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                    <text>Domingo 2 &lt;le Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 2 de Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
=---- --

,

A!•-;;
-~

..

't.''

sombras, sin ver jamás el resP!andorcito de la lámpara que una
virge~ protege con la mano, y el
que aun tenía. algo de hombre es
s_ólo fiera, con dientes para mo~det·
Y ga~ras par&amp; destrozar sin misericordia.
. Su Pr(!fesión de fe es una carcaJada cínica; Y su amor un latigazo
q_ue quema Y arranca la piel haciendo brotar la sangre. Me diréis
q~e la santita tenía derecho de asP!rar á felicidades reales y á goces
siem_premás puros que los que libaba sm treg?a su desenfrenado ídolo
Y acaso di:éis muy bien, según el
vulgar sentido común y Ja enana
razoncilla práctica. Pero que esa
razón os aproveche. En el sentir
de los poetas, menos malo es ser
~aleote del vicio que desertor del
ideal.
EMILIA PARDO BAZÁN.

LA P01~PA DE JABON.
e■nto-fr.qwnto

dr 111 eo•rill.l llfflll.

- Y!), d~ cuento: En un balcóu
un chiquillo cierto día
en hacer se entretenía
lindas ¡,ompas de jabón
Y del sol los resplandor~s

13.-Cubierta bordada para almohadón.

8.-Vestldo de reunión.

9.-Vestido de paseo.

t

!~·,¾/.
i. ~'

.

.

., ..
14.-Elegante sobre cama rameada.
l

que?rá.ndose en su envoltura,
matizaban su hermosura
con irisados colores.

12.--Cortinaje bordado para alcoba.

LA COCINA

La cocina es un arte verdadero y
el más importante de todos, puesto
que es el que asegura nuestra exis·
tencia y el que tiene sobre todo nues·
tro organismo !a más directa influencia: si se come mal, en seguida
el organismo se deprime; la inteli-

Desde su sitio el chicuelo
no las veía morir
y ha~ta llegó á p;esumir
que iban derechas al cielo·
porque al ~i:arlas tan bellas,
no era necio imaginar
que tuvieran un lugar
al lado de las estrellas.

gencia misma se resiente de esa de•
presión.
Una buena y sabia alimentación
debe ser, lectoras queridas, uoa de
sus principales preocupaciones, en
su propio interés, así como en el de
los seres queridos que las rodean.
No puedo, por consiguiente, terminar este artículo sin tratar, aun·

que sólo sea sumariamente esta
materia, no sólo bajo el pu~to de
vista de la higiene, sino también
bajo el punto de vista de la elegancia y de la economía.
. El placer de la mesa ocupaba an·
hguamente un luj?ar mucho má., importante en la vida de las personas
ricas que en la actualidad. Ahora

Una, en lu¡ar de caer
por un capricho del vie~to
flotó so:i&gt;re él un momento
Y la quiso poseer,
cosa natural en suma.
pero al extender la m~no
á su contacto liviano
'
se le deshizo en espuma.
-Qué más?
--Lloró el chasq d0
vertió el agua de jabón uea. ,
cerró airado su balcón '
Y·· • .«colorín colorado.&gt;
De este cuento se de~uce
una sentencia, un tesoro·
Que en este mundo no es '0
todo aquello que reluce· ro
que la vida hay que to~arla
comlo es, porque la ilusión
es a pompa de jabón
que se¡deshace al tocarla.
10.-Traje de calle.

IGNACIO MENDIZÁBAt,

15.-Modeloa de tejido y bordado

11,-Eeclavlna-boa do gasa y teda.

se come al vapor, como se hace todo lo de~ás, sea clicbo de paso.
La co~rna Y sus numerosas depend~ncias eran una de las partes
más importantes de las casas nobles.
Generalmente, esas construcciones
abovedadas eran inmensas y no se
parecían á nuestras cocina~ actua-

�Domingo 2 de Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
d\spensable que siPntan sob
ºl? del am!I'· Eso sólo b re a( 11
evitar un sinnúmero de aaatab
usoa.Pll'I
Como lo he dicho antes e
gilancia, que siempre di S\a Tilos cri9:dos, debe ejercit~~:\a ,
prudencia, tacto y discreció0 COI
grandemente acostumbrad • Pot
hallen á servir
tienen á os
que11
•
1
veces
...
amor propio muy irascible
maneras de vengarse, sobre to~o-.:

les, en donde se regatea el espa.cio
y hasta algunas veces la. luz.
Las chimeneas, colosales, eran
verdaderos hornos, en donde se quemaban árboles enteros, ante los
cuales se asaban enormes trozos de
carne destinados á la alimentación
de un numeroso personal.
El mobiliario de esas cocinas era
á veces muy elegante, muy suntuoso, y la estancia en ellas era verdaderamente agradable.

16.-0tros modelos de tejidos y bordados.

Utensilios de bronce artísticamente trabajados, cacerolas fuentes de plata repujada y de ~na riqueza. tan desmedida, que pronto
degeneró en abuso.
~as prdenanzas de Luis Xll y de
Luis XIV, fueron importantes para
refrenar el lujo desenfrenado de
esas baterías de cocina.
También en la clase media, sobre
las paredes de las habitaciones se
veían una multitud de instrume¿tos
de cocina.
El cobre reluciente era el orgullo
de las amas de casa.

lpl deber de una ama. de casa es
cUJd&amp;r de que la cocina esté siem~re muy limpia, paraqueloscomestibles no se alteren por la humedad
ó la ob.scurida.d, pues los microbios
que existen en todas partes crecen

Por último, si conviene limpiar
mlls vale no ensuciar. Débese exi~
gir de la cocinera ó del cocinero
hábitos de limpieza y de buen orden.
En las casas grandes es costum-

Domingo 2 de Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

•
la cocina, sin que se pueda siqu.
re. sospechar.
DUQUESA LAUREAN!.

ta por el aire; y cuando el dormilón
se vió tendido en el suelo limpio y
pelado, se restregó los ojos, y acomodándose de medio lado, exclamó
con perfecta calma:
-¡Va.ya hombre, a.hora. podré seguir durmien'do con más tranquilidad! ..... .
Hu.y tipos que cuando cogen el
sueño,no despiertan ni con la trompeta apocalíptica.

da usted á dormir á ese sargento,

se~siente voluptuosamente ~conforcontra toda disciplina'?
table.
-Es porque este sargento ronca
para. los chicos de escuela. y escomo un trueno, y así no dejará
tudiantes mayores, sin distinción de
dormir á ningún soldado.
sexos, no hay mayor torment? que
De un dor milón dn sueilo pesado
verse despertados por la voz impese cuenta---easo histórico- que turiosa. del jefe de la. ~a~a á esas hovo la inmensa dicha de no sentir
ras de la mayor delicia.
un terremoto, durante la noche,
•Cuántos estirones de brazos y
y de otro, no menos afortunado,
pi~rnas, cuántos bostezos, cuántos
se refiere que habiendo sentido engestos de mal humor y de per~za
tre sueños la tremenda sacudida,
profunda antes de tomar la. heroica
contestó entre dientes, creyendo que
resolución de sentarse en la cama!
lo movían para que se levantase:
y cuántos hay que, después de
-¡No, no, todavía es muy temeste primer acto d~ valentía, senprano! ....
tarse en la. cama, viendo que queEl finado siglo XIX, que fué madan de nuevo solos, se dejan caer
nilargo en todo, basta en el arte de
en el lecho para continuar durmienmatar á los hombres, en guerra y
do á pierna suelta.
fuera de ella, no se olvidó de los
Ah dichosos los que a.sí duermen,
dormilones é iluminó al alemán
porq~e ésos gozan de tranquilidad
Herr Langue, para que hiciese una
de espíritu y buena. salud. En cammáquina antimol'feica, que consiste
bio cuán dignos de lástima son los
en una r.ama despertadora, de la
que' padecen de insomnio, porque{\
cual se publicó una descripción en
ésos la salud les -falta ó el espíritu
1888 y que, perfeccionada basta el
extremo, produce los efectos si- ·
les sobra.
E ntre las calamidades que produguientes:
ce el sueilo, unas son del fuero inter19 Llegada. la hora de levantarse,
no como las pesadillas; y otras del
suena un repique de campanas larexterno, como los ronquidos. Unas
go y sonoro en las orejas del dory otras dan materia para un tratamilón.
do pero tranquilícese el lector,
29 Si con esto no despierta, se
po~que no estamos .dispuestos á esmueven sobre el lecho unos brazos
cribirlo ni ahora n1 nunca.
automáticos que le quitan al pacienVaya sólo una anécdota relativa.
te el gorro de dormir, las sábanas
La escena pasa en un cuart-01 en noy las cobijas.
che de alarma.
39 SI esto es ineficaz, se enciende
c,,..-Sargento Rodríguez, déme acá
una lámpara de alcohol por medio
el fusil y acuéstese á. dormir aquí
de la. electricidad y empieza á hermismo -le dijo el capitán sei'ialanvir el café, al son de una ruidosa.
dole un puesto en el mismo cuerpo
pieza. musical.
de guardia.
49 Si el olor del café y la música
-¿Qué es eso, capitá.n'?-le dijo
no hacen levantar al dormilón,
el oficial del cuerpo. -¿Por q ué;man-

T. FEBRES CORDERO.

LA ALBAHACA.
22.-Cesto de mimbre y seda.

vuelven las campanas, y sobre el
cielo de la cama, iluminado con luces de bengala, aparece una invitación por escrito en que se le excita á
levantarse en términos muy corteses
y suplicatorios.
59 Si el paciente aún continúa.
rehacio, entonces funciona la parte
más ruidosa del a.para.to, haciendo
resonar un tambor y dos cornetines
de guerr a é incendiando debajo de
la cama un depósito de triquitraques y cohetes.
69 Si nada de esto basta, entonces un resorte muy potente arroja
de la cama al dormilón con grande
estrépito y Jo deja tendido en el suelo de la habitación.
Pues bien, puesto en práctica este gran invento con un dormilón de
tuerca y tornillo, resultó que, agotadas en parte todas las maniobras,
se llegó al caso final de la voltere-

Alhiihaca menudita,
linda y graciosa alb!lhaca,
del búcaro compañera
y adorno de la venta.na;
ya tus verbenas pasat·on,
llenas de juegos y danzas,
con sus bordados mantones
y sus luces de bengala.
Ya pasaron tus verbenas
con sus cohetes de ltigrimas,
sus corruscantes buñuelos
y sus macetas galanas.
Separada del bullicio
de las alegres veladas,
si suenas, ¡serán tus sueilos
los sueños de la nostalgia!
Ya junto al puesto florido
no ves la espai\ola gracia
de andares, rostros y cuerpos
pasar en ola. bizarra.

Ya de la. chulesca polka
no ves las vueltas pausadas

[O$ dOrtlilOltS.
En eso de dormir todos somoa
maestros más ó menos compe&amp;eatRs.

Sin embargo, el dormilón propiamente dicho es como el poeta1 como
el músico, como el pintor, ea dectr,

17.-Tejido para aplicaci6n.

y se multiplican en esas condlcion~s con mayor facilidad, y lo que
sirve de alimento puede llegará ser
un veneno.
Po~ .esta. misma causa se debe
proh1h1r que se frieguen las paredes con mucha agua: conservan la
humedad y echan á perder las pinturas.

breque el ama de la casa no .,.aya
nunca á la cocina. Es un mal: sólo
el! a es ca.paz de vigilar convenientemente.
. ~l tomar un criado, hay que part1c1parle la costumbre de vigilar
de la cual no hay que abusar. D~
cuando en cuando, en épocas irregulares, se debe hacer, pues es in·

20.-Mesita de costura.

La historia nos cuenta que el
guardasellos de Francisco I había
hecho de la cocina. su saló~ y su
despacho.
Delante de su suntuosa batería de
co~ina, desfilaron todos los personaJes más encopetados de aquella
époc~, du_ra.nte la cual, la arquitectura mterior delas habitaciones era
todavía. rudimentaria.
En la mayor parte de nuestras
casas modernas algo elegantes las
cocinas están instaladas con bastante comodidad y gran limpieza
. Suficientemente alumbrad as y v~ntil11;das, el suelo es de baldosines
fáciles de fregar; están provistas de
aparatos de gas ó de hornillas sabia_mente dispuestas, y estas instalaciones están conformes con las
leyes de la higiene y de la verdadera economía.

19.-Detalle para

21.-EI peinado del hogar.

fleco■•

que nace y no se hace. Es el artl•·
ta del suei'lo. Se hace llamar de propósito, para gozar del inmenso placer de volverse á dormir.
Hay dos clases de dormilones: el
que duerme largo de turbio en turbio, ó sea el que se acuesta con 1111
gallinas y se levanta con el sol; I
el que tiene sueño pesado, contra el
cual no valen gritos ni tirones.
De uno y otro nos ocuparemos en
esta especie de &lt;morfeniana.&gt;
En los climas fríos, la gran hora,
el periodo supremo para los donni·
Iones artistas, es la madrugada Y
las primeras horas del día, cuando
el frío a.prieta por fuera y la cama

24.-Vmldoa do casa y reunl6n, estilo "reforma."

23.-Traje de pa&amp;eó.

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 2 de Agosto de 1903.

Domingo 9 de Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

==

O que, buscando ansiosas
el Sta.mbul
De un ensuei'io, tornaron
al cielo azul .... 1
iAy! por los amorcillos
que ya perdí,
Lloro cual nazareno
por su Rabí.

Ero.o las tortolitas
que tanto amé,
Porque o.r1·ullar supieron
mi ardiente fe.
Las estrellitas de oro
que en el capuz
De mi coche, regaron
mágica luz.
Florecitas azules
de mi verjel,
Que en mi cáliz de acíbar
vertieron miel!
¡ Ay I los amores idos
del alma, son
Pálidos muertecitos
del corazón! ....
EXRIQUE GIL Y PIÑÓN.

EN UN ABBOL.

25.-Elegante cortinaje bordado.

Arbol, á cuya sombra
gocé de amor el premio,
guarda estos versos míos
que en tu corteza dejo
hijos de la ternura. '
que aún en el a.lma llevo·
y dile á quien del bosqu~
venga al feliz sosiego
qu~ si el placer logra~a
quitarnos el aliento
hallado aquí me habrían
bajo tu sombra muerto.
:Jacinto &amp;Mtttrm-eon.

Pn el salón callejero
hecho con arcos de ramas.
Pasó tu reinado alegre
cual todo reinado pasa,
y angustiada, tu rocío
lloras cuando viene el alba.
¿Qué te importa ya que el búcaro
~ dé en la reja compa.ila,
s1 antes sudaba sus perlas
y a.hora de frío las cuaja?
El fuego forma tu vid~,
y cobra fuerza tu savia
entre las siestas de oro
y las noches a.brasa.das.
Están tus bojas pidiendo
sopor de atmósfera cálida
cadencias de mecedora
'
y perezas de guitarra.
Pero el ot-0i'10 te acecha
lejos moviendo sus a.las
y sus avisos te envía '
en el soplo de sus ráfagas.
Pronto verás los ramajes
tender su seca hojarasca
y en remolinos crujiente~
bailar su danza macab1·a.
Pronto verás de los cielos
la mutación angustia.da.,
y trocar oro y carmines
por tintas grises y pálidas.
Tú también ar.te la muerte
fxhalarás tu plegaria,
é irás con el remolino
á bailar tu última danza ....
Albahaca menudita.1
linda y graciosa alba haca
¿dónde fueron tus verbena~:&gt;
¿qué se hicieron tus veladas·?
SAL\'ADOR RUEDA.

. Cuando un médico eminente
dice qu~ ha usado un preparado
por vanos afi.os, no hay lugar para dudar de la eficacia de e!'\e preparado. Las siguientes palabras
son _del Dr. Don .J. R. Icaza, de
la ciudad de México:
«Tengo la satisfacci6n de decirles que hace varios años he rPCO·
mendado á muchos de mis enfermos la Em ulsi6n de Scott y estoy
c?,nvencido de que _e!'la preparac1on es un buen t6mco reconstituyente y tiene la ventaja de que
muchos niños la tomah con verdadero gusto.»

tos Otos y 1a Edad.
. El museo de Stocolmo
10teresante colección de po_aee 1181
han pertenecido á person~º~
q11e
8
versas edadeq, en cada
e 41..
c~ales se ha da.do un co~º de loe
m1te examinar su estructque per,
terna.
ura inEn los ojos de los niil.os
serva una transparencia ca n~!►•
á. la del agua; los de un jo: "fiua&amp;
meno~ transparentes; en el be: IOD
de tre10ta ai'1os comienzan , lllbtoe
gera.mente opacos; en el de cl:r Uta ó seseota.sooyaopacos p cueoplet-0, Y, por fin, el anciano
tenta affos ó más Jos tiene no 80
mente más upacCls toda;í
a,.
desprovistos de brillo.
a, •loo
Est;e desarrollo gradual de
o~~1dad se debe al crecimiento la
teJ1do fibroso y á la a.cumul
de materia gastada en el ojo. ac 1

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ltlmm a111a las Jlorm
La pregunto. no es fácil de coatestar; pero lo que hoy por ho
puede asegurarse, es que much~
flores aman ó oborreceo como 111
personas más sensibles .
. No ha.~ duda de que las rosu
sienten simpatías por ciertas floree,
pues cuando se las planta junto ,
ellas,. se ponen más hermosas. Ea
cambio, al lado de otras se marehJ.
tan rápid9:mente, sin duda porque
no &lt;:ongen10.o con ellas. Se ha detcub1erto que ta.mbiéo existe un vbo
afecto entre la violeto. y el hello&amp;ropo, é igual a.mistad profesan loe
clavele,s á los pensamientos.
El descubrimiento de estas paalones vegetales se debe á un ootabl,
botánico francés, cuyas observ•
clones hacen sespecbar que pronto
~erá preciso convencerse deque loe
aromáticos adornos de los jarcll•
o~s, están dotados de almaa ap•
s10nadas.

SEISITIVAS.
¡Ay!· los amores idos
¡qué tristes son!
:Parecen muertecitos
del corazón!
¡Parecen golondrinas
' que por volar
A otras playas, cayeron
en hondo. mar!

·• •······.........................
"SANTA FE," LA MEJOR RUTA
ADenver,¡lusas Cfty, St. Louls, Cblcago, lew York.
San Francisco y Los Angeles

EL TEST AMENTO

Dtl 11.mo. Sr. Jlrzoblspo J«ban.
Los bienes ~ueron v~luadoa
en J125,000
La mayor parte de lo testado con•
slstla en dos p6llzas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mutua"
Companla de Seguro•
sobre la vida, de Nueva York.
Hace pocoe dfu que lle practicó la
apertura del testamento del llu■trtal•
mo Sr. Arzobispo D. Patricio A. Feehan
en la ciudad de Chlcago, m1uola.
La fortuna i!el dl ■tlnguldo prelado u cendló i cerca de $125,000 oro americano; 7 aegO.u el Inventarlo que 11e ha
publicado, 10• blenee que dejó fueron
como sigue:
Doa póllzH de • 'La Mutua.• ' Compallt&amp; de •
guroe ■obre la Vida, de
Nueva York, por $25,~00
oro cada uua, ó eean. . $ 50,000 oro.
Dividendos acumulados eobre u.na de las póllzu
9 829 oro
Otra póliza de seguro. . . 14000 oro·
Accione■ en efectivo 7 en
•
·
Bancoa. · · · · • . . 37,000 oro
Entre lu dlspoalclonea del aellor Ar:
zobl■po, en ■u testamento, ae blclerou
atas:
A ■u hermana, aellorlta Kate Feehan
que eatuvo alempre con él huta 8 ~
muerte, $40,000 oro en bono, y $:lll,00-0
oro «e una de lu póllzu de aeguro .
l la ■ellora Ana A. Feehan, viuda dei
aellor doctor Eduardo L. I,'eehan, hermano del ■ellor Arzobispo, $25,000 oro
de otra 4e lu pólizas, 7 $S 000 oro en
efectivo; i la Academia de• ban Patrl•
clo de Chlcago, de la que e■ preceptora
IU hermall&amp;, Hadre
Marta Catalina
$l0,000 oro de la dltlma póliza. , 1~
eecuela • 'Santa Marta' • de en,;llanza
prictlca para varones, de Feehanvllle
Illlnol■, que era la Institución por !~
que mla 11e Interesaba el ■e!lor Arzobllll)O, INI 111trep.rou loa $4 ooo re&amp;ta'l.. la dlt1ma póllsa.
•

1.-Trajes de casa y visita.

tróntca dt la moaa.
l::ie reservan ~roa.a en Carro PuJlman para todos los punto8
en los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Comedores de
Harvey en la Llnea de Santa Ft: son renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios 'y otros informes, dirigirse á
w . s. FARNSW0RTH.-Ageote General.
ta. San Franolaoo, #flm. B, México,

a. #.

································~

Informadas estaréis, lectoras
mías, de la gran Exposición de Modas que el mes entrante se celebrará.
en la capital del Imperio ruso. Sin
embargo, quiero bosquejar en breves líneas, quiero baceros entrever
en condensadas descripciones, lo
que será. el certamen de Sao Peters•

burgo, primero en su gé¿ero y origioalísimo en su forma.
Las da.mas principales de Europa
entera se hallan interesa.das en el
«tour de force&gt; que los artistas de
la indumentaria femenina hao emprendido en persecución, no de un
ideal precisamente, sino de algo más
positivo que en los tiempos modernos se traduce en finanzas. Efecti•
va.mente, el certamen ruso, como
todos los certámenes de carácter in-

ternaciona.l, redunda en provecho
de los expositores, cuando éstos da.o
á conocer algo nuevo y algo útil.
¿En la próxima Exposición de
Modas quedará sorprendido el mundo elegante? Así debemos esperarlo
dando crédito á las crónicas que los
periódicos especialistas nos dan á.
conocer. Femeoioameote hablando,
Rusia es un país elegante. Compite
con Berlín y aun osa ponerse freo·
te á. frente de París.

La mujer rusa es eleg-ante por naturaleza: de talle esbelto y de formas delicadas, luce ricos atavíos,
ya en los paseos populares, ya en
las reuniones íntimas ó ya. en los.
centros donde la etiqueta se impone. Es más seria en su indumentaria que la mujer alemana, y mucho
más seria que la parisiense. No ha
logrado, sin embargo, dogmatizar
en cuestión de modas.
Ocupémonos de la Exposición. En

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 9 de Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
mirar su imagen para p
ella.
'
ensar en
Me llevarán el alma .
ya .isté1. quedas, tranq~A,8cuando
111
pecho, irán hasta su oído· y
dito, trémulas, como si ~e ca 1 D•
sa.s llevaran mis endechas ryonao11
dechas que matan si vibra~ c 811•
neza., dirá.ole que mi vida. 88°~rtoda. de ella., que sólo su
a,
sostiene mi existencia.!
recuerdo

Expllcadón dt

nuHtros grabados.

ii

Número 2. Presentamos á nuestras lectoras, en esta plana, una bo·
nita serie de vestidos de calle y casa., a.si como un elegante sombrero
de último estilo. El traje de cuerpo
entero, para ca.lle, es muy odginal
en sus adornos, que son los que le
dan vida. Compónese de aplicación
de encaje y borlas, que se disponen
longitudinalmente en la blusa y
transversalmente en la. falda. El pequell.o peto del talle es de seda con
adornos de pasamanería angosta, y
sobre los hombros y á lo largo de
cada una. de las mangas, caen dos
aplicaciones simétricas. El resto de
las mangas es liso, con excepción
de la parte inferior, cerca de los
puílos, donde hay un pequell.o ra.•
meado de encaje y punto. Los puños son algo estrechos. Por lo que
hace á la falda., se pliega en su longitud con pliegues no muy va.sws, y
en su parte inferior se sobrepega.n
dos tiras de aplicaciones entera.mente iguales entre si y corriendo
paralelas. El conjunto resulta. muy
agra.dable, como puede verse en el
grabado.
La. blusa que aparece en el centro, es de seda, color claro, muy
alforzada. en el centro y con cuatro
adornos simétricos de encaje, que
se ponen á lo largo de los pliegues.
El cuello es muy ancho, pues se si•
mula. basta el nacimiento del plega.dillo. Deben nuestras lectoras fijar·
se en la combinación especial de
este cuello, adornado con triples
hileras de enea.je. Las mangas, campa.nuladas, llevan una aplicación
de enea.je en la parte inferior, y los
pul'los, algo estrechos, llevan tiras
angostas de encaje, semejantes á las
del cuello.
Representa. el tercer graba.do una
elegante y rica capa de enea.je y
blonda, con grandes volantes de regulares dimensiones. Un estudio de•
tenido de nuestro grabado, dará á
conocerá nuestras lectoras la. manet'll, de confecciona.r este abrigo,
que, como se ve, es de suma elegancia. y buen gusto. El último de nuestros grabados, un sombrero de la.
estación, se confecciona con plumas
y sedas de huena ca.lidad y colores
apacibles. Debe escogerse una forma que por sus dimensiones sea
adecuada. al cuerpo de la. persona
que vaya. á usarla..

· · D~~p~é·s: ·. ·. · ·~hi° ·d~·s·p~é; ········
arra.nq ue de awor y de purez:ni ::
hasta sus ojos y observa ¡ r

queda un rasgo de mi ima.ge r n •I
pupila. bella.
nen 111
SABELJO.

ta Htrmana Pálida

llas.

6,-Gorro para niños.

RIT MO
[HOMEWAJE]

Yo soy el verso dulce y galan'8,
yo soy la fina seda del guante
que oprime y besa mano ducal,
soy la. ca.ricia de las veladas,
el cuchicheo de las amadas
en la. radiosa. fiesta nupcial.
Soy el escote de las princesas,
el devaneo de las marquesas,
la serena.ta del trovador,
el cftirt&gt; discreto de las sultanas,
el sortilegio de las gitanas,
el ditirambo del a.mador.

~

.
i.

4.-Sombrerlto

.

.

'

Infantil,

Primtras Uiolttas
Trémulas, tiernas, tristes, inclinadas coquetamente sobre su ele•
gante talle flexible y trasparente
aquellas violetas de abril, las pri~
meras del ai'l.o, embalsamaban con
su aroma exquisito el ambiente de
aquel rústico mesón de la florista..
En sus matices pálidos, en sus pétalos loza.nos y olorosos, esos ra~illetes_ de violetas semejaban la.
rnocencia y el candor unidos á la
belleza. y la elegancia. Reftejába•
se en ellos ese no sé qué de tente.•
~o~, ese no _sé qué. de a.trayente que
rnc1ta á saciar el Juvenil capricho
de aspirar con fruición, de aca.ri·
ciar y adormirse arrullado por
los efluvios de esa. flor divina é ini·
mita.ble.
Allí, caídas con abandono sobre

,

Ella era la. hija. única del más
poderoso Rey de Asia. Pensaréis
que nada. le faltaba. de lo que pue·
de hacer la. felicidad de una. joven
princesa.. Ha.hitaba un palacio de
jaspe rosa.do, iluminado por los
rayos del buen sol. Durante todo
el día, orquestas invisibles le ha.cían oír su música. con que bubie·
ran arrebatado los oídos más deli·
cados. Inútil es decir que tenia
entre sus cofres todos los día.man·
tes, los rubíes,.los zafiros que suei'la. la loca. ambición de una coqueta; se habría podido pavimentar
una ciudad esparciendo tanta pe·
dreria. Sus vestidos eran tantos,
tan bellos y abundantes como aqué-

Soy el secreto del gabinete
de la.s actrices, tierno billete
que habla de citas y dice: cven;&gt;
en el olvido que se le arroja,
está. marcando la. octava foja
de una. novela. de Montepío.

,\ .

-·----------~--------

los bordes de un tosco recipiente
de vidrio, y como avergonzadas
por el mirar inoportuno de los
transeúntes que admiraban la. hermosura. de sus formas, encontrélas
en aquella mai'laoa. de otoi'l.o, mai'lana brumosa. y fria que azotaba.
con frescuras v humedades los sem·
blantes y las flores.
- Qué bellas son, me dije; y cómo
llorarían orgullosas coloca.o as so·
bre el pecho de la mujer á. quien
a.doro; a.sí prendidas hacia abajo,
envueltas entre encajes y alfileres,
escuchando quedas, dulces, el latir
de ese corazón que vive presuroso,
indiferente, frío!
Agonizar allí, ma.1·chitas, mustias cual las ilusiones juveniles
muertas á. los golpes de crueles des~mgai'ios; extinguirse poco á poco,
Junto con la. ambrosía de sus pétalos descoloridos y ajados, al calor
de ese seno querido en donde en•
tregaría bast11. el último pedazo
de mi existencia ioquiet11o y dolo·
rosal ¡Ah I sí, serán pa.ra. ella., pa.·
ra ella sola.mente; irán a.qui ocul•
tas entre los pliegues del ga.bá.n de
invierno ó envueltas entre bojas de
papel ó de periódicos que escondan

su belleza, que a.paguen su perfume incitante y voluptuoso.
Le llevarán mi alma, ese pedazo
de alma. que sólo me da. vida. para.

Soy el dibujo que admira y ama,
en el otoño, la. noble dama
mientras a¡ruarda. su traje s¡-ris;
soy el ~ocaje del blanco velo,
la cinta. ajada., color de cielo,
que nunca. olvida. la. emperatriz,
Soy la sonata de raras notas,
y la. pelucba. de Ias capotas,
y la fraga.ocia. del azahar,
y ese suspiro como de seda
que tras las novias flotando queda
cuando a.traviesan el bulevar.
Soy la. a.dora.ble coquetería
de las parejas, y la alegría
de los saraos del carnaval,
el terciopelo de los disfraces,
el beso oculto, los antifaces
en la. severa. casa. feudal.
Yo soy el verso dulce y galante,
soy la. pulsera de la. elegante
que es en palacio dama de honor,
soy la. sortija que un duque roba,
soy el equívoco de la. alcoba
y la indirecta del comedor.
Soy el saludo de los gentiles,
tengo los hábitos señoriles
y galanteo la emperatriz.
Me llamo el numen de sueños de oro,
nacido en Francia.; soy el sonoro
ritmo que suei'l.a. la musa gris.

7.-Vestidlto para niña.

E. HERNÁNDEZ H,

Pero lo más que todo propicio
para mantener alegre el ánimo de
la. princesa, era.o los maravillosos
jardines que rodeaban su palacio.
AlJí no caía jamás una gota. de
lluvia, de aquel cielo eterna.mente
azul· allí las flores más raras se
desplegaban magníficas, exuberan·
tes de savia., reca.lenta.das por el
estío, inclinando, en fin, sus cá.li·
ces, que derramaban bálsamo; allí
las bestias feroces de los bosques
y de las quebradas, leones, tigres,
panteras, eran como gatos mimo·
sos que ma.ullab11,n de placer bajo
la mano que los rozaba., y sobre
las flores completamente abiertas,
sobre las llores errantes é indolen·
tes a.costadas en las tibias hierbas
y el musgo, resplandecía. con una.
imperia.l magnificencia la. luz del
sol; todo de oro, las hijas de los
guerreros de leja.nos confines del
horizonte le amaban.
II
Sin embargo, la princesa no se
mostraba. satisfecha de ta.oto es·
plendor: se la. sorprendía abisma.·
da en melancólicos ensuei'los; era.
visible que se fastidiaba, que palidecía. semejante á. una rosa. enca.r•
na.da. que se tornara. en rosa ble.nea.; suponía.se, generalmente, que
tuviera un deseo misterioso, un se·
creto pesar. ¡,Pero cuál podría ser
ese deseo'? ¿Que pesar podría. ser
éste?
-¡Oh amada hija míe.! la decía
el viejo monarca., ¿por qué no me
revelas la. zozobra. que te agobia.'!
¿No sabes que soy omnipotente y
que por verte sonreír acometería
las más penosas empresas? ¿Será
que deseas casarte'? Habla sin te•
mor, dime el nombre de quien ha.
elegido tu corazón, y te juro por el
cielo que lo tendrás por esposo,
a.unq ue sea. el heredero del más glo·
rioso de los soberanos. ¿No'! ¿No
es el himeneo lo que te preocupa'?
¿Crees, acaso, que los rayos sola•
res de oro que resplandecen en tus
jardines, no tienen bastante brillo
ni suficiente calor luminoso'? Si ése
es tu pensamiento, no lo ocultes,
porque á. fuerza. de hecatombes y
de construir templos en honor de
los dioses, yo obtendré-por que
sonrías-que ellos dupliquen el es·
plendor de su sol.
-Si, algo me falta. Pero ¿que
es? Yo misma no lo sé y muero de
un deseo cuyo objeto ignoro.
-¡Cómo! no tienes idea de .... '?
-No, dijo ella suspirando, nin·
guna idea. precisa..
Luego, con la. mirada vaga, la.
voz p11,usa.da y leja.na, de quien ha.ble. en suei'los:

8.-Tra)es de casa y visita.

-Creo solamente que es muy
blanco, muy pálido y muy lejano,
ese halago desconocido que me ha•
ce falta., esa. cosa. misteriosa. cuy a
ausencia me desespera..
III
Aconsejado por sus más adictos
cortesanos, el Rey res_olvió hacer
viajar á su bija. Tal vez encontra•
ría, en algún país cercano ó remoto,
lo que ella. codiciaba. con tan incierto y a.margo deseo. En todo ca·
so las sorpresas, la.s a.venturas de
los ca.minos, la. distraerían de su
mela.neolía.

Jamás se había. visto una caravana comparable en magnificencia.,
á la. que se formó para el viaje de
la. princesa..
Delante de un grupo Innumerable
de camellos qu6 llevaban las provisiones y los equipa.jf's, entre más
de mil servidores vestidos de seda
y ricamente armados, de los cuales
algunos tocaban el "kusser" y la
a.rchiviola. para. marcar el ritmo de
la. marcha, ocho elefantes blancos,
adiestrados á. andar á un paso
igual, llevaban una. extensa plata·
forma cubierta. de alfombras, y sobre ésta. se elevaba. una. casa. de
muchos pisos.

Tras una ventana, con la. frente
re,.linadll en el vidrio. la. viajera
veía. desfilar las ciudades y los paisajes
Por todas partes, bajo el eterno
ardiente azul celeste, ella veía las
habitaciones doradas por el sol, el
oro infinito de las arenas, y el oro
indeciso del horizonte. No valía.
la. pena. de haber dejado los ja.rdi·
nes del palacio, si debía. encontrar
en todos los lugares el esplendor
implacable del perpetuo estío.
Y cuando dejó la caravana. para
embarcarse en una nave, tampoco
la. abandonó el sol, ardiente, abra.sador, haciéndole brillar como un

�Domingo 9 de Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

"moaré" dorado, la inmensidad
del mar, y crepitar, chispear en la
blanca espuma de las altas olas.
La princesa sucumbió, desesperanzada, sumergida más en su irreme•
día.ble aburrimiento.

CRIIEN HOBBIBLE
(Ptr,ttrado sin la coopuaclón
dtl otrbo.)

VI

Hermosa noche de estío;
Estrellado firmamento;
Blanca luna; tenue viento;
Fresco valle; manso río.

Pero una tempestad arrebató al
buque de su rumbo y, no obstante
la habilidad del capitán, la na.ve
permaneció, durante una semana, á
merced de las embravecidas olas y
del furioso venda val.
Sólo la princesa no se amedrentó, porque no temen á la muerte los
que han perdido la esperanza de la
vida..

Ni un lagarto en la maleza;
En los árboles, ni un ave;
¡Ni un canto dulce y suave! ....
Todo silencio y tristeza.
Allá arriba, todo luz;
Aquí abajo, todo sombra;
Junto al río, verde alfombra;
Sobre la alfombra una cruzl
grafía representando á una mujer
joven y hermosa, la contempló durante la.rizo rato, posó en ella sus
labios y murmuró:
-Ya que no me es posible, ángel
mío, devolverte la existencia que
era. mi encant-0, elevaré á. tus manes un pequeflo templo en donde
podré llorar cerca de tus restos, en
la so:edad y el misterio de la tumba.

***

transftrtnda dt ertditos.
Por fin, al amanecer del octavo
día, calmó la tempestad.
¿En qué lugar se encontra.bo. el
buque?
El capitán.mismo no habría podido decirlo con gra.n precisión; era.
probable que hubiera sido la.nzado
hacia. el norte, porque aquello era
una claridad muy pálida., una visión fantástica.; hubiéra.se dicho, el
sol poniente que se a.Izaba.sobre las
ondas y las hacía palidecer sua.vemente.
La princesa miraba esta claridad
fría, y envolvíase en ella. como en
una exquisita. frescura. De repente:
Oh! exclamó extasiada, deslumbrada, tendiendo los brazos hacia la
cercana. orilla. Oh! ¿qué es esa inmensa. blancura. que se di visa allá
lejos, misteriosa, desconocida., que

sube, sube y se pierde en el cielo
amarillento, sobre la pendiente de
esta monta.l'ia, bajo el suave y opaco día?
Uno de los marineros contestó:
-Se!'lora., es la nieve.
-¡Nieve! ¡nieve! ¡eres tú lo que
yo quería.!, dijo, IY es á. ti á. quien
amo, hermana. mía.!
Por más que hizo para desviarla
de su propósito, ella ordenó atracar la nave para desemba.rcar.

-Cuánto le parece á usted que
podrá costar este monumento?
El arquitecto recapacitó durante
al¡runos momentos, trazó en un papel varias cifras y luego dijo:

- De 25 á 21 mil pesetas, incluyendo por supuesto en este precio
la adquisición del terreno.
-Corriente-repuso el barón,no me parece ca.ro; y si considera
usted que es preciso invertir algo
más para que la obra resulte perfecta, no vacile usted en decírmelo.
Lo que quiero yo es que mi inolvidable esposa tenga un panteón digno de sus virtudes. del inmenso
amor que nos profesamos mientras
Dios la conservó á. mi lado, y del
culto que profeso por su santa memoria.
Al decir estas palabras, la voz
del caballero se h11obía altera.do profundamente, mientras que de sus
ojos enrojecidos brotaban dos lágrimas que rodaron lentamente po!'
sus mejillas.
-Me parece-opinó el a.rquitect,&gt;
-que no habrá. necesidad de más;
con esta suma podré emprender y
terminar la obra tal como usted la
desea, y me atrevo á esperar que
el panteón corresponderá. á las nobles a.spiraciones de usted.
El buen barón arrojó un hondo
suspiro, y tras unos minutos de silencio, prosi¡ruió:
-Como los asuntos inherentes á
la sucesión de mi esposa, me obligan á emprender un viaje á Castilla y Aragón en donde radican varias fincas, ultimaremos este negocio a.sí que esté de regreso, ó sea
dentro de cinco ó seis semanas.
El arquitecto se inclinó en seflal
de asentimiento, recogió sus planos
y sus dibujos extendidos sobre la
mesa, despidióse cortésmente y tomó la puerta.
Una vez solo, el barón tomó entre sus manos trémulas una foto-

Domingo 9 de Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

El viaje se prolongó cinco ó seis
semanas más de lo que había creídCI el viudo. Este se encontró con
un cúmulo de estorbos, de dificultades y de dilaciones que sólo con
tiempo, actividad y dinero, fué posible vencer, y que retardaron el
re,zreso á.~la capital.
Verificado éste, el barón dirigióse á casa del arquitecto para decirle:-Vomos áescoger y á comprar el

terreno mortuorio; en seguida podrá usted dar principio á las obras
y construir el pa.nteón. Tengo en
mi caja las 27,000 pesetas y no hemos de perder tiempo.
Pero al llamar á I a puerta del
artista, salió una seí'lora., quien.manifestó que su marido acababa de
emprender un viaje á Italia, por
encargo del Ministro de Fomento.
-¿Y tardará. mucho en volver?px·eguntó malhumorado el viudo.
-No, sefl.or, no lo creo ; un par
de semanas todo lo mé.s.
-¿Cómo ha de ser? ...... Esperaré ... ... -murmuró el barón, bajando las escaleras.

Al volver de Italia el art¡ui~
su primera visita fué para el mints!
tro; la segunda para el barón. Pero éste se había marchado la sem..
na antes á Vichy, á d!i.r una vuel",
por Bél~ica y Holanda.
:i:l artista. escribió una carta á su
presunto cliente, anunciándole que
se ponía á sus órdenes; que bahía
un solarcito en el cementerio, mu1
apropiado para realizar la piadosa idea del seflor barón, y que aería prudente no desperdiciar la coyuntura.

&lt;A mi vuelta, dentro de un par
de meses, hablaremos de eso. Por
el momento suspenda usted toda
gestión y todo trabajo,&gt; responiió
el viajero.

*

* *á examinar los
El barón volvió
dibujos, que cada vez le parecían
más bonitos, más seductores Y preguntó:
-¿Y cuánto dice usted que costaría eso?
.
-Pues verá usted- repuso e1 10terrogado, -á. todo tirar unos seis
mil duros.
.
-¡Cáspita!.... !\1e parece horriblemente caro.
.
-¿Caro? .... No, señor; no tiene
nada de caro: repare el sel'ior barón
que se tra.ta de tre~ habitaciones
completas y que la sillería, los tapices y todo lo demás, son de las
mejores telas y de un modelo nuevo de gusto exquisito.
_:_Sí, no digo; pero la verdad .. •:
treinta mil pesetas son mucho d1n~o.
.
-Vaya, seí'lor barón, no 9~1e~o
que usted renuncie á ese mob1har10
tan hermoso, y puesto que usted paga al contado, le ha~ á usted una
rebaja de cinco por ciento.
-¿Del cinco?.... no; del diez y
es trato hecho.

Hubo un pequel'io debate, que terminó accediendo el tapicero á. lo
que pedía su noble par~oquia.no. Y
éste se marchó muy satisfecho murmurando:
-Carito me resulta el nido, pero
al menos será digno de ese ángel
de hermosura que me consagra. su
existencia.

***

Y las 21,000 pesetas destinadas á
1a construcción del monumento funeario, sirderon para amueblar las
ra.bitaciones de la segunda esposa.

Junto á la cruz una bella;
Junto á. 111 bella un doncel;
Entre las dos manos de él
Una blanca mano de ella.
Suspiros entrecortados;
Mil abrazos, mil miradas;
Frases muy enamoradas
Y besos muy prolongados.
-Mi cari!lo!

-¡Dulce bienl

-¡Alma mía!

-¡Mi embeleso!
-1Un beso! -¡Sí:
•.-¡Y otro beso!

-¡Y otro!
-¡Y otro!
-¡Y otr?l,
-¡Y Clen.
-Mafl.ana ál Carpio.
-¿Verdad?
-Y ambos una vez allí ....
-Tú mío.
-Y tú mía.
-Sí,
Y eterna felicidad.
-¡,Y ese hombre?
-No más suya.
-¿Tu cariflo?
-Para ti,
Como el tuyo para mí.
-¿Siempre mía'!
-Siempre tuya.
Atento á su propio mal,
Tras la cruz, un pobre anciano,
Una pistola en la mano
Y al cinto agudo pui'ial.

h

9.-Detalles de bordados y tejidos, y calzado de seda,

10.-Sombreros Infantiles

y modelos de tejidos Y bordados.

Un rugido airado y fiero;
Una mano sobre un bra.zo;
El fulgor de un fogonazo
Y el reflejo de un acero.
-¡Ah traidores!
.
-¡,Justo Dios!
¡Confesión!
-¡Piadoso cielo!

································

Dos bultos luego en el su~lo
Y otro en pie junto á los aos.

············· ···················
A la maila.na siguiente
Guardia civil, el juzgado,
El populacho indignado
Y en prisión el delincuente.
JOSÉ E..;TREllER.\.

to qlt 10 dtbt bactrsc con
IOS

oldos.

No debe aplicarse ningún parch_e
ni ca.ta.plasma en el conducto auditivo.
·
Nunca debe ponerse en el oído
ningún remedio pa.ra curar el dolor
de muelas.
Para limpiar el interior de la
oreja, no debe hacerse uso m~s que
de una jeringuilla y agua cahent4:.
No se uebe tirar nunca á los n1!'lcs de las orejas; esto podría ocasionar la ruptura del tímpano, y en-

tonces el nií'lo quedaría sordo para
toda la vida.
Cuando pican los oídos, no deben
nunca rascarse más que con el dedo. Jamás debe hacerse uso de alfileres, horquillas, punta.s de. lápiz,
pa.l!llos y otras cosas stme1antes.
No se dt&gt;be usar nunca lecbe, se·
bo ni ninguna otra sustancia aceitosa para curar el dolor de oídos,
porque se enrancian muy pronto y
producen inflamación. En el interior del oído nunca debe echarse
más que ttgua caliente, que no ofrece peligro y es un calmante mucho
mejor.
Admirando hermoso cuento
de escritor original,
alguien dijo:-¡Qué animal!
¡qué bárbaro! ¡qué talento!

Rl Sueño dal Soldado
Era la víspera de una batalla.
El viejo Pancho. "el aguelo," co·
mole llamaban sus compaíleros de
campaña.,:aunque se había batido

siempre heroicamente en más de
cincuenta combates, todavía era un
simple número, y aquella noche, fatigado por la última marcha forza•
da, dormía a.l raso, conforme con
su mala suerte, esperanzado con la
baja ofrecida por su jefe para después del inmediato encuentro, que
sería probablemente el último en
a.quena larga y sangrienta guerra.
Era verdad lo que él le había dicho un día al General casi llorando: "Ya yo estoy viejo. No me
quisiera morfr sin d11orle un vis~azo
á mi familia.. Hágame la caridad
de darme mi baja."
Y el jefe se la había prometido.
-No tenga cuida.o, tlo Pancho,
pronto salirá usted de pena.si
Estas palabras habían llenado de
júbilo al pobre viejo.

�ElL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 9 de Agosto de 1903.
Para solemnizar las vísperas de
su liberti..d, se había tomado varias
copas y estaba el viejo veterano
alegre como un nif!.o en víspera de
vacaciones. Cuai:.do tocaron silencio en el campamento, ño Pancho
dormía ya.
Y bajo la sugestión de la. dulce 1 ,
espesanza de redención, aquella no- , - '\
che dormía ño Pancho como un ,
~
justo, ignorante de que al amane- '
cer había dispuesto el General ene·
migo el asalto de su campamento.
Dormía profundamente, y soñó
Sof!.ó que, licenciado, volvía á su
pueblo, á su casa, al seno fiel y
amoroso de su viejita, la madre carif!.osa de sus hijos.

V

-...., v iÍ!

.j.' •.· · 1
'

,.. J

1

los besos que iba á darle al primer
nieto, al hijo de su hija, al chiquitín que le extendería cariñoso sus
bracitos regordPtes, en uno de los
cuales debía verle la pulserita. que
él le había comprado por cinco pesos en Caracas y que el musiú que
se la vendió le había dicho estaba
bendita por el Papa.
La noche empezaba.
Ro Pancho siguió la interrumpida marcha y poco después se veía
en el portal de su casa.
No se atrevía. á llamar.
La emoción lo había enmudecí·
do.
Por fin golpeó la puerta con .su
bastón y sollozando exclamó: Filomena., soy yo! Abre!
Un ruido insólito, como un trueno, aterró entonces la montafla.
Ro Pancho despertó.
-Qué es, Dios mío? preguntó sobresaltado.
Mil voces contestaron su pregunta..
--El enemigo! El enemigo! ¡Al·
za. arriba! gritaba uno con voz de
clarín. Era el Jefe del batallón.

***

El asalto fué ref!.ido, sangriento,
espantoso.
Después de una hora de loca y
ruda. brega., el sol claro iluminó la
derrota de los asaltantes y el cam·
po de pelea lleno de cadáveres, donde los solda.dos supervivientes gri·
taban la victoria.
Media hora después, recorriendo
el campo1 el General exclamaba an·
te el cada ver de ño Pi.ocho:
-Mirá, por fin el viejo panquió.
¡Ah viejo sortario pa el plomo era
éste!

**

*
Ningún otro epitafio,
ninguna. otra
oración fúnebre se ha dicho sobre
la tumba del prócer anónimo, que
duerme por siempre el sueí'lo redentor del paria..
RAFAEL SILVA.

Caracas
11.-Abrigos para niño,.

Los caminos estaban desolados,
pero á él le parecían alegres todos
los paisajes.
Caminó mucho, de día bajo el sol
bravo, de noche bajo la luna risue·
iia, cantando á veces, á veces llorando de alegría, sin cuidarse de
comer, sin sentir fatiga, sin acor·
darse siquiera de la curtida calaba.cita que llevaba llena de aguardiente, sin coger una sola mascada
del tabaco que tenía en la vejiga
,.;urada con olorosos clavos de especia.
Caminaba, poco á poco, pero sin
detenerse, basta que al fin vió la
plomiza iglesia de su pueblo.
Al mirar de nuevo aquella torre
donde niño repicó él las campanas
alegremente en días de pascua, al
respirar otra vez el olor de sus
mon_ta.iia.s, el corazón no le cabía
enel pecho.
En la colina que le brindaba. el
grato panorama de su pueblo se
arrodilló, se santiguó humedeciendo su tembloroso dedo pulgar en
las lágrimas que vertía, y rezó un
padre nuestro.
El sol se hundía en el ocaso.
El poniente estaba lleno de cárdenos arreboles.
Un viento fresco le llenaba el rostro de caricias.

México, D. F., Julio 21.
El Dr. Bernardino Beltrán dice:

"Desde antes de recibirme, en
algunas personas de mi familia,
y después de recibido, en mi clientela particular, he usado con muy
buen éxito la Emulsi6n de Scott,
de aceite puro de hígado de bacalao con hipofosfitos ( únicamente preparada por los Sres.
Scott &amp; Bowne),y me es muy grato manifestar los buenos resultados que he obtenido, sobre todo en el tratamiento de la escr6fula y de la tuberculosis pulmonar.

Domingo 16 de Agosto de 1903.

Y él gozaba de la belleza del crepúsculo, sentado sobre su cobija
gloriosa agujereada por las balas,
sobre el único trofeo que llevaba á
sus hijos después de dos lustros de
sir vicios á la Patria ....
Y pensaba en la sorpresa de su
familia cuando lo vieran llegar, en

MANOS BLANCAS.
Manos blancas, satinadas,
Con leve azul en Jas venas,
Manos color de azucenas
Por el alba sonrosadas;
Manos que fuisteis besadas
Allá en mis horas de penas:
Sed conmigo otra vez buenas
Cuando sufro delirante;
'
Acariciadme un instante,
Manos color de azucenas.
Manos suaves y pequeñas,
Manos de color de cirio,
Manos blancas como el lirio,
Como el ave, de sedeiias.
Manos que haciéndome, en sellas
La -santa Cruz del martirio,
'
Nuestro amor hasta el delirio,
Con fe y juramentos va.nos,
Me hicisteis creer, ¡oh manos,
Manos blancas como el lirio!
Manos que yo he descalzado
De guantes, en la arboledr.,
Manos suaves cual la. seda.,
Que con ansias be estrech11,do;
Manos con que yo he soñado,
Cual otro cisne de Leda,
Ser dichoso donde pueda
Ver mi esperanza. cumplida:
¡Tened piedad de mi vida.,
Manos suaves cual la seda!
Manos que con fanatismo
Adoro en santo fervor,
Manos blancas de mi amor,
Símbolo de un despotismo ....
Salvadme ya del abismo:
Escribidme por favor;
Y si este inmenso dolor
Con vuestra piedad no calma.
¡Arrancadme luego el a1ma,
Manos blancas de mi amorl
M. ALVAREZ MAGAÑA.

A uno que nada tenía.,
su mujer, bastante lerda,
para ligas le pedía,
y él, enfadado, decía:
-Tú estás loca; ¡ponte cuerda!

..................................

,

ºSANTA FE," LA MEJOR RUTA
A Deaverí ;lusas City, St. Louis, Cbicago, llew York.
San Francisco y Los Ang&amp;les

EL TESTAMENTO

Dtl 11.110. sr. Jlrzoblspo rttban.
Loa bienes fueron valuados
en $125,000
La mayor parte de lo testado con•
sistía en dos p6Iizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mutua"
Companía de Seguro•
sobre la vida, de Nueva York.
Hace pocos d!aa que se practicó la
apertura. del testamento del llustrfalmo Sr. Arzobispo D. Patricio A. Feeha.n
en la ciudad de Chlcago, Illlnole.
La. fortuna del distinguido prelado ucendló ll cerca de $125,000 oro a.merlcano; 7 eeg1ln el Inventarlo que ae ha
publica.do, loa blenee que 4ej6 fueron
como sigue:
Dos póllzu de ' 'La Mutua.'• Compallfa de
guroe aobre la Vida, de
Nueva York, por $25,1,00
oro cada una, 6 sean. . l 50,000 oro.
Dividendos acumulados eobre una de laa p61lzaa
9,829 oro.
Otra póliza de seguro. . . 14,000 oro.
Acciones en efectivo y en
Bancoe. • . • • . . . 37,000 oro.
Entre lu dlapoalclonee del sellor Ar11oblapo, en au testa.mento, se hicieron
atas:
A su hermana, sellorlta Kate Feehan,
que estuvo siempre con él hasta au
muerte, '40,000 oro en bonos 7 $25,000
oro ie una de las pólizas de seguro ;
l la sellora Ana. A. Feehan, viuda del
eellor doctor Eduardo L. Feehan, her•
mano del sellor Arzoblapo, $25,000 oro
de otra •e lu póliza.a, 7 $5,000 oro eu
efectivo; l la Academia de San Patrl·
clo te Chlcago, dé lt que e11 preceptora
BU herma.na, Madre Marta Catalina,
$10,000 oro de la 111tlma p0llza; ll la
escuela • 'Santa Marta· • de ensellanza
prllctlca para varones, de Feehauvllle,
Illlnole, que era la lnstltucl6n por la
que mAa 118 Interesaba el ■e!ior Arzobispo, se entreiruon loa $4,000 resta'l, . la dltlm&amp; póllsa.

♦
♦

L A MODA
Pronto las golondrinas vularán
de nuestros hogares; pronto, muy
pronto, atravesarán en raudo vuelo nuestras fértiles campiBas en busca de un blando albet·gue, en busca
de un ambiente suave y cariñoso.
La ausencia. de las golondrinas,
lectoras mías, Pstá relacionada íntimamente con la venida de nuevas
modas, con el uso de nuevas faldas, con el empleo ele nuevas telas.
Un equinoccio, el de otoño, toca
ya á nuestras puertas. El astro rPy
es el gran regulador de las mod_as
femeninas: está muy cerca de la tierra, y los vestidos vaporosos, los
sombreros "fleuris" privan en reuniones y paseos; se ausenta un poco de este valle de dolores, y Jleg;i.n
en seguida las telas de color oscuro, los sombreros serios, los abrí·
gos discretos.
;,Y sabeis por qué es esto, lectoras
mías'? Porque las modas, como to·
do lo de la naturale.¡a, sufre con
la lejanía del astro de los astros y
se despierta y anima á su proximidad. Un psicólogo, un sociólogo,
un filósof.o ó lo que sea., debería.
emprender un estudio analítico y
concienzudo acerca de los cambios
de modas, que son tan regulares,
tan matemáticos pudiéramos decir,
como la aurora y el ocaso, como el
día y la noche.
Nosotras, las mujeres, contentémonos con que alguien emprenda
el trascendental estudio; no inten·
ternos abo1·darlo y dediquémonos á
charlar un poco de faldas y corpiños, en su relación con nuestro cuer·
po, y no en relación con las épocas
primaverales ú otoñales.
Los últimos figurines llegados á
mi mesa de trabajo, me dan á co·
nocer las faldas ''modera style", 6
sea lisas en casi toda su longitud y
plegadas I igeramente en su parte
infe1·ior. Esta hechura de fa.Idas no
constituve una novedad: los talleres parisienses las confeccionan hace algunos mese~, y de los talleres
americanos han salido tambié n algunos millares. ~in embargo de
es:&gt;, ha.y en las últimas que veo, al-

.:,e reservan Cl\mas en Carro .Pullwan para todos lo::! puntoi;
en los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Comedores de
Harvey en la Línea de Santa Fe,s'on renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á
w. s. FARNSWORTH.-Agente Genera.!.
ta. San Franolaoo1 #ilm. 8 1 Nláx/001

a . F.

•••••••••••••••••••••••••••••••••

sin embargo, numerosas modifica•
ciones en el modelo primitivo. Poaemos asegurar que el imperio del
"talle tol'ero" durará aún por muchos años, pues en las pl'iacipales
poblaciones europeas están muy en
boga estos corpiños. Seman9:ria·
mente publicamos en estas pág-mas
modelos de estos talles, que muy especialmente recomiendo á mis lec·
toras. En mi próxima crónica tra•
taré á reserva de hacerlo también
en p'osteriores artículos, del estilo
"reforma", que tan poco se ha generalizado en México, no obstante
ser uno de los más vistosos originales.

2.-Vestidito para niña.

MARIA LUISA.

CANTARES
I.
Me ha; causa.do tanto dallo,
Que, si yo hiciera las leyes,
A todos los ojos negros
l-'usie1·a peua. de muerte.
II.
Dicen que al sol de los cielos
Hoy ha vtiucido ot1·0 sol;
¡ Ya sabes que te prohibo
Que te asowes a I balcón 1
III.
Ya sé que eres muy constante,
Morena del alma. mía,
En odiará quien te quie1·e
Y eu querer á quien te olvida.
IV.
¿ ~o ha. de habermuchasinfames,
Si has cometido una infamia,
Y en I uga,· de aborrecerte,
Te quiel'O cou todo el alma?

v.
L:ígrimas nos costará,
Si vol vemos á encontrarnos,
A ti lo que no me has dicho,
Y ú.-mí lo que no he callado.
VI.
El cantar que más prefiero
Ese llO lo canLO á nadie,
Que en el corazón lo guardo
Y del corazón no sale.
NARCISO DfAz DE Escov AR.

go raro y algo muy útil especial·
mente: el poco vuelo del c?rte,. que
constituye un detalle esenc1alís1mo.
Siendo estas faldas de poco vuelo, expeditan con_sid~rablemente !os
movimientos y d1smmuyen ~amb1én
la cantidad de tela. Lo primero es
utilísimo, ylo sPgundo no es d~sde·
ñable, pues algo puede econ~m1zarse en el costo total del vestido. Y
respecto al entalle, qué podemos de~
cir'? Que estas faldas moderna~ delinean perfectamente la parte mferior del corpiño y coadyuvan á 1a
esbeltez y gallardía del cuerpo. El

poco vuelo se apl icri. únicamente {~
la parte superior ele la falda, pue&lt;1
en 1a infPrior continúan llevándose los pliegues.
Por lo que hace á los corpiños,
diré desde luego que se estilan de
preferencia los "toreros", que pue·
den ser variadísimos en sus fo1 mas
y detallPs. Las cbnquetas toreras
son. vistosas por exc~lencia:cuadran
á todos los talles y encajan perfec·
tamente á todas las esta.turas. La
serie de estos corpiños es interminable; y aun cuando todos ellos se
rigen por un corte especial, caben,

3.-Vestidito para r,·i ~.~-

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 16 de Agosto de 1903.

EL

~m:--:no

IIXSTRADO

hiere-murmuró Carmen, triste y
pensativa.
Y por primera vez, desde su matrimonio, sus ojos se anegaron en
llanto.
Una noche, de vuelta al domicilio conyugal, después de celebrar
en casa de sus padres el primer aniversario de la tornaboda, Carn en
supo con asombro y profunda peua
que el canario de Antonio, aprov ..chando la torpeza de un criado
h,~bía desaparecido.
'
-¡Pobrecita!-exclamó mirando
con ternura á la abandonada avel'illr~ -¡Huyó el inconstante!. .. ¡lo!;'rato, ¡ é ·tido, a.leve! .... ¿Pero qué
11npo1·ta·1 Yo te vengaré .... ¡Mafta.na, ruailana. mismo. tenor.is otro
compa.ñero! Demí depende! ... ¿:'.las
qué digo'! ¡Ay de mf! ¿Para coude·
uarte de nuevo. no á dulce esclavitud, sino á. opresora serviduml.,re,
y a.l doble dolor del bien fugitivo y
de la esperanza. perdida.'! .... ¡No,
no, jamás! ¡Conservaá lo menos la
espe1·anza de que el traidor vol ve·
rá, desenga.ilado, al aµacil.,le nido
de sus primeros amo, es! .... Sufre,
pajarito mfo, suh·e y muerll de dolor, como suft·o y muero vo ! ....
Antonio había volado tiuubién en
pos de una hermosa. y célt&gt;l.,re fuuúmbulu..

.

~

~

;'111_liffllrui

Expncadón de
nut$trO$

*

*
¡Oh felicidad, *huimos
de ti pa1·a
bu~carte en el aire! ¡Como el c11nario de mi cuento!
NILO MARIA FABRA.

Odio al que se ~acrifica.
con una mira ambiciosa,
y al ir á elegir esµosa,
prefiere una fea, rica,
á una pobre, pe1·0 hermosa.
Fervientes ruf&gt;gos hacía~
de rodillas ante un saoto;
por saber qué le pedías,
¡quién poseyera el encanto
de ser santo un pa1· de C:ías!
Acéptalo como cierto:
tengo mi tumba escogida
en un rincón de tu huerto·1
si me despreciaste en vida.
quiero que me pises muerto!
9.- Traje de visita.

8.-Traje de paseo.

b.i~n en el ri,ut&gt;ño hogar de los recien casa.dos: ni ligera nube empa.ñ_a.ba el claro, sereno y transparente
ciel? de su dicha; pero los dos ca·
nar!os seguían pl'esa de mo1·tales
ansias, cu.d.a. uno en ;,u jaula, reno·
vando con rnfquívocas y ruidosas
seilales la firmeza de sus vehementes y contrariados amores.
La. primavera, que ya ~onreía Pn
l~s corazones de Carmen y .Anto·
010, &lt;'Ornenza.ba á sucudir el sueño
de 1~ Naturaleza, y barruuta.ban la
s_ublune atracción del amor l11s de
hc~da.s yemas de la humilde hierbec1lla, los henchidos b1·otes del leños_o ramaje del árbol, el cauto melodioso de las aves, el monótono
bahdo en el seno de los 1·ediles 1 el
estridente relincbar dt!l noble b rut~, que pe~cibía los recónditos eflu
v10s del aue y el (1spe1·0 1·1,g1 ,. q uc
se a.Izaba. del fondo de la, selva,.
.Por dondequiera. despe1 taba la
vida y el. arctiante ufán dti pt::1·¡,etuarla, disputando al tiempo et cetro de la inmortalidad.
Y .en me.dio de las universa.le,
man1fe;tac1ones del 'l.mOr tenues y
sutiles rejas se interponí~n al 1,.,
dos enamorados ¡mjaritos.
- Si somos tan felices-dijo un
día Carmen á su madllo,-¿ por q 1,é
no han de serlo uue;.uos canario;.·•
Vamos á uufrlos, y t'D su feliciducÍ
veremos ret1·11tadu. la nue~t,·a.
Antonio accedió á los dest,OS de s1.
esposa, y las dos jaulas fueron sus
t1tuí~as por otra mayor, provh,tu
dtl nidos y de un 1.,urujo de estopu ·
pero, como suele acontece1· tll m .. '.
cho enmudeció al comenzu.1· ia críu.
- ¡Qué lá»t11na!-excl11mó Carmen.- ¡Yu. nocu.nt,~ tuca.na.l'io!¿Po1·
qué será'!
-Porque Ja. se lo ha dicho totlo
á su c&lt;;&gt;mpañera-contestó Antonio.
- M11·a.1 aho1·a. le impone su voluntad á. picotazos.
-De alguna manera han de en·
tend,irse los pájaros.
,-Sí; pero antes cantaba.y a.hora.

grabados.

~úmero 4 -Traje de "sport", parn 1uegos de pelota. y raqueta. Aun
cuando en 1Iéxico están poco gene·
raliza.dos estos ejercicios de &lt;sport&gt;
en el sexo femenino, se ha despertado, no obstante, algún entu~ia.s·
mo en estos últimos tiempos. Nues·
iro traje es de falda corta, como
todos los dedicados á. «sport&gt;, y al
poco vuelo de su corte se agregan
sólo algunos pliegues inforiores.
Un adorno de cintas sobrepuestas,
cuya disposición puede variar í~
capricho, es el único atavío de e~ta falda. El corpiño también e~ de
sencilla. confección, y llis mang,~,.
en la parte de los hombros, llevan
un pequeilo adorno de sobreman·
ge. y plisé.
Número 5.-Traje de ciclista., d1
enagua corta y de poco vuelo, y de
blusa entallada y depocos adornos.
Para dar la forma. precisa á. esta
fa.Ida, se coloc11n, en su parte inftl·
rior, pequeñas cuchillas de tela.
La blusa tiene un cuellohombre·
1·u.s, estilo marinero, y aplicaciones
paralelas y simétricas, de la misma.
tela., que imita.o los broches del corpiño. La cachuca es adecuada al
t.-aje y la única que debe usarse en
pliseos de bicicleta.
Número 6.-Tra.je de paseo,de vistosa y sencilla confección. Hecho
con tela fina de color obscuro, y
odornado con cintas y pequeñas
aplicaciones de punto. La falda,
como todas las modernas, es ente·
ramente li11a. en toda la longitud,
con excepción de la parte superior,
que es donde se pliega ligeramentt&gt;.
Lo.i; adornos de esta parte de la
enagua se forman con cinta. ribeteada. y combina.da. de ma.nera que for·
me. entradas y salidas simétricas.
El corpifto lleva ancho cuellobom·
breras y un pequeño escote cubierto con ga.s11.decolor claro. Las man·
gas son muy sencillas, no llevan
adornos, y sólo los puilos son estrechos y ligeramente a.dol'nados.
EsPER.\NZA.

El prlm~r 1;110.
11.-Trajecitos para niños.

CONSEJOS Á LAS :M A ORES

Tanto para la criatura, como para la madre, el primer hijo es, por
más de una razón, '.!U problema muy
serio. No ba. mucho, una. madre pl't·
meriza. me decía que nunca en su
vida se bahía sentido más enter11mente desampara.da. que cua.udo
quedó sola con su hijo ,·ecién uad·
do. Estama.dl'e, en efecto, noh;ohía
tenido nunca la más mínima exp••·
riencia. con respecto á cl'iatura;, ,ecién nacidas, ni siquiel'a cou niilos
de corta edad; y d,cir que en esa
ocasión estuvo á punto de vol verse
loca, no sería exagera.do. ;,Puede
b.aber algo más impre~iona.1,te que
nna madre en semeJante situación'?
MADRES INEXPERTAS

Hay dos clases de madres jóvenes
dignas realmente de compasión. A
la primera clase pertenecen las que
carecen totalmente de experiencia,
las que antes de su casamiento fueron alegres, despreocupadas y mimadas, las que nunca dedicaron un
pensamiento siquiera. al porvenir.
Lo de que la. maternidad había de
10.-Ve1tldo1 para niños.

acarrearles cuidados y responsa.bi•
lidades, fué una cosa que no pasó
nunca por sus mentes.
Y, naturalmente, cuando llega el
momento. se ('ncuentran (•nmpletamente abrumadas por su ignorancia, a b~oluta.n1Pntf&gt; des,·oncertad as
con res¡ll'cto {~ lo que deben hacer
para criar su primer hijo; y enton·
ces Pm¡&gt;ie1.an ÍL andar á tientas, á
luchar {t ciegas, y ~e exµonen, por
consil,luientt', á un fracaso, ó, por
lo menos, á serias dificult11des.
Las de la se~undaclase están, por
lo general, tan totalmente despro•
vi;.tas de experit&gt;11ci1~ como las anteriores; pero,conscientes de las responsabilidades que las espe:ran, se
han creído en el deber de absorber
prolijamente una cantidad de teo•
rías muy bonitas, pero fundamentalmente impractica.l&gt;les.
Ahora bien: en muchos ca.sos,
cuando se ha tratado de cria.tnras,
las teorías ban resulta.do ser desastrosas; y, en mi opinión, las madres
jóvenes de esta clase son, por esto,

más dignas de compasión que las
otras.
A éstas les está I eservado el cruel
dt'»engaño de rer derrumbarse y
l'aer, una á. una.. todas las queridas
ilusiones qne se habían forjado pa•
rn cuando fueran madres, y tienen
que empen1r otrn vez PI ap1 endhu.je desde el principio, no ya de una
manera teórira, sino í~ los golpes,
muchas veces rudos, &lt;le la. experiencia.
CONSF..JOS MALOS Y CONSEJOS
BUENOS

El amor y el instinto maternos,
son, a.fo1·tuna.damente, muy fuertes,
salvo en casos excepciona.les y poco frecuentes; y ellos hacen mucho
en el sentido de ayudar á la madre
en esas circunstancias, las más difíciles tal vez por que ha.y a. tenido
que pasar basta entonces In su vida. Pero si la madre no tiene experiencia, esto no quiere decir que

no la pueda adquirir juiciosamente
de otras persona.s.
Digo &lt;juiciosa.mente&gt; porque, por
r!3stla general, la madre primeriza.
tiene que aguantar un verdadero
diluvi~ de consejos, .que_le llegan ó
de am1g11s buenas bien rntencionadas, mu.v riC'as en teorías, pero tan
faltas &lt;'e pxperiencia. como ella ó
de mudres )' abuelas que han criado
numerosas familias por métodos
que tienen ya. veinticinco ó cincu&lt;&gt;nta años de viejos, va.le decir ·de
atrasados. Y, adem:ís de atras~do
el c:onsejo de la abuela puede se;
peh¡rroso: todas ellas son siempre
demasiado indulgentes para.con sus
nietos, y les permi~en, y quieren que
Ju madrt&gt; les permita, cosas que no
deben tolerarse nunca á las criaturas, que ellas mismas no toleran
nunca á. sus hijos.
Los consejos que la. madre inexperta. puede seguir juiciosamente,
son los de la. madre inteligent.o y
discreta., que ha pasa.do recientemente por la difícil prueba, que ht

�EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 16 de Agosto de 1903.

Domingo 16 de Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
arrollo es todo lo que la criatura
puede soportar; el crecimiento debe
ser lento, y no se debe tratar nunca
de forzarlo. El úoicó manejo que
necesita la criatura., es el indispen·
sable cuando se la baña. y se la viste v lo más que puede hacerse es
v~t'verla de tiempo en tiempo de un
lado ÍL otro, simplemente para que
cambie de posición.

criado ya tres ó cuatro hijos, y cuY? ú1;1ico maestro ha. sido la exper1enc1a.
EL MEJOR DE LOS MAESTROS

Y si la. ma.dre inexperta se halla
en este infierno, ¿,qué sucede entretanto con la pobre criatura, es decir, con la otra víctima'? Para mí,
el primer hijo es siempre, en estos
casos, un verdadero mártir, un conejo de laboratorio, podría decirse,
teniendo en cuenta los innumerables
experimentos que la madre i,,experts. hace con él, con la más santa intención, por supuesto.
Está. visto que un considerable
número de criatu\'as, especialmente
de recién nacidos, se resienten de la
falta de conocimientos y de tino de
parte de la madre, que, en su ansiedad por hacer las cosas bien, se
excede, por lo general, en todas
ellas. Y no menos cierto es que una.
gran parte de las enfermedades y de
la muerte de criaturas menores de
tres meses, se debe por entero á esa.
falta de conocimientos, así como al
tra.tamiento desacertado que se da
á. la criatura, y á. los errores que se
cometen con ella en un principio.
El estudio ocasional de los animales domésticos puede suministrar
muchas lecciones provechosas¡ cu alquiera que tenga experiencia en la
cría de estos animales, sabe '1 ue no
ha.y nada mejor para los auimalitos recién nacidos que el dejarlos
solos al cuidado de los padres. El
instinto ensena á la maure á elegir
para su cría un sitio blando y abrigado; lava á sus hijos, los alimenta y los vigila estrechamente¡ y los
deja solos, tranquilos, cuando es
necesario; y la prole crece y se desarrolla, por lo general, sin ningún
atraso.
En esto, la naturaleza.da á la mudre humana una excelente lección
objetiva; y si esta madre lleva sus
observaciones un poco más lejos,

LA TEMPERATURA

Luego, hay que tenerla siempre
a.brigada. Para ello, no es necesario recargarla. de ropas ó calentar
la pieza á una temperatura de invernáculo; con esto, lo que se con·
sigue, es que la criatura se críe tan
débil como una planta forzada. Ha.y
que elegir ropas que sean tan livianas como abrigadas; y, si se está
en invierno, debe calentarse una por
una cada pieza antes de colocársela
sobre el cuerpo.
Si la criatura. tiene los pies fríos,
hay que calentárselos también con
las manos ó delante de una estufa,
antes de ponerle los escarpines. Con
las manos bay que proceder del mismo modo, y, en caso necesario, bay
que abrigárselas con mitones. Téngase siempre á mano una frazadita
para cubrir el cuerpo. Lo mejor
para esto es un cobertor de plumas
delgado, que tiene la ventaja de
ser tan liviano como abrigado; éste
es el mejor coberto1· para. la no•
che.
Durante los primeros días, esto
es, basta que el niílo no se baya aclimatado, lu. temperatura de la pieza
debe mantenerse en los 72 grados
Fáhrenbeit, y después debe stlr de
70 grados. Hay que tratar de que
esta temperatura se conserve siem-

verá que, cuando á esos animalito•
se les maltra.ta ó se les mima con
exceso, ó se les tiene de aquí p..ra
allá continuamente, no sólo no crecen bien, sino que, casi siempre, se
debilitan y mueren.
EL MANEJO DEL REClÉN NACIDO

12,-Coleecl6n de trajea Infantiles.

En estas líneas nos proponemo1
seguir la vida de una criatura durante los tres primeros meses de su
existencia. Tranquilícense nuestrll
lectoras, que no vamos á. exponer
teorías ni á hacer experimentos; ya
hemos visto que una y otra cosa
son peligrosas cuando se trata de
un ser tan tierno y delicado. Vamos á limitarnos á los hechos que
hemos presenciado con respecto á
una gran variedad de criaturas, en
el curso de muchos aílos de expe·
riencia.
El recién nacido con que nos en·
contra.mus de pronto en nuestras
manos, es un pedacito de humaol·
dad, tan absolutamente desvalido
y tan completaweote supeditado á
uosotros, que, como entre los aol·
males, la cría depende de la madre,
Nos encontramos con una vida bu•
mana en su más tierna edad, cuan•
do es más plástica, más fácil de
modelarfísicay mentalmente. Nues•
tro primer consPjo á la madre primeriza es que proceda pausadamen·
te y con la mayor cautela, y que no
apele nunca á recursos extremos.
Durante las primeras dos sema•
nas, la. criatura requiere pocos cuidados especiales: bay que bailarla,
vestirla, alimentarla. y mantenerla
abrigada;pero lo quenecesitaprlo•
cipalmente, es que se la deje sola
durante la mayor parte del tiempo,
para que va.ya dándose cuenta gradualmente de que es un organismo
animado, y para que, entretanto,
vaya aprendiendo á ejercitar sus
düerentes órganos y sentidos.
Aunque débil, este proceso de des•

Se seguirá esta regla basta la
octava ó nona semana; entonces,
como la criatura es ya más fuerte,
saca más alimento del pecho, y por
otra parte, este alimento es más rico también en elementos nutritivos;
de modo que sólo habrá que darle
el pecho una vez cada tres horas
durante el día, y un pe.1· de veces,
en todo, por la. noche.
Si la criatura tiene que u.limentarse con mamadera, ó en cualquier
otra forma que no sea la natural,
entonces pueden sobrevenir complicaciones; pero si se administra á
la criatura. leche Jimpla y pura, suficientemente diluida para que no
sea tan fue1·te, se habrá conjurado
el peligro.
Y desde el momento que no bu.ya
síctomas de indigestión, se podrá.
ir aumentando gradualmente la
fuerza del alimf&gt;nto; observundo las
digestiones de la criatura, la madre
podrá saber cuál debe ser esta graduaciónl tanto en fuerza como en
cantidact.

~í{\{\~i~

,, \i,-.'j.,,ff-}.a.

debe ser mortecina., el segundo un
poco más viva., y más tarde puede
dejársela entrar á raudales; pero
siempre hay que tener la precaución
de que la criatura. tenga siempre el
rostro vuelto del lado contrario á
la li;z, ya sea ésta del día, ó de una
lámpara eléctrica., ó de gas ó de
petróleo. Y hay queevitartambién
á la criatura. los reflejos vi vos del
sol en las paredes blancas ó claras
de la pieza.
La criatura debe tener aire fresco
en abundancia. Al principio se la
sacará de la pieza durante una hora. todos los días, y se procederá á
ventilar ampliamente la habitación.
Luego, una. vez cerradas las puertas y ventanas, se elevará la temperatura á 68 ó 70 grados Fáhrenheit, y entonces se traerá otra vez
la criatura, envuelta en su frazadita liviana.
Al cabo de unos cuantos días,
váyase baiaodo paulatinamenw la
temperatura de la. pieza uno ó dos
grados diarios, después de la. ventilación y antes de llevar allí á la
criatura, de modo que cuando ésta
tenga tres ó cuatro semanas, se haya acostumbrado ya á aspirar aire
de varios grados de enfriamiento.

~, J /'Z"N

°'!!- ~
1 ~-•
'a(,¡''(,_,,,.,,•
.-;---::- :::-r:l
'•::;r."',¡,' ~~ --~ •
-~

pre {L un mismo nivel¡ en todo caso,
más vale que sea baja, pero unifor·
me, que alta y variable.
LA LACTANCIA

Si la madre puede criar á su hijo, el problema de la alimentación
está resuelto, y todo lo que concierna á la criatura. andará bien, con
tal que se establezcan horas para
darle el pecho. Durante los primeros días, hay que dárselo sólo uoa
vez ca.da cuatro horas; después, á
intervalos de dos horas durante el
día, y de tres horas durante la noche¡ y, más tarde, cada dos horas
y media.

..... • .. • &lt;.&lt; -·

~&amp;·'
r-.~·- . .-'-~':,
,,. \: .
/

\. ,-,

'.~,.,-:;-. "&gt;\'

-;··

. , _1

,..1-\:,
•
._ I' ~IIC¡
LUZ Y AIRE

La luz es otro de los detalles que
deben cuidarse durante los primPros días. Hay que hacer que los ojos
del 1 ecién nacido vay aI1 acostumbrándose poco á poco á la luz del
día.
El primer día, la. luz en la pieza

13.-Veatiditos y abrigcs infantiles.

Entonces ya estará en condiciones
de que se la. pueda sa.&lt;&gt;ar al aire li·
bre, sin peligro de que se resfríe.
EL DESCANSO Y EL SUERO

Como el cerebru se desarrolla
más rápidamente que cualquiera
otro órgano, y mucho más durante
el primer año que en cualquier otra
época de la vida, hay que tener el
mayor cuidado en no forzar su desarrollo prematuro.
La. criatura debe estar siempre,
en lo que sea posible, á cubierto de
toda excitación, de todo motivo de
concentrar la atención. No se debe
permitir que personas nerviosas la
turnen en sus brazos, y mucho menos, que se eocarguen de cuidarla.
Eu esa edad tan tierna, cuando el
ce1·ebro está recibiendo las prime•
ras sensaciones de todos los nervios del pequeño organismo, cuan-

�E L MUNDO ILUSTRADO

Domingo lG de Agosto de 1903.

EL REGALO

14.-Ab rigo para niña.

do empina á dPspertarse á las impresiones, la. criatura.es en extremo
sensible á la. influencia ner\•iosa.
Ha.y que evitar en absoluto todo ·
ruido fuerte y todo movimiento brusco junto á ella ....
Para el reC'ién nacido el sueño es
esencial, pero ha.y que regularLr,arlo de una. manera. conveniente. La
noche es el momento más propio
para. descansar; y si la. alimentación y el sueilo dm·anteel día.están
regularizados, no habrá peligro de
que la criatura. sufra. desvelos durante la. noche.
No es razona.ble, por ejemplo,
dejar que, en el día, la. criatura. esté sin alimento durante cuatro ó
cinco horas, simplemente porque no
se ha querido interrurupi1·le el sueno. Dejándola.dormÍI' tanto tiempo,
necesariamente se desµierta con
hambre, y entonces lo m:\s proba.ble es que mame con exceso; lo que
la pondrá en un esta.do de inquietud suficiente para tenerla. despierta durante una. gran parte de la noche. De modo que durante el día, la
criatura debe alimentarse y dormir
á intervalos regulares. Y, ¡,ur la
noche, no debe haber luz l&gt;n la pieza; se tendrá ú. mano una lamp111·i•
lla. y una caja. de fósforos, por lo
que pueda. suceder.

La falta de nutrici6n es la causa primordial de las enfermedades extenuantes. Yéase lo que
dice el muy prominente Dr. Dn.
Pablo Córdoba y Yal6is, de la
ciudad de México:
''Tengo el gusto de manifestarles que el uso de la Emulsi6n &lt;le ·
Scott, en mi práctica de muchos
afios, ha sido siempre satisfactorio, pues supera. á toda otra preparaci6n cuando se trata de enfermedades de los 6rganos respiratorios 6 de afecciones por falta
de nutrici6n. Reúne, además, la
ventaja de tener un gusto agradable, pues los enfermos en general no la rehusan.

El mes de los días fríos iba. ¡\concluir. La. Noche Buena se acerca•
ba.
~~lla, la. pequeilita., oía con triste?.a. los planes de las hijas de la. casa sobre el regalo que les había. de
dejar el "niilo" aquella. noche.
Una pedía. una gra.n muíleca. que
había visto lucir en un lujoso esca.para.te, otra. una cocinita. con sus
a.ccesol'ios, cuál un jueguito de sala. completo, quién un servicio de
té á I a. "derniéro". Pero ella. era.
tao pobre, tan desola.da, que no tenía esperanza. en un regalito. Infeliz, ella. creía. que sólo li los niilos ricos el Nii\ito les traía juguetes. Y aquel ser to.o pequeño experimentó la primera. decepción del
destino.... y lloró su aciaga. suerte ... .
Era. huerfanita y estaba. entreg-ada á aquella casa, p! ro era tan delicada,quesiempreocultaba. su llanto
y sufría en silencio!
Entretanto en casa no se ha.biaba.
de otra. cosa, Ca.da. uno de los niños ind ica.ba. á su padre el regalo
de preferencia. y el padre lo a.notaba
con reserva..
Pero á la buerfanita. nadie dirigía. ni una mirada. ni un recuerdo...
Cada. cuál se embebía. en su dicha.
y olvidaba. a.q uella tierna. sensitiva.!
Naturaleza. infeliz, que, al da1· sus
primeros pasos,ya. e~cnutraba la. vida hn am11rga, la. seod1~ tan desola.da .... Y esperaba. con lo. fe de 111
última esperanza. Todo su anhelo
consistía. en encontrar al día. siguiente algo eo su rinconcito y enseñarlo á los demás.
Llegó la. noche, y domina.do. por
tanta emoción, se quedó dormida
y soiló en su regalito. Las naturalezas tristes como las sanas son las
únicas que encuentran en 11 sueilo
el gran descanso reparador. Ella.
fué despertada por el ruido de los
niílos de la. casa en aquello. mo.ílana. de regocijo: y anhelante, ansío-

Domingo 23 ele Agosto de 190:1.

sa., febril, buscó en su rinconcito el
regalo suspira.do! Mas Jo que ella.
creía. un juguetito, eran sus za.patitos de suela. gruesa. que había. envuelto en su trajecito al acostarse.
Y avergonzada. de su desgracia., lloró oculta. en el pa.ja.rl
También la. vida es un gran sueílo; pero es un sueílo continuo ....
A la manera de la. cadena de eslabones que va formando la. ola, ella.
extingue algunas esr,era.r.zas nuestras, pero "adelaote 'sefo1•ma. otro
nuevo eslabón, que es el que nos
mantiene siempre esperando!
Tal es la vida! Algo que se confunde con la lobreguez de la. noche
eteroa.; algo que fu lgura., se desva.net•e y se apaga; algo que desapa.
r«:CP para no ve I ver.
; Un crepúsculo vespertino que no
se repite. La. peregrinación 1e1·renal, que termina. siempre en Calvario .... !
1\fYRIEL.

RIAMOS.
En vano la. animación
Del goce mi rostro alegra.,
i Si llevo la noche negra
Y etl'rna en mi corazón!
Mi risa es la del bufón
Que quiere ocultar su pena.
Y salta. sobre la. arena.
Al son de lo. destemplada.
Y estentórea. carcajada
Con que el concurso Je atruena..

Mas ya. mi fuerza. se agota.
A los golpes del dolor:
Y aunque con rostro traidor
l\Iis sufrimientos escondo
Es el rna.r·tirio tan hondo'
Que, aunque rni constancia es ID
Temo bajur en la lucha
cbu,
Del sacrificio hasta el fondo.
a,

,_

Cuando PI chiste se derrama
La. mu ltitud que me asedia.
'
Se ríe con la. comedia
Sin acordarse del drama..
Es verdad, la. eterna. llama.
Seca con sus rayos rojos
Las lágrimas de mis ojos
Y nadie sube qnP al par '
De la ¡rorra del juglar,
Llevo corona de abrojos.
Nadie sabe que ha.ven mí
Un torm1·nto sobrebÚruaoo
Nadie conoce el arcano '
De tristeza que hay aquí. .....
11ientras pude combatí·
Hoy me siento acongoj~do.
Cuando el león acosado
Siente el corazón herido
1'~-. de cólera el gemido '
Por el dolor a.naneado.
Pero ¿á qué hablar de dolor
Si el ajeno á nadie importa'.'
Riamos, la vida. es corta
Riamos, es lo mejor.
'
Cuando y a. del gladiador
Las fuerzas van decayendo
Y va. la. muerte sintiendo,
Abre las puertas al alma.
Y con desdei\osa calma
Rueda en el polvo 1·'.iendo.

Cuando se 1,iente morir
U na. esperanza. querida,
Cuando tiene el alma. herida.
Necesidad de gemir,
E., espantoso cubrir
El dolor con risa. loca.,
Pues al salir de la boca
En bullicioso tropel,
Es como río de niel
Que envenena. cuanto toca..

P. E. ROMERO.

------

(Paolo.)

Por razooes pecuniarias,

sé que preocupado e,tás,

y, µara ca.stirte, vas
ácaza. de millonarias.
Tanto 01 plan has propalado,
que acaso alguna., 1t11paci~u1.e,
te tache de indiferente
creyéndote interesado.

He apurado con valor
E,;te cáliz gota. á gota,

EL TESTAMENTO

7··t¡·¡ffllt··RuTA·1
r~süTi.FE,
l
ADenver, Kansas City, Sl Lonis, Chicago, lew York.
811 Fraaclaco y Los Aqele1

i
♦

♦

••

i

ii

i:

♦

f

t

1

!

Dtl 11.mo. Sr. Jlrzobtsc,o 'fttltlt.
Los bienes fueron valuado•
en $125,000
La mayor parte de lo testado consistía en dos p6llzas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mutua"
Companía de Seguro•
sobre la vida, de Nueva York.
Hace pocos dras que ee practlc:6 la
apertura del testamento del llaatllal·
mo Sr. Arzoblepo D. l'atrlclo A. FeeblD
en la ciudad de Chlcago, Illlnola.
La fortuna ctel dlatlnpldo prelado ucendlG a. cerca de '125,000 oro amf'rlcano: J ee¡1ln el lnnntarlo que ae ba
publicado, los blenee que deJO ruerou
como 1lgue:
Dos pOllzu de '·La Mutua.' ' Companra de '
guroe eobre la Vida. de
Nuen York, por $~5.~00
oro cada una, 11 sun . . $ 50,000 oro.
Dividendos acumulados
bre una de las pólizas 9,829 oro.
Otra póliza de seguro. . . H,000 oro.
Acciones en efectivo J en
Bancoe. . . .
. . 37,000 orn.
F.ntre lu dl•JlO•lclonee del eelior Ar1:obl1po, en eu testameato, se blcleron
etas:
A au hermana, sellorlta Kate FeebaD,
que eatuvo alPmpre con 11 huta ID
muerte, $◄0.0110 oro en bonos J $25,000
oro ere una de las pOllzaa de seguro:
t la eellora Ao• A. ~·eehao, viuda del
sellor doctor Eduardo L. ~•eebso, btr·
mano del ,enor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de laa (lllllzaa, y $6.000 oro en
efectl•n: a 1ft A&lt;·adPmla &lt;le i:,ao Patrl·
c-!o dP !"bkallo. de la que ee preceptora
1u b•rmftn11. lfadre Marra Catalina,
$10.IMHI oro de 1ft nltlma p011za; l la
e&amp;cuela · -~ora Marra·' de eoeelianra
prérli&lt;·a JlAra varones, de Feehaovlll~,
111 lonl•. que PrR la lostltuclllD por .a
que mh •e lntereR&amp;ba el ••~or f rru·
bl•fl'l. •• •n t re,runn los $4,000 re1ta"l•

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~ ,. 1~ 1\ltlm11. f)f\llZfL

♦
♦

;:," lt:l:&gt;t:rvan caurn.H t:n \Jarro i'utllrn1.11 vara wuo1:1 10::; vuntos
en los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Comooores de
Harvey en la Línea de Santa Fe,soñ renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á
. w. s. FARNSWORTH.-Agente General.

ta. San ,ranolsoo, #íím. B, ltlltJxlca, a. ,.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .1

T.O.llUIII~ i:!OLITAHIA expolslOD ~gura
eo uu::; boros, sin PURGA, por laa cApeu•
las L. KI H:-1. 1-.vltall emltacloo es. Depó•I·
to : F'Rrm. IIAUGOU, 54, boulevard. Edpr
Quloet, Parra y eo tola1 las rarmacl■•·

ASMA vCATAR_R_O
t11u01 ,., 111CIGARRILLOSESPIC

1

ó el POLVO
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reslonu.To1.Reumu,Ntural9I•

~ 11 ludas ;1s 1111,nH Fa1111.tru• .
tor m ,yu r'. 20,rue St Laure.P•r1•
.. ,Clr11Ct1 F,,.,.,, ,ob· •1..J1t C11arrtllG

1.-Coleccién de trajea de paseo.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 2~ de Agosto de 1!)fl:J.

E l. MUNDO 11.l' STHADO

Domingo 23 de Agosto de 1!)03

EL MUNDO ILUSTRADO

~t~~ mofa!.•., ¿por qué lo has heJ?urante algunos segundos calló
el mterpelado, la mirada. sombría.
un ric~us ~e dolor sobre sus labio;
em;,ahdec1do~. Y luego con acento
tembl_oPoso de ira y de ¡&gt;ena respondió:
•
. -_Porque mis enc&gt;migos, con el
m,trnto del odio, l\divinnron mi scc~eto, Y me insultaron, llamnn.do
hipocresía Jo que rué noble pud
Y en un arrebato de cólera, con.;:.:
no trémula de pena, pero resuelto.
rasgné ~I sa~ra.do velo que oculto.~
b a el m1ster1O de mi alma
Después .... después h~lló en alzar m1 voz, en dejar vo ' ar mis cantos en alas de la bri~a, el ali vio dtil
~~~er::1oº qdue se que1a., cuyo~ geinia ormecen el dolor pero
desca!lsan el pecho de su t' 'bl
opresión.
err1 e
No sé si sois sincero conmi o
¡as,l es?uchad: no amo con pasfó~
a g or1a, porque mi ideal es má
todavía·• ,n·1 alt'tvez recha-s
•hermoso
¡
za da CO[J?pasión; la.envid ia es honra e quien la provoca·· la mof
vergüenza de quien la
1 • ª•
cuan1O á. la simpatía
. P ea, en
sabrá. agradecerla. , m1 corazón
H!iyteen las almas de los que siente n 10 usa.mente u ·r 1 .
para el amor y i'a :r!~i~~cl um1noso
so~br ío, para el rencor y ~d~t1
10·0
Calló
el• poeta, y el anc1ano
•
·
n•0
s é s1 vencido ó con venci"1o d .. '
sólo: ¡Ah!
' , 110 tan

El primtr filio.
CO:S ■ BJOS .A. L.A.11 X.A.D:&amp;ES

;m

Á LOS DOS J\IFSES

A l as siete ú ocho semanas el r ecié_n nacido empieza ya á avivarse
y 1~ darse cu_e nta de que es un ser
animado. S1 se le ha permitido hacer la \"ida lt&gt;nta. y tranquila que
ac_o.bamos de indicar, este dt&gt;spertn.·
miento gradual será un motivo de
alegría para él, y de goce para los
que Jo rodeao. La. criatura ha empezado ya á seguir á uno con los
ojo s por )a pieza ó {\fijar l a vista
en los obJetos, y en estas ocasiones
h ace o ír un gorgorito de alegría.
Más tarde, empieza á prodigar
sonrisas, á medida que va dándose
cuenta de la vida y de las cosas que
la rodean.
Le interesan ya sus manita.s regordetas, y tratt\ de llevárselas á la
boca, lo que consigue al fin, después de unos cuantos días de esfuerzos infructuosos.
Entonces, la criatura ha llegado
Y!' al segu~do período, en el que la
vida v~ de1ando de s~r vegetativa,
y requiere un poco mas de atención
Uomo se ha. hecho m1í.s pesada hay
que cambiarla de postura má; frecuentemente para evitar que se le
entumezcan los miembros. Se ha
hech~ má~ fuerte también, y mueve
sus ¡ner01tas de una maner a vigorosa; poi· lo tanto, hay que acort arle las ropas, á fin de no trabar
el desarrollo de los músculos de
esas ex t1•emid ades.
Debe tenér sela tamhién más tiempo al aire libre, y, por la noche la
temper atura de la pieza debe 'ser
más fresca.
Por otra parte, su apetito se ha.
desarr olla.do también, y necesita
mayor cantidi_i.d de alimento; pero,
como sus medios para adquil'irlo se
b:"n cuadruplicado durante este per iodo sorprendente, está en perfectas cond~ciones para velar, dfremos,
por sus mtereses.

;J

DOLOHES.

La alegría. depende de 1 • •
nes, de no querer ve . as 1lus10te las verdades d I r r!gurosamenma superstición eal! vida. La misg r ía, y no deber! me?ta la ale•
como del fanatism~ hu irse de ella
~a. a.legría depende 'deq~e la mata.
etas: la creencia en la . ne_r c1·e1:-11•
creencia en todos I
amistad, la
hacen bella la vida?s recursos 9ut&gt;
• Y a. más tri 3 w

4.-Traje de casa.

Pero la maledicencia
P~co tardó en murmurar:
-:- 1H~ muerto poi· no escuchar
El grito de su conciencia!
,JL\N TOM.\S SAL\'.\S\'.

ENTRE AMIGOS.

.m vino no era ni puro, ni añe·o
m las copas finas, ni rico el m~n'.
te!, pero los dos hombres seotadus
en torno de la tosca mesa bebí
con placer el .:ino mezclad~ de ca~~
pcch!!, 6 quien sabe de qué, departiendo amigable y conlidencialmcnte.
D~lante del más viejo, casi un
anc1_ano, se hallaba un libro abierto, h~1·0 manuscrito en letra s uelta
nerviosa, aesigual, que revelaba el
grado de exaltación bajo el cual el
auto~ había trabajado.
, A rntervalos el anciano leía eh
el, con voz ieposada, s1ntida y su
compailero, un hombre aún .'
le_ escuchaba, con expresión ~~:e~,
mela de profunda emoción.
·
,De pronto, el anciano, que se hab1a ~uesto (\ leer para sí, preguntó:
. e.Hay aq.¡í composiciones iné
·
d itas':'
-Sí.
-¡ Y que jamás serán ¡JU!Jlicadas, no'!
-;.Por qué'?
Porque son demasiado ínt·
Son f t.n
• t as í as, ¿quién os ha
,rna~.
d.1
cho q~e se trata &lt;'e mí?
·
. -:-Bien se conoce, es toda una hist?1·1a, la tuya, lo que contienen est,1s !~neas )leni~s de ,encilla elocuencia, de rnfi111to seotim1ento N
trate~ de engailarme, pero di;ne~
aílad1ó,-¿por qué has des¡,ed
do a s1, t n coraz
'
6 n y arrojado uza. ,
troz"IS á la voraddatl del públi ~~~
En a~guuos hallarás Piedad por~~~
dol01es, en otros udmiración á t
talent~; pero ta~bién despertará~
la env1d1a, la.curJOf1ida&lt;l y ... . has~

::m:u,1111111111uum11: 111111mmu:ummi::mum1111111111:utn=

1

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1

ffn

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n

LAS E~1''ERMI,;DADES

?.-Sombrero de

la e~tación.

experiencia de la vida, es ser engail_ado y perder por esto una creencm ó una ilusión.
Los niilos son felices y alegres
JlOrq ue están llenos de ilusiones, de
creencias y de confianza.
Debería haber uno. sociedad de
acción y propaganda contra el crl·
men de que los niños sean !logailados ó desilusionados.

Rel ativamente, son pocas las cri ,\turas que nacenenfe,·mas. Por 1·e.,la.
general, el recién nacido es un ~e1·
normal y sano; y para a.leott,rse, la

-

u

mum:::m11111m:n111111111111111111111111111111111111111111111111u u:m:u:111u:m111u111111utmmm:1111111111111m:::m::umm:
8.-Vestiditos infant iles.

i~Iadre! Título sagr ado
que no merece obtener
la que comete el pecado
de dejar abandonado
un inocente al nace1·.

.;,

9. -T alle de punto oara reunión.

6.-11"raJe de casa.

1

joven ma.clre debe tc&gt;ner esto siempre presente. Esto I&lt;' iafunclirá confiar,za en sí misma, y sn habilidad
para. mantener á la criatura en e~e
estado de salncl, hará el resto. Las
enfermedaéles no son cosa que Jns
re&lt;'ién nacidO!'I puedan adquirir fácilmente; por lo menos, no tR.n f,ícilmente como los malos báhito",
que, á nuestro juicio, son mucho
más d ifíciles de curar que aquéllas.
La moderación, aplicada á todl\'I
las cosas relativas á. la criatura,
será. siempre un a s1il vaguarclia para la madre, y la mantendrá. con"·
tantemente en el buf'n camino. Le
dad\ tiempo 1,a.ra retlexionar, y po•
dr1í. resolver muchos problemas
tranquila y acertadamente.
Hay que tener presente que las
indigestiones no son nunca. un fenómeno e-.pontáneo; las provoca. el
exceso ó las deficiencias de la ali·
mentación.

10.-Sombrero de v iaje.

11.-Traje de casa.

�Domingo 2:J de Agosto &lt;le 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 2:l de Agosto de 1903.

Un ano entero de respiración normal no hace por el dcsarrol lo de los
pulmones lo que un rato de llanto
diario durante un mes.
Las criaturas san11» lloran nor,nalruon to, y se las dl'l&gt;e dPja1· l101·1u·
un buen rato todos los días.
Cuando el IJ¡tnto es quejoso y per~btente, tiene i;u origen, por lo ge_ral, en alguna. práctica viciosa. de
hi madre, ó en errores como el de
• zarandear í~ la criatura cu11.ndo ésta preferiría est1~r quieta. El jugar
demasiado con ella la pone oe1·vio·
ha y le enfría las extremidades¡ entonces hay que recargada ele ab ·igos ó calentar demasiado la pieza,
y esto hace que la criatura sufra
incomodidades y se debilite, y por
otra parte, que no pueda teuer todo
el aire fresco que necesita. El dormir en una misma cama con adultos es malo para la criatura, pues
é,ta pierde una parte de su vitalidad.

'

destinad a al ternero y no á I a cri atura humana, ha.y que modific11.rla
y adaptarla al estómago de esta última, debilit:tndola tf&gt;dO lo que sea
necesario.
Comparando el tamaño do la criatura con la del ternero, la fuerza
respectiva de cada uno en él momento de nacer y su desarrollo muscular, es fácil comprender por quó la
leche de vaca en estado natural no
puede convenir ÍL la criatura. Hay
que rebajarla mucho, por lo tanto.

13.-Vestido de visita.
EL LLANTO

El llanto del rcdén nacido, tan
penoso 1rn1·a alg-tmas madrPs pl'imerizas, especialmente para las nerviosas, se hace menos afligente para ellas, si consideran que los pulmones necesitan ejercicio, y ejercicio violento de la p1·ofunda inhalación que at•ompaila al llanto, para
desarrollarse y hacerse fuerteR.
Durante los primeros tres meses,
la criatura es demasiado délJil, aun
cuando llore bastante, para des•
arrollar sus pulmones en más de un
tercio de capacidad normal; y si se
piensa que no se pueden considerar
perfectos estos órganos sino cuando bao llegado á inflarse por completo, esto bastar{~ á la madrepa1 a
que el llanto de su hijo se le llaga
tolcrttbl1•.

e:

MARIANNA WHEELEB.

Feminismo
De ~spíritu fuerte no se juzga,

1a mu¡~r en gen~ral ; escudada en
su ~ehcadez~ física, en el pequello

.,

LA ALIMENTACIÓN

Por lo que se refiere á la al imeotación, conviene recordai· que, en
todo el reino animal, la naturaleza
provee á cada. especie con el alimento que mejor se adapta á. su clase
particular. El alimento que la naturaleza ha de~tinado á la criatura
humana, es la leche de la madre, y,
en lo posible, éste debería ser siempre su único alimento durante los
primeros seis meses.
Pero sucede á veces que la criatura no prospera. Entre las muchas
razones que puede haber para esto,
una. de las más corrientes es que la
madre no tenga. leche suficiente para su hijo.
Por lo general, esto se conoce por
los siguientes síntomas: la criatura
sufre largos períodos de hambre
antes de tomar el pecho; luego mama ansiosamente, soltando el pecho á ratos para segui1· llornndo¡
., sigue llorando cuaudo al fin lo
deja. del todo¡ continuamente estú llevándose los dedos á la boca¡
y pierde una parte de su peso ó permanece es~acionaria.
En estos casos, lo mejor es consultar á. un médico, que recomendará a!~una otra forma. de alimento.'
Otras veces, lo que pasa es que la
leche dela madrees demasiado fuer•
te, J la criatura. sufre cólicos, y
vudve frecuentemente el alimento
cuando la agitan un poco. Entonces, lo que hay que hacer es administrarle una cucharadita de agua
tibia antes de que tome el pecho,
retit·áodola de éste cada cinco minutos.
El agua tiene por objeto diluir la
leche en el estómago.
• Las madres que cl'Ían, incurren
casi siempre en el error de dar el
pecho á. su hijo á intervalos irregulares y por mucho tiempo; en pi-i-

P.rocede así, la alimentación al'\lll
c1al será una cuestión muy sencill 1:
poi· lo geneni.l, son pocas las e ,
turas que, en estas condicione r1aíren de indigestión.
s, •u8i en estos tres p1•imeros meses
q1'.~ son los más importa nt.es dei
P! 11ner ailo, todas las cosas bao ido
bien, lo. m&gt;t.dre tendrá poco que lemer con respecto á lo f11turo · porq
e!1 E:Ste período ~e desa1·rolio y
?11mento tranquilos, la c riatura ba
ido almacenando una cantidad d
fuerza y de resistencia sufirieo~
par'!' salvar cualq~ier dificultad que
pudtero. sobrevemr en adela nte.

14.-Matinée de seda.

Uno de lo~ Prrores que se cometen
cdn más frecuencia en I a. alimentación con la leche de Vl\&lt;'a, es que no
se rebaja esta leche suficientemente¡
como el estómfll!O de la criatura
tiene que ir prepn.rándose par11 un
alimento, diferente del que la naturalpza le ha de~tinado, lo mPjor es
emppzar pnr debilitar mucho ese
t\limento. é ir aumentando su fuerra gradualment.. , á medida 4ue la
cria.tu1·a se acostumbra á él. Si se

radio de acción en que se la eoloc.a,. su destino, adernús de mísero,
es rn¡usto, porque el valor en loa
st.&gt;res no se aprecia por la fuerzaf(.
sica, sino moral, por el impulso de
las pasiones. Yo tengo la persuasión de que la mujer, eu ese sentido
es fuerte. Heroicidades de eoergf.;
de indomable poder, conceutradonis de todas las potencias del aJ.
um, he visto en algunas mujeres.
Las inverosímiles luchas mauleniuas por aquellas que la desgracia
ó circunstancias colocan en el
puesto de jefe de una familia, re•
presentan labor de insólita fi rmua,
tte infatigable empeño, de valor i
tod¡L prueba. La viuda, la madre,
la bermaoa de huertana s, ejemplos
son de esta verdad. Y dob1emeoll
ímprobo el trabajo, puesto que f. la
mayoría se la ve en l a lut·ha sin armas, ó l&gt;ea. l&gt;iu prt.&gt;pamción alguna,

sin la defensa de una educación extensa de u na sólida instrucción,
porq~e hemos convenido los hom·
bres en que nosotros valemos m1í.s
y que debe ampl iarnos el camino, y,
con ló11ica absurdo., que toda ventaj a. debe ser para nosotros, quepodemos más.
La igualdod es lo seguro en este
caso. La. lucha de la existencia, só·
lo po.r a nosotros. Las responsabilidades todas de la familia en la.
pait ~educativa, son imperfecciones
tam uiéo de ese sistema. La mayoría de los matrimonios, por parte
de la mujer llevan por causa el
mejorar de situación económica., á
cuya consideración suel~a sacrifi.
car basta los afectos más pasionales de su corazón! Luego ... la desve ntura eterna, el divorcio moral y
todas las consecuencias de una acción trascendental lleva.da á. cabo
por 'U D ser sin juicio, sin ideas pro·
pías, sin libertad de espírit u, in•
consciente en su misma. impotencia.
Refugio de pecado es la holgaza.·
nería: l!\ vitlapasiva, sin más actividad que la frlvola rutina del formula rio d 1 visiteo y del continuo
repasar las tiendas, con latentes
tentaciones de no siempre útiles
compras, son medios pobres, tristes,
estrechos de pasar el tiempo, de
quienes pudie1·a.n emplearlo en tJl
estudio, en el conocimiento de los
grandes problema.s de la vida, en el
atento pe rcibir e l desenvolvimiento
del mundo intelectual, y entonces
te ne1• ideales más elevados y hasta

amores más grandes, porque el amor
sin la intel igencia, sin los superfi·
nos goces del espíritu. es sólo una.
seosaci6n de la materia, un despertar de los sentidos, no la llama su•
blime y divina que une dos corazones!
La mujer ignorante, mojigata., casera por holgazanería, sistemática
en los trabajos enervantes de un
solo manejo casero, est:í léjos, muy
Jpjos de poder se r la compailE&gt;ra.
amante del hombre moderno. Un
pecho en que reposar de las fatigas
diarias, un espíritu gemelo, una
u miga confidente, no e, ciertamente
aquella que tiene su horario fijo de
ama de llaves, ni la asistencia á to ·
das la.s novena.s de la. semana.
Una mujer que gobierna con in·
teligencia. una. casr., vale más pa1·0.
un hombre de la lucho. moderna,
mucho más que aquélla, sólo meclÍ·
oica do un trabajo harto sencillo
para poner en él los cinco sentidos.
Si una labor intelectual produce ÍI.
la. mujer lo oecesa.rio para. que supla una sirvienta el trabajo manual,
hará algo de más mérito que aque·
lla que lo hace por sí misma. Y no
hacer ninguna de las dos cosa.s, es
lo alta.mente perjudicial, lo que
produce ese tipo del marido jadeante y aniquilado por un trnbajo que
no basta á cubrir las necesidatles
siempre crecientf&gt;s de una enfermi1.a, de una anémica, con la fiebre
ele todas las ambiciones y el egoísmo del corazón míts hda.do, exento
de todo amo1· y de toda abnegación.

mer lugar, no deben permitir que la
criaturaes\Pen el pecho más de veinte minutos, y, por supuesto, no debe estar soltando el pecho á cada
momento para ponerse á jugar. La
situación de la madre en estos casos no puede ser peor, porque como la criatura. se está una hor'n. entera para tomar el pecho, hace entretanto sus d igestiooes, y, apenas
ha concluído de alimentarse siente
la. necesidad de hacerlo otra.' vez· y
para la criatura, este sistema 'de
alimentación irt·egula.r le ocasiona
perturb~,iones gástricas.

..
/
;{

,..

15.-Falla y vestidito de niño.

T rajes de casa y calle, para señoritat.

LA ALl~U:NTACIÓN ARTil!'ICIAL

En los casos en que la alimentación mate1·na sea imposible el mejot· t·eemplazante es la lech~ de vaca; pero, como la leche de vaca está

f:

70'

~1/,

~

l

noble es abusa.r de esa superioridad: dejándola acercársenos en la
inteligencia.tendremos las mil otras
veotajtts de su mayor y más sutil
instinto de lo helio y delicado.
De la fnsh',n sublime de la fuerza J el valor e-no la agudPza., la. verdad y la l11tcli::-encia, se producen
los consorcios imp1•recl•deros, los
únicos queest{1n por sohre toda ley.
Dos espíritus 1¡ue no liguen, que no
tengan afinidad, no podrán retdizar nin:!una labor trascendental,
no podrán form:Lr un porvenir brillante ,í. los se1·es ntwidos de un contacto matel"ial úni,•:unent&lt;'.

Xegar que en los países donde la
mujer se independiza oor el trabajo,dondP, si se casa, lo bace por inclinación del alma, y no por poner
en juego la lección de pesca. de marido. á que la dedicaron corno me·
dio único de subsistencia material
y de puesto en la sociedad, también
hay hogar en esos paísPs y un bo·
11ar muy hermoso, abastecido de todos los goces y sin que ellos ataqu!'n pni-a nada la felicidad fotura
de los bijos. Y en ese ho¡¡'1.r tan lleno de atractivos, halla el hombre,
además de la madre previsora de
sus bijos, una amante exqui~ita,
culta, refinada, en la. ·quP dep"sita
tocias la.s ansias de su joven co1·azóo, no sólo en la paz de un libio
afecto, sino en el cliscurrir de tmlo
lo que nos agita ÍL los neuróticos de
este siglo, que ya no sólo sou1os
hombres sensibles,sino espíritus fa·
tigados, y padecemos de intlnita.
noi:ta.lgia.
Así imagino yo á la mujer, y no
podría dar mi corazón á. ese perfecto tipo de la mujercita inútil, por
la que tanto abogan los declamadores de un feminismo de otras épocas.
•
.
La mujer sea esclava por el amor,
y reina por la hermosura y por la
soberanía de su inteligencia. mucho
m(~s el ara ele su pspíri tu, ha.rw míLs
fue1·te de lo que la conceden los
que por pequeñez de miras la quie·
reo sulJyugada. ·
l~I hombre en la. naturaleza es superior í~ la. muje r : absu1·do poco

16.-Trajea de reunión.

-

�Domingo 23 de Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Dote que no se acaba, orivilegio
que no muere. Después de muerto,
queda el producto de sus trabajos
in!-61.e ctuales haciendo el bien aúo,
aligerando la carga á los que vienen detrás, iluminándoles el camino.
MILAGROS Romr. DE ALBA.

Está el bueno de García,
que es médico consumado,
hace tiempo dedicado
á estudiar frenología.
Y en defensa de su idea
el ice, que al ver fijamente
la cabeza de un cliente,
su.be del pie que cojea.

PARA UN ALBUM.
Adorable señorita!
Con voz suave y poética, tierna a.l
oído como un arrullo; con esa voz
que suspira con tanta dulzura las
amables frases que pronunciáis, así
me dijisteis en una hermosísima r
espléndida tarde de mayo:
•
-Quiero algo para mi álbum: escribid.
Y, colocando ante mí el elegante
libro en que escrito se hallaba en
hermosas letras doradas el nombre
adorable de Adela, espera.steis,sonriente, la respuesta.
¿Recordáis acaso cuál fué'? Seguramente que no la habéis olvidado, ¿verdad'?
Y a.~ora. yo os pregunto: Sabéis,
seí'lorita, lo que es escribir para un
álbum? Lo más tierno, lo más elelicado y precioso debe verterse en
él. Ali( lo grande, lo hermoso lo
sublime.
'
La frase estulta, los períodos arrítmicos, las imágenes faltas de luz
de colorido, de escorzos.... no pue'.
den, no deben hallar cabidad en
un álbum. De abí, que no me sea
dado salir triunfante en tan amable
y hermosa invitación.

17.-Trajecitos

Pa.t·a. que la. unión sea. ta.l, ha.o
de casarse los espíritus, y eso no
se produce sin la. cultura., sin la. voluntad independiente de la. mujer,
que no debe abusar de que su dicha.
está en set• amada., por lo que no
muere.
Si la. moral es la base de la familia, la inteligencia es el eslabón del
amor.
No basta querer; debe quererse
con observación,con ánimo de agra.dar. Un a.mor inmenso es la. ley
natural; no se agradecen ta.ntocomo
los sutiles cuida.dos los oportunos
cariños de un ser inteligente.
La. ignorancia. de la. vida. interior, la poca observación hacia los
seres que amamos, trae ta.ata frialdad, que no ba.sta.rá á derretir toda.
la. virtud sóWla. del mayor amor.
Efímero todo traba.jo que no anima. el soplo de una. actividad interior. Condenamos (l la mujer á ha.car vida de autómata., y con ello
privamos a.l mundo, á la. familia. y
a.l arts, de la.s manifestaciones gra.ndiosa.s, vivas, de una luz y un color
de espiritual inteligencia., ~ maravillosa. hermosura..
Si la.s costumbres permitiesen á
la mujer desarrollar su ingenio,
¡cuánta gracia fina no embellecería
la vida!
Prueba. evidentísima de su mucho valer espiritual, es cómo aquellas que han sido observadas por
seres de fina observación, por artistas y escritores, han sido las inspiradoras más tarde de sus obras
más perfectas.
La mujer inteligente, si se la. deja.
ocasión de mostrarse, conquista los
corazones más que todas las otras
ventajas ó grandezas de la vida, y
como madre es como más debe usa.r
la. instrucción, el alto criterio. Toda enseñanza no secundada por el
talento de una madre, costará al
niño, ímprobo trabajo y no se fijará en su mente de un modo indeleble.
A la madre buena se la respeta.
y se la quiere. A la madre que es
además inteligente, se la da la.con-

''.Es incolora la palabra ruda
1a imagen tosca y fría• • .. 11
'
Es~r)bir en él que sois hennos
exqms1tamen!-6 delicada., adorab!ª'
en fin, es deciros tan poco!
e,
Cantar-,aun en períodos tnapf.
ficos:- l,?s ·sed uctor~s rasgos 80•
berb1os de vuestra. divina estatua,
modelada
''Por e_se gra.i:i ~rtista inimitable
cuyo CIDcel d1v1no rea.liza.
la egregia perfección .... 11
Todo, todo eso, amable sei!orita
me parece tan poco digno de vos d~
vuestra. triunfa.dora. belleza, qu8 '80•
lamente me limito á. preguntaros·
Habéis leído alguna vez las baiadas alemanas? habéis leído á Ossián?-Sí? Pues bien, así sois vos·
un11, mujer deliciosamente he;
mosa., como las vírgenes de Qs.
sián.
Y be ahí lo único que he podido
escribir en vuestro álbum, lo de
siempre: la. frase intensa.
Je vous demande pardon.

J. M. TALAVERA.

€1 estilo reforma

F.,

En la corte del Emperador Francisco José se guardan de manera
tan estricta los c1ínones de lamo·
da, que nadie puede contravenit•ios
en lo más mínimo sin hacei-se ncreedor á severos castigos. Cuéntase
de un oficial á quien se le prohibió
la entrada á Palacio por espacio de
dos meses, únicamente porque el
buen mozo no bailó un rigodón con
la galanura y elegancia que debiera.. El oficial, un joven de veinticinco años, fue llamado por el Emperador: «Es inconveniente vuestra conducta.&gt;, le dijo el soberano;
eso is el primero que se atreve á tomar
una postura ridícula en plena recepción de gala&gt;. El militar enrojeció de vergüenza y no tuvo lugar
á disculparse, pues cuando pretendía ha.cerio, Francisco José lo
arrojó de Palacio y le prohibió estl'ictamente que entrara á la regia
mansión por el espacio de sesenta.
días. «En ese tiempo podréis estudiar un poco más las reglas de la
etiquete. y del buen tono&gt;.
Esta severidad tiene su razón de
ser, pues en una corte donde todo
debe ser aristoc1·acia. y «chie&gt;, resulta impropio, altamente impropio, que un contesano turbe la armonía.. La Emperatriz también era
exigentísima en estos asuntos. Algunas damas han lamentado ya su
ligereza al presentarse en los salones palaciegos con un mal pliegue
en su traje, con algún descuido en
su tocado ó con insignificantes imperfecciones en sus posturas.
Curiosa debe ser, sin duda alguna, la estadística especial de estos
centros de elegancia, que se refiere
á. los castigos que han sufrido los
cortesanos por asuntos de modas.
En la corte alemana, Jo mismo que
en la inglesa. y en la rusa, reinan
exigencias increíbles. En los salones del Quirinal hay menos tirantez, y en los de la corte espaí'iola
más libertad.

l\Iéxico, D.

mayo

6.

Hace más de veinte afios, escri•
be el Dr. Manuel S. Soriano, que
uso la Emulsión de f-\cott, lo mismo en mi clientela particular
que en los ho~pitales á que he
pertenecido y pertenezco, y en el
notable colegio de la Paz, donde
se usa en grande escala. Debo
manifestar que siempre he obtenido brillantes resultados de la
mencionada Emulsi6n de Scott,
que es un tónico reconstituyente
que el estómago soporta perfectamente.

infantiles.

fianza y la admirnción. Ser admirada de un hijo de talento, debe ser
la suprema y más grande vanidad
de una mujer.

EL TEST AMENTO

Dtl 11.mo. sr. Jlrzoi,1sp0 rttban.
Los bienes fueron valuados
en $125,000
La mayor parte de lo testado consistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mutua"
Companía de Seguros
sobre la vida, de Nueva York.
Hace pocos dfas que ae practicó 11
apertura del test11mento del llu1trlslmo Sr. Arzobispo D. Patrlrlo A. Feeban
en la clndad de C'blrago, Jlllno"ls.
La fortuna ctel dl1tlnguldo prelado ucendl6 11. cerca de $125,4100 oro a merlcano: y aegOn el Inventarlo que ae ha
publicado, loa bienes que deJ6 fueron
como sl,:ue:
Doe pólizas de • 'La Mutua.' • Compallta de
gur011 ■obre la Vida, de
Nueva York, por ,25,~\IO
oro cada uua, 6 sean. . , 50,000 oro.
Dividendos acumuladoa ■obre una de las p61 lzae
9,329 oro.
Otra póliza de se¡-uro. . . 1-t,000 oro.
Acciones en efectl vo y en
Bancoe. . . . . . . . 37,000 oro.
Entre lu dlepoalclonee del aellor Arzoblapo, en 10 teatamento, ae hicieron

***

■ta■:

A en hermana, aellorlta Kate Feehan,
que estuvo alempre con él huta su
muerte, U0,000 oro en bonos y ,:.i5,000
oro «te una de la■ p6llzaa de seguro ;
l la sellora Ana A. treehan, ?luda del
aellor doctor Eduardo L. IJ'eehan, hermano del aenor Arsoblepo, '25,000 oro
de otra de lu pólizas, y $0,000 oro en
etectl?o: 4 1ft Ar11demla de ISan l'atrldo •e Cblca¡ro, de la que ea preceptora
au

hermana.

Madre

Maria

Catalina,

,10,000 oro de la n1t1ma póllza; 11. la
escuela • 'Santa Marra·· de ensellanza
prll.ctlca para 't'arooea, de Feehanvllle,
Illlnols, que era la lnstltuclj\n por !a
que mu ae luteresaba el ■e!lor / noblapo, ■e entre¡raron los ,4,000 re1ta•1. . la 111tlma póllaa.

Domingo 30 de Agosto de 1903.

Carro 1-'ulhna.u vara to&lt;lu:1 10::1 puut b
t&gt;n los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Com'.ldores de
Harvey en la Línea de Santa Fe,soó renombrados en el mun&lt;lo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á.
w. s. FARNSWORTH.-Agente General.
;:,., r1::::,1::rva11 calllas 1::n

la. 8an Franol•oo, lliim. B, MtJxloo,

a. 1.

•••••••••••••••••••••••••••••••••

El escote es punto de vital importancia en el vestuario femenino.
Un ápice que exceda de lo justo, es
motivo de reproche. Los escotes
pueden ser angula.res ó cuadraogu·
1a.res. Los primeros son los que en
'la actualidad imperan.y sólo en determinadas fiestas,especialmente en
los banquetes, es cuando se lleva.o
los segundos. En éste, como en n u estros posteriotes artículos, nos referimos únicamente á. los usos de
la moda europea, no porque ~esechemos la nvrteamericana, smo
por ser aquélla la que más priva
entre nosot1•as. Con toda calma
hablaremos de la a.mericaniza.ción
de la moda, cuyo centro principal
se encuentra en la aristocrática y
elegante ciudad de Boston.
En paseos, recepciones, teatros,
banquetes, visiias, etc.,domina., en
todas las poblaciones del Viejo
Continente, el estilo &lt;reforma.&gt;. En
México ha tropezado con infinitas
dificultades dicho estilo, lo cual no
tiene razón de ser, pues las dificultades se deben solamente á la me.la.
voluntad de nuestras damas, que

creen, errón.,amente, que sus cuerpos se desfiguran pot• el poco entalle de la cintura. Ningun,~ creencia. puede ser más equivocad';'-, porque las francesas, que son ex1gent{sima.s en cuestión de e~talle, p~ofesan verdadera adoración, pudiéramos decir, por el estilo reforma.
y hay que fijarse que las fra!1cesas
han hecho á un lado el espír1~u de
patriotismo-en este caso deb1a 1!amarse patriotería,-pues el estilo
«reforma&gt; ha tomado sus orígenes
en la. inventiva alemana.

Me atrevo, pues, á recomendaros,
lectoras mías, qne mientras llega
la muerte ele este estilo, le eleis
vosotras vidn. aplicándolo á todas
vuestras confecciones. Os a~eguro
que no os arrepentiréis de ello. sino que q ued a.réi ~ sa.ti sfecb as y com•
placidas con tan vistosa. indumentaria.

El marido ideal.
Hoy cualidades que la ma.voría
de las m:ijeres admiran en los hombres, y hay cualidades que, de hecho, todos los hombres admiran en
las mujeres; pero si uno fuel'a á
preguntar á. cien hombres: c¿Cu_ál
es la esposa ideal?&gt;, y á cien mu11 •
res: c¿Cuál es el ml!-rido i~i:al'!&gt;,
oiría. en cada caso CJen oprn1ones
totalmente diferentes entre sí.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, Para el hogar, 1903, Año 10, Tomo 2, No 8, Agosto 23</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 30 de Agosto de 1903.

EL MUNDO (LUSTRADO

E L MUNDO ILUSTRADO

al ver tu ta.rda.m\a. en regresar, temí
que hubieras muerto.
- ¡Ay Juan! Bien poco me ha
falta.do para mol'ir. Y tú, é,cómo
estás•~
- Muy bien, muy bien y contentísimo.
-¡Es posi ble! A pesar de la des¡?rncia .. ..
- ;.Qué desgracia:'
L1~ d~ los guantes.
- ¡Ah! Sí, ¿la equivocación? Pero eso no ha sido una. desgracia..
- ;.Cómo'?
- Al menos para. mí.
-No salgo de mi asombro; ¿los
has vendido:'

- Llegué al términ'l de mí viaje
y me dispu~e á. la venta de la. mercancía, cuando al notar la inesper ada equi\'Ocación, me quedé atónito.
-Como yo.
- T~nfa hechos todos los gastos
para el comercio y alquilada la
tienda.
-Como yo.
- ;,Qué hacer? ¡,Cómo salir de
compromiso tan grave y tan imprevist'&gt;? Por lo pronto era! que mi
desdicha. no tenía remedio
-Como yo.

Expllcadón dt

nutstros grabados.

I"

111111-1111111 111111111111

1

-¡.Y qué'?
-Que la gente acudió al reclamo,
(tUf'&gt; la novedad fué bien aco gida,
como procedente de París, y que
pocos días después no me quedaba
un solo guante. Cada uno de loa
vendidos me valió algo más de lo
que me b abrían dado por cada par
completo.
Quedó se Pedro silencioso, y cuan•
do Juan, halagado en s u amor propio, creía que su hermano admira•
ba en silencio el ingenio comercial
que revelaba su rásgo, dijo así:
-Está visto; tienes una suerte fa•
bu losa.
Como todos aquellos incapaces
de inventar nada, Pedro a.trlbuíaá
la suerte lo que era pr oducto del
talento.

Y honrla.mente prPocnpado &lt;'On
~u desdil'ha, cay6 enfer mo .v en los
delirios de la fiebre veía que los
JrHant~s, inflados .v vag-ando por el
a ire, venían á darle bofetadas.
De mil agro sa n6, y con valeciente ya, pero muy débil todavía, embarcóse de nuevo con r umbo á su
país, ado nde iba á llega r pobre .v
desesperado, para encontr11r allí
sPgnramente t a n desesper ado~• pobt e como él á su herma no J uan .

MwuEL RAMOS C ARRtoN.

IV
Figúrese el IPctor l a. sorpresa. de
Pedro cuan do al entrar en su casa,
vió que Juan, sonriente y con los
brazos abier tos, salía. á. recibirle.
- Hermano mío, bien venido seas:

- Todo~, ¿y tú'?
- Yo i:iinguno. Ahí los traigo,
para umrlos con los tuyos y venderlos juntos en otra acasión.
- Ya no es posible, porque yo
los despachó todos.
-Eso es el colmo de la suerte.
;.Me negarás a hora que eres el ni1\o mimado de l a fortuna? Por lo
visto, ¿,el país á donde fuiste es
tierr a de mancos·~
-¡Necio! Yo sí que no soy «manco&gt;, y por eso, sin arredrarme ante las contrar iedades, sé vencerlas
y basta aprovecharlas.
- E:xplfcame lo sucedido.

Domingo 30 de Agosto de 1903.

V

-Pero compeendiendo que, s i no
lo tenía, era inútil desesperarme,
me acosté y dormí.
-Yo me acosté y no pude cerrar
los ojos.
- A la mail:ana siguiente desper·
té con una idea luminosa; l a a lmohada, como sie,npr e, había sido mi
gran consejera. Aquella. misma
tarde, en todas Ja.s esquinas de las
calles de la población se bailaban
pegados grandes anuncios que decían lo siguiente:
«Guantero de París. ¡Gran novedad! ¡Ultima moda.! )Guantes para la mano derecha!&gt;

Núm. 1.-Trajes de casa y visita,
propios para señoritas, confeccionados con tela. de estación y adornados con cinta y pasamanería, Jo
:i
cual constituye el estilo dominante. El vestido de casa, hecho con
tela de color obscuro, ll eva adornos de cinta color claro, á lo largo
del ta ll e y á lo largo de la falda.
Esta es lisa y sol a.mente se pi iega.
un poco en su parte infet·ior. La
blusa lleva un bonito canesú y pasamane rías de seda á lo largo de
las sol apas imitadas. En el cuello
se anuda una pequeña corbata de
punto,con flequillo de seda. El ~raje de visita consta de falda hsa,
color claro, blusa de la misma tela, con ancho cuel lobombreras y
adornos de cinta a ncha y de color
obsc uro. L a blusa es suelta, las
mangas de forma campanulada y
el esco te cuadrangular , cubierto
con g asa.
Núm. 2.-Traje de paseo, estilo
refor ma, con blusa imi tación a ngular y falda enteramente lisa. El
U
escote , t ambién angular, se cubre
con tela de color más obscuro. En
la parte infer ior d~ la falda. s_e
a plican i,,dornos de cinta cuyo di·.
bujo p uede variar á gust-0 de 13:s interesadas. Las mangas, de est1- '-lo japonés, son dobles en su parte
terminal,pues llevan una manga fn .
U
tima de seda, y de la cual parte e l
pullo. Los adornos del talle y de
Ja.s mangas deben ser iguales y
simétricos con los de la falda..
Núm. 3.- Traje de calle, estilo
U
reforma, propio para señora _de
eda d. En el grabado se ve ta~b1én
una ca.pita de verano, confeccionad a. con blonda y llevando, además,
dos grandes bandas de Jiston color claro La fa lda es lisa; los
pliegues posteriores se acentúan lo
suficiente para formar la cola. que
:i
no h!I. de se1· de dimensiones exager a das, y en la parte inferio1· de l a
fal da se aplican los adornos, que
bien pueden ser sobrepue~tos, ó
bien, pintados. ~n caso lle se!· esto
ú ltimo se recomienda un cuidado
excesi;o en la formación.
Núm. 4.-'rraje de casa, para señoritas confeccionado con tela de
co lor ciaro. La falda es lisa y sólo se pl iega u n poco en la parte
posterior. La blu~a lleva por adorno un aneho cuellobombreras,y las
mangas, camµanulares, terminan
por estrechos puilos. El modelo es
muy sencillo y elegante, y altarnen·
te a propiado para r ecibir visitas
de confianza.

1111111111111 11 1111111111111111 11111117

,.-

1

1
i

1
ft

1
1

1
ff

1

1

ESPERANZA.

11.-E legante vest ido de paseo.

12.-Cuel101, corbata, y bordados para

10,-Pilnado, toca, fald11, blusa y trajea lnfantllea,

a p ll cacione■ .

tonstlos á las madrts.
19 No amenacéis nunca á los niños con castigos que no podáis ó
no estéis dispuestas á infligir. N?
bagáis que vuestro «sí&gt; llegue a
significar &lt;no,&gt; y que vuestro &lt;n~&gt;
llegue á significar &lt;sí.&gt; No debéis
ser nunca. volnbles ó vacilantes en
vuestr os tratos con ellos, sino firmes siempre, justas y dignas de
confianza aunque bondadosas é
induJgen~s. No los castiguéis para
lamentarlo después y deshaceros
en ca.riciab corno si ¡.,idierais perdón. Si hacéis esto, correréis el
peligro de que vuestro hijo os diga:
«¡Ah! ¿ves, mamá:' .... estás deploundo lo que has hellho. 11e par~ce
que en vez cíe regañarme, tendrias
que agradece1· á Dios que te baya
dado tlSte hijo.&gt;
29 No hagáis montail:as de hormigueros 01 estéis continuamente
encima d~ vuestros hijos por pequeñas infracciones á la disciplina corriente· no seáis impaciei:\tes ni chillonas.' No les ofrezcáis nunca un
caramelo, un boll ito ó una nara!:!Jª
en premio ae virtude~, ó como 10centivo para. que deJen de ser malos.

** *
39 No esperéis que vuestros hijos
lleguen á se1· una alegda para vosotl'a.s en vuestra. vejez, si vosotras
no habéis sido una alegria para
ellos en los primeros años de su
vida. No esperéis que os sil-van de
a poyo en vuestra ancianidad. Habéis empezado mucho antesqueell~s
la vida, y deberíais e!&gt;tar ea con~1ciones de bastaros á vosotras mismas. Es muy probable qu~ ellos
lleguen á. tene1· familia propia. Es
frecuente ver niños tristemente
arrinconados porque tienen que sostener á sus padres que, si b1Jbieran
asido la ocasión por los cabellos,
habrían podioo sostenerse á_sí mismos y baber dacio uu emp\lJOnll1to
fa vo1·able á sus bi¡os. .r-.o dtit&gt;é1s
nunca estar agradecidas á vuestros
hijos poi· esa razón, oino poi· la felicidad que ellos ¡.,uedan aaros con
su afecto y con los tr1uufos que obtengan en la vida, gracias á 19: educación, al dinero, a los conseJos, _Y
á otras muchas cosas que les haya1s
dado vosotras.
-19 No permitáis que vuestra vanidad llt·gue á hace ros creer que
vueswos l.lljos son maravillas y fe•
nómenos excepcionales, y que las
reglas ordinarias de la natllraleza
no les son aplicables á ellos.

�Domingo 30 de Agosto de 1903.

Domingo 30 de Agosto de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

A sí torna.dos miré su cuello
La.s frescas rosas de sus mejill~s
Y las agujas de su ca.bello
'
:'.lás relucientes que las ga'vil!as.

***
59 No forcéis nunca el cerebro á
vuestro hijo.
6Q No dejéis nunca. que vuestro
hijo Ta.ya. á acostarse de mal humor.
7Q No Je permitáis que se absorba. en la contemplación del fuego,
ni le contéis nunca.. ni mucho menos de noche, historias de a.parecidos.
8Q No le compréis caballitos mecedores sino cuando haya cumplido
los cinco a.flos.
!)Q No le asustéis nunca con gritos repentinos ú otros ruidos.
109 En definitiva., el reposo y la.
dieta harán que un niño se desarrolle fuerte en alma. y en cuerpo.

11iré sus brazos tersos y flojos
En sus rodillas abandonados
Y sus amantes y dulces ojos '
Pot· el arrobo transfigurados.
Al brillo entonces de 1..n raudo
suello

Pensé en l a.s manos plenas de dones
En su semblante puro y risnello '
Y en los bo1·dados de los nipones.

Y deslumbra.do pot· su belleza,
Que mtí.s realza con su decoro,
J:,;o el broce.do de mi tristeza.
Bordé ilusiones color de oro.
E~'HÉN REBOLl,EOO.

El
pompa del prado y orgullo,
a.penas recién salida
del entreabierto capullo.
Sencilla. y blanca paloma.
libre de azares y susto;
violeta que el sol no toma
escondida. entre el arbusto
egoísta de su aroma.

LA BORDADORA.
Acompa.i!a.da. por un lloroso
Susurro de bojas prima.vera.les,
En su ventana. del Norte umbroso
La Jluvia. tiende sus grises cha.les.

cura dt san t1cas.

En una de esas poblaciones que
no son tan pequeilas como un pueblo ni tan grandes como una ciudad, había un cura pítrroco é. quien
las genteR en su,- admira.bles sincopas biográficas llamaban &lt;un ben•
dito.&gt;
Frisando en los setenta. años, de
noble figura, rostl'o plac1rntero y

Nívea perla que eclipsara
con su bellísimo oriente,
la perla más linda y rara:
astro que al sol ve de frente
cuando no esconde la cara.

un tts0ro Escondido.
¿,l'or qué fulgura _sombría
la. luz que en sus OJOS arde
con dulce melancolía.,
como esa. lu?. de la. tarde
cuando está muriendo el día.?

Virgen de regio esplendor,
que si la rosa. bermeja
tiñe su faz de rubor,
dudara. la dulce abeja
si era virgen 6 era flor
Tal es la niJa. que mora,
como un tesoro escondido
del silencio habitadora:
ave que al volar del nido
su misma sombra la azora.

~

( 'on sus madeja'! de fina la.na.
Oculta el aire tenuP y ligero,
Y en el cuadrado de su venta.na.
Prende embutidos color de a.cero.
Entre las blondas de la cortina
Su mano á ratos el dorso asoma,
:\la.no luciente y ala.bastrina.
Como el plumaje de una. paloma.

sencillos modales, se bacíarespe\ar
cuando era oportuno, y querer en
todas circunstancias. Su trato con
los feligreses procedía. siempre de
menor á. mayor, es decir, que era
más afectuoso con el memorialls\a
ocupado en escribir cartas á las
criadas, que con el jurisconsul\O
encarga.do de dirigir los negocio•
de los seiiores.

Tras el enea.je brillante y fino
Que forma. el agua, la. aguja mueve,
Y en su pai\uelo de blanco lino
Dibuja. flores color de nieve.

'

~

El ágil duende del aguacero
Hiere los vidrios incomodado,
Y hace qu11 suene su pie ligero
Como un martillo sobre el tejado.

1

JJ

Ya. en los aleros perlas desgrana,
Ya con las bolas de sus grani zos
~lata en los tiestos de porcelana.
Hus crisantemos de blondos rizos.
Yencida. al cabo por sus intent-c,s,
Deja la aguja que pinta flores,
Y rneh·e todos sus pensamiento s
A los jardines de los amores.

¿,Qué espíritu ó magnetismo
la. hace presa. en sus antojos
de ardiente sonambulismo,
cuando así brillan sus ojos
con la. atracción del abismo?
La llama. que se condensa.
en su pupila racj,iante,
no es la luz que brilla intensa
en la. virgen palpitante,
sino en la. mujer que piensa.
La sonrisa que desflora.
su boca. de gracia. llena,
no es la risa. que atesora.
un alma. libre de pena,
sino un corazón que llora.
¿,Y habrá pesa1· que contriste
á ese ángel á quien a.Hila
cuanto de adorable existe'?
¿Cómo es que nii\a. tan niiia.
puede estar triste, tan triste'?
Cándida flor al arrullo
del aura 1uave, mecida,

Su vida hubiera. sido monótona
para otro menos diligente Y propenso al bien. Por la_ mail~na su
misa, después el confes1ona.r10, lu!'"
Atrincherado tras mi vidrie ra.,
go los rezos de rúbrica., a.l med•!&gt;
Yo un delicioso libro leía:
día á comer, su siesta acto conU·
YE&gt;rla.ine, lleno de fe sincE&gt;ra.
nuo por la. tarde á visitar enfermos
Y quejumbrosa. melancolía.
ó m~nesterosos, y á la noche su tre·
Tal es la. virgen sombría
sillo á ochavo (porq ue entonces
en cuyas pupilas arde
Y el mismo duende ca.becica.no
había. ochavos), donde, si perdía,
llama. de mela.ncolíh,
De ojos lucientes de travesura.
perdía él, y si ganaba, gan aban los
Que con sus artes paró su mano,
como esa luz de la tarde
pobres.
cuando está muriendo el día.
Quitó los ojos de mi lectura.
Por cierto que eso
del tresillo llegó á
perturbar un poco su
conciencia. basta. el
puJt-O de consultar·
lo con el cura ante
quien confesa.ba.;,N_o
sería mejor abohr
el juego y dar lo que
podía perderse á los
pobres·~ El compai'lero confesor fue de
dictamen que repartiendo las ganan·
cías quedaban los
pobi'.-es compensados; pero á. él_ se le
ocurrió la rép_hca
si las ganancias
juego eran buena. sal
mo1na, puea á
13.-P1ln1dor11, can11CI para caml11, bolu de mano y m1nt1l1rf1,

l~1t

•
~~
1

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.

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\---------:a:n:i:romrIIIC!l
. IIID~.
JJ:Ill

____,..,___,.

u ll!WO&gt;ll oo

fa .
14.-Monogramas par-a mantelerla.

o oo 1h :,. "'" oo,

"

.. ~ ·.

~
.é'&gt;

�Domingo 30 de Agosto de 1903.
ascendían los escrúpulos morales
del sacerdote.
Y, sin embargo, él era injusto con
San Lucas, á cuya advocación pertenecía su parroquia. No quiere esto decir que desdeñase al evangelista, sino que sus predilecciones
eran evidentes para las &lt;Animas
del Purga.torio.&gt;
Cuando algún feligrés le encargaba una función de iglesia, le inducía á que fuese en sufragio de las
Animas; no había boda, ni bautizo
r.i entierro de que las Animas dejasen de sacar partido pot· consejo
del cura; él oficiaba con preferencia
en el altar de las Animas; la mayor
cantidad de aceite y las velas más
gordas, ardían en las lámparas y
candelabros de las Animas; ¡qué de
responsos, qué de flores, qué de
novenas y triduos por las Animas
b9nditas del Purgatorio! ¿Obedecería esto quizá á su doctrina de amar
á los débiles sobre los fuertes'I ¿Era
tal vez un poco monomaniaco el señor cura.?
El célebre aboga.do de la población, con tener cierta tacha de incrédulo, decía que en aquello había
algo de egoísmo, porque el cura de
San Luca.s era él propio un «ánima
bendita.&gt;
Ello es que, aparte de esta casi
chochez, el cura disfrutaba de todos
los prestigios de la bondad. Dirimía
contiendas de familia, cortaba p leitos incipientes, acercaba corazones
dispersos, y en más de una ocasión le debieron sus conciudadanos
hasta resolver cuestiones de orden
público. Lo que no arreglaba el
cura de San Lucas, no lo arregl aba
na.die.
Sobre todo, en asuntos religiosos
era una potencia. Ya podían darle
moribundos impenitentes ó simplemente fríos: él los calentaba y pet··
suadía con su sencilla oratoria en
términos dequenoseleescapabaninguno. Ese mismo abogado á quien se
aludió antes, doceañista y casi ateo,
aunque hombre de rectitud y de fibra, enfermó una vez con peligro
de muerte. El cura de San Lucas se
presentó desde luego en su casa con
la pretensión de hablarle á solas.
-¿Viene usted á fastidiarme?-le
dijo trabajosamente el enfermo.
-Al contrario-respondió el cura:-vengo á facilitarle á usted que
haga lo que se le antoje, evitando
que otro le moleste con sus visitas.
-¿Y cómo es ello?
- Pues nada: usted seguirá creyendo lo que quiera, pero como de
seguro no quiere el escándalo, impropio de un hombre de las condiciones de usted, ahora salgo y digo
que se ha confesado; voy á laparroquia por la Eucaristía y usted
la recibe ó no, para mí es lo mismo;
el pueblo aplaude y los devotos se
trnnquilizan: ¿qué va usted perdiendo en esto?
-¡Pero, señor cut·a!-exclamó el
paciente incorporándose en la cama
con ademán airado:- ¿por quién me
toma usted á mí? ¿Me cree usted capaz de una superchería semejante?
Primero me allano á que haga usted
de mí lo que quiera.
-Pues ¡de rodillas, penitente!gritó el sacerdote con voz de mando-y á depositar en mi oído sus
culpas y su arrepentimiento.
Debió decir el cura estas palabras con tan eficaz energía, que el
enfermo se abrazó á su cabeza permaneciendo largo rato en comunicación con él. En seguida fué absuelto, y poco más tarde trájole el
párroco solemnemente la sagrada
Forma, que el moribundo recibió
contrito, entre el asombro de cuantos le rodeaban.
Al salir del aposento, y antes de
entonar el -&lt;Te Deum laudamus&gt; del
ritual, hubo quien le oyó decir al
cura:
-¡Pues no hubie1·a faltado otra
cosal
Ci,,mpañas de esta especie se le
presentaban al bondadoso sacerdote todos los días. Habíalas de diferentes clases, como, por ejemplo, la
que le promovió una antigua sirvienta de la mayordoma de Animas
de la parroquia. Era esta última
una mujer entrada en años, de sangre azul y tostados pergaminos,
más rica de vanidad que de bienes,
autoritaria y casi despótica con sus
inferiores.

Domi,ngo 6 de 1:lept!embre de 1903-

EL MUNDO ILUSTRADO

El cargo que desempeñaba en la
iglesia la hacía grande amiga del
párroco, aunque con la distancia
propia de quien venera al ungido
muy por encima del hombre. La
viuda del mayorazgo1 que así se le
decía en la poblacion, echaba de
menos que el señor cura no fuera
&lt;de clase;&gt; pero aun así, las Animas
benditas y las mutuas virtudes les
unfan en una especie de sagrado
consorcio.
Sucedió, pues, en casa de esa señora, que al cabo de más de cuarenta años de servirla lealmente, puso
en la calle á la que cuando niña le
dió el pecho y que durante casi medio siglo fué, más que su sirvienta,
su esclava.
Era de ver la pobre vieja asida á
las manos del cura cubriéndolas de
besos y de lágrimas implorar con
ayes angustiosos su protección en
aquella catástrofe.
El cura, impresionado, en efecto,
corrió casa de la mayorazga á poner paz; pero ellá con malos modos
le salió al encuentro diciéndole:
-¿Viene usteJ ya á tomar parte
en los chismes de esa bribona'?
Porque todo el que va á hacer un
bien en casa ajen a es ordinariamen •
te mal recibido. El cura, sin embargo, que conocía á la señora, replicó con calma:·
-Ni esa infeliz mujer es una bribona, ni los dolores del corazón
pueden ser chismes.
-Pues yo soy dueña de mi casa
y hago en ella lo que quiero.
-Es que el dueño de una casa no
está autorizado para hacer en ella
lo que quiera, sino lo que deba.
¿Por qué despide usted á esa anciana\&gt;
-Por ladrona.
-¡Imposible! ¡Ella robar! ¿Qué
es lo que ha robado"?
-Cinco duros en oro de ese cajón.
-¿Y nada más?
-Nada más.
-¿Es la primera. vez?
-La primera, que yo sepa, en
cuarenta años.
- Pero ¿no me tiene usted dicho,
señora., que nunca ha cobrado su
salario entero, y que le guarda usted casi un capital? ¡Cómo se com•
pt·ende entonces! ....
-No se ven!la usted con argumentos especiosos, señor cura, está
confesa y convicta.

EL TEST AMENTO

Dtl 11.mo. Sr. Jlrzoblspo 'fttban.

El sacerdote se dirigió en ademán
interrogante á la pobre vieja, que
de rodillas y anegada en llanto se
asía á los vestidos de su señora, y
la oyó expresar confusamente estas
palabras:
-¡Tiene razón, tiene razón!
-Pues ahora- dijo el cura revistiéndose de ese carácter que empleaba en casos difíciles-ya no me conformo con lo que aquí se ha hablado; necesito explicaciones concretas. ¡Ya. no soy amigo, no soy clérigo; soy juez!
La viuda del mayorazgo, sobrecogida por tan severa actitud, se
prestó á referir lo que había ocurrido.
Aquella •vieja estúpida tenía un
nieto á quien había dado en amar
como si el muy bribón se lo mereciese. Todas las cantidades que deducía de sus ahorros eran para el
nieto, el cual se hizo haragán, pendenciero, vicioso y endemoniado.
En tal situación le tocó la quinta,
y aun quería la abuela gastar seis
mil reales en redimirle la suerte;
pero la señora se opuso, negándole
el dinero. Consideraba ella preferible que lo domaran en el se1·vicio
del Rey, y, si esto se conseguía, á
la vuelta encontraba un capital para hacerse hombre. ¡Los disgustos
que le proporcionó el mozo mientras tanto! Llegó la hora de entrar
en caja, y el quinto exigió con malos
modos cinco duros para el viaje.
La señora l&lt;Js negó también, porque
temía que se gastaran en la taberna y se le declarase prófugo. Había
que dejarlo irá palo seco. La vieja lloró mucho: ¡era naturall Lo
que no lo era tanto es que con abuso de confianza sustrajese del cajón
de una cómoda, que sólo ella podía
abrir, la moneda de oro que le entregó al nieto.
Concluido el relato que se extrae•
ta, el cura condujo á la señor a á un
gabinete próximo, cuya puerta cerró, y con tono solemne dijo:
-Hay que perdona.r á esa mujer.

-¡Perdonarla!
--Sí, perdonarla. ¿Me tiene usted
por ho.nbre honrado"?
~Como no hay otro.
-¿Me considera usted capaz d
,una acción semejante?
e
-Primet:o dudaría de mí propia,
;-Pues bien, señor a, yo llevo conm1_¡l"O na_ torcedor queme amarga 1
existencia.
a
- ¿Cuál?
-Una vez me encontraba en tan
gra~de apuro de di_nero, que saqué
mecha oo~a del ceptllo de las &lt;Animas benditas.&gt;
JOSÉ DE CASTRO y

SERRANO,

CANTARES.
Hay quien se empeña en querer
y en vez de querer olvida,
¡yo me empeñé en olvidarte
y te amo más cada día!
A todos lados se inclina
esa flor que besa el viento,
¡es mudable como tú,
igual que tus pensamientos!
N. D. DE ESCOBAR.

México, D. F., julio 30.-El
Doctor Urrutia, Médico Cirujano
de la Escuela Práctica y dela Escuela de 1\Iedicina de México, ha
firmado lo siguiente:
«La Eruulsi6n que lleva el nom•
bre de Scott ( únicamente preparada por los Sres. Scott y Bowne)
es una preparación que llena los
requisitos de la ciencia, y á laque
deben la vi&lt;la muchos de los en•
fermos de mi clientela. »

;· ·······..........................

"S~!.t;,!!,:,,.~A~!!~•.~~!A ii
San Fr11nri,r.n v:n11 ,lng~leR

.

-~

!

- lit¡

♦

Los bienes fueron valuados
en $125,000

i

La mayor parte de lo testado con•
sistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en " La Mutua"
Companía de Seguros
sobre la vida, de Nueva York,
Hace pocos dlas que se practico la
apertura del testamento del llnstrlsl·
mo Sr. Arzobispo D. Patricio A. Feehan
en la ciudad de Chlcago, Illinols.
La fortuna d'el distinguido prelado 1111cendlO A cerca de $125,000 oro ame•
rlcano; y segQn el Inventarlo que se ba
publicado, loe bienes que dejó fueron
como sigue:
Dos pOllzas de • 'La Mutua.' • Compa!Ua de
guros sobre la Vida, de
Nueva York, por $25,1,00
oro cada una, 6 sean. . $ 50,000 oro.
Dividendos acumulados sobre una de las pOllzas ll,329 oro.
Otra póliza de seguro. . . 14,000 oro.
Acciones en efectivo y en
Bancos. . • . . . . . 37,000 oro.
Entre las disposiciones del selior Arzobispo, en su testa.mento, se blcleron
sta.s:
A su hermana, seilorlta Kate Feehan,
que estuvo alempre con él hasta su
muerte, $40,000 oro en bonos y $25,00U
oro .:e una de las pólizas de seguro;
A la sellora Ana A. Feeha.n, viuda del
sellor doctor Eduardo L. Feeban, ber•
mano del eellor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de las pOllzas, y $5,000 oro en
efectivo; a. la Academia de Mn Patrl·
clo •e Chlcago, dé la que es preceptora
en hermana, Madre Maria Catalina,
$10,000 oro de la 1\ltlma póliza; A 111
escuela • 'Santa Marta·' de enseñanza
prll.ctlca para varones, de Feehanvllle,
llllnols, que era 111. lnstltucl6n por la
que mú ee Interesaba el sMor l rzoblspo, se entre¡raron los $4,000 resta•J·
. . la Qltlma p6llsa.

2.-T raje de paseo.
1.-Trajes de casa y visita,

El tertamen de modas.

1
♦

tie re:;ervan l;allia&lt;I eu (Jarro .Pullman para todos los puntos
en los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Com'.)dores de
Harvey en la Línea de Santa Fe,soñ renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á
w. s. FARNSWORTH.-Agente General.
ta. San F,.anol•oo, Núm. B, Nléxloo,

a. 11-.

•••••••••••••••••••••••••••••••••

La gran Exposición de Modas de
San Petersburgo, se ha transferido
para el mes de ener? del_ 3:ño entrante, según regia d1sposic1ón_ de
la Czarina. Parece ser que la real
orden ha traído algunos tt·astornos
para los exposito res, que habían ya
desembolsado buenas sumas para
la confección de prendas femenin~s.
Sea lo que fuere, la orden supert0r
es terminante, y de nada habrán de
servir las protestas que se levanten,
pues lo ordenado, ordena~o está Y
nadie habrá de contraventrlo.
Aunque no ha habido ~xpli&lt;:a~iones aclaratorias de la dtsposic1ón,
todo hace suponer que ésta obedece
á los empeiios de una encumbrada
Duquesa de la Corte rusa. Esta no·
ble, según las malas lenguas, está

en combinación con uno de los principales talleres moscovitas. de modas v como la Duquesa priva con
su ;o·beran a, consiguió ~e ésta que
la Exposición se transfiriera hasta
que el taller termine su co~ting".nte,
un contingente soberano, r1quísuno,
elegante, abrumador ....
¡Ah! Las finanzas no. se divor0;ian
ni de aquello que pudtera C?~side•
rar se como mer amente esp1ntual.
La evolución civilizadora de la humunidad es uoa vorágine en cuy a
sima cae todo lo que de alguna manera preocupa á los hombt·es. Y
cumo las finanzas ocupan lugar
principalísimo en esta&amp; preocupaciones, na.da tiene de raro que 18:s
finanzas evolucionen á p~sos gigantescos y arrastren co~sigo todo
aquello que jamás h8: tenido ~arácter comercial. No quiere decir esto

que las exposiciones dejen de ser
eminentemente comerciales; per o sí
bncemos constar que hace algunos
años. cuanéto en las cortes europeas
se han celebrado conrursos de modas femeninas. las utilidades pecuniarias ocupaban un lugar secundario, pues lo principal era dar á
conocer al mundo elegante las poderosas facultades de la inventiva.
Como el plazo se alarga para la
Exposición de Sa.n Petersburgo,
puede y debe suponerse que el Certamen resultará má~ brillante, pues
sus elementos se mnltiplicará~, .Y el
contingente de los talleres parisienses alemanes, italianos, ingleses,
etc.' se ha.rá pasar por el crisol de
la ~ás severa crítica, para qne alcance un grado irreprochable de
perfección.
Pronto veréis en estas páginas,

lectoras roías, los modelos que ha_n
sido aprobados y que, po~ co~stguiente, ocuparán l ue-ar di stmgu1do
en la Exposición. H_a1;&gt;rá de todo :
trajes de paseo, de vi_s1ta, de casa,
de reunión, de recepc1ón, de katro,
de sport, de dueloi sombreros para
niñas, para sefi:0r1tas, Pª:ª señ_oras · tocas de vrndez, matmés, llstoo~s, guantes, calzado, joyas, etc.,
etc. En una palabra, el Certamen
será tan vaisto, abarcará tanto Y
tao to, que difícilmente habrá perso:
na que en su guard_arr?Pª cuente Dl
siquiera con la v1gés1ma parte de
Jo que en San Petersburgo habrá de
presentarse. Se cabulan en más de
dos mil las prendas de ropa que
habrán de exhibirse, aparte de las
cpetites choses&gt; 9u1: n~ debe';! mencionarse por su msigmficancia.
Pronto estarán en mi poder esos

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>.... _

aemdaa de eat,e

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de
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apliell,-

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. . . . . 'l8illlldii ~ fe.
milllao, al mllllio tiempo que
po,111 lujo pere08ll proplude

.,.__,.., de)ddu.
Oka-mbrencl.te introducida en loe oaloneo
elegantee, coa&amp;mnbre que probablemente ae generatisanl
por cuanto contribuye 4 proporcioDIII' an grato recuerdo,
f8 la de aecar ua fot&lt;lcrall•
del oal6n en que •ae celebra
UDI, 6 del comedor en
que ae ,d4 un banquele, en loa
momentoe en que una y otro
llegan , 111 mayor 1nimacl6n.
Dadaa lu facilidadee que boy
prc&gt;p11rolona el arle fotográfico
y la rapidel con que ae open,
!Ílda mú prictlco y opM11DO
que lnnovacwn, que al
prapo,cionar , cada eonocido
6 comenoal viatú del ilnlmado
local, lee deparan el mecllo de
conaervar un gnl8C!O y duradero n,cnerdo de Ju penonaecon
qllienea ha compat&amp;ido algunu horae de agradable paea&amp;iempo 6 d., halagüella imlmi•

dad

A}me,.,...q';\B ~~

~--

ru,.

ellilde18".

FolUf.lDO a.uo L•

....

-"°'°lf nsc.ur.o«p

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ua11aa.

Loa 0ALDJ&gt;AlllC801ff&gt;TBJa.all!OOO.-i'mr.. ..,,:ma,
0ÁLCOlL08

ABr110Jl6Joooe, TABLA ~ , ....,.-1'ar..

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GIWIÁTICA CABl'lll,LA1'.. -VOCAIIIJLABl0 &amp;IP.dOL,

J'Jwroia.-TABLA8 »- Bso1JCC161&lt;,-loDouAD
FLOlta--ColtÓCDII""""' 1JT1LJ8.-Ba,slA8 DII

DII

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Directorio de la Ciudad de lléxlco.
Doadeee_..,.,...IOllollol.__
_ , _ 1 . , . . . , t a r U u )IOllalel71olf8rflleel - paed&amp;n - • e1 1aombre ae ...- 6 ti .i.Jc,íoo.

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con multiltld

1

Este Almanaque conllnn•r~ publlcindoee cadaatu,
y fol'IIIIU"i una ,·erdftdera "'1el•loped!a útil ~ to--

dos.
EL EJEXPLA.B VA.3:,B-..0•

PEDRO Z. PEaNIA.
VEBA.CBUZ.

LA IOCIBDAD D&amp; LAS 80LTSBO-HA8.

U11pel,!qaeaediningne por
caranler pric&amp;ico en todo,
Ioglaleml, ~ de dar á la
mujer de loa otroa, el ejemplo
de una nueva eociealad' la de
.seguroe conúa el oellbalo. •
En rigor, eocledad ae
titula, de ,Segnroe comra Ju
eolieronu.• y relativamente

111

at QaMrimonio, funciona oomo
lae demáa eociedadee de aeguroa eobre la viclL

LM .-IMlae q1111,J

edad de
caarima all08 00 han
llega\ á la

tenido la B110rle de encontrar marido, ,eoiben una prima pro-

lj.-TRAJB Y Q.AltlTA l•E TBP.l:IOPBI.O PARA r.u&gt;EO,

eqalpaje qne acabamoo de reiellnr eo
de ua oenom el,ga~I• puede lle·

e, ae CO'llprtndent que e•• degnmdeo Almaceneo, laapn en 11000l'III ncudsn á elloa 4 pro•éene de

dlcboo

viajeo, y como

acabamoa

o.

la enullleraci6n anterior otro objepanlo ea !ntl&amp;il r aun poqo c6mo-

. . . . ''reltanranta" Jo bacen inn&lt;'CH11rio,
..,_ pmque H comidera th.ic, como dicen
j J11 lodo cuo fin,, pera tomar el primer
íl pPdo adonde ae va 4 parar. Noa referip,9vlalonea, que toda 1ello, n previaora
6 mal.Un donde encierra loa objel08

de--. .
. . . - _U. l.&amp;L01'D Y BKCBPCIOND.

a&amp;rleqafn,• ea. decir, amenizado
. . , . decora&amp;ivoa, como CelÜll8 de
1IIIIT11111 con fru,118, vinagreru rús&amp;iCII,
~~ b,J&amp;ellaa, eatuuillaa, etc., de., creoo
,e-•~lfl&lt;iblea ...,.w,iemeoie á Ju ama,
6 1 - . ; • ~ que cada cual oe1enle an buen

..,., ... bi.'fl'IIO,-,,w.

~ , laa can&amp;i-

dadeo que en per!odoa tjiio han ido paaando.
F.n CIII&lt;• de que 1ntee de llepr , dicha edad ha)'811 VÍlltO colmadoé 1111 deae08 y encendida la
antorcha de lilmeneo, pieeden Ju IR11DU abonadoa, que paan á formar parle del capii.l elol.
Conviene adYer&amp;ir que eota cemblnllci6n no
ee nueva, pneo habla aldo ya praotlcada, Y por clerlo con buen reeullado, en ~
17N YAICXD

a.lol'IOO.

Un fondlota muy -enpn,ndedor de loe Eetadoe U nidoa fond6 ell la playa de Atlan&amp;ic-City
nna allradion que le propoicionañ no pocoo doJlan,, Ew un •Hotel familiar,• donde hay, ade·
mala del ..:60 de lumadoree, del iu,cenec&gt;r, de la
aela de balloa de otrae comodidadee,
rramJ?Clna ~ Deede aquel aitlo pueden loa novioa contem·
piar el ami del 0-Uo sin qne nadie loe ves.
Sombrilla perfeccionadao loe p,eaervan ~I polTo, como loa ,rbolea que abripban á Pablo y
Virginia.
Para que no falte nada., eell8 8eetae del corazón, el dnello de la fonda ~ pneelo en loa
cojinee laa poeafaa de Tennyaon y de Lonsfe11ow, el indicador de loe caminoa de hierro de
la región, el diccionario de profesiones lucra.ti·
vaa y loa novelu de Dickene.

y

una""

Ulf NUEVO UCORD.
Yo no ee eolo la.biciclela la que airve de preexageraélonecl; eeoe indtileoabneoa de ejercicio mnacalar bantisadoe con el britclnlco nombre de mord: el patín no ha q-1do
queda- a&amp;nle, y hlae pocoo dfae un joven ingW., Mr. Ta)', ha iDauprado en Londreo la oerie .de loa
de patinMl6n. Ha~ndoae
calwlo loa pMlae(I , lu dlea de la menina, eatuvo pa&amp;lnudo todo el día y toda la noche huta la milma hora de la mallana ol¡alente lin
comer ni beber.
Al lla de t a n ~
man, que habll íi,com

. -texto para esas

""°"'

JdJ6tpjlroe,

r.o linl!liá,

Mlpel i:.at 17.-Pulal •• ritm.~l....... P.i.l M.

..u-=11 1

Adminlatrador de laLolff'llld.l Jnolitnto Ve.w
o
A¡eme de Loterlaa l ~ . t : .Publl-- . . . . .
con 8l&lt;Jl8Ddedorea y
t
Se e ~ del reparto e toda el_ de • - ...,._

Ju,~,otc.

&amp;ncibm 6 , d , , w - ~ .......,..,

~4p&lt;riddic(Jt.
BXPIHlDIO lt:IDI.. 4 üB LA ADJllNISTBA.ClÓtc D•,-A.....,-4
DJll, TDIBR.B.

�����</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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                <text>El Mundo Páginas extraordinarias, 1895, Tomo 2, No 1, Julio 14</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>8 SEPTIEMBRE, 1895.

EL MUNDO.

72

PRENSA MEXICANA
P6:gi.nas extraordinarias.

f1 Aa::~ION~.
' -1,

:-:r.:!.-ú·~=::~
___ ..._.._ .. __ ::
•11.
V'N••"'1Nl-o.~.a

DOMINGO 15 DE SEPTIEi\IBRE DE 18D5.

Nám. 297

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1
·•;:: ,\· . . e

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:CONDICIONES.

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Dl.lilutMIL

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·-------··

_ _;'

imonumcnlo ét J{iaalgo erigiao en F'acJtuca ($.

ae J{iaalgo.) (de fotografía.)

Tomo II.-Nú1l11'ro JO.

�74

ELJIIUNDO.

15 SEPTIEMBRE, 1895,

15

SEPTIEMBRE,

189/i.

EL MUNDO.

75

':-z

&lt;.r:"':

Frovecto ael roonumen!o á la 9naepenaencia, que aeberá le-oan!arse en el Faseo ae la Reforma.

�15 SEP'l'IEIIBU, 1896.

1, A tas

aoce ile la 11C1:1\e.•!I, A la 111lCl.•a, A la• ilos.•4, al amanecer.

...

EL MUNDO.

r. Sn el 4 - - ofielld.•!l, mtTctnao el aesflle.-a, I)apues a. la formac16n.

77

�EL MUNDO.

78

15

SEPTIEMBRE,

1895.

r Una columna octagonal se levanta

PRINO

sobre el pedestal 1 y en ella descansa
1a estatua del Cura Hidalgo.
La estatua es de grandes propor·
cianea, de bronce, y representa al
héroe envuelto en una capa, con la
cabeza descubierta, teniendo la bandera en la mano izquierda y el brazo
derecho extendido.
Representa el. mome~1to solemne
en qrie dió .el grito de Libertad é Independencia.
Sobre la cornisa se leen estas inscripciones, en bronce:
Grito de Dolores.-Toma de Gra•
naditas.-1\Ionte de las Cr~1.ces.-Batalla de Aculco.-Liberac1on del ~sclavo. -Puente de Calderó~. -No nas
de Baján-Sacrificio en Ch1h~abua.
En el pedestal hay dos reheyes ~e
bronce: uno reJ)resenta. á. la H1ston,a
escribiendo en las págma.CJ de un hbro el nombre de Hidalgo, y el otro
á la libertad rompiendo las cadenas
unieran al viejo y ~l nu~vo .mun-

ALES

-Dl!UltttllllJJi

tí tji~algo

EN LA REPUBLICA.
La reciente traslación de los restos
de los héroes de la: Independencia. y
las fiestas de maiiana, traen el recuerdo del inmortal Cura de Dolores y
ponen rnbre el tapete la cuestión del
monumento que se le debe elevaren
esta Capital 1 y cuyo proyecto yace
des&lt;le ha mucho tiempo en las oficinas del )iinisterio de C',omunicaciones. Con tal motivo hemos considerado C,Portuno publicar fotografías de
los pr1ocipales monumentos dedicados al invicto caudillo, que existen
en la República.
En muchos pueblecillos hay humildes estatuas de piedra sobre columnas de ladrillo, 6 en fuentes: co-

d.~~

mo es de comprender sería imposible

''

dar á. conocer todos. De uno 6 dos
monumentos de los de algún valor,
recibirnos las fotografías muy tarde,
por lo cual fué imposible que aparecieran con este artículo y con este
número. De todas maneras creemos
que la colección que damos tendrá
interés para nuestros lectores.

Se ven también dos mscnpc1ones.
La primera dice así:
Decretó la erección de este monumento el Preeidente Benito Juárez
en 6 de Junio de 1863.
Se construyó siendo Presid~nte de
la República el General Porfirio Díaz.
La segunda, dice:
Al Padre de la Patria Miguel Hidalgo, los Estados de la República.
Afio de 1878.
Ambas inscripciones son igualmente de bronce.

ESTADO DE MEXICO.
El Estado de México es el único
en la República que cuenta dentro
de su recinto con dos monumentos
de alguna importancia dedicados á.
Hidalgo; las demás entidades de la
Federación sólo uno tienen y muchas
ninguno que merezca la pena de Sefialarse. La historia de estos dos edificios está. tan ligada que' no es posible referirla por separado.
A principios del año de 1851, siendo Gobernador del Estado, el Sr. Mariano Riva Palacio, proyectó éste, en
una junta de los principales vecinos
de Toluca, levantar un monumento
con una estatua en mármol del Padre de la Independencia, Don Miguel Hidalgo, precisamente en el lugar donde este caudillo celebró una
misa antes de emprender contra las
tropas españolas, aquella gloriosa batalla que ganó, derrotando al famoso regimiento de 11Tres Villas11 y á
las fuerzas mandadas por los Coroneles Mendivil, Bringas y otros je-fes, el 30 de Octubre.
Habiéndose acordado que dioho
monumento fuera construido con
materiales procedent.ei;i del Estado
y se inau~urarn el 16 de SPptiembre
del repetido año, escogióse mármol
de los yacimientos de la municipalion
dad de Zumpahnacán, distrito deTe-nancingo y la estatua fué encargada á J. Solachc, humilde cantero de aquella localidad.
En Abril del mismo afio1 :í moción de D. Ignacio Ramírez (El Nigromante) presentada ante el Ayuntamiento de la Capital, esta Corporación pidió al Gobierno del
Estado que la estatua fuera colocada en Toluca. Aprobada la idea por la. Legislatura., el Poder Ejecutivo y la
Junta de iniciadores, se expidió un decreto en tal sentido, más no por esto se olvidaba el histórico punto de las
Cruces, en que de todas maneras había de erigirse el monumento.
En virtud de esa disposición, fué edificado en la plaza
mayor de Toluca el pedestal para la estatua, con mármol
también de Zumpahuacán, y la escultura fué trasladada
con grandes ceremonias, custodiándola durante el trayecto, comisiones de vecinos de los distritos de Tenango y
Tenancingo.
El 16 de Septiembre fué inaugurado el monumento de
Toluca y en 30 de Octubre el del Monte de las Cruces.
Este es de figura. piramidaly se encuentra situado sobre
terrenos rocallosos, á la entrada. del Jlano de Salaz ar, cerca de un bosque.
El monumento de la capital del Estado permaneció en
la Plaza Mayor hasta Agosto de 1884 en que fué trasladado á la calle de la Independencia, y cerca de la Estación
del ferrocarril 1 sin qµ.e al trasportarlo de un lugar á otro
sufriera ningún deterioro, ni al instalarlo de nuevo cambiara su altura, que es de nueve metros escasos1 desde la
base hasta la cabeza de la estatua. Esta sola es de dos metros de altura.
La estatua instalada en Toluca, fué la primera que se
colocó en la República; pues aun cuando en otros puntos
se levantaron monumentos á la memoria de los héroes
de la Independencia, la de que hablamos era hasta el
día de su inauguración, la única, ya como estatua y ya
como monumento d~dicado exclusivamente ú. Hidalgo.

SAN LUIS POTOSI
En Septiembre de 1870, el Ayuntamiento de ]a Capital
del Estado acordó la erección de un monumento á Hidalgo
en la plaza principal, pero los disturbios políticos impi•
dieron por de pronto la realización del pensamiento, hasta 1873, en que la junta Patriótica se encargó de propagarlo
y de colectar fondos.
Al ingresar al gobierno del Estado, á fines de 1876, el
General Cárl'ls Diez Gutiérrez, solamente el pedestal de

MONUMENTO
DE LA INDEPENDENCIA

{l!}onumonto ctl inkiaaor ao lct 9naoponaoncict,
ol (Zologio ao $an Nkolcts ao J{iaalgo en {l!}orelict,
mármol estaba construido y como no se había hecho ningún contrato para la fundición de la estatua de.bronce que
había de sustentar, fué encomendada ésta al escultor Pedro Patiilo Ixtolinque, quien con ayuda de D. _Juan Bue-navista la terminó en Agosto de 1880 y en Septiembre del
mismo año fué de.~cubierta. Entre los números del p:z::ograma conque se festejó la inaugur~ión figuró un bomto
himno compuesto por Angela Peralta que se encon~:3-ba
allí en aquella época y fué cantado por un coro de nmas.
El costo del pedestal fué de más ae $2,000 y el de la es•
tatua, de $10,000.
Dicho monumento, previas algunas modificaciones al
pedestal 1 fué trasladado de la Plaza Principal al centro del
'.Paseo de la Constitución, en donde luce más, porque donde estaba, los á.rboles del jardín, casi lo ocultaban. En el
lugar que ocupaba en la plaza; se mandó levantar un gran
kiosko que valdrá como diez mil pesos y tiene capacidad
para cien músicos.

En 1886 expidió el Presidente de
la República, General Díaz,.una convocatoria para la construcción de u_n
monumento dedicado á. la memona
de la Independencia Nacio1!al, y en
el certamen obtuvo el prem1? el proyecto presen~ado por los art1Stas ex:•
tranjeros CrU.Ze y Shulze; pero, luego
fuera ya de concurso por falta de
oportunidad, se presentó e! de los
escultores italianos Cencetti y ~
bache que llamó tanto la atención
por sÚ belleza, que el Sr. Dublán
mandó hacer la estatua que había de
servir de remate, y la cual•s~ encuentra actualmente en el patio de
la ex-aduana.
Dicho monumento que vulgarmente es llamado de Hidalgo, por
lo cual lo publicamos1 debería ser
levantado en la glorieta ce:r.tral de
la Calzada de la Reforma, pero su
enorme costo que ascendería á ce~
de 300,000 pesos, hace por hoy casi
imposible la obra.

ESTADO DE MICHOACAN.

El monumento que actualment~ existe en el C?legio de
San Nicolás de Hidalgo, ~n ~orelrn, fué obsequio del sefior Presidente de la Repu bhca.
Se comenzó á construir el 29 de Junio de ~886 por el
Ingeniero del Estado, Gustavo Rotb, y fué maugurado
solemnemente la noche del 15 de Septiembre &lt;1:e 1887_por
el señor Gobernador del Estado, General Mariano J1ménez.
. .
10 ·
Tiene el ped.estalcuatroinscnpc1ones: la.que vea nen·
te, dice: (&lt;30 de Julio de 1811.n Poni,ei:ite: u8 de Mayo de
1753.,, Norte: uFué colegial de oposición, Tesorero, Catedrático y Rector de este Colegio.)) S~r: 1tProclam6 la Independencia de México el 15 de Septiembre de1810,)).
Abajo de esta inscripción y sobre mármol blanco, tiene
la siguiente dedicatoria.
, .
.
uPorfirio Díaz Presidente de la Republica, dedicó este
monumento á. tá juventud estudiosa.,&gt; ((Septiembre 16 de
GUANAJUATO.
1887.n
d
d
En el mismo lado que ve al Sur y en el canto e una e
Por decreto que expidió el Presidente Juárez en Junio
las
graderías,
dice:
.
.
de 1863, se ordenó la construcción de un monumE:nto al
&lt;CEn el Gobierno del C. General Mariano J1ménez.i,
iniciador de nuestra Independencia, en Dolores Hidalgo,
Monumento de cantera. trabajado con buen gnst? Ysen~
cuyo costo calculado en 40,000 pesos debía cubrirse á pro- cillez· Mide tres y media \'aras de altura y lo c1rcun~
rrata entre los Estados de la Federación, según el míme- un b~randal de fierro fundido. L'\S inscripciones las tiero de habitantes que tu vieran.
ne en el último de los cinco escalones que form~n h\ base.
Debido al esta.do de guerra, en que se encontró el país, En el tercer cuerpo descansa la estatua de H1dalgo,Me?
la. colecta no pudo hacerse hasta 1878: el Estado 9.ue con- bronce y de tamaño natural, fundida por el escultor 1tribuyó con mayor cantidad ($3,700) fué el de Jahsco;. los
que dieron menos, ($352) fueron Colima, Campeche, uoa- randa, de México.
huila y Tabasco.
ESTADO DE HIDALGO.
El monumento fué proyectado y dirigido por el Ingeniero Vicente Reyes; los bronces fueron modelados por
El monumento de Pachucaes uno de losquetien~n maD. Gabriel Guerra y fundidos en la Fundición Artística de
Tacubaya. Aunque no tiene estilo caracterizado, puede yor mérito artístico y valor miís alto. Fu~ con;-tru1do en
decirse que pertenece á la escuela italiana y ofrece muy Italia6 inaugurado en 1886; su costo ascendió ,t 50,0000 pesos, pagados exclusivamente por el G?bierno del Es.tad~
bonita vista.
El zócalo q ne sirve de basamento, es de arenisca morada, y se encuentra situado frente al Palacio del Poder E1ecu
y está coronado por una ancha cornisa rosa, sobre la cu~l ~~
El contrato para el monumento erigido á. Hºdal
1
go_ en
descansa el pedestal de arenisca morada, en cuyas esqmnas truncadas se levantan cuatro pilastras, en las que se Pachuca, fué otorgado, en lo relat!vo it su construcc~ón,
encuentran colocadas igual núm~ro deúguilas de buen ta- á Attilio Tangassi, durante el gobierno de D. Francisco
Cravioto, en 1885.
maño.
.
Las eua~ro fuentes de las fachadas principales del m¡
Las águilas son de bronce oxidado, tienen las alas abiertas, y con el pico y una garra, mantienen prisionera á una. numento son de piedra. blanca de las canteras del Rea
del Mon~; las cuatro estatuas que llevan estas fuentes Y
víbora.

15

SEPTIEMBRE,

79

EL MUNDO.

1895.

que arrojan agua, son de mármol ra vachena de primera
clase y representan unos insurgentes._
.
:.. . El pedestal está. construido de la misma piedra blanca,
así como todos los bajos relieves. Cada table~o lleva embutidas planchas de mármol ravachena de primera clase,
y el pedestal mide siet.e metros de altura.
El piso de las fuertas, por dentro es de mármol de Italia blanco y azu , formando tableros, y la ea tatua es de
m¿rmol ravachena y mide tres metros de altura.

ESTADO DE CHIHUAHUA
En la antigua plazuela de San Felipe, conoci~ hoy con
el nombre de Hidalgo y frente al hermoso Palacio de Gobierno se levanta el monumento más hermoso y de mayor vaior de los que existen en la República dedicados al
Héroe de la Independencia. Su costo fué de 60. 000 pesos,
de los cuales 45,000 fueron reunidos por subscripción entre los Gobiernos de los Estados y 15,000 eroga40s por
Chihuahua. Está construido con mármoles de Onza'l?a Y
las cinco estatuas de bronce que ostenta, fueron fundidas
en Bruselas.
. .
En la cúspide de una graciosa columna cormtia de 45
pies de altura, descansa la estátua del cura Hidalgo, cuyo
tamaño es de 8 pies; resulta, por lo tanto una altura total
de 53 pies.
En uno de los cuatro lados de su pedestal puede leerse
la siguiente inscripción:
"AQUI FIJ}; SACRIFICADO EL AUTOR DE LA L~DEPENDENCIA
NACIONAL, 30 DE JULIO DE 1894."

NUEVOlLEON.
El año pasado se inauguró el monumento á Hidalgo
erigido por el Estado de Nuevo León, en el centro de la
plaza que lleva el nombre del héroe y que es el más bonito jardín de Monterrey.
Rodeado por peq ueñ.os pilares de :fierro unidos por tramos de cadena, se destaca ese monumento, que es de
mármol negro de las canteras del Topo.
Sobre un alto plano cuadrado, con macetones de bronce en los á,nl7ulos se levantan siempre siguiendo la forma cuadra~ula;, tres gradas, arriba de las cu~les está
una pirámide de cuatro costados con sus reepect~ vos ?Ornisamientos. En cada una de las caras de ~a p~rá1!11de,
se ven con letras de bronce, formadas las mscripc1ones
siguientes:
En la del Oriente:
El Aynnlamiento de 1899 al Padre de la Patria.
En la del Norte:
Independencia !le México.
En la del Poniente:
Mi.guel Hidalgo y Costilla.
Y en la del Sur:
15 de Septiembre de 1810.
_
La altura total de ese basamento es de cerca de cmco metros. La estatua que lo corona, procedente de
una casa norteamericana, mide 3 metros 25 cen~fmetros,
tiene buen parecido y es hermosamente artística, tanto
por su actitud soberana como por sus detalles.
Debido á los alambres para focos eléctricos, á los postes, etc., colocados en el parque últim~men~ para adornarlo durante las :fiestas actuales, fué 1mpos1ble sacar fotografía del monumento, por lo cu.al nos limitamos á publicar la hermosa estatua que le sirve de remate, y cuyo
precio fuéde $4,000. El resto de la obra, basamento, et.e.,
costó $2 163. Este es el má.s moderno monumento á Hidalgo q~e existe en la República.

•••
En San Juan de los Lagos, población del Estado de Jalisco se encuentra, junto á. la iglesia, un busto de piedra.
E~ la villa de Guadalupe Hidalgo, hay también un monumento dedicado al Caudillo con una pequeña estatua
que según se asegura, fué modelada cuando aún vivía el
héroe, por el escultor Terrazas. Costó 1.000 pesos y fué
inaugurada por el General Díaz. Es igual á la del monu~
mento de Morelia.

LA MUTUA.
OOMP.A.,._~IA DE SEGUROS SOBRE LA VIDA.

Acapulco, Agosto

~

de 1895.

Sr. D. Garlos Sommer, Director General de la Mutua, CompaJlla de
Seguros sobre la. vida, de Nueva York.
México.
Muy eel'ior mio:
En esta. fecha me entregaron los Sres. B. Fernández y Cia. banqueros que son de In. Compa.illa de seguros sobre la vida, que vd. tan
digna.mente representa. en esta Repl1blica, la suma de $3,436 41 cs.,
en cancelación del seguro de vida, que en mi favor tomó mi inolvidable esposo en su Compañta, siendo de 83,000 00 con devolución de
premios, en Octubre del aiio de 1892.
Doy á. Ud. seB.or Director General, las má.s sentidas gracias, suplicándole las de Ami nombre A la importante y humanitaria Sociedad,
denominada.: "The Mutual Lile Insumnce Compa.ny of New York,"
por el rápido arreglo de la póliza consabida 6 sea el m1mero _525,775,
cuyo pago se verificó sin el menor tropiew, muy al contmrio, mucho
antes de que yo pudiera. esperarlo.
Puedo recomendar con toda fe y conciencia á. todos los padre:., de
fe.to.llia, que no estén poseidos de grand.es fortunas, que antes de que
sea demasiado tarde, se aseguren en la Compa.fiia, en la cual estaba
asegurado mi finado esposo, pues es una. institución ya bastante reconocida como benéfica y humanitaria, á má.s de las grandes ventajas que ofrece á todo quien se asegura en ella.
De vd. muy reconoctday atenta seguro. eervidora.-MA.BIA. A. V. DE
ÜOBDOBA.

lb)onumento á }{iaalgo en (!qiqualtua.
(Levantado~por suscrición Nacional.)

�80

15

EL MUNDO.
COMO EMPLEA EL TIEMPO
EL

llliltlillll\\L 1111\\Z ..
SU FISONOMIA EN DIFERENTES EDADES.
Su familia.-Sn casa habitación.
(Este artículo fné publicado en el número prospecto de EL MUN.no, que se agotó á los

ocho días de haber aparecido. Desde entonces ofrecimos á nuestros suscritores que lo
repetiriamos oportunamente, proponiéndonos publicarlo cuando ya estuviéramos seguros de la bondad de nuestros grabados. Creemos hoy poder satisfacer nuestro deseo,
y lo hacemos r~pitiendo el artículo, íntegro y sin correcciones: por eso se notará que
en él se babia del Sr. General 1ifartín González como .Jefe del Estado Mayor del sefior
Presidente, sustituido yu por el Sr. General Angel Ortiz Monasterio.)

••*

El periodismo moderno se desarrolla tanto cada día entre nosotros, que seguramente,
sin llegar ,t los excesos que en otros países civilizados del mundo, alcanzará carta de
naturaleza tan amplia en México, que pasados algunos años, no se leerá. periódico alguno ( excepto el especialista) qu"e no lleve la marca del actual sistema de hacerlo agrada•
ble al público.
El periodista encargado de secciones semejantes á esta, debe suponerse lo que desea
conocer sri lector, y en el acto, conocerlo él mismo para narrárselo después; pero con
detalles tales que le parezca que ha acompañado muy de cerca al escritor en sus fáciles
6 difíciles averiguaciones.
Y sin duda, qne nada se desea saber con mayor ahinco que las costumbres de los per•
sonajea cuyos nombres suenan á. diario por todas partes, y de quienes el país está pendien'te como de la solución de un problema dificilísimo á la vez que de vital importancia. El General Díaz tiene consigo el problema de cuya
solución depende la felicidad del país para lo porvenir,
por eso es intereRan'te todo lo que se refiere á. él.

SEPTIEMBRE,

1895.

15

u

Por t-0dos los correos se reciben cartas para el Señor Piesiden'te, y su oficina telegráfica trabaja casi siempre todo el día y á. veces, cuando hay algo urgente hasta altas
horas de la noche. Por término medio se
reciben ochocientas cartas al mes y cuatro
cientos telegramas. Todo se contesta con
PoRFrnro DIAz, EN 1868.
una exactitud y brevedad que va de acuerdo con el carácter activo del General Díaz. Alguna vez, preguntamos con verdadera.
curiosidad al telegrafista, qué dimensiones tendría el
mensaje mM largo que había recibido, y nos contest,6 asus~
tado, como si tuviera aún que recibirlo: ¡Doce mil pa1,ar
en cl&lt;.uel

Invariablemente se levanta á las seis de la mañana, y
dt-spués del bañ.otomaenfamila un desayuno sencillo. Ra.
ra vez sale de paseo á caballo, no obstante que es afecto y
mncho áeste ejercicio y que tiene hermosísimos caballos
americanos é ingleses de raza pura que le han obsequiado
en varias ocasiones:
Y no va de paseo, porque teme distraerse por cualquiera circunstancia y no estar en Palacio á. la hora que tiene
costumbre de comenzar su trabajo: así pues, pasado el de•
sayuno, se queda de sobremesa 6 pasa á su gabinete á leer.

LA PREXSA DEL DJA.

EL ACUERDO.

A las ocho de la mat1ana llega al gabinete el Sr. Chau•
sal y comienza á dar cuenta detallada de todos los asun•
tos que entraña la correspondeucia; oye la resolución del
Presidente que es inmediata, ( excepto cuando tiene que
pedir mformes á algún :Ministro) y conserva en la memoria el acuerdo, pues de hacer apunte al calce 6 margen de
la carta duraría mucho más tiempo en ese trabajo.
Muy rara vez tiene que preguntar el Presidente quién
es el que firma una carta: su memoria es excepcionalmen•
te privilegiada, y sabido es que ,t los veinte ó mtis aflos de
PALACIO NACIONAL.
haber dejado de ver á alguna persona la ha reconocido en
Circunstancia muy notable por lo rara, entre millares
el acto que ha estado á su vista.
de gobernantes, es la de que el General Díaz, casi nunca
El acuerdo con el Sr. Chausal dura de hora y media á.
anda i,olo; pero ca.si nunca también va acompañado ~más
dos horas: de modo que á las diez de la mañana, á. más
que de su Jefe de Estado Mayor ó del Ayudante de Guartardar, está yaen espera de los Ministros para acordar los
dia. Y esto responde perfectamente á su modo de penmúltiples asuntos del Gobierno y administración del país .
sar expresado alguna vez ante numerosos:amigos.
Un acuerdo tan importante y de asuntos tan he'terogé~
uNad,a, irrita m&amp; á un p~blo que la imolencia de los janeos debe ser muy difícil para el Secretario particular, y
writos; y éstos siempre son insolent,es. n
seguramente que requiere gran esfuerzo para poderlo lle•
PORFIRIO Du.z, EN 1870.
¡Qué difícil sería que los amigos que sin•carácter oficial
var: alguna vez preguntamos esto al Sr. Cb.ausal, quien
acostumbraran acompañar al General Díaz no se
contestó con ingenuidad muy loable por cierto, en estos términos.
dieran aires de favoritos!
-Sí; ha de ser sumamente difícil llevar la Secretaría particular de un Presidente,
Hay que aplaudir el detalle: el General Díaz no
por la infinidad de asuntos que se tratan á diario, y muchos de ellos en extremo deli•
solo no tiene favoritos, sino que no da lugar á. que
cadas; pero si he de hablar con franqueza, ese cargo, cerca del General Dfaz, es sencillo
se crea que los tiene.
de todo punto, porque es tan explicito en sus acuerdos, y tan preciso en sus concep•
Pero dejemos la digresión y sigamos nuestra tatos, que aseguro á Ud. que todo lo hace él, á mí me toca expresar con fidelidad sus
rea:
ideas, y muy á. menudo resultan cartas completamente hechas con sus frases que tomo
Entra á Palacio por la puerta de enmedio y ba·
tal como me las dice.
ja del coche hasta el pie de la escalera de honor
Cuando teme no haber entendido bien una carta, pide que se le vuelva á escribir lar•
que conduce á una antesala que podemos llamar
go, con detalles para contestar mejor; y no contento con eso, frecuentemente indica que
privada, porque en ella esperan los que están cita•
ya que no le es posible recibir á todos por falta de tiempo, hablen conmigo para que
dos de una manera urgente y que reme no recibirsean más explícitos. Por eso ve Ud. que siempre estoy recibiendo y 'tengo gente que
los por falta de tiempo. Al pasar de dicha antesala
me espera en la antesala de la Secretaría particular: son cartas de viva voz, que tengo
al gabinete de acuerdos precisamen'te tiene que ver•
que trasmitir al Señor Presidente.n
los, y arregla el asunto para que fueron citados.
Una vez en su gabinete, ocupando la silla de enmedio sigue en su tarea de revisar la prensa, mien•
E1 acuerdo con Chansal, es el único que no se transfiere, pues aun en. las pocas enfertras llega el Secretario particular; y rnuchaa veces
medades que ha snfrido el Presidente, no ha dejado de acordar su correspondencia.
aun habiendo llegado éste, sigue leyendo algún arSólo así se explica que al día siguiente de recibidas las cartas en la Presidencia ya estén
tículo que le interesa, y selo hace repetir 6 anotar.
contestadas, y listas para la firma. Cuando sale fuera de México, lo cual acontece pocas
Por la prensa es por lo único que el Presidente es
veces, acuerda por telégrafo su correspondencia urgente.
capaz de suspender ó retrasar el acuerdo de su
Recibe periódicos en su casa particular, ó en ChapulteComienza á revisarlos de
sobremesa y muchas veces los anota con hípiz para llevarlos consigo, hasta que dan las siete y media, hora en que
recoje los papeles que ha llevado á. su gabinete la noche
anterior y baja con el General Martín Gonzá.lez, Jefe de
su Estado ~fayor. Al pie de la escalera- monta en el coche y con el General Gonzá.lez á. su izquierda se dirije a1
pec en verano, y en Palacio.

•

PORFIRIO Duz,

EN

1862.

•*•

También del e~tranjero recibe no pocas· cartas, y
como ~e~alle ?ur1oso1 contaremos que varias veces
ha rec1b1do cartas cariñosa.mente respetuosas de
Francia1 dirigidas por los Jefes contra quienes combatió en la Intervención. Es seguro que dichas cartas son de las que más agradable impr0Sión le han
causado.

.

.

PORFIRIO Duz,

D~pués del acuerdo con Chausal, se queda el
Presidente esperando á los Sefiores Secretarios de
Est~o; y decin~os esperando, porque ya es proverbial en Palac10 que el General Díaz siempre está antes de la hora que fija.
El Ministro de Hacienda acuerda diariamente
de las diez en adelante, de modo que él es al primero que_ recibe, y á. veces prolonga su acuerdo
~ta. las doce del día. Los de Relaciones y Comu•
mcac10nes 1 acuerdan los jueves y sábados, después del de Hacienda, y de igual manera, tres veces á la semana los otros Ministros. Los asuntos
que les presentan los Ministros van estudiados
c?n dictámenes de los Jefes subalternos, si es pre~
c1s?, y después de cada exposición, el Ministro
o:pma y funda su parecer ante el Presid1;mte, que no
pierde detalle, pues no está satisfecho sino hasta
que domitia en lo posible uno á uno los negocios.
Regularmente quedan resueltos en la misma sesión
á. no ser que él desee más datos 6 más estudios qu~
pide al Ministro. Cuando se trata de algo grave
toma el expediente que se lleva á su casa para es~
tudiarlo, el solo en la noche.
Su trabajo con los Ministros termina á la una 6
una y media de la tarde, hora en que acompañado
del General 1\.fartín González se dirige á su casa.
Al salir de Palacio, alguno de los empleados avisa por teléfono á la calle de Cadena, para que cuan•
do llegue el Presidente ya esté servida la mesa. De
modo que el General Dfaz va directamente al comedor en cuanto entra á su casa.

PORFIRIO DIAZ, EN

1895.

EN LA CASA.
Cualquiera creería que á la hora de comer está siempre
solo con su familia, y por consiguiente que descansa un
poco de los negocios; pero muy rara vez sucede así: frecuentemente tiene ,t su lado en la mesa á uno ó dos amigos viejos que se toman, y con justicia, el derecho de ir
á la casa del Presidente á. la hora de la comida. Por desgracia no todos tienen la suficiente prudencia para dejar
de hablar de negocios, y convierten en hora de despacho
la que debía ser de familia.
El General Díaz come poco y alimentos sanos; consomé, carnes asadas, algún platillo especial de su tierra y
l~umbres. Una copa pequeña de vino tinto mezclada
con agua es el único licor que toma en todo el día.
Después de la sobremesa, que siempre es corta, pasa á
la sala de armas ( cuyo grabado publicarnos hoy) y allí se
toma el café y se juega un rato al billar entre tanto dan
las tres y media de la tarde.
'
. A esa hora vuelve á Palacio para comenzar su audien•
ma poco antes de las cuatro.

Desde la mañana de los lunes, miércoles y viernee es•
tán ~oncurr,iendo los que solicitan ser recibidos ~r el

:1

Presidente las antesalas de Palacio, inscriben su nom•
breen la hsta que el portero forma, ó!dejan su tarjeta
para el Ayudante de guardia. .Este recibe!en la tarde tar-

1876.

COMO RECIBE EL PRESIDENTE.

LA AUDIENCIA.
En la Secretaría existen máadeochocientas claves, que forman un volumen respeta•
ble que sólo el Secretario sabe manejar. Tiene clave con los Gobernadores de los Es·
ta.dos, Jefes de Zona, militaree de alta graduación, y con muchísimos particulares, la&amp;
cuales le sirven para pedir y recibir informes de diferentes personas sobre un mismo
asunto.

EN'

al último y con él desapareció el portero cerrando
bruscamente la puerta, se oye el ruido de un enjambre alborotado: todos hablan comentando su
descepción; y como lo que m,ts les mortifica no es
que deje de recibirlos ese día el President,e, sino
que se enteren de ello los demás; se oyen los comentarios más curiosos.
-Y~, dice uno~ no te11go negocio mío; es asunto
que le interesa á el, pero sobre que no se puede ..... .
-Con razón, dice el otro, no me recibió hoy si
en esta quincena me ha recibido ya cuatro veces'. .. .
Y es fuerza que' los demás hablen ...... es justo ..... .
-~o volveré m,ís á perder el tiempo ...... ¿cómo
seqmere el adelanto de este país? ...... yo no quiero
más que pedir una ayuda pecuniaria para formar
mi finca de café ....
Y así cada cual, va haciendo las apreciaciones
que cree que lo disculpan del fracaso.
En el salón de los escogidos, ya es distinta la
escena: tod~s serios, hablando quedo, y volteando
la cara hacia la puerta cada vez que se abre. Personas hemos v}sto que se ponen p;Hidas siempre
que suena el picaporte. De las diez 6 doce que allí
están, apenas son recibidas cinco 6 seis, y es natural que así sea, porque calculando el Presidellte
que cada conversacion dure de quince á veinte minutos, señala á. los que puede recibir; pero sncede
no pocas veces que el recibido comienza por hablar
de su familia para acabar pidiendo una subvención
en lo cual ha empleado impert.inentemente u~
hora, y tal:V,ez más.

EL ACUERDO CON LOS HINISTROS.

SECRETARIA PARTICULAR.

1858.

.

i:sde las tres y media de la tarde, están treinta 6 cuarenta personas llenando una de las antesalas en animada
conversación 1 formando grupos, y con semblante risueño
casi todos: es que esperan ser recibidos por el Presidente.
Algunos prácticos, dividen las antesalas en cuatro,Renos ó
lugares: La primera, el Infierno, donde se quedan todos
los que por pnmera vez van á la audiencia y se suponen
que el Presidente debe saber ya que han llegado de Chiapas, California ó Oaxaca, y que desean hablar con él• éstos pierden dos ó tres semanas en el aprendizaje. Et
gaJ.orio, es el segundo salón en donde todos esperan el mo•
mento feliz en que debe aparecer el portero que los haga
pasar al !Jimbo, ó .sea el tercer salón. Del Limbo sólo hay
un pru!o á la Glorw., adonde se llega si Dios quiere es decir si el General Dfaz los llama.
'
El Ayudante, como hemos dicho, presenta la lista al
Presidente, y. éste personal~ente sefiala con lápiz los
nombres de chez ó doce á qmenes se propone recibir en
audiencia. La lista pasa it manos del portero, y ...... llegó
el momento solemne: se abre la puerta del segundo salón,
Y aparece S. l\I. con 1a.&lt;:entenciaen larr.~:::..o. Todo el mundo corta sn conversación, y pudie:· · uírse el ·vuelo de una
mosca, interrumpido por la voz del que va llamando á.
los escogidos.
Nunca son estos má,&lt;: felices que cuando van atravesando el saló~, con paso l~nto, rostro al techo, y bastón que
s. 'la recio contra. el piso. En cambio, cuando se llamó

Pur.

LAS CARTAS Y TELEGRA~IAS.

,11

81

==

jetas y lista, para presentarlas al Presidente luego que

Toda la correspondencia es abi~rta por el Sr. Rafael
Chausal, que es el Secretario particular y leída para poder
informar en caso necesario; pues Secretario con 15 años de
serlo, y de la talla de él, apena;. hay asunto del Señor Presidente que no conozca y del cual no tenga antecedentes
claros y bien rnbidos.
Ordenadas las cartas y telegramas en la noche, quedan
preparados para llevarlos con hi firma del día. al acuerdo
del siguiente; á. no ser que se trate de algun asunto urgen•
te, en el cual caso, el Secretario le da cuenta en el acto al
Jefe, ya personalmente, ya por teléfono, ó como sea
mi:'is expedito.

EN

EL MUNDO.

·a

• EN LA llAÑANA.

PoRFmro Duz,

1895.

torio de nogal americano y un sofá en cuyo respaldo se detiene una hermosa luna
veneciana. La pieza siguiente está destinada los cuatro empleados del Secretario, y
á oficina telegrá.fica; sus muebles son todos decentes, no lujosos. A continuación
estit la antesala, á la cual llega el público,
después de haber subido por el Ministerio
de Gobernación y pasado por una serie de
molestísimas escaleras.
En esta antesala hemos visto muchas
veces á tantas personas que desean hablar
con el Secretario, como las que hay por
lo regular en la antesala de .Presidente, sin
escasear diputados, senadores, generales y
gobernadores. El Secretario recibe á. toda
hora que tiene tiempo, pero especialmente de las cinco y media de la tarde á. lo
ocho 6 nueve de la noche.

bl'as,

Entrando en la antesala privada, se encuentra á
la izquierda una puerta que conduce por una esca•
lera .., un gabinete peqne:fio, despacho del Secreta•
ria particular; son sus muP.bles, cuatro ó cinco
sillones forrados de fina piel, negra, nn serio escri-

SEPTIEMBRE,

PORFIRIO

Duz (Hijo.)

GPneralmenteespera de pie, con la mano derecha
apoyada en el sillón cercano, y no se mueve de su
lugar hasta que contesta el saludo que se le dirige¡ otras veces, está sola la sala de recibir y él llega un minuto después.
En este caso sorprende por su manera de entrar: atraviesa el clintiel de la puerta de su gabinete con una precipitación notahle, y con paso militar llega. hasta su in"terlocutor. Lrhace sentar en su sofa que recibe luz directa y
muy fuerte.,de una ventana, y él toma asiento después
dando la espalda hacia la misma ventana.
Desde que se está en la presencia del General Díaz se
tiene sobre sí su mirada ávida por instinto de domin~a.l
que le habla¡ domina luego, y en ello debe influir has•
tante la circunstancia de que no · mira, como es natural
á los labios 6 indistintamente la cara de su interlocutor'
sino tenazmente á. los ojos, lo cual es muy difícil de r;.
sistir.
Oye con toda calma, y aun después de haber terminado
la exposición de su negocio el que habla, el General Díaz
pe:manece mudo como para dejar que diga aun má.s, si
qmere, el que está en su presencia.
~ando él contesta, ya se puede estar sin gran mortificación, porque el tono de su voz y el giro de sus frases
hace aparecer al hombre tal cual quiere presentarse siempre:- franco, sincero, poco ó nada afecto á ceremonias y
fórmulas vanas; en una palabra, se conversa con él como
con cualquier amigo de respeto.
Si no es una imprudencia lo que se le pide, casi siempre le concede, y para. no olvidar su ofrecimiento, toma
nota en el block que tiene al la.do, y al cual le arranca la
hoja que personalmente lleva á su gabinete y la guarda

�15

SEPTIEMBRE,

1895.

EL MUNDO.

82

ló

OEPTIEMBRE,

1895.

EL MUNDO.

J8

Gl General Díaz.
El Mundo ofrece el testimonio de su resPeto al Jefe del
E,tado.
La fiesta de hoy no tiene los épicos caracl:.er03 de una
apoteosis en honor de un héroe: es más bien la manifestación e.&lt;:1pontánea hacia el hombre sereno y tranquilo que
ha sabido y querido conservará la Nación en me.dio de loa
sacudimientos que la han agitado tr,igicamente 1
Su labor ha sido una labor de paciencia y voluntad. No
es sólo un hijo afortunado de los acontecimientos; es un
vencedor de los obstáculos que se ha encontrado á su paso. Sometiéndose á su medio ha realizado prodigios de
habilidad para modificarlo.
Revolucionario de otroR tiempos ha ahogado los gérmenes de la revolución; político activo ha destruido la política; rodeado de elementos contradictorioi! ha sabido contentarlos á todos, nulificándolos. Su acción poderosa, que
se siente, se palpa, se respira en todos los ámbitos del territorio nacional, es el resultado de una larga perseverancia.
Profundo conocedor de los hombres de su país, sabe lo
que ha.y que esperar de ellos y lo que de ellos hay que temer. Ha querido ir solo porque es, en su concepto, el
único modo de ir seguro.
Muchos de los que se titulan orgullosamente sus colaboradores 'han sido la maieri.a prima desu obra. Han creído haber penetrado en el secreto íntimo del Presidente
cuando este secreto permanece ignorado.
SRA, ÜARME~

SRA. AMADA DIAZ DE LA TORRE.

la cartera del Ministro del ramo á que corresponde el
en nto para que lo trate el día siguiente en el acuerdo.
aeuCuando
, recibe ,t un antiguo
•
·
de ar amigo
campanero
cambia por completo, pues entonces se adelanta á
:~~ntrarle, le tiende los br~os, le dirige ~lg una bteroma,
y su convenmsi6n es muy cariñosa. Trat~ _u. 1~ gen que
conoció en otra época, con la misma fa~1~tand.ad que endmge á ellos por
t onceS. y así es también cuando se
b
1 , t' pode
escrito: hemos tenido oportunidad,. ace a gun 1em
leer la dedicatoria que puso al retrato suyo ?ºn que obsequió á. la Negra. Mariana, una valerosa muJe~ del p~eblo cuyos seis hijos murieron en la intervención. D1~e
así: u.A la patriota Negra ;lfariana. Su Ge:neral Porfirw

RoMERo

RuBIO DE D1AZ.

DIPUTADO R.U'AEL ÜHAGSAT,.

· s mgentcs ha citado.
dos ó tres personas que par~ ue~oc10
la tarde en visiCuando no es día de audiencia, ocupa
. l d
1 una de las obras matena es e
tar la f.ibrica de armas, a g
6 concurre á
import·mcia que se están llevando ú. cabo,_
. fi 'd d
' de un invento u, t'l
ralo cual t1euc m 111 a
la prueba
I , pa
de invitaciones que nunca rehusa.

'•

1

I,

FINAL DEL DIA.
Después de la audiencia, entre ocho y nuev_e ?e la noche vuelve á su casa, y no pocas veces á. recibirá otras
del General
(1) De esta obra., que a.barca. la.. primera. gran épocaerad
se han
ntaz,
~e
imprimieron
muydis~iaemp~
~~
nc1:ndo
~ le dari.
repartido entre personas
_.... as.

--

EL DOMINGO.
l dedica exclusivaEl día de descanso en la semana, o l di
, once
mente á su familia: casi siemyre des:e:s ui::e:ntrade la mañana se va con su senora1 á q
. q Mé . 6
d 1 S Romero Rubio en
x1co
fiablemente, á. lit casa e . r ·
asa las horas hasta las
Tacubaya (según la estación) y p
.
d á las
ocho de la noche, aislado de los negocios, entrega o
delicias del hogar•

t

Tal es en su vida íntima y oficial el hombre que ge--.

bierna á México.

LA FAMILIA.

.
Si recibe á algún enemigo suyo, lo trata con la nnsma
cortesía y franqueza que á los demás, y constantemente

1

Luz DIAz.

•
••

Dútz.n

vemos que los acepta en su administración hasta e~ altos
uestos si le son útiles; no por eso se crea que olvida las
~ciones de cada cual, pues prt&gt;cisamente concurren en el
General Diaz dos condiciones que rara vez se encue~tran
unidas en un hombre: Sabe perdonar como nadie,_ es
;:neroso sin igual con sus enemigo.~; pero jamás ol v~da
la historia de cada uno de los que le rodean 6 se ale3an
de él.
Esta aseveración está verificada por nosotros en muchísimos casos, pero especialme1:1~ se comprueba en su
libro de Memorias, obra que escribió hace dos afios,_ y en
la cual hay juicios muy severos sobre actos antenores1
de personas á quienes hoy estima mucho. (1)

SRITA,

.

\~(

.
'

·-lt

m&lt;-•··c·· .. _.,.,. ••.• -

. ~ \:•::...""'.¿,.,:

--·

FACHADA DE LA CASA,

y así como este día pasa todos con muy ~aras. excepcio·Qué difícil es sorprender con maqumac1ones polínes, 1
. •
ét'
ticas á un hombre que trabaJa como s e.
.
. .
· te en que, como mnguno
Su prmc1pal
fuerza cons1s
.
, sólo se o~upa en su negocio: es decir ~n su polít\ca y en su
administraci6n. Nada es capaz de distraerlo.

'rodo el mundo sabe que la familia del_ Pr?5ide::r:
'lú,' a y sobre todo que ha contribmdo P
.
honorab 1 1m , . .
l notable cambio
samente con espemahdad su señora, a
11 d reza
de carác'ter del General Día.z, quitándole aque a u .
. , ue lo obligaba su vida de campaña.
d e gemo,
ªq
d
ue nuestros
Publicamos hoy sus retratos y ~ seguro q
lectores quedarán por ello complacidos.

EL SECRETARIO PARTICULAR.
Nos faltaría algo importante si dejáramos de publicar
el retrato del que posee por raz 6n d e su encargo' y la con~
fianza que ha sabido adquirir, la mayor suma de secretos del General Díaz.
.
te
Rafael Chausal es un personaje que cmdadosamen
oculta su valía, y que á cada momento demuestra sus
grandes alcances en política.
manLos secretarios particulares de los hombres que 'biend tn con muy raras excepciones, sólo llegan á escrit .
. •
l
rd deramente Secre ario.
ks de categoría: Cbausa es ve a
. ha logrado
Hombre de mucho tacto y suma prudencia, .
eualtecer su puesto y alcanzar gran importancia, con el

circulación amplia.

(Seretario particular del Presidente.)

SR. IGNACIO DE LA TORRE,
(Hijo político del General Díaz.)

La superioridad incontrastable de su carácter lo coloca
en un lugar aparte de los gobernantes de la República.
Su energía poderosa, en un medio de entusiasmos momentáneos y de bruscas depresionfs, lo eleva extraordinariamente por encima de su~ conciudadanos.
Unimos nuestro saludo al imparcfal y desapasionado
que le dirigen hoy los grupos desligados de él, por ser in~
dependientes de su función 1 deseando con toda el: alma,
que la historia, la. severa historia que á no dudarlo existe
~ara los grandes hombres, no encuentre acción que til•
darle por lo que baga en lo que tier.uiél aún de vida.

atento de no despertar jamás la envidia de !Os que rodean al Presidente.
En la ((Galería de Hombres del Por-ven-ir,,, (serie de artículos que en breve publicará. EL Muy) juzgaremos
con toda imparcialidad al Secretario Parfacu lar del General Díaz.

LAS ILUSTRACIONES DE ESTE ARTICULO.
Al pie de cada grabado se indica lo que representa.
Agregaremos algunas notas que complementan el artículo y que nos parecen curio~, las cuales no damos
en extenso porque hemos alargado demasiado este escrito. Lo más notable en la casa del General Díaz 1 es lo siguiente:
Sala de armas-Espadas y fusiles hasta del siglo XIV;
armas incrustadas de oro, plata y concha; armaduras antiguas, entre ellas una japonesa¡ cañones en miniatura, y
íal ve&amp; lo más notable1 un pufial j¡Jponés muy antiguo
atribuido á Pumatada uno de los doce forjadores de un
ilustre emperador del Japón que reinó hace varias centurias; una colección de todas las clases de pólvora sin
humo, etc. 1 etc., y un ajuar de baquetarf!pujadacon bordados de pita, obra mexicana.
Antesala. -Ricos muebles japoneses de ébano con forros
de seda amarilla con un bordado tan fino que parece pintura; cortinas iguales al forro de los muebles; dos estantes chinos: uno notable por sus incrustaciones de concha
y marfil y el otro por su tallado; una mesa de ébano con
aplicaciones de marfil en el que hay artísticos dibujos hechos con tinta china¡ un biombo en el que sobre fondo de
seda negra hay bordado de oro un pavo real.
Salón.-Lujoso ajuar moderno, piano Steinway con riquísima cubierta de seda china bordada; bronces; pinturas al óleo de Goblet¡ marquetería de Boul con pinturas,
etc., etc.
Comedor.-Rico ajuar de roble, sillería
forrada de cuero de Córdoba.
La casa fué orupada por el Presidente el
10 de Julio de 84 y fué expresamente concluida para él.
Desde hace 14 años acompañan al Presidente Luz Ibáñez, ama de llaves¡ Francisco
González, camarista y Gregorio Canseco,
conserje.

{b}ud¡os libros en pocas lineas.
El rico vive del pobre y el pobre del rico: es una ley de
solidaridad social.
F. BENT.ANO.

•••

Los lectores de periódicos tienen tal necesidad de no•
ticias, que cuando no ocurre nada se dedican á hablar del
gobierno.
ÜAPRIVL

•*•
Se acusa generalmente á los hombres

tªra evitar acusarse á uno mismo.

G. M,

La libertad es un
nosotros.

•••
bien relativo¡

PUELIUS SYRUS.

vale lo que valemos
JoRGE

ESCALERA.

No es lo mismo un
amante.

•••
hombre para la

PrCOT.

esposa y para la

MARCEL

PRÉVOST.

Nuestros pr62dmos números.

SALA DE RECEPCIOS.

CoRREDOR.

VALTOUX.

•
••
La impunidad del culpable es la condenación del juez.

Lamitad1 por lomenos, de nuestros subs
criptores no conocen el artículo preinserto,
por haberse ya agotado cuando ellos se abonaron1 la edición del número prospecto.
Muchos de ellos habían oído hablar de
dicho artículo y estos y otros muchos de
nuestros lectores deseaban tenerlo co:1 las
vistas y los retratos correspondientes; mejor grabados .é impresos, como salen hoy, y
nos pidieron la reproducción que hacemos
en este número.
Quedan, pues, satisfechos sus deseos.
SALADE ARMAS.

de ser injustos,

Todos los que hayan observado el pro ..
greso de EL MuNno desde sus primeros números hasta la fecha 1 persuadidos estarán
de que hacemos todos los esfuerzos poai•
bles para mejorarlo y para que llene- su
progrnma1 basado principalmente en la información oportuna por medio de la noticia y la vista que la completa. Así, pues, al
anunciar hoy que nuestros próximos nú•
meros tendrán sumo interés por la profusión de datos y grabados relativos á las,fiestas nacionales y luego á las ceremonias de
la Coronación de la Virgen de Guadalupe,
no pretendemos hacer notar lo que de seguro está. ya en la convicción de nuestros
abonados, sino repetir una vez más, que la
edición de EL l\lm.'Do, aunque crecida en
estas ocasiones, se 1imita1 por los gastos
crecidos también que -ocasiona, al número
de ejemplares destinado á los suscrit-0res
y al que suman los pedidos hechos con anterioridad.

�EL MUNDO.

84

15 SEPTIE!llBRE, 1895.

15 SEPTIE!llBRE, 1895.

NOVELAS RUSTICAS.

Ria •••T••· ■■aY■■■•
(ESCRITA PARA. " E L MUNDO".)

or lejanas lomas y bajando la otra I?ºr llanuras
morrona! Ya sé que has traficado con tu sobrina ven- una
rof'lindas de entonaciones verdes y amai::illentas, que
diéndola al niño Don Juan Pablo. ¡Carguen los de- ;e esfumaban entre los vapores de la rnauana.
monios contigo y con t?~as las de tu estampa!
Alzábase alli la casa de dos jacales compuesta, ~no
AN C:CIO aquella mañanita hll.meda y fresca
La vieja se detuvo diciendo:
de los cuales presentaba ~n la sole~·a .de adobe~ abiercomo todas l~s de Junio. Don _Sixto 1 el sa-¡Pior! ¿Y su dolor cuál es?
to ventanillo en donde se veian caJettlla~ de cigarros
cri!-ihrn1 ah rió la eapilla de la hae1enda Y man-¿Pues cual será 1 t~a Bruna de ~is quereres?
de queso. AJ llegar la muJer descansadó /l. un muchacho q_ue se enc_aramar~ á la
-Si usté no tiene m en que Cal.l'se muerto. Voy á vbacuarterones
un chiquillo de cuatro á cinco años ep. la puerta
torre para dar el prim.er repique. Luego mtro~uJO dos que no me dá dos ria.les pa unas velas que quero
de ramas espinosas que abría paso al solar de la casa.
mujeres v un hombre con sendas e~cobas, Jergas Y prenderle a su santito.
.
. .
Con la panza al aire y los pies descalzos estaba el rarebosante cubeta de ngua y ~1:iw~zo la faena ~~ ba- Vocativo cai·et. Pecunia non est mihi.
az comiase una tortilla; por el suel~ yacían esparrrer y sacudir. En seguida d1ng1ose A la sacnstia á
-Agora! ¿v eso qués?
.
re 1\rar los ornamentos y salió á la puerta de la calle
-Que yo 13. queria con toda el alma y con mi amor tdof nopales en rajas y frijoles a mecho cocer. Ve~lo
la aguadora y alzar el grito fué to~.º uuo. El ch~co
~ar:ando media el ocena de candeleros, á los que ai-r~n- le hubiera bastado.
.
..
asustado
se levantó temblando y deJo caer la go1da
caba co::;tras de cera con la punta de 1;1-nas despab1 a-Gual que si. Pero dígan:ie, do!1 S1xto; d1JO la est~nderas. Cuando hubo terminado 1 coloco lo~ candeleros tigua con formalidad y dispoméndose a colocar el de las manos.
-¡ Anda jijo de tu tata,! ya me juite_s á tira_r la olla
en el suelo, 8entóse sobre un poyo de piedra Y -sacó cántaro en el suelo: siendo uno una pro be, ¿qué quedel bolsillo del roto chaquetón, negro Y mugro~w1 u~a re que haga? cuantimfls que fué voluntad de ell3: Y á de la lumb;0 .... ¡Ora lo verás! Exclamo la muJer moncolilla de puro que chupó entrecerrando los OJO~- Ya mi 110 me gusta forzar á naide ni m_e ha de castigar tada en cólera; y trasponiendo el umbral de_p:1lmas Y
en la placita de la hacit'nda circulaban los trabaJac~o- Dios
piedras, colocó el .:ú,ntaro en e.l suelo y ~cho a ~orrer
porque me meto donde no me. importa. .
res al hombro los aperos de labranza, y los car~eteros
tras el muchacho que ya huía despav_~ndo la~z.ando
-¡ Vade retro, maldita Celestina I J y qué escrupulós
un~ian las yuntas; mientras que las vacas, rec1~~ ~r- tiene! Mira: haz favor de largarte porque van á dar desgarradores gritos. Pero no le vaho:_ Alcanzole la
deñadas, sa"lían mugiendo de los corrales para duigu- el segundo repique.
madre y dándole dos bofetadas que le tm~ro_n en san8e al monte.
Asi era en efecto. El muchacho que est3'.ba en la to- gre el rostro, arrojóle al suelo y se encannno murmuEra t&gt;l primer día del novenario de San Juan Bau- rre columbró á lo lejos la polvareda que levantaba rando maldiciones y amenazas al centro d~l solar
tista patrono de la hacienda que llevaba su nombrei el coche del s2ñor cur~ y azot? _desaforada~ente las donde se levantaba el otro jacal ele techo aguJereado
ue amenazaba desplomarse. Lastimero y p~netrante
no' tardaría el sacerdote que des~e Villurbana, e
campanas con el badaJO. La vieJa se marcho, y el sa!edno pueblo, venia á celebrar la nnsa y rez~r !ª no- cristán se apercibía á cargar con los can~eleros 4uejido salió de allí, inarticulado como el grito de un
vena. JJoco á poco fué. acentuándos~ el movimiento. cuando divisó á una mujer alta, fresca y garn_da, de animal cojido en la trampa1 á la vez que el muchacho
Por la puerta de pilares blancos abierta en la barda anchas caderas y abultado pecho, que tambié~ se corría hacia aquella barraca sollozando.
-¡ Paá! ... . ¡pttá ! me dió mi má! .... ~angle!
que circundaba el casco, varias mujeres_acercábanse acercaba rumbo á la noria. Brillároule á don S1xto
La mujer no le dejó entrar. EmpuJándole brutalC:on cántaros al hombro, rum1!o á la nona que detrás los ojuelos y adelantándose al encuentro de la que
mente le amenazó diciendo:
de la iglesia rechinaba, arroJando grueso chorro de venia, la saludó con est~ ~xámetro: .
,
-¡Bonito estás tú y tu tata! .... ¡Cuele de aqui, que
agua sobre enorme artesón de madera. Todas tenían
-O crudelis Alea::a, nihil 1nea carm:ma curas. .
.
ue asar frente á la puerta de la sacristía, y á todas
-Usté siempre con sus cosas, contestóle la muJer ya no tengo aguante con ustedes!
Quedóse fuera el chico moqueando y haciend~ pufu.nzfba el de la colilla alguna frase, ya ep. so~ de sonriendo, provocativa y coqueta, y ~ostrando dos
requiebro, ya de chanza, según era moza o vieJa la hileras de dientes apretados y blanquísimos, como los cheros y penetró la madre en el desti,.rtalado Jacal.
Veiase' en el centro P,} fogón á medio apagar, rodeado
que se acercaba.
.
.
granos de una panoja.
d
-¡ Ay Aleja! U,ror: me derrito por usted, y uste co- de tres piedras sobre las cuales descansaba UD; pucheEra Don Sixto un estudiante destr~pado d~l ~ennnario adonde', niño aún, le hab!a envrndo e~ V1eJO cu= mo un témpano de hielo. Pero ya se ve: unos son los ro negro y ahumado, casi rebosante ~e bermeJa espuma. El metate á un lado estaba cub1~rto con una bara de Villurhana; pero no logro pasar de prn'ner c,:ir
que queremos y otros son los q1;1-e la logran.
tea v cerca la olla del nixtamal hund1a ~u base entre
Malicia
y
mu,\'
refin_ada
';!somo
s.us
puntas
de
acero
de
Filosofía,
en
cuya
clase
le
reprobaron
d~s
,anos
80
las Cenizas del rescoldo.
.
consecutivos. Como no fuera para el caso, ret1role e~ en esta frase ,\~ la muJer pusosE g:rnve.
En un ángulo, tristlsima figura humana rechnáb~se
señor cura toda protección, y el muchacho se quedo
-Si ya sé 1 va·sé lo de Margarita.
•
.. ') ..
contra el muro de otates, casi aplastada sobre las. pier{la va abundear por la ciudad; hasta que, harto de re-¡A' "qué hombre!
pos q1;1-en 1e d IJO.
.
-Como si no tuviera oJos; co.u o st no
hubiera nas encanijada&amp; y torcidas que le ser~ian de asiento.
vesef v miserias, regresó á su pueblo natal donde, coEl hundido pecho pégábase á la espalda y en las pal·
0 teñla alcrunas luces v no mala letra, empleáronle visto salir an·o che de la casa.. . .
.
Tt.0cóse en alarma la seriedad de la muJet·, Y el _hu- mas de las manos tenia sendas baquetas atadas por
de escribie;te en wia Oficina públic~, de 13:. q~.e le .
corrieron al poco tiempo por su excesiva afic101;: ,L los manista al ver el efecto que sus palabras produc1an, medio de correas. Su semblante ....¡~h~ su semblante
alcoholes. Fué en esa época cuando los duenos de agregó con incisivo acento:
·e era la expresión angustiosa del sufrimiento ~umano
-Si ya lo sé todo; y lo malo es que pueden tambi n elevado á los últimos peldaños del dolor. _Hirsuta la
San Juan de los Alamos le llamar~n para que ~esem eñara en la hacienda las funciones de m_aestro saberlo en la hacienda, pues ya sabe usted que hay canosa barba v crecida; rugada la faz amanllenta Y llvida y hundidOs los claros ojos temblaban err el fondo
de ~scuela y sacristán; y aunqu~ ~e moderó alg~ tan- ojos por todas partes.
.
-¿Deveras lo vido? dijo la mujer baJando 1a voz, de las cuencas como dos lágrimas enormes. Sobre la
to en el uso de las bebidas es_r1n~uoi,~~: despertosele
e cambio una desenfrenada mchnacrnn por el bello acercándose al sacristán con interés y mo.strá.ndole frente bajo el enmarañado greña! de los cabellos,
s!xo. Pedante por na~uraleza y afectado en el _len- forzado afecto. Pos mire: há.game favor de 1~ ~laca- fruncÍase el entrecejo en profund~sima arruga que
guaje, trajo del colegio buen almacén de _térmmos sa cuando salga de la ilesia, porque quero pidirle un subia desde el nacimiento de la nariz hasta el del pelo,
y en las extremidades de la boca acentué.banse fuerue gustaba de prodigar _aunque . no P!ec1~amente consejo. Ai viene ya el padres~to .... Lo aguardo.
temente los pliegues de acérrima dolencia.
.
ior manifestar sus conocinuentos, smo mas bien por-Salúdeme al pastor Corydon..
.
Al entrar quitóse Alejandra el rebozo que arroJÓ
ue ozaba aun repitiéndolas á solas, con las fras~s
-Ande I ya le digo que_no le diga ansma.
sobre un huacal. Lanzóle el par~litico una mirada de
iirob~mbanfes v las sentencias en las aula~ aprendi- ·
-Bueno: pues por allá 1ré.
·
y se separaron. En aquel instal!te llega~a ya el_ ca- estupidez y azoro tal, que sus OJOS asomaron _hasta
das Decir latiñes y citar versos de los clásicos paganos· especialmente de Virgilio, era su mania1 la teha rruaje cerca de la iglesia. Don S1xto voto 18: cohlUl&amp;, los bordes de las órbitas. M:urmuró alg~na_s silabas
qu~ serviale de bigornia para machacar a todas o- car ó con los candeleros y penetró e11: la sacristía. n que no llegaron á formar palabras y dos lagrunas as~ras y en cualquier ocasión ~or inoportuna qu~ par~- sacfrdote de cabellos blancos y limpia Y rugada faz maron á sus párpados, resba~ando P?r las apergannciese. De lo más estrambótica y ridic~a que imagi- descendió del coche; mientras que _las campanas, locas nadas mejillas. Como la muJer no -t;iara en él la atennarse pueda era la estampa que le dono . la m~dre na- de "úbilo se reían atronando el aire con sus notas, Y ción, aquel remedo humano proc?-ro ID:overse, Y solaturaleza pero no causaba desagrado, smo risa Y re- el iol inu'ndaba en una ola de oro la plaza bordeada mente logró agitar los brazos hacia arriba. Entonces
ocijo c~ntemplarla. De allí es q~e, tanto en el col~- de fresnos y los blancos edificios de San Juan de los ella sin mirarle,
-¿Queres almorzar? le díjo: Ya voy á moler. Sólo
~o como en el pueblo y en la hacienda, era persegui- Alamo~
do el ex-seminarista para obligarle á que hablara, no
falta que ese condenado haiga tirado toda la olla:
y sin otra demostración de interés ó afe.cto hacia el
·n que sobre él cayera toda clase de chanzas Y de
ti
~~las más pesadas algunas de lo que fuera menesenfermo se inclinó sobre el metate. Tomo el puchero
te T;nia la color cetrina y bastante obscura; ancha
donde s~ coc:ia la miserable comida y después de .~eAlejandra á quien llamaban Aleja en el rancho, re- nearle con un palo, escarbó la lumbre y se _apareJo á
larfaz de los pómulos y aguzada hacia; la barba; los
gresó de la ~oria con el cántaro lleno sobre el hombro
0 · 0 s equeños 1 amarillento~ y ~uy vivos; ~a b?ca ·zquierdo sostenido del asa por la derecha mano so- bajar con la mano de piedra la masa de maiz sobre el
Jranle, gruesa, plegada hacia arriba d~llado izqme:metate. El paralitico, entre tanto, habia vuelto a. su
áo y la dentadura desmolada del medio; la poquísi- bre la cabeza cruzada, forman~o asi con el brazo un quietud y estupor, entrecerrando los párpados Y. limarco
gracioso
y
provocativo,
nnentras
que
el
re~erso
ma barba cortada á. tijera y el pelo crespo y alboropié.ndose con el dorso de la mano derecha las lágnmas
t d El busto bastante grande, sosteniase sobre dos de la otra mano descansaba sobre la cadera, temendo que le mojaban el rostro.
8: ~as zamb;s y pequeñas. De manera tal dotado, en jarras el correspondiente brazo. Estr~meci.~n~e sus
Cantaba la mujer en voz baja a comp~ de los moP~ta Don Sixto en ocasiones anda~ como los loros sa- formas opulentas á. cada paso :y- su ~liento Janea:1Ja vimientos que hacia al moler. De rodillas sobre el
apenas
entreabriéndole
los
labios
humedos
Y
r?JOS
8
d mucho hacia atrás la rabadilla con el corresmetate con los brazos desnudos basta el hombro Y la
C:~iente apéndice de las l:'osadera~, y éste era el como Jna tuna en sazón. Representaba tener tremta camisa' escotada hasta el nacimiento del seno, aquellas
años.
No
era
trigueña
obscura
como_
la
gente
de
su
~mmum de su gracia, que siempre hizo estallar una
clase: caliente y moreno tono extend1ase por su faz formas exúberas y frescas ondulaban y se est~emetepipestad de risas.
cian cada vez que subía ó bajaba el cilind~o de piedra
.-Quorsum tendis.t exclamó levantándose de~ poyo tersa y carnosa, cubiert~ de vello sedoso y suave co- bajo el cual se extendia la masa blanquísima y tersa,
mo
la
piel
de
un
duraznillo.
.
..
al acercarse una moza aguadora de no m~los ~ig~tes
Cruzó la puerta de pilares y tomo por un calleJon aplastada y cortándose en tiras largas que descendían
hasta barba. Te pareces á Rebeca. Inclina hidriam flanqueado de órganos, al través ~e los cuales ~efaJe hasta el borde inferior, de don.de la molendera las to·
ut bibam. ¡Eh!. . . . ¡o;ye! no te vayas de largo en ocasiones el rojo fogón de los Jacales, crepit17n do maba y hacia los testales que iba colocando sobre la
ue me mata tu indiferiencia. • • •
.
batea para tortearlos después y colocarlos en el comal.
q Pasó la moza sin hacerle caso y el ~acr1stán se humeante y oloi:oso á flor de garambullo. Despues e
El Íullido se había dormido, al parecer. Afuera ya
atravesar diversas c·a lles tortuosas y quebradas, se:
quedó de pie,~miré.ndola, con las ma~os á la espalda detuvo al final de una, limitada por la carrete~a que calentaba la mañana y el muchacho, trasponiendo la
y la colilla casi apagada entre los labios.
. . .é
se extendía ancha y polvorosa, cuyas extremidades cerca del solar, vagaba por entre los magueyes y_no-Hcrrribilis pharmaceutria, dijo des~ués,~ingi n= se dilataban y perdían, asc~ndiendo y culebreando la pales del vecino monte, como un símbolo de lamodose á una vieja negra y apergammada. 1Maldita Oha

r

luam

1

1

cencia desamparada que busca abrigo en la naturaleza salvaje y bravía y sólo encuentra, en vez de brazos cariñosos, ásperas malezas y punzadoras espinas.
Alejandra dejó de moler y salió del jacal. Al ruido
que produjo en su salida, el enfermo abrió los ojos y
quedóse mirando fijamente la puerta por donde su
mujer babia desaparecido. Quiso incorporarse1 pero
sólo alcanzó á echar el cuerpo hacia adelante, apoyándolo vigorosamente sobre las palmas de sus manos
forradas e1i baqueta. Reclinóse de nuevo y así permaneció larguísimo tiempo. Los signos vehementes
de dolor que antes cubrieran su semblante habian desavareeido, quedando sólo en él la mancha de una
tristeza infinita y una desolación abrumadora.
Recordaba que cuatro años antes era un hombre
como los demás, dueño y señor de sus movimientos
y de sus miembros. Dominador de los bosques y de
las montañas, bajo la inmensa ola dorada de los días
estivales ó envuelto en las humedades acariciadoras
de las noches azules y profundas, saltaba por entre
los peñascales, remontaba las crestas abruptas y se
hundía en los abismos vertiginosos con la agilidad
misma que las cabras de su rebaño. Allá1 en las soledades de los montes, olvidábase, ó mits bien, no se
daba cuenta de su condición de siervo y se creía rey
de las selvas, imperando sobre los animales que estaban á. su cuidado, que le obedecían á una señal ó á
un silbido, y que le querían corno á un padre, halagándole con sus retozos y lamiéndole con sus lengüecillas ásperas y rojas. Seguía.le el viejo mastín por todas partes; echábase á sus pies, le acariciaba con la
cola y se disparaba ladrando enfurecido al escuchar
rumor extraño ó al husmear algún peligro. Verdad
es que sólo de tarde en tarde veía semejantes suyos:
otros pastores ó el vaciero; que no disfrutaba del mísero descanso de los días festivos ni tomaba parte en
los tristes regocijos que alguna. vez sacuden la brutal monotonía de la vida en el ánimo deprimido del
labriego; pero en cambio sentíase independiente, libre, con la libertad de los pájaros silvestres y de las
bestias montaraces. Un solo afecto tenia en el corazón, además del cariño á sus cabras y á su mastín: el
amor por su mujer. Solia bajar alguna vez del monte y pasar un día en su casa; ó bien la esposa le
acompañaba en ocasi,ones allá en la pastoría, durmiendo con él en la majada. No era fácil tenerla iiempre consigo, como hubiera deseado y otros pastores
acostumbraban, porque para mantener á los cinco
hijos que Dios les babia dado, ayudé.bale ella á trabajar, haciendo la lucha por otra parte, rescatando
efectos que iba á vender todas las mañanas á Villurbana y con cuyo producto, agregado al real y medio
de jornal, satisfacían su hambre con hartura, una aspiración de los infortunados campesinos.
Odilón, ó el pastor Corydón, como le llamaba el
humanista, era de Animo apacible y sereno y creía en
la Providencia Divina con una fe ciega, como creen
los hombres de su clase y condición, con la fe del
carbonero que es acaso la que más complace á Dios,
por que es la fe de los humildes, de los mansos y sencillos de corazón y de los pobres ele espíritu; y como
jamás tuvo en su vida penalidades ni trabajos, fuera
de los de su oficio, que mas bien eran para él un goce,
no se cansaba de dar gracias á Dios y á todos los
santos, á quienes por lo demás, veía como dioses pequeños, rindiéndoles culto idolátrico y encomendándose á ·ellos cada vez que se le extraviaba una cabra
ó el coyote merodeaba por los alrededores de la majada. En su corazón, limpio de todo mal deseo y
exento de quiméricas ambiciones, se abrigaba una
paz inmensa nunca interrumpida, más que por los estragos de las tempestades en aquellos desiertos selváticos, cuando el cielo apedreaba al ganado con guijarros de hielo; pues entonces la angustia del pastor
no tenia colmo, y deses1Jerábase al no poder resguardar sus animales, si la tormenta le cogia en abierto
lugar desnudo de árboles y de cantiles, bajo los cuales pudiera resistir la ira del cielo. Interrumpiáse
también su calma año por año, cuando el ganado era
vendido por los amos y el pastor estaba obligado á
conducirle á Villurbana, donde veía degollarle sin
piedad en el corral de una matanza. Los balidos lastimeros de sus queridos animt1.les le retorcían el corazón y arrancábanle lágrimas amarguísimas. Un odio
solo tuvo en la vida: á cierto pastor de ganado lanar,
compañero suyo, que habiendo conducido su rebaño
al pueblo, pidió plaza entre los matanceros y degolló
bárbaramente á sus propias ovejas.
Por una excépción entre las gentes del campo Odilón jamás golpeó á su mujer, antes bien tratábala con
todo género de miramientos. No debió parecerle
aquello miel sobre ojuelas á la esposa que más de una
vez quejóse ele la falta de cariño de su marido, puesto que, según decía, nunca le claba, aunque ~ás de
una ocasión le sobraron motivos para ello. AleJandra
no sólo no correspondía á su hombre ni con un reflejo de aquel cari"fio tan generosamente prodigado: ni
.siquiera sentía su calor. Casada á los diez y seis años
con un esposo ele treinta y cinco, cn3:ndo llegó á !os
veinte, desarrolladas sus formas y siendo la muJer
más guapa del rancho v con una libertad, además,
que otras no t('.nian, emp'ezó por oir con agrado los requiebros de los rancheros y sobre todo, los que le dirigiau los hombres del cercano pueblo, entre los que
se encontraban algunos sef'iores pa1·ticulares. No cesaba de escuchar insinuaciones provocativas y hasta
propuestas halagadoras. Ella tenia temperamento
tropical y fragilidad femenina con curiosidades pun-

EL MUNDO.
zadoras por vagar y ver tier1·as, y acabó por entregarse al cochero de un hacendado rico que vivía casi
siempre en Villurbana y que le propuso llevarla á la
ciudad. La pastora, como en el rancho la llamaban,
resistió, dicho sea en honor suyo, algún tiempo; pero
vencida al fin 1 se juy6, hablando en término~ rurales,
con el hombre, dejando á Corydón la carga de los hijos y la compafiia de las -cabras.
l\las de medio día permaneció el infeliz pastor cuando lo supo, echado á la sombra de copuda encina,
boca abajo, apoyada la frente sobre los cruzados brazos y sin atender á las cabras que vagaban dispersas
por los peñascales y las cuchillas, sin que el negro
mastín, el viejo Lobo, corriera á atajarlas y volverlas
al redil; pues 1 como sn amo, permanecía bajo la misma encina, enroscado y soñolento, sacudíendo con el
rabo los alados insectos del monte que zumbaban en
torno suyo, haciéndole agitar las orejas y entreabir
ele tarde en taró.e los adormidos ojos.

111
Los del pastor quedaron escaldados de tanto llorar.
Hizo, despues de días, un viaje á Villurbana para quejarse ante las autoridades, con el fin de que aprehendieran á la fugitiva; pero no se logró la captura. El
inteuto 1 por lo demás, del ofendido esposo, no era el
de castigar á la adúltera, sino traerla de nuevo á su
casa, después ele bien amonestada y apercibida por el
Juez. Regresó, por tanto, Corydón á la hacienda, solo
y triste, y volvió á sus cabras y á su antigua vida,
pera llevándose consigo al monte, cuatro de sus hijos 1
pues el de pecho quedó en poder de una buena vecina del rancho que le hizo la caridad de criarlo. Allá,
entre las salvajes fragosidades ele la sierra, el pastor
fabricó una choza bien aderezada.para sus hijos, dondesirvióles ála vez de padre y de madre, qne ambos ofi
cios desempeñaba, incluso el de moler maíz cuando
la esposa de un compañero suyo no podia echar la doble tarea de las dos familias. Quedaron, pues, instalados en la pastoría los cuatro chiquillos, el mayor de
los cuales no llegaba á. catorce años.
Dos habían corrido desde que la desalmada Aleja
abandonara la casa marital 1 cuando empezaron a llover calamidades sobre el desdich:ido y sufrido pastor:
tres de los chicos enfermaron ele viruelas y murieron
dos. Ni ese año ni el anterior cayó gota de agua sobre
las sementeras que1 por consiguiente, se malograron:
murieron de la seca los animales v desarrollóse el
hambre y toda clase de miserias, no Sólo en San Juan
delosAlamos, sino también en el pueblo, en las demás
haciendas y rancherias vecinas, hasta abrazar una
zona con~iderable de aquella región. En el resto del
país contarse podían los lugares donde lloviera.
Asi es que los duefios de los Alamos se vieron obligados á correr gente de la finca por falta ~e trabajo y
carencia de maíz para mantenerla, pues las anteriores cosechas integras fueron enajenadas, y no era cosa
de comprar semilla á altísimo precio para dar de comerá hom'bres que no trabajaban.
Vino, como acontece, la peste tras el hambrt&gt; El mayor de los pastorcicos cayó atacado de la fiebre y murió en pocos &lt;lías. Tocóle igual suerte á la caritativa
mujer que criaba al pequeñuelo 1 quien no tardó en
seguir A su segunda y verdadera madre en el eterno
viaje. Sólo quedó uno de los cinco para compartir con
su padrn las penalidades y: miserias de aquella vida.
A poco andar, la carencia absoluta de alimentos obligó al pastor á desprenderse de su hijo para que mendigara; y asi pudo el infortunado niño sobrevivir á
sus hermanos.
Corydón no bajaba del cerro: cierto es que carecía
de gai.ado que cuidar, pero la costumbre y cierto estupor que se apoderó ele sus facultades, tenianle siempre remontado en las lóbregas arideces de la sierra,
donrle los arbustos deshojados y mustios, habían tomado un color semejante al de los peñascos. Muchas
veces alimentóse el pastor con maguey y nopal, como
los bueyes; y ocasión hubo en que acosóle tan horrorosamente el hambre, mordiéndole sin piedad las entrañas, que se arrojó furioso sobre una mata de la
hierba llamada capulincillo ó tullidora, que encontró
con fruto entro las grietas húmedas de rocallosa cuenca, donde tiempos atrás gorgoriteaba un manantial.
A puñados arrancó los negros 1 lustrosos y diminutos esferoides que salpicaban las ramas verdes del
arbusto, y con movimientos maxilares de feroz y vertiginosa masticación 1 trituró entre sus dientes ávidos
el dulce fruto, engulléndolo con terrible furia.
Sólo en semejante estado pudo el triste pastor devorar aquel fruto venenoso. Bien sabia él que los
huecesillos encerraban en su simiente la parálisis para el incauto que los cleglutiadespués de masticarlos;
más de una ocasión tuvo oportunidad de verlo por
sus propios ojos en las cabras que le comían y lo inútil que eran todos los remedios, incluso el ele las copiosas sangrías que se les aplicaban. Pero en aquel
momento, cuando sintió en el seco paladar los frescos r sabrosos captl.lines como esta.ba'.poseido de furor
fanélico, no trató de otra cosa que de aplacar su hambre y hasta olvidó completamente que estaba introduciendo la parálisis y tal vez la muerte en sus entrañas.
Y así sucedió en efecto. No transcurrieron muchas
horas sin que sintiera gran debilitamiento y falta de
sensación en las piernas. Vióse obligado á sentarse y
como babia satisfecho su hambre, vencióle el sueño á
poco y se durmió en el cerro, echado sobre un peñas-

85
cal, bajo los quemantes rayos del sol que más y más
le aletargaban y contemplando, al cerrar los párpados, una sábana inmensa llena de ondulaciones, que
se desvanecía en la profun 1a lontananza, como gigantesca mancha gris reverberante y desolada.
Atardecia ya cuando despertó. Sintió hondo desfallecimiento y quiso levantarse, pero-no pudo. Despues
de supremos esfuerzos logró ponerse en pié, agarrándose á la punta de escueta roca que sobresalía del
suelo. Probó á andar, y sus miembros no le obedecían. A la m~no estaba una raiz descuajada que podía servirle de bordón: se inclinó á apoderarse de
ella; pero, aún así, logró dar dos ó tres pasos solamente. Agudísimo dolor en los riñones y en las piernas le obligó a sentarse; entouces comprendió todo el
horror de su estado y una angustia infinita se apoderó
ele su espíritu. La noche caía y el hambre y la sed le
aguijoneaban. Gritó, y el eco de sus gritos fué á perderse repercutiendo de collado en collado y de barranca en barranca, en la tenebrosa lejanía. Dibujó
la luna amarillenta y livida faja sobre el dorso ele la
cordillera oriental y surgi() del perfil azulado como
la faz cadavérica de un espectro que se asomara al
borde de su sepulcro. Quedó iluminado el paisaje
con fulguraciones de tintes helaclos ,\' sombríos. Corydón era supersticioso y sintió profundisimo terror
que le azotaba los nervios y poniale ele punta el cabello, al escuchar los graznidos de la lechuza y el
prolongado aullar de los coyotes. El monte, desnudo
de frondas, inmenso campo mortuorio, semejaba poblado de esqtA.eletos calcáreos y de fantasmas harapientos que sacudían sus inumerables ~· canijos brazos, como llamando y atrayendo al aterrorizado pastor que, con los ojos desmesuradamente abiertos y
fijos en todos los puntos del paisaje, sentia crecer la
angustia y el espanto á cada momento. Asi pasó toda
la noche hasta que los pájaros empezal'On á trinar á
lo lejos y una r4,faga rosicler m1cendió las lejanas
profundidades del levante. Oyóse poco después el ladrido de un perro entre la barranca por donde serpenteaba el camino del rancho, y Coryclón, ya desfallecido, hizo un esfuerzo poderoso y repitió sus gritos.
Otros le contestaron entre la esfumada penumbra del
crepúsculo, y la esperanza inundó le el alma en una inmensa ola de consuelo. El horizonte fué aclarándose
por instantes; y algunos despues, á la incierta y pálida claridad del amaneecr, dos hombres, precedidos
de un perro 1 llevaban, casi en vilo, el cuerpo desmayado del pastor, en cuya cabeza flotaban los hirsutos
cabellos acariciados por el vientecillo galciál y frío
de la madrugada..
IV

En tanto que el infeliz Corydón tantos y tan espantosos tormentos pasa, Aleja, abandonada ya del cochero,
quiso regresar á la hacienda y buscar á su marido,
segura de obtener el perdón de su falta.
No fue en verdad, el arrepentimiento quien la empujó á los brazos del ultrajado esposo. Aferrada. al
terruño sentía hacia él una atracción que sólo sus
relaciones con el amante equilibraban reteniéndola.
al lado suyo, á pesar del trato brutal que recibía1 ó
seguramente por eso. Pero una vez apartada del
adúltero hogar, volvió al propio con la certeza de ser
bien recibida. Sabia ya, por otra parte, la enfermedad de Odilón, y esto la ponia al abrigo de cualquier
explicación enojosa y, más aún, de todo castigo, por
merecido y justo que ella en sus leves remordimientos lo juzgase.
Trasladó al esposo á la antigua casa que ocupaban,
pues desde el principio ele su enfermedad el pastor
vivía arrimado con la familia de un amigo. Recogió
á su hijo que vagabundeaba por las calles del pueblo
vecino, y con su trabajo personal empezó ásubvenir1
aunque con estrecheces, á las escasas necesidades de
la familia. Guardábale Corydón solamente cierto
rencor por el abandono de sus hijos; pero en el fondo
la perdonó y sentia que la amaba, á pesar de todo.
Por lo demás, no es de extrañar fenómeno semejante
en la gente campe.sina, pues el adulterio rara vez, y
sólo por particular excepción, constituye una ofensa
imperdonable y deshonrosa: basta que la culpable se
arrepienta acogiéndose de nuevo bajo el techo marital, para que se olvide la injuria y quede borrada toda mancha.
Seguia el pastor cada vez más enfermo. Si al principio lograba andar con grandes dificultades, bien
pronto sus piernas perdieron la sensibilidad y se rebelaron contra el movimiento. El tronco del cuerpo
estaba vigoroso toda,·ia, aunque afectado de dolores
agudos que le recorrían tocia la espina dorsal. Pre•
sentaba los fenómenos patológicos ele una hematomyelia y no pasó mucho tiempo sin que las perturbaciones tróficas le impidiesen arrastrarse y aún permanecer, como al principio, continuamente sentado.
Fué necesario estar tendido la mayor parte del tiempo, y eso en una sola postura: con la cara y el cuerpo
hacia arriba, siempre hacia arriba, contemplando con
estáticos ojo.~ el morillo ahumado del caballete v el
techo de carrizos á medio tostar y amarillentos. "
No tardó, entre tanto, Alejanch-a en volver a sus infidelidades, aunque guardándose de qU.e su marido
lo supiera. Fueron sus amantes sucesivamente un hijo del ma~·ordomo 1 llamado Juan Isidro, su compadre
de pila; luego Reyes l\Iartinez, el arpero que tocaba
en los fandangos, y por último, ::\!&amp;rgarito, un arrendador de caballos que había en los Atamos. Corydón,

�EL MUNDO,

86

15 SEPrIEllBBE, 1895.

158~1895.

la muJer por iaa noches, que era la tienda ..Hechos
mentol. El amo que la había leni4o dejóla al poco
yaelan ambos, padre 6 hijo, echados en 1111
llin embargo, 110 lardó 811 aoapecharlo, por la aaldul· llempo, satisfecho ya•y csnoádo; pero permlllóle ven· montón
sobre u11 trozo de baqueta á medio curtir y
dad con que eslos lndhiduoa frecnentaban la eaaa, der vino y ..._ loe d!aa fesllvoa un bil.ile qne le pro- ángulo
apenas con harapiento jorongo. Pero aólo
eon prelexlO, ya de aal\ldarlo, ya de comprar alguno ducl&amp; algUlla&amp; gananclaa. Por este mollvo Allli&amp;ndra cobijados
el murbaeho dormla, Los Insomnios eran frecuentes
de loa arttculoa que por el T811\alllllo de la aolera TOO:• guardáliase mucho de que se supieran 8UI poalerlo• en
el parallllco que, con grandes trabajos y muehu
ella la paalOra. La cual poco á poco fu6 cuidándose rea es.travlos, temerosa de que su proiecktr le retira- inlennflellcl&amp;a,
lograba dormitar alguna, horaa.
JDe1108 y llelró, por ülllmo, á pMID&amp;Deccr dlaa enlerOI
ra las licencias, pues bablale ofrecido no volver á la
Corrla
la
noche
sin que el chaparrón escampara.
llln sino l lo muy preclao á la cocina donde ha· disipada vida que habla vivido anteriormente. Sll8
bll&amp;lia; el enfermo, puel' puaba las horaa muertas en instintos, y pasiones, empero, no le permitieron eum· Asomábaae Aleja á la calle por repelida, ocaalonea,
eomp&amp;llla de &amp;118 amules y oiroa co11ocldoa que lle- pllr lo ofreeido,y eontentábaseá ocultar sll8 relaciones procurando penetrar con la mirada la esr,esa lobrc,.
P""' a ..._ p1111to de reunlón y leJ'Mla la casa del amorosaa con Margarito quieo,temeroso de perd:er su guez del aire. Dos ó iret1 veces sacó la ve a para llu.•
minar la calle, y ya se aparejaba á recojerse cuando,
~llco.
conveniene.ta, era por demb discreto.
.
entre el ruido de la lluvia se de,tacó el de los pasos
'l'errlble fué el golpe que éate recibió con estas nuede una per80n&amp; que se acercaba chapoteando en el
T&amp;I ofeaaaa; pero alempre resignado y bueno, conereagua. Era el sacr!Hlán que llegó basta el ventanillo,
V
~ á &amp;e0nsejar á su esposa, Ilanulndola al buen ea•
calado y escurriendo de los pies A la cabeza.. Al verle
mino con auavea palMhras y nmonest&amp;clones cariñoLa mafiana de aquel dta, primero del novenario de salló la pastora á la puerta del solar para ayudarle á
su. •No te vaya 6. castigar Dios,~ repetia á cada mo•
memo: pero la lalmad&amp; lo componla todo negando, San Juan Bautista, Alejandra, apoyados los codos en abrir, y le introdujo al cuarto.
-Intempula no"'1-C1&amp;mó el erudito cuando se enillUUlll9 no con grande energta ni demostrando afán, la cerea de piedra que rodeaba el solar donde oeaaen·
que loe hechos que ae le imputaban tuviesen el menor taba la casa, tendfa la vista por el callejón flanqueado contró al abrigo.-Alárgame una crátera de licor por
de órganos, bBperando al sacristAn. Corvdón, dentro que vengo caaf tan tullido como Corydón.
aomo de cerles&amp;.
De medio cuartillo fué el vaso qtl.e de un sorbo me-Fq por - llempo cnaodo en San Juan·de los Ala• de la cocina, encontrAbaso en un momenio de lucidez
suma, provocado tal vez por el espantoso choque ner- tióae Don Sixto entre pecho )' espalda, y como ya antes
lljlJ8 apareció don Si110. Al conocer á la pastora, se•
flall,roílla sus Instintos sensuales como Auna presa de vioso que sufrió cuando su mujer golpeara tan feroz- bubiéralo catado segun ech,lbaae de ,·er por la animalas m'8 codiciables. Enteróse de la vida hechos de mente al chiquillo, cuyos gritos desgarradores llega- ción de su rostro y el brillo de RUS ojos, no tardó ep,
. . .a muJer que le enloquecla. No dej de compa• ron basta el corazón más que á los oidos del pobre sentirse más comunicativo y locuaz; v como la dipsod.,. al ~ r , á quien, creyendo encontrar cier1a se• enfermo. La idea de su desamparo berlale tan dolo- manía le atosigaba, no tardó en pe..dir otra cn\tera
ml\iana&amp; en el nombre co11 el personaje de Virgilio y rosamenw, que la sentia con toda la intensidad de que empeilóse en libar i medias, llaclendo un do111 se-.
~ocupación ld6ndca, ocurrlóaele llamarle Co• que su eapfrltu bfpereateaiado era suc•ptible cuando gún dijo, con aquella mujer que le mareaba.
La cual no ,e hizo de rogar. El estado sofocanw de
ryd4il, allaa que á la esposa no agradaba olr, porque vibraban sus potencias exentas aun da la influencia
ae le lpraba ser co,a mala. Compadecfa pue,, el sa- morbosa que el terrible alcaloide, encerrado en ta si• la atmósfera y el aire cálido y húmedo A un tiempo
erlllán al pastor, no tanto por los dea,·fos de Alejandra miente tóxica babia extendido por la mayor pario de mismo, incitábanla á la bebida; ~- como menutlea~
eaanto por el eatado lullmoao y epnmovedor· en que su organismo. Cuando vió salir A la esposa de la co- las libacionet-, entablóse entre ambos aghads conver-le wa; pero ul v todo, propúsoae lograr el fruto chia, trajo á su memoria toda su existencia pasada, su saeión sobre el asunto apenas desflorado por la maprohl)lldo, pareciéñdole ser cosa nada mis de tender existencia de hombre libre, san~ y dichoRo, y no pudo ñana. Queria ella saber si el sacristán guarrló ene&amp;
rradas en el sepulcro de sn despechado corazón lal
IA' mano .... y cogerlo. Maa sucedió que entonces pre- contener una. explosión de 16.gnmas.
Y por la torcida calleja aeercAbal• Don Slxto, a cosas vhsta11 por la noche ml!rced al espionaje ó Habl•
_..ence el amo, nada menos que el amo mismo, lial&gt;la entrado en aquel cercado a¡eno y er sacrlslAn tu- quien la pastora esp~raba ya impaciente. Al verle das de fuera gracias i la indiscrec....~ón dt' las v,.-cinut
vo qae reaignane y esperar mejor oCASión, sin renun- agitó en el aire la mano derecha llaml\ndol~, mientras y en todo c~o, estaba resuelta A obligarle A callnr pot
Clar nl por un momento A sus .proyectos y sin dejar poniase la otra sobre los ojos para atajar los rayos cualquier medio. Aprovechaba et aqm•lla.s armas que
del sol qufl ya comenzaban ll abrasar.
le baclan fuerte. i como el tema de quo tratnran lee
ie :!M'1~brar t\ la paslOra.
-Andele, Don Sixto. CuantiBimá qu• lo estoy absorbla por complew y ·les incitaba, no tardó u,ucho
...:.~am pa,tor Corydón ardlobat Ale=m;desin que hablaran con tanta libertad y tanlo fnego co•
damaba el genlll lallno cada vea que contemplaba al aguardando.
-A.d,um: aqul me llene nsted para darle todos loe mo si en la eunta de un cerro se encontrasen, absolu·
mfellt parallllco fijos los ojos en la ln6el esposa; y relaláléndose de gusto, sonriendo con malicia y bailán- consejos que me pida, aunque el primerQ ha de ser el lamente aleJados de curiosos oldos y de mirada, la•
dole lo8 ojlll08 reclondoa y picaresco,, Delicias dotai• de quererme.
discretas.
-¡Aquihombre! Entre, que se está asoliando y nos
Eranlo, por demás, las frasea que entre ambos ~
m-.... d.adla, no sin devorar con una mirada ardiencruzaban. Aquel mal vivir conti11uo de la adülterfi
te el bll8to eaeullural y soberbio de la cnul.ZiB Ale=. van á ver.
-Non poasum! No mis vine para decirle que si con vario• hombres, deapuéa de la primera calda¡ 1
Deedei entonces, como avezado á semejante&amp; lides,
aJM!N'l;bi6ee á lnchar en rellrada, ya emboscándose quiere que le de consejos me espere á la noche por- detalles y eireunotanelaa que t\ cada una de laa 111·
para la sorpresa ó bien presentándose de tarde en que horita tengo mucho que hacer, y be dejado á loa guientes acompañaran, y basta las relaciones que la
hablan unido al amo asl como las concesiones y p~
tarde, manlfea\alldo as! que auu estaba aparejado P.ª· muchachos solos en la escuela.
-Pos mire: voy A asomarme por el portillo y ansi- rrogatlvas que alcanzara en pago, con todos loa
raJa brega. Aunque dejó de frecuentar el venlanillo
más gajes que de su conducta inmoral obtuviera 1'
cle1&amp; aol.-, cnldaba de inqnlrlr lo que puaba en el na dirán que está mercando algona cosa.
-Ya que se empeiia, velis nolis, allá voy.
culpable; todo, todo salió en aquella conversación ht•
lnteil.or y_ de todo estaba al tanto. Fué de esta maneEn el ventanillo continuó la conversación. El chi• eialva, peligrosa y ardiente que los ya próximo• alll&amp;B'"'
ra mma logró aaber que á ftn de aiio no se le cobró
al p&amp;IIOr ef arrendamiento del pilo. También se en- quillo, entre tanto, hablase uomado á la pnerta del tes sostenian. El ex-seminarista sacaba aquello
léii'de qw, Juan Isidro y Beyes suspendieron los In· jacal: Ver A su madre y echará eorrér desaforado fué colación con objeto de dominar á la pastora haci.élw
~ b l e s paliquea con Alejandra; y observó que una cosa misma, no sin oir el acostumbrado y ame- dota ver que de los más pequeños pormenores de
vida estaba al tanto y en su mano el perderla con 1ID4
. _ dllió de concurrir á la eaaa grande, al cabo de nazante grito:
-¡ Ora lo verás! Si ea rete chismoso, agregó diri· sola palabra dicha aquien pudiese hacerla llegar h..,
~ &amp;lempo; y como se diera a rondar las cereanlas
lar vló aallr doe ó tres veces de la caaa a Mar- gl6ndose A Don Slxto: toito cuanto mira. se lo va á ta ciertos ofdos; pues si bien la conducta oegulda
,
blicamente por Alejandra podla engañar a muchoa,
. el arrendador, cuando ya media noche era por contar al tata.
-lmprobm p,ur! Conlelltó sentenciosamente el él, Don Sixto, con verdadero tesón y suspicacia s
·
~ y loa galloa empezaban á cantar.
Pero vamos al asunto.
habla esperado, acechado, y no en balde, d
.Elparalillco, entretanto,segnla de mal en peor. Su dómine.
-Si nomáe le queria dictr que no se ande creyen• tanto tiempo. Ella no se defendfa: lo-confesaba todo¡
cwic&amp;er manso y sufrido tuvo serias peturbaciones.
.Algun8I veces eatallaba en exploalonea de cólera v do de cosas. De siguro que ña Mlteria, la de aqul en· pero en cambio ofrecla al sacristán ser en lo sueeslYO
~ • de Ira contra su mujer y loa marchantes, y frente, ea la qne le dijo ..... .
sólo y toda para 61. .
-No, bija de mis CB.traftas. Si yo lo vi; yo mismo,
_.., aeab6 con la poqulsima paciencia de la pastora:
Hondlsimo gemido de angustia brotó del ángu!o
con
estos
ojos
que
se
ha
de
comer
la
tierra.
donde el enfermo descansaba, pero el saeristé.n y Ja,
il anlea le sufrla y le cuidaba al menos con algún in-No,
mire:
gua!
que
el
hombre
Margarita
se
iba
teré8 y demoatrando cierto afán, desde el momento
pastora apenas prestaron atención. Ya la lluvia hapueblo; ora en la mañana y yo tenia que hacerle bla cesado. A lo lejos azotaban algunas última, rá,,
en el enfermo operAronse tales cambios, Aleja pal
6 hacia 61 nna aversión profunda que le hacia u.nos encargos. Pero la verdA. e• que no me d¡ia ni á fagas las copas espinosas de los mezquites y las Bll."'
sol ni A. sombra. Usté, ¿qué me aconseja?
se desbandaban barridas por el viento. Ténue f
- l e brutalmente.
-Pues si quieres que te aconseje. es largo lo que hes
-Ya no-leagnanto,declale t\ menudo. Quiera Dios
tristísima claridad rompía los senos del oriente alUBI•
tengo
que
decirte
y
no
hay
tiempo
porque
ya
mero
lle,van8 de una vez pa qu" me dejes descansar. Y cobTando el horizonte con luz amarillenta y fanit\ldoa
mo loa accesos del paralitico biciéranse más frecuen- dan las doce: espérame á la noche; concluyó el taima• y orlando de oro pAlido las postreras nubes que bodo,
tuteando
A
la
mujer
y
lanzándole
mirad&amp;B
abrasalea, ella dió en alejarse de la cocina lo mis que pu•
gaban en el océano plata-gris del cielo. Duraoie el
do, deJándo alll solo y abandonado al pobre enfermo, doras é irónicas. Comprendia que la fruta estaba á · aguacero algunos trnenos rodaron rimbo111baudo por
q114 rebll8aba cambiar de sido á causa del frío que le punto de caer del árbol y sentlase fuerte con las ar- el espacio y la llamarada llvida y azulosa de los re·
mas que la casualidad y so constancia. le prestaran. lámpagos penetraba en la habitación de Alejandra
lnvlidla todos los miembros.
La cita quedó convenida. El desasosiego de la pas- por el ventanillo y por la puerta. La men~uada vela
Entonce&amp; el pastor Corydón procuró atraerse al hijo, quien encontrando en _s u padre ternura y cariño, tora fué continuo durante el resto del dla. De prisa y que sobre un trozo de ladrillo ardia apagose al so,!o
no se le apartaba casi un solo instante. Dió esto oca- sin cuidado dió de comer al muchacho y al enfermo; de una racha furiosa y nadie se ocupó en encenderla
alón • Alejandra para creer que el mucbaebo iba á y cuando hubo terminado las faenas domé.sticas salió de nuevo; vela el paralitico, al resplandor de loa r&amp;enterar al pastor de tocio lo que vela ó de lo que pa- a la calle; entró en tres ó cuatro jacales de la vecin- 16.mpagos, el grupo formado por su mujer ~- don S~·
saba en ta otra habitación, donde no dejaba de reci- dad y después de vacilar mucho se dirigió A la plaza to, juntos, cui estrechándose sobre el misi:µo baneo,
bir i loa parroquianos, é hizo extensivo su odio y ma- de la hacienda; pasó repetidAS ocasiones frente á la hablando con ardor y bebiendo en el mismo vaso
la volun&amp;ad hacia su hijo, con quien procuraba des- casa grande, y por últ!mo tué A la tienda con pretexto aquel alcohol que les encendla la sangre, les o ~
ahogarse siempre que para hacerlo se le presentaba de comprar algunos artleulos; pero en realtdad lo ba la razón y les desataba la lengua. Los tormenitl
ocuión, aunque fuese por los cabellos trafda. Y el que deseaba era ver al amo para leer en su semblan- que el desventorado Corydón sufrla en aquellos kr'
esiado de Corydón se agravaba. Apena• podla va ar- te si ya estaba enterado de lo que ocurrla y si Don rribles instantes no pueden ser concebidos ni mucho
ticular palabraa y empezaba á manifestar los •sinto- Sixto se babia desmandado en soltar la sin hueso. En menos descritos. La mofa horrible, la risotada insomas de una esclorosis en placas en la forma cerebro- este punto quedó tranquila del todo y regresó a su lente, la afrenta infamante y deshonrosa, clavabau.
espinal, lo cual desesperó más y m&amp;S á la mujer. En casa después de una h()fa.
de dolor intensltdmo en los más hondos sen.a:
Acababa de sonar la de las oraeiones cuando el cie- pui\ales
aquel temperamento depravado, sin freno alguno de
de
su
corazón
~- alli se juntaba también el paded-educación ni de moral; desarrollado en un medio de lo encapotado desde por la tarde, empezó á arrojar miento fisico que le atenaceaba, le mordla los múscll,.•
sobre
la
tierra
torrencial
agoacero
que
convirtió
bien
abyección profonda y de ignorancia crastsima, tanto
los y le crucificaba los miembros; y tt.1do esto u.nido,
mis nociva cuanto que no t&gt;onsistia únicamente en el pronto el piso de las calles del rancho en charcos plln- amalgamado, A la desesperación más irritante, hacia
tanosos
dificiles
de
vadear.
Los
azadonee
al
hombro
de&amp;conocimlento de las cosas, sino en la creencia de
de aquel ser extraño y deforme un simbolo vivo 1
que el mal no era tan malo y por ende no lo era el y el barro hasta las rodtllas, iban los campesinos á desgarrador de la miseria de los campos, producto d-e
desbordamiento de los instintos animales espoleados zanjear el agua en las labores, caminando A través la áegradación: el egoismo sin piedad y los ajenot
por los sentidos; en aquel temperamento de bestia de la obscuridad. La del rancho era profundisima. vicios, que pesan sobre aquella infortunada gente.
brava desatáronse todas las copcupiscencias de la co- Solamente hacia el camino real, la luz del ventanillo Dos ó tres ocasiones log1·ó el pastor incorporarse sobre
dicia y de la carne. No pensaba ya en otra cosa que de Aleja se reflejaba apenas e"n el agua que corria los puños, pero volvió A caer desfallecido, pues A la
en la manera de proporcionarse dinero, y para con- como 1l!1 arroyo por el callejón y ya lamia los cimien- instantánea excitación sucedlala depre1:1ión moral que
seguirlo entregA.base á sus amantes Aquienes explota- tos del Jacal grande después de meterse, inundA.ndolo, le relajaba los nervios, abrumAndole y cmbrutecién•
ba en una explotación tan mezquina como puede su• en el de la cocina. Por eso hubo que trasladar al en- dole. No pudiendo contener más sus angustias Y fa.;.
frlr la gente de miserable condición y exiguos ele- fermo y al chico A la misma habitación que ocupaba

l

p..,

:.\!~

87

EL l.flJNDO.

un mnto.

=•

rores, gimió, solll'S6, irritó ..•• casi Artleuló palabras
(tlJmblJ
tremendaa de maldicion y cólera; pero el zumoldo del
aire las confulldla y el trneno la, abogaba, y deodeübalaa 1• paalón Impura aln percibirlas siquiera; que
en el deliquio brutal de promeaaa infames, de carlclaa
IA luchado
cien veces el pel;gro
lmpur&amp;11 y de llbaclonea na u,ieabundaa, aquellos dos
snrgló á mi paao, y cien veces logre ven•
aerea beallales hablan olvidado huta la exlateneladel
cerle. Yo el conde Lobewlcb,habla deaper·
torturado enfermo,
lado los odios del circulo mis poderoso de
La embriaguez venció por último á don SixlO que ~
rodó d•I banco en que se oentaba¡ lncllnóae hacia él ~ Pelenburgo y a1111 los del mismo Emperador.
la paalOra y procnró acomodarle lo mejor que pudo Kia enemigos eran poderosos y mú.ltiples, como la
cubriéndole con nna ma~ta y reelin/mdole la calieza
oobre durlaima almohada que dijéramos estar henchi- sombra sigue al cuerpo, la acechanza peri;{'gula mis
d&amp; de guUar_roa; pero as! y todo, el humanista empezó pasos.
Durante mi estancia en la Siberia Oriental, muchas
• roncar lnrioaamenie, dormido de modo tal, que todas laa tempestad•• del diluvio no alcanzaran A des- veces tuve q°;e errar por las estepas, acompañado sópertarle. Alejandra habiase tendfd. en el rincón lo de un m~ila y oeullándome bajo un disfraz olum•
opneslO, cerea del lugar donde su marido y subijo se pre dlstlnm y eternamente peligroso. En Irkutk, una
amonktnaban; y ya comenzaba i querer pardear la
maftana, cuando en aquello habitación no habla en noche fnl agredido por un uftcial cosáco, á quien dos
Tela más que un Inmenso dolor que se agigantaba horu después dejé tentlido sobre la nieve, con una
por momentos en 1\D desgarrado y sangriento cor&amp;• tremenda estocada en •l pecho. Hui, burlando más
iwn que desfallecla.
que la acción de la jlUlticia, la venganza de mis ene1Qu6 punzada tan agnda la que •inlió al •nterarse mlgoa.
fle lOdo aquel cúmulo de Infamias v tralcionea! S.,nLa polflica obseurecla mis y más la atmósfera que
&amp;fue solo y abandonado ab11olutauimite; nu\s abando•
me
rodeaba y en medio de aqnelias negrura, de nonado aún que cuando \'a.gaba con hambre v sed por
-deNIII espinosos y agrios r.ellucah.,s• oin eopoaa, sin che sin ~trellas, me levantaba luminoso, brillante, sohfjos Y sin semejan~ stqu era. En ~qut-1 t"nton_e H berbio. Sin estn:llas be dicho¡ ah, no t Un astro pálido
&amp;enla embotado el aenllmlento y la razón ofnaeada. como la luna, cuya luz de plata azulea la nieve de
La necesidad nalca filé más poderosa que el abrum&amp;• ml8 querida, eatepaa, Iluminaba mi corazón, Oiga la .
llliento moral en que rayera cuando la t'Dga de su es•
~ - Pero ahora, aunque Bfl encontraba impoaibill• dnquesa, Olg"i el alma de mi alma, el amor inmeuao
iado para moverae y agobiado clo dolores, el sentt• qne como fuerza extrall&amp; levantaba mi eaplrltn y formiento habm d"8pertado fntensam1•nte, y aólo le con• llfteaba mi Taronll entereza.
solaba en su amargura hacorae la llualón de que en el
De ves en cuando recibla yo nollclas de ella. El
eorazón de la p,rJura, quedaba, para ralentarlr un Duque Alejo, sn hermano era un adversario mis te...io de calor, siquiera fuera tau •débil como •I que
fllllia dlarlamonte j111110 al fogón cu! apagado de la rrible.
Sofocadaa un \&amp;IIIO, las paalonea, calmados en parte
eoclu y que apenaa b1111taba á d1'8entnmecerle loe
mlembraa. ¡Qué Inocente y sin malicia-pensaba- los odios y 6nglendo ml8 enemigos qne me olvidaban,
camdo creyó que en pago de 8118 vic,ios servicios y de regrea6 á Craeovia deapu6a de contar con las IIÍDlpa1118 deherea cumplidos, lioy qne se encontraba pobre llaa y el. apoyo de loa Covacon del Don.
J eafermo era eo11ahlerado por sus amos que de balde
Oiga, me esperaba. En silencio y con la may~r cau•
lf daban un rincón dondu dormir y esconder sus dotela
logré verla y una noche enloquecido por lá p&amp;·
limclaa y proporcionaban, además, á sn esposa una
-•ra facll de mantenerle! Y ante todo, ¡qu6 felo- alón la dije: Oiga, nueatro enlace ea lmpoalble, la vida
!11&amp; 1 qu6 lngralltud las de aua anllguoa amlros y hu• sin 11, no puedo quererla y estoy resuelto A todo.....
• Jaa de su compadre de pila, que tan falso inleréa le ¿A qué? me interroJrÓ,
-.,bao cuando iban á visitarle &lt;&amp;al t\ diario t AboMis ojos despidieron un fulgor siniestro.
A l&amp;bla ya cual era el motivo por qu6 no se separa•
-A morir si ea preciso--conte.-.té.
)an de sn casa¡ ahora sabia tamblen de donde prove·
-Y III yo te dijera.-Teheamado siempreyteamarb.
.ia el millerable mendrugo con que ,oetenla su menaun, no nos separarémos jamá8.
pado cuerpo.
-Imposible! Morir tú?
Sacudimiento espantoso de rebelión sinlló dentro
4el alma, y como si A: el correspondiese la meequlna
-No, no se trata de eso, debemos \Flvtr, ti. para m
._...ol&amp;ura di! su eat'lle, Incorporóse rápidamente, easi causa, yo para alll&amp;l'le y ser In compailera á despe•
J!OD facilidad y aln doh,nclaa; y cual en otro llempo,
'""168 paralizado,¡ sus miembros, pudo arrutrarse, cho de todos .
La resolución de Oiga, me causó espanto. Crol no
lllrv!énauae de los brazos y laa manos. Tra,paaó el
.
·
pabral del cuarlO y se dirigió a\ la nopalera que babia entenderla.
,jru el solar: alll llegaba el limite def eaaerlo por •se
-Huyamos, me repetia con voz dulce y muy _baja,
Ciado 1 empezaba el potrero; ancho y profundo vallado mlentraa su cabeza de Diosa Griega cala Indolenteéereábale por IOdaa partea. A raotl'&amp;II entre el lodo . mente sobre mi hombro.
que le salpféaba huta el pecho, llegó al borde donde
-Hnlr? ¿Y tu hermano el Dnqne Alejo? Y tn ho•
Jetoreido tronco de huisache exteildfa sus ram~s sobre
nor mismo? ¡Oh mi Oiga!
la profundidad al mismo nivel de la tierra.
-No bu dicho, que ea1áa resuelto a todo?
El cielo, despejado en partes, bafiáhaae"en las ento-llaclones &amp;perlada, del alba. Hacia el oriente se agio•
-SI.
meraban las nubes cenicientas y plomizas como enorPues entonces, por que dudas. La venganza de
mes humaredas orladas con reflejos de acero. El sol Alejo, la burlar~mos ambos ó la sufriremos loa do,.
acababa de asomar; pero ni un rayo de su luz alcanzó
• romper la rapa de vapores. El pastor alzó loa ojos ¡Mi bonlfr? ¿Qué importa á loa demis? Si fúlgido, ela•
al cielo buacando la luz; y las nubes se arremolinaron ro, esplendoroso luce para ti. ¿Acaso me amarás me_.. en aqnel instante al soplo de una ráfaga de vien• nos porque buyo contigo para amarte sacrifteándote
'w, Desfajóae el ceñidor, atándole en segulda por un qulza, mi vida y siempre ya mi nombre?
eabo á la rama del árbol más próxima al vallado. Con
-Esté. bien, Oiga, huyamos. ¿Amarte menos? jamAs.
el otro extremo hizo un lazo corredizo quu pasó por
Y
estrecb6 contra mi corazón aquella cabecita ado·
el cuello, y arrancando de lo m4s hondo de sus entralas un SU8plro que era como la condensación de todos rabie.
-M&amp;iiana por la noche, siguió diciendo ella, saldré
W dolores que arrojaba de si, aspiró con fuerza el aire
~6medo y fresco de la mailana, como el creyente que en trineo y lo abandonaré á la puerta del palacio de
Jinira los celestiales consuelos después de la confe- la Condesa Wilhemina. Sin perder tiempo acudiré al
;Jilón: acordóse del Criador cen más inten•idad que sitio en que debas esperarme.
bendijolo en su interior y murmuró entre
-¿En dónde?
les: l Bend!IO sea Dios que me saca del mundo t
-Al ple de la tnmba del Conde Patoeki.
lll siflora
de la Soledá y la, Animas benditas me acom•
~
.
-Hasta madana.
r;1.,:, Con la eara hacia arriba, haciendo palanca de sus
-Que Dios no, proteja.
r~ s y apoyando vigorosamente las palmas de tas
'.J llallOS contra el cenagoso borde del vallado, con em:Mi Mujlk, Pedro, el hombre fiel como el perro, el
~ feroz ~hó,e hacia adelante y uedó colgado de
rama crujiente y temblorosa, con as piernas torci- hombre que jamAs me abandonó, aguardaba A la en•
y el cuerpo dislocado, semejante á la figura de trada de la ruta de Kosciuscoberg.
• -ranas intoxicadas que aparecen en los tratados de
Oiga, cumplió su palabra; al borde de la tnmba del
,~-,,p6ullca.
patriota Patocki, nos juramos amamos siempre y huiUn pilido r&amp;TO del sol rompió un punto la masa de los
• • orientaíes, en el instante111ismo que el repique mos, en medio de una noche negra y espantable en
We las campanas se ola A lo lejos, alzándose al espacio que la nieve cala, cala impalpable y muda.
IIOIBo la oración de loa pobrea. humildes, sencillos y re·
...,A.dos, que piden al cielo ilumine las sombras de la
Deberíamos embarcanios para cu,lquier pals y dlas
![serla, de la ignorancia v de la abvección en qne ea• despuéa de nnPStra fuga llegamos al puerto de Odessa.
_,. hundidos.
•
• •
La vtspera de embarcarnos, Oiga reclinada en una
l'&amp;lanuel 9oa Otltón.
&lt;J/aaia-louge jugaba dislralda con la felpa sedosa de
ru abrigo de piel de zorro azul. Yo de codos en una
:llanta Marta del Rlo, 1895.
mesita velador, dejaba vagar mis pensamientos en to-

Js1:,ca;

•
••

1

•••

do lo obaeuro del pasado y en la eaplendoro•a eJarl.
dad de lo por,renfr. Amado, dueilo de Oiga-, muy
pronto lejos de mis mayores enemigos, la ,rida 811 un
pala hospitalario y desconocido me ofreela la calma
animada por mi esplritu cansado en la adversidad.
Oiga, lennlll la cabeza y fijando en mi &amp;118 pupllaa
luminosn.i, me dijo de pron&amp;o:
• No peosomoe más, dej6moa que la suerte decida de
noeorroe. ¡.Por qué no 1- algo? Mira, aqul hay un
llbrn, Y señaló sobre el velador un volUIDen de rleaa
past&amp;.'i.
Abrf el tomo, eran unos cuenl08 fanlúlleoe y Jei
maqniualmen~ lo que sigue:
•La nor, la hermosa flor, úlllma exploaion de eojorea Y perfumea del genlll coral, la codiciada de las
brisas y los insectos de oro, estaba enamorada, que
la, flores también aman y sueiian.
·
La flor, la hermosa nor, le dló 1111&amp; cita á la mu bella mariposa, la de alas de cristal y ruo.-,Cu,anclo
el sol huya, tra, las altaa montaiiaa y el cielo 1'IM n
clámi~e de púrpura, ven manpoaa gallarda, te abrtñ
mi cal1z y embriagada por el perfume dormlrú , _ .
da sobre mi corola.• La noche ea el mi8$erlo y lol que
aman buscan el secreto.
Oiga Y yo nos vimos con una mirada profuada,.Slgue, me dijo ella. ·
. -•Y el moatruo que te guarda?&gt; preguntó la manpoaa.-•No podrá vemos y al noe ve murámoa. 4'l,d
no amas?&gt;
Oiga Y yo volvimos á miramos.-, Vendré cuaiMlo.
el cielo se cubra de púrpura y el sol huya.,
La gallarda mariposa acudió á la cita, llegó á la
flor, la hermosa flor y agilll 8118 alllal de cdal&amp;l 7 rll'
so, la flor, la hen¡oaa flor la envolvió en au perfume
y se besaron.
EnlOneea desde una rama alta por 1111 hilo
que oscilaba al viento, descendió pausado y ~ Jdlel&gt;,
clo el monstruo que lfn&amp;rdaba el rosal. Era una i.,
rán~a horriblereve,llda de negroa terclopeloey
cend1ó, descendió pausada y silenciosa.
La fior, la hermqsa fior cerró violentamen&amp;eaa. broche que quedó lleno del polvo de oro de las a1aa de
su amante y la tarántula aprisionó á la mariposa, la
mariposa gallarda y subió con ella por el hilo ligero
que osellabaal viento y la penumbra de la noche cercana hacia mis negro el jubón de terciopelo del
monstruo. La tarántula ea la fatalidad.,
Cerré el libro, Oiga se levantó y vino á enluar 1111
brazos redondos y blancos a\ mi cuello,-la faulklad
no se ha hecho para nosotros, dijo.
En eae momento sonaron dos golpes á la p - y
los pasos de varias personas.
Oiga palideció.
• -•Abrid,• dijeron, y resueltamente abrl. Treo po,
hcias rosos penetraron a\ la estancia. Uno de ellos me
presentó una orden ftrmada por el Emperador.
Oiga, fui\ conducida á San Peteraburgo llevando
sobre su frente mi último beso, el polvo d¡ oro de mt
amor infinito, mariposa de mi alma.
Yo ful deportado á Siberia. El moutruo de la venganza me babia aprisionado para alempre eomo la
araiia del cuento. Yo el conde Lobewlcb habla aldo
vendido.
La tarAntnla ea la fatalidad.

as.ro
ae.

1895.

1d.

L.uulABAOA PolmJOAL.

EPILOGO.
Sus ojos se entornaron sobre los blancos hielos
De las altivas cumbres agonizaba el eol;
Y de las densa, bruma, lru de loa amplio• velos
Quedó flotando A solas, inmóvil, en loa cielos,
El llvido cadáv&lt;'r del último arrebol.
L~_lun'.l, como un arco de nlvea luz cuajada,
Subto con lento paso de lo infinito en pos;
Y entonces reclinando la frente inmaculada
Sobre mi pecho,-•mira!-me dijo mi adorada:¡Qué barca tan hermosa para bogar los dos I»
JuuoFw-.
En una portería:
-Buenos días, portero.
-Buenos díu.
-¿Como vá de salud?
-Perfectamente.
-¿Y la porlef!&gt;?

-Buena,gr&amp;ClllL
-¿Hace mucho tiempo que está u,ted C&amp;llldo?
-Diez afloo. Pero ¿qué quiere u,ted de mi?

-Nada. Conveno con u,ted porque al por la calle he vi,to un cartelón que dice: "Hay que hablilr al portero.

�15 SEPTIEMBRE, 1895.

EL MUNDO.

88

PRENSA MEXICANA

r.
.-•.-.

Páginas extracrdinaruuJ.

DOMINGO 22 DE SEPTIEMBRE DE 1895.

Tomo JJ.-X1ímero 11.

l
Decano de la Prensa Mexicana.
MEXICO. -Lunes 2 de Septiembre de 1395.

Tomo 108

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14 ae $ep!iembre1en

roé11ico.

Dibujo por L. Izagnirre.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Colegio de San Nicolás de Hidalgo</name>
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        <name>General Porfirio Díaz</name>
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                    <text>15 SEPTIEMBRE, 1895.

EL MUNDO.

88

PRENSA MEXICANA

r.
.-•.-.

Páginas extracrdinaruuJ.

DOMINGO 22 DE SEPTIEMBRE DE 1895.

Tomo JJ.-X1ímero 11.

l
Decano de la Prensa Mexicana.
MEXICO. -Lunes 2 de Septiembre de 1395.

Tomo 108

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14 ae $ep!iembre1en

roé11ico.

Dibujo por L. Izagnirre.

.

',.

�22 SEPTIEMBRE, 1895.

EL MUNDO.

90

-- - --=·--=
Trovador, la gallarda caléndula
guarda un silfo, pequefi~ y alado,
y ese caliz perfumes encierra
misteriosos, y ricos1 y vagos.

PARA ELL_;,\.._.

Av

El, POETA.

sus cadencias serán de tus versos,
sus arrullos son dulces y castos.

en las ramas colgó de los ,ílamos,
v adelanta tranquila y radiosa
~obre el limpio zafir del ei;;pacio.

EL POETA.

Ha llegado la cándida noche
coronada de albores mny pálidos,

Ya la noche se acaba 1 y las cuerdas
del latí.d al amor no han vibrado,
Ya de vuelta it la alcoba aqui tengo
de la selva rumores lejanos.

no la obscura, la inmem:;a, la triste,
en que flotan tinieblas y tr.ífgm,.

Regia )lusa, yo quiero que tomes
mi laúd en tus mórbidru; manos,
v de arrullos, v hígrimas llenes
)' ternuras y b~sos, mis canto~.

Opalinos reflejos de luna1
heliotropos azules y blancos,
cuchicheos de nidos y frondas
y canciones de ritmos extraño~.

Son para ella! La virgen querida,
la que lleva en los ojos dos astros,
la hermosura que fué modelada

Tienda su ala de luz la cadencia
amorosa y \'ibrante del canto, .
frase ardiente, en que suenen mis besos,
himno augusto que entonen mis labios.

como Diosa en pentélico mií.rmol.

Son para ella! La luz de mi erisueiio,
la que me hace vivir, la que amo,
la que reina en mi espíritu siempre,
la que pudo tornarme su esclavo.

LA lIUH.

Es ya tarde, el ensueño sus alas
ha tendido amoroso y callado.
¿Que no veS que ya a\'anza la Aurora
y con ella una vírgen de blanco'?

LA ~ffSA.

¿Quieres tiernas estrofas para ella,
ritmos dulces, ardient-0s reclamos?

¿Quieres versos de aroor1 pensamientos
perfumados y bellos Y 91aucos?

Y,[, POETA.

¡Ah, sí, es ella .... ! L't luz de mi cielo!
.. Dame todas mis rosas, mis nardos,
mis fulgores de luna, mis ritmos,
pensamientos ardientes y casto:;:.

Pues marchemos los dos, ya la noclw
á son.ar nos con vida, partamos;
en el cielo hay fulgores de oro
y en el bosque hay gardenias y nardos.

Son para ella! La vfrgen queri.dn,
la que lleva en los ojos dos astros,
la hermosura que fué modelada
Como Diosa en pentélico mármol.

··••· ·· ·····························
Ya lo ves, ese rayo de luna
ql1e en las ondas se baña temblando
servirá. como engaste de plata
á ese negro, sedoso geranio.

:MANUEL L.&gt;\RRA~AGA

PoRTUG.u,.

$rita. \!ucrecia (!as{ellanos.
(DEj\IElUDA, YUCATAN.)

María, inquiere la razón que funda
Lo que le oculta la. verdad austera
- &lt;[Son rojos los billetes de segunda
Y azules los billetes de primera.,

DE VIAJE.

Y luPgo dice, sin tachar de necio
El argumento lógico, aunque raro
- &lt;¿Por qué el color de sangre tiene un precio
Junto al color de cielo, menos caro?,-

Mis chicuelos y yo vamos de viaje
Que así la pena sin sentir se pasa;
Juan y ~largot deslumbran con su traje
Hechos en los talleres do mi casa.

Ya vamos á partir¡ si algo ocurriese
No ha. de turl&gt;ar mis dulce:; regocijos,
Furra una gran fortuna que muriese
Al mismo tiempo y junto' con mis hijos.

Con guardapolvo de percal verdoiw
Del mal trato del tren Margot se escuda,
Y Juan con gorro inglés luce orgulloso
Un ancho paletó de holanda cruda.

Sonó el último toque¡ cruje el suelo;
Hu \Te el tren como víbora. espantada;
¡Adios! flota á lo lejos un pañuelo,
Después un grupo informe, luego .... nada!

Envuelto en gasa el rostro de :\!aria
Tan grave r reflexivo me parece
Como el de uua mujer y lo seria
Con dos Abriles más¡ hoy tiene trece.
Juan ya sabe en el coche de primera
Qué luiar preclilrcto le conviene
Y si abren para dentro 6 para afuera
Las puertas de cristal que el coche tiene.
Ya alzó 1\[argot las toscas persianas
Sin levantar los vidrios, porque teme
Que se puedan meter por las ventanas
Las chispas de la máquina y se queme.
Y ya Juan preguntó, pues siempre fn~gua
Para matar el ocio alguu secreto
Si el vaso ó el depósito dd agua
Están limpios y cumplen con su objeto.
Ya va á partir el tren; sonó la hora;
Hay que abunir ''liez horas de camino;
Ya empenacha á la audaz locomotora
El humo en gigantesco remolino.

OEPTIE11BRE,

1895.

í!.as piearas eternas.
(TRADUCIDO PARA CIEL MU!iDOn.)

No has oido? En la rama Yecina
hay un nido y amor alza nn cantoi

Blanca luna sus chaleH U.e nieve

SEGU:NDA SERIE.

22

Mis chicos están mudos, meditando
Que todo junto al tren va de partida ....
Rocas, arboles, flores, v·a n pasando
Como pasan los sueños de la vida!
)iargot, que en impaciencia ya se abrasa,
Que todo se le va 1 supone leda
Y yo digo á la vez, la vida pasa
Como un tren de quien huye cuanto queda.

La ventura que surje en el camino
Como sombra se va; tal es la suerte ....
¡Qué tren tan engañoso el del Destino!
¿Su más bella estación sera la muerto?
Hijos: las dichas de viajar conmigo
Mas tarde las sabréis; son las venturas
De caminar con el mejor amigo
Custodia y luz do vuestras almas puras!
J uAN nE D10s PEZA.

1891

QEn ti albunr

~t

&lt;enriqueta.

Mi•dulce amiga: con las triste¡; notas
del herido candor que por el suelo
se arrastra y tiende á remontar el \'Uelo
goteando sangre de sus alas rntas,
mi amante corazón sufre y aspira.
cubierto con andrajos y con galas,
tocando el polvo con sus rotas ala::;,
y elevándose al ciclo con su lira.
No temas que e.n el eco ele mi canto
vaya envuelto el dolo1· hasta t~ oillo:
yo diré que se ahogue, al alando,
y que en sonrisa. se convierta, al llanto;
que en la. copa á mis labio::; destinada,
en que á veces rebosa la amargura,
hay un fondo tranquilo de el ulzura
á los labios amigos reservada;
que entre hojas secas y marchitas flores
de la senda que cruzo en esta vida,
con un rayo de sol vive ence.ndida
la rosa virginal de mis amores;
que en el mar proeeloso en que me agito
en fragil barca., mas con rumbo cierto,
alumbra el faro de seguro puerto
con la luz sideral de lo infinito,
y me alumbra esa luz cuando desmayo,
y así, mi paso vacilante avanza,
¡que ilumina la luz de la Psperanza,
como ilumina en la tiniebla el rayo .

.... ........................... .. ...

Yo te puedo cantar, porque en mi lira
donde suena el dolor algunas ,·ect:s,
hay el aliento de las dulces preces
del alma que á. la vez ora y: suspira.
Yo te puedo cantar, que la amargura
en soledad apuro gota á gota,
y tengo para ti una dulce nota 1
manantial de cariüo y de ternura .
Allá en tu corazón guarda, Enriq u eta,
esa nota vibrante que te mwio;
que no pierda su timbre en el \'acio
al salir de la lira del poeta!
MIOt.:EL ULLOA.

El.A no lejos ele Roma una aldea de la cual
los guías no hacían mención jamás. Ningún viajero se preocupaba por descubrirla,
porque el sitio era demasiado mediocre; y
Yanamentc las gentes de la comarca se esforzaban en
detener á lo:; que pasaban y les de.clan con un herma•
so gesto y un suspiro de admiración: Com/8 pittoresco!
' En consecuencia, esta aldea no solamente era eles·
conocida sino muy pobre. Poscia sin embargo una
fuente de agua perfectamente pura. Los financieros
se preguntaban si tal fuente no era capaz acaso, como tantas otras, ele curar tudas las enfermedades.
Los médicos fueron consultados: analizaron el agua
y no encontraron más que agua. Decretnron que las
virtudes curativas ele ella eran tanto m!i.s admirables
cuanto que no tenían explicación; esto era una espe·
cie de milagro por Jo mismo y había que inclinarse
ante la experiencia.
-~
.\l
El réclame fuó hábilmente hecho, los extranjeros
afluyeron, en pocos meses los pobres se convirtieron
en mu.,· ricos y ese si fué un verdadero milagro. Se
edificaron desde luego trrmas espléndidas, con una
clistri bución poco cómoda, pero clásica, ~- t~n la cual
cada una de las salas llevaba un nombre tomado de
la antigliedali. Se construyeron hoteles suizos, con
alumbrado eléctrico ':' ascensore!:I. Por últim. , se suO"irió un proyecto de ~sbtenrn.tización &gt; de la aldea
(.~i.,;femazine.) Los planos eran magníficos; los palacios debían reemplazar á las chozas. ~a alineación
de los edificio.s fué rectificada; no se querían más calles viejas y tortuosas; las largas avenidas rectilíneas
debían 1:ortarsc en sentido rectangular. Había ya 1;i•
tios plantados de árboles 1 plazas y un velódromo.
Pero no se sabia,µor ejemplo, como manejarse respecto á la iglesia. h:st;-1., contrariaba siempre las perspectivas y .se presentaba de través, al soslayo. Rompia todos los ejes y rehusaba hacer, como suele decirse, buena~ migas con nadil:'¡ de tal suert(': que los
arquitectos y los ingenieros, al cabo de algunas combinaciones resol vieron unánimemente derribarla y que
darse sin iglesia ó reconf.truirla de nuevo, de manera
que no desarreg·lase sus simetrias.
Pero entonces los ancianos de la aldea se acordaron
de una ef;pecit:i de leyenda ó profecía que habían oído
en tiU infancia y que decía así, poco mas ó menos:
~Podeis demoler si os place la casa que vuestro padre
ó vuestro abuelo ha construido, Y reconstruirá vuestro
gusto otra morada ó arrasar ef suelo y sembrarlo ele
snl ó de ziz.i.ña. Pero no toquéis á la ]glesia de Dios:
ella es eterna así como es eterna Roma. Y de la misma manera que Roma no es la obra de tal ó cual O'eneración sino la obra continuada de todos los siglos
desde el origen del mundo; y como Dios mismo ha
puesto sus fundamentos 1 las manos de los hombres son
impotentes para desunirlos y transformarlos.,
El Concejo l!lunicipal ch:jó la cosa en tal estado; en
cuanto al arquitecto encargado de los trabajos, poca
gTn.cia le hicieron aquel oniculo enfático y aquella
pretendida eternidad. La iglusia no .era más qu•~ una
construcción informe y poeo firme 1 destituida de todo valor artistico. Pcrtenecia :'l la peor época de la
arquitectura y daba una triste idea de la colaboración
de los siglos.
El plan parecía incoherente. El estilo era de un
g·usto barueco 1 con lineas curvas en todas aquellas
partes donde juRtanwntc Jn, lógica exig·ia lineas rec·
tas; con una profusión ele ornamento~ que parecían
distribuidos como Por apm•sta y con el fin de desnaturalizar todos los 1.:foctos ele la construcción. Por úl·
timo los santos colocados &lt;·n los nichos estaban tan
llenos de trapos tan inflados con ellos que paroci~n
mo\'idos é impulsados por un viento tempestuoso y
no se les podía Yer sin que despertasen la sensación
de una corriente ele aire. Toda esta colección de adefesios estaba ckterioracla y roída como la mampostería
de u11a fuente donde el agua rubota constantemente
y los materiales no debían de ser sino yeso que al pri·
m.er golpe de barr&lt;.&gt;ta se dcsgregaria, como esas pequeña~ itmpulas de vidrio fabricadas en Venecia v
cuya punta ba.,;ta limar para que se pulvericen.
·
El arquitecto echó sobre su conciencia el peso todo
del sacrilegio 1 y no pidió más que ocho días pan\
dt.&gt;sembarazar al país de aquel mamarracho que quien
sabe qu(~ profetas habían declararlo indestructible. __;
Y en efecto, dcscfo que se comenzó á atacar la portada, todas las molduras complicadas v contorneadas, se despn•ndieron en grandes trozoS. Caían c0mo las .~iczas de una decoración de teatro y pronto
aparec10 la armazon á la cual estaban groseramente aplicadas. Pero se \'ió entonces que aquella armazón de la construcción última, era nada menos que
una iglesia m.is antigua 1 rlc un arte más severo y más
precioso. 8(, prosiguió el desprjamiento, pero con
circunspección; y pasados los ocho días, la comarca
n? estaba aun desembarazada de su iglesia como ha•
hrnn prometido los demoledores, sino que la ig-les.ia.
era la que se hallaba lib1·e &lt;le la costra uniforme que.
cubría la bella ordenación del plan y la sobria macstad de las fachadas. En seguida ]os obreros puiéronse :.í despeg·ar las dalas y encontraron debajo

EL MUNDO.
grandt•s picdrai; con ornamentos en relieve, usadm;, é
in~cripciones semiborradas por los pies y las rodillas de lt1s de\·oto.s.
.-\. la vista. ele. una. tan ht-lla. obra de arte, que resucitaba como por milagro, desprendiéndose de ~u su•
1lario, los arquitl'ctoi:; n1e.;ilaron 1 pero intervinieron
los ingenieros,,· declararon que la ruina uo ofrecía
garantía alguna ele solidez y en nombre el(•. la segu•
ridad pública. exigieron tiue se demoliese, cuidando
sólo de que los trozoN quedasen intactos para r e partirlos en los museos.
Los demoledon.•s ¡msíéronse pues á atacar el segundo lecho del enlosado. Esta.ba formado de bloques
enormes. Cuando fué separado el prinu~ro casi en su
totalidad, empezó á balancearse como una báscula.
Un obrero perdió pÜ' y se precipitó en una cripta cu·
ya existencia nadie suponia y J;L gran piedra, girando sobre i;u eje ctejó ver hnt:llas de mosaico. l:nton·
ces hiciéronse girar de la misma :suerte todas las pie•
clras :r el mosaico fue reconstituido en su conjunto y
los arqueólogos emitieron la opinión de que la iglesia, anteriormente libre de 1-iU rnciente;: grotesca en,-oltura, no era más que un edificio relativamente moderno1 construido en aquC'I sitio con los materiales de
otra iglesia de antigüedad admirable.
Alg·unos espíritus sag·accs .\· prudentes penetraron
de!:-dtl luego el sentido de la leyenda. Comprendieron
como aquella mü.erable ig·h:~sia de aldea, poclia lla•
n111.rse eterna:· obra de los siglos. Intentaron desar•
mar á los Yecinrlarios que se encarnizaban contra
aquellas reliquias, pero se vieron obliga.dos i~ recono•
ctr que las tales reliquias 1despuós de tantos atentados,
se d&lt;:'hilitaban ~· no porlian ya tenerse. en pié. Las
bó...-edas se dobleg;aban aun cuando estaban íiosteni·
das por poderosos contrnfucrtPs; los pil;ues aunque
reforzados, se inclinaban y se hundían.
La pica de los albañiles acabó de destruir las bóvedas; y en cuanto á los pilares e,staban hechos ele ladrillos, tan mal unidos que se pudo separarlos uno á uno
con 'os dedos . Pero detl'ás de esos ladrillos se encontró una materia dura, piedra ó mi'l.rrnol¡ fueron cle.scortezados pacientemente. los pilares y salieron á. luz
las columnas de un templo antiguo que habla sc1Tido
dearmaduraá 1.a primera iglesh~, como Csra :'~ la segunda y la seg·unda aún á la tercera y última. Y los más
ciegos comprl?'ndieron por fin la palabra misteriosa
que significaba que, desde el primer dia del mundo el
hombre comenzó ii construir In, casa de adoración y
de plegaria, que los que ,Tinie.ron después no hicieron
otra cosa que subre cargar la obra de sus antepasados
y que es una locura arrasar para n~construir de nuevo, ~amo si las existencias, la fo y el pensamiento datásen solamente de hoy.
Sin embargo 1 loi:. notables y los artistas no sabían ya
que partido tomar ,r discutían hasta la saciedad. Los
trozos de columnas, pnmanecin.n tle pió, bajo el cielo.
Los piljaros del cielo tomnron posesión de los capitele:; delicadamente cubiertos de frondas ~· construyeron sus nidos entre el pertil de las volutas y el costa~
do &lt;le las hojas de acanto. Cuando sus lrnevos Prnpo~
liaron, lle,·ai·on á la hernlH"a _,· ft los pe.qltef1os, granos
que frecuentemente se 1·s1:¡.¡pahan de sus huches dema•
siado nutridos. Esos g-ranos calan en la tierra generosa y germina.han. Llegada apenas la primera estación1 apan•cieron algunos tímirios \'·t&gt;getale.s¡ mas
tarde. fueron tallos 1 lle:;pues, llrbo!Ps y i;e, formó un
pequeño bo~qu~.
Lo.s hombres resolvieron por l'iltimo (lesplazar las
preciof.as columnas y todos aquellos ref.tos dl·l arte
antiguo, que enYohTinn ltt.s plantas parásitas y que las
raíces ele la tierra habiau acabado por roer, pero no
osaron tocar :í. los ArbolC's que fueron st•mbrados por
los pájaros del cit&gt;lo .,T regados por IIL llu\'ia de Dios.
Lo::; jó\·enes árboks propol'cionab1111 ricmasiada sombra para abrigará la meditación :Tií la pll'g·aria, pero
Rus troncos esbt•ltos, sus ramas nudos1L-;, sus folla.jes
aclolecentcs, ni inter1:epUhan toda la. h•.v ¡Je! sol ni ce•
rrában todo ('Sl'ape hal'l,t el infinito. Aquel pequeño
bosque til' parecía iL los bosques sn.gradostle otro tiempo, Yino :'t ser d punto ilc reunión de todos aquellos
que no tienen necesidad do nltares ni d11 templos para
rni-ditar sobre las Yenla(\t-s im1wreced(•rns. Y fué así
como Sl' l'ncontró de~pués rle tantos tra.bajos, la. mas
antigua.,· hL mejor &lt;h~ la:,{ iglesüts: la que Dios mismo
se t&gt;rijió ~· en la cual le place ser conocido.
Anm, HER:\IAXT.

PERLAS NEGRAS.
XVII
Quién es?-Xo sé: á. V{'ces·, cruza
Por mi senda, como el Hada
De los sueños: siempre sula!. .....
Siempre mudl't.!. ..... Siempre pálida! ...... _
Su nombre? No lo conozco.
De dónde viene? A do marcha?
Lo ignoro! :Nos encontramos,
~le mira un momento y pasa:
Siempre sola! ...... Siempre triste! ..... .
Siempre muda! ...... Siempre pálida! ..... .
Mujer, que pareces \Yilli
De teutónicas bala.das,

Ha mucho, ¡mucho! que llevo
Tu imagen dentro del n.lma!
Si las soinbras que te cercan,
Si los misterios que guardas

91
Deben ser impenetrables
Para todos, ¡calla, calla!
Y o solo ansío tu afecto,
Yo no te pregunto nada!
Buscas quietud y olYido?
Yo también, El mundo cansa.
Parr.iremos lejos, lejos
De la gente, á tierra extralia,
Y cual las aves que anidan
En pagodas solitarias,
Confiaremos :.í. la sombra
Nuestro amor y nuestras ansias ......
XVIII
Yen, acércate más! El campo umbrío,
El cielo torvo /' el ambiente írfo1
Predisponen e alma á la tristeza.
Ven! apoya en mi hombro tu cabeza,
Así, juntos, muy juntos, dueño rnío!
Hablemos de tu amor: de aquel sofiado
Amor! Cuando el imderno desolado
Reyna doquier y p1Uidas se auyentan
La ilusión y la fe, ¡como calientan
Los recuerdos benditos del pasado!
Ven, acércate m,ís, mi dulce dueño ......
Y en tanto agita con tenaz empeño
La niebla gris su colosal cimera,
Sobre nosotros vuelque la Quimera
Ehínfora impalpable del Ensueñ.o!
XIX
Yes el sol, apagando su luz pura
En las ondas del piélago ambarino?
¡Así hundió sus fulgores mi ventura
Para no renacer en mi camino!
Mira la luna: del!lgarrando el velo
De las tinieblas, ú brillar empieza.
¡Así se lemntó sobre mi cielo
El astro funeral de la tristeza!
¡Yes el faro en la roca carcomida
Que el mar inquieto con su espuma alfombra?
Así radia la fe sobre mi vida!
Solitaria, purísima, escondi'la,
¡Como el rostro de un ángel en la sombra!
XX
Rindiúme al fin el batallar contino
De la vida social¡ en la contienda,
Envidiaba la dicha del beduino
Que vive en libertad bajo su tienda.
Huí del mundo á mi dolor extraño.
Llevaba el corazón triste y enfermo
Y busqué, como P,~blo el Ermitaño1
La inalterable soledad del yermo.
Ahí moro, ahí canto, de la vista
Del hombre huyendo, para el goce muerto,
Y bien puedo decir con el Bautista:
Soy la to:: del que dama m el desi.erfo.'
XXI
-Aguila, ce.se tu \'Ueloi
Aunque los Andes escalas,
Nunca podr,is con tus alas
Tocar las cumbres del cielo.
--.Poderoso es mi vigor
Y llegaré, no lo dudes!
-A. tales excelsitudes
Tan solo llega el condor!
Alma que vas anhelante
De ciencia infinita en pos,
Detente: la Ciencia es Dios
Y Dios ...... está muy distante!
-Traspasaré el firmamento.
- Y guíen te dad vigor'?
-Yoy en alas de un candor
Atrevido: el Pensamiento.
XXII
Virgencita, ya cayeron en redor las hojas secas.
Los crepúsculos no lucen regia púrpura ni galas
Y la escarcha, como lino desgajado de las ruecas,
Leve cruza por el campo, de los cierzos en las alas.
Allá, lejos, en los fl'ancos sin verdor de la colina;
En la falda de los montes, en los húmedos collados,
A la márgen de las fuentes, se ac.urrucn. la neblina,
Cual rebafio de corderos1 de corderos fatigados!

Yirgencita1 ya en el alma no hay ensueños ni ilusiones.
Como pJjaros medrosos se lanzaron al vacío,
En demanda de otros nidos: los ardientes corazones,
Y murieron asaeteados por la llu vía y por el frío!
Yen conmi~o, vote ofrezco tibio hogar, embalsamado
Por la goma cte lÜs troncos que crepitan y chispean ...
Soñaráli', mientras los cierzos con acento fatiga?o,
Ya sollozan,¡ tus rejas 1 ya en la cumbre del teJado,
La balada del im·ierno lentmnente canturrean.
AlL.\D0 NERVO.
PRO\.ERIUOS TL"RCQS.

-Yo soy senor; tu erefl :-efior. ¿Quién ensillará el
caballo?
-Xo cortes 1 en público, la cola, {L tu asno. Unos la.
encontrarían muy larga, los oti·os muy corta.
-No te arrojes al fuego por evitar el humo.
-Mil lúgrimas no f;Olventar..ln uná. sola deuda.
-~fil coraceros, no poddn despojar á un hombre clt:.•s•
nudo.

•

�22 SEPTIEMBRE, 18\Jii.

EL MUNDO.
~==================

ELIIIUNDO.

92
V'iia. Ell!a Ptff.a.

Srlla. Sora Aburlo,

(!ombate

Srüa. Jl.tría Oi:&lt;icl y.dd,)Jarrin.

93

ae flores.
f

_, ;,

~~

_,,

~

, -- ·w¡

.

- . . ... . Je veux acheter.
-¿Me va A cachetear? Lo veremos, gringo del diablo, y hecha una furia se levantó,!eogió una piedra y el zuavo se fué riendo.

PERUCHO, NIETO DE PERIQUILLO.
POB;UN DEVOTO DEL PENl!SADOR MEXICANO.-Ilustraclones de .IZA.GUIRRE.

l( CONTINUACION)
-Que siempre me quier&amp; como hoy, asf, como en
este momento.
- Lo juro.
- Por quién?

•

aatalla

ae flores.

Sr. Jlanud Garrido.

Sra.

o.:cu Afaro.

Sra. Jfaura .d.

(U: Garrido.

Instintivamente, pues m3 salió del alma la respues•
ta, le contesté:
¡Por mis lagrimas,!
Volvió á oprimir mi brazo con el suyo; me miró co•
mo nadie me habia mira.do hasta entonces, y como
ni ella misma volvió á mirarme jamis y me dijo en
voz muy baja:
-No vivo en Tlalpam¡ nue:stra casa está frente á la
Alameda, cerca de la Santa Veracruz, número tantos
Y yo salgo en las tardes á paseo; está tan cerca el
j&amp;rdin que solo estando enferma no voy
-Alli nos verémos Angela.

CAPITULO ,xIL _.
~

....

De cómo se operO un.a trasformación ea las co.stnmbres á la
llega.da de lo3 franceses y cómo las j11zgaba Don Agutio
en la casa de Perncho.
La entrada de los franceses cambió la faz de la capital de la Repú.blica y la de mi casa.
En todas partes se hablaba frc1.neés; :se recibían periódicos de París, se ·ostentaba.a retratos del Emperador Napoleón y de la Emperatriz Eugenia; se citaban
aventura:1 de 103 jefes invasores y se les almiraba
por corteses y elegantes.
En las principales casas habla oficiales alojados
que invadían los patios con SllS enormes caballos Arabes y SlHI asistentes q11e a.Ui encendlan l11mbre para
preparar pú.blicamante la comida1 el café y aun el pa.n
con que se alimentaban .

Todas las fondas se llamaron restaurants, los mesones y las posadas hoteles, los cuarteles caserna
(los muchachos les llamábamos casernas); las dulcerias y pastelerías, confiterias y patiserias; los niños
ya no comprábamoi chochos y pastillas sino bombones; las señoras iban á comprar sus mejores joyas A
las bisuterias y en vez de las Ch.oles, Lupes y Lolas
que antes les arreglaban los vestidos, comenzaron las
Oelinas, Valerias y Elisabetas A imperar como soberanas de la moda.
Al caldo tradicional 1 con sus rebanaditas de chile
verde, s11s gotas de limón, sus garbanzos en el fondo de la taza, reemplazó el consommé diáfano y
hllmeante; las prosaicas costillas: milauesas fueron
bUStitllidas por los entrecates y los asados de pollo
con su,; cogollos de lechuga y sus raba.nitos escarola-

�94:

·¡
1
·¡

EL l\IUND0.=====~======22=SE=P=T=IE=•M=B=R=E'=,1=8=9=5·=

Lo que u1e da lástima es lo que. les pasa A los solAntes se llamaba taller una. fábrica, un lugar de dados franceses en la plaza¡ los vendedores se rien
,~os, por el poulet sauté, con chícharos sautfis ó con trabajo y ahora significa otra cosa. Un amigo me dimucho con ellos; ayer se acercó un zuavo á una mucresón que hasta entonces se habla llamado berro.
jo ,a:--er en la calle: voy á ver al taller que me hag-a jer que vendía nueces y le preguntó:
Todo cambió de nombre en un instante y un pobre
una levita. Figúrese usted, taller le dfren al sastre1
- ¿Combien?
Tiejecillo que Yisitaba mi casa le ll,ccia á. mi mamá cordonier al zapatero 1·obe al túnico, y mantón al tá1
-Le convienen? pues tómelas.
una noche, apretántlose la cabeza con ambas manos: palo. Ya no nos entendemos,
.Las comisarias se lla- Appartient á. vous.
-Ay señorita! estos gabachos todo lo han descomman bw·ós de police como el bu1·ó de junto á mi ca- A partirlas? Primero se pelan.
puesto; ayer fui á comer á ,La Gran Sociedad, y he ma; le llaman ra!ieto al que. rasura} poche á la bolsa
- Comment s·apellen en espa.gnol.
lleYado una mortificada atroz.
al'gent al clinero y diner á. la comida.
--;.Si, también las comen y las pelan los españoles.
-¿Por qué señor Don Agustín?
- i Cuantas palabras señ&lt;,r Don Agustín!
-Je ne comprend.
-Porque me encontré con que ya no sir\'"en cria-Antes comprábamos ramilletes 1 ahora bouquets;
-No me las compra?
do8 sino caballeros¡ todos de frac y corbata blanca 1 yo ya no puedo hacC'r ni decir nada. Pero eso si, pa·
-Rlen.
figúrese usted, y yo que iba con mi sorbete tan viejo, san por las tardes con dirccrión á Bucareli unos ofi- Riéndose?
mi saco color de. ala de mosca y mi paliacate; qué cialC's que parecen de azúcar; muy rubios1con herm~-Oh! no! je ,·eux a.cheter.
mortificación señora! Cada mozo me parecía Diputa- sa barba¡ los képis y las mangas con muchas labores
-(\le vá á cachetear? lo veremos gringo del diado ó Ministro de la Suprema Corte ele Justicia.
de espiguilla de oro; magníficas espadas; ele~antes
Entró al gran com('dor lleno de espejos y ,i sobre monturas; caballos como el ele Troya que está a. la en- blo ahora lo Yen\. v hecha una furia se leYantó, cogió' una piedra~- ei zuavo se fué riendo .-¿Y qué potodas las mesas unos alcatraces ele género blanco, for- trada llel pasl!Oj sus pipas de barro blanco, el fouet
mando caprichosas figuras, parecían azucenas, flori- en la mano v echando ojos ;\ todas nuestras paisa- líticos son el:itos franceses? Ya en las esquinas de su s
pondioi:;1 floreros ele porcelana r ¿qué piensa usted nas que van· en los coches y que Dios me lo perdo- cuarteles han pu('sto unos letreros que dicen &lt;i: Defense de piser contre cr mur &gt; y un pobre peladito que no
que eran, sr1lora mía?
ne, se mueren por todos estos extranjeros. Es cier- cntendia ni pizca, infringió la ley y cuando llegó el
-¿Qué eran Don Agustín?
to que con los guantes tan limpios 1 los uniformes tan
policia francés le dijo¡ pero yo que hago? no estoy
-Las servilletas! Hasta el doblez, la forma y el g(~Y"istosos y ese garbo que han dado en llamarle ahora
pisando á usted 1 esto.v haciendo otra cosa.
nero de las servilletas ha cambiado.
Don .Agustin sabia la lüstoria ele todas las familias
Medió mortificación desdoblar aquella flor ·de tra- chicle.
-Chic 1 señor Don Agustín.
po, pero como otro~ lo hacian 1 lo hice yo también y
antiguas
,v odiaba á los liberales como al diablo.
-Pues chic ó vomo sea, marean {i nuestras relamime encontré junto ú. la copa, unos ganchos, como ban-Vea usted le elijo un a.migo; quiteles 1lStcd á los
da¡; pataratas.
dolas de reloj, con un cordón de seda azul, blanco y
liberales las leye,s de Reforma y la Constitución y no
-~o se parecen A los oficiaks nuestros.
encarnado, ¿Para que sera esto? Al volver los ojos
-Hav con raras excepcione:'!, quienes se lPs parez- les queda defecto.
me encontré con un francés que estaba comiendo y
-Eso si, re8pondió el vh~jecito; si á la tarántula le
can1 pe;·o tantos eran los trapientos y los desaseados,
vi que babia enganchado su servilleta y se la puso á
quitan
lo que tiene de tarántula, me almuerzo seis taque me alegro que los vean para que aprendan a sosguisa ele babero, así corno los baberos que aquí le ponintulas.
tener y cuidar la limpieza del vestido.
Católico fervic.:nte, comulgaba todas las mañanas y
nínn á Perucho para que no se manchara la ropa ..
-Y usted no va á ningunl\ parte?
Figúreme usted con babero, señora, yo tan calvo,
salia decir á sus más devotas amigas:
-Si sellora; para nada sirvo prro en todas partes
-1:.a no comulguen en taliglesiaporqueestan cl antan afeitado y tan ,iejo.
entro; antes tocaba una que otra zara.banda en el clado mrns herejias de hostias que no se- pueden pasar
·E staba en esas fachas, cuando se me acercó un
,e; tod:wia hace un año servía para hacer ruido y que
criado, un señor de frac á quien todos le gritaban: ,qarbailaran la ,·arsoviana; !l. usted le acompañé alguna sin lastimarse los dientes.
En aquel cuerpo diminuto y seco; detrás de aqu el
zón, garzón, supongo que ese será su nombre porvez la. ~Rondinela peregrina, pero ahora, apenas toque llertenece á la familia de los Garzones y me preaspecto eclesiástico y rancio; escondido en aquellas
co en la iglesia el órgano en losdias en que repican
rcwas que parecían regaladas por un camarista de
guntó con imperio:
recio~- l'Oll e~o me conformo.
Otf&gt;onoju, palpitaba un corazón honra.do Que se en-¿Come usted á la cartal
- ;.Y es usted tan conservador·como siempre?
-A la carta? respondí, ¿qué carta es esa? yo no
tristeció mucho desde el día en que vió entrar á los
-)las que nunca¡ quiero para Mexico un gobierno
im·m,ores.-Queria un gobierno reaccionario pero
soy buzón para comer cartas.
imposible: Felipl--'. II, la Inquisición y Don Feli.x Mª de
-Esta, agregó, mostrli:nclome una lista impresa y
mexicano; detestaba a los franceses y más a los norCalleja y )n1~ espantan todos los adelantos. ¡Qué peque tenia un marquito de madera con su maugo para
teamericanos, diciendo á menudo al hablar de ellos:
luquerías las nuevas! A mi m1i gustaban las antiguas
~del norte ni el aire porque da pulmonia, ,
cojerla cómodamente.
•
con la yacía ~· con la bola que le metían á uno en la
-Ah! la lista, veremos que guisados han hecho ....
Y aquel pobre viejo, verdadera biblioteca de anéc·
tráigame usted lo primero, esto que dice aquí y espe- boca. para que iufiara el carrillo.
dotas, decía suspirando: cada Yez que los her rados
-Jesús! qué asco.
cascos de los caballos franceses resuenan en las caré el resultado.
-Un tlia :ne ocurrió preguntarle al barbero si no S(\
Vino á poco el cri" do trayéndome en una cosa que
lles de mi patria, siento sus pisadas en mi corazón, en
babia tragado álguien la. bolita y me respondió con
no era ni plato ni taza, algo que no era ni caldo ni
calma: si señor} muchos se la han tragado pero la han mi dignidatl 1 en mi orgullo de mexicano.
sopa y que le llaman con.i;omé,
Lo convida.ron para que tocara el órgano en la catraido al día siguiente.
-Muy bueno ¿ne es verdad smlor Don Aguntin?
tedral, en el "Te Deum &gt; á. que asistió el General Fo- Y sabiendo esto la usaban sin recelo?
-Que bueno ha de ser eso! Una agua hirviendo
rey y el viejo siendo tan devoto y tan sumiso, les con-Estaba muy bien liwada, 8eñorit:1. Ahora le pocon que sin duda la varón la olla del puchero ....
testó
á los canónigos:
Vi después un letrero muy raro: Pieles, á ver1traiga nen á uno chambelán, es decir, el barbero sopla un
-Tengo muy duras las manos para poder tocar detubo
y
riega
C'
l
rostro
del
cliente,
le
escupe
hi
cara
y
usted pieles y c•rnn aceitunas 1 pepinillos y cebolletas
lante de e8tos señort&gt;s.-Y no asistió á la funci ón reni quien se enfade por tal desacato.
en vinagre.
ligiosa.
Mamá riéndose le preguntó á Don Agustin: ¿Con
No podian mis rlesdentachls cncias con aquello y peEra Don Agustín tan devoto que en su modesta sadí entonces higaditos a la Bombé porqu(". e!:it0 de bom- que le sorprendieron á usted lo8 criados dé frac?
la por mejores adornos se veían esculturas sagradas
-¡ Como no, señora! Qué diferencia tan grande de
bé me pareció muy sabroso.
y entre estas un Señor ele la Columna, con espaldas
los ramo~ y las ramas de apio que sirven á los quesou
-¿Y que era señor Don Agustin?
tan ensangrentadas y tau deshechas, que un gato
-Tapas de tacones con tinta, sellara; una chanfai- como yo de medio pelo. Tenia mi mujer una criada
consentido cada vez que las miraba se lamia y relade
esas
y
la
mandó
á la Yivienda de enfrente para
na más dma que una piedra. Pedí luego un Vol-aumía las fau~es como si estuviera frente á u n buen
i;ent y reS-.ltó un pastelito con un ostión en salsa de que preguntara cómo seguía el pobre de Don Jacinto trozo de carne cruda.
mi Yccino que estaba muy malo 1 y la esposa de éste1
El mundo es un teatro¡ la vida una comedia¡ los
harina.
Desesperado le dije al mozo que me hiciera fa·:or de que por cierto era muy buena persona, salió llorando
mortales los actores, y la vanidad el argumento de
traerme dindón roti y la acerté entonces porque resul- y le dijo: Dale á la scfiora de Don Agustín las gracias
carla nuevo sninete que representamos.-Nada cam~· dile que Jacinto sigue grave;quenolefaltan lacras;
tó guajolote- asaclo.
bia tanto la faz de la sociedad como las comedias poLei en la lista Punch á la 1·omaine y me fueron sa- que C'l mC:dico le mandó una lavativa de capitaneja, líticas y con la llegada de los franceses cam bió la
pero
que
se
ha
puesto
tan
malo
que
le
estamos
dando
liendo con una copa de nievf' de limón con aguardiensuerte de mi familia. Volvió mi casa á llenarse de
el atole con pistera porque ya no lo puede paím.r.
te, señorita. Estos hombns toman nieve en medio de
aduladores y farsantes; en un abrir y cerrar de ojos
¿Y qué piensa usted que nos dijo la indita cuatrera?
la comida; de veras que jamás se habían visto aquí
reemplazaron
á. los muebles viejos y destartalados
- -Ya me lo figuro.
cosas tan extrañas.
otros flamantes y vistosos; mamá lució de nuevo su!!
-Pues
fué
á decirle á mi mujer:
Horas de Hebra decía en la lista y allí estaban las
-Niña: que allí están Don Agustín y las ·Garcías. joyas que habían sudado sangre en el :\Ioute de Pieciruelas pasas, las almendras, las aceitunas y hasta la
Que el sefior del recinto sigue grávido¡ que toda In dad y yo vestí trajes de tl'rciopelo y de castor que
mantequilla 1 colocada graciosamente en unas eonchinoche ha Yomitado alacranes; que el músico le man- causaban la admiración y la en,•idia de mis compatas de porcelana.
dó una la,ativa de pita cartajena; que se la han pues- ñeros.
Lo último se llamaba Desierto y me dió una tristeLa sóciedad femenina se animó como nunca, y los
za como la que ha de causar encontrarse en f'l verda- to con un palo y ahora le están dando el atole con
paseos
y los teatros, presentaban un aspecto encandero desierto¡ alli se comprenden los postres; yo espe- pistola para que no se le vaya á pasar.
tador, pues semrjaba11 verdaderos jardines de fl ores
-;Jesús!
¡Jesús!
¡qué
sarta:
de
barbaridades
1
1·aba tomar una buena conserva de pera ó de clura1.110
eso si era tan respc&gt;tuosa que un día le dije: humanas. )fuchos oficiales franceses eran recibidos
r me trajeron una perita mal cocida en agua de:azu- dile-Pero
:\
mi
mujer
que ffiP, mande mis pantuflas y foé á en las casas principales, donde por sus títulos de nocar y que le llamaban compota. No vuelvo á estos
bleza y sus buenas cartas de recomendación los tradecir: qui('re el señor que le mande sus pan usted fias.
restaurantes del demonio r prefiero canto llano y bataban
con familiaridad ,. cariño.
-Y qué¿era eso?
lona antigua, mi sopa de tallarín y mi puchero con su
Por todas part('S se veían unüormes, sablci:1 1 cruces,
-Que habia de, ser! Le pareció que le hablaba ele
rodilla de 'carnero.
tú á su arna y cambió el tú por usted- En la botica. y en las noches se llenaban los balcones y las venta·
Ya estoy muy viejo para comer á la moda. Y si
nas para ver pasar al sonar las echo ¡\ lo:; zuavos que
por zumo de agritz pidió zumo de atrás y se enfadó
viera usted que en las nev~rlas también ha entrado lo
recorrían las calles tocando la 1·etreta de Crim~a.
el boticario.
moderno y que en vez ele la nieve de granito heclrn. de
En la Alameda Y en el Paseo tocaba la música del
1st Era un estuche de disparates aquella mujer, mienlimón ó de rosa 1 están fabricando helados de pisfac,he
tras que ho~', ya he visto en las casas ricas unas cria- 99 de linea y acudían á escucharla las más bell as Y
verdes como hoja de Io.chuga y dañosos como ars~nico.
elegantes jóvenes de la aristocracia.
das que parecen señoras muy ilustradas.
-¡ Todo se ha trasformado!

EL MUNDO.

22 SEPTIEMBRE, 1895.
En los teatros la animación era escasa al principio
pero en el de Itnrbide se estableció el Yaudeville ,'.
alli se fijó el centro ele alegrías para la solda.dese~
extranjera,
Yo, entretanto 1 crecía y me desarrollaba rápidamente. No estaba conforme con lo que sucedía en mi derredor, pero á mi imaginación infantil parecía todo
aquello una gran comedia tle milgia. Oía decir que
pronto vendrían un Emperador y una Emperatriz á
gobernar con mucho talento y con mucha pompa.
Los retrato:, d.! los futuros soberanos conían de mano en mano; se vendían en todas pa.1'tes ~~ aparecian
en todos los e!:iC'aparatl•S de lns casas de comercio,
Las alabanzas que se prodigaban á la hermosura física Y moral de aquel!os elegidos de la fortuna, eran
tantas y tan entusiastas que no he v-uelto á oír otras
mayores.
Embebiclo 1 cautivado por el amor ele .A_r1 ,,.ela co, para nu' 1as 110ras con rapidez ,·( rtig-inosa;
ª ' mis
rn_an
pr_1meros s~ciios, ?1is ilusiones mi1s puras, no me perm1tian medir el tiempo ni fijar la atención en los serio~ Y embrollados asunt?s que eran temas ele conversación en las diarias y concurridas tertulias ele mi
casai asl e,s que- de pronto oí decir que ~·a estaban en
Veracruz los mona.reas tan ansiosamente e:,pera,los.
yna noche llegó mi paclre diciendo á mamá con
tristeza:
-Si supieras, hija, lo que ha rni;eclido en nuestro
primer puerto, te entristccerias.
-¿Qué ptt::di:1 dímelo sin demora,
-Que han recibido tan fríamente á los soberanos
que la Em! l\ratriz al notarlo se ha puesto á llorar como una loca.
-Tan frio ha. siclo el recibimiento?
-Xo tirnes idea. Como la mayor parte de la socie~la.cl Ycracruzana. la constituyen comerciantes PxtranJeros ~ue no si~patizan con la causa imperial, é hijos
tlel pats} mu,\' l1berales 1 al saber que llegaba la fragata. &lt;Novara&gt; conduciendo á los Archiduques de A ustna,cerraron algunas casas como en sefial de duelo v al
desemba1·car los príncipes encontrarnn la ciudad triste c~rno un cementerio, De aseguro que ni á los Arzobispos ele )léxico y !\lichoac!m y al Obispo de Oaxaca que llegaron allí últimame11te les hicieron recepción tan desairada.
-El General Santa- Anna, llegó con ellos también.
-Si, llegó casi al mismo tiempo Y desembarcó después de haber firmado una promes~a de no mezclarse
en a~~ntos politicos, pero corno en Orizaba expidió un
mamfiesto muy significativo, el Gobierno ordenó que
lo llevaran á Yeracr11z donde lo reembarcaron para
el extranjero.
- Y en todo el camino habrán hecho iguales desair es á los Emperadores?
. -No hija1 no: en Córdoba, á pesar el~ haber llegado
a las dos de la mañana porque se rompió d carruaje
qu e los conducía y tardaron mucho en componerlo,
toda l.a población los ~~pe.raba. llena de entusiasmo y
en Orizaba fueron acoJ1dos con delirio pues las señoras
los escoltaron y el pueblo quiso desenganchar los caballos y conducir el coche . ...
-Eso le hicieron á Santa-Ana muchas veces.
_-Pero los Príncipes no pormitieron este homenaje.~1c~n qu~ el Cura del Naranjal, con dos topiles y dos
md1tas primorosas, en medio de más ele dos mil indios
ofreció al Emperador en nombre de estos una flor mu;
rar a y hermosa, y una paloma. blanca.
¿Les habrán adornado todo el camino?
Dicen que en Orizaba1 en la garita de Escamela} les
formaron un salón rústico precioso; dentro colocaron
un trono, delante de él una mesa cubierta de terciop elo carmesí 1bordado de oro; encima de la mesa había una charola de plata y sobre ésta un cojín con las
llaves de oro de la ciudad,
- j Que lindo ha de haber sido todo esto!
~~o que encantó á los orizabeños, fué mirará los
p rmc1pes confund~rse con la multitud y andar á pie,
n o_po~ la acera.1 smo por el empedrado, en la calle
P nnc1pal para dirigirse á la Parroquia.
-Es decir, que son muy llanos.
-Mucho, hija mia1 oye lo que dice esta crónica:
cEI Em_pera.dor después del Te-Deum quiso irá pie
d esde la 1glesia hasta su palacio: tomó del brazo á la
Emperatriz y echó ;\ andar. Empezó á llover un poco,
estuvo á mano un paraguas, Su rnajrstad le tomó, se
puso su sombrero r siguió adelante, con la misma llan eza con que un hidalgo de provincia coje clel brazo
á su mujer y la cubre con el paraguas si la lluvia los
sorprende en la calle,
-No, si los que na.ceo verdaderamente príncipes
no son en su trato déspotas ni orgullosos.
1

- Es claro; la buena educación se mama. Han salido de Orizaba encantados, ~· en el camino han recibido corn;tantes o,faciones. En Puente Colo1:ado La Cañada y San.Andrés Chalchicomula, han sido saÍudaclos
como enviados del cielo, lo müm10 que en Acatzingo
y en Amozoc.
- Estarán contento¡; de los mexicanos.
- DebC'n de estarlo, Hombres, mujei-es y nifios les
han regado la.urdes a su paso.
-Y á. dónde están ahora los reyes?
-Están en Puebla, donde los recibieron con tal explen~idez que no hay memoria de fiesta ni de regocijo
semeJan~es. Me escribe un amigo diciéndome que ni
á Jesucr1to recibil'ian de ese modo 1que las calles y las
torres de la ciudad 1aunque llenas de cicatrices po~r los
p~·oyectiles de tantos combates recientes, estaban cubiertas de rosas, de laureles 1 de colgaduras 1 ele retratos Y que ha habido Te-Dcum, bailes, banquetes y una
alegría nunca vista.
Parece que los prlncipes han ido á visitar Cholula
en medio de las más cariñosas muestras de cariño 1de
adhesión y de entusiasmo.
-Vaya por Diosi todo esto le habrá quitado á la
Emperatriz las mala$ impresiones.
-.Ya lo creo; mañana 1 día nueve, saldrán para esta
Capital y creo que estarán entre nosotros el dia once.
Hay en las familias tal contento que no puede explicarse y en el comercio un rn&lt;'virniento como januls se
habia Yisto.
-¿.lrcmos nosotro:. á la Villa. con la familia de )fa.
rürno?
. -Probabl_ementc, puos solo te digo que llega á doscientos c•l uumero de carrnajcs que están en lista v
que ha.n de acudir A Guadalupe.
~
-¿Sa.bes Pedro, lo que Don Agustin me elijo anoche?
~Alguna de sus extra.vagancia;,
-Dice que si el Emperador nos trata como archiduque de Au~tria nos muele pero que si se mexicaniz:t
lo molernos 1y h1ego agregó: este giiero tiene trazas
de no ser muy católico y me temo qud le gusten más
los puros que la conserva y entonces haril. un pan
como unas alpargatas.
-Don Agustin no entien&lt;le ele esto.
-Hijito; mús babe el diablo por viejo q ne por diablo,
-No lo creas; los conscrvaclorC'-S han traido lamon~rq~ia; Nap.oleón la sosticne;Austria es muy crttólica.,
Bdgica lo mismo y no hay esperanzas de un desengaño.
-Yo dr&gt;:sconffo mucho de los alemanes.
-Pero si ~-a los príncipes son mexicanos y hau aceptado para siempre esta tierra como su patria.
-Si, hijo, si 1 todo eso estará. mu.,• bueno, pero si á ti
Y á mi nos nombran emperadores de los chinos y
aceptámos á Chhia como pátria, ni á ti te sale trcmz~
n~ á
se me achiquitan los pies, ni se nos tuercen los
OJOS, m entendemos el idioma y nos puede pasar lo que
al pobre de San Felipe de Jesús, nuestro Santo mexicano, que lo crucificaron de cabeza.
-Ya Don Agustín te voló los cascos.
. -Es que .he pensado mucho en estos señores que
vienen; acucrdate de Itu1 bide, Pedro; quien sabe como a~abarán estas misas y te lo digo sin que nadie
nos 01ga, no querría que te metieras en camisa de once varas.
-La suerte está echada, yo creo honradamente de
la mejor buena fe, que esta inmigración europea 'impulsará. el progreso del país y lo robuste_cerá frente al
coloso del Norte que de continuo lo amenaza. Solo
por esta idea y también por la de mirar extino-uiclas
las luchas civiles, acepto el Imperio con todas s~s consecuencias.
-Dios te ilumine, Pedro, Dios te ilumine; dijo mamá suspirando y clavó en mi padre la mirada con
tanta tristeza corno si presintiera desde entonces las
catástrofes más grandes de nuestra historia.

m!

CAPITULO XIII.

Donde se da cuenta de cómo se recibía y se estimaba en las
altas clases á los nuevos soberanos.
No recuerdo el nombre de la familia en cu,·a casa se
celebró una tertulia de que fui concnrrent;, · sin que
se me hayan olvidado con el trascurso de los añoi; sus
mas mínimos pormenores.
Allí se retrataba el espiritu de la mas alta sociedad
en aq~ellos tiempos. La aristocracia, enloquecida por
el arnbo de un soberano, elegido h su antojo, forjaba
las más-extravagantes quimeras y coruetía, hijos de
su locura, los actos de humillación más degradante.
-¿Ya sabes, Teresita, que la Emperatriz ha nombrado en Veracruz sus primeras damas de honor?

95
- No sabia nada.
. -Pues si; cuatro damas principales de nuestra sociedad han merecido esa honra tan alta.
.-¡Ay! Y~ quisier~ ser dama de tan lincla princesa,
Eso de v-est1rla y pernada y o becleeer sus caprichos
han de ser tareas C'llvidiables.
'
-Tl' equivocas; nada de eso hacen las damas de
honor. Es muy distinta una &lt;:arnarera de una dama.
~sta _solo a~ompailará á. su soberana ú. las grandes
1 eum~ne_s1 a los pa!:iC0s, a. las vi!:iitas de establecimiento~ pubhcos,. pero jamás será camarera, rnodinta ú
pcma~or_a,_ ¡m lo permita Dios!¿ lóndt&gt; iriamos á parar
las prmc1pales y m{1s distingLlidas 1111:xicanas 1sin·iéndolc de maullantas á la Emperntriz1
-¿De maullanta.-:? ¿qué quiere decir esQ?
- Pues hija, tú si que eres boba. Las personas ckcentes les llamamos ma-ullantas á las gatas, di!ro, á
las criadas.
..,
-No babia caldo en cuenta.
~Yo esper~ ser nombrada, porque tú lo ~abel'.I bieu
nadie ha. arriesgado tanto su fortuna como .
'
rido.
nu ma-

- Y el mio1 agregó otra scfiora; desde que se impo
qu~ venían de emperadores esto.-; pdncipes tau sirnp~t'.cos_, se. ha, reno,·ado la casa completa.nll'nte. Xo te
cl1rc mas ::::1110 que hasta las caniisas dt· los c-aballos SP
han hecho nuevas.
- ¿También eso?
-Claro, y es natural; nosotros tcnemri;. mud10s títulos, nuestros perg~minos, aquí se nos conocía hasta
hoy por los Arda.y snnplernente, pero tiempo es ya de
que todos sepan que somos los marqueses de Arday
~ue el l~ma de nuestra casa, viene desde los caballe~
ros med10evales¡ que somos parientes de los reves godos y que si nadie habia hecho caso hasta
d •le·cuelo que s.iernpre hemos ostentado en la po~tczcuel:
del carruaJt, todos lo respetarán l'n lo i;ucesivo
-Nosotros! int~1·rumpió un pollueloi d,•, los q1~e entonces se llamaban dandy:;; descendemos de tres reyes....
·
-Si, murmuró en voz baja una. sefiora, de los Reyes magos1 porque esas pasas que tiene en la tabeza
esos labios regordetes y paraclosi y esos dientes co~
mo gr.ano~ de maíz de Texas, no rcTelan un linaje
muy hmpto.
-Y l(ls nuevos Emperadores reconocerlm todos los
~itulos que en l\Iéxico tenemos, heredados ele la meJor nobleza de Ca1;tilla?
·
-Ya lo creo. Se va á. nombrar una. comisión para
que estudie fa limpieza de sa11g-ei así parn los que
ocupen empleos en la Corte, como 1iara los que quieran casarse.
-Me alegro; así se conocerit la gente decente, porque la verdad es que todos vi ,•irnos en esta sociedad
revueltos y confundidos. Si hubiera que darle un
no.mbre á este guiso social, se le llamaría. olla podrida.
-Hay tantos advenedizos.
-Parvenus, señora, interrumpió una joven.
-Pues parrenus; como usted quiera, el hecho es
que mucho~.queantes eran asistentes han logrado con
la rev~luc10n llegar á Generales; muchos mancebos
de botica son médicos de campa.fía. y los he visto en
el cuerpo médic.o militar, Yistiendo uniforme v cort~ndo brazos y piernas á los infelices soldados· como
s1 fueran hábiles cirujanos.
'
-Creo que el Emperador corregirá todo esto.
-Sin _duda alguna. Todo se va á centralizar porque el •:nstema de federación ha hecho imposible el
adelanto del pais.
-¿Por quC opina. usted 1 de ese modo?
-¿?ómo por qué, señora? Cada Estado era antes
1~n remo con·sus pretensiones de independiente y ele
neo; cada Gobernador un reyezuelo dueño de vidas
Y haciendas¡ cada cong1·esito, es decir, cada Legislatura1 una convención francesa llena de oradoreS v de
decretos fulminantes; cada cacique un árbitro o~nipotente en cada pueblo; cada Constitución de Estado
una ley distinta y no les diga á ustedes de cada código especial porque esto es horrible.
-Eso si me parece muy malo.
-Como que resulte\ delito en una parte l'J que en
otra es un mérito y no es posible entenderse con tantas jurisprudencias tan distintai,; y tan embrionarias.
El Emperador vendrá á unificar todas estas leyes y
sobre todo A mandar el, solo 1 sin que nadie lo aconseje ni lo contrarie, ni lo aturda.
- -¿Y no habrá Congreso?

ho,:

(CONTINUARÁ)

Asegurada la propiedad literaria, conforme á la ley.

•

�96

EL MUNDO.

22 SEPTIEMBRE, 1895.

•

P/J.ginas extraorrlinaria.a.

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DOMINGO 29 DE SEPTIEMBRE DE 1805.

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Tomo IL-N'Ú:fnttro 12•

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&lt;roronación ae la °0irgen ae Guaaalupe .

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§)Ilmo. \' Nmo. Sr. D. (ln!onio Planearle \' !.!abastiaa.
Abad mitrado de la insigne Colegiata de Guadalupe. Obispo in partibus de Conatanza é iniciador de la coronación.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>96

EL MUNDO.

22 SEPTIEMBRE, 1895.

•

P/J.ginas extraorrlinaria.a.

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DOMINGO 29 DE SEPTIEMBRE DE 1805.

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Tomo IL-N'Ú:fnttro 12•

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&lt;roronación ae la °0irgen ae Guaaalupe .

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§)Ilmo. \' Nmo. Sr. D. (ln!onio Planearle \' !.!abastiaa.
Abad mitrado de la insigne Colegiata de Guadalupe. Obispo in partibus de Conatanza é iniciador de la coronación.

�29

ELJl.!UNDO.

98

Páginas i!Heraria!&gt;,
:¡¡Jrisiontrll!i 1111'fÍCallll.!í.
IIISTORICO.
(A LA ME.'10RJA DEL GE:-l'ERAL JOS.E l(ONTESINOS.)

I

SPUES de la heróica rendición de Puebla,
os invasores enviaron :t Francia muchos oficiaes mexicanos, en calidad de prisioneros de guera.
Se ]es trató duramente al lle,•arlos á Veracruz, tanto
que muchos hicieron el camino á pie, sin alimentos, sin
abrigo, sin consideraciones de ningún género.
Los embarcaron en buques de segunda clase y le:, daban por mejor comida, gal !etas agu1:1anadas, restos de las
que se fabricaron para 1a guerra de Crimea.
Era preciso remojar aquellos panes que parecían de
madera y engullirlos para no morir de hambre.
Llegados á Francia se les rcpar~ió en diversas poblaciones y ei1 ellas vivieron llenos &lt;le privaciones, con exiguo
salario, hasta que un día. se les hizo saber que los que reconocieran el Imperio de Maximiliano y juraran no tomar nunca las armas en defensa de la República, serían
traidos ,t su patria, conservú.ndoles su grado mil itar con
el sueldo y las consideraciones debidas, y los que no ee
juramentaran quedarían para eiempre en Francia expuestos ,t los horrores de la miseria.
La indignación de la mayor parte de aquello.3 oficiales
fué inmensa. Algunos, débile8 de carácter prestaron el
juramento exigido por ~at&gt;0león III y en breve tiempo
reszresaron al suelo mexicano.
Ütros, patriotas de corazón, se negaron &lt;Í. la humillante
propuesta y prefirieron ~aportar la pobreza y h\ muerte
en tierra extraña, antes que ser infieles ;Í. su cansa.
Para glorh\ del ejército, hay que confesar que fuer0n
muchos los que así pensaron y que desde el día en que
no les dieron un céntimoi lie btIBCi-lron toda clase de trabajo honrado1 yendo alguno~ como e l actual General Manuel F. Loera, ,¡ marcar tercios en la Aduana para comer
l.n poco de pan y eRperar mejores tiempo!-..
Más de cincuenta de estos oficiales heróicos, socorridos
noblemente por algnnos cs¡&gt;añoles distinguidos, entre
ellos, el inohidable y egregio üeueral Prim, decidieron
irse de Franci,l á. Espaila, pi\ra hablar la lengua de sus
padres y estar al amparo de la proverbial y nunca desmentida. hospitalidad castellana.
Un gran grupo se resolvió ú. Yidr en San Sebastián de
Guipuzcna y en ese grupo se contaba el bravo oficial D.
José~Iontesinos.
San Sebastián es uno de los m,ís hermo~os puertos de
la antigua madre patria. Su playa es sin duda de las mejores del mundo para la estación balnearia y el car1.í.cter
de sus habitantes es honrado 1 sincero, franco y discreto.
Alegro las campifias que rodean al puerto 1 los ecos del
tamboril, los melancólicos zortzicos y la. fresca sombra de
los espesos robredales.
La sidra, llamada allí ,-ogardía y superior al champagne
por su fuerza y sus condiciones, es la bebida favorita de
vascongados y nada hay m1'is pintoresco que las fiestas
campestres, los bailes populares, en aquella región sana
y pr1 vilegiada.
Campos exten.c;os, cuyo silencio lo turba el cencerro de
las vacas 6 el doliente campo de los pastores; montañ.as
cuyos alegres picos se revisten de neblii.u.1.S1, forman el camino para llegará San Sebastián1 especie ae ánade blanco que se baña en las ondas azwes de un mar siempre
agitado y hermoso.
A tan bello puerto, hoy emporio del progreso y de la
alegría en los me.~s del verano, llegaron los oficiales nuestros y se hospedaron juntos en la casa de una respetable
seño1a.
Confesaron á. ésta lo grave de su situación y ella les
dijo:
-Nada importa, señoritos, á ustedes se lea ve en la cara que son buenos y mientras yo pueda les daré habitación, comida y ropa limpia y ya me pagarán cuando puedan. ¡Pobrecitos de ustedes! yo sé bien que e.stánsufriendolo que sufrieron aquí nuestros padres el año de ocho.
¡Vaya! pues no faltaba mií.s que hablando la misma lengua y siendo desceudientes de espatioles, yo les cerrara
mi casa. Vivid y tratadme con franqueza. Dios os dará
para pagarme y si no, eerá lo mismo.
-Señora1 le dijo Montesinos , nosotros corresponderemos á la nobleza de usted. Si no nos envían recursos ya
los buscaremos; somos hombres, sabemos trabajar y lo
que anhelamos es encontrar ~caaión de _volverá la patria
para librarla del yugo extranJero 6 morir en los campos
de batalla.
-Claro¡ hijos de españoles; aquí se quedan ustedes y
habrá pan para todos¡ no mortificarse, ni hablar de nada
trii~· ea, la sopita de ajo está en la mesa y hay preparado un' cocido con cada garbanzo como una manzana y con
un tocino que ni en la mesa del Rey lo han probado
nunca.
Con tan generosa patrona vivieron los oficiales muy
contentos pero un día Montesinos dijo á varios de sus camaradas:
-Es preciso hacer algo para que no se diga en San Sebastián que ha caído sobre el puerto y en esta casa una
legión de gaznates aventureros y me ocurre una cosa.
-¿Cmíl? le preguntaron con curiosidad.
-En la vistosa ladera del monte Urgull, está un castillo que se llama de la Mota y que ayer visitamos algunos
amigos. En ese castillo se están llevando :i cabo grandes
obras de reparación y he pensado q_ue hablemos con el
Coronel Esparza para que nos admita de albañiles, así
tendremos un jornal seguro y comeremos pan y queso
pero adquirido con honra y con el sudor de nuestra frente.

-Bravo, aprobamos Ja idea y no hay que discutirla.
Realizémosla.
.
Al siguiente día, más de quince oficiales con el umfor~
me del Ejército mexicano, se le presentaron al Coronel
Esparza y Montesinos le dijo en nombre de todos:
-Coronel: somos oficiales......
.
.
-De l\Iéxico, sf1 ya conozco bien vuestra historia, prisioneros de guerra abandonados -por los franceses.
-Exactamente. Hernos preferido la miseria á la deshonra. No queremos vivir sin trabajar¡ nos ama!S'.a un
alimento y un hospedaje que no pagamos y vemmos á
pedir á usted un favor que no habrá. de negarnos.
-¿En qué puedo serviros, compañeros?
.
-En aceptarnos como albañiles en las obras que tiene
usted encomendadas en este castillo.
-Cómo albañile~?
-Si como peones respondi6 Montesinos, tenemos
fuerza'y voluntad y q~eremos ganar el pan trabajando.
Conmovido el Coronel Esparza, agregó:
.
-:N'o puedo hacer por ustedes mít.S de lo que me piden,
porque soy un ¡:,obre, pero trabajen aquí y des~eeste momento los considero en la lista y con los meJores salarios de que se pueden disponer en estas obras.
.A.l día siguiente, Montesinos y sus compañeros llegaron
al castillo al rayar el día, vestidos de uniforme. Despojáronse alli de las ropas exteriores, cojieron las cube~
de mezcla., la cuchar-a de hierro, treparon &lt;Í los andamios
y se pusieron á. fabricar la parte superior de un muro.
La noticia cundió por todo el puerto y cuando en la
tarde concluyeron los trabajos y salieron los oficiales mexicanos, se encontraron en la puerta del castillo :i las más
guapas mozas del pueblo y de In buena Mociedad, llevá.ndoles cestas de comida, de frutas, de dulce, victoreándolos y reg,tndoles flores 1L s.u paso.
-~Iira1 decfa un hombre ú. dos ch iquillos, así se honra á. la patria. en el extranjero, así, como esos bravos oficiales.
Era Don Juan :Uartfnez Villergas que estaba á la sazón
en el I_)Uerto.
Varios meses vivieron en San Sebastián aquellos nobles proscritos v al separar,m de allí no pudieron pagar
toda la deuda ,{ ht generos;• patrona de su hotel, dejándole solo un documento suscrito por el Jefe de más alta
graduación en el cual se certificabl\ el tiempo de pe!manencia de los oficiales, el número de ellos, lacantidadque
debían, anotando que sería pagada cuando· triunfara la
República.
Corrieron los afios; la República ondeó victoriosa su
bandera en l:1 tierra mexicana y el Gobierno, acaso por
altas atenciones descuidó de paga~ aquella deud0;sagrad~.
Después de nueYe años de la ca1da del Imperrn, subió
á. la Presidencia el General Diaz y conoció este asunto.
Ordenó que se pagara inmediatamente y con creces r~ la
noble protectora de los oficiales mexicanos.
Por cablegrama se ordenó el pago á nuestra. Legaci6n
en Espafü\ y un comisionado en pleno: invierno, JObre
espesa. alfombra de nieve, fué en tren correo a San
Sebastiá.n á entregar delante del notario de ciudad la suma que se adeudaba.
Vivía aún la Sro. Micaela Zugastí, amiga y protectora
de los mexicanos expatriados; estaba J?Obre, sin casa de
huéspedes y sin recursos, y por su delicada situación de
salud y de mtereses, era preciso darle con precausiones
la noticia.
- Vengo Señora. n. ver si usted vende su crédico contra
México.
-Nunca porque tardeó temprano me han de pagar.
::io olvido lo generosos, lo honrados que eran los oficiales
que hospedé en ml casa. Los quise ií todos como hijos y
por ellos juz~o :\ )léxico. Allí no han de haber entendi1o bien m1 asunto pero el d[a en que alguno lo explique
me pagarán en seguida.
-¿Se acuerda usted de sus huéspedes?
-Ya lo creo, pobrecitos; no deseaban más que dos cos~, pagarme é ir á. combatir el Imperio. Aquel Monteamos, qué joven tan int-eligente, qué bien hablaba y se
fué con otros á trabajar ele albañíl al castillo de la Mota·
allí en una bóveda, está. con piedrecitas blanc&amp; una fech~
y unas in~ci!ll~s, la fecba del día e~i que entraron de peone.c; y las imciales de los que tuvieron esa idea. ¡Qué
buenos eran señor, qué buenosl Hablaban de las costumbres de México, de las comidas, de las travesuras á. caballo y de los azares da la guerra.
No me arrepiento de haberlos tenido en mi casa;en las
noches canta~~m no se qué de _las torres de la Puebla y
de los congreJos-¡ah! ¡pobrecitos! cuando se fueron los
lloré1 porque no soy interesa.ble y les había cobrado mucho ca.riño.
-Señora, dicen que se ha dado orden de pagar esa
deuda.
-Cuándo.
-La pagar:'in dentro de cinco meses.
-De vera.a?
-O de cuatro.
-Tan pronto.
-Ode tres.
-Eso es guasita.
-O en este momento si usted quiere·1 aquí traigo la
suma con los réditos.
No es posible pintar la alegra, b emoción, la sorpresa
que _provocaron estas palabras que fueron rociadas con
lágrimas.
"Saldada aquepa deuda que revelaba la gran honradez
d? ~uestro Gobierno, el comisionado visitó la casa en que
~1v1eron aquellos oficiales y después, era natural, el castillo en que a~gunos trabajaron como albafiiles.
En ese cas,ttllo, en!~ gale:ía que ve al Norte, en la bóveda de un angulo, v10 escritas con piedrecitas blancas
una fech?,,.1864: y esta dulce palabra que le llegó al corazón. ¡ Mt'x1co.'
JuAN

DE

D10s PEzA.

SEPTIEMBRE,

29

1895.

SEPTIEMBRE,

1895.

EL MUNDO.

CLAVE.
El famoso compositor y profesor de ~a~to y música. Alejandro Redlitz se entretenía en leer sm mstrumento una
de las~últimas páginas de su ~migo Ricardo '\Vagner, á
tiempo que el criado le a!1unc16 que estaban allí una 54:ñora y una señorita ~U)'. h~da1 J::i,s dos pobremen~ ves~idas, que pedían audiencia, ms1stiendo en consegmrla sm
tardanza.
.
·¡¡
b'
Atosóse Redlitz las lacias grefias amari as con resa u)B
de fatuidad tasañeja, y dijo encogiéndose de hombros:
-Que pasen al salón.
A. los pocos instantes hallábanse fren~ á. frente el maestro las damas, que damas parecían, a pesar de lo humille de su pergeiio. La m~cl~ oculta?a los blancos cabellos y el rostro lleno de dig01dad ?a.~o un . sombrero de
desteñida pluma; la hija, con su ~raJecito grlS de pafio barato y su toca de paja abollada, sm más adorno que una
flor mustia, no conseguía disimular una belleza. sorprendente un tipo moreno de esos que desln!llbran .como el
sol. Iiedlitz se sintió interesado,. conmovido, c~t enamorado de pronto, y en vez de la .t1.esura y la. frialdad con
que suele aco!Terse :\ los que solicit,m (1;1ocabíadudar que
madre é hija. ~lgo solicitaba~), se des~1z~ en ~~rtes(a.s y
amabilidades y se apresuró. a poner.:1~ a. d1sposic16n de las
dos seflora:s en cuanto pud1ese Y valiese.
Tomó la palabra la hij~~ y exp!esá.i:i~ose en correcto
francés con suma. modestia y gracia, diJo así:
---Soi~os españolas y muy pobres; lo po~o que nos quedaba de nuestro patrimonio lo hemos realizado J)ara hacer el viaje 1t París y consultar al cé!ebre Redhtz sobre
una cuestión vital. Deseamos saber Sl yo poseo 6. no poseo una voz de esas q?e so~ la fortuna y b gloria. Muchos elogios ha obte1;idu ml voz,. pero. ~~10 que no eran
sinceros y que la am1Stadextrav1ó .el Juicio ele lo.s que me
alabaron. Yo sueflo con la celebridad: la medianía me
caUEa horror. Si mi voz es una de tanta..; como se oyen
en los salones y se aplau?-e1, por gal1:1.n~ru\:···--, c~esengá-ñemo usted, Sr. de Redhtz 1 y vo.lveré a mi patria y me
dedicaré á. coser 6 entraré ,t s~rvir.
.
E l maestro se quedó perpleJo-cmco s~undós; ~l fin, tomando de la mano á la artista en embnon, la guió ª! gabinete, donde tenfa. su m~nffico Pleyel. Se,~Ulse al piano
y preludió el acompañamtento .de una se~cilla roman_za
italiana. A los primeros gorgor1to3 de h\ JO~'en, Re.dhtz
sintió un impulso de honradez que le acouseJaba lasmceridad, y estuvo p:i.ra decir á. b. cantante que bus~ase ~tro
camino. La voz era como hay mue.has, fresquccilla, simpática y vulgar. Pero cua~do Redhtz l~vantaba la cabeza
é iba ,í abrir la boca, su 1rnrada. tropezo con el rostro de
la señorita, animado y transfiiurado por el cant.o; y de tal .
suerte agradó al maestro a.quet rostro de cx~resión seductora, que temiendo que la muchacha, se volv1~se á su país,
prorrumpió en br.tvos, y cpn las mas halaguei\as frases
la aseguró que ten fa un veydader~ tesoro en su _garga.n~
que rivalizaría con la Pattt y la Nilson, Y quesv!o necesl":"
taba para llegará tan brillante resu~tado las lecciones q~e
él, Redlitz, le daría diaria y iratu1tamen~. Confundlé•
ronse las españolas en expresiones .de gratitud, y el ;!laes•
tro, obligándolas á que tomasen asiento~ las obs.eqmo con
vino del Rhin, bizcochos y con~turas de v~rrns el~ .
Quedaron de acuerdo en la h~ra u. que vol\·erian al día s1uiente para empezar las lecciones; el ,macs~ro las acomg afió basta la puerta, que abrió Y cerro él nusmo, Y_cuandesaparecieron en el caracol de la escal~ra los phegu~
de las falda.~, Redlitz vol vi6 í~ sentarae al ptapo y recorrió
las teclas, interpret.:1.n~o una so~adora rr.ielodia de Bee~hoen Toda su incorregible sentunentalidad de austriaco
:CllOOra t'urbá.nclole e l corazón, y los ojos color de café de
la sefiofita. es pafio In se le ap~recían como .dos faros en me-dio del árido Saha-ra de los cmcuenta y pico de años que
contaba el ilustre maestro.. ....
.
EntreOO.nto las dos mujeres, al salir á la.calle, se mnaban, se cogían las manos y se echab~n á. re~r gozosamente.
-¿Lo ves? exclam6 la madre. ¡Biensab1a yo que t u voz
es un portento!
.,
..
1
¡,
-¡Pues mira, respondto la hiJa, hasta hoy no o ere,
pero después de que mo lo dice este hombre tan competente y tan famoso.••·· ·
. .
-·Lo que es si dudases ahora ...... , chiqmlla.1
-No, ya no dudo. En Madrid sí d!-ldaba. ¡Ii:i~uye1t.anto la posición en los juicios de los amigos entus1astas. Pero Redlitz, que me tiene por una po~re, J?Or una muci:,
chuela, desconocida, que no me ha vis~ Jamás, ¿por q
había de engañatme? Estoy convencida. ¡Qué alegría1

ªº

No sé lo que me pasa.
'd
-Ya ves que la idea de disfrazarnos de pobres ha st o
excelente.
rda
·
-¡Divina! Este sombrero mío lo he de gua ren cna-

talera.
. d a d e JU
. 'b'l
y la joven soltó una carca3a
i o.
Red
-¿Qué opinas? ¿Te convendrán las lecciones de
•
litz? P:re~nto la madre.
h
_:_¡Qué dispárate! De humorada ya bastó. Esta noc e
misma nos volvemos á. Madrid; también hay allí buenos
profesores de canto.
.
b la&amp;
y llamando al primer coche alqmlón qne pasa a, h
dos señoras se metieron en é.l, ~ndo las s~fias de un o,,
tel caro '1 céntrico. Al día s1gmente Redlttz, que hab:
adornado su gabinete con flores rm:as y oloro~as, espe la.
en balde á su nueva alumna. Lo mismo suce~16 toda
semana. El rnn.estro se acordó con desesperaci~n d~ qn~
no se había enterado de dónde pa.rnban .las espanolas1
só en una enfermedad 1en una ~esg~ia; ap~ló á. la
cfa, escribió á. España, puso en JUeg? 1nfluenc1a._~ .._... . a rpudo darle razón de las dos_ e~tranJera.q de hum1lde pe
geño, ú. quienes nunca volvió a ver.
.
ta·
y siempre fué un enigma para los ndm1radores de 1 .
lento de Hedlitz el por qué estuvo m~ de.dos mes¡s t~:
te y preocupado, así como fué otro m1i,te~io pura ~sreda
miradores de la hermosura de la marqueslt!3-_de Polvn ndo
verla empeñada en que tenía una voz admirable, cua y
lo que tenía eran unos ojos de ((date preso)) y una cara
un talle de patente.
E1nuA PARDO BAZÁN.

P8fl.

J:'die-

SEGUNDA SERIE,

A Margot orando.
Hija: haces bien en implorar del ciclo
La dulce paz que el corazón ansia·
Siempre que tu oración levanta. el' vuelo
Se alivia y se conforta el alma mfa.
Tiende á buscar lo azul el alma pw·a
Cual la nívea azucr:na los altares;
Como te busco yo, pues tu dulzura.
Deja sin hiel mi tedio y mis pesares
Si aquí se viYe en perdura.ble guerra
Con el rencor, el ódio y la malicia,
:Mucho hay que perdonar sobre la tierra
Para eacontrar más alta la justicia
Haces bien en orar¡ forman tus galas
La piedad~- el candor; con ellas sube::;
Como las aves libres, son tus alas
Para encontrará Dios tras de las nubes.
Aquí todo se mancha y todo es vano·
Todo afecto se entibia y se consume, '
Que abajo están la zarza y el pantano
Y arriba están la estrella y el perfume.
Todo tiende á subir¡ se alza el acento
Del que padece, cl('mandando calma,
Y en alas del humano pensamiento
Buscando lo inmortal asciende el alma.
Tú, que aún abrigas sueños infantiles
Y en ello8 nada insano te exaspera;
Que te miro cumplir los quince abriles
Con los candores de tu edad primera;
No lances tu mirada, embellecida
Por una luz de visos celestiales
A este espinosQ campo de la vida
Donde crecen los vicios y los males.
No mires nunca al mundo en este abismo
De sombras densas y de engaños lleno,
rremo tanto al cont;1gio, que yo mismo
Me toxno junto á. ti sencillo y bueno.
¡ Cui\ntas veces te miro sonriente
Llegar á mi para besar mis canas,
Y disipas las sombras de mi frente
Como la luz la niebla en las mañanas!
Cultiva como planta delicada
L a fe que te conforta con su aroma;
Va á comenzar la luchu. despiadada
¿Qué hará, frente á los buitres, la paloma?
Rechaza la ponzoña de la oferta
Que engallosa despierte tu ternura;
Y dí pensando en mi: eme quiere muerta
Antes que infiel 1 ó hipócrita ó impura,
Perdona, más no imites al que yerra;
Desprecia el oropel que al necio atrae
Y no pises el fango de la tierra
Pues quien lo pisa en sus abismos cae.
Que la guirnalda quo tu frente &lt;'.iña
No te hiera con dardos punzadores:
¡Oh mi Margot ! ¡ si siempre fueras niña
Y yo el único amor de tus amo1·es!

1895
JoAN DE

Dios P&amp;ZA..

TRES AMANTES.
I
- Quién eres?-Un guerrero. :Mi espada vencedora
cien pueblos ha ganado.
Cuentan que no hay espejo más noble, mi sefiora,
.
que el peto del soldado.
Creí ser indomable. ¡Mentira! Tu hermosura
mi altiva frente humilla;
el paladín hercúleo de bélica armadura
temblando se arrodilla.
-Aparta! No me sirven, guerrero tus laureles!
Busco mejor vasallo;
No estorbes mi camino¡ apártate, que hueles
1t crines de caballo!
II
-8eñora, soy el bardo. Poder ninguno iguala
al noble poder mío.
Esmaltan las estrellas las plumas de mi al::i.
cual gotas de rocío.
En mí reside y obra la potestad que cni~\
espíritus y mundos;
No hay úguila que vuele mús alto que mi idea,
ni abismos mús profundos!
Yo haré de tu belleza, la estatua de alabastro,
•
la Yenus victoriosa!
de t u palabra el canto1 de tu mirada el astro;
de la mujer 1 la diosa!
Como diamantes sueltos en tus cabellos rubios
titilarán luceros,
y te daré por siervos, en vez de esclavos nubios,
loR siglos venideros!
-Aparta! No con troYas ni voces de profeta
molestes rnál-! mi oído;
Desprecio tus amores; apártate, poeta!
Remienda tu vestido!

III
-Quién eres?-EI que mancha las almas y el que roba
la honra y el decoro·
la cinta de tu veste, la llave de t~ alcoba,
¡el oro ...... soy el oro!
El viejo lujurioso que por la puerta espía
el baño de Susana;
la Celestina ronca la. repugnante arpía
que ofrece cortesana.
Te espero. Yo soy Fausto. Como antes Margarita
del templo también sales:
me acerco y en tu oído, que trémulo palpita,
murmuro: ¿cuanto vales?
Siebel enamorado te aguarda con un ramo
para adornar tu pecho ..... .
¿Qué importa? Seré siempre para tu alma el amo;
para tu cuerpo 1 el lecho!
Tu castidad es cirio, respeto de los buenos
que yo al pasur apago;
De mármol son tus brazos, de múrmol son tus senos....
.
No importa; yo los pago.
Comercia con tus gr-..i.cias, traüc.i tus hechizos
y vende cuanto puedas.
Si amante me recibes, el oro de tus rizos
convertiré en monedas!
Se acerca el que esperabas. Entre mis 1lureos brazos
todo placer se encuentra ......
IV
La joven desanuda de su corsé los lazos
y dice al crimen: Entm! '
l\I. GUTIERREZ N ÁJERA.

PERLAS NEGRAS.
XXIII
El alba, con luz incierta,
En el espacio fulgura,
Y parece que murmura
Besando mi faz: 11¡Despierta!))
Rompe la nívea mortaja
De la fuente el sol galano 1
Y su fulgor soberano
l\le dice: 11¡Lucha, trabaja!11
Muere el s011 quietud inmensa
Se adueña de cuanto existe ...... .
Entonces, una voz triste
Susurra en mi oído: u¡Piensa!))
Por fin la noche, vestida
De luto, llena de encanto
Me cobija con su manto '
Suspirando: ((jDuerme, Ólvida!))
X..'i:IV
Yo también 1 cual los heroes medioevales
Que viven con la vida de la fama
Luchéz siempre con ímpetus leal~
Por m1 Dios, por mi Patria y por ~i Damal
Hoy que D10s ante mí su faz esconde
Que la Patria me niega su ternura
'
De madre y que á mi acento no responde
La. voz angelical de la Hermosura
ReJ?dido bajo el peso del destin~,
Esqmvando el combnte1 siempre rudo
Heme puesto á la orilla del camino '
Resuelto á descansar sobre mi escudo,
Quizá mañana, con afan contrario ·
Ajustándo!ne el casco y la. loriga, '
De nuevo iré tras el combate diario
Exclamando: u¡Quien me ame que :ne sigabi
... .. :Más hoy, clejadm.e1aunque á. la gloria pese,
Dormir en paz sobre uu escudo roto ·
Dejad que en mi redor el ruido cese'
Que la. brisa noctfraga me bese
'
Y el olvido me dé su flor de Loto.1&gt;, ... ..
X..'i:V
Avanza1 negra Deidad
Con tu séquito de estrell'as
Con tu báratro de sombras'
Con tu luna macilenta!
'
Avanza!.. .... Yo1 recostado
Sobre la pajiza yerba
Que alfombra el.patio ruinoso
De mi morada desierta
Te contemplo y entr~ tanto
Descienden y me rodean
'
Las mujeres de mi vida
Diciendo todas: Te acuerdasf
. Pupilas del Infinito,
Siempre mudru:, siempre abiertas
Que mirúis indiferentes
'
Los dolores de la t,ierra·
Luna1 tan sola, tan t;iste
Como una esperanza muerta
Vosotras sois las amigas
'
Misteriosas del poeta!
Con vuestro fulgor descienden
Descienden y me rodean
'
Las mujeres de mi vida '
Diciendo todas: ¿Te acilerdaJJf
XXYI
«Que disfruto, que río,
Que se recrea el pe11sarniento mío
En;.fant?stie;os sueilos, que desciende
La mspll'ac1ón á mí, como rocío
Que del manto del alba. se desprende
Y da vida ,t la flor y atavío.11
uQ1;1e la ilusión del ponenir me alient.a;
Que Jamás, desengafios y afanes
Han trabado en mi espíritu violenta
Contienda de titanes·
Que no brama en mi' cielo la torm.ent.a
Ni arrasan mi vergel los huracanCSll ........ .

99
Quiero creerlo, pues que tú lo dicee
(Hay seres muy felices.)
'
Más oye, alma que sufres porque ama.a:
Todas esas venturas que seiialas
Las d\era por los ayes que tu exhalas,
Las diera por el llanto que derramast
XXVII
Tu recuerdo, en las noches in vernales
Cuando escribo en mi estancia triste y ~olo
Acaricia mi mente con raudalC:'l
'
De luz 1 cual las auroras boreales
Acaricia1i los páramos del polo.
Con él viene mi musa1 mi consuelo!
No le arredran las ráfaga.s,
el hielo
Que tapiza mi senda le aco nrda.
Llega muy quedo, con sonrisa amante
Como llegan al lecho del infante
'
Los :tngeles benditos de la guarda
La timidez encubre su deseo: ·
Teme que el mundo sus amores sepa
Y D?,e besa á hurtadillas, y la veo
'
.A.leJarse despues, como el trineo
Veloz, sobre la nieve de la estepa ........ .
Oh! cómo soy feliz en esas horas!
Mil imágenes castas seductoras
De mi ser en el foncÍo se levanta:n
Y mientras gozo con deleite inter~o1
Los cierzos fríos á. mis Tejas cantan
La canción misteriosa del invierno!
XXVIII
-Yo--dijo Satanás-padezco mucho:
Detesto el Bien1 por extinguirle lucho
Y, sin embargo, iriunfador le veo.
Dios burla mi poder y mis hazañas1
Y la envidia devora mis entrafias
Como. el buitre feroz de Prometeo!
Y siempre durará mi angustia fiera
Porque no puedo amar1 que si pudie~
Desprecia:ra fa dicha de los cielos!
'
Y repliqué: Yo em•idio tus dolores:
Como jamás alimentaste amores
No comprendes aún lo que son delos!
XXIX
A.L. G. U.
Eres aYe? mi espíritu es un árbol
Desnudo y macilento,
Cuyas hojas pusiéronse muy p1í.lidas
Cuando llegó el invierno
Y volaron más tarde, desJ¡&gt;rendidas
Por el soplo del Cierzo.
Ya no dora la luz la e:::cuet..1. copa
Ni parlotea entre el ramaje el céfiro.
No puedes reposar en ese árbol
Prosigue pues tu v~eloÍ

bli

E~s r_ocío matinal? El páramo
De nn vida es tan seco!.. ....
En vano intentaría tu frescura
Fertilizar su seno.
No hay un caliz siquier, donde pudieras
Como diamante trémulo,
'
Lanzar, cuando el sol surge esplendoroso1
Tus límpidos destellos.
No intentes fecundar lo infecundable
Almo llanto del cielo!
'
Eres sombra? Pues ven!: perpetua sombra
Anida en mi cerebro;
Protectora de lívidos fantasmas,
Pri rnda de luceros.
Un astro l1;1ce. s?lo: mi imposible,
Mi divmal Ensueño,
Que, temeroso de opacar sus galas
Se emboza en el misterio.'. ....
Ven y funde tu sombra con mi sombra
Y un cáos formaremos,
'
De donde acaso, Dios, compadecido
De su jiat. al eco,
'
Haga surgir un mundo de esperanzas,
De ventura y consuelo!
XX.'{
.A.l Céear pregunté1 Dios de la guerra
Que sembró de cadáveres la tierra
Y llevó la victoria por do fué:
-Cuál es tu fe?
Al poeta también, al que condensa
En una estrofa la hermosura inmensa
De todo lo que siente y lo que ve:
-Cuál es tu fé?

.Al sabio, que interroga á. las estrellas
En espíritu va tras de sus huellas
'
Y sus misterios insondables lee:
-Cuál es tu fé?
Dije al rudo pastor, dije al artista
Que laureles y palmas se conquista
Dije á todo mortal que al paso hallé:
-Cuál es tu fe?

Y simultaneo acent-01 soberano
Acento que llenó todo lo arca.no
Me responaió ccm inflexión austera:
-Tan solo creo en el dolor humano
Porque lo sient,:, palpitar doquiera!'
En tanto, mi dolor se retorcía
En el fondo del alma ¡ v me mordía'
Y no lejos, ( verdad ó deYaneo)
·
Un coloso doliente rcptMa:
'
-Yo soy la Humanidad: soy P.rometeo!
AMADO NE~ivo.
FDI.

�100

29 SEPTIEMBRE, 1895,

ELlllU~Dü.

29 SEPTIEMBRE, 1895.
EL :tlTTJNDO.
=====~ = ============~=

101

ATENTADO ANARQUISTA CONTRA El, BARÓX ,\LFOXSO R011:iCP:·.n.

t

.: j\·
,~·-

-~
.,.._
.

~

l

YATE AMERICANO &lt;(DEFENDERn.-VE.N'CEDOn DEL YATE INGLES EN LAS REGATAS.

YATE INGLES ccVALKYRlE Illu-VE~'CJDO EN LAS REGATAS POR EL .YATE AMERICANO.

z.f"'Ya en prensa este pliego, se rompió el grabado que ilustraba el capitulo de cPerucho,, por eso fué preciso lteP.ar con otras ilustraciones~

PERUCHO, NIETO DE PERIQUILLO.
POR UN DEVOTO DEL PENSADOR MEX_ICA.NO.-Ilustrncl~nes de IZA...GU1RRE.
( OONTINU..ACION)

MEXIOO.

-¡Cómo ha de haberlo! Es cierto que es un monarca conStitucional pero sabe que los Parlamentos son
estorbosos en las monarquías. El parlamentarismo q e
todo lo inquiere y todo lo subyuga es un veneno para
los gobiernos de orden.
-Pues se va á hacer un gran ahorro al suprimir los
sueldos de tan\os Diputados.
-Eso no; porque los sueldos del Emperador, de la
Emperatriz y los gastos de la. Casa imperial no resul•
tan muy económicos que digamos; aunque á tont
signeur, tont houneur y siempre vive con grandeza
quien hecho á grandeza está¡ no se podía tener sobe•
ranos sin darles para que representaran holgadamene su elevadísimo rango.

-Dicen que el Emperador tiene muchas deudas
allá en su tierra.
-Es una mentira. Al verlo salir de Miramar han
llorado como mujeres todos los habitantes de Tricste
y aqui traigo en la bolsa publicado en ~El Indicador&gt;
la carta que Don Carlos Porenta, podestá de Trícste,
1e ha dirigido al Archiduque; es larga1 pero oigan ustedes este pequeño párrafo, que da exacta idea de lo
que alli aman á nuestro soberano:
c.Aqu..i deja.is hermanos de armas, intrépidos maricnos, soldados que han aprendido de vos á servir y
cá amar su pais: al otro lado de esos montes que nos
cseparan del imperio 1 más allá de esos mares, en tocdas partes dejáis recuerdos tiernos y nobles. Aqui

ese recuerda vuestra caridad, allá vuestra grandeza,
cen todas partes vuestra magnanimidad. No ha.y un
ccorazón que conserve la memoria de vuestras cualicdades y de las de vuestra augusta compañera, Hamacda á participar con vos del amor y las bendiciones
cde todo un pueblo, á secundaras resueltamente en la
cobra de su regeneración, á labrar su felicidad y á
cconquistar su afecto.
cLos habitantes de Trieste, continuarán haciendo la
cpercgrinaci.ón deMil'amar; rata vista de sus alamecdas, de sus expléndidas habitaciones, de sus magniticcos terrados, que dominan este mar tantas veces surcea -lo por vuestros buques, recordarán vuestra acogida
etan llena de gracias y afabilidad y traerán a la memo-

�29 &amp;Pt1 t-SU, 1896.

-~•fÜ/4

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-No entiendo.
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-Loe llioe, sello~ loe fries.
•
lof jarclinee del cuWlo.
-Atiora
Bi;
c11&amp;Ddo
86le
qDll&amp;D
o\lu
-- poweclloal'
.
bree, 86 amrde cualrpliera.
_
en4 eeg'6n dleen loe perlo, eabo el dengile del Valu
ella coammbre y tia colo- 114-Deipuéa, IIAlvó
y 1e obiuvo un'8rreDOex-yifnl•
a.(l!le
86 dis-Ahl p - alulra1he llevaTA, eallo el ~
para de Navidad, emre las de 11U01lr0 gran Valle, eeo ea ian elaro cemo la lus
Trieskl, encargando la dla- del di&amp;.
io.
-Flgúrenaelo u'8dea, a1 lleaeei&gt; en Venecia lodo
o que llene mucbaa deudu eeo, aqul le va 6 ~ lo mAa tull del m-.,,do;
Emperador de •uvta no lo
_-En V.ec!A~ u. PM/90 - la ~
~ vuig,&gt;; 11114a ba tiabldo mu lier- olcln de la Blbera y eo llllul clió mayor ámplUlld • liNI
l'railclllCo Joá6 j • hormauo, al$lOII ,..,,_.
deAu&amp;riafué • Mlramazacom•
-Paea aqul denao de • - - -vam.. , _..
~ n • - hermauoe, de nrl8' -111 Al•med•, JI\ Buearéll, 111 la Viga.
cli.n eorle, qu ~eolcl '111
-.A.coe'1111lbrao • Veiseel.a, 1411,é bonito ~ el
'!t)o;:.,.U i., cualel aetilli6 el acl&amp; ele ta- canall No, 8l
eeio-ll"Dle&amp;e - lindo, m.uy ~••
repell6 • Viena.
aomo jamAa le hahlamoa aóll&amp;d&amp; lol p o ~ malde ebleo lUinulol permai\.,. canot. De veraa que-no._ - qw,6 P!1f111f el fa, ...1:m.perüoreo. eon ügrjmU vorelEm-.,eradot4e lol frtaeBIU, ¡llui,daftulallll;_,,..
ene!~ puee e.a ee- _ tire asll
IUlo8 biellay~,_..,.
JíÍIIÍl-18 'Nl(laa en el m.unth.
paVI&amp; baal&amp; -verflrla eu.lml'!lftO,flll - h - r 1 - 1~ 4116 pensar en eelo?
ü4 ee&amp;e ee de loa que aeJJúaaD flrio.- d e ~
•l'lloe do Vi~ ee - dlftcll qu
-Y 11111 p,teparallVN dlpoll de ian . - pl~nal
-al¡ancJonen 1111 .Jmperloa, y aoa para reclbirlee como ae ....-?

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~ _ , • -,-•eorireedallalllOo, fiallelllDellle.
-AÜlaeluaffllPlllOd011ofq11etenganque
lle--11ff-..-tlido tlclla. Yoporm1,pu.touegnrarq11odeiaill!i dMllot aeme " - llll -1o la lengua Y ni llDII.
aela-j,aWl&gt;ra~declrlel-

~

-Puet'
u&amp;e4la-vau,11ombrardama.
-No lo permita él.cielo.

-Y tan lo pesml&amp;lrA, que en la Hala de oelloru p...
pll8l&amp;U, ya ligua el nombre de u'8d enmi loa pñ,;

meroe.
-Ya me lo hablan. clieho y me reelalla, darle cr6,
dlliO, porque eso repreaenl&amp; muehoa gastos. El
que 1enemoe uecool&amp;a remplalO. Las lltireas
1'8Ñidu. Loe mueblee aon bllODOS pero algo

guoe.

-HvJer,-le tniemimpló ,mcaballerode buOD&amp;
--.-no aatiel eD qué pellgroe eel&amp;moe, el G
Jlarlnal de Ja Corle me ba eecrllo diclélldome que
r6 nombrado cllambcJjn.
-;Cbambelul ¿qué aigulflca eeo?
-Alll bija mla; iú no lo enllendea bien lodaTl&amp;f
ee u.a grancosa. Ya un amigo muy lniim(!Y iq
mueho qaeremol; ee canclidalo para igual em
qu .,,,,
-Pero ¿qué q-aklre decir CllamlHldfl'
-Oldal civil ile la caaa del Emperador, bnligil!
al DO lll&amp;ré org,,lloao del cargo.
-Y ¿quién e.ti noml)rando i loeehaml&gt;elalld;
~ - y eou lUllo aciano?
--En el camino ae lol tian propllello al Em
y lol vleoe delligll&amp;DdO según lu incllcaeioDOI
baeeD- 186!0 •.....,... muy limpias de aangre
el aoberanol P«o aolulenkl i las muy llm
-.te ~ i la Corte no pueden enirar

ce

pee1a-.
-¿Y lilildrie que vlvh en Palacll&gt;, cerea de

-Por loQa pa.- ealh 8Jadoa lol ~ TI&gt;- jeilall1
4o el camino q11e atravi- delde Sama
por
.;..:rnduélablemenle. ·
b:ülPalapa,n, Mesicalelngo y la l'ieclad hasta la . -1Q!l6 orgallo 1 1Qu6 h.enra ian ali&amp; t I Qué
eleoMla d!l la Teja, ae tia eomp- - , . , . . faccl6D lan l11menáal Lo -vaa Ural&amp;r muy de
madaa, ioldea de heno eou claveles J UDa alfombra de mira yo quiero que me conlligu Dll buen
ramu de ....-.n1o.
yo, 88 lo pidee, eon ID correeponclienie dedi
-8e dekll&gt;dri ea. tiaclenda de la Teja,..- -Mujer, loareyee DO regalan. reiratoa i lDI
llaa eoniado.
11N, DI menos 86 loe dedican.
-Para eeo tian arJll!lllado riglameme • .,.... pero
-Aclloa y por qu6 no? g¡ yo llego i ser
pen- que lo aben me flall di.eh.o que v41Ddrin r r pido un relralo i la Emperavls, ian segaro,
l"!lll_.., G1ialupl&amp;á.
ovo eauitno. La -.er,lad ee que de Puebla aefllllloai • clerlo eomo que eetamoe en vl8per&amp;8 de con
qll&amp;lo.-• q,.. olrol :re! Cholala y dealH • ~ lfllrliD.
DO a6lo alDO que paza lnlplrar eonllansa, p
-.,. eede Í9 mejor.
-Cuea&amp;aa qu enPueblayacllóetEmpendilr.alele !t!plar6 el mio. Ya -.eru; loa hombree no aa
- - - l a UINlflde mil peeo&amp; de n pec1111o ~ re)lj&gt;ller el Boepldo.
• qué grado 1om01 eoaftanndas las m11Jel'e1;
deLmma; deo- Y~ le tian rep1a40 - primorosa~ obn
-La Emperúrls, aegún me cuenian, ea
de un poblaao; en ua lado Uene !al armas de Paeiíla panal-va que el Emperüor; ea reiratda, muy
t•lll1dmla ee¡paaqueienemoa ,. ea okO lu tmyrhlM
ablT&amp;.
-Oigan. uledel F.a la calle gritaaalgoiDlea I nta
-Aqul se le qull&amp;ri lodo eeo; en cuankl
"8fallO el que era lnklmDll-8l¡ llamen i - macb•eho, saldremos de• dndL mole y el pulque y cono- lodu las .,,.iuilli
fllllúu&amp; nau lieD8 que T4!f con
Pocoe momenlol después ae lela m aquella aala. :dcanas, se con-verllri en u.a palaua nueair&amp;;
"J&gt;eapuél del almuerzo nidria 118. llO(. pan Zoquia-No lo ereas ¿eémo tia de probar el mole y
Soberano,
Jll olrO qulmO, lliel qu,e era ID pam. y meft•ua deede Sama Cru eonamoe para Qu.. qu '111&amp; reina?
dablpe."
-Pues qué, las reinas no Uenen paladar? ·
' agreg,S UD ~o-6 4iaamlr de
-lEDirarin por la Villa?
Yo 110 digo que coma chile y beba pulque
-Era ya muy atildo de todOI!; per&lt;1 yo ~ ba- dlu, DO oellor; pero una que otra vea, en d
aueetro Emperador?
tila. porque no atila III DM8Clea eran. l01 l¡noraatee 6 das 8.eel&amp;I y como un adorno de111 m-. 1V
q.., Mfa dlea y oeho aloa -á mi - 111poman un ion1o.
e;dr&amp;DJero1 no eomen frijolee como noeoiroe, y
. . .ll en llalla, Eapefta. Por-F.a que el anllgno programa.
iú que al EmPffador DO tian de guetarle?
Tügtt j ~
-Se ba -variado en el derrotero.
eon 1111 kllopllol muy dorados, eapolvoreadoe d!il
lo 8_(nr&amp;ba deede que vi ianloa
-Lu callee ee"'1 primoao, 8118 rabullol y m cebolla.
aegmoqne 86 I01 mandó de all6
-Ea la verdad; nunca 86 -vieron igllalee en Jl(uleo.
-F.aiú de cocinera bija mla; ¿qué dlriD
-Emra como loe Vlzreyea, por la Villa; 1qu6 bueno I pu que eres la tuiura dama de Hoaor?
....,, eomeR6 ~ orodor eomi6Ddole eon
1qué gnelo I• primera Tillil&amp; que 1u,p, será 6N1181ir&amp;
-Y ehambelana.
&amp;liiiii1111;1DtJ!rlócu., .
. BanllailJlll )ladre¡ muy juno; ID"uy moral; muy debido; -También, ¿qué dlrh cuando sepan. que ~
,~ iqfante, • un hombre que tia recorrido mn• 1qu6 fellcee -vamoe i aer lodOII I q-pé dlctiOI&amp; va i 181 IIIUma hablando de loa mis aoecee y prosalcoe
í6i.~~~• Conoce la Paleellna muy bien..
nueelra naclóa I
qúe jamú lucieron en arlalocrállcu mesas?
~ ta
que en la capllla de Mlrámar,
-Como ·que ae ha rcaillado lo de ''non fecll l&amp;llklr
-No, eso 1I que no; porque muy arl-rillotíi,;i
el Padre Miranda, eal6.n,IIAlvadas por él, omnla natloni I
moe nosotroe y lo compruebo con mi u bol
~ d e loa 8anlotl Lugares. Ademil,
-De veras; i muy pocOI puebloe lee ha locado en glco y mucho que me gDlla comer iodo eso
~ ~1&gt;elli~, agua del Jordm y del NI• mene un emperador ian noble, ian bueoo, ian aleo y ian •peUloso y ian rico.
~ h ... ~ea,.kllas del C&amp;lro y onl declmoa la verdad, 1&amp;n slmpillco.
-8l¡ ya TllÓ i una illllml deecencllenkl de IOf
•
Jl~1lcdi"eaee
-Juzgarh uatedea exageración lo que voy 6 d ~ nla-Cobnrgo y 101 Orleau cenando un plalo jl¡a
~ joven, al no me equivoeO.
lel, pero a6 por iDfClrm\18 de loe kfel de poHcla que en !aquilea, de Donoao, ó de peneques. 1Tienes 1IDU
dea COll nueeir&amp; hermosa Empe- loe hokllel, en loa.......-. eo las '116a pobree poaadu rrenclas 1
·
)U'..- TelJlllcUalrO•
yano tiaynl un rlncón-vaclo. Todoead.replelodefo.
-Hableremo1 de otra cosa, pero yo - rasteroe, de cnrloeoe, de gén"'8 i-vldas de pzesenclar das las aeiioraa, que una Emperalrls de )16:dco
~--llene?
el gran suceeo.
eomer lodo lo que comemos y al no le guata iea
-itd!)
-~~ la edad de Jeeucrillo y al-vieran
-La -verdad ee que yo no 16,-decla OG&amp; aeliora,- neceeldad de alabarlo ¿para qué ae nos entregil
, . . . _ . tue 61&amp;o 861ome p,or iacrlleglo, que yo le
COIIIO liemos de ' IOI emperadorea, .puee DO ie- cuerpo y alma?
ve\ eala _..,u.olio d&amp;NuelllrO Se&amp;or.
nemoe la llOllllmbre de tiablar con pereonas as!.
As1 se tiabló en aquella lertulia familiar y acbre
-De m..,.1ad,.ünicamenie.
coemmbrea de loa auevoa aoberauos y los deseos
eeo, aell~
Id,; -exprealóll i&amp;n dul!l' de loé ojos¡la ra-YN "'6mo. 88 lee dlri ¿cómo eeli uaced, 8Uh $ E •et? 86 ienJu de verlOI y de recibirlos.
1,11 en m.e41o; • barba ¡Mrida ea doe gajos; la narla
- o, qué dlaparúe.
Al rellrarnoa á cue, sorprencll en un corrillo
- ,...... y io4o, todo, -.ra mncha Idea como de
-Veogo, ~ . á-ver 'Ulled.
genk del pueblo, una conversación muy expree!TL

i que lieaen queatl&gt;nder en el
~ • b e al volve,in i -veneeeloaher-

.. ,.,...y
v.

i,-, -

¡;~'"""""'

t•

-¿C61a"'•
--l'n•

Dl••• ' ".

»..-

--Oye Claeale, me1 1111 a ~ lól aey..

-11...ito que •wnnc• para WÍilll IDlriiia W

~-di-.

-Y como IOD ¿no aabee?
-Yo solo loe he villo en la. bani}a.
-Y ea IOI naclmlealol.
--¿Y quién BOi ne fllYBI por a.eiP
-POI quien tia de trurloa, loe gabacl,OL
-Ali 1eoioncee cuando é8ioa 18 vayan 18 108 lleTa• eou elloa.

-Quieaaalle:

,

-Ya'riete que haa coronado el ignlla de• ban-

«.ra-

-Y le tian parado laa alas para qune le vea bien
la JIOl'ODL
-YQ creo que al primer -volldo 6 ae • iumban ó la

euella.
-Yo creo lomlamo.
. . : - que el Bey 1'8UDgtlero muy tiombre yJltlly
-Pero ' la Vfrgea de Guadalupe 110 ¡8 gnaian loe
toa irlgnelilloe.
.,.:()omo J1111D Diego.
-Aiea!e, u! mero y 110 ele ovo modo.
-Y sabeo que loa franceaea enin uoaado 6 toa
__,._09 en la cu&amp; de la calle de la Moneda?
-;ra me lo dijeron, pero ni cndllo quiero darle.
'IH,j~ á lodOl loe de la 111a lee eolia daado unu

---Cloim . . . . ..tllUcl-.,=jiitq ~
--➔--•

q118ÍIOpor81ár

llrel IIOlamee d e 1 - ~ º

Jfabla yo 'tlálo de IICOllanne,-ffll ......
■obre la mesa, unas primorosas y :fe4úellU
deru lrleoloree _d e raso 11uo y brlllainé. Todas lenlllD
111 ignlla Dlexio&amp;aa, ya eorouada, 1 unu lnlcrlpclo•
nee que deelan: 1Viva el Emperador 1¡Viva la Emperalrlal llll de Junio!
,
¿Para qué aervlrh estas banderll&amp;S? y pr ·
do con 881&amp; Idea me quedb dormi!lo y ao8.é ¡
graa campo lleno de geuiee que aglaban con eatu•
lliasmo 'I grll&amp;ban como locas, aquellas 8IUII y bellal
8D8du del nuevo Imperio.
Com.o veremos, mi 81lello, no era m'8 qu el pr&amp;leDUmienlo de la realidad, ngerldo por !al eoa-verl&amp;cioaea que en aquel clia eee11ch6 por lodas p - .

-T con qué lee pegan1
..;-Oon membzlllo.
~ puee ee mucbodejarae frallcameole. Eso
~ IOI euta,,Jerol 6 - n o a en 11..-a
la -.erdád ª'I llene madre,
•
'l• aeri la aueilnl y -véria como 18 1arpn •DT

pc,tque ae noe han de queclar enmi las manos.
¿no creeii que loa

,..y:tnego el Bey para qué line?

o le aniendo las gananclu al Bey, pero en 11D,
-1 C4llmlno ae conoce al P:Otro y mallana lo l&amp;nkla~ , alalaarleojo. Puecleque-eomonoslopln•
,-:,,,,!!i pero•~~ que 11° tiay Dada deubolee
0 ya 10 ll&amp;'rg'U6 en eei&amp;nla, porque •rndé
n•
,.,....,,,ID el ~o de Plateros.
que eeti arrlbtl Y en medio, ee el BeyP

~'!
;I:

4

11181'8.

-Íííl oye, lieue b1181l aspeilo.
'-'T 1auehas barbas.
~ ae las cuide de un cbaglllslle.

~""'l'«t·-•e1 gozgojo.oigo

misa klmpr•nllo.
,46!i,de hu aalldo ian anloP
~ IIW!ana ee domingo
-Ya caigo, no atinaba.
•
:C deapuél me -voy i • Vllla porqu alll n á ee1o 11ueno.
;.-"![ aqul lo mejor.-En lodo Plaieros y San Fnnllan puealo una de npoe y de florea, que ya p,..
que ee-oa en olro mundo.
-La Dlpul&amp;clón, Correos, •dnana, la Mlnerle, 88_
etiulae, la verdad que nunca las vide ian

D16aria

~

osaa.

~ eémo oatari •

Villa, eo ·domingo y clia

~o me largo eo cuanlo amaneaca.

-Y ae me hace que &amp;e aeompalio.
,-,Claro, -veremoa i la BeiDa 1 al Bey
~ o tian de 1er de oro.
•
:,:_quila.

+!' lea

va,

cantar el arzobispo.

la:en~":' l• tiendtga para que DO lee
que Tiene un soplón.
pbaeho y no enlieode.
noches monllieur.
p4,arme franeél laludaba corlelmenkl al pat
creyéndoloa lnocenkll y galaukll y 86 ¡0 ..,
eomo ellOI cllcen, cor11iffldo "'""·
la Tiapera de • enlrada de loe Prlnclpee la
ialm•cMn íl.e las callea era digna de -v~leleclol personajes Iban y venlan de 8'I'&amp; con 888 regocijo franco é lnienao que iori loa vi~ y que piel&amp; en l• aemblana
uaa expr'816n. de -veoiura tan lineara y 1an
ble que atiuyema la triaklaa de loe mu axc6p-

ílldÑDli'Opos.
a

.ele
'°"""

la llllll1rugada 1oc1av1a .. CODliruian
liUaba mnetio para concl1drloa.
DI mosoa, ni muchachos poclian concl•
-8.o. Yo daba vueltas y reVlleltaseomlcama
IIBl&amp;80Clego Y ian ruidoaa Inquietud que mu
me griió mi padre desde la aleoba eon-

etio ¿ealAs enfermo?
!1,Alllloy muy aealorado ;r muy molealo
r qué!' ¿flué lleneaP
•

i!!

IO

=

~ fllpo

dellO$&lt;l81l'11mas,

cp.tlia d,e ea-

_..u

OA.PITULO XXV.

111,!fe .. ..., ••

11ati■º'- , .. WJau

.. .--e11ay ....................

re!i-:t.:ieellega
Y pasa. No-;y Bllnera de avilar las
• que di fanlútlcaa formas • eeperaua
c¡u1ea..;

1-1)1 doe prlnclpee ian-aoblee como iluoe, 6
un grupo de mede&amp;D01 dllllnguidOI por n ed_.
cl6n 'f su euna, engallaron -en el zieaello culill d
~ , llngiéncloae loa 8.elee lnWrpretes de la -vo':..u~
ad del pueblo, llegaroa por un cámliaa ele la11-•- •
• ciudad de Koctenma.
·Bablaa ya en ian pocoa cllaa recltildo alee aaalfee•
aelonee de admlraol6n Y de carlllo, q,e 1111 oj&lt;ls u&amp;
~tirados • 886 eep&amp;CÜjllllo esialiau dealambraOI y ·DO pócllaa--ver l1Da .IOlllbl'II de lria&amp;eslí éalfe lOI
explendoree del lujo, de la adallcfm, y de la IDen&amp;lra.
1Inforilliulda pareja de 1olladoreet
Dejadme deaoorrer la corllna eap- :leJlda por loa
alloe, • 8.n de que IUtja delante de-4111, et 111.inlo ,_
DOrama que mecaúlvó aq~ domingo lneom()tlr&amp;:e.
Era yo adoleecenio Y 11n embarg,I, refle:rlo11é en lo
pérftdas que ion las mullUudea. Deede Jeraaalem basta Ké.deo, loa puebloe ae parecen en el éldualasmo de
1111 eeperall&amp;88 y en • cruelclad de IDI cleeepclonee
l HOll&amp;D&amp; al que viene 8D nombre del 8e8.or I
gadle de palmas el camino; ungldle con óleos aromallsadOll loa ples¡ adornad vuenras casas para reclblrloyeaandCl oe fatigue ID preaen~ cuando ID apogeo
08 morllllque, llll&amp;Ddo ID gloria oa auonade eacarnecedlo, befadlo, eeeupldlo y calilb!W
griloll
~ ~ b-·'-bvueatroe
l
locoe apla11101, por ealll sola y
uum e .,..... ra: ¡eruclllcadlol
1811 ~er ¡hoeeanal m•liana ¡mUenel
El que solo hoillba las frelcas' palmas arrancadas
6 loa mis gallardos seooa del bosque deepnél en el
ella iremeodo del aborreclmlenlo y deÍ olvido, ~o iendii donde recllnar ID cabeaa 1 con loe ojoe nubladoe
por • agonla, veri al pueblo voluble, al pueblo cruel
Y engalloeo, Jugar i los dados aobre n iúnlca
¿Y habri quién deede las clmu del poder .;....
• llineerldad del amor de 8111 -.-lloe?
ea
el !Oh reyes I de_k'il de la corona de oro y piedras pr&amp;oeu ead. eecoadida • de eeplnas p11DZankll l Deiru_!el maulo de púrpura y armllio, , cuya so• pre: ' ae arrodillan loe favorlloa, ead. el manto de
urlas y de eecarnlo, El breo CORO que la mulllllld
saluda con reepelo puede á'oeime por el eru
o ue
IOllengAla con Bllno crlapada al ueeader
eacaloaee del pallbulo 1
lfa:rlmlUauo y Carloa Uegal'On , la Villa de Guadalupe y se enconlraroro con la eompaca mullltud
dlaClnguida que 101 lal11datill agli&amp;ndo mllee de ban·
deraa Y alrODando el aite eon grllol de enlllllasmo
Todas las damas arlatocrillcu las mú élegaukll •
las •
bellae, las de nombre y 0:.udal mu
alll eelllban, i ple, arrasitando las . , _ ielu d~
IDI trajea, en et fangoso piso de loe llauoa de Guadalupe. No lee Importaba el iropel de glnelel que 88
acercaba al carruaje de loa Emperadoros; no lea de•
klnlaa el paso, las uopu mexicana y francesa ni loa
numerOIOI eochee alll apllladoa¡ ellae, reboean°do alegria, raclilnkll de dicha, tiaclau lo que jamú hablan
heeho, eonallillir uua legión prlmoroaa de masae, de ·
~~ Y aallr amee que naclle, al enCll8Dlro de loa

Be'.

Vll8llk'OI

~

afamado'

IOuan11.101.

•

El sol ardiente del mee de J ~ caldeaba la 8 de
umllio 'I rosa de las entulliul&amp;I hilperlallalae, pero
::-:Iban el ~ego del cielo, con • mllma lndlfereo•
deed laeoa argelmoa que fqrmaban valla en las callea
e
primeras horaa de la maliaDL
Lo que pasó en lol llauoa de Aragó11 no liene pre-

~••h•

81111

a ta 1llllolla ele
a-,
. . , ~di.t,ra coll 1-u 7.
Jili
el"7U8...,,_ ~--~~lr~llbrelli~ü
C\OIUllaJIII' é n ~
La, damu, loa ~
rleOl,kle.~y~
mneladoa y cdíifuiidld,ol i i01f

uu-m

ama

Bajaroa eelo8, en la V11la,
llllno dolilerro, y Ull6t, allf
doncle cleapufia de oaludar , ~ --i:i
A.yn,mmlelllol de la oapllal y de fiii1
loe prln~pee recibidos bajo pl.llo por
de lléxleo y Jlleho&amp;cin, ObiaJ&gt;O d"e ~
Cabildo de la Ooleglala, :,,,ado . . . . .~
cercadoe de una a1l1Ulad
Canió86 on la Colegiata él :o._
jMl'OfONm y ae .ioJaroa d
ala del !ldlftclo del
El pueblo eoardecldo
dor y 6 poeoe taeiaukll
baleonea.
Se proqJo enloncoa Ull en
prlnclpe ~b~ habló ~
necio eepalol, y al concluirlas ~ li

ir=•••

-.,.ne

Ucamenle.
Dé aq•ella cua aallero11 el ella
4' haber oldo mi.a en el 8au\1111rio
para 8Dlrar en Kéxleo.
No puedo deeerlolr oómo 8llluai,
lerda porque n.o '8ngc! eol-qnl\J·
El arco elevad:o en la primera dir
mo ~ para la PIN&amp; de ~
de orden I/GIIUIIUI, eoneaMro
Diendo ea rello.-e ea loe ¡
de las ciencias -, de las artes. 8p
88 Tala un friso, doade -b1111
llen la Oomiat611 de M1ramar y
y sobre ello qu aervla de "6balo, 86
1&amp;&amp;ua de :Mazlmlllaao, de iree ~
dl6adola A 1U dm,c,ha la Pnu!dad y

Junicla.
- ..
Obra de !1• noableÁ protrreepondla 6 la fama de na a111ore1;
El arco de"la Paz, eo e!"Puéale de
orden eompueelo, aorprenclla por 811
Loe...,.., eomo dacia el pueblo,

- • Plasuela de Vlllamil -, Saa
Andzél, Vergara, Correo, Pro
PWeroe h - bagar al lblo de

puena prlnelpal eel&amp;ba adornada
eon lloree eacarnadu, blailcu-., 111~"•~~,;,¡ij
COD &amp;Ol'ODl811Dpc,mlee de lo .....
dlgenas de Xochlmllco-, COll IDArip
también con floree.
Ela el lriaaüo, el camtaje 18
ocasiollel para recibir preeeokll cíe
cbar • lee"1ra de venoe emuatanaa, 6 fiO,aílillil!li
faehadas de edlllcloe como el Colegio
aobreeall6 eo m ornameniacl\111 upJ611cll"cli;
Lu uoieas, IOII baleon11, !al 8!11iD
8.cloe, IOI requiclOI de las callee; !al
lodo rebosaba de cur!OIOI que grHában
do el eepaclo con 1u alprabfa.
Al bajar loe aretilduquee en el parator
rrll Y al ple del lrODO erigido alll ~ el
feclo Polllico, loa plllO eo las lu llll-..
ciudad. Eran ealas de oro, enu,liado • ~
1eDiando en ID parte nperior • - e l ~ j j ¡
la diadema imperial. yeel&amp;tiaa p..,._ ea'iqla
ja de p1ala.
,
Subieron delpuéa 6, la carrosa y H•:rlmJlilmQ
estrechar• man.o del Geaerat TolllU ~
arrogankl caballo que mbutaba el braw ._
loa reacclonarial, 86 encabriió de tal mo40.- el
&amp;répllo de loe -ri...... de IQI . , . _ y de~
de llalonee, 8.orea y venos, que le bilJldló IIC!i' J "
En aegnlda la comlliva ee puo en JIUm
abrlan • marctia dol mhadee de cabaD-·~
Ayunl&amp;mlenlo, loe PrefecM&gt;4 PoHlleo y
personas de la cua bilperial, !al danu,a ~
llinlatro de Estado, el Gran Harlaeal de'.¡
luego loe monan,ae, ~ d o i la ~ a l
]lualne y al Geaenl Woll, y 6 la ~ .i
ral Salas, Begen18 del Imperio. ~ la
el Geaeral Barón Neigre, loa Generalel ~~f
el F.al&amp;do Mayor, wu el eual vellfa •columna~
8'Ddoee eoa las lrOp&amp;8 que fórdlana • w.úli • íoclil

a.,v~~"""'

-!ir

lí..,~

la carrera.

&lt;• ►-, ► I}

�~=======E=L MUND0:;,·============2=9=S=E=P=TI=E=M=BR=
. E='=1=89=5=·=

104

•

PRENSA MEXICANA.
Páginas extraordinarüu.

DOMINGO 6 DE OCTUBRE DE 1895.
~================================~:====::::::~:::::==============~71~o,:no IL-Númtrv J,J.

&lt;roronacion

ae la "0irgen ae Guaaalupe.

First Ola'3B

R. R..
.•. ,t,)111),.,. ..

tornrnerciál - Prinling
Book-Binding.
Pres&amp;

COPYING

{Fotografía directa del originnl,

9magen·ae la °0irgen.
teme.da a~, AUinn de /a e:cnnadt,n, con r&lt; 1n iFO de &lt;oEl Tiempo.n

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Páginas extraordinarias, 1895, Tomo 2, No 12, Septiembre 29</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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. E='=1=89=5=·=

104

•

PRENSA MEXICANA.
Páginas extraordinarüu.

DOMINGO 6 DE OCTUBRE DE 1895.
~================================~:====::::::~:::::==============~71~o,:no IL-Númtrv J,J.

&lt;roronacion

ae la "0irgen ae Guaaalupe.

First Ola'3B

R. R..
.•. ,t,)111),.,. ..

tornrnerciál - Prinling
Book-Binding.
Pres&amp;

COPYING

{Fotografía directa del originnl,

9magen·ae la °0irgen.
teme.da a~, AUinn de /a e:cnnadt,n, con r&lt; 1n iFO de &lt;oEl Tiempo.n

�6 ÜCTUBRE, 1895.

EL MUNDO.

106

QEl ~ímb.oht tl11d1ntal.
Dioses I1npotcntc1:,.

LAS OPRESIONES DEI, CAPITAL Y LA IGNORANCIA.
EL AYATE Y LA TL'.:'."ICA :IIORADA.

nes, á ven~rse del amo duro, del h_acendado avaro, á. tomar desquite de los azotea y la tlap1xquera. ,,..
·Y arriba en el estandarte, la imagen de la' 1rgen Mexi~ana, capitaneando, autorizando a51nella guerr~ co ntra
los hombres injust-0s y los crnele!i munene~ extranos.1 No
había realmente en la guerra de rnsu~encia lucha de dos
credos religiosos diferentes 6 ru.1tagómcos, per~ ~r, pu~¡
entre dos catolicismos1 por decirlo así:.e.l catohmsmo 6
inquisidor que excomulgaba y el catolic1smo d~l cu:na_u0
era excomulgado, entre el catolicismo del prop1etar10, e 1
amo· y el catolicismo del 1:1iervo.
. .,
Lá Virgen de Guadalupe simboliza,b~ la rehg1&lt;!n de lo~_
naturales oprimidos; ella no fué agracw.~a éon titulos m~litares por el poder ,·irreinal 1 como la Vtrg~n ~e 1A_1 R r
medios; ella era, toda india y toda para el indio.
ve_
su imagen en la bandera flamea.nte, alzábanse las chus.
mas acrecfanc:e sospechando tal vez que aquella compa
siv~' y buena J}r~tectora estab:'L también vejada .Y. perse;
guida como ellos. Para acentuar el carácter rehg10so dn
este enérgico levanta.miento. p~puhir, cleb.e tenerse e_
cuenta así mismo que sus pr111c1pales caudillos eran
cerdotes, curas clel pueblo, en quiene:3 ve la gente sencl a
personificada la religión. Ellos se re.bslab~n C?~t.ra. s~s
prelados y superiores, porque veían de cerca l,~ 1nJUJti.c 1~~
porque sus curatos y sus templos eran 103 ast1os u¡ic
del indio. El clero alto, los primados, ~on_ el e.,;paflo j Ía1
clero bajo, los humildes cur~s., con ,el 1~d10. De ,,a~ui ._
escición que &lt;lió carácter rehg1o!'l.o a la rnsu~"gencm. est
ción que empezó á marcarse desde la conqm~t:1' con 1a u¡
cha entre el catolicismo de Cortés y el catolicismo de I0
misioneros.
. .
· t
e
Los que niegan el milagro ele la apanc16 n., as1en apqu
fué inventado por los españoles pilra ?01:1:nnar meJor _}l1
indio, Pues el milagro entonces consistió en que, t,;iu
quererlo dieron al indio un gran consuelo, con el consur
lo esper~nza, con la esperanza energía Y con la. energ a
aptitud para vencer.

Es necesario tener muy delicad1.\ plluna para escribi: la.
historia de las tradicioneEZ religiosas, para. contar la ~ida
de esas hadas consoladoras de la humanidad. Re _d~t•ene
el aliento delante de ellas como delan~~ de esas msa~as
burbujas de ugna y de jabón que los nltl·ls lanzan al ~1re.
y también aquellas como esta~, tr~n~parent_an el ciclo.
Leemos sin emociona.rnos la Il18f&lt;?rut d~ lcv Nrgen~ ~e .Jacolliot, tiene para no~otros valor ht.('rar10, valo_r h1~~ur1co,
pero no tiene )o que podría lhumtrse \'1\!or de la..m1lm.1.p1~
cambio esos libros piadosos que no~ le1nn 1.we::etros c_!1s
tia.nos Pa&lt;lres en la \'Íspera de los d1~'''. de tic.::;ta, 1~ .1 uln
de la Virgen escrit.a por el abate 0~1111, Ci.w 1lro_portt(':I) de
los 1 crame;,tos, del Visconde_ de ,valch, el uGen10 del
Cristianismo)) y varios otros libros que no podemo;; vender aun cuando estemos pobres, l?o1·quc están dobladas
eus hojas por las manos ntiís qneml.as Y quC: ya, muchos
no podemos besar, hablan{~ nue_Atra, 1ne111or1ay a nue8t,ro
corazón con exquisita elocuencia, no~ hablan de lo que
ellos hablan y de lo que nosotros oimo;,; 11H!Y aüent..i:o,
cuando todo lo que nod rodea queda en s1hmc10. La'. irgen de Guadalupe es para nosot1·os un símbolo de familia
y un símbolo nacional.
El pobre indio estaba; huérfano de ~odo, cuando e\la
apareció. Le habían qmtado sus propiedades, sus muJeres, sus hijos; habían acltebillado á su.s padres, Y. no podía creer ya en los dioses que presen.cmron 1mi?as1bles el
exterminio de su pueblo y que sufrieron, co.n un potente
resigna.ciún los ultrajes de la solda~escn .ebria de 9ortés.
No, no podía. nmar ya á aquellos d1?ses rngra~os, a aquellas dinnidades prostitutas que s~ 1ba.n ta11~b1én con los
Transcurridos años, siglos, la, fe en la Virgen de Guad,1,hombr.;,s bln,ncos. No, no eran d1ose;;. Ten1an de veras lupe persiste aun como h\ esperanza en el enfermo. ~~0 •
davía es protectora de los oprimidos p~rque la opre:. 1 n
corazones de piedra.
En los m,í.s creyentes, en lo~ más a~.megados, en los que del capital y la opresión de la ignorancmsoneternas.
se creían merecedores de cast1go y dlscul paban la ,celeste davía el amo es duro, el capataz azota ...... y se esc½1c
ira ó el egoísmo, persistía aun el amor á ~os nurn~nes
rumor de lú.tigo como si fueran estOJ! culebra:, que, atibavencidos, pero ya de otra. naturalez~- El d~os i~o ~10t~- ran en el aire! Y tod;1sfa la. Reina ~piñonacla sonr1e progía al indio, no era, el ommpotente m el temible. el mdto
metiendo remediar los males y abru· las puertas de otro
amparaba al dios guardándolo en lo m(tS secreto Y recón·
mundo en el que no hay siervos ni señores..
~ .
dito de su hogar, enterrándolo1 llevá.nd~lo en brazos por
En el culto del indio hay mucho de 1dolatr1co,. ,se
las montañas inaccesibles para el conqmstador Y por las
dice. Es verdad. Pero la oración siempre es ora.crnu
cuando se exhala de una fe, como de la rosa el per~u~e,
vastas soledades.
.
Lo amaba el indio, pero con amor compas1Yo, C&lt;?mo se ó cuando brota de un dolor como el l_lant~ brota e os
a.roa al que está en clesgr;1ci,1, al pf!-dre que cor~1et1ó nna ojos. Hay ideales superiores é ideales rnfeno~es,. pero eís
falta y que por ella sufre, ,t la débil nu~Jer, al mdefeuso
bueno par:1 conllevar el dolor todo ideal. El 10d10 veas,
niño. ¿Qué habrían de esperar de los d10ses los protecto- ama así; no Ye ni ama sino lo .qne les presentan de b•!l~.
No podemos sustra.er_lo á la mfluencu~ ance"'tral: tie n:
res de lm1 dioses?
. .
~
Pero es el caso que tampoco podí.ln amar los rn.d10s a por fuerza que rev1v1r algunos de sus r1to3. con esas d~
las divinidade8 extranjeras. Er&lt;1.n los númenes ~m1dos,
zas con que cree halagar y complacerá. la l\fadre de~1os.
implacables, vengativos que habían asolado sus tierraJ é
' Tiene que ser de su raza., como el árbol es.de la tierra
incendiado sus casas. Serían poderosos pero no podtan en que enraiza.
,l
¿Acaso el civiliza,lo puede fácilmente remont~r~e. ,~ u~
parecerles buenos.
,
Los misimieros de afable aspecto y ~landa voz procu- concepto puro y netamente inmater.ial de la D1v1md~d?
raban es cierto disculpar ,L los ?onqmst~dores Y decían ¿Tenemos ojos que vean foera del t•e.mpo Y, e~ espacio.
al ind ígena que ni Jesús, ni la. Yirge!1, JU los Santo::!, ha- La gnm fuerza del cristianismo consiste pt11~c1palmei:i-te
bían sido cómplices de aquellas atroctda~es., Pero aunquti eu que aceptó la humanidad y en q1;1e su D10s se luzo
el misionero era muy bueno, aunq'!e el rnd10 le llamaba carne, se hizo hombre para que lo viéramos..
,
padre facilmente, siempre echaba. este d~.yerque no perEn el indio esos retoños y renuevos ~e 1d~latria son
tenecía ,í. su propia raza y que el 9ruc1fiJO Y las deuJÚS imhorrables. Su raza., que no tiene ya virt.uahdad para
imágenes de aquellos foüles [ran?iscanos eran tm,~1b1én vencer en la lucha, por la exist~n?i1:, morir,í.. coi:i _ellos
de otro color y hablaban con los OJOS otra lengua. No po- más ó menos atenuados. ~obrev1v1rangrupos, rndnidua~
der creer ya en unos n.i ª1:llªr á lrn~ otros todavía, tal era lidades, reproduciéndose, mcrustados ya, en otras r3:zas,
pero Ja masa obscura v densa va hundiéndose en el tiem•
la condición del pobre m&lt;lLo.
A la Yirgen de Guadalupe si pudo amarla desde el po co~o parece que af romper el día se hunde la noJhe
primer momento. El primero con quien ell.1 habló fué
en mar.
JuanDieao como para decirle: Yo no vengo en son d~
¡Buena Vírgen h q1ie ha Rido Madre de todos esos
cOnquist;, á_ mi no me trajo ningún soldado, en la. mochi- huérfanos de todo! ¡Buena Vírgen laq~e aun ayuda amo•
la no me presento impuesta por el .Arzoblspo m por. el rosa.mente ú bien morir ;t una raza agomzante y reelegada
virrey. Sé que esta es tu casa por m~s q~e lo~ ~x:tni.1110- al hospital.
.
ros te hayan echado de ella y reducido_•~. aervtdum~re.
En el mismo incrédulo su nombre suena bien porque
Por eso á tí, que estás muy pobre, me dir1Jo par~ ~ecirte significa amparo al des\'a.lido, protesta.,contra el abu~o,
que deseo vivir con vosotro~. "Fe saludo e_n tu 1d1oma Y idea de libertad. Y si P.l incrédulo naClo.de padres crismira me parezco á aquella rndta muy bomta Y bondado- tianos ese nombre representará también para él todo
sa q~e se unió con tu padre para darte el ser,~ aquella
un orden de hermosas idea.~ que ya pasa~on Y que
que murió de pena cuando los espafioles le qmtaron su por lo mismo, juntan á. su rntrínseca p.oesia la poP-sfa
de lo ido. ¿So halla acaso perfume en un ramo de rosas
heredad!
d',
t Ca
y para. que m{LS lo creyera se es~on 10 en su ay~ e.
· marchitas que ya para l.os demás ,no exhala olor?. Ese
viloso era el indio,. suspicaz, ~emi6 que lo enganaran Y
erfume no está en el aire, pero Sl en ~•\ at,~6sfer~ del
resístióse mucho á 1r al Arzobispado. Per? fué al. fin Y ¡lma, á la Vírgen d~ Guadalupe ~e as?cia. la idea riente
¡qué regocijo para él! A él no al prelado luzo ~l milagro
de la niftez ...... esa mñez que se r1é mas 1mentras se ale•
aquella bermosa Señora! No la tení~ el frzob1spo en su jade nosotros. La madre nos enseí'i.6 á amar ,í. eea Víi:vestidura morada, la tenía él en ~ tilma.
. . .
gen afable, y por eso aun el que ya i~o crea en su. apariAquella raza arrodillada necesitaba tener una div1m· ción ni en su existencia, snprasens1ble tendr.í siempre
dad delante y la tuvo desde entonces. . .
ue quererla. En esa Imagen se reunen para todos 6 caAllá en aquel templo encuentran los md10s algo de su
para todos, muchísimas itmlg.enes Y ~ay muchos.ateos,
tria perdid..&lt;t, allií. recuerdan é imitan las danzas de sus y ya viejos ya curados del vahido poético de la Jl~venratepasados¡ allá se encuent~an COIX!? en h?gar suyo q_ue tud, que v~n todavía con cariño y terneza una arrugada
por gracia abren á los extranJeros. Si ven a u,~ espanol estampita de esa Virgen. Ella fué _la. confi.d~nte de nuesarrodillado frente á la Imagen de ~uadalupe, sienten sa- tros padres que para nosotros le p1d1eron blenes.
tisfecho su amor propio. Ellos le dlero~1 esa. protectora Y
La noche de la incredulidad respeta al$-unas. estrellas
si esta atiende las preces del español, si le otorga la mer- dejándolas que brillen á incalc11lable dIStaucia de los
ced que picle, á ellos lo d.eberá.
,
.
hombres.
Irrevocablemente ba sido y ea.un snu~olo de nacrnnaY esa del Tepeyac es una de ellas.
r1dad de independencia de patria, esta imagen. Cuando
:M. GuT1Erm.EZ N.ÜER.-\.
¡ gu~rra de insurgencia: iiü.ervenfan en la lucha, así co:o los dioses contrariados se mezcla?an en }as pugn~ de
griegos y troyanos, vírgenes antagonistas. El cura flidalTRINOS0 ne vivía cerca de los indios y que con_ocfa el curso
g ui"siguen las ocultas corrientes de sus canfi.os, tuvo una
Me aseguran que le quieres,
{&lt;lea genial: la de escoger por estandarte la Imagen Guay me demuestra ese amor.
d.alupana. La insurgencia fnépopular, levantó á las masas,
que aún proseguís las muJeres
inflamó las almas, porque la annna~an dos fuerzas podeescogiendo lo peor.
.
rosas: la fuerza de la fe y la fuerza mtensa. de una gran
¿Sabes lo que yo te d)go,
necesidad económica. Ttw?1 .pues, los caracteres d~ una
rtu.nque te enojes conmigo?
de esas grandes guerras religiosas que aun suelen mc.enQue te quiero de tal ~uerte,
diar los países del pasado, y los de una guerra económ1caJ
que no me caso contigo
de una guerra por hambre co~o la_q~e amen!lza alH.H~ ~
por no dejar de quererte.
Europa. A matar c.~pañoles.' .Ee decir a rcpartir~e sus bie-

.~r

s.

Ti¡

1

ii

MIRA-----~
(POR UN Dln'OTO DEI.., PE~SAOOR.)

Ese doncel que frente ll. tí camina
De rizada y obscura cabeller~;
De ojos negroi y te1. alab1s~rrna,
Lozano como arbusto en pnmavera.
Es aquel serafín que abandonaste
Cual si fuera un cachorro, sobre el lecho,
y que sorda á su llanto, le negaste
Tu cal~r y la sasia de tu pecho.
Es aquel pobrecito que gemía
Sin dar á Ln crueldad ningún r~proche:
El hambriento b~bé que no sabia
Tu infamia y tu impudor de aquella noche.
lloy ...... mfralo; ha ?re~ido; es ~a.si un hombre
y aunque tu crimen sm 1~ual olvida
Le da vei'O"üenz:l. pronunciar tu !1ombre
y lo enfe;ma la historia. de tu vida.
Aunque nada te debe, lE: sonroja_
Saber por gentes para el b1eu ex:t,ranas .'
Que lo arrojaste al mundo c~rnl se arroJa
Un par1ísito vil de las entranas.

Y calla con dolor este secreto .
Que publicas con cínic&lt;t ai:rogancia,
Sin darte amor, ternnr,\ m res~eto .
Porque jaro.is te conociJ en su mfancia.
Me cuentan que su padre-no te asom~r2Le ha enseñado educ,lndolo en tu ausencrn1
A. no manchar sus labios con tu nomb!e .
y á que te alce un cadalso en su conciencia.

TROPICALOh vieja selva, nido de la sombra!
cuál se sola.za el alma en tn frescura,
sobre tu muelle alfombra,
bajo tu dombo inmensn d~ vercl:ira.
En tí el génesis late; en tí s~ agita
la savia cr~a.dora;
eres arpa salvaje, vibradora.,
donde la 'vida universal palpita.
Los árboles, pilastras de tu arcada,
se retuercen leprvsos
en la inmem:!a hondonad1.1,,
y muestran Yigorosos,
cual guerreros p~ndones
de gigantes en ancho campamento,.
sus blancas barbas qn~ remece el viento.
y el río, entre los antros pavorosos
donde ruedan las aguas turbulentas,
al chocar en los altos pedregones,
salta en recios turbiones,
y ruae cual si fueran las Tormentas
cabalgando en los negros Aquilones.
En la ribera, entre silvestre ortiga,
picoteando están las ~arzas bl?,ncas,
y con el verde pasto a la. ba.rr1gct.
los toros muestran sus lucientes ancas.
Es la ciilida hora del bocborno;
el sol quema y enerrn;
y canta. la cigarra entre la yerba,
y el suelo emerge un hálito de horno.

Se ven del tigre entre el fangal las ?1-arcas;

y en la vaga. penumbra, entre las quiebras,
Junto ,í las negras charcM
yacen aletargadas las culebras.
Remolinean vírgenes efluvios;
el humo de la rosa, azul y blanco,
sube de la montaña por el flanco,
y alzan las cañas sus airones ~ubios
cual penachos de indígenas trm □ fales;
y traen ú. la vega, bulliciosos
los vientos tropicales,
el ruido de los pl:itanos hojosos
y el lejano rumor de los maizales.
Y en la playa desierta1
sobre la seca arena, perezosos,
cual negros tont?s, con la jeta abierta1
descansan los cannanes escamofó!os.

............................................ ······· ········. ·~

En la cercana loma,
en un recodo del camino, asoma
feliz pareja de labriegos ........ .

Ella.
núbil fornida y bella,
.
de ojos negros y ardientes, y de roJa
boca virgínea, y de apretado seno
que forma curva en la camisa floja ... ••····
y a, atlético y lle.no
de juventud y vida, musculoso,
con muñecas de recia contextura,
hechas, como muñecas de coloso
de alguna raza extraña,
para domar el potro en la llanura,
para tumbar el roble en la montaña.

Y la feliz pareja al fin se pierde
entre la selva enmarañada y verde.
ls.'d:AEC. EsRrQUE ARC[S'rEGAS~

6 ÜCTUBRE, 1895.

&lt;ron uein!e

EL~'.UN"DO.

reales.

habían sonado las ocho de la mañana, cuando
n par de agudos campanillazos, en mi casita. de
fadrid me anunció una visita.
¿Quién llegará ó estas horas? De seguro que no
conoce ni por el forro las costumbres de la coronada Villa. ¡,·isitar tan de mafüma! Ni los médicos serían capaces de hacerlo en la cultn capital de España.
' -Sefiorito, señorito1 dijo el criado en la pue1ta de mi
alcoba, un paisano de usted dese!\ hablarle.
-¡Me lo figuraba! paisano mío, acostumbrado á la vida
de América, á leYantarse temprano, á meterse en la cama
ii buena hora, á comer con método y no con hambre, á
visitar ií. sus íntimos cuando le pega la gana, sin consultar
el reloj ni las conyeniencias.
-Que pase y me espere en la snla, contesté bostezando
y sintiendo caer como si fueran de plomo mis párpados
enrojecidos por tantas sabrosas vigilias.
Oí sobre la estera del pasillo la marcha ceremoniosa del
recién llegado; crujió la puerta de la pequeña sala y á. poeo el criado volvió y me dijo:
-Ya le dejé esperando, señorito. Cerré los ojos y me
dormí de nuevo, arrullado por un rumor de notas de wals
y de rigodón recojidas algunos minutos antes de que el
sol dorase las frondosas arboledas del Retiro.
1\-Ie dormí profundamente y abrí los ojos cuando en la
torre vecina daban las once.
Florencio, Florencia, grité con todas las fuerzas de mis
pulmones.
-Señorito ........ .
-¿Tú me dijiste algo de una visita que llegó ,í. buscarme, ó lo he soñado?
-Sí señorito, un paisano de usted lo espera en la sala.
-Hombro y yo me dormí.
-La visita se ha dormido también; está roncando enel
sofá muy tranquilo.
-¡Ah! pues déjalo y dame mi ropa.
La toillftt fué leuta y cerca de las doce me presenté delante del desconocido, á quien tuve que despertar tocándole un hombro.
-Señor Don Juan, nw dijo, estoy tan canFado que me
dormi; lh,,gué anoche it )laclrid, u~ted no me conoce; soy
Fulano, allegado del Gei:ieral X y muy amigo de Z iiquien
vengo ,L buscar en esta crndad.
-¿De dónde viene 11sted, caballero?
-Pues de :México vine{~ Yeracruz y de Veracruz ,í. Madrid, y he hecho tocia la travesía con v~inte reales.
-¿Uon veinte rt'ales?
-8í sefior, rf:'ales mexicanos; con dos pesos y un tostón qhe aún los traigo en la bolsa, véalos usted.
...'...¿~ntonces ha lwcho gratis el viajt-'?
-Exactamente. ::\le encontré en Yeracrnz á. un catalán
muy si1t1p:í.tico, capih1n de nn ba'.?º de vela en q~te iba á
traer carga para Santander y le d1Je que en ~1adr1d tenía
yo un amigo.
-Puf'ssiquiere usted verlo yo me lo llevaré en mi buque.
-Yamos, le rm,pondí, ~• al dín. signiente m~ embarqué;
hicimos dos meses y mcd10 de tran•sía, sufriendo algunas tempestades y calmas qul• 110s d&lt;•i:espcraron, hasta
que por fin puse mi~ piés en tierra española y me despedí
de tan generoso auugo.
-Y de Santander á Madrid cómo ha venido usted?
-A pié y andando.
-Bárbaro!
-He tardado diez días y vea nstC'd SC' me acabaron los
zapatos.
-Ya lo creo, contesté mirando los pies de mi paisano,
á mí se me habría acabado hasta la manera U.e ponér•
melas.
-Pues sí, como le decía, me vine á pie y en las noches
me quedaba en pobres casuchas ó ei~ buenos h(!~les de
las ciudades más importantes, pero siempre adv1rt1éndoles que era mexicano, que viajaba á pie por suma pobreza y que demandaba hospitalidad gratuita. Y son muy
buenas gentes¡ en ninguna parte me ha faltado pan y
abrigo y en Torre la Yega me quedé á descansar dos días
y me encontré pers01rns que me habrían dado un billete
de tercera para. el ferrocarril pero no lo acepté ..... .
-Pura era buena oportunidad.
-Sí pero me propuse llegar á pié á Madrid y aquí me
tiene ~sted, con los mii::mos vrinte reales con que salí de
Veracrnz.
-Y cómo ha sabido usted mi domicilio?
-Lo pregunté por todas partes y deseo que usted me
presente con el General Corona.
. .
.
-Claro; ahora mi~mo; es usted un vmJero extraordinario· nadie ha hecho Cl•sa igual; aplaudo su extravaganci~ y admiro su tacto, su tino, su fortuna, para haber
consenado el dinero mexica110.
El hombre aquel, era joye11, de brillantes y expresh'?S
ojos, de tez pálida, algo eEcaso de cabello1 de barba rubia
y bigote largo y sedoso.
.
Su sombrrro, 8U traje, su calzado, estaban en rmnade~pués de tantas fatigas, pero sn carácter era franco y animado como si viviera en plena riqueza y cercado de venturas.
Había, sin embargo, un tint~ de rnelanc?lica tristeza
en su mirada acaso la ausencia de la Patria y el temor
de no volyer ~ veria'...... ·¡qnien lo sabe!
Lo pres.t--nté al Gt-nera1 Corona y~¡ Dr. Ilijar y Haro
que lo recibieron con sorpresa y con mterés.
Se albergó en mm carn de buésp~&lt;lls; al!f íué víctima
de una nenalgf.a cef:ílica que lo hizo sufrir fl?U~has semanas y despuée conoció algo de la Corte 1 asistió á dos
ó trrs corridas de toros vi6 de cerca al Rey Alfonso, un
sábado en que el mona;ca iba 1í Atocha; le tocó escuchar
á Castelar y {L C{tno, ns; no entendió una convnsación de
Frasc11elo y colegas 1,&gt;n el caf6 Jmpe1ial; t,)mó café con
tostada, horchata de chufas, callos, caracoles, calamares
y ...... caiíamones.
De~pués aquel bondadoso é inolvidable ~enernl Cor&lt;t
na lo envió á l\féxico por cordillera, es decir, se lo rem11

tió el nuestro cónsul en Santander para que éste i;e lo enviara á nuel"tro cónsul en la Habana v éste al comandante militar de YE'racnir. qne &lt;1 su ,·ez io remitiera á su familia.
Y así volvió á México ac¡ uel extrnvagn.nte pai8ano mío,
que en cuanto llegó al $eno U.e su hogar me es.cribió una
carta en la cnal 1110 dijo:
-Todavía tengo en l-'i boll"illo los dos pei::os y el tostón
que eneefié :L nstt:!d 011 í-11 cni;:a cuando me dormí de cansancio en la saiH ..... .
Y ahora, lo encuentro muy seguido por estas callea, lo
miro con gui::to y con a.r.:om bro y me repit,e el recuerdo
aquellas palabras que me impresionaron al conocerlo ..... .
-11Con veinte rt-'Oles.)) Y i-i u~tedes conocen otro que
haya hecho lo mismo, pre~éntcnmelo, porque de estos así
no caen dos en Iibra.
Jt:AN DE DIOS p_¡.;zA.
~

PEQUEÑO IDILIO.
I
Cómo una enorme blanca paloma
sobre la falda de agreFte loma
que se di,,ii:=a desde el lugar,
como nna e11or111e1 blanca paloma
se alza la ermita del Uetarnar.
Muy tempr;1nito, por lus mañanas,
cua.ndo aun no se oye que las campanas
lanzan al Yiento su blando son,
muy te.mpranito, por las mañanas,
para. la ermita va Concepción.La linda nil1a de faz i::erena,
cabellos de oro, tez de ar.ucena
teñida apenas en arrebol;
la linda niña de far. serena
hecha con lirios v 1nz de sol.
P,Hida y triste.llega á la ermita
donde Ja virgen pura y bendita
con su sonrisa convida á orar;
pú.lida y triste lleg,i tí. la. ermita
y allí se postra juuto al altar.
Con t1·mblorosa voz suplicante
ruega :'L !:~ virgen porque i:=u amante
que se lmlll\ arn=c:nte torne al lugar;
eón tembloro~a vor. suplicante
pide y no CL·sa de SllFpirar ...... .
II
Do luce el césped corno esmeralda
de agreste loma :;obre h\ falda
'
qne se &lt;li\·iea de~dc el lugar,
dó luce el cé¡;ped corno l'Smeralcla
se :&gt; Ir.a ht. erlllita del Retamar.
~Iuy tempranito, cierta mafiana
se oye el repique de una campana'
que ra~ga e! viento con blando son;
muy te1npr.lnit.o, cierta mañana,
par:i la ermita rn Concepción.
La rubia nifü~ n1 con su amante
con satisfecho, dulce i:=emblante
prendido el ve!u de 11i \·eo t1il; '
la rnbia nifi.1 ni con su amante
cuando la aurora tiende su ar.u!
F.mocionnd.,1, llega :L la ermita
donde la virgen ¡mrn y bP1Hlita
luce, gallarda, sobre su altar;
emocionnd:t !lega ._¡ la ermita
con su corona de albo ar.aliar ........ .
Levanta el cura sn blanca mano
con el semblante sereno, nfano,
donde fulgura mística nnci6n;
leYanta el cura FIi t.ln.nca mano
y l'Cha ,'L los nodos la bendición ...
FLORE~'l'IXO ÁLCORTA.

LOS DOS OORNETAS-

J'"~s

dos cometas :e::-, la cnrga.

~ ºlmbos niños: PI uno hijo dP Borgoña¡ el otro

~ t.1.c Bretafia. Los azares de la guerra los han
f-~unido en la montaüa, al mismo batallón de cazadores.
Los batallones marchnn al combate ..... Los dos
corn~tas tocnn it la carga!
Allá abnjo, la infantería enemiga se ,·e forn1ada en
columnas sombrías y compactas. Mil~ lejos la caballe·
ría oculta detrás del cemt•-nterio de la aldea., e,J act'ro
de sus cascos y c•l brillo de :-;us sahlt&gt;.s;.
El enemigo es m,is numeroso.
Pero qué importa?
Los dos cornetas tocan A la carga!
A paso de trote los dos caza.dore:;; s,th·an la barrim&lt;.:a, franquean los matorrales. Ya se aproximan .... La.
pólvora estalla, las balas cruzan lo:; aires .... Se lucha
cuerpo á cm·rpo .... Ay! los brazos cómo se b,lten!
Como ellos corriendo i:iie-mpn•, los 1Lo;; cornetas tocan fi la carga!
Oís los relinchos ele los caballos, los piafidos de~ las
patas en la ca.rrekra? Es un escuadrón que niela ú.
socorrer al enemigo ...... Valor, soldados! En vuestras manos estíi la suerte del ejl•rcito entero. Con la
rabia en el corazün, con toda la ftwrza ele sus pulmones, los rlos cornetas tocan á la carg-a!
Qué horrible espectáculo! En todi.ls partes muertos
v moribundm; ..... .
· Dios de los combates. dinos que fruto,; nacerán en
la próxima estación en la tierra qul! se riega con sa.ng-rc humana?
Dominando el sonido de los fu.sifos, el choq ne de las
armas, los gritos de los combatientes, los dos cornetas
to~11n :i la carga 1

107
Ay! el )J1ttalllln des¡wdazado..
Ya no se oyl'll
los.
La c1lballeri1i sahlóó las manos del uno¡ 1·1
otro Ita sid11 hl'l"Íllo t·H la t'arn por una bala, Los de:;•
gTaciaclo.-; ni1)0_-; 110 1nwd(•11 tocar. Ruedan juntos li. la
fosa tlel camino.
Héroes dc:-;couucidos de la patria francesa!
Lo., 1!os ctirndas e~pcrn11 silenciosos la muerte!
l't&gt;ro 110! Ea tanto que un soplo de vida anima sus
pet·ho:-:, &lt;·l liatallón marcharit adelante con sus banderns ci&lt;•splPgarla,;; :il Yil'uto! De una sola mirada se adivinan ,v s~ comprcmh•n.
En la :;angre y en el fango se arra!:itran el uno ha•
cia el otro.
Los dos no quieren morir!
Oh! los nobles conizonl's! los gloriosos mutilado!-!
El bretón &lt;:011 la cara dt'spedazada, tüma su clarín
~' lo llC'va 1\.los labio,; moribunclos de sn camarada ...
Ento1H:es, n•unit•ndo en n11 subli1nc esfurrzo toda su
alma y todo su ,·:dor, arrojat1 al l'Hemigo e::! más atronador sonido!
Adeln.ntr, ci~z,ulrm.&gt;:s, adelante!
Y por última nz, los dos cornetas tocaron 11. la carga.

.Ji·r~rn LEGoux.

\:!a uiaa es sueño.
licenciado Lien deFoukien vivía en el siglo XV.
Acababa de examinarse con brillante éxito, y
leno de orgullo poseábase altanero por todas
parte¡;,, cuando supoclc prontoqueene1 cunvento
de Pi-Ion se albergaba temporalmente un distinguido frenólogo.
A penas conoció la noticia1 corrió en busca del famoso
doctor, para preguntarle si estaba ó no predestinado á
llegar algún dia á las grandes dignidades del Estado.
Al notar su fatuidad, díjole el sabio cosas muy lisonjeras y acabó por prometerle veinte años de pacífico y próspero ministerio.
Síitisfecho con estns predicciones, el mancebo no pudo
oc11ltar &lt;1 nadie su altivez.
Trató tle retirarse, pero como llovía á. c,1ntaros, vióse
prt::ci~ado ú. refugiarst! en una de lns habitaciones del convento.
Cemo Lien estaba muy cansado, durmióse en un á.mplio siltún que habí:.l. visto á su lado.
A los pocos instantes se le presentaron dos en,,iados del
f mperactor con objeto ele in\'ltarle {i que se dirigiera á palacio, llaniado por S. ')1., el cual deseaba consultarle acerca de una. cuesLiún política de gran importancia.
Siguió :l los mensajeros, y apenas llegados ,1 la corte, el
soberano le e-cuchú con 8ingular complacencia y le nombró presidente de su Consejo.
Despué:; de haber dado las gracia~ al emperado!, dirigióse Lien :L ¡;u domicilio, convertido en l-'Spléndtdo palacio.
Todos los funcionarios del Estado le ofrecieron riqufsimos presentes, y cuando salía á la calle no habfa quien
no se inclinara ,¡ s11 J?U.SO.
Uno de sus proteg1dc-s le envió una orquesta formada.
por diez hermosas jóvenC3, que le fueron entregadas como riquísimo presente, y de todas partes llovíau los obi:;equios de todo género y condición.
Encumbró Lien á sus parientes y amigos; pero tampocose olvidó de sus enemigos ele otros tiempos, ú los cuales redujo lL la. m:1s espantosa po?reza.
. .
En una palnbra; todos lo~capnchm1de! ~rnustro se~a.liza.bn.n en un abrir y cerntr de ojos, deshz,mdosesu existencia en un mar de delicias y de placeres.
.
Una vez quisieron asesinarle algunos de s11s adversanos,
pero turn la fortuna &lt;le 1-alir con bien de tnn terrible
trance.
No pocos cortesano;¡ le criticaban en voz baja, sin que
nadie se atrevil'SC á sensurnrle públicamente.
1\1.1s al fin, d jefe de la censur:t imperial 1 no pudiendo
soport~ tantas injusticias, se decidió ,í. denunciar al em•
perador Ju conducta arbitraria y licencicsa de su primer
ministro, pidiendo la cabeza del culpable.
El soberano sin embargo, no dió crédito á las quejas
del censor, qu~ reproducidas al poco tiernp~ por todo~ los
dignatarios de la corte, ocasionaron el destierro de L1en,
con la pérdida de todos sus bienes.
.
Al salir de la ciudad para cumplir In, sentencia, \'IO~e
asa.ltndo en el campo por una horda de foragidos 1 enviados á. su encnentn, pam asesinarle.
Una vez 111uerto, sintió que su alma era conducida P?r
dos aparecidos :'Luna ciudad lejana.y lle\'ada á m&gt;,,palae10
ante el juer. del infierno, que tenfa delante el registro U.e
los crímenes v de las buenas acciones.
-E.se es mi' crimi1ml político-elijo al Yer á Lien.-Corno infiel al soberano y opresor del pueblo, merece sc•r
introducido en nna caldera de :1ceite hirviendo.
Ejecutad:\ la horrible l::!entencia, de nada servían los espantosos gritos del condenado, á quien nadie socorría.

.. -~¡' Li~;;i ii;;~i~~·~¡;·~ó·d~- p·~~~t~. ·~·,;~-d~..1~;.. ~~;;;p;~:
fiero~ del estudiante, que en su busca había acudido ni
convento.-¡Dee-pierta, hombre, despierta. ya de esa pl•sadilla, v v,ímon.)S ,l comer!
Lien ~ibrió los ojos y vió ante él :i. su amigo, el cual _e11terado de la predicción del frenólogo 1 le dijo en tono ele
burla:
-¡Saludo al seiior presidente del Consejo de ministro1-1!
-:No hay m,ís remedio-murmuró el vanidoso jovenque ser humilde, humano y modesto, para. gozar de la
verdadera y únic:i felicidad que podemos alcan1.ar en l;.1.
tie1•r.1..
Lier. regresó :.l su casa libre de vanidades y estéríll'a
ambiciones, y al poco tiempo desapareció de Jn. ciuda&lt;l,
sin que nadie lograra 5-Veriguar su paradero
TEUEXG KF-TOXG.

�108

(l Ü()TUJJRE,

EL:MUNDO.

~======

~oronación de la ~ir9en de @uadalupe.

1895.

Ü ÜOCTUBHE,

1895.

EL MUNDO.

109

~oronación de la ~ir9en de @uadalupe.

w------------,..,..---~

~¡

Sllmo. Sr. Grzobispo Dr. Próspero [b2aría Glarcón l' Sáncltez ae la ~arquéra.
(Fot. Manuel Torres.)

Preside la Coronación.

Sllmo. Sr. Grzobispo D. Pelagio Gntonio

ae i!abasliaa l' Dátlalos.

(Fot. de Mora.)

Tomó gran parte en los primeros trabaj os para la Coronación.

�110

EL MUNDO.

6

ÜCTUBRE,

1895.

PERUCHO, NIETO DE PERIQUILLO.
POR UN DEVOTO DEL PENSADOR MEXICANO.-Ilustraoiones de IZAGUl RBE.
(00:STrNUACION)

Así expresaban su perfecta ignorancia de cuanto
El pueblo vefa con asombro aquella. pareja tic ex- !:dones. Nada hay más falso 1 más pt'rfido, más artero estaba sucriliendo.
qu~ Jn. multitud y nafüt mA~ f,-icil ffo &lt;'ngañarse que la
tranjeros hermosos, que según l(~ drdan, .''ª rran meE.11 1\l~xico hay un l!:spíritu burlón heredado acaso
vanid,ui dulcemente arrullada y eusordctida por ella.
xicanos y lo iba.u it gob~ruar ¡rnrn siempre.
de los a1Hlaluces 1 que pone en labios del más analfa¡ Cuántas reflexiones escuchl! en mi derredor 1 que
bético frases que por lo cáusticas vuelan, se propagan
Maximilíano tenía C'ntonces treinta años. Era alto,
ahora qu&lt;'rda repetir como prneb:t de la pf'nC'trnción
delgado, ele frente &lt;'~paciosa y elevada, d('. ojos azules
y
matan al que satirizan ..
politica de mucho::. prnfctas desconocidos!
¡ Cuántas salieron ese d1a de hu; ho1·as de los descay brillantes, de cabello csca~o, rllbio, partido en me-Esta o,·ación no la hace el pueblo.
misa.tos!
dio de la eah('za y vuelto en '-ios gajos hacia las ore-PC'ro es oJJra de la gente decente.
En la puerta de Palacio pegaron pasquines y en las
jas, de nariz fina 1 de boca con el labio inferior grueso,
-Nunca esa gente ha hecho las reYoluciones.
calles cantaron esa misma noche versos incendiarios.
saliente Y caído e.orno todos los Hapsburgos; de bigo-i\ada hay mejor que ella en la ésfera social.
Pero todo se hacinen medio del mayor entusiasmo, y
te sedas¿ y poblada barba, abierta sobre los hombros
-Los mejores en lo:; pu~blos son los que sostienen gritando vivas al voltear de las esquilas de todas las
v tan clara, como si fuera un nimbo de rayos de sol,
ó derriban las instituciones.
torres,, al estallido ele las Sflh'as ,. rlclos cohC'tes.
~ircunclirnrlolc el rostro. En su semblante lleno ele
-Pues el entusiasmo que á todos nos conmueve
La Piaza de Armas se iluminó h ·gio1'1W, que &lt;.:rala
irresistible acractl\·0 1 lrnbia rasgos de lealtad, de bon¿no manifiesta con evidencia que esta ovación á los
palabra de moda entonces 1 y durante los fuegos, sadad1 de nohll~za ~, de candidez infantil.
monarcas es popular y sincera?
lieron los monarcas al balcón, cautivándose con tantos
Ese día estaba vestido ele uniforme militar, con
-Imposible! las señoras han trabajado para dar lu- farolitos de colores, con tanto ruido, con tanto cxplensombrero montado de Grneral mexicano, llevaba al cimiento espléndido á la recepción, pero la mujer
pecho la banda ~ las insignias de Gran Maestre de la siente, no razona; aplaude con la bondad no con la dor1 que encubría el engaño mús grande, la alevosía
más negra que puede imaginarse.
Orden de Guadalupe.
justicia. A toda mu]&lt;'r le de!'ilurnbra el aparato de las
¡ Infortunada pan•ja ! 'fodavla la recuerdo y me suMaria Carlota Arnalia, iba lt cumplir ,,eintitres
monarquías.
be
la vergüenza al rostro!
años. Alta1 blanca y sonrosada; de profusa cabellera,
La Emperatriz, su nombre, su aspecto 1 sus trajes 1
Dicen que cuando miraron desdo el balcón de su
de color castallo,oscuro, &lt;le ojos pardos, de mirada sus joyas, sus damas; el trono en que preside las sofranca y penetrante; no so parecía á ninguno ele sus lemnictarl&lt;'s; la marcha con que la salndan al entrar Y residencia la alegria de la, ciudad 1 exclamaron:
-¡ Qné: hermoso es f'l cielo de ?.Iexico !
retl·atos. Vebtia en esn. ocasión un traje de seda azul al salir de Palacio; el asombro con que se la mira pa- i Que tranquilo esta nuestro imperio!
y blanco, mant~leta azul ~· capota sin otro adorno sar por las calles 11tariciando con la sonrisa á cuantos
Y no muy lejos 1 entre los pefionE's del Ajusco, entre
que unas fion·s.
la saludan, tocio ('Sto encantai cautiva á las mujeres y
Daba con su sencillez uua lección contra el lujo natural es que las nuN1tras s&lt;' enruentr&lt;•n poseidas de las arholedHs del Monte ele las Cruces 1 l'Staban los
guerrilleros tle la Repúblíca, soñando en el iu):;tante
exajerado de lus que la redbían y hacía resaltar las
una emoción nueva. Asisten á una comedia que les
de la reiYindicación de los sagrados derechos del
gracias n;iturales de que estaba adornada.
era solo revelada por las crónica::. de Europa ó por
Maximiliano, de pie frecuentemente en la carroza, las non:'las :'' ~e c1~cen . transportadas á. los antiguos pueblo.
l\Ii padre tenia un amigo, liberal eminente, que le
saludaba. lL todos lado!. conmovido y sonriente. Car- palacios del viejo mundo dond~ se tutean con Duquelota inclinaba con dulzura la cabeza 1 cubierto su sas ,, con Jlarque:H:'S que cuentan con más perg·aminos dijo delante de mi con calma estóica:
-Pedro, abre bien los ojos y mira con toda imparcuerpo d.: flores, sedas, agasajos y Yersos, arrojado::. que~doblones. Aquí ha;,r ahora mucho:. nobles austriacialidad lo qu&lt;' pasa. En estas gTandcs o\'aciones no
profusamente de las alturas.
cos, franceses é italianos. No escasean los paisanos
DespuCs del Te-Deum, se fueron á Palacio; entraron que han limpiado los escudos de sus abuelos y tratan resaltan sino las sumas inmensas que han gastado los
Ayuntami('ntos; esto no es popular; es obra de las au·
á las habitaciones interiores, cuya puerta estaba guarde que se les renueven sus polvorientos títulos, pero
dada por alabarderos perfectamente vestidos y ar- son pocos y se ponen en ridículo con semejantPS pre- toridade:-; y no ele los ciudadanos.
~P&lt;'ro c&gt;l pueblo que acude en masa y grita y se
mados1 y lt pocos instantes l:ialieron y ocuparon el
tensiones.
enloqucte do alegria.
trono quedando en las gradaS y á los lados los per·
-¿Es tlecir que no tenemos noble .., en Jlexito?
-Siempre hace y hará lo mismo. lle recorrido los
sonajes que custodiaban la carroza.
-Los tenemos ven buen número 1 como que la anti·
El maestro de ceremonias comenzó á llamar con gua aristocracia ·de Castilla, emparentó con indios de barrios lejanos, los que son ajenos á tantos regocijos
del cC'ntro .v no hay en C'llos un farol, ni una cortina,
arreglo á la etiqueta á las autoridades y corporaciosangTclimpia, pero están ya tan mezclados y tan conni
una bandera.
nes que aguardaban para felicitar al Emperador y
fundidos que francamente nadie los toma en serio ni
-¿No has notado que el príncipe les ha caldo muy
hubo entónces un detalle que no debe echarse en olen España los reconocen porque no pagan desde havido.
ce muchos años ninguno de los derechos que ~xige bien por su figura á todos los de la plebe?
-El príncipe es mu;~ simpático, pero ya lo ves, es
El Generál Tomás l\lejia, indio muy valiente, poco la Corona.
muy débil; en los convenios de Mira.mar aceptó dos
acostumbrado a vestir el uniforme de gala y menos
-El pueblo ha saludado loco ele alegria á los Emcondiciones humillantes: la tutela de Napoleón ID y
á hablar en público, estaba comisionado para repre- peradores.
su ejército y el subalternar los jefes mexicanos de tosentar al Ejército y llevar en f'J besa-mano la voz de
-El pueblo lo mismo aplaude á un oso que baila
da g·raduación, á todo militar francés alln de la más
la orden de Guadalupe.
en la plazuela que á un rey que lo saluda desde su
ínfima escala. Este es un rasgo impolitico bajo todos
Le habian escrito un breve discurso que debla dorada canoza.
aspectos, porque va á empuñar las riendas del Goaprender de meruoria. Llegó su turno, se adelantó
~¿Y tanto soldado que defiende ú. los recien llegabierno bajo la dependencia del General francés.
al pie del trono y dijo:
dos?
-Sabrá dPsprenderse de esa tutela.
-Majestad .... majestad.
-Son franceses! Son soldados agenos que el dia
-Además, los conservadores que lo han traído lleComenzó á temblar, se le anudó la garganta y en que quieran se marcharán dejando comprometido al
varán un grande desengaño, pues este hombre ba mamedio de la confusión que esto producía á todos los güero.
nifestado que no le gustan rivales y que el clero en don
presentes, rompió con mano nerviosa el papel que
-Quién es el güe1·0, señor mio?
de de hecho existe una sola comunión religiosa es un
lle.vaha dispuesto 1subió una grada y dijo con reso-Asl le dicen ya los léperos al Emperador.
rival temible y para vpncerlo decretará la tolerancia
lución como el soldado que habla en campaña:
-"'El Imperio se C!stablece quieran ó no quieran los
de cultos, lo cual es dar un paso hacia la Reforma.
-Señor; no he podido aprender lo que otros escri· liberales.
-No creo tant,o.
bieron para. que yo lo recitara como un niño de es-Lo veremos.
-Abre los ojos, Pedro 1 abre los ojos y no vayas i\.
-¿Con qué soldados se cuenta para combatirlo?
cuela, pero lo que yo digo es que siento por usted
meterte en camisa de once varas. La Historia no es
-Los hay pero nunca han salido del Colegio 1\filigran simpatia y sincera adhesión 1 que lo defenderé
un mito; existe severa y tremenda y recojerá uno por
siempre con mi espada y que si algún día se trata de tar los heroes de las revoluciones sociales. Un hommorir por usted yo seré el primero que dé con gusto bre humilde salió de una notaría donde trabajaba cer- uno todos estos hechos para entregarlos al fallo de la
ca de Zacatecas, montó á caballo, acaudilló al pueblo posteridad. Además, aCJli no caben otros reyes que
toda mi sa.ngre.
Bajó l\faximiliano, cou los ojos llenos de lágrimas, y triunfó de los reaccionarios. Era &lt;lespues el Gene- los de la baraja.. No e4thrnos hechos para súbditos ~'
no tomamos en serio lo de las coronas.
los escalones del trono y dió al General Mejía un ral González Ortega.
Mi padre estaba rautivado con la finura, con los moabrazo prolongado, estrecho y cariñoso, diciendo:
Otro humilde salió de la Catedral de 1ilorelia1 orga-General, este es el mejor discurso que he oido en
nizó legiones vastisimas y luchó cien veces sin arre· dales distinguidos, con la cortesía mag1..•stuosa del
nuevo Emperador, pe1·0 la Emptratriz no le era tan
mi vida. Gracias 1 gracias.
drarle la desgracia. Era Don Santos Degollado.
Y los presentes rompieron á llorar enter:i:iecidos.
Otro abandonó la tienda en que servia despachan- simpática.
Y la razón de tal antipatía es digna de saberse
Terminadas las felicitaciones, Maximiliano con voz
do especias al público y se llamó... pero ¿para qué
serena contestó á todos, y bajó del trono con Carlota citar á tantos? Otros vendr.in que hagan algo en fa- puei aunt}uc nimia1 pinta mu)· bien nuestro caráct('r.
Un amigo suyo le había dicho que la jo,~en consor·
siendo victoreado tres veces por la concurrencia.
vor de la República echando fuera á todos estos grin
te de Maximiliano, se había fijado en los diminutos
En seguida salió al balcón principal 1 habló al pun· gos.
Asi se hablaba en lCls conillos y aun en los balco- pies de las damas que fueron a recibirla y que no era
blo y se retiró para aparecer de nuevo, recorriendo
nes
ele las casas, y se decia esto por los mismr,s que de la opinión ele Byron respecto de las gaditanas,
las calles ele la ciudad en carruaje abierto, á las ct:.aarrojaban flores y cintas de seda al carruaje de los pues a.l mirar tantos piccesitos que como dice un
tro y media de la tarde.
poeta
Lo escoltaron má8 de trescientos ginetcs; lo más monarcas.
bien podrían
Los pobrecitos pllrias, los desnudosi los deshereda•
granado del sexo fuerte -en la ciudad de México y
ocultarse
en
el caliz de una rosa,
dos,
gritaban
sin
saber
lo
que
decian;
se
les
ordenó
volvieron las señoras á a,rrojar flores, versos y cintas
de vivos coloresi de los balcones y azoteas de las por la autoridad que victorearan al Emperador y oí á dijo en alemán :\ su marido:
-Estas mexicanas tlenen los pies asqu:-rosamente
muchos lanzará los cuatro vientos este grito:
casas.
pequeños.
-¡ Yi\·a el Emperador ele la República Mexicana!
¡Ah! no puedo arrancar de mi memoria estas impre-

6 Ocru BRE, 1895.

ELl\IUNDO.

No faltó entre los jóvenes de nuestra culta sociedad
quien entendiera la frase y la divulgara con la velocidad del rayo.
Es.to. fué una decepción para mi padre que siempre
:&lt;l~1ro c~mo buen gahm de otros tiempos, los pequenls~mos pies. c~lzados con zapato de seda, bajo y sostenido con cc~llgas que cruzaban aquellas finisimas y
caladas medias llamadas de la. Patente que venian en
primorosns cajas de oloroso sándalo oriental y costaban mucho dinero.
Con esa noticia falsa ó cierta se motivó que todos
dijeran que á la princesa no le simpatizaban las mujeres de México y que estas hablaran aunque con mil
rodeos de los grandes y toscos pies de las extranjeras.
¡ Cuántas veces una insignificante palabra dicha sin
pensarse, conquista la mala voluntad de un pueblo
entero!
Entre las ovaciones hechas á los soberanos, figuraron en alta escala los fuegos artificiales 1 construidos
por los soldados franceses y que ocasionaron ml1Chas
desgracias, pues aseguraban que el cañón del cohete
en vez de ser de carrizo era de hoja de lata, y no falta·
ron victimas en el numeroso concurso que acudió por
la noche á la Plaza de Armas.
Aquella noche durmier('ln por la vez primera en
Palacio los soberanos y llamó la atención de la Em ·
peratriz un artístico y hermoso tocador de plata m aciza, labrado por Larralde y que le ofrecieron las señoras principales de la ciudad.
Cuentan que l\Iaximiliano al cerrar las puertas de
madera de los balcones, halló lo que sucede frecuentemente en México por la humedad del clima 1
que no ajustaban como las de Europa y dijo á la Emperatriz.
-En este país no hay puertas.
-1\Ialisimoi le contestó Carlota, pues por donde
hallaremos salida en un conflicto?
Nada se ha borrado en mi memoria de cuanto oí
referir entonces y no echaré en olvido este detalle:
Rabian regalado al Emperador, una edición lujosa de
la Historia de )féx.ico y encargó que la pusieran en
i;u alcoba, pues antes de dormirse a.costumbraba
leer algo. Uno de los más audaces de la servidumbre
buscó el volumen que más le convino; señaló con una
cinta de seda determinada página y lo dejó en la mesa de noche al alcance de la mano del Príncipe.
Cuando éste lo tomó, abrió instintivamente el lucrar
señalado y sus ojos tropezaron con el siguiente c;pítulo: Prisión y fusilamiento de Iturbide.-Sus últimos
momentos.-Extinción de la idea monárquica entre
los partidos dominantes.
¿Que sentirla al leer esto aquel joven y hermoso
soñador de treinta ailos, que babia renunciado á su
patria verdadera1 á los privilegios de su familia y á
los derechos al trono de un gran Imperio para entre•
garse á las peligrosos abismos de lo clesconocldo?
Acaso má.s que las impresiones del viaje, más que
el rumor de las multitudes ad¡liadoras, más que el
deslumbramiento de tantas galas como encontró derramadas por todas partes, le turbó el sueño aquella
noche una visión terrible: el cadalso de Padilla, donde
rodó la cabeza coronada de un hombre que tuvo una
gloria no alcanzada por otro: la de mirar á sus pies
llorando enternecido al pueblo de su patria, el día en
que se con!-umó la independencia.
Y pensaría Maximiliano: si al que creó la bandera
tricolor que por todas partes he visto flamear orgullosa, le dieron muerte por sentarse en un trono ¿qué
harán conmigo el día en que me desconozcan estas
mismas multitudes que todavia me victorean abajo de
mi Palacio?
Aquella funesta pesadilla debió amargarle todas
las glorias del viaje, cerrando con negro broche los
esplendores de aquel gran dia descrito tan pobremente por mi pluma.
( OONTINU A.RÁ j
Asegurada la propiedad literaria, conforme á la ley.

ESTA EN PRENSA Y !IUY ADELANTADO
-EL-

Segtmdo Almanaque Mexicano
DE ARTES Y LETRAS
PARA 1896

Publicado por MANUEL CABALLERO.
Muy superior al precedente por lo interesante del ma1e:rial y lo artístico y lujoso de la edición.
Diríjanse todos los pedidos á

Viuda de Oh. Bouret.
.lVENIDA

5 DE

!IIAYO.-MÍXICO

lll

LA MODISTILLA.

~

~ Aalta, delgada, nerviosa, de

d&lt;'. mi cue11to era una mujt&gt;r antes baja que
cabellos negros,
.lt..~ tez morena y unas pestafia8 de ébano, en torf~~ _no de las cuales flotaba algo siniestro.
TrabaJaba cm un taller de modü•ta.
A las siet~ ya sn habla levantado y h(':cho al espejo
el más gracioso rodete que pudo soñar mujer andaluza. Despedtase entonc(•s de su madre 1único ser que
le quedaba en.el mundo 1 ;,· atravesando calles v plazas llegaba al taller, donde, si no era siempre i'a primera en entrar, rara vez era 111. segunda. Al revés de
fius demás compañeras, casi nunca tomaba parte en
las bromas de las oficialas. Era de suvo retraída, v
nunca lo fué tanto que destacnra. su fi;,.ura de aque"I
cuadro alegre y expansivo; bien se ;ataba que su
centro verdadPro era el aislamiento ,, su cualidad más
predominante la honestidad, (1·ara llvü en el gremio
de modistas.)
Entre aquella insoportable baraunda de ruido de
máquinas, risas loc;is y voces joviales del talll~r veía·
se siempre á Ter,~:.;a con los ojos fijos en el pes[)unte
atenta solo á su trabajo, dejando brillar en tomo el~
si a ~anera de uni:i aureola de respeto, que nadie se
atrevm á romper. Cuando las oficialas velaban á can•
s~ ele excesivas tarea~, ¡ era de verá la joven' embeb1da en su c~stura, con el semblante envuelto l'll aquella sombra sm fin de sus pestafias, heridas verticalmente por la luz!
Pero, con estos ~tracti_vos, ¿carrlcía Teresa de persona qu~ 1~ anuu:a.? Un J?ven de esos que, buscando
entretemmic~to a sus oc10s, se dignan descender al
ramo de mod1-;ta.s, la perseO"uía continuamente vmás
ele una Vf'-Z le había dirigirl~, al pasar aJ1rún
1:Cquie·
0
br&lt;,, que ella jamás .o:vó si bien aceler:{ba. el paso, temerosa de ser segmda por su amante. Pero el Tenorio no cejaba tan fácilmente en sus propósitos. Un dia
y otro la aguardaba. á !&amp; salida. cfo la tienda, y acercándose á. su lado, trataba ele hablarle. Ella como
siempre, npresurnba el paso, sin prestar oído á sus
palabras 1 entrr la-; cuales liabia creido escuchar en
mis de una ocasión alguna propllesta relativa á bie·
nes de fortuna, pero no muy favorable al decoro.
Fn-nando 1 este era el nombre del amante, no era
un jove~ qu~ .mereciese el desprecio ele Terexa, en
cua.nto ;\ lo f1s1co. Era alto delgado, la faz morena y
barba 3:fil~da., maneras elegantes y una p11lcritud en
el vestir 1n-eprochable, círcunsta.ucias todas ellas
poco favorao!es, en la. presente ocasió1;, al petrime~
tre, porque bien vela. Teresa que sus muestras de sim·
patía no irlan encaminadas al mas honroso fin. Por
lo demás, dicho Sl'a ~n v.e~·dad, el jonn no disgustaba.
á. Teresa, que por rntu1c1ón amaba lo distin&lt;ruido ,r

=~

o

iban en ?es~~·den, y lo extraviado de sus ojos indica~a_la ag1tac10n de su alma. Lle{1'ó
á la tienda. La noO
ttc~a primera que recibió fué la de que no había tra.•
ha.Jo.
La ola de lo desconocido rodó sobre el organi:sml)
de Teresa. En aquel momento quedó sin acción, mir:3--ndo de un lado vara otro, como quien busca un sl·
!to donde apoyarse. Su amante la esperaba. Salió la
Joven, y el ~enorio se. puso á su lado. Por la primera.
vez en su vida, volv10 la cara Teresa hacía aqul.'l
hombre.
~l diálo90 fue rápido y expresivo. El joven acompanaria a reresa á su casa ....
Marchabait. El río de gentes los envol via en sus
pliegues á medida que avanzaban, deteniéndolos (.•n
este sitio, parándolos en aquel escollo, clividiéndolf'f'l
por medio de una isla ele personas v uniéndolos nuc·
vamente, yenrlo á semejanz.i de rtoS hojas que 513 l'llc_uentr:m en un río, y aunque hijas ele dos ramas db·
tintas, hacen juntas su ,iaje hacia el mnr.
Un océano era &lt;'l que lle,·aba Teresa en su pP.cho,
cuyas olas establecian rompientes en su cerebro.
~legaron. La anciana estaba en la. aO"onia. Una.
agitada respiración movia su pecho. Su ,~da se ª"'ºtab~. Al. ver llegar {t su hija qui~o hablar: sin pod&lt;•r
consegmrlo. Teresa se acercó ,i. su madre lleua ti..:
espanto, y busco su alma ít través de la materia, para.
retenerla en aquel cuerpo casi exánime. El seno de
'Teresa que había quedado medio descuhierto, temblaba en ~gita.rión soberbia, como si un oleaje ronc•C&gt;
rodara baJo su carne. Estaba espantosamente hum:ina y hermosa..
Femando no se movía. Su primera impresión ful\
de espanto! de~p~1és sobrecngióle honda piedad A-ntti
aquel nauh-agw imponente. Diri()'ió la Yista iL la, ha.bitación. Ni un mueble de niugÓn la.clo. ¿Que caHa.
era ar¡uella? Y él ¿qué intentaba~ No se di O nspnesta. El .~stertor ele la andana le. sacó ele aquel estado,
y_corr10 cerca del lecl10. Teresa seguía. con los ojos
fiJOS en el semblante de su madre.
.Este tomó e.1 tono amarillc nto ele la cera¡ fué apng~ndose poco a poco, y cuando restaba un sólo hilo de
vida á la e.nferma, fijó los ojo!-! r.n su hija y le dijo con
voz pareetda al nüdo de una hoja seca sobre una.
tumba:
-Adiós, adiós!
Teresa clavó entonces en Fernando una miraila inmóvil1 q~e tenía algo como de petrificada; púsose en
fiera actitud delante del cadáver ele su madrei cual si
defe11;díese algo, y con voz completamC'nte firme exclamo:
-¡ Ya no es necesario! Puede usted marcharse!.
1

•*•en el taller. Ahorn inclina
Teresa cose nuevamente'
más la cahe:1,a sobre la costura, v el dolor ha puci:sto
dos lirios en sus ojos.
·

•

El ~orna! que esta teni~ en el tallet·, ern escaso.Ape·
nas s1 de una manera mcomprcnsible podían salir
adelante &lt;'lla y su madr'J, sometiéndose á toda clase
d~ p~ivac!ones. Ad~más de esto, llegó un ella en que
dtsmmuyo el traba.Je en la tienda, v :í. Ten~::.a le foé
rebajado el sueldo.
·
¡Qué día de disgusto para ella! Al principio trató
de ocultar la v~nlac~ fL su madrf'., prro luego tuvo qtrn
declararle su s1tuacwn, sopena de que hubiera creido
que gastaba su escaso jornal en cosas fútiles, olvidando sns debcrc ....
La noticia fué recibida por la madre en medio del
mayor silencio. Dentro de su corazón retorciéronse
las fibr~s más in.timas: ~ero nada dijo á su hija, por
no entnstecer mas su amrno. La ruina era cierta.
¿Qué hacer? En tal situación, TC'res&amp;. se acordó involuutariamente, .' por una ley fatal de la naturaleza
de aqu~lla propuestai no bien oida, de su amante, en
la cual iba envuelta algo favorable á su posición.
Empezaron sus pensamirntos fL moverse en ronda
siniestrn clen_tro cie: :-;u cerebro. Como tropel de mariP.º~asi todaY1a radiantes, quP.rían escapar volando á
s1t1os no del to?,-o puros; pero al intentar salir de aquella cabeza excitada, chocaban unos tras otros contra
el pudor, bien como el pájaro contra el cristal.
LlJ. madre de Teresa tenía un padecimiento. Era del
corazón. Cuando algún lanC'.e de la vida le maltrataba, poniase á la muerte 1 y sólo á fuerza de cuidados
conseguía un re.lativo bienestar. .
Esta vez cayó en el lecbo con más violencia que
nunca. La situación de Teresa tomaba aspecto terrible.
En otros talleres, donde In. joven trató de buscar
trabajo 1 no lo encontró. Insistió; nada. Era una época mallsima!
¿Qué ha~&lt;'r? ~u m~cli-e agrav1íbase por momentos,
y en tan triste s1tuac1ón, nada tenía de que echar mano para contrarrestar el peligro.
Sus esca~os muebles hablan sido cmpefi:1.Llos; sus
ropas, lo mismo; solo quPdaban en su casa una enferma que se m_oría1 _ una silla donde la jriven se senta.ba
para ver e:&lt;-tm~mrsr, poco á poco, la vida de sumadre, y un Jergon sin sáb~nas, en un ángi1lo 1 donde
Teresa, en la flor de su vida, soñaba con la miseria
en vez de soñar con cielos de oro y horizontes espll'n~
didos.
·
Un ella por la. .maña.na, su madre se moría. Ln. joven yeia el ol~a¡e de la muerte llegar hasta sus pies
y deJarlos banados en espuma de sano-re. Sintió la
fuerza del vértigo en la cabeza. Eran las siete ele la
mañana y dísponiase il. ir al taller. Salió. Sus cabrllos

SALVADOR Rt:EDA.

lb2ás allá .....
Sordo ruido que ameniza el viento
corre por el canal de la quebrada
y flota entre la límpida cascada '
la nave de mi triste pensamiento.
Navega hacia el hoga1, do el sufrimiento.
el alma roe de mi madre amada1
inocente al adiós de mi mirada
cuando á la. lucha me lancé contento.
En vano s:rito, porque el eco acalla
entre las grietas de un dormido mont'e 1
que altivo yergue sn imponente valla;
En vano pido luz á mis pupilas,
porque acuitan la paz del horizonte
las montañas nubladas y tranquilas ........... .
:FEDERICO LARRAÑAGA.

LIEDER.
Cuando miro tu rostro de sirena 1
cuando miro tu cuerpo de sultana
yo sueño con el cielo de Provenza,'
con las esbeltas ,v orgullosas palmas,
con el clavel sanguíneo
y la espina dorada.!
Cuando siento lo helado de tu pecho
y cuando siento tu frialdad de estatua 1
yo suefio con las Jüeves &lt;lel invierno
y con el cielo gl'is ele la Alemania;
con los árboles mustios
que1 al beso de la escarcha.,
me parecen g-ígantes
que troncha la nostalgia!
;.Por qué ser;i. que el inclemente hastío
quiere im·adirme con su cruel nevada
cuando veo en tí las nieves del invierno
y miro el cielo gris de la Alemania?
¿Y por qué cuando miro la Provenza
en tus ojitos de hada
siento otra vez el sol dentro del pecho
y siento la pasión dentro del alma? ..
AJDfANDO GODOY.

�6

EL MUNDO.

112

OCTUBRE,

1895.

PRENSA MEXICANA
$uplemento al num.
,
ael 6
MéXico, Miércoles

Tomo XXI.

tI

Núm. 213

de Septiembre de 1895.

Páginaa extraordinarias.

ae Octubre.

DOMINGO 6 DE OCTGBRE DE 1895.

EL MUNICIPIO
LIBRE
DIRECTOR PROPIETARIO

IGNACIO BEJARANO.

TURNOS

q..,. d&lt;&gt;ben fnnolon11, e11 t&lt;Mlo 111 ,.,.,. d•
SapU ...mb,.., de 1SS!i.

J~,,¡; ~• 4·• ]o' uUl'inal, Li•

H,,,,i\&lt;lll. l.l!&lt;m.,..

Ju.,._,1',v&lt;re«:i•.,usl, ~ Wi•
!,g~::'n

!j";l;!1;m;, f,lb1;,
u....,:..

..,, li11- J""'ll&lt;

1111ldldJ BfJUML

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459 00 •
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600 00_

Ma11ut1 da i., n...
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■IWOti~Toro.

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1,8~7
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lla4• parte!
frnt1 b eue 116
Humbaldt,-A 1
P'nlndl&lt;:o.Ie•
e1-r11-qn&amp; !11 cu
11 ••pi.Id&amp; d,¡ S

A~ta .W Minitt,,rio Nbli.
oo J.·L. P"™"' RtNdo.
Jues z• de lo &lt;ffllli!l&amp;l, Lio.
J~M-~nilat.
J~S~ eorrew(inQI, Líe. M&amp;•

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ACTAS

"'00
15,000

mercad &lt;d• •¡¡

eoiº•
Andr#.s !\ojal,
la e~ .-.¡111111

r tJU~On d
n. lo· c¡_11&amp; lnd
IWJIIHto de 1811
11011 da lilc!en

U.h
f'ottflturleia tkl O. Stbanidio a..,UM,
Ableru le t63)6a &amp; la• r, J b9 U1!m1io. dt

r

la tatdo, ""¡mw.al debate ,11 aprobli 11111 ~'
netlc, el acta de 11 nllldn celebr&amp;dll el D dall
corriente.
S11, dJó_euenta de In alrulent~ alkltes.
Oet Gobierno del Dblrl10.
Apraeba el acnudo de 23 d1l act11al, ,nlfl
ri:i;and!I e! geato de $1,369 22 quua eatre¡:1•
tAU COlllll indomnfaaclón' le se&amp;NUda dt
Gu~rr• por el valor del IMAIIG 1 COGllltll, ·
e!oou qaaH le oeupao en lt. .¡,• cene Aacb•
por eau~• da aHHU11!t11to·~Comunl(luu11.
Apt11~ba el ae11trd11 dG 23 dal eolTieate,
pon:\ q11e ae modlllca d de 16 d1\1Dlt!no mu,
dl1ponfaudo que 1ean de ouentad,l Kunlclplo
loa gaatoJ qua lmpMle lt. 1xpadl0!611 d1l t..,
1lmuoiG da lt. e.er!lura :!a ve11lt. dtl lot, &amp;6•
aero 1, da l111 que re1u:tsro11 tobn.eta 1l
abrin11 lu ellle, de Gnn.Mla, bKha &amp;11 !aTOr
del Io11tnt1ra. D, J:111!U11 Dond6.-0cmuafqu'1

-

Apruebt. el gasto de $300 eo11!ort1111 ¿ 111
aeordadt el 28 dtl_ preaent.. 411e· te empleari\11 p.,,rl compra- de mo.a'bl1111 pera la oflclna
del Flfll_ eontr111e-Com111fqune.
·Remfl'o la aotlcl1 de lu llll11w1¡ue lap111c
111. el ~ ¡ 'Y' y e el lelwl" bltnt1lrt1 del
allo, , 10$ p1drt1, tutoret ,S •~c•r1sdoa da nl
n.,. en ebd 11cQlu, por 1arr1calo11ea d1l 111'
20 411 l• lllf de fod111eefd:1 p0b1\ea obllptoi
ría d11 1891,-...frM•Crfbue h,notlei&amp; A la Ad•
mlnh~ac(do de ~ntlf Nnnlclpalu ¡a1r• •iu

efectoa.
".:Del Adm!11!1ttdor Prlnetpa.t dt ~nllt d~l

Dl•ttito federal,
Remtt~ 1i,Uola del 0&gt;1111ero ,t.. eabeau da
gaiiado y b1dtoa d" carne lntroclucldu A Ja
a.11!1&amp;! 111 la nmana del 18 el ll4 del prau11•
le. -R&lt;1clbo J. Oomu111Q.Ufll!De1 Admloi:i\udor de RentH Munlolp••

,~

1
~

P,uticip,a. quo hoy ha eutreJf•d~ al BQoo
~Nacional $20,000 por eue11t1 d,1 aerticlo de¡
Em¡u6,tito .Jhn\eip,o,l d~I b pg, en el tercer
tdme,1111 de\ ptl!'Slnte ano-Enterado.
D91 cluiladaoo Pablo Alvare;,; y Camer¡o,
TJifllCtcf do la Escu•b. 39 para nll\ll1,
l'ide H, Jlgmbn llfl A7ud1ote p1ta e1e n•
tabledmle1110-A le ccml1!6n de Jn,truccl6n
pO;blic,.
.,
Del DkeotQr de ,g~e11Avin c¡_u, el'l? d,I ac!oal dl6 poie1!4,n de
ll)l!(ti• l!lfrned de agua! la Clli&amp; 11ó.moro 8 d11
1, cene de !1 L•g;nilla ó 11[)1 avenida lb O,
y el 19, de la D!luoa c.atldid Ale et.U. •In 1161
m«Q dt la calle del Allm11 ó calle ff N.-OoiuDlquae.

"",o "'

00
10_ 00
!,108 00
tl!ll es
6,0000
2,000 00

All&lt;.INI Bo!g,
por ta, ea.u
ele San Atiton!o
ti m" da J11n\o
1!0n d• Hacltnd

Anpt. Sall6',':;:-;¡:;:;:;-¡~;";.\!T",,,-,-""".C::::C-,.-,----•\"';,
!llftotl&amp; q11t la eti,a n6mero
a la 2 ca,
ntnto, de \OI r&amp;OI, 10111 o
lle ·4, la HN"D~Ut. 11,ne po110 a~fl1!1no y
de 29 de HJ.yo 1füJm11. , • ,_,
ert6 e:iuptnada por lo mlflll11 4'!1 hnpuoato
Al mt,mc, por 111ld11 de re:trala1
de e¡11aa,-A !11, eom!si611 de ,ihc!enda.
1111 las me.u de llano, Abrll
To!IIU PAeheco, pide 111 le- olme dd pa•
y 11,yo dd · pre.fnta allo,
go d•l tmpuo,lo da a11uu per 1u ea.u n61
aeueito da 28 de Junio O:lrimero 4 del eall11ó11 de la 'l'ej,, por haber
mo .•
whcllado el-s:11a como propledlld.-A la co,
Por compo1Nta da t.u batnl••
ml1!0n de Heelend!\.
da cocina de¡,. 0,,real Muo!,

Abraham Rula; y Jertt• Villuel\or, piden
permi.a pua explotar por !'l anli5 noiu som,
bras para puesto.: amQntantu.-A 111 com!•
1!011!1de MerudoJ 'i de Polic!e.
Ju~11 Romero J Flortocio Aturado y del
111M 1tg1111:P;rloa, voc(n03 del pneblo de la
8JntUtma Atepelhe, dam.1.111:ffln y piden -•
la 1dj11dlqne 1111 t,rre110 eti•io en equel Qa•
rrlo,-AI l!l11d!co 1°.
Enrique Jlmenu pide permiso p&amp;n. eUa•
blteer IIP Kioako •u el centro del Mercado de ·
Floret, para la veeta da 11.oru.-A la coral•
&amp;1411 de llncado,,
J11.&amp;11 St.nchez, pide perml10 para lra111!-,.dar
la oriel!.a de YIIO!e• que tl~ue e1t•bleo!dt. eu..
la cau ndmero 1,927 de l• 1• can, de Tenoi:•
1Ull11,, la ca1111&gt;ilrocro i;&gt;,917 de la z&gt;- e.a Ue
: : ml1mo nombre.-A la oomi,!611 de Pcli-

clpal
A !a J1111ta de Vigllsnnla deC&amp;r,
cele, por ,a.Ido d&amp;l p-.n 1:11n111
an!do en la C!rcd ltunlelpal
,11 el moa de Julio dlt!mo .•••
Cepltale1 qoe re1:11no11111\ Ay1111tamlento,
Al Sr. Lle, Lul1 Pom~ por
cuente de au et Mito .....
A lo• Sre1, Rud CampboU y O"
l)Or cuenta de ,u ertdltQ; •·
cuudo de 31 de Ago,to de
189{ .
Al "'l'ndpm.e111 fhnk: of Ph!la•
delphle." por coent.t. de· tu
crédito, acuerdo de 1 de Ju11¡ 0 dttlmo • , , .•. ,. , .•
Cahu.loru de pollofa.

Agu1ll1&gt; Vcluquu, plde p,rml,o ti Ara abr!J
u11.e1tablo u el corral de la casa nWllero..
1,~ de le 2• calle de Mlos.-A la eomiiio\n

Sueldo del ID•pCetor de te!~fo•
nos, a.e 11 erdo de 13 de J1111!0
de 1886.
Sueldo de11n1pt1cl.ot de E1tablo,, acuerdo do 16 de Octu,
bra de 1891..

da P~liet&amp;.
Ju&amp;n de Dios Almai:an, pld,ue ¡0 permita
pq-ar e11 llbo"no• de $:.l!i moo~ualu. ol v&amp;lcr
del tern-110 que ae lo adJudieó en el ce.UeJ4n
d, !e R,iam1.-o\ la eomit!ó 11 je s&amp;Ot!nda.
8ua111a Puedes, pide e11 odjl).d!ueloln 11 n te•
rrellO por 111 C.luda de la Rtfonu•,· Junto ,
101 Bano, Otorio,-A Ja comilldn de Obra,

pll.b!!CII,
Jan~ Land11r1we de Vllle!n, ,oílclta q¡teel
impue11tt de aguu por lat ciuat ndmero to,

11 y 12 de la e•ll• de S;1.n Fe!lpa de Jeall.,, ,a
cobre 1ep1radamente por ead111ina de ellu, y
11, como ho7 ,e practica, c11n1ldeundo 1... tra,
o-•at eOl'lla ri fuera ,olo la m1111MQ 11!,-A. J;a
com!lióe.de IJt.ciend11.
adol!G Fer11a11deL. pide u lu autnr!ca pua
bacet A 1111 upenu1 lt. l11~tallcldn co n1 Ru,
lr~ d.e cllldad. da IUI IIIOlff, l11dhpen1&amp;b!a pa.

L"-------~-~---

Eicuelu Munlc!pale~ •
Fe•t111d,.'de,: puo :u,que te~•
drán lugar e11 el ¡,rOXIIIIOfflH
de S,:Jlli~mlxr, pn,. 111• qbe
&lt;:001rlh11ye el Qob1~1'no F~d~•
c~n ein&lt;:o_ 10!1 p·~•o•, ..
c~etdo d1&lt; 11 dil que rige

r,.i

3ue!do del i111peeUlr da Toatro,, aeuudoa de ·1 l de Dl•
ciembN de 1894 I 2 de Jull11
· dltimo ..• , •.
Cuidado J n1eo du 101 mln11ito1
• 1fo. .
Al sr. F- Maure\ por.doce unf•
forme~ p~u 101 Celedoru Hu,
11!elp1les, acuudo da (l del
quefige .. ,.
Co11tr!bu&lt;11dn pr&amp;dlsl.

Dan~h111 lrlouicipal111 •. ,
Derechoa de petante ..
Devolucto~et
nireccl611 da Aguu ••
,\ Ju $ru. Elcoro y Compallla

200 00

H9

oo

'"'

120,000 00
n,112 86

12.000 00
',2SO 00

Gob!arn11 del Dlttr!to
Pan 11).ed}dou 1 l'ili~, de le
1ecl:tonu médlca1 d, \u lo.n
pecdooee de- Poll\Ja; acuerd.,. de 1 de'lfarzo' de l89S J
u de uoato da
Ava.tued"oret de ea1i, de Em~.

isu ....

89 ....... ,

16,-Al&amp;com
A.lb.ario Br11n
ria Unfver1a.J, p
e&amp;ll!i. de S,mta.
la comlllOa dt

~tt~.!';~~tbli•
Jut1,_ :.:&gt; de lotrimh,al,l,ic.

• 200 00

por cuelits de ,u cr~d!111.

f Emplefdo1 jubil~dn• ...
1 Empr6,Uto Munk!p,d.

,.. 00

lo &lt;flU&lt;! adeuda

l'rt,,,( ......... 0-0.
Ju,,:t'tlOrT!&gt;&lt;ei.,...J Lic. 1,,..
g11.tlnAzhlllo,

"""' Patif«&gt;

d~ re

~~~fpti,m•
pnrhdu.

to11111&amp;rjeiu, !
lle de In mo,
bt.nq11et11r el fu

dt k&gt; uim!IW, Lic.

•

A,i_,,.' ¡,ieci'"' C&lt;mYeuci...na!H.

~

exptfümte.
De p"rtlct.il&amp;
Notberlo G&amp;u

Aifflt.6 del M'i11&gt;,t&lt;,ri,, P~bli«&gt;, U,.
R. B,jU"&amp;.•

NÚIIWN wolt..e 10 ae:D.$1&gt;Vff,

agruo• de 111

tUAI dló tnmb!é~

c.,¡..,f¡..,....,·
Ju,; 5' wn=i.,.a!, Lle- Re-

..

A.TJ•~ quo el
tom6 po•f•!&amp;n d
l,;.ncln. el duda
tnlsl6n de G,\rc,,
El ml•mo Ale
óltimo tomo po,
al ciudadano A.

.

a,.

o1J Alc.,!M d , . - - - - - - - - - . . . l . - - - - - - - - - C " - d • l ' &lt; I

lador al ciudad&amp;

J~11 ~• WI i., etimiaal, Lio.

J,ie,

l

C0NDICI0NlllS

'l'od&lt;&gt; lo reliltíTo, t. Admi11.i11.no.ci6n de ~U.e p&lt;!riMioo, 4.11od.&amp; .f.
dd
ffit.briel Rodrigu~ 7 ~ quiell drm,.rli loa Nlcib&lt;I., h
bni11Yll, eto., rttlt.titia 4 fouo;ripeiooea.
La eot""'Jl"lldenei-. M dirigui á lplllcio Boi-mnn.-Mh.ico.

&lt;:Srg&lt;,

' " 00

l,!~ oo··
'1'¡{119 99

In1ernui:..re, dt&gt; 1M 111l1J1U11.,
Ltmp!a de Ciud"'d, •. , •
C!ladrill&amp; de barrendero, .• : 1 .• ·

'S,8® liO

Obra. póbllcu. Dlreeei~.
A. la Complll\ÚI do pnlia:tnto1. \
con ,doqul11&amp;11, por cu~ota de
•11 erUlto..
.. • ., ..
A la Coropa.llle Coeslrllotón del
unn'&lt;? R••tro de Ciudad por
cuenta de ,u e&lt;111tr&amp;111 de 18

6,000 00

" 00
U,000
00

lle Ago_1tode 1893;, ••• , , . ·~
Para ,,ont111uar IM, obra• dal
RMtro de cerdo, ....... ..
, A loa Sra. Nor!ega Bermt.no,
piir euenb. dol n.lor de ad.o•
1¡n!oes da p!ed.ra de Xre11 pa·
ra I• calla dtl Punte da. Al.·
Rudo, atutrd11 de_ 26

'1,000 00

Man\\d!t!m&lt;1 ..
Por taldo _;la Ju obf&amp;I de rapa,r
r&amp;oión e11 la O!NJI llolltQf,
pal, .Olltrdo de S de Pf.t.JO ,U,
timo ..
Pordlul'Sl1 11bro.1 quo,.en•
quiere~ en el nuevo Ra.ttro
de .QIUdn.d, ecuerdo do 26 de

1.000 ,00

Jnlio'prósl111c pstAdO.

• ·~

""'"'

6,000 00

A !11 Sra N:eH,!e S. d~ Go1'i por
tnttrr,d del &lt;;Hto del a!balhli
c¡_ue,.¡e comltruyó pua. lot dt&lt;
rraiauda la eurr. ,in ndmero
en le esqnlne de las oa!let de

lal heule. Brotantn r !!'
60 00

• 21 16

de Patie, ecuerd11 de 16 dol
¡,reeente .
Pnra 11 oonnrMc!On de la aw,
Jea en, 1A ealle _del Clprál,
11cuefd11 de 13 del quo rige...

M 90

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EDITORIAL
Los carruajés de alquiler
1,000 00

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372 00

60 00

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l!,000 00
100 00
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9,000 00

La pre u.a en uto,i dlH u b11 ocupado, sla1
bt.ndo por o!erto, las dl1p~folone1 dlct&amp;du
por el H. Ay11nt11mtento de le Cap!tal, con ob,
jeto de pr11venlr !ot abuac1 con1et!do1 por Jw
aulomodonte1 para coo el pQ.bl!co.
El el memento da ll11mar h1. •tenelón dein.
mllma prenu,un general, oon objeto da que
c1derepnmot11ntn de ella por 10 pute, teo11t.
la bonded de dar 4 cono(lllr al pO:bllco las
prlnclpatu d!Jpo1lalone1 del Regl•mento de
coc'fies Tlgute, A 6n dn que por ·es11 medi~,
1ean cooocldat 11rofu111.mente r \O! hab!tt.nt111
de la CJaded .ep&amp;II, qu6 atenern.
No cabo dod,o, que 101 cocheros t!e11en 1i1m•
pre lt.. l111denc!11 do 1bu1•r del pdbl!eo, ha.
citndo1e pagar -mucbH vecH A ,11 •oluotaJ
?i:!glendo r~grcao. d negan4o el curuaJe
uoa pet•oot. eu11;ndo espMa obtener de otra
me7crn1 teeullado11 pecuiiiarl1&gt;1. Este t.biuo
11 bece mb.noteble en la1 eetaalene, de f.-,
rrocarrlles, por le eonfu~!dn que ha.y ,utra Jo,
paiajuo~ qua alq,11\an oarru•Jes 4 J• Uepda
y e•llda de tren ...
Teniendo en eon1idet1dón l~ fü!aia cir,
ca11a.aacl• que 1cah1901 de dejar apuou.da
el Regla-mento (116 reíora,adll el ano" enterlo;
por la comiai~o rm,pective da! tl.yuntsm!,uto
y aprobado por el C. Gnhr11ador da! Oi1trJt~
1e PIIIO en ~lgor el I&amp; de Mrr,l'o d&amp;I propio

i.

111.o, babiéo.don!e dado ~11b\le\;h1d, P.jtlndolo

LICENCIADO MANUEL ROMERO RUBIO.
t 3 de Octubre de 1895.

Tnmo IL Número l,f/.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>6

OCTUBRE,

1895.

EL MUNDO.

4

A~PECTO DE l,A CAHA MORT!JORIA POCO A~TDi DE S.\CAR EL CAl)AYBR.

(Dibujo del natural de H. 1IernA.ndc1.,)

Sólo qm&gt;:daron alli los niños de la Escuela Indus· pletnmente en un in5tante, trial que querlan ser los últimos en abandonar la posy multitud de carruajes trera morada del que fué para ellos padre cariños·o.
particularl'S y de sitio.
No terminaremos sin dará conocer algunos rasgos
lh•sde el hipódromo dela biográficos dl':l homhre ilustre cuya pérdida lamenta
Iudi:rnilla lrnsrn la puer- hoy la Nación:
ta dt.•1 panteón C'staba tenEl Sr. Romero Rubio tenia al fallecer 67 años. Se
dida. la.Did!-\iún que al man- educó en el famoso colegio de San Gregario y desdo ch•l General l~nacio Es- pués de muchos afanes r asiduo estudio, logró al fin,
cudt&gt;ro babia sicio organi- obtener e.l tJtulo de a.bogado.
zada para hacer los honoJo,en de sangre hirviente y clara inteligencia al
re!-, al cadáver.
tomar parte en los movimientos populares cón't ra
En l'l cementerio de la Santa Anna, se distinguió rápida y ventajosamente
Pi1•dacl formaban valla des- organizando clubs destinados á derrocar al dictador'.
de la puerta hasta la tumAl ser proclamado el plan de Ayutla, fué comisioba, los alumnos d(i la Es- nado para ir a Iguala, á fin de ofrecer á la revoluCUl'la JUdustrial deHuCrfa- ción los elemrntos que podia. proporcionarlr t'i Disnos1á la cual tanto protegió trito Federal y logró decidir la marcha de Ah-arez á.
el Sr. Romero Rubio.
Méxicó conquistando en pro de la ca.usa e\ aquel
Junto al mausoleo y fren- hom.bre1 cuyo auxilio era considerado como llave de
te {l la capilla del panteón, oro de la !-,ituación.
levanta.hase un suntuoso
Fué Juez en Tulancingo y Secretario de la Suprecatafalco revestido de pa- ma. Corte de Justicia, puestos que ocupó muy poco
ño negro soln-e el cual ar- tiempo. Diputado al Congreso Constitu~·ente, fué uno
dían cincurnta cirim, colo- ele los legisladores que mús contribuy('ron con su
cados en trmdelabros Y or- energía y su inteligencia á la redacción y promulg anarlns cou lazos negro~.
cién de la nueva Carta fundamental. Secretario del
En la en pilla contigua al Gobierno del Distrito cuando el golpe ele Estado de
catafalco min\bansc dos Comonfort se negó á ocupar el gobierno que le ofr egraml1.•s cortinas n&lt;'gras cía ..\kérreca y aun abandonó la Secretaria;
qul' eaían sobre la puerta;
En unión de Juárez organizó la rrsistencia y lucha
en l'l altar .sobre dos gran- contra el gobierno reaccionario, lo cual le valió su
des ('and1•l;1,.bros Hdian dos encarcelamiento durante ocho meseR, hnsta que ya lig-rm•sos tirios ~· recorrían bre por el movimiento que. encabezó Robles Pezuela,
los muros anchas bandas logró libertar también á.sus compañeros ele, cautiverio.
de crespón negro con adorAsistió, con una brigada, Ala batalla ele Calpulál pam.
De~pués de la torna de Puebla, por los franceses, y
nos blancos.
A las cinco y cuarto llegó resuelta la elefem;a de la capital, el General Garza en:í las puertas del panteón cargóse de organizarla en lo militar y Romero Rubio
la carroza fúnebre y acu- en lo qur pudiéramos llamar p11.rte civil; pero abandodió á recibir ('l cad:her el nando íi México Juárez le siguió él en calidad de jefe
capellán Pbro. José Islas, del Estado )favor y secretario de Garza.
Yohió lnegO [~ Csta capital y fué perseguido, preso
acompañado ele otros dos
saeerclotes. Después de re- y desterrado á Europai de donde regresó á. la Repúzarse tl oficio de difuntos, blica para tomar nuevamente parte en la lucha.
Derrilmdo el Imperio, fué varias veces electo dipuquE'I fué muy breYc, colocáronse los asistentes en tado; Ministro de Lerdo, asegura uno de sus biógralas sillas dispuestas al efec- fos que fuó el único que aconsejó á aquel Presidente
to y se instaló el féretro en que renunciara á seguir ocupando la silla en el segundo periodo para eTitar la revolucion que se. iniel catafalco.
ciaba r triunfante ésta acompañó algúntiempoá don
Sebastián fuera del pais.
De n~ievo en México es ya sabida su historiaj senad_or pmneramente y luego 'Ministro, se distinguió
siempre por su gran facultad de oro-anización, sus
tendencias conciliadoras y su tó.cti~a política tan
habil.
.
Fué su vida siempre útil para la patria. que hoy lo
echa de menos.

á tin de dt•poisitarlo en la carroza
que había de. tr!lnsportarlo :11 cementerio francés.
Organizada la comitiva se pu•
so en marcha á las tres \r media
de la tardl•.
~
En las calles del trayecto que
debía n•corrcr la fúnebre proce!Sión, formaban doble valla los
alumnos del Colegio }lilitar y los
cuerpos rurales y veianse mul·
tit11d de ca!:&gt;as· enlutadas, cuyos
balcones se encontraban atestados de gente.
Hé aqut e1 orden en que seorganizó la comitiva:
Grupos de asilados del Hospicio, de la. Casa de Expósitos, de
la. Casa Amiga de la Obrera, y
del Congreso Obr~ro.
Comisiones de las Sociedades
Mutualistas; alumnos de las Escuelas públicas; empleados públicos; jefes y oficiales del Ejército, Regidores y Gobernador del
Distrito.
Seguian luego el féretro y alrás
el General Diaz y los miembros
de la familia del finado; gabinete
y cuerpo diplomático¡ comisiones
de la Cámaras ~r de la Suprema
Corte de Justicia. Estado :May.or
del Presidente.
Rocorrió la. comitiva laS calles
del FactoF, Vergara, San Francisco, y San Juan de Leirán, hasta
llegar á la esquina de la 2a. de la
TRANSLACIÓX DEL FERETRO DESDE SAN ANDRÉS Á. LA OÁMAll.A
Independencia, en donde esperaDE DIPUTADOS I,A NOCHE DEL 3 DE OCTUBRE.
ban los wagones y la earroza.
(Dibujo del natural por H. HernAndez.)
Era éstalujosisima: entrn anchos
cortinajes, borlas y cordones neEn seguida el sentido y popular vate Juan de Dios
gros, desta.cábanse seis angelitos dorados que soste- Peza, pronunció, por comisión de la Cámara de Dipunian la techumbre, y fua~andel carruaje tres magnifi- tados, la hermosa poesía que en otro lugar encontracoa troncos de caballos prietos con gualdrapas neO"ras
0
rán nuestros lectores .
dirigidos por igual núnero de palafreneros.
. ~l J"&gt;bro. Islas con el ceremonial acostumbrado, benLuego se Yeian sobre dos plataformas las coronas, d1JO la fos:i cavada para recibir los restos del Sr. Roentre las cuales mencionaremos, de paso una ele pla- m~ro Rub~oi al P_il', de la capilla de la familia, no terta que remitió el Lic. Obregón Gonzál~z Go berna- mmada aun. Dicha fosa hállase á la derecha de la
dor del Estado ~e Guanajuato; una prccio;a de flores que ocupan los despojos mortales de la niiia Maria.
de porcelana 1 tr~buto del Sr. Porfirio Dlaz, hijo, v las
Entonc~s comenzó la dolorosa operación: descendique enviaron los Sres. Rosendo Pineda, EmiliO Pi- da la ca.¡a, cayeron sobre ella acompasadamente y
IJ1entel y J oaquin Casasús, las cuales llevaban sen- con eco lugubre las paletadas de tierra. Todo el mundos lazos con esta inscripción: &lt;A su jefe, protector y do'. de pie y con la cabeza descubierta, despediase inter~ormente del protector, del amigo del hombre á
amigo incomparable.&gt;
'
Después de los coches especiales destinados al Pr~ quien tanto debió la patria.
Retumbaron los cañones en el valle tocaron las
sidente, Secretario de Estado, Cuerpo Diplomático,
etc., seguían cuarenta wagones que se llenaron com- bandas y se inició tristemente la retirad~.

Pági,ruu extr(J(J1'dinarias.

DOMINGO l3 DE OCTUBRE DE 1895.

@:oronación

de la

1 -

•*•
La f~lta de tiempo y nuestro deseo de no retrasar
este numero nos impiden publicar todos los dibujos
Y fotograflas que tomamos de los funerales del Lic.
Romero Rubio, pero les daremos cabida dentro de
ocho días.
Igual observación hacernos acerca de los 0O"rabados
relativos á. la Colegiata de Guadalupe.

tin recuerao.

l!a (!orona 9mperial.
SEPULCRO DE LA -XISA lfARIA R. Rt"BlOi ADOR~ADO J&gt;OB
D. PEDRO NlETO_EN EL ANIVERSARIO DE SU MUERTE.

(De fotografitl..)

(Tomado del Alln,m de la Coronaci6n con perm,·,0 d e &lt;i El T"1empo)1)

Tomo JI.

Nú1TlfflJ 14.

�Páginas í!.Heraria!&gt;,
PENSAMIENTOS
DE ALGUNOS SEÑOHES ABZOBISPOS Y OBISPOS

COX l!OTIVO DE LA COROXACIOX.
Postrado ante el trono de tn misericordia ¡oh María
Santísima de Guadalupe! te pido lleno de conñanza alcances de tu Divino Hijo, para tus devotfsimos creyentes, los beneficios espirituales y temporales con que te
has dignado favorecerme durante mi larga peregrinación
sobre la tierra. Extiende así mismo tus gracias á cuantos
aún se niegan á conocer tu maravillosa Aparición! ellos
¡oh Madre! son también tus hijos; bend{celos, favorécelos,
como has favorecido y bendecido al último de tus hijos,
al más indigno de los obispos mejicanos, al actual Prelado de esta Metrópoli.
¡Oh María Santísima de Guadalupe! en tu solemne Coronación, te proclamamos u uestm Aug•1sta Reina. Alcánzanos de tu Divino Hijo que nuestm Patria sea tu
gozo y Corona.
México, Septiembre 12 de 1805.
t PROSPERO MARIA,
Arzobispo de Mh:ico.

¡México! Por María de Guadalupe recibiste la. vi~ en
el órden social moral y religioso: Por su med1ac1ón te
sacó Dios :N. ~fior de las tinieblas de la idolatría Y de
los horrores de los sacrificios humanos: A su poderoso
valimiento es debida la fundación de la cristiandad en
nuestra cara Patria y la rápida propagación de la religión.
Por tanto1 el principio restaurador y conservador de
tu fe 1 ¡oh México! de tu religión, de tu autonomía, de tu
vida no puede ser otro que DIOS, mediante Santa María
de Guadalupe, supuesto que la comervación de las cosas
depende de sus mismos principios generadores y de mediación1 según el orden providencial.
Palacio Episcopal de Puebla, 3 de Agost-0 de 1895.

t

el Pueblo Mexicano su existencia y su civilización por el
cristianismo, que le ha merecido figurar con honor entre
las naciones cultas. ¿Quién puede racionalmente ponerlo
-en duda? A.sí lo hemos creido siempre los católicos, y así
también lo han entendido y aun dicho públicamente no
pocos de distinta profesión religiosa. J ustísimamente, por
lo mismo esta Nación católica en su inmensa mayoría, con
piadoso y eficaz empeño acaba de reformar con gran magnificencia el venerando Santuario del Tepeyac y próximamente coronará con inusita.dasolemnidad fa.Sagrada Imagen· que de Sí misma nos dejó en prenda de ~u predilección como no lo ha hecho hasta ahora con nmguna otra
naciÓn. A la proverbial nobleza del Pueblo Mexicano correspondíai pues, mostrar ante el mundo todo, su gratitud
y reconocimiento hácia la excelsa Reina de los cielos} de
quien ha recibido tantas y tan inequívocas pruebas de
singular amor, seguro de que siendo fiel á los sentimientos de que al presente se halla animado1 siempre encontrará eficaz remedio en sus necesidades públicas y privadas elevando al cielo sus votos ante la Imagen portentosa de su amorosa Madre y Poderosísima Patrona la Virgen María de Guadalupe.
Monterrey, Septiembre 28 de 1895.

t

JACINTO,

Arzobispo d.e Linares.
La eo·ronación de la Sagrada Imágen Guadal u pana, milagrosamente pintada y conservada en la tilma de Juan
Diego es el suceso más grande y glorioso, conque se ha
podid~ honrar á la Dignísima Madre de Dios en todo este
continente1 denominado el Nuevo Mundo.

t SANTIAGO,

Árzobi.spo de Dur&lt;mgo.
¡ Quiera la Virgen, á. c~ya diadema ~leste hoy añadimos una nueva joya, al imponer á su imagen áurea oorona interceder por nosotros!

t

IGNACIO,

Obispo de S. L. Potosf.

Obispo de Puebla.

La fe de Don Pela.yo,
Por Maria sostenida,
Patria y hogar volvió á b raza goda.
Cuando de Asturias
En los riscosos moutes,
Venció á. las huestes agarenas.
De Cortés la bravura
Con su falange ibera,
Bajo el escudo de María amparada1
Domeñó de Tabasco la potente armada¡
Y, para pepetuar tan grande proeza,
El cristiano caudillo
Un Templo y una Ciudad mandó erigir
A Santa :María. de la Victoria.
Que así la Patria mía
Siempre protegida
Por la Guadalupana egida,
Incólume conserve
Su Fe, su Religión, sn Autonomía..
t PERFEC'.l'O,
Obispo de Tabasco.

Refiere la historia que el estandarte de la Virgen Guadalupana inició en Dolores la guerra de nuestra indepencia y ese mismo pendón fué enarbolado en Oaxaca por
el insigne Morelos, al dar gracias al Todopoderoso, después de los triunfos obtenidos en el Sur. Quiera Dios que
el culto de amor que el pueblo mexicano tributa !i. su
excelsa Patrona, en la coronación de su prodigio:ia imagen, afiance la paz religiosa en la Repúbli?3, y sea el vínculo más poderoso para que conserve siempre su fe y
su autonomía nacional.
Oaxaca, Agosto 2 de 1895.
t Em.ooio,
Arzobispo de Anteq1wra.

A nuestra Señora de Guadalupe después de Dios1 debe

FRANCISCO MELITO;;,

De Anáhuac la Augusta Sobemna
Victoriosa triunfó
Del infernal Dragón:
.
La torpe idolatría quedó destrmda;
La impía incredulidad,
A sus piés humillada,
Cayó rendida.
Por esto la Nación agradecida
Su reina la proclama,
Y en sus sienes coloca
La inmortal diadema.

En admirable Imagen,
¡Oh, Santa Madre nuestra!
El pueblo mexicano
Gozoso te venera1
Y tu gran patrocinio
Con gozo y gratitud experimenta.
Feliz y floreciente
Por tí así permanezca
Y mediante el auxilio
Que benigna le prestas
La fe de Jesucristo
Fija conserve con tenaz firmeza.))
t PEDRO,
Arzobi8po de Gua.dalajara.

1

13 ÜCTUBRE, 18G5.

EL MUNDO.

114

IV

!Qué depuestas las armas y unidos,
A la luz de la fe verdadera,
Tremolemos la patria bandera
Y ensalcemos, oh, Madre1., tu amor!
Y vosotros que en rá.piuo vuelo
Trasponéis vagarosos las nubes,
Nuestros votos, ardientes querubes,
Ante el trono llevad del Señor.
t JoAQUrn .ARCADIO.
Obispo de Y eracruz, •
LA 0oRONACION.
Tengo para mí, que coronar en este tiempo de republicanismo li. la .augusta P,itrona de los mexicanos Ntra.
Sra. de Guadalupe, es ponerle á la República la base más
firme; porque depositamos en el cielo la corona Imperial
y Real de México, ciñendo con ella la frente virginal de
la Inmaculada Madre de Dios, qui! en su Imagen de Guadalupe fué el estandarte de la Indepen.Llencia Nacional.

t

ÜRESCENCIO.

Obispo de Yucatán.
Las.leyes de la :filosoíía de la historia de mi p.itria
fueron escritas por la. m:i.no de Dio3 en el T0peyac..1,tl.
¡Haga el cielo que una. de las gracias obtenidas 1 como
consecuencia de la coronación Litúrgica de nuestra Madre Santísima, sea, que todos los mexicanos conozcan,
comprendan y apliquen debidamente esas leyes, fuente
de verdadera paz, de grandeza1 de prosperidad y de gloria!

t

ATENÓGENES1

Obiapo de Colima.

A NUESTRA MADRE SANTISU!U DE GUADALUPE.
La nación que elegiste, Virgen bendit,a1 lamentó má9
de un siglo no verte coronada como lo había querido el
piadoso Cabildo Vaticano. Estaba en los consejos de la
Divina Providencia, privarte de esa dicha, para concederte otra mayor. No el Cabildo de S. Pedro: León XIIT ~
había de coronm·.

t IGNACIO,

Obispo de Tepic.
Cristo estampó su Di vino Rostro en e\ lienzo de la
Verónica. Maria imprimió su imagen en la tosca tilma
de Juan Diego.Ambos cuadros tienen la firma de Dios!
autenticada por la tradición, los milagros y la Iglesia,
Uno está. en San Pedro, el otro está. en la Colegiata.
La Monarquia ful! abolida en América, para que
Maria de Gtiadalupc fuera Reina única del Mundo de
Colón.
t ANTONIO, Oms1,o DE CONSTANCIA.
.Abad ele Guadal'U,pe.

LA VIRGEN.
hay en Jas antiguas mitolo~fas creación t.an bea como la de la Virgen cristiana. \'e.nns es el
mbolo excelso de la forma. Es la mujer por
excelencia, pero es al cabo la mujer. La admiral
mos con deseo. La hemos visto1 si no en las calles y bajo
marmóreo pe1 t ¡·e moderno' i,;( en los museos, sobre
era
·te·
destal ó en las divagaciones
de la fantas ía.N o nos rn
resn. i~quirir si tiene alma ó no la tiene. L~s estatuas no
han menester mirar para ser bellrui, y la mirada es la expresión del alma. Venus procrea; pero ~o es ~adre.
El niño Eros no es su hijo, sino su delicadísima obra de
arte: su estatuita. Venus no sufre: está muy lejos de nosotros. Es una armonía de líneas, un supremo concierto
de colores una divina imposibilidad. Yenus es de mármol. Nue~tro deseo la humaniza, comoPigmaleón ani~6
á Galatea. Pero, una vez humanizada, Venus se asemeJa
á alguna de esas criaturas bellas nacidas en los paJs~s donde es más rica la cantera huma1m. Par.i que .Afrodita sea
realmente hermosa, para que mire de rodillas á los hombres necesita ser impúdica, descubrirse, entregarse á la
mir~da, como una gran promesa de placer. Será. de carne,
pero no es de espíritu.
. .
. .
A Venus se adora en la fehctdacl; m1eutras las rosas horacianas no se marchitan en nuestras sienes; cuando 13
juventud, como gallarda Hebé1 escancia ~l néct~~ en l~
copa de nuestra vida. Pero Venus no ama. a los.vieJos, m
á. los desgraciados, ni á los pobres. Necesita la Juventud,
necesita la alegría, necesita el oro. No alienta, no socorre,
no consuela. La cantan los hombresi pero no la besa~ l.os
niños. Las mujeres no pueden quererla sino con env1~a.
Es dichosa como es dichoso el egoísmo. Sus amantes tienen que ser dioses. Sus labios no dan pa.so á la palabra
que conforta, sino al beso que excita. Su hijo, para no desearla., nace ciego.
.
La Virgen María es la suprema escultura del espíritu.
Es virgen y es madre, es decir, reune en sr las dos ~ás
altas excelencias del ideal. Por la virginidad-esa cima
blanca-toca al cielo¡ por ser madre, est.í cerca de nosotros. Ser madre es haber sufrido.
Pocos antiguos comprendieron la belleza del sufrimiento. De las pupilas sin mirada de las grandes estatúas no
podfan brotar las lágrimas. Los dioses de m.írmol no ven
que padecemo~. Pero el dolor, que puede ser des terrado
de la mitología, como un leproso1 no puede serdeRt.errado
de la humanidad. El hombre necesitabn. una madre para
quejarse :L ella, y el cristia.nism'o se la. dió. La Virgen es
el seno en que se llora. La Virgen es la madre de los
huérfanos.
Siendo dichoso puede serse pagano! Leed la literatura
helénica: en casi toda ella el único que tiene derecho á.
cantar, es el placer. Es un banquete al que concurren nada má.~ que mujeres bellas y hombres sanos. Pero afuera,
en el yerto umbral de esos palacios, gime el dolor como
infeliz mendigo. No levanta la voz porque su queja serí~
inútil. No hay seres ni divinidades que le escuchen. 81
habla, si grita, le despiden 6 le azotan. El dolor en la antología es un huérfano.
Pero aparece el cristianismo y el dolor habla. Ya hay
quien le oiga: la diosa ya no es muela ni impasible,. Y co~o
ha sufrido1sabe consolar. Desde entonces la hum1dad t iene una madre.
Es hermosa porque todas las madres lo son para sus
hijos; pero no analicemos su hermosura. Si fuera fea~ nos
parecería bella. Ya no es la Venus fría que se aleJa de
nosotros cuando las rosas se marchitan, la salud se va Y
la vejez !los entumece. Ya no es la diosa áquien sólo cantan los felices· sino la Virgen que consuela á los infortu ·
nadas. Los h¡rapos no la repugnan. Va al hospital, se
sienta á l:l cabecera del agonizante; escucha nuestras
quejas y nos dice: Espera!
En las antiguas religiones no hay divinidad alguna q~e
pueda ser amada de los niíios. Todas son fuerzas 6 pas 10nes1 y ni las pasiones ni las fuerzas pueden co~q~lis~r el
cariño de la debilidad ó de la inocencia. El cr1stiamsmo
dió una religión á la niñez. Los pequeñuelos aman á ~ arfa: la infancia duerme ó juguetea en sus rodillas ba10 la
figura de Jesús.

*
**
¿Por qué arrancar este cariño· de las almas? ¿Con qué
amor podremos reemplazar en los espíritus el amor á la
Virgen? Los que tal quieren, son tan desatentados Y tan
crueles como el que busca empeñad.amente al niño huérfano p~ra decirle: tú no tienes madre! Dejad que el po~
bre pequeñito crea que la madre no ha muerto, que est
dormida que salió de viaje, pero que pronto ha de volver ó d~pertar. Ser asesino de esperanzas, es ser el peor
ele los asesinos. Pues que el dolor existe y ea eterno, pues
que la muerte nos separa despiadada de los muy I_&gt;00°s ~eres que 1103 aman, dejadnos m:is allá de esta existencia,

]3

ÜCTUllRE,

1895.

ELJ\IUNDO.

115

en los cielos azules del ideal, una figura de mujer ú quien
Llego después un guerrero, que excfam6 con voz enér-Estás cierto-gritó ella con voz angustiada-de que
podamos convertir los ojos cuando por desventura este- gica:
no queda ningún otro medio de salvación?
mos huérfanos, y decirle llorando: ¡madre, madre! No nos
-Princesa1 hoy, como en todos los tiempos, lo qus do·
-Ciertísimo.
digáis que eBtamo.s solos en la vida; no n,•s arrl;'batéis la
mina al mundo es la fuerza. Ella fonda y deRtruye nacio-Y vnmos á vivir sin rnrnos?
única madre que la muerte no puede arrebataruos.
-Sí!
Yo no conozco una expresión de abatimiento más supre- nl!s; ella hace y deshace tronos é imperios. Xo hay m,is
-Pues bien ...... ¡Muramos!
ma, que la figura del poeta dibujada por Gleyre en su poder que el de las armas; por él se arruinan los pueblos;
-Eso iba á proponerte.
cuadro La,~ ilusiones perdidas. El brazo flojo dej6 caer la de él son esclavos los reyes. Toda~ los países, desde los
ebúrnea lira: el cuerpo se resiste á. ponerse de pie porque más atrasados hasta los más progresivos, le rinden culto.
-Escucha: á lo último de ésta sen.da ......
desea estar cerca1 muy cerca de la tierra; la mirada llena Las más grandes ideas no son nada sin él, pues con el po-Hay un precipicio, ya lo eé.
de tristes despedidas, se clarn en la airosa barca tripulada der de las armas adelantan más en un minuto que en cien
-Clava tú tus espuelas un el vientre del caballo ...... yo
por todo aquelio que se va, por la gloria., por l'i amor, por afios de labor consia.nte y de cruentos sacrificios. El eje haré lo mismo ...... rodaremos juntos ..... .
la riqneza; por e] pbcer, enemigo de los pobres; _por lasa- del mundo es siempre la espada de un guerrero victorio-Sí... ya voy .... Dame un beso antes ... ¡el último!
lud aborrecedora de los viejos. Todo en la barca, empa- so. Yo pongo la mía á vuestros pies, picliendoos esa ma•
-Telo daré en la muerte ...... ¡Corre, que nos alcanzan!
vesada y rica, es bullicio, alegría. Todo en la hermosa no aro bicionada.
Uno delante del otro los caballos corrieron con rapidez
barca es juventud. Y todo en el semblante del poeta es
Luego se adelantó uno delos hombres más ricos de la vertiginosa. El del seductor se hundió en el vacío; encomo triste crepúsculo de vida. Allá se va todo lo ingra- tierra, un hombre que poseía inmensos tesoros1 y ha- tonces ella, tirando violentamente de las bridas y recuto que nos deja; y allí queda el poeta.1 muerto en vida1 bló asf:
rriendo ií. su habilidad de amazona, consiguió detener el
sobre los ,hidos peñascos de la playa.
-Princesa, el oro es el único dios en quien todos creen. suyo en el borde del precipicio. Y á la cárdena luz de un
Pero ante ese cuadro dél dolor sin esperanza, poned la Todos lo adoran; nobles, sabios1 guerreros; protestantes,
Hubfana del artista Junt. En el lienzo de Gleyre la vida judíos, católicos, mahometanos; hombres de todas las relámp.:igo, contempló indiferente cómo rebotaba de peña en peña el cadáver del hombre que habfa sacrificado
se va y con la. vida se Ya todo. Ko llega aún la muerte, partes del mundo, de todas las razas y de todos los clisu vida ein vacilaciones de ningún género.
pero ya se oyen sus pisndas. En el cuadro de Junt la mas, ante él se JJostran de hinojos ... ... Los que fingen desmuerte ha pasado, pero una vida extraterrena alumbra deñarlo lo adoran en secreto ...... Es el talisman que dá la
CATULLE MENDEZ.
Jas figuras. La anciana madre estií en el lecho mortuorio,
dicha al que lo posee ...... Con él se abren todas las puerentre fúnebres cicios amarillos; pero está menos mue1ta,
¡ASIES!
tas, ee juntan 6 se separnn los mares y se horadan las
menos fría que la figura del poeta vivo. Se adivina que montañas ...... Para él no hay imposibles. Yo os ofrezco
1
continúa existiendo en otra pnrte. Y el dolor de la huér~ á. cambio de vuestra mano, eee talismán milagroso.
Sus cabellos son rubios como eJ oro;
fana, de la pálida y rubia jovencita, no es el dolor sin essu cutis sonrosado como el nácar;
Y tras de estos fué pasando por delante de la princeperanza ni consuelo, el dolor también huérfano del rnte. sita de Linderbrunen y de su tía la reina de Holteburgo
un tentador lunar en la mejilla,
Es el dolor cristi;.11101 el dolor que llora 1 el dolor que esy angelical mirada.
larguísima fila de pretendientes, todos dignos de una prinpera. La hermosa joven ciñe con sus brazos el cadáver de cesa.
De dientes diminutos, como perlas;
la madre, corno si pretendiera defenderlo; pero sus ojos
de labios corno grana;
Cuando
ya
el
desfile
parecía
terminado,
oyóse
un
mhúmedos de 1:lgrimns, se fijan en la.iinagen de la Virgen 1
de cuerpo escultural y airoso porte;
mor de prote~ta entre cuantos al acto asistían: un calavey parecen decirla: ¡Tú me quedas!
modelo, en fi.11 1 de hechizos y de gracia.
ra, sin mérito alguno; sin título de ningún género, avan•
M. GUTIERREZ NÁJEllA.
Ya la veis: es hermosa.
zó exclamando:
-¡Yo no sé más que amar! ¡Yo no valgo m!i.s que para
Si queréis ser fe1ices 1 no adorarla.
amar! ;Yo no entiendo m,ís que de amor!. .....
¡Yo la llegué á querer, como en la vida
elección
nouio.
Los rumores que por todo el salón se elevaron impidiésólo una vez se ama,
ronle concluir su discurso.
y comprendí, ya tarde, que en su pecho
Apenas se quedaron solas la reh1a de Holteburgo y la
un corazón de pedernal guardaba!
Acababa de cumplir dieciocho años la princesita de Lin- princesita de Linderbrunen, dijo ésta á su tfa:
¿De pedernal? Mentí; que aun siendo dura
derbrunen: era huérfana, era hermosísima y ocupaba el
-¡Es el último el que prefiero!
fuego tiene esa piedra en sus entrañas.
trono, heredado de sus padres. Como podéis figuraros,
-¡Cómo! ¿Ese calavera?-replicó la tía escandalizada.
Es de duro metal, y yo tan sólo
tenía un número incalcuhl.ble de pretendientes, que que·
--Sí, nadie más que él me ha hablado de amor.
di en él con el óxido que mata.
rían hacer su felicidad.
-Vamos1 reflexiona-murmuró la reina de HolteburJ osE BA !.SALOBRE.
Eran tanto3 y d~ tan dlver.:1as clases y condiciones, que go-¿qué dirían si tecasar~on ese? Debes elegir al noble,
no sabía la joven princesa por cu11 de ellos decidirse.
al sabio, al guerrero ó al que posee inmensos tesoros.
Sus cortesanos y sus ministros la aconsejaban que hiDespués de dar á su sobrina este consejo, la tía regresó
ciese un matrimonio de Estado, un matrimonio que en- á Holteburgo y la princesita se quedó reflexionando.
Son dos palmeras que distantes moran.
grandeciera el país ó le procurase fuertes alianzas, y haPor :fin, ésta se decidió, y llamando á una de las damas
De Tántalo al suplicio condenadas,
blaban del equilibrio europeo, del imperio ruso, del im- de la corte, que gozaba de toda su confianza,. le dió el ense miran, siempre amantes, siempre amadas,
perio germánico, del Austria y de la Ilungría. Pero ella cargo de ir áanunciar á..aquel calavera, que sólo entendía
y por no tener lágrimas no lloran.
ofa con la mayor indiferencia .hablará sus ministros y á de amor1 que la princesa de Linderbrunen lo había preCuéntanse la ternura que atesoran,
sus cortesanos del Austria y de la Hungría, del imperio ferido entre todos su¡:-, pretendientes.
por medio de las brisas perfumadas,
germánico, del imperio ruso y del equilibrio europeo.
Al Jlegar la dama de la corte :í. casa del amante afortuy algo también pudieran las pintadas
La persona de la familia de los Linderbrunen que mú.s
nado y explicar el objeto de su visita1 oyó esta respuesta:
avecillas decir de si se adoran.
influencia tenía. sobre la joven princesa, era. una tía de
-¡Ay, scfiora; llegáis tarde! Ya no estl:í en LinderbruSaben las dos que con estrechos lazos
ésta, reina del vecino Estado de Holteburgo, vinda y de
nen. ¡Lo ha elegido por esposo la reina de Hclteburgo!
no han de uniree jamás; pero, constantes,
doble ed.id que ~u sobrina. Habían convenido sobrina y
ni dejan de sufrir ni de amor mudan.
ERNESTO GARCÍA LADEVESE.
tía en que ésta última fuese á Linderbrunen al llegar el
Y á cada nuevo sol tienden sus brazos
momento de la elección de novio, qLie ya no podía retracon lánguido esperezo, y anhelantes,
wuse m~, y ayudase :i la princesita con los consejos de
agitando las palmas1 se saludan.
la experiencia á. llevar á cabo una ·buena elección entre
F. RODRÍGUEZ MARÍN.
aquella multitud de adoradores.
Fijóse la feci1a del concurso de pretendientes, que debía.u ir pasando delante de la princesa, uno por uno
LA CALUMNIA.
(pues así parece que se hacen estas cosas en Linderbrunen), y el &lt;lfa señalado vióse al pie del trono á la reina
El odio ruin de un corazón podrido
~ n o c h e está obscura y tempestuosa. Por estrecho
de HoltebLugo, junto á su sobrina, examinando con la
sugirió vil pensar á una vil mente,
~ sendero1quedirige enziz-1.ag desde la falda hasmayor at('nción las condiciones de cuantos enamorados
y una boca aún más vil, arteramente,
f-~ ta la cumbre delmonte, Mmpiendornma..,y ha.
tomaban parte en el galante desfile.
sembró la negra especie en un oído.
ciendo saltar las piedras, huyen al galope de sus caballos
El primero que pasó fué un noble, quien, inclinando
Aquello arroyo íué que, sin rüido1
el seductor y la infiel esposa. A pesar de la rapidez de la
respetuosamente la cabeza dijo:
deslizóse al principio cual serpiente;
marcha, no dejan de hablar.
-Princesa, en IIiis blasones hay lustre y brillo para enaquello, á poco, en bramador torrente
-Van á alcanzarnos-dice él.
noblecer todo un reino. Cuéntanse entre mis antepasados
vi6se y en marfurioso convertido.
-¡Dios mío!-exclama ella.
cien héroes, cuyas hazafias son portentosas. Reuno
N,íufrago aquel honor, vencer quería
-Si nos mata ...... mucho mejor,
veinte apellidos, en los que se compendia la historia
¡qué insensatez! el ímpetu salvaje
-¡Oh! sí, sf. ..... ¡qne nos mate!
de nuestra patria. Mi nobleza es tan anti gua, que su oridel mar de la calumnia turbulente.
-A ti porque te adora.
gen se pierde ,í través de las edades. Soy el descendiente
Mas le agotó las fuerzas la agonía;
-Yo le odio con toda mi alma.
directo de wrn. raza elevadfsima, muy superior¡¡ cuantas
se cerró sobre el triste el oleaje ......
- Y á mí porque me aborrece...... pero no nos matará.
arman la sociedad que nos rodea. Si me otorgáis vues¡Aún sobre aquella tumba brama el viento!
-¿Porqué?
tra mano, no habrá en el mundo princesa real con tftu•
F. RonmGeEZ l\lARIX.
-Porque querrá vengarse de un modo más horrible.
los más gloriosos.
-¿Cómo?
El segundo fué un sabio, cuyo talento inspiraba admi-Separándonos para eiempre ...... Condenándonos á.
El genio, lo mismo que la montaiia1 Yistos de cerca
ración universal.
eterno
sufrimiento.
asustan. Están hechos para ser contemplados por las
-Princesa-dijo al pasar con marcada expresión de
-¡Oh desespéración!
águilas.
orgullo-es el talento el que gobierna á los hombres.
-Sabe que matándonos noa haría dichosos ..... .
Todos se inclinan ante él, todos le obedecen, todos le siY. HuGo.
-Dios mfo!. ..... Dios mío!. .....
guen, todos son instrumentos suyos. Los más.fuertes soHubo un silencio de algunos segundos, durante los cuaber~mos, los más grandes imperios, las naciones más po·
Es necesa.rio dejar el mundo antes que (•l nos deje.
pu losas necesitan de él 1 y á. el tienen que entregarse para les sólo se oyó el galopar de los caballos y el sordo rumor
M~IE DE SAVIG~É.
que los dirija. Pues bien; yo que no me postré nunca an- de Ias aguas de un torrente ...... Confundiéndose con estos
te nadie1 me postro ante vos, princesa1 pidi endoos vues- ruidos sonó de pronto otro, que llenó de espanto á los dos
Desgraciado de aquel que no tiene recuerdos.
amantes.
ra mano.
RENAN.

\!a

ae

DESDE LEJOS.

Al galope.

�116

EL MUNDO.

13

ÜCTUllRE,

1895,

13

OCTUBRE,

1R!lf,.

.
· :';:'.·,.,i
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@:oronación de la ~ir9en de @·uadalupe.

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.•.... POCO A:0.TES DE QUE BRILLARA LA 1,UZ DEI, ALHA, CERRÓ 1,08 OJO:,¡ Y i:¡¡,; Ol; RMIÓ l'AlU SJEMl'RE: ••.....

PERUCHO, NIETO DE PERIQUILLO.
POR UN DEVOTO DEL PENSADOR l\IEXICANO.-llustraclones de IZAGUIRRE.
(t:0::-."TINUACION)

S!a ,9ura del Patronato de la $antísima "0irgen de Guadalupe.

CAPITULO XV.

Cuadro mural por D. Felix Parra.

De como se qnedaron:Maximiliano en el trono y Perucho

en la orfandad.

Todo es efimero y vano en este mundo, y no hay
nada más engañoso que los placeres ni más fugaz que
las ilusiones.
En todas las filosofías antiguas se aconseja á los
hombres que se preocupen más de la mue.rte que de
la vida, porque ésta pasa1 'según la frase d&lt;"l profHa,
como las naves como las nubes, como las sombras.
Y ¿qué somO~ los mortales sino sombras chinescas
que desaparecemos cuando menos lo esperamos y
cuando la ilusión v vanidad nos auguran prolongad y envidiables ;enturas?

Razón tienen los decepcionados del mundo, aquellos que han vaciado 1a copa de los placeres, apurando hasta la última g·ota, para encerrarse en la soledad
y no creer ni esperar na,ta de los hombres.
¡Cuántos de los religiosos trapenses, condenados á
eterno silencio, habrltn sido en sus mejores años, paladines del amor y de la fortuna que sólo encontraron
despues de los goces el amargo sesabio, la fría convicción de la verdad terrible que engendra la necesidad del olvido.
¡Dichosos los olvidados en la tierra! No los aguijonea el orgullo, ni el afán de la gloria los inquieta
ni la adulación los corrompe.
Eu el bullicio social, en medio de ese torbellino quR

deslumbra y atrae á la juventud, ávida de sensaciones y de combates, se camina sobre abismos sin fondo que (•spantan después de haberse salvado sin peligro y cuando Hl1 contemplan desde lejos.
Nada hay má.s engañoso que la esperanza!
Recuerdo todas las alegrías que en la ciudad;y en
mi casa despertó la llega la de los príncipes.-=::
Fué aquello un sacudimiento, una convulsión, una
locura de que no se dió cuenta la más elevada clase
social de la ciudad de Méaxico hasta que fueron pasando los días.
Re hablaba en todas partes de la arrogantcifigura
ele Maximiliano. de sus ojos cu,\"o azul no tenia semejante sino con el cielo en los días diáfanos de Diciem-

�118
bre; de su barba fin;t. y color de oro; de su Plegancia
en vestir y de su gra.cio.sa m:mcni de hablar ¡__•] caste•
llano.
A todos sorprendían las rilpidas tra11sformaciones
rlel Palacio; el regio decorado de los talones y lo 1:mntuoso del mobiliario, l\faximiliano convirtió el inmen-

so y antiguo Palacio de los Virreyes en su_ mansión
imperial, con todas las oficinas y dependcnc1as de su
casa y de su Corte. No dejó am ningún ministerio a
excePción clel de Estado y su scrrctaria. particular, que
Je era preciso tenerlos muy cerca.
En rápidos momentos se transformó el edificio. y se
llenaron tle vida y de alegria los severos y extensos
patios donde antes sólo se miraban soldados, empleados y pensionistas.
El Emperador tenia guardia francesa quo lo batia
marcha cada vez quo entr&amp;.ba y salía por la puerta
do honor¡ en los corredores se destacaba por su apostura y elegancia la Guardia Palatina formada por
hombres escogidos, á fin de que fueran altos, robustos, buenos mozos y de distinguidos modales.
La Emperatriz nombró damas de honor y damas
de servício. Las unas no tenían sueldo; su cargo era
ho11orifico; acompañaban á la Pl'incesa á las grandes
solemnidades, en las audiencias y en los paseos de
los grandes días de la patria. Las otras disfrutaban
pensión y les era obligatorio residir en Palacio ) servirá la soberana en lo que les encomendara, acompañándola lo mismo en los viajes que en las excursiones dentro de la ciudad.
Flieron nombradas damas de honor las seño.ras
más distino-uidas, de más limpio linaje, de mayor riqueza, de fas más elevadas condiciones de la ~ociedad mexicana, y hay que confesarlo, la elegancia, la
hermosura y la distinción de estas señoras, no tenia
nada que envidiará los mejores centros de cultura.
Contábanse miles de anécdotas más ó menos r1s1bles1 pero eran fraguados por la pasión política y uo
por la justicia.
Quién decía que alguna dama el primer dfa -~ue estuvo de servicio, ll. la media hora de conversac10n con
la Emperatriz, sacó una petaquilla de cigarros del Estanco y le dijo:
-Emperatriz: ¿usted fuma cigarritos de á trece?
son muy suaves y muy sabrosos.
.
_
Otra, contaban que al llegar a Palacio en la manana encontró á Maximiliano que bajaba para montar
á ~aballo é irá Chapultepec, y le dijo:
-Buenos '1.ias, señor; ¿cómo está usted? ¿cómo amaneció Carlotita? ¿no la ha desconocido la tierra?
Tod·o esto eran puras invenciones, aunque si babia
alo-o de cierto en la llaneza de nuestras gentes y en su
n~ural encogimiento, asl como en la dificultad que
les p1·esentaba el tratamiento de majestad áque no estaban acostumbradas.
No era raro que dijeran á los emperadores:
-He venido á verá vuestra majestad porque sólo
usted podrá arreglar tal ó cual asunto.
Fundar tan intempestivamente una monarquía ceremoniosa y llena de exigencias en tratamientos 1 etiquetas y fórmulas, en una república como la nuestra, traia
como inevitable consecuencia toda una serie de esce·
nas q_ue no son para contadas sin provocar risa.
Maximiliano, que babia viajado por una vasta exensión del mundo 1 no conocía este clima dulce que
enerva y cautiva; este cielo azul y trasparente que
enamora 'V sorprende más que el de Italia, ni esta Naturaleza que no se desriudajamás, pues pudorosa como toda virgen, siempre cubre sus hechizos con la
esmeralda de sus árboles y de sus praderas.
El príncipe Hapsburgo estaba encantado con las
perspectivas del Ya.lle de México, y le parecía Chapultr-pec una mansión ideal y olímpica.
En l\fi.J.·amar contemplaba las ondas del Adriático
rompiéndose en blancas espumas; aquí las colinas pintorescas1 1::-.s calzadas con sus dolientes sauces, los caserios como palomares de alabastro, los risueños árboles cortando a trechos el horizont~ sobre las elevadas planicies, y detrás de todo, circundando todo, la
gran cordillera con los volcanes coronados de eterna
nie\'e, custodiando la gran ciudad, llena de esbeltas
torres cuyas cruces señalan el in.finito como para mantener viva una postrera esperanza.
Lo que se ve desde Chapultepec no puede describirse, es preciso verlo y cautivarse con tanto hechizo
incopiable.
_
_
Con razón aquel joven pl'incipe, sonador y artista,
puso gTan empeño en embellecer e~ alcázar, dotándolo de los mayores encantos en arqmtectnra y en decorado. Le parecia que ninglln sober3:no cl_e la _tierra vifa en mansión más bella, y se m.exicanizó bien pron-

EL MUNDO.
to, llegando :'t. no querer vestir en las mañanas otro
traje que el nacional dél bajo pueblo; ancho sombrero, ~baqueta de cuero con ag·ujctas y bordados Y calzonera con ríra hotou adura ele plata. Al:ii venia de su
castillo a Palacio 1 y llegó á. poner ese traje como librea
de sus lacayos, y á gtrnrnel·P1· á las mulas, todas blancas y de la misma talla 1 con alamares tricolores y cascabeles ruidoso~.
Esto, en vez de satisfacer al pueblo 1 lo enconaba1
dando lugar a burlas sangrientas, pues no falt~ _quien
al oir de lejos el ruido de esos cascabeles, le d1Jera ll.
otro:
-Mira, valedor, alli viene el pulque austriaco.
En el bosque de Chapultepec se pusieron grandes
'jaulas con animales raros 1 y alguna vez bajó á verlos
Maximiliano y encontró á runchos de ellos heridos por
saetas disparadas por los espectadores.
Df&gt;sde ese día prohibió la 1íbre entrada al pUblico,
diciendo:
uLos que me odien, que disparen sobre mi estos dardos, y no sobre unos inocentes animales."
No era, pues, de la devoción del bajo pueblo aquel
Gobierno nuevo, que con suntuosas fiestas se aturdía
creyendo que la paz y la prosperidad reinaban en todo el imperio.
Entre l\Iaxin.iiliano y losfranceses se había abierto
un cisma. El príncipe amaba la iuclrpeudevcia de sus
actos, y el general francés no le dejaba obra~ lib~·emente ni en la más humilde esfera de sus atnbuc10nes.
No llegan á las cimas los rumores del fondo, y nada
se sabia con certeza en la corte de la mala voluntad
que á la monarquía guardaba el p'ueblo en el fondo
más callado de su conciencia.
Maximiliano, que habia en otros tiempos escrito
obras instructivas y amenas, producto de su observación en dilatados viajC's, se ocupaba. ahora en escribir
con su propio mano el Reg·lamento para los servicios
de Honor y el ceremonial de su Corte. Es decir, le
preocupaban las pompas, la ostentación, lo aparatoso
de la forma, y descuidaba la esencia de su polltica.
Creía que iba á eternizarse en el t.i·ono, y trasladaba
al papel sus ensueños y sus ilusiones.
En ese Reglamento, creación fantástica de su iluso
cerebro, comenzó por definir el rango de los Príncipes de Jturbide, advirtiéndoles que cuando los Emperadores estuvieran en el trono, debían colocarse de
pie en el primer escalón del estrado, á la izquierda de
la Emperatriz.
Muchas noches trabajó el soberano nombrando y
señalando atribuciones A su personal numeroso, en
el cual se comprendian un gran m_ariscal de la Corte,
y como grandes dignidades, un ayudante de eamp.o
general, el gran maestro de ceremonias, el gran cham~
belán, el limosnero mayor, el caballerizo mayor1 el intendente general de la lista civil y el gran chambelán
de la Emperatriz.
Estableció su casa militar con ayudantes de campo
y de mar y oficiales de órdenes; la Guardia Palatina,
el Servicio de las Ceremonias, el Gran Chambelanato,
el Servicio Sanitario, el Servicio Religioso, el de las
Caballerizas, el de la intendencia y la que llamó Casa
de la Emperatriz.
Cada personaje, cada una de las damas, estaba sujeta á un reglamento especial1 y hasta para las tertulias se determinaba por cuáles escaleras habían de
subir los invitados.
Era aquella obra confusa como la que más pueda
serlo, y yo oí decir en casa á un abogado de talento,
que si bien revelaba lo minucioso del ca:::ácter del Em·
perador, no dejaba duda tampoco de que era muy
amante del fausto v de las trivialidades.
Así comenzó aq~el Gobierno 1 y cuando m;\s encantados estaban con todos sus actos en mi casa, recibí
un día á las once de la mañana un recado urgente de
mi padre para que fuera á verlo inmediatamente.
Ya teníamos coche, y bajé las escaleras corriendo,
subi al landeau flamante que me esperaba en la puerta, y en pocos momentos llegué á la presencia de mi
padre.
¡ Ah I no querría recordar ese cuatlro. Estaba solo
en su recámara, muy pálido y con el semblante descompuesto.
-¿Dónde está mamá? le pregunté.
-A la pobrecita le tocó hoy acompañará la Empe·
ratriz á visitar los hospitales, vendril. aqui á las dos
de la tarde.
-¿Estás muy enfermo? te miro muy pálido,muy ojeroso, muy descompuesto de semblante.
-i!ira-me dijo señalándome una palangana puesta sobre el lavabo.

13

OCTUBRE,

1895.

-¡Sangre! exclamé yo horrorizado, esto es sangr~!
-No, contestó mi padre, eso es la muerte, Peruch1•
to mio. Pobrecito de tí que te vas á quedar huérfano
dentro de muy pocas horas.
-¿Por qué me dices eso?
.
.
.
-Porque me siento desfallecido, 8111 fuerzas, sm voluntad para nada.. Snli á la calle, hablé con algunos
amigos, de pronto se~t[ náuseas, v_ineviolenta:~ntey
he arrojado toda esa mmensa cantidad de san 0 1e ....
-Y por qué será rsto?
.
. .
-Ah! hijo mio; he padecido del estomago much1s1mos años; los médicos me han diagnosticado úlcC',ra
redonda, cá.ncer, quién sabe cuántas cosas, pero esta
es la crisis y estoy en mi último día.
-Papá, llamarrmos á un méclico.
-A ninguno. Ellos mataron en inolvidalJhi día á tu
madre· ya lo sahes; ¿por qué he &lt;le eallarlo rn estos
mome~tos? los médicos y las medicinas son las causas de que se llenen en poco tiempo los c~mentcrios.
No llaméis á ninguno; ya mandé comprar lnelo y estoy
tomando pedacitos cada momento. No se necesita otro
tratamiento y tengo que esperará tu maml:'1. que va á
recibir un buen susto.
-¿No sabe nada?
-Absolutamente nada! me dejó bien en la mañana
y cuando me sentí grave sólo pensé ~n ti para q_ue vinieras á mi lado. Perucho, esto no tiene remedio; yo
me voy para siempre y te encargo que seas lo que he
soñado que serás: honrado, leal, bondadoso y un hijo
para esta pobre y buena mujer,que si no reemplazó á
tu madre en todo 1 pues aquella sólo tiene semejantes
en los ángeles, si supo hacernos olvidar á ti y á mi,
las amarguras de la viudez y de la orfandad. Es una
santa· respétala y quiérela en memoria mia. Yo soñé
much'o con el gobierno del Emperador; creo llcxico
será feliz y por esta parte muero tranquilo. Soñé enla
mona.:rquia, porque es un gobinno cientifico y lógico,
v mue1·0 al coronarse mis esperanzas. Me preocupan
~ucho tu, que estás en edad peligrosa, y mi mujer que
va á quedar Como loca1 pues me ama con todo su corazón.
Inclinó mi padre la cabeza, palideció mucho y me
hizo con la mano señal de que le acercara algo en
que depusiera.
Le_ obedecí con rapidez y volvió á arrojar sangre,
pero tanta y tan descompuesta, que grité al lacayo que
fuera á traer un médico, lo mas rápido que le fuera
posible.
-No 1 por médico no; que se vayan á Palacio por
tu mamá1 diciendo que estoy muy grave.
Alcanzó el tiempo para darles está última orden, y
cuando el coche partía, una antigua criada de la casa
llegó con un Doctor, á quien habla llamado sin que
nadie se lo ordenara.
Hizo á mi padre·varias preguntas1 lo reconoció, miró la sangre arrojada, movió la cabeza y me dijo: que
traigan hielo y le den muy seguido pequeños pedazos
para contener esto
- Ya lo tengo aq ui con testó mi padre.
-Ah! bueno¡'pues hay que tomarlo y Yolveré á la
noche.
Salí á acompañarlo y me dijo en el corredor: que se
disponga cristianamente porque esto va rnuy de prisa y no hallo manera ele impedir una catástrofe.
-¿Cree usted que sea tan pronto·?
-Ah! pobre chiquillo; tu padre está muy malo; es
la cirsis de un cáncer del. estómago, y haciéndomeun
cariño se retiró diciéndome: ya vengo; ya vendré esta noche; confia en Dios, hasta luego.
Mamá llegó poco tiempo después y le,yó en el Sl'mblante de mi padre todo lo que pasaba.
No tengo fuerzas para describir aquellas conmovedoras escenas que todavía, al través de:muchos años,
están frescas en-,.ni memoria.
Me bastará decir que al obscurecer1 mi padre se
agravó cayendo en tal debilirlad y postraciún 1 que su
voz era muy débil y sus pulsos casi uo se percibian
al buscárselos.
Duró así, recibiendo nuestras caricias ~- num,tras
lágrimas algunas horas. Recibió los auxilios espirituales; besó el Crucifijo que el sacerdote le acercó á
los labios, nos bendijo lleno de térnura, y poco;antes
de que brillara la luz del alba, cerró lo.s ojos y se
durmió para siempre ..
Me drjaba huérfano al comenzar mi juventud y él
abandonaba la tierra cuando la. fortuna comenzaba á
sonreirle coronando sus esperan~as.
Mamá lloraba en silencio, ru.Todilladajunto al lecho
y yo abracé al cadáver amndo, 1·ecliné mi frente sobre su pecho y con el infierno en t'l alma me puse á
sollozar con una desesperación infinita.
'FIN DEL TOMO PRIMERO.

13

OCTUBRE,

18!.J,5.

\!et levenaa ael beso.
Ven, que la tarde muere1 el sol declina,
De púrpura se tiile la Alpujarra,
Encj¿ndese la estrella vespertina,
Vuelve al alero ya la golondrina
Y calla en el barranco la. cigarra.
El vjento duerme en la arboleda obscura,
Pabellón de los plácidos senderos,
Y entre las ramas ele gigante altura,
L'\S frases que te dice mi ternura
Las trinan en sus nidos los jilgueros.
Ven, y sigamos por la senda agreste
Que aún guarda unidas nuestras propias huellas,
Que ha besado las olas ele tu veste:
¡Es un templo de amor! con hiz celeste
La iluminan temblando las estrellas.
No tardes; del encanto que te asombra,
Es hora ya: Ja trémula enramada
C'on ,·oz de arrulln sin cesar te nombra,
Y es que hay almas oculta:; en la sombra,
Que esperan impacientes tu llegada.
Entremos al Alcázar; frente al muro
Que enguirnaldri. muslímica leyenda,
Pronuncia las palabras del conjuro:
ccTe quiero con el alma, te lo juro
Y te doy ese beso como prenda.i,
Y ú. tu voz de pasión estremecidos,
Para entregarse ú. la morisca zambra,
Surgir..í.n los espíritus dormidos,
Como duermen las aves en sus nidos
Ocultos en los techos de la Alhambra.

El alegre murmullo que se acerca
Detrás de los floridos arr-J.yanes,
Del limpio estanque perfumado cerca1
Es que agitan las ondas &lt;le la alberca
De Zorayda y de Fátima los manes.
&amp;leuden al surgir Jae crenchas blondas
Aureos velos de espaldas de alabastro,
Y del estanque en las revueltas ondas
Al copiarse los cielos y las frondas 1
Es flor de luz entre el ramaje el astro.
Y brilla la marmórea columnata,
Sostén del arabesco policromo
Que oscilacdo en la alberca se retrata
Como un encaje de bruiiida plata
Que en sus cavernas fabricara el g .• omo.

Despiértanse morimes y alevescs,
Los namrita.~ salen de la Rauda1
Y en la sombra que marcan los cipreses
Se mira. el centellar de los arnesel'!
Y algún extremo de flotante can&lt;l11.
Por orden de fantásticos claveros
Las puertas del harem abre el eunuco;
Enciéndeuse eu la sala los mecheros,
Y el humo de Orientales pebeteros,
Orla cqn gases al labrado estuco.
Esmalta los gallardos alminares,
En caracteres cúficos escrita,
La historia de los reyes Alhamaresi
Y deslumbra en la torre de Comares
La gloriosa epopeya nazarita.
Tú sabes que esa rica filigrana
Que los muros decora y festonea
No es vano alarde de riqueza vana,
Que es un libro de gloria musulmana
En el que cada trazo es una idea.
Y oirás por las calaaas celosfas1
Cuando mi intento cariñosa ayudes,
Kásidas amorosas de otros días,
En que cantó .Tathib sus alegrías
Al rítmico compás de los laúdes.

Su pupila en la sombra nos acecha:
Va á cantará. la rubia pensativa,
Como de nieves y de brumas hecha,
Turgente el busto y la cintura estrecha~
Que siendo soberana, es mi cautiva.
¿Que cuál es el origen del encanto?
Larga es la historia. ¿conocerla quieres?
Es el beso de un muerto, causa espanto.
¿Para qué hablar de celos y de llanto?
Hablemos del amor: di qué me quieres.
¿Por qué tiembla tu mano ent.re la mfa?
Cuando así ú. mi reclamo te resiste!ól,

ELl'iIUNDO.

119

==--

¿Es que olvidaste el venturoso día
En que por vez primera la alegría
Se presentó en la ccSenda de Jos tristes?i1
Nadie nuestros coloquios importuna¡
¿Por qué inquieta me miras? ¿Quién te roba
La dulce calma que al placer se aduna,
Si en las arcadas fíltrase la luna
Como la luz en ln. nupcial alcoba?
¿Qué no es cierto el prodigio? Pues por eso
Déjame que lo invente y que lo cante,
De tu rubia cabeza bajo el peso,
En el poema rítmico del beso
Qwe escriba con mi labio en tu semblante.
Bésame con tus labios carmesíes,
Mientras tus ojos, como el cielo azules,
Me miran entornados ...... ~f? sonríes ......
¿Qué me importan amores de zegríes
De muzas, de gomeles y gazules?
FRANCISCO A. DE !CAZA.

PUNTOS DE VISTA.
La sombra por el cielo se extendía,

Con resplandor escaso,
Sereno y melancólico, en ocaso;
Iba muriendo el día;
Sobre el vago crepúsculo que huía,
Negra su forma recortaba el monte
Cuyas cumbres enhiestas
Dibujan con sus picos y sus crestas
L'l. línea desigual del horizonte;
Y entre la obscura sombra que caía
Y el monte que siniestro la esperaba,
Como una tumba, misteriosa y fría
La noche sobre el mundo se cerraba.
Y él entónces me dijo:-¿porqué triste
Siempre tu alma cobarde se acongoja?
¿Porqué al placer tu pecho se resiste?
Cuando el cierzo deepoja
Sañudo al árbol de sn inútil hoja,
Y cuando Abril de fl0r los campos viste?

Y yo le respondí :-Jamás en calma
Sonríe á las miserias de este mundo
Quien con tedio profundo
La duda y el dolor lle,•a en el alma.
Y él afiadió:-Contempla la belleza,
Contempla la alegría,
Con que el mundo renueva cada día
La madre universal, Naturaleza.
Y yo:-Contra la duda no hay guarida
El hombre que probó su amargo dejo,
Mientras al cuerpo el alma lleve unida
No vuelve á desplegar t:l entrecejo.
En esa sucesión no interrumpida
Que un ser en otro sin cesar convierte1
Tú escuchas los alientos de la vida
Yo escucho las congoja.e¡ de la muerte.
Y él á mí:-La. esperanza es luz del mundo:
En tocio brilla su esplendor fecundo;
:Mientras en las regiones del ocaso
Con ceño moribundo
Sepulta el sol su resplandor escaso
Que extinguiéndose va de loma en loma,
Tibio1 dulce, tranquilo, paso :i paso,
Nuevo fulgor por el oriente asoma
Sus rayos 1 extendido por la luna
Como blanco cendal en muelle cuna.

Dijo, y miré.-Rayaba por oriente
Claro nimbo esplendente;
Y, entre las sombras de In noche bruna
Subiendo silencioso el horizonte,
Sobre el valle y el monte
Su sudario de luz tendió la luna.
FEnF. .mco B... u.in.

AMOROSAS.
Con mujeres y moros siempre ha habi&lt;lo
peligro·de caer en la emboscada.
El avance resulta muy lucido:
¡lo grave suele ser la retirada!
¿Que ella te oh·ida? Quizás,
pero no tengas cuidado
de que te deje plantado
por otro que valga m,1s,
que en el mercado de amor
suele siempre la mujer
regntear1 escoger......
y cargar con lo peor.
SINESIO DELG,.\.00.

LOS JUICIOS LITERARIOS

DE NAPOLEON '.I.
Emperador amaba mucho á Talma, el gran
rágico. Conversaba frecuentemente con él
. acerca del arte dramático y le daba consejos
respecto á sus papeles.
Una mañana1 llevándolo aparte, le habló sobre la
manera con que interpretaba el papel de Nerón en
Británicus. Napoleón dijo: «Yo querría reconocer
desde luego en vuestro papel, el combate de una mala naturaleza con una buena educación. Desearía
también que hieiéseis menos gestos: esas naturalezas
no se difÚnden, son más concentradas.
«Por lo demli.s 1 nunca alabaró bastante las formas
simples y naturales á las cuales habéis ajustado la tra•
gedia; en efecto, cuando las personas constituidas en
dignidad, sea que deban su elevación al na.cimiento ó
al talento, se halhm agitadas por las pa8iones ó entregadas á pensamientos graves, hablan sin duda más
alto, pero su lenguaje no debt! s(•r ni menos verdadero1 ni menos natural.&gt;

•**

En Erfurt1despuCs de una.representación de la misma tr:1gedin 1 Británicus, Napoleón dijo á Talma:
«Mostráis demasiado al déspota en Nerón desde que
entrais á la escena. Según la intención de Racine en
el principio de la pieza, Nerón no debe aparecer cruel:
solamcmte cuando su amor ha sido contrariaclo 1 es
cuando i;c vuelve celoso y cuando su carácter violento se desenvuelve por completo. Debéis, pues, guardar para los últimos actos tQCla la fuerza de la expresión."
Talma reconoció tocla la. justicin. de ~.stn. advertencia~· corrigió su papel en tal sentido.

*•*

De::spués de una representación de la Muerte de
Pompeyo, Napoleón hizo al gran tril.gico algunas obse.rvaciones criticas: según él no interpretaba bien el
pensamiento de César.
11
Al recitar esa larga. tirada ele versos contra los
re.ve~, dijo el Emperador, César no piensa una sola
palabra de las que dice. Habla asi porque sabe que
tras él se hallan sus romanos á los cuales tiene interés en persuadir Je que siente horror al trono, pero está lejos de creer que ese trono, que anhela ya, sea des
precia.ble. Importa pues no hacerlo hablar como un
hombre convencido y eso debe indicarlo cuidadosamente el actor.&gt;
Alguien ha preguntado por qué Talma no recibió
la cruz de la Legión de honor. El Emperador dijo un
dia á este propósito:
•De acuerdo con mi sistema de mezclar todos los
géneros de mérito y de dar una sola y misma recompensa universal, he pensado ya dar la cruz á. Talma:
sin embargo, me he detenido ante el capricho de nuestras costumbres y el ridículo de fjuestros prejuicios.&gt;

•••

He abi una fase poco conocida de Napoleón: su
levantado criterio literario. Bien se dijo que Dios vació el cerebro de ese hombre y rompió en seguida el
molde.

NO HALLO REMEDIO.
"Me ha atormentado con su ruín alarde
la soberbia de algunos altaneros;
mas humillólos mi hur..ildad 1 que es fuerza
que vence siempre á aquellos.
La envidia me ha mordido cautelosa,
infiltrando en mi sangre su veneno;
pero mi caridad sanó la herida,
amando y absorbiendo.
C"&gt;n su falsía y su traición, el mundo
me burló y engañó, cobarde, artero,
mns mi verdad triunfó de sus victorias
y restauró mi imperio.
Hasta la injuria y la calumnia infames
lanzaron sobre mí su vilipendio,
y mi fe en Dios sac6me de sus garras
impóluto 6 ileso.
Sólo no hallo en esta vida triste
contra un monstruo fatídico remedio
¡Sólo la ingratitud de los que amo
me va á robar el cielo.
J. SALVADOR DE 8.\1.VADOR.
J)

�13

EL MUNDO.

120

OCTUBRE,

1895.

Páginas extraordinarias.

DOMINGO 20 DE OCTUBRE DE 1895.

Tomo II.-Número 15

@:oronación de la ~ir~en de @;uadalupe.

Propecto

ae remate ael

~alaaquino

ae Gtgea? Pina.

{En vez de los remates:se pusienn l~s 1•sta.t11as de arcángeles que publicamos.)

•

~ac}iaaa a'e la (!olegia!a.
(Estado actual.)

5,s!a!uas ao arcángolos quo aaornan o! 1,aJaaquinc.

•

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>13

EL MUNDO.

120

OCTUBRE,

1895.

Páginas extraordinarias.

DOMINGO 20 DE OCTUBRE DE 1895.

Tomo II.-Número 15

@:oronación de la ~ir~en de @;uadalupe.

Propecto

ae remate ael

~alaaquino

ae Gtgea? Pina.

{En vez de los remates:se pusienn l~s 1•sta.t11as de arcángeles que publicamos.)

•

~ac}iaaa a'e la (!olegia!a.
(Estado actual.)

5,s!a!uas ao arcángolos quo aaornan o! 1,aJaaquinc.

•

�20

EL MUNDO.

122

Páginas í!Herarias.
Hornbre feliz.
.

compañero An.tonio, erasindudaelmás in-

teligente y el más pobre de una de las c1 ases
de tercer año en la Escuela preparatoria, ha-

•

ce mucho tiempo.
·
Habla llegado de la capital de su Estado natal con
chaquetilla y pantalones de pana color de zorra; tos'cos zapatos bayos, y un sombrero de los que se ha
perdido el molde y que les llamaban de panza de

burro.

,

20

Aquel estudiante se fué civilizando en todo, en el
vestir1 en el hablar, en sus maneras 1 en sus costumbres, pero hay que confesarlo: el progreso no mató su
fe primitiva, y el dia en que concluyó los cinco años
preparatorios me dijo:
-Ya voy á pasar á la Escuela de Medicina y ya le
llevé a la Virgen, á su Santuario del Tepeyac, una
coronita dP: plata. ¡Ah! Si pudiera hacerla de oro con
brillantes el dia que llegue á médico!
Corrieron los años; colgué los hábitos 1 buscando
otra senda más corta para ganar algo prácticoi Y
cuando ya era yo un gacetillero de periódico diario,
recibí la visita de mi amigo:
-Vengo á verte, me dijo, para que anuucies que
me he recibido de Médico; mi pobre madre se pondrá
muy contenta si ve mi nombre en letras de molde. Te
traigo un ejemplar de mi tesis; guárdalo como recuerdo de nuesto antiguo cariño.
- Y tu medalla.aquella? le pregunté con curiosidad
-:\Ji.rala; aqui la traigo, se la voy á devolver á mi
madrecita envuelta en mi titulo de Médico y Cirujano
de la facultad de Méxi~o. ¡Ah I si yo pudiera le daria
á. esta Virgen una gran ·corona de oro y brillantes.
Ya le mandé hacer una chiquita para dejársela entre
los muchos milagros que tiene en su Santuario.
Se fue Antonio, á quien le puse un páuafo encomiástico y candente de cariño y no Volví á. verlo en
muchos años, aunque sabia que era uno de los médicc,s de mayor clientela en la .capital de su Estado.
Hace muy pocos dias, el 10 del actual Octubre, iba
yo distraído por la calle, cuando oi que me gritaba
por mi nombre una voz conocida.
Volví los ojos y me encontré en la acera de enfrente á un caballero, elegante, de bigote cano, llevando
del brazo á una viejecita y custodiando con ella á
una señora con tres chiquillos.
-Antonio ¿eres tU.?
-Yo soy, hermano mio.
-Que fortuna la de verte por aquí.
-Ya lo creo; estamos muy lejos el uno del otro:
dos dias y una noche de ferrocarril; te presento á mi
madre, mírala, todavía está fuerte; te presento á mi
señora y á mis hijos.
Después de los salndos y los cumplidos de orde·
nanza, Antonio agregó:
-Enséñale, madrecita, lo que traes como mejor
joya.
-La medallita que hizo médico á mi hijo, señor,
dijo la anciana1 y me ha traído para que demos las
gracias á nuestra Santísima madre de Guadalupe el
día de su coronación.
-FigU.rate, agregó Toño, que voy á ver ponerle la
corona de oro y brillantes que yo soñé en darle el
dia de mi recepción.
-Pobre Toño, tl! eres el mismo, le dije abrazándolo y mirándolo con envidia, tan feliz con su madre, y
con sus hijos.
Cuando se retiró me quedé mirándolo y diciendo
en mi int&amp;ior:
-Sin duda que éste es el mejor y más simpático de
los peregrinos.
Una fe asi, es envidiable cuando en el enfermo corazón apenas entra un rayo de esperanza.
JUAN DE DIOS PEZA.

Era vivo como un ratón y se le parecía á eseroedor
en los ojitos negros y brillantes y hasta en la particularidad de tener dos dientes que le sobresalían asomándose sobre el labio superior.
Cuand9 entró al dormitorio la primera noche, sin
imaginarse como éramos los que alli viviamos, se desnudó con recato, se arrodilló sobre el lecho y se santiguó con la unción propia de una beata octogenaria.
Esto provocó una carcajada ruidosa y el chango, el
chacuis y el coy~te lo aplaudieron cuando terminó el
rezo 1 causándole un rubor y una turbación indescriptibles.
El pobre Antonio se acostó, escou'lió la cabeza entre las sábanas y antes de diez minutos recibió luna
tunda espantosa, aquella q:1e se llamaba capote porque la daban los colegiales con las capas, los plaids
y los cobertores, hasta dejar aturdida á la victima.
Recibió sin chistar una palabra todos los golpes
hasta que alguien gritó: vamos a arrancÍl.rle el rosario.
- No hay necesidad-dijo-yo se 10s daré, pero no
me maten.
-'-Puesto que se dá, déjenlo y que lo entregue.
Se sentó el pobrecito en la cama, se sacó del cuello
un rosario de cuentas guindas, le arrancó una medalla que escondió en la mano y entregó lo demás al
primero que halló más cerea.
-No, no 1 gritaron muchos, que entregue lo que ha
escondido.
-Que lo entre.gue.
Y capotazo por aquí, capotazo por allá., yolvieron á
postrarlo á golpes sobre el lecho.
El soportó boca abajo .aquella nueva tunda y por fin
se irguió hecho un energúmeno y dijo:
-Vengo de muy lejos, de más de trescientas leguas
de distancia. y esta medalla con la Virgen de Guadalupe me la dió mi madre para que en su nombre me
cuidara en la ausencia; si ustedes tienen madre y la
quieren y la extrañan 1 déjenme esto pensando en
ella .. . .
L&lt;,s estudiantes se miraron unos á otros y el chan·
go dijo: que la guarde y el rosario también; son prendas sagradas; pero que no vuelva. á rezar en voz alta.
Aprobada aquella moción, como diria un parlamentario, Antonio se quedó quieto como cadáver y á la
mañana siguiente bajó muy curtido entre todos á to
mar el desayuno .
Le tocó sentarse junto á mi que he sido desde niño
muy amigo de los infortunados. Hablamos de los suce.sos de la noche anterior y acabó diciéndome:
-Figúrate, soy hijo único; perdí á mi padre, porque lo fusilaron por causr~s políticas; mi madre es
muy piadosa y sólo porque el Gobierno del Estado me
dió una beca para. venir á México ii hacer mi carrera
consintió en mi separación; pero ella me clió esta medalla y me dijo: gul'trdala, hijo mio, rézale, confié.- en
ella y tra~mela cu!-ndo ya seas médico .
-¿Hasta entonces? le pregunté interesado.
-Claro! Un \'laje á mi tierra cuesta muchisimo di·
nere y yo no puedo ir ni mi madre podrá venir antes.
Y esta mecht.lla-agregó enseñándomela-ungida con
los besos de mi madre y mojada con sus litgrimas, me
la querían arrebatar; primero les hubiera dejado la
vida.
Fuimos desde ese dia muy buenos amigos y yo le
llamaba To1lo &lt;'on una confianza fraternal. ¡Pobrcci·
to! Cada año al llegar los exámenes vehiba desde el
me:; de Julio y nunca empezaba sus estudios sin rezarle algo á su medallita pensando en su ausente é
idolatrada madre.·
Todos llegamos á respetarle su culto de tal manera
que si al llegar al salón donde velábamos, veíamos á
Toño cabizbajo y mudo, suprimíamos las palabras
duras y guardábamos silencio hasta que él levantaba
la cabeza como diciendo: he concluido.

12 de Octubre.

~ Amadre, la Sra. F. acongojada, poseída de intenSrita. Carmen está muy enferma Y su pobre

f~'fF- sa pena, no acierta sino á llorar y rezar.
Junto al lecho, Félix 1 arrodillado, besa las manecitas lívidas de su novia, y ésta le sonríe con inefable
ternura.
Agitábanse en aquella estancia tres profundos dolores
y manifestábanse los tres de manera distinta: en la anciana con su amargo lamento; en la enferma con su rostro
que expresaba la más triste reeignn.ción; en el hombre con
señales de la más violenta i.ra. Solamente se escuchan los
sollozos de una; la fatigosa respiración de la otra; el crujido de los dient-es del tercero: tei:-rible concierto de protestas contra la Naturaleza implacable que arrebataba ii
una inocente criatura del seno de su familia; del lado de
up. hombre que la adoraba; de la felicidad que apenas había logrado entrever; de la vida que apenas había vislumbrado.
-¡Dios mfo! ¿para qué me la diste, si has de quitármela, cuando-más la quiero? decía la madre.

1895.

ELJ\fUNDO.

123

1895.

-Maldita suerte la mía, que me arrebata á mi esposa
al pie del altar1 exclamaba el prometido.
.
-No se aflijan ustedes, balbuceó Carmen con voz débil.
Verán cómo ya mafia.na estoy mejor. Le he ófrecido á la.
Virgen ir á pie hasta su santuario y llevarle una corona
de :flores todos los días 1 durante un mes. Nuestra Sant-a
Reina, no despreciará mi pobre ofren_da, aunque ahora
van á imponerle corona de oro. La primera que le lleve
será de azahares, como la que habían comprado para
mí.. .. ..¿Teparece bien, Félix? ...... Y si muero ...... tú cumplirás mi promesa; ¿verdad, mamacita? ..... . Un acceso
de tos la interrumpi6.
Pocos instantes después, s6lo se escuchaban en la alcoba los sollozos de la sefiora y del joven: el estertor gutural1 ronco, lenlio unas veces, precipitado otras 1de la niña
que agonizaba.
Al rayar el alba, entre el humo de los cohetes y los cánticos alegres de las campanas, despr,:mdfase de la tierra
para ir al cielo, una almita inmaculada que iba cantando
salmos de gloria, mientras en la tierra entonaban la antífona del dolor una viejecita de cabellos blancos y un
adolescente, que se quedaban aquélla sin la hija de sus
entrañas y éste sin la primera y única. mujer amada en
su vida.

í!as aes coronas.

~

ÜCTUBRE,

ÜCTUBRE,

•
*.
Proeedi6se á vestir el cuerpo

de Carmen con el traje
magnífico de albo raso que debfa haber llevado ante el ara.
Ya estaba en el féretro el cadáver, rodeado de flores
blancas, y unicamente quedaba descubierta la cabecita
rubia. ~ntre las revueltas ropas diseminadas sobre los
muebles de la sala1 surgía gruesa corona de azahares. Al
verla Félix, la tomó con febril anhelo é iba á colocarla
en las sienes de la muerta, cuando se interpuso la señora.
y arrancándosela con movimiento nervioso, exclamó:
-Tengo que llevar esa corona á la Virgen de Guadalupe¡ la ofreci6 Carmen y he de cumplir su promesa en este
momento.
-8eñora: advertii que hoy se celebra allí la fiesta y
que no podréis entrar.
La colocaré al pie de la reja1 ó esperaré una hora 6 cien
hasta que pueda llegar al pie del altar.
Ni observaciones ni ruegos lograron disuadir de su propósito á la afligida madre: vestida de luto riguroso, emprendió á pie la marcha hasta la basílica. Mirándola atrav~r la calzada, sola 'y llorosa, los transeuntes la tomaban por devota peregrina.
Al llegar al templo, su aspecto severo v triste conmovi6 á los guardianes de las puertas; se Íe dejó libre el
paso y suplicando ó forcejeando consiguió encontrarse al
fin en el punto que deseaba.

•••

En aquel instante efectuábase la coronaci6n: los arzobispos trémulos sobre el tablado, acababan de suspender
la corona imperial de la Virgen; la multitud frenética 1
aplaudfa con estrépito y prorrumpía en aclamaciones y
gritos de alborozo; trepidaba el suelo y se estremecían
los muros y las bóvedas como impotentes para contener
e~ entusiasmo delirante de las masas; brotaba de las pupilas llanto de placer y los pechos se ensanchaban de
gozo; todos elevaban á. la Reina· de los Cielos un himno
de alabanza y de gracias, sin palabras, pero ferviente y
sincero.

•
••

Junto á. la escalinata del presbiterio, entre las más
distinguidas familias, se encontraba Ir.. señora F. cuyo
vestido y cuyo tápalo, sencilios y de un negro opaco, hacían contraste con los trajes de raso brillante, sembrado de azabaches y con las ricas mantillas que lucían
las damas que la rodeaban.
En el momento en que resonaban los aplausos y loe
vivas; en que repicaban con estruendo las campanas y
atronaban el espacio los cohetes, se escuch6 un alarido
l~ubre, un sollozo hondo y prolongado. Como doblegada
baJ~ la pesadumbre enorme de su d ..:sgracia, inclinóse la.
anciana enlutada hasta tocar el m,trmol frío de la escalinata con sus cabellos blancos y depositó allí la corona de
azahares, sobre cuyas flores de cera, brillaban como dia.manties, cristalinas lágrimas que, en medio de tanto re~ocijo, eran la expresi6n de un gran desconsuelo, de una
mmensa y cruel angustia.
Juuo PouLAT.

RE S PUESTA.
La inspiración 1 :i mi ver,
no se puede definir
que el que la llega á sentir
no la !lega á. comprender.
Es lo ignoto; más si hacer
cabe una definición,
para mí es la inspiración
un foco de luz divina
que el pensamiento ilumina
y que llena el corazón.
J OSE BAUIALOBRE.

r

Surata, ciudad de la India, había un café. Los
extranjeros y los desocupados, se reunían en él
para charlar.
'
Un te61ogo persa llegó cierto día á la ciudad.
Era un hombre que había consumido su vida estudiando
la esencia de la divinidad, y había escrito dos volúmenes
sobre esto.
Reflexion6 largo tiempo, y escribió tanto acerca de este
objeto1 que concluyó por perder la cabeza y la creencia
en Dios.
El rey de Persia ordenó que fuera expulsado de su
reino.
Discurriendo sobre la causa primera, el infortunado teólogo se persuadi6 de que la raz6n 1mperior que domina el
mundo había concluido por desaparecer. Poseía un esclavo negro, que le seguía á todas partes. Cuando entraba
en el calé, el negro se quedaba en la puerta, tomando el
sol y defendiéndose de las moscas.
El teólogo que reposaba allí, cerca, arreilanado en un
sofá, tornando una taza de opio, le decía al esclavo:
-Oye tú, ignorante; dime tu opinión ........ ¿Existe un
Dios 6 no?
-No hay para qué decir que existe.
Y el esclavo le mostraba un fetiche de madera que llevaba en el pecho.
-Este, decfa, me proteje desde mi nacimiento. Está
hecho del tronco del mismo arbol sagrado al que rinde el
mnndo los honores divinos en mi país.
Los que escuchaban en el café tales discursos, quedaron
asomb:Sdos. Tan extraordinaria encontraban la pregunta
del maestro1 como la contest.aci6n del esclavo.
Un bramín le dijo á este último:
-¡Eres un loco, desdichado! ¿Crees tú que Dios puede
,estar en el pecho de un hombre? No hay más Dios que
Brama, que ea más grande que todo el universo, puesto
que lo ha creado. Brama es el Dios único, aquel á quien
se han erigido templos en las riberas del Ganges; aquel á
,quien sirven los únicos sacerdotes, los bramines.
Un judío Je interrumpi6 así:
-El templo del verdadero Dios no está en la India.
Dios no proteje 'la causa de los bramines; porque el Dios
verdadero es el de Isaac y el de Jacob. El Eterno no protege más que al pueblo de Israel. El no ama á otro pueblo
más que ese.
Y diciendo así, el judío Jloraba. Quiso continuar su
-0.iscureo; pero un italiano le interrumpió bru.ecamente:
-Decís cosae contrarias á la verdad. Dios no puede
.amar á un pueblo más que á. otro. Si concedemos que
amó al pueblo de Israel, hoy no le ama. Dios no favore-ce especialmente á. ningún pueblo; pero convoca 11 todos
aquellos que quieren ser salvados por la Iglesia cat6lica
romana, fuera de la cual no hay salvación posible..... .
Un pastor protestante respondi6 al católico:
-¿Cómo pretendéis que la salvaci6n está en el catoli-cismo? ¿No sabeis que, según el Evangelio, sólo aquellos
que han servido á Cristo conforme á su ley alcanzarán la
.:Salvaci6n?
Un turco, empleado en la aduana de Surata, escuchaba,
fumando gravemente en su pipa, estas palabras.
Por fin dijo:
Vano es que proclaméis la pretendida verdad de la Igle11ia cristiana. Si alguna religión verdadera existe1 es la
mahometana. Podéis observar que este culto de la verdad
, ,se ha extendido por Europa y .Asia. Confesad que Dios
ha rechazado á los judíos. y buena prueba de ello son las
humillaciones de este pueblo. Confesad que la salvación
·eterna se halla en nueetra religión, y sólo sereis salvados
los que crean en Mahoma, único profeta de Dios .. ... ... , y
~ t.!e estos, s6lo los de Ornar; pero no los de Alí, que per'tenecen á los infieles.
El te6logo persa, que era de la secta de .A.H, quiso ha•
blar; pero le interrumpió un tremendo baruUo que se arm6 en el café. Todos los extranjeros de diferentes religiones comenzaron á discutir.
Entre ellos los había de la Abiilinia, de las Indias, secta~
rios de Soroastro y descendientes de Ismael ........ .
Las disputas versaban sobre la idea de Dios y el culto.
Todos eran creyentes, pero todos andaban en desacuerdo.
S6lo un:chino, discípulo de Confucio, permaneci6 tranquilo en un rincón del café. Bebía té y escuchaba1 pero no
discutía.
El turco, vohiéndose bácia él, le dijo:
-.Ap6yame mi amigo ..... . Guardas silencio, y algo pod ías decir en favor de mi tP.sis. Yo sé que hoy en China
tenéis diversas religiones, y que preferís la nuestra á las
otras. .Ap6yame, y recouoce que Mahoma es el único profeta ..... .. ..
- Sí, sí1 dijeron todos los concurrentes.-Dínos lo que
piensas.
El chino, discípulo de Confucio1 cerró los ojos, reflexion6 un instante y, colocando las manos sobre el pecho,
dijo en voz baja:

-Me parece1 seüores1 que el amor propio de los hombres es el mayor obstáculo para la .reconciliación de los
c~eyentes:···:···· ·· Si queréis oírme, os lo e~-plicaré ccn el
eJemplo s1gmente: He dejado mi país para venir á Surata,
en un navío que ha dado la vuelta al mundo. En el camino, hicimos escala en la costa oriental de la isla de·sumatra. Al mediodía descendimos á tierra, y nos cobijamos á
la sombra de las palmeras 1cerca de un caserío. Entre nosotros había gente de di versos países....... Se nos aproximó un ciego que había perdido la vista á fuerza de mirar
el.sol, porque quiso averiguar lo que era. el astro del día
Y estudiarlo, hasta el punto que pretentendió apoderarse
de un haz de rayos y encerrarlos en una botella. Tanto
estudió el sol, que al fin se rnlvi6 ciego, sin aprender una
pa!abra ... ..... El nos dijo: La luz del sol no ea ningún líqmdo, pues si lo fuera, pudiéramos meterla en un vaso.
La luz tampoco es fuego, porque si lo fuera1 se apagaría. •
e1: el agua ...... Tampoco es un alma, pues la luz es visible¡
m es un cuerpo, porque no podemos cogerla con la mano.
Y una vez que 1n. luz solar ni es líquido1 ni es fuego, ni
alma1 Ja luz no es nada. .......
·
Estas fueron sus conclusiones. Ei:;tudiando el s01 1perdió
la razóni y desde el momento en que se quedó ciego, negó la existencia del astro.
El esclavo que Je acompañaba le hizo sentar al lado de
l~s palmeras. Después cogió un coco1 con el cual hizo una
lmtema y la encendi6 ........ .
El ciego dijo suspirando ít su esclavo:
-¿Xo tengo yo razón al decir que el sol no existe? ¿Qué
es el sol?
-Nada sé-dijo el esclavo-ni me importa el saberlo.
Solo sé una cosa; que he construido una linterna que me
presta servicios ........ .
Y después, el esclavo, mostrando su linterna, dijo:
-¡Hé aquí un sol!
Un cojo, que presenciaba la escena, comenzó á reirse.
-Evidentemente, tú eres _ciego de nacimiento-dijo.Yo te diré lo que es el rnl: es una bola de fuego, que sale
todas las mafianas por el mar y se oculta en las montafias
de nustra isla ...... Todos lo vemos1 y si tú no fueras ciego
le verfa1;1 también.
Un pescador que se hallaba. cerca, habló así:
-Eso no es verdad. El sol n9 se oculta detrás de las
montañas, sino en la mar.
Tomó entonces la palabra un judío:
-1\Ie asombra que un hombre instruido pueda decir
semejantes tonterías..... . ¿Es posible que el sol sea unabola de fuego que se esconde en el mar? ¿Cómo se explica entonces que no se apague en el agua? El l?Ol no es fuego: es la divininad.
El propietario de un navío egipcio, dij.o:
-No; el sol no es una divinidad que se pasea en las
Indias; lo sé, porque he viajado mucho ...... El sol ilumina todos los pafses, y no solamente la Indi~ y el Japón.
El sol nace lejos, muy lejos, detrás de las islas de Inglaterra.. .. .. Lo sé, porque he viajado mucho desde niño ..... .
En ningún país se conoce la mareha del sol como en Inglaterra. Sabemos que no se levanta ni se acuesta en ninguna parte, aunque alumbra todos los días á la tierra.
Y el inglés tomó su bast6n, hizo un círculo en la arena, y trató de demostrar que el sol anda alrededor de la
tierra; hasta que, embrollándose en sus explicaciones1 se
dirigi6 al piloto de su navío1 diciendo:
-He aquí uno que lo sabe y que puede instruirnos .
El piloto1 que era un hombre prudente, escuchaba en
silencio estas conversaciones; pero al fin habló así:
-Os engañáis; estáis en un error. El sol no da' vueltas
alrededor de la tierra. Es todo lo contrario ...... La tierra
gira alrededor del sol ...... El sol no alumbra sólo á una
montaña, á una isla1 á un mar, sino á otros planetas.
-.Así-concluyó el chino-los errores de loe hombres1
sus disputas, proceden del amor propio. La humanidad
se ocupa de Dios lo mismo que del sol. Cada cual quiere
tener un Dios para sí1 6 por la menos para su país.
Todas las iglesias humanas han sido creadas después
de la Iglesia divina. En todos los templos existen capillas, altares, inscripciones, libros; pero ¿cuál de ellos posee una capilla tan grande como el Océano1y una bóveda
como el firmamento? ¿Qué inscripciones consagra.das al
Eterno pueden compararse á. los beneficios hechos por
Dios á la humanidad? ¿Dónde está el 3.ltar que pueda
compararse con el coraz6n de un hombre?
Cuanto más se eleve el b0mbre para comprender á
Dios1 mejor lo conocerá, y conociéndole mejor1 más se
aproximará á El, y más tratará de imitarle en su bondad
y en su misericordia hacia los hombres.
Por esto no debemos despreciar á aquellos que ven un
solo rayo del sol, ni tampoco á los que á fuerza de luz se
han quedado ciegos.
Esto dijo el chino, djscípulo de Confucio, y todos los
que se hallaban en el café guardaron silencio y cesaron
de discutir sobre cuál de las religiones era la mejor.
LEON TOLSTOI.

•

RECUERDOS.
Fué tan horrible el desengafio impío
Que tengo el corazón despedazado;
Pero con tanta gracia fuí burlado
Que de mi propia candidez me río.
Con la extraña inquietud que me devora
No sé qué hacer en mi delirio ciego1
Si morir de una risa abrumadora1
O deshacerme en higrimas de fuego!

•

***horas de amargura,
Recuerda que en tlls
Cuando yo supe que llorabas tanto,
A costa de una inmensa desventura
Compré el derecho de enjugar tu llanto.
Cuando ufana tu dicha sonreía
No te pedí ni bienestar ni calma:
Jamás el esplendor de su alegría
Ilumin6 las sombras de mi alma.
Yo nunca basta tu luz subí á buscarte;
lVIas cuando ú mi t.iniebla tú bajaQas,
Siempre encontraste un corazón amigo,
.Al que en premio de amarte sólo dabas
El dulce gozo de sufrir contigo.
La vieja catedral c~b;e la nieve1
Cual inmenso sudario,
Y, empero, allá en el fondo del santuario,
La fervientie oraci6n tiende su vuelo
Y las olas de rrifstica harmonía
Se remontan al cielo.
4"sí mi corazón entristecido
Ahora cubre el hielo de tu olvido;
Pero en su fondo, como en otros días,
Resuenan celestiales harmonfas
Y es un himno de amor cada latido.

•

,/*

En esas horas de éxtasis incierto
En que oye el alma santas harmonías,
Yo no sé si dormido ó despierto,
Te vuelvo á ,•er como en aquellos días.
Si en sueflos solamente·
Le puedo ver en mi amoroso empeño,
-Venga la muerte con su eterno sueño
Para poder mirarte eternamente!

*

•

* yo un poco
No lo quiero negar,* soñé
Del genio con la palma;
Y en mis momentos de entusiasmo loco,
'Tuve alas en el alma.
De mi vida, el amor hizo un gran sueño;
'Torrentes de pasión lancé anhelante¡
Luego un sér ideal forjé en mi empefío,
Y yo no sé qué mundo deslumbrante .... ... . .
. ... ... .. Hoy todo ha concluido 1
•Cuan~o Dios, que al que llora recompensa,
.Se apiade, al fin, de lo que yo he sufrido,
En E!ilencio me iré como he venido;
Quiero en la sombra entrar¡ ¡tengo una inmell!&amp;
Necesidad de olvido!
ANTONIO ZARJ.GOZA.

EL ENTIERRO.
Suena la melancólica campana
y la tarde se aleja lentamente
bajo la luz crepuscular, murientie,
,que pinta los paisajes de oro y grana.
Por la calle pacífica, cercana,
llega lívida caja entre la gente.
1El pobre!-dicen todos.-Tristemente
,sigue el cortejo entre la paz aldeana ... .. .
Se vá la luz. Alla en el camposanto,
detrás del melancólico paseo,
Ja tarde tiene misterioso encanto... .. .
Y al apagarse el triste campaneo,
loe desgraciados que sufrimos tanto
Jsentimos de morir suave deseo!.. ... .
R. SÁNCHEZ D!EZ.

CO NFITE OR.
-Me acuso de adorarla, sefior cura,
pero con tal pasión, de tal manera
que me absorbe su amor el alma entera
y es á un tiempo ;placer y desventura.
Ora tengo mi dicha por segura1
ora llego á. dudar de que me quiera,
y la esfinge ~naz me desespera
y más la qmero cuanto más me apura.
Loco tras mi ilusión, desorientado,
la es;puela de mi afán llevo conmigo..... .
¡No rmponga penitencia á un d~ciado
ni acreciente mi culpa lo que digo~
que si este amor terrible es un J?0caao1
en el mismo pec~o está el castigo!
SINE':110 DELGADO.

�20 ÜCTUBRE, 1895.

EL :\IU::'\DO.

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20

ÜCTUBRE,

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EL MUNDO.

125

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\la "(:Hila ae Guaaalupe el 12 ae Octubre.
l. 5n ol Pocilo.•2.Gcdaonfo on la via. •io, Glmorzanao,•4, 5n la Nampa.
(Dibujo de D. Leandro Izaguirre.)

•

!. !la Procosión.•2, 5n la roja.•io, Dopar!amon!o

ae la (!oronación.
ao señoras ais!inguiaas.•4, Por fin, aaenfro.

(Dibujo de D. Leandro Iznguirre.)

�20

EL MUNDO.

126

ÜCTUBRE,

1895.
20

OCTUBRE,

1895.

@:oronación de la 1ir~en de @uadalupe.
Se puede asegurar que en el. trnnsCUl'SO de·-las .Ultimas de.ca.da~,
ca entera, como las fiestas que acaban de efectuarsei Ytlas;cuales

f

!EL BANQUETE EN LA COLEGIATA.

CALLE DEL MIRADOR y

AlJTÓGRAFO DE S. S. LEÓN XlII.

COLEGIO DE LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN, DE J.ACONA, FUNDADO Y SOSTE.~IDO POR EL P. D . .ANTONIO PLANCARTE
Y LABASTIDA.

•

127

nos ~inuto~ antt:sde que se aplacara aquella tempestad de entusiasmoy regocijo. Restableci?o el s1lenc10, t?do~ los ~el~s c~yeron de rodillas, rezando la siguiente oración que
p_rev1amente les babia sido distr1bmda en grandes cantidades v que próximamente será
sm duda, tan popular.en toda la Nación como el Padre Nuest~0 lo es en todo el Universo,
P1~?s no habrá peregrn~o que nü la llev~ á su tierra y á su hogar. Dice así:
'
R S!lve, Aug1!st~, Rema de los A~exicanos! !l\fadre Santisima de Guadalupe! ¡Salve!
ude_ºa por tu. Nac10n, p~ra consegmr, lo que tu, l\ladre nuestra., creas más conveniente
pe ir, Y be.nd1ce á tus h1,10s que clesde este suelo te saludan. ¡ Sah·e!!! 11
En s_egmda se cantó el Te Deum y á las 12 del día que terminó esta ceremonia retiráronse ~ la sa~~istf&lt;_L 13: ~a.vor parte ele los prelados.
,
Enton~es d10 prmmp1? la segunda misa pontifical, en qu'e ofició el Illmo. Dr.José l\L Peralta, Obispo de Panama.

no ha habido acto 6 ceremonia de tanta resonancia en la Rtpubllhan merecido perfectamente_ el titulo de 11:fiestas reales» que se les ha
aplicado
.
Las calles, desde la Plaza de Armas hasta Pera.lvlllo, Y 1~ cal~ada que conduce desde el extremo Norte de esta.ciudad al lnstónco
Santuario, presentaban desde eldia ll _un_aspecto verdaderarnent~
regocijador: ostentaban la mayor P?-rt~ de l~s cas~s, bl~ncas fcorti~
nas 1 cruzadas por ban~las;azules ~,tr~colo1es i-;emb1adas d~ flo_
res· en los balcones veiause adt&gt;mas faroles de papel Y de cnstal,
bai;deras, macetas, guirnaldas y fe~tones: de. musgo y flores; los
más su11tuosos' palacios'. de la Capital, estaban adornados á tod_o cos•
to con rasos blondas flores finas, y sobre todo,rnuchas luces: lamparas mecher'os ele' ·g~s 6 focos eléctricos; así es que la_s calles ofre·
cia:1 un golpe c1e vista comparable solamente_al queyemos .el 15 y
16 de Septiembre.
.
. . _
No arna necia aún, cuando comenzaron los cohetes.á 1lumma1.,..el es:
pacio, las campanas á repicar, y los vagones que iban á la"\ illa, a
heuchirse de gente .
.
.
Nuuca habíamos visto 1ma romeria en que remara. tanta ammación v tanto orden y en la '-lue tomaran parte toda.s ]as clases del~
soc:ieClacl. En'.Jos tranvía~ caminaban la clase media y los P~~·egr1·
nos; por la vÚt pública caminaban~ caballo, en coc~e ele s1ti~'. en
carrttas y á pie 1 numerosos grupos. de la clase pob1~1 Y, en cai:1u~ies con cocheros de librea la mayor parte de las pnnc1pales familia; las más acomodadas l;s que apenas se dignan irá la ópera
und ó dos veces en la te~1porada. Acerca '.de la aristocracia, debe·
mos hacer notar la circunstancia de que todas 1.as damas . llevaban
trajts negros lujosisimos, con la hispana mantllla prendida en 1la
cabeza: esta prenda realzaba de uLa roaneTa: notable lP- belleza de
sns rostros y les dnLa un aire .extraño por 'l? _inus~tado; pero encantadoi·. Los caballeros iban ...-estidos de frack o levita; pero todos
de negro también.
·

ELM:UNDO.

5 DE

MAYO.-E~TRADA Á LA ,ILL.i (AOIUAL) .

La Villa estaba en plena verbena: á. un lado del
jardin encontrábanse algunas barracas seniejantes
a las que se levantan frente á la Diputación en esta
capital, con motivo de las
grandes fiestas y desde allí
hasta la cumbre de los cerros, hormigueaba la muchedumbre queseaglomeraba, sobre todo, frente á
las puertas de la Colegiata, forcejeando por entrar ,
ápesar de que el templo estaba casi lleno.
&gt;
La policiatu vo buen traba.jo para impedir que la
turba se precipitara como
alud, pero afortunadamen te el orden no se interrumpió, ni hubo riñas ni accidentes, ni gritos, ni sombrerazos como sucede en
ocasiones parecidas.
Desde las siete delama:ñana, la iglesia esta ba
completamente llena y desde esa hora solamente se permitió
la entrada á alO'unas familias distinguidas, á los sacerdotes Y
á las personas de cierta representación. Hubo, sin embargo,
multitud de señoras y caballeros vestidos correctamente de
negro, que no lo graron ser admitidos, pues á las ocho de la
mañana, yano babia u_n lugar vacio. En cuanto á la clase pobre
y á los indígenas, tuvieron que zontentarse con pasear por la
Villa y los cerros durante la manana 1 pues fueron rechazados.
Asi es que el gentío hacinado en el interior, parecía un mar
de blondas y telas negras, entre las cuales bril~aban como
azabaches muchos ojos negros, y como clavos de cielo, muchos
ojos azules.
Estaba la basílica dividida en cuatro secciones: una junto
al altar, para obispos y familias prominentes; otras dos á lo_s
ladós una para damas y para caballeros la otra, con la condi;
eión de ir de traje negro y mantilla las primeras y de frac o
levita los segundos; el res~o del templo, una tercera parte
aproxima.da mente se d~stino á las pers~nas ~-e~lar°:1-ente vestidas. Allá, en un rincon, estaban de pie v_emtiocho mdigenas
de Cuaut.itlán que ostentaban sobre el pecho como escapularios una Virgen de Guadalupe impresa sobre papel rosa: eran
los únicos representantes de su raza.
. .
En el coro se encontraban el General Rmcon Gallardo Y algunos otros personajes. En las plataformas laterales d~l ~ltar
que conducen á las capillas se instalaron algunos periodistas
y varios sacerdotes
Abajo del presbiterio 1junto ii la. escaliueta llamaba la atención el grupo de prelados cuyas mitras, ca~as y bác.ulo~ de
oro y piedras preciosas ofrecían vistoso conJunto. Arriba Junto al níveo altar de mármol de Carrara se hallaban de un
lado un grupo de obispos, casi todos extranjeros, y delº?°º
Monseñor Alarcón bajo un rlosel de seda blanca con franJaS
doradas. Llevaba el Arzobispo una preciosa capa magna en
cuya espalda estaba pintada á la aguada. una bonita imagen
ele la Virgen de Guadalupe y en sus ornamentos la Gr~i:
Cruz negra. Conforme al ceremonial, Su Ilustrísima cambio
capas pluviales y solideo ó mitra varias veces.
He aqui el ceremonial que se observó:
.
La corona fué llevada a l altar sobre andas revestidas de
terciopelo, por damas distinguidas, que según se dice, pagaron por obtener tal distinción.
·

CUPUL.A DE LA BASÍLICA. DE NUESTRA SES-ORA DE GUAD .ALUPE DECORADA POR EL
sru::oR PINA y SGS DISCÍPULOS.
'

• · J? espués de rezar 13; •Nona, el llm?. Sr. Arzobispo de ~léxico Don
Prospero )fa~ia Alarcon! sentado baJo el_ dosel, recibió en presencia
de los Arzobispos ,Y Obispos, ta.nto 1;11ex1canos como extranjeros, de
manos d~l Abad Mitrado de la Colegiata, Ilmo. Sr. Antonio Plancarte
y L ab.astida que fué el enc~rgado de las obras de reparación de la
Colegiata .Y de todo lo relativo á la Coronación, la Corona de oro que
debía ser unp~esta á la Sagrada lmágen. Levantóse con este motivo
una acta leg.alizada por los Sres. Notarios Manuel .llomerrubio y p 0 •
zo y Juan Villela.
El I~mo. Arz?~iSpo a su vez e~tregó la joya al Ilustre Cabildo de la
Co,legiata, recibiendo antes el Juramento de que siempre la retendnan y conservarían sobre la augusta cabeza de la Yil·O'en
de Gua0
dalupe.
~ n seguida leyóse el instru1!1ento público_ qne se hizo ~l efecto,
asi como e.l _Breve de S. S. Leo_:1- XIII autorrnando la ceremonia de
la C?r~nacion. Después Monsenor Alarcóu bendijo solemnemente la
alh~Jª 1ncensándol~ tres veces y en seguida organizóse solemne procesion para conducir la corona tras la cual iban el Jimo. Sr. Arzobispo de México, sus asistentes .Y demás acompañamientos.
El espectáculo q:u,e _en aquellos momentos se presenció fué verdaderamente soberbio: imagínense los que no lo havan vísto 1 una larga
fila de 37 obispos revestidos cou sus mantos ele t61a de oro sembrada
de pedreria y llevando en la mano sus báculos de metal amarillo ven
la cabeza riquísimas mitras de brocado en que brillaban enor"mes
diamantes é innumerables rubíes, zafiros, esmeraldas 1 etc. Iban adelante los acólitos con sus hábitos escarlatas¡ á los lado s caminaban los
~amiliares, sacerdotes y seminaristas con sus níveas sobrepellices
o sus negras capas, Y- atrás marchaba numeroso cortejo de clérigos
Parecía cosa de teatro ó ilusión fantástica y cuando á la vuelta lle:
gando la comitiva al altar, cayeron sobre las coronas y las vestid~ras
de los prelados, los rayos de sol que penetraban por ias altas ventanas de la basilica, destellaron las piedras preciosas en xeflejos irisados
y cambiantes multicolores.
. Si el fausto ~esplega~o en est~ oc3:sión, aunque soberbio, no .era
digno de laR~madelCielo, hub1erasm duclasatisfecho á cualquier
monarca de la tierra: cuéntase que la consagración de l\Iaximiliano no
fui\ ni mucho menos tan suntuosa.
Du_rante l_a p_rocesión entonó el Arzobispo de México el himno iOh,
Glo:iosa Virginum! y al volver al presbiterio, rezó la siguiente plegaria:
1.¡ Oh Dios! que te dignaste elegir para habitar elclaustro virginal
de la Bienaventurada Maria siempre Virgen, te rogamos que nos concedas que amparados con su deffmsa asistamos con júbilo á su coronación. Que vives y reinas con Dios Padre en unidad del Espíritu
Santo, Dios por todos los -siglos de los siglos. Amen.,
Terminada la anterior oración fué colocada la corona sobre un cojín de terciopelo rojo recamado de oro y se procedió á promu!O"ar la.
indulgencia; luego, Monseñor AJarcón, asistido por canóniO'os ~antó
la misa pontifical y fue señalado el momento de la comuuiÓn don es
truendoso repique.
Llegó por fin la hora de. colocar la corona; operación peliO'rosa
hasta cierto punto por tener que subir para ello, los Señores Arzobispos Alarcón y Arciga á una tabla angosta instalada en medio del
altar á una altura de tres ó cuatro varas.
Cuando, asiéndose de los salientes del altar y sostenidos por sus familiares, aparecieron sobre la plataforma los Illmos. Prelados el
público, palpitante de emoción y presa de intimo sobresalto per~aneció inmóvil, anhelante, angustiado, mirando con terror l~s esfuerzos qu e hacian aquellos dos ancianos temblorosos para levantar la
corona y colgarla de la varilla de oro incrustada en el mármol blanco
del altar, arriba de la imagen.
P or fin quedó suspendida la corona, y resonó entonces en la basílica fo rmidable estruendo: todos los concurrentes se pusieron de pie
Yaplaudieron con frenesí, con locura; salió del coro una voz que gritó: , ¡ Viva la Virgen 1 ¡Viva la Reina de los mexicanos!, y seis mil pe- '
chos lanzaron igual exclamación; retumbaron nuevamente unánimes
palmadas y se sucedieron los vivas y los hurras; hasta los mismos
Obispos aplaudieron. Afuera ensordecían los repiques de las campanas, los estallidos de_ los cohetes_:y: ,las acla~aciones del pueblo. Al
descender los Arzob1spos se repitw la ovac10n: transcurrieron alcruc

El Arzobispo de México, el Padre Plancarte y el V. Cabildo de la Colegiata1 ofrecieron
en uno ~e los salones anexos á esta, un banquete á los prelados extranjeros que habían
concurrido ft las fiestas de la Coronación .
. además_ de los Jllmos. )Iitrados, anfitriones é invitados, asistiPron á este festejo c 11 linano, l_os senores ~~uardo Veh~zquez,Prefecto deGuadalupeHidalgo, Líe.Francisco Osorno,
Presidente M~1mc1pal de la mudad y los notarios Alfredo Volante y Domingo Barrios Gó·
mez, que habian levantado el acta de la Coronación.
~
P~onunciáronse en aquella reunión, interesantes brindis. El Obispo Silva dijo el brindis
oficial.
Monseñor Gillow, Arzo~ispo de An~equera1 pronunció en inglés y tradujo luego alcastellano) una corta 3:_locuc10n en que ]uzo presentes á los prelados extranjeros los votos
que p~r su prospendad hacia el clero mexicano y el gusto con que habían sid~ recibidos.
~l diputad?. Velázquez se presentó á la hora del café, acompañado del Lic. Osorno y
bnnclando, dIJo, entre otras cosas, lo siguiente:
({No ~ay para ql~é negar-dijo-;-q~~ el acontecimiento r eligioso que hoy vienen a celebrar
á los p1e.s de la V~rgen de e~te h1stonco pu~blo, tant?~ pr~l~dos e~tranjer os S nacionales,
es de los de .más 1rnportanc1a en el mov1miemto catolico m1ciado ultima mente por el episcopado mexicano.
«Esteac~ntecimientoma~ifiestahasta dónde han podido llegar los avances del clero; pero es también una prueba ll'refraga~le, evidentísima, de que las leyes que gobiernan este
país, son b~stante efi~a.ces para serv1r de amparo á todos los cultos, á todas las creencias
á todos los ideales rebg10sos.
'
Habló lueg~ el Padre Plaacarte, quie_n pr?puso to~ar una copa de champagne á Ja fsah!~ del Gene1al Díaz,. á cuya espos~ tributo los elogios que por su piedad merece y enVlO en nombro del episcopado mexicano sentido pésame por la muerte de su honorable
padre.
El ~.bispo de Cnba lució profundo espíritu filosófico y vastos conocimientos en su peroracrnn.
Monse~~r.9orri~an, de Nueva York, refirió que su primera misa la había cantado en
~orna é m1c10 la idea de declarar á Nuestra Señora de Guadalupe Patrona de las Américas.
Terminó esta serie de brindis, Monseño~ Alarcón, expresando sus votos por la. felicidad
de todos los presentes.
·

INTERIOR DE LA IGLESIA DE CAPUCHINAS, DONDE ESTUVO LA IMAGEN-DELA SANTÍSIMA-vmGEN
MIE'.'.'TRAS SE EJECUTARON LAS ULTWAS OBRAS DE RE:::."'TAURACIÓ~ DE LA COLEGIATA.

•

�128

20

EL l\:IUNDO.

OCTUBRE,

1895.

•

@;oronación de la ~ir~en de @uadalupe.
1/
/

~-·

$n el momento

Páginas extraordinarias.

•
•-·· ·..

.

.

..

ae la

(!oronaci6n.

(Dibujo de D. Lcnndro lzaguirre. Profesor premiado de la Academia de Bellas Art.es.)

,..

DOMINGO 27 DE OCTUBRE DE 1895.

.

Gen~ral llnanuel Gonzalez (!osío, OOinislro

ae Gobernad6n.

(Vease el artículo correepondientc en la púgina O.)

Tomo IL-Ní,mero 16

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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20

EL l\:IUNDO.

OCTUBRE,

1895.

•

@;oronación de la ~ir~en de @uadalupe.
1/
/

~-·

$n el momento

Páginas extraordinarias.

•
•-·· ·..

.

.

..

ae la

(!oronaci6n.

(Dibujo de D. Lcnndro lzaguirre. Profesor premiado de la Academia de Bellas Art.es.)

,..

DOMINGO 27 DE OCTUBRE DE 1895.

.

Gen~ral llnanuel Gonzalez (!osío, OOinislro

ae Gobernad6n.

(Vease el artículo correepondientc en la púgina O.)

Tomo IL-Ní,mero 16

�27

EL MUNDO.

130

Páginas i!Herarias.
UNA LECOION DE FISIOLOGIA
Profesor.-Vamos á ver, niña, la lección que ho&amp;i n;:
roca versa sobre el corazón del hombre, ¿la ha estu a o

usted?

.

Discípula.-Sí, seiior; y bien.
,
.
Prof -Entonces, ¿podr:t usted contestnrmc ~ las. ~~e
guntns. que voy 1í. hacerle sobre su natnraleza, d1spos1c1 n
ta.maño objeto y funciont:s; no es verdad.7
Disc .:_Sí señor; á. todo eso puedo contestar á ~~ted. r
Prof:-venmos; pero tenga mucho c~üdad?, mno, po.
que el n..,;unto es muy Uelicado y es fácil cqmvocarse.
Dise.-Demasiado.
ón?
Pro! -Bien comencemos. ¿Qué es el coraz .
í
·
'
Disc.-Un
órgano
....... que t oca muy bonitas !antas as.
Prof.-¿CmH es su forma.?
¡.
Di.se.-Aproximadamente la de un cono ...... por eso p
ca tanto.
P 0 ¡ _ y ¿dónde está colocado?
r ·
.
1
Disc.-En
la mitad
del peel,o ...... Paraquenosematrate en sus movimientos.
Prof -¿Exactamente en la mitad?
.
.
Disc:-Exactamentenó¡ un poco hacia 1~ izquierda, pero;~:.~;:n:l;- ¿en qué circunstancias se encuentra co-

Disc -Negra· merced á las glóbulos negros que contiene lla~ados t:aición, deslealtadi celos, penas, desenga' etc.,-etc.
nos,
J?
Prof.-¿No tiene también sangre azu •
.
Dic.-No debe tenerla, porque si bien ea cierto que el
azul significa. celos, tam?ién significa nobleza, y el corazón es plebeyo y republicano.
,
Prof.___:¿Tiend cavidades el corazón?_
Disc.-Sí, se.fiar ......... como quecas1 est:i hueco.
Prof.-¿Cuúntas son?
Disc.-Cuatro.
Prof.-¿Qué objeto tienen?
Disc.-Pues ... ... el culto ,t Ct1pido.
Prof.-Explíque~e usted.
Disc.-Me explicaré. Cada envidad representa una capilla con su altar correspondiente; en cada ~1~0- de los
cuatro ee puede y ee suele decir misai sin perJmc10 de decirla también en los Otros trcfl.
h
Las misas mayores so dicen en los altares que ay en
las cavidades superiores. Es de observar que en el corazón no existe el altar del perdón.
.,
Prof.-¿Sabe usted si el corazón so contrae y _se ?ilata?
Disc.-Sí, Beñor; se contrae con el frío de la md1ferencia para cerrar la entrada, y se dilata con el calor del e~~
tusiasmo y las ilusiones. También se dilata...... .. en deci·
d~:¿f,-¿Estas contracciones y dilataciones son alternativas y rápidas?
d
Disc.-lndudablemente que sí: alternativas ... .. . cuan -o
duda 6 por gusto de variar, y rápidas p~ra aco.bar pron~.
Prof.-Según eso, el corazón está siempre en movimiento, ¿no es a.s.í?
,
Disc.-Así es, en efecto ...... porque el corazun no pue·
de estar jamás en repo:io.
Prof.-¿Tiene ruidos en su interior?
,
Disc.-Ya lo creo: el de las tempestades, que u. veces le
agitan. Además, el cor.1zú:n es bullicioso de su.~o. . .
Prof.-:Muy bien, niña, se sabe usted Ja lecc1on divma•
mente.
. d
, ¡ d
Disc.-Como que la he estudia o muy a on o.
,
Prof.-Bueno¡ pues para terminar, sírvase conte~tar a
esta pregunta: ¿Por qué al responder á. alguna &lt;le mis :interiores ha dicho usted: el coraz6n del hombre y no el de lri

locado en el pecho'!
·
dice
Disc -En vuelto en el pericardio, 6 como qmen
'
rodeado de cardos punzadores, para que no se acerquen
á. él demasiado.
Prof.-¿Cuál es su t..'\maflo?
Dics.-EI de un pufio, para poderlo llevar fácilmente
en la mano.
ó
Prof.-Diga usted algo mls sobre el coraz ~e la circuDisc.-El corazón del hombre es el agente
oda lo
1ación, por eso circula ttlnto Y da tantas vueltas y t
revuelvo.
.
d
P Of -¿Sabe usted si es un sistema?
ffr · -No señor no lo es; so¡amen te es parte. e uno,
.
mujerf
del ~~~tema' vascuial', Y adem~, contiene varios s1steDisc.-Porque la mujer no tiene corazón.
por er,o es tan sistemático á veces.
r?
Prof.-¿EaM usted segura de ello?
.
m;···¡-..:_¿Dice usted que es parte del sis~_mn vascula .
Disc.-Sl señor ....... porque mí libro no dice nada
o~ºc· -Sí señor- y lo es ... ... ·como que tiene bá:3cmla con ti.el coráz6n de la mujer; sólo dice del hombn:,
," IS •
' Prof.-Eso es porque se refiere á. la especie humana,
iaque pesa'los aíe~tos·, sólo que .no sabe
. ? peear bien.
p f -Y ·qué encierra en su rnter10r. .
.
que la. constituyen el hombre y la mujer.
~o · Fq"b•-•
D1sc.u ........ . .que estira y afloja en nsta de las Cll'·
Disc -Pues en ese caso, todo lo dicho con respecto al
constancias.
corazó~ del hombre, es en todo y por todo aplicable al
1:of.-YV ¿qué má~ los que da de beber al sedientó¡ de la mujer.
DJBC - asas......
, • d.
Prof,-Muy bien dicho, nifio, .discurre usted con mucumpliendo así con una de las obras de m1sericor m.
cho diecernimiento.
Prof.-¿Nadn más?
"d d e 11
Di.ec.-Favor de usted ...... Y ahora ya puedo contestar
Disc -También tiene válvulas....... de s~ur1 a qu
ampliamente
6, la única preguota que dejé á medio conveces ~o funcioqan 6 funcionan fuera de ticmpv.
testar.
of - Tienen algún nombre esas válvulas? .
Prof.-Pues hágalo usted.
p~ .
señor; hay unas que se llamal). senulu~mres.
Di,c. -El corazón está colocado en medio del pecho; peD1sc. e1 coraz
'
ón del hombre es algunas veces se1mlunáporqne
ro
adelantado hacia la izquierda, para tenerlo más cerca
ti.ca y lunático las más.
. ?
del hombre que galantemente nos cede E'U derecha cuanPr,of.-¿Es el corazón un órgano sene1bl~.
Di..,~.-Sí, señor¡ y mucij.o; pero ta m b ién es insensi· do nos acompaña. De este mC&gt;q.o le incitamos á que se
~podere-de él sin sufrir la humillación de ofrecérselo. .
d pende de la temperatura.
ble¡-e;o
usted antes que el corazón es el agente de
Prof.-Pero también el del hombre se adelant.'\ ha.cm
p~ .-l .'ólnº d; la sangre' en este sentido ¿qué papel re- Ja izquierda.
ta cuca ac1
Disc.-Ciertamente; pero él sabe que nosot~ no nos
presenta?
.
·
¡ te
Disc.-El de una. bomba asp1rante-unpe en .
atrevemos á apoder.\,rnos del suyo, aunque rabiemos por
hacerlo, y además, él siempre está dispuesto á. en~regárProf -Por qué?
b"
t
·
• ...... u."" mucho·
noslo. y esto, (¡ne en nosotros sería una hum1IJ,ac1ón, es
Disc.-Porque
aspira
•
' ó 1en porque a rae
d ués impele y aun viceversa.
en ellos una vanagloria.
.
.
lo que¡ e~~ qué má~ puede usted co¡npararlo?
Prof.-Bien, muy bien 1 perfectamente bien, mña. F.&amp;Pro .-¿Co nun
n filtro ...... de recuerdos Y esperanzas.
toy orgulloso de que sea u.sted mj. ciiscfpulo, y le prome~
Disc·
.
Prof.-Bien 1111·i\o.. dígame usted ahora, ¿por d6nde lle- to que obtendrá el primer premio y mi!nción honorífica
en su examen de fisiología comparada.. ..... . con el amor.
¡ angre al corazón?
gaDi.se.
ª • - p or Ias venas .... ·· que son las que á menudo le
.
RAMÓN GARCÍA G.ARCÍA.
México, 1895.
hacen estar de vena.
p f -¿Cuántos sistemas de venas hay?
.
':"' .- Dos.. Sl,perficiale.s y profundas
....... que
respect1D1sc
•
·
du
vameni.ecorresponden á. las impresiones pasaJeras y
EN EL SUEÑO

.J;í

i..

rabpleaf.
ro.-¿Qué nombre tienen las vena.e profundas?
Disc. -Satélites.
¿y sabe. usted si hay muchos?
Diec.-Sí, sefior¡ demasiados; el eorazóro tiene muc~1os
88
~!~1...:._M.uy bien. ¿Y la sangre que llega al corazón por
1 ve~as ¿por dónde sale de él?
asDisc.-Por las :i.rteri~······· porque el corazón tarde ó
temprano sale con arterias.
Prof -¿De qué color es la sa.ng_re?
.
. ·-La ue llega por el lado iiquierdoesT?Ja ... ;.; de.
. DlSC.
q lación de las ihmiones
que abriga ó a las
bido
á. la acumu
,
blicanas que arrastra.
1.d
;:,~;. la que llega por el lado derecho, ¿de qué oo·
lor es?

U11TAC10~ 1&gt;.E &lt;EGRl SOMNIA&gt; Utl DALAltT.

Por bosques tapizados de verdura
caminamos los tres: ellas delante:
una de gloria y de placer radiante,
pletórica de amor y de ternura;
otra llena de ftínebre amargura,
la palidez del nardo en el semblante,
el dolor en el alma fulgurante,
el des,aire en la blanca vestidura.
¿Qmén sois? pregunto con afiin vehemente.
-La dulce ninfa de sin par belleza
soy-dice-la E1:1peranza refulgente.InclinaR.do su pálida cabeza,
la otra responde trabajosamente
con apagada voz: Soy la tristeza.
P.EURO .UAURANT~S.

ÜCXUBRE,

1895.

E.L RITMO.

27

•

ÜCTUBRE,

1895.

A Erígone.

l.

Cuando mueras, tal nz sobre tu fosa
La humana caridad pondrá una cruz,
Que, al declinar la tarde misteriosa,
Besarú el sol ton moribunda luz.

Todo es ritmo en la vida: los que dicen
que moribunda est{1. la poesía,
y al vate menosprecian, que, cantando
al son acompasado de la lira,
huye las lobregueces de la tier_m
y en regiones incógnitas se abisma
para. beber en &lt;'l azul del cielo
llamaradas de luz Y de harmonía,
no tienen coraz{m, ó si le tie~en
con silencioso ritmo no palpitn,.
ni la sangre cir~ula en sns ar~rrns .
(si sangre tienen) con cadeneta rítmica.
F.aos son los extin.tos paro el arte, .
porque es señal de ausenci~ de _la vida
la cesación del Titmo, que sm ritmo
ni late el corazón nl se respira.

Nunca con siemprevivas ni con flores
La cruz de tu sepulcro adornarán;
Los que hoy buscan tus lúbricos amores
Sin dolerse de tí te oh•idarán.
Tu fosa cubrirá yerba marchita,

NO causarás á nadie co~pasión;
Maldita vives, n1orirás maldita
Sin merecer de na.die una oración.
La que deja á s..:.s hijos y los llena
De infamia con su obsceno proceder,

II.

Esa no es una madre, es una hiena
Inmunda en e_l dolor y en el placer.

Eres de los sociales ngregndos
1oh ritmo! Ja mayor de las delicias,
así en la edad &lt;le Moleschot.t i?1:i3era,
como allá. entre las razas pr1m1tivas.
Del Rojo mar en las salobres .ºn~as
sepultada quE'dó la hueste eg1pern.,
en medio del fragor del ronco trueno,
Y,
•·· h'rnc han ,
-allende
el mar que las tormen=
te oigo ritmo vibrar: es que la bella
hermana de .Aarón, la profetisa,
ai' son de 811 pandero baih.. r hace
mujere.q mil radiando de alegrfa (*_)
Gallardo trovador en la F,dad M~dia
dulce canción modula, Y en la oJ1va
ele castillo feudal su faz nsoma
dama tan orgullosa como lin~a.
Préndase del mancebo, que sm nombre,
arrogante presen~a por divisa
la magia de sus trovas amorosas,
el ritmo de su cántign sentida.
.
Hoy en la edad donde borrarse qmere
sentimiento, ideal y poesía,
surge nuevo cantor, q~e. con la musa
del análish\ musa positiva,
pero siempre la musa, es em~leso,
y desazón también, y pesadilla,
de la escuela fatal que niega el alm.n
el pensamiento busca en las celdillas.
~Celdilla es el amor? ¿Celdilla el art&lt;l?
¿Es materia no más 1a poesía?
·Loor n.,es al que en cantos inmortales
1
'F
'
sangre
y nervios
exalta y d"1~n1"fi~a;
sangre y nervios que van al mfi~1to
buscando ansiosos perdurable. vi~~;
sangre y nervios que, en alas mv1s1~les,
co;n Dios, el Gran Espíritu, harmomzan!

Mas ya no busques en tu orgullo, nécia,
La sociedad que ayer te respetó
Ella te ve, te Yurla y te desprecia
Compadece á tus hijos, ti tí nó.
Sal á la faz del mundo á que te admire;
Bel1a te juzga~, y risueña estás,
¡Qué corazón habrá que no suspire
Al ver cuan llena de vc-11tura vas!
¡El hombre al contemplarte absorto queda!
¡Qué Jujo!·¡qué arrogancia! ¡qué desden!
¡Qué bien llevas la clámide de seda!
¡Las llagas tras la seda no se ven!
Hoy el rumor de la brillante orquesta
AL chocar de los vasos en la orgía

Te obligará el cansancio de la fifista
A coníundir la noche con el día.
Eternos juzgarás- esos instantes
Y en sociedad de imptídicns mujeres
Como arenas el mar, tendrás amantes
Como rayos el sol, tendrás placeres.
¿Pero y mañana ...... ? acuérdate ...... mañana
Encontrarás por solo porrenir,
Del lóbregu hospital la triste sala
Y en la sala un rincón para morir.

III.

Puebla, 1895.

m¿~ii::J:t~°i~:~w:~rJm~J~~l~!~~ti .~enot en su obra-

Una historia

r

Tendrás los ojos en el muro fijos
Y allí verás de pronto aparecer,
Las sombras de tu padre y de tus hijos
Los mismos ¡ay! á que infamaste ayer.
¿Qué te dirán? ¿qué frase tenebros?
Te irán en esas horas á decir?
&lt;&lt;Hija vil, madre infame, torpe esposa
Venimos tu memoria á maldecir.11
Y llevarás tus manos sobre el pecho
Y aterrada los ojos cerrarás
Y convulsa, llorando sobre el Jecho
Maldita por tus hijos morirás.
Irá. despues la caridad cristiana
Tu cadaYer helado á recoger
Y la q ne fué sefiora y cortesana
En la, foea común se irá á perder.
Una cruz te pondrán sobre esa fosa
Que ni~guno con flores ornará,
Solo al morir la tarde silenciosa
Con su postrera luz la alumbrará.
Hoy nada te conmueve ni te at.erra;
Flores hallas no más bajo tus pies;
Goza~ y eres feliz sobre la tierra
Ya vnemos después ...... después ...... después ..... .

F.
Montevideo. (Uruguay.)

LoPEZ Y ÜASTA~EDA.

_La dieta de los alimentos nos da la salud del cuerpo; la
de los hombres1 ( esto es, el prudente apartamiento
ellos), la tranquilidad del alma .

dietada

BERNARDJNO DE SAINT PIERRE.

ae 9uego.

l.

BLÁBASE de un fullero que había sido expuleado de un Círculo de París, y cada cual conttlba una historia. Unicarnente nuestro amigo el
capitán J ...... no decía nada.
-Yvos,.¿nada teneis que conta11-Ie pregunté,-¿No
pagaréis ,,uestro escote?
-Si os empefiais ..... .
-Ya lo creo.
-E~tá blen; pero os advierto que mi historia no separece 1í las vuestras y que mi héroe es muy interesante.
-Tanto mejor.
El capitán encendió un cigarrillo y se puso en pie, apoyado contra la chimenea.
Formamos círculo y nos acercamos .l él para oírle mejor,
con esa avidez algo endosa de los hombres que, d~pnés
de todo, no son sino ninos grandes.

II.
Sigue en medio de torpes cortesanas
De festi.n en festin, ¿qué importa ya?
Cubre de lodo las honradas canas
Del padre anciano que muriendo está.

Todo es ritmo en la vida: ved la barca,
del lago azul en la extensión tranquila,
cómo al rítmico impulso de los remos
oon avance pausado se desliza.
y canta el pescador, y cuando canta,
su tierna barcarola no aprendida
es cascada de notas y de ritmos
que el alma inundan de inefable dicha.
Sobre la espalda de acerado mo~struo
que vuela y ruge, que serpea y silba,
azotndos los l'OStros por el viento,
sus domadores sin cesar trajinan.
El ritmo les sostiene: sin h marcha
uniforme del t.fen, ¡oh suerte mísera!
com~ en QrutQ corcel que c01·re y corr~,
émulos de Mazeppa, cederían
al infüÍjo del ,·értigo, rodando
al negro fondo de espantable sima.
y el maT, el mar. con su rumor etermo,
con su ir y venir de olas, en continua
periódica labor, es otra nota
del gran coro de rftmfca harmonía
que, desde el astro hasta la lrn1_nilde planta,
en la existencia universal palpita.
IV.
¡Oh rit,no! eres el ord~n, y e~ el orden
el bienestar, h\ gloria, todo e~tr1ba:
halla en él unida.del pensamiento,
Verdad la ciencia, in~piración la.lira.
ANURÉlS ORTEGA.

ELNUNDO.

131
soldado; pero, en fin, me parecía extrafi.o que eljóven no
hubiese buscado un modo indirecto de manifestarme su
gratitud.
Una noche, cuando me disponía á salir de casa para
hacer unas visitas, mi asistente me elijo que una se.flora
esperaba en la ,sala.
Era una mujer de cuarenta y cinco aliosi de semblante
dulce y alti \'O á Jn Yez y de mirada leal.
- Yo soy la señora de Mertenz-me dijo-mi hijo me
lo ha contado todo y ve11go á daros las gracia¡;, por habernos conservado intacto el honor de nuestro nombre.
-Señora ......
-Mi hijo estaba locamente cnamorndo de una mujer
que continuamente le pedfa dinero. Se ha arruinado por
ella ...... Ha jugado1 bn perdido ...... ¡Ya sabéis lo demás!
Yo estaba verdaderamente conmovido porque el dolor
de aquella noble mujer me había emocionado.
La infeliz estaba de pie delante do mí, con sus negrOB
ojos abrillantados por las híg1:imus.
-Una locura. de la juventud,-murmuré.-Yo veré á
vuestro hijo ...... Je refíiré ..... .
La madre movió gravemente la cabeza.
-No Je veréis, capitán. Ha sentado plaza y ha entrado
en la infantería de Marina. Yono he venidoá veros hasta que mi hijo ha estado ausente.

lince de esto seis años-dijo el capitán. Estaba yo
de guarnición en l\I. .. ... un aburrido pueblecillo de un departamento insignificante. ¡Ni una distracción! Una
III.
vez terminado mi trabajo diario, no sabía que hacer, y
Habíamos escuchado al capitán J ...... sin interrumpirle.
poco .í poco adquirí la costumbre de pasar la velada en
el Círculo de la Unión, el único que había en el pueblo Cuando dejó de hablar, hubo un breve silencio.
-¿Y el desenlace1 capitán? Qué ha sido de Mr. Mery que se llamaba asf, sin duda porque sus socios estaban tenz?
siempre disputando. En general, se jugaba. poco, excepto
-Ha muerto, señores. Hace algunos afias recibí una
en las tres grandes ferias del año, cada una de las cuales carta de Kelung; una carta escrita en un papel ya amaduraba tres días.
rillento y que contenía estas líneas.
Una tarde de otofio, hacia el principio de una de aque"Est-0y gravemente herido. El almirante .Courbet ha
llas ferias, Uegué al Círculo bastante temprano. Había
venido
it traerme la cruz ...... Pero voy á morir ...... Os enallí mncha gente que yo no conocía; ricos labradores que
visitaban muy raramente lil. población, 6 hidalguillos del vío mi pobre recompensa para que brille en el pecho de
mi salvador.
país, que apenas si abandonaban sus casas solariegas.
He aquí por-qué, sei'íores, en vez de colocar en mi uni-Buena partida hay hoy-me dijo un asiduo concuforme la condecoración que me ha dado la cancillería de la
rrente.-F..sto va á ser curioso.
l\fe volvf hacia la mesa de juego, y tuve que retener un Legión de Honor, llevo la cruz del sargento de infantería
de marina Mertenz, que después de haberse condenado
gesto de sorpresa.
colllo
un ladrón, ha muerto en Kelung como un héroe.
El banqul:!ro era un jóven de \'eintidos á veintitres
.",.LBERTODELl'l'r.
afi.os, ,t quien yo conocía de vista.
1\Ie interesaba aquel sujeto, :1. quien su padre, muerto
valientemente en :Magenta, había dejado una fortuna esARRIGO BOITO.
casa y un nombre respetado.
Rara vez iba al Círculo, y nunca jugaba. Así, pués,
Un rasgo ~u genio.
me sorprendió muchO' verlo tener la banca y poseedor de
·\. el 3 de Diciembre de 186...... ¡ por todas laa
una importante suma, porque los biJ/etes y los luises se
amontonaban ante él.
alles de J\Iilán se notabau infinidad de carteloes anunciando el estreno del famoso Lohengrin
-¿Cuanto admite la banca?-preguntó uno.
·
de \Vagner¡ todo el público esperaba ansioso ]a
-¡Oh!-exclamó riendo un arrendatario. -Mr. de
hora de saborear la música de la ópera sublime del genio
Mertenz está de vena y puede admitir todo lo que se alemán.
juegue.
El día estaba triste1 opaco; densas nubes cubrían tocla
El jóven estaba muy pálido, y se notaba en su mirada la ciudad 1 como presagiando algo1 como dando uvfao de
algo de extravío.
un inesperado acontecimiento.
-Banca abierta-balbuceó.
In menea muchedumbre ocupaba de continuo el veetíbulo del teatro de la Scala, ansiosa de no quédaree sin los
Aquello fué como una evocaci6n á la mala suerte.
correspondientes billeOOs para la tan anunciada función.
Diez \'eces seguidas perdió el desgraciado Mertenz.
¿Quién conocía en Milán aquella creación sajona?
En un cuarto de hora había saltado la banca.
Ninguno.
Otro jugador ocupó su puesto, y continuó la partida
Todos preguntaban á todos, y s6lo se leían las crónicas
tan animada, tan apasionada, que yo mismo llegué á. em- alemanas, en Jas que se ensalzaba el mérito; se alababa
la música y se hacfa alto encomio del verso de aquella
briagarme y me puse á jugar como todo el mundo.
ópera famosa.
No había sitio donde sen·tarse en torno de la mesa, y
Llegó la noche; el teatro de la Scala estaba ,de bote en
permanecí en pie, teniendo en la mano mi sombrero, en bote.
Todos con la mirada fija en el palco escénico.
donde nerviosamente iba echando mis ganancias que auLa obra dió principio y ...... pasó el primer acto entre
mentaban de minuto en minuto.
el
silencio. y la frialdad de los espectadores. Comenzó el
La partida estaba más empeñada que nunca, cuando segundo,
y sólo de un palco se oía un le•..-e rumor, que
una voz me gritó:
trataba de acallar la multitud espectadora.
-¡Que os roban capitán!
Al terminar, una de gritos de desaprobación, gritos
Hice un brusco movimiento é instintivamente cogí una burlescos, se dejaronoírdetodala platea; peróenmedio de
barullo, sobresalió un aplauso frenético, un w'.va,
mano, la mano de Mr. '1\Iertenz, que oprimía ya un aquel
pero un aplauso y un viva que brotan del co1U.Zón de un
billete de mil francos que acababa de quitarme.
artista.
,
El semblante del desgraciado t::staba lívido.
Pasó el tercer acto, r ..:cibido con la misma frialdad;
Cambié con él una mirada, una sola, y ví removerse mas1 al terminar1 en \'ez de una ovación, se escuchó una
algo en sus ojos, agrandados en aquel momento por el ternble rechifla, toda una silba, una baraunda de gritos
y ...... otra vez, fuerte, frenética, YOI vió á sobresalir denespanto.
tro del inmenso pllblico la misma voz, exclamando: ¡Vi-1\-lr. de Mertenz está. en su drrecho-dije con mucha va! ¡Loor á IS'agner! ¡vi,•a Lohengrin!
tranquilidad-y me sorprende que alguien se baya atre•
Toda la platea dirigió su vista hacia el lugar de donde
vida á lanzar semejante acusación contra un hombre co- salía ,,quella voz, y contempló á un espectador entusiasmado, que poseído de un entusiasmo colérico, aplaudía
mo él. Estamos asociados para jugar y ha tomado el con
frenesí.
·
dinero que necesitaba. Esto es todo.
Toda Ja concurr~ncin. le miró con desprecio1 y todos ú
Las explicaciones fueron breves. El sujeto que me una voz le dijeron á gritos: ¡Cállate! ignorante! loco! qué
dió el a vi@o había ido por primera vez al Círculo y no co- sabes tll.!. .....
nocía á l\Ir. de Mertenz; los jugadores que est.aban de
Aquel espectador:, levant,í.ndose de su asiento, llenQ de
pie hallábanse apretados los unos contra loa otros. El ira, con la mirada despidiendo rayos, contestó:
-¡Aplaudid! No conocéis todavía el mérito de lo que
recién venido lmbfa visto deslizarze una mano en mi acabáis
de silbar!
sombrero, y creyendo que me robaban habí~ gritado.
Llamadme loco; pero al que hoy silbáis, más tarde le
El buen hombre &lt;lió ·wm- satisfacción á Mr. de· Mertenz,
levantaréis estátuas.
á quien todo el mundo rodeaba, lamentando el desagraEste atrevido espectador, que dominó aquel público
con su palabra ardiente; este llevaba un nombre todavfa
dable incidente ocurrido por la torpeza del forastero.
Después prosiguió el juego, y l\!r. de l\fortenz salió de desconocido, Arrigo Boüo, el que cuatro afias después es~
cribía su Mefist6Jeles¡ la célebre y nunca bien ponderada
la habitación .
ópera que tanta gloria le ha conquistado, y por la que h.'\
Pasaron tres días sin que tuviese yo noticia del j6ven. recibido de Alemania (siendo italiano) el galardón más
Era natural que no tuviera grandes deseos qe verme. Al glorioso, que no tiene, ni ha tenido hasta hoy ningún
salvarle, babia salvado el honor póstumo de un valiente compositor del mundo.

•

�27 OCTUBRE, 1895.

EL:MUNDO.

132

27

ÜCTUBRE,

1895.

El, .MtJND6.

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133

�27

EL MUNDO.

134

Páginas í!Heraria~.
Despues bl' la boba.
A el lienzo lo que~dice un:\ preciosidad, Una
obra de gusto exquisito y una maravilla de traba
o mecánico.

De finísima holanda, mostraba en su embozo
tales bordados y tales encajes, que aquello parecía obra
de hada,s más que de femeninas manos, por diminutas,
suaves y de afilados dedos que fueran . Era un derroche
de calados, sobrepuestos, cordoncillos y qué se yo cuantas cosas más, formando hermosa guirnalda, en la cual
estaban mezcladas las flores que encantan los jardines,
con los dibujos de caprichosas vueltas; las bojas de infinitas plantas, con las grecas de todos los estilos. ·
El conjunto de todo esto, aquella guirnalda maravillosa servía de nimbo al enlace de dos letras correspondiente; á la inicial de dos noe1bres, que otro enlace, el que se
verifica al pie de los altares, iba á unir por todo el tiempo
que dura nuestra mísera existencia. La cosa podía no ser
de moda¡ pero la idea, y en aquella tela, me pareció sublime. Yeamos el enlace.
Componían éste, como he dicho, dos letras; es decir,
una sola repetida; la erre: Ro,c;a y Ricardo. ¿Quiénes eran?
Rosa era huérfana de madre. Alta, rubia, delicada, de
cutis suave y transparente, era la genuina encarnación
de la flor cuyo nombre llevaba, y reina de las flores por
excelencia.
Ricardo era el polo opuesto de Rosa. De tez morena y
ojos vivos,.alegre y decidor, parecía tener por los dos lados lo que á ella. le faltaba: salud, energía y fortaleza.
Cómo se conocieron, no importa. Se amaron, y esto es
lo esencial, con toda la diversidad de sus caracteres, siendo lo natural y verosímil, por lo mismo que no pueda ex•
plicarse.
Y vamos al asunto.

•••

Encargó Rosa su equipo de novia en una de las mejores
y más lujosas tiendas de la corte. La confección no parecía ofrecer dificultades; pero el bordado, y sobre todo
el de la sábana dEÍ boda, era otra cosa.
Había que buscar, elegir, consultar dibujos, un traba•
jo, en fin tan colosal, conio el de un monumento antiguo.
Rosa. se decidió á hacer el dibujo ella misma y llevarlo
en persona á la bqrdadora, para explicarle los detalles de
su-filfícil concepción.
Vivía la que le fué recomendada, llamada Rosario, en
una pohre bohardilla, donde si los muebles eran escasos,
la limpieza era extremada.
La inquilina no estaba. Una cuna, con sus cortinas
blancas como la nieve, que ocupaba un ángulo del cuarto
fué lo primero que llamó la atención de Rosa, y á ella se
dirigió, descubriendo un precioso niño de pocos meses.
Llegó al :fin la bordadora, y Rosa le explicó el trabajo
que deseaba hiciese. Al marcharse le preguntó si aquel
niño era suyo, y m.1.s hubiera preguntado en su afición
por aquellos, si no hubiese notado el embarazo y confu·
si6n con que la pobre mujer contestó á su pregunta, afirmativamente, y añadiendo con aire triste que· su padre
no existía.
March6se Rosa con ánimo entristecido,_ y no perdonó
ocasión de volver, ya con pretexto de modificar el dibu•
jo, ya con otro cualquiera, llevando siempre dulces y re•
galos para el nifio, y hermosas y consoladoras palabras
para la madre.

***

La boda se verificó, y sólo diré que fué como cualquie•
m de las de mayor boato.
Lo!r novios, una \rez terminada la ceremonia, rompiendo con la moda y la tradición, se dirigieron á. BU precioso
cuartito, lujosamente amueblado, en vez de tomar et fe.
rrocarril, para hacer á desconocidos lugares testigos de
su dicha.
Bue.no sería aislarse por algún tiempo del resto del mundo, pero ellos creyeron mejor j:&gt;oder siempre recordar
después en el lugar de ~u vida corriente, los dulces pri•
meros día.a del himeneo, las fugaces horas de dicha, que
el dios amor marca, teniendo por batuta su flecha de
oro ..... .

***

A la tarde siguie°:te del fausto día, Ricardo tuvo que
salir para un asunt;o urgente, según dijo¡ y Rosa quedóse
sola por primera vez, después de la más tierna despedida
que puede imaginarse.
Por instinto, 6 para mejor consolarse de la ausencia,
encaminóse Rosa al despacho de su marido, en el cual
aún no había entrado. Sentósetriste·en uno de los silla•
nes; pero pronto sus ojos comenzaron ú recorrer la habi•
tación, que la curiosidad en la mujer es capaz de dar al
traste con todo lo que coge por delante. Después de recorrer varios lugares, vieron sus ojos sobre la mesa de
despacho una carta abierta, y al parecer olvidada, puesto

que junto á ella estaba la petaca de plata, su último regalo de solter.t, y que su marido no dejaba de usb.r. Levantóse, cogió la carta con cierto temor supersticioso, y
leyó lo siguiente:
. _ .
Ricardo~ He visto en un trozo de·periódicoant1guo que
te ibas á casar y no quiero decirte lo que he sentido, porque quizá ya no te lo merezcas. Ve,n á d~irme si es verdadera la noticia; y si aún es tiempo, piensa en la desgracia que caerá sobre esta pobre mujer, cuya falta es
quererte demasiado, 'Y sobre nuestro hijo, mi falta ma~
yor, que no tiene la culpa de haber nacido.
No puedo seguir escribiendo, porque el llanto me ahoga y las lágrimas borran las palabras. Te pido por Dios
que no dejes de venir, sea lo que fuere 1 aunque nunca. podrá olvidarte tu

~
f

ÜCTUBRE,

1895.

EL MAQUINISTA.

I, amigo mío, me dijo el viejo mov!endo la cabeza he sido maquinista durante vemte anos.
Estábamos en la estación de Ancenis, y era
una de esas tardes interminables de Julio. Había perdido
el tren y no sabía como matar el tiempo (porque el expreso no pasaba hasta las cinco), cuando ví cerca de la.
lampístería un sujeto, bien conservado aun á pesar de
sus cabellos grises, fumando su pipa silenciosamente. Me
senté á su lado sobl'e unos equipajes que le servían de
Rosario.
banco, y desde la.s primeras palabras me interesó su con~
P. D.-Precisamente he estado bordando durante estos versación.
días en que no te he visto, una sábana de boda c..m nues•
Era de poca estatura, grueso, encogido Q.e hombros, los
tras iniciales, capricho de la novia, ó la tuya y la de otra ojos cansados y como azotados de mirar perpétuamente
mujer, que si fuera la que tan buena ha sido para mí y al aire entre la bruma y el humo, tosto.do por la canícu~
nuestro hijo, quizá te perdonara menos que la enga· . la y seña.lado por los latigazos del invierno. Sus manos,
q ue col0craban de sus brazos, deformes y nudosas, seme•
fiaras.u
La fecha era del día anterior.
jantes á. enormes herramientas, parecían herizada.s de
*
huesos ...... Pasaba de los sesenta años y se llamaba Es•
* fué á los pocos instantes, t-eban Arrás. Ahora vivía en Ancenis de sus rentas, con
Cuando volvió Ricar:do *que
encontró á Rosa pálida, h~ada y con un ternblo: nervio- una hija que había hecho muy buen matrimonio.
so que nada bueno presagiaba, dada su enfermiza cons•
-En veinte afias de maquinista, le dije, han debido
titución. Inmediatamente fné llamado su padre, que se ocurrirle muchas aventuras ...... ruucbos accidentes .... ¿La
instaló á la cabecera del lecho de su hija, mientms · Ri- carrera fue larga, eh? Si usted quisiera recordaT, •·· ..
cardo, loco de dolor y remordimiento, recorría la casa de•
El viejo se quitó su sombrero de paja, hundió los demente, figurándose la causa de su dee:gracia Y sin atrever• doá en sus cabellos tan profundamente, que su mano des.
se á hablar.
.
apareció por completo, y durante algunos segundos se
Yr1rias veces entr6 en el enarto de su esposa con larn• rascó la cabeza con ]as uñas como si quisiera arrancar
tención de arrojarse de rodillas junto al lecho, Y allí con• por la fuerza recuerdos lejanos: después cubriéndose, co•
ta.rle todo y pedirle perdón 1 puesto que i\ ella solamente menz6 con aire de resignación:
quería, y lo demáa había sido nn desvarío, Y otras tan•
-Ya que usted lo desea voy á. contarle una ventura.
tas quedó detenido, por la resignaOO sonrisa con que ella.
Es algo que 110 me gusta contará uadie en el .inundo,
saludaba su entrada. La pobre niña, que veía tronchada
p
.
porque
es muy tri~te, como va usted á ver. ero es 1gu~ 1
de un golpe la flor de sns_ ilusiones Y de su cariño1 que 1a lo prometido es deuda. :E;n primer lugar, ¿sabe usted si•
falta de una madre y una sensibilidad extremad¡i habían
condensado en el fondo de su hermoso corazón, sabía mo- quiera 10 que es una locomotora?
Esta maldita vestia. de hierro, gorda, ventruda, eririr con la. heroica sonrisa de los mártires en los labios,
zada.,
que avanza haciendo temblar el suelo,. parecida ,\
más~aras clel dolor y los suírimiento:1 físicos y mora1es.
.
.
*
un elefante, espanta á muchas gentes {c prunera v1st..1..
Pasó una semana.
**
Sin embargo, no es mala, y se dt:ja cond1,1cir con el dedo
-La sellara pregunta por usted-dijo la sirviente des• meñique, como una señorita al baile. Hay exepciones,
de Ja puerta del despacho de Ricardo, en donde éste se sin duda, como en.tre las mujeres, y si en su 1~ayo;r parte
retorcía las manos, llorando de dolor, bajo la iillpresión son amables y cariñosas, se encuentran también algunas
del pronóstico del doctor, que acababa de marc?arse.
indignas.........
,
Ricardo siguió á. la doncella después de enJugarse los
A pesa,r de todo, en nuestro juicio, buena ó mala, se
ojos, y entró en la habitación de su esposa1 en donde no ama á la m,iquina, como ama su barco el marÜ=!·º·
había rnidie.
Nos ligaron ,1 ella como iÍ. un hijo, y cuando se la ,·e
ATrodillóse más bien que sentóse }unto á la cabecera demasiado fatigadu 1 cuando \'iene In. decadencia y hay
del Jecho v sin atreverse á hablar casi, escuchó l~s si- que sUEtituirla, que avandonarla ¡créalo usted! parece que
guientes ;n"labras:
se nos rompe el corazón ... La nueva es más coqueta, llena
-Oye, Ricardo; no: más cerca, para que sólo tú pm•• de buena. voluntad, trata de hacerse querer pero no es la
das oirme. Mira, nadie sabe nada, y te pido que ttl. tam~ • misma; !la vieja compañera!Tiene que pasar tiempo para
poco lo descubras. Ahort1. bien; si el deseo de una mori• que intimemos. Es el comienzo de unos amores ..... .
bunda, porque sé que·voy á. morir, es sagrado, creo qne
En Ja época de mi historia dirigía yo una máquina catú harás lo que voy á decirte. Si lloras, no me podrás oir. prichosa: un poco joven, pero á laque hacía maniobrar
Escucha: quisiera que Cuando yo me haya muerto, que con facilidad. Mi línea era la de Orleans desde hace diez
no ha de t3rdar, Y esperando un par de meses á lo más, años, y prestaba el servicio de noche desde París á Nan•
te casará.a con la pobre Rosario, Y así vuestro hijo .... ·· No, tes: la friolera de cuatrocientos wíntisiete kilómetros ....
no por Dios, no digas no ...... ¡Es tan buena, m,\s que yo, Mi fogonero era un mozo rubio y fornido, recio para el
y tan deegraciada!. ..... ¿Ve rd ad que 10 harás? Mira; vi- trabajo, casado con una muchacha bonita 1 lavandera de
viréis en esta misma casa ó en otra,
. . como. quieras, con Beroy de la que estaba muy enamorado y muy ce 1oso.
los mismos muebles.····· pero quisiera pedute un favor.
Se le ~podaba Zanahoria por el color de sus cabellos.
Oye: todo?erá para ella; pero:·•··· la sábana.·:··· es~ no,·.·· ··
Una noche, tí. fines de Noviembre, el frío comenzó :.í.
Quisiera que .. _. .... me envolvieras en ella; y así, s1 es cier- ,,,. s'oplar con durc&gt;za, sentimos la cam ngrietada á. pesar de
to que el sentmnento no muere, poder. recordar aquella
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1a man y 1a u an a.
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d I Lo ha á
. to?
noc h e d e cari o .. .... i icar. 0 · ¿
r s, ~o es cier · · ·····
El viento nos azotaba cruelmente el rostro, zumbaba
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¡·0uánto, cuánto te he querido y ...... te quiero ...... á. pesar
ff
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.
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en nuestros 01 os como rumor eI mar en re 1as rocas, y
deES~sl f~~:oi: sº~s·~iiimaa palabrae.
hablábamos lo menos posible, porque llO babfa medio de
oirse. Las casas, los árboles desa.parecfan de nuestro la.·
***
Sobre la mesa de despacho, y allí en donde estuvo la do, ba~rido todo bruscamente ...... Era un vértigo.
Con tanta rapidéz vohí.bamos sobre los rails que no se
carta denunciadora, había otra cerrada y con el sobre di•
rígido á. Rosa. Cogióla Ricardo, y conocieudo con estu• sentía avanzar. Por instantes tan sólo una tropidación
más acelerada nos hacía vacilar iuertemente; era una
pefacci6n la letra, la abrió, leyendo lo siguiente:
11Sei)orita:
sacudida de la locomotora que se hundía en su feroz ca•
Puesto que tan buena ha sido para mí, no dudo en par• rrera á. través del campo, máH negro que boca de fobo.
ticiparle que el pobre hijo de mi alma ha muerto, y yo
Acab1bamos de dejar {L Tours y nos aproximábamos :l
part,0 para otro país, en donde, según dicen, una bor• Savonnieres, cuando el fogonero dijo de prnnto: u¡Oye!
dadora puede vivir mejor con su trabajo.
¿sabes que tenemos que hablar tú y yo?u Le miré sor•
11Por esta razón me alejo de mi país, y por otras causas prendido ......... Sus ojos brillaban en la obscuridad con
que no puedo ni debo decir, y ojalá no sepa usted nunca.
fulgores amarillentos. Al pronto no comprendí.
Usted será feliz, porque se lo merece, y yo parto llevan-¿Pero, qué te pasa, Zanahoria!
do en mi corazón recuerdo eterno de sus bondadee.
-Se había plantado cerca de mí, hablándome alto, ca•
uSu humilde servidora,
ra
á cara ...... A tí te gusta Juana, mi muier!
Rosario.
Ya he dicho que el mozo era celoso, basta la imbecili·
ul? de Octubre.))
Ricardo leyó esta carta, y estrujándola entre suB con":' dad. Rompí en una carcajada.
-¡Yo! ¿Pero te estás burlando? Y le confesé la verdad:
vulsos dedos, fué lleno de dolor y de abatimiento á caer
encontraba
muy guapa ,í su mujer, pero en mi vida se
de rodillas junto á. la cama imperial que sostenía la dorada caja, y en la cual aquella cabecita de angel parecía me había ocurrido decirle una sola palabm.
-No me burlo-repuso él animándose-hace mucho
sonreir entre la nívea espuma de los encajes de la sábana
tiempo que acecL.aba la ocasión para. decírtelo frente á
de boda.
R. A:r.VAREZ MASÓ.
frente. Aborrezco á los amigos falsos.

27

ÜCTUBRE,

1895.

EL1fUNDO.

Va~os, eres un pobre de espíritu! no sabes lo que dices. Atiende á la caldera1 será. mejor.-Y le volví la espalda, cuando recibí ur1: golpe en la nuca, que me asestó
por de~rás. Dí un gran salto, se apoderó de mí la cóle~
ra......'iba :i hacer una atrocidad, pero conseguí dominarme, porque mi oficio requiere sangre fría.
-Oye, Zanahoria, lo que te digo:
Por fortuna tuya, estamos en marcho.. No te acuerdes
más _de esto, porque á fe de Arrás, te aplasto la cara y te
arroJo íl. la ,•fa ..... .
No había acabado, cuando se arrojó sobre mí aullando
entre el ruido ensordecedor del tren.
'
-jYo sí que te voy á romper el cráneo, traidor!-Y oo•
menzó la lucha.
.
La máq nin a segu fa su carrera, habiendo alcanzado y
aun_ traspasado Ja velocidad normal; el fuego ardía con
rabia .. En un fu~gor siniestro apareció una eetaci6n y desa.
parectó ...... Otra.vez nos hundimos en las tinieblas.
Me ~nía cogido por el cuerpo, y trataba de echar la
zancadilla para derribarme y arrojarme al campo. Yo me
había agarrado con una mano á. la barra de apoyo, y con
la otra trataba de desprenderme de él sin hacerle daño.
Mientras forcejeaba, le gritaba todavía:
·
-¡Suelta, estás loco, sueltn.!
El ni siquiera parecía oirme, encarni:dndose cada vez
más, atacado de no .sé qué arrebato al cerebro y presa de
un trasporte de rabia que duplicaba aua fuerzas, echando
espuma por la boca como una bestia ..... .
Hacía dos minutos que intentaba arrastrarme al rincón
de los instrumentos, sin duda para apoderane de alguno
Y hacer de él un arma. Yo me &lt;lefendía como podía., y en
la estrecha plataforma se mezclaban nuestros estertores
nuestros gemidos sofocados, abrazándonos en la calde~
á ~a ondulaci?n, resbalando nuestros zapatos sobre el
aceite. Me sentia desfallecer, porque él era más joven y
más. ~obu~to que?'~· De pronto un resplnndor rojo brilló
á m11zqmercla, visión brusca, terrible, que me dejó he•
lado hasta fa médula de los hueso51 ...... ¡El disco!
¿Comprende usted, caballero? ¡El disco que me mandaba parar! ...... La vía no estaba libre, y él me tenía ahogado en sus brazos de hierro, sin que me permitiera mover•
me! Su aliento ardiente me quemaba la cara.
En un segundo me representó el tren precipitándoBe y
Y_ saltando sob:e otro tren, los viajeros despedazados, mu•
t1lados.. Sus miembros arrojados i\ derecha é izquierda
de los T1eles, los wngones hechos astillas, la máquina. vol•
cada ...... y yo tambien destrozada la cabeza. ¡Nunca¡ An•
te todo la salvación coman. Entonces me erguí, é incli•
nándome en seguida, hundí mi cabeza en su vientre con
empuje poderoso; y arranqué sus dedos que estaban cJa.
vados en mi carne. Luego, haciendo el último esfuerzo
lo arrojé al vacío en la negrura espesa. Ni siquiera le ví
caer.
En el mismo instante me lancé sobre el regulador, ce•
rrándolo. A los pocos segundos pude apretar los frenos
y detener bruscamente los coches, que chocaron unos con
otros. Ya era hora. A diez metros de la máquina un tren
ómnibus que había descarrilado dos horas antes, obstruía
el camino. ¡Dios mío! Hace quince años que fué ...... Cuan•
do pienso en ello, todavía se inunda mi cuerpo de sudor.
Yo Je pregunté:
-¿Y el otro?
-¡Zanahoria! Hizo un gesto desesperado. ¡Qué desgracia! El pobre hombre estropeado, rota la columna.
vertiebral! Me procesaron con aquel motivo, pero me ab•
eolvieron. Esto no impide, sin embargo, que yo haya matado á un hombre ...... Y mire usted, ya siento haber des·
enterrado esta historia ta-n triste..... . ¡Lo pasado, pasado
está!
Pero, aquí estú. el tren que usted eepera ..... . ¡Buenas
tardee!

SUSPIROS Y LAGRIMAS.
1cLos suspiros son aire v van a~ aire,
Lns lágrimas son agua y ·van ni mar&gt;i
¡Cómo ha mentido Bécquer al decirlo!
Cómo miente. ¿Verdad?
Cuando se encuentra lejos la que se ama
Como de mí lo está,
El alma se resuelve en mil suspiros,
No cesa de llorar;
Pero aquellos suspiros no son aire,
Ni con el aire van¡
Son fragmentos del alma que se alejan
Hacia donde ella esti't.
Las lág'rimas que vierto no son agua,
Ni corren hacia el mar;
Es la sangre que mana. de una. herida
Que abierta siempre está.;
Porque los n~ros ojos que la abrieron
No la qmeren cerrar..... .
¡Y decir que son aire los suspiros
Y el llanto agua no másl
¡Cómo ha mentido Bécquer al decirlo!
Oómo miente. ¿Verdad?

RICARDO DoMlNGUEZ.

$a,,ntificar las fiestas.
NES, 9 de Mayo de 1802, tornó D. Cándido po-

es1ón de su curato en $anta Cruz de Lugarejo
OC!lpándose inmed,iatamente en arregl~rse 1~
casa con los pobres y viejos muebles que trajo en
°:na carreta del pueblecillo donde vivi6 ha$ta e•ntonces,
siendo consuelo de necesitndos y ejemplo de virtudes.
Durante más de cuarenta y ocho horas nadie se dió cuen•
ta de que Jllí había cura nuevo.
Algunos días después, las pocas personas qne le vieron
y hablaron esparcieron la voz de que parecía buena per~
sana. Y no se equivocaban los que tan presto formaron
de él juicio favorable, porque D. Cándido era un bendito.
Por su estatura, rostro y porte traía ,¡ la memoria el re-t:r:ato que hizo Cervantes de su hidalgo iñmortal. También D. Cándido frisaba en los cincuenta mios y era de

comple:t:i6n recia 1 seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador, y ei no amigo de la caza, como D. Quijote, in•

cansable en el ejeTcicio de buscar tristezas para aliviarlas.
Sus condiciones morales todas buenas: la. piedad sincecera, el trato afable, el lenguaje humilde, la caridad mo•
dest.1,, Y en todo tan compasivo y tolerante, que, con ser
grande el respeto que imponía, aún era mayor Ja cariñosa
confianza que inspiraba. Su llustración no debía de ser ex•
traordinaria, En un cofrecillo muy chico cabían los libros
que poseía, siendo el de más resentida encuadernación
por el continuo uso y el de bojas más manoseadae los
Santos Evangelios. Ni los Padres de la Iglesia ni los 'más
e~celsos místicos le eatisfacfan tanto romo aquellos sen•
cillas versículo~ que ofrecen, ú quien sabe leerlos, mundos &lt;le pensamientos encerrados en frases sobrias.
Todo.::1 los días, en seguida de comer, D. Cándido, apo•
yado en el alféizar de lu ventana de su cuarto releía y
meditaba un par de capítulos de San Marcos ó' San )-fa.
~o. ~uego dejaba el libro, y tomando el sol y fumando
c1garr1llos pasnb,1. el rato entretenido en observar cómo
t~nbajan unos cuantos picapedreros que, en un solar contiguo y vallado, tenían est.'lblecido al aire libre su taller.
Habíase derrumbado meses atrás un arco de la mejor
capilla de lu. iglesia; cierta sefiora piadosa legó fondos pa•
ra reconstruirlo, un arquitecto de la ciudad cercana iba
de cu~n~o en cuando ti in~peccionar la obra, y en aquel
espnc10 mmediato á las habitaciones de D. Cándido es•
taba~, resaltando por su blancura sobre la verde y felpa•
da h.1e~ba, los bloques de caliza. que poco á poco iban
conv1rt1éndose en claYes, dovelas, salmeres y trozos de
archivolta.
Allí, desde In ma11arm hasta la tarde,, exceptuada una
hora nl medio dín, se escuchaba continuamente el ruido
múltiple y monóliono formado por los mazos v las martillinas al chocar con las piezas de cantería: ei sol Jo ilu.JDinaba. todo, lanzando ª?á. y a lht las sombras rectangulares é mtensas de los trngl::tdos de estera bajo que se
resg~ardabnn .los peones, y ú ratos de entro aquel rudo
c?ncterto que forman el hierro hiriendo, la piedra partiéndose y el eco resonando, se alzaba el canto bravío y
triste de una copla medio ahogada por el zumbido del
trabajo como un suspiro entre las penas de la vida.
Durante los cuatro últimos días de la primera semana.
que pasó D. Cándido en Santa Cruz de Lugarejo no dejó
de asomarse para contemplar á los canteros, y si alguien
le observase de cerca ac~o, por la. emoción reflejada en
su rostro, pudiera sospecha1· que nquella tarea dura y
penoe11. despertaba en el alma del cura una emoción dulce y compasiva.
El domingo, primero que allí pasaba el sacerdote sa·
lió muy temprano de casa, dijo miim, dió un paseo J¡rgo
comió más tarde que de costumbre1 y poco antes de con~
cluir, cuando al levantar el mantel le trajo el ama los fós•
foros y el bote de picadura comenzó á resonar al princi•
pio aislado y débil, luego nutrido y fuerte 1 el ruido que
producían los canteros picando y labrando piedra en el
solar vecino.
(i¡Haeta en domingo!1i-murmuró triste y sorprendido
D. Cándido: y asomándose ú la ventana gritó al trabajador más próximo:
- j Eh! 1Buen amigo! Diga ueted al maestro, capataz ó
lo que sea, que baga el favor de subir aquí un instante.
Momentos d('spués estaba el maestro cantero en el comedor del cura. Obsequióle liste con queso nuevo y vino
afiejo, dióle un pitillo del grosor de un dedo y en seguida violentándose, forzando su propio naturnl 1 le reprendió con In poca y tímida. aspereza compatible con su bondad, diciéndole:
-¡Qué falta de religión ...... y qué vergüenza! ¡Trabajar
en domingo!
El obrero, difgustado por la reprimenda, pero cohibido por el agasajo, repuso humildemente:
-¿Y qué le vamos i\ hacer, sefior cnra?~ Trabajamos
cobrando al entregar las piezas terminadas1 ganando tiempo...... el jornal es corto, el pan caro ...... y cuando menos
se piensa, nace un chico. Aquel grandullón rubio-ana.

135
d.ió ace.rcándose á la. ventana y extendiendo la manotiene cmco¡ el de al lado tres; el cojo de enfrente mantiene á sus .padres ...... y así todos! Créame, usted, sefior cu•
ra, en tripa vacía y hogar sin lumbre no hay :fiestas de
guardar.
Quedóse dudoso Don Cándido, y haciendo al fin un es•
fuerzo por aparecer enojado, contestó:
-A pesar de eso. ¡En domingo no se trabaja! ¿Y cu.in•
tos sois?
-Doce.
,
-¿Cuanto gana cada uno? En junto: ¿cuánto importan
los jornales de hoy?
El c.antero s~c6 la cuenta con los dedos, y repuso:
-Ciento qumce reales.
Don Cándido se dirigió ú su alcoba; abrió un vargueüo,
sacó de un cajón un bolsillo de seda verde con anillas de
acero, tomó de su contenido aquella suma, y se la entregó al maestro con estas palabras:
-Toma: que rece cada un Padre Nue$lro, y marchá.os
á descansar. ¡No profanéis el día del Seflor.
A los cinco minutos el taller estaba desierto.

··············· ····························· .. ···············~···········"······

Al domingo siguiente, cuando Don C.tndido subió á des•
ayunarse, l~ego de decir misa, oyó asombrado el rumor
que al tra~aJar producían los picapedreros, y frunciendo
el entrece10, murmuró:-u¿Hoy también?u
La escena que siguió fué igual á la ocurrida ocho días
antes. Llamó al maestro, le reprendió más duramente,
fué á la alcoba, y dió el dinero para que el taller se des.
pejara. Los trabajadores se marcharon alegres, algunos á.
sus casas, los más á la taberna; el bolsillo verde quedó
va.cío, Y el cura asoTnado á. la ventana, pasó un roto con•
templando aqnellas piedras, que según las miraba debían
de tener para él oculto y misterioso encanto.
Durante la semana siguiente, el trabajo cundió tanto
q.ue casi quedó limpio el solar. El nuevo arco de la lgle81a estaba á punto de terminarse.
Sin embargo, el tercer domingo aún comenzó más tem•
prano el golpeteo seco y metálico de la herramienta. sobre la piedra¡ pero el ruído era mucho más débil: sin du•
da.trabajaba pocagentc.
Corrió Don Cándido:.\ la ventana y vió que sólo había
un hombre ocupado en labrar y a.finar una pieza en for~a de dovela, con tanta prisa y tal afán, que ni tomaba
mstante de reposo ni levantaba siquiera la cabeza.
Entónces bajó y acercándose al obrero Je preguntó de
mal modo:
-¿Has quedado tú para simiente de judíos? ¿far qué
trabajas?
-8eñor-respondió ~l cantero,-ayer quedó concluido
todo: mañana lunes, de madrugada, se hace ia entrega:
sólo falta esta dovela por culpa mía, porque...... he estado
entre semana dos días enfermo. Y hoy tengo que acabar•
la, an~~ de la puesta.del sol:··· ··Pªra cobrar, porque ayer
no qulSleron pagar~e ...... m me pagan hasta que acabe.
-:-Dicho lo cual, baJó la cabeza, inclinó el cuerpo y sigui6
picando.
-¿Y si no concluyes hoy?
-El trastorno es lo menos: Jo malo es que no cobro, y
en casa hace falta.
Quedóse D. Cándido pensativo. Las cuentas que echó
y los cálculos que hizo sólo él podría decirlos: debió de
recordar que el bo~sillo Yerde estaba vacío; acaso se dijo
que la verdadera hmosna .es la que no con dinero sino
con el propio esfnerzose hace ..... Tal vez vinieron á s~ pen.
aamiento memorias á él sólo reservadas .. .... Ello fué que
mirando compasivamente al cantero le dijo en voz baja,
como confiándole un secreto:
-Mi padre y mis hermanos fueron canteros ...... Cuando chico, yo también aprendí el oficio. ¡Yo te ayudaré!
Y recogiéndose las mangas cogió un puntero, empufi.6.
un mazo y empezó á picar la piedra.
J.A.,,;lNTO ÜCTAVIO PICON.

G{a usum sc}iolarum.
RÉcIPE: Quince pétalos de flor¡
estambres y pistilos, á. placer;
cinco dracmas de hechhms de mujer
y dos de incienso de exquisito olor.
De cáscaras de pomas el sabor·
gnomos, nAyades, algo del no se;;
cuatro cunTtos de suave rosicler·
de éter y brisas cuanto más mej~r;
Afi.ade trea tomines del decir ·
de cualquier sabihondo sin'gular,
cuarenta interjecciones y un za6r.
Y de ag_ua quantu.m sufficit: ¡la mar!
Ponte á mezclar,. cocer y desleir,
y canta una oración de Castelar.

Da.

FRANCISOO DE ÚSUNÁ.

�186

EL MUNDO.

27 ÜCTtraRE, 1895.

PRENSA MEX-1CANA:
DOMINGO a DE NOVIEMBRE DE 1895.

·21&gt;o,o

IL-'--IMIMto 11

•

(!oslumbres ael a1a ae muertos.-roé1dco.
( Dibujo de D. Leaudro Izaguine.)

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>186

EL MUNDO.

27 ÜCTtraRE, 1895.

PRENSA MEX-1CANA:
DOMINGO a DE NOVIEMBRE DE 1895.

·21&gt;o,o

IL-'--IMIMto 11

•

(!oslumbres ael a1a ae muertos.-roé1dco.
( Dibujo de D. Leaudro Izaguine.)

�3

EL MUNDO.

138

NovIEMBRE,

1895.

I
I
otofio ostentaba todas sus gnlas; l_os matizados
pámpanos cubrían en P?-rtc fos l1\C1mos de mo~catel, 8emejantes tí. l1ígrmlfiR de oro, y más arriba en In moutaiin, á travC:s de los árboles, veía51e
uou cosecha' menos rica, pero igualm~nte benfficn, 1~castaña ese pan de 1n. Córceg:i tan aprecmdo de sus hab1tan1
t~s. nesde las gruesas ramas de los ,írboles las cáscaras
abiertas dejaban caer sobre la, hierba rojiza los frutos p~rduscos y las cúpulas vellosas. Agachado e~tre el follaJe,
Guido Arrigo Rosoli, con las mangas recogidas sobre sus
brazOS musculosos, curtidos por los rayos de un sol bené.fico acl1p.í.base en varear 10:, troncos, haciendo ca~ l~s
frutos 1 que cubrían el s11elo. De pronto se detuYo, hmp16
con el dorso de la mano su frente inundada lle sudor, Y
blandiendo otra vez su palo, ~egó las hojas de un vigoroso golpe.
Las hojas, altas rotas, cubriéronle en su caída, y como
eco de su queja, un grito doloroso detuvo su brazo, leva11•
tado para golpear de nue\'O.
A sus pies, una joven oprimía. con la man.o su mejilla
herida¡ Guido la reconoció á tra,·és del ramn)e.
-¡Ana. Dea!
.
Se de1ilizó por el tronco lacení.ndose las rod1llasi, y al
punto Re acercó á la joven; después, balbucean~o algunas
paln.bra~, separó suavemente la mano de la henda. En la
fresca tez de la mejilla en flor veíanse algunas gotas en·
carnadas. Guido se afligió y sonrióse la joven.
-No es nada, Guido1 dijo ésta; debí haber tenido más
cuidado.
Pero él se lamentaba y acusábase de torpe por haberla
herido.
Ante aquel pesar de Guido tan desproporcionado con
el mal que había hecho, Ana se entregó á. un acceso de
hilaridad. Desconcertado al principio el joven imitóla;
.
.
.
pero la mejilla estaba r?ja, y com? cerca había una fuen•
.
.
te, Guido quiso conducir allí á la Joven.
-~
Los dos penetraron bajo la espesu~, hablaron co?1o pa•
jarillos que gorjean alegremente, otvulando el obJeto d~
su excursión en la embriaguez de las soledades; maqm·
nalmente se extraviaron, y cuando más distraídos ~iban
vieron que les cerraba el paso un torrente que por la opue~·
-No es nnda.. Guido; deb1a. ha.her tenido más cuidado.
ta orilla lindaba con un pequeño estanque donde se prec1•
pitaba una graciosa cascada.
IIl
nacionales: gorro largo y puntiagudo de lana parduzca y
-¡F..spera! gritó Guido.
.
Guido
Arrigo
Rosoli
había
llegado de Quenza para
y cogiéndose á. una rama, saltó á. lacornente¡ solamen- peluda, caído sobre la espalda; chaqueta de terciopelo de
vender cerdos en Sartene; Lovinchi y Seinetro habían
te su cabeza sobresalía del ribazo¡ después abrió los bra• color castaño; faja encarnada que ceñía el calzón, ruya
trabado conocimientos con él, y condujéronle después á la
parte inferior se perdía dentro de unas polainas altas de
zoil:, y con el pecho dilatado volvió á. gritar :
ta.OOrna donde le propusieron jugar una partida. de scopa
cuero
leonado.
En
el
bolsillo
interior
de
la
chaqueta
aso-¡Salta ahora!
Vaciló la joven, confusa y vergonzosa; pero después se maba la extremidad del mango de un puf'i.al, á punto de ese juego corto en que sólo se emplean las figuras Y las
cartas bajas. Bien fuera porque ~os dos compadres se en·
ser cogido por la mano izquierda para que la derecha pn·
ag~chó para deslizarse á lo largo del declive pedregoso.
tendían, ó por mala suerte, el caso es que el dinero de
Guido dió un salto, la cogió, condújola á la orilla opuest~ diera desembninarle más pronto.
Rosoli pasó de su escarcela ú. las bolsas de los otros.
El montañés levantóse de improviso, y con brusco adey sentóla sobre la hierba, lentamente y como con senh·
Sa.rtene es unt1. ciudad singular, muy pequeña1 encl~va·
miento. Con las mejillas encendidas, Ana ocultó el rostro mán barrió la mesa.
da en una estribación de Incndine 1 ú. la cual comumcan
-¡Eh!, exclamaron los otros. ¿Qué quiere decir eso,
entre las manos. Sobre el corazón del hombre despertóse
alegre aspecto los oli\'Os que la rodean1 formando como
el suyo, y el amor naciente se desbordó en pesadas hi• Gnido ..d.rrigo Rosoli?
-Esto quiere decir, balbuceó Rosoli con los dientes un jardín.
grimas.
En su parte auperior1 las rocas de color gris parecen ~s·
apretados y los lábios temblorosos, que vais ó devolver•
-¿Lloras? preguntó Guido.
tar suspendidas 1 y los desnudos peñascos agrietados tiey se arrodilló ansioso ante la joven1 que moviendo la me mis cien pesetas.
nen un aspecto amenazador¡ á sus piés se extiende el
-¿Devolvértelas?
frente dejó ver por entre sus dedos desunidos su mirada
verde valle de Rizzanese, que se prolonga, desarrolland?
-Sf, mis cien pesetas. ¿Me oís? Y las pido porque tú,
conmovida y su sonrisa feliz, y abandonó sus manos en·
su curso sinuoso, hasta el golfo de Valinco, donde el l~·
tre las que las solicitaban 1 quedando. unidos en estrec~o Lovinchi, te entiendes con Juan Bautista Scinetro para
roo de sus ondas se pierde en el azul de aguas del Medi·
abrazo aquellos dos jóvenes cuyas miradas se confund1e- robarme mis escudes.
-¡Hola!, replicó Antonio. Reprime esa lengua; por
terráneo.
. .
ron en un rayo de amor.
La región de Sartene ha conservado en todo su pnmi•
esta vez t.e perdonamos, porque la pérdida y el vino te
-¡Te amo! exclamó Guido. ¿Quieres ser mía?
-Mi padre te aprecia, y yo quiero ser tuya. Ven con• trastornan sin duda .... .. pero no digas más ó de lo contra• tivo sal~ajismo las antiguas costumbres corsas; la pólvo·
ra habla con frecuencia, y los puf\a.les parecen salir de su
rio saldrán á relucir los puñales.
migo para que nos bendiga.
vaina por si mismos. Allí no se acata. mas que una ley:
El tabernero se interpuso; no quería escándalos en su
y la bendición del padre los desposó ... ..... .
la
ley de Lynch.
casa.
Seilalóse el día para la boda; Guido apresuró los prepaSi una pendencia termina por una muerte, el heredero
-Has perdido, Guido Arrigo, dijo al montafi.és; estos
rativos, y marohó á. Sartene á fin de evacuar algunaR di·
de-la víctima declara la 1,•endetta al homicida, y desde en•
juegan lealmente, y son antiguos conocidos míos. Vamos
liacncias y elegir el' anillo nupcial.
tonces va no hay para éste último un momento de repodales la mano sin rencor, y yo traeré una botella de mi
º
II
so. Le és preciso vivir alerta, con el ojo a.visor y at.ento
En la pesada hora del mediodía; la. sala parece tener Ta.llano rancio para que brindéis por la paz.
el oído¡ pensar que en un recodo del camino, que detrá:5
-¡Quiero
mis
escudos!,
gritó
Rosoli,
golpeando
lame•
más prolongado su rectá.ngulo1 aplanado por el techo bajo
1
de vigas ahumadas; á. través de la penumbra las mesas sa inmediata.1 con tal violencia que las botellas acumula• de una espesura de jengibres, le espía tal vez un enem •
go con su arma preparada ......Ni aun se puede creer segudesmanteladas destacan sus aristas geométricas, y sus das allí rodaron por el suelo con estrépito, rompiénro en su casa aunque todo esté cerrado¡ si un ruido insódose en mil pedazos. Por última vez1 ¿queréis ñevolvér·
pies se confunden vagamente con los travesailos confusos
lito, si el deseo de aspirar un poco de aire le inducen á
de las sillas a.lineadas. A través de los postigos cerrados
melas?
dirigirse á. la ventana ... ... 1 se oye silvar una bala Y·········
-No!
se desliza acá. y allá un rayo de sol, cuyas estrechas fajas
«Guárdate, que yo me guardo.,,
-Pues ya. nos veremos, dijo Rosoli con tono amenazaluminosas se reflejan alegremente en el enjambre zumba-IV
dor saliendo de la taberna.
dar de las moscas y en la danza de los átomos.
Los gananciosos no tardaron en seguir le, después de
Guido Arrigo Rorwli hab(a ido á. la gendarmería para
Cerca del mostrador, en el ángulo más apartado de la
dar queja contra aquellos de quienes se crefa enga~ado;
taberna, tres hombres están apoyados sobre una mesa, Y haber pagado el gasto.
-Idos, hijos míos, murmuró el tabernero mientras ba·
el individuo á quien expuso el caso le envió al ofici al, Y
en la inmediata se ven numerosas botellas vacías. Uno de
rría los restos de las botellas rotas: batíos si os place1 ma• éste le dijo que pod(a presentarse al cuart.el maestre. Des·
ellos Antonio Lovinchi, baraja con pesada mano un jue•
pués de retorcerse larga tiempo el bigote, el jefe contestó
go d~ naipes grasientos ... ... , y la partida continúa en si- táos; pero no en mi casa. Mejor estaréis en la calle ó en
como por vía de fallo, que Rosoli estaba en un error,
el
campo
raso.
lencio.
Y filosóficamente guardó en su mostrador el ingreso puesto que el juego era una contravención de las leyes Y
Uno de los jugadores perdía de continuo. Reconociase
que debía darse por contento con que no se formara con•
bajo la forma de tres buenos duros.
n él al montaflés por su traje fiel á las antiguas modas

~-

~

.s..,,~

~~

•

. 3 NOVIEMBRE, 1895.
tra él un proceso verbal; afladió que más Je hubiera valí•
do no jugar, pero que ésto le serviría de Jección 1 ense-f'iándole tí. emplear mejor su peculio. En vano protestó
Guido, pues solamete consiguió que le pusieran á la
puerta.
Una vez en la. calle, su sangre enardecida se abrazó en
la sed de venganza; dirigióse il la hostería donde había
esta.do, cogió su escopeta y examinó su gatillo¡ pero de
pronto pensó en uua joven morena, n Ana Dea1 la pro-metida ~e hoy, la deeiyos~~ de manan~, y por primera
vez la vida errante de cnmmal perseguido le atemorizó.
Hizo un esfuerzo para dominar su c6lera, y resolvió mar•
cbar al punto á Quenza.
Cruzaba por la ciudad :t largos pasos, cuando de impro•
viso vió en un estanco :t sus dos adversarios que le seña•
laban con el dedo y se reían á sus expensas. Un aceeflo
de ira enardeció su cerebro dominándole completamente;
desvi6se de su camino y entró en la tienda.
-¡Por última vez, dijo it los dos hombres, devolvedme
mi dinero!
-¡No!
E l cañón de la escopeta se inclinó1 reflejando en la pa,.
red las ondas luminosas que su arco despedía herido por
el sol 1 y oyóse resonar una doble detonación. cuyos ecos
se repitieron en los desfiladnos de la montafla. En el
suelo, entre el humo de la pólvora, yacían dos hombres:
Scinetro con el hombro destrozado1 y Antonio Lovinchi
muerto de un balazo entre los ojos.
Los transeuntes obstruían ya la puerta. Rosoli saltó so•
bre los cuerpos de sus yfctimas para buscar una salida
por la puerta posterior de la casa.
El estanquero1 &lt;letras desu mostrador, se mantenía en
la más estricta neutralidad.
Guido Arrigo cruzó por dos habitaciones; abrió una
ventana y retrocedió ...... El muro se elevaba á pico sobre
una roca :í rn,ís de ocho metros del suelo.
Entónces volvió atrás 1 y empuñando el puñal con la
mano derecha, mientras que con la otra hacía el moline•
te con su escopeta descargada á. guisa de maza, t-0mó im•
pulso y quiso atravesar entre la multitud; pero encon•
tróse cara ,t cara con José Lovincbi, her.mano del muert,o.
La impetuosidad de su carrera le hizo tropesar con este
enemigo, en adelante mortal, y cuyo primer tiro silbó
entónces á sus oídos; mas al fin salió tí. la calle y pudo
huir. Al punto resonó otra detonación ... ... Guido Arrigo
si.ntió una sacudida en el hombro y tropezó¡ pero reu•
mendo sus fuerzas franqueó la rampa del camino en íor•
roa de cornisa y ganó las montañas.
J osé le siguió, pero se detuvo en el parapeto, y arrodi•
llándose, con los codos apoyados en el reborde de granito, apuntó detenidamente al fllgitivo é hizo fuego ........ .
Otra vez estremecióse el desgraciado. Alrededor de
Lovinchi resonaron algunos aplausos.
-¡Tocado!, gritaron algunos.
- Pero aún está en pie, contestaron otros.
J osé volvió á cargar apresuradamente su arma. Lapo-.
blación, anciosa y agrupada, seguía con la vista atenta al
fugitiY01 que vacilaba perdiendo si1 sangre por dos
heridas. Aquella casa al hombre excitaba á todos, y Lo·
vinchi apuntó otra vez.
- ¡Demasiado corto!, exclamó.
La bala había rebotado en unos guijarros que se baila•
banal paso de Guido, el cual muy pronto iba á estar
fuera del alcance de los disparos, y la multitud murmuró
descontenta. Rosoli debilitábase en sus esfuerzos supremos; un pequeño muro de piedras le cerraba el camino;
al otro lado estaba la Ealvnción, y en todo caso podría
cargar allí su arma y esperará la deíemiva ú. Lovinchi 1
si se atrevfa á perseguirle. Hizo un esfuerzo para fran quear el obstáculo, volvió {t. caer, trepó de nuevo, y otro
proyectil se aplastó á su Indo.
Por último, reuniendo toda su energía, cogióse desesM
peradamente al reborde del muro y montó en el; más
cuando se hallaba á punto de escapar y c:iientras allá
arriba resonaba un grito de rabia, Guido vaciló y cayó en
tierra con los rifiones atr.wcsados de un. balazo.
Un grito de triunfo saludaba á José, cuando de improviso resonó otro:
-¡Los gendarmes!
La multitud refluyó y agolpóse para formar entre la
fu erza armada y el asesino nna compacta barrera. Lovin•
chi emprendió la carrera hacia el bosque.
Los gendarmes llegaban sin aliento, pues su cuartel
estaba situado en la otra estremidad de la población,
atravesada por una calle única. Dos it~dividuos se lanza•
ron en persecución del fugitivo; pero antes de que pu•
diesen vencer la resistencia pasiva de la multitud que
obstruía el cami1101 el hombre había deeaparecido, siu
dejar indicio de la dirección que seguía. Los soldados de
guarnición que volvían de las maniobras habían sido tes•
tigos, desde lejos, de aquel sangriento drama; corrieron
á fin de prestar auxilio y no ll~aron á tiempo más que
para levantar del suelo á Rosoli moribundo. Improvisaron rápidamente unas angarillas, y votvieron á tomar el
camino de la ciudad, escoltando el fúnebre convoy.
A su encuentro salió el padre Lovinclli, blandiendo
una pistola. La agonía del mfeliz Guido no mitigó su
sed de venganza, y vociferó:
- ¡Vas á morir¡ pero antes de que espires quiero que
lleves mis señal~s!
Y al decir esto, inclinó su pistola.
Los soldados se interpusieron.
.-¿Qué os importa puesto que ha de morir?1 gritaba el
v1ejo. ¿Qué tenéis que ver con nuestros ódios? ¡Quiero
l~var mis manos en la sangre del asesino de mi primogé•
mto, de mi Antonio!
Se desarmó al furioso fanátiCll 1 el lúgubre cortejo entró
en la villa, y el moribundo fué conducido al hospital,
donde espi ró á la noche siguiente.
Al otro día se efectuaron los dobles funerales. Toda la
población de Sarkne seguía el ataúd de Lovinchi. Las
mu~res proferían roncas exclamaciones, desesperadas
queJas, imprecaciones salvajes; mientras que loe hom•
bres caminaban mudos y sombrios.
·
Setenta parientes y amigos de Guido Arrigo Rosoli ha•

EL.MUNDO.

139

•
bían bajado de la montafia todos en armas, y escoltaban
S?, convoy con la eara~ina preparada y el dedo en el gatillo. El cadáver, que iba descubierto, se tambaleaba en
el ataúd, y el movimiento había entreabierto loa pá1ya•
dos, que dejaban ver las órbitas vidriosas1 y los labios
que dejaban asomar una siniestra sonrisa.
'
Los dos cortejos se cruzaron¡ un estremecimiento agitó
á los hombres .de ambos partidos, y una sang1ientalucha
flotó en el aire ...... . pero los gendarmes estaban allí revól•
ver en mano y la carabina al hombro mientras que detrás de ellos brillaban las bayonetas d~ la infanter(a1 y ca•
da cortejo se alejó lentamente, no ein dirigirse una mira•
da. de sangriento reto'! una promesa de inextiguible odio.
y
A la rojiza luz del sol poniente destacábanse en el ca.•
mino polvoriento las formas sombrías de los montañeses
que ya llegaban á Quenza.
Entonces salió del pueblo una mujer deseabellada1 que
~on los brazos levantados se dirigia hacia el convoy. Ba·
JO sus párpados marmóreos, los ojos negros, de mirada
profunda1 parecían más brillantes, y el color mate de
aquel rostro joven hacía más aterradora la llama de ren•
corosa desesperación que brotaba de las pupilas. Al acer•
carse la.mujer, el cortejo se detuvo.
Pasando entre los hombres, que se descubrían al verla
avanzó directnml"nte hacia el ataúd, donde yacía el cuer:
pode Guido Arrigo cubierto de polvo é hinchado por el
calor de la canícula. La mujer iba ácontemplar· al novio
que al morir se había llevado consigo su amor.
Miró los tristes despojos sin horror, secos los ojoa 1 y con
ademán resuelto cogió una mano que pendía del ataúd.
Y volviéndo~e de~pués, fijó la mirada en los hombres
y su voz resonó vibrante.
'
-¿Cuántos han pagado? preguntó.
Sigui6se un silencio profundo: los hombres retorcían
entre sus dedos febriles el gorro peludo é inclinaban sus
cabezas. Ana Dea, después de contemplarlos lentamente,
continuó:
-Os pregunto que cuántos duelos hay hoy en Sartene
que venguen el mío, ee decir, el nuestro. ¿Sois mudos'?
¿Sois hombres? ... .. .¿IIabéis quemarlo Yalerosamente vues•
tra pólvora?
Ana se erguía estremeciéndose, con la mirada fija y el
oído atento. Nadie contestaba ......
10h1 cobardes, que no habían venga.do á su novio, á su
compatriota, á su r-migo!
-¿Soís montañeses corsos, exclamó, ó viejas charlata•
nas? ¡Ah! ya pueden matar 1í los vuestros, deshonrar á
vuestras esposas, é hijas; presentáis la frente 1i la injuria
como los bueyes la cabeza al yugo .. .... , y los ciudadanos
de Quenza men..&gt;cerán hasta el desprecio de los de Luca !
Orlando Rhineti, primo de Rosoli y de Ana Dea Pon•
severo, se acercó para hablar.
-Prima, dijo1 nos juzgas mal. Los montañeses de Quenza son hombre."l, y perdonan la injuria que tu desesperación les ha inferido sin ofenderlos. Hubiéramos hecho á
Guido sangrientos funerales, dignos ele él, si entre los de

Sartene y los nuestros no hubiésemos tenido los gendar•
mes y los soldados.
-¿Qué me importa á mí eso Orlanducio?, replicó la im•
petuosa joven.
Pero la fuerza nerviosa faltó á Ana Dea1 que se arrojó
sollozando sobre el cnerpo de su prometido, cubriendo de
besos su frent.e helada y sus ojos inanimados ... .. .
-¡Oh, Guido mío!, exclamó. ¿Y no habrá quién te
vengue?
Después, como avergonzada de sus lágrimas1 irguióse,
y sobreponiéndose á su dolor, hizo un ademán para que
el corteJo continuase su marcha. Ana le siguió grave y
con expresión lúgubre.

Al día siguiente1 Guido Arrigo Rosoli yacía con sus
miembros rígidos sobre la larga mesa colocada rlelante
del umbral de su casa. La caOOza, echada hacia atrás, te-nía puesto el ~orro puntiagudo, y la tirantez del cuello
hacía sobresalir el tiroide, cuya punta tomaba por el jue•
go de la luz los tonos pulimentados por el uso en el color
amarillento de la piel 1 as! corno en una antigua estatua
de bronce una prominencia á veces des~astada deja ver
desnudo el cobre, luciente cual una herida fresca.
Al recibir noticia de la muerte de Guido Arrigo, juntá•
ronse en Quenza todos sus parientes y amigos de Sorbo-llano, de Serra di Scopamene, de Mala y de LieYe.
Los más robustos habían ido á Sartene á recoger los des•
pojos mortales; mientras los otroi; permanecían en el pue•
blo para nsh,:tir tt los funerales. Todos se agrupaban ahora
alrededor del estrado mortuorio, en plena calle, á la luz
de un sol brillante, inmóviles y silenciosos.
Abrióse la puerta de la casa; la madre y la prometida
del muerto se adelantaron con la frente inclinada bajo el
velo de luto1 y arrodilláronse junto al cada.ver, reprodu•
ciéndose los sollozos. Ana Dea, levantándose de pronto,
apartó el velo negro que ocultaba su semblante, y apoyando la diestra en la mano helada del muerto, con la
izquierda impuso silencio á. la multitud.
Todos callaron, y entonces de sus labios inspirados ex
halóse con acento gutural el canto fúnebre que se desarrir
Haba en melopea, prolongándose en acordes dolorm.os y
lamentables: la virgen improvisaba su 1:ocero.
11El relámpago ha brillado, seguido del rayoi-el altivo
montai1és vacila y cae¡--el suelo ha retemblado bajo el
peso de su cuerpo,-y el rccío de la noche ha vertido sus
lágrimna sobre el bravo que yJ no existe.
11Así él soplo abrasador de Libeccio quema. la flor y lima el alerce en su savia;-la vieja muerte guarda sus be,.
sos para 188 frentes jóvenes.
uYa no oirás el canto de los mirloa,-la voz majestuosa
de nuestros torrentes espumosos,-ni en la espesura las
esquilas cuyo sonido te guiaba hacia la que te ama y que
te espera siempre.

(Sigue en la página 1#.)

�140

EL MUNDO.

3 NovIEMllRE, 1895.

3 NOVIEMBRE, 1895.

EL MUNDO.

Plegaria, cuaaro ae Gabriel roa~.
(Grabado en los tnllcres de El Mundo.)

$cm (!osme, íb)é¡dco.

@zita. 86Lanca é/Gofald, en tzaje de 2itonÍóa::&gt;.
(Fot. de O. Mora.-2~ de San Francisco.)

141

�3

EL MUNDO.

142

3 NOVIEMBRE, 1895.

(Sigue de la pdgina 199.)

»¡Ah! Aquel que segó tu vida debió herirme 6. mf también.-¿No teme mi venganza?
-Al tocar tu corazón puso en el mío el odio inexornble.-¡Y no estás vengado!.. .... n
Orlando se adelantó; con su robusta mano estrechó las del muerto y de Ana Dea, Y
su voz varonil continuó la cantinela.
cc¡Muerto!. ..... ¡Salnd á todos!-Dt:tn raza P.igo siendo.-DemMiado joven, _no tienes
hijos para la sangrienta herencia;-máa por Cristo y la Madona, yo, tu pariente próximo te Yengaré.-Duerme contento; la sangre la,·ará tu saugre.»
ReSonaron 1us Yociferaciones mezcladas con quejas H~i;uidas; las mujeres se laceraron
con sus uñas las mejillas, y en -el colmo de la desesperacion, desga!raron sus corsés; las
manos arañaron los hombros y los senos formando estrías saugumolentas, y desp 11és
sacudieron sobre el cad,tver aquella lll'lpcrsi6n sah'aje.
Allí estaba el sacerdote· t!l cadáver fué colocado en un ataúd descubierto y el triste
cortejo encaminóse á tra{·és de los jengibres, hacia el panteón de la familia, edificado
en el campo de la muerte. Al bord; d.t! hi_fosa 1 _y ªf!tesqne .la tierra .cubriera. el cuerpo,
una descarga irregular saludó por ultima wz a Guido Arr1go Rosoh, el asesino, que esperaba en la eternida.d al que le mató á él.
VII

Han transcurrido los días las semana.3 y los meses. Ana Dea se mantiene rígida bajo
el due10 de las viudas talla' la virgen consagrada. ,·olunt.ariamente al celibato. Su aima
no conoce más que el ~dio/ y el rocío que pudiera hacer florecer de nuevo su corazón
sería tan sólo una lluvia de sangra: )(oda, casi feroz, rec?rre ~l país como un fant.asma cubierto de negro sudario. ¡Ay! Fuera desu alma, ~as1 nadie se acuerda yade Gu.:.do
Arrigo.
Orlando Rhineti, fiel á los deberes de la sangre, se había puesto al punto en campaña; á \·eces pasaban lagunas días sin que se le viera, y despt~é~ regresaba. para dar ?uenta á Ana Dea, siempre impaciente, del resultado de su exped1c1ón. Escuch.ábale fa Joyen
y sus ojos brillaban cuando algún indicio le parecía bueno para descubrir al asesino;
pero entristec!3:se á cada decepción. Poco á p'&gt;C? creyó desc.u~rir qu~ O_rlando esta~a
celoso del cultornmutableqne ella profesaba al dtfu~to; .su ~c~1Y1dad d1smmuyó; hub1~rase dicho que se cansaba de ¡,ersegmr á un enemigo mvis1ble, y aseguraba que nadie
sabía qué había eido de José Lovinchi. Tal vez había abandonado la isla, trasladándose á Cerdefia. Pero Ana Dea movía la cabeza ante esta suposición, diciendo que
presentfa que estaba allí, cerca de ella, al alcance de su venganza.
.
OrlanQ.o anunció un día 1n. muerte del padre Loviuchi, cuyos pasos espiaba1 añadiendo que con él se perdía el único hilo conductor que hubiera podido conducirle á descubrir al bandido, por lo cual renunciaba desde luego á una persecnción inútil. ,
Ana Dea le miró, segura ahora del rencor celoso que inducia á Orlando á desistir de su
venganza, comprendióle: fijó en él sus ojos y le dijo:
-Xunca se pondnl mi mano sino en aque1Ia que haya vengado la injuria. Tenlo por
entendido Orlando; ignoro si mi corazón puede amar aún; pero es segu ro que no podré
pertenecer á ningtí.n hombre mientras que GuidoArrigo pida venganza desde su tumba.
Sé que me amas; haz méritos para obtener mi mano.
-;,Serás mía si te vengo?
.
.
-1fo te prometo mi amor; pero obedeceré tu voluntad, consagrándote mi agradecimiento y mi vida. Te doy mi palabra.

VIII
Ana Dea habitaba con su anciano padre en una casa de campo. Cierto dfa1 hallándose
sola, á causa de haberse ausentado aquél por algunos días, un hombre bañado en sudor y
sin aliento se precipitó en la primera habitación de la entrada.
-¡Por la :\Iadona, exclamó con acento suplicante, e,ílveme usted!

l

j

i

y cogiendo entre sus manos la cabeza del bandido, le besó amorosamenre.

-;Quién eres?
-Ún desgraciado perseguido por los gendar1:1es.
-Estás en casa de corsos¡ nada temas; eres m1 huésped.. .
Y abriendo una l)Uerta, empujó al hombre en una habitación.
·
Apenas había vuelto al primer aposento, dos gendarmes franquearon el !,lmbral.
.
-Dispense usted, señorita, dijo el oficial, retorci~ndose el most:1,cho y ~Jando en la )Oven una mirada conquistadora. ¿No habrá usted visto á un bandido á quien damos caza
dos horas hace? Seguramente ha pasado por aquí.
-No he visto á nadie, contestó cencillamente Ana Dea..
. . .
.
-Ruego 11 usted de nuevo que me dispense1 hermosa mña, rns1st1ó el ofic1~l; mas no
puedo creerla bajo su palabra, á pei&gt;ar de la galanteríf!, francesa, que rn~ preci,? de _Prac•
ticar. Nuestro hombre no ha podido tomar otro cammo1 y me veo obligado a registrar
la casa.
-Hiigalo usted, contestó Ana con tono d~deñoso y altivo. .
.
A una señal de su jefe, el ~endarme subió ~• .gra~ero; ~1en~ras que aquM fiJa~do
su vista en la -puertecilla de la cueva.1 levantóla e 1jumm~ .el. mter101: con uu ~IZÓ): cogido
en el hogar. Nada vió sospechoso, y soltando el anillo, dmg1óse hacia la habitación donde Ana Dea había ocultado al fugitivo.
-Esa es mi alcoba, caballero, dijo la joven.
. .
.
Y pronunció estas palabras con tal acento de ~asta d1gmd,!id, gue el oficial s~ ~~tuvo,
con la mano en el pestillo de la puerta ent~ab1.erta ya. No luzo más que dmg1r una
furtiva mirada al interior, y cerró después, rnchnándose cortésmente.
El bandido estaba salvado.
Ana no pudo disimular la expresión de content? que ilm~1ll~ó s.us ojos, haciendo con
ellos renacer la desconfianza en el oficial; pero la Joven le mtumdaba· no ee atrevía á
mirarla de frente, y se valió de una estratagema.
-Dispense usted señorita, dijo, ahora nos iremos; pe~o estamos muy cansados_y nos
morimos de sed. ¿Podría usted darnos una botella de vmo fresco, pagando, se entiende,
lo que valga?
-No se paga la bebida en nuestra casa_, re¡;iuso. la joven,po;que esto no es una hostería· pero tampoco negamos un vaso de vmo a. qmen nos lo pide.
Y levantando la trampa, bajó á la cueva.
.
Apenas hubo desaparecido el oficial abrió silenciosamente la puerta de la habitación y penetró dentro. Registró un armario, donde se veían colgadas varias prendas
de vestir de la joyen, cuyo olor aspiró sensualmente, y asercándose después al lecho
se inclinó para mirar detrás de las cortinas.
-¡Caballero ...... , exclamó una Yoz indignada, que le hizo erguirse, confuso y con la
mano en la visera como un soldado á quien su jefe sorprende en falta. Desconfía usted de mí cuando' le trato como ·huésped, dijo Ana Dea con acento despreci.ativo.
El ofici~l se excusó, y siguió á la jóven, balbucia1;td.o. algunas palabra~; mientras que
Ana ponía sobre la mesa un jarro y dos vasos, y dmg1óle después vanas frases benévolas.
-¡Beban ustedes!, dijo Ana después de llenar los vasos.
-A la salud de la compañía, contestó cortésmente el oficial.
Los dos gendarmes E.aludaron con sus vasos, chocáronlos, se limpiaron los bigotes con
el dorso de la mano y salieron.
A. los pocos pasos el oficial dijo al gendarme:
-Quédate aquí emboscado, mientras yo voy á buscar refuerzos porque el hombre debe
de estar aquí.
Y se alejó apresuradamente.
.
.
. .
Desde la ventana, Ana Dea le había visto baJar. solo por la cuesta; presrnt1ó la emboscada, y fué á. prevenir al fugitivo. Encontról.e pálido y tembloroso: creyó el laque era por
el peligro que había corrido¡pero la turbación de aquel hombre provenía de una causa
que la joven no podía sospechar.
.
-Le espían á nsted, dijo; el oficial ha marchado solo, y seguramente volverá antes de
la noche para cercar la casa. Obedézcame y le salvaré.
-¿Qué he de hacer?
.
-He aquí la navaja de afeitar de mi padre; cór~ese el bigote; usted es delgado, apenas mal alto que yo, y mis vestidos le sentarán bien¡ tómelos usted, y apresúrese. Le
esperaré en la cocina ...... ¡Ah!, añadió. ¡Cuidado con que le vean por la ventana!
Un instante después el bandido reapareció transformado: estaba encantaaor,. con su
rostro moreno é imberbe, su talle bien ceñido por el corsé de Ana Deaqu~ le oprimía w1
poco. La joven corsa, impasible hacía un año, no pudo menos de sonreir.
Quiso ponerle ella misma en la cabeza la toca de paño negro, y después le &lt;lió pan,
jamón y una calabaza llena de vino ..
-Oculte usted todo eso debajo del vestido, dijo, y ahora vállase pronto.
-¿Y mi carabina?

NOVIEMBRE,

1895.

EL MUNDO.

Ana Dea se despertó, lánguida, pero casi alegre. Las
horas fueron lentas para ella
sin tener nada que hacer
incapaz de entregarse á u~
trabajo cnalquiera, vagaba
por la casa, atraída siempre
como por un encanto hacia
el echo 1 sobre el cual apoyaba su frente pensativa.
En un rincón vi6 de :pronto la carabina del fng1tivo
cogióla y la examinó comÓ
persona experta.
Después descargó los cañones, y esforzó~e para borrar
de elJos nlgunos puntos de
orín que deshonraban el arma; vol\'iÓ á cargarla con
pólvora fresca de la que tenía su padre, descubrió las
chimeneas y renovó los pistones.
El eol declinó por fin lentamente para irá el::tingnir
en la capa húmeda del Mediterráneo, y detnis de él la
noche victoriosa tendió los
crespones impalpables del
crepúsculo sobre el luto del
dfa, que había desaparecido
entre fulgores de color rojizo.
La p:Uida estrella del pastor pareció nnimnrse y udquirir mayores dimensiones á
medida que el azul del firmamento comenzaba á ser
más sombrío ... ... Con la carabina debajo del mantón y
nna cesta de provisiones en
el brazo, Ana Dea se dirigió
alpuntodelacita. Avanzaba
111
de prisa, como si la hubiesen
llamado para una diligencia
Ana cogió las manos del cadáver, levnnt6 su cabeza y palpó su coraríin.
urgente, cortando de través
la espesura de arbustos car-Mafíana por la noche la depositaré en el hueco de gados de rojas bayaa de mirtos olorosos y de verde~
BAJ.Uellu encina de la montaña que desde aquí se ve. No lentiscos.
vaya usted ú. buscarla antes de las doce, y hasta entonces
l\Iuy pronto se divisó la encina, que se agrandaba cada
oc últese en la espesura, porque estará más $eguro que aquí.
Yez ni:ís, y Ana redohló el paso.
¡V:tmos, en marcha, y que üios le guard~!
La nocl 10 había CPrrado del todo cuando la joven llegó
-¡Que la Madona bendiga los amores de usted!, contee- á la cima de la cuesta: en el risueño horizonte veíase ya
tó el bandido con emoción.
la lunaemre su cortejo de estrellas. Una sombra. se 1r.
Salió de la casa y alejóse á paso natural por el camino guió de repente delame de Ana Dea, ofreciéndole las madel pueblo¡ mas apenas hubo andado un trl:'cho, dirigióse nos, y la joven abandonó en ellas lns suyas. Sintió que se
hacia el bosque y se perdió en su espesura.
estremecían bajo la presión firme del hombre, y se tranA la hora del crepúsculo, cuando el oficial Yolvió con quilizó, como la yegua bajo la ruda caricia de su amo.
su refuerzo, el gendarme emboscado le llamó.
El bandido la hizo sentar. suayemente sobre el musgo,
- He aquí el momento oportuno, dijo; la joven ha ido y se
recostó á su lado, conservando una mano entre los
al pueblo, y podemos registrar con toda comodidad.
mientras que con un brazo sostenía su talle. Ana
El oficial mandó cercar la casa, y después entrét brusca- dedos,
Dea se abandonó, como perdida eu un sueño.
mente en ella, revólver en mano.
Los dos guardaban silencio, prolongándose así el en-¿Otra vez?, preguntó Ana Dea levantiíndose,
-¡Voto á tal!, exclamó el jefe, volviéndose hacia el gen- cnnto de su éxtasi8; -pero la sangre del joven se enardecía, y de pronto, inchmindose hacia la mujer amada dedarme, te has dejadc, engafiar como un chino.
-¡Pero si yo he visto ealir á esa joven hace una hora!, positó un beso en su frente.
La joven dejó escapar un ligero grito é irguióse con los
exclamó el subordinado, poseído de asombro.
-¡Al diablo las mujeres!, murmuró el oficial, adivinan- brazos extendidos, desviando de sí al amante embriagado
do la sustitución. Nos han burlado, y ya ¡odemos irnos, por el filtro que acababa de probar. Aturdida, sin palaporque nada más hay que hacer aquí. Nuestro hombre bra, retrocedía ante su perseguidor; pero tropezó,, y apoestli lejos, y no tenemos pruebas suficjentes para prender yóse en el tronco de la encina. Entonces, la altiva y enér11 la joven. lnbeci1, añadió, ¿no has adi\'inado que era el gica doncella tuvo un desvanecimiento, sus piernas flaotro el que bufa d isfrazado con la ropa de esa sirena? No quearon, y dejóse caer en tierra.
Pero en seguida se puso en pie, y dijo con solemne grallegarás jamás á oficial 1 concluyó, con cierto aire de supevedad:
rioridad, mirando desdefiosamente al sulbarteno confuso.
-¿Eres tú hombre capaz de atentar contra el honor de
IX
la que te ama?
E l proscrito cayó de rodillas.
Después de vagar por la man taña, el bandido encontró
-8oy tuyo, contestó; dispón de mí.
detrás de una espesura de lentiscos y de brezos arbores-Yo creía, repuso Ana Dea, exhalando un suspiro,
centes una gruta natural que escogió parasn refugio. Allí1 que mi corazón había muerto para el amor; mas ahora
des~ués de haberse despojado lentamente, y como con sen- late junto al tuyo. ¡Ay de mí! No puedo pertenecerte
timiento, del vestido de la virgen corsa, púsose su ropa,
porque ya he dispuesto de mi vida ........ .
que llevaba sujeta á la cintura. Después1 como el cuerpo
Ana le reveló entonces el compromiso que tenía con
exhaust.o reclamara sus derechos, el pan yel jamón desaparecieron muy prouto, vacióse la calabaza de vino y el Orlando; y el joven, después de escuchar atentamente,
Joven se hechó sobre unu capa de helechos, poniendo por profirió una exclamación de triunfo.
-¡Nos hemos salvado! dijo. ¿Cómo se llama tu enemialmohada la ropa de Ana Dea.
A pesar de la fatiga, el sueño huía de sus párpados ce- go? ....... .. Yo te vengaré dá.ndole la muerte; te Jo juro, y
rrados; sutiles aromas hacían temblar sus labios, y subo- entonces podrás ser mía sin faltar á tu palabra.
-¡Ah, exclamó Ana, eres todo un hombre!
ca se entreabría como ansiosa de un perfumado beso. Un
Y cogiendo entre sus manos la cabeza del bandido, le
ligero fantasma flotaba sobre el joven, que no acertaba á
e:!:plicarae si aquello era una evocación ó un suefio; pero besó amorosamente ....... .... ........ ..... .... ....... ...... .. ......... .
lo cierto eA que no dormía. Haciendo un esfuerzo, entreaCuando se separaron, después de haberse hecho mil
bió los ojos, incorporóse, salió de la gruta, y aspiró con protestas amorosas, el bandido gritó á. Ana Dea, que se
fuerza el aire tranquilo de la noche. ~n el puro cielo pa- alejaba:
recía que las estrellas hormigueaban y en la espesura oía-¡Díme cómo se llama el hombre!
se el canto de un ruiaefior.
-!Ah! exclamó Ana. ¿Quién eres ttí. para haberme heEl bandido volvió á echarse, apoyando siempre la cabe- cho olvidar mi odio? ¿Qué pasión es la tuya, que me reza en el vestido de la que le había salvado ...... ; pero de vela que yo no había amado aún? Soy ahora tan feliz,
improviso apareciósele la virgen con su belleza sombría, que perdono al hombre.
aunque Huminada con la dulce sonrisa con que le consoló
-¿Y tu juramento? ¿Y el mío?
al marchar ...... Y entonces, sintiendo que su corazón pal~
-¡Oh! murmuró Ana Deacon expresión de terror, he
pitaba ante aquella sonrisa, bendijo á Dios por haber per- faltado, y tú eres quien debe reparar el mal, para que
mitido que en él naciera un inmenso amor.
Dfos nos perdone. El matador es natural de Sartene, y
Y al lá abajo, en su lecho virginal, Ana Dea sentía vagar se llama José Lovinchi.
e_ntre las cortinas el hálito del hombre á quien había ofreAl oír este nombre, el bandido vaciló; pero reponiéncido un refugio¡ la rica sangre de su naturaleza meridio- dose en el mismo instante, repuso:
nal coloreaba eus mejillas ardientes, dilatando su gargan-Cumpliré mi palabra, Ana Dea.
ta al pensar en el hombre que había dejado su presencia
Y contempló á la joven mientras se alejaba, mirándoen loe pliegues de las cortinas; después, la turbación que la como si quisiese incrustar su imagen en sus ojos.
angustiaba su pudor se calmó¡ y vió pasar ante sus ojos
Cuando se dejó de ofr el rumor de sus pasos, el joven
deslumbrados el esbelto pedi de una hermana, con su cayó de rodillas murmurando:.
.
vestido negro. Este recuerdo la hizo sonreir por segunda
-¡Era la futura de ese Rosoh! ¡Desgraciados de nosvez ..... .
otros, le he prometido mi muerte!

143
X
-Prima mía, dijo Orlando al entrar en la casa de Ana
Dea, &lt;;tu~do .A.rrigo está. vengado, y ese asesino ha dejado
de existir.
-¿Quién le ha dado rnueite? preguntó la joven.
-¡Yo!
-Ana agitó los brazos y cayó en el suelo sin sentido
Orlando corrió hacia ella, levantóla y la condujo á au lecl.10. Mientras que 1 ayuda.do del padre Ponsevero le prodigaba sus cuidados, dijo el anciano:
-Esto sed. efecto de la alegría.
Ana.oyó estas palabras al recobrar los sentidos.
-Sí, la alegría1 dijo. Tienes mi palabrn.1 Orlando; pero
antes de darte mi mano quiero ~aberlo todo.
-Pues hélo aquí, contestó orgullosamente Rhineti.
¿Creerás tú que ese Lo\'inchi ha osado ,·enir :1 rondar
por estos alrededores? Le han visto los mismos gendarmes de Levie, que le persignieron hasta el territorio de
Quenza, conducidos por-el capit,1.n Bolbounne un francés; pero se espapó; se necesita un corso para ~oger ii un
corso. Yo estaba ayer en Levie, en el café 1 cuando un
gendarme refirió la aventura; acerquéme á él v le interrogué. Era l\Iariani, un hijo de Zicavo. Cmindo supo
que entre 1~?sotros había 1·mddt11, quiso hablarme á solas, Y. me d1Jo: c&lt;Tenemos orden de aprehenderá ese hombre vivo ó muerto. Al buen entendedor con ntedia palabra basta.11
-¿Qué más? preguntó Ana con angustia.
-Volvía yo por la montafia esta noche pasada, continuó Orlando, cuando al acercarme á. la encina grande que
se eleva en la altura, dominando el pueblo, divisé ima
eombra que al parecer trataba de ocultarse: «¡Eh, Lovinchi!,, grité al punto. El hombre se volvió bruscamente;
yo no podía dudar1 y como ya tenía el arma preparada,
disparé mis dos tiros. Lovinchi cayó entonces, soltando
su carabina, que rodó á pocos pasos; mas temiendo un
ardid, no me acerqué sin desenvainar el puñal. Lovinchi
vivía aún, y me preguntó: ((¿Quién eres? Dímelo antes de
rematarme.n
-Soy, dije, Orlando Rhineti, primo de Guido Arrigo
Rosoli. uPues dirás que he cumplido mi juramento, y que
José Lovinchi ha muerto en ... ... 11 El estertor de la muert-e le impidió concluir ........ .
Ana Dea, que acababa de levantarse con el rostro desencajado, interrumpió á su ¡_..rimo:
-¡Quiero verlo; condúceme á donde está.!
-Pues vamo!, pronto.
No tardaron en l!ega: 1.í la en 1.üna.
Tendido, con el pecho agujereado por dos balazos, los
ojos muy abiertos y fijos en el cielo azul, el amante parecía esper.tr á su adorada en el lecho nupcial con los brazos extendidoi para estrecharla por última vez.
Rígida por su dolor, Ana. cogió las manos del cada ver,
levantó su cabeza y palp6 su corazón.
-¡Oh! Esttí bien ri:rnerto, dijo Orlando.
Ana desvió la ,·ista de su fatal vengador, y como viera
el pulla! de José que asomaba por la abertura de la casaca, cogióle y le ocultó en su corsé.
-Déjame, dijo después á Orlando.
Cuando estuvo sola, Ana Dea se inclinó otra vez sobre
la cabeza del muerto, levántóla entre sus manos, la acercó á. la suya, y depositó en sus labios inertes el ú ltimo
beso de amor.
Después sacó el puñal de su corsé de~abrochado, descubrió su garganta y blandió el arma ...... ... Pero de pronto se detuvo, guardóla otra vez en su seno, y murmuró:
-¡Aún no es hora!
XI
Luciendo el blanco traje de las desposadas, Ana Dea
penetró en la habitación nupcial cogida del brazo de Orlando. Embriagado de amor el joven, quiso estrecharla
entre sus brazos; pero ella le detuvo.
Inquieto al ver la trágica expresión de su fisonomía,
Orlando dirigió la palabra á su esposa.
-¿Qué tienes, adorada mía? preguntóle. Ya estamos
solos; ha llegado por fin la hora tan esperada, la hora de
la recompensa á tu vengador.
-¡Te odio! murmuró Ana Dea.
-¡Estás loca!
-¡Sí1 te odio porque has matado á mi amante, á mi
único esposo! Sábelo ahora¡ sin conocer su nombre, he
amado á tu víctima, que me amaba á mí también. Nuestro pabellón nupcial ha sido la encina que tu mano ha
convertido en un dosel fúnebre. Te odio porque le amaba, porque le amo a.tí.u demasiado para ser tuya y lobastante para irá reunirme con él.
Al pronunciar esta:! palabra!:!, rasgó su vestido con rápido movimiento, dejando ver entre las blancuras vi vientes del seno el acero brillante de un puñal.
-Esta arma es la emya, Orlando, dijo la joven, profiriendo una carcajada estridente, ven á tornarla.
La hoja de; puñal brilló en el aire, y Ana Dea cayó en
tierra, envuelta en sus blancos velos y con la sonrisa
en lo.., labios, mientras que en su seno se veia una mancha sangrienta.
Y como fuera de sí, Orlando cayó de rodillas junto á
la joven, murmurando:
-¡Los dos hemos cumplido nueetra palabra!
JoRGEDE LYS.

�3 NoVIEM:BRE, 1895.

EL MUNDO.

144

PRENSA MEXICANA

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I'

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N'um..

TEROElR.ll RPOOJJi.

DO
Págónas extraordinarias.

DOMINGO 10 DE NOVIEMBRE DE 1805.

~o es l/iva ....

cu
lIBRE

RO COJIBA'l'E
Y OTRA
CTORIA.

LEA USTED
número de. mañana.
(Zuai!ro del l!ic.'. l!uis ¡'l)Jonrov.•• l"remiai!o en la (lcai!emia ae t;lellas (lrtes iie ¡'l)lé¡dco.

•
(FQt. proporcionada por el Sr. Ing. Fernando Ferrari Pérez. )
I'

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Tomo IL-Número 18.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>3 NoVIEM:BRE, 1895.

EL MUNDO.

144

PRENSA MEXICANA

l
I'

'J:'

Jll

N'um..

TEROElR.ll RPOOJJi.

DO
Págónas extraordinarias.

DOMINGO 10 DE NOVIEMBRE DE 1805.

~o es l/iva ....

cu
lIBRE

RO COJIBA'l'E
Y OTRA
CTORIA.

LEA USTED
número de. mañana.
(Zuai!ro del l!ic.'. l!uis ¡'l)Jonrov.•• l"remiai!o en la (lcai!emia ae t;lellas (lrtes iie ¡'l)lé¡dco.

•
(FQt. proporcionada por el Sr. Ing. Fernando Ferrari Pérez. )
I'

f

-

Tomo IL-Número 18.

�·'·
I
,r~

Páginas enerarias.
UNA MEXICANA EN PARIS.

L oscur~er de unn. tarde de Mayo, volvía yo con

~

un amigo, sentados en el imperial de un omní•
·
bus1 del cementerio del Pt:re-La~haise al cen,.
tro de París.
Comenzaban á encenderse las linternas que decoraban
las calles del barrio, y !:!O recuerdo si al salir de la Villette, mi amigo, contemplando una calleja en cuyas pu~rtas vendían algo de comer, me dijo con entusiasmo:

-)lirr, cómo s~ parece aquella calle 1t las de ~an Juan
de México.
Et amor á la patria obliga en tierra extraña á encon-

•

10 NOVIEMBRE, 18\Xi.

EL MUNDO.

146

trar eu todo alguna semejanza con algo de la ciudad en
que se ha nacido, y acaso yo peqné imagin:indome algu•
nn vez que la rue Royal le daba cierto aire ,t la calle de
P lateros y que los árboles de los Campos Elíseos se parecían á los de la Alameda.
En efecto-le respondí-algo hay de aquellas calles en
que se venden muchos antojo&lt;:? ,testas horas.
El cochero del ómnibus ,·old6 la cara hac ia nosot:-os;
una cara en que descollaba redonda y tosca la nariz enrojecida por el ajenjo; nos miró con fijez:1. y agregó brusca·
mente:
-Esa calle se parece mús ,i la del Hospital Real, donde est,i la imprenta del Siglo XIX.
Mi amigo y yo nos cambiamos una mirada de alegría,
como diciéndonos: este conoce nuestra tierra.
Le interrogamos, y nos cont-6 que había estado en l\Ié·
xicoen tiempo de la invasión francesa; que perteneció al
cuerpo de Cazadores de Vincennes; que cumplió sus años
de servicio; que le gustaron mucho nuestras costumbres;
que había sanado de una antigua dispepsia con el uso de!
pulque, y terminó diciéndonos:
-Yo me traje de vuestra tierra dos cosas muy buenas
que todavía vi,·en conmigo: una mujer y un loro verde
dec.'tbeza amarilla.
-Ah! estú. usted casado con mexicana?
-Sí señores; con una india de cerca de Cuautitlán, que
ya se vtilte 11. la francesa, que tiene tres niños rubios que
so'n mi encanto y que me obligan ,í. pasarme las horas sobre este pescante para mantenerlos. Si ustedes no se desdeñaran en visitar algún día á la pobre mexicana, mujer
de un cochero, su cas:1 está en tal parte, y la honrarían y
alegrarían c.on su visita.
-Gracias! anuúnciele usted que iremos á verla mafia.na.
Y cumplimos nuestra palabra al pie de la letra. Mi
amigo y yo subimos muchas escaleras, y en un sexto piso encontramos á liad.ame Berny, antes Camila Linas,
oriunda del Estado de México v madre de tres chiquillos
rollizos y mofletudos.
Con qué sat!sfacción tan grande nos recibió en su pe•
queña y limpia vivienda.
Me acuerdo de ella como si la estuviera mirando.
Cabellos y ojos muy negros; la tez trigueña; boca que
deslumbraba por lo blanco y oarejo de la dentadura; manos y pies diminutos, vestida con un traje de obrera parisiense; hablando bien el francés y mal el espaf'íol, porque usaba todos los modismos y todos los disparates del
pueblo bajo, que á nosotros nos sonaban allí como un
himno nacional, y queríamos aplaud.írselos.
Nos enseñó al loro que había ido á Europa en el hombro del antiguo cazador de Vincennes: nos mostró entre
los útiles de su batería. de eocina, un metate, un molcajete,
un comal y un tejolote.
Nos hizo comer tamales que había preparado desde la
víspera, y nos patentizó la fusión franco-mexicana, cuando uno de sus chicuelos le grito: mamá: venez-icí¡ y ella
le respondió con la mayor naturalidad del mando:
-Espérame tantito.
Cómo le brillaban de alegría los ojos, al recordar sus
magueyes, sus tlacbiqueros, la cocina de humo, el árbol
de capulínque da sombra al corral de su casa nativa, y
cómo expresó en su semblante el dolor más intenso y la
tristeza más profunda, cuando mi amigo le preguntó:
-Camila, tiene usted ganas de volverá. México ....... ..?
-Sí, respondió suspirando; pero eso no será nunca.
Mis hijos son de aquí, y aquí nos mo!'irtmos todos.
-8e acuerda usted mucho -:!e nuestra tierra?
-Mucho, mucho. Mis hijitos saben querer á México.
Ahora verán ustedes. Pierre ...... Pierre. Ven acá pronto.
Se presentó un chiquitín como de nueve ailos, enguJlendo un gran trozo de pan con mantequilla.
-Dí :i los se.flores á quién le rezas de: noche para que
te baga bueno. ·
·
-A la Virgen de Guadalupe.
-Bueno, ¿y cómo se llaman esas rueditns blancas que
hago en el metate?
-Tortillas.
-¿Y qué te doy de desayunar cuanrlt) te portas bien?

-.A.tole de leche.
-¿Ven ustedes c6m1J conoce mucho de allú.?
Nosotros teníamos las lágrimas en los ojos, y cuando
nos despedimos, mi am1go1 inspirado por una idea 1 le dijo a! chico:
-Te voy ú hacer un regalo que va á. encantar tí. tu ma·
má; toma.........
.
Y sacó de la bolsa una cajita de música. No hizo el
chico mús que darle dos vueltas al pequeño manubrio, y
Camilase püSO :t llorar tílngrima viva, y nosotros lo.mismo al contemplarla.
Y habfa razón; era. una cajita que mi amigo-mandó ha·
cer en Ginebra y que no tenía mií.s qne una pieza: el him•
no nacional mexicano.
Al salir de la casa C1.1.miln. nos vió con gratitud y con
dolor, pues le parecía qnecon nosotros se iba pa1·a siem•
pre la personificación y la voz ele una patria ñ la que no
vokerfa. nunca.
JUA)l' u&amp; D10s PEzA.

UNA P~~SION.
NDO Yital-no_ltenía otro no~1bre-hubo
bandonado el molino del padre Garaud, don,
e estaba emplerrdo desde hacía tantos afios en
~
calidad de pequeño criado al principio, después de mozo
molinero, ganó maquinalmente el camino real, indeciso
respecto de lo que debía hacer en adelante.
Estaba profundamente triste, porque :t medida que caminaba, venía\e-{~ la memoria su vida, desde el dfa en
que pudo tener conciencia de los acontecimientos que
formaban la trama.
Sin paclre ni madre conocidos, había sido recogido por
la Aeistencia pública. A la edad de doce años1 laadminis~
tración le colocó en casa de Garaud, propietario y moli·
nero.
Había aecido, se había con vertido en un muchacho
fuerte y en la actualidad contaba Yeinte años. Durante
largo tiempo vivió feliz, partiendo s.us horas de trabajo
entre la granja. y el molino; después, un día, dó entrar en
la existencia de su patrón, á una Joven y su corazón quedó inquieto para siempreja.mús.
Era una locµra contra la cual, sinceramente, enérgicamente había luchado. En ,,ano se dijo que el padre Garaud, siendo su benefactor, tenía derecho ú todos sus res•
petos;.que, aun cuando á los sesenta años se habíá.casado
con una joven, había sabido hacerse amar demasiado pa•
ra protegerla contra los sentimientos de infidelidad; que,
por último, a.quella situación no podía llevar sino :t la
confueión.
El amor1 dice un proYerbio bíblico, es más fuerte que
la muerte: solicitados por él su alma, sus eentidos, su jU•
ventud, había acabado por sucumbir y se había precipi:.
tado en una desventura irreparable.
Ah! qué noche de desencanto sucedió al día de esperanza radioea que para el transcurriera! Volvía !Os ojos á su
alma y repasaba las circunstancias de su caída. Los acon•
tecimientos fortuitos, contienen ú veces irresistibles ten•
taciones.
Cuando, ayer, el padre Garaud que emprendía un viaje
de muchos días, abrazaba á su mujer y estrechaba lamano de su dependiente,· nada le autorizaba para concebir
temores. No era aquella la primera vez que se ausentaba
y á su regreso de cada _uno de sus viajes, había encontrado siempre que el orden reinaba en sn molino. ¿Qué qui•
meras hubiera podido forjarse? Entre un muchacho leal
y una mujer fiel, el mal no hubiera encontrado campo para deslizarse. Ert1. ésta una opinión muy razonable que el
pasado justificaba. Vital no podia querer traicionarle: tenía miedo á todas las infamias y hasta entonces se había
contentado con amaren silencio. Aquel día, sin embargo,
en la soledad de su corazón, una voz se hacia oír insidiosa: ii¿Y qué su turpo de ser amado no llegará jamás?n
Amado, no lo había sido en el cm:so de su existencia
precaria: no conoció jamás, como los otros niños, el encanto del beso maternal; fuéaba:q.donado á. la orilla de un
campo como un paquete estorboso. ¿Por qué? ..... . Día
radiante! La joven iba y venía en el patio de la granja,
ocupada en sus quehaceres: su juventud feliz, sin inquietudes, casi sin deseos, prestaba algo como una aureola á
su frente. Era más rubia, más luminosa que una aurora.
Su voz cantaba, a:un en sus palabras. Si llamaba ú. sus gaM
llinas, surgía en su rededor un rumor de alas 1 un impulso
de ascensos.
El la contemplaba desde lo alto de la ventana del molino donde vigilaba la molienda: Sf.lilaba en amarla y ser
amado castamente; soñaba en confiarle su sueno y aquel
día era el destinado para tal confidencia.

•
••

El y ella acababan de comer. El sol se había puesto:
unos instantes de crepú!culo aún y la noche sería éom•
pleta.
Como la atmósfera· estaba fresca después de un día ca-

10
luroso la seflora de Garaud se había sentaao en un banco depÍedra fijado ú. la puerta de entrada1y reflexionaba un
poco ansiosa.
Pensaba:
-Vital parecía preocupado esta tarde. ¿Qué le int¡ uietaba?
Y su pensamiento indeciso flotaba entre mil hipótesis,
que asediaban confusamente su espíritu. Era incapaz de
precisar nada. Como si su marido estuviese presente había conversado acerca de los negocios, del molino, de la
granja: l'eníale sin embargo un presentimiento: por el alma del muchacho molinero, pasaba ;tlgo obscuro, que se
le escapaba, pero que no dejaba de inquietarla.
.
Entre tanto, Vital, habiendo concluido su trabaJ01 volvía del molino y se adelantaba hacia el banco que servía
de asiento ú. la señora Garaud.
La noche era completa; e! cielo estaba constelado, pero
la luz difosa que descendía, npenas permitía entrever la
silueta de las cosas ..... .
Tu,·o ella de pronto la. idea de mcter:::e ú. su habitación.
Sin embargo, como aquella aprensión que advirtió en sí
misma tlo tenia explicación, le parec~ó pueril Y permaneció en su sitio. Por otra parte, Vital estaba. cerca de ella
y había. tolllado ú su vez asiento en el banco, como solfa
hacerlo dee.puésde s11 trabajo, porque el molinero lo consideraba como miembro de la familia.
¿Por qué había ella. de espantarse'.'
Tratando de sobreponerse á su angmtia, escuchaba al
joven que le hablaba en \"OZ b.1ja. Lo que le decín nada tenía poi· cierto de criminal.
Record,lbalc un pasado bien hermoso: el día en que
ella entró :i la. granja, después de su bocln; el recuerdo se
remontaba ya :l muchos años. jO:,mo fné [estejada por
todos! Yita1 tuvo la idea de leYankt.r, en honor suyo, un
arco de triunfo hecho de foll:ije y regó flores en el camino que ella. debía recorrer.
Conmo, ida por tanta solicitud, en un arranque de
emoción sincera, presentó sus mejillas al muchacho molinero para que las besase. Aquello estaba ya rnny lejos,
sin duda el rt'cuerdo por tanto era delicioso. Pero por qué
Vital lo evocaba. aqnelhi noche?
Conversando, se había aproximado él á ella, y su pálabra tR.m biaba mús y m:.ís en sus lábios.
Sí, ella le había dado espontanea.mente un.beso: el primero1 el último. Hablaba con cierta exaltación y la señora de Garaud comprendió que la prolongación de un
tal t,¿te ,l t2te encer raba un peligro; quiso levantarse para
sustraerse á él, pero de pronto dos brazos la encadenaron
y un beso sofocó en su boca el grito que iba á estallar.
Aquello había sido rápido como un rehímpago. Con un
gesto Yiole.nto, rechazó ella al joven, se irguió roja de
vergüenza y de cólera, y con una voz en que vibraba la
indignación, exclamó:
-¡Partid! ¡No quiero veros más; os arrojo!
1

,i.*,;,.

Inmóvil y como inconsciente, habíala él dejado entrar
en sus habitacionee, sin hacer tentati ,a alguna para retenerla. ¡Cómo le enloquecía la idea de haber roto así su
ventura! Porque, en suma, él era. foliz, si nó por ser ama•
do, cuando menos por poder amar, por poder permanecer donde ella estaba, mezclar su propia vida á una parte
de la de ella. Ay! todo había acabado.
En tanto que la señora de Garaud, encerrada ;i doble
vuelta de llave en su pieza, velaba por temor de ser sorprendida por Vital, él también velaba, t_orturado por el
dolor y las penalidades. Aquella noche habfa pasado, semejante á una noche de muerte.
Las horas lentas caían una á. una sobre su corazón y so•
naban el toque de agonía de su amor perdido. Al.día siguiente, desde el alba, había recogido sus vestidos y su
ropa blanca, leve paquete que cargó sobre sus espaldas, y
para siempre habfa dejado el molino del padre Gara.ud.

•
••

Triste vida la suya! Caminaba evocando el paeado y
sufría. Pen~aba: 1dré lejos, tan lejos, que perderé su recuerdo!n Cuando hubo recorrido algunos kilómetros, le
pareció que est.aba fatiga.do y que sus piernas rehusaban
sostenerlo. Apoyóse en el flanco de una escarpa y reflexio-nó. Reflexionó que no ver jamás ú la señora de Garaud era
algo superior á sus fuerzas; que su corazón, ú. pesar de
todo, estaba encadenado á aquel molino y á aquella granja y que era imposible romper el lazo sin morir.
A alguna distancia del sitio en que se encontraba, o.fase un tic tac de molino. Conocía al propietario y enbia
que podía presentarse con seguridad de ser acogido. Más
de una vez, el molinero, el señor Gaucher, ¿no había ensayado conquistárselo para su servicio? Se levantó y se
dirigió allá.
1
Auguró bien: el seflor Gaucher, inmediatamente lo to•
mó á su servicio. Esta solución le saUs:fizo,
Una distancia de &lt;loe leguas, poco más ó menos, sepa~
raba los dos molinos¡ un salto apenas para unas piernwi
de veinte afíos.
Durante toda la semana, rumió en su espíritu el pro-yecto de volver á ver ,t la señora de Garaud, de vol ver

..

NOVIEMBRE,

18l/5.

\·er desde lejos, sin hablarle1 oculto en un bosquecillo
que confinaba con el jardín de la Granja.
N~da ei_-a más fácil. Desde el domi11go puso su proyecto
en t'JCCUCIÓn.
AqueJJo fué verdaderamente dulce, dulce como un bMsnmo que hubiera empapado su alma dolorida.
Oculto entre las :iltas yerbas, acechaba, con ef corazón
y los ojos despiertos1 estremeciéndose al menor ruido
al1.ándose sobrt:l los puflos para ver, cuando le parecí~
oír pasos. Un~ ~ez ó dos, en el curso de aquella siesta,
l:1 liabfa apercibido así y todo su ser habfa que:-ido volar
hacia ella.
Ah! cómo hubiera querido gritar:
«Miradme1 estoy aquí, yo qne os amo y que sufro por

EL MUNDO.

147

Es verdad que no reinan siempre la primavera y el estío
que hay días sombríos y noches glaciales en otoffo: pero
¡bah! ¿que importan estas pcmtlidades á. los que aman?
Además, nunca falta un rincón, un escondrijo cualquiera donde refugiarse.
Un dfa que vagaban por las cercanías del castillo derrui•
JO cJ_ mundo sabf: que un tesoro se hallabn esdo donde se encontraba la misterio!'a sala, el cielo ae íué
condHlo en aquella sala, la única que aún conencapotando y estalló de pronto la tormenta.
servabn. sus muros en pié y cuyo techo no se
Los true:-ios y relámpagos sncedíanse sin interrupción
había derrumbado todada entre las ruinas del antia-no
Y una. lluvia torrencial comenzó ú. caer sobre la tierra.
castillo; un tesoro inestimable de perlas y pedrería ;ue
Los dos jóvenes trataron de refugiarse entre laei ruinas
debía encontrarse debajo de algunas de las Josas del suecuando distinguieron allí al lado di: ellos una larga abe/
loó quizá. detrás de alguna columna.
El afortunado que lo poseyese no solamente sería. más tura donde podían guarecerse y penetraron en la sala de
\'OS.ll
la sombra eterna.
ri.co
que todos los reyes y emperadores, sino que también
. ¡Ay! sólo sus miradas podían hartarse de aquella exquiDesde luego quedaron sorprendidos do la obscuridad
s1t.a y sobrJ.da r.ípida visión, de la cual se llevab:1 la ima- disfrutaría de todas l:ls alegri-as y glorias de la tierra por- que reinaba en torno suyo porque ellos solos desconocían
que
cada.
una
de
aquellas
perlna
y
piedras
preciosas
eran
gen parn nutrir su alma durante los largos días sigui~.
la existencia deJ tesoro oculto en aquellas tinieblas.
tes... ....
- ott·os tantos talismanes de un poder irresistible.
No tenían miedo porque se encontraban jnntos, cogiD~ ~sta sue:~ vivió muchas semanas. Cada domingo
Con estü!J antecedentes, comprenderás que no faltarían
s? ?mgía al s1t10 de costumbre, donde esperaba Ja apa- · personas siempre dispuestas á apoderarse de semejante dos de la mano. Sentáronse sobre las baldosas muy juntos el uno del otro y cstrecháronse amorosamente.
n c1ón de aqnella que era su alegría. Si esto no constituía tesoro.
-Yo te amo! contestó él, y raro fenómeno: Apenas
el paraíso soñado, si era cuando menos una porcioncita
Los ha.bitantes de la aldea inmediata así como los de
de él: la habfa visto, había respirado el mismo aire que los pueblos circunvecinos tenían abandonados todos sus pronunciadas estas palabras y cual si se tratase de una
ella y se volvía contento á su molino
asuntos y negocios pensando en su constante pesadilla: la. ~Yoc~ci6n mágica. la sala misteriosa se vió de repente
Un día en que acechaba, oy6 dos v~ces que venían ha• de hacerse dueilos del tesoro.
1lummada de una grande claridad.
cia él: la voz de la seiiora de Garaud y la de su marido.
II1
De todas. las comarca.e de la tierra acudían unos á pié,
Bien p ronto vió ú. ambos marchando, uno al lado del otros en luJosas carrozas, pobres y ricos, nobles y plebeA
sus
gritos
de
extrafl.eza,
acudieron los hombres y
otro, por el bordo del río. Llevaba él una red á la espal- yos¡ pero todos guiados por la ambición de encontrar tan
mujeres que siempre vigilaban las ruinas en esperanza
da y respondía á su mujer que le manifestaba sus temo• incomparable hallazgo.
res:
de que cualquiera casualidad viniera á hacerlos dueños
Sin embargo, ninguno de ellos conseguía vencer en su del tesoro.
- Estit tranquila, uno ó dos golpes de red bastarán paempresa. Acaso la sala poseedora del tesoro hallá.base
~ p roporcionarnos fa fritura con que quiero obsequiarte,
Se comprende cual sería el tumulto que se produjese
res~uardada por puerta tan pesadn. y maciza que era imcuando toda aqm•lla multitud vió en un hueco de la musm contar con que puede dejarse coger una hermosa pie- posible forzarla 6 echarla abajó? ........ .
za, lo cual no nos disgustnrfa .i,or cierto, verdad?
ralla brillar los montones de piedras preciosas.
Nada de eso. No existía puerta alguna; la entrada era
-Sin duda, replicaba. ella, mas piensa que el molino
Con los ojos extraviados y trémulos los brazos, todo el
amplía como un ves~íbulo de palacio. ¿Quizá veíanse allí
está andando.
mundo se arrojó en busca de una parte de aquel valioso
tarascas
y
dragonea
vomitando
fuego
como
nos
pintan
las
- Bah! la lancha está s61iclamente amarrada.
'tesoro que había de hacerlos ricos y felices.
El padre Garaud no dijo más: Con piés ágiles no obs- leyendas? Tampoco.
Sólo loe dos j6Yenes que al murmurar las palabras Yo
Lo que impedía acercarse al tesoro era que la sala en
tante su edad, saltó á una embarcación atada á un árbol
te amo, habían dispersado las invencibles tinieblas, pertoda
su
extensión
se
hallaba
llena
de
una
obscuridad
tan
de la ribera; después, una vez verificada !a solidez del
manecían indiferentes sin pedir parte en el tesoro, poinudo d~ la amarra, con un impulso, ganó la medianía de negra y espesa qne era imposible distinguir en ella.
que ellos contaban con otro mús dulce y más fefíz pa~
La
comprensión
hum~na
no
basta
para
darse
una
idea
la corriente.
ra ellos:
El primer golpe de red había sido fructuoso. La red ex- de la sombra que reinaba allí. Las más compactas tinieEl amor que albergaban sus tiernos corazones.
blas
comparadas
con
ellas
hubieran
parecido
transparen•
tendida, había capturado entre sus finas mayas un buen
lote de pecesillos. Acaso bastaban para la fritura; pero el cias de la aurora.. Los rayos del sol al dar en la entrada
CATULO MENDES.
de la sala, eran rechazadoll como si se tratase de una
padr;e Garaud no se contentó con eso.
. H izo una nueva ~ntativa: esta vez el golpe fué desgra• puerta de diamante negro, impalpable1 iHvisible.
Algunos que se habían atrevido á. penetrará tientas en
ciado¡ la lancha osc1l6; en la sncudida, la clavija d~ ma•
CAPR ICHO.
dera que retenía la amarra, se rompió, y la embarcación, aquellas tinieblas, refnían que á los pocos pasos habían
creído tener sobre sus pupilas una masa semeja.u te á pez ó
arrastrada por la vio lencia de la corriente, se desvió.
Flotan, como barquillas, en el aire
En vano el molinero gritó á su mujer que le arrojase la betún que les imposibilitaba ~vru:1zar. Otros uo habían
zumbadores insectos,
cue.rda; desfallecida. de espanto, torcía ella· con desespe- vuelto ti salir, muertos sin duda antes de conseguir voldeslumbrados borrachos por las luces
ración las manos y permanecía en el ribazo, incapaz de verá encontrar la entrada.
que de la virgen sombra resurgieron.
Innecesario es decir que se hnbfa tratado por todos los
obrar.
La romántica alondra,
De pronto, Vital surgi{&gt; 1Í. sn lado, Vital, cuyos ojos inun· medios imaginables de hacer desaparecer esas tinieblae,
dejando el surco por la reja abierto,
dados de una alegria cruel, parecían decirle: '' El destino es petó todo había siclo en vano. Antorchas embreadas lámdice, mientras que sube por la escala
mio. ¿Por qué pedir un socorro imposible? Es ya tarde. paras preparadas al efecto1 troncos resinas.os iodo se
que termina en el cielo,
extingufa
á
la
entrada
de
la
sala.
'
Ved, la corriente parece redoblar su viole11cia. Unos1nicon tonos de las églogas antiguas,
Se había tratado también de arrojar bombas y cartu•
nutos más, unos _segundo::i, y el obstáculo que nos sepkra,
un dhUogo tierno,
habrá .deEaparemdo; hombre y embarcaciún serán u)oli- chas explosivos. Unas y otras e1;tallaban con estruendo
que
aprendió
pudorosa, una manana,
pero sin dar una sola ráfaga de luz.
.
'
dos baJo la rueda del molino."
de Julieta y Romeo .. , ...
Ella gritó:
Los emperadores y príncipes ú.,,idos de poseer lai, riEl ruiseñor se asoma á los nogales
- ¡Salvadle!
quezas y talimanes sepultados en la aombra1 habían dide la alberca del huerto
El volvió á otra parte la cabeza.
cho
á
los
l'.!ábics:
((Una
parte
del
tesoro
será
vuestra,
s
i- E lla replicó:
y preludia en la lira de los campos
conseguís llevar la luz.n Hiciéronse mil combinaciones
-¡Lo qmero!
un poema sinfónico, soberbio,
químicas, pero todas con el mismo resultado ante aqeeY cbmprendiendo el sacrificio que exigía añadió:
donde hay rencores de Marsillas1 tristes
- Os amaré.
'
lla invencible oscuridad.
por sus cariflos muertos.
¡Amado, él seria amado! ¿Había oído bien? ¡Oh subliII
La paloma á su macho
me locura! ¡Oh arrobamiento divino! Sería amado.
espera,
para darlt! mijo y besos,
En aquel tiempo existía una pnreja de pobres mendiSe apoderó de la amarra, saltó al río. En unas cuantas
en las sombras que tiran al arroyo
brazadas llegó ú la lancha y alargó la cuerda al padre Ga- gos: ella de quince años y él de dieciséis, que iban por los
unos álamos secos .... . .
raud¡ pero ú. causa del movimiento quu este último hizo caminos medios desnudos implorando la caridad cuando
Se
impacienta
febri1 1 y con suspiros
para asirla., In embarcación se desvió1 y Vital, impulsado algún transeunte paeabo, y recügiendo las mil florecillas
que le hinchan el pecho
del
campo
cuando
se
veían
solos.
por ella hacia la medianía del agua, intentó en vano coger
repit~ en el idioma de los árabes
Si hubiesei1 preguntado ú. las golondrinas que habit.ande nuevo la borda. A i;u vez era llevado por la corriente.
un trozo romanceeco.
el
reborde
de
los
teja.dos,
dónde
se
encontraba
la
casa
de
De pié, en su embarca:ión, el padre Garaud, sin poder
Y
la
tórtola, viuda, solitaria
socorrerlo, presenciaba la lucha que su antiguo dependien- los jóvenes n1gabnndos 1 no os lo hubieran podido decir
como monja en el templo,
seguramente,
puesto
que
jamús
les
habían
visto
entrar
te sostenía con la muerte. El le miraba, evidentemente
en el tri:,te retiro de laa breí'ia.s
perdido, sin remedio, girar sobre sí mismo, desaparecer ni salir bajo techado.
enloquece de miedo1
Carecían de hogar y de familia; pero en cambio las go•
e~1 los remolinos, volver á. 1:\ superficie; pero siempre,
reza.ndo
siempre de los tiempos bíblicos
londrinas recordaban cuantas veces por la mañana, en la
siempre, corno una aspiración inrencible, el molino Jo
los jcremiacos trenos .........
·
siesta
y
al
caer
de
la
tarde,
les
habían
rozado
con
sus
alas
atraía á su abismo.
ANTONIO F. DE l\.foLINA DONOSO.
La Sra. de Garaud, srguía también con la mirada el h&lt;r en la pradera á orillas del arroyo ó al pie de la \·erdeante
rrible drama. Una angustia de :1g11nía opdmíale el pecho. espesura de los bosqneFt.
Los dos vagabundos se regocijaban de serlo; jamás haEra por ella JlOI° quie11 aquel hombre iba á morir· ella era
•
bían conocido otra vida, y su placer mayor era rngar enquien lo IHatnba!
'
En pleno idilio:
De pronto, 1a. joren lanzó un grito terrible; el cuerpo tre las soledades floridas del bosqlle.
-Pero, ¿qué has hecho, Juan mío para que yo te quieToda su preocllpnción conshstía en encontrar un trozo ra tanto?
acababa U.e pasar bajo hi ruega del molino.
Así pereció Yital, y su muerte hizo lo que su ternura de pan en cualquier altlea, el cual iban á comerse juntos
-Pues hija .. ... -. la m:1r de deudas.
no había podido hacer. Fué como un rocío fecundo que allá lejoe del camino, mordiendo los dos el mismo boca•
•••
se.extendió en el corazón de la Sra. Garaud: el amorger- do ¡y sabe tan bien una comida cuando tiene de postre
Gedeon elogia la voz de un tenor de opereta y dice:
mi~ó Y~e engrandeció hasta la desesperación, y abrió una un beso!
....:Después de la de Tamngno no he oido voz como la
Cuanto ú. un techo que les cobijase para dormir, escasa de ese hombre.
herida mcl1rablc por la que el alma de aquella mujer se
-Y tú viste fi Ta.magno?
derramó gota á gota; herida que, m{lS tarde, debía mat.ar- era también su inquietud-¿Qué palucio, qué morada por
la también.
espléndida que sea, puede compararse con un cielo de
-Sí, en la Concordia.
follaje tachonado de estrellas brillando como otros tantos
En. MARTÍN VmEAU.
-¡Cómo en la Concordia!
(A. Nervo, tradujo.)
clavos de oro?
-Sí, una noche le oí pedii- un lielado.

f

•

••

•

�148

EL MUNDO.

10 N oVIE1dJIRE, 1895.

10

NOVIEMBRE,

1895.

EL l\HJNDO.

149

3,

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•

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11,

,~,¿¡~·-•;_;
' «·t..

Grusta, cuaaro ae &lt;ronraao Kiesel.
(Grabado en los talleres de El, Jfunao.)

1· Srita, Dolores Cárdenas.-2. Srita, :Francisca G11Uérrez, dl{Cbihuahua, Fot . B Vclarde " Srita R r • ,
.
•
.--.,.
· e ug10 .u!nrt!n Pérez ae· ~ J
5. Srita. AmadafCasti.ll::_ deYéxico.--6. 8rita. Maria TereEa Porrilio. ;:. /~~

~1~:;,~~:t

Manuel J. Oro~.-l. Srita.~E•a Vargas, do Mé%1oo,

�10 Novn:M1JRE, 18\Jó.

Páginas literarias.

EL BUENLADRON.
Traducido párn "El irund.o."

MEFISTOFELES.
Es un diab lo gentil; no causa miedo;
Conoce el corazón de las mujeres,
Y el oro corruptor y lo!:! placeres
Maneja con el chisme y el enredo.
Por la huma1rn virtud no expone un bledo;

Tiene, en cada cuestión, dos pareceres,
Y son ante su lógica los seres
Del vicio imagen, del honor remedo.
Es un Don Junn escéptico y galante;

Dan relieve á su exótica figura
Rasgos de espadachín y de estudiante;
El sofisma encubierto es su armadura:
Mefisto es la mentira deslumbrante,
La mala fo, la paradoja obscura.
LEO POLDO DíAz.

A

Gráfira.

Redondas perlas que ciñen
tu hermoso y cándido cuello
diamantes ·que nos deslumbran
más que tus ojos serenos;
encajes, plumas y flores
que coronan tu cabello,
lazo que estrecha tu talle1
ropas que velan tu cuerpo.
guante de tu blanca mano,
chapín de tu pie ligero
limpia y venturosa holanda
que oculta besa tu seno;
ambiente que te circunda,
luz que te baña, silencio
que en torno tuyo difunden
la admiración y el afecto;
leve fragancia de_lirios
con que embalsamas el viento,
música de tus palabras
con que enamoras los ecos,
miradas con que fulminas
los corazones de acero,
y mentirosa sonrisa
conque me auguras el cielo:
todo parece que guarda,
allá en su escondido centro,
una promesa, un conjuro,
un espíritu, un misterio.
Se diria que tu alma
tiende invisible su vuelo
y penetra y vivifica
los materiales objetos;
mas tu alma huyó sin duda
de tu desolado pecho,
porque de allí la poesía
y los amores huyeron.
JUAN VALERA.

Las dos loterías.
Un rey con ci~n millones de vasallos
sintiéndose morir,
realizó la experiencia ruás extraña
que de reyes y césares yo ví.
-Antes de un mes, decía en un decreto,
bajaré al panteón,
y pues muero sin hijos, que la suerte
por azar n;i.e designe el sucesor.
El monarca pensó: La. noche antes
ninguno dormirá,
en la vaga esperanza todos ellos
de ceñir á la sién corona real.
Pero el rey se engañó, siendo él el solo
que no pudo dormi.~,
.
pues cada cual se d1Jo:-¡S1endo tantos,
es imposible qae me toque á. mí!
Dió luego otro decreto en que ofrecía.
decapitar cruel
.
á aquel á quien la suerte des1gna1:3
de entre todos sus súbditos también.
Ent6nces sí acertó; la noche antes
del sorteo fatal,
en vigilia angustiosa, ni uno solo
dejó de discurrir:-¿.Me tocará?
y es que el hombre, whiendo que los maks
son ciertos, y el biin no;
.
al anuncio de un biffl se enco;e de homlrros

y de un ma/1 se le encoje el coraz6n.
ENmQUE SEGOVIA ROCABERTI

I

TUVOSE el hombre frente á la puerta cerrada;
miró hacia todos lados, en medio de la noche: la
alle estaba en aquel momento desiert~; sona~on
1aa once. No tenía otra cosa qué hacer,
b • smo estirar
d
el cordón para que aquella puerta se. a riese, merce
al resorte; después, rápidamente se encaramaría al tercer
1·so forzaría la puerta &lt;le la derecha, cogería papeles,
Pvalores,
,
sortijas y saldría tranq m·1 ame~ te • , .
Aquello era sencillo, un golpe demasiado f~cil para u,n
· · · te Sí· pero el caso es que tenía nuedo. Sena
~ -eso de andar
,
.
estúpido
con rncilaciones á la 110ra precisa,
cuando había tenido días enteros para preparar el negocio y para reflexionar bien.
Abandonó la puerta, que tocaba con man? temb.l~ro1;a,
Y anduvo algunos pasos con traspiés de ebrio, repitiendo

Pª~J!~

es sencillo, eso es muy sencillo; las ~entes de la
casa volverán del teatro á media noche, de nrnguna manera antes; los otros habitantes están acostado.a, la por~~ra duerme ...... ~ Se puede entrar ahí, con la misum fac1hdad que á un molino.
.
Volvió á. encontrarse frente á la p.uerta: Sus die,ntee
castañeteaban. Si segufa vacilando, iba, sm duda, a hacerse notar. Justamente, allá léjos, alguien venía por la
acera opuesta.
El reloj cercano sonó: las once y cuarto!
-Vamos, pues, perezoso!. ..... Su mano tiró del cord~n,
oyó el repique de la campanilla; pero la pnerta no se ab~ó.
¿Era esta una advertencia de la suerte? 110 quería dec1:,
ac.aso: uvete, puedes hacerlo aún, 110 cometas eee cn-

m~h

EL MUNDO.

10 NovrnMlJRE, 18\J5.

EL MUNDO.

150

d

,

-Vamos ya,-dijo de nuevo-basta de tar anzas.
Tiró otra vez, con fuerza, del cord~n.
Su corazón, sus sienes, latían horriblemente. ~ puerta se abrió. Eutró: el pasillo estaba obscuro. Sm cerrar
completamente la puerta, imitó el rui~o de ésta sobre el
batiente. La vieja portera podfa dormitar, y era necesa•
rio engaílarla con ruidos, á los cuales, s_u oído estaba acostumbrado· no omitiendo, sobre todo, el nombre, com.o lo
hacían los' que llegaban tarde. Dijo un nombre elegido,
al acaso· nada se movió.
Anda~do sobre la punta de los piés, subió has~ el tercer piso · oíanse bien sus pasos; pero esto, era meJor; asf,
nada te~ía que temer. Todos dormían. en aq~ella 0!'8ª,
con el estómago lleno, en recámar:l.S bien calientes, rodeados de bienestar. Era justo que él. fuese ú ~om~r una
parte de aquella dicha, él, el obrero sm tra~Jo, sm ho•
gar, sin pan; tomaría esa parte por la astucia, como el
zorro; la tomaría, en caso ofrecido por la fuerza. Y sus
dedos se crisparon sobre el supuesto poseedor; le rompería la cabeza como se rompe una cáscara de huevo.
«Escuchó ~l silencio.11 Su :fiebre le hacía oír ruido de
pasos cercanos. Como obrero hábil que, era, fo:z? la puerta, que se abrió sin cantar. Nada cayo. ~ v1v1~nda estaba á sus órdenes: aquí el comedor, ah1 la. cocmai sacó
de su bolea una linterna. Pero, Dios mío, qué fac1l era

rot~:~6·á·~~ narices un suave perfume. Entró ú la recámara y vió el armario de cristales. Un golpe de _mano
bastó; abrióse el armario brindándole sus tesoros: di~ero,
alhajas. Cogió un puñado de piezas de oro, otro ~unado
de alhajas. ¿Eso era todo? Había que b~scar los b1~letes,
los billetes azules, verdes y rojos; los billetes que Jamás
había acariciado. Buscó, rozando géneros de ~eda que
suspiraban confrufr-us perfumados. No había billetes.
Pero ......... ¿escuchó un rumor? Sí1 un rumor, leve, un
eoplo ...... ¡Dios santo! lo descubrirían? .
Levantó la linterna, recorrió la estancia, esperó presto
á golpear, á herir.
Un soplo, aún, á su lado. Da un paso, con la caut.e!a
del jaguar que acecha á su víctima, y ve .......... u.n i_imo
caído de la cuna1 como un pájaro, caído del mdo. Tt~ne
frío, no grita; pero gruesas lágrimas ruedan de sus OJOS,
-Ah, pobre angelito! exclama el b?_:n ladrón, Y dejando en el suelo sus útiles, toma al nmo .en sus brazos,
lo acomoda en la baja camita, lo arropa bien Y se queda
mirándolo.
·
Algo extrafio se remueve en su alma. Acuérdase de su
madre.
.
·La pobre vieja! Si ella lo viese así, convertido en la1
•
•
drón, ;.Í punto acaso de trocarse en asesmo .. : ... ¡que verguenza! Representósela su imaginac16n, moviendo la ca:
beza, y murmurando: ues imposible. que yo .haya dado t~
luz un ma.lvado.n Si ahora estaba s111 trabaJo ......... pueE
lo hallaría más tarde. Un obrero hábil como él, no permanecería mucho tiempo en la miseria ......
Oh! cuántas veces le dijo la anciana: u¿No es verdad,
hijo mío, que serás siempre un hombre honrado?
Ay! aquell.i voz reeonaba en su rededor: clara, llena de
ternuras.

Sacudió la cabeza, enjugó con la diestra su frente sudo
rosa y, rápidamente, vació sus bolsillos.
Sus dedos, crispados, febriles, colocaron aquel oro y
aquellas alhajas sobre la cuna del pequefiuelo. Su conciencia. aligerada, respiró.
.
.
Pero había que salir pronto, un mmuto más sm em~argo, un minuto más para deja: á la ma?re de aquel mño
un voto sentimental. Arranco una hoJa de su mamótreto y escribió:
nSeñ.ora:
No falta nada. Enseñad--le á quereros mucho.u
Después de haber depositado el papel sob~e el p~ho
del nifio dormido, salió, á laa calles heladas, sm abrigo Y
con hambre; pero con la frente levantada, sonando en
trabajo futuro.
M.B.

Qfl

tramontar ~e la luna.
(De Leopardl.)

Cual en tranquil.A noche solitaria,
por entre campos y arroyuelos, donde
cefirillo aletea
y mil visajes ríen
.
de formas engañosas, peregrinas,
que entre sombras lejana.&lt;¡, ~ la idea
fingen ramos v techos y colmas;
del puro cielo en las regiones vanas,
detrás del Alpe altivo ó del Tirreno
hacia el profundo seno
baja la luna y palidece el mundo;
caen las sombras y alta
oscuridad el valle y monte envuelve;
reina la noche umbría1
y cantando con triste melodía,
saluda en su camino el carretero,
la esca.Pa luz del rayo postrimero,
que ha poco le era guía;
tal por fin desparece, y tal cayendo
la edad mortal en su ruina, deja
la juventud. Huyendo
van laa som brae y engafios
fugaces del placer; y en nuevos años
mueren las esperanzas
en que se apoya la mortal natura.
Ab~ndonada, obscura
queda la vida. La mirada en ella,
busca indeciso viajador en vano
de aquel camino que afanoso huella,
marca 6 noticia¡ y halla qrie en el mundo
él tan sólo parece un hecho arcano,
un misterio profundo.
Harto alegre y dichooa
nuestra mísera suerte,
si el venturoso e::1tado
de la risueña juventud:querida,
do se alcanza en tributo
uno entre mil amargos, dulce fruto,
dud;r pudiese el tiempo de la vida.
Ley blanda y bendecida,
la que á todo animal sentencia á muerte,
si en mitad del camino
su implacable dl!stino
no le asaltase máe terrible y fuerte.
De eterna concepción no i u digna hechura,
cautivo en tantos males,
hallan los inmortales
la arrugada vejez donde se advierte
vivo el deseo y In potencia fría,
secas las fuentes del amor, las ansias
mayores cada día,
y negada por siempre al bien la vía.
Voz, colinas, riberas,
perdiao el esplendor que al Occidente
enargeutaba de la noche el velo.
huérfana..... largo espacio
no quedaréis¡ que t!ll breYe :t la otra parte
ya miraréis a; cielo
emblanquecer ante la luz del alba:
y atrás siguiendo el sol con rayo ardiente,
plácido fulgurando
sobre mares y montes,
inundara los vastos horizontes.
Mas la vid:i. mortal, cuando su frente
dobla la juventud, nose colora
de otras luces jam,ls ni de otra aurora.
Enlútase hasta el fin; y allá en el limbo,
de otra edad mús obscura
van los dioses á abrir la sepultura..
E. Rrrboó.

151

&lt;Tarea misferiosa.

Hasta parece que este crimen final es su principal ocu.A.DELANTE.
pación, porque muchas veces, cuando cae la victima, se
oye á. alguno que grita:
No es mi poeta el de meloso canto
-¡Eso no es así!
Que recorta la estrofa pulcra y fina,
Y en efecto, parece que todos están conformes en que
Sino el coloso que infundiendo ei:;panto..
doce. Es la hora en que el sol de invierno,
no ha matado bien 6 en que el muerto no lo ha hecho á
~n raro, se digna mostrar un poco su radiante
Se alza henchido de fósforo y fibrina!
conciencia. Y entonces puede Yerse al asesino cómo se
~ f~z .. Es la hora del día en que mejor se siente encarniza nuevamente sobre su víctima, la que vuelrn á
Mi poeta es el del alma vigorosa,
f~vivir.
tomar nuevai:s fuerzas para retorcerse mejor entre sus suQue como el hierro p·r ofundiza el rastro,
A esta hora se despiertan los ricos y voluptuosos, se es- frimientos. Entonces todos se ponen contentos.
Y que en vez del perfume de la rosa
tiran en su perfumado lecho y piden un ligero desayuno.
¿Quiénes son, pues, estos monstruos'? ¿Qué abominable
Guarda en sus versos el calor del astro ....
A esta hora, los burgueses, los comerciantes, los em- sacrificio acaban de consumar en est,e subterráneo?
pleados, ponen tregua á sus pesadas tareas y descansan
Mi poeta e,i;: el rudo combatiente
¡ Ah! terrible cosa debe ser el fanatismo, para haber pocon los codos sobre la mesa ante los humeantes platos y dido turbar hasta tal punto los cerebros &lt;le estos infortt1que destroza las alas del vestiglo,
vasos llenos.
Poeta con un sol bajo la frente, ·
nados! ...... ¡Para haber borrado en ellos todo sentimienA esta hora los obreros, sentados también ante las tos- to humano!. .....
Poeta-humanidad, poeta-sig·lo! l
cas mesas de los bodegones y tabernas, hacen los hoPorque ellos no tienen ningún interés en el crimen que
Y no es el canto de lloroso acento
nores á una caliente sopa y á un frugal cocido.
cometen. ·No es para rohar ni para vengarse. Es por puEl canto que me eleva y me ll.rre1Jata 1
Es el medio día. Es la hora de comer, mirando al son- ra devoción ú su dios, es por virtud por lo que llegan á
Sino el canto ciclópeo y opulento
riente sol de invierno. Es la hora del reposo y la alegría. cometer estas escenas dignas de fakires insensatos.
con empuje y hervor ele catarata!.
Ni siquiera tienen aspecto de ser malas gentes, cuando
¿Quiénes son, pues, los desgraciados, los parias para
En este siglo de gigantes luces
quienes, por el contrario, esta hora es el tiérmino del re- se les considera fuera del momento_en que el furor del éxDemás está el señor de horca y cuchillo:
poso y del comienzo del trabajo? ¿A dónde van tan febri- tasis los desfigura. Lejos de ello, parecen más bien dulces y hasta cariñosos.
les? ¿A qué misteriosa tarea?
Hoy los guerreros no se ponen cruces,
Las mujeres son amables y hasta complacientes, y apeHoy los bardos no corren al castillo 1
Hélos ahí, deslizándose rápidamente á lo Jargo de los
muros, con sus descoloridos rostros -Y sus ojos medio ce- nas ha.y una cuyos ojos no reflejen la lláma del amor.
El uso medioeval no se desprecia,
Los hombres son alegres compafieros, bromistas y de
rrados, como si temiesen á la luz. Van de prisa. Se cono- cidores.
Pero dándole impulso giganteo,
ce que andan retrasados. Algunos corren.
¡ Hoy en cada taller hay una iglesia
Sin duda deben ser una especie de sacerdotes en cuyos
. Allí, en aquella negra é imponente morada, se abre aíe!tados rostros no puede leerse la hipocresía.
Y en cada exposición hay un torneo! l.
una puerta semejante á una madriguera de conejos. Allí
¡En sus afeitados rostros!.. ..... Ya lo habeis ndivinado,
Hoy la doctrina bíblica se mue.ve
van entrando uno á uno los desgraciados. Entran con pa- ¿verdad?
Con
un impulso que jamas se ha visto;
so seguro, como acostumbrados á andar en la obscuridad,
Pues bueno, sí: esas gentes que se encierran misterioY asi son el Riglo diez y nueve,
y asífdebe ser, porque entran en un local más obscuro que samente :l la hora en que las demás van 1i tomar el aire;
boca de lobo.
La ciudad un calvado1 el pueblo un Cristo I l . . ..
esas gentes qne pasan la tarde en las tí nieblas, entre meSiguen Jargos y tortuosos corredores, suben·y bajan es- cheros de gas, gritando, riendo, llorando, insultándose,
Hoy con sus armaduras de guerrero,
caleras húmedas de paredes viscosas. Caminan por un destrozándosej esas gentes que por la noche, paradescanSerena ante Paria que al taller corre,
subterráneo.
Con sus tres cuerpos de inflexible acero,
sar1 empezar1fo á gritar, á, reír, ií. llorar, á insultarse á
¿Es una cueva, una caverna 6 un templo de trogloditas destrozarse de nuevo, y esta vez en pl~na luz, bajo una
Tres veces colo::ial se alza la torre!! ....
el sitio en que se encuentzan? ¿Quién lo sabe? Una enor- luz que ciega y ahoga: esas gentes que llevan esa vida de
Y el trovador que apenas se leva.tite
me bóveda deja en toda su obscuridad aquella sala in- presidiarios, esas gentes son los- pobrns de quienes se
Quiera buscar atrás cautos soberbios,
mensa, desierta, silenciosa, polvorienta, que hace pensar dice:
Ha de volver el rostro hacia adelante,
en una cripta perdida en las catacumbas.
~¡Oh, los cómicos! Llevan una \'ida ........ .
Por ley mortal y por tensión de nervios l ! ... .
Allf llegan todos, siempre furtivos y cada vez más páApen:is se levantan, almuerzan de pie, corren á ensayar
lidos bajo la débil claridad de algunas lámparas que ilu- de doce y media ú.cinco, comen de pié, trabajan de ocho
Y el vate debe en sus canciones fieras
minan ·siniestramente aquel sitio de desolación.
á. doce de la noche, comen un bocado, Ee acuestan con la
Encerrar ya sin ver tiempos remotos,
¿Por qu6 vienen aquí? Adiviuadlo si podéis. Pero al fiebre de una batalla cuotidiana, se despiertan para haEstrépito de mares, luz de hogueras,
verlos, al oírlos, parece sencillamente que se trata de cer el mismo trn.bajo durante el día y correr al teatro de
Choque de astros y hervor de terremotos!!. ...
una reuni6n de locos y locas en pleno acceso de demen- prfaa, á toda prisa.
-¡Vamos, sefiores: :í escena!
cia.
J08E 8. ÜUOCANO.
Pobres gentes ......... ¡yo las adoro!
Van y vienen á. grandes pasos, gritan, lloran; después
J1ux RH..:IIEPIN.
estallan repentinamente en carcajadas, lqego se amenazan, se perdonan. Y siempre, siempre termina esto con
Cuando un verdadero genio aparece sobre la. tierra,
algún erímen. ¡Una pobre mujer asesinada, un miserable
puede conocérsele·en una señal sola:
Los
agiotistas
son
como
las
mujeres
alegres:
muchos
que se mata á pufialadas!
Todos los necios se ligan contra él.
los desprecian, pero los buscan.
SwnrT.

~

~

•*•

•••

CANTA RES.
En el fondo del pecho
tengo yo escrito
todo favor que me hac s
grande ó chiquito.
Mas los enojos
no te los tomo en cuenta,
luz de mis ojo~.

Tu amor hace conmigo
Lo que la yedra,
que al olmo á. que se enrosca
pronto desmedra;
cortarla quiero,
mas si la yedra mato
también yo muero.
No seas en el mundo
cual mariposa
que e!!coge de las flores
la más hermosa;
copia ií. In. abeja,
que de flor sin perfume
pronto se aleja.
Tu corazón, hermosa,
es de diamante,
nnda. en él hace mella,
siempre brillante,
y su contacto
los dem,ís corazones
raya en e~ acto.
Con una miradita
que tú me echaste,

amor brotó en mi pecho
firme y durable;
¡ay, quién dijera
que tan poca s~milla
tal froto diera!
MELCHOK HE

tal es sin muchos a.mbajee
el lorito de Loreto.

PALAU.

EL LOR ITO DE LORETO.
No se case usted lector.
Lector no se cru:;e usted
¡Un tiro ...... el canal.. .... no sé
cualquiera cosa es mejor!
Todas se vuelven el diablo,
todas dan el ei-tallido,
cuando se les ha leído
la epístola de San Pablo.
Pero el mayor de los males
que á usted puede snceder,
es que salga su mujer
afecta á los animales.
Y no son palabrns \'anas,
no sefior, no tiene ig·ual.
¿Figúrese usied rival
de cualquier perro de la.nas?

Esto á mí me tiene frito,
me humilla, me descuartiza
¡li~i huma.nielad rfraliza!
¡Ay! lector ;con un loritol
Un lorito muy discreto
que á mí me llena de ultrajes,

Ella en todo lo prefiere,
no hay quien su pasión le quite
y ,í. mí u1e deja que grite,
que rabie y me desespere.

Periquito, la muy boba
dice al loro por apodo,
yo soy .Pedro y de ese modo
hasta mi nombre me roba.
He perdido el apetito,
el sueño ...... la fe ...... ¡la mar!
¡Ah lector! Me Ya ú. matar
LoreV) con su lorito.
Sin cuidar &lt;le su decoro
Loreto ¡la esposa mía!
se pasa completo el día
frente ú. la jaula del loro.
Almuerza primero él.. ....
cuando cómo, esta en la mesa
¡Ay señores! ¡Ya rne pesa
hacer tan triste papel!
Casi Lorcto ha creído,
en su afición sin igual,
que yo soy el animal
y el animal su marido.
Y como es f.ícil creer
que yo le aumento el catálogo¡
siempre así comienzil. el diálogo
entre el loro y mi mujer.

-Periquito: mi tesoro ... ...
¡Esto delante de mí!
¿respondan uetedes sí
no es él, el nmo y yo el loro?
-Ven aquí ...... Te he de besar
porque en ello dichas hallo ... .. .
Y e1:1talla un beso y yo estallo
sin poderlo remediar.

Y me quedo sin comer
y rabio y me voy de allí
y sin cuidarse de mí
con él queda mi mujer.
Son mi martirio completo,
son mi castigo infinito,
Loreto con su lorito
y lorito &lt;le Loreto.
Soy un ente, un infeliz
con ese rival tirano
que lo tengo, como un grano
encima de la nariz.

Y si no mato al rival
cou &lt;.-'l que 1mefio y deliro
me voy :.t pegar un tiro
ó me :1;rrojo en el canal.
Ustedes quo Yen wis males
antes deben perecer
que casarse ron mujer
afecta á los animales.
Mé.xico, Kov. Ue 1895.

EDUARDO NoRnxu.

�EL MUNDO.

152

10 NOVIEMBRE, 1895.

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P6girw.s e:i.:trarrrdinarias.

DOMINGO 17 DE NOVIElllBRE DE 1895.

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S:os primeros pasos.

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CARTO~ DE

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JOSE: JAR.\, PRE11IADO EX L,\ ACJ.l&gt;.IDfiA DE BEL!;.\,'•) ARTES DE 1rkx1co.

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( Fot. proporciouada por el Sr, Ing. Fernando Ferrari Pérez.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO.

152

10 NOVIEMBRE, 1895.

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- . '41

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P6girw.s e:i.:trarrrdinarias.

DOMINGO 17 DE NOVIElllBRE DE 1895.

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S:os primeros pasos.

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CARTO~ DE

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n.

JOSE: JAR.\, PRE11IADO EX L,\ ACJ.l&gt;.IDfiA DE BEL!;.\,'•) ARTES DE 1rkx1co.

.,.

( Fot. proporciouada por el Sr, Ing. Fernando Ferrari Pérez.)

i

'

�154

17

EL MUNDO.

Páginas í!Heraria5.

lH1sroR1co.J

•rN'

los días de la flo.ridaju\·entud, nos congre•
gábamos algunos estudiant('S para luchar uní,
dos buscando un porvenir grato.
. Quién miraba en la poesía el paraíso de sus ensueños ,. se pasaba las horas le.vendo A los clllsicor,; lati""

nos Yespañoles: quién con su libro de texto en las
manos dábase al estudio con tesón tan árduo, que lo
enfennaban las Vigilias;· quién soñando en pl'óximas
revoluciones, ai1helaba Ralir á campaña para conquistarse una banda dC general, y quit'•n, por último, entregarlo A la dulce nonrhalance de los primeros años,
veta en su derredor transcurril' y perderse las horas,
como se perdian en el ambiente ln.s azules ci:ipirales
del humo de su cignrro.
Es hermoso cuando se ha vivido recordar esta especie de fermento de la juventucl que aún no dflfine
su situación social ni su manera de ser propia y
clara.
Eramos una legión de dusheredados. Unos tenian
sus bogues á. muchas leguas de la Metrópoli, otros
estábamos peor que ellos, pues nuestras familias hablan caldo en la desgracia, y poco ó nada nos hubieran dado si no con tasemos con esa providencia que
entre nosotros se llama una beca y 4ue no es otra cosa que d pan y la instrucción otorgadas gratuitamente por el Gobierno.
En aquel grupo, los que soñábamos en ser poetaH
éramos los menos aplicados, pues en cuanto se escribe el primer vel'so, se olvida la cátedra, estorban los
libros de texto, se desconoce á los maestros y se vive
pensa~do en Homero, en Dante, en Shake,speare, en
Cervantes, en el último romance publicado por algún
literato d~ renombre, en el soneto de fulano, en la
improvisación d8 mengano, en fin, en todo, nienos
en los exAmenes.
y recitando sonoras estrofas, escribiendo á la novia. sentidas espinelas, consagrando á la patria rimbombantes serventesios, llega el mes de Octubre, amarillea.n v ca.en marchita.-. las hojas de los Arboles,
se escucb¡ en la noche el monótono grito de los vendedores de castaña asada y se fijan en los muros del
colegio las listas de los que han de sustentar exámen
con tiempo sencillo ó doble, según la exacta ó ninguna puntualidad con que se ha~·a concurrido á las cátedras.
Era esta la época de nuestros gr1',ves apuros, porquequeriamos andar en pocas horas un camino quo
exigla nueve meses de fatigas.
Hay que confesar qu('; muchos, pa.wíbamoR cornil
dict~n los estudian~es, es decir, saliamos aprobados
con vergonzantes calificaciones que solo nos servian
para trasladarnos á otro curso, pero no para ir acreditando nuestro nombre en la carrera que comenzábamos.
Nuestra fiebre liter&amp;ria era como la tisis y como las
ermitas, no tenia cura, y los estudiosos, los que con
toda serenidad pensaban en ser algún dfa médicos,
ingenieros, abogados, es decir ciudadanos útiles, nos
velan como á leprosos, cerno i. apestados y solo nos
toleraban en las horas de ocio, para que los distrajéramos con cualquier chascarrillo, con algun cuento
de color subido ó con alguna poesía entusiasta '/
conmovedora.
Nos llamaban de vez en cuando asi como se llama
al cilindro callejero que toca el aria de Lucia, ó el
brindis de Traviata en cada esquina y &amp; la hora seria, en los dias de exámen, nos miraban con desden
y con lá.stima, porque mientras ellos sacaban primeras y honr0t1as calificaciones, nosotros si bien saliamos: apenas alcanzábamos una humillante mayoria.
Y esto de sacar mayoria es salir reprobado por un
voto por más vueltas que se le dé á la cosa para endulza.ria ante la conciencia.
Pues bifm y para no alargar con reflexiones filosóficas inútiles este cuento, diré, que un grupo de esos
soñarlores en verso, preparaba allá al terminar el año
de gracia d('; 187 ...su exámen de anatomla descriptiva.
Era preci~o estudiar más que el libro de 'papP.l, el
libro de carne, es decir, el cadáver. Y poco habituados estaban á manejar el bisturí y á manosear las he-

ladas visceras do un muerto los que solo se habían
ocupado en cantar la sonrisa de Lesbia ó los amargos
desdenes de Laura.
Entre asCos y pudores resolviéronse aquellos p~etas en agraz a subir una noche al anfiteatro de la :E.scuela, pues estaba tendido en la plancha, con los brazos cruzados en ángulo !:!Obre el torax el enorme ~adáver de uno de esos deHconocidos que lanzan el ultimo suspiro en la c11.ma de un hospital y ~a~an á ser
primero pasto de los practicantes de med1c10a Y lu~go de los gusanos en In fosa común de un cementerio
municipal.
COntando los poetas con que ra tenian materia ~ara sus experimentos, proveyéronse de una mala buJla
colocada en ancha palmatol'hl du latón y al toque de
ánimas, salieron al anfiteatro para velar estudiando
con provecho.
Llegaron, ó porqué no he de decirlo con frnnqu&lt;'z~
llegamos con ese recelo que la sombra de, la noc~e. .,
de la muerte iñspirn á los neuróticos y á los nsionarios.
Alli estaba rlgido, mudo,enorme, clcarlávcrqueibn.
á servirnos rle libro.
No habla otra mesa que la plancha y antojos.e á uno
de los compañeros colocar la bujia sobre la ma.no ~e
nieve que tenia estenclirla sobre el vientre el mfchz
que iba á ser clt•stripado.
Todos aprobaron aqm~lla medida porque en efecto,
desde ese sitio, la llama derramaba mAs luz sobre
aqu~I cuerpo inanimado.
-Estudiaremos la articulación escapulo-humeral,
dijo alguno, y esto queria decir: estudiaremos el hombro en su ligamento ron el brazo.
-SI, si, interrumpió otro, yo estoy muy bt 1ta en esa
articulación.
-Quien toma el bisturí?
-Pulano.
-No mengano.
_ Yo' lo tomaré, dij u el que era tenido entre nosotros
por el más adelantado é inteligente.
.
Con un arrojo digno de Nclatón, despues de ha~er·
se remangado el pui'\o de la camisa, metió el cuch11lo
en el Jugar que le convino, cortó con garbo y en un
decir Jesús, vimos movel'se y caer A un lado el brazo
del muerto, y como en la. mano tenia puesta la. p11lmatoria mandar ésta al suelo, apagándose la vela.
-Qué bárbaro! gritó álguien, este hombre está
vivo.
011' esto ,. echar á correr todos bu11cando la puerta,
fuC obra dC un segundo, y aún me acu.,,rdo con cuánto pavor nos atropellamos en la escal?ra, .hasta.mirarnos en el corredor y respirar alll el atre hbre sm que
se nos curara el susto.
.
¿Qué les pasa? nos dijo un comp~ñero muy estudioso y que se reia de los poetas en cierne~:
-Que el muerto del anfiteatro esta vivo.
-¡Imposible!
-Vamos contigo A verle.
Temblando, y pako á paso, entramos de nuev~ al
anfiteatro, buscando con un cerillo la vela consabida.
En cuanto nuestro compañero dispuso de luz suficiente v examinó con detención el caso, soltó una estrident~ carcajada, y nos dijo:
--Hermanos, no se examinen porque los reprueban.
-Pusieron la palmatoria sobre este brazo que estaba
en una posición forzada, en la cual lo conservó la rigidéz cadavérica, pero en el momento en que han cor·
tado el músculo que le sujetaba, cayó á plomo y con
él la bujta; esto es todo.
-¿No está. vivo este hombre?-preguntótemblando
un compañero.
-No,-repuso el otro-ustedes son los que están
muv bota.., v vo les aconsejo que mejor se vayan á sus
cu;rtos á. ~;c;ibir versoi,, que venir a cetmetcr barbaridades que no tienen ejemplo.
.
y eariacontencidos y avergonzados, nos fuimos ca·
da mochuelo á su olivo, comprendiendo que D.ios no
llamaba á todos los de aquel grupo por el cammo de
las recetas y de los cáusticos, pues si entonces creiamos á los mlll•rtos vivos, á cuántos vivos habríamos
después matado impunemente.
JUA....'i DE DIOS PEZA.

De un jorobado eé que sufre mucho
del hígado y del pecho.
El dice que se encuentra muy malucho,
todos le eucontramoj muy mal hecho.

El

NOVIEMBRE,

1895.

abanico bienhechor.

'
.
L'1CO
meees bacía que nos habíamos casad o y cmco días que duraba nuestro enojo: no 1og~~an
desn1necer éste ni los ruegos de nuestl"llP fanul!ae
ni las conveniencias socialesque nol-l obligaban ú~parentar
recta harmonía y que tan :t menudo contribuyen .'
~:r las almal:'i por la transición i"'·oluntaria de lo fin?1d ú lo sincero· ni el amor que nos profrsábamos tan mre°nso como el dra de la boda, quid un poco más; nad.a
· '6 a·LS,·par el deopecho de ella y quebrantar
cons1gU1
·
d. la altl•
vez mía. y en el transcurso de aquellos crnco 1as precisamente, había yo perdido mi empleo.
.
.Acercábase el día último del mes r comenzó mt agonía:
recordaba aquellas horas felices en que, despu~s. de ent ar 1t Luisa algún obsequio y el producto de m1 trabaj~oe dedicábamos ú di8tribuír. el dinero que llevaba,
no sin consignar en primer término los gastos ~ra el teatro 6 el paseo. Después de discutir mucho, olvidábamos
las cuentas de dinero pam cont_nrnos nuetit~os amores.
y hoy ...... no habría dinero, m cuentas,. ni besoil, y lo
que miis me mortificaba, em qne no hubiese besos: emn
tan sabrosos corno castos; dulces y ardienteR, no los sé definir.
En otras circunstancias lo que menos me preocu~,
habría sido el dinero: como en anteriores épocas ac1~
de mi vida de soltero, habría recurrido al~mpeíl.o, sumt•
dero sin fondo de los ahorros del pobre, 1mpla~ble ~rovidencia del necesit.ado; pero ¿cómo extraer algun obJeto
de la casa sin que Luisa lo notara?
Sumido en tales cavilaciones, me detuve en el umb~I
de Ja puerta: sentía una emooilln más profunda que el dia
en que lleno de amor fu! á pedir la mano de In que hoy
es mi esposa. Presa de una incertidumb.re qu~ me ator•
mentaba cruelmente, dediquéme á anah~ar m1 conducta
, reflexionar en los motivos de nuestro disgusto, Y á .reprocharme la deslealtad con que había. faltado Y la ~~·
prudencia mía de llevar la prueba.de m1 falta al dom1c1-.
lio conyugal.
. .
Por fin, temblando comonn cobardeó un.crnm;~l en
medio del peligro, me introduje en la estancia ~a rimonial. Esperaba hallar ii Luisa en actitud severa. 1mpl~ble, con el entrecejo fruncido, la boca desdef\osa: Y la mirada altiva; la encontré durmiendo y sof\ando sm duda,
pues sonreía.
Al contemplarla en In plenitnd de esa belleza que tanto ambicion1\ que ya era mía y que se me quería escapar,
experimenté el impulso de arrodillarme i, su lado. Y b&amp;sarlacon la tierna ef11oión con que la bese por pm,nera
vez algún tiempo atrlis; pero al inclinarme, obser\'e entre sus manos un papel doblado, lustroso y elega~te.
Sentí que me hería unn punta acerada, y fr~néttco arrebaté la esquela· al abrirla advertí con sensación dolorosa
que era aquell~ maldita car~ de otra mujer dirigida ti
mf y causa del disgusto de Lmsa. Aun cuando perfectamente sabía su contenido, quise leerla de nuevo, como
lee el condenad'&gt; su sentencia1 ·buscando en ella con febril anhelo, algún pretexto para la disculpa a~te Joe
hombres, algún motivo para la excusa ante la propL&amp;conciencia.
.
í
Esa cart.a cuerpo del delito que ante Lmsa aparee a
probablem~nte como crimen monstruoso,. me quemaba
las manos: pensé entonces, con repugnancia1 en las mentiras que había dicho para disminuir mi culpa, y record~
con angustia la cólera y aflicción de mi esposa y sus lágrimas, que difícilmente contenidas po~ un momento/ brotaron al fin 1 en cristalino raudal¡ t~Je á la 1~emoria sus
violentos reproches, mis contestaciones agresivas y la actitud despectiva que tomé hacia ella desde aquel d~a.
Como si un cincel de fnego las grabara, luí en m1 cerebro, abiertas sobre fondo.níveo, con ancho s~rco negro,
aquellas palabras que me dijo, excitada por mis burlas, Y
que me provocaron á dar una respues~ ¡brutal: .
-Fuera yo tan feliz en Ja casa de ml8 padres, s1 no te
hubiera conocido, que deseo con toda el alma, volver ti
ella y no verte más.
.
~ ..
•
-Puedes marcharte, rephqué. No diJo ella nada, y temblorosa, retiróseá. su habitación., .. ····························;···
¡Y ahora con la carta maldita en sus manos, sonreía.¿Qué sofiará? pensaba yo.
Involuntariamente dirigía la vista hacia Luisa, que se-fa sonriendo y recorría yo ansioso la alcoba, como bus~ndo algo que hubiese perdido. Al pie de la cama duna
lumita blanca y la reconocí al momento: pertenecí~ á un
!banico que hacía pocos días le había regalado á m.i mn. era el t'iltimo obsequio que le había hecho en d1as de
Jer;
~;'~r natural correlación de ideas, me asaltó el doloroso recuerdo de aquella hora en que, rebosante de gozo
y ternura, me acerqué de puntillas á. Luisa, por detrás,

17

NOVIEMBRE,

1895.

EL.MUNDO.

1,55

y toe.índole el cuello desnudo con las plumas del abani•
El frío sin contacto alguno, le paraliza. Sus manos ee
co, la hice estremecer como garza que sacude las alas. Al
De cuando en cuando, aunque ú nadie esperaba, tendía
'"_oltear y cncontral'fle conmigo, ~e arrojó en mis brazos, crispan y se cierran, y cogen al cerrarse, la nada. Yien• maquinalmente mis \'agorosas miradrui á fo largo de las
riendo como loca.
tos, nube¡¡, torbellinos, e"'trellas, ¡todo es inútill ¿qué ha- calles de la Monterma.
-¿Qué harfa,-pensé Juego-si .;on cata pluma le toca• cer? El desesperado se abandona; el que está cansado
En una de tam.as veces atrnjo miR mimdas una silueta
ra ese hombro de alab:uitro que estl pidiendo un beso?
toma el partido de morir, se entrega ú la suerte y rueda que ritpidamente se acercaba con movimientos de goleta
hacia el lugar donde vo estaba apostado.
Me cuntu\'o un instante t.•I orgullo; pero la tentación para siNnpre en las llígubres profundidades del sepulcro.
Era la silueta de mía mujer.
\'e11ci6, y tr6mulo me acerqué al lecho: todavía dudé en¡Oh dt-stinu implacable de las sociedades humanas,
Cuaudo estuvo más cerca de mí, pude ver, gracias á la
tre tocarla con mis labios ó ~implemente con la pluma¡ que perdéis á los hombres y 1t las almas en vuestro ca- intermitente luz de un foco eléctrico, qu~ era chaparrita,
mino!
gruesa, más que morena, de ojos pequljnos v chii-1peantes,
me dl'ciclí por lo último y con e1 ademán picaresco de
.iücéano en q11e cae todo lo que deja caer la ley! Si- nariz gruesa y le,·antada y boca grande, de-labios abultaun nifio que ejecuta una travesura, pasé la pluma auM·e-niestrn de1-1esperación de todo auxilio! ¡Muerte moral!
do~, en IOH que Et' dibujaba una sonrii;a burlona y provomente por la garganta desnuda, fresca y sonrosada á la
La mar e¡, la inexorable noche social en que las pena- cativa.
que, si l'l:!luviern. en el campo bajarau á libar las maripo- li~ade~ arrojan ú sus condenadoi,;. La mar es el gran
Se dice que toc:!at, la.s mujereci, por feas que sean, tienen
misterio.
sas y los colibríes.
algún atractivo, pero, ¿~~r.í. l·,:,..., Ja excepción de la regla?
pensé.
El alma naufragando en ef!t-e abismo puede convertir•
T~mbló Luisa, entreabrió los ojos y mir.indome confunen un cad,tver.
Al pasar junto á mí, sonrió á alguien que debía estar á
dido, an~rgonzado, con la risa en los h1bios y la pasión en ee¿Quién
mi espalda.
lo resucita?
Ja mirada, tendió sus brazois y rodeó mi cuello con ellos;
Y entonces pude observar que aquella mujer no. era la
Yícroa Ht·oo.
al IJcsirme, dejó Q:aer en mi boca dos liígrimas que ::tpuexcepción de esa n•gla, pues al sonreír dejó ver &lt;los blanré con &lt;ll·licia: lul.'go prorrumpiú sin det-asirse llt.• mf en
quísimas hilel'88 de pequei\o~ dientes, que cualquier poe·
ta hubiera comparado, sin exagerar, con perla~ de Ofir.
eoJlozo~ que en mis oídos isonaron r,omo canto de triunfo,
Quedé encantado de aquella dentadura, y haRta de su
como inc-foble himno de amor......
poseedora, tanto que, lo que en esUl acababa de juzgar
-¿Y ti abanico? 11n•gunté ni a111igo que me contab:t es1mperft-cciones (que por serlo en realidad hacían resaltar
ta hi~toria.
(PUU rx DE\'OTO DEL PEXlUUOR)
más la belleza de sn dentadura), ]ns juzgab.'\ ahora pcr•
-::\fir:.i lo que es la ingratitud humana: ri-e mismo día
fecciones.
fuf :t dar al empcfio el famoso abanico. Así completó su
. Tanto me impresionó y me cautivó el ánimo aquella
obra benffica.
Yiéronse Roque y Luz por vez primera
Joya encerrada en tan feo estuche, que me sentí con
Y nrnbos á un tiempo mismo se adoraron ......
aliento de conqnistador, y entusiasmado seguí ,i aquella
Juuo PoUJ,AT.
mujer.
¡Que historia tan nilgar! did cualquiera,
Octubre de 1895.
Pero empieza cual todas empezaron.
Pero con seguirla. no adelantaba nada, porque nb podía
Y Roque dijo 1i Luz: nunca he flentido
extasiarme en la contemplación &lt;le tan maravillos!L den·
rna pasiún qulj abra..i,;e de tal modo;
tadura, en cuya contemplac:ún cifraba entonces mi di)?
cha.
Jloy Jo comprendo; para tf he nacido;
Por hacerte feliz dPjaré todo!
Y me adelanté y me coloqué 1t su izquierda, muy junto
de ella.
~li amor-repuso Luz-durará eterno
-Denta.duro de ángel-la dije, sin saber lo que decía.
Contigo cuanto existe; sin ti. ..... nada!
-)luchas gracias, caballero,-me dijo sonriendo.
Miró
:t
Roque
y
las
llamas
del
infierno
hombre al mar! !Qué importa! El buque no
-Es una dentlldttra de sirena.
Brillaron un instante en su mirada.
se c;letiene por eso. El ,·iento 8opla; el sombrío
-Es usted muy amable; pero retírese usted.
Hoque temblando y en sm; gracias preso
buque tiene una senda trazada que debe cerra.r
-Retirnrme &lt;."8 dejar de contemplar esa dentadura de
Bes6 sus labios sin temor ni duda.~
hada.
nece1.•.ari11mente. Y pa~a.
Y al chasqui&lt;lo incitante de aquel beso
-Pero, ¿en qué quedamos?-exclamó riéndose burloCruzó el espectro lúgubre de Judas.
El hombre desaparece y vueh·e á aparecer; i-e Aumerge
namente.
y vueh·e 1t la superficie: tiende los brazos, pero no es oíDt•epués ...... los auei'ios del amor ardiente;
-En que daría por elJa mi vida.
PromesM, jurJ.mentos y cantares
do; el buque estremeciéndose al impulim del huracún,
-;,De veras?
Y lut&gt;go un velo níveo y tr-J.m~parente
-Y mi alma,
continüa sus maniobras; los marineros y 108 paxajeros 110
Y un aire saturado de azahares.
-Es mucho.
ven al hombre s111nergido¡ su miserable cabeza no es m:ís
N()ble el doncel, hermosa la doncella,
-Y mi cornzún.
que un punto en la inmensidad de las olai;.
El curi~o glacial, el cura hnrafio
-P~ro, ¿dónde m usted :l parar?
Sus gritos desesperados rci-uenan en las profundidades.
Y la boda muy triste porque en ella
-En un manicomio ......
.Xo oficiaba el amor 1-i110 t.•I engaíl.o.
-Lo creo.
Obserrn aquel espectro de una vela que se aleja. La mira,
-Y todo por su dentadura de nsted.
Mas tarde, un i-;erafin todo purt&gt;za
Ja mira desesperadamente&gt;. Pero h\ velo He aleja, se achi-Tanto le guf-!ta?
Arrullado entr~ blondas y entre flores
cu, de:-:aparece. Allí eRtaba él hacía un momento; formaQue Luz abandonó sin gran triló'tf'za
-Ya he dicho quedaría por ella mi alma, mi vida y
ba parte de la tripulación, iba y venía por la cubierta comi
cornzún.
Poi ir en pos de lúbricos amores.
molos &lt;lemás; tenfasu parte de aire y desol¡estabavl\'o.
-Pt'rO es imposible el cambio, y además, eu corazón,
Ella, orgullosa como toda necia
Pero ¿qué ha sucedido'? Resbaló, cayó. Todo ha termisu alma y su vida \•aldrán mucho, pero á mi no me sirMostrando su impudor en cada esquina
nado.
ven para nada, y _perdóneme usted la franqueza.
C.On el glacial cini:-mo de Lucrecia
----~ burla usted?
Y la lumbre infernal de mesalina.
. Se encuentra sumergido en el monstruo de las aguas.
-Xo me burlo, PS que me hace usted reír con sus loEl sernffn creciendo é ignorando
:&amp;jo BllS pies no hay más que olas que huyen 1 olas que
curas.
De su deshecho hogar la triste suerte;
se abren, que de!:'laparecen. Estas olns, rotas y rasgadas
-Bueno, ríase usted; pero ¿querría usted todo mi capiY
Roque i.:onrieudo y ocultando
por d viento, le ro&lt;lean espantosamente; lo.s vaivenes del
tal por esas dos sartas de perlas·?-la dije fuera de mf.
En el herido corazón in muerte.
-Eso puede que sí, porque ,·ale menos que lo otro1 y
abis1110 le arrastran; la espuma del ngua l::le agita al redeLa multitud curiosa é insensible
no me remordería tanto la conciencia.
dor de su cabeza; una montniia de olas escupe !:!Obre él(
Inquiriendo su ¡1istoria al ofendido
-¿De \'eras'!
confu~as cn,·ernas amenazan de\·orarle¡ cada Vl'Z que so
Y él, como esfinge, tétrico y terrible
-¡De veras!
En el abismo del eilencio hundido.
sumerge descubre principios llenos de o~curidad; una ve-Tan trastornado estaba, que sacando mi cartera ex·
)fas fué tal el escándalo y la mofa
getación desconocida le sujeta, Je enredn los pies, le atrae;
traje de ella un billete de banco de á. cincuenta pesos que
Y 1t Roque tanto hirieron los mundanos
hacía tiempo dormitaba en su fondo, y ¡&gt;&lt;&gt;niéndose1o en
siente que se va á conaturnliz:tr con el abismo, que forQue ni fin leA resprmdió con esta estrofa
la mano, en'tanto que ella sonreía maltc1osamente al ex•
ma ya parte de la espuma, que las olas ,-;e echan de una
Que no !é quién me puso entre las manos:
tenderlo, exclamé:
enotnt; debe toda su amargura; el océano se encarniza
t4Qbre la senda que al abismo guía,
-Tenga usted cincuenta pesos, que es todo mi capital.
con él para ahogarle, la inmensidad juega con su agonía.
Hoy llama. del escándalo :t la puerta;
Dejadla; no me importa¡ ya no es mía;
Parece que el agua se ha convertido en odio.
Ella entonces dobló el billete, se lo guardó en el seno,
No me habléis para nada de la muerta.
y haciendo un mo,·imiento casi imperceptible por lo ráPt!rO lucha todavía. Trata de defenderse, de sostenerse;
pido, me dijo con entonación dramática:
---. ..
hace e~fuerzos, nada.. ¡Pobre fuerza agotada yá, que com-Pues tenga usted la dentadura.
bate con lo inagotable! ¿Donde está el buque? Allá ú lo
Y depositándola, en efecto en mis convulsas manos,
lejos. Apcnns es ya visible en las pálidas tinieblas del
prorrumpió en una estrepitosa carcajada y desapareció de
horizonte.
mi vista, dejándome estupefacto largo tiempo y sin saber
qué hacer con aquella dentadura.
Sopla el viento1 y la esprma le cubre.
-Opté por llevármela á casa, y allí, al contemplarla de
Alza 1a vi~ta¡ ya no divisa mús que la lividez de las
ERIDO lector: no es artículo de fe lo que voy nuevo, exclamé:
nubes. En su agonía asiste á la inmensa demencia del
ontarte, de modo que puedes ó no creerlo, se-Verdadera.mente vale más de los cincuenta pesos que
mar. La locura de las olas es su suplicio¡ y oye mil ruibe dado J?Or elln.
n mejor te parezca.
da&amp; inauditos que parecen salir de más alhi de la tierra,
Y brotó de mis Inbios una carcajada más estrepitosa
Se trata de una aventura que me ocurrió no ha
de un sitio desconocido y horrible.
todavfu que la que brotó de los labios de mi desconomucho, aventurn tan extravagante como \'erídica, de la cida.
Hay p,íjaros en las nubes lo mismo que hay úngelea so- que suelo acordarme 11 menudo y aun suelo referirsela á
Por supuesto que, como recnerdo de tan extrava~nte
bre lns mi.serias humanas; pero ¿qué pueden hacer por él? mis amigos, quienes,__ d1:_masiado inc~dulos, no parecen
aventura, aun coni,en·o en el fondo de uno de los caJone11
Ellos \'Uelan, cantan y se ciernen en los aires, y él agoni- dispensarle todo tl crédito que ee merece.
de mi escritorio Ja dentadura.
eso que siempre ni referirlo garantizo su veracidad
&amp;a; ae vé ya sepultado entre dos in.finitos: el cielo y el conY mi
En cuanto á e!Ja, mi desconocida, supongo que tam.
palabro de houor.
oeéanc; f!ijte su tumba, aquél su mortaja..
bién, como recnel'do conEen•ará todavía mi billete de
Hé aquí el relato dl• mi famosa a\·entura:
Llt·ga la uoche; hace algunas horas que está nadando,
Era esa hora bulliciosa en la que el incesante ir y ve- banco de á cincuenta pesos.
Sí, debe conservarlo todaYía ...... ¡porque era falso!
11.1s fuerzas se agotan yá; aquel b11que1 aquel casco ·lejano nJr de la g&lt;:nt(• q1w abandona su cotidiana tarea, hacen
entrar
en
ebnllición
las
arterias
de
esta
melancólica
ciuRA~IÓN GARCÍA y GAllCIA,
donde hay hombres, ha desaparecido; se sumerge, se esdad de los palacios.
México, Noviembre de 1895.
tiro, se &lt;·nro1tea; ve debajo de sí los indefinibles monsEl sol al P.One~e coloreaba tenuemente el horizonte de
tnioe del sufrimiento¡ grita.
un color roJizo encendido por occidente, en tanto 4.ue la
Ya no lo oyen los hombres. ¿Dónde está Dios? Llama: noohe dejnba \'er los rizos de su negra cabellera por
LAS MORENAS.
J~ocurro, socorro! llama sin cesar; pero nada en el hori- oriente.
Obscurecía.
lOnte, nada en el cielo.
¿Que no me gustan las morenas? Yaya
Apostado en la esquina del Portal de la DiP.utación y
Implora al espacio, á la ola, á las algas, ni escollo: to8i me gustan las chicas de ojos negros,
la
calle
de
1a
:\fonterilla,
fumaba
un
cigarrillo
y
arrodo está.·sor&lt;lo. Suplica á la tempestad, el tumulto temDe corazón volc,ínico, y de labios
jaba distrai~anwnte bocana~~s de humo, cuy~ espirales
pestuoso y ciego; el ma,·imiento indefinido de las terri- apenas
Donde parecen palpitnr los besos.
podia ver crecer y d1s1parse en el P,spac101 sin deblt.'8 olas¡ dentro de ~f el horror y la fatiga; deOOjo de sí jar la más le,·e huella de su paso, lcomparándolas incons¿Que no me gustan las morenas? Mucho,
el abisiuo sin un punto de apoyo. A su imaginación se cientemente con las ilusiones más balagüet1as, que nacen
Las admiro, las canto y las requiebro;
presentan lns R\'entums tenebrosas del cadáver en medio crecen, y también se disipan, aunque dejando á. v ~
Pero ¿amarlas? ¡Jamás! Tú bien lo sabea;
huellas profundas y dolorosas en el corazón, cuyas vibradela sombra ilimitada.
¡Perro no come perro!
ciones les dil'rou vida.
ls:UAEL ENRIQl'E ARCINIAGAS.

í!a Ola

la Sombra.

__

�EL MUNDO.

156

17

NOVIEMBRE,

JE95.

17 . NOVIEMBRE, 1895.

157

EL MUNDO.

Srita. roariana Diaz.
DE c;1: 0 \ nL\K

(Fotog-rafia Lln~uno.)

S:rila. Soioaaa \laustau.
DE \"EltACillíZ.

, Fotogrnfia de N. \Yi11!h 1T.)

..

-·

i

Sri!a. roorcoaos $spriú.

$n manos

ae Dios, cuaaro ae K. Naupp.

DE GUAYMA::!.

(:Fotografía Berual.)

Srita. GuaaaJu¡:o Glrrillaga.
UE .m\:x1co.
{ l&lt;'oto&lt;e-'Tttfla de X. Wfntller.)

�ló8

Páginas literaria5.
CUENTO DE OTO:S°O.
__

·,

·

peneirable booqne donde deecanaaban loe aigloo, oe .,..
tremeció como nn nillo asnatado. Doblábanoe las copas
de loo árboleo, cruglan las fortlaimaa ñunu, lodo adop1aba alll actitudeo de angustia, todos loe ruidooeran gri•
toe de espanto......
• Margarit.a ocult.aba aterrada au rostro en mi pecho, ex•

.

clamando anai01a1Dente:

á cont.arle 11110 de loe epiaodloo mú triatea de
mi vida. Siento llenar de trlalesa tn corazón jn•

venil, donde todavia laa eeperanaas y laa ilnaionea eoMD como rama de ft0l9 recién cortadu en bócaro
colmado de 81111, que adn ..,_ la frialdad nativa de la
faenle; pero como inl el tiemao n¡an,bllimdo nnas trae
omu, eoas l'!)808 de la iJ11116n de la eoperansa, permite7
me qne me adelante, ya qne el
eo ...,...,, é inicie
con mla palabra■ la obra oeiap de loa a11oa.
FAiia vma, amip mla, no ,. mú qne UD plaoo Inclina•
do desde el naclmiant\) basta la muerte; todo reobala por
él; reabala el ambloi-, aujetando coronas , 111 frente;
reobala el amante, murmunndo en 111 caída daleee palabraa; reobala el trlate con sna msditaciones y el alegre
con IUI ri.s: dicen qne 1011amoe mientras vlvlmoa; 110
lo.,_, encede algo peor, caemoa: el anello no .., mú
qne 1111 accidente; lo senelal es la calda. Oaemoe.aollan•
do; eso .., lodo, y ee mny tr1ate; pero asl es la verdad y •

r1....,

asl acaece.
.
. ,
¿Dioe1 qne por qué han invadido mi imaginación tan
negru ideu? 1Qné se yo! Ealea wdeo de otollo ejeroen
aoble mí ana lnftnencia utnlla, me parece qne eoas aveo
que -nielan
""-u mejoreo climas, paean por

•11--

mi corazón eotremeciéndolo con 111• alas; creo qne las
nnbeo que cruan el cielo anuncian loe lnviernoo--el de
la tierra y el de mi alma: aecreto 6 invencible miedo 88
apodera de lódo mi aer, y el crnjldo de cada boja qnerepercute
mi aepfrim como el ldl6e de nna deape-

en

dlda.
Tu carillo me 11lvarla de tan grandl!e lriatezll si yo
crey- en la elemilkd de to carillo. N o ~ . ami•
p mía, cada """ qne en la üerra dice nna boca hnmano:
&lt;le querré siempre,,, ae oonrlen molioioeamenle hls leglo-

-

17 NOVIEMllRE, 181.J,°&gt;.

EL MUNDO.

de qélea en el cielo.

•••
8al{piQif,_y ~ 4A ®"Dio, to,jp las lardeo :Muprit.a y
yo á pueor por el campo. Famoool pMOOII eran loe que
te digo; mi braao rodeando 111 elntnra; el 101 riéndooe al
-.ioo deode arriba; el viento colánd- entre nuestras
por si cogía algo de la convenaci6n, á semejan&amp;,&lt;
de loa ninoo, qne aiempre qnieren aaber lo que dicen loo
,nayoreo, y loo p4jaroo cantando con mayor brío al mi•
rarnoe, lo mlamo qué laa personas 41acret.aa qne, meten
bnlla cnando no qnieren e n - de 'algo qne ya esl"1
enterlMju.
Pues nna larde de UD calor aofocante, hnyendo de laa
Injuria del BOi, D08 meilmoe aalmooamente en un eope10 y medroefsimo boeqne.
Enlre 1111 canteaarioo árboles percibl'amoe 1111 vaho de
hnmedtd, pero no de hnmedad de llnvia ,eclén calda, .
einc de hnmedld de largOI y 1argoa a11o1 guardada; 111bes, 818 lo milmo qne olorcillo 4 pemlJ!l&amp;do moho
qne tockll hemoa ~ abriendo de cbieneloo revoltoeoo
el y veMndo arcón de la abnela; en aqnel boe4118 t,inla la Inmortal Natnraleu 1111 aroa de coeas anti•
guas con 111111 hierbal no holladas, aaa arbustoe aalvajes y
carr1doa, ..,. árboles con 1&amp;11 ralees hlllldldas en loa si•

gloe.
•
Y olla uiny bien lodo - . l!'argarill estaba encanlada
y me dacia#, Cldti instante:
-Deaaarla qne ,-,,,01 tan viejoe como este boeqne
para ·habernol qn.orido lodo ese tiempo.
Yo - - '1 ella cenlinnaba:
-Y a-,l&amp;qne nuenro cerillo vivl- aobre la tiem
todo el tiempo qne adn han de vivir estoe árboles.
Domlnadoo por ~1 aentiml\,nto, por el reopeto hacia la
antigüedad, hacia la y fortaleza de todo lo que
velamoe, penoábamoe qne era mny lriate nneotra concli·
cl611 Y deollno, ya que no101roa, con lodo nneouo amor
d,ape Marlamoe de la "8rray aqnelloa árbole111eg11U-W:
inconmcviblaa y fnerlel, aliando 11111 ramas nndoeas al
clelo.

.....Jlira.-'me dijo lúqplrila ccn voa IIC'lecoe ante eeárboles qne tanto han viyldo y que tanto vivirán adn
le jnrc qne yo le qneml mientras vi'IL•
'
Y llplDU ccncluyó de decirlo, una rUap de viento
doblegó laa altleinu Co¡lll8 y laa ramas mú reolatenta se
eet,emecleron.
Sdblla claridad met!6ae como llama de incendio entn,
loa árbolea 1 UD trueno espantoeo llenó de miedo el bolqne y n11811ras almas.
toe

•
••

Las primeras ¡ot.aa de la lluvia cayeron anchas y peresoeas, como~ de eudor qne caen de una pano canaada. krreció de nuevo el viento hnracanado y laa alloaas
IIUDl8 118 entrecbocaron con mido de pelea. HJsoee coplooa y vlolenla la lluvia y golpeó loa árbolel como eneml¡o ....ioec de vengama. Ellallaron, en ftn, todoa loa
horro,_ de la lempeotad, y el bolqne, el inmenao é im-

UNA BODA.
81. querfls arruinaros, cacon una mujer rica.

MOi

MICHSLBT.

I

1

ANDO conocimoa á Gervuio, era un mozo baa--•El viento derribar.l loe árboles; vamoo ' morir ein
remedio.•
tante agradable, muy BOCial, y de un regular taento, tenía modestia y no ee consideraba nf!!CE!M·
Fn6 para mi 1111 inetante de aneiedad 111prema. Deopwle
rio
porque
11bía perlect.amente que la vida de la criltura
la lempeolld loé paeando.
Cmaron loo crojidoo de laa ,amas, Y eólo ol'amoe el ¡o- nunca pesa un dracma en loa deetin01 universales.
Desde que aprendió la Ubnla del elefante y la hormi·
lelr pootrero de la lluvia, qne parecía gotear de _,e
ga, arraigó en 10 mente la convicción de que nadia ea BU·
en recia batalla.
Tranqniioo ya, Y alnmbradoo de nuevo por la alegria perior á nadie; no pretendió lmponeroe á loa demú, ni
del eol, camino de nneotra caa, me dijo Mugarila:
. por la !nena, ni por la intoligencia, ni por el valor; aoe-«Ya veo qne- eopantoaa tempeolad no ha podido teniendo con muy moderadas razones, que un oolOBO puede tropezar con un gigante, un eabio con otro que lo sea
' _ , de mil miedoo, con el boeqne; pues lampoco m'8 y un valel'OBO con un temerario, 1111 poaitiviamo aur·
tempeatad mú Inerte podnl con nnestro carillo.•
Y ahora, amlga mía, preciso ee qne le cnenle qne , loa gt'a de una lógica, tan elemental, como eevera. encontrandoa alloa de ésto, ein tempeolad ninguna, Ma,garlta y yo do siempre el principio de lo relaUvo vinculando laa nula
opueatao divergencias de las COIIM.
noa eepañbamoe para siempre. •
.
No admiraba nada,, fuerza de juzgarlo admirable to·
Nnestro amor ""'baló por el plano inclinado de la vida
y cayó "?mo cae todo lo nu..tro, al puo qne caemoe no- do; anonodábanle tanto las grandeasa cóomicaa com9 laa
inaigni8canciaa terreDU; ante el inOnito, no.; jDZgaba
IIOU'08 ID18ID08.
Pero lo que ""8 anguotia y mertirisa mi colUÓD, eo superior á un áto"mo, era algo altniiata; e61o por bondad,
qne bace p0COI ellas intenté recorrer el boeqne, ~ o sin beatit.ud, practicaba el bien ocultamente, procnmndo·
de n - promeoas y nneslroa lerronl8 aqnella larde, y · no alcanzar fama de hombre bneno; respellba todoo loo
el boeqnetampoco exlate. El J,..,i,,,:t,&amp;derribado nno VU dogmas religiOIOI, porque en 811 credo habla nn poco de
~ loe centenarloo troncoa de loe árboleo y el arcón mis- cada üno.; creía, que morir ea tan natural, como nacer;
terío10 Y • - de la Natnralna, donde lanlu antigual boacar la muerte sin obedecer 4 un grandiOIO impulio,
Y reopetableo coeas se gnardaban, es germen y monótona paree/ale rldlcnlo; eap'erarla, ooberbio.
Siendo enteramente inofensivo, le querfan bien lu muplanicie.
Dime, pwle, si contemplando cómo el amor mú 4rme jeres, qnuá porqne su atrevimiento en laa lideo del coraae conclnye, y loe ,rbolee mú fuerlel y noiateni.. - ; zón, siempre eot.aba en completa armonía con el peao de
si viendo qne rápidos d-pan,cen loocarillooen el alma 11111 bolallloa, pooeyendo oro1 arrleogilbase A las peligrosas
y loo boequeo en la tierra, nose m~ ha de llenar el espí• empzau, Blllllba con impai,lbilidad heroica, fortal ....
111 de negras ideas, en éelall melancóllcao lardeo de - o lnffpngnableo, y, vencia, tl'llando #, laa viejas como ni•
durante lu cnales p&amp;rece qne todo hnye, loo ~ ,
llu, y A laa nillas como viejas.
bandadas por el aire, lao nubes á monlouel por el cielo y
Onando esiaba pobre, dt'IC8lldla ñpidamente el 1&lt;1rm6nOIOtroB en mua por la vida.
mevó de att euiWliumo, y, como1U idealidadee eran B08·
J011 ... 1louD.
ceptibles de maravill083 elasticidad, oontenl4base con
tr1unfoo f.lcilea, porque ero de eooa feroceo rllOn&amp;®""'
qne prefteren algo á nada, y nna victoril sin lanros , un
EN DIAS DE LUCHA.
deoaslre con elioe.
El dinero, operaba en 8118 costnmbreo m.ls met.amórioSeflor, Seflor, 1011 marea de la idea
lÍII qoe lu de Orid.io¡ cúando frotaba en ma maa.oe un..
Tienen también 1111 reciu tempeol1des .....
bu.en montón de metal acuftado, aoicaU,baae euidadOl!IIL:Mi esp!litn en la sombra titubea
ment.e, •-yaba pooluru groteecal en el espejo, y corría
Oomo Pedro en el mar !le Tiberildee.
por laa calleo diciendo alegremente:
-Hoy puedo gutar lo mlamo qne nn potenledo, en ton•
Hierven laa 8111J:1 en qne yo navego;
cea soy rico por veinticuatro bo1'88, aprovecbémoalu.
Mi poble eaqnile á perecer avansa. .....
Y aqncl deodicbado qne vivía de nn empleo de oegunda
Td qne la 111s le devolviole al ciego,
claae, almorzabl en la fonda mila cara, bebía champogne,
Devuélvela á mi fe y , mi .,....,...
jngaba, y aparecía eu un palco de la ópera con la me¡...
~ el qne ye amé cnando pequello,
11d de UD -retario de embajada.
No el Jebov4 de loe blblicoa OA&lt;&gt;loo,
En aquellas crisis. no em extrafto que el Gervuio que
Acude, que mi alma tiene euefto
viateil ayer, repantigado en el ulandeart,• sonriendo con
Y lentamente cerrad los ojoe.
opulenta eatupides, al lado de una gran belleu, fuera el
Aparece en la l!qnida llannra
mlamo qne en la noche lrepaba la empinada escalera qne
Para que en tí deac&amp;neen mis miracJaa
cond1108 á laa galerlu del teatro; por horas acompaftaudo
Y pas1 con 111 blanca v..Udnra
á la ommlla pizpireta, como el mú inal¡oiflcante horSerenando lao olaa encreopada&amp;
tera.
En sociedad era muy cliatinguido.
MA&gt;IUIIL GUTIBJ!DZ NÁDBA.
Tenla novias eotópidas, amigce deeleolea y dendas im-

ANGEL CAIDO.
Atesada la tez, antes de nieve,
Porqne el aol ya á mirarla no se alreve,
Las alaa mlllliaa, rol.al, deoplumadas,
Los ojoa como bra88e encendidas
Bi,volv~ en pérftdas miradas;
Del corazón laa 'fibras caroomldas
Por soberbia mollllruooa, .
En 1 - de cobellos escorpiones
.Agusando el horror de 811 ftereza
Qne jamú da maldadeo .. repoaa;
El labio proftriendo impreclclones
Con qne 111 robia impenitente exp,-.
En Báratro prolnndo
'
Donde inetani.. de suello nnnca goza,
Mocho m.ls bajo qne animal inmnndo,
Sin potencia de amer pues 111 egolsmo
Le 1bri6 en el ccruón,.. ouo abismo•
Aef yaoe el qne fuero el angel bello
'
El preferido acuo,
'
Que de réprobo lleva en sn alma el ■ello
Y alzane no podnl de eterno ocaeo......
Mas al, el lo podría,
.
Con B6lo aborrecer el gran pecado......
Uno lágrima sola basllrla. .....
¿Pero dónde ha de bailarla el desdichado?
RAr.&amp;lll, Nula.

_i\i:1:;.
el lado laleo de
vida.
.
Nunca ae manifeet6 refractario ni entDBiuta, la coyun-111

da matrimonial, y, cnando algdn compinche de las primera calaveradas le anunciaba au mauimooio, conten14baoe con deoearle, ccn la mejor buena fe, paz oct.ayiana y m-.lina ■ncesi6n.
Eao noobllant.e, el dllen qneaedespidióde la ,goma,•
anu.nciiandn "ª preoioeas eequelaa au enlace con la aellori111 1'au11na, loa viejoe colegas .. escandalizaron.
-¿Porqné?
-Simplemente porque Gervaaio era pobre, y su futnra
oompaftera la hija dnica de 1111 millonario.
Abnndaron laa bromu nltrajanlel, hubo eplgralllllll lBD·
grientoe &amp;gnllldoe por la envidia, la dignidad del manoe·
bo qnedó como no digan dnellas, y en cnanto á la que le
aceptó, era una eotllplda 11ue ni el manicomio merecía.
¿l'anlina .,,._ba á Gervasio?
Probablemente, pu..to qne le dió IU linda mano y IU
lort.nna; pen, e1 preciso conleoar que le qneria, , ou modo, lodo lo cine podría amar una beldad como ella.
El joven, pooela algunas virtudes, ero coballeroao y
leal; pero..,. prendas qne hubiesen con■tituido el ideal
de una mujer de $aleoto, no fueron, ni con mucho, el ta- .
llsmán que sedujo á la heredera; agra¡l.óle, porque había
DOiado qne Gefvasio al.aba el mollo de 111 corblta con gracia incomparaQle, porque obdervó en su manera de vestir
nna originolidad cliatinguida, y aabla de buenas fuentes
qne Coblentz le proveía de guante11, y en loe t.allerea de
Chavea.o, confecciona~ 808 lueDl.89 levitu.

17 NOVlElIBRE, 189ó

EL MUNDO.

F.eo ea simple y ri~ículo si queréis; pero, ¿á qui6n echar
la culpa '.18 qne las m,ls reftidas bat.allas de amor lu ganen un ~1gol9t un BUtre y un peluquero?
Refer1~oa una ~nécd.ota vulgar: Paulina merece muy
grandes 111dulgencaas porque 00 es Luc-,·a . Co 1. ·
.
.
ru
amo una muJer del día, que pérmite á la moda ensayar
-en eu escnltóreo cue-rpo, lu mayores extravagancias. tiene abono en los hipódromoa y teatros, caballos iogiesea
en la cuadra, cameliaa en el invernadero adoradores e
el estrado Y nna gran dosis de fastidio en 'el alma, el ~
~fo e~rvante, engendrador
la clorosis y loe noviazgoe
1nsíp,dos,
torcedor d~ las seflor,·•·•
'6 el eterno
.
- neas,
cuya
ocupe.c1 n consiste en no hacer nada.
Al obocurecer de un mágico día del otono. 'Paulina, re-~~do ouo ebúmeoa brazos en la boironda del balcón
em1m1sml1base en ~rofundae meditaciones.
'
No veía el aatro diumo fundiendo sus poatrerae lumbres
e!1 un cres~n de nubt&gt;s que coloreándoae en todas las
tmW, s_e d11olvían en sua,•ísimaa esfumaciones sobre el
fondo vto)áceo del espacio, ni laa hojas del jardín doradas
por la última luz, estremeciéndose en las romorosu ramu, ni el espejo ensnngrentado de la fuente, ó loe pája•
l'OB::,¿ue r,:rloteand'? St, ac~trrucaban en los nidos.
nea que la vida aristocrática es chocante; algunae
veces, e ~ n . 1~ placeres: no hay saraos, ni campestres
~vanas, m s1qmera nea hecatombe ferrocarrilera que
s1rva deprétexto á una fiesta de caridad, en la que4 nombre de loe pobres, se pueda reír un poco exhibiendo el
dltimo vestido.
~ el diario ?oticiero esperando un momento de dieV&amp;CC16!1',. ¡ ~ ! m una croniquilla escandalosa velando
en lu m1cialee nombres conocidos; ni un ~nce de honor
entre hombres que no lo tienen, ni una rina en la Maieon
Dore8, _¡ni un niflo de tres meees que asesine á sus papás! ,
Pau.hna ae exaspera, cierra los puftoe, y como el Lirano
~ba qne Roma tuviese uno cabeza paro ccrt.arla, ella
quisiera ~u• el mundo fnero el romillet.e prendido á 1111
88IIO palp1tant.e, Iahl antonceo le deomoronarla en 8118 de·
doo de msrftl, "!'mo eiu pobres roaas deshojadas!
Entró Gervas10, y después de hablar del buen tiempo
dijo d. su amiga que la encontrab:L encanta.dom; eonriÓ
ella,_ asalt.ada por súbito coprieho, dirigió la plúticacon
hab1hdad femenina, á un terreno que acabó por co'ocar
al Jóven á aue piés jurando amor como un majadero.·
Y, ah{ te?éis el origen de la proyectada oniOn.
El caaa.unento, e&amp;tuvo futu010; celebr6se en un templo
elegante Y fné nn derrochamienlo de lujo, un certamen
de ~OIUl'IU! '1 loCldoo; terminada la ceremonia, loa
nonoe,. ~eapu~ de ofrecer una flo:- de azahar ,4 8DI amiaoa, 811D1eron d1ch0101 al carrn1je qne esperaba, condójo.Jloo el _vehlculo á la estación del ferrocarril, transportllrnn•
se al 1nallnte al Pnllmon Car, silbó un pilazo, y el caba·
Do de hierro echó á correr.
O:n tren qne ae va, parece 1111 P'jaro que roela, hnye
nlpido como oaet.a qne lanzó el arco de h'bil tirador deja: en el aire l1D&amp; estela de humo, la vista sigue su ma~ha
mientras empequeflece paulatinamente hasta queda.r redneldo 4 nn punto negro y déaaparecer en laa iomen881
lojanlas de loo perdidoo horizontes.

=~

pe

r

11

C ~ regresaron loo e8Jl0808 nadie loe conocía.
Paudma osa~ un 1ujo de princesa rusa, su hermQf!lora
eollba enno~lec1da con rara majestad, tenla algo de la

&amp;.. qne baJ6 del pedestal, por el placer de pertnrbar al
,inundo.
Todoo admiroban la ventnra de Gervaaio duefto de nna
lBlljcr ll?nita. de nna fortnna labnlooa, y ;,.dre legitimo
ele un runo .e omo un querubín: ¡decididamente era hombre afortunado!
Y ■in embargo, padecía ocultamente: su felicidad era
una comedia de apariencias; estaba triste y arrei,entido
de aquella !ocura. que en un instante de irreflexión, enea-~ ■u e.x~nc1a á. una voluntad ajena, robustecida con
... derecboe 1DBOlente11 del q_ue paga.
Loa • - eacond.{an bajo el velo de laa ruú alambicadas cere01oniaa, u_n odio mutuo, enconado y cruel;
comprendían 4\!e al Juntarse, habían cometido una eqniTOCBC16n. Pauh~ aborrecía 4 Gervaaio porque inec.intiftmella ente &amp;.cubnó la gran superioridad moral 9.ue sobre
tenía; él, por su partt,, la encontraba demasiado rica•
:""1nmnoclalaciq,ne, al casa.rae, hizo la mú cobarde y sangrien~
º· 6n de 811 liberlad; que la dote qne ella aportó
sociedad conyugal, era un título de superioridad que
=~ll;rla para i'!'J/Onerle ous antojos, obhgándole por la
c~. á lronsqpr con hábitoe que él deteat.aba.
¡Pobre me.auto! al cambiar de vida softó con lu dulnras del hoe,u-. Josamorescaatoodelaespo,a; y ten/aun
~~ que.su mujer no amamantaba, que enfermaba y monna e~ brazoa de ~ nifl.eras, mientras la madre pensaba
• fnlil""'!", Y. apastonada del boato, derrochaba á manoo
abrteni!o una brecha al capital: enlences el desgraA , L - ae .estremecía, y vel_a llegar la desgracia con la in•
U&amp;WR1nC~ de loe que no tienen esperenzaa.
Aparec16 la pob_reza y tnls de ella la miseria de laa gron·
4eelragi~BB: G8J!V8s10 sonreía indeOniblemente ante el nano de una riqueza que habla codiciado, r, lloraba con
~~ ~ndo en f!U honra escarnecida su verdadt?ra ruma: la de loe sentimientos v la dignidad que es
triate y mucho m1is dolorosa que la ele! dinero.

')a

lt'i':,8

Cmo B. CEBALLOI.

México, Noviembre 1895.

De cómo nació el

~!jote.

I
Era una prisión oscura
En bóveda terminada,
Bajo tierra aoca,-ada,
A guisa de sepultura:
Lógnbre cual la amat¡ura,
Tan htlmeda como el llanto
Triste como el desencanto, '
Como la barbarie fuerte
Silenciosa cual la muerte
Y horrible ccmo el espanlc.

II
Luz tt,nue que vacilaba
Con 8118 trémulos fulgores,
Aquella mansión de horrores
Levemente iluminaba.
Un hombre alll dormillba
Sobre deeundo tibiado
Teniendo una mesa al lado,
Y en el_la pluma. tintero,
FJ monbnndo mechero
Y 1111 papel emborronado.

III
A impul■o de hondo peaar,
El hombre á voceo gemía;
Y el lecho entonces cnigla,
Gimiendo del hombre al l""'
Para su duelo aume.otar,
1A hnmedad se condenaaba
En el techo, y ¡oteaba:
Paree/a qne al exceso
De la deodicha del preao
Hasll la roca lloraba.

IV
A veces interrumpía
, Aquel cone&amp;ante clamar,
El mido atronador
De alegre y cercana orgía.
¡Solo nn mnro dividía
1A ~ y la mala B11erle;
Pero muy fuerte, tan fuerte;
Como la loa que avar&amp;,
En el sepnlcro eepara
A la vida de la muerte!
V

Creciendo en agitación,
El infeliz balbuciaba,
Y vib1'1Jldo se apagabl
Lento el eco en la prisión.
A t.al llegó su pnsión,
Su delirio y deaconcierto,
Qne entre dormido y deapierto,
De repente lrguióoe altivo
Oon la voluntad de un vivo
Y la rigidez de un muerto.
YI

ló9
El peaar de mi alma herida·
La "fortuna maldecida,
,
Negándome 8118 favores,
Eolabonó con doloreo
1A cadena de mi vida!

IX
•A ser humilde criado
Ar~tróme la pobreza,
Teniendo yo mú grandeza
Que.el másgrandepotentado:
A bojar vime obligado
1A altiva, orgullooa frente
De el genio palpill ardiente,
Para comer con aUn
El trozo amargo de pan
Que ee le arroja d. un sirviente.

X
«Soldado, luch~ con safta
Y un brazo perdí en Lepanto:
Más t.arde dermmé el llanto
Del cautivo en tierra extraft.a:
Libre seguí de mi Eopalla
El victorioso pendón,
Y en tan glorioaa ocaaión
Escribl La Ga«tt,a,
Dando más fnego A la ide1
Con el luego del callón.

XI
•Deapuéo......deopnél eacrihla
Para el •~atento ganar,
Teniéndome qne igualar.
Al vulgo que me lela. ·
Nunca en mia obras podla
Libre el ingenio lucir.
·
¿Lo que pnedo yo decir,
Lo pnede el mnndo cnlander?
i Escribir para comer
Ea no comer, ni eecribir!• .

XII
Dijo: lágrima candente
Por su mejilla rodó,
Y en lo. mano reclinó
La sudosa. y ancha frente.
Todo en silencio imponeñte
Qnedlise; aólo se ola
El tablado que crujía,
El techo qne golelba,
Y del hombre que lloraba
El corae6n qne latía.

Y sn■ labios se agit.aban
En convulsivo temblor:
Lívido era su color
Y respiraba con pena;
Azulada y gru- vena
Dilatábue en BU cuello,
Y erizaba ou cobello
Oomo el leon la melena.

Oon e:r.trafta entonación,
Su nombre dice aquel hombre,
Y 4 los ecos de au nombre
Se estremece la prisión.
1..6 sonora vibración,
Que por lo gigante arredra,
Rebola en la toeca piedra,
Y con eco ronco- y duro
Repiten bóveda y muro:
•¡MiouBL CBRv.a.NTJm SAAVEDRA.!it

VIII
•Aque8te riómbre-prosigueEe emblema del dolor;
No hay desventura mayor
Que la que á. mí me persigue!
No hay bálsamo que mitigue

XVII
Algún tiempo era puado,
La 88CUa luz f!e extinguía
Y •~n aquel hombre escribía
Por su genio iluminado.
Da en tlenn al ftn deoplomedo
Cual muro que se derrumba
Apenas el eco zumba
......
1A luz muere, y la p;ilión.
ll4t!a qne del hombre maneión
Parece una horrible tumba. '

Jw VELABDIL

DOS CRUCES.
CO'-'TBASTE.

En aolit.ario camino
Y por la fe cclocada, '
ví una cruz, aigno divino
que de nieve un torbellin'o
tenla medio enterrada.
Yo la nieve aeparé
que al pie de la crus habla.
deacnblert.a la_dejé,
'
y con IOrpN!Oa n9té
que no ae encontraba fría.

Ot.ro d.la, que mirat.

........

blanco enello de armiño,
vf otra cruz, qne en él eat.aba,
Y medio ocnlll quedaba
por Bll elegante corpilto.
Con deeeo aanto y bneno
se la pedí, por mi mal:
ella la sac6 del oeno
la cogf de gozo llen¿
iY estaba frío el met~l!
80

.

Nu~-~~-~i~·;;i;~~~······
debe á nadie conmover
porque B1en1pre., sin amor
da la nieve m4s ca!or
'
que el pecho de una mujer.

.

Joú GARCÍA PLAU.

XIII
Y prosiguió: •Ya que el mundo

Me desprecia y martiriza,
Le obligaré A enlror en liza
Con mi talento fecundo.
Que su ira y rencor profundo
LIJ sociedad en mí agote;
Un libro ser,I el uote ·
De esa ciego1 10Ciedad,
1Yo derribaré uno edad
Con un poema, El Quijot,!

XIV

Su actitud causaba horror;

Sos ojoe centelleoban

Eocribió rápidamente
Con letra corrida y ancha:
•En un lugar (U la mancha
De cuy~ ~mhre no quiero••'•••• •
Y proe1gui6 t.an ligero
Como rueda fo avalancha.

Yo la hundiré. Qué no puede
Fundado en el bien el genio?
Sale del mundo al proscenio
Y lodo á BU pa80 cede.
Luz á la sombra sucede,
La maldad en vano ruge,
El hondo cimiento cruje
Del error, y viene á tierra
Cual se derrumba la sierra
Del terremoto al empuje.
11

DOS HIJAS.
OOJITRASTB.

Una nitla y una anciana
cogidas del brazo van·
aquella, pura y Ioznn~éota, conlent.a y ufana,'
la contempla con afán.
en la joven se comprende
que es dechado de candor
la vieja, que así lo entiende
de que la miren se ofende, '
porque es au hija, su amor.
De pronto, sobresaltada,
ve aparecer un carruaje,
en el cual va recoatad&amp;
otra mujer descocada
que luce un soberbio traje.
Hija de aquéUa llmblén
. 01.·un reproche'
no recibe
Y la vieja y BU soHtén
'
pronto manchada.e 88 ven
con el barro de aquel coche.

XV
• Y pues canea al hombre espanto
1A verdad .... y concisa
Se la ensenaré con risa
Aunque la escriba con llanto.
Daré del chlate el encanto
A la pena que me abroma;
Al! el ool dol'a la broma, .
Y el mer oculta el tormento·
Con que le castiga el viento,
Alzando risuei'la espurria.»

XVI
-Dijo-marchó de repente
Hacia la mesa, llorando,
Y pluma y papel hallando,
Después de azotar su frente,

Unaa en coche y con galaa,
otras andando y con penas
prueban que en callee y sal~
con el cieno de las ma)aa,
'
ee manchan también Ju buenas.

Joot GÁRCIA PLAZA.

•••
¡Qué talle tiene mi novia!
Por una equivocación
se puso ayer la pulsera
en lugar del cinturón.

•••

No aalgaa con tu madre de paséo,
que e6Jo tiene un traje, y es muy feo.
FELIPE A. DE LA CA.JUBA.

�160

EL MUNDO.

17 N OVIBllBRE, 18f!5.

PR EN S.~ MEXICANA
Páginas extraordinariw1.
Tomo V!-Año V

DO:\IL\ Go ·14
- DE NOVIEMBRE DE 1895.

2,vmo IL-Número 20

•

l!.a aesesperación ae Suaas.
l'AHTOX DE D. C.OXZALO CARRASCO,

(.Fot. proporcionada por el ..:r.
~ I ng. Fernando Ferra1. i Pérez. )

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Páginas extraordinarias, 1895, Tomo 2, No 19, Noviembre 17</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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10

EL MUNDO.

JULIO

21, 1895.
JULIO

21, 1895.

ELl\fUNDO.

PAGINAJUAREZ.

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A

JUAREZ.

Dócil tan sólo al maternal carifio
¡cmí.ntas vece&amp; de niño
oí narrar tus ínclitas hazañas,
y al Yislumbrar tu olímpica grandeza,
con infantil nobleza
de gozo palpitaron mis entrañas!
De los que ensalza el mundo pregonero
tu nombre fué el primero
que amú mi pecho y pronunció mi labio,
porque lo hizo llegar la fama sóla
á mí, con la aureola
del héroe, del apóstol y del sabio.
Cuando supe que en medio la tormenta
la bandera sangrienta
de la patria tu mano sost-enfa,
te ví como la roca de granito
que se alza al infinito
y el vendaYal y el rayo desafía.
Cuando supe que en lucha gigantea,
al grito de )fedea,
tu fe im·encible á )léxico salvaba,
te contemplé como al guerrr.ro aquivo
que, indómito y altivo,
Sólo luz á los dioses demandaba.
Cuando supe que un pueblo redimido
te llamó agradecido
Guillermo Tell, Bolívar soberano,
creí que eras de A.náhuac el :Mesías,
que Pedraza y Farías
anunciaran al pueblo mexicano.
¡Ah cuanto te admiré! Cn{tl desde entonces
en mármoles y bronces
anhelé que tu nombie se esculpiera!
y cómó desde entonces tu memoria,
que alumbra ya la gloria,
arde en mi pecho en perennal hoguera!
¡C6mo de entonces en mi seno, Juárez,
tú fuiste de mis lares!
~Ie:xic:.mo te anié¡ niño te daba
cuanto de noble el corazón encierra,
cuanto te dió la tierra
que en reina transformaste siendo esclava.

*••
Yo sé que del pasado en los anales
fulguran inmortales
estrellas mil de eternos resplandores;
yo sé que la memoria guarda el mundo
con cariño prnfundo
de todos sus ai.igm;tos redentores.
En su voraz carrera el tiempo en vano
derriba soberanÓ
del hombre los soberbios monumentos:

cuando su !:l'Oplo de huraCiln azota,
la obra del genio flota
imbre la haz de los mares y los vientos.
Yo de la hif•toria en el ¡,:,agrado t-emplo
he YÍf-tO como ejemplo
1í. las gt.&gt;neniciones venideras,
de apóstoles y mártirer, el nombre.
que por i::akar al hombre
despreciaron erg&amp;,tulas y hogueras;
pero no YÍ jamás C'n ese cielo,
en mi ardoroso anhelo,
grandeza comparable 1.í. tu grandeza;
no contemplé jam,ís en ei;os soles
los limpios arreboles
de gloria que circundan tu ca.beza.
De Crom we 11 la terrífica n~nganza
qm;\ poderoso, afianza
las libertades santas de Inglaterra¡
del de Orange la. bandera bendecida,
ele inicuos combatida,
que hace de libres la holandesa tierra;
de Dant-ón la p:llabra que arrebata,
y )Iirabeau que trata
de amalgamar la libertad al trono¡
de Robespierre la bárbara grandeza,
de Yergniaud la nobleza,
del .-!migo dd Poi:bfo el fiero encono.....
no exaltaron jamás mi fantasía
cual ttl, .Juárez, un día
en que, IÍ. t.u s:llo nombre soberano,
de tu santo recuerdo al dulce arrullo.
se estremeció de orgullo
mi tierno corazón de mexicano.

•

Era una tarde triste y desmayada,
con pena no callada
se escuchaba la nueva de tu muerte;
en mi lejano pueblo se gemía,
yo tan solo sentía
la inmensa desventura de no verte.
El ronco bronce dCflgarraba el viento,
de la Ptüria el lamento
todos los ojos anublaba en llanto ....
con alma acongojada, casi yerta,
ante esa tumba abierta
yo deshojé la flor de mi quebranto.
Esa flor otra yez ... ! Tú eres el mismo¡
tu fe 1 tu patriotismo
llenan de luz la mexicana hi~toria;
en va.no el odio v el rencor v el dolo
se alzan ::Úí.. .... tu eÓlo
centinela serás de nuestra gloria.
18 de Julio de 1805.

Q'.:ontra,tc,.
I.
La calma!... tan solo es buena
Para-el debil que la ama:
l\Ie gusta el mar, cuando bmma
Y la nube, errando truena!
La corriente, cuando llena
De espuma, se lanza al plan,
El monte, cuando en volean
Convertido, centellea,
Y se extremece y humea
Cual la fragua de un tiMn.
Por es.01 cuando en la brega
:\Ii espíritu se debate,
Cuanto in.is dura el combate
Mi vigor m1IB se despliega.
Jamás el cansancio llega,
J am,ís el temor anida
En mi pecho, siempre erguida
Verán los cielos mi frente:
Soy la encina, eternamente
Por el myo combatida!

II.
La lucha!. ........ Tan sólo ea[)Uena
Para el fuerte que la ame:
~
l\Ie gusta el mar, cuando lame,
Querellándose, ·la arena!
La nube, cuando serena,
Semeja crespón muy leve,
El río, cuando se mueve
Entre céspedes y ca11as
Y las inmensas montañas,
Si se coronan de nieve!
Anhelo, más que la palma
Del triunfo, la dulce gloria
De amar, más que la victoria,
Me place la paz del alma.
Titán, batalla sin calma:
Si tu espíritu es encina
Que el rayo nunca domina,
Mi alma ea fuente, que, sin celos,
Copia el azul de los cielos
En su ext-ensi6n cristalina.
.A.:\rAno N ERVO.
La fuerza d€ Juárez estaba en la conciencia. El hom~
breque repetía El respeto al derecho ageno es la paz debía
ser, como fué, el ~an mantenedor de la democracia· es
decir, de la justicia.
'
Ignacio Mariscal.

La honradez de Juó.rez y su fidelidad al deber mereoen perpétua memoria para glorio. de su nombre 'y ejemplo de buenos mexicanos.
S. Lerdo de Tejada.

Coxsn.. xcrn

PE~,\ InL-\QUEZ.

La fe es fuerza generadora de lo grande: ella anima :t
Colón y descubre un mundo; ella alientaá.Juárez v salv1\.
la democracia.
~
Luis Mler y Terán.

)f

~

-·.

&lt;~,

,;µ,

11

�12

JULIO

EL.MUNDO.

21, 1895.

Juuo 21, 1895.

EL MUNDO.

13

18 DE JULIO D~: 1895.

PERUCHO, NIETO DE PERIQUILLO.
POR UN DEVOTO DEL PENSADOR ME.XICA...NO.-Ilustraclones de IZA.GUIRRE.
TIESFILE DE LA COMITIY.\ 11.\CIA EL P.\NTF.ON DE S.\N FERNANDO, (TO)L\DO DEL N.\TGRAL POR D. LEA1''T&gt;RO IZAGUIRRE) .

J;;a viztuJ cazactezÍJtica de Juáze3, fué La conJtancia, conJtancia hezÓica c¡ue no eza peztinaz obóecación, óuw eL teóultado de una fé que parecía inJpizada, JienJo en zeaLidad meditada
pzevidiÓn deL éxito, y pzofundo Jenti1niento deL debe,-.
Q:) ,f; .
e?\,
c/::,O'l¡ lZW dJiaz

(CONTI:-.UACION)

Bonifacia era la verdade.ra ama de la casa~ ella disponía todo y en ella confiaba ciegamente mi padre.La pobre vieja era de caracter débil y supersticioso 1
muy ignorante y muy terca1 pues cuando decía á lo
negro blanco1 nadie era capaz de convencerla.
Más de diez nodrizas me alimentaron; y la última,
robusta y hermosa 1 fué la.que me crió por más de un
afio. Esta fué la que cuando mi padre estaba ausente
se salla llevándome en brazos á la tienda de la esquina ó á la pulquería mfts cercana, y alli se embriagaba
con los hombres de la peor especie llegando .\, casa en
malisímo estado y sosteniúndomc por milagro.
Un dia la amenazó Bonifacía con referir todo al amo
y ella le enseñó un enorme cuchillo do agudísima punta y le dijo:

-Con eRte alfiler he de sacarle las tripas{¡, la primera vieja chismosa que me acuse; así es que ya puede
ir empezando.
Le cobró tanto miedo desde entonces la octogenaria ama de llaves que nunca reveló nada., hasta que un
dia me encontró mi padre convertido en máscara, pues
tenia yo pintado de rojo los labios 1 los carrillos y hasta las sienes.
No costó gran trabajo averiguar q ne me. alternaba la
leche de sus pechos con el pulqu&lt;' de tuna de '1 El Antiguo Camello" teatro de sus constantes libaciones.
Ese día iba á arder Troya porque mi padre despidió
en el acto á mujer tan inconveuirntc, pero fueron tales
mis gritos, y tan grande mi instinto de no tomar otro
pecho, que despues de doce horas de lucha, en rrnc yo,

•

de tanto llorar estaba rojo como un gitomate y ronco
como una rana, volviéronla .'t. traer con lo cual me calmé en el acto y ella se sintió dueüa y reina absoluta
de aquella casa.
Siguió llevá.ndome á todos los sitios de escándalo
qu&lt;' le gustaban, y una tarde al trac.rme en brazos,
éhria cómo nunca1 me dejó caer sobre las baldosas de
la calle y me di tan furibundo golpe que se me abrió
la cabeza y quedé si~ sentido por algunos minutos.
En la vinate,rfa nrn atendieron solicitas unos asturianos poni( ndome defensivos de vinagre en la hel"icla, y untá.ndome aceite de olivo eu cada enorme chichón de mi cabeza. Esa \~ez me acostaron muy temprano, me arn1Uaron desde Bonifacia hasta la última
sirviente y cuando mi padre llegó por la noche y pre
1

�14
guntó por mi, le dijeron que estaba. muy bien, que toda la tarde había estRdo de muy buen humor, muy
platicón y diciendo papá con mucha gracia y que temprano me había quedado dormidito.
Fué entonces mi padre á darme un beso en la frente y notó tal calor en mi rostro y un olor a ensalada
tan pronunciado, que pidió una luz y con gran recelo
dijo a todos que le parecía verme enfermo.
Mirárom;e unos á otros todos los criados; tardaron
mucho en llevarle una bujia y al fin, él fué á tomarla.
de la mesa~, pronto descubrió que yo tenia un volean
abie:rto en me-dio de la cabeza y una intrincada cordiJlera. cercándolo.
No podré describir la escena á que dió lugar este
descubrimiento, pero aseguro que fué espantosa, pues
Bonifacia lloro á lágrima viYa y no se le olvidó nunca el tremebundo regaño.
Esa misma noche, el autor de mis días, refirió á sus
amigos todas sus amarguras, les pormenorizó sus trabajos al verse sólo con un niño de pecho, sin más mujeres q_ue unas criadas vulgares y viciosas; les significó que gastaba mucho para que nada me faltase y
que nun('a tenia yo dos mantillas; que anhelaba ver
mi ('ama limpia~- creia que no daban á lavar las sábanas; que recomendaba gran método en mis alimentos,
y:lrnsta ('Oll bigotes de pulque de tuna solía encontrarme; que lo engañaban, lo vendían y lo estafaban en
nom hre de mi salud y de mi cuidado.
-Es daro, le. 1·espondió alguno: si lo práctico en estos rasos es casarse de nuevo.
-Casarse! despues de haber perdido á un an gel.
-Pues bien, ya no hay que casarse con otro angel,
porq ne en la tierra no abundan, pero hay que buscar
una mujer hacendosa, limpia 1 que quiera á tu hijo como si fuera suyo, que lo mime y lo eduque sin que te
cue!)te tantos tufrimientos y tanto dinero.
¡ Los eternos errores de siempre! ¡las constantes re.flexiones de los que miran fríamente las estrañas amarguras!
Pero esto, dicho todos los dias y siempre despues de
un nu€'vo disgusto domt'stico 1 ocasionado por estultas
sirvientes, llegó á in.fluir en el desconsolado ánimo de
mi padre 1 de tal suerte, que no había yo cumplido los
dos años dehu~rfano,cuando contrajo nuevas nupcias
para buscar asi mi bienestar antes que el suyo.
La esposa elegida era en toda la extensión de la. palabra una seilora sin tacha.
Al llegar á la casa hizo lo que todos los Gobernantes nuevos, cambió eJ ministerio incluso el Presidente
del Consejo, asi; es que desde Bonifacia, hasta el pingo de la cocina, se fueron á la calle, y mi nodriza que ya no prestaba sus servicios en esa condición
pues por estar~cnferma de vergonzasas erupciones, le
prohibieron que me amamantara desde que cumplilos
trece meses, se fué al hospital á regenerar su gastada
naturaleza.
En honor de lajusticia,desde el día en que mi padre
se casó hubo;órden, tranquilidad y contento en la casa r yo supe lo que era estar limpio, bien alimentado
y bien atendido.
Con lmi madrasta iba yo á misa y á paseo, ella me
enseñó á rezar y á comer con cubierto y lo que es más
me enseño !t. querer, porque hasta en esto, setiene:que
educar á los niños.
Por su consejo salia yo a recibll' á la escalera á mi
padre y le abría mis brazos y lo besaba con entusiasmo; por su consejo iba yo en las mañanas á saludarlo y en las noches á despedirme antes de dormir y fué
ell a la que me enseñó las primeras letras y los primeros juegos. Naturalmente1 le decia yo mamá y siempre recibí de sus manos pruebas de ternura y de interés, como sólo puede darlas una madre.
Cuando cumplí cuatro afios, me mandaron á una
amiga, es decir, á una pequeña escuela, dirigida por
una mujer jóven 1 hija de un gran héroe de la Patria,
que buscaba su sustento, enseñando á leerá diez-ó
doce niños de ambos sexos, pertenecientés á buena's
y acomodadas familias .
No ha podido el tiempo borrar mis recuerdos de
aquellos dlas, que aun flotan en mi memoria, como
esos celajes que se abrillantan y toman más vivos matices, á medida qm• el sol se aproxima más al ocaso.
¡Oh, mi primera maestra! la que me dió la luz del
alfabeto, la luz de la ,ida intelectual. ¡Pobrecilla! Entonces era una joven con talle de mimbre; con mejillas sedosas y finas como pétalos de rosa de castilla¡
con ojos oscuros y brillantes y con un carácter afable
pl'Opio para tratar y enseñar á los chicuelos, con quienes trataba constantemente.
¡Con cuánta ternura nos enseñaba y con cuánta pa..
ciencia nos sufria!
-Mir~ niño, esta letra que tiene un punti to negro

EL MUNDO.

JULIO

21, 1895.

JULIO

21, 1895.

EL~fUNDO.

15

==

arriba se llama i; esta de la barriguita, se llama a;
esta redondita, es la o; esta que tiene un ojito, es la
e;!y esta de dos palitos la 1.t.
Siempre tenia en la bolsa pastillas de yerba.buena,
con las cuales premiaba ~ los máo aplicados y nadie
salia sin llevar una estampa, un puntero de cristal,
una chucheria cualquiera, escogida por ella para cada uno de sus discípulos.
Creía á pie juntillas y su opinión me la infundió de
tal suerte, que no la he cambiado 1 que el mejoP silabario que se ha escrito en México, es el del padre D.
Nicolás García de San Vicente; y cuando Yi colocarse
en la calzada de la Reforma, la estátua de aquel sabio filimtropo, más confirmé este juicio.
Mi maestra era de educación esmerada, de instrucción vastfsima y se distinguía sobre toao, por su incomparable tacto, su tino especial, para no hacerse
fastidiosa ni temible con los niños.
En la tierra todo va compensado y me parece ahora
que, á. falta de la ternura de mi madre, Dios puso la
de aquelJa maestra en mi camino. Porque la verdad
es, que me quería entrañablemellte y se afanaba en
que aprendiera á leer muy pronto.
Nunca olvidaré el dia en que concluí el silabario.
Ese si fué un dia de dos cruces en el calendario de mi
infancia. Pre1Jararon en mi casa 1 postres exquisitos
y con ellos merendamos en la amiga al dulce rumor
de una música de cuerda, y entre los aplausos y los
vivas de mis compañeros y compañeras.
Yo presidia la mesa, corno el héroe de aquel sencillo festejo, y miraba á todos con la vanidad del que
ya sabe leer de corrido y sin tropiezos aunque se encuentre con los triptongos mi\s difíciles.
Mi maestra, me puso una. corona de flores naturales
y me besó llena de ternura y con los ojos húmedos
por las lágrimas.
Lloro-medijo:-porque después de esta fiesta, muy
pronto te han de separar de mi lado; ya no tengo que
enseñarte, á no ser que tu familia disponga que aprendas aqui el libro segundo.
-Yo no me iré, yo no me iré nunca de esta casa, le
respondí abarcando con mi boca una gran cuchara
llena de leche crema, yo me quedaré siempre contigo.
Porque hay que adYertir, que ella nos hablaba de
tú y nos exigia igual tratamiento, asi es que pareciamcis sus hijos y con filial confianza la mirábamos.
No saben cuanto bien hacen las maestras que lo primero que enseñan, es á amar la escuela 1 para que en
todas ocasiones ansié entrar en ella el discípulo.
Mi maestra me enseñó el libro segundo, aquel que
comienza con Blas, Bien1 Buey, Crin, Col, Diez y que
estaba al alcance de todas las inteligencias y de todas
las fortunas . Cuando concluyó de xepasarme tan humilde librejo, la di ;norando el último adios para ingresar á una escuela de niños, y en cuya puerta decía
un gran letrero: &lt;rEnseñanza moderna elemental por
sistema objetivo.&gt; cJardin de la infancia núm. 6.•
Recuerdo que estrené un ,estido de estilo escosés
para presentarme en el nuevo plantel, que era el centro de los chiquillos más distinguidos de nuestra sociedad.
-Mañana te levantarás muy tempranito, me dijeron en casa, porque ya no vas á encontr3:rte con la
maestra consentidora que te recibía á las nue,ej aqui
se entra á las siete, para aprovechar con el fresco de
la mañana, todas las lecciones.
Recuerdo que después de éstas reflexiones, me recogí en mi lecho, muy triste y sin ganas de que amaneciera; porque nada es más cierto que cuando se esperan con la luz, un dolor ó un desengaño, se querria
como J osué detener al sol, pero en este caso, debii.jo
del horizonte.
¡Con cuánto horror esperarán el alba los condenados á muerte!
CAPITULO III

De mi primera impresióu sobre las turbas sedientas de escándalo.

No bien concilié el sueño, cuando un espantoso griterío de la calle, nos obligó á mi y á todos los de la
casa, á despertar sobresaltados.
Era la vez primera que llegaba á mis oídos el imponente rum01· de las turbas populares.-No había leído
aun nada sobre la Revolución Francesa.-En mi corazón de niño, no penetraban toda,ia los!terrores y sacudirrúentos que más tarde le produjeran los arranques de Marat y de Saint Juste.-No conocia la fuerza
aterradora de ese monstruo de cien mil ojos y de cien

•

mil brazos, que cuando se enfurece 1 arrolla, desbarata, incendia y extermina, y que se lla.n\a sencillamente: el pueblo.
Nuuea aute mis ojos se babia presentado esa escena.
siniestra é inolvidable, que aquella noche presencié
anonadado.
Al ruido sordo primero, atronador después, de un
millón de gritos, de blasfemias, de insultos 1 confundidos en uno solo, se leYantó mi padre, y yo y todos los
de la casa v sin encender luz dentro de las habitariones para
ser notados desde afuera, abrimos las
puertas de madera de cada balcón y alzamos los visillos de las vidrieras.
La calle estaba alumbrada como por una inmensa.
l1oguera. Había tanta gente, .que parecía visto desde
arriba aquel conjunto, un mar de cabezas humanas,
sobresaliendo muchos brazos provistos de hachas encendidas.
Al reflejo amarillo de tantas llamas, surgian rostros de expresión feroz, con miradas de odio, con gestos de ira, con movimientos fisonómicos que denunciaban las má.s negras pasiones agitadas por la venganza. Unos cuantos hombres á caballo, estaban
entre la multitud, asuzándola y enardeciéndola con
palabras soeses que no comprendian, pero que me
sonaban á latigazos.
-Retírate, hijo, decía mi padre: no escuches estas
cosas; no mires esto, ve á dormir.
-Si, decia mi mamá con voz trémula, ve á tu cama
que se ha quedado sólo el ángel de tu guarda 1 y te
está esperando.
Pero yo, mudo, fijo como una estatua, no apartaba
los ojos de· la calle, cediendo más que a la curiosidad,
a la atracción que causa todo abismo.
Un hombre gordo, lampiño, con sombrero de paja
adon1ado con una ancha cinta negra¡ con un chaquetón color de haba, y una cobarta roja, tejida de gancho, y atada en grande y ostentoso nudo que formaba
una especie de gran amapola cerrando el cuello de
la camisa; estaba sobre un caballo tordillo de grande
alzada, dando sobre una tosca puerta llena de grandes y negros clavos aplastados, furiosos golpes con
el pomo de su espada.
-Abran pelonas; aquí estarnos los hacheros, aqui
venimos á sacar tantas sabandijas .... abran que venimos á darles la libertad .... a echarlas fuera.
-Fuera! Fuera! gritaban las turbas con el mismo
ronco acento con que en la plaza de toros le gritan
así al jurz cuando un bicho no sirve para la lidia.
-Si no abren, g1itaba el jinete de la corbata encar~
nada, quemaremos la puerta.
-Qut'menla 1 quémenla .. . . gritaban las turbasDlás
enardecidas con la esperanza de ver un incendio.
-¡Jesús Maria!, dijo mamá arrodillándose, van á
quemarnos también á nosotros porque estamos contiguos al convento.
En efecto, viYiamos junto á uno de Jos más hermosos conventos de la ciudad, y el populacho capitaneado por algunos alborotadores, venia á hacer efectivas
las leyes de exclaustración, sin observar la prudencia
ni la serenidad aconsejadas por el Gobierno.
Entre aquellos millares de séres rabiosos, no había
una sola mujer, ni de las más humildes y menos educadas.
La mujer en l\léxico, cualquiera que sea su condición social, ha sido siempre bondadosa y nunca ha tomado la tea del incendiario, ni el puñal de la ,enganza.
_;_:Mira, decía á mi padre su esposa-no hay una
mujer siquiera entre tantos tigres, porque en verdad
tigres paTecian aquellos hombres.
Gritaron durante mutho tiempoj dispararon al aire
varias veces los mosquetes; apuntaban á las campanas de la torre y se escuchaban á un mismo tiempo
la detonación de las armas y el ruido del proyectil en
el bronce de las esquilas, y á cada segundo era más
compacto, más aturdidor 1 más horrible, el vocerío de
la multitud.
De pronto una exclamación de regocijo unánime
resonó en toda la calle, seguido de una risotada breve v !:iardónica v de muchos aplausos.
Era que se h;bía abierto la puerta del callado monasterio.
La escena de aquel instante fué sublime.
La multitud desenfrenada, loca, eon fü•bre de sangre:,· de robo, se detuYo sorpr&lt;mclida al Yer que le
abría ele par en par las puertas, y salia á recibirla con
un semblante apacible como el d&amp; un niño, y hermoso
y sereno como el de un ángel, una monja de menos
de treinta. años, que de pie; en medio del inmenso za-

;t~

LA Ml:LTITI!l&gt; DE8EXFRE~ADA, J.OC.A • . ...• SE DETI'YO f"ORPRE:XDJDA 1 AL VER QC'E LE .ABRI.AN DE Í'AR EN PAR L,\S J't:ERT,\S.

guán, con su hit.bito claro y un pequeño rosario en la
mano izquierda, dijo l'Oll YOV. dulcísima y sonora:
-Seflores 1 buenas noches, Dios los guarde, ¿qué
desean ustedes?
Y un silendo, hijo de la sorpresa, del asombro, de
la admiración quizás, respondió de pronto a tan pacificas palabras.
El hombre. de la. corbata. roja, dijo al fin, con YOZ
a.guardentrn.a :,· repugnantt': Vt'nimos !t. tomar posesión del conv&lt; nto ,· á mauclar á ustedes á sus casas ....
-N'o tenemos m:ís casa CJU&lt;' esta y dP aqui súlo salimos para otro mundo .....
-Ea 1 ya. lo veremos, abra. usted paso joven, y d&lt;~jenos entrar.....
•
Las herraduras dl'l caballo· ele ac¡url hombre hicieron resonar por .la primera. vez, las limpias r tersas
baldosas de la portería y tras él entraron todos los ginetes, quedando cuatro de ccntinrlas para impedir el
paso de la multitud ansiosa ele commmar un saqueo.
1

A los pocos minutos comenzaron á llegar abriéndose dificultosamente paso entre la. muchedumbre 1 varios carruajes de casas acomodadas y particulares.
Siguió en la rallr: la gritería, la algazara, el escándalo y después de una hora y media, mamá exclamó
llorando:
-:\Ilrenlas, pobr('citas, ya se las llevan en los coche~, ya las saca.ron de su santa casa ¡qué infamia!
¡Dios mio! ¡qué infamia! y se arrojó llorando, en los
brazos ele mi padre.
Entonces vi, subir en los coches á las monjas, cubierto¡.¡ los rostros con negros velos y desaparecer en
diversas direcciones.
No tenían familias muchas de ellas y aceptaban por
lo pronto, l'l hospedaje valerosamente ofrecido en aquellas circunstanciM, por las familias de la sociedad más
alta. ·~ cs('ogida.
Huho religiosa &lt;¡ue en cuarenta años no había vis-

to la calle y que exclamara con dolor al ver los faroles del alumbrado público:
¡Cómo han iluminado la ciudad para mirar nuestra
expulsión del convento!
-No, madre, le respondieron, estos farol&lt;&gt;s ¡;e encienden todas las noches desde hace más de tr&lt;'inta
años.
-¡.Ah! yo llevo más ele cuarenta de enclau.,;trada y
recuerdo que las calles estaban oscura¡.¡, y ehc:C&gt;1'ior mi
padre cuando volvía á casa después clrl toque de ánimas, llegaba acompañado de un criado que con un
farolillo de mano, iba alumbrándole el camino.
-Es cierto; pero hace muchisimo tiempo que desapareció esa costumbr.e.
-Muchísimo más hace que me desposé con Nuestro Señor y que no sabia tomo era el mundo ..
( CO:-.TI~li ARÁ )

..-1Beg1uada la propiedad litrruda, &lt;'011JOrme á la lq¡.

�JULIO

EL MUNDO.

16

21, 1895,

PRENSA MEXICANA.
Págm.as extraordinarias.

D01IINGO 28 DE JULIO DE 1895.

Tumo II.-Número 8.

t - xns.-.u.::.rf'U.

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EL NACIONAL
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TELEGRAMAS.

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1

r-.,... o,-...,._,, r,,,í. ....,_ 1 IUOO.

11-. 11...... r ...... u .. ,
l.l.lfr1;.T••

1,, ...

n.v.u.i..,.J. l'.,t.

14a..._¿,r....,,.,,,... A-ll&lt;•1•

1

monumento á .raenHo juárez en el Paseo ae la Reforma.

(EN CONSTRUCCION)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>160

EL MUNDO.

17 N OVIBllBRE, 18f!5.

PR EN S.~ MEXICANA
Páginas extraordinariw1.
Tomo V!-Año V

DO:\IL\ Go ·14
- DE NOVIEMBRE DE 1895.

2,vmo IL-Número 20

•

l!.a aesesperación ae Suaas.
l'AHTOX DE D. C.OXZALO CARRASCO,

(.Fot. proporcionada por el ..:r.
~ I ng. Fernando Ferra1. i Pérez. )

�Z4 L' OVIEMBRE, 1895.
EL ~,u~uu.========= ===~=====

162

24

NOVIEMBRE,

1895.

EL.!IIUNDO.

163

(
1

~-

arcilla para boqúillas; según yo entiendo1 sus propiedades de coloración por el h~ mo.
¡Homenaje)ardío, pero unánime!

-.:~·.-··
. . ·.

•
**

'

.oip"

.

Arpesar de la actividad de los empleados, el embellecimiento de la estación se lle•
,iaba á cabo düícilrnente y amenazaba con no estar concluido para cuando arribase el
1\finistro.
-

r

~n· el _mom~nto en que llegaba el cortejo oficial, encargado de recibirá aquel alto
fun~1onarw, e] Jefe de estación que permanecía impasible, recibió un telegrama que
abrió tranquilamente y leyó: (iDetenga usted todos los trenes de subida. Yía obstruida.
Choc~ron dos trenes de c.:.rga. No hubo desgracias personales. Envíe socorros. Urgente.n
S~n conmoverse en lo m·ás mínimo, el empleado dió sus órdenes y dejando á. las
autoridades políticas y militares que tascaran el freno, subió á sus habitaciones y se
puso á comer con toda calma.

~J.tw

•*•

barón Félix de Floxens, después de andar de Ceca en ~leca, encontró
portunamente á una joven y bella heredera, muy bien educada, á fe mía, que
de la manera m,ts graciosa consintió en casarse con él, llevando cuarenta mil
· francos de renta, sin contar con las esperanzas. Entre tanto que éstas se realizaban, él vivía muy á gusto, en compañía de Angela, su joven esposa, á quien engañaba lo menos posible.
-Qué importa, decía él, puesto que ella nada sabe ......
. Bueno; pero un dfa .A.ngela supo algo, lo cual ya era mucho.

¿Cómo fué informada? Del modo más estúpido, como es ordinario: por una carta,
caída de la bolsa de su marido, sin que él lo notara. Un simple recado de tres líneas,
pero muy claro. ¡Demasiado! No había lugar á. dudas.
La pobre mujercita, convencida de no haber merecido todavía el engallo, comenzó
derramando ardientes lágrimas, pero esto le enrojecía é hinchaba las pupilas. Luego
observó que el llanto le causab;l también jaqueca.1 y decidi6 1 al fin, ir á consultar con
su anciana madre.
Esta le abrazó, tiernamente aflgida1 lloró algo con ella, la obligó á tomar algunos
bocados de galletas con mantequilla, sumergidos previamente en una taza de sabroso
chocolate1 y en seguida
Le dijo poco más 6 menos lo sigttienk:

-No te inquietes por esto, hija mía; todos los maridos son iguales.
-Debía UBted ha.Mrmelo dicho antes de ca.-1arme con Félix.
-No había peligro ...... entonces.
-¿Hay, pues, algunas excepciones?
-En realidad, así lo he oído asegurar. Pero si te dijera que los he encontrado .. ... .
¡mentiría!
-¿Es decir que ... ... papá?
La madre de Angela pareció reflex.ionar1 y luego, como resumiendo: ((P,1z á sus res·
tos,n exclamó compungida:
-Por lo menos, agregó1 si lo viera yo entrar en el Paraíso ......... ¡me extrañaría
mucho! ...... .. .
-Pero qué hacer entonces1 la interrog0 Angela, sorprendida por las insinuaciones
de la valiente señora.

........-A.y! hija mía, he allí precisamente el quid. Cuántas mujeres, antes que tú,:se
han propuesto la misma cuestión, sin resol verla. Y cuántas, incapaces de resistirá los
escrúpulos del amor propio cometen la colosal tontera de ceder al impulso ciego de la
primera impresión! En cuanto á mí, puedo asegurar que las peores son las que, después
de hacer toda clase de consideraciones, se resuelven á comenzar por el fin.
-¿Es decir? .... ..
-Es decir que son como-las cabras, de quien se dice que ramonean las hojas~ del
tronco á que están atadas.
-¡Estúpidm, mujeres! exclamó la joven con la m\rada centelleante y los pufios
crispados.
-Conformes, replicó la mam1í, sin apasionarse en lo más mínimo. Pero /es posible
también que sea.n personas amantes de su tranquilidad, lo cual no significa estupidez.
Y partiendo de este punto desarrolló la señora h,íbiles argumentos. .A.ngela la dejaba disertar, por deferencia filial, pero ¿darse por convencida? ¡Todo lo contrario!
Así fué que al entrar en su casa y encontrarse con el traidor éle su marido en el salón del castillo, se detuvo violentamente. En seguida 1 mostrá.ndole con ademán enérgico la entrada de la alcoba que ellaocupabJ, le dijo con voz apagada:
-¡M_ire usted esta puerta, caballero; m(rela. bien! Ante ella hago el juramento solemne de no permitir jamás, de hoy en adelante ...... ¿lo entiende bien? ¡jamás! ...... que
itraviese usted el dintel ... .. .
-¿Hem? ...... ¿y por qué? preguntó Félix admirado. ¿Qué significa esto?
-¿Por qué? ¡Lea usted!
Y le metió en los ojos el billete que el muy animal había dejado escapar de su bolsa.
-¡Demontre! foé todo lo que él pudo deci r.

***
Sucedió que algunos meses después los habitantes de Riancout-en-Vexin, se ingeniaron para componer sus casas con banderas y gallardetes tricolores, imitando al
Ayuntamiento que hizo erigir frente al P.t.lacio l\'lunicipal, tribuua.s decoradas con pro•
fusión, y adornó la sala de actos conveniente!Xlente para dar un banquete, al cual seguiría magnífico baile dedicado á la ((alta sociedadi, de la población·y de sus alrededo•
res. Debíase todo esto ú. que al dla siguiente se inauguraría la estatua de un hijo ilustre
de la ciudad: el célebre Gamberier, que como es bien sabido, fué el que descubrió 1a

En resumen, no había sido gran cosa lo del accidente: la consecuencia de mayor
importancia, sería simplemente que el ministro llegara con dos horas de retardo.
¡Bah! Esto no le impediria pronunciar su discuTSo el día siguiente. Xo Je impediría
tampoco abrir el bailE\ con una hermosa y amable dama de la circunscripción.
¡Y bien! mírese la coincidencia; esta dama debía ser precisamente la señora An·
gela!de Floxens, que pertenecía á la familia más distinguida de la comarca.
En !:{dote de Angela entraba una especie de castillo, ubicado en un sitio agradable,
á tres kiló~etros de Rianc.ourt. En los primeros meses de su matrimonio, los jóvenes
esposos cae:1 no habfan hecho caso de aquella posesión 1pero después del~enojo, Angela
ee había propuesto .firmemente llernr una vida de recogimiento y se habían transladado
~lla Y su marido á Doublemont, en espera de tiempos mejores. Penitencia impuesta al
rnconstante de Félix. ¡Bien hecho!
¡Y por cierto que no sé portaba éste mal!
Aquella residencia (recientemente compuesta y reformada, como lo atestiguaban
los~andamios y útiles de albañilería que obstruían aún una parte de los pisos superiores), aquella habitación, corno decíamos, presentaba alegre apariencia por su gran parque cerca~o Y atravesado por un arroynlo y sombreado] por filas y grupos de sauces,
en que amdaban cantores pajarillos.
No faltaban relaciones amistosas, pues la ruptura entre los esposos no había tras-cendido fuera. El joven Hugo Robrochón era apenas el único que sabía á qué atenerse
á •ese respecto, gracias á las confidencias de Félix, quien por haberlo conocido tiempo
atrás, lo había hecho amigo suyo primeramente y luego cómplice. ¡Qué quieren ustedes! la penitencia que le había infligido Angela no le había corregido completamente
de su tendencia á la infideli~ad. Creía'necesario, sin embargo, tomar algunas precauciones, Y el amigo Robrochón lo ayudaba de la mejor manera posible á urdir el pretexto para sus cortas ausencias, y vigilaba de cerca á la esposa traicionada mientras
Félix se entregaba á lns dulzuras de la vida de París.
· '
En apariencia, el papel que llenaba allí el joven no era muy honroso. Pero no hay
que c~iticar con tanto apresuramiento. El amor discÜ!pa todo: esta máxima es muy
c?no~1da. Y_ como Robrechón amaba con gran pasión á la mujer de su amigo, su conciencia lo deJaba tranquilo. Hay que atender á la intención, ¿no es verdad? Pues su in•
tención era consolar á aqueUa interesante jovencita. Era de muy buen cpraz6n ese muchach~ : he aquí todo. ¿Y esto es un crimen?...... Angela no lo creía así; pero hubiera
preferido menos simpatía por parte d8 aquel forzoso compaíiero· menos asiduidad en
la~casa sobre todo. El pobre de Hugo sufría visiblemente. J~más ;perso11a alguna
había lanzado tantos suspiros. A solas con ella, balbuceaba. algunas frases que hubieran aprovechado con buen éxito notables autores cómicos. Y como la joven tenía igualmente un buen corazón, ella también experimentaba algunos escrúpulos por causarle
tal melancolía. Idea original, en verdad la de Félix, llamando tan á menudo á Robra•
chón durante sus ausencias. Se hizo notable.

"=**

E~contrábanse en tal estado las crn~as, la víspera del famoso domingo en que los compatriotas de Gamberier iban á honrar su memoria. Los Sres. Floxens habían invitado
~ ra una comida á varios vecinos. Sería aquel un simple almuerzo en familia, que termm ara t_em?rano1 á fin de que los convidados pudieran soportar con valor las fatigas
~el día siguiente. Hugo asistiría, sin duda. El había aceptado de buen grado, antes de
Ir á París, adonde se encontraba hacía dos días.
Mas sucedió que transcurrida la hora :fijada, sin que él pareciera, tomaron asiento
los presentes, con gran diEgusto de Félix, '.diegusto secreto que se esforzaba para di·
s imular.
...
Cuando ya se retiraban al salón los~oncurrentes, llegó el retrasado. Todo se explicó
en un momento: Hugo:se encontraba en el tren del Ministro, y en virtud del accidente

« urrido abandonó el wagon y saltando en tierra, tuvo que emprenderá pie la marcha
hasta el castillo, atravesando los sembrados y matorrales.
Entretanto que se le servía un plato de consomé con un ala de pollo, Félix1 que había ido al comedor para acompañarle1 lo agobiaba á preguntas.
-Tranquiljzate; decía Robrochón; será siempre mañana en el t.eatro X, cuando
haga su début la mozuela. Ya mandé construir los ramilletes que hay que arrOjarle, y
.aquí está el brazalf&gt;tf&gt; qre e¡,:co;·.

'

~~
-Lo esconderemos, excalrr:.ó
con acento medroso Félix, guardando la alhaja en el bolsillo .
¿Cuánto?
-Cuatro mil cinco francos. Es
caro; pero muy elegante: ya verás .
-Eres un verdadero amigo,
mi buen Ilugo. ¿Y la cena?
-En el Café Inglés. También
carita¡ pero opípara: ya verás.
Dieciocho cubiertos, tres repor•
ters y una entrevista. lle leído
Jos artículos en pruebafl. La ama•
ble muchacha está. ya lanzada
en la carrera, ahora ...... ¡Demontre! todo esto cuesta carito ......
pero ya verás. La pobrecita, sal·
taba, cantaba, me abrazaba1 estaba loca de contento!
Por un instante se enterneció
Félix.
-Oh! sí, sí1 murmuraba es•
trechando las manos de Rugo;
eres un Yerdadedero amigo. Pero ¿cómo marchar esta tarde,
con qué pretexto, si el telegrama con venido no llega?
-Ya llegará1 replicó Robro•
chón, animándose súbitamente.
El telégrafo ha sido monopoli zado para el servicio del ferrocarri 1, á causa del accidente de
hoy. De aqu( el retardo; esto
no puede ser sino un retardo.
Pero supongamos que se prolonga, ¡tanto peor! te ,·as de todas
manera". Debes hacerlo; por mí ¡qué demonio! Es cuestión de d ¡de todas las molestias que me has ocasionado......
e icadeza, y después
El bueno de Félix se sentía verdaderamente conm 'd d 1
inetigaba á irá. 11arreglar la fiesta.,,
ovi O 8 calor con que Rugo le
Cuando estaban tomando el té Catalina la doncell 1J ó
vaba el telegrama tan impaciente~ente esp;rado Pe
aparte á Féli....::. Le lleal presentar el papel1 tomó un aspecto severo Y dro ro a •bn~ era tonta. Así fué que,
.
,
J
en
voz
aJa·
-¿LN,o intentará. usted nunca engañar á la pobre sello
d.ad
y
.
d'
ra, ver
?
como su amo se 1Spusiera á. replicarlei ella lo confundió .
.
.
rada, y agregó: u¡Itdecoroso!n palabra que usaba free
te
con una terrible m1•
Fél ·
•
uen mente
. 1x le deslizó un luis en la mano, y la honrada doméstic ·
.
. .
preCJo de mi complicidad nmurmuró (i'Aht
t d'
a pareció afhg1rse: ((El
'
• l
....... es e IUero me que
I d d
era una exageración esto, sin duda pues con gra
.
h
ma os e os.), No
.y
. .
'
n pnsa ec 6 la moneda en su bol s1·u o.
- ¡ o ...... yo ...... pros,gmó, verme reducida
situación. Vea usted, señor yo no había nacido por Ios re_veses de la fortuna, á esta vil
fesora. Y sin la muerte de :.Ois padre,r &lt;
. para seírvi r. Tengo mi diploma de pro-.... ... "'~ 11 x conoc a 1a c n ·
trándose dispuesto á escucharla hasta el fin la i te
.
ª cionci·11 a, Y no encon.1
.
'
n rrumpi 6 por medio d
d
lms que se reunió al primero, rio sin que OJ.talina m 'f
e un segun o
rada repugnancia de antes!......
am estara otra vez la misma bon•

ªe :m

T;"&gt;,(

***
¡Cómo! exclamaron los huéspedes del joven matrimonio
. .
lo que decfa el mensaje; ¿faltará. UBted á la fiesta de G b : al tener conocmuento de
•A r • é h
·
am er1er?
- ¡ Y. ¿qu
acer? Es un caso de fuerza mayor Pre .
tren! ...... Nuestro amigo Robrochóu tendrá la bond~d ~cisa que parta yo por el último
á mi mujer.
reemplazariµe acompafiando
-¡Lo que son los maridos! murmuró Angela pe
d •
.
cierta malicia y rehusó enérgicamente consentir en'
nsban. 0 !nvoluntarmmente con
1a su st1tuc1ón.
. . .
El to no d e su voz mt1m1dó
un poco á Félix que
.,. .
del viaje.
'
por un momento mtentó desistir
;((Tal vez fuera mejor quedarme&gt;, insinuó á Hugo.
ste se puso verde de cólera. \{Como quieras!) res
d'ó
príncipe que no desea más que arreglar por su cu~nta pon i · La anda rondando un
café inglés.n
Y en su provecho la reunión del
-Pues decididamente parto, exclamó el marido d A
E
.
e 11gea.
1
- n este caso, apresur~se usted, respondieron los invi d
fiaremos una parte del cammo.
r
ta os. Nosotros le acompa( Sigue en la página 166. )

�164

:!.Je :-' OV rEMllltE, 1895.

EL ~lUXDO.

$n la luna
-~it•mprl! yo cerca de tí.
-¡Qué ..-nddiablc es nne!'tro lazo!
-Pero ...... ucerca. inús tu brnr.o,
1\1,ís jnntito::i ...... a~í.. .... así. .... .
-11.lb!ame ...... míramf" ...... cal1113
La ee&lt;l que me est.í al&gt;r:.11-;ando,

24

NOVIEMBRE,

1895.

EL.l\IUNDO.

165

ac miol.
Y:11nos jnntitos, junt:rndo
Alma y cunpo, cnerpo y alma.
-l'no ni otro !'iC'111prc fü·l,
T'ldn es amor y cnnsnelo ..... .
(~• kibla n~f cnamlo en el ciclo
Br;ll;t \~ luna de miel.)

-Antes pegndito, ¿y hov?
-Pero mujel', ¿qnien-s i'1i.ís?
-Quit?res irte, ¿ndónde rns'!
-;,Qué te impol'ta adonde YO)'?
-Ya te faEticli:is del lazo.
-Es que ya rnueE-tras tlls mniir.i&gt; ..... .

-Claro, nur.ca me .-icon·p:iñr.s
Y ni me ofreces tu br::!zo.
Un esporn ........ .

Ya te canso.

-Es nn esposo.
-No es probable,

-E~tiís hoy intolerable.
-Y tú ( sltís nrny fo:-tidioso.
1

-Ayer, ¡mi ::imor! ¡nngel mío!
llny 1 nnd:i ...... ya EOy .. .... ninguna.
( A uc1oi:i loi- hnii:t ta luna
.Amarilla &lt;lt'I l1nHfo.)

,1

�24 JI, OVJF.MBRE, 1895.
24

NOVIEMBRE,

•

166

•
•••

( Sigue de la página 168. )

Al quedar ■ola Angela, permaneció reftux.iva largo tiempo, en el saloncito que ae
encontraba entre la recdmara de ella y la de 10 marido. Pe~ba en Robroch6n. ¿Por
qué no habría aido con él con quien se casara? El sí la comprendía; él hubiera perma·
necido fiel. ••...... probablemente.
Entre tantQ que la criada cerraba las puertas, la joven co_n la mirada ~~ida entre
1u eombru de la noche, apenas se fijaba en las rutilantes estrellas que se dtv18&amp;ban por
]a ventana entreabierta, y mmergfa, por decirlo uí, su imaginación, en una especie de

La prop011ici6n deeconcertó de una manera terrible al joven.. Claramente se veía

que ella lo había anonadado.
-¿Morir?...... balbuceó conlusQ. ¿r,ómo? ¿En seguida?
Se volvió a1 oír la voz de Félix:
-Angela, no busques la llave. Me equivocaba. Y~ la encontré entre el forro de la

mundo ideal.
·
.
Divagó mucho, 11.n dmda, puea volvien~o en aí violentamente bajo la impres1?n de
un miedo súbito-miedo no por él, eif!O por eUa míama, 88 levantó resuelta á ~mr del
peligro. y abriendo un pequello .,,,,.-, eocribló una caria á su mamá, anunciándole

bol~En aquellos cortos instantes, aeoper6 violenta revolución en las ideas de la baro-nesa y el rómá.ntico Robroch6n, perdió iOdo su prestigio. p..,ro no ten(a tiempo ella de
lament.arse. Ya se ola á ~'élix abrir 11 puerta del ve&amp;i!bulo.
-Mientras sube, salte usted por la ventana.
Atontado, rid(culo casi medroso, se 1am6 i1 al bolc6n. Mas DO llegó á saltar el
barandal. Doe pet"l'OII bravos, que ya conocía, doa mol0108 decará.cter receloso y feroz,
ladzaban dmaloradamente, anslOBOB ds la presa que se les ofrecía.

que iría 4 vivir con ella algo.nas eemanaa.
Cuando iba á a,abar, un ruido que ·.. oyó en el ex•

""º11, ~ ·

-¿Ullled?

-¡J....,,.11Ded por esto, del er-1111,mlentode mi
pui6n, p'Jello que he -,iodo UD pape) ehomlna,.
ble, -,lamealepuapodet-4 ullledl
En _,. clise de uomos, las mujenll aon alempre
aJao cüclidu .\ates que .ADgela 811- - d e ...~

a

- l a ladlpidad'de B_, peuabalnooentemenle:
-¡06mo me ama! ...•.. IY o6mo debe llllfrlrl
Paco clelpá¡ las doM de la noobe. Ella
se lo hlao DOiar y le rogó qll618 remara. ...•. provi•

olone!-

Con tollo ldgulire, Bogo se lnclln6 y dando un
J.IIIIO blcia la venlllDa, nclam6: oAdl6s; voy , llbnzul
de ml, voy 4 eárellarmo al OIÚ80 tinndome dmde

-balo6n.•
-DNgnlolldol prorrumpi6

.An¡ela, poseída del '
-yor ~ No 1e le -i,t,ba, aln dada, la a-ponei6D dél pQbce Jofflll pero al IÚI g,ave inconveniente de la J • 2 lntei6n con la -1 la1menanba,
no se le...-palla lampooo• ¿Qa,1 se dlrla cuando el cacK- fuea hallodo?
T1m'cl1_,,..,.1o1a-,bó,que Nllexl.- en lo que
Iba'~·
-El!' bien, selloro, conléll6 eono;.a frialdld.
11,1, mi , aaltárme la '"I"' de los-.

J&amp;IÚI-•

¡Tablean!
Quedaron Inmóviles, pevlficadoa.
-¡Allgelal volvió ágrilar Floxena. Todo enácerra4o y mi llave la dsjé en el cha·

leco amarillo.

.

Maquinalmente la joven oe dirigió al balcón y sin atreverBB II enseflar la can, ' pe11111' de laobacwidad de la noobe, reepondi6: uEspere usted un m01ntinto; voy á bt18C&amp;l'la.•
Dmpuál, volviéndose 4 Bogo ¿Y ahora? .•..•..••¿Qué hacemw?, insiiolió, mirandoque
Bogo no se movía.
-¡Demonlol !utl lodo lo que el pretendiente pudo decir.
-¡Ah! Pero, replicó ella con energía, no ee trata ahora tle demonios. Me ha colooado 111ted en una posición terrible. :Es forzoso salir. Busque Ul'IWd algún expediente;
muhaae uaied .•.•...•. ¡Eat.A umed m'8 pQido ¡Vaya, no inventa. uet~ nada?••.•..•.• ¡Sea;
eatamoa perdidos¡ moriremoe! ....... ..

Creyó ella aturdirlo; pero muy sorprendida, advirtió que Félix sonreía. No le daba
crédito.
- Sf, sf¡ quiere usted malquistarme con Hugo, &lt;lijo él desdenosamente.
-~forecc que lo enjaulen, pensó Angela.
Y ya excitada en el juego, se propuso, como punto de honor confundirá aquel
idiota, cualquiera que fuese el resultado.
'
-¡Acusará Hugol decía F~Ux; é.l que........... .
-Que ha preparado la escapatoria de uated¡ que ha compr.ldo una alhaja que de.
bía ustt&gt;d llevar á sn amante.
¿Quién se lo ha dicho ,i usted?
-Él mismo.
Fé lix, ofendido de pronto, meneó luegQ la cabeza, .con un movimiento en que ha
b!a un tanto de indignación y un poco de duda. ¡No! E:!lto habría aido terrible. No? De
bía eer Catalina l.1. indi&amp;Creta: habría escuchado algo, tnu las puertas. ¡Y bien! Al día
siguiente en la mafl.ana se le arreglada su cuenta. Sin emb:ugo, un rayo de luz no era"
tnficiente.-Qué ridiculo sería maltratará un inocente. La mujer de Putilar, podía al
menOt:1, exhibir la capa de José como pieza de convicc(óo.
-¿Pruebas? preguntó con violencia Angela, irritada por la coutradicci6n; ¿quiere
UBtecl prt¡ebas? ...•........
Llevada á tal extremo la cuestión, Félix se turb6. Quien sabe que hubiera dado entonces por retirat" 1ms úlLhnaa palabras. Ya no quería saber nada. Puo ¡cómo retrooedsrl Resolvió salin,e por la tangente.
.
-V'eamoe, dijo, esto ee uoa locura. E1tando abaj~ todo cerrado, c61no podría haber
· entrado Robroch6n?
-:-Por la ventana. Y se aprovechó t.an bien del ruido que produj.o, y mi sorpresa,
que BID la oportuna llegada de uated, por Dios que....•.
-¡Seiiora.! exelamó el desgraciado, preaa de un eatremecimiento de:c6Iera.
-¡Qué le imporla á usted! Al fin no me cree.
·
-Una vez más, pido, exijo 11 prueba de lo que u8led dice. ¿También por elbal·
eón escapó, á pesar de loo perros?
-¿Pero quién dice que se haya ido?.........
•
De improviso, F~lix ya creyó todo y fuera de sí, gril6:
-¡Ah, aqul esl.l .....• Bugol ¡Sal! Ha&amp; favor de preseot.arte. ¡Hugol ¡Hogol
-¡ Eh! No grite nsled laolO, le interrumpió Aogela. Si lo escucha á w,ted muy
bien.
-¡F.a ftrdad! ¿Adonde ..U?
-Eotá uated seJllado encima.
-¿Bajo el canapét
Félix dió un sallO é lnclluándoBB iba ya á levanlar el cojln, cuando una 10001&amp; car.
cajada ds BU mujer, hiriéndole BU amor propio lo detuvo.
-Ja, ja, exclamaba ella con espasmoo de risa perfectamente imitados ¿con que 'lo
·
ha creído el pobreoillo? Ja, ja, oreo que;haala;...
va hacer dallo l&amp;DIO reir. Ja, ja, voy 4enfermar.
El la contemplaba consternado, balbuciendo:
,¿No es verdad?,,
-SI, por cierto. Ah, mire UBted. Busque, bnsque, puea. Ea verdad; es verdad.; Oh, no a&lt;dlvierte uno muchu veces en la vida tanto como
hoy me he divertido...... ja, ja .•..••

Angela triunfaba por completo. Nada mú
. que triunfaba dsmasiado, pu• no vela que F6lix, arrepintiéndose, enamonlbue ds nuevo y
trslaba de hacerBB perdonar en esa miama noche.
De rodillas imploraba 111 aboolución ante~ An•
gela, á quien, no olo dl11cultad, hilo sentar en
el ~ bajo el cual Don Juan Robroch6n, debla
expenmentar muy poco gusto por lenerla~l&amp;D

-¡Buao, IIIDip mio, por plédadl
. . , , - que 1l8led DO me ama!
-¡Que DO lo amo á UROCl1, repllc6 ella eon la np
eapeiansadellbruadeél. ¡Qaéaabe Ulled? ¿Qa6e6
70 miama? ~o puedo, por lo m - amarlo como m,a

lo cna1 IOle!aba ella para Mabar IÚI pronlalDenle.
-Ya se apercib{a Angel&amp; 4 abrirle la paerla, onando, bajo el balcón, BODÓ la vos de
ftllxque grilaba: oAngela, Anpla. ........ todavfaeslá interrumpida la vía.Y no -1drút

-¡Psh! contestó Angela, nada de dU!cursos. Fé:ix siempre va armado cuando anda fuera en la noche.
-No hay más que un peligro, refle xionó ella, cuando estuvo oculto el 11&lt;merpo de
delito:n que 8e vaya á ahogar. Habrá. que darle gracias á Dios.
E~ aquel instante, no entraba en los proyectos de la joven, la menor intención
vengativa: nos palabras de cortesía, cambiadas entre su marido y ella y luego: «BueDBB n~hes. ¡¡ Ca?a uno 86 marchar[~ á su habitación. En cuanto Félix entrara en la
IDYB, tría ella it libertar al ubuen amigo de la casa- y en seguida se entregaría al desaanao _q ue consideraba haber ge.nado bien!
Pero, ¡miren qué ocurrencia! :S-o era bastante osado el marido arehi-infiel para
.1)1'888Dtarse con el entrecejo fruncido, lldmirándose de que ella hubiera tardado en resJN&gt;nder ásus ll,\111:imien~! ¡Bah! ¿t.endría el valor de concebir una sospecha sobre la
eondncia del ángel á qmen había sacrificado?
F.ato le pareció que p18aba de la raya. Una oleada de cólera le subió al cerebro·
pero calmándose en breve la acometió una infernal idea de broma, que debía hacer.,;_
bi&amp;r 4 esos dos uindividuoa.11
Así fué~ que,
virtud de un plan formal, súbitamente improvisado, en vez de
JDODtar en !ra, ~ng16 perfectamente la turbaci6n ,medrosa de una mujer sorprendida en
lalta. La mqmetud haeta entonces afectada, de Félix, ae acentuó. ErigiéndOBe en
justiciero la abrumaba á preguntas.
4~_1a, paradieculparse, no hab~ía necesitado más que moetrarle la carta que esta1» eecr1b1e~do á su mamá.; ~ro se cutd6 bien de hacer esto, y, al contrario, simulan•
ilc) el desahento de una vencida, prorrumpió ocultando la cara con las manos:
-1Ayl jamás podré disimular. Y bien, si; hay algo; pero es por culpa ds usted:
-1Con que. bay algo! ¿Qué~? ¿Qué? insistió Félix, binchándo,,e como gato irritado. ¡Demomol engallará au mnJer, era un pecadillo cualquiera. ¡Pero ser engaflado
por ella!......
·
-¡Félix, Félix, yo no soy culpable! repitió Angela, desempel!ando su papel con
tal naturalidad que il ella misma le admiraba. Ni un detalle le faltó.
.·
DiverUaae el~ interiormente, obeervandoen su marido el dee · rrollo de laa d ~
plldables re8exiones que hablan seguido á su primer Impulso ds rabill oq¡ullosa. ti
amblén ~ba lis consecuencias de un escándalo, de un pleilO, de una liquidación,
~ divorc10, en fin. Angel a adivinaba sus ideu, como adivinaba el «estado de ánimoj!al otro desg~ado que se hallaba tendido; sin la menor gracia, bajo el canapé.
Su prop6s110 de IOmar la replesalia arrastró 4 Angela al último ex\remo. Como FéJb; lnaiati6 con violencia en 11S&amp;ber lo sucedido,• ella lo enteró de todo.
-:He abandona ~t.ed para correr aventura.e y alguien ee aprovecha de IUS"auaenpara cortejarme.
.
-¿Quién?
-¡Bahl Su mejor amigo. Esto es tradicional.

e?

'8rior, la biso temblar. Abandonó sa asiento yaldlrlgiraealbalc6n, lai,ngre se heló en SUB
rancio á un hombre que escalaba el baranclal. Qolao
gmar, mu DO pudo, pualiada por el terror, y llogo
Bobrochón apareció ante ella. ..•.•
Lo que 88 clijero11, se adl,-iaa: contarlo serla inútil
Bogo inm6 en el dolor que experimenlllba ,él, •·
blendo que ella era clfflll'l"llda. Solamente - dolor
debla explicar su apan,nte nicl6n · respeck&gt; , Félix.
No puede haber amlllad llin enlmación. ¿Podía él
""'1mar ' llD IIDÚIO que enpllaba ' UD&amp; penoDII tan
digna de aprecio r. Gdelidad como Allgela?•...•.•••
-¡Amigo mio, dljooon lndlgnaci6n;amlgomfo, un
hombn&gt; que en - IDOIMDM&gt; ... , nunlrse - ..,
amante 1 ' e n ~ un&amp; alhaja que yo .,.bo de es·
........ pua él en la Joyería de la c,a1le de la Pul ........ .

hermlna'I
Bogo trll&amp;Ó el anauelo. D6oil, a,11Cl1Jo ' BU - • 118
conformó 6 pareció conforme de pronlO con el eterno •
empilo de I• "llllilled 7 pura.• No faltaron,
-nlmenle las famOBla , _ de -laso de dos almu- .
que se quieren, ..in mallcw y que""° dejanD de 1811·
Dlne en un mundo mejor.•
No exlaUa bueaa fe por nb,..,na de las dos panes.
Ella se cleofa: -Be ul. -qullemenle .••••• y yo ma111Da .-ré en-de mamL·
-F.a uunlO de algunos dlu, plDll&amp;ba él Ya• mta.
EnlretanlO la abrlaba.--podfa, llam"1dola con carillo: "111 berlnlnll&gt;,

EL MUNOO.

L895.

-Félix eolt6 looperroe; mnnmuó, -iall-ndo los dlenlel. SI me eslrangulan,
se compromelerhlled.
1
-··.
-¡Llora el pobreollOI pena6 la Sra. Floxem.
Babia perdido BU 88DCillea. Aquel Bomeo, cuado en 111 propio lazo, se le aparecía, finalmente, 811- toda 111 alnieotra ,_ulnclad. En~ las mordsdaras de los perros
y un ,Jaace,, con .Félix pn,ferfa jugar el albur de esta tllllma eoluci6o. Loa explicado""" eon animalaa ed-do,r para lanzane eobre los visil&amp;Dtes nocturnos, no le eran mu7
llgT&amp;Clablea. Floxens nÍclamarfa de mejor manera. ..•.• y después de todo ¡quién sabe!
En todo cuo un duelo no tenla lliempre resultado tnlgico y por Mra parte, Bogo
liraba muylrien y llllla aun: ¿Félix afroolarfa el eecándalode buen grado? Olvidar 4
que, en C110 de divon,lo, Angela recobrarla fnlelr&amp; BU dote, lo cual le reduclnL á ~
escasa renía? Medianlei laq¡as explicaciones, ¿nd podría arreglarBB lodo? Al fin Y al cabo, el crimen DO babia llegado á CODffllflo.r8&lt;•!
•
Era esto preoiaamente lo que meditaba Bogo. Angela, con admirable intuición lo
babia adivinado y aó preguntaba: ,Boeno•••••. y yo?• Qué parte me concede hom•
bre, en IWI cobarda .preocopaeionea? Oh, mujeres, somos unas tontas!.. ...; .
Con entera calma, ante el inminente peligro, la Sra. de Floxene, 1mhgnada, H
uansform6 de improviao y tindole únicamente en su natural ingenio, para garantizar
su .;.pridad, mienlras su marido subía la escalera, ,alla levantó el cojln del sofá.
-¡Vamos, mélaae usded ali!! ordenó, Bobrochóo.
-¡F.acondermel gimió éate lastimosamente.

�168

24 N OVIBMBRE, 1895.

EL ~IUNlJO.

erca. En vano era que ella recordase á su ma1·ido el solemne juramento de no dejarlo atavesar el dintel de su alcoba. Mientras mayor era la resistencia de una,
mayor el apasionamiento del otro. Lo m.ís que podía esperar aquella imprudente
mujer1 era un plazo que permitiera al otro galán eYadirse.
-Escuche usted, Félix, dijo ella ca.i:i con ternura; déjeme ustéd reflexiona.r y consultar. Me ha conmovido usted, le ruego que se vaya., ....
Un beso otorgado de buena volmltad, lé valió ganar el pleito: Félix entró en su habitación.
Inmediatamente la joYen corrió el cerrojo y dirigiéndose al diván, levantó la cubierta, ansiosa por saber si Robrochón respiraba aún~
Sí, todavía respiraba, pero presentaba una cara más fea!
-Ah, señora, exc)amó, saliendo penosamente de su estrecho encierro; ¡tiene usted
UDa saugre fría!
-¡Chist! replicó Angela. Ya hablaremos otra vez, ubermano mío,n pues siempre
existirá ula unión de laa ahnas,n (&lt;Un mundo mejor,u y «ese amor puro quen ...... ¿eh?
-Todo lo que usted guste 1 respondió Hugo, impaciente por marcharse. Pero por
ahora, le confieso á usted que he perdido algo la cabeza. '
-¡Chist! repitió la joven, escuchando con atención cierto ruido que se oía por la
escalera.
Reconoció en breve la voz de Catalina que rent-gaba contra los perros ú. quienes
trataba de sujetar. Ni manera de salir por allí¡ pero una vez sujetos los perros, Robra•
chón, que había escalado el balcón, podría irse por el mismo camino.
Haciendo de trip!l.S corazón, se dirigía ya él hacia la ventana., cuando ¡Santo cielo!
una cuerda con nudos cayó á través de ella de arriba para abajo.
Félix, obstinándose en el deseo de una reconciliación completa é inmediata, sal•
tando el cerrojo, se había encaramado ai piso superior y ur.ilizandlJ los andamios y
utensilios que habían dejado por allí los albañiles, se propuso sorprender á su mujer
cuando estuviese ya dormida. El también se transformabu en Romeo, á riesgo de romperse la cabeza. Esto era halagadvr y debía agradecerlo Angela, sin duda; pero ese
exceso de galantería complicaba espantosamente la situación. El bueno de Rugo, no
lo desconocía, y lívido, tembloroso, como perro mojado, ofrecía un aspecto que inspiraba piedad.
·
No había modo de escapar.
-Entre usted en mi alcoba, dijo vivamente A.ngelu, empuj;í.ndolo de las espaldas.

¡Era tiempo! Félbc ten fa ya medio cuerpo adentro, y un momeHto dl;!spué8, cafa de
rodillas á los piés de su mujer.

-Qué quieres, le dijo: los remordimientos me agobiaban. Es preciso que me perdones ...... formalmente.
'Ella pensaba: Caso más original. A. mi galanteador voy á deberle que me devueÍva á µii marido.
Sin embargo, como Félix la devoraba-á besos, queriendo llevá.rsela á su cuarto, se
vió precisada á decirle:
-No, amigo 1nío, no¡ he jurado que no entraría.a en mi alcoba. Pero, agregó sonriendo graciosamente: no he jurado no atravesar el dintel de tu cámara, de la tuya ..... .
}'(lyi,.,,,,_

extraordinari1,.q.

Jl01'111'G0 l~DE DICIEMBRE DE 1895.

Entretanto, Cati que, no logrando sujetar á. los perros, los había, al fin, dejado en
paz, subía á su habitación renegando en grande, Llegada al primer priso distinguió
un rayo de luz que salía bajo la puerta del saloncito. Creyó que sería una lámpara olvidada y cuando entraba para apagarla, tropezó con el amigo Robrochón, que se disponía ;t bajar.
Por la actitud de Hugo, Cati compr~ndió todo.
-¡Ah! exclamó haciendo una mueca significativa. Esto es indecoroso. Pero no
salga usted, porque los perros van á destrozarlo.
-¿Qué hago? Preguntó él con desesperación.
Lo contempló un instante la recamarera. Después alzando los hombros.-Vamos,
dijo; le tengo compasión. AqllÍ está la llave de mi cuarto; escóndase usted allí hasta
el amanecer., .... Es el tercero á. la izquierda.
Muy desconcertado, Robrochón tor•6 la llave que le ofrecía aquella joven, y se re.
tiró preguntándose vagamente si no tendría ella la intención de reunírsele.
-¡Oh! reflexionó profundamente humillado ...... ¡la doncella!

*
••
Largo rato permaueció Cati pensati

"ª· No era ella fea; al contrario, de muy buenas

formas y de modales distinguidos .
¡Tengo mis diplomas! se dijo. ¿Sería él. ..... agradecido?
Después decidiéndose ¡Ay, no! murmuró. ¡Sería indecoroso!
Y se extendió sobre e1 canapi, á fin de dormir un poco.
'I'raducci6n del francés por J uuo Pouu.T.

!la cuna t,acía.
CGADRO POR 'll'ANGEL OCAHA.XZA.

(Fot. rropo1cionada por el Ing. Fernando Ferrari Perez.)

/

Tomo T1.-~W,mero f!l

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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24 N OVIBMBRE, 1895.

EL ~IUNlJO.

erca. En vano era que ella recordase á su ma1·ido el solemne juramento de no dejarlo atavesar el dintel de su alcoba. Mientras mayor era la resistencia de una,
mayor el apasionamiento del otro. Lo m.ís que podía esperar aquella imprudente
mujer1 era un plazo que permitiera al otro galán eYadirse.
-Escuche usted, Félix, dijo ella ca.i:i con ternura; déjeme ustéd reflexiona.r y consultar. Me ha conmovido usted, le ruego que se vaya., ....
Un beso otorgado de buena volmltad, lé valió ganar el pleito: Félix entró en su habitación.
Inmediatamente la joYen corrió el cerrojo y dirigiéndose al diván, levantó la cubierta, ansiosa por saber si Robrochón respiraba aún~
Sí, todavía respiraba, pero presentaba una cara más fea!
-Ah, señora, exc)amó, saliendo penosamente de su estrecho encierro; ¡tiene usted
UDa saugre fría!
-¡Chist! replicó Angela. Ya hablaremos otra vez, ubermano mío,n pues siempre
existirá ula unión de laa ahnas,n (&lt;Un mundo mejor,u y «ese amor puro quen ...... ¿eh?
-Todo lo que usted guste 1 respondió Hugo, impaciente por marcharse. Pero por
ahora, le confieso á usted que he perdido algo la cabeza. '
-¡Chist! repitió la joven, escuchando con atención cierto ruido que se oía por la
escalera.
Reconoció en breve la voz de Catalina que rent-gaba contra los perros ú. quienes
trataba de sujetar. Ni manera de salir por allí¡ pero una vez sujetos los perros, Robra•
chón, que había escalado el balcón, podría irse por el mismo camino.
Haciendo de trip!l.S corazón, se dirigía ya él hacia la ventana., cuando ¡Santo cielo!
una cuerda con nudos cayó á través de ella de arriba para abajo.
Félix, obstinándose en el deseo de una reconciliación completa é inmediata, sal•
tando el cerrojo, se había encaramado ai piso superior y ur.ilizandlJ los andamios y
utensilios que habían dejado por allí los albañiles, se propuso sorprender á su mujer
cuando estuviese ya dormida. El también se transformabu en Romeo, á riesgo de romperse la cabeza. Esto era halagadvr y debía agradecerlo Angela, sin duda; pero ese
exceso de galantería complicaba espantosamente la situación. El bueno de Rugo, no
lo desconocía, y lívido, tembloroso, como perro mojado, ofrecía un aspecto que inspiraba piedad.
·
No había modo de escapar.
-Entre usted en mi alcoba, dijo vivamente A.ngelu, empuj;í.ndolo de las espaldas.

¡Era tiempo! Félbc ten fa ya medio cuerpo adentro, y un momeHto dl;!spué8, cafa de
rodillas á los piés de su mujer.

-Qué quieres, le dijo: los remordimientos me agobiaban. Es preciso que me perdones ...... formalmente.
'Ella pensaba: Caso más original. A. mi galanteador voy á deberle que me devueÍva á µii marido.
Sin embargo, como Félix la devoraba-á besos, queriendo llevá.rsela á su cuarto, se
vió precisada á decirle:
-No, amigo 1nío, no¡ he jurado que no entraría.a en mi alcoba. Pero, agregó sonriendo graciosamente: no he jurado no atravesar el dintel de tu cámara, de la tuya ..... .
}'(lyi,.,,,,_

extraordinari1,.q.

Jl01'111'G0 l~DE DICIEMBRE DE 1895.

Entretanto, Cati que, no logrando sujetar á. los perros, los había, al fin, dejado en
paz, subía á su habitación renegando en grande, Llegada al primer priso distinguió
un rayo de luz que salía bajo la puerta del saloncito. Creyó que sería una lámpara olvidada y cuando entraba para apagarla, tropezó con el amigo Robrochón, que se disponía ;t bajar.
Por la actitud de Hugo, Cati compr~ndió todo.
-¡Ah! exclamó haciendo una mueca significativa. Esto es indecoroso. Pero no
salga usted, porque los perros van á destrozarlo.
-¿Qué hago? Preguntó él con desesperación.
Lo contempló un instante la recamarera. Después alzando los hombros.-Vamos,
dijo; le tengo compasión. AqllÍ está la llave de mi cuarto; escóndase usted allí hasta
el amanecer., .... Es el tercero á. la izquierda.
Muy desconcertado, Robrochón tor•6 la llave que le ofrecía aquella joven, y se re.
tiró preguntándose vagamente si no tendría ella la intención de reunírsele.
-¡Oh! reflexionó profundamente humillado ...... ¡la doncella!

*
••
Largo rato permaueció Cati pensati

"ª· No era ella fea; al contrario, de muy buenas

formas y de modales distinguidos .
¡Tengo mis diplomas! se dijo. ¿Sería él. ..... agradecido?
Después decidiéndose ¡Ay, no! murmuró. ¡Sería indecoroso!
Y se extendió sobre e1 canapi, á fin de dormir un poco.
'I'raducci6n del francés por J uuo Pouu.T.

!la cuna t,acía.
CGADRO POR 'll'ANGEL OCAHA.XZA.

(Fot. rropo1cionada por el Ing. Fernando Ferrari Perez.)

/

Tomo T1.-~W,mero f!l

�1? Drcmm1RE, LS\l'i.

EL MUNDO.

170

19 Drn1mrn1rn, 18\J5.
-Pog..índole, por qué no ..... .

Fáginas i!.Heraria~.
COINCIDENCIAS.
(RIGUJlOSAMliN7~ H/STORICO,)

I

S que lean esto que YO.Y ,í contarles, me sumndr:í.n vulgar ú loco, f..•111bustero ú Yisionari~,
}Cl'O juro por mi .ínirna. qne es cierto y que viven n1nchostestigos honorables que pueden re-

-¿Qué va usted it hacer, Vicenie?-preguntó el güero

Un :újimrnc11 11~rnl.

Medhrn?

-Nada! que c:=e Salmerón, al mirar agotada la. leña del
qnemaden&gt;, ee ofreci6 ,t lle,·ar toda la que tení:.i en su
casa para. que tosturan con tila,¡ hi pobre sentenciada.
-E~tá bueno.
-¿'\ole parece tt usted que da golpe?
- Y:\ lo cn•o.
-Escrib,i u~t('d-agn·gú Riva Pc1l:1cio-...... tan fan:itico y tan malo, que notando qne ~e había consl1tniUo gran
parte de la leila tlc ];l hoguer.l. y que la qne aún quedaba
no alcanzaría para el castigo, OÍl't:!ci6 llevar la leña. que
guardaba en su c:1:-:;a, oferta que fué aceptada con placer

por los vertl11g1J!I.
petirlo.
Se acabó el capítulo; se llevaron el original á la im
El hecho e~ sobrenatural y raro; pero tantos hay as( en
el mundo, &lt;1ue nos conforma.1110.:l con llamarlos casua- prenta; se publicó en el día señalado la. entrega de la
lidades, coincidenci.~ ú fenú111e11os mi::iteriosos, sin in- 110vela y corrieron los nños.
Un dia, el mumorable D. Joaquln Cardoso, que fué Di·
quirir las causas, porque no nus importan, ni referírsdos
rector
de la Biblioteca Nacional; em•ió al General Riva
á nadie para que no se uos rían en las barbas.
Y vamos al caso, que bien merece contarse sin preám- Palacio dos cajones cerr'Jdos y sellados por el Santo Oficio,
conteniendo ign01ados documentos 1t fin de que los revi•
bulos.
A raíz del triunfo de la Rep:lblica en 18G7, lo.:, poeta, ease el General, á quien tanto gustan, entretienen é in·
y los escritores que habian combatido por la causa de teresari esos papeles.
Riva Palacio por sus mlÍltiples negocios dejó abandonaJuárer., dejaron en paz las armas y sacudienJo sus liras
6 &amp;us pefiola8, que por citm epítetos inl1til.::s no hemos dos por algunos meses aquellos nntiguos cajones, pero
de qm·dar11os atnís de nudie, con gran entusia.c-mo can- llegó el día en que se resolvió ú. abrirlos, y algunos de
taron, como las a,·es i:i hl aurora, el renacimiento de la sus amigos le ncompañaron en la tarea.
Registró uno por uno los documentos y se encontró al
libertad y Ud progreso de su patria.
El General .H.iw.~ Pal:\cio, que no bien entr0 triunfante fin con algo que lo sorprendió agradablemente: la causa
el Ejérci1,o Republicano, pilliú, como Aureliano Rivera, de una de las Carnbajales; la müuna de que se había ocuCosía P,mtune::! y Rosalío Flores, su licencia absolnta, pado en la novela.
Aquí fué 'l roya, dijo el General, vamos á. comparar lo
pues ya no les qued,1ba, co1uo soldado~, ninguna misión
pent.liente, dando así pruebas de desinteresado patriotis- real con lo imaginario y á reir de buena gana.
Leyó algtrnas páginas, y al llegar á la acta de In ejecumo, se puso{~ e!:cribir esa serie de novela:; q11e por su floción, se encontró con esto que nos hizo leer sorprendido:
rido estilo1 lue hechos que eu ellas se de:::criben y las épo
uE aconteció que llegando al Quemadero é habiéndose
cas antiguas en que acontecen, son tod1wfa la delicia de
consomido la leña, acercóse un home llamado Baltasar
muchos lectores.
Juan A. l\Iateos, con esa volc,ínica imaginación que Rodríguez de Salmeron, ofreciendo traer m(IB lefia de la
Dios le ha dado, por m1is que se la atribuyan al diablo que guardaba en su aposento ......... ,1
cuantos se espantan de en energía liberal y de sus avanY no puedo describir la sorpresa de todos, que no puzadas convicciones, escribió tt la vez novelas históricas dimos, ó más bien dicho, que no quisimos explicar el ca•
que corrían &lt;le mano en mano, como que en sus páginas so y le llamamos una casual coincidencia.
El General, riéndose con la naturalidad de un niño,
hervía el interés de los mtis recientes sucesos.
Los dos escritores historiaron lo que más gustaba al nos decía: Pues de estas ocurrencias tan chistosas, ya me
pueblo. Hi va Palacio en ul\fonja y Casada,,1 Martín Gara- han pasado varias en la vida.
-Los espiritistas lo explican facilmente, exclamó uno
tuza,,, y uLas dos emparedadas,,, retrató ti b Inqusición
con todos los más ignorados pormenores, y en (1Calvario de los amigm~ del General.
La tarde estaba húmeda, e0menzaba á obscurecer y oíy Taborn pintó con mano maestra los sufrimieJJtos1 las
luchas y las esperanzas de los guerrillero!:! liberales en la mos todos un ruido extraño por un ángulo de la biblio·
épica guerra de la intervención francesa. En uDon Gui- teca del actual Ministro de México en España.
Allf, en un caballete de madt!ra1 estaba la silla vaquera
llem de Larnpartu (Memorias de un Impostor) enarró el
loco ensueño de un visionario que quiso ser rey de Méxi- que el príncipe Maximiliano usó en Querétaro.
co hace algunos siglo::1, y en ((La Vuelta de los Muertos"
-Sí, agregó el General, los espiritistas todo lo explidescribió la expedición de Cortés á las Hibueras.
can así; aquel fuste se est,t contrayendo por la humedad
El pueblo esperaba ansioso cada entrega de esas nove• de la atmósíera, y ellos dirían que lo está gineteando el
las y las devoraba con gusto.
espíritu de Maximiliano.
Una carcajada unánime respondió Ji esa frase, y ya naEn todas partes uEl C,erro Je la.e Campanas,n de Mateas,
obligaba á. conversar sobre secretos amores del infortu- die vol v,ió :t tratar de encontrarle explicacion á tan raras
nMo l\.1aximiliano; uEl Sol de l\.layo" popularizaba la glo- casualidades.
JUAN DE Dios PxzA.
riosa jornada que inmortalizó á. Zaragoza, y uSacerdote y
Caudillo era el libro en que se aprendía ú. amar ú. Hidalgo y á sus gloriosos compafieros los insurgentes.
CICLON.
Pero vamos al caso y no divaguemos. Riva Palacio ha
Rasga el rayo la sombrn!. ..... un sólo instante
tenido siempre la costumbre de dictar sus creaciones, y
De la noche ilumina. el vacuo seno,
el seis de Enero de 186 ...... rodeado de varios amigos en su
Y en los desiertos ámbitos el trueno
biblioteca, dictaba á. un amanuense el capítulo pendienSuelta su voz horrísona y vibrante.
te que esperaban con impaciencia en la imprenta para
De la siniestra b6vedt1. gigante,
que saliera en la entrega que se debía ú los suscritores.
Del oscuro infinito, antes sereno,
No recuerdo de que novela se trataba1 pero en ella se
Salta la lluvia y se convierte en cieno
describía por inventiva, pue.a no existían constancias
Todo!. ..... hasta el río undoso y palpitante.
ciertas, el auto de fe de una de las Carabajales, que seBate el ala Aquilón, la selva umbría
gún es sabido de todos fueron quemadas por herejes en
Doblégase Ji su impulso, cii-n ciudades
el primero 6 segundo siglo de la dominación española.
Vacilan sobreel polvo de la tierra:
-Quiero un nombre para este personaje-dijo Riva
Tempestad! ...... eres ciega, eres sombría ..... .
Palacio.
Mas con todas tus lúgubres maldades,
-Pues hoves día de los Reyes-le respondió alguno,
No eres más espantosa que la guerra!
y se le puede poner Melchor, Gaspar 6 Baltaear, los tres
JULIO FLORES.
son armoniosos.
-Baltasar le pondremos; pero hay que darle apellido.

-Póngale usted, General, el de aquel gigante cuyo retrato tie conseva en el Museo y que salía en las procesiones llamando la atención de todos por su elevadísima
estatura.
-Salmerón!
-Eso es, Salmerón; fué muy conocido del General
Guerrero.
-Como que era del Sur. M:e gusta el apellido, pero hay
cacofo11ía en esto de Baltasar Salmerón; el sar, sal, disuena mucho.
-Inmortalice usted el apellido de este flaco Rodrlguez, é intercúleselo para mayor prosapia.
-Ponga usted-dijo el general á. su amanuense-que
al llegar la hereje al quemadero se presentó un hombre
llamado Baltasar Rodríguez ue Salmerón, tan fanático
y tan malo .. ... .

LA GOTA DE SANGRE.

Sentados en la gótica ventana.
Estábamos tú y yo, mi antigua amante:
Tú, de hermosura y de placer radiante
Yo, absorto en tu belleza soberana.
Al ver tu fresca juventud lozana.
Una abeja lasciva y susurrante
Clavó su oculto dardo penetrante
En tu seno gentil de nieve y grana.
Viva gota de sangre transparente
Sobre tu piel rosada y hechicera
Brilló como un rubí resplandeciente.
Mi ansioso labio en la pequeña herida
Estampé con afán .. .... ¡Nunca lo hiciera,
Que aquella gota envenenó mi vida!
MANUEL REINA.

I
!ESTO, lluvit1, nieve, bruma, días muy cortos,
un cieln plomizo y triste, el campo desnudo, el
río l'ngro:--1ado, rodando sus aguns tembloro:-:as,
el mc-sde los dolores: ¡Diciemb,·e!
En los árboles negros, ramns nrgra~, donde ondula,
tiembla, se agita, \llHL hoj;l postrera; campo:i húmedos,
con granfü,~ ch1rcnR r¡nietn&lt;i. e-\ c:1.inino lodo,;io; en t&gt;I horizoutc mo.;,ancolíJ., en el t:'-'razón, uiebla.
Solo, cerca de mi fnego solitario, mesientom,is ai:.larlo
que nuncn. La voz del viento, el ruido monótono de la
lluvia que golpea mi vidriera, el crnjimiento le\'e de la.
madera dilatada por la humedad, el parpadeo de las Ju.
ces ......... todo me impresiona. Fijo inconscientemente
los ojos en las bra~as, como buscando un refugio ~1.1 mi
soledad! Y, sueño, fanta.sfa, espejismo, visión de mi imaginación loca, un extraño himeneo surgió ante mi ,•istu,
del fino encaje de las cenizas grises que la llama aniontonaba al rededor de los c:,rbones enrojecidos!. ..... ....... .... .

·································································•·"············
En una ciudnd desconocida, una ciltdndpequeña, lejos
de aquí, demasiado lejos, :t la distancia 11ecesari:l, un~ jo•
ven, una niña aún, que toca apenas la eµad del Hll.Ül"IIUOnio quince años acaso, acaso meno2.
Tiene la eterna historia. de los niños desventurado3. Su
madre ha muerto; su padre se ca,;ó de nuevo, su maJr:tS·
trae~ dura p;.\ra con ella. Desde la mafíana hasta la t~rde, la niña snfre; por la noche, después de sn plegarm,
llom antes de dormirse durante largas hora!&gt;, ocultando
su pequeña cab.ecit.a rubia, inocente, c:indida, en hl tibia
alruoliada.
-Cómo la he visto? No lo sé.
Mas no he podido verla sin compadecerla, y compade·
cerla sin amarla.
Tomo informes.
-¡Oh, sí, es verdad señor; ,mfre .mucho-me dicen lo~
vecinos¡ siempre mortific:Lda, humillada., acard:nalaJa a.
golpes y sobrecargada de quehacer. Todo qmeren que
lo haga ella. Apenas la alimentan. Ah! llora mucho Y
á. fe que tiene razón para llorar.
..,....Pero, acabarán por matarla?
-Eso es justamente lo que quieren; su madrastra haría todo lo posible por desembarazarse de ella¡ hay gen·
tes que no temen al buen Dios.
Yo no pregunto m,~s .
En el aqut::l momento la joven pasa delante de mf. Es
pálida y sus ojos están cercados de azul; ha l.lorado segu•
ramente. Eleva la mirada y viendo la mía fiJa en su ros~
tro se ruboriza un poco. Y yo pienso:
lié aquí, un pobre ser, que es tan desgracia~o cuanto
puede serse¡ que morirú. tal \·ez de Dena.. Y, sm embargo, es una de las más deliciosas criaturas q~e pueden verse, la imagen más verdadera de la belleza inocente y delicada ·1 la mujer hecha más que todas para ser adorada.. •
Ah! si yo pudiese hacerla pasar de ese extremo sufrimiento á la extrema felicidad!. .. ... Y pienso aún:
Para qué? ... ...... per?, sí, sí. .... :Xo estoy solo ~n el mundo y mi soledad es tr1zte? Soy r1co ..... .... supon1endo que
.........Por lo demás, ha enrojecido al verme. Y ironrío ante la hermosa idea1 loca, romancesca, q~e atraviesa mi
espíritu ......

III

En casa del padre y de la madrastra de Berta,-este es
el nombre de la infortunada niña rubia,-un hombre, cu~
ya edad no podría precisarse, cuyo aspecto no podría '1.e:finirse pero que parece má.a bien viejo que joven, con
una e;presión más bien inquietante que tranqui!izadora,
está de pie cerca de la chimenea.
Habla largamente, y lo que dice parece ser en extremo
interesante, porque el sefior y la señora de la casa, se~tados frente á él, abre!!, escuchándole, los grandes 010s,
redondos y se miran el uno al otro á. cada instante, con
aire de profunda sorpresa:
-Pero-dice por fin el marido-ella no tiene aún bedad.
-La tendrá. dentro de un mes.
-Pero usted ......
-Yo? qué debo hacer yo? se opone acaso la ley?
-De ninguna manera.
-Qué nos falta entonces? Mi última palabra e:; estu:
10,000 pesos para usted si ella consiente.
-Consentirá.
-Y usted no la verá. mú.s. Ella seguirá para usteJ, como si hubiese muerto.
-Absolutamente.
-Bien!--dijo el desconocido.
Y la compra-porque aquello em una compra-se redondeó con estas palabras:
-El juez civil es pariente de usted, ¿podemos contar
con é!?

-Se le pagará.
-Entonces, quedamos entendidos, yo respondo de todo; la cusa, se hará. á. gusto de usted.
El hombre habla aún largamente, y el amo y el ama
de la casa, parecen más y más asombrados de lo que dice;
nbrl..'n, siempre más grandes y más redondos, los ojos, en
qm• brilla una llama de avaricia.
- _Qniere usted que la haga venir aqul?
-Sí-dice el hombre.
-B~rta!-llama la madrastra.
-Berta,-le dice su padre-héaquí un señor que te pide en matrimonio¡ te casarás dentro de un mes.
L:1 ni1ia tiembla, mira al hombre que quieren darle por
marido. Ante la expresión dura de lá mirada que se cruza entonces con la suya, palidece, retrocede, oculta su cabl'cita. entre sus manos y sC echa tt llorar.
-Bestiecilla! estllpida!-grulle su madrastra, acercándm,c ll ella y aplic;.índoleun cachete; eres aún muy tonta,
110 lo mereces. Largo de aquí!
Y la empuja bacia la puerta, y la niña vuelye á su pieza y llora mucho tiempo sobre su labor, ni recuerdo de
aquella cara roja, barbuda, de gruesas cejas erizadas, de
boca torcida, de expresión maligna qne le aterrorizó.
¿No \'aldría m{ts morir que ser la esposa de un hombre
tal? Muerta! oh! qué dichosa sería así! Dormiría allá abajo, en calma, junto á su madre, bajo las dnlces flores del
.cementerio!
Pero no, es muy débil, muy tímida para darse la muerte. Se casaní. con aquel desconocido, cuya expresión era
-0ad:i yez más inquietante. La ye11ta se ha terminado.
Aquel viejo será. el espose, de aquella niila: aquella aurora tímida, será. sacrificada .'Leste crepúsculo siniestro.
La rn bita ino~cnte, será torturada, martirizada, hasta
que ha.rn dicho Si.
E-s un matrimonio extrailo el qne se celebra mrs y medio clespués. El esposo no tiene cerca de sí ni un pariente ni un amigo. Hay súlo dos testigos al lado de la des·
posada. El juez lee á los iutnros cónyuges el artícnlo de
la ley, llem á cab0 las formalidades de estilo. Habla de
pris;i como si quisiera acabar, y no ha podido oírse la
edad del marido.
FLJeron cuarenta y cinco, cincuenta y cinco, sesenta y
cinco ó m1l8? no se supo; nadie se cuidó de saberlo.
En todo caso, es \ iejo decididamente y lo siniestro d~
su nspl'cto se acentúa m,ís y más.
8o11rfo con sonrisita cxtralla el Yiejo espoSo, porq11e todo se l1a realizado; el viejo esposo de la pequeña rubia!
Y en la misma nochc,-extraño! oh! cada vez más extraño!-parte. Su suegro le acompaña á la estación:
-Ella tomará el tren á las ocho, dice él; llegarJ. 11 eso
de las diez de la noche; la esperará.a; que haga el trayecto sola; me ha comprendido usted?
-Pcrfectame11te.
Y el recién casado, á pesar de su edad, sube con ligereza al wagón, sin añadir una palabra.
1

IV
Los campos que el tren recorre :t todo ,•apor1 esMn cubiertos de nieve. En un departamento, sola, una joYencita rubia, una niOa de quince años apenas, delicada y
pálida, llora silenciosamente, y nadie supone que es una
nueva esposa que va á reunirse á su viejo marido, marido á quien por lo demás ella no ha visto sino dos veces,
al cual no ha oido decir otra cosa que el sísolemneé inexorable que ha ligado para siempre sus dos existencias.
El día triste y gris ha corrido con el tren; la noche ha
llrgado después, cuando el tren se detiene en la estación
donde la niña debe quedarae. Iba la pobrecilla dormida;
había dejado ya de llorar! Eran las diez de la noche y
la locomotora se detuvo.
La pequeña rubia deecendi6.
En la puerta de la estaci6n 1 un hombre vestido con amplia blusa esperaba.
-L'\ sefiora A ...... ?-dijo.
No añadió más; le designó con un gesto un coche rústico en que ella montó y los dos emprendieron el camino
por una senda llena de quebraduras en que el carruaje
saltaba á cada paso.
Después de más de dos horas de penosa marcha, el
hombre detuvo su caballo, deecendió, ayudó á la joven
Ji bajar y le indicó una luz que se veía al extremo de un
patio.
-Ahí es, dijo, buenas noches!
Azotó su caballo, y la pequeña rubia quedó sola, asustada, en medio del camino lleno de nieve.
Que frío! que miedo! Los árboles del campo permanecían inmóviles y escuetos¡ parecían soldados gigantescos;
los leyes ruidos furtivos, corrían por la llanura y la luz,
cuyos rayos llegaban hasta la nii.1a, parecía decirle:
-Aqul hay calor y no habitan los temores. Ven,
llega!
.
Pero, ¿no estaba ahí acaso el hombre de aspecto maligno del cual era ella la esposa? Y vacilaba entre dos temores.
.
El frío la entumecía. Avanzó co~ !&gt;aso debil hacia la
habitación, levantó el llamador é hu16 la puerta con un
golpecito, dulce, muy dulcelllente.

EL ~lU~lJü.
Bastó, sin embargo, efe levísimo golp~ para que la
puerta se abriese de par en par.
V

Com0! tiene.usted frío, pobre pequeñita! exclamó una
Yoz Yiril, pero llena de bondad. Y dos brazos condujeron
á h pequefla rubia :1 un reducido salón donde había una
gran estufa en la qne llameaba un tronco, y una mesita
donde humeaba el té y se veían algunas viandas.
Abrumada por el frío, por la fatiga y el terror, la pequeña rubia cerró los ojos y se abandonó á los cuidados
del hombre que la había llevado·ahi y que la acercó pro~
gresi va mente al fuego, le quitó sus za patitos hórnedos,
calentó con sus manos los le,·es pies helados, le hizo to·
mar un brevaje caliente á. pequefíos tragos y le habló con
una voz enérgica, pero con tal ternura, que lia despecho
de tod,1s las lágrimas vertidas, la. pequeña rubia ee echó
á llorar.
Por fin se tranquilizó, osó mirar al hombre que fa había recibido. Era aun muy feo: su color rojo, sus cejas
erizadas, su boca torcida, pero ya no tenía aquella expresión maligna que tanto la. había asustado. En sus ojos
había una mirada dulce, muy dulce, infinitamente triste
y melancólica; y en tanto que de pie ni lado de ella, le
prodjgaba sus cuidados, pll!mse :í. hablar con acento conmovido é inseguro, que la turbó y htconmo\'16 también.
El le pedía perdón, casi en voz b'lja, de haber unido su
infancia á su vejez. La. vió tan de~graciada que quizo sacarla del infierno en que se se encontraba.
No esperaba hacerse amar ...... em muy feo ...... siempre solitario, pero sí quería un poco de carifio¡ y siguió
hablando, y su voz t·ra cada vez m{Ls dulce, más
tierna:
Ella quedaría li\.Jre después de s11 muerte,. ..... y rica-él
sería para ella un pa&lt;lre ...... nada más que un 1mdre..... .
Y decía esto con tanta resignación y á la vez con tanta
pena! con una inflexión tan dolorosamente melancólica,
que la pequeña rubia sentía el corazón oprimido!
Y e;¡ tanto que hablaba, parecíale á ella menos feo. La
boca no era tan repugnante; el color, menos rojo que al
principio; los ojos,. bajo sns cejas espesas y erizadas, tenían una expresión tan dulce, tan llena de bondnd ......
No tenía el aspecto de un viejo, más bien el dé un infortunado.
Explicóle él lo que había hecho por obtenerla y lo que
haría por hacerla feliz.
Y advirtió ella tal bo .. dad, tal trist('za en su rniradahabfa. sufrido tanto la pobrecilla; se le proporcionaba algún arrimo-que se ;:rodujo un mi lag:- : Ya no era viejo
á. sus ojos¡
Colocó su pequeña mano de reina sobre la espalda del
hombre y bajito, bajito, le dijo:
-Oh! JO os pido que no estéis tl'iste; si lo dc-f&lt;.mis .... ..
yo ...... yo ...... os amaré!
El la. miró; permaueció un momento inmóvil y e&gt;lla le
contempló con estupor: La barba cayó así'como las espesas
cejas¡ ~nía él en la mano upa peluca gris, que arrojó lejos
de sí; su color se esclareció, y su boca, perfecta y son•
riente, dejaba ver dientes blanquísimos. Sus cabellos eran
negros; ¡era joven!
-Perdonadme, queriJa Berta1 os he engañado, dijo.
¿Me qnerriais lo mismo si fuese menos feo y :;:enos
viejo de lo que habéis creido?
-,-Os amé tal cual erais, por gratitud, dijo ella ruborizándose. Os amaré ahora también ......
-Por amor!-concluy6 él sonriendo y recibiéndola en
sus brazos:-pequefiita mía: idolatrada! Princesfü• de mi
alma! .. ... .

···········································"•···································

Pero qué es esto'? Mis ojos se abren y me encuentro de
nuevo solo, cerca de la chimenea, en que las cenizas ya
frias, lanzan de vez en cuando extrafias chispas que la
sombra engulle una á una, como la realidad triste, una á.
una también, las ilusiones de mi ensueño! Dormía! ..... .
(AMADO NERVO, TRADUJO.)

EL ESPEJO.

171
á sus colibríes, ha encendido su sol amarillo, y se ha vestido de verano para recibirlos ......... La criolla se engaña:
ha creído que aquel calor brutal y pesado del Norte hade
ser un calor duradero, y tomando aquel eterno wrdor obscuro por el Yerdor de la prima vera, ha colgado su hamaca en el fondo del parque, entre dos abetos, y se pasa
todo el día abanicándase y meciéndose.
-¡Pues hace mucho calor en el Norte!.;_excbma entre
risas.
Sin embargo, una cosa la inquieta, ¿Por qué las cllsas
no tiene!1 azotear,; en este extraño país? ¿Parn qné esos
gruesos muros, esas alfombras, esas pesadas colo-aduras?
¿De qué eerviritn esos grandes hornillos de loza, e;íls enormes pilas de leña que amontonan en los patios, esa~ pie·
les de zorro azul, esas mantellinas con forros dobles, esos
abrigos de peletería que duermen en el fonUo ele los armarios? ......... ¡Pobre adolescente, pronto lo sabr:í!
Una mañana, al despertarse, se siente la criolla presa
de un gran calosfrío. Ha desaparecido el sol, y &lt;lel cielo
obscuro y cubierto, que parece haberse acercado t'L la. tie•
rra entre tinieblas, caen unos copos ele felpilla blanca y
silenciosa, como la de los algodoneros. i El irl\'ierno, aquí
esttt el inYierno! El vlento silba, zumban las estufas.
Dentro de sn jaulón de doradas celosías ya. no gorjean
los colibríes. Permanecen inmóviles sus alitas azule~, rosadas1 de rubí, Yerdemat\ y da pena Yerlos arri111nrse unos
á otros, aletargados por el frío, con sus ngudos picos y sus
ojuelos como cabezas de nlfi!er. Allá abajo, en el fondo
del parque, la hamaca llena de escarcha, y las·1·nmas de
los pinabetes son de cristal hilado ...... La criolla siente
frio y no quiere salir.
Hecha un ovillo delante del fuego como uno de sus p.Í.·
jaros, pasad tiempo m;rando la ila.ma, y evoca al su! con
sus recuerdos. Dentro de la gran chimenea lu111inrii-::a y
ardiente, vueh•e :í. ver todo su país: !os anchos 1nnelles
bañado~ por el sol, con la parda melaza que rei-::nma y
fluye de las caña¡:: de azúcar, y los granos do maíz flotantes entre un polvo dorado; luego, las siestas d1.:l mediodía, las claras cortinas, las esteras de paja; d~~pnés, las
noches estrelladas, las brillantes luciérnagus y nii!loues
de al itas que zumban entre las flores y en las rnalh1s" de
tul de los mosquiteros.
Y mientras que suefla así ante fo. lumbre, sucédense los
días de invierno, cada vez mlls cortos, cada vez más ob3·
euros. Todas las mañanas hay que saca.r de la jaula un
colibrí muerto1 y ya no quedan más que ~os: un TIªr de
vedijas de plumas verdes, qlle se erizan una junta á otra
en un rincón.
Aquella maiiana no ha podido le,·antarse la criolla. El
frío la agarrota 1 la paraliza. como á una bala11dr;1 111aho•
nesa encerrada entre los helados témpnnos del X111te. El
día ~t;Í. obscuro; fa estancia triste. Laescarcli-.:i. ha extendido sobre lus vidrieras una gruesa corLinade ~c&lt;la mate.
La ciudad parece muert:L. y por las silellcio!-ns calles silba con lamentos el barr~nieves del vapor ...... Dentro de
su lecho la criolla hace relucir las lentejuelas de su abanico para distraerse, y pasa el tiemvo mirándose enespej9s de su tierra, guarnecidos con grandes plnmns indias.
Sucédeuse los días de invierno cada vez nd~ cortos
cada vez más ohscuros. La criol;a languidece desolad~
entre sus colgaduras deencajee. Lo que la e11tristece, so·
bre todo, es que desde su lecho no puede ver la lumbre.
Parécele que ha dejado su patria por segunda vez ..... . De
cuando en cuando pregu.ntn: u¿Hny !uego eu la habita•
ción?-Sí, lo hay: la chimenea está.echando llamas. ¿Oyes
chisporrotear la leña y estallar las pifias?-¡Oh, yearnoe,
veamosh1 Pero por más que se inclina, la llaurn est:i demasiado lejos: no puede verla y esto la desespera.
Pues bien. Una noche que esta-pensativa y pálida, con
la cabeza al borde de In almo bada y los ojos yueltos constantemente hacia aquella hermosa llama invisible, aproxímase á ella su amado y coge uno de los espt·jos que están sobre la cama. ({¿Quieres ,·er el fuego, mouina? ....... ..
¡Bueno! Espera ......... n Y, arrodillándose dt:lante &lt;le la
chimenea, trata de en,·iarla con su espejo un reflejo dé
la mágica luz: i(¿Lo , es'?-¡Ko!No veonada-¿A.hora'! ......
-¡No! Tampoco ..... ,n .Luego, al recibir de pronto en pleno
rostro un rayo de luz que lo rodea con un uimbo, u¡Oh! ¡Ya
lo veo!u exclama gozosa la criolla.
Y muere sonriéndose, con dos llamitas en el fondo Ue
los ojos.
ALFONSO DAUDEr.
1

~\

l~

L Norte, á las m1frgenes del Niemen, llPga una
tierna criolla de quince años1 blanca y sonro.sa, . ~ da :::omo la flor del almendro. Yiene del país de
los colibríes, la conduce el viento del nrnor ......... Los de
su isla" la decían: uNo te vayas ...... Hace frío e11 el continente ...... El invierno te matará ..... .,, Pero la criolla no
creía en la existencia del invierno y no conocfa el frío
más que por haber tomado sorbete:s; ademt1s estaba enamorada y no temía la nmerte ......... Héte aquí que desembarca ahora allá, entre las nieblas del Niemcn, con sus
abanicos, su hamaca, sus mosquiteros y una jauln de doradas celosías llena de pájaros de su país.
Cuando el viejo Norte ha visto llegar aquella flor de las
islas et1Yiada por el l\fediodía en un rayo sol, su corazón
se h~ conmovido de lástima, y pensando con acierto que
el frío i,p hnhrÍfl. de trng::ir de 11n hnc:1.rln :i h r1 n11í'"l 1itn r

EN LA AUSENCIA.
Cuaudo niño á mi padre le decía:
Dime, ¿por qué vuestro cabello es blancu?
Y el anciano muy triste resrondfa:
.Es la. nieve que engendra e desengafi.o.
Ahora le digo triste y pensatiYo,
En medio de suspiros y de llanto:
Tú que sabes mis penas, padre mfo,
¿Por qué no tengo los ca.bellos blancos?
G" smEr, Düz GUERRA.

�EL ~JUNJHJ.

172

J~ Drcrn11uRE. 1/i!J,5.

19 DICIEMBRE, 1895.

EL MUNDO.

"'7
LJOraJ·d a, ,,

cuadro d~ h)enjamín @:onstant.
(Gmbll.dr, e11 los talleres de J:.1 .lhw,u,.)

1/ie+'el.
/
del ba1•ie , cL1adro por l.:',
R'onrado
ua cron1ca
·1
"f\
I'

1

(Grabado en los talleres de El .llu11do. )

,

173

�19

EL :\IUNDO.

174

}e)áginas ~,i{eraria5.

Woemas del sislo.
IYPLAC.-\.BLE . . ,

I
Quién te trajo? Qué im_pulso mist~rioso
Te acercó á. mi camino? Qué potencia.
Infernal, te mostró mi, irnmilde yida
y te dijo: iiAhí está; tomala y hté~ela?
¿Qué destino invencib)e, q_ué de,st~no
Encadenó ú la tuya ~m ex1steJ1C\ª·
Yo fuí cual arbol Joven, en m1s ramas
Cantaban los zenzontles sus endechas
y formaban su nido las ah~ndras
Y sus ricos panales las abeJas.
El eol me acariciaba con _sus rayos,

La luna con sus luces macilentas,
Plateab~ mis frondas r°:m?rosas,
El viento balanceaba mi cimera.
.
¡Yprendiste:i. mis piés 1 gérmen maldito!
¡Y creciste :i. rn1 ~ombra, mfam1: yedra.!

Y enredaste á nH tronco tus ~eJucos,
Y colgaste festones por doqmera...... ... .
Yo dije: uEs una hermana, que se acoJa
A mí. que se difunda, que florezca.n
...... Y después, con tus tallo~ trepadores:
Tentáculos floridos de faméhco. 1
¡Agotaste la savia de mi vi~a!
Exprimiste la sangre de mis venas!
II
¡Maldita! Y lo peor es que t~ am~ba!.
Que aunque la fi rme YOZ de m1 conciencia:
-Arrójala de tí!-me repetíaArrójala por Dios, que te envene)1a!,
No la quise atender; est.a.~a solo
y tu me acompañaste; m1 ~!!na era
Ignorante y sencilla, y le d1J1ste
Como el numen al bardo: (~()anta .Y .crea.n
¿Porqué te había de n.tToJar? V1mste
Con sonrisns y mimos y tern.í'zas,
Y con sonrisas y ternura y munos,
Alcanzaste mi íe, ruda y sincera.
Despue~ era imposible abandonarte;
Me suby;gaba tt,1 pasión d~ histérica,
Me atraían tus OJOS, esos OJOS
Dilatados, cual mares sin riberas,
Esos ojos tan negros y tan grandes,
Con pestañas tan grandes _Y tan neg~s!
Porqué te había de arroJar? ¡Tan Joven!
Tan pálida! tan debi~! ta!1 enfei:ma!:······ ··
y hablaban mi conc1en~ia y ~i ca_riño,
Diciendo mi cariño y m1 conc1encrn:
La ses:unda: «Te mata si la sigues!i1
E l primero: uLa matas si la dejas!&gt;,
Y te seguí; mi corazón vencía:
.
Siempre ha yencido en mí! Vana es la idea
Cuando al alma que va buscando otra alma,
El destino le dice: uMira! es ella!n
Te segu! por ve~eles y desier.tcis,
En busca de un retiro que nos diera,
Un poquito de sombras en. e~ día,
Un poquito de luz en las trnieblas.

IlI.
Mas ¡qué pronto creciste! Tú, la débil,
¡Cuán'presto te rnlviste corpulm;rtal
Yo, que por sierva te ami,aré P.r1mero1
Tuve después que confesarte rema!
Una tarde, Uegastes ú mi lado;
Yo roírab:i. los montes y las selv~,
y con voz armoniosa y melancóhca,
Preguntaste:--;-.Qué miras, en qué pie!)sas?
-Pienso, te d1Je, en la bondad del Cielo,
Que la vida creó tan dulce y bella!
-La vida-replicaste-es un engaño;
La muerte es un ensueOo y una tregua;
Para morir se 11acc, y en la tumba,
Se duerme un solo instante, y se despierta.
-Se despierta! y porqué!
-Porque nos llaman
Otra vez las angustias, la contienda,
Y es preciso acudir.
-En buena hora¡
Mas, después?
-Otra muerte nos espera
Y otra vid.a más tarde .... .. .. .
- Y cuando acaba,
Respóndeme por Dios, esa cadena?
-Su postrer eslabón está muy lejos!
-Pero, ¿donde se halla?.
-Es tan rnmen~a
La escala del progreso, '.J.quella esc1_1la
Que el patriarca Jacob en su~üos nera!
-Ten pieda&lt;l de mi duda! dilo pl'onto:
Esa grada postrer ¿á donde llega?
-El espíritu humano 1 a\·rmza, ayanza ... .. .
-Y al fin?
. . E
.
-Se funde á. la D1vma senc1a.
-Seremos Dioses pues .... . .
-Seremos Dioses.
-Y porqué recorrer tan dura senda
De torturas y anhelos y pesares,
Para llegar allá?

--Calla y espera,
Que un día lo sabrás.
...... Sentí al oirte,
La fatiga del bólido. que brega .
En medio del espae10 y hueca lhmte
Que delenga i::u giro y no lo encuentra¡
La fatiga que sienten, de seguro,
En su ronda febril, Paolo y Franceses.;
La fatiga. de tautos esl.abone.s,
La fatiga de tantas existencias!
Y se hizo en mi espíritu la noche,
U na noche infinita, sin estrellas,
Semejante Atus ojos, esos ojos
Dilatados cual mares sin riberas,
Esos ojos tan negros y tan grandes,
Con pestañas tan grandes y tan negras!
IY
Pasaron muchas horas, y un dia
En que el campo teñido por el alba 1
Era. rico joyero, que mis ojos
Con sus nítidas perlas cautirnba,
De nuevo te acercaste misteriosa,
Y dijiste:-Qué piensas! qué mirabas?
-1\liro-te respondí-la hermosa \ ega
Y pienso en las tristezas de mi alma.
-Tu alma! y si tn alma fuera un mito?
-Impósib1f': no Yes que piensa y ama 1
Que t.iene idea de su !!er?
-Y aca~o
No la tienen las bestias y las plantas?
Lo que tu llamas alma, es una fuerza,
Por la Fuerza suprema, desLi nada
A 1111 fin, el cual cumplido 1 se disuelve,
Y tu Cllerpo, que fuera sn mora~la,
Es perfume y es luz, color y n11do,
Gas en el cter y en el tallo savia!
1

Y.
Aun no 1::aciabas tu ~rueldad impía!
Otra vez.me dijist&amp;--¿Qué deseas?
¿Porqué c~tudiasJ porqué trabajas tanto?
Pensador \' filósofo y poeta,
¿De qué t..e" st•rvir:ín esos afanes
Si eres polvo y bien f:S que al polrn. vuelvas?
-Trabajo por cumplir con 1m destmo.
Tu dijiste que mi alma es 11na fuerza,
Y concurn: al progreso de los otrns,
Por w•r si haciendo l'l bien, ella progresa!
-Y qué te irnporta que adeh1.nt.e el ~undo
Si sieoopre lia de penar! 011! de1a, deJa
Que reine la ignora~lCia, que :t lo menos
El que ignor::i. es feliz, porqne ~o anhela!
Saber, es padecer! ¿I?e qn~ te si.rve
Suprimir la ignorancia.? S1_ pudieras
Supri111ir los d?lo_res ....... ~1 alcauzaras
A eYilar una lagrima s1qmera .... . .
-Entonce á qué vivir! :t qué la lucha!
A qué el at'norl á qué l.1. in~eligencia!
.
A qué sembrar el cam.po! a qué la máquma
Mover sobre los mares y la tierra.!
Lanzaste una estridente carcajada,
Y con voz cavernosa me contestas:
-A nada! La creación, es del fastidio
De un Dios, la hechura inútil é inconexa.
.. .... y'hundiste tus miradas en las mías
Y la noche tornó callada y fiera ... .. .
Tus ojos la traía~! esos ~jos.
Dilatados 1 cual mares sm riberas,
Esos ojos tan negros y tan grandes,
Con pestañas tau grandes y tan negras!

VI
Y me dijiste aún:-Tn Dios no existe!
Es un fantasma que forj? el proscrito ..... .
Dios es el orbe, ~a materia, el co~mos.
La impalpable molécula, en su giro
A través del espacio y de los ti~rn.pos,
Desenvolvió su sér: fué gas lumínico,
Fué sístema 1 fué mundo, y en Sl! seno
Surgió el invertebrado¡ el organismo
Perfeccionóse al fin, y yino el l!0mbre,
Microcosmos hermoso, y los abismos
No pueden responder á. su pregunta)
Su pregunta se pierde en el Yacío ... .. .
······ ·········•·························· ··············· ······· ·· ········ ····
Ya no más inquirir! Chupa. mi sangre
Si en mis venas, ya lívidas, aun queda!
Oprímanme tus brazos y ah6game
Contra tu seno con furor de histérica.
Y Uesénme tus'labios incoloros,
Y hiéleme tu cutis de culebra!
Chupa chupa la savia de mi vi&lt;la,
Si es que'puedes c~n~parla, ~i es que re3ta!
¡Oh frebre de anáhs1s maldita!
Enfermedad terrible de mi época,
Amada de los hombres de mi siglo,
Neurosis ton·a, excítaciún perYerrm]
Haz la noche en redor con esos OJOS
Dilatados, cual mares sin riberas)
Esos ojos tan negros y tan grandes,
Con pest.aílas tan grandes y tan negras!. .....
Vll
Espíritu sublin~e! he,rm~sa imaien
Del Eterno Principio, a qme1~ la tierra
Detiene preso, desolado y triste, .
A quien rinde el dolor, la áuda lnela
Y el hambre de saber lo incognoscible
Devora. sin clemencia:
¿Para qué inYestigar si natln alcanzas?
Para qué analizar sí .nada encuentras?
Si después de una \'Ida ele preguntas,
La muert-é sólo te darit respuesta?
Trabaja y cr&lt;-e; si la labor es dura,

DICIEMBRE,

1895.

¡?

Si el dolor te persigue por doquierai
Si, filósofo y sabio, e~M pr~sc.r1to.
Que camines en n~edio de t1meblas,
Cierra los ojos fatigados; busca. .
.
A Uios, Eterno Bien, en tu conciencrn,
Alúrgale tu mano temblorosa
.
y marcha1 con 9} alma siempre abierta
rara todo dolor que busque amparo_, 1
Difundiendo tu amor por donde qt~iera.
Así la triste la implacable Novia,
De tu'camino ~partará su huelh1 1
Y la novia dirin~: la Esperanza,
Te dar1t con sus ojos luz y fuerza.:
Unos ojos muy bellos y muy grandes, 1
Con pestañas muy grandes y muy bellas.
A1fAD0 NER\'0.
Noviembre de 1895.

];)ICIEMBRE,
EN

EL

1895.

Al.BUM DE LA SE~ORA

(!ánaida rooaelo

ae

Zaragoza.

. Ya que- has vi!'to estn tierra en que se entrana
De tu patria el amor, h~ fe y la. gloria,
Lleva de ella recuerdos Atu Espaiia
Como el que tú le dejas por memoria.
Bella, gentil, graciosa, inteligente
Has sido aquí admirada. y aplaudida
Y hasta el sol indio expléndido y ardiente
Ve'rtió más luz para alumbrar tu vida
Pronto vas á. partir! Dí en tierra hispana
Que entre mis l.11.0~ y Rilve:-itrr.;;, fhrPS
G·tarila :u11u 11,· la i·•1't'a H1\·Aie.,1u
L.i. ¡;lu11.~ y el liuuu1· &lt;lu sus mayores.

---~---

JUAN DE

Dros PEZA .

Noviembre de 1895.
Mucho silencio bajo los pinos;
La luz apl!nas ~e atreYe ll emrar
En í'S:\ c;1!1e de Yerdes tull~s,
Donde i:;e enreda hobscuridad.
·()n·í.ntos •uni,,.os en los sepulcros
D~ bl;nco' 11·1:hn~ol ú piedra g1 is! .
¡Cuántas alfombras de ((110 we olv1desu
Hay oh,idadas en el jardín!
Abajo, sicmbnu-=, 1,~cl10s y torres;
El p,wonuna de la crndaJ; . , .
El ancho h,go, que dut&gt;rmé mmov1l,
Lfl cara,·amt qtw lenla ni.
.
Y en este cerro, lli's1mdo y triste,
El alta reja 1 la íérrNt crnz,
Y un jardinero que indiferente
Mira el cortvjo y el ataúd.
Hemo~ llegado: ya abre )a fosa;
Suenan los golpl'S tle_l a~aU.ün,
Y t-1 sacerdote, brenal'io en mano,
Rí'za las prCCl'S ú media. voz.
Los cin.nmstantes, formando grupos,
Mny pensativos I:\ tierra yen,
Y ~e prerrnntan
dentro del alma:
0
¿Cuándo en su rnno repo~aré'?
OLro!I- recorren las aye111clas,
Los epitafios leyendo van,
.
Hablan de aquellos que ya no existen,
De la que l\eyan ,i sepultar.
.
¡Cu:1ntos semblantes que nada dicen!
¡Cu.í.ntos dolientes de mal h.mnor,
Porque se tarda la ceremoma,
Corren las horas y quema el sol!
Unos se burlan de lo3 Fepulcros,
Otros contemplan con ansiedad
La tierra obscnra, la blanca tumba
Donde sus padres durmiendo están!
Sobre la fosa. recién abierta
J)escani:a inrn6,·il el ataúd ... ..... .
¡ Y en esa _caja negra y angos~a
Ya para sieuipre descansas tu!
l\IAKUEL GUTlÉRREZ NÁJERA .

La muñeca de la abuela.
{C.\:il MO:-:ÓLOUO.)

l

Siempre en el arte han sido .
temibles las rarezas ele los gcmos,
porque sm'.ge del caos una nube
de aficionados ú. imitar defectos.
Las licencias poéticas que ;i veces
se permiten los vates de altn vuelo
han hecho mucho daño :i la. R1pública1
sirviendó de disculpa :i los copleros;
porque hay mucho melón que no distingue
lo blanco de lo negro
y cita defendiendo sus dislates,
á CaldRrón, a Lópu y 1i. Mon~to.
Por si A lo dicho h~ faltaran pruebas,
ayer, sin ir má~ lejos,
.
ha llegado á mis ~numos una especie
de poema pequeno
que se titula El Anibre, en que el poeta
se queja de la falta ele alimentos
con tal sinceridad, que se conoce
que le sale de dentro.
No tiene novedad, porque es achaque
de los que sientan plaza de bohemios
conmover al lector con el relato
de la. miseria que consume el cuerpo.
Lo gracioso del caso, lo que llama
la atención por lo nuevo,
es que al pie del poema hay unas lineas
que dicen sobre poco más ó menos:
e.No dejo de saber quC..\ 1 de seguro,
les chocará {l. los necios
que escriba AMBRE sin hache. P11e~ ... .lo escribo
porque me d11. la gana y por..¡ue qmer.o.
¿No pone HALMA con hache Don Benito
Pérez Galdós? Pues juro que me. siento
con corazón para :Sl'guir las huellas
ele aquel f0cundo y poderoso ingenio.
Y hasta, si bien·se mira,
tenl.Y'O vo más razón,, fundamento
par~ b urlarme así dél Diccionario 1
que ya ha dicho Valbuena qlie no es buen?·
¿Qué es lo que canto :rn? ¿No es la carencia
de carne sana y panecillos tiernos?
¡Pues estoy en caracter si del titulo
me como guapa.mente lo que puedo!
S1NESJO DElLOADO ,

:o puede menos de ser así, pues mi buena sefio-

ra dofia Trinidad TúYares, viuda &lt;le Fuentes Mazarredo e:3 mujer que, ni úe cortc~Í:l, cede el uso
de la palabra ¡t los que la vii;itan, que son muchos; porque su esposu, progre:::;ista y conspirador terribll•, vivió en )Iadrid 1:rny bien rclacionndo, y en la e~gración que precedió á la Gloriosa aún acrecentó sus amistades de importancia.

•••

-Usted siempre tan amable. Interes,in&lt;lo!'e en la salud
de tas buenas amigas comq yo, y visit:í.n&lt;lolas ...... ¡A.h pícaro, no con la frecuencia que merecernos por ac,í. Sí, sefior. Como que el tmto lH) es de ayer. ¡Pues ,1:;i levantara
la c.~beza mi Uiiun~o! ¡Ay! entonces sí que estal'iamos
visitadas y agasajadas. No lo digo por usted; pero si Fuentes hubiera vivido estab,~ yo cansaúa de Sl!l' miubtra á
estas fechas; y, claro, no faltarían en cat!a enLra.nte.s y preteu&lt;lientes. En 611 1 Dios lo Ji~puso Ue otru modo. No es
por vanidad si me qut_&gt;jo¡ soy modesta, y uoson la~ pompas y adulaciones las que echo de menos, sino el amparo
y la sombra de aquel bendito, que gloria haya, que cuantos más años pasan de su muerte 111ás lo lloro.
(Saca del holsillo el pañuelo que llet a á loa ojos, y con.fiando yo en la pausa indicada, inlento decir alguna vulgaridad,
pero la viuda me ataja en seguida.)
-Sé Jo que me va usted á &lt;lecir ...... No, 8i los ochavos
me importan poco tambien. ¿Que e11Lonces me pudo dejar
Fuentes una pensión más crecida? Pues crea usted que
ni pienso en ello. La que cubru ló!S curta¡ pero usted sabe
que en Extremadura tenemm, una dehesa y varios terruños. Poca cosa, aunque lo bastaJJte para vivir si no con
Jujo con holgura¡ se entiem.l.e habiendo economía. Esto
sobre todo. Ni li1s minas Jel P1Jtos( b.1st,U1 cuando en la
corte Sl:l vive sin an·l:lglu. Y yo tengl\ qul:l mirar al día de
mañana. Y:1. u:;tel compreml.er.i que me refiero ú Lolita.
A mí todo me ha &lt;le ~ulm.\r, pern mi nieta 110 e~ lo mismo. Ha. cumplido dieciéetc años¡ 110 me dirá usted que
r-in provecho. ¡Qué anchurn de hombros, qué salud y vigor, y luego qué boca&lt;leclavt:ll;!s y qué ujillo.:1 aquellos tan
encandilados y traviei:loS! Pue1:1 hijo, ya usted debe de saber cómo est.tn ahora lrn; hombres. ¡Cómo se dan á valer! Antes con poco garabato que tu vier;.\ una muchacha
les llevaba como á corJ.erito.:i ca1ui110 de b \'icarfa. Ahb ra ...... sí, sí.
( Quiero protestar en favor de mi sexo, pero adivinando doña
Trinidad mi intención, me deja petrificado tras del furioso
golpe que me descarga en el muslo con su abanico, que está á
pique de romperse. )
-Tendría gracia que los quisiera usted defender. A mi
con esas, que el domingo antes del Corpus cumplo los seseuta y cinco. Vivir para ver. ¡Ay! ojalá no hubiera yo
visto tanto. Y en esto de la picardía de los hombres ¿qué
me dejó por enseñar aquel endiablado de mi yerno? ¡Jesós! ¡Jesús! ¡Dios me tenga de su mano y no permita que
se me desn.te la lengua! P~ro ¿qué le tengo que dedr, usted, que amigo antiguo de ver.u:! 1 de memoria 1:abe las
desventuras de mi pobre Anita? ¡Qué mártir de mujer!
Cierto que empltmdu le estuvo por de8obl!diente, que ni á
su padre ui 1t mí nos engañó el galancete con las estrellas
de capitán y su carita rubia tla hipócrita redomado. No
llevaba un aiio de matrimonio cuando Re j11gó los fondos
de la caja. De aquella vergüenza. murió mi pobre Fuente:,;, y sobrevino ii. Anita la enfermeJ.ad que !a. lle\'Ú al sepulcro. l'ue:-:, ¿y hiúlti111ac:d:n-&lt;&gt;radadel maldito? Suble-VUl'i:ilj en .ll.1J;1józ p;.Lra !.!migrar ,t Francia, y no volverse
:í. acorJar tl~l pilllpollo de su hija, que no ser por esta pobre abuela1 andaría pidiendo por medio del arroyo, 6 la
lmUrfan encerrado en San Bernardino.
( .1.Yuevas lagrimitas de dolía 1'rínidad y nuevo intento por
m.i parte de interrumpirla para consolarla. )
1

EL EJEMPLO.

0

'

175

EL l\IUNDO.
-¡Lola de mi alma! no la h,\ lle faltar en lo que yo viva quien se mire en ella, y si mucN, y,i !t.1 qucJ.:1r.i un
modesto pasar, así no se c,IBe; que 1:erfa lo mejor de hacerlo con la mala suerte de Anita. Y no ser.í, que para
eso tiene en ~u abuela alma y sentidos, y anda siempre
ojo avizor. Digo si estoy escarmentada para que otra vez
me la peguen. ¡Nada de Ursulinas! ¿Usted enbe? estas
muchachas son unos diablejos cuando se juntan unas
con otras. Ahí estuvo mi error; gastar muy buenos duros para que mi hijt1. se de!ó!pavilara en picardigüelas mucho más que en labore~. Yino á casa con loa ojo:: bajos
que parecía una monjita, y á los pocos días tuve que
echará la doncella por'-!ue tomaba cartas al tenientillo.
¿Cree usted que la correspondencia tf'rn1in6? Pues los
billetes iban y venían peg.ulos con oblca.::1 á la cuba del
aguador. Cuando sorprendí el depósito en el forro del
corsé de Arrita, ya era tarde, porqnl! el perdulario ya la
había depositado judicialmente la vlspern. Con mi nieta
he ensayado otro cantar, en buena hora lo diga. Profesores viejos y en casa; nada de colegios ni &lt;le amiguitas¡
eiempre á. mi lado, hasta en la alcoba; así la vigilo con
cien ojos. Como que nunca se acuesta sin qnc disimuladamente palpe las ropas, reg istre sns bolsillos. Es inocentona como una corderilla, pero crea usted q11e tod1\ precaución no est:t demá..s. Dos veces al día regi~tro el costurero y deshago lod carretes. He quitado de la i-;ala los
jarrones, y me privu de tener macetma, qne en todos e.c,..
tos sitios se suelen ocultar papeles. En fin, con dL•cirle á
usted que ni de nifüt la he consentido muilecas tle cartón
sino de porcela11a ó de madera maciza ..... .
-¡Un juguete t;m sencillo!
-Tan peligroso debiera usted decir. ¿Xo \,e sobre la
consola debajo de aquel fanal? Pues es la. ún ica muñeca
de trapo y cartón que ha habido en casa, y Lolita nunca la ha tocado. Es tosca y ordinaria como las que se
vendían en las Covachuelas siendo yo niíla. ¿No vemted
las cocas abultadas y las sortijillas? El peinado que hacía
furor cuando la rí'gencia de Espartero. A sus piés están
las charreteras que 11s6 mi marido en la milicia nacional
de 54. ¡Qué recuerdos! ¡Ay, qué recuerdo,z! Y no vaya
usted á figurarse que los del juguete difieren tanto de los
de las insignias. Y1\ yerá cuando le cuente, como pudo
esa muñeca. sal ,·ai· 1t mj marido de l:1. deportación en tiempo de Narváez, y por qué desde entóncef', con tenerles
tanto que agradecer, desconfío de esos jnruetes ahuecados, y por nada en el mundo entregnrfa uno de ellos á
Lolita. Pues el ca8o fué, y no era. 1mevo, como usted sabe, que mi marirlu co11spiraba y teníamos en casa nn rollo
de papeles, que á. encontrarlos Don Francisco Et Chico,
el terrible policiaco, el pobre Fuent.es no par:1 ha¡;t.a Filipinas. Llaman una noche á. deshora, entran 1L registrar,
yo cojo mi muñeca, lo abro con la.stijera8 por cierto sitio,
la. desocupo el cerrfn y en el hueco introtlnzco los papeles. Todo lo husmean, todo lo revuelven, hasta las s,tbanas y almohadas de la cama de mi hija, pero la \'en dormiditb, abrazando á In muñeca, y al lin se van persuadidos de que fué inmotivada la denuncia. Dígame ahora
si el juguete tiene menos historia políLica que la charretera. Además comprende_rú. por qué no he querido comprará Lola mnñecas como esa. Para un:i pollita 110 puede haber estafeta. mejor disimulada. ¡ )1ire u-,ted, mire
usted!
(Se ltL'anla do1la Trinidad, quita el fanal, coJe la mu,i-eca,
y, acercándose (Í mt, m:: la pone en la., manos.)
-Por lo que advierto, señora, tambien ha tenido la
curiosidad de conservar aqní, los compro111etedores documentos.
-¡Pero qué dice mted! ¡Ave María Purísima! Si hace
mú.s de cuarenta años que de ellos no dejé ni las ceniza:..
Sin embargo, tiene usted razón, aquí suenan papele........ .
y este bulto ......
( Extrae del iriterior de la mulieca un jCJ,jo de cartas. )
-¡Dirigidas ú. miLola! ¡Dios rnf,1 qué Cli esto! ¿l:'ero
cómo están aquí; y ese Arturo, quién es?
( Toca precipitadamente el timbre y aparece la doncella.)
-A la señorita que se presente en seguida. ¡Jesús! hay
para volverse loca. Mayo del 93 .. .... Un año hace que se
escriben, y yo ...... ¡Ah! ¡'la corderilla inocente!..., ..Pero
¿qué hace que no viene? ¡Dios me tenga de su mano, y
usted me dispense; creo que la voy á dtsollar..... .
( Reaparece la doncella.. )
-¿Que no estú? ¿Que ne se la encuentra en ninguna
habitación de la cusa'! ¡lrse! ...... Pcro ¿cómo y adónde?
¡Ah! Si ese Arturito ... .. .
(La angw¡liada abuela que se convence del rapto, leyendo
una carla fechada la vfapera, agota el repertorio de las inl-erjecciones de dolor, y se considera en el caso de dejarse caer
desvanecida. )

•*• mas para buscarlo trasEl monólogo está terminado¡
cendencia, antes de retirarme en definitiva, asomo la cabeza entre las cortinas del foro, y explico al público la
moraleja; pro1:edimiento directo que recomiendo ú. los
autores de obras con tesis, para e,·itar equiYoc.ida.'l interpretacio11es.
Y he aquí la tesis dt·l casi monólogo:
uContra. las tretns é intrigas de chicuelas con amoríos
de nada vale la. experiencia y la vigilancia &lt;le la madre
más avisada ni aún de la. más ducha abuela.
( Telón rápido.)
R. BLA:-.CO AsENJO.

$1 amor bajo los tejados.

1

gentes mal humoracfo;::, :1qnellas ,t quienes enjece y molei-ta nnest11:~ juventud, aseguran ques rosas de sn tienpo eettin ajadas y que ~ólo nosquectan lae espin¡\S.
Van por ahí diciendo á la. nueva gener:tci(m con alegría mala: 11La griseta urnere, ia griseta ha lllUt"l't0.u
Y yo les afirmo,¡ u-stedea qno mienten, que el a.mor y
el trabajo no pueden morir, que los alegres p;ij.iros de la,.
buhardilla no han podiJ.o echar á voln1·.
Conozco á uno de esos p.1jaros. Marta. tiene rni nte a.nos~
Un día 1:e encvntrJ soln en la vida. Er.i hija de la gran
ciudad que ofrcct: ,t sus hijas nn dedal b joyaJ. Escogió el
dedal, y se hizo gri~eta.
El oficio es se11cilJ.J. s:110 requiere un c,irnz\Jn y una
aguja. Consiste en a111:1r mucho y en no tr:tbajar poco.
Aquí el tmb;ijo salm.al amor, los dt'dOR aseguran la independencia del corazón.
Marta, en la mañan:i &lt;le la vida., f!e cogi\J l:1. frente entre sus manecitas y se huudiü resuelt:unent~ cu las má.e
graves reflexiones.
-Soy juveu, soy bonita y sólo de 111í lh•pende el llevar
vestidos &lt;le seda, encajes y joy,1s. Vi\·iría anchamente
comiendo m:u1jare~ delicado~, 110 saliendo ~mu en coche,
ociosa y eeritad,i tvdo el santo &lt;lfa. Pcru había de llegar
uno en que, Jespué::1 de haber verd&lt;lo tod:t~ las l.igrimas
de mi cuerpo y dominado tudm, mis repnguanciali, me
despertaría en el cieno y oiría 10::1 quej1dv~ tle nii corazón.
Prefiero obedecerlo cles&lt;le hoy mismo; quie1\J que sen mi
ónico guía par.i poder escuch.u·lo en paz; llev,u·J \·cst.idos
ae indiana, le consultaré en voz- baja duran le mis largas
horas de costura. Quiero ser libre de a.mar á quien ame
mi corazón.
Y hihermosa niñ:i se constituyü ciuJndnn:i Uc la república de las muchacha.d trab,~jacluras y carifü),,ias.
:Qesde aquel tlia, .Jlart;~ lmbiLa bajv los tt•j,1dvt1 un cuar•
tito lleno d~ sol.
Ya conocen ustedes ese nido descrito por los poetae.
El único lujo de la casa es una limpieza exquisita y una
alegría inagotable. Allí, ha.sta los mueblc::1 1mís viejos
caman la canciün do 10::1 ,•einte años.
La cama. es pequeiia, toda blanca como la de uua colegiala; únicamente en la extremidad de b lh.,--cha sobre
que descansa la cortina, se balancea un amor Je yeso dorado, con las alas y los brazos abiertos. En la cnbecera
del lecho sonríe un busto de Beranger. el poeta de los
desvanes; contra las Paredes hay pegadas litografías, loros amarillos y azules, grabados copiados del viaje de
Dumont D1 Urvil1e; sobre una estantería osténtase todo
un mundo de porcelanas y de objetos de vidrio ganados
en las ferias.
Luego hay una cómoda 1 un aparador, una mesa y cuatro sillas. El cuartito está demasiado a.mueblado. El nido está. triste cuando no está. allí el pájaro. En cuanto
Marta entra, todo el desvú.n le sonrfe. Es ella el alma de
aquel Unirerso, y 1:5egún rie 6 llora entra el eol 6 se queda fuera.
Est1i sentada delante de una mesita. Cose cantando, y
los gorriones del tejado contestan á. sus gorjeos. Tiene
prisa por acabar su tarea: sabe que le eRperan, pues al día
siguiente ha &lt;le subir á las alturas umbrosos de Verriéres.
Sn corazón ha hablado, si hemos de decirlo todo, y
ella hi\ oído muy bien lo que le decía. Hace dos meses
que le ha obedecido. Ya no está. eola en el mundo. Como
es bneña niñn., se ha dejado amar, y también ha·amado.
Vefolaen la calle, con su lahor en la mano. Salta ligeramente los charquitos cogiendo sus enaguas, descubriendo pies delicados. Tiene á. la vez el andar atrevido
y asustado, el descaro y el miedo de los gorriones del
Luxemburgo.
E,,i pllja1•\1 dvaracho del suelo parisiense; aquél es su
terreno, su patria. En ninguna otra parte se encuentra
esa sonri!'.!a tierna, ese paso decidido, ~ elegancia innata. La niña, senci1l,1. y alegre, tiene el plumaje modesto
y la alegría ruidosa de la alondra.
Al día siguiente, ¡qué felicidad en los bosques de Verriéres! Hay allí fresas y flores, grandes alfombras de
hierba y u1ubrías profundas.
Marta hace acopio de alegría para toda la semana. Se
embriaga. de aire y de liberiad, conmovida hasta laa lágrimas por el azul claro de los cielos y el verde oscuro
de las hojas.
Después, por la noche, vuélvese lentamente, con un
ra.mo Lle lila en la mano y m,ís ánimo en el corazón.
Así es cJ11HJ se ha arreglado u11a vida de trabajo y de
ternura. Ifa ~abido ganar su pan y conservarse para quien
bien le parece.
¿Quién se aLrevería á reílir á esa niña? D:1. rnús que recibe. Su vi&lt;fa tiene la dignidad de la pasión verdadera,
tod,\ h\ moralidad d {Ji trabajo incesante.
¡Cánta1 he1·mosa alondrn de nuestros veinte afias, canta
para nosotros, así como has cantado para nuestro.:! padres
como cantar.ía para. nuestros hijos! Eres eterna, pues ere11
la juventud y el amor.
E1,nuo Zod.,

�176

19

EL MUNDO.

DICIEMBRE,

1895.

PRENSA MEXICANA

UNIVERSAL
To•u•,11-·'IJ&lt;&gt; IEPOO.&amp;,-Nll'I ~ó\t

!ll~~H'O DOMl~GO 10 ffF l\O\IE'111RE DI-: JlJ93.

, .. &lt;1••··· . .••100•1,•••1-••····

Páginas extrMrdiwzrifl.~.

DO~,II.\'GO 8 DE DICIEMBRE DE 1895.

l!IIDfc!'OR Ell IIFB: &amp; PBRBZ iOfilO.
•dmfnbtrador Antonio Enr, ..11n,
Ul¡S.f'ONO 1,818'

PRfWIO: 3 ().ENl'.t.l'OH

r... "'. ;~.r.,.:.,.,:~.•-,:~-::I_i..-,~ ~ ...,..:~"""""" ,·,
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...

&amp;oncepc¡;112
!l;intura famooa de fJ76uáLLo.
(De fot, de los Hnos. Torres, (~ de Plateros núm. 2. ) tomada. dtl original eu d Lnnn&lt;•, di· r:ir::-&gt;.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>176

19

EL MUNDO.

DICIEMBRE,

1895.

PRENSA MEXICANA

UNIVERSAL
To•u•,11-·'IJ&lt;&gt; IEPOO.&amp;,-Nll'I ~ó\t

!ll~~H'O DOMl~GO 10 ffF l\O\IE'111RE DI-: JlJ93.

, .. &lt;1••··· . .••100•1,•••1-••····

Páginas extrMrdiwzrifl.~.

DO~,II.\'GO 8 DE DICIEMBRE DE 1895.

l!IIDfc!'OR Ell IIFB: &amp; PBRBZ iOfilO.
•dmfnbtrador Antonio Enr, ..11n,
Ul¡S.f'ONO 1,818'

PRfWIO: 3 ().ENl'.t.l'OH

r... "'. ;~.r.,.:.,.,:~.•-,:~-::I_i..-,~ ~ ...,..:~"""""" ,·,
l.._1"".

'"
"º
•"",

...

&amp;oncepc¡;112
!l;intura famooa de fJ76uáLLo.
(De fot, de los Hnos. Torres, (~ de Plateros núm. 2. ) tomada. dtl original eu d Lnnn&lt;•, di· r:ir::-&gt;.

�8 DrcIEMllRE, L!l\15.

EL MUNDO.

178

Páginas l!.Heraria~.

Q::u1t1t.et1r 1uu1 bir.qnilht.

ILKA.

de una vida 1 inutilizó tr.es años &lt;le una existencia, consa-

grados á un ideal

(*)

'"ª próximo :t realizan::e'?

Este, aquel, el otro ...... que i1nporta? Su nombre ee: des~
tino, fatalidad!
.
.
,
Ahí qned61 rota en diez pedazos.' la ~oqmlla, deeangrundose con glutinosos co,ígulos do mcoturn.negra, y, co~1 los
ojos clavados en ~l campo del del"astre, él, Prut.lenc1~, el
empleado con treinta p~eos &lt;le sueldu, con madre y cinco
hermanitos!
Empezar de nuevo? Imposible ...... el desaliento, lapobre~n1 lo impedían!. .....
Y, no vendría para otrn posesión ot:o desastre?
Sí! oh vida mi::.erable, \'ida mezquma, porque tu no
bastas ni para culotear una boqnUla!
A~lADO NERVO.

NOVEL.A /Nl!DITA DE ALEJANDRO DUMAS (HIJO).

Tradncida expresamente para El lf!t1ulo por Alberto Lcduc.

1

visto muchas corns y conocido :t muchas gen~
es· primt'rO por tempemmento y de~pués por
ni 'profesióu. He visto i~u_cho y analizado WU·
cho; ademús, mi memorm 1mplaca_bl~ pone con
tinuamente frente ú mi vist;i los menores mc~dent~s de
mi vida
de estos saco alguna~ \·ece::i para 1~11s fntui1os,
•. .'
&lt;~ ()
relatos Q.Je dicen inten:sark~. Uun frecuencia me &lt;ltce1~
que escriba mis memoruts. Nú lú hago,. porqu_e
Pl~
ADA uno tiene sus
den escribirse las memoria:-; propias, ~m escribir füi e
manías, y Pruden•
los demás, 6 sin ocultar de la proniu. vida. lo que el lector
cío, empleado en
cierta olicina con
más deseara conocer.
,
Aquellos y aquellas de quienes yo podna hablar, pre:
LOS TRES BESOS.
treinta pesos de
fienm que me calle y no siento de~eos de hahlar de m1
sueldo, de los cuapersona. Los lau;el~s de Juan _Jacobo y de ~asay10va1
les vivían, misera•
no me quitan el sueño, at contrar10. Lo que s1 etita. pe~·
blemente, eso sí,
mitido es sacar de los recuerJo;, personales algunos epi·
su madre, dos hermanitos y tres her•
angel &lt;1e faz risuei1n, dulce mirada y alas blan- sodio·' con los que el tiem¡.,o poco ú poco haya formado
un todo, á los que nos~ aumente nad_;1 que pueda d:1· t~n
as v nítidas, conYocó ú. concn~o .'i. !os beEos.
manitas 1 no constitnfa por cierto una excepción de la
Ei-a In. Purc&gt;za que iba. tí premiar con un cora• dato mtí.s, respecto .í. bis ex~ra \:1gan?rns de la natu1 ,tleza
regla.
'&lt;l d
human:, y que no hag~~ dano a nadie.
.
_
Ni esü1ba :L ~n alcance, ni deseaba un buen Yest1 o e zón de oro al beso m,ís pnro v sincero.
Hace treintaaiios v1viayo eul_a c~!le de Boulogne, ha
Llegó la hora del concms·0, y se presentó el primer
rheviotte m•gro ó gris par.1. c&lt;,n aiiadidnra ele ~meso basbitaba. un·\ casa. perteneciente :i mi buen colega ~lel_estón r gua11tc·s obscuroe:, lu&lt;'irlo en Plateros o i::n b~ Ala- beso.
meda los domingos ~, demás fie~tas dl• gnarcktr. ~ estía. ' Con ceremoniosn. parsimonia, la cabeza leYantada Y ba· ville Yel ii~quilino anteriot· iL mí había sido:Grassot, quien
cada. tres meses oh-idaba rc::gu_larmcnte pag~ir la r~1:ta.
bumildf', muv hmnilclemente y Jamás laco!nparac1ó11 de ja la vista, so acercó :í la Pureza.
Melesville después de d1ec1ocho :neBes l~ dos ,mm; de
su modest íRiino pergeño con d ele los -pisa ,·erde_s del
-Habla-le dijo ésta.
boul.erurd. nctanwnte p:lrif'.iem:e, le arr_ancó ~rn ~u~p1ro.
-Aspiro al premio que ofrecéis-exclamó haciendo una. tanta. reaula;idaU, se decidi6 {probab~eme1~te con m11cha
pena, pt~es~ra muy 1:&gt;ueno) á. dllr su hcenc1a absolut;L al
Tampoco pennba purqne ~n pennna le 1mpi?-1ese to- exagerada. re\·erencia.
célebre ealtnnbanqu1.
.
mar, &lt;'11 Iturbidl', uu r~fresquito 6 unn copa, a la horn
-¿Cu,Ues son tus méritos?
Grussot contestó e:::e día con uua. fr_ase q~e ~1ercce, c1-La humildad ante el soberano, el respeto á sns leyes
chisicH.
"bl
Temperamento tranquilo, organismo poco snsceptt e y la adhesión tí sn persona. )le postro :í. sus pies. Y me tar::;e. Después de _l_mber eido &lt;lesped1do1 tué a nr &lt;l SU
de conmocione:,,,, era cn~i feliz en sn estado y en él se man- poso respetnosa.111ente en sn mano. Soy puro y sm~ero propiet:ll'io y le d1JO: .
.
-¿Por qué me_ desp1~e usted?
tenía sin diri"'ir la Yist.:i al campo, vedado par:'\ él, donde porque me inspiran el respeto, el cariño y la abnegación.
-¿Por
qué,
m1
quendo
Gras::ot?
Porque no paga usted
florece l;i o¡,t'llencin. y bri\ la. la elegancia..
.
-También eres f'l miedo, la adulación y la hipocresh~,
Perv he dicho ca..~i feli1. y debo explicar m1 ad,,erbu?:
nunca
-Aumente usted la renta, conte,;tó GrnsR0t.
.
Prudencia deEeaba :ilgo qne hasta la fecha no hab(a p~d1- y entonces te insp,ftn. el &lt;'gofsmo. Otras \'€Ces eres la traiLa frase vaHa por laS rentas adeudadas; pero l\Ielesnlle
do conseguir. ¿Qué dt'se,iba? Simplemente un:i boquilla ción, y entonces te inspira Judas.
No mereces el premio. Yéte.
estaba ya comprometido co~migo.
de a111h,ir v espuma......
.
_
Hérne pues, instalado. S1 la::i paredes habbran, co!Ilo
Ern. fu1ui.1dor decidid() y ainaba con pas16n las e~tra_nas
dice el ;ulgo, cuántas cosas contarían las de esa. casita,
coloraciontR de la cspmna, producidas por la nicotma,
Cintilando sus ojos, dibuja.ndo sus labios una sonrisa Y eu donde vivieron después q11e ro, Sarcey, About-, Paul
merced ,í. laboriosa con:-tancia.; coloraciones que tienden,
de Cassagnac y Roger Ballu. Un_ s:1lo1~cito, un co111eclor,
sucediéndose sin cesar con gradación il:rnprecia~le p~r.a todo emocionado, se presentó el segundo beso.
una cocinita y un jardín eu el piso baJo; en el eegundo,
ojos p 1co acostumbrado~,. :t un negro bn_llant_e, ltmp1s1-Habla.
una rec:tmarn, nna pieza de estudio, un cuarto de bai1o
-Aspiro al premio que ofrecéis.
mo. unico ...... meta cod1cmd,1, por el propietario de la bo·
-¿Cu¡Hes son tus méritos?
quilla, con anhelo igual ú m,_i; grande q;1e _el_que el en~y &lt;los par,\ criados.
·
Nada de portero, la llave en mi bolsi[lo. ,
.
morado-ali('nta por Ir posrswn de _su Virgim~, el ambi-Mi cariño mi desinterés y mi lealtad. Me postro anComiendo allí un dfacaluroso de Julio, íue cuando m1
cioso por la cnnsecución &lt;le un capital y el i;rt1s,t3; -por el te una mujer ~ohnáncloln. de caricias y atenciones; satis•
feliz remate de nn monumento que patentizara•~ los fu. fago sus caprichos y me con~tituyo ~n escla,:o. suyo. La padre me dijo:
-Abre la puerta de tu comedor para que entre el aire
turos su jn:,:piración é ingenio.
.
.
doy mi corazón y por ella pierdo m1 tranqmhdad y aun
Señol'es fumadore!', que de seguro m~ lee1s 90n interés expongo mi vida. Vivo s6i? por ella y pam ella, Y al _~n al jardín
. _
,
..
Allí durante seis ano.;, ftu tan completame!1te feliz, c~creciente; vosotros sabei:, biPn lo 9.ne d1~c&gt;, '· osotros me uno st1 suerte á la mía. Prnuero me poso en el ~um!no
entendei!', sf, vosot,ro,1 que habe1s ~orndo sm descans_o de sus manos, lnego me oculto en la sombra de sns OJOS, mopnede serlo un hombre; tu Ye s._alud, traba.Jo. b1;1en éxl·
tra~ ese ideal que se llamn. lrl, boquilla culoleadct, tan di· y después, cual m:.uiposa, libo en la. flot de ~ran~do de to y libertad. No tengo la pr~t~nstón de haber _!;itdo de~fícil, ay! de alcanzar.
.
sus labios. Soy sincero y puro, porque me m_sp1ran la grach1do después; pero la feilcufad es _lo contrar10 del VI·
Los que no fumais, dad vuelta ,í. la hoJ_a;EUfun~o tr~e,
no, siempre la primera copa t8 la meJor.
.
sinceridad de uu afecto y la pure1.a de nna pasión.
En esa époc,1 trabajaba yo mucho, desde h1s seis &lt;le la
para vosotros, matetfa~ _suaest_i "ª~- DeJad est-a historia
-TaUlbién eres desleal é interesado, é i!1jnrias á 1~ muporque no comprenderrn1s _á mi héroe ... ...
jer á quien gne-rías. y de l:'sclavo te conviertes en tirano mañana hasta las cuatro 6 cincq de la tarde. D7 cuando
Señores fumadores, prosigo:
y b martirizas. Destrozas su corazón: roba~ su tran- en cuando la inspiración no 'l'enÍ/t; me asor~1aba, a la venPrndencio deseaba, hP dicho, una boquqla de ambar Y quilidad y amargas su exi~teucia. Encadenas PJ'ime_ro sus tana :í ,·er pa:;ar á las gentes. _füida me d1st1:~m t_an~o (y
e/Jpuinn. pero una boquilla.de pndres conoc1d~l'=, &lt;lernar_ca manos, hwgn cierras sus OJOS y despn~s marclutas unpu• algunas veces hasta me servia) como ese n y ,en1r de
desconocidos que no se creían ob~e1 vados. Ilablo ele los
a.ceptaila¡ no hi boquilla ce:pnri.1 1 no la bc?qmlla apócnfa nemente la flor de gi·:rnado de sus labios.
que con impudor alarga rn cuello d~scolol'ld~ en el nt~ud
Entonces no eres sincero porque eres impuro, y eres hombres, porqu~ las muj_eres habiendo siJo hechas. para
de madera vil y enero deco!oresch1llones; s1, la boqmlla impuro porque te inspira la concupiscencia..
ser vist.'l.S, ven euempre si _se les Ye, sobre tod1¡ en ese baque se recuesta yolnptuos:lmente en afelpado estuche nerrio que no las deja ver srno cn,mdo ellas qmeren.
No mereces el premio. Véte.
gro. que ostenta. en [et.ras doradas el nombre deGoetsch.
¡Óuánta:i. novelas hice y me con~ :i mí _niiim10 d?itmte
Y esos boquillas yalen mucho, r;obre todo pa_ra. el emesas largas horas de descanso. segun las J1,·ers;ts siluetas
pleado con treinta pesos de sueldo, madre y CLnCO herCon \a tranquilidad de espír_itu que ~a la con~iencia que se perfilaban en el ll;l~ro de en frente! ¡Cuan~os ho~·
del bien obrar, sereno y maJestuoso ~l!'. afectación, se bres y mujeres, ahora v~eJos 6 nLUertos ya,. me p1oporc10manitos......
d
·
Un día, sin embargo, el fer\'ie!1te deseo de ~ru ~ncio- present6el tercer beso :í. la pureza, dmg1éndole dulce~ na.ron, sin saberlo, una 1dea, umi observación, un detalle
debfa reali1.arse ...... Estab:i escnto qne se reahzar1a ...... miradas.
con su actitud 6 sn füonomía! .
.
Un quinto de billete t~e la Nacion_al, ,í gue correspon•
-Habla.
pe¡ccl,'!.árant ~.s colaboradore::i anón11n11s tuve sm que lo sos_•
den cinco peso~de prem10 ..... . u~ qmnto bienhechor, una
-Aspiro al premio qu.t! ofrecéis.
.. 11
fracción misericordiosa, longámma y después ... ... la bo-¿,Cuáles son tus ménto:-? .
. .
Los que leen bien, a.prenden mucho; pero los que m1quilla, gallarda, de mnbar nebuloso y espuma blanca co-E:I cariñoso respeto, b asidua sohc1tud y_el amor sa- ran bien 1 aprenden 1mts.
,
.
mo el ampo de la nieve, y estuche elegante con letras do- grado {Luna umjer .í. qnien adoro con tod,o nu corazón, y
Un día de abril, un hermoso d1a de abnl 1 qu? yo des•
radas que dicen triunfalm~nte: Goetscb.
.
cnya existencia es más que mía, porquC es de. los dos. de mi ventana miraba dentro Y fuera de m1 1msmo, ( 11 0
No quiero hablar de los transportes de Prudenc10 ..... .
Gozo con sus alegrJas y sufro con _sus pesa.res, los. q_ue e::i esta la historia que voy á contar; pero E:S una anecdo•
concíbalos el lector ...... Aquella vida tuvo 'le~de enton- procuro á toda costa desvanecer. l\hs m11s puras car1~ias ta muy original que me viene á la:_ me1~rnna) ví un~ a~ces un objeto: habfa ya una misión que cumphr ....
son para ella. Obedezco y sigo _sus subli~es co1;seJ?S, ciana enlutada, que con su devoc1onano Y. una h~1mo:,a
Para colmo de venturas, un casquillo de metal dorado qne me inspiran la virtud, y purifican&lt;lo m1 conc~encrn, niña caminaba por la calle Bla1~che. La m~a no ib_,i ~ncubría el canto de la espuma, como una coraza benéfica labran mi felicidad, que me compluz&lt;?o en compartll" con lutada1 eino vestida con un traJe muy senc1llo Y d1stmque impediría que la brasa del cigarro hiciese daño :í. la ella. Soy su sostén, porque ella "s nn an$'~l de la guarda. guido. Parecía ser de quince años, tenía los cabellos
linda no\'ia. del mofü·sto empleado
. Me ~acrifico por ella, porque ~lla se sacr1tica, por mí. La don1do-rojos: en aquella época las ca el!eras de ese color
y principió la e\'olnción, si bien con ella se d_obló casi amo, porque ella es _la esenc13: del amor mas puro. La eran raras y casi constituian hasta. una vergüenza.
el presupuesto para cigarros de La Mttscota (advierto que quiero porque nacl1e n1c qu1ere como ella. La ad&lt;;&gt;ro,
Todavía se burlaban de ese color en el pelo, como de
no es réclame. )
.
.
. .
porqu~ me dignific:i y rne enol'gL~llC'ce su adoración. los jorobados. Hoy todas las mu)eres tienen 6 quisieran
Primero, vino un leve amar1llo en las_ rnmediac10i;ies
y en fin la idolatro, porque esa muJer, que es el amor, tener de ese tono la cabellera; sm embargo de que no to·
de la boca enm1squillada; luego se extendió, se acentuo y la \'irtud y la abnegación, es mi madre.
dos los hombres son ni quieren ser jorobados; pe~o ya no
ahí donde había surgido, fné obscureciéndose hasta lleLas fibras de un cora1.ón tili.11 med,in vida, y circunda- se burlan tanto de de los que lo son. Al qontrano, ere~
gar al tinte del chocolate, cediendo suavemente al esca• do de la aureola qu~ :í. vos misma os circunda, me poso que estos son quienes se burlan de los que no lo son,. &lt;L
lar la pared superior; después,_ aquel tono encant~dor,
con cariño y respeto en sn frente.
juzgar por las miradas de sus ojillos y la burlona sonnsa.
uniform6se v durante mucho tiempo, se mant1:v~ mva•
i
' ·
de sus labios delgados..
.
Soy el beso Jlll ::l puro)' mas sincero.
La joven, hija 6 nieta ~e la dama á cuyo, lado carnl·
riable: habíá'concluid0 la primera etapa de la d1fíc1l pro¿11erezco el premio que ofrecéis'?
naba en silencio, estaba pernaba como las vll'genes, con
greRi6n .
, .
-Espera-le dijo la Pnre;m, y preguntó si se presentaba los cabellos abiertos en dos gajos sobre la frente, como
Oh! negro brillante, limpísi1_:no, un~co 1 3:un n~ asomabas, pero se te presentío; babrns enviado :.1 ~n p1ecur~or 1 otro beso ni concurso.
cortinajes !Ümétrico!'=.
.
.
Cuando le dijeron que nó se dirigio de nueyo al tercer
Algunas veces, los gatos tienen entre los OJOS las_ ore•
como unn. noche americana envía su _extr?no y_glor10so
crepfü:culo! Y asomn~t~ al fin, y fwste mvadiendo el beso v le dijo:
jas, dos manchas de ese color que les dan la a.l-'anencta de
campo, suavemente, dmmulanclo tu adorable faz de nu-Éntonces mereces el premio. Tuyo es el cora1.ón de mujer metamorfoseada. en ga.to.
.
bio tras el velo de colo1· café, café ob~curo, como el del oro, porque eres el beso mtls puro y más r incero que se
Con sus mejillas color de leche, sus labws -rosados Y sus,
.
l
ha presentado al concurso.
ojos cuyo matiz no ~adía':/º di:;t)nguir pero que sí ve~a
gram, recien tostac o.•····
.
Por fin venías ...... oh gran deseado 1....... y PmdenCJ? te
-Pues gué¿pudo presentar,;e otr&lt;;'_be~o que ganara en
brillará tan larga distancia; la JOYen per:;omt,a p:irec1a
saludab~ con entusiasmo y esperando tu _completo re1!1a• purez:\ y sincericfad al beJO de _\~11 hiJo a su madre?
gata metamorfo8 eada en mujer.
do, quedábase frecuentemente en é_xtas1s, en la esqmna
-Sí el de una madre a sn h1Jo.
Dos largas trenzas caían á lo ln.rgo de ~1;1 espnl?a,_ 1~1 ás
ele dos calles en 1(1. puerta. de la oficrna, frente á la mesa
Ese ~sel beso m:ís puro y sincero el(} todos.
ab:tjo de la cintura, y entre los hombre8 Jovenes o v1eJOS,
número t,anths de su sección.
R.AMÓ~ Ku1.CÍ.-\ Y GARCÍA.

_ny

b

r

···Q~i~~- ·r~é -~¡ ·i-~f~;l~~·di~t;aia.~ ·¡¡~~ ·~~~ -~-~- ~oa.~~~ ·a~;~¡:

b6 una ventura, mató una. dicha, hizo el vacío en rededor

1\-Iexico, 1895.

~To:narla de la eolección de nm·eluslnéditas que se ,t&lt;;oal;a de publicar en Par\:-.

8

DICIEMBRE,

~ - - -~ ~

1895.
~ ~~-

-=======

qnc iban tras ella, cleb:a haber pocos que no sintiesen deseos U.e ngarrarla brnscnm.:nte pül' esus l.1rgas guedl'jas y
Jcj:m,e nrrnstrar á donde fnes(•,
N•guí con h~ mirada ti tau preciosa niiia.
E.ia 110,dLijaba do yer fronte ú sí misma; m:Ls moclest,a
que Ualatca, parecía no hacer n,1d,l parn qne la \"ie~~n,
cu.\ndo rcpentinamentl·, ni tcrndnar la cl\l!e, YOlteó la
cant y Bl! n,,nrió conmigo como una pérsoirn couocid:i y
como dic:iJnclome:
-Ifa::itn. lta,go.
Yo no la hal&gt;i:L visto nunca, y era ele nqnellas ele quienes sti acuerda uno sit•mpre, aun cuando sólo una \'cz las
ve,1. A i:;u mo\·imienii, i111pt·c\·bto, ¡,L•ro categórico, yo
contesté mecúnicamente, por decirlo :isí, porque uo ha•
bfa tiempo que pt-rder ( la uilla llt•gaba ya {L la csquiua)
contt'Sté digo, con una incli11aciún de cabeza., que cualquin:l pen-ona do su sexo, clot:1&lt;la de la 111tmor expericn•
cia ó dt&gt;J menor instinto, hnbit•rn traducido así:
~~~i Jebernos voh·ernos ú \'l-'r, quo St'a lo 111..ís prnnto
po-;ible, pues todo~ S•Jmos 111ortalt&gt;s.
Ella comprendió eYiclentemente, pu&lt;'S dejó,¡ b anciana
que no pareció apercibirSiJ de la\ 1110Yi11:icnto, y que se
ernpor.J por la calle Blanclie, como si nada hubiera pa•
snd 1,
L:l jo\·en ~e dirigió ú mi C'as:,¡ yo cerré mi ventana y
fuí {i. abrir.
-¿.-\. quién busca usted, sellorita? pregunté con intranquihdnd.
-A u:-ted.
-Entonce~ ¿no hay cqnírnco?
-~o.

-¿l\le conoce ui-tt-'d?
-E\·identemeute. Paso por esta calle con fre.;ucncia.
-;, Y !n anciana'?
-¿Qué anciann?
-J~a-qne iba eon usted.
-:."o la con•Jzcn.
-Parecfa que iba uste&lt;l con ella.
-A propúsito.
-¿Cómo?
-Cuando ~algo, tnn pronto co1no \"&lt;'O algu11a dama r?spetable que sigue d rni:-:mo C;unino que yo, me voy junto
á ell,1, y i:;igo con los ojo.s b.ijo.:=. Siempre tengo buen éxi·
to. Usted, que no Ns un tomo, cayó.
Yo había colocado ya á mi i,1µ,,rwa en b posición social qne creí. Pel"tenccía :.í hifamilict 1)erdf', no me quedaba duda . Y Yalín !:i pena de ser t·studiada. Tenfa los ojos
verde::, sombreados por brgas pe:itniias m:ís of'.cur,l~ que
sus caUellos.
Cuando os cncontreis con una mujer joren, con cabellos color ele oro, ojo!'= color de ajenjo y labio."! color de
fresa, :um1ue llO esté yo aUi para pre,·eniros, desconfiad,
sin ernbflrgo.
Aqudla era fina, sonriente y candorosa. Ni un grano de
poi vo de arroz. Con la le11gua se mojab.~ lo.:i labios á cada im;tante ¡ así como los gatos cuando beben leche.
En pocm1 palabras, el \"icio cspo11t,ínco, luminoi:o y vir·
gina!. El primer 8entimil'nto c¡nc se cxperime11t:iba en
presencia de aquel ser, tan luego como se tenía noción &lt;le
las co ... a:;, er;i cogerle por el talle, besarle por todas partes,
y n.rrojarle por la. \'éntanll 1 pa.ra ,·el'le caer sobre ~LIS patitus, y huir riéndose. Lo que sí es cierto, es que yo no
lo arrojé por la ventan:i.
-Hacía mucho timnpo, me dijo, que quería yo entrar
aquí. Tenía curio.sidad de vei todo lo que tiene usted en
su ca!'=a.
-:-¿Por qué no entraba?
-:No n:ie atrevía.
-Sin embargo ...... no es usted tan tímida.
-Oh! no.
-¿Qué edad tiene?
-Adivine.
-Quince años.
-Yaya! usted es como todo!'=, ninguno quiere creer que
tengo ,·cinte, aunque aparento 1ener quince. Hay días,
en que parece que tengo doce; cu:rndo me pongo vel!Lido
cortó.
-¿Usted se pone vestido corto?
-En las Tullerías, en el Luxemburgo y en el PalaisRoyal.
-¿Por qué?
-En el yerano, cuando hace buen tiempo me visto de
colegiala, coí1 un ,·estido blanco, a1.ul ó rosado, que me
llega basta el tobillo, y un cinturón con su lazo flotante.
Dest.renzo mis cabellos y me pe!no á la inglesa, me pongo un gran sombrero de paja en la cabe1.a1 un collar de
cornl en el cuello y mitenes blancos en las manos. Le
digo á. mi criada que me acompane .v que lleve su !abar,
vo tomo mi aro y nos vainas á. las Tullerías, al Luxemburgo, ó al Pálais Royal. Entonces es cuando no aparento tener mú.s que onceó doce años. Mi criada, se sienta
en un'banco, y prosigue su labor; mientr11s que yo echo
tí correr como uua loca, y cuando apercibo algún señor
anciano que se pasea ó lee su periódico, le arrojo mi aro
entre las pierna!:3, !e digo que 111e dispense, y casi siempre
se entabla la conYersacióu. Prosigo diciéndole algunas
inocentadas, se ríe, me mira, me diC'e que sov bonita y
me pregunta por mis paUres. Le contesto qué no tengo
m,ís que madre, que 1&lt;iernpre está enferma, y que como
no puede :::alir, ella misma se ocupa de mi educ.ición. Si•
go diciéndole que me fa.st,idio, porque mi madre es muy
severav qnu ,ni únicn distracción es venir á jugar al aro á
!ns 'l'nllería8; pero que y,i con1iem:o. ti ser grande para ese
juego de chicueloi::; que adeui.ís pronto vamos ií. irnos á
vivir al campo. El viejo !lle cree¡ los jó\·enes no creen
nada y los viejos !iÍ, debiendo ser lo contrario, pues los
yiejos saben m_.is que los jJvenee;. Entonces yo exclamo:
-¡Ah Dio!'! mio! ¿€'H dónde est,:L n1i criada'"! quizá me
busque; seílor ¡.:i 110 encontramos ú. Ernestina.¿me condu•
cirií usted ú ca~a de mamá'!
El viejo y yo nosech:1.mos {l bu!'caní. Ernestina, ,í.quien
encontramos y que me regaiia. Yo sigo jugando con mi
aro el viejo se queda charlando con Ernestina, le hace
pre~untas relativas á mi familiar ,í mí, le dice que cuán~
do Z.olveremos, la corrompe poco á poco y acaba después

EL MUNDO.

17\:J

= = = = = == ~

de muchos días por decidirme{¡ venir tÍ hurtadillas ,L al•
morzar con él en el campo ó en su ca:;:l. Durante todo ese
tiempo, yo atrapo todo lo que una muchacha puede ocultará los ojos de la madre m,is vigilante, cuando tiene una
c:unarem por c,Jmplicl'. E~ inmensa mi colecció11 de sor•
tijas, alfill!res, rl'ioje:;, cadl.!nas y n1et.lallones. Nn11c,i se
atre\·en ,t ofrecerme dinercJ¡ pero se lo dan ,í. Ernestina,
y mucho, sobrt:e tod,, cu,rntlo lt!." dice que mamá est.t muy
enferma y no me dej:.1 salir. Se entiende que nnnca estoy libre por In noche, y mis quince anos no resueltos
dejan siempre el Gódigo abierto entre nosotros. El último es un gran colecci,rnador que tiene m.:i.ravil!as en su
casa. Ernestin:i. 10 l!ama el prilllo Pons; pero ~·o finjo no
com,?render. No quiero haber leido nunca. á Balzac, qne
entre paréntesis llO me di derte mucho. Se toma mucho
traba.jo para('xplicar las cosas; ellas \'an por sí solas m:.'Ls
violentas de lo qtrn se cree. Mi ,·iejo Pons está locamente
enamorado, y e8pera con impaciencia que tenga yo dieciséis años para rubarme. El no me lo dice .1. mí¡ pero se lo
dice á Ernestina, quien responde que no consenLil'il, si
Pons no le da Yeinte mil francos para. ella y cien mil P.ªra. mf, porque después de eso no hay que pensar en \'Ol•
ver ,t verá. mam,L No vaya usted á. poner en un libro 6
ea una comedia lo que le estoy contando. En espera del
rapto mi primo Pons me hace jnrar sobre un hel'lnoso
Cristo que tiene, de or0 maci7.0 con corona de espinas y
clavos de piedras preciosas, y que alg(m dfa. sed mío, me
hace jurar que no r.liga yo nunc:i nacla suceda lo que suceda.
Yo juro todo lo que el quh.•re, y lo qne le encant,a más
son mis inoCl-'ntada::; él me desmoraliza cunnto puede, pe•
ro yo finjo nr&gt; comprcnderlP, abro tamaños nj1Js 1 le pregunto lo que quiere dl·cir, y él se ríe. El es lit causa de
que yo camine junto,¡ las damas respetables parn el Ci"\SO
de que me encnentre en otra pnrtc qne no sea en las Tu•
llerías.
Si este negocio no tiene buen éxito, usted me propor•
cionani el ingreso 111 teatro, por eso me he empeñado
tanto en conocerle, etc., etc.
El negocio no ttwo ÜLH'n éxito; el primo Pons so escapó {L lo mejor por medio de nn n.taque de apoplegía.
Tuve que hacer i ngn•s:tr u1 teatro :t a_que·lla chica. de cabellos d&lt;! oro y fné hasta cinto punfüfüediana; pernse e•
namoró de un actoi"¡ y murió e~tando e11 cinta, quiz.í. de
horror por hi maternidad; no qnería n•prodncirse, y te•
nía razón.
Pero repito que no quería yo contaros la historia de
este hermoso rno&lt;=trno. Yino {¡ desli1.ar,;e entre mis re·
cuerdos de aquell:l época y lo dejé entrar en mi relllción
porque no carece de originalidad.
·
Otro día, ví pnsar por la calle de Clichy, el entierro de
un hombre que hab(a desempeñado un gran papel en la
revolución de 18.tS, y que ahora llevaban á l\lontmartre.
Abrióse una ventana cercana &lt;i la mía, y un:\ joven se
asomó á ver como yo, el entierro que hacía gran estrnendo, con su banda de música y eus tambores. La mujer
aquella, estaba. vestida con 1m pienador de 11)\lselina
blanca puesto muy &lt;le prisa. El cuello de~abrochado del
peinador, dejaba ver otro cuello un poco corto pero blanco v redondo como columna de m:í.rmo!. Los cabellos
abÜndantes, recogidos y anudados de prisa también, pa•
recfan un nido boca abajo acribillado por el sol, y dejando ver todos los matices naturales del rqbio, del rojo, del
castaño y del oro.
Si lo que me faltaba Yer, correspondia ú lo que estaba
vo mirando, la muerte del gran personaje no ero inútil.
Esperé con impaciencia que voltease la cara, cosa que no
tardó mucho en hacer, pues ¿cuál es la mujer, que al mirar un entierro por la derecha, no Yoltea ,í. ver si viene
una boda por la izquierda?
Sin embargo, antes de llevar t'i. cabo semejante movimiento, facil de prever, fijó sus miradas en la casa de
enfrente ocupada por un pintor célebre.
El pintor miraba también el desfile del cortejo, y para
ello había sacado la cabe1.a, sólo la '"abeza, por entre una
cortina de su estudio.
Inmóvil, con su barba de abanico, sus grandes mostachos y su gorra café, esa cabeza recordaba. aquellas
de piedra que los escultores medioevales, esculpían en
el rincón del monumento termina.do, y que eran sus propias efigies 1 en actitud de escuchar sin ser vistos, lo que
se decía de en obra.
La dama volteada hacia el pintor encóntr,í.base completamente de perfil respecto á mL Un burgués, poseído
de admiración habría exclamado: ((Es un verdadero perfil
de camafeo), y por esa ver, siquiera la vulgar compara•
ción hubiera sido exacta. Era imposible en efecto encontrar un perfil m,ts regular, más noble y más distinguido, que el de aqudla mnjer, cuya línea firme y precisa
se desprendía y dibujába, por decirlo a.sí, su huella Fobre
las cai:!as, sobre el movimiento y sobre el ruido de la
mnltitnd.
Nunca había experimentndo como entonces la sensa•
e;ión tan impre\'i~t:L y tan precisa. de la belleza antigua
en la vida real. Hnbiérase dicho que repentinamente se
habfa trasportado en medio de nuestras parisienses á una
de aquellas hermosas griegas blancas de quienes los poetas paganoR hicieron las amadas de los dioses, y de las
que San Pablo hizo después á las misioneras y {L las m:irtires de Cristo. Las pestañas era11 rectas, abundantes y
color de tabaco turco, las mejillas duras y blancas, como
si en pleno dfa estuviesen iluminadas por la luz de la luna¡ los labios arqneados, color de rosa y entreabiertos,
dejaban ver una doble hilera de perlas ( otra comparación
vulgal') y sns grandes ojos obscuros, de miradas errantes
y dulces, parecfanse :í las que Hornero presta á. Minerva;
ojos de ternera, cuyo blanco a1.uloso, tenía brillanteces
de nácar, en su círculo ligero y \'aporoSo.
La belle1.a incontestable, aun cuando era. yo joven, só~
lo me ha inspirado sentimientos, en los que no entran el
deseo ni el amor. Ante todo, sentía yo respeto para e11a
brillante manifestación del poder y del libre albedrío de
la naturaleza, que no tiene en cuenta nuestras comnociones ni nuestras jerarquías, y que crea·lo Bello en don•
de mejor le place, Después sentía yo tristeza, al pensar

que toda nquella lwrmosurJ. se deformaría y destruiría
y ¡,or último, experimentab;t el JeH'O de poseer, no la
persona perecedera, y con frt&gt;cueuchl fastidiosa y molesta, sino su imagen imperecedt&gt;r.t, tijada parn wfi;olo, sobre la tela ó sobre el iuánnol, poi· algún gran artbta siu•
cero y fiel. ~i hubiese yo dvitlo eu los tieuqms U.e 1\lme.
Recamier, seguramente no 111~ hubiei:e en~t111orado de
ella; hay gentes que nacen n.1d,t nd8 pa1·a e~,1~ cosas; pe•
ro no habría yo parado liast:L qm• Ger:.trd, me hnbie8e dado aunque hubiera siclo un dibujo de hi. cabPza y el pecho
dt&gt;I admirable retrato que hizo U.e tan rn:n:wil!osa criatura.
Despnés de eso, la. Rec,uuie1· podía hnbcr enloq1ucido
á. todo.:; los Benja111ín Constant y á tod,)s !os Chateaubl'iand
de ia tiena, ser 6 no ser virgen, quedar.:!e ciega, armgar•
se y morir, todo eso me hubicr,i importado tanto como al
gran turco, y ni siquier,1. la hubiera yo n1elto á mir.ir.
Ella me había ya dado· en este mundo todo h.1 qu" yo
podl'fa pedirle, 11abría sido bella, y yo tendría su imiígen
siempre jove11, habl'ía yo realizado lo impo::cible y eter•
nizado una. i-e11saci6n.
El gran triunfo ch! la bel!ez,i sobre todos lo.i! demás dones de la casu:i.lidad, e:- que t•xi:ite por sí sola, sin auxilio
ni ayuda de nadie ni de nada. No necesita para brillar
ante los ojos de todos, ui esfuerws ni trabajo, ni talento,
ni nobleza, ni fortuna, ni siquiera ingenio¡ sólo necesita
mostrarse, y todos los hombre:! 1,i admiran y todas las
mujeres la enYidian. ¡Cu,in sencillo e::i esLo! Asi es que
fué hecha pfi.ra todos _r no p:irn uno solo .. Qllerer ser amado exclusimmente, de unn helleza (•xcepcinnal querer si•
quiern qne ame, es pedir b lnn,1, .í. menos que espere uno
que la bella criatura tenga treint:t y :-ietc ó ueint.:i y ocho
años. Pero en amor, CLll\ndo no Sl! alca1rna el tren de las
doce, vale m..í.s no toma.r el de la tarde, pues las unches
son frias.
Pero volvamos á mi hermosa n~cina que se quedó mirando la cabeza del pintor, y e¡:::peranclo ,í que éste la \'ie•
se, cosa que él hizo, llO por casualidad, sino ,·oluntaria•
ment-e, como hombre acostmnbrnclo á nr en aquella dirección.
Al verla, me vió, y como cramo,; conocidos, díjome
bu1•nO!l días é inclinó la cabeza. Ella \"Olteó entonces
hacia mí r pude rnrhi de frente. Era un Apólo femeninn.
La salnllé, y !=e sonrió cunmigo, co:;:o hubiern sonreido
Mlle. Georges cnanclo salía de l.i casa del einper,ulor. Cerró sn Yentana é hice al pintor una seña quequería decir:
-'.\Ii.-; parabi~nes.
E! conte~tó con un moYimiento ele cabeza como queriendo decir:
-Usted se eugaña, y me in\"itó con la mano á ir .í. su
casa.
En seguida fuí á su estudio, cuya descripción me guardaré de hac-er, pues se encuentra en muchos libros pu•
blicados hace veinte año". Púsome al corriente de sus relaciones con mi vecina, la cual era~e11cilla.n1enteunamo•
delo á quien sólo él ocupaba y que le costaba quinientos
fra.ncosnl me~.
·
Tenfn die1. y nueve años apena,-;, y la había encontrado
en la calle, ó mejor dicho, !a lmbía apercibido una maña•
na de Junio á las ocho, en una iechería, con la cabeza envuelta en un gran encaje blanco, y haciendose servir leche en 1111 trasto de S~nes. El pintor habíase impresionado ante aquella regia belleza, y ella. ni sospechaba el
examen de que era objeto. Llevaba una gran bata de franela azul pálido, sin entallar, pero que modelaba bien las
formas de su persona¡ l:evaba también guantes de piel de
Suecia, largos y nuevos y los pies desnudos calzados con
babuchas de cuero de Rusia, bordadas de oro y de tacones altos. No cha.rlaba con la lechera, ni se permitía nin~
guna familiaridad: Catalina II comprando dos centavos
de lec"P:.
Pago, snludó; salió y desapareció por el patio de la casa ,í. la que pertenecía la lechería. La tienda de junto era
una carbonería: hubiérase dicho el blanco doble y el seis
doble del dominó. Al trasponer el dintel 1 levantó su ves•
tido y dejó ver un talón sonrosado y un tobillo finísimo.
L'l.S lecheras y las porteras son mn.v indiscretab. Aquella.
linda mujer, ocupaba una habitación de seiEcientos francos en el entresuelo, una habitacioncita que caía al otro
patio 1 y en la que ella ponía tantas flores como podía.
Todas las mañanas bajaba. ~comprar eu leche, no tenía
criada, ella misma cocinaba y comía muy poco, pues casi se alimentaba sólo con manteduilla, pan y té. Ten fa un
piano alquila.do y tocaba mucho; sabían que te.. ía un
amante que iba li verla todas las noches, y con quien sa•
lía algunas veces; pero el amante venía ya poco.
Era alto, delgado, seco y pálido, tenía la barba muy
negra, parecía muy vigoroso y debía sel' extranjero. Con
excepción de él, no recibfa á. nadie.
S6lo usaba batas, aquella azul de por la mañana y una
de seda que cubría con un largo manto cuando salía.
Nunca se ponía corsé. Casi ntmca salía, si no era para
tomar un baño, tres veces por semaua, en un establecimiento muy cercano. La bañera decía que nunca había
visto nna mujertan hermosa; era una verdaderaestátua. Le
llamab:i..n la. sefior,t Ilka, y hasta le liabfa.n hecho escribir
su nombre, cuando alquiló la casa, pues nunca ee había
oído tal nombre.
El interior de su casa era muy sencillo, pero muy
limpio, Ella hacía su cama, barrfa y arreglaba; pero
siempre con guantes. La portera limpiaba la cocina y la
chimen~a, y encendía el fuego. No rebosaba riquezas,
pero á nadie le debla nada.
ProYisto de todo.'! estos informes, el pintor escribió lÍ.
la selloni. Ilka, y firmó con su nombre célebt'e, una carta
muy respetuosa, en la que la pedía el favor de hacer y
ofrecerle sn retrato.
El artista. recibió por única re!;puesta estas palabras:
1rMuy agradecida. Imposible por aho1·a.-lll,KA.
No se ocupó m(l-.S de la aparición; pero tres ó cuatro me•
ses después, Ilkn se presentó l'll Hl c¡¡sa, llc\'ando en la
cabeza una toquit-a de tel'Ciopelo ne~ro con un broche de
plata y una pluma de gallo; iba cubierta con un largo so-

( Sigue en la página 182.)

�EL JlUNDO.

Dll JJ::IUJJtE, 8 1895.

8 Drcn:1IJ;m:, l 8tlii.

EL .MUNDO.

2..

181

.

LA CAltIPA~A

En la Isla de Cuba.
LA Ge ERRA EX CL'BA.-1. Th.efile de las tropas movilizadas frente al teatro Payret, en la Habana.-2. liisa de campaña en CáUiz, oida por las tropas

clestinaJas :í Cuba..-B. Yapor uColón,11 destinado al transporte de tropas.--!. Un bohío en l\fanzanillo.-5. Un encuentro cerca de )fanzanillo.
6. Grupo de so!Jndos espaflQles.-7. Atabaleros y clarineros del Ayuntamiento.-8. Ruinas de una ranchería incendiada por los iusurn.:ctos.-9. Vna guerrilla montada.

l. Cabo indfgena de un regimiento.-:?. Salida á operaciones de una secci6n provisional de artillería de campáfla en Santiago de Cuba.

3. Lineri destruida por los insunectos.-4. Puente proYieional para el paso de tropas.
.5. rn:.1secci6n de explorndores.-6. El fuerte Jarnyó en Santiago de Cuba.

�EL )lUNDO.

182

8

DICIEMBRE,, i~U.'J,

t'&gt; DICIEMBIU:, 18\.lii.

EL.MUNDU.

~=~================ == = = = = = = = = = = = == = ==

ahí, pn.'8&amp; de un ,éxtn■ia impirado en los recuerdos tle la. .
coe¡ pero hny que vivir después. Por t'flO me acordé de
ustt-d. Me dije que siendo herm~, podfn yo sacar part.i• Vlsl',"ra,
El pi11tor hnbía mbit.lo dar ú esa curne divina, tocbs
bret.odo que no dejaba ver maeque la orlo. de sn ,·estido; do de mi hermoenra, exteriormente se entiende, y Eeguir las solideces V los relie\"615 del miirmol luchando ~u Ulu11lle,·ab.i 1.. manoe en loe bolsilloe, el cnello desnudo y loe perteneciéndomt-.
cun con las ·nubes blancu, que forman por la noche d
cabell&lt;ll aprli!Jonadoo en una•. J'lldecllla del mismo color
El fondo de mi seres lo que necesito eonsen·ar. Miguel almohadón de la hija de Júpiter y Latona.
teufa en m( una confianza ciegn. Nunca me preguntó lo . Mi vecino me explicaba au pensamiento todavfu, cuanque 1m pelo.
_
-\'•11110 4 ~r ú usted 1•• graeia81'etlor, dijo al pintor, quo laaeía yo, ni In que dejaba de hacer.
do entró la vecina. Nos e11contr6 fll'nte i1 11\ tela quu l:i
por la galaulwla que ha lenido de o(ffeerano mi retrato;
Otro se cn.•erín con derecho ai interrogarme, puesto que repreaentaba desnuda, y dtJ la que aólo·e@Uban termina.babríit. querl® hacer'o más prontl&gt;; pero no he podido.
meduría dinero; v vo no 8Ó qué Daría.
el &amp;orso y la cabeza.
Todo etto, p1'0$Íglli4: el ·pintor, lo decí11. Ilkn. con vos dos
-¿ Y oho,._9"'!pta usted?
En 81!gUÍd11 comprendió que X ...... me acababa Ue con-Sí y no. JI.º liay rssón ninguna para que me haga 1111- pn!Cb'a y firme un ~o lenta; pero armoniosa. &amp;a mu• tar l1l hiatoria, y que ú. ella me mOFtraba bajo la figura
ted un JePlit ~• tkl
wlOho uaenOM po.ra que yo lo Jer me iute~1\i.'i: ya demasiado, pero me mortificaba aún
acepte; ~ ay nn
o de coociliarlo todo ¿me en- mát. lluy ete:ante ensu traje y en su porte, rMiiante de de Diana¡ pero no dejó ver ni orgullo ni rubor. La saludó
d•l• trabajar.
ju,-entnd y de belleza, parceíame non pn dama que vi- y los
cuentra uatfi berm.oeaT
Pero deede e■e día me encontré con frecuencia con 11sitaba mi efftudio, y uueetm com·ersación t.en{a fatal• ka. A ella le debí la J&gt;rimeru ·noción bien exacta y cht~
-Muyh~.
-¿Ctt,inw ~prodoclr at mee una belleza como la mente que terminar con estas fatídicas palabr&amp;.i dicUaa
raque m,·e de la entidad femenina. Había en rll11, en
mla?
\
por mí:
todo su 1)00.er, eae elemento incorrupt.iblecualquiera que
-A,,ors deonúdese usted.
DIO qne,e hlpde ella.
el calor y CUl\lquiera el ~cti,•1, á que ae l!Ometa, y
No había que au~ner ni nn momento que oquello fue- aea
-Coino Adelo
que se llama et fo111ini.inno, el eteruoad,·ersario del hom~.De
6 de oonjnnto?
ra la""" ¿Con 'qué objeto? Era evidente que no bu80&amp;ba
aventura y eólo au cabeza valía loe quince francoe diarioa bre.
~~
a uelod do conjunto?
-Un obeerntdor poco: experto hubiera reconocido quo
que iba ú coet.arme. Ya entreveía la ■erie de cuadros que perdía su tiempo y '5UB fuerza■ en intentar modificar el
= . e o ~ t e deanoclaT
iba ú pintar. Al mismo tiempo me decía yo: «Sería mu;, fondo de eee animal •dmirable, creado para el encanto
decoroso verle nada máa el rostro,• pero tod.118 lu eurioe1•
-1:lí.
loe ojoe 1 p11ra loa dl"Oeeperscion... pasionales. Em de
dadee del artista en bnaea de lo bello, pelpiaban en mi. de
-Con~.
aquello• de &lt;pieoea los ignor-,1nlce y 106 imbéciles dicen:
fr&amp;POQI por 111i,·•·
Seguramente bajo aquel uaje largo, hallábaae la realiza-F.ata muJer no tieue coruón, sencillamente porque
- ¿ ~ '"'8oienluoo lianCk'I al mee?
ci6n de un auefto, el cu~ ,·h·o de Antiope ó de una Da- ella claee de aérea, hechos aólo par• brilltr, pérmane-81 vl~•__.i toooe loe dl11, y al ......
naide. Ella comprendió 81D dnda mi ""'°rva ó mis deoeos cen tan h11en1ibtea como el 101 a todoi loe argulilenfiOII
, ¿Y11 . . . .
y se npreauró á aumentar mi admiración.
y á todoe loe teatimonios del umor, inclll!ive la !:ltiua
-1: al• 11--1 mny bella.
-Neceeho desnudarme, ¿,·erdad? ,-ale más acabar cuan- y la muerte. En ol foJJdo era uru1. ei::oeh!lllte criat11m,
--8o1 w111.i.tla.
to-sr.
antes, n,e dijo siempre que no ~ awaae au autonomta y au liber-Entonw ~ ltlled tena, mú trabajo: en mi , -·
Estando cadiente au pieza en el invierno 1111{ oomo
ele X. •.,., • la ele
s., pu.o en pie y con mucha tranqniliJad, se deeaboto- tad.
-Oh
j!6lcl eervllll de mocll,lo con uno y nunca de- n6 el 10bretodó ú cuyaorillaeelabacoeidoun·I•~ oL1n do fresca en el venwo; qne pudie■e de cuando en cuando
floree, bel&gt;P.r I&amp; y comer 1uu-anjas¡ usar ropa iu·
tute de un • ~ id ele no col• Qnlero una ouma eeda ~simularen la calle la orla de un verdllderu ves- ~irar
tertor fina y grundet1 81Cllrwenadorea de carey . ¡,11111 t&gt;ei•
lija,
rio::,;¡oqne inqoielllrme por nada. tido. &amp;h6 el traje oque! sobre una ■lila y quedó envuel- nar su opulonta cabellera; pooeer grandes vasijas ¡,ara
UI en una camisa de seda escarlata: cunelcuello volado
U I - P hi,l]j¡ COWO 111~, y me
aiffl,
daÑ gáln~ lraacOII al mee; P!'IO y mangoe !arpo como camisa de hombn,, ~ de coreé, •IOI ablucioneei, repet.idaa tred ú cuatro V$el al día¡ man·
una ....
cbnven1a, ol lé or-n mú en otra par- ni de ~naguae, nt una sola cinta _que impidiese 108 movi- iener los pies deenudos el mayor tiempo poeible, y !iem•
te, DO h a d e ~ neled.
mien'°9. En un instante ae quedó a6lo con la camisa con pre helados, pues pretendía no conocer voluptuoeidad
comparable , la se111&amp;Ci6n oontiuna del lrlo en lo piel,
111 toquit.a, ,ua botines doradoe y ■118 calcetines eacoceees,
que el fu"°'s61o debla teuene en loo ojoo¡ en
pnee no ll•~ba medias. Nada puede da roo idea del 1inf6- al,gaado
nico eec,lridalo ,lli,todu aquellai! ma11cb88 deelu1nbrado- ftn, con tal di? que no le pidi.e!en a,uor ui que se dr¡arn
bllld. donde .tempn,?
raa; de :,qnella loc,i,. de la camisa, de loo calcetines, de amar, Illta aaecuraba que todo era b11tmo en el mund~.,y
-lll',
- y en el bolel. lle vendido cnanto lu botitaa y de aguella _carae, todo re~ntinamente col~ no diacut(a na&lt;!&amp; de la vida. No experimemaba nunca
neoeaidad. de hablar, 110 p.,rque fuese t.onto, 1ino porqutt
.
a.do sobre el fondo de un cortinaje antig?.o.
•
-lNo _le._. •I 1¡arrlo?
Eaa criutura tiene el ,entido innato del ,-nlor y del le era indiferente su propio deat,ino to mialnoque iodu el
ei:terior
-1l• unp,J111 pooo,
genio de In belleza. Impcoible que al mirar las Un- de 1Dundo
Te6lllo Gautier era su poeta favorito. Belela conlinun..,.¿Quiere "'11' en fn,nte?
111 carne &lt;lnru y blanca COJDO el mármol, no se ~ruiue
raente
la
a,,.,dia de la muert,, de la que tenla un magnl...SI.
en la Diana de Gabiea. Adell!Q, aqn( tiene uated el bol-AII podd llliml,rla caaado la n«9ite y no Uene mú quejo que hice en el momento~ y que e11 de lo mejer que llco elemplar encuadernado por Nldrée. Alguna.
qoealta-111\l&amp;II•- IAooulllll'édoe 6 - bon11 diaria• be becho¡ al trabajar en él, me decta yo interiormente: cuando no tenía eeaiól) con el pintor, me tocaba el muro,
yo alla por la v•n•na, y me p.-,,gumaba si podfa visitar
y habni ~'!@
comp1élamente libre.
-¡Cuando pienso qne ,-oy 4 verle el ctm"pOI
-Allí
i!lempn,, pnee nunca oatg,,.
Porqdi&gt; no hab(a 9Periclo verla al instante, eino que in! jardln. Allí ee esteba toda la iarde 1COll&amp;ada 11&gt;bre uu
que le uteudlan sobre el cé■ped.
-&amp;lo qne - de enfrente ea -pt'Ch-.
graduaba mis eeriíilié1onee. Mient.rM yn trabalaba. ella tapete
Miguel le -rlbla una ó duo veces por semana largns
-Mejor.
contemplaba los objetos de mi ee1ndio. No sabía colocar- cartas
que nnnoa lela basta el fin. Le decla qn, mu lue-Desde ele$ hora DO podr4 mtei recibir ,·isilae.
se como laa modeloa de profesión, ~ ¡que ~ia! y go oomo
se caaara, le enviaría cien mil franco,.
-No n,cJbp í,lnguna.
¡qné hermoeura! Al termmar pii eetudio ae lo ei11efté.
-Yo no quiero eee dinero, decía, no f! de ~I, 11 de ,u
-¿AIIM1klf"'
Lo miró placenlel'll y dijo:
mujer y no tiene derecho pll1'&amp; disponer de él. Qu• se lo
-Anadla,
-Muy bien.
~ éDlll(up, cnando
inform.. cleuated, me diEutoncea la coloqué en un riDOOo, poae ur;,a tela nueva dé á 111 ~ ; pero li. m( no. A una mujer nunca ee le da
dinero de o1ro.
jeron,.•••.•
en mi cabal Me, y 1110 h10liné, bacl,énilo un gesto que eil!- el 86l0
esa ves la ví agitada; las mejillas ae le enoendionificaba:
·
,
ron de ira.
-Cuando usted gusle.
Al{ traD1Corrieron seis weaes. Una maftana muy tetn•
Lo comprendió, ae deaabrcch6 la, mangas y el cuello
díu,
de camlB&amp;, y haciendo UD lUO\"ÍUliento ñipido, que hu- prano quiso hablaran~.
'uat.ecl pena?
-lle sucede una cosa muy curiooa, díjome tranquila·
biéraae dicho l1acía p r la centésima v6, lanzó al aire la
=-~~conumbre.
·
·
·
camisa roja, que se elevó como llamarada y cay6 ain rni• mente.
-~; ~ muy gnapo. Crol amarlo. ¡Era yo lan do sobre el 1uelo, extendida como inmanaa mancha de
-¿Qué?
joven, cñaPdo le conooJI 11oe fugamos jnntoo. Antes, eangre. Entonces tuve la n;velaci6n pelpeble de la ealé-.MeCIIBO,
no ae oabe lo qae es el amor, cleepóéll eo cnando se com- tica religiooa de loe Griego,,, que declaraban á Frinea, de
-¿Con quién?
prende qaHlempre es la misma coaa, qne la mujer se de- esencia divina, por que lea deJaba Yer la perfección de la
-Con Miguel.
inda y q1111,1 bómbre es ridículo. Eo preciso DO pasar forma.
-Cómo?
-Tenía nn tío materno i nmensamenM, rico, á quieu no
ele GDO.
Ilka ae quit.6 la toca ain despeinarae, quid p_ara que
veía bacía mucho 1,iemt&gt;(!, )· que acaba de morir intee1ado.
-Entq- ¿ln,I el primero?
laa eapelda.¡ el cuello y la nuca, conservasen toaa la po-. Miguel
ea su único hered~ro y queda dueft.Q de todoit l01
-Y elújco.
·
.
reza de sos íneu, y se quedó seria. muy seria, como ■l
-Ton hllrm- como es mted. podrla eer millonaria.
se sintiera penetrada de toda la nobleza de eu poder. Ni millonea del tfo. Ha rJto el 1Dl11'rimonio proyec$1do, y
-111,,!!16 ban ofrecido mncbo _diñero, pero moda be que- pudor, ni impudor. Era una criatur, qne ae aen\ía he- viene por mi-; me dice que no puede vivir aia mí. ¿Qo6
rido. ai ~ • ea a,riiomble llODr&amp;AlO,
cha para e.tar desnuda y ser viata, y gne P.e encontraba curioso es 81:!0, no'! ¡No poder ,•ivir sin alguno!
-Y eu psdre ¿qué dice?
-Y ¡iiñhe ha hecho?
en
su doble elemento: la luz y la admiración.
....SO i,óW, doopneo de la clenola cle K01111th en 11148,
-¿Qué quiere usted &lt;juediga? Ahora el hilo~ el ricq.
Por óltimo &amp;e quitó l '. redecilla que le aprisionaba loe
Pero llka no se inmutó con tal noticia. Miguel llegó
,Amaba laliberlad; yo "'Y como él
cabelloe, y a.pareció enM&gt;ncea inundada con ellOII, imiabrunoe dlu después. Lo Diana no esteba concluida, é
-¿Y la n,adre?
·
tando la actitud de la Venus Anadiomena.
-A114 ee qoed6.
Deede el siguiente día1 p~rque aquel, no pude trabajar Ilb declaró que no paniría hasta que el pintor tem1iua-trlePll m4• bljoo?
sino con mucha inferioridad á la verdad, deede e1 día ■i• ae au ooadro, pue&amp; así lo había ofrecido. Míenel encontrú
-Jito.
guiente comenzaron laa sesiones. Hace de esto trea me- aquello nat.ura.l y juito. Asi8ii6 con mucho 1nterff ú. Jn-t
-Vnalva Ull&lt;ld, 11D lado.
■ea, y desde entonces no be dejat.lo de trabajar un aolo última■ ll'8Íonea. ti'uando se terminó el cuadro, di6 por él
día. No me extratla que no la haya usted conocido an- cincuenta mil francoa y ae lo lle\"Ó á Hungría con el mose neceait,ó este entierro ~ que ■alieae á la venta- delo.
es Igual; pero - • t e dallo le caosé con mi fuga: tes:
. De eoto hace mú de treinta aftoe. Nuoca volví d \·er,
na; aólo sale para venir aquí y _algunas veces que va en
no
aer maa criminal oon volver.
la noche á puear un poco por Montmartre. :M~ toca una llka ni he tenido desooe de \'erla, pero si quisien¡yo eer
pobre?
.
muy original y me canta cancionea de au pata. dnefto .del cnadro.
e una rena qne le de para vivir. lli padre tenla música
Mi■ cartones e■t.án llenos de estudioe que me han dado la
ble.- qne le comlsuon.
idea de emprender una Diana de taroatlo natural y que
-Y el qne ee fué ¿era peisano?
sería mi mejor ob.._.
-81.
En ese c1111dro Dians ha 11,gado ,1 ser Febea. Bien ase-¿PoNlné ... fneT
gurada con la última luz rojiza que ae extingue en el ho-&amp; loe á caaar.
rizonte, que su hermano Febo acat.ade abandonar, ae exHuérfano de \'erdor y de al,gr(a,
-¿Ya no la amaba á nated?
,
se desnuda aobre 1aa inmenan■ nnbes argentndae,
De yerta nieYe envuelta en el sudario,
-M• adoraba, me adpra; pero como 1n padre está arroi- tiende,
tru de las cuales se oculta para 101 hombrea, en las no-El campo que ftorido sonreía,
udo lo oblltl6 á cuane con una pariente rica. Eo el úni- ches
máe hermoau.. Sua ojoa no tienen va la mirada fe•
Hoy se ,·e ~ilencioeo y l'Olitario.
co medio qne Uene de ,-,lll&amp;lmir., lorkma pMrlmonial. roz 9.ue
cutigó la temeridad de Acteóu: •loo la dulce lan•
La human. viEta por doquier nd\'ierte
F,oje ll"ntes DO ll&amp;ben vivir pobres.
guidez con que va ,t recompennr In constancia de Endi•
Muda deaoJaciún y d~nl!iQelo,
-u
eocrlbe á 11111,edT
Cual si reinara eFpí1illl de muerte
-Oui t&lt;,dos loo dlu, Si yo hubiera lnaiatido en que ee mia.
Se ve colocado el brazo izquierdo bojo au caber.a lige:Bajo la inmen88 redond~• del cielo.
qnedera y ee ...... conmigo, lo habrla hecho. Eot4 loco n.ntente
inclinadll, y su boca entreabierta y tembloroea,
Atribulado lo conte111pln el hombre,
por mi; pero preferi qne ee fnms. hoy hablamna upira como invi.Bibles besoe, las primeras brisna noctur•
Puea parece ú eu mente conturbada
vivido con lo que le quedaba de la hereaicia. materna; unoa nas. Su mano derecha deja escaP,R;r de entre ■us dedos el
Símbolo \"&amp;gO de dolo1· sin nombre
wfnte mil francos. Deel&gt;U6i pedimoe preetado, pero no arco y las flt&gt;ehaa, que tan temible la hacen durante el
Y existench, de encantos despojada.
ee bo.eno debel". Vale mis comer ~ aeco¡ ~ro no deber.
Mas la esperauzn surge, y placentera
en loe \&gt;09'lu...
8" padre in,istfa en '1)1• vol viese á Huwrría 4 casarse y le dla,
No f'8 ya la virgen de Efeso, cuya implacable virgini•
Murmura con amor el alma herida:
eaoribfa m11ltitud de mfamias respecto l mi condncta. A dad pide la muerte de los viajeros arrojados 1\ la ori•
•¡Tras el invierno e■t.á In prima,·e1a;
10! no me guata luchar¡ ledeYolvíBU~bra. Yo me con- Ha por Neptuno irritado.
Morir ea renacer oi e ~erna vida!•
formo con estar en la miseria, ~ e6la; la miaeria de
:Ee la diOl!a á quien Eros ,·enci6 e&lt;'Crctamente, que ae
A:sTO:SIO ARXAO,
doa e111 horrrible y máe con un hombre, eeo ea sucio y ne- ■abe amada, espera al que la ama y ■neña ya que está
cio. Ycnd( todo lo que poee(a. 86l0 me quedan mll lrsn( Sigue de la pág. 179. )

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·

EL TIO MILON.

El tío M~~6n dió muestras de altera rae.

1-!8 necesidad de hablar largo tiempo

~~l

I

CE uu mea que
inunda los cnmpos con
u ardorosa lbmo.. 1.4 vida estalla bajo una
tempestad de fuego. Cúbrese la tierra de verdor
l1&amp;t-\,U perdene de vi&amp;ta, confundiendo su color
con el azul ~el cielo, allú en ID! límites del horizouté.
Las granJ~ normuu~, eapu~-cidas por la UanlH1l, parece~ á lo leJ08 botiqu1..-clll01 suJetos pur uu cinturón de
erguidas hayus. !Je cerca, ul llbrir In carcomida CU:ncilla
cn,eríamoa hallaruoe t:n un jurdin gigantesco; todo■ 1~
manzanos, 1~!1esudo.i como tiU~ duei\os, se encuentran en
plena tloruc1'!n. Aquellos tronco ➔ negmzcos, retorcidos,
pqeet.oa en hilera, oetentan al EOl tiUS brillantes _copos roea y bbmca, conlundiendo el ama.ve aroma de au florea
con el penei~te olor de 108 establos cercanos y con loe
vaporet1 d61 eaitlércol eu formentllción, cubierto de galli·

.....

.

Son las doce. Le. familia come á la sombra del peral
que crece dt&gt;lant.e de lo. puerta de In grnuja· el padre la
madre, cuatr_o hijoe, d~ critu;laa y tres m~zoe de Ja' labn111Z&amp;. N11.dte hubla•. Concluida la. sopa, sirven un guiDdv de carne cu11 tocmo.
.
De cuando tm cuaudo, una de )na crilldas ae lt&gt;vanta y
TA ú h~ bodega, vol~i~ndo con 1111 jarro lleno e.le sidra.
El Jefe de lu humha, hombre de caurent,a anOl:!I contemplu una parrn que ext.it"nde 1tn1 vústngoa á lo la;.go de
la pared de la cnaa, curriemlo bejo las ,·entama.a y torcida comu una culebr.1.
-;-La:perradopoore-dijo nqucl-brota pronto este afio.
Qu,z,la ae
Aquella PB':-' f'Htaba plauttadu jul:!Utrnente eu el sitio
donde fué luallado el tío Milón.

u,....

•

Sucedió el!'J durante la g~a:rra de 1870. Los prusianos
ocupabiln toó1lo la comal'Cll; frente 1L eUOII estaba el general 1'Aidherbe, con el ejército del Norte.
El Estado may?T prnaiano. ~- nl~jó en, In Granja. Su
doeflo. Pedro M.dón, le ll'C1b10 é matalo cuanto mejor
¡,údo.
·
Hacia ya 'pt mee que la vanguardia alemana ee hallaba
en obeervación. Loe (ranCt"lt'8 permant:efan inmóviles
diez leguus mila aHá, yain ewbargo, iOdas las noches
a ~ u algunos hu1anoe.
. . l,'uando loe eoldadOd que hac!an In d ...cubierta ó los que
formaban laa rondaal \'ulautes, HWíun eu udmero de do■ ó
srea 1t0lamentit', no n-greNLban nunca.
Por la tnallallll las n,cogla wuerioa en el campo j,jnto

ct.

, una cerca 6 eía uua zauja.

·
·
,
Los caba.lloa que montnban, yacian también á lo largo

ele los cannnoe, dcgolladoe de una cnchilladn.
Todne estu muenea parecúm hechai:a por Wla misma
pet'SOD&amp;,

El pole ee alerroriz6. .
&amp;titaba una simple denuncia pum que loe prusianos
l111ilasen bomb- prendi...n muje.... y qufa1-,n ob&amp;&amp;ner, por uuedc,, revelaclonet!' de loe nifl:01.
Nuua se descubrió.
Pero hé aquí que una nuUlana vieron al tío Milón tendido en lu cuadnl, lleno de sangre y con una corWldura
en U\ caru.
•
l&gt;Ult hulano■. aet:einados mordían el poh·o ú. tres kilome\1vs lle lu. üranJn. Al 1-ecogerlee ~e notó quu uno de
ellU1S elDlJUilaba aun rl lllble enaangrentado lo coal probaba quo se había delen&lt;lidb.
'
. Co1?&amp;t.iiuido inmedint.a.n~eu~ el Coulft"jo du guerra, al
aire l~bre, dehmto Je la ün1.nJa, maulló comp¡U'l."Otr al
tlo lhl6n.
'fe.11ía éste ~nta y ~ho ailOt!. 1-;m tle poca estatura,
delgado, algo ,ibosu. 8us cubell~ JaciCH! 1 ralos y ftnoa
COUJo el plumou dt, uu pato, d~Jabun al descubierto b}
■ueerticit, del era.neo. la pid del cuello 1uonma y arrugaclB, pretK!lltu.bu gruesa15 nmas que so hundían bajo laa
111a.11c.líbubw pam ~parecer tin hus aients
En Ja cum~rca le t.eníun por hombre M·aro y exigente
en los 11egoc1oa.
Le pW!ieron ~e pie entre cuatro soldados, delante de la
mna de lo. cocma, que 1:1e l:lllCÓ fuera. Cinco oficialet y el
coronel ee sentaron frente á él.
El coronel tomó la palabra en francés:
--;Tío Milón, des.d e que ~t.am.OHaquí no hemos escasea·
do u. uated loa elogios¡ ha b1do usted complocien'-8 y aun
at.eutQ con nosotros. Pero una acusación terrible ~
hoy sobre asted, y ea necesario hacer luz. ¿Cómo recibió
usted la herida que le cruza la cara?
El viejo no contestó.
El coroael repuso:
·
·
-Su silencio le condena, tío Mitón. Pero quiero que
me responda UBled. ¿Lo oye? ¿Sabe UBted quién mat6 loe
dos.hulanos cuyos cadáveres se encontraron cerca del Cal,
vario'!
El tío .Mil6n articuló clarsmenle:
-Fuí yo.
El coronel, sorprendido, calló un momento mirando
fijamente al prisionero.
'
Este permaneció impasible, con su facha de aldeano
embrntecido y sos ojos tljoe en el suelo como ai hablara
con el cum del J&gt;Ueblo. t!MSlo un detall~ podía revelar su
tnrbeción intenor: el viejo tragaba saliva á cada i08tante, con visible esfuerzo, como si le hubiesen apretado la
garguuta.
Lá familia del tío Mitón, su hijo Juan, RU nuera y dos
nifl9l:l presenciaban consternados la escena.
'
El coronel ,·01 \'iÓ á preguntar:
-¿&amp;.be usted asimismo quién ha · asesinado los exploradore~ de nuestro ejército, que faltan hace un mee?
El viejo ref-pondió con la misma impasibilidad de bruto:
-Fu! yo.
-¿Lott mat,ó uf!ted á todos?
-Sí, 1l tocios; fuí yo.
- l '¡,;tcd solo.
-Yo1&lt;o lo.
-Uíg:uue usted cómo lo ejecutaba.

le molestt1b..'\ de

un modo visible.
'
-.Eato 86 queda P.l:nl mí-balbuceó.-Lo hn.cfa según ■e
presentaba la OC&amp;Hión.
-Ad,ierto á l.sted-dijo el coronel-que es preciso
con(es~rlo todo. Decídnae usted inrnedia.tamenW. ¿C.:,mo
emJ)t'zo usted?
E~ 1,tom~re Uirigió Jtna mirnda inquieta :i an familia.
Vacil~ un msW.nt,t, 1\nn, y de pront-o 111e decidió:
- \ ol\'ía yo á In GranJa una noche, 1í et:o de las die1.
al díu. siguiente de Ilegal' ustedes aquí. - Usted y sus nge~~
t.ee n!o habíun quitado por valor de cincuenta eacud011 de
forniJ~ una nea y doscameroe. Yome dije: tantnacuanta1:1 \'1.'0t.·1:1 me arrebaten el V11,lor de veinte ~ndoe otrus
tuntua me lOll pagarán con crece&amp;. Y ademús te~ ia yo
otras cocm~ ~ui tm el corn.zón, que sabrá usted también.
En e.ato dn·180 un hulano que fumaba la pipa tnlllquila_ment.e, ,entado á. espaldas de la ümnja. Entré en casa,
decolg~é la ~o.z y fuí ú colocarm~ detrás del soldado, con
tanto 111lenc101 que no debió oír absolutamen'8 nad.l. Le·
vanté l~ hoz y le co~ In ca~z.n de un. tajo, de uno sólo
como 11 íuera una ee¡nga: 111 tiempo ,u,·o de decir 1·nv\
bwique nsted_el cada\"er en el fondo del estanque, ' y nflf
le encontrar¡\ dentro de un 88CO, en componía de una piedra de la ecrcn.
Este fu~tll 1,rincipio de In renliznción de mi idea. Quité al pru~mno todos 1ma ,·PStid08, . deede las bota.et hasta
la gorru, y loa oculté l'll el horno de yeso del tfo Martín
al otro Indo del patio.
'
Call\Re t'I ,·ieju. .
Los oficialett 1ft; miraron sobrecogido!.
Reanu&lt;had.o el mt.errogatorio, aupU!ro11. lo que ,iguc.

•••

Una vez c~metido el llSeHinato, el tío llilón tnvo un
■ólo pemauuentu: ¡mutar J?rusian~!
~ obor~.íu con un ~10 diiti111uhu.lo y feroz, como
pa1sa110 codrcuiso y IJU\nota al milimo tiempo. Tenfa en
ldt•a: como _él 6ecí11 . .l::zlperó_algunOA dín@.
• Loa prnfWIIOti le dt-J~ban en libertad de ir y ,·t&gt;nii', sahr Y_euinir ctmndo quería, permito t4~iW concedido,\ an
humi ldad co~ los veuced~1·ea, para qtiiijHeB ·ae mostraba
en "liotllll!I OClk!ionescomplirienie y aumiso.
TodnK 1118 tardea presenciaba el viejo la part.ida lle loa
correos de campaOa¡ él salió también nna noche, lul'gO
que 1upo el nombre del pueblit donde ae dirigían y cuan- ojoe.
'do hubo apre~didn algi.11~-p&amp;labras en alemain.' tas que
jUZl&lt;6 necenno oaber. aah6 del palio de la Granja BO
dealizó en el bo!que, llegó al horno de yeso, y penet~. do en el fondo ~e la gttlería ■e puso el uniforme del muerto, que encontro en el suelo.
Lt~l'Iº merodeó por la campiftn, siguiendo ·e ncorvado
la ?rilfl;" de !os t.aJudes l&gt;ara no Ber vino/lltento al menor
nlldo, lllQWt&gt;to como un ladrón.
Cuando creyó Jleodoel momento oportuno se acercó
carretera oculiilndo■e en Un matorn1I. Eei,erú aún.
~wa la media noche J'e80n6 en la tierra: dura del canuno el galope &lt;L, un csballo. El viejo aplicó el o Ido contra el euelo para aaegurane de la proximidad del jinete
y hecho esto, ae preparó.
'
El hulano se acercaba al trote largo. Ei'á portador de
deaP!"'hOB u~tes, y marchaba co~ el ,o(do asisado -¡
deejneria la v,■.t,a. Cuando llegó á diez I""""! del tlo .M1.
Ión,. éate ae arrutró por la carretera gnta.ndo con ncento
luumero:
'
-¡Hilfe! ;Hü[,! ¡Socorro! ¡Socorro!
Se detuvo el Ji~Pte; reconoció en el viejo un prusiano
desm_ontado, hendo tal ,·ez; echó pie á tierra, se aproximó am la, menor B&lt;Mpech~, y cu~n.do se inclinaba pam
socorrer" aquel desconocido, rec1b1ó en meJio del vientre la encor_voda y ancha hoja de un sable. El hulano se
desplomó un agonfo , sacudido únicamente por las 1.Utimas ~up~mas convulsiones de la muerte.
Se 1rgu1ó ~l normando radiante de alegría, y con feroz
com_placenc1a cortó el cuello del cadaver; lo empujó con
el rue y cayó rebotando á la cuneta de la carretera
cnbo.11(!, tranquilo, esperaba á eu amo. Montó el tío
)lllon y l!ahó galopando llanura adelante.
. Al cabo de una ho!'8 divisó.~~ hulanos qn~ regresaban
J~ntOll al. acuartelamiento. Dmg16se á ellos gritando tamb,én: ¡H11f~! ¡Hilfe! Los prl..ll-ianos reconocieron el nni•
forme y deJnron u~~,ximnrse el jinete, sin desconfianza
alguna. Llegó el vteJo, y pasando entre ellos como una
bala, mató al uno de uu sablazo y al otro de un tiro de
revólver. _Después degolló loe caballos.
Tranqmlamente regrea6 al horno de yeso ocnltando el
caballo en In oscura galería.
'
. _Dejó allf el.uniforme, y vistiéndOffe sus harapos de pordiosero, vol v16 á In cama, durmiendo haata bien entrada
lamafiana.
Durante c~tro díu _no salió de casa, esperando el reaul~do de la rnforma~16n abiert.a con motivo de aquellos
asesmntoa; pero al qutl}to día hizo una etaeapada y mató
otros doe soldadoa, valiéndose de la misma estratagema
Desde entonces ya no se contuvo.
·
Todas lu noches erraba por el campo matando pn1aianoa, tnn pronto aqnl como alla, rodando á In v~ntura
galopando á Ja luz de la luna por veredas desiertas com¿
un hulano cazador de hombres.
'
9oncluida su terrible faena, que dejaba tras él una tan•
gnent_a 81a de cadáyeres _sembradoa por loe camino■, el
tío M1lón ocultaba mvanablemente el uniforme y el ca•
bailo en la galería del horno de yeso.
A e~la ae encaminaba al medio día, llevando al caballo
la mc1~m ~e avena y aguo, abundante hasta la profusión,
pues si c~udaba con esmero al animal, ta111bién le exigía
on trabaJo duro y continuado.
La víspera, uno de los hulanos atacados ee dctendió y
de ~n S::Lblazo cortó In caro del viejo que á pesar de'la
he rida lo mató.
,
fero cuando fué ~ ocult.ar el caballo y 4 vertirae loe
guu1np~ que constituían sn traje habitual, le acometió
tal deb1hdii.d, que no pudiendo Jlegar á la Granja, (uese
arrastmndo hai;ta la cuadra, y allí le encontraron eneang-rentado, sobre un montón de paja ........ ..

'la

~!

•

Cuando terminó ef!l.e relato~ el tío Milón levantó de
pron~ la cabeza, mirando COJ? altanería á loe oficialee
prUBl&amp;Doe,
El coronel le preguntó:
-¿liada mú tiene usted que decir?
-Nada múa. &amp;,t,i la cuenta jOBte· he muerto dieciseis
hnlanoa; ni uno más ui uno menoeÍ
-¿Sabe usted que va á morir?
-.llo be pedido perdón.
-¿Ha sido UBted soldado?
-1!(. . .Me ~¡ en campalla hace ya tiempo. Vcectros
matáale•• á m, padre, qne loé soldado de Napoleón I· matásteia á mi hijo menor, Francisco, el mea pasado, )noto
, Evteux .. 0a la deb_ía y be pagado. &amp;ta1¡1os en paz.
Loa oficialee se nuraban.
El viejo continuó:
-Ocho por mi pedro y ocho por mf hijo. F.olamos en
~- Yo no 01 he buecaijo qperella. No oe conocía, ni ai•
qu1e1a aé de dónd~ venia. Aquf estáis en mi casa y_mandáis en ella como !l oa hallúa11 en la vúcetra. ;M.e he
vertPdo en loe otros y no me arrepienM&gt;.
Y enderezando el e11erpo, encorvado por la anquiloeis
crnzó el tío. Milón bt brazos, Jl(iopMmdo una postura d~
herce humilde,
~ prusianos d~utieron en voz baJa largo t.iemp..,. Un
C!'P•tán, que también hab(a perdido BU hijo el mea ante-n~r, defendía con cn;_lor la condu~ de aquel viejo. Termmada la conferencia, ee levantó el coronel y aeerc4n•
doee al tlo Mii6n, lo dijo muy q~edo:
'
-Faro.che usted; hay acao un medio de salvar sn vi..
da, yes.........
.
Poro el \'iejo no qniso oú; lija la vlsla en el oficial vencedor, mientru el viento agitaba loe cuatro desgretl1ldoa
pelos de an cabeza, hizo un gesto eepanl080 que crispó
aquella en&amp;quecida cara, cortada por el eablaio ·y enarcando el pecho, eacupl6 con toda sn fuerza en pleno roelro del pruaiano.
Loco
. ~ rla 1'fre~ta, levantó el coronel 1~ mano .........
y e1 v1eJo 1e e1Cup16 1a cara por segunda ves.
, Todos los ol!cialee ee levantaron y daban 6rdenea 4 un
l1empo.
.
En menos ~ un minnW el Uo Milón, impuible 1iem•
pre, fué empllJado oontra la pared v fusilado. no ■in en
v~ sonri1111.1 al eu hijo Juan, IL so nÜera y á 1~ doa niet.ec1toe, que contemplaban aquella "eaCUDa con extraviadoa
GDY

u: HAUPIJIIAll'l'.

LA CONCIENCIA..
Airade.lelllpeatad ee deealaba
Cuando de toscas pieles re\'l,stido
C,dn con au familia caminaba
Huyendo á la julticia de Jehová.
La noche illa caer. Lena la marcha
Al pie de una montana demrieron,
Y aquel homl&gt;re lat(dico, dijeron
SUB tristes bi}oe:-deecanaemoe )'L
Duermen todoo, excepto el fritlclda,
Que alza11do aua miradas hacia el anonte
Vió en el fondo del fúnebre borúonte •
Un ojo fijo en él.
Se eatremeció a..in y deapertando
A su famitiadel dc,rmir reacio,
Cual ainieatraa fantaamas del Odpaoio
Rert.ornaron A huir, ¡aoerte cruel!
Corrieron treiata JK&gt;Ohea y Blll días
Y p.Hido, e11.Uado, eln rep090,
'
'Sin mirar hacia atnle, y pavoroso
Tierra de Asanr pisú '
-Reposemos aqul...... Dénos 111110
&amp;ta.región OBpléndida del sueloy ni sentarse, la frente elevó al cielo
Y allí el ojooncontrú.
'
Entonces d. Jnbel, padre de aquelloe
Que en el desierto nabitan,-has, le dijo1
Qnesenrmeaqnfunati81lda-yel bneu b ijo
Armó tienda común.
-¿Todavfll lo veia?-preguntó Taita
L:.a uifta de la blooda cabellera,
'
La de faz como el alma plancentera.
Y C..!n reepondi6:-lo veo aún.
J ubal entoncee dijo:-una barrera ·
De bronce construire: tras ese muro
Padre, estará&amp; de la -viaión seguro· '
Ten confianza en mí'
Una muralla 88 €!levó altanera
Y el ojo eelaba alU.
Tubalcaín á fabricar ae pUBO,
Una ciudad gigante de la tierm,
Y, en tanto sus hermaoOB daban guerra
A la tribu de Seth y á la Eoós;
·
Poblando de tinieblas la campifla
1A sombra de la torre se extendía,
Y en la puerta gn1.b6 su altanería:
"¡ Prohibo entrar ti Dio&amp;!"
Un cast.illo de piedra, cuyo m"uro
A la altitud de una montana R!ciende
De la ciudad en medio ,e de1prende ,
Y ali( Cafu entr,J.
'
Tsila 11,ga !m5ta él, y, palpitante,
-Padre, le dice, ¿aun uo lVI, desparecido?
Y el anciano aterrado, conmovido,
:
Le responde:-no! no!
De hoy más qntero habitar bojo Ja tittrnt
Como en su tumbn el 1nuert-0-y presurosa
So fumilia cav6le una ancha fosa
Y ,1 ello descendió al fin.
Ha.a debajo esa bóveda sombría,
Debajo esa tt1mba inl1abitnble
El ojo estaba fiero, ine xorable'
Y miraba á C..!n. '
Yit.:T01:

Huoo.

�8

D1c11:.,11:1:1:,

1~:J.j,

Páginas extraordinariu8.

DOMIJ\GO 15 DE DICIE:\IBRE DE 1895.

~os cautivos

ae !@abilonia.

CUAUltO Ul!': JO.\Qt.;ÍX RAMlREZ,

(Fotografía proporcio11ada por el Ingeniero Fernando Ferrari Perez.)

~elleza inglesa, cu.a,dr~ por
(Grabado en los talleres de El Jlundo.)

N. ~lina.

Tomo IJ.-Nú:mero 29.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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