pescuezo un medallón anunciando el "CLETEAS,"
Los demás son groseras y peligrosas falsificaciones,

POR UNA PARTB

la acción imtiséptica de las soluciones alcalinasde las Aguas
de ''Cruz Roja" Tehuacán, y por otra la alción purgante de las misi.nas Aguas, mantienen al intestino en un estado poco á propósito para la formación de cálculos.
Solicitamos Agentes activos fn todas las poblaciones de
importancia del país_

.Negociación de ~ guas Minerales de
"Cruz Roja." Apartado 128--Tehuacán, Pue·
bla.

el Quijote.
Cuadro de Fabrés.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Siglo XVIII</text>
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                <text>Siglo XIX</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>ªrcn1.1.~

. s~

clt;~1úc~.

Cf 41

)"'A,

..

· EL MUNDO ILUSTRADO
ANO X•••TOMO 1.--NUM. 6

MEXICO, UBRERO ¡ DE 1903.

Subscripción mensual tor,nea, $1,S0
ldem. ldem. en la capital, $1,25
Cierente: LUI&amp; Rtl't&amp; &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAfAU Rtl't&amp; &amp;PINDOLA•

,¡.,.--.J...,

.:;r.. -

.

----=-

e:.:.:~--

HlllQSlllATINA
1'AL.l.,,,-B""SH
A'
A'
A'
_¡;¡_ ~

es el !ilin.ento máR ¡z-rande y el más recomendado paulos n!fius
desde la edad de seis á siete meses, y particularmente en el mo
mento del dest&amp;te y durclnte el período del cr~lmiento. Facilita mucho la dentición; 1111egura la buena formación
de los huesos; previene y neutraliza los defectns que ~uelen orPsentarRe al crecer, é lmpirle la dlarreP, que es tan frP-cueate en los nlfios. -PARI~, 6 AVENOE VICTORIA, Y l&lt;]NTODARLASFARMAL'JA8.
l ff
.li.U1.

El cabello espeso y lustroso pertenece á la juventud, el
cabello claro y ajado á la vejez. El Vigor del Cabello del
Dr• ...4.yer devuelve el color juvenil y pondrá el cabello de
usted, suave, lustroso, rico y abundante. Mantendrá el
cuero cabelludo limpio de caspa é impedirá que su cabello
caiga.
El Vigor del Cabello del Dr. Ayer da al cabello aquella
apariencia sedosa y lustrosa tan natural en la primera
edad. Para la mujer es el adorno de la hermosura juvenil.
En ningún caso deja de restaurar el color natural del
cabello.
:r.

Preparado por el DR.

C. AYER &amp; CO., Lowell, Mass., E. U. A.

Lo venden las fa.rmacias y los trat&amp;ntes e.o. perfum&amp;ria ó artículos del tocador.

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EL MISMO

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IN

•llltoo: .l. Ul.&amp;DII, •••• , CJl'l- .l. llllla

!probado por 1,J.CAIJ.d• !EDICIIU l• PHJS

LBCHE ANTEFÉLI
1 Er AS J E l TEJAS. T • Z ASOLEADA
;()
1At&lt;PUI LID S. TEZ BARt&lt;OSA
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..
q,
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O J&gt;
EFLORESCENCIAS
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:'°&lt;)
c0
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14, Bue deaBea111-J.rt1, PJ.BlS

-'$ca;.,

ASMA vCATARRO

Cu&amp;dos
lo1CIGARRILLOSESPIC~
6 elporPOLVO
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; • Opreslones.Tos,Reumas,Neuralglaa
O
Eu lodas •:1s hnenas Farmarias.
eor m,1yor: 20,rue St Laure,Parla,
..,4/r •ura F,,ma ,ob~·

~-~ A Cl1arr1llo

SAINT-RAPHAEL,
Vino fortificante, digestivo, tónico, reconstituyente, de sabor excelente,
más eficaz para las personas debillta::tas que los ferrugir,osos y las quinas.
Conservado por el método de M. Pasteur. Prescríbese en las molestias del
estómago, la clorosis, la anemia y las convalecencias; este vino se r ecomienda á las personas de edad, á las mujeres, jóvenes y á los niños.

AVISO MUY IMPORT.a}¡TE.
El único VINO auténtico de S. RAPHAEL el solo que tiene el derecho
de llamarse así, el solo que es legítimo y de que se hace mención en el
furmulario del Profesor BOUCHARDAT, es el de Mrs. CLEMENT y Cta.,
de Valence (Drome, Francia).-Cada Botella lleva la marca de la Uni ón de
los Frabricantes y en el pescuezo un medallón anunciando el "CLETEAS,"
Los demás son groseras y peligrosas falsificaciones,

POR UNA PARTB

la acción imtiséptica de las soluciones alcalinasde las Aguas
de ''Cruz Roja" Tehuacán, y por otra la alción purgante de las misi.nas Aguas, mantienen al intestino en un estado poco á propósito para la formación de cálculos.
Solicitamos Agentes activos fn todas las poblaciones de
importancia del país_

.Negociación de ~ guas Minerales de
"Cruz Roja." Apartado 128--Tehuacán, Pue·
bla.

el Quijote.
Cuadro de Fabrés.

�Domingo 8 de Febrero de 1903.

tas D~lidas dd Domingo
Es domingo. En las casas de familias burguesas y cristianaR, que son _las ~ás en esta
:\Ietrópoli, reina un traqueteo inusitado en l_os
demás días de la semana, pero que se repite
durante la mañana de cadn domingo con una
precisión ql!e puect~ ~!amarse matemática.
El jefe de la fam1ha, que e~ ~I padre «g~neralmentei&gt; no va á su empleo o a sus negoCJos,
y utiliza 1~ mañana del domingo para proceder
á la expoliació'1 capilar de su rost~oi porque
tiene para él que los barberos &lt;le ofic10 le_ hacen daiio á su epidermiR, á más &lt;le no sat1sfa
cer f:US personales aspiraciones estética!". 1:uego de rasurado, pasa los botones dorad~¡¡ tt la
albeantc camii;a del día, endosa la levita ele
honor enciende un cigarro, y c6modamente
instal~do en una mecedora, Re entreg;; á la
lectura del «Imparcial» doble, dedicando igual
ate11ción al acontecimiento internado1_1al del
momento que al último crimen de bar~10. Entretanto la familia Re arregla para !-ahr.
Para ia mamú, la maii:111a del dc,mingo ~s
atrozmente pet&lt;ada. Ha mandado ít misa á la
criada y tal parece que ésta tiene gra~es pecados que purgar y que se echa tres nusas en
vez de una, á ju1.gar por el tiempo que emplea
en su "salida.)) Está, pueH, sola la mam(1; y
t·omo desde su señor esposo hast:i. el postrero
y más chiq~itín de sus retoiios him ~1enester
de su benevola ayuda, la pobre senora no
acierta .,{¡ dar::;e aha~to" para nada.
Locl muchachos, libres hoy &lt;le la escuela,
tienen tiempo y obligación &lt;le de&lt;licar~e á ~tna
«toilette" mús minuciosa que de ord111ano y
se inmolan, quieran ó no, al zacate, al jabón y
al peine· y van y vienen de un cuarto (1 otro,
arrastrai;do las toallas y pidien&lt;lo á gritos el
abrochaclor para cerrarse los zapatos. La nrn.má atiende á éste y á aquél, y no pocas veces
se ve constreili&lt;la á echar mano Íl una oreja
diminuta en vez rle hacerlo á un bracito torpe é inqu'¡eto. m varoncito mayor, el seiiotito de la casa, c¡ue ya acaba de entrará la Preparatoria y á quien empiezan á apuntar ya el
bozo y la presunción, Ke hace malus. lenguas
&lt;lel tmhajo que la planchadora. ha eJecuta&lt;lo
en el alto cuello ,,Chicago, 35, • y lo declara
una. «porquería." La resigna&lt;la mamá ofrece
cambiar de planchadora.
En cuanto ú las muchachas de la casa, casaderas ya y exigentes en el atavío, hace un
buen rato que se encuentran delante del espejo, arreglán&lt;lo,e }os rizos, en:ipolvándose las
mejillai-, estrechandoRe las cmtas del co!sé
con fraternal reciproci&lt;lad; y luego de bien
y;stas y revistas, endo~an el vestido de seda,
embarrnn los guantes gris perla sobre sus manecitas Jiliales, dan un toque poi,trero á las
plumas del sombrero y, como eu éstas y en
las otras han dt\do ya casi las once, eleclaran
á. la mamá que se afane y se apresure, porque
ya ..han llamaelo• dos veces y no van á alcanzar la. misa.
Pero la mamá, ¡pobre señora! aún está de~vestida y todavía tiene que despachar los siguientes chismes: una planchadita á su falda
negra una recosidita á la espiguilla de la misma, l~s polvos &lt;le nti~arbo para el papú, el
«alpiste» para los cananos, etc., etc .......... ¡y
todo eso tiene que hact&gt;rlo rodeada de las travesuras &lt;le sus impruelentes hijos y hostigada por las impaciencias de sus_ núbiles niñas!
¡~Ialelito día para ella, el dommgo!
.
La criada ha regresado de la eterna rmsa;
pero olvidó el jamón para el puchero y quién
sabe qué otras C0!&gt;aS, y tiene que !&gt;alir den uevo........ .
Por fin, el padre ha leído hasta la última
noticia del «Imparcial»; mira el reloj, toma el
sombrero de seda y con su grueso bastón de
cerezo da. un fuerte golpe-su llamada de atención-sobre el pavimento.
-Ea!. ..... ¿estamos listos?
Esta vot del padre produce indescriptible
regocijo en loR muchachos y pone de. humor
mohíno á. las niiias; pues esta voz -qmere decir que el jefe de la familia tiene el propósito
de acompailar í1 la. prole, y si ello sirve á. los
muchachos, porqu" i;iempre logran mayores

-

EL MUNDO ILUSTRADO
beneficios pa1a sus compras dominicales d~ l_a.
relatiYa esplendidez del padre que de l_a. J~lciosa economía de la madre, en cambio disgusta á las niñaR, porque «Papá» no se hace
el disimulado y no tolera &lt;1ue, durante el pnReo 1 se acerque á saludarlas Rodolfo N., el pollo más elegante de la :\Ietrópoli. .
.
El padre se impacienta y empieza á l&gt;aJar
Jns escaleras· la prole le sigue; pero uno de
los chicos \'~elve á subir la escalera porque ha
olvidado el pailuelo, y una de las niiias hace
Jo propio, porque dice que se le ha usolta.d_o»
una Jiga, pero en realidad para darse otro v1Ktazo en el espejo.
Finalmente, faltan&lt;lo un cuarto para las
doce la familia desfila por la banqueta, con
rumlJo al «centro,» marchando por parejas como una patrulla. Toela~, cxceptuan&lt;lo un poco quizá ú la mam(1, \'an compuestos, Ju'
.
1 í ncientes
y 'posesionados dP la excepciona.
dole dei día domingo, de esn. ín&lt;lole que se
trasluce por un rictus singular en el rostro,
que "ª pregonando la conciencia de los trapos de cristianar.
Al llrgar al templo, ~l padre se retir~ á «fl:~near» un rato por dos o treR calles, s1 es ohhre pen!"ador,11 ó penetrn con la prolt' en las
na Yes olientes á incienso, si es «obserrnnte."
Ln. misa. da. princi pi 0, y se escucha ese peeuJia.r susurro de mil labios que rezan mecánicamente, produciendo el zumbido de una gig:rntesca colmena, interrumpido i-Ólo por accrsus
de tos en todos los tonos, tos contngio!:'a hasta para el oficiante, - por los gritos ele tal ó
cual parroquiano de pocos n1est&gt;!&gt;, ¡,or el argt•ntino tintineo de la campanilla de! monago y, á las veces, no muy mras por cierto,
por las desapacibles quejas de algún can que
es víctima de pi!'otones y de golpes.
La mamá, en la premurl\ dP la marcha, olvidó el libro de oraciones y como no t&gt;stá i"Cgura ele acordarse de memoria de toda la misa, recita, una trae otra, innumerables avemarfos, sembradas de tal ó cual pa.drenuet&lt;tro; los chicos preguntan á cada momento si
In misa está ya para terminar, y uno de ellos
insiste en pedir explicaciones acerca de si las
voces del órgano «~alen» por las bocas de los
úngelt&gt;s pintados sobre el frontispicio de aquél,
mientras otro se entretiene en dar golpecitoH
con la ¡.;ombrilla de ~[amá sobre las suelas
de un caballero arrodillado &lt;lelante de (.1;
las niñas, en cambio, aparentan leer con toda

¿Quieres, bardo genial, que te describa
el baile hermoso que en mi patria. priva.·?
Si tu paleta. mágica. tuviera,
qué digno el cuadro de tus ojos fuera!
Perv, aunque débil mi pincel, lo pinta
y escoge para. tí su mejor tinta.
Es, poeta., el danzón, ritmo cubano
con aires de andaluz y de africano.
Tiene las indolencias tropicales
con el cimbrar de los caila.verales.
Es al extraño disonante ruido
y canto delicioso á nuestro oído;
Música emocional que, cuando vibra.,
es tósigo y estímulo en la. fibra.
Esguinces tiene de elegante rango
y sacudidas gráficas de tango;
De tiple y de bandurria suavidades,
y de congo tambor, sonoridades.
Fué el da.nzón tolerado esparcimiento
en años de dolor y de tormento;
Reproche, al par, de intransigencia. airada
contra. una sociedad atribulada
Que en él buscaba elíxir embriagante,
como alivio á. su pena torturante,
Y que, indolente y dócil cua.ndo esclava.,
para ser libre fué rebelde y brava!

devoción en sus libros de marfil, pero con toda maestría desparraman ojeadas por las naves, para Yer y ser vistas ... .. .
La misa ha concluido. La familia se pone
en marcha y «alcanza11 todada. dos ó tres piezas f'n la. Alame,la, pre,·ia compra de pasteles
y otras golosinas t&gt;n alguna dulcería del tránsito. Los muchachos quieren globos; las niñas sillas en la calzada principal; y satisfechos unos v otras, escuchan la danza postrera y tornan· al hogar, encontrúndose con que
la criada ha olvido comprar el pulque antes
de las doc&lt;&gt;, por ignorar la última disposición
gubernati,·a, y la familia toma el pan de c,ada
día ..... domingo-esto es, aumentado con un
plato-y lo rocía con agua pura. y criRtalina.
Por la tarde, ;;egún los gu"to,:, Chapultepec ó teatro en palco~ i,egundos. Y en la noche cornmmación de la comicia de la mañana plática acerca ele las impre;;iom'!-1 &lt;lel día
y de lo,; propósitos para el domingo próximo.
· Tale;; son las delicias dominicales ele una
familia burgue~a y honra.da de !'sta :\letrópoli. 1&lt;:1 fiel cronista no ¡,ueele afirmar de una
manera positiva. Ri esas delicias i:on inefahlea
ú no; eso lo juzgarú d lt.&gt;ctor lwnt\'olo. Pero
sí ptH:tle ase11urar qu&lt;&gt;, «mutatis mutandiK,•
Jo mii;mo pa;':'l. en todas las ciudades ele alguna categoría.
La afluencia ele familias co1110 la anterior,
en los sitios públiro", prt&gt;sla ú la ~l etrópoli
un aspt&gt;cto especial rn los clomingo". En este
día &lt;•fü&lt;i todos as&lt;·it•nd"n, en a parit·ncia, un
esc,~lún en la enorme &lt;&gt;scalern Rocial: la hija
el&lt;&gt; la co"turem parf&gt;C&lt;' la ef:po;;a ele un oficial
lC?; la esposa clrl oficial 1&lt;:' parece una arist6crnta de muchos ca.pi tales; y la. aristúcrnta de
wras........ ésa. es la única que se pit&gt;rde, en
db domingo, entre la multitud at:\\'iada de
lujo, porque ésa es enteramente igual t'n todoe
los días de la semana.
Para muchos [para este humil&lt;le croniKta,
entre otros] el domingo es un día inr;;oportablc, y el mejor partido que en_ (,1 pueel~ ~omar•
i,e es el &lt;le no asomar las nances por filtro con•
t•t;rrido; para. muchoi- m(u,, ~1~1pero, c•l clo1!1in•
rro es el gran &lt;lía, y las delicias del domingo
;mbalsaman y matizan el.aburrimiento de loe
otros seis días ele la semana. Por eso hay que
ceder á éHtos el domingo, en propiedad absoluta y exclusiYa.

y

SARDÍN.

Es el danzón, para. bomb1·es y mujeres,
el más fascinador de los placeres;
Va unido á. nuestt-a suerte y existencia.,
con él celebra. el rico su opulencia,
Y en él buscando goces á la vida.,
mi pobre pueblo su miseria olvida! ....
Ese es el baile que el cubano sabe,
como en México el clásico jarabe,
La. mazurka en Polonia, en Alemania.
el vals, y las cuadrillas en Rumania.;
Como la. jota. en tierra aragonesa
y el bullidor can-ca.u en la francesa..
Cual ésos tiene en la expresión artística,
su originalidad caracteHstica.
Ha.y que escucharlo en la criolla. orquesta.
y entre el tumulto de mestiza fiesta.
Da la seí'lal el jefe del jolgorio
con un largo bastón de Directo1·io.
La bailadora típica, que enlaza
en tez, sangre y pasión, la doble raza,
Imprime á la. tensión de su cadera
un rítmico temblor de bayadera.
Irguiendo el busto, digno de un Tanagra,
{t Terpsícore entera. se consa.gt•a,
Y haciendo de su cuerpo sierpe y lazo,
se ciñe al compai'lero en un abrazo.
Lleva desnuda la morena. espalda,
ct&gt;í'lido el ciúturón, corta la falda.,
Una cinta. en el !Jelo envedijado,
una flor, en que el múrice ha toca.do,
Del dombo seno en el macizo lecho,
)' un lazo, como gdmpola, en el pecho.

EL MUNDO I LUSTRADO

Domingo 8 de Febrero de 1903.

E-

Los labios muestra. por el centro hendidos
al desgaste de besos repetidos,
Y tras el belfo, en vívido resalte,
brilla. el oriente de perlado esmalte.
Más que ventanas, a.l placer abiertas,
ele la. nariz las palpitantes puertas.
Arrebola su faz transfigura.da.
dE&gt; sus ojos la. intensa. llamara.da.:
La. exhalación de su mirar acrece
entre el negt·o capuz que lo guarnece,
Y es su vista cual luz en la penumbra,
ruando está más obscura, más alumbra!
El compás con la lengua. paladea
y con el pie en el piso lo rasguea.
Entregada. a.l da.nzón, menos á él sorda,
con pespuutes de suela. el piso borda,
Y si pintar pudiera. el za.patea.do,
luciera. el suelo oria-inal dechado.
El timbal la. conduce en raudo giro,
ó se aduerme, ondulante, al son clel güiro;
Del metal á los ecos serpentea.,
6 a.l rumor de la cuerda se marea;
Sin sentir, aunque finge que tí.él se lanza,
el deleite sensual, sí el ele la danza.
Retiembla en su cadera rurvilínra
la morbidez elástica. virgínea,
Y hay t&gt;n su contorsión y pal'.oxismo,
rua.l en la nota., etiópico attivismo.
Quita {i su compañero el jipijapa
y la. zalea de sus rilios tapa,
Poniendo nueva. nota {1 su desgarro,
al clavar pn los dientes el cigarro.
A su a.lredor, con zumbo de arbolPda,
la desga.jada. muchedumbre rueda;
Baila. el sudor los rostros agitados,
por la elt'.-ctrica. luz abrillantados;
C..:ien olo1·es, en mezcla. sofocant.P,
un perfume combinan excitan te,
Y del salón se esparce en la. onda tibia,
como un vaho enervante ele lascivia. ....
Ese es el baile que el cubano sabe,
como en México el clásico jarabe.
Va unido á nuestra sue1·te y existencia,
con él celebra. el rico su opulencia,
Y en él buscando goces á. la. vida.,
mi pobre pueblo su misel'ia. olvida.! .. . .
MANUEL

***
El lunes último, afite
un público numeroso y
escogido, el General dió
en el Teatro Arheu rn
primera conferencia, con
el objeto de reunir fondos para las viudas y
huérfanos de sus compatriotas que murieron en
la campaiia. El Sr. Lic.
D. Justo Sierra presentó ú. la concurrencia al
jefe bóero, pronunciando, con este motivo, una
bellísima alocuci6h en
que puso de relieve los
rasgos más salientes de la
vida de Viljoen. A continuación, éste pronunciú su discurso en inglés
haciendo la rEsefla histórica del Transvaal y de
la última. guerra.
La narración, traduci&lt;la a.l castellano por el
Sr. Lic. D. Rafael Par·
do, interesó vivamente
ú la concurrencia. Después se exhibieron, con
linterna mágica, alguno:;
pasajes de la guerra Sudafricana.
Los jefes bóeros que
acompañan al (¾enera.l
Yiljoen son el Capitán
M. 0' bonell y los Comandantes M. Touche,
G. Joubert, P. Kritzinger y M. W alan.

S. PICHAR!)().

EL BARRANCO.

La antel'ior composición, que publicó "El
Fígaro" de la Haba.na., está dedicada al poeta
vE&gt;racruza.no D. Salvador Día.z Mirón.

·-·

BOEROS EN MÉXICO.
«El Imparcial,&gt; ha da&lt;lo cuenta de la llegada á :\léxico del General Benjamín Yiljoen,
y de un grupo de sus compaileros de armas
en la porfiada lucha que contra Inglaterra sostuvo la. República del Transvaal.
Viljoen es una de las figuras salientes de
aquel cuadro que asombró al mundo y que
constituye una. de las páginas más nota bles
de la historia contemporánea.
Su primer ataque sobre laf! posiciones británicas, lo dió el 16 de julio de 1900 en Olitantsfontein, siendo ase endido entonces ú. general. Antes había sido oficial de policía., periodista y Diputado, sucesivamente.

El Gral. b6ero Benjamín Vi ljoen, en t raje militar.

Xo era el inmenso barranco sino una de
tantas resquebrajaduras de la sierra que alargaba sus picos audaces hacia el espacio re~ado de sangre luminosa, como si estallara la
suave onelulación de las crestas ó se desesperara la. curva imperturbable de la montaña en
aquellas rocas altas y duras, fecundas de vegetación y de rumores, en aquellos pefiascos
empinados al cielo como torres de espontánea arquitectura.
En lo alto del abrupto cantil asomaban las
piedras de la cumbre sus cabezas enormes de
monstruo,y las matas floridas y trémulas sus
verdes flecos 6 sus penachos triunfales; la
exuberancia. de la primavera surgía de entre
los agrietados paredones, de las cuevas-bostezos del abismo-de los senos abiertos de las
rocas, entrañas de cuarzo, geológicos desga-

rramientos; el musgo tendía sus ri&lt;'.os tapices
de seda., y árboles corpulentos nacidos en la
peña infecunda afianzaban la roca con sus
raíces gruesas y fuertes como nervios robustos.
El río era cabellera trenzada eh grueso manojo, preso en sus ondas de líquida plata el
nenúfar desfallecido 6 suelta y libre, derramándose por encima de la arena como bucle
de mujn sobre senos blahdos, y por encima
de la roca bruñida por el sol como las melenas desordenadas sobre las frentes invadidas
por el ensueño; ó bien cristal prodigioso qGe
se quebraba en las aristas del cauce 6 reflejaba las palmas abriendo sobre ei crepúsculo su abanico de púas.
Entre el mezclado rumor del agua y de la
fronda bajaba la torada innumerable, segura
la doble pezufia que chapotea el río, colgante la papada grasosa, fatigado el pecho, el anca
estrecha, la mirada tranquila-casi mirada de
optimista filósofo, -alto el testuz, rectos los
pitones, y del hocico que siempre rumia, pendiente el belfo en busca de la linfa fresca y
clara. La agradable emanación dilata la nariz y llena de salvaje felicidad el ancho rostro que las bestias introducen en el agua y
levantan después gotean te y satisfecho ..... .
Y la tarde que declina va prendiendo en
cada filo del monte un jirón de su regio estandarte, el río.. solloza, y el vimto, entre las
ramas que brotan de los troncos como las
cuerdás de la. lira, solloza también.
EDUARDO COLTN.

La verdad es una y en la naturaleza todo
sr correRponde.

***
Creer todo descubierto es un error profunelo
e!! tom'l.r el horizonte por el fin del mundo. '

***
M. Touche.
G. Joubert,

LOS JEFES BO E ROS.
P. Kritzinger.
B. J. Vi ljoen.

M. O'Bonell.
M. W alam.

El rayo es la electricidad en estado salvaje; el sonido es la música en su estado natural.

�EL MUNDO ILUSTRAIJO

Domingo 8 de Febrero de l 903.

Ca fiesta de los Reporters
en el fiidalgo

E

ON el prop6sito de allegar fondos para las víctin?as_ de la epi~emia reinan~e en Mazatlán, los rep6rters de los prmc1pal~s pen6dicos orgamzaron una agradable velada que se efectuo en el
teatro de la calle de Corchero el 31 del pasado, ante una concurrencia tan numerosa como distinguida.
El empefio de los promotorefl de la fies_t3: de caridad á que n?s referimos, por una parte, y, por otra, la solicitud c~n qu~ _la sociedad
mexicana acude siempre al llamado de la filantroprn, h1c1eron que el
éxito del festival superara, y con mucho, al que era de espera~·se. El
teatro estaba primorosamente adornado y lleno, como suele decirse, de
bote en bote.
Tres partes comprendía el programa. La primera, se _cubri6 con
escogidas piezas ejtcutadas por la orquesta del Couservat~no, con n_ú meros de canto y piano, y con una poe1Sía, que reproducimos, escrita
expresamente por el Sr. Luis G. Urhina. La señorita Carmen Rangel en el «Solo de piano,, que ejecut6 con verdadero amor; la Feñora
l\f¡ría Vega de Cuevas, con el «Raconto» de «Andrea Chenier,» cantado con dulce sentimiento y el Sr. Roberto F . l\Iarín, en la ccRomanza» que cubría el VII nú~ero del programa, se conquistaron much?s
y muy merecidos aplausos. Urbina supo con~over á la_ concurrencia
con su exquisita obra de poeta, y fué también aplaudido con entusiasmo.
La i::egunda parte consisti6 en la representación de la ~ermo~a
6pera ccEl Maestro de Capilla,» cuidadosamente ensayada baJO la dirección del maestro Arag6n. Tomaron parte en rl desempeño la seño-

Por último, se pu~o en escena ,,Los Martes de las de Gómez,» sainete en cuyo desempeño tomaron parte los rep6rters y los artistas de
la Compañía Fábregas.
. ..
La concurrencia, como antes d1J1mos, era del~ ~Íls s~lecto. El Sr,
Presidente de la República, acompañado de su d1stmgu1da esposa, y

de gigantes airados que en combate bravío,
luchan, y se deslíen en el aire sombrío;
de enormes barcas aéreas en un fúnebre piélago;
de aquelarres diabólicos y de alas de murciélago.
y en la noche cerrada que cruza el peregrino,
solo, triste y callado, por el agrio camino
pasa, impalpable y hosca, la caravana nubia,
blandiendo los sutiles puñales de la lluvia.
Las mil bocas del viento grita.o y clamorean;
son voces inauditas, voces que silabean
palabras misteriosas de un lenguaje profundo
que se queja con todos los dolores del mundo:
árboles que hirió el rayo, rocas que se descuajan,
hojarascas que suben y torrentes que bajan;
y entre aquellos rumores espantosos, de cuando
en cuando se oye, tierno, dulce, indeciso y blando
el gemido angustioso ele las frá~iles cosas:
los nidos a1•rancados, las desho¡adas rosas
se duelen del Destino y en amantes querellas
unen sus ayes á los ayes de las estrellas,
que hasta los astros de oro que por el cielo vagan
se quejan de las sombras que sus luces apagan.
Y todas esas voces juntábanse en un coro
magnifico y doliente, y terl'ible y sonoro.
Y decían: Viajero qufl caminas perdido
en la noche cerrada, solitario y rendido,
no hallarás lo que ahora tu cansancio apetece,
pan, lumbre, lecho, nada; eres hombre; padece.
No hallarás lo que buscas: pan,lumbre, lecho, nada,
camina sin descanso por la noche cerrada.
Somos tus guías, ;,sabes? Y nosotros sufrimos
y es fuerza que tú sufras, y nosotros sentimos
el implacable estigma de un gran dolor profundo
que llena los espacios y es el alma del mundo.
¿Y quién eres tú para evadirte al castigo?
'!'orna tu parte, sufre, llora, sé nuestro amigo,
recibe tus dolores, y funde tu tristeza
en la tristeza augusta de la Naturaleza.
Y así por el fangoso v empinado sendero,
en medio de la noche cenada iba. el viajero,
y en tanto, entre la sombra, la caravana nubia
blandía los sutiles puñales de la lluvia.
De pronto, bruscamente, algo informe y obscuro
cortó la ruta; entonces palpó el viajero un muro,
buscó la puerta; al rudo golpe pesado y seco
del aldabón, y cuyo rumor repitió el eco,
una voz dulce y santa, una voz adorable,
una voz exquisita, una voz inefable,
preguntó:-¿Dí quién eres, qué buscas?-Un viajero
que ha perdido la ruta, contestó el caballero.
-¿Y no encontraste alberg-ue·t-1Ay,nol Lo busqué en
vengo t1•iste y rendido; soy el Dolor humano. (va.no,
La voz, música angélica.-¡Oh caminante!, pasa
~gl'itó,-vive, consuélate, alienta.; ésta es tu casa.
Y el Dolor, que en la senda que se tuerce y se empil'a
era una mancha que anda, camina que camina,
al cruzar la imp1·evista radiosa puerta franca,
mfró una imagen blanca, muy blanca, toda blanca.
Y oyó la voz angélica:-Ven,entra, eres mi hermano:
esperándote estaba; soy el Amor humano.
Recobrarás las fuerzas, sentil·ás la alegría,
reposa, pe1·egrino, mient1·as que vuelve el día.
Y la frente inclinada de la fatiga al peso,
se irguió al sentir el tibio soplo de amor de un beso.
Afuera, entre la. sombra, la. ca1·avana nubia
blandía los sutiles puñales de la lluvia.

OrEJ:TJI.

e

ANTAS veces surge ante mí la visión
de Ofelia en las lejanías del recuerdo,
llueven en mi pensamiento flores para ella: la digo palabras que la reina madre de
llamlet la decía deshojando rosafl sobre su féretro· suavidades para la suave; y siento que
el a~biente ideal de la meditaci6n trascien&lt;le,
cuando ella se acerca, á azahares en botón y á
las violetas que, colmando el voto de Laertes,
han crecido sobre la tumba de la blanca novia
infortunada.

***

SR. RAFAEL LOPEZ

***

de su hija la Sra. Amada Díaz de la Torre, asistió (. la fiesta perman
ciendo en el teatro hasta que terminó el último número del program.
Los repórters, indudablemente, deben estar satisfechos del b
llante éxito que obtuvieron.
En este número publicamos los retratos de los aficionados que
maron parte en el festival. Los de los profesionistas, los hemos d
ya á conocer en otras ocasiones.

DOLOR-AMOR
En medio de la noche cerrada., iba el viajero,
solo, callado, triste. La sombra. en el send ro,
la sombra que era negra, la. lluvia que era helada,
el viento que gemía con voz desespe1·ada.,
ésos eran los guías del caminante. A veces
a.bríase en el fondo de aquellas lobregueces,
al fin del horizonte, tras la brumosa cumbre,
rnjiza .Y deslumbrante una grieta de lumbre.
Bl'illaba entonces en la fatídica fi¡!'ura
que en las tinieblas era cu¡,,l otra mancha obscura,
la cruz ele una tizona, la pluma ele un sombrero ..... .
y en medio de la noche cerrada, iha el viajero.
P, r la fangosa ruta que se tuerce y se e1:npina,
como una mancha que anda, camina que camina,
iba. c,allado y triste; y sombra. y lluvia y viento
SPgu1anle como nn formidable acompafiam1cnto.
Pero la sombra tiene un alma, y se t·eviste
de fantiística.., formas que amedrentan al u'.iste:
la 1lt1~ia. tiene brazos que arma, con furia y dolo,
de sutiles puilales para matar al solo·
el viento tiene bocas que clama.o: desgraciado
del que cruza la noche solitario y callado.
He aquí que de pronto el espacio se puebla
de fantasmas con la1·gos ropajes de tiniebla;
de extravagantes monstruos que en muda caravana
corren basta perderse poi· la ext:rnsión lejana:
0

Sra. MARIA vEGA DE CUEVAS

rita Beatriz Franco, que hizo la Gertrudis; el Sr. José Ruiz B., que caracterizó el Benetto, y el Sr. Rafael López R., que cantó el Barnaba
La representación fué del agrado del público, y constituye, tanto para el maestro Director como para la Srita. Franco y los Sres. López y
Ruiz, un trit:nfo.

Domingo 8 de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

e=-

Este es el viejo cuento, la fábula tontuna,
con que nos arrulla1·on al borde de la cuna,
llenos de cristalinas cadencias celestiales,
esos Perraults divinos, los labios maternales.
¿Quién volviera á escucharos, cristalinas cadencias
de las «Mil y Una Noches&gt; de nuestras inocencias!
Las madres son poetas; cuentan mejor, es claro,
que nosotros, que hacemos del artificio raro,
un oropel que oculte nuestras faltas seguras
de emociones sinceras y sencillas ternuras.
Yo aquí lo simbolizo, le pongo algunas gemas
retóricas, y adorno con mis estratagemas
de rimas y metáfo1·as, cual si bordara el viento,
la trama simple y pura del primoroso cuento.
Vosotros, los felices, ¿,habéis adivinado
la intención? Un viajero á, la pue1·ta ha tocado;
viene triste y rendido y lo siguen veloces,
su cortejo de sombras y su coro de voces.
Tiene mucha fatiga, tiene mucha tristeza,
y lo hiere implacable la cruel Naturaleza..
Vosotros, los felices, heraldos de concordia,
abrid las áureas puertas de la Miserico1·dia.
Abrid,que ese viajero que implora. es vuestro hermano;
lo esperaba.is, ¿no es cierto? Es el D0101· humano.
¡Oh felices y buenos! ¡Oh almas generosas!
Endulzad como abejas, reventad como rosas,
y sed como ellas siempre, que dan en abundancia
las unas sus panales, las otras su fragancia.
Sed pródigos, felices, de amor y de consuelo;
amar es como una santa misión del cielo,
y consolar es bella. forma. de a.mor sublime:
nos salva porque eleva; lo que eleva redime.
Allá lejos un grupo de hombres, por fatal suerte,
desesperado lucha con la sombra y la muerte.
Tocan, abrid, felices, tendedles vuestras manos,
que están tristes, y sufren, y son nuestros hermanos.
Abrid; entrn, viajero; la negra caravana
se perderá. por siempre tras la extensión lejana;
te volverán, en breve, la fuerza y la. alegría
descansa, pe1·egrino, mientras que viene el día.
No temas; venceremos, re~obra la confianza,
que al calor del consuelo reviva tu esperanza
por9-ue el amor es grande, porque el amor es 'ruerte
• Y triunfa de la. Sombra, del Mal y de la Muerte.
LUIS G. URBINA.

Ofelia, como todos los personajes de Shakespeare, respira naturalidad; pero entre todaf:
las creaciones &lt;le! poderoso vate, ella, que es
la más ideal, representa el candor, la inocencia, tal cual se presenta en la vida. Apellidnrla virtuosa es desconocerla. La virtud, justo
medio entre la pasión y el deber, excluye In
inocencia, que es privilegio virgin11l, frágil y
delicioso equilibrio de santas ignorancias y de
divinas curiosidades. La naturaleza, la apasionada por excelencia, gran romántica, ha
puesto lo más puro, lo más cálido, lo más
misterioso de su romanticismo, no en la juventud, que es su obra maestra, sino en la virginidad, su creación predilecta, antesala del
amor y de la primavera del ser. Las vfr~enes
no son virtuosas, sino puras: novias cándidas
que · presienten el altar é ignoran el tálamo
mientras juegan con sus rizos y hacen tembla~
sus velos, tibias auras acariciadoras que les
traen ecos de canciones de nidos y citéreos
rumores.
En Ofelia no hay artificio. Ama á Hamlet
y confiesa ciertamente que ama porque «á su~
juramentos iban unidos cuantos votos pueden
dirigirse-al cielo.,,
A ella es á quien Hamlet, al advertirla dice
t3:n quedo que ~lla misma no lo oiga: :&lt;¡Oh!
virgen, que mis faltas no sean olvidadas en
tus piadosas oraciones!» Al borde de su fosa
es donde él acepta el reto de Laertes y clama:
cc¡ Y o la amaba! La ternura sumada do mil
hermanos no iguala á mi amor." Su fe en Ofelia perdura y sobrenada en el deshecho temporal en que naufragan su fe en la humanidad
y el amor á la madre qt?e le dió el ser.

*"'*

SR. ROBERTO F. MARIN

SR. JOS~ RUIZ B.

En un teatro
todo lleno de crudezas' Ofelia
, .
aparece puns1ma,
guardada por el amor y el
respeto que sólo la inocencia 6 la alta virtud
inspiran. Loca, vestida de blanco en desorden la rubia cahellera, coronada d~ flores «el
infierno mismo y su horror cambian de n~turaleza expresados por ella, y se transforman
en encanto y gracia." Cuando c&lt;mantenida sobre las ondas como una náyade cantando
fragmentos de antiguas baladas,, l~s aguas se
entrea?ren par3: ,sep_ultarla, la muerte ccdeja su
melodiosa canc1on mterrumpida ...... » y, más
que m~ ser humano, lo que &lt;lesaparece es un
almo ritmo de amor, una santa ilusión que se
nos arranc__a del alma, una amada nuestra que
se va, sueno de ventura del que se nos despierta hruscamente..... .
En la eterna lucha de Atenas con Jerusalén
del Parnaso con Sión, de que nos habla Hei~
ne, esa vaporosa beldad que vive no más que
un día Eoñando amor, cáliz intocado que el
dolor rompe en la cerrazón de la locura es
santa en el cielo de la idea, igual que el ~ás
sagrado mármol de la Grecia. Habla y conmueve: anda, y la nube angélica la nube de
las celestes ascehsiones se for~a á su paso
)'. se condensa bajo sus plantas: sonríe, y el
Jim bo apunta en torno á sus sienes «·¡ gratia
plena!"
Y es eterna porque toda mujer es, un instan te al menos en su vida, Ofelia, y ese instante es el más humano, el más intenso y el má
pt~rf ?e su existencia: penumbra de au ror;s
?nsah?a de amor, de donde surge, al reclamii
~mpenoso de Eros, roja ó blanca, la mariposa
ide?-1, María, la de Efraím, 6 Julieta 6 Margarita.
CÉSAR Zm,mrA,

.

�EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 8 de F ebrero de 1903.

D ominp;o 8 de Febrero de UJU:l. ·

EL MUNDO ILUSTRADO

.. .,

($CULTURA EN MARFIL
PREMIO

•' MERCURtO" -...;
PREM•o

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,._._ , . ~

..

S~ Braolio Rodri uez Granada~

r

DIEGO ALMAQAt 'f G Vl l l EIII .

'

..

�KljTEl Puñal del Ca~inante
1
~-,-~ ,

Un Califa tenía una hiJa úmca á
quien adoraba porque era de una belleza perfecta, y la había llamado
--Nouronnihar, que quiere decir «luz
del día,» nombre admirablemente
pues lo, pues parecía hecha de _un rayo de sol. Pero sufr~a por ella u~ gra~
tormento, á causa de que ~n _mgromante le había an_unciado que,Nour~nmhar se prendaría de un cristiano, y que esta desgrae1a le su~edena el dia en
e tocase un puñal olvidado en el brocal de un pozo. Sab1en~o esto y deseoso
conjurar el destino, p~ohibió term~n_antemente qu~ se aproximara á todas las
fuentes cisternas, manantiales ú otros sitios donde hubiera agua fresca y clara. En
su; salidas hacía que la acompañaran esclavas que llevaban agua, _Y, para mayor precaución, su cinturón era de cristal, su collar, sus pend~ent~s,
sus pulseras eran de c_ristal hue~o y llenos de agua p_erfectamente hmp~a.
Así caminaba, precedida y segmda de un largo corteJ0 de hermúsas muJeres de brazos desnudos como una princesa deslumbradora delante de la
cual todo el pueblo se' prosternaba como delante de una diosa. Al principio Nouronnihar se mostraba admirada de su escolta y de su extraño .
ontinente· sus esclavas se limitaban á decirle que así lo había ordenado el Califa,
~ues no er~ necesario que supiera el peligro que la amenazaba.
~ _, - ' 1
""· · 1

d~

***
Cierto día la madre de Nouronnihar murió de una m~nera tan repen_tina, que
nadie pudo decir cómo ni de qué enfermedad. Y más b:1llantes que_las ¡oyas q_ue
ornaban su belleza lucieron las lágrimas sobre el puro cristal de los OJOS de la prmcesa. Grande fué ;u dolor, pero noble y silencioso como convenía á una persona de
su rango. Quiso ver por última vez el rostro de la muerta, y se fué sola a la cámara mortuoria.l
El espectáculo fúnebre la llenó &lt;le tristeza. Levantó ligeramente por el lado de
la cabeza el velo que la cubría. y lloró. Hizo un movimiento y el velo cayó hacia
un lado dejando ver el pecho desnudo. Bajo el seno izquierdo, tenía una profunda
herida que aún sangraba y que había manchado el velo.
.
Experimentó un gran espanto. Sin embargo, no llamó, comprendiendo que la
mano misteriosa que había matado, debía quedar oculta. Pero lavó con sus propias lágrimas la llaga, y para lavar 1:ll velo delator, rompió sus joyas.
Interiormente se lamentaba:
«¿Para este triste oficio me habéis sido confiadas, frágiles joyas de que estaba
orgullosa? Y esta agua lustral debía correr más abundante que mis lágrimas, sobre
este cuerpo traspasado, antes tan lleno de vida que me la dió á mí, y ahora tan
inerte que mi desesperación es incapaz de reanimarla?»
,
,
A pesar de todos sus esfuerzos, la mancha se extendia, pero no desaparecia.
Un vago temoi invadió el alma de Nouronnihar.
-¿Cómo hacer ahora para que nadie sepa este crimen?- pensaba.
-Iré por el campo hasta que encuentre una fuente solitaria en la que
hundiré el velo y lo sacaré después limpio como estaba antes.
Furtivamente, por una puerta secreta, abandonó el palacio y ganó
de prü;a la campiña. Mucho tiempo camii.ió guiada por el sol poniente.
Ya su sombra se alargaba por detras de sí, cuando en un recodo del
camino, en un cerco de plátanos, se ofreció á su vista la delicada arquitectura de un pozo. Sobre el brocal relucía la h0ja de un pufial. Lo
apartó su mano con indiferencia, y, fatigada por la jornada, se apoyó
contra el mármol de una columnilla.
Inclinándose sobre el borde, desenredó el largo velo, cuya blancura descendía sobre el agua tenebrosa semejante á un
rayo de luna. Y he aquí que de sus dedos cansados ó distraídos, se le escapó, y cayendo con lentitud, acabó por desaparecer de sus ojos bajo el inmóvil y negro espejo que no reflejaba ya más que un rostro lejano. En vano, para cogerle, se inclinó hasta donde más
pudo; desesperada y sabiendo la inutilidad
del esfuerzo, tendía hacia el abismo sus be-

llos brazos en actitud implorante.
Su garganta palpitaba de sollozos.
Invocaba á los genios invisibles del
agua y del aire, que á las veces suelen ser complacientes . .....
-«¿Qué buscas? dijo una voz grave á su lado.
-Ayúdame! imploró ella volviéndose. Y quetlóse confusa, porque tenía el rostro descubierto en presencia
de un hombre; éste era de alta estatura, vestido de blanco, con una coraza de plata. En los pliegues de su manto trazaba una cruz su signo sangriento.
Ocultó como al través de una gasa áurea la gracia luminosa de sus facciones y
repitió:
-Ayúdame! Tú has llegado hasta aquí porque el Profeta te ha enviado!
-El Profeta? Qué quieres decir? Tu fe no es la mía. Qué ayuda
reclamas de mí y qué te ha sucedido?
Ella lo contemplaba sin responder, como si de su memoria hubiesen
huido todos los recuerdos desde que apareció el extranjero.
-Quién eres? le preguntó.
-El caminante.
-Yo me llamo Luz del día. Pero tú eres el sol!
-El sol no tardará en ocultarse. Dí antes de que llegue la noche, en que no
se puede obrar, qué debo hacer? exclamó con voz imperiosa.
Desde que habló con autoridad, Nour.onnihar le amó. Obediente y turbada,
contóle su historia, sintiéndose feliz en confiarle un secreto. El drama desaparecía
bajo la ternura de sentimientos enteramente desconocidos.
Cuando terminó, lanzó sobre él una mirada húmeda:
- Me traerás el veio?
-Allí está bien, déjalo. Ven!
Y arrastrándola hasta el brocal del pozo, le dijo:
-Que mi puñal le haga compañía!
La hoja de acero fulguró, dió algunos botes sobre las paredes eonoras hasta
encontrar el metal del agua, y se hundió.
- Había, murmuró, sangre en el velo y sangre en la hoja del pufial. Olvida
el velo, olvida el puñal; así me olvidarás tú también, así te olvidaré yo al fin.
-Pero no se olvida al Sol!
-Tú serás siempre mi Luz!
-La luz del Sol!
.
El_ ne~ro espejo inmó:7il, reflejaba e~ el fondo del pozo dos imágenes muy lepnas, mchnadas una hacia la otra. Arriba las nubes se teñían de sangre roja que
derramaba el sol desde su ocaso ........ .
Nouronnihar despertó en su cámara cuando la luz penetraba por las altas almenas, cuyos marcos estaban labrados sobre las maderas más preciosas. y se
admiró de no estar á la sombra &lt;le los plátanos, cerca de la frescura
del pozo. ¿En dónde estaban el puñal y el velo el sol el gran sol con
cuyo manto de rayos la había envuelto?
·
'
Le respondió el silencio de las mujeres mas como ella era una
princesa de gran sentido, se calló.
'
. , Pero no pudiendo okidar al caminante, de su pena hizo una cane1on, que tQdavía se canta por aquellas regiones desconocidas cuando
bajan los caballos á beber á las fuentes:
«El extranjero que se sentó en el brocal tenía los rayos del sol sobre los dedos, su manto tenía el sol en los pliegues su pufial
tenía el sol sobre la hoja, y sus ojos tenían el amo; por sol.,,
Pero apenas se ocultó el sol, como un pufial que un guerrero negligente deja ::aer sobre la hierba el hombre que se
envolvía con el sol desapareció.
'
Y los leones, irritados, bajaron á la fuente para refrescar
sus fauces ardientes, preguntando por qué el
hombre ha huído como el sol.
ROBERT SCHEFFER.

�Domingo 8 &lt;le Febrero de 1903.

Residencias Diplomáticas.
ta Ctgadón dt 1tatta.

R

ECIENTEl\Il~NTE establecida. la. Legación de Italia en la calle del Elíseo, por
el señor conde de Yinci, Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario de Hu
l\Iaje~tad Yictor )fanuel, cerca del Gobierno
mexicano, nos apresuramos á dar á conocer á
nuestros lectores algunas fotografías de esa
elegante residencia diplomática.
La casa. ,¡ue ocupa la Legación es pequeña;
pero tanto las habitaciones como las oficinas,
están artí:,;licamente· amuebladas y decoradas
con el mejor gusto.
A la entrada hav un corredor en el cual se
ven muebles austriacos v cuadros italianos
antiguod, y que sin·e de· sala de espera . •\l
lado izquierdo, está el departamento P-n que
despacha el señor ~Iinistro; es un gabinete
decorado con cuadros de mérito, y provisto de
sofás, estilo árabe, y aparadorefl 1omanos. l~n
él se encuentran fotografías de los reyes de
I talia. y de a lgunos hombres ilustres.
Sigue después la sala de recepción, en la
que se hallan una. hermosa. chimenea de metal y madera con lunas venecianas en su parte

-

LEGACI ON DE ITALIA.-Sal a de r ecepción .

mi Primtra tomunión

-¡ Seto! ¡Beto!

□

-Tía. ..... .'!
-¡Arriba.! Son las cinco v media.; todos están
y a en pie. Lá va.te na.da más.las mano;; Y. los oj_os.
¡~lucho cuidado con tragar agua! 1 v10lent1to,
que ya es la. hora!
-Voy, tía, voy .
Resuelto, salté do la. cama. Era el día de mi
primera comunión. Mis padres se habían visto
precisados á transferirlo repetidas veces, no por
falta de espíritu religioso, que en ellos nunca. escaseó, sino porque su triste situación pecuniaria les prohibía distraer lo necesario para tos
gastos que la fiesta origiaaba: el trajecito y los
za.patos nuevo~, el almuerzo familia1· después de
1·ecibido el sacramento, todas esas minucias con
que ellos soñaban y que en un solo momento,
echaría. por tierra. ese castillo de naipes que se
llama. cp1·esupuesto&gt; en la casa de un pobre.
Ahora., una circunstancia. casual les permitía
,·er rPalizados sus deseos. Mi primo, otro chiquillo, dos años menor que yo, iba ácelebrarsu
primera comunión, y sabedora. mi tía de las poderosas cau~as por las cuales yo no lo había.
hecho, ofrecióse í~ sufragar parte de los gastos,
que no montaban, ui con mucho, á grandes sumas, ni podihll dejar la más ligera huella en el
bien saneado capital de mi buena pariente.
Abiertas las puertas y bien bañado de luz el
cuartucho que de alcoba me servía, ¡qué inmens,L
alegría, alegría de niño pobre , arrancada. pal
mo á palmo al infortu010, hizo latir mi corazón!

LEGACION DE ITALIA.-Et Sr. Ministro en su Despacho.

superior é inferior; un centro de mesa con flores; y aparadores y rinconeras de estilo antiguo, muy valioso~. Tanto en esta sala como
en el despacho, las cortinas son de seda, café
claro, y muy elegantes.
.Atr:wesando por un amplio patio se pa~a al
corredor, pequeño romo todas las dependencias de la Legación, pero arreglado con exquisito gusto. Hus rinconera1&lt;, aparadores, etc.,
etc., son artísticos y constituyen un bonito
conjunto.
En la parte alta, como hemos dicho, están
las oficinas de la Legación y las rec:1maras del
señor Mini~tro; las primeras no eRtán aún definitivamente instaladas.
En una de la¡:; fotografías que pul,Jicamo~,
aparece el señor conde de Yinci en RU mei;a de
acuerdos, y en olra, acompañado del Có11s11l,
señor .J. Pollano, que hace algún tiempo reside en ~léxico.
El señor 1Iinislro de Italia es muy estimado en los círculos diplomáticos y cuenta, en
la mejor sociedad mexicana, con innumerables simpatías.

Domingo 8 de Febrero de 1903.

E L MUND O ILUSTRADO

E"L MUNDO ILUSTRADO

_,_

o

o

El Sr tn lnlst ro y ol C6nsul do I talia.

Ahí, sobre la. silla, la camisa. albeank, colgando las mangas perpzosamente; la corbata.
blanca., prueba patente de las ba.bilidosa.s manos
de una. de mis hermanitas; y pendiente del respaldo, el trajecillo negro .. . . no muy negro, pues
procedía. de cierto casacón que mi padre vistiera.
en mejores tiempos, y que, sometido til suplicio
de las tijeras, la aguja v la plancha, maneja.do
todo ello por mi madre con la destreza de un Coblentz (era el sastre de moda entonces} había
sufrido una. completa mC'tamorfosis.
.\bajo, juntitos, como dos gemelos, los zapatos, de punta achatada, acorazada con puntera
de metal, y relucientes como si por arte de birlibirloque se hubiese conver.tido en charol finísimo
la tosca_picl de que estaban fabricados, gracias
al entusiasmo con que mi padre los limpiara la
noche anterior.
Sonaron las seis de la ma.ñaca.; la eampana de
la pa1·rnquia dió precipitada.mente la última Jla·
mada; atl'onaron el aire los silbatos de las m{Lquinas, de las f,ibricas, de los talleres. Se oían
charlas de mujeres que picoteaban en (•I mercado
ve&lt;:ino; cloquetlr de a.ves de corral, que. en manoJos, colgando las l!abezas cong(•stionadas,
presag-ia.ban el saeriticio. El l'Ojo de los periódicos, repicando scC'amente con su pata de palo
sob1·e las baldosas del l'tnbauquetado. voceaba.
hi prensa del día; las vacas de la 01·deña mugiendo como si les dolic,e alg'o, atravesaban la.
boc~calle; el jalctinero, á ful·r,m de pregonarla,
realizaba su mcl'cancía, una substancia gelatinosa., roja, amarilla ó blan ·a, .encerrada en vasos de cristal, opacado por el roce demillarescle
bocas, y li lo lejos, rompiendo {L intervalos la.
algarabía de la calle, una murga. wagneriana.
anunciaba 1ü vecinclal'io la apertura. de un nuevo
&lt;Expendio de carnes,&gt; con los acordes de un paso doble obligado á tamborn.

planchado, sin una. mota y oliendo á esencia., que
mareaba, no á bencina, como ol mío. ¿,Y la corbata de crespón tra.nspareote·t ;,y las ma.ncuernilla8 de oro'? ¿y los zapatos do un charol suavísimo? ¿y el 1·eloj, el reloj cuyo tic· tac precipitado marcaba el compás á los latidos de mi pecho? ..... .
Cerré los ojos, y á la orden de «¡Sube!&gt; dicte.da. por mi tía., subí al crche acompa.ilado de no
recuerdo quién, y partimos.
La ceremonia debía efectuarse en una de las
capillas laterales de la parroquia, con asistencia. únicamente de las personas invitadas. El sacristán, dispend1osa.mente remunerado por mi tía
que, en trntandose de cosas de iglesia., abría basta.
revl'ntarlos los cordones de la bolsa, había hecho
alarde e1.1 cpaoneaux,&gt; guirnaldas, cruces y estrellas florales, de su buen gusto artístico; las
luces de los cirios de todos tamaños, repartidos
en candelabros y candeleros, arrancaba.o chispas (1 los filamentos dora.dos de las cornisas, del
tabernáculo, dl• las columnas que sostenían la
cúpula, en cuyo inte1·ior se divisaba la. imagen
de una. virgen pequeñita.
Junto al presbiterio, en el centro de la única.
na,·c, estaban coloca.dos dos reclinatorios. Ahí
nos anodillamos, mi primo en el de la derecha;
yo en el de la izquierda.
El piano. herido poi· las no muy diestras
manos de umi de mis herma.nas, dejó oír una
cprcghiera&gt; antidiluvia.na, apareció el sacerdote
v comenzó la misa.
• Previamente, mi tía se me había acercado y con
esa voz misteriosa con que se babia en los templos, me ¡.,reguntó si qnería reconciliarme. ¿Reconciliarme'! .... ¿Por qué'? ¿para. qué .... '! ¿Qué
pecndo, ¡ infeliz de mí!, podría yo haber cometido en las últimas catorce ó di&lt;-&gt;ciséis horas'! . ....
Y ahora, 1·epa.sa.ndo sin leei-las las bojas del

te, diminuta., la hostia. que a.penas sus dedos parecían tocar.

·······
···················· ··· .. ····· ...... ······
lloy que mi espíritu ha roda.do despeñado y

dando tumbos poi· los abismos del desengaño;
hoy que de mi fo sólo quedan recuerdos empapa·
dos en lágrimas, como sólo quede.o del buque
tablones podridos, después del naufragio ...... .
hoy comprendo que me es imposible dar una
idee. del estremt&gt;cimieoto mezcla de alegría y de
pavor, de placer y de miedo, de su¡,remo, infinito anhelo y de irresistible JJánico que recorrió
todo mi ser cuando la hostia blanca c1uedó tem·
blando entre mis labios.

***

-¡Cier1·a la boca! dijo mi madi·e. Obedecí y
media hora después subíamos al coche que debel'Ía conducirnos á la. casa. de mi tía.
En el patio, festonado coquetamente, do¡¡ músicas de cuerda. a.legraban con sus sones; una. a.1fombr a. de pétalos de amapola cubría el tt·ayecto por escaleras y corredores; los chicos de la.
se1·vidumbre, desde le. azotea la.nze.han al airo
cobe~es y «palomitas;&gt;. un.a .lluvia. de cag-asa.jo&gt;
a.rro¡ado por me.nos 111v1sibles, nos cubrió de
pies á cabeza. 'l'odo e1·a gritos, voces de mando,
ruido de cacerolas y de v a.jilla, risas, palmadas.
¡La. sana alegría de la. gente buena desbordándose por todas partes!
Yo estaba triste. Quería. refr, y al verme en los
espejos me a.terrurizaba la·mueca hon·orosa. que
como un zig-ze.g, plegaba mi rost1·0.
La~ felicitaciones, los abrazos, los besos, los
es~ruJones q~e h.acen, daño, todo e1·a pare. mi
pruno. Gracms s1 alla, de rato en rato alguien
que yo no conocía se ace1·caba. {t mí y rde decía:
-También tú, no'! ¡:.luy bien! Así debes ser
siempre bueno.
'
Pasamos al comedor. ¡Era. una. maravilla! Las
pared~s desapa1-ecían bajo cuadrilon!{os Je tela
artísticamente plegada, sa.lpicanos de flores· del
techo pendía un enorme cauastón, de musgo y
llores, del que se desprendían guías de heno fresco {~lasque se ent1·ela.zaban otras do rosas marg,L_l'lt~s, claveles, violetas, gardenias, to'da 1e.
!uJur10sa llora do la estación. El &lt;chemin de tab_le&gt; era una .obra ?e a1·te, así como la colocac16n de la cnstalel'la., de la loza, de las servilletas y de los cubie1·tos de plata que se sosten~au como. 3:rm.as en pabellones, poi· un pi•odig10 de equ1hbno.
:\le sentaron, junto á mi primo, en la cabecera
de la mesa., y después de un c¡A almorzar!&gt; dicho. en tono de ma~do pot· el jefe do I a casa los
cubiet·tos pasa1·00 a las manos y cu1Ltro cri~dos
se p1·cs.entar?º. a1&gt;rontando en :scndo,, A"anafones
le. beb~da. claswa: los huevos espirituales.
N ad1c quedaba. por ser sei·v ido, l', sin ciuba.rg?, noté que n.ad10 com~nza.ba, J sí que todos los
OJO~ c~taban fiJos en m1 primo. Este, ageno á la
curios10ad de quo era objeto, llevó la mano al
,·aso, alzó.lo Y, un grito de alegría al que siguieron los ¡vivas. y los ¡b1·avos! de todos tos concu~rentes, se escapó do su ga1·ganta.: en el plato,
baJo el va&amp;o que acab,L de lovauta.1·, brillaba como un oJo do fuego, una moneda de oro.
_lnsti~tivamente, siu reflexionar, levanté tambieu mi vaso : en el plato, débil, tímidamente relucía.. una monedita. de plata, pcqut:üila, muy pe4. uet11ta.
Alcé la vista. y mis ojos tropezaron con los de
m1 padre. En ellos, irisada por un rayo de sol
b1·illaba. una. lágrima.
'
Salté d~ la. sil_ta, mo abracé ít mi padre y recogí en mis lab10,., con ansias de sediento esa
lágrima bendita., esa lágl'Íma que e1·a el p~ema
LEGAC ION DE IT A L IA,-EI comedor.
ele toda.~ nuest1·a.s pob1·ezas, esa lí1grima quo yo
no hu.br1a. _cambiado poi· todas las monedas de
oro del unive1·so.
nuevo d~~ociona1•io, deslumbrado por el ful or
MANUEL hl. PANES.
~.e l~s c1nos, aprisiona.do en el traje nuevo lnHabía concluído de vcstir,ue y abil'rlo el bal1~1~ o que el coutraoru, de un zapato me iasticón. para que la gloria riidiante de aquel día de
m.~ &gt;a el cal~añal Y que los guantes oprimían imma,·o me bat1ara de pies ,i cabeza.
P!amente nas manos, experimentaba. un desa.soEstaba. alegre. pero con una aleg-l'Ía ne1·viusu.
E l mundo e3 una coqueta que no exige rnás
SIC'!-\:º, un a 117ol(•sti a irritantes.
·
r.unzante, .com? debe de ser la aleg-l'Í,i del que:
que homenajes urn pasajeros cowo sus encanb,8 \;:"º.t~nia. calg-o&gt; adentro, caigo&gt; que me susiendo un rnfchz, se sae.a. la lot(•l'Ía. y comp1·ende
rn. a,ta ª garganta. provocándom&lt;&gt; ganas de
4ue cada moneda que dilapida, lo acerca nueva.tos, y pretende al mismo tiempo que l:ie le
salivar, cosa que se me babhL p1·oh i bido· y ese
mente á su antigut~ mberi11.
guarde
fidelidad á su perfidia.
~algo&gt; crc~ía, crecía mucho cuando ab'rieDlio
Llamaban de nu(•,·o {1 misa cu,rndo entl'ú ,Í. mi
1 t!voluntariamente las ventanas de la' nariz a•euarto toda ~a. familia .. ~li pad,e, sie1upre1·arit&gt;.11·aba por ellas el perfume 1&gt;enetrnnte qu{,'Jnj~ñoso, pero swmprc serio y pan·o en sus dc1110~La. incertidumbre de la fl'licida&lt;l es más
r10samenu• se. des¡n·endía. de las ropas de las
tra.l'iones de afecto; mis hermanas. la. uua co11 un
cruel que la certeza de la desgracia.
lazo bhLnco, perifollo que arrancó á al.,uuo de
II!ªnos. del a.liento de mi primo. Y cuan~to quesus \'estidos y prendió en mi bn1zo iz(jui;rdo, la.
ria. engo.Harme, para no pensar 1mis en ellu en
l~~ orncwnes del devocionario ó adivinai· t•l ~i"otra con una vela de cen~ ces1·amada:» mi tía,
Hay cosas muy á la vista que los sagace,;
con una. novedad. su re!{alo pa1·ticuhu·: unos
mhl'ado de los l~tinajos que el sacerdote trit~gua.ntes diminutos que me pusic1·011 en gn1vcs
~·aba entre sus laoios, sólo oía el tic tac tic· tac
no ven.
aprietos y un devocional'io.
11n.p!a.c.able d.e :iquel. su reloj que aun no ~onocía.
Se oyó el roda.1· de un coche 11ue se detuvo en
_r.~er1~ cnVJfüa, tristeza del bien agcno, como
La. voz de lo que duerme el Ycrbo de lo,;
1a. p ue1·ta.
cltn.a ~'.u co~fesor. :· ... ·! ¡Q_ué ho~ror, Dios mío,
-¡Ya. est¡Í.11 abí'.-dijo ;ilg-uipn.
envHha ...... X ese caigo&gt; mexphcable estuvo á
muerto!' ilustres, nos empuj'a al i:,acrificio por
E1·a un calcsón cno,·mt&gt;, de flwrtcs sopandas
punto de asfixiarme.
la felicidad del género humano.
fona_do de ¡mño colo1· cn·ma. (·011 un pe,cant~
Concluyó la. !'.°isa. El sacerdote, dei;pojado de
seme¡ante al de.um~ diligencia y tintdo poi· dos
hL ca~~•lla,_ ab1·16 el tabernácul&lt;?, hizo varias gcmulas obesas, de anchas y humeant.,s fosas nanutlex1?nes, y ante nuestros OJOS maravillados
sa. es y orejas gigantescas.
,Lpart:1•1ó un copón de oro luciendo un doble cínEn su interior, que podía dar cómoda cabida.
gulo de pied1·a.s preciosas.
baste. á ocho personas, venían únicamente mi tia
l\Ian0o solícitas encendieron nuestras velas·
y mi primo. Al vedos, mi sana, mi buena mi huvoces eariñosas y tt·émulas poi· la emoción mur:
milde ~legl'Ía., sufrió el p1·imer golpe.
'
muraro1;1 í1 nuestro .oído no sé qué consejos. Al¡Oh! Qué contraste entre mi t1·ajecillo verdinecé los OJOS, angustiado, y vi ante mí la figura
gro, me.~ pesp~teado, con!esando aquí y allá,
~el ~acerdote, blanca, gigantesca., eno~me, en le.
con sus 1~re~ed1a.bles zurcidos su primer origen,
izqu1e1·da. mano el copón que parecía un haz de
y el de m1 primo, de &lt;satín&gt; fino, admirablemente
llamas y en la. derecha, inmaculada., trasnparen .

)

J
) )

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�BL MUNl&gt;O ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 8 de Febrero de 1903.

Domingo 8 de Febrero de 1903.

por los afio!:' y la nieve, el viejo abuelo fuma,
rumiando recuerdos de ceúienterio .....
Y contra el seco barranco cuyos fantasmáticos cedros semejan inquietantes sudarios extendidos, me pierdo y desaparezco, cargado de
insultos del cielo aterido y maldiciones de la
tierra congelada ..... .

...

CONDE KOSTlA.

1903.

TU CABELLERA.
ROXDEL.

Lo que más de tí fascina,
y lo que más de tí adoro,
son los cabellos de oro
de tu melena leonina.
De tu carne alabastrina
el más p reciado tesoro,
es la cai::cada ele oro
ele tu melena leonina.
Cuando la muerte a!':esina
me hiera romo lo imploro,
ron crueldad y con inquina,
clame la. mortaja. de oro
ele tu melena leouina.
México.
JUAN

B.

DELGADO.

BESO DE ESCLAVA.

NUESTRO PAIS.-Una calle de San Cristóbal Las (;asas.

MINIATURAS,

La blanca. virgen que a.l tribuno adora,
La bella Eunice de Petronio esclava,
Absorta queda, coutemplando inmóvil,
Del clueilo amado la marmórea estatua.

.,,

La -sangre ardiente, palpitante el seno,
Alta la faz, en actitud gallarda,
Eunice piensa que mirando al mármol
La estatua adquiere sentimiento y almal

Al
r:T

..,

"'!"

Se acerca á ella y con afán que tienta
Un banco acerca y con amor la abraza,
Y loca de pasi6n estampa un beso
En la boca de mármol de la estatua!
México, 1903.

ALBA.

Cuando esparce su melanc6lica luz la luna
~lega: á mi alma el recuerdo de esa palide~
ideal, con que el amor ilumin6 tu faz!
Y llega taro bién después á mi alma triste
doliente, la negra remembranza de tu; mano;
yertas que yo aprisionaba con ardor entre las
mías, mustios lirios inm6viles entre la blancura de sus velos de desposada muerta!
¡Oh, mi adorada!
Cuando la luna esparce su melancólica luz
pienso en ti, porque así era esa palidez ideai
con que el amor borr6 las rosas de tus labios
porque así eran los últimos lívidos destello;
con que el ocaso tifi6 por siempre tu virginal
blancura........ .
FLOR DE TUMBA.

Tanto dafí.o le había hecho el perfume de
esa alma casta de mujer, era tan fuerte el escudo de virtud que se oponía á sus golpes ma-

lignos, que el vil hombre, no pudiendo mancillarla, la hundi6 un pufial en mitad del coraz6n!
Así, pensó, quedaba ya destruído por siem •
pre el polen de ese lirio de carne santa, blancura luminosa que sus ojos no podían resistir.
Pero después ........ .
Y cuando fué al cementerio, sorprendido
vió c6mo de la tumba que contenían sus despojos, brotaban rosas blancas, albas rosas cuya fragancia esparcían las mariposas en su
vuelo ........ .
Cór,ERA DIVINA,

¿Que ~o es subli_me la cólera? ¿Que no es
santa la ua que agita la roja flama del infierno? ¿Renegáis del poema que es revoluci6n y
exterminio?
Pues nada más hermoso ni gigantesco q11e
el océano embravecido rompiendo su cárcel de
rocas, convirtiendo !:'U rizada linfa en alborotada melena de espumas, haciendo ele su murmul_lo como hi~n_o atronador y escupiendo,
tern ble en su delmo, con el azul ele sus olas el
azul del firmamento!
RA F'A EL ANGEL '!'!to YO,

1

CANCIÓN DEL CAMINO.

S

OBRE la cima descarnada de los montes
que el cieno y la ráfaga han hecho ásperos é inaccesihles, pasea la obscura niebla matinal, al través de rígidos cipreses, sus
cendales de mauchado 6palo.
Un sol muerto parece burlar mi frialdad de
cripta; sus rayos sin fuerza, como implacables
espadas de escarcha, taladran los matorrales
que me bordan, y en los brazos secos de las
que fueron ramas de julio, penden como lacias cabelleras fibrosas los abandonados nidos,
sin plumas ni cantos.
Y bajo un tapiz de retamas y juncos descoloridos, trazo, caprichosamente, mi surco de

' #

plata que recorren tiritando, los glotones lobos de pelo gris y ojos como lámparas .....
En la inclinaci6n de las colinas, al pie de
los olivos espectrales, á lo largo de los muros
que el huracán agrieta y el granizo desmorona,
bajo el emparrado que la tormenta deshace
rudamente, entre las risas burlonas del cierzo
y las grietas satánicas del vendaval.
Sigo mi camino, elevando la blanca y fina
bruma-velo d e luz maldecida desgarrándose
á través de los cielos para espanto de vencejos que alocados huyen.....
Y atravieso las salvajes cercas donde en las
radiantes mañanas de mayo filtraba el sol inclinado sobre las ramas, haciendo temblar sobre claros corpiños la sombra de las cabelleras
destrenzadas ... ..
Y extiendo mi congelada cinta á la orilla del

hoy 16brego sendero, donde ayer sangraban,
cerca de los lirios, las amapola~, pr6ximo al
árbol donde reía, de pie sobre el columpio, la
más linda de las desposadas ...... ;
Donde el sol, como un broquel de oro se extendía dulcemente perezoso; donde, sobre las
parejas enlazadas por el baile, la tela de una
saya ciñéndose al cuerpo, dibujaba un terso
perfecto como el de una ninfa...... ;
En donde salían, de la yerba polvorienta y
cálida, gritos estridentes y acres perfumes,
mientras un lagarto, flexible esmeralda, huye
á perderse en la obscuridad tibia de los surcos ..... .
Hoy, desciendo, triste y solitario, hasta la
muerte, la llanura desesperadamente blanca;
costeo cerradas casucas donde desepcantado

ALREDEDORES

DE TLALPAM.-C himalcoyoc.

�Domingo 8 tde Febrero Id.e 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTE R DE SUZE.
ILU STRACIONES D E SIM ON T.
T RADUCCION Df "fL "1UNDO ILU!!ITRADO. "

ban el suelo y, con miradas llenas de luz veía el espacio, adorándole.
Luego, recogida, pensando en otros renuevos que presentía:
-Ansío ver que acabe de llegar la primavera á estas regiones alpinas. Será mny hermosa, ¿verdad, señor cura?
El sacerdote salió de su abstracción, como si viniese de muy lejos, del fondo de mi alma, donde se había hundido:
-¿Eh? ..... ¡Ah, sí! ¡1\Iuy hermoso!
Y sigui6 su camino, andando pesadamente.
Llegada á casa. me entristecí al entrar sola: hubiera querido qne
conmigo entrara toda la primavera.

(CONTINÚA,)

XVI

\

Habían transcurrido tres meses desde mi llr.gada á Chavoux.
Hasta entonces no había yo asistido jamás á las vísperas: lo incierto
del tiempo al obscurecer y mis ocupaciones, me lo habían impedido.
Aquel domingo comprendí que me fastidiaría en casa, no teniendo nada que resolver en las habitaciones ni trabajo alguno que preparar para el día siguiente. Me dirigí, pues, á la parroquia.
Hacía un tiempo encantador.
Transcurría abril con sus deshielos, con sus murmuradores arroyuelos cuya última capa de nieve se había roto al impulso de la estación primaveral. Hinchada ahora, la corriente saltaba cantando multitud de promesas, se derramaba en el canal, cubriéndose de copos de
espuma, formando cascadas llenas de murmurios; ae mezclaba á las
ondas de otros mil arroyuelos igualmente crecidos, que convergían de
todos lados del campo. Era el agua viviente, el agua reina, de la cual
surgiría todo el verdor de la campiña.
Ya en los lugares en que la nieve se había fundido más pronto,
se descubría la tierra morena, potente, pero mostrando apenas una
que otra hierba raqui:tica, de lejos en lejos-á los bordes del arroyo,
la hierba se acumulaba abundante, tomando la coqueta apariencia de
un listón verde.
Listones primaverales cortados á cada paso, á lo largo de las corrientes, por pequeños montones de nieve retenida aquí y allá en los
huecos de los peñascos, en las salientes del terreno. Listones que el
invierno hubiese sacado de algún estuche primoroso, como de una
canastilla, y 103 hubiera dejado esparcidos como deja un ladrón en
desorden el botín, al ser sorprendido y emprender la fuga. Me creía
estar Rofiando, al contemplar esas hierbas y esa agua, al mismo tiempo que aquellas montañas siempre inmutablemente blancas, y ciertos espacios cubiertos de nieve, endurecida aún ú lo largo de las salientes que la abrigaban de los rayos del sol.
De ese conjunto surgían misteriosas dulzuras, mia embriaguez
inexplicable. Algunas muchachas que, como yo, se dirigían á la iglesia, se me aparecían de pronto en lugares imprevistos. Recodos que
sin duda les eran familiares. Las muchachas correteaban y reían, y
sus pies ágiles saltahan hábilmente por las quebradas del terreno.
Al llegar al camino, me saludaban tímidamente, se replegaban
con sus compañeras, se erguían en el aire infinitamente puro, por el
cual pasaban poderosas ráfagas de vida.
Yo, menos lista para aventurarme en las cuestas empinadas, no
me mezclaba á las demás jóvenes; pero también me sentía embriagada, piadosamente embelesada. En la iglesia, hice remontar hacia Dios
la emoción ele que me había sobrecogido, en presencia de los primeros impulsos de la primavera. Rin embargo, tras de ese desbordamiento, esa abundancia de agua que acababa yo de ver, me pareció

Domingo 8 de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

que el lago de mi alma, antes tan tranquilo, se hinchaba poco á poco,
lenta y poderosamente, como los riachuelos de los campos. También
parecieron sacudirme los graneles estremecimientos de vida que habían surcado el espacio, como si yo hubiese sido algún hermoso manojo de flores, adormecido hasta entonces, pero cuyos perfumes iban
á esparcirse al soplo de esa brisa.
Arrodillada, con la cabeza entre las manos, escuchaba las voces
vibrantes de los muchachos que salmodiaban, con impaciencias y languideces, la harmonía de las vísperas.
En esas voces parecía' estallar un gozo nuevo, el de los pájaros
que saludan la llegada del buen tiempo. Alcé la frente, turbada de
que las demás jóvenes pareciesen experimentar lo mismo que yo: una
espera de dicha inexplicable.. ...... .
A través de las vitrinas, el sol llegaba hasta mí, derramando fulgores azulosos sobre mis manos. Yo las levanté, como si esa luz azul
fuese tangible......... y cuando la vi desvanecerse, sentí que algo me
faltaba ........ .
Al mismo tiempo, sentí que la divina paz de mi alma r;e había
fundido como la nieve ........ .

La l)rimavera no me siguió; pero me invitó á seguirla. Fueron
estratagemas, llamadas; una fuerza cada vez más poderosa, contra la
cual luchaba con heroísmo. Me llamaba con las manos, en el rayo
de sol que me hacía sefias á través de la ventana. Asomaba en el extremo de las ramas verdes excitando en su misterio á la hoja encarcelada, como esos cartuchos de sorpresa que hacen palpitar de emoción
á los niños que con ellos juegan. Me sonreía en el extremo de las ramas: «Mira: no apartes los ojos; verás el lindo secreto que surja cuando alce yo estos millares de puntas verdes.&gt;&gt;
Sobre los tranquilos montes, armaba descomunal desorden; pasaba su escoba de rayos, que hacían fu ndirse la nieve, inundando
con ella la hierba. Chorros de esta nieve queclábase, de trecho en trecho, en los agujeros, desde la cima hasta la hase de la montaña, en
largas y delgadas hileras ondulantes, parecidas á t renzas brillantes
sobre los hombros de alguna jove11 .
La primavera me decía:
,,Espera: voy á deshacer esas trenzas; voy á esparcirlas en musgosas fuentes, en ocultos anoyuelos, en min úsculos torrentes, que habrán de admirarte. No vuelvas los ojos; vas á ver!,,
Yo esperaba, palpitante, con los ojos divagados, durante el trabajo de las niñas, con el alma fatigada por la inquietud de esta expectación.
Vino abril, después mayo. Se hicieron vacíos en los ba11cos de
mi clase.
-Bertita, l\Iaría y Catali na ya no vendrán, pues. ¿Verdad, Rosalin&lt;la?
-:Xo, señorita, hai-ta el invierno. No hay suficientes criados en
su casa para los trabajos que comienzan. Es p reciso que ellas ayuden.
Otras siguieron el ejemplo de las primeras. Por las abiertas ventanas, entraba el aire y flotaba, después, sobre los vacíos bancos.
A vece!'&gt;, cual si se les comunicase el turbulento trabajo de la natu raleza, las chiquillas se agitaban, charlaban, iban y venfan, sin motivo y á pesar de mis esfuerzos para contenerlas.
Otras veces, amodorradaR, con el brazo izquierdo bien redondeado, ~a mano sobre la página y la otra mano con un portaplumas que
escnbía las letras con lentitud cuidadosa, permanecían petrificadas
largas medias horas.
-¡Vamos, hijas mías, sacudámonos! ¿Yase concluyó la página?
Un ruido semejante al de una colmena que se conmoviese de repente .... .. y luego, otra vez el dulce y cálido silencio.
Yo me quedaba entonces divagando.
l\Ie asaltaban escrúpulos que me impedían perturbar el éxta~is
obscuro de aquellas niñas. Hasta las permitía que se durmiesen.
Sonaban las once.
¡Oh! El alegre movimiento de las niñas que lo guardaban todo
para poderse marchar pronto! Era una resurrección. Y yo también
despachaba mi almuerzo á toda prisa.

Afuera, no marchaba yo tan de prisa como e_n invierno. La nieve había desaparecido completamente de los cammos. La s?m?ra de
las menudas hojas oscilaba bajo mis pies como flotante enea.Je, impalpable alfombra preparada para plantas de hada.
Mis pasos eran lentos en medio ele esta sombra.
Yo no soñaba, pero mi corazón estnba henchido de la misma savia que desbordaba en aquel!os juveniles pechos.
La hora de la próxima clase me obligaba á regresar pronto; pero
¿qué fiesta y qué sufrimiento cuando en la tarde volvía. ú comenzar
mi carrera á través del eampo!
Porque yo sufría. H ubiera querido hablar, correr, jugar un poco
ó inclinarme sobre un lago; contar cosas profundas y pueriles, que
me lastimaban el alma.
¡Yo no sabía qué!
Mis pasos se hacían, sin motivo, mús lentos. Hubiera querido
no regresar nu nca, caminar así, durante imposibles horar.
Porque al menos por aquellos caminos y en aquel espacio, me
era más llevadero el dolor sin nombre que me agobiaba. l\Ii pensamiento fijo, mas sin objeto, encontraba en qué distraerse, con las fruslerías que me cautivaban.
Así, por ejemplo, gustábamc permanecer inclinada sobre la tierra, buscando pequeñas flores embalsamadas, con las cuales adornaba mi corpiño y mi cabellera. Cuando á lo lejos oía la sonaja de una
cabrilla, quedábame suspensa, sin ver el animal, escuchando con toda mi atención el tintineo del C.'\Scabel. Ese sonido, suave y desigual, me parecía expresar el llamado hecho por voz extraña, á lo íntimo de mi ser! Un día en que la cabrilla se me presentó de súbito,
destacándose en una altura, me impresionó vivamente . ..... Oh! Lanzar al espacio la tortura inexplicable de mi alma! l\Iis ojos ardían;
mas no hubiesen podido llorar. Eh! De qué, Dios mío? ...... Se podía
acaso, libre de toda congoja, errar oor sitios más bellos?
Ay! Era necesario regresar tari pronto! Las montañas, sonroRadas, después azules, después violadas, se desvanecían en la noche,
llena de tonos opacos. Apresuraba el paso, temerosa de los reptiles
que á esa hora se deslizan entre la hierba.
En cuanto llegaba ú casa, me metía en el lecho, cuyas ropas se
impregnaban del aroma de los tomillos y los bálsamos que traía en
la cabellera y en las manos.
Tal vez por esto, mi sueño era tan pesado.

XYII
Phrasia había convenido en venir á buscarme el jue\·es por la
maíiana, para llevarme á Saint Romain, Ít ver los trabajos del A bate
Chavartl.
-Al mismo tiempo nos detendremos en casa de la profesora. Es
tan bella; la verá Vd.! Es amable como \'d. y también está sola. Será bueno que se hagan amigas.
La buena mujer se había puesto su más lindo delantal acab&lt;t.do
de planchar, y su vestido pardo, de los días de fiesta.
. -No ~~ porque, el señor Abate haga caso de mi vestido. l\Iira
siempre qmen sabe a dónde, que es como si no viese nada. Pero es
por respeto. En cuanto á Vd ........ .
Miró mi vestido negro y mi sombrerito, del que pendía el velo.
. -Vd. _con esas «máquinas» [se refería á mis guantes] y su sombri~la tan hgera,. y sus cabellos como un encaje, no hay qué decir:
esta V d. muy bien.
(CONTINUARÁ.)

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***
-¿,Un acceso de piedad, señorita Romana?
El cura me había visto en las vísperas v me dirigi6 l:i palabra en
la plazoleta, haciendo alusi6n ú lo que había yo dicho un día respecto á mis fervores de piedad .... .. que me venían por accesos.
- Para ser franca, señor cura, le confesaré que m:1s bien es un
acceso de fastidio. No habría sabido qué hacer esta tarde en casa .. . .. .
El buen cura tosió, como si le hubiese subido un golpe de sangre á la garganta; irguió su talle, movió rápidamente el entrecejo, y
me miró con escrutadora é inquieta mirada.
-¿Qué hacía usted en los domingos anteriores?
-Me instalaba, sciior cura. 1\Ie familiarizaba con mis ocupaciones. Además, hacía demasiado frío para aventurarse afuera, cle~pués
de puesto el sol.. .... Mientras que ahora ......
Aspiré úvidamente la brisa.... Mis impresiones se desbordr.ron.
- ...... Ahora, señor cura...... , llega la primavera· la nieve se ha
fundido, entre el ramaje se estremecen los retoños. '
Mi rostro ha de haberse encendido, mis pies impacientes holla-

***

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 1, No 6, Febrero 8</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>LA PRELLE SHOE CO., ST. LOUIS, MO., U. S. A.
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. . . . LIIIUILIIIANT'NAN . .FIIIIAII UTA ftaM
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SAINT-RAPHAEL, ·

(

*• ., ......

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estómago, la clorosis, la anemia y las convalecencias; este vino se reco.
mienda á las personas de edad, i las mujeres, jóvenes y á los niños.

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de llamarse así, el solo que es legítimo y de que se hace mención en el
furmulario del Profesor BOUCHARDAT, es el de Mrs. CLEMENT y Cia.,
de Valence (Crome, Francia).-Cada Botella lleva la marca de la Unión de
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�EL .MUNDO ILUSTRADO

Domingo 15 de Febrero de 1903.

tas dos Eiudades
Un buen teutón amigo me ha dicho con frecuencia:
-Para mí, México no es una ciudad: son
dos ciudades que por azar y por las exigencias de su desarrollo han llegado á tocarse, á
besarse, como dos hermanas diferentes eri edad
y en educación, moralmente alejadas la una
de la otra, pero que ante el mundo aparecen
unidas y se acarician sólo por el respeto al
apellido que las une... . .... .
Y tiene razón el teutón. Sobre la superficie
de la tierra, con sobrada frecuencia se ha dado
el caso de que dos villorrio!', fundados en tiempos primitivos no muy lejos el uno del otro,
para las distancias actuales, pero sí bastante
separados por las distancias de entonces, al
crecer, desarrollarse y convertirse en ciudades
populosas y extensas, agotan sus antiguos
campos circunstantes, los. «urbanizan» poco á
poco, hasta que llega el momento en que las
dos ciudades se funden entre sí y forman una
enorme m~trópoli. A las veceR, puede haber
habido diferencias de abolengo entre las dos
fundacio11e~ primitivas, y suele suceder que
al través del tiempo se traigan una huella característica de su origen, como los hombres
conservan, con frecuencia, tal ó cual rasgo fisionómico de la quinta generación ascendente· y entonces, cuando las dos ciudades se
u~en, muestran entre sí algunos rasgos de diferenciación que el tiempo va borrando paulatinamente. 'ral ha sucedido, por ejemplo,
con las dos ciudades magyares, Buda y Pesth,
antes de que del consorcio de ambas surgiera
espléndida y llena de vida la actual metrópoli y residencia real &lt;le Hungría, que al fundir
límites fundió nombres y llamóse Bu&lt;lapesth.
Todavía, empero, por seguir la tradición y
conservar esa cohorte de derechos honoríficos
que son tan caros á todas las instituciones del
viejo cuño; existe hoy una demarcación de límites c&lt;ltlornles,, entre Buda y Pesth, y cada
ciudad, cada cuartel diríamos hoy, tiene su
concejo municipal separado, por modo que el
viajero advierte muy á las claras que se encuentra en un sitio formado de dos sitios, como dice Lichtenberger.
Pero en :\léxico, ¿qué motivo hay para descubrir dos ciudadel::·? ...... Son muy distintos,
por cierto, esos moti rns que los que Budapesth alega.
Aquí no ha habido fusión de &lt;los ciudades:
a&lt;1ní ha habido una reproducción natural, una
maternidad de la vieja ciudad colonial que,
fecundada por el tiempo y por el progreso( en este orden de ideas está permitida la poligamia, sin pecado )-ha &lt;lado í~ luz una hija,
que todavía no se separa de sus faldas. Y como esta hija pertenece á otra generación, se
atavía de modo distinto que la madre, tiene
costumbres nuevas, ofrece aspecto muy distinto y sólo ha conservado de aquella la regularidad de las facciones-el trazo rectilíneo de
las calles-que ya en la madre fué señal distinguida de belleza, con que cautivó á muchos
de sus enamorados y trovadores, entre ellos al
dos veces noble Barón Alejandro de Humboldt.
La antigua ciudad colonial, la antigua l\Ietrópoli de la Nueva España, suntuo!'a como
convino á los fijosdalgo que la habitnron y rica
cual se lo permitían sus opulentas minas de
plata-metal no depreciado entonces,-se ha
conservado aún, señaladamente eu los cuarteles de oriente de la actual México; las pesadas
y resistentes construcciones que fuer&lt; n moradas palaciegas de condes y marqueses, dan
todavía albergue á linajudas familia!', y de
trecho en trecho se alzan los edificios levantados con esas piedraa rojas que para sus construcciones us6 la Inquisición, c ual si quisiera
acostumbrar á sus severos prosélitos y digna.tarios á la vista &lt;le la sangre.
Pero en el poniente de la ciudad, en ese poniente que, por misteriosa virtud es el lado fecundo de todas las ciudades modernas, ha
brotado la ciudad nueva, la coqueta, la elegante, la cosmopolita; la que no ostenta caracteres genuinos, la de calles asfaltadas y

EL MUNDO ILUSTRADO
bordadas de villas, que aquí y acullá recuerda un rinconcito cte París, ó de Viena, 6 de
Berlín, ó de cualquier sitio, porque la parte
nueva de las ciudades va asemejándoHe cada
dín más, e-orno si loR hombres quisieran fraternizar en el aspecto de sus residencias, ya que,
por desgracia, no han podido hacerlo en la índole de sus sentimientos y de sus aspiracioneA.

Pero no sólo es diferente el aspecto exterior
de las dos ciudades que hay en l\Ié:xico; las
costumbres que en ellas se observan son tan
distintas las &lt;le la una de las de la otra, que
pasando de un barrio á otro creyérase pasar _á
pol,lación situada en otro clima, en otra latitud, en otro h emisferio, y poblada con gefite
que, con la otra, no tiene un solo punto &lt;le
contacto.
Si el Barón ele Humboldt reviviese y diérase á visitar nuevamente su amada ciudad de
los palacios, habría que conducirle ele lamano para que reconociese sus antiguos sitios
predilectos y pi:ra que no creye!,e que aquellos
edificios que pudiera reconocer, no fueran sino una reproducción caprichosa de los que
mirara un día en la capital de la Nueva España, incrustados hoy en una ciudad desconoci&lt;la.
En l\Iéxico tenemos barrios que á la mirada de cualquier viajero experto parecerían
trasuntos de rincones argelinos; y á diez minutos de tramway, nos encontramos con explanadas y bulevares que-toute proportion
gardeé-pueden darnos la ilusión de vagar
ccbajo los tilos» espléndidos de Berlín ó por
las avenidas maravillosas que el Arco de Triunfo enda á todos los vientoi-, como los rayos
grises de un sol de piedra.
Ha.y muchos metropolitanos viejos que sienten un odio inextinguible para la ciudad nueva, porque dicen que e1f ella falta todo lo que
constituía la prez y el orgullo genuino y vetusto
Cuando por azar los conduce algún negocio
á las nuevas colonias de la nueva ciudad, les
parece hallarse en terreno extranjero. Y tienen
razón; de una ciudad á otra, hay un abismo
&lt;le por medio. Son otras calle!l. otras casas,
otras gentes, otro;; ruido1:1, otros silencio,:, otro3
oloree: y otros colores.
Ahora bien, ¿.gana. ó pierde la Metrópoli con
el auge admirable de la ciuda&lt;l nue,·a? Los
,,hijos del siglo,: decimos que gana. ¿Qué importa que se rindan tipos viejos que no sirven para nada? ¿Qué importa que «se cosmopolitice• nuestra ~Ietrópoli, si nosotros también hemos «cosmopolizádonos?"
¿Qué importa (Ric!) que gane la higiene y
la estética con la ciudad nueva? ...... Para recuerdos nos basta con esos ed ificios perdurables que son la Catedral, el Palacio de Minería, la Biblioteca Nacional; por lo demás, no
hay que cifrar el orgullo nacional en la conservación rlel tipo genuino del lépero, como
no hay que cifrarlo en la consen·ación ...... de
la inmutahilidad urbana. Para conservaciones, la mejor es la de la sal u&lt;l, y á ella contril,uye mucho nuestra ciudad nueva.
SARDIN.

MAGDALENA.

N

O son para narradas aquí las atrocidades

que aquel año originó la guerra, una de·Jas
mil y tantas guel't'as que por luengos años
formaron la característica de nuestro bien amado pafs. La que hace á mi propósito, fué la dispersión total de los e~tudiaotes del Seminario.
Cada quisque tomó para su casa ó para donde
pudo, y el palafoxiano quedó como me figuro al
Bolsón de Mapimí.
Entre esos emigran res se contaba Femando
Mo1·ales. cursante ya de cuarto año de Teología.
y que, siempre reconocieouo como cuartel general la casa de sus padres, fuése y corri ó tierras.
En esas correrías y en un villo1·rio del rico Estado de Mii;boacáu, le sorprendió el amor con
una de sus obligadas consecuencias. Así, como
de paso, mieot,·as desempeñaba algún empleillo
de los y ue se dau al pl'imno que se presenta,
arrulló en sus brazos y besó con indecible ternura á su hijita María, cierta cosa á manera de
querubín con que le obsequió una joven parecí-

da al pan por buena, con menos experiencia que
un pájaro que se cae del nido y cándida como las
palomas. A este entue1·to, ya malo de suyo, di6
el malvado de Fernando carácter de inícua felonía, engañando á la víctima basta. con su nom.
bre. Quiso apellidarse &lt;Valverde&gt; ante aquella
exigua. sociedad y María, siguiendo la costumbre, he1·edó el falso apellido.
Esta. posición de aventurero debía ser, y fué
en efecto, más fugaz que todas las posiciones•
porque Val verde, digo, Morales, aburrido de ea:
tarse quieto, una fresca. madruga.da ensilló un
rocina.ntillo cualquiera y tomó soleta en busca
de .... de lo que topara. Y en idas y vueltas
hastiado de no ver ni el esbozo de un porveni~
halagüeño, y en tanto que la imagen de su abandonada hijita iba borrándose en el horizonte del
tiempo, se bailó de repente con los t,·einta en el
cuerpo. Una oleada de juicio y reflexión le hizo
pensar que aquella no era vida de hombre útil·
y, obedeciendo á viejas inclinaciones que de s ú!
bito se alzaron imperiosas, estuvo en el bogar
de sus mayores á saludarlos é ingresó nuevamente al Seminario. A los pocos meses era sacerdote."

bajo la dirección del Regidor de Obras PúblicaE, Ingeniero Miguel A. de Quevedo.
Tal como ahora se encuentra, el mercado
satisface ampliamente las necesidades de aqurl
rumbo de la Capital; pues su distribución fu é
objeto de un detenido estudio, logrúndose hasta donde las dimensiones del terreno lo permitían, dará los departamentos la amplitud
necesaria y la luz y ventilación suficienl&lt;•~Cada un~ de esos departamentos, e~tá clr1-ti nado ú 1letenninadf clase de mercancíaR y dispuesto de manera que pueda asearse fácilnwnte sin deterioro de los materiales usados en la
construcción.
Publicamos en e!'te número una vista dPl
exterior &lt;lel nuevo mercado.

~

***

Diez y ocho años hacía ya que el señor cura
Morales, con beneplácito de sus feligreses y visible provecho para. las almas, llenaba derechamente su ministerio.
En el fondo de una pieza amplia de la casa cural, á medias enti biada por una raya del sol poniente que se atrevía por las cortmas de la vidriera, encuentra mi oal'l'ación a.l párroco y al
doctor, visita diaria, platicando mano á mano.
Sentados junto á la mesa. escritorio en que se
despachan los asuntos eclesiásticos, saborean
un chocolate de chuparse los labios, á lo que
creo, trns del que van, á guisa de epílogo, dos 6
tres cigarros coleados y una conversación plenamente fraternal. Eran los dos lo que llamamos
contemporáneos, frisando con los cuarenta 1
o~ho y cincuenta, de sobra edad competente para
filosofar acerca de la muerte, del consabido &lt;más
allá&gt; y otras amenidades por ese tenor. Cuando
habían hecho eso, daban pábulo á sus aficiones
literarias turnándose en la lectura de tal cual
trozo de clásicos españoles ó espigando en la literatura franc1,sa., de que el p1·esb1t3ro tenía UD
más que regular acopio. Y luego corría el palique de la política local á la nacional y aun á la
internacional, basta que, agotados esos recursos,
tomaban los periódicos del día.
El seilor cura pasó uno de tantos al doctor.
-A ver si usted encuentra algo notable, dijo.
El médico revisó de alto á bajo las columnu,
deteniéndose aquí, pasando acu.lá. Al fin hizo
observar:
-Pues, quitando esto del escándalo ... .
-Sí, lo leí..... Y ¿conoce usted á alguien de
los que allí figuran,'
-Uoicamente y de vista, á la dama que motivó la reyerta, mujer hermosísima, positivamen•
te hermosa. Cuando se la vé, con el aire de suprema distinción que guarda; aunque afiliada en
esa desdichada clase, se ye1·gueu tJn la imaginación aquellos tipos cte limpia y serena belleza
que sugieren ciertos pasajes de la Escritura: se
antoja. ver á Rebeca, á J udith, Estber .... ¿qué
sé yo"? Sin duda por esas reminiscencias la llaman &lt;Magdalena,&gt; descartando el an'epentimiento.
-¡Qué lástima! murmuró el párroco.-¡Cuánta felJCidad truncada, cuánto bien pt:rdidol
-Ya ve usted: una mujer que pa1·ece de fami·
Jia decente y educada. en un medio propicio .. ..
Estos casos así, hacen dudar á uno cte la virtud.
Tal pienso que esa es una palabreja que ... .
- Palabreja, no! replicó violenta1nente el cura.
-Ante todo, es del momento recordar que hay
mala lógica en inferir uua proposición general
de una particular. Estaría ustect pe1·dido rntelectualmente si, porque yo uso espeJuelos, vá contando por ahí que uo nay clérigo sin ellos. T~ngamos el entendimiento en su lugar, mi querido
doctor, y oiga usted dos palabras.
El presbíte1·0 se remov10 en su silla, cruzó la
pierna., arreglóse el solideo y continuó así: .
- No voy á hojea1· la Vida de los 8antos DI á
merodear por la Historia profana, ent1·esacando
la. variedad de ejemplos que poú1•1a, por no fatigar á usted y porque no lo necesito. Para. persuadirse de que hay virtud, «vis, vir,&gt; la f uerza
para obrar el bien, y de sus frutos en el tiempo
y en el espacio, basta abrir los OJOS y vet' en oenedor.
.Primeramente, fijemos un hecho, y es que la
humanidad respira aun, existe, y vuy á. oemo~tra1' que existe por la virtud. Desde que el anl·
mal racional pisó el haz de la tie1-ra, se Je ~1s·
p.utan á porfía dos elementos voue1·osos, el bien
y el mal. ¿Cuál es más Juerte·f Los millare;; de
años de nuestra peregrinación ¡,ateutizan por
modo evidente dos cosas: que la coutieuda entre
ambos priucipios ba sido y persiste oesatad a,
c1·uel; pero que elpnmeto, d t.&gt;ien, gana terr~uo;
despacio, pe1·0 Jo gana. Si ello nu fuera, s1 en
esta brega diaria y secula1· hubun·a el mal triunfado en mayoría, siglos nace que, pn,sa. oe una
ctegeuera&lt;:ion moustt·uosa., i[¡conceb1ble, nos habnamos desgal'l'ado unos á ott·os, como las fiÍ
ras se desgarran en la selva., y las ondas cte
viento llevarían en su seno el rugicto de los leo·
nes, el rebramar del océano ó el canto de las

Domingo 15 de Febrero de 1!)0'3.

LA TRILLA.
[CUADRO AGllÍCOT,A.)

aves, sin llevar ya voz humana: y la soledad de
la tierra, que yo imagino más pavorosa faltando
el hombre, que si faltan los demás animales que
la pueblan, habría reemplazado al ruido y mo·
vimiento que hoy la animan.
Por la noción del bien, llovida al espíritu como benéfico rocío, la especie pudo valer algo:
sin ella, sin la luminosa orientación á la virtud.
seríamos semovientes feroces y nada más; porque
nuestro intelecto, con ser una excelencia, haría
lo que la llama del incendio, destruir excelentemente. Y si este fuego no destruye; si en vez de
ser aniquilador levanta: si en lugar de abatirnos,
vemos al cielo; si, á rambio de que el mundo sea
egoísmo y maldad solos, hay sacrificios, desnudez vestida, llanto enjugado, perdón, pueblos
redimidos, heroísmo, libertad, todo lo que estremece las entrañas y aviv-a el entusiasmo y nos
enciende la sangre, lo debemos á aquella noción.
Alienta y se desenvuelve, segura y tranquila, al
amparo de nuestros dos más altos y nobles sentimientos, el estético y el afectivo, que son como
los puntos diacríticos del alma. Miremos.
Por tendencia irresistible vamos en pos de la
belleza., para anegarnos en las dulzuras de su
contemplación; y, ni la naturaleza física, pródiga, exuberante de formas bellas, ni la energía
creadora del entendimieqto y de la f_antasía, han
ostentado jamás nada que de lejos se acerque á.
la inefable, soberana belleza espiritual del orden moral. Que no se venga á decirme que es
más avasalladora, intensa ó grata la emoción
que despiertan el grandioso espectáculo qel mar
ó el grupo de Niobe, que la que nos hace llorar
cuando vemos que Vicente de Paúl riega con lágl'imas, calientes de caridad, las escuálidas mejillas de un niilo desvalido!
Nuestras facultades afectivas, errabundas en
la penumbra del paganismo, sin faro ni ruta,
consumiéndose en el orgiástico vivirá que incitaban las menguadas divinidades mitológicas,
vieron su rumbo cuando, al conjuro de aquellas
mágicas palabr!ls que resonaron en Judea:
&lt;Amaos los unos á los otros,&gt;
se abrieron las tinieblas, cual se abrieron las
aguas á Israel, poniéndonos en franquía hacia
los g1·andes ideales. Y el corazón de los hombres
palpitó con el ve1•dadero, el casto y santo amor
y ellos sintieron más virtud é hicieron más
bien ..... .
No puedo adivinar, ni lo adivina. ninguno,
cuáles serán las definitivas conquistas de la cultura universal; pero todo hace confiar en que su
eficacia educativa, reforzada minuto á minuto
concluya nivelándose por la bondad. A ese fin'
&lt;laboremus,&gt; sembrem0s por el consejo y el ejem~
plo, que no de otro modo se dignificará este frágil barro, crisol depurado1· de las ideas, y no
por eso menos miserable. Trabajemos, que el
trabajo en la. virtud justificará que somos el &lt;rey
de la creaci_ón.&gt; La realeza con que nos pavoneamos en la 01ma·de la escala zoológica, se asienta en el pode1· de obrar deliberadamente el bien·
Y, ó ser buenos ó abdicar...... ¡Ah!-exclamó ei
párroco poniéndose en pie y con el bt'illo de la

inspiración en los ojos. -que la humanidad entera sea virtuosa y el planeta, hoy opaco, irradiará luz propia! .....
Y el señor cura calló.
-Todo se1·á muy bueno, como salido de usted,
dijo el galeno a.provechando el silencio; - pero
nada hemos concluído del caso conc1·eto que nos
ocupa..
-Es lo de menos: unac¡¡.ídacomo hay muchas,
que sin ñuda tiene sencilla explicación. Falta de
moralidad, ele educación, acaso el abandono de
los padres, la orfandad ....
El presbítero tomó de repente un aire
triste y pensativo. Luego, agregó:
-Tantas causas pueden originar esos
desastres! .... Y, habré de repetirlo: no
una,ni veinte l!Olondrinas hacen vernno:
hechos aislaoos, nada significan contra
mi tesis.
Meneó el doctor la cabeza comu quien
aprueba, sacó cigarros y fumando y en
comentarios de poco más ó menos acabó
el día y se despidieron.

En el círculo e;,pacio30 &lt;le la era
está en parvas abundosa'! acervado,
una parte del tesoro que ha volcado
en las trojes la fecunda sementera.
Y en el círculo empren&lt;lien&lt;lo la carrera
potros brutos en tropel desenfrenado
dan al aire su relincho destemplado '
sacudiendo la gran crin como bandera.

***
Al otro, volvió el médico {~ la hora de
costumbre.
-¿Qué tenemos de nuevo? preguntó el
sacerdote.
-¡Pstl nada que lo valga.
La conversación revoloteó en torno d~
los temas habituales. Llegó el turno á
los periódicos; y el doctor, que registraba uno de la tarde, dijo de improviso:
-Mire usted: aquí está utra vez la
cMagd.alena.&gt; - Anoche, en un café céntrico, una mala mujer dió muerte á la conocida por el nombre que encabeza este
s:ielto y de quien hablamos ayer á lod
lectores. Nuestro repórter pullo saber por
alguien que acompañaba á la víctima,
que era de H., Estado de Micho11cán s
que se llamaba María Valvtrde·&gt;

Cuando en la. mañana siguiente se revestía el señor cura para decir su misa
de siete, el sacristán se fijó en que tenía
los párpados encendidos, muy encendidos.
·
P. TE.JEDA GUZMÁN.

€1 mtrca'1o '1t "d 2 '1t Jlbrtl."
El 5 del corriente por la mafiana '}Uedú
abierto al público en la plazuela de .Ju~n Carbonero, el edificio del mercado d el c,2 de Abril ,,
reconstruido por cuenta del Ayuntamient~,

DE LA COST A.-A la siesta.

Va el1 su pos bruno rapaz marchando al trote
azotándolos cruel con el chicote
'
-larga víbora de crótalo sonor~ · -

'

y al fu:gor ignirrojizo de la tarde
la era finge circo rústico que arde '
envolviendo todo el campo en humo de oro.
JUAN

México, 190:1.

B. DEWA DO.

�Domingo 15 de Febrero ,le 1903.

Ca [ucba
NO y otro había~
salido de un mis~ mo seno maternal: eran hermanos.
Juan, pálido, lánguido,
,
,. .
meditabundo, soflador ,
,. ~ 'tJ!f- ~
no pedí~ á la_ naturaleza
J !'
y á la vida smo l uz, es' · ·
pectáculos bellos ó sublimes, paz.. . , y tiempo ilimitado para prolongar
i ndefinidamente la contemplación y el placer.
Pedro era sombrío, inquieto, rudo y tenaz,
y el ceño de su frente revelaba que, debajo de
la alborotada cabellera roja, bullían pensamientos de ambición y odio.
Vivían el uno al lado del otro, en dos campos limítrofes, exactamente iguales, que poseían por herencia.
De la choza de Pedro, al nacer el alba, safo t'l homhrr, nnnarln dr ,c:u!'&lt;in!'&lt;trnmentosde

EL MUNDO ILUSTRA:)O

labor; y el sol, desde que surgía tras el monte
hasta que rodaba tras el mar, no ce,:aba de
quemar la faz del trabajador hercúleo. Así lucía su campo, corno taza florida rebosante de
riqueza.
Juan abrfa su chozn, alzado el día, y abríala para que entrasen á hacer fiesta la alegre
luz del cielo y el aire fresco de los bosques,
las mariposas y los pájaros, los perfumes silvestres y esos rumores indistintos, largos y solemnes, que son el concierto ininnlable de la
naturaleza en calma. Recostado á la sombra,
entre libros, vivía con el espíritu en mundos
:aeales, ya fuese á desentrañarlos de las abstrusas profundidades de la historia, resncitando lo que fué; ya los crease de un golpe y !os
lanzase á voltear, extrañamente luminosos,
por las regiones de la fantasía. Y cuando su
materia clamaba por sustento, salía á recoger
el don espontáneo de su abandonada tierra, ó
de no hallarlo, cruzaba el linde y tomaba del
bien de su hermano lo preciso.
Cuando Pedro vió que de cada pulgada de
su campo surgía al fin un tallo que le alargaba un fruto; cuando con mirada atónita y complacida hubo apreciado el valor del rico manto de verdura que vestía su heredad, empufió
el arado una mañana, atravesó tranquilamente la línea divisoria y se puso á labrar la tierra de su hermano.
Juan nada advirtió, (, de haber ad vertido,
selló los labios. Y mientras leía ó soñaba, todo en torno suyo iba como por prodigio trans•
formándose : los zarzales se desvanecfon en el
viento, vueltos humo; el endurecido suelo

abríase y se ablandaba al paso de la reja
arado; los surcos amanecían cuajados de
tes verdes, que crecían y se extendían y
lazaban, alfombrando el piso para los
bles huéspedes que acababan de liegar
Trabajo y la Riqueza. Pues ya en aquel
eón era esplendor y opulencia lo que antes
aspereza y esterilidad.
Una tarde vino Pedro y llamó
lante de su puerta.
-Juan, le dijo: necesito arrasar t u ch
sembrar su espacio de plantas que me den
fruto. Vete.
-Pedro, no me voy: ésta es m i casa.
-Tú nada tienes, Juan; todo es mío
lo he conquistado yo, que Roy el fuerte.'
-Pues emplea tu fuerza para echarme.
-Sea.
Y se traha la lucha ahominahle, Ira tri ·
esa 1ucha cien veces secular que parece
dición de vida en la naturaleza y á la
aporta el hombre una fuerza terrible por ·
ligente-la maldad. Pedrn pone rnbre los h
bros del hermano las manos Yi~orosas, y
puja. Juan extiende las crispadas suyas
tra el t-nemigo, enarca el lOJFO, clnrn el pie
tierra, y resist&lt;'. Nuevos empujei::, rnda
mús violentos; rómpen-,e ante una reRiste
inesperada. Pedro frunce el entrecejo, re
gase, acomete, y la embestida es formid
irresistible; cual tronco desarraigado, J unn
• cila, cedP, da un pn:;o atrás, da dm: .. .. ..
tá perdido? t\o: con brui;co quiebro esqui
y cambia el modo de combate. Ya en 1
de asirse, los hermanos i;:e abrazan .... .. ¡a
zo horren&lt;}o, abrazo del odio, más apre
más ardiente que nunca fuera el del amorl
Los pechos oprimidos jadean, y sus so
quemantes se confunden al escaparse de
resecas bocas. Forcejean los músculos i
mitos, y mientras las aceradas piernas se
redan y pugnan furiosamente por manten
firmes ó arrollar, los hermanos se miran,
miran con esa mirada de suprema avidez
el amor no tuvo nunca ..... Juan flaq uea al
bo, mas pide nuevo brío á la desesperaci
retrocede, pero brega. 3iente que lo exp
que lo arrastrah, paso á paso, á través del
putado patrimonio, hacia el hohdo ba

. ~ ... ,._.

__ ..

PASTORES ITALIANOS.-

que por aquel lado lo limita. Y cuanto más
se abrasa en i ra ante la consumación del vil
despojo, tanto menos encuentra vigor para
evitarla. Y en el llano desierto y á la l uz del
sol que cae, giran, giran la rga y confusamente, entre remolinos de polvo, aquellos cuerpos enlazados, que la fatiga rinde, mas el rencor sostiene, estallando en el silencio de la hora, con pavorosa resonancia, el ronco estertor
de los alientos anhelantes y el golpe seco de
las pisadas fu ribundas. Un esfuerzo máfl, y el
grupo infernal alcanza el borde del abi~rno.

(Cuadr o de Fabrés.)

Pedro soltó á su hermano y con voz sorda
v lenta le dijo:
-Juan, sigue la orilla del barranco, toma
el camino de la ciudad y aléjate.
-No por mis parns, Pedro; te lo he dicho.
Echame.
-Pues lo quieres, vete al diablo.
Y de un empellón fué Juan lanzado al precipicio.
Pedro se i rguió con toda la majestad del
triunfo; y mientras la dulce forma de su her'11ano se estiraba en el fondo de la sima y quedaba inanimada para siempre,
él, arriba, emprendía la vuelta á
sus dominios, tranquilo y satisfecho; los campos verdes le sonreían, henchidos de promesas; el
aire le llenaba de besos frescos
el fatigado rostro, y hasta el sol,
antes de hundirse, le encendió la
roja cabellera, pareciendo como
que le ceñía la codil'iosa frente
con corona de oro.
DIEGO VICENTE TEJERA.

Enero de 1903.
En todo el universo no hay fuerza exterior que no encuentre su
equi~ibrio en fuerzas interiores: si
la luz hace que la sombra huya,
la sombra hace que la l uz se turbe.

***
Siempre que la razón se nubla
y la mala pasión &lt;le,;pierta, la verdad se e,sconde, el sentimiento de
la justicia huye, las virtudes lloran, y todos lo&amp; sentimientos no\ bles quedan dormidos.

***

El mérito no está en conquiEtar, sino en mantener lo conquistado.

***

CHAPU L TEPl;C,
UN MI LLONARI O.-

(Cuadro de Fabrés.)

Domingo 15 de Febr ero ae 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

No hay rencor más profundo
que el de los humildes y tímidos.

ta Strtnata dt aon ]uan.

•

- P rincesa angelical de ojos rasgados
Y garganta de pétalos y aromas,
A t i vuelan mis versos, arrullados
Por las torcaces cálidas palomas.
De mis versos el límpido torrente
Refleja en su cristal tus formas bellas,
Como el Guadalquivir en su corriente
Retrata al ígneo sol y á las estrellas.
¡Seductora beldad, no seas esquiva
Con este corazón que por ti late,
Y. que enlaza á las rosas de tu ojiva
Los épicos laureles del combate.
Mis cantos, melanc.ó lica sirena,
Estamparán sus ósculos de mieles
En tu faz donde brilla la azucena,
Y en tu labio en que sangran los claveles.
Mis cantos rozarán con su plumaje
Tu frente y tu mejilla de escarlata
Y labrarán su nido en el encaje '
Que orla tu seno de marfil y plata.
Ondulan en mis cantos, precursores
De mi eterna ilusión fascinadora .
Los rojos Pstandartes triunfador~s
De robu!'&lt;ta pasión abrasadora.
Mis cantm: ciñen fúlgida cimera
Que orna florida r6stica guirnalda'
Y lucen regio arnés, do reverbera'
El rayo de tus ojos de esmeralda.
Son mis cantos, en :fin, bajel ligero
Que llena Amor de músicas y risas
Y boga en mar tle rutilante acero '
Al blando soplo de aromadas brisas.
«Princef:a angelical de ojos rasgados
Y garganta de pétalos y aromas
A t.i vuelan mis versos, arrullados
Por las torcaces cálidas palomas.,i
Masy1.yl si tu hermosura y tus amores
Me qmsieran robar locos rivales
Mis cantos, melodiosos ruiseñor~s
¡Se cambiará,n en tigres y chacale~l
~ANUEL REINA,

�Domingo J 5 de Febrero de lfl03.

EL MUNDO ILUSTRADO

do de sus profundos ojos negros brillaba una.
luz diabólica. Algo se estremeció en el fondo d~
mi coraz6n, y en aquel momento conprendt
que la amaba, que la amaba, que estaba :ita,
do á ella para. siempre con cadenas formidables.....
A. FERNANDEZ GARCIA.

POBll[.A.S ES PBOS.A.

mazatlán.
o

A M O R?

tas Barracas.

Ella era bella; adorablemente bella. Yo no
la amaba, pero no podía dejar de verla una
noche, una sola noche. Por qué? Pero sobre
todo, lo que más admiraba en ella eran sus
ojos, sus grandísimos ojos, negros, rasgados,
p rofundo!I.. ..
Una noche le dije,al azar, casi inconscientemente:
---En forma de cuál de esta.'! cosas aladasuna golondrina., una paloma ó una águila, desea.ria usted tener el alma?
-En forma de una águila - me contestó.
-¿Y para qué?
-Para saber cómo he de cazarla.
Pero yo DO deseaba su alma. ¿Por qué? Xo
lo sabía.

o

Destrucción
de las casas in•
Testadas.
o
MAZATLAN.- L as barracas vist as por el lado Poniente.

Con el propósito de no dejar incompleta
nuestra información relativa á la epidemia reinante en Mazatlán, ofrecemos á los lectores de
«El Mundo Ilustrado» fotografías de las barracas en que se hallan aisladas actualmente las
personas sospechoens de haber contraí,lo la.
enfermedad, y de algunas casas que, para evitar el contagio, fueron quemadas por orden de
las autoridades.
Las rigurosas disposiciones que dict6 el Consejo Superior de Salubridad para contener el
avan::e de la peste, están plenamente justifica.das, y, por lo mismo, la publicación que
ahora hacemos, no es máé que una prueba de
que se han puesto en práctica, eri las actuales
circunst.ancias, cuantos medios se han creído
indispensables para salvará la población de
los estragos que causa la epidemia.

PENSAMIENTOS.
El amor propio es el móvil más 6 menos
oculto de nuestras acciones; es el viento que
infla las velas sin el cual el buque no caminaría.

*

El ejemplo heroico de los triunfos pasados
es la principal fuente del valor de cada gen~raci6n: los hombres marchan con calma. hacia
las empresas más peligro!"as, impelidos nacia
adelante por las sombrns de los bravos que ya
no existen.

*

Oficinas de desinfección en Mazatlán.
L os miembros de la Junta.

MAZATLAN. -Ruinas de algunas ca&amp;as
destruídas por e l fuego.

INDÍGENA.
(LEYENDA).

I
Allá en las pampas que el Janeiro baña,
Aun hay chozas indígenes, que fueron
Refugio de los indios que murieron
Con estoico valor en la campaña.

MAZATLAN. - Bombas improvisadas
pa ra la desi nfecc ión

Cual Taped Amaruc, en lid extraña
El Cacique murió; los que pudieron
Del enemigo emanciparse, huyeron
En busca de quietud á una montaña.

Domingo J 5 de Febrero de 1001.

EL MUNDO ILUST RADO

- Y o veo-le dije- los ba.la.ústres de oro
de !as maravillosas puertas del jardín del Paraíso. Las calles del jardín e!"tán empedradas
de zafiros y rubíes. "Coa floresta de blancos
lirios gigantescos se balancea á lo lejos. La
luz que lo alumbra todo es color de perla. Será la luna? Sí. No puede ser sino la luz de la
luna lo que lo envuelve todo con su red de
plata. Se escucha la lírica, sollozante quejumbre de mil cítaras invisible!". Qué música tan
deliciosa! ¿Qué uñas de marfil tan fina!", pellizcarán tan sabiamente las cuerdas Yibradoras? Sin duda son los i,erafines, porque al compás de esa música, miro que van desfilando,
cada una con un lirio en la mano, las once
mil vírgenes. .Pero ya las vírgenes pasaron . ...
Ya no las veo.... Ahora vienen los apóstoles
con sus enormes barbas blancas....
-Como buen poeta es usted muy galanteme interrumpió riéndose- pero hoy no le
agradezco su galantería. No me halaga que

MAZATL AN.-Derrumbando

Sobre la huaca dfll Cacique, inclinan
Los mangles su dosel, y la iluminan
Los astros como trémulos ciriales.

La• ciencia
es una pirámide en la cual
todas las hiladas reposan
sobre laobservación.

"'

No maldigamos el
dolor; él sabe esculpir nUfistras almas,
dándoles su forma
más ideal, su más
perfecta. hermosura.

*

El amor, como el
sol se levanta sin diferencia sobre todas
las cosas, calent.'lndo
á la naturaleza entera.

*
Hay en cada nación la misma balanza del bien y del
mal; el desconocimiento de este equilibrio explica las
preocupaciones de
la mitad del mundo
contra la otra mitad.

*

Hay dos cosas que
en este mundo DO
encuentra el hombre
las más veces fuera
de su casa: la buena
sopa y el amor desinteresado.

Y cuando el cielo sus crespone(viste,
Entona el «urutí» su canción triste
Oculto en los frondosos saucedales.
II

*

Todo nuec;tro conocimiento humano
puede ser representa.do simbólicamente por una pequeíia
isla, muy breve, rodeada por un océano sin límites.

La heroína Diamora; la que fuera
De las comarcas índicas orgullo,
~Iurió también, efímero capullo
Que no llegó á entreabrir la primavera.
Y cuando en su agonía, la guerrera
Tribu, escuchó su postrimer arrullo,
Juró antes que su honor, vengar el suyo,
Beeando su carcaj y su bandera.

*

Cuando á los rayos de la luna inciertos,
Perfuman el recinto de los muertos
El cactus y la oliente zarza.mora;
Evocando las sombras de los Incas,
Uajos de floripondios y!pervincas
Lleva un indio á la tumba de Diamora.

,

JUAN DUZÁN.

Calle de Du rangulto, en Mazatlán.-Quemando una casa.

-.t

MAZATLAN.-Una casa infestada y quemada.

Otra noche mirando sus negras pupilas profundas le dije:
-Al través de tus pupilas veo yo muchas
cosas....
-¿Y qué ve usted? - me respondió,

usted vea el cielo en el fondo de mis
pupilas. )Ie han recomendado tan mal
el ci~lo! Me han asegura.do que es la
patria de los pobres de espíritu.
Miré de nuevo sus pupilas. En el fon-

El hom hre siempre descontento de
lo presente, atribuye á lo pasado una
perfección falsa que
no es más que la
máscara de su tristeza. Elogia á los
muertos en odio ele
los vivos, y golpea
á los hijos con los
huesos de los padres.

�Domin~ &gt; J 5 de Febrero de W03.

URANTE muchos a!ios, el señor Bellarmín, instalado enVenecia,en una casita
de la Vía,-Sancta, ejerció la, honrosa y
delicada carrera de la medicina; pero
á pesar de las maravillosas curas que llevó á.
cabo, el buen doctor había sufrido, vegetado y
renegado de su profesión, hasta el día en que
resolvió convertirse en nigromante.
Fué entonces cuando la fawa y la fortuna se
llegaron á él con la misma presteza con que lo
habían abandonado. Sus arcas se llenaban de
oro, su casa. de muebles preciosos, sus escapa.- ·
rates de va.liosas vajillas de plata. repujada..
Bellarmín llegó á ser el hombre más feliz de
la ciudad. A su la.do, veía crecer á su hija, á su
adorable Julieta, cuya. hermosura. hacía olvidar la de la amante de Romeo. Sabía que,

BL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

EL
da 1 charlando sentado á la mesa, en compañía.
de Bellarmín y de Julieta.
Y el buen Bellarmín, que adivinaba en los ojos
de un enfermo la más pequeña huella de fiebre,
no tenía ni la más remota sospecha del fuego
devorador que ardía en el pecho de ~iuseppe.
·Cuán cierto es que las cosas más senctllas, l a s
riiás naturales lai:; que tenemos á la vista, escapan á nuestra 'observación, á medida que somos
más perspicaces ó que creemos serlo.
Giuseppe amaba á Julieta, la amaba por la
bondad de su corazón, por la música deleitosa
de su voz, por la ternura de su mirada, por
suavidad aterciopelada de su~ mano~. Rabta
crecido cerca de ella, amándola m~onsc1entemente desde el primer momento, de~mendo, poco á
poco, ese sentimiento que expe~1mentaba, basta
llegará comprender que la unica alegría de s u
vida seda hacerla su esposa y pasar á su lado
las horas todas de su existencia.
Por la noche soñaba con ella, la envolvía en
la gasas de su 'pensam~ento, no existía m~s quJ.
por ella y para ella, sm atreverse á decirlo a
nadie, más convencido á cada momento de q ue
ella era su único ideal.
Julieta era mujer. Había adivina.do, sentido,
comprendido esa ternura, muy diferente de aquella con que su padre la rod~aba? y esto,. que en
un pt·incipio la agradó, la hsonJeó, la bizo1 más
tarde, sentirse orgullosa, y, finalmente, feliz. .
Ignoraba á dónde iría á parar por ese camino y sin embargo, lo seguía confiadamente,
entregada á la dulce languidez, al éxtasis deliGioso de un hermoso sueño.

!ª

*
**

llegado el caso, cuando Julieta cumpliese los
veinte años, podría. dotarla como á una princesa; esto sin contar con que el brillo de su nombre, reflejándose sobre su hija, daba á ésta el
derecho de esperar una. de las más nobles ali anzas de Italia..
Era feliz porque, á pesar de todo lo nigromante que fuese, sentía su conciencia tranquila. y
limpia su alma., cosa rara por aquellos tiempos
en Venecia, donde la. política enredaba diariamente á muchos hombres en las marañas de tenebrosas empresas.
Esto no impidió que la venganza, el odio, la
ambición, !la.masen á menudo á la puerta. del señor Bellarmín; pero él los recibía. con ese gesto
imperioso, con esa mira.da dura, ante los cuales
el Mal se inclina, retrocede y huye.
En cambio, esa misma puerta se abría ampliamente á los amantes tristes, decepcioaados, locos. Sus filtros amorosos, elogiados, recomendados de un extremo al otro de la península, se
compraban á peso de oro y no podía darse abasto para fabricar la cantidad que se le pedía.; ya
el brebaje que hace complaciente á la más cruel
amante, ya el que vuelve al redil a.! esposo infiel, ó el que reanima la ternura adormecida en
el corazón de la esposa, ó el que torna en desinteresada á la más avara cortesana: en una palabra, todos los bálsamos que había descubierto
pará curar las más espantosas llagas que en el
corazón humano causaba el señor Cupido con
las envenenadas flechas de su car&lt;,aj divino.
Ayudábale un aprendiz en la incesante faena,
no porque el doctor Bellarmín le hubiese confiado el secreto de su arte ni la fórmula de sus filtt·os, sino porque le encomendaba el trabajo lento
y monótono de los alambiques, el gotear desesperante de las clarificaciones.
Era el aprendiz ahijado de Bellarmín, un guapo muchacho de veinte años, al que había r ecogido huérfano hacía algún tiempo. Dedicado como un hijo, discreto como un mudo, paciente
como un ángel, deseoso de ser útil en todo, Bellarmín comprendía que, sin temor ninguno, podría confiar á su ahijado las más delicadas labores.
Nunca-aunque esto habría sido muy natural
en un joven de su edad-abandonaba. Giuseppe
la casa á la vuesta del sol, para concurril' á alguna francachela ó á alguna cita misteriosa;
nunca, en los días decarnaval, se mezclaba entre
la ruidosa multitud de las mascaradas; ni tenía,
siquiera, en su pupitre, esquelas perfumadas para eset·ibir un billete amoroso.
Sólo se encontraba á gusto en la casa de sn
patrón, por el día, en el laboratorio, entre vasijas y retortas; por la noche, después de la comi-

Giuseppe vienao caer gota á gota en el largo
cuello de l;s redomitas el &lt;elíxir del amor,&gt; á ureo y oloroso, soilaba. A través del cr~stal, adivinaba-¿qué digo?-veía, veí3: á Juheta, ~ s u
Julieta concluyendo con sus lmdas manec1tas
algún bordado fino y delicado.
.
y sentía impulso de lanzarse hacia ella, de
arrojarse á sus rodillas, de confesárselo todo y
preguntarle-¡angustioso enigma!-si ella, á su
vez, llega.ria á amarle algún día.
.
¿Cómo formular su pregunta?..... ¿Qué le diría'? Y su cerebro tll·abajaba rudamente, concibiendo brillantes discursos que á los pocos momentos olvidaba.
Y, luego... ¿qué con~staría ella? ,
.
Si "Ot· desgracia, Juheta se ofendia, si por
atre~:rse á tanto y pedir tanto, iba á perder irremediablemente ese dulce compañerismo con _e l
que mitigaba un poco su sed de a';llor . . . ? Julleta era rica y él pobre; et·a tan . l~nda qu~ todos
sus caprichos le estaban permitidos. Si se le
ocurría desterrarlo para siempre de su lado,
quejarse á su padre, hacer que lo despidiesen de
la casa....
á
y las lágrimas perlaban el borde de sus p rpados, como las gotas.del elíxir de amor el cuello brillante del alambique.
Una mañana despertó animado, envalentonado, resuelto.
¡Valiente bestia había sido hasta entonces!
¡Cómo! ¡Se pasaba el día cuan largo era preparando para otros el filtro amoroso, y no le ha-

bía pasado por las mientes que también á él podía servirle! Que Julieta bebiese unas gotas, sólo unas cuantas gotas de él, y ya no temería su
cólera, ni sus desdenes, ni el destierro, ni aun su
tibieza ó su indiferencia. También ella le amaba, escucharía de buen grado sus súplicas y juntos compartirían ese sueño de amor.
Había estado y estaba ante el Paraíso, tenía
l a llave de él y no había pensado en que podía
entreabrir esa puerta abierta, diada.mente, de
par en par, para los otros.
¿Qué significaban a l gunas gotas de menos en
l a redoma? ¡Nadie lo notaría.! Y para acallar
escrúpulos de conciencia y dejará salvo su honradez, resolvió invertir en la co1npra de un filtro todo el dinero que Bellat·mín le había dado
para sus divet·siones y que él había guardado
cuidadosamente, soñando en un regalo para Julieta. Pretextaría á su patrón, un día que éste
se ha.liase ausente, la llegada de un desconocido.
Así lo hizo.
Poseedor, al fin, del brebaje tan soñado, no
pensó más que en aprovecbat· la hora propicia
para hacer uso de él; no sin preguntarse-¡el
buen muchacho!-si no cometía. mayor pecado
al robarse un corazón, el más bello tesoro que
en el mundo existe.

Domin~o 15 de F ebrero de J9!):3.

los pájaros cantaban, y la brisa traía el hálito
embalsamado de las nuevas flores y de los brotes nuevos.
Los dos, sentados uno al lado de otro, hablaban ahora á media voz, de los esplendores de
ese día, de las dulzuras de esa hora, confes~ndose la dicha que sentían en esa casa tranqmla
y apacible en medio de la inquieta Venecia que
se agita y ruge.
Operado el encanto dulcemente, sus voces volviéronse más y más tiernas, más y más escasas
sus palab1·as; sus manos se habían unido y se
estrechaban con ternura: sus ojos se hundían en
sus ojos hasta llegar á sus almas, y .... cariñosa, zalamera.mente, Julieta, en éxtasis, dejó caer
su cabecita sobre el hombro de Giuseppe.
Hablaron entonces de sus antiguas charlas, de
los días pasados en lánguido silencio, de la vida.

*

* enamorados,
*
Hay un Dios para los
dice la leyenda, y este Dios quiso que Giuseppe no esperase mucho tiempo.
Una mañana -fué en los primeros días de la
primavera-el Sr. Bellarmín avisó á su ahijado
que se ausentaba, que regresaría hasta por la
tarde y que lo dejaba al cuidado de la casa y de
su hija, bajo la tutela de la anciana criada, única sirvienta que el mágico, modesto en sus gustos, tenía á su servicio.
Recomendó á Giuseppe que no permitiese á
nadie la entrada á su gabinete, que cuidase de
que no se apagase la llama del alambique, y se
alejó después de besar tiernamente la frente de
su hija.
Giuseppe quedó solo con Julieta; solo, porque
la sirvienta, poco amiga de andar entre chirimbolas de magia, no salía de su cocina.
Llegada la hora del almuerzo, ambos se encontraron frente á frente en la mesa común, ella
alegre, animada, como una chiquilla que juega
á. hacer de &lt;señora grande;&gt; él, turbado, vacilante, inquieto.
Tuvo, no obstante, el valor de ir á buscar el
filtro preciosamente oculto, y ofreció á Julieta
gustar de él como de una golosina inofensiva
¿Lo creyó ella? .... Adivinó, con su intuición
femenina, con su natural perspicacia, la tosca
superchería del pobre Giuseppel'... Nadie sab!.'á
decirlo; pero extendió espontáneamente su vaso, que parecía un tulipái;i sobre su largo tallo,
lo dejó llenar hasta su borde, y lo apuró.
- ¿Tú no bebes, Giuseppe?
Giuseppe iba. á contestar que no tenía necesi dad de ello; pero, temeroso de sorprenderla, llenó también su vaso y lo vació de un trago.
Por la abierta ventana el sol entraba claro y
alegre, avanzando poquito á poco sobre el suelo; en sus rayos de oro, se agitaba una infinidad
de polvillos luminosos; afuera, entre las ramas,

común, coC:u la de ellos, siempre en familia, dichosos y tranquilos.
Los labios de Giuseppe rozaron castamente,
aunque llenos de amor, la freLte de Julieta. Fué
su beso de bodas.
Nada oían, nada sabían, en nada pensaban
como no fuera en su amor .... Así, no pudieron
ver que la cortina se levantaba suavemente, y
que en la puerta aparecía, después de un momento, la figura sorprendida, pero sonriente del Sr.
Bellarmín, que escuchaba, enternecido, su casta plática.
Repentinamente, Giuseppe se puso en pie.
Ha escuchado un frotamiento del terciopelo.
Julieta murmura: &lt;¿Por qué me despiertas?&gt;
Giuseppe se arroja á los pies de su amo; ella,
enmudecida, roja como una cereza, se oculta la
cara entre las manos, no osando ni moverse.
-¡Señor! Os lo pido, os lo suplico! Golpeadme, despedazadme, matadme; pero no digáis una
palabra á vuestra hija. Que toda la culpa caiga
sobre mí! Os he robado un filtro, la be hecho
beber de él: es inocente, lo juro, es inocente!
Bellarmin lo dejó hablar. Después, toma lamano trémula de Julieta y la pone sobre la de su
ahijado.
-Os amáis, hijos; yo os amo también y os casaré. Tú, Giuseppe, llegarás á ser, por voluntad mía, mi sucesor. Ya es tiempo de que yo
descanse y de que vosotros hagáis por mí lo que
por vosotros he hecho yo. Te enseilaré el arte de
mi sortilegio; pero, desde ahora, quiero confiarte uno de mis secretos.
Ese filtro de amor que ambos habéis bebido¡glotonesl--basta la última gota, es un viejo vino de Chipre que be comprado, secretamente, en
Messina.
De &lt;elíxir de amor&gt; no tiene nada; m.-s no Jo
digáis á nadie, que éste es el secreto de mi riqueza. Ofreciéndolo á aquel que me Jo pide es
la confianza, la esperanza, la convicción, Jo que
le ofrezco; es el valor Jo que le doy; es la fe y
con la fe, ya lo sabéis, se remueven las montañas.
Querer es poder, y yo doy al que me compra
la voluntad, la fuerza de querer, la i l usión ~a'.
grada, la ilusión bendita que ha hecho á los héroes.
El &lt;elíxir de ,amor,&gt; el único, el verdadero el
que _vosotros habéis bebido, es la Primave'ra
mágica prodigiosa que lo elabora con la tibiez~
de su fiebre, con los olores de sus perfumes con
las gotas impalpables de su rocío.
'
L Lo que tú me has robado, Giuseppe, no ha hecho más que darte la audaci a que te faltaba.
Amaos, hijos míos, amaos, que yo también ( s
amo y os bendigo.-JEROME DOUCET.
,,.. Traducción de "El Mundo Ihistrac;lo,"

�Domingo 15 de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

.EL MUNDO ILUSTRADO
está amueblada con ajuares austriacos y estilo
Luis JfVI; las cortinas son de seda verde, recogidas con finos crespones, y el decorado general es del mejor efecto. Sigue una pequeña
pieza de descanso, en la que se ven muebles
estilo antiguo muy valiosos, estantes con Ji.
bros y cuadros de hombres célebre~. Los cojines, cubremesas, etc., lucen artfoticos bordados y aplicaciones.
En cuanto al comedor, ei; uno de los departamentos más bien arreglados. Los aparadores son de maderas finas y están cubiertos con
hermosos cristales; en los muros se destacan
gobelinos muy vistosos y sobre unas mesas de
artístiqa hechura, se ve una vajilla de plata
primorosamente trabajada. Otra de las dependencias dignas de mencionarse, es la sala de
descanso de las señoritas Reyes: está dotada
de estantes muy costosos, tocadores blancos
con lunas de las mejores, y otros muebles de
valor. Esta sala, que sirve también de estudio,
está decorada con exquisito gusto.
El despacho del señor Ministro se encuentra en una pieza inmediata.
Tanto el señor General Reyes como su fa-

pasto á su rapiña, en donde cuelgan y ocultan
sus nidos el azulejo y el turpial; y en la cabaña, el gallo que recogió su t-ribu bajo el alar
de la enramada, anuncia con su monótono
cantar, cómo lentamente van pasando las si·lenciosas horas nocturnales.
En la cabaña, duermen sobre la troje los
;:hiquillos, sueño reparador é inocente, mientras la madre consume la velada, á los reflejos moribundos de una luz, que próxima á
extinguirse, oscila ó parpadea.
Llora la pobre campesina el abandono cruel
y la triste orfandad de sus chiquillos, y en la
comarca desolada, s1:i confunde el lamento de
sus penas cori el lánguido rumor de las quebradas; recoge sus congojas el soplo yerto de
las ráfagas que pasan quebrantando los sembrados; y sólo tiene resonancia el grazniC:o
aterrador del buho hambriento, que desde la
enhiesta copa de los árboles, tiende el vuelo en
retorno á su guarida, y se pierde en las profundas soledades de la noche ..... .
JOSÉ ANTONIO ESPINOZA.

LEGACION

LEGAC ION DE COLOM BI A .-Sala de recepción.

DE CO LOMBIA. - Comedor .

deros suficientes para el aseo personal de los
presos.
El costo de la construcción fué de .... .. .... ..
$45,363.16.

RESIDENCIAS DIPLOMATICAS.

Domingo 15 de Febrero de 1903.

querella; el viento sopla yerto en la comarca,

y vagan murmurios quejumbrosos, traídos por
las ráfagas que á su paso abatieron inclementes los sembrados.

Geométricamente considerado el hombre, es
un poliedro creado en el anch uroso espacio de
la existencia, y forma parte muy íntima de un
po~iforme infinito:· el destino.

LA LEGACIÓN DE COLOMBI!.

NUEVA CALLE.
Toca hoy su turno en nuestra galería de residencias diplomáticas, á la Legación de Colombia establecida en la esquina de las calles
de Viena y Fuentes Brotantes, por el señor
General don Rafael Reyes, Ministro Plenipotenciario de aquel país en México.
Una elegante escalera, estilo americano, da
acceso á. los salones de la Legación y á los departamentos que en la misma casa ocupa la
familia del señor Ministro. Al penetrar á la
suntuosa finca, se ve desde luego el buen gusto con que está decorada; multitud de acuarelas de artistas mexicanos y colombianos,
cuadros valiosos sobre diversos asuntos, retratos de hombrés célebres, y grabados, dispuestos con verdadero arte, adornan las distintas
dependencias formando el más hermoso conjunto.
La sala de recepción, contigua á la escalera,

En terrenos de la 11!- Comisaría, se i nauguró
el 5 del actual una calle que lleva el nombre
de «Landa y Escandón. i, El acto fué apadrinado por los señores Vidal Romero, José Vasavilvaso y Ramón Pérez Solis.
De las actas que se levantaron, una se colocó bajo la placa que indica el nombre de la
calle, remitiéndose otras al Ayuntamiento y
al Gobierno del Distrito.

NOCTURNO.

LEGACION D E COLOM BI A.- Biblioteca y Salón de desahogo.

milia, cuentan entre la mejor sociedad mexicana con innumerables simpatías.

La Cárcel Municipal de León.
Publicarnos un grabado que representa el
exterior de la Cárcel Municipal de León, Guanajuato, inaugurada hace poco con toda solemnidad. El nuevo edificio se comenzó á construir en 1899 y se terminó hace tres meses,
siendo JE&gt;fe Político del Distrito el señor Archibaldo Guedea. La planta general consta de
los siguientes departamentos: prevención, alcaidía, archivo, salohes para correccionales,
sentenciados, y de arresto menor; cárcel militar, escuela para niños, dormitorio, y sala para juntas. Lar; bartolinas son 37.
En el mismo edificio se e1,cuentran dos amplios locales para juzgados del Ramo Civil y
dos para los· de lo Criminal, con sus correspondientes dependencias para las secretaría!".
Los patios con que cuenta la cárcel son tres,
y en ellos están distribuidos los baños y lavaSalón particular de la familia Reyes,

P rofundas soledades de la noche..... .
Tienden las sombras su mortaja de tinieblas,
sobre colinas y arboledas, valles y sembrados,
mientras que lentamente van pasando las silenciosas horas nocturnales.
En medio como á quietud de los sepulcros,
se alzan las tétricas visiones, al delinearse en
el fondo de la densa obscuridad, el escueto
contorno de los sauces, que á la vera de los
caminos se yerguen alineados.
Baja de la montaña el lánguido rumor de
h.s quebradas, como el triste rumor de una

Fachada de la cárcel m unici pal de L eón.

Profundas soledades de la noche! ..... .
Rápidas, cruzan y serpentean por instantes,
las débiles fosforescencias del cocuyo;desde la
enhiesta copa ele los árboles dilata su graznido aterrador el buho hambriento, que buscll-

RJIYO DE i:un.11.
Ella, á la reja asomada,
Y él en la calle, do un rayo de luna
Parece que viene del cielo á mirarlos,
Rasgando las brumas.
Y el aura,
El aura errabunda,
Se lleva suspiros, se lleva secretos,
De dos corazones calladas ternura!:'.....
Sus labios se acercan,
Sus manos se juntan,
Y entonces,
El rayo de luna
Tras nubes sombrías
Discreto se oculta.
ISMAEL ENRIQUE ARCINIEGAS.

PARA CURAR UN RESFRIADO EN UN DIA
Tome _las _pastillas Lax'\Dtes ~e Bromo-Quinina.
El botica.no le devolvera su dinero-si no se cura.
La firma E . W. Grove se halla en cada caji~

�Domingo 15 de Febrero de l 9o3.

LUZ DE LO ALTO.
Entre las tinieblas
De la obscura noche
Reluce muy lejos, en una majada,
La hoguera que encienden algunos pastores,
Que brilla en las lindes
Del negro horizonte,
Y á ratos vacila
Y á ratos se esconde.
Ranas y alacranes
Lanzan en las sombras su chirrido torpe,
Al que s6lo la parda zumaya
Con su estúpido canto responde,
Perturbando la augusta armonía,
La calma, el silencio y quietud de la noche.
Las brillantes estrellas del Carro,
Las que marcan el rumbo del Norte,
Del cénit arrojan
Vivos resplandores,

L:

P!t MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
Que al viandante nocturno conducen
Y en derecho camino le ponen.

··············································· ······· ··

***

Entre las tinieblas
De la obscura noche,
Con paso inseguro
Caminan los hombres,
Confiando en la luz de la hoguera,
Que lejos encienden algunos pastores,
Que brilla indecisa,
Y á ratos vacila y á ratos se esconde.
Por sendas y trochas,
Tropezando y cayendo, recorren
El campo anchuroso,
Y el silencio 1ompen
Tal vez con gemidos,
Tal vez con canciones
Que alacranes y ranas corean
Con chirrido torpe.
Tropezando y cayendo caminan,
La vista en los prietos y obscuros terrones,
Sin que un punto piensen
Sus mentes cerradas, rastreras y torpes
En alzar la cabeza hacia el cénit,
Donde lanzan sus vivos fulgores
Las siete brillantes estrellas del Carro,
Que_marcan, seguras, el rumbo del Norte...
F.

NAVARRO Y LEDESMA .

NVESTRO PAIS.-Un bosque michoacano.-Puente de Santa Teresa.

Domingo 8

LA CAUTIVA.

N

O sé por qué soberbio é inexplicable
pecado está cautiva la fría princesa en
la sala de los muros de cobre; inmóvil y como enorgullPcida por miradas de invisibles multitudes, sentada en un trono, entre
dos quimeras de oro, ha ln:nguideci&lt;lo y sin
duda contempla en el espeJo de las murallas
su insolente belleza.
Sin embargo,· se levanta, y con los ojos ardientes aún por los suefios que no ha borrado
la vigilia va hacia los muros metúlicos. En su
trayecto ~e, como en una bruma densa, venir
una forma vaga, una forma voluptuosa ?e mujer, con los cabellos sueltos; estremecida de
amor sobrenatural, murmurando palabras de
bienvenida, corre con los brazos abiertos hacia la real visi6n ......... Pero reconoce su propio esplendor, percibe en la sala el único per
fume: el de su carne......... Entonces, desfallecida y triste, desabrochado el traje de púrpura1 .viene á. sentarse
y á llorar en medio de
., .
las qmmeras rromcas:
«Yo-dice-todavía yoln y á su rededor la
sala eleva sus implacables muros pulidos: ni
flores amigas, ni viejas armas! dondequiera
reflejada por los mmo~, tan s6lo la cautiva
ado1:na su prisión.
¡Cuántas horas se fastidia y sufre la fría
princesa guardada por su imagen! Entretanto, ella se odia; querría cu~rir con Yelos los
grandes espejos que la convierten en su carcelera eterna.
Una ventana se abre:
si ella pudier&amp;. ver por esa
wmtana los vendimiadores errautes por las viñas
6 las ,egadorae metiendo
sus brazos en el toisón
de los trigos, 6 siquieray esto sería divino- los
grave:! bueyes ahondando
los surcos negros en las
llanuras crepusculares!
¡Cómo se inclinaría locamente en su ventanay c6mo mandaría á los campos en labor largos y fraternales besos!
Ah! el sendero que pasa allá, abajo, está para
siempre desierto; no tiene principio ni fin, y los
árboles negros que lo
adornan tienen un susurro solemne de aguas que
corren hacia el Océano.
En su dolor la princesa
desgarra sus vestidos; los
collares arrancados desgranan sus gemas con un
ruido do burla; bajo los
jirones de su púrpura
desgarrada, aparece todo
en los espejos que exaltan la inútil gloria de su
rica nubilidad.
Al fin, la. puerta va á
abrirse: ¡si fuera ésta la
hora del perd6n! ¡Si el
bello vencedor, vestido
de luz, fuera á entrar! ¡Si
alguna voz armoniosa
fnera {L gritarle: «Vengo
á li brnrte de ti !n
No. Es una esclava que
ofrece en copa de esmeralda, frutas raras y precioi::os vinofl¡ y esta esclava
lleva también traje de
púrpura, deja también
caer á tierra el pesado teF&lt;Oro de sus cabellos, y, de
cuerpo y faz, es- más
que una hermana-semejnnte á la princesa; es
ndemás buena y dulce,
v habla un rauco lengua~e de Oriente que hace

FIESTAS POPULARES.-Mazatlán en días de Carnaval.

parecer las palabras de amist~d como arrullos d~ paloma. 1:'ero en la
belleza de la enviada, la cautiva no encuentra smo su prop.1a belleza,
y las palabras consoladoras s6lo la hacen sofiar en su propia voz; por
eso la princesa dolorosa arroja;coléricamente á la amante, á la bella
esclava más cruel que los espejos.
·
'

EPHRA 1M ~TIKHAEL.

SOY CASTELLANO ... .... .
Soy castellano. Vivo aislado en mi "astillo,
Pntre11a&lt;lo á los sueños y á las meditaciones.
Soy ;¡l:1.nero y hosco, soy triste; ningún brillo
exterior rne seduce. Maté mis ilusiones
la noche en que por siP.mpre mandé alzar el rastrillo.
Amo paRar mi vida contemplando los cielos.
Desde el alto y obscuro torre6n del homenaje,
he visto á las mafürnas tender sus blancos velos
f:n los cielos; he visto enlutarse el paisaje
en las noches, las reinas de misteriosos duelos;
y en la gran lejanía, á la vaga ribera
de donde en nna tnrcle doliente y sonro,mda
znrpó la barca de oro &lt;le mi ilusión primera,
qne ,e lle,·ó ft. mi hermana, la dulce pasajera
qt,c pobló de armonías mi alma enamorada.
Cómo recuerdo aquello! ........ .
......... Y mi hermana gemela
nna tarde de otoño se fué muy triste y sola. ..... .... !
Snla, se fué muy lejos, lejos, lejos ......... ! La vela.
de su barca er,L blanca, y como ban,lerola
on leaba en el mústil mi sueño que la vela.
Oh, la \'igib ~ielllpre: la mira cuando huye
por las·call.ulas si rtes; cuando púliua llora
bu~cando la esperanza que (t su seno enamora;
euanuo tod,t tretnante á las sombras arguye
y ditlo_ga con ella,; su voz encantadora..
Paso las hornH muerLas contemplando el camino
dt&gt;sde el alto y oh~curo torreón del homenaje.
Mi corazón la agunrda que n1elv:i de su viaje!
K,pnando que vuelva de su viaje divino,
lic cansado mis ojos contemplando el paisaje.
MANUEL DE LA PARRA.

1903. - México.

.

de Febrero de 1903.

ALREDEDORES DE MEXICO.- Acueducto de los Leones.

�Domingo l5 de Febrero ele :!.!J03.

:mL MUNDO rtus'rRA!&gt;O

EL MUNDO ILUSTRADO

-Sí; llámela Vd. pobre. Ha faltado, pues. Y la gente de la
aldea se le fué encima, y la apedreó. Unos dicen que fué á tener
su hijo á Gap. Después no .se ha vuelto á Raher de ella.
Me detuve, sobrecogida.
-Desdichada! Desdichada!
Y en la obscuridad de lo que yo experimentaba, me atreví á
arrojar mi piedra contra esa desdichada.
; -¿Por qué faltó lit infeliz?
Entonces Phrasia se plantó delante de mL
-¿Por qué? Porque era como las demás! No hay que creer que
porque son institutrices, han de ser ángeles también. V d. es una excepción; Vd. está hecha así, no se fastidia jamás, siempre está alegre. Las otras, yo las bP conocido bien, son como todo el mundo!
Llega el día en que la vida hierve en ellas. Sólo que no les gustan
los idiotas de los caminos; y los otros no las quieren porque son ¡ obres y no saben hacer nada cori sus manos. Entonces, si alguno ronda en torno de eilas, acaba eso siempre por una desgracia, como la
de Greoux, que yo refería á Vd. Es necef'ario no condenarlas como
lo hacen los imbéciles, señorita! Hay que comprenderlo todo! Yo me
&lt;ligo eso. Y si hubiese estado en Greoux, contra quienes había arrojado las piedras sería contra las gent~s del lugar ........ .
En ademán soberbio, con el puño cerrado, Phrasia amenazaba ...
Luego siguió su marcha. Llegó la primera al fin de la cuesta
que seguíamos, y me tendió la mano en un momento en que me tropecé con unas piedras.
--Cuidado! Se necesitan pies firmes para andar por estos caminos!
Sonreía ligeramente. Pensaba en el otro camino, tan abrupto, de
lm, jóvenes institutrices. Mi mano oprimió un poco la de Phrasia, de
esa mujer tan buena, tan inteligente. Seguramente yo no era de su opinión, en cuanto á tamaña indulgencia, y, sin embargo, comprendía
tantas cosas!. ....... .
XVIII

I

¿
\

LA INSTITUTRIZ.

.-.

NOVELA POR ESTER DE SUZE.

ILUSTRACIONES DE SIMONT.

TRADUCCION Df "fL ~UNDO ILUSTRADO."
(CONTINÚA.)

La buena mujer estaba orgullosa de acompañarme.
La mañana estaba fresca. Ibamos de prisa: yo, soñando; Phrasia charlando. Me hablaba de todo, sin solución casi; algunos hechos
me interesaban más, me iban rectos al corazón, como si á mí me hubiesen acontecido.
Interrumpía esas historias con preguntas balbucientes.
-Hacía mucho tiempo que vivía allí esa institutriz?
-Oh, sí! La pobrecilla era tan linda como una imagen; y tan
inteligente...... Pero, quia! El le hacía la corte. En cuanto á casarse
con ella, eso era distinto: ella tenía las manos demasiado blancas ......

Vea Vd., señorita: las institutrices-·dicho sea sin ofenderá nadie no están bien sino en la escuela.
-Acaso no soy yo quien arregla mi casa Phrasia?
-Vaya! En cuanto á cocina, á juzgar p~r la compra que hago
para
debe estar hecho muy pronto el quehacer de la casa.
Rio, y no tuve valor para explicarle que eso era porque yo no
encontraba placer alip~no en cocinar para mí sola; mientras que si
• fuese para una fam1ha...... Mas ¿para qué contarla esos detalles?
¿Me casaría yo alguna vez, por ventura?
-Entonces, esa pobre institutriz ......

V.~-,

El abate me asombró. Un talle largo y esbelto, bajo la flotante
sotana; manos de artista; una cabeza ideal, joven, circuida de rizos
negros que parecían ir del círculo de la tonsun al cuello grácil. Vino
á nuestro encuentro cuando i,alíamos de la iglesia, y Phrasia le saludó,
pidió noticias de la criada y de algunas gentes á quienes yo no conocía. Luego, mirándome, dijo que iba yo con el fin dti ver las obras de
arte de su antiguo patrón. El abate salud(¡ muy i;,encillamente. Parecía distraído, y, como me había dicho Phrasia, apenas me miró.
-Me complace mucho la visita de usted, señorita; pero Phrasia
le ha dicho más de lo que es en verdad. Mis trabajillos son más bien
una destrucción; pues es en representará Dios, en lo que me emayo.
Sin embargo, si eso puede interesarla ........ .
Nos guió á través de una sala estrecha, en la cual hahía grandes
tablones cubiertos á lo largo de llls paredes. En medio una mesa, un
escabel, algunos instrumentos enteramente primitivos, una vasija con
agua, un montoncillo de b'l.lTO amarillento en el suelo, al lado de la
mesa.
-El taller, señor abate.
-Sí, si acaso. Es aquí donde trabajo. Estos son mis bocetos.
Alzó los lienzos que cubrían las paredes. Quedé sorprendida.
ccEcce-homo~" verdaderamente divinos, con la frente bañada en sangre, bajo la corona de espinas. Vírgeues de perfil extático y doloroso;
cruces trabajadísimas, con lianas ó volutas que se entrelazaban, se
asían al árbol cristiano, semejantes á almas que se elevan en plegarias
impremas: sus cálices sedientos tendidos hacia la sombra mística del
árbol.
Yo balbucía algunas palabras. Con un ademán imitaba la actitud de los tallos, seguía la línea suave de los perfiles, á medids. que el
abate me mostraba las figuras.
- Se diría que es usted conocedora, señorita.
-No conozco el arttl, señor; pero sí lo hermoso....... y esto, qué
hermoso es!. ....... .
Sus ojos, velados por la indiferencia, parecieron abrirse. Me miró orgulloso por un instante. Luego se calmó, como si se arrepintiera de ello.
- ¡No! Esto es cualquier cosa ...... ocupación de soltero ...... nada más.
Quiso acabar pronto. Le indiqué un último asunto que había
quedado cubierto. Se ~urbó un poco.
-No está terminado-dijo.
Mas yo me había a1.:ercado, y él hubo de quitar rápidamente el
lienzo. Era una Santa. Ana, sentada, con un libro sobre las rodillas
y ~a Virgen, niña, de pie, leyendo en e~ libro. La Virgen niña, eÍ
bnol, los detalles to_dos estaban aún mformes, excepto la figura de
Santa Ana. En camb10, esta me asombró por la expresión de vida
que tenía. La frente pensativa, la nariz pura de los santos de alas
móviles, como la de una jove11 que sueña; los labios suaves sin nada
de místico, el talle afinado como_ por un corset, bajo la drapería que
no llegaba á figurar nada arcaico en derredl)r de esa figura encantadora.
- ¡Qué extraña es esta santa!-exclamé.
-¿Por qué?-preguntó inquieto el abate.
-Quiero decir que expresa mucha vida. Generalmente los santos no son así.
-~s un error. ¿Por qué n? expresarla vida, aun en la santidad?
Resolví 1~1,te,ntarlo_ en este trabaJo. ~anto mejor si lo he logrado.
Volv10 ª. cubrir el gr~1po. Phras,a nos había dejado solos. El abate me conduJo á su humilde y estrecho comedor, y m~ ofreció una

bomingo 1ñ de Febrero de 1903.

nada de marrasquino. Me habló de su arte, que !e había v~nido sin
maestro; me refirió cuán feliz era entre el buen D10s, los feligreses y
el arte. Estaba sentado, y su mano, admirablemente destacada de la
sotana, me parecía, con sus dedos finísimos, estar modelando alguna
cosa.
-¿Entonces,-le pregunté-no se fastidia usted jamás?
Esta pregunta era atrt&gt;vida. ¿Acaso un padre debe Rentir fastidio? ¿Acaso yo misma me fastidiaba, puesto que hacía tal pregunta?
Iba á disculparme, cuando él me contestó lealmente, que no conocía
el fastidio.
-Los feligre;:es, el buen Dios, todo esto es el deber; como son el
mío mis discípulas y también Dios; pero cuando se es artista como
usted, me parece que podía desear tener algunos amigos íntimos, que
le comprendiesen su alma.
Se echó hacia atrás lll) poco para reír, con ese timbre de voz blanco propio de los padres jóvenes, y que no es ni &lt;le mujer, ni de hombre, ni de adolescente.
-¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Qué bien dice usted eso! ¡No soy su confesor, y sin embargo, acabo de oír su confesión! ¿Conque se fastidia
usted en Chavoux?
-No; no, señor cura. Yo Je pregunté si por aquí cerca no habría
un castillo donde tuviera usted amigos que supieran estimarle. Es
por usted por quien preguntaba. Yo no soy artista, 11i tendría qué
decir á mis amigos, caso que los tuviese.
- Bien, bien, la creo á nstecl.
Y como yo insistiese, neciamente, diciendo:
-EntonceR, nadie, ¿ni siquiera un viejo castellano arti~ta?
El palideció, se mordió los labios, movió los afilados dedos nerviosamente, como para hacerme callar, y respondió con sequedad:
-¡Nadie!
Phrasiavino á encontrarnos. Habló sin parar por algunos minutos;
aceptó una gota de vino añejo; &lt;lió de Chavoux noticias que el abate
no le pidió.
-No hemos acabado aún. Si queremos ver aún á la señorita
María, debemos marcharnos pronto, señorita.
¿Por qué me pareció que el abate quedaba contrariado?

***
La vi. Era la Santa Ana, la deliciosa Santa Ana del aba.te la de
perfil purísimo y labios sua.ves.
'
Pero-cosa extraña-si h Santa me había parecido moderna la
joven me pareció antigua, como una de las vfrgenes de la Paráb~ln.
l\Ie recibió afablemente, sin grandes demostraciones· me dijo que yo
bacía muy poco ruido en mi aldea; pero que, no ob~tante, ella había
oído hablar de mí.
-Usted también, señorita,-dijo Phrasia-parece ser piadosa
como un ángel y no hacer aquí ningún ruido. .
Miré lÍ. la jov¡m, con la curiosidad &lt;le sorprender algo en ella.
Volvió -á mí su apacible rostro.·
-Creo, sefiorita, que también usted ha de ser piadosa. En nuestra situación, ¿qué sería de nosotras, s.i no tuviésemos al buen Dios?
-Ciertamente-murmuré.
No podíamos tardar mucho. Phrasia nos separó. La señorita
María prometió irá visitarme.
-Será necesario que también usted venga señorita y sin etiqueta, cuando usted quiera... ... En estío los ca1~inos son 'agradables
y estamos tan cerca ......
Nos acompañó basta el camino, y me señaló Chavoux al fin de
la pendiente, á la derecha.
-¿Vendrá usted?
-Sí-le dije algo indecisa.
Nos besamos.. La joven pare~a leal y pura; habría yo debido
quererla mucho. Sm embargo, m1 corazón quedó aprisionado por un
sentimiento inexplicable.
XIX
Estábamos en junio. Los caminos, sembrados por los árboles y
perfumados por_ las flores, me atraían con todos sus encantos. Los
Jueves,. los domingos, en las tardes claras, después de las cuatro me
d~?ª t1emp? para dar paseos. La sefiorita _María vino _á verme; yo la
v1s1té también, yendo, para acortar el cammo por vencuetos que habíau llegado á serme familiares.
'
l\Iis amigos de Paut me invitaron á su casa. Conocí su escuela
nuev~, con techo rojo; el mismo e~i~c~o para niñas y niños, á guíe:
nes solo separaba un8: barda que d1v1&lt;l1a el patio. Llena de niños de
uno y otro ~exo, patnar_.?al_como un presbiterio inglés; más cómoda
que la mía. o la de (a s~?orita María, gracias al ingenio y habilidad
del esposo, esa hab1~c1?n _me encantaba. Fuí á verles con frecuencia
y llegué á ser la _:irmga mtrma del_ matrimonio. Uno y la otra me confiaban sus ensuenos y su~ contrariedades: un encanto punzante me
tenía suspensa de sus lab1os,..sobre todo los del joven esposo.
, -Cuando tengan~os h1Jos- decía la esposa-los instalaremos
a(J~n, en esta recamanta. Les educaremos con gran cuidado
les
adrestra,remos en todo lo,que se pueda. Luego les casaremos c~/ rofesores o profes~ras. Seran felices como nosotros.
p
Sonreía satir-fecba ...... pero él quedaba sombrío. Las palab
d
éste, cuau~o hacía sus confid,mcias, me parecía que abrían b:e:ta!
en muros impenetrables que descubriesen poco á poco luces · ¡
bles.
1mp aca-

•

(CONTINUARÁ. )

�A LA GRAN MUEBLERIA.

El
ANO X•••TOMO 1.--NUM. i

MUNDO ILUSTRADO
MfXICO, ffBRfRO 22 Df 1903.

6erente: LUI&amp; RtU&amp; &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAFAU RfU&amp; &amp;PINDOLA.

1 3~Ricardo Padilla y Salcido.~
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1 HERMOSO PEC
1 ~ Ca.lle de San Jaa.n de Letrán, núm 11. México.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Cárcel Municipal de León</name>
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        <name>Poemas en prosa</name>
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                    <text>A LA GRAN MUEBLERIA.

El
ANO X•••TOMO 1.--NUM. i

MUNDO ILUSTRADO
MfXICO, ffBRfRO 22 Df 1903.

6erente: LUI&amp; RtU&amp; &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAFAU RfU&amp; &amp;PINDOLA.

1 3~Ricardo Padilla y Salcido.~
: .............
i
1 HERMOSO PEC
1 ~ Ca.lle de San Jaa.n de Letrán, núm 11. México.

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•

�•
bomingo 22 de Febrero de 190$.

••

EL MUNDO ILUSTRADO

sodios de eRa campafia de emancipación · reradas que sean; la ideas que concibe, por nuemontan á la Revolución Francesa y al triunvas y extrafias que parezcan, ha de expresa~·fo del romahticismo s:ibre el clasicismo. Pe
las con palabras ya hechas, en un lengua¡e
el modernismo ha heclio más y mejor. La li
cualquiera creado ya de antemano, usual y
bertad de pensar en arte como en política naaccesible á todos · lenguaje, en general, poco
O hay hombre que, al lado de las aptida
vale, ni nada significa sin su natural ~ommanejable, erizado de reglas de prosodia y de
tudes mayores ó menores de que lo ha
plemento, la libertad de expre1&lt;ar. El reinado
sintáxis, de principios de acentuación, de condotado la naturaleza y que, bien ó mal,
de la ideología tra&lt;licional habfa concluído·
cordancia y de régimen, de nimiedades fonoacaban por ser su vaca lechera, no tenga una
pero su_bsi..tía el d~spotismo de la Academi~
lógicas,
nada
flotante,
ni
ondulante
ni
plegatendencia, una aspiración colateral, digamos
y la pmnera conqmsta resultaba estéril sin
dizo como un rfianto, sino rígido, inflexible y
así, divergente, que acaba por convertirse en
realización de la segunda.
estrecho
como
un
ataúd.
sueño dorado, en «obsediosa» sugestión, en
Derribada en tierra la vieja ideología, y pulEn punto á sensibilidad y á concepción, me
manía, en idl3a fija. Conozco un matemático
veri~ados
la regla de las tres unidades y loa
creía
un
poco
poeta.
La
~atura.leza,
el
homcuyo anhelo es ser guitarrista; hay filósofos
rahcios preceptos de la escuela, todavía como
bre, la vida, el arte, despertaban ~n mí ~moque no piensañ más que en injerlar tulipanes;
los suizos a.r~te el sombrer~ de Geissler,' había
ciones profundas, imúger,es no desprovistas
Quevedo era, de toda preferencia, espadachín;
ql~e _descubnrse y qu~ pedir permiso á la gra.
de brillo, vibraciones misteriosas y sen~~cioGladstone, lefiador; Balzac aspiraba á las fi.
mntica para llegar al ideal, pagando peaje cones exquisitas; pero á la hora de convertH tonanzas, á los grandes negocios; Nerón, á tenqr
mo en las antiguas garitas y dejando el 1
do aquello en un soneto, en una octava real,
de grande ópera.
los
vellones más blancos y sedosos de su insen
una
oda,
en
una
letrilla
.........
imposible!
Cito ejemplos de hombres eminentes; pero
piración en los zarzales. de ese camino del Cal
El lenguaje me hacía un insufrible obstruccioel hecho se comprueba hasta en los seres más
vario.
nismo y me estorbaba prodigiosamente. Las
h umildes. Los jefes de sección son generalEl modernismo arrasó todo para construir
palabras que no me salían largas, me resultamente acuarelistas aficionados; los diplomátide nuevo. Se alzó sobre las ruinas amontona
ban cortas; ahí donde el metro me exigía una
cos sueñan con sabrosas combinaciones culidas del pasado, como sobre un pedestal y dipalabra aguda, no encontraba más que una
narias y más á menudo «calzann el gorro blanco
jo al poeta: «Eres libre! Libre de pensar á t
esdrújula; para las rimas en ,con» no encontraque el casacón bordado; los escribientes admiguisa, rle concebir ú tu antojo!»
ba más que terminaciones eh «íai&gt;, y una de
nistrativos son casi siempre poetas; los depen,,En estética no hay nada extravagante
dos: ó para conservar la integridad de mi idea
dientes del ramo de abarrotes, músicos, y así
ridículo, ni monstruoso. \'ierte todo en el 'pa
tenía que escribirla en prosa, ó ü me encapripor ese orden.
·
pel; no filtres ni destiles tu inspiración; no afi
chaba en aprensarla. en el molde de la rima y
Por lo común, y salvo contadas excepciones,
nes el impuro metal, déjalo hervir y chispeat
encuadrarla en los confines na.tui·ales ele! mela aspiración dominante, es contraria á la caReglas, no las observes; principios no los a
tro, tenía que &lt;lestigurarla, que deformarla y
pacidad preponderante.. E l qt.e tiene voz pre, no es f urgon
, sobre ' rieles sin
tes;
1a poesia
que
transformar
y
traicionar
mi
emoción
y
mi
fiere-, aunque cojo, el baile; el cegatón se incli.
1'
'
b
p l uma en oc on o arca en vórtice! ' No
pensamiento.
na. á la micrografía ó á la ·observación de los
detenga
en tu camino el escrúpulo gramati
La
estructura
y
las
condiciones
del
lengua.je
astros; el naturalista nato, pinta en seda ó mono tropieces, como no tropieza el elefante
hacían de mis ángeles monstruos, de mis jodela en barro; la mujer estéril se siente fundala piedrita de hormiguero de la sintaxis-'
yas pepitoria; de mis construcciones ruinas;
dora de hogares y madre de familia; la prolíte enciell'es en el diccionario, ui te clisequ
fica toma el velo; en la Escuela de Sordomude mis jardines, basureros. Paloma vestida de
corno pétalo, entre las páginas del léxi
dos impera el amor á la oratoria, y nadie,
armadura, mi poesía, lejos de volar, caía pePuesto que creas la idea, forja también el v
como los ciegos, para aficionarse á los experisadamente en tierra, y en vez de bogar en el
bo. Da nombre á las cosas, ¡qué importa quen
mentos de visión á distancia, con inte.rmedio
azul, se revolcaba en el polvo y en el fango.
sea el que llevan! Inventa verbos si. te pla
de segunda vista.
Lo deié por la paz; aquello era superior á
cre¡i. construcciones y regímenes, poda las
¿Será que la privación causa apetito? No lo
mis fuerzas, y decepcionado, me retiré por
labras si les sobran sílabas; injértales nuev
sé; pero no conozco tartamudo que no se conmuchos años á mis cuarteles de invierno. No
sagre más ó menos á la oratoria ó á la declasi les faltan! Conjuga nombres si te viene
salí de ellos sino para una corta y desastrosa
mente, lleclina verbos si así cuadra á tu
expedición. Uri día oí habl-ar del volapuk, la
mación.
No podía yo escapar, y no he escapado, á
nio; puntúa á tu gusto. De tus rugidos
lengua nueva, la lengua universal, que á las
esta ley general. Sin hacer mérito de las capaleón haz cadencias y rimas y de tu canto d
dificultades de todas adunaba las facilidades
cidades, bien modestas por cierto, de que la
alondra interjecciones. No te detenga el m
de ninguna. Lengua maravillol'a, creada, no
naturaleza ha podido dotarme, es el hecho que
tro, ni te estorbe la rima; si te importun
al capricho de la inventiva de las masas, de
mi bello ideal, mi aspiración s'uprema, «mi
las exigencias del uso, de las tradiciories de ]aj
cámbialos; en toda combinación de síla
no hay másallá,»hasidoser poeta. ¡Cómo enacademias, y de las contingencias de los éxohay un verso. No catastres tu pensamien
vidiaba en mi juventud, hoy los envidio medos, de las conquistas y de los cruzamientos
ni cuadricules tu inspiración. ¿Por qué cato
nos y ya se verá por qué, á Justo Sierra, á
de razas, sino hecha «ad hoc," con la laudable
ce versos el soneto y solo ocho la o~tarn? H
Man uel Acuña, á Juan de Dios Peza, á l\Iamira de allanar obstáculos, de superar dificullos tú dP. quin~e ó de siete ó de los que te pa
nuel M. Flores con cuyas vistosas plumas de
tades, de dar al 110mbre un· instrumento n u erezca. No te encastilles en los viejos lin&lt;leroe
pavo real un error de homonimia ha vestido
vo y flamante, flexible y dúctil, ligero y mahaz heptasílabos de cinco y endecasílabos d
en ocasiones á mi grajo! ¡Cuánto he envidianejable que le permitiera formular y propalar
trece sílabas. ¡Acentos, cesuras, hiatus! :íl
do después, en la edad madura, á Amado
el mundo. que lleva en su alma.
trañas y supersticiones! Tú eres acento y
Nervo, á Luis Urbina, á José Juan Tablada,
Ensayé el volapuk; me tentaba la idea de
eres cesura! hazlos y no sufras que nadie
á Jesús Valenzuela, á Manuel J. Othón, á tan·
ser el Homero de la lengua nueva; pero el volos imponga. Sé libre! Eres rey y no tien
tos otros, aspirando siempre á ser ellos y malapuk me resultó la carabina de Ambrosio.
más que súbditos. Rompe trabas, atropell
niatado por una incapacidad absoluta y una
No había podido evitarse en la lengua nueprincipios, derriba obstf,culos, atranca
impotencia radical!
v~,. el so°:1eterla á reglas, el Tegirla po¡- princaras, deRgarra vestiduras, quítate grillos, p6
Un poeta, en ¡fecto, es un ser complejo;
c~p~os, y Justamente eran las reglas y los printe nuevas a.las y así volarás mús alto y m
compuesto elementalmente de fondo y forma.
cip10s lo que más me estorbaba y me cohibía.
amplio como águila multialada! Y ante tod
Debe, desde luego, sentir, vibrar, aspirar, soqh! si hub!era ~odido encontrar una lengua
no olvides que la poesía y la lógica son inco
ñar; debe, simpático con las cosas y los homsm gramática, sm analogía, sin ijintaxis sin
ciliables. Nada de enlace ni de coheren ·
bres, saber llorar, como las propias, las lágriprosodia y sin ortografía; lengua libre c~mo
~i, sobre todo, de unidad; de todo eso haz l
mas ajenas, desgranar en perlas la misma
el cóndor sobre la cordillera; lengua democrána para tu fuego. El collar vale por las
carcajada de regocijo, exhalar los mismos sustica, republicana, _plebliscitaria movediza colas y no por el hilo; busca las pe;rlas y déja
piros, prorrumpir en los mismos sollozos que
mo la onda, cambiadiza tomo' el viento ó la
de hilos.»
el melancólico ó el desesperado; cantar todos
nube, a,daptable por sí misma y sin trabas co· «Te doy consejos; si alguno te parece regl
los triunfos, sufrir todas las derrotas; amar
°:1º la túnica_ de Crist?, á l~s tallas y pr~por- no lo sigas. La verdadera libertad consiste
con el amor de todQS, odiar con el ren~or de
ciones sucesivas y smrnltaneas de la idea·
eso y la poesía no es más que libertad. i&gt;
todos, sintetizar en forma de emociones intenmaillot verbal siempre ceñido á las forn~as;
sas todos los goces como todos los dolores
amoldado á las actitudes; ohr si hubiera eri'***
humanos y reflejar en sí mismo, agigantados
contrado eso, ¡qué gran poeta hubiera sido! y
Al oír aquella voz redentora que me habla
y poderosos todos los espectáculos rle la natusi llegara á encontrarlo, ¡qué gran poeta podría
por las' mil bocas de la juYentud modernis
raleza y todos los panoramas del alma hullegar á ser!
me sentí transfigurado y redimido. Rompí 1
mana.
Feli_zmente llegué á encontrarlo. El moviligriduras, me despojé del pesado casco y-d
Debe, asimismo, y éste es el elemento ,,formiento modernista, la revolución decadentisla rígida coraza; desistí de canalizar la cata
ma,» concebir y sentir todo ya ac9ñado, molta de la p,oesía vinieron á redi::nirme .}, á salta interior de mi pensamiento, de ali near
deado en formas precisas, simétricas, e11cuav3:nne; limaron los barro!es de mi jaula, dede marcar el paso al turbulento oleaje de O!
drado en lineamientos regúlares y prestablecirnbaron los muros de m1 calabozo hicieron
io~piración, de entubar el huracán de m
dos. Debe soñar y sentir, sin duda; pero debe
saltar la tapa de mi atáúd, me qt~itnron los
emociol'les desbordante,:, de poner chin1en
tam?ién medir y rimar. lla'de traducir un grito
grillos y las esposas, me pusieron en vez de
y ventiladores al volcán que ardía en ·mí,
precisamente dentro de cierta _combinación de
ellos un par de alas y el águila comenzó á ·vodesde entonces soy poeta!
acentos y cierta disposición de sílabas · ha de
lar y se cierne ya en las alturas.
No comprendido'? calumniado? arrastra
pintar la Naturaleza, el hombre, las p~siones
La rev?lución mod~rnista, en general, y la
en el fango por la crítica? inexplicable para
y los sucesos procurando que de tiempo en
decadentista, en particular, no consisten en
vulgo? exc9m ulgaclo de las academias?
tiempo y de dos en dos ó de tres en tres las
haber derribado las barreras que encerraoan
Tal vez; pero si nadie me comprende,
palabras rimen cadenciosamP.nte, y por ~ltiel pensamiento.La libertad de pensar en el
comprendo yo ...... y basta; y no será 1~ m
mo, las emociones que resiente, por' desmesuarte data de más lejos y los más recientes e¡,inor de las glorias de la eRcuela modenusta

tómo mt bict Potta.

N
1

t
l

1

;oe

haber llegado á crear esa poesía personal, refinada y sul.,lime que, huyendo del contacto
las masas y de la promiscuidad con el vulsólo hace gozar ó sehtir á quien la crea y
~ndo más á un limitado cenáculo de correligionarios exquisitos y de l\deptos íntimos y
refinados.
Acaso pronto, sin embargo, dé á este semanario una joya de mi anaquel, una flo~ perfumada de mi prado, una estrella de m1 firmamento.
Si así llegare á ser, pido no ser leído si~10
por modernistas «pur sangi&gt; y por decadentistas de la última hornada.
Estoy seguro de que mis lectores no se n egarán á complacerme.
DR. l\L FLORES.

EL MUNDO ILUSTRADO
jé una dosis de dicho artículo sobr~, la co~üda del loro, repitiendo la operac10n vanos
día1&lt; consecutivos.
Al levantarme, lo primero que hacía era co:
rrer á la ventana para ver el resultado de mi
combinación. Pero el maldito loro no torcía
n unca el pescuezo. No sólo estaba lleno de
vida, sino que su salud mejoraba de un modo
visible. Deshincháronse sus patas y la gota
desapareció por completo.
•
¡En vez de matarle, le estaba yo curando!
Entonces comprendí que había cometido
una insigne torpeza.
El arsénico, propinado en pequeñas dosis,

ministro de mtxito
tn ta Jtrgtntina.

En días pasados fué recibido
en audiencia solr11ine por el
• Presiden ti' cte lfl República Argentina, el Sr. Lic. D. Fra.nrisco L. de la Barra, Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario de México· en las
Repúblicns Sudamer icanas del
Atlántico.
Los discursos C'amhiados ron
este moti,·o entre el nuevo Ministro y el Jpfp de la Nación
Argentina - &lt;liscur!'los que &lt;lió
ú conocer íntegros «El Mundo,&gt;
-revelan las buenas relaciones
que existen entr~ los &lt;los paí~es
y los deseos que los anim;..n lle
fortalecerlas rada día más en
beneficio de los intereses que
les son comunes.
Como nuestro semanario diú
ya á conocer en otra ocai-iún,
los rasgos biográficos del Sr.
Lic. de la Barra, nos limitamos
ahora únicnmente á publicar
el retrato del distinguido diplomático.·

Historia de nn Crimen.
Eh aquella época estaba de
guarnición en Grenoble un escuadrón de dragones, en el que
figuraba yo como un yeterinario militar.
Vivía en tercer piso de la calle de Villars, desde donde disfrutaba de un panorama soberbio.
En el piso segundo moraba
un guantero retirado, que poseía un loro verdaderamente
antipático por su charla monótona y sempiterna. No había quien pudiera sufrirle en la
vecindad. Como el animal estaba muy bien alimentado, padecía de gota ? tenía las piern as hinchadas. Además, una
M in istro
enfermedad de la piel le había hecho perder gran parte de sus pluma,:.
¿Qué necesidacl impulsa á los comerciantes
retirados á provee.se de un loro?
¡Vayan ustede,, á averig~iar el misterio!
El corazón del hombre. tiene abismos insondablei;,.
:m loro de mi vecino era mi pesadilla; sus
chirridos me abrumaban de un modo horrible y me impedían consagr;rme á un trabajo
serio y formal.
Diariamente colocaba el guantero la jaula
en el balcón situado clebajo de mis ventanas,
y resuelto yo á poner término á aquella situación, pensé en los medios ele librarme para
siempre del odioso animalucho.
A grandes males grandes remedios.
Compré arsénico, y desde mi ventana arro-

SR, L1 C. DON F RANCISCO L . DE L A BARRA,
de México en l as Repúblicas Sud-americanas deJ

es un tónico, y, por tanto, producía en el loro el efecto de una medicina bienhe€hora.
Aquel incidente hubiera debido desarmarme; pero era tal la repugnancia que el animal
me inspiraba, que resolví aumentar la dosis.
Cogí el paquete de arsénico y vertí todo su
contenido en la jaula.
Al cabo de un cuarto de hora llamaron á la
puerta de mi habitación y corrí á abrir.
Una joven admirablemente hermosa entró
jadeante y me dijo:
-¡ Por Dios, caballero, baje usted en seguida! ¡El loro se está muriendo, y mamá va á
volverse loca ele pena!
Ante la desesperación de mi vecina sentí las
primeras punzadas del remoPdimiento.

Do,Iiingo 22,,de Febrero de 1903.
-¡Ya empieza el castigo!-dije yo para mis
adentros.
Seguí presuroso {i la joven, y encontré Íl la
familia del guantero en un estado de desolación indescriptible.
Al verme me preguntaron á uh tiempo varias voces:
-¿Le salvará usted?
El loro estaba agonizando y no había medio
humano de volverle á la vida.
Era ya demasiado tarde.
Traté de hacerle tomar un vomitivo, pero
todo fué in6tj], pues el animal murió á l!)S
pocos momentos.
Iba yo á retirarme cuanqo
el guantero me llamó aparte y
me dijo:
-¿Cuánto le debo á usted
por su visita-?
Confieso que me puse colorado. ¡No habría faltado más
sino que me hubiese hecho pagar!
-No me debe usted nada
-le contesté,-puesto que no
ejerzo mi carrera.
Y abandoné precipitadamente la habitación.
El guantero, para darme las
gracias, me hizo una visita,
que yo le devolví al.día siguiente.
Su hija t!lnía unos ojos negros que me fascinaban.
Al poco tiempo era íntimo
amigo de mis vecinos, en compañía de los cuales pasaba todas las veladas.
Yo toco muy mal el violín,
y Berta-así se llamaba la muchacha- toca medianamente
el piano.
Unimos nuestros talentos y
tocamos varios dúos, por cierto bastante mal interpretados.
Ocupado en contemplar á
m i compañera, me olvidaba de
mirar las notas y, naturalmente, el compás era la primera víctima de mis distracciones.
Una noche, como de costumbre, llegué con mi -caja de·
violín bajo el brazo, y de
pronto me detuve lleno de terror.
Sobre el piano se hallaba el
loro de marras.
Retrocedí anonadado.
Ni el mismo l\.Iacbeth, al ver
la sombra de Banco, pudo experimentar mayor espanto.
- Hemos hecho disecar al
animalito-nfe dijo el guantero-para regalárselo á usted.
Y no tuve más remedio que
aceptarlo.
Ya habrán comprendido mis
lectores que mi aventura terminó con un matrimonio.
Berta es una criatura admirable por su belleza y por su
bondad, y yo soy el más feliz
Atlántico.
de los maridos.
El loro, desde lo alto de su escaparate, contempla inmóvil nuestra dicha.
Un día, entre dos besos, me dijo Berta:
-¿No es verdad que era muy hermoso?
-¿A quién se lo cuentas?
- No s&lt;, cómo se puede morir de la gota.
-Pues e~ muy sencillo-le contesté -llega
al corazón y mata irremisibleme11te. '
¡Y luego dirán que el crimen recibe siempre el castigo que le corresponde!
¡No estoy conforme con semejante teoría!
E. FOURRIER.

�EL }.ftJ};'1)O ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 22 de Febrero de 1903.

.

Rubia estrell~ doliente,
soli tario testigo
de la fuga del pálido mendigo,
.fuiste su ninfa ausente?
eres su novia muerta,
á los al bores de otra luz despierta?
Rubia estrella, testigo
de la muerte del pálido mendigo,
cuéntame á solas su pasión secreta:
fué él acaso tu férvido pt&gt;eta?
¿en las noches doradas,
bajo el quieto follaje de algún tilo,
t us manos delicadas
le en tornarqn el párpado tranquilo,
mientras volaba por su faz, inquieta,
t u fér til cabellera de violeta?
"Rubia estreila doliente, ·
solitario testigo
de la fuga del pálido mendigo ...

•

Va cayendo la tarde. Soplo vago
de insólita pavura
mana del fondo de la sima oscura·
el cadáver, ya frío,
'
se ha llevado en·sus ímpetus el río.

..
'

~':":

..

,&lt;4~

----~--

~

....

AVENIDA DEL 5 DE MAYO. - L as calles recién abiertas.

LA AVENlDA DEL 5 DE MAYO.
Han quedado abiertas en toda su extensión
Jas nuevas calles dtl Cinco de Mayo, llevándose por fi n á la práctica uno de los proyectos cuya realización no puede menos que ser
beneficiosa. E l aumento constante del trúfico
en nuestras principales avenidas y la nece:::idad, más imperiosa cada vez, ele facilitarlo
hasta donde sea posible, reclamaban esa gran
111ejora de que la metrópoli debe, por todos
conceptoR, ufanar:&lt;e.
Es indudable que el "Cinco de 1Iayo," con
S'll prolongación hMta la plaza donde se levantará el Teatro Xacional, ha ganado mucho en
hermosura,y que una vez terminados los edificios que ahora se construyen, será, si 11\J la
principal y más transitada, si una de las
más bellas por su buena orientación, y por
su amplitud.
E n éste n úmero publicamos una fotografía
de la gran avenida, tomada desde Santa Isabel.

\
~

de perder la vida bajo los escombros de un
cobertizo.
El inoerdi) de la fundición de las Delicias
ha sido uno de los más notables en los ultimos meses.

CROQUIS.
Bajo el puente y al pie de la torcida
y ango,ta callejuela del suburbio,
como un reptil en busca de guarida,
pasa el arroyo turbio ..... .
Mansamente
bajo el arco de recia contextura
qm: el tiempo nfelpa de verdosa lama
sus ondas grises la corriente apura,
v en el borde los ásperos zarzales
prenden sus redes móviles
al canto de los yertos peñascales.
Al rayar de un crepúsculo,. el mendigo,

-~

.

.

.

e

-.-

•

--que era un loco tal vez, quizá. un poeta,
hnjo el caudil de amarillenta. lumbre
que iluminaba su guarida escueta,
elloró mucho ........ .
Con honda pesadumbre
corrió al abismo, se lanzó del puente,
cruzó como un relámpago Ja altura.
y entre las piedras de la sima o~cu ra
se ·rompió con estrépito la frente.
Era al amanecer. En el vacío
temblaba un astro de· cabeza rubia,
y con la vieja ráfaga de hastío
que despierta á los hombres en sus lechos
vagaba un viento desolado y frío;
se crispaban los frágiles helechos
de tallos cimbradoreó ¡ lluvia densa
azotaba los techos:
enmudecía la ciudad inmensa!
y me dije: quién sabe
si aquellas tenue'! gotas de rocío,
si aquella casta lluvia
eon lágrimas que vienen del vacío,
desde los ojos de la estrella rubia!

• tn una 'fundidón.
Ctrriblt inctndio
El 13 del corriente, por la noche, se declaró
un terrible inc;endio en la fundición que el seflor Tomás Philipps tiene establecida en la
calle de las Delicias. Las enormes columnas
de fuego que se levantaban sobre el nivel de
las azoteas vecinas, atrajo, al lugar del suceso,
un gran número de curiosos que invadieron
las calles promoviendo algunoi, desórdenes
que la policía, gracias á su actividad, pudo
reprimir oportunamente.
·
El departamento de moldes, cuyos útiles
estimaba el señor Philipps en cien mil pesos,
quedó completamente destruído: los techos de
lúmina se derrumbaron 00n estruen~ espantoso. y momentos de;.-pués no quedaba del
vnsto salón más que un montón de e~combros
que ardía como una inmensa hornazn.
Los bomberos, en la imposibilidad de extinguir el fuego, encaminaron todos sus esfuerzos á localizarlo y á apagar los «fucos&gt;&gt; que
i-e habían formado en las demás dependencias
yqueamenazaban invadir todo el edificio. Diez
minutos bastaron para esto, lográndose después, con gran trabnjo, combatir las llamas
que abrasaban otro de los departamentos. E 'n
esta faena, tres bomberos estuvieron á punto

Entre la zarza un can enflaquecido
lame con gesto de avidez imprema
el sílex negro que manchó el caído
con el raudal de sus a rterias rotas·
luego el áspero hocico relamido '
fru nc~ voraz, y l'trn
. mirnela aYiesa,
temeroso que surJa entre la gente
alguiel\ que an hele compartir su presa
clava los turbios ojos en el puente ...... '
GUU..LEIUIO V ALE:,/CIA.

CRISANTEMOS.
¡Loscrisúntemos! ...... Flores sin aroma, son
la postrer corona del aiio; i-us mórbidos colores se adaptan á la hora. •!1elancólica en que
nacen; flores de cementerio, hecha!! para los
sepulcros.
Exótica!", adoptadas y cultiYaclas por los horticultores como raras joya~, buriladas en ,m1ed mms» erizadns y ríspida~, estas extranjeras
h_an asumi&lt;lo el imperio de la moda, y sus aficionado~ son tantos c~mo lo_s ele las inquietantes orqmdeasrcde extenorsuttl» que d iJ·o Strind. p 1ac1, a compararlas con maripoberg, ,t(, qu•~n
sas funerarias.
Está pa~ión por las florei- ~.,ingulnres es un
signo de los t iempos, suerte ele abandono y de
desc: édito en el cual han caído las pohres flores sm rareza, las rosas y las dalias, que ahora
~on burguesas. Tales los poetas ingenuos, los
ignorantes que «no Raben sino su a lma )&gt; como
Lamarti ne, comparados con los orfebre~ sabio-;
y complicados de lo➔ versos nuevos.
Comprendo perfectamente el atractivo de
~ recocidacl ele las orquídea~, ele formas fantásticas, torturadas y curiosas, el encanto cuaii
doloroso d~ los cri,:{mtemo:t, de tenue obscuro,
de suave v10leta. E~as flores que ahora triunfan, respot~den á particulares estados de alma.
No es precisamente lo Rencillo lo que hoy sed~ce. ~,a rosa paree? tan vulgar corno·la humilde violeta, y ya solo las modistillns van á
coger, por la p rimavera, lilas y viburniaR.
Todo se sostiene en este mundo: las flores
extrañas_ son contemporáneas de los epíteto~
raros. Pierre Dupont, á quien placía cantar
con la viña, las margaritas y los aaavanzos'
r~n,unciaría hoy á celebrarla~, y sus ;stribill~;
d.itían, en neo-versos, las melancolías de los
e ántemos.
·
P~r desdicha, la~ antiguas flores, las flores
abolidas, las hmmlcles flores-marga.ritas de
los p rados, •á las cuales ya no &amp;e interroga ,:i
se es am~do, c:'tmpánulas y amapola~, con las
q ue Ofeha hacia coronas para su blonda cabellera-están _h~ tiem~~ abnn&lt;lonadas; y olvi~ada ya la vieJa canc10n, la canción del poeta
m mortal:

LA GUITARRA.
CUE~O BLANCO.

I

@

felices, porque tenían poca ambi, quizás ninguna; á lo menos, dP esa
ambición consciente &lt;!ne quita el
sueño y no deja saborear los goces inocentes y
fáciles de la vida, que son los mejores, solicita.Jo el pensamiento á toda hora y á cada instante por aquellos que ó no suelen alcanzarse
nunca, ó Ri se logran, es tan :sólo como engendro de otros y otros más, prole funesta, matadora por lo común de quien le da abrigo poniéndole un amor que no merece.
rn modesto pasar y mucho,; hábitos de orden y economía d~ puertas adentro, y del
umbral para fuera unacorta, pero selecta suma
de afectos sociales¡ la naturaleza que sonriente «mostraba en esperanza el fruto cierto» de
una unión pura y digna, como prome:::a de mayores \'enturas en el hogar, i-antificado por la
inocencia y el amor; la mutua confianza del
uno para el otro en aquellos dos seres, la que,
lPjos de entibian,e alguna vez, parecfo. robu8te&lt;·erse, ó mejor, por fuerza tenía que aYigorar,-e con las constantes prendas recí procns &lt;le
u na fidelidad intachable; la elhd y lo!' atractivoR físico,;, la identidad ele gui-tos, la ecuanimidncl encnntadora ele ambos caracteres, formando otras tantas cau!:'a'I eficienteR ele sosegada 1lulzura en la vida doméstica: todo ello
hacía de lns cuatro paredes de Emilio v Clara
algo más deleitable y hermo~o, si cabe que
a 1¡uel sitio sin puertas ni muros, per¿ con
plantaR y avef&lt;, y fo entes y flore!', en que
pingo á DioR colocar á la primera pareja
feliz que de El mi~mo recibió en la tierra
la be11didó11 nupcial.
f,;i alguna vez pudo la joven esposa ver
pa~ar una nubecilla ror delante del disco
raclioRo de su 1-ol de felicidad, no sería
porque la mirada ch l amoroso consorte
i&gt;P detuYiera demasi,.do insistente sobre
el ro!itro de otra
mujer en la. calle ó
en el paseo .... .. La
que :rndiera conceptuar en .cierto
modo por rival peli. gro!'a, estaba dentro
ele la propia casa,
en la alcoba misma
T

Domingo 22 de Febrero de 1903.
de Emilio ........ Y de hecho que Clnra llegó
á sentir al principio, si no la herida, al menos el escozor de los celos, cuando al volver
Emilio del diario trabajo, antes de buscar en
ella la dulce conjunción de los labios siempre
d ispuestos á l levar á los suyos la miel fortificante y embriagadora del beso que no sonroja, i;:e iba á tomar entre sus brazos á aquella
otra arn:ida, que le pagaha sus cnricias con sones regalados como arrullos de felicidad.
-~lás pien~as en tu guitarra que en mí, le
dijo ella en cierta ocasión de érns, con su poquillo de dejo de amargura en la voz.
-Anda, tonta, le contestó él. No tengns celos de la pobre, que su amor, con haber sido
an_tes que el tuyo, no vive sino por el tuyo
mismo. Créemelo: si tuviese la de~grncia de
perderte, la enlutaría para colgarla a la cabecera de mi cama y no volver á tocarla nuncn;
porque el alma que está dentro de ella es la
tuya Y_ contigo se iría al cielo, dejándome solo
para siempre. Y si soy yo quien he de irme
primero, desearía que tú ..... .
No pudo expre$arlo por completo: Clara le
tap6 la boca sin pronunciar palabra, con un
b~:::o todo amor, rociado con lágrimas de infinita ternura, y nnnca más volvió á darle celos
por aquella rival, con quien riguió viviendo en
la mns íntima armonía.
.
[l

¿.Por _qué llegó el invierno y aterió el nido
ele 1~ &lt;.l!cha? Porque hay por encima de toda
prens1on y de toda esperanza humana, una
voluntad que crea y def-truye sin darnos cuenta de sus designios ni dejarnos eaber con certidumbre si el dolor es nuestro lote ó es el cri-

Allez, allez, o jeunes fi lles
Cueillir des bleuets daos les blésJ
JULES:Cí,ARETIE.

INCEN DI O D E LA F U N DI CION D E LAS DELI CIAS.-Departamento consum i do
por el f uego,

•

NUESTRO PA i $.- Fierro del Toro (Camino de Cuernav aca.)

•

�Domingo 22 de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO·

EL MUNDO ILUSTRADO

•

i:,ol con que pasamos á una felicidad más estable que cuantas podemos disfrutar en la tierra.
"'Cn enfermo que, ccn sufrir mucho, sufre
menos por sí que por los que le rodean: la escasez, precursora inmediata de la miseria,
de!.'pojando poco á poco las cuatro paredes &lt;le

todo cuanto hizo modestamente c6moda dentro de su recinto la existencia de dos seres felices; una esposa que vela y gime en silencioso sacrificio, fatigándose en la labor de_ día Y
noche, interrumpida apenas por los cmdados
que prodiga al padre que se consume le~tamente y al hijo que aún no puede medir la
magnitud del infortunio, que se mueve y se
agranda más y más al rede~or ele la.cuna ~n
que duerme el sueño tranqmlo de la mfancia:
he allí la mutación de la escena, el paso común y vulgar de esta dicha terrena, tan efímera y tan codiciada ~in embargo.
Pero la escasez no ha sido extrema aún. Al
menos, Clara no quiere que la advierta ~l desgraciado esposo, y aquella prenda quenda se
ve muchas veces en los brazos del dueño, remudados los lazos de colores con que la rival
antigua se complace ahora en a.taviarla, creyendo que así engaña el sufrimiento de Emilio y su propia pena, porque él sonríe con fingicla satisfacción de niño complacido en un
capricho, y pulsa aquellas cuerdas arrancándoles extrañas melodías que acompañan su
voz, debilitada por la enfermedad, sí, pero
siempre dulce, siempre armoniosa y dócil á
todas las modulaciones del sentimiento.
Y así por una de esas grandes ironías ele
la vida,' á los ayes que la dolencia física produce en el enfermo, suceden durante el pa,;ajero alivio las armonías de la canción lánguida. y voluptuosa de nuestros abuelos, el pintoresco y alegre corrido de los Llanos, el tango sensual de la Haba.na, los aires dulcemente tristeil del bambuco de Colombia.
¿Cuándo es mayor el ,;ufrimiento ele la pobre Clara: en aquellos momentos en que la
aiucleza del dolor parece anunciar la. proxi
mida.el ele la. hora suprema, ó en estos otros en
que se diría que el alma de Emili0 quiere
confiará la guitarra. sus más íntimas dulzuras para que al despedirse ella de este mundo
queden allí viviendo al lado de aquel Eer que
le ofrece con la sonrisa en los labios y la muerte en el pecho, todo el tesoro de su abnegación
y de su amor? ..... .

III
)!eses después del entierro, Clara dejó una
tarde al pequefiuelo confindo á una buena vecind, y voló al Monte de Piedari, provista de
la tan guardada papeleta y del dinero necesario. reunido céntimo á céntimo y á fuerza de
vi¡?;ilias y privaciones.
Todo lo vendido, perdido podía quedarse:
la cama ele matrimo!lio, la cuna de Emilín,
las mesitas ...... todo; pero aquella prenda empeñada no se podía dejar en la vorágine: rescntarla era salvar una memoria que ralía más
que la vida.
Y trayéndola luego á &lt;:W.sa, en efecto, envuelta eu un manto, le puso aquellas cintas
negras que de paso había comprado, y la colg6 en la pared, muy cerca de la cabecera del
pobre cati-e que ser\'Ía de lecho común á ella
y á su hijo.
Cuando Emilín entr6 en la rstancia, curioso como todo niño, viendo la enlutada guitarra, preguntó en la encantadora media lengua
en que ya comenzaba á explicarse:
-Qué es eso, mamá•? Qué tiene dentro?
Clara, mirándolo fijamente, como si quisiese grabarle con los ojos para siempre aquellas
palabras que el chiquitín no había de enten&lt;ler, le contestó con ahogada voz:
-Allí dentro, Emilín, están el alma ele tu
padre y la mía! ........ .

AGONIAS DE LUZ.

tas industrias d~ la callt

I
¡El oc1tso! ...... ardiente lienzo
De sublimes t intas nácar,
Se despliega como un regio
Abanico tornasol.
Abanico portentoso
De encendidos varillajei:,,
Que se agitan en un fondo
De purpúreo resplandor.
Atardece ...... ele los velos
Sepulcrales del Oriente,
De la noche el ángel negro
Se levanta asolador.
Al ocaso llega pronto,
Y de envidia despedaza
El olímpico y glorioso
Abanico tornasol!

II
Sobre el Nilo como un baño
De champaña auridiscente,
Sus cascadas de topacio
Lentamente vuelca el i,ol.
Cabrillean los desiertos,
Y en la frente de la ef-finge
El ocaso deja un beso
De ambari11a radiación.
Sobre el seno misterioso
De las aguas, marcha un ibis
Hacia el linde donde el oro
De la tarde clescencli6.
Abre el pico .... .. y parece
.\quel pájaro sagrado,
l"n bohemio que se bebe
Gota n gota el áureo sol!
LUIS ROSADO VIDA,

fl L\.XDO se contemplan las pequefias in1:., dm,trias «mnLmlantes," e:,;pecialmente

peculiares á aquellos paí ~e,;_ en que la
gran indut'tria 110 hll. pocli&lt;lo adquirir aún un
rnslo grnclo de desarrollo, se pienisa. en los primeros e,;fuerzos industriales de lot&lt; hombres y
no falta quien declare que en la «pequefüt iridustria» debe buscarse la f'olución del arduo
p~ohlema &lt;lel capital y &lt;lel trabajo, que en vano ha agotado los cerebros de muchos pensadores y las energías ele no pocos políticos. Esto es un error, á nuestro juicio, porque equivaldría á encerrar :t la industria dentro de una
órbita a:-lix1ante por su pc1¡ueñez; pero, sin
relacionarla mut:110 con los grandes problemas
económico:-:, la pequeíia industria aparece
~iempre interesante porque r:; la genuina reveladora, muchas ,·ccef', de las verdaderas tendencias y disposiciones naturales ele un 1rneblo.
Cuando se acercan los ca111bios ele año, los
houlernres de Parí:; se I ueblan de pequefias
barracas mercant:Ies, tal como entre nosotros
acontece en fiestas análogas, y la mereancía de
á dos sueldos se vende en cantidades marasillosas. La pequcfia. industria de París la industria ele la calle, es ante todo una re\:elación
de ingenio y está constituída por una feliz
combinación ó por un inter;sante invento; en
cambio, la ind\lstria callejera de )léxico revela más bien paciencia y suele engendrar profundas tristPzai:- e11 quien sabe analizarla pues
la remuneración del trabajo n•sulta en ella verdaderamente insignificante. ¡Eso sí los inclustriale~ de la calle no tienen amo 1ii' patrones,
s_on libres como la pi uma en el aire ( que no es
libre, porque tiene que sl'guir la dirección del

POSTRIMERIAS.
¡Buscando voy la calma! Es el deseo
~!timo de mi \·ida;
El solo bien que adoro y en que creo¡
Luz en la sombra; bálsamo en la heri
Quizá cuando los goces me embarga
Potencias y sentidos,
En el estruendo de la lucha hallaban
Deliciosos a&lt;!ordes mis oídos;
Y pretendí del héroe la victoria,
Y el lauro del poeta,
Y en la mujer adiviné la gloria,
Siendo el amor mi inspiración secreta:
Pues todo, porvenir, dicha, fortuna,
Cuanto era mi embeleso,
Por un beso á los rayos de la luna
Lo troqué veces mil; por sólo un beso.
No lo habéis olvidado todavía,
Yisiones seductoras
Que aún, á despecho ele la. edad imp{
Resucitáis para alegrar mis horas;
Y pasada la fiebre del combate,
·
Que yo tampoco olvi&lt;lo,
Algo consen·o en mí que vibra y )ate
Y que matar los afios no han podHlo.
Es el amor; pero el amor del alma,
Libre de ruin deseo;
El amor, compañero de la calma,
Unico bien que adoro y en que creo.
MANUEL DEL PALAC'IO,

ÜCTA VIO HERNÁNUEZ.

•
vi~nt~ q?e la ~os tiene), y prefieren su libre
m~se:1,a a un bienestar obtenido á costa de la
SUJeC10n!
Las pequeñas in.dustrias ~e los mexicanos
demue~trau á un t1e11:po. mismo la deRtreza,
la sobneclad ~' la paciencia que caracteriza á
nuestr.o pu~~lo: dest~·eza .de nu,nos, sobriedad
dr res1gnac10n y paciencia de indiferencia
Los vendedores ambul~ntes de nuestras· ca-

-.

--.IL..LL..J..----------~-

\., ¡f.

'

•

Domingo :!2 de .Jiebrnro de )!)03.

lles, que ofrecen el trabajo de muchas horas
por un puñ,1do de centavos, son hombres que
serfa muy difícil clasificar dentro de las tendencias demarca.das que animan á los grupos
obreros de otros países. En otros países los

ya el manufacturero de tejidos de alambre que
sirven para sostener fotografías : todos ellos
trabajan por su cuenta, todos ellos ganan una
miseria por su trabajo, pero á ninguno de
ellos lo haréis cambiar de modo de lucrar(?),

ir~&lt;lustrialcs de esa c)nf;e no pueden existir fác1lmen~e; y cuando, como decíamos antes, en
cleter111111adas épocas del aiio expenden sus
modcsias manufacturas, ello significa un
rcsnrplus)) en sus ganancias, pues por lo general i,on obreros de grandes fábricas que durar,te lodo el ·año consagran sus escasos mirnitos
de ocio á la manufactura de pequeños artefactos,. par~ vendnlos en los días de fiesta y subvemr as1, ~on t!nos cuantos francos máR, á las
burdas .ex1genc1as de la pit..,nza, de la indumentaria, ele la. habitación, del fuego en invierno y ....... ·. del tabaco en todas las estaciones.
En )léxico la pequeña industria no tiene
esos m.óviles. Po~-,io general constituye ella la
exclusiva ~cupac10,n de quienes la practican;
~lla sola alimenta a sus ~ulfü:adort:s; y como
e~tos n? ~uelen tener exigencias co::siderables
111 am b1c1ones mayores, les basta con los productos a.e Rus .manos para prolongar su mi,;erahle existencia.
. En las industrias callejeras el capital requen&lt;lo representa un monto mínimo; los «brazos"
reqt~endos son dos únic.'lmente; la. máquina
no figur3: e1_1 ella para nada y de esta suerte
quecl_:1- el!mma.do ese otro grave problema de
la !nlh.¡mna y el obrero. Los industriales calle~eros, son, pues, ~ un tiempo mismo capitalistas, obreros y c1rculadores en la manufactura de sus productos: e,; decir, van en pañales en lo que se refiere á evolución industrial.
_ A las ,veces no necesitan .capital, por pequeno 9ue este fuera.. Todos los habitantes de la
capital conocen á un individuo que desde hace aiws se gana la vida por el arte de imitar
'.'~ boca cerrada," como él clice, el canto del
Jl!~uero; recorre las calles y los sitioi, de re1,1mon un r9:paz vestido de harapos que, al encont~ar, &lt;:hen~es generosos, se despoja de su
humild1s1rna mdumentaria y aparece ataviado
de mallas. funambule,;cas, para ejecutar !!altos
y contorsiones; por último, hace pocos días
daba cuenta la prensa. de información de cierto "don:ador de p~1l~as)) que vivía de mostrar
al público las hah1h~fades de sus minúsculas
y P?Co pulcr~s "pupilas,)) y que fué consignad? a la autor~dad por denuncia de unos individuos á &lt;¡menes había estafado dinero !':O
prete_xto de enseñarles sus secretos de am~e~tram1ento.
- ~ero ésa~.son las fases cómicas de la pequena mdustna. Esta tiene mucho de serio porque revela disposiciones mal empleadas ó imperfectamente
explotadas
y que s6lo obt·1enen
,
.,
.
Una, rnmunerac1on
exigua.
Ya es el tejedor de sombreros de palma ya
el talabartero y artífice de acero ambula~te,

¡mes con el que cultirnn son "hombres libres
de posesión independiente.,,
'
A las veces, la pequeña industria tiene que
tolerar, empero, la tutela de los acaparadores
que reúnen &lt;CStocks" de determinados artefactos para venderl~&gt;s al por mayor, y en tales
casos las gananciai;: no !,On para los manufactureros, sino para los acaparadores. Siempre
sufren lm; pequefios industriales callejeros....
. De todos modos, forman un grupo simpático, que encontramos por calles y por plazas
y que merece se le consagre una mención siquiera porque, tarde ó temprano, está cl;stinado á desaparecer.
8ARDÍN.

•

�Domingo 22 de Febrero de 1903.

La muerte del Maestro Altamirano.
TIECDfO A~IVERSARIO.

El Liceo ccAltamiranoi, conmemoró el
10~ aniversario de la
muerte del eininente
tribuno y literato D.
Ignacio Manuel Altamirano I con una
Lrillante velada, que
se celebró la noche
del 13 del corriente
en la Cámara de Diputados.
Nada más justo que
ese homenaje á la
memoria de un hom.
.
bre que se ha hecho
molv1dable en los fastós de la literatura nacional y á quien unánimemente se concedió el
tratamiento de «~Iaestro.»
Altamirano murió en San Remo (Italia) 1
el 13 de Febrero de 1893 y obedeciendo á un
deseo por él manifestado se incineró su cadáver, siendo traído á México en donde se le
hicieron suntuosos funerale; de carácter nacional.
Creemos proporcionar una satisfacci6n á los
~umerosos admiradores del maestro, reproduciendo en estas columnas las fotografías del
túmulo levantado hace diez años en la Cámara d~ Diputados para sustentar la urna que
?ontien~ las cenizas; la de la «villa» en que el
Ilustre literato pasó sus últimos días en San
Remo; y de la recámara ele esa «villa,1, en la
cual murió:

EL liUNDO ILUSTRADO
brehumano, lo sobrenatural y lo ultraadmirable; puede embriagar como el vino, arrobar
como un éxtasis; puede á un mismo tiempo
poseer nuestra inteligencia, nuestro espíritu,
nuestro cuerpo; puede, en fin , llegará lo abso:uto.
Un verso perfecto y absoluto, inmutable,
inmortal, tiene en sí las palabras con la cohesión de un diamante; encima. el pensamiento,
como en un círculo preciso que ninguna fuerza conseguirá jamás romper; se hace independiente de toda conexión y de toda sugestión,
no pertenece ya al artífice, sino que es de todos
y de nadie, como el espacio, como la luz, como las cosas inmanentes y perpetuas. Un pensamiento fielmente expresado en un verso perfecto, es un pensamiento que existía ((reformado» en la obscma profundidad de la lengua.
Extraído por el poeta, «continúa» existiendo

EL MUNDO ILUSTRADO
en la conciencia de los hombres. El más grande poeta es, pues, aquel que sabi, describir
desenvolver, extraer el mayor núrnero de
ideales preformaciones. Cuando el poeta est4
próximo á descubrir uno de esos versos eternos, es advertido por un divino torrente de
alegría, que le invade todo su eer.

e-

GABRIEL D'ANNUNZIO.

LA CAMPANA SORDA
la primer campana de aquel pueblo:
J UE
una campana sorda, mal construída for_mada de ~etales ordinarios y gran~s de.

~

escoria por encima; una campana fea que ij
gente vi6 con admiración, porque
había

1;0

***
Así en las sociedades es frecuente encontrar
individuos cuya vida va acompañada de falaz
renombre, como el de la campana aquí descrita; hombres necios que pasan por lumbreras,
á causa de una fama primitiva, que se formó
en· la obscuridad de un pueblo y que dura aún
después de la conquista que de la luz brillante del progreso el mismo pueblo realizó; de
arcilla, ídolos contrahechos y ordinario!&lt;, que
la mayor presión no aguantarían, pero que no
hay quien á tocarlos llegue, aunque venga
ocasión que así lo exija, porque-toscos y llenos de miseria-son ídolos, al fin, que el n1lgo admira; gentecampa11a que jamás quisiera
estar de otra campana en compañía, que sonara mejor y que exhibiera aquella fama ruin
como ficticia!,
CARLOS A. lMENDIA.

EL VERSO.

Honduras

~ verso
es todo. En la imitación de la
L,
Naturaleza, ningún instrumento de
arte es más vivo, ágil aoudo vari0

1t

Se hizo de fama la campana sorda, á fuerza
de alabanzas y de citas, y muchos que no oyeron su tañido la tomaron al fin por m&lt;travilla.
Tan pausada sonaba en ocasiones, tan grave, tan formal, que parecía que los elogios de
la pobre gente los creyó merecidos ella misma.
i\Iucho tiempo después, otras camranas hicieron á la vieja compañía; unas campanas
fuertes y vibrantes, graciosa forma, voces argentinas, que, á través de los campos, á gran
trecho, el transeunte con placer oía.
Hubo comparaciones ......... ¡todo en vano!
8iempre triunfaba la campana antigua, porque fué la primera, de aquel pueblo, la única
en cien años; la que había impresiouado tanto á los vecinos en muchos de sus goces y desdichas; y, sobre todo, porque, aunque era falsa la fama de valiosa que tenía, en este mundo
es más, algunas VP.ces, que la gloria real la
que es ficticia, cuando el cariño ó la ignorancia insisten en que tiene e¡¡plendor lo que no
brilla.

PENSAMIENTOS:

Los panoramas.de
la ciencia y de la
erudición del hombre constituyen un
.ispectáculo inmenso, en que se ve revelarse toda el alma
de la humanidad,
con sus aspiraciones
y flaquezas, su incesante curiosidad y
sus angustias, y su
deseo supremo, nunca satisfecho, de con~cer, de saber y de
remar.

*

La ciencia ha
transformado el
mundo, aunque sea
r'lro que se le haga
la justicia y se le
rinda el agradecimiento que le son
debidos.

*

Las causas que
provienen de ~sotros valen más que
las que nacen de las
cosas.

"'

El amor de sí mis•
mo no sólo no es
contrario ú 11\ sociedad, sino que es su
apoyo más firme.

*

El que no está de
acuerdo comügomismo, no está de acuerdo con nadie.

ANIV ER SARIO DE LA MU E RTE DEALTAMIRANO.-Túmulo formado
en la Cámara en 1893, para sustentar la urna funeraria.

;,,;,r..,~.r..,~.'4-;'?-.1-C~....~.,_,,..,~-~-~-r..,.:,,..~.~-~-r.., "'1-.~-~-~-,._,,..-~_r..,:,¡.,~.r..,~.r..,~_r..,.,,...r..,,-'í'l,.~.~.r..,~ ~.r..,~,r..,"')-,r..,"'},r..,:;,i._r..,-'í'l,.~.r..,..:;¡.,r..,~.~-r..,!;'!,,r..,~,r..,&gt;;!J.,r..,_,,,

mt;1 lff
,
' sensible,
º
' fiel.'
1 orme, plastico,
obediente,
Mas compacto que el mármol, mús maleable
que la cera, más sutil que un fluido, más \'ibrante que una cuerda más luminoso que una
gema, más fragante qu'e una flor, más cortanJ,e 9ue una espada, más flexible que un junqmllo, más acariciador que un murmurio, más
r'\~'t
. , ...-_ . f/?:';-.-,•
~
terrible que un
\ :i\t
: :-Z;_,,1.-- · · trueno. Puede
~
expresar y repe~ .\
tir los más rníni1
mos movimientos del sentimien
to y los mús se•
cretos impulsos
de la sensación;
puelle definir lo
definible y ex pre
sar lo inefable;
puede abrazar lo
limitado y sondear el abismo;
puede abarcar dimensior.es de eternidad; puede
representar lo so-

. 1\.
~

Domingo 22 de Febrero de 1903.

/J.il

Recámara en que murió el Maestro Altamirano. (Fotografía tJmada momentos _después de retirado el cadáver.

olra en aqnel lugar que se prestara á establ
cer comparación precisa.
Sonaba sin cesar, sonido hueco, monúton
Y profundo, que Psparcía lo mismo en los placeres de aquel pueblo como cuando anuncia
ha sus desdichas.
'
- ¡Pobre de quien incauto se atreviera á
nerle defectos! Respondía en su favor el veci
dario todo, y se le echaba en cara que era e
vidia ........ .

MERCADOS DE LA t.,;APITAL.-lnterior de "La Merced."

•

�Domingo 22 de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRA:&gt;O

Domi,ngo 2;1. de FPbrero de lf!03. ·

EL MUNDO ILUSTRADO

Nocturno.

~

...

. ~=

-

,,,;x~- - ---== ==== =

Corrida de aficionados en San Luis Potosí.-El tendido de sombra.

¿No ves que obscuro está? Su opaco velo
tiende la sombra en la extensión vacía,
y desciende la noche desde el cielo
como una maldición áspel'a y fría.
El mar entre las rocas que lo oprimen
su secreto furor calla y refrena.
y en el cercano ancón las ondas gimen
y se tienden cansadas en la arena.
De la llanura solitaria el viento
ruge con voz que sobrecoge y pasma
y hace ten~bla'r á un árbol macilento
y crujir su silueta de fantasma.
La densa obscuridad mi mente ofusca ......
¡es de mi ayer la triste remembranza!
¡.Mi ser ansioso en tus pupilas busca
la salvadora luz de la esp.eranza!
Yen más cerca de mí. Tuya es la mano
que estrecho con p·aRión mientras suspiras.
No temas ni á las sombras ni al océano.
¡Se harán de luz si con amo1{ me miras!
Aquí juntos los dos, donde no escucho
del hu mano festín el torpe ruido,
quiero decirte que te quiero mucho
y que me mata de pesar tu olvido.
Dime la frase que anhelante espero·
en ia ansiedad mi espíritu se abism~.
¡Hablas, al fin! ...... ¿qué dices?

EL TIRSO Y LA CRUZ.
. En P.l espeso bosque, á la luz del crepúsculo moribundo que
incendiaba las alta8 copas de los árboles; en la senda auchurosk v bordada de flores olorosaF, Cristo. y Baco se_ encontr~ron.
.- El rnl agonizaba semejando uua mmensa forJa y hác1endo
de la penumbra del Ocaso un apismo centelleante.
DionisoF el hermoso mancebo de cabellos de oro y faz desbordante de ¡legría, entregaba al viento las armonías de su risa
y descendía de la alta c.umbre donde se celebraba fastuosamente el holocausto del astro del fuego.
.
El mancebo, curtido en pugnas amorosas y en la_ embnaguez lenta del vino (]Ue s~ ferment~ en los lagares de Chipre, descendía, llevaH&lt;lo en la diestra el tuso de flores, y coronado de
hojas de higuera, entonaba con clamor bélico el ¡Evohé! de la
cmrera triunfadora.
Al llegar á la curva del camino, vió á un hombre que
marchaba con paso incierto, llevando Fobre el hombro la cruz
del aResino y que Rtibía hasta las cumbres del Ocaso.
El caminante era un hebreo de augui;to semblante, envuelto
en ancha túnica, y rendido al peso abrumador de la cruz, doblaba la frente don&lt;le se adivinaba la aurora del martirio.
El dio~ heleno detuvo ele !-Úhito su cantar alborozado, sintiendo hondn. emoción al ver al Nazareno coronado de espinas y
de lumbre.
.
·Sublime azar! En la yere&lt;la campestre que serpentea entre
rosas' y ]ameles, se bailaron frente á frente la intensidad de la
alegría y la tristeza eterna ele las almas.
Claváronse ambos la mirada de sus ojos de anhelo y E&lt;ip:uieron su camino lentamente: Dionisos sin su coro de bacantes, y Cri~to sin su escolta de sayones.
•

Para las oi«imas de la peste.
Es verdaderamente plausible el entusiasmo
con que en todo el país se organizan fiestas de
caridad, con el objeto de reunir fondos destinados al auxilio de las víctimas de la Peste
Negra.
En San Luis Potosí, el Centro Taurino arregló una corrida de aficionados, que alcanzó un
brillante éxito, y que fué pre8idida por las
señoritas Guadalupe del Hoyo, Guarlalu pe
Villalba, Ana María y Josefina Facha, Lidia
y Esther Robledo, Dolores Astegui, Refugio
Ortega, Esther Agüero; Josefina Diiiz, Leonor Unna, Carmen y .Matilde Landeta, Emilia Gómez, Dolores Llera, Victoria y Enrique·ta Jurado, Carmen Yelasco, Emilia Reyes y
Socorro é Isabel Palau. Se lidiaron toros ele
las ganaderías prin&lt;'ipales y la función fué
amenizada por las músicas de la Escuela Industrial y del 15 Batallón.
La cuadrilla estuvo formada por los siguien •
tes aficionados: Alfredo Torroella, Elías L. de
la Cerda y )Ianuel Fernánclez, matadores;
Cutberto Zaragoza, :\forcelino Ramírez, José
Sánchez, y Diego Ramírez, picadbref&lt;; Antonio García, Nicolr.s Romero, Manuel Esquive!, Alberto G. Igueravide y Luis Nieto, banderilleros.

◊

Cuántas veces las almas se cruzan en la vereda obscura de
la vida entre risas y dolores: Baco chorreando el embriagante vi. no, y Cristo empurpurado con la sangre de sus venas!

1903.
ALFONSO DUBLÁN.

C UÑO.

Grupo de socios del Centro Taurirfo de San Luis Potosí.

- «¡Yo te quiero
más que á mi sa,lvación, más que á mí misma!
Mi seno es como el mar: reposa en calma
mientras no soplan borrascosos vientos.....
¡tú coronas de e~c;pumas en mi alma
oleadas de agitados sentimientos!
X uestro es el porvenir. ..... no desesperes;
verás cómo se alumhra el mar sombrío;
tuyo es el corazón que tanto quieres:
b_o rra el pasado: ¡tu presente es mío!))
Es ese instante, del Cileste coro
se escuchan inefables barcarolas,
ábrese el cielo, y como flechas de oro
van los rayos de luz sobre las olas.
Vuelan los geniecillos y querubes,
la bruma en los espacios se dilata,
y sonríe la luna entre las nubes
como una reina en su sitial d1i plata.
FERNANDO DE ZAYAS.

Era un perfil austero de líneas de medalla,
Gestos y porte duros, indómita cabeza,
Y en su cruel pupila reflejos de batalla,
Y en sus altivos labios blasones de grandeza.
Su acento era como una vibrante melodía,
Su cabellera un casco bruñido y luminoso,
La lumbre de sus ojos, qué ardiente mediodía,
StB senos, qué suave cojín para el reposo.
Oh, juventud!· y entonces sonaron tus esquilas,
Y entonces las estrofas de brillos estelares
Bogaron en mi sueño de láminas tranquilas
Com~ en las quie.t..s fuentes los cisnes familiares.

:&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;oó&lt;X&gt;&lt;X&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;X&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt; &lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;
A los genios no se les compara, porque no hay unidad que sirva para
medirlos.

***

,J
El alma no se entrega á la desesperación sin haber agotauo
tod as l as
ilusiones.

***

La melancoha es el placer de estar triste.

Bramó mi sangre entonces como un turbión deshecho,
Corrió mi sangre hirviente como un alud que rueda,
Y golpeó la dura muralla de mi pecho
Como.un tenaz martillo que bate una moneda.
En mi éxtasis inmóvil forjaba su sonido
Afades de conquista y ardores de batalla,
Y el golpe de la sangre, fogoso y repetido,
Grab6 en mi pecho el busto de líneas de medalla.

:k

Nuestras. quimeras son los objeI~: que más se nos parecen. Cada cual
sueña lo desconocido y lo imposible con relación á su naturaleza.
NUESTRO PAIS.-Templo de Guadalupe de Zacatecas y Plaza Principal.

EFREX REBOLLEDO,

�Domingo 22 de F,1brer,J de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 22 de Fébrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

LA INSTITUTRIZ.
....

NOVEL.A POR ESTER DE SUZE.

ILUSTRACIONES DE SIMONT.

TRADUCCION DI: "l:L nUNDO ILU!;TRADO,"
(CONTINÚA.)

¿Hijos? ¿AcaRo habría para educarlos, con sueldos tan mezquinos?............. ~le hacía las cuentas, indicaba sus ganancias, por una
parte, y por otra los gastos indispensabltis ya, los que vendrían despu6s, más imperiosos á cada nuevo hijo.
Y estallando de indignación, decía:
-Vamos, ¿concibe usted tal cosa, ~eñorita? ¿Ochenta francos
mensuales para un profesor......... es bastante? ¿Cómo quiere usted
que se sea jefe de familia con tan poco? ¿Xo es en el hogar del preceptor donde debía florecer el niño con más ablmdanda'? ¡Qué ciudadanos haríamos de ellos! Xosotros sabemos cuáles son nuestros
ideales de honor, de mora!, de patriotismo! Sería el ejemplo, el que
nutriera á nuestros hijos, al mismo tiempo- que á todos los de la comarca, á quienes derramamos nuestras almas....... Nuestro papel es
precioso. Nosotros educamos á los hijos de Francia. El país no quiere entendf'rlo. N"os abandona sin una retribución ho11orable ...... Si
no fuese por la firme fe en la belleza de nuestra misión, que nos mantiene muy altos ¿hasta dónde caeríamos en la estima agena y en la
propia por la falta de f(1ndos, que en nuestro siglo constituye una
tara? ........ .
¡Oh! ¡Esta tara que trae consigo otras vergonwsas, indelebles!. ..

~le mostraba entre los monte?, como en otro tiempo lo hicirra
Victorina, aldeas que conocía yo ahora, y me nombraba á las preceptoras con quienes me habían hecho trabar relación.
. -Ahi tiene usted: la señorita Chauchat, de Greoux, y la señorita Agnel, de Bramafan, y la señorita Perrin, dé Frenes, todas, tocias ......... ¿No le parece á usted que son gentiles, inteligentes, sanas'?
¿No 1:ierían dado caso, excelentes madres de familia, esposas mo&lt;lelo,'
esas niña!' modestas é instruídas que adoran el bien y que no desean
nada .,extraordinario? ¿Pero, quién las querrá por esposas' con esa instrucc1on, que es tan estorbosa para un horubrn inferior y con e;;ta
pobreza que es tan horrible para los que ef&lt;tán un poco m{ts alto? ¿El
profesor? Este sería el ideal. Peto, ¿cómo podría casarse el profesor,
siendo tan pobre como ella? ¿No ha notado usted que todos loll profesores de las cercanías, y aún el de Charnux, donde usted está, sn
han casado con mujeres relativamente ricas? ¿Pero las institutrices,
entonces, para quién se quedan? ¿Quién se casará con esas criaturas
desdichadas,
condenadas á un solterismo ]Jerpetuo ' es decirJ ú la des.,
esperac10n, puesto que la soltería es forzada'?
. , Al hablar así, agitó e.nérgicamente el brazo en el aire, y luego le
deJo caer en la mesa. La Joven esposa alz6 los ojos y le mir6 llena de

temor. El sonrió y le habl6 con voz que me desgarró las entrañas.
-¿Y tú? ¿Y nosotros·? Sí, querida ......... Pero el nuestro es un
caso excepcional, un heroísmo de nuestro amor: nos~tros hemos aceptado ele antemano todos los sufrimientos que presentlamos ... ••• Aceptamos nuestra suerte, que para mí, ha sido buena porque te amo!
¡Pero para tí. ........ p0brecillal
.
La joven se alarmó, por bondad, creyéndome celo8a, y qmso con
una broma, impedirle que continuara.
. .
-¡Vaya si ere8 pretencioso! A ver, ven acá, señor mdispensable,
acompáñanos, vamos á cortar flores.
.
.
No me moví de mi asiento, seguía escuchando con los labios opnmidos. La joven volvió á sentarse cerca de nosotros. Su esposo prosigui6, ya calmado, pero más tristemente:
.
.
-¿Por qué no había yo ele ser .franco? Tú eres fehz, )'. la ~1cha
Hace á uno ignorante; pero la eeñonta María Tere.sa es más mtehgente que muchas. Quizú no se ha quejado por sí misma de su soled~d;
pero seguramente ha adivi.nado la de s~s ~ompañeras, cuando ha 1tlo
á visitarlas á ,;u, casm:. Diga usted, eenor1ta, ¿no ha pensado ust~d
que la soledad de esas jóvenes &lt;'Stá poblada. de locuras que acabaran
probablemente por una desgracia?
.
Pedía luces á mi clarividencia, y me nombraba á la señorita
Chat11.:hat, á quien un riro propietario de Greoux cortejaba e~c_:in~alosamente, aunque deciclido í1 no casarse nunca con .ella; la st•norita
Perrin en el mismo caso; la señorita Agnel, persegmda por un mo~o
de gra.:1ja, que el la no acPptaría jamás como esposo, y del cu~! n;d~e
podría defenderla. Agregó e11 voz alta el nombre de la seíionta I ehsier, ele Distroit, en quien ni siquiera podí~ yo pensar, porque su aldea estaba lejos de nuestro medio habitual.
•
-No es un c"riado de granja el que persigue á ésta; es ella _misma, cuyo corazón lucha, seg6J1 dicen, para re,-hazar .las seducciones
del joven Marcial de Breves, el muchacho guapo á qmen usted conoce, porque viene con frecuencia á cazar por estos co!1tornos.. Ella está
sola· él es atrevido; la considera como una pobrec1lla flor ignorada;
nadie se indignará si llega á cortarla. ¡ Pues bien! Si sucumbe, si sucumben las demás, esas hijas de padres virtuosos, e&lt;lu~adas en el_honor, profesoras de moral, puras; si sucumben, no sera dolorosís1_ma
la caída, cuando era tan sencillo, tan honrado, tan fructuoso evitar
esas desdichas?
No respondí. En mi pensamiento aturdido, añadía á esas historias las que me había referido Phrasia: la. antigua institutriz de
Greoux y mil otras, sabidas de~pués con detalles tan penosos! ..... .
En' la casa. de Pinet, á cada jueves en que los esposos me retenían á su lado palidecía ante tales recuerdos, que me enloquecían.
Y como si no' formasen .sino una cadena temible, las desdichadas
p;ofesoras caídas en el abismo-¡felizmente raras!-se confundían para mí con las otras, las que no habían caído aún, y que se encontraban al borde del abismo! Las que estaban al principio &lt;le! drama y
las que habían llegado al epílogo. Pero quizá nadie había llorado á
las primeras, y toda la ternura de mi alma iba hacia las segundas, al
mismo tiempo que la elocuencia del joven maestro de escu,ila. ¡Oh!
¡Quién conoce el remedio que él proponía!. ........ Y preguntaba. balbucientP., oprimida por una inmensa angustia:
-Diga usted, ¿cómo evitarlo, señor Albert?......... ¿Cree usted,
realmente,que hay alguno? ..... .
La joven esposa, entristecida por tantas cosas serias, no pensaba
ya en distraernos ...... y él, entonc~s cletallaba ~u grande1 h.ermoso y
sencillo sueíio: los profesores amplia.mente retribuidos, s1qu1era como
un juez de paz de cantón, y obligados á casarse con un.a profesora,
antes de obtener su puesto.
-Obligados, sí. ¿Por qué no? ¿Por qué no se puede obli.1mr al amor?
Porque los profesores á quienes se quisiera impulsar hacia las profesoras preferirían precisamente á)as hijas de los comerciantes, á. las
obre/as 6 á las campesinas. ¡Vaya! El amor no es tan ciego, puesto
que siempre va tras la dote ...... Irá también tras de las profesoras, al
mP.nos casi siempre, cuando se diga á los jóvenes: "Bueno: ya sois
hombres; por lo tanto, 11&lt;1 es preciso manteneros; vosotros sabréis irla
pasando......... Pero, á vuestro lado están las jóvenes á quienes enviamos á los campos y que se encuentran solas, abandonadas {i su
propia suerte, en tanto que vosotros sois los únicos maridos posibles
para. ellas...... ¡Ah! ¡ No tendréi'! de qué quejaros si escucháis nuestros consejos! Tan inteligentes y tan cultas como vosotros, se identificarán con vuestro ser, como la pluma y el pensamiento se unifican
en la página ........... Y para tentaros, así como para ayudaros en la
formación ele ese hogar, á cada uno de vosotros que haya escogido
esposa entre esas pobres muchachas, se os dará un sueldo digno de
vuestro valor y de vuestro hogar» ......... ¿,Eh? ¿Diga usted, señorita,
cuando hayan oído ese lenguaje, habrá muchos que resistan?
Me hablaba directamtmte, aguardando mi aprobación. Y yo sentía la frente más pesada. La joven, más alegre y menor que yo, interrumpi6 la @olemnidad del discurso.
-Bah! hijo mío, tú predicas y predicas ..... Pero no aumentarán el sueldo y te llevas el gran chasco: ya ves, ya tienes mujer.
Y enlazó con sus brazos el cudlo del esposo, como si tratara de
retenerlo. El la rechazó suavemente, pero con gravedad.
-Tú sabes muy bien que yo uo predico por tí, sino por los demás ..... .
Les sonreí, y con la voz un tanto temblorosa, murmuré:
-Deje usted predicará su esposo, señora. Quizás el viento lleve
sus sermones hasta la cámara, y se formule y apruebe una ley, y de
repente todas las profesoras quE:den provistas de marido, inclusive
yo.

Reí aunque me sentía demasiado turbada. El joven hizo un
ademún 'para significar que yo no quedaba incluid~ ~nd la cue~ta. r,
-Oh! señorita, usted es como la señorita Monn, ; 8an . om,rn.
La conversación cambió de pronto. ~[i voz recobro su firmeza,
y la del joven dejó de i,arecerme generosa y turb~dora.
-Ve ustecl con frecuencia á la señorita l\1orm?
-Sí algunas veces. Siempre tan dulce y tan piadosa!
.
-D; seguro! Rí; es. piadosa-dij?_ la señora de Albert, deJando
I
perderse i't 10 lejos su mirada-Esa .mna es un ángel.••••••
Y luecro dirigiéndose á su mando:
o '
.,
-Ya lo Yes, señor,que la señorita. Romaine no ;s una excepc~on
tan rara! Alli está la señorita Morin que puede pasarsela· muy bien
sin marido v no caerú jamás, te lo juro!
.
El jo,~11 torcía un cigarrillo, &lt;lió algunos pasos hacia afuera, para mirar el sol poniente.
-Ah qué hermoso está el tiempo! Qué hermosos EOn, ell verdad,
nuestros Alpe1l
Le seguimos en silencio por algunos ?1omento~. admirando el
horizonte limitado por las montañas. Del cielo parec1a caer algo como una lluvia de paz, en ondas de imponderabh• pú,rpura y de or~
fluido ruya corriente se apartaba ~le la !!anura, subia lentamente a
Jo largo de los cotos, ha,;ta llegar a las cunas, que resplandecían solas, en la gloria de e~úR últimos rayos de sol, en tanto que la somb~a
quedaba abajo, se extendía por los campos y ganaba las aldeas mus
altas.
En e~as aldeas se extinguieron uno á uno los reflejos de luz que
bañaban aún los campanarios ú se. quebraban sobre las v!dri~ra~, y
se cambiaron en griseR, como horrados del panorama, y dismmmclos
de tamaño.
(CONTINUARÁ.)

BRll,LflNTES 60PHIR
La imitación más perfeeta del mnndo
MANDENOS SU NO)IBRE

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fectas, que sus amigos no las distinguen de
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::\fontana, ú otras imitaciones cualquie1•a
que sea el nomb1•e que se les dé.

AVISO
Nuestra rasa no ti&lt;'ne A~entes viajeros: de manera que enalquier Jll'llido delJerá. h:u·erse directamente a 11osot1•0,-: no hacicndonos responsables lle
las Yl'ntas tttie se ha;.:;an por otro conduc·to.

Los brillantes GOPHIR
son las únieas imitaciones descul&gt;it•1•tas
l1~1sta el dia. 11111• consel'\'an su IJ1•illo ¡mm
s1e111¡we.
Dh•íjanst• á

GOPBIB OIRfflOND Go.
Departa,nento

o.

2.ª calle de Plateros, nítm. 11
MÉXICO, D. F.

•

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 22 de Febrero de 1903.

•

Industrias que Progresan:.
•

Todos estos departamentos
Entre las industrias que duson amplios y están muy bien
rante lo~ últimos afios han lleventilados.
•
gado en el país á una era de
En los salones principales, se
prosperidad envidiable, ocupa
tuerce la magnífica hoja de Valugar preferente la del tabaco,
lle :N'acional y en ellos encuenque tanto contribuye al destran ocupación más de 450
arrollo de nuestro comercio y
operarios de obra fina, que
que está reputada hoy por h~y
transforman la valiosa planta
como uno ele los filones mas
en una variedad de vitolas qu1:
preciados de la riquezn nacioabastece después los mercados
nal.
acrecentando la fama de la imPocas, en efecto, son las que
portante negociación industrial
como estaindu.,tria, han realipor la irreprochable manufaczado en un período de tiempo
tma del producto.
relativa mente corto, adelantos
Para que nuestros lectores
tan notables; pues quien retengan una idea de la imporcuerde lo que era hace treinta
tancia ele la fabricación, direaños, no podrá menos de asomu1os que «La Pruel.m» dabora
brarse al ver el incremento que
diariamente sobre 60,000 pu•
cada día toma entre nosotros
ros. De éstos una buena parte
y el grado de prosperidad á
se dedica con especialidad á la
que alcanza en esta época de
marca «Flor ele Balsa,» que se
paz tan fecunda en bienes para
exporta para los Estados Unila República y tan propicia al
dos, Europa, y, en suma, para
establecimiento de las grandes
las naciones principales del
empresas.
mundo.
Factor muy importante de
la industria á que nos referiLos Sres. Balsa Hnos. han
mos, es «La Prueba,» de los sepuesto escrupulosa atención en
ñores Balsa Hnos., tan conoel despacho de sus productos
cida en el comercio y tan a prepara el extranjero, logrando á
ciada por la inmejorable califuerza de constancia y empeño,
dad ele sus productos. Esta caganarse los mejores mercados.
sa, cuyos propietarios son duePara efectuar este despacho, se
ños de las famosas plantacioda á los puros un peso especial
nes de tabaco de Valle Naciopara los diferentes países en
nal (~::stado de Oaxaca), fu~
que así se requiere, como
establecida en Veracruz el nfio
Inglaterra, donde en virtud de
ele 1869 por el Sr. D. ,José Ballos crecidos impuestos, exigen
sa y Río, padre ael actual Adlos tabacos ligeros de peso y
ministrador Gerente,Sr. D. ,Jomuy claros de color.
sé Balsa.
La fábrica, situada en la esquina ele las calles de Zamora
El brillante éxito obtenido
é Hidalgo, en \'eracruz, se exen su empresa por los sefioreA
tiende por la de l\Iiguel Lerdo,
Balsa Hnos., les obligó á estaSR. JOSE BA LSA, Administrador gerente de "La Prueba".
y es una maciza construcción
blecer en Puebla una sucursal,
de &lt;los pisos, que cubre una
montada como la casa matriz
superficie de 2í,j por 125 pies. La planta bago. En cuanto al segundo piso, que se destide Yeracruz, y que ofrece la ventaja de que,
ja está destinada para oficina, departamento
na á la elahoración, consta de dos grandes saen la estación ele verano, los operarios que
de empaque y almacenes para el tabaco en ralones llamados «galeias,,, donde trabajan 350
temen la inclemencia del cluna ele Vera.rruz,
ma. E::itos últimos, son suficientes para contabaqueros; un sal6n para el «rezagado i:
puedan transladarse á ella, pues allí se da
tener cinco mil tercios ele á 100 kilos, y comotro para el "despalillado,» otro para el &lt;;fi_
trabajo á los que lo solicitan.
prenden desde la calle primeramente citada
leleado» y por último, uno que sirve para la
**
hasta la ele Lerdo, fla.nq ueando :t la de Ilidal«escogida» de los puros.
Por lo que toca á •as* plantaciones
de Valle

\

Domingo 22 de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Nacional, diremos que cubre.1 una superficie
de 500 hectáras de terreno, actualmente en
cultivo, y que están consideradas como las
que producen en la República, los tabacos
más finos y más aromáticos. Prueba muy clara de esto es ~l hecho de.que, durante la guerra Ilispano americana, y cuando lns fabricantes de los Estados Cnidos estaban imposibilitados de adquirir tabaco en Cuba, enviaron sus representantes á México y compraron
· enormes cantidades que fueron empleadas en
sus fábricas. El material mexicano fué labrado y vendido como manufactura habanera,
sin que los consumidores se dieran cuenta de
ello. Es claro que el éxito obtenido se debe
exclusivamente :'t la buena calidad de la hoja
empleada y que aquélla fué una buena ocasión para que los fumadores de los Estados
t:'nidos se familia.rizaran, sin pensarlo, quizá,
con el uso del tabaco mejor que se cosecha en
~léxico.
Por otra parte, la superioridad de los productos de «La Prueba,» está plenamente demostrada con sus triunfos obtenidos en distintas exposiciones nacionales y extranjeras. En
todas ellas, los Sres. Balsa Hnos. se han hecho acreedores á las más nltas recompensas.
Las Exposiciones á que han concurrido, son
las siguientes : \rqrld's Columbian Exposition, Chicago, 189&amp;; Jnternational Exposition,
Philadelphia, 1876; Expm,ición• Naciunal de
México, 1876; Exposición Cniversal de París,
1889; Primera Exposición Veracruzana, 1881;
Exposici6n ~Iunici pal de ~léxico, 1875; Cotton Sta tes Jnternational Exposition, Atlanta,
1895; Exposición iiunicipal de Puebla, 1880;
Exposici6n Municipal de Tepic, 1883; Exposición Mexicana en París, 1889. En todos estos torneos de la actividad humana, «La Prueba» obtuvo honrosísimas recompensas.
c&lt;El favor que todos los fumadores inteligentes dispensan á los puros de c,La Prueba» dice una importante publicación que tenemos á

Edificio., de la Sucursal de "La Prueba," en Puebla.

la vista--se debe á la uniformidad de su torcido y al sabor siempre idéntico que los ha
caracteriza.do. Se puede asegurar que en el
mundo entero no hay fumador de competencia. reconocida, que no haya saboreado los puros de «La Prueba."
«El Sr. D. José Balsa y Río, fundador
de la firma Balsa y Hermano fué reputado
como el más incansable adalid en el comercio
de tabaco en rama y en el de su manufactura.
Consagró su vida entera al progreso de
la industria tabaquera, menospreciando
trabajos y desembolsos, á fin de ponerla
á la altura en que se
encuentra, y es la
más adelantada entre todas las de este
país. Fué el descubridor de los famosos
terrenos situados en
Valle Nacional que
son los más adaptables para la siembra
del tabaco. Fué un
hombre &lt;le energía,
de empresa y de habilidad que supo conquistar su fama s&amp;tisfaciendo con los puros de. su marca «La
Prueba" los g_ustos

más refinados de todos los fumadores del
mundo.,:

***

En la sucursal ele Puebla los Sres. Balsa
Hnos. tienen 180 operarios; y con motivo ele
la creciente demanda de todos sus artículos,
han abierto otra sucursal en Jalapa, donde por
el momento tien~n trabajando lüO tabaqueros.
•
Por una casualidad pudimos obtener ele uno
de sus amigos una fotografía del Sr. José Balsa, Administrador-gerente de la :Negociación,
la que con gusto reproducimos en nuestro periódico temerosos de que por su excestva modestia, no le sea agradable su publicación.
Este joven,que así lo podemos llamar,pues
solo cuenta 26 años, administrn y dirige tan
importante negociación con el acierto y prudencia. que el hombre más experimentnclo en
negocios tabaqueros. Caballeroso y serio en
sus tratos, caritativo y liberal como pocos
con sus numerosos empleados y obreros, ve
con
tanto al de
, el mismo
, cariño y atención
,
mas categona como al mas humilde.
Xo sería justo terminar en fSte semanario
la descripción ilustrada que hacemos de la importante Fúbrica ~Iexicana de Tabacos "La
Prueba," sin hacer también mención dio-na
y
0
honrosa de lo:. Sres. D. Román l\Iaciá y D.
Bernardo Casanueva, hermanos políticos del
Sr. D. J 011é Balsa, inteligentes financieros en
asuntos tabacaleros, y cooperadores infatigables de la magna industria.

.

•

VALLE NACIO,~A1...- Hondura de Nanche.

•

VALLE NACIONAL.- Hondura de Nanche.

VALLE NACIONAL.-San Juan del Rio.

VALLE NACIONAL,-San Juan del Río,

•

�La Zar zaparrllla

del,

~Banco Central Mexicano.~
H

Dr. Ayer es un tónico maravi-

lloso. Limpia depura y enriquece l a sangre, arroja del
siste ma todas l as impurezas y comunica v ig or á los nerv ios. La sang re es enriquecida-los mú sculos forta lecidoslos nervios v igorados y l a salud restablecida.
La Zarzap arrilla es sólo uno de una d ocen a de ing redientes de que est á compuesto este maravilloso re n:~dio,
cada uno de l os cuales está especia lmente calculado para
cooperar en la gran obra que ha de re alizar esta medicina .
Esto no puede decirse de otras Zarzapa rrillas. Pues sólo
es verdad de la Zarzaparrilla del Dr. Ayer. Pónganse e n
guardia contra las imitaciones.
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 1, No 8, Febrero 22</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Ignacio Manuel Altamirano</name>
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                    <text>La Zar zaparrllla

del,

~Banco Central Mexicano.~
H

Dr. Ayer es un tónico maravi-

lloso. Limpia depura y enriquece l a sangre, arroja del
siste ma todas l as impurezas y comunica v ig or á los nerv ios. La sang re es enriquecida-los mú sculos forta lecidoslos nervios v igorados y l a salud restablecida.
La Zarzap arrilla es sólo uno de una d ocen a de ing redientes de que est á compuesto este maravilloso re n:~dio,
cada uno de l os cuales está especia lmente calculado para
cooperar en la gran obra que ha de re alizar esta medicina .
Esto no puede decirse de otras Zarzapa rrillas. Pues sólo
es verdad de la Zarzaparrilla del Dr. Ayer. Pónganse e n
guardia contra las imitaciones.
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...............
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�EL :il[UNDO ILUSTRADO

Domingo lo. de Marzo de 1903.

PÁGINAS DE VIAJE.

Un €nti~rro ~n flor~ntia..
(A PROPÓSITO DE LA PESTE BUBÓNICA.)

C

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A ciuda~l de los M.édicis ardía en un i n~~ndio estival. BaJo las frondas del Giardino Boboli, agostadas por un sol implacable, con la pe~adilla de la galería de retratos
de los viejos señores de Florencia--papas,
cardem.les, guerreros, una cohorte de rostros
osados, hipocondriacos, de grandes locos, .de
genios, de héroes, de malvados, caldeados por
la misma sangre,-aspiraba con delicia el aire
cálido que rizaba la obscura superficie del
Amo, en un ansia de luz y de horizonte.
A lo lejos, dPl otro lado del río, lns rígidas
masas de los palacios florentinos. ¡De los palacios florentinos, de cuya «gloria triunfal»1oh imperdonable ignorancia!-había yo hablado tres meses a11tes, en una crónica parisiens~! Enfrente de mí, el Palacio .Pitti, envuelto en un rojizo vaho de verano. Una muchacha pasó á mi lado canturreaudo 110 sé C]Ué
cosa. E inconscientemente me eché á andar
detrás de ella, con esa curiosidad inquieta que
ha llamado un humorista frnncés «la dicha
de seguir,» que consiste en ir forjando historias disparatadas acerca de una persona, que
á los veinte pasos desttparece y no volveréis á
ver mí1s en la vida.
Confieso que estaba yo en aquel momento
más cerca de Bocaccio que del Dante. ¡ Padre,
perdón! Y heme aquí desandando el camino
andado, y· h eme otra vez en las retorcidas callejas, camino de la Pinza de la Sefioría, el
salón al aire libre, en donde las multitudes se
codean democráticamente con el arte. Unos
pasos más y doy con el embaldosado lugar en
que flam1;Ó la h oguera de Savonarola.
1Y no llegué! De pronto, al volver una esquina, un espectáculo extraño hirió mi vist.i.,
dejándome por un momento absorto. Era
aquella una mascarada macabra, de la que no
pude darme, al principio, cuenta. Tras un hujier de enlutado tricornio y amplia capa negra,

seguían como una docena de peregrinos, fantasmas, trasgos, de túnica de raso y semblantes enmascarados.
Cuatro de estos aparecidos llevaban en hombros un féretro entreabierto que dejaba ver el
cuerpo reclinado de un muerto, cuyo rostro
amarillo ponía una nota clara en la sombría
mancha de aquel cortejo.
¿Soñaba? No; poco á poco, los ví avanzar y

EPINICIO DEL AMOR.
(CONFIDENCIAS POÉTICAS)

-Tú que lo sabes, oh poeta modernista, tú
que por intuición divina presientes las extrañas congojas de los espíritus enfermos, tú me
dirá&amp; lo qua pasa en nuestras almas enamorada:;¡ y dolientes.
Yo caminaba errante por los breñales de un
caro po baldío, perdida la orientación de los
senderos y"anhelan te por descubrir en el horizonte brumoso una estrella maga que enderezara mis pasos hacia la Bethelem de la Vida.
Y mis intei-rogaciones al cielo, mis quejas perdidaR entre• el rumor tranquilo del arroyo y el
misterioso silbar del viento entre las copas de
los árboles, quedaban sin respuesta en aquel
solitario páramo, testigo indiferente de misan-sia8.
De pronl.9, un pajarillo verdinegro, chirriando y saltando ante mí, fué subiendo poco á
poco de rama en rama, hasta la más alta cima
de un pino gigantesco, y daba trazas del mayor contento al enseñorearse de aquel sitio
donde la vista podía dilatarse por toda la extensión del bosc11je.
¿Me interrogaba acaso, me enseñaba el camino? Así me lo persuadió mi deseo, y no
emprendí tms él el vuelo porque no tengo alas;
pero apreté:el paso, corrí hacia la curo bre para abarcar con él mayor espacio, y subí, y rnbí, jadeante, fatigado, enfermo de fiebre intensa y enloquecedom que delirante me empujaba, me empujaba ayudando á mis destrozadas piernas y á mis debilitados pulmones
para no caer desmayado en medio de la selva.
¿Cómo llegué? Lo ignoro. El hecho es que
estuve en lo más alto; 1¡ue el paisaje esplenden-

aventura de galantería que juega con la muerte y que se llama el ccDecamerón.,,
Caían como espigas tronchadas por una hoz
invisible los miembros de las familias más
nobles, y también caían los plebeyos, envueltos en sus capas obscuras. Faltaba tierra para
sepultar tanto cadáver. Y faltaba también
quiénes los enterrasen.
Se huía de la peste á rápi.da carrera y á gran

ví arrodillarse á los transeuntes y persignarse
á las mujeres, mientras la comitiva seguía lentamente su marcha, y al rato la vía tomaba su
habitual aspecto, y la insubf'tancial vida florentina volvía á hacer sonar sui:¡ cascabeles,
enmudecidos inespP.radamente por un entierro.
Sí, un entierro, conservado {1 traYés de los
tiempos con sus lúgubres perfiles, una aparición medieval de simbolismo terrorífi co, que
encuadraba bien en aquel marco que tenía por
fondo los pesados muros de la Galería de los
Oficios.
Era el siglo XIV y la peste flajelaha la capital Toscana. La muerte había detenido el
alegre remoli1,o del amor y de la lucha, como
había detenido mi paso de incorregible &lt;cflaneun,. En aquel sepulcro sólo se hicieron oír,
como arrogante mofa, los frívolos acordes de un
trovador libertino. A los dobles de Santa María de las FlorPS, hacían coro el tintineo de copas y el estallido de besos escapados de esa

te apareció á mi vista deslumbrante de majestad y de pompa; que mi atónita mirada prendió en mi corazón el espejismo seductor de
una visión divina, convertida en realidad por
no sé qué maravillosa virtud; que esa visión y
r ealidad eran el alma angelical y el cuerpo albo y gentil de ella, de la mujerángel, toda espiritual y adorable, toda belleza y juventud,
con su forma esbelta y gallarda, su mirnd:1.
tierna y profunda, su expresión seductora de
bondad infinita.

***

La emoción sentida al contemplarla era tan
honda, que me embarg(, el uso de la palabra
cuando yo hubiera querido balbucir, hablar,
cantar, gritar el ardiente deseo de rendirle el
homenaje de mi admiracli()n y el culto que se
había despertado en mi alma.
Y Ella compartió conmigo el mismo sentitimiento; me lo decían sus divinos ojos, se
adivinaba en su actitud ruborosa y expectante, se sentía en las pal pitaciones de nuestros
pechos henchidos con el íuego engendrado por
cada latido de nuestros corazones amante~.
Entonces, en la plenitud de la vida y de la
dicha, duefios absolutos de los encanto'l de la
naturaleza que convirtióse en escenario magnífico y feérico de nuestra felicidad, nuestras
almas se entendieron y se acercaron á la mesa
nupcial del Amor para comulgar el pan eucarístico de nuestro cariño sin par.
. Oh, poeta modernisk-i que todo lo presientef', ¿por qué no morimos al gustn.r el goc... supremo, por qué, cumplido el destino final del
placer de amar, seguimos viviendo y padeciendo?

***

Domingo lo. de Marzo de 1903.

.EL MUNDO ILUSTRADO

En aquellas horas solemnes de pasión yehemente, cuando el sol, la luz, el calor, la tierra,

prisa se depositaba {t los moribundos en su
fosa, algunos de ellos ni aun sin eRperar que
rindieran el postrer suspiro. Un día se enterr6 á los enterradores, y Florencia qued6
entregada á los muertos.
Entonce¡,, la caridad hizo un n,ilagro: las
familias mfls nobles-las nobles familias democráticas florentinas-se c_ongregaron, acRS0
en alguna de aquellas amplias salas en donde
hoy la~ viejas armaduras han caído faltas de
cuerpos que sepan sostenerlae, y resolvieron
reemplazar á los enterradores.
Hicieron más los nobles florentinos : sublimaron la caridad encubriéndola, velaron sus
rostros, cubrieron sus cuerpos, y así la vida
fué más poderosa que la muerte.
Las costumbres se han conservado y los herma~os de la Misericordia son los que hoy entierran á sus hermanos.
Y he aquí lo que vi en la ciudad de los Médicis en una mañana de incendio estival.
CARLOS DIAZ DUFOO.

l~s plantas y las flores, cuando todo lo que
vibra entolia con nosotros sus himnos á la vida, el amor se inflama con el fuego sagrado de
11: naturaleza creadora y se expande en difu•
s1ones de fuerza germinativa que lleva polen
á todos los cálices amantes.
Pero Ella, en cuyos labios he libado la am•
brosía de su alma, Ella cuyos cabellos me em•
briagaron con el perfume que despiden, Ella,
la adorable, 1n nuble, la única mujer que ha
conmovido mis 1oentidos y se ha ensefiorE&gt;ado
ele mi espíritu, me encuentra humano, me halla torpe y grosero porque no me despojo de
la carne, porque soy hombre, en fin, terreno
y deleznable, como que es de arcilla el vaso en
que se deposita mi alma.
Poetas, filósofos, sabios: Yenid á mí, descifra&lt;lrne el secreto de mis torturas, decidme lo
que debo hacer para ahogar los impulrns del
corazón y hacer más luminosa é indeficiente
la llama del espíritu puro.

***

Y una voz lejana dej6 oír la respuesta del
Filósofo:
-:-:,El alma anima la materia, y á mayor ele•
vac10n ~e espíritu corresponde igual pureza en
los sentidos.
Y un canto delicioso como los salmos de
David, alegró á la mohtaña con la canci6n del
Poeta:
--El Amor es la génesis de la Yida: ama
con todas tus potencias y sentidos porque el
Amor es el a!rpa de la Eternidad.
ANTONIO ENRÍQUEZ,

EL C.&amp;B:tl.A.V AL.
to qut tra y lo qut ts.
¡También tú, oh Ca:naval, alegre y bulli·oso Carnaval, también perteneces clefinitiamente al beterogéueo y voluminoso lío de
eosas que se van! Nadie lo hubiera creído:
ya muy viejo, parecía que habías entrado
a vez por todas en las costumbres de esta
bre humanidad que, como la mariposa en
s de la luz, en pos va siempre de todas las
iones de reír, aun cuando á la postre quee sus alas en la risa y perezca sin galas ni
usiones; parecía que tú, viejo y simbólico
:naval, que ponías caretas sobre las másca'&lt;l! y máscaras sobre las en.retas, estabas desnado á sobrevivir á muchas otras cosas de
taño, porque tenías la fuerza de la alegría
1te arrullaban los armoniosos de!&gt;granes de la
1úsi~!. Pero n?, la humanid~d, que se cccos1opoht1za,» esta cansada de reu en las mismas
estas y de baila1: las D?ismas danzas; quiere
ír todavía y quiere bailar más aún pero con
ras risas y con otras danzas. Tú, 'venerable
~naval, ya no le !~astas, tus bromas le pacieron por demás rngenuas, el sonido de tus
scabeles lastim6 sus oídos, ávidos de nuevos
nes, y has muerto, Carnaval has muerto
rque el olvido y el desdén 'son muertes'
~ndo el olvido y el desdén empiezan á se;
1versales. Y hoy por hoy, hasta en los lu1res ~n que con mayor imperio reinaste, en
:necia, en Roma,, en Niza, sólo pasas como
1 recuerd.o c~da dia menos intenso; París te
le~ra art1~c1almente y rápidamente; por lo
m~s, !ª M1-careme y el Carnaval son dos cod1stmtas.... .. . . . . . . La ceniza del miércoles
c~uoso que abre el rosario de los cuarenta
de penitencia, ha caído sobre el Carnaval
mo cae la tiena sobre la tapa de un ataúd.
1Carnaval ha muerto; descanse en paz el
rnaval!

Cuando, pasados los días ruidosos la juventud que alegre danzara, recibía ;obre la
frente recordación crucial y negra de que el
hombre es polvo y en polvo ha de convertirse
á pesar del recogimiento cuaresmal á pesar d~
las severas exhortaciones de los sa~rdotes á
pesar de las purificadoras expiaciones impu'estas por el tribunal de la penitencia, los recuerdos del Carnaval quedaban ocupando las imaginaciones juveniles, y más de una honrada y
fecunda pareja que hoy peina canas y acaricia
biznietos, sintió por vez primera la recíproca
atracción al cruzarse sus miradas por sobre el
atrayente misterio de la careta ..... .
Preguntad á los ancianos de esa época acerca de los contentamientos carnavalescos de
antaño y escucharéis profundos suspiros ..... .
Si son sensibles, tal vez hasta se desprenda
una amarg,1, lágrima de sus cansadas pupilas ...
Pero el tiempo corre y con el tiempo, como

recorren la ciudad comparsas ni estudiantinas.
La reunión carnavalesca en el Paseo de la
Reforma no se distingue gran cosa de la de
otros días de fiesta; apenas si una que otra
máscara vergonzante y provocadora de la burla popular, se atreve á recorrer la aristocrática calzada, ya en un coche de alquiler, ya en
una bicicleta ...... de alquiler igualmente. En
la calle, quizá recuerden los restos de algún
cccascarón,,, roto por mano infantil, que estamos en tiempos de carnaYal. Por lo demás,
nada lo recuerda.
¡El Carnaval ha muerto: descanse en paz el
Carn aval!
SARDIN.
El mn.r es la única belleza, la única fuerza
natural que el hombre no ha podido deshonrar ni disminuir.

***
Cuéntanme que an.ta:ño, cuando eran jóve, Y alegres y bulhc10sos muchos viejecitos
e hoy toman el sol y arrastran sus rememnzas por las calles de esta Metrópoli el
aval de México era suntuoso. Los go~o
de !a cccremai&gt; social organizaban compary «¡uga~an 1~ caret~, con singular donaire;
.casas ma.s aristocráticas se·abrían para rebU: á los dis~razados, y en los tiempos del
idente Ari.sta y de la serenísima dictadura
/º.n Antomo López, hasta el presidencial
acio d~i-ramaba sus luces sobre las parejas
\ ataviad~s d~ ~il disfraces, se entregaban
Y cundo eJercic10 del pecado ino-enuo antes
~onsagrarse á los cuarenta días°de ar~epenit:º oficial. T L?ego, en los elegantes salo. e Teatro Nacional que ya no existe la
ciedad. , mexicana
·
'
· la ·ruidosa
'
coutemplaba
papnsion de la juventud dorada y el bastón
c,apáS,
. . ervurn-( ¡este eterno 'caballero ha
rev1V1do al Teatro Nacional! )-resonaba
re el pavimento con entusiasmos primavees ........ .

tlijo alguien, ,,tout passe, tout lasse, tout
casse"I

***
¿Qué ha quedado del Carnaval, en México?........ .
. La l:'~imera noticia que se tiene de la aprox1macion del Carnaval está constituida por la
aparición de algunas feas máscaras de brillantes y escandalosos colores en las puertas de los
eftanquillos y en los improvisados ccpuestos»
del portal...... He aquí la diferencia del Carnayal de antafio al Carnaval de hoy: la que
existe entre la perfumada careta de raso y la
mal oliente careta de cartón ..... .
Hoy ya no cese juega la careta,, como antaño se jugaba (tal vez porque hoy" se lleva careta durante todo el año); hoy, los bailes de
máscaras son orgías repugnantes; hoy ya no

l

DE "MISA NEGRA"
LLAMADA.

Ven, soy joven aún y puedo darte
l\lis savias confortantes y bravías
Que no sufren ni menguas ni atonías
Y podrán con sus bríos confortarte.
Nadie sentirá celos:-por el Arte
-Ese país de eternas gemonías Voy can tando funestas elegías '
Y á mí, sin peligrar, puedes llegarte.
.Dices 9ue no.soy joven, porque has visto
1\11 espíntu seml y macilento
Como el cuerpo lumínico de Cristo?
Rí! soy joven aún; más entró en mi alma
Un amor desastroso, tigre hambriento
Que devoró las dichas y la Calma.
'

TEMPLO.

¡Mi_remos 17uestro templo! ¿Qué hermosura!
¡Qué mmensidad ostenta y qué grandeza!
Es templo universal Naturaleza
Abierto á toda mundanal criatdra.
SuA gramas son alfombras de verdura,
La luna lampadario de tristeza,
Y el mar es un nostálgico que reza
Bajo el inmenso domo de la altura.
.Este es P~ templo. ¡Ríndete ele hinojo~,
Mientras vierten las aves sus cantares ..... .
Prende ya los fanales de tus ojos,
·
Desgrana de tus labios la sonrisa
Y de Naturaleza en los altares
'
Celebremos ¡oh virgen! nuestra Misa.
JOSÉ

1-f.

SrnRRA.

�EL MUNDO ILUSTRADO

(«Ni son todos los que
están ni están todos los
que son.&gt;)

[Súplica al lector: qu~ se fij~ en que en todos estos artículos es c:un el m_1smo asunto ~l
tratado, en todos es ca:-;i el mismo persorn~¡e
que se fotografía; pudiera creerse. que el m1,;mo autor de ellos estaba loco; sm e1~1!&gt;~r~o,
como ceno hay loco ......... » no se atre\'lo a firmarlos,y me.veo precisado, yo_9u~pue~lo asegurará ustedes c¡ue estoy en m1 ¡mc10, a poner
la firma á el'-ta colección que de entre mucho~
papeles revueltos he tenido que recomponer.]

I
«EL IDIOTA.&gt;

1

l

QlJEL día volvió más
triste que de costumbre
á,su casa; había asistído á una velada durante
la cual pudo obseHar,
cuando leía sus versos,
que se abrían bostezos
tras ele los abanicos y se
frnncían sonrisas baJ·o
las manos. Hasta sus
oídos llegó esta frase:
¡Pobre soñador!
· · «en t re las nu-¡Tieneh razón! esto de v1v1r
·bes&gt;&gt; es tonto·, er;tudiaré á la Humanidad.
Al d ' • • t ~ Ji, á la calle y enfr6 en
iad~1g~1en e .a o
'
cl~~I~&amp;

..

Cuando volvía ele sus excur:-;iones, lle,~aba
unas veces dolorosamente muchas cuartillas
y la~ guardaba;otras veces, cr~yente ele que no
debería ce haber hecho» lo er;cr1to, r~m pía con
clcs&lt;lén, para la har;ura, mt~ch_as hoJas cu_~borronadas;otras noches, enr0Jec1do de verguenza, encendía en la vela, porque creía que la
dest rucción debía ser com plcta, los papeles
manehaclos.
Una noche al llegar ú su rec[unara harto lle
callejear, mús que cansado fíEicamente, malt!·eeho moralmente lo esperaba agazapado el 111 •
somnio ¡mal&lt;lit~! que se rió del rnuchacho
cm111do él entraba con la esperanza. &lt;le un sueíio consolador.
Apenas cerraba. los ojos, Y un grito, un quejido, una increpación,, le pro~·ocaba.n el salto
en la cama, y le hacian almr clesnie?madamente los ojos en meclio &lt;le la obscuridad ele
su triste alcoba.
Yolvíii á plegar los pÍ\rpados, Y una mujer
horriblemente empalidecida, grit~b~: soy maJre, que me lo devueh·an; es cr111_1111 al, . pei;o
es mi hijo; y una señora muy sena le deci_a
desde una silla nlta y con brazos, como las 81 ·
llas en que colocan á lo;-; niños Ji&gt;ª:ª q~i~ alca~icen á la mesa: ,,no; sena una rn¡ust1cia.» Un
hombre bien fuerte, pnsaba ,,rezand o» que ne, v1e¡a
· · ar~·e bacesitaba limosna para vivir. ,Cna
· · ., l ol e: «mand o.,i
taba á un chiquillo, rn¡unnm
Una niíia blanca llevaba el veeti&lt;lo
' manchado
l' d
con sangre. l:n hombre que corna empa 1 ecido y sudoroso, llevarnlo en la mano sacos de
&lt;linei·o era detenido por un guardián que le
)

EL :\IUKDO ILUSTRADO

decía: seíior, no se canse; yo llevaré los
1!n anciano rodaba muerto sobre el cam
araba en unión de dos bueyes, r;us com
ros; y un borrico muy_ gordo que Yestía
seriamente, tomaba as1e11to en una ampl
taca hecha con pieles de hom bre,i, ante
luclos ceremoniosos de un grnpo de so
roR.
El suefio era tan horrible que abajo
cama dos hombrecitm,, cedas títeres,» d
tizaban una figura mezcla humana y
temblando por respeto ú su amo muy
que los azuzaba: ¡adelante, aclclanle!
Después ¡naturalmente! no dormía,
la cama: fué al bufete, y bur;có las cu
escritas. Las ley6 con avidez.
Cuando concluyó, descomponía.
una mueca extrnña.
Clavó Ja cabeza sobre las palmas tle 1
nos, y dejó qne se le cerraran los párJ!&amp;
Ante su vista pasaron muchas ro]
desfilaron muchas negruras; se miró
damente malo! ¡En su corazón había 1
Has de crimen!
y se larg6 con los borrones que
entre las manos.
-·¡Xo; decididamente no; es una
..
me voy á las nuues! ,
t
Llegó hast.n
., el zaguan, y e1 por ern,
liento, le saho a 1 paso:
el
-¿Esperan á Vd. si lo buscan? ¿vu
pronto?
d
&lt;l'
-Yuelrn dentro e unos tas, creo q
ja.ré pronto.
•

,_&gt;a,,-=,C-&gt;a,&lt;.A-""C-,_,&lt;.,o,a~c-=,&lt;..o=,LO~LO~~~~,..,...::,,.,~.~.~-~-~-~.~-~.&lt;.c~,~•~•~•~•~•'4-'i'!,_"C..;,¡.,,&lt;.c-'i'!-,~.,.~.~.
......~~~.--,.,.
.....-,.,. -,.,......-,,.,..-,.,.,....-.........-,.,.,....-,.,,.................... .. .. . .

\Jorrió hasta una tienda que abrían enfrente
de la casa y de ,!onde :,alía la tos del mozo
madrugador, ;: se ei,capaban l?s últimos bostezos de una lamparas de petro~eo.
,
El dependiente le gruñó un feo: ¿ccque va a
tomar?»
,
I
.
.,
1
-Dispense Yd., ¿conoce a la I umr..nH1ac.
¿A qué hora _sale el tren :P;'lra la'3 nubes;
El depend1e11te le volv10 las espaldas, bostezándole:
-¡Pobre idiota! ........
Desde e,.:a madrugada, Yaga por las calle~,
sin rumbo, ·nirando ú la~ 11ulie,.:.
Unos lo mimn con lástmta, otros lo ven t·on
burla; alguno,, le da11 un centaYo, y to&lt;los dicen:
¡Pobre idiota!

veía compasiva cuando yo la preguntaba tantas cosas· y las estrellas que se han guiñado el
ojo cuando me han visto; tenían r~zó!1 los
hombres que, como tocios los monos, 1m1tando á los que est:ín más alto, imitaban á las estrellas y con los ojos se reían de mí, cnmbián-

Domingo lo. de l\!arzo de 1903.

LOS COlV.UECIRNTES DH LA PESTE.
Publicamos hoy uua fotografía que representa el grupo de eonrnlecientes de la peste
bubó11ica aislados en la barraca cc31 de Marzo,» ·

II
;YO CUIL\!

L\TRO enorn1e:,;

l'I

rio., me :unarillah:111
el ro:-tro púlido, co11111
&lt;le 111uerto, v rasurado, como &lt;le· clérigo.
lTahía mucho ~ile11do· en la habitación.
v lllucho luto en los
cuerpos de los presentes.
Yo estaba muy serio
cumpliendo con mi
deber ele muerto; e,;taba bien muerto, y como
si vistiera lulo por la muerte mía, estaba bien
negramente ensotanado, porque yo habfa i;ido cura· todo lo que vestía yo era negro, des'
.
de los calcet1:1es-no
me hab'mn puesto zapatos porque pensaban que los muertos por más
dedentes que ~ean no necesitan llevar calzado,
porque ¡al fin no ~m&lt;ian!-hasta el listón que
me ataba las manos, para procurarme, aun
muerto, la actitud heaHfica, pues creían que
yo había sido cura bueno!
Todos sentían, según decían, que yo hubiera muerto· unos sollozaban, otro? suspira.han.
Las ca~panas de la Parroquia, de la que había sido mi Parroquia, dobla.han por mí. En
la calle no se hablaba de otro suceso más que
de mi muerte, y muchos me elogiaban entre
copa y copa.
En muchas cisas había ceras encendidas en
mi honor aunque yo no las necesitaba, porque cchabía sido taií bueno.» .........

Mazatlán.-Los convalecientes de la peste bubónica.

dose la idea de que estaba yo loco; lo estoy,
y para no fasticlinrlos mfü, ó para no hacerlos
reír mús gratuitnmente ele mí, y por mi parte,
para J10 exponerme á sus carcajadas, me voy.
¡Pobres ranas si llego todavía con palabras
en la boca! ¡Pobres sapos si aún puede11 cnmo
los hombres comprencler que estoy loco, y fastidiarRe con mis maniíestaciones aliénicas!
Y el loco que hablaba ya en pie sobre la barda del pozo, gritó despidiéndose con el ademán:
-¡Adiós; que sean felices, cuerdos; yo, el
loco, me voy. porque no puedo soportarlo,i! ...
y i;e anojó tranquilamente a! agua.
FRANCISCO ZÁRATE

RUiz.

en l\Iazatlán, conforme á las órdenes dictadas
por el Consejo Superior de Sal u bridacl, para
impedir el contagio. Las personas que forman
ese grupo, seg(rn una importante correspondencia. que tenemos á la vista, son las únicas,
que, del 18 de enero al 11 del pa!-ado, escaparon á la. muerte curándose en el lazareto.
A título ele información, damos también á
conocer la fotografía de uno ele los departamentos ele que constan las barracas. La familia que aparece en ei-a vista y que i;:e encuentra aislada, es la. de don Santiago León, persona muy cono-:ida en l\Iazatlán.
El mal que la inteligencia se complace en

-¡Yo Cura, ). yo bueno!
¡Cuánta mentira suefia uno! ¿ ,·enlad?

III
&lt;EL LOCO PACU'ICO.&gt;

L ccloco pacífico» estaba sentado sobre la
barda del pozo; la fa.
milia se había acostumbrado ya á sus
locuras inofensivas, y
lo dejaba que anduviese por toda la casa, y se olvidaba de

Mazatliin.-Una familia aislada en las barracas.

turloso tuaaro Histórico.

él.
¿Quién sabe si alguna vez llegarían á desearle que muriera para que dejase de sufrir,
para que descansara?
Allá aba.jo las aguas retrataban las negruras
de su espalda-el traje y la cabellera, -entre
las cuales blanqueaban dos renglones que se
llamaban cuello de la camisa, y en gradación
descendente de color blanco, cuello del cuerpo.
Repitió: cctenía.n razón; yo estaba equivocado ; se me ocurrió que la Humanidad estaba
loca; pero, ¡ Diablo! puesto que la Humanidad y yo no estamos ele acuerdo, puesto que
la numerosa Humanidad y yo tan solo no he~os podido ponernos á vivir juntos y á vivir
bien, y la Humanidad sigue tan acompañada
Y yo sigo tan triste. yo soy el loco; tenían raz6n los parientes que lo murmuraban tan hipócritamente; , tenían razón la Luna que me
LA CATEDRAL DE MEXICO EN CONSTRUCCION (Copia de un cuadro existente en el Casino Nacional.)

LA CATEDRAL DE MÉXICO EN CONSTRUCCIÓN.

En el Casino Nacional se conserva como
una reliquia de la época del Gobierno ~spañol
en México, un cuadro que representa la construcción de las torrPs ele Catedral v que aparece fechado en 1794.
' •
El cuadro referido contiene en una de las
esquinas inferiores, la explicación, numerada
que indica los edificios principales vecinos'
como el Sagrario, la Casa del Estado, la capi:
lla de los Alabarderos, r el templo ele Santo
Domingo. Una gran balaustrada de mampostería li1;1i~a el atrio de la Catedral y, fuera de
él, se d1stmgue, sobre una mesa, una imagen
del ((Señor del Cacao» y la cruz que se llamó
cc&lt;le los indios». Por último, y marcada con el
._!1Úmero 6, aparece la ,,estufa» del virrey, tirada por seis caballos y escoltada.
Ofrecemos en este número una copia fotográfica de tan curioso cuadro,

decir de las mujeres, es el desquite del bien
que el corazón se obstina en esperar de ellas
G. M. V ALTOUR.

LA ÚNICA Y F1EL. .. .,
Xo eres mujer sino rosa,
rosarreina inmaculada,
y yo, de tu corte a.lada,
la única y fiel mariposa.
¿Qué mucho que siendo hermosa
primaveral, delicada,
'
esté con tu corte ala.da
la única y fiel mariposa?
l\Ia.ñana, must_ia y rugosa,
aunque no estes rodeada
del enjambre que hoy te acof~
tendrás de tu corte a.lada
'
la única y fiel mariposa.
JUAN

B.

DELGADO,

�Domingo lo. de Marzo de 1903.

Ca primua escuda en d territorio
Quintana Roo.
Creado por el Congreso de la Uni6n el Territorio Federal de Quintana Roo, en la parte de la Península Yucateca quefué teatro de
los rebeldes mayaR, se ha establecido en el naciente puerto de «Xcalak» la primera escuela
de instrucci6n primaria. El ¡?rabado que publicamos representa el humildEl local que ocupa el plantel, y el grupo de nifios que concurren á las clases.
El Sr. Presidente de la República., al saber
que había quedado ya establecida esa escuela,
dispuso se dotara con todo el material necesario para la enseñanza, y al recibir la fotogra•
fía que reproducimos, mandó se obsequiara
con libros y juguetes á los alumnos como un
premio á su constancia y á sus afanes. Los
niños, instruídos en la lengua nacional lo suficiente para adquirir los primeros conocimientos científicos, sustentaron hace poco su primer examen.

LA CAMPAÑA CONTRAELALCOHOLISMO.
Existe en los Estados Unidos una respetable agrupación femenina que se dedica exclusivamente á combatir el alcoholismo y que ha
formado, con este objeto, numerosos centros
de propaganda en aquella República.
La acción de esa benéfica sociedad no se ha
circunscrito á las ciudades del Norte en que la
embriaguez causa incalculables males, sino
que, salvando sus límites, se manifieEta ya en
las más aventajadas naciones del globo, que
han recibido sus trabajos con beneplácito.
A México ha sido enviada, para emprender
la campaña antialcohólica, la Sra. Addie Nórtham Fields, una de las más entusiastas propagandistas de la temperancia.
La Sra. Fields ha tenido que aprender español, y para el poco tiempo que lleva

EL MUNDO ILUSTRADO

en esta Capital,
se puede decir
que ya ha hecho mucho. Su
buena obra ha
empezado por
dar conferencias
á los presos de
la Cárct:l General y "á los de la
Penitenciaría, y
por recorrer algunos Estad os
de la República
donde se le ha
recibido con todas las consideraciones que me
rece por su laudable empresa.
En esta Capital se fundó una
sociedadde temperancia que es
presidida por el
Sr. Dr. Roque
Macouzet, y cuyas sesione¡: semanarias se ven
muy concurrí das. La Sra. Fields va á dar conferencias en
las escuelas Primarias y Superiore'!, así como en la Preparatoria, antes de partir de esta
Capital.
La agrupación qutJ ha formado creará nuevos centros antialcohólicos, á fin de que la campaña emprendida dé los resultados apetecidos.

PENSAMIENTOS.

EL MUNDO ILUSTRADO

L a Escuela de Xcalak.

EL ENTIERRO DE OFELIA.
I
Es la mañana. De los rosales
Brotan alegres, cual de un salterio,
Vibrantes cantos, himnos triunfales
Que a.Izan jilgueros y alond ras reales,
¡Los trovadores del cementerio!

II
El arte debe ser un órgano moral de la vida humana.

*

El objeto de la educación femenina no ha
de consistir en transformar á la mujer en un
diccionario.

*

Al pie de un sauce verde y somb
Junto á marmórea. tumba labrada,
Hámlet. el príncipe pálido y frío,
Con otro joven, en desafio,
Cruza, bizarro, su recia. espada.

III

La intolerancia y la malicia son
hijas legítimas de la falta de entendimiento.

*

Construcción y destrucción: todo el progreso de las sociedades
modernas rueda sobre
estos dos términos.

*

El reconocimiento es
parecido á cierto licor
de Oriente que no se
guarda más que en vaso~ de oro: perfuma á
las grandes almas y en
las pequefias-se agria.

*

Nada es tan difícil
de comprender como
lo que se ignora; nada
más sencillo que lo
que se sabe.

*

El genio es una larga
paciencia; el carácter
es más todavía: el carácter es la voluntad
sostenida, el esfuerzo
de todos los momentos, en todas las situaciones.

Paran la lucha los dos rivales:
Que un blanco féretro busca. su fosa
Por la ancha senda de los rm:aleA,
Y en él, ceñida de albos cendaleP,
Des..:ansa Ofelia, la virgen diosa.

IV
Aquella clara noche de estío
Junto á reciente tumba entreabierta,
Hámlet, el príncipe pálido y frío,
Derrama, presa del desvarío,
Llanto de sangre por su hada mu
V

Vierten los astros lumbres radio
Entre cipreses níveos jazmines
Dan sus esencias más olorosas,
De los sepulcros se abren las losas,
Y suenan cítaras y bandolines.
MANUEL REIN

La muerte en la empeflada
Contienda contra el ser, está venci
¿D6nde existe el imperio de la N .
En cielo y tierra y mar, bulle la v1
F'ELIFE TEJ

*
Releer es descubrir un libro
nuevo en un texto que ya se ha
leído.

*
Los hombres más temibles son los prudentes.
Sra. Addie Northam Fields

1.-0rilla de una presa, en Gu~najuato.-2. El Pico de Orizaba.-3. Una calle de
Pátzcuaro.--4. Ruinas de San Francisco en Zacatecas,

Domingo lo. de Marzo de 1903.

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo lo. de Marzo de 1903.

-

Enstñanza dt los Sordomudos
notables Progresos.
\

1

Incalculables son los adelantos que en los
últimos años ha alcanzado la ensefianza de los
sordomudos. En Alemania se inici6 un movimiento sorprendente en ese sentido, y todas
las naciones se apresuran á seguirlo. Hace
veinte años parecía imposible, casi absurdo,
que un mudo llegase á hablar; hoy los pobres
niños desheredados de la naturaleza llegan á
articular palabras y emitirlas con relativa
claridad y precisión.
Creemos, por lo tanto, que será del agrado ele
nuestros lectores la información que publicamos en este número,con relación á la enseñanza que en la Escuela N. de Sordomudos se
imparte á los educandos. Los procedimientos
empleados para ello, se ajustan en todo á :os
más severos principios deuna pedagogía especial.
Es l111 fenómeno meramente fisiológico,
comprobado por In. ciencia, que la atrofia de
determinadas celdillas cerebrales trae como
consecuencia la hi perlrofüt &lt;le otras. Vulgarizando la explicación, diremos lo que todo el
mundo sabe: cuando los órganos de un i,enti&lt;lo no funcionan, se activa sobremanera el funcionamiento de los demás órganoR.
Aceptado este principio, agregaremos qne
casi todos los alumnos de la Escuela de Sordomudos, revelan desde luego una notable
inteligencia. De ello quedamos convencidos al
ver que los pequeños pensionados, en su mayor parte, tienen notabilísimas disposiciones

Leyendo "El Imparcial" en alta voz.

pa.ra el dibujo, especialmente la caricatura, así
como para las la.hores mamrn les 6 intelectnales qne constituyen las artes de litop:raffa. zincograha.&lt;lo, pintura al 61eo y Hcuarelas. caligraffa, costura, horda.do, etc. Lo~ tra.hajos rle
lo,o alumnos se exhiben en nn ~a.l6n espPcial.
En nueRtra visita al plantel, presenciamos
una clase ele «De~mutizaci6n», en la que ,:e
prepar:i. al sordomudo para la mecánica dE&gt;l
lenguaje articnlaclo. La prepa.raci6n consiFte
en hacer que el discípnlo se PjPrcite á respirar
ha.blando, á emitir la. voz y á adquirir una habilidad particular dPl tacto, de manera ele hacerle distinguir suficientemente entre sí las
vibraciones fuertes 6 débiles, extensas 6 localizadas quE produce la voz. Presenciamos
también un ejercicio de ccpalpeo de vibraciones» que se efectúa. de la manera siguiente:

mantel y sobre ella,la libreta reciente, el honÍ
do plato con el pan migado para la S?Pª Y e
puchero con el cocido humilde, pero b1_en condimentado, de ga1·banzos tiernos y amarillas patatas.
Algo muy grave había sucedido, no cabí a

~
'

\
'

"

.¡---•:

¡----;--;

o

ESCUELA DE SORDOMUDOS.- Salón de actos y de exposición.

mostr6 todos los departamentos del edificio, y
á la. galantería de este señor debemos las fotografías y datos que ofrecemos á nuestros lectores.

€1 Pucbero Roto.
I

Ejercicio de "desmutización."

El profesor toma la mano del hiño y la coloca en una regi6n especial de la garganta de
aquél; el alumno lleva su mano izquierda á sn
propia garganta y tsl profesor emite el sonido
de una letra q11e también es emitido por el
niño al sentir las vibraciones que produce la
laringe ele su maestro. Increíble parece el gran
desarrollo que adquiere el tacto en estos niños.
Pasamos de esa prueba á los ejercicios de la
pro&lt;lncci6n de la voz. Para éstos se enseña al
sordomurlo, además ele la emisi6n de la voz
natural, la'l posiciones bucales sirviéndose ele
espejos apropiados en los que el alumno ve sn
propia boca y puede- corregir la posici6n defectuosa de ésta. Estm, ejercicios son personales, lo que Yiene á conia;tituir una enseñanza
inrliviclual. Vimo~ también los ejercicios ele
gimnástica de la vista, que tienc;en á de,:arrollar este 6rgano y á facilitar la aclaptaci6n ele
las posiciones internas ele los 6rgirnos bucales.
J?e tal manera es extraorLlinaria esta gimnástica, (JUe los niños llegan á leer en los labios
y á_ aparentar que oyen perfectamente lo que
Ru 111terlocutor les comunica.
Por lo que respecta al estahlecimiento, está
&lt;lota.do de todos los aparatos modernos indispensables parn. su objeto.
El inteligente prof. don Luis Villa, á cuyo
cargo está la enseñanza &lt;le los sordomudos nos

Domingo lo. de Marzo de 1903.

J-OBRE la acera, en un cbarquito de cal. do poco grasiento, había esparcidos muchos garbanzos y patatas, un poco de
tocino,dos tajadas de carne y un hueso,
y entre todo esto,los pedazos desiguales
de un puchero roto, continente, antes de la catástrofe, de la comida de un jornalero.
Separábanse al pasar para no ensuciarse los
transeuntes, sin parar mientes la mayoría de
ellos en la desgracia que representaba aquel pucherillo deshecho en medio de la calle.
Bien pronto dos perros olfátearon el inesperado festín y dieron cuenta de las esparcidas viandas, disputándose luego entre gruñidos el hueso
que restaba, y que, como de costumbre, fué botín
del más fuerte. La acera quedó limpia.
II

No lejos de allí, junto á la valla de una casa
en construcción, un albañil, separado de sus
compañeros que dormían I a siesta tumbados en
el suelo, paseaba impaciente sin separar la mi-

duda.
y en estas cavilaciones, imaginando desgr~cias posibles el jomalero se separaba de la obt a
para llegará, la esquina de la otra calley_ver d_e
lejos si venía la muchacha; fumaba un c1gai:rillo y otro paraentt-etener el apetito, que ya iha
pareciéndose al hambre.
.
.
Por fin sonó la hora de traba¡o; los albañt
les, desperezándose, abandonaron su l~cbo . d_e
piedras, subie1·ou otr,t ,·ez á. los andam1os_y Ni;
ceto después de vacilar un momento, umóse a
ello~ y subió también.
Aquella mañana había tenido con el capataz
unas palabras sobre si esto 6 si lo otro, cosas
del oficio y de poca importancia; pe,:o podía suponer el hombre que s_i Nice~o se retirab~ ant;s
que los dem{1s,lo hacia e_no¡ado por 1~ ~ispu~~Resolvió, pues, no ped n· ~erm1so p,1,a m,~t:
cbarse, y continuar su traba¡o : pero en '.1quella:,
cuatro horas que pasaron basta las seis de la
tarde exponiéndose muchas veces ácaer porq~e
la debilidad le producía v,ihidos, no cesó de mirar á I a calle con la esperan~a siempre deque la
niña aparecería por allí aba¡o. La muc~acb~ no
vino y el jornalero se aferro entonces ,1 ht 1de;i,
de q~e en su familia había ocurrido algo gravisimo.
Por eso al terminar el trabajo, ecbándos~ al
hombro la chaqueta, eruprendio con tal rapidez

rada de la calle por
donde esperaba ver á
su bija con la comida
cotidiana.
Pero ~ranscurría el
tiempo y se acercaba ya
la hora de reanudar E&gt;l
trabajo, y la mucuacba
no parecía, y el pobre
Niceto, un hombrón de
treinta años, inquietábase más y más con el
est6mag-o vacío y la cabeza llena de pensamientos intranquilizadores.
Qué le habría ocurrido á la chica? Qué habría pasado en su casa?
Aquello no había sucedido nunca. Todos los
días de trabajo,sin faltA.r uno, al sonar las
doce en el próximo reloj
de la Trinidad, bajaba
el albañil del andamio
y encontraba á su bjita,
la cbatilla Rosa, que á
los nueve años de edad,
aún no cumplidos, tenía
el airedeunamujerformal, y que le aguardaba sentada en la acera,
á la sombra en verano
y al sol en inYierno,
con la blanca servilleta extendida á modo de

ESCUELA DE SORDOMUDOS.-Otro ejercicio de "desmutización."

la marcha hacia su casa, con tanto anhelo como
temor de llegar á ella.
III

Ejercicios gimnásticos.

ESCUELA DE SORDOMUDOS.-Una clase para niñas.

Vi vía muy lejos, en el camino de Cara.banchel,
y dudó si llegará la plaza Mayor para montar
allí en el tranvía: pero éste se retrasaba muchas
vE&gt;ces, y creyó preferible ir, como siempre, andando.
Por medio de la calle. para que no le estorbase la gente, iba casi corrie1:1do, cuando al Jleg-a1·
á la plaza del Progreso, v16 sentada en medio
del jardinillo á la muchacha. La vislumbró desde muy lejos y dudó. Al persuadirse de que era
ella,corrió en su busca.
Con su bracito apoyado en el respaldo del
banco rústico y el otro caído á lo largo del cuerpo, cabizbaja, inmóvil, estaba la cbatilla. Tenía
junto {t sí la cesta de la comida, y en ella los
ojos muy abiertos y encendidos por el llanto.
-Rosal-gritó Niceto.
La cbica,al oir la voz de su padre, como quien

�Domingo lo. de Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

despierta de un letargo, le miró espantada y sin
moverse.
-Qué es esto? Qué haces aquí? Qué te ha pasao? Por qué no me has llevao la comida'? Vamos, di, responde pronto. Por qué has llorao?
Qué te han hecho':'
Todas estas preguntas salieron de su boca á
borbotones y dichas con la voz trémula de la inquietud y del temor, en un tono que tanto tenía
de reconvención como de cariño.
-Ay, padre, padre!- exclamó por fin la muchacha rompiendo á llorar ruidosamente. - No
me pegue usté.
- Pues qué has hecho para que te pegue?Cuándo te he pegado yo? Dilo, bribona.
-Nunca, nunca; pero hoy sí lo merezco.
-IIabla pronto si no quieres que te zurre de
veras; y basta de llanto, y no llames la atención
de los que pasan. Qué te ha sucedido?
Entonces la niña le contó. Balbuciente y entre
sollozos que no podía conténe1·, dijo que al notar que dentt-o de la cesta iba poco seguro el puchero de la comida, quiso col0earlo mejo1·, y al
sacarlo se le cayó al suelo y se hizo pedazos.
-Acabáramos!- exclamó al oírlo Niceto, respirando con libertad.- Y por qué demonios no
fuiste á decírmelo'!
- Porque temí que usté me pegara .... Como era
una cosa tan gorda!
- Vamos, vamos á casa, que tu madre estará
con la misma inquietud que yo be tenido.
-No, madre no me espera hasta el anochecer,
porque me dijo que iuern á casa de la tía Isidra
en cuanto comiéramos, y creerá que estoy allí.
En cuanto comiéramos! Esta frase hizo al pad1·e caer en la cuenta de que también la muchacha había sido víctima de la rotura del puchero
y que no habría comido tampoco. Levantó la tapa de la cesta que la niña llevaba colgada del
br11zo, y vió que la libreta estaba intacta.
-Oye tú, chiquilla, ¿y por qué no te has comido el pan':'
-¡Estada bueno!-exclamó Rosa.-¿Qué había
yo de hacer eso sabiendo que usté no había comido?
Niceto se inclinó hacia la pequeña, y cogiendo
entre las manos su cabecita rubia, se la comió á besos.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo lo. de Marzo de 1903.

-No hay más remedio
- añadió el albañil - que
ocultarla lo que ha pasao,
para lo cual es preciso
comprar otro puchero.
-Eso es lo mejor, padre&gt;,
eso es lo mejor-dijo la muchacha con la alegría de
quien se ve libre de un
gran peligro.
Entraron en una cacharrería y por treinta céntimos, que Niceto guardaba
para tabaco, compraron un
puchero, el que hallaron
más parecido al otro en
forma, en colot· y entamaño.
Y cuando de nuevo emprendieron la caminata.,
pensaba el albañil para
sus adentros:
- Mi hijita, teniendo hamhambre, no ha comiqo por
que yo no comía, lo cual
prueba que este comino tiene un aJma muy g t·ande.
Y la muchacha iba diciendo para sí:
-Mi padre se ha. quedao sin una pena pa comprat· este pu~hero y evitar
así un berrinche á mi madre y á mí una cachetina,
lo cual prueba que mi pad1·e
es un bendito.
Y así, orgullosos el uno
del otro, cogidos de lamano, marchaban con talgozo en el pecho, que compensaba I a angustia del
estómago . ...
V

La ·señá Pepa, la esposa

ESCUELA DE SORDOMUDOS.Haciendo una caricatura.

IV
Cuando ya tranquilos y
alegres el padre y la bija
se encamil'.!aban á casa se
le ocurrió de pronto al' albañil algo que !Fi hizo frun
cir el entrecejo y detenet•se.
- ;.Sabes lo que pienso,
Rosita?
-¿,Qué piensa usté, padre?
-Que en cuanto tu madre sepa lo que te ha pasao, arma el gran zipizape
y nos da la noche. Ya sabes lo que es, una santa de
Dios ; pe1·0 con unos prontos, que sólo yo se los
aguanto. Ni tú te libras de
una azotina, ni yo de un
disgusto, si procuro evitarla.
Rosita contestó con una
mirada elocuentísima. Lo
que su padre decía. era indudable.

ESCUELA DE SORDOMUDOS.
Una lecci6n de aritm6tica.

Poco era callar entonces, cuando para
evitar un disgusto
acababan de hacer
mayores sacrificios.
La señá Pepa, gru•
ñendo todavía, fué á
desocupar la cesta de
la. comida, y al en•
contrarse con -Ja libreta entet·a no pudo
menos de exclamar
con sorpresa:
-;.Qué es est.o?
¡_Habéis comido bo1
sin pan?

***

Niceto y la cha\i•
lla se quedaron ató•
nitos:aquella impre•
visión lo descubría
todo; pero, como in&amp;•
ESCUELA DE SORDOMUDOS.-Otros ejercicios gim násticos.
pirado súbitamente,
contestó riendo el al•
baFJil:
de Niceto, g ruñía por todo y á todas ho-¡Quia, mujer! Si es que traemos tanta gazuras. Si no precisamente una santa, coza que digo, dije: pues compro una libreta más.
mo su marido asegurab~, era buena, muy
Y ahí la tienes pa. zampárnosla luego.
buena; pe1·0 con un ge010 de todos los
La niña sonrió admirando el ingenio de su padiablos.
dre para tramar embustes; pero a.sustóse de nue~u hombre !ª temía más que á un pevo al ver que su madre, sacando de la cesta el
drisco, y co~ este tenía gran semejanza,
puchet•o y mirando á su fondo, decía con acento
porque sus iras pasaban pronto.
irónico:
Cuando vió llegar aquella noche juntos
- Si traéis tanta hambre no será por haber coal _Padre y la. hija, los recibió diciendo á
mido sin gana, porque el puchero está tan r ebagritos:
fiao que paece nuevo.
-¡Vamos,
_Se ag ravaba el conflicto, y comprendiénd~!º
ahora me exN1ceto, arrebató el cacharro á su mujer y d1JO
plico la tarmir ándolo:
danza! El pa- Sí que es verdad: está limpio como una patepá y la niña se
na; pero basta de conversación-añadió poniénhabrán entredolo en el fregadero entre unas cazuelas- y á
tenido, como
cenar, que es muy tarde.
de costumbre,
Como echándolo á broma, cogió él mismo la
mirando lo s
g ran fuente en que humeaba el g uisado dispuesescaparates y
to p_ara la cena y la. puso sobre el mantel.
diciendo:si yo
N1ceto y Rosa, con no disimulada voracidad,
fuese rico, te
metieron á la vez la cuchara, sin esperar á que
compraría esla. madre se sentat·a á la mesa.
to y lo otro y
- ¡Válgame Dios-exclamó la señá Pepa al verlo demás allá.
los;~ualquiera diría que tenéis hambre atra¡Bobadas que
sá. 1N1 que no hubierais comido en tó el día!
entonces decía
- Ya. te lo dije antes-contestó el albañil con
á la chica!
la boca llena; - por eso traje la libreta pa posMás valiera
tre.
que hubierais
Ecbáronse á reir los tres, cruzóse entre el pavenido de pridre y la hija una maliciosa mirada. de inteligens aá poco más;
cia, y siguieron cenando con más deleite que
se me pega.la
nunca, no sólo porque era mayor el apetito de
cena.
ambos, sino porque el guisado aquella noche
t~nía p_ara ellos una salsa muy sabrosa: la saNicetoy Rot1sfacc1ón que nunca experimentan los malos 1
sa no se dieque es el premio más grande de los buenos.
ron por entendidos.
MIGUEL RAMOS CARRlÓN,

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.

ILUSTRACIONES DE SIMONT.

TRADUCCION DI: "(L ~UNDO ILUSTRADO."
(CONTINÚA. )

El paisaje era triste ..... . Mentalmente repasaba yo los nombres
de los pueblecillos: Gréoux y San Román; Bramafan del otro lado.
Por todas partes, cuánta paz! ¿_Qué harían las profesoras de todos esos
lugarejos, en esos mQmentos? Imaginaba verlas contemplar la somhra;adivinaba en aquellos corazones la misma tristeza que embargaba
el mio .. ... . Y mi alma desfalleció. Las palabras del preceptor se unieron en mi pensamiento á las de Victorina y á. las del Sr. Broardel el
digno cura de Chavoux. Me pareció que todo formaba una cad~na
continua: la predicci6n de la buena mujer, la inquietud del ministro
del Señor, la revindicaci6n del joven profesor.

No! Quizá las pobres culpables no lo eran tanto, puesto que en
su camino todo l o que estaba. en pie las rechazaba y luego se golpeaba el pecho con remordimientos, cuando no se había evitado la caída
al abismo. ¿Hay, pues, un abismo, que los demás conocen? Ah! J6venenes adorables de la calle Bergers, tan animosas y tan puras, y
que sofiabais una vida tan sana y tan feliz, caeríais también en el
abismo? ¿Sucumbiríais también?
Y yo, María Teresa, la altiva. pero amasada del mismo barro
.que las otras, y cuyo coraz6n pesaba tanto, tanto, de estar vacío,podría librarme de la caída?
·

�Domingo lo. de Marro de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

-Hola! El abate Chavard que baja por la cuesta ...... A dónde
irá?
El abate hermosísimo en los pliegues severos de su sotana, caminaba lentam~nte leyendo su br~viario.
.
.
-He allí u~ excelente hombre-dijo la joven- La institutnz y
él, son dos ángeles del Señor.
Esta semejanza con el recuerdo de la hermosa escultura de Santa Ana me rausó ci~rta turbación. A mis ojos asom6 la inquietud y
' pasó una muda pregunta..........
por ellos
.
-Oh! Son dos ángeles!-me dijo la joven en voz baJa, para no
mezclar á su marido en estas explicaciones.
Le creí al momento. Pero entonces - qué cosa más extraña!yo, que siempre había mirado con cariño á los es'?osos, _sin envidiarlos jamás, héme aquí celosa, al pensar en la apacible dicha de la señorita ~Iorín.
.
CPlosa! Esto era lo que no me había explica~o de~de el .Pnmer
día. Esa joven vivía amando, y sin que la maled1c~hcia pud1 ~se h_erirla. Ella vivía sola y relegada, como las otras, sm porve_n!r, sm
esperanza; y sin embargo, su frente pm:a respl~ndecía de felicidad ....
Vivía amando ......... Y yo soñaba con igual bien.·····:· ¿Por qué ~10
habría de probar jamás ese biPn divin.o, de que se ahment.aba la JOven profesora de San Román? De súbito, ante ese voto, mis celos se
purificaron, se convirtieron en nobld emulación..
.
En el camino lleno de sombra, cuando mis armgos se separaron de mí, y cua~do habían aparecido ya las estrell~s cintilantes,
mi alma se desprendió de su cuerpo y asom6 á los labios, temblorosa como las estrellas en el firmamento ........ .
-Amarte también, Dios mío, amarte con locura!. .....

XX
Si hubiese sido un poco psicóloga, cuánto me habría turbado e~e
voto ese afan de amor- aun del amor divino que había yo escogido! Pero nada de esto pensé. Iba hacia ese amor, como un labio sediento va hacia un manantial. Y al inundar mi alma de piedad, me
parecía sentir verdaderamente la calma refrescante que da el agua,
en tanto que realmente me bañaba en fuego ..... .
Fueron momentos inefables. Todas las tardes entraba á la iglesita, con paso presuroso, coh la D?-ente absorta. P~s~ba las horas arrodillada. Al exterior cantaba la primavera, los paJarillos rozaban con
el ala las vitrinas cerradas, entraban por las aberturas de la hóveda,
voltigeaban encima de los bancos de roble, se posaban por un momento en los ángulos del altar y después salían, dejándome en mi
recogimiento y rni embriaguez......
.
.
Para mí el universo estaba encerrado en el altarcito de esa iglesia silenciosa. l\Iis visitas á mis amigos los Arbert eran menos frecuentes, así como á la señorita Pelisier, de Distroit,que en otro tiempo me había causado interés, por su lucha de amor, tan reñida, contra las insinuaciones del joven noble, enamorado de ella .. ... .Hablaba
poco á Pherasia y la daba poca oportunidad de que me rPfiriera
aquellas terribles historias respecto á las intitutrices de las cercanías.
En cambio, mis relaciones con la señorita l\Iorín eran cada vez
más estrechas. Mi nuevo estado de alma me colocaba claramente en
la misma ruta, y la aproximación fué inevitable. La joven me daba
consejos, sostenía, mi fervor, me prestaba libros de santos y otros igualmente piadosos. En un solo punto no estábamos de acuerdo: ella se
confesaba con frecuencia, y me invitaba á seguir su ejemplo.
-Nada es mejor-me decía, mirándome con sus ojazos á la vez
ardientes y fríos, semejantes á los de la Santa Ana, que siendo de
piedra, parecían poseídos de la fe más viva!......
.
- ... Nada es mejor, señorita. Es un baño constante, que no deJa
la menor mancha en nuestra alma ..... Y los consejos del confesor son
como una flama en que sin cesar se caldea nuestro celo ..... JUse usted
de él! ¡Es tan bueno no ocultar nada de nuestros menores desfallecimientos, decirlo todo al padre, que representa á Dios!
Quise usar del mismo medio con igual entusiasmo; no lo pude
por mucho tiempo. Pronto no tuve ya qué decir al ladre Boardel, y
éste mismo ya no sabía qué repetirme.
-Muy bien, querida niña; podrá usted comulgar el domingo,
por ejemplo, y el viernes, que es el día del Sagrado Corazón, y es sábado, en honor de la Virgen ...... Todo va así muy bein ...... Tiene
usted la absolución para todos esos días. Vamos! Ahora es bueno salir un poco, distraerse como antes ...... Me gustan eEos paseos i::anos
que hacía usted. lla llegado usted á ser muy piadosa y eso es muy
bueno¡ pero no hay que caer en exageracionei;:. El vino de Dios es un
poco fuerte ...... Será usted capaz de absorber siempre las mismas
cantidades?
.
Yo inclinaba la frente, turbada por las palabras del buen cura,
conmovida hasta en el fondo de mí misma.
Al día siguiente, ó en la misma tarde, se me presentaba la señorita Morín. Radiante, aureolada, hablando poco, pero refiriéndome
sus recientes confesiones, me hacía ver su vida amplificada, surgida
como una corriente lustral, de ese confesionario en donde unía su
pensamiento de mística con el de aquel artista piadoso que era el
abate.
Entonces me vinieron revelaciones. Seguramente que aquellos
dos hijos de Dios eran puros como ángeles¡ pero q;.1é bien hechos,
qué adecuados estaban, la una para derramar su alma á los pies del
otro, que recogía las emanaciones que exhalaba ese espíritu, y de ellas
hacía estatuas de santos, destinadas á los altares sagrados ..... .
-¿No ama usted mucho ese sacramento, señorita María Teresa?

Dom¡ngo 10· de Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

La profesora me miraba sonriendo co~ indulgencia, pe~o asombrada de que no pudiese yo adorar lo que a e~l~ la enloqu_ecia.
-No es eso-dije con vacilación ;-es qmza que el senor cura de
Chavoux no se presta para ello .... .. Usted tiene más suerte que yo, el
abate Chavard seguramente que puede comprender~~- .
-Pues bien, venga usted á verle-me respond10 la Joven con toda sencillez.
,
La miré y me causó admiración. ~ me s.e,ntl avergonzada del
fondo que había descubierto detrás de m1 devoc1on. . .
-¡No!-murmuré al fin-ni el abate ~hav~rd .m nm~ún otro.
¡Ya no quiero tanta pied.ad! Creo que _no esta alh un remedio.;···:
Los ojos de la señonta Morín me rnterrogaron en vano. No rei::pondí...... .. .
.
.
... Me separé de ella, dejándola en la glona del sol_ pomente y regresé paso á paso, mi san~'l. sacudi~a de los días anter10res tlesvanecida como el humo de un rncensano ........ .

XXI
Desde entonces noté que sufría un poco. _Fué algo co~o una fiebre que no se manifestaba ni en el calor de mis manos m en lo encendido de mis mejillas; pero que me consn11:1fa, _no o~stante. ,Y me
parecía que á cada hora se llevaba alg?
m1 ex1stenc~a. Hab1a rea:
nudado mis antiguos paseos. En las tibias tardes, me rnternaba alla
lejos, por los campos en don~e los trigales, se desborJaban, co~no ,una
copa llena. Los puntos culmrnantes parec1an atraerme. Subia a lo
más alto de las cuestas, y me sentaba sobre el 1:1-rn~go¡ cerraba la sm~brilla para no llamar la atención d_e ~os traba~adores, y permanec1.a
así horas enteras con el pecho oprimido, perdida entre las movedizas gramfoens, c¿mo una gran flor negra. Y me entregaba á mis ensueños.
No eran ya los deseos de antes que, por su Yaguedad, me eran
soportables. Era la cofi~iencia de ~i d?lorosa. sol~dad, que me desesperaba, que me persegu1a con obstmac1611. l\I1s mua.da~ vagaban por
el campo y se fijaban en todo lo que ~e ha~la~a de umones y ?On:fidencias en los campesinos que trabaJaban mclmados sobre la tierra.
-Estos -me decía yo-aman su tierra y trabajan para alim"lntar á sus pequeñuelos. Si están tristes, si se abaten, tienen parientes
pr6ximos que los consuelan y los animan ...... ¡Yo estoy sola!
No pensaba en el m~tri,monio. Pero h:i,brí~ des~ad~ que el señor
cura Brardel estuviese mas a la altura de mis exigencias rntelectuales;
ó que la señorita l\Iorín, menos ddvota, me atenJiese un pooo más; ó
que existiese siquiera mi antigua aya, para llevarla conmigo á aquel
destierro.
Pero estaba sola, sola hasta la muerte.

?e

XXII
Cual si hubiese sido una serpiente que mi paso despertara, el
hombre desde que me vió, apartó rápidamente la maleza, y de un
salto se me puso delante. No pude menos que gritar:
-¿Usted se orultaba? ¿Me espiaba'?
.
Se balanceó delante de mí, el guapo mozo borracho, con los ojos
brillantes y los labios húmedo:-.
-Sí, me ocultaba, respondió con voz ronca.-Perdóneme usted
eso, y el haberme embriagado. He bebido para poder hablará usted...
de otro modo, no habría podido.
No sé qué de sincero se exhalaba de ese hombre. ¿Dónde había
yo visto esa mirada, llena de admiración?
-¿Acaso para hablarme es necesario beber? ¿Es usted de aquí?
-Sí, soy Sil vio l\Ioutet. Soy quien primero vió á usted, á su llegada, una hermosa mañana. Eso ha sido demasiado para mí. ....... .
Después, he ido á misa todos los domingos, y nunca había bebido,
hasta ahora, y eso para hablará usted ...... Luego ya 110 volveré á
beber, y si es todo en vano, no me queda sino arrojarme desde esa
peña ........ .
Y me señaló una de las rocas más altas.
-Hable usted, Silvio Moutet.
---Vea usted, yo la amo con locura ...... Está usted oola y triste,
¿quiere usted ser mi esposa? Usted dará su clase, yo cultivaré mi campo. No beberé nunca. Soy hombre honrado. Pregunte usted y así se
lo dirán. ¡La adoro!. .....
Se exaltó, y torpemente se puso de rodillas.
-Vea usted : cuanto haya &lt;le más difícil, lo haré por usted. Seré su siervo, no su marido ...... ¡Será usted mi reina!. .... .
No parecía estar ebrio ya. Sus labios, secos por el fuego de su
pasión, pronunciaban claramente esas palabras, de poesía viril y cándida. Mientras hablaba, me fijé en su hermosa cabeza, en sus rasgos
puros, en s u talle erguido. Y mil detalles oh-idados me vinieron á la
memoria, recor&lt;lán&lt;lome al campesino á quien encontraba siempre en
mi camino á la iglesia y en cuyas miradas había leído lo que ahora
me decían sus labios. m seguía de rodillas.
-¡Se tiene necesidad de ser amado!-prosigui6-¿por qué no
aceptarme á mí, si no tier.e usted compromiso? ¿Acaso porque soy
campesino?
Se levantó, vacilante, pero ya tranquilo, tan resuelto que le detuve, porque se encaminaba á la roca.
'

LA "CIGARRERA MBX~CANA"
Siguiendo 11uestra costumbre de t r á e?~~;
cer en este semanario los datos re1a v~s
industrias que alcanzan en el pa¡~, !ftoa riJ~
ca de paz que atravesamos, el m sl t g f
f' b o.
de I)rogreso of recemos a, n uestros ec ores
'
'
·m
ortantec;
1
tografías de una de as. mas 1 P
· a ncas de tabacos establecidas ac~ualmente e1:i 1a
ca· )ital: nos referimofl á 1~ "Cigarrera Mex1~anal" cuyo soberbio eclifi?10 ocupa en_ la gifn
av~nida de Bucareli, el sitio donde por muc.10
tiempo se levantó la plaza ele toros tle Poncia-

é

no Díaz.
I ·
" t
Al hablar de la "Cigarrera 1 ex~cana:
a~1
conocida y apreciada en el comercio poi la excelente calidad de sus productos y] por ~l capital que representa [$ l._750,~00 ' ~~ ;ce:
mos más que rendir el debido tributo~ a on
rad.ez y á la perseverancia en el t~ab~JO, fac~s Principalísimos de engrandec1m_1~nto paia
re
toda empresa que se propone ~dquHn· la
' r&lt;&gt;s.
pet;bilidad y el crédit~ T?ecesanos para. elevarse rl la altura más env1d1able.
Si alguna negociación ha lograd~, en
tiempo, ensanche y provecho, es, s1,n du~a a
que hemos citado. ~uatro tle las mas
sas negociaciones c1garrerm, co_~ que cof
A. 1 un 1a cap1"tal-Ampudia y Compama,
S
Nozuri Compañía, Pesquera ucesores .Y .
;ieg/Sucesores-aportaron pa.ra const1tmrla,
no s6lo su capital, sino el crédito que st~s m~~
cas habían conquistado en los mercado,, y .
triunfo en triunfo, porque ha)'. que adve~tn
que la ''Cigarrera'' los ha obtemdo en los prmci ales torneos de la actividad hum~n3:, ha
ado á ser lo que muy p~cas negocrnc10nes
g an. un centro de trabaJo para las clases
a 1canz .
· l
do
donde se estimula al operario 10nra
o breraS
• ·
centro
se le remun era á conciencia, y un .
;roductor que apenas si basta para satisfacer
las exigencias del consumo: tanta es 1.a_demanda que tienen en el _público s?s exq msitas ma1.ufacturas, sus Yanadas .1~a1 cas.
O
Recordamos que en J?1c1en~IJre de 19 ], 1os
D e lega.&lt;l o S r,u, 1.,u, 2a· Conferencia Paname11cana
,
.
,
hicieron una vi~ita á la notable falmca: 1:nas
dP 1300 obreros sostenía entonces
C1ga•
rrera." La im¡,rei,ió1, cam;ada en el a111mo de
los Congresistas po r aquella colmena humana_~
no pudo ser n1ú:; grata: el orden, el aseo obse1_
v·tdo en todm; los departame11tos llamaban ve1tl~dent111t·nte la atención; en. li~s ~odegas, los
tercit,s de tabaco formandP pHam1de, tor.aban
la techu111l,re, y en el departamento &lt;}e elal,orac1ún u1,a lllUltillld de ourerns ren d1an CLilto
al trali'.1j11. Las rnú,¡uinas e1,g:trgolad~&gt;;·as «~m~~atk," las «Cu111a:,w para la fal,ncac1un de CI-

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-·-

Fachada principal del edificio d e la "Cigarrera Mexicana," en 6ucareli.

garro torcido y cabeceado, y las ccWis~one,1,
ro ias ara el de pegamento, fueron JUS-~aiiie~te a~miradas. En l~s dem~s dcpen~enci~l
de la ccCigarrera» se noto también el aseo y
orden más perfectoF-.
.
.
De entonces acá la Fábnca ha segmtlo a 1canzando los n1ás notables progresos, pues
·t de la fundaci6n de nuevos talleres, paapa1 e
,
• .,
S 1'·'"' 000
ralo cual la Compañia a&lt;l:1mn? en
.vv,
el edificio del Frontón .Jai-Ala1, es digna ele
comignarse la periecci6n que ha logra~::&gt; en
unto á manufactura, y el aspecto de retinada
~legancia &lt;¡ne da siempre {t sus productos con
Jns artístirns enYoltnras que emplea y la variedad de clases de parid que entran en la fa1Jricaci6n de los cigarrillos.
,.
Buena prueba. por lo d~mfo;, de q_ue 1n «Cigarrera Mexicana» ha sal)l(IO conqmF-larse los
mayores triunfos, PS la_r:~ompenFa qL'.e obtu'"º en ht última Il:xpos1cwn P3tnn.mencana de
Búf'falo y el premio que le fue otor¡.r~do en la.
rerient~ Expo:,ición NHcwnal del 11,s~aclo de
México. -¡_;- 110 de Jo~ grabado,-,_que ,ruhl1~amos,
representa. el Diploma confendo ll la Compa-

( CoNTINU ARÁ. )

Salón de elaboración de "La Cigarrera."

ñía en el Certamen de Búffalo, y que consistió en medalla &lt;le oro.
Tan honrosa distinción, h~bl~, m~iy aH~.~n
favor de la. importante negoc1nc10n,rndust11a.l.
También publicamos una fotograf,ia &lt;l~ 13: fachada de la fábrica, y otra del salon pnnc1pal
de elaboración.
El establPcimie11.to ele la «Cigarrera)) d:~ta
del mes de Noviembre de HlOO _y, por.~o lll!Smo es una emprei::a muy reciente._ 81 en el
podo tiempo que tiene de es~'l.blec1da, se ha
elevado tanto y est(, tan acreditada. ei~ el comercio, es indudable, de totlo punto mdndable que sus adelantos se.rán, dentro &lt;l.e po~o,
sorprendentes. Como Gerente de 13: ~egoc1ación ha figurado, clei:;de su estal..Jlec1m1ento, el
Sr. D. Ricardo del !lío. persona muy Yersada
en los negocios de !a ~ompnilía y muy apreciada por su bhonos1dad y hon~·adez.
Ifay que felicitar, pues, ú la «Cigarrera," con
tanto mayor raz6n, cuantc.. que es, para nuestros obreros, una casa donde encuentran el
pan y el amparo de sus familias.

Diploma concedido á "La Cigarrera" en el certamen de Búffalo.

�Domingo lo. de Marro de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

ANO X•••JOMO 1.--NUM. 10

MfXICO, MARZO ¡ Df 1903.

Ger ente: LUI&amp; Rn'f&amp; &amp;PINDOLA

Dir ector: LIC. RAl'A U Rfl'f&amp; &amp;Plf"!DOLA.

•·

Vista exterior de la Cervecería de Toluca.

LA INDUSTRIA CERVECERA EN EL PAÍS.
NOTABLES ADELANTOS.

.

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I

iü~:llÑiil

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1lflh~j

( '1111.,lilu1·1•1n:il
d1•l r~lddo J .ilif(• ,\ ~ohf'l•ano dt'

1

Subtcripción mensual forinea, SI.SO
ldem. ldem. en la capital, SI, 15

Al verificarse la apertura de la Segunda Exposici6n del Estado
de México, consagramos algunas líneas en nuestro semanario ÍL describir la magnífica exbibici6n que de sus productos hizo la Compañía
Cervecera Toluca y México, y á. patentizar los adelantos verdaderamente notables que ha alcanza.do en los ultimos años.
Esta importantísima negociación, en efecto, ha ido de progreso
en progreso: fué la primera que implantó en el país la elaboraci6n de
la cerveza «Lager» conservada, de incomparable buen gusto y calidad
suprema, y ha sido, igualmente, la primera en levantar una. fábrica
de botellas del más moderno estilo, abriendo así un nuevo campo á la
actividad de la. clase obrera.
Tanto la industria ele la elaboración de cerveza,como la de fabricaci6n de botellas, han merecido la recompensa más amplia y satisfactoria, no sólo en los eliversos países donde han figurado sus productos en fraternal competencia, sino también en la segunda Exposición del ~stado de México, que cerró sus puertas el 5 del pasado.
Testimonio muy elocuente de esta afirmación es el valioso
grupo ele medallas de todas clases que h:m sido concedidas á la Com•
pañía, y entre las que sobresalen, tanto por su número como por su hermosura, las de oro, de primera clase: precioso galardón acordado al
trabajo honrado é inteligente, á. ese titán de músculos de acero que
todo lo transforma y lo ennoblece.
Actualmente, según sabemos, esta importante negociación, que
no de~cansa en su labor, coronada por tantos y tan merecidos tri un•
fos, ultima el establecimiento ele uña planta de fuerza motriz eléctrica, en sus_ fábricas, para substituir la de vapor que ha empleado.
Es digna del más alto elogio la Compañía Cervecera tanto por
sus constantes esfuerzos en pro del adelanto de la industria nacional,
c?mo por su empeño de_corresponder siempre á la decidida protecc16n que el público le d1~p~nsa. Por lo demás, es de desearse que
tenga muchas empr~sa~ i,m1t~doras en sus afanes &lt;le engrandecimiento. Así, éstaR contribmran, como ella contribuye al desorrollo de
la riqueza nacional.
'

Corbtta "nautnus"
_.,,,

Grupo de Jefes, Oficiales y Guardias,

tomado en la Legación de España.

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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�Domingo 6 de Septiembre de 1903,

EN LA INDIA
Con los teósofos de Madrás.
«Un cielo sin Dios personal, una inmortalidad sin alma precisa, una purificación sin plegaria.» ......
La fórmula enunciada, como una conclusión suprema, continúa resonando para mí
lúgubremente, en medio del silencio, después
de la conversación. La tristeza del crepúsculo
impregna la vivienda, solitaria en el campo,
al borde del río, entre palmeras y grandes flores extrañas.
En las vidrieras, esclareciendo aún la fría
biblioteca donde estamos, extínguense poco
á poco diminutas imágenes transparentef', que
representan en partículas de vidrio colorido
todos los emblemas de la fe humana, reunidos allí como en un museo mortuorio: la cruz
del Crifto, el sello de Salomón, el triángulo de
Jebová, el loto de Cakya-~fouui, la orquilla
de Yichnou, los símbolos &lt;le Dios.
Es ésta la casa de los teósofos de MadráR, de
los cuales me habían narrado cosas maravillosas. Aunque no creyendo nada de ellai;, he
venido, sin embargo, como último recurso, á
demandarles un poco de esperanza. Y he aquí
lo que me ofrecen: ¡el método ¡?!acial de un
budismo ya conocido, la luz sola de mi propia razón!. .....
-¿La oración?-me dicen.-¿Quién la escucharía? ...... El hombre se halla solo frente
á su responsabilidad. Evocad en vuestra memoria las leyes de Manón: «El hombre nace
solo, vive solo, muere solo; solamente la justicia le sigue» ...... ¿Quién, pues, oiría la plegaria? ¿A quién rc,garíais, «puesto que sois
Dios?» Preciso que os «recéis á vos mismo,,,
vuestras obras.
Así, hay un silencio entre nosotros uno de
los más desol~d?s silencios que haya'n jamás
atrayesado mi vida. Y en medio de aquel silencio, una por una, con imperceptible rumor
de caída en el vacío, paréceme que mis postreras vagas creencias, se deshojan al soplo de
mis interlocutores, implacables en su razonamiento, satisfechos en sus conclusiones.
~o obstante, son hospitalarios aquellos dos
hombres que me escuchan. El primero, un
europeo, . cans3:do de nuestras agitaciones y
nue~tras ~ncertldumbres, refugiado en aquel
desligamiento que antes predicara el gran Buda, y convertido aquí en jefe de la ::iociedad
Te?sófica; el otro, un indostánico que conqUistó los más altos certificados &lt;le condición
en nuestras universid~des de Europa, regresando luego á las Indias, no sin desdén por
nuestros .fil6sofos occidentales.
-A.firmáis-replic5-tener la prueba absolut.3: de_ q_ue al~o de nosotros, un poco de nuest:a md1v1duahdad transitoria, resiste «por un
tiempo» al choque de la muerte. ¿Podéis, al
menos, darme ~~ prueba absoluta? ¿Podéis
mostrarme, summ1strarme una evidencia?....
. -Os lo proba:emos-responden-por medio del razonamiento; pero pruebas visibles
delante de vos, evidencias, no...... Para mira~
aparecer á los que se llaman muertos-pues
n.o hay ~uertos,~se requieren sentidos especiales, circunstancias, temperamentos particulares. Pero cree~, por nuestro holJor y de
otros ta1;1tos ese1~c~almente dignos de fe, que
hemos visto ap3:r1c1ones y hemos consignado
los detalles. Mirad: poseemos aquí en esta
biblioteca, libros que lo relatan ..... '. Cuando
mañana OJ e~tablezcáis entre nosotros los leeréis......
'
¿Valía la pena de venir á las Indias al viejo hogar inicial de las religiones huma~as, para encontrar tan solamente esto? En los templos, un brahamanismo entenebrecido &lt;le idolatría; aquí, una especie de positivismo reeditado de Uakya-Mouni, y los libros de espiritistas que han recorrido el mundo entero!. ....
Después ,le o.tro ~ilencio, pido, desorienta~º, c?n .la conc~enc1a .de que voy á descender
a cur10s1da~es .mfantiles; pido, casi tímidaroen te, me muiquen á los fakires esos fakires
de la India, reputados de prodigi¿sos, que tienen «poderes»y,hacen semimilagros, para obte-

ner algo extraordinario, algo suprafísico, extrahumano.
El indostánico, sentado frente á mí, alza al
techo sus ojos de asceta, un gesto contrae su
rostro, fino y duro, su máscara dantesca, encuadrada por un turbante bh!nc?:
-¿Fakires?-contesta. -¿F ak1res?....... Ya
no hay fakirf'S ......
Oigo así, de boca de ~n hom~re de alta competencia en esta materia especial, la condenación sin rPcnrso &lt;le toda esperanza de hablar
algo maravilloso sobre ll:'. tierra.
,
- ¿Ni en Benaré~?-d1J~ con temor. -Cre1a
que en Benarés ...... Me afirmaron .....
Vacilo al pronunciar el nombre de Benarés,
pues es mi última jugada, y si allí tarnpoco
encuentro nada......
-Entendámonos. Fakires mendicantes, fakires contori;ionistas ó anestesiados, quedan
muchos y no tenéis nPcesidad de nosotros para hallarlos. Pero ((videntes,» Iakires «con poderes,,, yo conocí los últimos...... A este respecto, también creed en nuestra palabr~: h~n
existido. Pero el siglo que acaba de extrngmrse los ha visto desaparecer. El viejo espíritu
fakíreo de la India ha muerto. Somos una raza que declina al contacto de las razas mús
materialmente activas del occi&lt;lente, las cuales
á su turno declinarfo. Nos resignamos á esta
decadencia, pues es la ley.... Sí, hemos tenido fakires, y ved, precisamente, delante de vos,
manuscritos consagrados á ellos ......
En las vidrieras, \odos los símbolos muertos de las religiones humanas se imprecisan.
Cae la noche, envolviendo la severa biblioteca, donde ya flota la tristeza de lo negro.
Vine á Madrás con la intención de detener•
me largo tiempo entre estos teósofos; debía
instalarme en la mañana del día siguiente en
su casa, y ahora he resuelto abandonarlos la
misma noche, para no vol ver más. ¿Para qué
encerrarme en esd austero asilo de la nada y
del vacío? Mejor proseguir, como toda mi vida, alegrando mis ojos con cosas de este mundo, las cuales, aunque pasajeras, son siquiera
reales por un instante.
Y luego, ¿qué beneficio puede traerme su
prueba, su prueba de inmortalidad, como ellos
la conciben? Para los que han amado verdaderamente, la idea de la destrucción de la carne
es ya una tortura. ¿Qué haríamos, pues, yo
y mis semejantes, de esa inmortalidad que á
éstos les satisface? No, me es necesario, como
en el sueño de loa cristianos, la continuación
de mi ser, integral, intensa, consciente y separatla; capaz de encontrará los que amo y de
seguir amándolos. Sin ello, ¿para qué otra cosa·? .........
Cuando emprendo el camino de la ciudad,
es la hora del gran alboroto de los cuervos
que cantan al unísono á la munte, en el mo'.
mento d~ agruparse en las ramas para dormir.
La doctrma d~ los que acabo de dejar, paréceme tan pueril y vana como las éstatuítas del
dios de cabeza de elefante, puestas á lo largo
de la ruta, y que contemplo en el crepúsculo
bajo los ¡,!átanos y las palmeras.
'
Por la noche envío á los teósofos mi carta
de excusa, de agradecimiento desencantado
diciéndoles q~e.volveré -~l día siguiente, pe'.
ro para una v1s1ta de ad10s definitivo por haber decidido ausentarmP cuanto ante~ de Madrás.
. ~ al dormirme, ~·eo en sutüo!", en medio de
s101estras .d.eform~c1ones_ de yiejas viviendas,
caras á m1 mfanc1a, las 1mágmes4\&gt;álidas descom ¡,uestas, «por siempre muertas,» de l~s seres que más he amado. Como en otra noche
en Jerusalén, cuando se derrumbaron irremi'.
siblem.ente m~s cree?cias primeras, sueños de
una tristeza sm límites, de un indecible horror, se suceden hasta la mañana, hasta el momento en que un cuervo me despierta, cantando ~ la muerte, sobre mi ventana, ante el sol
naciente.
. Pero, al. medio día, cuando regreso á despedirme, el Jefe d~ los te6sofos, que ha leído y
comprendido mi carta, u,e recibe con una dulzura .ª~e~tl~osa, por mí. no esperada.
- , C:nst1auol-me dice, apretándome un rato la mano.-¡ y yo q~e os creía ateo! Me equiv.oq?é al ofreceros la rnterpretación más matenahsta de los preceptos que Buda nos ha le-

Domingo 6 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

gado. Es por allí por donde de ordinario 118
principia ...... A una alma como la vuestra, Je
es menester el brn hamanísmo exotérico,
1
nuestros amigos de Benarés lo poseen mejor
que nosotros. AIIÍI, en cierta forma, encontraréis la oración y el «volverse á ver;,, pero no.;
basta orar; se os enseñará que es preciso me,
recer también. «Bu!-cad y encontraréis.» Yo
he buscado durante ruarenta años; tened vae
valor y buscad aún. Trntar de reteneros enbt
nosotros, ¡oh! ¡nol Iu. La enseñanza de nuee,
tra casa no es la que os conviene. Y ade
-agreg6 sonriendo, -no ha llegado vuestra
hora; la tierra todavía os retiene con lazos terribles.
--Quizá.
-Buscáis; pero tenéis miedo de encontrar.
-Quizá.
- ¡Os hablamos de renunciamiento, y que,¡
réis vivir! ...... Continuad, pues, vuestro ·
je; id á verá Delhi y á Agra, á todo lo q
anheléis, á todo Jo que os llama y di\'ie
¡Prometedme tan sólo que, antes de abandonar la India, rtpos11réis en casa de nues
amigos de Benarés. E starán por nosotros p
venidos y «os eFperarán» ......
El indostánico que vi ayer ha entrado
silencio. También él me mira con una son·
de compasión muy dulce. Y de pronto,
cerne que se agigantan misteriosamente d
tiles é impenetrables estos dos ascetas PX
jeros de tan distinto origen. Por lo dm1ás,
bondad y la paz radian en sus ojos, y sin co
prender bien su cambio súbito, me inclino
un confiado agradecimiento ......
Detenerme antes de abandonar la India
casa de sus amigos de Benarés: ¡oh! sí,
siento gustoso, con no sé qué presentimien
de quelaatm6sfera psíquica, allá será para
mejor.
Lo dejaré para el fin; haré retardarse así
más posible, la prueba decisiva, un tanto
barde, en la alternativa de estos dos mied
quedar decepcionado para siempre, ó «en
trar)), y entonces, quizá, aquella será la
nueva, el término de todos los mira.jea, a
deliciosos ..... .
PIERRE LoTI.

ESCAMELA.
I
Esplende Ocaso en púrpura radiante,
Incendia el sol pradera y caserío,
Y en el césped cuajado de rocío
Es cada gota trémulo diamante.
Raudo, al través del cafetal sonante
Huye el turbi6n con ímpetu bravío,
Y en los cantiles, desbordado el río,
Se despeña rugiendo amenazante.
En los espinos pródigos de aroma,
Querellosa la tórtola zurea,
Iris risueña en el Oriente asoma,
Céfiro blando la campiña orea,
Y, airón gentil de la cercana loma,
El bambú sus penachos balancea!

OJO DE AGUA.
II
Circuída de glaucos carrizales,
A la sombra de lánguida sauceda,
Límpida y mansa tu corriente leda
Desata silenciosa sus raudales.
¡Qué muelles en tu margen los gramal
Qué vívida y fecunda tu arboleda,
Y qué sonora la joyante seda
Del suntuoso brial de 't us maizales!
En tu retiro que al amor convida,
Qué gratos el ensuefio y el reposo
Al borde de tu linfa adormecida,
Cuando en los picos de tu monte umb
Rasga la tarde de carmín vestida
La fimbria de su peplo luminoso.
RAFAEí, DELGADO,

El 6ral. D. nitolás .Bravo
trasladón clt tos r«tos cltl Mrot á la fapital.
1, minuirian mucho el crédito de la causa que
"&lt;lefendia, y que observando una conducta
« contraría á. la del virrey, podría yo conseguir
« mejores resultados, cosa que me halagaba
mas que mi primera resolucion; pero se me
" presentaba para llevarla á efecto, la dificul« tad de no poder cubrir mi responsabilidad
"de la. órden que babia recibido, en cuyo
1, asunto me ocupé toda la noche, hasta las
"cuatro de la mafiana que me resolví á perdo" narlos, de una manera que se hiciera públi&lt;c ca y surtiera todos los efectos en favor de la
"causa de la Independencia: con este fin« continúa-me reservé esta disposicion bac;;ta
« las ocho de la mafia.na que mandé formar la
"tropa con todo el aparato que se requiere en
« estos casos para una ejecucioh: salieron los
« presos, que hice colocar en el centro, en don« les manifesté quel virrey Venegas los babia
« expuesto á perder la vida aquel mismo dia
« por no haber admitido la propue¡;ta que sel;
« hizo en favor de todos por la existencia de
1, mi padre, á quien había mandado dar garre« te en la capital; que yo, no queriendo corres" ponder á semejante conducta, había dispues" to, no sólo el perdonarles la vida en aquel
11 momento, sino darles una entera libertad
,1 para que marchasen á donde les conYiniera:
« á esto-agrega-respondieron llenos de gozo
"que nadie se queria ir, que todos quedaban
« al servicio de mi division, lo que verificaron
« á excepcion de cinco comerciantes de Vera'' cruz, que por las atenciones de sus intereses
"se les extendieron pasaportes para aquella
« ciudad.»
La nobilísima acci6n de Don Nicolás Bravo, que elogiaron basta sus mismos enemigos, le ha conquistado un nombre imperecedero en la historia.
AL
Después &lt;le este episodio, verdaderamente
MACNÁNIMO GRAL.
sublime, Bravo sígui6 luchando sin descanso
NICOLÁS BRAVO.
por la libertad de la patria, hasta que el 22 de
IO DU11RE,1886.
diciembre
de 181 í, en que cay6 prisionero en
*
*4
manos del realista Armíjo. Trasladado primero
Sería imposible para nosotros que no disá Cuernavaca, y después á México, se le puso
ponemos del espacio suficiente para ello, naen la cárcel de Corte, y en ella permaneció
rrar uno por ~~o los h~chos de armas en que
hasta 1820, sin quejarse nunca del inhumano
Bravo .se cubr10 de gloria. Bástenos decir que
tratamiento á que se le sujetaba por sus verpoco tiempo después de dispersarse los defendugos.
sores de Cuautla por distintos rumbos volvio'
«Bravo efi la cárcel de Corte por más de dos
r. u111rse
•
'
.t
a' l\Iore1os, que había establecido
su
años-dice
Alamán,-con una barra de gricuartel gen~ral en Tehuacán, y que á la cabellos
en
los
pies, sacándole del calabozo en
za de una, importante expedici6n marchó á
hombros
algún
rato á tomar el sol en el paSan .A~ustin del Palmar, en agosto de J 812,
tio, confiscada su hacienda de Chichihualco
como Jefe de las fuerzas que debían operar
teniendo su familia que subsistir á expensa~
contra el enemigo
de la liberalidad de
en la provincia de
un espafiol, D. AnVeracruz.
tonio Zubieta, se
Durante esta exocupaba en hacer
pedición, Don Nicigarreras, que acolás di6 pruebas
dornaba curiosade las excepcionales
mente con papeles
dotes que lo distinde colores, para saguían como soldado
car de su venta un
geñeroso é intrépipequefio auxilio pado. Con seiscientos
ra comprar tabaco
hombres ocup6 el
cerro del Calvario
y chocolate: en las
Monumento erigido A la memoria del Gral Bravo en Chilpancingo.
inmediato al Palvisitasdepresos que
mar, el 19 del misel virey hacía con
la Audiencia en las
mo mes y afio, para atacar desde allí al readel indulto ofrecido, con esta condición, á
pascu~s y Semana Santa, nunca pidió nada,
lista Labaqui, que conducía un convoy á PueDon Leonardo.
y
el .~1rey, que una de estas ocasiones lo sobla y que, al notar la presencia de los insurMorelos comunicó á Bravo la infausta notic?rr10 con una onza de oro, solía decir que
gentes, se había fortificado en las calles del
cia de l~ ejecución, ordenándole que en justa
siempre que veía á Bravo le parecía verá un
pueblo. El combate que se trabó entre am has
represa]!ª pasara á cuchillo á los prisioneros
monarca destrona~o. ¡Tanta fué la dignidad
fuer.zas fué reñidísimo, y muerto el jefe de los
que tuviese en su poder, y en obsequio de escon que supo sufm la de~gracial)) El regalo
reahsta.s, Bravo consumó la derrota del enemita orden mandó ponerlos inmediatamente en
d.e una onza de oro á aquel hombre cuya hng.o, ,haciendo doscientos prisioneros, que remicapilla.
Clenda tenía confiscada el mismo Virrey -cotió a un lugar seguro, para marchar á Tehua«En la noche- dice el magnánimo insurgenmo observa otro historiador -más que co
cán en persona, y ofrecer á ::\Iorelos como
« te en una carta que años después dirigió á
un rasgo ~e desprendimitn'to, aparece co:~
prueba de su victoria, la espada que L~ba.qui
« Don Lucas Alarnán,-no pudiendo tomar el
una sangrienta burla.
portaba aquel día.
« sueño en toda ella, me ocupé en reflexionar
Puesto en libertad, Bravo volvió á empufiar
A su regreso de Tehuacán, el vencedor del
« que las represalias que iba yo á ejecutar dislas armas en pro de la Independencia, y con-

Hoy por la tarde, según está 1munciado, serán recibidos en la estación de Buena.vista los
restos del patriota insurgente Don Nicolás
Bravo, que el Gobierno mantl6 exhumar del
templo parroquial de Chilpancingo, donde se
encontraban, para depositarlos en la capílla
en que, juntamente con los de Hidalgo, se conservan los de otro¡, héroes de la Independencia de México.
La translación de los restos de J{ravo á la
capital, y los honores que á su llegada van
á tributarse al ilustre insurgente, son de e!'tricta justicia, pues nadie ignora la fe inquebrantable con que el caudillo abrazó la causa del
pueblo, ni los eminentes servicios prestados
por él á una revolución llamada á producir en
lo futuro tantos y tan benéficos frutos para el
país.
Al lado de su padre, Don Leonardo Bravo
y de sus tíos Don Miguel, Don Víctor y Do1~
Máximo. Don Nicolás a parece por primera vez
en nuestra Historia, combatiendo en la hacienda de Chichihualco-propiedad de su familia,-contra un comandante realista· se pone á las órdeneo de Morelos muy poco después
de haberse levantado contra el Gobierno español, y tal es el brío que despliega en el campo
de batalla y tales sue hazañas que en agosto
de 1811, el mismo l\forelos lo ~oloca con Don
Hermenegildo Galea.na, alfrente de la.guarnición de Tixtla.
Al terminar la famosa expeclici6n de Morelos por el Valle de Toluca, que dió por re~ultado la toma de Tenancingo, Bravo marchó
a Cuautla, donde comenzaban á reunirse los
distint?s jefes que durante setenta y dos días
defendieron la plaza con una heroicidad sin
ejemplo, y allí, al lado de aquel genio de la
guerra que tanto pavor infundía á los nialistas, supo hacerse notable por su arrojo á toda
prueba y su pericia indiscutible.

Palmar recibió en Medellín la noticia de que su
padre, hecho prisionero en la hacienda de San
Gabriel, á rafa del sitio de Cuautla, había 8ido
villanamente ejecutado por los realistas [13 de
septiembre de 1812], después de intentar inútilmente que él depusie1a las armas á cambio

e(

�DomLngo 6 de Septiembl'e de 1903-

EL MUNDO ILUSTRADO

A su alrededor se cuchich
ba, su suspiraba, todos esta
tristes al parecer. ¿Por qué? Di
veces por hora Catalina lo p
guntaba tímidamente, con su v
gastada:
Pero, ¿quién
viejas?
--¿Y Pedrito? continuaba
guntando cada vez que su ni
ponfa carbón en el calentador
Al fin, Anita ~e dijo, apart
do un poco los OJOS:
***
-Pedro está en la ciudad.
Los restos de Bravo serán llese
atormente usted. Ha ido á
vados de Buenavista al Palacio
á su padrino.
Municipal; de allí á Chapulte. -¿A monseñor?
pec, donde se expondrán e~, una
-Sí.
capilla ardiente, y, por último,. á
-¿Para qué? ¿Para entrar
Catedral. Durante la ceremoma
e1 Seminario? Así, pues, ¿conai
cívica del día 8, la urna que guarte en ser sacerdote?
da las cenizas del héroe, estará
-Creo que sí.
colocada en un túmulo, en la gran
En el ojo derecho de Cata ·
tribuna donde debe efectuarse la
el que estaba todavía útil a
citada ceremonia.
En este número publicamos un
ció una lágrima de placer'.
retrato de la Sra. Adelaida Bra-¡Tanto mejor! murmur6
vo única descendiente directa de
su voz débil.
D~n Nicolás, que vive; un dibuY todo el día soñó con un
jo del monumento erigido al pamoso obispo, con mitra dora
triota en Chilpancingo, y fotograen alguna catedral sonora.
fías de objetos que pertenecieron
¡Qué magnífico prelado! ¿
al héroe y que conserva la misma
obispo? ¡No! ¡Arzobispo! ¡
señora.
nal! ¿A qué no llegaría? Y
zás cuando fuera cardenal, se
naría aún hablar de ella á
en sus oraciones omnipoten
Aquella tarde de invierno á
cinco, cuando comenzaba Á
targarse en su sillón Ca ·
En su sillón Imperio, en que
creyó oír el ruido de' un
dos cisnes de cobre dorado se mique se detenía delante de la
raban hacía cien años, Catalina
Sra. A~elaida Bravo.
Quiso mirar por los vidrios,
pensaba, con las manos juntas
ro sólo vió dos grandes fahales amarillos.
entrara en el Seminario. El pobrecillo no tesobre las rodillas.
nía un centavo. ¿Qué sería de él en el muntonces alarg6 el oído derecho, el único que
¿En qué podría pensar la vieja Catalina, tan
do, con un nombre como el suyo?
aú n sensible á los ruidos de este mundo1
vieja, quizás, como su Sillón Imperio, el de
Pero, siendo sacerdote ... ¿Y tendría vocamaquinalmente SP, movió algo su mandíb
los cisnes de cobre dorado?
ción religiosa? ¿Se inclinaban los hermosos
como si escuchara con la boca.
En Pedrito, su último nieto, un h ermoso
adolescente de rizos castaños, cuyo contacto
ojos de él hacia las alturas celestes?
_¿Qué oyó &amp;ntonces? Un ruido de palab
Aquella mañana, Catalina estaba muy triscomunicaba á &gt;&lt;U corazón todo el antaño lleno
gritos, sollozos. .. Y todo el mundo sali6
te, en su sillón Imperio. Con su ojo derecho,
de sol.
rriendo. ¿Qué pasaba? ¡Si hubiera podido
Sin duda, la vieja Catalina pensaba tamel único que veía aún algo-pues el otro esvantarsel Pero sus piernas estaban mu
bién en su hijo Juan,
ya. No había dado
en su nieta Anita, en
paso hacía cinco a
otros, salidoe de ella,
-¡Anital ¡Juan!
y cuyos cabellos se poroó asustada. ¿
nían grises ya bajo la
hay? ¿Ha tenido
eRcarcha de otoño; pePedro?
ro el roble que va á
Ninguna respu
morir debe inclinaree
Todos la habían a
especialmente sobre la
donado y estaban
última bellota que gerra.
mina entre sus raíces;
Y la gran puerta
y por esto toda el alma
cerró violentament.e,
de Catalina fie inclinacerrojo rechinó;
ba sobre el último regolpes vigorosos
toño, sobre ese Pedro
dieron las bojas,
tan mimado, tan adosi alguien intentan.
rado, en q men ella sentrar á vi va fuerza.
tía aún vagamente cantar su juventud, como
Juan se present6,
un pájaro fiel que no
guido de Anita y
hubiera cambiado sino
todos los miembroR
de rama.
la familia. Su
Cada vez más, á meestaba descompu
dida que ella se acerMiró á la abuela y
caba á ese muro negro
demás también. Y
ante el cual todos troojos parecían llen
piezan, Catalina pende terror.
saba en el muchacho;
En efecto, Pedro
para él su cerebro había
llegado recie
ría mover su último
mente
pero entre
pensamiento, como un
genda~mes.
Rabí~
fuego fatuo fosforesRopón, "fajero" y tirantes con fué bautizado el Gral. Bravo.
gado
y
robado
ve
cente; y en él peñsamil
francos
en
casa
ría otra vez, allá arriba, con una sonrisa que
taba inutilizado,-miraba por los vidrios con
un banquero unos días antes y la justicia
Dios enviaría al querido Pedro transformauna expresión de angustia afligida: la d~ no
n~a
á registrar la casa.
'
da en dicha, en esperanza en toda clase de
reconocer nunca á Pedro entre las persunas
¿Es Pedro? repetía Catalina, cuyas Ill
prosperidades.
'
que entraban á la casa.
temblaban algo más que de costumbre so
¿Qué sería de Pedrito? ¿Sería general co¿Por qué no volvía? ¿Dónde había ido?
los brazos del sil16n.
mo su tío Francisco, ó bien obispo codio su
¡Cuántos _días habían pasado sin poderle beJuan vaciló. ¿Podía decir la verdad'l 1
padrino?
'
sar _los OJOS con sus temblorosos é insensibles
~a _confesión equivaldría á la muerte para
Muy bajo, Catalina oraba para que Pedro
labios!
v1eJa Catalina; sería cien veces más dolo

suma&lt;la ésta, siguió tomando una
parte muy activa en los suceso:i
que se desarrollaron en el país
hasta el año de 1847, en que, como jefe del Colegio Militar, luchó contra los invasores norteamericanos. Siete años después,
el 22 de abril de 1854, murió en
Chilpancingo, su ciudad natal,
donde era generalmente estimado.

€1 btSO dt ]uan.

EL MUNDO ILUSTRADO

que la muerte. ¡Estaba tan orgullosa de su
Pedro!
-Es él, ¿no es verdad? preguntó ella, otra
vez, obstinada. ¿Le ha pasado algo?
--¡No! respondió ,Juan acercándose.
-Entonces..... ese coche..... ¿Quizás es, el
obispo?

El lirio dt las aguas.
Mira lo que te trae mi mensajero: es una
flor de blancos pétalos, una flor brotada en el
silencio del agua, donde perdida en el ensueño, flota solitaria.
Ponla sobre tu pecho:
pero préndela bien, pues
sus pétalos tienen aún
encerrados en sus corolas
las vaguedades del abismo, del misterio, del silencio ... .. ... .
Cuídate de los engaños
&lt;le! agua, no te dejes tur1,ar por el ensueño.
Las sirenas parecen dorrn ir ..... .
Los lirios se balancean
1-ohre el abismo.
Niña,sabes ocultar mal
tus deseos. Cuídate de las
vaguedades del misterio
...... Las sirenas parecen
dormir.... .. Los lirios se
halancean sobre el abisrno.
ExRIQ,UE IBSEN.

Domingo 6 de Septiembre de 1903.

FLOR NEGRA
Yo tengo como el mar horas serenas
en que pierde mi espíritu su brío
y se aduerme en la carne como el río
i;obre su luengo tálamo de arenas;
Horas en que la sangre de mi venas
blandamente circula, en que el Hastío,
como siniestro cárabo sombrío,
huye de la guarida de mis penas!
¡Ah!. .. si entonces, acaso venturoso,
un instante me ves y una sonrisa
desarruga mi labio casi inerte,
Es porque aquellas horas de reposo,
que pasan para mi sit,mpre de prisa,
tienen algo del sueño de la muerte!
JULIO FLóREZ.

EL COLLAR
Contemplaba el orfebre con fijeza,
Los rubíes del collar, que parecían
Rojas constelaciones que esparcían
La :flamescente luz de la riqueza.

Es una pregunta ' curiosa la de si una nación
Viéndolos, meditaba en la tristeza
puede llegar á ]a maduDe los pobres que de hambre se morían;
rez. Por mi parte, la conY en las que á trueque dt&gt; un collar, darían
testaría afirmativamente
Su hono1·, su juventud y su belleza.
si fuera posible que todos
Peto, bastón y banda de General, pertenecientes á. D. Nicolá.s Bravo. los hombres naciesen de
Acerc6se á la fragua crepitante,
Y
al avivar el fuego, su Eemblante
treinta
años.
l\Ias
como
la
juventud
ha
de
ser
-Es verdad: el obispo le acompafia. Y coBe tiñ6 de arreboles carmesíes.
eternamente inconsiderada, y medrosa. la vemo usted está vestida de casa... Venga usted
jez, nace de ahí'. que el hombre propiamente
pronto. Le pondremos su hermoso traje de
Sus dedos el collar despedazaron,
maduro se ve en aprietos entre ellas, y tieterciopelo negro.
Y al caer en la lumbre, se trocaron
ne que contentarse con avanzar ingeniándose
En lágrimas de sangre los rubíes.
de un modo singular para conseguirlo.
*
.JUAN DL"ZAN,
GoETRE.
Los golpes redoblaban en la puerta, porque
se había corrido efectivamente el cerrojo para retardar en lo posible la entrada de los magistrados en la casa.
Juan tom6 'á su madre en brazos y se dirigió rápidamente al cuarto cercano.
-¿Conque es el obispo·? murmuraba la vieja,conmovida. ¿Y Pedro consiente? ¿Quiere ser
sacerdote?
-Sí, respon&lt;lió Juan con voz contenida.
Y, lleno de compasión por la abuela le besó el cuello mientrllS la llevaba, ese' pobre
cuello arrugado en que cada año parecía ha" '- .
ber dejado un golpe de uña.
""'"·'".:, ...,C $,,\c1,.._"\
-¡Cuidado, Juan! ¡ho tan fuerte! ¡Me....
ú.);, 9(,,.,.c..,. ÓOHH'
ahogas!
¿Qué pasó entonces en el cerebro del hijo?
¿Qué idea sombría, desesperada, misericordiosa, brotó en él de pronto?
No retiró sus labios; no interrumpi6 el beso insistente. Al contrario besó más fuerte.
Por bien que haya. sido vestida una menti-¡Ah! creyó oír aún, co~fusamente.
iHAS VENCIDO!
ra, concluye siempre por ser descubierta.
Y cuando hubo colocado á la abuela en el
lecho, notó que estaba muerta.
*
Un golpe de lengua es peor que un golpe de
-¡"Padre! dijo Anita palideciendo ... Usted
Si es verdad, si es verdad, si no lo niego!. ..
la ha ax ...•••
lanza.
La culpa de ese ayer fué toda mía,
- Tal vez, respondió él con los ojos llenos
y mi locura me arrojó aquel día
de lágrimas. ¡La quería yo tanto 1
al proceloso mar donde navego.
Y entonces creyó poder dejar entrar á los
magistrados.
¡No llegué á comprenderte! ¡Estaba ciego!
Besé la mano infame que me hería,
JUAN FAM~AU.
y el amor que tu pecho me ofrecía
lo acaricié para olvidarlo luego.
Dichas propias dejé por las ajenas
'
mi calvario de dudas y de pe~as.

y preferí'. á vivir desengañado

¡~a me t~enes vencido! ¡Ya has triunfado!
¡Qmén pudiera con sangre de sus venas
borrar todo el error de aquel pasado!
NARCISO DIAZ DE ESCOBAR.

*
Caja de navajas de barba del Gral. Bravo

Muchas gentes saben elevarse muy pocas
saben hundirse.
'

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 6 de Septiembre de 1903.

PÍO X Y SU FAMILIA
Las primeras noticias biográficas del Papa
Pío X, publicadas al día. siguiente de su _elección hablaban de lo hnmil&lt;le de i::n origen.
Los datos que desde entonce!'\ se han recogido
acerca de eus pariente", confirman el aser!o,
pues la familia del Papa ef', por excelencia,
una familia "plebeya».
Los ascendientes de Giuseppe Sarto fueron
campesi1,os veneciano!'!. Su padre_ e!·a un.Jnsignificante empleado de la admm1strac10n;
era guarda mnnicipaldeRier&lt;a, pecp1eñaaldea
de la provincia de Trevif'a. Su madre, á la cual
se asemeja físicamente de una manera notable,
era. costurera. Tuvo la dicha ele Yer á su hijo
Cardenal , y la emoción que C'Xperimentó
, 1 . entonces, apresuró, según se dice, los u timos
días de su vida. Murió en 18()-! en Ali pueblo
natal, de donde nnnca sn.lió.

INSOMNIO.
Tú eres un lirio místico, que has abierto tu corola en mi alma.
Por ue la has llenado de santos ~rom!l's·
Porque tu blancura la ha hecho irradiar.
Portue tu pureza la ha iluminado con las tres
estrellas blancas de tus pétalos, la Fe, la Esperanza y ]a Caridad.
b' to
B~adito seas, oh liiio místico que has a ier
en mi alma tu corola.
.
.
d
Tú eres la luz del ideal escondida en e1 cie1O d
miPorque
vida. has desgarrado las somb ras d e ese CJe
· ¡ 0 llenándolo con tu el aridad,. placenter!!' Y suave.
Porque has formado con chispas de virtud Y de
pasión tu vía láctea.
'd d
¡
Porque has fundido en tu llama la cast1 a Y e
amor.
.
h fl
·
Porque tu beso lummoso ha hec o orecer m1
pensamiento.
.
b ·11
Bendita bendita. seas, ¡oh luz idea1 que r1 as
en el cielo' de mi vida!
Tú eres el ángel que vela á las puertas de mi
corazón .
• d
Porque tu espada no es de fuego, sino ~ amor.
Porque tus alas, nevadas como la E~ca.r1stía, se
tienden sobre él con cariñosa pr?tecc1~n. .
Porque las has agitado en m1 conciencia, haciendo crear en ella algo del plumón sagrado que
las forma.
Porque el evangelio que tú enseñas santifica y
eleva.
•
tá f
Porque el rosario de tu_s oraciones e~
ormado con lágrimas que la piedad hace brillar como
diamantes.
Bendito, bendito seas, ¡oh ángel custodio de mi corazón!

** *

'ffi'

¡Lirio! ¡Luz! ¡Angel!
¡Eres puro, eres brillante, eres a.lado!
Yo quiero tus pétalos para coronar mi espíritu.
Yo quiero tu fuego para transfigurarme.
y 0 quiero tus alas para remontar el vuelo...
y en la t'egión del ideal á que aspiro, ¡oh lmo!
¡oh luz!, ¡oh ángel!, si lo primero,. seré. el. rocío
de tu corola; si lo segundo, seré la 1rradiac1ón de
tu llama; si lo último, seré tu corazón.
JERÓNIMO J. REINA.

El matrimonio Paro!In ~SaTto y su familia.

Margarita Sanson, madre de Pio X.

Las buenas gentes contaban con insignifi&lt;'antes bienes de fortuna: en una de las calles
rle la ciudad, empe&lt;lradacon guijarroR, tenfan
una caAa de un rnlo pii-o, de tejas roja:-; en la
campiña, algunas tiel'raf'. Con esto y con el
pequeño Rueldo que cfo,frutaba el padre, contfl ban para la snhsistencia de seis hijos: dos
niños y cuatro niñaR,

S.1rto; la otra er&lt;tá cMnda con un hostelero de
Grar.ifls R la protecc:ión del cura de RieFa, el
nharl Tito ToRarni, C'l joven Giuseppe SRrto
RirFrt, llamn&lt;lo Parolin. Son dueños de un
hotd "Las Dos Ji:,ipaclaR» y de un "emporio,»
pudo continuar Ans ef'tndioi- en la e,cneln. de
mitncl nha&lt;'erín y mitnd bftzn.r. En FIUB faeCastclfranco, &lt;londe PU!-1 triunfoi- le valieron
nns i:on nyudn&lt;loi;, por l'U hija y FUS hijos. Se
huenaf" prote&lt;'ciones, ta leR como la de 1\[onseíior Farina, Obisro &lt;le Tre,•if:fl, y
!a dPI C,irdenal M6nico, ,:u compatriota, i\. quien mftR tar&lt;le bahía
de sncedcr en la.silla patrinr&lt;'nl de
Venecia.
El hPrmano y las hPrmn naA del
Para. Pío X, viven n{111. Doi:, ele
i"llR hermnnas @on flolternf', lni- llnmó !i. su lado cuando fné OhiRpo
de Mantna, y m/Ís tarde lo Piguieron á Yenecia. Se dice que dentro de poco irán á Roma. para entrar !Í un convento, á fin de eRtnr
cerca de su hermano. Haflta. la fecha no han cambiado sns trajes
&lt;le campesinas por los atavíos mo&lt;lernos de las grandes ciucladefl.
:No usan f'ombreros y llevnn la
caheza cuhierta con el velo traCasa en que nació P!o X, en Riesa (Italia.)
dicional de lns obreras del pueblo veneciano.
Una. de lfls otraR hermanas &lt;lel P 1pn ei:tá cave, en una de las fotografías que publicamo!l,
E&lt;ada con el l:'acristán de la iglesia de Salzano,
el despacho de la. abacería, con sus cacerode donde en épocas p11fadas fué cura Giuseppe
las de fondo brillante, numerosos candeleros
y lámparas y mesas de pino blanco. Los hijos
en el bazar, atienden á la clientela.
'
En cuanto_ al hermano del Papa, Angel Sarto, f,ué antenormente soldado austriaco, y se
gloria de haber votado entonces Ja anexión de
Venecia á Italia. Después comerció en recauderías y en abarrotes y actualmente es empleado de correos en Asola, cerca de Mantna.

***

Publicamos, además, en este número un dibujo en que aparece Pío X dando la .b endición
al pueblu desde la ,doggian de San Pedro y
o_tro que rep~esenta al Pontífice llevado e~ la
silla gestat?na al tropo I_&gt;Ontifical, el día de
su coronación.

·-·

Los lib~os destinados á la enseñanza deben
ser atrac_tn·os, para lo cual es menester que
sus J?águias coi1tengan lo más placentero y
accesible del saber y ele la ciencia.

*
La alegría es el bne11 tiempo del corazón
Da al a_lrna la armonía, porque es un etern¿
canto srn palabras.

�Dom~ngo 6 de Septiembre de 1903-

EL MUNDO ILUSTRADO

Domiingo 6 .de.Sep-tiembre ele 1903.

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S.S. PIO X
COPIA DEL PRIMER RETRATO QUE SE HA Hl~CHO DEL PONTÍPICE 1

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DESPUÉ::i DE SU ELECCI6N .

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 6 de SE&gt;ptiembre de 1903-

EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 6 de Septiembre de 1903-

formas son voluptuosas como la caricia de un salvaje y se rebelan indóciles contra el dique de su sencillez inocente. Me ama
con fiereza. Me ama con fiereza, como una leona; y yo ...... lo
confieso ... ... yo la amo con fiereza también.»
Y dijo Mario:
«Mi novia es bella como Rodopisa, y hermosa como Citerea.
Su tez fina como los labios de un lirio, palidecen en 1a sien
con u~ suave tinte de violeta, se polvorea en las mrjillas de
sonrosado múrice, en la cintura se oscurece como bnjo la presión de una sierpe invisible, y en todo el cuerpo divino parece
bañada y enjugada con leche y miel.
«Su cabellera es una explosión del alba en el cielo de diciem•
bre. Su cuello es una maravilla del torno. Su seno es una almohada gemela y mórbida hecha para que Re recline sobre ella
la frente de un dios. Su mirada parece venir de otro mundo y
anunciar otras dichas, su mirada sumerge en un lago de amor
Ella se esfuma entre las nubes y se destaca en un horizonte siempre lejano. Vive en el palacio de mis sueños. La amo, y no la
tendré jamá8, porque ella no quiere que deje de amarla, al poseerla ...... ,,

MARIPOSAS.
Era un ardiente día de Primavera. Por la ventana del «chalet» en
que nos hallábamos, veíamos, á la izquierda, el ancho camino bautizado por la primera lluvia; á la derecha, un prado en flor, cortado
por arbustos y céspedes tiernos.
.
.
.
"Cna. bandada de mariposas, como un enJambre de abeJaS gigantes, surgi6 de ent~e las ftorei&gt;1 ~ibujó sobr~ el aire. diáfano ~na reu ue
mallas imperceptibles, se agito ~on la rapidez de una lluvia de estrellas, &lt;lisip6se un tanto y, reur_n fndose de ~uevo, cayeron como rendidas por la muerte, er. el cammo, á la orilla de un charco de agua
turbia.
Sosegadas quietas sobre la tierra roja, parecían pastillas de colo'
'
.
res abi"arrados
bordeando
una pa1eta cetrrna.
Abso~tas inm6viles sobre el lodo, levantaban al cielo sus alitas,
simbólicas 1de inmortalidad; sus alit:is, cubiertas de polvo tenue,
irisado de mil matices, como un rayo miará través &lt;le la neblina.
Sobre los pétalos vivientes se bosquejaban signos extraños, Jíne~s
y sombras, misteriosos hieroglíficos tornasolados de no sé qué escntura desconocida.

***

En el recinto en donde estábamos entró en agitado tumulto,
inquieto y alocado, el enjambre de mariposas.
Yo estaba melancólico y pensativo. Sobre la frente de Mario se posó una maripoi&lt;a de oro, y sobre mi frente vino á descansar, tímida y tem blorosa, una mariposa negra.

***
Dejé de contemprarlas y recorrí con la mirada el grupo &lt;le mis
amigos. Callaban por un momeilto.
Después hablaron y sus voce:s EOnoras hicieron ~ibrar en el aire
un soplo de vida humana. Hablaron los tres, sucef:'1vamente.
Yo me contenté con escuchar.
Todos eran jóvenes y bueno!:'.
Corría por sus venas la i,avia rica que da. al e8pírilu el júbilo de
vivir, &lt;le vivir y amar.
Roberto, el fornido y gallardo, hnbló de esta manera:
«Mi novia P.S elegante y afroi::a como una reina. Su blnnca frente fué hecha para cefiir diademas ó coron11R. Sus labios son IJiienos
para la sonrisa, buenos pnra. el desdén. El oro de los cahel los compite con el oro de las pupilaR, que lucen en el verdor del iris cumo
el reflejo de una estrella sobre el mar.
«Sus manos, finas y nristocráticas, parecen dos lirios ulancos, cuyos pétalos empiezan á colorenrse de rof'a.
1,Su pie es arqueado como la hoz de la luna,y su talle, flexible y cadencioso como la mú:,.ica de un vals.
,,Su majestuosa figura se proyecta soure orientale!'\ tapices y regias alfombras y rnmultiplica en biselados cristales &lt;le Venecia. Vive
en un palacio, y cuando sale, hasta las flores recién abiertas palidecen de enYidia.
:,l\1e quiere, porque entre todos sns adoradores, yo soy quien la amo
meno!".»
Andrés repuso:
«Mi novia es modeeta como una silvestre clavellina. Su tez es tri-

Agosto, 1903.

FERNANDO DE ZAYAS.

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P!o X bendiciendo al mundo católh'o desde la "loggia" de San Pedro
después de su elecc16n.

gueíia como el ocaAo, su boca es una fruta roja abierta por rl pico de
un pájaro, sus cabellos son ele negro mate como la leña del horno recién quemado, flUS ojus son oscuros y brillantes, como negras uva!'.
Sus manos, pequeñas y toscas como las de una pescadora siciliana. Sus

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Sr. Gral. D. RosaJino Martinez.

NOTA MILITAR
Por licencia concedida al señor GP1wral Don Jesú~ Alonso
Flor~s, Comand11nte Militar de la Plnzn, se ha hecho cnri;to de
este 1m~ortan!e p~w~to el señor General Don Romlino Martíiwz,
que hacia algun tiempo se encontraba nl frent~ de la de \Tpracruz.
El señor _General Martínrz, cuyo rrtr11to damos á conocer, es
uno d_e los Jefes más ameritados del Ejército cuenta con treinta Y c1~co años de servicios prei;tados al paü,,' lo mismo en épocas aCiagas qu~ en la era de paz que atravesamoi:i, y posee,
en_tre otras cualidades, la de ser en extremo celoso del cumplimiento de sus deberes.
Interinamente substituye aJ Feilor General Martínez en
Veracruz, el Jefe del 17&lt;? Batallón, Coronel Joaquín I\Iaass.'

conducido en la tilla geatatorla al trono pontltlc&amp;l.

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LA CORONACION DEL P.APA.-Plo X

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�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 6 de Septiembre de 1903-

EL MUNDO ILUSTRADO

Do:nf.ngo 6 de Septiembre lle 1903-

ta fiesta '1t los Remt'1ios.
En lüs Remedios, punto cercano á San Bartolo Naucálpam, se efectuó el día primero hi
solemne función religiosa que anualmente organiza el cura del Santuario allí establecido
y á la cual concurren numerosísimos fieles d~
todos los pueblos vecinos.
La presencia del Sr. Arzobispo Alarc6n, en

El Santuario, que actua_lmente se encuentra
en reparación y que será decora~o con buenas
pinturas al óleo, estaba matenalmente henchido de devotos.
En cuanto á la verbena, pocas veces como
ahora ee habrá visto tan animada. Los «puestos» de golosinas y las ((fondas» al aire libr~,
Re contaban por centenarPs, y l~ concurrencia
era numerosísima. En el exterior del templo
había grupos de "danzantes» que, por lo ex-

más notable después del Santuario, que existe en el lugdr. La arquería de este acueducto,
que se eleva en algunos puntos á más de veinte metros, está dividida en secciones, levantándose en cada una de éstas una elevada torre
de piedra, desdela cual los indígenas encargados de la vigilancia de la obra, pueden observar cualquier obstá'!ulo ó desperfec~o que entorpezca el curso de las aguas. De~rle las torres, hechas á semPjanza de la de Babel, ~e

~--.........
....
.......
... .

~--~~~,.,.

..

los Remedios, hizo que en esta vez las fiestas
revistieran una solemnidad extraordinaria,
pues tanto la misa como la procesión que recorrió el atrio del templo, resultaron verdaderamente lucidas. Una buena orquesta tocó en
la función, mientras en las afueras del Santuario, una banda formada por más de cuarenta indígenas, amenizaba la verbena popular.

traño de su indumentaria, llamaban la atención de todos. Los fuegos artificiales, que son
de rigor en estas fiestas, contribuyeron á mantener la animación y el entusiasmo entre la
muchedumbre.

domina perfectamente el panorama de San
Bartolo.

*

La razón y la conciencia no solamente guían
nuestros juicios y nuestras a::ciones, sino que
son también los medios más seguros para adquirir y poseer la verdad.

Entre las fotograf&lt;as que publicamos, figura la del acueducto de los Remedios, la obra

Elecciones de Gobernador en Colima
El sr. tic. D. Enriqut o. dt la madlid.
La Cámara Legislativa de Colima acaba de
aprobar la elección de Gobernador Constitucional del mismo Estado, recaída en la persona del señor Lic. Enrique O. de la Madrid,
quien deberá funcionar durante el período legal que, conforme á la Constitución particular de aquella entidad federativa, comenzará el día 1? del próximo entrante mes de noviembre y concluirá el 31 de octubre del año
de 1907.
El señor Lic. de la Madrid, joven é ilustrado, encarna las aspiraciones más elevadas de
los colimenses, quienes esperan que su gobierno sea fecundo en bienes para aquel Estado.
Colimense de nacimiento, el señor Lic. de la
Madrid profesa naturalmente acendrado cariño para la tierra que lo vió nacer; y esta cualidad, unida á sus relevantes virtudes cívicas
y privadas, de que tantas veces ha dado evi-

Instantáneas de la tiesta de los Remedios, y vista del acueducto.

dentes pruebas, han hecho que desde el momento en que se iniciaron trabajos electorales en favor de su candidatura, tales trabajos
fueran secundados por todos sus conterráneos
con el mayor entusiasmo, de tal manera que
su elección ha sido unánime.
En su carrera pública, el señor Lic. de la
Madrid se ha distinguido honrosa y brillantemente. Dese,mpeñó por varios años el importante puesto de Juez Federal de Distrito, la
Magistratura y Presidencia del Supremo Tribunal de Justic;a y la Diputación, en aquel
Estado, habiendo sido también electo Diputado propietario al Congreso General. Como
Abogado, su figura es una de las más notables
del foro coJimense.

*
Al fallecimiento del distinguido gobernante
señor Coronel Don Francisco Santa Cruz, el
señor Lic. de la Madrid, mie'llbro á la sazón
de la Asamblea Legislativa de Colima, fué
11ombrado por ésta Gobernador interino; en,.
cargo que comenzó á desempeñar desde luego
con el mejor acierto y honradez, ajustando

siempre sus procedimientos de gobernante á
la justicia y á la ley; por cuya razón el pueblo
de Colima, satisfecho de su administración
lo aclamó su candidato para el período cons~
titucional de 1903-1907, obteniéndose un resul..
tado de tal manera satisfactorio en las elecciones secundarias, verificadas últimamente que
s~ c~ndidatura se vi6 favorecida por la 'unamm1dad _absoluta de los votos emitidos por
los ~o~eg10s electorales de los Distritos en que
se d1v1de aquel Estado para la práctica de dichas elecciones.
Finalmente, el señor Lic. de la Madrid es
muy querido de todos sus gobernados para
quienes es afable y justiciero sin distinción
pudiendo decirse de él que «es el primero e~
el corazón de sus conciudadanos.,i
Es indudable que el Estado de Colima bajo la administración del sefior Lic. de la' Madrid, realizará muy grandes progresos.

�Domingo 6 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

adoraban al Niño Jesús en el establo de Belén.)

tra9tdia dt Ensutño.
[Han dejado abierta la casa y parece abandonada .... El niño duerme fuera, en la paz de la
tarde que agoniza, bajo el emparrado de la vid.
Sentada en el umbral, una vieja mue\Te la cuna
con el píe, mientras sus d€'dos arrugados hacen
girar el huso de la rueca. Hila la vieja, copo tras
copo, el hilo moreno de su campo. Tiene cien
años, el cabello plateado, los ojos faltos de vista, la barbeta temblorosa. 3
La abuela.-¡Cuántos trabajos nos aguardan en este mundo! Siete hijos tuve, y mis
mano!'! tuvieron que coser siete mortajas ..... .
Los hijos me fueron dados para que conociese las penas de criarlos, y luego, uno á uno,
me los quitó la muerte cuando podían ser ayuda de mis años. Estos tristes ojos aún no se
cansan de llorarlos. ¡Eran siete reyes mozos y
gentiles!. ..... Sus viudas volvieron á casarse,
y por detrás de mi puerta vi pasar el cortejo
de sus segundas bodas, y por delante de mi
puerta vi pasar después los alegres bautizos ...
¡Ah! Solamente el corro de mis nietos se deshojó como una rosa de mayo ...... ¡Y eran tantos, que mis dedos se cansaban hilando día y
noche sus pañales!...... A todos los llevaron
por ese camino donde cantan los sapos r el
ruiseñor. ¡Cuánto han llorado mis ojos! Queaé ciega viendo pasar sus blancas cajas deángeles. ¡Cuánto han llorado mis ojos y cuánto
tienen todavía que llorar! Hace tres noches
que aúllan los perros á mi puerta. Yo esperaba que la muerte me dejase este nieto pequeño, y también llega por él. ..... ¡Era, entre todos, el que más quería!. ..... Cuando enterraron á su padre, aún no era nacido; cuando
enterraron á su madre, aún no era bautizado ...
¡ Por eso era, entre todos, el que más quería!. ..
Ibale criando con cientos de trabajos. Tuve
una oveja blanca que le servía de nodriza, pero la comieron loR lobos en el monte...... ¡Y
el nieto mío se marchita como una flor! ¡Y el
nieto mío se muere lenta, lentamente, como
las pobres estrellas, que no pueden contemplar el amanecer!
(La vieja llora y el niño se despierto. La vieja
se inclina. sollozando sobre la. cuna, y con las
manos temblorosas la recorre á tientas, buscando dónde está la cabecera. Al fin se incorpora

con el niño en brazos; le oprime contra el seno,
árido y muerto, y lloran hilo á hilo sus ojos ciegos: con las lágrimas detenidas en el surco venerable de las arrugas. canta por ver de acallarle. Canta la abuela una. antigua tonadilla. Al
oírla se detienen en el camino tres doncellas que
vuelven del río, cansadas de lavar y tender, de
sol á sol, las ricas ambas de hilo de Arabia.
Son tres hermanas, azafatas en los palacios del
rey: la mayor se llamaAndara, la mediana.Isabela, la pequeña Ala.dina.)
La mayor.-¡Pobre abuela, canta para matar su penal
La mediana.-¡Canta siempre que llora el
niño!
La pequeña.-¿Sabéis vosotras por qué llora el niño? ...... Aquella oveja blanca que !e
criaba se extravi6 en el monte, y por eso llora
el niño ......
Las dos hermanas.
(í .
-¿Tú le has visto? ...
¿Cuándo fué que le has
1,
visto?
La pequeña. --Al al 1,.._
manecer le vi dormido en la cuna. ll:~tá
más blanco que la espuma del río donde
nosotros lavarnos. Me
parecía que mis manos al tocarle se llevaban al~o ele su vida,
como si fuese un aroma que las santificase.
Las dos hermana~:
-Ahora al pasar nos detendremos á besarle.
La pequefía.-¿Y qué di.remos cuando nos
interrogue la abuela?....... A mí me dió una
tela hilada y teFda por sus m~nos para. que la
lavase, y al moJarla se la llevo la corriente....
La mediana.- A mí me dió un lenzuelo de
la cuna, y al tenderlo al sol, se lo llevó el viento ........ .
La mayor. -A mí medió una madeja de lino, y al recogerla del zarzal donde la había
puesto á secar, u:1 pájaro negro se la llevó en
el pico .... ..

El pastor.-Ya se pone el sol. ¿Por qué no
entras en la casa con tu nieto!
La abuela.-Der,tro de la casa anda la muerte...... ¿No la sientes batir las puertas?
El past0r.-Es el viento que viene con la
noche ........ .
La abuela.-¡Ah!. ..... Tú piensas que es el
viento!. ..... ¡Es la muerte!. .....
El pastor.-¿La oveja no ha parecido?
La abuela.-La oveja no ha parecido, niparecerá ........ .
El pastor. -Mis zagales la buscaron dos días
enteros ...... Se han cansado ellos y los canes ........ .
La abuela.-¡Y el lobo ríe en su cubil! ......
El pastor.-Yo también me cansé buscándola.
La abuela.-¡ Y todos nos cansaremos!. .....
Solamente el niño seguirá llamándola en su
lloro, y seguirá, y seguirá.. .......
El pastor. -Yo escogeré en mi rebaño una
oveja mansa.
La abuela.-Ko la hallarás. Las ovejas mansas las r.omen los lobos.
El pastor. -Mi rebafio tiene tres canes vigilantes. Cuando yo vuelva del monte, le ofreceré al niño una oveja con su cordero blanco.
La abuela.-¡Ahl ¡Cuánto temía que la esperanza llegase y se cobijara en mi corazón
como un nido viejo abandonado bajo el alar!. ..
El pastor.-La esperanza es un pájaro que
va cantando por todos los corazones.
La abuela.-Soy una vobre desvalida, pero mientras
conservasen tiento mis dedos, hilarán paro tu regalo
cuanta lana diere la oveja.
¡Pero no vivirá el nieto mío!
. ..... Hace ya tres días desde
que aúllan los perros; cuando le alzo de la cuna, siento

La abuela.-¿Habéis dicho que no duerme?
Las niñas.-Tiene los ojos abiertos ... Parece que mira una cosa que no se ve ....... . .
La abue!a.-¡Una cosa que no se ve!. .. ¡Es
la otra vida!. ...... .
Las niñas.~Se sonríe y cierra los ojos ......
La abuela. -Con ellos cerrados seguirá viendo lo mismo que antes veía. Es una alma blanca la que mira.
Las niñai;,.-¡Se sonríe!. .. ¿Por qué se sonríe con los ojos cerrados?
La abuela.--So~ríe á los ángeles.

Do!ll1ngo 6 de Septiembre :le 190:!.
de sol que se abría sobre la noche... ¡Eras_ tú
como un cirio de blanca cera en esta capilla
obscura de mi alma!. ...... ¡Vuélveme al nieto
mío, muerte negra!. ...... ¡Vuélveme al nieto
mío!.. ....
[La a.huela, con los brazos extendidos, entra
en la casa desierta., seguida. de la. oveja .... Bajo
el techado resuenan sus gritos .... Y el viento
anda á batir las puertas ... )
R. DEL VALLE-lNCLAN.

(Una ráfaga de viento pasa sobre las sueltas
cabelleras, sin ondularlas. Es un viento frío que
hace llorar los ojos de la abuela. El nieto permanece inmóvil en la cuna.. Las niñas se alejan,
pálidas y miedosas, lentamente, en silencio, cogidas de la mano.)
La abuela.-¿Dónde estáis? ... Decidme, ¿se
sonríe aún?
Las niñas.-No, ya no se sonríe .. . . : ....
La abuela.-¿Dónde estáis?
Las niñas.-Nos vamos ya ..... .

[Se sueltan las manos y huyen. A lo lejos suena. una esquila. La abuela se encorva escuchan-

DE EDMUNDO DE AMICIS
€1 tuoro dt la viuda.
¡Helo allí! Vuelve mi ángel de la escuela
con sus libros pequefi•&gt;S bajo el brazo;
en el balcón lo espera mi regazo:
ya me ha visto, sonríe, un beso anhela.
Hijo mío, ven presto, corre, vuela,
parece que hace un año no te abrazo;
no lloro unida á ti por este lazo,
mas cuando faltas tú, ¡quién me consuela!
Ven, que te estreche, que te estreche ahora
contra mí, pobre huérfano; es testigo
el cielo del amor que me devora.
Deja seque en tu pelo rubicundo
mis lágrimas, hermano, hijo, amigo,
¡mi 6nica alegría de este mundo!

---....,.....---r:-

il:IOVtd, btSOS!
Lloved, i;,í, dolorosos, caed ardientes,
dulces, solemnes, tristes, del~rantes,
en los héroes que están agonizantes
sobre mártires, sabios y valientes. '

La pequeña.-¡Yo no sé qué la diremos!. ..
La mediana. - Yo tampoco, hermana mía.
La mayor. - Pa~aremos en silencio. Como
está ciega. no puede vernos.
La mediana. -Su oído conoce las pisadas.
La mayor. -Las apagaremos en la hierba.
La pequeiia.-Sus ojos adivinan las eombras.
La mayor.-Iloy están cansados de llorar.
La mediana. -Vamos, pues, todo por la orilla del camino, que es donde la hierba está
crecida.

Sobre los parvulillos inocentes,
en las manos de viejos vacilantes
en los labios purísimos ele aman~s
y de los moribundos en las frentes.'
Caed santos en todas las virtudes,
en el dolor que la palabra vela,
sobre cunas, y al par, sobre ataúdes.
¡Besos, caed! Omnipotente arcana
melodía que enjuga y que consuela
el llanto eterno de la raza humana.

(Las tres berma.nas, Andara, Isabela y Ala.dina, van en silencio andando por la orilla del ca-

€1 duafío.
batir sus alas de ángel como si quisiese aprenderá volar ..... .

,r~\~

........... \ \ 1

(Vuelve á llorar el niño, pero con un vagido
vez más débil y desconsolado; vuelve su
abuela á mecerle con la antigua tonadilla. El
pastor se aleja lentamente, pasa por un campo
verde, donde están jugando á la. rueda .... Canta el corro infantil la misma tonadilla que la
nbuela; al deshacerse, unas niñas, con la falda
_ena de fi?res, se acercan á la vieja, que no las
si~mte, y sigue meciendo á su nieto. Las niñas se
miran en silencio y se sonríen. La abuela deja
de cantar y acuesta al niño en la cuna.)

cada

Las niñas. -¿Se ha dormido abuela?
La abuela.-Sí, se ha dormido.
d Las niñas.-1Qué blanco está!... .. ¡Pero no
uerme, abuela! ........ .

m_ino. La vieja lev11.nta un momento los ojos sin
vista; después sigue meciendo v cantando al niño. Las tres hermanas, cuando han pasado vuelven la cabeza. Se alejan y desaparecen,' unas
tras o.tra, en la revuelta. Alla, por la falda de
la colina, asoma un pastor. Camina despacio, y
al andar se apoya en el cayado. Es muy ancia.•
no, vestido todo de pieles, con la barba nevada.
Y solemne. Parece uno de aquellos pastores que

do .... Es la oveja familiar que vuelve para que
mame el niño. Llega. como el don de un rey mago: con las ubres llenas de bien. Reconoce los
lugares y se a.cerca con dulce balidv. Trae el vellón peinado por los tojos y las zarzas del monte. La viE'ja extienC:1e sobre la cuna las manos .
para levantar al mño. ¡Pero las pobres manos
las manos anugadas, temblonas y seniles ha~
llan que el niño está yerto.)
'
La abuela. - ¡Ya me has &lt;lejaclo, nieto mío!
¡Qué sola me has dejado! ¡Oh! ¿Por qué tu
alma de ángel no puso un beso en mi boca y
se llevó mi alma cargada de penas? ... Eras tú
corno_ un ramo de blancas rosas en esta capilla triste de mi vida... Si me tendías los brazos, eran las alas inocentes de los ruiseñores
que cantan en el cielo á los Santos Patriarcas·
si me besaba tu boca, era una ventana llen~

¿Recuerdas cuando al pie de los cipreses
de una bella mañana á los albores
'
nos hicimos de bravos los honores'
sacudiéndonos cien y cien reveses?
, ~os dieron centinela, muy corteses,
n. nuestro alrededor cuatro señores

.
. 'entre flores,
y ei;p1aron
ele leJos
algunos aldeanos milaneses.

'

Alegre estaba el alba y la campiña ·
la l_u~11bre que lucía én nuestros ojos'
trn1c1onaba el encono de la rifia;
Mas, necios y cobardes no cesamos
de fingir con la espada mil enojos,
hasta que en sangre, al fin, nos sal picarnos.
(Traducción de Manuel S. Pichar&lt;.10. )

�Et

CONflDfNCIAS

Jlño X-tomo n-núm. 11

MUNDO ILUSTRADO
mtx1co, Stptitmbrt u dt 1901.

Cierente: LUIS Rtns SPINDOLA

Director: LIC. RAl'AIL RtYfS SPINDOLA.

EA usted franco. ¿Cree usted i:unceramente que su salud es buena? ¿Tiene 1a
profunda convicción de que cumple de una mar.era regular é irreprochable
con todas las funciones que por su salud, ocupación ó estado, le ha conferido
la naturaleza? ¿No ha sentido jamás ninguna molestia que perturbe sus aptitudes? Reflexione seriamente sobre esto, pues en infinidad de ocasiones no dará u8 ted importancia á muchos pequeños síntomas, que pueden ser fecunda-

,

mente de graves resultados.
Usted sabe que muchas enfermedades, sobre todo las que obran por consunción de una manera lenta, tienen ~~mejantes,sino iguales,los primeroi:: síntomas,
.1e. tal

S.bKrlpci6n measa1I for•au S1.50
ldem,
ldem. H la c1pilll $1.JS

modo, que la

Anemia, Tuberculosis,
Neurastenia, etc.
son difíciles de diagnosticar en sus principios.
Comunes á estas enfermedades son una variedad de síntomas molestos que seguramente habrá ueted sentido alguna vez ó cuando
menos en parte.
El imsomnio, la jaquecas frecuentes, los puntos negros que flotan ante la vista, la inapetencia, sensación de pesadez y malestar al levantarse, torpeza en los movimientos, suefío ó pereza inmotiYados mal humor, desarreglo en las digestestiones, falta ó pérdida de la memoria, imposibilidad para dedicarse á los asuntos que requieren intervención de la inteligencia, dolores vagos sin causa aparente, debilitamiento ó pérdida de las funciones sexuales, etc.
Todo este cuadro de síntomas, unidos á otros much 0 s que sería largo enumerar, puede decirse que forman el cuadro clínico de la mayor parte de las enfermedades consuntivas, sumamente extendidas y tanto más graves, cuanto que con su insidioso principio, pasan en
la mayoría de los casos inadvertidos y sólo manifiestan sus perniciosos efectos, cuando han hecho progresos formidables que si no imposible es muy difícil detener.
Probablemente usted habrá sentido algunos de estos achaques á los que quizá no habrá dado importancia, pues en algunos casos la
Naturaleza triunfa y la huella que dejan es tan lijera que nadie se preocupa por sus resultados.
Convendrá usted, pues esto es indudable, que repetidos estos desequilibrios orgánicos, poco á poco minan su salud, y cuando usted
justamente alarmado desea recobrar esa salud, ó no puede conseguirlo, ó si llega á lograrlo, es solamente á costa de grandes y laboriosos
sacrificios.
Si al primer achaque, á la primera molestia, ustrd, como hombre pensador se preocupa de su. estado y desea verse libre de funestas consecuencias, recuerde lo que á este respecto dicen los médicos más afamados. Torne sin pérdida de tiempo el

Del Doctor

LATOUR BAUMETZ,
que sin ~olesti~ ~e !lingú~ género, devolverá á su organismo_ e~ ~ompleto vigor y la plena salud que había perdido.
Temendo facil remedio todos los males que forman el prmc1p10 de las variadas enferdades á que está sujeta la Naturaleza humana,
en lamano de usted está el arma que debe servir para combatirlas; cúlpese á sí mismo si no aprovecha la oportunidad de hacerlo.
No siendo el

Vino de San Ger01án
una prepaaci6n
empírica, . sino que está ajustada
á. los más rigurosos principios &lt;le la cienci·a y que h a s1"do no solamen.t e a pro bad a smo
·
.
.
prescrita por los más emmefites .y conocidos médicos, puede ueted tamarla sin temor, recomen d arl a á sus amigos,
·
d ar1a a, su fami·¡·ia
con absoluta confianza dvnde qmera que haya un dolor que aliviar ó una 1mferrnedad que combatir.

DE VENTA EN TODAS LAS DROGUERIAS Y BOTICAS
Stñor 0tntral Don Porfirio Díaz,
Pmldttttt dt lil ~tpúbllc,.

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Et

CONflDfNCIAS

Jlño X-tomo n-núm. 11

MUNDO ILUSTRADO
mtx1co, Stptitmbrt u dt 1901.

Cierente: LUIS Rtns SPINDOLA

Director: LIC. RAl'AIL RtYfS SPINDOLA.

EA usted franco. ¿Cree usted i:unceramente que su salud es buena? ¿Tiene 1a
profunda convicción de que cumple de una mar.era regular é irreprochable
con todas las funciones que por su salud, ocupación ó estado, le ha conferido
la naturaleza? ¿No ha sentido jamás ninguna molestia que perturbe sus aptitudes? Reflexione seriamente sobre esto, pues en infinidad de ocasiones no dará u8 ted importancia á muchos pequeños síntomas, que pueden ser fecunda-

,

mente de graves resultados.
Usted sabe que muchas enfermedades, sobre todo las que obran por consunción de una manera lenta, tienen ~~mejantes,sino iguales,los primeroi:: síntomas,
.1e. tal

S.bKrlpci6n measa1I for•au S1.50
ldem,
ldem. H la c1pilll $1.JS

modo, que la

Anemia, Tuberculosis,
Neurastenia, etc.
son difíciles de diagnosticar en sus principios.
Comunes á estas enfermedades son una variedad de síntomas molestos que seguramente habrá ueted sentido alguna vez ó cuando
menos en parte.
El imsomnio, la jaquecas frecuentes, los puntos negros que flotan ante la vista, la inapetencia, sensación de pesadez y malestar al levantarse, torpeza en los movimientos, suefío ó pereza inmotiYados mal humor, desarreglo en las digestestiones, falta ó pérdida de la memoria, imposibilidad para dedicarse á los asuntos que requieren intervención de la inteligencia, dolores vagos sin causa aparente, debilitamiento ó pérdida de las funciones sexuales, etc.
Todo este cuadro de síntomas, unidos á otros much 0 s que sería largo enumerar, puede decirse que forman el cuadro clínico de la mayor parte de las enfermedades consuntivas, sumamente extendidas y tanto más graves, cuanto que con su insidioso principio, pasan en
la mayoría de los casos inadvertidos y sólo manifiestan sus perniciosos efectos, cuando han hecho progresos formidables que si no imposible es muy difícil detener.
Probablemente usted habrá sentido algunos de estos achaques á los que quizá no habrá dado importancia, pues en algunos casos la
Naturaleza triunfa y la huella que dejan es tan lijera que nadie se preocupa por sus resultados.
Convendrá usted, pues esto es indudable, que repetidos estos desequilibrios orgánicos, poco á poco minan su salud, y cuando usted
justamente alarmado desea recobrar esa salud, ó no puede conseguirlo, ó si llega á lograrlo, es solamente á costa de grandes y laboriosos
sacrificios.
Si al primer achaque, á la primera molestia, ustrd, como hombre pensador se preocupa de su. estado y desea verse libre de funestas consecuencias, recuerde lo que á este respecto dicen los médicos más afamados. Torne sin pérdida de tiempo el

Del Doctor

LATOUR BAUMETZ,
que sin ~olesti~ ~e !lingú~ género, devolverá á su organismo_ e~ ~ompleto vigor y la plena salud que había perdido.
Temendo facil remedio todos los males que forman el prmc1p10 de las variadas enferdades á que está sujeta la Naturaleza humana,
en lamano de usted está el arma que debe servir para combatirlas; cúlpese á sí mismo si no aprovecha la oportunidad de hacerlo.
No siendo el

Vino de San Ger01án
una prepaaci6n
empírica, . sino que está ajustada
á. los más rigurosos principios &lt;le la cienci·a y que h a s1"do no solamen.t e a pro bad a smo
·
.
.
prescrita por los más emmefites .y conocidos médicos, puede ueted tamarla sin temor, recomen d arl a á sus amigos,
·
d ar1a a, su fami·¡·ia
con absoluta confianza dvnde qmera que haya un dolor que aliviar ó una 1mferrnedad que combatir.

DE VENTA EN TODAS LAS DROGUERIAS Y BOTICAS
Stñor 0tntral Don Porfirio Díaz,
Pmldttttt dt lil ~tpúbllc,.

�Domingo 13 de Septiembre de 1903.

Do.mingo 13 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO.

La guerra de Crimea. [para no tomar la cuesfina con el espiritualismo y el estoicismo. Petión desde tiempos inmemoriales] di6 fin á la
ro un datidy no puede ser nunca_ un hom_b~e
desastrosa campaña cuyo centro de acción fué
vulgar. Si llegare á cometer un cr~men, q~nzas
el sitio que ha servido para bautizarla, la
no se sentiría degradado; pero s1 ese crimen
península de Crimea. Se constituyeron, menaciere de una causa trivial, el deshonor sería
diante el tratado de Berlín, los pequeños EsEl martes próximo, 15 de septiembre, celeirreparable. Que el lector no se escandalice de
tados del Norte de Turquía, seccionando los
lebra el país el natalicio del Sefior General
eiia gravedad en lo frívolo, y que recuerde que
«vilayetos» y apartándolos de la soberanía turhay una grandeza en todas las locuras, una
Don Porfirio Díaz, Presidente de la República.
ca, si bien mediante ciertas restricciones en su
fuerza en todos los excesos. ¡Extrafio espiriindependencia.
«El )fondo Ilustrado» anticipa su respetuotualismo! Para los que son á la vez sacerdotes
De entonces dats. la actual rebelión. Antey víctimas del dandismo, todas las condiciosa felicitación al ilustre Gobernante, hacienriormente, casi desde que los turcos se posene" complicadas á 111.s cuales se someten, dessionaron de Constantinopla, las poblaciones
do votos por su prosperidad personal.
de el vestir irreprochable á toda hora del día
cristianas, debeladas, han pretendido sacudir
y de la noche, hasta los peligrosos juegos de
bruscamente el yugo opresor de la banderade
sport, no son sino una gimnástica. propia pala media luna. Pero nunca como hoy la rebera fortificar la voluntad y disciplinar el alma.
lión ha tomado caracteres ele seriedad que -la
En verdad, no estaría completamente equivohacen difícil de aplacar y peligrosa para la
cado si considerase el dandismo como una esexistencia misma del Im¡:,erio otomano.
pecie de religi6n. La regla monástica más riBoris Saratoff, el «léader» que cuenta con
gurosa.. la orden irresistible del «Viejo de la
robre rico, ocioso, y que aun desenmayores amigo!! y con prestigio más grande,
)Iontafia»
que
impone
el
suicidio
á
sus
discítado, no tenga otra ocupaci6n sino la
es el que levanta hoy la bandera ele la rebeli6n,
pulos fervientes, no han sido más despóticas
de correr en pos de la felicidad; el
en las montuosas regiones ele Macedonia y de
ni
más
obedecidas
que
esta
doctrina
de
la
elehombre educado en el lujo y acostumbrado,
Albania. Es un hombre fuerte, formidable
gancia y de la originalidad, que ordena tam•
desde su juventud, á la obediencia de los deodiadQr de la religi6n y de la administración
bién
á.
sus
ambiciosos
y
humildes
sectarios,
más hombres; el que, en fin, ni) tenga otra ocuturcas; querido por los suyos, temido por 1011
hombres á menudo llenos de ardor, de pasión,
pación que la elegancia, presentará siempre y
enemigos. Y lleva la bandera de la independe
coraje,
de
energía
contenida,
la
terrible
f6ren cada momento, una fisonomía distinta y
dencia de su país, ayudado en los combates,
mula: «Perinde ac cadáver!•
completamente singular. El dandismo es una
eH los vivacs, en los campamentos, por una
Que
esos
homhres
se
hagan
llamar
refinados,
institución vaga, tri.n bizarra como el duelo;
mujer, una .nueva. Juana de Arco, búlgara,
«incroyiibles,• «bellos,» «liones» ó dandys, tomuy antigua, puesto que César, Cat~li~a, ~1que· se cree enviada por la divinidad para indos
provienen
del
mismo
origen;
todos
particibiades, nos ofrecen modelos extraordmanos
depender á su pueblo.
ci pa.n del mismo carácter de oposición y de
en su género; muy general, puesto que ChaEsta parte de la historia. de la insurrección
rebeldía; todos son representantes de lo que
teaubriand la encontró en las florestas y al
en los Balkanes es muy novelesca y á propóha.y
de
mejor
en
el
orgullo
humano,
de
esta
borde de los lagos &lt;lel Nuevo ~Iundo. El dansito para influir en la imaginaci6n de a.qutllos
necesidad, muy rara hoy, de combatir y desdismo que es una institución fuera de las lepueblos, perdidos en las montañas, medio citruir
la
trivialidad.
De
ello
nace,
en
los
dnnyes, tiene leyes rigu~osas á las qu~ están somevilizados, fácilmente impresionables por tales
dys, esta actitud altanera de e2sta provocadotidos todos sus súbditos, cualesquiera que sean
episodios en la vida de sus jefes.
ra,
aun
en
su
frialdad.
El
dandismo
aparece
el arctor y la independencia de su carácter.
Contra los rebeldes [ que como pasa siemespecialmente en las épocas transitorias en que
Los novelistas ingleses que, más que otros,
pre, conocen admirablemente "las montal'laa
la
democracia
no
es
todavía
todopoderosa,
en
han cultivado la novela de «high life,» y los
nativas y son valientes hasta la temeridad]
que la aristocracia. no está. sino parcialmente
france:-1es, que han querido en especial escriel Sultán Abdul Hamid lanza sus fuerzas. Los
vacilante
y
envejecida.
En
la
turbación
de
esas
bir novelas &lt;le amor, han tenido el cu~dado, y
verdaderos soldados turcos están pésimamen•
épocas, algunos hombres desorientados, decepcon mucho juicio, de dotar á sus personajes
te organizados, y ha siclo preciso que oficiales
cionados,
desocupados,
pero
ricos
de
fuerza
de fortunas suficientemente vastas para pagar
alemanes vayan á instruirlos, para que siquienativa,
pueden
concebir
el
proyecto
.de
funsin vacilación todas sus fantasíae, y los han
ra presentaran en algo el aspecto de un batadar una nueva especie de aristocracia, tanto
dispensado de toda profesión. Estos seres no
ll6n 6 de un escuadrón. Pero estas tropas,
más
difícil
de
romper
cuanto
que
eatará
basatienen otros empleos sino cultivar la idea de
amén de que son escasas, se utilizan más bien
da sobre las facultades más preciosas é indeslo bello en su persona, de satisfacer sus pasioen las grandes ciudades, ó para. las expediciotructibles,
sobre
los
dones
celestes
que
el
tranes, de sentir y de pensar. Poseen así á su
nes de confianza. Quedan para reprimir la rebajo
y
el
dinero
no
pueden
conferir.
El
danantojo y en amplia medida, el tiempo y el dibelión los ..bashibasucks.-, conocidos también
dismo
es
el
último
resphmdor
de
heroísmo
en
nPro, l:lin los cuales la fantasía, reducida al
por el significativo nombre de «dis.blos nela.a
decadencias;
y
el
tipo
del
dandy,
enconestado de un ensueño pasajero, no puede tragros».
trado
por
el
viajero
en
la
América
del
Norte,
ducirse en acción. Es desgraciadamente cierDe las montañas del Turkestá.n, en la reno destruye de ninguna manera esta idea; pues
to q,fo sin el ocio y el dinero, el amor no puegión
que menos ciYilizada se encuentra, es de
nada
impide
suponer
que
las
tribus
que
llade ser sino una orgía plebeya, 6 el cumplidonde
el Ministerio de Guerra de Constanti•
mamos
«salvajes»
sean
los
despojos
de
grandes
miento de un deber conyugal. En lugar de un
nopla
envía
á buscar sus tropas auxiliares. Se
civiliw.ciones
desaparecidas.
El
dandismo
es
capricho ardiente y sofiador, conviértese en
saca de su terruño á los bashies, sin instrucun sol poniente: como el astro que declina es
repugnante «utilidad.»
ci6n de ningún gfnero, sin antecedentes miliadmirable, sin calor y lleno de melancdlía.
Si hablo del amor á propósito del dandismo,
tares, hasta sin saber siquiera. el idioma de
Pero ¡a.y! la marea montante de la democracia
es porque el amor es la ocupación natural de
Turquía. Ellos hablan un bárbaro dialecto, en
que
invade
y
nivela
todo,
ahoga
día
por
día
á.
los ociosos. Pero el dandy no apunta al amor
el que se pueden encontrar restos de cuantoe
estos últimos representantes del orgullo humacomo á un fin especial. Si he hablado del dineidiomas se han hablado en el Asia Central,
.
no,
y
vierte
olas
de
olvido
sobre
las
huellas
de
ro, es porque es indispensable á las personas
desde hace siglos largos.
esos prodigiosos ensimismados. Los dandys
que hacen un culto de sus pasiones; pero el
Estos «diablos negros» no reciben paga ni
dandy no -aspira al dinero como á una cosa . se hacen cada vez más raros en Francia en
soldada. alguna. Se conforman con los botines
tanto que en Inglaterra el estado social la
esencial: podría bastarle un crédito indefinido;
que la guerra de montañas les proporcion~
constitución (la verdadera constitución, la que
el dandy abandona esta grosera pasión á la
La consecuencia lógica do tan curiosa organise expresa en las costumbres) dejan por largo
gente vulgar.
zación es que, cuando los basucks han dejado
tiempo
todavía
un
sitio
para
los
herederos
de
El dandismo no es, como muchas persode pelear algunas semanas, hay que dejarloe
Shéridan, de Brúmme), de Byron, si es que
nas parecen creerlo, un gusto inmoderado por
que roben más, en la primera poblaci6n que
aún se presenta algmen que fuese digno de
el traje y la elegancia material. Estas cosas no
visitan, porque más se les debe, y hay quepasubstituirlos.
son para el perfecto dandy sino un símbolo
CHARLES BAUDELAIRE.
garles de manera tan original.. ...... .
de la superioridad aristocrática de su espíritu,
Así, á sus ojos, seducido ante todo por la «distinción," la perfección del vestido consiste en
En el grabado que publicamos en otro lugar,
la simplicidad abiioluta que es, en efecto, la
mejor manera de distinguirse. ¿Qué es entonverán nuestros lectores un campa.mento de reces esta pasión que, convertida en doctrina,
beldes en las montafias de Macedonia.
CAUSAS DEL MOVIMIENTO.-BASHIBASUCKS
ha hecho adeptos dominadores, esta instituY ALBANESES.
ci6n no escrita que ha formado una casta tan
Buestra primera plana
altiva? Es, ante todo, la necesidad ardiente de
La ca?sa de los cristianos en las provincias
hacerse una originalidad, contenida en los limites exteriores de las conveniencias. Es una
septentrionales de Turquía, gana terreno diaFl retrato del Sefior General Don ,Porfirio
ria.mente, y, á no ser por las difíciles cuestioespecie dt. culto de sí mismo, que puede soDíaz, que publicamos en primera plana, l!8 el
nes de diplomacia que en ella se sintetizan y
breven.ir á la persecución de la dicha que proúltimo que se ha hecho, y ningún periódico,
condensan, fácil fuera que á la hora actual
porciona otra perl:iona, la mujer, por ejemplo;
hasta hoy, lo ha dado á conocer.
que puede sobrevivir aun á todo lo que sellaalguna de las grandes potencias que dirigen eÍ
moviti:üento político en el Yiejo )Iundo, hubieman ilusiones. Un dandy puede ser un homLa pequefíez del espíritu se hace sentir, sora ya impuesto su voluntad para df'jar, de una
bre desencantado, puede ser un hombre que
bre todo, en las grandes cosas.
sufre; pero, en este último caso, sonreirá cobuena vez_, resueltos los c~mplexos problemas
que constituyen lo que, diplomáticamente se
mo el lacedemonio bajo la mordedura del
*
conoce, desde hace afios, con el nombre d~ la
La nobleza del hombre procede de la virtud,
zorro.
«Cuestión de Oriente».
Vese que, en cierto modo, el dandismo cony no del nacimiento.
·

FELICITACIÓN

+++++~+i-+t
EL DANDY

Tus resto~ del General Bravo
en Ronor ~el Riroe. -~olemnes ceremonias
En el último número de «El Mundo Ilustrado» consignamos In. noticia de que el domingo seis, por la tarde, serían recibidos
en México !os restos del magnánimo insurgente Don Nicolás Bravo, que el Gobierno
mandó exhumar del templo parroquial ele
Chilpancingo, donde se encontraban depositadoe.
Ampliando nuestra informaci6n relativa á
este asunto, hacemos en seguida una breve reseña del acto de la exhumación y de los honores que, tanto en Chilpancingo como en Iguala y en México, se han tributado al ilustre
patriota.
La exhumaci6n, que se verificó el día 30
fu6 hecha en presencia del sefior Gobernado~.
interino de Guerrero, Lic. Silviano Saavedra,
del representante especial del Gobierno de la
Unión, del Jefe de las armas en aquella plaza
y de un gran número de particulares, así co:
mo de empleados del Estado y de las oficinas
federales.
Abierta la caja mortuoria, se procedió á recoger los restos para depositarlos en la urna
en que debían ser traídos á la capital, encoutrándose, con sorpresa de todos los concurrentes, que no obstante e1 tiempo transcurrido
desde la muerte del héroe ha~ta el día &lt;le la
exhumación, algunas partes del uniforme se
conservaban ·sin el deterioro que era de suponerse. La urnafuéconducida en hombros por
los mismos caballeros encargados del ar;eglo
de la exhu::.1ación, á. la sala de Cabildos que
estaba convertida en capilla ardiente, ·:/ una
vez allí, el sefior Don Francisco Parra con el
carácter de orador oficial, pronunció Ún discurso enalteciendo los méritos de Bravo como caudillo de la Independencia.
Los funcionarios de la Administraci6n Pública y los empleados hicieron, turnándose cada media hora, guardia de honor á los restos,
y por la noche hubo una solemtle velada fú-

nebre en que tomaron parte los alumnos de las
escuelas oficia.les.

***

El día primero los restos fueron transladados á Iguala, custodiándolos, como comisiona-

tu6 otra fiesta en honor del patriota, notándose en todas las calles inusitada animación. En
la mañana. del sábado cinco, los sefiores
Doctor Don Consta.ocio Peña Idiáquez, Ingeniero Don Ignacio L. de la Barra y Licen-

CHILPANCIXGO.-La exhumación de los restos.

dos del Gobierno de Guerrero, los sefiores Diputados á la Legislatura. local Francisco J.
Meléndez é Isaac Alarcón. En Iguala se efec-

ciado Fidencio Hernández, nombrados por la
Secretaría de Gobernación para recibir los restos en la ciudad mencionada, se hicieron car-

y

ta tnsuntcdón tn los Balkants.

*

CHILPANCINGO-Cond ucción de los restos al Salón de Cabildos.

CHILPANCINGO:-La guardia de honor.

�Dommgo 13 de Septiembre de 1903.

-

EL MUNDO ILUSTRADO

DomJmgo 13 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

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Bajando la urna.

Lo.s estandartes ,de las Sociedades Mutualistas.

das de Buenavista á la Diputación y de allí
hasta Chapultepec, en un carro de artillería,
sencilla y elegantemente decorado.

***
La ceremouia efectuada en el Bosque el 8

por la mañana, con el doble objeto de tributar
al General Bravo los homenajes á que se hizo

acreedor como caudillo de la Independencia, y
de honrar la memoria de lüs cadetes que murieron en defensa de la Patria el 13 de Septiembre de 1847, super6 con mucho en lucimiento
á las celebradas en años anteriores. La tribu-

na monumental, que protegía un amplio toldo y que estaba decorada con multitud de flores, banderas y atributos de guerra, fué
insuficiente para contener la extraordinaria
concurrencia que asistió al acto.

En la plataforma, frente al lugar en que
tomaron asiento el Primer Magistrado de la
Naci6n y los sefiores ·Ministros de Guerra, Fomento, Justicia, Gobernación y Comunicaciones, y Subsecretarios de Relaciones y de Ha-

cienda, se levantó uu sencillo monumento
adornado con palmas y laureles, y sobre la columna que lo componía, medio cubierta por
un lienzo de los colores nacionales, se puso la
urna que guarda las cenizas del vencedor del

Palmar. Una estatua de la Historia, colocada
al pie del monumento, realzaba la belleza del
conjunto.
El programa consistió en algunas piezas de

Aspecto del frente del Palado Municlpail al organizarse el desfile rumbo á. ChapuJtepec.

música que ejecutaron las bandas de Estado

•

.(i

LOS RESTOS DEL GEJNERAL BRA VO.-Llegada d el cortejo al Palacio M'lllli~aJ.

go de ellos, depositándolos á bordo del tren
especial en que llegaron á México. El carro en

Presidente del Ayuntamiento, los Regidores y
los delegados de las sociedades mutualistas

que se puso la urna estaba convenientemente
adornado, y durante el viaje, una escolta del

la noche. . A las 12 y treinta IJegó por fin el

24º Batallón hizo guardia ante los restos.
De la estación de Buenavista, donde esperaban la llegada del convoy numerosas personas y agrupaciones, ls urna fué conducida

tren, y en vista de lo avanzado de la hora, se
dispuso que los restos permanecieran en el carro hasta las ocho de la ma:fiana del lunes, en
que, como dijimos, fueron transladados al Pa~

el lunes al salón de Cabildos del Ayuntamien-

lacio Municipal.

to. Sabido es que un accidente ferroviario im-

pidió que el tren especial entrara en la estación el día y hora fijados -el domingo á las 6
de la tarde,-y que, con este motivo, hubo

neceeidad, á últim ahora, de modificar el programa. Los sefiores Gobernador del Distrito,

permanecieron en el andén hasta muy entrada

***

Al recibirse alJí los restos, hizo uso de la palabra, á nombre del Cabildo, el Concejal Lic.
José R. Azpe, organizándose después la comitiva que debía acompafiarlos hasta el Colegio

'

Militar, donde estuvieron depositados en un.o
de los principales salones, convertido en capt•
IJa ardiente. El cortejo, formado por las autoridades superiores del Distrito, el Ayuntamiento, las comisiones de las Cámaras Y de
las sociedades mutualistas, era muy numeroso.

Al IJegar al Colegio, el sefior General Sebal'
tián Villarreal, como Jefe de la División qlll
hacía los honores al General Bravo, ent
los restos al sefior General Villegas, Jefe del
establecimiento, quien contestó á las f
que aquél le dirigiera, con un breve, pe~o sen•
tido discurso.
. Las cenizas del héroe suriano fueron

La urna es ,conducida al Sal6n de Cabil¡:los,

lill &lt;leofilG -

Paton!.

�Domingo 13 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Dómlngu 13 de Septiembre de 1903.

Mayor y Zapadores, unidas; en dos discursos:
uno que pronunci6 el sefior Lic. Alfredo Chavero, y otro que estuvo encomendado al seflor
Coronel Joaquín Beltrán, y en una poesía recitada por el poeta Amado Xervo. A nombre
del Colegio )Iilitar, habló el Teniénte )Ianuel
Caballero. Los oradores fueron muy aplaudidos.
Además, un grupo de alumnas de la Escuela de Artes y Oficios cant6 el Himno á los héroes de Chapultepec, y otro, de alumnos de
las escuelas nacionales primaria!'I, el Himno
Nacional, que todos los concurrentes escucharon de pie y con la cabez,i cle~cubierta. Tanto
ante la urna como ante el monumento erigido
á los cadetes mártires en el Bosque, i:c depositaron hermosas coronas, siendo el primero
en llevar la suya el señor General Díaz.
El señor Presidente de la República fué ovacionado por la .muchedumbre que invadía el
Bosque, lo mismo {t su llegada que al emprender su regreso á la ciudad.

franja de tierra se pierde en el horizonte. En
la casita de paredes blancas ya no penetran
los rayos solares. Las sombras, esas avanzadas &lt;le la noche, se van acercando, y en el cielo todo azul van apareciendo milláres de lu- .
ce~os que titilan como si tuviesen frío, como

to ora precipitado, y continúa hilando, hiland~ maquinalmente copos de algod6n blanco
blanco como la cabellera de la abuelit,,1, que~
fué para no volver.
¿.En qué piensa con la vista fija en la rueda
que gira y gira sin cesar, con su ruido monó-

***

La urna que guarda las cenizas de Bravo,
fué depo!c&lt;ita&lt;la el miércoles en la capilla de
Catedral donde se conservan los restu!i de otros
héroes de la independencia.

LA HILANDERA

aventuraR amorosas cuando ya era una mujercita formal.
Ella no quería que él, el bien amado, se fuera; no quería que la dejara !-'Ola en aquella casa, nido de sus recuerdos; sin su amor, sin sus
caricias, sin sus consuelos, ¡ahora que tanto los
necesitaba! Todo esto se lo rog6 con los ojos
llenos de lágrimas y el pecho preñado de suspiros; quiso formar con sus débiles brazos de
nifia una cadena de hierro que le sujetara, que
le detuviera para siempre, cerca, muy cerca
de ella ...... Pero todo fué inútil. ..... el rey necesitaba de sus servicios, y un buen francés
nunca, por nada ni por nadie, deja de ofrecer
al rey sus brazos y AU vida. Y se fué ... lloran•
do, él también, corrier:do, E-in volver la cara,
y dejándola como despedida sobre sus labios
trémulos un beso de amor, el primero, tal vez
el último, y cuyo calor aún le quema y le hace sentir los calosfríos de la pasi6n.
En todo eso piensa la nifla de cabellos rubios y ojos azuleR; en todo eso piensa, ora con
exaltaciones de desesperada, ora con languideces de neurótica, mientra'l que, triste y llorosa, sentada. junto á la rueca, continúa hi•
}ando, hilando maquinalmente el copo de algodón blanco, blanco como sus ilusiones, blanco como la cabellera de la abuelita que se fué
para no volver más.

--

....

Las fiestas de Covadonga

(LA FILEUSE)

TraJts rtglonalts.- Jlnlmada romtrla.
On::-oo A

HAFF

Atardece. Los últimos rayos del sol invernal, antes de perderse en las lejanías del horizonte, penetran por la venta.na abierta y van
á acariciar la cabecita rubia de la hilandera.
El campo, tomando ese color venliazulado de
los crepúsculos de diciembre, se ensombrece
poco á pocn, {t medid'\ que el sol va desapareciendo lentamente, como d marino que desde
el puente del buque se despide de su novia y
no quiere dejar de verla hasta que la obscura

El Salón de Cabildos de )léxico, con ,ertldo en capilla ardiente.

si hasta ellos llegasen las ráfagas heladas que
vienen del Nordeste.
Y, en tanto, la hilandera, la niña de cabellos rubios corno lali espigas de los trigales, y
de ojos azules como el cielo hermoso de su
querida Provenza, sigue en medio de la obscuridad que la rodea, sentada junto á su rueca, á la que imprime un movimiento, ora len-

tono y acompasa&lt;io? PienRa ... en lo que puede pensar una muchacha á los dieciocho afios:
en él, siempre en él, ¡l}n (1, que Re fu(, dejánla sola, abandonada, cuando aún estaba caliente el viejo sill6n de vaqueta y clavos dorados, en el que se sentaba todos los días la
abuelita para hacer calceta 6 para contarle
cuentos de hadaR, cuando era pequeñita, y

La colonia espafiola, que tanto se distingue
por el extraordinario empefio que despliega en
promover todo aquello que redunda en mayor
gloria de su Patria, organiz6 en esta ocasión,
con motivo del ani ver!-'ario de Covadonga, una
série de luciJísimas fiestas que la crónica de
la semana ha recogido para consignarlas como una de sus notas más brillantes.
Los afanes de la Junta especial encargada
de la organizaci6n de las fiestas, fueron coronados por un éxito tan merecido como completo, pues no de otra manera puede calificarse el que obtuvo con el concurso de trajes regionales y la gran romería que se efectuaron
en el Tívoli del Elíseo, y el que alcanz6 con
la función religio~a celebrada el miércoles en
Santo Domingo. A decir verdad, pocas, muy
pocas son las festividades de esta naturaleza
q~e han tenido entre nosotros igual lucimiento.

..

.*
. El_Tívoli, desde su fachada, adornado con
multitud de piezas. florales, dominando en
ellas los colores amarillo y rojo; guías de fo-

El cortejo en el Colegio Militar.

La cap111&amp; ardiente.

EN CIIAPULTEPEC.-La concurrencia.

LA.S FIESTAS DlD OOVA.DONGA..-Aspecto de una calle del •.rtvoli.

Baje prendidas á los muros y á los árbole11, y
arcos en cuya composici6n entraban desde la
hermosa gardenia hasta el humilde nomeolvides; escudos y banderas distribuídos aquí y
allá; y en las callecillas del parque, que sombrean los fresnos, un intermínable desfile de
gente dispuesta á reír, á cantar, á bailar, á entregarse al regocijo que invadía los corazones,
desbordándose á torrentes.
c(Manolas,» «asturianas,» «sevillanas » «catalanes,» «vizcaínos,,-un enjambre de' chicuelos vestidos á la usanza de las divel'Bas provincias españolas-animaba aquel hermoeo cuadro con un toque esencialmente pintoresco.
l'no por uno, los nifios fueron presentados
ante _el Jurado Calificador, y éste procedió en
segmda á hacer entrega de los premios-consistentes en jugue_te~ y o~jetos de arf.e-á aquellos que n:iás se distmgmeron por la.:propiedad
y elegancia con que vestían.
La ni fia Cristina Sánchez J uárez, que se hizo acreedora á una recompenea, la cedi6 galantemente para que se adjudicara á otra niña
que la ~ereciera, y _al~unos chicuelos siguieron su ~Jemplo, haciéndose aplaudir de la con.
currencia por aquel raf.'go de desprendimien- ·
to. Los nifios y nifias premiadoR fueron: Constantino Haza_-Peralta, Carmen Romero, Jose:fi~a C~rr~ndi, Joeé y Federico Breimberger,
Pilar Nonega, Carmen Rodríguez Miguel Bustamante y Dominica G6mez, Me{cedes Pache-

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DomJngo 13 de Septiembre da 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 13 de Septiembre de 1903.

EN MEMORIA DE LEON XJIJ

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SolemnPs honras fúnebres en Catedral.- El Catafalco.
Fot. de "El Mundo Ilustrado."

�Domingo 13 de Septiembre de 1903.

""'
su parte para lograr que las ~estas tuvieran un
éxito sin precedente, ofreció el lunch al señor General Díaz, c0n frases que revelan el
carifio que los españoles profesan á nuestra
Patria y á su ilustre Presidente. El señor Sánchez Ramos terminó su brindis con un saludo al Cuerpo Diplomático, cuyos miembros se
encontraban reunidos en aquel lugar, y con
un ¡viva! al señor General Díaz, que secundaron todos aplaudiéndolo.
.
El señor Presidente contestó, emocionado, á
las frases del señor Sánchez Ramos, elogiando
las cualidades que distinguen á la Colonia española, y después_ brindó el señor Embajador
de los Estados Umdos, General Clayton, pllra
dar gracias á la Junta organizadora, y celebrar
los progresos que han realizado aquí los esp!lñoles.

co, Lupe Rodríguez, Diógenes, Sói,rates y
Cleopatra de Lassé, Yalentín y Elena Sánchez, Mariano Yiamonte y Antonio Castillo.
Entre los demás chicuelos que entraron al
concurso, la Junta repartió bonitos juguetes.

** *
De los numerosos puestos que había en el
Tívoli, ya que no es posible hacer una descripción detallada de todos elloe, puede decirse que, en su mayoría, llamar011 la atención del
público, y con justicia. Había algunos verdaderamente notables por la originalidad de su
forma y por lo suntuoso del adorno, y mucho
contribuyeron, no &lt;'abe duda, al esplendor de
la fi€sta.
Las «jotas» y las «seguidillas» se ·s ucedían

Domingo 13 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

El Tívoli, durante todo el martes, se vió
concurridísimo.

***
Por lo que ve á la función religiosa, el templo de Santo Domingo, nuevamente decorado,
ofrecía un hermoso golpe de vista. Multitud
de focos incandescentes distribuidos en los
cornisamentos, columnas y entrepaños, y hermosas guirnaldas de flores azules y blancas,
que pendían de los arcos y de los capiteles,
constituyeron el adorno.
En el tabernáculo se colocó una imagen de la Virgen de
Covadonga que lucía, entre otras alhajas, uha
riquísima corona de oro, y á uno y otro lado
del presbiterio, se pusieron tiestos con plantas
de ornato.
La parte musical de la l\1isa, que fué muy
selecta, estuvo encomendada á la hábil dirección del maestro Jordá. La orquesta se componía de veintiséis ejecutantes.
A la solemne misa concurrieron el señor
~Iinistro de España y su esposa la señora
Marquesa de Prat, los miE,mbros del Cuerpo
Diplomático, el señor Arzobispo Alarcón y
muchas familias y caballeros de la alta sociedad mexicana y de la Colonia ibera.
Por último, diremos que la función efectuada el lunes en el Principal, como uno de los
números del programa, resultó muy lucida.
En otro lugar publicamos instantáneas de la
corrida que se verificó el domingo en la Plaza
«México.»

:

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--

"Baturros."

Constantino Haza (Primer Premio).

Ruinas dd coraxón

sin intnrupción, y por todas partes el entusitsmo'rayaba en delirio. A la hora en que se
desató la lluvia, el lunes, los concurrentes se
refugiaron en los salones dispuestos para el
caso, y allí se reanudaron los bailes en medio
de la más franca animación.

(Traducción de Domingo Estrada.)
Era mi corazón en otro tiempo
como una bella construcción romana,
formada de granitos y de pórfidos,
de ricos mármoles y de piedras raras ..... .
l\Ias pronto las pasiones tumultuosas
en él entraron con salvaje saña,
cual una horda de bárbaros, blandiendo
la roja antorcha ó la cortante espada.

***

El martes por la tarde, el señor Presidente
de la República hizo una visita al Tívoli,
siendo obsequiado, en uno de los principales
salone!I, con un magnífico lunch. El señor Don
José Sánchez Ramos, que, como Presidente de
la Junta de Covadonga, puso cuar,to estaba de

"Catalanes."

Y en ruinas se torn6 ...... ! Buhos infaustos
hubo, no más, y víboras extrañas:
y ni un humano ruido .... .. se agostaron
los lirios y las rosas perfumadas;
se vieron por doquier restos informes
de frisos, de columnas y de estatuas ..... .
y aun las sendas por fin desparecieron
por arbustos maléficos borradas.
Allí quedé yo solo, largo tiempo
ante el desastre, con sonrisa amarga,
días sin sol pasando, y tristes noches
en que ni un astro para mí brillaba ..... .
l\Ias tú viniste al fin, joven y hermosa,
blanca, inocente, por la luz bañada ..... .
y entonces yo, para formarte un nido,
lleno de fe, de fuerza y de esperanza,
con los escombros del palacio viejo
me puse á levantar nuestra cabaña.
FRANc1sco CoPÉE.

La Romerfa.-Aspecto

de

la calle central del Trvoli.

.... .

JO"LIETA
Noches azules de Verona ...... Errantes
Suspiros de la plácida arboleda,
Temblorosas campánulas rle seda
Como besos de labios palpitantes.
Serenata de 'irpegios tremulantes,
Que de sonoros bandolines rueda.
Chocar de aceros ...... Y en la brisa leda
Lamento'&gt; quejumbrosos y distantes.
Suelto el cabello, exangüe, pavorosa,
De Montesco la virgen prometida
Como yacente tumular reposa.
Y al moribundo resplandor de un cirio,
En su blanco sarcófago te,1dida,
Parece un alma errante sobre un lirio.
LEOPOLDO
La Romerfa.-Puestos de con:fetti y ctgarroe,

DIAZ.

Tribuna del Jurado Callde&amp;dor.-GruPo de vendedoras.

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 13 de Septiembre de 1903.

EN CATEDRAL
tas bonras fúntbrts dt l:tón XTil.
Como estaba dispuesto, el día cuatro del actual se efectuaron en la Basílica Metropolitana las solemnes honras fúnebres que en memoria del Papa Le6n XIII organizó la Mitra
de México.
Las honras, preparadas con más de un mes
de anticipaci6n, harán época entre las más notables ceremonias que se hayan celebrado de
t.rnchos afios á esta parte, no sólo por lo escogido y numeroso de la concurrencia que asisti6 á ellas, sino también, y muy especialmente, por la severidad y elegancia con que fué
decorado el recinto, y por la brillantez y suntuosidad del servicio religioso.
Grandes paños negros con flecos de seda cubrían el interior de la Basílica, partiendo de
la cúpula, en forma de pabell6n, cuatro enormes fajas que remataban en los capiteles, dando sombra al hermoso catafalco-obra de Tolsa-levantado bajo la atreYida cúpula Los
altares mayores desaparecieron bajo un grueso cortinaje, colocándose únicamente, en lugar
del que ve al coro, un dosel de brocado en cuyo fondo se destacaba una buena escultura de
Cristo en la cruz.
Frente al trono que ocup6 el señor Arzobispo, se pusieron los sitiales destinados á los señores Obispos de Puebla y de Cuernavaca y
á los miembros del Cabildo Eclesiástico que
concurrieron á la ceremonia, y á lo largo de
la crujía bs asientos necesarios para los curas
de las distintas parroquias de la capital, para
los demás sacerdotes invitados y para los seminaristas.
Cerca de las nueve de la mañana dió principio la «Vigilia,» úficiando de pontifical el señor Alarc6n, y concluída ésta, comenzó la
Misa de Réquiem, durante la cual fué asistido
el prelado por el Doctor Don Manuel Herrera, como Diácono, y por el Doctor Don Francisco Labastida, como Subdiácono. Los asistentes al trono eran el Arcediano Don Vito
Cruz y el Canónigo Don Emeterio Valverde.
La parte musical, que tanto llamó la aten_

ción del público por lo selecto de las ~bras.~scogidas, estuvo encomendada á la direc~1on
del maestro de capilla, sefior Camacho, siendo más de cincuenta ejecutantes los que componían la orquesta, y más de veinte los que
tuvieron á su cargo los números de canto. Como un detalle curioso, diremos que el sefior
Camacho dirigió también la parte musical de
las honras de Pío IX en 1878, y que cuatro
de los profesores de orquesta que ahora prestaron sus servicios, los prestaron igualmente
en las solemnísimas exequias de aquel Papa.
La ejecución del "Dómine&gt;&gt; de Mercadante
en la «Vigilia;» del ,,Introito» y ccSecuentia» de
Rossi, en la Misa, y del «responso&gt;, de Carcamo,
fué, en opini6n de los inteligentes, la nota más
saliente de las honras.
En cuanto á la oración fúnebrE&gt;, que pronunci6 Monsefior Solé, Canónigo de Guadalupe,
caus6 buena impresión entre los fieles, mereciendo de parte de los eclesiásticos una aprobación general.
Las Vísperas, que se verificaron el tres por la
tarde, resultaron también muy solemnes. Durante el acto se tocaron selectas obras de música sagrada, pronunciando la oración en latín
el señor Doctor Don Antonio Paredes.

***
Acerca del catafalco, proyectado por el insigne arquitecto Don I\Januel Tolsa, agregaremos unas cuantas palabras. La obra, que se
emple6 por primera vez en las exequias de
Pío IX, consta de tres cuerpos y está rematada por una estatua de gran tamaño, que representa la Religión.
De estos tres cuerpos, el primero afecta la
forma de un plinto almohadillado, de cuatro
caras, ó costados. En cada uno de éstos hay
una puerta adintelada con jambas y frontones curvos, y á uno y otro lado grandes lápidas, imitando mármol, con inscripciones en
latín. Cuatro pebeteros distribuídos en los ángulos del plinto, completan este cuerpo.
El segundo consta de cuatro pirámides cua?rangulares y oblicuas, que afectan, en conJUnto, la forma de un tronco de pirámide recta, también cuadrangular. Dos columnas jónicas que se levantan en cana uno de los claros

· Domlillgo 13 de Septiembre de 1903.

que dejan entre sí las pirámides oblicuas, sostienen el cornisamento. En el fondo, bajo la
bóveda que sustenta el último cuerpo, fle ve
una urna en que se supone están depositados
los restos del Pontífice.
El tercer cuerpo, que no es sino el complemento de la pirámide que arranca del plinto,
tiene en tres de sus lados un tablero en que se
lee una inscripción alusiva al acto, y en el otro
las armas pontificales. Descansando sobre la
cúspide, se levanta la estatua. Todo el monumento fué pintado de manera que á la simple
vista apareciera como construí do con materiales tan suntuosos como el granito, el ágata y
el mármol.
Las fotografías que hoy publicamos servirán para que todos aquellos de nuestros lectores que no hayan tenido ocasión de concurrir
á las honras, se formen una idea del extraordinario lucimiento de la ceremonia.

El fuego y el agua.
I
Amo el fuego-«el hermano fuego», -cuya
lengua de oro dice terribles palabras; que brilla en la tierra y en el espacio; en las pupilas
de los astros y en los cráneos abiertos en el
aire como sangrientas bocas devoradoras ......
Amo el fuego, espíritu sutil y profundo que
da vida al Universo; que alegra al hogar; que
purifica lo que toca; que crea y destruye; que
vibra en los objetos y en las cosas y pone su
ritmo cálido en la sangre de los héroes, en el
cerebro de los pensadores y en el corazón de
los poetas.
Amo el fuego, dulce en la mirada de las
vírgenes y trágico sobre el horror de los incendios, pero siempre poderoso elemento que
mueve las energías humanas, creador de los
gérmenes y de los fecundos espasmos, alma de
las caricias, padre de los besos.
Amo el fuego, tesoro de la juventud, gloria
del día, bello y fúlgido en el esplendor de los
ocasos escarlatas.
Amo el fuego, vencedor del hierro en el bra-

EN CATEDRAL.-El altar miayor y la nave central.

Amo el agua, ya baje de las nubes en las
sero de las fraguas; resorte de maravillosas innoches
de tormenta 6 en las claras maiíanas
dustrias; que corre por el mundo cual río de
tiemblen sus gotas c~mo luminosos diamantes
luz, y abrasa con su hálito los seres y lat:1 coen los cálices de los lirios marmóreos.
sas.
Amo á la cchermana agua», eterna vencedoAmo el fuego, flor de pudor y de castidad
ra
del «hermano fuego" ... Ella tiene una :tmarsobre las carnes mórbidas de las doncellas;
gura divina cuando-al ru?o impulso del ~olor
que enrojece los ásperos rostros de los guerreinmortal-sale por los OJOS en una lluvia de
ros é impulsa á los hombres de hierro á la
lágrimas heladas.
gloria ó á la muerte, y transforma en sagrada
FROILAN ToRmos.
ceniza los cadáveres amados.
Amo el fuego&gt; cuya lengua de oro dice terribles palabras.
II
Tambifn amo á la «hermana agua», que en
las noches lunares dice sus secretos en el surPublicamos en este número el retrato del
tidor; que tiene el alma cristalina; que es dulseñ.or
Doctor A. Butr6n, uno de los médicos
ce y acerba; que se deshace en ondas melodiomás ventajosamente conocidos en nuestro país.
sas en los lagos azules, y en los mares irritaLos servicios que el señor Doctor Butrón ha
dos se eleva en negras montañas á los altos
prestado á la salubridad pública en el tiempo
cielos; que tiene una voz y una canción; que
que lleva de ejercer la medicina, son muchos
gime y llora y despeina su cabellera de espuy muy importantes. Para. no citar más que los
mas sobre las anchas playas.
principales, diremos que en 1883, como MaAmo el agua, que da vida á los seres y á las
yor Médico Cirujano, combatió con éxito la
rosas y á todo lo que se estremece y palpita
epidemia de fiebre amarilla que se desarroll6
sobre la tierra, y que es también engendradoen Mazatlán, y que en Acapulco--puerto donra de la muerte.
de estableció su residencia después de la exAmo el agua misteriosa, muerta en los estinción de aquella plaga-desempefí.6 durante
tanques, en el silencio nocturno, á la sombra
once años, con notable eficacia, el cargo de
de los sauces; ó que dice, con su monótona
Médico Sanitario. A su trabajo personal y á
lengua metálica, cosas tristes de melancolía y
sus
vastos conocimientos en la materia, se dede pena.
bió, cuando el c6lera que diezmaba á HamAmo el agua vibrante y alegre al resbalar
burgo el año de 1892 constituía una terrible
sobre los guijarros, en pleno mediodía, que
amenaza para nuestras costas, la formaci6n
se desprende &lt;le las cumbres de las rocas, fordel primer reglamento de Sanidad Marítima
mando luminosas cabelleras de plata; que reque la Secretaría de Gobernación aprobó y pufulge al sol y se pierde en los verdes boscajes
so en vigor en todos los puertos mexicanos, encomo enorme serpiente, y que se derrama de
tretanto se expedía el que, con el carfoter de
los cielos obscuros para nutrir y dar vida á la
definitivo, se preparaba y en el cual cooperó
tierra maternal.
de manera muy directa el Doctor Butrón. La
Amo el agua, que impulsa las fábricas coley sobre derechos sanitarios, hoy vigente, fué
losales y ayuda al campesino en la ruda tarea
también, en parte, fruto de sus detenidos esde la siembra; que se incolora en el diáfano
vaso, verde en el estanque poblado de lotos y
tudios y observaciones.
En 1886, por iniciativa suya y con el auxide nenúfares, azul en la lejanía de los horizontes marinos.
lio del Gobierno Federal y de los vecinos de

EL SR. DR. A. BUTRON

EN CATEDRAL.-Aspecto de la crug1a durante las honras.

Acapulco, c,mstruy6 el lazareto de la isla
de la Roqueta, considerado como el primero
en su género en la República, por las m~gnificas condiciones en que se encuentra para el
servicio. El Hospital J uárez, de Acapulco, fué
también construido por el Doctor Butrón, conforme á un plan rigurosamente científico y
moderno.

***

Cuando, en diciembre de 1902, la Secretaría
de Gobernación declaró que la enfermedad
reinante en l\Iazatlán era la peste bubónica,
el Doctor Butrón ofreci6 al señor Presidente
de la República ir á prestar, gratuitamente,
sus servicios. El señor General Díaz crey6
oportuno utilizar esos servicios, siempre que el
distinguido facultativo recibiera en cambio los

Sr Dr. A. Butrón.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 13 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 13 de Septiembre de 1903.

Por último, el Dr. Butrón es~bleció_, en
«Pozolen,rancho poco distante de Villa_Umor_i,
una estación sanitaria modelo, para impedir
que la peste se propagara á otros Jugare~. ~a
estación, ajustada en ~odo á las p~escr1pc10nes del Consejo Superior _d~ Sal_ubndad, fué
una de las que más se d1stmgu1eron por su
perfecto servicio.

***

En junio próximo pasado, y P?r orden del
mismo Consejo, pasó el Dr. Butrc,n á ~Ianzanillo, acompafiado del Sr. Dr. Cano_b?]º, para desempefiar una importante com1s10n, que
llevó á feliz término. A su regreso á esta capital1 en julio próximo pasado, tuvo el Dr. Butrón la honra de recibir las felicitaciones del
Sefíor Presidente ele la República, del Señ~r
Ministro de Gobernación y del Señor Dr. L1céaga disponiendo el Sr. Secretario de Gobern¡ción que, juntamente con el Si:, Dr. N.
del Río, pasara al Puerto de Tampico par.a
emprender una activa campaña contra la epidemia de Fiebre Amarilla que allí se presentó
últimamente. Según sabemos, las medidas
dictadas hasta ahora han sido suficientes pa•
ra que la epidemia ..;aya desapareciendo rápidamente.
Es indudable que el Dr. Butrón alcanzará
en esta vez un éxito tan completo como el que
obtuvo en Sinaloa en su campafía contra la
peste bubónica.

La opinión que se tiene con respecto á la
vida, depende sobre todo del uso que se ha
hecho de ella .

ELMERCADO DEL AMOR
Una vez fuí al mercado del ar,nor y quise
comprar un corazón que me pareció puro.
-Doy mil besos por él, dije.
. .,
En los rojos iabios de la dueña se dibuJo
una sonrisa de desdén.
--¿Es poco? Os doy todo mi carifio.
Igual sonrisa en los labios de la bella.
-¿Poco aún? Pues bien, os ofrezco por él
un pufiado de diamantes de Golconda.
-V uestro es.
-¡No!. ..... ¡gracias! Guardadlo para el primer imbécil que pase.
Y me alejé pensando que en el mercado del
amor, lo que cuesta más es lo que vale menos.
CASillHRO PRIETO.

Instant!'tneas de la Romerfa de Covadonga.

La coITlda de Covadonga.-Después de un
lance de capa.

Cervera después de estoquear el pri roer toro.

UMBRA
La noche quieta y fría; junto al muro
donde la faz de la tragedia oscila,
el fulgor de un acero que vigila
y la luz de un relámpago inseguro.

honorarios que le correspondían, y con esta
condición recibió del Consejo Superior de Salubridad la orden rle partir rumbo al puerto
infestado. Allí, como lo dijo muy bien el señor Doctor Licéaga en su informe que sobre
la epidemia presentó á la Academia de :Medicina el 26 de julio próximo pasado, el Doctor
Butrón tuvo oportunidad de demostrar una
vez más sus vastos conocimientos y su laudable celo en el :iesempeño de su misión.
De Oso, donde combatió siempre con muy

buenos resultados la terrible plaga, pasó á Villa
Unión, lugar invadido también por la peste.
El éxito que alcanzó allí, secundado eficazmente por el Doct,&gt;r Carvajal, fué extraordinario,
pues mientras en Mazatlán la mortalidad se
elevó al 66 por ciento, en Villa Un:ón ap·e nas
llegó al 9 por ciento. El tratamiento seguido
en la curación de los enfermos, fué la apli•
cación de inyecciones intravenosas de suero de
Yersín, á dosis altas, de 40 á 80 centímetros
cúbicos al día; tratamiento que, por lo difícil

y por el peligro que ofrece de que el médico pueda contraer la enfermedad. sólo fué
puesto en práctica en Villa Unión. Otro de los
hechos que hablan muy alto en favor de los
D?ctores. But;ón y Carvajal, fué que llegaron
á mmumzar a todos los habitantes del lugar
y de los ranchos cercanos, con las vacunas
Haffkine y Be&lt;;lrreska. Este hecho ha sido
calificado, por el mismo señor Doctor Licéaga,
como sin precedente en la historia de las epidemias pestosas.

•

Un soplo de montaña; helado y puro,
bajo la reja funeral vacila,
que sólo deja libre á la pupila
el catafalco del espacio obscuro.

La insuITección en los Balkanes.-Un "alto" de los rebeldes.

Olvido hasta el dogal que me retiene,
y tu recuerdo acariciante viene
la pena á iluminar que me consume.
Que al evocarte, pudorosa y bella,
en mi Getzemaní flotá una estrella
y en mi sombra polar tiembla un perfume.
E!IIILIANO HERNÁNDEZ.

El "Serrallo" al recibir una vara.

,

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Estómagd

[L MUNDO [LUSTRADO

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LAS FIESTAS PATRIAS
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�Domingo 20 de Septiomb:re &lt;le 1903.

DÍAS DE REGOCIJO
EL ANI\'ERSARIO DE LA J)&lt;OEPEXDENCIA

•

La. semana. última. ha sido de regocijo y entusiasmo. Por una. coincidencia, se celebran
al mismo tiempo las glorias de la Independencia Nacional, y el aniversario del natalicio
del Sefior Presidente, y, además, como una
consecuencia forzosa de los acontecimientos,
de los méritos del Gobernante y del afecto que
el pueblo siente por él, sus fiestas han llegago á ser tan populares como las otras.
En ellas toman parte todos lo~ elementos
sociales del país. Si los salones de la Presidencia se llenan de grupos respetables, de representantes de las clases más cultas, de los
elementos extranjeros, de los funcionarios; las
vías públicas, los sitios de reunión, se llenan
de aclamaciones, de vivas, de aplausos frenéticos; cuando aparece el señor General Díaz,
en todas partes del país, donde hay un grupo de mexicanos, se dedica una manifestación
en honor suyo.
En este afio, unas y otras fiestas han superado en esplendor á las de los anteriores, no
sólo en la capital sino en muchas otras poblaciones de la República. Es natural. Para
el lucimiento de las fiestas, se necesita no solamente que el patriotismo llene de entusiasmo los corazones; que el recuerdo de lM glorias patrias haga desbordar el regocijo; que el
culto á los héroes reuna á todos los hijos de
la misma nación y en torno del altar de la.
Patria; es preciso también que haya bienestar
que haya. medios suficientes para dar brillo á
estas manifestaciones.
Epocas ha habido, en que el pueblo mexicano, afligido por grandes calamidades, en
crueles y tristes circunstancias, no ha tenido
cómo dar lustre á las fiestas de la patria.
Nuestros veteranos recuerdan bien que, en
tiempos aciagos y dolorosos, hubo veces en
que los días gloriosos de septiembre, llenos de
recuerdos se pasaban eu los camp9mentos, sin
fuego con que calentarse, sin lecho bajo que
abrigarse ...... muchas veces sin reposo y sin
pan, después de una lucha encarnizada! En
aquellos días, en el campamento no había
más señal de fiesta, que la lJ.renga del jefe á
sus valerosos subordinados; no había más estruendo que el de los vivas á la patria, muchas veces ni siquiera se podía. hacer una salva de fusilería, porque la pólvora era escasa
y había que reservarse para rechazar al enemigo que se aproximaba.
Nosotros estamos lejos deaquellos días. Hoy
podemos, gracias á los beneficios de la paz,
congregarnos donde y como nos place; gracias á la prosperidad creciente, podemos dar
brillo á nuestras fiestas y llenar el aire con el
estallido de los cohetes, con los ecos de las
fanfarrias y con los acordes de nuestros cantos.
Ahora, nosotros, no debemos olvidar por
cuantas viscisitudes hemc,s debido pasar para
llegar á este grado de bienestar, y cuando rindamos culto á la patria, recordar no sólo sus
glorias, sino también sus desgracias. Así podemos tener las unas siempre vivas, y evitar
para siempre las otras.

En la eumbrt dtl Olimpo.
Noche de primavera, apacible, argéntea,
embalsamada con el hálito de los jazmines,
humedecida por suave rocio. La luna ll1ma se
alza sobre el Olimpo, y la cana cima. del monte se ilumina con luz triste, verdosa, pálida.
Hacia el valle de Tempé se dibujan las hondas penumbras de los matorrales de alhefias,
ó aligustn,s, donde tiembla el canto de los
ruisefiores, donde palpitan plegarias y quejas,
súplicas y suspiros amorosos. Semejante á mú-sica lejana de flautas y caramillos, todas las
voces de las cosas, todos los murmullos del
misterio llenan el @ilencio nocturno, como
una lluvia espesa ocupa el espacio, formando
una cortina de lágrimas¡ .... .. después van ex-

EL MUNDO ILUSTRADO

tinguiéndose, trocándose en arroyo de aguas
vivas y mansas.
Poco á poco todo ruido se extingue, y el
silencio es tan grande, que parece oírse el
blando rumor de las nieves que se deshacen
en las cumbres al cálido aliento de mayo.
¡Noche de ambrosía! ¡Noche mágica! ¡Noche primaveral!
En aquella noche, los dos apóstoles Pedro
y Pablo se sentaron como jueces en la alta
meseta, para sentenciar á los dioses viejos del
paganismo. Sobre sus cabezas, radiantes nimbos bañaban de luz la nieve de sus cabellos,
sus fruncidos entrecejos, sus ojos severos y
graves. Más allá, á la sombra de las hayas,
la blanca muchedumbre de los dioses abandonados y perdidos, aguardaba con angustia
la sentencia definitiva.
Pedro alzó la mano, y á esta sefia, el dios
que mandaba en las nubes, Zeus y Nefelegeretes, se adelant6 primero y marchó hacia los
Apóstoles, aún formidable, inmenso todavía,
como el coloso que Fidias labró en mármol,
pero ya decrépito y achacoso. Siguiendo sus
pasos, se arrastraba un águila vieja y alicortada. Azulados, carcomidos de herrumbre,
consumido su fuego, los rayos vengadores se
escapaban de la diestra de aquel que fué padre de l~s dioses y de los hombres.
Pero cuando se vió frente á los Apóstoles,
su pecho gigantesco se hinch6 con la seguridad de su omnipotencia. Y alzando la cabeza
con orgullo, fijó en el viéjo pescador de Galilea sus di vinos ojos llenos de luz, fulgurantes
de soberbia, soltando relámpagos de furor.
Y entonces, ante la furia del Sefior, servilmente atemorizado el Olimpo, tembló en sus
cimientos, las hayas movieron medrosas sus
troncos, el canto de los ruisefiores se extingui6, y la luna, por cima de las nieves, perdió
su blancor de plata y quedó trrnsparente como la tela que Aracné tejía...... Del rorvo pico del águila sali6 un último y temeroso graznido. El rayo vengador, atizado de súbito se
retorció á los piés de Zeus, alz6 su cabeza' de
llamas, Ciepitante y silbadora, como una serpiente pronta á lanzar su mortal veneno ..... .
Pedro puso el pie sobre los llameantes zigzags
d~l rayo y los forzo á soterrarse. Luego, dirigiéndose al Señor de las nubes, dijo:
-Maldito y reprobado seas por toda la
eternidad.
Incontinenti, el dios empalideció, desmayóse, y murmurando con sus labios negruzcos «¡ananké! ¡anankéf,, [¡fatalidad! ¡fatalidad!], hundióse en las entrafias de la tierra.
Al punto surgió entre los Apóstoles otro
dios de rizada cabellera: Poseidón, 6 Neptuno ...... Traía la negra noche en las pupilas y
un mellado tridente en la mano.
-Ya no serás tú-le dijo Pedro-quien
pueda _á si; antojo embravecer ó aplacar las
olas, m qmen guíe las naos errantes hacia la
paz de los puertos. No serás tú, no sino la
(cMaris Stella,» la Santísima Estrella del mar.
Y al oír esto el dios, atravesado por un dolor repentino, mugió y se disipó entre neblina vaporosa. En pos de él, la cóncava cítara.
en la mano, se alzó A polo, el dios de las flechas de plata, y avanzó hacia los Santos Hombres. Tras él .seguían lentamente, como un
bando de blancas palomas, las nueve musas.
Llenas de temor, paráronse ante sus jueces
agitados los alientos, los corazones vacíos d~
esperanza. Vdlvió la vista hacia Pablo y con
voz parecida á la música de los astro~ cantó
el radiante Apolo:
.
'
-No me hagas perecer, Sefior, Señor, defiéndeme . Pronto tendrías que volverme á la
vida...... Yo soy la flor y la alegría del alma
hi;n:iana. Y? soy la_ luz y la nostalgia de lo
D1vmo. MeJor que nmgún ser vivo sabes Sefior, que el canto de la tierra no v~lará aÍ cielo si se quiebran sus alas. ¡Santos Hombres
no hagáis que perezca la Poesía ..... . 1
'
Hubo una pausa. Pedró alzó sus miradas á
las estrellas. Pablo cruz6 las manos sobre el
pufio de su espada, apoy6 en ellas la frente
y permaneció abismado en sus ensuefios.
Luego se ~evant6. Traz6 el signo de la cruz
sobre la radiante cabeza del dios, y dijo:
-Que viva, pues, la Poesía.
Apolo se sent6, sin dejar la cítara, á los

EL MUNDO ILUSTRADO

piés del Apóstol. Las luces de la noche brillaron más intensas, los jazmines despidieron
más penetrante su perfume, las fuentes leja.
nas rieron con más alegría.
Juntas, como una nidada de cisnes blan.
cos, con las voces aún temblorosas de miedo,
las musas comenzaron á cantar dulcemen
palabras cual jamás las oyó el alto Olimpo
«Santa Madre de Dios, ampáranos con' tu
manto glorioso ..... .
(&lt;No rechaces nuestras súplicas..... .
(&lt;Líbranos de los peligros que nos acechan
«Virgen gloriosa! ...... »
...
Así cantaban, sentadas en el césped I
ojos en el cielo, las nueve musas, como n~evt
blancas y pías religiosas de un convento.
Pasaron después los demás dioses ...... p
en voleo impetuoso el cortejo de Baco salv
je, desenfrenado, coronado de pámpan~e y
hiedra, empuñando tirsos y cítaras lanzan
gritos de delirio, de uesesperaci6~ de I
ra ..... para hundirse en el abismo ;in fon
Después surgi6 ante Pablo y Pedro otra •
vinidad. Altiva, arrogante, amarga sin es
rar preguntas, sin escuchar la sentencia,
bló, con sonrisa deE&gt;preciativa en los labioa:
-Yo soy Palas Atenea: no os pido la vi
porque no soy más que un fantasma. U ·
me escuch6 y me adoró hasta llegar á la
jez. Telém9:co, hasta el día en que sus m ·
Has se cubrieron de barbas. Vosotros miem
no sois capaces de arrebatarme mi inmo
dad, porque soy imp-!!recedera... .. . Pero,
cambio, sabed que nunca he sido más que
sombra vana, qu~ no soy sino som•ra, y
bra seré por los siglos de los siglos.
Por fin le llegó el turno lí. Ella: á E
Venus Afrodita, la diosa del amor la mú
lla, la más fervientemente adorad~.
Suave, inefable, emocionada se acerc6.
jo su pecho de nieve su coraz6n palpitaba ri
do, desatinado como el de un ave· sus la
rojos tem~laban como los de un ~ifio que
me el castigo. Y cayendo á los pies de
Santos Hombres, tendi6 hacia ellos sus
zos divinos é implor6 humildemente llena
pavor:
-S?y culpable.. .. soy criminal... ...
¡oh Dios mío! soy la Felicidad humana. 1
seri_c~rdial ¡Sefior, perdonadme! ¡Soy toda
Felicidad humanaL. .... ¡la única!. .....
Y su voz se apagó entre sollozos.
Pedro la contempló, y sobre sus cabelloa
oro pos6 la mano venerable. Pablo a
del suelo u~ ~amo ~e azucenas, lo puso en
nos de la divma criatura, y dijo :
. -H~ ?e ser como este cáliz...... ; pero
v1rás, vivirás, Felicidad humana.
En esto se hizo de día. En lo alto de
cimas rocosas, el alba sonrosada apunt6.
lla:ron los ~uisefiores. Los jilgueros, loe
dales, los_pmzones y las cogujadas, sacan
sus cabecitas perezosas de entre el abrigo
sus alas, sacudieron los plumajes cargad08
rocío, y cantaron alegremente:
-Ya_ está aquí, aquí, aquí la Aurora....
, La Tierra se dP.sperezó sonriendo y d
to gozosa, pues le habían quedado la P
y el Amor.

Domingo 20 de Septiembre de 1903.

Las fiestas 'de la Patria
Inusitada animación tn la ciudad.
Brillantt dtsfilt militar.
De intento retardamos la aparición del presente número dP EL MUNDO !LUSTRADO, para
ofrecerá nuestros lectores, tan completa como
fuera posible, la información gráfica relativa á
las brillantes fiestas con que se ha celebrado
en México, en esta vez, el aniversario de la Independencia Nacional.
Sea que á ello contribuyera en gran parte el
buen tiempo que hemos tenido en estos días,
6 que el entusiasmo por conmemorar dignamente aquel glorioso suceso, sea mayor á medida que el tiempo transcurre; es el caso que
pocos, muy pocos, han sido los afios en que el
regocijo popular se manifü:ste de manera
tan clara y en que las fiestas revistan el extraordinario lucimiento que en esta ocasión.
Sin detallar uno por uno los actos efectuado:;, porque ya ((El Imparcial" ha hecho lacrónica completa Je todo,-1, apuntamos en seguida algunas notas, refiriéndonos al mismo tiempo á ias demostraciones de simpatía de que
fué objeto el señor Presitlente de la República,
con motivo de su cumplen.fios.
EN PALACCO

El Círculo de Amigos del Sefior General
Díaz, (cLa Unión Liberal» y la Colonia Oaxaqueña, fueron, entre todas las corporaciones,
las que primero se presentaron en Palacio á
ofrecer sus respetos al ilustre gobernante. La
recepci6n de los tres distintos grupos se verificó el día 14 por la tarde, sucesivamente, llevando la voz á nombre del (cCirculo,, el señor
Lic. Don Alfredo Chavero; por (e La Unión Liberal», el sefior Diputado Don Trinidad García, y por la Colonia Oaxaquefia, el sefior Lic.
Don Benito Juárez. Los discursos cambiados

La iluminación de Prulacio en los d!as de la Patria.

entre los oradores y el sefior General Díaz, fueron muy afectuosos.
Al terminar el discurso con que el Primer
Magistrado correspondí(, al que le dirigiera el
sefior Lic. Juárez, los oaxaqueños desfilaron
frente á él para estrechar carifiosamente su
mano. Hombres, mujeres y nifios pobremente
vestidos, que se encontraban entre los manifestantes, desfilaron también ante el Caudillo,
y hubo ancianos que para significarle su reco-

LUMEN
No te sorprendan los matices rojos
De los negros diamantes de Bahía;
En la noche profunda de tus ojos
Perpetuamente resplandece el día.
¿Que no hay luz tan hermosa ni tan p
Como la luz que en el espacio vaga?
La hoguera que en los trópicos fulgura,
Tras el nublado de Spitzberg se apaga.
Una mirada tuya, una tan s6lo,
En los piélagos árticos podría.,
Fundir la nieve, constelar el polo,
¡Y brillar en la tierra todavía!
ANDRÉS MATA.

La Catedral !luminada.-Fuegos artificiales.

nocimiento 6 su carifio, lo estrecharan entre
sus brazos. El sefior General Díaz, hondamente impresionado, correspondía con frases de verdadero afecto á aquellas significativas demostracionrs. Los que presenciaron estas
escenas, no pudieron menos de conmoverse.
El mismo día, el Primer Magistrado recibió
las felicitaciones de una Comisión de Tlaxcala, de un grupo de norteamericanos y del General Snyman, jefe de la colonia bóera que va

�EL MUN't&gt;O ILUSTRADO

Dbttlingo 20 de Septiembre de 1903.

Doml~go 20 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

e

---

f:,

,:
¡

Llegada del Sr. Presidente á. las tribunas.

á establecerse en el país, y el 15 por la mañana la del Ejército y la del Cuerpo DiplomátiEl señor General Don Francisco Z. Mena,
Secretario de Guerra y Marina, á quien acompañaban numerosos jefes y oficiales, de gran
uniforme pronunció un breve discurso, que le
fué conte;tado por el señor Presidente con palabras que denotan la alta estima en que tiene
á la clase militar.
A nombre del Cuerpo Diplomático, habló el
sefior Embajador de los Estados Unidos, General Clayton. La respuesta del señor Presidente fué muy cordial.
Durante la mañana, el Primer Magistrado
recibió, además, á las comisiones de ·1os Ministerios, del Consejo de Gobierno y de otras
corporaciones que estuvieron en Palacio á felicitarlo.

co:

EL GRITO

Bellísimo era el aspecto que presentaba por
la noche la Plaza de la Constitución. Iluminado con millares de focos eléctricos y ,,on farolillos de cristal, el «Zócalo», como generalmente le llamamos, parecía, visto de lejos, incendiarse. La fachada del Palacio Nacional, la
Diputación y la Basílica ostentaban multitud
de luces, y pocos eran los edificios particulares que no se veían adornados.
La concurrencia, tan numerosa como nunca, apenas podía moverse en la pla_za, y por
todas partes se desbordaba el entusiasmo. A
la hora del ((Grito,» cuando el pueblo se había
ya divertido á sus anchas con los fuegos artificiales y con la música de la gran serenata,
el regocijo subió de punto: el Sr. Pr~sidente
apareció en el balcón central de Palac10, y un
grito unánime hendió el aire saludando á los
héroes de 1810 y al héroe de la Paz, 9-ue ~acía vibrar en aquellos momentos la b1stónca
campana de Dolores. La muchedumbre fué

:,

Paso de la Artillería por la Glorieta de Cuauhtemoc.

poco á poco dispersándose, y la animación,
siempre en aumento, se desbordó para invadir basta los más apartados barrios de la metrópoli, donde se improvisaban bailes al aire
libre y se cantaban canciones populares.
EN LA REFORMA.

El 16 por la mafiana se efectuó en el Parque «Porfirio Díazi, el
acto oficial indicado
en el programa. Desde el Zócalo basta la
glorieta de Cuauhtemoc, siguiendo la línea de Plateros y S.
Francisco, los edificios mercantiles y las
casas de particulares
estaban vistosamente
adornados con banderas y piezas florales, en su mayoría.
El conjunto presentaba un hermosísimo
gol pe de vista.
En el Parque se levantó una amplia tribuna destinada al Sr.
Presidente, á su comitiva y á los invitados, quedando formados, á lo largo de
E'1 Sr.
la calzada, los distintos cuerpos militares que debían hacer los honores al Jefe
Supremo del Ejército. Antes de que diera principio el acto oficial, el Sr. Presidente acompañado por el Sr. Ministro de la Gu~rra pasó revista á las tropas, dirigiéndose desp~és á
las tribunas para hacer entrega de una nueva
bandera al primer batallón de infantería.

Terminada esta ceremonia, que result6m
imponente, ocupó la tribuna el Sr. Lic.
Jenaro Raigosa, y con frases que le conq
taron muchos aplausos, analizó desde el p
to de vista filosófico el movimiento ins
cional de Dolores, puntualizando sus ca
y tendencias. El Sr. Juan de Dios Peza
tó en seguida una poesía, y el Primer
trado impuso á un grupo de Jefes y Ofici
las condecoraciones que les han sido últi

_(

'l

La tribuna de honor.

En la partf de las tribunas destinada al
público vimos á algunas familias pertenecientes á nuestra buena sociedad, y á caballeros y damas distinguidos de las colonias
extranjeras.
En las banquetas había numerosos grupos
de todas las clases sociales.

EL DESFILE.

A la hora en que terminó la ceremonia, las
calles que debía recorrerelcuerpo de Ejército,
cuyo mando quedó encomendado al Sr. General Don Ro;alino Martínez, Comanfante
de la Plaza, se encontraban literalmente hen-

G~meral R~lno Martinez.

mente conferidas. Al lado del Sr. Gen
Díaz tomaron asiento, en la tribuna de ho
los Sres. Secretarios de Estado, los miemb
del Cuerpo Diplomático, comisiones de
Cámaras y distintos funcionarios de la Ad
nistración pública.
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Aspecto de la esquina de

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Plateros y el Empedradi!lo, momentos anbes del desfile.

Perspectiva de las tribunas.

chidas de gente. 'Las aceras se veían llenas de
espectadores, y por en medio de las calles discurría una compacta muchedumbre, ansiosa
de hallar sitio á. propósitv para estacionarse.
En los balcones y en los zaguanes, las fami~
lias esperaban el paso de la gran columna y
de la comitiva presidencial. En los momen-

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 20 de Septiembre de 1903.

--

***

tos niños mártires dt thapulttP«
8 DE

SEPTIEMBRE DE

1!)03

I
Como renuevos cuyo,; a.liiios
Un viento helado marchita. en flor,
As( cayeron los hProes niilos
Ante las balas del invasor!

***

La infa.nterfa.

perdonando en tu triunfo á quien la muerte
dió á tu padre infeliz, y ~e e~ta suerte
venciéndote dos veces á t1 mismo,
Ven únete á esos niiios como hermano
ma.y'or pues que su gloria. fué tu gloria.,
y llév¡los contigo de la mano
hacia el solio de Jove soberano ....
y á, las puertas de bronce de la. Historia!

tos en q~e ésta lle~6 á San Francisco, un aplau.
so un~mme saludo al Sr. Presidente y de lo
alto de los edificios cay6 sobre aquel' mar de
cabezas que se_ agitaba e~ la vía, una lluvia de
flores, confetti y serpentmas. Los vivas lanr.ados al egregio gobernante se escuchaban por
dondequiera, y en el momento en que el s11•
premo Magistrado apareció en el balcón central de Palacio, el regocijo del pueblo no tuvo
límites. La ovación que se le tributó fué ruidosísima.
Antes de las doce comenz6 á desfilar el cuerpo de Ejército. Este estaba formado por una
sección de vanguardia, una división de infan.
tería, un regimiento de artillería, una divisi6n
de caballería, dos baterías ligeras, los trenes
del parque de Ingenieros y del servicio de ambulancia, y un escuadrón del 3er. Regimiento, como extrema retaguardia.
El paso del numeroso cuerpo de Ejército
por las calles principales de la ciudad llam6
y con justicia, la atención de todos los que)~
presenciaron; pues tanto unos como otros 101
distintos batallones y regimientos, se hici~ron
aplaudir por la precisión de su marcha y lo
correcto de las conversiones. En una palabra,
el desfile ha venido á. comprobar los esfuerzoe
que el Gobierno hace para mantener á la tropa á un alto grado de instrucción y disciplina.
En el grabado á dos planas, C\ ue publicam01
en otro lugar, puede verse el aspecto que ofrecía la esquina de Plateros y el Empedradillo
en el mornento en que llegaba al Zócaloelcoche del señor Presidente. El polvo que se levantó al paso de los carruajes y de la escolta.
impide que se distingan con toda claridad loa
edificios.

Ahí fué .... Los sabinos la. cimera.,
con sortijas de plata, remPcía.n;
cantaba nuestra eterna primavera.
su himno al sol, era. diáfana. la. esfera,
perfumaba la flor .... y ellos morían!
Ahí fué .... los volcanes en sui. viejos
albornoces de nieve se envolvían,
refilando sus moles á lo lejos;
era el Valle una. fiesta de reflejos,
de frescura, de luz . ... y ellos moría.o!
Ahí fué: saludaba. a.l 10undo el cielo
y a.l di vino saludo respondía.o
los árboles, la brisa., el arroyuelo,
los nidos con el trino del polluelo,
las rosas con su olor .... y ellos morían!
Moría.o cuando apenas el enhiesto
botón daba. sus pétalos precoces,
privilegia.dos por la. suerte en esto,
que los que a.man los dioses mueren presto
y ellos eran amados de los dioses!
Sí, los dioses la. linfa. bullidora
cegaba.o de esos puros manantiales,
espejos de las hadas y de Flora.,
y juntaban la noche con la aurora
como pasa. en los climas boreales!
Los dioses nos robaban el tesoro
de esas almas de niiios, que se abrían
á, la. vida y al bien cantando en coro!

.-.

El «Círculo de Amigos del Sefior General
Díaz)) organiz6, en celebración del natalicio del
Supremo Magistrado, un festival infantil que
se verificó el día 15 por la tarde en el Frontón
de la calle de Iturbide, y que se vió concurrido por multitud de niños y niñas, alumnos de
las escuelas oficiales y de la casa «Amiga de
la Obrera.»
Cerca de las cuatro de la tarde y cuando
las amplias graderías del frontón se encontraban llenas de chicuelos, dió J.,riiicipio la simpática fiesta con el Himno á Hidalgo, que cantaron en coro 500 alumnos de ambos sexos y
que fué muy aplaudido. A esta parte del programa siguieron algunas recitaciones y números de canto, entonándose por todos los niños,
para concluir, el Himno Nacional.
Festival infa'llti.1:.-.As-pecto de la grader1a destinada á las niñas.
cadiós!&gt;-murmura-y se extinguió la llama
de la fe, y aunque todo dice: cama!&gt;
responde el corazón: &lt;si ya no puedo .... &gt;
«Cuando sólo escuchamos dondequiera.
del tedio el gran monologar eterno
y en vano desparrama Primavera
su f\órido caudal en la pradera.,
porque dentro llevamos el invierno,&gt;
«Bien está .... Ma.s partir en pleno día,
cuando el sol glorifica. la jornada,
cuando todo en el pecho ama. y confía
y la Vida, Julieta enamorada.,
nos dice: «No te vayas todavía!&gt;
«Y forma la. ilusión mundos de encajes,
y los troncos de savia. están henchidos,
y las frondas perfuman los boscajes,
y los nidos salpican los frondajes
y la.s a.ves arrullan en los nidos.&gt;
Es cruel. ... ¿Mas entonces, por qué ahora.
muestra ga.la.s el bosque y luce a!ii'los?
Por qué canta el clarín con voz sonora?
Por qué na.die está triste, na.die llora.
delante del recuerdo de esos niíios?
Porque más que la. vida, bien pequeño,
porque más que la gloria., que es un sueiio,
porque más que el a.mor, va.le de fijo
la divina. oblación, y en una. losa
este bello epitafio: &lt;Aquí reposa;
dió su sangre á la Patria, era. buen hijo!&gt;

III
Como renuevos cuyos alifl.os
Un viento helado marchita. en flor,

Así cayeron los héroes niiios
Ante las balas del Invasor!

IV
Como renuevos cuyos a.liños
Un viento helado marchita en flor,
Así cayeron los héroes niños
Ante las balas del Invasor!
Seiior, en cuanto á ti, dos veces bravo,
que aquí defiendes el bollado suelo
tras haber defendido el suelo esclavo,
y hoy en el sitio dormirás al cabo
donde el águila. azteca posó el vuelo!
Seiior, en cuanto á, ti, que, noble y fuerte,
llegaste del perdón al heroísmo,
El n!fio Porfirio Dfaz y Raigosa.

Entre las damas concurrentes al festival, se
encontraban las sefioras Carmen Romero Rubio de Díaz, Amada Díaz de de la Torre, Sofía
Romero Rubio de Elízaga y Luisa Raigosa de
Díaz,con su hijito Porfirio, que portaba un gracioso traje de charro. Además, asistieron las
señoras de Chavero, de Saavedra, de García
Vélez, y un grupo de sefioritas distinguidas.
Entre los caballeros se hallaban los sefiores
Ingeniero Miguel F. Martínez, Director de Instrucción Primaria, Líes. Alfredo Chavero y
Carlos Saavedra, Doctor Constancio Pefia Idiáquez y alguno!! otros.
Antes de retirarse del frontón, la señora Romero Rubio de Díaz distri buy6 entre cien al umnos de la «Amiga de la Obrera&gt;, y de las Escuelas Nacionales, juegos de ropa. Los niños fueron obsequiados por la Junta Organizadora
con dulces, refrescos y juguetes.

Septiewbre estaba. en .flor .... y ellos morían!

II
Como renuevos cuyos aliños
Un viento helado me.rebita. en flor,
Así cayeron los héroes niíios
Ante las balas del invasor!

***

(*) &lt;Perlas Negras.&gt;

_,.. , .

Descansa. juventud, ya. sin anhelo,
serena. como un dios, bajo las flores
de que es pródigo siempre nuestro suelo;
descansa bajo el palio de tu cielo
y el santo pabellón de tres colores!
Descansa y que !iricen tus hazailas
las voces del terral en los palmares
y las voces del céfiro en las ca.ñas,
las voces del pinar en las monta.ñas
y la voz de las ondas en los mares!
Descansa., y que tu ejemplo persevere,
que el a.mor al derecho siempre a.vive,
y i,ueen tanto que el pueblo que te quiere
murmura en tu sepulcro: &lt;Así se muere!&gt;
La fama cante en él: «Así se vive!&gt;

0

Los rurales.

AllfADO NERVO.

FESTIVAL INFANTIL

··Ahí ·f;;él Í~· ~~íI;n·~ -~~~ ·d~ ·¿;~; · ·· ·· ··· ····••

&lt;No fué su muerte conjunción febea. (*]
Ni puesta. mel a.ncólica. de Día.na.,
Sino eclipse de Vésper, que recrea.
los cielos con su luz y pa.rpa.dea.
y cede a.nte el fulgor de la. ma.iia.na ....
&lt;Morir cuando la. tumba. nos recla.ma.,
cuando la dicha, suspirando quedo

Domingo 20 de Septiembre de 1903.

Festival infanti!.-Los alumnos de las escuelas oficiales.

�la República y de su Comitiva á la Plaza de la Constit ución.
LAS FIESTAS DE LA PATRIA.-L! egada del Señor Presi(tlllll

(Fot. de

El M,undo IQustrado.)

�Domingo 20 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

==

Domingo 20 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL EREMITA
En qué piensa ese pálido eremita,
que el ceño frunce de su frente grave?
¿Es un hondo problema el que medita?
¿Acaso busca la escondida llave
de una fuente cuya agua milagrosa
de nuestras almas la pureza lave?
¿O es acaso una esencia poderosa
que en breve sane el coraz6n herido,
lo que busca su mente bondadosa?

·:·-·:•.

Algo busca ese espíritu abstraído,
algo que un dedo celestial enseña
y que se halla en el éter suspendido.
¡Fantasmas son que su piedad diseña!
Para alumbrar nuestros cansados paso8
nunca hallará la claridad que sueña .... '..
Como enseñando los sombríos trazos
de la Pobreza, que su cuerpo azota,
muestra marchitos sus nervudos brazos,

·,:.

flácido el pecho que el dolor no agota
ceñido el vientre, la mirada triste
'
y el pie desnudo en la sandalia rota.
Oh pálido t-remita que encendicite
tu alma con fuego de un amor sagrado:
s6lo en tu coraz6n la paz existe;
Yiviendo solitario y apartado,
con el alma en el cielo suspendida,
del Mal y del Dolor te has libertado;
pues en la árida senda de la vida
donde el clamor de nuestras-voces suena,
quedando va de nuestra planta herida
u Ha gota de sangre en cada arena.
Luis

ANDRÉS Zu~IGA.

Muerte d e u n M agistrado

Sr. Lic. Luis Garcta Mézquita, Gobernaidor de Campeohe.

Nuevo Gobernador de Campeche
Publicamos en este número el retrato del
señor Lic. Don Luis García Mézquita, Gobernador electo de Campeche, para el período
constitucional que ¡;,e inici6 el día 16 del actual
y terminará en igual fecha de 1907.
Las fiestas que en honor del señor Lic. García prepararon sus amigos, resultaron dignas
de la persona á quien estaban dedicadas, pues
todos los campechanos tomaron empeño especial en que tuvieran lucimiento.
Sin temor de equivocarnos, podemos afirmar que en pocas ocasiones ha estado la opini6n pública tan acorde, como lo estuvo en
Campeche, al proponer el "Círculo Liberal
Campechano» la candidatura del señor Lic.
García.
Hombre de orden, de avanzadas ideas, de
limpios antecedentes, con una vida pública
ejemplar, habiendo ocupado, tanto en el Estado de Yucatán como en el de Campeche, diversos puestos de impor tancia y distinguiéndose
en todos ellos por su apego á la ley y á la justicia, su candidatura se acogi6 con gran entusiasmo, y las manifestaciones de simpatía y de
adhesi6n de que fué objeto durante el periodo
electoral, fueron de verdadera importancia.
Durante más de un afio ha estado al frente
del gobierno, con el carácter de interino, y su
benéfica influencia se ha hecho sentir en todos
los ramos de la Administraci6n pública, logrando captarse el amor del pueblo que gobierna.
El pesimista pierde en estudiar los males
imaginarios, el tiempo que podría emplear en
combatir los verdaderos.

No hay una acci6n, por trivial que parezca,
que no arrastre consigo una serie de consecuencias; lo mismo que no hay un cabello, por delgado que sea, que no proyecte su sombra.

El día 14 por la mañana muri6 en su casa
habitaci6n de la 8~ de las Artes. el señor Lic.
Don Andrés Horcasitas, Magist"rado de la Su•
prema Corte de Justicia de la Naci6n.
La muerte del sefior IIorcasitas. que fué rew
p1mtina, ha producido en los círculos oficial
una dolorosa impresi6n; pues aparte de que
finado era uno de los miembros más laboriosos é ilu!'trados del primer Tribunal de la Re-

RIMA GALANTE.
Tu mano pálida y fina
que á la dulce mandolina
tan finas notas arranca,
por lo temblorosa y leve
parece una flor de nieve
6 una libélula blanca.
Y bajo tus dedos ágiles
sollozan los ritmos frágiles
de una frágil serenata;
mientras la luna en el cielo
hila en su rueca de hielo
un largo hilo de plata.
Y Chopín, Schúbert, Beethoven,
vierten en mi alma de joven
su raro filtro sonoro;
mientras tus dedos traviesos
atan las notas cual besos
en un mágico hilo de oro.
Y una gigante amatista
brilla en tu mano de artista
con una lumbre tan vaga,
que tu mano temblorosa
con esa piedra preciosa
es la mano de una maga.
A. _FERNÁNDEZ GARCÍA,

Sr. :\lngistrado D. Andrós Horcasita.s-

pública, su probidad y su talento le bab
conquistado muchas simpatías.
Los funerales del distinguido Magistrado
efectuaron el día 15 en el Pante6n Fran
concurriendo á ellos los altos funcionarioe.
Poder Judicial y un gran número de parü
lares.

PIO X
[ DE U~A }"OTOGRAFIA TOMAD.A EN EL
, y ATICANO EL

14

DE AGOSTO ULTIMO]

)/~.

�Domin~ 20 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

!

I

Episodio blstórlco dt la 6utrra dt Tndeptndtnda
I
A)lA"'Tg Y HÉROE

Jalisco, región bendita en que las flores regocijan el ánimo y en que frutas y campos de todos los colores alegran el paisaje; que en las
costas deshabitadas del Pacífico, ofreces como
puertos de salvación las radas magníficas de
Chamela y las Peñas, y como refugio misterioso
de druidas, los bosques de Zihuatlán; que ostentas en Magdalena fragantes y níveos tapices
de nardos, y en Atotonilco el Alto, deliciosos
nidos para amures reales, entre frondas impenetrables de naranjos, cuyo azahar incensaría el
ambiente, mientras los arroyos de cristal sonoro cantaran himnos nupciales; que con orgullo
exhibes tu lago de Chapa.la, marecito incomparablemente hermoso, en cuyas riberas deseara
yo, como Voltaire junto al la_go de Ginebra, _q~e
se deslizaran serenos los últ1mcs años dem1 v1·
da; si todos éstos no fueran títulos bastantes para quererte, amáratecon amor inextinguible, sólo por el azul límpido de tu cielo y por ese otro
cielo tuyo, cielo negro de tempestad y de pasión:
los ojos de tus mujeres.
y tú, lago de Chapala, que has adormecido en
mi alma, por breves horas, todos los afectos ú
odios, y borrado todos los recuerdos; que, hoy,
después de muchos años de brega mundana, incesante y acerba, al volverá verte me permites
alejar el espíritu de la tiena para elevarlo á
Dios, trayendo á mi memoria las olvidadas ple
garias del bogar paterno; que á veces murmuras á mi oído los nombres amados, y reflejando
una tras otra, e9- los cambiantes de tus volubles
ondas las constelaciones del espléndido firmamento: parece que arrebatas de mi alma y hundes en tus pliegues de luz y abismo, una á una,
todas las ilusiones que forjé en lo pasado y todas las esperanzas que conservo pat·a lo futuro;
tú, lago querido mio, que hoy en vías á mi ardorosa frente el perfume de tus playas y el beso
fresco de tus auras: ¡cuántas veces en otros
tiempos tornaste en púrpura de sangre humana,
el &lt;rlauco transparente de tus aguas! Eres el testig'o secular é imperecedero de grandiosa e~opey a; y si en tu dulce murmullo cantas el epitafio
glorificador de tus héroes, el magníficat armonioso de la Paz, cuando desmoronas el acantilado y sumerges las naves con estruendo pavoroso, es que repites, inconsciente, el himno terrible
de la guerra, en remembranza de otras épocas,
como yo también, á tus orillas, he iecitado las
oraciones del niño.

..

.. *
Entre papeles viejos me encuentro una larga
carta referente al sitio de la i~la de Mexcala y á
un drama íntimo relacionado con ese brillante
episodio de nuestra _Historia Nacional. En seguida extracto ei,te 10teresaote documento:
&lt; .... La guerra de Independencia hállase en
su prólogo sangriento.
En meuio de este conflicto nacional, comenzó
á desanollat·se en mi alma otro conflicto, aunque no cruento, quizá más cruel. Mi vida modesta y mooó~ona. de labl'iego, apenas ya interrumpida por las frecuentes irrupcion\js de los
bandos beligerantes, á los cuales había llegado
á acostumbrarme, y rui espíritu, abstraído "º la
consideración de la guerra, viéronse turbados
por dulce y profunda. sensa_ción que, embelefi:ándome, alejó de mi cualesqutera otros pensamientos y anhelos.
Estaba yo enamorado, y el objeto de mi cariño era Inés, bija del propietario de la contigua
hacienda de Santa María, la &lt;altiva castellana,&gt;
según la llamábamos afectuosamente en el pueblo, por su adusto s~mblante y su_ gentil continente; mas, en realidad, era altiva: todos los

días cruzaba las calles, jinete en brioso alazán,
con su escopeta cruzada en la espalda y. el fuete
en la mano· seguíala únicamente esbelto galgo,
y sólo se c~oocía el timbre de su voz por haberla oído llamar al pert·o, pues nunca se dió el
caso de que nos dirigiera la palabra á alguno
de los vecinos- Esta sobflrbia le había concitado algunos malquerientes; sus ~r~suntas riquezas habían le creado muchos cod1c1osos; pero su
hermosura provocaba la admiración general.
El padre de Inés h~b_ía sido ~sesinado pocos
meses antes en un v1aie á Tepic: unos decían
que las tropas del gobierno lo sorprendieron.al
iotroducit- un fuerte contrabando, y que al resistir sucumbió; otros, que los insurrectos )o m~taroo porque, apresado por éstos, no qmso gritar «Viva Méxic0 independiente;&gt; y tres ó cuatro lenguas tildadas de venenosas, aseguraban
tener motivos para creer que el caballero había
sido asesinado en una emboscada que le puso
un jefe militar realista con cuya esposa tenía
r elaciones. Por ciertos hechos y detalles que yo
conocía, consideraba exacta la última versión;
pero la viuda y la hija del hacenda.do, aceptaron ó aparentaron aceptar la segunda de esas
explicaciones, única de la cual no tenían que
sonrojarse; y por consiguiente, se declararon
mortales enemigas de cuanto oliese á Independencia.

..**
Nunca exhaustos los graneros de la· hacienda para auxiliará los soldados del Virrey, cerrába.nse en cambio con estrépito las puertas de
la casa y erizábaose las azoteas de cañones
de armas de fuego en cuanto se· anunciaba la
aparición de alguna guerrilla insurgente.
A pesar de estas y otra multitud de manifestaciones hostiles á la causa nacional, nadie jamás
se hubiera atrevido á atacar la finca, á exigir ó
tomar una cabeza de ganado, ó á arrancar una
boja de las milpas, porque esas dos mujeres solas, casi tan hermosas la madre como la joven,
infundían respeto sin límites á cuantos las conocían, y verdadera veneración á quienes de ellas
recibían el sustento, solícitos, por tanto, para
cuidarlas; como que la primera acción de esas
damas al morir Don Alonso, el jefe de la familia, fué condonar las deudas de sus sirvientes y
medieros; la. segunda, reconstruir la capilla de
la hacienda, abandonada basta entonces por el
occiso;y por último, dar asilo al cura de una población vecina para protegerlo contra las tropas del gobierno, que lo detestaban por haber
siempre defendido á los indios y aun haberse
declarado partidario de su manumisión. Pero
lo que las salvaba era su caridad: si la niña no
hablaba con nadie, la bella matrona iba por todas partes prodigando consuelo y socorros; nadie que acudiet·a á ellas en demanda de algún
beneficio quedó desairado,y muchos perseguidos
por causas políticas, tuvieron ocasión de admirar la gran influencia de estas damas, á quienes
debieron la libertad ó la vida.
En tal esta.do las cosas, una noche de octubre
de 1812 escuché, primeramente con indiferencia,
tocar á rebato las campana,,y luego, consternado, el ruido atronador de tres ó cuatro descargas de armas de fuego. Me asomé, como tenía
por costumbre, á la ventana y, aterrorizado, vi
,u·der pavorosa.mente la hacienda de Santa María. No he logrado hasta ahora saber cómo llegué al lugar del iocendio,y sólo recuerdo confusamente que a.l detenerse con violencia y contra
todos mis esfuerzos el caballo en que poco antes
sentía.me arrebatado vertiginosamente, miré tendida en el suelo á Inés, entre un círculo formado por veinte ó treinti. indígenas.
-;.Qué ocurre'?
-Patrón, llévesela; usted que está montado,
prorrumpieron varios hombres á la vez. Ahí
vienen los ... _..... .
No escuché más; con la estupenda fuerza del
amor y del espanto, a.lcé entre mis brazos el
cuerpo inerte, y espoleando sin misericordia á

Domin~ 20 de Septiembre d:e 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

mi cabalgadura, desapare~ieron en breve de mi
vista la hacienda, convertida en colosal hoguera; los caseríos que la rodeaban, llanuras, zarzales, cerros y montañas.
Detuvo por fin, esta desenfrenada carrera el
grito este'ntóreo de ¡Quien vive! Paré el caballo
y cayó muerto.
Apoderóse de mí hondo so_bresalto cuando
pude distinguir los seres y ob¡etos que me rodeaban. A mis pies, límpida y caudalosa corriente, y casi t9ca':1do la~ aguas con su ropaje
negro, á una mu¡er mmóv1l; ante mí, á un hombre vestido como los rancheros acomodados del
rumbo con un fusil en la mano derecha, y en
actitud de agresión; detrás de él, á 200 ó 300 indígenas aglotUerados en cu_clillas al derredor de
varias hogueras,y otros ba¡o los árboles, agazapados ó dormid~s, y cubi~r~os con su característico sarape ro Jo ó su or1g10al y acostumbrada
capa china de hojas de palmera. Alto, moreno,
de recia musculatura, fisonomía franca y ooble,el
individuo que tenía yo enfrente, d!lscansó su !I-rroa en tierra y se quedó contemplándome, quizá
más asombrado que yo.
-¡Usted, Don Pedro, por aquí! ........ exclamó.
.
? U
-¿Y Usted, Encarnación _Rosas .. ....._. . . na
penosa idea que asaltó á m1 mente, me 1tnp1di6
terminar. Este humilde hijo de un pescador que
con tanto denuedo como habilidad había contri·
buído en gran parte á la derrota del realista
Recacho y tenia desde entonces en jaque á las·
fuerzas del Gobierno; este antiguo y honrado
vecino de mi aldea, labrador infatigable á quien
solamente pudo lanzar al combate un amor
acendrado, más singular y concreto que el de la
patria, el del terruño, hacia el cual ~ué _tan gran•
de su cariño, que nunca de él con~1gmeron ale·
jarlo ni las encarniza.das persecuciones de que
era ob¡eto ni el deseo, tan común en los hombres de gu~rra, de ensanchar su victorios~ esfera
de acción· este noble soldado de la h bertad,
¿habría sido acaso el jefe de los asaltantes é incendiarios de Santa María'?
Impaciente le pregunté desde luego; pero al
mirarlo sorprendido, alejé del alma toa a sospecha y referí los sucesos. Indignado, Encarna·
ción, inmediatamente y con voz ronca y son~ra,
dió á sus hombres la orden de ponerse en pie Y
alistarse para caminar. ¡Espectáculo subl~e!:
ni uno de esos pobres soldados que, des~rov1stos
de armas, de uniformes y con frecuencia hasta
de alimentos, se habían laoza,do á una guerra
desventajosa y sin cuartel, ni uno de ellos pro·
testó contra el mandato inhumano de abando•
nar el reposo ganado á costa de ruda jornada,
y cinco minutos después, todos se hallaban formarlos en fila y apercibidos, no solamente para
la marcha, sino aun para. la lucha.
Nos dedicamos Encarnación y yo á procurar
que Inés volviera en sí, lo cual obtuvimos en
breve. Abrió la joven los ojos y nuevamente los
cerró, maravillada, sin duda, de la escena.. q_ue
probablemente imaginósele pesadilla ó dellr10.
Hubo necesidad de apremiarla para que ~e levantase y volviera á la realidad, lo cual hizo.al
fin con muestras de intensa pesadumbre. En vis·
ta de sus lastimeros sollozos y del terror conque
nos examinaba, tratamos de consolarla Y cal·
mar su inquietud, haciéndole presente que éramos
sus amigos y deseábamos partil' cuanto antes
para salvar á su madre. Meneó tristemente la
cabeza y prorrumpió entre amargo llanto: cMi
madre ya no existe; iremos á rescatar su cadá·
ver. Al padre se lo llevaron&gt;.
Dispuso Rosas que cuatro . de sus hom~res
transportaran á la dama en una camilla for¡ada
á toda prisa con ramas y yerbas. Al amanecer
nos encontramos ante lo que fué l a. hacienda. de
Santa.Maria: montón de escombros humeantes, Y
al frente de ellos, sobre alto lecho de musgo cu·
bierto con paños negros, como tétrica protesta
al cielo contra las iniquidades huma.nas, el cuerpo de la infortunada viuda, con el cráneo hecho
pedazos. Inés se arrojó sobre él, besó la~ ma~os
yertas, y con una de ellas entre la suya 1zquier-

da, extendió-imponente y majestuosa-la diestra.:
-¡Por las cenizas de mi padre y las tuyas, juro vengarte, madre mía! En ese momento un indio que llegó aceleradamente, le entregó un pliego. Era del pobre cura que las acompañaba,
y lo había éste escrito minutos antes de ser fusilado á algunas leguas del lugar en que nos encontrábamos.
No tardó Inés en adquirir trágica serenidad y
luego comenzó á disponer lo necesario para el entierro, que se efectuó ese mismo día en la tarde.
La pobre niña carecía de un asilo. Trémulo de
emoción le ofrecí mi casa, y quizá hasta. ese instante se fijó ella en mí.
-¿.Fué usted quien me salvó anoche; es cierto?
-Sí, señorita.
- Deberé á usted mi obra de justicia. Sé quién
es usted; lo be visto muchas veces observarme
furtivamente tras las cortinas de su casa. He llegado á imaginarme que estaba usted 6 está enamorado de mí. Pero no importa. Yo no le ofrezco amor, porque hasta hoy no he querido sino á
mis padres y desde hoy no quiero más que castigar á sus asesinos. Si usted me ayuda, seré yo
su premio, antes del premio mio, que será la
muerte.
Incliné la cabeza; tomé á Inés una mano y la
llevé á mi albergue- Mandóme llamar a.l día siguiente, y al verla, dí un paso atrás. Hallábase
vestida de ranchero, con una carabina tercia.da
en la espalda y una espada al cinto.
Poco después llegaron Eocarna&lt;lión Rosas y
sus bombr9s. Junto al jefe, uno de sus ayudantes tenía del cabestro con dificultad a.l magnífico
alazán de Inés, quien lo montó con tanta rapidez como gallardía.
&lt;•••••••••••• • •••••• C • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • o oooooo•••• • •••••

Desde entonces fué nuestra vida serie inenarrable de luchas contra los realistas, y nunca vi
más tremenda saña y más intrépido valor que el
de nuestro compañero Juanito, nombre bajo el
cual se dió á conocer 1 nés, Infundía.me asombro
su fortaleza; pero admiraba., sobre todo, su sangre fría. Unicamente la mi.ré presa de furor desatentado cuando nos retirábamos del pueblo de
San Pedro Ixican, al que las tropas virreinales
prendieron fuego; pero .... ¡con qué alegr~a feroz revolvió al combate cuando se nos reumeron
las fuerzas de José Santa Anna! Eran mortales,
sin remisión, los golpes que ella asestaba. Eran
sus frases rudas latigazos que nos enardecían
el alma, alaridos de clarín que nos agrupaban
para la defensa ó el impetuoso ataque, y gritos
de rabia y desesperación que nos enrojedan y
empujaban á la matanza. Unicamente nuestro
caudillo, con su mira?-ª de águila real-que desde las altu1·as en que vive, todo lo ve_ peque!l.o-y
con su voz imperiosa, que nos domml!-ba, po~ía
contener á ese inquieto recluta, de q,men h?b1eran reído atónitos sus camaradas si lo hubiesen
observado llorar amargamente, sobre mi hombro, minutos después.
Porque no sé á impulso de qué reacci~n tan
irresistible como angustiosa, aquella muJer, de
ánimo tao varonil en.la pelea, caía siempre agobiada de remordimientos y pesadumbre, después
de una batalla, de una simple escaramuza. Cuántas veces vi desprenderse de su rostro requema·

do lágrimas color de rosa: teñidolas babia la
sangre de los heridos por la propia mano de
ella.
Era Juanito el mejor tirador de la. guerrilla y
el maestro de los abnegados indios que formaban ésta y sólo conocían el manejo del machete,
el palo ó la honda. ¡Con este armamento primitivo, cuántas victorias, sin embargo, alcanzamos!. ...
La derrota del Capitán José M. Iñiguez á la
orilla del lago de Cha.pala; la del Comandante
de la Barca, José Antonio Serrato, er. San Pedro Ixican y la del mismo jefe y el Comandante
de Poncitlán, Rafael Hernández, nos proporcionaron cantidad suficiente de armas de fuego y municiones para hostilizar en el mismo Poncitlán al
curaAlvarez, hasta que obligado á efectuar una
salida, hicimos pedazos á sus tropas, y dejando
en nuestro poder á muchos prisioneros, cien fusiles y dos cañones, herido gravemente en el
cuello, tuvo que emprender la fuga.
Una bala hizo caer también á Inés en esta acción, y para indecible tormento mio, hube de ser
yo quien tuviera que aplicarle los vendajes en
pleno pecho. Al desabrochar, trémulo é inquieto,
su corpiño, habría.se dicho que ella era el hombre fuerte y yo la débil mujer, agonizante: así la
imaginé en los primeros momentos, y al abrir la
ancha herida para reconocerla, dilaté la mía incurable del alma. La joven, con amarga sonrisa, me estrechó la mano, murmurando &lt;no es
nada,&gt; y y o me sentía morir de pena y de deseo á
la vez, al ver y tocar su blanco y turgente seno-¿Temes que no llegue á realizar mi promesa'?
-me dijo con voz apagada y triste.-Seré tuya
en este momento.
Rechacé avergonzado la oferta, y si basta entonces había procurado huir de cualquiera manifestación de amor, desde aquel punto me esforcé en tratar á mi compañera aparentando la
mayor indiferencia, ó por lo menos un cariño simplemente fraternal.
Pocos días después nos reunimos con nuestra
guerrilla, cuyos j1:fes ornaban ya su frente con
laureles de nuevo triunfo logrado sobre las tropas del Teniente Coronel Angel de Linares, á
quien habían mandado de Guadalajara para
combatirnos.
Con secreta_ complacencia advertí que Inés había cobrado mayor gracia y belleza; la blanca y
pálida tez de su rostro habíase tornado en morena y sonrosada, y desapareció la altanería de
su mira.da, que únicamente relampagueaba en los
supremos instantes de la lucha ó cuando alguien
relataba ante ella el incendio de algún caserío ó
una hacienda-costumbre creada en aquellos
rumbos por el cura Alvarez, quien solía asimismo quemar á sus prisioneros, por lo cual se le
titulaba «El Cbicharronero&gt;, y la cual bárbara
costumbre imitaron desgraciadamente otros jefes
realistas.-Las formas de mi amada ofrecían
también contornos más vigorosos, y su armoniosa voz, sólo ronca en la batalla, había adquirido cierta dulcísima limpidez sonora y grave; voz
desbordante· de dolor, pero llena de entereza.
Mi adoración crecía.
JULIO POULAT.

{Concluirá.)

EN EL BAÑO.
Un horno hirviente en el extenso llano;
un ascua gigantesca en el camino;
y parece vivir el campesino
junto á la roja fragua de Vulcano.
Hierve el agua en el férvido oceano;
hierve el polvo que huella el beduíno;
la esbelta palma y el agresto pino
buscan los besos de la brisa, en vano.
Debajo de los árboles, la siesta
duerme el ganado, cuya piel trasuda;
el sol canicular abrasa y tuesta;
la virgen en su alcoba se desnuda,
y recordando una figura apuesta,
se unde en el bafio, pensativa y muda.

B.

BYRNE.

EL RASERO
En el muro conventual
trazaron con un carb6n
el perfil de un coraz6n
de tamaño natural.

Y al transitar por allí,
la ensimismada Isabel
dijo, fijándose en él:
-¡No hay corazones asil
Supe aquello y me extrañ6,
porque estaba demostrado
que era mayor que el pintado
el que le ofrecía yo.
Mas, repasando en la mente
fechas, sucesos y nombres
del sinnúmero de hombres
que la amaron locamente,
vi que la pobre Isabel,
injusta cuando sufría,
los corazones medía
con un coraz6n infiel.
FRANCISCO DIAZ SILVEIRA.

1903.

*
Hay cosa-s que frecuentemente nos desagradan porque son excelentes: humillan dema&lt;.iado nuestra mediocridad.

�Domingo 20 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Estamos muy lejos ya de aquella época en la
que solamente se robaba á mano ar1;l)ada en
las e!trechas er.crucijadas de los ca.mi.nos.. La
luz eléctrica, la policía, los bancos, 1mpHlen
JI propósito dt los J;umbtrt. - Bribones
las brutales maniobras de los atracadores; pedt boy y dt antaño.
ro la misma organización financ)era del comercio moderno, permite, en cambio, los fraudes
de alta combinación, la estafa de vuelos
La causa de los Humbert ha termina~,º,
elevados las pláticas de herencias falsas. El
por hoy, cuando menos, de llam_ar 13: atenc1on
robo, en' sus múltiples formas, es un Proteo
pública, no solamente de Francia, s1~0 de !:&lt;&gt;·
diabólico, que encuentra en nue~tros dí_as anda Europa y de todo el mundo, podna decircho espacio en que ejercer sus mdustrias rese sin hipérbole. La «Gran Teresa_,» después
probadas.
.
de defenderse hábilmente en los &lt;CAs1sses," desEvidentemente que dondequiera que hapués de increpar duramente á sus acusad?r~s
yan existido ricos, á la vez que homb~es &lt;le
y de tratar de embrollar al juez que pres1d1a
escasa conciencia, puede haber florecido _la
1os debates ha sido llevada, enferma, quenegra planta del hurto. Apoderarse del~ aJe ·
brantada, ;encida, física y moralmente agono es lo primero que piensa
el homhre pobre, cuyos .
principios dA moralidad son
escasoa. Pero, entre los robos de antaño y los de ogaño media un abismo de ci,
'
·
vili:,:ación,
un enorme ~1)ISmo de progreso material y
moral.
Para convencerse &lt;le ello,
bastará pensar por un momento que en el año del Señor de 1740, aparecen los
Humbert en París mi¡,mo;
cuentan ~us estupendas historias de herencias misteriosas y de millonarios invisibles y omnipresentes. El
más rudo fiasco, el más sonoro fracaso hubiera sido el
pronto coronamiento &lt;le la
obra de paciente labor y de
maligna intelige~cia que
hoy ha hecho el renombre,
poco envidiabe, de la «Gran
Teresa,» y ha dado margen
á la curiosidad de todo el
orbe.
Si por el contrario, buscam¿s en los siglos anteriores algún delito de imp?rtahcia, dentro del ~enénco
grupo del robo; s1 pen~mos, por ejemplo, en la historia del fraude «del Collar
~*
de la Reina,» que un deli:· - ~ ~ :l~_ . - :
cioso novelista· incluyó en
sus obras, y si suponemos
Teresa Humbert despidtén.dose de su esposo, antes de ser conducida
que son sus autores nuesá. la prisión.
tros contemporáneos, fácilmente comprendnemos que en este siglo XX,
tada, á los establecimientos de corrección. pelos métodos que en el _si~lo XVI!If?~ron manitenciaria en los que tendrá que pasar cinco
ravillosos por sus preliminares, m~r1ga Y ~esaños, siempre que en !!egunda i,?stancia_no se
enlace serían absolutamente pueriles, necios,
modifique la pena que á_ella y as~ m~r~dotontos.'
el infeliz Federico, -les impuso la Justicia popular.
A la vez que en Francia termina de este modo la epopeya canal~esca de los H~mbert, y
se desvanece en el viento el fantástico Castillo de Marcotte, y los millones de los qráwdford pasan á la historia de las conseJas, en
Inglaterra-en 1:,&lt;&gt;ndres-comparece por vez
primera ante su Juez un ho~bre que! por espacio de algunos afios, ha s1~0 considerad~,
no solamente como un financiero honrado, sino como un patriota hritá~ico, á curas recepciones se dignaba concurrir el Presidente del
Consejo.
.
Whitacxer Wright, que así se llama el brillante estafador británico ha despilfarrado
cerca de 25.000,000 de pesos que juntó por
medio de una sociedad anónima que habría
de explotar grandes min_as d~ diamantes y d_e
oro en las nuevas colomas mglesas del Afnca Austral. Financiero notable y de alto~ vuelof', quiso hacer con el din~r? d_e la s_o?1~da?
an6nima que fundara, eqmhbnos d1hc1Hs1mos para salvar su créd_ito hondamei:ite comprometido en especulaciones desgracrndas, Y
cayó al fraude vulgar; después de haber conservado su renombre y su fama años enteros.

LAS GRANDES ESTAFAS

-

.,.

Domingo 20 de Septlambre de 1903.

***

El mundo marcha y los ladrones creen debido marchar al unísono de los hombres honrados. Si el telégrafo, por ejemplo también,
facilita los cambios comerciales, es un elemento aprovechable para el ladrón, y es uno
de los medios que vemos empleados por nuestros más egregios aficion_ados á lo ajt:no. Edi•
son inventa la luz eléctrica, y los ladrones parisienses (según últimamente conta~on loa
diarios metropolitanos) son rnrpr~1'.u1dos en
el interior de u_n bf.nco, c_uando u_t}hzapan la
corriente eléctrica en la útil operac1on de forzar
la caja fuerte.
Hemos olvidado ya, y lo han olvidado
nuestros padres, que «Río Frío» es un sitio
peligroso. Los_ últimos asalta~tes han pagado
con su sangre impura sus acc10nes; pero surge ya una nueva generación de bombr~s adaptados moralmente al molde que se exige para
un ladrón 1 que como fruto legítimo de nuestro adelan tado 'siglo, son hábiles en su reprobado oficio inteligentes en sus descaradas
maniobras 'audaces, ((progresistas.»
Debemo~ estar agrad~cidos á la natural
idiosincracia de nuestra raza; pues, de no ser
por esto que es seguramente un favorable
factor y~ hubiera ech3.do hondas raíces entre
nosot;os la generación satánica de los Hum•
bert y demás «Príncipes del Hurto.»
NEMO.

ta rtvoludón tn mactdonia
Explicamos en nuestro número anterior
cuáles son las causas á que obedece la rebeli6n
de Macedonia y el sistema ~d~ptado por ~l
Sultán de Turquía para reprimir ~n movimiento que puede acarrear á la Subhme Puerta muchos y grandes trastornos.
En estas páginas damoe á conocer á los lectores de EL MUNDO ILUSTRADO un grabado en
que aparecen los insurrectos fabricando bombas de dinamita y otro que representa un
campamento reb~lde en el instante en que
l,&gt;s jefes arengan á sus tropas.
Cuando los boro bres hacen el bien por ostentación pierden el mérito; la sociedad de
todos modos siempre tiene el provecho.

*

El tiempo es dinero ~ara el homb~e_de negocios, pero para la muJer es ~ún mas. es la
paz, el bienestar y la prospendad del hogar.

*

Los críticos juzgan el presente, pero el porvenir juzga á los críticos.

***

Los Humbert, por una parte, y Wright, por
otra son los dos tipos de lo que en nuestros
días' puede hacer el ladrón de altos vuelos.

EL MUNDO ILUSTRADO

La revolución en Maoodonia.-Los Jefes iinsurrrectos arenga.ndo á. sus tropas.

La revolución en Maoodonia.-Un grupo de rebeldes fabricando boror').S de dinamita.

MÚSICAS
Mejor que por la. palabra, es
por el canto que el alma humana se manifiesta. No hay tribu,
por salvaje quesea, quenotenga siquiera. algunas notas con
las cuales expresar su alegría
ó su tristeza. ....
MÚSICA HÚNGARA

¡Oh esta música húngara! Esta música formada de largas, profundas ondas musicales,
verdaderas olas que se elevan, se empujan, se
rompen. Al principio, dulces, lánguidas y lentas como las olas de un gran océano, aumentan en seguida, entrecortadas por pequeños
saltos bruscos, como el ovejeo espumoso de la
mar, y luego, siempre más fuertes, crescendo,
más fuertes, más rápidas, empujándose, apresurándose, aumentando en vigor y amplitud
hasta el máximum, hasta el furor, hasta el
paroxismo, sin tregua ...... sin reposo. Y siempre, desde el comienzo hasta el fin, dominadas por una nota dolorosa como un grito de
desesperación, como el rugido lúgubre del
viento sobre la inmensidad de los mares y de
los océanos, ese grito siempre el mismo, siempre igual, que se oye siempre, y que siempre
os parece nuevo, portador de nuevos dolores,
de nuevas agonías, de nuevos terrores, de emociones nuevas. Y esta música que, al principio, os mece con ensueños de deliciosas voluptuosidades vagas, muy vagas, poco á poco os
excita los nervios, hace vibrar cada fibra de
nuestro cuerpo y de nuestra alma, hasta la
exasperación, ha~ta el dolor, la tortura terrible del deseo insatisfecho. Pues en esos sueños voluptuosos, jamás podréis fijar vuestra
imaginación, vuestro deseo, en un ser ó en
una ficción. Como las ondas de la música, todo es vago. Las imágenes pasan ante vos, lentas y dulces, para sucederse en seguida violentas, lascivas, excitantes, exasperantes, fugaces,
confundiéndose sin jamás dejarse aprisionar,
deteniéndose un instante como fatigadas, y
luego fugaces, fugaces, huyendo de nuevo para ceder lugar á otras que llegan, se detienen,

vacilan, parecen entregarse á vos y luego huyen, huyen ellas también; ¡cuerpos de mujeres flexibles y ,lulces! ¡Cuerpos voluptuosos,
escenas de amor y de locura! Todo está allí,
todo os pertenece!. ..... Ya no hay nada......
todo ha huído. Nada os pertenece.
Los arcos se han callado, y los ojos entreabiertos, respiráis fatigosamente, extenuado,
concluido, agotado.
¡Oh música que hieres, música erótica que
das al hombre las mismas sensaciones, los mismos espasmos que las más perseguidas caricias de mujeres amadas, los labios contra los
labios...... Estertor amoroso, gritos de dolor
voluptuosos! Música qu,;i quiebra la espina
dorsal y agota el cerebro como la más perfecta
de las cortesanas; pero que, de pronto, os deja sin otra satisfacción que el deseo de escucharla sin cesar recomenzada; esta música que
os agota siempre más y más, sin satisfacer
nunca el más pt:queño de vuestros deseos, que
se exasperan cada vez más atrozmente, más
dolorosamente.
En Budapest, 1899.
MÚSICA ITALIANA

Así debió ser que en el país de la luz, del
cielo azul, de las flores de naranjo, naciera y
prosperara la música del amor y de la vida.
Y esta música de hecho fué la compafiera fiel
y la amada de los hombres, la proclamatriz de
la libertad y de la victoria, la consolatriz rle
las desgracias y de las derrotas, la expresión
de la existencia de una nación, la vibración de
todos los sentimientos y de todas las pasiones
de un pueblo. Es, sobre todo en Italia, donde
nacieron esos cantos ya dulces y lánguidos, ya
alegres y chispeantes, ya fogosos y belicosos
que trazan y marcan, ora la vida privada de los
hombres, ora los acontecimientos públicos del
país.
En Italia todo nace, todo muere con cantos.
Alegrías, tristezas, glorias, dichas. reveses
Italia canta todo y siempre. El &lt;Clazzarone:,
canta extendido sobre la arena á los rayos de
la luna blanca; sobre las ondas tempestuosas
de los mares lejanos, el marino canta su canción nativa; el obrero tararea trabajando y pe-

nando, y es en medio de cantos que se realizaron los principales acontecimientos nacionales
de la .hnínsula.
Los grandes compositores italianos no son
sino el perfeccionamiento, el refinamiento, la
quinta esencia del alma musical y de las sensaciones del pueblo con los cuales están en
continua comunión y en perfecto acuerdo.
Pues el alma italiana ruP.ga con Mercadante y
Palestrina, llora con Bellini y Petrella, ríe
con Cima.rosa, Donnizzeti y Rossini, lucha y
combate con Verdi, medita con Cherubini y
Perosi. Ma.Q, para el amor, no tiene necesidad
de maestros, ella canta con todas las «canzone»
que hace florecer en los labios de los simples
pescadores, de los gondoleros ó del ccpopolino».
Y los nuevos, los jóvenes, los brillantes, tales
como Boito, Mascagni, Leoncavallo, Puccini
y otros, no hacen sino expresar en rns composiciones el estado de alma incierto, tímido,
pero lleno de vuelo y de esperanza, de una nación que renace, que ha sido engañada, maltratada, explotada, pero que con altivez, levanta
la cabeza, sonriendo á nn porvenir de felicidad que ansía, que espera y que vendrá. ¿La
Stella de Italia no brilla siempre, aun en los
más terribles, más sombríos momentos?
Y el pueblo canta, canta y olvida, olvida
las tristezas, las miserias, las decepciones no
viendo sino lo bello, el cielo azul, la mar a~ur,
las flores, el amor, las ilusiones. Canta pobre
pueblo, canta, ama y sueña ...... y déjate engañar.
A bordo del &lt;Cóndor&gt;, estrecho de Messina, 1898.

Gruuo D' AsPRE~IONT.

Cada cual se imagina voluntariamente que
la regla está hecha para todo el mundo y la
excepción para sí.
'1'

La experiencia es la sabiduría práctica y
emanada de un juicio claro.

*
El sacrificio es una conclici6n esencial del
bienestar y de la felicidad.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>t

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por 100 de los enfermo~. aunque sus
dolencias sean de más de 30 año$ de
autt¡rüedad y hayan fraca_sado todos los
demás medicamentos Cura: dispepsias,
diarroas y dis6nterias, la dilatación,
la úlcera, catarro intestinal y todas las
demás afe~ciooes del utómago é intestinos, siendo notabilísimo en los niños.
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este Elixil es la mejor gar1111tla: en esta
República ha hecho verdaderos milao-ros,
casi todos los médicos lo recetan" cou
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EL Mu NDo rLu STRAD o

La fiesta de los Italianos
UN GRUPO DE CONCURRENTES A LA KERMESSE DEL DIA 20

�:Domingo 27 de Septlembre de 1903.

1a renuncia da Chambarlaina
Un bOmbrt popular
Hace algunas semanas que en la prensa
inglesa, primero, y después en toda la prensa
del mundo, se podían encontrar frecuentemente articulos en los cuales se habli,.ba, con
pasión más ó menos disimulada, de «ciertas
reformas, poco conocidas en detalle; pero que
convertirían á Inglaterra y á sus colonias ei:!
una especie de «Zollverein)) británico cerrado
por completo al comercio internacional.»
El proyecto citado era el coronamiento de
una larga época de labor, llevada á cabo con
singular éxito, cou rapidez inusitada y con
una suerte estupenda, por uno de los más célebres hombres de estado modernos, por el
Ministro de las Colonias, José Chamberlaine.
Desde mediados del siglo XIX la Gran Bre-

gestión gu bernati va. El H?n?rable José Cham·
berlaine fué nombrado Ministro de las Colonias. Pocos habrá que hayan trabajado_ tanto
y tan tenazmente en bien de la ex~ans1ón territorial de la Gran Bretaña como el. La gu~rra alglo-bóera ha sido atribuida á este ministro. El pensó en que «la cruz británica»,
habría de extenderse en el Continente Negro
desde el Océano Indico hasta el Atlántico,
desde el Cabo de Buena Esperanza hasta Egi p·
to; según dicen algunos polít~cos, dt&gt;bía arrasar y destruir cuanto se opu~1~ra á su trazo.
Vino después el famoso viaJe á bordo del
más elegnnte de los cruceros de la marina
real el viaje á Africa, durante el que pronunció ¿lgunos de sus discursos_más notables, y
recorrió las humeantes rumas de las dos
repúblicas recién extintas. La glori.a ?e Chamberlaine fué confirmada en este viaJe. A su
vuelta á Londres, el pueblo le aclamó.
Hoy se ha encontrado súbitamente detenido en la realización precisamente de los proyectos que habrían de coronar su obra. La
eola «clave» faltaba al arco tendido por Charo·
berlaine. Su renuncia ha sido brusca y ha
resonada en el orbe. En Londres se encuentra el exministro de guerra americano Elihu
Root, también un retirado.

PROMETEO
[FRAGMENTO]
Sobre negros corceles de gra!lito,
á cuyo paso ensordeció la tierra,

hollando montes, revolviendo mares,
al viento el rojo pabellón de guerra
tefiido con la Iuz de cien volcanes,
fueron en horas de soberbia loca,
á escalar el Olimpo los Titanes.

El ex-ministro Cha.mberlainie.

tafia ha sido el ejemplo que todos los economistas citan, de un país en el que el régimen
de libre cambio ha producido mejores frutos.
El comercio de Inglaterra ha sido suficiente,
y con mucho, para sostener una marina mercante que, sin género de dudas, es la mayor y
más bien organizada del mundo.
Y precisamente cuando se creía que el sistema librecambista se afirmaba más y más
en Inglaterra; cuando no eran poc·os los pueblos que tomaban este ejemplo, y á él se atenían para su legislación comercial, los proyectos de reforma fiscal del ministro Chamberlaine intentan hacer de la Gran Bretafia
el tipo de las naciones neta y rigurosamente
pro(eccionistas. El cambio era brusco; radical; inesperado.
La prensa inglesa sefiala ese cambio como
la causa de la renuncia del ministro Chamberlaine. La excitación que ha causado en la
Gran Bretafia la ñoticia de que este personaje se retira á la vida privada, es comparable
sólo con el encarnizamiento con que en días
pasados se combatían sus proyectos de reforma fiscal. Desde los s~mples súbditos hasta
los serios lores de las cámaras, todos se han
sentido impresionados por la brusca renuncia
de este estadista gigante.
Porque pocos, quizá ninguno, son los que
en el presente siglo han representado en Inglaterra el espíritu imperialista con la pasión,
con la entera y absoluta dedicación con que
lo ha hecho Chamberlaine; alguien ha dicho
que era, no un imperialista, sino el imperialismo personificado. Lo ha demostrado así
con sus ar.tos.
Cuando el tercer gabinete que presidió Lord
Sálisbury (y el último de ellos también), cayó, Bálfour rEluni6 en un grupo á los ministros que hasta hoy le han acompafiado en su

EL MUNDO ILUSTRADO

lllL MUNDO ILUSTRADO

Ya tocaban la cumbre inacce!:!ible
dispersando nublados y aquilones,
ya heridos de pavor los astros mismos
en confusión horrible,
como yertas pavesas descendían
de abismos en abi:smos;
y el Tiempo, que dormía
en los senos del báratro profundo,
se despertó creyendo que llegaba
la hora final del mundo!
El cielo estaba mudo;
y la turba frenética avanzaba
con ronca vocería,
cuando Jove asom6: vibró en su mano
el rayo de las cóleras sangrientas,
rugió eh su voz el trueno del estrago
y encadenó á su carro l:is tormentas!
Temblaron los jinetes
t&gt;n los negros corceles de granito;
redoblaron su saña
arrojando á los pórticos del cielo
con insultante grito
pedazos de montafia,
y volcaron los mares
para apagar en la soberbia cumbre
los rojos luminares.
Pero J ove, iracundo,
blandió sobre sus frentes altaneras
el hacha del relámpago que hiere
como á una vieja selva las eeferas:
á eu golpe profundo,
vacilaron montañas y titanes;
y bajó el torbellino,
heraldo de su gloria,
con la negra cimera de huracanes,
á anunciar á los mundos la victoria!
Rodó la turba impía
en espantoso vértigo á la tierra;
no volverá á flamear en las alturas
su pabellón de guerra
teñido con la luz de cien volcanes.
Cayeron los titanes
del abismo en las lóbregas entrn.fias:
y Jove, vengativo,
convirtió los corceles de granito
en salvajes é inmóviles montañas!
OLEGAR!O V. ANDRADE.

Domingo 27 de Septiembre de 1903.

En ti siltndo dd crtpúsculo•••.
Por las estrechas y perfumadas avenidas
del jardín, iba lentamente, lentamente lapobre cieguecita.
'
Vestida toda de blanco y con el rubio cabello destrenzado sobre sus espaldas, iba pensativa, adivinando por su perfume las flores
que arrancaba á su paso, para luego deshojarlas .....
A su alrededor los árboles mecidos por el
viento de la tarde sollozaban .... sollozaban ...
Y arriba, en el cielo, morían los últimoe
destellos del sol que se ocultaba ......
-¡Eugenia, Eugenia!, murmuró de pronto
una voz en el silencio del crepúsculo ......
-Aquí estoy, le contestó ... y se abrazaron
entre las flores.
-Estás pálida y triste como un lirio, Eugenia mía. ¿Qué tiene tu alma?
Y cogidas por el talle en amoroso abrazo, caminaron lánguiclamente bajo la larga sombra
de los eucaliptos.
-Sí, a.miga mía, dijo la cieguecita.... El
misterio ha venido á albergar en mi alma. Las
densas tinieblas de mi noche ilumínanse á veces por el tenue fulgor de una estrella ... Hoy
he creído ver el azul de ese cielo que nunca
vieron mis pupilas, ese azul que tanto a.man
los poetas y las aves .... ..
El perfume de las flores me ero briaga como
delicioso nepente .........
¡Y aquella música! ¡oh, aquella música de
su violonchelo, cómo olvidarla ... si ella es el
misterio de mi alma .. . lago de ensuefios, don•
de flota la barca de mi tristeza!
-¿Qué tenía aquella música? ¿por qué ll~
raba? dijo casi solloºzando. .....
.
-Sí, Niní, mi alma está enferma, enferm
por la ausencia de otra alma ......
Y bajo la ausencia de aquel crepúsculo,
pobre cieguecita siguió llorando ... llorando..•

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Página de álbum

DIA DE PRIMAVERA

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*

Cada uno de los siglos extiende su triste
gloriosa sombra hasta el siglo que le sigue.
E. DRUMONT.

~~

~~~

*

Cuando todo lo hemos puesto de nu
parte para alcanzar la victoria, no merecem
censura alguna si á la postre salimos derrota:
dos.-CARNOT.

*

L) ~~

~

Dormir demasiado, es hacerle un robo á
vida.-G. :M. VALTOUR.

·-·

Madre Melancolía
Madre Melancolía, pon tu sello sagrado
sobre las cosas tristes que obscurecen la vida.
Pon tu aliento de nardo sobre la roja herida
que abrieron en los hombres el dolor y el pecad
Enséñale al Poeta tu alcázar encantado
donde el canto resuena. de la ilusión per dida,
y la torre en que mora. la. quimera florida,
viajera del remoto crepúsculo dorado.
Madre :Wrnlancolía, leve como la espuma,
honda como el abismo del piélago salobre,
el soplo de tus alas al ensueño perfuma.
Llega. bajo los pliegues del vagabundo vlen
á dejar el misterio de tu caricia, sobre
las almas dolorosas de hastío y de t9rmento,

FROILÁN TURCIOS,

~

'

El ocioso se ocupa tan sólo en matar el tie
po, sin parar mientes en que es el tiempo qui
nos mata á nosotros. -G. M. VALTOUR.

*

'

~

RAFAEL ANGEL TROVO.

Cada quien se forja ilusiones según sus n
cesidades é intereses.-J. L1sEROL.

',~

.

o~
.

•~

Cerca del blanco tronco de la baya estaríais vos, señorita, con vuestro sombrero blanco, vuestro vestido blanco y vuestra alma
blanca. Yo tendría mi negro dolor. Procuraría haceros soñar dulces suefios, y el laúd
no tendría para vos sino dulces sonidos.
Sí-decía ella;-mas esa c,villa» italiana ¿no
será la morada de la más infeliz de las mujeres? Los árboles sombríos forman un misterioso recinto de duelo. El agua de los arroyos
parece monologar extrañas historias de amo•
res difuntos. El crepúsculo inunda con su tenue tinta de melancolía todo el paisaje. El
anciano que contempla meditabundo las linfas, parece la encarnación de un triste pasado. Los mismos niños que juegan cerca de
la. «villa», no alcanzan á hacer que
mi alma encuentre una sola nota
de alegría.
-Nuestra alma á veces
contagia con sus males el
alma de los demás.
RUBÉN DARIO.

.

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�Domingo 27 de ·Septiembre ,de 1903.

EL BAILE lNFANTlL
Publicamos en esta página los retratos de
las nifias Carmen Benavides y Carmen Rosales concurrentes a.l baile infantil de fantasía
qu~ se efectu6 en el Teatro Hidalgo el día 16
por la tarde.
.
.
La pequeña pareja, que se hizo aplaudir
por la desenvoltura con que baila1?a el j_arabe
y por la gracia con que vestía e.l traJe nacional,
fué indudablemente la que más llamó la atenció~. A instancias del público, las nifias ~uvieron que repetir, hasta rendirse,. el típico
baile haciéndolo en el foro y á la vista de toda l; concurrencia que las ovacionaba.
Las nifias Benavides y Rosales son alumnas
de la Escuela Superior núm. 2.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 2?

de Septiembre de 1903.

diera hacer hervir en mis venas hela&lt;l3:~ mi
vieja sangre de víbora, haciéndome salir de
esta vaga 8omnolencia en que me encuentro!
TE6FILO GAUTHIER.

LA GITANILLA
Maravillosamente danzaba. Los diamantes
negros de sus pupilas vertían su destello;
era bello su rostro, era un rostro tan bello
como el de las gitanas de don Miguel Cervantes.
Ornábase con rojos claveles detonantes
la redondez obscura del casco del cabello,
y la cabeza firme sobre el bronce del cuello
tenía la fa.tina de las horas errantes.

ODIO Y :AMOR
Aborrezco á todo el mundo en maea, y en
todo este montón apenas juzgo á uno 6 dos
dignos de ser odiados ~spe~ialmente.
Odiar á alguno es mqu~e~rse por él. tanto
como si se le amara· es distmguule, aislarle
de la multitud; es h¡llarse en violento estado
por su causa; es pensar en él de día y de noche· es morder la almohada al
pen~ar que existe. ¿Qué más
se hace por uno á quien se ama?
Las penas y trabajos que se
toman para dafiar á un enemigo, ¿se sufririan ac~so para
complacer á una muJl'lr amada? Lo dudo. Para odiar bien
á alguno es preciso amará otro.
Todo gr~n odio sirve de contrapeso á un gran amor.
Mi odio es, como mi amor,
un sentimiento confuso y general que desea cifrarse en algo y no puede conseguirlo. Tengo dentro de mí un tesoro de odio y at.1or, del cual no sé qué hacer y que me pesa horriblemente. Si no puedo desahogarme de uno 6 de otro, 6 de ambos á la vez reventaré seguramente, como
esos sacos u:nos de dinero que se descosen ó
se derraman.
¡Oh! ¡Si pudiera aborre~er á alguien_! Si
uno de esos hombres estúpidos entre quienes
vivo, llegara á insultarme de modo que pu-

Baile infantil.-La niña Carmen

Benavides.

y crueles. Es el canto del amor y del odio, de
la vida y de la muerte!
Los hombres rascan locamente sus guitarraa,
las mujeres cantan, se retuercen, se acercan,
se alejan, golpean cou el tac6n las tablas, sacuden sus faldas. ¡Olé! Y las castañetas con
furor se ponen de su parte. ¡Olé! 11.. .... Atención, bello caballero, esas castañetas hacen un
ruido 16gubre como dos huesosdemuertoque
se chocaran. ¡Olé!. ..... Atención, en la liga de
la hermosa brilla un puñal,y detrás de la capa
del guitarrista está oculta la larga navaja presta á clavarse en tu pecho si cedes á los halagos de la mujer que te quiere............. ..
Baile inf8l0Jtil.-La. niña Carmen R&lt;?sales.

Las guitarras decían en sus cuerdas sonoras
las vagas aventuras y las errantes horas,
volaban los fandangos, daba el clavel fragancia.;
La gitana, embriagada. de lujuria y carillo,
sintió cómo caía dentro de su corpiño
el bello luis de oro del artista. de Francia.

En Sierra Morena.
GIULIO

D' AsPREl\IONT.

ta ttgad6n dt mtxico tn Btlgica

RUBÉN DARIO.

M1JSI CA ESP AÑOLA

Baile infamtll.-Fin de un j8Jl'abe.

Enérgicamente, con mano segura y vibrante, los espafioles de ojos feroces en el fondo de
las 6rb1tas sombrías, puntean la guitarra, en
tanto las mujeres de negras pupilas cantan, se
cimbran, se echan hacia atrás, marcan con un
golpe de caderas seco y nítido el celo brutal.
Sus cantos dulces y apasionados, terribles y
ardorosos, suplicantes como la plegaria, ó provocantes como el deseo insaciable, les embriagan. Verdaderas vírgenes, verdaderas Mesalinas, verdaderas Judits, esas mujeres encarnan de una manera sorprendPnte esta música
que, acompañada de danzas, ya castas, ya obscenas, pero siempre turbadoras, es una comedia 6 una tragedia pavorosa. Es ésta la más
singular mezcla de reminiscencias de himnos
religiosos, de cantos árabes, eróticos y lánguidos, de cantos gitanos, de gritos de rebelión y
de venganza. En estas melodías se desenvuelve toda la historia de la antigua Iberia y al
mismo tiempo, se revela el alma de est/ extraordinario pueblo espafiol en que el sentimiento de la más caballeresca piedad, del amor
más tierno y romancesco, se unen á las pasiones más vivas, á las venganzas más rudas

Damos á conocer en es~ número algunas
fotografías del edificio que ocupa en Bruselaa
la Legación de México en Bélgica y Holanda.
La simple vista de esas fotografías, bastad
para que los lectores de «El Mundo Ilustrado» se formen una idea de la suntuosidad y
elegancia con que están decorados los salones
de la Legación. Esta está situada en el námero 48 de la calle Béliard, y consta de va•
rios departamentos, entre lof:l cuales se distingue ¡:-or la riqueza con que está amuebla·
da. la sala de recepciones. En el &lt;cdetalle" que
reproducimos, y en que aparece retratada la
niña Enriqueta, hija del Sr. Ministro, Lic. D.
Emilio Pardo, pueden verse algunos de los
objetos de arte que la decoran.
El despacho del Sr. Lic. Pardo y la sala de
música, están igualmente amueblados con el
lujo y esplendidez que corresponde al repre·
sentante oficial de nuestro país en la cultísi•
ma naci6n de los belgas. ·
La residencia diplomática tiene una puerta
de salida hacia la calle de Marie Bourgogne.
Entre nuestros grabados figuran, tanto esta
parte del edificio como el vestíbulo que da
acceso á los salones.

Legación d.e Ml1xico en B6l¡ioa.-ll:1 vieetlb•.110.-Vn deta.U• del alón l)r1nc1pal.-Puert&amp; de Allida por 1a. calle Maria Bourco¡pw,

�E L MIEDO
Ese largo y angustioso escalofrío que parece mensajero de la muerte, el verdadero escalofrío del miedo, s6lo lo he sentido una vez.
Fué hace muchos años, efi aquel hermoso tiempo de los mayorazgos, cuando se hacía informaci6n de nobleza para ser militar. Yo acababa de obtener los cordones de Caballero Cadete. Hubiera preferido entrar en la Guardia
de la Real Persona, pero mi madre se oponía,
y siguiendo la tradici6n familiar, fuí granadero en el Regimiento del Rey. No recuerdo con
certeza los afios que hace, pero entonces apenas me apuntaba el bozo, y hoy ando cerca de
ser un viejo caduco.
Antes de entrar en el regimiento, mi madre quiso echarme su bendici6n. La pobre sefiora vivía retirada en el fondo de una aldea,
donde estaba nuestro Pazo solariego, y allá fuí
sumiso y obediente. La misma tarde que llegué, mand6 en busca del Prior de Brandeso
para que viniese á confesarme en la capilla del
Pazo. Mis hermanas María Isabel y María
Fernanda, que eran unas niñas, bajaron á coger rosas al jardín, y mi madre llen6 con ellas
los :floreros del altar. Después me llam6 en
voz baja para darme su devocionario y decirme que hiciese examen de conciencia.
-Vete á la tribuna, hijo mío ... Allí estarás
mejor......
La tribuna señorial estaba al lado del Evangelio, y comunicaba con la biblioteca. La ca-

Legación de México en Bélgica.-Despa.cho del señor Ministro.

pilla era húmeda, tenebrosa, resonante. Sobre
el retablo campeaba el escudo concedido por
ejecutorias de los Reyes Cat6licos al señor de

1

. ,.1-ll~ •
l,

Legación die México en

.

Bélgioa..-Entra.da al salón de m11sica.

Domingo 27 de Septiembre ,de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 27 de Septiembre de 1903.

Bradamin, Ped.ro Aguiar de Tor, llamado el
Chivo y también el«Viejo». Aquel caballero
estaba enterrado á la derecha del altar, el sepulcro tenía la P.statua orante de un guerrero.
La lámpara del presbiterio alumbraba día y
noche ante el retablo, labrado como joyel de
reyes: los áureos racimos de la vid evangélica
parecían ofrecerse cargados de fruto. El santo
tutelar era aquel piadoso Rey Mago que ofreci6 mirra al Niño Dios: su túnica de seda bor•
dada de oro, brillaba con el resplandor devoto de un milagro oriental. La luz de la lámpara, entre las cadenas de plata, tenía tímido
aleteo de pájaro prisionero, como si se afanase pq,r volar hacia el Santo.
Mi madre quiso que fuesen sus manos las
que dejasen aquella tarde á los pies del Rey
Mago los floreros cargados de rosas, como
ofrenda de su alma devota. Después, acompañada de mis hermanas, se arrodill6 ante el
altar. Yo, desde la tribuna solamente, oía el
murmullo de su voz, que guiaba moribunda
la8 avemarías; pero cuando á las niñas les to•
caba responder, oía todas las palabras rituales
de la oraci6n.
La tarde agonizaba y los rezos resonaban en
la silenciosa obscuridad de la capilla, hondos,
tristes y augustos, como un eco de la Pasi6n.
Yo me adormecía en la tribuna. Las niiias
fueron á sentarse en las gradas del altar ; sus
vestidos eran albos como el lino de los pafios
litúrgicos. Ya s6lo distinguía una sombra que
rezaba bajo la lámpara del presbiterio; era mi
madre: sostenía entre susmanos un libro abier•
to y leía con la cabeza inclinada. De tarde en
tarde, el viento mecía la cortina de un alto
ventanal; yo entonces veía en el cielo, ya obscuro, la faz de la luna, pálida y sobrenatural,
como una diosa que tiene su altar en los boa·
ques y en los lagos.
Mi madre cerró el libro dando un suspiro,
y de nuevo llam6 á las niñas. Vi pasar sus
sombras blancas á través del presbiterio y columbré que se arrodillaban á los lados de mi
madre. La luz de la lámpara temblaba con un
débil resplandor sobre las manos que volvían
á sostener abierto el libro. En el silencio, la
voz leía piadosa y lenta. Las nifias escucha•
ban, y adiviné sus cabelleras sueltas sobre la
albura del ropaje, y cayendo á los lados del
rostro iguale~, tristes y nazarenas. Habfame
adormecido, y de pronto me sobresaltaron los
g::itos de mis_he~manas. Miré y las vi en m~d10 del presbiterio abrazadas á mi madre. Gn·
taban despavoridas. Mi madre las asió de la
mano ! huyeron las tres. Bajé presuroso. Iba
á seguirlas, y quedé sobrecogido de terror. En
el sepulcro del guerrero se entrechocaban loe
huesos del esqueleto. Los cabellos se erizaron
en su frente. La capilla había quedado en el
mayor silencio, y oíase distintamente el hueco

y medroso rodar de la calavera sobre su almohada de piedra. Tuve miedo como no lo he
tenido jamás, pero no quise que mi madre y
mis hermanas me creyesen cobarde, y permanecí inmóvil en medio del presbiterio, con los
ojos fijos en la puerta entreabierta. La luz de
la lámpara oscilaba. En lo alto mecíase la
cortina de un ventanal, y las nubes pasaban
sobre la luna, y las estrellas se encendían y se
apagaban como nuestras vidas. De pronto, allá
lejos, resonó festivo ladrar de perros y música
de cascabelf,s. Una voz grave y eclesiástica
llamaba:
-¡Aquí, Cara bel! ¡Aquí, Capitán! ...
Era el Prior de Biandeso, que llegaba para
confesarme. Después oí la voz de mi madre
trémula y asustada, y percibí distintamente la
carrera retozona de los perros. La voz grave
y eclesiástica se elevaba lentamente, como un
canto gregoriano:
-Ahora veremos qué ha sido ello..... Cosa
del otro mundo no lo es, seguramente ... ¡Aquí,
Carabell... ¡Aquí, Capitán! ...
Y el Prior de Brandeso, precedido de sus
lebreles, apareció en la puerta de la capilla:
-¿Qué sucede, señor Graua&lt;lero del Rey?
Yo repuse con la voz ahogada:
--Señor Prior, he oído temblar el esqueleto
dentro del sepulcro! ...
El Prior atravesó lentamente la capilla. Era
un hombre arrogante y erguido. En sus años
juveniles también había sido Granadero del
Rey. Llegó hasta mí, sin recoger el vuelo de
sus hábitos blancos, y afirmándome una mano en el hombro y mirándome la faz descolorida, pronunció gravemente:
-¡Que nunca pue,ia decir el Prior de Brandeso que ha visto temblar á un Granadero del
Rey! .. ....
No levantó la mano de mi hombro y permanecimos inmóviles, contemplándonos sin ha- .
blar. En aquel silencio oímos rodar la calavera del guerrero. La mano del Prior no tembló. A nuestro lado los perros enderezaban las
orejas con el cuello espeluznado. De nuevo
oímos rodar la calavera sobre su almohada de
piedra. El Prior me sacudió:
- ¡Señor Granadero del Rey, hay que saber
si son trasgos ó brujas! ......
Y se acercó al sepulcro y asió las dos anillas
de bronce empotradas en una de las losas,
aquella que tenía el epitafio. Me acerqué temblando. El Prior me mir6 sin desplegar los
labios. Yo puse mi mano sobre la suya en una
anilla y tiré. Lentamente alza"llos la piedra.
El hueco negro y frío quedó ante nosotros. Yo
vi que la árida y amarillenta calavera aún se
movía. El Prior alargó un brazo dentro del
sepulcro para cogerla. Después, sin una palabra y sin un gesto, me la entregó. La recibí

temblando. Yo estaba en medio del presbiterio y la luz de la lámpara caía sobre mismanos. Al fijar los ojos, la sacudí con horror. Tenía entre ellas un nido de culebras que se desanillaron silbando, mientras la calavera rodaba con hueco y liviano son, todas las gradas
del presbiterio. El Prior me miró con sus ojos
de guerrero, que fulguraban bajo la capucha,
como bajo la visera de un casco.
-Señor Granadero del Rey, no hay absolución ... ¡Yo no absuelvo á los cobardes!. ..
Y salió de la capilla arrastrando sus hábitos
talares. Las palabras del Prior de Brandeso
resonar0n mucho tiempo en mis oídos. Resuenan aún. ¡Tal vez por ellas, he sabido más
tarde sonreír á la muerte como á una mujer! ......
R. DEL VALLE-INCLÁ.N.

de armas de México y de Italia, destacándose
entre haces de banderas. En el interior, y
frente á la entrada, se colocó una estatua, imitando mármol, que representaba á la Patria
redimida, y en las callecillas del parque, festones y lienzos de los colores nacionales, que
ofrecían, en conjunto, un hermoso golpe de
vista.
Los puestos, e11tre los cuales se distinguieron por su decorado los de confetti y aguas
minerales, estaban atendidos por grupos de se-

tas fitstas dtl 10 dt stptitmbrt
Con una funci6n que se verificó el 19 por la
noche en el Circo Orrin, y con una brillante
kermesse efectuada en el Tívoli del Elíseo, el
día eiguiente, celebr6 la colonia italiana, en
este año, el aaiversario de la ocupación de Roma por Víctor Manuel.
Las simpatías con que cuentan en México
los italianos y lo glorioso de la fecha que se
conmemora, fueron, sin duda, parte muy principal para que las fiestas alcanzaran un lucimiento extraordinario, pues tanto á la tienda
de Villamil como al Tívoli, concurrieron multitud de familias y caballeros distinguidos,
contándose entre éstos los miembros del Cuerpo Diplomático, altos funcionarios de la Administración Pública y numerosos particulares.
A la función teatral, cuyo programa se cubri6 con «Tosca&gt;&gt; y con algunos trozos musicales ejecutados por la orquesta que dirige el'

La estatua de la Patria.

ñoras y señoritas, tanto italianas como mexicanas. Entre los concurrentes había algm\as
damas y niños que se presentaron vistienklo
graciosos trajes regionaltis.
· ·
La kermesse, que amenizó la banda del l4C?
Batallón, se prolongó hasta después de media
noche.

CROMO ANTIGUO
SONETILLOS

I

La Kermesse.-Un grupo de dailila.S.

maestro Polacco, asistió el señor Presidente de
la República en compañía de . su distinguida
esposa, la señora Romero Rubio de Díaz, y de
su hija la señora Amada Díaz de de la Torre. El
Primer Magistrado fué recibido en el vestíbulo por una comisión especial que enc&amp;bezaba
~·
el señor Ministro de Italia, Cúnde de Vinci,
:;
y al presentarse en el palctrde honor, el pti- - ·• .... blico le tributó una entusiasta ovación.
El desempeño de «Tosca» fué correcto, y la
concurrencia quedó complacida. Al concluir
1a funci6n, la orquesta tocó el Himn'.&gt; Nacional Mexicano, escuchándose entonces en el
teatro ¡vivas! á Italia y á México y á los gobernantes de las dos naciones hermanae..
El adorno del Circo, consistente en guías de
flores, banderas y plantas exóticas, era de muy
buen gusto.

***

Por lo que ve á la kermesse, no cabe duda
que la Junta organizadorll puso todo cuanto
estaba de su parte para hacerla digna de llamar la atención.
La puerta principal lucía un primoroso
La fiesta del 20 de Septlembre.-Adorno de la entrada adorno de flores naturales, que simulaba una
al TfvoL.
portada en cuyos remates se veían los escudos

Tras de las altas techumbres
De los castillos feudales,
En las tierras imperiales
Se ven las lejanas cum brea;
En rejas llenas de herrumbres
Cuelgan los viejos rosales
Y cruzan: por los umbrales
Las antiguas servidumbres.
Junto á los tiernos arbustos
Do anidan los calípedes
Crecen los pinos robustos,
Y se alzan las azoteas
Con sus húmedas paredes
Dominando ras a.ldPas.

II
En el jardín de un castillo,
De un castillo frío y severo,
Bajo del invernadero
Hay un rosal amarillo;
Y por el verde pasillo,
Con paso suave y ligero,
Va un extraño jardinero,
Un jardinero sencillo:
Es la joven princesita,
Adornada de rubíes,
Que rompe Una margarita
Sobre el traje de tisúe!!I,
Mientras bajan los bambúes
A besar los alelíes.
FÉLIX CALLEJAS.

�Domingo 27

de Septiembre de

EL MUNDO ILUSTRADO

1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

La lucha contra el alcoholismo
CONFERENCIAS CIENTÍFICAS

Han demostrado las estadísticas que con
gran cuidado se van recopilando en Francia,
que una de las causas más dignas de teherse
en cuenta por su influencia notoria en la degeneración de la raza y en el decrecimiento de
la natalidad, es el alcoholismo.
Como un Proteo diabólico. el alcohol está
envolviendo en sus redes :i la humanidad,
amenazando seriamente el porvenir de la especie humana, al gr'l.do de que, según cálculos
bien fundados, se puede asegurar «que en los
individuos alcohólicos, la especie se extingue

mejor parte de la campafia. Está demostrado
que por mayores que sean los esfuerzos desplegados por los gobiernos, nunca pueden los
resultados compararse á los que se alcanzaran
por la iniciativa particular.
Es por este, que la ccSalvation Army)&gt; l sociedades análogas en Europa, han merecido la
aprobación y han alcanzado el apoyo de los
ricos y de los gobernantes. Pero no por ~llo
debe dejarse de mano la lucha, y los gobrnrnos de Europa ponen de su parte todo lo que
pueden para alcanzar el mejor éxito en ~ste
sentido. Lo mismo ha hecho nuestro gobierno. Los medios son muchos; pero está demostrado que jamás se podrá conseguir que un
ebrio deje de serlo, si no es por la reclusión
completa y el aislamiento. Las enseñanzas antialcohólicas son de utilidad mayor, especialmente si se acompañan de demostraciones

cia)&gt;, en el recinto limitado de una celda pe
tenciaria, cuando se le lleva á la cátedra
cuentra cierta variedad agradable, que rom
la monotonía de su existencia. Después de
cátedra, tiempo bastante tiene para refle ·
nar acerca de las verdades que se le han ine
cado. El éxito es muy frecuente.
·
Pero como la ley exige que siempre 88
cuentren aislados los reclusos, sería muy
cil evitar el que se comunicaran entre sí en
caso de que se les llevara á una cátedra
una pieza, por amplia que se la quiera su
ner. Precisaba encontrar un medio nuevo
éste es el que se ha generalizado ya en loe p
sidios de Europa. En un anfiteatro amplio
fabrican pequeñas celdas, especie de pai
cubiertos en los qm. solamente un hombre
ne cabida; ve claramente al profesor y la 111
sa de las experiencias, escucha la voz del
tro; pero no puede ni ver, ni menos entend
se con los demás presidiarios.
Es ésta una de las múltiples formas en q
se hace la campaña antialcohólica, que p
sa llevar á cabo sostenida y enérgicamente.
mal es grave; los remedios deben ser h
cos.

Domingo 27

de Septiembre de

EN EL POLIGONO DE SAN LAZARO

NEMO.

PIEDRAS PRECIOSAS.
Fuera más propio y galante
Que, en vez de un pobre decir,
Yo te diera en este instante:
Para tu mano un diamante,
Para tu pecho un zafir.

Pruebas de los cañones B ~ y

St.Ch-amond -Mond:na,gón, reformados.-El señor General Dfaz observando

¿Que no soy rico?-Te inquietas
Porque en la raz6n no estás.
¡Oh chiquilla! Los poetas
Tenemos minas secretas
Que no se agotan jamás.
Cada lágrima que brota
De mi nuevo padecer,
Es un diamante, una gota
De luz que radia en la ignota
Desolación de mi ser.
¿Qué es un zafiro?-Un zafiro
Es un ensuefio de amor
En vago y perpetuo giro.
Un zatiro es un suspiro
Que cristaliza. el dolor.
¿Comprendes ya que te inquietas
Porque en la razón no estás?
¡Sí, chiquilla!-Los poetas
Tenemos minas secretas
Que no se agotan jamás.
ANDRÉS MATA.

tas últimas prutl!as mmtarts.

Una conferencia anitiailcoh6l!ca.

á la tercera generación». Esto quiere decir que
si la humanidad entera, rn estos momentos
estuviera bajo la influencia morbosa del aleo~
bol, dentro de cincuenta afios no existiría
hombre alguno sobre el haz de la tierra.
Se comprende que los gobiernos se hayan
preocupado hondameüte por la causa de despoblación que radica en la absorción del alcohol. Las sociedades modernas llevan un cáncer que las roe, un mal infiltrado tan hondo
que son legítimos los medios más radicales'
cualesquiera quesean, queseempleen para ma~
tar el germen de disolución y de ruina que fermenta en la sangre de nuestros coetáneos. Evidentemente que en la lucha que hay que emprender, sería de desearse que fuera la iniciativa particular la que tomara por su cuenta la

prácticas, concluyentes, que hablen á los ojos
de los oyentes.
. De aquí la f?ncla~i6n de una cátedra especial en l_as pemtenc1arías de Francia, en la que
un médico está encargado de explicará los reclusos todo lo que puede, todo lo que hace y
todo lo que destruye el alcohol. La demostración se acompafia de experiencias en el momento mismo de la cátedra. Los resultados
han sido notablemente buenos.
Entre los presos, recluídos conforme á las
enseñanzaR de la criminalogía moderna en
c~ldas únicas, en los que siempre exist; ya
cierto germen favorable en todo al desarrollo
del alcoholismo, las enseñanzas antialcohólicas tienen una gran aplicación. El hombre recluído, solo, ccconsigo mismo y con su concien-

Cañón de montaña, sistema Bange, reformado.

Hace pocos días que en presencia del
Presidente de la República y del Sr. Mini
de la Guerra, se efectuaron, en el Polígono
San Lázaro, las pruebas de los caíiones
ge y St. Chamond- Mondragón, reform .
por el distinguido artillero mexicano, B
dier Don Manuel Mondragón.
Las experiencias tuvieron un éxito sa
factorio y fueron suficientes, por sí. s.o
para comprobar las magníficas cond1c10
que distinguen á las nuevas bocas de fu
En otra ocasión hemos explicado en qué
sisten las reformas introducidas en los
cañonee, y cuáles son las ventajas que o
cen para el combate.
Las pruebas se vieron concurridas por n
merosos jefes y oficiales del ejército Y por
gunos particulares.

Un disparo con el cañ611 Mondrag6n.

boS

erectos de un disparo.

1903.

�Domingo 27 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

ir en pos de _la _dicha a~soluta, desconocemos que
no puede ex1st1r en la tierra, porque no existe la
verdad absoluta en que debiera fundarse, como
no existe la forma eterna; y la ventura humana
deseada bajo tantos aspectos é incesantemenUl
variable, al igual de todas las formas, no es sino una. dorada mentira.
Pero ya que tormento ineludible y perpetuo del
hombre es y será correr tras lo que imagina. símbolo de felicidad, aunque muchas veces sea. doloroso, negro 6 a.margo, yo he vinculado mi dicha. en mi venganza. Triste felicidad de un instante que no compensará los agravios.
-Yo, en cambio, he vinculado mis esperanzas
y mi ventura en ti, que eres lo dulce, lo bello, lo
blanco; que convidas al amor, al placer y á la.
vida, exclamé en un rapto de apasionada ternura. al verá Iné~ transfigurarse en sibili,. fascinadora., bajo el dominio de sus propios pensamientos, que había. expresado con arrebatadora elocuencia.
Reclina.da. en mi hombro, deslizáronse sus lágrimas al lago. Esas gotas, brillantes como estrellas fugitivas, ¿endulzarían las aguas 6 las
amargaron? . . ..

***

,

€1 Sitio dt la Tsla dt mtxtala
Episodio blstórtco dt la tiutrra dt Tndt~ndtnda
(coxcLUYE)

II
El General Brigadier José de la Cruz, autot·
del bando de Huicha.pan que condenaba á muerte á todo paisano aprehendido fuera de las po blaciones con armas de cualquier especie y á
«quienes tuviesen el menor comercio con algún
rebelde, aunque fueren sus padres, hijos 6 hermanos&gt;· autor también del bando expedido en
Guadal~ja.ra, por el cual se previno que todos
los habitantes de la ciudad y la provincia, usaran en el sombrero, &lt;aunque fuese de palma&gt;,
ur.a divisa roja (color de sangre), en señal de su
adhesión á la monarquía; que á juzgar por sus
partes periódicos, ganaba al mes un número
mayor de batallas que el Cid y Napoleón en toda su vida; que para. insta.lar como autoridad
política á un individuo, vacilaba por temor de
que éste no se atreviera. á fusilar diaria.mente á
diez hombres; que, por último, aun cuando en
puntos de guerra fué sanguinario y cruel, como
gobernante 6 magistrado, en su carácter de Comandante General de la Nueva Ga.licia y Presidente de su Real Audien:iia, entre muchos actos
de ironía desapiadada., tuvo rasgos de generosidad y nobleza; este General español, uno de los
tres virreyes que, según decía Calleja al retirar·
se para. Europa., quedaban en Nueva. España.(*),
irritóse vivlenta.mente de que en el territorio tan
vasto de su jurisdicción-que además de la Nueva Galicia comprendía las intendencias de Guanajua.to y Michoa.cán-pudiera sostenerse en
abierta y victoriosa campaña contra sus tropas,
la guerrilla de Encarnación Ros~s;y colmada su
indignación por el desastre de Lmares, se apercibió para mandar á éste refuerzos.
Llega.da tal noticia á nuestros caudillos Rosas
y Santa Anna, se r,mnieron en Consejo de Guerra. con el presbítero Don Marcos Casr.ellanos y
con Don Luis Macias, duoñ.o de la. hacienda de
«La Palma&gt;, y por indicación del tercero, determina.ron concentrar sus fuerzas en la isla de
(•) Cuando el Gral. Calleja se retiraba del Gobierno colonial dec!a á sus amigos de Veracruz que dejaba tres virrey,is en Nueva España: Apodaca en México, Arredondo en
,Monterrey, y_ Cruz en Guadalajara, y por semejante expre.sión proferida por quien conoctoa perfectamente las condiciones del pa!s, se puede comprender hasta qué punto habla
llegado el influjo de este último en el extenso reino de la
Nueva Galicia, cuando se Je consideraba independien,e del
gobierno virreinal por persona tan competente.-"Apuntes
históricos sobre la guerra de independencia en Jalisco'',,_interesante librito del distinguido escritor jalisciense .1.,ic.
Luia Pérez Verdia,

Domingo 27 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Mexca.la., situada. como á. una. legua al septentrión de la costa en la laguna. de Cha.pala.
A fines de diciembre, veinte canoas nos condujeron á Mexcala, y desde luego, confiado el mando militar de la plaza á Macias, el padre Castellanos se ocupó en los trabajos para la fortificación, que consistió en dos fuertes murallas y varias otras obras.
Ardua. labor sería. la. de enumerar los hechos
de armas que se efectuaron durante nuestro largo asedio. En todas las crisis de la humanidad
ha. surgido siempre un hombre extraordinario
para salvar á. una. nación 6 á un grupo, y así
como en la guerra. general de Independencia de
México so brasa.lió Morelos, en Mexca.la. fué nuestro héroe y jefe supremo Castellanos, excura. de
O!otlán, á quien se encargó la dirección de la
defensa. por la muerte de Don Luis Macias.
Estimulado Linares con el auxilio recibido y
por su afán de represalia, desplegó sin misericordia ni límite su ferocida.d,y encolerizado porque los vecinos de Tizapán proporciona.ron al
gunos socorros á los independientes, mandó exterminar á los habitantes del pueblo y arrasar
éste, cuy as ruinas sirviéronle en breve de sepulcro.
No terminábamos aún la fortificación de la isla., cuando el jefe peninsular, pretendiendo hacer un reconocimiento de nutlstro propugnáculo,
se retiró de la. orilla. del lago, embarcado en una.
canoa. grande y seis pequeñas que, llenas de tropa, lo seguían. Apenas visto por los insurgentes,
atacáronle éstos en cuatro canoas, volcáronle
dos de sus barcas, captura.ron otras, le mataron
á muchos de sus oficiales y á sesenta. soldados,
y, finalmente, hechos prisioneros el mismo Linares y su sobrino el Subteniente Pablo Bustamante, éste y catorce individuos de tí-opa fueron
luego fusilados.
Sólo comparable éon la propia inquina que el
Comandate realista había manifestado en todos
sus actos, fué la que reveló Inés al tratarse de
la suer~ ~e aquél: instó con energía para que se
la permitiese tomar parte en el Consejo de Guerra, y ~a ª1:1 ~ste, fué ella quien con mayor vehemencia. pidió la. muerte del reo en la. más ignominiosa. forma, y así se decretó.
No podía yo mirar sin pena. la ejecución de ese
hombre, hombre al fin, prójimo mío· pero aumentaba. mi aflicción el gozo inmoder¡do y cruel
q.ie, sin disimulo, aparecía en el semblante de
Inés, y a.un en sus acciones; á tal grado que si
no la hubiera yo contenido, ella habría tir~do
de la cuerda. con que fué a.horca.do Linares y hu0

biese hecho al cadáver el último ultraje: escupir
sobre él.
Se estrellaron, sin embargo, contra la volun•
ta.d de aquella mujer incomprensible todos mis
esfuerzos para obligarla á retirarse del patíbulo, frente al cual permanecimos hasta que, ya
entrada. la noche, se nos trajo !'a.orden terminan•
te de Rosas para. que regresáramos á la isla.
Arrodillóse entonces Inés ante el cuerpo y murmuró conmovida algunas frases. Creí que rezaba
por el ajusticia.do, y cuando estuvimos en la canoa, insinué algo á mi compañera. sobre la sin•
gularida.d de su conducta, al implorar la bon·
dad de Dios en el otro mundo hacia el mismo
ser para. quien ella. no había. tenido piedad en la
tierra. Con ardor inusitado, con relámpagos si•
niestros en la mirada y enternecimiento al fin que
se deshizo en llanto, prorrumpió:
.
-No oraba. por él, ni oraba siquiera; me dir1•
gía á mi madre y le ofrecía en holocausto á su
verdugo, pues Linares, porque no supo conservar
'Í. una mujer que huyó con mi padre, asesinó á ésMi,
y no sa.tisfec~o aún su rencor, intentaba desbon:
rar la memoria de su rival en la persona de mi
madre, quien, para. evitarlo, se arrojó por la
ventana y murió.
Esto se lo había escrito el cura Salcedo, confi•
dente de Don Alonso y víctima también del mis•
mo verdugo.
Exaltada la joven por sus resentimientos, parecía. deleitarse con el recuerdo de su venganza,
no co~pleta aún, según dijo, porque le fal~aba
cumphrla en el cura. Alvarez, que proporc1?nó
sus tropas á Linares para el asalto de la ha.cien·
da, pues aquél vino de Guadal aja.re., solo y subrepticiamente. Quise hacer á Inés algunas relle•
xiones procurando demostrarle la nobleza del
perdón 6, en muchos casos, la. felicidad del ol·
vido.
-La. felicidad no existe, contestó con rudo
acento que poco después declinó en tono ríspido
de desolación, tierno á veces, sin embargo. Como el agua se descompone en mil Golores, la. que
llamamos felicidad tiene igualmente mil matices,
según es el prisma á través del cual se ve. Unos
la buscan en el amor y otros en los honores;
aquél la cifra en el olvido y éste en el recuerdo;
ora. se la hace consistir en la. devoción, ora en la
piedad, y no falta quienes 111. persigan en el fon·
do de una botella. de vino, en las figuras de 1;1n~
baraja 6 en las ca.ricias vena.les de una. mu1er,
muchos pretenden alcanzarla. haciendo el m~l .
sus semeja.ntes, y muy pocos en hacer el bien,
pero, en último término, na.die la. encuentra; al

Cerca de cuatro años transcurrieron. En este
período numerosos habían sido los comba.tes. A
Alvarez, nuestros indios, en el puerto de la Peña., le arrebataron gran cantidad de parque y
armas, y en Tlacbichilco, Sa.nta.Anna, después de
reñida pelea., obtuvo completa victoria.. En junio
de 1813, reunidos por el gobierno colonial formiil a.bles a.prestos de guerra., entre los cuales se
contaban cuatrn lanchas cañoneras, una falúa. y
dos grandes canoq,s unidas entre sí por una. cadena., tripula.das estas embarcaciones por más de
seiscientos hombres, á quienes dirigían el Coronel Pedro Celestino Negrete y el Comandante de
Marina español, de brillantes antecedentes, Don
Felipe García., fué ataca.da nuestra fortaleza..
Con admira.ble empuje y valor por ambas partes, se entabló la. lucha, en que al fin sucumbieron bajo lluvia de piedras arrojadas desde la
isla, García y muchos de sus solda.dos; Negrete
perdió dos dedos de la mano izquierda. y tuvo
quo dejar en nuestro poder las dos canoas encadena.das, una caja de parque y un cañón. El resto de la. flotilla se retiró en completo desorden.
A l tener conocimiento de este nuevo desastre,
Cruz acordó cambiar el plan de campaña. bloqueando rigurosamente la isla, en vez de volver
á pretender tomarla por asalto.
Desde entonces, invertida la actitud de los
adversarios, fueron Rosas y Santa. Anna quienes acometían á los destacamentos rea.listas, á
fin de apoderarse de algún botín de guerra. é introducir el sustento necesario para los sitiados.
En marzo de 1814, el mismo Cruz, á la sazón
ya. Mariscal1 se presentó en Tlalchichilco, é impaciente, dio orden para hacer un reconocimiento, que no se atrevieron á ejecutar el Coronel
José Navarro, jefe del bloqueo, y el Teniente de
fraga.ta Manuel de Murga.
A principios de 1815, era. ya. poderosa. la escuadrilla realista entre cuyas embarcaciones mirábase hasta una goleta. con capacidad para 200
tripulantes; pero á pesar de todo, en enero quitamos á los enemigos la fa.lúa. &lt;Fernando en su
Trono&gt;, que no pudieron rescatar en comba.te encarnizado, con tal fin emprendido.

En agosto de 1816, Santa Anna derrotó á un
fuerte destacamento del gobierno en Corral de
Piedra; pero al día siguiente, sus tropas, que habían queda.do al ma.nclo de otro jefe mientras
aquél conferenciaba en la isla con Castellanos,
fueron sorprendidas y destrozadas, pereciendo
trescientos de nuestros hombres y más de cien de
los contrarios, de manera que fué para éstos un
triunfo car o.
En noviembre de ese mismo año (1816), k , resistencia. llegó por fin á ser imposible: no rindieron
nuestro espíritu el miedo 6 la codicia.; ni vencieron nuestro cuerpo el hambre y el cansancio; pe·
ro nuestras filas compactas de gladiadores sere•
nos ante las balas del ad versa.río, se disgregaban bajo el golpe certeroé inexorable de la. peste
que las diezmaba y huhierahecbo desaparecer en
breve. La heroicidad tiene sus límites y era impotente para luchar contra. ese impla.ca.ble enémigo.
Por consiguiente, Santa Anna, al recibir nuevas
proposiciones de indulto que le hizo Cruz por
medio de un emisario, consintió en tener una entrevista con aquél para tratar del asunto.

***
Durante esos cuatro años, mis sentimientos y
el estado de mi ánimo babíanse modificado por
completo. Al día. siguiente de la. ejecución de Linares, Inés, que la víspera, en la. canoa, sólo había contestado mi explosión de amor con su tris•
te soncisa, me ofreció con extraordinaria dulzura.
que seria mi esposa al terminar l a. lucha, si en
ésta no perecíamos, exponiendo que me aplazaba para entonces, porque fuera. una ingratitud
abandonar á nuestros compañeros y amigos en
la. difícil posición que guardaban; además, insinuóme que quizá para. entonces, libre su alma. de
enconos, podría. corresponder á mi ternura.
El corazón huma.no es, por lo común, fácilmente accesible para. lo doloroso, y rebelde á lo agra.•
dable: el placer, si es fuerte, lo mata., y si no,
a.penas lo conmueve; el pesar lo envenena, muchas veces para. siempre, y forjados de tal manera, siempre tememos el mal y raramente confiamos en que sobrevenga el bien. Así, que apenas
repuesto de la profunda sacudida que me produjeron aquel111,s palabras, comencé á cavilar sobre
el móvil que retuviera en la isla á mi amada,
porque no me convencían sus explicaciones; y lo
que hacía tiempo era leve espina, fué entonces
dardo punzante; pues al calor de los celos, mi
sospecha se convirtió en realidad: Rosas amaba
á Inés.
Resignado, no obstante, me abstuve de proferir cualquier palabra de reproche; pero tampoco
la dije de a.mor, aun cuando estaba. persuadido de
que Rosas jamás confesaría. su pasión y de que
Inés no la correspondía. Dió término á esta situación un hecho que na.da tuvo de inesperado:
el de haber sido yo herido gravemente en una. de
las numerosas acciones de guerra en que tomé
parte, la de Corral de Piedra. Transporta.do á la.
isla, hubo de volverme Inés los servicios que le
presté en ca.so idéntico, y al sondear mi pecho
desgarra.do por una bala, vió que me desvanecía;
angustiada., olvidando todos los escrúpulos que
antes la. detuvieran, puso su rostt-o contra. el mío,
y yo, sintiéndome morir en aquel instante, al
darme Inés su primer beso, imaginé que lanzaba
mi último suspiro ....
Desde ese día transformóse el Capitán Juanito en &lt;La. Capitana&gt;. Se hizo pública nuestra.

historia, y el padre Castellanos, en compañía. de
Rosas, vino á anunciarme que él bendeciría.
nuestro enlace. Encarnación me estrechó la mano en silencio: esta. sencilla. muestra. de afecto y
una mirada. suya, fueron para mí la. más segura
prenda de su lealtad.
No cica.trizaban aún mis heridas, cuando se
me comunicó la. sumisión de la isla. El suceso,
que significaba la próxima realización de mis
anhelos personales, acongojó, sin embargo, mi
espíritu, tanto más cuanto que con tal noticia
me llegó la de la. desaparición de Rosas. Pronto
tuve la. triste explicación de este hecho, al recibir una. carta. 9-ue simplemente decía.: «Sean usted y Doña Ines felices. Acuérdense de mí.-En•
carnación.&gt; El portador del pliego, tartamudeando de emoción, logró difícilmente bacer comprender su relato. El bravo guerrillero, después de
entregarle ese papel, habíale ordenado que le
ayudara á conducir hasta el lugar más escarpado de la. playa., uno de los cañones que la defendían. Atóse Encarnación á la pieza, é instantes
después, con sus fuerzas de atleta, la. empujó hacia el agua. y rodó con ella ....
Consumada. la capitulación en las condiciones
más honrosas para los sitiados-condiciones que
por cierto cumplió religiosamente Cruz,-á Santa Anna se le reconoció el grado de Teniente Coronel y se le nombró Gobernador de la. isla., y á
Castellanos, que tenía entonces setenta y cinco
años de edad, se le colmó de honores, aun cuando ni uno ni otro, para someterse á la. paz que se
les exigía, necesitaban otra liga. que su palabra
de honor.

***
Hacina.miento de piedras ennegrecidas en que
serpeaban los reptiles y crecían los jaramagos,
fué todo lo que encontramos de la hacienda. de
Santa María. La solicitud piadosa de algunas
pobres gentes había. erigido con escombros un
pedestal y sobre éste una cruz, en el mismo lugar
en que murió la madre de Inés; cerraban el estrecho recinto algunas palmeras flabeliformes
que parecían puestas allí por la. naturaleza para
defender y asombrar el monumento, y con el
susurro de sus bojas elevar al cielo incesante y
misteriosa plegaria.
En aquel sitio fué improvisada una capilla pa.•
ra celebrar nuestro matrimonio. No falta.ron
azahares con que adornar la frente de la desposa.da; pero antes de cortarlos, fuimos á depositar flores y convólvulos ante una cruz de madera que en memoria de Encarnación Rosas plantamos por nuestras propias manos, en el cementerio, frente á la. tumba de Linares.
Algunos años más tarde, las enredaderas habían unido la. cruz y el sepulcro.
Al ver esto, dije á Inés:
-El tiempo es el olvido.
-El a.mor que todo olvida y perdor;a. todo, es
la felicidad-contestó ella., rodeando mi cuello
cariñosamente con su brazo.
Y así unidos, caímos de rodillas y rezamos á
la vez por el mártir y por el verdugo.
JULIO POULAT.

1903.

CRISANTEMA
Marchita ya desde que naces, mueres
En pulido tibor de fría estancia,
Y te cantan poetas sin sustancia
Y te buscan ridículas mujeres.
¡Oh, qué infeliz! mas qué insensata eres
Soñándote la flor de la elegancia!
¡Mísera flor, sin jugo ni fragancia,
Que ser la reina de las flores quieres!
Vástago no eres tú de Prima.vera:
¿No de ti se rió la esbelta diosa
Cuando te vió venir, la vez primera?. .... .
¿Cómo usurpar pretendes, ambiciosa,
Con esa alborotada cabellera,
El regio trono á la elegante rosa!

E.

FERNÁNDEZ GRANADOS.

SCHEBZO
Solos y juntos un día,
Ella me dijo: alma mfa,
Eterno y tuyo es mi amor
Y siempre tuya he de ser:
Que estoy unida á tu ser
Como al arbusto la flor...... .
Mas vino el siguiente día;
La que me dijo: alma mía,
Eterno y tuyo es mi amor
Y siempre tuya. he de ser,
Se desprendió de mi ser
Cual del arbusto la flor .. . .. .
F'ERNANGRA.NA.,

�Damingo 27 de Septiembre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

:mL MONDO tLUSTRA:t&gt;O

Gusto de ver en los alcores
á los cabritos trisca.dores
que retozando tronzan flores .
Gusto de ver á la zancona
y aleve araña, juguetona
tender su fina red nipona,
por atrapar zumbón mosquito
que lanza un grito con su pito
y con su pito lanza un grito.
Tengo un magnífico palacio,
un ideal y azul espacio:
las odas clásicas de Horacio.
De La Fontaine soy noble amiga
aunque en su fil.bula castiga
'
mi orgullo al lado de la hormiga.
Mas Longo me hizo venturosa:
de Cloe púbera. y hermosa
me dió los senos nieve y rosa.
Súbito un pájaro canalla
en una brusca trova. estalla
y á la cantora. grita.:-¡Calla!
Pues es monótono tu canto,
y lo repites tanto y tanto,
asaz aumentas mi quebranto.
Eres moder11a poetisa
y tus estrofas causan risa
aleteando con la brisa.
No tienen gota. de fragancia,
ni luz, ni ritmo, ni elegancia,
aunque presumas ser de Francia.
Calla. Las aves no sufrimos
que estés rehilando tus. opimos
tardos tercetos monorrimos.
Y terqueando la cigarra,
la. voz del pájaro desgarra
con el bordón de su guitarra.:
Yo soy la musa del estío
y ebria de sol y de rocío,
canto en las márgenes del río.

EL MANTON DE MANILA
-Abre ese balcón, que entre lo que más·falta me hace-díjole á la Niña de los Lunares
Antonio el Garibaldino, al par que se oprimía
con ambas manos el dolorido pecho.
Y abrib la Niña el balcón de par en par, como su marido le indicara, y un torrente de sol
penetró en la estancia, embelleciendo el modestísimo mobiliario.

las colgaduras de colores vivísimos que brillaban al sol en balcones y ventanas; las casetas
de madera rematadas por vistosos gallardetes,
y las pintorescas buñolerías delante de las cuales tentaban al transeúnte á gustar la masa en
su punto, entre guiños picarescos y con su
charla zalamera, algunas gitar,as de juveniles
hechizos, de aterciopelados ojos, tez de bronce y típica indumentaria.
Y absorto en sus poco risueñas meditaciones,
dejó poco á poco el Garibaldinode verla brillante perspectiva y de oír el sonoro repiquetear

Un matrimonio feliz:

ESTUDIO FOTOGRAFICO

(American Photo Art.-S81Il Diego, 6).

tandón d~ la ttgarra
Dt "Jllm de la montaña."

En mi estridente monocordio,
y no en el dulce cl_avicordio, .
rompo de un cántico el exordio:
Yo soy la musa del estío
y, ebria de sol y de rocío,
canro en las márgenes del río.
En los ardores de la siesta,
rimo mis notas con la orquesta
que alada trina en la floresta.
Cuando corusca Febo estivo
-ojo de sátiro lascivoy del cenit llueve oro vivo,
¡cuál me deleitan los sonoros
graves bramido11 de los toros
cuya nariz hincha sus poros,
y que en tropel ansiosamente
llegan á la húmeda corriente
por aplacar su sed ardiente!
Gusto de ver los animales
de las comarcas tropicales
y que el calor torna sensuales:
pláceme ver á la. ventruda
neo-ra tarántula velluda
qu'e 1 para herir, falaz se escuda;
á las hidrópicas iguanas,
cabe las límpidas fontanas,
frescor de eglógicas sabanas;
á los bicornes alacranes
-que son .i::astrero~ dioses Panes-y á lagarti¡as y caimanes.
Gusto cantar con el auxilio
de Coridón, héroe de idilio,
&lt;formósum pástor&gt; de Virgilio.

Respir6 con ansia y fruición Antonio el aire
de la calle, y exclamó, disponiéndose á encender de nuevo el cigarro que el reciente acceso
de tos le hiciera colocar al borde de la mesa.
-Chavó, Niña mía, y si tosiendo se ganaran dineros, me reía yo de los amos del Martinete.
-Pos si toses tanto, es casi porque te da la
repotente gana, que le duele al médico la bo~
de aconsejarte que no fumes; pero tú, como s1
ná, como si se lo aconsejaran al monumento
de Torrijos.
-Tiees toas la razón, pero es que yo ya estoy desesperadito, es que seis meses tosiendo
y con el cuerpo acalenturao, es pa quemarle á
cualisquiera la Santa Bárbara... pero hablando de otra cosa; ¿se puee saber por qué se ha
alevantao hoy con el perfil en corso la prenda
que yo más estimo?
-1Tomal ¿Por qué querrás tú que sea? ¡Porque cá golpe de tos que te da, es un crugío que
me pegan!
- Y por algo más que yo sé... pero cómo
darte gusto, si cá uno de esos mantones vale
más que una túnica pa la Virgen.
-¡Vamos, hombre, déjate de soñar á dormivela! ¡Buenos estamos pa mantones!
-Es que esta noche hay velá en el barrio y
que toas tus amigas sacarán á relucir sus capotes de paseo. ¡Y feílla que estarías tú con
el que trajo ayer á la venta Ja señá Paca, la
vendedora de la Goleta!
-¡Sí que es bonito el pícaro mant6nl Blanco y granate y con flecos de á tercia.... ¡Pero
treinta duros!
-Sí que eso pa nosotros es como si fuera la
estrella Polar. ¡Pero poco ancho que te llevaría yo esta noche adorná con él y matando
gentes con tu cuupecito garboso y con tu carita morena!

***

Dos ó tres horas después, sentado Antonio
en uno de los bancos del Pasillo de Santo Domingo, contemplaba con profunda melancolía
los bandurrios de mozas y mozos que discurrían á su alrededor en animado bullebulle;
Sr. Joaqu1n Hernández.

Sra. Librada Romo de Hernández,

contra el mástil su pecho, enfermo y dolorido,
y &lt;lió comienzo la tremenda lucha.
Esta fué larga y terrible; faltábale al «Ganbaldino1&gt; aire en los pulmones y vigor en los
músculos, pero era preciso triunfar, era preciso llegar arriba, á lo más alto, allá donde bajo el radiante azul del cielo él veía ondular,
no la bandera rojo y gualda, sino el mantón
blanco y granate y de larguísimos flecos que
tan locamente ansiaba él arrojar sobre los curvos hombros de la mujer querida.
Y entre momentáneos desmayos y nerviosas reacciones, lleg6 Antonio, por fin, al extremo del mástil, y pudieron oír y ver los á sus
pies congregados, su estridente grito de victoria al arrancar con mano crispada la vistosa
bandera, y cómo resbalaba rápido y casi inerte hasta caer en brazos del de los Melones,
entre las delirantes aclamaciones de la a.pifiada muchedumbre.
-¿Qué es lo que has hecho?-preguntóle
Juan, mirando asustado el rostro lívido y descompuesto de su amigo.
-Ná ...... -repúsole éste con voz ahogada y
desfallecida -ná, y ahora... ahora vente conmigo, que vamos á buscar á la señá Paca, la
vendedora de la Goleta.

III

Ju AN B. DELGADO.

Publicamos en este número los retratos del
sefior Joaquín Hernández y de la señora Librada Romo de Hernández, cónyugei, de 901
de 76 años respectivamente, que el dfa 8 déf
actual celebraron en la capilla de Merced de
las Huertas sus bodas de oro. La ceremonia
resultó altamente simpática, y á ella concurrieron casi todos los descendientes del feliz
matrimonio, que abmzan el número de noventa.
Terminada la ceremonia religiosa, que con•
sistió en la celebración de la misa, los esposoe,
acompañados de su familia, asistieron á un
banquete que en su honor se había dispuest&amp;
y que fué para cien cubiertos.
Raros serán los matrimonios que, como el
que nos ocupa, cuenten con una historia tan
envidiable de tranquilidad y de goces. Todos
los miembros de la numerosa familia Hernán•
dez viven muy unidos entre sí, y protegen con
verdadera solicitud á em, a::icianos padres.

Domingo 27 de Septiembre de 1908.

de las campanas, el vocear de los vendedores
y el confuso hablar y reír de las gentes, cuando deteniéndose junto á él, preguntóle con cariñoso acento Juanico el de los Melones:
-¿En qué estás pensando, «chavó1&gt;, en la
pesca-del atún ó en el celo de las tórtolas?
-En lo bien que me sentaría una pufialá
en el sitio que yo dijera-repúsole aquel con
voz sorda, al par que miraba lo bien que le
caía su mantón de las grandes rnlemnidades
á Pepa, la Bonita del Altozano.
-Vamos, hombre, déjate de pufi.alás y vámonos á v!lr quifo es el pajarraco que se lleva
en el pico los treinta duros de la cucaña.
-¿Treinta duros es el premio?-preguntóle
Antonio á Juan, al par que un destello iluminaba sus entristecidos ojos.
-¡Treinta justos y cabales!
Y cogiéndolo del brazo, arrastr6 Juan á su
amigo hacia el sitio donde debía tener lugar
el arriesgado espectáculo.

II
No era fácil empresa sin duda escalar el altíslmo mástil en cuyo extremo hacía el viento ondular vistosísima bandera, y ya habfon
resbalado, acogidos por la resonante rechifla.
de los espectadores, Pepe Tarugo, un jayán
bronceado y de recia musculatura, y Periquito la Anguila, un chaval que justificaba sobradamente el mote, cuando exclamó Tofiuelo el
Tarambana disponiéndose á probar fortuna:
-Camará, si pa llegar arriba sa menester
ser de la familia de las palomas mensajeras.
Y ya se dirigía hacia el mástil, cuando Antonio el «Garibaldino1&gt;, arrancándose bruscamente de la mano de Juan, que intentaba detenerlo, salt6 al espacio libre y llegó rápido
al mástil, que ciñó decidido con los enflaquecidos brazos.
-Pero, camará, has perdío la «chaveta»?pregunt61e Juan lleno de asombro.
-Que no vayas á fundar un asilo con esos
«parneses»-le gritó el rcTarambana&gt;&gt; con acento de zumba.
Y Antonio, sombrío y silencioso, apretó

Terminada la fúnebre tarea, sentóse Juan al
lado del muerto, húmedos los ojos y tristísima la mirada.
Y cuando momentos después el señor Paco
el Tallista, que acababa de saber la terrible
desgracia, penetró con rostro conmovido y sudoroso y jadeante en la habitación, pudo ver
á la Nifia que, con el pelo en magnífico desorden y enrojecidos los hermosísimos ojos, apenas si oía los inútiles consuelos de las amigas y parientes, que pretendían amordazar en
ella el dolor que desbordábasele en abrasadoras lágrimas y en irresistibles sollozos.
Y también pudo ver el señor Paco á Antonio el Garibaldino, la flor y nata de sus oficiales, dentro de la humilde caja de pino, forrada de bayeta, colocada sobre el desnudo suelo,
destacándose á los rientes rayos del sol matutinal, con su semblante afilado, de color de
marfil viejo, entornados los rasgadísimos ojos,
entreabiertos los finos labios, en los que aún
se notaban vestigios de la safigi-e vertida, y luciendo á modo de extravagante y brillantísima mortaja aquel mantón de Manila blanco
y granate y de larguísimos flecos, adornado
con el cual ya no podría nunca lucirla de los
Lunares, en las veladas del Per.chel, su cuerpecito garboso ni su carita morena.
ARTl'RO REYES.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 27 de S~tl.embre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

LA GENERACIÓN ESPONTÁNEA
EL OB.IGEJI DE LA VIDA
Los alquimistas, que en las solitarias t~rres de los castillos medioevales, ardían los embrujados hornos aterronzadores Y preguntaban, con
tenacidad solamente comparable con su mala suerte, á la Naturaleza
sus secretos más hondos, creían firmemente. en la generación espon.
táne&amp;. como creían también en la transmutac16n de los metales. Elaecreto de la existencia el famoso «elíxir de larga vidai&gt;, y la trasmutaci6n de los metales i~nobles en metales superiores, «la piedra filosofal,
consumía inútilmente las existencias de los pocos hombres que, de pen.
sar de manera menos fantástica, podrían haber prestado útiles servicios á la gran causa de la humanidad.
·..
La generación espontánea, especialmente, fué un credo
...
científico hasta los afios en que el ilustre Pasteur, casi un con}:·" •·' ,. ·•
temporá~eo nuestro, comenz6 sus admirables estudios acerca:
· · --··
de las enfermedades de las vides y del ganado. Partió Pasteur
~_,,_,. _•·· ··
de ciertos principios perfectamente fundados, basta llegar 6s
."f'.'""-'-"'"....-• ~
conclusiones inesperadas, es cierto, pero de alcance tal, que
-:-~;.:;::...: - ·
la ciencia entera se resintió de su violento empuje. La gene-. :,~ ~:: ·--:::
raci6n espontánea pas6 á la categoría de un mito, de una t..
· ~ - : -,·yenda, de una inconcebible mentira. Los descubrimientoe

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Pero la ciencia jamás ha llegado á saber, de cierto, cuál ea
el origen de la vida. Los admirables estudios de Darwin fun-

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Domingo 27 de Septiembre de 190l.

corriente eléctrica de intensidad y de carácter
especiales, se ve-afirma el Doctor Líttlefield
- que los cristales se van modificando suficientemente aprisa para que se pueda ver el proceso todo. Lentamente se forma en el seno del
cristal un «vacúolo», 6 espacio vacío, eu el que
se ven corrientes de líquido. El vacúolo se ensancha, se cubre de una envoltura especial, se
fo rma en su centro un núcleo. Desde este momento es una «celdilla», y la mezcla en la que
nada, se transforma, y es, en el interior de la
celdilla, un verdadero «protoplasma». El milagro está hecho.
La celdilla que se forma es una «trilobita1,.
Las trilobitas se encuentran en los terrenos
geol6gicos precursores de aquel en que vivieron los anima!es primitivos. Se sabe que la
Tierra, después de producir vegetales enormes,
monstruosos, comenz6 á poblarse de animales,
primero sencillísimos, poco á poco más complicados, á medida que las edades transcurrían,
hasta llegar al hombre. Las &lt;&lt;trilobitas» forman
los primeros rudimentos de vida organizada
en la forma animal.
Las «trilobitas» que el Doctor Líttlefield obtiene, se reproducen, viven, se multiplican,
como se las deje en un sitio á prop6sito. Son,
por ende, organismos animales, verdaderos
gérmenes de vida.
El paso serfa enorme, en el sentido del progreso, de quedar debidamente demostrada la
verdad de los experimentos de Líttlefield. Hay
que desear que no se haya equivocado en FU
experiencia interesantísima.

2

1111

1
dan la teoría de la evoluci6n
de las especies. Se buscay se encuentra-la serie animal que ha de formar la cadena que una al hombre con
el "protozoario»; pero, al llegar á los organismos unice1ulares, la investigaci6n se
detiene, y la Naturaleza
guarda celosamente su secreto.
Nos dicen loe análisis que
tres 6 cuatro cuerpos simples, que en los laboratorios
de química se conocen bien,
forman, por su uni6fi en
ciertas proporciones, la cé1ula primitiva. En las excavaciones de los ge6logos se
van encontrando los animaI La mezcla del Dr. Littlefied, vista al microscopio.-II Cristales
les todos que forman la serie
sal marina; inertes, minerales.- III Cristalización bajo acción de la
rriente eléctrica. - IV Los cristales se modifican á la vista, toman los e
inin terrumpida que sofi6
rácteres de una celdilla viva.- V Un paso más hacia la formación del e
Darwin. Solamente atrás de
mento organizado, vivo.- VI La ctrilobita&gt; completamente formada
la celdilla !le extiende el .viva.
abismo, la nada, el misterio.
¿Se resolverá el problema?
Existe ya un médico de fama, serio y honrado, el Doctor Líttlefield, qué acaba de asegurar, a~
sociedades científicas de renombre, que ha salvado este abismo; que ha descubierto la esencia del m
terio; que ha «creado» la celdilla animal, viva,. fundamental.
.. .
Dice el Doctor Líttlefield que ha hecho repetidas veces las experiencias y que en todas ellas ha o
tenido resultados enteramente iguales, que se encargará de discutir, de comprobar 6 de rechazar u
comisi6n especial.
La experiencia creadora ( que de ser cie
sería la experiencia más memorable hecha
el hombre) es bien sencilla. Consiste so .
mente en lo siguiente: en un vidrio de rel~
absolutamente limpio, estéril, se coloca de
minada cantidad de sal marina-el «cloru
de sodio» de los químicos,-adicionada de oi
ta proporci6n de alcohol, amoníaco y
harina, en cu y os
cuerpos se encuentran los elementos
todos que forman una celdilla animal, un «protozoario,,, es decir, oxígeno, hidr6geno, carbono y ázoe.
Se encuentran, por lo tanto, en el vidrio de reloj,
los elementos indispensables para la formaci6n de un
ser vivo (infinitamente pequeño, es cierto, pero
siempre vivo). Esel«barro» de que hablan los legen,darios textos bíblicos, y solamente falta el «soplo vivificador. »
Si se deja la mezcla reposar, se forman cristales
cúbicos de cloruro de sodio, perfectamente caracterizados. Pero si se hace pasar por el líquido mezclado, puesto bajo el objetivo de un microscopio, una

ta 6tndarmtria 'fiscal
La Secretaría de Hacienda, por conducto
de la Dirección General de Aduanas, ha dispuesto la adopci6n de un uniforme especial
para los individuos que presten sus servicios
en la Frontera, como miembros de la Gendar•
mería Fiscal.
Los uniformes son de pafio azul, y constan
de pantalón de montar, chaleco, chaqueta y
sombrero ancho; teniendo en las vueltas de
las mangas los distintivos correspondientes ií.
las clases de &lt;oabos, gendarmes, etc.
El grupo de gendarmes que hoy publicamos, pertenece á la 1~ Zona, única que cuenta en la actualidad con los uniformes de nuevo modelo. El personal de las Zonas 2~, 3'.t y
4~ se uniformará á la mayor brevedad posible, á fin de que todos los que lo integran
puedan ser identificados en cualquier momento en que las necesidades del servicio lo reclamen.

CARROS ALEGÓRICOS
Como uno de los números del programa
acordado para la celebraci6n de la Independencia, se efectu6 el día 16 por la mañana,
en Mixcoac, un desfile de carros aleg6ricos,
en cuya organizaci6n iomaron parte las autoridades locales y algunos vecinos de la poblaci6n.
Los carros, en número de cinco, representaban la América, el Comercio, la Floricultura, la Agricultura y la Industria, distinguiéndose entre todos, tanto por la originalidad de
su composici6n, como por lo hermosísimo de
su decorado, el segundo y el tercero. E l del
Comercio, adornado, casi en su totalidad, con
flores naturales, llevaba en la parte superior un corazón formado con telas de seda
de los colores nacionales y españoles. Una
esfera de gran tamafio completaba la composición, realzando notablemente su belleza.
El de la Floricultura semejaba una mezquita árabe tapizada de flores de distintas clases.
En el centro del 0arro iba una graciosa sefiorita que representaba á la diosa Flora.
Al frente de los carros desfilaron los alumnos de las escuelas oficiales de la Municipalidad y una numerosa cabalgata.
Para algunas mujeres, la conciencia es un
corsé que se estrecha 6 se ensancha á beneplácito de la duefia.-J. LISE ROL.
Mixcoac.-Ca.rro de fa Horticultura.

�Cárlos Manuel Dnrán.

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>Cárlos Manuel Dnrán.

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diendo Ca.tálo•
gos.

'a

~~~

Esta, es laúni-~
ca. casa, que da. ~
mayor atención á, sus
clientes y que no tiene competidores en el
precio.
Vende sólo á, l o s ' a
comerciantes.
......

UNA MUSETA
"American Photo Art."

,.

�Domingo 4 de Octubre de 1903.

Vicios de nuestro carácter
En esta época por que atravesamos, toda de
lucha por la vida, de selecci6n natural y de
supervivencia del más apto; época feliz en la
que por cada vacante hay cien candidatos, y
mala sea la comparaci6n, para cada hueso hay
cien perros, el talento, la aptitud, el vigor, la
aplicaci6n, son las armas mejores para alcanzar el triunfo, y las sendas más amplias y rectas para llegar á la meta.
Dentro de los regímenes modernos en que
no existen privilegios por ministerio de la ley,
ni posiciones heredada8, ni castas cerradas;
ante la puerta abierta á todos, sin distinci6n
de clases, para llegar á los honores, las riquezas, el prestigio y la posici6n social, sólo el
talento efectivo, el mérito real y la laboriosidad infatigable, son bastantes á hacer salir á.
los hombres de la nada, y á presentarlos engrandecidos y dignificados á la admiración y
al respeto de sus semejantes.
De una manera general así es y así pasa.
La posición, la riqueza 6 el prestigio conquistados son, de cien casos en noventa la
medida del yalor intrínseco moral, intelectual
6 físico, de quien los ha alcanzado, y á juzgar por la regla y no por las excepciones, el
régimen de la libre competencia es el más
equitativo, porque, en definitiva, hace justicia al mérito, y resulta más estimulador
ya que en general alienta y recompensa el es:
fuerzo humano y acrecienta su energía por
medio de una educación intensiva de la actividad inteligente.
La masa de las gentes, entre nosotros, piensa de otro modo, y juzgando de la validez del
principio por el examen de las excepciones que
ofrece; haciendo una estimación defectuosa
de lo que es el verdadero mérito, y creyendo
aunq_ue sin decirlo, que el mérito es uno y n¿
múltiple, ha acabado por invertir los términos y por creer que es precisamente al incapaz á quien sonríe la fortuna, y que es al merecedor á quien vuelve la espalda la veleidosa
divinidad.
Este error tan común nos hace intolerantes
con el sabio, el rico 6 el poderoso injustos
con el paciente y el constante, i~exorables
con el triunfador y envidiosos de todo lo que
brilla, descuella y se impone.
¿Quién en México reconoce dotes virtudes
é inteligrncia al empefiero ó al abarrotero?
Pase reconocerlas en tanto no arriban no prosperan y no nos salpican en las calÍes con el
lodo que huellan sus troncos de caballos· pero una vez enriquecidos á fuerza de labo; de
energía, de habilidad y de audacia merca'ntiles, lo único que sabemos es apellidarlos idiotas, picaros 6 á lo más, afortunados.
Mientras nuestros amigos y conocidos no
llegan á ser diputados, senadores, gobernador~s d_e Estado! altos empleados públicos, capitalistas ó miembros de academias ó sociedades científicas, llevamos nuestra deferencia
basta recoliocerles capacidad honradez ó instrucción; pero no bien sube~ un peldaño de
la escala, levantamos las manos al cielo fingimos escándalo y no cesamos de pregu'ntarnos á qué puede deberse que hombres sin mérito, sin servicios, sin cualidades, ignorantes
como carpas y malos como la peste, progresen, prosperen, se engrand~zcan, en tanto que
otros, verdadera~ente mentoriosos (por hipocresía no nos citamos á nosotros mismos)
permanecen obscuros, ignorados y posterga:
dos.
No tengo idea de que la exaltación de un
hombre sea bien acogida entre nosotros y
contadas son las personas, tal vez en la actualidad no pasen de una, que llegan á convencer á sus conciudadanos, del talento 6 de
los virtudes que las adornan.
Hay, sin embargo, una manera de hacerse
respetar y considerar, y de reconquistar la estima de sus semejantes: venir á menos caer
del pedestal, desprestigiarse 6 fracasar. '
Dentro de la expansibilidad natural de nuestro ca~ácter y dadas cierta generosidad y cierto desmterés que nos son característicos, ¿cómo

EL MUNDO ILUSTRADO

LA CODORNIZ

comprender ese feo vicio nuestro y esa tendencia que tanto desdice del tipo caballeresco
que parece ser nuestro bello ideal moral? ¿CóLlamábase Elena de Naires, y, en plena · .
mo, nosotros, que sentimos nudo en la garventud y en plena belleza, minábala sorda JU
ganta y angustia en el pecho á la noticia del
te la tisis.
menmal ajeno; cómo, nosotros, entusiastas y casi
Los médicos la enviaron al Mediodía
delirantes por todo lo que brilla, descuella y
las primeras heladas, abandonó con su ·'my' ,á
se impone, sentimos tan fácilmente la envido, Rogelio de Naires, que la adoraba su handia y lamentamos tanto el bien de los demás?
' insta.
ermoso mºdo campestre de Av~lles, para
Este vicio es de origen atávico, en parte, y
la~se en Bauheu, en las rnmediaciones d
en parte también de origen educativo. Atávifüa
e
co, sí, del lado andaluz de nuestra ascenden.
El_
cambio
de_
cl~~a
y
la
suavidad
de
ai
cia. Nada hay, en decto, más celoso, más eneJerc1eron al prmcipio una acción saludahl'8
vidioso, más cáustico en la crítica y más sisen el estado de la enferma.
temático en ella, caiga quien cayere, que el
El enamorado esposo estaba encantado
andaluz, que hereda á su vez todos los vicios
bende_cía la mágica influencia de aquella ti y
y todas las gracias de sus antecesores morra milagrosa.
eriscos.
Pero
_El~na
no
se
equivocaba,
pues
su
cruel
Pero la educaci6n ha fortalecido, en lugar
presentimiento le revelaba, sin duda, los ~rde atenuarla, esa propensi6n. La educaci6n,
fidos progresos de la dole1,cia.
la social principalmente, no ha vigorizado en
Con efecto, ~l mal seguía su marcha y connosotros el sentimiento del deber sino el afán
ducía
á la Pª?iente hacia un fatal desenlace,
del aplauso y de la gloria.
'
Sólo Rogeho no notaba la alteración en la
. No sabemos encontrar en la propia conciensalud de _su_ esposa, confiado en el próximo
cia la recompensa de nuestras virtudes y la
restablecumento. Marido y mujer daban larcompensación de nuestros eacrificios. Nos son
gos paseos por los floridos senderos durante
forzosas las aclamaciones, los lauros, los himlos cuales daba el esposo rienda s~elta 6. aua
nos triunfales, las lisonjas de la multitud.
ensueños de esperanzas.
Cuando nos faltan esas compensaciones, nos
Sin embargo, cuando llegaron los calores da
creemos defraudados, burlados, robados. Haabril, 1~ ?ebilidad de Elena se acrecentó de un
bíamos bregado, luchado, vencido, no para
modo visible.
retirarnos á la Cincinato, sino para ser arrasLa infeliz no tenía fuerzas para andar y únitrados como César en el carro triunfal. Tenecarne~te daba vueltas por el jardín, entre lot.l
mos corazón y propensiones de soprano ligera
naranJos, cuya robusta florescencia surgía por
ó de bailarina estrella, vivimos del «bravo »
todas partes con crueles ironías.
del «bis» y de las &lt;(llamadas á la escen~»
En cierta ocasión oyeron Elena y Roge ·
y cobramos en proporción; los ramilletes de
u°: característico canto de ave, tres notas:
la galería son nuestra alfombra· con los lauprimera prolongada, y bre,es las otras dos.
ros de nuestros triunfos hace'mos nuestro
-¿Oyes?, dijo Elena-es el canto de la
lecho de delicias y nuestro pedestal de glodorniz, el mismo que solíamos oír en los
ria, y sentimos envidias histéricas de prima
pos de Avelles.
donna y rencores insaciables de comprimaria
-Sí, contestó Rogelio-el mismo que vol,:
cuando alguien, sea quien fuere, grande ó peveremos á escuchar alli en agosto.
queño, merecedor ó indigno, nos roba una
-No-repusoElena,-porque no podrhol
palmada, un pétalo de flor ó una hoja de
v_er á nuestro castillo. Estoy condenada 6.molaurel.
nr y aquí exhalaré el último suspiro. Lo a6,
Felices los que no saben sentir envidia! Y
porque ayer oí que el médico lo decía al d
de_sgraciados los que la sienten. Hay un sentipedi~se. No lo niegues, porque estaba yo •
miento más grande, más noble y más pródigo
condida tras de una puerta.
en goces íntimos y en felicidad inefable: la
Rogelio trató de protestar contra aque
admiración. Quien no sabe admirar, no puepalabras y cu~rió de besos á su compañera.
de ser feliz ni es digno de vivir.
-Sí-añadió Elena,-me moriré pronto,
te volverás á Avelles, y después de haberm
llorado por espacio de algún tiempo me oM•
darás y te consolarás con otra...... '
-Te juro..... .
-No, Rogelio, ~o m? jures nada. Oye
canto de la codormz baJO los olivos. Cuan
vuelva á cantar en la pr6xima primavera,
no te acordarás de mí.

CRUZANDO LA BARRA
(DE LORD TENNYSON)

Declina el sol bajo la gris techumbre
Donde la estrella de la tarde brilla
La voz del hado sin piedad me no~bral
Quizá silencie su gemir la orilla
·
Cuando la deje por el mar de sombra.
Mas la corriente dormitar parece
Cuando susurra el viento vagabundo
Sobre la espuma que la linfa adorna
Y la ola del piélago profundo
'
Su origen busca y al misterio torna.
Un crepúsculo gélido y brumoso
Y los sones del viejo campanario
Luego el espacio de tinieblas vist~I
Quizá cuando me embarque solita~io
No haya un adiós apasionado y trist~.
Y s~ mis Tiempos y Lugares dejo
A los impulsos de tenaz corriente
Espero ver al Celesti'l.l Piloto
'
Cuando la barra lóbrega y silente
Cruce y me aleje por el mar ignoto.
JUAN

E. ARCIA.

Domingo 4 de Odubl'e de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

so, del mismo modo que
vuelve á encender una antorcha mal apagada agitándola al aire.

lo~ países que us~n plata y los que tienen pat1 on ?ro, y estudiar los medios de dar fijeza al
cambio entre unos y otros. Se tn,.tó también
de la conveniencia de dotar á China de una
moneda de valor estable.
.
Según se _ve en el informe que rindieron y
q~e. ha pubhcado &lt;cEl ~:1_undo» diario, los comisionados_fueron recibidos muy bien por todos l?s gobiernos de Europa, y el éxito de sus
trabaJOS fué bastante satisfactorio.

*
¡Ah! el hombre, ser il6gico, inconsistente y complicado, es tan impotente
para prolongar su dolor come para prolongar su placer!
El río de la vida, donde
todo se sumerge, se aniquila y se pierde, arrastra con
la misma velocidad en su
corriente nuestros esfuerzos
y nuestrasdebilidades,nuestros goces y nuestros sufrimientos.
Al año Biguiente en el
mes de abril, en el 'camino
que conduce de Beaulieu á
San Juan, paseábase Roge•
lío, llevando del brazo á
una preciosa rubia, hermosa y elegante, cuyos ojos garzos le provocaban la adorable embriaguez del amor naciente.
:Mientras Rogelio, consagrado exclusivamente á
las delicias del momento actual, no se acordaba ya de
la pobre muerta, oy6 de
nuevo el canto de la codorniz, ese llamamiente al amor
que las aves de paso lanzan
periódicamente al espacio.
.,Rogelio se detuvo y sintio un escalofrío que lo hizo e~tremecer de pies á cabeza. Parecíale ver
surgir ante sus ojos el fantasma de Elena
murm_urándole con triste voz: «¡Acuérdate:
Rogeho; ac0:érdate de tus palabras!»
-¿Qué tienes?-preguntó la rubia á su
amante.-¿En qué piensas?
-Nada, hermosa mía- le contestó· -la
brusca traslación del sol á la sombra ~e ha
producido una sensaci6n de frío .. ...... .
Habíase realizado la predicción de Elena·
habíase consumad.? el cri;11en del olvido, y eÍ
canto de la codorniz llevabase consigo á través de los olivares, el juramento hecho á la
muerta.

ta Batalla de flores
En los flancos, jardines y marina
Y por ~l centro, heraldos y tambore~
precediendo al ejército de flores
'
que combate en la gloria vespertina.
Nardo Y hortensia, dalia y clavellina
lan_zan el proyectil de sus colores,
Y tien~e, entre los múltiples fulgores,
su ~o~icroma red la serpentina.
Lmos humanos pasan en carruajes
con pétalos y aromas en los trajes
las reinas siendo en la floral bataÚa.
Y entre tantas, triunfante cual ning~na
la del negr? mirar suspira y calla
'
en el boscaJe azul de la tribuna·
naciéndole en el rostro, que arr~bola,
como en campo de armiño, una amapola.
MANUEL

1903.

PICHARDO.

Sr. Enrique C. Creel.

ANDRÉS THEURIET.

Sr. Luis Camacho.

El señor Senador Don Jtgustin del Rio

*
. ,Según su propio pre.sentimiento, Elena m
no_ en su qumta del Mediodía, y Rogelio, h
chido de dolor, regres6 á Avelles acom
fiando el cadáver de su esposa qu'e fué en
rrado en el jardín del castill¿_
Durante los primeros meses que se sucedi
ron, el pobre viudo no sali6 de las ce
de su casa, consagrado exclusivamente al
cuerdo de la que fué su amil.dísima conso
. La soledad en que vivía le era tan n
ria como dolorosa.
. Sentía la nostalgia de las caricias de o
tiempos, y la al~gría de los campos despe
en él una necesidad de amar que casi llega
á avergonzarle.
Hallábase una tarde de agosto asomado
una ventana, cuando de pronto oyó en los
brados ~as tres notas de la codorniz; y aq
llamamiento de las aves de paso le obligb
reconcentrarse en sí mismo
'
. ~xaminóse escrupulosa~ente y se sorp
dio del sesgo que en algunas semanas bab
tomado sus ideas.
.
. Avergonzado de las preocupaciones que
distraían de sus pen~s, comprendió que la
ledad es mala conseJera y resolvió viajar.
Esperaba que el movimiento evivaría sud
lor, conservándolo así más puro y roís in

s.

Sr. Eduar1lo Meade.

ta tomtsión monetaria
Publicamos en este número
l?s retratos de los Sres. D. Enrique C. Cree!, D. Luis Camacho Y D. Eduardo Meade
.
qmenes,
como saben nuestros'
lectore~, fueron enviados por
el Gobierno mexicano á Europa, á una comisión especial.
Los mencionados caballeros
competentes todos en asunto;
de finanzas, se unieron á una
comisión de los Estados Unidos, para recorrer las capitales
de Europa y conferenciar con
los comisionados de cada uno
de los gobiernos interesados en
el comercio de Oriente.
El objeto de esta misi6n fué
e_n general, el de poner de re~
lleve ante los gobiernos europeos, la desventaja que para
tod?s ~os países tiene la gran
oscilac16n en los cambios entre

Vfo_ti~a de una antigua enfermedad de·ó
de existir el día 25 por la mañana en '
J
b bºta ., d 1
,
su casa
a i c10n e a Avenida de Bucareli, el señor
Senador
d
t DonhAgustfo
- del Río, cabal!ero que
. uran e mue os anos desempeñó cargos m
importantes en la Administración pública uy
que contaba en la buena
sociedad
mex·icana
' y
.
.
con mue.h a_s Y merecidas simpatías.
La noticia de la muertt&gt; del señor del R{
cau~ó en México, por lo tanto, una impresió~
muJ _doloroea. Su casa se vió visitada
multitud de personas distinguidas que se a pr~~
suraron á hace~ P!esentes á la familia dei finado sus sen!imientos de condolencia ' el
lecho mortuorio, c?locado eñ la capilla a~d1ente, quedó, en un mstante, casi cubierto o
las c~ronas depositadas ante él por los d
r
Y amigos del señor del Río.
eu os
Los,funerales se efectuaron el día 26 en el
Paateon d~ Dolores, concurriendo al acto l
se~~r Presidente de la República, los señor:"
.
~
)Mimstros de Gobernaci6n y Comun·icaciones
os representantes de las Cámaras Legislativa~
~!~brados para ello, y numerosos partícula-

a

Al morir, el señor del Río desempeñaba el
cargo de Tesorero del Congreso General.

�-

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 4 de Octubre de 1903.

memorativas que el Ministerio de F?mento
francés acordó distribuir entre los Jurados
de los distinlos grupos en que estuvo dividido el certamen.
El total de recompensas que alcanzó nuestro país en la Exposición, asciende á 1,092
premios, cantidad que se descompone como
sigue: 34 grandes premios, 115 medallas de
oro, 243 medallas de plata, 343 medallas de
bronce y 357 menciones honoríficas.
El grupo que obtuvo mayor número de premios, fué el de Agricultura. Las recompensas
otorgadas ascienden á 210, contándose entre

SOLEMNE DISTBIBUCION DE PBEIIIOS
EL TEATRO ARBEU

Hoy por la mañana, según está anunciado,
se efectuará en el Teatro Arbeu la solemne
distribución de premios entre los expositores
de los Estados, Distrito Federal y Territorios
de la República que concurrieron al gran certamen internacional de París de 1900.
El loeal, recientemente reparado y decorado, no lucirá en este día ningún adomo especial; pues se ha creído, y con razón, que cual-

En el camino, cerca de un estanque
,
t h b
, Be encont ro con ~ ro om re que también lloraba.
Le pregunto qué tenía.
El hombre refirió que se le había enea
do de llevar á la ciudad un saco lleno de rga.
que se había dormido cerca del estanqu:ro,
que, durante su suefio, el saco había caídoJ
agua.
Entonces, el mujik le preguntó por qué no
se echaba á nado para buscar su oro.
-Me asusta el agua- contestó el hombre.
No sé nadar. Daría con gusto veinte pie7.a1
de oro al que me sal)ara lo caído.
El mujik pareció alegrarse· pensó:
.-Dio~ quiere resarcirme 'de la pérdida de
mis bestias.
Se desnudó y entró en el estanque; nohall6
nada.
Cua1:1do salió del agua, su ropa había deeaparec1do.
Aquel hombre, que era el otro ladrón habíasela robado.
'
LEÓN TOLSTOY.

En

ti

Jardin.

Con el cauto terror de un bandolero
adelanto á la luz de las estrellas
'
por un vergel de plantas las más bellas
pisando leve el cándido sendero.
'
A rastras, escondido entre el romero
en las zarzas dejando de mi huellas '
arribo hasta las tapias, ¡ay! aquella~
donde mi amor reside prisionero.

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Trepo después allí, desesperado,
por la abrupta muralla, en ansia loca
mudo, trémulo, ardiente, ensangrent¡do;
No bien mi mano la ventana toca
cuando siento el ambiente perfumado
de la estancia ¡y el beso de tu boca!
EDMUNDO DE .uncrs.
Exposición de Parts.- Los diplomas.

quier compostura, por insignificante que fuera, bastaría para que el público no se formara
idea completa de las importantes obras que
se han llevado á cabo para hacer de ese teatro
uno de los mejores y más bien acondicionados
de la capital. Dejando para otra vez la descripción detallada de esas obras, sólo diremos
que, tanto en el patio y en los palcos, como en
el escenario, se ha operado una verdadera
transformación, haciéndolos mucho más cómodos y elegantes. Los que conocieron el antiguo salón, no podrán menos que sorprenderse al ver el estado en que ahora se encuentra.
En cuanto á la fiesta que va á celebrarse es1

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Placas

conmemorativas.- Anverso y reverso.

ta mañana y que presidirá el Primer Magistrado de la Nación, el programa se compone
de un discurso y una poesía, encomendados
respectivamente á los señores Amado Nervo y
Luis G. Urbina, y de algunos números de música cuyo desempeño estará á cargo de la orquesta del Conservatorio. La aplaudida artista Amalia da Roma cantará un vals de Arditi.
En este número publicamos fotografías de
los diplomas y medallas que serán entregados
á los expositores, así como de las placas con-

éstas 10 grandes premios y 2 medallae de oro.
Es indudable que la alta significación de la
fiesta atraerá al Teatro Arbeu un público numerosísimo.

El progreso alcanzado por los hombres,
es más que su pensamiento bajo múltipl
modalidades, formas, necesidades y fines.

LOS TRES LADRONES
un mujik llevaba al mercado de la ciudad,
para venderlos, un macho cabrío y un pollino. Un cencerro pendía del cuello del primero.
Tres ladrones vieron al mujik; uno de ellos
dijo:
-Voy á robarle el macho cabrío sin
que lo note.
Otro ladrón dijo:
- Después, yo ie robaré el asno.
-Tampoco es difícil-dijo el tercer
ladrón.-Yo le robaré toda la ropa que
lleva puesta.
El primer ladrón se acercó furtivamente al macho cabrío, quitóle su cencerro, que ató á la cola del asno, y se
lo llevó.
En una vuelta del camino, el mujik
notó que le faltaba el macho cabrío.
Púsose á buscarle.
Entonces, elsegundo ladrón salió al encuentro del mujik y pregunt6le qué buscaba. El
mujik le respondió que le habían robado un
macho cabrío.
-Le he visto-replicó el ladrón.-Hace
un momento pasa.ha por el bosque un hombre
que conducía un animal como el que dices;
aún puedes alcanzarle.
El mujik corrió en busca de su macho cabrfo; el ladrón, encargado de tener cuidado
del asno, poco tardó efi huir con él.
Cuando el mujik se volvió y se encontró
también sin asno, echándose á llorar marchó
sin ver hacia dónde.
'

Las medalla.s.-Anverso y reverso.

"""""""'"""'"""'"""'======....,======...,,====_:EL::,.,,M:,:U~ND~O:;;,.,,~IL~U::S~T~RA~D~O::..,=========~Do~m~in~g~o.,,:,4 de Octubre de 1903.

LA SOLTERONA
En una de las callejuelas muertas en que
cubos macizos de seis pisos aplastan con su
sombra á las minúsculas casitas con jardincillos, en uno de esos c~llejones de antaño que
huelen á sótano y tienen, en París un aire
indecible de provincia, residía la sefi~rita Ursula.
. Su h.a bi~ción, de tree piezas, daba á los jardmes, _Jardmes. de pob~es enrejados verdes y
raquíticos follaJes, glorietas económicas donde hay siempm sombra, por la razón de que
no se ve nunca el sol.
Una vaquería prolongaba, á la izquierda su
alero largo, y exhalaba por las aberturas ¿lores de establo.
Algo más lejos, en un recinto del tamaño
de un pañuelo de bolsillo, unas gallinas picoteaban y un gran gallo, erguido sobre sus espolones, lanzaba su canto sonoro.
-Como si fuera el campo-decía la señorita Ursula, con cierta afectación, bajando los
párpados y con un mohín en la boca, actitud
q~e, ella consideraba .di~tinguida y que se infhgia como el cumplimiento de un rito.
Nadie en efecto, se fijaba en la corrección
tanto como la señorita Ursula y ninguno la
aplicaba más escrupulosaqient~.
Levantarse, saluüar, andar, hablar no eran
. actos naturales; debía mezclarse
'
'
á sus OJOS,
en ellos algo de formalismo, una especie de
gracia convencional y austera.
Sus reverencias á la antigua moda las hacía
retrocediendo; cuando le tendían la mano
sólo alargaba el extremo de sus dedos fríos'·
cru~r las piernas le hubiera parecido incon~
vemente.
La señorita Ursula tenía la tiesura de una
maestra de buenos modales para grabados de
modas.
En aquel momento, sentada en un viejo sillón ver1e. de Utrecht, se mantenía rígida como en visita, y su rostro, voluntariamente sin
e:rpres~ón, parecía indicar que aun sola consigo misma, observaba la dignidad que se debe á si propia lo mismo que á los demás.
El reloj producía un tranquilo tictac. So•
bre un almohadón reposaba Minouche, la
gata.

Los dos pescados colorados giraban melancólicamente en su pecera.
No se oía, en el barrio desierto, ningún ruido. Era una tarde de domingo.
_ ~sos días, la infatigable actividad de la senonta :i;rs;ila holgaba. Descansaba de sus giras caritativas á los cuatro puntos cardinales
de París, porque, durante toda la semana, una
gran dama la empleaba en investigar, comprobar demandas de socorros y llevar limosnas á
los desgraciados.
Provi~en?ia anónima y dispensadora oculta, la E~nonta Ursula viajaba en ómnibus de
suburb~os, trepaba á los pisos negros y fétidos,
volvía a su casa, después de haber corrido de
la mañana á la noche, mo1ida pero satisfecha.
'
Profundamente buena, y tan buena que los
q~e la conocían no se fijaban en sus ligeras ridic.ule?es, se consolabd. de su vida mediocre,
solitaria, .descolorida, pensando que era útil á
8 ~ 8 semeJantes, y que al trasmitir la caridad
ªJena, tenía con la ilusión de la riqueza los
goces de és~a, sin la responsabilidad.
'
Ese dommgo, como todos los domingos se
había puesto ~n traje de seda obscuro y ~na
gorra de encaJe sobre sus cabellos grises.
. Esta?ª concentrada, tan inmóvil con sus
OJOS baJos, que hubiera sido difícil adivinar si
pensaba ó dormitaba.
Pero. no dormía, pues le hubiera parecido
reprensible; no se duerme de día sobre todo
en su salón. Tampoco pensaba pues bastante
lo hacía durante seis días, c~n los registros
q.ue debía llevar, las notas que tomar, impres10nes y recuerdos que fijar mentalmente.
Saboreaba, pues, el reposo dominical. Se
mecía en el vacío, el silencio y el aburrimiento, no soñaba en nada aletargada en la nada
con los ojos abiertos. '
'

***
Sonó la campanilla de

la habitación. Fué
tan imprevisto, porque nadie iba á ver nunca
á la señorita Ursula el domingo que Minouche, la gata, se sobresaltó y los' pescados encarnados se detuvieron atónitos en su pecera.
¿Se habría equivocado alguien? No, porque
seguían llamando.
La señorita Ursula se turbó: ¿sería un telegrama?; pero ¿de quién?
¿Una mala noticia?; pero ¿de dónde?
Fué á abrir. Era una vecina, la sefiora Buchard, madura, pero buena moza aúu con su
traje grie. Llevaba de la mano un niño mofletudo, con rizos rubios.
¿Una visita? ¡qué amable era! ¡Y qué hermoso niño! Les hizo entrar. Y su mano señalaba sillas, con nobleza.
Pero la señora Bucbard, tan pronto como
se sentó, confesó, no sin asomo de turbación
que su venida era interesada.
'
Invitada á ir á comer al campo con ami~as,. en jira de recreo, y con el te~or de que
el mño-Loulou se llamaba-se fatigara había pensado... entre vecinos... rogar á l~ señorita Ursula que lo cuidara y lo tuviera y entretuviera mientras tanto; pero, sin duda la
distinción de la solterona, lo serio de los sillones rígidos, y las alfombritas sobre las cuales
había que poner los pies, la intimidaban,
porque confusa, después de haber tartamudeado estas explicaciones, se levantó, excusándose de la indiscreción; aparte de todo
b~en podía llevar _á Loulou, por más que lo~
mños en esas partidas de recreo.... y adea:iás
el agua ..... .
--No importa. Confíemelo usted-dijo la
señorita Ursula con bondad;-estoy segura de
que seremos muy buenos amigo!:!.
Pero no e~taba tan segu~a como decía, por
no:hab~r cmdado ~unca mños, y sí vagamente mqmeta po~ ~a idea de los peligros quepodía correr el nmo: caídas, contusiones, empachos, etc.

-Entonces, ¿de veras no le incomodará á
usted? ¡Qué amable es usted!
La señora Buchard salió y la señorita Ursula se quedó sola en presencia del bebé un
p~rsonaje, con. ~us veinte meses, sus pocos
dientes, su nar1c1ta remangada y sus mejillas
de manzana.
Loulou la miraba fijamente y la solterona
perdía su seguridad al conocer que su continente aristocrático, su tiesura toda su distinción reconocida, no ejercían i~fluencia alguna
sobre ese sefiorito, inexperto en buenos modales y con tan poca costumbre del mundo que
cuando ella quiso adelantarse para pone;lo en
sus rodillas, él retrocedió con una mueca de
angustia.
-¡Mamál-llamó, pronto á llorar.
El corazón de la solterona se conmovió dolorosamente. ¡Pobre niño! le causaba miedo.
¡Con ~l que ~o fuera á gritar y á odiarla!
-Mira-diJo con su más dulce voz -vamos
á hacer jugar á la gata.
'
Y tomando de su canastilla de labor una pelota de lana, cosa inaudita, contraria á la prudente economía tanto como á la limpieza la
lanz?, al piso, donde :Minouchc la atrap6, la
arr0JO de un zarpazo y la volvió á tomar de un
salto, desh_aciéndola casi con sus garras.
-También nosotros vamos á jugar.
~e apoderó de la mano del nifio, que ya no
resistía mucho. ¡Oh dulzura de esa manecita tibia, el contacto de ese cuerpo endeble
tanta debilidad y tanta vida!
'
'
- ¡Mira qué lindos pescados encarnados!
Y como éstos, quietos é inertes, la contemp_laban con un~ especie de estupidez, la señori~a Ursula! á nesgo de mojar la filoseda de sus
mitones, hizo un acto extrardinario: azotó el
agua con los dedos, el agua venerable é inmóvil que no renovaba sino en fechas inflexibles
en proporciones infalibles, con lentitud pru~
dente.. Los peces rojos, indignados, saltaron
frefiéticamente, y Loulou encantado alargó
la mano hacia ellos.
'
'

�Domingo 4 de Octubre de 1903.

Ahora, domesticado, estaba muy quieto, en
brazos de la sefiorita r rsula, que le ensefi6
muchos juegos.
Enternecida hasta casi llorar, la sefiorita
Ursula contemplaba al niño, alternativamente serio y risueño, que pedfa ¡más! y 1más! 6
decidiendo que ya tenia bastante, ya voluntarioso como un hombre.
Sentía una sorda. emoci6n, inexplicable y
desconocida, en sentir estremecerse contra ella
el flexible cuerpo, las piernas desnudas, la
carne de leche.
Pasaron horas, interrumpidas por peripecias, 16.grimas, risas, rabietas del niño, bizcochos con leche, la gata, celosa, á la que hubo
que echar á la puerta, hombrecitos de papel
recortados con tijeras, juego al escondite, en
que la solterona. thorror! estuvo á punto de derribar la. puerta.
Y trascurri6 tan bien el tiempo, que el nifi.o,
dormido, reposaba hacía. mucho, envuelto en
un chal, sobre el lecho de la solterona, cuando, á las once de la noche, llam6 la sefiora
Buchard, discretamente, á la puerta.
La sefi.orita Ursula no oy6 las palabras de
gratitud. S6lo tenia ojos para el dulce rostro
y el hermoso cuerpecito: una matern:da.d tardía, llena de todos los pesares, todas las desilusiones, todos los sufrimientos, todo lo incompleto de la vida, se despertaba en ella.
Nunca había conocido el dolor y la alegría.
de ser madre: nunca los conocería.
Y, cuando eRtuvo sola, llor6.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUND0 ILUSTRADO

¡Ah! Los días que han pasado
llenos de sombras están,
y en pos del bien anhelado
del coraz6n es imán
'
el pasado!

Pero cuando se corren «cincuenta kil6metros
por hora», por algún camiuo polvor~e~to, la
sombrilla 1ohl la sombrilla. está prohibida.
No queda más que el velo, espeso como un
sudario 6 las máscaras diversas que los sastres
•sporti~os» han procurado crear, cuidán~ose
únicamente de hacerlas eficaces y prácticas,
sin preocuparse en manera alguna. por la belleza.
Hay que creer que ambos términos eran ~ncompatibles, puesto que, con _raras excepciones, los inventores no han evitado la extravagancia. sino para caer en la fealdad.
Este imagina. una especie de armadura de
tela verdadera lente en la que los ojos apare.
cen ' cubiertos por enormes antiparras
convexas, mientras que una capucha cubre la cabeza y protege los cabellos contra el polvo.
Otro, conservando las disformes antiparras,
cubre la cabeza entera de tisú, abriendo a.bajo

A mi pesar te recuerdo,
si en el mar de la amargura,
como un náufrago, me pierdo;
y si río ... ... me tortura
tu recuerdo!
Yo pensé que en el olvido
pudiera el alma arrojarte
desde tu caliente nido,
¡mas aunque quiero olvidarte......
no te olvido!
FERNANDO DE ZA y A~.

extraños y consiente difícilmente en ocultar
sus rasgos y afearse de esa manera, por lo cual
estima mucho más el velo, que deja su completa apariencia al rostro.
Los burlones, de seguro que se complacerin
en recordar este corto diálogo, atribuído i m
francés y un inglés-creo que diplomáticoe,en el momento de firmar un tratado de pu
en el que Napole6n reclamaba una indemnizaci6n considerable:
-Es asombroso que os atreváis á reclamar
dinero-decía el inglés;- nosotros batallamoa
solamente por la gloria.
-¡Qué queréis, milord-contest6 el otro,se pelea siempre por lo que no se tiene!

PAUL y VICTOR MARGUERITTF..

ta moda y d automooilismo
NUEVAS ELEGANCIAS

La extravagancia, la fealdad, mejor dicho,
la fealdad misma de ciertos trajes 6 accesorios
creados para el uso de las "chauffeuses», deberían alejar para siempre de las lindas cabezas de todas las mujeres bonita11, la idea de
practicar el sport del autom6vil.. .... si es que
alguna cosa fuese capaz de repugnar á una
mujer cuando se trata de gustar de un placer
6 simplemente de obsequiar las exigencias de
la moda.

Ecos de las fiestas patrias
Con motivo del aniversario de la Independencia, la autoridad política de Sombrerete,
Zacatecas, organiz6 un combate de flores para
la tarde del día 16, y algunos otros festejos, que
resultaron muy l ucidos.
En la fiesta floral tomaron parte las familias más distinguidas de la poblaci6n, concurriendo á ella numerosísimas personas de todas las clases sociales.
Entre los concurrentes llamaron la atenci6n
los alumnos de la EscuelaJuárez, que vestían
el uniforme del Ejército, y que á 1~ voz de
mando de sus profesores, efectuaban distintos
ejercicios militares. El grupo fué aplaudido por la precisi6n y desenvoltura con que
marchaba.
La serie de festejos efectuados en Sombrerete, termin6 con una velada literariomm,ical
que se di6 en la Escuela Oficial de Xiñas.
En Ciudad Guerrero, Chihuahua, se cele-

Aspecto del terreno, después de la voladura de la fortificación.

braron también, con el mayor entusiasmo, las
fiestas de la Patria, contándose entre los números del
programa. un simulacro de
defensa y a.taque de un fuerte por el Bata.ll6n infantil
«Guerrero,, v un destacamento del 18? de Infantería.
Las fortificaci6n tenía 20
metros de longitud por dos
de latitud y estaba rematada por dos torreones almenados. Tanto los niños como la tropa del 18?, demostraron durante el simulacro su buena instrucci6n en
el manejo de las armas y
una exactitud y destreza
verdaderamente notables en
los distintos movimientos
que ejecutaron. Los niños,
que simulaban estar heridos
6 muertos, eran llevados á
un "puesto de socorros»,
donde se les obsequiaba con
dulces y juguetes.
Al terminar el ataque y
defensa dt:l fuerte, la enorme obra de mampostería
que lo formaba, fué volada

MIOSOTIS

con poner alrededor de su cachucha un velo
más 6 menos opaco, atado con gusto. El rostro queda así enteramente oculto; pero al menos no se deforma ni aparece grotesco y queda
perfectamente protegido contra la intemperie.
Si ha de creerse á los peri6dicos ingleses
bastante provincia.listas, sin duda la «cha.uf~
feuse» de Ultra.mancha repugna estos medios

SOM'BRERETE.-Un grupo de alumnos de la Escuela "JuA.rez."

......

de la nariz una disforme abertura que da á la
paciente--si así puede de~irse-el aspecto de
no sé qué pájaro fantástico, algo así entre un
loro y una arpía.
Algún otro, creyendo hacerlo mejor, ha procuri.do conservar á la máscara cierta apariencia de vida, modelírndola, esmaltándola, sin
conseguir, por torpeza, atenuar la impresi6n
penosa é irritan le que produce siempre un rostro disfrazado de esa manera.
Por último, hay quien-y esto como un esfuerzo hacia la elegancia-ha engastado sencillamente los enormes anteojos de letrado
chino, en ufi vf'lo de encaje.
Un gran número de apasionadas por el automovilismo, desdefian semejantes invenciones complicadas y bárbaras, y se contentan

Hay que creer, en el caso de que tra
que las sportwomen francesas están de
suerte seguras de su superioridad en cu
nes de elegancia y de tal manera confiadaa
sus encantos, que no vacilan en sacrificar
parte de ellos, á cambio de un placer dem
do vivo, preocupándose únicamente del.
cer que experimentan en correr los camt
reales á gran velocidad, y sin cuidarse
efecto que producen ante los transeúntes.
Sepultar, disimular un talle fino y gracioso
entre los pliegues flotantes de un horrible guardapolvo· hundirse en pesados y vulgares abrigos; arAesgarse hasta á soportar la capa de
cuero rígido y mal oliente, todo eso es nada.
Lo que hay que ver son los aparatos que
se confeccionan en París para df'fender de
las injurias del viento y de los mordiscos del
sol los rostros que, no ha mucho tiempo, no
se 'hubiesen atrevido á afrontar el mediodía
en el campo, tan s6lo por no ocultar sus encantos bajo un velillo un poco espeso.
Y aun en ese caso, la. elegante poseía el recurso de la sombrilla, que, manejada por manos hábiles, es casi tan graciosa como su abanico.

Domingo 4 de Octubre de 1903.

Desde que tu amor me f&lt;1lta,
tengo el cielo de enemigo,
y á mi redor todo salta.
para imponerme el castigo
de mi falta.
La dulce fe no me guía
ni la esperanza me alienta,
ni escucho la melodía
de tu voz, que en la tormenta
fué mi guía.

Monumento A. Renán.

con una &lt;'.argo de p6lvora. En las fotografías
que publicamos pueden verse, tanto el ai.pecto general de la fortificación, como el que presentaba el campo después de la voladura.

monumento á Ernesto Rtnán
Acaba de inaugurarse solemnemente en Treguier (Francia), tierra natal de Ernesto Renán, la estatua de este fil6sofo.
Empeñosamente procur6 el escultor, M.
Juan Boucher, ponerles á la vista á los
conterráneos de aquél, el Renán que conocieron, tal como volvi6 n su tierra casi á la edad
de sesenta afios.
Aparece el filósofo sentado en un banco rústico, con bast6n en la mano, y cerca de él su
sombrero, un fieltro grande. A espaldas suyas se levanta la diosa de la Sabiduría con
quien él sofí.aba: Palas Atenea, á quien invocó en las páginas perdurablemente admirables de la «Plegaria en el Acr6polis».
El monumento fué fundido en París.

�Domingo 4 de Oetubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

tos Sobtranos dtl Hogar
Niños y Niñas

LA INSURRE(CION EN IIACRD0!1A
LA DINAMITA EN ACCIÓN

Por los abundantes despachos cablegráficos
que acerca de los sucesos de Macedonia han
publicado «El Imparcial» y «El Munqo&gt;•, habrán visto nuestros lectores que lejos de desvanecerae el temor de que la insurrecci6n contra el Sultán se extienda y cobre nuevos bríos,
son más remotas cada. vez las probabilidades

de que el movimient6 llegue á ser sofocado
por la Sublime Puerta.
Los rebeldes, dispuestos á sacrificarlo todo
por una causa que sin duda consideran santa,
ensanchan cada día sus dominios; organizan
centros de propaganda para atraerse adeptos,
y en su empefio de resultar á la postre vencedores, ocurren á cuantos medios están á su
alcance para causar al enemigo la mayor suma de males posible.
Entre estos medios, está el empleo de bombas de dinamita eu la voladura de trenes y de
puentes que puedan facilitar á los turcos la
rápida. movilizaci6n de sus tropas.

El grabado que publicamos repres1:mta el
carro comedor de un convoy destruído en parte por los insurrectos. La voladura causó la
muerte de algunos pasajeros.
Un despacho fechado en Sofía el 29 de septiembre, anuncia que la rebelión ha sido pro·
clamada en todos los departamentos de ~ ~ce•
donia que permanecían en paz. Estas noticias,
que indudablemente llamarán la atención del
mundo entero, demuestran que no está aún
cercano el fin de la guerra y que tendremos
todavía que lamentar sucesos ta.n atroces como los que últimamente se han ·registrado en
los Balkanes.

La familia cristiana, fundamento y base de
la sociedad moderna ( que podrá no ser cristiana, pero siempre tiene los caracteres esenciales de aquélla), se basa en la existencia de
los nifi.os. Los nifi.os forman el anhelo sempiterno y la constante preocupaci6n de los padres. No tener niños es algo muy semejante
á no tener tranquilidad.
De cualquier manera que sea, en los hogares humildes, como en los hogares soberbios,
entre gent.1 de poca ilustración, lo mismo que
en las clases profesionales, el nifio forma el
complemento de la felicidad doméstica. Para
juzgar hasta qué extremo el vacío que deja
una de estas pequefias naturalezas frágiles es
sensible, bastará fijar un momento la atenci6n en el rostro de una madre que acaba de
perder al pequeño, y en la manera de ser de
un padre en circunstancias semejantes.
Evidentemente que hay mucho de falso, de
convencional, de ridículo, si se quiere, en el
amor moderno, lo mismo que en su consagraci6n, sea al pie de los altares ó ante la mesa
de un juez del registro civil; pero si existe es.to y no lo vemos; si se olvida constantemente
la parte ineludible y tosca que abate el nivel
de la pasi6n humana, es, s6lo, porque el na-

cimiento de un nifi.o santifica todo; endulza
todo; ah,gra todo.
Y basta ver un hogar en el que falta la risa
franca de un pequeño, basta Pscuchar las quejas de una esposa que no es madre, para calcular hasta qué limite el lazo de unión que
forma un niño es estrecho y fuerte. Es éste
uno de los milagros de equilibrio en los cuales se funda la sociedad en que vivimos. Dos
personas llenas de malas pasiones-por el solo
hecho de pertenecerá la raza humana,-que
en poco tiempo llegarían á considerar la vida
en común como absolutamente imposible,
cambian en un ,;egundo de opini6n, se tornan
tolerantes; de ariscos que eran, olvidan, benévolamente, sus defectos más graves, se ven
con cariño, cuando días antes se herían con
miradas de odio profundo. El milagro lo ha
hecho el nacimiento de un nifio.
El instinto, ya que no el raciocinio, que en
estos casos poco valA y poco significa, lleva,
como de la mano, á la mujer hacia la maternidad. El instinto trasforma á la chicuela vana y alocada, en la madre tierna, abnegada,
devota. Pronto recuerda la esposa cómo arrullaba t. la muñeca en los años de su infancia.
El arte de ser buena madre no se aprende, se
sabe, por razón del sexo mismo.
Pero si un niño, con su sola presencia, llena de rumores alegres el hogar más pobre; si
una criatura ilumina con sus grandes miradas
ingenuas, hasta los más tenebrosos cubiles de
la fiera humana, en sus más atrasados representantes; si es necesario, absolutamente preciso para un hogar, el barboteo de una vocecilla infantil, la enfermedad que nada respets, el crup, el sarampión, la viruela, tornan
instantáneamente el cuadro. La intranquilidad más angustiosa se instala cerca de la cuna del nifio enfermo. El padre olvida sus negocios, se vuelve un pequeño que llora con el
médico y que cree en supercherías; la madre
olvida todo, menos que su hijo se muere. Hay
como una súbita irrupr.ión de miedo en el
hogar, así sea pequeña y pasajera la enfermedad del niño.
Y esto, que sucede siempre y que sirve para afianzar más y más los vínculos de la fa.
milia, es intolerable cuando se prolonga por
meses y por años. Un niño enfermo crónicamente, es algo muy difícil de concebir, algo
que choca r.on nuestros sentimientos innatos
de justicia. Algo que no es dable analizar, pero que se siente muy hondo.
Fácil será evitarlo. Lo más sublime de la
misi6n de una madre, es precisamente que
ella, y nadie como ella, puede responder de
la salud de su h;jo¡ como ella, y nadie más
que ella, puede formar el pequeño corazón y
la pequeña inteligencia en los momentos en
que se abre á todos los vientos y es capaz de
todos los contagios. De no ser por la ma-

Domingo 4 de Oetubre de 1903.

ternidad, el amor humano sería inmundo.
Y la maternidad no reside solamente en el
hecho de dar á luz un pequeño, no. Mayor
suma de abnegación y de cuidados se precisan para los meses subsecuentes. La madre
está llamada para echar los cimientos sobre
los cuales se edificará, más tarde, el edificio
entero de la felicidad ó de la desgracia del hijo. Creo firmemente que es de esta época difícil é inevitable, de la que data siempre el
cariño agradecido de los hijos hacia los padres, y el cuidadoso y previsor cariño de los
padres hacia los hijos.
L:i, infancia llena con sus alegrías el hogar
moderno. En el hogar está el trono de los niños¡ es de ellos la casa, por ellos se adorna,
para ellos se hace confortable. Un hogar sin
nifi.os, será siempre algo absurdo, muy difícil
de entender.
Nuestras ilustraciones hablan por sí solas.
Hasta en el llanto algo hay que hace adorable al niño. Basta con el hecho de que no sea
un hombre ni una mujer, para que merezca
nuestro amor y nuestra protección sincera. Si
en algo se distingue un hombre salvaje de un
hom~re civilizado, es, precisamente, en que el
salvaJe ahandona y mata á los pequeños, porque son débiles, mientras el hombre civilizado los ama y los protege por la misma raz6n:
porque son débiles.
NEMO.

Fotograffas de Arriaga,

�Domingo 4 de Octubre de 1903.

ARTISTAS
Artistas que amáis de coraz6n el arte, cerrad ante vosotros las puertas de lo pasado;
pensad y vivid en medio de los pueblos que
rugen á vuestro alrededor como las olas del
Océano.
La humanidad sufre y está en perpetua lucha; en lugar de inmortaliza: á los h~roes que
sucumbieron en la guerra, mmortahzad con
vuestros pinceles ~ los mli_rtires de ~uestr~s
sangrientas revoluciones. Pmtad med10 t~ndida en el sepulcro á esa misma humamdad;
pintadla cubier~ aún con los viejos h3:rapos
de la aristocracia y de la monarquía; pmtadla cayendo de nuevo en su ensangrenta~o
ataúd á impulso de las lanzas de la barbarie;
pintadla agonizando, llen? ~e podre e! coraz~n,
de úlceras el cuerpo, de tmieblas el alma; pmtadla muerta ya, hasta que, animada otra vez
por el espíritu del que volvi6 la vida á Lázaro, rompa sus ataduras y renazca 3:l m?ndo,
rejuvenecida por el amor y por la ciencia.
Sed constantemente los cantores de vuestro
siglo; sed, si es que sois artistas, sus profe~s.
Contad uno á uno los suepiros de esta sociedad y reproducid los tormentos que los arrancan de su pecho lacerado; removed el fondo de
as miserias de los pueblos y hacedlo aparecer

EL MUNDO ILUS'DRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

á la superficie, para que se estremezcan sus
autores ante su propia obra¡ recoged los votos
y las aspiraciones de los que sufr_en, y apenas
entreveáis el alba de la regeneraci6n, alegraos
y derramad su rocío sobre ~antos corazon~s
abrasados por la desesperaci6n y el sufrimiento.
á .
Dejaos impresiunar por ePe valle de l gngrimas que llamamos mundo; cuando no quepa el dolor en vuestra alma, sim bolizadlo en
los seres que os rodean, ver~dle _á raudales
sobre vuestros cuadros y seréis artistas. Habréis comprendido el mundo y el mundo os
comprenderá; crecerá ~e día en. día vuestra
inspiraci6n y la pcstendad no mirará con desprecio vuestras obras, porque v?rá_ en ellas
vuestros sentimientos, los sentimientos de
vuestra época.
Si s6lo pintáis lo presente, reconocerá eternamente en vosotros á los artistas del siglo
XIX¡ si llegáis, además, á encer~ar lo futu~o
en el círculo de vuestras producciones, seréis
tenidos eternamente como artistas y como precursores. Está abierto ante vosotros un mundo de que podréis hacer brotar torrentes de
poesía; acercaos á él llenos de fe en el porvenir y lo haréis brotar de entre rocas abrasadas
por un sol de veinte siglos.

Domingo 4 de Octubre de 1903.

RIMA

UN COJÍN ARTÍSTICO
Cuando ella pasa junto á mí temblando,
vuelvo atrás la cabeza,
y extático me quedo contemplando
su adorada belleza.
Tornan á mi recuerdo las historias
de los pasados días,
y se desprenden ¡ay! de mis memorias
hojarascas sombrías... •·•

Para ser remitido á la Exposici6n de ~an Luis Missouri, fué entregado á la Secretaría de Fomento por una señorita de nacionalidad espafíola, un hermosísimo cojín de seda, con el que será obsequiado S. M.
Alfonso XIII.
El artístico cojín, valuado en dos mil pesos oro, tiene en el centro,
bordadas con verdadero primor, las iniciales del Rey, y en las esqui-

Prosigo mi camino silencioso,
pensativo me quedo,
y su recuerdo dulce y amoroso
me estremece de miedo.

y entonces me pregunto entristecido,
llorando mis dolores:
-¿Por qué tan presto de mi pobre nido
se van los rmse:fi.ores?
-¿Por qué de la que quiero en este mundo
un mármol me separa?
-Porque hay en ti un abismo.muy profundo
6 es tu alma muy rara!. .....
JOSÉ

M.

de nácar, vestiduras con broches de zafiros, cimeras de esmeraldas en
los cascos, cinturones de turquesas, sedas de azul claro bordadas de
oro y cuajadas de perlas.
¿Con qué comparar aquel cielo de ardiente blancura~ Cuando una
mujer joven y hermosa, floreciente de salud y estremecid~ de placer,
ataviada ya para su boda, sujeta su:i cabellos ~on la perneta de oro,
se adorna con sus collares ele perlas y sus pendientes de rubíes; cua~do todas sus alhajas reflejan sus luces en su carne sonrosada y 1;&gt;alpitante entonces rodea su frente con velo blanco; pero su rostro lo munda d~ luz, y la gasa en que parece ocultarse forma un nimbo que la ilumina.
Así, este mar, bajo su cielo esplendoroso, en su riq~~za de clari~ad
hirviente, y ya alejadas las nubes lívidas, aparece debc1oso y subhm_e
como el himeneo divino de un grande hom~re tras la noche largu~~ima de su desesperaci6n. También su amada tiembla ruborosa, tambien
es demasiado bella, y despierta en nosotros, por simpatía, lo que él por
su mérito.
Ante él como ante ella deja de oírse 6 de verse una cosa aislada,
un ser li~itado, un fragdiento de la vida, es el coro univers3:l de los
vivos, del que se oyen los cánticos de al?gría y las lamentaciones de
dolor es el alma excelsa cuyos pensannentos somos nosotros; la natural~za entera, quebrantada por las necesidades que la mutilan 6 la
destruyen, pero palpitante en el seno de sus funerales y elevando
siempre al cielo, entre la mirada de muert?s que la ~ubre~, sus.manos
cargadas de generaciones nuevas, con el grito sordo, indecible, siempre
sofocado, renacie.ndo siempre, del deseo no satisfecho.

CARBONELL.
HIPO LITO

1903.

T AINE.

F . PI Y l',lARGALL.

MOVILIDADES
Mi cabeza temblaba sobre tu hombro risueño
Cual la flor de un.a planta floresta!: con halago
Repasamos las horas virginales de nn sueño
Tristemente adorable; y en tus ojos un vago
Desamor delineaba silencioso diseño
Sobre el fondo dormido ele las aguas del lago:
A tu talle de virgen se enroscaba el ensueño
Como al astro divino los delirios del mago.
Fué un ayer hechicero, y á través de la au~encia
Tus hechizos me llaman en fl.auteada cadencia
De sonrisas y cantos, de suspiros y besos;
Pero estamos tan solos ...... y el edén tan lejano,
Que olvidé los perfiles de tu rostro lozano
Y el albor apacible de tus ojos traviesos.

INDIOS KIKAPOOS

El doctor" Nutenua.

Un .i:Gkapoo.

Hace pocos días se encuentran en México,
con motivo de algunos negocios que interesan
á la tribu á que pertenecen, dos indios kikapoos que, por lo extrafio de su indumentaria
y lo típico de sus costumbres, han despertado
en el público una verdadera curiosidad.
En sus paseos por las calles y plazas, los in.
dios se ven continuamente rodeados por grupos de gente del pueblo, que no se cansa de
admirar su manera de vestir y que á todo
trance procura imponerse de todo aquello que
se relaciona con ambos «personajes,,.
A prop6sito de esta nota, que la prensa ha
consignado de mil maneras, publicamos nosotros unas fotografías de hombres y mu~eres
kikapoos, así como el retrato de El Conejo,
comanche habilísimo en el manejo de la carabina, que reside en Múzquiz, Coahuila. Entre los primeros figura el ,,Doctor» Nutenua,
que goza entre la tribu de grande estimaci6n.
Por lo regular, los kikapoos se dedican á los
trabajos agrícolas, que les proporcionan los
recursos suficientes para su subsistencia, y viven, desde hace muchos ~ños, sometidos por
completo á la obediencia de las autoridades.

Mujeres kikapoos.

VILLlERS DE L'L,LE ADAII!.

Cojfn que será. obsequiado al Rey de España.

nas inferiores las armas de España. La suma de trabajo y de paciencia
que representan los bordados es incalculable, pues como fácilmmte
puede observarse en nuestro grabado, no hay detalle, por pequeño que
sea, que no acuse en su ejecucil,n una labor tan difícil como dilatada.
En opini6n de los conocedores, el cojín es una de las labores manuales más notables que se han hecho en México de algunos años á esta parte.

€1 des~o y la fantasía
FRAGMENTO

················································ ··· ··················· ·····················
Potencias invencibles del deseo y de la fantasía. Por mucho que se
las combata, jamás perecen. Treinta afios de negocios, de números,
de experiencia se han amontonado en el manantial; ya se le creía seco, y de repente, al contacto de un alma grande, brota de nuevo tan
rico como el primer día; el dique se ha roto, y los materiales pesados,
compactos, que impedían la salida, arrastrados por la irrupci6n, sirven
para aumentar la fuerza de la corriente.
Por un caso extrafio, yo vol vía á ver en aquel momento los paisajes de
la India, únicos dignos, por su violencia y sus contrastes, de suministrar imágenes para tal música.
Al soplar los monzones, las músicas acumuladas forman una muralla monstruosa de humo, que invade todo el cielo y el mar; sobre aquella masa negra vuelan á millares las gaviotas, y la obscuridad formidable, tachonada de alas blancas, avanza hacia la tierra, devorando el
espacio y ocultando los cabos en su vapor densísimo. Los buques entonces se internan en el mar.
Uno de los últimos días claros y buenos, vi desde lejos las Maldivias, doce mil islas pequeñas de coral en un mar de diamante; casi todas están desiertas; el agua duerme en sus senos 6 marca una franja de
plata en sus arrecifes. El sol arroja allí á pufiados sus flechas de fuego;
en las revueltas de los canales brotan corrientes de oro fundido de
entre las dos oblicuas.
La extensa llanura líquida, sembrada de remolinos, parece un metal que sale de la forja, adornado de arabescos; millones de relámpagos
brillan en su superficie, como en las in&lt;.:rustaciones de una coraza; se
diría que es el tesoro de un rajá, armas y joyas, puñales con mangos

Person•ades de zarzue,a.-El lego de los Madgyares.-(Fot. Arriaga) .

�Domingo 4 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUST RADO

El t,ojalattro dt talmacb
Hace años, muchos affos, vivía.el Hojalatero de
Talmach, que subsistía de su trabajo. consistente
en hacer filtros y colocarlos á. domicilio. Y cierto
día pasaba por un sitio donde las aguas habían formado un pantano en el ca.mino. Iba á.
una casa lejana á. colocar una destiladera que le
habían enci.rgado; pero el camino se le hacía
largo, muy largo. A cada paso que daba, se hun-

día en el fango, y al sacar unlpie, se le atoraba
el otro. Era de buen genio el Hojalatero de Talma.ch; pero acabó por fastidiarse y decir: «Que el
diablo me lleve si vuelvo á pasar por el mismo
sitio en mi vida.&gt;.
Procuró salir del atolladero. Llegó á. la ca.sa
donde ya esperaba.n la destilader a, la colocó y
le pagaron tres chelines por su obra.
En el camino de vuelta á. su casa, encontró á.
un viejo, de traza miserable, que le contó una
larga historia de padecimientos y de dolores, le
dijo que se encontraba sin dinero, con hambre y
enfermo, y te1·minó por pedirle alguna limosna.
El Hojalatero de Talmacb metió mano á. su bolsillo, sacó uno de los tres chelines que había ganado momentos antes y se lo dió al pobre, que
se retiró bendiciéndole.
.Media milla má.s a.delante, otro viejo, semejante al primero, pero más miserable aún, se
presentó; refirió su historia de grandes dolores
y de gran miseria, se quejó amargamente de la.
suer te y terminó por pedir al Hojalatero de Talma.ch que. le diera. una. limosna. Era de buen genio nuestro hombre; llevó la mano á. la bolsa.,
sacó otro chelín y se lo dió al anciano, pensando que con un chelín que le quedaba. podrían comer él y su mujer.

Perolá. la media milla de ca.mino, otro viejo se
pl'esentó demandando al Hojalatero de Talma.ch
una limosna.. Era buen hombre el Hoja.latero,
consideró el esta.do de miseria en que se encontraba el mendigo y le dijo:
-Bueno, me queda sola.mente un cbelíndetres
que me pagaron por un trabajo que acabo deba.car en la. casa. de un propietario rico. Pero dividiré de buena gana contigo el dinero, porque me
parece que de veras estás muy necesita.do.
-No-le contestó el mendigo número tres,-no
bagas tal. Ante Dios te juro que cualquier cosa
que sea menos que un chelín, me servirá dll muy
poco y no vale la pena de que bagas el sacrificio, si no ha. de traerme beneficio de ningún gé•
nero.
El Hojalatero metió por tercera vez la mano
en el bolsillo, sacó el tercer chelín de los que le
habían pagado y se lo entregó al pobre.

***

cuarto de un enfermo. fíjate en la cabecera ó en
los pies de la cama. Yo siempre estaré allí para
advertirte. Si me encuentro en la cabecera, es
que debe morir el paciente, y entonces te retiras;
pero si est-0y por la parte de los pies, le das las
gotas y sanará desde luego.

A los pocos días, la esposa del Hojalatero de
Talma.ch tuvo un niño. Y cuando ya tenía ocho
días, lo tomó en brazos su padre y salió de su ca•
sa buscando un podrino que quisiera bautizar á
la criatura. El primer hombre que encontró en su
camino era un rico propietario, que le dijo:
-¿Quieres que sea yo el padrino de tu hij o y
compadre tuyo?
-No; tú eres un hombre rico, pero de mal corazón, y solamente quieres que sea yo tu compadre para explotarme en mi trabajo. Y siguió
adelante, esperando encontrar pronto un compadre en el camino.
Después encontró á la Muerte, que le dijo:
-Sé que buscas un padrino para que lleve á
bautizar á. tu hijo y yo quiero hacerlo. Creo que
te convendrá. encompadrar conmigo.
-Sí-le contestó el Hojalatero,-tú eres la única franca y buena para con los hombres y me
conviene que seas mi comadre.
Y volviendo al pueblo, la Muerte llevó á bautizar á la criatura y hubo fiesta en la casa del
Hojalatero y se divirtieron mucho los invitados,
porque la Muerte estaba de muy buen humor, y
toda la noche estuvo cantando y tocando en el
clavicordio que un vecino había presta.do para
la fiesta del bautizo.
Cua_ndo ya era tarde, la Muerte llamó aparte
al Ho¡alatero y le dijo: «Es preciso que te deje,
porque tengo mucho que trabajar, por lo que he
descansa.do en tu fiesta. Pero no quiero irme sin
darte un regalo, que servirá. para que hagas la
fortuna de mi ahijado. Toma este pequeño f rasco de vidrio y cuídalo mucho. Cou unas ('uantas
gotas de este líquido que le pongas en la boca,
sanará c~alquier hombre, alto ó bajo, r ico ó pobre, á quien asistas como médico, con la única
condición de que no sea su última enfermedad.
-¿Pero cómo podré saber que es su última
enfermedad?
-Tienes razón. Mira, siempre que entr es al

***
El Hojalatero de Talmacb puso un letrero en
su casa en el que anunciaba que había aprendido á curar y que era ya un médico. Afluyeron
los enfermos, porque muchas ocasiones salvó la
vida de los que aparecían como incurables. Y
sobre todo, porque siempre era su diagnóstico
seguro, y cuando decía que una persona se moría, se moría de cierto.
Ganó mucho dinero y compró una casa que la
hiio transportar, pagando muy caro, al sitio
donde siempre había tenido su cabaña. Pero sucedió que la fama había corrido por todo el rei•
no, y el Rey estaba enfermo y los médicos no
acertaban á curarle. Mandó que fuera el Hojalater o y le dijo:
-Buen hombre, me han contado que sabes
cur ar muy bien, y quiero que me cures, por que
mis médicos no han podido hacerlo.
El Hojalatero se fijó en que la Muerte estab a á
l a cabecera de la cama, y le hacía seBas de que
no debía darle a l Rey las gotas mágicas .

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tro&gt; ni una «Ave .María&gt; en cuarenta ailos y
cuarenta meses.
Y la Muerte se desesperó y maldijo. y nada
de raro tenía.

***
Por cien ailos el Hojalatero de Talmach siguió
curando con las gotas del frasco, que nunca se
agotaba. La Muerte Je perseguía; pero nunca
lugraba engañarle. Una noche vol vía el Hojalatero á su c11 sa, y se encontró con un joven que
se quejaba. amargamente.
- Yo soy el Hojala.te1·0 de Talma.ch, le dijo, y
puedo curarte de tus males.
-¡Ay hermano! le contestó el muchacho, yo
he muerto hace trescientos años, y solamente peno porque no hay una alma caritativa que quiera hacerme la caridad de rezar poi· mí un «Padre Nuestro&gt; y una. «Ave María&gt;.
Como era de buena alma el Hojalatero, sin
decir nada rezó l as oraciones. Al terminar de
hacerlo, el muchacho se transformó en la Muerte, que le dijo:
-Has rezado ya y me perteneces.
Nada tuvo que decir el Hojalatero. La Muerte le llevó á. su lado, primero al Cielo. San Pedro, que les abrió, preguntó el nombre del Hojalatero, consultó su gran libro y le dijo:
-De ninguna manera puedo admitirá un hombre que, puesto á escoger tres cosas, no escogió
primero la. bendición de Dios. Fuera!
Bajaron al Infierno; pero a.penas el Diablo
vió al Hojalatero, dió grandes alaridos, acordándose de los golpes de la herrería., y cerró su
puerta dis:iendo que nunca lo admitiría.
Volvieron al ca.mino de la Tierra. Pensaba
la Muerte qué haría con aquel hombre á quien
na.die quería recibir. Finalmente le pregunto qué
era lo que deseaba.
-Puesto que tú me has acompañado y me has
obligado á. seguirte, dijo el Hojalatero, deseo
que me hagas de nuevo un hombre y que nunca
te acuerdes de mí, por los siglos de los siglos.
Y la Muerte así lo hizo. Pero pocos siglos habían pasado cuando ya el Hojalatero de Talmach se ha.b,a convertido en una ruina, capaz
de dar compasión á la misma Muerte. El Tedio
nació de él. Y buscó á la Muerte suplicándole
que le llevara.
-No puedo hacerlo-Je contestó;-tú mismo
me has pedido que siempre sea tu vida respetada, y lo he prometido. De hoy en adelante, siempre hCOmpañarás á los hombres.
~ es por ~sto 9ue, en los banquetes, en los
bailes, en la iglesia, en la calle, dondequiera,
en todos los siglos de los siglos, que el hombre
se congrega, siempre el Hojalatero deTalmach,
convertido en el Tedio, que nunca puede morir,
p_o rque la Muerte le rechaza, acompaña. á. los
circunstantes y se encuentra en el corazón mismo de todos.
Arre¡lo del inglés para "El Mundo Ilustrado"

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•

Domingo 4 de Octubre de 1903.

Dió entonces las gotas famosas al Rey, que se
levantó luego y le elogió mucho, dándole un
costal lleno de o~za.s de oro, con su sello, que
valía cada una cien chelines de plata.
Pero cuando más contento se retiraba el Hojalatt:ro de Talma.ch, la Muerte, muy indignada,
~e sa.hó al encuentro en un solar solitario, y le diJO que había quebrantado el pacto. Que le había
prometido que curaría. con las gotas del frasco;
pero que siempre que ella estuviese á. la cabecera de los enfer mos, los dejaría. tranquilos. Que,
por consecuencia, debería él mismo perecer.
. -Tienes razón que te sobra, COLltestó el Ho¡alatero; solamente te pido, por favor, que vaya~os á. mi casa para morir en ella., porque es
meior a.sí, y no que me muera. en el ca.mino.
Consintió la l\Iuerte y llegaron juntos á la casa. El manzano mágico estaba cubierto de manzanas apetitosas.
-Mira, comadre, dijo el Hojalatero á la Muerte: mientras saludo á mi mujer, para. que no se
asuste, hazme el favor de cortar una manzana,
que la boca se me ha.ce agua. solamente de verlas.
La Muerte cc,gió uno de los frutos y quedó,
en ese momento, pegada al árbol, y solamente
la voluntad del Hojalatero podría haberla. sepa.r1:1,do, por lo que éste la dejó pegada. por cuarenta años.

co en uno de los yunques, en el más grande que
había en el taller.
-Al venir en el camino -dijo,- he notado que
algo se mueve en mi saco, algo que no puede ser
bueno. Así es que si me hacen el favor mis buenos amigos, deben tomar cada uno un mar tillo
grande y dar recio sobre mi saco en el yunque,
hasta que lo que se mueve haya muerto.
Los herreros eran seis y todos muy fuertes.
Cogieron sus martillos de trabajo y comenzaron
á dar recios golpes. El Diablo chillaba más y
mejor ; pero no podía salir del saco sin que el
Hojalatero de Talma.ch en persona lo sacara de
ahí.
Cada~ vez que el martillo, con un bonito compás, caía sobre el yunque1 el Diablo daba una
gran voz; y mientras mas gritaba, más fue rte
pegaban los herreros, alarmados con la voz des•
conocida del Demonio.
Cuando se cansó de gritar, prometió al Hoj alatero que no le haría mal si le soltaba. E l Hojalatero consintió y el Diablo salió en forma de
una fuerte llama1·ada de fuego.

En ese momento las vestiduras del mendigo cayeron, una viva luz le iluminó y el Hojalatero
vió que tenía ante sí una persona lujosamente
vestida. y de facciones muy agradables.
-Yo soy un á.ngel-ledijo- quehesidoenviado por Dios á. ver si es cierto, como se dice, que
tienes muy buen corazón. Te be seguido por todo el camino y me be convencido de que eres caritativo en demasía; porque sé bien que tu mujer
te espera para comprar la cena, porque nada
queda en tu bogar para comer. Dios me autoriza para que, en premio de tu buen corazón, te
haga yo tres gracias. Pídeme tres cosas y te serán desde luego concedidas.
Por un momento, el Hojalatero de Talmacb pensó cuáles eran las cosas que más podrían servirle. Se acordó de que había tenido muchas molestias y no pocos dolores á. consecuencia de que
los vecinos aprovechaban sus descuidos para.
robar los objetos que dejaba en su bolsa, en la
que acostumbraba llevar sus utensilios de trabajo. Así es que pidió, por primera gracia, egue
todo aquello que él pusiera en su bolsa de trabajo, sola.mente pudiera salir cuando él, personalmente, quisiera. sacarlo de ahí, y no en otra
circunstancia&gt;.
Una vez concedido por el ángel, el Hojalatero
pensó cuál sería la segunda de sus peticiones.
Se acordó de que tenía en su pequeffo jardín un
gran manzano y deque nunca podía coger la fruta, porque antes de que madurara, los muchachos de Talmach la robaban. Y pidió por segunda gracia «que todo aquel que tocara su manzano se quedara prendido á. él basta que personalmente fuera. á. ponerle en libertad.&gt; Le fué concedido.

Y por tercera gracia pidió cque su canasta la
que le servía á. su mujer para ir al mercado ~na
vez que estuviera llena de provisiones n~nca
jamás, se vaciara por completo&gt;. Le f;é conce'.
dido también.
-Pero-le dijo el ángel-creo que has hecho
mal, porque lo primero que deberías haber pedido, era la bendición de Dios.
-Seguramente que hubiera sido bueno-contestó;-pero no por estar bendito, dejarían de
robarme mis útiles de trabajo, ni dejarían de comerse mis manzanas, ni dejaría de tener días de
poco comer, aunque mi hambre y la de mi mujer
fueran muy grandes.
_El ángel movió la cabeza y desapareció en el
viento.
Diez días después, sin acordarse ya de su juramento, el Hojalatero de Talma.ch fué llamado
á componer el filtro que había colocado la tarde
en qne le fueron concedidas las tres gracias
Pasaba por e~ mismo pantano y se cansaba. y~
de sacar un pie, para que se le enterrara. más el
otro, cua.n~o el Dia~~? se le apareció y le dijo:
- Hace die~ días d1Jiste que &lt;si volvías á. pasar
por este camrno, te debería llevar el Diablo&gt; y
aquí ~stoy para recordarte tu juramento.
'
. - Tienes razón, ahora me acuerdo de que es
cierto.. Estoy á. tus órdenes. Y siguieron ¡untos
el ca~mo, hasta ll~gar á las cercanías del pueblo, Junto á las primeras casas, donde el Hojalatero de Talma.ch le dijo al Diablo:
- Todos los vecinos del pueblo me conocen y
me daría vergüenza que me vieran pasar en tu
compañía. .Mientras llego á. donde me necesitan
hazme el favor de hacerte pequeñito para que~
l?~eda yo ocul~a1· en mi saco, donde llevo mis
ut1les de traba.Jo. Así me vigilas y nadie puede
verte.
El Di~blo no tuvo inconveniente en hacerlo.
Se re~u¡o al 'tamaño de un pedacito de plomo, y
el Ho¡ al a tero lo colocó entre .los demás que llevaba en su saco, llegándose así á. la ciudad
•-~n ella había un banco de herrar cuy~s ~aba¡adores eran buenos amigos del Hojalatero de
Talma.ch. Este llegó á la fragua y colocó su sa-

EL MUNDO ILUSTRADO

E

-Lo siento mucho, Majestad, dijo; pero es
absolutamente imposible que aplique yo mi ciencia á. vuestro caso. Es inútil todo.
-Cómo se entiende-dijo irritado el Rey ante
l a idea de que debería morir. - Curas á los mendigos y á los que nada te pagan, y no me has de
curar á mí. Te advierto que del Palacio no sales si antes no me has curado por completo, y
gue haré que te maten á. palos si no cumples con
este deseo mío, que es obligación tuya.
El Hojalatero estaba muy intrigado. Reflexionó sobre su situación por espacio de algunos
minutos, y dijo al fin:
-Que salga todo el mundo de la cámara, menos el Rey, yo y cuatro soldados bien fuertes.
Se hizo así, y antes de que la Muerte pudiera
protestar, el Hojalatero ordenó que los soldados
cogieran la cama y la invir tieran, esto es, que
pusieran la cabecera en donde primero estaban
los pies, y viceversa.
Entonces la Muerte quedaba en los pies y no
en la cabecera.

Y en este tiempo fué y dió las gotas, y como
nunca estaba la Muerte en la cabecera, nunca se
morían los enfermos, y los panteones quedaron
vacíos y el Hoja.la.tero de Talma.ch se hizo muy
rico.
Cuarenta años después el Hojalatero volvió, y
la Muerte, que se cansaba de estar pegada á la
manzana, le dijo:
-Te doy cuarenta años de vida si me sueltas.
El Hoja.latero consintió en ello, y en esos cuarenta años los panteones se llenaron, pues la
Muerte estuvo muy ocupada haciendo todo el trabajo que faltaba en la Tierra, por su forzosa
inactividad anterior. Pasados los cuarenta años,
filé á ver al Hojalatero y le dijo:
-Ha. llegado el tiempo. Ven conmigo.
-Tienes razón que te sobra. Solame::.te te pido que me dejes despedir de mi mujer y de mis
hijos. Mira: está ardiendo este cabo de vela, sólo te pido que me dejes libre hasta que se haya
terminado.
La Muerte vió que el cabo, que era muy pequeilo, solamente ardería unos cuantos minutos,
y no tuvo inconveniente en dar el permiso que
el compadre le pedía.
Cuando lo hubo dado, el Hojalatero sopló el
cabo de vela y lo enterró á cien pies debajo del
suelo. Y la. Muerte tuvo que trabajar otros cuarenta ailos buscando el sitio donde estaba el
cabo.
Cuando lo encontró, lo encendió desde luego;
cuando se hubo terminado, buscó al Hojalatero de Talma.ch y le dijo:
-He cumplido mi palabra. Ya se acabó el cabo de vela y vengo por ti.
- Me parece razonable-le contestó el Hojala.tero. - No tengo más que pedil'te sino que me dejes decir un «Padre Nuestro&gt; y una &lt;Ave María,&gt; porque en los últimos doscientos ó doscientos cincuenta affos, he descuidado un poco
mi alma.
-También me parece razonable, dijo la Muerte. Justo es qua te permita yo, ya que eres mi
compadre, que te pongas en gracia..
-Bueno; pues ahora no rezo un «Padre Nues-

JII [ago teman
Nada iguala el encanto, la pureza
De tus aguas azules y dormidas,
Oh lago de las márgenes floridas,
Inexhausto raudal de la belleza!
En ti Byron reclina la cabeza

Y soñando en tus playas escon&lt;lidas
Dulce bálsamo brinda á sus heridas '
El otoño en su lánguida tristeza.
Tus crepúsculos de oro son divinos!
El sol deja en tus cielos opalinos
Los dibujos fantásticos de Goya ......
La existencia, á tu lado es sueño breve·
Y ascendiendo, cual águil~s de nieve
'
Te saludan los Alpes de Saboyal
'
LEOPOLDO DiAz.
Ginebra, junio de 1903.

�Domingo 4 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRA.DO

A juzgar por lof' rendimientos que dejó ála
empresa la corrida de inauguraci6n-S6,000
en números redondos,-es indudable que en
lo sucesivo obtendrá muy buenas gauancias
pues para ello cuenta con u~ público, en s~
mayoría compuesto de americano~, muy poco
exigente en todo lo que se relaciona con la
faena de los diestros y con las buenas condiciones del ganado.
.
.
Publicamos además de una vista exterior
de la Plaza y de otras del interior, el retrato
del señor Ingeniero Pani.

NUEVA PLAZA DE TOROS
Con una corrida que se efectu6 el domingo
20 del pasado, fué inaugurada en Ciudad Juárez una magnífica plaza de toros que se levanta en la calle del Comercio y que, tanto
por su buena distribuci6n, como por la clase
de materiales con que fué construída, puede
coMiderarse como la mejor de la República.
La plaza, un poco más reducida gue la
«México&gt;&gt; la de Puebla y la de Moreha, está
hecha, p~ede decirse, á perpetuidad; sus ~mplias y bien dispuestas graderías son macizas
y están revestidas con cemento, y las lumbrera!! que protege una hermosa arquería, son,
en 'cuanto á comodidad y elegancia, una verdadera obra maestra. Al rededor del edificio
y para aprovechar loR huecos que d~ja_ron las
gradas, se construyeron algunas vivien?as,
que producen á la empresa un_a r~nta considerable. El costo total del edificio se eleva á
$47,600.
La fabricaci6n de la nueva plaza estuvo encomendada al señor Ingeniero Camilo Enrique
Pani hombre muy estimado en la Frontera Y
parti~ularmente en Ciudad Juárez, do~de_ ha
construído con éxito otros muchos edifici_os.
A este ir.teligente Ingeniero se debe también
la construcci6n de la plaza de toros de Aguascalie::ites.

uusos sencillos
Yo pienso cuando me alegro
cual un escolar sencillo,
en el canario amarillo
que tiene el ojo tan negro.
Yo quiero, cuando me muera,
sin patria, pero sin amo,
tener en mi losa un ramo
de flores y una bandera.
JosÉ

MARTL

Domingo

4,

de Octubre de 1903.

ceesfibradora "Ruiz @sorio"
UN INVENTOR YUCATECO
El creciente progreso que alcanza el Estado
de Yucatán, debido muy especialmente á la
considerable alza del precio del henequén su
principal y puede decirse única produc~i6n
en los mercados extranjeros, ha impulsado e!!.
los hijos de la Península grandes alientos para lograr no s61o alto grado de cultura social,
sino lo que efitraña carácter singular digno de
todo encomio: proporcionar á los labradores
de sus campos mayor número de facilidades
en el trabajo, procurando economías de importancia á los capitalistas y útiles de notoria
significaci6n á la industria.
Uno de los yucatecos que en estos últimos
tiempos se ha distinguido más por su espíritu
progresista y por su empeño de facilitar las
rudas faenas del campo, es el señor Don Tomás Ruiz Osorio, quien á sus dotes de hombre laborioso, ha sabido unir conocimientos
muy estimables en mecánica, á la cual ha consagrado, desde los primeros años de su juventud, una existencia que está siendo fecunda en
bienes para el jornalero, necesitado más que
otro alguno en aquella regi6n de la costa, de
medios que amengüen la dureza de su cuotidiana tarea.

*

Don Tomás Ruiz Osorio consagr6se, años
ha, con decisi6n verdaderamente inquebrantable, á buscar el medio de que el filamento del
henequén obtenido por máquinas más 6 menos complicadas y que entre sus cuchillas desfibradoras dejaban gran parte de los productos
de ese riquísimo agave, resultara de más pingües ganancias para el hacendado. A esto tendieron su perseverancia y su labor continua
que han rendido el fruto deseado, con la in-

tremo rudimentarios de que
se valieron por mucho tiempo. Y con sobrada raz6n de
unos y otros. Más que el
valor de cada máquina, el
hacendado se encontr6siempre en la necesidad de aumentar con grandes cantidades las partidas de egresos, para atender á la com postura continua de las desfibradoras que servían en
sus fincas, y el jornalero sentía profundo temor y retardaba su trab11jo, porque en
la máquina veía no una
amiga que lo ayudara eficazmente, sino un enemigo
pronto á mutilar sus brazos,
y, las más de las veces, á
causarle la muerte entre las
afiladas ruedas.
La máquina del señor
Ruiz Osorio puede ser manejada por un jornalero cualquiera, aunque carezca de
los más rudimentarios conocimientos de mecánica,
pues su inventor ha conseguido alejiu de su aparato
toda complicaci6n que pudiera servir de estOl'bo á los
trabajadores y de pérdida
de tiempo; no necesita de
que el propietario recurra á
los servicios de loe especialistas en el ramo, ya que si
Sr. Tomás Ruiz Osorio.

La desflbradora "Ruiz Csorio."

C. Juárw.-El redondel y los tendidos

~- -·

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Aspecto de la Plaza durante la corrida.

~

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......

--

.............

....,..

venci6n de la má,luina desfibradora que lleva
el nombre de su autor.
No nos pondremos á referir las ventajas que
este elemento, á todas luces utilísimo, proporciona á los propietarios y jornaleros yucatecos,
porque no es nuestro objeto más que presentar nuevo testimonio de que la constancia y el
trabajo todo lo vencen y á todos benefician.
Baste decir que la desfibradora inventada por
el señor Ruiz Osorio, ha merecido la aceptaci6n
general de los interesados un el cultivo y explotaci6n del henequén, como á las claras lo
pregonan el número de máquinas vendidas é
instaladas en las fincas de campo y el convencimiento engendrado ya de que otra alguna de
su clase puede competir con la del inventor
yucateco, en economía de tiempo y de dinero.
Las desfibradoras de henequén hasta hoy
conocidas y que, en su mayoría, demandan
fuP.rte capital-pues tan s6lo para su iustalaci6n hay que levantar edilicios adecuados y
muy costosos,-han siclo siempre miradas con
prevenci6n por los hacendados y hasta con temor por los peones de las haciendas, que preferían á las ventajas que estas máquinas pudieran rendirles, los antiguos aparatos en ex-

en la labor pierde alguno de los elementos que
la componen, puede ser substituido inmediatamente por el mismo encargado de atender á
su movimiento; y, además, al desfibrar las hojas de.la planta, no destroza el filamento y produce, en consecuencia, mayores rendimientos
al industrial.
No sin grandes obstáculos ha resultado vencedor el señor Ruiz Osorio en esta lid del trabajo, pues la competencia amonton6 á su paso
todo género de dificultades que, si en verdad
no hicieron vacilar la firmeza de su espíritu
retardaron la hora del triunfo, que por est~
motivo es aún más digno de estimación.
El éxito que ha coronado los esfuerzos del
inventor yucateco y el agradecimiento de las
clases acaudalada y proletaria de su E4&gt;tado
natal, son el mejor lauro que ha podido obtener en esta lucha benefactora para la industria del país.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>MALAS
DIGESTIONES,
ACEDIAS, VOMITOS,
DILATACION
DEL ESTOMAGO,
DIARREAS
EN LOS NIÑOS,
ESTREl'I /MIENTO,
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Durante 25 afias ha sido el único
dentrífico. No contiene absolutamente nada de ácidos. Bote grande
con tapa nueva de patente. No es
arer,oso. ~o se desperdicia.

t;all

~

i{Uktl,

ntW York.

En Frascos.

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~

~

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1
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,=..;::~~~
-~ ~ ~

DEL DR. TORREL, DE PARÍS.

~~,¡¡

Unica preparación que evita la caida prematura del pelo, lo aumenta, suaviza y hermosea, á la vez que le comunica un aroma agradable.
Su acción antiparasitaria y antiséptica, unida á un notable poder excitante del folículo piloso, hace nacer el
pelo en las afecciones decalvantes del cuero cabelludo y
evita la caspa.
Una cabellera abundante y bien cuidada, es, sin duda
alguna, el ornato mejor de la mujer; el PETROL proporciona el medio más eficaz para eonservar este bellísimo
atributo.
El uso del

i
f
1
~

'

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PRTROL DIIL. Dr. TORRRL, DR PARIS,

evita la calvicie prematura, que tanto afea y comunica al
hombre el repulsivo aspecto de un joven viejo y gastado.
D~ VEIITA EII LAB DROQUERIAS Y ~ARNIAOIAB.

llil6cras rtJ'9estivas 9 e:Rntisépticas
Del Dr.B'UCHABD de París.
DE VENTA EN TODAS LAS DROGUERIAS y

BOTICAS.

CURIOSIDAD
("..i\..merlcan Phete Art. l tudio.")

�Domingo 11 de Octubre de l:!03.

EL MUNDO ILUSTRADO

-

viejc,s tenemos necesidad de descanso y h
En todo tiempo se ha zonsiderado IÍ la.genhecho perfectamente en tomarme unos cu e
te literaria muy irascible. Hoy las formas de
tos
días de vacac~on~s. No tengo noticias
lenguaje han perdido su antigua violencia; peellos, pero eso significa que siguen divirtié
ro empujados por su amor propio, nuestros
Es notorio-dice Federico Loliée en la "Redose á sus anchas. Si ocurriera algo de p
autores se lanzan entre sí amenidades encan·
vue Bleue»-que de tiempo inmemorial los
cular,
mi hija me escribiría en seguida ª ·
tadoras. «Sainte Beuve es un mendruguero»-obrflros del pensamiento tienen el flaco de
Estas reflexiones fueron interrumpidas
decía Beranger.-«Si me comparáis con ese
Cl'eerse el centro del mundo. Los ha habido,
una voz que gritaba detrás de madame~r
negro-decía Balzac hablando de Alejandro
sin embargo, modestísimos, al menos en apaLourmel:
eDumás,-dejo la conversaci6n».
riencia y á juzgar por sus escritos, como S6-¡Buenos
días,
mamá!
La palma de la irrespetuosidad se la lleva
crates, San Agustín, San Antonio de Padua,
. La bue~a se!iora se volvió sorprendida
Barbey d' Aurevilly; para él no hay antiguos
San Francisco de Sales, Espinosa, Descartes,
v1ó á su h1Ja y a su yerno, que acababan /
ni modernos que no merezcan una frase dessalir del hotel.
e
Léibnitz, Rousscau, Lesage, etc.
defiosa: «Este tonto de Goethe», «ese bendito
Pero dejemos á un lado á estos escritores y
Madame de Lourmel trató de correr á BU
de La Bruy~re», «ese gotoso de Le Sage», «~se
vengamos á los de nuestros días, á los que nos
encuentro, pero tuvo que detenerse temerosa
patitrist6n de Leopardi»; así trata á las glorias
son más 6 menos directamente conocidos, pad~ que le diera. un síncope. Con la ~oz alteraconsagradas, y no hay que decir cómo tratará
ra apreciar mejor su moderaci6u. ¿Iremos á
da
por la angustia, preguntó:
á los demás: Julio Sandeau es para él un nopedir á Chateaubriand alguna lecci6n de mo-¿Hay al~_una novedad en casa? ¿Están envelista que se ha equivocado de sexo, una suadestia? "Ved-nos dice en su prefacio-cómo
fermos los mnos?
ve cataplasma para los que !levan viseras verme humillo ante Dios, ante la Naturaleza, an-No, mamá, los hemos dejad-O en
des· 1\Iignet, un Salvandy flaco, cuyo más claro
te mí mismo». Pero hay que leer entre líneas:
mi suegra.
mé:ito es el haber sido condiscípulo de Thiers;
cVed cuán grande soy; excedo á mis contem-¿Os pasa algo extraordinario?
Thiers, la unidad coronada; Feuillet, un subporáneos en cien codos, y si me porn~o á su
-Nada absolutamente.
1\Iusset, bueno á lo sumo para distraer almas
nivel, es s6lo por no avergonzarles demasiado».
Elisa y su marido se echaron á reír, y ende modistas; Cousín, un pobre. bastardo de
¿Y Lamartine? Su imperturbable majestad y
tonces madame de Lourmel se tro.nquiliz6 por
Hégel; 1\Iontalembert, un escritor pesado, insu afici6n á la lisonja, recuerdan la anécdota
completo y les abrazó tiernamente.
correcto y terroso; Sacy, un vago despluma.de Royer-Collard: «Cuando se acaba de oír á
-¡Cuánto me alegro de que hayáis venido
dar de sílabas, lo infinitamente pequefio en lo
Lamartine y se le felicita por 1m magnífico
á vermel--exclam6 la anciana.
seco; Leconte de Lisie, un tatuador de imá~ediscurso, no se está seguro de que no os diga
-Pues si te alegras-contestó Elisa -¿por
nee indias en la poesía; la «Revue des Deux
al oído: No os sorprenda eso, porque aquí,
qué estás tan pálida y temblorosa?
'
)Iondei5», un campo de nabos; la Academia,
entre nosotros, yo soy el Padre }~terno».
-Porque cu.ando os he visto, he creído que
una SalpMriere de Ministros caídos y de parNadie, sin embargo, llega á Víctor Hugo,
os había ocurrido alguna desgracia.
lamentarios inválidos. Y así sucesivamente.
que escribía en 1831 en el plinto de una esta-¡Qué cosas tienes, mamá!
Filarete
Charles
no
le
va.
en
zaga,
aunque
tua de Napole6n: teAcabar con la pluma lo que
Pablo Darc y su mujer se sentaron al lado
ha dejado sus dardos para sus«)!emorias» p6sno ha podido ejecutar la espada, gobernar el
de
madame de Lourmel y se pusieron á hablar
turoas. Los «Cuadernos» de Sainte Beuve
mundo y no tener Waterloo». Vive en plena
de sus proyectos.
abundan también en notas incisivas. «No esapoteosis, dando á sus palabras y á sus actos
-Hace tiempo--dijo Pablo-que dese!batoy contento-declaraba un día-sino cuando
un carácter sagrado, llegando al punto de remos irá almorzar á la cumbre de la Pun
he
dtiscubierto
el
lado
débil
6
el
punto
flaco
coger los recortes y raspaduras de sus ufias,
Negra, donde hay un magnífico hotel. E.a
de un gran hombre». A Balzac lo coloca en lo
para que sirvan de fetiches á los poetas futuexcursi6n de moda este verano.
más
bajo
de
la
literatura
de
pacotilla;
á
Couros; dirige al Ser Supremo carteles de desafío,
- ¿Y cuánto tiempo vais á estará mi lad
sín le llama Fed6n-Sca.pín, y ni siquiera pery en un momento de irritaci6n, le amenaza con
-Todo el día y toda la vela.da. Empren
dona al buen Nodier, á quien tanto había eloir él, Rugo, á lanzarle del cielo.
remos la marcha mañana al amanecer
giado
en
sus
«Crónicas»;
Guizot,
á
quien
tan
¿Qué pensar de tales extremos? Pero ahí estestó Elisa.
alto había colocado, no es más que la ligereza,
tá Sténdhal, que tantas veces ha empleado su
- Pero ¿por qué os vais tan pronto?
la
insuficiencia
y
la
falsedad
andando,
y Thiers
ironía en ridicularizar la vanidad. La vani-Porque tenemos que ir á visitar á los V
cel
más
espiritual
de
los
mamarrachos».
No
dad, sin embargo, le impulsa también, y él,
sal!, quienes residen ahora en su quinta
parece sino que Sainte Beuve había dejado
que se burlaba de la afectaci6n, se tefiia las
Chalex.
para
sus
últimas
páginas
todo
el
ahorro
menpatillas á los cincuenta y cinco afios, y lleva-Me han dicho-repuso madame Lourm
tal de una vida de rencor.
ba tupé postizo.
-que la ascensión es peligrosa puestoquet.c►.
La
fiesta
es
completa
en
el
«üiario»
de
los
Y todos son lo mismo. Cousín, dice Saintedavía hay mucha nieve en la ~ontafia. Ad
Goncourt. Jamás se ha visto tan al desnuBeuve, está siempre subido en el Capitolio.
más, el tiempo está inseguro y me pareceq
do
el
amor
propio
febril
del
literato,
aguLa fatuidad de Augusto Comte y Saint Sim6n,
va á estallar una tormenta. ¡Aplazad la ex
zado por los celos del pr6jimo. Tenían la rees prodigiosa. Proudh6n tiene accesos de hudición
para más tarde!
putación
conquistada
en
buena
lid,
y
no
les
mildad fingida, menos soportables que sus sa-¡Imposible, mamá! Pasado mañana ha
bastaba. Les hacía dafio, aun triunfando ellos,
lidas de orgullosa franqueza. Alfredo de Vigny
baile eu casa de los Vassall y no podemos
el triunfo de los demás, y se revuelven airacreía que no había nada superior á su pe1sotar á la fiest.3.
dos contra todo lo que brilla, así se llame Edna, y que la literatura franceP-a. empezaba en
En vista de que la anciana insistía en
mundo About, Teófilo Gautier, Taine, Renán,
él; en su discurso de recepci6n en la Acadeempefio,
Pablo Darc puso término al asun
6
Pablo
de
San
Víctor.-«¡Ytodossomosasí!»
mia, declaraba que el público había ido allí
diciendo:
-decía
Enrique
Becque.
para contemplarle. BarbPy d' Aurevilly, oyen-Estamos cansa.dos y necesitamos qui
Hay que confesarlo: el egotismo violento
do decir en un salón á un joven que no había
nos
el polvo del camino. Ahora vamos á nu
impera
en
nuestras
costumbres
literarias.
Y
encontrado en el mundo más que dos hombres
en
verdad,
el
orgullo
literario
es
inevitable;
tro
cuarto
y nos reuniremos á la hora de
de genio, se volvi6 hacia él preguntándole:
hasta puede decirse que tiene su papel obligamer.
«¿Quién es el otro?»
do en el juego de la producción. Sin las satisCuando la madre de Elisa estuv8 sola an
Hay que reconocer que sobre los literatos de
facciones verdaderas ó falsas que proporciona,
las nubes que cubrían el cielo y obscur
los dos últimos siglos ha pasado un vértigo
el trabajo de los autores en general equivalel lago, r ~cord6 las variadas desgracias oc
epidémico, y que la infatuaci6n es la nota dodría á un suplicio lento. Hay límites, sin emdas en la peligrosa expedición á la Punta N
minante de nuestra edad intelectual. Y no hebargo,
que
no
deben
traspasarse,
si
no
se
quiegra.
El proyecto de su hija y de Pablo la
mos hablado de las mujeres, ni de Dumás hire caer de las alturas del amor propio que escaba de quicio.
jo, para quien era una verdadera necesidad vitimula y ennoblece, á los abismos del amor
Durante la comida volvió á la carga ... P
tal el recibir incienso; ni de Edmundo de
propio que cubre de ridículo al envidioso, emel yerno se burl6 de los temores de su su
Goncourt, que sudaba la vanidad por todos
pañando su gloria, si la tiene.-F. ARAUJO.
y dijo con resolución:
sus poros, ni de Guy de Maupassant, que nada
-Partiremos mañana al amanecer en el p
hubiera perdido con no repetir tantas veces que
mer vaporcito que salga.
era el primer escritor de su siglo; ni de Pedro
-El tiempo está muy reyuelto-repiti6
Lotí, que en plena sesi6n académica se alabadame de Lourmel,-y si estalla la tormenta,
ba de no haber leído nada ni aprendido nada,
partiréis.
debiéndoselo todo á sí mismo; ni de Riche·-Realizaremos 11uestro propósito, paae
pín, que es un prodigio de reclamo; ni de Verque
pase. Nuestra resolución es irrevocab
l\Iadame
de
Lourmel
está
tomando
el
fresco
laine, cuya reputaci6n es más debida á su ex-Os acompañare hasta el barco.
en la terraza del hotel, sentada en amplia y
hibici6n diogénica que á sus versos; ni á cier- De ningún modo, mamá-exclam6 E·
mullida butaca. Ante sus ojos se extiende el
to tenebroso poeta del Norte, á quien no le
- eso te obligaría á levantarte muy temp
verde césped basta el lago azul.
parece excesivo que le pongan por encima de
y retrasaría nuestra marcha.
Cantan los pajarillos, las rosas perfuman el
Shákespeare.
- Si le parece á usted bien -dijo Pablo,
aire y la anciana se considera dichosa.
La exageraci6n del personalismo se ex prosa
nos despideremos esta misma noche cuan
-He hecho bien-pensaba- en salir de
de mil modos; pero la manifestación caractenos vayamos á acostar.
París, dejando allí á mi hija y á mi yerno.
ríctica es el afán de autobiografiarse. Los cuaCuando después de haber permanecido
Les quiero mucho, pero son demasiado aficiodernos confidenciales y las memorias llueven
go rato en el salón, dieron las diez, Elisa
nados á fiestas y jolgorios y todas esas cosas
de todas partes. Uno nos cuenta c6mo se hizo
Pablo se levantaron para despedirse de m
me aburren de un modo extraordinario. Cuanperiodista, ó cómo se casó; otro, la varia suerdo
no
hay
convidados
en
casa,
mi
hija
Elisa
me de Lourmel.
te de sus libros; Coppé, la historia de sus ga-¿Pero no habría medio de aplazar ea&amp;
y mi yerno Pablo Darc, el autor en boga estos; Cladel, la de sus perros, y no sé quién la
tán en un baile ó en un teatro. Nosot10; los
censi6n?-dijo la anciana.
de sus gallinas.

ta modtstia dt los littratos

ªd;
rÜ"

EL MUNDO ILUSTRADO

¡Qu_e pesada eres, mamá! ¿No ves que es
cosa dec1d1da?
Cuando estuvo en su cuarto madame de
Lourmel se ~costó; pero no pudo conciliar el
sueño. Imaginaba todo cuanto de lf'rrible po~:Ha ocurrir_ en _la ascensi6n y estuvo á punt0 de
1r á la hab1tac1ón de sus hijos para suplicarles
nuevamente que no partiesen. Pero desconocía
el n_úmero del cuarto y, en medio de la noche
nadie hubiera podido indicárselo.
'
La pobre sefiora se lev9nt6 y a.bri6 la ventana. ~l alb~ rasgaba los negros nubarrones,
á lo leJos rug1a el trueno y comenzaba á llover.
Madame de Lourmt:l no podía divisar desde
la ventana la puerta de salida del hotel, situada en la otra fachada, y tenia que contentarse
con ver la salida de los vapores.
Apareció el primero de ellos con rumbo a
Chatex.
De lejos, ~i pesar de las lágrimas que inundaban sus OJOS, la pobre madre distinguió en
1~ ~opa d~s eleg~ntes siluetas. Su corazón palpito con v10lenc1a, y el barco se alejó rápidamente hasta perderse de vista.
. ,Calad:i,,hasta. los huesos y temblando de emoc10n, deJose caer en una butaca situada ante
un~ mesa y escribió un telegrama1 con contes~c1ón pagada, dirigido al hotel de la Punta
Negra, p~r'.1- que le comunicaran la llegada de
los dos v1aJeros.
. Llam6, di?, el telegrama y, para mat.-ir el
tie~po, ~br~o el periódico de la localidad y
layo los s1g~nente~ ~ítulos: •Ascensiones peligrosas». _«C1~co v1aJeros desaparecidos».
. El_ per1ó_d1co se le cay6 de las manos y la
mfehz muJer se echó á temblar al ver que estallaba furiosa la tempestad.
- ¡Pobres hijos míos!-exclam6 la infortunada madre.-¡Pobres hijos míos!
Y cerr6_ los ojos para no ver nada del terrible ~tachsmo; pero las lágrimas la obligaron
á abrirlos.
A los pocos momentos le entregaron la con-

testa?i6n á su telegrama, concebida en ei;tos
térmmos:
•No ha llegado ning(m viajero procedente
de Chatex. Témense desgracias. -Prepáranse
socorros•.
Madame de Lourmel se levantó como una
loca y se lanzó hacia la puerta, tal vez para
telegrafiar de nuevo, tal vez para buscar un
guía que la acompañara.
Al verse en el corredor, tuvo que apoyarse
en la pared para no desplomarse en el suelo
De prol?t?, vió á ~u bija, que, alegre y sonrien~
te, se dirigía hacia ella.
_-¿T~ aquí? . ¡Conque no habéis partido!exclam? la anc1ana.-¡Dios sea loado!
-¿Como íbamos á salir con un tiempo como
éste? Además, estábamos tan cansados que
nos hemos despertado demaeiado tarde. Pero,
¿qué te pasa mamá? ¿Por qué nos miras de ese
modo?
. lfadame de Lourmel estaba como si se hubiese acab~do de despertar tras de una espantosa pesadilla.
-¡Lo que pasl,\! ¡Ah! ¡No podéis comprenderlo!
Y. col!lo la infeliz seguía llorando sin dar
exphcac1on~s y la gente pasaba por el corredor y la~ m1raba con curiosidad, Elisa y Pablo cogieron á madame de Lourmel y la llevaron á su cuarto, medio desmayada.
· -Eso no está bien, mamá-dijo la hija -y
n~ sabe uno cómo darte gusto. Te hemo; sacnficado nu~stra excursión y nos recompensas con lágrimas y sollozos. ¿No te alegras de
vernos?
-Sí-contestó macla.me de Lourmel, deján~ose caer ~n una butaca,-pero no me volváis
a proporcionar otra alegría como ésta.
-¿Por qué?
-~orque me costaría la vida.
Ehsa Y. ~ablo se miraron como sorprendid?s y repitieron uno después del otro encogiéndose de hombros:
'
-¡Qué cosae tan raras tiene usted, i:eñora!

Amor de Madre

La3 reformas al teatro Arbeu.-Aspecto del salón.

Domingo 11 de Octubre de 1903.

-Sí, mamá, ¡qué rarezas tan grandes tienes!
CA RLos FoLEY.

BBil!l'DIS
En el vivac br!ndahan. Con voz fuerte
exclamó un adalid de audaz mirada:
-¡ De cara al sol, anhelo que la muerte
me sorprenda en los brazos de mi amada!
. Y al acercar el vaso hasta su boca
risueña, ! como el vino, purpurina.;
8~ le cayo.•• Y al dar sobre una roe,'\
\'lbró una carcajada cristalina!
'
?tr,&gt;, a~ oírlo, soll~zó de hinojos:
-:-1~h, brindo J&gt;º~ m1 madrel .... -Y al acaso
"erheron_ una lagrima sus ojos
que á umrse fué con el licor del vaso.
Al leva~ta~lo, i_mprovisó unas preces,
de su patna mfehz por el destino ......
Y no pudo beber cual otras·veces·
· · · · · .á un camarada le ofreció aq~el vino.
Este, al tomarlo, le mostr6 sombrío
el vaso con su mano vacilant~·
'
Y "él».····· vió en el fondo del ~ristal vado
algo que fulguraba ...... ¡era un diamante!'. ...
JcAx DuzAx.
Nunca nos falta dinero para nuestros caprichos; lo que P&lt;;&gt;nemoi; á discusi6n es f:l precio
de las cosas útiles y necesarias.

*

Los vicios de nuestros vecinos, así como sus
males, nos vuelven más ligeros los nuestros.

*

,·ale más leerá un hombre que diez libio,.

�EIL :MUNDO ILUSTRADO

Domingo 11 de Octubre de 1903.

mL MUNDO ILUS'l'RADO

Domingo 11 de Octubre de 1903.

poesía, el señor Luis G. Urbina. El poeta
fué aplaudido por la concurrencia.
La fiesta, que ha dejado muy buenos recuerdos en el público, terminó poco antes de la
una de la tarde.

***
Ofrecemos á nuestros lectores, entre oíras
fotografías, una que representa el escenario en
l?s momentos en que se efectuaba el acto ofiCial, y otra en que puede verse el aspecto que
d~spués de las importantes reformas que se l~
h1c1eron, presenta el salón del Teatro Arbeu.

PENSAMIENTOS
Se sirve á lo ideal
haciendo el bien descubriendo la v~rdad
realizando lo bello.~
RENÁN.

*

Carece de sentido la
palabra «utopia": el
mundo se compone de
utopías realizadas· la
utopia de hoy e~ la
realidad de mañana.
-PASSY.

SIN NOMBRE
(VERSOS SENCILLOS)
Yo sé de una estrella pura
que surgió en la noche negra ..... .
y sé que al rayar el día,
ou lumbre perdió la estrella.
Yo sé de un coraz6n libre
nacido en esclavo pecho .. . .. .
y de una cárcel abit,rta
para que saliera un p reso .. . .. .

1903.
EL

*

En poesía, el número de los hábiles supera en m ucho al de los
inspirados. -PRUDHOMME.

*

La investigación de
la verdad es como una
caza en que la pieza que
Llegada de la concurrencia al Arbeu.
se persigue vale menos
que el placer de perseguirla. -VALTOUR.
TROVA

*

La noche acrecienta el dolor: envuelve en
negro lo negro. -FEUILLET.

¿Xiña, esa sombra que cual leve gasa
Fluctúa en ese abismo d~ tristeza
'
D!me: ¿es la noche que se extingue y pasa?
Dime: ¿es la noche que á reinar empieza?

Es la convalecencia *
c_omo una segunda ju-

Sé que una paloma blanca
para morir hizo el nido .. .. . .
y que hay una sepultura
donde yace un h ombre vivo.

ventu~, pues qu~ constituye una progresiva y
paulatina conqmsta de la vi&lt;la.-RADOT.

Yo sé de un n uevo Jesús
despertando á un nuevo Lázaro ..... .
y sé de una injuria, y sé
de una cruz y de un CalvaTio ... .. .

, Nu~stras 703tumbres imponen el disimulo
a,Ias Jovenc1t~s y la coquetería á las jóvenes;
s?lo á las ancianas les está permitido ser sencillas y naturales. -KARR.

Y sé que al bafiar el mundo
la 1,angre de un hombre bueno
el Od_io ~e volvió lágrima,
'
la lnJuna se volvió beso!
DULCE MARIA BORRERO.

Es 1~ vida un viaje cuyo itinerario no conoce nadie antes de haber recorrido las etapas.
-VALTOUR.

*

Y ese fulgor que, en armonioso enlace
C?n esa sombra, me fascina y hiere,
D~me: ¿es la aurora que se eleva y nace?
Dime: ¿es la tarde que se apaga y muere?

*

~ii~ntras esto á mi amada repetía,
-:¿Donde ves eso?- ella me decía
V1éndom~ inm6vil á sus pies, de hinojos;
M~s yo, sm ~esponderla, proseguía
l\fuando al Cielo de sus tristes ojos!

*

Si rindiesen menos culto á la exterioridad
! u n poco más á la ilustración, serían las muJeres mucho más respetables. - ArvEn.

JULIO FL6REZ.

FESTIVAL EN ARBEU.-Llegada del señor Presidente de la República

Soltmnt Jtsti~al tn Jlrbtu
Distribución dt Rtcomptnsas
ba en todas las clases -sociales, altamente simpática y muy lucida, pues aparte de que los
números del programa, tanto musicales como
literarios, estuvieron encomendados á personalidades ventajosamente conocidas en los círculos artísticos, la concurrencia fué numerosísima y la animación que reinaba en el teatro
no decayó un solo momento.
A las diez de la mafiana, hora en que las
distintas localidades se encontraban ya ocupadas por distinguidas familias de nuestra sociedad, se presentó en
el pórtico el sefior Presidente de la República. Uba guardia de
cincuenta hombrescon
bandera y música, hizo al Primer Magistrado los honores co-·
rrespondientes á su alta investidura, y una
comisión formada por
el Subsecretario de Fomento, Ingeniero Don
Andrés Aldasoro, y por
cuatro jefes de sección
de la Secretaría, lo recibió para conducirlo
hasta el sitio que en el
escenario le estaba reservado. En el lugar
de honor tomaron asiento, además del sefior Presiden te, los
miembros de su Gabinete, y á uno y otro
lado del foro, las diversas personas nomLlegade. de la concurrencia al teatro.

Como lo anunciamos en nuestro número anterior, el domingo último, por la mafiana, se
efectu6 en el Teatro Arbeu la solemne distribución de recompensas á los expositores mexicanos que concurrieron, en 1900, al Gran
Certamen Internacional de l'arfo.
La fiesta, que vino á patentizar una vez
más los adelantos que al amparo de una Administración honrada y progresista ha realizado el país, resultó, como era de esperarse
del entusiasmo que por asistirá ella domi na-

bradas por los Gobiernos de los Estados
para recibir los premios correspondientes _á
sus respectivas comprensiones; el señor Prest·
dente del Senado y el de la Cámara de Dipu•
tados, la Comisión Mexicana en el Certamen
de San Luis Missouri y algunos otros fund~
narios y empleados públicos. Los SPfiores Mt·
nistros extranjeros y sus familias ocu,aron las
plateas principales.
La ceremonia dió principio con la obertura
«Patrie», de Bizet, magistralmente ejecutada
por la orquest!\ del Conservatorio, y tras un
discurso primorosamente escrito que pronun•
ció el poeta Amado Nervo, conquistándose
muchos aplausos, se procedió por el señor General Díaz á la distribución de recoropens8! á
los expositores. Entre la lista de los pre?J1a•
dos figuraba el sefior Presidente, que enVI6 ~
Certamen un proyecto de cuarteles con COCl·
nas especiales que permiten hacer más económicamente y en mejores condicion es la pre·
paración de los alimentos que se distribuyen
á la tropa. El Primer Magistrado, al oír 811
nombre, se puso en pie, y al recibir del seftor
Ministro de Fomento el premio que le corres·
pon día, hizo llamará los señores Capitnn San·
ta Cruz á Ingeniero Olivier, para cederles, ce;¡
mo á sus colaboradores que habían sido en
proyecto, la recompensa que acababa de obtelner.
Este hermoso rasgo del sefior General Díal
impresionó profundamente al público. La corr
rrencia, puesta en pie, aclamó al SupreDl
Mandatario.
La sefiora Amalia de Roma cantó en 8
da «Il Baccio» de Arditi; y hecho el reparto
medallas y diplomas entre los exposi~ores
los Estados, ocupó la tribuna, para recitar

Aspecto del escenario del Arbeu durante 1a ceremcma.-El
.
,
_
seuor
Presidente

Y

sus secretarlos de Estado

�Domingo 11 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUST.L.ADO

j

nutvo Substcrttario dt 6utrra
En substitución del señor General Luis C. Curiel, ha sido nombrado por el Ejecutivo Subsecretario de Guerra y Marina el señor General José :M. Mier.
El nuevo Subsecretario, que cuenta en su abono con una meritori_a
hoja de servicios, tuvo á sus órdenes, por más de diez ª~?s, el 2~ Regimiento de Caballería; fué después Jefe de la Zona Mihtar que comprendía los Estados de Oaxaca y Chiapas, y removido de este cargo,

•I

Domingo 11 de Octubre de 1903.

consultar acad~micos. en la lengua inglesa,
para que resolvieran Ciertos puntos relacionad~s con el habla especial que en tiempos de
Ricardo II se estilaba. Así es que, si bien es
cierto que se ha corregido en algo la versión
original, en cambio se ha llegado á un extremo nunca visto anteriormente en el sentido
de la corrección y pulcritud de la obra.
El éxito ha sido de los más ruidosos en
parte debido al inmortal talento de Shákespeare, que se impondrá siempre, y en parte á los
cuidados nimios de la empresa.

***

Una escena de "Richall'd II".

Sr.

General J osé MaTfa Mier.

se le confió más tarde el de Magistrado del Tribun1&gt;.l Superior de Justicia Militar.
Por último, el señor General Mier desempeñó durante algún tiempo,
con notable eficacia, la Jefatura del Departamento de Caballería del
Ministerio de Guerra, que dejó para hacerse cargo de la Oficialía Mayor del mismo Ministerio.
El nombramiento hecho últimamente á favor del distinguido militar, ha sido muy bien
recibido.

ella, y que, fuera de los elementos artísticos, ha procurado que decoraciones, trajes y demás detalles, sean de una corrección tal, que no
puede menos que ser apreciada por el público.
La famosa obra de Shákespeare tiene por protagonista un perso•
naje de muy complicada psicología. El actor que interprete esta ~role•,
debe ser un hombre de talento; pero seguramente que el éxito solo sería mediano y di,bido sólo al talento enorme de Shákespeare, si no se
cuidara de los dftalles de la «mise en sc~ne».
«Rícbard II» ha sido una obra de trabajo y de aliento. Ha habido
precisión de consultar personalidades de las más conspicuas en el !r•
te, á fin de conseguir la unidad completa y harmónica en decoraciones, trajes de los personajes etc., etc. Se ha ido basta el extremo de

Renán, el célebre, universalmente célebre
autor de la «Vida de Jesúsi,, tiene ya su estatua. Las fiestas de la inauguración del monumento han sido muy sonadas. La cuestión
política, que en estos momentos conmueve á
Francia hasta la médula, ha sido causa de que
se manche la tranquilidad ele la ceremonia
conmemorativa con ciertos incidentes de mal
género, que en nada tenían que ver ni con
Renán, ni con la obra de tan potente pensador francés.
La estatua se encuentra en el mejor sitio de
Treguiers, pequeña aldea en la que vivió el
célebre escritor y filósofo, y en la cual aún se
encuentra el viajero la casa que habitó por
muchos años. Es esta casa una de hs grandes
curiosidades, y año por año, una reverente procesión de personas que aman al maestro se
'
presentan a, sus puertas para ver el pequeño
jardín, la estancia misma en que Renán escribía tan admirablemente, y desde cuya ventana se descubre un panorama admirable, que
muchas veces ha de haber sido el punto de
contemplación del escritor, en sus largas veladas de estudio.
Por desgracia, llovió bastante y la persistente llovizna fué causa de que en algo desluciera la ceremonia.
Además de la lluvia, que siempre molestó
impidiendo que se reunieran en Treguiers to~
dos los que, de no haber sido tan malo el tiempo, hubi~ran hecho la pertlgrinación, un grupo de furiosos se propuso desahogar sus iras en
contra del Ministro Combes. Quizá baya sido
una insinuación de algún descarriado· pe10 el
efecto que causó la actitud de alguno~ de los
campesinos, fué muy desagradable, pues en
lugar de observar la debida compostura mientras los oradores ocupaban la tribuna, vociferaron en contra de Combes y de su política.
El momento era de lo más inoportuno por
cierto. Se escuchll.ron algunos siseos, y la fuerza armada tuvo la necesidad de armar las bayonetas y de impedir que un grupo de energúmenos asaltaran la tribuna oficial en los
momentos en que los oradores la ocupaban.
Salvo estos desagradables incidentes, la celebración resultó digna de Re11án. Ya los que
vayan en piadosa peregrinación á. la casa del
maestro, no preguntarán, si son extranjeros
con cierto asombro: ¿dónde está la estatuad~
Renán?

La manifestación contra Combes en Treguiers.-La fuerza armada rechaza

iOH SANCHO!
&lt;No ha muerto Don Quijote... &gt;
Tú no ha" muerto tampoco! Entre la inquieta
Y abigarrada multitud del día
Vi, Sancho, destacarse tu silu~ta
En medio de estruendosa algarabía;
Mas_¡cuán cambiado estás! ¡cuán elegante!
¿Qmén será el que al mirarte te reproche?
Has trocado la albarda por el guante
Y olvidando el rocín, andas en coch~.
Dejando á un lado el exterior ropaje
Arreo vistes hoy de caballero...... '
¿Quién pudiera, ¡oh buen Sancho! en ere traje
Descubrir al enantes escudero? '
Sólo tu ruin espíritu no muda;
Hoy como ayer, encarnas la materia.
¿Qué es á tus ojos esta amarga y ruda
Batalla del dolor?...... Sólo una feria.
Eres el mismo! ...... Aún brota de tus labios
Tu bonachona y fuerte carcajada.
¡Con qué orgullo paseas entre sabios
Tu figura burguesa y desgarbada!

á

los manifestantes.

¡Con qué donaire vas por los salones
Cuyas alfombras con soberbia pisas
Conmoviendo, al pasar los corazon~s
Y conquistando por do'quier sonrisas!
Y en tanto que Quijote en la pelea
Rueda entre el polvo con la albarda rota
Invocando á la hermosa Dulcinea
'
Y soñando con la ínsula remota,
Pasas tú por el mundo, que se inclina
Al mirarte surgir en el proscenio·
Que en esta edad bizarra y pereg~ina
Sólo alumbra uua luz: la de tu genio!
¡Oh manchegos! ¡Oh bravos paladines
Que marcháis por el áspero camino
Al compás de los bélicos clarines
Desafiando las iras del destino! '
Cesó vuestra misión ...... Os maravilla?
Colgad la espada del ruinoso muro
Y en Sancho, el escudero sin mancilla
Saludad á los héroes del futuro!
'
¿Qué importa el Ideal? ...... l\Iustio y herido
Como vosotros-al tremenrlo embate
'
De la lucha tenaz-quedó tendido
Sobre el polvo revuelto del combate ......
RICARDO NIETO.

***

Se preparan actualmente en París fiestas
reales, fiestas de las que dejan hondos recuerdos en la ciudad y en el país entero en celebración de la visita del Rey de Italia, S. 1\1.
Víctor Manuel, á la capital gala.
Es este año uno de los que mayor número
de visitas de este género se han efectuado.
Sopla por Europa cierto vientecillo de confraternidad internacional.
La cuestión de Oriente, la cuestión de Mandc~uria y las demás «cuestionesii de esta especie, pasan por cierta crisis que ha siclo, según
l~s sig~os palpables, muy favorable á la aproximac~on amistosa de las grandes potencias
entre sí. El Rey Eduardo, á quien ya dan sus
conterráneos el título de «El Pacificadorii fué
el que primero pensó en aprovechar la ¡'nnegable influencia de las visitas internacionales
y visitó, sucesivamente, las cortes de Lisbo~
y de Roma, y la capital de la República de
Francia. Después, el Presidente Loubet lepagó la visita en Londres. Anteriormente el Rey
Carlos de Portugal había estado en Londres
donde fué bien recibido.
'
Las fiestas en honor de Víctor Manuel II
prometen ser muy suntuosas

Crónica extranjera
LA &lt;REPRISE&gt; DEL &lt;REY RICARDO Il&gt;. -LA ESTATUA DE RENÁN.-VISITAS DE REYES.

Parece que sopla buen viento, especialmehte en Londres, á las «reprises» de obras célebres, y muy especialmente á las del inmortal
Shákespeare; pues, hasta la fecha, van ya cuatro obras de las del ilustre autor que se han
puesto en escena, cvn aplauso de los londinenf'es.
Hace ya un año que comenzaron en los teatros más correctos de Londres las «reprises»
de obras que anteriormente habían sido de
gran efecto, y entre ellas recordamos que una
de las que mejor resultado financiero dieron á
la empresa, lo mismo que hoy ha sucedido
con «Richard lb, fué la conocida «Batalla de
Damas», puesta en escena en Háymarket.
Ahora es «Richard II» el éxito mayor de la
temporada, y á fe que lo merece, si hemos de
creer á los cronistas de la prensa metropolitana inglesa. Parece que la empresa que ha presentado la obra ha tenido un gran cuidado coh

La.

plaza &lt;le Treguiers, (Francia), al descubrirse e.l mon'Umento de Ren!ín.

Nuestro pafs.-Puen.te Zaragoza sobre el

rfo

Maot!latl!ín (Puebla).

�Domingo 11 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
filL MUNDO ILUSTRADO

J.

algunas estrellas mortecinas. Un raposo que
viene huido de la aldea, atraviesa corriendo el
sendero. Oyese lejano el ladrido de los perros
y el canto de los gallos... Lentamente el sol
comienza á dorar la cumbre de los montes·
brilla el rocío sobre la hierba; revolotean e~
torno de los árboles, con tímido aleteo los
pájaros nuevos que abandonan el nido po~ vez
primera; ríen los arroyos, murmuran las arboledas, y aquel camino de verdes orillas triste y desierto, despiértase como viejo c¡mino
de ge6rgicas. Rebaños de ovejas suben por la
falda del monte; mujeres cantando vuelven de
la fuente; un aldeano de blancas guedejas pica la yunta de sus bueyes, que se detienen
mordisqueando en los vallados: es un viejo
patriarcal; desde larga distax.cia deja oír su
voz:
-¿Vais para la feria de Barbanz6n?
•-Vamos para San Amedio buscando amo
para el rapaz.
-¿Qué tiempo tiene?
-El tiempo de ganarlo. NueYe años hizo
por el mes de Santiago.
Y la abuela y el nieto van anda, anda, anda .....
Bajo aquel sol amable que Iuce sobre los
montes, cruza por los caminos la gente de las
aldeas: Un chalán asoleado y hrioso trota con
alegre fanfarria de espuelas y de herraduras;
viejas labradoras de Cela y de Lestrove vau
para la feria con gallinas, con lino, c011 centeno. Allá, en la hondqm.da, un za~al alza los
brazos y vocea para asustar á las cabras, que
Ae gallardean encaramadas en los peñascales.
La abuela y el nieto se apartan para dejar paso al señor arcipreste de Lestrove, que se dirige á predicar en una fiesta de aldea:
-¡Santos y buenos días nos dé Dios!
El señor arcipreste refrena su yegua, de an•
dadura mansa y doctoral.
-¿Vais de feria?
-¡ Los pobres no tenemos qué hacer en la
ferial Vamos á San Amedio buscando amo
para el rapaz.
-¿Ya sabe la doctrina?
-Sabe, AÍ, señor. La pobreza no quita el
ser cristiano.
Y la abuela y el nieto "3.n anda, anda, anda ..... .
En una lejanía de niebla azul divisan los
cipreses de San Amedio, que se alzan en torno del santuario. obscuros y pensativos, con
las cimas mustias, ungidas por un reflejo do-

rado y matinal. En la aldea ya están abiertas
todas las puertas, y el humo indeciso y blanco que sube de los hogares, se disipa en la luz
como salutaci6n de paz. La abuela y el nieto
llegan al atrio. Sentado en la puerta, un ciego p ide limosna y levanta al cielo los ojos
que parecen dos ágatas blanquecinas.
'
-¡Santa Lucía bendita vos conserve la
amable vista y salud en el mundo para ganarlo!. .. ¡Dios vos otorgue que dar y que tener!. ..
¡Salud y suerte en el mundo para ganarlo!. ..
¡Tantas buenas almas del Señor como pasan
no dejarán al pobre un bien de caridad!... '
Y el ciego tiende hacia el camino la palma
seca y amarillenta. La vieja se acerca con su
nieto de la mano y murmura tristemente:
-¡Somos otros pobres, hermano! ..... Dijéronme que buscabas un criado.
- Dijéronte verdad. Al que tenía enantes
abriéronle la cabeza en la romería de Santa
Baya de Cela. E~tá que loquea ...
-Yo vengo con mi nietú.
-Vienes bien.
. E l ciego extiende los brazos palpando en e!...

a1n,.

-Llégate, rapaz.
La abuela empuja al niño, que tiembla co~º. una oveja acobardada y mansa, ante aquel
VIeJ0 hosco, envuelto en un roto capote de sold:1-do. La mano amarillenta y pedigüeña del
ciego se pofla sobre los hombro3 del niño anda á tientas por la espalda, corre á lo largo de
las piernas.
-¿Te cansarías de andar con las alforjas á
cuestas?
-No, señor; estoy hecho á eso.
-Para llenarlas hay que correr muchas
puertas. ¿Tú conoces bien los caminos de las
aldeas?
-Donde no conozca, pregunto.
-En las romerías, cuando yo eche una copla, tú tienes de rei,ponderme con otra. ¿Sabrás?
-En aprendiendo, sí, señor.
-Ser criado de ciego, es acomodo que muchos quisieran.
-Sí, señor, sí.
- Puesto que has venido, vamos hasta el
P~zo de Cela. Allí hay caridad. En este paraJe no se recoge una triste limosna.
El ciego se incorpora entumecido, y apoya
la ma?o en el hombro del niño, que contempla tristemen te el largo camino y la campiña
verde y ~úmeda, que sonríe e~ la paz de la

Un Cadete de Cazcuña.-(Fot. Va11eto)

c.umz.\.

¡DIA.LPOC.&amp;DO!
La vieja más vieja de la aldea, camina con
su nieto de la mano por un sendero de verdes
orillas, triste y desierto, que parece aterido
bajo la luz Jel alba. Camina encorvada y suspirante, dando consejos al niño, que llora en
sileacio.
-Ahora que comienzas á ganarlo, has de
ser humildoso, que es ley de Dios.
-Sí, señora, sí...
-Has de rezar por quien te hiciere bien y
por el alma de sus difuntos.
-Sí, señora, sí. ..
-En la feria de San Gundián, si logras reunir para ello, has de comprarte una capa de
juncos, que las lluvias son muchas.
-Sí, señora, sí...
-Para caminar por las veredas, has de descalzarte los zuecos.
-Sí, señora, sí...
Y la abuela y el nieto van anda, anda, anda ..... .
La soledad del camino hace más tristt aquella salmodia infantil, que parece un voto de
humildad, de resignaci6n y de pobreza hecho
al comenzar la vida. La vieja arrastra peno•
samente las madreñas, que choclean en las piedras del camino, y suspira bajo el manteo que
lleva echado por la cabeza. El nieto llora y
tiembla de frío: va vestido de harapos; es un
zagal albino, con las mejillas asoleadas y pecosas; Ueva trasquilada sobre la frente, como
un siervo de otra edad, la guedeja lacia y pálida, que recuerda las barbas del maíz.
En el cielo lívido del amanecer, aún brillan

Domingo 11 de Octubre de 1903.

DE ESTUDIO.-J. M. Pacheco¡.

mañana, con el caserío de las aldeas disperso
y los molinos lejanos, desapareciendo bajo el
emparrado de las puertas, y las montañas azules y la nieve en las cumbres. A lo largo del
camino, un zagal anda encorvado segando
hierba, y la vaca de trémulas y rosadas ubres,
pace mansamente arrastrando el ronzal. E l
ciego y el nifio se alejan lentamente, y la abuela murmura enjugándose los ojos:
-¡Malpocado, nueve años y gana el pan
qu€ come!... ¡Alabado sea Dios!. .....

R.

DEL VALLE INCLÁN.

POE SÍA PURA
Un lago en que remar por la mañana
un bosque en que dormir durante el dí;
y á la noche la hermosa castellana
'
que abre á su trovador la celosía.
RumoreA apagados en alfombras
la luna reflejada en nuestros ojos '
peligros en la luz, miedo en las s~mbras
dicha en el alma, y en la faz sonrojos. '
Luego la envidia, cuyo agudo diente
clava en los corazones el deseo
y al despuntar la aurora transparente
el beso de Julieta y de Romeo.
'

sde la falda del Ajusco.
El Valle de

Y después, otra noche, un grito vago,
un espectro que avanza mudo y frío
y un cadáver flotante sobre el lago .. '. ...
¡ay! ¿por qué ese cadáver no es el mío?
MANUEL DEL PALACIO.

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 11 de Octubre ,de 1903.

ESCRÚPULOS
se ~treviera á ir por la calle en tal guisa? Misteno.
Por algunos meses la historia corrió de boca en boca. Apenas el infeliz llegaba á la Universidad, comenzaban las voces: ¿qué has hecho de los pantalones? ¿Quién da raz6n de los
pantalones de Scbmidt? El desgraciado sufría
horriblemente; pero jamás una sola palabra
nos di6 la clave de tan misterioso asunto.

***

Jlmglo dtl 1'r111&lt;k """ "€1 m••do TIHtl'ado."

La cosa pasaba en Copenhague, en la época
en que bacía yo mis estudios en la Universidad. Habitaba entonces una gran recámara,
única pieza. de :ni domicilio, en el séptimo piso de una casa de vecindad. Como solamente
el tejado quedaba por encima de mi cuarto, el
calor en los meses de verano era insoportable,
y en el invierno mi babitaci6n era una nevera; la8 ratas, que en gran número habitaban
el edificio, tenían un consejo nocturno, generalmente en mi ropero; había, como en el Arca. de Noé, un par de animales y de aves de
cada especie; pero fuera de estos ligerísimos
inconvenientes, mi habitaci6n era de lo mejor
que un estudiante ha tenido nunca. Mis vecinos me tenían envidia.
La casa alojaba á muchos de mis compañeros de escuela v á otros estudiantes de distinta. facultad. Precisamente enfrente de mi puerta. estaba la de un vecino, muchacho aún, lo
más extrafio que pueda darse. Era un hombrecillo de escasa estatura; de largos, muy
largos cabellos, que cuidaba, y peinaba y relujaba constantemente; de ojillos grises insignificantes; siempre metido en un pantal6n de
color de pasa, y cubierta. la cabeza con un sombrero tirolés bastante grande para el cráneo
que tenía que proteger. Este personaje era
muy tímido, exageradamente tímido. Creo
que hacía más de un año que vivía en la misma casa y nunca había yo logrado que me dirigiera la palabra.
Apena¡.¡ si cuando nos encontrábamos en la
escalera cambiábamos un saludo, tocándonos
el sombrero. Cierto día, por mi desgracia,
quise ver de interesar al extraño personaje, y fui
á hacerle una visita. Un rayo que hubiera caído en su cuarto. seguramente que no le causa
tan desastroso efecto.
Se puso pálido; entre dientes tartamude6
alguna excusa imposible. Se alis6 con los dedos la gran melena. Y d..spués, dirigiéndome
miradas recelosas, trat6 de enderezar una silla
de tres pies; quiso hacer desaparecer los restos
de un almuerzo, que estaban sobre el humilde
lecho, y poco falt6 para (lUe se cayera. Hube

Llegaroh las vacaciones de Pascua y me retiré de la poblaci6n á pasar algunos días en el
cam_P?, ei: la casa de una señora amiga de mi
famiha, vmda de un coronel, anciana de buen
humor, algo cáustica, pero muy divertida.
Cierto día, después de almorzar, estando en
la «veranda» de la casa, la sefiora me dijo:
- - Si me prometes que serás discreto te puedo referir una. gran historia.
'
Mis promesas la tranquilizaron. Ademú,
tenía grandes gana.e, que á primera vista se le
conocían, de contar su divertida historia.
Y me dijo:
«-En eroa casita de enfrente, la que tiene el
tejado rojo, vive una honrada familia, de la
que es jefe el Profesor Müller, catedrático de
matemáticas en la Cniversidad. La señora
Müller y cinco señoritas forman la familia
completa.
«La casa está siempre imla. Pocas relaciones
deben tener los Müller. Y de las señoritas, todas necesitan ya un marido. Las cinco son j6venes, es cierto; pero nada honitas. Además,

de asistirle, y nuestras relaciones, como se
comprende, quedaron ahí. Jamás volví á su
cuarto.
Lo cierto es que nadie podía decir algo malo de nuestro original vecino, ni sospecharlo
siquiera. En la mañana salía á sus clases, comía en una silla que Je servía de mesa, lo que
compraba en la casa del carnicero más cercana. Siempre almorzaba cosas frías, que traía
él mismo en un papel. A las diez de la noche,
su puerta. estaba cerrada á «piedra y lodo•, su
lámpara apagada, y se podían escuchar los sonoros ronquidos del estudiante dormido.
La originalidad de su conducta di6 el resultado preciso que dan siempre casos como
éste: los vecinos nos preocupamos, hicimos
investigaciones minuciosas acerca de su vida,
sus antecedentes y sus costumbres actuales.
El resultado fué también el que siempre dan
estos procesos de casa de vecindad. Nuestro
hombre se llamaba Schmidt, era muy honorable, había conquistado el primer grado en
su carrera y tenía 29 afio11 de edad. Pero era
un tímido, uno de esos tímidos que jamás logran tener una. sola idea recta. que dudan de
todo, que constantemente se encuentran titubeando basta en los más sencillos asuntos de
la existencia. Por lo demás, nadie, absolutamente nadie, ni la portera de la casa, ni las
sefioritas costureras que habitaban una vi vienda del cuarto piso, tenían nada que decir de
Schmidt. No tenía historia, no tenía aventuras, casi no tenía nombre.
Físicamente, era Schmidt un muchacho
igual á cualquiera. Cara vulgar, ojos grises
incoloros, imberbe, limpio, aunque desdeñoso de los mandatos de la moda. Por lo expuesto, fácil es comprender que nunca había de
llegar Scbmidt á ser héroe de una aventura.
¿Nunca? No; el pobre hombre debería, en
pocos meses más, ser la vfotim a de una serie
no cuentan con dote, porque el sefior Müller
de epigramas, de sátiras en prosa y en verso,
es pobre y no las puede dar nada para que se
de hablillas de todos géneros, de cuchufletas
casen.
y de bromas.
«La soledad en que tan digna familia vive,
Su aventura, la gran aventura, fué suficienes
el tema de las conversaciones del vecindatemente grave para que todo el barrio, no ya
rio;
¿qué esperan para trabar rel.aci?nes con
la casa, hablaran de ella durante algunos melos demás y para ver de colocar s1qu!era á ~'!'
ses. Nada hubo ni m~s risible, ni más extrade las sefioritas Müller? Nunca reciben V181·
ño ni más incomprimsible que la aventura
tas.
las
del infeliz Schmidt.
«Considera nuestro asombro cuando en
Al fin de las vacaciones, cuando los cursos
vacaciones precisamente de~ ~ño P.asado, en la
del afio escolar nuevo iban ya á comenzar el
casa de los Müller aparec10 u~ J?Ve~. P~
sefior Schmidt, el respetable, tímido inm;cucosa es cierto un hombrecillo ms1gnificante,
lado sefior Scbmidt, había sido pesc'ado en la
pero' que pare~ía buen amigo de los Müller, '1
madrugada de una noche muy fría, en la casobre
todo ... que podría ser el marido fu~oro
lle, tratando de llegar á su domicilio sin ser
de
alguna
de las cinco atribuladas ~en.ont¡:.
visto. Yo menos que nadie podría dudar del
«Era
el
huésped
un tímido, un tímido de
caso, porque precisamente esa noche no había
de
peor
especie;
pero
la bondadosa interv~dormido en mi cuarto, y cuando en las primeci6n
de
mamá
Müller
sabía arreglar muy::
ras horas de la madrugada llegaba á la casa
todo. Se llamaba nuestro hombre.. • ponga
pude verá Scbmidt... sin pantalones.
'
Cristián.
.
alablll
El infeliz iba descalzo, sin pantalones con
No hice más que oír las anteriores J,
el calzado en la mano, cubierto por un~ coly mi asombro debe de haberme d,elatado, Porcha de género amarillo, rameada; sin sombreq ue mi digna amiga me pregunto:
ro, con la hermosa melena descuidada los
. 1·, ?
-¿Conoces acaso á.. . Cris mn. , boDl·
ojos dilatados por el espanto: ¿de d6nde ;enía
- ¿Cómo queréis que conozca yo ª
caen tales fachas?
bre que se llama como todo el mun Z~era
Sin pantalones ... Los hermosos pahtalones
yas señas particulares son las de cf d~ hode color de pasa, «pantalones de Schmidt», coque pasa? No·1 no conozco al hnéspe
mo les llamábamos en nuestros conciliábulos
nora.ble señor Profesor Müller. . . .
los estudiantes, los pantalones honestos del
Tranquilizada, continu6 su histo~ia. 'bi•
licenciado, ¿en qué naufragio espantoso ha«-Nuestro licen · do era muy bien rect
bían desaparecido, para que su tímido duefio

~i°

amiga-no estaba, sin embargo, muy tranquila. Su coraz6n de madr~ algo recelaba. Así es
que no podía dormir bien. Buscando el fresco,
sali6 de su recámara y en la mesa de sala encontr6 una carta que á la letra decía: «Mis caros amigos: Mi bien amada Mariana: He me·
ditado muy largamente. No puedo vencer mis
escrúpulos. Vos, Mariana, sois muy superior
á mí. Valgo muy poco, lo comprendo, y no
quiero hacer la d&amp;igracia etPrna de una mujer
de tan altos sentimientos. Mi espíritu es limitado; pero es incapaz de cometer un acto incorrecto. Mis escrúpulos valen más y me dominan. Mafia.na, antes de que amanezca, saldré
J
de esta hospitalaria casa, y trataré de olvida/
ros. Olvidadme todos. oh mis amigos. -Cristián."
do, como se comprende. Escuchaba respetuo«La digna sefiora Müller. olvidando que essamente las sabias disertaciones del catedrátitaba en camisa, di6 voces: ,c"Mariana... Julia ...
co. La sefiora Müller decía «que era un sujeto
Rosa ... Isabel... Amelia... Mariana ... ana•. Las
de· muy bonita instrucci6n y de sentimientos
cinco doncellas en pocos momentos estuvieron
nobles.» Las sefioritas, en coro, le agasajaban,
reunidas. «¿Qué pasa?» interrogaban ansiosas.
eocontrát'.ldole «muy distinguido y modesto•.
,Que se va, decía mamá Müller i;ofocándoYa la. señora Müller consideraba establecida á
se, que no se quiere casar, que es de'llasiado
la:mayor de las sefioritas, Mariana.
tímido y te encuentra superior á él, Mariana...•
•~- «El privilegio de Mariana no fué discutido
«Súbitamente, una res&lt;'luci6n heroica hizo
siquiera por las demás. Era la mayor, fric,aba
que saliera corriendo la gruesa mamá Müller
en los treinta años y debería aprovechar la
en los momentos en que llegaba el digno prooportunidad que se presentaba en la figura tífesor.
mida y desgarbada de ... Cristián. El Profesor
«Cristián, preocupado por los incidente!! del
y su consorte se comunicaban sus confidendía, no estaba dormido, pero apenas se di6
cias. La señora crey6 conveniente dirigir las
cuenta de la entrada de mamá Müller, en camaniobras que habían de llevará. Cristián basmisa, demudada. indignada. La sefiora Müller
ta el altar, en compañía de la soñadora Madirigi6 una. rápida mirada en derredor y salió
riana.
cerrando la puerta con estrépito.
«La!" vacaciones terminaban y nuestro hom«Al levantarse, antes de que saliera el sol,
bre no se dt:cidía. Las oportunidades eran
Cristián vi6, con asombro, que no estaban sus
diarias. Como por casualidad, encontraba
pantalones en el sitio donde los había dejado.
siempre sola á Mariana. En sus paseos al camMal ardid, porque cuando la digna señora
po, era Mariana siempre la que «estaba canMüller fué al cuarto del huésped, éste, sin
sada y se quería quedar en casa», cuando el
pantalones, había desaparecido» ...... ·
estudiante permanecía en ella. Por fin, cierta
tarde, Cristi{m e~taba en el jardín; Mariana
***
Tomé entonces la palabra:
lleg6, por casualidad siempre, y se sent6 á. su
-La historia es buena, pero le falta un filado.
nal que yo puedo referiros. Y conté á mi bue«A pesar de su inquietud, Cristián era homna amiga c6mo Scbmidt había dejado el cambre. Alguna frase dijo, de esas que nada sigpo y corrido, á campo travieso, para llegar á
nifican. Pero, por casualidad siempre, la fa.
su cuarto de eoltero. ¡Había dejado sus panmilia entera apareci6 en esos momehtos. La
talones para salvar su libertad ...... ! ¡Afortuseñora Müller avanz6, digna y sonriente; el
nado Schmidtl-R. RfarusAT.
profesor sonreía también. Las sefioritas hacían
coro.
«En mis brazo!.', yerno mío,• dijo la sefiora
Müller teatralmente, y Cristián se precipit6
confuso sobre el Yoluminoso pecho de mamá.
Müller. En seguida vinieron los abrazos de
toda la familia. Mariana e¡¡taba también ruborizada, es cierto, pero feliz.
«En la noche hubo un platillo extra, en celebración del acontecimiento, y el Profesor
Müller habló acerca de la manera de ganarse
el doctorado que faltaba 6. Cristián. «Ahora.dijo-hay que estudiar, para conseguir el grado; después establecerse buscando un empleo
y ... casarse».

***

«-La sefiora l\Iüller-continu6 mi buena

ta lnmattrtalidad dd 6ran Jlrtt
Nuestro oído, gracias al ejercicio extraordinario del entendimiento por el desarrollo artístico de la música moderna, se ha vuelto cada. vez más intelectual. Lo que hace que soportemos acentos mucho más fuertes, mucho
más ruido, si PS que estamos mucho más ejercitados á cometer «en él el significado,,&gt;que
nuestros padres. En realidad, todos nuestros
sentidos, por lo mismo que indagan primeramente el significado, por consiguiente, «lo que
quiere decir» y no ya «lo que es.", se han embotado algo¡ a~í vemos que dicho embotamiento traici6nase, por ejem,,_.¿,,; j~·-;; . ~ . · t-:-,.plo, en el reino absoluto del
~ .;:: . • . • : ? '½. ~ ~....
temperamento de los sonidos; pu~s ~i ~ay oídos que
' ,.
_ --~ :.JS:- -.t.hacen d1stmciones un poco
--~
finas, por ejemplo, entre el
«do sostenido» y el «re bemol,» pertenecen á las ex-

·)r,.,., . . · ., "-;:/ .,

Domingo 11 de Octubre ,de 1903.

cepciones. Desde tal punto de vist11 1 nuestro oído se ha vuelto grosero. Además,la faz repelente del mundo, originariamente hostil á los sentidos, ha sido conquistada por la música; su
dominio de potencia, principalmente para la
expresión de lo sublime, de lo terrible, de lo
misterioso, se ha ensanchado asombrosamente con ello: nuestra música concede ahora
la palabra í1 cosas que antaño no tenían lenguaje. Del mismo modo, algunos pintores
han vuelto al ojo más intelectual y han avanzado mucho más allá de lo que antes ee llamaba placer de los colores y de las formas.
Aquí también, la faz del mundo que pasaba
en un principio por repelente, ha sido conquistada por la inteligencia artística. ¿Cuál es
la consecuencia de todo ello? Más susceptibles
de pensamiento vuélvenRe el ojo y el oído,
más se aproximan á los límites en que se
vuelven inmateriales; el placer se aloja en el
cerebro, los mismos 6rganos sensitivos vuélvense flojos y débiles; lo simb6lic:o toma de
más en más el sitio del ser, y ai;í llegamos
por esa vía á la barbarie tan seguramente como por cualquiera otra.
Mientras tanto, puede decirse todavía: el
mundo es más feo que antes, pero significa un
mundo más bello de lo que era antes. Pero
más se esparce y volatiliza el perfume de ámbar de ese significado, más escasos t6rnanse
los que aún le comprenden; y los demás se
detienen por fin en la fealdad, y tratan de gozar directamente de ella, en lo que necesariamente fracasarán siempre.
Existe así en Alemania una doble corriente
de desarrollo musical: aquí un grupo de personas de pretensiones cada vez más elevadas,
mús delicadas, que se preguntan siempre de
mes en mes «lo que quiere decir aquello,» y
allí la inmensa mayoría de cada año, más incapaz de comprender el elemento significativo,
aun bajo la forma de la fealdad material, y
que por esa misma razon aprende á percibir
de la música, con placer sin cesar creciente,
lo que tiene en sí de feo y repugnante, es decir, de rastreramente material.

.-.

FEDERICO NIETZSCHE.

Coquetería: manera de decir «sh con los ojos
y «no» con los labios. -CHERBULIEZ.

*
En el peligro, las multitudes no se dan cuenta. de nada y se aturden con todo. -VALTOUR.

TEMPORADA DE OPERA
Grande es el entu~iasmo que reina en el público con motivo de la temporada de 6pera
que se inaugurará el martes en Arbeu y
para la cual han sido contratados por la Empresa Ettore, Drog y Compañía, artistas de
indiscutible mérito y de reputaci6n adquirida
en los principales teatros europeos.
El cuadro, completo como pocas veces se
habrá visto en la capital, cuenta con figuras tan notableR &lt;;º~º la Te~razzini, soprano
cuya carrera artistJca ha sido una s~rie de
triunfos, y como Colli, tenor ventajosamente
conocido en Europa por sus excelentes facultades. Al lado de estos arti¡..tas se encuent~an Carusso.u, barítono que por'primera vez
vie~e .á ~léxico y que goza en el extranjero de
env1d1able iama; la de Roma, tan aplaudida.
de nuestro público, y Bellatti, cantante cuya
delicada labor le ha conquistado aquí muchos
aplausos.
Entre los retratos de los artistas ya citados
damos á conocer en este número los de las se~
ñoras María Grisi y Guillermina l\Iaccari
sopranos; María Pozzi y Amalia Belloni, m'ez~
zo-s~pranos; lo~ de los señores Luis Longobardi, tenor; Luis l\Iazzoleni barítono· Rossi y
Césari, IDajos, y Eduardo Lebegott, m~estro de
coros.
Es indudable que con tan buenos elementos, 11!- pr6xima temporada alcanzará magnífico éxito.

�Domingo 11 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

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Domingo 11 de Octubre -de 1903.

�EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 11 de Octubl.'9 de 1903.

amor c:isi divino; pintando su pasi6n, superior á los accidentes del tiempo.
Sublimábase su cariño, llegan.do á esas alturas en que parece desprenderse de la tierra
para volar á donde no hay materia ruin que
lo esclavice ni lazos terrenos que lo aten y
mantengan.
En aquellos instantes, ni aun en que existiera nada de bajo ni de ruin pensaba. El mundo lo veía hermoso, hermosísimo y puro al
través de la mirada radiante de su Elena.

EN EL MUSEO NACIONAL
En los aparadores del Museo Nacional han
sido colocados algunos trajes de sefiora que
pertenecieron á la familia Mier y Celis, y que,
tanto por su corte como por los bordados que
los adornan, constituyen una verdadera curiosidad.
Los vestidos, que recuerdan la época de
Iturbide por la forma especial del escote, del
talle y de la falda, se conservan en perfecto
estado, distinguiéndose entre todos, por su riqueza, uno que aparece totalmente cubierto
con piedras de distintos colores y lentejuelas.
Juntamente con estos trajes, se exhibe en el
Museo un hermoso tibor de porcelana, que
ostenta multitud de figuras chinas y que perteneció á la misma familia.

Amaba en ella y por ella, la Humanidad, toda, todos los seres, toda la creaci6n y á su
Hacedor excelso, bueno y grande. Nada había en él de material entonces; ni un pensamiento, ni una reminiscencia fugitiva. Amaba: amaba en el sentido más alto del término;
amaba con el amor que hace en el hombre, ese
«compuesto de ángel y de bestia,&gt;, morir la bestia y surgir inmortal y vencedor al ángel.. ....
Lms RonRÍGuEz EMBIL.

FRAGMENTOS
Cuando iba á ver á su novia, aún con el sabor de los besos de Flora en los labios, se avergonzaba y maldecía interiormente, creyéndose
un embaucador miserable, casi un criminal.
Al estar al lado de Elena, al verla sonreírle tan
pura y amorosa, sentía que la amabi;., que la
amaba con toda su alma, como nunca había
amado ni amaría á mujer alguna en él mundo. Entonces la hablaba, la decía mil frases
de infinita ternura, casi llenas de mística unci6n; hubiera querido poder adorarla como á
un serafín, de rodillas; y se enternecía mirando con arrobamiento los negroe ojos inocentes
de la nifia, su boquita juguetona y coqueta
que nunca había mentido, sus cabellos castaños y perfumados, algunas hebras de los cuales, con artístico y encantador descuido, se escapaban sueltos por encima de su hechicera
cabecita ó rozaban piscarescamente la frente
de princesa de su ídolo ..... .

Ddmlngo 11 de Octubre de 1903.

EL MUNlDO ILUSTRADO

Museo Nacional.- TTajes de la

En aquellas horas, Pablo Alfonso se olvidaba del mundo entero, de sus miserias, de sus
bajezas todas. No había nada, nada en la creación, sino Elena sonriéndole, diciéndole que
le amal:&gt;a, y él. De su imaginaci6n se borraba
por completo &lt;Cla otra», y al pensar que era
suyo aquel tesoro que tenía delante, se asustaba de lo inmenso, de lo inefable de su dicha.
¿Quién era él para merecer felicidad tan cumplida? ¿Qué había hecho? Y se prometía, para pagar en Jo posible aque1la deuda incance-

época de Iturbiode.

lable de dicha, dedicar todos los minutos, todos los segundos de su existencia á la dicha
de la que sería su esposa, idolatrarla, mimarla, llevarla apoyada en su brazo por toda la vida, cuidando de que fio la molestara en lo más
mínimo ni aun el aire celoso rozando con demasiada fuerza su rostro angelical, ni los guijarros del camino osando tocar irrespetuosos
sus ideales y sin par piececitos.
Exaltadas todas sus fuerzas sentimentales,
hablaba, hablaba imaginando una vida de

BELLA.S ABTES.-En el Jard1n.
Museo Naic!onal.-U.n &lt;tibor chino.

Museo Na,ciona.1.- Tra.jes de 1a época de Iturbide.

La cuna del talento es el coraz6n. Allí la
pusieron sus padres: la imaginación y el sentimiento. La primera le di6 forma, vivacidad
y luz. El segundo, delicadeza y lágrimas.

*
Ser bello, es tener una soberbia panoplia
colgada efi la pared; ser encantador, es llevar
consigo mismo sus armas y saber servirse de
ellas.

�EL Mu NDO
Jlño X-tomo n-núm. 16

ILUSTRADO

mtxico, Octubre

1s d~ 1903,

Director: LIC. RAr'AU RfYt~ ~PINDOLA.

Subscripcid• musual for,nu Sl.50
ldem,
ldem. ea la cai,ital $1,JJ
Oerente: LUI~ RtTt~ ~PINDOU

CARl.O
Es el único medicamento que
eura de verdad
---&lt;
Lo recet.-in los médicos de to•
óelas las naciones. para cura.r
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digestivo y autlgastralgico ;
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sean de mas de 30 aüos de an•
tlgüedad y hayan fracasado
todos los demas medicamentos.
Cura: dispepsias, diarreas
y disenteria.a, •la dilatación.
la ,Ucera, catarro intestinal
y todas las demás afeectones
del estómago e intestinoa,
siendo notabillslmo en los .
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 2, No 15, Octubre 11</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL Mu NDO
Jlño X-tomo n-núm. 16

ILUSTRADO

mtxico, Octubre

1s d~ 1903,

Director: LIC. RAr'AU RfYt~ ~PINDOLA.

Subscripcid• musual for,nu Sl.50
ldem,
ldem. ea la cai,ital $1,JJ
Oerente: LUI~ RtTt~ ~PINDOU

CARl.O
Es el único medicamento que
eura de verdad
---&lt;
Lo recet.-in los médicos de to•
óelas las naciones. para cura.r
las eufernu,clades del e•tómago é intestinos; es tónico
digestivo y autlgastralgico ;
cura el 98 ¡,or 100 de los en•
fermos, aunque sus, dolencias
sean de mas de 30 aüos de an•
tlgüedad y hayan fracasado
todos los demas medicamentos.
Cura: dispepsias, diarreas
y disenteria.a, •la dilatación.
la ,Ucera, catarro intestinal
y todas las demás afeectones
del estómago e intestinoa,
siendo notabillslmo en los .
-... - - niños. - Venta: Farmacias y Droguerlas.
Las botellas han .de llevar la
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es el alimento mAs grande y el más recomendado paral01
desde la edad de seis á siete meses, y particularmente en el
111ento del destete y dur,rnte el periodo del crecimiento. Facilita mucho la dentición; asegura la buena for
de losbuesos·1 previene y neutraliza los defectns que suelen presentarse al crecer, é impide la diarrea, que es t.an
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Estudio Fotográfico
(" Am.erioan Photo Art.") ·

�Domingo 18 de Octubre de 1903.

iQui17ce Verde Nilo!
Si en estas épocas de desencanto, de desilusi6n y de escepticismo, hubiéramos de encontrar el refugio que han elegido las esperanzas
dulces y las ilusiones lisonjeras, no iríamos á
bus,,arlo en los floridos bosquecillos en donde
antes cazaba corazones el Amor, ni en los templos suntuosos en que las hoy caídas divinidades se hacían incensar y adorar, ni menos
aún en el fondo de esas frías y obscuras cavernas en que se han hundido las meditaciones y
las reflexiones de los Hámlets y de los Manfredos.
No; la ilusi6n tenaz y siempre irreductible;
el ensueño testarudo, nunca hastiado de desengafio; la fe cie~a y rectilínea, jamás convencida por la raz6n, n i desvendada por lamano brusca de la realidad, ni confusa ni derrotada por la experiencia, no encuentran ya
asilo en los faquirismos hi pn6ticos del vidente, n i en las luminosas fantasías del poeta, ni
en los ardores volcánicos del enamorado. Para encontrar esa fe testaruda de los antiguos
fanáticos, esa esperanza terca de los viejos
creyentes y esa certidumbre sorda de los añejos apóstoles, hay que registrar, no espíritus
de filósofos, ni imaginaciones de bardos ni
corazones de trovadores, sino pum y simplemente almas de jugadores y lucubraciones de
p royectistas de ruleta.
Porque, en efecto, una vez declarada por
Brunetiere la bancarrota de la ciencia, y codificadas por Nordau las grandes mentiras de
la Filosofía, del Derecho, de la 1-'olítica y de
la Verdad misma, los únicos hombres lógicoa,
cons~cuentes consigo mismos, sensatos y eminentemente prácticos, son los que en lugar de
prever eclipses, pronostican ((contrajudías», y
en vez de calcular trayectorias, saben ((tantear»
en su oportunidad una buena ((camonina.i,. Y
como es natural, á la fe en la tradición y en
la revelación, ha acabado, y con razón, por
substituirse una fe, comparable, en lo aventurado y lo fortuitÓ,después de una corta etapa en
lo racional, lo demostrable y lo experimental.
Por manera que hoy no hay que buscar creyentes fuera de ese mundo especial que frecuenta los garitos; y si abunJa quien dude de
Newton, de Torricelli y de Pascal, no abunda
menos quien crea firme y ciegamente en los
axiomas indiscutibles de: ((Nunca viene el as
pal rey"; 6, ((De dos de un color, á la mayor";
6, «Sota de patas, dos seguro,•.
Que tales axiomas inspiren fe, no debe sorprender á nadie, tanta así es su evidencia intrínseca; y por eso vemos cuánta gente sacrifica fortuna, dig1iidad, libertad personal y fe.
licidad doméstica al culto de esos grandes
principios. Tales así los mártires y tales así
los fanáticos indios, por tantos títulos dignos
de admiración.
Pues bien, hay mejor aún. Si los ap6stoles
delc&lt;albur" y los asiduos del&lt;cmonte&gt;1tienen apotegmas incontrovertibles y axiomas matemáticos que infaliblemente los conducen, como
á los anacoretas, al desierto social y moral, á
la abstinencia suya y de los suyos y al menosprecio público, los jugadores dt ruleta son aún
más «meritoriosos y gloriosos", porque van al
mismo Calvario de angustias y al mismo Tabor de oprobio y de miseria, sin el guía infalible y la norma segura de lo:1 grandes principios de Birján.
El ruletista, en efecto, no es una locomotora entre dos rieles; es un ave libre y poderosa
con todo el espacio al frente y to&lt;la la fuerza
en sus alas. Lo que el jugador de ruleta necei:ita, no es recordar 6 invocar un axioma previamente establecido, sino saber ,,tantearsei,.
Imposible averiguar, dado que vino el 36 colorado, si su sucesor será el 4 negro 6 el 18
fre~a machucada. La sabiduría de las naciones nada ha establecido á este respecto. Pero,
en cambio, el «tanteo)) es todo; el "tanteoN, es
decir, la proporci6n y el monto de las apuestas sucesivas.
Y de más á más, la cuesti6n del "tanteo", como todas las grandes cosas, es el huevo de
Col6n. ¿En qué consiste, en resumidas cuen-

EL MUNDO !LUSTRADO

tas, c&lt;el tanteo&gt;1? Pues pura y simplemente en
esto: si se ha perdido u na ccparada&gt;1 de «á peso", en ganar otra de lÍ dos . . De manera que,
en punto á ruleta, todo consiste en apostar en
forma y modo de perder las apuestas cortas y
de ganar las grandes, procurando que unas y
otras sean en lo posible, en número igual.
Supong~mos que mis lectores, 6 alguno de
ell()S han perdido diez apuestas de á peso:
pues' con ganar una de á veinte, ancha es
Castilla! Yo he visto este caso y es plenamente demostrativo: un amigo mío, hombre de
experie!\cia, de convicciones y de recursos,
fundado en cálculos previos cede tanteo» de una
rigurosa exactitud, buscaba el 15 ver&lt;le Nilo,
que estaba seguro de ccver venir" tarde 6 temprano, previsión que nadie pudo, científicamente, rebatirle. Como era pudiente, puso
una onza al 15 y la perdió; sonrib como quien
ve realizados sus propósitos, y volvió á poner
otra onza y la volvió á perder, y otra, y otra
y otra...... y pierde, y pierde y pierde!. ..
Todos sudábamos la gota gorda; aquello era
la ((degringolade" del Pactolo, la bancarrota de
la Ciencia, que diría Brunetierel Nuestro amigo sonreía ... De repente, en el momento oportuno, con ese golpe de vista Napole6nico que
decide de las grandes batallas y en el momento en que él comprendió que el quince verde
Nilo iba á venir, con una aterradora sangre
f,ín., con una terrificante serimidad olímpica,
con el aplomo y la seguridad de quien ehtá
seguro de triunfar, y á mayor abundamiento,
con cierto dejo y cierta coquetería Íl la Jácome, puso veinte onzas al 15 verde Nilo y preguntó al banquero:
-¿.Pueden jugar?
-Juegan-le respondieron secamente.
Todos palidecimos..... Giró la ruleta; el...
¡qué se yo c6mo se llama!, lanz6 la bola ..... .
una sucesión de saltos, de choques, de cabriolas de aquel cliablillo rojo ..... Brincaba de una
á otra casilla, tropezaba con los tabiques que las
separaban, giraba, coqueteaba, atormentaba,
y, entre tanto, mi amigo, seguro de sí mismo,
enrollaba un billete de cien, lo encendía en
una bujía del candelabro más próximo, y con
él ardiendo, encendía su puro.
Yo lo miraba y lo admiraba. Plinio, ante
la erupción del Vesubio que sepult6 á Pompeya y á Herculano; Nelson, en su barrica de
salvado; Napole6n, ante el sol de Austerlitz,
me parecían mezquinos y raquíticos. ¡Oh, la
previsión) El razonamiento se ofusca y empequeíitce ante ella. Yo hubiera querido ver
á Laplace, y á L::grange y ,i Léibnitz con todos sns cálculos frente aquel golpe de veinte
onzas rle oro.
-¡Quince verde Nilo!-anunció con voz
lúgubre y sofoca.da el... el. .. ¡como se llame!
Mi amigo sonrió, ó mejor dicho, continu6
sonriendo.
- ¿Gané?-preguntó con refinamiento de
duda.
Era un genio. Después vino ámenos.
Un día tuve que darle una peseta para que
se desayunara ...... y lo perdí de vista.
No volví á verlo hasta años después que
compré en cuatro rea.lee, al «Pe16n&gt;&gt;, mozo de
anfiteatro de la Escuela &lt;le Medicina, un cadáver para preparar mi examen de anatomía topográfica. El cad{wer era. el de mi amigo; el
genio de la ruleta qu&amp;, sabe Dios cómo y por
qué, fué á morir al hospital.
:Mi primer impulso fué respetar sus restos y
co~tearle un modesto entierro; pero quise ante
todo cerciorarme de si, como lo preveía hacía
tiempo, mi hombre era U\l gran cerebro y un
gran corazón. Como cerebro, la autopsia no
me ilustr6 gran cosa. En cambio, quedé satisfecho de su corazón. Era muy grande, muy
grande ...... ! Lo tenía horriblemente hipertrofiado.

LOS COLABORADORES
Los clarines convocan al pueblo para Ja
guerra y á su llamamiento se incorporan al
ejército nacional el arisco habitante de los
ventisqueros y el humilde jornalero de la llanura; el indómito serrano y el generoso costeíio. Los empuja la madre y los alienta la esposa 6 la amante.
Pocos de ellos vuelven; unos desaparecen en
la barranca 6 en el panta.no; otros caen bajo la."
balas enemigas; muchos quedan mutilados· y
ctüntos con la sangre envenenada y la raz6n
perdida por la influencia deletérea del clima
en nuestras zonas tórrirlas.

***

Recbinati las articulaciones de acero. La11
gigantescas poleas se retuercen quejándose de
la presión de las bandas, y los volantes, girando vertiginosamente, arrancan suspiros al aire
que hienden. De improviso, entre los crujidos
de la madera, los gritos del fierro y los ayes
del viento, breve y desgarrador alarido humano interrumpe aquel salmo del trabajo.
Al día siguiente es sepultado el cuerpo heclw pedazos de un infeliz operario; una placa
de madera que pronto será destruída. por el
tiempo, señala aquella tumha .... .. Y las máquinas, entre ta11to, siguen fabricando varillas
doraclas para lechos de amor; bronces resplandecientes para los palacios y las catedrales·
monumentos soberbios para los preferidos &lt;l~
Dios 6 de la Fortuna.

EL MUNDO ILUSTRADO

aldea,. consumido aún por la fiebre 6 por la
anemia, y á tantos que yacen olvidados en el
hoya.neo abierto á gran prisa y mal cerrado
con t res 6 ,cuatro paletadas de tierra. ¡Quién
recuerda a la madre desamparada á la hija
huérfana, á la viuda ó á la novia, que allá en
la montaña, en el llano y en la costa besnrt
con efusión un retrato y lo exhiben co;, orgullo, pensando que todos saben la historia y
todo el mundo piensa en quien ellas adoraron!
Para estos pobres seres no hay aleluyas ni
magníficats.
Pero la Patria siquiera levanta monumentos
á los héroes anónimos que sucumbieron en la
g!1err~. La ~Ol:ágine. industrial y mercantil,
solo tiene victimas ignoradas cuya memoria
no perpetúan ni historias ni e~tatuas.
Por esto fué ~an si~1pí~tica ~~ nota que apuntamos en la última d1stnbuc10n de premios de
la Exposición de París: el reparto de recompensas á los colaboradores.
. El solda?º humilde, el minero inválido, el
1ml?resor ~~ego, el pobre jornalero que muere
d e msolac1on, labrando la tierra para el sust~nto :i,jeno, son los colaboradores en todas las
v1cto~as de los grandes hombres, en todas las
excelsitudes .de la Ciencia, en todos los ava:~ces de la soeledad.

Gran incendio en llérida

Como fantasmas ó fuegos fatuos, se delizan
por. las negras crujías del socavón y lai, resbaladizas escaleras de muescas los mineros que
'
van a, roen per el suelo y á arrancarle
sus músculos de plata y oro; á desgarrar sus entrañas
de carbón de piedra para fundir éstos ó sus
macizas carnes de sanguíneo cuarzo de cinabrio, para apartar aquellos preciosos metales
con que se hacen las coronas; con que la bella dama se engalana y fascina; con q ue el caballero compra sus placeres.
Hay un derrumbe y los barreteros que entraron cantando alegres su monótono y triste
"Alabado•, salen con lágrimas en los ojos rezando la "oración de difuntos» por sus co~pañ~ros á quie~es dejan .... .. allí, en las profundidades té~ncas de la tierra, devorados por
ella en castigo de haberla herido y violado.

***
Sólo se oye en el taller un cuchicheo mewlico: el de la letra que los ágiles dedos del cajista van rápidos enfilando en el reluciente
componedor.
. ¡Cuántos de esos obreros, tan inteligentes é
mstruíd,os generalmente, agonizan al llegar
ape11as a la edad madura sumidos en la. noche eterna y angustiosa d~ la ceguera· ó como
. de las minas de mercurio,' con
'
e 1 operar10
la
~spa.lda _rrematurameute encorvada, semPjan
1ro01ca rnterrogaciún á la justicia di ri nal

·· ·· ······ ······ ··················· ·············· ·········

***
Yuelve el general victorioso; lo aclnman Ja.q
tt~rbas, resuenan las m6sicas y lo felicitan pto•
¡.Hos y extraíios; el industrial enri(Juece, es
condecorado, esenia altos puestos políticos; al
duefio de minai,. que drsconoce el sabor del
agua, le hastía el del ((champagne" y Je lasti•
ma el :pavimento no alfombrado; a rroja con
desprecio la noble señora el collar de oro1 por·
que ha visto uno de diamantes; y al autor del
hbro lo colman de lisonjas el p6blico y la
prensa.
_.. .• ~It~itart fa~r~canle1 ~anquero,.d.ama, autor,
reciten honores· acumulan riquezas· s6lo ven
. y amor para
'
'
so~r1s~
ellos en las mujeres;
6 ad•
mirac16n y respeto en los hombres.
Y cuán pocos hay que mirando al vencedor
en las luchas de la vida moderna recuerdan
a~ soldado gue se ahog6 en el lod~ 6 se precip1t6 en la sima, al que vaga en la ciudad 6 la

babfan sido ya devoradas por el fuego, contándose entre ellas la cristalería del señor P.
Narváez Pérez; la ferretería "La Balanza", un
gran almacén de materiales, propiedad del
señor Agustín V. Castillo una botica una pa, y 1a Droguería del
' Bazar. '
nadena

ESOR)!E~ PÉRDIDAS

. Con abundancia de datos habló «El ImparCial", en días pasados, acerca de un terrible incendio ~currido en la ciudad de Mérida el dos
del corriente, y que ha llamado la atención de
todo el paÍR por las enormes pérdidas gne

'i

t

... ?

JuLio Pouu.T.
Octubre de 1903.

***
La co~sternación que produjo en la sociedad mendana el terrible siniestro fuf verdadernmente espar.to~a: los mora&lt;lorefl de los
edificio~ .cercanos salían á las c11lles implorando aux1ho, temerosos de morir entre las llamas 6 bajo las paredes de sus habitaciones y
en los cruceros vecinos al lugar del sucesd se
agolpaba una muchedumbre dolorosamente
impresionada por las terribles escenas que se
desarrollaban á su vista. Los pal'lajeros del Hotel del Bazar, al darse cuenta de que las llamas invadían los escaleras y los corredores
abandonaron sus cuartos, descolgándose uno~
por los balcones, y saliendo otros por las puertas, casi asfixiados por el humo.
Las antoridades hicieron cuanto estuvo de
su parte para contener el fuego y para socorrer en aquellas aflictivas circunstancias á todos los que se encontraban en peligro. Lo primero no pudo lograrse, desgraciadamente
pues como ~ntes decimos, Mérida carece del¿
más nece~ario para ello: el agua es muy escasa, Y debido á esto, no ha podido establecerse
allí un cuerpo de bomberos.

***

EL MENDIGO
:.\Iérida.-A,enida del Bazar.

***

Domingo 18 de Octubre de 1903.

Hay algo tenebroso en el que implora
Con fulgores de rabia en la mirada
Y al retirar su mano descarnada '
Sin la limosna, se estremece y ll¿ra ..... .
Acaso la visión abrumadora
Del m,artirio de una hija idolatrada,
Que solo espera una caricia helada
Cuando el ansia del hambre la devora!
O tal vez el reproche de amargura
Que su rge del dolor y la miseria
A ese Dios de bondad y de dulzura

'

Porque,no arranca de la exangüe arteria
Del cornzon, el soplo de ternura
Que late sin piedad en Ja materia!
CLARO On!'\CURo.

Hac~d que lo justo sea fuerte Y que lo fuerte sea Justo.
·

En cuanto al valor de los edificios y mercancías destrufdos por el fuego, perFonas

o~~ionó á algunos de los principales estableC1m 1ento~ mercantil.e~ de aquella plaza.
L~s primeras noticias que se recibieron en
l\1éx1co con relaci6n al siniei,tro, eran de tal
manera !1-larmantes, que muchos yuc:1.tecos
aquí resi~entes, se apresuraron á pedir por
telégrafo informes precisos sobre el número de
casas destruida~ por el fuego y sobre los accidente• que pudieran. sobrevenir, tratándose de
una poblac16n que, como. Mérida, no contaba
co°: los recursos necesarios para conjurar el
peligro ?e ser en gran parte, si no totalmente,
consumida por el voraz elemento.
L~ ª°:siedad dominante entre Jo¡¡ yucatecos
era_J~1,;t1ficada, pues cuatro horas después de
rec1b1rse la noticia de que la Ferretería del
Ba_zar. se encontraba ardiendo, y de que los
ed1~c10s cercanos e!'taban próximos á ser invadidos por las llama!', se recibit&gt;ron nuevos
telegrall?a~ que hacían suponer, desde luego,
que el sm1ei-tro alcanzaba las proporciones de
una verdadera catástrofe.
Casi todas las casas de la calle del Bazar
Edificios destruidos en l\férlda por el incendi'Q.

bien i1~Iormadas le, hacen ascender á cerca de
dos ~1ll?nes de pesos. La mayor parte de las
negociaciones que sufrierou pérdidas est'
aseguradae.
,
an

P AISAJE
El negro vientre de Ja tierra amiga
d~sgarran los arados bienhechores·
nerte el sol sus aljabns de fulgore~
sobre los granos que darÍln la espign.
Sin que les acobarde la fatiga
Y envueltos ele la siesta en los vapore!'
c.on ruda. mano van los labradores
'
libertando l0s surcos de la ortiga.
El suelo hierve al amoroso beso
del. astro rey, y su testuz al peso
fatigoso del yugo, el buey inclina.
Fuego de horno en el campo se derrama
y una dorada y deslumbrante llama
las blar1cas flores del jaral calcina.
JER6NIMO

J.

m

REINA.

�Domingo 18 de Octubre de 1903-

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO lLUSTRA.DO

Domingo 18 de Octubre de 1903,

Soltmnt novtnario tn la toltgtata
EL DÍA DE LOS MINEROS

Para celebrar el aniversario de la coronaci6n
de la Virgen de Guadalupe, alla(unas agrupaciones de industriales, comerciantes y profesionistas, organizaron un solemne novenario
que di6 principio en la Cole11:iata el día 3 del
corriente con una brillante función religiosa.
Durante los días sefialados para la serie de
festividades que acaban de efectuarse, el santuario se vió concurrido por incontable número de devotos, y las calles, donde-como es
de rigor en esta clase de fiestas-se advertía
un movimiento inusitado, invadidas por una
muchedumbre ansiosa de divertirse á sus anchas con los pintorescos y típicos grupos que

y aquél se hizo notar por un esplendor verdaderamente extraordinario.
Las fotografías que publicamos fueron tomadaE el domingo, y representan, entre otros
asuntos, el interior del templo en los momentos en que allí se verificaba la misa que costearon los mineros y
que fué, sin duda, una
de las más 110tables
del novenario. El altar mayor estuvo ese
día adornado con guías
de camelias, crisántemos y azalea-1, distinguiéndose, á uno y otro
lado del pn·sbi terio,
los estandarh3 de las
distintas corporaciones

ella el s~fior _Arzo~ispo Alarcón y e~tuvo muy
coocurnda. fernnnada la ceremonia de la misa el Prelado bendijo las flores que presentara~ los fieles, según la autorización especial
que para ello recibi6 del Papa Le6n XIII el
año pasado.

El tren

de obreros que asistieron á la ceremonia.
En la nave central
se encontraban numerosas familias de la
buena sociedad, entre
.
las cuales recordamos
-~~
"-. ~.
á las de Teresa, Pesado, Olmedo, Segura,
Zaldí var, Quin tanilla,
Gorostiaga, Trueba, y
E.l Novenario en la Colegiata. -Espera¡ndo los tnenes en el Zócá' o.
Valleto. Entre los concurrentes se encontraba, además, una comisión
caracterizan á nuestras más animadas verbe&lt;le barreteros. La parte musical. cuya direcnas populares.
c-ión estuvo á cargo del maestro Jordá, fué
~El novenario, dispuesto sin omitir gasto alju¡;taroente elogiada.
guno, re1rnltó magnífico, tanto por lo que ve
En cuanto á la funci6n del día 12, que ceal servicio religioso, como por lo que se refiere
rró la serie de fes ti vidades religiosas, ofició en
á la concurrencia: esta fué selecta y escogida,

-~...

---

d,e

los invita,dos.

EL ABCA
A penas oy6 el ruido de las muletas, abri6

Lucas completamente los ojos turbios y ardientes, que dirigió hacia la puerta, en cuyo
umbral iba á aparecer su hermano. Toda su
cara, enflaquecida por el padecer, devorada
por la calentura, llena de granos rojizos, adquirió en el acto expresi6n de dureza casi fu-.
ribunda. Asi6 convulsivamente las manos de
su madre, gritando con bronca y entrecortada
voz:
-¡Echale, échale! ¡No quiero verle! ¿oyes?
No quiero verle nunca, nunca, ¿oyes?
Ahogábansele las palabras en la garganta.
Sofocado por un acceso de tos, apretaba ner•
viosamente las manos de su madre y abríase-

le la camisa á cada esfuerzo del palpitante pecho. Tenía la boca hinchada, y en la barbilla
una especie de costra formada por granos secos ya, que á cada esfuerzo se resquebrajaba y
echaba sangre.
Su madre procuraba apaciguarle.
-No, hijo mío, no le verás más. Harás lo
que quieras. Le echaré, le echaré. La casa es
tuya, hijo, toda tuya. ¿Me entiendes?
El le tosía en la cara.
. -:-1Ah?rª,. en seguida!-repetía con feroz
msistencia, mcorporándose en la cama empujando á su madre hacia la puerta.
'
-Sí, hijo mío, ahora, en seguida.
Daniel se present6 en la puerta sostenido
por las muletas. Era un desdichado con una
cabeza muy grande y muy pesada. Tenía él
pelo tan rubio, que parecía blanco. Los ojos
eran de dulce mirar, como de cordero azules
con pestafias de color claro.
'
'
Entró ~in decir nada, porque la parálisis le
había qmtado el habla. Pero vi6 los ojos de
su hermano fijos en él con cruel energía y se
detuvo en mitad del cuarto, apoyado en las
muletas, perplejo, sin atreverse á dar un paso.
Le temblaba visiblemente la pierna derecha
corta y torcida.
'
Lucas le dijo á su madre:
-¿Qué viene á hacer aquí el tullido ese?
¡Echalel Quiero que le eches. ¿Oyes? ¡En seguida!
Comprendió Daniel y mir6 á su madrastra
que ~e levantaba ya. Le dirigió tan suplicante mirada., que no se atrevió ella á hacerle nada. Y entonces, sujetando una de las muletas
con el sobaco, hizo con l&lt;t mano libre un ade~án de desesperaci6n y dii-;gió hambrienta
o¡eada al arca del pan que estaba en un rincón. Aquella mirada decía: «Tengo hambre&gt;:.
-¡No, no! No le des nada-empezó á chillar Lucas, _agitándos~ en la cama, imponien•
do á la mu¡er el capricho de su odio. - ¡Nada!
¡Echale fuera!

Llegada d&lt;l la concurrencia al Santuario

Daniel dejaba caer la cabeza sobre el pecho.
Temblaba y tenía los ojos llenos de lágrimas.
Cuando su madrastra le puso una mano en el
hombro y le empuj6 hacia la puerta rompió
en sol}ozos, pero se dej6 llevar.
'
Oyo en segui~a.cerrar la puerta y se quedó
en la meseta, gimiendo con violento y continuo sollozar.
L~cas le dijo á su madre con rabioso acento:
-¿Lo oyes? Lo hace adrede para ponerme
peor.
El sollozo del hermano continuaba, entrecort.:i-_do de_ cuando en cuando por extraño
grumdo, tris~e como el estertor de una bestia
de carga moribunda.
-:¿,No 10 oyes? ¡Anda Y échale escaleras
a ba¡o
La mujer se levant6 de un brinco corri6 á
la puerta y se fué sobre el mudo 1:vantando
las ás~eras manos, acostumbrad~s al gol
al castigo.
pe Y
Lucas, a poyado en los codos decía.
-¡MáP, más!
'
·
Callóse Daniel, golpeado. Baj6 á la calle
EL NOVENARIO EN LA COLEGIATA.-Llegalda de los invitados.

EL NOVENARIO EN LA COLEGIATA.- As,pecto de 'la nave oen.tral y del ailtar mayor.

abogando el llanto. Tenía hambre porque llevaba dos días casi sin comer. Co~tábale trabajo arrastrar las muletas.
Pas6 una turba de granujas corriendo detrás
de una cometa que se elevaba cabeceando.
Unos tropezaron con él, diciéndole:
-¡Eh! ¡Tullido!
Otros le escarnecían, gritando:
-¡Corre, caballo!
Otros, aludiendo á
la cabezota, le preguntaban con mofa:
-¿A cómo la libra
de ésa&gt; tullido?
Otro, más cruel, le
hizo caer una muleta
y salió corriendo. El
mudo se tambaleó, cogió después trabajosamente la muleta y ech6
á andar. Gritos y risas
de chiquillos se perdieron hacia el río. La
cometa, semejante á
un ave de país fabuloso, se eleva en el cielo suavemente sonrosado. En el muelle
cantaban á coro gru{)OS de soldados. Era
pasada la Pascua y hacía buen tiempo.
de Guadalupe.
Daniel, que sentía
en las entrafias los
mordiscos del hambre, dijo para sí:
-Voy á pedir limosna.
~I horno del panadero impregnaba el aura
primaveral &lt;le g_rato olor á pan reciente. Pas6
un hombre vestido de blanco con una tabla en
la cabeza, en la cual tabla había hileras de
~orados panes, humeantes aún. Dos perros
iban detrás del hombre, levantando el hocico
Y meneando el rabo.
Daniel temió desfallecer de inanición y pen~~:

dej3:ba pasar débil perfume de incienso y de
ben¡uí. De cuando en cuando vertía el 6rgano torrentes de notas.
Daniel s~nti6 humedecérsele los ojos con
nuevas lágrimas, y pronunci6 con el coraz6n
esta ardiente plegaria:
-¡Sefior, Dios mfo, auxiliadmel
Lan_z6 un acorde el órgano, que hizo vibrar
como mstrume::itos los pilare!!· después alegres notas claras. Resoo6 lavo~ de los so~hantres. Devotos y devotas, de dos en dos 6 de
tres ~n tres, entraban por la única puerta.
Damel aún no se atrevía á tender la mano.
Cerca de _él empezó á gemir un mendigo:
-¡Una limosna por Dios!
Ayergonz6se el ~udo entonces.
V16 á su madrastra entrar en la iglesia muy
arropada.en un manto negro. Y pens6:
, -¿ Y si yo me fuera á casa ahora que no esta la madrastra?
Tan imperioso era el tormento del hambre
que no esper6 más. Iba que volaba con su~
~?letas, er;. demanda del pan. Al pasar le
di¡o una mujercilla riéndose:
'
-:¿Vas á ganar el primer premio de carrera
tulhdo?
'
. En un per!9uete lleg6 á casa, jadeante, palpitante. Sub10 la escalera con sigilo tomando
grandes precauciones. Buscó á tientas la llave
en un hueco de la pared, donde solía dejarla
su madra~tra ~uando salía. Di6 con ella, y antes de abm muó por la cerradura. Lucas parecía que dormía en la cama
Daniel pens6:
'
·
-:~Si yo pudiera coger pan sin despertarle!
D10 yuelta á la llave, despacito, despacito
contemendo el aliento, temiendo despertar ~
su hermano con los latidos de su coraz6n

,

. - Tendré que pedir limosna; si no, memoriré de hambre.
Caía ~enta~ente el crepúsculo. Cruzaban
por el Cielo d1áfan~ multitud de cometas que
se balanceaban, ba¡ando ya hacia el suelo. Las
campanas_ esparcían por la atm6sfera profundo y contmuo zumbido.
. Daniel decidi6 irse á la puerta de la iglesia.
Y apá se fué, casi á rastras.
La iglesia ei,taba abierta. En el fondo el
ª~¡ar mayor, iluminado por temblorosas l~ceci las, parecía una constelaci6n. La puerta

En 1111 Colegiata.-Sadlda de un grupo
de

concurnentes.

�'
Aquellos latido!" le parecía que llenaban la
casa de ensordecedor estrépito.
-¿Y si se despierta?-pensaba Daniel, temblando basta los tuétanos cuando se abri6
la puerta.
Pero el hambre 1e hacía audaz. Entr6 movjendo cuidadosamente las muletas, sin dejar
de mirar á su hermano.
-¿Y si se despierta?
El hermano, tumbado boca arriba, respiraba al dormir penosamente. De cuando en cuando le brotaba de los labios ligero silbido. La
única vela que había encendida en una mesa,
proyectaba en la pared larg!is sombras movedizas.
Llegado junto al flrca, par6se Daniel para
vencer el miedo. Mir6 al durmiente, y después, sujetando con los sobacos ambas mule-

tas, trat6 de levantar la tapa. El arca di6 un
crujido seco.
Lucas abri6 los ojos sobresaltado, vi61o que
bacía su hermano y empez6 á darle voces,
moviendo las manos como un energúmeno.
-¡ Ladr6n, ladrón! ¡Socorro!
Pero el furor le ahogaba. Y mientras su
hermano, encorvado encima del arca, cegado
por la gazuza, buscaba con trémula mano un
pedazo de pan, salt6 de la cama y se arroj6 sobre él para impedirle que lo sacara.
-¡Ladrón, ladr6n!-gritaba enfurecido.
Baj6 furiosamente la tapa, cogiendo el cuello á Daniel, que se agitaba desesperadamente, como víctima cogida en el lazo. Pero Lucas inutilizaba los eefuerzoe del cautivo; había
perdido la conciencia de lo que bacía y se
echaba con todo su peso encima de la tapa,

Domingo 18 de Octubre de 1903,

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDv ILUSTRADO

Domingo 18 de Octubre de 1903-

como para degollar á su hermano. Crujía la
tapa, penetraba en la carne viva del cogote
aplastaba los vasos del cuello, trituraba ven~
y nervios, tanto, que al fin colg6 un cuerpo .
inerte fuera del arca, cuerpo que no daba la
menor señal de vida.
Entonces, al ve1 al tullido asesinado loco .
pavor invadi6 el alma del fratricida.
'
Atraves6 dos 6 tres veces, tambaleándose
el cuarto, que llenaba de espantos la luz de ~
vel3:, cogi6 á pufi~~os las mantas, se las echó .
encima, se envolv10 en ellas de pies á cabeza
se tap6 basta la cara y se ocult6 después d~
bajo de la cama. En medio del silencio rechinaba su dentadura, como la lima mordien-do acero.
GABRIEL

D' ANNUNZIO.

1

En la Preparat oria
LAS CLASES DE DIBUJO

En días pasados se efectuaron en la Escuela Nacional Preparatoria las pruebas prácticas y orales que, conforme á las bases respectivas, debían presentar las personas inscritas
como opositores para cubrir las vacantes de
dos profesores titulados de dibujo y dos adjuntos.
La primera prueba consisti6 en dos apuntes
del natural que debían hacerse en dos horas,
siendo uno de ellos el de un hombre del pueblo, con su traje característico, y otro el de
una pistola de chispa. La segunda consisti6
en la ejecuci6n de cuatro dibujos, en el término de 12 horas: tres totalizados y uno acabado.

Para los totalizados siryjeron de modelos
una cabeza de viejo, un grupo de libros y un
maniquí con paños, y para el acabado, un
hombre desnudo. El estudio de desnudo fué
ejecutado en seis horas.
El Jurado calificador, después de examinar
con todo detenimiento los distintos dibujos y
de recibir las pruebas orales correspondientes,
acord6 que era de nombrarse profesores titulares á los señores José María Villasana y José M. Ibarrarán, y adjuntos á los señores Juan
Stano y Juan M. Pacheco.
El Jurado estuvo integrado por los sefiores
Doctor Manuel Flores, Director de la Escuela·
An!,&lt;mio Fabrés, Germán Gedovius, Antoni~
Rmz, José M. Rodríguez y Cos y Antonio
Becerra Díaz.
En_ este_ número publicamos los principales
trabaJOS eJecutados por los profesores titulados
y por los adjuntos, así ~orno los que present6

.¡

el señor J .. Í:; Rosas, que tom6 también parteen la oposic10n.

1
&lt;,-

I

FRINE
Orillas de la mar. La gente griega
festeja á Ceres con ardor pagano
y á la holganza y al júbilo se en'trega
con su tirso de espigas en la mano.

\

La tarde arrulla al mar: como divina
canéfora que el éter embalsama
va en los rizos cahel1os de la oddina
deshojando sus pétalos de llama.

Dibujo de Sta.no.

Desángranse en la linfa astros heridos
la espuma es fleco de ámbar en la rib~

'

Dibujo de Pacheco

y fulgura~ los pétalos, prendidos
en los quiebres de la onda fugitiva

•

•

Se escucha un ronco rezongar de fragua
sopla el trit6n su caracol sonoro
'
y la sirena, alegre, echa á flor d~ agua
t:iu cola azul lentejueleada en oro.
Oteando el sendero, la cabeza
Pan e~tre el verde de la fronda asoma:
y se siente en la gran Naturaleza
como un inmenso arrullo de paloma.
-:--~allad!. .. -Y el entusiasmo arde sus bellos
cmos en sus olímpicas capillas.
En los ~úmedos ojos hay destellos,
Y eru pc10nes de sangre en las mejillas.

Y, enarcando sus brazos en guirnalda
el broche suelta de sus rizos bellos· '
Y echa á rodar sobre la nívea espaÍda
la negra ondulaci6n de sus cabellos.

y, ante la excelsa desnudez helena

se enciende el ojo sofiador de Apel~s.
Y mañana, ele un alba en el comienzo
cual si de efluvios de Friné se hiciera'
va á nacer «Anadi6mena» en el lienzo'
y «Afrodita de Gnido» en la cantera! '
SANTIAGO ARGÜELLO H.

Prosternada cay6 la gente griega,
de! ensueño en las místicas escalas
baJo un hondo_ silencio que despliega,
como un velario de éxtasis, las alas.
Entre esa muchedumbre de ansias llena
Praxíteles empuña sus cinceles·
'

'

La verdad es uña; las opiniones son varias
Y pueden engañar.

•

•·

Es que llega Friné!-Pasa la helena:
buscando el mar, su vista se dilata•
y ha susurros de linfa por la arena'
la cauda de su túnica escarlata.
Aproxímase al mar, llega á la playa.
Y, ~on gesto de Kipris Philomeda, '
quiere ser una linfa de la Acaya
Y con el traje de las ninfas queda.
La tÚ:nica se arranca, el broche suelta,
le quita el nudo al cintur6n le quita
la estema rica á la cintura e'sbelta·
la red de gasa en donde el seno b~bita.
Y la sandalia, cárcel primorosa;

'

Y, del pecho, la banda, que circula;
y hasta el leve estrofi6n azul y rosa
y hasta la cinta que en el muslo on'dula.
- ¡Anadi6mena!-claman.-¡Es la D 1
Y hay, en -yerdad, deslumbre sobrehu:~-~~ ..
en esa hostia de carne que blanquea
en la patena azul del oceano.

y ella entr~a_bre sus labios, y se irisa
su rostro d1vrnal de luz impreso·
Y se asoma una plácida sonrisa '
en la cárcel de púrpura del beso.

\.
,..,
Dibujos de Rosas.

Dibujo de Villasana.

Dibujo de

Ibarrarl!.n.

�Domingo 18 de Octubre de 1903,

EL MUNDO ILUSTRADO

IDL MUNDO ILUSTRADO

Notas extranjeras

instituciones financieras en las que ha reposado por cincuenta años el Imperio británico.
Bálfour trabaja por hacer la gestión de su ministerio más útil al país y á la corona. Ambos
son hombres de fuerza considerable en el campo político.

Lo• llnchamlento&amp;.-Una carta de RÓo&amp;evelt.-Temore&amp; de guerra.-Delfour y
Ghamberlaln.

***

El Presidente Róosevelt es un hombre-en
toda la extensión de la palabra -que se ha distinguido siempre por su carácter franco y leal.
Para un soldado de corazón que ama á su patria hasta el grado que Róosevelt ha demostrado ~on hechos amar á la Uni6n Americana; para un político de altos vuelos, como lo es también, y para un estadista sagaz, no habían de
pasar inadvertidos los excesos cometidos por
las multitudes, en contra de criminales negros.
Parece que, como los suicidios entre nosotros,
los linchamientos son en los Estados Unidos
contagiosos. La prensa nos informa un día de
que un negro ha cometido un delito repug•
nante, ha sido aprehendido por un grupo de
vengadores del pueblo mismo y ha sido colgado en el primer poste de teléfono habido á la
mano. Hasta aquí solamente se ve una manifestación del odio de razas. A los pocos días
se observa que los linchamientos aumentan, que los ejecutores populares, ilegales
por completo, se van extendiendo y aplican
la pena á delitos notoriamente desemejantes.
El Presidente Róosevelt ha escrito una carta
llena de buen sentido y de claras verdades.

Un personaje extraño, medio loco, medio
soñador, algo desequilibrado y muy rico, ha
llamado la atención recientemente por una
descabellada intentona de captura, nada menos que del Desierto del Sabara, en el que,
según decía, se iba á coronar Emperador.
Emitió estampillas postales, billetes de banco, dió títulos y condecoraciones y se encuentra ahora huyendo de la persecución que se le
hace por no haber cumplido con ciertas fórmulas en su campaña de conquista.
El Gobierno francés, después de la descabellada tentativa de Lebaudy, tuvo que enviar
un buque de guerra para rescatar á los marineros que dej5 abandonados en el Sahara en
tristes condiciones este «Emperador por su
propia voluntad».
En Macedonia sigue la guerra, por desgracia para sus habitantes, que ya han sufrido decepciones bien grandes. La ciudad de Kushevo, cuya vista damos, ha sido destruída por
completo, arrasada recientemente, y de sus
40,000 habitantes unos han sido muertos y
otros se hallan fugitivos en territorio búlgaro.

ChaiIIlberla!n y Badfour.

***

El Gobernador del Estado de Ohío comenzó
una recia campaña encaminada directamente á reprimir los linchamientos, que eran ya
demasiado numerosos. El Presidente Róosevelt le felicita cordialmente por ello, y en su
carta expresa la opinión de que los linchamientos, además de ser una forma de agresión
á la ley y á la justicia, y no de las formas insignificantes, es el síntoma de la decadencia
de una raza, y es capaz de llevará la anarquía,
á la tiranía, á los peores abismos á una nación en la que no se reprimiera con mano de
hierro.
El Juez Bréwer, de la Suprema Corte de
Justicia, viene en apoyo de las ideas emitidas
por el Presidente Róosevelt con otra carta que
ha causado honda sensación. El Juez Bréwer
afirma que el linchamiento es un acto de violencia repugnante y se pregunta la m~jor manera de reprimirlo, siempre dentro de la ley
y de la justicia.
El Pr~sidente Róosevelt ha contestado á la
pregunta con gran talento y gran sentido práctico. Es evidente que si en las 24 horas que
siguen inmediatamente á la comisión de un
delito, la justicia castiga al culpable, cuando
se quiera inducirá alguien á que linche á otro
criminal, no verá la razón de ser de esta violencia. Si las multitudes linchan á los criminales de la peor especie, es porque temen que
escapen al ca.'!tigo. Hacer rápida la ejecución

~-

***

de la ley, hacer la administración de justici&amp;. inmediata: he aquí la fórmula mejor
para reprimir estos delitos.
El Juez Bréwer es algo más radical en su
manera de pensar, pues afirma que, precisamente para que no se tarden, en los mil y un
trámites judiciales, las ejecuciones de los grandes criminales, se debe suprimir la apelación
en materia criminal.

El Juez Bréwer.

Domingo 18 de Octubre de 1903,

La atmósfera política se encuentra densamente nublada en el Oriente, y no parece sino
que la guerra se viene encima á paso rápido.
Los «americanos de Asia», como se ha llamado á los japoneses, son un pueblo fuerte, que
acaba de despertar á la vida civilizada y que
se considera quizá más fuerte de lo que es,
después de la victoria que obtuvieron sus armas sobre las del caduco celeste imperio.
Los rusos, por su parte, forman una conglomeración humana formidable, que tiende
á esparcirse, con la clara y natural tendencia
de todos los pueblos para los cuales el territorio que habitan llega á ser estrecho por amplio que en si pueda parecer. Rusia quiere tener salida hacia el mar de China, que haga
valer el Ferrocarril Transiberiano.

4

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7

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ii.

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--'----'---

LA CONQUISTA DEL SAHARA.-Los oficiales superdores de Leln111dy.

Estos dos deseos de dos pueblos fuertes, estas opuestas miras de los dos gobiernos, son
la causa de la fricción molesta que existe y
que ya se teme seriamente que los lleve á la
guerra. Rusia cuenta con una formidable escuadra de noventa buques en Vladivostock y
Port Arthur.
Las notas últimas son de aquellas que frecuentemente se envían á los periódicos de
gran circulación, solamente por ser sensacionales; pero no cabe duda de que la reunión
de tan opuestos intereses en la Península de
Corea, puede ser causa de una conflagración
1
sangrienta.

El ave ·inmortal
En los muros del templo alejandrino
Cinceló un escultor una poesía,
'
Y el tiempo que á las moles desafía
Derrumbó el monumento peregrino.
De los escombros, con volar divino
Alzó intacta la estrofa su harmonía
Y forma que tan frágil parecía
'
Superó á la del templo diamantino.
Grabóse luego en otros monumentos
Y miró deshacerse sns cimientos
De los que libre se elevó vibrando.
Y de las ruinas de cualquier grandeza
Como alondra inmortal de Ja belleza
'
La poesía se alzará cantando.
'
SALy ADOR RUEDA.

***

El Ministerio Bálfour ha sufrido en Londres una sacudida formidable á consecuencia
de la cual perc;onajes del alto valer del Ministro Chámberlain han caído de su puesto.
Los nuevos ministros, laboriosamente escogí•
dos por el Rey Eduardo en persona, entre los
más idóneos de sus servidores de alto rango,
han comenzado á trabajar en resolver un problema fiscal y econ6mico cuya solución no se
anticipa.
Chámberlain entretiene sus ocios actunlmente, haciendo una campaña de zapa á las

EN LA C ELDA
No al rígido cilicio se doblega
Del torso escultural la línea pura
Ni ha podido el sayal que la tort;ra
De su seno vencer la comba griega.
.~ola á los pies del Nazareno ruega,
FiJa en El con angélica dulzur,¡,:
Ella que le ofrendara. su hermosura
Ciega de fe, de misticismo ciega. '
Y al contemplar del Redentor la frente
Que parece inclinarse pensativa
Cruza amorosa imagen por su U::ente.
Y al recuerdo importuno que se aviva
Avergonzada ante Jesús se siente
'
Y le oculta una lágrima furtiva!
ALFONSO VILLEGAS ARANGO.

DECLAMATORIA

:::s-+

BELLAS

La ciudad~ Kuahevo destruida por los turcos.

ARTES.-¡ Si no vendrá.!. ...

El bardo melenudo y decadente
Se pasó sutilísima y ligera
La mano por la blonda cabellera
Y se la alborotó sobre la frente. '
Plegó después el labio sonri:ente·
Volvi6 los ojos á la azul esfrra · '
Y con voz melodiosa y plañid~ra
Rompió el silencio de la absorta gente...
Y dijo sus estrofas. Nadie pudo
Sorprender los obscuros simbolismos
Ni salió nadie del asombro mudo. '
De repente estallaron las palmadas·
Pero sonaron los aplausos mismos '
Como si hubieran sido bofetadas ......
JosÉ S. CaocANO.

�ElL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 18 de Octubre de 1903.

Domingo 18 de Octubre de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

En la Preparatoria.-La Ultima oposición

el nifio había entreabierto los ojos y se percibía en sus labios una débil sonrisa . .... .
Mme. d' Arbelles creyó que después de haber vencido al sufrimiento, iba á morir de
alegría!
La respiración fatigosa había desaparecido,
el silbido estridente de la garganta se apaciguaba y una calma súbita sucedió á la terrible agonía de la noche!
Poco tiempo después, el niño recupera sus
fuerzas, y estando la curación completamente
asegurada, el médico no visita la casa más que
de tarde en tarde ..... .

IV
Una mañana, durante este tiempo, Mme.
d' Arbelles fué llamada á pasar con urgencia al
domicilio del Doctor.
Había una comunicación que entregarle.
Cuando ella llegó, el Doctor estaba muerto,
tendido sobre su lecho.
Catalina, su anciana criada, le entregó una
carta.
Ella leyó lo siguiente:
«Señora:

T

/1

Estudio de Viltasana.

ABNEGACION
I
Toda la noche, el nifío ha estado sofocado.
Un sonido ronco se escapa de su oprimido
pecho y, en d silencio de las tinieblii.s que se•
para la pálida claridad de una veladora, este
sonido asciende, lúgubre y terrible, como el
toque á agonía de los moribundos
En la visita de la noche, el doctor ha aplicado las inyecciones de suero antidiftérico;
pero ya sea porque la operación baya sido un
poco tardía, ya porque el temperamento del
enfermito se revelara contra el efecw deseado,
ninguna mejoría l:lensible se ha efectuado
aún.
Y á los primeros albores del alba, Mme.
d' Arbelles se tiende hacia la cabecera del lecho de su hijo, llena de angustia, velando sobre este único querubín, que la muerte cruel
parece ya haber tocado con sus dedos ......
¿Quién reconoce en ella, en estos momentos, á la reina adulada de los salones parisienses, á aquella á quien llamaban ccla encanta.dora Mme. d' Arbelles»?
Pálida, con los ojos irritados y ojerosos por
1a excitación, parece que vive en una horrible
pesadilla.
¡Su hijo en agonía!. .....
El coquetismo mundan~ ha desaparecido;
no se ve en ella más que a la madre dolorosa
.que se retuerce de desesperación. .
M. d' Arbelles la contempla, lleno de piedad;
luego, desesperado, recorre de extremo á extremo la alcoba, con el corazón oprimido, evitando manifeshr su pesar y mordiéndose el
bigote, lo que demuestra en él una gran preo-cupación y un profundo sentimiento.
Solitario, dando aún una nota más sombría
á este cuadro tan lastimero, hace oír su tictac
regularizado el balancín del péndulo que mide los minutos, ¡convertidos en siglos junto al
.querido enfermo!

"Hace ya largo tiempo que yo la amo. Pero yo no podía, no debía hacer la revelación
de mi amor. D' Arbelles es un amigo de mi
juventud, y vos, vos sois una honrada señora ... .
«Si yo os revelo hoy mi secreto, f'S porque
vos no tenéis nada de que se os pueda culpar.
«Atendiendo á vuestro niño, que he salvado contra los gérmenes de la terrible enfermedad, hoy muero víctima de ella.
«P~ro yo no siento nada, puesto que ha sido m1 amor para vos el que me dictara mi
~ebe~: yo quise devolver el hijo á RU madre,
1magmando que, en esta resurrección una
parte de mi alma pasaría á la vuestra! '
«Depositad flores sobre mi tumba besándolas con fervor: se dice que los b;sos de las

Estudio &lt;le ilbarrarAn.

El sol se eleva sobre el horizonte, y su luz
de púrpura vierte reflejos de incendio sobre
los vidrios de las ventanas herméticamente cerradas.
Suenañ las nueve; esperan al médico, y cada segundo de retardo aumenta la impaciencia del padre y de la madre.
Esta va, de minuto en minuto, hacia la
puerta á escuchar.
¡Se oye un toque al fin! ......

II
El médico entra en la alcoba, y de una ojeada examina la situación, que en casi nada se
ha modificado.
Este es un boro bre joven aún, el Doctor Pierre M:archal, de bello semblante, ojos soberbios y presencia aristocrática. Ya hoy es de
renombre. Sus trabajos anatómicos, sus investigaciones experimentales y su reciente nombramiento de profesor de la Facultad, lo han
puesto «de moda». Mañana quizás, será citado como un príncipe de la ciencia, será célebre.
Acto continuo, sin vacilar, se dirige al enfermito.
Mme. d' Arbelles lo observa.
¡Oh! vosotrosquetenéis hijo!', vosotros que
habéis gustado de la poderosa sonrisa de estos
seres adorables, sin duda comprenderéis la
triste ansiedad de esta madre!
Mme. d' Arbelles siente que se nublan sus
ojos; los sollozos la ahogan.
¡Acaba de comprender que es en vano abrigar esperanza!
Y necesita conservar toda su energía para
no caer quebrantada, vencida, anonad~da.
Pero mientras tanto, el doctor se acerca á
ella, le toma las manos y con voz firme le
dice:
-¡Se puede intentar el último esfuerzo!
Estas palabras fueron suficientes. Mme.
d' Arbelles se incorpora, un relámpago hiere

celadas de sus oros. y al bañar de luz el
ámbito inmenso del vacío, se arrellana con
muelle despreocupación en un océano de purpurinas nubes, cual un rey que muriese entre
deslumbres de oropeles y fulgideces de matices.
La naturaleza asiste impasible-parece taciturna-á la agonía del principe oe los astros.
El bo&lt;;que lejano envía leves rumores. Allí. los
pájaros se adormecen sin gorjeos. Las uro brías
arboledas crujen débilmente y á intervalos. Al
soplo del céfiro, como quejas comprimidas de
un titán, y del lago que besan espesos ramajes,
emergen, gangosos, los cantos monótonos de
las ranas.
El mar solemne y majestuoso como siempre, manda de vez eh cuando desde el horizonte una carga de olas que se debilita á medida que se aleja de su punto de arranque. Y
la mente calenturienta forja una alondra solitaria elevándose á una altura inconmensurable en alas del líquido elemento, para descender muy luego y sepultarse en las entrañas
del coloso que ruge y brama como á un formidable mandato apocalíptico.
Toca á su fin la tarde. El universo se vela
con el dominio del crepúsculo. Las golondrinas pasan en dirección al bosque, rozando el
agua con sus alas y lanzando gritos desapacibles. Escasas estrellas aparecen en lo alto cual
temblantes pupilas luminosas, y mientras una
honda melancolía se esparce por doquier, el
monarca de los espacios se hunde en el seno
del océano, silencioso y rojo.
LUIS GARZÓN FUNES.

mujeres reviven el corazón de los muertos á
través de sus cálices embalsamados .... . .
"Soy dichoso muriendo por vos ......-Dr.
Pierre Marchal».
Hondamente conmovida, próxima á ser presa de una fiebre devoradora, Mme. d' Arbelles
vuelve de su estupor.
·
Su marido la observaba; ella le alargó la
carta del Dodor.
Después de haberla rápidamente recorrido:
-¡Caro y noble amigo!-exclamó d' Arbelles efijugando una lágrima.-¡Era tan honrado como tú lo eres!. ..... ¡Que su última voluntad sea cumplida: llevaréis las flores á su
tumba como un recuerdo!
Cualquiera podrá observar, varias veces al
mes, en el cementerio del Pere-Lachaise, á
una joven elegante y bella que se arrodilla
delante de uua tumba, mientras un gracioso
niño riega sobre la losa pensamientos y violetas, que resaltan sobre el fondo verde y melan. cólico de los cipreses y de los sauces llorones.
La hermosa. joven no se retira jamás sin haber posado sus labios sobre un pensamiento.
De aquellos que la miran, los unos murmuran:
- Es una loca.
-¡ Lo ama bastante!-piensan los otros.
Estos son los que tienen razón.

G. MoussAT.

ACUARELA
El ciel0 está bruñido de gris. En frente, el
mar enorme bate sus olas contra las riberas
como en un insaciable deseo de arruinar, y á
un costado, semiperdidas entre las lejanías y
la bruma, las rocas acantiladas recuerdan vagamentede!!pojos informe11 de edificios derrumbados.
El sol ha. hecho un buen trecho de su marcha del cenit al ocaso, dejando tras sí las pin-

Cuando la pobreza toca la puerta, el amor
brinca por la ventana.

*

La verdadera y única riqueza de lús pueblos es la sobriedad; el lujo es la pobreza de
los magnates.

*

La felicidad verdadera cuesta poco; si es
cara, fio es de buena especie.

En 10 Preparatoria.-La Ultima Opasición

sus ojos. La horrible visión de la muerte
olvida; parf'cc &lt;lesa parecer delante de un ra
de esperanza.
-¡ Es necesario salvarle!-ba murm
el doctor.
F.ste manda se llame con urgencia á
médico ayudante y, cuando á pocos in
tes se presPnta, le indica todos los instrum
tos que ha de sacar de su estuche.
Es la traqueotomía la que va á practicar,
El niño no respira más que muy débilm
te; rn carita se ha puesto morada; todo
cuerpecito se debate convulsivamente bajo
terrible mal que le oprime la garganta y
le estrangula como un asesino.
-Señora-dijo el Doctor Marcha} con
extraña sonrisa,-yo opino que nos de
abandonar por unos instantes; mi colega y
d' Arbelles me ayudarán.
La pobre madre, afligida y con los ojosll
de lá¡?rimai-, implora con todo el corazón.
-¡Por todo lo más querido que tengo en
mundo!-añadió entonces el médico,
convencida que yo os lo resucitaré: valor
confianza!
Mme. d' Arbelles, después de haber de
tado un largo beso eobre la frente del n"
desapareció detrás de una espesa tapi
que separaba su cámara de la del enfe

III
Mientras tant•&gt;, la operación ha termina
El Doctor, después de haber sajado la
quearteria, provisto de un estrecho tubo
metal, había extraído las mucosidades q
obstruían la entrada del canal; el aire, pe
trando por el orificio abierto, proporcio
poco á poco la vida á los pulmones, á la
que el descanso tan buscado para el pequ
ser.
El Doctor exclamó al fin, dirigié1,dose á
d' Arbelles:
-Amigo, podéis llamará la mamá ..... .
Cuando ésta hubo aparecido en la aleo

Estudio de Stano.

Estudio de Pacheco.

�Domingo 18 de Octubre de 1903,

EL MUNJ)O ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTl..ADO

EL PRIMER VIOLIN
CUBNTO CINOARO

En el coraz6n de las viejas selvas de Transilvania en las soledades misteriosas de la
floresta de pinos seculares, vive!1 familias de
pobres leñadQres cuy? e~caso Jo.rnal apenas
basta para evitar su miseria. Su vICla es de una
monotonía desesperante; los días se suceden

desbal'ltados en la que había nacido y de la
que segúu las probabilidades todai,, nunca habrí¡ de salir. Macha era hermosa, muy hermosa, con unas trenzas rubias del color del
más puro oro, y con un rostro apac~ble y cáhdido. Dos grandes ojos color de pizarra, nu-

cha, •tue cada día era má!'I hermosa. Solamente la wadre sabía el porqué de sus cambios·
solamente ella adivinaba la transformaci6~
que lentamente iban 103 años efectuando en su
alma.

***

Desde el linde del bosque donde la cabafia
estaba, se distinguían las piedras del castillo
regional. Las flamas de mil incendios habían
lamido los arquitrabes, y el poi vo de miles de
afíos había cegado lentamente el foso. El castillo estaba deshabitado desde hacía muchos
años. El viejo señor feudal había muerto,
mientras el heredero se divertía en la ciudad,
y solamente se sabía que era muy joven éste,
rn uy rico, pues poseía algunos castillos, y que
el rey le apreciaba en mucho.
Una tarde de otoño, cuaudo Macha iba ála
alquería para surtirse de los alimentos que
después habría de llevar á sus hermanos al
sitio donde ese día trabajaban, se sorprendi6
de ver que en la torre del homenaje, en lam'8
alta del castillo, flotaba una banda &lt;le seda de,
colores en la que se leía un lema. Días d
pués, cuando marchaba por el estrecho sen
dero Macha, llevando á su padre y á sus h
manos el alimento frugal que había de sostenerles en la ruda jornada de trabajo, el bosq
silencioso basta entonces, lleno s6lo de l
rumores conocidos y &lt;le los golpes del hac
de un leñador, se pobl6 súbitamente de v
y de gritos. Macha se ocult6 temblorosa, ·
explicarse la causa de su emoci6n, en un hut.i:
co de un gran árbol.
Por el sendero avanzaba, erguido en la m
tura de un hermoso caballo blanco, un jov
ricamente vestido. Su cabellera flotaba al vien
en procesi6n in~erminable y tedi_osa, sin que
el placer, eri mnguna de sus mil for~as, se
digne visitar á los humildes tra~aJado~es,
siempre solos entre los árb_oles .m1lenar1os,
siempre solos entre en el s1lenc10 pavoroso
de los senderos intrincados y peligrosos del
bosque.
.
El viajero que en la noche, perdido, sl: ª?erca sin pensarlo á una de las modestas viviendas de leñadores, quedará agradablemente sorprendido al escuchar las notas quejumbrosas
de un violín. Los cínga1os, de largas cabelleras negras y de trajes abigarr~dos y sucios saben sacar de él harmonías mefables y
ron~os gritos, casi humanos, de dolor y de
celo. Es el único placer de las familias de los
lefiadores ; y no debe sorp_render. á nadie esto,
si sabe la «leyenda del primer v10lím ~1:1e de
padres á hijos se conserva entre las trad1c1ones
populares que forman la historia de los moradores de Transilvania.

***

Una familia de campesinos vivía en uno
de los claros del bosque hace ya algunos siglos. El padre, la madre, cuatro hermanos y
una hermosísima doncella, que se llamaba
Macha componían esta familia.
Era~ muy pobres. La hija y la madre cocían los alimentos sencillos de la familia, mientras el padre y los cuatro mozos, el hacha al
hombro, desaparecían en el milenario bosque
de pinos. Cada uno de ellos atacaba su árbol,
y cuando ya solamente un fragmento insignificante sostenía el tronco, el más ágil de los
hermanos trepaba hasta la cumbre, amarraba
en ella un cordel, y el padre, dirigiendo la
maniobra daba los últimos hachazos, mientras los c~atro hermanos tiraban de la cuerda.
El árbol se bamboleaba, sus ramas chocaban en
la cúpula de verdura con las ramasdE: los demás
árboles, y, finalmente, caía al suelo, con gran
ruido que retumbaba en todo el bosque. Después venía la labor dura y difícil, el desgajamiento de las ramas, basta que el blanco tronco del pino era enviado por los torrentes hacia el valle.
Macha parecía feliz en la cabafia de troncos

blados, entre cejas
larguísimas, c o m pletaban su linda fisonomía. Pero no
era buena Macha.
Sus hermanos y
su padre la querían
mucho. La mimaban y siempre tenían para ella una
buena palabra. Por
ella se arriesgaha el
menor, Constan tiüo, á ir á la ciudad
en busca de golosinas; por ella los demás hermanos trabajaban uua hora
más, después de que
todos los trabajadores se rendían á la
dura faena,para poder llevarla un regalo el domingo; por
ella el padre se privaba de fumar una
buena pipa, para
que sus basquiñas y
sus corpiños fueran
la envidia de las demás muchachas.
Pocoápoco,mientras la juventud llegaba á pasos lentoe,
el carácter de Macha se hacía soñador, áspero para con
los suyos, incomprensible.
Los hermanos,
primero, creyeron
que estuviera enferma. El padre se
entristeci 6 y se iri itó, y alternativamente fué brusco y
tierno para con Ma-

to, apenas eostenida por un birrete cuya lar~a
pluma ondeaba. Sus ropas eran de un luJo
extremo. En las manos llevaba un halc6n.
Detrás venían millares de perros que galopaban, azuzados por el amo.
.
:Macha quedó deslumbrada por breves mstantes. Un ensueño inefable la adormeci6 e!1
el sitio mismo. Su alma se abri6 á desconocidos placeres. Aquel hombre era distinto de
todos los que ella había conocido hasta entonces. Aque~ hombre debería tener palabras y
pensamientos distintos, como diversos eran
sus vestidos. Macha quedó como en un éxtasis.
Un día se atrevi6 á ofrecerle una'3 flores.
Después le di6 agua, cuando el bei;moso caballero, cansado de recorrer la sel va, lleg6 desfallecido á la fuente del bosque. Pero el caballero no prestaba mayor atenci6n á la muchacha que á alguno de sus perros.
.
Y Macha desfallecía de amor. Después vino el invierno, largo y frío, las cacerías se
suspendieron y ~facha fué varias veces á la
p.oterna del viejo castillo. Pero el bello señor
estaba encerrado en sui, habitaciones. l\lacha
no pudo verlo. El invierno fué muy largo para la muchacha enamorada del castellano.
La primavera vino al fin. Una tarde, Macha que había inventado una canci6n, esper6 'como lo hacía diariamente, en el mismo
sitio donde antes había visto pasar al caballero. Este lleg6 con sus lacAyos, sus monteros,
sus perros; pero no vi6 á Macha, que, acompañándose de un tamboril, cantaba su primera canci6n de amor. Macha llor6 largamente,
porque comprendió que el caballero no la amaría.
La noche la sorprendi6 en el mismo sitio.
La luna estaba en menguante y los viejos árboles fingían monstruos desesperados en la
sombra, mientras la enamorada infeliz se retorcía de rabia, de amor, de celos, de impotencia. Le vino la idea de llamar en su auxilio al Demonio.
No había acabado de pensarlo, cuando del
tronco de un árbol viejo, herido de muerte por
el rayo y medio devorado ya por los insec:tos,
surgió un ente original, todo vestido de rojo,
con una gran cresta de gallo sobre su cabeza,
que le d ijo:
-Me has llamado. ¿Qué me quieres?
- Amo á un hombre que no me ama-le
contestó Macha.
El Perverso ri6 con una carcajada que resonó lúgubre entre la selva, toda solitaria y toda llena de miedos v de sombras.
-Quiero ayudarte-le di~o,-quiero hacerte un favor. Toma este espejo y cuando el
hombre que amas se haya visto en él, te amará ..... .
Macha corri6 desalada, hasta llegar á su
choza.. Toda la noche estuvo pensando en c6mo haría que el caballero se viera en el espejo encantado. Finalmente, cuando ya el sol
doraba el polvo del horizonte, se levantó, sin
haber dormido un solo momento, sali6 precipitadamente y se dirigi6 al castillo. Los monteros estaban listos para ealir, los perros ahullaban en el patio. Macha esperó.
Cuando el caballero salía, la mucha.cha enamorada le sali6 al encuentro y le presentó el
espejo. Curiosamente lo tomó el jinete. Pero
en cuauto lo hubo sostenido en sus manos, lo
arrojó colérico exclamando:
-¡ i1aldici6n! ¡maldici6n ! Es ésta obra del
Demonio. ¡Es mi misma imagen la que veo
en el agua dormida de este talismán maléfico!. .. . ..
Macha quedó en el sitio, desolada.
En cuanto se encontró en la selva, clamó
nuevamente al Diablo. La :figura roja y ágil
del Pe1verso cayó como una gota de agua en
su camino.
-Cálmate-orden6 el Dei:nonio. - Y a que
te has visto tú, ya que él también se ha visto
en ese espejo, los dos sois míos. Yo haré que
te ame el castellano; pero quiero en cambio la
vida de tu padre.
-Jamás-replicó Macha.-Mi padre no será tuyo.
-Como gustes. - Y así diciendo, desapareció rápidamente el Maligno.

Domingo 18 de Octubre de 1903,

***

P.;ro días después,
Macha, siempre triste,
espiaba. las rápidas carreras del hermoso se
fíor, y vi6 que en su
compafi.Ía iba una dama muy hermosa, tan
bien vestida como él.
Más ricamente quizá.
Los celos mordieron
su coraz6n. Una. nube
ofuscó su pensamiento.
-A mí el Maligno,
á mí. - E l Demonio
apareció en una mata
de flores, sonriendo
sarcásticamente.
-¿Estás decidida?
Podemos en un día
arreglar todo. Cede, y
tu amante será mañana el hombre que amas.
Sin decir una palabra, enloquecida por
la súbita visi6n que
ante sus ojos había pasado, Macha se encamin6 al sitio donde
su padre trabajaba,
guiando al Demonio.
Apenas éste se acerc6,
el pobre viejo dej6 su
hacha y se sent6 fatigado en un árbol. Pero no parecía ver ni á
Macha ni al Diablo,
que lentamente se acerc6, tomándole por
los pies. En un rápido movimiento lo hizo pasar por encima de
su cabeza. Cuando hubo dado algunas vueltas, solamente quedaba en sus manos una especie de caja alargada y vacía, una caja sonora.
-Toma__:dijo el Perverso á Macha.-Este
será el instrumento que te consiga el amor del
hombre que tanto adoras. Pero le faltan las
cuerdas.
-¿C6mo he de hacer para conseguirlas?preguntó la infeliz enamorada.
-Necesito á tus cuatro hermanos-contestó el Demonio.
Macha no sabía bien lo que pensaba. El Demonio la poseía de cierto. Sin una palabra
más, avanz6 hasta el sitio donde sus cuatro
hermanos reposaban, dormidos. Con un gesto
rápido los señaló al Perverso.
Este tom6 uno por uno á los cuatro le:fiadores y con ellos hizo cuatro delgadas cuerdas.
Las at6 al instrumento que había hecho con
el cuerpo del leñador padre y lo tendi6 á l\facha.
Pero ésta no pudo hacer de manera que
produjeran el menor sonido. La caja y las
cuerdas quedaban completamente mudas.
-Falta algo-díjole el Maligno. -Para que
tu amante se conmuevá, precisa que cantes
ante él la canci6n que en su hoñor has compuesto; pero me hacen falta los cabellos de tu
madre.
Una ráfaga de raz6n cruz6 el cerebro acalorado de Macha. Crey6 que el Demonio se burlaba de ella y resueltamente se negé, á complacerle.
-Como quieras-repiti6 el Perverso. -Pero, yo, en tu lugar, tendría menos escrúpulos.
Mira:
La selva se incendi6 de reflejos. Ante los
at6nitos ojos de Macha apareci6 el hermoso
caballero, rodeado de una servidumbre discreta. Una dama hermosísima estaba á su lado.
No se escuchaban sus palabras, en las queparecía que iba su alma entera. Pero la hermosa sonreía y en sus labios vagaba una frase de
amor.
Macha estaba loca. Si.I! hal&gt;lar,_co1110 si_em_pre, avanzó rápidamente hasta el punto donde la cabaña se levantaba. Allí la pobre ma-

dre preparaba los alimentos para el marido y
para 'los hijos. De un solo golpe, el Demonio
abatió á la infeliz, que cayó sin hacer un solo
gesto. Con sus cabellos ( que tendi6 en un
fragmento de madera) hizo un arco.
Entonces Macha se apoder6 violentamente
del instrumento diáb6lico y corri6 hacia el castillo á cerciorarse de su virtud.
Apenas hubo comenzado la canci6n del
amor, acompañándose del instrumento, cuando el hermoso caballero salió rápidamente,
atraves6 el puente levadizo y se arrodilló ante
Mnr.ha, jurándole amor eterno.
Ebria de dicha, la muchacha se dej6 conducir al interior del rico palacio. En ese momento había olvidado todo: su padre, sus hermanos, su madre, todo se desvanecía en el
inefable ensuefio de amor que se realizaba.

***
¿Fueron felices los amantes? La tradición
cuenta que, cuando en sus bodas los dos se entregaban al frenesí de una pasi6n desencadenada, en el exterior unos pobres cíngaros perecían de frío y de cansancio. Súbitamente
una flama coron6 la torre del homenaje, y los
muros del castillo crujieron bajo el peso de
una lluvia de fueg~. Los cíngaros, al pasar,
en el puente levadizo se habían encontrado
un raro instrumento que gemía, que hablaba,
que cantaba, que reía.
Y era porque en la caja del violín y en sus
cuerdas y en su arco; iban la vida entera de
un padre, el amor inmenso de una madre, y
el eterno grito de pasión de una muchacha
enamorada.

�Domingo 18 de

Octubre

de 1903-

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 18 de

Octubre

de 1303-

Impresiones de Estética
I.A ,\\USICA
Hay horas profundas en que sentimos el espír~tu ~bierto á toda impresión de belleza, apto, de una manera extraordmana, para recibir la
visita sagrada de las ideas. Entonces el alma, trémula como el ala de
una mariposa, percibe los matices de las más sutiles sensaciones y el
significado de las más extraña1:1 músicss, y gozamos singularmente de esa casta alegría que sólo pueden proporcionar los placeres espirituales, abandonándonos al encant9 de la poesía de las cosas. Por
que, en verdad, que aun á las más groseras formas de la materia
llega el hálito perfumado del ensueño, y que en todo cerebro humano han brillado, más ó menc,s intensamente, las luces de la fantasía.
En horas así, la música llega á producirnos una embriaguez inefable. Los sonidos nos adormecen con sus voluptuosas caricia~, y se
llena nuestro corazón de dulces quimeras. El poder de la harmonía
se manifiesta entonces en toda su plenitud y esclaviza nuestro pensamiento.

***

AMALIA DE ROMA EN TRAJE

DE CHINA POBLANA. (Fot. Na.pole6n.)

...... En una noche de honda nostalgia, cerca del monótono mar
turbulento, escuchamos hace algunos años, una formidable sinfonía
de Wiígner, el enorme viejo divino, á quien las almas de los artistas
rinden culto. Era, al principio, una verdadera tempestad melódica,
de relámpagos y de truenos y de terribles estruendos, que nos hizo
soñar con gigantescos derrumbamientos de montafías, con huracanes que arrancaban de las cumbres las rocas negras y de los bosques
los árboles milenarios ..... .
Después, bajo la obsesión de la estupenda harmonía, vimos pa•
sar, á la cárdena luz de un incendio, ejércitos en fuga, en el trágico
terror de la batalla. Oímos el ronco retumbo de las baterías, el ruido
de las armaduras y el galope de los corceles. Contemplamos los estandartes y los uniformes, las espadas homicidas fulgurando en el
aire y los cadáveres ensangrentados sobre la tierra muda .... .
De improviso, la tormenta musical se convirtió en una melodía
dulcísima, maravillosamente triste é impregnada de una melancolía
sobrehumana..... .
. . . . . . y en un esquife fantástico erramos entonces, bajo el rayo de
la luna, en un lago de aguas sonoras, oyendo el cantar de las sirenas,
viendo temblar sobre las ondas al loto de pétalos marmóreos.... Luego vagamos por una campiña florecida de violetas, esperando á la

C OQUETER IA
amada que nos dió una cita á la hora en que
muere el crepú~culo; ó emprendemos al primer f~lgor ~atmal, un viaje misterioso hacia
uua ribera ignota ..... .
. Y es así como el poder de la música se mamfiesta á veces en nosotros lanzándonos en
pleno ensuefio de ilusi6n y 'de poesía.
FROILÁN TuRCIOS.

Puente sobre el río Tenexapa. (Puebla.)

Inanguraeió1: de un puente
El día_ 8 del actual quedó abierto al servicio
del púbhco un nuevo puente de mampostería
c~nstrufdo sobre el río Tenexapa, en el Distrito de Zacapoaxtla (Estado de Puebla).
A la inauguración, que ameniz6 un cuarte-

(Colecoi6n Pe!1iandini.)

to, concurrieron algunos vecinos caracteriza- '
dos de las poblaciones inmediatas al lugar y
un gran _número d_e trabajadores de las haciendas del rumbo.
Jtl pue_nte es d~ co9strt1Cción sólida, y tiene
mas de cinco metros de anchura:·

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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