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. E='=1=89=5=·=

104

•

PRENSA MEXICANA.
Páginas extraordinarüu.

DOMINGO 6 DE OCTUBRE DE 1895.
~================================~:====::::::~:::::==============~71~o,:no IL-Númtrv J,J.

&lt;roronacion

ae la "0irgen ae Guaaalupe.

First Ola'3B

R. R..
.•. ,t,)111),.,. ..

tornrnerciál - Prinling
Book-Binding.
Pres&amp;

COPYING

{Fotografía directa del originnl,

9magen·ae la °0irgen.
teme.da a~, AUinn de /a e:cnnadt,n, con r&lt; 1n iFO de &lt;oEl Tiempo.n

�6 ÜCTUBRE, 1895.

EL MUNDO.

106

QEl ~ímb.oht tl11d1ntal.
Dioses I1npotcntc1:,.

LAS OPRESIONES DEI, CAPITAL Y LA IGNORANCIA.
EL AYATE Y LA TL'.:'."ICA :IIORADA.

nes, á ven~rse del amo duro, del h_acendado avaro, á. tomar desquite de los azotea y la tlap1xquera. ,,..
·Y arriba en el estandarte, la imagen de la' 1rgen Mexi~ana, capitaneando, autorizando a51nella guerr~ co ntra
los hombres injust-0s y los crnele!i munene~ extranos.1 No
había realmente en la guerra de rnsu~encia lucha de dos
credos religiosos diferentes 6 ru.1tagómcos, per~ ~r, pu~¡
entre dos catolicismos1 por decirlo así:.e.l catohmsmo 6
inquisidor que excomulgaba y el catolic1smo d~l cu:na_u0
era excomulgado, entre el catolicismo del prop1etar10, e 1
amo· y el catolicismo del 1:1iervo.
. .,
Lá Virgen de Guadalupe simboliza,b~ la rehg1&lt;!n de lo~_
naturales oprimidos; ella no fué agracw.~a éon titulos m~litares por el poder ,·irreinal 1 como la Vtrg~n ~e 1A_1 R r
medios; ella era, toda india y toda para el indio.
ve_
su imagen en la bandera flamea.nte, alzábanse las chus.
mas acrecfanc:e sospechando tal vez que aquella compa
siv~' y buena J}r~tectora estab:'L también vejada .Y. perse;
guida como ellos. Para acentuar el carácter rehg10so dn
este enérgico levanta.miento. p~puhir, cleb.e tenerse e_
cuenta así mismo que sus pr111c1pales caudillos eran
cerdotes, curas clel pueblo, en quiene:3 ve la gente sencl a
personificada la religión. Ellos se re.bslab~n C?~t.ra. s~s
prelados y superiores, porque veían de cerca l,~ 1nJUJti.c 1~~
porque sus curatos y sus templos eran 103 ast1os u¡ic
del indio. El clero alto, los primados, ~on_ el e.,;paflo j Ía1
clero bajo, los humildes cur~s., con ,el 1~d10. De ,,a~ui ._
escición que &lt;lió carácter rehg1o!'l.o a la rnsu~"gencm. est
ción que empezó á marcarse desde la conqm~t:1' con 1a u¡
cha entre el catolicismo de Cortés y el catolicismo de I0
misioneros.
. .
· t
e
Los que niegan el milagro ele la apanc16 n., as1en apqu
fué inventado por los españoles pilra ?01:1:nnar meJor _}l1
indio, Pues el milagro entonces consistió en que, t,;iu
quererlo dieron al indio un gran consuelo, con el consur
lo esper~nza, con la esperanza energía Y con la. energ a
aptitud para vencer.

Es necesario tener muy delicad1.\ plluna para escribi: la.
historia de las tradicioneEZ religiosas, para. contar la ~ida
de esas hadas consoladoras de la humanidad. Re _d~t•ene
el aliento delante de ellas como delan~~ de esas msa~as
burbujas de ugna y de jabón que los nltl·ls lanzan al ~1re.
y también aquellas como esta~, tr~n~parent_an el ciclo.
Leemos sin emociona.rnos la Il18f&lt;?rut d~ lcv Nrgen~ ~e .Jacolliot, tiene para no~otros valor ht.('rar10, valo_r h1~~ur1co,
pero no tiene )o que podría lhumtrse \'1\!or de la..m1lm.1.p1~
cambio esos libros piadosos que no~ le1nn 1.we::etros c_!1s
tia.nos Pa&lt;lres en la \'Íspera de los d1~'''. de tic.::;ta, 1~ .1 uln
de la Virgen escrit.a por el abate 0~1111, Ci.w 1lro_portt(':I) de
los 1 crame;,tos, del Visconde_ de ,valch, el uGen10 del
Cristianismo)) y varios otros libros que no podemo;; vender aun cuando estemos pobres, l?o1·quc están dobladas
eus hojas por las manos ntiís qneml.as Y quC: ya, muchos
no podemos besar, hablan{~ nue_Atra, 1ne111or1ay a nue8t,ro
corazón con exquisita elocuencia, no~ hablan de lo que
ellos hablan y de lo que nosotros oimo;,; 11H!Y aüent..i:o,
cuando todo lo que nod rodea queda en s1hmc10. La'. irgen de Guadalupe es para nosot1·os un símbolo de familia
y un símbolo nacional.
El pobre indio estaba; huérfano de ~odo, cuando e\la
apareció. Le habían qmtado sus propiedades, sus muJeres, sus hijos; habían acltebillado á su.s padres, Y. no podía creer ya en los dioses que presen.cmron 1mi?as1bles el
exterminio de su pueblo y que sufrieron, co.n un potente
resigna.ciún los ultrajes de la solda~escn .ebria de 9ortés.
No, no podía. nmar ya á aquellos d1?ses rngra~os, a aquellas dinnidades prostitutas que s~ 1ba.n ta11~b1én con los
Transcurridos años, siglos, la, fe en la Virgen de Guad,1,hombr.;,s bln,ncos. No, no eran d1ose;;. Ten1an de veras lupe persiste aun como h\ esperanza en el enfermo. ~~0 •
davía es protectora de los oprimidos p~rque la opre:. 1 n
corazones de piedra.
En los m,í.s creyentes, en lo~ más a~.megados, en los que del capital y la opresión de la ignorancmsoneternas.
se creían merecedores de cast1go y dlscul paban la ,celeste davía el amo es duro, el capataz azota ...... y se esc½1c
ira ó el egoísmo, persistía aun el amor á ~os nurn~nes
rumor de lú.tigo como si fueran estOJ! culebra:, que, atibavencidos, pero ya de otra. naturalez~- El d~os i~o ~10t~- ran en el aire! Y tod;1sfa la. Reina ~piñonacla sonr1e progía al indio, no era, el ommpotente m el temible. el mdto
metiendo remediar los males y abru· las puertas de otro
amparaba al dios guardándolo en lo m(tS secreto Y recón·
mundo en el que no hay siervos ni señores..
~ .
dito de su hogar, enterrándolo1 llevá.nd~lo en brazos por
En el culto del indio hay mucho de 1dolatr1co,. ,se
las montañas inaccesibles para el conqmstador Y por las
dice. Es verdad. Pero la oración siempre es ora.crnu
cuando se exhala de una fe, como de la rosa el per~u~e,
vastas soledades.
.
Lo amaba el indio, pero con amor compas1Yo, C&lt;?mo se ó cuando brota de un dolor como el l_lant~ brota e os
a.roa al que está en clesgr;1ci,1, al pf!-dre que cor~1et1ó nna ojos. Hay ideales superiores é ideales rnfeno~es,. pero eís
falta y que por ella sufre, ,t la débil nu~Jer, al mdefeuso
bueno par:1 conllevar el dolor todo ideal. El 10d10 veas,
niño. ¿Qué habrían de esperar de los d10ses los protecto- ama así; no Ye ni ama sino lo .qne les presentan de b•!l~.
No podemos sustra.er_lo á la mfluencu~ ance"'tral: tie n:
res de lm1 dioses?
. .
~
Pero es el caso que tampoco podí.ln amar los rn.d10s a por fuerza que rev1v1r algunos de sus r1to3. con esas d~
las divinidade8 extranjeras. Er&lt;1.n los númenes ~m1dos,
zas con que cree halagar y complacerá. la l\fadre de~1os.
implacables, vengativos que habían asolado sus tierraJ é
' Tiene que ser de su raza., como el árbol es.de la tierra
incendiado sus casas. Serían poderosos pero no podtan en que enraiza.
,l
¿Acaso el civiliza,lo puede fácilmente remont~r~e. ,~ u~
parecerles buenos.
,
Los misimieros de afable aspecto y ~landa voz procu- concepto puro y netamente inmater.ial de la D1v1md~d?
raban es cierto disculpar ,L los ?onqmst~dores Y decían ¿Tenemos ojos que vean foera del t•e.mpo Y, e~ espacio.
al ind ígena que ni Jesús, ni la. Yirge!1, JU los Santo::!, ha- La gnm fuerza del cristianismo consiste pt11~c1palmei:i-te
bían sido cómplices de aquellas atroctda~es., Pero aunquti eu que aceptó la humanidad y en q1;1e su D10s se luzo
el misionero era muy bueno, aunq'!e el rnd10 le llamaba carne, se hizo hombre para que lo viéramos..
,
padre facilmente, siempre echaba. este d~.yerque no perEn el indio esos retoños y renuevos ~e 1d~latria son
tenecía ,í. su propia raza y que el 9ruc1fiJO Y las deuJÚS imhorrables. Su raza., que no tiene ya virt.uahdad para
imágenes de aquellos foüles [ran?iscanos eran tm,~1b1én vencer en la lucha, por la exist~n?i1:, morir,í.. coi:i _ellos
de otro color y hablaban con los OJOS otra lengua. No po- más ó menos atenuados. ~obrev1v1rangrupos, rndnidua~
der creer ya en unos n.i ª1:llªr á lrn~ otros todavía, tal era lidades, reproduciéndose, mcrustados ya, en otras r3:zas,
pero Ja masa obscura v densa va hundiéndose en el tiem•
la condición del pobre m&lt;lLo.
A la Yirgen de Guadalupe si pudo amarla desde el po co~o parece que af romper el día se hunde la noJhe
primer momento. El primero con quien ell.1 habló fué
en mar.
JuanDieao como para decirle: Yo no vengo en son d~
¡Buena Vírgen h q1ie ha Rido Madre de todos esos
cOnquist;, á_ mi no me trajo ningún soldado, en la. mochi- huérfanos de todo! ¡Buena Vírgen laq~e aun ayuda amo•
la no me presento impuesta por el .Arzoblspo m por. el rosa.mente ú bien morir ;t una raza agomzante y reelegada
virrey. Sé que esta es tu casa por m~s q~e lo~ ~x:tni.1110- al hospital.
.
ros te hayan echado de ella y reducido_•~. aervtdum~re.
En el mismo incrédulo su nombre suena bien porque
Por eso á tí, que estás muy pobre, me dir1Jo par~ ~ecirte significa amparo al des\'a.lido, protesta.,contra el abu~o,
que deseo vivir con vosotro~. "Fe saludo e_n tu 1d1oma Y idea de libertad. Y si P.l incrédulo naClo.de padres crismira me parezco á aquella rndta muy bomta Y bondado- tianos ese nombre representará también para él todo
sa q~e se unió con tu padre para darte el ser,~ aquella
un orden de hermosas idea.~ que ya pasa~on Y que
que murió de pena cuando los espafioles le qmtaron su por lo mismo, juntan á. su rntrínseca p.oesia la poP-sfa
de lo ido. ¿So halla acaso perfume en un ramo de rosas
heredad!
d',
t Ca
y para. que m{LS lo creyera se es~on 10 en su ay~ e.
· marchitas que ya para l.os demás ,no exhala olor?. Ese
viloso era el indio,. suspicaz, ~emi6 que lo enganaran Y
erfume no está en el aire, pero Sl en ~•\ at,~6sfer~ del
resístióse mucho á 1r al Arzobispado. Per? fué al. fin Y ¡lma, á la Vírgen d~ Guadalupe ~e as?cia. la idea riente
¡qué regocijo para él! A él no al prelado luzo ~l milagro
de la niftez ...... esa mñez que se r1é mas 1mentras se ale•
aquella bermosa Señora! No la tení~ el frzob1spo en su jade nosotros. La madre nos enseí'i.6 á amar ,í. eea Víi:vestidura morada, la tenía él en ~ tilma.
. . .
gen afable, y por eso aun el que ya i~o crea en su. apariAquella raza arrodillada necesitaba tener una div1m· ción ni en su existencia, snprasens1ble tendr.í siempre
dad delante y la tuvo desde entonces. . .
ue quererla. En esa Imagen se reunen para todos 6 caAllá en aquel templo encuentran los md10s algo de su
para todos, muchísimas itmlg.enes Y ~ay muchos.ateos,
tria perdid..&lt;t, allií. recuerdan é imitan las danzas de sus y ya viejos ya curados del vahido poético de la Jl~venratepasados¡ allá se encuent~an COIX!? en h?gar suyo q_ue tud, que v~n todavía con cariño y terneza una arrugada
por gracia abren á los extranJeros. Si ven a u,~ espanol estampita de esa Virgen. Ella fué _la. confi.d~nte de nuesarrodillado frente á la Imagen de ~uadalupe, sienten sa- tros padres que para nosotros le p1d1eron blenes.
tisfecho su amor propio. Ellos le dlero~1 esa. protectora Y
La noche de la incredulidad respeta al$-unas. estrellas
si esta atiende las preces del español, si le otorga la mer- dejándolas que brillen á incalc11lable dIStaucia de los
ced que picle, á ellos lo d.eberá.
,
.
hombres.
Irrevocablemente ba sido y ea.un snu~olo de nacrnnaY esa del Tepeyac es una de ellas.
r1dad de independencia de patria, esta imagen. Cuando
:M. GuT1Erm.EZ N.ÜER.-\.
¡ gu~rra de insurgencia: iiü.ervenfan en la lucha, así co:o los dioses contrariados se mezcla?an en }as pugn~ de
griegos y troyanos, vírgenes antagonistas. El cura flidalTRINOS0 ne vivía cerca de los indios y que con_ocfa el curso
g ui"siguen las ocultas corrientes de sus canfi.os, tuvo una
Me aseguran que le quieres,
{&lt;lea genial: la de escoger por estandarte la Imagen Guay me demuestra ese amor.
d.alupana. La insurgencia fnépopular, levantó á las masas,
que aún proseguís las muJeres
inflamó las almas, porque la annna~an dos fuerzas podeescogiendo lo peor.
.
rosas: la fuerza de la fe y la fuerza mtensa. de una gran
¿Sabes lo que yo te d)go,
necesidad económica. Ttw?1 .pues, los caracteres d~ una
rtu.nque te enojes conmigo?
de esas grandes guerras religiosas que aun suelen mc.enQue te quiero de tal ~uerte,
diar los países del pasado, y los de una guerra económ1caJ
que no me caso contigo
de una guerra por hambre co~o la_q~e amen!lza alH.H~ ~
por no dejar de quererte.
Europa. A matar c.~pañoles.' .Ee decir a rcpartir~e sus bie-

.~r

s.

Ti¡

1

ii

MIRA-----~
(POR UN Dln'OTO DEI.., PE~SAOOR.)

Ese doncel que frente ll. tí camina
De rizada y obscura cabeller~;
De ojos negroi y te1. alab1s~rrna,
Lozano como arbusto en pnmavera.
Es aquel serafín que abandonaste
Cual si fuera un cachorro, sobre el lecho,
y que sorda á su llanto, le negaste
Tu cal~r y la sasia de tu pecho.
Es aquel pobrecito que gemía
Sin dar á Ln crueldad ningún r~proche:
El hambriento b~bé que no sabia
Tu infamia y tu impudor de aquella noche.
lloy ...... mfralo; ha ?re~ido; es ~a.si un hombre
y aunque tu crimen sm 1~ual olvida
Le da vei'O"üenz:l. pronunciar tu !1ombre
y lo enfe;ma la historia. de tu vida.
Aunque nada te debe, lE: sonroja_
Saber por gentes para el b1eu ex:t,ranas .'
Que lo arrojaste al mundo c~rnl se arroJa
Un par1ísito vil de las entranas.

Y calla con dolor este secreto .
Que publicas con cínic&lt;t ai:rogancia,
Sin darte amor, ternnr,\ m res~eto .
Porque jaro.is te conociJ en su mfancia.
Me cuentan que su padre-no te asom~r2Le ha enseñado educ,lndolo en tu ausencrn1
A. no manchar sus labios con tu nomb!e .
y á que te alce un cadalso en su conciencia.

TROPICALOh vieja selva, nido de la sombra!
cuál se sola.za el alma en tn frescura,
sobre tu muelle alfombra,
bajo tu dombo inmensn d~ vercl:ira.
En tí el génesis late; en tí s~ agita
la savia cr~a.dora;
eres arpa salvaje, vibradora.,
donde la 'vida universal palpita.
Los árboles, pilastras de tu arcada,
se retuercen leprvsos
en la inmem:!a hondonad1.1,,
y muestran Yigorosos,
cual guerreros p~ndones
de gigantes en ancho campamento,.
sus blancas barbas qn~ remece el viento.
y el río, entre los antros pavorosos
donde ruedan las aguas turbulentas,
al chocar en los altos pedregones,
salta en recios turbiones,
y ruae cual si fueran las Tormentas
cabalgando en los negros Aquilones.
En la ribera, entre silvestre ortiga,
picoteando están las ~arzas bl?,ncas,
y con el verde pasto a la. ba.rr1gct.
los toros muestran sus lucientes ancas.
Es la ciilida hora del bocborno;
el sol quema y enerrn;
y canta. la cigarra entre la yerba,
y el suelo emerge un hálito de horno.

Se ven del tigre entre el fangal las ?1-arcas;

y en la vaga. penumbra, entre las quiebras,
Junto ,í las negras charcM
yacen aletargadas las culebras.
Remolinean vírgenes efluvios;
el humo de la rosa, azul y blanco,
sube de la montaña por el flanco,
y alzan las cañas sus airones ~ubios
cual penachos de indígenas trm □ fales;
y traen ú. la vega, bulliciosos
los vientos tropicales,
el ruido de los pl:itanos hojosos
y el lejano rumor de los maizales.
Y en la playa desierta1
sobre la seca arena, perezosos,
cual negros tont?s, con la jeta abierta1
descansan los cannanes escamofó!os.

............................................ ······· ········. ·~

En la cercana loma,
en un recodo del camino, asoma
feliz pareja de labriegos ........ .

Ella.
núbil fornida y bella,
.
de ojos negros y ardientes, y de roJa
boca virgínea, y de apretado seno
que forma curva en la camisa floja ... ••····
y a, atlético y lle.no
de juventud y vida, musculoso,
con muñecas de recia contextura,
hechas, como muñecas de coloso
de alguna raza extraña,
para domar el potro en la llanura,
para tumbar el roble en la montaña.

Y la feliz pareja al fin se pierde
entre la selva enmarañada y verde.
ls.'d:AEC. EsRrQUE ARC[S'rEGAS~

6 ÜCTUBRE, 1895.

&lt;ron uein!e

EL~'.UN"DO.

reales.

habían sonado las ocho de la mañana, cuando
n par de agudos campanillazos, en mi casita. de
fadrid me anunció una visita.
¿Quién llegará ó estas horas? De seguro que no
conoce ni por el forro las costumbres de la coronada Villa. ¡,·isitar tan de mafüma! Ni los médicos serían capaces de hacerlo en la cultn capital de España.
' -Sefiorito, señorito1 dijo el criado en la pue1ta de mi
alcoba, un paisano de usted dese!\ hablarle.
-¡Me lo figuraba! paisano mío, acostumbrado á la vida
de América, á leYantarse temprano, á meterse en la cama
ii buena hora, á comer con método y no con hambre, á
visitar ií. sus íntimos cuando le pega la gana, sin consultar
el reloj ni las conyeniencias.
-Que pase y me espere en la snla, contesté bostezando
y sintiendo caer como si fueran de plomo mis párpados
enrojecidos por tantas sabrosas vigilias.
Oí sobre la estera del pasillo la marcha ceremoniosa del
recién llegado; crujió la puerta de la pequeña sala y á. poeo el criado volvió y me dijo:
-Ya le dejé esperando, señorito. Cerré los ojos y me
dormí de nuevo, arrullado por un rumor de notas de wals
y de rigodón recojidas algunos minutos antes de que el
sol dorase las frondosas arboledas del Retiro.
1\-Ie dormí profundamente y abrí los ojos cuando en la
torre vecina daban las once.
Florencio, Florencia, grité con todas las fuerzas de mis
pulmones.
-Señorito ........ .
-¿Tú me dijiste algo de una visita que llegó ,í. buscarme, ó lo he soñado?
-Sí señorito, un paisano de usted lo espera en la sala.
-Hombro y yo me dormí.
-La visita se ha dormido también; está roncando enel
sofá muy tranquilo.
-¡Ah! pues déjalo y dame mi ropa.
La toillftt fué leuta y cerca de las doce me presenté delante del desconocido, á quien tuve que despertar tocándole un hombro.
-Señor Don Juan, nw dijo, estoy tan canFado que me
dormi; lh,,gué anoche it )laclrid, u~ted no me conoce; soy
Fulano, allegado del Gei:ieral X y muy amigo de Z iiquien
vengo ,L buscar en esta crndad.
-¿De dónde viene 11sted, caballero?
-Pues de :México vine{~ Yeracruz y de Veracruz ,í. Madrid, y he hecho tocia la travesía con v~inte reales.
-¿Uon veinte rt'ales?
-8í sefior, rf:'ales mexicanos; con dos pesos y un tostón qhe aún los traigo en la bolsa, véalos usted.
...'...¿~ntonces ha lwcho gratis el viajt-'?
-Exactamente. ::\le encontré en Yeracrnz á. un catalán
muy si1t1p:í.tico, capih1n de nn ba'.?º de vela en q~te iba á
traer carga para Santander y le d1Je que en ~1adr1d tenía
yo un amigo.
-Puf'ssiquiere usted verlo yo me lo llevaré en mi buque.
-Yamos, le rm,pondí, ~• al dín. signiente m~ embarqué;
hicimos dos meses y mcd10 de tran•sía, sufriendo algunas tempestades y calmas qul• 110s d&lt;•i:espcraron, hasta
que por fin puse mi~ piés en tierra española y me despedí
de tan generoso auugo.
-Y de Santander á Madrid cómo ha venido usted?
-A pié y andando.
-Bárbaro!
-He tardado diez días y vea nstC'd SC' me acabaron los
zapatos.
-Ya lo creo, contesté mirando los pies de mi paisano,
á mí se me habría acabado hasta la manera U.e ponér•
melas.
-Pues sí, como le decía, me vine á pie y en las noches
me quedaba en pobres casuchas ó ei~ buenos h(!~les de
las ciudades más importantes, pero siempre adv1rt1éndoles que era mexicano, que viajaba á pie por suma pobreza y que demandaba hospitalidad gratuita. Y son muy
buenas gentes¡ en ninguna parte me ha faltado pan y
abrigo y en Torre la Yega me quedé á descansar dos días
y me encontré pers01rns que me habrían dado un billete
de tercera para. el ferrocarril pero no lo acepté ..... .
-Pura era buena oportunidad.
-Sí pero me propuse llegar á pié á Madrid y aquí me
tiene ~sted, con los mii::mos vrinte reales con que salí de
Veracrnz.
-Y cómo ha sabido usted mi domicilio?
-Lo pregunté por todas partes y deseo que usted me
presente con el General Corona.
. .
.
-Claro; ahora mi~mo; es usted un vmJero extraordinario· nadie ha hecho Cl•sa igual; aplaudo su extravaganci~ y admiro su tacto, su tino, su fortuna, para haber
consenado el dinero mexica110.
El hombre aquel, era joye11, de brillantes y expresh'?S
ojos, de tez pálida, algo eEcaso de cabello1 de barba rubia
y bigote largo y sedoso.
.
Su sombrrro, 8U traje, su calzado, estaban en rmnade~pués de tantas fatigas, pero sn carácter era franco y animado como si viviera en plena riqueza y cercado de venturas.
Había, sin embargo, un tint~ de rnelanc?lica tristeza
en su mirada acaso la ausencia de la Patria y el temor
de no volyer ~ veria'...... ·¡qnien lo sabe!
Lo pres.t--nté al Gt-nera1 Corona y~¡ Dr. Ilijar y Haro
que lo recibieron con sorpresa y con mterés.
Se albergó en mm carn de buésp~&lt;lls; al!f íué víctima
de una nenalgf.a cef:ílica que lo hizo sufrir fl?U~has semanas y despuée conoció algo de la Corte 1 asistió á dos
ó trrs corridas de toros vi6 de cerca al Rey Alfonso, un
sábado en que el mona;ca iba 1í Atocha; le tocó escuchar
á Castelar y {L C{tno, ns; no entendió una convnsación de
Frasc11elo y colegas 1,&gt;n el caf6 Jmpe1ial; t,)mó café con
tostada, horchata de chufas, callos, caracoles, calamares
y ...... caiíamones.
De~pués aquel bondadoso é inolvidable ~enernl Cor&lt;t
na lo envió á l\féxico por cordillera, es decir, se lo rem11

tió el nuestro cónsul en Santander para que éste i;e lo enviara á nuel"tro cónsul en la Habana v éste al comandante militar de YE'racnir. qne &lt;1 su ,·ez io remitiera á su familia.
Y así volvió á México ac¡ uel extrnvagn.nte pai8ano mío,
que en cuanto llegó al $eno U.e su hogar me es.cribió una
carta en la cnal 1110 dijo:
-Todavía tengo en l-'i boll"illo los dos pei::os y el tostón
que eneefié :L nstt:!d 011 í-11 cni;:a cuando me dormí de cansancio en la saiH ..... .
Y ahora, lo encuentro muy seguido por estas callea, lo
miro con gui::to y con a.r.:om bro y me repit,e el recuerdo
aquellas palabras que me impresionaron al conocerlo ..... .
-11Con veinte rt-'Oles.)) Y i-i u~tedes conocen otro que
haya hecho lo mismo, pre~éntcnmelo, porque de estos así
no caen dos en Iibra.
Jt:AN DE DIOS p_¡.;zA.
~

PEQUEÑO IDILIO.
I
Cómo una enorme blanca paloma
sobre la falda de agreFte loma
que se di,,ii:=a desde el lugar,
como nna e11or111e1 blanca paloma
se alza la ermita del Uetarnar.
Muy tempr;1nito, por lus mañanas,
cua.ndo aun no se oye que las campanas
lanzan al Yiento su blando son,
muy te.mpranito, por las mañanas,
para. la ermita va Concepción.La linda nil1a de faz i::erena,
cabellos de oro, tez de ar.ucena
teñida apenas en arrebol;
la linda niña de far. serena
hecha con lirios v 1nz de sol.
P,Hida y triste.llega á la ermita
donde Ja virgen pura y bendita
con su sonrisa convida á orar;
pú.lida y triste lleg,i tí. la. ermita
y allí se postra juuto al altar.
Con t1·mblorosa voz suplicante
ruega :'L !:~ virgen porque i:=u amante
que se lmlll\ arn=c:nte torne al lugar;
eón tembloro~a vor. suplicante
pide y no CL·sa de SllFpirar ...... .
II
Do luce el césped corno esmeralda
de agreste loma :;obre h\ falda
'
qne se &lt;li\·iea de~dc el lugar,
dó luce el cé¡;ped corno l'Smeralcla
se :&gt; Ir.a ht. erlllita del Retamar.
~Iuy tempranito, cierta mafiana
se oye el repique de una campana'
que ra~ga e! viento con blando son;
muy te1npr.lnit.o, cierta mañana,
par:i la ermita rn Concepción.
La rubia nifü~ n1 con su amante
con satisfecho, dulce i:=emblante
prendido el ve!u de 11i \·eo t1il; '
la rnbia nifi.1 ni con su amante
cuando la aurora tiende su ar.u!
F.mocionnd.,1, llega :L la ermita
donde la virgen ¡mrn y bP1Hlita
luce, gallarda, sobre su altar;
emocionnd:t !lega ._¡ la ermita
con su corona de albo ar.aliar ........ .
Levanta el cura sn blanca mano
con el semblante sereno, nfano,
donde fulgura mística nnci6n;
leYanta el cura FIi t.ln.nca mano
y l'Cha ,'L los nodos la bendición ...
FLORE~'l'IXO ÁLCORTA.

LOS DOS OORNETAS-

J'"~s

dos cometas :e::-, la cnrga.

~ ºlmbos niños: PI uno hijo dP Borgoña¡ el otro

~ t.1.c Bretafia. Los azares de la guerra los han
f-~unido en la montaüa, al mismo batallón de cazadores.
Los batallones marchnn al combate ..... Los dos
corn~tas tocnn it la carga!
Allá abnjo, la infantería enemiga se ,·e forn1ada en
columnas sombrías y compactas. Mil~ lejos la caballe·
ría oculta detrás del cemt•-nterio de la aldea., e,J act'ro
de sus cascos y c•l brillo de :-;us sahlt&gt;.s;.
El enemigo es m,is numeroso.
Pero qué importa?
Los dos cornetas tocan A la carga!
A paso de trote los dos caza.dore:;; s,th·an la barrim&lt;.:a, franquean los matorrales. Ya se aproximan .... La.
pólvora estalla, las balas cruzan lo:; aires .... Se lucha
cuerpo á cm·rpo .... Ay! los brazos cómo se b,lten!
Como ellos corriendo i:iie-mpn•, los 1Lo;; cornetas tocan fi la carga!
Oís los relinchos ele los caballos, los piafidos de~ las
patas en la ca.rrekra? Es un escuadrón que niela ú.
socorrer al enemigo ...... Valor, soldados! En vuestras manos estíi la suerte del ejl•rcito entero. Con la
rabia en el corazün, con toda la ftwrza ele sus pulmones, los rlos cornetas tocan á la carg-a!
Qué horrible espectáculo! En todi.ls partes muertos
v moribundm; ..... .
· Dios de los combates. dinos que fruto,; nacerán en
la próxima estación en la tierra qul! se riega con sa.ng-rc humana?
Dominando el sonido de los fu.sifos, el choq ne de las
armas, los gritos de los combatientes, los dos cornetas
to~11n :i la carga 1

107
Ay! el )J1ttalllln des¡wdazado..
Ya no se oyl'll
los.
La c1lballeri1i sahlóó las manos del uno¡ 1·1
otro Ita sid11 hl'l"Íllo t·H la t'arn por una bala, Los de:;•
gTaciaclo.-; ni1)0_-; 110 1nwd(•11 tocar. Ruedan juntos li. la
fosa tlel camino.
Héroes dc:-;couucidos de la patria francesa!
Lo., 1!os ctirndas e~pcrn11 silenciosos la muerte!
l't&gt;ro 110! Ea tanto que un soplo de vida anima sus
pet·ho:-:, &lt;·l liatallón marcharit adelante con sus banderns ci&lt;•splPgarla,;; :il Yil'uto! De una sola mirada se adivinan ,v s~ comprcmh•n.
En la :;angre y en el fango se arra!:itran el uno ha•
cia el otro.
Los dos no quieren morir!
Oh! los nobles conizonl's! los gloriosos mutilado!-!
El bretón &lt;:011 la cara dt'spedazada, tüma su clarín
~' lo llC'va 1\.los labio,; moribunclos de sn camarada ...
Ento1H:es, n•unit•ndo en n11 subli1nc esfurrzo toda su
alma y todo su ,·:dor, arrojat1 al l'Hemigo e::! más atronador sonido!
Adeln.ntr, ci~z,ulrm.&gt;:s, adelante!
Y por última nz, los dos cornetas tocaron 11. la carga.

.Ji·r~rn LEGoux.

\:!a uiaa es sueño.
licenciado Lien deFoukien vivía en el siglo XV.
Acababa de examinarse con brillante éxito, y
leno de orgullo poseábase altanero por todas
parte¡;,, cuando supoclc prontoqueene1 cunvento
de Pi-Ion se albergaba temporalmente un distinguido frenólogo.
A penas conoció la noticia1 corrió en busca del famoso
doctor, para preguntarle si estaba ó no predestinado á
llegar algún dia á las grandes dignidades del Estado.
Al notar su fatuidad, díjole el sabio cosas muy lisonjeras y acabó por prometerle veinte años de pacífico y próspero ministerio.
Síitisfecho con estns predicciones, el mancebo no pudo
oc11ltar &lt;1 nadie su altivez.
Trató tle retirarse, pero como llovía á. c,1ntaros, vióse
prt::ci~ado ú. refugiarst! en una de lns habitaciones del convento.
Cemo Lien estaba muy cansado, durmióse en un á.mplio siltún que habí:.l. visto á su lado.
A los pocos instantes se le presentaron dos en,,iados del
f mperactor con objeto ele in\'ltarle {i que se dirigiera á palacio, llaniado por S. ')1., el cual deseaba consultarle acerca de una. cuesLiún política de gran importancia.
Siguió :l los mensajeros, y apenas llegados ,1 la corte, el
soberano le e-cuchú con 8ingular complacencia y le nombró presidente de su Consejo.
Despué:; de haber dado las gracia~ al emperado!, dirigióse Lien :L ¡;u domicilio, convertido en l-'Spléndtdo palacio.
Todos los funcionarios del Estado le ofrecieron riqufsimos presentes, y cuando salía á la calle no habfa quien
no se inclinara ,¡ s11 J?U.SO.
Uno de sus proteg1dc-s le envió una orquesta formada.
por diez hermosas jóvenC3, que le fueron entregadas como riquísimo presente, y de todas partes llovíau los obi:;equios de todo género y condición.
Encumbró Lien á sus parientes y amigos; pero tampocose olvidó de sus enemigos ele otros tiempos, ú los cuales redujo lL la. m:1s espantosa po?reza.
. .
En una palnbra; todos lo~capnchm1de! ~rnustro se~a.liza.bn.n en un abrir y cerntr de ojos, deshz,mdosesu existencia en un mar de delicias y de placeres.
.
Una vez quisieron asesinarle algunos de s11s adversanos,
pero turn la fortuna &lt;le 1-alir con bien de tnn terrible
trance.
No pocos cortesano;¡ le criticaban en voz baja, sin que
nadie se atrevil'SC á sensurnrle públicamente.
1\1.1s al fin, d jefe de la censur:t imperial 1 no pudiendo
soport~ tantas injusticias, se decidió ,í. denunciar al em•
perador Ju conducta arbitraria y licencicsa de su primer
ministro, pidiendo la cabeza del culpable.
El soberano sin embargo, no dió crédito á las quejas
del censor, qu~ reproducidas al poco tiernp~ por todo~ los
dignatarios de la corte, ocasionaron el destierro de L1en,
con la pérdida de todos sus bienes.
.
Al salir de la ciudad para cumplir In, sentencia, \'IO~e
asa.ltndo en el campo por una horda de foragidos 1 enviados á. su encnentn, pam asesinarle.
Una vez 111uerto, sintió que su alma era conducida P?r
dos aparecidos :'Luna ciudad lejana.y lle\'ada á m&gt;,,palae10
ante el juer. del infierno, que tenfa delante el registro U.e
los crímenes v de las buenas acciones.
-E.se es mi' crimi1ml político-elijo al Yer á Lien.-Corno infiel al soberano y opresor del pueblo, merece sc•r
introducido en nna caldera de :1ceite hirviendo.
Ejecutad:\ la horrible l::!entencia, de nada servían los espantosos gritos del condenado, á quien nadie socorría.

.. -~¡' Li~;;i ii;;~i~~·~¡;·~ó·d~- p·~~~t~. ·~·,;~-d~..1~;.. ~~;;;p;~:
fiero~ del estudiante, que en su busca había acudido ni
convento.-¡Dee-pierta, hombre, despierta. ya de esa pl•sadilla, v v,ímon.)S ,l comer!
Lien ~ibrió los ojos y vió ante él :i. su amigo, el cual _e11terado de la predicción del frenólogo 1 le dijo en tono ele
burla:
-¡Saludo al seiior presidente del Consejo de ministro1-1!
-:No hay m,ís remedio-murmuró el vanidoso jovenque ser humilde, humano y modesto, para. gozar de la
verdadera y únic:i felicidad que podemos alcan1.ar en l;.1.
tie1•r.1..
Lier. regresó :.l su casa libre de vanidades y estéríll'a
ambiciones, y al poco tiempo desapareció de Jn. ciuda&lt;l,
sin que nadie lograra 5-Veriguar su paradero
TEUEXG KF-TOXG.

�108

(l Ü()TUJJRE,

EL:MUNDO.

~======

~oronación de la ~ir9en de @uadalupe.

1895.

Ü ÜOCTUBHE,

1895.

EL MUNDO.

109

~oronación de la ~ir9en de @uadalupe.

w------------,..,..---~

~¡

Sllmo. Sr. Grzobispo Dr. Próspero [b2aría Glarcón l' Sáncltez ae la ~arquéra.
(Fot. Manuel Torres.)

Preside la Coronación.

Sllmo. Sr. Grzobispo D. Pelagio Gntonio

ae i!abasliaa l' Dátlalos.

(Fot. de Mora.)

Tomó gran parte en los primeros trabaj os para la Coronación.

�110

EL MUNDO.

6

ÜCTUBRE,

1895.

PERUCHO, NIETO DE PERIQUILLO.
POR UN DEVOTO DEL PENSADOR MEXICANO.-Ilustraoiones de IZAGUl RBE.
(00:STrNUACION)

Así expresaban su perfecta ignorancia de cuanto
El pueblo vefa con asombro aquella. pareja tic ex- !:dones. Nada hay más falso 1 más pt'rfido, más artero estaba sucriliendo.
qu~ Jn. multitud y nafüt mA~ f,-icil ffo &lt;'ngañarse que la
tranjeros hermosos, que según l(~ drdan, .''ª rran meE.11 1\l~xico hay un l!:spíritu burlón heredado acaso
vanid,ui dulcemente arrullada y eusordctida por ella.
xicanos y lo iba.u it gob~ruar ¡rnrn siempre.
de los a1Hlaluces 1 que pone en labios del más analfa¡ Cuántas reflexiones escuchl! en mi derredor 1 que
bético frases que por lo cáusticas vuelan, se propagan
Maximilíano tenía C'ntonces treinta años. Era alto,
ahora qu&lt;'rda repetir como prneb:t de la pf'nC'trnción
delgado, ele frente &lt;'~paciosa y elevada, d('. ojos azules
y
matan al que satirizan ..
politica de mucho::. prnfctas desconocidos!
¡ Cuántas salieron ese d1a de hu; ho1·as de los descay brillantes, de cabello csca~o, rllbio, partido en me-Esta o,·ación no la hace el pueblo.
misa.tos!
dio de la eah('za y vuelto en '-ios gajos hacia las ore-PC'ro es oJJra de la gente decente.
En la puerta de Palacio pegaron pasquines y en las
jas, de nariz fina 1 de boca con el labio inferior grueso,
-Nunca esa gente ha hecho las reYoluciones.
calles cantaron esa misma noche versos incendiarios.
saliente Y caído e.orno todos los Hapsburgos; de bigo-i\ada hay mejor que ella en la ésfera social.
Pero todo se hacinen medio del mayor entusiasmo, y
te sedas¿ y poblada barba, abierta sobre los hombros
-Los mejores en lo:; pu~blos son los que sostienen gritando vivas al voltear de las esquilas de todas las
v tan clara, como si fuera un nimbo de rayos de sol,
ó derriban las instituciones.
torres,, al estallido ele las Sflh'as ,. rlclos cohC'tes.
~ircunclirnrlolc el rostro. En su semblante lleno ele
-Pues el entusiasmo que á todos nos conmueve
La Piaza de Armas se iluminó h ·gio1'1W, que &lt;.:rala
irresistible acractl\·0 1 lrnbia rasgos de lealtad, de bon¿no manifiesta con evidencia que esta ovación á los
palabra de moda entonces 1 y durante los fuegos, sadad1 de nohll~za ~, de candidez infantil.
monarcas es popular y sincera?
lieron los monarcas al balcón, cautivándose con tantos
Ese día estaba vestido ele uniforme militar, con
-Imposible! las señoras han trabajado para dar lu- farolitos de colores, con tanto ruido, con tanto cxplensombrero montado de Grneral mexicano, llevaba al cimiento espléndido á la recepción, pero la mujer
pecho la banda ~ las insignias de Gran Maestre de la siente, no razona; aplaude con la bondad no con la dor1 que encubría el engaño mús grande, la alevosía
más negra que puede imaginarse.
Orden de Guadalupe.
justicia. A toda mu]&lt;'r le de!'ilurnbra el aparato de las
¡ Infortunada pan•ja ! 'fodavla la recuerdo y me suMaria Carlota Arnalia, iba lt cumplir ,,eintitres
monarquías.
be
la vergüenza al rostro!
años. Alta1 blanca y sonrosada; de profusa cabellera,
La Emperatriz, su nombre, su aspecto 1 sus trajes 1
Dicen que cuando miraron desdo el balcón de su
de color castallo,oscuro, &lt;le ojos pardos, de mirada sus joyas, sus damas; el trono en que preside las sofranca y penetrante; no so parecía á ninguno ele sus lemnictarl&lt;'s; la marcha con que la salndan al entrar Y residencia la alegria de la, ciudad 1 exclamaron:
-¡ Qné: hermoso es f'l cielo de ?.Iexico !
retl·atos. Vebtia en esn. ocasión un traje de seda azul al salir de Palacio; el asombro con que se la mira pa- i Que tranquilo esta nuestro imperio!
y blanco, mant~leta azul ~· capota sin otro adorno sar por las calles 11tariciando con la sonrisa á cuantos
Y no muy lejos 1 entre los pefionE's del Ajusco, entre
que unas fion·s.
la saludan, tocio ('Sto encantai cautiva á las mujeres y
Daba con su sencillez uua lección contra el lujo natural es que las nuN1tras s&lt;' enruentr&lt;•n poseidas de las arholedHs del Monte ele las Cruces 1 l'Staban los
guerrilleros tle la Repúblíca, soñando en el iu):;tante
exajerado de lus que la redbían y hacía resaltar las
una emoción nueva. Asisten á una comedia que les
de la reiYindicación de los sagrados derechos del
gracias n;iturales de que estaba adornada.
era solo revelada por las crónica::. de Europa ó por
Maximiliano, de pie frecuentemente en la carroza, las non:'las :'' ~e c1~cen . transportadas á. los antiguos pueblo.
l\Ii padre tenia un amigo, liberal eminente, que le
saludaba. lL todos lado!. conmovido y sonriente. Car- palacios del viejo mundo dond~ se tutean con Duquelota inclinaba con dulzura la cabeza 1 cubierto su sas ,, con Jlarque:H:'S que cuentan con más perg·aminos dijo delante de mi con calma estóica:
-Pedro, abre bien los ojos y mira con toda imparcuerpo d.: flores, sedas, agasajos y Yersos, arrojado::. que~doblones. Aquí ha;,r ahora mucho:. nobles austriacialidad lo qu&lt;' pasa. En estas gTandcs o\'aciones no
profusamente de las alturas.
cos, franceses é italianos. No escasean los paisanos
DespuCs del Te-Deum, se fueron á Palacio; entraron que han limpiado los escudos de sus abuelos y tratan resaltan sino las sumas inmensas que han gastado los
Ayuntami('ntos; esto no es popular; es obra de las au·
á las habitaciones interiores, cuya puerta estaba guarde que se les renueven sus polvorientos títulos, pero
dada por alabarderos perfectamente vestidos y ar- son pocos y se ponen en ridículo con semejantPS pre- toridade:-; y no ele los ciudadanos.
~P&lt;'ro c&gt;l pueblo que acude en masa y grita y se
mados1 y lt pocos instantes l:ialieron y ocuparon el
tensiones.
enloqucte do alegria.
trono quedando en las gradaS y á los lados los per·
-¿Es tlecir que no tenemos noble .., en Jlexito?
-Siempre hace y hará lo mismo. lle recorrido los
sonajes que custodiaban la carroza.
-Los tenemos ven buen número 1 como que la anti·
El maestro de ceremonias comenzó á llamar con gua aristocracia ·de Castilla, emparentó con indios de barrios lejanos, los que son ajenos á tantos regocijos
del cC'ntro .v no hay en C'llos un farol, ni una cortina,
arreglo á la etiqueta á las autoridades y corporaciosangTclimpia, pero están ya tan mezclados y tan conni
una bandera.
nes que aguardaban para felicitar al Emperador y
fundidos que francamente nadie los toma en serio ni
-¿No has notado que el príncipe les ha caldo muy
hubo entónces un detalle que no debe echarse en olen España los reconocen porque no pagan desde havido.
ce muchos años ninguno de los derechos que ~xige bien por su figura á todos los de la plebe?
-El príncipe es mu;~ simpático, pero ya lo ves, es
El Generál Tomás l\lejia, indio muy valiente, poco la Corona.
muy débil; en los convenios de Mira.mar aceptó dos
acostumbrado a vestir el uniforme de gala y menos
-El pueblo ha saludado loco ele alegria á los Emcondiciones humillantes: la tutela de Napoleón ID y
á hablar en público, estaba comisionado para repre- peradores.
su ejército y el subalternar los jefes mexicanos de tosentar al Ejército y llevar en f'J besa-mano la voz de
-El pueblo lo mismo aplaude á un oso que baila
da g·raduación, á todo militar francés alln de la más
la orden de Guadalupe.
en la plazuela que á un rey que lo saluda desde su
ínfima escala. Este es un rasgo impolitico bajo todos
Le habian escrito un breve discurso que debla dorada canoza.
aspectos, porque va á empuñar las riendas del Goaprender de meruoria. Llegó su turno, se adelantó
~¿Y tanto soldado que defiende ú. los recien llegabierno bajo la dependencia del General francés.
al pie del trono y dijo:
dos?
-Sabrá dPsprenderse de esa tutela.
-Majestad .... majestad.
-Son franceses! Son soldados agenos que el dia
-Además, los conservadores que lo han traído lleComenzó á temblar, se le anudó la garganta y en que quieran se marcharán dejando comprometido al
varán un grande desengaño, pues este hombre ba mamedio de la confusión que esto producía á todos los güero.
nifestado que no le gustan rivales y que el clero en don
presentes, rompió con mano nerviosa el papel que
-Quién es el güe1·0, señor mio?
de de hecho existe una sola comunión religiosa es un
lle.vaha dispuesto 1subió una grada y dijo con reso-Asl le dicen ya los léperos al Emperador.
rival temible y para vpncerlo decretará la tolerancia
lución como el soldado que habla en campaña:
-"'El Imperio se C!stablece quieran ó no quieran los
de cultos, lo cual es dar un paso hacia la Reforma.
-Señor; no he podido aprender lo que otros escri· liberales.
-No creo tant,o.
bieron para. que yo lo recitara como un niño de es-Lo veremos.
-Abre los ojos, Pedro 1 abre los ojos y no vayas i\.
-¿Con qué soldados se cuenta para combatirlo?
cuela, pero lo que yo digo es que siento por usted
meterte en camisa de once varas. La Historia no es
-Los hay pero nunca han salido del Colegio 1\filigran simpatia y sincera adhesión 1 que lo defenderé
un mito; existe severa y tremenda y recojerá uno por
siempre con mi espada y que si algún día se trata de tar los heroes de las revoluciones sociales. Un hommorir por usted yo seré el primero que dé con gusto bre humilde salió de una notaría donde trabajaba cer- uno todos estos hechos para entregarlos al fallo de la
ca de Zacatecas, montó á caballo, acaudilló al pueblo posteridad. Además, aCJli no caben otros reyes que
toda mi sa.ngre.
Bajó l\faximiliano, cou los ojos llenos de lágrimas, y triunfó de los reaccionarios. Era &lt;lespues el Gene- los de la baraja.. No e4thrnos hechos para súbditos ~'
no tomamos en serio lo de las coronas.
los escalones del trono y dió al General Mejía un ral González Ortega.
Mi padre estaba rautivado con la finura, con los moabrazo prolongado, estrecho y cariñoso, diciendo:
Otro humilde salió de la Catedral de 1ilorelia1 orga-General, este es el mejor discurso que he oido en
nizó legiones vastisimas y luchó cien veces sin arre· dales distinguidos, con la cortesía mag1..•stuosa del
nuevo Emperador, pe1·0 la Emptratriz no le era tan
mi vida. Gracias 1 gracias.
drarle la desgracia. Era Don Santos Degollado.
Y los presentes rompieron á llorar enter:i:iecidos.
Otro abandonó la tienda en que servia despachan- simpática.
Y la razón de tal antipatía es digna de saberse
Terminadas las felicitaciones, Maximiliano con voz
do especias al público y se llamó... pero ¿para qué
serena contestó á todos, y bajó del trono con Carlota citar á tantos? Otros vendr.in que hagan algo en fa- puei aunt}uc nimia1 pinta mu)· bien nuestro caráct('r.
Un amigo suyo le había dicho que la jo,~en consor·
siendo victoreado tres veces por la concurrencia.
vor de la República echando fuera á todos estos grin
te de Maximiliano, se había fijado en los diminutos
En seguida salió al balcón principal 1 habló al pun· gos.
Asi se hablaba en lCls conillos y aun en los balco- pies de las damas que fueron a recibirla y que no era
blo y se retiró para aparecer de nuevo, recorriendo
nes
ele las casas, y se decia esto por los mismr,s que de la opinión ele Byron respecto de las gaditanas,
las calles ele la ciudad en carruaje abierto, á las ct:.aarrojaban flores y cintas de seda al carruaje de los pues a.l mirar tantos piccesitos que como dice un
tro y media de la tarde.
poeta
Lo escoltaron má8 de trescientos ginetcs; lo más monarcas.
bien podrían
Los pobrecitos pllrias, los desnudosi los deshereda•
granado del sexo fuerte -en la ciudad de México y
ocultarse
en
el caliz de una rosa,
dos,
gritaban
sin
saber
lo
que
decian;
se
les
ordenó
volvieron las señoras á a,rrojar flores, versos y cintas
de vivos coloresi de los balcones y azoteas de las por la autoridad que victorearan al Emperador y oí á dijo en alemán :\ su marido:
-Estas mexicanas tlenen los pies asqu:-rosamente
muchos lanzará los cuatro vientos este grito:
casas.
pequeños.
-¡ Yi\·a el Emperador ele la República Mexicana!
¡Ah! no puedo arrancar de mi memoria estas impre-

6 Ocru BRE, 1895.

ELl\IUNDO.

No faltó entre los jóvenes de nuestra culta sociedad
quien entendiera la frase y la divulgara con la velocidad del rayo.
Es.to. fué una decepción para mi padre que siempre
:&lt;l~1ro c~mo buen gahm de otros tiempos, los pequenls~mos pies. c~lzados con zapato de seda, bajo y sostenido con cc~llgas que cruzaban aquellas finisimas y
caladas medias llamadas de la. Patente que venian en
primorosns cajas de oloroso sándalo oriental y costaban mucho dinero.
Con esa noticia falsa ó cierta se motivó que todos
dijeran que á la princesa no le simpatizaban las mujeres de México y que estas hablaran aunque con mil
rodeos de los grandes y toscos pies de las extranjeras.
¡ Cuántas veces una insignificante palabra dicha sin
pensarse, conquista la mala voluntad de un pueblo
entero!
Entre las ovaciones hechas á los soberanos, figuraron en alta escala los fuegos artificiales 1 construidos
por los soldados franceses y que ocasionaron ml1Chas
desgracias, pues aseguraban que el cañón del cohete
en vez de ser de carrizo era de hoja de lata, y no falta·
ron victimas en el numeroso concurso que acudió por
la noche á la Plaza de Armas.
Aquella noche durmier('ln por la vez primera en
Palacio los soberanos y llamó la atención de la Em ·
peratriz un artístico y hermoso tocador de plata m aciza, labrado por Larralde y que le ofrecieron las señoras principales de la ciudad.
Cuentan que l\Iaximiliano al cerrar las puertas de
madera de los balcones, halló lo que sucede frecuentemente en México por la humedad del clima 1
que no ajustaban como las de Europa y dijo á la Emperatriz.
-En este país no hay puertas.
-1\Ialisimoi le contestó Carlota, pues por donde
hallaremos salida en un conflicto?
Nada se ha borrado en mi memoria de cuanto oí
referir entonces y no echaré en olvido este detalle:
Rabian regalado al Emperador, una edición lujosa de
la Historia de )féx.ico y encargó que la pusieran en
i;u alcoba, pues antes de dormirse a.costumbraba
leer algo. Uno de los más audaces de la servidumbre
buscó el volumen que más le convino; señaló con una
cinta de seda determinada página y lo dejó en la mesa de noche al alcance de la mano del Príncipe.
Cuando éste lo tomó, abrió instintivamente el lucrar
señalado y sus ojos tropezaron con el siguiente c;pítulo: Prisión y fusilamiento de Iturbide.-Sus últimos
momentos.-Extinción de la idea monárquica entre
los partidos dominantes.
¿Que sentirla al leer esto aquel joven y hermoso
soñador de treinta ailos, que babia renunciado á su
patria verdadera1 á los privilegios de su familia y á
los derechos al trono de un gran Imperio para entre•
garse á las peligrosos abismos de lo clesconocldo?
Acaso má.s que las impresiones del viaje, más que
el rumor de las multitudes ad¡liadoras, más que el
deslumbramiento de tantas galas como encontró derramadas por todas partes, le turbó el sueño aquella
noche una visión terrible: el cadalso de Padilla, donde
rodó la cabeza coronada de un hombre que tuvo una
gloria no alcanzada por otro: la de mirar á sus pies
llorando enternecido al pueblo de su patria, el día en
que se con!-umó la independencia.
Y pensaría Maximiliano: si al que creó la bandera
tricolor que por todas partes he visto flamear orgullosa, le dieron muerte por sentarse en un trono ¿qué
harán conmigo el día en que me desconozcan estas
mismas multitudes que todavia me victorean abajo de
mi Palacio?
Aquella funesta pesadilla debió amargarle todas
las glorias del viaje, cerrando con negro broche los
esplendores de aquel gran dia descrito tan pobremente por mi pluma.
( OONTINU A.RÁ j
Asegurada la propiedad literaria, conforme á la ley.

ESTA EN PRENSA Y !IUY ADELANTADO
-EL-

Segtmdo Almanaque Mexicano
DE ARTES Y LETRAS
PARA 1896

Publicado por MANUEL CABALLERO.
Muy superior al precedente por lo interesante del ma1e:rial y lo artístico y lujoso de la edición.
Diríjanse todos los pedidos á

Viuda de Oh. Bouret.
.lVENIDA

5 DE

!IIAYO.-MÍXICO

lll

LA MODISTILLA.

~

~ Aalta, delgada, nerviosa, de

d&lt;'. mi cue11to era una mujt&gt;r antes baja que
cabellos negros,
.lt..~ tez morena y unas pestafia8 de ébano, en torf~~ _no de las cuales flotaba algo siniestro.
TrabaJaba cm un taller de modü•ta.
A las siet~ ya sn habla levantado y h(':cho al espejo
el más gracioso rodete que pudo soñar mujer andaluza. Despedtase entonc(•s de su madre 1único ser que
le quedaba en.el mundo 1 ;,· atravesando calles v plazas llegaba al taller, donde, si no era siempre i'a primera en entrar, rara vez era 111. segunda. Al revés de
fius demás compañeras, casi nunca tomaba parte en
las bromas de las oficialas. Era de suvo retraída, v
nunca lo fué tanto que destacnra. su fi;,.ura de aque"I
cuadro alegre y expansivo; bien se ;ataba que su
centro verdadPro era el aislamiento ,, su cualidad más
predominante la honestidad, (1·ara llvü en el gremio
de modistas.)
Entre aquella insoportable baraunda de ruido de
máquinas, risas loc;is y voces joviales del talll~r veía·
se siempre á Ter,~:.;a con los ojos fijos en el pes[)unte
atenta solo á su trabajo, dejando brillar en tomo el~
si a ~anera de uni:i aureola de respeto, que nadie se
atrevm á romper. Cuando las oficialas velaban á can•
s~ ele excesivas tarea~, ¡ era de verá la joven' embeb1da en su c~stura, con el semblante envuelto l'll aquella sombra sm fin de sus pestafias, heridas verticalmente por la luz!
Pero, con estos ~tracti_vos, ¿carrlcía Teresa de persona qu~ 1~ anuu:a.? Un J?ven de esos que, buscando
entretemmic~to a sus oc10s, se dignan descender al
ramo de mod1-;ta.s, la perseO"uía continuamente vmás
ele una Vf'-Z le había dirigirl~, al pasar aJ1rún
1:Cquie·
0
br&lt;,, que ella jamás .o:vó si bien aceler:{ba. el paso, temerosa de ser segmda por su amante. Pero el Tenorio no cejaba tan fácilmente en sus propósitos. Un dia
y otro la aguardaba. á !&amp; salida. cfo la tienda, y acercándose á. su lado, trataba ele hablarle. Ella como
siempre, npresurnba el paso, sin prestar oído á sus
palabras 1 entrr la-; cuales liabia creido escuchar en
mis de una ocasión alguna propllesta relativa á bie·
nes de fortuna, pero no muy favorable al decoro.
Fn-nando 1 este era el nombre del amante, no era
un jove~ qu~ .mereciese el desprecio ele Terexa, en
cua.nto ;\ lo f1s1co. Era alto delgado, la faz morena y
barba 3:fil~da., maneras elegantes y una p11lcritud en
el vestir 1n-eprochable, círcunsta.ucias todas ellas
poco favorao!es, en la. presente ocasió1;, al petrime~
tre, porque bien vela. Teresa que sus muestras de sim·
patía no irlan encaminadas al mas honroso fin. Por
lo demás, dicho Sl'a ~n v.e~·dad, el jonn no disgustaba.
á. Teresa, que por rntu1c1ón amaba lo distin&lt;ruido ,r

=~

o

iban en ?es~~·den, y lo extraviado de sus ojos indica~a_la ag1tac10n de su alma. Lle{1'ó
á la tienda. La noO
ttc~a primera que recibió fué la de que no había tra.•
ha.Jo.
La ola de lo desconocido rodó sobre el organi:sml)
de Teresa. En aquel momento quedó sin acción, mir:3--ndo de un lado vara otro, como quien busca un sl·
!to donde apoyarse. Su amante la esperaba. Salió la
Joven, y el ~enorio se. puso á su lado. Por la primera.
vez en su vida, volv10 la cara Teresa hacía aqul.'l
hombre.
~l diálo90 fue rápido y expresivo. El joven acompanaria a reresa á su casa ....
Marchabait. El río de gentes los envol via en sus
pliegues á medida que avanzaban, deteniéndolos (.•n
este sitio, parándolos en aquel escollo, clividiéndolf'f'l
por medio de una isla ele personas v uniéndolos nuc·
vamente, yenrlo á semejanz.i de rtoS hojas que 513 l'llc_uentr:m en un río, y aunque hijas ele dos ramas db·
tintas, hacen juntas su ,iaje hacia el mnr.
Un océano era &lt;'l que lle,·aba Teresa en su pP.cho,
cuyas olas establecian rompientes en su cerebro.
~legaron. La anciana estaba en la. aO"onia. Una.
agitada respiración movia su pecho. Su ,~da se ª"'ºtab~. Al. ver llegar {t su hija qui~o hablar: sin pod&lt;•r
consegmrlo. Teresa se acercó ,i. su madre lleua ti..:
espanto, y busco su alma ít través de la materia, para.
retenerla en aquel cuerpo casi exánime. El seno de
'Teresa que había quedado medio descuhierto, temblaba en ~gita.rión soberbia, como si un oleaje ronc•C&gt;
rodara baJo su carne. Estaba espantosamente hum:ina y hermosa..
Femando no se movía. Su primera impresión ful\
de espanto! de~p~1és sobrecngióle honda piedad A-ntti
aquel nauh-agw imponente. Diri()'ió la Yista iL la, ha.bitación. Ni un mueble de niugÓn la.clo. ¿Que caHa.
era ar¡uella? Y él ¿qué intentaba~ No se di O nspnesta. El .~stertor ele la andana le. sacó ele aquel estado,
y_corr10 cerca del lecl10. Teresa seguía. con los ojos
fiJOS en el semblante de su madre.
.Este tomó e.1 tono amarillc nto ele la cera¡ fué apng~ndose poco a poco, y cuando restaba un sólo hilo de
vida á la e.nferma, fijó los ojo!-! r.n su hija y le dijo con
voz pareetda al nüdo de una hoja seca sobre una.
tumba:
-Adiós, adiós!
Teresa clavó entonces en Fernando una miraila inmóvil1 q~e tenía algo como de petrificada; púsose en
fiera actitud delante del cadáver ele su madrei cual si
defe11;díese algo, y con voz completamC'nte firme exclamo:
-¡ Ya no es necesario! Puede usted marcharse!.
1

•*•en el taller. Ahorn inclina
Teresa cose nuevamente'
más la cahe:1,a sobre la costura, v el dolor ha puci:sto
dos lirios en sus ojos.
·

•

El ~orna! que esta teni~ en el tallet·, ern escaso.Ape·
nas s1 de una manera mcomprcnsible podían salir
adelante &lt;'lla y su madr'J, sometiéndose á toda clase
d~ p~ivac!ones. Ad~más de esto, llegó un ella en que
dtsmmuyo el traba.Je en la tienda, v :í. Ten~::.a le foé
rebajado el sueldo.
·
¡Qué día de disgusto para ella! Al principio trató
de ocultar la v~nlac~ fL su madrf'., prro luego tuvo qtrn
declararle su s1tuacwn, sopena de que hubiera creido
que gastaba su escaso jornal en cosas fútiles, olvidando sns debcrc ....
La noticia fué recibida por la madre en medio del
mayor silencio. Dentro de su corazón retorciéronse
las fibr~s más in.timas: ~ero nada dijo á su hija, por
no entnstecer mas su amrno. La ruina era cierta.
¿Qué hacer? En tal situación, TC'res&amp;. se acordó involuutariamente, .' por una ley fatal de la naturaleza
de aqu~lla propuestai no bien oida, de su amante, en
la cual iba envuelta algo favorable á su posición.
Empezaron sus pensamirntos fL moverse en ronda
siniestrn clen_tro cie: :-;u cerebro. Como tropel de mariP.º~asi todaY1a radiantes, quP.rían escapar volando á
s1t1os no del to?,-o puros; pero al intentar salir de aquella cabeza excitada, chocaban unos tras otros contra
el pudor, bien como el pájaro contra el cristal.
LlJ. madre de Teresa tenía un padecimiento. Era del
corazón. Cuando algún lanC'.e de la vida le maltrataba, poniase á la muerte 1 y sólo á fuerza de cuidados
conseguía un re.lativo bienestar. .
Esta vez cayó en el lecbo con más violencia que
nunca. La situación de Teresa tomaba aspecto terrible.
En otros talleres, donde In. joven trató de buscar
trabajo 1 no lo encontró. Insistió; nada. Era una época mallsima!
¿Qué ha~&lt;'r? ~u m~cli-e agrav1íbase por momentos,
y en tan triste s1tuac1ón, nada tenía de que echar mano para contrarrestar el peligro.
Sus esca~os muebles hablan sido cmpefi:1.Llos; sus
ropas, lo mismo; solo quPdaban en su casa una enferma que se m_oría1 _ una silla donde la jriven se senta.ba
para ver e:&lt;-tm~mrsr, poco á poco, la vida de sumadre, y un Jergon sin sáb~nas, en un ángi1lo 1 donde
Teresa, en la flor de su vida, soñaba con la miseria
en vez de soñar con cielos de oro y horizontes espll'n~
didos.
·
Un ella por la. .maña.na, su madre se moría. Ln. joven yeia el ol~a¡e de la muerte llegar hasta sus pies
y deJarlos banados en espuma de sano-re. Sintió la
fuerza del vértigo en la cabeza. Eran las siete ele la
mañana y dísponiase il. ir al taller. Salió. Sus cabrllos

SALVADOR Rt:EDA.

lb2ás allá .....
Sordo ruido que ameniza el viento
corre por el canal de la quebrada
y flota entre la límpida cascada '
la nave de mi triste pensamiento.
Navega hacia el hoga1, do el sufrimiento.
el alma roe de mi madre amada1
inocente al adiós de mi mirada
cuando á la. lucha me lancé contento.
En vano s:rito, porque el eco acalla
entre las grietas de un dormido mont'e 1
que altivo yergue sn imponente valla;
En vano pido luz á mis pupilas,
porque acuitan la paz del horizonte
las montañas nubladas y tranquilas ........... .
:FEDERICO LARRAÑAGA.

LIEDER.
Cuando miro tu rostro de sirena 1
cuando miro tu cuerpo de sultana
yo sueño con el cielo de Provenza,'
con las esbeltas ,v orgullosas palmas,
con el clavel sanguíneo
y la espina dorada.!
Cuando siento lo helado de tu pecho
y cuando siento tu frialdad de estatua 1
yo suefio con las Jüeves &lt;lel invierno
y con el cielo gl'is ele la Alemania;
con los árboles mustios
que1 al beso de la escarcha.,
me parecen g-ígantes
que troncha la nostalgia!
;.Por qué ser;i. que el inclemente hastío
quiere im·adirme con su cruel nevada
cuando veo en tí las nieves del invierno
y miro el cielo gris de la Alemania?
¿Y por qué cuando miro la Provenza
en tus ojitos de hada
siento otra vez el sol dentro del pecho
y siento la pasión dentro del alma? ..
AJDfANDO GODOY.

�6

EL MUNDO.

112

OCTUBRE,

1895.

PRENSA MEXICANA
$uplemento al num.
,
ael 6
MéXico, Miércoles

Tomo XXI.

tI

Núm. 213

de Septiembre de 1895.

Páginaa extraordinarias.

ae Octubre.

DOMINGO 6 DE OCTGBRE DE 1895.

EL MUNICIPIO
LIBRE
DIRECTOR PROPIETARIO

IGNACIO BEJARANO.

TURNOS

q..,. d&lt;&gt;ben fnnolon11, e11 t&lt;Mlo 111 ,.,.,. d•
SapU ...mb,.., de 1SS!i.

J~,,¡; ~• 4·• ]o' uUl'inal, Li•

H,,,,i\&lt;lll. l.l!&lt;m.,..

Ju.,._,1',v&lt;re«:i•.,usl, ~ Wi•
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IWJIIHto de 1811
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f'ottflturleia tkl O. Stbanidio a..,UM,
Ableru le t63)6a &amp; la• r, J b9 U1!m1io. dt

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la tatdo, ""¡mw.al debate ,11 aprobli 11111 ~'
netlc, el acta de 11 nllldn celebr&amp;dll el D dall
corriente.
S11, dJó_euenta de In alrulent~ alkltes.
Oet Gobierno del Dblrl10.
Apraeba el acnudo de 23 d1l act11al, ,nlfl
ri:i;and!I e! geato de $1,369 22 quua eatre¡:1•
tAU COlllll indomnfaaclón' le se&amp;NUda dt
Gu~rr• por el valor del IMAIIG 1 COGllltll, ·
e!oou qaaH le oeupao en lt. .¡,• cene Aacb•
por eau~• da aHHU11!t11to·~Comunl(luu11.
Apt11~ba el ae11trd11 dG 23 dal eolTieate,
pon:\ q11e ae modlllca d de 16 d1\1Dlt!no mu,
dl1ponfaudo que 1ean de ouentad,l Kunlclplo
loa gaatoJ qua lmpMle lt. 1xpadl0!611 d1l t..,
1lmuoiG da lt. e.er!lura :!a ve11lt. dtl lot, &amp;6•
aero 1, da l111 que re1u:tsro11 tobn.eta 1l
abrin11 lu ellle, de Gnn.Mla, bKha &amp;11 !aTOr
del Io11tnt1ra. D, J:111!U11 Dond6.-0cmuafqu'1

-

Apruebt. el gasto de $300 eo11!ort1111 ¿ 111
aeordadt el 28 dtl_ preaent.. 411e· te empleari\11 p.,,rl compra- de mo.a'bl1111 pera la oflclna
del Flfll_ eontr111e-Com111fqune.
·Remfl'o la aotlcl1 de lu llll11w1¡ue lap111c
111. el ~ ¡ 'Y' y e el lelwl" bltnt1lrt1 del
allo, , 10$ p1drt1, tutoret ,S •~c•r1sdoa da nl
n.,. en ebd 11cQlu, por 1arr1calo11ea d1l 111'
20 411 l• lllf de fod111eefd:1 p0b1\ea obllptoi
ría d11 1891,-...frM•Crfbue h,notlei&amp; A la Ad•
mlnh~ac(do de ~ntlf Nnnlclpalu ¡a1r• •iu

efectoa.
".:Del Adm!11!1ttdor Prlnetpa.t dt ~nllt d~l

Dl•ttito federal,
Remtt~ 1i,Uola del 0&gt;1111ero ,t.. eabeau da
gaiiado y b1dtoa d" carne lntroclucldu A Ja
a.11!1&amp;! 111 la nmana del 18 el ll4 del prau11•
le. -R&lt;1clbo J. Oomu111Q.Ufll!De1 Admloi:i\udor de RentH Munlolp••

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P,uticip,a. quo hoy ha eutreJf•d~ al BQoo
~Nacional $20,000 por eue11t1 d,1 aerticlo de¡
Em¡u6,tito .Jhn\eip,o,l d~I b pg, en el tercer
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D91 cluiladaoo Pablo Alvare;,; y Camer¡o,
TJifllCtcf do la Escu•b. 39 para nll\ll1,
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lle ·4, la HN"D~Ut. 11,ne po110 a~fl1!1no y
de 29 de HJ.yo 1füJm11. , • ,_,
ert6 e:iuptnada por lo mlflll11 4'!1 hnpuoato
Al mt,mc, por 111ld11 de re:trala1
de e¡11aa,-A !11, eom!si611 de ,ihc!enda.
1111 las me.u de llano, Abrll
To!IIU PAeheco, pide 111 le- olme dd pa•
y 11,yo dd · pre.fnta allo,
go d•l tmpuo,lo da a11uu per 1u ea.u n61
aeueito da 28 de Junio O:lrimero 4 del eall11ó11 de la 'l'ej,, por haber
mo .•
whcllado el-s:11a como propledlld.-A la co,
Por compo1Nta da t.u batnl••
ml1!0n de Heelend!\.
da cocina de¡,. 0,,real Muo!,

Abraham Rula; y Jertt• Villuel\or, piden
permi.a pua explotar por !'l anli5 noiu som,
bras para puesto.: amQntantu.-A 111 com!•
1!011!1de MerudoJ 'i de Polic!e.
Ju~11 Romero J Flortocio Aturado y del
111M 1tg1111:P;rloa, voc(n03 del pneblo de la
8JntUtma Atepelhe, dam.1.111:ffln y piden -•
la 1dj11dlqne 1111 t,rre110 eti•io en equel Qa•
rrlo,-AI l!l11d!co 1°.
Enrique Jlmenu pide permiso p&amp;n. eUa•
blteer IIP Kioako •u el centro del Mercado de ·
Floret, para la veeta da 11.oru.-A la coral•
&amp;1411 de llncado,,
J11.&amp;11 St.nchez, pide perml10 para lra111!-,.dar
la oriel!.a de YIIO!e• que tl~ue e1t•bleo!dt. eu..
la cau ndmero 1,927 de l• 1• can, de Tenoi:•
1Ull11,, la ca1111&gt;ilrocro i;&gt;,917 de la z&gt;- e.a Ue
: : ml1mo nombre.-A la oomi,!611 de Pcli-

clpal
A !a J1111ta de Vigllsnnla deC&amp;r,
cele, por ,a.Ido d&amp;l p-.n 1:11n111
an!do en la C!rcd ltunlelpal
,11 el moa de Julio dlt!mo .•••
Cepltale1 qoe re1:11no11111\ Ay1111tamlento,
Al Sr. Lle, Lul1 Pom~ por
cuente de au et Mito .....
A lo• Sre1, Rud CampboU y O"
l)Or cuenta de ,u ertdltQ; •·
cuudo de 31 de Ago,to de
189{ .
Al "'l'ndpm.e111 fhnk: of Ph!la•
delphle." por coent.t. de· tu
crédito, acuerdo de 1 de Ju11¡ 0 dttlmo • , , .•. ,. , .•
Cahu.loru de pollofa.

Agu1ll1&gt; Vcluquu, plde p,rml,o ti Ara abr!J
u11.e1tablo u el corral de la casa nWllero..
1,~ de le 2• calle de Mlos.-A la eomiiio\n

Sueldo del ID•pCetor de te!~fo•
nos, a.e 11 erdo de 13 de J1111!0
de 1886.
Sueldo de11n1pt1cl.ot de E1tablo,, acuerdo do 16 de Octu,
bra de 1891..

da P~liet&amp;.
Ju&amp;n de Dios Almai:an, pld,ue ¡0 permita
pq-ar e11 llbo"no• de $:.l!i moo~ualu. ol v&amp;lcr
del tern-110 que ae lo adJudieó en el ce.UeJ4n
d, !e R,iam1.-o\ la eomit!ó 11 je s&amp;Ot!nda.
8ua111a Puedes, pide e11 odjl).d!ueloln 11 n te•
rrellO por 111 C.luda de la Rtfonu•,· Junto ,
101 Bano, Otorio,-A Ja comilldn de Obra,

pll.b!!CII,
Jan~ Land11r1we de Vllle!n, ,oílclta q¡teel
impue11tt de aguu por lat ciuat ndmero to,

11 y 12 de la e•ll• de S;1.n Fe!lpa de Jeall.,, ,a
cobre 1ep1radamente por ead111ina de ellu, y
11, como ho7 ,e practica, c11n1ldeundo 1... tra,
o-•at eOl'lla ri fuera ,olo la m1111MQ 11!,-A. J;a
com!lióe.de IJt.ciend11.
adol!G Fer11a11deL. pide u lu autnr!ca pua
bacet A 1111 upenu1 lt. l11~tallcldn co n1 Ru,
lr~ d.e cllldad. da IUI IIIOlff, l11dhpen1&amp;b!a pa.

L"-------~-~---

Eicuelu Munlc!pale~ •
Fe•t111d,.'de,: puo :u,que te~•
drán lugar e11 el ¡,rOXIIIIOfflH
de S,:Jlli~mlxr, pn,. 111• qbe
&lt;:001rlh11ye el Qob1~1'no F~d~•
c~n ein&lt;:o_ 10!1 p·~•o•, ..
c~etdo d1&lt; 11 dil que rige

r,.i

3ue!do del i111peeUlr da Toatro,, aeuudoa de ·1 l de Dl•
ciembN de 1894 I 2 de Jull11
· dltimo ..• , •.
Cuidado J n1eo du 101 mln11ito1
• 1fo. .
Al sr. F- Maure\ por.doce unf•
forme~ p~u 101 Celedoru Hu,
11!elp1les, acuudo da (l del
quefige .. ,.
Co11tr!bu&lt;11dn pr&amp;dlsl.

Dan~h111 lrlouicipal111 •. ,
Derechoa de petante ..
Devolucto~et
nireccl611 da Aguu ••
,\ Ju $ru. Elcoro y Compallla

200 00

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120,000 00
n,112 86

12.000 00
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Gob!arn11 del Dlttr!to
Pan 11).ed}dou 1 l'ili~, de le
1ecl:tonu médlca1 d, \u lo.n
pecdooee de- Poll\Ja; acuerd.,. de 1 de'lfarzo' de l89S J
u de uoato da
Ava.tued"oret de ea1i, de Em~.

isu ....

89 ....... ,

16,-Al&amp;com
A.lb.ario Br11n
ria Unfver1a.J, p
e&amp;ll!i. de S,mta.
la comlllOa dt

~tt~.!';~~tbli•
Jut1,_ :.:&gt; de lotrimh,al,l,ic.

• 200 00

por cuelits de ,u cr~d!111.

f Emplefdo1 jubil~dn• ...
1 Empr6,Uto Munk!p,d.

,.. 00

lo &lt;flU&lt;! adeuda

l'rt,,,( ......... 0-0.
Ju,,:t'tlOrT!&gt;&lt;ei.,...J Lic. 1,,..
g11.tlnAzhlllo,

"""' Patif«&gt;

d~ re

~~~fpti,m•
pnrhdu.

to11111&amp;rjeiu, !
lle de In mo,
bt.nq11et11r el fu

dt k&gt; uim!IW, Lic.

•

A,i_,,.' ¡,ieci'"' C&lt;mYeuci...na!H.

~

exptfümte.
De p"rtlct.il&amp;
Notberlo G&amp;u

Aifflt.6 del M'i11&gt;,t&lt;,ri,, P~bli«&gt;, U,.
R. B,jU"&amp;.•

NÚIIWN wolt..e 10 ae:D.$1&gt;Vff,

agruo• de 111

tUAI dló tnmb!é~

c.,¡..,f¡..,....,·
Ju,; 5' wn=i.,.a!, Lle- Re-

..

A.TJ•~ quo el
tom6 po•f•!&amp;n d
l,;.ncln. el duda
tnlsl6n de G,\rc,,
El ml•mo Ale
óltimo tomo po,
al ciudadano A.

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por la comiai~o rm,pective da! tl.yuntsm!,uto
y aprobado por el C. Gnhr11ador da! Oi1trJt~
1e PIIIO en ~lgor el I&amp; de Mrr,l'o d&amp;I propio

i.

111.o, babiéo.don!e dado ~11b\le\;h1d, P.jtlndolo

LICENCIADO MANUEL ROMERO RUBIO.
t 3 de Octubre de 1895.

Tnmo IL Número l,f/.

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>6

OCTUBRE,

1895.

EL MUNDO.

4

A~PECTO DE l,A CAHA MORT!JORIA POCO A~TDi DE S.\CAR EL CAl)AYBR.

(Dibujo del natural de H. 1IernA.ndc1.,)

Sólo qm&gt;:daron alli los niños de la Escuela Indus· pletnmente en un in5tante, trial que querlan ser los últimos en abandonar la posy multitud de carruajes trera morada del que fué para ellos padre cariños·o.
particularl'S y de sitio.
No terminaremos sin dará conocer algunos rasgos
lh•sde el hipódromo dela biográficos dl':l homhre ilustre cuya pérdida lamenta
Iudi:rnilla lrnsrn la puer- hoy la Nación:
ta dt.•1 panteón C'staba tenEl Sr. Romero Rubio tenia al fallecer 67 años. Se
dida. la.Did!-\iún que al man- educó en el famoso colegio de San Gregario y desdo ch•l General l~nacio Es- pués de muchos afanes r asiduo estudio, logró al fin,
cudt&gt;ro babia sicio organi- obtener e.l tJtulo de a.bogado.
zada para hacer los honoJo,en de sangre hirviente y clara inteligencia al
re!-, al cadáver.
tomar parte en los movimientos populares cón't ra
En l'l cementerio de la Santa Anna, se distinguió rápida y ventajosamente
Pi1•dacl formaban valla des- organizando clubs destinados á derrocar al dictador'.
de la puerta hasta la tumAl ser proclamado el plan de Ayutla, fué comisioba, los alumnos d(i la Es- nado para ir a Iguala, á fin de ofrecer á la revoluCUl'la JUdustrial deHuCrfa- ción los elemrntos que podia. proporcionarlr t'i Disnos1á la cual tanto protegió trito Federal y logró decidir la marcha de Ah-arez á.
el Sr. Romero Rubio.
Méxicó conquistando en pro de la ca.usa e\ aquel
Junto al mausoleo y fren- hom.bre1 cuyo auxilio era considerado como llave de
te {l la capilla del panteón, oro de la !-,ituación.
levanta.hase un suntuoso
Fué Juez en Tulancingo y Secretario de la Suprecatafalco revestido de pa- ma. Corte de Justicia, puestos que ocupó muy poco
ño negro soln-e el cual ar- tiempo. Diputado al Congreso Constitu~·ente, fué uno
dían cincurnta cirim, colo- ele los legisladores que mús contribuy('ron con su
cados en trmdelabros Y or- energía y su inteligencia á la redacción y promulg anarlns cou lazos negro~.
cién de la nueva Carta fundamental. Secretario del
En la en pilla contigua al Gobierno del Distrito cuando el golpe ele Estado de
catafalco min\bansc dos Comonfort se negó á ocupar el gobierno que le ofr egraml1.•s cortinas n&lt;'gras cía ..\kérreca y aun abandonó la Secretaria;
qul' eaían sobre la puerta;
En unión de Juárez organizó la rrsistencia y lucha
en l'l altar .sobre dos gran- contra el gobierno reaccionario, lo cual le valió su
des ('and1•l;1,.bros Hdian dos encarcelamiento durante ocho meseR, hnsta que ya lig-rm•sos tirios ~· recorrían bre por el movimiento que. encabezó Robles Pezuela,
los muros anchas bandas logró libertar también á.sus compañeros ele, cautiverio.
de crespón negro con adorAsistió, con una brigada, Ala batalla ele Calpulál pam.
De~pués de la torna de Puebla, por los franceses, y
nos blancos.
A las cinco y cuarto llegó resuelta la elefem;a de la capital, el General Garza en:í las puertas del panteón cargóse de organizarla en lo militar y Romero Rubio
la carroza fúnebre y acu- en lo qur pudiéramos llamar p11.rte civil; pero abandodió á recibir ('l cad:her el nando íi México Juárez le siguió él en calidad de jefe
capellán Pbro. José Islas, del Estado )favor y secretario de Garza.
Yohió lnegO [~ Csta capital y fué perseguido, preso
acompañado ele otros dos
saeerclotes. Después de re- y desterrado á Europai de donde regresó á. la Repúzarse tl oficio de difuntos, blica para tomar nuevamente parte en la lucha.
Derrilmdo el Imperio, fué varias veces electo dipuquE'I fué muy breYc, colocáronse los asistentes en tado; Ministro de Lerdo, asegura uno de sus biógralas sillas dispuestas al efec- fos que fuó el único que aconsejó á aquel Presidente
to y se instaló el féretro en que renunciara á seguir ocupando la silla en el segundo periodo para eTitar la revolucion que se. iniel catafalco.
ciaba r triunfante ésta acompañó algúntiempoá don
Sebastián fuera del pais.
De n~ievo en México es ya sabida su historiaj senad_or pmneramente y luego 'Ministro, se distinguió
siempre por su gran facultad de oro-anización, sus
tendencias conciliadoras y su tó.cti~a política tan
habil.
.
Fué su vida siempre útil para la patria. que hoy lo
echa de menos.

á tin de dt•poisitarlo en la carroza
que había de. tr!lnsportarlo :11 cementerio francés.
Organizada la comitiva se pu•
so en marcha á las tres \r media
de la tardl•.
~
En las calles del trayecto que
debía n•corrcr la fúnebre proce!Sión, formaban doble valla los
alumnos del Colegio }lilitar y los
cuerpos rurales y veianse mul·
tit11d de ca!:&gt;as· enlutadas, cuyos
balcones se encontraban atestados de gente.
Hé aqut e1 orden en que seorganizó la comitiva:
Grupos de asilados del Hospicio, de la. Casa de Expósitos, de
la. Casa Amiga de la Obrera, y
del Congreso Obr~ro.
Comisiones de las Sociedades
Mutualistas; alumnos de las Escuelas públicas; empleados públicos; jefes y oficiales del Ejército, Regidores y Gobernador del
Distrito.
Seguian luego el féretro y alrás
el General Diaz y los miembros
de la familia del finado; gabinete
y cuerpo diplomático¡ comisiones
de la Cámaras ~r de la Suprema
Corte de Justicia. Estado :May.or
del Presidente.
Rocorrió la. comitiva laS calles
del FactoF, Vergara, San Francisco, y San Juan de Leirán, hasta
llegar á la esquina de la 2a. de la
TRANSLACIÓX DEL FERETRO DESDE SAN ANDRÉS Á. LA OÁMAll.A
Independencia, en donde esperaDE DIPUTADOS I,A NOCHE DEL 3 DE OCTUBRE.
ban los wagones y la earroza.
(Dibujo del natural por H. HernAndez.)
Era éstalujosisima: entrn anchos
cortinajes, borlas y cordones neEn seguida el sentido y popular vate Juan de Dios
gros, desta.cábanse seis angelitos dorados que soste- Peza, pronunció, por comisión de la Cámara de Dipunian la techumbre, y fua~andel carruaje tres magnifi- tados, la hermosa poesía que en otro lugar encontracoa troncos de caballos prietos con gualdrapas neO"ras
0
rán nuestros lectores .
dirigidos por igual núnero de palafreneros.
. ~l J"&gt;bro. Islas con el ceremonial acostumbrado, benLuego se Yeian sobre dos plataformas las coronas, d1JO la fos:i cavada para recibir los restos del Sr. Roentre las cuales mencionaremos, de paso una ele pla- m~ro Rub~oi al P_il', de la capilla de la familia, no terta que remitió el Lic. Obregón Gonzál~z Go berna- mmada aun. Dicha fosa hállase á la derecha de la
dor del Estado ~e Guanajuato; una prccio;a de flores que ocupan los despojos mortales de la niiia Maria.
de porcelana 1 tr~buto del Sr. Porfirio Dlaz, hijo, v las
Entonc~s comenzó la dolorosa operación: descendique enviaron los Sres. Rosendo Pineda, EmiliO Pi- da la ca.¡a, cayeron sobre ella acompasadamente y
IJ1entel y J oaquin Casasús, las cuales llevaban sen- con eco lugubre las paletadas de tierra. Todo el mundos lazos con esta inscripción: &lt;A su jefe, protector y do'. de pie y con la cabeza descubierta, despediase inter~ormente del protector, del amigo del hombre á
amigo incomparable.&gt;
'
Después de los coches especiales destinados al Pr~ quien tanto debió la patria.
Retumbaron los cañones en el valle tocaron las
sidente, Secretario de Estado, Cuerpo Diplomático,
etc., seguían cuarenta wagones que se llenaron com- bandas y se inició tristemente la retirad~.

Pági,ruu extr(J(J1'dinarias.

DOMINGO l3 DE OCTUBRE DE 1895.

@:oronación

de la

1 -

•*•
La f~lta de tiempo y nuestro deseo de no retrasar
este numero nos impiden publicar todos los dibujos
Y fotograflas que tomamos de los funerales del Lic.
Romero Rubio, pero les daremos cabida dentro de
ocho días.
Igual observación hacernos acerca de los 0O"rabados
relativos á. la Colegiata de Guadalupe.

tin recuerao.

l!a (!orona 9mperial.
SEPULCRO DE LA -XISA lfARIA R. Rt"BlOi ADOR~ADO J&gt;OB
D. PEDRO NlETO_EN EL ANIVERSARIO DE SU MUERTE.

(De fotografitl..)

(Tomado del Alln,m de la Coronaci6n con perm,·,0 d e &lt;i El T"1empo)1)

Tomo JI.

Nú1TlfflJ 14.

�Páginas í!.Heraria!&gt;,
PENSAMIENTOS
DE ALGUNOS SEÑOHES ABZOBISPOS Y OBISPOS

COX l!OTIVO DE LA COROXACIOX.
Postrado ante el trono de tn misericordia ¡oh María
Santísima de Guadalupe! te pido lleno de conñanza alcances de tu Divino Hijo, para tus devotfsimos creyentes, los beneficios espirituales y temporales con que te
has dignado favorecerme durante mi larga peregrinación
sobre la tierra. Extiende así mismo tus gracias á cuantos
aún se niegan á conocer tu maravillosa Aparición! ellos
¡oh Madre! son también tus hijos; bend{celos, favorécelos,
como has favorecido y bendecido al último de tus hijos,
al más indigno de los obispos mejicanos, al actual Prelado de esta Metrópoli.
¡Oh María Santísima de Guadalupe! en tu solemne Coronación, te proclamamos u uestm Aug•1sta Reina. Alcánzanos de tu Divino Hijo que nuestm Patria sea tu
gozo y Corona.
México, Septiembre 12 de 1805.
t PROSPERO MARIA,
Arzobispo de Mh:ico.

¡México! Por María de Guadalupe recibiste la. vi~ en
el órden social moral y religioso: Por su med1ac1ón te
sacó Dios :N. ~fior de las tinieblas de la idolatría Y de
los horrores de los sacrificios humanos: A su poderoso
valimiento es debida la fundación de la cristiandad en
nuestra cara Patria y la rápida propagación de la religión.
Por tanto1 el principio restaurador y conservador de
tu fe 1 ¡oh México! de tu religión, de tu autonomía, de tu
vida no puede ser otro que DIOS, mediante Santa María
de Guadalupe, supuesto que la comervación de las cosas
depende de sus mismos principios generadores y de mediación1 según el orden providencial.
Palacio Episcopal de Puebla, 3 de Agost-0 de 1895.

t

el Pueblo Mexicano su existencia y su civilización por el
cristianismo, que le ha merecido figurar con honor entre
las naciones cultas. ¿Quién puede racionalmente ponerlo
-en duda? A.sí lo hemos creido siempre los católicos, y así
también lo han entendido y aun dicho públicamente no
pocos de distinta profesión religiosa. J ustísimamente, por
lo mismo esta Nación católica en su inmensa mayoría, con
piadoso y eficaz empeño acaba de reformar con gran magnificencia el venerando Santuario del Tepeyac y próximamente coronará con inusita.dasolemnidad fa.Sagrada Imagen· que de Sí misma nos dejó en prenda de ~u predilección como no lo ha hecho hasta ahora con nmguna otra
naciÓn. A la proverbial nobleza del Pueblo Mexicano correspondíai pues, mostrar ante el mundo todo, su gratitud
y reconocimiento hácia la excelsa Reina de los cielos} de
quien ha recibido tantas y tan inequívocas pruebas de
singular amor, seguro de que siendo fiel á los sentimientos de que al presente se halla animado1 siempre encontrará eficaz remedio en sus necesidades públicas y privadas elevando al cielo sus votos ante la Imagen portentosa de su amorosa Madre y Poderosísima Patrona la Virgen María de Guadalupe.
Monterrey, Septiembre 28 de 1895.

t

JACINTO,

Arzobispo d.e Linares.
La eo·ronación de la Sagrada Imágen Guadal u pana, milagrosamente pintada y conservada en la tilma de Juan
Diego es el suceso más grande y glorioso, conque se ha
podid~ honrar á la Dignísima Madre de Dios en todo este
continente1 denominado el Nuevo Mundo.

t SANTIAGO,

Árzobi.spo de Dur&lt;mgo.
¡ Quiera la Virgen, á. c~ya diadema ~leste hoy añadimos una nueva joya, al imponer á su imagen áurea oorona interceder por nosotros!

t

IGNACIO,

Obispo de S. L. Potosf.

Obispo de Puebla.

La fe de Don Pela.yo,
Por Maria sostenida,
Patria y hogar volvió á b raza goda.
Cuando de Asturias
En los riscosos moutes,
Venció á. las huestes agarenas.
De Cortés la bravura
Con su falange ibera,
Bajo el escudo de María amparada1
Domeñó de Tabasco la potente armada¡
Y, para pepetuar tan grande proeza,
El cristiano caudillo
Un Templo y una Ciudad mandó erigir
A Santa :María. de la Victoria.
Que así la Patria mía
Siempre protegida
Por la Guadalupana egida,
Incólume conserve
Su Fe, su Religión, sn Autonomía..
t PERFEC'.l'O,
Obispo de Tabasco.

Refiere la historia que el estandarte de la Virgen Guadalupana inició en Dolores la guerra de nuestra indepencia y ese mismo pendón fué enarbolado en Oaxaca por
el insigne Morelos, al dar gracias al Todopoderoso, después de los triunfos obtenidos en el Sur. Quiera Dios que
el culto de amor que el pueblo mexicano tributa !i. su
excelsa Patrona, en la coronación de su prodigio:ia imagen, afiance la paz religiosa en la Repúbli?3, y sea el vínculo más poderoso para que conserve siempre su fe y
su autonomía nacional.
Oaxaca, Agosto 2 de 1895.
t Em.ooio,
Arzobispo de Anteq1wra.

A nuestra Señora de Guadalupe después de Dios1 debe

FRANCISCO MELITO;;,

De Anáhuac la Augusta Sobemna
Victoriosa triunfó
Del infernal Dragón:
.
La torpe idolatría quedó destrmda;
La impía incredulidad,
A sus piés humillada,
Cayó rendida.
Por esto la Nación agradecida
Su reina la proclama,
Y en sus sienes coloca
La inmortal diadema.

En admirable Imagen,
¡Oh, Santa Madre nuestra!
El pueblo mexicano
Gozoso te venera1
Y tu gran patrocinio
Con gozo y gratitud experimenta.
Feliz y floreciente
Por tí así permanezca
Y mediante el auxilio
Que benigna le prestas
La fe de Jesucristo
Fija conserve con tenaz firmeza.))
t PEDRO,
Arzobi8po de Gua.dalajara.

1

13 ÜCTUBRE, 18G5.

EL MUNDO.

114

IV

!Qué depuestas las armas y unidos,
A la luz de la fe verdadera,
Tremolemos la patria bandera
Y ensalcemos, oh, Madre1., tu amor!
Y vosotros que en rá.piuo vuelo
Trasponéis vagarosos las nubes,
Nuestros votos, ardientes querubes,
Ante el trono llevad del Señor.
t JoAQUrn .ARCADIO.
Obispo de Y eracruz, •
LA 0oRONACION.
Tengo para mí, que coronar en este tiempo de republicanismo li. la .augusta P,itrona de los mexicanos Ntra.
Sra. de Guadalupe, es ponerle á la República la base más
firme; porque depositamos en el cielo la corona Imperial
y Real de México, ciñendo con ella la frente virginal de
la Inmaculada Madre de Dios, qui! en su Imagen de Guadalupe fué el estandarte de la Indepen.Llencia Nacional.

t

ÜRESCENCIO.

Obispo de Yucatán.
Las.leyes de la :filosoíía de la historia de mi p.itria
fueron escritas por la. m:i.no de Dio3 en el T0peyac..1,tl.
¡Haga el cielo que una. de las gracias obtenidas 1 como
consecuencia de la coronación Litúrgica de nuestra Madre Santísima, sea, que todos los mexicanos conozcan,
comprendan y apliquen debidamente esas leyes, fuente
de verdadera paz, de grandeza1 de prosperidad y de gloria!

t

ATENÓGENES1

Obiapo de Colima.

A NUESTRA MADRE SANTISU!U DE GUADALUPE.
La nación que elegiste, Virgen bendit,a1 lamentó má9
de un siglo no verte coronada como lo había querido el
piadoso Cabildo Vaticano. Estaba en los consejos de la
Divina Providencia, privarte de esa dicha, para concederte otra mayor. No el Cabildo de S. Pedro: León XIIT ~
había de coronm·.

t IGNACIO,

Obispo de Tepic.
Cristo estampó su Di vino Rostro en e\ lienzo de la
Verónica. Maria imprimió su imagen en la tosca tilma
de Juan Diego.Ambos cuadros tienen la firma de Dios!
autenticada por la tradición, los milagros y la Iglesia,
Uno está. en San Pedro, el otro está. en la Colegiata.
La Monarquia ful! abolida en América, para que
Maria de Gtiadalupc fuera Reina única del Mundo de
Colón.
t ANTONIO, Oms1,o DE CONSTANCIA.
.Abad ele Guadal'U,pe.

LA VIRGEN.
hay en Jas antiguas mitolo~fas creación t.an bea como la de la Virgen cristiana. \'e.nns es el
mbolo excelso de la forma. Es la mujer por
excelencia, pero es al cabo la mujer. La admiral
mos con deseo. La hemos visto1 si no en las calles y bajo
marmóreo pe1 t ¡·e moderno' i,;( en los museos, sobre
era
·te·
destal ó en las divagaciones
de la fantas ía.N o nos rn
resn. i~quirir si tiene alma ó no la tiene. L~s estatuas no
han menester mirar para ser bellrui, y la mirada es la expresión del alma. Venus procrea; pero ~o es ~adre.
El niño Eros no es su hijo, sino su delicadísima obra de
arte: su estatuita. Venus no sufre: está muy lejos de nosotros. Es una armonía de líneas, un supremo concierto
de colores una divina imposibilidad. Yenus es de mármol. Nue~tro deseo la humaniza, comoPigmaleón ani~6
á Galatea. Pero, una vez humanizada, Venus se asemeJa
á alguna de esas criaturas bellas nacidas en los paJs~s donde es más rica la cantera huma1m. Par.i que .Afrodita sea
realmente hermosa, para que mire de rodillas á los hombres necesita ser impúdica, descubrirse, entregarse á la
mir~da, como una gran promesa de placer. Será. de carne,
pero no es de espíritu.
. .
. .
A Venus se adora en la fehctdacl; m1eutras las rosas horacianas no se marchitan en nuestras sienes; cuando 13
juventud, como gallarda Hebé1 escancia ~l néct~~ en l~
copa de nuestra vida. Pero Venus no ama. a los.vieJos, m
á. los desgraciados, ni á los pobres. Necesita la Juventud,
necesita la alegría, necesita el oro. No alienta, no socorre,
no consuela. La cantan los hombresi pero no la besa~ l.os
niños. Las mujeres no pueden quererla sino con env1~a.
Es dichosa como es dichoso el egoísmo. Sus amantes tienen que ser dioses. Sus labios no dan pa.so á la palabra
que conforta, sino al beso que excita. Su hijo, para no desearla., nace ciego.
.
La Virgen María es la suprema escultura del espíritu.
Es virgen y es madre, es decir, reune en sr las dos ~ás
altas excelencias del ideal. Por la virginidad-esa cima
blanca-toca al cielo¡ por ser madre, est.í cerca de nosotros. Ser madre es haber sufrido.
Pocos antiguos comprendieron la belleza del sufrimiento. De las pupilas sin mirada de las grandes estatúas no
podfan brotar las lágrimas. Los dioses de m.írmol no ven
que padecemo~. Pero el dolor, que puede ser des terrado
de la mitología, como un leproso1 no puede serdeRt.errado
de la humanidad. El hombre necesitabn. una madre para
quejarse :L ella, y el cristia.nism'o se la. dió. La Virgen es
el seno en que se llora. La Virgen es la madre de los
huérfanos.
Siendo dichoso puede serse pagano! Leed la literatura
helénica: en casi toda ella el único que tiene derecho á.
cantar, es el placer. Es un banquete al que concurren nada má.~ que mujeres bellas y hombres sanos. Pero afuera,
en el yerto umbral de esos palacios, gime el dolor como
infeliz mendigo. No levanta la voz porque su queja serí~
inútil. No hay seres ni divinidades que le escuchen. 81
habla, si grita, le despiden 6 le azotan. El dolor en la antología es un huérfano.
Pero aparece el cristianismo y el dolor habla. Ya hay
quien le oiga: la diosa ya no es muela ni impasible,. Y co~o
ha sufrido1sabe consolar. Desde entonces la hum1dad t iene una madre.
Es hermosa porque todas las madres lo son para sus
hijos; pero no analicemos su hermosura. Si fuera fea~ nos
parecería bella. Ya no es la Venus fría que se aleJa de
nosotros cuando las rosas se marchitan, la salud se va Y
la vejez !los entumece. Ya no es la diosa áquien sólo cantan los felices· sino la Virgen que consuela á los infortu ·
nadas. Los h¡rapos no la repugnan. Va al hospital, se
sienta á l:l cabecera del agonizante; escucha nuestras
quejas y nos dice: Espera!
En las antiguas religiones no hay divinidad alguna q~e
pueda ser amada de los niíios. Todas son fuerzas 6 pas 10nes1 y ni las pasiones ni las fuerzas pueden co~q~lis~r el
cariño de la debilidad ó de la inocencia. El cr1stiamsmo
dió una religión á la niñez. Los pequeñuelos aman á ~ arfa: la infancia duerme ó juguetea en sus rodillas ba10 la
figura de Jesús.

*
**
¿Por qué arrancar este cariño· de las almas? ¿Con qué
amor podremos reemplazar en los espíritus el amor á la
Virgen? Los que tal quieren, son tan desatentados Y tan
crueles como el que busca empeñad.amente al niño huérfano p~ra decirle: tú no tienes madre! Dejad que el po~
bre pequeñito crea que la madre no ha muerto, que est
dormida que salió de viaje, pero que pronto ha de volver ó d~pertar. Ser asesino de esperanzas, es ser el peor
ele los asesinos. Pues que el dolor existe y ea eterno, pues
que la muerte nos separa despiadada de los muy I_&gt;00°s ~eres que 1103 aman, dejadnos m:is allá de esta existencia,

]3

ÜCTUllRE,

1895.

ELJ\IUNDO.

115

en los cielos azules del ideal, una figura de mujer ú quien
Llego después un guerrero, que excfam6 con voz enér-Estás cierto-gritó ella con voz angustiada-de que
podamos convertir los ojos cuando por desventura este- gica:
no queda ningún otro medio de salvación?
mos huérfanos, y decirle llorando: ¡madre, madre! No nos
-Princesa1 hoy, como en todos los tiempos, lo qus do·
-Ciertísimo.
digáis que eBtamo.s solos en la vida; no n,•s arrl;'batéis la
mina al mundo es la fuerza. Ella fonda y deRtruye nacio-Y vnmos á vivir sin rnrnos?
única madre que la muerte no puede arrebataruos.
-Sí!
Yo no conozco una expresión de abatimiento más supre- nl!s; ella hace y deshace tronos é imperios. Xo hay m,is
-Pues bien ...... ¡Muramos!
ma, que la figura del poeta dibujada por Gleyre en su poder que el de las armas; por él se arruinan los pueblos;
-Eso iba á proponerte.
cuadro La,~ ilusiones perdidas. El brazo flojo dej6 caer la de él son esclavos los reyes. Toda~ los países, desde los
ebúrnea lira: el cuerpo se resiste á. ponerse de pie porque más atrasados hasta los más progresivos, le rinden culto.
-Escucha: á lo último de ésta sen.da ......
desea estar cerca1 muy cerca de la tierra; la mirada llena Las más grandes ideas no son nada sin él, pues con el po-Hay un precipicio, ya lo eé.
de tristes despedidas, se clarn en la airosa barca tripulada der de las armas adelantan más en un minuto que en cien
-Clava tú tus espuelas un el vientre del caballo ...... yo
por todo aquelio que se va, por la gloria., por l'i amor, por afios de labor consia.nte y de cruentos sacrificios. El eje haré lo mismo ...... rodaremos juntos ..... .
la riqneza; por e] pbcer, enemigo de los pobres; _por lasa- del mundo es siempre la espada de un guerrero victorio-Sí... ya voy .... Dame un beso antes ... ¡el último!
lud aborrecedora de los viejos. Todo en la barca, empa- so. Yo pongo la mía á vuestros pies, picliendoos esa ma•
-Telo daré en la muerte ...... ¡Corre, que nos alcanzan!
vesada y rica, es bullicio, alegría. Todo en la hermosa no aro bicionada.
Uno delante del otro los caballos corrieron con rapidez
barca es juventud. Y todo en el semblante del poeta es
Luego se adelantó uno delos hombres más ricos de la vertiginosa. El del seductor se hundió en el vacío; encomo triste crepúsculo de vida. Allá se va todo lo ingra- tierra, un hombre que poseía inmensos tesoros1 y ha- tonces ella, tirando violentamente de las bridas y recuto que nos deja; y allí queda el poeta.1 muerto en vida1 bló asf:
rriendo ií. su habilidad de amazona, consiguió detener el
sobre los ,hidos peñascos de la playa.
-Princesa, el oro es el único dios en quien todos creen. suyo en el borde del precipicio. Y á la cárdena luz de un
Pero ante ese cuadro dél dolor sin esperanza, poned la Todos lo adoran; nobles, sabios1 guerreros; protestantes,
Hubfana del artista Junt. En el lienzo de Gleyre la vida judíos, católicos, mahometanos; hombres de todas las relámp.:igo, contempló indiferente cómo rebotaba de peña en peña el cadáver del hombre que habfa sacrificado
se va y con la. vida se Ya todo. Ko llega aún la muerte, partes del mundo, de todas las razas y de todos los clisu vida ein vacilaciones de ningún género.
pero ya se oyen sus pisndas. En el cuadro de Junt la mas, ante él se JJostran de hinojos ... ... Los que fingen desmuerte ha pasado, pero una vida extraterrena alumbra deñarlo lo adoran en secreto ...... Es el talisman que dá la
CATULLE MENDEZ.
Jas figuras. La anciana madre estií en el lecho mortuorio,
dicha al que lo posee ...... Con él se abren todas las puerentre fúnebres cicios amarillos; pero está menos mue1ta,
¡ASIES!
tas, ee juntan 6 se separnn los mares y se horadan las
menos fría que la figura del poeta vivo. Se adivina que montañas ...... Para él no hay imposibles. Yo os ofrezco
1
continúa existiendo en otra pnrte. Y el dolor de la huér~ á. cambio de vuestra mano, eee talismán milagroso.
Sus cabellos son rubios como eJ oro;
fana, de la pálida y rubia jovencita, no es el dolor sin essu cutis sonrosado como el nácar;
Y tras de estos fué pasando por delante de la princeperanza ni consuelo, el dolor también huérfano del rnte. sita de Linderbrunen y de su tía la reina de Holteburgo
un tentador lunar en la mejilla,
Es el dolor cristi;.11101 el dolor que llora 1 el dolor que esy angelical mirada.
larguísima fila de pretendientes, todos dignos de una prinpera. La hermosa joven ciñe con sus brazos el cadáver de cesa.
De dientes diminutos, como perlas;
la madre, corno si pretendiera defenderlo; pero sus ojos
de labios corno grana;
Cuando
ya
el
desfile
parecía
terminado,
oyóse
un
mhúmedos de 1:lgrimns, se fijan en la.iinagen de la Virgen 1
de cuerpo escultural y airoso porte;
mor de prote~ta entre cuantos al acto asistían: un calavey parecen decirla: ¡Tú me quedas!
modelo, en fi.11 1 de hechizos y de gracia.
ra, sin mérito alguno; sin título de ningún género, avan•
M. GUTIERREZ NÁJEllA.
Ya la veis: es hermosa.
zó exclamando:
-¡Yo no sé más que amar! ¡Yo no valgo m!i.s que para
Si queréis ser fe1ices 1 no adorarla.
amar! ;Yo no entiendo m,ís que de amor!. .....
¡Yo la llegué á querer, como en la vida
elección
nouio.
Los rumores que por todo el salón se elevaron impidiésólo una vez se ama,
ronle concluir su discurso.
y comprendí, ya tarde, que en su pecho
Apenas se quedaron solas la reh1a de Holteburgo y la
un corazón de pedernal guardaba!
Acababa de cumplir dieciocho años la princesita de Lin- princesita de Linderbrunen, dijo ésta á su tfa:
¿De pedernal? Mentí; que aun siendo dura
derbrunen: era huérfana, era hermosísima y ocupaba el
-¡Es el último el que prefiero!
fuego tiene esa piedra en sus entrañas.
trono, heredado de sus padres. Como podéis figuraros,
-¡Cómo! ¿Ese calavera?-replicó la tía escandalizada.
Es de duro metal, y yo tan sólo
tenía un número incalcuhl.ble de pretendientes, que que·
--Sí, nadie más que él me ha hablado de amor.
di en él con el óxido que mata.
rían hacer su felicidad.
-Vamos1 reflexiona-murmuró la reina de HolteburJ osE BA !.SALOBRE.
Eran tanto3 y d~ tan dlver.:1as clases y condiciones, que go-¿qué dirían si tecasar~on ese? Debes elegir al noble,
no sabía la joven princesa por cu11 de ellos decidirse.
al sabio, al guerrero ó al que posee inmensos tesoros.
Sus cortesanos y sus ministros la aconsejaban que hiDespués de dar á su sobrina este consejo, la tía regresó
ciese un matrimonio de Estado, un matrimonio que en- á Holteburgo y la princesita se quedó reflexionando.
Son dos palmeras que distantes moran.
grandeciera el país ó le procurase fuertes alianzas, y haPor :fin, ésta se decidió, y llamando á una de las damas
De Tántalo al suplicio condenadas,
blaban del equilibrio europeo, del imperio ruso, del im- de la corte, que gozaba de toda su confianza,. le dió el ense miran, siempre amantes, siempre amadas,
perio germánico, del Austria y de la Ilungría. Pero ella cargo de ir áanunciar á..aquel calavera, que sólo entendía
y por no tener lágrimas no lloran.
ofa con la mayor indiferencia .hablará sus ministros y á de amor1 que la princesa de Linderbrunen lo había preCuéntanse la ternura que atesoran,
sus cortesanos del Austria y de la Hungría, del imperio ferido entre todos su¡:-, pretendientes.
por medio de las brisas perfumadas,
germánico, del imperio ruso y del equilibrio europeo.
Al Jlegar la dama de la corte :í. casa del amante afortuy algo también pudieran las pintadas
La persona de la familia de los Linderbrunen que mú.s
nado y explicar el objeto de su visita1 oyó esta respuesta:
avecillas decir de si se adoran.
influencia tenía. sobre la joven princesa, era. una tía de
-¡Ay, scfiora; llegáis tarde! Ya no estl:í en LinderbruSaben las dos que con estrechos lazos
ésta, reina del vecino Estado de Holteburgo, vinda y de
nen. ¡Lo ha elegido por esposo la reina de Hclteburgo!
no han de uniree jamás; pero, constantes,
doble ed.id que ~u sobrina. Habían convenido sobrina y
ni dejan de sufrir ni de amor mudan.
ERNESTO GARCÍA LADEVESE.
tía en que ésta última fuese á Linderbrunen al llegar el
Y á cada nuevo sol tienden sus brazos
momento de la elección de novio, qLie ya no podía retracon lánguido esperezo, y anhelantes,
wuse m~, y ayudase :i la princesita con los consejos de
agitando las palmas1 se saludan.
la experiencia á. llevar á cabo una ·buena elección entre
F. RODRÍGUEZ MARÍN.
aquella multitud de adoradores.
Fijóse la feci1a del concurso de pretendientes, que debía.u ir pasando delante de la princesa, uno por uno
LA CALUMNIA.
(pues así parece que se hacen estas cosas en Linderbrunen), y el &lt;lfa señalado vióse al pie del trono á la reina
El odio ruin de un corazón podrido
~ n o c h e está obscura y tempestuosa. Por estrecho
de HoltebLugo, junto á su sobrina, examinando con la
sugirió vil pensar á una vil mente,
~ sendero1quedirige enziz-1.ag desde la falda hasmayor at('nción las condiciones de cuantos enamorados
y una boca aún más vil, arteramente,
f-~ ta la cumbre delmonte, Mmpiendornma..,y ha.
tomaban parte en el galante desfile.
sembró la negra especie en un oído.
ciendo saltar las piedras, huyen al galope de sus caballos
El primero que pasó fué un noble, quien, inclinando
Aquello arroyo íué que, sin rüido1
el seductor y la infiel esposa. A pesar de la rapidez de la
respetuosamente la cabeza dijo:
deslizóse al principio cual serpiente;
marcha, no dejan de hablar.
-Princesa, en IIiis blasones hay lustre y brillo para enaquello, á poco, en bramador torrente
-Van á alcanzarnos-dice él.
noblecer todo un reino. Cuéntanse entre mis antepasados
vi6se y en marfurioso convertido.
-¡Dios mío!-exclama ella.
cien héroes, cuyas hazafias son portentosas. Reuno
N,íufrago aquel honor, vencer quería
-Si nos mata ...... mucho mejor,
veinte apellidos, en los que se compendia la historia
¡qué insensatez! el ímpetu salvaje
-¡Oh! sí, sf. ..... ¡qne nos mate!
de nuestra patria. Mi nobleza es tan anti gua, que su oridel mar de la calumnia turbulente.
-A ti porque te adora.
gen se pierde ,í través de las edades. Soy el descendiente
Mas le agotó las fuerzas la agonía;
-Yo le odio con toda mi alma.
directo de wrn. raza elevadfsima, muy superior¡¡ cuantas
se cerró sobre el triste el oleaje ......
- Y á mí porque me aborrece...... pero no nos matará.
arman la sociedad que nos rodea. Si me otorgáis vues¡Aún sobre aquella tumba brama el viento!
-¿Porqué?
tra mano, no habrá en el mundo princesa real con tftu•
F. RonmGeEZ l\lARIX.
-Porque querrá vengarse de un modo más horrible.
los más gloriosos.
-¿Cómo?
El segundo fué un sabio, cuyo talento inspiraba admi-Separándonos para eiempre ...... Condenándonos á.
El genio, lo mismo que la montaiia1 Yistos de cerca
ración universal.
eterno
sufrimiento.
asustan. Están hechos para ser contemplados por las
-Princesa-dijo al pasar con marcada expresión de
-¡Oh desespéración!
águilas.
orgullo-es el talento el que gobierna á los hombres.
-Sabe que matándonos noa haría dichosos ..... .
Todos se inclinan ante él, todos le obedecen, todos le siY. HuGo.
-Dios mfo!. ..... Dios mío!. .....
guen, todos son instrumentos suyos. Los más.fuertes soHubo un silencio de algunos segundos, durante los cuaber~mos, los más grandes imperios, las naciones más po·
Es necesa.rio dejar el mundo antes que (•l nos deje.
pu losas necesitan de él 1 y á. el tienen que entregarse para les sólo se oyó el galopar de los caballos y el sordo rumor
M~IE DE SAVIG~É.
que los dirija. Pues bien; yo que no me postré nunca an- de Ias aguas de un torrente ...... Confundiéndose con estos
te nadie1 me postro ante vos, princesa1 pidi endoos vues- ruidos sonó de pronto otro, que llenó de espanto á los dos
Desgraciado de aquel que no tiene recuerdos.
amantes.
ra mano.
RENAN.

\!a

ae

DESDE LEJOS.

Al galope.

�116

EL MUNDO.

13

ÜCTUllRE,

1895,

13

OCTUBRE,

1R!lf,.

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· :';:'.·,.,i
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@:oronación de la ~ir9en de @·uadalupe.

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.•.... POCO A:0.TES DE QUE BRILLARA LA 1,UZ DEI, ALHA, CERRÓ 1,08 OJO:,¡ Y i:¡¡,; Ol; RMIÓ l'AlU SJEMl'RE: ••.....

PERUCHO, NIETO DE PERIQUILLO.
POR UN DEVOTO DEL PENSADOR l\IEXICANO.-llustraclones de IZAGUIRRE.
(t:0::-."TINUACION)

S!a ,9ura del Patronato de la $antísima "0irgen de Guadalupe.

CAPITULO XV.

Cuadro mural por D. Felix Parra.

De como se qnedaron:Maximiliano en el trono y Perucho

en la orfandad.

Todo es efimero y vano en este mundo, y no hay
nada más engañoso que los placeres ni más fugaz que
las ilusiones.
En todas las filosofías antiguas se aconseja á los
hombres que se preocupen más de la mue.rte que de
la vida, porque ésta pasa1 'según la frase d&lt;"l profHa,
como las naves como las nubes, como las sombras.
Y ¿qué somO~ los mortales sino sombras chinescas
que desaparecemos cuando menos lo esperamos y
cuando la ilusión v vanidad nos auguran prolongad y envidiables ;enturas?

Razón tienen los decepcionados del mundo, aquellos que han vaciado 1a copa de los placeres, apurando hasta la última g·ota, para encerrarse en la soledad
y no creer ni esperar na,ta de los hombres.
¡Cuántos de los religiosos trapenses, condenados á
eterno silencio, habrltn sido en sus mejores años, paladines del amor y de la fortuna que sólo encontraron
despues de los goces el amargo sesabio, la fría convicción de la verdad terrible que engendra la necesidad del olvido.
¡Dichosos los olvidados en la tierra! No los aguijonea el orgullo, ni el afán de la gloria los inquieta
ni la adulación los corrompe.
Eu el bullicio social, en medio de ese torbellino quR

deslumbra y atrae á la juventud, ávida de sensaciones y de combates, se camina sobre abismos sin fondo que (•spantan después de haberse salvado sin peligro y cuando Hl1 contemplan desde lejos.
Nada hay má.s engañoso que la esperanza!
Recuerdo todas las alegrías que en la ciudad;y en
mi casa despertó la llega la de los príncipes.-=::
Fué aquello un sacudimiento, una convulsión, una
locura de que no se dió cuenta la más elevada clase
social de la ciudad de Méaxico hasta que fueron pasando los días.
Re hablaba en todas partes de la arrogantcifigura
ele Maximiliano. de sus ojos cu,\"o azul no tenia semejante sino con el cielo en los días diáfanos de Diciem-

�118
bre; de su barba fin;t. y color de oro; de su Plegancia
en vestir y de su gra.cio.sa m:mcni de hablar ¡__•] caste•
llano.
A todos sorprendían las rilpidas tra11sformaciones
rlel Palacio; el regio decorado de los talones y lo 1:mntuoso del mobiliario, l\faximiliano convirtió el inmen-

so y antiguo Palacio de los Virreyes en su_ mansión
imperial, con todas las oficinas y dependcnc1as de su
casa y de su Corte. No dejó am ningún ministerio a
excePción clel de Estado y su scrrctaria. particular, que
Je era preciso tenerlos muy cerca.
En rápidos momentos se transformó el edificio. y se
llenaron tle vida y de alegria los severos y extensos
patios donde antes sólo se miraban soldados, empleados y pensionistas.
El Emperador tenia guardia francesa quo lo batia
marcha cada vez quo entr&amp;.ba y salía por la puerta
do honor¡ en los corredores se destacaba por su apostura y elegancia la Guardia Palatina formada por
hombres escogidos, á fin de que fueran altos, robustos, buenos mozos y de distinguidos modales.
La Emperatriz nombró damas de honor y damas
de servício. Las unas no tenían sueldo; su cargo era
ho11orifico; acompañaban á la Pl'incesa á las grandes
solemnidades, en las audiencias y en los paseos de
los grandes días de la patria. Las otras disfrutaban
pensión y les era obligatorio residir en Palacio ) servirá la soberana en lo que les encomendara, acompañándola lo mismo en los viajes que en las excursiones dentro de la ciudad.
Flieron nombradas damas de honor las seño.ras
más distino-uidas, de más limpio linaje, de mayor riqueza, de fas más elevadas condiciones de la ~ociedad mexicana, y hay que confesarlo, la elegancia, la
hermosura y la distinción de estas señoras, no tenia
nada que envidiará los mejores centros de cultura.
Contábanse miles de anécdotas más ó menos r1s1bles1 pero eran fraguados por la pasión política y uo
por la justicia.
Quién decía que alguna dama el primer dfa -~ue estuvo de servicio, ll. la media hora de conversac10n con
la Emperatriz, sacó una petaquilla de cigarros del Estanco y le dijo:
-Emperatriz: ¿usted fuma cigarritos de á trece?
son muy suaves y muy sabrosos.
.
_
Otra, contaban que al llegar a Palacio en la manana encontró á Maximiliano que bajaba para montar
á ~aballo é irá Chapultepec, y le dijo:
-Buenos '1.ias, señor; ¿cómo está usted? ¿cómo amaneció Carlotita? ¿no la ha desconocido la tierra?
Tod·o esto eran puras invenciones, aunque si babia
alo-o de cierto en la llaneza de nuestras gentes y en su
n~ural encogimiento, asl como en la dificultad que
les p1·esentaba el tratamiento de majestad áque no estaban acostumbradas.
No era raro que dijeran á los emperadores:
-He venido á verá vuestra majestad porque sólo
usted podrá arreglar tal ó cual asunto.
Fundar tan intempestivamente una monarquía ceremoniosa y llena de exigencias en tratamientos 1 etiquetas y fórmulas, en una república como la nuestra, traia
como inevitable consecuencia toda una serie de esce·
nas q_ue no son para contadas sin provocar risa.
Maximiliano, que babia viajado por una vasta exensión del mundo 1 no conocía este clima dulce que
enerva y cautiva; este cielo azul y trasparente que
enamora 'V sorprende más que el de Italia, ni esta Naturaleza que no se desriudajamás, pues pudorosa como toda virgen, siempre cubre sus hechizos con la
esmeralda de sus árboles y de sus praderas.
El príncipe Hapsburgo estaba encantado con las
perspectivas del Ya.lle de México, y le parecía Chapultr-pec una mansión ideal y olímpica.
En l\fi.J.·amar contemplaba las ondas del Adriático
rompiéndose en blancas espumas; aquí las colinas pintorescas1 1::-.s calzadas con sus dolientes sauces, los caserios como palomares de alabastro, los risueños árboles cortando a trechos el horizont~ sobre las elevadas planicies, y detrás de todo, circundando todo, la
gran cordillera con los volcanes coronados de eterna
nie\'e, custodiando la gran ciudad, llena de esbeltas
torres cuyas cruces señalan el in.finito como para mantener viva una postrera esperanza.
Lo que se ve desde Chapultepec no puede describirse, es preciso verlo y cautivarse con tanto hechizo
incopiable.
_
_
Con razón aquel joven pl'incipe, sonador y artista,
puso gTan empeño en embellecer e~ alcázar, dotándolo de los mayores encantos en arqmtectnra y en decorado. Le parecia que ninglln sober3:no cl_e la _tierra vifa en mansión más bella, y se m.exicanizó bien pron-

EL MUNDO.
to, llegando :'t. no querer vestir en las mañanas otro
traje que el nacional dél bajo pueblo; ancho sombrero, ~baqueta de cuero con ag·ujctas y bordados Y calzonera con ríra hotou adura ele plata. Al:ii venia de su
castillo a Palacio 1 y llegó á. poner ese traje como librea
de sus lacayos, y á gtrnrnel·P1· á las mulas, todas blancas y de la misma talla 1 con alamares tricolores y cascabeles ruidoso~.
Esto, en vez de satisfacer al pueblo 1 lo enconaba1
dando lugar a burlas sangrientas, pues no falt~ _quien
al oir de lejos el ruido de esos cascabeles, le d1Jera ll.
otro:
-Mira, valedor, alli viene el pulque austriaco.
En el bosque de Chapultepec se pusieron grandes
'jaulas con animales raros 1 y alguna vez bajó á verlos
Maximiliano y encontró á runchos de ellos heridos por
saetas disparadas por los espectadores.
Df&gt;sde ese día prohibió la 1íbre entrada al pUblico,
diciendo:
uLos que me odien, que disparen sobre mi estos dardos, y no sobre unos inocentes animales."
No era, pues, de la devoción del bajo pueblo aquel
Gobierno nuevo, que con suntuosas fiestas se aturdía
creyendo que la paz y la prosperidad reinaban en todo el imperio.
Entre l\Iaxin.iiliano y losfranceses se había abierto
un cisma. El príncipe amaba la iuclrpeudevcia de sus
actos, y el general francés no le dejaba obra~ lib~·emente ni en la más humilde esfera de sus atnbuc10nes.
No llegan á las cimas los rumores del fondo, y nada
se sabia con certeza en la corte de la mala voluntad
que á la monarquía guardaba el p'ueblo en el fondo
más callado de su conciencia.
Maximiliano, que habia en otros tiempos escrito
obras instructivas y amenas, producto de su observación en dilatados viajC's, se ocupaba. ahora en escribir
con su propio mano el Reg·lamento para los servicios
de Honor y el ceremonial de su Corte. Es decir, le
preocupaban las pompas, la ostentación, lo aparatoso
de la forma, y descuidaba la esencia de su polltica.
Creía que iba á eternizarse en el t.i·ono, y trasladaba
al papel sus ensueños y sus ilusiones.
En ese Reglamento, creación fantástica de su iluso
cerebro, comenzó por definir el rango de los Príncipes de Jturbide, advirtiéndoles que cuando los Emperadores estuvieran en el trono, debían colocarse de
pie en el primer escalón del estrado, á la izquierda de
la Emperatriz.
Muchas noches trabajó el soberano nombrando y
señalando atribuciones A su personal numeroso, en
el cual se comprendian un gran m_ariscal de la Corte,
y como grandes dignidades, un ayudante de eamp.o
general, el gran maestro de ceremonias, el gran cham~
belán, el limosnero mayor, el caballerizo mayor1 el intendente general de la lista civil y el gran chambelán
de la Emperatriz.
Estableció su casa militar con ayudantes de campo
y de mar y oficiales de órdenes; la Guardia Palatina,
el Servicio de las Ceremonias, el Gran Chambelanato,
el Servicio Sanitario, el Servicio Religioso, el de las
Caballerizas, el de la intendencia y la que llamó Casa
de la Emperatriz.
Cada personaje, cada una de las damas, estaba sujeta á un reglamento especial1 y hasta para las tertulias se determinaba por cuáles escaleras habían de
subir los invitados.
Era aquella obra confusa como la que más pueda
serlo, y yo oí decir en casa á un abogado de talento,
que si bien revelaba lo minucioso del ca:::ácter del Em·
perador, no dejaba duda tampoco de que era muy
amante del fausto v de las trivialidades.
Así comenzó aq~el Gobierno 1 y cuando m;\s encantados estaban con todos sus actos en mi casa, recibí
un día á las once de la mañana un recado urgente de
mi padre para que fuera á verlo inmediatamente.
Ya teníamos coche, y bajé las escaleras corriendo,
subi al landeau flamante que me esperaba en la puerta, y en pocos momentos llegué á la presencia de mi
padre.
¡ Ah I no querría recordar ese cuatlro. Estaba solo
en su recámara, muy pálido y con el semblante descompuesto.
-¿Dónde está mamá? le pregunté.
-A la pobrecita le tocó hoy acompañará la Empe·
ratriz á visitar los hospitales, vendril. aqui á las dos
de la tarde.
-¿Estás muy enfermo? te miro muy pálido,muy ojeroso, muy descompuesto de semblante.
-i!ira-me dijo señalándome una palangana puesta sobre el lavabo.

13

OCTUBRE,

1895.

-¡Sangre! exclamé yo horrorizado, esto es sangr~!
-No, contestó mi padre, eso es la muerte, Peruch1•
to mio. Pobrecito de tí que te vas á quedar huérfano
dentro de muy pocas horas.
-¿Por qué me dices eso?
.
.
.
-Porque me siento desfallecido, 8111 fuerzas, sm voluntad para nada.. Snli á la calle, hablé con algunos
amigos, de pronto se~t[ náuseas, v_ineviolenta:~ntey
he arrojado toda esa mmensa cantidad de san 0 1e ....
-Y por qué será rsto?
.
. .
-Ah! hijo mio; he padecido del estomago much1s1mos años; los médicos me han diagnosticado úlcC',ra
redonda, cá.ncer, quién sabe cuántas cosas, pero esta
es la crisis y estoy en mi último día.
-Papá, llamarrmos á un méclico.
-A ninguno. Ellos mataron en inolvidalJhi día á tu
madre· ya lo sahes; ¿por qué he &lt;le eallarlo rn estos
mome~tos? los médicos y las medicinas son las causas de que se llenen en poco tiempo los c~mentcrios.
No llaméis á ninguno; ya mandé comprar lnelo y estoy
tomando pedacitos cada momento. No se necesita otro
tratamiento y tengo que esperará tu maml:'1. que va á
recibir un buen susto.
-¿No sabe nada?
-Absolutamente nada! me dejó bien en la mañana
y cuando me sentí grave sólo pensé ~n ti para q_ue vinieras á mi lado. Perucho, esto no tiene remedio; yo
me voy para siempre y te encargo que seas lo que he
soñado que serás: honrado, leal, bondadoso y un hijo
para esta pobre y buena mujer,que si no reemplazó á
tu madre en todo 1 pues aquella sólo tiene semejantes
en los ángeles, si supo hacernos olvidar á ti y á mi,
las amarguras de la viudez y de la orfandad. Es una
santa· respétala y quiérela en memoria mia. Yo soñé
much'o con el gobierno del Emperador; creo llcxico
será feliz y por esta parte muero tranquilo. Soñé enla
mona.:rquia, porque es un gobinno cientifico y lógico,
v mue1·0 al coronarse mis esperanzas. Me preocupan
~ucho tu, que estás en edad peligrosa, y mi mujer que
va á quedar Como loca1 pues me ama con todo su corazón.
Inclinó mi padre la cabeza, palideció mucho y me
hizo con la mano señal de que le acercara algo en
que depusiera.
Le_ obedecí con rapidez y volvió á arrojar sangre,
pero tanta y tan descompuesta, que grité al lacayo que
fuera á traer un médico, lo mas rápido que le fuera
posible.
-No 1 por médico no; que se vayan á Palacio por
tu mamá1 diciendo que estoy muy grave.
Alcanzó el tiempo para darles está última orden, y
cuando el coche partía, una antigua criada de la casa
llegó con un Doctor, á quien habla llamado sin que
nadie se lo ordenara.
Hizo á mi padre·varias preguntas1 lo reconoció, miró la sangre arrojada, movió la cabeza y me dijo: que
traigan hielo y le den muy seguido pequeños pedazos
para contener esto
- Ya lo tengo aq ui con testó mi padre.
-Ah! bueno¡'pues hay que tomarlo y Yolveré á la
noche.
Salí á acompañarlo y me dijo en el corredor: que se
disponga cristianamente porque esto va rnuy de prisa y no hallo manera ele impedir una catástrofe.
-¿Cree usted que sea tan pronto·?
-Ah! pobre chiquillo; tu padre está muy malo; es
la cirsis de un cáncer del. estómago, y haciéndomeun
cariño se retiró diciéndome: ya vengo; ya vendré esta noche; confia en Dios, hasta luego.
Mamá llegó poco tiempo después y le,yó en el Sl'mblante de mi padre todo lo que pasaba.
No tengo fuerzas para describir aquellas conmovedoras escenas que todavía, al través de:muchos años,
están frescas en-,.ni memoria.
Me bastará decir que al obscurecer1 mi padre se
agravó cayendo en tal debilirlad y postraciún 1 que su
voz era muy débil y sus pulsos casi uo se percibian
al buscárselos.
Duró así, recibiendo nuestras caricias ~- num,tras
lágrimas algunas horas. Recibió los auxilios espirituales; besó el Crucifijo que el sacerdote le acercó á
los labios, nos bendijo lleno de térnura, y poco;antes
de que brillara la luz del alba, cerró lo.s ojos y se
durmió para siempre ..
Me drjaba huérfano al comenzar mi juventud y él
abandonaba la tierra cuando la. fortuna comenzaba á
sonreirle coronando sus esperan~as.
Mamá lloraba en silencio, ru.Todilladajunto al lecho
y yo abracé al cadáver amndo, 1·ecliné mi frente sobre su pecho y con el infierno en t'l alma me puse á
sollozar con una desesperación infinita.
'FIN DEL TOMO PRIMERO.

13

OCTUBRE,

18!.J,5.

\!et levenaa ael beso.
Ven, que la tarde muere1 el sol declina,
De púrpura se tiile la Alpujarra,
Encj¿ndese la estrella vespertina,
Vuelve al alero ya la golondrina
Y calla en el barranco la. cigarra.
El vjento duerme en la arboleda obscura,
Pabellón de los plácidos senderos,
Y entre las ramas ele gigante altura,
L'\S frases que te dice mi ternura
Las trinan en sus nidos los jilgueros.
Ven, y sigamos por la senda agreste
Que aún guarda unidas nuestras propias huellas,
Que ha besado las olas ele tu veste:
¡Es un templo de amor! con hiz celeste
La iluminan temblando las estrellas.
No tardes; del encanto que te asombra,
Es hora ya: Ja trémula enramada
C'on ,·oz de arrulln sin cesar te nombra,
Y es que hay almas oculta:; en la sombra,
Que esperan impacientes tu llegada.
Entremos al Alcázar; frente al muro
Que enguirnaldri. muslímica leyenda,
Pronuncia las palabras del conjuro:
ccTe quiero con el alma, te lo juro
Y te doy ese beso como prenda.i,
Y ú. tu voz de pasión estremecidos,
Para entregarse ú. la morisca zambra,
Surgir..í.n los espíritus dormidos,
Como duermen las aves en sus nidos
Ocultos en los techos de la Alhambra.

El alegre murmullo que se acerca
Detrás de los floridos arr-J.yanes,
Del limpio estanque perfumado cerca1
Es que agitan las ondas &lt;le la alberca
De Zorayda y de Fátima los manes.
&amp;leuden al surgir Jae crenchas blondas
Aureos velos de espaldas de alabastro,
Y del estanque en las revueltas ondas
Al copiarse los cielos y las frondas 1
Es flor de luz entre el ramaje el astro.
Y brilla la marmórea columnata,
Sostén del arabesco policromo
Que oscilacdo en la alberca se retrata
Como un encaje de bruiiida plata
Que en sus cavernas fabricara el g .• omo.

Despiértanse morimes y alevescs,
Los namrita.~ salen de la Rauda1
Y en la sombra que marcan los cipreses
Se mira. el centellar de los arnesel'!
Y algún extremo de flotante can&lt;l11.
Por orden de fantásticos claveros
Las puertas del harem abre el eunuco;
Enciéndeuse eu la sala los mecheros,
Y el humo de Orientales pebeteros,
Orla cqn gases al labrado estuco.
Esmalta los gallardos alminares,
En caracteres cúficos escrita,
La historia de los reyes Alhamaresi
Y deslumbra en la torre de Comares
La gloriosa epopeya nazarita.
Tú sabes que esa rica filigrana
Que los muros decora y festonea
No es vano alarde de riqueza vana,
Que es un libro de gloria musulmana
En el que cada trazo es una idea.
Y oirás por las calaaas celosfas1
Cuando mi intento cariñosa ayudes,
Kásidas amorosas de otros días,
En que cantó .Tathib sus alegrías
Al rítmico compás de los laúdes.

Su pupila en la sombra nos acecha:
Va á cantará. la rubia pensativa,
Como de nieves y de brumas hecha,
Turgente el busto y la cintura estrecha~
Que siendo soberana, es mi cautiva.
¿Que cuál es el origen del encanto?
Larga es la historia. ¿conocerla quieres?
Es el beso de un muerto, causa espanto.
¿Para qué hablar de celos y de llanto?
Hablemos del amor: di qué me quieres.
¿Por qué tiembla tu mano ent.re la mfa?
Cuando así ú. mi reclamo te resiste!ól,

ELl'iIUNDO.

119

==--

¿Es que olvidaste el venturoso día
En que por vez primera la alegría
Se presentó en la ccSenda de Jos tristes?i1
Nadie nuestros coloquios importuna¡
¿Por qué inquieta me miras? ¿Quién te roba
La dulce calma que al placer se aduna,
Si en las arcadas fíltrase la luna
Como la luz en ln. nupcial alcoba?
¿Qué no es cierto el prodigio? Pues por eso
Déjame que lo invente y que lo cante,
De tu rubia cabeza bajo el peso,
En el poema rítmico del beso
Qwe escriba con mi labio en tu semblante.
Bésame con tus labios carmesíes,
Mientras tus ojos, como el cielo azules,
Me miran entornados ...... ~f? sonríes ......
¿Qué me importan amores de zegríes
De muzas, de gomeles y gazules?
FRANCISCO A. DE !CAZA.

PUNTOS DE VISTA.
La sombra por el cielo se extendía,

Con resplandor escaso,
Sereno y melancólico, en ocaso;
Iba muriendo el día;
Sobre el vago crepúsculo que huía,
Negra su forma recortaba el monte
Cuyas cumbres enhiestas
Dibujan con sus picos y sus crestas
L'l. línea desigual del horizonte;
Y entre la obscura sombra que caía
Y el monte que siniestro la esperaba,
Como una tumba, misteriosa y fría
La noche sobre el mundo se cerraba.
Y él entónces me dijo:-¿porqué triste
Siempre tu alma cobarde se acongoja?
¿Porqué al placer tu pecho se resiste?
Cuando el cierzo deepoja
Sañudo al árbol de sn inútil hoja,
Y cuando Abril de fl0r los campos viste?

Y yo le respondí :-Jamás en calma
Sonríe á las miserias de este mundo
Quien con tedio profundo
La duda y el dolor lle,•a en el alma.
Y él afiadió:-Contempla la belleza,
Contempla la alegría,
Con que el mundo renueva cada día
La madre universal, Naturaleza.
Y yo:-Contra la duda no hay guarida
El hombre que probó su amargo dejo,
Mientras al cuerpo el alma lleve unida
No vuelve á desplegar t:l entrecejo.
En esa sucesión no interrumpida
Que un ser en otro sin cesar convierte1
Tú escuchas los alientos de la vida
Yo escucho las congoja.e¡ de la muerte.
Y él á mí:-La. esperanza es luz del mundo:
En tocio brilla su esplendor fecundo;
:Mientras en las regiones del ocaso
Con ceño moribundo
Sepulta el sol su resplandor escaso
Que extinguiéndose va de loma en loma,
Tibio1 dulce, tranquilo, paso :i paso,
Nuevo fulgor por el oriente asoma
Sus rayos 1 extendido por la luna
Como blanco cendal en muelle cuna.

Dijo, y miré.-Rayaba por oriente
Claro nimbo esplendente;
Y, entre las sombras de In noche bruna
Subiendo silencioso el horizonte,
Sobre el valle y el monte
Su sudario de luz tendió la luna.
FEnF. .mco B... u.in.

AMOROSAS.
Con mujeres y moros siempre ha habi&lt;lo
peligro·de caer en la emboscada.
El avance resulta muy lucido:
¡lo grave suele ser la retirada!
¿Que ella te oh·ida? Quizás,
pero no tengas cuidado
de que te deje plantado
por otro que valga m,1s,
que en el mercado de amor
suele siempre la mujer
regntear1 escoger......
y cargar con lo peor.
SINESIO DELG,.\.00.

LOS JUICIOS LITERARIOS

DE NAPOLEON '.I.
Emperador amaba mucho á Talma, el gran
rágico. Conversaba frecuentemente con él
. acerca del arte dramático y le daba consejos
respecto á sus papeles.
Una mañana1 llevándolo aparte, le habló sobre la
manera con que interpretaba el papel de Nerón en
Británicus. Napoleón dijo: «Yo querría reconocer
desde luego en vuestro papel, el combate de una mala naturaleza con una buena educación. Desearía
también que hieiéseis menos gestos: esas naturalezas
no se difÚnden, son más concentradas.
«Por lo demli.s 1 nunca alabaró bastante las formas
simples y naturales á las cuales habéis ajustado la tra•
gedia; en efecto, cuando las personas constituidas en
dignidad, sea que deban su elevación al na.cimiento ó
al talento, se halhm agitadas por las pa8iones ó entregadas á pensamientos graves, hablan sin duda más
alto, pero su lenguaje no debt! s(•r ni menos verdadero1 ni menos natural.&gt;

•**

En Erfurt1despuCs de una.representación de la misma tr:1gedin 1 Británicus, Napoleón dijo á Talma:
«Mostráis demasiado al déspota en Nerón desde que
entrais á la escena. Según la intención de Racine en
el principio de la pieza, Nerón no debe aparecer cruel:
solamcmte cuando su amor ha sido contrariaclo 1 es
cuando i;c vuelve celoso y cuando su carácter violento se desenvuelve por completo. Debéis, pues, guardar para los últimos actos tQCla la fuerza de la expresión."
Talma reconoció tocla la. justicin. de ~.stn. advertencia~· corrigió su papel en tal sentido.

*•*

De::spués de una representación de la Muerte de
Pompeyo, Napoleón hizo al gran tril.gico algunas obse.rvaciones criticas: según él no interpretaba bien el
pensamiento de César.
11
Al recitar esa larga. tirada ele versos contra los
re.ve~, dijo el Emperador, César no piensa una sola
palabra de las que dice. Habla asi porque sabe que
tras él se hallan sus romanos á los cuales tiene interés en persuadir Je que siente horror al trono, pero está lejos de creer que ese trono, que anhela ya, sea des
precia.ble. Importa pues no hacerlo hablar como un
hombre convencido y eso debe indicarlo cuidadosamente el actor.&gt;
Alguien ha preguntado por qué Talma no recibió
la cruz de la Legión de honor. El Emperador dijo un
dia á este propósito:
•De acuerdo con mi sistema de mezclar todos los
géneros de mérito y de dar una sola y misma recompensa universal, he pensado ya dar la cruz á. Talma:
sin embargo, me he detenido ante el capricho de nuestras costumbres y el ridículo de fjuestros prejuicios.&gt;

•••

He abi una fase poco conocida de Napoleón: su
levantado criterio literario. Bien se dijo que Dios vació el cerebro de ese hombre y rompió en seguida el
molde.

NO HALLO REMEDIO.
"Me ha atormentado con su ruín alarde
la soberbia de algunos altaneros;
mas humillólos mi hur..ildad 1 que es fuerza
que vence siempre á aquellos.
La envidia me ha mordido cautelosa,
infiltrando en mi sangre su veneno;
pero mi caridad sanó la herida,
amando y absorbiendo.
C"&gt;n su falsía y su traición, el mundo
me burló y engañó, cobarde, artero,
mns mi verdad triunfó de sus victorias
y restauró mi imperio.
Hasta la injuria y la calumnia infames
lanzaron sobre mí su vilipendio,
y mi fe en Dios sac6me de sus garras
impóluto 6 ileso.
Sólo no hallo en esta vida triste
contra un monstruo fatídico remedio
¡Sólo la ingratitud de los que amo
me va á robar el cielo.
J. SALVADOR DE 8.\1.VADOR.
J)

�13

EL MUNDO.

120

OCTUBRE,

1895.

Páginas extraordinarias.

DOMINGO 20 DE OCTUBRE DE 1895.

Tomo II.-Número 15

@:oronación de la ~ir~en de @;uadalupe.

Propecto

ae remate ael

~alaaquino

ae Gtgea? Pina.

{En vez de los remates:se pusienn l~s 1•sta.t11as de arcángeles que publicamos.)

•

~ac}iaaa a'e la (!olegia!a.
(Estado actual.)

5,s!a!uas ao arcángolos quo aaornan o! 1,aJaaquinc.

•

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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EL MUNDO.

120

OCTUBRE,

1895.

Páginas extraordinarias.

DOMINGO 20 DE OCTUBRE DE 1895.

Tomo II.-Número 15

@:oronación de la ~ir~en de @;uadalupe.

Propecto

ae remate ael

~alaaquino

ae Gtgea? Pina.

{En vez de los remates:se pusienn l~s 1•sta.t11as de arcángeles que publicamos.)

•

~ac}iaaa a'e la (!olegia!a.
(Estado actual.)

5,s!a!uas ao arcángolos quo aaornan o! 1,aJaaquinc.

•

�20

EL MUNDO.

122

Páginas í!Herarias.
Hornbre feliz.
.

compañero An.tonio, erasindudaelmás in-

teligente y el más pobre de una de las c1 ases
de tercer año en la Escuela preparatoria, ha-

•

ce mucho tiempo.
·
Habla llegado de la capital de su Estado natal con
chaquetilla y pantalones de pana color de zorra; tos'cos zapatos bayos, y un sombrero de los que se ha
perdido el molde y que les llamaban de panza de

burro.

,

20

Aquel estudiante se fué civilizando en todo, en el
vestir1 en el hablar, en sus maneras 1 en sus costumbres, pero hay que confesarlo: el progreso no mató su
fe primitiva, y el dia en que concluyó los cinco años
preparatorios me dijo:
-Ya voy á pasar á la Escuela de Medicina y ya le
llevé a la Virgen, á su Santuario del Tepeyac, una
coronita dP: plata. ¡Ah! Si pudiera hacerla de oro con
brillantes el dia que llegue á médico!
Corrieron los años; colgué los hábitos 1 buscando
otra senda más corta para ganar algo prácticoi Y
cuando ya era yo un gacetillero de periódico diario,
recibí la visita de mi amigo:
-Vengo á verte, me dijo, para que anuucies que
me he recibido de Médico; mi pobre madre se pondrá
muy contenta si ve mi nombre en letras de molde. Te
traigo un ejemplar de mi tesis; guárdalo como recuerdo de nuesto antiguo cariño.
- Y tu medalla.aquella? le pregunté con curiosidad
-:\Ji.rala; aqui la traigo, se la voy á devolver á mi
madrecita envuelta en mi titulo de Médico y Cirujano
de la facultad de Méxi~o. ¡Ah I si yo pudiera le daria
á. esta Virgen una gran ·corona de oro y brillantes.
Ya le mandé hacer una chiquita para dejársela entre
los muchos milagros que tiene en su Santuario.
Se fue Antonio, á quien le puse un páuafo encomiástico y candente de cariño y no Volví á. verlo en
muchos años, aunque sabia que era uno de los médicc,s de mayor clientela en la .capital de su Estado.
Hace muy pocos dias, el 10 del actual Octubre, iba
yo distraído por la calle, cuando oi que me gritaba
por mi nombre una voz conocida.
Volví los ojos y me encontré en la acera de enfrente á un caballero, elegante, de bigote cano, llevando
del brazo á una viejecita y custodiando con ella á
una señora con tres chiquillos.
-Antonio ¿eres tU.?
-Yo soy, hermano mio.
-Que fortuna la de verte por aquí.
-Ya lo creo; estamos muy lejos el uno del otro:
dos dias y una noche de ferrocarril; te presento á mi
madre, mírala, todavía está fuerte; te presento á mi
señora y á mis hijos.
Después de los salndos y los cumplidos de orde·
nanza, Antonio agregó:
-Enséñale, madrecita, lo que traes como mejor
joya.
-La medallita que hizo médico á mi hijo, señor,
dijo la anciana1 y me ha traído para que demos las
gracias á nuestra Santísima madre de Guadalupe el
día de su coronación.
-FigU.rate, agregó Toño, que voy á ver ponerle la
corona de oro y brillantes que yo soñé en darle el
dia de mi recepción.
-Pobre Toño, tl! eres el mismo, le dije abrazándolo y mirándolo con envidia, tan feliz con su madre, y
con sus hijos.
Cuando se retiró me quedé mirándolo y diciendo
en mi int&amp;ior:
-Sin duda que éste es el mejor y más simpático de
los peregrinos.
Una fe asi, es envidiable cuando en el enfermo corazón apenas entra un rayo de esperanza.
JUAN DE DIOS PEZA.

Era vivo como un ratón y se le parecía á eseroedor
en los ojitos negros y brillantes y hasta en la particularidad de tener dos dientes que le sobresalían asomándose sobre el labio superior.
Cuand9 entró al dormitorio la primera noche, sin
imaginarse como éramos los que alli viviamos, se desnudó con recato, se arrodilló sobre el lecho y se santiguó con la unción propia de una beata octogenaria.
Esto provocó una carcajada ruidosa y el chango, el
chacuis y el coy~te lo aplaudieron cuando terminó el
rezo 1 causándole un rubor y una turbación indescriptibles.
El pobre Antonio se acostó, escou'lió la cabeza entre las sábanas y antes de diez minutos recibió luna
tunda espantosa, aquella q:1e se llamaba capote porque la daban los colegiales con las capas, los plaids
y los cobertores, hasta dejar aturdida á la victima.
Recibió sin chistar una palabra todos los golpes
hasta que alguien gritó: vamos a arrancÍl.rle el rosario.
- No hay necesidad-dijo-yo se 10s daré, pero no
me maten.
-'-Puesto que se dá, déjenlo y que lo entregue.
Se sentó el pobrecito en la cama, se sacó del cuello
un rosario de cuentas guindas, le arrancó una medalla que escondió en la mano y entregó lo demás al
primero que halló más cerea.
-No, no 1 gritaron muchos, que entregue lo que ha
escondido.
-Que lo entre.gue.
Y capotazo por aquí, capotazo por allá., yolvieron á
postrarlo á golpes sobre el lecho.
El soportó boca abajo .aquella nueva tunda y por fin
se irguió hecho un energúmeno y dijo:
-Vengo de muy lejos, de más de trescientas leguas
de distancia. y esta medalla con la Virgen de Guadalupe me la dió mi madre para que en su nombre me
cuidara en la ausencia; si ustedes tienen madre y la
quieren y la extrañan 1 déjenme esto pensando en
ella .. . .
L&lt;,s estudiantes se miraron unos á otros y el chan·
go dijo: que la guarde y el rosario también; son prendas sagradas; pero que no vuelva. á rezar en voz alta.
Aprobada aquella moción, como diria un parlamentario, Antonio se quedó quieto como cadáver y á la
mañana siguiente bajó muy curtido entre todos á to
mar el desayuno .
Le tocó sentarse junto á mi que he sido desde niño
muy amigo de los infortunados. Hablamos de los suce.sos de la noche anterior y acabó diciéndome:
-Figúrate, soy hijo único; perdí á mi padre, porque lo fusilaron por causr~s políticas; mi madre es
muy piadosa y sólo porque el Gobierno del Estado me
dió una beca para. venir á México ii hacer mi carrera
consintió en mi separación; pero ella me clió esta medalla y me dijo: gul'trdala, hijo mio, rézale, confié.- en
ella y tra~mela cu!-ndo ya seas médico .
-¿Hasta entonces? le pregunté interesado.
-Claro! Un \'laje á mi tierra cuesta muchisimo di·
nere y yo no puedo ir ni mi madre podrá venir antes.
Y esta mecht.lla-agregó enseñándomela-ungida con
los besos de mi madre y mojada con sus litgrimas, me
la querían arrebatar; primero les hubiera dejado la
vida.
Fuimos desde ese dia muy buenos amigos y yo le
llamaba To1lo &lt;'on una confianza fraternal. ¡Pobrcci·
to! Cada año al llegar los exámenes vehiba desde el
me:; de Julio y nunca empezaba sus estudios sin rezarle algo á su medallita pensando en su ausente é
idolatrada madre.·
Todos llegamos á respetarle su culto de tal manera
que si al llegar al salón donde velábamos, veíamos á
Toño cabizbajo y mudo, suprimíamos las palabras
duras y guardábamos silencio hasta que él levantaba
la cabeza como diciendo: he concluido.

12 de Octubre.

~ Amadre, la Sra. F. acongojada, poseída de intenSrita. Carmen está muy enferma Y su pobre

f~'fF- sa pena, no acierta sino á llorar y rezar.
Junto al lecho, Félix 1 arrodillado, besa las manecitas lívidas de su novia, y ésta le sonríe con inefable
ternura.
Agitábanse en aquella estancia tres profundos dolores
y manifestábanse los tres de manera distinta: en la anciana con su amargo lamento; en la enferma con su rostro
que expresaba la más triste reeignn.ción; en el hombre con
señales de la más violenta i.ra. Solamente se escuchan los
sollozos de una; la fatigosa respiración de la otra; el crujido de los dient-es del tercero: tei:-rible concierto de protestas contra la Naturaleza implacable que arrebataba ii
una inocente criatura del seno de su familia; del lado de
up. hombre que la adoraba; de la felicidad que apenas había logrado entrever; de la vida que apenas había vislumbrado.
-¡Dios mfo! ¿para qué me la diste, si has de quitármela, cuando-más la quiero? decía la madre.

1895.

ELJ\fUNDO.

123

1895.

-Maldita suerte la mía, que me arrebata á mi esposa
al pie del altar1 exclamaba el prometido.
.
-No se aflijan ustedes, balbuceó Carmen con voz débil.
Verán cómo ya mafia.na estoy mejor. Le he ófrecido á la.
Virgen ir á pie hasta su santuario y llevarle una corona
de :flores todos los días 1 durante un mes. Nuestra Sant-a
Reina, no despreciará mi pobre ofren_da, aunque ahora
van á imponerle corona de oro. La primera que le lleve
será de azahares, como la que habían comprado para
mí.. .. ..¿Teparece bien, Félix? ...... Y si muero ...... tú cumplirás mi promesa; ¿verdad, mamacita? ..... . Un acceso
de tos la interrumpi6.
Pocos instantes después, s6lo se escuchaban en la alcoba los sollozos de la sefiora y del joven: el estertor gutural1 ronco, lenlio unas veces, precipitado otras 1de la niña
que agonizaba.
Al rayar el alba, entre el humo de los cohetes y los cánticos alegres de las campanas, despr,:mdfase de la tierra
para ir al cielo, una almita inmaculada que iba cantando
salmos de gloria, mientras en la tierra entonaban la antífona del dolor una viejecita de cabellos blancos y un
adolescente, que se quedaban aquélla sin la hija de sus
entrañas y éste sin la primera y única. mujer amada en
su vida.

í!as aes coronas.

~

ÜCTUBRE,

ÜCTUBRE,

•
*.
Proeedi6se á vestir el cuerpo

de Carmen con el traje
magnífico de albo raso que debfa haber llevado ante el ara.
Ya estaba en el féretro el cadáver, rodeado de flores
blancas, y unicamente quedaba descubierta la cabecita
rubia. ~ntre las revueltas ropas diseminadas sobre los
muebles de la sala1 surgía gruesa corona de azahares. Al
verla Félix, la tomó con febril anhelo é iba á colocarla
en las sienes de la muerta, cuando se interpuso la señora.
y arrancándosela con movimiento nervioso, exclamó:
-Tengo que llevar esa corona á la Virgen de Guadalupe¡ la ofreci6 Carmen y he de cumplir su promesa en este
momento.
-8eñora: advertii que hoy se celebra allí la fiesta y
que no podréis entrar.
La colocaré al pie de la reja1 ó esperaré una hora 6 cien
hasta que pueda llegar al pie del altar.
Ni observaciones ni ruegos lograron disuadir de su propósito á la afligida madre: vestida de luto riguroso, emprendió á pie la marcha hasta la basílica. Mirándola atrav~r la calzada, sola 'y llorosa, los transeuntes la tomaban por devota peregrina.
Al llegar al templo, su aspecto severo v triste conmovi6 á los guardianes de las puertas; se Íe dejó libre el
paso y suplicando ó forcejeando consiguió encontrarse al
fin en el punto que deseaba.

•••

En aquel instante efectuábase la coronaci6n: los arzobispos trémulos sobre el tablado, acababan de suspender
la corona imperial de la Virgen; la multitud frenética 1
aplaudfa con estrépito y prorrumpía en aclamaciones y
gritos de alborozo; trepidaba el suelo y se estremecían
los muros y las bóvedas como impotentes para contener
e~ entusiasmo delirante de las masas; brotaba de las pupilas llanto de placer y los pechos se ensanchaban de
gozo; todos elevaban á. la Reina· de los Cielos un himno
de alabanza y de gracias, sin palabras, pero ferviente y
sincero.

•
••

Junto á. la escalinata del presbiterio, entre las más
distinguidas familias, se encontraba Ir.. señora F. cuyo
vestido y cuyo tápalo, sencilios y de un negro opaco, hacían contraste con los trajes de raso brillante, sembrado de azabaches y con las ricas mantillas que lucían
las damas que la rodeaban.
En el momento en que resonaban los aplausos y loe
vivas; en que repicaban con estruendo las campanas y
atronaban el espacio los cohetes, se escuch6 un alarido
l~ubre, un sollozo hondo y prolongado. Como doblegada
baJ~ la pesadumbre enorme de su d ..:sgracia, inclinóse la.
anciana enlutada hasta tocar el m,trmol frío de la escalinata con sus cabellos blancos y depositó allí la corona de
azahares, sobre cuyas flores de cera, brillaban como dia.manties, cristalinas lágrimas que, en medio de tanto re~ocijo, eran la expresi6n de un gran desconsuelo, de una
mmensa y cruel angustia.
Juuo PouLAT.

RE S PUESTA.
La inspiración 1 :i mi ver,
no se puede definir
que el que la llega á sentir
no la !lega á. comprender.
Es lo ignoto; más si hacer
cabe una definición,
para mí es la inspiración
un foco de luz divina
que el pensamiento ilumina
y que llena el corazón.
J OSE BAUIALOBRE.

r

Surata, ciudad de la India, había un café. Los
extranjeros y los desocupados, se reunían en él
para charlar.
'
Un te61ogo persa llegó cierto día á la ciudad.
Era un hombre que había consumido su vida estudiando
la esencia de la divinidad, y había escrito dos volúmenes
sobre esto.
Reflexion6 largo tiempo, y escribió tanto acerca de este
objeto1 que concluyó por perder la cabeza y la creencia
en Dios.
El rey de Persia ordenó que fuera expulsado de su
reino.
Discurriendo sobre la causa primera, el infortunado teólogo se persuadi6 de que la raz6n 1mperior que domina el
mundo había concluido por desaparecer. Poseía un esclavo negro, que le seguía á todas partes. Cuando entraba
en el calé, el negro se quedaba en la puerta, tomando el
sol y defendiéndose de las moscas.
El teólogo que reposaba allí, cerca, arreilanado en un
sofá, tornando una taza de opio, le decía al esclavo:
-Oye tú, ignorante; dime tu opinión ........ ¿Existe un
Dios 6 no?
-No hay para qué decir que existe.
Y el esclavo le mostraba un fetiche de madera que llevaba en el pecho.
-Este, decfa, me proteje desde mi nacimiento. Está
hecho del tronco del mismo arbol sagrado al que rinde el
mnndo los honores divinos en mi país.
Los que escuchaban en el café tales discursos, quedaron
asomb:Sdos. Tan extraordinaria encontraban la pregunta
del maestro1 como la contest.aci6n del esclavo.
Un bramín le dijo á este último:
-¡Eres un loco, desdichado! ¿Crees tú que Dios puede
,estar en el pecho de un hombre? No hay más Dios que
Brama, que ea más grande que todo el universo, puesto
que lo ha creado. Brama es el Dios único, aquel á quien
se han erigido templos en las riberas del Ganges; aquel á
,quien sirven los únicos sacerdotes, los bramines.
Un judío Je interrumpi6 así:
-El templo del verdadero Dios no está en la India.
Dios no proteje 'la causa de los bramines; porque el Dios
verdadero es el de Isaac y el de Jacob. El Eterno no protege más que al pueblo de Israel. El no ama á otro pueblo
más que ese.
Y diciendo así, el judío Jloraba. Quiso continuar su
-0.iscureo; pero un italiano le interrumpió bru.ecamente:
-Decís cosae contrarias á la verdad. Dios no puede
.amar á un pueblo más que á. otro. Si concedemos que
amó al pueblo de Israel, hoy no le ama. Dios no favore-ce especialmente á. ningún pueblo; pero convoca 11 todos
aquellos que quieren ser salvados por la Iglesia cat6lica
romana, fuera de la cual no hay salvación posible..... .
Un pastor protestante respondi6 al católico:
-¿Cómo pretendéis que la salvaci6n está en el catoli-cismo? ¿No sabeis que, según el Evangelio, sólo aquellos
que han servido á Cristo conforme á su ley alcanzarán la
.:Salvaci6n?
Un turco, empleado en la aduana de Surata, escuchaba,
fumando gravemente en su pipa, estas palabras.
Por fin dijo:
Vano es que proclaméis la pretendida verdad de la Igle11ia cristiana. Si alguna religión verdadera existe1 es la
mahometana. Podéis observar que este culto de la verdad
, ,se ha extendido por Europa y .Asia. Confesad que Dios
ha rechazado á los judíos. y buena prueba de ello son las
humillaciones de este pueblo. Confesad que la salvación
·eterna se halla en nueetra religión, y sólo sereis salvados
los que crean en Mahoma, único profeta de Dios .. ... ... , y
~ t.!e estos, s6lo los de Ornar; pero no los de Alí, que per'tenecen á los infieles.
El te6logo persa, que era de la secta de .A.H, quiso ha•
blar; pero le interrumpió un tremendo baruUo que se arm6 en el café. Todos los extranjeros de diferentes religiones comenzaron á discutir.
Entre ellos los había de la Abiilinia, de las Indias, secta~
rios de Soroastro y descendientes de Ismael ........ .
Las disputas versaban sobre la idea de Dios y el culto.
Todos eran creyentes, pero todos andaban en desacuerdo.
S6lo un:chino, discípulo de Confucio, permaneci6 tranquilo en un rincón del café. Bebía té y escuchaba1 pero no
discutía.
El turco, vohiéndose bácia él, le dijo:
-.Ap6yame mi amigo ..... . Guardas silencio, y algo pod ías decir en favor de mi tP.sis. Yo sé que hoy en China
tenéis diversas religiones, y que preferís la nuestra á las
otras. .Ap6yame, y recouoce que Mahoma es el único profeta ..... .. ..
- Sí, sí1 dijeron todos los concurrentes.-Dínos lo que
piensas.
El chino, discípulo de Confucio1 cerró los ojos, reflexion6 un instante y, colocando las manos sobre el pecho,
dijo en voz baja:

-Me parece1 seüores1 que el amor propio de los hombres es el mayor obstáculo para la .reconciliación de los
c~eyentes:···:···· ·· Si queréis oírme, os lo e~-plicaré ccn el
eJemplo s1gmente: He dejado mi país para venir á Surata,
en un navío que ha dado la vuelta al mundo. En el camino, hicimos escala en la costa oriental de la isla de·sumatra. Al mediodía descendimos á tierra, y nos cobijamos á
la sombra de las palmeras 1cerca de un caserío. Entre nosotros había gente de di versos países....... Se nos aproximó un ciego que había perdido la vista á fuerza de mirar
el.sol, porque quiso averiguar lo que era. el astro del día
Y estudiarlo, hasta el punto que pretentendió apoderarse
de un haz de rayos y encerrarlos en una botella. Tanto
estudió el sol, que al fin se rnlvi6 ciego, sin aprender una
pa!abra ... ..... El nos dijo: La luz del sol no ea ningún líqmdo, pues si lo fuera, pudiéramos meterla en un vaso.
La luz tampoco es fuego, porque si lo fuera1 se apagaría. •
e1: el agua ...... Tampoco es un alma, pues la luz es visible¡
m es un cuerpo, porque no podemos cogerla con la mano.
Y una vez que 1n. luz solar ni es líquido1 ni es fuego, ni
alma1 Ja luz no es nada. .......
·
Estas fueron sus conclusiones. Ei:;tudiando el s01 1perdió
la razóni y desde el momento en que se quedó ciego, negó la existencia del astro.
El esclavo que Je acompañaba le hizo sentar al lado de
l~s palmeras. Después cogió un coco1 con el cual hizo una
lmtema y la encendi6 ........ .
El ciego dijo suspirando ít su esclavo:
-¿Xo tengo yo razón al decir que el sol no existe? ¿Qué
es el sol?
-Nada sé-dijo el esclavo-ni me importa el saberlo.
Solo sé una cosa; que he construido una linterna que me
presta servicios ........ .
Y después, el esclavo, mostrando su linterna, dijo:
-¡Hé aquí un sol!
Un cojo, que presenciaba la escena, comenzó á reirse.
-Evidentemente, tú eres _ciego de nacimiento-dijo.Yo te diré lo que es el rnl: es una bola de fuego, que sale
todas las mafianas por el mar y se oculta en las montafias
de nustra isla ...... Todos lo vemos1 y si tú no fueras ciego
le verfa1;1 también.
Un pescador que se hallaba. cerca, habló así:
-Eso no es verdad. El sol n9 se oculta detrás de las
montañas, sino en la mar.
Tomó entonces la palabra un judío:
-1\Ie asombra que un hombre instruido pueda decir
semejantes tonterías..... . ¿Es posible que el sol sea unabola de fuego que se esconde en el mar? ¿Cómo se explica entonces que no se apague en el agua? El l?Ol no es fuego: es la divininad.
El propietario de un navío egipcio, dij.o:
-No; el sol no es una divinidad que se pasea en las
Indias; lo sé, porque he viajado mucho ...... El sol ilumina todos los pafses, y no solamente la Indi~ y el Japón.
El sol nace lejos, muy lejos, detrás de las islas de Inglaterra.. .. .. Lo sé, porque he viajado mucho desde niño ..... .
En ningún país se conoce la mareha del sol como en Inglaterra. Sabemos que no se levanta ni se acuesta en ninguna parte, aunque alumbra todos los días á la tierra.
Y el inglés tomó su bast6n, hizo un círculo en la arena, y trató de demostrar que el sol anda alrededor de la
tierra; hasta que, embrollándose en sus explicaciones1 se
dirigi6 al piloto de su navío1 diciendo:
-He aquí uno que lo sabe y que puede instruirnos .
El piloto1 que era un hombre prudente, escuchaba en
silencio estas conversaciones; pero al fin habló así:
-Os engañáis; estáis en un error. El sol no da' vueltas
alrededor de la tierra. Es todo lo contrario ...... La tierra
gira alrededor del sol ...... El sol no alumbra sólo á una
montaña, á una isla1 á un mar, sino á otros planetas.
-.Así-concluyó el chino-los errores de loe hombres1
sus disputas, proceden del amor propio. La humanidad
se ocupa de Dios lo mismo que del sol. Cada cual quiere
tener un Dios para sí1 6 por la menos para su país.
Todas las iglesias humanas han sido creadas después
de la Iglesia divina. En todos los templos existen capillas, altares, inscripciones, libros; pero ¿cuál de ellos posee una capilla tan grande como el Océano1y una bóveda
como el firmamento? ¿Qué inscripciones consagra.das al
Eterno pueden compararse á. los beneficios hechos por
Dios á la humanidad? ¿Dónde está el 3.ltar que pueda
compararse con el coraz6n de un hombre?
Cuanto más se eleve el b0mbre para comprender á
Dios1 mejor lo conocerá, y conociéndole mejor1 más se
aproximará á El, y más tratará de imitarle en su bondad
y en su misericordia hacia los hombres.
Por esto no debemos despreciar á aquellos que ven un
solo rayo del sol, ni tampoco á los que á fuerza de luz se
han quedado ciegos.
Esto dijo el chino, djscípulo de Confucio, y todos los
que se hallaban en el café guardaron silencio y cesaron
de discutir sobre cuál de las religiones era la mejor.
LEON TOLSTOI.

•

RECUERDOS.
Fué tan horrible el desengafio impío
Que tengo el corazón despedazado;
Pero con tanta gracia fuí burlado
Que de mi propia candidez me río.
Con la extraña inquietud que me devora
No sé qué hacer en mi delirio ciego1
Si morir de una risa abrumadora1
O deshacerme en higrimas de fuego!

•

***horas de amargura,
Recuerda que en tlls
Cuando yo supe que llorabas tanto,
A costa de una inmensa desventura
Compré el derecho de enjugar tu llanto.
Cuando ufana tu dicha sonreía
No te pedí ni bienestar ni calma:
Jamás el esplendor de su alegría
Ilumin6 las sombras de mi alma.
Yo nunca basta tu luz subí á buscarte;
lVIas cuando ú mi t.iniebla tú bajaQas,
Siempre encontraste un corazón amigo,
.Al que en premio de amarte sólo dabas
El dulce gozo de sufrir contigo.
La vieja catedral c~b;e la nieve1
Cual inmenso sudario,
Y, empero, allá en el fondo del santuario,
La fervientie oraci6n tiende su vuelo
Y las olas de rrifstica harmonía
Se remontan al cielo.
4"sí mi corazón entristecido
Ahora cubre el hielo de tu olvido;
Pero en su fondo, como en otros días,
Resuenan celestiales harmonfas
Y es un himno de amor cada latido.

•

,/*

En esas horas de éxtasis incierto
En que oye el alma santas harmonías,
Yo no sé si dormido ó despierto,
Te vuelvo á ,•er como en aquellos días.
Si en sueflos solamente·
Le puedo ver en mi amoroso empeño,
-Venga la muerte con su eterno sueño
Para poder mirarte eternamente!

*

•

* yo un poco
No lo quiero negar,* soñé
Del genio con la palma;
Y en mis momentos de entusiasmo loco,
'Tuve alas en el alma.
De mi vida, el amor hizo un gran sueño;
'Torrentes de pasión lancé anhelante¡
Luego un sér ideal forjé en mi empefío,
Y yo no sé qué mundo deslumbrante .... ... . .
. ... ... .. Hoy todo ha concluido 1
•Cuan~o Dios, que al que llora recompensa,
.Se apiade, al fin, de lo que yo he sufrido,
En E!ilencio me iré como he venido;
Quiero en la sombra entrar¡ ¡tengo una inmell!&amp;
Necesidad de olvido!
ANTONIO ZARJ.GOZA.

EL ENTIERRO.
Suena la melancólica campana
y la tarde se aleja lentamente
bajo la luz crepuscular, murientie,
,que pinta los paisajes de oro y grana.
Por la calle pacífica, cercana,
llega lívida caja entre la gente.
1El pobre!-dicen todos.-Tristemente
,sigue el cortejo entre la paz aldeana ... .. .
Se vá la luz. Alla en el camposanto,
detrás del melancólico paseo,
Ja tarde tiene misterioso encanto... .. .
Y al apagarse el triste campaneo,
loe desgraciados que sufrimos tanto
Jsentimos de morir suave deseo!.. ... .
R. SÁNCHEZ D!EZ.

CO NFITE OR.
-Me acuso de adorarla, sefior cura,
pero con tal pasión, de tal manera
que me absorbe su amor el alma entera
y es á un tiempo ;placer y desventura.
Ora tengo mi dicha por segura1
ora llego á. dudar de que me quiera,
y la esfinge ~naz me desespera
y más la qmero cuanto más me apura.
Loco tras mi ilusión, desorientado,
la es;puela de mi afán llevo conmigo..... .
¡No rmponga penitencia á un d~ciado
ni acreciente mi culpa lo que digo~
que si este amor terrible es un J?0caao1
en el mismo pec~o está el castigo!
SINE':110 DELGADO.

�20 ÜCTUBRE, 1895.

EL :\IU::'\DO.

124

20

ÜCTUBRE,

18!J5.

EL MUNDO.

125

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t.;,.,

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\la (!olegiata el aíc:t
\la "(:Hila ae Guaaalupe el 12 ae Octubre.
l. 5n ol Pocilo.•2.Gcdaonfo on la via. •io, Glmorzanao,•4, 5n la Nampa.
(Dibujo de D. Leandro Izaguirre.)

•

!. !la Procosión.•2, 5n la roja.•io, Dopar!amon!o

ae la (!oronación.
ao señoras ais!inguiaas.•4, Por fin, aaenfro.

(Dibujo de D. Leandro Iznguirre.)

�20

EL MUNDO.

126

ÜCTUBRE,

1895.
20

OCTUBRE,

1895.

@:oronación de la 1ir~en de @uadalupe.
Se puede asegurar que en el. trnnsCUl'SO de·-las .Ultimas de.ca.da~,
ca entera, como las fiestas que acaban de efectuarsei Ytlas;cuales

f

!EL BANQUETE EN LA COLEGIATA.

CALLE DEL MIRADOR y

AlJTÓGRAFO DE S. S. LEÓN XlII.

COLEGIO DE LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN, DE J.ACONA, FUNDADO Y SOSTE.~IDO POR EL P. D . .ANTONIO PLANCARTE
Y LABASTIDA.

•

127

nos ~inuto~ antt:sde que se aplacara aquella tempestad de entusiasmoy regocijo. Restableci?o el s1lenc10, t?do~ los ~el~s c~yeron de rodillas, rezando la siguiente oración que
p_rev1amente les babia sido distr1bmda en grandes cantidades v que próximamente será
sm duda, tan popular.en toda la Nación como el Padre Nuest~0 lo es en todo el Universo,
P1~?s no habrá peregrn~o que nü la llev~ á su tierra y á su hogar. Dice así:
'
R S!lve, Aug1!st~, Rema de los A~exicanos! !l\fadre Santisima de Guadalupe! ¡Salve!
ude_ºa por tu. Nac10n, p~ra consegmr, lo que tu, l\ladre nuestra., creas más conveniente
pe ir, Y be.nd1ce á tus h1,10s que clesde este suelo te saludan. ¡ Sah·e!!! 11
En s_egmda se cantó el Te Deum y á las 12 del día que terminó esta ceremonia retiráronse ~ la sa~~istf&lt;_L 13: ~a.vor parte ele los prelados.
,
Enton~es d10 prmmp1? la segunda misa pontifical, en qu'e ofició el Illmo. Dr.José l\L Peralta, Obispo de Panama.

no ha habido acto 6 ceremonia de tanta resonancia en la Rtpubllhan merecido perfectamente_ el titulo de 11:fiestas reales» que se les ha
aplicado
.
Las calles, desde la Plaza de Armas hasta Pera.lvlllo, Y 1~ cal~ada que conduce desde el extremo Norte de esta.ciudad al lnstónco
Santuario, presentaban desde eldia ll _un_aspecto verdaderarnent~
regocijador: ostentaban la mayor P?-rt~ de l~s cas~s, bl~ncas fcorti~
nas 1 cruzadas por ban~las;azules ~,tr~colo1es i-;emb1adas d~ flo_
res· en los balcones veiause adt&gt;mas faroles de papel Y de cnstal,
bai;deras, macetas, guirnaldas y fe~tones: de. musgo y flores; los
más su11tuosos' palacios'. de la Capital, estaban adornados á tod_o cos•
to con rasos blondas flores finas, y sobre todo,rnuchas luces: lamparas mecher'os ele' ·g~s 6 focos eléctricos; así es que la_s calles ofre·
cia:1 un golpe c1e vista comparable solamente_al queyemos .el 15 y
16 de Septiembre.
.
. . _
No arna necia aún, cuando comenzaron los cohetes.á 1lumma1.,..el es:
pacio, las campanas á repicar, y los vagones que iban á la"\ illa, a
heuchirse de gente .
.
.
Nuuca habíamos visto 1ma romeria en que remara. tanta ammación v tanto orden y en la '-lue tomaran parte toda.s ]as clases del~
soc:ieClacl. En'.Jos tranvía~ caminaban la clase media y los P~~·egr1·
nos; por la vÚt pública caminaban~ caballo, en coc~e ele s1ti~'. en
carrttas y á pie 1 numerosos grupos. de la clase pob1~1 Y, en cai:1u~ies con cocheros de librea la mayor parte de las pnnc1pales familia; las más acomodadas l;s que apenas se dignan irá la ópera
und ó dos veces en la te~1porada. Acerca '.de la aristocracia, debe·
mos hacer notar la circunstancia de que todas 1.as damas . llevaban
trajts negros lujosisimos, con la hispana mantllla prendida en 1la
cabeza: esta prenda realzaba de uLa roaneTa: notable lP- belleza de
sns rostros y les dnLa un aire .extraño por 'l? _inus~tado; pero encantadoi·. Los caballeros iban ...-estidos de frack o levita; pero todos
de negro también.
·

ELM:UNDO.

5 DE

MAYO.-E~TRADA Á LA ,ILL.i (AOIUAL) .

La Villa estaba en plena verbena: á. un lado del
jardin encontrábanse algunas barracas seniejantes
a las que se levantan frente á la Diputación en esta
capital, con motivo de las
grandes fiestas y desde allí
hasta la cumbre de los cerros, hormigueaba la muchedumbre queseaglomeraba, sobre todo, frente á
las puertas de la Colegiata, forcejeando por entrar ,
ápesar de que el templo estaba casi lleno.
&gt;
La policiatu vo buen traba.jo para impedir que la
turba se precipitara como
alud, pero afortunadamen te el orden no se interrumpió, ni hubo riñas ni accidentes, ni gritos, ni sombrerazos como sucede en
ocasiones parecidas.
Desde las siete delama:ñana, la iglesia esta ba
completamente llena y desde esa hora solamente se permitió
la entrada á alO'unas familias distinguidas, á los sacerdotes Y
á las personas de cierta representación. Hubo, sin embargo,
multitud de señoras y caballeros vestidos correctamente de
negro, que no lo graron ser admitidos, pues á las ocho de la
mañana, yano babia u_n lugar vacio. En cuanto á la clase pobre
y á los indígenas, tuvieron que zontentarse con pasear por la
Villa y los cerros durante la manana 1 pues fueron rechazados.
Asi es que el gentío hacinado en el interior, parecía un mar
de blondas y telas negras, entre las cuales bril~aban como
azabaches muchos ojos negros, y como clavos de cielo, muchos
ojos azules.
Estaba la basílica dividida en cuatro secciones: una junto
al altar, para obispos y familias prominentes; otras dos á lo_s
ladós una para damas y para caballeros la otra, con la condi;
eión de ir de traje negro y mantilla las primeras y de frac o
levita los segundos; el res~o del templo, una tercera parte
aproxima.da mente se d~stino á las pers~nas ~-e~lar°:1-ente vestidas. Allá, en un rincon, estaban de pie v_emtiocho mdigenas
de Cuaut.itlán que ostentaban sobre el pecho como escapularios una Virgen de Guadalupe impresa sobre papel rosa: eran
los únicos representantes de su raza.
. .
En el coro se encontraban el General Rmcon Gallardo Y algunos otros personajes. En las plataformas laterales d~l ~ltar
que conducen á las capillas se instalaron algunos periodistas
y varios sacerdotes
Abajo del presbiterio 1junto ii la. escaliueta llamaba la atención el grupo de prelados cuyas mitras, ca~as y bác.ulo~ de
oro y piedras preciosas ofrecían vistoso conJunto. Arriba Junto al níveo altar de mármol de Carrara se hallaban de un
lado un grupo de obispos, casi todos extranjeros, y delº?°º
Monseñor Alarcón bajo un rlosel de seda blanca con franJaS
doradas. Llevaba el Arzobispo una preciosa capa magna en
cuya espalda estaba pintada á la aguada. una bonita imagen
ele la Virgen de Guadalupe y en sus ornamentos la Gr~i:
Cruz negra. Conforme al ceremonial, Su Ilustrísima cambio
capas pluviales y solideo ó mitra varias veces.
He aqui el ceremonial que se observó:
.
La corona fué llevada a l altar sobre andas revestidas de
terciopelo, por damas distinguidas, que según se dice, pagaron por obtener tal distinción.
·

CUPUL.A DE LA BASÍLICA. DE NUESTRA SES-ORA DE GUAD .ALUPE DECORADA POR EL
sru::oR PINA y SGS DISCÍPULOS.
'

• · J? espués de rezar 13; •Nona, el llm?. Sr. Arzobispo de ~léxico Don
Prospero )fa~ia Alarcon! sentado baJo el_ dosel, recibió en presencia
de los Arzobispos ,Y Obispos, ta.nto 1;11ex1canos como extranjeros, de
manos d~l Abad Mitrado de la Colegiata, Ilmo. Sr. Antonio Plancarte
y L ab.astida que fué el enc~rgado de las obras de reparación de la
Colegiata .Y de todo lo relativo á la Coronación, la Corona de oro que
debía ser unp~esta á la Sagrada lmágen. Levantóse con este motivo
una acta leg.alizada por los Sres. Notarios Manuel .llomerrubio y p 0 •
zo y Juan Villela.
El I~mo. Arz?~iSpo a su vez e~tregó la joya al Ilustre Cabildo de la
Co,legiata, recibiendo antes el Juramento de que siempre la retendnan y conservarían sobre la augusta cabeza de la Yil·O'en
de Gua0
dalupe.
~ n seguida leyóse el instru1!1ento público_ qne se hizo ~l efecto,
asi como e.l _Breve de S. S. Leo_:1- XIII autorrnando la ceremonia de
la C?r~nacion. Después Monsenor Alarcóu bendijo solemnemente la
alh~Jª 1ncensándol~ tres veces y en seguida organizóse solemne procesion para conducir la corona tras la cual iban el Jimo. Sr. Arzobispo de México, sus asistentes .Y demás acompañamientos.
El espectáculo q:u,e _en aquellos momentos se presenció fué verdaderamente soberbio: imagínense los que no lo havan vísto 1 una larga
fila de 37 obispos revestidos cou sus mantos ele t61a de oro sembrada
de pedreria y llevando en la mano sus báculos de metal amarillo ven
la cabeza riquísimas mitras de brocado en que brillaban enor"mes
diamantes é innumerables rubíes, zafiros, esmeraldas 1 etc. Iban adelante los acólitos con sus hábitos escarlatas¡ á los lado s caminaban los
~amiliares, sacerdotes y seminaristas con sus níveas sobrepellices
o sus negras capas, Y- atrás marchaba numeroso cortejo de clérigos
Parecía cosa de teatro ó ilusión fantástica y cuando á la vuelta lle:
gando la comitiva al altar, cayeron sobre las coronas y las vestid~ras
de los prelados, los rayos de sol que penetraban por ias altas ventanas de la basilica, destellaron las piedras preciosas en xeflejos irisados
y cambiantes multicolores.
. Si el fausto ~esplega~o en est~ oc3:sión, aunque soberbio, no .era
digno de laR~madelCielo, hub1erasm duclasatisfecho á cualquier
monarca de la tierra: cuéntase que la consagración de l\Iaximiliano no
fui\ ni mucho menos tan suntuosa.
Du_rante l_a p_rocesión entonó el Arzobispo de México el himno iOh,
Glo:iosa Virginum! y al volver al presbiterio, rezó la siguiente plegaria:
1.¡ Oh Dios! que te dignaste elegir para habitar elclaustro virginal
de la Bienaventurada Maria siempre Virgen, te rogamos que nos concedas que amparados con su deffmsa asistamos con júbilo á su coronación. Que vives y reinas con Dios Padre en unidad del Espíritu
Santo, Dios por todos los -siglos de los siglos. Amen.,
Terminada la anterior oración fué colocada la corona sobre un cojín de terciopelo rojo recamado de oro y se procedió á promu!O"ar la.
indulgencia; luego, Monseñor AJarcón, asistido por canóniO'os ~antó
la misa pontifical y fue señalado el momento de la comuuiÓn don es
truendoso repique.
Llegó por fin la hora de. colocar la corona; operación peliO'rosa
hasta cierto punto por tener que subir para ello, los Señores Arzobispos Alarcón y Arciga á una tabla angosta instalada en medio del
altar á una altura de tres ó cuatro varas.
Cuando, asiéndose de los salientes del altar y sostenidos por sus familiares, aparecieron sobre la plataforma los Illmos. Prelados el
público, palpitante de emoción y presa de intimo sobresalto per~aneció inmóvil, anhelante, angustiado, mirando con terror l~s esfuerzos qu e hacian aquellos dos ancianos temblorosos para levantar la
corona y colgarla de la varilla de oro incrustada en el mármol blanco
del altar, arriba de la imagen.
P or fin quedó suspendida la corona, y resonó entonces en la basílica fo rmidable estruendo: todos los concurrentes se pusieron de pie
Yaplaudieron con frenesí, con locura; salió del coro una voz que gritó: , ¡ Viva la Virgen 1 ¡Viva la Reina de los mexicanos!, y seis mil pe- '
chos lanzaron igual exclamación; retumbaron nuevamente unánimes
palmadas y se sucedieron los vivas y los hurras; hasta los mismos
Obispos aplaudieron. Afuera ensordecían los repiques de las campanas, los estallidos de_ los cohetes_:y: ,las acla~aciones del pueblo. Al
descender los Arzob1spos se repitw la ovac10n: transcurrieron alcruc

El Arzobispo de México, el Padre Plancarte y el V. Cabildo de la Colegiata1 ofrecieron
en uno ~e los salones anexos á esta, un banquete á los prelados extranjeros que habían
concurrido ft las fiestas de la Coronación .
. además_ de los Jllmos. )Iitrados, anfitriones é invitados, asistiPron á este festejo c 11 linano, l_os senores ~~uardo Veh~zquez,Prefecto deGuadalupeHidalgo, Líe.Francisco Osorno,
Presidente M~1mc1pal de la mudad y los notarios Alfredo Volante y Domingo Barrios Gó·
mez, que habian levantado el acta de la Coronación.
~
P~onunciáronse en aquella reunión, interesantes brindis. El Obispo Silva dijo el brindis
oficial.
Monseñor Gillow, Arzo~ispo de An~equera1 pronunció en inglés y tradujo luego alcastellano) una corta 3:_locuc10n en que ]uzo presentes á los prelados extranjeros los votos
que p~r su prospendad hacia el clero mexicano y el gusto con que habían sid~ recibidos.
~l diputad?. Velázquez se presentó á la hora del café, acompañado del Lic. Osorno y
bnnclando, dIJo, entre otras cosas, lo siguiente:
({No ~ay para ql~é negar-dijo-;-q~~ el acontecimiento r eligioso que hoy vienen a celebrar
á los p1e.s de la V~rgen de e~te h1stonco pu~blo, tant?~ pr~l~dos e~tranjer os S nacionales,
es de los de .más 1rnportanc1a en el mov1miemto catolico m1ciado ultima mente por el episcopado mexicano.
«Esteac~ntecimientoma~ifiestahasta dónde han podido llegar los avances del clero; pero es también una prueba ll'refraga~le, evidentísima, de que las leyes que gobiernan este
país, son b~stante efi~a.ces para serv1r de amparo á todos los cultos, á todas las creencias
á todos los ideales rebg10sos.
'
Habló lueg~ el Padre Plaacarte, quie_n pr?puso to~ar una copa de champagne á Ja fsah!~ del Gene1al Díaz,. á cuya espos~ tributo los elogios que por su piedad merece y enVlO en nombro del episcopado mexicano sentido pésame por la muerte de su honorable
padre.
El ~.bispo de Cnba lució profundo espíritu filosófico y vastos conocimientos en su peroracrnn.
Monse~~r.9orri~an, de Nueva York, refirió que su primera misa la había cantado en
~orna é m1c10 la idea de declarar á Nuestra Señora de Guadalupe Patrona de las Américas.
Terminó esta serie de brindis, Monseño~ Alarcón, expresando sus votos por la. felicidad
de todos los presentes.
·

INTERIOR DE LA IGLESIA DE CAPUCHINAS, DONDE ESTUVO LA IMAGEN-DELA SANTÍSIMA-vmGEN
MIE'.'.'TRAS SE EJECUTARON LAS ULTWAS OBRAS DE RE:::."'TAURACIÓ~ DE LA COLEGIATA.

•

�128

20

EL l\:IUNDO.

OCTUBRE,

1895.

•

@;oronación de la ~ir~en de @uadalupe.
1/
/

~-·

$n el momento

Páginas extraordinarias.

•
•-·· ·..

.

.

..

ae la

(!oronaci6n.

(Dibujo de D. Lcnndro lzaguirre. Profesor premiado de la Academia de Bellas Art.es.)

,..

DOMINGO 27 DE OCTUBRE DE 1895.

.

Gen~ral llnanuel Gonzalez (!osío, OOinislro

ae Gobernad6n.

(Vease el artículo correepondientc en la púgina O.)

Tomo IL-Ní,mero 16

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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20

EL l\:IUNDO.

OCTUBRE,

1895.

•

@;oronación de la ~ir~en de @uadalupe.
1/
/

~-·

$n el momento

Páginas extraordinarias.

•
•-·· ·..

.

.

..

ae la

(!oronaci6n.

(Dibujo de D. Lcnndro lzaguirre. Profesor premiado de la Academia de Bellas Art.es.)

,..

DOMINGO 27 DE OCTUBRE DE 1895.

.

Gen~ral llnanuel Gonzalez (!osío, OOinislro

ae Gobernad6n.

(Vease el artículo correepondientc en la púgina O.)

Tomo IL-Ní,mero 16

�27

EL MUNDO.

130

Páginas i!Herarias.
UNA LECOION DE FISIOLOGIA
Profesor.-Vamos á ver, niña, la lección que ho&amp;i n;:
roca versa sobre el corazón del hombre, ¿la ha estu a o

usted?

.

Discípula.-Sí, seiior; y bien.
,
.
Prof -Entonces, ¿podr:t usted contestnrmc ~ las. ~~e
guntns. que voy 1í. hacerle sobre su natnraleza, d1spos1c1 n
ta.maño objeto y funciont:s; no es verdad.7
Disc .:_Sí señor; á. todo eso puedo contestar á ~~ted. r
Prof:-venmos; pero tenga mucho c~üdad?, mno, po.
que el n..,;unto es muy Uelicado y es fácil cqmvocarse.
Dise.-Demasiado.
ón?
Pro! -Bien comencemos. ¿Qué es el coraz .
í
·
'
Disc.-Un
órgano
....... que t oca muy bonitas !antas as.
Prof.-¿CmH es su forma.?
¡.
Di.se.-Aproximadamente la de un cono ...... por eso p
ca tanto.
P 0 ¡ _ y ¿dónde está colocado?
r ·
.
1
Disc.-En
la mitad
del peel,o ...... Paraquenosematrate en sus movimientos.
Prof -¿Exactamente en la mitad?
.
.
Disc:-Exactamentenó¡ un poco hacia 1~ izquierda, pero;~:.~;:n:l;- ¿en qué circunstancias se encuentra co-

Disc -Negra· merced á las glóbulos negros que contiene lla~ados t:aición, deslealtadi celos, penas, desenga' etc.,-etc.
nos,
J?
Prof.-¿No tiene también sangre azu •
.
Dic.-No debe tenerla, porque si bien ea cierto que el
azul significa. celos, tam?ién significa nobleza, y el corazón es plebeyo y republicano.
,
Prof.___:¿Tiend cavidades el corazón?_
Disc.-Sí, se.fiar ......... como quecas1 est:i hueco.
Prof.-¿Cuúntas son?
Disc.-Cuatro.
Prof.-¿Qué objeto tienen?
Disc.-Pues ... ... el culto ,t Ct1pido.
Prof.-Explíque~e usted.
Disc.-Me explicaré. Cada envidad representa una capilla con su altar correspondiente; en cada ~1~0- de los
cuatro ee puede y ee suele decir misai sin perJmc10 de decirla también en los Otros trcfl.
h
Las misas mayores so dicen en los altares que ay en
las cavidades superiores. Es de observar que en el corazón no existe el altar del perdón.
.,
Prof.-¿Sabe usted si el corazón so contrae y _se ?ilata?
Disc.-Sí, Beñor; se contrae con el frío de la md1ferencia para cerrar la entrada, y se dilata con el calor del e~~
tusiasmo y las ilusiones. También se dilata...... .. en deci·
d~:¿f,-¿Estas contracciones y dilataciones son alternativas y rápidas?
d
Disc.-lndudablemente que sí: alternativas ... .. . cuan -o
duda 6 por gusto de variar, y rápidas p~ra aco.bar pron~.
Prof.-Según eso, el corazón está siempre en movimiento, ¿no es a.s.í?
,
Disc.-Así es, en efecto ...... porque el corazun no pue·
de estar jamás en repo:io.
Prof.-¿Tiene ruidos en su interior?
,
Disc.-Ya lo creo: el de las tempestades, que u. veces le
agitan. Además, el cor.1zú:n es bullicioso de su.~o. . .
Prof.-:Muy bien, niña, se sabe usted Ja lecc1on divma•
mente.
. d
, ¡ d
Disc.-Como que la he estudia o muy a on o.
,
Prof.-Bueno¡ pues para terminar, sírvase conte~tar a
esta pregunta: ¿Por qué al responder á. alguna &lt;le mis :interiores ha dicho usted: el coraz6n del hombre y no el de lri

locado en el pecho'!
·
dice
Disc -En vuelto en el pericardio, 6 como qmen
'
rodeado de cardos punzadores, para que no se acerquen
á. él demasiado.
Prof.-¿Cuál es su t..'\maflo?
Dics.-EI de un pufio, para poderlo llevar fácilmente
en la mano.
ó
Prof.-Diga usted algo mls sobre el coraz ~e la circuDisc.-El corazón del hombre es el agente
oda lo
1ación, por eso circula ttlnto Y da tantas vueltas y t
revuelvo.
.
d
P Of -¿Sabe usted si es un sistema?
ffr · -No señor no lo es; so¡amen te es parte. e uno,
.
mujerf
del ~~~tema' vascuial', Y adem~, contiene varios s1steDisc.-Porque la mujer no tiene corazón.
por er,o es tan sistemático á veces.
r?
Prof.-¿EaM usted segura de ello?
.
m;···¡-..:_¿Dice usted que es parte del sis~_mn vascula .
Disc.-Sl señor ....... porque mí libro no dice nada
o~ºc· -Sí señor- y lo es ... ... ·como que tiene bá:3cmla con ti.el coráz6n de la mujer; sólo dice del hombn:,
," IS •
' Prof.-Eso es porque se refiere á. la especie humana,
iaque pesa'los aíe~tos·, sólo que .no sabe
. ? peear bien.
p f -Y ·qué encierra en su rnter10r. .
.
que la. constituyen el hombre y la mujer.
~o · Fq"b•-•
D1sc.u ........ . .que estira y afloja en nsta de las Cll'·
Disc -Pues en ese caso, todo lo dicho con respecto al
constancias.
corazó~ del hombre, es en todo y por todo aplicable al
1:of.-YV ¿qué má~ los que da de beber al sedientó¡ de la mujer.
DJBC - asas......
, • d.
Prof,-Muy bien dicho, nifio, .discurre usted con mucumpliendo así con una de las obras de m1sericor m.
cho diecernimiento.
Prof.-¿Nadn más?
"d d e 11
Di.ec.-Favor de usted ...... Y ahora ya puedo contestar
Disc -También tiene válvulas....... de s~ur1 a qu
ampliamente
6, la única preguota que dejé á medio conveces ~o funcioqan 6 funcionan fuera de ticmpv.
testar.
of - Tienen algún nombre esas válvulas? .
Prof.-Pues hágalo usted.
p~ .
señor; hay unas que se llamal). senulu~mres.
Di,c. -El corazón está colocado en medio del pecho; peD1sc. e1 coraz
'
ón del hombre es algunas veces se1mlunáporqne
ro
adelantado hacia la izquierda, para tenerlo más cerca
ti.ca y lunático las más.
. ?
del hombre que galantemente nos cede E'U derecha cuanPr,of.-¿Es el corazón un órgano sene1bl~.
Di..,~.-Sí, señor¡ y mucij.o; pero ta m b ién es insensi· do nos acompaña. De este mC&gt;q.o le incitamos á que se
~podere-de él sin sufrir la humillación de ofrecérselo. .
d pende de la temperatura.
ble¡-e;o
usted antes que el corazón es el agente de
Prof.-Pero también el del hombre se adelant.'\ ha.cm
p~ .-l .'ólnº d; la sangre' en este sentido ¿qué papel re- Ja izquierda.
ta cuca ac1
Disc.-Ciertamente; pero él sabe que nosot~ no nos
presenta?
.
·
¡ te
Disc.-El de una. bomba asp1rante-unpe en .
atrevemos á apoder.\,rnos del suyo, aunque rabiemos por
hacerlo, y además, él siempre está dispuesto á. en~regárProf -Por qué?
b"
t
·
• ...... u."" mucho·
noslo. y esto, (¡ne en nosotros sería una hum1IJ,ac1ón, es
Disc.-Porque
aspira
•
' ó 1en porque a rae
d ués impele y aun viceversa.
en ellos una vanagloria.
.
.
lo que¡ e~~ qué má~ puede usted co¡npararlo?
Prof.-Bien, muy bien 1 perfectamente bien, mña. F.&amp;Pro .-¿Co nun
n filtro ...... de recuerdos Y esperanzas.
toy orgulloso de que sea u.sted mj. ciiscfpulo, y le prome~
Disc·
.
Prof.-Bien 1111·i\o.. dígame usted ahora, ¿por d6nde lle- to que obtendrá el primer premio y mi!nción honorífica
en su examen de fisiología comparada.. ..... . con el amor.
¡ angre al corazón?
gaDi.se.
ª • - p or Ias venas .... ·· que son las que á menudo le
.
RAMÓN GARCÍA G.ARCÍA.
México, 1895.
hacen estar de vena.
p f -¿Cuántos sistemas de venas hay?
.
':"' .- Dos.. Sl,perficiale.s y profundas
....... que
respect1D1sc
•
·
du
vameni.ecorresponden á. las impresiones pasaJeras y
EN EL SUEÑO

.J;í

i..

rabpleaf.
ro.-¿Qué nombre tienen las vena.e profundas?
Disc. -Satélites.
¿y sabe. usted si hay muchos?
Diec.-Sí, sefior¡ demasiados; el eorazóro tiene muc~1os
88
~!~1...:._M.uy bien. ¿Y la sangre que llega al corazón por
1 ve~as ¿por dónde sale de él?
asDisc.-Por las :i.rteri~······· porque el corazón tarde ó
temprano sale con arterias.
Prof -¿De qué color es la sa.ng_re?
.
. ·-La ue llega por el lado iiquierdoesT?Ja ... ;.; de.
. DlSC.
q lación de las ihmiones
que abriga ó a las
bido
á. la acumu
,
blicanas que arrastra.
1.d
;:,~;. la que llega por el lado derecho, ¿de qué oo·
lor es?

U11TAC10~ 1&gt;.E &lt;EGRl SOMNIA&gt; Utl DALAltT.

Por bosques tapizados de verdura
caminamos los tres: ellas delante:
una de gloria y de placer radiante,
pletórica de amor y de ternura;
otra llena de ftínebre amargura,
la palidez del nardo en el semblante,
el dolor en el alma fulgurante,
el des,aire en la blanca vestidura.
¿Qmén sois? pregunto con afiin vehemente.
-La dulce ninfa de sin par belleza
soy-dice-la E1:1peranza refulgente.InclinaR.do su pálida cabeza,
la otra responde trabajosamente
con apagada voz: Soy la tristeza.
P.EURO .UAURANT~S.

ÜCXUBRE,

1895.

E.L RITMO.

27

•

ÜCTUBRE,

1895.

A Erígone.

l.

Cuando mueras, tal nz sobre tu fosa
La humana caridad pondrá una cruz,
Que, al declinar la tarde misteriosa,
Besarú el sol ton moribunda luz.

Todo es ritmo en la vida: los que dicen
que moribunda est{1. la poesía,
y al vate menosprecian, que, cantando
al son acompasado de la lira,
huye las lobregueces de la tier_m
y en regiones incógnitas se abisma
para. beber en &lt;'l azul del cielo
llamaradas de luz Y de harmonía,
no tienen coraz{m, ó si le tie~en
con silencioso ritmo no palpitn,.
ni la sangre cir~ula en sns ar~rrns .
(si sangre tienen) con cadeneta rítmica.
F.aos son los extin.tos paro el arte, .
porque es señal de ausenci~ de _la vida
la cesación del Titmo, que sm ritmo
ni late el corazón nl se respira.

Nunca con siemprevivas ni con flores
La cruz de tu sepulcro adornarán;
Los que hoy buscan tus lúbricos amores
Sin dolerse de tí te oh•idarán.
Tu fosa cubrirá yerba marchita,

NO causarás á nadie co~pasión;
Maldita vives, n1orirás maldita
Sin merecer de na.die una oración.
La que deja á s..:.s hijos y los llena
De infamia con su obsceno proceder,

II.

Esa no es una madre, es una hiena
Inmunda en e_l dolor y en el placer.

Eres de los sociales ngregndos
1oh ritmo! Ja mayor de las delicias,
así en la edad &lt;le Moleschot.t i?1:i3era,
como allá. entre las razas pr1m1tivas.
Del Rojo mar en las salobres .ºn~as
sepultada quE'dó la hueste eg1pern.,
en medio del fragor del ronco trueno,
Y,
•·· h'rnc han ,
-allende
el mar que las tormen=
te oigo ritmo vibrar: es que la bella
hermana de .Aarón, la profetisa,
ai' son de 811 pandero baih.. r hace
mujere.q mil radiando de alegrfa (*_)
Gallardo trovador en la F,dad M~dia
dulce canción modula, Y en la oJ1va
ele castillo feudal su faz nsoma
dama tan orgullosa como lin~a.
Préndase del mancebo, que sm nombre,
arrogante presen~a por divisa
la magia de sus trovas amorosas,
el ritmo de su cántign sentida.
.
Hoy en la edad donde borrarse qmere
sentimiento, ideal y poesía,
surge nuevo cantor, q~e. con la musa
del análish\ musa positiva,
pero siempre la musa, es em~leso,
y desazón también, y pesadilla,
de la escuela fatal que niega el alm.n
el pensamiento busca en las celdillas.
~Celdilla es el amor? ¿Celdilla el art&lt;l?
¿Es materia no más 1a poesía?
·Loor n.,es al que en cantos inmortales
1
'F
'
sangre
y nervios
exalta y d"1~n1"fi~a;
sangre y nervios que van al mfi~1to
buscando ansiosos perdurable. vi~~;
sangre y nervios que, en alas mv1s1~les,
co;n Dios, el Gran Espíritu, harmomzan!

Mas ya no busques en tu orgullo, nécia,
La sociedad que ayer te respetó
Ella te ve, te Yurla y te desprecia
Compadece á tus hijos, ti tí nó.
Sal á la faz del mundo á que te admire;
Bel1a te juzga~, y risueña estás,
¡Qué corazón habrá que no suspire
Al ver cuan llena de vc-11tura vas!
¡El hombre al contemplarte absorto queda!
¡Qué Jujo!·¡qué arrogancia! ¡qué desden!
¡Qué bien llevas la clámide de seda!
¡Las llagas tras la seda no se ven!
Hoy el rumor de la brillante orquesta
AL chocar de los vasos en la orgía

Te obligará el cansancio de la fifista
A coníundir la noche con el día.
Eternos juzgarás- esos instantes
Y en sociedad de imptídicns mujeres
Como arenas el mar, tendrás amantes
Como rayos el sol, tendrás placeres.
¿Pero y mañana ...... ? acuérdate ...... mañana
Encontrarás por solo porrenir,
Del lóbregu hospital la triste sala
Y en la sala un rincón para morir.

III.

Puebla, 1895.

m¿~ii::J:t~°i~:~w:~rJm~J~~l~!~~ti .~enot en su obra-

Una historia

r

Tendrás los ojos en el muro fijos
Y allí verás de pronto aparecer,
Las sombras de tu padre y de tus hijos
Los mismos ¡ay! á que infamaste ayer.
¿Qué te dirán? ¿qué frase tenebros?
Te irán en esas horas á decir?
&lt;&lt;Hija vil, madre infame, torpe esposa
Venimos tu memoria á maldecir.11
Y llevarás tus manos sobre el pecho
Y aterrada los ojos cerrarás
Y convulsa, llorando sobre el Jecho
Maldita por tus hijos morirás.
Irá. despues la caridad cristiana
Tu cadaYer helado á recoger
Y la q ne fué sefiora y cortesana
En la, foea común se irá á perder.
Una cruz te pondrán sobre esa fosa
Que ni~guno con flores ornará,
Solo al morir la tarde silenciosa
Con su postrera luz la alumbrará.
Hoy nada te conmueve ni te at.erra;
Flores hallas no más bajo tus pies;
Goza~ y eres feliz sobre la tierra
Ya vnemos después ...... después ...... después ..... .

F.
Montevideo. (Uruguay.)

LoPEZ Y ÜASTA~EDA.

_La dieta de los alimentos nos da la salud del cuerpo; la
de los hombres1 ( esto es, el prudente apartamiento
ellos), la tranquilidad del alma .

dietada

BERNARDJNO DE SAINT PIERRE.

ae 9uego.

l.

BLÁBASE de un fullero que había sido expuleado de un Círculo de París, y cada cual conttlba una historia. Unicarnente nuestro amigo el
capitán J ...... no decía nada.
-Yvos,.¿nada teneis que conta11-Ie pregunté,-¿No
pagaréis ,,uestro escote?
-Si os empefiais ..... .
-Ya lo creo.
-E~tá blen; pero os advierto que mi historia no separece 1í las vuestras y que mi héroe es muy interesante.
-Tanto mejor.
El capitán encendió un cigarrillo y se puso en pie, apoyado contra la chimenea.
Formamos círculo y nos acercamos .l él para oírle mejor,
con esa avidez algo endosa de los hombres que, d~pnés
de todo, no son sino ninos grandes.

II.
Sigue en medio de torpes cortesanas
De festi.n en festin, ¿qué importa ya?
Cubre de lodo las honradas canas
Del padre anciano que muriendo está.

Todo es ritmo en la vida: ved la barca,
del lago azul en la extensión tranquila,
cómo al rítmico impulso de los remos
oon avance pausado se desliza.
y canta el pescador, y cuando canta,
su tierna barcarola no aprendida
es cascada de notas y de ritmos
que el alma inundan de inefable dicha.
Sobre la espalda de acerado mo~struo
que vuela y ruge, que serpea y silba,
azotndos los l'OStros por el viento,
sus domadores sin cesar trajinan.
El ritmo les sostiene: sin h marcha
uniforme del t.fen, ¡oh suerte mísera!
com~ en QrutQ corcel que c01·re y corr~,
émulos de Mazeppa, cederían
al infüÍjo del ,·értigo, rodando
al negro fondo de espantable sima.
y el maT, el mar. con su rumor etermo,
con su ir y venir de olas, en continua
periódica labor, es otra nota
del gran coro de rftmfca harmonía
que, desde el astro hasta la lrn1_nilde planta,
en la existencia universal palpita.
IV.
¡Oh rit,no! eres el ord~n, y e~ el orden
el bienestar, h\ gloria, todo e~tr1ba:
halla en él unida.del pensamiento,
Verdad la ciencia, in~piración la.lira.
ANURÉlS ORTEGA.

ELNUNDO.

131
soldado; pero, en fin, me parecía extrafi.o que eljóven no
hubiese buscado un modo indirecto de manifestarme su
gratitud.
Una noche, cuando me disponía á salir de casa para
hacer unas visitas, mi asistente me elijo que una se.flora
esperaba en la ,sala.
Era una mujer de cuarenta y cinco aliosi de semblante
dulce y alti \'O á Jn Yez y de mirada leal.
- Yo soy la señora de Mertenz-me dijo-mi hijo me
lo ha contado todo y ve11go á daros las gracia¡;, por habernos conservado intacto el honor de nuestro nombre.
-Señora ......
-Mi hijo estaba locamente cnamorndo de una mujer
que continuamente le pedfa dinero. Se ha arruinado por
ella ...... Ha jugado1 bn perdido ...... ¡Ya sabéis lo demás!
Yo estaba verdaderamente conmovido porque el dolor
de aquella noble mujer me había emocionado.
La infeliz estaba de pie delante do mí, con sus negrOB
ojos abrillantados por las híg1:imus.
-Una locura. de la juventud,-murmuré.-Yo veré á
vuestro hijo ...... Je refíiré ..... .
La madre movió gravemente la cabeza.
-No Je veréis, capitán. Ha sentado plaza y ha entrado
en la infantería de Marina. Yono he venidoá veros hasta que mi hijo ha estado ausente.

lince de esto seis años-dijo el capitán. Estaba yo
de guarnición en l\I. .. ... un aburrido pueblecillo de un departamento insignificante. ¡Ni una distracción! Una
III.
vez terminado mi trabajo diario, no sabía que hacer, y
Habíamos escuchado al capitán J ...... sin interrumpirle.
poco .í poco adquirí la costumbre de pasar la velada en
el Círculo de la Unión, el único que había en el pueblo Cuando dejó de hablar, hubo un breve silencio.
-¿Y el desenlace1 capitán? Qué ha sido de Mr. Mery que se llamaba asf, sin duda porque sus socios estaban tenz?
siempre disputando. En general, se jugaba. poco, excepto
-Ha muerto, señores. Hace algunos afias recibí una
en las tres grandes ferias del año, cada una de las cuales carta de Kelung; una carta escrita en un papel ya amaduraba tres días.
rillento y que contenía estas líneas.
Una tarde de otofio, hacia el principio de una de aque"Est-0y gravemente herido. El almirante .Courbet ha
llas ferias, Uegué al Círculo bastante temprano. Había
venido
it traerme la cruz ...... Pero voy á morir ...... Os enallí mncha gente que yo no conocía; ricos labradores que
visitaban muy raramente lil. población, 6 hidalguillos del vío mi pobre recompensa para que brille en el pecho de
mi salvador.
país, que apenas si abandonaban sus casas solariegas.
He aquí por-qué, sei'íores, en vez de colocar en mi uni-Buena partida hay hoy-me dijo un asiduo concuforme la condecoración que me ha dado la cancillería de la
rrente.-F..sto va á ser curioso.
l\fe volvf hacia la mesa de juego, y tuve que retener un Legión de Honor, llevo la cruz del sargento de infantería
de marina Mertenz, que después de haberse condenado
gesto de sorpresa.
colllo
un ladrón, ha muerto en Kelung como un héroe.
El banqul:!ro era un jóven de \'eintidos á veintitres
.",.LBERTODELl'l'r.
afi.os, ,t quien yo conocía de vista.
1\Ie interesaba aquel sujeto, :1. quien su padre, muerto
valientemente en :Magenta, había dejado una fortuna esARRIGO BOITO.
casa y un nombre respetado.
Rara vez iba al Círculo, y nunca jugaba. Así, pués,
Un rasgo ~u genio.
me sorprendió muchO' verlo tener la banca y poseedor de
·\. el 3 de Diciembre de 186...... ¡ por todas laa
una importante suma, porque los biJ/etes y los luises se
amontonaban ante él.
alles de J\Iilán se notabau infinidad de carteloes anunciando el estreno del famoso Lohengrin
-¿Cuanto admite la banca?-preguntó uno.
·
de \Vagner¡ todo el público esperaba ansioso ]a
-¡Oh!-exclamó riendo un arrendatario. -Mr. de
hora de saborear la música de la ópera sublime del genio
Mertenz está de vena y puede admitir todo lo que se alemán.
juegue.
El día estaba triste1 opaco; densas nubes cubrían tocla
El jóven estaba muy pálido, y se notaba en su mirada la ciudad 1 como presagiando algo1 como dando uvfao de
algo de extravío.
un inesperado acontecimiento.
-Banca abierta-balbuceó.
In menea muchedumbre ocupaba de continuo el veetíbulo del teatro de la Scala, ansiosa de no quédaree sin los
Aquello fué como una evocaci6n á la mala suerte.
correspondientes billeOOs para la tan anunciada función.
Diez \'eces seguidas perdió el desgraciado Mertenz.
¿Quién conocía en Milán aquella creación sajona?
En un cuarto de hora había saltado la banca.
Ninguno.
Otro jugador ocupó su puesto, y continuó la partida
Todos preguntaban á todos, y s6lo se leían las crónicas
tan animada, tan apasionada, que yo mismo llegué á. em- alemanas, en Jas que se ensalzaba el mérito; se alababa
la música y se hacfa alto encomio del verso de aquella
briagarme y me puse á jugar como todo el mundo.
ópera famosa.
No había sitio donde sen·tarse en torno de la mesa, y
Llegó la noche; el teatro de la Scala estaba ,de bote en
permanecí en pie, teniendo en la mano mi sombrero, en bote.
Todos con la mirada fija en el palco escénico.
donde nerviosamente iba echando mis ganancias que auLa obra dió principio y ...... pasó el primer acto entre
mentaban de minuto en minuto.
el
silencio. y la frialdad de los espectadores. Comenzó el
La partida estaba más empeñada que nunca, cuando segundo,
y sólo de un palco se oía un le•..-e rumor, que
una voz me gritó:
trataba de acallar la multitud espectadora.
-¡Que os roban capitán!
Al terminar, una de gritos de desaprobación, gritos
Hice un brusco movimiento é instintivamente cogí una burlescos, se dejaronoírdetodala platea; peróenmedio de
barullo, sobresalió un aplauso frenético, un w'.va,
mano, la mano de Mr. '1\Iertenz, que oprimía ya un aquel
pero un aplauso y un viva que brotan del co1U.Zón de un
billete de mil francos que acababa de quitarme.
artista.
,
El semblante del desgraciado t::staba lívido.
Pasó el tercer acto, r ..:cibido con la misma frialdad;
Cambié con él una mirada, una sola, y ví removerse mas1 al terminar1 en \'ez de una ovación, se escuchó una
algo en sus ojos, agrandados en aquel momento por el ternble rechifla, toda una silba, una baraunda de gritos
y ...... otra vez, fuerte, frenética, YOI vió á sobresalir denespanto.
tro del inmenso pllblico la misma voz, exclamando: ¡Vi-1\-lr. de Mertenz está. en su drrecho-dije con mucha va! ¡Loor á IS'agner! ¡vi,•a Lohengrin!
tranquilidad-y me sorprende que alguien se baya atre•
Toda la platea dirigió su vista hacia el lugar de donde
vida á lanzar semejante acusación contra un hombre co- salía ,,quella voz, y contempló á un espectador entusiasmado, que poseído de un entusiasmo colérico, aplaudía
mo él. Estamos asociados para jugar y ha tomado el con
frenesí.
·
dinero que necesitaba. Esto es todo.
Toda Ja concurr~ncin. le miró con desprecio1 y todos ú
Las explicaciones fueron breves. El sujeto que me una voz le dijeron á gritos: ¡Cállate! ignorante! loco! qué
dió el a vi@o había ido por primera vez al Círculo y no co- sabes tll.!. .....
nocía á l\Ir. de Mertenz; los jugadores que est.aban de
Aquel espectador:, levant,í.ndose de su asiento, llenQ de
pie hallábanse apretados los unos contra loa otros. El ira, con la mirada despidiendo rayos, contestó:
-¡Aplaudid! No conocéis todavía el mérito de lo que
recién venido lmbfa visto deslizarze una mano en mi acabáis
de silbar!
sombrero, y creyendo que me robaban habí~ gritado.
Llamadme loco; pero al que hoy silbáis, más tarde le
El buen hombre &lt;lió ·wm- satisfacción á Mr. de· Mertenz,
levantaréis estátuas.
á quien todo el mundo rodeaba, lamentando el desagraEste atrevido espectador, que dominó aquel público
con su palabra ardiente; este llevaba un nombre todavfa
dable incidente ocurrido por la torpeza del forastero.
Después prosiguió el juego, y l\!r. de l\fortenz salió de desconocido, Arrigo Boüo, el que cuatro afias después es~
cribía su Mefist6Jeles¡ la célebre y nunca bien ponderada
la habitación .
ópera que tanta gloria le ha conquistado, y por la que h.'\
Pasaron tres días sin que tuviese yo noticia del j6ven. recibido de Alemania (siendo italiano) el galardón más
Era natural que no tuviera grandes deseos qe verme. Al glorioso, que no tiene, ni ha tenido hasta hoy ningún
salvarle, babia salvado el honor póstumo de un valiente compositor del mundo.

•

�27 OCTUBRE, 1895.

EL:MUNDO.

132

27

ÜCTUBRE,

1895.

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133

�27

EL MUNDO.

134

Páginas í!Heraria~.
Despues bl' la boba.
A el lienzo lo que~dice un:\ preciosidad, Una
obra de gusto exquisito y una maravilla de traba
o mecánico.

De finísima holanda, mostraba en su embozo
tales bordados y tales encajes, que aquello parecía obra
de hada,s más que de femeninas manos, por diminutas,
suaves y de afilados dedos que fueran . Era un derroche
de calados, sobrepuestos, cordoncillos y qué se yo cuantas cosas más, formando hermosa guirnalda, en la cual
estaban mezcladas las flores que encantan los jardines,
con los dibujos de caprichosas vueltas; las bojas de infinitas plantas, con las grecas de todos los estilos. ·
El conjunto de todo esto, aquella guirnalda maravillosa servía de nimbo al enlace de dos letras correspondiente; á la inicial de dos noe1bres, que otro enlace, el que se
verifica al pie de los altares, iba á unir por todo el tiempo
que dura nuestra mísera existencia. La cosa podía no ser
de moda¡ pero la idea, y en aquella tela, me pareció sublime. Yeamos el enlace.
Componían éste, como he dicho, dos letras; es decir,
una sola repetida; la erre: Ro,c;a y Ricardo. ¿Quiénes eran?
Rosa era huérfana de madre. Alta, rubia, delicada, de
cutis suave y transparente, era la genuina encarnación
de la flor cuyo nombre llevaba, y reina de las flores por
excelencia.
Ricardo era el polo opuesto de Rosa. De tez morena y
ojos vivos,.alegre y decidor, parecía tener por los dos lados lo que á ella. le faltaba: salud, energía y fortaleza.
Cómo se conocieron, no importa. Se amaron, y esto es
lo esencial, con toda la diversidad de sus caracteres, siendo lo natural y verosímil, por lo mismo que no pueda ex•
plicarse.
Y vamos al asunto.

•••

Encargó Rosa su equipo de novia en una de las mejores
y más lujosas tiendas de la corte. La confección no parecía ofrecer dificultades; pero el bordado, y sobre todo
el de la sábana dEÍ boda, era otra cosa.
Había que buscar, elegir, consultar dibujos, un traba•
jo, en fin tan colosal, conio el de un monumento antiguo.
Rosa. se decidió á hacer el dibujo ella misma y llevarlo
en persona á la bqrdadora, para explicarle los detalles de
su-filfícil concepción.
Vivía la que le fué recomendada, llamada Rosario, en
una pohre bohardilla, donde si los muebles eran escasos,
la limpieza era extremada.
La inquilina no estaba. Una cuna, con sus cortinas
blancas como la nieve, que ocupaba un ángulo del cuarto
fué lo primero que llamó la atención de Rosa, y á ella se
dirigió, descubriendo un precioso niño de pocos meses.
Llegó al :fin la bordadora, y Rosa le explicó el trabajo
que deseaba hiciese. Al marcharse le preguntó si aquel
niño era suyo, y m.1.s hubiera preguntado en su afición
por aquellos, si no hubiese notado el embarazo y confu·
si6n con que la pobre mujer contestó á su pregunta, afirmativamente, y añadiendo con aire triste que· su padre
no existía.
March6se Rosa con ánimo entristecido,_ y no perdonó
ocasión de volver, ya con pretexto de modificar el dibu•
jo, ya con otro cualquiera, llevando siempre dulces y re•
galos para el nifio, y hermosas y consoladoras palabras
para la madre.

***

La boda se verificó, y sólo diré que fué como cualquie•
m de las de mayor boato.
Lo!r novios, una \rez terminada la ceremonia, rompiendo con la moda y la tradición, se dirigieron á. BU precioso
cuartito, lujosamente amueblado, en vez de tomar et fe.
rrocarril, para hacer á desconocidos lugares testigos de
su dicha.
Bue.no sería aislarse por algún tiempo del resto del mundo, pero ellos creyeron mejor j:&gt;oder siempre recordar
después en el lugar de ~u vida corriente, los dulces pri•
meros día.a del himeneo, las fugaces horas de dicha, que
el dios amor marca, teniendo por batuta su flecha de
oro ..... .

***

A la tarde siguie°:te del fausto día, Ricardo tuvo que
salir para un asunt;o urgente, según dijo¡ y Rosa quedóse
sola por primera vez, después de la más tierna despedida
que puede imaginarse.
Por instinto, 6 para mejor consolarse de la ausencia,
encaminóse Rosa al despacho de su marido, en el cual
aún no había entrado. Sentósetriste·en uno de los silla•
nes; pero pronto sus ojos comenzaron ú recorrer la habi•
tación, que la curiosidad en la mujer es capaz de dar al
traste con todo lo que coge por delante. Después de recorrer varios lugares, vieron sus ojos sobre la mesa de
despacho una carta abierta, y al parecer olvidada, puesto

que junto á ella estaba la petaca de plata, su último regalo de solter.t, y que su marido no dejaba de usb.r. Levantóse, cogió la carta con cierto temor supersticioso, y
leyó lo siguiente:
. _ .
Ricardo~ He visto en un trozo de·periódicoant1guo que
te ibas á casar y no quiero decirte lo que he sentido, porque quizá ya no te lo merezcas. Ve,n á d~irme si es verdadera la noticia; y si aún es tiempo, piensa en la desgracia que caerá sobre esta pobre mujer, cuya falta es
quererte demasiado, 'Y sobre nuestro hijo, mi falta ma~
yor, que no tiene la culpa de haber nacido.
No puedo seguir escribiendo, porque el llanto me ahoga y las lágrimas borran las palabras. Te pido por Dios
que no dejes de venir, sea lo que fuere 1 aunque nunca. podrá olvidarte tu

~
f

ÜCTUBRE,

1895.

EL MAQUINISTA.

I, amigo mío, me dijo el viejo mov!endo la cabeza he sido maquinista durante vemte anos.
Estábamos en la estación de Ancenis, y era
una de esas tardes interminables de Julio. Había perdido
el tren y no sabía como matar el tiempo (porque el expreso no pasaba hasta las cinco), cuando ví cerca de la.
lampístería un sujeto, bien conservado aun á pesar de
sus cabellos grises, fumando su pipa silenciosamente. Me
senté á su lado sobl'e unos equipajes que le servían de
Rosario.
banco, y desde la.s primeras palabras me interesó su con~
P. D.-Precisamente he estado bordando durante estos versación.
días en que no te he visto, una sábana de boda c..m nues•
Era de poca estatura, grueso, encogido Q.e hombros, los
tras iniciales, capricho de la novia, ó la tuya y la de otra ojos cansados y como azotados de mirar perpétuamente
mujer, que si fuera la que tan buena ha sido para mí y al aire entre la bruma y el humo, tosto.do por la canícu~
nuestro hijo, quizá te perdonara menos que la enga· . la y seña.lado por los latigazos del invierno. Sus manos,
q ue col0craban de sus brazos, deformes y nudosas, seme•
fiaras.u
La fecha era del día anterior.
jantes á. enormes herramientas, parecían herizada.s de
*
huesos ...... Pasaba de los sesenta años y se llamaba Es•
* fué á los pocos instantes, t-eban Arrás. Ahora vivía en Ancenis de sus rentas, con
Cuando volvió Ricar:do *que
encontró á Rosa pálida, h~ada y con un ternblo: nervio- una hija que había hecho muy buen matrimonio.
so que nada bueno presagiaba, dada su enfermiza cons•
-En veinte afias de maquinista, le dije, han debido
titución. Inmediatamente fné llamado su padre, que se ocurrirle muchas aventuras ...... ruucbos accidentes .... ¿La
instaló á la cabecera del lecho de su hija, mientms · Ri- carrera fue larga, eh? Si usted quisiera recordaT, •·· ..
cardo, loco de dolor y remordimiento, recorría la casa de•
El viejo se quitó su sombrero de paja, hundió los demente, figurándose la causa de su dee:gracia Y sin atrever• doá en sus cabellos tan profundamente, que su mano des.
se á hablar.
.
apareció por completo, y durante algunos segundos se
Yr1rias veces entr6 en el enarto de su esposa con larn• rascó la cabeza con ]as uñas como si quisiera arrancar
tención de arrojarse de rodillas junto al lecho, Y allí con• por la fuerza recuerdos lejanos: después cubriéndose, co•
ta.rle todo y pedirle perdón 1 puesto que i\ ella solamente menz6 con aire de resignación:
quería, y lo demáa había sido nn desvarío, Y otras tan•
-Ya que usted lo desea voy á. contarle una ventura.
tas quedó detenido, por la resignaOO sonrisa con que ella.
Es algo que 110 me gusta contará uadie en el .inundo,
saludaba su entrada. La pobre niña, que veía tronchada
p
.
porque
es muy tri~te, como va usted á ver. ero es 1gu~ 1
de un golpe la flor de sns_ ilusiones Y de su cariño1 que 1a lo prometido es deuda. :E;n primer lugar, ¿sabe usted si•
falta de una madre y una sensibilidad extremad¡i habían
condensado en el fondo de su hermoso corazón, sabía mo- quiera 10 que es una locomotora?
Esta maldita vestia. de hierro, gorda, ventruda, eririr con la. heroica sonrisa de los mártires en los labios,
zada.,
que avanza haciendo temblar el suelo,. parecida ,\
más~aras clel dolor y los suírimiento:1 físicos y mora1es.
.
.
*
un elefante, espanta á muchas gentes {c prunera v1st..1..
Pasó una semana.
**
Sin embargo, no es mala, y se dt:ja cond1,1cir con el dedo
-La sellara pregunta por usted-dijo la sirviente des• meñique, como una señorita al baile. Hay exepciones,
de Ja puerta del despacho de Ricardo, en donde éste se sin duda, como en.tre las mujeres, y si en su 1~ayo;r parte
retorcía las manos, llorando de dolor, bajo la iillpresión son amables y cariñosas, se encuentran también algunas
del pronóstico del doctor, que acababa de marc?arse.
indignas.........
,
Ricardo siguió á. la doncella después de enJugarse los
A pesa,r de todo, en nuestro juicio, buena ó mala, se
ojos, y entró en la habitación de su esposa1 en donde no ama á la m,iquina, como ama su barco el marÜ=!·º·
había rnidie.
Nos ligaron ,1 ella como iÍ. un hijo, y cuando se la ,·e
ATrodillóse más bien que sentóse }unto á la cabecera demasiado fatigadu 1 cuando \'iene In. decadencia y hay
del Jecho v sin atreverse á hablar casi, escuchó l~s si- que sUEtituirla, que avandonarla ¡créalo usted! parece que
guientes ;n"labras:
se nos rompe el corazón ... La nueva es más coqueta, llena
-Oye, Ricardo; no: más cerca, para que sólo tú pm•• de buena. voluntad, trata de hacerse querer pero no es la
das oirme. Mira, nadie sabe nada, y te pido que ttl. tam~ • misma; !la vieja compañera!Tiene que pasar tiempo para
poco lo descubras. Ahort1. bien; si el deseo de una mori• que intimemos. Es el comienzo de unos amores ..... .
bunda, porque sé que·voy á. morir, es sagrado, creo qne
En Ja época de mi historia dirigía yo una máquina catú harás lo que voy á decirte. Si lloras, no me podrás oir. prichosa: un poco joven, pero á laque hacía maniobrar
Escucha: quisiera que Cuando yo me haya muerto, que con facilidad. Mi línea era la de Orleans desde hace diez
no ha de t3rdar, Y esperando un par de meses á lo más, años, y prestaba el servicio de noche desde París á Nan•
te casará.a con la pobre Rosario, Y así vuestro hijo .... ·· No, tes: la friolera de cuatrocientos wíntisiete kilómetros ....
no por Dios, no digas no ...... ¡Es tan buena, m,\s que yo, Mi fogonero era un mozo rubio y fornido, recio para el
y tan deegraciada!. ..... ¿Ve rd ad que 10 harás? Mira; vi- trabajo, casado con una muchacha bonita 1 lavandera de
viréis en esta misma casa ó en otra,
. . como. quieras, con Beroy de la que estaba muy enamorado y muy ce 1oso.
los mismos muebles.····· pero quisiera pedute un favor.
Se le ~podaba Zanahoria por el color de sus cabellos.
Oye: todo?erá para ella; pero:·•··· la sábana.·:··· es~ no,·.·· ··
Una noche, tí. fines de Noviembre, el frío comenzó :.í.
Quisiera que .. _. .... me envolvieras en ella; y así, s1 es cier- ,,,. s'oplar con durc&gt;za, sentimos la cam ngrietada á. pesar de
to que el sentmnento no muere, poder. recordar aquella
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El viento nos azotaba cruelmente el rostro, zumbaba
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¡·0uánto, cuánto te he querido y ...... te quiero ...... á. pesar
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.
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en nuestros 01 os como rumor eI mar en re 1as rocas, y
deES~sl f~~:oi: sº~s·~iiimaa palabrae.
hablábamos lo menos posible, porque llO babfa medio de
oirse. Las casas, los árboles desa.parecfan de nuestro la.·
***
Sobre la mesa de despacho, y allí en donde estuvo la do, ba~rido todo bruscamente ...... Era un vértigo.
Con tanta rapidéz vohí.bamos sobre los rails que no se
carta denunciadora, había otra cerrada y con el sobre di•
rígido á. Rosa. Cogióla Ricardo, y conocieudo con estu• sentía avanzar. Por instantes tan sólo una tropidación
más acelerada nos hacía vacilar iuertemente; era una
pefacci6n la letra, la abrió, leyendo lo siguiente:
11Sei)orita:
sacudida de la locomotora que se hundía en su feroz ca•
Puesto que tan buena ha sido para mí, no dudo en par• rrera á. través del campo, máH negro que boca de fobo.
ticiparle que el pobre hijo de mi alma ha muerto, y yo
Acab1bamos de dejar {L Tours y nos aproximábamos :l
part,0 para otro país, en donde, según dicen, una bor• Savonnieres, cuando el fogonero dijo de prnnto: u¡Oye!
dadora puede vivir mejor con su trabajo.
¿sabes que tenemos que hablar tú y yo?u Le miré sor•
11Por esta razón me alejo de mi país, y por otras causas prendido ......... Sus ojos brillaban en la obscuridad con
que no puedo ni debo decir, y ojalá no sepa usted nunca.
fulgores amarillentos. Al pronto no comprendí.
Usted será feliz, porque se lo merece, y yo parto llevan-¿Pero, qué te pasa, Zanahoria!
do en mi corazón recuerdo eterno de sus bondadee.
-Se había plantado cerca de mí, hablándome alto, ca•
uSu humilde servidora,
ra
á cara ...... A tí te gusta Juana, mi muier!
Rosario.
Ya he dicho que el mozo era celoso, basta la imbecili·
ul? de Octubre.))
Ricardo leyó esta carta, y estrujándola entre suB con":' dad. Rompí en una carcajada.
-¡Yo! ¿Pero te estás burlando? Y le confesé la verdad:
vulsos dedos, fué lleno de dolor y de abatimiento á caer
encontraba
muy guapa ,í su mujer, pero en mi vida se
de rodillas junto á. la cama imperial que sostenía la dorada caja, y en la cual aquella cabecita de angel parecía me había ocurrido decirle una sola palabm.
-No me burlo-repuso él animándose-hace mucho
sonreir entre la nívea espuma de los encajes de la sábana
tiempo que acecL.aba la ocasión para. decírtelo frente á
de boda.
R. A:r.VAREZ MASÓ.
frente. Aborrezco á los amigos falsos.

27

ÜCTUBRE,

1895.

EL1fUNDO.

Va~os, eres un pobre de espíritu! no sabes lo que dices. Atiende á la caldera1 será. mejor.-Y le volví la espalda, cuando recibí ur1: golpe en la nuca, que me asestó
por de~rás. Dí un gran salto, se apoderó de mí la cóle~
ra......'iba :i hacer una atrocidad, pero conseguí dominarme, porque mi oficio requiere sangre fría.
-Oye, Zanahoria, lo que te digo:
Por fortuna tuya, estamos en marcho.. No te acuerdes
más _de esto, porque á fe de Arrás, te aplasto la cara y te
arroJo íl. la ,•fa ..... .
No había acabado, cuando se arrojó sobre mí aullando
entre el ruido ensordecedor del tren.
'
-jYo sí que te voy á romper el cráneo, traidor!-Y oo•
menzó la lucha.
.
La máq nin a segu fa su carrera, habiendo alcanzado y
aun_ traspasado Ja velocidad normal; el fuego ardía con
rabia .. En un fu~gor siniestro apareció una eetaci6n y desa.
parectó ...... Otra.vez nos hundimos en las tinieblas.
Me ~nía cogido por el cuerpo, y trataba de echar la
zancadilla para derribarme y arrojarme al campo. Yo me
había agarrado con una mano á. la barra de apoyo, y con
la otra trataba de desprenderme de él sin hacerle daño.
Mientras forcejeaba, le gritaba todavía:
·
-¡Suelta, estás loco, sueltn.!
El ni siquiera parecía oirme, encarni:dndose cada vez
más, atacado de no .sé qué arrebato al cerebro y presa de
un trasporte de rabia que duplicaba aua fuerzas, echando
espuma por la boca como una bestia ..... .
Hacía dos minutos que intentaba arrastrarme al rincón
de los instrumentos, sin duda para apoderane de alguno
Y hacer de él un arma. Yo me &lt;lefendía como podía., y en
la estrecha plataforma se mezclaban nuestros estertores
nuestros gemidos sofocados, abrazándonos en la calde~
á ~a ondulaci?n, resbalando nuestros zapatos sobre el
aceite. Me sentia desfallecer, porque él era más joven y
más. ~obu~to que?'~· De pronto un resplnndor rojo brilló
á m11zqmercla, visión brusca, terrible, que me dejó he•
lado hasta fa médula de los hueso51 ...... ¡El disco!
¿Comprende usted, caballero? ¡El disco que me mandaba parar! ...... La vía no estaba libre, y él me tenía ahogado en sus brazos de hierro, sin que me permitiera mover•
me! Su aliento ardiente me quemaba la cara.
En un segundo me representó el tren precipitándoBe y
Y_ saltando sob:e otro tren, los viajeros despedazados, mu•
t1lados.. Sus miembros arrojados i\ derecha é izquierda
de los T1eles, los wngones hechos astillas, la máquina. vol•
cada ...... y yo tambien destrozada la cabeza. ¡Nunca¡ An•
te todo la salvación coman. Entonces me erguí, é incli•
nándome en seguida, hundí mi cabeza en su vientre con
empuje poderoso; y arranqué sus dedos que estaban cJa.
vados en mi carne. Luego, haciendo el último esfuerzo
lo arrojé al vacío en la negrura espesa. Ni siquiera le ví
caer.
En el mismo instante me lancé sobre el regulador, ce•
rrándolo. A los pocos segundos pude apretar los frenos
y detener bruscamente los coches, que chocaron unos con
otros. Ya era hora. A diez metros de la máquina un tren
ómnibus que había descarrilado dos horas antes, obstruía
el camino. ¡Dios mío! Hace quince años que fué ...... Cuan•
do pienso en ello, todavía se inunda mi cuerpo de sudor.
Yo Je pregunté:
-¿Y el otro?
-¡Zanahoria! Hizo un gesto desesperado. ¡Qué desgracia! El pobre hombre estropeado, rota la columna.
vertiebral! Me procesaron con aquel motivo, pero me ab•
eolvieron. Esto no impide, sin embargo, que yo haya matado á un hombre ...... Y mire usted, ya siento haber des·
enterrado esta historia ta-n triste..... . ¡Lo pasado, pasado
está!
Pero, aquí estú. el tren que usted eepera ..... . ¡Buenas
tardee!

SUSPIROS Y LAGRIMAS.
1cLos suspiros son aire v van a~ aire,
Lns lágrimas son agua y ·van ni mar&gt;i
¡Cómo ha mentido Bécquer al decirlo!
Cómo miente. ¿Verdad?
Cuando se encuentra lejos la que se ama
Como de mí lo está,
El alma se resuelve en mil suspiros,
No cesa de llorar;
Pero aquellos suspiros no son aire,
Ni con el aire van¡
Son fragmentos del alma que se alejan
Hacia donde ella esti't.
Las lág'rimas que vierto no son agua,
Ni corren hacia el mar;
Es la sangre que mana. de una. herida
Que abierta siempre está.;
Porque los n~ros ojos que la abrieron
No la qmeren cerrar..... .
¡Y decir que son aire los suspiros
Y el llanto agua no másl
¡Cómo ha mentido Bécquer al decirlo!
Oómo miente. ¿Verdad?

RICARDO DoMlNGUEZ.

$a,,ntificar las fiestas.
NES, 9 de Mayo de 1802, tornó D. Cándido po-

es1ón de su curato en $anta Cruz de Lugarejo
OC!lpándose inmed,iatamente en arregl~rse 1~
casa con los pobres y viejos muebles que trajo en
°:na carreta del pueblecillo donde vivi6 ha$ta e•ntonces,
siendo consuelo de necesitndos y ejemplo de virtudes.
Durante más de cuarenta y ocho horas nadie se dió cuen•
ta de que Jllí había cura nuevo.
Algunos días después, las pocas personas qne le vieron
y hablaron esparcieron la voz de que parecía buena per~
sana. Y no se equivocaban los que tan presto formaron
de él juicio favorable, porque D. Cándido era un bendito.
Por su estatura, rostro y porte traía ,¡ la memoria el re-t:r:ato que hizo Cervantes de su hidalgo iñmortal. También D. Cándido frisaba en los cincuenta mios y era de

comple:t:i6n recia 1 seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador, y ei no amigo de la caza, como D. Quijote, in•

cansable en el ejeTcicio de buscar tristezas para aliviarlas.
Sus condiciones morales todas buenas: la. piedad sincecera, el trato afable, el lenguaje humilde, la caridad mo•
dest.1,, Y en todo tan compasivo y tolerante, que, con ser
grande el respeto que imponía, aún era mayor Ja cariñosa
confianza que inspiraba. Su llustración no debía de ser ex•
traordinaria, En un cofrecillo muy chico cabían los libros
que poseía, siendo el de más resentida encuadernación
por el continuo uso y el de bojas más manoseadae los
Santos Evangelios. Ni los Padres de la Iglesia ni los 'más
e~celsos místicos le eatisfacfan tanto romo aquellos sen•
cillas versículo~ que ofrecen, ú quien sabe leerlos, mundos &lt;le pensamientos encerrados en frases sobrias.
Todo.::1 los días, en seguida de comer, D. Cándido, apo•
yado en el alféizar de lu ventana de su cuarto releía y
meditaba un par de capítulos de San Marcos ó' San )-fa.
~o. ~uego dejaba el libro, y tomando el sol y fumando
c1garr1llos pasnb,1. el rato entretenido en observar cómo
t~nbajan unos cuantos picapedreros que, en un solar contiguo y vallado, tenían est.'lblecido al aire libre su taller.
Habíase derrumbado meses atrás un arco de la mejor
capilla de lu. iglesia; cierta sefiora piadosa legó fondos pa•
ra reconstruirlo, un arquitecto de la ciudad cercana iba
de cu~n~o en cuando ti in~peccionar la obra, y en aquel
espnc10 mmediato á las habitaciones de D. Cándido es•
taba~, resaltando por su blancura sobre la verde y felpa•
da h.1e~ba, los bloques de caliza. que poco á poco iban
conv1rt1éndose en claYes, dovelas, salmeres y trozos de
archivolta.
Allí, desde In ma11arm hasta la tarde,, exceptuada una
hora nl medio dín, se escuchaba continuamente el ruido
múltiple y monóliono formado por los mazos v las martillinas al chocar con las piezas de cantería: ei sol Jo ilu.JDinaba. todo, lanzando ª?á. y a lht las sombras rectangulares é mtensas de los trngl::tdos de estera bajo que se
resg~ardabnn .los peones, y ú ratos de entro aquel rudo
c?ncterto que forman el hierro hiriendo, la piedra partiéndose y el eco resonando, se alzaba el canto bravío y
triste de una copla medio ahogada por el zumbido del
trabajo como un suspiro entre las penas de la vida.
Durante los cuatro últimos días de la primera semana.
que pasó D. Cándido en Santa Cruz de Lugarejo no dejó
de asomarse para contemplar á los canteros, y si alguien
le observase de cerca ac~o, por la. emoción reflejada en
su rostro, pudiera sospecha1· que nquella tarea dura y
penoe11. despertaba en el alma del cura una emoción dulce y compasiva.
El domingo, primero que allí pasaba el sacerdote sa·
lió muy temprano de casa, dijo miim, dió un paseo J¡rgo
comió más tarde que de costumbre1 y poco antes de con~
cluir, cuando al levantar el mantel le trajo el ama los fós•
foros y el bote de picadura comenzó á resonar al princi•
pio aislado y débil, luego nutrido y fuerte 1 el ruido que
producían los canteros picando y labrando piedra en el
solar vecino.
(i¡Haeta en domingo!1i-murmuró triste y sorprendido
D. Cándido: y asomándose ú la ventana gritó al trabajador más próximo:
- j Eh! 1Buen amigo! Diga ueted al maestro, capataz ó
lo que sea, que baga el favor de subir aquí un instante.
Momentos d('spués estaba el maestro cantero en el comedor del cura. Obsequióle liste con queso nuevo y vino
afiejo, dióle un pitillo del grosor de un dedo y en seguida violentándose, forzando su propio naturnl 1 le reprendió con In poca y tímida. aspereza compatible con su bondad, diciéndole:
-¡Qué falta de religión ...... y qué vergüenza! ¡Trabajar
en domingo!
El obrero, difgustado por la reprimenda, pero cohibido por el agasajo, repuso humildemente:
-¿Y qué le vamos i\ hacer, sefior cnra?~ Trabajamos
cobrando al entregar las piezas terminadas1 ganando tiempo...... el jornal es corto, el pan caro ...... y cuando menos
se piensa, nace un chico. Aquel grandullón rubio-ana.

135
d.ió ace.rcándose á la. ventana y extendiendo la manotiene cmco¡ el de al lado tres; el cojo de enfrente mantiene á sus .padres ...... y así todos! Créame, usted, sefior cu•
ra, en tripa vacía y hogar sin lumbre no hay :fiestas de
guardar.
Quedóse dudoso Don Cándido, y haciendo al fin un es•
fuerzo por aparecer enojado, contestó:
-A pesar de eso. ¡En domingo no se trabaja! ¿Y cu.in•
tos sois?
-Doce.
,
-¿Cuanto gana cada uno? En junto: ¿cuánto importan
los jornales de hoy?
El c.antero s~c6 la cuenta con los dedos, y repuso:
-Ciento qumce reales.
Don Cándido se dirigió ú su alcoba; abrió un vargueüo,
sacó de un cajón un bolsillo de seda verde con anillas de
acero, tomó de su contenido aquella suma, y se la entregó al maestro con estas palabras:
-Toma: que rece cada un Padre Nue$lro, y marchá.os
á descansar. ¡No profanéis el día del Seflor.
A los cinco minutos el taller estaba desierto.

··············· ····························· .. ···············~···········"······

Al domingo siguiente, cuando Don C.tndido subió á des•
ayunarse, l~ego de decir misa, oyó asombrado el rumor
que al tra~aJar producían los picapedreros, y frunciendo
el entrece10, murmuró:-u¿Hoy también?u
La escena que siguió fué igual á la ocurrida ocho días
antes. Llamó al maestro, le reprendió más duramente,
fué á la alcoba, y dió el dinero para que el taller se des.
pejara. Los trabajadores se marcharon alegres, algunos á.
sus casas, los más á la taberna; el bolsillo verde quedó
va.cío, Y el cura asoTnado á. la ventana, pasó un roto con•
templando aqnellas piedras, que según las miraba debían
de tener para él oculto y misterioso encanto.
Durante la semana siguiente, el trabajo cundió tanto
q.ue casi quedó limpio el solar. El nuevo arco de la lgle81a estaba á punto de terminarse.
Sin embargo, el tercer domingo aún comenzó más tem•
prano el golpeteo seco y metálico de la herramienta. sobre la piedra¡ pero el ruído era mucho más débil: sin du•
da.trabajaba pocagentc.
Corrió Don Cándido:.\ la ventana y vió que sólo había
un hombre ocupado en labrar y a.finar una pieza en for~a de dovela, con tanta prisa y tal afán, que ni tomaba
mstante de reposo ni levantaba siquiera la cabeza.
Entónces bajó y acercándose al obrero Je preguntó de
mal modo:
-¿Has quedado tú para simiente de judíos? ¿far qué
trabajas?
-8eñor-respondió ~l cantero,-ayer quedó concluido
todo: mañana lunes, de madrugada, se hace ia entrega:
sólo falta esta dovela por culpa mía, porque...... he estado
entre semana dos días enfermo. Y hoy tengo que acabar•
la, an~~ de la puesta.del sol:··· ··Pªra cobrar, porque ayer
no qulSleron pagar~e ...... m me pagan hasta que acabe.
-:-Dicho lo cual, baJó la cabeza, inclinó el cuerpo y sigui6
picando.
-¿Y si no concluyes hoy?
-El trastorno es lo menos: Jo malo es que no cobro, y
en casa hace falta.
Quedóse D. Cándido pensativo. Las cuentas que echó
y los cálculos que hizo sólo él podría decirlos: debió de
recordar que el bo~sillo Yerde estaba vacío; acaso se dijo
que la verdadera hmosna .es la que no con dinero sino
con el propio esfnerzose hace ..... Tal vez vinieron á s~ pen.
aamiento memorias á él sólo reservadas .. .... Ello fué que
mirando compasivamente al cantero le dijo en voz baja,
como confiándole un secreto:
-Mi padre y mis hermanos fueron canteros ...... Cuando chico, yo también aprendí el oficio. ¡Yo te ayudaré!
Y recogiéndose las mangas cogió un puntero, empufi.6.
un mazo y empezó á picar la piedra.
J.A.,,;lNTO ÜCTAVIO PICON.

G{a usum sc}iolarum.
RÉcIPE: Quince pétalos de flor¡
estambres y pistilos, á. placer;
cinco dracmas de hechhms de mujer
y dos de incienso de exquisito olor.
De cáscaras de pomas el sabor·
gnomos, nAyades, algo del no se;;
cuatro cunTtos de suave rosicler·
de éter y brisas cuanto más mej~r;
Afi.ade trea tomines del decir ·
de cualquier sabihondo sin'gular,
cuarenta interjecciones y un za6r.
Y de ag_ua quantu.m sufficit: ¡la mar!
Ponte á mezclar,. cocer y desleir,
y canta una oración de Castelar.

Da.

FRANCISOO DE ÚSUNÁ.

�186

EL MUNDO.

27 ÜCTtraRE, 1895.

PRENSA MEX-1CANA:
DOMINGO a DE NOVIEMBRE DE 1895.

·21&gt;o,o

IL-'--IMIMto 11

•

(!oslumbres ael a1a ae muertos.-roé1dco.
( Dibujo de D. Leaudro Izaguine.)

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>186

EL MUNDO.

27 ÜCTtraRE, 1895.

PRENSA MEX-1CANA:
DOMINGO a DE NOVIEMBRE DE 1895.

·21&gt;o,o

IL-'--IMIMto 11

•

(!oslumbres ael a1a ae muertos.-roé1dco.
( Dibujo de D. Leaudro Izaguine.)

�3

EL MUNDO.

138

NovIEMBRE,

1895.

I
I
otofio ostentaba todas sus gnlas; l_os matizados
pámpanos cubrían en P?-rtc fos l1\C1mos de mo~catel, 8emejantes tí. l1ígrmlfiR de oro, y más arriba en In moutaiin, á travC:s de los árboles, veía51e
uou cosecha' menos rica, pero igualm~nte benfficn, 1~castaña ese pan de 1n. Córceg:i tan aprecmdo de sus hab1tan1
t~s. nesde las gruesas ramas de los ,írboles las cáscaras
abiertas dejaban caer sobre la, hierba rojiza los frutos p~rduscos y las cúpulas vellosas. Agachado e~tre el follaJe,
Guido Arrigo Rosoli, con las mangas recogidas sobre sus
brazOS musculosos, curtidos por los rayos de un sol bené.fico acl1p.í.base en varear 10:, troncos, haciendo ca~ l~s
frutos 1 que cubrían el s11elo. De pronto se detuYo, hmp16
con el dorso de la mano su frente inundada lle sudor, Y
blandiendo otra vez su palo, ~egó las hojas de un vigoroso golpe.
Las hojas, altas rotas, cubriéronle en su caída, y como
eco de su queja, un grito doloroso detuvo su brazo, leva11•
tado para golpear de nue\'O.
A sus pies, una joven oprimía. con la man.o su mejilla
herida¡ Guido la reconoció á tra,·és del ramn)e.
-¡Ana. Dea!
.
Se de1ilizó por el tronco lacení.ndose las rod1llasi, y al
punto Re acercó á la joven; después, balbucean~o algunas
paln.bra~, separó suavemente la mano de la henda. En la
fresca tez de la mejilla en flor veíanse algunas gotas en·
carnadas. Guido se afligió y sonrióse la joven.
-No es nada, Guido1 dijo ésta; debí haber tenido más
cuidado.
Pero él se lamentaba y acusábase de torpe por haberla
herido.
Ante aquel pesar de Guido tan desproporcionado con
el mal que había hecho, Ana se entregó á. un acceso de
hilaridad. Desconcertado al principio el joven imitóla;
.
.
.
pero la mejilla estaba r?ja, y com? cerca había una fuen•
.
.
te, Guido quiso conducir allí á la Joven.
-~
Los dos penetraron bajo la espesu~, hablaron co?1o pa•
jarillos que gorjean alegremente, otvulando el obJeto d~
su excursión en la embriaguez de las soledades; maqm·
nalmente se extraviaron, y cuando más distraídos ~iban
vieron que les cerraba el paso un torrente que por la opue~·
-No es nnda.. Guido; deb1a. ha.her tenido más cuidado.
ta orilla lindaba con un pequeño estanque donde se prec1•
pitaba una graciosa cascada.
IIl
nacionales: gorro largo y puntiagudo de lana parduzca y
-¡F..spera! gritó Guido.
.
Guido
Arrigo
Rosoli
había
llegado de Quenza para
y cogiéndose á. una rama, saltó á. lacornente¡ solamen- peluda, caído sobre la espalda; chaqueta de terciopelo de
vender cerdos en Sartene; Lovinchi y Seinetro habían
te su cabeza sobresalía del ribazo¡ después abrió los bra• color castaño; faja encarnada que ceñía el calzón, ruya
trabado conocimientos con él, y condujéronle después á la
parte inferior se perdía dentro de unas polainas altas de
zoil:, y con el pecho dilatado volvió á. gritar :
ta.OOrna donde le propusieron jugar una partida. de scopa
cuero
leonado.
En
el
bolsillo
interior
de
la
chaqueta
aso-¡Salta ahora!
Vaciló la joven, confusa y vergonzosa; pero después se maba la extremidad del mango de un puf'i.al, á punto de ese juego corto en que sólo se emplean las figuras Y las
cartas bajas. Bien fuera porque ~os dos compadres se en·
ser cogido por la mano izquierda para que la derecha pn·
ag~chó para deslizarse á lo largo del declive pedregoso.
tendían, ó por mala suerte, el caso es que el dinero de
Guido dió un salto, la cogió, condújola á la orilla opuest~ diera desembninarle más pronto.
Rosoli pasó de su escarcela ú. las bolsas de los otros.
El montañés levantóse de improviso, y con brusco adey sentóla sobre la hierba, lentamente y como con senh·
Sa.rtene es unt1. ciudad singular, muy pequeña1 encl~va·
miento. Con las mejillas encendidas, Ana ocultó el rostro mán barrió la mesa.
da en una estribación de Incndine 1 ú. la cual comumcan
-¡Eh!, exclamaron los otros. ¿Qué quiere decir eso,
entre las manos. Sobre el corazón del hombre despertóse
alegre aspecto los oli\'Os que la rodean1 formando como
el suyo, y el amor naciente se desbordó en pesadas hi• Gnido ..d.rrigo Rosoli?
-Esto quiere decir, balbuceó Rosoli con los dientes un jardín.
grimas.
En su parte auperior1 las rocas de color gris parecen ~s·
apretados y los lábios temblorosos, que vais ó devolver•
-¿Lloras? preguntó Guido.
tar suspendidas 1 y los desnudos peñascos agrietados tiey se arrodilló ansioso ante la joven1 que moviendo la me mis cien pesetas.
nen un aspecto amenazador¡ á sus piés se extiende el
-¿Devolvértelas?
frente dejó ver por entre sus dedos desunidos su mirada
verde valle de Rizzanese, que se prolonga, desarrolland?
-Sf, mis cien pesetas. ¿Me oís? Y las pido porque tú,
conmovida y su sonrisa feliz, y abandonó sus manos en·
su curso sinuoso, hasta el golfo de Valinco, donde el l~·
tre las que las solicitaban 1 quedando. unidos en estrec~o Lovinchi, te entiendes con Juan Bautista Scinetro para
roo de sus ondas se pierde en el azul de aguas del Medi·
abrazo aquellos dos jóvenes cuyas miradas se confund1e- robarme mis escudes.
-¡Hola!, replicó Antonio. Reprime esa lengua; por
terráneo.
. .
ron en un rayo de amor.
La región de Sartene ha conservado en todo su pnmi•
esta vez t.e perdonamos, porque la pérdida y el vino te
-¡Te amo! exclamó Guido. ¿Quieres ser mía?
-Mi padre te aprecia, y yo quiero ser tuya. Ven con• trastornan sin duda .... .. pero no digas más ó de lo contra• tivo sal~ajismo las antiguas costumbres corsas; la pólvo·
ra habla con frecuencia, y los puf\a.les parecen salir de su
rio saldrán á relucir los puñales.
migo para que nos bendiga.
vaina por si mismos. Allí no se acata. mas que una ley:
El tabernero se interpuso; no quería escándalos en su
y la bendición del padre los desposó ... ..... .
la
ley de Lynch.
casa.
Seilalóse el día para la boda; Guido apresuró los prepaSi una pendencia termina por una muerte, el heredero
-Has perdido, Guido Arrigo, dijo al montafi.és; estos
rativos, y marohó á. Sartene á fin de evacuar algunaR di·
de-la víctima declara la 1,•endetta al homicida, y desde en•
juegan lealmente, y son antiguos conocidos míos. Vamos
liacncias y elegir el' anillo nupcial.
tonces va no hay para éste último un momento de repodales la mano sin rencor, y yo traeré una botella de mi
º
II
so. Le és preciso vivir alerta, con el ojo a.visor y at.ento
En la pesada hora del mediodía; la. sala parece tener Ta.llano rancio para que brindéis por la paz.
el oído¡ pensar que en un recodo del camino, que detrá:5
-¡Quiero
mis
escudos!,
gritó
Rosoli,
golpeando
lame•
más prolongado su rectá.ngulo1 aplanado por el techo bajo
1
de vigas ahumadas; á. través de la penumbra las mesas sa inmediata.1 con tal violencia que las botellas acumula• de una espesura de jengibres, le espía tal vez un enem •
go con su arma preparada ......Ni aun se puede creer segudesmanteladas destacan sus aristas geométricas, y sus das allí rodaron por el suelo con estrépito, rompiénro en su casa aunque todo esté cerrado¡ si un ruido insódose en mil pedazos. Por última vez1 ¿queréis ñevolvér·
pies se confunden vagamente con los travesailos confusos
lito, si el deseo de aspirar un poco de aire le inducen á
de las sillas a.lineadas. A través de los postigos cerrados
melas?
dirigirse á. la ventana ... ... 1 se oye silvar una bala Y·········
-No!
se desliza acá. y allá un rayo de sol, cuyas estrechas fajas
«Guárdate, que yo me guardo.,,
-Pues ya. nos veremos, dijo Rosoli con tono amenazaluminosas se reflejan alegremente en el enjambre zumba-IV
dor saliendo de la taberna.
dar de las moscas y en la danza de los átomos.
Los gananciosos no tardaron en seguir le, después de
Guido Arrigo Rorwli hab(a ido á. la gendarmería para
Cerca del mostrador, en el ángulo más apartado de la
dar queja contra aquellos de quienes se crefa enga~ado;
taberna, tres hombres están apoyados sobre una mesa, Y haber pagado el gasto.
-Idos, hijos míos, murmuró el tabernero mientras ba·
el individuo á quien expuso el caso le envió al ofici al, Y
en la inmediata se ven numerosas botellas vacías. Uno de
rría los restos de las botellas rotas: batíos si os place1 ma• éste le dijo que pod(a presentarse al cuart.el maestre. Des·
ellos Antonio Lovinchi, baraja con pesada mano un jue•
pués de retorcerse larga tiempo el bigote, el jefe contestó
go d~ naipes grasientos ... ... , y la partida continúa en si- táos; pero no en mi casa. Mejor estaréis en la calle ó en
como por vía de fallo, que Rosoli estaba en un error,
el
campo
raso.
lencio.
Y filosóficamente guardó en su mostrador el ingreso puesto que el juego era una contravención de las leyes Y
Uno de los jugadores perdía de continuo. Reconociase
que debía darse por contento con que no se formara con•
bajo la forma de tres buenos duros.
n él al montaflés por su traje fiel á las antiguas modas

~-

~

.s..,,~

~~

•

. 3 NOVIEMBRE, 1895.
tra él un proceso verbal; afladió que más Je hubiera valí•
do no jugar, pero que ésto le serviría de Jección 1 ense-f'iándole tí. emplear mejor su peculio. En vano protestó
Guido, pues solamete consiguió que le pusieran á la
puerta.
Una vez en la. calle, su sangre enardecida se abrazó en
la sed de venganza; dirigióse il la hostería donde había
esta.do, cogió su escopeta y examinó su gatillo¡ pero de
pronto pensó en uua joven morena, n Ana Dea1 la pro-metida ~e hoy, la deeiyos~~ de manan~, y por primera
vez la vida errante de cnmmal perseguido le atemorizó.
Hizo un esfuerzo para dominar su c6lera, y resolvió mar•
cbar al punto á Quenza.
Cruzaba por la ciudad :t largos pasos, cuando de impro•
viso vió en un estanco :t sus dos adversarios que le seña•
laban con el dedo y se reían á sus expensas. Un aceeflo
de ira enardeció su cerebro dominándole completamente;
desvi6se de su camino y entró en la tienda.
-¡Por última vez, dijo it los dos hombres, devolvedme
mi dinero!
-¡No!
E l cañón de la escopeta se inclinó1 reflejando en la pa,.
red las ondas luminosas que su arco despedía herido por
el sol 1 y oyóse resonar una doble detonación. cuyos ecos
se repitieron en los desfiladnos de la montafla. En el
suelo, entre el humo de la pólvora, yacían dos hombres:
Scinetro con el hombro destrozado1 y Antonio Lovinchi
muerto de un balazo entre los ojos.
Los transeuntes obstruían ya la puerta. Rosoli saltó so•
bre los cuerpos de sus yfctimas para buscar una salida
por la puerta posterior de la casa.
El estanquero1 &lt;letras desu mostrador, se mantenía en
la más estricta neutralidad.
Guido Arrigo cruzó por dos habitaciones; abrió una
ventana y retrocedió ...... El muro se elevaba á pico sobre
una roca :í rn,ís de ocho metros del suelo.
Entónces volvió atrás 1 y empuñando el puñal con la
mano derecha, mientras que con la otra hacía el moline•
te con su escopeta descargada á. guisa de maza, t-0mó im•
pulso y quiso atravesar entre la multitud; pero encon•
tróse cara ,t cara con José Lovincbi, her.mano del muert,o.
La impetuosidad de su carrera le hizo tropesar con este
enemigo, en adelante mortal, y cuyo primer tiro silbó
entónces á sus oídos; mas al fin salió tí. la calle y pudo
huir. Al punto resonó otra detonación ... ... Guido Arrigo
si.ntió una sacudida en el hombro y tropezó¡ pero reu•
mendo sus fuerzas franqueó la rampa del camino en íor•
roa de cornisa y ganó las montañas.
J osé le siguió, pero se detuvo en el parapeto, y arrodi•
llándose, con los codos apoyados en el reborde de granito, apuntó detenidamente al fllgitivo é hizo fuego ........ .
Otra vez estremecióse el desgraciado. Alrededor de
Lovinchi resonaron algunos aplausos.
-¡Tocado!, gritaron algunos.
- Pero aún está en pie, contestaron otros.
J osé volvió á cargar apresuradamente su arma. Lapo-.
blación, anciosa y agrupada, seguía con la vista atenta al
fugitiY01 que vacilaba perdiendo si1 sangre por dos
heridas. Aquella casa al hombre excitaba á todos, y Lo·
vinchi apuntó otra vez.
- ¡Demasiado corto!, exclamó.
La bala había rebotado en unos guijarros que se baila•
banal paso de Guido, el cual muy pronto iba á estar
fuera del alcance de los disparos, y la multitud murmuró
descontenta. Rosoli debilitábase en sus esfuerzos supremos; un pequeño muro de piedras le cerraba el camino;
al otro lado estaba la Ealvnción, y en todo caso podría
cargar allí su arma y esperará la deíemiva ú. Lovinchi 1
si se atrevfa á perseguirle. Hizo un esfuerzo para fran quear el obstáculo, volvió {t. caer, trepó de nuevo, y otro
proyectil se aplastó á su Indo.
Por último, reuniendo toda su energía, cogióse desesM
peradamente al reborde del muro y montó en el; más
cuando se hallaba á punto de escapar y c:iientras allá
arriba resonaba un grito de rabia, Guido vaciló y cayó en
tierra con los rifiones atr.wcsados de un. balazo.
Un grito de triunfo saludaba á José, cuando de improviso resonó otro:
-¡Los gendarmes!
La multitud refluyó y agolpóse para formar entre la
fu erza armada y el asesino nna compacta barrera. Lovin•
chi emprendió la carrera hacia el bosque.
Los gendarmes llegaban sin aliento, pues su cuartel
estaba situado en la otra estremidad de la población,
atravesada por una calle única. Dos it~dividuos se lanza•
ron en persecución del fugitivo; pero antes de que pu•
diesen vencer la resistencia pasiva de la multitud que
obstruía el cami1101 el hombre había deeaparecido, siu
dejar indicio de la dirección que seguía. Los soldados de
guarnición que volvían de las maniobras habían sido tes•
tigos, desde lejos, de aquel sangriento drama; corrieron
á fin de prestar auxilio y no ll~aron á tiempo más que
para levantar del suelo á Rosoli moribundo. Improvisaron rápidamente unas angarillas, y votvieron á tomar el
camino de la ciudad, escoltando el fúnebre convoy.
A su encuentro salió el padre Lovinclli, blandiendo
una pistola. La agonía del mfeliz Guido no mitigó su
sed de venganza, y vociferó:
- ¡Vas á morir¡ pero antes de que espires quiero que
lleves mis señal~s!
Y al decir esto, inclinó su pistola.
Los soldados se interpusieron.
.-¿Qué os importa puesto que ha de morir?1 gritaba el
v1ejo. ¿Qué tenéis que ver con nuestros ódios? ¡Quiero
l~var mis manos en la sangre del asesino de mi primogé•
mto, de mi Antonio!
Se desarmó al furioso fanátiCll 1 el lúgubre cortejo entró
en la villa, y el moribundo fué conducido al hospital,
donde espi ró á la noche siguiente.
Al otro día se efectuaron los dobles funerales. Toda la
población de Sarkne seguía el ataúd de Lovinchi. Las
mu~res proferían roncas exclamaciones, desesperadas
queJas, imprecaciones salvajes; mientras que loe hom•
bres caminaban mudos y sombrios.
·
Setenta parientes y amigos de Guido Arrigo Rosoli ha•

EL.MUNDO.

139

•
bían bajado de la montafia todos en armas, y escoltaban
S?, convoy con la eara~ina preparada y el dedo en el gatillo. El cadáver, que iba descubierto, se tambaleaba en
el ataúd, y el movimiento había entreabierto loa pá1ya•
dos, que dejaban ver las órbitas vidriosas1 y los labios
que dejaban asomar una siniestra sonrisa.
'
Los dos cortejos se cruzaron¡ un estremecimiento agitó
á los hombres .de ambos partidos, y una sang1ientalucha
flotó en el aire ...... . pero los gendarmes estaban allí revól•
ver en mano y la carabina al hombro mientras que detrás de ellos brillaban las bayonetas d~ la infanter(a1 y ca•
da cortejo se alejó lentamente, no ein dirigirse una mira•
da. de sangriento reto'! una promesa de inextiguible odio.
y
A la rojiza luz del sol poniente destacábanse en el ca.•
mino polvoriento las formas sombrías de los montañeses
que ya llegaban á Quenza.
Entonces salió del pueblo una mujer deseabellada1 que
~on los brazos levantados se dirigia hacia el convoy. Ba·
JO sus párpados marmóreos, los ojos negros, de mirada
profunda1 parecían más brillantes, y el color mate de
aquel rostro joven hacía más aterradora la llama de ren•
corosa desesperación que brotaba de las pupilas. Al acer•
carse la.mujer, el cortejo se detuvo.
Pasando entre los hombres, que se descubrían al verla
avanzó directnml"nte hacia el ataúd, donde yacía el cuer:
pode Guido Arrigo cubierto de polvo é hinchado por el
calor de la canícula. La mujer iba ácontemplar· al novio
que al morir se había llevado consigo su amor.
Miró los tristes despojos sin horror, secos los ojoa 1 y con
ademán resuelto cogió una mano que pendía del ataúd.
Y volviéndo~e de~pués, fijó la mirada en los hombres
y su voz resonó vibrante.
'
-¿Cuántos han pagado? preguntó.
Sigui6se un silencio profundo: los hombres retorcían
entre sus dedos febriles el gorro peludo é inclinaban sus
cabezas. Ana Dea, después de contemplarlos lentamente,
continuó:
-Os pregunto que cuántos duelos hay hoy en Sartene
que venguen el mío, ee decir, el nuestro. ¿Sois mudos'?
¿Sois hombres? ... .. .¿IIabéis quemarlo Yalerosamente vues•
tra pólvora?
Ana se erguía estremeciéndose, con la mirada fija y el
oído atento. Nadie contestaba ......
10h1 cobardes, que no habían venga.do á su novio, á su
compatriota, á su r-migo!
-¿Soís montañeses corsos, exclamó, ó viejas charlata•
nas? ¡Ah! ya pueden matar 1í los vuestros, deshonrar á
vuestras esposas, é hijas; presentáis la frente 1i la injuria
como los bueyes la cabeza al yugo .. .... , y los ciudadanos
de Quenza men..&gt;cerán hasta el desprecio de los de Luca !
Orlando Rhineti, primo de Rosoli y de Ana Dea Pon•
severo, se acercó para hablar.
-Prima, dijo1 nos juzgas mal. Los montañeses de Quenza son hombre."l, y perdonan la injuria que tu desesperación les ha inferido sin ofenderlos. Hubiéramos hecho á
Guido sangrientos funerales, dignos ele él, si entre los de

Sartene y los nuestros no hubiésemos tenido los gendar•
mes y los soldados.
-¿Qué me importa á mí eso Orlanducio?, replicó la im•
petuosa joven.
Pero la fuerza nerviosa faltó á Ana Dea1 que se arrojó
sollozando sobre el cnerpo de su prometido, cubriendo de
besos su frent.e helada y sus ojos inanimados ... .. .
-¡Oh, Guido mío!, exclamó. ¿Y no habrá quién te
vengue?
Después, como avergonzada de sus lágrimas1 irguióse,
y sobreponiéndose á su dolor, hizo un ademán para que
el corteJo continuase su marcha. Ana le siguió grave y
con expresión lúgubre.

Al día siguiente1 Guido Arrigo Rosoli yacía con sus
miembros rígidos sobre la larga mesa colocada rlelante
del umbral de su casa. La caOOza, echada hacia atrás, te-nía puesto el ~orro puntiagudo, y la tirantez del cuello
hacía sobresalir el tiroide, cuya punta tomaba por el jue•
go de la luz los tonos pulimentados por el uso en el color
amarillento de la piel 1 as! corno en una antigua estatua
de bronce una prominencia á veces des~astada deja ver
desnudo el cobre, luciente cual una herida fresca.
Al recibir noticia de la muerte de Guido Arrigo, juntá•
ronse en Quenza todos sus parientes y amigos de Sorbo-llano, de Serra di Scopamene, de Mala y de LieYe.
Los más robustos habían ido á Sartene á recoger los des•
pojos mortales; mientras los otroi; permanecían en el pue•
blo para nsh,:tir tt los funerales. Todos se agrupaban ahora
alrededor del estrado mortuorio, en plena calle, á la luz
de un sol brillante, inmóviles y silenciosos.
Abrióse la puerta de la casa; la madre y la prometida
del muerto se adelantaron con la frente inclinada bajo el
velo de luto1 y arrodilláronse junto al cada.ver, reprodu•
ciéndose los sollozos. Ana Dea, levantándose de pronto,
apartó el velo negro que ocultaba su semblante, y apoyando la diestra en la mano helada del muerto, con la
izquierda impuso silencio á. la multitud.
Todos callaron, y entonces de sus labios inspirados ex
halóse con acento gutural el canto fúnebre que se desarrir
Haba en melopea, prolongándose en acordes dolorm.os y
lamentables: la virgen improvisaba su 1:ocero.
11El relámpago ha brillado, seguido del rayoi-el altivo
montai1és vacila y cae¡--el suelo ha retemblado bajo el
peso de su cuerpo,-y el rccío de la noche ha vertido sus
lágrimna sobre el bravo que yJ no existe.
11Así él soplo abrasador de Libeccio quema. la flor y lima el alerce en su savia;-la vieja muerte guarda sus be,.
sos para 188 frentes jóvenes.
uYa no oirás el canto de los mirloa,-la voz majestuosa
de nuestros torrentes espumosos,-ni en la espesura las
esquilas cuyo sonido te guiaba hacia la que te ama y que
te espera siempre.

(Sigue en la página 1#.)

�140

EL MUNDO.

3 NovIEMllRE, 1895.

3 NOVIEMBRE, 1895.

EL MUNDO.

Plegaria, cuaaro ae Gabriel roa~.
(Grabado en los tnllcres de El Mundo.)

$cm (!osme, íb)é¡dco.

@zita. 86Lanca é/Gofald, en tzaje de 2itonÍóa::&gt;.
(Fot. de O. Mora.-2~ de San Francisco.)

141

�3

EL MUNDO.

142

3 NOVIEMBRE, 1895.

(Sigue de la pdgina 199.)

»¡Ah! Aquel que segó tu vida debió herirme 6. mf también.-¿No teme mi venganza?
-Al tocar tu corazón puso en el mío el odio inexornble.-¡Y no estás vengado!.. .... n
Orlando se adelantó; con su robusta mano estrechó las del muerto y de Ana Dea, Y
su voz varonil continuó la cantinela.
cc¡Muerto!. ..... ¡Salnd á todos!-Dt:tn raza P.igo siendo.-DemMiado joven, _no tienes
hijos para la sangrienta herencia;-máa por Cristo y la Madona, yo, tu pariente próximo te Yengaré.-Duerme contento; la sangre la,·ará tu saugre.»
ReSonaron 1us Yociferaciones mezcladas con quejas H~i;uidas; las mujeres se laceraron
con sus uñas las mejillas, y en -el colmo de la desesperacion, desga!raron sus corsés; las
manos arañaron los hombros y los senos formando estrías saugumolentas, y desp 11és
sacudieron sobre el cad,tver aquella lll'lpcrsi6n sah'aje.
Allí estaba el sacerdote· t!l cadáver fué colocado en un ataúd descubierto y el triste
cortejo encaminóse á tra{·és de los jengibres, hacia el panteón de la familia, edificado
en el campo de la muerte. Al bord; d.t! hi_fosa 1 _y ªf!tesqne .la tierra .cubriera. el cuerpo,
una descarga irregular saludó por ultima wz a Guido Arr1go Rosoh, el asesino, que esperaba en la eternida.d al que le mató á él.
VII

Han transcurrido los días las semana.3 y los meses. Ana Dea se mantiene rígida bajo
el due10 de las viudas talla' la virgen consagrada. ,·olunt.ariamente al celibato. Su aima
no conoce más que el ~dio/ y el rocío que pudiera hacer florecer de nuevo su corazón
sería tan sólo una lluvia de sangra: )(oda, casi feroz, rec?rre ~l país como un fant.asma cubierto de negro sudario. ¡Ay! Fuera desu alma, ~as1 nadie se acuerda yade Gu.:.do
Arrigo.
Orlando Rhineti, fiel á los deberes de la sangre, se había puesto al punto en campaña; á \·eces pasaban lagunas días sin que se le viera, y despt~é~ regresaba. para dar ?uenta á Ana Dea, siempre impaciente, del resultado de su exped1c1ón. Escuch.ábale fa Joyen
y sus ojos brillaban cuando algún indicio le parecía bueno para descubrir al asesino;
pero entristec!3:se á cada decepción. Poco á p'&gt;C? creyó desc.u~rir qu~ O_rlando esta~a
celoso del cultornmutableqne ella profesaba al dtfu~to; .su ~c~1Y1dad d1smmuyó; hub1~rase dicho que se cansaba de ¡,ersegmr á un enemigo mvis1ble, y aseguraba que nadie
sabía qué había eido de José Lovinchi. Tal vez había abandonado la isla, trasladándose á Cerdefia. Pero Ana Dea movía la cabeza ante esta suposición, diciendo que
presentfa que estaba allí, cerca de ella, al alcance de su venganza.
.
OrlanQ.o anunció un día 1n. muerte del padre Loviuchi, cuyos pasos espiaba1 añadiendo que con él se perdía el único hilo conductor que hubiera podido conducirle á descubrir al bandido, por lo cual renunciaba desde luego á una persecnción inútil. ,
Ana Dea le miró, segura ahora del rencor celoso que inducia á Orlando á desistir de su
venganza, comprendióle: fijó en él sus ojos y le dijo:
-Xunca se pondnl mi mano sino en aque1Ia que haya vengado la injuria. Tenlo por
entendido Orlando; ignoro si mi corazón puede amar aún; pero es segu ro que no podré
pertenecer á ningtí.n hombre mientras que GuidoArrigo pida venganza desde su tumba.
Sé que me amas; haz méritos para obtener mi mano.
-;,Serás mía si te vengo?
.
.
-1fo te prometo mi amor; pero obedeceré tu voluntad, consagrándote mi agradecimiento y mi vida. Te doy mi palabra.

VIII
Ana Dea habitaba con su anciano padre en una casa de campo. Cierto dfa1 hallándose
sola, á causa de haberse ausentado aquél por algunos días, un hombre bañado en sudor y
sin aliento se precipitó en la primera habitación de la entrada.
-¡Por la :\Iadona, exclamó con acento suplicante, e,ílveme usted!

l

j

i

y cogiendo entre sus manos la cabeza del bandido, le besó amorosamenre.

-;Quién eres?
-Ún desgraciado perseguido por los gendar1:1es.
-Estás en casa de corsos¡ nada temas; eres m1 huésped.. .
Y abriendo una l)Uerta, empujó al hombre en una habitación.
·
Apenas había vuelto al primer aposento, dos gendarmes franquearon el !,lmbral.
.
-Dispense usted, señorita, dijo el oficial, retorci~ndose el most:1,cho y ~Jando en la )Oven una mirada conquistadora. ¿No habrá usted visto á un bandido á quien damos caza
dos horas hace? Seguramente ha pasado por aquí.
-No he visto á nadie, contestó cencillamente Ana Dea..
. . .
.
-Ruego 11 usted de nuevo que me dispense1 hermosa mña, rns1st1ó el ofic1~l; mas no
puedo creerla bajo su palabra, á pei&gt;ar de la galanteríf!, francesa, que rn~ preci,? de _Prac•
ticar. Nuestro hombre no ha podido tomar otro cammo1 y me veo obligado a registrar
la casa.
-Hiigalo usted, contestó Ana con tono d~deñoso y altivo. .
.
A una señal de su jefe, el ~endarme subió ~• .gra~ero; ~1en~ras que aquM fiJa~do
su vista en la -puertecilla de la cueva.1 levantóla e 1jumm~ .el. mter101: con uu ~IZÓ): cogido
en el hogar. Nada vió sospechoso, y soltando el anillo, dmg1óse hacia la habitación donde Ana Dea había ocultado al fugitivo.
-Esa es mi alcoba, caballero, dijo la joven.
. .
.
Y pronunció estas palabras con tal acento de ~asta d1gmd,!id, gue el oficial s~ ~~tuvo,
con la mano en el pestillo de la puerta ent~ab1.erta ya. No luzo más que dmg1r una
furtiva mirada al interior, y cerró después, rnchnándose cortésmente.
El bandido estaba salvado.
Ana no pudo disimular la expresión de content? que ilm~1ll~ó s.us ojos, haciendo con
ellos renacer la desconfianza en el oficial; pero la Joven le mtumdaba· no ee atrevía á
mirarla de frente, y se valió de una estratagema.
-Dispense usted señorita, dijo, ahora nos iremos; pe~o estamos muy cansados_y nos
morimos de sed. ¿Podría usted darnos una botella de vmo fresco, pagando, se entiende,
lo que valga?
-No se paga la bebida en nuestra casa_, re¡;iuso. la joven,po;que esto no es una hostería· pero tampoco negamos un vaso de vmo a. qmen nos lo pide.
Y levantando la trampa, bajó á la cueva.
.
Apenas hubo desaparecido el oficial abrió silenciosamente la puerta de la habitación y penetró dentro. Registró un armario, donde se veían colgadas varias prendas
de vestir de la joyen, cuyo olor aspiró sensualmente, y asercándose después al lecho
se inclinó para mirar detrás de las cortinas.
-¡Caballero ...... , exclamó una Yoz indignada, que le hizo erguirse, confuso y con la
mano en la visera como un soldado á quien su jefe sorprende en falta. Desconfía usted de mí cuando' le trato como ·huésped, dijo Ana Dea con acento despreci.ativo.
El ofici~l se excusó, y siguió á la jóven, balbucia1;td.o. algunas palabra~; mientras que
Ana ponía sobre la mesa un jarro y dos vasos, y dmg1óle después vanas frases benévolas.
-¡Beban ustedes!, dijo Ana después de llenar los vasos.
-A la salud de la compañía, contestó cortésmente el oficial.
Los dos gendarmes E.aludaron con sus vasos, chocáronlos, se limpiaron los bigotes con
el dorso de la mano y salieron.
A. los pocos pasos el oficial dijo al gendarme:
-Quédate aquí emboscado, mientras yo voy á buscar refuerzos porque el hombre debe
de estar aquí.
Y se alejó apresuradamente.
.
.
. .
Desde la ventana, Ana Dea le había visto baJar. solo por la cuesta; presrnt1ó la emboscada, y fué á. prevenir al fugitivo. Encontról.e pálido y tembloroso: creyó el laque era por
el peligro que había corrido¡pero la turbación de aquel hombre provenía de una causa
que la joven no podía sospechar.
.
-Le espían á nsted, dijo; el oficial ha marchado solo, y seguramente volverá antes de
la noche para cercar la casa. Obedézcame y le salvaré.
-¿Qué he de hacer?
.
-He aquí la navaja de afeitar de mi padre; cór~ese el bigote; usted es delgado, apenas mal alto que yo, y mis vestidos le sentarán bien¡ tómelos usted, y apresúrese. Le
esperaré en la cocina ...... ¡Ah!, añadió. ¡Cuidado con que le vean por la ventana!
Un instante después el bandido reapareció transformado: estaba encantaaor,. con su
rostro moreno é imberbe, su talle bien ceñido por el corsé de Ana Deaqu~ le oprimía w1
poco. La joven corsa, impasible hacía un año, no pudo menos de sonreir.
Quiso ponerle ella misma en la cabeza la toca de paño negro, y después le &lt;lió pan,
jamón y una calabaza llena de vino ..
-Oculte usted todo eso debajo del vestido, dijo, y ahora vállase pronto.
-¿Y mi carabina?

NOVIEMBRE,

1895.

EL MUNDO.

Ana Dea se despertó, lánguida, pero casi alegre. Las
horas fueron lentas para ella
sin tener nada que hacer
incapaz de entregarse á u~
trabajo cnalquiera, vagaba
por la casa, atraída siempre
como por un encanto hacia
el echo 1 sobre el cual apoyaba su frente pensativa.
En un rincón vi6 de :pronto la carabina del fng1tivo
cogióla y la examinó comÓ
persona experta.
Después descargó los cañones, y esforzó~e para borrar
de elJos nlgunos puntos de
orín que deshonraban el arma; vol\'iÓ á cargarla con
pólvora fresca de la que tenía su padre, descubrió las
chimeneas y renovó los pistones.
El eol declinó por fin lentamente para irá el::tingnir
en la capa húmeda del Mediterráneo, y detnis de él la
noche victoriosa tendió los
crespones impalpables del
crepúsculo sobre el luto del
dfa, que había desaparecido
entre fulgores de color rojizo.
La p:Uida estrella del pastor pareció nnimnrse y udquirir mayores dimensiones á
medida que el azul del firmamento comenzaba á ser
más sombrío ... ... Con la carabina debajo del mantón y
nna cesta de provisiones en
el brazo, Ana Dea se dirigió
alpuntodelacita. Avanzaba
111
de prisa, como si la hubiesen
llamado para una diligencia
Ana cogió las manos del cadáver, levnnt6 su cabeza y palpó su coraríin.
urgente, cortando de través
la espesura de arbustos car-Mafíana por la noche la depositaré en el hueco de gados de rojas bayaa de mirtos olorosos y de verde~
BAJ.Uellu encina de la montaña que desde aquí se ve. No lentiscos.
vaya usted ú. buscarla antes de las doce, y hasta entonces
l\Iuy pronto se divisó la encina, que se agrandaba cada
oc últese en la espesura, porque estará más $eguro que aquí.
Yez ni:ís, y Ana redohló el paso.
¡V:tmos, en marcha, y que üios le guard~!
La nocl 10 había CPrrado del todo cuando la joven llegó
-¡Que la Madona bendiga los amores de usted!, contee- á la cima de la cuesta: en el risueño horizonte veíase ya
tó el bandido con emoción.
la lunaemre su cortejo de estrellas. Una sombra. se 1r.
Salió de la casa y alejóse á paso natural por el camino guió de repente delame de Ana Dea, ofreciéndole las madel pueblo¡ mas apenas hubo andado un trl:'cho, dirigióse nos, y la joven abandonó en ellas lns suyas. Sintió que se
hacia el bosque y se perdió en su espesura.
estremecían bajo la presión firme del hombre, y se tranA la hora del crepúsculo, cuando el oficial Yolvió con quilizó, como la yegua bajo la ruda caricia de su amo.
su refuerzo, el gendarme emboscado le llamó.
El bandido la hizo sentar. suayemente sobre el musgo,
- He aquí el momento oportuno, dijo; la joven ha ido y se
recostó á su lado, conservando una mano entre los
al pueblo, y podemos registrar con toda comodidad.
mientras que con un brazo sostenía su talle. Ana
El oficial mandó cercar la casa, y después entrét brusca- dedos,
Dea se abandonó, como perdida eu un sueño.
mente en ella, revólver en mano.
Los dos guardaban silencio, prolongándose así el en-¿Otra vez?, preguntó Ana Dea levantiíndose,
-¡Voto á tal!, exclamó el jefe, volviéndose hacia el gen- cnnto de su éxtasi8; -pero la sangre del joven se enardecía, y de pronto, inchmindose hacia la mujer amada dedarme, te has dejadc, engafiar como un chino.
-¡Pero si yo he visto ealir á esa joven hace una hora!, positó un beso en su frente.
La joven dejó escapar un ligero grito é irguióse con los
exclamó el subordinado, poseído de asombro.
-¡Al diablo las mujeres!, murmuró el oficial, adivinan- brazos extendidos, desviando de sí al amante embriagado
do la sustitución. Nos han burlado, y ya ¡odemos irnos, por el filtro que acababa de probar. Aturdida, sin palaporque nada más hay que hacer aquí. Nuestro hombre bra, retrocedía ante su perseguidor; pero tropezó,, y apoestli lejos, y no tenemos pruebas suficjentes para prender yóse en el tronco de la encina. Entonces, la altiva y enér11 la joven. lnbeci1, añadió, ¿no has adi\'inado que era el gica doncella tuvo un desvanecimiento, sus piernas flaotro el que bufa d isfrazado con la ropa de esa sirena? No quearon, y dejóse caer en tierra.
Pero en seguida se puso en pie, y dijo con solemne grallegarás jamás á oficial 1 concluyó, con cierto aire de supevedad:
rioridad, mirando desdefiosamente al sulbarteno confuso.
-¿Eres tú hombre capaz de atentar contra el honor de
IX
la que te ama?
E l proscrito cayó de rodillas.
Después de vagar por la man taña, el bandido encontró
-8oy tuyo, contestó; dispón de mí.
detrás de una espesura de lentiscos y de brezos arbores-Yo creía, repuso Ana Dea, exhalando un suspiro,
centes una gruta natural que escogió parasn refugio. Allí1 que mi corazón había muerto para el amor; mas ahora
des~ués de haberse despojado lentamente, y como con sen- late junto al tuyo. ¡Ay de mí! No puedo pertenecerte
timiento, del vestido de la virgen corsa, púsose su ropa,
porque ya he dispuesto de mi vida ........ .
que llevaba sujeta á la cintura. Después1 como el cuerpo
Ana le reveló entonces el compromiso que tenía con
exhaust.o reclamara sus derechos, el pan yel jamón desaparecieron muy prouto, vacióse la calabaza de vino y el Orlando; y el joven, después de escuchar atentamente,
Joven se hechó sobre unu capa de helechos, poniendo por profirió una exclamación de triunfo.
-¡Nos hemos salvado! dijo. ¿Cómo se llama tu enemialmohada la ropa de Ana Dea.
A pesar de la fatiga, el sueño huía de sus párpados ce- go? ....... .. Yo te vengaré dá.ndole la muerte; te Jo juro, y
rrados; sutiles aromas hacían temblar sus labios, y subo- entonces podrás ser mía sin faltar á tu palabra.
-¡Ah, exclamó Ana, eres todo un hombre!
ca se entreabría como ansiosa de un perfumado beso. Un
Y cogiendo entre sus manos la cabeza del bandido, le
ligero fantasma flotaba sobre el joven, que no acertaba á
e:!:plicarae si aquello era una evocación ó un suefio; pero besó amorosamente ....... .... ........ ..... .... ....... ...... .. ......... .
lo cierto eA que no dormía. Haciendo un esfuerzo, entreaCuando se separaron, después de haberse hecho mil
bió los ojos, incorporóse, salió de la gruta, y aspiró con protestas amorosas, el bandido gritó á. Ana Dea, que se
fuerza el aire tranquilo de la noche. ~n el puro cielo pa- alejaba:
recía que las estrellas hormigueaban y en la espesura oía-¡Díme cómo se llama el hombre!
se el canto de un ruiaefior.
-!Ah! exclamó Ana. ¿Quién eres ttí. para haberme heEl bandido volvió á echarse, apoyando siempre la cabe- cho olvidar mi odio? ¿Qué pasión es la tuya, que me reza en el vestido de la que le había salvado ...... ; pero de vela que yo no había amado aún? Soy ahora tan feliz,
improviso apareciósele la virgen con su belleza sombría, que perdono al hombre.
aunque Huminada con la dulce sonrisa con que le consoló
-¿Y tu juramento? ¿Y el mío?
al marchar ...... Y entonces, sintiendo que su corazón pal~
-¡Oh! murmuró Ana Deacon expresión de terror, he
pitaba ante aquella sonrisa, bendijo á Dios por haber per- faltado, y tú eres quien debe reparar el mal, para que
mitido que en él naciera un inmenso amor.
Dfos nos perdone. El matador es natural de Sartene, y
Y al lá abajo, en su lecho virginal, Ana Dea sentía vagar se llama José Lovinchi.
e_ntre las cortinas el hálito del hombre á quien había ofreAl oír este nombre, el bandido vaciló; pero reponiéncido un refugio¡ la rica sangre de su naturaleza meridio- dose en el mismo instante, repuso:
nal coloreaba eus mejillas ardientes, dilatando su gargan-Cumpliré mi palabra, Ana Dea.
ta al pensar en el hombre que había dejado su presencia
Y contempló á la joven mientras se alejaba, mirándoen loe pliegues de las cortinas; después, la turbación que la como si quisiese incrustar su imagen en sus ojos.
angustiaba su pudor se calmó¡ y vió pasar ante sus ojos
Cuando se dejó de ofr el rumor de sus pasos, el joven
deslumbrados el esbelto pedi de una hermana, con su cayó de rodillas murmurando:.
.
vestido negro. Este recuerdo la hizo sonreir por segunda
-¡Era la futura de ese Rosoh! ¡Desgraciados de nosvez ..... .
otros, le he prometido mi muerte!

143
X
-Prima mía, dijo Orlando al entrar en la casa de Ana
Dea, &lt;;tu~do .A.rrigo está. vengado, y ese asesino ha dejado
de existir.
-¿Quién le ha dado rnueite? preguntó la joven.
-¡Yo!
-Ana agitó los brazos y cayó en el suelo sin sentido
Orlando corrió hacia ella, levantóla y la condujo á au lecl.10. Mientras que 1 ayuda.do del padre Ponsevero le prodigaba sus cuidados, dijo el anciano:
-Esto sed. efecto de la alegría.
Ana.oyó estas palabras al recobrar los sentidos.
-Sí, la alegría1 dijo. Tienes mi palabrn.1 Orlando; pero
antes de darte mi mano quiero ~aberlo todo.
-Pues hélo aquí, contestó orgullosamente Rhineti.
¿Creerás tú que ese Lo\'inchi ha osado ,·enir :1 rondar
por estos alrededores? Le han visto los mismos gendarmes de Levie, que le persignieron hasta el territorio de
Quenza, conducidos por-el capit,1.n Bolbounne un francés; pero se espapó; se necesita un corso para ~oger ii un
corso. Yo estaba ayer en Levie, en el café 1 cuando un
gendarme refirió la aventura; acerquéme á él v le interrogué. Era l\Iariani, un hijo de Zicavo. Cmindo supo
que entre 1~?sotros había 1·mddt11, quiso hablarme á solas, Y. me d1Jo: c&lt;Tenemos orden de aprehenderá ese hombre vivo ó muerto. Al buen entendedor con ntedia palabra basta.11
-¿Qué más? preguntó Ana con angustia.
-Volvía yo por la montafia esta noche pasada, continuó Orlando, cuando al acercarme á. la encina grande que
se eleva en la altura, dominando el pueblo, divisé ima
eombra que al parecer trataba de ocultarse: «¡Eh, Lovinchi!,, grité al punto. El hombre se volvió bruscamente;
yo no podía dudar1 y como ya tenía el arma preparada,
disparé mis dos tiros. Lovinchi cayó entonces, soltando
su carabina, que rodó á pocos pasos; mas temiendo un
ardid, no me acerqué sin desenvainar el puñal. Lovinchi
vivía aún, y me preguntó: ((¿Quién eres? Dímelo antes de
rematarme.n
-Soy, dije, Orlando Rhineti, primo de Guido Arrigo
Rosoli. uPues dirás que he cumplido mi juramento, y que
José Lovinchi ha muerto en ... ... 11 El estertor de la muert-e le impidió concluir ........ .
Ana Dea, que acababa de levantarse con el rostro desencajado, interrumpió á su ¡_..rimo:
-¡Quiero verlo; condúceme á donde está.!
-Pues vamo!, pronto.
No tardaron en l!ega: 1.í la en 1.üna.
Tendido, con el pecho agujereado por dos balazos, los
ojos muy abiertos y fijos en el cielo azul, el amante parecía esper.tr á su adorada en el lecho nupcial con los brazos extendidoi para estrecharla por última vez.
Rígida por su dolor, Ana. cogió las manos del cada ver,
levantó su cabeza y palp6 su corazón.
-¡Oh! Esttí bien ri:rnerto, dijo Orlando.
Ana desvió la ,·ista de su fatal vengador, y como viera
el pulla! de José que asomaba por la abertura de la casaca, cogióle y le ocultó en su corsé.
-Déjame, dijo después á Orlando.
Cuando estuvo sola, Ana Dea se inclinó otra vez sobre
la cabeza del muerto, levántóla entre sus manos, la acercó á. la suya, y depositó en sus labios inertes el ú ltimo
beso de amor.
Después sacó el puñal de su corsé de~abrochado, descubrió su garganta y blandió el arma ...... ... Pero de pronto se detuvo, guardóla otra vez en su seno, y murmuró:
-¡Aún no es hora!
XI
Luciendo el blanco traje de las desposadas, Ana Dea
penetró en la habitación nupcial cogida del brazo de Orlando. Embriagado de amor el joven, quiso estrecharla
entre sus brazos; pero ella le detuvo.
Inquieto al ver la trágica expresión de su fisonomía,
Orlando dirigió la palabra á su esposa.
-¿Qué tienes, adorada mía? preguntóle. Ya estamos
solos; ha llegado por fin la hora tan esperada, la hora de
la recompensa á tu vengador.
-¡Te odio! murmuró Ana Dea.
-¡Estás loca!
-¡Sí1 te odio porque has matado á mi amante, á mi
único esposo! Sábelo ahora¡ sin conocer su nombre, he
amado á tu víctima, que me amaba á mí también. Nuestro pabellón nupcial ha sido la encina que tu mano ha
convertido en un dosel fúnebre. Te odio porque le amaba, porque le amo a.tí.u demasiado para ser tuya y lobastante para irá reunirme con él.
Al pronunciar esta:! palabra!:!, rasgó su vestido con rápido movimiento, dejando ver entre las blancuras vi vientes del seno el acero brillante de un puñal.
-Esta arma es la emya, Orlando, dijo la joven, profiriendo una carcajada estridente, ven á tornarla.
La hoja de; puñal brilló en el aire, y Ana Dea cayó en
tierra, envuelta en sus blancos velos y con la sonrisa
en lo.., labios, mientras que en su seno se veia una mancha sangrienta.
Y como fuera de sí, Orlando cayó de rodillas junto á
la joven, murmurando:
-¡Los dos hemos cumplido nueetra palabra!
JoRGEDE LYS.

�3 NoVIEM:BRE, 1895.

EL MUNDO.

144

PRENSA MEXICANA

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Págónas extraordinarias.

DOMINGO 10 DE NOVIEMBRE DE 1805.

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RO COJIBA'l'E
Y OTRA
CTORIA.

LEA USTED
número de. mañana.
(Zuai!ro del l!ic.'. l!uis ¡'l)Jonrov.•• l"remiai!o en la (lcai!emia ae t;lellas (lrtes iie ¡'l)lé¡dco.

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(FQt. proporcionada por el Sr. Ing. Fernando Ferrari Pérez. )
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Tomo IL-Número 18.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>3 NoVIEM:BRE, 1895.

EL MUNDO.

144

PRENSA MEXICANA

l
I'

'J:'

Jll

N'um..

TEROElR.ll RPOOJJi.

DO
Págónas extraordinarias.

DOMINGO 10 DE NOVIEMBRE DE 1805.

~o es l/iva ....

cu
lIBRE

RO COJIBA'l'E
Y OTRA
CTORIA.

LEA USTED
número de. mañana.
(Zuai!ro del l!ic.'. l!uis ¡'l)Jonrov.•• l"remiai!o en la (lcai!emia ae t;lellas (lrtes iie ¡'l)lé¡dco.

•
(FQt. proporcionada por el Sr. Ing. Fernando Ferrari Pérez. )
I'

f

-

Tomo IL-Número 18.

�·'·
I
,r~

Páginas enerarias.
UNA MEXICANA EN PARIS.

L oscur~er de unn. tarde de Mayo, volvía yo con

~

un amigo, sentados en el imperial de un omní•
·
bus1 del cementerio del Pt:re-La~haise al cen,.
tro de París.
Comenzaban á encenderse las linternas que decoraban
las calles del barrio, y !:!O recuerdo si al salir de la Villette, mi amigo, contemplando una calleja en cuyas pu~rtas vendían algo de comer, me dijo con entusiasmo:

-)lirr, cómo s~ parece aquella calle 1t las de ~an Juan
de México.
Et amor á la patria obliga en tierra extraña á encon-

•

10 NOVIEMBRE, 18\Xi.

EL MUNDO.

146

trar eu todo alguna semejanza con algo de la ciudad en
que se ha nacido, y acaso yo peqné imagin:indome algu•
nn vez que la rue Royal le daba cierto aire ,t la calle de
P lateros y que los árboles de los Campos Elíseos se parecían á los de la Alameda.
En efecto-le respondí-algo hay de aquellas calles en
que se venden muchos antojo&lt;:? ,testas horas.
El cochero del ómnibus ,·old6 la cara hac ia nosot:-os;
una cara en que descollaba redonda y tosca la nariz enrojecida por el ajenjo; nos miró con fijez:1. y agregó brusca·
mente:
-Esa calle se parece mús ,i la del Hospital Real, donde est,i la imprenta del Siglo XIX.
Mi amigo y yo nos cambiamos una mirada de alegría,
como diciéndonos: este conoce nuestra tierra.
Le interrogamos, y nos cont-6 que había estado en l\Ié·
xicoen tiempo de la invasión francesa; que perteneció al
cuerpo de Cazadores de Vincennes; que cumplió sus años
de servicio; que le gustaron mucho nuestras costumbres;
que había sanado de una antigua dispepsia con el uso de!
pulque, y terminó diciéndonos:
-Yo me traje de vuestra tierra dos cosas muy buenas
que todavía vi,·en conmigo: una mujer y un loro verde
dec.'tbeza amarilla.
-Ah! estú. usted casado con mexicana?
-Sí señores; con una india de cerca de Cuautitlán, que
ya se vtilte 11. la francesa, que tiene tres niños rubios que
so'n mi encanto y que me obligan ,í. pasarme las horas sobre este pescante para mantenerlos. Si ustedes no se desdeñaran en visitar algún día á la pobre mexicana, mujer
de un cochero, su cas:1 está en tal parte, y la honrarían y
alegrarían c.on su visita.
-Gracias! anuúnciele usted que iremos á verla mafia.na.
Y cumplimos nuestra palabra al pie de la letra. Mi
amigo y yo subimos muchas escaleras, y en un sexto piso encontramos á liad.ame Berny, antes Camila Linas,
oriunda del Estado de México v madre de tres chiquillos
rollizos y mofletudos.
Con qué sat!sfacción tan grande nos recibió en su pe•
queña y limpia vivienda.
Me acuerdo de ella como si la estuviera mirando.
Cabellos y ojos muy negros; la tez trigueña; boca que
deslumbraba por lo blanco y oarejo de la dentadura; manos y pies diminutos, vestida con un traje de obrera parisiense; hablando bien el francés y mal el espaf'íol, porque usaba todos los modismos y todos los disparates del
pueblo bajo, que á nosotros nos sonaban allí como un
himno nacional, y queríamos aplaud.írselos.
Nos enseñó al loro que había ido á Europa en el hombro del antiguo cazador de Vincennes: nos mostró entre
los útiles de su batería. de eocina, un metate, un molcajete,
un comal y un tejolote.
Nos hizo comer tamales que había preparado desde la
víspera, y nos patentizó la fusión franco-mexicana, cuando uno de sus chicuelos le grito: mamá: venez-icí¡ y ella
le respondió con la mayor naturalidad del mando:
-Espérame tantito.
Cómo le brillaban de alegría los ojos, al recordar sus
magueyes, sus tlacbiqueros, la cocina de humo, el árbol
de capulínque da sombra al corral de su casa nativa, y
cómo expresó en su semblante el dolor más intenso y la
tristeza más profunda, cuando mi amigo le preguntó:
-Camila, tiene usted ganas de volverá. México ....... ..?
-Sí, respondió suspirando; pero eso no será nunca.
Mis hijos son de aquí, y aquí nos mo!'irtmos todos.
-8e acuerda usted mucho -:!e nuestra tierra?
-Mucho, mucho. Mis hijitos saben querer á México.
Ahora verán ustedes. Pierre ...... Pierre. Ven acá pronto.
Se presentó un chiquitín como de nueve ailos, enguJlendo un gran trozo de pan con mantequilla.
-Dí :i los se.flores á quién le rezas de: noche para que
te baga bueno. ·
·
-A la Virgen de Guadalupe.
-Bueno, ¿y cómo se llaman esas rueditns blancas que
hago en el metate?
-Tortillas.
-¿Y qué te doy de desayunar cuanrlt) te portas bien?

-.A.tole de leche.
-¿Ven ustedes c6m1J conoce mucho de allú.?
Nosotros teníamos las lágrimas en los ojos, y cuando
nos despedimos, mi am1go1 inspirado por una idea 1 le dijo a! chico:
-Te voy ú hacer un regalo que va á. encantar tí. tu ma·
má; toma.........
.
Y sacó de la bolsa una cajita de música. No hizo el
chico mús que darle dos vueltas al pequeño manubrio, y
Camilase püSO :t llorar tílngrima viva, y nosotros lo.mismo al contemplarla.
Y habfa razón; era. una cajita que mi amigo-mandó ha·
cer en Ginebra y que no tenía mií.s qne una pieza: el him•
no nacional mexicano.
Al salir de la casa C1.1.miln. nos vió con gratitud y con
dolor, pues le parecía qnecon nosotros se iba pa1·a siem•
pre la personificación y la voz ele una patria ñ la que no
vokerfa. nunca.
JUA)l' u&amp; D10s PEzA.

UNA P~~SION.
NDO Yital-no_ltenía otro no~1bre-hubo
bandonado el molino del padre Garaud, don,
e estaba emplerrdo desde hacía tantos afios en
~
calidad de pequeño criado al principio, después de mozo
molinero, ganó maquinalmente el camino real, indeciso
respecto de lo que debía hacer en adelante.
Estaba profundamente triste, porque :t medida que caminaba, venía\e-{~ la memoria su vida, desde el dfa en
que pudo tener conciencia de los acontecimientos que
formaban la trama.
Sin paclre ni madre conocidos, había sido recogido por
la Aeistencia pública. A la edad de doce años1 laadminis~
tración le colocó en casa de Garaud, propietario y moli·
nero.
Había aecido, se había con vertido en un muchacho
fuerte y en la actualidad contaba Yeinte años. Durante
largo tiempo vivió feliz, partiendo s.us horas de trabajo
entre la granja. y el molino; después, un día, dó entrar en
la existencia de su patrón, á una Joven y su corazón quedó inquieto para siempreja.mús.
Era una locµra contra la cual, sinceramente, enérgicamente había luchado. En ,,ano se dijo que el padre Garaud, siendo su benefactor, tenía derecho ú todos sus res•
petos;.que, aun cuando á los sesenta años se habíá.casado
con una joven, había sabido hacerse amar demasiado pa•
ra protegerla contra los sentimientos de infidelidad; que,
por último, a.quella situación no podía llevar sino :t la
confueión.
El amor1 dice un proYerbio bíblico, es más fuerte que
la muerte: solicitados por él su alma, sus eentidos, su jU•
ventud, había acabado por sucumbir y se había precipi:.
tado en una desventura irreparable.
Ah! qué noche de desencanto sucedió al día de esperanza radioea que para el transcurriera! Volvía !Os ojos á su
alma y repasaba las circunstancias de su caída. Los acon•
tecimientos fortuitos, contienen ú veces irresistibles ten•
taciones.
Cuando, ayer, el padre Garaud que emprendía un viaje
de muchos días, abrazaba á su mujer y estrechaba lamano de su dependiente,· nada le autorizaba para concebir
temores. No era aquella la primera vez que se ausentaba
y á su regreso de cada _uno de sus viajes, había encontrado siempre que el orden reinaba en sn molino. ¿Qué qui•
meras hubiera podido forjarse? Entre un muchacho leal
y una mujer fiel, el mal no hubiera encontrado campo para deslizarse. Ert1. ésta una opinión muy razonable que el
pasado justificaba. Vital no podia querer traicionarle: tenía miedo á todas las infamias y hasta entonces se había
contentado con amaren silencio. Aquel día, sin embargo,
en la soledad de su corazón, una voz se hacia oír insidiosa: ii¿Y qué su turpo de ser amado no llegará jamás?n
Amado, no lo había sido en el cm:so de su existencia
precaria: no conoció jamás, como los otros niños, el encanto del beso maternal; fuéaba:q.donado á. la orilla de un
campo como un paquete estorboso. ¿Por qué? ..... . Día
radiante! La joven iba y venía en el patio de la granja,
ocupada en sus quehaceres: su juventud feliz, sin inquietudes, casi sin deseos, prestaba algo como una aureola á
su frente. Era más rubia, más luminosa que una aurora.
Su voz cantaba, a:un en sus palabras. Si llamaba ú. sus gaM
llinas, surgía en su rededor un rumor de alas 1 un impulso
de ascensos.
El la contemplaba desde lo alto de la ventana del molino donde vigilaba la molienda: Sf.lilaba en amarla y ser
amado castamente; soñaba en confiarle su sueno y aquel
día era el destinado para tal confidencia.

•
••

El y ella acababan de comer. El sol se había puesto:
unos instantes de crepú!culo aún y la noche sería éom•
pleta.
Como la atmósfera· estaba fresca después de un día ca-

10
luroso la seflora de Garaud se había sentaao en un banco depÍedra fijado ú. la puerta de entrada1y reflexionaba un
poco ansiosa.
Pensaba:
-Vital parecía preocupado esta tarde. ¿Qué le int¡ uietaba?
Y su pensamiento indeciso flotaba entre mil hipótesis,
que asediaban confusamente su espíritu. Era incapaz de
precisar nada. Como si su marido estuviese presente había conversado acerca de los negocios, del molino, de la
granja: l'eníale sin embargo un presentimiento: por el alma del muchacho molinero, pasaba ;tlgo obscuro, que se
le escapaba, pero que no dejaba de inquietarla.
.
Entre tanto, Vital, habiendo concluido su trabaJ01 volvía del molino y se adelantaba hacia el banco que servía
de asiento ú. la señora Garaud.
La noche era completa; e! cielo estaba constelado, pero
la luz difosa que descendía, npenas permitía entrever la
silueta de las cosas ..... .
Tu,·o ella de pronto la. idea de mcter:::e ú. su habitación.
Sin embargo, como aquella aprensión que advirtió en sí
misma tlo tenia explicación, le parec~ó pueril Y permaneció en su sitio. Por otra parte, Vital estaba. cerca de ella
y había. tolllado ú su vez asiento en el banco, como solfa
hacerlo dee.puésde s11 trabajo, porque el molinero lo consideraba como miembro de la familia.
¿Por qué había ella. de espantarse'.'
Tratando de sobreponerse á su angmtia, escuchaba al
joven que le hablaba en \"OZ b.1ja. Lo que le decín nada tenía poi· cierto de criminal.
Record,lbalc un pasado bien hermoso: el día en que
ella entró :i la. granja, después de su bocln; el recuerdo se
remontaba ya :l muchos años. jO:,mo fné [estejada por
todos! Yita1 tuvo la idea de leYankt.r, en honor suyo, un
arco de triunfo hecho de foll:ije y regó flores en el camino que ella. debía recorrer.
Conmo, ida por tanta solicitud, en un arranque de
emoción sincera, presentó sus mejillas al muchacho molinero para que las besase. Aquello estaba ya rnny lejos,
sin duda el rt'cuerdo por tanto era delicioso. Pero por qué
Vital lo evocaba. aqnelhi noche?
Conversando, se había aproximado él á ella, y su pálabra tR.m biaba mús y m:.ís en sus lábios.
Sí, ella le había dado espontanea.mente un.beso: el primero1 el último. Hablaba con cierta exaltación y la señora de Garaud comprendió que la prolongación de un
tal t,¿te ,l t2te encer raba un peligro; quiso levantarse para
sustraerse á él, pero de pronto dos brazos la encadenaron
y un beso sofocó en su boca el grito que iba á estallar.
Aquello había sido rápido como un rehímpago. Con un
gesto Yiole.nto, rechazó ella al joven, se irguió roja de
vergüenza y de cólera, y con una voz en que vibraba la
indignación, exclamó:
-¡Partid! ¡No quiero veros más; os arrojo!
1

,i.*,;,.

Inmóvil y como inconsciente, habíala él dejado entrar
en sus habitacionee, sin hacer tentati ,a alguna para retenerla. ¡Cómo le enloquecía la idea de haber roto así su
ventura! Porque, en suma, él era. foliz, si nó por ser ama•
do, cuando menos por poder amar, por poder permanecer donde ella estaba, mezclar su propia vida á una parte
de la de ella. Ay! todo había acabado.
En tanto que la señora de Garaud, encerrada ;i doble
vuelta de llave en su pieza, velaba por temor de ser sorprendida por Vital, él también velaba, t_orturado por el
dolor y las penalidades. Aquella noche habfa pasado, semejante á una noche de muerte.
Las horas lentas caían una á. una sobre su corazón y so•
naban el toque de agonía de su amor perdido. Al.día siguiente, desde el alba, había recogido sus vestidos y su
ropa blanca, leve paquete que cargó sobre sus espaldas, y
para siempre habfa dejado el molino del padre Gara.ud.

•
••

Triste vida la suya! Caminaba evocando el paeado y
sufría. Pen~aba: 1dré lejos, tan lejos, que perderé su recuerdo!n Cuando hubo recorrido algunos kilómetros, le
pareció que est.aba fatiga.do y que sus piernas rehusaban
sostenerlo. Apoyóse en el flanco de una escarpa y reflexio-nó. Reflexionó que no ver jamás ú la señora de Garaud era
algo superior á sus fuerzas; que su corazón, ú. pesar de
todo, estaba encadenado á aquel molino y á aquella granja y que era imposible romper el lazo sin morir.
A alguna distancia del sitio en que se encontraba, o.fase un tic tac de molino. Conocía al propietario y enbia
que podía presentarse con seguridad de ser acogido. Más
de una vez, el molinero, el señor Gaucher, ¿no había ensayado conquistárselo para su servicio? Se levantó y se
dirigió allá.
1
Auguró bien: el seflor Gaucher, inmediatamente lo to•
mó á su servicio. Esta solución le saUs:fizo,
Una distancia de &lt;loe leguas, poco más ó menos, sepa~
raba los dos molinos¡ un salto apenas para unas piernwi
de veinte afíos.
Durante toda la semana, rumió en su espíritu el pro-yecto de volver á ver ,t la señora de Garaud, de vol ver

..

NOVIEMBRE,

18l/5.

\·er desde lejos, sin hablarle1 oculto en un bosquecillo
que confinaba con el jardín de la Granja.
N~da ei_-a más fácil. Desde el domi11go puso su proyecto
en t'JCCUCIÓn.
AqueJJo fué verdaderamente dulce, dulce como un bMsnmo que hubiera empapado su alma dolorida.
Oculto entre las :iltas yerbas, acechaba, con ef corazón
y los ojos despiertos1 estremeciéndose al menor ruido
al1.ándose sobrt:l los puflos para ver, cuando le parecí~
oír pasos. Un~ ~ez ó dos, en el curso de aquella siesta,
l:1 liabfa apercibido así y todo su ser habfa que:-ido volar
hacia ella.
Ah! cómo hubiera querido gritar:
«Miradme1 estoy aquí, yo qne os amo y que sufro por

EL MUNDO.

147

Es verdad que no reinan siempre la primavera y el estío
que hay días sombríos y noches glaciales en otoffo: pero
¡bah! ¿que importan estas pcmtlidades á. los que aman?
Además, nunca falta un rincón, un escondrijo cualquiera donde refugiarse.
Un dfa que vagaban por las cercanías del castillo derrui•
JO cJ_ mundo sabf: que un tesoro se hallabn esdo donde se encontraba la misterio!'a sala, el cielo ae íué
condHlo en aquella sala, la única que aún conencapotando y estalló de pronto la tormenta.
servabn. sus muros en pié y cuyo techo no se
Los true:-ios y relámpagos sncedíanse sin interrupción
había derrumbado todada entre las ruinas del antia-no
Y una. lluvia torrencial comenzó ú. caer sobre la tierra.
castillo; un tesoro inestimable de perlas y pedrería ;ue
Los dos jóvenes trataron de refugiarse entre laei ruinas
debía encontrarse debajo de algunas de las Josas del suecuando distinguieron allí al lado di: ellos una larga abe/
loó quizá. detrás de alguna columna.
El afortunado que lo poseyese no solamente sería. más tura donde podían guarecerse y penetraron en la sala de
\'OS.ll
la sombra eterna.
ri.co
que todos los reyes y emperadores, sino que también
. ¡Ay! sólo sus miradas podían hartarse de aquella exquiDesde luego quedaron sorprendidos do la obscuridad
s1t.a y sobrJ.da r.ípida visión, de la cual se llevab:1 la ima- disfrutaría de todas l:ls alegri-as y glorias de la tierra por- que reinaba en torno suyo porque ellos solos desconocían
que
cada.
una
de
aquellas
perlna
y
piedras
preciosas
eran
gen parn nutrir su alma durante los largos días sigui~.
la existencia deJ tesoro oculto en aquellas tinieblas.
tes... ....
- ott·os tantos talismanes de un poder irresistible.
No tenían miedo porque se encontraban jnntos, cogiD~ ~sta sue:~ vivió muchas semanas. Cada domingo
Con estü!J antecedentes, comprenderás que no faltarían
s? ?mgía al s1t10 de costumbre, donde esperaba Ja apa- · personas siempre dispuestas á apoderarse de semejante dos de la mano. Sentáronse sobre las baldosas muy juntos el uno del otro y cstrecháronse amorosamente.
n c1ón de aqnella que era su alegría. Si esto no constituía tesoro.
-Yo te amo! contestó él, y raro fenómeno: Apenas
el paraíso soñado, si era cuando menos una porcioncita
Los ha.bitantes de la aldea inmediata así como los de
de él: la habfa visto, había respirado el mismo aire que los pueblos circunvecinos tenían abandonados todos sus pronunciadas estas palabras y cual si se tratase de una
ella y se volvía contento á su molino
asuntos y negocios pensando en su constante pesadilla: la. ~Yoc~ci6n mágica. la sala misteriosa se vió de repente
Un día en que acechaba, oy6 dos v~ces que venían ha• de hacerse dueilos del tesoro.
1lummada de una grande claridad.
cia él: la voz de la seiiora de Garaud y la de su marido.
II1
De todas. las comarca.e de la tierra acudían unos á pié,
Bien p ronto vió ú. ambos marchando, uno al lado del otros en luJosas carrozas, pobres y ricos, nobles y plebeA
sus
gritos
de
extrafl.eza,
acudieron los hombres y
otro, por el bordo del río. Llevaba él una red á la espal- yos¡ pero todos guiados por la ambición de encontrar tan
mujeres que siempre vigilaban las ruinas en esperanza
da y respondía á su mujer que le manifestaba sus temo• incomparable hallazgo.
res:
de que cualquiera casualidad viniera á hacerlos dueños
Sin embargo, ninguno de ellos conseguía vencer en su del tesoro.
- Estit tranquila, uno ó dos golpes de red bastarán paempresa. Acaso la sala poseedora del tesoro hallá.base
~ p roporcionarnos fa fritura con que quiero obsequiarte,
Se comprende cual sería el tumulto que se produjese
res~uardada por puerta tan pesadn. y maciza que era imcuando toda aqm•lla multitud vió en un hueco de la musm contar con que puede dejarse coger una hermosa pie- posible forzarla 6 echarla abajó? ........ .
za, lo cual no nos disgustnrfa .i,or cierto, verdad?
ralla brillar los montones de piedras preciosas.
Nada de eso. No existía puerta alguna; la entrada era
-Sin duda, replicaba. ella, mas piensa que el molino
Con los ojos extraviados y trémulos los brazos, todo el
amplía como un ves~íbulo de palacio. ¿Quizá veíanse allí
está andando.
mundo se arrojó en busca de una parte de aquel valioso
tarascas
y
dragonea
vomitando
fuego
como
nos
pintan
las
- Bah! la lancha está s61iclamente amarrada.
'tesoro que había de hacerlos ricos y felices.
El padre Garaud no dijo más: Con piés ágiles no obs- leyendas? Tampoco.
Sólo loe dos j6Yenes que al murmurar las palabras Yo
Lo que impedía acercarse al tesoro era que la sala en
tante su edad, saltó á una embarcación atada á un árbol
te amo, habían dispersado las invencibles tinieblas, pertoda
su
extensión
se
hallaba
llena
de
una
obscuridad
tan
de la ribera; después, una vez verificada !a solidez del
manecían indiferentes sin pedir parte en el tesoro, poinudo d~ la amarra, con un impulso, ganó la medianía de negra y espesa qne era imposible distinguir en ella.
que ellos contaban con otro mús dulce y más fefíz pa~
La
comprensión
hum~na
no
basta
para
darse
una
idea
la corriente.
ra ellos:
El primer golpe de red había sido fructuoso. La red ex- de la sombra que reinaba allí. Las más compactas tinieEl amor que albergaban sus tiernos corazones.
blas
comparadas
con
ellas
hubieran
parecido
transparen•
tendida, había capturado entre sus finas mayas un buen
lote de pecesillos. Acaso bastaban para la fritura; pero el cias de la aurora.. Los rayos del sol al dar en la entrada
CATULO MENDES.
de la sala, eran rechazadoll como si se tratase de una
padr;e Garaud no se contentó con eso.
. H izo una nueva ~ntativa: esta vez el golpe fué desgra• puerta de diamante negro, impalpable1 iHvisible.
Algunos que se habían atrevido á. penetrará tientas en
ciado¡ la lancha osc1l6; en la sncudida, la clavija d~ ma•
CAPR ICHO.
dera que retenía la amarra, se rompió, y la embarcación, aquellas tinieblas, refnían que á los pocos pasos habían
creído tener sobre sus pupilas una masa semeja.u te á pez ó
arrastrada por la vio lencia de la corriente, se desvió.
Flotan, como barquillas, en el aire
En vano el molinero gritó á su mujer que le arrojase la betún que les imposibilitaba ~vru:1zar. Otros uo habían
zumbadores insectos,
cue.rda; desfallecida. de espanto, torcía ella· con desespe- vuelto ti salir, muertos sin duda antes de conseguir voldeslumbrados borrachos por las luces
ración las manos y permanecía en el ribazo, incapaz de verá encontrar la entrada.
que de la virgen sombra resurgieron.
Innecesario es decir que se hnbfa tratado por todos los
obrar.
La romántica alondra,
De pronto, Vital surgi{&gt; 1Í. sn lado, Vital, cuyos ojos inun· medios imaginables de hacer desaparecer esas tinieblae,
dejando el surco por la reja abierto,
dados de una alegria cruel, parecían decirle: '' El destino es petó todo había siclo en vano. Antorchas embreadas lámdice, mientras que sube por la escala
mio. ¿Por qué pedir un socorro imposible? Es ya tarde. paras preparadas al efecto1 troncos resinas.os iodo se
que termina en el cielo,
extingufa
á
la
entrada
de
la
sala.
'
Ved, la corriente parece redoblar su viole11cia. Unos1nicon tonos de las églogas antiguas,
Se había tratado también de arrojar bombas y cartu•
nutos más, unos _segundo::i, y el obstáculo que nos sepkra,
un dhUogo tierno,
habrá .deEaparemdo; hombre y embarcaciún serán u)oli- chas explosivos. Unas y otras e1;tallaban con estruendo
que
aprendió
pudorosa, una manana,
pero sin dar una sola ráfaga de luz.
.
'
dos baJo la rueda del molino."
de Julieta y Romeo .. , ...
Ella gritó:
Los emperadores y príncipes ú.,,idos de poseer lai, riEl ruiseñor se asoma á los nogales
- ¡Salvadle!
quezas y talimanes sepultados en la aombra1 habían dide la alberca del huerto
El volvió á otra parte la cabeza.
cho
á
los
l'.!ábics:
((Una
parte
del
tesoro
será
vuestra,
s
i- E lla replicó:
y preludia en la lira de los campos
conseguís llevar la luz.n Hiciéronse mil combinaciones
-¡Lo qmero!
un poema sinfónico, soberbio,
químicas, pero todas con el mismo resultado ante aqeeY cbmprendiendo el sacrificio que exigía añadió:
donde hay rencores de Marsillas1 tristes
- Os amaré.
'
lla invencible oscuridad.
por sus cariflos muertos.
¡Amado, él seria amado! ¿Había oído bien? ¡Oh subliII
La paloma á su macho
me locura! ¡Oh arrobamiento divino! Sería amado.
espera,
para darlt! mijo y besos,
En aquel tiempo existía una pnreja de pobres mendiSe apoderó de la amarra, saltó al río. En unas cuantas
en las sombras que tiran al arroyo
brazadas llegó ú la lancha y alargó la cuerda al padre Ga- gos: ella de quince años y él de dieciséis, que iban por los
unos álamos secos .... . .
raud¡ pero ú. causa del movimiento quu este último hizo caminos medios desnudos implorando la caridad cuando
Se
impacienta
febri1 1 y con suspiros
para asirla., In embarcación se desvió1 y Vital, impulsado algún transeunte paeabo, y recügiendo las mil florecillas
que le hinchan el pecho
del
campo
cuando
se
veían
solos.
por ella hacia la medianía del agua, intentó en vano coger
repit~ en el idioma de los árabes
Si hubiesei1 preguntado ú. las golondrinas que habit.ande nuevo la borda. A i;u vez era llevado por la corriente.
un trozo romanceeco.
el
reborde
de
los
teja.dos,
dónde
se
encontraba
la
casa
de
De pié, en su embarca:ión, el padre Garaud, sin poder
Y
la
tórtola, viuda, solitaria
socorrerlo, presenciaba la lucha que su antiguo dependien- los jóvenes n1gabnndos 1 no os lo hubieran podido decir
como monja en el templo,
seguramente,
puesto
que
jamús
les
habían
visto
entrar
te sostenía con la muerte. El le miraba, evidentemente
en el tri:,te retiro de laa breí'ia.s
perdido, sin remedio, girar sobre sí mismo, desaparecer ni salir bajo techado.
enloquece de miedo1
Carecían de hogar y de familia; pero en cambio las go•
e~1 los remolinos, volver á. 1:\ superficie; pero siempre,
reza.ndo
siempre de los tiempos bíblicos
londrinas recordaban cuantas veces por la mañana, en la
siempre, corno una aspiración inrencible, el molino Jo
los jcremiacos trenos .........
·
siesta
y
al
caer
de
la
tarde,
les
habían
rozado
con
sus
alas
atraía á su abismo.
ANTONIO F. DE l\.foLINA DONOSO.
La Sra. de Garaud, srguía también con la mirada el h&lt;r en la pradera á orillas del arroyo ó al pie de la \·erdeante
rrible drama. Una angustia de :1g11nía opdmíale el pecho. espesura de los bosqneFt.
Los dos vagabundos se regocijaban de serlo; jamás haEra por ella JlOI° quie11 aquel hombre iba á morir· ella era
•
bían conocido otra vida, y su placer mayor era rngar enquien lo IHatnba!
'
En pleno idilio:
De pronto, 1a. joren lanzó un grito terrible; el cuerpo tre las soledades floridas del bosqlle.
-Pero, ¿qué has hecho, Juan mío para que yo te quieToda su preocllpnción conshstía en encontrar un trozo ra tanto?
acababa U.e pasar bajo hi ruega del molino.
Así pereció Yital, y su muerte hizo lo que su ternura de pan en cualquier altlea, el cual iban á comerse juntos
-Pues hija .. ... -. la m:1r de deudas.
no había podido hacer. Fué como un rocío fecundo que allá lejoe del camino, mordiendo los dos el mismo boca•
•••
se.extendió en el corazón de la Sra. Garaud: el amorger- do ¡y sabe tan bien una comida cuando tiene de postre
Gedeon elogia la voz de un tenor de opereta y dice:
mi~ó Y~e engrandeció hasta la desesperación, y abrió una un beso!
....:Después de la de Tamngno no he oido voz como la
Cuanto ú. un techo que les cobijase para dormir, escasa de ese hombre.
herida mcl1rablc por la que el alma de aquella mujer se
-Y tú viste fi Ta.magno?
derramó gota á gota; herida que, m{lS tarde, debía mat.ar- era también su inquietud-¿Qué palucio, qué morada por
la también.
espléndida que sea, puede compararse con un cielo de
-Sí, en la Concordia.
follaje tachonado de estrellas brillando como otros tantos
En. MARTÍN VmEAU.
-¡Cómo en la Concordia!
(A. Nervo, tradujo.)
clavos de oro?
-Sí, una noche le oí pedii- un lielado.

f

•

••

•

�148

EL MUNDO.

10 N oVIE1dJIRE, 1895.

10

NOVIEMBRE,

1895.

EL l\HJNDO.

149

3,

,,

)(~ .·,

•

,. ~,l'

11,

,~,¿¡~·-•;_;
' «·t..

Grusta, cuaaro ae &lt;ronraao Kiesel.
(Grabado en los talleres de El, Jfunao.)

1· Srita, Dolores Cárdenas.-2. Srita, :Francisca G11Uérrez, dl{Cbihuahua, Fot . B Vclarde " Srita R r • ,
.
•
.--.,.
· e ug10 .u!nrt!n Pérez ae· ~ J
5. Srita. AmadafCasti.ll::_ deYéxico.--6. 8rita. Maria TereEa Porrilio. ;:. /~~

~1~:;,~~:t

Manuel J. Oro~.-l. Srita.~E•a Vargas, do Mé%1oo,

�10 Novn:M1JRE, 18\Jó.

Páginas literarias.

EL BUENLADRON.
Traducido párn "El irund.o."

MEFISTOFELES.
Es un diab lo gentil; no causa miedo;
Conoce el corazón de las mujeres,
Y el oro corruptor y lo!:! placeres
Maneja con el chisme y el enredo.
Por la huma1rn virtud no expone un bledo;

Tiene, en cada cuestión, dos pareceres,
Y son ante su lógica los seres
Del vicio imagen, del honor remedo.
Es un Don Junn escéptico y galante;

Dan relieve á su exótica figura
Rasgos de espadachín y de estudiante;
El sofisma encubierto es su armadura:
Mefisto es la mentira deslumbrante,
La mala fo, la paradoja obscura.
LEO POLDO DíAz.

A

Gráfira.

Redondas perlas que ciñen
tu hermoso y cándido cuello
diamantes ·que nos deslumbran
más que tus ojos serenos;
encajes, plumas y flores
que coronan tu cabello,
lazo que estrecha tu talle1
ropas que velan tu cuerpo.
guante de tu blanca mano,
chapín de tu pie ligero
limpia y venturosa holanda
que oculta besa tu seno;
ambiente que te circunda,
luz que te baña, silencio
que en torno tuyo difunden
la admiración y el afecto;
leve fragancia de_lirios
con que embalsamas el viento,
música de tus palabras
con que enamoras los ecos,
miradas con que fulminas
los corazones de acero,
y mentirosa sonrisa
conque me auguras el cielo:
todo parece que guarda,
allá en su escondido centro,
una promesa, un conjuro,
un espíritu, un misterio.
Se diria que tu alma
tiende invisible su vuelo
y penetra y vivifica
los materiales objetos;
mas tu alma huyó sin duda
de tu desolado pecho,
porque de allí la poesía
y los amores huyeron.
JUAN VALERA.

Las dos loterías.
Un rey con ci~n millones de vasallos
sintiéndose morir,
realizó la experiencia ruás extraña
que de reyes y césares yo ví.
-Antes de un mes, decía en un decreto,
bajaré al panteón,
y pues muero sin hijos, que la suerte
por azar n;i.e designe el sucesor.
El monarca pensó: La. noche antes
ninguno dormirá,
en la vaga esperanza todos ellos
de ceñir á la sién corona real.
Pero el rey se engañó, siendo él el solo
que no pudo dormi.~,
.
pues cada cual se d1Jo:-¡S1endo tantos,
es imposible qae me toque á. mí!
Dió luego otro decreto en que ofrecía.
decapitar cruel
.
á aquel á quien la suerte des1gna1:3
de entre todos sus súbditos también.
Ent6nces sí acertó; la noche antes
del sorteo fatal,
en vigilia angustiosa, ni uno solo
dejó de discurrir:-¿.Me tocará?
y es que el hombre, whiendo que los maks
son ciertos, y el biin no;
.
al anuncio de un biffl se enco;e de homlrros

y de un ma/1 se le encoje el coraz6n.
ENmQUE SEGOVIA ROCABERTI

I

TUVOSE el hombre frente á la puerta cerrada;
miró hacia todos lados, en medio de la noche: la
alle estaba en aquel momento desiert~; sona~on
1aa once. No tenía otra cosa qué hacer,
b • smo estirar
d
el cordón para que aquella puerta se. a riese, merce
al resorte; después, rápidamente se encaramaría al tercer
1·so forzaría la puerta &lt;le la derecha, cogería papeles,
Pvalores,
,
sortijas y saldría tranq m·1 ame~ te • , .
Aquello era sencillo, un golpe demasiado f~cil para u,n
· · · te Sí· pero el caso es que tenía nuedo. Sena
~ -eso de andar
,
.
estúpido
con rncilaciones á la 110ra precisa,
cuando había tenido días enteros para preparar el negocio y para reflexionar bien.
Abandonó la puerta, que tocaba con man? temb.l~ro1;a,
Y anduvo algunos pasos con traspiés de ebrio, repitiendo

Pª~J!~

es sencillo, eso es muy sencillo; las ~entes de la
casa volverán del teatro á media noche, de nrnguna manera antes; los otros habitantes están acostado.a, la por~~ra duerme ...... ~ Se puede entrar ahí, con la misum fac1hdad que á un molino.
.
Volvió á. encontrarse frente á la p.uerta: Sus die,ntee
castañeteaban. Si segufa vacilando, iba, sm duda, a hacerse notar. Justamente, allá léjos, alguien venía por la
acera opuesta.
El reloj cercano sonó: las once y cuarto!
-Vamos, pues, perezoso!. ..... Su mano tiró del cord~n,
oyó el repique de la campanilla; pero la pnerta no se ab~ó.
¿Era esta una advertencia de la suerte? 110 quería dec1:,
ac.aso: uvete, puedes hacerlo aún, 110 cometas eee cn-

m~h

EL MUNDO.

10 NovrnMlJRE, 18\J5.

EL MUNDO.

150

d

,

-Vamos ya,-dijo de nuevo-basta de tar anzas.
Tiró otra vez, con fuerza, del cord~n.
Su corazón, sus sienes, latían horriblemente. ~ puerta se abrió. Eutró: el pasillo estaba obscuro. Sm cerrar
completamente la puerta, imitó el rui~o de ésta sobre el
batiente. La vieja portera podfa dormitar, y era necesa•
rio engaílarla con ruidos, á los cuales, s_u oído estaba acostumbrado· no omitiendo, sobre todo, el nombre, com.o lo
hacían los' que llegaban tarde. Dijo un nombre elegido,
al acaso· nada se movió.
Anda~do sobre la punta de los piés, subió has~ el tercer piso · oíanse bien sus pasos; pero esto, era meJor; asf,
nada te~ía que temer. Todos dormían. en aq~ella 0!'8ª,
con el estómago lleno, en recámar:l.S bien calientes, rodeados de bienestar. Era justo que él. fuese ú ~om~r una
parte de aquella dicha, él, el obrero sm tra~Jo, sm ho•
gar, sin pan; tomaría esa parte por la astucia, como el
zorro; la tomaría, en caso ofrecido por la fuerza. Y sus
dedos se crisparon sobre el supuesto poseedor; le rompería la cabeza como se rompe una cáscara de huevo.
«Escuchó ~l silencio.11 Su :fiebre le hacía oír ruido de
pasos cercanos. Como obrero hábil que, era, fo:z? la puerta, que se abrió sin cantar. Nada cayo. ~ v1v1~nda estaba á sus órdenes: aquí el comedor, ah1 la. cocmai sacó
de su bolea una linterna. Pero, Dios mío, qué fac1l era

rot~:~6·á·~~ narices un suave perfume. Entró ú la recámara y vió el armario de cristales. Un golpe de _mano
bastó; abrióse el armario brindándole sus tesoros: di~ero,
alhajas. Cogió un puñado de piezas de oro, otro ~unado
de alhajas. ¿Eso era todo? Había que b~scar los b1~letes,
los billetes azules, verdes y rojos; los billetes que Jamás
había acariciado. Buscó, rozando géneros de ~eda que
suspiraban confrufr-us perfumados. No había billetes.
Pero ......... ¿escuchó un rumor? Sí1 un rumor, leve, un
eoplo ...... ¡Dios santo! lo descubrirían? .
Levantó la linterna, recorrió la estancia, esperó presto
á golpear, á herir.
Un soplo, aún, á su lado. Da un paso, con la caut.e!a
del jaguar que acecha á su víctima, y ve .......... u.n i_imo
caído de la cuna1 como un pájaro, caído del mdo. Tt~ne
frío, no grita; pero gruesas lágrimas ruedan de sus OJOS,
-Ah, pobre angelito! exclama el b?_:n ladrón, Y dejando en el suelo sus útiles, toma al nmo .en sus brazos,
lo acomoda en la baja camita, lo arropa bien Y se queda
mirándolo.
·
Algo extrafio se remueve en su alma. Acuérdase de su
madre.
.
·La pobre vieja! Si ella lo viese así, convertido en la1
•
•
drón, ;.Í punto acaso de trocarse en asesmo .. : ... ¡que verguenza! Representósela su imaginac16n, moviendo la ca:
beza, y murmurando: ues imposible. que yo .haya dado t~
luz un ma.lvado.n Si ahora estaba s111 trabaJo ......... pueE
lo hallaría más tarde. Un obrero hábil como él, no permanecería mucho tiempo en la miseria ......
Oh! cuántas veces le dijo la anciana: u¿No es verdad,
hijo mío, que serás siempre un hombre honrado?
Ay! aquell.i voz reeonaba en su rededor: clara, llena de
ternuras.

Sacudió la cabeza, enjugó con la diestra su frente sudo
rosa y, rápidamente, vació sus bolsillos.
Sus dedos, crispados, febriles, colocaron aquel oro y
aquellas alhajas sobre la cuna del pequefiuelo. Su conciencia. aligerada, respiró.
.
.
Pero había que salir pronto, un mmuto más sm em~argo, un minuto más para deja: á la ma?re de aquel mño
un voto sentimental. Arranco una hoJa de su mamótreto y escribió:
nSeñ.ora:
No falta nada. Enseñad--le á quereros mucho.u
Después de haber depositado el papel sob~e el p~ho
del nifio dormido, salió, á laa calles heladas, sm abrigo Y
con hambre; pero con la frente levantada, sonando en
trabajo futuro.
M.B.

Qfl

tramontar ~e la luna.
(De Leopardl.)

Cual en tranquil.A noche solitaria,
por entre campos y arroyuelos, donde
cefirillo aletea
y mil visajes ríen
.
de formas engañosas, peregrinas,
que entre sombras lejana.&lt;¡, ~ la idea
fingen ramos v techos y colmas;
del puro cielo en las regiones vanas,
detrás del Alpe altivo ó del Tirreno
hacia el profundo seno
baja la luna y palidece el mundo;
caen las sombras y alta
oscuridad el valle y monte envuelve;
reina la noche umbría1
y cantando con triste melodía,
saluda en su camino el carretero,
la esca.Pa luz del rayo postrimero,
que ha poco le era guía;
tal por fin desparece, y tal cayendo
la edad mortal en su ruina, deja
la juventud. Huyendo
van laa som brae y engafios
fugaces del placer; y en nuevos años
mueren las esperanzas
en que se apoya la mortal natura.
Ab~ndonada, obscura
queda la vida. La mirada en ella,
busca indeciso viajador en vano
de aquel camino que afanoso huella,
marca 6 noticia¡ y halla qrie en el mundo
él tan sólo parece un hecho arcano,
un misterio profundo.
Harto alegre y dichooa
nuestra mísera suerte,
si el venturoso e::1tado
de la risueña juventud:querida,
do se alcanza en tributo
uno entre mil amargos, dulce fruto,
dud;r pudiese el tiempo de la vida.
Ley blanda y bendecida,
la que á todo animal sentencia á muerte,
si en mitad del camino
su implacable dl!stino
no le asaltase máe terrible y fuerte.
De eterna concepción no i u digna hechura,
cautivo en tantos males,
hallan los inmortales
la arrugada vejez donde se advierte
vivo el deseo y In potencia fría,
secas las fuentes del amor, las ansias
mayores cada día,
y negada por siempre al bien la vía.
Voz, colinas, riberas,
perdiao el esplendor que al Occidente
enargeutaba de la noche el velo.
huérfana..... largo espacio
no quedaréis¡ que t!ll breYe :t la otra parte
ya miraréis a; cielo
emblanquecer ante la luz del alba:
y atrás siguiendo el sol con rayo ardiente,
plácido fulgurando
sobre mares y montes,
inundara los vastos horizontes.
Mas la vid:i. mortal, cuando su frente
dobla la juventud, nose colora
de otras luces jam,ls ni de otra aurora.
Enlútase hasta el fin; y allá en el limbo,
de otra edad mús obscura
van los dioses á abrir la sepultura..
E. Rrrboó.

151

&lt;Tarea misferiosa.

Hasta parece que este crimen final es su principal ocu.A.DELANTE.
pación, porque muchas veces, cuando cae la victima, se
oye á. alguno que grita:
No es mi poeta el de meloso canto
-¡Eso no es así!
Que recorta la estrofa pulcra y fina,
Y en efecto, parece que todos están conformes en que
Sino el coloso que infundiendo ei:;panto..
doce. Es la hora en que el sol de invierno,
no ha matado bien 6 en que el muerto no lo ha hecho á
~n raro, se digna mostrar un poco su radiante
Se alza henchido de fósforo y fibrina!
conciencia. Y entonces puede Yerse al asesino cómo se
~ f~z .. Es la hora del día en que mejor se siente encarniza nuevamente sobre su víctima, la que vuelrn á
Mi poeta es el del alma vigorosa,
f~vivir.
tomar nuevai:s fuerzas para retorcerse mejor entre sus suQue como el hierro p·r ofundiza el rastro,
A esta hora se despiertan los ricos y voluptuosos, se es- frimientos. Entonces todos se ponen contentos.
Y que en vez del perfume de la rosa
tiran en su perfumado lecho y piden un ligero desayuno.
¿Quiénes son, pues, estos monstruos'? ¿Qué abominable
Guarda en sus versos el calor del astro ....
A esta hora, los burgueses, los comerciantes, los em- sacrificio acaban de consumar en est,e subterráneo?
pleados, ponen tregua á sus pesadas tareas y descansan
Mi poeta e,i;: el rudo combatiente
¡ Ah! terrible cosa debe ser el fanatismo, para haber pocon los codos sobre la mesa ante los humeantes platos y dido turbar hasta tal punto los cerebros &lt;le estos infortt1que destroza las alas del vestiglo,
vasos llenos.
Poeta con un sol bajo la frente, ·
nados! ...... ¡Para haber borrado en ellos todo sentimienA esta hora los obreros, sentados también ante las tos- to humano!. .....
Poeta-humanidad, poeta-sig·lo! l
cas mesas de los bodegones y tabernas, hacen los hoPorque ellos no tienen ningún interés en el crimen que
Y no es el canto de lloroso acento
nores á una caliente sopa y á un frugal cocido.
cometen. ·No es para rohar ni para vengarse. Es por puEl canto que me eleva y me ll.rre1Jata 1
Es el medio día. Es la hora de comer, mirando al son- ra devoción ú su dios, es por virtud por lo que llegan á
Sino el canto ciclópeo y opulento
riente sol de invierno. Es la hora del reposo y la alegría. cometer estas escenas dignas de fakires insensatos.
con empuje y hervor ele catarata!.
Ni siquiera tienen aspecto de ser malas gentes, cuando
¿Quiénes son, pues, los desgraciados, los parias para
En este siglo de gigantes luces
quienes, por el contrario, esta hora es el tiérmino del re- se les considera fuera del momento_en que el furor del éxDemás está el señor de horca y cuchillo:
poso y del comienzo del trabajo? ¿A dónde van tan febri- tasis los desfigura. Lejos de ello, parecen más bien dulces y hasta cariñosos.
les? ¿A qué misteriosa tarea?
Hoy los guerreros no se ponen cruces,
Las mujeres son amables y hasta complacientes, y apeHoy los bardos no corren al castillo 1
Hélos ahí, deslizándose rápidamente á lo Jargo de los
muros, con sus descoloridos rostros -Y sus ojos medio ce- nas ha.y una cuyos ojos no reflejen la lláma del amor.
El uso medioeval no se desprecia,
Los hombres son alegres compafieros, bromistas y de
rrados, como si temiesen á la luz. Van de prisa. Se cono- cidores.
Pero dándole impulso giganteo,
ce que andan retrasados. Algunos corren.
¡ Hoy en cada taller hay una iglesia
Sin duda deben ser una especie de sacerdotes en cuyos
. Allí, en aquella negra é imponente morada, se abre aíe!tados rostros no puede leerse la hipocresía.
Y en cada exposición hay un torneo! l.
una puerta semejante á una madriguera de conejos. Allí
¡En sus afeitados rostros!.. ..... Ya lo habeis ndivinado,
Hoy la doctrina bíblica se mue.ve
van entrando uno á uno los desgraciados. Entran con pa- ¿verdad?
Con
un impulso que jamas se ha visto;
so seguro, como acostumbrados á andar en la obscuridad,
Pues bueno, sí: esas gentes que se encierran misterioY asi son el Riglo diez y nueve,
y asífdebe ser, porque entran en un local más obscuro que samente :l la hora en que las demás van 1i tomar el aire;
boca de lobo.
La ciudad un calvado1 el pueblo un Cristo I l . . ..
esas gentes qne pasan la tarde en las tí nieblas, entre meSiguen Jargos y tortuosos corredores, suben·y bajan es- cheros de gas, gritando, riendo, llorando, insultándose,
Hoy con sus armaduras de guerrero,
caleras húmedas de paredes viscosas. Caminan por un destrozándosej esas gentes que por la noche, paradescanSerena ante Paria que al taller corre,
subterráneo.
Con sus tres cuerpos de inflexible acero,
sar1 empezar1fo á gritar, á, reír, ií. llorar, á insultarse á
¿Es una cueva, una caverna 6 un templo de trogloditas destrozarse de nuevo, y esta vez en pl~na luz, bajo una
Tres veces colo::ial se alza la torre!! ....
el sitio en que se encuentzan? ¿Quién lo sabe? Una enor- luz que ciega y ahoga: esas gentes que llevan esa vida de
Y el trovador que apenas se leva.tite
me bóveda deja en toda su obscuridad aquella sala in- presidiarios, esas gentes son los- pobrns de quienes se
Quiera buscar atrás cautos soberbios,
mensa, desierta, silenciosa, polvorienta, que hace pensar dice:
Ha de volver el rostro hacia adelante,
en una cripta perdida en las catacumbas.
~¡Oh, los cómicos! Llevan una \'ida ........ .
Por ley mortal y por tensión de nervios l ! ... .
Allf llegan todos, siempre furtivos y cada vez más páApen:is se levantan, almuerzan de pie, corren á ensayar
lidos bajo la débil claridad de algunas lámparas que ilu- de doce y media ú.cinco, comen de pié, trabajan de ocho
Y el vate debe en sus canciones fieras
minan ·siniestramente aquel sitio de desolación.
á. doce de la noche, comen un bocado, Ee acuestan con la
Encerrar ya sin ver tiempos remotos,
¿Por qu6 vienen aquí? Adiviuadlo si podéis. Pero al fiebre de una batalla cuotidiana, se despiertan para haEstrépito de mares, luz de hogueras,
verlos, al oírlos, parece sencillamente que se trata de cer el mismo trn.bajo durante el día y correr al teatro de
Choque de astros y hervor de terremotos!!. ...
una reuni6n de locos y locas en pleno acceso de demen- prfaa, á toda prisa.
-¡Vamos, sefiores: :í escena!
cia.
J08E 8. ÜUOCANO.
Pobres gentes ......... ¡yo las adoro!
Van y vienen á. grandes pasos, gritan, lloran; después
J1ux RH..:IIEPIN.
estallan repentinamente en carcajadas, lqego se amenazan, se perdonan. Y siempre, siempre termina esto con
Cuando un verdadero genio aparece sobre la. tierra,
algún erímen. ¡Una pobre mujer asesinada, un miserable
puede conocérsele·en una señal sola:
Los
agiotistas
son
como
las
mujeres
alegres:
muchos
que se mata á pufialadas!
Todos los necios se ligan contra él.
los desprecian, pero los buscan.
SwnrT.

~

~

•*•

•••

CANTA RES.
En el fondo del pecho
tengo yo escrito
todo favor que me hac s
grande ó chiquito.
Mas los enojos
no te los tomo en cuenta,
luz de mis ojo~.

Tu amor hace conmigo
Lo que la yedra,
que al olmo á. que se enrosca
pronto desmedra;
cortarla quiero,
mas si la yedra mato
también yo muero.
No seas en el mundo
cual mariposa
que e!!coge de las flores
la más hermosa;
copia ií. In. abeja,
que de flor sin perfume
pronto se aleja.
Tu corazón, hermosa,
es de diamante,
nnda. en él hace mella,
siempre brillante,
y su contacto
los dem,ís corazones
raya en e~ acto.
Con una miradita
que tú me echaste,

amor brotó en mi pecho
firme y durable;
¡ay, quién dijera
que tan poca s~milla
tal froto diera!
MELCHOK HE

tal es sin muchos a.mbajee
el lorito de Loreto.

PALAU.

EL LOR ITO DE LORETO.
No se case usted lector.
Lector no se cru:;e usted
¡Un tiro ...... el canal.. .... no sé
cualquiera cosa es mejor!
Todas se vuelven el diablo,
todas dan el ei-tallido,
cuando se les ha leído
la epístola de San Pablo.
Pero el mayor de los males
que á usted puede snceder,
es que salga su mujer
afecta á los animales.
Y no son palabrns \'anas,
no sefior, no tiene ig·ual.
¿Figúrese usied rival
de cualquier perro de la.nas?

Esto á mí me tiene frito,
me humilla, me descuartiza
¡li~i huma.nielad rfraliza!
¡Ay! lector ;con un loritol
Un lorito muy discreto
que á mí me llena de ultrajes,

Ella en todo lo prefiere,
no hay quien su pasión le quite
y ,í. mí u1e deja que grite,
que rabie y me desespere.

Periquito, la muy boba
dice al loro por apodo,
yo soy .Pedro y de ese modo
hasta mi nombre me roba.
He perdido el apetito,
el sueño ...... la fe ...... ¡la mar!
¡Ah lector! Me Ya ú. matar
LoreV) con su lorito.
Sin cuidar &lt;le su decoro
Loreto ¡la esposa mía!
se pasa completo el día
frente ú. la jaula del loro.
Almuerza primero él.. ....
cuando cómo, esta en la mesa
¡Ay señores! ¡Ya rne pesa
hacer tan triste papel!
Casi Lorcto ha creído,
en su afición sin igual,
que yo soy el animal
y el animal su marido.
Y como es f.ícil creer
que yo le aumento el catálogo¡
siempre así comienzil. el diálogo
entre el loro y mi mujer.

-Periquito: mi tesoro ... ...
¡Esto delante de mí!
¿respondan uetedes sí
no es él, el nmo y yo el loro?
-Ven aquí ...... Te he de besar
porque en ello dichas hallo ... .. .
Y e1:1talla un beso y yo estallo
sin poderlo remediar.

Y me quedo sin comer
y rabio y me voy de allí
y sin cuidarse de mí
con él queda mi mujer.
Son mi martirio completo,
son mi castigo infinito,
Loreto con su lorito
y lorito &lt;le Loreto.
Soy un ente, un infeliz
con ese rival tirano
que lo tengo, como un grano
encima de la nariz.

Y si no mato al rival
cou &lt;.-'l que 1mefio y deliro
me voy :.t pegar un tiro
ó me :1;rrojo en el canal.
Ustedes quo Yen wis males
antes deben perecer
que casarse ron mujer
afecta á los animales.
Mé.xico, Kov. Ue 1895.

EDUARDO NoRnxu.

�EL MUNDO.

152

10 NOVIEMBRE, 1895.

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P6girw.s e:i.:trarrrdinarias.

DOMINGO 17 DE NOVIElllBRE DE 1895.

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S:os primeros pasos.

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CARTO~ DE

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n.

JOSE: JAR.\, PRE11IADO EX L,\ ACJ.l&gt;.IDfiA DE BEL!;.\,'•) ARTES DE 1rkx1co.

.,.

( Fot. proporciouada por el Sr, Ing. Fernando Ferrari Pérez.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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152

10 NOVIEMBRE, 1895.

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P6girw.s e:i.:trarrrdinarias.

DOMINGO 17 DE NOVIElllBRE DE 1895.

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JOSE: JAR.\, PRE11IADO EX L,\ ACJ.l&gt;.IDfiA DE BEL!;.\,'•) ARTES DE 1rkx1co.

.,.

( Fot. proporciouada por el Sr, Ing. Fernando Ferrari Pérez.)

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�154

17

EL MUNDO.

Páginas í!Heraria5.

lH1sroR1co.J

•rN'

los días de la flo.ridaju\·entud, nos congre•
gábamos algunos estudiant('S para luchar uní,
dos buscando un porvenir grato.
. Quién miraba en la poesía el paraíso de sus ensueños ,. se pasaba las horas le.vendo A los clllsicor,; lati""

nos Yespañoles: quién con su libro de texto en las
manos dábase al estudio con tesón tan árduo, que lo
enfennaban las Vigilias;· quién soñando en pl'óximas
revoluciones, ai1helaba Ralir á campaña para conquistarse una banda dC general, y quit'•n, por último, entregarlo A la dulce nonrhalance de los primeros años,
veta en su derredor transcurril' y perderse las horas,
como se perdian en el ambiente ln.s azules ci:ipirales
del humo de su cignrro.
Es hermoso cuando se ha vivido recordar esta especie de fermento de la juventucl que aún no dflfine
su situación social ni su manera de ser propia y
clara.
Eramos una legión de dusheredados. Unos tenian
sus bogues á. muchas leguas de la Metrópoli, otros
estábamos peor que ellos, pues nuestras familias hablan caldo en la desgracia, y poco ó nada nos hubieran dado si no con tasemos con esa providencia que
entre nosotros se llama una beca y 4ue no es otra cosa que d pan y la instrucción otorgadas gratuitamente por el Gobierno.
En aquel grupo, los que soñábamos en ser poetaH
éramos los menos aplicados, pues en cuanto se escribe el primer vel'so, se olvida la cátedra, estorban los
libros de texto, se desconoce á los maestros y se vive
pensa~do en Homero, en Dante, en Shake,speare, en
Cervantes, en el último romance publicado por algún
literato d~ renombre, en el soneto de fulano, en la
improvisación d8 mengano, en fin, en todo, nienos
en los exAmenes.
y recitando sonoras estrofas, escribiendo á la novia. sentidas espinelas, consagrando á la patria rimbombantes serventesios, llega el mes de Octubre, amarillea.n v ca.en marchita.-. las hojas de los Arboles,
se escucb¡ en la noche el monótono grito de los vendedores de castaña asada y se fijan en los muros del
colegio las listas de los que han de sustentar exámen
con tiempo sencillo ó doble, según la exacta ó ninguna puntualidad con que se ha~·a concurrido á las cátedras.
Era esta la época de nuestros gr1',ves apuros, porquequeriamos andar en pocas horas un camino quo
exigla nueve meses de fatigas.
Hay que confesar qu('; muchos, pa.wíbamoR cornil
dict~n los estudian~es, es decir, saliamos aprobados
con vergonzantes calificaciones que solo nos servian
para trasladarnos á otro curso, pero no para ir acreditando nuestro nombre en la carrera que comenzábamos.
Nuestra fiebre liter&amp;ria era como la tisis y como las
ermitas, no tenia cura, y los estudiosos, los que con
toda serenidad pensaban en ser algún dfa médicos,
ingenieros, abogados, es decir ciudadanos útiles, nos
velan como á leprosos, cerno i. apestados y solo nos
toleraban en las horas de ocio, para que los distrajéramos con cualquier chascarrillo, con algun cuento
de color subido ó con alguna poesía entusiasta '/
conmovedora.
Nos llamaban de vez en cuando asi como se llama
al cilindro callejero que toca el aria de Lucia, ó el
brindis de Traviata en cada esquina y &amp; la hora seria, en los dias de exámen, nos miraban con desden
y con lá.stima, porque mientras ellos sacaban primeras y honr0t1as calificaciones, nosotros si bien saliamos: apenas alcanzábamos una humillante mayoria.
Y esto de sacar mayoria es salir reprobado por un
voto por más vueltas que se le dé á la cosa para endulza.ria ante la conciencia.
Pues bifm y para no alargar con reflexiones filosóficas inútiles este cuento, diré, que un grupo de esos
soñarlores en verso, preparaba allá al terminar el año
de gracia d('; 187 ...su exámen de anatomla descriptiva.
Era preci~o estudiar más que el libro de 'papP.l, el
libro de carne, es decir, el cadáver. Y poco habituados estaban á manejar el bisturí y á manosear las he-

ladas visceras do un muerto los que solo se habían
ocupado en cantar la sonrisa de Lesbia ó los amargos
desdenes de Laura.
Entre asCos y pudores resolviéronse aquellos p~etas en agraz a subir una noche al anfiteatro de la :E.scuela, pues estaba tendido en la plancha, con los brazos cruzados en ángulo !:!Obre el torax el enorme ~adáver de uno de esos deHconocidos que lanzan el ultimo suspiro en la c11.ma de un hospital y ~a~an á ser
primero pasto de los practicantes de med1c10a Y lu~go de los gusanos en In fosa común de un cementerio
municipal.
COntando los poetas con que ra tenian materia ~ara sus experimentos, proveyéronse de una mala buJla
colocada en ancha palmatol'hl du latón y al toque de
ánimas, salieron al anfiteatro para velar estudiando
con provecho.
Llegaron, ó porqué no he de decirlo con frnnqu&lt;'z~
llegamos con ese recelo que la sombra de, la noc~e. .,
de la muerte iñspirn á los neuróticos y á los nsionarios.
Alli estaba rlgido, mudo,enorme, clcarlávcrqueibn.
á servirnos rle libro.
No habla otra mesa que la plancha y antojos.e á uno
de los compañeros colocar la bujia sobre la ma.no ~e
nieve que tenia estenclirla sobre el vientre el mfchz
que iba á ser clt•stripado.
Todos aprobaron aqm~lla medida porque en efecto,
desde ese sitio, la llama derramaba mAs luz sobre
aqu~I cuerpo inanimado.
-Estudiaremos la articulación escapulo-humeral,
dijo alguno, y esto queria decir: estudiaremos el hombro en su ligamento ron el brazo.
-SI, si, interrumpió otro, yo estoy muy bt 1ta en esa
articulación.
-Quien toma el bisturí?
-Pulano.
-No mengano.
_ Yo' lo tomaré, dij u el que era tenido entre nosotros
por el más adelantado é inteligente.
.
Con un arrojo digno de Nclatón, despues de ha~er·
se remangado el pui'\o de la camisa, metió el cuch11lo
en el Jugar que le convino, cortó con garbo y en un
decir Jesús, vimos movel'se y caer A un lado el brazo
del muerto, y como en la. mano tenia puesta la. p11lmatoria mandar ésta al suelo, apagándose la vela.
-Qué bárbaro! gritó álguien, este hombre está
vivo.
011' esto ,. echar á correr todos bu11cando la puerta,
fuC obra dC un segundo, y aún me acu.,,rdo con cuánto pavor nos atropellamos en la escal?ra, .hasta.mirarnos en el corredor y respirar alll el atre hbre sm que
se nos curara el susto.
.
¿Qué les pasa? nos dijo un comp~ñero muy estudioso y que se reia de los poetas en cierne~:
-Que el muerto del anfiteatro esta vivo.
-¡Imposible!
-Vamos contigo A verle.
Temblando, y pako á paso, entramos de nuev~ al
anfiteatro, buscando con un cerillo la vela consabida.
En cuanto nuestro compañero dispuso de luz suficiente v examinó con detención el caso, soltó una estrident~ carcajada, y nos dijo:
--Hermanos, no se examinen porque los reprueban.
-Pusieron la palmatoria sobre este brazo que estaba
en una posición forzada, en la cual lo conservó la rigidéz cadavérica, pero en el momento en que han cor·
tado el músculo que le sujetaba, cayó á plomo y con
él la bujta; esto es todo.
-¿No está. vivo este hombre?-preguntótemblando
un compañero.
-No,-repuso el otro-ustedes son los que están
muv bota.., v vo les aconsejo que mejor se vayan á sus
cu;rtos á. ~;c;ibir versoi,, que venir a cetmetcr barbaridades que no tienen ejemplo.
.
y eariacontencidos y avergonzados, nos fuimos ca·
da mochuelo á su olivo, comprendiendo que D.ios no
llamaba á todos los de aquel grupo por el cammo de
las recetas y de los cáusticos, pues si entonces creiamos á los mlll•rtos vivos, á cuántos vivos habríamos
después matado impunemente.
JUA....'i DE DIOS PEZA.

De un jorobado eé que sufre mucho
del hígado y del pecho.
El dice que se encuentra muy malucho,
todos le eucontramoj muy mal hecho.

El

NOVIEMBRE,

1895.

abanico bienhechor.

'
.
L'1CO
meees bacía que nos habíamos casad o y cmco días que duraba nuestro enojo: no 1og~~an
desn1necer éste ni los ruegos de nuestl"llP fanul!ae
ni las conveniencias socialesque nol-l obligaban ú~parentar
recta harmonía y que tan :t menudo contribuyen .'
~:r las almal:'i por la transición i"'·oluntaria de lo fin?1d ú lo sincero· ni el amor que nos profrsábamos tan mre°nso como el dra de la boda, quid un poco más; nad.a
· '6 a·LS,·par el deopecho de ella y quebrantar
cons1gU1
·
d. la altl•
vez mía. y en el transcurso de aquellos crnco 1as precisamente, había yo perdido mi empleo.
.
.Acercábase el día último del mes r comenzó mt agonía:
recordaba aquellas horas felices en que, despu~s. de ent ar 1t Luisa algún obsequio y el producto de m1 trabaj~oe dedicábamos ú di8tribuír. el dinero que llevaba,
no sin consignar en primer término los gastos ~ra el teatro 6 el paseo. Después de discutir mucho, olvidábamos
las cuentas de dinero pam cont_nrnos nuetit~os amores.
y hoy ...... no habría dinero, m cuentas,. ni besoil, y lo
que miis me mortificaba, em qne no hubiese besos: emn
tan sabrosos corno castos; dulces y ardienteR, no los sé definir.
En otras circunstancias lo que menos me preocu~,
habría sido el dinero: como en anteriores épocas ac1~
de mi vida de soltero, habría recurrido al~mpeíl.o, sumt•
dero sin fondo de los ahorros del pobre, 1mpla~ble ~rovidencia del necesit.ado; pero ¿cómo extraer algun obJeto
de la casa sin que Luisa lo notara?
Sumido en tales cavilaciones, me detuve en el umb~I
de Ja puerta: sentía una emooilln más profunda que el dia
en que lleno de amor fu! á pedir la mano de In que hoy
es mi esposa. Presa de una incertidumb.re qu~ me ator•
mentaba cruelmente, dediquéme á anah~ar m1 conducta
, reflexionar en los motivos de nuestro disgusto, Y á .reprocharme la deslealtad con que había. faltado Y la ~~·
prudencia mía de llevar la prueba.de m1 falta al dom1c1-.
lio conyugal.
. .
Por fin, temblando comonn cobardeó un.crnm;~l en
medio del peligro, me introduje en la estancia ~a rimonial. Esperaba hallar ii Luisa en actitud severa. 1mpl~ble, con el entrecejo fruncido, la boca desdef\osa: Y la mirada altiva; la encontré durmiendo y sof\ando sm duda,
pues sonreía.
Al contemplarla en In plenitnd de esa belleza que tanto ambicion1\ que ya era mía y que se me quería escapar,
experimenté el impulso de arrodillarme i, su lado. Y b&amp;sarlacon la tierna ef11oión con que la bese por pm,nera
vez algún tiempo atrlis; pero al inclinarme, obser\'e entre sus manos un papel doblado, lustroso y elega~te.
Sentí que me hería unn punta acerada, y fr~néttco arrebaté la esquela· al abrirla advertí con sensación dolorosa
que era aquell~ maldita car~ de otra mujer dirigida ti
mf y causa del disgusto de Lmsa. Aun cuando perfectamente sabía su contenido, quise leerla de nuevo, como
lee el condenad'&gt; su sentencia1 ·buscando en ella con febril anhelo, algún pretexto para la disculpa a~te Joe
hombres, algún motivo para la excusa ante la propL&amp;conciencia.
.
í
Esa cart.a cuerpo del delito que ante Lmsa aparee a
probablem~nte como crimen monstruoso,. me quemaba
las manos: pensé entonces, con repugnancia1 en las mentiras que había dicho para disminuir mi culpa, y record~
con angustia la cólera y aflicción de mi esposa y sus lágrimas, que difícilmente contenidas po~ un momento/ brotaron al fin 1 en cristalino raudal¡ t~Je á la 1~emoria sus
violentos reproches, mis contestaciones agresivas y la actitud despectiva que tomé hacia ella desde aquel d~a.
Como si un cincel de fnego las grabara, luí en m1 cerebro, abiertas sobre fondo.níveo, con ancho s~rco negro,
aquellas palabras que me dijo, excitada por mis burlas, Y
que me provocaron á dar una respues~ ¡brutal: .
-Fuera yo tan feliz en Ja casa de ml8 padres, s1 no te
hubiera conocido, que deseo con toda el alma, volver ti
ella y no verte más.
.
~ ..
•
-Puedes marcharte, rephqué. No diJo ella nada, y temblorosa, retiróseá. su habitación., .. ····························;···
¡Y ahora con la carta maldita en sus manos, sonreía.¿Qué sofiará? pensaba yo.
Involuntariamente dirigía la vista hacia Luisa, que se-fa sonriendo y recorría yo ansioso la alcoba, como bus~ndo algo que hubiese perdido. Al pie de la cama duna
lumita blanca y la reconocí al momento: pertenecí~ á un
!banico que hacía pocos días le había regalado á m.i mn. era el t'iltimo obsequio que le había hecho en d1as de
Jer;
~;'~r natural correlación de ideas, me asaltó el doloroso recuerdo de aquella hora en que, rebosante de gozo
y ternura, me acerqué de puntillas á. Luisa, por detrás,

17

NOVIEMBRE,

1895.

EL.MUNDO.

1,55

y toe.índole el cuello desnudo con las plumas del abani•
El frío sin contacto alguno, le paraliza. Sus manos ee
co, la hice estremecer como garza que sacude las alas. Al
De cuando en cuando, aunque ú nadie esperaba, tendía
'"_oltear y cncontral'fle conmigo, ~e arrojó en mis brazos, crispan y se cierran, y cogen al cerrarse, la nada. Yien• maquinalmente mis \'agorosas miradrui á fo largo de las
riendo como loca.
tos, nube¡¡, torbellinos, e"'trellas, ¡todo es inútill ¿qué ha- calles de la Monterma.
-¿Qué harfa,-pensé Juego-si .;on cata pluma le toca• cer? El desesperado se abandona; el que está cansado
En una de tam.as veces atrnjo miR mimdas una silueta
ra ese hombro de alab:uitro que estl pidiendo un beso?
toma el partido de morir, se entrega ú la suerte y rueda que ritpidamente se acercaba con movimientos de goleta
hacia el lugar donde vo estaba apostado.
Me cuntu\'o un instante t.•I orgullo; pero la tentación para siNnpre en las llígubres profundidades del sepulcro.
Era la silueta de mía mujer.
\'e11ci6, y tr6mulo me acerqué al lecho: todavía dudé en¡Oh dt-stinu implacable de las sociedades humanas,
Cuaudo estuvo más cerca de mí, pude ver, gracias á la
tre tocarla con mis labios ó ~implemente con la pluma¡ que perdéis á los hombres y 1t las almas en vuestro ca- intermitente luz de un foco eléctrico, qu~ era chaparrita,
mino!
gruesa, más que morena, de ojos pequljnos v chii-1peantes,
me dl'ciclí por lo último y con e1 ademán picaresco de
.iücéano en q11e cae todo lo que deja caer la ley! Si- nariz gruesa y le,·antada y boca grande, de-labios abultaun nifio que ejecuta una travesura, pasé la pluma auM·e-niestrn de1-1esperación de todo auxilio! ¡Muerte moral!
do~, en IOH que Et' dibujaba una sonrii;a burlona y provomente por la garganta desnuda, fresca y sonrosada á la
La mar e¡, la inexorable noche social en que las pena- cativa.
que, si l'l:!luviern. en el campo bajarau á libar las maripo- li~ade~ arrojan ú sus condenadoi,;. La mar es el gran
Se dice que toc:!at, la.s mujereci, por feas que sean, tienen
misterio.
sas y los colibríes.
algún atractivo, pero, ¿~~r.í. l·,:,..., Ja excepción de la regla?
pensé.
El alma naufragando en ef!t-e abismo puede convertir•
T~mbló Luisa, entreabrió los ojos y mir.indome confunen un cad,tver.
Al pasar junto á mí, sonrió á alguien que debía estar á
dido, an~rgonzado, con la risa en los h1bios y la pasión en ee¿Quién
mi espalda.
lo resucita?
Ja mirada, tendió sus brazois y rodeó mi cuello con ellos;
Y entonces pude observar que aquella mujer no. era la
Yícroa Ht·oo.
al IJcsirme, dejó Q:aer en mi boca dos liígrimas que ::tpuexcepción de esa n•gla, pues al sonreír dejó ver &lt;los blanré con &lt;ll·licia: lul.'go prorrumpiú sin det-asirse llt.• mf en
quísimas hilel'88 de pequei\o~ dientes, que cualquier poe·
ta hubiera comparado, sin exagerar, con perla~ de Ofir.
eoJlozo~ que en mis oídos isonaron r,omo canto de triunfo,
Quedé encantado de aquella dentadura, y haRta de su
como inc-foble himno de amor......
poseedora, tanto que, lo que en esUl acababa de juzgar
-¿Y ti abanico? 11n•gunté ni a111igo que me contab:t es1mperft-cciones (que por serlo en realidad hacían resaltar
ta hi~toria.
(PUU rx DE\'OTO DEL PEXlUUOR)
más la belleza de sn dentadura), ]ns juzgab.'\ ahora pcr•
-::\fir:.i lo que es la ingratitud humana: ri-e mismo día
fecciones.
fuf :t dar al empcfio el famoso abanico. Así completó su
. Tanto me impresionó y me cautivó el ánimo aquella
obra benffica.
Yiéronse Roque y Luz por vez primera
Joya encerrada en tan feo estuche, que me sentí con
Y nrnbos á un tiempo mismo se adoraron ......
aliento de conqnistador, y entusiasmado seguí ,i aquella
Juuo PoUJ,AT.
mujer.
¡Que historia tan nilgar! did cualquiera,
Octubre de 1895.
Pero empieza cual todas empezaron.
Pero con seguirla. no adelantaba nada, porque nb podía
Y Roque dijo 1i Luz: nunca he flentido
extasiarme en la contemplación &lt;le tan maravillos!L den·
rna pasiún qulj abra..i,;e de tal modo;
tadura, en cuya contemplac:ún cifraba entonces mi di)?
cha.
Jloy Jo comprendo; para tf he nacido;
Por hacerte feliz dPjaré todo!
Y me adelanté y me coloqué 1t su izquierda, muy junto
de ella.
~li amor-repuso Luz-durará eterno
-Denta.duro de ángel-la dije, sin saber lo que decía.
Contigo cuanto existe; sin ti. ..... nada!
-)luchas gracias, caballero,-me dijo sonriendo.
Miró
:t
Roque
y
las
llamas
del
infierno
hombre al mar! !Qué importa! El buque no
-Es una dentlldttra de sirena.
Brillaron un instante en su mirada.
se c;letiene por eso. El ,·iento 8opla; el sombrío
-Es usted muy amable; pero retírese usted.
Hoque temblando y en sm; gracias preso
buque tiene una senda trazada que debe cerra.r
-Retirnrme &lt;."8 dejar de contemplar esa dentadura de
Bes6 sus labios sin temor ni duda.~
hada.
nece1.•.ari11mente. Y pa~a.
Y al chasqui&lt;lo incitante de aquel beso
-Pero, ¿en qué quedamos?-exclamó riéndose burloCruzó el espectro lúgubre de Judas.
El hombre desaparece y vueh·e á aparecer; i-e Aumerge
namente.
y vueh·e 1t la superficie: tiende los brazos, pero no es oíDt•epués ...... los auei'ios del amor ardiente;
-En que daría por elJa mi vida.
PromesM, jurJ.mentos y cantares
do; el buque estremeciéndose al impulim del huracún,
-;,De veras?
Y lut&gt;go un velo níveo y tr-J.m~parente
-Y mi alma,
continüa sus maniobras; los marineros y 108 paxajeros 110
Y un aire saturado de azahares.
-Es mucho.
ven al hombre s111nergido¡ su miserable cabeza no es m:ís
N()ble el doncel, hermosa la doncella,
-Y mi cornzún.
que un punto en la inmensidad de las olai;.
El curi~o glacial, el cura hnrafio
-P~ro, ¿dónde m usted :l parar?
Sus gritos desesperados rci-uenan en las profundidades.
Y la boda muy triste porque en ella
-En un manicomio ......
.Xo oficiaba el amor 1-i110 t.•I engaíl.o.
-Lo creo.
Obserrn aquel espectro de una vela que se aleja. La mira,
-Y todo por su dentadura de nsted.
Mas tarde, un i-;erafin todo purt&gt;za
Ja mira desesperadamente&gt;. Pero h\ velo He aleja, se achi-Tanto le guf-!ta?
Arrullado entr~ blondas y entre flores
cu, de:-:aparece. Allí eRtaba él hacía un momento; formaQue Luz abandonó sin gran triló'tf'za
-Ya he dicho quedaría por ella mi alma, mi vida y
ba parte de la tripulación, iba y venía por la cubierta comi
cornzún.
Poi ir en pos de lúbricos amores.
molos &lt;lemás; tenfasu parte de aire y desol¡estabavl\'o.
-Pt'rO es imposible el cambio, y además, eu corazón,
Ella, orgullosa como toda necia
Pero ¿qué ha sucedido'? Resbaló, cayó. Todo ha termisu alma y su vida \•aldrán mucho, pero á mi no me sirMostrando su impudor en cada esquina
nado.
ven para nada, y _perdóneme usted la franqueza.
C.On el glacial cini:-mo de Lucrecia
----~ burla usted?
Y la lumbre infernal de mesalina.
. Se encuentra sumergido en el monstruo de las aguas.
-Xo me burlo, PS que me hace usted reír con sus loEl sernffn creciendo é ignorando
:&amp;jo BllS pies no hay más que olas que huyen 1 olas que
curas.
De su deshecho hogar la triste suerte;
se abren, que de!:'laparecen. Estas olns, rotas y rasgadas
-Bueno, ríase usted; pero ¿querría usted todo mi capiY
Roque i.:onrieudo y ocultando
por d viento, le ro&lt;lean espantosamente; lo.s vaivenes del
tal por esas dos sartas de perlas·?-la dije fuera de mf.
En el herido corazón in muerte.
-Eso puede que sí, porque ,·ale menos que lo otro1 y
abis1110 le arrastran; la espuma del ngua l::le agita al redeLa multitud curiosa é insensible
no me remordería tanto la conciencia.
dor de su cabeza; una montniia de olas escupe !:!Obre él(
Inquiriendo su ¡1istoria al ofendido
-¿De \'eras'!
confu~as cn,·ernas amenazan de\·orarle¡ cada Vl'Z que so
Y él, como esfinge, tétrico y terrible
-¡De veras!
En el abismo del eilencio hundido.
sumerge descubre principios llenos de o~curidad; una ve-Tan trastornado estaba, que sacando mi cartera ex·
)fas fué tal el escándalo y la mofa
getación desconocida le sujeta, Je enredn los pies, le atrae;
traje de ella un billete de banco de á. cincuenta pesos que
Y 1t Roque tanto hirieron los mundanos
hacía tiempo dormitaba en su fondo, y ¡&gt;&lt;&gt;niéndose1o en
siente que se va á conaturnliz:tr con el abismo, que forQue ni fin leA resprmdió con esta estrofa
la mano, en'tanto que ella sonreía maltc1osamente al ex•
ma ya parte de la espuma, que las olas ,-;e echan de una
Que no !é quién me puso entre las manos:
tenderlo, exclamé:
enotnt; debe toda su amargura; el océano se encarniza
t4Qbre la senda que al abismo guía,
-Tenga usted cincuenta pesos, que es todo mi capital.
con él para ahogarle, la inmensidad juega con su agonía.
Hoy llama. del escándalo :t la puerta;
Dejadla; no me importa¡ ya no es mía;
Parece que el agua se ha convertido en odio.
Ella entonces dobló el billete, se lo guardó en el seno,
No me habléis para nada de la muerta.
y haciendo un mo,·imiento casi imperceptible por lo ráPt!rO lucha todavía. Trata de defenderse, de sostenerse;
pido, me dijo con entonación dramática:
---. ..
hace e~fuerzos, nada.. ¡Pobre fuerza agotada yá, que com-Pues tenga usted la dentadura.
bate con lo inagotable! ¿Donde está el buque? Allá ú lo
Y depositándola, en efecto en mis convulsas manos,
lejos. Apcnns es ya visible en las pálidas tinieblas del
prorrumpió en una estrepitosa carcajada y desapareció de
horizonte.
mi vista, dejándome estupefacto largo tiempo y sin saber
qué hacer con aquella dentadura.
Sopla el viento1 y la esprma le cubre.
-Opté por llevármela á casa, y allí, al contemplarla de
Alza 1a vi~ta¡ ya no divisa mús que la lividez de las
ERIDO lector: no es artículo de fe lo que voy nuevo, exclamé:
nubes. En su agonía asiste á la inmensa demencia del
ontarte, de modo que puedes ó no creerlo, se-Verdadera.mente vale más de los cincuenta pesos que
mar. La locura de las olas es su suplicio¡ y oye mil ruibe dado J?Or elln.
n mejor te parezca.
da&amp; inauditos que parecen salir de más alhi de la tierra,
Y brotó de mis Inbios una carcajada más estrepitosa
Se trata de una aventura que me ocurrió no ha
de un sitio desconocido y horrible.
todavfu que la que brotó de los labios de mi desconomucho, aventurn tan extravagante como \'erídica, de la cida.
Hay p,íjaros en las nubes lo mismo que hay úngelea so- que suelo acordarme 11 menudo y aun suelo referirsela á
Por supuesto que, como recnerdo de tan extrava~nte
bre lns mi.serias humanas; pero ¿qué pueden hacer por él? mis amigos, quienes,__ d1:_masiado inc~dulos, no parecen
aventura, aun coni,en·o en el fondo de uno de los caJone11
Ellos \'Uelan, cantan y se ciernen en los aires, y él agoni- dispensarle todo tl crédito que ee merece.
de mi escritorio Ja dentadura.
eso que siempre ni referirlo garantizo su veracidad
&amp;a; ae vé ya sepultado entre dos in.finitos: el cielo y el conY mi
En cuanto á e!Ja, mi desconocida, supongo que tam.
palabro de houor.
oeéanc; f!ijte su tumba, aquél su mortaja..
bién, como recnel'do conEen•ará todavía mi billete de
Hé aquí el relato dl• mi famosa a\·entura:
Llt·ga la uoche; hace algunas horas que está nadando,
Era esa hora bulliciosa en la que el incesante ir y ve- banco de á cincuenta pesos.
Sí, debe conservarlo todaYía ...... ¡porque era falso!
11.1s fuerzas se agotan yá; aquel b11que1 aquel casco ·lejano nJr de la g&lt;:nt(• q1w abandona su cotidiana tarea, hacen
entrar
en
ebnllición
las
arterias
de
esta
melancólica
ciuRA~IÓN GARCÍA y GAllCIA,
donde hay hombres, ha desaparecido; se sumerge, se esdad de los palacios.
México, Noviembre de 1895.
tiro, se &lt;·nro1tea; ve debajo de sí los indefinibles monsEl sol al P.One~e coloreaba tenuemente el horizonte de
tnioe del sufrimiento¡ grita.
un color roJizo encendido por occidente, en tanto 4.ue la
Ya no lo oyen los hombres. ¿Dónde está Dios? Llama: noohe dejnba \'er los rizos de su negra cabellera por
LAS MORENAS.
J~ocurro, socorro! llama sin cesar; pero nada en el hori- oriente.
Obscurecía.
lOnte, nada en el cielo.
¿Que no me gustan las morenas? Yaya
Apostado en la esquina del Portal de la DiP.utación y
Implora al espacio, á la ola, á las algas, ni escollo: to8i me gustan las chicas de ojos negros,
la
calle
de
1a
:\fonterilla,
fumaba
un
cigarrillo
y
arrodo está.·sor&lt;lo. Suplica á la tempestad, el tumulto temDe corazón volc,ínico, y de labios
jaba distrai~anwnte bocana~~s de humo, cuy~ espirales
pestuoso y ciego; el ma,·imiento indefinido de las terri- apenas
Donde parecen palpitnr los besos.
podia ver crecer y d1s1parse en el P,spac101 sin deblt.'8 olas¡ dentro de ~f el horror y la fatiga; deOOjo de sí jar la más le,·e huella de su paso, lcomparándolas incons¿Que no me gustan las morenas? Mucho,
el abisiuo sin un punto de apoyo. A su imaginación se cientemente con las ilusiones más balagüet1as, que nacen
Las admiro, las canto y las requiebro;
presentan lns R\'entums tenebrosas del cadáver en medio crecen, y también se disipan, aunque dejando á. v ~
Pero ¿amarlas? ¡Jamás! Tú bien lo sabea;
huellas profundas y dolorosas en el corazón, cuyas vibradela sombra ilimitada.
¡Perro no come perro!
ciones les dil'rou vida.
ls:UAEL ENRIQl'E ARCINIAGAS.

í!a Ola

la Sombra.

__

�EL MUNDO.

156

17

NOVIEMBRE,

JE95.

17 . NOVIEMBRE, 1895.

157

EL MUNDO.

Srita. roariana Diaz.
DE c;1: 0 \ nL\K

(Fotog-rafia Lln~uno.)

S:rila. Soioaaa \laustau.
DE \"EltACillíZ.

, Fotogrnfia de N. \Yi11!h 1T.)

..

-·

i

Sri!a. roorcoaos $spriú.

$n manos

ae Dios, cuaaro ae K. Naupp.

DE GUAYMA::!.

(:Fotografía Berual.)

Srita. GuaaaJu¡:o Glrrillaga.
UE .m\:x1co.
{ l&lt;'oto&lt;e-'Tttfla de X. Wfntller.)

�ló8

Páginas literaria5.
CUENTO DE OTO:S°O.
__

·,

·

peneirable booqne donde deecanaaban loe aigloo, oe .,..
tremeció como nn nillo asnatado. Doblábanoe las copas
de loo árboleo, cruglan las fortlaimaa ñunu, lodo adop1aba alll actitudeo de angustia, todos loe ruidooeran gri•
toe de espanto......
• Margarit.a ocult.aba aterrada au rostro en mi pecho, ex•

.

clamando anai01a1Dente:

á cont.arle 11110 de loe epiaodloo mú triatea de
mi vida. Siento llenar de trlalesa tn corazón jn•

venil, donde todavia laa eeperanaas y laa ilnaionea eoMD como rama de ft0l9 recién cortadu en bócaro
colmado de 81111, que adn ..,_ la frialdad nativa de la
faenle; pero como inl el tiemao n¡an,bllimdo nnas trae
omu, eoas l'!)808 de la iJ11116n de la eoperansa, permite7
me qne me adelante, ya qne el
eo ...,...,, é inicie
con mla palabra■ la obra oeiap de loa a11oa.
FAiia vma, amip mla, no ,. mú qne UD plaoo Inclina•
do desde el naclmiant\) basta la muerte; todo reobala por
él; reabala el ambloi-, aujetando coronas , 111 frente;
reobala el amante, murmunndo en 111 caída daleee palabraa; reobala el trlate con sna msditaciones y el alegre
con IUI ri.s: dicen qne 1011amoe mientras vlvlmoa; 110
lo.,_, encede algo peor, caemoa: el anello no .., mú
qne 1111 accidente; lo senelal es la calda. Oaemoe.aollan•
do; eso .., lodo, y ee mny tr1ate; pero asl es la verdad y •

r1....,

asl acaece.
.
. ,
¿Dioe1 qne por qué han invadido mi imaginación tan
negru ideu? 1Qné se yo! Ealea wdeo de otollo ejeroen
aoble mí ana lnftnencia utnlla, me parece qne eoas aveo
que -nielan
""-u mejoreo climas, paean por

•11--

mi corazón eotremeciéndolo con 111• alas; creo qne las
nnbeo que cruan el cielo anuncian loe lnviernoo--el de
la tierra y el de mi alma: aecreto 6 invencible miedo 88
apodera de lódo mi aer, y el crnjldo de cada boja qnerepercute
mi aepfrim como el ldl6e de nna deape-

en

dlda.
Tu carillo me 11lvarla de tan grandl!e lriatezll si yo
crey- en la elemilkd de to carillo. N o ~ . ami•
p mía, cada """ qne en la üerra dice nna boca hnmano:
&lt;le querré siempre,,, ae oonrlen molioioeamenle hls leglo-

-

17 NOVIEMllRE, 181.J,°&gt;.

EL MUNDO.

de qélea en el cielo.

•••
8al{piQif,_y ~ 4A ®"Dio, to,jp las lardeo :Muprit.a y
yo á pueor por el campo. Famoool pMOOII eran loe que
te digo; mi braao rodeando 111 elntnra; el 101 riéndooe al
-.ioo deode arriba; el viento colánd- entre nuestras
por si cogía algo de la convenaci6n, á semejan&amp;,&lt;
de loa ninoo, qne aiempre qnieren aaber lo que dicen loo
,nayoreo, y loo p4jaroo cantando con mayor brío al mi•
rarnoe, lo mlamo qué laa personas 41acret.aa qne, meten
bnlla cnando no qnieren e n - de 'algo qne ya esl"1
enterlMju.
Pues nna larde de UD calor aofocante, hnyendo de laa
Injuria del BOi, D08 meilmoe aalmooamente en un eope10 y medroefsimo boeqne.
Enlre 1111 canteaarioo árboles percibl'amoe 1111 vaho de
hnmedtd, pero no de hnmedad de llnvia ,eclén calda, .
einc de hnmedld de largOI y 1argoa a11o1 guardada; 111bes, 818 lo milmo qne olorcillo 4 pemlJ!l&amp;do moho
qne tockll hemoa ~ abriendo de cbieneloo revoltoeoo
el y veMndo arcón de la abnela; en aqnel boe4118 t,inla la Inmortal Natnraleu 1111 aroa de coeas anti•
guas con 111111 hierbal no holladas, aaa arbustoe aalvajes y
carr1doa, ..,. árboles con 1&amp;11 ralees hlllldldas en loa si•

gloe.
•
Y olla uiny bien lodo - . l!'argarill estaba encanlada
y me dacia#, Cldti instante:
-Deaaarla qne ,-,,,01 tan viejoe como este boeqne
para ·habernol qn.orido lodo ese tiempo.
Yo - - '1 ella cenlinnaba:
-Y a-,l&amp;qne nuenro cerillo vivl- aobre la tiem
todo el tiempo qne adn han de vivir estoe árboles.
Domlnadoo por ~1 aentiml\,nto, por el reopeto hacia la
antigüedad, hacia la y fortaleza de todo lo que
velamoe, penoábamoe qne era mny lriate nneotra concli·
cl611 Y deollno, ya que no101roa, con lodo nneouo amor
d,ape Marlamoe de la "8rray aqnelloa árbole111eg11U-W:
inconmcviblaa y fnerlel, aliando 11111 ramas nndoeas al
clelo.

.....Jlira.-'me dijo lúqplrila ccn voa IIC'lecoe ante eeárboles qne tanto han viyldo y que tanto vivirán adn
le jnrc qne yo le qneml mientras vi'IL•
'
Y llplDU ccncluyó de decirlo, una rUap de viento
doblegó laa altleinu Co¡lll8 y laa ramas mú reolatenta se
eet,emecleron.
Sdblla claridad met!6ae como llama de incendio entn,
loa árbolea 1 UD trueno espantoeo llenó de miedo el bolqne y n11811ras almas.
toe

•
••

Las primeras ¡ot.aa de la lluvia cayeron anchas y peresoeas, como~ de eudor qne caen de una pano canaada. krreció de nuevo el viento hnracanado y laa alloaas
IIUDl8 118 entrecbocaron con mido de pelea. HJsoee coplooa y vlolenla la lluvia y golpeó loa árbolel como eneml¡o ....ioec de vengama. Ellallaron, en ftn, todoa loa
horro,_ de la lempeotad, y el bolqne, el inmenao é im-

UNA BODA.
81. querfls arruinaros, cacon una mujer rica.

MOi

MICHSLBT.

I

1

ANDO conocimoa á Gervuio, era un mozo baa--•El viento derribar.l loe árboles; vamoo ' morir ein
remedio.•
tante agradable, muy BOCial, y de un regular taento, tenía modestia y no ee consideraba nf!!CE!M·
Fn6 para mi 1111 inetante de aneiedad 111prema. Deopwle
rio
porque
11bía perlect.amente que la vida de la criltura
la lempeolld loé paeando.
Cmaron loo crojidoo de laa ,amas, Y eólo ol'amoe el ¡o- nunca pesa un dracma en loa deetin01 universales.
Desde que aprendió la Ubnla del elefante y la hormi·
lelr pootrero de la lluvia, qne parecía gotear de _,e
ga, arraigó en 10 mente la convicción de que nadia ea BU·
en recia batalla.
Tranqniioo ya, Y alnmbradoo de nuevo por la alegria perior á nadie; no pretendió lmponeroe á loa demú, ni
del eol, camino de nneotra caa, me dijo Mugarila:
. por la !nena, ni por la intoligencia, ni por el valor; aoe-«Ya veo qne- eopantoaa tempeolad no ha podido teniendo con muy moderadas razones, que un oolOBO puede tropezar con un gigante, un eabio con otro que lo sea
' _ , de mil miedoo, con el boeqne; pues lampoco m'8 y un valel'OBO con un temerario, 1111 poaitiviamo aur·
tempeatad mú Inerte podnl con nnestro carillo.•
Y ahora, amlga mía, preciso ee qne le cnenle qne , loa gt'a de una lógica, tan elemental, como eevera. encontrandoa alloa de ésto, ein tempeolad ninguna, Ma,garlta y yo do siempre el principio de lo relaUvo vinculando laa nula
opueatao divergencias de las COIIM.
noa eepañbamoe para siempre. •
.
No admiraba nada,, fuerza de juzgarlo admirable to·
Nnestro amor ""'baló por el plano inclinado de la vida
y cayó "?mo cae todo lo nu..tro, al puo qne caemoe no- do; anonodábanle tanto las grandeasa cóomicaa com9 laa
inaigni8canciaa terreDU; ante el inOnito, no.; jDZgaba
IIOU'08 ID18ID08.
Pero lo que ""8 anguotia y mertirisa mi colUÓD, eo superior á un áto"mo, era algo altniiata; e61o por bondad,
qne bace p0COI ellas intenté recorrer el boeqne, ~ o sin beatit.ud, practicaba el bien ocultamente, procnmndo·
de n - promeoas y nneslroa lerronl8 aqnella larde, y · no alcanzar fama de hombre bneno; respellba todoo loo
el boeqnetampoco exlate. El J,..,i,,,:t,&amp;derribado nno VU dogmas religiOIOI, porque en 811 credo habla nn poco de
~ loe centenarloo troncoa de loe árboleo y el arcón mis- cada üno.; creía, que morir ea tan natural, como nacer;
terío10 Y • - de la Natnralna, donde lanlu antigual boacar la muerte sin obedecer 4 un grandiOIO impulio,
Y reopetableo coeas se gnardaban, es germen y monótona paree/ale rldlcnlo; eap'erarla, ooberbio.
Siendo enteramente inofensivo, le querfan bien lu muplanicie.
Dime, pwle, si contemplando cómo el amor mú 4rme jeres, qnuá porqne su atrevimiento en laa lideo del coraae conclnye, y loe ,rbolee mú fuerlel y noiateni.. - ; zón, siempre eot.aba en completa armonía con el peao de
si viendo qne rápidos d-pan,cen loocarillooen el alma 11111 bolallloa, pooeyendo oro1 arrleogilbase A las peligrosas
y loo boequeo en la tierra, nose m~ ha de llenar el espí• empzau, Blllllba con impai,lbilidad heroica, fortal ....
111 de negras ideas, en éelall melancóllcao lardeo de - o lnffpngnableo, y, vencia, tl'llando #, laa viejas como ni•
durante lu cnales p&amp;rece qne todo hnye, loo ~ ,
llu, y A laa nillas como viejas.
bandadas por el aire, lao nubes á monlouel por el cielo y
Onando esiaba pobre, dt'IC8lldla ñpidamente el 1&lt;1rm6nOIOtroB en mua por la vida.
mevó de att euiWliumo, y, como1U idealidadee eran B08·
J011 ... 1louD.
ceptibles de maravill083 elasticidad, oontenl4base con
tr1unfoo f.lcilea, porque ero de eooa feroceo rllOn&amp;®""'
qne prefteren algo á nada, y nna victoril sin lanros , un
EN DIAS DE LUCHA.
deoaslre con elioe.
El dinero, operaba en 8118 costnmbreo m.ls met.amórioSeflor, Seflor, 1011 marea de la idea
lÍII qoe lu de Orid.io¡ cúando frotaba en ma maa.oe un..
Tienen también 1111 reciu tempeol1des .....
bu.en montón de metal acuftado, aoicaU,baae euidadOl!IIL:Mi esp!litn en la sombra titubea
ment.e, •-yaba pooluru groteecal en el espejo, y corría
Oomo Pedro en el mar !le Tiberildee.
por laa calleo diciendo alegremente:
-Hoy puedo gutar lo mlamo qne nn potenledo, en ton•
Hierven laa 8111J:1 en qne yo navego;
cea soy rico por veinticuatro bo1'88, aprovecbémoalu.
Mi poble eaqnile á perecer avansa. .....
Y aqncl deodicbado qne vivía de nn empleo de oegunda
Td qne la 111s le devolviole al ciego,
claae, almorzabl en la fonda mila cara, bebía champogne,
Devuélvela á mi fe y , mi .,....,...
jngaba, y aparecía eu un palco de la ópera con la me¡...
~ el qne ye amé cnando pequello,
11d de UD -retario de embajada.
No el Jebov4 de loe blblicoa OA&lt;&gt;loo,
En aquellas crisis. no em extrafto que el Gervuio que
Acude, que mi alma tiene euefto
viateil ayer, repantigado en el ulandeart,• sonriendo con
Y lentamente cerrad los ojoe.
opulenta eatupides, al lado de una gran belleu, fuera el
Aparece en la l!qnida llannra
mlamo qne en la noche lrepaba la empinada escalera qne
Para que en tí deac&amp;neen mis miracJaa
cond1108 á laa galerlu del teatro; por horas acompaftaudo
Y pas1 con 111 blanca v..Udnra
á la ommlla pizpireta, como el mú inal¡oiflcante horSerenando lao olaa encreopada&amp;
tera.
En sociedad era muy cliatinguido.
MA&gt;IUIIL GUTIBJ!DZ NÁDBA.
Tenla novias eotópidas, amigce deeleolea y dendas im-

ANGEL CAIDO.
Atesada la tez, antes de nieve,
Porqne el aol ya á mirarla no se alreve,
Las alaa mlllliaa, rol.al, deoplumadas,
Los ojoa como bra88e encendidas
Bi,volv~ en pérftdas miradas;
Del corazón laa 'fibras caroomldas
Por soberbia mollllruooa, .
En 1 - de cobellos escorpiones
.Agusando el horror de 811 ftereza
Qne jamú da maldadeo .. repoaa;
El labio proftriendo impreclclones
Con qne 111 robia impenitente exp,-.
En Báratro prolnndo
'
Donde inetani.. de suello nnnca goza,
Mocho m.ls bajo qne animal inmnndo,
Sin potencia de amer pues 111 egolsmo
Le 1bri6 en el ccruón,.. ouo abismo•
Aef yaoe el qne fuero el angel bello
'
El preferido acuo,
'
Que de réprobo lleva en sn alma el ■ello
Y alzane no podnl de eterno ocaeo......
Mas al, el lo podría,
.
Con B6lo aborrecer el gran pecado......
Uno lágrima sola basllrla. .....
¿Pero dónde ha de bailarla el desdichado?
RAr.&amp;lll, Nula.

_i\i:1:;.
el lado laleo de
vida.
.
Nunca ae manifeet6 refractario ni entDBiuta, la coyun-111

da matrimonial, y, cnando algdn compinche de las primera calaveradas le anunciaba au mauimooio, conten14baoe con deoearle, ccn la mejor buena fe, paz oct.ayiana y m-.lina ■ncesi6n.
Eao noobllant.e, el dllen qneaedespidióde la ,goma,•
anu.nciiandn "ª preoioeas eequelaa au enlace con la aellori111 1'au11na, loa viejoe colegas .. escandalizaron.
-¿Porqné?
-Simplemente porque Gervaaio era pobre, y su futnra
oompaftera la hija dnica de 1111 millonario.
Abnndaron laa bromu nltrajanlel, hubo eplgralllllll lBD·
grientoe &amp;gnllldoe por la envidia, la dignidad del manoe·
bo qnedó como no digan dnellas, y en cnanto á la que le
aceptó, era una eotllplda 11ue ni el manicomio merecía.
¿l'anlina .,,._ba á Gervasio?
Probablemente, pu..to qne le dió IU linda mano y IU
lort.nna; pen, e1 preciso conleoar que le qneria, , ou modo, lodo lo cine podría amar una beldad como ella.
El joven, pooela algunas virtudes, ero coballeroao y
leal; pero..,. prendas qne hubiesen con■tituido el ideal
de una mujer de $aleoto, no fueron, ni con mucho, el ta- .
llsmán que sedujo á la heredera; agra¡l.óle, porque había
DOiado qne Gefvasio al.aba el mollo de 111 corblta con gracia incomparaQle, porque obdervó en su manera de vestir
nna originolidad cliatinguida, y aabla de buenas fuentes
qne Coblentz le proveía de guante11, y en loe t.allerea de
Chavea.o, confecciona~ 808 lueDl.89 levitu.

17 NOVlElIBRE, 189ó

EL MUNDO.

F.eo ea simple y ri~ículo si queréis; pero, ¿á qui6n echar
la culpa '.18 qne las m,ls reftidas bat.allas de amor lu ganen un ~1gol9t un BUtre y un peluquero?
Refer1~oa una ~nécd.ota vulgar: Paulina merece muy
grandes 111dulgencaas porque 00 es Luc-,·a . Co 1. ·
.
.
ru
amo una muJer del día, que pérmite á la moda ensayar
-en eu escnltóreo cue-rpo, lu mayores extravagancias. tiene abono en los hipódromoa y teatros, caballos iogiesea
en la cuadra, cameliaa en el invernadero adoradores e
el estrado Y nna gran dosis de fastidio en 'el alma, el ~
~fo e~rvante, engendrador
la clorosis y loe noviazgoe
1nsíp,dos,
torcedor d~ las seflor,·•·•
'6 el eterno
.
- neas,
cuya
ocupe.c1 n consiste en no hacer nada.
Al obocurecer de un mágico día del otono. 'Paulina, re-~~do ouo ebúmeoa brazos en la boironda del balcón
em1m1sml1base en ~rofundae meditaciones.
'
No veía el aatro diumo fundiendo sus poatrerae lumbres
e!1 un cres~n de nubt&gt;s que coloreándoae en todas las
tmW, s_e d11olvían en sua,•ísimaa esfumaciones sobre el
fondo vto)áceo del espacio, ni laa hojas del jardín doradas
por la última luz, estremeciéndose en las romorosu ramu, ni el espejo ensnngrentado de la fuente, ó loe pája•
l'OB::,¿ue r,:rloteand'? St, ac~trrucaban en los nidos.
nea que la vida aristocrática es chocante; algunae
veces, e ~ n . 1~ placeres: no hay saraos, ni campestres
~vanas, m s1qmera nea hecatombe ferrocarrilera que
s1rva deprétexto á una fiesta de caridad, en la que4 nombre de loe pobres, se pueda reír un poco exhibiendo el
dltimo vestido.
~ el diario ?oticiero esperando un momento de dieV&amp;CC16!1',. ¡ ~ ! m una croniquilla escandalosa velando
en lu m1cialee nombres conocidos; ni un ~nce de honor
entre hombres que no lo tienen, ni una rina en la Maieon
Dore8, _¡ni un niflo de tres meees que asesine á sus papás! ,
Pau.hna ae exaspera, cierra los puftoe, y como el Lirano
~ba qne Roma tuviese uno cabeza paro ccrt.arla, ella
quisiera ~u• el mundo fnero el romillet.e prendido á 1111
88IIO palp1tant.e, Iahl antonceo le deomoronarla en 8118 de·
doo de msrftl, "!'mo eiu pobres roaas deshojadas!
Entró Gervas10, y después de hablar del buen tiempo
dijo d. su amiga que la encontrab:L encanta.dom; eonriÓ
ella,_ asalt.ada por súbito coprieho, dirigió la plúticacon
hab1hdad femenina, á un terreno que acabó por co'ocar
al Jóven á aue piés jurando amor como un majadero.·
Y, ah{ te?éis el origen de la proyectada oniOn.
El caaa.unento, e&amp;tuvo futu010; celebr6se en un templo
elegante Y fné nn derrochamienlo de lujo, un certamen
de ~OIUl'IU! '1 loCldoo; terminada la ceremonia, loa
nonoe,. ~eapu~ de ofrecer una flo:- de azahar ,4 8DI amiaoa, 811D1eron d1ch0101 al carrn1je qne esperaba, condójo.Jloo el _vehlculo á la estación del ferrocarril, transportllrnn•
se al 1nallnte al Pnllmon Car, silbó un pilazo, y el caba·
Do de hierro echó á correr.
O:n tren qne ae va, parece 1111 P'jaro que roela, hnye
nlpido como oaet.a qne lanzó el arco de h'bil tirador deja: en el aire l1D&amp; estela de humo, la vista sigue su ma~ha
mientras empequeflece paulatinamente hasta queda.r redneldo 4 nn punto negro y déaaparecer en laa iomen881
lojanlas de loo perdidoo horizontes.

=~

pe

r

11

C ~ regresaron loo e8Jl0808 nadie loe conocía.
Paudma osa~ un 1ujo de princesa rusa, su hermQf!lora
eollba enno~lec1da con rara majestad, tenla algo de la

&amp;.. qne baJ6 del pedestal, por el placer de pertnrbar al
,inundo.
Todoo admiroban la ventnra de Gervaaio duefto de nna
lBlljcr ll?nita. de nna fortnna labnlooa, y ;,.dre legitimo
ele un runo .e omo un querubín: ¡decididamente era hombre afortunado!
Y ■in embargo, padecía ocultamente: su felicidad era
una comedia de apariencias; estaba triste y arrei,entido
de aquella !ocura. que en un instante de irreflexión, enea-~ ■u e.x~nc1a á. una voluntad ajena, robustecida con
... derecboe 1DBOlente11 del q_ue paga.
Loa • - eacond.{an bajo el velo de laa ruú alambicadas cere01oniaa, u_n odio mutuo, enconado y cruel;
comprendían 4\!e al Juntarse, habían cometido una eqniTOCBC16n. Pauh~ aborrecía 4 Gervaaio porque inec.intiftmella ente &amp;.cubnó la gran superioridad moral 9.ue sobre
tenía; él, por su partt,, la encontraba demasiado rica•
:""1nmnoclalaciq,ne, al casa.rae, hizo la mú cobarde y sangrien~
º· 6n de 811 liberlad; que la dote qne ella aportó
sociedad conyugal, era un título de superioridad que
=~ll;rla para i'!'J/Onerle ous antojos, obhgándole por la
c~. á lronsqpr con hábitoe que él deteat.aba.
¡Pobre me.auto! al cambiar de vida softó con lu dulnras del hoe,u-. Josamorescaatoodelaespo,a; y ten/aun
~~ que.su mujer no amamantaba, que enfermaba y monna e~ brazoa de ~ nifl.eras, mientras la madre pensaba
• fnlil""'!", Y. apastonada del boato, derrochaba á manoo
abrteni!o una brecha al capital: enlences el desgraA , L - ae .estremecía, y vel_a llegar la desgracia con la in•
U&amp;WR1nC~ de loe que no tienen esperenzaa.
Aparec16 la pob_reza y tnls de ella la miseria de laa gron·
4eelragi~BB: G8J!V8s10 sonreía indeOniblemente ante el nano de una riqueza que habla codiciado, r, lloraba con
~~ ~ndo en f!U honra escarnecida su verdadt?ra ruma: la de loe sentimientos v la dignidad que es
triate y mucho m1is dolorosa que la ele! dinero.

')a

lt'i':,8

Cmo B. CEBALLOI.

México, Noviembre 1895.

De cómo nació el

~!jote.

I
Era una prisión oscura
En bóveda terminada,
Bajo tierra aoca,-ada,
A guisa de sepultura:
Lógnbre cual la amat¡ura,
Tan htlmeda como el llanto
Triste como el desencanto, '
Como la barbarie fuerte
Silenciosa cual la muerte
Y horrible ccmo el espanlc.

II
Luz tt,nue que vacilaba
Con 8118 trémulos fulgores,
Aquella mansión de horrores
Levemente iluminaba.
Un hombre alll dormillba
Sobre deeundo tibiado
Teniendo una mesa al lado,
Y en el_la pluma. tintero,
FJ monbnndo mechero
Y 1111 papel emborronado.

III
A impul■o de hondo peaar,
El hombre á voceo gemía;
Y el lecho entonces cnigla,
Gimiendo del hombre al l""'
Para su duelo aume.otar,
1A hnmedad se condenaaba
En el techo, y ¡oteaba:
Paree/a qne al exceso
De la deodicha del preao
Hasll la roca lloraba.

IV
A veces interrumpía
, Aquel cone&amp;ante clamar,
El mido atronador
De alegre y cercana orgía.
¡Solo nn mnro dividía
1A ~ y la mala B11erle;
Pero muy fuerte, tan fuerte;
Como la loa que avar&amp;,
En el sepnlcro eepara
A la vida de la muerte!
V

Creciendo en agitación,
El infeliz balbuciaba,
Y vib1'1Jldo se apagabl
Lento el eco en la prisión.
A t.al llegó su pnsión,
Su delirio y deaconcierto,
Qne entre dormido y deapierto,
De repente lrguióoe altivo
Oon la voluntad de un vivo
Y la rigidez de un muerto.
YI

ló9
El peaar de mi alma herida·
La "fortuna maldecida,
,
Negándome 8118 favores,
Eolabonó con doloreo
1A cadena de mi vida!

IX
•A ser humilde criado
Ar~tróme la pobreza,
Teniendo yo mú grandeza
Que.el másgrandepotentado:
A bojar vime obligado
1A altiva, orgullooa frente
De el genio palpill ardiente,
Para comer con aUn
El trozo amargo de pan
Que ee le arroja d. un sirviente.

X
«Soldado, luch~ con safta
Y un brazo perdí en Lepanto:
Más t.arde dermmé el llanto
Del cautivo en tierra extraft.a:
Libre seguí de mi Eopalla
El victorioso pendón,
Y en tan glorioaa ocaaión
Escribl La Ga«tt,a,
Dando más fnego A la ide1
Con el luego del callón.

XI
•Deapuéo......deopnél eacrihla
Para el •~atento ganar,
Teniéndome qne igualar.
Al vulgo que me lela. ·
Nunca en mia obras podla
Libre el ingenio lucir.
·
¿Lo que pnedo yo decir,
Lo pnede el mnndo cnlander?
i Escribir para comer
Ea no comer, ni eecribir!• .

XII
Dijo: lágrima candente
Por su mejilla rodó,
Y en lo. mano reclinó
La sudosa. y ancha frente.
Todo en silencio imponeñte
Qnedlise; aólo se ola
El tablado que crujía,
El techo qne golelba,
Y del hombre que lloraba
El corae6n qne latía.

Y sn■ labios se agit.aban
En convulsivo temblor:
Lívido era su color
Y respiraba con pena;
Azulada y gru- vena
Dilatábue en BU cuello,
Y erizaba ou cobello
Oomo el leon la melena.

Oon e:r.trafta entonación,
Su nombre dice aquel hombre,
Y 4 los ecos de au nombre
Se estremece la prisión.
1..6 sonora vibración,
Que por lo gigante arredra,
Rebola en la toeca piedra,
Y con eco ronco- y duro
Repiten bóveda y muro:
•¡MiouBL CBRv.a.NTJm SAAVEDRA.!it

VIII
•Aque8te riómbre-prosigueEe emblema del dolor;
No hay desventura mayor
Que la que á. mí me persigue!
No hay bálsamo que mitigue

XVII
Algún tiempo era puado,
La 88CUa luz f!e extinguía
Y •~n aquel hombre escribía
Por su genio iluminado.
Da en tlenn al ftn deoplomedo
Cual muro que se derrumba
Apenas el eco zumba
......
1A luz muere, y la p;ilión.
ll4t!a qne del hombre maneión
Parece una horrible tumba. '

Jw VELABDIL

DOS CRUCES.
CO'-'TBASTE.

En aolit.ario camino
Y por la fe cclocada, '
ví una cruz, aigno divino
que de nieve un torbellin'o
tenla medio enterrada.
Yo la nieve aeparé
que al pie de la crus habla.
deacnblert.a la_dejé,
'
y con IOrpN!Oa n9té
que no ae encontraba fría.

Ot.ro d.la, que mirat.

........

blanco enello de armiño,
vf otra cruz, qne en él eat.aba,
Y medio ocnlll quedaba
por Bll elegante corpilto.
Con deeeo aanto y bneno
se la pedí, por mi mal:
ella la sac6 del oeno
la cogf de gozo llen¿
iY estaba frío el met~l!
80

.

Nu~-~~-~i~·;;i;~~~······
debe á nadie conmover
porque B1en1pre., sin amor
da la nieve m4s ca!or
'
que el pecho de una mujer.

.

Joú GARCÍA PLAU.

XIII
Y prosiguió: •Ya que el mundo

Me desprecia y martiriza,
Le obligaré A enlror en liza
Con mi talento fecundo.
Que su ira y rencor profundo
LIJ sociedad en mí agote;
Un libro ser,I el uote ·
De esa ciego1 10Ciedad,
1Yo derribaré uno edad
Con un poema, El Quijot,!

XIV

Su actitud causaba horror;

Sos ojoe centelleoban

Eocribió rápidamente
Con letra corrida y ancha:
•En un lugar (U la mancha
De cuy~ ~mhre no quiero••'•••• •
Y proe1gui6 t.an ligero
Como rueda fo avalancha.

Yo la hundiré. Qué no puede
Fundado en el bien el genio?
Sale del mundo al proscenio
Y lodo á BU pa80 cede.
Luz á la sombra sucede,
La maldad en vano ruge,
El hondo cimiento cruje
Del error, y viene á tierra
Cual se derrumba la sierra
Del terremoto al empuje.
11

DOS HIJAS.
OOJITRASTB.

Una nitla y una anciana
cogidas del brazo van·
aquella, pura y Ioznn~éota, conlent.a y ufana,'
la contempla con afán.
en la joven se comprende
que es dechado de candor
la vieja, que así lo entiende
de que la miren se ofende, '
porque es au hija, su amor.
De pronto, sobresaltada,
ve aparecer un carruaje,
en el cual va recoatad&amp;
otra mujer descocada
que luce un soberbio traje.
Hija de aquéUa llmblén
. 01.·un reproche'
no recibe
Y la vieja y BU soHtén
'
pronto manchada.e 88 ven
con el barro de aquel coche.

XV
• Y pues canea al hombre espanto
1A verdad .... y concisa
Se la ensenaré con risa
Aunque la escriba con llanto.
Daré del chlate el encanto
A la pena que me abroma;
Al! el ool dol'a la broma, .
Y el mer oculta el tormento·
Con que le castiga el viento,
Alzando risuei'la espurria.»

XVI
-Dijo-marchó de repente
Hacia la mesa, llorando,
Y pluma y papel hallando,
Después de azotar su frente,

Unaa en coche y con galaa,
otras andando y con penas
prueban que en callee y sal~
con el cieno de las ma)aa,
'
ee manchan también Ju buenas.

Joot GÁRCIA PLAZA.

•••
¡Qué talle tiene mi novia!
Por una equivocación
se puso ayer la pulsera
en lugar del cinturón.

•••

No aalgaa con tu madre de paséo,
que e6Jo tiene un traje, y es muy feo.
FELIPE A. DE LA CA.JUBA.

�160

EL MUNDO.

17 N OVIBllBRE, 18f!5.

PR EN S.~ MEXICANA
Páginas extraordinariw1.
Tomo V!-Año V

DO:\IL\ Go ·14
- DE NOVIEMBRE DE 1895.

2,vmo IL-Número 20

•

l!.a aesesperación ae Suaas.
l'AHTOX DE D. C.OXZALO CARRASCO,

(.Fot. proporcionada por el ..:r.
~ I ng. Fernando Ferra1. i Pérez. )

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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10

EL MUNDO.

JULIO

21, 1895.
JULIO

21, 1895.

ELl\fUNDO.

PAGINAJUAREZ.

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~

A

JUAREZ.

Dócil tan sólo al maternal carifio
¡cmí.ntas vece&amp; de niño
oí narrar tus ínclitas hazañas,
y al Yislumbrar tu olímpica grandeza,
con infantil nobleza
de gozo palpitaron mis entrañas!
De los que ensalza el mundo pregonero
tu nombre fué el primero
que amú mi pecho y pronunció mi labio,
porque lo hizo llegar la fama sóla
á mí, con la aureola
del héroe, del apóstol y del sabio.
Cuando supe que en medio la tormenta
la bandera sangrienta
de la patria tu mano sost-enfa,
te ví como la roca de granito
que se alza al infinito
y el vendaYal y el rayo desafía.
Cuando supe que en lucha gigantea,
al grito de )fedea,
tu fe im·encible á )léxico salvaba,
te contemplé como al guerrr.ro aquivo
que, indómito y altivo,
Sólo luz á los dioses demandaba.
Cuando supe que un pueblo redimido
te llamó agradecido
Guillermo Tell, Bolívar soberano,
creí que eras de A.náhuac el :Mesías,
que Pedraza y Farías
anunciaran al pueblo mexicano.
¡Ah cuanto te admiré! Cn{tl desde entonces
en mármoles y bronces
anhelé que tu nombie se esculpiera!
y cómó desde entonces tu memoria,
que alumbra ya la gloria,
arde en mi pecho en perennal hoguera!
¡C6mo de entonces en mi seno, Juárez,
tú fuiste de mis lares!
~Ie:xic:.mo te anié¡ niño te daba
cuanto de noble el corazón encierra,
cuanto te dió la tierra
que en reina transformaste siendo esclava.

*••
Yo sé que del pasado en los anales
fulguran inmortales
estrellas mil de eternos resplandores;
yo sé que la memoria guarda el mundo
con cariño prnfundo
de todos sus ai.igm;tos redentores.
En su voraz carrera el tiempo en vano
derriba soberanÓ
del hombre los soberbios monumentos:

cuando su !:l'Oplo de huraCiln azota,
la obra del genio flota
imbre la haz de los mares y los vientos.
Yo de la hif•toria en el ¡,:,agrado t-emplo
he YÍf-tO como ejemplo
1í. las gt.&gt;neniciones venideras,
de apóstoles y mártirer, el nombre.
que por i::akar al hombre
despreciaron erg&amp;,tulas y hogueras;
pero no YÍ jamás C'n ese cielo,
en mi ardoroso anhelo,
grandeza comparable 1.í. tu grandeza;
no contemplé jam,ís en ei;os soles
los limpios arreboles
de gloria que circundan tu ca.beza.
De Crom we 11 la terrífica n~nganza
qm;\ poderoso, afianza
las libertades santas de Inglaterra¡
del de Orange la. bandera bendecida,
ele inicuos combatida,
que hace de libres la holandesa tierra;
de Dant-ón la p:llabra que arrebata,
y )Iirabeau que trata
de amalgamar la libertad al trono¡
de Robespierre la bárbara grandeza,
de Yergniaud la nobleza,
del .-!migo dd Poi:bfo el fiero encono.....
no exaltaron jamás mi fantasía
cual ttl, .Juárez, un día
en que, IÍ. t.u s:llo nombre soberano,
de tu santo recuerdo al dulce arrullo.
se estremeció de orgullo
mi tierno corazón de mexicano.

•

Era una tarde triste y desmayada,
con pena no callada
se escuchaba la nueva de tu muerte;
en mi lejano pueblo se gemía,
yo tan solo sentía
la inmensa desventura de no verte.
El ronco bronce dCflgarraba el viento,
de la Ptüria el lamento
todos los ojos anublaba en llanto ....
con alma acongojada, casi yerta,
ante esa tumba abierta
yo deshojé la flor de mi quebranto.
Esa flor otra yez ... ! Tú eres el mismo¡
tu fe 1 tu patriotismo
llenan de luz la mexicana hi~toria;
en va.no el odio v el rencor v el dolo
se alzan ::Úí.. .... tu eÓlo
centinela serás de nuestra gloria.
18 de Julio de 1805.

Q'.:ontra,tc,.
I.
La calma!... tan solo es buena
Para-el debil que la ama:
l\Ie gusta el mar, cuando bmma
Y la nube, errando truena!
La corriente, cuando llena
De espuma, se lanza al plan,
El monte, cuando en volean
Convertido, centellea,
Y se extremece y humea
Cual la fragua de un tiMn.
Por es.01 cuando en la brega
:\Ii espíritu se debate,
Cuanto in.is dura el combate
Mi vigor m1IB se despliega.
Jamás el cansancio llega,
J am,ís el temor anida
En mi pecho, siempre erguida
Verán los cielos mi frente:
Soy la encina, eternamente
Por el myo combatida!

II.
La lucha!. ........ Tan sólo ea[)Uena
Para el fuerte que la ame:
~
l\Ie gusta el mar, cuando lame,
Querellándose, ·la arena!
La nube, cuando serena,
Semeja crespón muy leve,
El río, cuando se mueve
Entre céspedes y ca11as
Y las inmensas montañas,
Si se coronan de nieve!
Anhelo, más que la palma
Del triunfo, la dulce gloria
De amar, más que la victoria,
Me place la paz del alma.
Titán, batalla sin calma:
Si tu espíritu es encina
Que el rayo nunca domina,
Mi alma ea fuente, que, sin celos,
Copia el azul de los cielos
En su ext-ensi6n cristalina.
.A.:\rAno N ERVO.
La fuerza d€ Juárez estaba en la conciencia. El hom~
breque repetía El respeto al derecho ageno es la paz debía
ser, como fué, el ~an mantenedor de la democracia· es
decir, de la justicia.
'
Ignacio Mariscal.

La honradez de Juó.rez y su fidelidad al deber mereoen perpétua memoria para glorio. de su nombre 'y ejemplo de buenos mexicanos.
S. Lerdo de Tejada.

Coxsn.. xcrn

PE~,\ InL-\QUEZ.

La fe es fuerza generadora de lo grande: ella anima :t
Colón y descubre un mundo; ella alientaá.Juárez v salv1\.
la democracia.
~
Luis Mler y Terán.

)f

~

-·.

&lt;~,

,;µ,

11

�12

JULIO

EL.MUNDO.

21, 1895.

Juuo 21, 1895.

EL MUNDO.

13

18 DE JULIO D~: 1895.

PERUCHO, NIETO DE PERIQUILLO.
POR UN DEVOTO DEL PENSADOR ME.XICA...NO.-Ilustraclones de IZA.GUIRRE.
TIESFILE DE LA COMITIY.\ 11.\CIA EL P.\NTF.ON DE S.\N FERNANDO, (TO)L\DO DEL N.\TGRAL POR D. LEA1''T&gt;RO IZAGUIRRE) .

J;;a viztuJ cazactezÍJtica de Juáze3, fué La conJtancia, conJtancia hezÓica c¡ue no eza peztinaz obóecación, óuw eL teóultado de una fé que parecía inJpizada, JienJo en zeaLidad meditada
pzevidiÓn deL éxito, y pzofundo Jenti1niento deL debe,-.
Q:) ,f; .
e?\,
c/::,O'l¡ lZW dJiaz

(CONTI:-.UACION)

Bonifacia era la verdade.ra ama de la casa~ ella disponía todo y en ella confiaba ciegamente mi padre.La pobre vieja era de caracter débil y supersticioso 1
muy ignorante y muy terca1 pues cuando decía á lo
negro blanco1 nadie era capaz de convencerla.
Más de diez nodrizas me alimentaron; y la última,
robusta y hermosa 1 fué la.que me crió por más de un
afio. Esta fué la que cuando mi padre estaba ausente
se salla llevándome en brazos á la tienda de la esquina ó á la pulquería mfts cercana, y alli se embriagaba
con los hombres de la peor especie llegando .\, casa en
malisímo estado y sosteniúndomc por milagro.
Un dia la amenazó Bonifacía con referir todo al amo
y ella le enseñó un enorme cuchillo do agudísima punta y le dijo:

-Con eRte alfiler he de sacarle las tripas{¡, la primera vieja chismosa que me acuse; así es que ya puede
ir empezando.
Le cobró tanto miedo desde entonces la octogenaria ama de llaves que nunca reveló nada., hasta que un
dia me encontró mi padre convertido en máscara, pues
tenia yo pintado de rojo los labios 1 los carrillos y hasta las sienes.
No costó gran trabajo averiguar q ne me. alternaba la
leche de sus pechos con el pulqu&lt;' de tuna de '1 El Antiguo Camello" teatro de sus constantes libaciones.
Ese día iba á arder Troya porque mi padre despidió
en el acto á mujer tan inconveuirntc, pero fueron tales
mis gritos, y tan grande mi instinto de no tomar otro
pecho, que despues de doce horas de lucha, en rrnc yo,

•

de tanto llorar estaba rojo como un gitomate y ronco
como una rana, volviéronla .'t. traer con lo cual me calmé en el acto y ella se sintió dueüa y reina absoluta
de aquella casa.
Siguió llevá.ndome á todos los sitios de escándalo
qu&lt;' le gustaban, y una tarde al trac.rme en brazos,
éhria cómo nunca1 me dejó caer sobre las baldosas de
la calle y me di tan furibundo golpe que se me abrió
la cabeza y quedé si~ sentido por algunos minutos.
En la vinate,rfa nrn atendieron solicitas unos asturianos poni( ndome defensivos de vinagre en la hel"icla, y untá.ndome aceite de olivo eu cada enorme chichón de mi cabeza. Esa \~ez me acostaron muy temprano, me arn1Uaron desde Bonifacia hasta la última
sirviente y cuando mi padre llegó por la noche y pre
1

�14
guntó por mi, le dijeron que estaba. muy bien, que toda la tarde había estRdo de muy buen humor, muy
platicón y diciendo papá con mucha gracia y que temprano me había quedado dormidito.
Fué entonces mi padre á darme un beso en la frente y notó tal calor en mi rostro y un olor a ensalada
tan pronunciado, que pidió una luz y con gran recelo
dijo a todos que le parecía verme enfermo.
Mirárom;e unos á otros todos los criados; tardaron
mucho en llevarle una bujia y al fin, él fué á tomarla.
de la mesa~, pronto descubrió que yo tenia un volean
abie:rto en me-dio de la cabeza y una intrincada cordiJlera. cercándolo.
No podré describir la escena á que dió lugar este
descubrimiento, pero aseguro que fué espantosa, pues
Bonifacia lloro á lágrima viYa y no se le olvidó nunca el tremebundo regaño.
Esa misma noche, el autor de mis días, refirió á sus
amigos todas sus amarguras, les pormenorizó sus trabajos al verse sólo con un niño de pecho, sin más mujeres q_ue unas criadas vulgares y viciosas; les significó que gastaba mucho para que nada me faltase y
que nun('a tenia yo dos mantillas; que anhelaba ver
mi ('ama limpia~- creia que no daban á lavar las sábanas; que recomendaba gran método en mis alimentos,
y:lrnsta ('Oll bigotes de pulque de tuna solía encontrarme; que lo engañaban, lo vendían y lo estafaban en
nom hre de mi salud y de mi cuidado.
-Es daro, le. 1·espondió alguno: si lo práctico en estos rasos es casarse de nuevo.
-Casarse! despues de haber perdido á un an gel.
-Pues bien, ya no hay que casarse con otro angel,
porq ne en la tierra no abundan, pero hay que buscar
una mujer hacendosa, limpia 1 que quiera á tu hijo como si fuera suyo, que lo mime y lo eduque sin que te
cue!)te tantos tufrimientos y tanto dinero.
¡ Los eternos errores de siempre! ¡las constantes re.flexiones de los que miran fríamente las estrañas amarguras!
Pero esto, dicho todos los dias y siempre despues de
un nu€'vo disgusto domt'stico 1 ocasionado por estultas
sirvientes, llegó á in.fluir en el desconsolado ánimo de
mi padre 1 de tal suerte, que no había yo cumplido los
dos años dehu~rfano,cuando contrajo nuevas nupcias
para buscar asi mi bienestar antes que el suyo.
La esposa elegida era en toda la extensión de la. palabra una seilora sin tacha.
Al llegar á la casa hizo lo que todos los Gobernantes nuevos, cambió eJ ministerio incluso el Presidente
del Consejo, asi; es que desde Bonifacia, hasta el pingo de la cocina, se fueron á la calle, y mi nodriza que ya no prestaba sus servicios en esa condición
pues por estar~cnferma de vergonzasas erupciones, le
prohibieron que me amamantara desde que cumplilos
trece meses, se fué al hospital á regenerar su gastada
naturaleza.
En honor de lajusticia,desde el día en que mi padre
se casó hubo;órden, tranquilidad y contento en la casa r yo supe lo que era estar limpio, bien alimentado
y bien atendido.
Con lmi madrasta iba yo á misa y á paseo, ella me
enseñó á rezar y á comer con cubierto y lo que es más
me enseño !t. querer, porque hasta en esto, setiene:que
educar á los niños.
Por su consejo salia yo a recibll' á la escalera á mi
padre y le abría mis brazos y lo besaba con entusiasmo; por su consejo iba yo en las mañanas á saludarlo y en las noches á despedirme antes de dormir y fué
ell a la que me enseñó las primeras letras y los primeros juegos. Naturalmente1 le decia yo mamá y siempre recibí de sus manos pruebas de ternura y de interés, como sólo puede darlas una madre.
Cuando cumplí cuatro afios, me mandaron á una
amiga, es decir, á una pequeña escuela, dirigida por
una mujer jóven 1 hija de un gran héroe de la Patria,
que buscaba su sustento, enseñando á leerá diez-ó
doce niños de ambos sexos, pertenecientés á buena's
y acomodadas familias .
No ha podido el tiempo borrar mis recuerdos de
aquellos dlas, que aun flotan en mi memoria, como
esos celajes que se abrillantan y toman más vivos matices, á medida qm• el sol se aproxima más al ocaso.
¡Oh, mi primera maestra! la que me dió la luz del
alfabeto, la luz de la ,ida intelectual. ¡Pobrecilla! Entonces era una joven con talle de mimbre; con mejillas sedosas y finas como pétalos de rosa de castilla¡
con ojos oscuros y brillantes y con un carácter afable
pl'Opio para tratar y enseñar á los chicuelos, con quienes trataba constantemente.
¡Con cuánta ternura nos enseñaba y con cuánta pa..
ciencia nos sufria!
-Mir~ niño, esta letra que tiene un punti to negro

EL MUNDO.

JULIO

21, 1895.

JULIO

21, 1895.

EL~fUNDO.

15

==

arriba se llama i; esta de la barriguita, se llama a;
esta redondita, es la o; esta que tiene un ojito, es la
e;!y esta de dos palitos la 1.t.
Siempre tenia en la bolsa pastillas de yerba.buena,
con las cuales premiaba ~ los máo aplicados y nadie
salia sin llevar una estampa, un puntero de cristal,
una chucheria cualquiera, escogida por ella para cada uno de sus discípulos.
Creía á pie juntillas y su opinión me la infundió de
tal suerte, que no la he cambiado 1 que el mejoP silabario que se ha escrito en México, es el del padre D.
Nicolás García de San Vicente; y cuando Yi colocarse
en la calzada de la Reforma, la estátua de aquel sabio filimtropo, más confirmé este juicio.
Mi maestra era de educación esmerada, de instrucción vastfsima y se distinguía sobre toao, por su incomparable tacto, su tino especial, para no hacerse
fastidiosa ni temible con los niños.
En la tierra todo va compensado y me parece ahora
que, á. falta de la ternura de mi madre, Dios puso la
de aquelJa maestra en mi camino. Porque la verdad
es, que me quería entrañablemellte y se afanaba en
que aprendiera á leer muy pronto.
Nunca olvidaré el dia en que concluí el silabario.
Ese si fué un dia de dos cruces en el calendario de mi
infancia. Pre1Jararon en mi casa 1 postres exquisitos
y con ellos merendamos en la amiga al dulce rumor
de una música de cuerda, y entre los aplausos y los
vivas de mis compañeros y compañeras.
Yo presidia la mesa, corno el héroe de aquel sencillo festejo, y miraba á todos con la vanidad del que
ya sabe leer de corrido y sin tropiezos aunque se encuentre con los triptongos mi\s difíciles.
Mi maestra, me puso una. corona de flores naturales
y me besó llena de ternura y con los ojos húmedos
por las lágrimas.
Lloro-medijo:-porque después de esta fiesta, muy
pronto te han de separar de mi lado; ya no tengo que
enseñarte, á no ser que tu familia disponga que aprendas aqui el libro segundo.
-Yo no me iré, yo no me iré nunca de esta casa, le
respondí abarcando con mi boca una gran cuchara
llena de leche crema, yo me quedaré siempre contigo.
Porque hay que adYertir, que ella nos hablaba de
tú y nos exigia igual tratamiento, asi es que pareciamcis sus hijos y con filial confianza la mirábamos.
No saben cuanto bien hacen las maestras que lo primero que enseñan, es á amar la escuela 1 para que en
todas ocasiones ansié entrar en ella el discípulo.
Mi maestra me enseñó el libro segundo, aquel que
comienza con Blas, Bien1 Buey, Crin, Col, Diez y que
estaba al alcance de todas las inteligencias y de todas
las fortunas . Cuando concluyó de xepasarme tan humilde librejo, la di ;norando el último adios para ingresar á una escuela de niños, y en cuya puerta decía
un gran letrero: &lt;rEnseñanza moderna elemental por
sistema objetivo.&gt; cJardin de la infancia núm. 6.•
Recuerdo que estrené un ,estido de estilo escosés
para presentarme en el nuevo plantel, que era el centro de los chiquillos más distinguidos de nuestra sociedad.
-Mañana te levantarás muy tempranito, me dijeron en casa, porque ya no vas á encontr3:rte con la
maestra consentidora que te recibía á las nue,ej aqui
se entra á las siete, para aprovechar con el fresco de
la mañana, todas las lecciones.
Recuerdo que después de éstas reflexiones, me recogí en mi lecho, muy triste y sin ganas de que amaneciera; porque nada es más cierto que cuando se esperan con la luz, un dolor ó un desengaño, se querria
como J osué detener al sol, pero en este caso, debii.jo
del horizonte.
¡Con cuánto horror esperarán el alba los condenados á muerte!
CAPITULO III

De mi primera impresióu sobre las turbas sedientas de escándalo.

No bien concilié el sueño, cuando un espantoso griterío de la calle, nos obligó á mi y á todos los de la
casa, á despertar sobresaltados.
Era la vez primera que llegaba á mis oídos el imponente rum01· de las turbas populares.-No había leído
aun nada sobre la Revolución Francesa.-En mi corazón de niño, no penetraban toda,ia los!terrores y sacudirrúentos que más tarde le produjeran los arranques de Marat y de Saint Juste.-No conocia la fuerza
aterradora de ese monstruo de cien mil ojos y de cien

•

mil brazos, que cuando se enfurece 1 arrolla, desbarata, incendia y extermina, y que se lla.n\a sencillamente: el pueblo.
Nuuea aute mis ojos se babia presentado esa escena.
siniestra é inolvidable, que aquella noche presencié
anonadado.
Al ruido sordo primero, atronador después, de un
millón de gritos, de blasfemias, de insultos 1 confundidos en uno solo, se leYantó mi padre, y yo y todos los
de la casa v sin encender luz dentro de las habitariones para
ser notados desde afuera, abrimos las
puertas de madera de cada balcón y alzamos los visillos de las vidrieras.
La calle estaba alumbrada como por una inmensa.
l1oguera. Había tanta gente, .que parecía visto desde
arriba aquel conjunto, un mar de cabezas humanas,
sobresaliendo muchos brazos provistos de hachas encendidas.
Al reflejo amarillo de tantas llamas, surgian rostros de expresión feroz, con miradas de odio, con gestos de ira, con movimientos fisonómicos que denunciaban las má.s negras pasiones agitadas por la venganza. Unos cuantos hombres á caballo, estaban
entre la multitud, asuzándola y enardeciéndola con
palabras soeses que no comprendian, pero que me
sonaban á latigazos.
-Retírate, hijo, decía mi padre: no escuches estas
cosas; no mires esto, ve á dormir.
-Si, decia mi mamá con voz trémula, ve á tu cama
que se ha quedado sólo el ángel de tu guarda 1 y te
está esperando.
Pero yo, mudo, fijo como una estatua, no apartaba
los ojos de· la calle, cediendo más que a la curiosidad,
a la atracción que causa todo abismo.
Un hombre gordo, lampiño, con sombrero de paja
adon1ado con una ancha cinta negra¡ con un chaquetón color de haba, y una cobarta roja, tejida de gancho, y atada en grande y ostentoso nudo que formaba
una especie de gran amapola cerrando el cuello de
la camisa; estaba sobre un caballo tordillo de grande
alzada, dando sobre una tosca puerta llena de grandes y negros clavos aplastados, furiosos golpes con
el pomo de su espada.
-Abran pelonas; aquí estarnos los hacheros, aqui
venimos á sacar tantas sabandijas .... abran que venimos á darles la libertad .... a echarlas fuera.
-Fuera! Fuera! gritaban las turbas con el mismo
ronco acento con que en la plaza de toros le gritan
así al jurz cuando un bicho no sirve para la lidia.
-Si no abren, g1itaba el jinete de la corbata encar~
nada, quemaremos la puerta.
-Qut'menla 1 quémenla .. . . gritaban las turbasDlás
enardecidas con la esperanza de ver un incendio.
-¡Jesús Maria!, dijo mamá arrodillándose, van á
quemarnos también á nosotros porque estamos contiguos al convento.
En efecto, viYiamos junto á uno de Jos más hermosos conventos de la ciudad, y el populacho capitaneado por algunos alborotadores, venia á hacer efectivas
las leyes de exclaustración, sin observar la prudencia
ni la serenidad aconsejadas por el Gobierno.
Entre aquellos millares de séres rabiosos, no había
una sola mujer, ni de las más humildes y menos educadas.
La mujer en l\léxico, cualquiera que sea su condición social, ha sido siempre bondadosa y nunca ha tomado la tea del incendiario, ni el puñal de la ,enganza.
_;_:Mira, decía á mi padre su esposa-no hay una
mujer siquiera entre tantos tigres, porque en verdad
tigres paTecian aquellos hombres.
Gritaron durante mutho tiempoj dispararon al aire
varias veces los mosquetes; apuntaban á las campanas de la torre y se escuchaban á un mismo tiempo
la detonación de las armas y el ruido del proyectil en
el bronce de las esquilas, y á cada segundo era más
compacto, más aturdidor 1 más horrible, el vocerío de
la multitud.
De pronto una exclamación de regocijo unánime
resonó en toda la calle, seguido de una risotada breve v !:iardónica v de muchos aplausos.
Era que se h;bía abierto la puerta del callado monasterio.
La escena de aquel instante fué sublime.
La multitud desenfrenada, loca, eon fü•bre de sangre:,· de robo, se detuYo sorpr&lt;mclida al Yer que le
abría ele par en par las puertas, y salia á recibirla con
un semblante apacible como el d&amp; un niño, y hermoso
y sereno como el de un ángel, una monja de menos
de treinta. años, que de pie; en medio del inmenso za-

;t~

LA Ml:LTITI!l&gt; DE8EXFRE~ADA, J.OC.A • . ...• SE DETI'YO f"ORPRE:XDJDA 1 AL VER QC'E LE .ABRI.AN DE Í'AR EN PAR L,\S J't:ERT,\S.

guán, con su hit.bito claro y un pequeño rosario en la
mano izquierda, dijo l'Oll YOV. dulcísima y sonora:
-Seflores 1 buenas noches, Dios los guarde, ¿qué
desean ustedes?
Y un silendo, hijo de la sorpresa, del asombro, de
la admiración quizás, respondió de pronto a tan pacificas palabras.
El hombre. de la. corbata. roja, dijo al fin, con YOZ
a.guardentrn.a :,· repugnantt': Vt'nimos !t. tomar posesión del conv&lt; nto ,· á mauclar á ustedes á sus casas ....
-N'o tenemos m:ís casa CJU&lt;' esta y dP aqui súlo salimos para otro mundo .....
-Ea 1 ya. lo veremos, abra. usted paso joven, y d&lt;~jenos entrar.....
•
Las herraduras dl'l caballo· ele ac¡url hombre hicieron resonar por .la primera. vez, las limpias r tersas
baldosas de la portería y tras él entraron todos los ginetes, quedando cuatro de ccntinrlas para impedir el
paso de la multitud ansiosa ele commmar un saqueo.
1

A los pocos minutos comenzaron á llegar abriéndose dificultosamente paso entre la. muchedumbre 1 varios carruajes de casas acomodadas y particulares.
Siguió en la rallr: la gritería, la algazara, el escándalo y después de una hora y media, mamá exclamó
llorando:
-:\Ilrenlas, pobr('citas, ya se las llevan en los coche~, ya las saca.ron de su santa casa ¡qué infamia!
¡Dios mio! ¡qué infamia! y se arrojó llorando, en los
brazos ele mi padre.
Entonces vi, subir en los coches á las monjas, cubierto¡.¡ los rostros con negros velos y desaparecer en
diversas direcciones.
No tenían familias muchas de ellas y aceptaban por
lo pronto, l'l hospedaje valerosamente ofrecido en aquellas circunstanciM, por las familias de la sociedad más
alta. ·~ cs('ogida.
Huho religiosa &lt;¡ue en cuarenta años no había vis-

to la calle y que exclamara con dolor al ver los faroles del alumbrado público:
¡Cómo han iluminado la ciudad para mirar nuestra
expulsión del convento!
-No, madre, le respondieron, estos farol&lt;&gt;s ¡;e encienden todas las noches desde hace más de tr&lt;'inta
años.
-¡.Ah! yo llevo más ele cuarenta de enclau.,;trada y
recuerdo que las calles estaban oscura¡.¡, y ehc:C&gt;1'ior mi
padre cuando volvía á casa después clrl toque de ánimas, llegaba acompañado de un criado que con un
farolillo de mano, iba alumbrándole el camino.
-Es cierto; pero hace muchisimo tiempo que desapareció esa costumbr.e.
-Muchísimo más hace que me desposé con Nuestro Señor y que no sabia tomo era el mundo ..
( CO:-.TI~li ARÁ )

..-1Beg1uada la propiedad litrruda, &lt;'011JOrme á la lq¡.

�JULIO

EL MUNDO.

16

21, 1895,

PRENSA MEXICANA.
Págm.as extraordinarias.

D01IINGO 28 DE JULIO DE 1895.

Tumo II.-Número 8.

t - xns.-.u.::.rf'U.

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ORSOO:RlO ALl)üORO,

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EL NACIONAL
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},[, )fo,kbom .. 1,., ,l,op ..... • -.ewl.. U :;oo kl 6. .1""',, •• ,a. do .....
potdlto1 ... i loo .... U a.,..., lebtf;,17
•-~• bloJ~k,o d♦ loo u-,t.., .. oieoU8- cóa-.l,r«clo:r, .. •-d•l•!•tl•tDoladol 11► Jo ¡,or o1 lod""''"- K.,bo,1&lt;, T b&lt;', :fOllN ~.,.., &lt;lol in-oi.d.,_
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monumento á .raenHo juárez en el Paseo ae la Reforma.

(EN CONSTRUCCION)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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EL MUNDO.

17 N OVIBllBRE, 18f!5.

PR EN S.~ MEXICANA
Páginas extraordinariw1.
Tomo V!-Año V

DO:\IL\ Go ·14
- DE NOVIEMBRE DE 1895.

2,vmo IL-Número 20

•

l!.a aesesperación ae Suaas.
l'AHTOX DE D. C.OXZALO CARRASCO,

(.Fot. proporcionada por el ..:r.
~ I ng. Fernando Ferra1. i Pérez. )

�Z4 L' OVIEMBRE, 1895.
EL ~,u~uu.========= ===~=====

162

24

NOVIEMBRE,

1895.

EL.!IIUNDO.

163

(
1

~-

arcilla para boqúillas; según yo entiendo1 sus propiedades de coloración por el h~ mo.
¡Homenaje)ardío, pero unánime!

-.:~·.-··
. . ·.

•
**

'

.oip"

.

Arpesar de la actividad de los empleados, el embellecimiento de la estación se lle•
,iaba á cabo düícilrnente y amenazaba con no estar concluido para cuando arribase el
1\finistro.
-

r

~n· el _mom~nto en que llegaba el cortejo oficial, encargado de recibirá aquel alto
fun~1onarw, e] Jefe de estación que permanecía impasible, recibió un telegrama que
abrió tranquilamente y leyó: (iDetenga usted todos los trenes de subida. Yía obstruida.
Choc~ron dos trenes de c.:.rga. No hubo desgracias personales. Envíe socorros. Urgente.n
S~n conmoverse en lo m·ás mínimo, el empleado dió sus órdenes y dejando á. las
autoridades políticas y militares que tascaran el freno, subió á sus habitaciones y se
puso á comer con toda calma.

~J.tw

•*•

barón Félix de Floxens, después de andar de Ceca en ~leca, encontró
portunamente á una joven y bella heredera, muy bien educada, á fe mía, que
de la manera m,ts graciosa consintió en casarse con él, llevando cuarenta mil
· francos de renta, sin contar con las esperanzas. Entre tanto que éstas se realizaban, él vivía muy á gusto, en compañía de Angela, su joven esposa, á quien engañaba lo menos posible.
-Qué importa, decía él, puesto que ella nada sabe ......
. Bueno; pero un dfa .A.ngela supo algo, lo cual ya era mucho.

¿Cómo fué informada? Del modo más estúpido, como es ordinario: por una carta,
caída de la bolsa de su marido, sin que él lo notara. Un simple recado de tres líneas,
pero muy claro. ¡Demasiado! No había lugar á. dudas.
La pobre mujercita, convencida de no haber merecido todavía el engallo, comenzó
derramando ardientes lágrimas, pero esto le enrojecía é hinchaba las pupilas. Luego
observó que el llanto le causab;l también jaqueca.1 y decidi6 1 al fin, ir á consultar con
su anciana madre.
Esta le abrazó, tiernamente aflgida1 lloró algo con ella, la obligó á tomar algunos
bocados de galletas con mantequilla, sumergidos previamente en una taza de sabroso
chocolate1 y en seguida
Le dijo poco más 6 menos lo sigttienk:

-No te inquietes por esto, hija mía; todos los maridos son iguales.
-Debía UBted ha.Mrmelo dicho antes de ca.-1arme con Félix.
-No había peligro ...... entonces.
-¿Hay, pues, algunas excepciones?
-En realidad, así lo he oído asegurar. Pero si te dijera que los he encontrado .. ... .
¡mentiría!
-¿Es decir que ... ... papá?
La madre de Angela pareció reflex.ionar1 y luego, como resumiendo: ((P,1z á sus res·
tos,n exclamó compungida:
-Por lo menos, agregó1 si lo viera yo entrar en el Paraíso ......... ¡me extrañaría
mucho! ...... .. .
-Pero qué hacer entonces1 la interrog0 Angela, sorprendida por las insinuaciones
de la valiente señora.

........-A.y! hija mía, he allí precisamente el quid. Cuántas mujeres, antes que tú,:se
han propuesto la misma cuestión, sin resol verla. Y cuántas, incapaces de resistirá los
escrúpulos del amor propio cometen la colosal tontera de ceder al impulso ciego de la
primera impresión! En cuanto á mí, puedo asegurar que las peores son las que, después
de hacer toda clase de consideraciones, se resuelven á comenzar por el fin.
-¿Es decir? .... ..
-Es decir que son como-las cabras, de quien se dice que ramonean las hojas~ del
tronco á que están atadas.
-¡Estúpidm, mujeres! exclamó la joven con la m\rada centelleante y los pufios
crispados.
-Conformes, replicó la mam1í, sin apasionarse en lo más mínimo. Pero /es posible
también que sea.n personas amantes de su tranquilidad, lo cual no significa estupidez.
Y partiendo de este punto desarrolló la señora h,íbiles argumentos. .A.ngela la dejaba disertar, por deferencia filial, pero ¿darse por convencida? ¡Todo lo contrario!
Así fué que al entrar en su casa y encontrarse con el traidor éle su marido en el salón del castillo, se detuvo violentamente. En seguida 1 mostrá.ndole con ademán enérgico la entrada de la alcoba que ellaocupabJ, le dijo con voz apagada:
-¡M_ire usted esta puerta, caballero; m(rela. bien! Ante ella hago el juramento solemne de no permitir jamás, de hoy en adelante ...... ¿lo entiende bien? ¡jamás! ...... que
itraviese usted el dintel ... .. .
-¿Hem? ...... ¿y por qué? preguntó Félix admirado. ¿Qué significa esto?
-¿Por qué? ¡Lea usted!
Y le metió en los ojos el billete que el muy animal había dejado escapar de su bolsa.
-¡Demontre! foé todo lo que él pudo deci r.

***
Sucedió que algunos meses después los habitantes de Riancout-en-Vexin, se ingeniaron para componer sus casas con banderas y gallardetes tricolores, imitando al
Ayuntamiento que hizo erigir frente al P.t.lacio l\'lunicipal, tribuua.s decoradas con pro•
fusión, y adornó la sala de actos conveniente!Xlente para dar un banquete, al cual seguiría magnífico baile dedicado á la ((alta sociedadi, de la población·y de sus alrededo•
res. Debíase todo esto ú. que al dla siguiente se inauguraría la estatua de un hijo ilustre
de la ciudad: el célebre Gamberier, que como es bien sabido, fué el que descubrió 1a

En resumen, no había sido gran cosa lo del accidente: la consecuencia de mayor
importancia, sería simplemente que el ministro llegara con dos horas de retardo.
¡Bah! Esto no le impediria pronunciar su discuTSo el día siguiente. Xo Je impediría
tampoco abrir el bailE\ con una hermosa y amable dama de la circunscripción.
¡Y bien! mírese la coincidencia; esta dama debía ser precisamente la señora An·
gela!de Floxens, que pertenecía á la familia más distinguida de la comarca.
En !:{dote de Angela entraba una especie de castillo, ubicado en un sitio agradable,
á tres kiló~etros de Rianc.ourt. En los primeros meses de su matrimonio, los jóvenes
esposos cae:1 no habfan hecho caso de aquella posesión 1pero después del~enojo, Angela
ee había propuesto .firmemente llernr una vida de recogimiento y se habían transladado
~lla Y su marido á Doublemont, en espera de tiempos mejores. Penitencia impuesta al
rnconstante de Félix. ¡Bien hecho!
¡Y por cierto que no sé portaba éste mal!
Aquella residencia (recientemente compuesta y reformada, como lo atestiguaban
los~andamios y útiles de albañilería que obstruían aún una parte de los pisos superiores), aquella habitación, corno decíamos, presentaba alegre apariencia por su gran parque cerca~o Y atravesado por un arroynlo y sombreado] por filas y grupos de sauces,
en que amdaban cantores pajarillos.
No faltaban relaciones amistosas, pues la ruptura entre los esposos no había tras-cendido fuera. El joven Hugo Robrochón era apenas el único que sabía á qué atenerse
á •ese respecto, gracias á las confidencias de Félix, quien por haberlo conocido tiempo
atrás, lo había hecho amigo suyo primeramente y luego cómplice. ¡Qué quieren ustedes! la penitencia que le había infligido Angela no le había corregido completamente
de su tendencia á la infideli~ad. Creía'necesario, sin embargo, tomar algunas precauciones, Y el amigo Robrochón lo ayudaba de la mejor manera posible á urdir el pretexto para sus cortas ausencias, y vigilaba de cerca á la esposa traicionada mientras
Félix se entregaba á lns dulzuras de la vida de París.
· '
En apariencia, el papel que llenaba allí el joven no era muy honroso. Pero no hay
que c~iticar con tanto apresuramiento. El amor discÜ!pa todo: esta máxima es muy
c?no~1da. Y_ como Robrechón amaba con gran pasión á la mujer de su amigo, su conciencia lo deJaba tranquilo. Hay que atender á la intención, ¿no es verdad? Pues su in•
tención era consolar á aqueUa interesante jovencita. Era de muy buen cpraz6n ese muchach~ : he aquí todo. ¿Y esto es un crimen?...... Angela no lo creía así; pero hubiera
preferido menos simpatía por parte d8 aquel forzoso compaíiero· menos asiduidad en
la~casa sobre todo. El pobre de Hugo sufría visiblemente. J~más ;perso11a alguna
había lanzado tantos suspiros. A solas con ella, balbuceaba. algunas frases que hubieran aprovechado con buen éxito notables autores cómicos. Y como la joven tenía igualmente un buen corazón, ella también experimentaba algunos escrúpulos por causarle
tal melancolía. Idea original, en verdad la de Félix, llamando tan á menudo á Robra•
chón durante sus ausencias. Se hizo notable.

"=**

E~contrábanse en tal estado las crn~as, la víspera del famoso domingo en que los compatriotas de Gamberier iban á honrar su memoria. Los Sres. Floxens habían invitado
~ ra una comida á varios vecinos. Sería aquel un simple almuerzo en familia, que termm ara t_em?rano1 á fin de que los convidados pudieran soportar con valor las fatigas
~el día siguiente. Hugo asistiría, sin duda. El había aceptado de buen grado, antes de
Ir á París, adonde se encontraba hacía dos días.
Mas sucedió que transcurrida la hora :fijada, sin que él pareciera, tomaron asiento
los presentes, con gran diEgusto de Félix, '.diegusto secreto que se esforzaba para di·
s imular.
...
Cuando ya se retiraban al salón los~oncurrentes, llegó el retrasado. Todo se explicó
en un momento: Hugo:se encontraba en el tren del Ministro, y en virtud del accidente

« urrido abandonó el wagon y saltando en tierra, tuvo que emprenderá pie la marcha
hasta el castillo, atravesando los sembrados y matorrales.
Entretanto que se le servía un plato de consomé con un ala de pollo, Félix1 que había ido al comedor para acompañarle1 lo agobiaba á preguntas.
-Tranquiljzate; decía Robrochón; será siempre mañana en el t.eatro X, cuando
haga su début la mozuela. Ya mandé construir los ramilletes que hay que arrOjarle, y
.aquí está el brazalf&gt;tf&gt; qre e¡,:co;·.

'

~~
-Lo esconderemos, excalrr:.ó
con acento medroso Félix, guardando la alhaja en el bolsillo .
¿Cuánto?
-Cuatro mil cinco francos. Es
caro; pero muy elegante: ya verás .
-Eres un verdadero amigo,
mi buen Ilugo. ¿Y la cena?
-En el Café Inglés. También
carita¡ pero opípara: ya verás.
Dieciocho cubiertos, tres repor•
ters y una entrevista. lle leído
Jos artículos en pruebafl. La ama•
ble muchacha está. ya lanzada
en la carrera, ahora ...... ¡Demontre! todo esto cuesta carito ......
pero ya verás. La pobrecita, sal·
taba, cantaba, me abrazaba1 estaba loca de contento!
Por un instante se enterneció
Félix.
-Oh! sí, sí1 murmuraba es•
trechando las manos de Rugo;
eres un Yerdadedero amigo. Pero ¿cómo marchar esta tarde,
con qué pretexto, si el telegrama con venido no llega?
-Ya llegará1 replicó Robro•
chón, animándose súbitamente.
El telégrafo ha sido monopoli zado para el servicio del ferrocarri 1, á causa del accidente de
hoy. De aqu( el retardo; esto
no puede ser sino un retardo.
Pero supongamos que se prolonga, ¡tanto peor! te ,·as de todas
manera". Debes hacerlo; por mí ¡qué demonio! Es cuestión de d ¡de todas las molestias que me has ocasionado......
e icadeza, y después
El bueno de Félix se sentía verdaderamente conm 'd d 1
inetigaba á irá. 11arreglar la fiesta.,,
ovi O 8 calor con que Rugo le
Cuando estaban tomando el té Catalina la doncell 1J ó
vaba el telegrama tan impaciente~ente esp;rado Pe
aparte á Féli....::. Le lleal presentar el papel1 tomó un aspecto severo Y dro ro a •bn~ era tonta. Así fué que,
.
,
J
en
voz
aJa·
-¿LN,o intentará. usted nunca engañar á la pobre sello
d.ad
y
.
d'
ra, ver
?
como su amo se 1Spusiera á. replicarlei ella lo confundió .
.
.
rada, y agregó: u¡Itdecoroso!n palabra que usaba free
te
con una terrible m1•
Fél ·
•
uen mente
. 1x le deslizó un luis en la mano, y la honrada doméstic ·
.
. .
preCJo de mi complicidad nmurmuró (i'Aht
t d'
a pareció afhg1rse: ((El
'
• l
....... es e IUero me que
I d d
era una exageración esto, sin duda pues con gra
.
h
ma os e os.), No
.y
. .
'
n pnsa ec 6 la moneda en su bol s1·u o.
- ¡ o ...... yo ...... pros,gmó, verme reducida
situación. Vea usted, señor yo no había nacido por Ios re_veses de la fortuna, á esta vil
fesora. Y sin la muerte de :.Ois padre,r &lt;
. para seírvi r. Tengo mi diploma de pro-.... ... "'~ 11 x conoc a 1a c n ·
trándose dispuesto á escucharla hasta el fin la i te
.
ª cionci·11 a, Y no encon.1
.
'
n rrumpi 6 por medio d
d
lms que se reunió al primero, rio sin que OJ.talina m 'f
e un segun o
rada repugnancia de antes!......
am estara otra vez la misma bon•

ªe :m

T;"&gt;,(

***
¡Cómo! exclamaron los huéspedes del joven matrimonio
. .
lo que decfa el mensaje; ¿faltará. UBted á la fiesta de G b : al tener conocmuento de
•A r • é h
·
am er1er?
- ¡ Y. ¿qu
acer? Es un caso de fuerza mayor Pre .
tren! ...... Nuestro amigo Robrochóu tendrá la bond~d ~cisa que parta yo por el último
á mi mujer.
reemplazariµe acompafiando
-¡Lo que son los maridos! murmuró Angela pe
d •
.
cierta malicia y rehusó enérgicamente consentir en'
nsban. 0 !nvoluntarmmente con
1a su st1tuc1ón.
. . .
El to no d e su voz mt1m1dó
un poco á Félix que
.,. .
del viaje.
'
por un momento mtentó desistir
;((Tal vez fuera mejor quedarme&gt;, insinuó á Hugo.
ste se puso verde de cólera. \{Como quieras!) res
d'ó
príncipe que no desea más que arreglar por su cu~nta pon i · La anda rondando un
café inglés.n
Y en su provecho la reunión del
-Pues decididamente parto, exclamó el marido d A
E
.
e 11gea.
1
- n este caso, apresur~se usted, respondieron los invi d
fiaremos una parte del cammo.
r
ta os. Nosotros le acompa( Sigue en la página 166. )

�164

:!.Je :-' OV rEMllltE, 1895.

EL ~lUXDO.

$n la luna
-~it•mprl! yo cerca de tí.
-¡Qué ..-nddiablc es nne!'tro lazo!
-Pero ...... ucerca. inús tu brnr.o,
1\1,ís jnntito::i ...... a~í.. .... así. .... .
-11.lb!ame ...... míramf" ...... cal1113
La ee&lt;l que me est.í al&gt;r:.11-;ando,

24

NOVIEMBRE,

1895.

EL.l\IUNDO.

165

ac miol.
Y:11nos jnntitos, junt:rndo
Alma y cunpo, cnerpo y alma.
-l'no ni otro !'iC'111prc fü·l,
T'ldn es amor y cnnsnelo ..... .
(~• kibla n~f cnamlo en el ciclo
Br;ll;t \~ luna de miel.)

-Antes pegndito, ¿y hov?
-Pero mujel', ¿qnien-s i'1i.ís?
-Quit?res irte, ¿ndónde rns'!
-;,Qué te impol'ta adonde YO)'?
-Ya te faEticli:is del lazo.
-Es que ya rnueE-tras tlls mniir.i&gt; ..... .

-Claro, nur.ca me .-icon·p:iñr.s
Y ni me ofreces tu br::!zo.
Un esporn ........ .

Ya te canso.

-Es nn esposo.
-No es probable,

-E~tiís hoy intolerable.
-Y tú ( sltís nrny fo:-tidioso.
1

-Ayer, ¡mi ::imor! ¡nngel mío!
llny 1 nnd:i ...... ya EOy .. .... ninguna.
( A uc1oi:i loi- hnii:t ta luna
.Amarilla &lt;lt'I l1nHfo.)

,1

�24 JI, OVJF.MBRE, 1895.
24

NOVIEMBRE,

•

166

•
•••

( Sigue de la página 168. )

Al quedar ■ola Angela, permaneció reftux.iva largo tiempo, en el saloncito que ae
encontraba entre la recdmara de ella y la de 10 marido. Pe~ba en Robroch6n. ¿Por
qué no habría aido con él con quien se casara? El sí la comprendía; él hubiera perma·
necido fiel. ••...... probablemente.
Entre tantQ que la criada cerraba las puertas, la joven co_n la mirada ~~ida entre
1u eombru de la noche, apenas se fijaba en las rutilantes estrellas que se dtv18&amp;ban por
]a ventana entreabierta, y mmergfa, por decirlo uí, su imaginación, en una especie de

La prop011ici6n deeconcertó de una manera terrible al joven.. Claramente se veía

que ella lo había anonadado.
-¿Morir?...... balbuceó conlusQ. ¿r,ómo? ¿En seguida?
Se volvió a1 oír la voz de Félix:
-Angela, no busques la llave. Me equivocaba. Y~ la encontré entre el forro de la

mundo ideal.
·
.
Divagó mucho, 11.n dmda, puea volvien~o en aí violentamente bajo la impres1?n de
un miedo súbito-miedo no por él, eif!O por eUa míama, 88 levantó resuelta á ~mr del
peligro. y abriendo un pequello .,,,,.-, eocribló una caria á su mamá, anunciándole

bol~En aquellos cortos instantes, aeoper6 violenta revolución en las ideas de la baro-nesa y el rómá.ntico Robroch6n, perdió iOdo su prestigio. p..,ro no ten(a tiempo ella de
lament.arse. Ya se ola á ~'élix abrir 11 puerta del ve&amp;i!bulo.
-Mientras sube, salte usted por la ventana.
Atontado, rid(culo casi medroso, se 1am6 i1 al bolc6n. Mas DO llegó á saltar el
barandal. Doe pet"l'OII bravos, que ya conocía, doa mol0108 decará.cter receloso y feroz,
ladzaban dmaloradamente, anslOBOB ds la presa que se les ofrecía.

que iría 4 vivir con ella algo.nas eemanaa.
Cuando iba á a,abar, un ruido que ·.. oyó en el ex•

""º11, ~ ·

-¿Ullled?

-¡J....,,.11Ded por esto, del er-1111,mlentode mi
pui6n, p'Jello que he -,iodo UD pape) ehomlna,.
ble, -,lamealepuapodet-4 ullledl
En _,. clise de uomos, las mujenll aon alempre
aJao cüclidu .\ates que .ADgela 811- - d e ...~

a

- l a ladlpidad'de B_, peuabalnooentemenle:
-¡06mo me ama! ...•.. IY o6mo debe llllfrlrl
Paco clelpá¡ las doM de la noobe. Ella
se lo hlao DOiar y le rogó qll618 remara. ...•. provi•

olone!-

Con tollo ldgulire, Bogo se lnclln6 y dando un
J.IIIIO blcia la venlllDa, nclam6: oAdl6s; voy , llbnzul
de ml, voy 4 eárellarmo al OIÚ80 tinndome dmde

-balo6n.•
-DNgnlolldol prorrumpi6

.An¡ela, poseída del '
-yor ~ No 1e le -i,t,ba, aln dada, la a-ponei6D dél pQbce Jofflll pero al IÚI g,ave inconveniente de la J • 2 lntei6n con la -1 la1menanba,
no se le...-palla lampooo• ¿Qa,1 se dlrla cuando el cacK- fuea hallodo?
T1m'cl1_,,..,.1o1a-,bó,que Nllexl.- en lo que
Iba'~·
-El!' bien, selloro, conléll6 eono;.a frialdld.
11,1, mi , aaltárme la '"I"' de los-.

J&amp;IÚI-•

¡Tablean!
Quedaron Inmóviles, pevlficadoa.
-¡Allgelal volvió ágrilar Floxena. Todo enácerra4o y mi llave la dsjé en el cha·

leco amarillo.

.

Maquinalmente la joven oe dirigió al balcón y sin atreverBB II enseflar la can, ' pe11111' de laobacwidad de la noobe, reepondi6: uEspere usted un m01ntinto; voy á bt18C&amp;l'la.•
Dmpuál, volviéndose 4 Bogo ¿Y ahora? .•..•..••¿Qué hacemw?, insiiolió, mirandoque
Bogo no se movía.
-¡Demonlol !utl lodo lo que el pretendiente pudo decir.
-¡Ah! Pero, replicó ella con energía, no ee trata ahora tle demonios. Me ha colooado 111ted en una posición terrible. :Es forzoso salir. Busque Ul'IWd algún expediente;
muhaae uaied .•.•...•. ¡Eat.A umed m'8 pQido ¡Vaya, no inventa. uet~ nada?••.•..•.• ¡Sea;
eatamoa perdidos¡ moriremoe! ....... ..

Creyó ella aturdirlo; pero muy sorprendida, advirtió que Félix sonreía. No le daba
crédito.
- Sf, sf¡ quiere usted malquistarme con Hugo, &lt;lijo él desdenosamente.
-~forecc que lo enjaulen, pensó Angela.
Y ya excitada en el juego, se propuso, como punto de honor confundirá aquel
idiota, cualquiera que fuese el resultado.
'
-¡Acusará Hugol decía F~Ux; é.l que........... .
-Que ha preparado la escapatoria de uated¡ que ha compr.ldo una alhaja que de.
bía ustt&gt;d llevar á sn amante.
¿Quién se lo ha dicho ,i usted?
-Él mismo.
Fé lix, ofendido de pronto, meneó luegQ la cabeza, .con un movimiento en que ha
b!a un tanto de indignación y un poco de duda. ¡No! E:!lto habría aido terrible. No? De
bía eer Catalina l.1. indi&amp;Creta: habría escuchado algo, tnu las puertas. ¡Y bien! Al día
siguiente en la mafl.ana se le arreglada su cuenta. Sin emb:ugo, un rayo de luz no era"
tnficiente.-Qué ridiculo sería maltratará un inocente. La mujer de Putilar, podía al
menOt:1, exhibir la capa de José como pieza de convicc(óo.
-¿Pruebas? preguntó con violencia Angela, irritada por la coutradicci6n; ¿quiere
UBtecl prt¡ebas? ...•........
Llevada á tal extremo la cuestión, Félix se turb6. Quien sabe que hubiera dado entonces por retirat" 1ms úlLhnaa palabras. Ya no quería saber nada. Puo ¡cómo retrooedsrl Resolvió salin,e por la tangente.
.
-V'eamoe, dijo, esto ee uoa locura. E1tando abaj~ todo cerrado, c61no podría haber
· entrado Robroch6n?
-:-Por la ventana. Y se aprovechó t.an bien del ruido que produj.o, y mi sorpresa,
que BID la oportuna llegada de uated, por Dios que....•.
-¡Seiiora.! exelamó el desgraciado, preaa de un eatremecimiento de:c6Iera.
-¡Qué le imporla á usted! Al fin no me cree.
·
-Una vez más, pido, exijo 11 prueba de lo que u8led dice. ¿También por elbal·
eón escapó, á pesar de loo perros?
-¿Pero quién dice que se haya ido?.........
•
De improviso, F~lix ya creyó todo y fuera de sí, gril6:
-¡Ah, aqul esl.l .....• Bugol ¡Sal! Ha&amp; favor de preseot.arte. ¡Hugol ¡Hogol
-¡ Eh! No grite nsled laolO, le interrumpió Aogela. Si lo escucha á w,ted muy
bien.
-¡F.a ftrdad! ¿Adonde ..U?
-Eotá uated seJllado encima.
-¿Bajo el canapét
Félix dió un sallO é lnclluándoBB iba ya á levanlar el cojln, cuando una 10001&amp; car.
cajada ds BU mujer, hiriéndole BU amor propio lo detuvo.
-Ja, ja, exclamaba ella con espasmoo de risa perfectamente imitados ¿con que 'lo
·
ha creído el pobreoillo? Ja, ja, oreo que;haala;...
va hacer dallo l&amp;DIO reir. Ja, ja, voy 4enfermar.
El la contemplaba consternado, balbuciendo:
,¿No es verdad?,,
-SI, por cierto. Ah, mire UBted. Busque, bnsque, puea. Ea verdad; es verdad.; Oh, no a&lt;dlvierte uno muchu veces en la vida tanto como
hoy me he divertido...... ja, ja .•..••

Angela triunfaba por completo. Nada mú
. que triunfaba dsmasiado, pu• no vela que F6lix, arrepintiéndose, enamonlbue ds nuevo y
trslaba de hacerBB perdonar en esa miama noche.
De rodillas imploraba 111 aboolución ante~ An•
gela, á quien, no olo dl11cultad, hilo sentar en
el ~ bajo el cual Don Juan Robroch6n, debla
expenmentar muy poco gusto por lenerla~l&amp;D

-¡Buao, IIIDip mio, por plédadl
. . , , - que 1l8led DO me ama!
-¡Que DO lo amo á UROCl1, repllc6 ella eon la np
eapeiansadellbruadeél. ¡Qaéaabe Ulled? ¿Qa6e6
70 miama? ~o puedo, por lo m - amarlo como m,a

lo cna1 IOle!aba ella para Mabar IÚI pronlalDenle.
-Ya se apercib{a Angel&amp; 4 abrirle la paerla, onando, bajo el balcón, BODÓ la vos de
ftllxque grilaba: oAngela, Anpla. ........ todavfaeslá interrumpida la vía.Y no -1drút

-¡Psh! contestó Angela, nada de dU!cursos. Fé:ix siempre va armado cuando anda fuera en la noche.
-No hay más que un peligro, refle xionó ella, cuando estuvo oculto el 11&lt;merpo de
delito:n que 8e vaya á ahogar. Habrá. que darle gracias á Dios.
E~ aquel instante, no entraba en los proyectos de la joven, la menor intención
vengativa: nos palabras de cortesía, cambiadas entre su marido y ella y luego: «BueDBB n~hes. ¡¡ Ca?a uno 86 marchar[~ á su habitación. En cuanto Félix entrara en la
IDYB, tría ella it libertar al ubuen amigo de la casa- y en seguida se entregaría al desaanao _q ue consideraba haber ge.nado bien!
Pero, ¡miren qué ocurrencia! :S-o era bastante osado el marido arehi-infiel para
.1)1'888Dtarse con el entrecejo fruncido, lldmirándose de que ella hubiera tardado en resJN&gt;nder ásus ll,\111:imien~! ¡Bah! ¿t.endría el valor de concebir una sospecha sobre la
eondncia del ángel á qmen había sacrificado?
F.ato le pareció que p18aba de la raya. Una oleada de cólera le subió al cerebro·
pero calmándose en breve la acometió una infernal idea de broma, que debía hacer.,;_
bi&amp;r 4 esos dos uindividuoa.11
Así fué~ que,
virtud de un plan formal, súbitamente improvisado, en vez de
JDODtar en !ra, ~ng16 perfectamente la turbaci6n ,medrosa de una mujer sorprendida en
lalta. La mqmetud haeta entonces afectada, de Félix, ae acentuó. ErigiéndOBe en
justiciero la abrumaba á preguntas.
4~_1a, paradieculparse, no hab~ía necesitado más que moetrarle la carta que esta1» eecr1b1e~do á su mamá.; ~ro se cutd6 bien de hacer esto, y, al contrario, simulan•
ilc) el desahento de una vencida, prorrumpió ocultando la cara con las manos:
-1Ayl jamás podré disimular. Y bien, si; hay algo; pero es por culpa ds usted:
-1Con que. bay algo! ¿Qué~? ¿Qué? insistió Félix, binchándo,,e como gato irritado. ¡Demomol engallará au mnJer, era un pecadillo cualquiera. ¡Pero ser engaflado
por ella!......
·
-¡Félix, Félix, yo no soy culpable! repitió Angela, desempel!ando su papel con
tal naturalidad que il ella misma le admiraba. Ni un detalle le faltó.
.·
DiverUaae el~ interiormente, obeervandoen su marido el dee · rrollo de laa d ~
plldables re8exiones que hablan seguido á su primer Impulso ds rabill oq¡ullosa. ti
amblén ~ba lis consecuencias de un escándalo, de un pleilO, de una liquidación,
~ divorc10, en fin. Angel a adivinaba sus ideu, como adivinaba el «estado de ánimoj!al otro desg~ado que se hallaba tendido; sin la menor gracia, bajo el canapé.
Su prop6s110 de IOmar la replesalia arrastró 4 Angela al último ex\remo. Como FéJb; lnaiati6 con violencia en 11S&amp;ber lo sucedido,• ella lo enteró de todo.
-:He abandona ~t.ed para correr aventura.e y alguien ee aprovecha de IUS"auaenpara cortejarme.
.
-¿Quién?
-¡Bahl Su mejor amigo. Esto es tradicional.

e?

'8rior, la biso temblar. Abandonó sa asiento yaldlrlgiraealbalc6n, lai,ngre se heló en SUB
rancio á un hombre que escalaba el baranclal. Qolao
gmar, mu DO pudo, pualiada por el terror, y llogo
Bobrochón apareció ante ella. ..•.•
Lo que 88 clijero11, se adl,-iaa: contarlo serla inútil
Bogo inm6 en el dolor que experimenlllba ,él, •·
blendo que ella era clfflll'l"llda. Solamente - dolor
debla explicar su apan,nte nicl6n · respeck&gt; , Félix.
No puede haber amlllad llin enlmación. ¿Podía él
""'1mar ' llD IIDÚIO que enpllaba ' UD&amp; penoDII tan
digna de aprecio r. Gdelidad como Allgela?•...•.•••
-¡Amigo mio, dljooon lndlgnaci6n;amlgomfo, un
hombn&gt; que en - IDOIMDM&gt; ... , nunlrse - ..,
amante 1 ' e n ~ un&amp; alhaja que yo .,.bo de es·
........ pua él en la Joyería de la c,a1le de la Pul ........ .

hermlna'I
Bogo trll&amp;Ó el anauelo. D6oil, a,11Cl1Jo ' BU - • 118
conformó 6 pareció conforme de pronlO con el eterno •
empilo de I• "llllilled 7 pura.• No faltaron,
-nlmenle las famOBla , _ de -laso de dos almu- .
que se quieren, ..in mallcw y que""° dejanD de 1811·
Dlne en un mundo mejor.•
No exlaUa bueaa fe por nb,..,na de las dos panes.
Ella se cleofa: -Be ul. -qullemenle .••••• y yo ma111Da .-ré en-de mamL·
-F.a uunlO de algunos dlu, plDll&amp;ba él Ya• mta.
EnlretanlO la abrlaba.--podfa, llam"1dola con carillo: "111 berlnlnll&gt;,

EL MUNOO.

L895.

-Félix eolt6 looperroe; mnnmuó, -iall-ndo los dlenlel. SI me eslrangulan,
se compromelerhlled.
1
-··.
-¡Llora el pobreollOI pena6 la Sra. Floxem.
Babia perdido BU 88DCillea. Aquel Bomeo, cuado en 111 propio lazo, se le aparecía, finalmente, 811- toda 111 alnieotra ,_ulnclad. En~ las mordsdaras de los perros
y un ,Jaace,, con .Félix pn,ferfa jugar el albur de esta tllllma eoluci6o. Loa explicado""" eon animalaa ed-do,r para lanzane eobre los visil&amp;Dtes nocturnos, no le eran mu7
llgT&amp;Clablea. Floxens nÍclamarfa de mejor manera. ..•.• y después de todo ¡quién sabe!
En todo cuo un duelo no tenla lliempre resultado tnlgico y por Mra parte, Bogo
liraba muylrien y llllla aun: ¿Félix afroolarfa el eecándalode buen grado? Olvidar 4
que, en C110 de divon,lo, Angela recobrarla fnlelr&amp; BU dote, lo cual le reduclnL á ~
escasa renía? Medianlei laq¡as explicaciones, ¿nd podría arreglarBB lodo? Al fin Y al cabo, el crimen DO babia llegado á CODffllflo.r8&lt;•!
•
Era esto preoiaamente lo que meditaba Bogo. Angela, con admirable intuición lo
babia adivinado y aó preguntaba: ,Boeno•••••. y yo?• Qué parte me concede hom•
bre, en IWI cobarda .preocopaeionea? Oh, mujeres, somos unas tontas!.. ...; .
Con entera calma, ante el inminente peligro, la Sra. de Floxene, 1mhgnada, H
uansform6 de improviao y tindole únicamente en su natural ingenio, para garantizar
su .;.pridad, mienlras su marido subía la escalera, ,alla levantó el cojln del sofá.
-¡Vamos, mélaae usded ali!! ordenó, Bobrochóo.
-¡F.acondermel gimió éate lastimosamente.

�168

24 N OVIBMBRE, 1895.

EL ~IUNlJO.

erca. En vano era que ella recordase á su ma1·ido el solemne juramento de no dejarlo atavesar el dintel de su alcoba. Mientras mayor era la resistencia de una,
mayor el apasionamiento del otro. Lo m.ís que podía esperar aquella imprudente
mujer1 era un plazo que permitiera al otro galán eYadirse.
-Escuche usted, Félix, dijo ella ca.i:i con ternura; déjeme ustéd reflexiona.r y consultar. Me ha conmovido usted, le ruego que se vaya., ....
Un beso otorgado de buena volmltad, lé valió ganar el pleito: Félix entró en su habitación.
Inmediatamente la joYen corrió el cerrojo y dirigiéndose al diván, levantó la cubierta, ansiosa por saber si Robrochón respiraba aún~
Sí, todavía respiraba, pero presentaba una cara más fea!
-Ah, señora, exc)amó, saliendo penosamente de su estrecho encierro; ¡tiene usted
UDa saugre fría!
-¡Chist! replicó Angela. Ya hablaremos otra vez, ubermano mío,n pues siempre
existirá ula unión de laa ahnas,n (&lt;Un mundo mejor,u y «ese amor puro quen ...... ¿eh?
-Todo lo que usted guste 1 respondió Hugo, impaciente por marcharse. Pero por
ahora, le confieso á usted que he perdido algo la cabeza. '
-¡Chist! repitió la joven, escuchando con atención cierto ruido que se oía por la
escalera.
Reconoció en breve la voz de Catalina que rent-gaba contra los perros ú. quienes
trataba de sujetar. Ni manera de salir por allí¡ pero una vez sujetos los perros, Robra•
chón, que había escalado el balcón, podría irse por el mismo camino.
Haciendo de trip!l.S corazón, se dirigía ya él hacia la ventana., cuando ¡Santo cielo!
una cuerda con nudos cayó á través de ella de arriba para abajo.
Félix, obstinándose en el deseo de una reconciliación completa é inmediata, sal•
tando el cerrojo, se había encaramado ai piso superior y ur.ilizandlJ los andamios y
utensilios que habían dejado por allí los albañiles, se propuso sorprender á su mujer
cuando estuviese ya dormida. El también se transformabu en Romeo, á riesgo de romperse la cabeza. Esto era halagadvr y debía agradecerlo Angela, sin duda; pero ese
exceso de galantería complicaba espantosamente la situación. El bueno de Rugo, no
lo desconocía, y lívido, tembloroso, como perro mojado, ofrecía un aspecto que inspiraba piedad.
·
No había modo de escapar.
-Entre usted en mi alcoba, dijo vivamente A.ngelu, empuj;í.ndolo de las espaldas.

¡Era tiempo! Félbc ten fa ya medio cuerpo adentro, y un momeHto dl;!spué8, cafa de
rodillas á los piés de su mujer.

-Qué quieres, le dijo: los remordimientos me agobiaban. Es preciso que me perdones ...... formalmente.
'Ella pensaba: Caso más original. A. mi galanteador voy á deberle que me devueÍva á µii marido.
Sin embargo, como Félix la devoraba-á besos, queriendo llevá.rsela á su cuarto, se
vió precisada á decirle:
-No, amigo 1nío, no¡ he jurado que no entraría.a en mi alcoba. Pero, agregó sonriendo graciosamente: no he jurado no atravesar el dintel de tu cámara, de la tuya ..... .
}'(lyi,.,,,,_

extraordinari1,.q.

Jl01'111'G0 l~DE DICIEMBRE DE 1895.

Entretanto, Cati que, no logrando sujetar á. los perros, los había, al fin, dejado en
paz, subía á su habitación renegando en grande, Llegada al primer priso distinguió
un rayo de luz que salía bajo la puerta del saloncito. Creyó que sería una lámpara olvidada y cuando entraba para apagarla, tropezó con el amigo Robrochón, que se disponía ;t bajar.
Por la actitud de Hugo, Cati compr~ndió todo.
-¡Ah! exclamó haciendo una mueca significativa. Esto es indecoroso. Pero no
salga usted, porque los perros van á destrozarlo.
-¿Qué hago? Preguntó él con desesperación.
Lo contempló un instante la recamarera. Después alzando los hombros.-Vamos,
dijo; le tengo compasión. AqllÍ está la llave de mi cuarto; escóndase usted allí hasta
el amanecer., .... Es el tercero á. la izquierda.
Muy desconcertado, Robrochón tor•6 la llave que le ofrecía aquella joven, y se re.
tiró preguntándose vagamente si no tendría ella la intención de reunírsele.
-¡Oh! reflexionó profundamente humillado ...... ¡la doncella!

*
••
Largo rato permaueció Cati pensati

"ª· No era ella fea; al contrario, de muy buenas

formas y de modales distinguidos .
¡Tengo mis diplomas! se dijo. ¿Sería él. ..... agradecido?
Después decidiéndose ¡Ay, no! murmuró. ¡Sería indecoroso!
Y se extendió sobre e1 canapi, á fin de dormir un poco.
'I'raducci6n del francés por J uuo Pouu.T.

!la cuna t,acía.
CGADRO POR 'll'ANGEL OCAHA.XZA.

(Fot. rropo1cionada por el Ing. Fernando Ferrari Perez.)

/

Tomo T1.-~W,mero f!l

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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24 N OVIBMBRE, 1895.

EL ~IUNlJO.

erca. En vano era que ella recordase á su ma1·ido el solemne juramento de no dejarlo atavesar el dintel de su alcoba. Mientras mayor era la resistencia de una,
mayor el apasionamiento del otro. Lo m.ís que podía esperar aquella imprudente
mujer1 era un plazo que permitiera al otro galán eYadirse.
-Escuche usted, Félix, dijo ella ca.i:i con ternura; déjeme ustéd reflexiona.r y consultar. Me ha conmovido usted, le ruego que se vaya., ....
Un beso otorgado de buena volmltad, lé valió ganar el pleito: Félix entró en su habitación.
Inmediatamente la joYen corrió el cerrojo y dirigiéndose al diván, levantó la cubierta, ansiosa por saber si Robrochón respiraba aún~
Sí, todavía respiraba, pero presentaba una cara más fea!
-Ah, señora, exc)amó, saliendo penosamente de su estrecho encierro; ¡tiene usted
UDa saugre fría!
-¡Chist! replicó Angela. Ya hablaremos otra vez, ubermano mío,n pues siempre
existirá ula unión de laa ahnas,n (&lt;Un mundo mejor,u y «ese amor puro quen ...... ¿eh?
-Todo lo que usted guste 1 respondió Hugo, impaciente por marcharse. Pero por
ahora, le confieso á usted que he perdido algo la cabeza. '
-¡Chist! repitió la joven, escuchando con atención cierto ruido que se oía por la
escalera.
Reconoció en breve la voz de Catalina que rent-gaba contra los perros ú. quienes
trataba de sujetar. Ni manera de salir por allí¡ pero una vez sujetos los perros, Robra•
chón, que había escalado el balcón, podría irse por el mismo camino.
Haciendo de trip!l.S corazón, se dirigía ya él hacia la ventana., cuando ¡Santo cielo!
una cuerda con nudos cayó á través de ella de arriba para abajo.
Félix, obstinándose en el deseo de una reconciliación completa é inmediata, sal•
tando el cerrojo, se había encaramado ai piso superior y ur.ilizandlJ los andamios y
utensilios que habían dejado por allí los albañiles, se propuso sorprender á su mujer
cuando estuviese ya dormida. El también se transformabu en Romeo, á riesgo de romperse la cabeza. Esto era halagadvr y debía agradecerlo Angela, sin duda; pero ese
exceso de galantería complicaba espantosamente la situación. El bueno de Rugo, no
lo desconocía, y lívido, tembloroso, como perro mojado, ofrecía un aspecto que inspiraba piedad.
·
No había modo de escapar.
-Entre usted en mi alcoba, dijo vivamente A.ngelu, empuj;í.ndolo de las espaldas.

¡Era tiempo! Félbc ten fa ya medio cuerpo adentro, y un momeHto dl;!spué8, cafa de
rodillas á los piés de su mujer.

-Qué quieres, le dijo: los remordimientos me agobiaban. Es preciso que me perdones ...... formalmente.
'Ella pensaba: Caso más original. A. mi galanteador voy á deberle que me devueÍva á µii marido.
Sin embargo, como Félix la devoraba-á besos, queriendo llevá.rsela á su cuarto, se
vió precisada á decirle:
-No, amigo 1nío, no¡ he jurado que no entraría.a en mi alcoba. Pero, agregó sonriendo graciosamente: no he jurado no atravesar el dintel de tu cámara, de la tuya ..... .
}'(lyi,.,,,,_

extraordinari1,.q.

Jl01'111'G0 l~DE DICIEMBRE DE 1895.

Entretanto, Cati que, no logrando sujetar á. los perros, los había, al fin, dejado en
paz, subía á su habitación renegando en grande, Llegada al primer priso distinguió
un rayo de luz que salía bajo la puerta del saloncito. Creyó que sería una lámpara olvidada y cuando entraba para apagarla, tropezó con el amigo Robrochón, que se disponía ;t bajar.
Por la actitud de Hugo, Cati compr~ndió todo.
-¡Ah! exclamó haciendo una mueca significativa. Esto es indecoroso. Pero no
salga usted, porque los perros van á destrozarlo.
-¿Qué hago? Preguntó él con desesperación.
Lo contempló un instante la recamarera. Después alzando los hombros.-Vamos,
dijo; le tengo compasión. AqllÍ está la llave de mi cuarto; escóndase usted allí hasta
el amanecer., .... Es el tercero á. la izquierda.
Muy desconcertado, Robrochón tor•6 la llave que le ofrecía aquella joven, y se re.
tiró preguntándose vagamente si no tendría ella la intención de reunírsele.
-¡Oh! reflexionó profundamente humillado ...... ¡la doncella!

*
••
Largo rato permaueció Cati pensati

"ª· No era ella fea; al contrario, de muy buenas

formas y de modales distinguidos .
¡Tengo mis diplomas! se dijo. ¿Sería él. ..... agradecido?
Después decidiéndose ¡Ay, no! murmuró. ¡Sería indecoroso!
Y se extendió sobre e1 canapi, á fin de dormir un poco.
'I'raducci6n del francés por J uuo Pouu.T.

!la cuna t,acía.
CGADRO POR 'll'ANGEL OCAHA.XZA.

(Fot. rropo1cionada por el Ing. Fernando Ferrari Perez.)

/

Tomo T1.-~W,mero f!l

�1? Drcmm1RE, LS\l'i.

EL MUNDO.

170

19 Drn1mrn1rn, 18\J5.
-Pog..índole, por qué no ..... .

Fáginas i!.Heraria~.
COINCIDENCIAS.
(RIGUJlOSAMliN7~ H/STORICO,)

I

S que lean esto que YO.Y ,í contarles, me sumndr:í.n vulgar ú loco, f..•111bustero ú Yisionari~,
}Cl'O juro por mi .ínirna. qne es cierto y que viven n1nchostestigos honorables que pueden re-

-¿Qué va usted it hacer, Vicenie?-preguntó el güero

Un :újimrnc11 11~rnl.

Medhrn?

-Nada! que c:=e Salmerón, al mirar agotada la. leña del
qnemaden&gt;, ee ofreci6 ,t lle,·ar toda la que tení:.i en su
casa para. que tosturan con tila,¡ hi pobre sentenciada.
-E~tá bueno.
-¿'\ole parece tt usted que da golpe?
- Y:\ lo cn•o.
-Escrib,i u~t('d-agn·gú Riva Pc1l:1cio-...... tan fan:itico y tan malo, que notando qne ~e había consl1tniUo gran
parte de la leila tlc ];l hoguer.l. y que la qne aún quedaba
no alcanzaría para el castigo, OÍl't:!ci6 llevar la leña. que
guardaba en su c:1:-:;a, oferta que fué aceptada con placer

por los vertl11g1J!I.
petirlo.
Se acabó el capítulo; se llevaron el original á la im
El hecho e~ sobrenatural y raro; pero tantos hay as( en
el mundo, &lt;1ue nos conforma.1110.:l con llamarlos casua- prenta; se publicó en el día señalado la. entrega de la
lidades, coincidenci.~ ú fenú111e11os mi::iteriosos, sin in- 110vela y corrieron los nños.
Un dia, el mumorable D. Joaquln Cardoso, que fué Di·
quirir las causas, porque no nus importan, ni referírsdos
rector
de la Biblioteca Nacional; em•ió al General Riva
á nadie para que no se uos rían en las barbas.
Y vamos al caso, que bien merece contarse sin preám- Palacio dos cajones cerr'Jdos y sellados por el Santo Oficio,
conteniendo ign01ados documentos 1t fin de que los revi•
bulos.
A raíz del triunfo de la Rep:lblica en 18G7, lo.:, poeta, ease el General, á quien tanto gustan, entretienen é in·
y los escritores que habian combatido por la causa de teresari esos papeles.
Riva Palacio por sus mlÍltiples negocios dejó abandonaJuárer., dejaron en paz las armas y sacudienJo sus liras
6 &amp;us pefiola8, que por citm epítetos inl1til.::s no hemos dos por algunos meses aquellos nntiguos cajones, pero
de qm·dar11os atnís de nudie, con gran entusia.c-mo can- llegó el día en que se resolvió ú. abrirlos, y algunos de
taron, como las a,·es i:i hl aurora, el renacimiento de la sus amigos le ncompañaron en la tarea.
Registró uno por uno los documentos y se encontró al
libertad y Ud progreso de su patria.
El General .H.iw.~ Pal:\cio, que no bien entr0 triunfante fin con algo que lo sorprendió agradablemente: la causa
el Ejérci1,o Republicano, pilliú, como Aureliano Rivera, de una de las Carnbajales; la müuna de que se había ocuCosía P,mtune::! y Rosalío Flores, su licencia absolnta, pado en la novela.
Aquí fué 'l roya, dijo el General, vamos á. comparar lo
pues ya no les qued,1ba, co1uo soldado~, ninguna misión
pent.liente, dando así pruebas de desinteresado patriotis- real con lo imaginario y á reir de buena gana.
Leyó algtrnas páginas, y al llegar á la acta de In ejecumo, se puso{~ e!:cribir esa serie de novela:; q11e por su floción, se encontró con esto que nos hizo leer sorprendido:
rido estilo1 lue hechos que eu ellas se de:::criben y las épo
uE aconteció que llegando al Quemadero é habiéndose
cas antiguas en que acontecen, son tod1wfa la delicia de
consomido la leña, acercóse un home llamado Baltasar
muchos lectores.
Juan A. l\Iateos, con esa volc,ínica imaginación que Rodríguez de Salmeron, ofreciendo traer m(IB lefia de la
Dios le ha dado, por m1is que se la atribuyan al diablo que guardaba en su aposento ......... ,1
cuantos se espantan de en energía liberal y de sus avanY no puedo describir la sorpresa de todos, que no puzadas convicciones, escribió tt la vez novelas históricas dimos, ó más bien dicho, que no quisimos explicar el ca•
que corrían &lt;le mano en mano, como que en sus páginas so y le llamamos una casual coincidencia.
El General, riéndose con la naturalidad de un niño,
hervía el interés de los mtis recientes sucesos.
Los dos escritores historiaron lo que más gustaba al nos decía: Pues de estas ocurrencias tan chistosas, ya me
pueblo. Hi va Palacio en ul\fonja y Casada,,1 Martín Gara- han pasado varias en la vida.
-Los espiritistas lo explican facilmente, exclamó uno
tuza,,, y uLas dos emparedadas,,, retrató ti b Inqusición
con todos los más ignorados pormenores, y en (1Calvario de los amigm~ del General.
La tarde estaba húmeda, e0menzaba á obscurecer y oíy Taborn pintó con mano maestra los sufrimieJJtos1 las
luchas y las esperanzas de los guerrillero!:! liberales en la mos todos un ruido extraño por un ángulo de la biblio·
épica guerra de la intervención francesa. En uDon Gui- teca del actual Ministro de México en España.
Allf, en un caballete de madt!ra1 estaba la silla vaquera
llem de Larnpartu (Memorias de un Impostor) enarró el
loco ensueño de un visionario que quiso ser rey de Méxi- que el príncipe Maximiliano usó en Querétaro.
co hace algunos siglo::1, y en ((La Vuelta de los Muertos"
-Sí, agregó el General, los espiritistas todo lo explidescribió la expedición de Cortés á las Hibueras.
can así; aquel fuste se est,t contrayendo por la humedad
El pueblo esperaba ansioso cada entrega de esas nove• de la atmósíera, y ellos dirían que lo está gineteando el
las y las devoraba con gusto.
espíritu de Maximiliano.
Una carcajada unánime respondió Ji esa frase, y ya naEn todas partes uEl C,erro Je la.e Campanas,n de Mateas,
obligaba á. conversar sobre secretos amores del infortu- die vol v,ió :t tratar de encontrarle explicacion á tan raras
nMo l\.1aximiliano; uEl Sol de l\.layo" popularizaba la glo- casualidades.
JUAN DE Dios PxzA.
riosa jornada que inmortalizó á. Zaragoza, y uSacerdote y
Caudillo era el libro en que se aprendía ú. amar ú. Hidalgo y á sus gloriosos compafieros los insurgentes.
CICLON.
Pero vamos al caso y no divaguemos. Riva Palacio ha
Rasga el rayo la sombrn!. ..... un sólo instante
tenido siempre la costumbre de dictar sus creaciones, y
De la noche ilumina. el vacuo seno,
el seis de Enero de 186 ...... rodeado de varios amigos en su
Y en los desiertos ámbitos el trueno
biblioteca, dictaba á. un amanuense el capítulo pendienSuelta su voz horrísona y vibrante.
te que esperaban con impaciencia en la imprenta para
De la siniestra b6vedt1. gigante,
que saliera en la entrega que se debía ú los suscritores.
Del oscuro infinito, antes sereno,
No recuerdo de que novela se trataba1 pero en ella se
Salta la lluvia y se convierte en cieno
describía por inventiva, pue.a no existían constancias
Todo!. ..... hasta el río undoso y palpitante.
ciertas, el auto de fe de una de las Carabajales, que seBate el ala Aquilón, la selva umbría
gún es sabido de todos fueron quemadas por herejes en
Doblégase Ji su impulso, cii-n ciudades
el primero 6 segundo siglo de la dominación española.
Vacilan sobreel polvo de la tierra:
-Quiero un nombre para este personaje-dijo Riva
Tempestad! ...... eres ciega, eres sombría ..... .
Palacio.
Mas con todas tus lúgubres maldades,
-Pues hoves día de los Reyes-le respondió alguno,
No eres más espantosa que la guerra!
y se le puede poner Melchor, Gaspar 6 Baltaear, los tres
JULIO FLORES.
son armoniosos.
-Baltasar le pondremos; pero hay que darle apellido.

-Póngale usted, General, el de aquel gigante cuyo retrato tie conseva en el Museo y que salía en las procesiones llamando la atención de todos por su elevadísima
estatura.
-Salmerón!
-Eso es, Salmerón; fué muy conocido del General
Guerrero.
-Como que era del Sur. M:e gusta el apellido, pero hay
cacofo11ía en esto de Baltasar Salmerón; el sar, sal, disuena mucho.
-Inmortalice usted el apellido de este flaco Rodrlguez, é intercúleselo para mayor prosapia.
-Ponga usted-dijo el general á. su amanuense-que
al llegar la hereje al quemadero se presentó un hombre
llamado Baltasar Rodríguez ue Salmerón, tan fanático
y tan malo .. ... .

LA GOTA DE SANGRE.

Sentados en la gótica ventana.
Estábamos tú y yo, mi antigua amante:
Tú, de hermosura y de placer radiante
Yo, absorto en tu belleza soberana.
Al ver tu fresca juventud lozana.
Una abeja lasciva y susurrante
Clavó su oculto dardo penetrante
En tu seno gentil de nieve y grana.
Viva gota de sangre transparente
Sobre tu piel rosada y hechicera
Brilló como un rubí resplandeciente.
Mi ansioso labio en la pequeña herida
Estampé con afán .. .... ¡Nunca lo hiciera,
Que aquella gota envenenó mi vida!
MANUEL REINA.

I
!ESTO, lluvit1, nieve, bruma, días muy cortos,
un cieln plomizo y triste, el campo desnudo, el
río l'ngro:--1ado, rodando sus aguns tembloro:-:as,
el mc-sde los dolores: ¡Diciemb,·e!
En los árboles negros, ramns nrgra~, donde ondula,
tiembla, se agita, \llHL hoj;l postrera; campo:i húmedos,
con granfü,~ ch1rcnR r¡nietn&lt;i. e-\ c:1.inino lodo,;io; en t&gt;I horizoutc mo.;,ancolíJ., en el t:'-'razón, uiebla.
Solo, cerca de mi fnego solitario, mesientom,is ai:.larlo
que nuncn. La voz del viento, el ruido monótono de la
lluvia que golpea mi vidriera, el crnjimiento le\'e de la.
madera dilatada por la humedad, el parpadeo de las Ju.
ces ......... todo me impresiona. Fijo inconscientemente
los ojos en las bra~as, como buscando un refugio ~1.1 mi
soledad! Y, sueño, fanta.sfa, espejismo, visión de mi imaginación loca, un extraño himeneo surgió ante mi ,•istu,
del fino encaje de las cenizas grises que la llama aniontonaba al rededor de los c:,rbones enrojecidos!. ..... ....... .... .

·································································•·"············
En una ciudnd desconocida, una ciltdndpequeña, lejos
de aquí, demasiado lejos, :t la distancia 11ecesari:l, un~ jo•
ven, una niña aún, que toca apenas la eµad del Hll.Ül"IIUOnio quince años acaso, acaso meno2.
Tiene la eterna historia. de los niños desventurado3. Su
madre ha muerto; su padre se ca,;ó de nuevo, su maJr:tS·
trae~ dura p;.\ra con ella. Desde la mafíana hasta la t~rde, la niña snfre; por la noche, después de sn plegarm,
llom antes de dormirse durante largas hora!&gt;, ocultando
su pequeña cab.ecit.a rubia, inocente, c:indida, en hl tibia
alruoliada.
-Cómo la he visto? No lo sé.
Mas no he podido verla sin compadecerla, y compade·
cerla sin amarla.
Tomo informes.
-¡Oh, sí, es verdad señor; ,mfre .mucho-me dicen lo~
vecinos¡ siempre mortific:Lda, humillada., acard:nalaJa a.
golpes y sobrecargada de quehacer. Todo qmeren que
lo haga ella. Apenas la alimentan. Ah! llora mucho Y
á. fe que tiene razón para llorar.
..,....Pero, acabarán por matarla?
-Eso es justamente lo que quieren; su madrastra haría todo lo posible por desembarazarse de ella¡ hay gen·
tes que no temen al buen Dios.
Yo no pregunto m,~s .
En el aqut::l momento la joven pasa delante de mf. Es
pálida y sus ojos están cercados de azul; ha l.lorado segu•
ramente. Eleva la mirada y viendo la mía fiJa en su ros~
tro se ruboriza un poco. Y yo pienso:
lié aquí, un pobre ser, que es tan desgracia~o cuanto
puede serse¡ que morirú. tal \·ez de Dena.. Y, sm embargo, es una de las más deliciosas criaturas q~e pueden verse, la imagen más verdadera de la belleza inocente y delicada ·1 la mujer hecha más que todas para ser adorada.. •
Ah! si yo pudiese hacerla pasar de ese extremo sufrimiento á la extrema felicidad!. .. ... Y pienso aún:
Para qué? ... ...... per?, sí, sí. .... :Xo estoy solo ~n el mundo y mi soledad es tr1zte? Soy r1co ..... .... supon1endo que
.........Por lo demás, ha enrojecido al verme. Y ironrío ante la hermosa idea1 loca, romancesca, q~e atraviesa mi
espíritu ......

III

En casa del padre y de la madrastra de Berta,-este es
el nombre de la infortunada niña rubia,-un hombre, cu~
ya edad no podría precisarse, cuyo aspecto no podría '1.e:finirse pero que parece má.a bien viejo que joven, con
una e;presión más bien inquietante que tranqui!izadora,
está de pie cerca de la chimenea.
Habla largamente, y lo que dice parece ser en extremo
interesante, porque el sefior y la señora de la casa, se~tados frente á él, abre!!, escuchándole, los grandes 010s,
redondos y se miran el uno al otro á. cada instante, con
aire de profunda sorpresa:
-Pero-dice por fin el marido-ella no tiene aún bedad.
-La tendrá. dentro de un mes.
-Pero usted ......
-Yo? qué debo hacer yo? se opone acaso la ley?
-De ninguna manera.
-Qué nos falta entonces? Mi última palabra e:; estu:
10,000 pesos para usted si ella consiente.
-Consentirá.
-Y usted no la verá. mú.s. Ella seguirá para usteJ, como si hubiese muerto.
-Absolutamente.
-Bien!--dijo el desconocido.
Y la compra-porque aquello em una compra-se redondeó con estas palabras:
-El juez civil es pariente de usted, ¿podemos contar
con é!?

-Se le pagará.
-Entonces, quedamos entendidos, yo respondo de todo; la cusa, se hará. á. gusto de usted.
El hombre habla aún largamente, y el amo y el ama
de la casa, parecen más y más asombrados de lo que dice;
nbrl..'n, siempre más grandes y más redondos, los ojos, en
qm• brilla una llama de avaricia.
- _Qniere usted que la haga venir aqul?
-Sí-dice el hombre.
-B~rta!-llama la madrastra.
-Berta,-le dice su padre-héaquí un señor que te pide en matrimonio¡ te casarás dentro de un mes.
L:1 ni1ia tiembla, mira al hombre que quieren darle por
marido. Ante la expresión dura de lá mirada que se cruza entonces con la suya, palidece, retrocede, oculta su cabl'cita. entre sus manos y sC echa tt llorar.
-Bestiecilla! estllpida!-grulle su madrastra, acercándm,c ll ella y aplic;.índoleun cachete; eres aún muy tonta,
110 lo mereces. Largo de aquí!
Y la empuja bacia la puerta, y la niña vuelye á su pieza y llora mucho tiempo sobre su labor, ni recuerdo de
aquella cara roja, barbuda, de gruesas cejas erizadas, de
boca torcida, de expresión maligna qne le aterrorizó.
¿No \'aldría m{ts morir que ser la esposa de un hombre
tal? Muerta! oh! qué dichosa sería así! Dormiría allá abajo, en calma, junto á su madre, bajo las dnlces flores del
.cementerio!
Pero no, es muy débil, muy tímida para darse la muerte. Se casaní. con aquel desconocido, cuya expresión era
-0ad:i yez más inquietante. La ye11ta se ha terminado.
Aquel viejo será. el espose, de aquella niila: aquella aurora tímida, será. sacrificada .'Leste crepúsculo siniestro.
La rn bita ino~cnte, será torturada, martirizada, hasta
que ha.rn dicho Si.
E-s un matrimonio extrailo el qne se celebra mrs y medio clespués. El esposo no tiene cerca de sí ni un pariente ni un amigo. Hay súlo dos testigos al lado de la des·
posada. El juez lee á los iutnros cónyuges el artícnlo de
la ley, llem á cab0 las formalidades de estilo. Habla de
pris;i como si quisiera acabar, y no ha podido oírse la
edad del marido.
FLJeron cuarenta y cinco, cincuenta y cinco, sesenta y
cinco ó m1l8? no se supo; nadie se cuidó de saberlo.
En todo caso, es \ iejo decididamente y lo siniestro d~
su nspl'cto se acentúa m,ís y más.
8o11rfo con sonrisita cxtralla el Yiejo espoSo, porq11e todo se l1a realizado; el viejo esposo de la pequeña rubia!
Y en la misma nochc,-extraño! oh! cada vez más extraño!-parte. Su suegro le acompaña á la estación:
-Ella tomará el tren á las ocho, dice él; llegarJ. 11 eso
de las diez de la noche; la esperará.a; que haga el trayecto sola; me ha comprendido usted?
-Pcrfectame11te.
Y el recién casado, á pesar de su edad, sube con ligereza al wagón, sin añadir una palabra.
1

IV
Los campos que el tren recorre :t todo ,•apor1 esMn cubiertos de nieve. En un departamento, sola, una joYencita rubia, una niOa de quince años apenas, delicada y
pálida, llora silenciosamente, y nadie supone que es una
nueva esposa que va á reunirse á su viejo marido, marido á quien por lo demás ella no ha visto sino dos veces,
al cual no ha oido decir otra cosa que el sísolemneé inexorable que ha ligado para siempre sus dos existencias.
El día triste y gris ha corrido con el tren; la noche ha
llrgado después, cuando el tren se detiene en la estación
donde la niña debe quedarae. Iba la pobrecilla dormida;
había dejado ya de llorar! Eran las diez de la noche y
la locomotora se detuvo.
La pequeña rubia deecendi6.
En la puerta de la estaci6n 1 un hombre vestido con amplia blusa esperaba.
-L'\ sefiora A ...... ?-dijo.
No añadió más; le designó con un gesto un coche rústico en que ella montó y los dos emprendieron el camino
por una senda llena de quebraduras en que el carruaje
saltaba á cada paso.
Después de más de dos horas de penosa marcha, el
hombre detuvo su caballo, deecendió, ayudó á la joven
Ji bajar y le indicó una luz que se veía al extremo de un
patio.
-Ahí es, dijo, buenas noches!
Azotó su caballo, y la pequeña rubia quedó sola, asustada, en medio del camino lleno de nieve.
Que frío! que miedo! Los árboles del campo permanecían inmóviles y escuetos¡ parecían soldados gigantescos;
los leyes ruidos furtivos, corrían por la llanura y la luz,
cuyos rayos llegaban hasta la nii.1a, parecía decirle:
-Aqul hay calor y no habitan los temores. Ven,
llega!
.
Pero, ¿no estaba ahí acaso el hombre de aspecto maligno del cual era ella la esposa? Y vacilaba entre dos temores.
.
El frío la entumecía. Avanzó co~ !&gt;aso debil hacia la
habitación, levantó el llamador é hu16 la puerta con un
golpecito, dulce, muy dulcelllente.

EL ~lU~lJü.
Bastó, sin embargo, efe levísimo golp~ para que la
puerta se abriese de par en par.
V

Com0! tiene.usted frío, pobre pequeñita! exclamó una
Yoz Yiril, pero llena de bondad. Y dos brazos condujeron
á h pequefla rubia :1 un reducido salón donde había una
gran estufa en la qne llameaba un tronco, y una mesita
donde humeaba el té y se veían algunas viandas.
Abrumada por el frío, por la fatiga y el terror, la pequeña rubia cerró los ojos y se abandonó á los cuidados
del hombre que la había llevado·ahi y que la acercó pro~
gresi va mente al fuego, le quitó sus za patitos hórnedos,
calentó con sus manos los le,·es pies helados, le hizo to·
mar un brevaje caliente á. pequefíos tragos y le habló con
una voz enérgica, pero con tal ternura, que lia despecho
de tod,1s las lágrimas vertidas, la. pequeña rubia ee echó
á llorar.
Por fin se tranquilizó, osó mirar al hombre que fa había recibido. Era aun muy feo: su color rojo, sus cejas
erizadas, su boca torcida, pero ya no tenía aquella expresión maligna que tanto la. había asustado. En sus ojos
había una mirada dulce, muy dulce, infinitamente triste
y melancólica; y en tanto que de pie ni lado de ella, le
prodjgaba sus cuidados, pll!mse :í. hablar con acento conmovido é inseguro, que la turbó y htconmo\'16 también.
El le pedía perdón, casi en voz b'lja, de haber unido su
infancia á su vejez. La. vió tan de~graciada que quizo sacarla del infierno en que se se encontraba.
No esperaba hacerse amar ...... em muy feo ...... siempre solitario, pero sí quería un poco de carifio¡ y siguió
hablando, y su voz t·ra cada vez m{Ls dulce, más
tierna:
Ella quedaría li\.Jre después de s11 muerte,. ..... y rica-él
sería para ella un pa&lt;lre ...... nada más que un 1mdre..... .
Y decía esto con tanta resignación y á la vez con tanta
pena! con una inflexión tan dolorosamente melancólica,
que la pequeña rubia sentía el corazón oprimido!
Y e;¡ tanto que hablaba, parecíale á ella menos feo. La
boca no era tan repugnante; el color, menos rojo que al
principio; los ojos,. bajo sns cejas espesas y erizadas, tenían una expresión tan dulce, tan llena de bondnd ......
No tenía el aspecto de un viejo, más bien el dé un infortunado.
Explicóle él lo que había hecho por obtenerla y lo que
haría por hacerla feliz.
Y advirtió ella tal bo .. dad, tal trist('za en su rniradahabfa. sufrido tanto la pobrecilla; se le proporcionaba algún arrimo-que se ;:rodujo un mi lag:- : Ya no era viejo
á. sus ojos¡
Colocó su pequeña mano de reina sobre la espalda del
hombre y bajito, bajito, le dijo:
-Oh! JO os pido que no estéis tl'iste; si lo dc-f&lt;.mis .... ..
yo ...... yo ...... os amaré!
El la. miró; permaueció un momento inmóvil y e&gt;lla le
contempló con estupor: La barba cayó así'como las espesas
cejas¡ ~nía él en la mano upa peluca gris, que arrojó lejos
de sí; su color se esclareció, y su boca, perfecta y son•
riente, dejaba ver dientes blanquísimos. Sus cabellos eran
negros; ¡era joven!
-Perdonadme, queriJa Berta1 os he engañado, dijo.
¿Me qnerriais lo mismo si fuese menos feo y :;:enos
viejo de lo que habéis creido?
-,-Os amé tal cual erais, por gratitud, dijo ella ruborizándose. Os amaré ahora también ......
-Por amor!-concluy6 él sonriendo y recibiéndola en
sus brazos:-pequefiita mía: idolatrada! Princesfü• de mi
alma! .. ... .

···········································"•···································

Pero qué es esto'? Mis ojos se abren y me encuentro de
nuevo solo, cerca de la chimenea, en que las cenizas ya
frias, lanzan de vez en cuando extrafias chispas que la
sombra engulle una á una, como la realidad triste, una á.
una también, las ilusiones de mi ensueño! Dormía! ..... .
(AMADO NERVO, TRADUJO.)

EL ESPEJO.

171
á sus colibríes, ha encendido su sol amarillo, y se ha vestido de verano para recibirlos ......... La criolla se engaña:
ha creído que aquel calor brutal y pesado del Norte hade
ser un calor duradero, y tomando aquel eterno wrdor obscuro por el Yerdor de la prima vera, ha colgado su hamaca en el fondo del parque, entre dos abetos, y se pasa
todo el día abanicándase y meciéndose.
-¡Pues hace mucho calor en el Norte!.;_excbma entre
risas.
Sin embargo, una cosa la inquieta, ¿Por qué las cllsas
no tiene!1 azotear,; en este extraño país? ¿Parn qné esos
gruesos muros, esas alfombras, esas pesadas colo-aduras?
¿De qué eerviritn esos grandes hornillos de loza, e;íls enormes pilas de leña que amontonan en los patios, esa~ pie·
les de zorro azul, esas mantellinas con forros dobles, esos
abrigos de peletería que duermen en el fonUo ele los armarios? ......... ¡Pobre adolescente, pronto lo sabr:í!
Una mañana, al despertarse, se siente la criolla presa
de un gran calosfrío. Ha desaparecido el sol, y &lt;lel cielo
obscuro y cubierto, que parece haberse acercado t'L la. tie•
rra entre tinieblas, caen unos copos ele felpilla blanca y
silenciosa, como la de los algodoneros. i El irl\'ierno, aquí
esttt el inYierno! El vlento silba, zumban las estufas.
Dentro de sn jaulón de doradas celosías ya. no gorjean
los colibríes. Permanecen inmóviles sus alitas azule~, rosadas1 de rubí, Yerdemat\ y da pena Yerlos arri111nrse unos
á otros, aletargados por el frío, con sus ngudos picos y sus
ojuelos como cabezas de nlfi!er. Allá abajo, en el fondo
del parque, la hamaca llena de escarcha, y las·1·nmas de
los pinabetes son de cristal hilado ...... La criolla siente
frio y no quiere salir.
Hecha un ovillo delante del fuego como uno de sus p.Í.·
jaros, pasad tiempo m;rando la ila.ma, y evoca al su! con
sus recuerdos. Dentro de la gran chimenea lu111inrii-::a y
ardiente, vueh•e :í. ver todo su país: !os anchos 1nnelles
bañado~ por el sol, con la parda melaza que rei-::nma y
fluye de las caña¡:: de azúcar, y los granos do maíz flotantes entre un polvo dorado; luego, las siestas d1.:l mediodía, las claras cortinas, las esteras de paja; d~~pnés, las
noches estrelladas, las brillantes luciérnagus y nii!loues
de al itas que zumban entre las flores y en las rnalh1s" de
tul de los mosquiteros.
Y mientras que suefla así ante fo. lumbre, sucédense los
días de invierno, cada vez mlls cortos, cada vez más ob3·
euros. Todas las mañanas hay que saca.r de la jaula un
colibrí muerto1 y ya no quedan más que ~os: un TIªr de
vedijas de plumas verdes, qlle se erizan una junta á otra
en un rincón.
Aquella maiiana no ha podido le,·antarse la criolla. El
frío la agarrota 1 la paraliza. como á una bala11dr;1 111aho•
nesa encerrada entre los helados témpnnos del X111te. El
día ~t;Í. obscuro; fa estancia triste. Laescarcli-.:i. ha extendido sobre lus vidrieras una gruesa corLinade ~c&lt;la mate.
La ciudad parece muert:L. y por las silellcio!-ns calles silba con lamentos el barr~nieves del vapor ...... Dentro de
su lecho la criolla hace relucir las lentejuelas de su abanico para distraerse, y pasa el tiemvo mirándose enespej9s de su tierra, guarnecidos con grandes plnmns indias.
Sucédeuse los días de invierno cada vez nd~ cortos
cada vez más ohscuros. La criol;a languidece desolad~
entre sus colgaduras deencajee. Lo que la e11tristece, so·
bre todo, es que desde su lecho no puede ver la lumbre.
Parécele que ha dejado su patria por segunda vez ..... . De
cuando en cuando pregu.ntn: u¿Hny !uego eu la habita•
ción?-Sí, lo hay: la chimenea está.echando llamas. ¿Oyes
chisporrotear la leña y estallar las pifias?-¡Oh, yearnoe,
veamosh1 Pero por más que se inclina, la llaurn est:i demasiado lejos: no puede verla y esto la desespera.
Pues bien. Una noche que esta-pensativa y pálida, con
la cabeza al borde de In almo bada y los ojos yueltos constantemente hacia aquella hermosa llama invisible, aproxímase á ella su amado y coge uno de los espt·jos que están sobre la cama. ({¿Quieres ,·er el fuego, mouina? ....... ..
¡Bueno! Espera ......... n Y, arrodillándose dt:lante &lt;le la
chimenea, trata de en,·iarla con su espejo un reflejo dé
la mágica luz: i(¿Lo , es'?-¡Ko!No veonada-¿A.hora'! ......
-¡No! Tampoco ..... ,n .Luego, al recibir de pronto en pleno
rostro un rayo de luz que lo rodea con un uimbo, u¡Oh! ¡Ya
lo veo!u exclama gozosa la criolla.
Y muere sonriéndose, con dos llamitas en el fondo Ue
los ojos.
ALFONSO DAUDEr.
1

~\

l~

L Norte, á las m1frgenes del Niemen, llPga una
tierna criolla de quince años1 blanca y sonro.sa, . ~ da :::omo la flor del almendro. Yiene del país de
los colibríes, la conduce el viento del nrnor ......... Los de
su isla" la decían: uNo te vayas ...... Hace frío e11 el continente ...... El invierno te matará ..... .,, Pero la criolla no
creía en la existencia del invierno y no conocfa el frío
más que por haber tomado sorbete:s; ademt1s estaba enamorada y no temía la nmerte ......... Héte aquí que desembarca ahora allá, entre las nieblas del Niemcn, con sus
abanicos, su hamaca, sus mosquiteros y una jauln de doradas celosías llena de pájaros de su país.
Cuando el viejo Norte ha visto llegar aquella flor de las
islas et1Yiada por el l\fediodía en un rayo sol, su corazón
se h~ conmovido de lástima, y pensando con acierto que
el frío i,p hnhrÍfl. de trng::ir de 11n hnc:1.rln :i h r1 n11í'"l 1itn r

EN LA AUSENCIA.
Cuaudo niño á mi padre le decía:
Dime, ¿por qué vuestro cabello es blancu?
Y el anciano muy triste resrondfa:
.Es la. nieve que engendra e desengafi.o.
Ahora le digo triste y pensatiYo,
En medio de suspiros y de llanto:
Tú que sabes mis penas, padre mfo,
¿Por qué no tengo los ca.bellos blancos?
G" smEr, Düz GUERRA.

�EL ~JUNJHJ.

172

J~ Drcrn11uRE. 1/i!J,5.

19 DICIEMBRE, 1895.

EL MUNDO.

"'7
LJOraJ·d a, ,,

cuadro d~ h)enjamín @:onstant.
(Gmbll.dr, e11 los talleres de J:.1 .lhw,u,.)

1/ie+'el.
/
del ba1•ie , cL1adro por l.:',
R'onrado
ua cron1ca
·1
"f\
I'

1

(Grabado en los talleres de El .llu11do. )

,

173

�19

EL :\IUNDO.

174

}e)áginas ~,i{eraria5.

Woemas del sislo.
IYPLAC.-\.BLE . . ,

I
Quién te trajo? Qué im_pulso mist~rioso
Te acercó á. mi camino? Qué potencia.
Infernal, te mostró mi, irnmilde yida
y te dijo: iiAhí está; tomala y hté~ela?
¿Qué destino invencib)e, q_ué de,st~no
Encadenó ú la tuya ~m ex1steJ1C\ª·
Yo fuí cual arbol Joven, en m1s ramas
Cantaban los zenzontles sus endechas
y formaban su nido las ah~ndras
Y sus ricos panales las abeJas.
El eol me acariciaba con _sus rayos,

La luna con sus luces macilentas,
Plateab~ mis frondas r°:m?rosas,
El viento balanceaba mi cimera.
.
¡Yprendiste:i. mis piés 1 gérmen maldito!
¡Y creciste :i. rn1 ~ombra, mfam1: yedra.!

Y enredaste á nH tronco tus ~eJucos,
Y colgaste festones por doqmera...... ... .
Yo dije: uEs una hermana, que se acoJa
A mí. que se difunda, que florezca.n
...... Y después, con tus tallo~ trepadores:
Tentáculos floridos de faméhco. 1
¡Agotaste la savia de mi vi~a!
Exprimiste la sangre de mis venas!
II
¡Maldita! Y lo peor es que t~ am~ba!.
Que aunque la fi rme YOZ de m1 conciencia:
-Arrójala de tí!-me repetíaArrójala por Dios, que te envene)1a!,
No la quise atender; est.a.~a solo
y tu me acompañaste; m1 ~!!na era
Ignorante y sencilla, y le d1J1ste
Como el numen al bardo: (~()anta .Y .crea.n
¿Porqué te había de n.tToJar? V1mste
Con sonrisns y mimos y tern.í'zas,
Y con sonrisas y ternura y munos,
Alcanzaste mi íe, ruda y sincera.
Despue~ era imposible abandonarte;
Me suby;gaba tt,1 pasión d~ histérica,
Me atraían tus OJOS, esos OJOS
Dilatados, cual mares sin riberas,
Esos ojos tan negros y tan grandes,
Con pestañas tan grandes _Y tan neg~s!
Porqué te había de arroJar? ¡Tan Joven!
Tan pálida! tan debi~! ta!1 enfei:ma!:······ ··
y hablaban mi conc1en~ia y ~i ca_riño,
Diciendo mi cariño y m1 conc1encrn:
La ses:unda: «Te mata si la sigues!i1
E l primero: uLa matas si la dejas!&gt;,
Y te seguí; mi corazón vencía:
.
Siempre ha yencido en mí! Vana es la idea
Cuando al alma que va buscando otra alma,
El destino le dice: uMira! es ella!n
Te segu! por ve~eles y desier.tcis,
En busca de un retiro que nos diera,
Un poquito de sombras en. e~ día,
Un poquito de luz en las trnieblas.

IlI.
Mas ¡qué pronto creciste! Tú, la débil,
¡Cuán'presto te rnlviste corpulm;rtal
Yo, que por sierva te ami,aré P.r1mero1
Tuve después que confesarte rema!
Una tarde, Uegastes ú mi lado;
Yo roírab:i. los montes y las selv~,
y con voz armoniosa y melancóhca,
Preguntaste:--;-.Qué miras, en qué pie!)sas?
-Pienso, te d1Je, en la bondad del Cielo,
Que la vida creó tan dulce y bella!
-La vida-replicaste-es un engaño;
La muerte es un ensueOo y una tregua;
Para morir se 11acc, y en la tumba,
Se duerme un solo instante, y se despierta.
-Se despierta! y porqué!
-Porque nos llaman
Otra vez las angustias, la contienda,
Y es preciso acudir.
-En buena hora¡
Mas, después?
-Otra muerte nos espera
Y otra vid.a más tarde .... .. .. .
- Y cuando acaba,
Respóndeme por Dios, esa cadena?
-Su postrer eslabón está muy lejos!
-Pero, ¿donde se halla?.
-Es tan rnmen~a
La escala del progreso, '.J.quella esc1_1la
Que el patriarca Jacob en su~üos nera!
-Ten pieda&lt;l de mi duda! dilo pl'onto:
Esa grada postrer ¿á donde llega?
-El espíritu humano 1 a\·rmza, ayanza ... .. .
-Y al fin?
. . E
.
-Se funde á. la D1vma senc1a.
-Seremos Dioses pues .... . .
-Seremos Dioses.
-Y porqué recorrer tan dura senda
De torturas y anhelos y pesares,
Para llegar allá?

--Calla y espera,
Que un día lo sabrás.
...... Sentí al oirte,
La fatiga del bólido. que brega .
En medio del espae10 y hueca lhmte
Que delenga i::u giro y no lo encuentra¡
La fatiga que sienten, de seguro,
En su ronda febril, Paolo y Franceses.;
La fatiga. de tautos esl.abone.s,
La fatiga de tantas existencias!
Y se hizo en mi espíritu la noche,
U na noche infinita, sin estrellas,
Semejante Atus ojos, esos ojos
Dilatados cual mares sin riberas,
Esos ojos tan negros y tan grandes,
Con pestañas tan grandes y tan negras!
IY
Pasaron muchas horas, y un dia
En que el campo teñido por el alba 1
Era. rico joyero, que mis ojos
Con sus nítidas perlas cautirnba,
De nuevo te acercaste misteriosa,
Y dijiste:-Qué piensas! qué mirabas?
-1\liro-te respondí-la hermosa \ ega
Y pienso en las tristezas de mi alma.
-Tu alma! y si tn alma fuera un mito?
-Impósib1f': no Yes que piensa y ama 1
Que t.iene idea de su !!er?
-Y aca~o
No la tienen las bestias y las plantas?
Lo que tu llamas alma, es una fuerza,
Por la Fuerza suprema, desLi nada
A 1111 fin, el cual cumplido 1 se disuelve,
Y tu Cllerpo, que fuera sn mora~la,
Es perfume y es luz, color y n11do,
Gas en el cter y en el tallo savia!
1

Y.
Aun no 1::aciabas tu ~rueldad impía!
Otra vez.me dijist&amp;--¿Qué deseas?
¿Porqué c~tudiasJ porqué trabajas tanto?
Pensador \' filósofo y poeta,
¿De qué t..e" st•rvir:ín esos afanes
Si eres polvo y bien f:S que al polrn. vuelvas?
-Trabajo por cumplir con 1m destmo.
Tu dijiste que mi alma es 11na fuerza,
Y concurn: al progreso de los otrns,
Por w•r si haciendo l'l bien, ella progresa!
-Y qué te irnporta que adeh1.nt.e el ~undo
Si sieoopre lia de penar! 011! de1a, deJa
Que reine la ignora~lCia, que :t lo menos
El que ignor::i. es feliz, porqne ~o anhela!
Saber, es padecer! ¿I?e qn~ te si.rve
Suprimir la ignorancia.? S1_ pudieras
Supri111ir los d?lo_res ....... ~1 alcauzaras
A eYilar una lagrima s1qmera .... . .
-Entonce á qué vivir! :t qué la lucha!
A qué el at'norl á qué l.1. in~eligencia!
.
A qué sembrar el cam.po! a qué la máquma
Mover sobre los mares y la tierra.!
Lanzaste una estridente carcajada,
Y con voz cavernosa me contestas:
-A nada! La creación, es del fastidio
De un Dios, la hechura inútil é inconexa.
.. .... y'hundiste tus miradas en las mías
Y la noche tornó callada y fiera ... .. .
Tus ojos la traía~! esos ~jos.
Dilatados 1 cual mares sm riberas,
Esos ojos tan negros y tan grandes,
Con pestañas tau grandes y tan negras!

VI
Y me dijiste aún:-Tn Dios no existe!
Es un fantasma que forj? el proscrito ..... .
Dios es el orbe, ~a materia, el co~mos.
La impalpable molécula, en su giro
A través del espacio y de los ti~rn.pos,
Desenvolvió su sér: fué gas lumínico,
Fué sístema 1 fué mundo, y en Sl! seno
Surgió el invertebrado¡ el organismo
Perfeccionóse al fin, y yino el l!0mbre,
Microcosmos hermoso, y los abismos
No pueden responder á. su pregunta)
Su pregunta se pierde en el Yacío ... .. .
······ ·········•·························· ··············· ······· ·· ········ ····
Ya no más inquirir! Chupa. mi sangre
Si en mis venas, ya lívidas, aun queda!
Oprímanme tus brazos y ah6game
Contra tu seno con furor de histérica.
Y Uesénme tus'labios incoloros,
Y hiéleme tu cutis de culebra!
Chupa chupa la savia de mi vi&lt;la,
Si es que'puedes c~n~parla, ~i es que re3ta!
¡Oh frebre de anáhs1s maldita!
Enfermedad terrible de mi época,
Amada de los hombres de mi siglo,
Neurosis ton·a, excítaciún perYerrm]
Haz la noche en redor con esos OJOS
Dilatados, cual mares sin riberas)
Esos ojos tan negros y tan grandes,
Con pest.aílas tan grandes y tan negras!. .....
Vll
Espíritu sublin~e! he,rm~sa imaien
Del Eterno Principio, a qme1~ la tierra
Detiene preso, desolado y triste, .
A quien rinde el dolor, la áuda lnela
Y el hambre de saber lo incognoscible
Devora. sin clemencia:
¿Para qué inYestigar si natln alcanzas?
Para qué analizar sí .nada encuentras?
Si después de una \'Ida ele preguntas,
La muert-é sólo te darit respuesta?
Trabaja y cr&lt;-e; si la labor es dura,

DICIEMBRE,

1895.

¡?

Si el dolor te persigue por doquierai
Si, filósofo y sabio, e~M pr~sc.r1to.
Que camines en n~edio de t1meblas,
Cierra los ojos fatigados; busca. .
.
A Uios, Eterno Bien, en tu conciencrn,
Alúrgale tu mano temblorosa
.
y marcha1 con 9} alma siempre abierta
rara todo dolor que busque amparo_, 1
Difundiendo tu amor por donde qt~iera.
Así la triste la implacable Novia,
De tu'camino ~partará su huelh1 1
Y la novia dirin~: la Esperanza,
Te dar1t con sus ojos luz y fuerza.:
Unos ojos muy bellos y muy grandes, 1
Con pestañas muy grandes y muy bellas.
A1fAD0 NER\'0.
Noviembre de 1895.

];)ICIEMBRE,
EN

EL

1895.

Al.BUM DE LA SE~ORA

(!ánaida rooaelo

ae

Zaragoza.

. Ya que- has vi!'to estn tierra en que se entrana
De tu patria el amor, h~ fe y la. gloria,
Lleva de ella recuerdos Atu Espaiia
Como el que tú le dejas por memoria.
Bella, gentil, graciosa, inteligente
Has sido aquí admirada. y aplaudida
Y hasta el sol indio expléndido y ardiente
Ve'rtió más luz para alumbrar tu vida
Pronto vas á. partir! Dí en tierra hispana
Que entre mis l.11.0~ y Rilve:-itrr.;;, fhrPS
G·tarila :u11u 11,· la i·•1't'a H1\·Aie.,1u
L.i. ¡;lu11.~ y el liuuu1· &lt;lu sus mayores.

---~---

JUAN DE

Dros PEZA .

Noviembre de 1895.
Mucho silencio bajo los pinos;
La luz apl!nas ~e atreYe ll emrar
En í'S:\ c;1!1e de Yerdes tull~s,
Donde i:;e enreda hobscuridad.
·()n·í.ntos •uni,,.os en los sepulcros
D~ bl;nco' 11·1:hn~ol ú piedra g1 is! .
¡Cuántas alfombras de ((110 we olv1desu
Hay oh,idadas en el jardín!
Abajo, sicmbnu-=, 1,~cl10s y torres;
El p,wonuna de la crndaJ; . , .
El ancho h,go, que dut&gt;rmé mmov1l,
Lfl cara,·amt qtw lenla ni.
.
Y en este cerro, lli's1mdo y triste,
El alta reja 1 la íérrNt crnz,
Y un jardinero que indiferente
Mira el cortvjo y el ataúd.
Hemo~ llegado: ya abre )a fosa;
Suenan los golpl'S tle_l a~aU.ün,
Y t-1 sacerdote, brenal'io en mano,
Rí'za las prCCl'S ú media. voz.
Los cin.nmstantes, formando grupos,
Mny pensativos I:\ tierra yen,
Y ~e prerrnntan
dentro del alma:
0
¿Cuándo en su rnno repo~aré'?
OLro!I- recorren las aye111clas,
Los epitafios leyendo van,
.
Hablan de aquellos que ya no existen,
De la que l\eyan ,i sepultar.
.
¡Cu:1ntos semblantes que nada dicen!
¡Cu.í.ntos dolientes de mal h.mnor,
Porque se tarda la ceremoma,
Corren las horas y quema el sol!
Unos se burlan de lo3 Fepulcros,
Otros contemplan con ansiedad
La tierra obscnra, la blanca tumba
Donde sus padres durmiendo están!
Sobre la fosa. recién abierta
J)escani:a inrn6,·il el ataúd ... ..... .
¡ Y en esa _caja negra y angos~a
Ya para sieuipre descansas tu!
l\IAKUEL GUTlÉRREZ NÁJERA .

La muñeca de la abuela.
{C.\:il MO:-:ÓLOUO.)

l

Siempre en el arte han sido .
temibles las rarezas ele los gcmos,
porque sm'.ge del caos una nube
de aficionados ú. imitar defectos.
Las licencias poéticas que ;i veces
se permiten los vates de altn vuelo
han hecho mucho daño :i la. R1pública1
sirviendó de disculpa :i los copleros;
porque hay mucho melón que no distingue
lo blanco de lo negro
y cita defendiendo sus dislates,
á CaldRrón, a Lópu y 1i. Mon~to.
Por si A lo dicho h~ faltaran pruebas,
ayer, sin ir má~ lejos,
.
ha llegado á mis ~numos una especie
de poema pequeno
que se titula El Anibre, en que el poeta
se queja de la falta ele alimentos
con tal sinceridad, que se conoce
que le sale de dentro.
No tiene novedad, porque es achaque
de los que sientan plaza de bohemios
conmover al lector con el relato
de la. miseria que consume el cuerpo.
Lo gracioso del caso, lo que llama
la atención por lo nuevo,
es que al pie del poema hay unas lineas
que dicen sobre poco más ó menos:
e.No dejo de saber quC..\ 1 de seguro,
les chocará {l. los necios
que escriba AMBRE sin hache. P11e~ ... .lo escribo
porque me d11. la gana y por..¡ue qmer.o.
¿No pone HALMA con hache Don Benito
Pérez Galdós? Pues juro que me. siento
con corazón para :Sl'guir las huellas
ele aquel f0cundo y poderoso ingenio.
Y hasta, si bien·se mira,
tenl.Y'O vo más razón,, fundamento
par~ b urlarme así dél Diccionario 1
que ya ha dicho Valbuena qlie no es buen?·
¿Qué es lo que canto :rn? ¿No es la carencia
de carne sana y panecillos tiernos?
¡Pues estoy en caracter si del titulo
me como guapa.mente lo que puedo!
S1NESJO DElLOADO ,

:o puede menos de ser así, pues mi buena sefio-

ra dofia Trinidad TúYares, viuda &lt;le Fuentes Mazarredo e:3 mujer que, ni úe cortc~Í:l, cede el uso
de la palabra ¡t los que la vii;itan, que son muchos; porque su esposu, progre:::;ista y conspirador terribll•, vivió en )Iadrid 1:rny bien rclacionndo, y en la e~gración que precedió á la Gloriosa aún acrecentó sus amistades de importancia.

•••

-Usted siempre tan amable. Interes,in&lt;lo!'e en la salud
de tas buenas amigas comq yo, y visit:í.n&lt;lolas ...... ¡A.h pícaro, no con la frecuencia que merecernos por ac,í. Sí, sefior. Como que el tmto lH) es de ayer. ¡Pues ,1:;i levantara
la c.~beza mi Uiiun~o! ¡Ay! entonces sí que estal'iamos
visitadas y agasajadas. No lo digo por usted; pero si Fuentes hubiera vivido estab,~ yo cansaúa de Sl!l' miubtra á
estas fechas; y, claro, no faltarían en cat!a enLra.nte.s y preteu&lt;lientes. En 611 1 Dios lo Ji~puso Ue otru modo. No es
por vanidad si me qut_&gt;jo¡ soy modesta, y uoson la~ pompas y adulaciones las que echo de menos, sino el amparo
y la sombra de aquel bendito, que gloria haya, que cuantos más años pasan de su muerte 111ás lo lloro.
(Saca del holsillo el pañuelo que llet a á loa ojos, y con.fiando yo en la pausa indicada, inlento decir alguna vulgaridad,
pero la viuda me ataja en seguida.)
-Sé Jo que me va usted á &lt;lecir ...... No, 8i los ochavos
me importan poco tambien. ¿Que e11Lonces me pudo dejar
Fuentes una pensión más crecida? Pues crea usted que
ni pienso en ello. La que cubru ló!S curta¡ pero usted sabe
que en Extremadura tenemm, una dehesa y varios terruños. Poca cosa, aunque lo bastaJJte para vivir si no con
Jujo con holgura¡ se entiem.l.e habiendo economía. Esto
sobre todo. Ni li1s minas Jel P1Jtos( b.1st,U1 cuando en la
corte Sl:l vive sin an·l:lglu. Y yo tengl\ qul:l mirar al día de
mañana. Y:1. u:;tel compreml.er.i que me refiero ú Lolita.
A mí todo me ha &lt;le ~ulm.\r, pern mi nieta 110 e~ lo mismo. Ha. cumplido dieciéetc años¡ 110 me dirá usted que
r-in provecho. ¡Qué anchurn de hombros, qué salud y vigor, y luego qué boca&lt;leclavt:ll;!s y qué ujillo.:1 aquellos tan
encandilados y traviei:loS! Pue1:1 hijo, ya usted debe de saber cómo est.tn ahora lrn; hombres. ¡Cómo se dan á valer! Antes con poco garabato que tu vier;.\ una muchacha
les llevaba como á corJ.erito.:i ca1ui110 de b \'icarfa. Ahb ra ...... sí, sí.
( Quiero protestar en favor de mi sexo, pero adivinando doña
Trinidad mi intención, me deja petrificado tras del furioso
golpe que me descarga en el muslo con su abanico, que está á
pique de romperse. )
-Tendría gracia que los quisiera usted defender. A mi
con esas, que el domingo antes del Corpus cumplo los seseuta y cinco. Vivir para ver. ¡Ay! ojalá no hubiera yo
visto tanto. Y en esto de la picardía de los hombres ¿qué
me dejó por enseñar aquel endiablado de mi yerno? ¡Jesós! ¡Jesús! ¡Dios me tenga de su mano y no permita que
se me desn.te la lengua! P~ro ¿qué le tengo que dedr, usted, que amigo antiguo de ver.u:! 1 de memoria 1:abe las
desventuras de mi pobre Anita? ¡Qué mártir de mujer!
Cierto que empltmdu le estuvo por de8obl!diente, que ni á
su padre ui 1t mí nos engañó el galancete con las estrellas
de capitán y su carita rubia tla hipócrita redomado. No
llevaba un aiio de matrimonio cuando Re j11gó los fondos
de la caja. De aquella vergüenza. murió mi pobre Fuente:,;, y sobrevino ii. Anita la enfermeJ.ad que !a. lle\'Ú al sepulcro. l'ue:-:, ¿y hiúlti111ac:d:n-&lt;&gt;radadel maldito? Suble-VUl'i:ilj en .ll.1J;1józ p;.Lra !.!migrar ,t Francia, y no volverse
:í. acorJar tl~l pilllpollo de su hija, que no ser por esta pobre abuela1 andaría pidiendo por medio del arroyo, 6 la
lmUrfan encerrado en San Bernardino.
( .1.Yuevas lagrimitas de dolía 1'rínidad y nuevo intento por
m.i parte de interrumpirla para consolarla. )
1

EL EJEMPLO.

0

'

175

EL l\IUNDO.
-¡Lola de mi alma! no la h,\ lle faltar en lo que yo viva quien se mire en ella, y si mucN, y,i !t.1 qucJ.:1r.i un
modesto pasar, así no se c,IBe; que 1:erfa lo mejor de hacerlo con la mala suerte de Anita. Y no ser.í, que para
eso tiene en ~u abuela alma y sentidos, y anda siempre
ojo avizor. Digo si estoy escarmentada para que otra vez
me la peguen. ¡Nada de Ursulinas! ¿Usted enbe? estas
muchachas son unos diablejos cuando se juntan unas
con otras. Ahí estuvo mi error; gastar muy buenos duros para que mi hijt1. se de!ó!pavilara en picardigüelas mucho más que en labore~. Yino á casa con loa ojo:: bajos
que parecía una monjita, y á los pocos días tuve que
echará la doncella por'-!ue tomaba cartas al tenientillo.
¿Cree usted que la correspondencia tf'rn1in6? Pues los
billetes iban y venían peg.ulos con oblca.::1 á la cuba del
aguador. Cuando sorprendí el depósito en el forro del
corsé de Arrita, ya era tarde, porqnl! el perdulario ya la
había depositado judicialmente la vlspern. Con mi nieta
he ensayado otro cantar, en buena hora lo diga. Profesores viejos y en casa; nada de colegios ni &lt;le amiguitas¡
eiempre á. mi lado, hasta en la alcoba; así la vigilo con
cien ojos. Como que nunca se acuesta sin qnc disimuladamente palpe las ropas, reg istre sns bolsillos. Es inocentona como una corderilla, pero crea usted q11e tod1\ precaución no est:t demá..s. Dos veces al día regi~tro el costurero y deshago lod carretes. He quitado de la i-;ala los
jarrones, y me privu de tener macetma, qne en todos e.c,..
tos sitios se suelen ocultar papeles. En fin, con dL•cirle á
usted que ni de nifüt la he consentido muilecas tle cartón
sino de porcela11a ó de madera maciza ..... .
-¡Un juguete t;m sencillo!
-Tan peligroso debiera usted decir. ¿Xo \,e sobre la
consola debajo de aquel fanal? Pues es la. ún ica muñeca
de trapo y cartón que ha habido en casa, y Lolita nunca la ha tocado. Es tosca y ordinaria como las que se
vendían en las Covachuelas siendo yo niíla. ¿No vemted
las cocas abultadas y las sortijillas? El peinado que hacía
furor cuando la rí'gencia de Espartero. A sus piés están
las charreteras que 11s6 mi marido en la milicia nacional
de 54. ¡Qué recuerdos! ¡Ay, qué recuerdo,z! Y no vaya
usted á figurarse que los del juguete difieren tanto de los
de las insignias. Y1\ yerá cuando le cuente, como pudo
esa muñeca. sal ,·ai· 1t mj marido de l:1. deportación en tiempo de Narváez, y por qué desde entóncef', con tenerles
tanto que agradecer, desconfío de esos jnruetes ahuecados, y por nada en el mundo entregnrfa uno de ellos á
Lolita. Pues el ca8o fué, y no era. 1mevo, como usted sabe, que mi marirlu co11spiraba y teníamos en casa nn rollo
de papeles, que á. encontrarlos Don Francisco Et Chico,
el terrible policiaco, el pobre Fuent.es no par:1 ha¡;t.a Filipinas. Llaman una noche á. deshora, entran 1L registrar,
yo cojo mi muñeca, lo abro con la.stijera8 por cierto sitio,
la. desocupo el cerrfn y en el hueco introtlnzco los papeles. Todo lo husmean, todo lo revuelven, hasta las s,tbanas y almohadas de la cama de mi hija, pero la \'en dormiditb, abrazando á In muñeca, y al lin se van persuadidos de que fué inmotivada la denuncia. Dígame ahora
si el juguete tiene menos historia políLica que la charretera. Además comprende_rú. por qué no he querido comprará Lola mnñecas como esa. Para un:i pollita 110 puede haber estafeta. mejor disimulada. ¡ )1ire u-,ted, mire
usted!
(Se ltL'anla do1la Trinidad, quita el fanal, coJe la mu,i-eca,
y, acercándose (Í mt, m:: la pone en la., manos.)
-Por lo que advierto, señora, tambien ha tenido la
curiosidad de conservar aqní, los compro111etedores documentos.
-¡Pero qué dice mted! ¡Ave María Purísima! Si hace
mú.s de cuarenta años que de ellos no dejé ni las ceniza:..
Sin embargo, tiene usted razón, aquí suenan papele........ .
y este bulto ......
( Extrae del iriterior de la mulieca un jCJ,jo de cartas. )
-¡Dirigidas ú. miLola! ¡Dios rnf,1 qué Cli esto! ¿l:'ero
cómo están aquí; y ese Arturo, quién es?
( Toca precipitadamente el timbre y aparece la doncella.)
-A la señorita que se presente en seguida. ¡Jesús! hay
para volverse loca. Mayo del 93 .. .... Un año hace que se
escriben, y yo ...... ¡Ah! ¡'la corderilla inocente!..., ..Pero
¿qué hace que no viene? ¡Dios me tenga de su mano, y
usted me dispense; creo que la voy á dtsollar..... .
( Reaparece la doncella.. )
-¿Que no estú? ¿Que ne se la encuentra en ninguna
habitación de la cusa'! ¡lrse! ...... Pcro ¿cómo y adónde?
¡Ah! Si ese Arturito ... .. .
(La angw¡liada abuela que se convence del rapto, leyendo
una carla fechada la vfapera, agota el repertorio de las inl-erjecciones de dolor, y se considera en el caso de dejarse caer
desvanecida. )

•*• mas para buscarlo trasEl monólogo está terminado¡
cendencia, antes de retirarme en definitiva, asomo la cabeza entre las cortinas del foro, y explico al público la
moraleja; pro1:edimiento directo que recomiendo ú. los
autores de obras con tesis, para e,·itar equiYoc.ida.'l interpretacio11es.
Y he aquí la tesis dt·l casi monólogo:
uContra. las tretns é intrigas de chicuelas con amoríos
de nada vale la. experiencia y la vigilancia &lt;le la madre
más avisada ni aún de la. más ducha abuela.
( Telón rápido.)
R. BLA:-.CO AsENJO.

$1 amor bajo los tejados.

1

gentes mal humoracfo;::, :1qnellas ,t quienes enjece y molei-ta nnest11:~ juventud, aseguran ques rosas de sn tienpo eettin ajadas y que ~ólo nosquectan lae espin¡\S.
Van por ahí diciendo á la. nueva gener:tci(m con alegría mala: 11La griseta urnere, ia griseta ha lllUt"l't0.u
Y yo les afirmo,¡ u-stedea qno mienten, que el a.mor y
el trabajo no pueden morir, que los alegres p;ij.iros de la,.
buhardilla no han podiJ.o echar á voln1·.
Conozco á uno de esos p.1jaros. Marta. tiene rni nte a.nos~
Un día 1:e encvntrJ soln en la vida. Er.i hija de la gran
ciudad que ofrcct: ,t sus hijas nn dedal b joyaJ. Escogió el
dedal, y se hizo gri~eta.
El oficio es se11cilJ.J. s:110 requiere un c,irnz\Jn y una
aguja. Consiste en a111:1r mucho y en no tr:tbajar poco.
Aquí el tmb;ijo salm.al amor, los dt'dOR aseguran la independencia del corazón.
Marta, en la mañan:i &lt;le la vida., f!e cogi\J l:1. frente entre sus manecitas y se huudiü resuelt:unent~ cu las má.e
graves reflexiones.
-Soy juveu, soy bonita y sólo de 111í lh•pende el llevar
vestidos &lt;le seda, encajes y joy,1s. Vi\·iría anchamente
comiendo m:u1jare~ delicado~, 110 saliendo ~mu en coche,
ociosa y eeritad,i tvdo el santo &lt;lfa. Pcru había de llegar
uno en que, Jespué::1 de haber verd&lt;lo tod:t~ las l.igrimas
de mi cuerpo y dominado tudm, mis repnguanciali, me
despertaría en el cieno y oiría 10::1 quej1dv~ tle nii corazón.
Prefiero obedecerlo cles&lt;le hoy mismo; quie1\J que sen mi
ónico guía par.i poder escuch.u·lo en paz; llev,u·J \·cst.idos
ae indiana, le consultaré en voz- baja duran le mis largas
horas de costura. Quiero ser libre de a.mar á quien ame
mi corazón.
Y hihermosa niñ:i se constituyü ciuJndnn:i Uc la república de las muchacha.d trab,~jacluras y carifü),,ias.
:Qesde aquel tlia, .Jlart;~ lmbiLa bajv los tt•j,1dvt1 un cuar•
tito lleno d~ sol.
Ya conocen ustedes ese nido descrito por los poetae.
El único lujo de la casa es una limpieza exquisita y una
alegría inagotable. Allí, ha.sta los mueblc::1 1mís viejos
caman la canciün do 10::1 ,•einte años.
La cama. es pequeiia, toda blanca como la de uua colegiala; únicamente en la extremidad de b lh.,--cha sobre
que descansa la cortina, se balancea un amor Je yeso dorado, con las alas y los brazos abiertos. En la cnbecera
del lecho sonríe un busto de Beranger. el poeta de los
desvanes; contra las Paredes hay pegadas litografías, loros amarillos y azules, grabados copiados del viaje de
Dumont D1 Urvil1e; sobre una estantería osténtase todo
un mundo de porcelanas y de objetos de vidrio ganados
en las ferias.
Luego hay una cómoda 1 un aparador, una mesa y cuatro sillas. El cuartito está demasiado a.mueblado. El nido está. triste cuando no está. allí el pájaro. En cuanto
Marta entra, todo el desvú.n le sonrfe. Es ella el alma de
aquel Unirerso, y 1:5egún rie 6 llora entra el eol 6 se queda fuera.
Est1i sentada delante de una mesita. Cose cantando, y
los gorriones del tejado contestan á. sus gorjeos. Tiene
prisa por acabar su tarea: sabe que le eRperan, pues al día
siguiente ha &lt;le subir á las alturas umbrosos de Verriéres.
Sn corazón ha hablado, si hemos de decirlo todo, y
ella hi\ oído muy bien lo que le decía. Hace dos meses
que le ha obedecido. Ya no está. eola en el mundo. Como
es bneña niñn., se ha dejado amar, y también ha·amado.
Vefolaen la calle, con su lahor en la mano. Salta ligeramente los charquitos cogiendo sus enaguas, descubriendo pies delicados. Tiene á. la vez el andar atrevido
y asustado, el descaro y el miedo de los gorriones del
Luxemburgo.
E,,i pllja1•\1 dvaracho del suelo parisiense; aquél es su
terreno, su patria. En ninguna otra parte se encuentra
esa sonri!'.!a tierna, ese paso decidido, ~ elegancia innata. La niña, senci1l,1. y alegre, tiene el plumaje modesto
y la alegría ruidosa de la alondra.
Al día siguiente, ¡qué felicidad en los bosques de Verriéres! Hay allí fresas y flores, grandes alfombras de
hierba y u1ubrías profundas.
Marta hace acopio de alegría para toda la semana. Se
embriaga. de aire y de liberiad, conmovida hasta laa lágrimas por el azul claro de los cielos y el verde oscuro
de las hojas.
Después, por la noche, vuélvese lentamente, con un
ra.mo Lle lila en la mano y m,ís ánimo en el corazón.
Así es cJ11HJ se ha arreglado u11a vida de trabajo y de
ternura. Ifa ~abido ganar su pan y conservarse para quien
bien le parece.
¿Quién se aLrevería á reílir á esa niña? D:1. rnús que recibe. Su vi&lt;fa tiene la dignidad de la pasión verdadera,
tod,\ h\ moralidad d {Ji trabajo incesante.
¡Cánta1 he1·mosa alondrn de nuestros veinte afias, canta
para nosotros, así como has cantado para nuestro.:! padres
como cantar.ía para. nuestros hijos! Eres eterna, pues ere11
la juventud y el amor.
E1,nuo Zod.,

�176

19

EL MUNDO.

DICIEMBRE,

1895.

PRENSA MEXICANA

UNIVERSAL
To•u•,11-·'IJ&lt;&gt; IEPOO.&amp;,-Nll'I ~ó\t

!ll~~H'O DOMl~GO 10 ffF l\O\IE'111RE DI-: JlJ93.

, .. &lt;1••··· . .••100•1,•••1-••····

Páginas extrMrdiwzrifl.~.

DO~,II.\'GO 8 DE DICIEMBRE DE 1895.

l!IIDfc!'OR Ell IIFB: &amp; PBRBZ iOfilO.
•dmfnbtrador Antonio Enr, ..11n,
Ul¡S.f'ONO 1,818'

PRfWIO: 3 ().ENl'.t.l'OH

r... "'. ;~.r.,.:.,.,:~.•-,:~-::I_i..-,~ ~ ...,..:~"""""" ,·,
l.._1"".

'"
"º
•"",

...

&amp;oncepc¡;112
!l;intura famooa de fJ76uáLLo.
(De fot, de los Hnos. Torres, (~ de Plateros núm. 2. ) tomada. dtl original eu d Lnnn&lt;•, di· r:ir::-&gt;.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Páginas extraordinarias, 1895, Tomo 2, No 21, Diciembre 1</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>176

19

EL MUNDO.

DICIEMBRE,

1895.

PRENSA MEXICANA

UNIVERSAL
To•u•,11-·'IJ&lt;&gt; IEPOO.&amp;,-Nll'I ~ó\t

!ll~~H'O DOMl~GO 10 ffF l\O\IE'111RE DI-: JlJ93.

, .. &lt;1••··· . .••100•1,•••1-••····

Páginas extrMrdiwzrifl.~.

DO~,II.\'GO 8 DE DICIEMBRE DE 1895.

l!IIDfc!'OR Ell IIFB: &amp; PBRBZ iOfilO.
•dmfnbtrador Antonio Enr, ..11n,
Ul¡S.f'ONO 1,818'

PRfWIO: 3 ().ENl'.t.l'OH

r... "'. ;~.r.,.:.,.,:~.•-,:~-::I_i..-,~ ~ ...,..:~"""""" ,·,
l.._1"".

'"
"º
•"",

...

&amp;oncepc¡;112
!l;intura famooa de fJ76uáLLo.
(De fot, de los Hnos. Torres, (~ de Plateros núm. 2. ) tomada. dtl original eu d Lnnn&lt;•, di· r:ir::-&gt;.

�8 DrcIEMllRE, L!l\15.

EL MUNDO.

178

Páginas l!.Heraria~.

Q::u1t1t.et1r 1uu1 bir.qnilht.

ILKA.

de una vida 1 inutilizó tr.es años &lt;le una existencia, consa-

grados á un ideal

(*)

'"ª próximo :t realizan::e'?

Este, aquel, el otro ...... que i1nporta? Su nombre ee: des~
tino, fatalidad!
.
.
,
Ahí qned61 rota en diez pedazos.' la ~oqmlla, deeangrundose con glutinosos co,ígulos do mcoturn.negra, y, co~1 los
ojos clavados en ~l campo del del"astre, él, Prut.lenc1~, el
empleado con treinta p~eos &lt;le sueldu, con madre y cinco
hermanitos!
Empezar de nuevo? Imposible ...... el desaliento, lapobre~n1 lo impedían!. .....
Y, no vendría para otrn posesión ot:o desastre?
Sí! oh vida mi::.erable, \'ida mezquma, porque tu no
bastas ni para culotear una boqnUla!
A~lADO NERVO.

NOVEL.A /Nl!DITA DE ALEJANDRO DUMAS (HIJO).

Tradncida expresamente para El lf!t1ulo por Alberto Lcduc.

1

visto muchas corns y conocido :t muchas gen~
es· primt'rO por tempemmento y de~pués por
ni 'profesióu. He visto i~u_cho y analizado WU·
cho; ademús, mi memorm 1mplaca_bl~ pone con
tinuamente frente ú mi vist;i los menores mc~dent~s de
mi vida
de estos saco alguna~ \·ece::i para 1~11s fntui1os,
•. .'
&lt;~ ()
relatos Q.Je dicen inten:sark~. Uun frecuencia me &lt;ltce1~
que escriba mis memoruts. Nú lú hago,. porqu_e
Pl~
ADA uno tiene sus
den escribirse las memoria:-; propias, ~m escribir füi e
manías, y Pruden•
los demás, 6 sin ocultar de la proniu. vida. lo que el lector
cío, empleado en
cierta olicina con
más deseara conocer.
,
Aquellos y aquellas de quienes yo podna hablar, pre:
LOS TRES BESOS.
treinta pesos de
fienm que me calle y no siento de~eos de hahlar de m1
sueldo, de los cuapersona. Los lau;el~s de Juan _Jacobo y de ~asay10va1
les vivían, misera•
no me quitan el sueño, at contrar10. Lo que s1 etita. pe~·
blemente, eso sí,
mitido es sacar de los recuerJo;, personales algunos epi·
su madre, dos hermanitos y tres her•
angel &lt;1e faz risuei1n, dulce mirada y alas blan- sodio·' con los que el tiem¡.,o poco ú poco haya formado
un todo, á los que nos~ aumente nad_;1 que pueda d:1· t~n
as v nítidas, conYocó ú. concn~o .'i. !os beEos.
manitas 1 no constitnfa por cierto una excepción de la
Ei-a In. Purc&gt;za que iba. tí premiar con un cora• dato mtí.s, respecto .í. bis ex~ra \:1gan?rns de la natu1 ,tleza
regla.
'&lt;l d
human:, y que no hag~~ dano a nadie.
.
_
Ni esü1ba :L ~n alcance, ni deseaba un buen Yest1 o e zón de oro al beso m,ís pnro v sincero.
Hace treintaaiios v1viayo eul_a c~!le de Boulogne, ha
Llegó la hora del concms·0, y se presentó el primer
rheviotte m•gro ó gris par.1. c&lt;,n aiiadidnra ele ~meso basbitaba. un·\ casa. perteneciente :i mi buen colega ~lel_estón r gua11tc·s obscuroe:, lu&lt;'irlo en Plateros o i::n b~ Ala- beso.
meda los domingos ~, demás fie~tas dl• gnarcktr. ~ estía. ' Con ceremoniosn. parsimonia, la cabeza leYantada Y ba· ville Yel ii~quilino anteriot· iL mí había sido:Grassot, quien
cada. tres meses oh-idaba rc::gu_larmcnte pag~ir la r~1:ta.
bumildf', muv hmnilclemente y Jamás laco!nparac1ó11 de ja la vista, so acercó :í la Pureza.
Melesville después de d1ec1ocho :neBes l~ dos ,mm; de
su modest íRiino pergeño con d ele los -pisa ,·erde_s del
-Habla-le dijo ésta.
boul.erurd. nctanwnte p:lrif'.iem:e, le arr_ancó ~rn ~u~p1ro.
-Aspiro al premio que ofrecéis-exclamó haciendo una. tanta. reaula;idaU, se decidi6 {probab~eme1~te con m11cha
pena, pt~es~ra muy 1:&gt;ueno) á. dllr su hcenc1a absolut;L al
Tampoco pennba purqne ~n pennna le 1mpi?-1ese to- exagerada. re\·erencia.
célebre ealtnnbanqu1.
.
mar, &lt;'11 Iturbidl', uu r~fresquito 6 unn copa, a la horn
-¿Cu,Ues son tus méritos?
Grussot contestó e:::e día con uua. fr_ase q~e ~1ercce, c1-La humildad ante el soberano, el respeto á sns leyes
chisicH.
"bl
Temperamento tranquilo, organismo poco snsceptt e y la adhesión tí sn persona. )le postro :í. sus pies. Y me tar::;e. Después de _l_mber eido &lt;lesped1do1 tué a nr &lt;l SU
de conmocione:,,,, era cn~i feliz en sn estado y en él se man- poso respetnosa.111ente en sn mano. Soy puro y sm~ero propiet:ll'io y le d1JO: .
.
-¿Por qué me_ desp1~e usted?
tenía sin diri"'ir la Yist.:i al campo, vedado par:'\ él, donde porque me inspiran el respeto, el cariño y la abnegación.
-¿Por
qué,
m1
quendo
Gras::ot?
Porque no paga usted
florece l;i o¡,t'llencin. y bri\ la. la elegancia..
.
-También eres f'l miedo, la adulación y la hipocresh~,
Perv he dicho ca..~i feli1. y debo explicar m1 ad,,erbu?:
nunca
-Aumente usted la renta, conte,;tó GrnsR0t.
.
Prudencia deEeaba :ilgo qne hasta la fecha no hab(a p~d1- y entonces te insp,ftn. el &lt;'gofsmo. Otras \'€Ces eres la traiLa frase vaHa por laS rentas adeudadas; pero l\Ielesnlle
do conseguir. ¿Qué dt'se,iba? Simplemente un:i boquilla ción, y entonces te inspira Judas.
No mereces el premio. Yéte.
estaba ya comprometido co~migo.
de a111h,ir v espuma......
.
_
Hérne pues, instalado. S1 la::i paredes habbran, co!Ilo
Ern. fu1ui.1dor decidid() y ainaba con pas16n las e~tra_nas
dice el ;ulgo, cuántas cosas contarían las de esa. casita,
coloraciontR de la cspmna, producidas por la nicotma,
Cintilando sus ojos, dibuja.ndo sus labios una sonrisa Y eu donde vivieron después q11e ro, Sarcey, About-, Paul
merced ,í. laboriosa con:-tancia.; coloraciones que tienden,
de Cassagnac y Roger Ballu. Un_ s:1lo1~cito, un co111eclor,
sucediéndose sin cesar con gradación il:rnprecia~le p~r.a todo emocionado, se presentó el segundo beso.
una cocinita y un jardín eu el piso baJo; en el eegundo,
ojos p 1co acostumbrado~,. :t un negro bn_llant_e, ltmp1s1-Habla.
una rec:tmarn, nna pieza de estudio, un cuarto de bai1o
-Aspiro al premio que ofrecéis.
mo. unico ...... meta cod1cmd,1, por el propietario de la bo·
-¿Cu¡Hes son tus méritos?
quilla, con anhelo igual ú m,_i; grande q;1e _el_que el en~y &lt;los par,\ criados.
·
Nada de portero, la llave en mi bolsi[lo. ,
.
morado-ali('nta por Ir posrswn de _su Virgim~, el ambi-Mi cariño mi desinterés y mi lealtad. Me postro anComiendo allí un dfacaluroso de Julio, íue cuando m1
cioso por la cnnsecución &lt;le un capital y el i;rt1s,t3; -por el te una mujer ~ohnáncloln. de caricias y atenciones; satis•
feliz remate de nn monumento que patentizara•~ los fu. fago sus caprichos y me con~tituyo ~n escla,:o. suyo. La padre me dijo:
-Abre la puerta de tu comedor para que entre el aire
turos su jn:,:piración é ingenio.
.
.
doy mi corazón y por ella pierdo m1 tranqmhdad y aun
Señol'es fumadore!', que de seguro m~ lee1s 90n interés expongo mi vida. Vivo s6i? por ella y pam ella, Y al _~n al jardín
. _
,
..
Allí durante seis ano.;, ftu tan completame!1te feliz, c~creciente; vosotros sabei:, biPn lo 9.ne d1~c&gt;, '· osotros me uno st1 suerte á la mía. Prnuero me poso en el ~um!no
entendei!', sf, vosot,ro,1 que habe1s ~orndo sm descans_o de sus manos, lnego me oculto en la sombra de sns OJOS, mopnede serlo un hombre; tu Ye s._alud, traba.Jo. b1;1en éxl·
tra~ ese ideal que se llamn. lrl, boquilla culoleadct, tan di· y después, cual m:.uiposa, libo en la. flot de ~ran~do de to y libertad. No tengo la pr~t~nstón de haber _!;itdo de~fícil, ay! de alcanzar.
.
sus labios. Soy sincero y puro, porque me m_sp1ran la grach1do después; pero la feilcufad es _lo contrar10 del VI·
Los que no fumais, dad vuelta ,í. la hoJ_a;EUfun~o tr~e,
no, siempre la primera copa t8 la meJor.
.
sinceridad de uu afecto y la pure1.a de nna pasión.
En esa époc,1 trabajaba yo mucho, desde h1s seis &lt;le la
para vosotros, matetfa~ _suaest_i "ª~- DeJad est-a historia
-TaUlbién eres desleal é interesado, é i!1jnrias á 1~ muporque no comprenderrn1s _á mi héroe ... ...
jer á quien gne-rías. y de l:'sclavo te conviertes en tirano mañana hasta las cuatro 6 cincq de la tarde. D7 cuando
Señores fumadores, prosigo:
y b martirizas. Destrozas su corazón: roba~ su tran- en cuando la inspiración no 'l'enÍ/t; me asor~1aba, a la venPrndencio deseaba, hP dicho, una boquqla de ambar Y quilidad y amargas su exi~teucia. Encadenas PJ'ime_ro sus tana :í ,·er pa:;ar á las gentes. _füida me d1st1:~m t_an~o (y
e/Jpuinn. pero una boquilla.de pndres conoc1d~l'=, &lt;lernar_ca manos, hwgn cierras sus OJOS y despn~s marclutas unpu• algunas veces hasta me servia) como ese n y ,en1r de
desconocidos que no se creían ob~e1 vados. Ilablo ele los
a.ceptaila¡ no hi boquilla ce:pnri.1 1 no la bc?qmlla apócnfa nemente la flor de gi·:rnado de sus labios.
que con impudor alarga rn cuello d~scolol'ld~ en el nt~ud
Entonces no eres sincero porque eres impuro, y eres hombres, porqu~ las muj_eres habiendo siJo hechas. para
de madera vil y enero deco!oresch1llones; s1, la boqmlla impuro porque te inspira la concupiscencia..
ser vist.'l.S, ven euempre si _se les Ye, sobre tod1¡ en ese baque se recuesta yolnptuos:lmente en afelpado estuche nerrio que no las deja ver srno cn,mdo ellas qmeren.
No mereces el premio. Véte.
gro. que ostenta. en [et.ras doradas el nombre deGoetsch.
¡Óuánta:i. novelas hice y me con~ :i mí _niiim10 d?itmte
Y esos boquillas yalen mucho, r;obre todo pa_ra. el emesas largas horas de descanso. segun las J1,·ers;ts siluetas
pleado con treinta pesos de sueldo, madre y CLnCO herCon \a tranquilidad de espír_itu que ~a la con~iencia que se perfilaban en el ll;l~ro de en frente! ¡Cuan~os ho~·
del bien obrar, sereno y maJestuoso ~l!'. afectación, se bres y mujeres, ahora v~eJos 6 nLUertos ya,. me p1oporc10manitos......
d
·
Un día, sin embargo, el fer\'ie!1te deseo de ~ru ~ncio- present6el tercer beso :í. la pureza, dmg1éndole dulce~ na.ron, sin saberlo, una 1dea, umi observación, un detalle
debfa reali1.arse ...... Estab:i escnto qne se reahzar1a ...... miradas.
con su actitud 6 sn füonomía! .
.
Un quinto de billete t~e la Nacion_al, ,í gue correspon•
-Habla.
pe¡ccl,'!.árant ~.s colaboradore::i anón11n11s tuve sm que lo sos_•
den cinco peso~de prem10 ..... . u~ qmnto bienhechor, una
-Aspiro al premio qu.t! ofrecéis.
.. 11
fracción misericordiosa, longámma y después ... ... la bo-¿,Cuáles son tus ménto:-? .
. .
Los que leen bien, a.prenden mucho; pero los que m1quilla, gallarda, de mnbar nebuloso y espuma blanca co-E:I cariñoso respeto, b asidua sohc1tud y_el amor sa- ran bien 1 aprenden 1mts.
,
.
mo el ampo de la nieve, y estuche elegante con letras do- grado {Luna umjer .í. qnien adoro con tod,o nu corazón, y
Un día de abril, un hermoso d1a de abnl 1 qu? yo des•
radas que dicen triunfalm~nte: Goetscb.
.
cnya existencia es más que mía, porquC es de. los dos. de mi ventana miraba dentro Y fuera de m1 1msmo, ( 11 0
No quiero hablar de los transportes de Prudenc10 ..... .
Gozo con sus alegrJas y sufro con _sus pesa.res, los. q_ue e::i esta la historia que voy á contar; pero E:S una anecdo•
concíbalos el lector ...... Aquella vida tuvo 'le~de enton- procuro á toda costa desvanecer. l\hs m11s puras car1~ias ta muy original que me viene á la:_ me1~rnna) ví un~ a~ces un objeto: habfa ya una misión que cumphr ....
son para ella. Obedezco y sigo _sus subli~es co1;seJ?S, ciana enlutada, que con su devoc1onano Y. una h~1mo:,a
Para colmo de venturas, un casquillo de metal dorado qne me inspiran la virtud, y purifican&lt;lo m1 conc~encrn, niña caminaba por la calle Bla1~che. La m~a no ib_,i ~ncubría el canto de la espuma, como una coraza benéfica labran mi felicidad, que me compluz&lt;?o en compartll" con lutada1 eino vestida con un traJe muy senc1llo Y d1stmque impediría que la brasa del cigarro hiciese daño :í. la ella. Soy su sostén, porque ella "s nn an$'~l de la guarda. guido. Parecía ser de quince años, tenía los cabellos
linda no\'ia. del mofü·sto empleado
. Me ~acrifico por ella, porque ~lla se sacr1tica, por mí. La don1do-rojos: en aquella época las ca el!eras de ese color
y principió la e\'olnción, si bien con ella se d_obló casi amo, porque ella es _la esenc13: del amor mas puro. La eran raras y casi constituian hasta. una vergüenza.
el presupuesto para cigarros de La Mttscota (advierto que quiero porque nacl1e n1c qu1ere como ella. La ad&lt;;&gt;ro,
Todavía se burlaban de ese color en el pelo, como de
no es réclame. )
.
.
. .
porqu~ me dignific:i y rne enol'gL~llC'ce su adoración. los jorobados. Hoy todas las mu)eres tienen 6 quisieran
Primero, vino un leve amar1llo en las_ rnmediac10i;ies
y en fin la idolatro, porque esa muJer, que es el amor, tener de ese tono la cabellera; sm embargo de que no to·
de la boca enm1squillada; luego se extendió, se acentuo y la \'irtud y la abnegación, es mi madre.
dos los hombres son ni quieren ser jorobados; pe~o ya no
ahí donde había surgido, fné obscureciéndose hasta lleLas fibras de un cora1.ón tili.11 med,in vida, y circunda- se burlan tanto de de los que lo son. Al qontrano, ere~
gar al tinte del chocolate, cediendo suavemente al esca• do de la aureola qu~ :í. vos misma os circunda, me poso que estos son quienes se burlan de los que no lo son,. &lt;L
lar la pared superior; después,_ aquel tono encant~dor,
con cariño y respeto en sn frente.
juzgar por las miradas de sus ojillos y la burlona sonnsa.
uniform6se v durante mucho tiempo, se mant1:v~ mva•
i
' ·
de sus labios delgados..
.
Soy el beso Jlll ::l puro)' mas sincero.
La joven, hija 6 nieta ~e la dama á cuyo, lado carnl·
riable: habíá'concluid0 la primera etapa de la d1fíc1l pro¿11erezco el premio que ofrecéis'?
naba en silencio, estaba pernaba como las vll'genes, con
greRi6n .
, .
-Espera-le dijo la Pnre;m, y preguntó si se presentaba los cabellos abiertos en dos gajos sobre la frente, como
Oh! negro brillante, limpísi1_:no, un~co 1 3:un n~ asomabas, pero se te presentío; babrns enviado :.1 ~n p1ecur~or 1 otro beso ni concurso.
cortinajes !Ümétrico!'=.
.
.
Cuando le dijeron que nó se dirigio de nueyo al tercer
Algunas veces, los gatos tienen entre los OJOS las_ ore•
como unn. noche americana envía su _extr?no y_glor10so
crepfü:culo! Y asomn~t~ al fin, y fwste mvadiendo el beso v le dijo:
jas, dos manchas de ese color que les dan la a.l-'anencta de
campo, suavemente, dmmulanclo tu adorable faz de nu-Éntonces mereces el premio. Tuyo es el cora1.ón de mujer metamorfoseada. en ga.to.
.
bio tras el velo de colo1· café, café ob~curo, como el del oro, porque eres el beso mtls puro y más r incero que se
Con sus mejillas color de leche, sus labws -rosados Y sus,
.
l
ha presentado al concurso.
ojos cuyo matiz no ~adía':/º di:;t)nguir pero que sí ve~a
gram, recien tostac o.•····
.
Por fin venías ...... oh gran deseado 1....... y PmdenCJ? te
-Pues gué¿pudo presentar,;e otr&lt;;'_be~o que ganara en
brillará tan larga distancia; la JOYen per:;omt,a p:irec1a
saludab~ con entusiasmo y esperando tu _completo re1!1a• purez:\ y sincericfad al beJO de _\~11 hiJo a su madre?
gata metamorfo8 eada en mujer.
do, quedábase frecuentemente en é_xtas1s, en la esqmna
-Sí el de una madre a sn h1Jo.
Dos largas trenzas caían á lo ln.rgo de ~1;1 espnl?a,_ 1~1 ás
ele dos calles en 1(1. puerta. de la oficrna, frente á la mesa
Ese ~sel beso m:ís puro y sincero el(} todos.
ab:tjo de la cintura, y entre los hombre8 Jovenes o v1eJOS,
número t,anths de su sección.
R.AMÓ~ Ku1.CÍ.-\ Y GARCÍA.

_ny

b

r

···Q~i~~- ·r~é -~¡ ·i-~f~;l~~·di~t;aia.~ ·¡¡~~ ·~~~ -~-~- ~oa.~~~ ·a~;~¡:

b6 una ventura, mató una. dicha, hizo el vacío en rededor

1\-Iexico, 1895.

~To:narla de la eolección de nm·eluslnéditas que se ,t&lt;;oal;a de publicar en Par\:-.

8

DICIEMBRE,

~ - - -~ ~

1895.
~ ~~-

-=======

qnc iban tras ella, cleb:a haber pocos que no sintiesen deseos U.e ngarrarla brnscnm.:nte pül' esus l.1rgas guedl'jas y
Jcj:m,e nrrnstrar á donde fnes(•,
N•guí con h~ mirada ti tau preciosa niiia.
E.ia 110,dLijaba do yer fronte ú sí misma; m:Ls moclest,a
que Ualatca, parecía no hacer n,1d,l parn qne la \"ie~~n,
cu.\ndo rcpentinamentl·, ni tcrndnar la cl\l!e, YOlteó la
cant y Bl! n,,nrió conmigo como una pérsoirn couocid:i y
como dic:iJnclome:
-Ifa::itn. lta,go.
Yo no la hal&gt;i:L visto nunca, y era ele nqnellas ele quienes sti acuerda uno sit•mpre, aun cuando sólo una \'cz las
ve,1. A i:;u mo\·imienii, i111pt·c\·bto, ¡,L•ro categórico, yo
contesté mecúnicamente, por decirlo :isí, porque uo ha•
bfa tiempo que pt-rder ( la uilla llt•gaba ya {L la csquiua)
contt'Sté digo, con una incli11aciún de cabeza., que cualquin:l pen-ona do su sexo, clot:1&lt;la de la 111tmor expericn•
cia ó dt&gt;J menor instinto, hnbit•rn traducido así:
~~~i Jebernos voh·ernos ú \'l-'r, quo St'a lo 111..ís prnnto
po-;ible, pues todo~ S•Jmos 111ortalt&gt;s.
Ella comprendió eYiclentemente, pu&lt;'S dejó,¡ b anciana
que no pareció apercibirSiJ de la\ 1110Yi11:icnto, y que se
ernpor.J por la calle Blanclie, como si nada hubiera pa•
snd 1,
L:l jo\·en ~e dirigió ú mi C'as:,¡ yo cerré mi ventana y
fuí {i. abrir.
-¿.-\. quién busca usted, sellorita? pregunté con intranquihdnd.
-A u:-ted.
-Entonce~ ¿no hay cqnírnco?
-~o.

-¿l\le conoce ui-tt-'d?
-E\·identemeute. Paso por esta calle con fre.;ucncia.
-;, Y !n anciana'?
-¿Qué anciann?
-J~a-qne iba eon usted.
-:."o la con•Jzcn.
-Parecfa que iba uste&lt;l con ella.
-A propúsito.
-¿Cómo?
-Cuando ~algo, tnn pronto co1no \"&lt;'O algu11a dama r?spetable que sigue d rni:-:mo C;unino que yo, me voy junto
á ell,1, y i:;igo con los ojo.s b.ijo.:=. Siempre tengo buen éxi·
to. Usted, que no Ns un tomo, cayó.
Yo había colocado ya á mi i,1µ,,rwa en b posición social qne creí. Pel"tenccía :.í hifamilict 1)erdf', no me quedaba duda . Y Yalín !:i pena de ser t·studiada. Tenfa los ojos
verde::, sombreados por brgas pe:itniias m:ís of'.cur,l~ que
sus caUellos.
Cuando os cncontreis con una mujer joren, con cabellos color ele oro, ojo!'= color de ajenjo y labio."! color de
fresa, :um1ue llO esté yo aUi para pre,·eniros, desconfiad,
sin ernbflrgo.
Aqudla era fina, sonriente y candorosa. Ni un grano de
poi vo de arroz. Con la le11gua se mojab.~ lo.:i labios á cada im;tante ¡ así como los gatos cuando beben leche.
En pocm1 palabras, el \"icio cspo11t,ínco, luminoi:o y vir·
gina!. El primer 8entimil'nto c¡nc se cxperime11t:iba en
presencia de aquel ser, tan luego como se tenía noción &lt;le
las co ... a:;, er;i cogerle por el talle, besarle por todas partes,
y n.rrojarle por la. \'éntanll 1 pa.ra ,·el'le caer sobre ~LIS patitus, y huir riéndose. Lo que sí es cierto, es que yo no
lo arrojé por la ventan:i.
-Hacía mucho timnpo, me dijo, que quería yo entrar
aquí. Tenía curio.sidad de vei todo lo que tiene usted en
su ca!'=a.
-:-¿Por qué no entraba?
-:No n:ie atrevía.
-Sin embargo ...... no es usted tan tímida.
-Oh! no.
-¿Qué edad tiene?
-Adivine.
-Quince años.
-Yaya! usted es como todo!'=, ninguno quiere creer que
tengo ,·cinte, aunque aparento 1ener quince. Hay días,
en que parece que tengo doce; cu:rndo me pongo vel!Lido
cortó.
-¿Usted se pone vestido corto?
-En las Tullerías, en el Luxemburgo y en el PalaisRoyal.
-¿Por qué?
-En el yerano, cuando hace buen tiempo me visto de
colegiala, coí1 un ,·estido blanco, a1.ul ó rosado, que me
llega basta el tobillo, y un cinturón con su lazo flotante.
Dest.renzo mis cabellos y me pe!no á la inglesa, me pongo un gran sombrero de paja en la cabe1.a1 un collar de
cornl en el cuello y mitenes blancos en las manos. Le
digo á. mi criada que me acompane .v que lleve su !abar,
vo tomo mi aro y nos vainas á. las Tullerías, al Luxemburgo, ó al Pálais Royal. Entonces es cuando no aparento tener mú.s que onceó doce años. Mi criada, se sienta
en un'banco, y prosigue su labor; mientr11s que yo echo
tí correr como uua loca, y cuando apercibo algún señor
anciano que se pasea ó lee su periódico, le arrojo mi aro
entre las pierna!:3, !e digo que 111e dispense, y casi siempre
se entabla la conYersacióu. Prosigo diciéndole algunas
inocentadas, se ríe, me mira, me diC'e que sov bonita y
me pregunta por mis paUres. Le contesto qué no tengo
m,ís que madre, que 1&lt;iernpre está enferma, y que como
no puede :::alir, ella misma se ocupa de mi educ.ición. Si•
go diciéndole que me fa.st,idio, porque mi madre es muy
severav qnu ,ni únicn distracción es venir á jugar al aro á
!ns 'l'nllería8; pero que y,i con1iem:o. ti ser grande para ese
juego de chicueloi::; que adeui.ís pronto vamos ií. irnos á
vivir al campo. El viejo !lle cree¡ los jó\·enes no creen
nada y los viejos !iÍ, debiendo ser lo contrario, pues los
yiejos saben m_.is que los jJvenee;. Entonces yo exclamo:
-¡Ah Dio!'! mio! ¿€'H dónde est,:L n1i criada'"! quizá me
busque; seílor ¡.:i 110 encontramos ú. Ernestina.¿me condu•
cirií usted ú ca~a de mamá'!
El viejo y yo nosech:1.mos {l bu!'caní. Ernestina, ,í.quien
encontramos y que me regaiia. Yo sigo jugando con mi
aro el viejo se queda charlando con Ernestina, le hace
pre~untas relativas á mi familiar ,í mí, le dice que cuán~
do Z.olveremos, la corrompe poco á poco y acaba después

EL MUNDO.

17\:J

= = = = = == ~

de muchos días por decidirme{¡ venir tÍ hurtadillas ,L al•
morzar con él en el campo ó en su ca:;:l. Durante todo ese
tiempo, yo atrapo todo lo que una muchacha puede ocultará los ojos de la madre m,is vigilante, cuando tiene una
c:unarem por c,Jmplicl'. E~ inmensa mi colecció11 de sor•
tijas, alfill!res, rl'ioje:;, cadl.!nas y n1et.lallones. Nn11c,i se
atre\·en ,t ofrecerme dinercJ¡ pero se lo dan ,í. Ernestina,
y mucho, sobrt:e tod,, cu,rntlo lt!." dice que mamá est.t muy
enferma y no me dej:.1 salir. Se entiende que nnnca estoy libre por In noche, y mis quince anos no resueltos
dejan siempre el Gódigo abierto entre nosotros. El último es un gran colecci,rnador que tiene m.:i.ravil!as en su
casa. Ernestin:i. 10 l!ama el prilllo Pons; pero ~·o finjo no
com,?render. No quiero haber leido nunca. á Balzac, qne
entre paréntesis llO me di derte mucho. Se toma mucho
traba.jo para('xplicar las cosas; ellas \'an por sí solas m:.'Ls
violentas de lo qtrn se cree. Mi ,·iejo Pons está locamente
enamorado, y e8pera con impaciencia que tenga yo dieciséis años para rubarme. El no me lo dice .1. mí¡ pero se lo
dice á Ernestina, quien responde que no consenLil'il, si
Pons no le da Yeinte mil francos para. ella y cien mil P.ªra. mf, porque después de eso no hay que pensar en \'Ol•
ver ,t verá. mam,L No vaya usted á. poner en un libro 6
ea una comedia lo que le estoy contando. En espera del
rapto mi primo Pons me hace jnrar sobre un hel'lnoso
Cristo que tiene, de or0 maci7.0 con corona de espinas y
clavos de piedras preciosas, y que alg(m dfa. sed mío, me
hace jurar que no r.liga yo nunc:i nacla suceda lo que suceda.
Yo juro todo lo que el quh.•re, y lo qne le encant,a más
son mis inoCl-'ntada::; él me desmoraliza cunnto puede, pe•
ro yo finjo nr&gt; comprcnderlP, abro tamaños nj1Js 1 le pregunto lo que quiere dl·cir, y él se ríe. El es lit causa de
que yo camine junto,¡ las damas respetables parn el Ci"\SO
de que me encnentre en otra pnrtc qne no sea en las Tu•
llerías.
Si este negocio no tiene buen éxito, usted me propor•
cionani el ingreso 111 teatro, por eso me he empeñado
tanto en conocerle, etc., etc.
El negocio no ttwo ÜLH'n éxito; el primo Pons so escapó {L lo mejor por medio de nn n.taque de apoplegía.
Tuve que hacer i ngn•s:tr u1 teatro :t a_que·lla chica. de cabellos d&lt;! oro y fné hasta cinto punfüfüediana; pernse e•
namoró de un actoi"¡ y murió e~tando e11 cinta, quiz.í. de
horror por hi maternidad; no qnería n•prodncirse, y te•
nía razón.
Pero repito que no quería yo contaros la historia de
este hermoso rno&lt;=trno. Yino {¡ desli1.ar,;e entre mis re·
cuerdos de aquell:l época y lo dejé entrar en mi relllción
porque no carece de originalidad.
·
Otro día, ví pnsar por la calle de Clichy, el entierro de
un hombre que hab(a desempeñado un gran papel en la
revolución de 18.tS, y que ahora llevaban á l\lontmartre.
Abrióse una ventana cercana &lt;i la mía, y un:\ joven se
asomó á ver como yo, el entierro que hacía gran estrnendo, con su banda de música y eus tambores. La mujer
aquella, estaba. vestida con 1m pienador de 11)\lselina
blanca puesto muy &lt;le prisa. El cuello de~abrochado del
peinador, dejaba ver otro cuello un poco corto pero blanco v redondo como columna de m:í.rmo!. Los cabellos
abÜndantes, recogidos y anudados de prisa también, pa•
recfan un nido boca abajo acribillado por el sol, y dejando ver todos los matices naturales del rqbio, del rojo, del
castaño y del oro.
Si lo que me faltaba Yer, correspondia ú lo que estaba
vo mirando, la muerte del gran personaje no ero inútil.
Esperé con impaciencia que voltease la cara, cosa que no
tardó mucho en hacer, pues ¿cuál es la mujer, que al mirar un entierro por la derecha, no Yoltea ,í. ver si viene
una boda por la izquierda?
Sin embargo, antes de llevar t'i. cabo semejante movimiento, facil de prever, fijó sus miradas en la casa de
enfrente ocupada por un pintor célebre.
El pintor miraba también el desfile del cortejo, y para
ello había sacado la cabe1.a, sólo la '"abeza, por entre una
cortina de su estudio.
Inmóvil, con su barba de abanico, sus grandes mostachos y su gorra café, esa cabeza recordaba. aquellas
de piedra que los escultores medioevales, esculpían en
el rincón del monumento termina.do, y que eran sus propias efigies 1 en actitud de escuchar sin ser vistos, lo que
se decía de en obra.
La dama volteada hacia el pintor encóntr,í.base completamente de perfil respecto á mL Un burgués, poseído
de admiración habría exclamado: ((Es un verdadero perfil
de camafeo), y por esa ver, siquiera la vulgar compara•
ción hubiera sido exacta. Era imposible en efecto encontrar un perfil m,ts regular, más noble y más distinguido, que el de aqudla mnjer, cuya línea firme y precisa
se desprendía y dibujába, por decirlo a.sí, su huella Fobre
las cai:!as, sobre el movimiento y sobre el ruido de la
mnltitnd.
Nunca había experimentndo como entonces la sensa•
e;ión tan impre\'i~t:L y tan precisa. de la belleza antigua
en la vida real. Hnbiérase dicho que repentinamente se
habfa trasportado en medio de nuestras parisienses á una
de aquellas hermosas griegas blancas de quienes los poetas paganoR hicieron las amadas de los dioses, y de las
que San Pablo hizo después á las misioneras y {L las m:irtires de Cristo. Las pestañas era11 rectas, abundantes y
color de tabaco turco, las mejillas duras y blancas, como
si en pleno dfa estuviesen iluminadas por la luz de la luna¡ los labios arqneados, color de rosa y entreabiertos,
dejaban ver una doble hilera de perlas ( otra comparación
vulgal') y sns grandes ojos obscuros, de miradas errantes
y dulces, parecfanse :í las que Hornero presta á. Minerva;
ojos de ternera, cuyo blanco a1.uloso, tenía brillanteces
de nácar, en su círculo ligero y \'aporoSo.
La belle1.a incontestable, aun cuando era. yo joven, só~
lo me ha inspirado sentimientos, en los que no entran el
deseo ni el amor. Ante todo, sentía yo respeto para e11a
brillante manifestación del poder y del libre albedrío de
la naturaleza, que no tiene en cuenta nuestras comnociones ni nuestras jerarquías, y que crea·lo Bello en don•
de mejor le place, Después sentía yo tristeza, al pensar

que toda nquella lwrmosurJ. se deformaría y destruiría
y ¡,or último, experimentab;t el JeH'O de poseer, no la
persona perecedera, y con frt&gt;cueuchl fastidiosa y molesta, sino su imagen imperecedt&gt;r.t, tijada parn wfi;olo, sobre la tela ó sobre el iuánnol, poi· algún gran artbta siu•
cero y fiel. ~i hubiese yo dvitlo eu los tieuqms U.e 1\lme.
Recamier, seguramente no 111~ hubiei:e en~t111orado de
ella; hay gentes que nacen n.1d,t nd8 pa1·a e~,1~ cosas; pe•
ro no habría yo parado liast:L qm• Ger:.trd, me hnbie8e dado aunque hubiera siclo un dibujo de hi. cabPza y el pecho
dt&gt;I admirable retrato que hizo U.e tan rn:n:wil!osa criatura.
Despnés de eso, la. Rec,uuie1· podía hnbcr enloq1ucido
á. todo.:; los Benja111ín Constant y á tod,)s !os Chateaubl'iand
de ia tiena, ser 6 no ser virgen, quedar.:!e ciega, armgar•
se y morir, todo eso me hubicr,i importado tanto como al
gran turco, y ni siquier,1. la hubiera yo n1elto á mir.ir.
Ella me había ya dado· en este mundo todo h.1 qu" yo
podl'fa pedirle, 11abría sido bella, y yo tendría su imiígen
siempre jove11, habl'ía yo realizado lo impo::cible y eter•
nizado una. i-e11saci6n.
El gran triunfo ch! la bel!ez,i sobre todos lo.i! demás dones de la casu:i.lidad, e:- que t•xi:ite por sí sola, sin auxilio
ni ayuda de nadie ni de nada. No necesita para brillar
ante los ojos de todos, ui esfuerws ni trabajo, ni talento,
ni nobleza, ni fortuna, ni siquiera ingenio¡ sólo necesita
mostrarse, y todos los hombre:! 1,i admiran y todas las
mujeres la enYidian. ¡Cu,in sencillo e::i esLo! Asi es que
fué hecha pfi.ra todos _r no p:irn uno solo .. Qllerer ser amado exclusimmente, de unn helleza (•xcepcinnal querer si•
quiern qne ame, es pedir b lnn,1, .í. menos que espere uno
que la bella criatura tenga treint:t y :-ietc ó ueint.:i y ocho
años. Pero en amor, CLll\ndo no Sl! alca1rna el tren de las
doce, vale m..í.s no toma.r el de la tarde, pues las unches
son frias.
Pero volvamos á mi hermosa n~cina que se quedó mirando la cabeza del pintor, y e¡:::peranclo ,í que éste la \'ie•
se, cosa que él hizo, llO por casualidad, sino ,·oluntaria•
ment-e, como hombre acostmnbrnclo á nr en aquella dirección.
Al verla, me vió, y como cramo,; conocidos, díjome
bu1•nO!l días é inclinó la cabeza. Ella \"Olteó entonces
hacia mí r pude rnrhi de frente. Era un Apólo femeninn.
La salnllé, y !=e sonrió cunmigo, co:;:o hubiern sonreido
Mlle. Georges cnanclo salía de l.i casa del einper,ulor. Cerró sn Yentana é hice al pintor una seña quequería decir:
-'.\Ii.-; parabi~nes.
E! conte~tó con un moYimiento ele cabeza como queriendo decir:
-Usted se eugaña, y me in\"itó con la mano á ir .í. su
casa.
En seguida fuí á su estudio, cuya descripción me guardaré de hac-er, pues se encuentra en muchos libros pu•
blicados hace veinte año". Púsome al corriente de sus relaciones con mi vecina, la cual era~e11cilla.n1enteunamo•
delo á quien sólo él ocupaba y que le costaba quinientos
fra.ncosnl me~.
·
Tenfn die1. y nueve años apena,-;, y la había encontrado
en la calle, ó mejor dicho, !a lmbía apercibido una maña•
na de Junio á las ocho, en una iechería, con la cabeza envuelta en un gran encaje blanco, y haciendose servir leche en 1111 trasto de S~nes. El pintor habíase impresionado ante aquella regia belleza, y ella. ni sospechaba el
examen de que era objeto. Llevaba una gran bata de franela azul pálido, sin entallar, pero que modelaba bien las
formas de su persona¡ l:evaba también guantes de piel de
Suecia, largos y nuevos y los pies desnudos calzados con
babuchas de cuero de Rusia, bordadas de oro y de tacones altos. No cha.rlaba con la lechera, ni se permitía nin~
guna familiaridad: Catalina II comprando dos centavos
de lec"P:.
Pago, snludó; salió y desapareció por el patio de la casa ,í. la que pertenecía la lechería. La tienda de junto era
una carbonería: hubiérase dicho el blanco doble y el seis
doble del dominó. Al trasponer el dintel 1 levantó su ves•
tido y dejó ver un talón sonrosado y un tobillo finísimo.
L'l.S lecheras y las porteras son mn.v indiscretab. Aquella.
linda mujer, ocupaba una habitación de seiEcientos francos en el entresuelo, una habitacioncita que caía al otro
patio 1 y en la que ella ponía tantas flores como podía.
Todas las mañanas bajaba. ~comprar eu leche, no tenía
criada, ella misma cocinaba y comía muy poco, pues casi se alimentaba sólo con manteduilla, pan y té. Ten fa un
piano alquila.do y tocaba mucho; sabían que te.. ía un
amante que iba li verla todas las noches, y con quien sa•
lía algunas veces; pero el amante venía ya poco.
Era alto, delgado, seco y pálido, tenía la barba muy
negra, parecía muy vigoroso y debía sel' extranjero. Con
excepción de él, no recibfa á. nadie.
S6lo usaba batas, aquella azul de por la mañana y una
de seda que cubría con un largo manto cuando salía.
Nunca se ponía corsé. Casi ntmca salía, si no era para
tomar un baño, tres veces por semaua, en un establecimiento muy cercano. La bañera decía que nunca había
visto nna mujertan hermosa; era una verdaderaestátua. Le
llamab:i..n la. sefior,t Ilka, y hasta le liabfa.n hecho escribir
su nombre, cuando alquiló la casa, pues nunca ee había
oído tal nombre.
El interior de su casa era muy sencillo, pero muy
limpio, Ella hacía su cama, barrfa y arreglaba; pero
siempre con guantes. La portera limpiaba la cocina y la
chimen~a, y encendía el fuego. No rebosaba riquezas,
pero á nadie le debla nada.
ProYisto de todo.'! estos informes, el pintor escribió lÍ.
la selloni. Ilka, y firmó con su nombre célebt'e, una carta
muy respetuosa, en la que la pedía el favor de hacer y
ofrecerle sn retrato.
El artista. recibió por única re!;puesta estas palabras:
1rMuy agradecida. Imposible por aho1·a.-lll,KA.
No se ocupó m(l-.S de la aparición; pero tres ó cuatro me•
ses después, Ilkn se presentó l'll Hl c¡¡sa, llc\'ando en la
cabeza una toquit-a de tel'Ciopelo ne~ro con un broche de
plata y una pluma de gallo; iba cubierta con un largo so-

( Sigue en la página 182.)

�EL JlUNDO.

Dll JJ::IUJJtE, 8 1895.

8 Drcn:1IJ;m:, l 8tlii.

EL .MUNDO.

2..

181

.

LA CAltIPA~A

En la Isla de Cuba.
LA Ge ERRA EX CL'BA.-1. Th.efile de las tropas movilizadas frente al teatro Payret, en la Habana.-2. liisa de campaña en CáUiz, oida por las tropas

clestinaJas :í Cuba..-B. Yapor uColón,11 destinado al transporte de tropas.--!. Un bohío en l\fanzanillo.-5. Un encuentro cerca de )fanzanillo.
6. Grupo de so!Jndos espaflQles.-7. Atabaleros y clarineros del Ayuntamiento.-8. Ruinas de una ranchería incendiada por los iusurn.:ctos.-9. Vna guerrilla montada.

l. Cabo indfgena de un regimiento.-:?. Salida á operaciones de una secci6n provisional de artillería de campáfla en Santiago de Cuba.

3. Lineri destruida por los insunectos.-4. Puente proYieional para el paso de tropas.
.5. rn:.1secci6n de explorndores.-6. El fuerte Jarnyó en Santiago de Cuba.

�EL )lUNDO.

182

8

DICIEMBRE,, i~U.'J,

t'&gt; DICIEMBIU:, 18\.lii.

EL.MUNDU.

~=~================ == = = = = = = = = = = = == = ==

ahí, pn.'8&amp; de un ,éxtn■ia impirado en los recuerdos tle la. .
coe¡ pero hny que vivir después. Por t'flO me acordé de
ustt-d. Me dije que siendo herm~, podfn yo sacar part.i• Vlsl',"ra,
El pi11tor hnbía mbit.lo dar ú esa curne divina, tocbs
bret.odo que no dejaba ver maeque la orlo. de sn ,·estido; do de mi hermoenra, exteriormente se entiende, y Eeguir las solideces V los relie\"615 del miirmol luchando ~u Ulu11lle,·ab.i 1.. manoe en loe bolsilloe, el cnello desnudo y loe perteneciéndomt-.
cun con las ·nubes blancu, que forman por la noche d
cabell&lt;ll aprli!Jonadoo en una•. J'lldecllla del mismo color
El fondo de mi seres lo que necesito eonsen·ar. Miguel almohadón de la hija de Júpiter y Latona.
teufa en m( una confianza ciegn. Nunca me preguntó lo . Mi vecino me explicaba au pensamiento todavfu, cuanque 1m pelo.
_
-\'•11110 4 ~r ú usted 1•• graeia81'etlor, dijo al pintor, quo laaeía yo, ni In que dejaba de hacer.
do entró la vecina. Nos e11contr6 fll'nte i1 11\ tela quu l:i
por la galaulwla que ha lenido de o(ffeerano mi retrato;
Otro se cn.•erín con derecho ai interrogarme, puesto que repreaentaba desnuda, y dtJ la que aólo·e@Uban termina.babríit. querl® hacer'o más prontl&gt;; pero no he podido.
meduría dinero; v vo no 8Ó qué Daría.
el &amp;orso y la cabeza.
Todo etto, p1'0$Íglli4: el ·pintor, lo decí11. Ilkn. con vos dos
-¿ Y oho,._9"'!pta usted?
En 81!gUÍd11 comprendió que X ...... me acababa Ue con-Sí y no. JI.º liay rssón ninguna para que me haga 1111- pn!Cb'a y firme un ~o lenta; pero armoniosa. &amp;a mu• tar l1l hiatoria, y que ú. ella me mOFtraba bajo la figura
ted un JePlit ~• tkl
wlOho uaenOM po.ra que yo lo Jer me iute~1\i.'i: ya demasiado, pero me mortificaba aún
acepte; ~ ay nn
o de coociliarlo todo ¿me en- mát. lluy ete:ante ensu traje y en su porte, rMiiante de de Diana¡ pero no dejó ver ni orgullo ni rubor. La saludó
d•l• trabajar.
ju,-entnd y de belleza, parceíame non pn dama que vi- y los
cuentra uatfi berm.oeaT
Pero deede e■e día me encontré con frecuencia con 11sitaba mi efftudio, y uueetm com·ersación t.en{a fatal• ka. A ella le debí la J&gt;rimeru ·noción bien exacta y cht~
-Muyh~.
-¿Ctt,inw ~prodoclr at mee una belleza como la mente que terminar con estas fatídicas palabr&amp;.i dicUaa
raque m,·e de la entidad femenina. Había en rll11, en
mla?
\
por mí:
todo su 1)00.er, eae elemento incorrupt.iblecualquiera que
-A,,ors deonúdese usted.
DIO qne,e hlpde ella.
el calor y CUl\lquiera el ~cti,•1, á que ae l!Ometa, y
No había que au~ner ni nn momento que oquello fue- aea
-Coino Adelo
que se llama et fo111ini.inno, el eteruoad,·ersario del hom~.De
6 de oonjnnto?
ra la""" ¿Con 'qué objeto? Era evidente que no bu80&amp;ba
aventura y eólo au cabeza valía loe quince francoe diarioa bre.
~~
a uelod do conjunto?
-Un obeerntdor poco: experto hubiera reconocido quo
que iba ú coet.arme. Ya entreveía la ■erie de cuadros que perdía su tiempo y '5UB fuerza■ en intentar modificar el
= . e o ~ t e deanoclaT
iba ú pintar. Al mismo tiempo me decía yo: «Sería mu;, fondo de eee animal •dmirable, creado para el encanto
decoroso verle nada máa el rostro,• pero tod.118 lu eurioe1•
-1:lí.
loe ojoe 1 p11ra loa dl"Oeeperscion... pasionales. Em de
dadee del artista en bnaea de lo bello, pelpiaban en mi. de
-Con~.
aquello• de &lt;pieoea los ignor-,1nlce y 106 imbéciles dicen:
fr&amp;POQI por 111i,·•·
Seguramente bajo aquel uaje largo, hallábaae la realiza-F.ata muJer no tieue coruón, sencillamente porque
- ¿ ~ '"'8oienluoo lianCk'I al mee?
ci6n de un auefto, el cu~ ,·h·o de Antiope ó de una Da- ella claee de aérea, hechos aólo par• brilltr, pérmane-81 vl~•__.i toooe loe dl11, y al ......
naide. Ella comprendió 81D dnda mi ""'°rva ó mis deoeos cen tan h11en1ibtea como el 101 a todoi loe argulilenfiOII
, ¿Y11 . . . .
y se npreauró á aumentar mi admiración.
y á todoe loe teatimonios del umor, inclll!ive la !:ltiua
-1: al• 11--1 mny bella.
-Neceeho desnudarme, ¿,·erdad? ,-ale más acabar cuan- y la muerte. En ol foJJdo era uru1. ei::oeh!lllte criat11m,
--8o1 w111.i.tla.
to-sr.
antes, n,e dijo siempre que no ~ awaae au autonomta y au liber-Entonw ~ ltlled tena, mú trabajo: en mi , -·
Estando cadiente au pieza en el invierno 1111{ oomo
ele X. •.,., • la ele
s., pu.o en pie y con mucha tranqniliJad, se deeaboto- tad.
-Oh
j!6lcl eervllll de mocll,lo con uno y nunca de- n6 el 10bretodó ú cuyaorillaeelabacoeidoun·I•~ oL1n do fresca en el venwo; qne pudie■e de cuando en cuando
floree, bel&gt;P.r I&amp; y comer 1uu-anjas¡ usar ropa iu·
tute de un • ~ id ele no col• Qnlero una ouma eeda ~simularen la calle la orla de un verdllderu ves- ~irar
tertor fina y grundet1 81Cllrwenadorea de carey . ¡,11111 t&gt;ei•
lija,
rio::,;¡oqne inqoielllrme por nada. tido. &amp;h6 el traje oque! sobre una ■lila y quedó envuel- nar su opulonta cabellera; pooeer grandes vasijas ¡,ara
UI en una camisa de seda escarlata: cunelcuello volado
U I - P hi,l]j¡ COWO 111~, y me
aiffl,
daÑ gáln~ lraacOII al mee; P!'IO y mangoe !arpo como camisa de hombn,, ~ de coreé, •IOI ablucioneei, repet.idaa tred ú cuatro V$el al día¡ man·
una ....
cbnven1a, ol lé or-n mú en otra par- ni de ~naguae, nt una sola cinta _que impidiese 108 movi- iener los pies deenudos el mayor tiempo poeible, y !iem•
te, DO h a d e ~ neled.
mien'°9. En un instante ae quedó a6lo con la camisa con pre helados, pues pretendía no conocer voluptuoeidad
comparable , la se111&amp;Ci6n oontiuna del lrlo en lo piel,
111 toquit.a, ,ua botines doradoe y ■118 calcetines eacoceees,
que el fu"°'s61o debla teuene en loo ojoo¡ en
pnee no ll•~ba medias. Nada puede da roo idea del 1inf6- al,gaado
nico eec,lridalo ,lli,todu aquellai! ma11cb88 deelu1nbrado- ftn, con tal di? que no le pidi.e!en a,uor ui que se dr¡arn
bllld. donde .tempn,?
raa; de :,qnella loc,i,. de la camisa, de loo calcetines, de amar, Illta aaecuraba que todo era b11tmo en el mund~.,y
-lll',
- y en el bolel. lle vendido cnanto lu botitaa y de aguella _carae, todo re~ntinamente col~ no diacut(a na&lt;!&amp; de la vida. No experimemaba nunca
neoeaidad. de hablar, 110 p.,rque fuese t.onto, 1ino porqutt
.
a.do sobre el fondo de un cortinaje antig?.o.
•
-lNo _le._. •I 1¡arrlo?
Eaa criutura tiene el ,entido innato del ,-nlor y del le era indiferente su propio deat,ino to mialnoque iodu el
ei:terior
-1l• unp,J111 pooo,
genio de In belleza. Impcoible que al mirar las Un- de 1Dundo
Te6lllo Gautier era su poeta favorito. Belela conlinun..,.¿Quiere "'11' en fn,nte?
111 carne &lt;lnru y blanca COJDO el mármol, no se ~ruiue
raente
la
a,,.,dia de la muert,, de la que tenla un magnl...SI.
en la Diana de Gabiea. Adell!Q, aqn( tiene uated el bol-AII podd llliml,rla caaado la n«9ite y no Uene mú quejo que hice en el momento~ y que e11 de lo mejer que llco elemplar encuadernado por Nldrée. Alguna.
qoealta-111\l&amp;II•- IAooulllll'édoe 6 - bon11 diaria• be becho¡ al trabajar en él, me decta yo interiormente: cuando no tenía eeaiól) con el pintor, me tocaba el muro,
yo alla por la v•n•na, y me p.-,,gumaba si podfa visitar
y habni ~'!@
comp1élamente libre.
-¡Cuando pienso qne ,-oy 4 verle el ctm"pOI
-Allí
i!lempn,, pnee nunca oatg,,.
Porqdi&gt; no hab(a 9Periclo verla al instante, eino que in! jardln. Allí ee esteba toda la iarde 1COll&amp;ada 11&gt;bre uu
que le uteudlan sobre el cé■ped.
-&amp;lo qne - de enfrente ea -pt'Ch-.
graduaba mis eeriíilié1onee. Mient.rM yn trabalaba. ella tapete
Miguel le -rlbla una ó duo veces por semana largns
-Mejor.
contemplaba los objetos de mi ee1ndio. No sabía colocar- cartas
que nnnoa lela basta el fin. Le decla qn, mu lue-Desde ele$ hora DO podr4 mtei recibir ,·isilae.
se como laa modeloa de profesión, ~ ¡que ~ia! y go oomo
se caaara, le enviaría cien mil franco,.
-No n,cJbp í,lnguna.
¡qné hermoeura! Al termmar pii eetudio ae lo ei11efté.
-Yo no quiero eee dinero, decía, no f! de ~I, 11 de ,u
-¿AIIM1klf"'
Lo miró placenlel'll y dijo:
mujer y no tiene derecho pll1'&amp; disponer de él. Qu• se lo
-Anadla,
-Muy bien.
~ éDlll(up, cnando
inform.. cleuated, me diEutoncea la coloqué en un riDOOo, poae ur;,a tela nueva dé á 111 ~ ; pero li. m( no. A una mujer nunca ee le da
dinero de o1ro.
jeron,.•••.•
en mi cabal Me, y 1110 h10liné, bacl,énilo un gesto que eil!- el 86l0
esa ves la ví agitada; las mejillas ae le enoendionificaba:
·
,
ron de ira.
-Cuando usted gusle.
Al{ traD1Corrieron seis weaes. Una maftana muy tetn•
Lo comprendió, ae deaabrcch6 la, mangas y el cuello
díu,
de camlB&amp;, y haciendo UD lUO\"ÍUliento ñipido, que hu- prano quiso hablaran~.
'uat.ecl pena?
-lle sucede una cosa muy curiooa, díjome tranquila·
biéraae dicho l1acía p r la centésima v6, lanzó al aire la
=-~~conumbre.
·
·
·
camisa roja, que se elevó como llamarada y cay6 ain rni• mente.
-~; ~ muy gnapo. Crol amarlo. ¡Era yo lan do sobre el 1uelo, extendida como inmanaa mancha de
-¿Qué?
joven, cñaPdo le conooJI 11oe fugamos jnntoo. Antes, eangre. Entonces tuve la n;velaci6n pelpeble de la ealé-.MeCIIBO,
no ae oabe lo qae es el amor, cleepóéll eo cnando se com- tica religiooa de loe Griego,,, que declaraban á Frinea, de
-¿Con quién?
prende qaHlempre es la misma coaa, qne la mujer se de- esencia divina, por que lea deJaba Yer la perfección de la
-Con Miguel.
inda y q1111,1 bómbre es ridículo. Eo preciso DO pasar forma.
-Cómo?
-Tenía nn tío materno i nmensamenM, rico, á quieu no
ele GDO.
Ilka ae quit.6 la toca ain despeinarae, quid p_ara que
veía bacía mucho 1,iemt&gt;(!, )· que acaba de morir intee1ado.
-Entq- ¿ln,I el primero?
laa eapelda.¡ el cuello y la nuca, conservasen toaa la po-. Miguel
ea su único hered~ro y queda dueft.Q de todoit l01
-Y elújco.
·
.
reza de sos íneu, y se quedó seria. muy seria, como ■l
-Ton hllrm- como es mted. podrla eer millonaria.
se sintiera penetrada de toda la nobleza de eu poder. Ni millonea del tfo. Ha rJto el 1Dl11'rimonio proyec$1do, y
-111,,!!16 ban ofrecido mncbo _diñero, pero moda be que- pudor, ni impudor. Era una criatur, qne ae aen\ía he- viene por mi-; me dice que no puede vivir aia mí. ¿Qo6
rido. ai ~ • ea a,riiomble llODr&amp;AlO,
cha para e.tar desnuda y ser viata, y gne P.e encontraba curioso es 81:!0, no'! ¡No poder ,•ivir sin alguno!
-Y eu psdre ¿qué dice?
-Y ¡iiñhe ha hecho?
en
su doble elemento: la luz y la admiración.
....SO i,óW, doopneo de la clenola cle K01111th en 11148,
-¿Qué quiere usted &lt;juediga? Ahora el hilo~ el ricq.
Por óltimo &amp;e quitó l '. redecilla que le aprisionaba loe
Pero llka no se inmutó con tal noticia. Miguel llegó
,Amaba laliberlad; yo "'Y como él
cabelloe, y a.pareció enM&gt;ncea inundada con ellOII, imiabrunoe dlu después. Lo Diana no esteba concluida, é
-¿Y la n,adre?
·
tando la actitud de la Venus Anadiomena.
-A114 ee qoed6.
Deede el siguiente día1 p~rque aquel, no pude trabajar Ilb declaró que no paniría hasta que el pintor tem1iua-trlePll m4• bljoo?
sino con mucha inferioridad á la verdad, deede e1 día ■i• ae au ooadro, pue&amp; así lo había ofrecido. Míenel encontrú
-Jito.
guiente comenzaron laa sesiones. Hace de esto trea me- aquello nat.ura.l y juito. Asi8ii6 con mucho 1nterff ú. Jn-t
-Vnalva Ull&lt;ld, 11D lado.
■ea, y desde entonces no be dejat.lo de trabajar un aolo última■ ll'8Íonea. ti'uando se terminó el cuadro, di6 por él
día. No me extratla que no la haya usted conocido an- cincuenta mil francoa y ae lo lle\"Ó á Hungría con el mose neceait,ó este entierro ~ que ■alieae á la venta- delo.
es Igual; pero - • t e dallo le caosé con mi fuga: tes:
. De eoto hace mú de treinta aftoe. Nuoca volví d \·er,
na; aólo sale para venir aquí y _algunas veces que va en
no
aer maa criminal oon volver.
la noche á puear un poco por Montmartre. :M~ toca una llka ni he tenido desooe de \'erla, pero si quisien¡yo eer
pobre?
.
muy original y me canta cancionea de au pata. dnefto .del cnadro.
e una rena qne le de para vivir. lli padre tenla música
Mi■ cartones e■t.án llenos de estudioe que me han dado la
ble.- qne le comlsuon.
idea de emprender una Diana de taroatlo natural y que
-Y el qne ee fué ¿era peisano?
sería mi mejor ob.._.
-81.
En ese c1111dro Dians ha 11,gado ,1 ser Febea. Bien ase-¿PoNlné ... fneT
gurada con la última luz rojiza que ae extingue en el ho-&amp; loe á caaar.
rizonte, que su hermano Febo acat.ade abandonar, ae exHuérfano de \'erdor y de al,gr(a,
-¿Ya no la amaba á nated?
,
se desnuda aobre 1aa inmenan■ nnbes argentndae,
De yerta nieYe envuelta en el sudario,
-M• adoraba, me adpra; pero como 1n padre está arroi- tiende,
tru de las cuales se oculta para 101 hombrea, en las no-El campo que ftorido sonreía,
udo lo oblltl6 á cuane con una pariente rica. Eo el úni- ches
máe hermoau.. Sua ojoa no tienen va la mirada fe•
Hoy se ,·e ~ilencioeo y l'Olitario.
co medio qne Uene de ,-,lll&amp;lmir., lorkma pMrlmonial. roz 9.ue
cutigó la temeridad de Acteóu: •loo la dulce lan•
La human. viEta por doquier nd\'ierte
F,oje ll"ntes DO ll&amp;ben vivir pobres.
guidez con que va ,t recompennr In constancia de Endi•
Muda deaoJaciún y d~nl!iQelo,
-u
eocrlbe á 11111,edT
Cual si reinara eFpí1illl de muerte
-Oui t&lt;,dos loo dlu, Si yo hubiera lnaiatido en que ee mia.
Se ve colocado el brazo izquierdo bojo au caber.a lige:Bajo la inmen88 redond~• del cielo.
qnedera y ee ...... conmigo, lo habrla hecho. Eot4 loco n.ntente
inclinadll, y su boca entreabierta y tembloroea,
Atribulado lo conte111pln el hombre,
por mi; pero preferi qne ee fnms. hoy hablamna upira como invi.Bibles besoe, las primeras brisna noctur•
Puea parece ú eu mente conturbada
vivido con lo que le quedaba de la hereaicia. materna; unoa nas. Su mano derecha deja escaP,R;r de entre ■us dedos el
Símbolo \"&amp;gO de dolo1· sin nombre
wfnte mil francos. Deel&gt;U6i pedimoe preetado, pero no arco y las flt&gt;ehaa, que tan temible la hacen durante el
Y existench, de encantos despojada.
ee bo.eno debel". Vale mis comer ~ aeco¡ ~ro no deber.
Mas la esperauzn surge, y placentera
en loe \&gt;09'lu...
8" padre in,istfa en '1)1• vol viese á Huwrría 4 casarse y le dla,
No f'8 ya la virgen de Efeso, cuya implacable virgini•
Murmura con amor el alma herida:
eaoribfa m11ltitud de mfamias respecto l mi condncta. A dad pide la muerte de los viajeros arrojados 1\ la ori•
•¡Tras el invierno e■t.á In prima,·e1a;
10! no me guata luchar¡ ledeYolvíBU~bra. Yo me con- Ha por Neptuno irritado.
Morir ea renacer oi e ~erna vida!•
formo con estar en la miseria, ~ e6la; la miaeria de
:Ee la diOl!a á quien Eros ,·enci6 e&lt;'Crctamente, que ae
A:sTO:SIO ARXAO,
doa e111 horrrible y máe con un hombre, eeo ea sucio y ne- ■abe amada, espera al que la ama y ■neña ya que está
cio. Ycnd( todo lo que poee(a. 86l0 me quedan mll lrsn( Sigue de la pág. 179. )

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·

EL TIO MILON.

El tío M~~6n dió muestras de altera rae.

1-!8 necesidad de hablar largo tiempo

~~l

I

CE uu mea que
inunda los cnmpos con
u ardorosa lbmo.. 1.4 vida estalla bajo una
tempestad de fuego. Cúbrese la tierra de verdor
l1&amp;t-\,U perdene de vi&amp;ta, confundiendo su color
con el azul ~el cielo, allú en ID! límites del horizouté.
Las granJ~ normuu~, eapu~-cidas por la UanlH1l, parece~ á lo leJ08 botiqu1..-clll01 suJetos pur uu cinturón de
erguidas hayus. !Je cerca, ul llbrir In carcomida CU:ncilla
cn,eríamoa hallaruoe t:n un jurdin gigantesco; todo■ 1~
manzanos, 1~!1esudo.i como tiU~ duei\os, se encuentran en
plena tloruc1'!n. Aquellos tronco ➔ negmzcos, retorcidos,
pqeet.oa en hilera, oetentan al EOl tiUS brillantes _copos roea y bbmca, conlundiendo el ama.ve aroma de au florea
con el penei~te olor de 108 establos cercanos y con loe
vaporet1 d61 eaitlércol eu formentllción, cubierto de galli·

.....

.

Son las doce. Le. familia come á la sombra del peral
que crece dt&gt;lant.e de lo. puerta de In grnuja· el padre la
madre, cuatr_o hijoe, d~ critu;laa y tres m~zoe de Ja' labn111Z&amp;. N11.dte hubla•. Concluida la. sopa, sirven un guiDdv de carne cu11 tocmo.
.
De cuando tm cuaudo, una de )na crilldas ae lt&gt;vanta y
TA ú h~ bodega, vol~i~ndo con 1111 jarro lleno e.le sidra.
El Jefe de lu humha, hombre de caurent,a anOl:!I contemplu una parrn que ext.it"nde 1tn1 vústngoa á lo la;.go de
la pared de la cnaa, curriemlo bejo las ,·entama.a y torcida comu una culebr.1.
-;-La:perradopoore-dijo nqucl-brota pronto este afio.
Qu,z,la ae
Aquella PB':-' f'Htaba plauttadu jul:!Utrnente eu el sitio
donde fué luallado el tío Milón.

u,....

•

Sucedió el!'J durante la g~a:rra de 1870. Los prusianos
ocupabiln toó1lo la comal'Cll; frente 1L eUOII estaba el general 1'Aidherbe, con el ejército del Norte.
El Estado may?T prnaiano. ~- nl~jó en, In Granja. Su
doeflo. Pedro M.dón, le ll'C1b10 é matalo cuanto mejor
¡,údo.
·
Hacia ya 'pt mee que la vanguardia alemana ee hallaba
en obeervación. Loe (ranCt"lt'8 permant:efan inmóviles
diez leguus mila aHá, yain ewbargo, iOdas las noches
a ~ u algunos hu1anoe.
. . l,'uando loe eoldadOd que hac!an In d ...cubierta ó los que
formaban laa rondaal \'ulautes, HWíun eu udmero de do■ ó
srea 1t0lamentit', no n-greNLban nunca.
Por la tnallallll las n,cogla wuerioa en el campo j,jnto

ct.

, una cerca 6 eía uua zauja.

·
·
,
Los caba.lloa que montnban, yacian también á lo largo

ele los cannnoe, dcgolladoe de una cnchilladn.
Todne estu muenea parecúm hechai:a por Wla misma
pet'SOD&amp;,

El pole ee alerroriz6. .
&amp;titaba una simple denuncia pum que loe prusianos
l111ilasen bomb- prendi...n muje.... y qufa1-,n ob&amp;&amp;ner, por uuedc,, revelaclonet!' de loe nifl:01.
Nuua se descubrió.
Pero hé aquí que una nuUlana vieron al tío Milón tendido en lu cuadnl, lleno de sangre y con una corWldura
en U\ caru.
•
l&gt;Ult hulano■. aet:einados mordían el poh·o ú. tres kilome\1vs lle lu. üranJn. Al 1-ecogerlee ~e notó quu uno de
ellU1S elDlJUilaba aun rl lllble enaangrentado lo coal probaba quo se había delen&lt;lidb.
'
. Co1?&amp;t.iiuido inmedint.a.n~eu~ el Coulft"jo du guerra, al
aire l~bre, dehmto Je la ün1.nJa, maulló comp¡U'l."Otr al
tlo lhl6n.
'fe.11ía éste ~nta y ~ho ailOt!. 1-;m tle poca estatura,
delgado, algo ,ibosu. 8us cubell~ JaciCH! 1 ralos y ftnoa
COUJo el plumou dt, uu pato, d~Jabun al descubierto b}
■ueerticit, del era.neo. la pid del cuello 1uonma y arrugaclB, pretK!lltu.bu gruesa15 nmas que so hundían bajo laa
111a.11c.líbubw pam ~parecer tin hus aients
En Ja cum~rca le t.eníun por hombre M·aro y exigente
en los 11egoc1oa.
Le pW!ieron ~e pie entre cuatro soldados, delante de la
mna de lo. cocma, que 1:1e l:lllCÓ fuera. Cinco oficialet y el
coronel ee sentaron frente á él.
El coronel tomó la palabra en francés:
--;Tío Milón, des.d e que ~t.am.OHaquí no hemos escasea·
do u. uated loa elogios¡ ha b1do usted complocien'-8 y aun
at.eutQ con nosotros. Pero una acusación terrible ~
hoy sobre asted, y ea necesario hacer luz. ¿Cómo recibió
usted la herida que le cruza la cara?
El viejo no contestó.
El coroael repuso:
·
·
-Su silencio le condena, tío Mitón. Pero quiero que
me responda UBled. ¿Lo oye? ¿Sabe UBted quién mat6 loe
dos.hulanos cuyos cadáveres se encontraron cerca del Cal,
vario'!
El tío .Mil6n articuló clarsmenle:
-Fuí yo.
El coronel, sorprendido, calló un momento mirando
fijamente al prisionero.
'
Este permaneció impasible, con su facha de aldeano
embrntecido y sos ojos tljoe en el suelo como ai hablara
con el cum del J&gt;Ueblo. t!MSlo un detall~ podía revelar su
tnrbeción intenor: el viejo tragaba saliva á cada i08tante, con visible esfuerzo, como si le hubiesen apretado la
garguuta.
Lá familia del tío Mitón, su hijo Juan, RU nuera y dos
nifl9l:l presenciaban consternados la escena.
'
El coronel ,·01 \'iÓ á preguntar:
-¿&amp;.be usted asimismo quién ha · asesinado los exploradore~ de nuestro ejército, que faltan hace un mee?
El viejo ref-pondió con la misma impasibilidad de bruto:
-Fu! yo.
-¿Lott mat,ó uf!ted á todos?
-Sí, 1l tocios; fuí yo.
- l '¡,;tcd solo.
-Yo1&lt;o lo.
-Uíg:uue usted cómo lo ejecutaba.

le molestt1b..'\ de

un modo visible.
'
-.Eato 86 queda P.l:nl mí-balbuceó.-Lo hn.cfa según ■e
presentaba la OC&amp;Hión.
-Ad,ierto á l.sted-dijo el coronel-que es preciso
con(es~rlo todo. Decídnae usted inrnedia.tamenW. ¿C.:,mo
emJ)t'zo usted?
E~ 1,tom~re Uirigió Jtna mirnda inquieta :i an familia.
Vacil~ un msW.nt,t, 1\nn, y de pront-o 111e decidió:
- \ ol\'ía yo á In GranJa una noche, 1í et:o de las die1.
al díu. siguiente de Ilegal' ustedes aquí. - Usted y sus nge~~
t.ee n!o habíun quitado por valor de cincuenta eacud011 de
forniJ~ una nea y doscameroe. Yome dije: tantnacuanta1:1 \'1.'0t.·1:1 me arrebaten el V11,lor de veinte ~ndoe otrus
tuntua me lOll pagarán con crece&amp;. Y ademús te~ ia yo
otras cocm~ ~ui tm el corn.zón, que sabrá usted también.
En e.ato dn·180 un hulano que fumaba la pipa tnlllquila_ment.e, ,entado á. espaldas de la ümnja. Entré en casa,
decolg~é la ~o.z y fuí ú colocarm~ detrás del soldado, con
tanto 111lenc101 que no debió oír absolutamen'8 nad.l. Le·
vanté l~ hoz y le co~ In ca~z.n de un. tajo, de uno sólo
como 11 íuera una ee¡nga: 111 tiempo ,u,·o de decir 1·nv\
bwique nsted_el cada\"er en el fondo del estanque, ' y nflf
le encontrar¡\ dentro de un 88CO, en componía de una piedra de la ecrcn.
Este fu~tll 1,rincipio de In renliznción de mi idea. Quité al pru~mno todos 1ma ,·PStid08, . deede las bota.et hasta
la gorru, y loa oculté l'll el horno de yeso del tfo Martín
al otro Indo del patio.
'
Call\Re t'I ,·ieju. .
Los oficialett 1ft; miraron sobrecogido!.
Reanu&lt;had.o el mt.errogatorio, aupU!ro11. lo que ,iguc.

•••

Una vez c~metido el llSeHinato, el tío llilón tnvo un
■ólo pemauuentu: ¡mutar J?rusian~!
~ obor~.íu con un ~10 diiti111uhu.lo y feroz, como
pa1sa110 codrcuiso y IJU\nota al milimo tiempo. Tenfa en
ldt•a: como _él 6ecí11 . .l::zlperó_algunOA dín@.
• Loa prnfWIIOti le dt-J~ban en libertad de ir y ,·t&gt;nii', sahr Y_euinir ctmndo quería, permito t4~iW concedido,\ an
humi ldad co~ los veuced~1·ea, para qtiiijHeB ·ae mostraba
en "liotllll!I OClk!ionescomplirienie y aumiso.
TodnK 1118 tardea presenciaba el viejo la part.ida lle loa
correos de campaOa¡ él salió también nna noche, lul'gO
que 1upo el nombre del pueblit donde ae dirigían y cuan- ojoe.
'do hubo apre~didn algi.11~-p&amp;labras en alemain.' tas que
jUZl&lt;6 necenno oaber. aah6 del palio de la Granja BO
dealizó en el bo!que, llegó al horno de yeso, y penet~. do en el fondo ~e la gttlería ■e puso el uniforme del muerto, que encontro en el suelo.
Lt~l'Iº merodeó por la campiftn, siguiendo ·e ncorvado
la ?rilfl;" de !os t.aJudes l&gt;ara no Ber vino/lltento al menor
nlldo, lllQWt&gt;to como un ladrón.
Cuando creyó Jleodoel momento oportuno se acercó
carretera oculiilndo■e en Un matorn1I. Eei,erú aún.
~wa la media noche J'e80n6 en la tierra: dura del canuno el galope &lt;L, un csballo. El viejo aplicó el o Ido contra el euelo para aaegurane de la proximidad del jinete
y hecho esto, ae preparó.
'
El hulano se acercaba al trote largo. Ei'á portador de
deaP!"'hOB u~tes, y marchaba co~ el ,o(do asisado -¡
deejneria la v,■.t,a. Cuando llegó á diez I""""! del tlo .M1.
Ión,. éate ae arrutró por la carretera gnta.ndo con ncento
luumero:
'
-¡Hilfe! ;Hü[,! ¡Socorro! ¡Socorro!
Se detuvo el Ji~Pte; reconoció en el viejo un prusiano
desm_ontado, hendo tal ,·ez; echó pie á tierra, se aproximó am la, menor B&lt;Mpech~, y cu~n.do se inclinaba pam
socorrer" aquel desconocido, rec1b1ó en meJio del vientre la encor_voda y ancha hoja de un sable. El hulano se
desplomó un agonfo , sacudido únicamente por las 1.Utimas ~up~mas convulsiones de la muerte.
Se 1rgu1ó ~l normando radiante de alegría, y con feroz
com_placenc1a cortó el cuello del cadaver; lo empujó con
el rue y cayó rebotando á la cuneta de la carretera
cnbo.11(!, tranquilo, esperaba á eu amo. Montó el tío
)lllon y l!ahó galopando llanura adelante.
. Al cabo de una ho!'8 divisó.~~ hulanos qn~ regresaban
J~ntOll al. acuartelamiento. Dmg16se á ellos gritando tamb,én: ¡H11f~! ¡Hilfe! Los prl..ll-ianos reconocieron el nni•
forme y deJnron u~~,ximnrse el jinete, sin desconfianza
alguna. Llegó el vteJo, y pasando entre ellos como una
bala, mató al uno de uu sablazo y al otro de un tiro de
revólver. _Después degolló loe caballos.
Tranqmlamente regrea6 al horno de yeso ocnltando el
caballo en In oscura galería.
'
. _Dejó allf el.uniforme, y vistiéndOffe sus harapos de pordiosero, vol v16 á In cama, durmiendo haata bien entrada
lamafiana.
Durante c~tro díu _no salió de casa, esperando el reaul~do de la rnforma~16n abiert.a con motivo de aquellos
asesmntoa; pero al qutl}to día hizo una etaeapada y mató
otros doe soldadoa, valiéndose de la misma estratagema
Desde entonces ya no se contuvo.
·
Todas lu noches erraba por el campo matando pn1aianoa, tnn pronto aqnl como alla, rodando á In v~ntura
galopando á Ja luz de la luna por veredas desiertas com¿
un hulano cazador de hombres.
'
9oncluida su terrible faena, que dejaba tras él una tan•
gnent_a 81a de cadáyeres _sembradoa por loe camino■, el
tío M1lón ocultaba mvanablemente el uniforme y el ca•
bailo en la galería del horno de yeso.
A e~la ae encaminaba al medio día, llevando al caballo
la mc1~m ~e avena y aguo, abundante hasta la profusión,
pues si c~udaba con esmero al animal, ta111bién le exigía
on trabaJo duro y continuado.
La víspera, uno de los hulanos atacados ee dctendió y
de ~n S::Lblazo cortó In caro del viejo que á pesar de'la
he rida lo mató.
,
fero cuando fué ~ ocult.ar el caballo y 4 vertirae loe
guu1np~ que constituían sn traje habitual, le acometió
tal deb1hdii.d, que no pudiendo Jlegar á la Granja, (uese
arrastmndo hai;ta la cuadra, y allí le encontraron eneang-rentado, sobre un montón de paja ........ ..

'la

~!

•

Cuando terminó ef!l.e relato~ el tío Milón levantó de
pron~ la cabeza, mirando COJ? altanería á loe oficialee
prUBl&amp;Doe,
El coronel le preguntó:
-¿liada mú tiene usted que decir?
-Nada múa. &amp;,t,i la cuenta jOBte· he muerto dieciseis
hnlanoa; ni uno más ui uno menoeÍ
-¿Sabe usted que va á morir?
-.llo be pedido perdón.
-¿Ha sido UBted soldado?
-1!(. . .Me ~¡ en campalla hace ya tiempo. Vcectros
matáale•• á m, padre, qne loé soldado de Napoleón I· matásteia á mi hijo menor, Francisco, el mea pasado, )noto
, Evteux .. 0a la deb_ía y be pagado. &amp;ta1¡1os en paz.
Loa oficialee se nuraban.
El viejo continuó:
-Ocho por mi pedro y ocho por mf hijo. F.olamos en
~- Yo no 01 he buecaijo qperella. No oe conocía, ni ai•
qu1e1a aé de dónd~ venia. Aquf estáis en mi casa y_mandáis en ella como !l oa hallúa11 en la vúcetra. ;M.e he
vertPdo en loe otros y no me arrepienM&gt;.
Y enderezando el e11erpo, encorvado por la anquiloeis
crnzó el tío. Milón bt brazos, Jl(iopMmdo una postura d~
herce humilde,
~ prusianos d~utieron en voz baJa largo t.iemp..,. Un
C!'P•tán, que también hab(a perdido BU hijo el mea ante-n~r, defendía con cn;_lor la condu~ de aquel viejo. Termmada la conferencia, ee levantó el coronel y aeerc4n•
doee al tlo Mii6n, lo dijo muy q~edo:
'
-Faro.che usted; hay acao un medio de salvar sn vi..
da, yes.........
.
Poro el \'iejo no qniso oú; lija la vlsla en el oficial vencedor, mientru el viento agitaba loe cuatro desgretl1ldoa
pelos de an cabeza, hizo un gesto eepanl080 que crispó
aquella en&amp;quecida cara, cortada por el eablaio ·y enarcando el pecho, eacupl6 con toda sn fuerza en pleno roelro del pruaiano.
Loco
. ~ rla 1'fre~ta, levantó el coronel 1~ mano .........
y e1 v1eJo 1e e1Cup16 1a cara por segunda ves.
, Todos los ol!cialee ee levantaron y daban 6rdenea 4 un
l1empo.
.
En menos ~ un minnW el Uo Milón, impuible 1iem•
pre, fué empllJado oontra la pared v fusilado. no ■in en
v~ sonri1111.1 al eu hijo Juan, IL so nÜera y á 1~ doa niet.ec1toe, que contemplaban aquella "eaCUDa con extraviadoa
GDY

u: HAUPIJIIAll'l'.

LA CONCIENCIA..
Airade.lelllpeatad ee deealaba
Cuando de toscas pieles re\'l,stido
C,dn con au familia caminaba
Huyendo á la julticia de Jehová.
La noche illa caer. Lena la marcha
Al pie de una montana demrieron,
Y aquel homl&gt;re lat(dico, dijeron
SUB tristes bi}oe:-deecanaemoe )'L
Duermen todoo, excepto el fritlclda,
Que alza11do aua miradas hacia el anonte
Vió en el fondo del fúnebre borúonte •
Un ojo fijo en él.
Se eatremeció a..in y deapertando
A su famitiadel dc,rmir reacio,
Cual ainieatraa fantaamas del Odpaoio
Rert.ornaron A huir, ¡aoerte cruel!
Corrieron treiata JK&gt;Ohea y Blll días
Y p.Hido, e11.Uado, eln rep090,
'
'Sin mirar hacia atnle, y pavoroso
Tierra de Asanr pisú '
-Reposemos aqul...... Dénos 111110
&amp;ta.región OBpléndida del sueloy ni sentarse, la frente elevó al cielo
Y allí el ojooncontrú.
'
Entonces d. Jnbel, padre de aquelloe
Que en el desierto nabitan,-has, le dijo1
Qnesenrmeaqnfunati81lda-yel bneu b ijo
Armó tienda común.
-¿Todavfll lo veia?-preguntó Taita
L:.a uifta de la blooda cabellera,
'
La de faz como el alma plancentera.
Y C..!n reepondi6:-lo veo aún.
J ubal entoncee dijo:-una barrera ·
De bronce construire: tras ese muro
Padre, estará&amp; de la -viaión seguro· '
Ten confianza en mí'
Una muralla 88 €!levó altanera
Y el ojo eelaba alU.
Tubalcaín á fabricar ae pUBO,
Una ciudad gigante de la tierm,
Y, en tanto sus hermaoOB daban guerra
A la tribu de Seth y á la Eoós;
·
Poblando de tinieblas la campifla
1A sombra de la torre se extendía,
Y en la puerta gn1.b6 su altanería:
"¡ Prohibo entrar ti Dio&amp;!"
Un cast.illo de piedra, cuyo m"uro
A la altitud de una montana R!ciende
De la ciudad en medio ,e de1prende ,
Y ali( Cafu entr,J.
'
Tsila 11,ga !m5ta él, y, palpitante,
-Padre, le dice, ¿aun uo lVI, desparecido?
Y el anciano aterrado, conmovido,
:
Le responde:-no! no!
De hoy más qntero habitar bojo Ja tittrnt
Como en su tumbn el 1nuert-0-y presurosa
So fumilia cav6le una ancha fosa
Y ,1 ello descendió al fin.
Ha.a debajo esa bóveda sombría,
Debajo esa tt1mba inl1abitnble
El ojo estaba fiero, ine xorable'
Y miraba á C..!n. '
Yit.:T01:

Huoo.

�8

D1c11:.,11:1:1:,

1~:J.j,

Páginas extraordinariu8.

DOMIJ\GO 15 DE DICIE:\IBRE DE 1895.

~os cautivos

ae !@abilonia.

CUAUltO Ul!': JO.\Qt.;ÍX RAMlREZ,

(Fotografía proporcio11ada por el Ingeniero Fernando Ferrari Perez.)

~elleza inglesa, cu.a,dr~ por
(Grabado en los talleres de El Jlundo.)

N. ~lina.

Tomo IJ.-Nú:mero 29.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>8

D1c11:.,11:1:1:,

1~:J.j,

Páginas extraordinariu8.

DOMIJ\GO 15 DE DICIE:\IBRE DE 1895.

~os cautivos

ae !@abilonia.

CUAUltO Ul!': JO.\Qt.;ÍX RAMlREZ,

(Fotografía proporcio11ada por el Ingeniero Fernando Ferrari Perez.)

~elleza inglesa, cu.a,dr~ por
(Grabado en los talleres de El Jlundo.)

N. ~lina.

Tomo IJ.-Nú:mero 29.

�EL MUNDO.

18tl

Literarias.
No,.,~las Gfan{ásticas.
J'.... A

~IISA DE REQU:LEM.
Lo!&lt; mucrt(l~, lOli pobre,; muertOII,
!&lt;ufren grande,; clolore;,.

Díjose entonct-s que otros fieles habían tenido sin duda
el mismo pensamiento que él y que iba 1í encontrar.~e con
una reunión num1::rosa. Tal idea le reanimó y e~calú con
cauteloso pa:.:o el promontorio sobre el cual e.,.t:l edificada la iglesia de Qneye. Al llegar !Í la cima, viú bajo el
pórtico un \'Íl•jo '.-'acerdote de di~pl'r:.:;\ c:1.bellera qut: lleYaba un cirio encendido en la mano y qne le dijo con voz

profunda:
-Dios !-{·a loa&lt;lo; mucho tiempo h,í. que te eRperaba para que me ayuda.s;e:-1 la mi@:.\ ...... Higueme porque eR preciso que termine l!ntes dél alba.
De:.:puéR, empujando la puertn, atraveRÓ J:1 iglesia para
ir á la sacrifó:tfo tt vestinie loi;i ornamentos sacerdotales.
Al encontrarst- Hólo con el padre en una nrwe que había creído ll~na ele fiele:-, Cathalan, que maquinalmente se había arrodillado en la última grada del altar, ~e
rec-ogió inkntando comprender lo que pa!'=aba, pero no
tu tiem pn.
El oficiante le hizo, :'i. propúsito de h\ miim que iba á
decir, din:r:-as recomendaciones C'ntre otra.i:i, ttn:l. que le
turbú:
-Pien!'=u, le dijo, que de esto depende el rC'po!'&gt;0 de una
alma que debe serte cara ..... .
y COlllellZÓ la misa.

15 DICIEMllRE, Hs\Jf&gt;.

•

claridad errante que se fijó como una especie de aureola
sobre su frente, en el momento que con voz llenll. de la.
alegría del triunfo, prol)uncia.ba la fórmula del verdón
supremo: Cum Sane/is tuis iu at'ter,non, quia ¡¡i11r. f.'.
Cuando talei;: palabras vibraron eemejantes tí un onku•
lo venido de los confines de la eternidad, Pecho Catha.lan comprendió que el eacri6cio de expiación al cual de
una manera obecura se mezclara, había concluido en
aquellos moment&lt;IB.
El alma en pena, había acabado de expiar; había sido
libertada, reconquistada por las dos ltígrimas que brillaron un momento en los pálidos párpa.dof-1 del tSaccrdote.
Aquellas lágrima!'&gt; fueron el rt•f'cate del oh-ido, de la.
negligencia y los ojos que lmbfan llorado quedaban para
lo de adelant.e abiertos a In l•terna luz.

~o puedo IC'N jam:í:- ('se ver:-o &lt;le Baudelaire, Ain penear en una hi~toria qul' me refería mi abuela para probarme, decía ella, que dt-lwmos &lt;lmante nu&lt;'etra ,·ida cmnplir
exactfi.,inmmC'ntt• mu::-tr.u; obligacionc~, so pena de arras*"*
Acabada la misa., Pedro Cathalan salió de la iglesia y
trar con no?ntrn~, ha ... ta más allá ele la tumba, crueles
se detu,•o, muy pensativo, bajo el pórtico. La luz débil
cuida.do!i y largo:- !-11frimientos..
,·o
del alba., parpadeaba en el fondo de un cíelo pe:-ado, húLa escena pa,ió en una comarca agreste y patriarcal, en
la extensa y crt•tosa lnt':-,;eta 1¡ue domina al :\"ort.e el l!ano
medo, cargado de brunuIB.
Apenas podía.n distingui~e Ia.s primera!li tumbru; del
de Albi. La familia dt• mi abueln po:-;eia ahí y la hacia
cementerio. Ke hubiera. dicho que el sol vacilaba en suvaler de~de hací:t !-igln!&lt;, la ht1rediul dt&gt; los I!&lt;sarcli,, cuyn
vieja ca~m. ~nb!li:--te aún. Con!ltruida ca~i en la cima de
ceder á. aquella noche de hígrimas, de tri~tczas y de duelo.
De pronto, abrióse la puerta y el celebrante, despojado
una protuberancia, del terreno, desde donde la Yista ¡.,e
extendía por el valle del 1\irn, tiene, como todas las ande sus ,·estiduras sacerdotalc5.&gt;, reapa.rl'Ció .
*
-Te doy las gracias, dijo; debido á tí he podido decir
tigua!ól habitacione:a: rnrale8 dt&gt;l p:iíl'I, una galería de pilaAl mismo tiempo que procuraba. responder de la mejor
res sobre la fachada principal. Al rededor de las colum- manera pm-ible, Pedro Cathalan no podía menos que re- una misa para la cual, de¡;dc hace largos aíl.os, e:,,::peraba.
nas y á lo largo de h\ rampa, o::edei"enrrollaba, prendiendo flexionar y preguntarse especialmente por qué y para un ayudante. A tu piedad para con los muertos, debo
festone~, una parra que vendimiaban de generación en quién se decía aquella mi?a.
mi libertad ...... Tu t.ío rngad por tí en el ciclo ...... .
Por lo pronto, el celebrante no le traín ningnn recuer· Adiós!. .....
generación las gnllimt~, las palomas y los gorriones t::IHLmoradns de In rn.pifia ..\.. df'recha é izquierda, el palomar do; lo \'efa ::-in duda por primera ,,ez y además mny mal,
Y ein ~perar mtis, el viejo padre Ee alejó, con velocide t-echo :,gudo, coronado por nna vidriero verde, los po· :í la vaga luz de dm; cirios que ardían ~obre el ah.ar. Enl dad vivísima y los cabe\log a.\ viento.
zos cuyo brocal í:'i't.Í t•nsombrt'cido por una enorme hi- nn hombre alto, pálido, de cabellos blancos que flotaban
Pero después de haber an\.nzado 001110 ,·cinte pasos po~
gutcra y. :dredl!dor dt• loda la C:\Hl, alguno:- olmo!ól viejos,
sobre su-i esp~\dfüli y recitaba tus oraciones con ,·oz pro- el cement.erio, se detu,·o y desapareció de golpe, como s1
en cnya:-1 r,\nH\~ se enro!lab,rn ro!"ak•!i !"iln•!'=tres, mara•
funda, que retemblaba de una manera extraiía en la na- la tierra se hubiese entreabierto bajo sus pie!&gt;.
nas de laurel, c:-plil'J.!:º y romero.
ve ob:-cnra y deE=ierta.
Cuando se repuso de su emoción y de su as:ombro! Pe·
En aqu1•1\o,; p:uak..i creció &lt;lnrante Riglof-1 una raza de
So era, t•staba :-=eguro, uno de esos sacerdotes de:la co· dro Cathalan, recorrió e:l cementerio en todo:-i !-enudoo,
robm-to~ creyl•Utl'í" y de trab:1j::ulor&lt;'~ infatig~1ble~. Todos marca, que con peligro de sus ,·idas venían de ,·ez en no encontrando traza algunti de tierra íreecamente remotos Cathnl:m-tal era ,att nombre de familia-fueron sa• cnando di~frazados ti. consolar ú un moribundo ú :í. ben·
cerdote"! ú lal&gt;r,ldo1l'~. Xt'ct·:-~\ri.1 (•~ &lt;lecir quC' la idea decir la unión de dos corl\zoncs ju,·eniles. Teniendo en vida.
Todas las tmnl~as abandonada!', soca,·adas, ePlaban Ji.
religio!la luR t·nvolvfa por todas parte!", eRtando mezclada cuenta todas las consideracione!-! posibles, aquel hombre
gadas entre 8Í por ruda línea de er-caramujos y recubier~
cstrechamentt• con todo~ :-11..: acto~, con todos lo!- nconte
le era completameete de!-conociclo, r f'-in embargo, le ha- tas de espesas maraílas de ajenjo salvaje, sfmbolo de
cimientos de su \'ida i:encilla y frugal. DeRde los campos bía hablado en t(•rminos casi fa.miliares; l1Te esperaba,)i
la amargura, de la muerte mi~ma, a11wrii mltle. ~ero~~
que sembra.b:rn, di!-ting,1fan, a\11 lejo:-i, en el llano, la. forhabía dicho, y de!'lpués: .. pien.:aque m en e:-to el reposo el sitio en que el pa&lt;lre Cilthalan había de!-aparcc1do, v10
midable f'-ilucta de hi tatedral de A.lbi 1 que hablaba á. su de un alma que clebe serte querida,))
una florecit,1 agreste qu{•, en 111edic&gt; de aquella fría aualma por mini:-iterio &lt;lel sonido de HUI;\ campanas y de las
¿Quién era pues In pobre alma que aun no había pagarora, ncabab:i de abrir su c:íliz; la cort6 y b gu:HllÓ piareYerber,lciont·~ mi:..it~rio:-a~ &lt;le f'.US ,·idriera!". Le\'ai1tnban do su deuda? ..... .
Fuera de su tío el cura, cuyo ahijado era¡ pero del cual dosament.e entre dos p:ígina~ ele Fil libro &lt;le mh•a. Des·
la cabeza y sP dl'tenfan al i;:nbu del r-mco abierto para
pués temiendo que el dfa ll' :;orprencliera, ,·olviú t'i. t~m~r
respirar"? Instintirnmenle 8Ll mirada iba como a\'e viaje- no coni:cn•aba recuerdo alguno, Pedro Cathalan había.
el camino de los J..,:ard::•=i repasando t•n su mente los rnc1asistido
tí
todos
lo¡:
!-Uyos
en
sus
po:..itreros
momentos
y
ra á po!óiat'l:!e ~obre la alta torrt- d~ ~;rnta Ct•cilia, ó bien,
más cerca aún, ~obn• la iglei.ia de Queye, cuya:-; ruinas le había conmovido la tranquilidad y serenidad de su dentes de aquella noch~ para ~il'mpre inolvidable.
Al llegar, hall6 t'i. su mnjC'r en pil•, apoyrula en un pilar
ee levantaban s1Jbre t•I montículo opnP~to tl la ht•redad de muerte. ~u abuelo, su abuela, su pad~·e, su madre, hade la galería, inmóvil, como perJi&lt;la en t'I en~ueJio, con
bíanse
extinguido
dulcement.e,
casi
con
la
sonrisa
en
los
los Is.s.ird!-l.
labios, bendiciendo 6. eus hijos y diíndoles citas para los ojos fijos en el sol que !-e levant:tba allá .'i lo lejos, en
Tal igle:,ia, muy antigua, como lo indico. ian e.itilo roun rinconcito del cielo en d fondo &lt;le un pabellón de numano, debe !"11 nombre,¡ la tradiciún (confirmada por re- el cielo.
l
'na
de
~us
hermanas,
f:!egada
por
h\
Parca
en
plena
ju•
bes grises y roi-adas.
cientes de~cuhrimientos hi:..:túrico~,) según la cual, el ·
ventud, habi:\ muerto en olor de santidad, difundiendo
-Mira-le dijo ella, y con la mano le indicó un p:ijaro
campo rn medio del que se ele,·,\, em. en la época. galoen RU redPdor celeste aroma hasta la hora del entierro.
de grandes alas blanc.,s que rnlab..l hacia l'I sol.
romana •.in cementerio, un c,tmpo de repo~o, q11il'.'I q11eye.
Antes dt&gt; la Revoluciún, no sl'rda m:ís qne para las mi- TodoR habfan muerto como predestinado!-, con f~ ab:-oluY a.iíadió:
-Lo vf levantar~e de encima &lt;le la igle~ia de Queye y,
sas fúnebre~, &lt;ll' difunto:-1 ú de aniversario. ne C'sto Re co• ta en Dios y en la Yida fnLnra; habfanse dormido blanda·
mente, murmurando el Símbolo de loo:: ap6~toles con un después de haber girado l:'n l'I ain• 1 ilirigin:e al l...evant.-0.
legid. el estauo de abandono en que se hallaba en pleno
icEs un p,íjaro extraño, cual yo no había vif-lt.O otro jaTerror, en el momento en que r:e rl'aliznba el misterioso refkjo de inmortalidad en la frente.
De esas almas tan tranquilas ante la muerte, ¿cu,H era más; se diría algunas v~es que tiene alas de fuego; no
drama qne va 1i let.•r~l•.
pues la. que se hallaba en pena?
cesa de subir; un poco más y se confundir,í con el SOl,i ..... .
••
Instintivall1ente Pddro Cathalan volvió Yarias veces la
Desde aquel dfa la velada de Todos ~antos tuvo en el
En la nochl' del 1'.' al :! de ~oviembre de 1ifl3, entre
la fiesta de Todos ~,rnt.o!ó! y la de Jo3 )foert.os, Pedro Ca- cabeza en todas direcciones, como para buscar con la mi- caserío de los illards, un car,icter particular de gravedad
rada á. aquel por quien el eacrificio Re ofrecía. Pero la na- y misticismo. Antes de la oración de la noche, que reuthalan, el jefe de la familia de los l!':-t~rd?, seguía el cami•
ve permenecía sóla, cuendo menos en apariencia, porque nía á amos y criadofl, el abuelo contaba la historia de la.
no que conduce ii h igll'..:i,i d~ Queye. La cli:;tancia no
la puerta crujía sobre rns gosnes como f:li diese paso :\ una misa de Rer¡11inn de Queye y cómo l:'I alma del pobre paes grande, un kilúrnetm apena!;, pero el ¡.;uelo remojado
por las lltn-ia~ de otoiio, se había puest.o rt&gt;:-5b1loso y es- multitud, y el viento que penetraba por todas parU'~ traía dre, libertada al fin, habhi volado al Paraíso, bajo la forquejas, gemidoK que parecían salir de pechoP humanoe.
ma de un gran p:.íjnro de nlns blancas que fué á confunpesas niebla.'\ levant.iíkm~t&gt; dd arroyo que corre en el
)luchas veces, en tanto que seguía arrodillado cerca del
fondo del Yalle.
padre, había experimenlado verdadoros extremccimien- dirse con el Kol!
Jn10 Ro1.1 •. \~0.
Había. adem.is otroil ob.:,it:toulos que retardaban la marcha del excde:ite c,1mpe,,;ino. Halhib:tse profundamente tos al senti~e rozado sna,·emente como por id ala de un
( 7'rcu111ridr1 ¡xua «El Jf10Hfo•1 pnr ,t. Sfrru. )
contri~tado, no solamente por el recuerdo de aquellos t1. sér invisible, inmaterial.
E,·identemente, el sacerdote y él no estaban eolo!:-. No
quiene~ había perdido, sinotambien porh\consideración
de lo que en l:.t actualiJad p:l'\11ba, por la per::ecnción des· era aquella la fiesta de los muertos, 61 según la hermosa
expresión meridional, no era. aquella. la jitilll&lt;I de la11 alencaden'.lda contra la religión y las gentes honradas.
Soueto.
mtt/ll .Así, puel'l, it pesar de las apariencias, aquel!:\ 11a\'e
¿No se veía l'I obli~a.do, ú. causa de las de¡.;gracias de aque•
vacía
y
desierta
e:-taba
l
lC'na
de
millare~
de
ef&gt;píritus.
Ta-.
llos tiempos :i ir :--olo y en medio de la noche :í. pe&lt;lir alhí
Duerme en calma. Los sucilos son los mago!',
lejos por los pobn!s n~ucrtos, cuando en otrns épocas la dos los que, desde los tiempos más lejanos dormf:in en el
Que tranRforman la tt!Cl•na de la \'ida
parroquia entl.:'ra !;&lt;' dirigia. procesionalmente ú la igle8ia cementerio de Queye, en el campo de reposo, todoo
estaban ahí, aligerados de sus cuerpos y cubiertos de
Doloroi:a y cruel, en la flori&lt;l~\
y de ahí al CC'ment.erio, cantando himnos de e":&lt;piación y
Dulce edad Je cariños y de halago!'&gt;.
de esperanza? Qut'• viento de locura y de crimen habfa inmortalidad. Y acaso en tal hora, era él, Ped10 (.'athaDuerme en calma. Ul' Otelo los estragos
soplado eobn! la tierra, coní"triiién&lt;lole :'i. (,1 ,¡ ocultarse lan, el solo ,·i,·icnte en la iglesia, porque el padre mis·
mo, se moda con la ligereza y fluidez de un ser que no
No tema!-!. La csperan1.a que l•~ tu tgida,
para cumplir un deh?r !&lt;emej,1.nte'?
Como Venus, ya surge embellecida
Espemb:1 ,¡ lo meno.-! cumplirlo ~in peligro y volverá es de la tierra. En el Ofortorio, durante el lamtorio
de las m,mos, cuando eRtaban cara ,'i. cara él y el celebran•
De las níveas L'Spumas &lt;le los lago!-1.
los Is~ards antes &lt;lel alb:1.
te,
intent.6
sorprender
la
expresión
de
sus
ojos
hundidos
A Lohcngrin el cisne ;o conduce ........ .
1\-ias al franquear .. 1 puent.ecillo tendido sobre el arro·
El sahar:i tu honor y tu derecho;
yo, le pareció que alH arriba, las ,·ent.anns de la iglesia bajo los arcos de las cejas, pero en tal momento, una rá.En tanto, deja que Cupido cruce
estaban iluminadas y que oí:1 voce~ que cantaban los sal- fnga de viento sacudió las vidrieras del santuario Í! hizo
Con sus dardos las carnes de tu pecho,
vacilar la llama de los cirios.
mos penitenciales. In!&lt;tintiva.mente retrocedió algunos
En cambio, ad,·irt.ió perfectamente la ineh\ble emoción
Y esconde tu semblante que ¡;ie&lt;luct~,
pasos lllas ad d~I arroyo; las ventanas dejaron de brillar
del
\'iejo padre en el momento de la comunión y las dos
Tras las •!ancas cortinas de tu lecho.
y las voces s~ extinguieron. P~ro habiendo atravesado
QGIRISO ÜROÁZde nue,·o el arroyo, r..:aparecieron las clnrilades y reco• gruesas l.1grimas que rodaron de sns ojos al cáliz que con
mano temblorosa llevaba á sus labio!:!. Yi6, as! mismo, la
menzaron los cántico:;.

Drc1L\IBRE,

1895.

CANCIONES DE ESPAÑA
Para el álbum de autógrafos de mi distinguido amigo el scOor
FRANCISCO DI! LA BARRA.

Existe ea el salón de porcelana
Del Palacio Real, una Diana
Labra&lt;lti en alabastro. Es blanca y bella
La divina dencella.
Decora el borde fino de una mesa.
Al mirarla, he pensado
En la dulce princesa
Que allí la jC1ven frente ha reclinado,
Y en los gallardos pajes
Imberbes endimiones
Que llevaban antnfio {'n los ~alones
Las largas colas de los r(&gt;gios trajes.
RcnEs: D.\RÍO.
)ladrid, So,·iembre de ISO:?.

SU RETRATO.
¡He dsto su retrato! Eso me basta
para saber que sn mirada ca~ta
se refugiaba, al eRpinu el día,
y que sus labios hingnidos y bellos
estaban siempre tristl•~, porque en ellos
de otra existencia la no4algia habfa.

••

•

15

'

Aquella frente suya ele madona,
hecha parn cefiir una corona,
me produjo no @é qué desconsuelo,
y su imogen miré llena de encantos,
como miran loe niños .í los santos
ó se contempla por la tarde el cielo.
El mirar su retrato d:\ tristeza;
sin saber que ella ha muerto, se le rer.a;
y ¡ay! al saber de~pu(&gt;s que ya no existe,
quéda~e el corazon mu:-tio y sombrío,
pareci&lt;'ndose al marmol en lo frío,
y el otoñal crepúsculo en lo triste.
B liYRNE.

Un

santo.

\'i\·c bajo el f'-arnl &lt;le! !ranci!ó=cano,
En la lúbrega Ct'lcht de un convento,

Doncle tiene por único contento,
La dulce paz del comzón cristiano.
Entre las ondas del cabello cano
Que sombrean 1:1u r~tro macilento,
Brillar se vé RU puro pensamiento
Como un astro entrn nubes de verano.
.Frente al di:-co de fúlgida custodia.,
C:'i.ntico celestial su voz Ei•lmodia
O, como exangüe monje de Rivera,
Que siempre ,í. la tortura está propicio
Ciñéndm~e á las canll's el cilicio,
'
)!edita ante sagrada calavera.
J Ul,IÁ.N DEL CASAL.

LAGRIMASEl mar brillaba COJt h\ luz extrai\a
Que da el ocaso ,'i. la!ó= dormidas olas;
Los doi. 1 del pescador en la cabaíla,
Silenciosos est,íbamos y á solas.
Remontábase lenta. nube or;cura;
Tendía la gadotn el blanco vuelo¡
Y una lágrima hermosa, fr~sca y pura,
Bañó tus ojos y nubló tu cielo.
Miré, ansio8o, rodar por la mejilla
Y caer en tu mano aquella perla,
Y doblé, conmovido, la rodilla
Y con ardiente labio fu( á beberla.
Desde entonct&gt;s la frente doblo triste,
Late mi pobre corazón sin calma ..... .
Mira 1 desventurada, lo que hiciste,
¡Tu llanto em·enenóme cuerpo y alma!
E.s-mquE HEINE.

EL MUNDO.
Quizá dentro de poco, amada mfa,
Al ir alguna ,·ez al cementerio,
Ya encontrarás allí la humilde tumba.
en donde &lt;luerma yo mi l'ilt.imo sueno.
Y si piensas al ver en lo!-t gusanos
Yomces que andar.in sobre mi cuerpo,
No te entristezcas ni suspires: pien!:!a
Que descan8ando estoy del mundo al menos.
Que si en la tumba !:!e lo comen á. uno,
Aquí lo mismo, y con mayor empeño,
Sólo que aquí nos despedazan vivos
Y allí siquiera nos de\'oran muertos.
ADOLFO LEÓN Gó:w:z.

EL MUNDO.

187

=

El parricida @upo do:ninar::e, supo olvidar todo lo extraño del acontecimiento que presenciaba, subyugado imp.eriosa~uente por el iu~tinto de conserrnción, por el ansia de librarse de las garras de la ju:-ticia.
Yolvi6 ti meter el cnda,·er en el baúl, ,•oh·ió :t la estaTA es la historia que me contaron en el pueblo,
ción y se pu~o de nue,·o en viaje.
&gt;orboca del albéitar:
¿A dúnde iba? Lejo:;, muy lejos, ,¡ tierms extranjeras,
«Yivía en la ca~a un matrimonio bi.!n aveni·
1t
buscar
un rincón inc6gnito y una poúble sepultura.
nido, con un hijo que les debió de dar Dios en descargo
Yiajó mientras tuyo dinero. Ya exhau~to de r1.&gt;cursos,
de los pecados que pudieli\ cometer toda la familia. Creeligió cuidadosamente un lugar, y tornó á la tarea: hizo
ció el muchacho, le envinron 1t un colegio de la. capital
otra fosa, que rl!cibiú b::.-nigna el cuerpo de la mJ.rtil': pu•
de la provincia, esperando que le de1:-asnaran; pero no
so sobre la tierra una piedra enorme, y se alejú con zozohubo medio, porque la crituura em bestia de por sí, muy
bra volviéndo~e y mir,indob n•petida."1 veCi.'~. ¡Oh, dicha!
aferrada á RUS ideas y con pretensiones de saber todas las
~o se movía nada. E-.i¡1erú. Xada. Pudo marcharse 81\·
cosas y algunas máe: 88 llenó la cabeza de malos pen~ati:-fecho.
mientos ajenos, baraj1tndolos con los propios; leyó mu. Después de caminar una legu'.l, eintió alguna inquietud
chos libros que se le atragantaron, sin poder digerirlos, y
toda\'Ía: quiso cercior.\r:-:e, qui-io voh-er. Yoh·iú; mirúdescuando rnldó á la caRa paterna sólo fué para martirizar de lejos; todo permanl•cía tranquilo. Llegú hasta la. tumá sus padres.
ba: nada. Xada. Y de repenh•, con h\ ,·elucidad &lt;le un
Decía el muy burro:-«¡Yo soy un ente euperior! ¡Yo soplo, saltó el cad,iver f'.obrt' la tierm. Y estaba inmóvil,
uconozco la filosofía de Fulano y de 1\lengano! ¡Yo sé por
rígido, como quedó al recibir ld golpe mortal.
uquf! se me1.cla.n lo::; 1homos y por qué se Yerifican las evoEntonces comenzú para el parricida una peregrinación
iiluciones de la naturalez1. ! ¡Yo neceeiitoperíeccionar mis
asombro~a. Carga.do Cc)n el b.i·-"il quf' contenía el cuerpo
nestudios en una e:..icuela Rociaiit,,ta del extranjero! ¡Dad- de su madre, anduvo, andn,·o sin c,~'.-lar, legm\ tras legua,
1•me vuestros ahorros! ¡:--acrificao51 por mi porvenir!11
día tras dfa, nne\"O judío errant·J abrnmad•&gt; por el más
Y ta?:?.to elijo, que los pobres padres se sacrificaron por
atroz de los crímenes. Rindiéml,,se :í \.\ fatiga y a.l hamél, qued,1ndose ú la cuarta. pregunta. Se fué á París el
bre, se detenía de cuanJo en cuando ,'i. pt!tlir Jimo:!na¡ y
condenado, y su filosofía quedó reJ.ucida á gaRtarse el
se la daban, y comía, y continuaba sn camino. Cien vedinero, :í. pedir m,is y mús, y siempre más, sin sacian1e
ces intentó sepultar el cuerpo, y otra:i tant:\~ rechazó el
nunca.
cuerpo b i;epultura. H·\i;ta que un:\ ,·ez, de:,,iesperado,
Tanto pidió que los que le habían dado el sér vendieabandonó d cad:í.ver 1:-obrc l:i tierra y huyó precipitada•
ron casi todas sus bienes, contrajeron deudas, y de ,·ermente, huyó sin \·olYer l-'i ro:-trn, jumndo no retroceder.
güenza de no poderlas pagar, se murió el padre.
Cumplió su palabra: no retroceJió l'I infame. Aco~ado
Cuando io supo el hijo, exclamó filos6ficamente:por lr. necesidad, tornó á pedir limmma, y los que se la
11¡Bah ! Se habrá muerto de otra cosa: de vergüenza no se
daban le decían algo qne él no podía entender, porque no
muere nadie.u
En seguida pensó:-Yo tengo que heredar algo. Y se entendía los idiomas ex,ranjero~. .\.ndurn, andu,·o, dirigil'ndose, impnlf.iado por irref-liRtible fuerza;al lugar donpu~o en c,1.mino para reooger la herencia.
de cometió el n-iesinato, com&lt;&gt; hacen tod():,¡ los a:..:e:-,;inos
Cuando b madrt&gt;, !-Ollo1.ando, le dijo qne no habfa naque yo no temen ser de:-cubiertn~.
da que heredar, prorrumpió furioso el mur bruto:
Habían pasado muchos año:,,::; de sl•guro nadie le co..,o·
-¡Impo~ible! ¡En e:-ta c.1.:a había diae,:o!
-Todo se hn gastado l'll tu educación-repuso la rna- cería en ~11 patria; todos los contempor.lneo~ debían haber muerto de vejez.
d re.
f-;eguía pidiendo limos11&lt;1. y seguían dicil'n&lt;lolc palabras
-¿Y la caM?
-E?:tá hipoU:&gt;Cad,t en mucho mtis de su rnlor
que no entendía. Hasta que y..\ cerca de su hogar, una
-;)lentira!
·
mujc1· le habló en cn~tellano ...... y ¡ojalá no la hubiera
-¡Hijo mio, rn lo que dices!
entendido!
-¡)Ientira! ¡Yenga el dinero, ó juro que ...... !
Corrió, corrió, &lt;·ncamin:'indo!-e fatalmente ,'i. su pueblo,
Y levantó la mano.
y
llegó .í. él, y penelró de noche en ¡;,u ca!-a, que t:~taba
La sorpresa, el t-error, Ju angustia 1 cammron un efecto
terrible en la pobre y deevalida anciana. Miró á su hijo abierta, abandonada, tranquila, lo mismo que la hubo
con singular espanto; cayú al r-melo, dctima de un acci- dejado al emprender su largu \'iaje.
¿Qué hnbía ocurrido? ()uanclo loi, acn~edore~ trataron
dente, y al caer, se rompió h\ cabeza contra las baldosas.
de atlju&lt;licar h\ cas,l al mejor postor, o~·eron !-U!lpiro~ mis.-\.~f murió aquello. infeliz. Cmuvio el hijo la \'iÓ bien
teriosos que brotaban de las baldosas, y todo el pueblo
muerta, bien inmóvil, bien frfa ...... sintió de golpe toda
se asustó 1 y de-de entonces quedó la ca:-a inhabitada.
la enormidad de su delito; cayó redondo como si Je huEl criminal, ignorando esto y sin dnr::¡e cuenta de lo
bieran dado un martillazo en los sesos.
que habría podido ocurrir, creyó ha~r encontrado un
Pero no murió, por su de:::,·entura. Recobró el sentido
refugio, y i-e Lranquilizó repentinamente. Durmió en
y al contemplnr al cad:lver de su madre le eobrecogió un
calma, quizá. por la wz primera dura.nte muchos aiíos, y
miedo horroroso; miedo por lo que había hecho; miedo
al amanecer se determinó :i ¡.;aJir ,'i. la calle. ¡Xunca lo
todavía mayor, aunque parezca increfble, por tener que
hubiera hecho!
habérselas con la justicia de los hombres.
Todos los vecino~ del pueblo emn nue,•os para él: casi
Y tuvo una idea diabólica:
todos habfan nacido durante su ausencia. Pero mujeres,
-Para que no me persigan, se dijo, fingiré que voy á
hombres, así los ancianos como lo~ jóYenes y los niílos,
viajar con mi madre; sacaré su cuerpo en un cofre y lo
se apartaban al verle, y decfan lo que le había dicho
enterraré muy leja:.: de nauí.
aquella mujer, lo que le habían dicho tantas Yt'Cl'ft ea
Lo hizo como lo pensó. Antes de amanecer huyó de la idiomas extranjeros: icJ.;;.1" e.~ d (Jllf 111,,t,', á x11 uuulrl' !I ,w
casa, lle\'ando á cuestas el banl que contenía el cuerpo
ptmil' enlrrratla.11
de la víctima, y dejú escritas en un papel estas pala.broa:
Muchos le daban limosna, diciéndole con indiferencia:
uPara que nuestros acreedores no tengan que molestar-Para que la entierres.
se poniéndonos en el arroyo, dejamos la ea.ea sin despeYng6 el miserable por el pueblo, como alma condena•
dirnos de ninguno.n
da, y no teniendo ya fuerzas para resistir ni jut::\to castiLlegó lila estación del ferrocarril, entregó su carga cogo ni resolución para aumentar su Cl'imen quitándoHe la
mo equipaje, y ,t medida que el tren se alejaba del pue•
vida, crey6 aliviar sus pena:- recorriendo U.e nuevo el
blo, respiraba el asesino con más tranquilidad.
mundo, y se puso en camino.
-Ya una legua, do!=I, cuatro, quince ...... Ya estoy fuera
Y le persiguió el anatema por todas partes. ¡Ay! ¡Ya
de la provincia ...... Ya entro en otra donde no me conoeate11día las palabras de todos, aunque le hablaran en los
ce nadie ...... Ya podré enterrarla sin temor y vivir seidioma:s mltS extraílos!
guro.
y andando, andan&lt;lo sin cesar, llegó al sitio donde ha-Así pensaba el mom;truo, ca.si libre de remordimienbía dejado el cad:i\'er de su a1adre. Estaba allí todavía,
tos.
inmó\'il, rfgido, incorrupto, como quedó al recibir el golEscogió un lugar ~olitario, cerca de unn. estación poco
pe morrnl.
frecuentada, en la cual se apeó con su equipaje.
~ntonces tuvo el criminal una inspiración: echó sobre
Diciendo que iba 1'i. dirigirse á. una aldea. próxima, lle· su:- hombros el cadáver y anduro, anduvo de:-andando el
gó, amparado por la noche, al sitio escogido: abrió an• ca ino, recibiendo limosnas que ya le daban l:!in zaherircha. fosa con sus mano¡.;, sepultó concienzudamente elca• 1e1111hasta que llegó lÍ su tierra, al campo~anto de su 1meda ver, echando tierrn, mucha tierra; y encima de la tie•
blo, y junto al caJ.:l\·er de su padre dió al de su llladre
rra, piedras; y encima de las piedras, arbustos, formancristiana
sepultura.
do una tumba tan disimulada que sólo Dios, que lo ve
Cuando vió que no se movía nada, que el cuerpo per•
todo, habría conseguido descubrirla.
manecía taanquilo l1ora~ tras horas, rompió á llorar amarTerminó su obra en hora y media, y satisfecho, al alegamente y cayó de hinojos diciendo:
jarse volvió los ojos para cout.emplarla, ya que un claro
-¡Perdón, madre mía!
rayo de luna le ofrecía tao grato espectáculo. Mas ¡oh in•
El imbécil no lo había dicho jamás.
concebible sorpresa! ¡Oh maravilla! ¡Oh profundo esEntonces Dios se apiadó de su alma Y le hizo morir so•
panto!. ..... El cad1her estaba sobre la tierra, inmóvil, rí•
bre la tumba de sU:i padres.))
gido, como quedó al recibir el golpe mortal. Surgía de b.
ALFO.SSO LUNOS.
iumba, negándose á permanecer en ella.

LA CASA DE LOS SUSPIROS.

�15

DICIEMBRE,

1895.

15

DICIEMBRE,

18\/5.

ELl\IUNDO.

9Ja,naJ promtnenteJ

d~
,_;:-'

;,,'.

11ueJt,ro paLJ.

'

....

Srila. Dolor•s Guoaoa

Srila . Nofugio [b}arlin Sáncqoz

DE LEOX.

DE LEOX,

(Fotngrafía de l\Ianuel J. Orozco.)

(Fotografía de José L. Ortfz.)

$1 libro abierto, cuaaro ae Gllberl rooore.
{Grabado en los talleres de El Mundo.)

$rila. $lisa (Zaslanoao
DE SAN LUIS POTOSI,

(Fotografía de Emilio G. Lobato.)

$rila. '0ic!orla '!'apia
DE

nl'HAN"Gf1.

(Fotogrn.fín J. E. Bnrney.}

�190

EL -'lUNDO.

lsiterarias.

r

El enferrno.
T A aventura m=rió en ISSZ.
Acaba de instalarme en el J'incún lle un wagón
acío y había cerrado la puertecilla1 cuando vold&amp; &lt;Í. abrir~e bruscamente, y oí unn \'OZ que de-

.
cía:
-Cuidado, eciinr, f'Stamos jnstamenteen un cruzamiento de líneas y el estribo es rnny alto.
Otra voz respondió:
-:Xo t&lt;.'mflS, [,nrem:o, me he c0gido de las manija!'!.
De:,put's apareció una. cabeza cubiert'.l de un sombrero
redondo, y dos manos aganándose 1í. las cinLas de cuero y
de paño, pendientes :i los lados de la portezuela, sus}X'ndieron lenta111ente un cuerpo, cuyo!'! pies hicieron en
el estribo el ruido &lt;le un bastón quegolpeaha en el suelo.
Cuando t&gt;l hombre hizo entrar el dor~o en el departamento, \'Í aparecer en el paño flojo del pantal(m el ex•
tremo ele mm pierna de • madera barnizada de negro, ú la
cm1.l otro mazo sígui6 bien pronto.
Apareció un:1 cabeza detrAs del viajero y preguntó:
-¿8:-t,í, n!"ted bien st-fior?
-Si, mi querido.
-Entonces aquí tiene usted sus paquetes y sus muletas.
Y un criado que tenia el aspecto de soldado viejo, su·
bió ,í, ~u ver. llevando en los brazos un conjunto de cosas
envueltas en papeles negros y amal'illos, atados cuidado•
eament-e, y las colocó una tras otra en la red, encima de
la cabeza de su amo. Después dijo:
-Hé aquí, sefior, esto es todo. Hay cinco. Los dul•
ce~, la muñeca, el tambor, el fusil y el pastel de hígado.
-E1-t:l bien, mi querido.
-Buen viaje, r-eñor.
-Gracia~, Lorenzo; que estés bién.
El criado salió cerrando tras sí la puerta, y yo miré á.
,t mi ,·ecino.
Tendrfa treinta y cinco anos, aunque sus cabellos e&amp;ta•
ban casi blancos: estaba condecorado; con grandes biga•
tes, gordo, con esa obesidad potente de un hombre ac•
tirn y fuerte á quien una enfermedad obliga á, la inmovi•
liclad.
Se enjugú la frente, suspiró y mirándome cara ú cara:
-¿El humo molesta á usted, sefior?
-.Xo, sefior.
Esa mirada, esa voz, esa fisonomía, yo la conocía. Pe•
ro ¿cuando y dónde? Verdaderamente yo le había visto,
le había habiado, le había estrechado la mano. Esto ha•
cía mucho tiempo, muchísimo, y todo eso se había per•
dido en esa bruma, en que el espíritu parece buscarátien•
tas los recuerdos, y los persigue como fantasmas que hu•
yen, sin poderlos coger.
El también me miraba de hito en hito, con la te1mci·
dad y la fijeza del hombre que se acuerda un poco, pero
no bien.
Nuestros ojos, molestos de ese contacto obstinado de
las miradas, rnlviéronse á otra parte; después, á los po-cos segundos, atraídos de nuevo por la Yoluntad obscura
y tenaz &lt;le la memoria que trabaja, se encontraron de
nuevo y le dije:
-Por Dios, señor, en lugar de estar mirándonos furtivamente durante una hora ¿no sería mejor buscar jun·
tos donde nos hemos conocido?
El vecino respondió con llgl'ado:
-Tiene usted mucha razón, señor.
Díle mi nombre.
-lfe llamo Henry Bonclair, Magistrado.
Dudó algunos momentos; después con esa vaguedad de
los ojos y de la voz que acompaña á esas tensiones del
espíritu:
-Ah, perfectamente, lo he visto á usted en casa de
Piucel 1 hace mucho tiempo, á.ntes de la guerra, hace do·
ce afios de est-0.
-Sí señor ......... Ah, ah, ¿usted es el lugar.teniente RevaliCre?
-Si.. .... l&lt;'uí el Capitán Revali~re hasta el día en que
perdí los pies ...... ambos á. la vez al pasar una bala.
Y nos miramos de nuevo, aunque ya nos conocíamos.
Me acordaba perfectamente haber visto ,t este joven
buen mozo, elegante, dirigendo los cotillones con una li•
gereza .ígil y graciosa y á quien llamaban creo 1,La trom•
ha.u Pero tras esta imagen, perfectamente dibujada, flo•
taba algo indeciso, una historia que ya había sabido y
olvidado, una de esas historias á las cuales presta uno
atención benévola y corta y que no dejan en el espíritu
sino una huella casi imperceptible.
Allí había amor. Yolvía á hallar la sensación particu•
lar de él en el fondo de mi memoria, pero nada más, sensación comparable ai la que produce en la nariz d~l perro la huella de Ja ea?.a en la tierra. Popo á poco, sin embargo, las sombras fueron desapareciendo y la figura de

una joven surgió ante mía ojos. Después su nombre bri•
116 en mi memoria como un petardo que estalla: la seno.
rita de Mandat. )le acordé entouces de todo. Era en efec•
to una historia de amor hasta común, si se quiere. Se
amnban cuando los conocí y se hablaba de su próximo
matrimo11io. Pnrecfa que ellos estaban muy enamorados
y muy felices. Lernnté los ojos ti. la red donde todos los
paquetes, traídos por el criado de mi vecino, Re sacudían
con el movimiento del tren y me parecía oír la voz del
sir\'iente como si acabara de hablar.
Habfa dicho;
-Ahi ei:t:í, ~enor, es&lt;&gt; es todo. Hay cinco: los confites,
la mufteca1 el tambor, el fusil y el pastel de hfgndo.
Entonces en 1111 segundo se compuso y se desarrolló de
mi cabeza un poema. Se parecía ú. todos los que había leí•
do en que, ya el hombreó ya la mujer, se casan con su
prometido ó prometida después de Ja catústrofe corporal
6 financiera. Este Oficial, mutilado durante la guera, ha•
bía vuelto il hallar despnés de la campaiia la joven que
se le babía promet.ido, y cumpl ienclo su juramento 1 se ha~
bfa casado con el.
l\Ie parecía esto bello, pero sencillo, como halla uno
sencillos todos los desenlaces y todas las abnegaciones de
los libros y del teatro. Parece siempre, cuando uno lee 6
escucha esos ejemplos de magnanimidad, que uno r,:e sa•
criticaría en igual caso con un placer lleno de entusiasmo
y con un ahínco magnífico. Pero se pone uno de muy mal
humor al día siguiente, cuando 1111 amigo pobre se acer·
ca á pedirle prestado at~lln dinero.
Después, otra suposic16u menos poética y más n·alista
substituyó á la primera.. Quid se habrían casado antes
de la guerra, antes del espantoso accidente de aquella ba·
la que le cortó las piernas, y ella, desolada y resignada,
había debido recibir, cuidar, consolar, sostener,¡ ese ma.
rido que había partido fuerte y hermoso y había vuelto
con los pies destrozados, despojo repugnante entregado 1l
kl inmovilidad, á las cóleras impotentes, la obesidad fatal.
¿Era feliz 6 desgraciado? Sentí un deseo débil al prin•
cipio, desl,iués fgrande, ILwgo irresistible, de conocer su
historia, de saber á lo menos los puntos principales de
ella, que me permitiesen adivinar lo que no pudiera 6 no
quisiera contarme.
Le hablaba pemando en eso, habíamos cambiado al•
gunas frases banales, y yo con los ojos fijos en la red.1
pensaba: tiene pues, tres hijos: los dulces son para su es·
posa, la mulleca para la niña, el tambor y el fusil para
los niños y el pastel parJ él.
De pronto le pregunté:
-¿Es usted padre, seflor?
Respondió:
-No, sefior.
Me sentí confuso como si hubiese cometido una im•
prudencia y repliqué:
-Pido á usted perdón; lo había pensado al oír á su
criado hablar de jllguetes. Oye uno sin escuchar y saca
conclusiones á pesar suyo.
Sonrió y murmuró:
-No, ni aún me he casado; me quedé en los prelimi•
Qares.
Hice como que me acordaba en ese instante:
-Ah ......... es cierto, usted estaba comprometido cuan•
do lo conocí, comprometido con la seño1·ita de Mandat,
según creo.
-Sí sefior, su memoria es excelente.
Tuve una audacia exceüva y agregué:
-Sí, creo acordarme tambien de haber oído decir que
la señorita de Mandat se había casado con el señor ...... señor ........ .
Pronunció tranquilamente éste nombre:
-El señor de Fleurel.
-Sí, exactamente. Sí.. .... me acuerdo aún á propósito
de esto haber oído hablar de la herida de usted.
Lo miré de hito en hito y él se sonrojó.
Su cara llena, abotagada, que la afluencia constante de
la sangre teñía de color de púrpura, se tiñó aun más.
Respondió con vivacidad, con el ardor de un hombre
que ve la causa perdida en su espíritu y en su corazón,
pero que quiere ganarla ante la opinión.
-Han hecho mal 1 señor, en pronunciar junto con el
mío el nombre del señor de Fleurel. Cuando volví de la
guerra sin mis pies, ¡ay! yo no habría aceptado de nin•
guna manera, ni por ningún motivo que ella hubiese si•
do mi esposa. ¿Era eso posible? Cuando una se casa, se•
fiar, no es para dar ejemplo de generosidad: es para vivir
todos los dias, todas las horas 1 todos los minutos, todos
los segundos al lado de un hombre; y si ese hombre es
deforme como yo, ella se condena casá.ndose con él, á un
martirio que durará hasta la muerte. ¡Oh! yo comprendo
yo admiro todos los sacrificios, todas las abnegaciones,
cuando tienen un límite; pero no admito que una mujer
renuncie á toda una Tida que espera sea de felicidad, á
todos los goces, ú. todos los en suenos, únicamente por exal
tar la admiración de la gente. Cuando oigo en el piso de
mi cuarto el ruido de mis pies de madera y de mis mule·
tas, con ese ruido que produzco á cada paso, tengo tal des·

15 Dwrm,mRE, 18U5.
esperaci6n, que me pro\·oca edrangular á mi c1 iado.
¿Cree usted que deba acepllll' u11ode una mujer qtu'J tolere Jo que uno no sufre de sí mismo? ...... Y además, ¿se
imagina usted que sean muy bonitas mis piernas de ma·
dera?
¡Se calló! ¿Qué decirle? Hallé que tenía razón. ¿Podía
yo censurar, de:;preciar, siquiera pensar mnl de esa mujer? No. ¡Sin embargo! El desenlace, conforme á la re•
gla, ti la verdad, á lo real no satisfocfo mi deseo poético.
Esos muñones heroicos pfülfa.n un hermoso sacrificio1 y
yo experimentaba '&gt;':IH\ decepción.
Le pregunté inmediatamentt&gt;:
-¿La senara de Fleurel tien~ hijo~?
-Sí, una nifia y dos niño~. Es para ellos para quienes
llevo esos jugueties. Su espo5o y ella han sido muy bue·
nos para conmigo.
El tren subió la pendienLe tle Saint (~ermnin.
Pasó los túneles, llegó á la estación y se detuvo.
Iba :l ofrecer el brazo para ayudar en la bajada al ofi.
cial mutilado, cuando por h portezuela abierta dos ma•
nos se dirigieron hacia él.
-¡Buenos días, mi querido Re\·aliére!
-¡Ah, buenos dias, Flelll'el!
Detrás del hombr~ la mujer sonrefa, radiante, todavía
jo,·en, enviándole un Raludo con sus &lt;ledos cubiertos por
los guantes. A su lado una niñí\ s:iltaba de gozo y dos ni•
iios mimban con ávido1! ojos el tambor y el fusil quepa•
eaban de la red del rngún á las manos de su padre.
Cuando el enfermo estuYo sobre el muelle, todos los ni•
ñas lo abrazaron. Después ~e pusieron en marcha, y la
niña, por amistad, tenía en su pequeña mano el atrave•
safio barnizado, de una de las muletas, como habría podido tener caminando ,¡ su l.1do 1 el índice de la mano de
su grande amigo.

"é\'IIRTJ:--IO.
Yo ¡.:oy el que espenibas ...... vén! Gallarda
Surge con blanca túnica cubierta;
.Adormido tu espíritu me aguarda
Y yo digo :i. tu espíritu uDespierta!,,
.Acércate! Dios quiso que te quiera
Porque no te comprenden los pequeflos;
Yengo :í ocupar el trono que me espera
En el m:ígico alcázar de tus suefios!
A.mame! Soy aquel que tú mirabas
En las noches serenas del Estío,
Cuando tu vista liinguida fijabas
Trémula de pasión en el vacío.
Yotambien te soñé cual me soñaste;
Con el buril sublime de la idea
Tus formas delineaba, y tú brotaste
Como surge del rn1írmol Galatea.
Así ...... morena ...... así, negro el cabello
Descendiendo en sedosas espirale!:!,
Con ese cast-0 y torneado cuello,
Con tu~ trémulos labios de corales.
Te había sonado así: nerviosa y alta,
Diú.fauo el cutis sonrosado apenas,
Con yo no sé qué luz que hierbe y salta,
En las azulee curvas de tus venas.
Negros tus ojos que el amor agita,
Con algo de Julieta enamorada,
Y más negros aún cuando palpita
Desdémona celosa en tu mirada.
Yo te amo! Vén conmigo] Para amarte,
Toda mi alma de poeta guardo,
Porque siento en mi espíritu al mirarte
La frenética fiebre de .\.belardo.
Vén! Vénl que nuestras almas abrazadas
Dejen la tierra do lloré proscrito,
Y crucen, por un Yértigo llevadas,
Cual Paolo y Francesca. el infinito.
Xadie puede decirte lo que ahora
Quedo, convulso de pasión, te digo;
Tu naciste con alma soi\adora
Y no puedes vivir sino conmigo.
Yén! tu mejilla como flor temprana
Al soplo del rubor se colorea,
Porque tienes el alma de Susana
En plástica forma de Fl'iuea.
Yo te daré cuanto tu amor soñaba;
Todo conmigo realizarlo puedes;
Te haré beber el néctar que escanciaba
En la olímpica fiesta Ganimedcs
Quiero estrechar tus manos palpitante,
Y para darte al porvenir te llamo,
Que si me falta voz para ser Dante
Tú eres m:is gra'nde que Beatriz, y te amo!
MA:SUELGUTIEHREZ NÁJERA.

..

15 DICIEMBUE, J8!J5.
EL J\1 U.NDO.
= = = ~ = = = = = = == == = = = =

$1 espejo

I

ae WatSU)?ama.

C II O tiempo há, vi vian dos jóvenes esposos
n un lugar mny apartado y rústico.
enían una hija y ambos la amaban de todo co•
rJ.r.ón. No diró los nombres de marido y mujer, que ya
cayeron en olvido, pero diré que el sitio donde vh•ían, se
llamaba u)fatsuyama,u en la Pro,·incia de Echigo.
Hubo de acontecer cu.tndo la niña em aún muy pequeñita, que el padre se vió obligado tl ir ,i la ciudad capital
del imperio. Como era. tan lejofl', la madre ni la niña podían acompañarlo y él ~e filé solo, despidi('ndosede ellas,
y prometiendo traerles ,¡ la niclta muy lindos regalos.
La. madre no había ido nunca más albt de la cercana al•
dea y así no podía deshechar cierto temor al considerar
que su marido emprendía tan largo viaje; pero A-1 mismo
tiempo sentía orgullo!-a satil-'fo.cción ele que fuese él por
todos aqnellos cont-0rno~, el primer hombre qua iba ,t la
rica Clutlad, donde et re y y los magnates habitaban, y
donde había q_'ue ver tantos primores y mar:willne.
En fin, cuando supo la mujer que \'OIYfa su marido,
Yistió 1í la nifia de gala, lo mejor que pudo, y ella se vis•
tió un precioso traje azu I que sabía.que :t él le gustaba en
extremo.
No atino á encan•cer el contento de esta buent1 mujer
cuando vió al marido volver ;í, cai,:a sano y salvo. L1.chi•
quitina daba palmadas y sonreía con deleite al ver los
juguetes que su padre lo trajo. Y él no se hartaba de contar las cosas extraordinarias que habfa visto durante la
peregrinación y en la capital misma.
A tí, dijo á su mujer, te he traido un objeto de extraño
mérito; se llama espejo. )Iírale, y dime qué \'es dentro.
Le dióentonces una cajita chata, de madera blanca,
donde, cuando la abrió ella, ('ncontrü un disco de metal.
Por un lado era blanco como plata mate con adorno:1 de
realalce de p:ljaros y flores, y por el otro, brillante y pu·
!ido como cristal. Allí miró la jo,·en esposa con placer y
asombro, porque desde la profundidad vió que la miraba
con lábios entreabiertos y ojos animados, un rostro que
alegre sonreía.
-¿Qué ves? preguntó el marido encantado del pasmo
de ella y muy ufano de mostrar que había aprendido al·
go dL1rante su ausencia.
-Veo una linda moza que me mira y me mue,·e los
labios como :::i habla&lt;:e, y que lleYa ¡caso extrafio! un ves•
tido azul, exactnmentecomo el mío.
-Tonta, es tu propia ..:ara la que yes, le replicó el ma•
rielo, muy satisfecho de snbf:r algo que !:lU mujer no sabía. E!-e redondel de metal , se llama e!-pejo. En la ciu•
dad cada persona tiene nno, por 1nc1s que nosotros aquí
en el campo no los hayamos visto hasta hoy.
Encantada la mujer con el presente, pa&lt;:ó algunos dias
minínuose casi á cada momento, porque, como ya dije,
era la vez primera que había Yi,._to nn espejo, y, por con•
siguiente, la imagen de su linda cai11.
Considerú, con todo 1 que tan prodigiosa alhaja tenfa
sobrado precio para us;irla de diario, y la guardó en su
cajita y la ocultó con cuidado e·1tre sus más estimables
tesoros.
Pasaron afias, y marido y mujer ,·ivían aún muy dichosos. El hechi7.o de su vida, era la niíla, que iba ere•
ciendo y era el vivo retrato de i::u madre y tan carifioaa y
buena, que todas la amaban.
Pensando la madre en su propia pasajera rnnida.d al
verse tan bonita, conservó recedido el espejo, recelando
que su uso pudiera engreír á la niña. Como no habló
nunca del espejo, el padre lo oh·idó del todo. De esta
suerte se crió la muchacha tan eencilla y candorosa como
había 1&lt;ido su madre, ignorando· su propia hermosura y
que l.~ retlejaba el espejo.
Pero llegó un clia en que sobrevino trem&lt;:ndo infortu•
nio para esta familia hasta entonces tan dichosa. La ex•
celente y amorosa madre cayó enferma, y aunque la hija
la cuidó con tierno afecto y solicito des,·elo, se íué eru•
peornnclocada vez más hasta que no qued6 esperanza, si•
no la muerte.
Cuando conoció ella que pronto debía de abandonar ,l
su marido y :í. su hija, se puso muy tristf', afligiéndose
por los que dejaba en la tierra y sobre todo por ln nifia.
L3 llamó, pues, y la dijo.
-Qut'rida hija mía, ,va ves que estoy muy enferma y
pronto voy :i morir y :i. dejaroi; ::olas t't tí y á tu padre.
Cuando yo deFmparezca, prométeme que te mirar.is en el
espejo todos los dias al despertar y al acost:i.rte. En él me
verÍte y conocenIB que &lt;!t!toy siempre velando por tí.
Dichas e!'-tas palabras le mostró el i::itio donde se ha·
liaba ocL1lto el espejo. La nil1a prometió con lágrimas lo
que su madre pedía y ésta, lr:mquila y resignada, espiró
ápoco.
En adelante la valiente y virtuosa niña no olvidó el
precepto materno y cada mañana y cada tarde tomaba el
esptijo del lugar donde estaba oculto y miraba en él por
largo rato é intensamente. Allh·efa la cara de su perdida

madre1 brillante y r-onriente. Xo estaba p,ílida y enferma
como en sus últimos días, sino hermmm y joven. A ella
confiaba de noche sus úisgustos y penas del día; y en ella
al despertar, buscaba aliento y cariño para cumplir con
sus deberes.
De esta manera vivió la nifia, como vigilada por suma•
dre, procurando complacerla en tocio como cuando vivía
y cuidando eiempre de no hacer cosa alguna que pudiera
afligirla 6 enojarla. Su m1.ls puro contento era mirar en el
espejo y poder decir: ¡¡madre hoy he sido como ttl quie•
res que yo sea!!
Advirtió el padre nl cabo que la niña se mirnba sin fal•
ta en el espejo cada mafiana y cada noche y parecía que
c01n-ersaba con H Entonces le preguntó la causa de tan
extraña co11ducta.
La nifia contestó:
-Padre, yo miro todos los días en el espejo para \'er á
mi querida. madre y hablar con ella.
Le refirió adem,í.s el deseo de su madre moribunda y
que ella nunca había dejado de cumplirle.
Enternecido por tanto senciller. y tan tierna y amorosa
obediencia, virti6 ltigri nrns de piedad y de afecto. Y
nunca tu\'O corazón para ·descubrir :i su hija qne la imagen que veía en el espejo era el trasunto de su propia dulce figura, qne el poderoso y blanco lazo denmor filial ha•
cía cada vez más semejante :í la de su difunta madre.
JCAX VALER,\.

JORGE ISAAOS.
FRAG)rn\'TO!:i nm, j/lDll . 10 l'ÓliTDfO, 11
"Ln patria de ln nrn-ia e&gt;s;tá de ílestn."

¿C6mo puede estar muerto el que da Yida;
El que agitando el alma entum~cida
Nos fuerza ,í, ver, amar, gozar 1 gemir;
s~1 f:angre inyecta en nuestra vieja herida
Y hace hasta nuestros mnertos revivir?
¡ Llorar la vida! ¿Es ésta vil redoma?
¡,El vaso es néctar? ¿el bagazo es poma?
¿Incienso el humo ó refulgencia el gas?
¡Oh! nó. La lur., el gllsto, el ca.&lt;:to aroma,
Allí est.á. todo. Es nada, lo demár-.
Devorad, oh gusano!!, carne y hueso!
¡CmU gozan\, ya emancipado el preso,
Si á ver alcanza el sórdido tropel!
Poi vo de todos y de nadie es rJuJ,
Sólo su canto, sólo su alma, CR N.
Cual se reparte al viento, gota á gota,
La catarata, y entre palmas flota
Sobre el abismo que ii\•ido la ,·e,
Así el poeta en cada compatriota
De su ancha pal rin de entm:.iasmo y fe.
¡Oh comunión maravillosa, inmensa,
Un alma. que por mil contempla y piensa!
Y corazones mil que amnn en dos!
lié allí al poeta, al que en su ser condensa
La humanidad, re,·erberando :i Dios.
Como Jesús en la sublime Cena,
Ya el vate, él mismo, en alma f':e nos clió
Con el pan de sn amor y de su pena..
.Al reunimos 1 sn espíritu nos llena,
Y entre nosotros, hasta el fin, quedó.
RAF.\EI, POllBO.

l.::¡,E.

A MARIA.
·•Los suspiros son aire y ,·anal nire.''

Triste es saber que es humo la ventura,
Kada el amor, la dicha pasajera,
El llanto que consuela la amargura
Agua que al mar dirige su carrera.
El suspiro fugaz, perdid-i nota,
La frase de cariño, una mentira
Que si hoy ardiente de los labios brota
Luego en la nieve de la ausencia espira.
¡Y todo aeí! el corar.6n que siente,
Que sufre y ama, que de sneños vive,
Ni "11 suspiroP: el alma manda ausente,
Ki en ellos parte de otro amor recibe.
Oh Becquer! no esparsas la. tristura
Que rebosando el corazón destila,
Deja que el alma sueñe en la ventura
De una existencia celestial, tranquila.
Y que siga la fé, la hada divina
Derramando su luz consoladora,
Mientras In alondra ell el ramaje trina
Y estalla el verso al despertar la aurora.
Do~ATO MÁIQUEZ.

l!Jl
El Espejo.
¡Cristal que, libre del destino adverso,
Tiernas sonrisas arrancarle puedes
A la verdad que en caprichosas redes
Aprisiona la paz del universo!
Y aun logras m,ls; que á veces cual un verso
De infinita pasión y altas mercedes,
Del paraíso escrito en las paredes,
\'na hígrima empaña el vidrio terso ......
::\fas diml': tú que sin ninguna traba.
Cuenta!- en su aposento los antojos
Y la ,·es ante tí, como tu esclaya,
;,Oe la p,ti:iión los \'fvidos sonrojos
Xo hai;; !-entido jn1n,ls cuanr'o en tf clara
Los hirientes punales de 1ms ojos'?
E~Brqn; lV. FEn~,1.~m:r..

La lavandera.
T RE los pensionistas do una casa U.e lnh&gt;~pc·
des vivía uua lava,ndera, mujer de treinta afios,
ubia, tranquila, ele porte decente y de ro~t ro en•
formizo.
\'ivfa allí de!-de hacía algunos anos, y nadie tenía nada
que echarle en cara; pero en los últimos t,iernpos se
había desarrollado gran inquina contra ella, porqnt' con
su tos pertinaz impedía dormir 1í los huéspedes.
La que sobre todo se distinguía en improperios ront1·,i
111 lavandera, em una ,·ieja octogenaria, nariz aguilt•fia y
ufi:1s puntiaguda~, viuda, según decía, de un militar,
muerto en la guerra turco-rusa.
-Es imposible dormir con eso perro que gnule todas
la!&lt; noches-decfa la vitda,
La enferma callaba; debía algunos me8es de pupilaje;
se sentía culpable, y procuraLa hacerse olvidar.
Pero le era imposible ponerse al corriente con la patro·
nu; sus fuerzas disminuían de día en día, y no permitían
un trabnjo regular.
Durante la ültima semana no había podido ir :ti l:w:ldero; perrn:1.necía constantemente en su cua1to po!&lt;tracla.
por la tos 1 que molestaba :l todo el 1mmdo, y especial•
mente :i la deja grufiona.
Por último, la patrona rehusaba darla mas tiempo; h
debía ya fl'esenta J:opeks, y no tenía esperanzas de cu•
brnrlos.
.-\clemús, todos los huéi,:pedes no cesaban de quejar::;c de
la tos de la Jayandera.
Cuando la patrona hubo dado ,í, su deudora ordt'n U.e
dcsalojai·, puesto que no pagaba lo que debía, el jübilod1'
la vieja no tuvo límites.
La pobre mujer ee marchó, pero \'oh-ió al cabo lle una
hora, y la patrona no tu\'O valor para expuh,arla. &lt;le
nuevo.
-D\Jncle irJ?-dl•cía ella.
Dos dhw tn111:-cnrriet'On t;in que se la molesrn:-e en lo
más mínimu.
Pero al tercer tlí:1, un amig,l íntimo de la patrona, un
hombre que entendía de reglamentos y procetlimicntu:-:,
fue en bu,:ca de un procurador, el hombre de leyes ,:e pre·
sentó en la casa Rijanol, l'!-petó un corto discurso,¡ pro•
pós~to :t ln!:i ciréun~tancias y puso de patitas en la calle ;t
1:1 lavandera.
Era en Febrero: el sol asomaba su luz vergonzosa por
entre las nubes, en tanto que las calles estaban cubiertas
de nieve; las casa8 y fa.rolas a.parecían con franjas Je pla•
ta y el hielo de h\t, fuente~ formaba caramelos de colores
al ;·ecibir los tímidos rayot- del s0I.
Los tri,wos ele alquiler cleslizllbanse sobre la nieve cndurecichl, l:1nzando quejidos al chocar contra la¡: piedra~.
La larnndent subi:, la pendiente, pasandopordonúetccnb:111 los rayo::s e.le! pobre sol de invierno, hasta q ne lle·
gó ,í la igl&lt;::!-ia; allí ~e senti', en lo!:! pórticos del templo,
sif'mpre dd ht&lt;lo &lt;lcl sol.
Cmrndo 0ste ciupczú ,i declinar, ocultándose &lt;letds de
las c~a..;, y la lielatla recobró con brío sn imperio, cnv0l•
viendo ,í. la. 11oche con ''!.nanto de nieve, la la,·andeni :--c
sintió enferma ...... tu,•o frío ...... se lernnth ...... ¿Donde
ir'? ...... ¡,D\Jnde'?....... ..
A l:t única cas\ que ell,t conocía, 1\ la. qne le habí,t abrigado tanto tiempo; y recobrando el :ínimo, se :umi:tr:1
hasta sn antiguo cldmicilio.
Allí fü,gú cansad,1, c:isi moribunda.
,.\\ Ü' ¡¡ fr,mqncar la puen:.1, Btl pie vaciló y cay,), exh:1·
landa un clebil gemido.
Gn hombre pat-ll ...... ltwgo otro.
-Es una muje1· borracha-penflaron sin duda.
ü n tercero tropcr.ó co11 el cuerpo de la lavandera, y! l:lmó á un l' lllpleado de los que amontonaban la. nie,·e.
-Tenéb mm borracha casi al lado y no la habcis visto.
¿AgunrclCtis acaso (L que me rompa la nuca?
El empleado ~e acercó, inclin6se para reconoce1· ('I
cuerpo dc la lavandera, sacó un pai\uelo y enjngt) s :1
frente.
La lavandera eet:\l,a muerta.
Li:p~

TOLSTOI.

�1!!2

EL MUNDO.

Creo sincemmenteque fué una pesadilla y no ap11rici611 de . espírit~s maléYolos; pero aún abruman mis oídos
aquel los gritos est,riden_tefi: parecíaqu_e
degollaban :í. la vez millares de gallinas
Ello es qne en el tran!:curso de mi
vida no he visto tantas viejas como
anoche vi reunidas, chillando ú un
tiempo y haciendo rui_do con trébedes
y latufl, con c•tzos, aceit~ras y peroles.
E!'ltaban apedreandQ mis balcones con
dentaduras postizas, y al asomar en
dlofl oí que rne vitoreaban y \"i que
arrojaban al aire sus pelucas y
agitaban sus escobas. Allí creí
ver en cnclillas
las momias dl•I
JJacftico; me pareció que los cementerios h abían expuleado
de sus nichos todas las suegras
qne estaban en·
terradas, y m e
sorprendi 6, a 1
ver su aspecto
imponente, e 6mo la ciencia de
la guerra no ha
utilizado la suegra para arma
de combate. Yi
legiones de Yiejas, tripudas
mrns, acartona•
das otras, y marchitas, secaE y
fibrosas a q n e llas, y nlgumrs Con papadas lacias y
colgantes; caras apop.Jéticns 6 acuchilladas por las arrugas, brazos de~carnados, cuellos clfl cigüeña, ojos llorosos, dedos retorcidos como garras, mucha carne amarilla y muchas greñas
flotando por el aire.
-;,Qué me quereis, Yisionee? exclamé lleno de espanto. ¿Estais en pecado
mortal y pedís misas?
Una rechifla estrepito~n intf&gt;rrumpi6 mis palabras; casi toda.s silbaban
con sus canuteros y palillos de hacer
medhi.
_-No he c1uerido ofenderos, sino limpiar vuestras culpas con el cepillo de
las Animas, abuelas Yenerables.
-El estruendo no me dejó acabar: la palabra abuela había indignado á las amotinadas.
-Jóvenes de ultratumba, exclamé con voz melosa. Graciosas siempre viva!!I, ¿qué
deseáis?
-¡JuEticia! ¡jueticia! repitieron.
-Bien está: voy á avisar al juez de guardia.
-¡No! ¡no!
-Que hable una sola.
-¡Yo! ¡yo! ¡yooo...... l
Era imposible entenderse.
-Que hable la más anciana.
Todas enmudecieron de repente.
-Que hable Dona Mónica, que fué visita de Godoy ......... dijo una de las más al•
borotadoras.
-Tú estuviste en Trafalgar .... ..... Eras mruicarón de proa, replicó Doña Mónica.
-¡Silencio! le grité · ¿Está entre VOE!otras la que hechizó á Carlos II?
Casi todae se miraban unae á otras con recelo; por fin dijo una paleta á. su lado:
-Carlos Segundo era de mi pueblo.
Hubo un clamoreo y una tempestad de rius al oír aquella revelaci6n.
-Sí, sefioras, repetía Ja vieja con terquedad; Carl08 Segundo y García.

-¡Ca!Jen todas! Busquen una que sea mudas
y diga por sellas lo que quieren.
Había cojas, tuertas, jorobadas, patizambas
y tullidas; p~ro no se encontró una vieja muda,
-Queremos derechos, dijo un vozarrón que
J)arecfa de hombre y ·dominaba toda clase de
ruidos.
Era una matrona bigotuda y formidable, y
negra como una sotana.
-¿Qué derechos?
-Los derechos ...... de la edad.
-¡Eso! ¡Eso es! repetían todas aplaudiendo.
-¡Silencio! Y sepamos en sustancia lo que
&lt;kseáis.
-La sociedad nos arrincona como á gente
inútil: éramos, cuando jóvenes, halagadas y
queridas; ahora, nuestros antiguos amantes tienen el valor de requebrar á nuestras nietas,
mientras el hombre anciano hace un papel majestuoso y venerable presidiendo las Sociedades
y Academias, nosotras estarnos en ridículo, y se
Ílama chochez ,i nuestra experiencia, y cuentos
de vieja. á, nuestros consejos. En amor, sólo
servimos de coco 6 de pantalla ...... y los hom•
bres de nuestra edad vi\-en persiguiendo chiquillas hasta la puerta del cementerio.
Sólo se nos deja el oficio de grufiir. hacer crochet ó ~tizar la~ chim~neas, Y querernos mandar, hacer co11quistas 1 tener aduladores é mfluencm con .1~ual derecho
que los viejoi,. ¿Por qué han de ser ellos reliquia y nosot~os desperdicio? ¿Por qué
han de ser respetables sus calvas y risibles nuestros aiiad1doe? ¿Es que el .hombre
se hace generoso con los años como el vino bueno, y nosotras nos convertimos en
vinagre? Estamo hartas de vivir arrinconadas como las arafias¡ tenemos callo en
las rodillas de rezar; nos dejan abandonadas á los recuerdos y al flato, Y protestamos y nos rebelamos con todas nuestras uñas y pulmones.
-¡Bra\roJ· 1bravo! ·repitieron palmoteando y chillando en falsete aquell~s fu~ias;
y cada cual decía á su vez, h::iciendo chasquear sus hue:sos y saltando de satisfacción:

PágirlflA 11xrr11,,,·di1&amp;aria.8.

DO~,IL\GO 2~ DE DICIEMBRE DE 189.:i.

0

-Callen los hombres y el motín
( estalle.
-Y Yayan las labores á la calle.
-Echemos las arrngas en el cesto.
-Y pidamos después el presupues( to.
-¡Ay del mundo si cae en nuestras
(garras!
-Yenga vino1 muchachos, y guita-

( rra.s.
-¡Señoras! exclam~. Lo que pedís es tan difícil como si yo os pidiera que alcanzáseis la }una con
las manos.
-¡la alcanzaremos, la alcanzaremos! dijeron con imponente vocerío; y todas las viejas á la vez,
cabalgabando en sus escobas, se elevaron con una especie de aleteo, ganando los tejados y aventándose el
rO!tro con los vuelos de sus faldas.
Yo vi primero una furioi&gt;a carrera
de viejas con las medias caídas que
convertían el firmamento en una
pista; después todas Jas viejas de
Madrid formando nn nubarrón en
el espacio, del ct1al caían eobre
tieua cuentas de rosario, ojos ma
sostenidos en las órbitas, chinelasy zancajos.
Para aquella visión dijo sin duda el gran poeta Zorrilla:

La luna huyó al mirarla&amp; ... .. .
Pero la alcanzaron por los cuernos, y vi en el horizonte una terrible cometa hecho
con el disco de Ja luna y una legión de viejas mnntuda!!I en escobas, que formaban un
rabo diabólico é inmenso. Mientras duró el fenómt'no celeste, hubo tranquilidad en
las casas y los yernoa descansaron .
José Fx«NÁNDEZ BREMÓN,

- ,,.,,,,,,,.
~

l.~. ·:.~

..,_':'•

/ - . .)#:'!"'

Pelanao la pat,a.
( Dibujo de J. Martinez Carrión.)

Tomo Il.-Nú'Ynl!ro 24,.

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>1!!2

EL MUNDO.

Creo sincemmenteque fué una pesadilla y no ap11rici611 de . espírit~s maléYolos; pero aún abruman mis oídos
aquel los gritos est,riden_tefi: parecíaqu_e
degollaban :í. la vez millares de gallinas
Ello es qne en el tran!:curso de mi
vida no he visto tantas viejas como
anoche vi reunidas, chillando ú un
tiempo y haciendo rui_do con trébedes
y latufl, con c•tzos, aceit~ras y peroles.
E!'ltaban apedreandQ mis balcones con
dentaduras postizas, y al asomar en
dlofl oí que rne vitoreaban y \"i que
arrojaban al aire sus pelucas y
agitaban sus escobas. Allí creí
ver en cnclillas
las momias dl•I
JJacftico; me pareció que los cementerios h abían expuleado
de sus nichos todas las suegras
qne estaban en·
terradas, y m e
sorprendi 6, a 1
ver su aspecto
imponente, e 6mo la ciencia de
la guerra no ha
utilizado la suegra para arma
de combate. Yi
legiones de Yiejas, tripudas
mrns, acartona•
das otras, y marchitas, secaE y
fibrosas a q n e llas, y nlgumrs Con papadas lacias y
colgantes; caras apop.Jéticns 6 acuchilladas por las arrugas, brazos de~carnados, cuellos clfl cigüeña, ojos llorosos, dedos retorcidos como garras, mucha carne amarilla y muchas greñas
flotando por el aire.
-;,Qué me quereis, Yisionee? exclamé lleno de espanto. ¿Estais en pecado
mortal y pedís misas?
Una rechifla estrepito~n intf&gt;rrumpi6 mis palabras; casi toda.s silbaban
con sus canuteros y palillos de hacer
medhi.
_-No he c1uerido ofenderos, sino limpiar vuestras culpas con el cepillo de
las Animas, abuelas Yenerables.
-El estruendo no me dejó acabar: la palabra abuela había indignado á las amotinadas.
-Jóvenes de ultratumba, exclamé con voz melosa. Graciosas siempre viva!!I, ¿qué
deseáis?
-¡JuEticia! ¡jueticia! repitieron.
-Bien está: voy á avisar al juez de guardia.
-¡No! ¡no!
-Que hable una sola.
-¡Yo! ¡yo! ¡yooo...... l
Era imposible entenderse.
-Que hable la más anciana.
Todas enmudecieron de repente.
-Que hable Dona Mónica, que fué visita de Godoy ......... dijo una de las más al•
borotadoras.
-Tú estuviste en Trafalgar .... ..... Eras mruicarón de proa, replicó Doña Mónica.
-¡Silencio! le grité · ¿Está entre VOE!otras la que hechizó á Carlos II?
Casi todae se miraban unae á otras con recelo; por fin dijo una paleta á. su lado:
-Carlos Segundo era de mi pueblo.
Hubo un clamoreo y una tempestad de rius al oír aquella revelaci6n.
-Sí, sefioras, repetía Ja vieja con terquedad; Carl08 Segundo y García.

-¡Ca!Jen todas! Busquen una que sea mudas
y diga por sellas lo que quieren.
Había cojas, tuertas, jorobadas, patizambas
y tullidas; p~ro no se encontró una vieja muda,
-Queremos derechos, dijo un vozarrón que
J)arecfa de hombre y ·dominaba toda clase de
ruidos.
Era una matrona bigotuda y formidable, y
negra como una sotana.
-¿Qué derechos?
-Los derechos ...... de la edad.
-¡Eso! ¡Eso es! repetían todas aplaudiendo.
-¡Silencio! Y sepamos en sustancia lo que
&lt;kseáis.
-La sociedad nos arrincona como á gente
inútil: éramos, cuando jóvenes, halagadas y
queridas; ahora, nuestros antiguos amantes tienen el valor de requebrar á nuestras nietas,
mientras el hombre anciano hace un papel majestuoso y venerable presidiendo las Sociedades
y Academias, nosotras estarnos en ridículo, y se
Ílama chochez ,i nuestra experiencia, y cuentos
de vieja. á, nuestros consejos. En amor, sólo
servimos de coco 6 de pantalla ...... y los hom•
bres de nuestra edad vi\-en persiguiendo chiquillas hasta la puerta del cementerio.
Sólo se nos deja el oficio de grufiir. hacer crochet ó ~tizar la~ chim~neas, Y querernos mandar, hacer co11quistas 1 tener aduladores é mfluencm con .1~ual derecho
que los viejoi,. ¿Por qué han de ser ellos reliquia y nosot~os desperdicio? ¿Por qué
han de ser respetables sus calvas y risibles nuestros aiiad1doe? ¿Es que el .hombre
se hace generoso con los años como el vino bueno, y nosotras nos convertimos en
vinagre? Estamo hartas de vivir arrinconadas como las arafias¡ tenemos callo en
las rodillas de rezar; nos dejan abandonadas á los recuerdos y al flato, Y protestamos y nos rebelamos con todas nuestras uñas y pulmones.
-¡Bra\roJ· 1bravo! ·repitieron palmoteando y chillando en falsete aquell~s fu~ias;
y cada cual decía á su vez, h::iciendo chasquear sus hue:sos y saltando de satisfacción:

PágirlflA 11xrr11,,,·di1&amp;aria.8.

DO~,IL\GO 2~ DE DICIEMBRE DE 189.:i.

0

-Callen los hombres y el motín
( estalle.
-Y Yayan las labores á la calle.
-Echemos las arrngas en el cesto.
-Y pidamos después el presupues( to.
-¡Ay del mundo si cae en nuestras
(garras!
-Yenga vino1 muchachos, y guita-

( rra.s.
-¡Señoras! exclam~. Lo que pedís es tan difícil como si yo os pidiera que alcanzáseis la }una con
las manos.
-¡la alcanzaremos, la alcanzaremos! dijeron con imponente vocerío; y todas las viejas á la vez,
cabalgabando en sus escobas, se elevaron con una especie de aleteo, ganando los tejados y aventándose el
rO!tro con los vuelos de sus faldas.
Yo vi primero una furioi&gt;a carrera
de viejas con las medias caídas que
convertían el firmamento en una
pista; después todas Jas viejas de
Madrid formando nn nubarrón en
el espacio, del ct1al caían eobre
tieua cuentas de rosario, ojos ma
sostenidos en las órbitas, chinelasy zancajos.
Para aquella visión dijo sin duda el gran poeta Zorrilla:

La luna huyó al mirarla&amp; ... .. .
Pero la alcanzaron por los cuernos, y vi en el horizonte una terrible cometa hecho
con el disco de Ja luna y una legión de viejas mnntuda!!I en escobas, que formaban un
rabo diabólico é inmenso. Mientras duró el fenómt'no celeste, hubo tranquilidad en
las casas y los yernoa descansaron .
José Fx«NÁNDEZ BREMÓN,

- ,,.,,,,,,,.
~

l.~. ·:.~

..,_':'•

/ - . .)#:'!"'

Pelanao la pat,a.
( Dibujo de J. Martinez Carrión.)

Tomo Il.-Nú'Ynl!ro 24,.

�194

1Ó

EL MUNDO.

DICIEMBRE,

La Noche-buena en México.

18!!5.

22

DICIEMBRE,

189ó.

EL ill UNDU.

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1

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l. :!'\lisa de Gallo. 2. Comprando °pifiata~. 3. Los últimos cantos. 4. Cna dclimn.
RUPTURA DE LA PISATA,-1,0S BENEFICIADOS•.-LA MADRINA.-PIDIBNDO POSADA.

(Dibujo de Leandro Izaguirre.)

(Dibujo de l.ealllh-O Izaguirre.)

19ó

�EL .\lUNDO.

ttncu1t era parlamcntnria.

"'EL MUNDO"
RE\l.'.NARIO 11.USTRADO,

TEI.EFoxo 43-L-2~ ,le las Damns núm.

4.-APARTADO

87 B.

MEXtCO.

'!'oda. la correspon(hmcia relativa á este periódico, debe dirigirse

al Gerente de este periódico.
Ei,te Jl('rt6dico se publicará. todos los domingo¡, y se reparte á domicilio en cualquiera po1Jlaci6ndonde tenga Agcute; y por correo, franco de porte, ó donde no lo hava.
Las smcriciones foránea.'! s~ liquidarán por trimestres ordinarios
aunque comiencen en cualquiera qulncena: pues si 110 son altas en
la prlmem del trimestre, se cobmrá por lo que falta, 6 se aumeutarA
el cobro rtel próximo.

PRECIOS:

E'1 LOS ESTADOS ...•............••...............

1 00
1 25

EX EL :E:X'fíl.\N.rnRO ..............................

1 00 oro.

EN LA CHI'I'/\.1, ................................. $

NUMERO$ SUELTOS DEI, DIA Ó ATRASADOS EN
1,,\ C,\PITAL

y E:{

r,os

F..STÁ.OOS ...............

o 50

_.,_\..VISOS.
Treinta pesos plana por cada publlcaclón. Para avisos por largo
tiempo precios con \•enciono.les.
Todo pago debe ser precisamente adelantado. A loSSLIBCritores que
no puedun remitir dinero anticipa.do se les giran\ en el primer'mes
del trimestre, por Express 6 Correo; y si no hay olicinas, se remitirá.
el J&gt;í!riód!co despu&amp;J de haber recibido el valor de la suscrición.

¿Qué sa.bio enca.ntador ha tocado con su varita mágica
esta región de la quietud y del reposo que se llama.Cámara de Senadores? ¿Qué diablejo revoltoso ha soplado su
a1iento cargado de emanaciones sulfurosas sobre los eerenos escafios de este Santo Grial, adonde van las almas
de los que han muerto en pecado poWicol ¿Qué batallador heraldo ha hecho oir por tres veces su cJa.rín 4e guerra en las misteriosas naves en que yacen los \'iejo::i paladines, los burgraves altivos que trocaron la poderosa tizona por el caramillo del dios Pan y el fragor de la pe•
lea por la quietud mística y contemplativa de los viejos
faquires de la India? ¡Misterio profundo!
Acaso la. voz s'Jnora del Sr. Mateos ha repercutido en
los olímpicos oídos de los soñadores del cordón azul como el eco siniestro del cuarto caballero del Apocalipsis.
¡A la arma! ¡A la arma! Y un fermento de agitación desplegó las mustias banderas de pasados combates. Pero
¿qué sucede? ¿Qué Aníbal está á las puertas del Capitolio?
¡Ah! Tal vez los señores senadores habían tomado demasiado á. lo serio sus funciones de vicepresidentes de la
República. Y ahora se les va esta hermosa oportunidad
de candidato probable futnro, por tutno,. Y vacilan en
ahorcarse con aquel cordón á que aludió el Sr. l\Iateos.
O quizás, como el protagonista de una obra bien conocida, se resuelven por fin á entregar su pescuezo con la úuica condición de que ellos elijan el árbol en que debe
efectuarse el sacrificio.
El caso es que la conmoción ha sido tal, que el venerable cuerpo legislativo olvidó por un momento las prácticas parlamentarias, el Presidente dió por clausuradas
las sesiones, hubo necesidad de altas consultas, idas y
venidas, cuchicheos sotfo voce y todo un delicioso poema
de incoherencias, impropio de los dioses que habitan aquellos Campos Eliseos.
¿Y por qué no? ¿Por qué el recinto de los emperadores
de la barba florida había de permanecer mudo al toque
de llamada que el alba del Parlamentarismo ha hecho correr por los silenciosos espacios del Congreso de la
Uni6n? También los paladines del pasado hánse' sentido
con deseos de recobrar sus enmohecidas armas? ¿Er.. dónde
está mi cota de malla? preguntará alguno de estos cadáveres galvanizados. ¡Ay! Las armas están ahí. .... .los brazos son los que ya no tienen vigor para sostenerlas.
Y como en la leyenda del poeta francés, el grito del
gallo obligará á volverá sus criptas á estoe guerreros de
ultratumba.

***
Porque un grupo de senadores, olvi-

¿Y todo por qué?
dándose de las prácticas parlamentarias, dieron y tomaron en que la comisión permanente debía nombrarse el
14 de Diciembre, aun cuando no se clausuraran las Cámaras, porque ¡oh lógica! la Constitución dice que se
nombre dicha comisión la víspera de la clausura de sesiones.
Y no obstante la bolita, la ley sobre substituto de presidente, ha sido aprobada y ya no volverán los señores senadores, á ser vicepresidentes de la República. Han
perdid_o esta pequeña satisfacción doméstica!

La Cámara de Diputados nos acaba de ofrecer un espectáculo sumamente interesante, preludio de actos de mayor trasc~ndencia que acaso nos reserve el pon·enir. Los
hechos son bastante conocidos: un señ.Jr clipntado incluido en la ley de :1.mnistfa ,\ lmt duelistas, recientemente
aprobada por el Congreso de la Uni6n, se cree en el deber de manifestar su agradecimiento al cuerpo legislativo
Y en un ,,ehemente discurso trn.ta de hacer la apología de
la ley; In C,hnara de Diputados escucha, primero con curiosidad, y luego con estupor, hasta estallar en un movimiento de prote.~ta ·uná,iime-palabras de neta-que obligan al señor Romero ú. suspender su discnrso.
•
Esta. manifestación es altamente significatica; ella demuestra que la ley de amnistía ha sido votada contra la
opinión general en aquella asamblea, como una prueba
de afecto al General Díaz, como un acto de respeto al Jefe del Estado, pero en modo algnno como un nct.o de concordancia con la ley aprobada. A todo el público constan
los esfuerzos que se han vencido para que el Congreso de
la Unión aceptara la amnistía. El proyecto pasó de unn.
á otra C,í.marn, sin que ninguno &lt;le los dos 0uerpos manifestara deseos de arrojar sobre sí la responsabilidad de la
iniciativa.
La amnistía fué aprobada-menos, sin embargo, por
los que en este asuuto se encontraban en el deber de presentar su voto en contra-no para dignificar ú. nadie, no
para ungir con el óleo santo las cabezas tocadas por la
mano de la ley, sino como una muestra de cariño al Presidente de In República, que apoyaba la ú1iica solucl6n. posible en este caso.
La Cámarn. de Diputados así lo ha entendido y al protestar contra las palabras del Sr. Romero ha significado
las verdaderas razones en que ha fundado su voto á la amnistía. No ha querido que su actitud en este asunto se
considerase como una apoteosis á lo que la Comisión dictaminadora del Senado calificó como un delito que las
"autoridades judiciales y administrativas, encargadas de
velar por la seguridad social y el cumplimiento de la ley"
no han reprimido, "inactivas y hasta irrespetuosas con
esta forma de violación. n
El Congreso 'de la Unión ha tendido un puente salvador para los últimos náu!ragos, pero salvados éstos por
un acto de deferencia y de consideración hacia el Jefe de
la República, la Cámara de Diputados ha destruido los
materiales que sirvieron para la construcción de este camino áereo que unía dos abismos, y recha;mla consistencia de su obra que se ha pretendido imponerle como un
acto de suprema justicia.
La razón política no es la razón legal. La Cámara de Diputados al aprobar la amni~tía, ha ejercido un acto político, pero no acto de dignifa!aci6n para naaie.-La actitud
del Parlamento, resuelta y unánime, no deja lugar á dudas. Comienza á tener la Cámara conciencia del verdadero valor de sus actoe,
Son los primeros vagidos del nuevo sér que se agita en
este organismo.

política ®encral.
RESU!tlEN.-El Presidente 1!1 aure y su ministerio radical.
Turquía camina al suicidio.
El nuevo ministerio francés, compuesto de los eleimmtos m:is avanzados de la extrema izquierda, el gabinete
de M. Bonrgeois donde palpitan los arrebatos impacientes de los radicales y tienen abrigo hasta las utopías del
eocialismo-según una correspondenci3. dirigida al New
York Herald-parece que tiene que retroceder en su programa de reformas y en lo que él llamaba el saneamiento
de la administración.
S8 trató de débil al ministerio Ribot porque no había
desplegado toda la energía necesaria al caatigar á los comprometidos en el escándalo del Ferrocarril del Sur de Francia, y los motivos alegados para el voto de censura, quede
rrib6 al último gabinete, eran las supuestas condescendencias con altos personajes, mezclados en ese· poco limpio
chanchul lo.[Pues ahorasemurmuran idénticas acusaciones
contra Bourgeoisy suscolegas, y sedice que no se seguirá
adelante la averiguación en los asuntos de Madagascar,
donde la República ha gastado fabulosas sumas, que han
costado al país inmensos sacrificios, porque en ellos está
complicado ciert,o Ministro de Marina, que ahora ocupa puesto culminante en la administación pública.
Podrá. suceder que M. ;Bourgeois muestre tales debili.;.
dades; pero el altivo parlamento francés que no respetó
á Julio Grévy, íntegro magistrado que sólo se manchó
con los turbios manejos de su yerno M. Wilson, no querrá seguir al gobierno en ese camino, y tal vez imponga
un nuevo ministerio que tenga la suficiente firmeza y
energía para completar la. emprendida averiguación, cai•

22 DICIEMBRE, 1811.:i.

22 DrcrnmrnE, 1KV5.

EL MUNDO.

ga quien cayere, y aunque el lodo salpique i.t las más conspicuas personalidades de fa, política francet:1a.
Por lo demás, una acusación no es un fallo inapela!Jle;
una murmuración no tiene ni puede tener los caracteres
de una sentencia condenatoria. También :í. Sadi Carnot
se le señal6 como partícipe en los escándalos de P;1.nam.i,
y del juicio resultó más blanco el armiiio inmnculaLl.o &lt;le
su honradez.
.M. Félix Faure, á quien ahora 1:1e acusa. embozadamen·
te, puede justificarse y ·satisfacer ií. sus acusadores; pnt!de
y debe, en nombre de la República, sin.cerarsedesu conducta. El presidente de un gobierno honrado, como la
mujt!-r de César, debe estar libr1:, hasta de la sombt'.\ de
una sospecha.

1117

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;¡~y_
r)

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No bastaba 1í. la infeliz TL1rquía tener suspendida sob1·e
su cabeza la espada de las potencias europeas, dispuesta
á herirla de muerte: cediendo á la presión que sobre ella
ejercen y obligada por la violencia, se suicida al fin y
abre sus puertas á todns las ambiciones.
Cuando estallaron los motines ú. principios do noviembre en la misma capital del imperio, cuando las hordas
muslímicas y los perseguidos armenios turbaban la paz
en el seno mismo de la codiciada Bizancio, los embajadores extranjeros, temiendo por su propia seguridad, solicitaron del Sultán permiso para que otro buque de guerra anclara en las aguas del Bósforo, y sirviera para resguardo de las embajadas y de sus personas inviolnLles.
Con astuta cautela y con refinada perfidia, una y otrn
vez el Califa de los Creyentes eludfa el permiso soli~itado; y aunque los élisturbios han pasadl\ y con ellos los
temores alegados: aunque se ha temido que el fanatismo
musulmán, excitado por esta condescendenci:-i, estal!een
nuevas y más crueles explosiones de su cólera, ha sido
tal la exigencia del ministro inglés, secundado de grado ó
por fuerza por los representantes de las otras potencias,
que al fin ha tenido que ceder, y á estas horas, manchará.o con su sombra los buques extranjeros la.s ondas azules del Cuerno de Oro.
:~fo pudiendo la Sublime Puerta sofocar los levanta.
mientos anticris~ianos que sumen al imperio en la más
espantosa anarquía; impotente para restablecer el orLl.en
de sus provincias rev~1eltas. é incapaz para secundar la
misión civilizadora y humanitaria de las potencias congregadas, en vano ha acudido á los expedientes gastados
de sa política torcida, y ha t·enido por fin que doblegarse
al peso de su destino manifiesto.
Ya está. la suerte echad..'l-: imposib~e retroceder! Y cuando el incendio alumbre con fatídicos resplandores los derruidos y humeantes eecombros de su imperio, uestaba
escrito,)) exclamará. el desposeído.Abd.ul-Hamid, con impasibilidad de mahometano.
Mas piense la Europa, que se lanza como manaéh ele
lobos carniceros sobre la presa codiciada, que no es tare¡\
sencilla sojuzgar un pueblo y deshacer un mapa á. cniionazos. Recuerde que el pueblo viril, foco de la civiliza·
ción durante los siglos medioevales, que extendió sus do·
minios desde las orillas del sagrado Gangea hasta las columnas de Hércules; desde las vegas risueñas del Danuvio hast,a las fuentes del divino Nilo, puede despertar,
puede recoger la espada olvidada de Bayaceta y Solim:lll,
y sacando de entre la corrupción que hoy la disgrega, la
energía y el valor que le dieron lustre y gloria en la.a pasadas edades, sacudir la Europa entera en espantoso cataclismo, con las convulsiones de león moribundo.
Ya alguien se ha entretenido en bosquejar el repartimiento del asendereado imperio, dando la Armenia :í
Rusia¡ á Francia, la Seria; el Egipto, definitivamente, á.
Inglaterra; el resto del Epiro, con el puerto de Salónica,
á. Austria; recompensando á. Italia con la devolución de
Trieste, y colocando en el trono de la descuartizada Turquía al Rey de Grecia 6 al Gran Duque Alejandro de Rusia; borrar hasta la memoria. de la dominación de los
osmanes en el continente de la Europa cristiana.
Feliz desmembración que á. nadie contentaría, y antes
de llevarse á cabo1 nos daría horribles eS't)ectáculos: de
sangre y exterminio! Valiente solución á la embrollada
cuestión de oriente!
Y tardeó temprano habd. de suceder; ya está. decidido
en lar, gabinetes de las desinteresadas potencias de occidente, y á ello tienden la corrupción del impl';}rio, la miseria de los cortesanos que rodean á un tl'ono envilecido
y el permiso últimamente arrancado por la violencia al
miedo, para que buques extranjeros orucen orgullosos y
triunfantes el estrecho de los Dardanelos.
Hoy es un navío de línea el que por cada potencia
ti resguardar la.e embajadas; por ese postigo abierto pueden escurrirse las flotas que se congregan en los mares
de Levante, y mailana, en no remoto día, presenciaremos
el bombardeo de Stamboul por las escuadras coaligadas,
y esa será.la señal de inenarrables catástrofes.
X.X.X.

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· J...os hehe'&gt;.
( Dts p.;•s ó,.T"~ 11. P. \'11,

)...os 1,r~&lt;ilS
(Ntuj &lt;li,erf,&lt;\•&gt;s)

( corriend~hi. j ........

"ª

17 de Diciembre de 95.

Dibujo enviado por el Sr. José l\Iaría Villa.sana.

�198

EL JlU~lJO.

LA NOCHE BUENA
EN MI TIERRA.

I
recurrdos dulces y gratas alegrías! Oh l'isueñas horas de inocente placer! Yolved :í animar
I corazón entumecido, venid á alumbrar con claridades: tibias los horizontes grises de mi d&lt;la.
Aves parle.ras que cantabais en el alero de mi casa y
formabais la nidada en los flol'idos árboles del huerto:
tornad ,i entonar vuestras canck,nes no aprendidaf', y
pueda despertar tí vuestra voz el encanto de las mucr-

tas.Jlusiones.

,
Q.A....,'i:ACA.-EsTANQUILLO DE ur,A ÜPER.\. n
LA l\IADRIN.A.

Olor de cirios, perfume de incenearios, aroma de flores recién cortadas, que erais mi delicia en la modesta
iglesia de mi barrio, venid tí reanimar mis sentidos que
se embotan de fatiga y languidecen de hastío.
Salmodias graves y solemnes cánticos que con los alegres villanciaos formábais incógnita harmonía, entendida sólo por las almas piadosas, resonad otra vez en mis
oídos, y comprenda yo vuestro elocuente lenguaje bajo
la augustamagestad del templo cristiano.

II
Ni el lujo que deslumbre en el altar humilde, ni faldas
de crujiente seda ostentan aquellas gentes sencillas, animadas de lo que podría llamarse misticismo profano 6
mundanal devoción.
En el lugar de honor de la sala 1 sobre una mesa cubierta de blanco lino y de olorosas flores, con gruesos cirios á los lados, colocados est,ín sobre p.ndas los .~antas peregrinos, sin que falte el ftermoso paraninfo, cónduciendo del
ronzal á la mula, enjaezada á la moderna, y generalmente
desocupada, por ser la del paciente herbívoro menor que
las figuras que representan á los padres del esperado Xii'ioDios. Algunos ramilletes colocados aquí y allí, en vasos
de tosco barro ó fina porcelana, farolitos policromos de
papel por todas partes colgados, con pétalos liien olientes
de rosas y amapolas, esparcidos sobre la alfombra en el
interior de las habitaciones, ó en el suelo recién lavado
de los amplios corredores, completan el adorno extraordinario de la casa1 y señalan el camino que ha de recorrer la procesión de la posada.
Y mientras comienza, en tanto llega la hora señalada
de empezar el tradicional rezo, los viejos tosen y se electrizan al recuerdo candente de sus bellos días, pensando
con el poeta, y reflexionando
cómo á. nuestro parecer
cualquiera tiempo pasado
fué mejor.
Los niños corren, gritan, saltan y marean con su incesante algarabía: éste empinándose. le tira de las orejas
á. la paciente mulita del altar¡ aquél, trepado sobre un
pretil, al intentar desprender un farolillo, lo incendia
descuidado, provocando general alarma y pasajero escándalo; el de más allá con débil carrizo pretende quebra).' la
ventruda piñata; el otro va á huzmear por entre el cesto
de las provisiones, por ver si puede tomar por adelantado la olorosa manzanita1 el sabroso cacahuate 6 el azucarado confite ..... . y todos e_n confuso tropel 1 y en revuelto
remolino arman una zambra de trescientos mil ángeles.
Los jóvenes charlan, ríen, cantan y se entretienen en esas
nona.das, en esas pequef'íeces insignificantes de la vida,
que son el encanto de las almas cuando se tienen veinte
a~os y la existencia se ve á través de un prisma de mágicos colores.
III
Llega por fin el anhelado momento; los niños se aquietan un poco; los padrinos,-dos jóvenes apuestos de distinto sexo, que han podido revelará. la reunión mutuas y
ocultas simpatías-repárten á los concurrentes sendas velas de cera¡ las muchachas se precipitan bulliciosas hacía

las andas que sostienen á. los santos peregrino!J, y se necesita la intervención de la sefiora. de la casa para discernir el
honor de llevarlas en hombros; por riguroso turno se designan cuatro jo\'encitas, y á su lado se colocan otos tantas galanes inberb~s ó barbados, pero henchidos de devota unsiún para honrar al santo besando la peana.
Se oye el rasguear de la guiui.rra y el bandolón; á las
notas claras de Ja flauta se 1m•zclan las gravt'S del tololoche, y al ruido ensordecedor de los pitos se unen al alegre
golpear de las pauú~retth! y el chasquido de las castañue·
la~.

En hileras alegres y apretados se forman los concurrentes; hacía adelante 56 mueven los..pereg1·inos, hacía atras
las cantoras y los músicos, y todos de dos en dos, van
desfilando en medio de animada cb,1rla1 s61o interrumpicla pm el solemne ora p ro nobit , que responden en coro al
entouarse la letanía lauretana.
La procesión ha recorriU.o toda la casa; los amplios patios y vastos corredores se han iluminado con resplandores de incendio. La palabra de an1or ha cuajado en los
labios y palpitado en los corazont's. )Luía, madre del
Amo~ Hermoso, ha bajado ,t aquellas almas devotas y
encenclit.lo castos pensam:e ntos y místicas ternezas, que
se deslizan bhmdamente p&lt;ir la pendiente stta,·e del amor
profano.
Las miradas relampaguean como aceros qne &amp;e cruzan
y chocan en singular combate; las manos temblorosas se
buscan y se estrechan entre la escas,i penumbra que deja
tanta claridad;el can to contin úaen l'i.Í. pido crf .~cendo, y cuando la multitud ~e ag0lpa de rodillM ú las plll.!ftas cerraJas
de la sala, donde sella &lt;le pedir la mística ponada, las almas también se ponen de hinojos, y casi todas sueñan en
dar albergue regocijado ri. alguna. ave perl:'grina, y se deleitan mirando en la caldeada imaginación el Portal de
Bethlem de su felicidad, donde \u\ Ue brillar la estrella
esplendorosa de su risueño hogar.
Continúa después el rezo llano que todos acompañan
y que pocos entienden; y al sonar hi última jaClllatoria
que se canta y el último villancico que se entona¡ cuando
aún se percibe el olor de cirios apagados, y no se ha extinguido todavía ese rumor que flota misterioso y vago,
al terminar las oraciones, la música preludia. la primera
danza, los pies se agitan en convulsión automática, las
mamás apenas pueden refrenar los impulsos profanos de
HlS místicas herederas, y comienza el baile, y aquel recinto que momentos antes era un templo con aromas de
incienso y de benjuí, aruarillent,os fulgores de cera, salmodias solemnes y piadosos cantos, y hasta con deliqµios
de religioso arrobamiento, se convierte en Ullft vulga.r sa·
la de tertulia, con sus prosáicoi encantos y sus poéticos
defectos.
Los padrinos otra vez se ponen de relieve, distribuyendo i1. manos llenas flores 1 dulces, juguetes y golosinas,
segtín la condición del favorecido.
Se abre en seguida el concur.:;o para romper la pifi.ata,
y es de ver y de oír la algazara que todos forman sin distinción de se.xo ni de edades; es de ver y de oír las risas
,:~&lt;:

{"
¡ ':

22

DICIEMBRE,

~2 DICIEMBRE, 1895.

1895.

pensando en otra cuna y otro angelito, que tarda ¡ay!
mucho en llegar al caliente nido de su corazón.
El padri1w de la acostada del Niño, como .allá. se dice, es
el míi.s garboso, el que pueda derrochar mejor sus capitales, para el mayor brillo y lucimiento de la velada; y si
tier.e entre su$ cualidades la de amartelado galán de la
madrina ¿á qué sacrificios no se verá arrastrado por satisfacer su disculpable vanidad? ¿de qué no será. capaz un
apuesto doncel enamorado, si quiere complacer la negra
honrilla y las exigencias de su corazón?
Se atestan de flures la sala y las recámaras habilitadas
para el baile; se alumbran á riorrw con farolitos de colores
el zaguán, los corredores y e patio; se refuerza convenientemente la mezquina murga; ee llama hasta al sochantre
de la vecina iglesia; se preparan regalos más costosos, y
todos se disponen á hacer un derroche incalculable de
goce y de alegría.
La parte semi-religiosa de la ceremonia no ofrece nada
de particular. La misma animación, la misma pendiente
sua\·e que desciende á. los corazones regocijados desde la
cima de las meditaciones místicas á. las floridas vegas del
amor cristianamente profano; sólo que el descenso es más
rúpido, y el rezo se hace más á prisa, para llegar pronto
á las secretas confidencias que no pueden pronunciarse,
sin riesgo de pecado, antes de decir el solemne amén que
queda n·sonaudo.
Pocas, muy pocas veces, termina la última posada y
la tertulia que la sigue con la clásica cena de Noche Buena, con flll ensalada conventual y su tradicional guajolote
relleno &lt;le castañM y de nueces. Esa cena m,ís comt'm·
mente se celebra en familia y después de haber asistido
piadosamente á la imprescindible ~Visa del gallo.

199

EL 11:UNDO.

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IV
Las mismas escenas se repiten noche á. noche en las
ocho primeras de las posadas. Solo en la del día diecisiete se adelanta y se apresura la hora del rezo, J?Orque
sería falta imperdonable en un oaxaqueño no asistir á los
maitines que se celebran en el santuario de :Nuestra Señora de la Soledad, patrona principal del arzobispado
de Oaxaca, y hay que acabar lo más temprano que se
pueda, para ir á formar parte de la romería que de todos
los confines del Estado, y aun de remotas y extrafias tierras, llegan á rendir cultos fenientes á la milagrosa Madona..
1·

Así preparadas las almas y dispuestos los corazones por
el místico rezo y el regocijo profano, ya pueden recibir
al Niño-Dios que llega sembrando el contento en todos
los espíritus en la noche feliz de Navidad.
La rnadrína escogida para esa noche es generalmente la
más guapa de la temporada, la que tiene más relámpagos
en los ojos, sonrisas más ·seductoras en los labios y palpitaciones más ardientes en el corazón. Ella se encargará de aderezar la cunita del recién nacido, lo envolverá.
en delicados pañales, y quien sabe si sentirá entonces
apoplegías de visiones, y desvanecimientos de ensueños,

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Al año siguiente no es raro ver en las JJosadas á alguna
pollita que se apresuraba á cargar á los Santos Peregrinos, convertida en respetable señora, en venerable mamá, apretando contra su corazón á un nin.o mofletudo de
ojos azules y cabellos de oro. También ella dió posada en
su corazón, y tuvo en el Betblem de su alma su KocheBuena feliz.
EL Tro CttExcno.

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VI.
Aquí eí puedo afirmar que hay algo de característico en
la Noche Buena de mi tierra.
A excepción de la Catedral donde el Venerable Cabildo guarda incólumes las formas litúrgicas, todas las demás iglesias, qne en Oaxaca son numerosas, toman un sello de alegría casi profana, en que ae desbordan aquellas
almas creyentes á su modo, y piadosas á su manera.
El capellán de cada templo pone su fiesta bajo el amparo ~• protección de una fábnca de cigarros¡ las operaria.E, que todo el afio se llaman estanqueras, toman esa noche el rumboso título de obreras de tabacos, y acuden en lujo~a procesión á la iglesia que las eligió, llevando entre
músicas alegres y atronadores cohetes al Nülo-Dios sobre
mullido almohadón de seda, cubierto de perfumadas
rosas.
Desde las once y media de la noche comienzan á circular por las ca:les más céntricas de la ciudad aquellas alegres estanqueras, con sendos cirios encendidos, luciendo
sus vistosos rebozos de seda y sus enngu3,f! de colores chillante... La policía ni pretende interrumpir aquellas pl'ocesiones que n&lt;ida tienen que ver con las manifestacioneio:
ptíblicas del culto externo.
No se necesita la intervención del gendarme, porque
cada muchacha lleva no lejos de sí á su padre, á su marido ó á su amante, que unas veces acarician á la trigneña-botella de mezcal-otras echan piropos llenos de sal
y pimienta á. sus vecinas, ó dejan entrever su pimta derxpada, oculta bajo la cobija, si alguno se atreve ,í poner los
ojos en su dama 6 á interrumpir con nota discordante la
general alegría.
Llegan en buen orden á la puerta del templo; allí los
sacerdotes revestidos de capa pluvial reciben al Ni.fio; la
multitud ee desborda y penetra en poco comedida irrupción bajo las altas bóvedas. La imagen de Jesús es colocada en el altar y á poco el órgano lanza sus sonoras notas y comienza la .Afisa del gallo.
Cuando ésta se acaba los fieles se desbandan, formando
animados grupos y van á dar la vuelta á los alegres cluichacuaks, barracas de lona ó de- petate que se levantan
junto á la plaza central,. y donde se establecen vendimias
populares y juegos permitidoe.

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J' NOCHE.

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A la luz cegadora que desprende
y deliciosa,
En gentílico amor todo se enciende.

~u desnudez triunfante

Da en su cabello el sol besos de oro,
Y el mar, abandonado por la hermosa,
Y it'rte á sus blancos pies amargo lloro.

III
La beldad, sonrosada comn el día,
Esparcido el raudal de su c:1 bPllo
Por la mórbida ePpalda y ni veo cuello,
Llega a~ arroyo de la wrde umbría.

t'n vmm llena en la corriente fría;
Y al rozarlo después su labio bello,
Tiembla el vaso, feliz; la.nza un destello,
Y campo y sol refleja en su alegría.
Cuando su viva sed siente aplacada,
La hermornra retira, indiferente,
El cristal, de su boca de granada.
Tórnase triste el Ymio; antes ri·ente,
Y por su faz de nieblas empañada
Se desliza una lág1ima luciente.
I\"

VII.
francas, las alegres carcajadas, goce pegadizo que á todos
contagia, cuando la pollita zancona vestida de corto falla
en sus golpes furibundos, 6 cuando la predilecta del padrino, merced á intencionado resquicio que se le ha dejado e·n la· venda que cubre sus hermosos ojos, puede
asestar el liro de gracia á la olla barriguda, que deja escapar su sabroso contenido, en medio del aplauso general
de los grandes y los gritos descompasados de los chiquillos.

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$1 poema ae las lágrimas.

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Et ln rose parlant le Janguge des rose!!
Dit; "J'aime les chnnson!'. de tei.: d eux
lévres rose,;, ''
A. IlOUSS.\YE,

I
t; na blanca beldad fascinadora
De rubia tren:-:a y seno floreciente,
De ojos azules como tersa fuente
y risa más alegre que la. aurora,
Por ameno jardín que el sol colora,
Camina placentera y diligente,
Cuando su limpia. falda transparente
Prende un rosal con rama punzadora.
Dichoso acariciando la hermosura,
Se estremece el rosal, como una llama,
Al romper la beldad su ligadura.
Pétalos rojos llueven de la rama ..... .
Es que el rosal, perdida su Yentura,
Llanto de sangre por la infiel derrama.

II

Dibujn e,n-iado por el S!'. Eugenio Olvera.

Esplendores magnífico~, brillantes
Cunas de plata y majestad divina
J\1ut!!:'tra su cuerpo escnltural de ondina,
Al salir de las olas murmurantes.
Las tembladoras gota.e rutilantes
Con que cifiera el agua cristalina
Su inuiaculada frente alabastrina,
Fingen regia corona de diamantes.

Ru::-ipiran los ardientes rnisefiores,
Llena la luna el mar, valles y lomrui,
Y, en álamo frondoso, dos palomas
Cambian roncos arrullos gemidores.
La bella viste encajes; raso y flores;
Y, cual rocío en las fragantes pomas,

En El! pecho gentil lleno de aromas
Lanza nv collar de perlas sus fulgores.

rn dichoso amador, en tierno lazo,
A la beldad fascinadora oprime,
Besándola en su labio de escarlata.
Y á la presión del venturoso abrazo,
Roto el collar de perlas, dulce gime
Y en higrimas radiantes se desa.ta.
\"

Yierte el mustio rosal llanto encendido;
Del \'Ul:!O rueda higrima luciente;
Llora el collar de perlas refulgente,
Y llora el mar y estalla su rugido.
Llora también el amador rendido:
Que la beldad de inmaculada frente
Es estatua de marmol esplendente ..... .
Y en el mármol jamás vibró un latido.
Todo tiene una lágrima ó lamento,
Todo ...... menos la bella seductora,
Causa de tanto mal y hondo tormento,
Que, arrogante, impasihle y triunfadora,
Responde á los dolores dando al viento
Su risa más alegre que la aurora.

�22

EL MUNDO.

DICIEM.BRE,

18\Jf,.

p - á ella acaden deo_éle la Duqn- 4 qalen ocomp■fta
el lacayo de 1 ~ llbna, el ~pero que compra
la manuna prohibicla, la oerpleolee-da en el U"On- an merlDlll ID
de pan. En la noche no •• inteel
co, nna Ew de negra cabellera que le cae 1obre la eep&amp;l• rrnmpe el roldo eD Ju callea, paeo el ciego que pide lida, un Ad4n con loe bruoo abierloo; un Herodel con 10 mcooa -.a con a11 p11arra imp?OTIE&amp;ndo villancicoe en
eachllla de hoja de lala degollando' loe nllloe y mirando cado· pnerta 'I el granaJa qne no 11be tocar inalrumeoto
lmp&amp;elble 4 lu aftigldaa madrea; loe reyee Dllpl Cllllli•
algano, ana ho,a de talar un palo y mete un ro;.
nando en un elefante, an dromedario y nn cahlllo, con
do capu.de enloq-, loe oordoe.
_ _....Ja NochedeNa'Vidad enüe- 101cajudejoyuy1118coronaadeoroy o.oi mamoa de
En loe palal,ioe lo miomo que en lao bohardillas, ae
grana; loe i...,. !ormadoo con peduoll de eilpeJoe, cua,11,ABBIS ......canla y II baila y c1e todoe eooe raidoe no H qa,I
18
na isirillaT Nanea IÚII qne entonre- doe de 4nada y de-•=·, la fuen•-'ia "lle oe _.i.4 la pa$rla. Nanea oe 18"ip&amp;n como en
...."""' ,
-a- con mloterl- hannOllfa que dialp&amp; todaa las '""'"""' me• DCllll6n loe recnardoe dalcea de loe prime- ICDII para qne funcione como li f,ma de verdad; el moneo lade l a - l a ele la púrla.
rilo 111100 d&amp; la 'fida y nnnca como en mo- lino con IDl llp&amp;8 de caerda; la Vlrpn con IOálO melan·
Yo, que •"""' I••• nr=on• , F.epalla, que tenla
j¡alllWii oe 'lll...,. teaer-. volar y acercane en iillen• o6lieo, manto unl y ,11n1ea morada; el Sin J""6 eon ID alll lanlol amlllOI, ql¡a me conlideraba oomo en mi caaa,
loo uiadoe lÍ'r&amp; deoirlea: no me olYldt!n, oqul tónica verde, 1u capa amarilla, 111 poblado borbl y ona ¡poiqo6 b,,de ~ - • e n • ~ - a-nte
WOJ,,Y&lt;&gt;tdento y-to con ....a-100 Yillanclcoede- wracoajadacleftoreoen la mano; el bney y la molacon ele JUxlco y 'bnléllllá en medio de laldol esplendoree,
t&amp; DOOli,,,
loe hooiooa abierloo pinladoe con ...-oon como li ano·
mloeallelpobwllldt.-erdoe. eoloB a-,nllldoeque
l!roik....,. ,100 - - ~ como loe Jaranlll!C"'; looaeraftneodeceraconlao alilaldcradu 6 en la veoiDdad . . . - J' mllan el jarabe, mil pneolol de
nillolf' nida eJIIM ~ ni mú i - t e q n e el ni- plaleldM, y 10 hebra de hilo en la ca1-, poracolprlca heno y de lama; loo 1IICimiemoe llli g,,itri, de nneotra
llo Dlol, ~ humilde, -.Jooobreel hudllpa- oobreel nlllo; el portafüo de clara de huevo en algod6n, clué media, iro. eDdW "'úlca 4 qne Uamabo mi padre
SIi eJtDpeoahre y caieDlldo con el allemo de un bney y Y ID peeebre lleno de poja; el nlllo-Dioe de cera6 depor- el
la -■lh!I JOOl■do lle ..ite y ele -.inagre Y la
• -mala.
celua, 1COIIINlo, con loe ojoe muy -.il'OI y may ablertoe, - d e l lulpr COD,lnl b¡olYidable ooberano que len lasa
¿lfay elí la dena y en loe aiglce ana eecena lÚII demo- loe breooe exlendldoe, y lao piernu encqidaa; todo eoo lo
_..,. f mM _,..ftdora? El lley de loe lle,.., el me- he comprado al lado de mia padree_. - an rapu; ccbea culiieda pol'
el pOlvo del camino da la 'Vida.
1er 4e loe hilmlnol, elaol&amp;rla llbenad, de la igualdad, todo - lo 118\'llbo en un gran ceeto ehlejocrlado demi
-,.Qalero 11111Cho I Jlodñd, leo cieolaA mil aúgoe, pe·
cié ia ,._¡do4y de l a ~ no emp, la 'fida Y ..,.la para U'l',glar el nacimiento.
ro ea e■- acehe qáerrfa en lf6sico f vo!Vlr ma•
~toclll!.._ ""11■, ni ljlJopedldo en rlfloíolmaal¡Oh nilloe de a.'loral vCIOkcl no .Wil wdo lo qne ~ ni. CNlocllwló por 1111' oppliialoe y loe r J - Su oigolllca para el coru6D huérfano y enV1jecido por la or- ft1IIIL
¡Oh Noche Baeml ¡Oh poema el&amp; memoria~ 11ntas y
~ .... ~ ... ma4l'e-...-ao-llade Na- fondad y loo dolot9.
de ftllÍIUill ídul Que la cl-.ililloi6n no minga de en~ _, ~ 119 .,..11!!&gt;; lo ilal~nopirando juDVnelU'OI ojoe no oe ftjan en loe de eooo nllloe ~ w,, _..,. ta eencilla 8'líllll! r¡úe .... eiempre la ale:po liL , . . y el buey 1 t..te.i..- 1111 advenl- hambrlemoo 'f demadoe qne ca miran, no con enwdla, ir!a de loo MPN11 la delicia de 11111 . _
,...!llali4lb kl!á ~ en la eooala aoclal, lca que lino con alesrfa, Ir de 1a mano de vne■U'OI podre■, de
Ya,_ndo.,,...,IMctiiee, bUloo en -.ano la frente
udau y Ice mú brallDoo COP· paeolo e n ~ . de OlllllChltaen cuuchlla, ya ~ n ~
• • ~l oóa iail beeoe en ollo tiempo; todo oe
i ; ~ para . . - d e la~'- el ali• do lao - • ya A&amp;lnbiando la mala, ya pidiendo mú
Ido y *&lt;ido eia embua&lt;t - " 'rifl&gt; denao del eoplri"'·
~~ lclt 1gno1.,., Ice hamilder, loe • ¡ak,181 Y mú - • '1 qne ca open adollde com· liá¡Oh
Noohe ».al oGálldo "1 --,bá fria y blanca co~ · - 1 11 f'4 l la-llidadelJDMprilllW_y_
pr4lalaeolao16!1,loedulcell ..pec1a1. . . . . . . . . pa- mo mil....., ái¡plooln mi 61&amp;1mo 1eoM, lnfnnde tn
l ,slttii~~loi pi ◄-..
18 - ■i """'l""el con8le 11ne raeda, el canel6n qne 11
c o - de mla hqe■ - q1ie para mia pa·
~ ~ - i¡liN.llt., loe rer,s IIIIIOI, la apariel6n de abondona, el '8Jocole qae oe delpneia, 6 el pol'IGtieiño y loo
meo i ~ en -1 ll!(o y 11ae!no han lagrado apognr
• - - -1 l!¡eG, 'j. i....,., Yiailulo. cleponlendo ID co- ,eqaemado cacahuate qne al l'ebulr ea la _,..,.,.. ea- loo.a.., Jil i.a fsiifl181 ni el alllll¡O conocimienlo
J'!IIIÍ¡
-,.nto ate el mM deBpreciallle y ol- nula cae al 1111elo.
e l u ~ .........
'riWl&gt;~•ql!e 11 ■--- en-deoroy Para loenlllcapolm!a eun111Pff1'1&lt;1; e11oí1 no t i . . dOld
oomo _.,., Jo iejcai
~ - ~ &lt;lepúJQra y-itlo y movían en 1111 clelmautelado ouano el nacúioúníi&gt; q!Jll ~
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1c,a mú riooe, va1eioiol -.-11ca.
pero compru e1 p11n ele eur1so, ..,.. ed:f
toc¡ue)IIIIQbab6ilvillo,
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tv 1 .._,._. 1-, , c1- ~dad, yaloonarludocedelaaoclie;oe.....,._.,.
et 11aelmlento ü Orllto.
....-1a.p. • flllldar el dereobo y la jaáicla, ¡ tevaa- gnlar con tocia la fnena de IDI pu1Jll.&amp;¡l'D■ Dmo Pa:A.
~'lt
la ulae condici6a de eoclaw y de conElla III que• Noohellaeill,
~ • .._ "'8 ..,._ y de madre honeola, f ma1dePorque nace eíNlllo Dklí,
Alt ...._....,
el gobierno y 4 oamlllcar la
Loo nllloe pobrel la cLllleo ,r rhat-. qne oe
fls¡ ldita d 1/11
11boliendo tl"11oe 7 no con• confunden el oceite Y el vinagre, laa .... de ._,,...
~ u,,!n ~~ Dj.nobleau lecí$1mao toen de con lu rebowlu de flcama, de 1--..,I; ,_ ...u;,, olo
~ ~ V r(il!rc. 1' fa, el pe1116n y la eopeNDza en plflano, ele lima :r de per6n, con loo! con._ y 'Ju almeDI
~
dral ele .-hmk!.
ESDE la cnmbre éle la monlalll, el paitaje era
l'illi41110 ~, ~ . . . . . , -'9 oqnel nlllo que caando lleCon11o6 p1-r nllloe
Y poinoltoe apa~ pnAlo6 y oe1l6 con .,. - ~ ran el ilaldo rojo de- plailllo, mleuUu loo nllloa riool
Ve!Me abajo, un capriohoeo aplllamlento de
·a.¡ i rou,-,Mlleota: qae alboroudoo
11borean la copa de Cbampognetoo!IChando el amorooo
~
n.....,...,
trojee, domoo '1 VáDllal tonecillu,
"- 1- wel!llli, po¡,qne ¿ todo■ leo hbo benellclce por- brindia del jefe de la lamllia, qne hace llorar á todoe por1lll91ÍliÍill-lo~«1111011I • -de IOl llnlliee• y po- qne habla con la poeela del alma, con Ja qne lnarin la'6- wlelu slratoriu. oapu de molino movidu por .,¡ aire,
~-~ la Uetra
de que al 11epr laD llcidld de mirar Yivoe, conlentol y rewúdca, loo oeree y, Jl!'rdil!nd- en la lejana oenaola loe Inmensos ,ripies
,alplcadco de pÍ!Jllol rojoo por lu amopolaa qne oe me......., an\Y81'11rfo, dondo quiera '.lºe 00 enoontr6ia ... que ocn """'"' de ID IBDg?8 y alma de M lfeck&gt;I.
ñil ~ 4"lria&lt;Jeijo éle loe hopno y ele Ju p6bl'¡La uadlción 11ncioaó lu naevee Jleetaa aeguldaa qne clan blandamen'8 en lao eop...,
Era muy pinto- el pueblecito.
.....,_ '8l flíeblo.
llamamoe •lu poaclu.• Con CIWlla alegria 1-oo caa·
Loo bombrel, ml¡ajaban con ardor en la labranza ó
:Y 411 qpe lamarlolo pene..- , todol lao edadeo, á
lado todoo, aigniendo con nna vela en la mano, f loo pekie ~ f , toa.a Ju naoloneo. Su perfección lo regrlnoo de ~ .loe villancieoo 11ae todoe conoervamoe lao qneoe...,, no codiciaban riqusaa ni conocla1i 1u1 fueroo poli""°", hollabon loe campeo cabolpndo en úgilee
~ l,todo láque $lene Jlll An noble 1 *Cdoo lo aman en la memor,a,
~ W la ~ n élel bien c).,l
d
Loo que dabon la poooda oe encerrabon en ana pieoa corcelol, cuaban ganaa ó paloe •ll-rea en las laguna,,
~
•
amor Y • la para reeponder con otros vereoe al oon del piano ó de la 1 fieru en el bolque de •binoe; eran felices; arrnioa•
Jla,)(6xlcoaoelébreenCldah
laN b Bu
pilarrl, deepaés de haber canlado la lelanla, yen el mo- bon al m6dleo con 81l excelente salad, qaerlan bien á las
_la,._ íml- en q"'l
"': •
enoco- mento de abriree Ju puertu para qne Jceé y llarla dar- eepoau y ilegahen á p&amp;lriueu ·rocleodoo de hijoo cari·
18 COJlll'OPl1 00 coruonee
la famll.
míeran ahl - noche, ¡qué alguara imn'bomoo! ¡con IIOIOI y alegres ni-aeloa: eran Ju hembras bonitae y
1'iflOI
,a 18
linreane para pllllr la velada Y qué arrojo no■ tirábamos al aaelo para recojer la eolaci6n pladlae, de 11'.bilol modealol y aenoibilidad superior,
&amp;Olll1
penoor ~ ~ dru que . ven- deapamun■do en la allombN ó en loo ladrlllco ele loo co- delconoolan el lnjo y la coqaelerla, amolml el ln,gar, á
~ 1clt abáekio y loi podrell anfren unagmúdooe 11 en
rredoreel Mezcladoo nifloe y niflu, aparlando la mano la Madona qne acogla propicia &amp;DI plegariu, á loa nilloa
1"!)11'a novldlld ya dormirán en el Hpulcro.
delicada de la hermano ó de la prima, qne in~labo hur- haérlonoa y al novio nlaüco que en lao noobea de plenilOh l!Toohe
4 mi memoria
Juh dlchu larnoo la me¡or
• golooma,
• éramoe loo máa awroo y toleol lanlo C1Dlaba ,rovaa.al ventanillo.
1•daa
1ao Buena! Mi .
,
mu-,..., 188 1onu que oyeron para la arTtbating,J'Y pora la gula!
Prodacla el pueblo, Ju uvu riqullilDllll de aua viejos
l'fN
no
.olver
nancal
y
tod
·
·
1
¡
emparrados,
queooe allmeo~ioe de elabornciún primitiBra de ver c6mo nOII Ue-1...... o eato aurge en m1 memona a ver oe ptlelk&gt;B,
• - en oque1100 atice nneo- al oir loe canlol al - r por nna ealle y ver dellde la va, el wigo que convenido en pan, vomi1aban por 111111
$ft11-d-,laoompradalco¡·•----elN··'-·
'
..-.,:;;;.,. __ ~ amule nto· acera el iluminado
11lón en que ae ef"°'óa aoa poea- bocal de lumbre lao humeo.na lahonu, aceltnnaa de sus
18
~~ que *Oda'!al· da de lnjo, 6 eecucbar en el uguán de la vecindad debo· oli'11?81, Al froto ..ele loe manzanoo ó perales, y ftoreo,
~ •rm- Y amplia de laa rrio, loo canlol de loe machlcbllol pobreo.
¡muchu ftoreal hablail de Vlr en Mayo aquel vergel, ropluae de la cJudad, ocn DU delicia, porque en mudo lenCuando ya todde loo que noe amaban oe han mnerto, ..., claVlleo, nwgarilal, llrieo enlermiaoe, cer61eu camIIIMlle me hahlan ele cceuqne amo, qne no olvido y qoe caando nneotroe padree daermen en el oepnllm&gt; y con p4nulaa, vlólelal, acoclaa de roúceo pomp6n, ozucenu
'"!-can como UDto roolo mi espirita triate y enfer- · ello■ el hermano amado, cuando el hQPr en que fnimoe cloróü- y azaQlll'OI pudibondoe.
·
mi~
enmanlll
dichoooa eot4 vacío, la Noche Buena revlale denU"O del
Lu calles eran mal p&amp;vimenladaa, y loa edificioo lodoe
18111118
-■
• oda Y eriau. cuajadu de bello- coru6n ano dalee, pero Infinita trilteu. OM1a canto que con UÍIIIM ven.._. en cuyoa barro&amp;ea de hierro se enqne ~ 'ree,na, traldu ele n o ~ mona cer- 18 élcacha, cada pandereta que IOlna, cada phD qae,.,.. roocaban como llerpienlel lu enredaderaa: loa domingos,
~ _ . ~ - Y hdmedu made¡u de heno, reco- tremece leo aires con ao aguda nola, noe obliga 4 1111PÍ· la genW m o z a ~ enplen1U bailaba en la pla•
pin 6n leo viejos ahuehn"".'9 de Chapallepeo, Vlrdad&amp;- rar y á oemir húmedoo loo ojoo, pon¡ue nada ee compara, za prlnclpel; ali! 10 iniclahen loe CUt\&gt;O •more•, conjaNI cuna■ de lan noblel anc,aue1;-eou ftoree ea forma de
ble f las venturas del hogar ni nadie vqlveril 4 amarnoe phue el verbo amar al compú dfl lao lanlarri"8 de la
-1la c o n - ~ rojo■ lanccolüoa, lin aroma, pe- como nu9"'roe padrea noo amaban.
mdaic!I '1 el piar de loe pojarilleo, que porloleaban tendi.~ con uno poeola
y que llama el pueblo ftoree
Recuerdo las NocbesBaenu queposélejoo de la patria.
da el ala en leo rama¡...
de Noche llnena; lao 9"'reU... el ool, la lana, y loo comeMadrid es de lao ciudades q11e mú ae animan y que
Cuando la campana mayor de la torre porroquial lan•
111 de anlllllo; loo hlleo de plala lllnrando la eecarcha;
10n mú balliciooaa en t!t!la noche. En todu lao caeu ae ubo4 la puee*II del oolel gemido de au lenpn bronclnea
lao cabollu de ~ o oobre rooaa pinladaa de blanco, re- cena el pavo; lu peocaderlas oelentar, en 1n1 8IIClplr&amp;lel! anunciando laa oracionee, invadtalo todo una calma. de
medando la rueve; leo putoreo de borro, llato con ID loo m,a grandes y doradoo salmoneo qne ae _ , . en el abodla; verlaia ilumlnadoe leo villlloo de d01 ó tres bal·
zampolla, Gila con la olla de migaa, Braa con la chlrimla, allo; la Plaza Mayor presenta un especUcnlo hermoeo,

~a.-a•,nas

N ºch e

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L,•terar'taS.

Annlnda con el lamboril; el 4rbol del bien y del mal, con

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DICIEIIBRE,

ones, algún trunochador que cobijado en gruesa manta
apresuraba su puo en la calleja, eacuohariaí■, en el ealabio el mujir de una vaca partarienla •• furicoo ladrar
del vigilante mutín que presiente alg\10 intruso, el canto do un gallo deepabilado, la oerenala de un felino en
loo tejados, ó el eco triele de aaa canción de amorea perdida entre lu oombna.
Ln autoridad civil, -ba repreoenlada por un alcolde
campechano y malicioeo que clecidla loe pleilcl de IOI
gobernados como el lamooo 01Cndero leo de la ln1Dla blrataria y medraba haciendo ,abiar á la alcaldea con 1n1
inaiintoa mujeriego&amp;; la medicina, llevó á un doctor materialiata, jacobino y revolncionario, promotor de dlecordias y zamb1111 en la época electoral, buen 1ujelo en
el fondo, amigo de leo marid~ y qne habla uilüdo en
1u1 nlu,nbramienlcl á todal las madres en diez legaaa ,
la redonda; para que nada fal-, el prq¡reoo, que en
todaa partea aaoma las naricea, ediflo6- unaa aulaa, y re,,
vislió con el 1evero magi8'erio de mentor 4 un anciano
dómine, de &amp;oonomla blblica, convioolonee oblcurantu,lal
y aDlleru coetnmbrea, ana eo~de lnquioldor pedagogo, lamoeo dl!obravador de nllloe que f faena de •:rano■, palmelal, tironee de oreja,, y radoe p - ha·
bla con,enido al menndo elema,to en un hato de cuneroo.

.

201

EL MUNDO.

1895.

n

Delde ttempo úrú, padeola la bella Conchila, langul~ y melancollas que liahlan paeso de nn ,empilemo
mal humor al bnon pap4.
El larmacált,ieo rerol-.i6 i,u6tiimenle..,. pol,'Crientoe
redom•• prep&amp;ranclo fórmulaa, y el médico acah6 por reconooer la impotencia de ID 11b.er ante la traido,a enfermedad qne á ojo■ viltoe demola la aelnd precica de
la 11illa.
Y no hahla raooneo qne oaüafoctorlamenle explicaoen
loe acerbo■ pila e, • de CollCblla: era~. la m,1a IIÍ!da
de la comarca, amibanla to&amp;. eon ternura '1 ID .......,
oval, oel'liJlco, no'81-te bello, con -.ilgiela pupila• verd• y ornado de ooberbloo boclca .i. caobo '1'11a
á mal tnier á todoe loo jovenneloe ele IIIP".
¿Por 406 oulria, li el garbo de ID andar, la albnrade ID
- o y el tono ulveo de 81l piel hablan qllitado el 11118110
4 mál de nn a p - varonclio de veinte IIIIOl'I
¡Qaian lo ,abe!
Ello eo que el dolor minobo i - b l • éll almabnena,
y á oolao en la alcobo de ooilera le ualtahan como mallg1109 diablilllll, raborá, de -1dad ofendicla, angll8tiu lnconBClenlel, .-.rebellonee yganude llorar muoho,
como caando era nllla y le pegaban.
Oblervadla en el paaeo -..penino.
No le epnmovía JI migieo eeplendor éle odorabl•
crepÓICGloe clel Uóplco, caminaba penoatlva, enolmiemada como ana romúüca de novela, con la indllerencia del
maniüieo awncedo por la idea qae 1'r olmeoiono. ....... .
Lu a vea bu.acaban el nido modnlendo fervol'OIII iJll6..
lila oración; delmayl.baae la loa leo puatndoe crenoneo de la ogreole cordillera, cobrilleaban loo ra100 de la
luna en la 1uperftcie acerada de leo lagoe, fingiendo radiacionea IMclao, ilamaradu foef6ricu plala ó vaporea
de opelinu tranaparenci111, y, ella, Conchila, absorta,
deedelloea del paialje IIIIIJDllo, hundla leo menudeo piel
en el follaje; 1111 mirada perdfaoe anli- en laa cobriua
lejanlal ó conlemplabo con ftjeza el celaje tramontano
iluminado con fnlgor de hoguera por el aatro fu¡itivo; ,
veceo delenlaae como la coroa que columbre al coaador ea
la eopeeura, y eecnchabo don alención quizá eoperando
qne el -.iento le lle- en 1111 himno d• oelv4tieol rumoree, ecoe demóoicaa ignolal, visiones del pala de lao qalm..
ras, perfumee de rubiu lof'tenenue, de eBtrofu de amores y debeloo ......

ae

m

Era toda una hiatoria.
El poema de deo vidu perdiénd- en laolllloranzu lnfantilea, evocado eutn, recuerd.01 muy Jejanoe, nacido en

Ju intimidadee del colegio, ,raneformado 4 leo dooe anoo,
convenido en drama, en irageclla cui, á leo die■ y ocho.
Una larde, la vlapera de que él marchue á la ciudad,
hablaron mocho, 81l mutua timidel ele adoleeoentea ch-eapareció ante la proximidad de uno oeparación, loc4ro111e
lao oedienlal bocal en la inconeciencla volup- de ano
nueva oenación revelada en la queja doliente de un . piro¡ el primo juró como un romano, pidi6 el amor con
elocuencia arrebatada, y al oir el analado monoetlabo, ca•
yG de hlnojoo embriagado en el d•leile de ID dicha. .....
Lloro ella, experimen'6 alegria&amp; deeconccidae ba"'8 en•
toncea, abondonóee , laa cariciaa orgullcea y feliz al ll&amp;ber
que era mnjer, a¡radeciendo el vasallaje varonil que le
rendía 110 eamondo.
Prometieron qnen..-ne entemamente y forjaron un pa-,
raíso de proyectos para el porvenir, eeperaudo con tran.
quilidad la ausencia, ese polvo de tumba que encanece Ju
,andee afecciones.
Fuéle ella fiel; conaider~ndose au prometida, esperó oon
impaciencia acariciando dulcísimas eaperaDA.8, y coando
regres6 e! ausente en vez de cumplir 10 compromiso, oco•

nf-,le .::.bandonat' el mundo para bacene un cenobita!
Y no habla modo de empeftar combole y arrancarlo de
lu mallas 1ntileo de la lela de aralll que lehlciacautivo,
¡nunca pueabal dominábale ascétJcs. huronería, eocerráhue en au coarto y ali! ae daba á leer oqnelloa libroa
con plllal de ln&amp;lele 6 amarilloe ¡:ergaminoo que le ha·
blan ,raatomado la cabeza como al manchego aventurero
loe de laa cabollerlal.
¡lnpúol
Defraudaba aws enauefioa de novia, huía como un In•
oeD11io de la V8n"1ra, ahendonando la vida raml provechcea y alndeble, para B11Íciderll lenlamente en un con•
vento.
No; él no oe perleneola ul miamo, encaden,lbanlo 4 ella
jnramen"'8 inromplbleo, preciao empellar la lucha,
vencer con laa arma■ ¡lorioeu de la mujer, á COIia de to•
do, ...... ,111p1m1 .........¡M¡rlmu1......... ¡-.iolenelao1........ .
¡lagolelrlal ......... ¡¡oerla coquetall ........ .
IV
Apareci6 el ool oobre el hielo de Ice volcanee como ana
corona de fuego, deollorando raadalea de oro en el pitllago
1idéreo y colorando de p6rpura lao nubel errabunda&amp;
Poblóie la úmóofera de perfam•, de auna, de trinoe
y de alu; la ola lumln- macnlabo doñndoleo, letol,
boaqneo, liembru; ceoeríoe, terrolloe y camplllu; ~
•nlnáboooe al trabajo loe labriegoo, relinchaban loe éabo•
lloe erizando el lleco de auo crine■ al olfalelr laa Y'llJDU
qae paclb en lao llanura•; oobre el camino, ana caravana
de peoadoe carromalol rodabo en loe ¡aijarrol al p&amp;IO pe, _ de loe baeyea, y en el césped, htlmedo alin, comen•
•ba IIJ8 laboNI on mundo microac6pico: hormigu alareadu arraatrando con ti'4nlcoo Mfuersoe ana t,anoja de
cebocla, -nelca wpco tJ'ISlahilleando en el sacate,
- . lagarüju bebiendo la lu1 en 1D1 lerrceu bncaa
-blertu, 6 paeienlel escarabajóo qne rodabon en lu
-,,dM bolas de eotiércol coidacloallmente redondeadu.
En loe jardlnee, aleleabon pinladaa maripoou, un en•
jambn, de abejas lllCllllllblea, beoobo lao corolao para
llenar de ambllrina uúel Ju Ol1'0l88 celdlllu del poual,
ejéreiMIB de ll10III08 sumbahan entre lao moreNI 'de la hilanderla, y Ju l'OUII calan cleefallecidaa en 101 lail.. eopinoeoe.
la eaqulliln de la igl•ia llam6 4 miaa con premura.
l'icabo el ool, y, laa vlejeoiir.a, con la cnmáodala :im&gt;llada 4 la mlllleca corrían leme1'01118 de no llegar al ti•m•
po al oftelc relicioeo.
Concbita, de bracero al bochlller, encamin4bue al 1e,nplo: hahlabo mucbo agilaodo .._ manoo con calor, ocercaba ID carila IOllrooada , la del 111111,on-ón y rela burle&amp;- .
camenle hablando de algo que le hiela palidecer.
Ya ea la na\fe, colocóse á ■oa piea como uua aierva,
aeem6aehtpora embriagarlo en el olor de ID&amp; cabelloe de
mujer recién hallada; ni tacllnareo, enoelló el nacimiento
ele una nllCII IDlll'ftliaa, los \111\·iaaoe ricitoe que en ellaee
enredaban, la "1rgencia del cuello con blancos de uócar
el ananque provocante de au 1eno virginal tnmaparenlado ,t travi,, de la indiacrela m,..,lina del amplió peinador......
El te6logo no rezó la misa con fe"or, ni cayó de rocli•
llaa propinfndoee farioeoa golpea en el pecho cuondo re·
pical:lL el monaguillo¡ salió ~brio, tambalf'ánd~ eetrechaado con furia el redondo brazo que le abandonó au
prima, y en la caaa, cuando est.o\'ieron soloe á la 10mbra
de u•a higuera, abru61a y beoóla muchaa ,·ecea diciendo
con furor de ú•lro:
•.•••. ¡Quiéreme ó me muero!
Ella. ein ofendent, ante aq,1el .intempe,th-o deepertar
de una carne joven ndormecída á golpes penitenciarioe,
reía alegremente diciendo entre baatidofflll:
•••.••jYaesmío!

Y las rauda■ illláionea volvieron á poblar de auenoe
au precioea cabecita, pene6 en las nupciaa, loe idilios de
la luna de miel, el bautizo de un querubín! .•..•• y el de
otro!? .••.•. y loa de ot?O!! ......
V
El padre, el excelente palurdo, entrú á la alcobo de
Conohit.l, tosió como lo hacía en loe grandes aconteci·
mientoa, y no siendo 01uy faene en retórica, deapoée de
mucullar frasee iocone:a:u principió trabajoeamente 10

diacareo.

...... Mro...... we babló de ti...... asegura qne debeo

-rte......

¡Habló por llnl
El ancillllo abreviando IU peroración, ae filé den-cho
al bulto.
•..... Malhmn. marcha al lelllinario, y quisiera que anHI prometu tu mano al hijo de Don Pucual, ya aabea,
el alchichooero, muy rico, millonario!. ....•
Conchita polideci6 sintiendo eh el ronro la injuria de
un escupitajo; BU amor convirti6ee en odio momenW•
neament.e, pareció le ridícula la caatidad de Pedro, y, en
ana exploeión de borla, de eea oaro,inica y deapreciúiva
hilaridad de loa mujeree que ven acobardare un hombre
aale aua gracias, gri'6 enm&gt; can,ajadaa.
-¡Bobalicón! •..... ¡mamarracho!.••.•.

Y como li Ju doo palabrao hubieran agolado el buen
humor de que "hacia tao 9"'repi_, alarde, deeplom6ae
en el lecho ooll?"'ndo desesperadamente.

..................................................................................

Adorable aeftora: me diréis haciendo un Mnito mohio,
qne he relalado una hiatoria iaalpido y liD gracia: '8néia
, fe mocha razón, pero yo no ooy respoDllble de que en
el pueblo aquel no acontecieran nunca sooeaoe extraordinarioe.
Diciembre 7 de 1895.

POB JD. PADD OOLOllA,

11

la vlopera de Navidecl, y en aoa luj-eotanla ele cierto palacio de Mádrid )ll9ll8IUMln, un
cahlllero ana oellora, unN.....,..¡.,. Ezaoqnel
un Nacimf.~to 4 la eopallola y 4 la antiJna. coi¡
todo■ IDI inR'ÍDelldAll laberinloii y todlll 1D8 ~ llll•
pro~ad• Bocu ele.corcho y papel encolado. qae - ten
una Bel6n ele carl6n: booquee de .l)müoco, rloe ele
criáal, choau de paja. poatoree y ...,.iza ele ~ qae
bajaban por todaa lao veredas ele la molllalla, carpdco ele
tortu, pavoo.y pllinM qu., ofrecer al Nlllo: teliillca ele
10V1jilal ~~n "1&amp;llllllneDle ea pradoo de
oerrln
hin
de ~ no claoifleaooo en nin·
pna lanna conooida, l""""f"'doo por en-1orea qm leo
diaparaban IOI eecopetao, IÍD - ~ " ' ~ 8c.t.W11na. lnvenlara la p6lvora. 1Jn devoto emitiltio hlllla',.,.,.. la
- - de ID ermita tocando')(-, 'medJlii~ ...
cua del rey Herodea, que ~ l a a la ~ de ID
palaelcparaconlempiarla ll,gollaci6D dé
mú 16joo 88Cm&amp;bo por la boca cle. un ~ l 111&gt;
rrif..
Cllllllldo de p■,'08, 1 1 ( 1 ~ 7 zai,,,buaillfll: J' ali,!, eu el
61'6no M\rmloo. oe divillba la brillallte poailün ele leo
Beyee Magos, a'1'1veando un poei,le a&amp;Jevldo qae
oqnel lamcao del Diablo, en7ó8 chnielaloel!A fanla qae•lol,
eoh6 lluotre arqailecto, quedando hecho deocle-nton•
ceo jefe supremo de la fnemooo-i.. Al pie ele la molllalla oe hallabo la grala, y en ella dotada i1 !filo Dtrille
en 10 camita de paju: áau derecha le eoa$elil¡illlha 1a
Virgen l.n'Obada; y , au izquierda, I•
bién San Jcoé apoyado en ftórida vara. La ~ . Í bnn;
1e manlenfan en el loado, respeln- dlllancia, . 'l 4 l&amp;
enwada de la grula doe gwndiail clnlea, de gran pi_a, ..,.
deaaban f la multitud de ~ - q n e ba&amp;lan llejodo r.,
d.....,.. de adorar al Nlllo. En loo airea, -nilidbi el!&gt;
inviaiblee hlleo eláat.icoo que lee lmprlmlan an 11a&amp;V8 movimiento, velanle gran nilmero de ~ -eniendo
bonderolu con ¡.,.. de oro, qne deolft: ¡Qlori4 la ucel,&amp;a!
•
Con~ ain emhugo. 111111 ana ~ lllleligeRte ha.·
bla dirigido oqnella perapecráw V 1 2 " ' 8 ad•al,.,.
ble, oonaen,mdo de ln~to • impropiedades qoo deop1ertan en el coru6n alce■ ~ de la
infancia. Todo era, por
pone. rico y ann"1o.o: I•
liguNI eran todu &amp;nu, y algnnu de verda4eru mérito;
1111 rico tapiz flamenco cubría el fondo; arafta aatiift•
decriatal de Venecia cargadas de bullas, y ,-i-candelabroe de plata, colocado,, acá y alhl por la montatln, prome,ían á loe putoree qm, no eohaTían de menoe en t r ca·
mino, ui e-1 alumbrado de pa ni las Jaeea elémritw. la
9"'rella q11• J!Uiaha á loe Re¡'ff MllglJB era ona venlaolera
estrella de nqul•iwoa brlllanleil, y otra, en ledo i¡ual• .,,_
lacada en •I fondo d• la gruta, ,.,pan,la - maplllcoe rellejoe ■obre •I ..leaLial ..mblanw dol Nino. Plantaa ,ana
y viltotiaa enredaderu criadas eu iuvernaderoa, fe. 1to1tta•
hin la montafla v 86 t?Dtret,egíau en el fondo con grandel
espejos qu•, colo&lt;adoa freute , frente, aullll!nlabon la
pen¡x.-ctiva y !•abían de cauear, relejando co11wnan..• de
lncea, un matglCO efecto.

..,rde,

lqe=--·

con:="" •m-

°'ra

LA PER!.A.
Contemplaban 11111 ojo■ centellanlee
La pelma de criltal, la linfa pura
Del aurtidor que viertf' ttn la e.peeura
Su poh·o de zaftroll y diaul&amp;n1e1;
· Cuando, eulerwa, con p■ao1 TIICÍlanlel
S. ncerc6 una mujer todo lriotura,
Y le pidió lilu0011&amp; con dnl1nra,
Fijando en II miradar! 1uplican'"8.

La perla que en tu mano relultrla:
Diete al aquella mujer pobre y doliente,
Que oe alejó llorando de alegria.
Yo, entoncea. conml,vido y reverellte,
No le bel,I en 1.,. labioa, cual aolla,
¡Sino en la uoble y lwnin~ frent.e!
MANU.El. liKUf.&amp;.

�22

EL MUNDO .

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·'\._.
.

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DrcrnMllHE,

18U5.

15

DICIEM!lRE,

18\15.

EL MUNDO.

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Gln!es ae la posaaa ...... ae &lt;rltampagne.

Después ae la posaaa ...... ae pulque.

Dibujo de Leandro Izaguirre.

Dibujo de J. Martinez Carri6n.

:203

�2'.l DICIEMBRE, 1895.

204

EL ~IU:NDO.

Literarias.
LA NOCHE-BUENA
EN EL INFIERNO.

I

CIA un frío siberiano, y estaba tentadora para
)a¡;:i\r las últimas horas de la noche la cerrada
iabitación, la camilla con eu tibia faldamenta
qne eiwueke como ropón acolchado, y el muelle sofii de damasco rojo1 donde el cuerpo encuentra mil
posturas regalonas en qué digerir pacíficamente la sopa de
almendra y la compota perfumada con canela en rama.
¡Pero no a~istir á la :Misa del Gallo en la C,itedral! ¡Xo
oír lo!-1 gorjeos del órgano mayor cuando difunde las notaf:, trémulas de regocijo, del llossmma! ¡N"oche-buena y
quedarse aRí, egoistamente acurrncado al amor del brasero! So puede ser: :l,nimo: un abrigo, guantee, calza.do fuerte ...... A la calle en seguida.
Biliíada por la misteriofm claridad de la luna, la ciudad
epi.-copal dormía. Exten!ólas zonas de sombra y s,1banas
de infinit'.l. blancura argentada alternaban en las desiertas
calles. Nunca éatas me habían parecido tan solitarias, tan
fant&lt;.'istic:unente Yirjas, ni tan adustos los cerrados caserones que ostentan sn blasón cual ostenta la nnera un caballero santiaguista, ni tan medrosos los rnportales que
dC'!'.ICansan en capitel~ bizantinoo.
fo bulto embozado que al traxés de aquello;; túneles de
piedra fie depfo:a á paso ele fantasma, ¿no lo podrá 11er?
¡Lo efi Fin duela! ¡Lo es! Siento que la sangre t1e congela
en mis \'ena~ al observar cómo f'l bulto, saliendo de las
tinieblas dPI soportal, se dirige á. mí y se me pone dt•lante, mudo, den·cho, con un dedo apoyado en los labios.
Olas ele luz lunar le envuelven, y me permiten detallar
su cara ele cera, que recata el alto cuello de un montrrriNffJ
a1.UI, \' las alaf-l de nn sombrero de fieltro caprichosamente abollado. ¡Yo conozco á este hombre ...... es decir, yo
le conocí en otro tiempo1 cuando era niña!. ..... ¡Le YÍ un
inr-tantc v nunca oh·idé su melancblica y pen!latirn silueta! Ento;lCl'l!I los estudiantes recitaban sus \'C'l'SOS y Cl'lebraban sus dichos impr('gnados de mordaz ironía ...... Pero un año deApnés de haberla visto yo, el poeta se pegú
un tiro: la bala le entró por la oreja izquierda y le salió
por la sien. ¿Cómo es que pasados cuatro lur-tros me lo encuentro en la cal le, á. estas horas, la noche del 2-l de Diciembre, camino de la Catedral?
Quiero pn-gunt:irselo, y me sucede lo que cuando probamos á gritar &lt;'ll sueños: en mi laringe no se forman sonidof:l. fü tampoco habla: me hace señas de q1rn le siga .....
y le 8igo en dirt'Cción &lt;le la basílica.
En ,·e7, &lt;ll~ entrar por el pórtico bi7.antino donde se
rigolpan los fiel('R que concurren ,í la misa nocturna, mi
guía y yo no!'! ¡wgamos al muro de la fachada nueva, y
ante nof'otror- f.:(' abre sin rui&lt;lo una puertecilla pintada de
rojo, que yo siempre habfa Yisto cerrada. T"n par-adizo estrecho, quc&gt; r-e enrosca C'n las entraílrtí-! de piedra de la Catedral v ee ya il'111niendo cada vez más abajo, r-e nos presenta,\ mi fatídico guía se enhebra por él, y yo voy en
pos. Yerdosas ngetaciones, humedad resumada por los
poroA de la cant('fía, dan it aquel pasadizo gran semejanza
con el interior dC' lm1 acueductor-. Allá á lo lejor- oscila una
lucecilla, y cliríar-e que en vt&gt;z de acercarnos á ella, la Yernos cada ,·&lt;•z más distante. Bajamos y bajamos cuesta.&lt;J,
rampaFI, escalones casi insensibles al principio, después
tan ~scabrosos y pendientes, que ya, más que bajar, creo
rodar. La fatiga y el susto me detienen un instante, y entonc('A mi guía, Riemprecallado, Be vueh·e y me hace sefiaR de que continúe. Ya no son CEcalones: son despeíladeros pedregosos, cantiles de berroqueña, tajos inmensos
de donde amenazan desplomarse gigantescos pedrui::cos,
y luego una playa árida., escueta, límite de un mar pesado
y aceitrnm, con olas de un gris de plomo fundido ...... A la
izqnierda diyii:;,tbamos r~plandores rojizos intermitentes,
como si algun incendio de,·orase el caserío de los pescadoreH de aquelln. ribera maldita.
-Oye, poeta-digo á. mi guía, que no da señales de detenersP; aHteF sigue en dirección del incendio:- no quiero máe. Ko sé á. dónde me llevas, y contigo no Yoy tranquila. Debes de ser ánima del otro mundo, porque consta
que el tiro fue mortal, y tu sepulcro, que lJeya una inscripción ení:1tica, f:le les {'11!:!eíla á 108 curioso!-. Xo tengo
preocupaciones, pero la broma ya me parece pesada. Te
conjuro. Rezaré por tí.. .... P-i me vuekes ti la plaza ele la
Catedral.
-Par:\ nada me sirven ,í. mí los rezos-contestó mi guía
en voz serena y desesperada, voz de hielo, por decirlo
así.-\'en conmigo, y no pidas guía mejor, que Yirgilio
por tí no ha de molestarse. Yo fuí uno de los poetas menores del Parnaso romántico: la mufla no me amaba lo
bastante para hacerme inmortal, y quise ser inmo1i.td despo~ando á. mi musa con la mnerte ...... ¡Ojaht detnis de ésta no hubiese encontrado sino la nada!

Al hablar así el poeta no hacía contorsiones: su cara de
busto de mármol no ~e descompon fa ni se alteraba; sólo
sus ojos me parecieron anegados en un llanto que era
fuego 1i la Yez.
-¿Está~ en el infierno?-pregn,nté con tanta piedad como asombro.
-Así le llam,íis los vi\'Os-reHpondió el condenado.!fosotros le llamamos .!fondo tltfaior, y :í su Rey le nombramoo el Bají;:iino.
-¿Por opoi:iición al Altí.~imof
Sólo cont,estó con un suspiro el poet.."l..
-Pues yo no quiero tratarme con ef-ia gente-im-.istí
Yiendoqne de nuevo principiaba tí.andar mi guía.-Yo no
tengo \'ocación de suicida. A mí la Yida me parece amable, y Dios bueno, y fin¡;; obras perfectas; el arte me proporciona gocei-;, la naturaleza me vivifica, creo en la amistad, no atraYeRfodose el interés, y no tengo malo el C'St6mago. Déjame de réprobos. Dt'jame de fronteras donde
sea g(!nero de contrabando la esperanza.
-Si no det-cendiere,~ al mundo inferior-contest-ó mi
guía mir..1ndeme de pie8 ií. cabeza con desdén glacial-Reriis inferior tt'i misma. Quien no realiza la. bajada :í. los
infiernos, que no se tenga por arth4a humano. Peor para
tí ~i retrocedes. Ya me sospechaba yo que tendría~ miedo, y por eso elegí esta noche para tra&amp;rtc :í. la mansión
del dolor. Para que veRR cómo del mismo infierno no est:i de:.-terrada la piedad, te traigo á él la única noche del
afio en que no se atormenta ,í. los pecadores. ¿Yes cómo
la roja lu7.de los hornos de hierro ya palideciendo y transformándose en blanco fulgor sideral? ¿YeH cómo las llamas ya son luminarias? Xo es porqneel infierno se alegre
del nacimiento de Cristo, porque en el infierno no cabe
alegrfa; la pena de sentidn, que es la tristeza, no se nos
perdona jam:.íH; pero ef!ta noche se interrumpe la de tl11iirJ:
Jor,: suplicios cesan, y cef.lan tambien los aullidos, e,l rechinar de dientes, el rugir y el malaecir. Yen ¡;;in temor ...
¡)fo Yes, allá :t lo lejos, en el último confin ele ese mar
ele metal anteM cadente, una claridad ca11i imperceptible
que tan pronto riela como se apaga? Es el último reflejo
de la estrellita de Belén ...... que alumbra otros parajes
menos horribles. Hasta el amanecer no cesad de rielar,
y mientras riele, mal que le pese al Bajísimo, Hll!-' ,·erdugos no podr:1n torturarnmt-Entra Hin miedo ...... Te creerás en el ::\fondo terrestre, porque t1ólo veráK tristeza y
amargura, pero no entrañas arrancadas y pies to!-tados
por el fuego ........ .
Como si no dudase de mi aquie8cencia, echó delrmte y
en efecto le seguí animosa, sintiendo def!pertar.::e ya la
curiosidad inextinguible. Cruzamos. la puerta !'!Ombría
con f!U lema oh-curo y vf desde el primer momento que el
Poeta menor no me había engafiado. Aquello, si era infierno, no lo parecía. ~adie se !ameritaba por allí. A la
puerta se agrnp:i.ban los indiferentes; los conocí por su
actitud, mas no les importunaban a\•ispas ni moscone~.
Más adelante lmi culpables por pasión no giraban entremendo remolino :í. tra,-és del negro ambiente; inmóyiles,
divididos en parejas, se miraban con ansia infinita.
El recio aguacero y el duro granizo no azotaban las espaldas de los golosos, y los ayaros reposaban 8entados en
los ingente8 pef'iar-cos que sin ceRar se les obliga :í. imbir
por cuestas y asperezas empujándolos con el mísero pecho donde no tu,·o cabida la generosidad. Apagada:,¡ las
fosas de fuego ó braseros donde los epicúreos materialis~
tas y herejes sufren el castigo de sns errores nefandos, los
achicharrados respiraban, y aun sus ojos fuera de las órbitas y su carne retraída y que descubría el hueso, demostraba la violencia del atroz suplicio. Por el suelo ví trozos
humanos, fragmentos del despedazado tronco de los ,·iolentos é iracundos, que pugnaban por juntarse aprovechando la breve tregua de horas: las sangrientas cabezas
se empalmaban sobre loa hombro~, las manos descepadas
se adherían ni brazo otr:\ Yez. Al pasar por la sombría
senda de árboles Yivientes, mi guía t1e \'olvió y me miró
con un dolor tan intemio, ian nlti vo, ta.n insondable, que
recordé ...... Los suicidaa son lo.3 que sufren tal pena, y
los que desgarrados perpetuamente por implacables lefiadores, acogen entre sus dolientes ramas, por donde circula la requemada sangre, á las Harpías vengadora~.
Más á la sazón los horribles monstruos habían desaparecido. En la selvn no resonaban quejidos de agonía. El
infierno descansaba. PreRté oído ...... ~¡ un sollozo.
Con todo, juraría que hall_¡ en un rincón ...... ¿Me equivoco? ~o; alguien gime, al¡uiense retuerce, alguien profiere imprecaciones y maldice de h\ hora en que eu madre le echó al mundo ......
-Poeta-le dije-me has mentido. Sácame de aquí.
Están atormentando ...... No quiero oír, ni Yer...... Sácame ií. la luz: me angustia esa queja tan doloro.rn.
-Tienes razón, se me olvidó a\'ieiarie-declaró el Poeta.-Es cierto que atormentan :í uno ...... el único ...... la
excepción ...... Le fustigan con varas de alambre enrojecido y le echan por la boca pez hirviendo ...... Escúcha: es
que ese hombre asesinó á un rival.-liacfa muchos aflos
que proyectaba el crimen y la venganza: no hallara oc~•
sión de realizarla sobre &amp;(&gt;guro y acechaba en la sombra,

calhtdo, siniestro. Una noche como la de hoy, encontró
á su enemigo en despoblado. L:1. víctima. iba á caballo,
y apretaba el paso, porque quería llegar :'i tiempo de cenar con su madre y ai::ompai'iarla 1í. la iglesia ií. celebrnr
el nacimiento de ..·lqw•l ...... l\Inno :i la riPnda del caballo:
puílal asestado, golpe seJuro en mitad del corazón ........ .
La madre, que esperaba á su hijo, recibii'&gt; :'i la hora de la
Mi!'la del Gal lo !tn cadá \·er cosido ,t pu11aladas. Por ei')o el
asesino no goza de la inmunidad di,, esta noche, que no
respetó.
-Y1ímonos-supliq11é con energía.
-\'1tmonos contef,l.tó el Poeta.-Te llerni-é :í. ver la Sorhe-!,uma m d PitrgaWrio.
Em1,u P,urno BAz.i.x.

---

LA NOCHE-BUENA

En el P••ro·atoI·io.

1

poeta suicida que me había gufado por los laberintos y reco,·ecos de los círculos infernales
ne sacó al fin de la caYema, y juntos salimos 1i
dilatada llanura. Pensé halhnme en los descn.mpados de
Castilla, porque si la tierra ercl ,i.rida y &lt;l.e cansado Y pol\'oriento matiz, en cambio e'I ci1.-do, Yestido rle dulce color de .ta.tiro oriental, respla.ndecfa con h&lt;,rmigueo de
brillantes constelaciones. Ln que me per:-iuadió de que
me hallaba bien lejos del país ca¡.;tellano fué distinguir
entre &lt;.'lla.s la centelleante Cruz dd Sur.
A lo lejos se oía el cheque de las ola.e; contra una pin.•
\'a. Guiados por el ruido, nos fuimos acercando :i la orii1a. Una barca columpiaba el oleaje, porque oleaje t('nfa
aquel mar, oleaje vi\'O y fosfore~cente como el del C'anUbrico, y una brisa raudi\ y salitrusa hacía palpitar las
n~las. Entramos en la barca, y el poeta tomando los remos In desvió muy pronto de la. orilla. ~\.sí que encontramos el filo ele una corriente, alzó los remos y dejó que
el ,·iento v el ngua nos llevasen sin esfuerzo hacia h\ i!'lla
que se c¿lumbraba lejos aún. bastante lejos, entre los
yioláceos cre~pones de neblina de la noche.
-¿Yamos ,í. \'Cr más penas todaYía?-pregunté al poeta., deseosa ya de quP terminase nuestro periplo.
-¡Pt:na.s!-su;;;piró dolorosamente el condenado.-¡..\.h,
quién pudiera sufrir l.\S penas que ahora Yeremos! Xo
hay m,í~ pena Yerdadera que la que no tiene fin: l·n día
tms otro coneúmese el tiempo y se yan absorbrnndo las
horas como agua filtmda por arena; todo snplicio se hace
llcmdero nl pen~ar que cesará, ( y como decfa mi ilu~t.re
antecesor Yirgilio) la última hora de la Yida es el desquite de los nncidos. Pero en la región dond.e yo habito
v de donde saliste hace poco, no hay días III hora~ ......
~ino un infinito de tiempo siempre presente, sin límite,
sin negación, sin forma pa.rticul.\r ...... ¡Loco se Ynelve
quien cu eso piensa!
.
Llena de compasión guardé silencio, y el poeta, dPJando
caer sobre el pecho la faz, calló también: Xos íb nuos
acercando á l..\ isla del Purgatorio: sus dento.liadas co.;;tas,
sus ribazos, sus ,·aporo:"a'i lejanías, sus valles, se di,·i:"aban claramente á una luz que se parecía mucho ~'i la tic
la luna,ó mejor dicho :i la eléctrica., y que permitía apreciar los colores. Soté que al acercarnos á h\ isla !ns olas
fosforescían más. y se voh·ían transparentes, con la transparencia pálida de la piedra llamada tan propi.amente
agl«marina: todo era verde aldedor nuestro, y 1~ isla, po·
blacL.1. de tupidfe.ia10 arbolndo, verdeaba ta1nb1én como
gigantesca esmeralda engastada en oro fino de los arena.les, donde atracaban si:i cesar barquillas atestadas de. ;\lmas, una multitud silenciosa vestida de ~erdes tunicelas hechas tal vez d~ follaje. La claridad verJo:-n,
'
.
.
difundida en el aire, teñía las caras de un rua~1z s111gular, como si se reflejasen en una luna de espeJ? muy
antigua, 6 más bien, como si las mirásemos al raytto fosfórico de un gusano de luz.
-Todo es yerde aquí-dije al poeta.-Solo tú me pareces del color de la cera purificada.
-Ya comprenden.ís la razón-respondió el suicid&lt;\ cou
calma espanto!la.-El verde es el color de l:1. ~aturale7:a,
que resucita á ca.da primaYera, y qu~ ni derret1i:se la nieve aparece lozana y fecunda., como s1 no la pu?tese ofender el tiempo. En el Pnrgatorio obsen•artis siempre esa
entonación gozosa y juvenil. El infierno es rojo; el Purgatorio verde ...... Repám qué prados, qué selvn.s, qué
frondosas plantucionas.
Entrábamos en una ensenada que rodeaba una Yegetación tropical, y la bari.;a. se detenía, presa en W1a maraña
de alga.a finas como cabelleras y recias como cordajes de
espa.ri;o. i!f3altamos sobre las piedras, que ha.cían un muelle natural, y t\briéndonos paso al través de matorrales
espeeísimos, llegamos :t CS1?aciosa explanada, donde ho~roigueaba innumerable multitud. Desnudos, 6 reve~t~dos cuando mJi:1 de una sobrevesta de lampazos, parecida :í la que lleYan los salvajes esculpida en los pórticoil
de la! catedmles, se apiílaban en la inmensi\ pln.nicie los

sentenciados á presidio e■piritual, ó éean las ánimas dl.'l
Purgatorio. La costumbre de verlas siempre en pinturas
y retablos cercados de lenguas de llama, mé hacía. desconocerlas con aquel atavío.
-¡,No ha.y fuego aquí?-pregunté nl poeta.
-E!o:ltn noche no lo hay ni en el infierno: ¿c6mo querías que aquí lo hubiese?-respondió mi gufa.-Sin em~
bargo, aquí el fuego nunca es visible. Esas ánimas de
retablo son un medio ele dar ti entender (L los sentidos lo
que no podría comprender acaso la razón ...... y es que
aquí P.P fl.r&lt;le por dentro; se Rnfre una calentura que nunca
remite ...... excepto esta noche: una calentura de cuarenta y un grados y varias décima.~, que disueJye la sangre,
eeca el corazón, abrasa la.s fauces, incendia el cerebro y
engendra continuo delirio. En el Purgatorio se vive delirando: esto es un semillero de inventores, de descubridores, ele escritores, de artistas, de locos sublimes que
todo lo quieren transformar, regenerar y embellecer: su
dolorosa fiebrt• 1:1e resueh·e en concepciones mitad absurdas, mitad grandiosas, y los únicos momentos en que
descan~an es cuando pueden a.cercarse ..í. aquella fueñtecillnqne brota allí-¿no la ,·es?--entre dos peñaf,l. ...... y
que está formada con las hí.grimas de los que rezan por
[a¡¡ bendita,JJ alnia.11 dl.'l Purgatorio, sospechando que reside
aquí alguien ,t quién amaron ...... Una sola gota ele ese
milngrO.."'O manantial les rebaja la calentura ..... .
Lo malo es que :t veces la fuente corre tan escasa, tan
escasa, que no llega par.1. remojar los labios ...... Hay épocas del afio-Cn.rnarnle~ por ejemplo-en que casi se agota la fuente ...... En cambio, d día de Difontossurteabun•
te, impetuosa, y su rumor con!-uela á !ns ,lnimas ...... ¿Xo
has efltado tú en el campo el día de Difuntos? ¿No te fla
parecido que en la danza. de las hoj.\S seca.e¡, en el estridente aullido de h\S r.í.fnga.s de invierno, en el gotear de
la lluvia, en la voz del mar cuando embiste cont.ra las
peñns, hay \'oCefl mi8teriosm:1 voces del otro mundo? ¡IA,;¡
hay, lm~ hay! ¡Cómo enYiclio á los muertos que reciben
socorro de los virns ,í quienes amaron! ¡A mí no pued9
socorrerme nadie!
Y el poeta se echó ambas manos ií. la cabeza y un rugido ee ahogó en su ronca garganta ..... .
Nos llegamos á la explnnada y nos mezclamos entre la
muchedmnbre de 1.•spfritus apiñados allí. Era la explanada pradería ele yerba densa y blanda, donde nos hundíamos hasta hu, corvas. En mitad del prado se elernba
un árbol inmenso, paradisiaco, singular en su forma: sobre el alto tronco brotaban de súbito dos ramas horizontales, gigantescas 1 pobladas de follaje, y otra rama \'ertical, irgiéndose en el centro, completaba la copa. La innumerable cohorte de ánimas tenían los ojos tenazmente
fijos en el árbol, como si algo muy importante fnese i'i
suceder en él.. ....
Miré :t dereclrn.é izquierda, buscando un ánima :i quien
preguntar, y como llamada y atraída por mi deseo, se
me presentó una mujer jo\'en, de tipo muy conocido para mí-aunque al pronto me sería difícil decir dónde, cómo y cu:indo la h11.bía visto ya.-Guirnaldas de hiedra Y
gentiles abanirws de helecho velaban su casta desnudez,
envolviéndola tan completamente como lospailos de un
ceñido ropaje, ayudando al mismo oficio In copio!'a rnat.a.
de pelo rubio esparcido por espalda y hombros, que en
doradas hebras bajaba hfl.'it.a. los calcañales. Aquella mujer tenía la cara omlada, laf&gt;x:presión candorosa, los ojos
bajos, las manos cruzada.-s sobre el pecho: parecía la estatua del Pudor; tanto lo parecía, que ha be de decírselo..
-¿Uas podido pecar tú? ¿En qué pecaste? ¿Cómo nniste á las regiones de la expiación?
-::\Ie tr!ljo :í. el las f'l amor1 dueño del mu!~do-co~te~tó
la. muj(•r rubia, teí1i&lt;las de carmín las meJ1llaa.-lo era
una pobre muchacha de: pueblo, quedé huérfana, sin m:is
dote que mi hermosura y mi ,•irtud. Hilando, cosiendo,
barriendo y fregando se me pn.saban los días de la mocedad. Sucedió que al E:alir de misa vi á un seíior muy galán y bizarro. )le requebró y le adoré .•~l SO!.--l)C:C~1arque
yo estaba enferma, las comadres del ba.rr1.? me 8enalaban
con el dedo y las moza8 de cántaro ee remn 6 volvían el
rostro. 11H~ pecadon me decían; y yo contestaba: 11:Es
cierto, pero Dios me perdonará.» :M~ hermano era solda.do: al volver de la guerra y saber 1111 deshonra, provocó
á mi seductor y fné herido mortalmente por él. Espirando me dijo: uHas pecado, maldita ¡;:ea.~." Y yo cont.esté:
&lt;•Cierto, pero Dio¡;: me perdonara.» Na.ció mi hijo: el abandono y la desesperación me volvieron _loca ...... y le arrojé al agua. Los Tribunales mesentencmron ;,\ muer.te, repitiendo: 11Has delinquido.,,-11Dios me perdonará» contesté llorando ..... .
-¡Pobre 'Margarita!-exclamé, porque ya recordab.a
dóndt.• cuándo y cómo había visto aquella dulce y last1•
moFa ;figie.-Yo no te hacía en el Purgatorio. El gran
poeta alemán nos aseguró que te habías ~ah·ado Y que
etiltab..'\.~ en el Parníso ...... .
-~li historia e~ tan vulgar-contestó :Margarita modestamente--que no sé cómo se le ha ocurrido narrarla á.
ningún poeta. Tiunpoco sé cómo ese poeta, que ser,i un
sabio, ignora que el pecado ha de purgarse antes de en-

EL ~:UNDO.

205

trar en el cielo. Lo diría. por hermosear mi vida, que fué
bien t,riete y bien sencilla y bien agena á galas poéticas ...... Sí, yo ePtoy aquí sufriendo, hasta que Dios quiera, la horrible c,l.lentura expiatoria. Hoy no¡ hoy respiramos¡ hoy se humedece nuestra boca achicharrada y se
calma el ardor de nuestro corazón ...... Hoy ...... al punto
de la media noche ...... cuando en el establo de Belén 1:1e
verifique el gran suceso ...... aquí se verificad otro, que
aguardamos con aUn ..... .
Y de pronto, juntando las manos, exclamó:
-¿Ves? ¿Yes? Ya se verifica ...... ¡El árbol florece!
En efecto, sobre el follaje del gigantesco árbol de forma de cru7. se destacaban unos puntitos diminutos primero como cuentas de coral que iban creciendo, ensanch,tndose, cnbriendo de placa3 rojas la \·erde espesura.
Fragancia suavísima se esparcía por el aire y las placas
bermejns adquirían contornos de flor, paraciendo 1í un
mismo tiempo c:ílices de resa y heridas frescas destilando sangre ..... .
La multitud de las ánimas, al florecer el ,trbol, rompió
en himnos de adoración: la isla entera resonó como una
arpa; collado~. r-el\'a~, valles~· praderías vibraron musicalmente; y el poeta, separando las manos del rostro, gimió co11 acento ~epulcral:
-¡Felices loi:i que esperan!
E:.IILIA PARDO BAz.ts.

Iba Don Juan cierto día
con liaría
~irviéndole de galán,
y al lado de la pareja
una Yieja
que la cuida de Don Juan.
Don Juan la mano tomaba
y besaba
de la cándida María;
y )[arfa suspiraba
y decía
tí Don °Juan su ardiente queja
-Y la vieja? ..... .
A María le ne.e-gura
con ternura,
Don Juan la mano de esposo;
\' abrazando su cintura
·
caritloso,
su ardiente amor le bosqueja.
- Y la ,·ieja? ..... .

Y lo miraba )farfa
y decía
ternezm~ mil 1í. su amante;
y Don Juan le respondía,
que á galante
ntrás ninguno lo deja
- Y la vieja?..... .
Llegaron 1t una casita
donde habita
un nmigo de Don Juan;
Don Juan al amigo grita,
y a.l zaguán .
les abre paso nna reJa.
-Y la Yieja? ..... .
Una candileja ardía
noche y día
t&gt;n el obscuro zagmín;
Don Juan fingió quecnía,
y el truhan
apagó la candileja
-Y la vieja? ......
Ln yieja nomá.s decía:
qué malo es este Don Juan!
.J os~: l\P~ ESTEVA,

EL MES DE DICIEMBRE
EN

vf1
:r~·.

T....A_

ANTIGUA

I

L I : U..A...

.

LL..\. en los tiempos del rey, la conclusión de
t
año era, en la ciudad fundada por Pizarro, de
.,._;éi\.:})' lo buenn lo mejor. Mes íntegro de jarafl('ifi y
, . , ~ bebeml11rria.

Raro era el barrio en que el 8 de Diciembre no se celebrarn, en algunas casas de la circunecripción, con lo que
nuestras bisabuelas llamaban altnr dr la P11ri..simn. Arm,1base éste en el :,:alón principal, .r desde las Pietede la noche los amigos y amigas irwitadas empezaban ,í. llegar.
Principhí.base por un rosario de cinco misterios acompal1ado dec.i.nticos ,i. l:\ Yfrgen, S('guía una plática dernta pronunciada por fraile ele campa.nillaf!, comensal de la
familia, y cLibm;e remate ,'i la fnnciún religio~a con vil!nncicos alegres bien cantado!&gt;, al compiis de clavicordio y
violín por hl.S criadas de la c:1sa, á las que se asociaban
otras de la vecindad.
'
Después de las diez de la noche, ho1 a en que se clespü·
&lt;lían los con\'idados de ·etiquet ·, principiaba lo bueno y
lo sabroso. Jarana en regla. Las parejas se sucedían bailando delante del altar el o,tdií, el ¡xutpié, la pfrza ingle1ta
y demás bailes de sociedad por entonces á la moda.

Por supuesto que las copas menudeaban, y ya despné~
de media noche se trataba 11 la Purísima con entera confianza; pues dejá.ndose de bailecitos sosos y ceremoniosos, entraba la ,·oluptuosa zamacueca con mucho de arpa
y cajón.
Y el altar de la. purísima duraba tres noches, que eran
tres noches de jaleo, en las que f!O capa de devoción, había p'lr,1. las almas nrncho, muchísimo de perdici(m.
II
Des.ele el l;') de Diciembre comenzaban las matinales
misas de aguinaldo, en las que todo era animación y alegría. ¡Qué m11chacheo tan de rechnpetP el que en esas mañanas se congregaba en las iglesias para tentación y pecadero del prójimo enamoradizo!
Una orquesta criolla1 con cantores y cantoras de In. lu:bra, hacía oír todos los airecitos populares en boga, como lo est,in el trío de 101:1 Ratas ó la canción de la Afrn.e·
giúfo. Lo religioso y sagrado no excluía á lo mundanal 6
profano.
Al final de la misa, un grupo de palla.'f bailaba. ra,.fwa
y el nuú.~ilto, cantando coplas no siempre rnuy ortoclox'as.
Una misa de aguinaldo duraba, como la de .N'oche Bue•
na, por lo menos un par de horitas: de siete á nue\'e. E~as
misas sí que eran cosa rica, y no insulsas como la:i de
ogaño, Ya en la Misa de Gallo no hay pitos, canarins,
flautines. zampofias, matracas, bandurrias, ;-.ambombas,
cantico ni bailoteo; ni los muchachos rebuznan. ni cantan como gallo, ni ladran como perro, ni mugen como
buey, ni maullan como gato, ni nada, ni na.da de lo que
los \·iejos alcanzamos todavía, en el primer tercio de la
república, como pálida rcminiseencia del pasado colonial.

lII

.

La No:!hc Buena, con su M~rt cll' Gallo, era el no hay
m,ís all.1. &lt;lel criollisrno.
Desde las cinco de la tarde del 2-1 de DiciembrC', los
cuatro lados de la Plaza :Mayor ostentaban mesita:.., en
las que ~e \·endían flores, dulces, conservas, juguetes,
past.a!'I, lic)res y cuanto de apetitoso y ma,ulucable plugo
:í. Dios crear.
..A las doce sólo el populacho quedaba en la plaza, mnltiplicando las libaciones. La aristocracia y la clase media se encaminaban :t los templos, donde las pallas cantaban en el atrio, villancicos como éste:
Arre borriquillo.
vamos :i Belén,
que ha nacido un nino
para nuestro bien.
Arre, borriquito,
Yamos :t Belén,
que mañana es fiesta,
pasado también.
A la )lisa de Gallo segnfa, en las casas,"'opípara cena,
en h\ que el ttVnnl era plato ohligatorio. Y como no era
higiénico echarse en brazos de Morfeo tras unn comilona
bien mascada y mejor humedecida con buen tinto de
Catnhuia, enérgico Jerez, delicioso Málaga y alborotnclor
quita.p,•.&lt;(r,reff ( migo legítimo aguardiente de Pi8co, de )lotocachi ,'1 de Locnmba), improvisábase en íamili:l un
bailccito al qne los primeros rayos del sol ponían remate.
En cuanto ni pueblo, p;,l.ra no ser menos que la gente
de por-ici,)11 1 armaba jarana hasta el alba, alrededor de
la pila ele In plaza. Allí las parejas se descoyuntaban
bailandn zamacuecas; pero zamacueca borrascosa, deeea
que hace re!-iucitnr muertos.

IV
Como los altares de Purísima, ernn los narimiento!f motivo clP fier-t.a doméstica,
Desde c&gt;l primc&gt;r día de Pa.o:cua armó.base en algunas casas un peqneiio proecenio, !obre el que se \'eía el eRtablo
ele Belén con todos los personajes deqnP habla la bíblica
leyenda. Figuriltasdepai;ita 6 madera, más 6 menos gracio!ó!ar-, complementaban el cuadro.
Todri el mundo, desde las aiete hasta las once de la noclw. entraba en el salón donde se exhibía el divino )fisterio con entera llaneza. Cada nacimiento era m1ís ,,isitado y comentado que ministro nueYo.
Cu;ndo llegaban persomtR amigas de la familia propieta
ria ele\ nacimiento, se la-1 agasajaba con un va,;¡o de aloja,
chicha morada ll otras fr~"cns horchatas bautizadas con
el nada limpio nombre &lt;le orinl'!f dPl Nilio.
En no poca!'! casas, después ele las once, cuando quedaban solos los ,·ecinos Yamigo~ de confinmm, ¡;:.e armaba
una de golpe al parche y fuego :i la lata. Se bebía y cutq11Ntlm en grande.
El m:ls famoso ele los 11:1.cimientos de Lima era el que
se exhibía en el con Yen to de lo.-3 padres betlemita.,;¡ ó barbonl'S. Y era. famoso por la :~bundancia de muñecos autom:itico.s y por los ,·illancicos con que !ei::tejaban al Diyinn Infante.
PNo como todo.tiene fin sobre la tierra, el {{ de Enerodía de los Hey('S :\fagos, 8e cerraban los nacimientor-. De
suyo Ae deja adi,·inar qnc aquella noche el jolgorio era
mayúsculo.
Y hasta Diciembre del otro año, en que para diferenciar, se repetían esas mismas piezas sin in menor Yariante.
RICARDO PALllA,

�2UH

•.

•

22 DICIEMURE, 18!:J5.

22 DrrrnMunE, 18!J,'i.

EL.i\IUSDO.
======

Boceto ele N a~ridad.
I
MPAROabrió e-1 balcón, y unn r.ífaga de \'iento helado azotó su frente caldeada por la vigilia y el dolor.
En la reCtlmarn vecina agonizaba el hijo de ¿:u amor¡ pero habíase. JJresentado un momento de calma relativa, y
ella, aprovechando aquella tregua pasajera que á su mar~trio ofrecía el de~tino cruel é inexorable, !inlía :.i contemplar el cielo1 :i ver las estrellas v á. commltar la luna que como hostia santa
P.e levantaba magestn~;a en el lejano horilwnte.
¿Qué eo¡.,a palpitaba C'll el cornzó11 de nc1 uella madre? qué ?rotaría de sus labios secos'? la ple,garia qn\.l n·&lt;lime ó la blasfemia que
condena? ..... .
¡Q,üén sab~ ! Clavó su mirada calenturienta en la inmenM1. soledad del
cielo; dos lágrimas temblm:911 en :-1us pestai'las; sn pecho exhaló. u1~ sollozo
hondo y por mncho tiempo comprumdo, y se
In habría podido oir que murmuraba en ,·oz
baja" entrectlrlada:
-Senor, Scfior ¿en dónde e~tá tu Justicia?
¿dónde se oculta tu misericordia que solo sien•
to los latigazos de tu cólern?
¿Cu,íl es el estigma de maldición que lle,·o
sobre mi frente que me hace encontrar punza.
dorns espinrn, donde otros encuentran flores
perfumadas? qué sino fatídico, qué ~redestinnciún inconcebible precidi6 ,'l. mi nacuniento?
Si me hich!te madre, si me concediste al hijo
clt! 111is entrni'las para hacerme olvidar los disculpables dei,;vfos de mi esposo; ¿por qué, m~ lo
ant)b.\tas ahora 1 y me dtsamparas en m1 tnste
orfonliud?
Te complace~ acaso en e: martirio de las alma::- que crem;tt&gt;, y solo son aceptas á tus ojos
la!. que se purifican en e l lla!1to y el dolor? ..... .
1\•rd6n, señor; perdón. No debo yo, gusa.no
111i~erable le,·ant...'lr la cabeza delante de tu mlinita bondad. Inexcrutables son tus juicios, y
ucn ltos v mii;terio:,os tn~ caminos.
)larra: madrE! también, y como yo afligida,
n1l'in• hacia mí tns ojos de ternura ...... un ¡ay!
dt•!-garrador interrumpió el soliloquio, y A.!~l}MnJ corrió al lado de la cama en que su h1Jo
agonizaba.
JI
-Madre1 la dijo, ¡,por qué llorn~ '?

)lira. ya eRtoy n.!Pgre: ya nada
me dut-le; ya puedo respiiar con libt•rtad, y hablar•

te, Y besarte, Y cont!lrte lo que soñaba hace nn momento. Es verdad que me da tristeza, pero mud.1a tristeza, ~o verá mi papá¡ casi me dan ganas de !!orar cuando pienso
que hace tres dias que no nene á.darme un beso. Pero te tengo á tí mamá de mi alma; te tengo á tí y al Niño Jesús que hace poco esturn.1 visitarme y á convidarme para
una fü•sta que hay esta noche en el cielo.
)lira, mamasita, vámonos con el Niflo-Dios que celebra er::ta noche el día de su
~anto ~on todos los ángeles y los niños que son buenos, y luego vendremos por mi pa·
pá, pa, a lle,•arlo á. nue1-tro lado, y que no se separe nunca de n~otros para que tú no
llores.
'
• Anda, maii:iá ..... ;... ya viene el Ni.il.o-Dios con mucho:::angelitosymequierelle,•ar.
, 1hnonos, chuhta, vamonos ......... ¡madre ....... de mi ......... corazón!. ....... .
El ni~o lanzó u~ suspiro, y se quedó como dormido. Una sonrisa.celestial mgaba
en r::us labios march1toe. Había muerto reclinando su cabecita rubia en el seno de su
madre, y sofiando que f.:e iba con el nifld Jesús.
L.~ madre, !~_desolada Amparo, inclinó la frente y llor6 sobre el cuerpo inanimado
de ~u inocente h1Jo.
A ese mismo tiempo una turba pasaba por la calle y el viento frío de
la noche llevó á.los oídos de la madre sin Yentura, cod los alegres ecos de
p~ndereta.s y gmta.rras, la voz de los que cantaban regocijados: ueRta ,wchees

:!07

-Mira, Amparo,-dijo después de una pansa qne súlo interrnmpían los eollozos de
la esposa mártir y madre sin ,•entura-no debo ni bt·E-ar E!! cadth-cr de mi hijo adorado, sin ofrecerte los medios con que le habremos J,;; dar honrosa sepultura.
Xo tardo; y cuando esté á tu Indo de regreso, te pe&lt;liré perdón d. tí que t:mto
snfresi y d. mi hijo que me mira desde el cielo.
Amparo quiso hablar, quiso suplicar, pero 110 pudo: un nn&lt;lo cruel le apretó la
ga.rganta, y apenas logró exhalar un quejido lllgubrn. ~ , ...

•

n·

El hombre aquel salió como escapado ele su hogar; cvrrió por calles y plazas desolado y febril.
Se detuvo por fin delante de una casa &lt;ll' cuyo;. b:1lcone:- se· derr.,maban torrentes
de luz.

,\()('he-Bu.e11&lt;1.•1

III

rn golpe seco resonó á las puertas de la estancia mortnoria. El que
llamaba par~eía teper !nucha. prisa, porque los golpes se repetían y menudeaban con 11npac1encia fehnl.
.Amparo salió desu ensimismamiento doloroso, y fué á abrir con mano trémula.
en hombre se precipit-6 á 1a'cámara1 mostr~ndo ensu ademán arrebatado1 en fm_s mii:adae vítreas, en eu traje desgarbado, que algo sombrío pas~ba en el .mtenor de aquella alma, que aquel espíritu era azot.ado por fur10sos aqu1loneR.
Llevaba en una mano un papel escrito con caracteres ininteligibles· en
la otrn una botella que exhalaba fuerte olor de botica.
'
Amparo lo detu,·o, pronunciando con voz lenta estas palabras:
-¡ Es tarde!. ..... Mira!. ... .. - Y levantando el brazo, le sen.aló con expre...,ión altiva. la camita tibia todal'ia, donde reposaba el cuerpo inanimado di:'! hijo abandonJdo por el padre criminal.
-¿Cómo pudo ser e~to, esposa mía? ¿Cómo pudiste partir, hijo de mi
corazún sin qn~ yo te. diera .el beso de des~~ida?7 sollozaba aquel infeliz,
que había podido olvidar, rnsensato, al htJO moribundo y á. la madre afligida.
Y si Yieras---continu6 con calenturienta agitación,-desde..esta mafiana queda. venir á traerte la rec1::ta que me mandaste anoche.
Pero quería traerte también oro, mucho oro, para que ya no padecieras y _para que á mi hijo no le faltara ningún recur:;o en !§U enfermedad.
¡Qué dt'l-lgracia, Amparo! ;qué martirio, hijo mfo! Morir, y morir en
este abandono. Dios mío, ¿porqué no me sugeriste la idea de que la enfernwdad de mi hi jo era mortal, y no que yo, confiado y loco, pensaba
que .i::nfa como otras tantas que habia padecido?
Y lloraba. aquel hombre, y rnllozaba, y sus miradas vítreas se perdían
en algo vago que flotaba en sus fanMsticas visiones.

La puerta estaba franca.
Antes de penetrar vaciló un punto, pero reflexionó:
-Ahf ha de estar Robles, y él me prestartÍ dinero. Sí me prestad, y con eso
probaré fortuna. Xo he de ser desgraciado en todas partes.
Sí, sí, Dios me ayudará, y dentro de una hora, de do.'!, ¿por qué no? 6, aunque
sea'al)manecer, le llevaré 1i Amparo mucho dinero para que eutcrremos decorosamente á mi pobre hijo.
Sí, sí, Dios me ayudará!-dijo y penetró al garito.

,,

s

...

lra ~oche-IT)ue na en ~éxico.
Dibujo de Iléctor Hernández.
(Dibujo de Carlos Alcalde. )

)Iientra~ él, presa de ansiedad febricitant&lt;', clarnba hl.S mirathis en d tapete
Yerde, las turbas que pasaban por la c~sa de .\mparo, hacían IIPgar :i los oídoR de
la madre sin ventura, entre el ruido de lai:, pandt:retas, el estribillo interminable de
uesta noche es Xoche-Buena.1)
)léxico, Diciembre de 1895.

�22

EL MUNIJO.

208

DICIEMBRE,

1¡;:..,5,

\!a Noc}ie,buena ael genaarme.

2:l

1895.

EL MUNDO.

La Navicladcleunbohemio.

TEATROS.

Drcrn:u:BRE,

~

Oiga vale, no lo engano
Ni en esto hay qnien me avasalle,
Cuido mi punto y mi calle
Ya lo ve, todito el año,

D RE naturaleza, te distraes frecuentemente.
Te di8traeo frecuentemente, madre naturaleza.
En tu vasto laboratorio, hay marmita"! que es'"
nalta el orín, alambiques qne no destilan re·
tortas . rotas y criso!es sucio.!!, y en esas marmitas,' eso¡¡
alan1b1ques, e~a!:! retortas y E:'SOS crisoles arrumbados y
poh-oso!'!, q,nédanse re8id11os de diversos elementos orgánicos que sirderon para. tales y cuales generacionee, para tales y cualt•i-; hombres, y luego, luego, oh gran bobalicona, eu un momento dado, se te va el eanto al cielo y
confundes ingredientes viejos con ingredientes nuevos.

Con el hielo y l:'1 cnlor,
Siempre me \•ertí, flamante,

Y ni me hacen comandante
Ni me habla el gob~rnador.
¡Me pega.n cada mohína
Los viejos y los muchachos!
Siempre levant-0 borrachos
Y nunca dejo mi esquina.

Ahí va un bohemio; lo ves? Y bien, dime, qué vino :t
hacer á. este siglo? Este siglo lo repudia, pol'que este siglo no sn_Pña:_l'a.zona; no imagi~a: analiza¡ no ama: goza;
no crt&gt;e: 111c¡111ere; no acepta: discute.
Tu boheudo debió nacer cuando el A.polo de "·eimar
mataba :í. en "perther, cuando Drm.Juanena111oraba princesas ve11eciana~, cuando un abate fraucés en vlaba ii A.mél'ica. 1L'\fano11 y un poeta italiano te maldecía, oh grang~neradora!
Lo que dije: te distraes, chocheas: lo testifica f"Se último
abe11cet1·ajr.

l\Iuy tempranito me afeito,
Y al verme tan planchadote
Me llaman 11el tecolote¡&gt;
En la pa1, como en el pleito.

¡Qué vid:i de los demonios!
Siempre oyendo necedades
Y entrando á las: vecindades
A componer matrimonios.

Y todo el mundo me aprieta,
Y me manda. y me apachurra,
Lo mismo el que monta en bnrra
Que el que corre en bicicleta.

.. La gen~ recorría en apretados grupos, las calles, cliriJ1énd0Ec tl Catedral, en una d~ cuyas pesadas torres parl,rnchina etiquila Re desgafiitaba llamando 1í. los fieles ú. la
1m~a del Vallo.
El b1&gt;heinio me encontr6 v enredando su brazo al mio
me dijo sin pre,imbulos:
·
'
-:\lira, por una aberración inconcebible, traigo dinero
mucho dinero, sabes? Cinco, diez 1 acaso quince pt•sosi
a~emás 1 ll!ogo frío! no m,r1,(fuland 1 que ese io he tenido
s1e.111pre en potencrn, nunca en neto. .Además, hoy nace
Cr~sto, hor se aparecen los Angeles it los pastores, lo cual
quiere decir que andan sueltos. Acaso pues, los veamos
á través de una coP:ª·
Yo espero su epLfanía radiosa. Yen conmigo.

En eso estamos perdidos
Y me ha llamado ga.ndúl
Nada menos q1w el consúl
De los Estados Unidos.
Y no tuve culpa y6
Dd que un joven tropezara,
Y cayera. y lo aplas~ara
Un coche que se fugó.
Porque sin trampa y sin artes
Confieso, y yo soy así,
Que lo que nos pasa aquí
Pasa, amigo, en todas partes.

Mire lo que pasó ayer,
Porque eso no tiene nombre,
Salió de la tienda un hombre
Y le pegó á una mujer.
Ella, valiente y de pico,
Y rejecra y arrojada,
Di6 al hombre una. cuchillada
Y me le trozó el hocico.
O.iyó sangre, v .no gente,
"Me llanuron, fuí ligern,
Y m3 encontré á u11carnicero
Que estaba p:1r.i.do en[rente.
Era el arnlsio, y por celos
Se armJ toda lo camorra ..... .
Ella me arr.inc6 la gorra
Y me jaló de los pelos.

-

Pronto vino un compañero
Y á la mujer la llevamos,
Y al herido lo dejam \S
En nunos del c.i.millero.

-:---~--:· --:~
'

Y YO pensaba después:
¿Qué" culpa tengo, por Dios,
De que ella juegue con dos
Pudiendo jugar con tres?

\!a Noc}ie ~uena ael Genaarme.
( Dibujo &lt;le J. Martinez Carrión)

¡ Qué vida, amigo! no piensa
Que somos carne de perro,
Que nos meten al encierro
Por lo que dice la prensa;

-No haga caso, el que se apura
Se seca como la flor.

Que nos llaman tecolotes
Y siempre andamos en bolas,
Sin mar de las pistolas
Ni servirnos los garrotes.

Para mí el neutle es mi centro
Y no la paso tan mal
Que el que c,arga. su costal
Sabe lo que lleva dentro.

Pues si alguno por su mal
Pega un garrotazo, t1-migo,
En menos que se lo digo
Lo meten al principal;
Y le pagan medio haber
Todo el tiempo que está preso,
Y es muy v.oco medio peso
Con seis hijos y mujer.
Diga. si con tanta pena
Y tras de tanto fracaso,
No debo tomarme un vaso
De pulque la Noche Buena.
El hambre me tiene hueco,
Y mientras la gente armada
Pasa 1-a noche mojada,
Yo la estoy pasando en seco.
Y responde el valf'dor
Mirándolo con termP·n ... ..

-

-¿Es cargador?
-Da registr0.
-Pues ya no sea carg;1.Jor,
Y,í.yase, porque es mejor,
De lacayo del ministro.
-¿Pero amigo?
-1\Iuchos rnn
Y no sudan ni trabajan,
Y siempre nos lo:i encajan
(',on alguna comisión.
¡Y no se cura la plagit.!
Ya hay mujeres en servicio,
Cocineras en oficio
Y gendarmes en la paga.
¡No me diga!
-Es la verJad
Y ya me dan tentaciones
'
De pescar á esos gorrones
Que abundan en la ciudad,

Y decir: contemplen esto
Que es de moda y está en uso1
Pero amigo, e::1 un abuso
Aclarar el presupuesto.
-)íejor no sople.
-E:i mi pena
Callar porque uo me abroche .. ... .
-Beba y cJ.lleae.
-Esta noche
Haremos la noche but!na.

Loco!-exclamé.
-Tienes razón, mM no sabes porqué y voy 1.t decírtelo.
Había vaciado la copa y la llenó de nuevo.
Yo bebíacognac; mi copa era igual á la suya; sus &lt;libujos semejaban arcadas de topacio.
Oye, dijo: La Naturaleza ha hecho muchos locos: los redentores y los capitanes: los artistas y los poetas: los que
van tras las miserias agenas para redimirlas y tras los inmensos desconsuelos para curarlos: los que se difunden y
los que abrasan al mundo en caridad: los creadores y los
benefactores. Los·que dicen:espera!, ama!, confía!, cree!,
lucha!; los que exclaman: Dios, Proyidencia, aliento mañana, ...... esos, todos esos!
'
Se transfiguraba; parecíame quedos haces de luz brotaban de sus sienes; sus pupilas eran las de un iluminado:
Así miraban Tasso y Dante, .Tob y Daniel, Cristo y Platón.
Sigue, insinué.
Y continuó:
-De cada uno de esos organismos quedó un residuo en
la marmita donde sufren la última cocción, y una noche
de sonambulismo, la Madre de la humanidad me formó,
como los angelitos traviesos, según Becquer, formaron el
mundo. Sí, yo tengo en mi ser una partícula de cada
uno de los dementes que han pisado este inmenso maní•
comio que se llama tierra ...... yo tengo todas las locuras·
en mi masa encefálica no hay dos celdillas homogéneas;
pero todas son locas ...... y como las V frgenes locas de la
parábola. dejan apagar la lámpara y la idea se me vá ..... .

No me hableis cf,el frio Norte.
No me hableis de inglesa.a damas:
Yo 'l!.rejiero á la morena
Y o;i-negra gaditana.
En general prt&gt;fería ...... á todas, á todas las que fuesen
bellas con la belleza ardiente del Mediodía; á todas las
q~ie clavasen eri sus azules ojos sus ojos negros y radiosos.
A tales ojos los cerraba á besos.
Con tales ojos se tuteaba su alma, que por una aberración animaba un organismo inglés.
Byrón hubiera amado también á las limeñas, á las habaneras y 1t las tapatías.
Las limeñas son esbeltas y graciosa.s; las habaneras divinamente negligentes; de la hamaca han aprendido el
vaivén; tiene su voz harmonfas de mar tranquilo que
quiebra sm;cristales en la pulida y dorada playa. Las tapatías son más hermosas que su cielo; derrochan gallardía en el andar: andar de reini\.
Cuando marchan 1 los besos las siguen como impalpa•
bles mariposas.
El verso erótico se prende 1l sus rizos y besa sus pestañas: pestaiias de alero; ahí anidan las ilusiones,-¡la.s ~olondrinas del alma!-de sus amantes. El sol de esos OJOS
las calienta y-¡locuelas!-jnzgan q_ue nunca llegará. el
invierno. Pero el invierno llt•ga, el mvierno no se hace
esperar nunca: el invierno dl·l olvido y el desencanto,
ese, ese, es el homicida, ese es ~1 asesino de tales golondrinas.
Porque la golondrina-ilusión, no emigra: muere. La
sustituyen otras, pero no son aquella:-:.
L'\S ilusiones1 son también fl-•res: flores que vuelan, y
se marchitan. Y nacen otras, prro no son las mismas, madre naturaleza, no son las mUJmr1,.~/ como diría Michelet.

, La Dolores prosigue su paseo triunfal por la escena; se
riegan flores á. sus pies y se le llama hermosa. Levant¡\
murmullos galantes, despierta sonrisas y recoge ramilletes de admiraciones. Olé por las muchachas guapas, que
tienen alma en el almario y sangre en las yenas.
los exigentes discuten su belleza; algunos suelen pro·
nunciar su reto~· pero la preciosa niña ~onrie y sigue 11or
la florida ruta que su buena suerte le ha demarcado.
Nació en Calatayud la guapísima es¡:iafiola, pero según
un cronista, es sevillana. Por la gracia debió nacer en
Andalucía
Donde 1rncen las morena8.
Y donde la .''f&lt;tl se cria.

Proclamémosla, pues 1 andaluza.
Las muchachas que va'Jen, deben ser sevillanas, venecianas, habaneras, limefias ó tapatías.
Esas ciudades unidas, esa gentil confederación constituye la República de la belleza.
Yenecia, además de su A.drii1tico, de sus gentiles palacios y de sus góndolas lentiles, tiene sus elegantes y pálidas mujeres de ojos aterciopelados.
Byrón las amó mnclio. Se gastó bonitamente con ellas,
sus sueños, su juventud y su oro. Era un dios maniroto,
tan maniroto cuanto bello y se enamoró de los ojos que
dicen poemas, de los ojos que cantan barcarolas, mala•
gueiias y rondallas; de los negros ojos meridionales. Los
ojos de sus inglesas cantan baladas; la balada del buen
re.v Arturo; la balada del bosque extremecido por el alhalí_ de los cazadore,i, la balada de los azules lagos de Escocia, donde los filósofos tristes, los lakisla..~ meditabundos,
los pvetas que saben desperta.r en las liras los acentos ossiánicos, piensan. Y Byrón no amaba esas baladas y por
eso no amaba esos ojos. El azul le agradaba en los mares
de Grecia y en el cielo de España y de Italia, decía:

t1 1'
, 1 ,' :

Pidió Piperment.
Extraño gusto.
,cA.mo-me dijo-el Piperment porque es esmeralda líquida y amo la. esu'l.'eralda.
La esmeralda es pupila de ondina, bellamente siniei:tra.
Oh Cleopat;a, tú disolviste una p~r!a eil vinagre, y yo,
ámenos precio, poseo esmeraldas d1sneltaR.n
}~ra una copa elegante con estrías ojivales.
l\Iira-afiadió recorriendo con el índice la pared exterior del vaso-mira que amada! La has visto m .s rica?
Es de esmeralda y pórfido: la soñó :Mahoma? La construyó Salomón? Tiro, Sión, la tuvisteis? Rajahs de Golconda
podríai~ poseerla?
'
Y mirando luego la diá.fana superficie del liquido, si•
guió:
Eres un mar ideal, sin tempestades, sin rumor, sin olas.
En tí na ve~ la esperanza!

Y aunque la gente se alarme
Y el consúl diga y razone1
De h que el cielo dispone
No tiene culpa el gendarme.

209

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Y Dolores es tan bella como todas esas mujeres de que
he hablado. Démosle, pues, ciudadanía sevillana, 6 limeña, ó tapatía, ó habanera.

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Pero muy buena.
-Clarín.
-Eché:1e otro decimal,
-Ya me voy sintiendo mal.
-Yo le cuido el bnlto al fin.
-Por México y por la ley.
-Tiene razón valedor.
-Usted no brinda.
-Yo por ......
¡El tlamapa y el mague:·!
ALONSO.

Eh! eh !-agregó extendiendo los brazos y agitando los
dedos: devuéh·eme mi pensamiento1 tú, bruja, no chupes
mi aceite ..... .
Se había acabado todo el contenido de la botella, y viéndola con ojos extraviados, la increpaba:
-Borracha, te has tragado mi esmeralda líquida! Ebria,
sinvergüenza ..... .
Cayó al suelo, ahogado y allí lo dt'jaron.
Yo salí de la cantina y me encaminé á la Plaza mayor.
Aun grita.ha la esquila ..... .
Todo en mi rededor daba vneltas: un torbellino seme•
jante al de la trilogía dantesca.
Y allá, arriba, serena y melancólica, Astharté navegaba en el mar lapizlázuli de la noche.
AMADO NER\'O.

1

==---=---Pa.:pá, ¿ya pensaste qué vamos á dar en nuestra posada?
-HiJa mía, mi sueldo de Diciembre.
(Dibujo enviado por el Sr. Carlos Koriega.)

�21 DICIE&gt;lBRE, 1895.

EL l'.UNOO.

210
Tiene la hermoeuni. del Trópico, la hermosura de laa
palmeras, de loa naranjos floridos 9.ue embelesaban á
Migno.n. Tiene ojoa negroo: que radie! que deslumbre!
qne triunfe!
La naturaleza ha hecho muchos venos: cada flor e1
una estrofa alegre, cada tarde una estrofa tria_t.e, cada
maflana un cantar y cada noche una elegia¡ pero BOio un
p&lt;l!m&amp; heroico ha compuesto:
.
Los ojos negros! Oh Dolores, como explend,m loa
tuyos!
Eecribid, M""floree croni"1:as, aendoa artfcnl011 y cuando
me hayaia dicho enales 8011 Ju tendenciaa de la mdaica
de Breton, cuando la hayais c::laaifi.oado bi.e n, nota JM?1'
notn, fraae por frue, 11A10ide por aoorde. Cuando hayai1
anal lado la tragedia, yo diré: me guo&amp;a, ea linda eaa Dowre,; aua ojoa me dan el opio. ·Ahí va un béso para elloa.

*

.

* * Margarila. He ah! uno ru•
Yolvió PhUllo; t.orn6 á pen■r
bia qu~ siente de divera manera que la Sevillana aquella. Nació en el país de 101 lied y es trb1te como elloa.
Hila, hace ealcela; canta muy dulce al compás de la rueca.
Loa dioees la ven eonriendo, pero despues la enloqaecen
y la malan.
Por qoé? ¿Hacome&amp;ido un crimen?
Eutregarae á Fausto, p0" ventura? N6, la que se entre~enamonda, inspira eariflo; el mismo amor la rebabi7\u p,,clido, tt ,on perdonados; amaott mucho.•.....•••..•.••.

O. acordail'I

El crimen de Margarita, el crimen de qne yo no la abso) ~er~ .,. babo!r .Prilferido lao joyas de Fausio, al fNlBCO

r....,,,.,

ramillete de-Siebeía ... ~....

,

.,cido

etc.,·•

!if7

"!i:

...,.ida

°"" ....

dolom
lllnli!, ""1&gt;!.N, llora y .m«lita,
- &amp; ......,
dt ,;;plandort•,
Y8/,1,ddlja 1Ulwudtf/Qre,
•
1111 lo dt Jla,garita.
Y ~ • m &gt; j a .;on desden .... floreo. No brilla el
roofo en ellae'I 81 pero en el joyero guillan ou ojo malé·
volo loll dlaman&amp;ea dt " - ' triunfa/a.
w torea mneren en el ODelo, pl80teadas, y loa dlaman·
lee plmlen 6 GNlleben....•..•.
}hu,lo

&amp;o loa comenlla..., om,,o "1o hacendadoa, abogadoe, médicoe, etc.,
bln llllCrit.o con buena.a sumaa de di·
nero ¡ara qae IN 8 - expléndldla; uno de loa
atractlVOI ~ de loa alegó..-. Loa tltnloe de
algnnoo d•
Son: •El Paraiao,• ,La Caaa
de la Virgen,•
del llar,• ,lla Ciudad de Le6n,•
ele., e&amp;c., y
que dtioear en onanio , propie
dad y lojo. La
, que no■ bemoa referido o
izó
para arb1lrane m ·- - doa corridla de toroo
ali·
cion■doa, la primera de j6....ne■ de la mejor sociedad y la
segunda de nilloo. :Eatuvo dlllma lucidlsima, por la
novedad de loo ¡,ec¡uellOI &amp;oreadoreo, y mú aun por lao
reina■ que pre■ldlercn lo corrido. Eran ésta■ las ·¡iillu
(¼rmen Eaoalanle, Elena Ob"fl6n, Cllrmell Pardo 'J An·
rora 11oblado, &amp;odas de BOia á 01e&amp;e allo■ de edacl. Entraron , la plaa de &amp;oroa por el redondel,
cada uno
de "" pa¡e, nilloo de onat.ro 4 cioco~¡ · 101 onolea leo
llevaban el mao&amp;o. Eran loe nillo■
Salgado, Jooé
Vaoc¡nea Jooquln Pella y Manuel Doblado. Loe &amp;oreado·
rea, redlila e11 llerra, extendían sn■ capas en el onelo al
puo de lal reina■, lao cnalee man,bando sobre - alfombra Ueercn haala la eooalinlta que ac■eoo al palco
dollde 1b&amp;n , preaidlr. Uno ves oolooadu en 1n1 mento■
con ■na pajeo al lado, dló principio la 8eala con la salida
detalgnií011, nlllo M:aonel Obregón magnllloameole veeUdo, manejando con soma dea&amp;reA np hermoso caballo
Min&amp;o, enjae11do con tdda propiedad.
En nnemo próximo ndmero publicaremOB el retrato
de una delas reinas, lanilla F.oéalaole, que lb&amp; suntu~
mente vestida.

•*•

El Jnevea oe re-nló en el Teúro Nocional el •Famto.• t. Com))lllla 1n111- podrá haber obienldo mnchoa
munfoo en &amp;,lado■ Unidoa; pero oqul ni wr ID -la,
ni por la medianía de IU vos, gu■taron.

•••

Tal eo, of, el defüo de - infor&amp;QDSda rubia; al arrojar
leloa el ramillete, aroj6 nn carillo y pieoto,6 on carillo, al
plaolaarlo y al dejarlo ""'"'hitarae marchiló uno alma
buena.

Hablafll de KarleTavary; hoy ya he hablado mnchor
de Ma,prita.

•*•

En el Principal e■ p,elllllló el manea, uno nneva ti-

ple: FApOranza Agw1ar. Hizo de RoherlO ea la T&lt;m¡,ea-

lGd ,. de la An&amp;onelli en el lJulJ dt la .Africana. E u m6 ·•¡ pdblico, pmqne. ..•.. sobre todo pon¡ne e■ guapa y
de •pro oirá 11111Cboe aplau808.
Oh poder de nna•eaperanza.......•.con buenoa ojoa,
TANMIIAVllmL

N uestto núme.ro ae Na,.,iaaa.

RESUMEN
DB

Les acontecimientos de la semana.

r

neoa.

El Coronel An4rade tenfa uno maicería y «!la onfrió el
re■pecólvamente , liUXllilu' al
Coronel y so h~o M:an~ aellora . . _ de l!c¡uel, nn
hermano del 1D11mo, or
y alguno■ iletna hllcil luci&amp;ron reaialencia, loa bandido■, 18111ltando heriáoo el Coronel, ID e■poaa y loo nillo■ Joaé y Angel&amp;, loo eualea mn•
rieron.
La jnnicia ha empezado 7 p.._..¡do 06n °"'ivldad el
proceso reo~ivo y deapn&amp;!_de lu primera■ decluacionee, el Coronel, en eepoaa y aiii, hijo■, han quedado en

uaito Y: habiendo acudido

.

.

Haf alguno■ ponto■ obocnroa en el e■candllooo IDoe■o

y con diversas veraionea.
Reepeoto de loo asaltanlel
Hay ilgunoa

·

·

n■da oe eab&amp; con . . inculpado■; pero no 80 ballao coirric&amp;oo.

El domingo 4ltlmo e■ efecloó la inauguncl6n del
Frontón llexicano ''Eder Jai. ''
Deede muy temprano la gente emDOBÓ i aftuir en toda

género de vehlculo■ y , ple, puee toaoa ae ln-ba.n viftlll8D'8

&amp;la y E,tudiant,, al mando de au·jele Rogelio Zubiri, fue·

D o n.d e lea d a.u la.w toman..

ron ealudadoa con mid0808 apJBusoe.

Veatían los oampeonea ancho pan"'lón blanco, banda
encarnada 6 uul y gorra encarnada 6 azul también, según loa partido■.
. .
El j¡lego fué á cuareota lanl08; el partido refhd(a1mo y
loe cam{'!'One■ dieren pruebao de anma habilidad.
Di vidlóae el juego por no intermedio .Y durante éste ae
jugó la quiniela á CU entre Gnrruciaga, Mondare, Goenaga,
Thcumán y &amp;tudiant,, á ocho lantOI, ganando el Ellu·

-·

Terminaodo el jnego ,rae e■te in&amp;ermedio, en él ganaren loa colorados á loa azule,,
El público se retiró mD)l complacido del onl$o y her·
moao eapec&amp;ácnlo.
El miércolea en la mallana empezaton bajo 1~ dlreocj6n
del Ingeniero D. Daniel Gana, lu obras de demolición
del Porlal de Agna&amp;inoo.
Loa Sres. Samnel Hermanoa de eala Capilal han oel&amp;brado un contrato, comprcmeliéndooe á construir alele
¡,nen&amp;ea de fierro en la linea del Ferroc■rril del IIA!lno de
Tehnanlepec. Loa trabajoa óomen.,_..An delde loego y en
el cuno áe on ano ae terminarán. ·

LA MUTUA.
•La Mútna, de Nueva·Yt&gt;rk ea la únit- Compal!la de
Beguroa que expide póliza■ con devolución de premioa.
Por un peeo 1e obtU\'ieron ,1,242 48.
Tehoacán, °"'ubre 1 de 1896.
Sr. D. Cárloo Bommer, Director General de ,La Mdtua.,
M:,xico.
M:uy Sellot mio:
La gratitod el reconocimiento me Impulsan hoy ,f,di~ r á naled- carla para hacerle presente mi 8f11Ílde'?·
miento por la prcn&amp;ilnd y eficacia con que ha ordenado
no&amp;ed el pronto pago de la póliza con devolución de pre, mioo, nwnerc S67k5M bajo Ta cnal estnvoasegurado mi ft.
nodo hermano el ~r. D. Agno&amp;ln Noluco en eaa acreditada y reape&amp;able Com))llllá y ci.ne yo, como benetlciaria
nombrada en la oóliaa. be recibido hoy aote el Notario
Público, Sr. D. tla)&gt;lnó Palacios, y por ccndno&amp;o del Sr.
D. Amonio Robles y del banquero de , La !14- en ee&amp;a ciudad, Sr. D. Emilio Maille. .
Snplico á u8led 181 miamo, se. sirva hacer Rlenai1" mi
~tud pcr la prolltitud eficacia 'con citte ha procedido
en loo
kámi&amp;ea e Sr. D. An&amp;on10 Boblet, Agente
~ial de •La Md&amp;na. •
.
Di¡na e■ en verdad ella Compallla de felicil4nele, por
- la 4oica qne ha podi&lt;lo tata&amp;lecer en lao dlveras ola... de póliza■ la devolución de premioa, puOI en é11a, mú
que en ninguna otra, ae ve la utilidad y pro.echo del
seguro, por qoe el aserurado obtiene la aoma del aeguro
con el 18locoo&amp;o de un peso.
Ha aquí al ealce uno prneb&amp; de e■te a■ombro■o 1811lltado en la ~liza que mi &amp;nado hermano tomó por el apreciable ocodncto del Sr. D. Antonio Robles hace aeie afio■:
Valor orlaldal del . .ro,..................... $ 1,000 00
Imporle de slele annal1dadea qoe la Compallla devnelvecnmpliendo con la c\¡ioonla de la devolucl6n de premloe.........
242 48
Soma entregada.................. .................. 1,242 48
~me~te qnedo mny reconocida á la Dil0Cci6n de
•LB Mútua» en Nueva York por eu aotlvidad en estepago, y ruego á uated .. sirb&amp; nacer con ella el intérprete
de mi l!l'ltilucl.
Danilo á no&amp;ed !u graciu por ano alencionea quedo de
usted con la mayor consideración y aprecio au muy a&amp;ta.
y S. 8.-CABLOTA NoLAllCO.

1 El poel&amp; oe d11eopen1 !""'l• el plano le Impide ~

t Be 1e--W.qaeno hlbdll toD1do al el . . . .

1111.Poem&amp;orucl.

y

Toda la eeroenena ha hablado ·1a prensa de un ualW
en la Colonia. de Santa Julia, del que fueren 'rfct1Dlll8 el
Coronel D. Timoteo Andrade BU familia, qne vlvlaoG
nn lugar apartado de la Colonia.
Loa ■-llanlel fneron varloa y ae cree que eran fora-

libertad.

211

EL.MUNDO.

22 Drl'J'BVJIJlJl, 1.896.

en ~nc1&amp;1 el hermoeo e81&gt;8Ct4oolo.

-na

A lal &amp;rea de la tanle :,a el 1oeal
lleno, conllindo80 enue loa concnrrentee muobal famlliu dlnlngnidao.
La banda del lf., dirigida pc&gt;r el profesor Payén, lle encon•
uaba también en el focal, dlapu- á amenmr el eopec-

Deoeam01 introducir en la prena O• M:t!xlco la cullf•
aima coo&amp;umbre qne exiote en la -Jet parle de loll pal·
- europ... y ameri•""o■, ea daaM la JI\'"- ha llep· ""'110.
do 4 gran alMira, de ¡,nbl1- tia el mm dé DICH'mb~ con
Al p.-ntarae, á loo acord.,. de nn■ marcha, loe oela
motivo de lao 8eata■ de lllsrillad. ,.. allmero eopecial que pelolarla: Gurruciap, Goanaga, M:endarc, Thcumán, Ar·
sobn,puja , loa publicadtlll • el aao. :,a - por el ».d·
mero de Mi-. por lo ~ d i 1111 - • ó por algn·
no novedad' que preaenlan aT p6bl!co como regalo de noche buena. Nnee&amp;ra p - . 'I!"' de alguno■ alloo if. parle eoll. tomando un aop ~ o de iodo a))lauo, aegnramente que,.., oceplareala idea y dentro de poco loo
dlrec&amp;oreo de periódico enuarán en gran compeleDcia inteleclnal y de gMIOI para pNIOllt&amp;r el mejor námerc dr
Navidad.
Comen■amo■ noeotro■ hoy, dando nn nimero eapeciall
huta donde nueauoa elementos noa lo permiten, en e
cual, como veñn nueetroa lectores, hem.08 1&gt;0dido reunir
dib11joo de loo principaleo artistall de M:éxlco, que dan
una variedad eopeciil á nneo&amp;ro ndmero, demoemmdo ,
la veo que, á la par qoe el periodlamo, adelaolan loa di·
bojan&amp;ea qne hace do■ ó t?e8 alloa apenu si conoolan el
trabajo eapocial para peri6dlco.
HelllOI eotado mny afominado■, pon(lle ooo lodo gna&amp;o han acep~ nuest.ra invitación loo Breo. VU!Aaina,
M:ar&amp;lne■ eairwn, Olvera y Noriega, dando 111 contingente ¡,ara eale nilmero, en el cn■l publioamo■ dibujo■
de veriladeró mérilO y que nnea&amp;roa lec&amp;ore■ ■abrán apreciar poique ~mente van á eet.udiar!oa hasta en eos
det.:uea. DamOI Iao mú expresivas graoiu, tan inteligentea artistall en nombre de la Redacción y e■pe!li&amp;lmen­
tie de nuestro cuerpo de dibujantes, que ae consideran aatlslechos de poblioar BUB &amp;rab&amp;joa al lado de loo lrab&amp;joa
de loe otroe, entre quienes hay verdaderoa maeevoe.
Tenemoa la eoperama de que en mucho■ númeroa del
allo "l'trante segoii,,IIIOI publicando dlbojo■ exlraordl·
n■rioade loo mlamoe......,, qoe lan&amp;o han honrado hoy
ée&amp;e c!eiirridacl.

divenoo

Í

s

eom,-,,..... en i,rtr d a

6 Todo por ff11P118 de no bab.- podido OOJIOl.alr el poema.

4 Y al 8n la

U-' llelildoelealO.

6 El vengador gooa mú, mlelmM mú lllfra la 'ffóllma.

Las fiestas de Navidad en Cclaya.
Deade tiempo moy ""'8 aon de fama lao 8eslas de Na•
vidad en Celaya. Loo doa 4ltlmoa alloo han sobrepujado
, cnaleac¡uiera o&amp;rao de eaa na&amp;ural- y en éa1e se prepa·
ran auoc.uoaítimu. La janta que anualmente ae forma
para organizarlal no ba perdonado eofoerzo alguno, y lan·

7 Perc llega nn dfa en qne -

plenea tomar la revancha.

8 Y laN"'11ralaa le ayuda para qne el

ÜlgUl&amp;O-

OC&gt;rJJlolo.

�212

22

EL MUNDO.

;-.~
· " 1

~ . 1\
~

1

)

1895.

Página~ extraordinariWJ.

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~

DICIEMBRE,

DOl\il~GO 2ll DE DICIE.1IBRE DE 1895.

1
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1

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(?Íiotto y G;imabué. @;uadro de ~osé @bre9on.
(Fotografía proporcionada por el Ingeniero Fernando Ferrari Perez.)

1,.,flo / l. -Número 25.

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Páginas extraordinarias, 1895, Tomo 2, No 24, Diciembre 22</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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22

EL MUNDO.

;-.~
· " 1

~ . 1\
~

1

)

1895.

Página~ extraordinariWJ.

I¡

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DICIEMBRE,

DOl\il~GO 2ll DE DICIE.1IBRE DE 1895.

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(?Íiotto y G;imabué. @;uadro de ~osé @bre9on.
(Fotografía proporcionada por el Ingeniero Fernando Ferrari Perez.)

1,.,flo / l. -Número 25.

�EL.MUNDO.

214

Literarias.
LA INUNDACION.
I
llamo Luis Roubieu. Tengo setenta años, y
nacf en el pueblecillo de Sa.int-.fory, ,í pocas
eguas de Tolm~a, á orillas del río Garona.
Durante catorce afioe seguidos me he batido
contra la tierra para gam\rmc el pan, arrancándoselo.
Por fin lleg\) la. buena época, y el mes pasado aún era yo
el labrador mús rico dd término municipal.
Nuestra casa parecía estar bendecida. La felicidad veíase por todas partes; el sol era nuestro hermano, y no
guardo memoria de una sola nrn,l,1 co~echa. Gozando de
esta felicidad éramos un;\ docena en la granja. Estaba yo
aún fuert,e, saludable, y dirigí,i los trabajos de los chicos;
luego, mi hermano menor, l'eclro, 1111 s~ILerón, que ha.bfa eido sargento; des pué~, mi hermana .'!..gata, que había
venido ,í vi\·i1· con nosotros cuando se muri6 su marido,
una. mujer muy de su c,\~a, muy¡ gorda y siempre muy
alegre, cuyas carcajadas se oían desde 'el otro extremo del
pueblú. En seguida \'enía la gente)HCnuda: mi hijo Jaime, su mujer, Rosa, y tre'! hijas de ésto~, Armanda Verónica y ~[arfa; la primera, casada con Cipriano Buison,
nn buen mozo, con el cual tenía dos hijos, uno de dos
afios y el otro de diez meses; 11\ segunda en ví8peras de
casarse con Gaspar Rabutean; la última, en fin, toda una
señorita, tan blanca, tan eyonrosada, tan mbia, que parecía hija de uno de los señores de la ciudad. J~s decir, contándolos:t todos, éramos diez. Yo era.abuelo y bisttbuelo.
Cuando 110s sentábamo8 á la mesa, miJ hermana Agata
se colocaba á mi dereclia, mi hermano Pedro á mi izquierda.; los chicos se ponían por orden de .edades, formando una fila de cabezas juvenile~, hasta llegar á los
del chicuelo de diez meses, que ya comía sns platos de
sopa como un hombre. ;Anda, anda, el rnido que hacíamos con las cucharas! L:"Lgente comfa de lo lindo. ¡Y
cuánto gozo 1 cu,í.nta alegría entre cucharada y cucharada!
Yo sentía placer y orgullo cuando lo!'i chiquillos, extendiendo las manos hacia mí, decían chillando:
-¡Abuelo dame pan! ¡Un pedazo muy grande, muy
grande! ¿eh? ¡Abuelito!
¡Qué hermosos días! Kuestra granja, siempre laborio•
sa1 exhalaba alegría por tndas las ventanas.
Pedro, por las noches 1 inventaba juPgos y contaba historias de cuando él era militar. L:\ tfa Agata hacía todos
los domingos bollos y tortas para los chiquillos.
Luego le llegaba el tumo :t )faría, que cantaba una porción de cosas bonitas con su rncecita:cle niño &lt;lo coro; parecía la ünágen de una santa, c,on aquel los cabellos rubios que le caían por la espalU.a y aquellas manecita:-: cruzadas sobre el delantal. Yo me haofa decidido á aumentarle un pi,:o ,t la casa cuando Armanda se casó con Cipriano; y decía, riendo, que iba :í. ser nece¡.;ario subirle
otro cuando se ca~aran Yerónica y Ga!"par¡ !de modo que
la casa llegaría al cielo si íbamos haciendo lo mismo cada vez que ee casase alguno. So querfamos separarnos.
Mejor hubiésemos edificado una ciudad detnís de la granja, en nuestras tierras. Cm\ndo las familias se lle,•an bien
es muy hermoso vivir y morir donde uno ha nacido. '
El mes de ::\fayo era magnífico este año. Hacía mucho
tiempo que las cosechas no se presentaban tan bien.
Aquel dfa precisamente habfamos hecho una expedición
mi hijo ,Jaime y yo. Salimos de lagranja:á eso de las tres.
Nuestros prados :í orillas del Garona lucían su preciosa
alfombra verde; la hierba tendría ya unos tres pies de al•
tura, y un mimbreral plantado el afio pasado, tenía ya
roirobres de un metro de alt.o. Después ,·i!;itamos nuestros trigos y nuestras viñas; campos adquiridos uno á uno
con gran trabajo, tí medida que íbamos haciéndonos ricos; las espigas crecían hermosísima!:'; las cepas, cargadas
de racimo?, prometfan una \'endimia magnífica, y Jaime
reía satisfecho y me daba go!pecitos en el hombro.
-¡Ca~amba1 p~dr~; no nos faltará ni pan _ni vino! ¿Qué
le habe1s hecho a Dios para que así se complazca en derramar el dinero en nuestras tierras?
A men.udo brornéabamos, rec?rdando la pobreza pa
sada . .Jaime tenía razón; yodebia haber ganado alláarr(
bala amii-t~1.d de'algún santo 6 la de! mismo Dios, pm·=
que en la comarca nadie tenía tanta suerte como nosotros. Si helaba, la helada se detenía precisamente en
los límite!" de nuestros campos. Si las \'iñas del vecino
e?íermaban y se ~udrútn, alrededor de las nuestras parec1a haber un~ tapta protectora, contra la cual nada podía
la filoxera. "'l la cosa acababa por parecer muy justa
muy natural, puesto que, como jamás bahía hecho dart
á_ ~adie, se me figuraba haberme gana.do bien aquella fe~
hc1dad.
De regreRo ya, pasamos por las tierras que teníamos al
otro lado del pueblo. Las plantaciones de moreras ib
perfectamente. Había también almendros cargados :~

fruto. Volvíamos charlando alegremente y haciendo castillos en el aire.
Cuando tuviésemos dinero suficiente, compraríamos
ciertos terrenos que unirían nuestras tierras unas con
otras, y nos convertirían así en los propietarios de todo
un buen rincón del término municipal. Si las cosechas
dtl año era tan bnena.s como nos prometíamos, nos per.
mitirían realizar seguramente es.os proyectos.
Cuando nos acercábamos á casa Ro~a, desde lejos em·
pezó ,í. hacernos señas y ,t gritar:
-¡Daoa prisa!
Era que una de nuestras meas acababa de tener un terneri!lo. La cosa traía-.t todos revueltos. Aga.ta movía mucho su enorme masa, yendo de una parte ú. otra. Las mucha.chas contemplaban at ternerillo, y el nacimiento de
aquella bestia parecía una bendición m,í.s. Algún tiempo
antes agrandamos el establo, donde se encerraban cerca
de cien cabezas de ganado entre vacas y carneros sobt·e
todo, sin contar los caballos.
-¡ Va.mo~, hemos tenido un día bueno! exch\mé. Esta
noche beberemo.3 una botella de vino aílejo.
Rosa nos llamó aparte para decirnos que Gaspar, el novio de Verónica, había ido :'L casa it fi,n de :-;eñalar definitivamente el día de su boda. Ella le había hecho que se
quedase ,í. comer. Gaspar, hilo mayor de un labrador de
Moranges, era un buen mozo de Yeinte aílos, conocido en
toda la comarca por BU fuerza prodigiosa; en la feria de
Tolosa había \'encido luchando con )Iarcial, el lP6n dfl
.Jfrdiodi.a. A pesar de eso era un muchacho excelente, bonachón y hasta tímido, que se ponía colorado cuando Yerónica lo miraba.
Rogué ;Í. Rosa que lo llamase. Estab,\ en el corral ayudando á nue,:;tras criadas 1 que se hallaban tendiendo la
ropa de In. colada. del mes. Cuando hubo entrado en la
sala baja, que hacía veces de comedor, donde est:tbamos
todos, Jaime se volvió h,l.Cia mí, diciendo:
-Hablad, padre.
-¿Quú lrny?-dije.-¿Con que vieues, hijo mío, ¡Í. que
fijemos dfa. para tu boda?
-Sí, señor Roubieu-contestó el mocetón, colorado
como una cereza.
-'.~fo hay que ponerse colorado, mucha.cho-continué.
-Si te parece, sení. el 10 de Julio, día de Santa Anmlia.
Estamos :í. 23 u.e· Junio, y no hay que esperar m;Ís que
veinte días ...... i!i pobre difunta se llamaba Amalia, y
el casaros en ese día contribuiría ,í, vuestra dicha ........ .
¿Con que te parece bien? ¿Está convenido?
-Com·enido; el día de Santa .imalia, padre Roubieu.
Y nos &lt;lió :i Jaime y á ::ní un apl'et6n de manos, capaf
de triturar ,t un buey. Luego abrazó ,í. Rosa, llamú.ndola
su madre. Aquel mocetón de puños terribles estaba lo·
camente enamorado de Yerónica, y nos dijo que si le hu·
biésemos negado su mano, le habría costado una enfermedad.
-Ahora te quedar.is 1í. comer, ¿no es verdad?-dije yo.
-¡Yaya, pues; ,i la mesa todo el mundo! ¡Tengo un hambre ...... !
Aquella noche nos reunimos once :í. comer. Colocaron
á Gaspar al lado de Yerónica, y el muchacho la miraba
como nn bobalicón, sin acordarse de su plato, tan con mo•
vida de verse junto .i ella, que ,t veces se le arrasaban los
ojos de lágrimas. Cipriano y Armanda, que no lleyn.ban
más que tres afias de casados, sonreían. Jaime y Rosa1
que ya llevaban \'einticinco afias de matrimonio, estaban
más grayes; pero de cuando en cuando, y á. hurtadillas,
cambiaban miradas impregnnda.s de ternura. Yo, por mi
parte, creía revivir en aquellos dos enamOl'ados, cuya felicidad hacía que nuestra mesa pareciese un rinconcito
del Paraíso. ¡Qué buena estaba la sopa aquella noche!
Latín .A.gata, que era siempre la que se encargaba de hacernos reír, gastó sus correspondientes bromitas, ye] bue•
no de Pedro se empeñó en contarnos sus amores con una
modistilla de Lyon.
Afortunn.damente est.lbamos ti los postres, y todos habhtbamos al mismo tiempo. Yo habfasubido de la cueva dos botellas de vino añejo. Brindamos por la buena
suerte de Gaspa.r y Yerónica: así se dice en nuest1:o
pueblo; la buena suérte es no reñir nunca, tener muchos hijos y ahorrar buenas talegas. Lue.go cantaron:
Gaspar sabía uua. porcíon de coplas. Después pidieron
que ).faría cantase algo; se puso de pie y empezó ,í. lucir
su bonita \'oz, muy fina, y que hacía cosquillas en los
oídos.
Yo me levanté y me dirig( hacia una de las ventanas,
á. dond~ fué ií. reunirse conmigo Gaspar, al cual dije:
-:1.;o hay nada de nneyo por tu pueblo?
-No-coutestó. Se habla de las lluvias torrenciales de
estos d(as 1 y se dlceque ellas pueden causar grandes des•
gracias.
En efecto, los dfo.s precedentes había estado lloviendo
setenta horM st:!guidas, sin cesar un momento. El Garona venía rnnv lleno desde el dfa de antes; pero nosotros
teníamos coñfiam:a en él, y mientras no se desbordase,
no podíamos creer que el río fuese un mal Yecino. ¡~os
prestaba tan buenos servicios! ),demás, la gente decam po no abandona con facilidad su vivienda, aunque se vea
amenazada.

29
-¡Bah!-exclamé encogiéndome de hombros.-Xo su
cedCrá nada, Todos los aílos pasa lo mismo: el río se pone amenazador, como ai estuviera furioso, y en una noche se apacigua. y vuelve á BU cauce, más inocente qne
un corderillo. Ya ver.í.B, muchacho, como t~do ello se
reduce ,t nada entre dos platos, ahora, como siempre ..... .
¡~Iira qué bueno está. el tiempo!
,
y seflalab:t al cielo con las mano~. Eran las siete y el
sol iba ocult:indo.::;e poco á poco. ¡Ah! ¡Qué hermoso co•
lor azul! El cielo estaba completamente aznl, un mar
azul, inmenso, de una profunda pureza, en medio del
cual iba desapareciendo el sol, dejantlo huellas que parecían de oro. De alH arriba caía lenta alegría, que iba ganando todo el horizonte. Jamás había yo vi&amp;to dormirse
el ;:ueblo en medio de unn. pa7. tan gr,1,nde. Los tejados
se t.efiían de color de rosa. Desde la ventana oía yo las
carcajadas de una vecina; luego voces de chicos al rernlver de las carreteras 1 allí, cerca de nuestra casa. De m,fa
lejos llegaban, smwi7.ados por la dista.ncia, los ecos del rui ·
do que producían los rebafios retir.índose al pueblo. La
bronca voz del G.uona segufa rngiendo; pero me parecía
la voz del silencio, :í fuerza de estar acostumbrado á sns
bramidos. Poco :í. poco el cielo blanqueaba y el pueblo se
adormecía. Era el crepús:.ulo de un día feliz, y me hacía
la ilusión deque nuestra dicha, la:; buenas co;;echas, nue::itra casa afortunada, la boda de Yerúnica 1 eran cosas que
nos llovían desde arriba, envueltas en aquella dulce claridaa crepllscular. COn h despedida de la tarde caíanos
del cielo una bendición m;i:,.
Había \'nelto al centro de la habitación. :.\Iis hijos y mis
nietos charlabau, y nosotros los escuchábamos con la boca abierta, cuando de pronto, en medio del silencio del
campo, oyóse un grito terrible, un griOOde: de¡;:esperación
y de muerte:
-¡El Garona! ¡El Garona!

II
Todos nos precipitamos al corra:.
El pueblo de Saint-,Tory se halla situado en el fondo de
un repliegue del terreno, ,1 unos quinientos metl'OS de las
orillas del Garona. Un Yerdadero telón ele Mamo~ gigan•
tescos, que bordeaban los prados, ocultaba el río completamentr.
Xo vimos nada. Y el grito seguía resonando:
¡ El Garona! ¡El Garona]
Brnscamente, por h.\ anchurosa carretera que \'eíamos,
desembocaron dos hombres y tres mujeres; una de éstas
llevaba un nit1o en brazos. Ellos eran los que gritaban es·
pantados, galopando con todas sus fuerzas por el camino.
De vez en cuando vol dan la cabeza y miraban, cou el
sembhnte descompuesto, como si les persiguiera. una ma•
nada. de l'&gt;bos.
·
-¿Qué les pasa? preguntó Cipria.no. ¿Yéis a.lgo, abuelo'!
-Xo1 yo 1101-dije.-Las hojJ.~ no se mucrnn siquiera.
Y en efecto, en la línea baja del horizonte, tr,tnquila,
todo parecía dormido y quieto. Pero aún yo no había concluido de hablar, cuando lanzamos todos una exclamación. Dl.!trás ele los fugitho.3 1 entre los troncos ele losúlamos, en medio de la credda yerba. de los prados, acabábamos de Yer aparecer un rebafiocrecido, sombrío, de bestias cenicientas manchadas de amarillo, que se atropellaban unas ,í. otra~. Por todas partes a!'.lomaban :i la \'ez olas
que cmpL1jaban á. otras olas, un desbordamiento de enormes masas de agua, que no acababan nunca, que montaban unas sobre otras, sacudiendo blanca espuma y conmoviendo la tierra con su frenético y sombrío galopar.
Xosotros también lanzamos aquel grito desesperado:
-¡El Garona! ¡El Garonal
Por la carretera. los dos hombres y las tres mujere:-; se-guía.o huyendo :i. todo correr. Comprendían qne el terri•
ble galopar de las aguas era m,ts r.í.pidoque el suyo. Alto•
ra va las olas llegaban en una sola línea y producían el
es~rjpito espantoso de cientos de batallonos que cargaran
ú. la bayoneta.. Del primer choque habían arrancadu tres
ála.mos, cuyos corpulentos ramajes cayeron y desaparecieron en seguida. Una ca.baña de madera tle!:apareció
también¡ undióse una pared; algunas carretas, desuncidas, fueron arrastradas como si fueran pajas. PenJ el agua
parecía perseguir con preferenciaá Ls fugitivos. En el recodo dela carretera., muy en cuesta, en aquel sitio 1 cayeron bruscamente ante otro brazo de la inundación, que
les cortó la retirada., corríau, sin emba~o, pero sin gritar
ya, locos de terror. El agua les llegó á la rodilla.. Una ola
inmensa se precipitó sobre la mujer que llernba el nifio
ea brazos. Todo ~e sumergió.
-¡Pronto! ¡prouto!-grité.-liay queentrar ...... lacasa
es sólida, y no ha.y nada. que.temer en ella.
Por pr~dencia nos refugiamo.5 desde luego en el piso
alto. Hicimos que entraran primero los chicos y las mujeres. Yo me quedaba el último.
La casa estaba edificada en una pequeña colina, por encima de la carretera. El agua invadía ya el corral, poco{~
poco y silenciosamente. No estitbamos muy asustados.
-¡Bah!-decía Jaime, por tranquilizar ú. la gente.-Esto no sen\ nada ..... . ¿O~ acordáis, padre que el año 55 el
agua inundó también el patio y los corrales? Hubo más
de un pie, y luego se fué tranquilamente.

DICIEMBRE,

189

-De todos modos, es cosa desagradable para la cose•
cha-murmuró Cipriano á media voz.
-~o, no; esto no es nada-repliqué yó t.ambién, al \'er
los ojod espant,ados de las mujeres.
Annand.a metió 1í sus dos hijos en la cama, y se sentó
á la cabecera con Yer.Jnica y l\farí~. La tfa Aga.tá. hablaba de calentar dno que había subido de la sala baja tí. fin
de tlarnos á beber ú todos. Jaime y Ros;i, asomados los
do.:,:i u11a \'CUt.ana, miraban l1acia afnera. Yo estaba delante de otra Yentan:t con mi hermano Cipria no y con Gas par.
8übid-grité ú las dos criadas que a.n~aban por el corral con los pies :,:etidos en el agua.-No os mojéis las
piernas, que no hay para que toma:- ahora un baño.
-Pero ¿lo.") ~nimales?-&lt;.:ontestaron.-Tienen miedo y
se e1-t.ín matando en el establo.
-)fo, no, subid .... ..... Ahora \'eremos lo que se ha de
hacer.
Era imposible salvar el ganado si el desastre crecía. A
mí me parecía inútil asustar á 111 gente. Entonces me esforcé por aparentar gran presencia de ánimo. Apoyado
en el alfeizar de la ventana, charlaba, indicando los progresos de la inundación. El rfo, después de haberse prec ipitado al asalto contra. el pueblecillo, habíase apoderado
completamente de él y ocupaba todas sus callejuelas.
Aquello no era ya una carga de olas al galope, sino un
subir del nguu. lento, contínuo é invencible. El vallecillo,
en el fondo del cual se hallaba edificado Saint-Jory, e~~
taba convertido en nn lago. En el patio de nuestra casa,
el agua tuvo pronto un metro de profundidad. Yo h~ veía
subir; pero aíil'ma.bl que no ~ubfa., y hasta casi, casi que
bajaba un poco.
-Xo tienes más remedio qne dormir aquí, hijo mío,
dije volvi¿ndome hacia Gaspar. A menos que la carretera. no qnede transitable dentro de nnas cuantas horas.
Todn es po!"ible ........ .
El me miró sin conte¡:t.ar, con la cara. mny pálida; y
e n seguida d que FU mirada se :fijaba en Yerónica con
angustia inexplicable.
Eran las ocho y me&lt;lia . .F'uera, aún había claridad 1 últimos restos de la lu7. del dia de una pro[unda tristeza.
Las criadas, ántes ele subir a l piso alto 1 habían tenido la
feliz ocurrencia de coger dos velones. H ice que los en•
cendieran, pensando que la luz a.ni maría algo la habitación doncte nos habíamos refugiado. La tía .Ágata, que
había arrastrado una mesa hasta el centro de la sala,
quiso organizar una partida á los naipes. La. buena mujer, cuyo:; ojos buscaban ·ae cuando en cuando los míos,
quería distraerá la gente. Su buen hnmor habitual la
hacía muy \'aliente, y reía para combatir el miedo que se
iba apoderando de todos los que estaban tí. su alrededor.
Pusiéronse á jugar. La tía .Ágata sentó~ la íuerza alrededor de la mesa á. Armanda, á. Yerónica y á l\farfa. Les
puso las cal't.as en las manos y empezó ella 1í jugar con
mucha animación, ha.rajando, cortando, dando cartas con
una abundancia tal de palabras, que casi dominaba el ruido ele las nguas. Pero las muchachas no podían distraerse, y continuaban p,í.lidas, con las manos febriles y el oído atento. A cada instante se paraba el juego, y una de
ellas, volviendo la cabeza preguntaba:
-¿Sigue subiendo eso, abuelo?
El [gua subía con ra.pidcz espantosa, terrible. Yo bromeaba y respondía:
-Xo1 no: jugad si-n cuidado. Xo hay peligro.
.Jam:ís había yo sentido el cornz6n destrozado por una
angustia semejante. Todos los hombres se habían puesto
delante de las ventanas, para ocultar el terrible espec•
táculo.
Procurábamos sonreír, niirru1do hacia el interior de la
sala, e11frente do la luz de los dos \'elonos que alumbraban la mesa.. Recordaba yo nuestras \'Ciadas de in\'ierno,
cuando nos reuníamos todos en torno de aquella. misma
mesa. El aspecto interior era el mismo. Y en tanto que
allí reinaba la paz, ofa .í. mis espaldas el salvaje bramido
del río d~bordado, y que iba pnbiendo cada vez más.
-Luis, me dijo mi hermano Pedro: el agua está. ya
á tres pies de la \'entana. Será. necesario avisar.
Hice que callase, apretándole el brazo. Pero ya no era
posible ocnlt.a.r el peligro por mús tiempo. En el establo,
los animales se mataban. A un mismo tiempo hubo mugidos, balidos desolados, y ese relincho de los caballos
que se oye desde tan lejos cuamlo los animales se ven en
peligro de muerte.
-¡ Dios mío! ¡Dios mío!-dijo Armand,1, poniéndose de
pié, con los pufios en las sienes, y sacudida por un fuerte estremecimiento nervimm.
Todas se habían lt'\'antado y no pudimos impedir que
corriesen ,í. las \'entanae. Allí se quedaron como petrificadas1 mudas, ;1bsortaR, con el cabello agitado por el viento del terror. Est:lbamos en la hora del pleno crepúsculo. Una claridad vaga é indecisa se espan;fa por la superficie del agua cenagosa. El cielo de color pálido 1 parecía
un sutlario echado sobre la tierra. A lo lejos veíanse algunas columnillas de humo, sin duda de las chimeneas
del pueblo. Todo se confundía: era el fin de U!"l día que,
asustado, iba apagándose en una noche de muerte. Y
sin un sólo ruido humano; nada más que el bramido de

EL MUNDO.
aquel mar qne se extendía basta lo infinito; nada más
que los balidos y relinchos de las pobres bestias!
-¡Dios mío! ¡Dios mío!-repetían las mujere3 á media
\'OZ, como :-i tudesen miedo de hablar alto.
Un crujido terribl~ les cortó la pa_lahra. Las bestias, furiosa¡;; ya, acababan de derribaL· las puertas del establo,
y las vimos pasar envneltafól, arrastradas p0r la crecida.
corriente. Los carne ros parecían hojas secas lievadaB
it merc~d del ,v~tu. y girnndo en los remolinos. Las
vacas v los caballos luchaban hosta que perdían pie. Sobre todo, nuestra. pobre yegua torda, que no quería morir: la pobre se encabritaba, extendía el cuello y daba
unos resoplidos qne parecían los de una fragua¡ pero las
aguas, enfurecidas, la cogieron por l:1. grupa, y vimos que
el animalito, rendido, abatido1se abandonó {i la corriente.
Entonces dimos nuestros vrimeros gritos de espanto.
A nnestro pesar se nos escapaban de la garganta. Teníamos necesidad de gritar. Con las manos extendidas hacia aquellos animales queridos que se iban, nos lamentábamos, sin comprendernos unos á otros, y dejando esca par los sollozos y lamentos que hasta entonces habíamos
contenido :.i. d111..1s penas. ¡ Ah! ¡Aquello era nuestra rui1ia! ¡ Las cosechas perdidas, el ganado muerto, la. fortuna
deshecha en pocas horas! Dios no era justo: no le habíamos hecho nada, y nos lo quitaba todo. Yo enseñaba los
puñoR al horizonte. Hablé de nuestra excursión de aquella tarde, de aquellos prados, de aquellos trigos, de aquellas viiia,:: que habiamos encontrado tan hermosas y llenas de prome~aa. Todo era mentiro, por lo Yisto. La felicidad era mentira. El sol mentía a l declinar tan dulce,
tan smwemente, en medio de la. admirable serenidad de
aquella tarde.
El agua seguía subiendo. Pedro, que obsen·aba cuidadosamente sus progresos, me gritó:
-Luis, mucho cuidado; el agua está llegando ya á la
\'f'ntana.
Este a.\'iso nos sacó de nnestra crisis de desesperación.
Yo vol\'í en mí, y1 encogiéndome de hombros exclamé:
-El dinero no \'ale nada. ~Iientras estemos todos aquí,
no hay que apurarse' ....... Todo es cuestión de ponerse
otra. \'ez ,t trabaja1-.
- Sí, sí, teneis raz6n-respondi6 .Jaime fob rilmente.y no corremos ningtí n peligro porque las paredes son SÓ·
!idas...... Snbámos al tejado.
Ya. no nos queda más refugio que ese. El agua que hu.bía ido ganando la escalera, escalón por es.calón, con una
obstinación terible, empezabááentrar por·la puerta. Nos
precipitamos hacia el granero, apretados unos contra
otros, por esa nece:=:idad que se siente en los momentos
de peligro de yerse cerca de los i:;eres queridos. Cipriano
había desapn.recido. Lo llamé y lo ví llegar de las habitaciones contignaEi con el i=ethblante demudado. Entonces eché de \'er la ausencia de las do~ criadas, y qnii'le esperarlas; pero.mi yeruo me miró de un rnQ(.lo extraño, y
me dijo en voz muy baja~¡ oído:
-Muertas. El techo de su cuarto acaba de desplo·
marsc.
Las pobres chicas habrían itlo sin duda á.sacar sus aho•
rros ele los baúles. Me dijo :í media \'Oz que se habían
valido de nna escalera de mano, puesta ,t guisn de puente para llegar al edificio contiguo, donde se hallaba su
cuarto. Le recomendé que no dijese nada. Experimenté
una terrible sensación de frío en la nuca. La muerte había entrado ya en nuestra casa.
Cuando subimos al tejado, no pensamos e:;iquiera en
apagar las h1ces. Los naipes quedaron esparcidos sob re
la 1nesa. Había ya mt'is do una tercia. de agua en la habit~ci6n.

III
Afortunad~mente el tejado era grande y de pendiente
suaYe. Subíase ú. él por una especie de ventana buhardillera, encima de la cual había una especie de plataforma. Allí fué donde se refugió toda nuestra. gente. Las
mujeres ia:e habían !"e1üado. Los hombres intentaban reconocimientos por las tejas, hasta las grandes chimeneas
que se alzaban en los dos extremos de la techmnbre. Yo,
apoyado en la torreta por donde habicmos salido, interrogaba ,t los cuatro puntos Jel horizonte.
-:So pueden dejar de llegar socorros, decía yo animosamente. Las gentes de Saintín tien.en barcai:i. Van {t pasar por aquí.. .... ¡Mirad! ¿,:No es una linterna lo que ee
YO al l.t abajo sobre las aguas?
Pero nndie me contestaba. Pedro, sin saber lo que hacía, había enceudido su pipa y fumaba tan rudamente,
que ,i cada chupada ha.cía crujir el extremo del tubo. Jaime y Cipriano miraban el horizonte, con rostro abatido¡
mientras que Gaspar, apretando los pufios, seguía dando
vueltas por el tejado, como si buscase una salida. A nue~•
tras pies, las mujeres, con los trajes en desorden, mu das, tiritando, se tapaban la cara para no ver. Sin embargo, Rosa levantó la cabeza, lanz6 en derredor suyo
una mirada, y preguntó:
-¿Y las criadas, dónde están? Porqué no suben?

:l15
Yo esquh·aba contestar; pero ella me preguntó entonces directamente, y mirándome ccn fijeza.:
-¿Dónde estún las criadaf'.'?
No pudiendo mentir, me volví. Y sentí pasar sobre
nuestras mujeres y 80bre nuestra!, hijas aquol frío de
muerte que ya me había ro7.ado. Todas comprendieron.
María ~e levantó muy erguida, J;mzú un gran suspiro, y
empezó ú llorar. A.rmanda tenfa apretados contm Bll pecho á sus dos hijos, que ocultaba como para defenderlos.
Verónica, con la cara entre las manos, no se moda. La
misma tía ..~gata., muy pálida, se santiguaba, b::i.lbuciendo ((Padre A'úe.,;;tros y .. lee JfaríaN
En rededor nuestro, el espectáculo iba tomanU.o una
soberana grandeza. La noche, que había. cerrado por
completo, era tan límpida como noche de \'erano. El cielo estaba sin luna, pero tan cuaja.do de estrellas y tan puro, que llenaba los espacios tle LllU\ luz azulada. Parecía
que continuaba el crepúsculo: tan ch1ro estaba el horizonte. Y la inmensa masa de las aguas se extendí:\ más,
bajo aquella suavidad del cielo blnnca por completo, como si tuviese luz propia, con una claridad y una fo.sforescencia que iluminaba con pequeílas liamas la cresta de
las olas. Ya no se dh;tinguía la tierra; la llanura. debía
estar inundada. Yo iba ol\'idando el peligro. Una noche,
en Marsella, había visto así el mar, y quedé ,t su vista
mudo de admiración.
-El agua sube, el agt1a snbe-repetía mi lwrmano Pedro, haciendo crnjir siempre entre sus dientes el tubo de
su pipa, que se le había apagado.
El ílgna llegab:t ya ,t u11 1netro del tejado é iba. perdiendo su trauquilidad de agua dormida: establecían~e corrientes. A cierta altura ya 110 estábamos protegidos por
el repliegue del terreno que hay ,íntes de llegar al pueblo. Desde entonces 1 en menos de una hora, f'l agua, ame•
nazadom, amarillenta, precipit.:íbase contra la casa, cargada de esos restos que arrastran los rfos desbordados,
tone les destrozados, trozos de maderas, montones de
hierbas. A lo lejos escuch{tbanse tremendos choques contra las paredes. Los álamos caían con un crujido de muerte, las casas se desplomaban con un l'Llido de carretadas
de piedras descargadas en las orillas de un camino.
Jaime, apenado por los solhzos de las mujeres, decía:
-No podemos permanecer aquí. Ilay que intentar algo ......... Abuelo, os lo suplico, intentemos algo.
Balbuceando, decía yo:
-Si, sí, intentemos alguna. cosa.
Y no sabíamos qué. Gar,par ofreció tomar ;Í Yerónica
sobre sus espaldas y llevarla ,t nado. Pedro hablaba de
una bah:,a. Aquello era una locunt. Ciprianodijo por úl timo:
-¡Si pudíémmos solamente llegar ,t la iglesia!
Por encima de las :1guas ergnín.se la iglesia con su peqnefio cn111pn.nario cuadrado. De ell,\ nos sep,1raban siete
casas. Nuestra granja, la primera del pueblo, apoyifünse
en una constnicciún m.í.s alta, apoyada :.'L su yez en el edificio vecino. Acaso por los tejados se podría llegar al
presbiterio, desde donde sería facil entrar por el campanario. Ya se habfa refugiado allí mucha gente, porque
los tejados vecinos se encontraban desiertos, y hasta nosotros llegaban YOces que seguramente venían del campanario. ¡ Pern cUtlntos peligros par,\ llegar hasta allí!
-Eso es imposible, dijo Pedro. La. casa de los Raimbeau es muy alta, Se necesitarfa uml. escala.
-Yoy á verlo, replic6 Cipriano. Si el camino es impracticable, Yolve.ré. Si Iuere al contrario 1 nos iremos to dos y llevaremos ¡t las mujeres.
Tenía razón, y lo dejé ir. Re debía intentar lo imposible. Acababa de subir ll la casa de al lado con aJuda de
un gancho tle hierro, cogido ií. una chimenea, cuando su
mujer Armanda 1 levantando la cabeza, vió que no estaba
allí, y gritó:
-¿Dontle está? Xo quiero que me deje. Unidos estamos y unidos moriremos.
Cuan&lt;lo lo \'iÓ en lo alto de la casa, corrió por h1s tejfls
Bin soltar{~ sus h ijos, diciendo:
-Cipriano, espérame. Yoy contigo; quiero morir contigo.
Y obstin,;base. El, inclinado, la snplicaba, afirm:tnclo·
la que mi vería, que hacía aquello parn la salvación de
todos. Pero ella, con aire de espanto, rno\'Ía la cabeza y
decía:
-Yo \"OY contigo, yo rny contigo. ¿Qué te importa?
Yoy cont,igo.
Cipriano turn que coger :1 sus hijos· y luego la ayudó á
subir. Presenciamos su marcha por el caballete del tejado. l\farch,tban lentamente. ~\.rm1.nda l1abfa rnelto 1í eo•
ger :t los nifios, que lloraban: y él 1 :1 cada paso se \'Olda,
sosteniéndola.
-¡Ponla en seguridad y vuehe en seguida!-le grité.
Ví que movía la m[l.no; pero el mido de las aguas me
impidi6 oír la contestación. Bien pronto dejamos de verlos. Había bajado ú. otra casa. Al cabo de cinco minutos
reaparecieron sobre la tercera, cuyo tejado debía de estar muy en pendiente, porque se deslizaban por él de ro-

Sig11e en la página 218.

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29 DrcIEMJJRE, 18\!5.

1895.

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217

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Sigue de la página 21:J,

Y todos, en efecto, experimentábamos la sensación de
que
naYegábamos, como si el techo se hubiese conYertido
dillas. Sobrecogi6me repentino espanto, y me puse :igrien una valsa salvadora. La corriente parecía arrastrartarles con todas mis fuerzas:
nos. Luego, cuando mir,ibamos al campanario de la igle-¡Yoh•ed! ¡Yolved!
Y todos, Pedro; Santiago, Gaspar, les gritaban tam- sia y lo veíamos inmóvil enfrente de nosotros, cesaba el
bién que Yohiesen. Xuestras voces los detcvieron un mo- vértigo; est:íbamos en el mismo sitio, combatidos siemmento, pero en seguida continuaron avanzando. Encon- pre por las desbordadas olas.
El ·agua comenzó de nuera el asalto. Hasta entonces
trtlbanse en aquel instan~e en el ángulo formado por la
la corriente lle\'aba la dirección de la calle y de la carrecalle enfrente &lt;le la casa de Ra.imbeau 1 un edificio alto,
cuyo tejado RObrepasaba en tres metros lo menos, la al- tera; pero los e!lcombros que se oponfan á. ella, la hacían
turn de los de las casas vecinas. '"For un momento vaci- rnriar. Aquello !ué un ataque en toda regla. Cuando un
laron. Después Cipriano subió á lo largo de un tubo de escombro, una Yiga, un ,frbol, pasaban al alcance de la
chimenea con 1:i agili_da:l de un gato. Armanda, que sin corriente, ésta lo cogía, lo zarandeaba y lo precipitaba
duda. turn que consentir en esperarlo, permanecía de pie contra la cai:ia como si fuera un proyectil. Y ya no lo solsobre las tejas. Yeíamosla distintamente, oprimiendo :i taba; lo retiraba. un poco para lanzarlo de nuevo, y de ese
modo atacaba con rudeza las paredes. Pronto nos atacasns hijos contra su pecho, dibuj,indose como a.arandad:1.
ron
de aquel modo y por todas partes una docena de vinegra, sobre el ,claro fondo del cielo. Entonces ..,fué cuan~
gas. R1 agua rugfa. La espuma nos mojaba los pies. Oíado comenzó la espantosa desgracia.
L'l casa de los Raimb('nt1, destinada á una explotación mos el sordo lamentarse de la pobre casa llena de rigua,
industrial, estaba construid,1 muy :í la ligera., y, por otra que crujía por todas partes. Por momentos, cuando los
parte, recibía en plena fachada la corriente de la calle. golpes eran miís rudos, cuando las vigas se estrellaban
l\Ieparecfa ,·erhttemblnral empuje del agua, y, con la con más fuerza, creíamos que todo había concluido, que
garganta oprimida, segnía yo á Cipria.no, que atravesaba 13.s paredes se venían abajo y nos entregaban al río.
Gaspar, que se había arriesgado hasta el mismo alero
el trjatlo. De pronto oyóse un crujido espanto~o. La luna,
nna lum\ l!ena, alzábase en el cielo §in nubes, y su ama- del tejado, consiguió coger una viga y la atrajo con sus
rillenta faz iluminaba el inmenso lago con un vivo res- nervudos brazos de luchador.
-Es preciso defendernos-dijo.
plandM ele lámpara+ .Xo perdimos ni un detalle de la caJaime,
por su parte, se esforzaba por pescar al paFo un
tástrofe. Acababa.de derrumbarse la casa de los Raimbeau. Lam:amos un grito de terror al ver desaparecer ,t palo largo que le sirviese de bichero. Pedro le ayudó. Yo
Cipri:.tno. En ?I hundimiento no vimos más que una tem- maldecía la pícara C'dad, que me tenía sin fuerzas, y hepestad, una agitaci6n de Jas aguas sobre los restos &lt;le! te- cho un chiquillo. Pero la defensa se organizó; un duelo,
jado. Después reinó In calma, las aguas recobraron su ni- un combate á muerte, tres hombres contra un río. Gasn!, y la ca~a derrumbada quedó asomnndo á la superfi- par con la viga, esperaba los pedazos de madera y los árcie su eflqueleto. Aq_uello era un motón de maderos en- boles com·ertidos por la corriente en peligrosos proyectiles, y con Yigor los det-enfa .íntes de chocar contra las patrelazados, una armadura. de catedral á medio destruir.
redes
de la casa. A veces el esfuerzo era tan grande, y
Y entre aqn::llos maderos me pareció ver un cuerpo que
la sacudida tan violenta, que se caía. Al lado suyo, PeRfl movía, algo virn, haciendo esfuerzos sobrehumanos.
-;Yirn!-grité.-¡A.h! ¡alabado sea Dios, vivet ..... ;Allí, dro y ,Jaime rnaniobrnban con sus improvisados bicheros,
con objeto de e,·itar el choque de los escombros arrastraen aquella blanca superficie que ilumina la luna!
Estremecíanos una risa nerviosa, y palmote,íbamos a.le· dos por el agua. )Lís de una hora duró aquella lucha gigantesca, pero inútil. Poco á poco los tres iban perdiendo
gremente, Cflmo R.i nos hubiéramos sal,·ado n0sotros.
la cabeza, y juraban y golpeaban é insultaba11 al agua.
-Ya :í subir otra vez, decía Pedro.
Gas
par le daba sablazos y est.ocadas 1 como si estuviera lu-¡Sí, !-iÍ, esperud!-añadió Gaspar.-::\Iirad cómo inchando cuerpo ,í cuerpo con ella y todos aquellos golpes
tenta coger un madero ,l. la izquierda.
Pl!ro nut;stra&lt;i ri~as ce~aron. Con Ja garganta oprimida se los diera en el pecho. Y !ns aguas, desbordadas, conpor l.1ansiedad 1 no cambiamos ni una palabra. Acabába- servaban su tranquila obstinación, sin dejarse herir y
siempre invenciblel-1. Al cubo de una hora, Jaime y Pemos de comprender la horrible situación en que estaba
dro, extenuados, se dejaron caer en el tejado, mientras
Cipria.no. En la caída de la casa quedaron cogidos sus
Gaspar, despué!' de :rncer un esfuerzo supremo, se dej6
pies entre dos maderos 1 y allí estaba colgando, sin poder
arrebatar la viga, que .í stt. vez, impulsada por la fuerza
dcspremlerse, con la cabeza hacia abajo, :i algunos centíde la corrümte, se volYía contra .nosotros. ,El combate
metros del agua. ¡Qué horrible agonía! En el tejado de la
era imposible.
casa vecina, Arrnanda. seg\1fa en pie con sus dos hijos.
l\Iaría y Yerónica se habían abrazado y repetían con
Racudíala un temblor convulsirn. Asistía á la muerte de
voz desgarradora 1 siempre la mismr. _frase, una frase de
su marido sin quitar su vista de aquel desgraciado que
espanto, que me parece estar oyendo todavía, que repermoría :í pocos metros de ella, y dejando escapar un alacute sin cesar en mis oídos;
rido contfnno, un alarido de perro loco de horror.
-No quiero morir! ...... ¡Xo quiero morir!. ... ..
-'So podemos dejarlo morfr así-dijo Santiago enloRosa las rodeaba con sus brazos, tratando de consolarqueciJ.o.-¡Hay que ir allá.!
las, de tranquilizarlas, y ,t pesar suyo, la infeliz, tiritan-Acaso se podría bajar ,t lo largo de los maderos,-hido de miedo y de frio, lernntaba la cara y exclamaba á su
zo notar Pedro,-lo sal\'aríamoi:i.
Ya se dirigían hacia los tejados vecinos, cuando la se- vez:
-¡)fo quiero :morir! ..... .
gu·•da casa se derrumbó :.t su vez. El camino estaba corSolamente la "tía Ágata estaba callada. Ya ni rezaba.
t.ado. Nos quedamos helados. Maquinalmente nos habíamos cogido lo,s manos, y nos las apretábamos fuertemen- ni hacía. la sefial de la cruz. Como tonta, paseaba
te, .sin poder apartar nuestras miradas del horrible es- sus miradas, y procuraba todavía sonreír cuando tropezaba con las mías. El agua lamía ya las tejas. Era inútil
pectáculo.
Cipriano había intentado desprenderse desde el princi- esperar socorro alguno. Seguíamos oyendo voces en la
pio. Con una fuerza extraordinaria se había apartado del iglesia; ú. lo lejos habíamos visto pasar dos luces, y el siagua, y mantenía su cuerpo eu una posición oblícua. Pe- . lencio volvía á ser profundo, y la inmensa superficie del
ro la fatiga lo rendía. Luchó, sin embargo; quiso esca- agua crecía, y crecía sin cesar. Las gentes del pueblo de
par :t los maderos, y agitó las manos en rededor, para Saintin, que tenían barcas, debían haber sido sorprendiver si encontraba algo con que auxiliarse. Después, acep- das antes que nosotros.
tando la muerte, vol\'iÓ ,t caer, y colgó de nuevo inerte.
Gaspar, sin embargo continuaba dando vueltas por el
techo. De pronto nos llamó diciendo:
La muerte vino lentamente. Los cabellos mojá.banse ape-¡Atención!. ..... ¡Ayudadme; sujetadme fuerte!
nas en el agua, que subía poco á poco. Ya dcbia sentir la
humedad en el cráneo. Una rrimera ola le bañó la frenHabía. vuelto ,t coger un palo y miraba atentameute
te; otras le taparon los ojoi::. Lentamente viinos cómo de- una mole enorme que nadaba con lentitud hacia nuestra
saparecfa la cabeza.
casa. Era la anchurosa techumbre de un cobertizo, consA nuestros pies, las mujeres habían ocultado su rostro
truido de tablas fuertes, que las agua:ij habían arrancado
entre sus manos unidas. Sosotros mismos caímos de de su sitio, sin deshacerla, y que flotaba como si fuese
rodillas, con los brazos extendidos, llorando, balbucean- una barca ó una de esas balsas que se usan para pasar los
do s:'1p!icas. En el tejado, Armandn, siempre de pie, con ríos de una orillra. á. otra. Cuando aquel tablndo inmenso
sus hijos apretados contra su pecho, continuaba lanzan• estuvo al alcance del palo que: usaba como bichero, lo dedo lamentos desgarradores, que en el silencio de la no- tuvo; y como se sentía que se iba detrás de ella, llamó pache oíamos estremecidos todos.
ra que le ayudásemos. J,o habíamos cogido por la cintura y lo sujetábamos fuertemente. Luego, cuando el taIV
blero entr6 en la corriente, Yino por sí solo á chocar con
Ignoro cuánto tiempo permanecimos en el estupor de las paredes de nuestra. casa, y con tal violencia por cierto,
aquella crisis. Cuando volví en mí, el agua había creci- que por un momento temimos hundirnos todos.
Gaspar había saltado atre\'idamente sobre la balsa que
do. J.hora ya llegaba á las tejas; el techo no era más que
una i.:ileta rodeada de aquel espantoso mar. A derecha é la casualidad nos deparaba 1 y la recorría en todas direcizquierda, las casas todas debían haberse hundido. El 1iones para asegurarse de su solidez, en ta,nto que Pedro
y Jaime la mantenían pegada al techo de la casa. Gaspar
mar se ensanchaba.
-E-1tamos andando, murmuraba Rosa que se asía fuer- reía como un loco y decía alegrc:mente:
temente á las tejas.
-¡Abuelo, ya estamos salvados!. ..... :\fochachas, no

29

DrcrnMBRE,

181:/5.

29

DrcIE)IBRE,

1895.
===

lloréis más! Esto es un verdadero bru·co. Mirad, ni siquiera me he mojada los pies1 y nos lleYará. ú todos perfectamente. ¡Aquí vamos á estar como en nuestra casa!
Pero, de todos modos, creyó que debía refor;;ar.:1e el buque. Cogió algunas de las Yigas que flotaban por allí y las
ató con cuerdas que Pedro lle\'aba por precaución. U na
vez, en una de esas operacfones, se calló al agua: pero al
grit.o que se nos escapó 1t todos, contest6 con una risotada.
El agua le conocía, porque estaba acostumbrado ,l recorrer u na legua de río ú nado.
~¡Yamos! ¡Emb,1rcad y no perdamos el tiempo!
Las mujeres se habían arrodillado. Gaspar tu\'O· que
llevará Yerónica v á María hasta el CP.ntro del buque
improvisado, y allÍ las sentó. Rosa y la tía Ágata. entraron por su pie, y fueron :í. colocarse al lado de las jó,·enes. En nqnel momento miré yo hacia la iglesia. Armanda seguía en el mislllo sitio. Apoyábase ahora en una
chimenea, y sostenía á sus hijos en el aire, levantando
los brazos, porque el agua le llegaba ya á la cintura.
-Xo os aflijáis, abuelo,-me dijo Gaspar.-Os prometo
que la recogeremos al pasar.
Pedro y Jaime habían entrado tambien en la b:dsa, y
yo hice fo mismo. El tablado se inclinaba un poco hacia un costado; pero, efectivamente, era bastante sólido
para llevarnos á todos. Gr..spar aba.ndonó el último el techo de la casa dondt habiarnos est...'1.do refugiados, diciéndonos que cogiésemos unos palos para que nos sir,·iesen
de rem.os. El tenía &lt;.m la mano uno muy grande, quemane,jafo. con gran habilidad. Todos uos dejábamos manda.r por él. Obeciendo una. orJ.en que nos di6, apoyamos
todos los palos contr,i las tejas para alejarnos. Pero pai·ecfa que la balsa estab:i. pega.da al techo, y, apesar de to•
dos nuestros esfuerzos, no pudimos separarla. Cact,i' ,·ez
que lo intenMbamos, la fuerza de la corriente nos lo impedía violentamente. Y era aqnella una maniobra peligrosísima, porque cada uno de esos choques amenazaba
romper nuestra única esperanza de ~alrnción.
Entonces tuvimos de nue,,o el sentimiento de nuestra
impotencia. Creíamos habernos salvado, y continmíbamos :t merced del rio.
Yo hasta lamentaba que las mujeres hubiesen abando•
nado el techo de la casa, porque ,t cada inFtante me paparecia verlas caer al ngua; pero cuando hablé de volrernos :t nuestro refugio anterior, todos gritaron:
-~o, no; intentémoslo todo. ¡~Lis ,•ale morir aqui!
Gaspar ya no reía. Redoblamos nuestros esfuerzos,
apoyándonos en los palos con la energía ele la. dese~peración. Pedro tuvo por fin la idea de subirse al tejado y
remolcarnm; hacia l:\ izquierda con ayuda de una cuerda;
así nos sacó ele la corrientl\ y en cuanto él hubo entrado
de nuevo en !a balsa, un pequeño exfucrzo ba!l'tú para
desatracamos. Gaspar recordó la promesa que babia hecho de ir :í. recoger :í nuestra. pobre Armanda, cuyos quejidos no dejaban de oírse. Para tso era nece:-arfo cruzar
la calle, donde reinaba fnriosa la terrible corriente, contra la cual acabJ.ba01os tl.c luchar tanto. Con su lt61ne con
la vista. Yo estaba consternado . .Jamas EC ha librado en
míun combate tan rudo. Ibamos .i exponer ocho \'idas
para salvar una. Y, sin embargo 1 nunqne titubeé un momento, no tu\'e fuerza para desoir el lúgubre llamamiento de aquella infeliz.
-Sf, sí-dije á Gaspar;-no podemos irnos dej,indola
ahí. El joven bajó la cabeza sin responder palabra, y
empezó á apoyar el palo largo que tenía en la mano en
todas las paredes que quedaban en pié. Así bordeamos
la casa contigua {L la nuestra y pasamos por encima de
los establos nuestros. Pero en cuanto desembocamos en la
calle, escapósenos un grito de espanto.
La corriente nos arrastraba de nuevo y nos llevaba al
punto de partida, amenazando estrellarnos contra el techo de nuestra propia casa. Aquello f.ué un vértigo que
duró algunos segundos. El agua nos llernba como á una
hoja eeca, y con tal rapidez, que nueetro grito de angustia
no había acabado cuando se verificó el choque que temíamos. La balsa se deshizo 1 cada tabla salió flotando por
sulado, y todoscaímosalagua. Ignoro loqueentóncespasó.
Recuerdo que, al caer, ví á mi hermant\ ,.\gata en el agua
flotando, grncias ú. las sayas¡ pero fué hundié:1d0Ee poco
á poco con la cabeza caida hacitl- atrás y sin intentar defenderse.
l.:n dolor agudísimo me hizo abnr los ojos. Era que
Pedro desde el tejado, me arrastraba por los cabellos. t,;obre las tejas me dejaron echado, y alli permanecí mirando, sin ver, con todo el aspecto de un pobre idiota. Pedro habia vuelto á sumergirse. Y en el aturdimiento en
que me hallaba, no dejó de sorprenderme ver aparecer
á Gaspar en el mismo sitio que ocupaba Pedro un momento antes¡ el joyen llevaba ,t Verónica en brazos.
Cuando la hubo dejado junto ti mí, se tiró de nuevo al
agua y sacó á. María, con la cara blanca corno la cera, )'
tan rigidaé inmóvil, que la creí muerta. Luego YOl\'iÓ á
eharse á nadar, pero ésta vez bu.&lt;:cú inútilmente. Pedro
nadaba cerca de él; los dos hablaban, haciéndose indicaciones que yo no oía. Cuando ,·olvieron al tejado, rendidos de fatiga:

=

=

EL MUNDO.

219

-¡Y la tia ;\gata!-exclamé.- ¿Y Jaime? ¿Y Rosa?

Y después de tirar primero la pipa, se precipitó en el
reír, Y _miraba con deleite el sitio por donde había cle!:iagua, anadiendo.
aparec1do.
-Buenas noches. Ya no no puedo rn:is.
Ya no recuerdo nada más. :\fe quedé solo en el tc&gt;jado.
No rnlvió á parecer. Era mal nadador, y por otra parte
E~ agua _continuaba subiendo. Una .chimenea quedaba
lo_pro~able es que se tirase á prop6sito p:1ra morir, en•
aun en pie, Y creo que ,i ella iue así con todas mis fuertr1stec1&lt;lo al ,·er nuestm ruina, la mue1·te lle los nuestros
zas, c~mo un animal q1~e no quiE.&gt;re morir. En ~eguida
Y no querien1o sobreYi,·irlos.
1
nada, .iada ...... ¡ un aguJero muy obscuro ...... i la nada.
Las dos de la manana sonaron en el reloj de la iglesia.
Iba ñ concluir In. noche, aquella noche espantosa, llena de
YI
agonías y de lágrimas. Poco ,t poco, ,í. nuestro piee, iba
. ¿Por qué estoy todavfa aquí? l\Ie han dicho que los Yeestrech&lt;í.ndose el corto espacio que quedaba seco; el agua
murmuraba suavemente, y las pequeñas olas se acaricia- cmos de ~aintin habían aCudido á ef.1a de las s-eis de la
ban ju~ueteando y empujándose unas ú. otras. De nuern mañana con sus barcas, y que me encontraron encima de
la cor1:1ente había variado los escombros pasaban :í. la dere- una chimenea sin conoci111ie11to. Las aguas tuvieron la
crueldad de no llevarme despm!s de haberEe llevado á toch~ ~el pueblo flotando lentamente, como si las aguas,
proximas ,t alcanzar su m,'ís al Lo niyeJ, estu ,·iesen descan- dos los míos.
Y.
Yo, el m:ís viejo, el más inútil, les be sobrnivido. Tosando perezosamente de l'IU:-; fatigas.
Ya 1~oesti~bamos más que cinco sobre el tejado. El agua
De pronto Ga.&lt;,par se Quitó los zapatos\' la blusa. Ha- dos los dem:.h se fueron, los niños en pañalee, las muchanos deJaba libre un pequefiísimo espacio en la parte más cía un mto que notaba yo que cruzaba ias manos v re- ~has casaderas, los jóvenes recién casados y los otros Yiealta. Vna de las chimeneas babia desaparecido. Tuvi- torcí,i los dedos. Cuando le pregunté me contestó: ·
J_os. i Y yo sigo, viviendo con~o una hierba mala, ruda y
°:ºs que le\'a~ta.r ú Yerónica y Maria, que habian per-Abuelo, yo me 1_nuero aqu( esperand11. Xo pm~\,lo s:ca, agarra~a. &lt;L las peñas! ¡S1 tu\'iese valor para ello, badido el con?cumento,_ y SOf'tenerlas C:t!-ii de pié para que aguantar más ...... Dt&gt;Jad que haga lo qne quiern, y l:i sal- ria lo que m1 herma~10 Pedro¡ decir. u Ya no puedo nds,
buenas ~1ocht-s 1 11 y tirarme al Garona paril. seguir el misYaré.
n~ se les moJaran las piernas. Al fin recobra.ron e( conoci•
miento, .r_11_uestra angustia creció al vt1·1as mojadas, tiriHabla~a de :Terónica. Quise combatir su proyecto, por- m? cammo _que ellos lla.varon! Ya no tengo ningt'm hijo,
tando Y d1cwmlo que no querian morir. L:.v• tmuquiliza- ~ne &lt;.'rn imposible que tuYiese fuerzas pam linar :t la nu casa esta &lt;lestruída, rnis tierr:.is asolada!:=. ¡Oh! ¡.Aquellas tardes en que nos sent.í.bamos ú. la me:-a todos rcunimos, co~1? se t.ranquiliza ,t los nifios, as~gnr,indo!es que Joven ,í. nado hasta. hi iglesia.; pero él no desi!:itía.
no monrian, porque lo evita.riamos nosotros IL todo
-¡Sí, sí! ¡tengo buenos brazos y me siento con fuer- d?s!_ ¡Uh! j/\.quellos días felices de la siega y de la \'en~uma, cu~ntlo toJ.os trabaj,¡banh)S y todos \'olvíamos fetrance. Pero el_la!! no uos creian, ni dej,tL:tn de conocer zas! ...... ¡Ahora lo \'eréi~¡
lices Y sat1:::;fechos al tranquilo hogar! ¡Oh! ¡Los henuoq~e la muerte era ine,·itable. Y cada n.·z qne se pronunY afiad fa que era. preferible intentar aquel sal va mento.
sos niños y las buenas Ytñas, las bl'ilísimas muchachas y
ciaba la palabra 1110,·!1·, sus dientes cast,a11eLeabau, y la que no esperar allí ú. qne nos hundiésemos con Ja, casa.
los soberbios trigos, alegría de mi \'ejez, recompensaduna se echaba en brazos de la otra.
-La amo, y la sah·aré-repetfa.
Yogu:.1.rdé :ilencio, atraje á María hacía mí y fo. e:::tre- va ele toda una vid,i de trabajo incesante! Puesto que
T~do estaba e:oncluíJo. Del pueblo entero sólo se mían
a~u1 Y allá al~uno:; pedazos de pared. 8olameute la igle- ché contra m1 pecho. Entonce" creyó que !e reprochaba todo e_so ha muerto, ¿por qu¿. queréis, Diol:&gt; rnío, que yo
solo nva?
s.ia mostraba rntacto su cn.mpan.lrio, &lt;le donde seguía. sa- su egoí&gt;!mo de cmunorado y balbuceó:
No hay consuelo. Yo no quil'ro recurso!:. De todos
-\T
ol
veré
para
llevarme
:Dlarfo,
os
lo
jnro.
Ya
~ncon•
liendo _confo:o i:umor do \'VCes dada➔ por las gente:; que
se_habmn ri.'lugiado allí. A lo lejos seofa el terrible bra.- tr:tré una. lancha ú bnscaré la manera, de sal raro~ :í. los modo~! regalaría mis tierras á los del pueblo que mín tie-.t
nen l11Jos. Ellos se sentirían con ya.lar para liu1piarlas
n_iido de la-, agua~. Ya 110 oíamos siquiera el ruido produ- dos ...... Tened confianza, abuelo.
de escombros y culti varias Je nuevo.
cido ~or !as ca.,as al derrumbar.::e, y que poco ames se
. 8~ quedó sin 1~:ís ropa que el pantalón. Y :i media voz,
Cuando no se tienen hijos, un rincó11 cualquiera donde
parecia al q ne i'.'C hace al descargar de pronto un cat'ro de dp1damente, hizo !:illS recomendaciones :i Yerónica: no
uno pueda morir, basta.
e~combrrn:o. Aquello em el abandono completo,un naufra- &lt;lebía. mon~rse, sino ?ejarsc lleYar poi- él, y, ~obre todo
1
SQ tuve m,is que un de);e-o; rni último deseo. Hubiese
gio eu alta mm"i :i mil leguas de Ja costa. r na \·ez creía- no tener mtedo. L:i Joven .i todo contestabit que sí, ma·
mos not-:.r por la izquierda ruido 1e remos. Parecía al de quiualmeute. En fin, después de hacer la scfial de l:tcruz, querido encontrar los patlfreres. de los míos, :i fin de hac::los enterrar en el ce11H.:nterio de nuestro pueblo. )[e
~na barca que se fuese aproximando poco :í. poco. ¡Ah¡
Y e~o ~u~ n_o ern muy dernto, se dPjó ir a! agua, sujetan¡qué myo de e:::peranza, y con cuánto afan nos le\·anta- do
erumca por medio de una cuerda que la había ata- d1Jeron que en Tolosa habia11 encontrado multitud de camos todos para interrogar el espacio! Contenútmos la res• do por debajo ele !o~ brazoe. Ella lanzó un gi-it.o, golpeó d:iveres arrastrados por las aguas, y rue dt:cidí .i empre~p~ra~ión, Y nada veíamos. En rededor nue::5tro se exten- el_ ~gua con !ªs. manos y los pies, y luc•go, sofocada, per- der aquel viaje.
¡Qué dt'sastre mú~ e!:pautoso! Cerca de dos mil casas
dia, rnmen!:ia masa de agua cenagosit manchada aqu( y d10 t-1 conoc1 miento.
setecie.ntos muerto!;! to&lt;l~1s los ¡m~ntes rotos
alla deso111bras negras; pero ninguna de aquellas sombras
-Prefiero esto (gritó Gaspar, dirigiénd,o;;e ,í mí). Aho- derruidas,
b .
,
'
un_ arn~ al'r'.t::ado y sumergido en cieno, dn.111rns atroces,
copas de ,írboles, restos de p1tretles derrumbadas, l,;e 1110 • ra respondo de ella.·
vemte mil miserables sin ca,-,a, sin abrigo y muriéndose
vía. Los t'~combro3, las hierba!'!, lo:i tonel e;, ,·acios nos
F,!cil es imaginar la angustia con que yo los seguía con
ca~saron una porción de falsas a!egrfas; agitllbam;s los la v1~ta.' En la superficie del agua obsenaba yo todos los de ha~bre, la ciudad inft:.stada por lo&amp; cadáYeres in:;epauuelos, hasta.que, conocido nuestro error, caíamos de mo\'11111entos de Gaspar. Sostenía :í. la muchacha con pultos, aterrada por el miedo al tifus; el duelo por todas
miey? en nue::;t.ro abatimiento, siemprQ oyendo aquel rui- ayuda de la cuerda q~e se había. arrollado al cuello y la partes, la::: calles llena:, de cau1i!las conduciendo muertos
las limosnas iusuficier.Jtes parn curar tanto UJ.tl.
'
do, srn que pudiémmos descubrir de dónde ,·enia.
conducía ~í medio acostada sobre el horubJ·o. Aquel' pes 0
~ero yo 1.111&lt;./.aba i:iin ver nada. por enmedio &lt;le aquellas
-¡Al~ Y~ lo veo! (exclamó Gaspnr bruscamente). }Iila sumerg:a algumis Yeces; pero avanzaba, aninzaba con
rad, a\11 nene una barcaza!
l'llllllli:i, y es que yo tenía mis ruiuas y el recnerUo llt::l mis
esfuerzo sobrehumano.
Y ~os sefia.l~ba con el br.tzo extendido un punto lejarnuertos que me abrumaban.
Ya no dudaba yo, porque había recorl'ido mús de ]a
no. 1 o no veta nada, P!.!dro tampoco; pero G..1¡:,;pa1· insis- tercern parte de la dii::tancia, cuando de pronto tropezó
)le dijeron que, en decto, habían sacado muchos cadátía. Er~ umt barcaza. El ruido de los remos se oía cada con alguna pared que habría quedatj,o en pie debajo del
Yere!::, y que se hallaban entenados en un rincón del cev?;-: Dl€.'Jor. Entonces acabamos por Yerla nosotros tam- agua. El choque fué terrible. Lvs dos de$aparecieron.
menterio. Los desconecidos llabían sido fotografiados, y
bien. Bog,lba lentamente, y parecía dar la nielta: sin
Lueg~, le Yí aparece!· &lt;Í. él sólo¡ h1 cuerda debía haberse ~ntre aquella lúgubre colección ele retrato.;; tucontré Jos
acercar~e ,í. nosotro!:. H.ecnerdo que en aque1 momento roto srn dllda . ..Buceo do!:! veces, y al fin logró sacar ,t flo- de Gaspar Y Ycrónica. Los do:-, novios habían muerto esnos pusnnos como loco~. Lenmtábamos los b,·aí'.t)S con te,¡ Yerúnica y echársela sobre un hombro. !Jero co- trech.indose en uu abrazo apasionado, y, siu tl.uda, dánfu~or Y J,íbamos gritos que nos desg,irra_ba•1 la garganta. mo ya no llernha c11erd:1. con qué sujetarla, su peso lo do,se en el momento de morir lll beso de sns J.esposorios.
E msL1,ltabamo.'. ií l~ barcaz:i y la llamábamos cobarde.
abrumaba mús que a11tes. Y, sin embargo, aclelanrnba te- Auu ~e estrechaban f.uertement.e cuando los encontraron
Ella, sieiupn~ silenciosa y nl:'gra viraba en redondo lenta- rren?. A n~edida que se aproximaban á la igl~sia, mi an- c?n los braz~g rígidos, y las bocas tan junta::::, que había
mente. ¿Sería una lancha, en efecto? Lo ignoro todaYia
?ust1;: creCJa. De pr_onto quise gritar, porque ,,i que los s1d? necesanu destrozar sus miembros par,i i;;cpararlos.
?n~ndo :crdmo~ Yerl,~ Jesapa.recer, perdimos nuestr~ iban :L ma.tar unas Y1gas anastradas por la corriente. Me Asi_ los habí~n re~ratado, y así les dieron sepu!tura.
ultima e:3peranza.
·
~o tengo a na~ie uu1s que ~i ellos; esa fotografía espanquede con l:i boca abiert:t sin poder pronunciar palabra:
Desde aquel momento, :t cada instante esperábamos un n~uevo choque los había separado, y las agn.li:' mi vie- table, esas dos criaturas hinchadas por el ngua, desfiguvernos tragados por el agua ó hundiéndcnos con la casa. ron &lt;l cerrarse sobre ellos.
radas, y const'rvando aún'en su lívidas facciones el heroísmo de su cariño. Los miro y !!oro.
Esta se hallaba. minada indudablemente: y por lo ,·isto
Desde aquel instaJJte me quedé como un idiota. Xo teesta~a so~tenida sólo por la':! paredes maestras, que 11
EMu.10 Zou.
nía más que el instinto de una bestia procurando su condebian_ t~rdar tampoco en venirse abajo. Lo que m:ís sen·~ción. Cuando el agua arnnzaba, yo retrocedía. En
~e afügm era notar que el tt'jado temblaba bajo nuestros
A UNA AMIGA
medio de mi estupor oí una gran carcajada sin poder
~ie~. La casa tal vez resistiese toda la noche¡ pero las te•
darme cuenta de quién reiría así ali!, ú mi ]¡do. EmpeJ~s tban poco. á ~oca &lt;lespn.-ndiéndose por los choques conXo odies¡ el odio es lIBpitl¡ J.eformidad impura
zaba ,i amauecer. La risa continuaba, y al voh·erme YÍ
ti~uos con las vigas y los :írboles que arrastraba JacoEs sombra del Averno y es fuego que de\·ora.
á )Iaría de pie. Era ella la que refa.
'
rnent,e. Reiugi,ím'lnos en e! extremo de la izquierda,
-¡Ah,
pobi-ecilla!
¡Cuán
bella
estaba
en
aquel
momenDe
anhelos y esperanzas e~ tuU1ba aterradora,
agarranclonos al cab.alle~e del tejado, que aún estaba firme.
to! La YÍ agachar.se y coger en la palma de la mano un
Satán odió, y vencido cay6 de.:,de su altura.
Luego, hasta el cab~ll~te nos pareciú poco ~egnro. Evipoco de_ ngua, ccn la cual se la\'ó la cara. Luégo retorció
dente1~1ente no rerust1ría mucho tiempo el peso de nosoArranca, arranca el odio de tu alma blanca y pura,
s~1s rnbrns en bellos y se los atú en lo alto de la cabeza.
tros crnco.
¿.-\. qué empafiar con sombras tus astros y tu aurora?
_Desde haeía algunos momentos, mi hermano Pedro te- Rm duda creía estarse peinando en su cuartito un doma otra vez la pipa en la boca. Retorcíase su bigote de mingo por la mañana, cuando la campana de ia icrlesia
Llegó tu prima,·er:1 y es del amor tu hora.
0
v~terauo, fruncía la:; cejas y refunfuñaba oalabra.s ininteli- tocf\ba ti misa.
¡Oh
nifía que eres graci:1, cadencia y hermosura!
. Yo, con~'lgiado de la demencia 1 me eché ú reír tamgibles. El peligro creciente que lo rodeaba, ib:i impacienbién._ El m_1edo la habí:t vuelto loca, lo cual fué un favor
tá_ndolo poco á poco. Ifabí:.t escupido tres ó cuatro veBrille en tus ojo$ bellos amor en vez de odio·
ces en el ~1gu:1 con aire de desdeñosa rabia. Luego, ,·ien- del ~1elo! sm duda. Yo sin comprender tampoco lo que
Yel'ÚS como en tus éueños sonríe dulcemente '
l_rnc1~ deJé que t:e :tpresurar!1, y cuando se crey6 próximo
do que todos íbamos .t hundirnos t.e decidió v bajó de1
El ángel de tu guarda, de tu ,·irtud custodio.
u. salu- de casa, entonó ,1 media \'Oz una de sus canciones
eaballcte 4el t~jado ni techo de¡~ casa.
'.
predilectas., Pe~o pronto se interrumpió, y grit,6 tomo si
-¡Pedro! ¡Pedro!-grité yo asustado.
Yeds trocado ento1;ces en dicha todo ar,he!o,
contestara a algien que le llamara1 y que ella sola oía:
El se volvió, y me dijo tranquilamente:
-¡Allá voy! ¡All:í voy!
Y
habd más luz entonces en torno dC tu frente
-A~iús, Luis ...... Esto es muy pe!:ado para mí. Así
Baj~ la pend,iente _del tejado y entró en el agua, que
tendréis mtí.s sitio.
~fas flores en tu senda .... ., más astros en tu ciel~.
poco a. poco fue cubr1éndol,!l, Yo oo había dejado de eonLos d?s menemon la cabeza y á. sus ojosa~omaron gruesas lágnmae. Por las pocas palabras que me dijeron comp~endi que Jaime se habia d&lt;•strozado elcr:íne-ocoutra una
Yiga, y Rosa se l~abí:1 abl'~zado al cad:iver de su marido que
la arrastró consigo. A 1111 hermana A.gata no la habían ,·isto. ~l~pu.:,imos qu~ su cadú.,·er, in1pul!:=ado por la corrie11te,
habna entrado en nuestra casa por alguna ventana abierta.a? las _que h~bia debajo de nosotros. Al lev&amp;ntarme,
mire hacia el teJado donde ~e hallaba Armanda algunos
momento-; antes. Pt'ro el agua seguia subiendo y Armanda _no gritaba ya. Sólamente vi su:i dos brazos ~igidos
que salrn.n fuera del agua, sosteniendo á sns hijos. Luego todo desapareció, y la superficie de las aguas aparecia
tranquila :í la p:Wda claridad de la luna.

a'

¿

ls)!A.EL EXHIQUE AHCl~IE-;t;.-\_,

�_J

EL Mu:-- DO;,;,.~============29=D=IC=I.E=~=IB=R=E~,=1=89=5=.=

J. .
-

-"~l;;- r

•

Quince años.
(Fotograbado en ¡o,_talleres de «El Mundo.,)

,., i

'

FONDO

RICARDO COVA8;:iU31AS

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Páginas extraordinarias, 1895, Tomo 2, No 25, Diciembre 29</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>JULIO

EL MUNDO.

16

21, 1895,

PRENSA MEXICANA.
Págm.as extraordinarias.

D01IINGO 28 DE JULIO DE 1895.

Tumo II.-Número 8.

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1

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n.v.u.i..,.J. l'.,t.

14a..._¿,r....,,.,,,... A-ll&lt;•1•

1

monumento á .raenHo juárez en el Paseo ae la Reforma.

(EN CONSTRUCCION)

�EL~IüXDO.

18

=---=----

F'ágina i!.Heraria.

====~

i!.a

•~===

En el Album de la Srita. Catalina Anaya.
Dios te col111n de biem:s t&gt;n l:\ tirrra;
Te da cuanto el mortal rmefü1 en f'U anhelo;
Un enYi&lt;lLtble hogar l'il qlw i-e enCil•rra
La dulce paz y el biene1-t.-cir del cit•lo;
t'"n padre q111• ah !&lt;0r:.t t'll s11 conciencia
La luz dL· la vfrt.ud inmaculada;
Apostol ab1wg .do dt-' la cil•tici;t
Que mue¡.:t1·.L b b:rnüad en !&lt;11 mJrada;
Una 1m1drt•, tesoro &lt;le tall'llto,
Angel de cari bd, Uel bien clllrora¡
Toda grnci;¡, ti mra y st•ntimiento;
Deidad pam PI q1w sufre y 1•1 q1it• llora.
Yo que n&lt;l.uiro l'n tu pt11lre ht noblcz:i
Y en tu an¡:1: lica 111:1drl· b l~'r1111m •
No me admir.1 que t"s1m1ltl•:1 tn pureza
La virtud, l·I 1:tlento ~· la l1l'm1rnmrn.
· Ellos qne han 1-iido i-iemprt' tu~ mentores
Cual d¡í.dim dl' Dio:- te han aclomdo,
Y del santo jardin de ~111- :\mort'S
La azucena ervs t1i, qm.• han cu!tirnclo.
Por ei,:o :í. trnlos tn bondad domina,
Por eso á tud H tu cultura encanta,
Por eso ser.:1- i-icmprc Catalin:t,
Un serafi11, 1111 ang, 11 nna ¡;:antn.
La luz d~ t.11 mirar, t:s ht exp!enclente
Luz de la aunrJ. innrn.culacla y bella;
Y hay un ui.abo inmortal sobre tu frente
Como el que envuelve{. la. primera estrella.
Cuando t•n las teclas de marfil tu mano
Seagit.aconv;tlsiva, el Hituagoza
Porque á tn influjo m.ígiéo, el piano
Como animado eer canta ú solloza.
¡Oh )fagn que avasallas la armonía
Cuando tocas, das cauce á. las secretas
Fuentes de la E"ternal melancolía
Celeste euferinedad de los poetas!
1

Si acercas .i los lienzos tus pinceles

Son tus cuadros tesoros de primores
Y reinas, coronada de laureles
En un mundo de notas y colores.
Artista de la luz y del sonido
¿Quién no admira tu genio y tu hermosura?
Para todas las dichas har:i nacido
Bella, sensible, inteligente y pnrn.
Dios que vela tus pasos, nunca aflija
Tu corazón con lágrimas de duelo
Y corone 1í. l:1. artista y ú. la hija
Con cuanto ~ambia la existencia en cielo!
J UA:&gt;; DE DIOS PEz:A.
Guanajuato, 21 de Julio de 1895.

Después ael baile.
La noche en espantoso paroxismo
Ante la ruda tempestad callaba,
Mientras que e[ rayo, zarpa del abismo,
Las corpulentas sombras desgarraba.

Yo que del baile espléndido salía,
Pensé que aquella tempestad bravía
Era de Dios enérgico reproche .. .... .
Y dije con acento lastimero
A la adorada mía
Que temblaba en el fondo de mi coche:
Lo que es la vanidad! .... ¡Cuánto dinero
Convertido en cenfaa en una noche!
El trueno las ventanas sacudía!
De pronto pára el coche y en mi puerta
Un bulto veo.... me le acerco, toca
Un harapo sutil mi mano yerta ......
Unos p,írpados fríos ...... y entreabierta
Palpo luego una flor ...... que era una boca!
Y húmeda por el agua que caía.
Miro después la cabecita rubia,
De un escuálido niño que morfa
Mordido por el hambre y por la lluvia.
1'Ií~era humanidad que ignoras cuántos
Desv~nturados van en tu camino
Sin pan1 siri. agua, sin calor, sin sueño,
¡Tú puedes mitigar muchos quebrantos!.
Con el valor mezquino,
Efímero y pequeño
De la copa de vino
Conque en la vana fiesta te aletargas,
Puedes y logras sin mayor empei'io,
Ver un rostro risueño
Y enjugar muchas Hgrimas amargas!
J. F.

•~===~==

ºªª ae1 acero.

)Iiradme s,1y hermoso, flexible, fino, pálido¡
A n·Ct':-- c1.:ntelleo con un fulgor igual,
Y olra!-- cumo sembh1nte &lt;le hambriento sér escuálido
.Prcs,,.uto tono:- lívidos; me llaman el puñal.

X
)fa~ no temblei~, no canto la vil canción del crímen
Que hiere entre las sombras y ocültase traidor,
Diré c(,ino en ltl noche, los monstruos, cuando oprimen,
)[e d:111 del oprimido el alma y el furor.
X
DL~ja&lt;l que entre las sombras avancen invisibles
E~p(:&gt;Ctros 1lel pasado'sus triunfos 1l cantar;
Ello:,; me a:n:1ron siempre; ellos los invencibles
s_. ele\·.'.l.n lle sus tumbas, oitl, que van ú hablar!
Judit, úh:ate y canta!

X

-"Llegué ~l la obscura tienda;
Dormian lo.'i guerrero!;, i-:in vacilar herí,
La vida &lt;le Olofernes como triunfal ofrenda
Al pueblo, noble ac.!ro, con la victoria dí.

X
-Yo :-;oy el gran Yirginio, btu,qué quien me salvara
Dl~ la cleshourJ., y sJlo mi d:1ga yo encontré,
Tu fubte la juJ-ticia que contm el mal ampara
Yen nn Jord.in &lt;le s:tngre, mi claro honor lavé.

X
-0:dme, en el recinto augusto del Senado
l\fatanclo .'i César, hiero de muerte la ambición!
¡Acero! á tu~ victoria,, iré siempre ligado
Soy Brnto 1 á Roma. excelsa yo dí la salvación.
X
-D.c'j-1dme, yo en silencio tras el flotante paño
De la cortina espesa, aguardaré á salir.
Mar-at, sumerje el cuerpo en d caliente baño;
Yen ¡oh pufial! Carlota, no temblar,l al herir.

X
-Que en inmortal testigo de mi virtud se erija
El noble acero y oaiga del muro, vencedor,
Yo soy Guz1n.ín el bueno y aquí sobre Tarifa
Los dos seremos siempre emblema del honor.

PERLAS NEGRAS.
I
:Mentira! yo no busco las grandezas 1
:Me deslumbra la luz del apoteosis
Y prefiero seguir entre malezas,
Con mis fieles amigas: las Tristezas!
Y mi pálida novia: la Keurosis!
Dejadme! voy muy bien por la exist~ncia
Sin mendigar un vitor ni una pal:na,
Pues bastan á mi anhelo y mi crl•C'ncia1
¡Un pedazo de cielo en la conciencia1
Un rayito de sol dentro del alma!

JI
Oh noche, oh luz, sois bellas, pero asombra
La maldad que fermenta. en Yuestro seno:
Tú, Sol, con tu fulgor, doras el cieno!
Tú, Noche, lo cobijas con tu sombra!
AMADO NERVO.

BRINDIS AUREO.
Venga la copa y cálmese mi duelo

Y a.bra mi estrofa su dorado broche,
Y acorazados versos, en derroche,
Pugnen y breguen por dejar el suelo.
Brindo por el rey Sol 1 que sobre el hielo
De la cumbre inmortal, cJaya su cocht:';
Odio la sombra ruin, porque la noche
Es Satanás que cruza por el cielo ..
Brindo por el re~' Sol, que tanto adoro,
Por el pájaro nzul de pico de oro
Y por el cisne de cabeza blanca;
Brindo por el dolor, que es gloria luego,
Por las pupilas del poeta ciego
Y por los brazos de la Yénus manca!
J. S. CH.

~to-numrnttJ tí 3utírrl,

X
-Yo soy como la noche en que la estrélla lanza
Sn luz p.ílida y triste, Otelo el vengador,

Gracias oh daga mía! te fiaba mi venganza
Y te escapaste noble por respetar mi amor.

X
-Oculto entre las flores el dardo de mi odio
Y asesto el rudo golpe, tosco, callado cruel,
Mi complice tú fuiste, yo soy el fiero Harmodio
Oh acero! en ti han brillado los ojos de Luzbel.

X
-De 113. honra de mi hija contra el feudal protervo
Por defende,· la espada, contigo fuf detrás, ·
Yo soy del pueblo helvético el indomable siervo,
El vengador terri-ble: "Adam de Camogasc."

X
Que pase Lady )facbet con sus sangrientas manos
Las turbas asesinas, Enrique y Pedro el Cruel,
La espada de Pavía, y el hierro que tiranos
Forjaron los verdugos para matar con él.

X
Oh sátrapas inmundos que en aras del delito
Sacríficais al justo por el abyecto ruin,
Temblad1 que el oprimido levantará en un grito
El canto del acero para vengarse al fin.

X
En mi canción sonora, no caben las traiciones1
El odio impuro y negro, la sombra criminal 1
Yo soy flexible y p,Hido, soy bello, alzad canciones
A. mi brillante hoja, me llaman: el pui'ial.
MANUEL LARRA.SAGA PORTUGAL.

1895.

RIMA.
La escultura del nicho me miraba
Con dulce compasión;
Yo le conté mis penas de rodillas,
Y al escuchar mi voz,
En sus labios de mármol una triste
Sonrisa apareció.
-Ya se lo cíue me cuentaS'-dijo el Santo:
1Cosas del corazón!
Sólo existe un remedio ..... .

-¿Cuál?
-Volverte
De piedra como yo!

L. M. DEV.

28 J l"LIO, lo9J.

En la primera plana de este pliego reproducimos el
proyecto de un monumento a Benito Juáre.z, presentado por el artista italiano César Orsini, al Gobierno
de México.
Lo publieamos por ser muy bonito, aunque no ha
sido aún resuelta definitivamente su erección; pero
ya en Italia se están construyendo algunas de las estatuas y aun se encuentra en México, la principal, la
que rematará el edificio. Este debería ser levantado
en una glorieta del Paseo de la Reforma, pero las
enormes dimen-siones del zócalo sobre que descansa,
producirían la obstrucción de la calzada, lo cualnun•
ca se intentaria.
Todos los relieves y estatuas serán de bronce y lo
demás de piedra y mármol.
El costo de la obra ascenderá probablemente A

$300,000.

En otro pliego publicamos un artículo y
los demás grabados relativos á los fuegos artificiales en Kiel, que tan expléndidos y admirables fueron.

f rrmrn tnrricaua.
EL TrnMPO.-Aunque este diario no tiene la represen•
tación oficial del partido conservador, porque no está organizado dicho partido, es el paladín de más fuerza con
que cuentan las ideas de los vencidos. Se fundó esta pu•
blicación con pocos elementos pecuniarios, y la fortuna.
le ayudó porque le tocó en suerte tratar en contra todo lo
relativo á la deuda inglesa; después combatió el sagrado
recuerdo que los liberales tienen deJuárez, y produjo tan
gran sensáci6n, que á él se debe, como resultado de su
derrota, la consagración del 18 de Julio para manüesta.r
toda la gratitud que se le debe al gran hombre.
Mas, esta derrota, le valió añanzar su crédito entre loa
suyos, y desde entonces, El Tumpo 1 es si no la empresa
periodística. mas fuerte, si la más segura: en nuestro con•
cepto, puede muy bien el diario conservador Henar sus
columnas por espacio de un mesó más, con el evangelio
del día, una encíclica, dos pastorales y un artículo contra
liberales, y no se borrarán sus abonados. Sin embargo,
y en obsequio de la verdad, no ha desdeilado los adelan•
tos del periodismo moderno, y en ocaciones se dedica á.
dar noticias oportunas y grabados del día.

28 Juuo, 1895.

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ELl\IUNDO.

J t;LIO 28, 1895.

Jn , , ~S, lSO.:;.

21

EL ~IUNVO.

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PERUCHO, NIETO DE PERIQUILLO.
POR UN DEVOTO DEL PE:VSA.DOR MEXICANO.-Ilustraclones de IZAGUIRRE.

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(COXTI.NUACION)

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Otras, nuís modrrnas en la vicla monástica, creían
que aquellos ginetes que habían visto entrará,. su convento, eran los nu't.1-, altos personajC's del Gobierno, y
no faltó alguna que r~zara fervientemente por ellos
creyendo que antes de que amaneciera se los tragaría
la tierra, por profanar tan impíamente un lugar sagrado.
Puede asC'gurarse que aquella noche toda la ciudad
estuvo en vela, y que en los hogares, donde por larguísimos afio.-;, la educación cristiana era el alma de
todo, Yisticron luto riguroso 1oraron y sufrieron lo que
no es decible.
En otros conventos, no se hizo con igual escándalo
la exclaustración y entre las escenas más conmovedoras, descuella la del convento de Capuchinas.

Aquellas monjas recoletas, que nadie\ :ni los grandes personajes del clero les habían visto el rostro, tu"'ieron que abrir el convento á los emisarios del Gobierno en el momento en que se preparaban para entrar al refectorio.
Todos creyeron que iban á encontrarse con un opiparo banquete, y solo hallaron en cada lugar de la
mesa unos diminutos platos con yerbas cocidas sin
sal, sin ningún pNlazo ele pan, ni siquiera un terrón
de azúcar para postre.
Eran, en toda la extensión de la palabra, unas mujeres ejemplarmente virtuosas, verdaderas santas, que
obligadas por la. fuerza de las circunstancias, tuvieron que hacer el más espantoso de los sacrificios: llesCubri.rse c.&gt;l rostro para que las conocieran los agentes

de la ley, y luego salir á extra1las miradar,, donde=edificaron con la austeridad de sus costumbrc8.
~Us ojos espantados de tales esct•1rns, no pudieron
vo!Yer á cerrarse para dormir aquella not'he 1y la verdad es que me parecía estar soñando despierto.
Para donde dirigía la mirada, hallaba al hombre de
la corbata roja, lanzando puñados d'-' monedas de cobre á las masas para alentar su codicia.
Aun estaba la calle invadida por las gentes, cuando
se tiño el cielo con las suaves tintas dP la alborada y
las golondrinas, hul!Spcdes de las comizas y de la torre del templo, comenzaron su charla interminable.
Con dificultad, y lentamente pudirron atravesar la calle las vacas que venían como siempre en esa hora á la
cercana plazuela para saciar el apetito de los vecinos.

�22

EL MUNDO.
28 JULIO, 1895.
-~=== ======--- = " = = = = = = = = = = = = - - -

Cuando el sol aparec.?6 radiante sobre el horizonte,
ya estaba el convento vado y entraban ,í visitarlo 1

como en esos casos sucede, las personas conocidas.
~fi padre quería comTencerse de la verdad, y sin decir una palabra, se embozó en ancha capa et:.pañola,
me tomó de la mano y fuimos al lugar de la l'atústrofe.
Los que fungian de centinelas se tocaron respetuosos los sombreros al mirará mi progenitor, y €"-utramos ú, los claustros sin que nadie nos estorharn el
paso.
La Naturaleza, indiferente á los doloríls humanos,
sonreía en todo aquel edificio.-Cantaban los pájaros
en el va!-ito jardin del patio; saltaban en la fuente los
chorros, cayendo en rizos cfo púrpura y de nacar; ba..
ñaba el ¡.;ol la parte alta de los corredores largos, anchos y limpios, y las 1mertas de las celdas, de cedro
amarillo con clavos negros, matizaban alegrC'mente la
perspectiva. Recnerrlo una por una 1 las esculturas ele
las galerías; un San Pedro de rclucic&gt;:nte calva y blanquísima barba, teniendo en la mano las llaves del cielo y á sus piés un gallo de plumas multicolores, de
régia cola, con cresta color de rubi 1 el cuello erguido,
y el pico abierto en actitud de eantar. Una virgen ele
ojos dulcísimos, con su diadema clP estrellas ele plata
en nimbo de oro, su manto azul pálido 1 con un mundo
lleno ele ángeles sirviéndole de peana. Un Qristo ele
cuerpo lívido y (•nsangrcntado y con un cendal lleno
de milagrillos de oro y plata.
Muchos h·ombres Yestidos con blusas. rojas y arrastrando los cmTOS sables que pendían de sus cintos 1
leían sobre las claves de los esbeltos arcos, los letreros pintados alli cien años antes: cEsta es la ca.rw de
Di-os y Puerta del Cielo;-,, 11.En tu Concepción 1'-faria,
inmaculada fuiste, ruega por nosotros., Sobre las
pue.rtas de las celdas ei-;.taba escrito en azulejos: e Viva Maria y muera la hcrejia.,
¡Cómo se reían aquellos chinacos de estas inscripciones y cómo las comentaban a su manera!
No puedo olvidar la espaciosa sala de labores, ni la
sala del coro alto, que tenia de cada lado una cua vteta:
En la humildad se profunda,
En la caridad perfecta,
En el silencio extremada
Y en el hablar cil·cunspecta.
Y en frente la que sigue:
En el coro asiste atenta,
Ora frecuente y devota,
De los cuidados remota
De tu profesión contenta.
Llamaron mucho la atención de mi padre las pequeñas cocinas de cada celda, revelación de que cada
religiosa tenia su sirviente que guisaba la comida.Vivían de un modo independiente, sin refectorio, sin
más obligación de reunirse que para los rezos del coro ó las distracciones.-A mi se me iban los ojos en
pos de los nacimientos que en muchas celdas encontramos, y en los cuales babia millares de muñecos de
barro y de cera, representando á Adá.-n, E-Ya, Noe,
Ruth, Booz, Santa Isabel, San Joaquín, los pastores,
las ovejas, los lagos con sus ánades, y el pesebre de
Belém con su buey y su mula..
El órgano en el coro era riquisimo, y al decir de todos, magnifico.
El convento babia sido fundado en 1594, con el capital del Dr. Sancho Sánchez de ::\foñón, y se estrenó
en l.º de Diciembre de 1639, asistiendo el Virrey ltlarqués de Cadereita.-La iglesia que costó más de cien
mil ducados1 se consagró en ll.farzo de 1748.
Nada impusieron á la multitud estas tradiciones, y
en un abrir y cerrar de ojos, expulsaron á las infelices que alli se hospedaron por mncWsimos años, llorando agenas culpas é implorando del cielo el perdón
de pecadores desconocidos.
Me refería mi padre, que en aquel convento hubo
monja que vivió en tres siglos, es decir, que nació en
1697, y murió en 1802, consagrada desde muy niña á
amar á Dios y á esperar la eterna venturanza.
Antes de las diez de la mañana, salimos de aquel recinto, y no dejó de inquietarme el temor de que me
mandaran á la escuela.
Nadie ·se acordó de esto, ni cómo habían de a.cor..
darse, si corria la voz de que las torres de la Profesa,
Santo Domingo, la Concepción, San Francisco y otras,
estaban llenas de soldados, esperando para sofocarlo
á sangre y fuego un motin popular ocasionado por la
exclaustración de las religiosas.
El toque de una campana, el golpe de una puerta,
el grito de algún vendedor ambulante, parecía una
señal de alarma, así es que todos se encerraron en sus
casas y nosotros en la nuestra, en medio de tal tristeza y de tal desasosiego, que no son para describirse.

hace bien el que convierte su capa en sayo, pero yo
me moriré con palma .. ,.
De lo qno so hablaba en las juntas de conspiradores de aqnel
-De dátil, señor Don Tacho, de dátil ....
tiempo.
--0 de coyol 1 pero no me rindo.
Entre tanto Don Próspero nos hizo entrar, alzando
¡ Estaba de Dios! como dice mi amigo Ramón, que la pesada tapa del mostrador y nos introdujo á. una
yo entra.se pronto á mi nueva escuela, y vino á impe- piecesita pequella separada de fa librería por una
dirlo un nuevo incidente.
mampara de lienzo pintado 1 y mostrúnclonos una esCorrió la voz por toda la ciudad, de que el Gobier• calera do caracol 1 dijo á. mi pa.dr(':
no iba á meter en la cárcel á los más prominentes reacAquí arriba está ya todo preparado para que usted
cionarios y como entre estos figuraban lo mismo mi pa- quede tranquilo. Ya usted á vl\ir pntrl' muchos libros
dre que mis tíos, decidieron como era usanza entonces que podrán distraerlo porque sin jaetancia1 fuera de
esconderse.
las bibliotecas de los conventos, que pronto destruiTán
Eran para copiarse en inmortales lienzos, dignos estos rojos h&lt;.&gt;rejes, no hay en todo :\léxico, nada que
del pincel de Goya1 los cuadros á que daban oca• supere á la rnín. Hay dos ó tres incunables, muchísión estas escenas·. Toda la familia afligida esperaba simos Elzedru.9 y obras que no hay quien lns pague,
que oscureciera para que el personaje politico que porque no son tiempos para leer, sino para morirse
temía ser encontrado, se disfrazas.e con la!j_ indi~pen- de espanto.
sables antiparras azules de cuatro vidrios, la barba
Subimos por el angosto caracol, y nos encontramos
postiza, el sombrero ele forma extraña 1 lacapa decue~ en una sala "inmensa, de esas que recuerdan las que
llo de nU.tria y un niño de compañero para evitar sos- estaban destinadas á los actos públicos en los antipechas.
guos Colegios, tapizadas de estantes atestados de liEscusado es decir que mi padre no aceptó ninguna bros, con larga y labrada mesa de cedro oloroso y
de estas prácticas, salvo la de salir de noche, pues ya pulimentado teniendo en torno diez sillas de alto resestaban encendidos los faroles cuando me tomó de la paldo y toscos brazos.
mano y nos fuimos á la casa de un librero, antiguo y
En el fondo de la sala1 se destacaba un inmenso
honrado, cristiano á carta cabal y clecidido amigo de Crucifijo á cuyos piés un nicho de cristal, con sus comi familia.
rrespondientes sartas de prismas, encerraba una DiLa librería del señor Don Próspero estaba abierta vina Infantita dormida sobre una cama á la que no
cuando llegamos á ella y entramos como antiguos co- faltaba en fundas y olanes ninguno de los primores
nocidos. Era una especie de tugurio, con estantería que dejan sin pulmón á la mujer más gárrula y más
pintada de guinda oscuro y cubierta de polvo y con sana.
red de alambre en lugar clecristales;conteniendotanA la izquierda de aquel nicho babian colocado dos
tos pergaminos y devocionarios, como no es dado de- catres ele hierro perfectamente habilitados 1 ~- entre amcirlo.
bos una mesa de estorbo con un l)otellón ele GuadaHabía cuadros grandes y chicos, con santos anémi- lajara tapado con un vaso azul de filetes dorados .
cos y vírgenes cloróticas, con litografías de las ima•
Cerca de ambos catres estaba una percha de pie,
genes milagrosas de mayor reputación en el pueblo; de madera blanca, de aquellas que se llamaban CANcon juegos de la oca y del coyote y no pocos retratos CONES porque en la noche cubriéndolas con un somde arzobispos y sacerdotes renombrados por su ejem- brero y una capa servían de espantajo á los muplar conducta.
chachos.
Detrás del mostrador, sentado en ancho equipal de
-Alli está ya lü;to lo de usted y lo del niño.
Guadalajara, caladas las toscas gafas y vestido de
-Grac.ias, respondió mi padre, no puede pedirse
dril crudo 1 fumaba Don Próspero un puro de á ocho mejor y más amplia posada.
del Antiguo Estanco 1 conversando con cuatro ó cinco
Desde que entré á aquel sitio, me &lt;lió en las narices
correUgionarios de levitas color de verde botella, somun fuerte incitante olor á plátanos pasados, de esos
breros de copa de anchas alas, bastón de puño dorado
que traen en grandes tercios de la tierra Caliente. Excon borlas, chalecos de seda con bolsas de cartera,
cuso decir que me propuse buscar la veta cuando
pantalones· de rayas blancas formando cuadros sobre
no fuera visto por nadie.
fondo color de Habana; leopoldinas con sello, corba-Dentro de pocos minutos, c¡elebraremos aquí una
tines armados y tenacillas de oro parafumarcigarros
reunión
amistosa, para la cual no nos estorba el chi11
11
de 1a 0rquesta de cajetilla azul~ que eran los más
quillo, porque ni ha de entender de lo que se trata, y
suaves.
-¿Qué dice el club del siglo diez y ocho? preguntó pronto lo vencerá el sueño.-Dejo á ustedes en su casa.
Y dicho esto salió Don Próspero, y mi padre se quimi padre, dirigiéndose á Don Próspero y á sus comtó
la capa, colgó el sombrero en la parte superior de la
pañeros.
-Que estamos como los reos de la Inquisición se- percha dirigió una mirada investigadora al vasto
ñor Don Pedro, esperando la hora de ser quemados. departamento en que nos hallábamos, me quitó tam-Y otro agregó-ya preguntamos como·los mucha- bién el sombrerillo y el abrigo, sentóme en una de las
chos que juegan en las cadenas l,cuántos perritos hay camas 1 encendió un cigarro y se puso á dar paseos del
uno al otro extremo de la sala.
en la horca?
Cuando ya me c~ia de sueño, mal tendido sobre el
-Hoy vamos á tener junta señor Don Pedro; espe·
colchón,
entraron cerca de doce ó catorce señores
ramos a los amigos para decidir algo, porque los demagogos están haciendo cosas horribles. Es preciso que llenaron la mesa del centro, y segun supe algunos años más tarde, hablaron lo siguiente:
tomar algunas providencias muy sérias.
-Lo que está pasando en México va á horrorizar
-Lo último-agregó dando un sorbo de rapé-un'
viejecito chiquitín que estaba sentado en la banca de- á la Europa entera, señores; sobre todo, lo referente
trás del exiguo escaparate-lo último ha sido espan- á la propiedad ecleciástica.
-Expliquelo usted todo, señor Don Tacho, sin omitir
toso. Esta expulsión de las religiosas ya es una bofeun detalle.
tada á la sociedad.
-Los bienes que formaban la propiedad ecleciás-¿A la sociedad?. . . . Al Santisimo Sacramento J
tica eran segun los datos de Abad y Queipo y el Doc-Cuidado con blasfemias Don Panchito.
-No; si no es blasfemia; ¿no se han llevado las cus- tor Mora, $197.163,754; siendo 149.000,000 de capitales
todias1 los callees, las patenas, las lamparillas de oro? productiYos; y 30.000,000 de improductivos.
-¿Tanto asi. ... ?
Pues muy bien podrá ser que en los cálices estén be-Si señores, tanto asi.
biendo pulque de tuna para celebrar sus triunfos y
-¿Y cuales eran los productivos?
que las lamparillas les sirvan para encender sus ciga-Comprendían los valores que en fincas rústicas
rros.
-El porvenir que: se le presenta al país tiene color y urbanas tenía en plena propiedad el clero secular y
regular, y el ,alor de los capitales que reconocían á
de hormiga.
-Nosotros, más ó menos pronto nos iremos, pero su favor en fincas rústicas y urbanas de la propiedad
los muchachos1 estos chiquillos que crecen en medio particular, impuestos á. censo redimible ó irredimible
entrando en éste ultimo el valor de las eapellanias.
de tanta inmoralidad, de tanto estrago?
-Lo que no entiendo, agregó Don P.róspero, que
-Que bueno que yo no me he casado nunca ni tenpresidia la reunión mascando un enorme puro de á
go parientes ni arientes.
ocho, á que se denomina el improductivo.
-Usted ha sido un indomable.
Y Don Tacho le interrumpió diciendo:
-Ah! si señores; tengo más miedo a una mujer que
al cólera y me espanta más el matrimonio que el in-El capital que se consideraba en el valor de las
fierno. ¡Por todas partC'.s donde he ido he encontrado iglesias, conventos, vasos sagrados, ornamentos, plata
cuernos!
del servicio y alhajas propias para los actos del culto
-Según eso 1 nadie se casaría . .. ,
-Bien, eso lo juzgó el pU.blico en cuarenta millones
-Los demás pueden hacer lo que quieran porque de pesos netos.

~3 JULIO, 18(),3.
=----=-

EL1ifUNDO.

CAPITULO IV.

.

-Y estaba excfptuado de entrar en el dominio de
la nación por las ley~s llamadas &lt;le Reforma, publicadas en Vera.cruz en 1869.
-En nada se ha cumplido con esas leyes. Vean ustedes la prueba; los biGnCR productivos que eran objeto del comercio humano, debían adjudicarse á los
inquilinos ó censatario;; por el valor r~presentativo ele
la renta que pagasen al año 1 graduándola á un seis
por ciento, capital que debian desamortizar los adjudicatarios en el espacio de diez años, dando una tercera parte en papel, que eran los bonos que representaban el crédito interior y dos terceras partes en dinero en los plazos fijados ....
-Y nose ha cumplido con estas prescripciones.
-Ni por asomos; el gobierno reformista ha declara. do ser propiedad nacional las iglesias y conventos, con
sus bienes y alhajas ....
-Pero han exceptuado las catedrales y parroquias.
-Con esa excepción que no llega á la mitad del total, y disponiéndo de las alhajas de todos los templos, el Gobierno ha aprovechado ciento sesenta y
nueve millones de pesos.
· -Unas l~yl's de Hacienda ceden toda esta propiedad á los inquilinos de las casas, á los censatarios, ó
á los denunciantes, que se subroguen en lugar de los
primeros, en el caso de que aquellos no quieran aceptar tan amplia donación, recibiéndolos en los términos que se les fijaba; y para quedarse con las fincas
rústicas ó urbanas y los capitales impuestos en ellas,
deberán dar los beneficiados tres quintas partes de su
valor en bonos y dos quintas en dinero, en el plazo de
cuarenta meses.
-¡Qué atrocidad! esclamó un ex-ministro limpiándose la frente. con un gran pañuelo de seda. ¡En bonos! Es decir, se pagará con un papel que representa
créditos reconocidos á empleados por sueldos atrasados1 ó los créditos contraídos por los gefes federales,
en los años de lueha desde elplandeTacubaya. ¡Pues
bonita manera de enriquecer al Erario! Unos corren
en la plaza al cinco ó seis por ciento y otros que acaban de ser en el triunfo de los rojos ratificados porla
ley, no pasan del seis.
-Qué opina ustecl 1 señor Don Ildefonso, ¿percibirá
el Gobierno lo que espera?
-Imposible, imposible; esperaba un poco más de sesenta y siete millones; pero ha cedido las fincas á una
docena de negociantes, á quienes en total no debía
más de doscientos mil pesos y que ahora ya son todos
ricos, muy ricos, riquísimos como Creso.
-También-agregó Don Tacho-con estas fincas
se han recompensado servicios á generales y jefes militares, dándosel~s á unos por cuenta de sus sueldos y
á otros por puro patriotismo.
-Y se ha obrado con tal desconcie.rto en estas concesiones, que unas mismas fincas han aparecido donadas á dos ó más personas y han tenido al arreglar esto 1
necesidad de dar otra ú otras al segundo, en lugar de
las que quedaban al primer donante.
- y se han cedido muchas de estas fincas en cambio
de a1·mas, fo1·nitura::¡ 1 vestuarios militares, con uu diez
por ciento de su valor.
-Inicuo es todo esto, verdaderamente inicuo.
-¿Y la enajenación de los conventos? Se dispuso
qU:e fueran en dotes vendidos en pública subasta y no
se ha hecho tal. sino que los han comprado á un siete
por ciento los particulares, y otros han sido y están
siendo derribados.
-¡Y qué construcciones tan buenas! En los muros
de Santo Domingo, de San Agustin, de San Francisco,
ha sido preciso meter barrenos, porque de otra suerte
ninO'Un brazo podia destruirlos.
~Me han contado una anécdota curiosa. Parece que
uno de los inspectores nombrados para organizar la
expulsión de unas monjas, se condujo tan mal que el
Gobierno lo destituyó y envió en su lugar á una persona muv educada y muy prudente. Esta, llamó á la
Abadesa~ v le dijo: Señora, dígame cuáles cosas pertenecen á, c;da religiosa, para que las saquen de aqui,
y cuáles son de la comunidad, para rett•nerlas. ¡Ay!
señor mio! respondió la abadesa, estoy sumamente
afligida, porque hemos sufrido una gran pérdida.¿Cuál, señora?-Parece increíble, pero aseguro á usted que es la verda.d;se nos han perdido una sala, dos
cuartos y una azotchuela ...
Era que el antigno inspector las babia agregado a
la casa Je su propiedad, contigua al convento, tn.piando la puerta que las comunicaba con el claustro.
-Es digna de risa la ocurrencia y nuevo testimonio
d('. las bribonadas de alguna~ gentes.
-Y si digo á ustedes lo quo ha pasado con la plata
clel servicio de la Iglesia!
-E.so s¡_~rk pt'or 1 ~:n duda.

-Si¡ la. plata del servicio tle la igk)';in., una parte se
acuñó sin dar cueutaal Gobierno de lo que produjo.
-Y otra parte, dijo Don P1·óspero, se ha extraído
furtivamente, en la noche 1 lo mismo que la.s alhaja:;.
-Ningún mexicano ha querido comprarlas ....
-Claro; eso era una profanación impía
-¿Se acuerdan ustedes de la custodia de la Catedral?
-Era riquísima; se le compró á Don José Borda en
cien mil pesos.
-Y la dió en su precio como un obsequio al mejor
de nuestros templos.
-Tenia mas de una vara de alto; P.esaba ochenta
y ocho marcos de oro; su anverso contenía cinco mil
ochocientos noventa y dos diamantes, su reverso dos
mil seiscientas cincuenta y tres esmeraldas; quinientos cuarenta y cuatro rubies, ciento seis amatistas y
ocho zafiros.
-Pero la memoria de Don lldefonso es un inventario minuciosísimo.
-FigU.rense ustedes que yo vi al platero Don Ignacio _lünpiar esa custodia y le contamos las piedras.
- Y ya se sabe quien compró todas esas alhajas.
-Si; un extranjero que dió por todas veintitres mil
pesos.
-Las compró al Ministerio de Hacienda.
La fisonomía de cada uno de aquellos aneianos 1 adquirió con estas reminiscencias una expresión de
asombro 1 de rabia y de dolor indescriptibles.
-Pero no ha sido esto el Unico escándalo ante el
mundo; de todas las grandes cantidades de que disponían las iglesias de fuera, han dispuesto á su antojo los generales, los Gobernadores y a-Un muchos subalternos que fracturaron las puertas y saquearon
los templos lt media noche.
~Eso debió castigarse por el Gobierno del Centro.
-Hizo la farza de pedir cuenta y le respondiero_n
que todo se había cometido sin autorización ó que
era un botin de.guerra al cual tenian derecho todos
los ciudadanos.
-Ah! lo que me ha dolido como si me arrancaran
pedazos del alma, es la destrucción y saqueo de las
bibliotecas de los conventos, dijo Don Próspero deshaciendo entre sus dientes la colilla del mal oliente
tabaco.
-Lo más valioso de todo para cuantos apreciamos
la ilustración sólida.
-Contenían manuscritos sobre la historia del país;
clásicos griegos y romanos, jurisconsultos antiguos,
canonistas y teologos, y puedo jurar que la menor encerraba doce mil volU.menes, como la mayor pasaba
de veinte mil.
-La de San Francisco y la del Carmen, en Guadalajara, fueron destruidas por los soldados que usaron
de los libros para cartuchos y para hacer lumbre en
las cocinas y fogones domésticos.
-Es el cuento de nunca acabar, y sobretodo siha blamos de las pinturas y esculturas, obras de mexicanos..
como Cabrera, y de espaff.oles é italianos.
Eran regalos de los Reyes en su mayor parte1 y las
he visto vender en las calles y plazas públicas á vil
precio si no es que se han convertido en leña en los
baños y en las panaderías.
Muchas han siclo mutiladas para aprovechar los pedazos en obras profanas.
-En una palabra, señores, de la suma de setenta y
siete millones y pico de pesos, que debla percibir el
Gobierno como importe de los dos quintos en efectivo, solo ingresaron al tesoro, veintidos millones.
..:_Por los arreglos que hizo de las dos terceras
partes.
- Y sin arreglar con eso las rentas públicas, pues
se han gastado simultaneamente los productos de las
aduanas marítimas, de las interiores, comprendiendo
las alcabalas y tantas contribuciones directas como
se crearon 1 al cuatro al millar sobre fincas rústicas y
urbanas; gir~s mercantiles, profesiones y otras que
dejan de diez y ocho á veinte millones de pesos
anuales.
-Don Próspero sabrá tarnbien lo relativo á la propiedad particular.
-Eso no es para decilro;sehadeclarado quelascajas
de los particulares son del ejército; se han impuesto
préstamos forzozos, graduándolos á un diez por
ciento sobre el capital, y puede asegurarse que por
bienes del clno, rentas marítimas, rentas ordinarias
y prestamos y contribuciones, se han consumido en
dos años ciento veinticuatro millones de pesos.
-)fuy largos.
-Si, muy largos, pues no tomo en cuenta los fondos de los colegios y hospitalt!s existentes en la República; dotaciones especiales de que se ha dispuesto
sin reRpetn.r la voluntad del testador.

----No nos dejarán mentir si se11alamos el Hospital
de Terceros, el Real, el Seminario ...
--¿Y los fondos de la Escuela de Agricultura?
~ Y de tantos hospitales y colegios de los Estados.
-Esto es una cena de negros.
-¡Ojalá! es un festín de monstruos.
-Estamos invadidos por los cuatro vientos.
-Por el Norte, surgió Vidaurrij por el Sur de Jalisco, Rojas; por.el Oriente, Carbajal y por Morelia y el
Bajio 1Huerta y Pueblita.
-Ah! ese Pueblita. Sus soldados saquearon la
opulenta y hermosa casa de Otero en Guanajuato,
llevándose joyas lindísimas, alhajas de inestimable
valor; quebrando con las culatas de los mosquetes
las grandes lunas de Venecia, desgarrando los tapices de seda de los muros, inutilizando las vajillas de
plata y de porcelana china y no pudiendo quemar el
edificio, obra de Tres Gueuas, todo de piedra, con
magnificas bóvedas, cometieron atrocidades con cuanto encontraron, durando el saqueo mas de diez
horas.
-Dicen qne la familia, llorosa y aflijida, contemplaba por una ventana de los sótanos que sen·ian de
carbonera1 el espantoso estrago que ha dejado tan
funesta memcrria.
-Iguales destrozos han hecho Rochin, Garcia de
León, Cantarito y sobre todo Rojas.
-¡ Ah l Rojas! Rojas!, ese hombre por haberle hecho rnsistencia sesenta y seis operarios de las minas
del Sr. Gómez 1 ordenó al triunfar, que se pasase a cuchillo todo viviente fuese hombre ó animal.
-¡ Qué bárbaro!
-Si, señores, y murieron doscientas treinta y cinco
personas, contandose trece niños en la edad de la
lactancia.
-Yo soy de Jalisco y se por carta fidedigna, que
han siclo incendiadas sesenta y seis poblaciones, cuatro minerales y ciento veinte haciendas.
-No se. pueden recordar sin lástima las de Ixtlahuaca, Salvatierra, Zamora, Maravatio, Irapuato, Zimapán.
~Si 1 pero en sólo Jalisco, se incendiaron poblaciones como Etzatlán, ~iascota, Ahuacatlán, Istlán, Compostela, Cuquío, San Juan de los Lagos y Arandas.
-Toda la geografía en una palabra .
-Y tanta victima inmolada; tantos héroes muertos
en nuestro partido, señor Don Próspero.
-:\fás de tres mil, sin duda; sólo en Zacatecas fueron fusilados seis jefes y acuchillados dieciocho oficiales y sesenta soldados; en la toma del Puente de
Calderón 1 en Zapotlán y en Colima más de novecientos. Se han inmolado eclesiásticos como Don Praxedis
García, cura de Toloxtlán de los Dolores; el vicario de
Zacoalco, Don Francisco Flores Saucedo; el presbítero
Don Ramón Ojeda en Tepic¡ en Atenguillo el padre
Nepomuceno Avalos y otros muchos.
-Y qué sólo enumera usted sacerdotes, pues los
generales Patrón, Nogueras, Blanearte; los oficiales
Godines, Torres, Ruiz y Orozco, los coroneles Piélago y Monayo -¡ comandante Guerrero que fueron colgados del balcón del palacio episcopal de Guadalajara, desnudos, heridos y mancillados por la plebe?
-Esto exige una tremenda venganza, una reparación, un escarmiento.
-¿Y qué hemos de conseguir?, dijo Don Próspero
suspirando.
-No hay peor lucha que la que no se hace y mientras tengamos caudillos, no morirán nuestras esperanzas.
-Hay que trabajar en la sombra¡ .sin ser sentidos
ni siquiera sospechados; este partido imperante es el
de Satanás y con la ayuda de Dios lo venceremos.
-No parece sino que, por haber ofendido á su Divina :Magestad, nos ha castigado, pero vendrá el dia
de la venganza.
-Tengo yó, señores-dijo el más joven de la reunión, que comunicaros algo muy importante.
-Somos todos orejas, dijo Don Próspero.
-Pero no orejones, interrumpió D. Ildefonsoi pues
de bastante mochos hemos dado pruebas.
-Venga esa noticia.
-En la casa de las señoras Barnechos, se esta ha.cien•
do una lista de donativos para organizar un pronto
desquite y alll será la reunión pasado mañana. :Me
aseguran que asistirá el General ..... .
-Pero como ha de asistir si se ha fugado de la capital.
-Aquí anda disfrazado y ya cuenta con muchos
adictos.
( CONTINUAllÁ)

.A.~egurada la propiedad literaria, conj&lt;Jrme á la ley.

�.TULIO

EL MUNDO.

24

28, 1895.

P.RENSA MEXICANA
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Tomo IL-Número 4.

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DOMINGO 4 DE AGOSTO DE 1895.

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El General Caúres
ex-presidenle d&amp;Perú.

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creatro "1uárez " aeaicaao al Patricio el 18

ae ,gulio último.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>.TULIO

EL MUNDO.

24

28, 1895.

P.RENSA MEXICANA
Pd.gi,w:u extraord-inariaa.
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Tomo IL-Número 4.

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ANO Xllk~NUM. 3553

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DOMINGO 4 DE AGOSTO DE 1895.

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creatro "1uárez " aeaicaao al Patricio el 18

ae ,gulio último.

�26

4

EL :\IUXDO.

AGOSTO,

1895.

4

AGOSTO,

1895.

So:11.1.os siete.
\DE ,voRfüWORTJI.)

En 1a• primer mañana de la Yida,
rn niño, el más precoz é inteligentt&gt;,
Por más sensible cornr.ón que abrigue,
¿Qué puede saber nunca de la muerte?
rna errabundn nifia de una aldea
Yino á. mí ayer, cual si {i su padre fuese;
Tiras el traje, rubios los cabellos,
En mechones cayéndole á la frente.
Preciosa en su abandono y desaliño,
Era la imagen de una flor sil\•estre.y habl:.íbamos:-¿Qué edad tienes?-Ocho afies
Y alzó sus dulces ojos inocentes.
Placer hallando en conversar con ella,
Díjela lnego:-¿Y cuántos son ustedes?
• -Somos siete, me dijo de seguida,
Como quien sabe bien lo que profiere.
-¿Dónde están?-¿Somos siete no? pues bueno,
Dos hay en Gales; dos están ausentes
En el mar, son marinos; dos reposan
En aquel cementerio; y yo---sou siete.
-¿Dices que dos en el sepulcro ya.cen?
Pues no son siete ya ......... -Perfectamente!
Y dos en Gales, cuatro; y dos ú. bordo,
Seis; y yo; la más chica-somos siete.
Mi madre y yo tenemos nuestra chC1za
Cerca del cementerio en donde duermen
Mi hermanita y mi hermano en una tumba;
De nuestra puerta misma puede verse.
Mirad de aquí, del viento remecida,
La yerba verdeguenr que en ella crece¡
Uno del otro al lado los han puest-01
A que tengan calor, que no se hielE.¡_n.

Yo ml' voy con mi lana y mi¡; ngujas
A t(•jer ,t. :,iu la&lt;lo mncha:-! \·ec·l'f',
Y ¡Í ca.ntar los cauto:-: di-' nd uiadre,
Para que &lt;lnl'nnan Ui~n y no (ki;pi~rten.
O si la tarJ.e l'H buena, mi comida
Llevo en mi l'f'Cmlillit:1, y muy alrgre
L::i tomo jnnto ¡Í dlm-; como :tntes;
1\fos.n:id,L p11edo &lt;farlc:-:, porque cluermcnEn nmo quil'-'e, oy('ud.1 e~ta:- palabras
El mh-:terioexplicarle de hl muerte;
Que ella insisti&lt;J en lai- ¡;11ya~, muy risuefia,
-¡Oh! ¡no i-efior! no~otrus somos siete.

roármol gri~go.
Brilla en

8U

ro,-tro de Hebc

la juyentud et.l•rna ele la~ dio~a~,
\' matiza su c.trnc como nieve
ia p.angre dL' \:is n•na~ de las rosas.
Ajenos ,í. In. quej:t.

en sus labios &lt;le adelfas en capullo
la yoz mundana i;;ol:imentc deja.
ternuras semejantes.al arrullo.
Su imagen que fulgura
no inspira al alma tentador cmpeíio,
pues recorre su c,í.ndida hermm.:ura
la placidez raclio¡;a del ensnel1o.
En sus dulces pupilas,
asilo U.e l:ls sombras encantadas,
reposan inocentes y tranqnilar-,
como negras palomae, las miradas.
EH negra su corona,
y en relucientl.'S onchu.; el cabello
con obscuros anillos apri::iona,
como serpiente de ébano, su cuello.
:,::,u aliento aclormecitlo
hincha su seno en curvaturas suaves

*•*

Cuando en las tranquilas tardes
en mitad de mi paseo,
ú rezar por quien amaba
me dirijo al cementerio,
al pisar las pobres tumbas
donde yacen los que fueron
¡el choque de los guijarros
semeja tristes lamentos!
Solo entonces ambiciono
un sencillo mausoleo ......
¡Ya que de vivo me pisan
que no me pisen de muerto!
J. A. B.

27

EL J\IUXDO.

===

como esponjan, oculta."! en el nido,
el dorso blando voluptuosas aves.
El beso que convida
con ardiente placer al alma loca
en ignorada languidez anida,
como inerte cris,ílida, en su boca.
Bajo puro destello
sn noble encanto de mujer encierra
la fría pesadum brc de lo bel lo
que no fecunda el soplo do la tierra.
J\I,ís tiene delicada
el ímpetu de focrza contenida
que al conjuro tenaz de In mirada
hace en el mármol palpitar la vida.
Es para el alma ansiosa,
al amor ayezada y al desvelo,
hermosnra que sueña y que reposa
con los sagrados éxtasis del cielo.
Así por modos raros
llegar parece entre sencilla.~ galas
sobre 13u torso helénico de Paros
el estímulo incie•rto de las alM.
Pero aun así perdida
deja en las almas que sujeta el suelo
como una mga sensación de vida
con ternuras y ráfagas de anhelo.
J. A. F.

POLICRO~J:IA.

FLORES.

@alería de Bellezas @Me&gt;ticanas.

:Mi tristeza es azul, como Océano
que en apacible tardE&gt; se corona
de espumas de alabastro. En el lejano
campo de mis recuerdo~, ella. entona
la balada no!&lt;túlgica y querida.
La tristeza es azul, sobre mi Yida!

So l•xtrañéis que consen·e, cual tesoro,
c~as p,í.lida!-; flore¡;;
s □ s bojas ~on las pitginas de oro
de una historia de amores.
Esas páginas traen ,í. mi memoria
la ventura perdida;
el tiempo del placer y de la gloria,
mañana de la vida.

X

J\fis ensueños son perla, como el cielo
cuando la luz Yencida desfalh:ce
del crepúsculo yago. Rutíl velo
que ftot.a dii;tendido y palidece
esfumiindose al fin. Alas de ra¡,:o
tienen mis sueños de color de Ocaso.

El fuego en tu corola ya no arde,
de~pedazada ro Fa;
lindo adorno tú fuiste, cierta tarde,
del pecho de una ht•rmof-:a.
Este mustio clavel, bella Dolores,
borró nuestro~ enojo8;
aún me parece ver, en sus colores,
los de tus labios rojos.
Esos nru·dos, con pétalos brillantes,
.Adcliua hechicera,
bafiaron en aromas penetrantes
tu blonda cabellera.
Amelia regaló me esta ca.melia
con lúbrico embeleso,
dando á la flor la encantadora Amclia
un encendido btso.
Tus pétalos de plata, raso y oro,
marchitada azucena,
aún parecen regados por el lloro
de la &lt;lulce Filena.

X

l\Ii amor, cúnclido amor, ,í. la azucena
puede acMo afrentar. Limpia blancura
de los mármoles guarda. Es la. serena
radiación de la luna, por su albura
en las noches de Enero. Plumón Ie,·e!
:I\Ii amor, cándido amor, color de nieve!

X

Mi alegría esplende como el oro.
Es un rayo de sol sobre el espacio
diáfano y transparente. Aureo tesoro
de luces y de tintas al topacio
pudiera dar. Ignívomai::educe,
que mi alegría es oro cuando luce.

X

Color de aurora son mis ilusiones,
como el pudor de yírgenes. Fragantes
pétalos de una rosa. Entonaciones
de mejillas y rnfoares triunfantes.
Matices con que el día se colora.
~lis ilusiones son color de aurora!

X

Las flores est.íu ya tristes y ye11a.'•;
sus hoja~, en girones;
todo pasó; las flores están muertas
como mia ilu8iones.

.

El Yioleta á mis dudas clió i:;us tintas.
ignotas y seYeras. Mortecinos
parpad~os de estrellas, casi extintas
en los lejanos piélagos endrinos.
Lobregueces extrañas de agua muda.
Así, color violeta, aRí es mi duda!

:Xo mi res ú. los hom brP:-:
nunca de lleno,
ni enseñes al desnudo
tu hermoso seno.
~¡ has &lt;le ser casta,
procura parecerlo:
serlo... no baeta.

X

EL ScPLICIO DE CUcHTEllOC, Cundro 11or LEA~DRO IZAGl'lllRE.

Deslumbradora Púrpura, mis celos
que sangrientos batallan. Sus fulgores
son vislumbres de fragua. Rojos rnlos
que envolvieron las ascuas. Son las flores
de una adelfa sat.ínica, que esplenden.
::\fis celos en la púrpura se encienden!

X

Las mujeres hermosas
eon confituras;
las feas son los c,Hices
de la amargura.
Yo siempre ei,cojo
de aquellas las más dulces.
¡:-1eré. goloso! ...

El dolor coruo acero centellea
del alma en la panoplia. De armadura
que herida por la lnz relampaguea
tiene el torvo color. Siniestra y clnra
arde su claridad que maraYilla.
Mi dolor, como acero, luce y brilla!

X
Todo cuanto hay de negro, ébano y sombra
de la callada noche. Ala ('Spantable
de buitre apocalíptico, que asombra.
Así mis odios son, como insondable
sima, de los espíritus de Harmodios.
Negros como la noche son mis odios!
MANl'EL LARRA'S°AOA PonTr&lt;i.\l..
1895,

E:-; ~l 11i de las niñas,
y no os asombre,
billete que conceden
gratis al hombre.
Después de un clía
éste se casa y saca ...
¡ la lotería!
T.

J

DÉ )I.

PERLAS NEGRAS.
II[

Glrboles uiejos.
Hasta el iírbol tronchado en el camino,
sin hojas, y sin frutos y sin flores,
puede prestar asiento ú. los pastores
y un báculo prestar al peregrino ......
Así el anciano de experiencia y tino,
consejos da que evitan sinsabores;
y sin sú:via, ni aromas, ni colores,
cumple su ley y tiene su destino ......
¡Oh labrador! Escucha mi consejo:
te debes resistir cual me resisto
á cortar ramas aunque estén desnudas¡
porque puede i,,alir de un árbol viejo
quizás la Cruz en que sucumba un Cristo;
quizás la rama en que se cuelgue un J údas.
J. S. Ch.

LA MADRE.
Pálida está sobre el lecho ......
¿Ha muerto la madre acaso?
Tmed al niño en ese caso,
Ponealo sobre su pecho.
Ya está la criatura bella
Sobre el Reno que le adora ......
;.""So la siente? PuC's ahora
:\Juerta, est:L ¡Rezad por ella!

¿$slo'i.' 'i.'º acaso en un leclto

ae rosas.

. •?

=--------

J. A.

I .... A

Cuando escucho el rumorar
De las olas, triste pienso:
¡Que sollozo tan inmí:'nso
Es el sollozo del mar!
l\las si nrn arranca el pesar
Un aye, sin compasión,
Clamo, en medio á la aflicción
Que mata mi dulce gozo:
¡:\Iás inmenso es el sollozo
De mi pobre corazón!

IV
¿Por que?-Si lo supi&lt;'ra lo cliria.
Mi numen 1..~s asi: pájaro enfermo,
(~ue busca ,en el misterio la poc&gt;sia:
Ama la nave gótica, la urnbria,
Los penachos de niebla, el campo yermo.
Temprano futl nutrido de amarguras
l\fi espíritu, y hoy quiere contristado,
Las sombras en r¡uc duermen las locuras.
Se cierne como c&gt;I grifo en las obscuras
Soledades del templo abandonado.
:\H numen e8 aRi: Dios lo ha querido!
~o Ill(' hieras mujer con tu reproche.
Te disgw;to cual soy? venga tu olvido,
:\las d(~janrn que vague confumlido
Con las almas errantes ele 111 noche!
AYADO :::;.EllVO

?!léxico, Julio de 1895.

MOSCA.

Por l.\ ventana, abierta a1 sol de Muyó,
entras zumbando, familiar insl'ct.01
y I en giro circnlar ó en vuelo recto,
flotas &lt;lel día sobre el áureo rayo.
Hast.a la mesa donde ahora ensayo
de tu alabanza el rítmico proy~cto,
tr,í.csme efluvios del tiempo predilecto
ú la paz y al poético desmayo.
Surgen contigo en el vergel las flores;
puéblase el nido en que el polluelo pía;
:irrullan á la siesta tnf'I rnmore8.
)fas, fué una hermana tuya la que, impía.,
despertando ií. la hnrí de mis amorC'f!,
bl'!:arht me impidió, mientras dormía.
J. DER

•*•

JTn 11dsico ambulante toca el violín en la calle.
rn gendarme le interrumpe y le dice:
-Til•ne usted la licencia?
-~o, seiior.
-Purs entonces acompafieme usted.
-Con mucho gusto, ¿qué va W:t.ed ,l cantar'!

•*•

rn m~tlico dice al marido de una señora que está algo
delic:tda de salud:
-'.~:1 CRpo:;;:t de usted necesita mucho ejercicio. H.ígala
uste1l s:ilir.
-~í no quiere ......
-Dela. Uí:ted dinero pnrn que vaya á los cajones de Plntero.-1: ella ~:il&lt;lr,L

�28

EL MUNDO.

4

AGOSTO,

1895.

4

AGOSTO,

1895.

29

EL MUNDO.

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CAPITULO V.

De cómo se puede isentir sie•do niño el amor á. nna cau•
sa política.

PERUCHO,

Nieto

ae Periquillo.

POR UN DEVOTO DEL PENBA.DOR MEXICANO.

Ilustraciones de Izo.gulrre.
(t:o:NTL.-'WACION)

,9ut&gt;entua, cuaaro por

,9. !@allcrt&gt;oine.

-Pnes iré para convencerme, murmuró Don
Próspero, soy como Santo Tomás, ver y creer.
-Yo lo mismo.
-Yyo ..... .
-Idem de lienzo.
Fuéronse levantando poco á poco aquellos
rancios políticos de estrado, y mientras unos
daban grandes sorbos de rapé, otros encendlan
sus cigarros. Refrescáronse un poco, envolviéronse en sus capas y siguiendo á D. Próspero,
bajaron á la librerla iluminada por una débil
lamparilla de aceite que á todas horas ardfa
frente á la imagen de una virgen de Guadalupe.
Quedó el' salón inmenso, lleno de humo y de calor y
mi padre abrió dos ventanas que daban á las azoteas vecinas, me habló para que me desnudase y yo, mal humorado y aturdido- me despojé de mis ropas exteriores, me
aeurruqué entre las· sábanas y me dorml profundamente.
Recuerdo que soñé, que abria con mis manos un tei:cio
de plátanos pasados, y que sin ser visto de nadie, me los
comía uno tras otro.
•
Era, que una vez disipado el humo de tabaco y renovada aquella atmósfera, volvió a saturarse del penetrante
aroma. de los plll.tanos de tierra caliente que D. Próspero
tenia escondidos entre tantos pergaminos.
Mientras yo dormia1 mi padre escribió varias cartas,

doblándolas y lacrándolas con el cuidado
que acostumbraba y se recogió en el lecho
ya muy pasada la media noche.

Cuando abri los ojos, m
padre continuaba durmiendo y para no despertarlo, me vesti en silencio
y andando de puntillas,
sali al pasillo donde estaba el angosto caracol por donde habíamos subido la víspera.
Ya estaba entreabierta la librería v una criada parecida en el
tipo· á la Bonifacia de mi casa,
limpiaba con un plumero los estantes, el mostrador, los santos,
laR sillas y el ancho equipal de D.
Próspero. Ardía con débil llama
la lamparilla y vi cómo aquella
mujer renovó el aceite, puso nueva mariposa, la ·encendió y fué
en seguí da. á poner en el mostrador junto al asiento del amo de
la casa, un rollo de puros color
de yesca sujetados por un cinto de papel color de rosa, opaco Yasp;ro eo mo el papel de estraza que usan en las tiendas
de abarrotes.
.
.
Hecho esto, llenó de agua nn botC"llon ~e barro, lo tapo con
un vaso y después como alzara los OJOS para buscar un
desperfecto en el techo, se encontró conmigo que la estaba
contemplando embebecido.
-Buenos dias niño, me dijo sonriendo, ¿qué haces alll tan
callad'to y tan curioso?

�30

1

-No tengo por donde salir, le contesté, y espero á
que mi papá despierte.
-Sí; ya sé que están allí ustedes; ya me lo avisó el
señor, y voy á abrirte una puerta para que Salgas á
tomar el aire; pobrecito de ti que también estás sufriendo las cosas de los excomulgados.
Y al decir esto se santiguó; miró con ojos lánguidos
a la virgen de Guadalupe y subió, paso a paso hasta
donde jro estaba; me hizo un cariño; sacó una llave
tosca 1 la introdujo en la chapa de una puertecilla en
que no me había fijado y que comunicaba con la azotea y no bien la abrió cuando me dijo:
Sal á dar unas vueltecitas; no hay riesgo, porque
los pretiles de la calle son muy altos, pero no te les
acerques mucho. Mira qué bonita y qué fresca está
la mañana.
Sali y me encantó el cielo azul y vi los rayos del
sol casi horizontales todavía) dorando torres, cúpulas,
paredes, todo cuanto podían desde aquel sitio abarcar mis ojos.
Grecia la yerba en algunas macetas allí abandonadas1 y sobre su tierra reseca y compacta 1 apenas se
ve.ia como un ténue vapor de plata, el rocío matinal,
único riego que las refrescaba.
No dejé de encontrarme en los olvidados tiestos una
que otra ramita de zocoyol, de hojas agri~lulces que
me comí desde luego; ni una florecilla de chicalote
especie de cardo-silvestre, con pétalos blancos y tallo
espinoso, nit.cida entre las junturas de los ladrillos,
para revelar el abandono y la soledad de aquel sitio.
Me puse á ver en las bocas y en parte del cañón ele
hojalata de las canales, la tierra menuda, plomiza y
bt·illante, que habian depositado alli las aguas de las
ultimas lluvias, decantándose antes de precipitarse sobre Ja acera de la calle,y lo qlie más me llamó la atención fué un papel impreso, arrugado y detenido en
una de esas canales por donde no pudo salir cuando
fué arrastrado por la corriente. Lo coji, lo desdoblé y pronto descubrí en su aspecto amarilloso y
en su tez polvorienta que había estado metido en agua
barrosa, y que el sol lo secó y arrugó con sus calores.
Me puse á leerlo con avidez, pues estaba impreso
con clarísimos caracteres, y francamente me cautivó
todo lo que decía. Era una proclama liberal, en que
se pintaba con vi.vos matices el embrutecimiento del
pueblo por el fanatismo; las desgracias de la sociedad
por los privilegios y los fueros; la pobreza de la Nación por el estancamiento de los capitales en manos
de gentes egoistas y retrógradas; la falta de cultura
por ser máS los claustros que los talleres y las escuelas y la conveniencia de estar regidos por un gobernante electo por la mayoría de ciudadanos, y no por
el capricho de un partido.
Hablábase allí de que ante la ley todos somos iguales, de que cada uno debía manifestar sin miedo y sin
trabas su pensamiento, y de que los tesoros más grandes de que pueden vanagloriarse los pueblos, son la
paz, el trabajo, la justicia y la libertad.
Puedo asegurar que la lectura de aquel documento
que D. Próspero, arrojó acaso lleno de rábia á la basm·a, me .hizo sentir y pensar algo nuevo por la pri..
mera vez en la vida.
En mi cerebro de niño, puro y limpio como el cielo
que me cobijaba en tal instante, germinaron las ideas
más hermosas que sin darme cuenta, acepté como
las únic_as verdades humanas. Con aquella proclama
en la mano y con ::JU contenido en mi conciencia, me
imaginé una Patria, grande, feliz, libre y respetada 1
y senti un amor inmenso, una veneración profunda
por los liberales.
·
A la sazón, atronaba el espacio el rumor entusiasta
de las músicas militares y corri al pretil, me encaramé todo lo más que pude y miré para abajo.
Era una fuerza de caballería que me deslumbró
después de lo que habia leido.
Todos los ginetes llevaban de blusa y corb_ata rojas;
calzoneras de cuero ó negras, con brillante botonadura; anchos sombreros con galones y toquillas de oro
y plata; arrogantes y briosos caballos con las cabezadas y monturas llenas de moños rojos, y todo el conjunto entre un bosque de agudas lanzas con banderolas encarnadas. La música tocaba una canción que
yo conocía, por habérsela oido á los criados de mi casa y que se denominaba &lt;rLos Cangrejos.»Al frente de tantos ginetes, cuyos caballos caracoleaban piafando enru.·decidos¡ iba un hombre de rizada y obscura cabellera, de ojos expresivos y grandes,
de aguileña nariz y poblado bigote cuidadosamente
1·etorcido. Parecía de arrogante estatura; su sombrero también de anchas alas como los de todos, era de
fieltro blanco, con águilas de oro bordadas y con finisima toquilla figurando áurea víbora,
'

EL MUNDO.
Erguiase airosamente; su montura tenia la cabeza y la teja llenas de relieves de plata y con loA estribos repujados, sosteniendo los pequeños piés calzados con elegantes botas militares, cuyo charol en los
encarrujados cañones, chispeaban con la luz solar como si fueran de fuego.
Montaba un caballo de Taza árabe, blanco y corpulento, de crines y cola pobladas y sedosas, guarnecido con finos arneses y con riendas de seda roja, como
los moños que adornaba su frente, sus orejas y su
cuello.
Mfls tarde supe que aquel Jde era el General Jesús
González Ortega, hombre de poderoso influjo en el
Gobierno, porque con sus victorías 1 había traído de
nuevo al poder á los adalides de RU causa.
Cuando mits embebecido estaba contemplando aquel
hermoso espectáculo, me hizo volver el rostro un golpecito que _senti sobre lRs espaldas, y me encontré con
mi padre que me detenía de los muslos, asu.s tado, temiendo que fuCl'a yo á volar sobre el abismo.
-Déjame, le dije, dejarne aquí 1 que estoy mir.tndo
unos soldados muy bonitos.
Levantóse entonces sobre las puntas de los piés; mi~
ró con recelo á la calle y exclamó: ¡la chinaca! ¡los
blusas! ¡Bonitos soldados te gustan Perucho 1
-¡ Que l no son muy valientes?
-Valientes? sí, pero son muy malos.
-¿No sonliberales?
-Sí, si; esos son los liberales.
-Pues entonces son muy bueno~.
-Pero por qué dices eso, ¿quién te lo ha enseñado?
-Porque si! porque los liberah1s son muy buenos,
y haciendo alarde de mi poderosa memoria, repeti las
últimas palabTas de la proclama consabida: porque
buscan la paz, la justicia 1 el trabajo y la libertad.
Cuando acabé, mi padre se me quedó mll'ando de
un modo tan :fijo, tan nuevo, tau extraño, que no he
podido olvidarlo.
Se quedó callado un momento y después me dió un
beso en la frente.
Yo me bajé del pretil, porque nada me quedaba por
ver. El rumor de la música se perdía en los aires y el
último blusa parecía una débil mancha roja que obscm·ecia y nublaba la distancia.
Más adelante comprendí que en aquella otasión fué
cuando se despertaron en mi pecho todos los afectos
por una causa política, que siempre aborreció mi familia.
Decía un gran pe11s3:dor1 que se deben leer h3.sta
los papeles en que llegan á cada cocina envueltos los
garbanzos y acaso tenía razón de sobra.
Un papel despreciable, amarillento, olvidado, me reveló en edad temprana, que yo no había nacido para
ser devoto de los tiranos y que dentro de la conciencia no hay mejor juez que uno mismo.
Cada sér humano trae á la tierra una tendencia especial que se despierta con las primeras impresiones
y cr~o que á mi, el papel de Don Próspero, y e~
espectáculo de los blusas, me despertaron nús instintos democráticos.
Cuando entré con mi padre á. la sala en que dormíamos, le dije:
-¿Me has de regalar una corbata roja?
-Pero hijo; ese color es muy chillante para corbata de personas bien nacidas.
-La quiero como esas que usan los soldados que
acaban de pasar.
-¿Pero pudiste distingillrlos desde esta altura ... ?
-Las conocía yo antes; tiene una el asistente que
va á ver á la costurei-a de mamá.
-¿Habla Justa con algún chinaco de éstos?
-Cómo no; si ella tejió de gancho esa corbata y yo
la quiero igualita.
-Mira, hijo mio; esas corbatas de gancho y coloradas, están buenas para la gente muy baja, paTa los
más ordinarios, pero para nosotros no; yo, al menos 1
ni por mil pesos me ponía una aunque fuera verde y me
la mandara el arzobispo. Es bueno ser republicano pero no olvides nuncaquelademocraciaconsisteenrecojerse los faldones de la levita, no en agregárselos a la
chaqueta.
No estaba yo entonces capaz de entender la profundidad de esta frase, que mí padre dijo con la naturalidad mayor del mundo.
;f
-¿Y por qué nos hemos escondido aquí? yo quiero
salir á pasear por las Cadenas, poi· la Alameda.
-No lo pretendas por ahora, porque quieren perseguirme, ponerme preso, tal vez matarme.
-¿A ti?
-Si; á mí.
-Quienes quieren eso?

4

AGOSTO,

1895.

-Pues los que acabas de ver pasar, los blusas ..
su gobierno.
-No, papá, eso no puede ser, porque son muy
buenos.
.Mi pádre me volvió á mirar con exti·~ñeza.
-Estás muy liberalillo, Perucho, pero en fin .... no
entiendes todavía lo que dices, y sobre todo, eres muy
moderno .... has nacido hace poco .... no has de pensar como los viejos ..
-¿A ti te gustan estos señores, que hablan con
Don Próspero?
-No, hijo mio; soy rancio junto á ti, peTO junto á
ellos soy joven. Estos viejos son de los tiempos de
Mari-castañas, suspiran por Felipe II, y querrían que
gobernara á México, Don Félix María de Calleja sin
más aliado que la Inquisición.
Sin entender u.na palabra, no me costó trabajo medir el abismo_ que existía entre mi padre y los señores
de la-junta. Más tarde comprendí todo muy bien, y
ya tendré ocasión de explicarlo.
Cuando estabamos hablando tan contentos, entró
precipitadamente la vieja criada que horas antes me
habfa abierto la puerta de la azotea, y entregó a mi
padre una carta. La leyó en silencio; cruzó un relámpago extraño por su fisonomia y la única respuesta
que dió á la portadora, fué devolver el sobrescrito.
Quedóse después hundido en largas meditaciones, y
al verlo tan preocupado, le pregunté: ¿qué-tienes?
-Nada, hijo mio: nue nadie cuenta con lo inesperado y aqui me obligan á meterme en camisa de once
varas.
Quedé como tonto en vísperas con la contestación1
y sólo en la tarde llegué á comprender que sP. trataba de nuevos riesgos para mi progenitor, cuando le
dijo á Don Próspero que fué á tomar con nosotros el
chocolate:
-El General me ha comisionado para que en unión
de otras tres personas, forme ef plan práctico y fácil
de un levantamiento seguro.
-Bueno, señor Don Pedro; muy bueno está eso.
Hay que sacudir pronto á toda esta lepra que nos ha
invadido, y cuenta usted con la Nación entera.
-Puede sei\ pero los tiempos avanzan y ya no estamos corno antes!
-El clero puede .. . .
-No¡ el clero en estos momentos nada puede, porque
esta sin fondos, tiene muchísimo miedo y desconfía de
todos los que se le acercan pintándole hermosas perspectivas.
-No crea usted; todavía hay algo en las arcas de
la Iglesia¡ pero no se enseña á todos, para que no co~
rra la triste suerte de las crujías, las custodias y los
vasos sagrados.
- Y á mi no me gusta Dleterme con la curia sagrada, dijo mi padTC causando asombro á Don Próspero.
-Menos le gustará á usted la curia roja.
-Tampocoi ni lo uno ni lo otro; siempTe es bueno
ser moderado.
-No; no señor mío, los moderado~ nunca han sido
verdes ni rojos; navegan entre dos aguas; no se definen ante nadie y haceti una politica de agua tibia que
para nada ni para nadie sirve.
Don Próspero habló en esta. vez como un Séneca.
-Ojalá-continuó con acaloramiento-que se aca~
be la fracción del moderantismo; quiero,que haya liberales ó reaccionarios, pero ninguna fuerza intermedia que paralice ó destruya la acción de unos contra
otros.
-Lo comprendo-agregó mi padre-pero busco la
moderación 1 no en un partido, sino en una ley, en
un caudillo, en un medio.
-Tampoco señor, tampoco, y de ning·una manera.
Hay que acabar con todos estos, ó que éstos acaben
con todos nosotros; soy intransigente hasta no hay más
allá y no cedo un palmo á mis enemigos.
-Bien pensado. Yo tengo la seguridad de que ya
nadie me busca, ni nadie me persigue. Mi esposa me
ha enviado á decü-1 que estuvo a verla el Gobernador,
que fué mi compañero de colegio 1 y le dijo: Asegú..rele usted á Pedro que nada tema y que salga á todas
partes, yo soy el que mando á la policía y ningún
agente irá á molestarlo, pues queda bajo la salvaguardia de mi amistad nunca desmentida.
-¿Y usted cree en todos esos ofrecimientos?
-Como si fueran artículos de fe, señor Don Próspero; y le doy á usted expresivfl,s gracias por su hospitalidad generosa; le pido me perdone las molestias
que le he causado, y con su permiso saldré de aquí
en cuanto obscurezca, á fin de que nadie sepa donde
estuve, y me iré á casa donde todos le viviremos á usted agradecidos y deseosos de servirle en cuanto nos
sea posible.

4 AGOSTO, 1895.
-¡Tan pronto se va usted señor Don Pedro! Es te~
meraria esa resolución; vea usted lo que acaba de pasar con un escritor muy inteligente y muy honrado,
que acaban de asesinar en la calle de Corpus Christi.
-Pero yo no soy escritor, ni he figurado tanto que
merezca llamar la atención, y sobre todo 1 han pasado
ya los momentos de efervescencia.
-Andan cateando vati.as casas.
-SI, porque piensan encontrar dinero, pern ya oyó
usted lo que el Gobernador me ha prometido.
-Promesas de herejes, á las que yo no daría oídos.
-No diga usted eso; Los países herejes son muy formales y se puede en ellos fiar de una promesa.
-DesConozco á usted, mi señor Don Pedro.
-No significa nada en contra de nuestras opinione.s politicns-Inglaterra, Alemania, Ru~ia, son herejes y sus habitantes son más sérios y más formales
que nosotros.
-Podrá ser, pero yo no quiero tener el alma en el
peligro que allí la tienen.
-Hará usted bien1 dijo mi padre, con enfado; yo le
vivo á usted agradecido y me marcharé esta noche.

Cumpliendo fielmente con esas palabras; no bien se
hundió el sol, me tomó de la mano mi padre, y cleBpués de despedirnos por última vez de Don Próspero,
salimos cuando estaban encendiendo los faroles en las
calles y llegamos á nuestra casa donde nos esperaban
con impaciencia.
-¿Cómo estás?, dijo mamá, abra;mnclo á mi padre.
-Ay! hija mía! ya me conoces, prefiero la prisión y
la muerte á la compañia de estos retrógrados tan intransigentes.
Yo 1 en silencio, confirmé más den~ro de mi conciencia las simpatías que despertó la lectura de la p~·oclama que encontré en la azotea. Sentí algo como gran
cariño á los liQerales, y he aqui como un papel olvidado y polvoriento, despertó mis ideales políticos.
CA.PITULOVL

Donde se cnenta algo de mi primera escnela, nti primera
riña y mi primer amigo.
No hay colores suficientes en mi paleta para hacer
como quisiera 1 el retrato de Don Emercnciano Piedrillas y Soldemare, antiguo militar retirado, padre de
numerosa familia y maestro y director de una escuela ele instrucción primaria y secundaria, según rezaba el cartel negro con letras blancas, puesto á guisa
ele perpétua cortina en los barandales de los balcones de su domicilio.
La famosa escuela de enseifanza moderna elemen~
ta1·po1· sistema objetivo; aquel jardin de los niños,
J).úmero seis, que tanto me desveló la noche en que
vi espulsar {L lar, pobres monjas, presentó dos grandes ineonvenientes para la modesta familia de un
cesante: ser muy caro y estar muy lejos.
Era muy curioso allá en mis tiempos oír á las señoras cuando hablaban de las casas habi~aciones: Mariana vive muy Lejos; el teatro está. muy lejo_s; no he
ido á Santa Brig·ida porque está muy lejos.
y era porque para ellas el centro estalJa en el altar
del Perdón ele la Catedral, y así como un astrónomo
relaciona todos sus cálculos á un mismo meridiano,
relacionaban todas sus distancias para las prácticas
religiosas, las visitas y las diversiones con aquel punto ele partida.
No hay .que eulpal'las; la educación teocrática durante tres siglos las había enseñado á no andar solas
nunca; á no ir lejos de su domicilio sino en casos extraordinarios y con permiso del director espiritual;
á no oír en la calle el toque de oraciones y á no tolerar
que su marido se quedara sin misa los domingos ni
sin el anual cumplimiento de lg'lesia.
Las familias acomodadas vivían muy cerca de la
Catedral y del Sagrario ó al lado y enfrente de San
Francisco, La Profesa, San Agustín, San Bernardo,
Santa Clara, La Encarnación y Capuchinas.
La Alameda estaba tan lejos del centi·o en aquellas
épocas, que muchas familias hacían dias de campo en
el extenso v entónees tristísimo parque.
La ciuda"d de 1Iéxico, llena hoy de tranvias, de avenidas, de luz eléctrica y de centros de agrupación y
comercio no refleja ni débilmente, porque ya hasta
los barri~s se han 'transformado, lo que fué cuando mi
abuelo Don Pedro Sarmiento concluía la série de sus
calaveradas metiéndose á vivir honestamente.
La escuela de Don Emerenciano Piedrillas, estaba
como malamente decimos en esta tierra, á distancia
de dos cuadras (entiéndase clos caUes ) ele mi casa.

EL MUNDO.
Llevá.ronme una mañana, estnndo desprevenido,
porque abti.gaba la ilusión de seguir en nuevos escondites sin más oblig·aciones ni trabajos que acompañará. mi padre y dormirme al sordo rumor de las
discusiones políticas.
Un tio, que me amaba á su manera 1 y que sin ofenderlo, era poco apto para tratar asuntos que se relacionaran con algo intelect.ual, me llevó á dicha escuela un lunes muy tempfano.
No se borrarán nunca de mi memoria el aspecto de
la casa y el tipo del maestro.
La casa era de las que pocas quedan en la actualidad. Patio muy grande, cuadrado, con toscas columnas en cada lado sosteniendo los anchos corredores
del piso superior; con fuente redonda y labradai borbotando de día y ele- noche; empedrado con guijas Usas, pequeñas y puntiagudas; con un ancho vestíbulo
ó pasillo entre el zahuán y el portón 1 especie de can~
cela sevillana 1 con un cordel para la campanilla y un
postigo para observar á quien la tocase'.
En las cuatro galerías de.l patio, algunos cuartos húmedos y obscuros; vivia en el más extenso, el portero
que era zapatero de viejo; en otro un tonelero que invadía la fuente con las cubetas que en ella r.chaba
para que se remojasen; otro servia ele bodega para
muebles viejos, los otros no sé para qué servirian y el
que estaba junto á la escalera, con toscas puertas pintadas de verde, era el temido calabozo, verdadero
purgatorio de los alumnos.
La escalera ancha, cómoda y de dos- tramos, con
pretil de piedra 1 ostentaba en el muro del descanso,
aba,io de la ventana con empolvada vidriera, un gran
cuadro al oleo, representando el momento en que it.
caprichosa y perversa mujer le llevaron en elegante
jofaina la cabeza de San Juan Bautista.
Causóme honda y pP-rdnrable impresión, mirar
aquella tez pálida, los ojos entre abiertos 1 la rubia y
ensortijada cabellera, el contraído semblante y los
amoratados labios del santo; la sangre que manaba
del tajado cuello, y en frente de todo esto, una arrogante y lujosa mujer contemplando la dádiva con mirada llena de cruel regocijo.
La escalera terminaba en un arco ámplio con portón de madera calada, con tosco picaporte y su correspondiente campanilla.
.
Junto al portón estaba el tinajero en arco igual y
con reja verde y tosca. Era un monumento de paciencia y curiosidad pues contenía. cacharros de todos tamaños, de barro negro, verdoso y pa1·do. Un Laoconte de piedra negra remataba en lo alto aquel altar de
chucherías en cuyo centro dos inmensas destiladeras
g-oteaban con monótono murmullo sobre dos grandes
tinajas rojas y brillantes, que reposaban en arena húmeda, amontonada sobre el suelo pintado con vermellón y tan pulido como una patena.
El portón daba paso á los corredores llenos de cuadros representando {t i\-fazepa, á Gonzalo y Zulema, á
Belisario 1 á Hernán Cortés con una Doña Marina,
blanca como el armifío, rubia como las espigas de trigo y con ojos tan azules como las olas del Danubio.
Alli nos detuvimos mi tio y yo, siendo objetos de
curiosidad para más de cien muchachos queestii·aban
los pescuezos y sacaban tamaños ojos para vernos
desde las salas de estudio .
A poco salió un señor largo y seco como un espárrago; vestido con ancho y holgado levitón de paño
plomizo, pantalón de menudisimos cuadros negros y
blancos, chaleco de seda, morado como camote de Querétaro, con gruesa cadena de oro con sello colgante;
corbatín ne.gro con un ópalo de vistoso oriente; la cabeza cubierta con un gorro griego azul, con bordados
y borla de oro y los piés calza.dos con zapatillas azules recamadas de· plata. Tenia en la mano del'echa una
vara negra y redonda como la batuta de los directores de orquesta1 y en la izquierda unas finas tenacillas de oro con un cigarrillo encendido.
Su :fisonomía estaba acentuada por ojos obscm·Os 1
pequeños y expresivosj nariz de caballete; bigotes poblados y retorcidos en las puntas .Y perilla aguzada y
espesa, con una que otra cana apenas perceptible.
-Señor Don Emerenciano, dijo mi tío-vengo á
distraerlo un monrnnt_o de sus atenciones.
-Para eso estoy compañero; pues así le decía porque ambos habían servido años atrás eu un mismo
Regimiento de su Alteza Serenísimn.. Pasen ustedes
al despa.cho.
Entramos a un cuartito donde había una mesa de
escribir, de las que se llamaban bufetes, algunas sillas,
un librero y varios planos geográficos en las paredes.
En vez ele alfombra, estaba el suelo cubierto con resbalosos y finos petates de Puebla; esteras del pais
muy frescas y muy baratas .

31
~Ya me :figuro que me va usted á dejar ft este chiquillo.-¡ Buenas trazas tiene d~ vivaracho y de "travieso 1¿Cuántos tiene usted para su regalo?
· -No tengo ninguno. Soy soltero incorre'.gible pP-ro
mi hermano Pedro que como usted sabe está en estos
momentos perseguido por cuestiones politicas, me comisionó para traer á su hijo á que se instruya y se
eduque ba,jo la sabia y acertada dirección de usted.
-Gracias; mil gracias, y pondré todo mi empeño en obsequiar sus deseos. Vamos á ver chiquitín
¿cómo te llamas?
-Pedro, pero me llaman Perucho.
-Sí, agregó mi tío, por Perucbo le conocen ya todas nuestras relaciones.
-¿Perucho? vaya, pues asi te diré de hoy en adelante.-Aqui tengo niños á los cuales siguiendo las
costumbres de sus casas, les dccimoo La\0 1 Cuco 1 Paco, Periquito, Meme y ahora habrá u11 Perucho; está
bien; me gusta el mote, sale de lo vulgar y de lo manoseado, y ¿q_ué sa.bes tú, Peruchillo de mis pecados?
-Lee; muy bien respondió mi tío y retiene más de
diez fábulas de Iriarte en la memoria.
-¡Hola! tiene buen poder retentivo.
-¡Prodigioso! puede recitarle á usted todo el primer capitulo del Quijote sin un punto.
-Pero ¿quién le ha enseñado eso?
-Mi hermano; ya conoce usted sus extravagancias,
este niño recita, declama y dispone de cuanto libro
tiene su padre.
-~Ialísimo; malísimo; y acaso no habrá visto el
Fleury ni el Simón de Nantua.
-Si, señor; he estudiado esos dos libros, pero no
los acabé porque me separaron de la escuela.
-De una amiga en que estuvo varios meses y don~
ele, en honor de la verdad, aprevecho bien el tiempo.
-Vamos á ver, harémos una prueba, dijo Don Emerenciano y dándome un periódico que sobre la mesa
encontrara, agregó sentenciosamente: leeme aqui
donde dice "Editorial'' hasta que yo te dig·a,
Sin tropiezos ni vacilaciones leí más ·de media columna de un empalagoso artículo en que se ponía
de vuelta y media á los partidarios de la Constitución y de la Reforma.
-Muy bien 1 dijo Don EmeTenciano, muy bien; voy
á ponerte en tercera primaria y ya sabe usted, continuó, mirando de hito en hito á mi tío, pagara el señor Don Pedro, atendiendo á sus tristes circunstancias
cinco pesos mensuales. ¿Han de venir por el niño
al medio día ó le ti·aen la comida? Aquí se entra á
las ocho de la mañana y á las dos y media de la tarde y se sale a las doce. del día y á las cinco de la tar~
ele. Voy · á ponerle su lista de libros y le diré al
profesor de religión quemelopreparepara que se confiese y comulgue con otros niños que han de hacerlo
poi· primera vez.
-Usted hará cuanto guste, pues esas son las instrucciones que t1.'aígo de su padre y aqui se lo dejo
á usted con toda confianza. Le traerán el almuerzo· y
vendrán por él en las tardes.
Se levantó mi tio, se despidió y se fué, acompañándolo el Director hasta la escalera.
En seguida entré á las salas donde todos me miraban con asombro. Iba yo vestido de terciopelo negro; con calzón corto y media negra; un cuello blanco
de encajes adornando el saco y un sombrerito con
un pluniero de cola de gallo.
Cada muchacho t.osia desde su asiento al verme tan
rojo como cereza y tan at1u-dido como payo en sala
de baile y se armó tal alboroto 1 que DonEmerenciano
dijo: órden señores, órden; llega aquí un. nuevo compañero de fatigas y deben recibirlo con toda la urbanidad y el cariño necesarios. Y agregó en alta voz y
señalándome la extremidad de la banca fija delante de una mesa-púpiti·e negra y con su tintero de plomo incrustado en la parte plana;-siéntate allí, Perucho.
Una carcajada sonora yprolongada 1 respondióun.ánime á Don Emerenciano.
-Perucho, cara ele cucurucho, dijo un chiquitín mofletudo y risueño que estaba enfrente de mi, pareces
mosca.
-No, respondió otro, parece títere de la ópera. En
ese tiempo" había un salón de ópera en miniatura, donde representaban autómatas y debo confesar que algo se parecia mi traje al de algunos muñecos que
alli había.
(CONTINUARÁ.)

Asegurada la propiedad literaria., conforme á la leiJ.

�4 AGOSTO, 1895.

EL MUNDO.

32

PRENSA MEXICANA
J&gt;.ígina.~ _e.rtraordi norias.

DO:,IIXGO 11 DE AGOSTO DE 189,5.

To-mo II-J.Vúmero 5.

CUADRO POR LEANDRO IZAGUIRRE.

México.-Domiugo 2.8 de Julio. de l81J5.

ANO.X.IX.
J:

RESI'P'ES

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~-;;¡~,.;,o m.- ~oJ304

CÓNDIClONES

JURST~OS COR~ES

Si.J◊cl¡t1'CIQS' .,.MfaK'DollA Pdm
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dmilb~ qW ~d pin, perdi• rci lorta111 pra ha«ne
•rtí,i. .:Omli III unir l11t~Dti11 I,oW &amp;e Arwillr.
4Áli!•. ,,. Ct&gt;tllprtndo:
..,.;Y bit11! .. .,:i¡lll l)rtob&amp; ntoP pr.¡ij11f.ó ~a!Ntiaa.
•l-l'árk, foja l,l"n:imilWlo -ri«ldo.
.,.-J.:1111:i·acet, IJ",ga11W V1lrnli1:1t,,¿p.,r qdOf'lollrt;_. l
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· ¡AJ!dijo lhximíli1110, bí,11 ,,¡, qH · tot l1111bifu
lllitt,i, Vloitot.iCIL
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.,..,¡01i.: w, u,_p,iro Yolnmot i ,011.
-¡Ali! ti," nriltd~ porqu, IJIMU llHlllot di.~ 111i111tto,, '{11• ¡,un jao\ot.

;.-;1.malPW. t~lwimi1._ l&gt;Oll$t4r...da.
-.S., )ú:rimíliano, teaeil ra"4n, dijo eoo 111.t!ll!eO!i,,
V1i.titiUl. 7 t11 ~i'Wdi~ cm l'Qb,, -111ig.. ¡Qd,i,_ ot
hJSOlfua•,pobnlúxi111ili1ao,i ,oata., dipo d• ter

t.ti~! J¡:,n rti(le&gt;t1;~0.., eo.rn, ci~tu.
-:-Y t.i«i, ¡qu. oi i11&gt;¡,ortt, Y.iwill•. ,i, ro 1111 eacnt11t.o t.1ir.11ri~ Si hhl 11pe&lt;1ntel'D(I 1111
~•~
¡fa 1:411 ,li,.;.-.j tglo~toi, .t. '111,ta 1'i11&amp;, do,_ JlllÍbm.
dt ,!&gt;M!t.i ~,. y eo1t l't.11 -vic.ii\HI ~~ad-, etoni,,
,l.tq_ut f)i¡n ~-"' m·adodo1«1~U011N Ullea 1r1110G!1,
t'Ol!Ío~ ~;,•~. r(!O 110· 1ut_ hs rt-11~ldo mibgf'f&gt;N.

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me111t;aol:11.Nb~ffPtlll'l~.

bonit.a llilJI H&amp; ftijf$ fi&lt;r i~r!f1Q41.

...vú~,tr0-1&lt;11&lt;1;_011.L""~'°~t: b,eo:iatd1
J.hximi!i1rio.
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7¡1'ilra .NO !o llloju&amp;l JCtt OI\IY i11j111hJ lb otlM T&lt;ot&lt;"
ptcio , in et™!

...: Porqu u,1 !i~lllp"re. bf pa,i&lt;aiJun oa.ltrci. j11 idot
_l'or,i"\'olvtm,)J, ',mtn, r,if'ipnto.
:-11•--leftorll• l~•!)tfa1~ ~rtroi éti-oy Jm.~ ten,e,10
':Cmroi,uto f~~ ~1 Hftbl .J,, 3lorcert?
~:lluimiliano ot ht ,¡¡~ho q~• 10 110 tr, .imíJ1;ii• d&lt;r
Eol(éijifl'.s
-~ _- "'":i9hf Jl('.f(! ifo "'".~Wí¡¡u, bt jQv,IWf; ü (."OIIÍ":o i~t
1~"'1-ot' t&lt;llll'&lt;lni,1 i•u qiJ~ lá b_ltó/,t hodt0 ~jf~n~1 pr,,,ru!I•

·!;lt&amp;oel:'.~.¾'erio' ;.,\li! lit ~~:!-'Jflni,. _ ~
7ili.01 a!!, Mu:fa,il!anQ, M =le.)) r,~n, 1hto!ntr ~•I·
~il~-hliÓ._..,~r~iliuJf'hliiaf.
..

Colón en la Rábida.

Ll!i dw. C..u:;ÍIQt.i iáhiduón •l iioQ,!e 1 uliffl::11'.

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!e:; .p1'~.;:iQ q:o~ ™'-G;\r&lt;ll leet~~• 11911 {lltltlit.ii que. [o,¡
coud~,i,Ú)m')l j !1 h~rtÍ pÍ(i1i""1 d6 _ll Cllfl \kl lfiiO!
\'ill~fo,t, 5 .ktri, dt!1 ¡zj1 rad"°J1 dt o:11W0t; eat@•

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ll,u,milillno lu:bi, U1gado t1 pti-mtro W.a VI"'. l'im• ;
IMll •lt.lff fll(,61

,~¡ti&gt; N_ NO!níl¡,i i lu m&gt;d,jr.t a,

lu blilu, q,li»a __lleeW~ en lp ¡,rofoo_ilo:,1.lj•tdUI au
"'1m1irl, ,atrt loa llrWlt1 7 el ffllgi• dt:UII kit.:~~í_ dll
ea.M1l!Nhiú111,

La histeria del místico éxtasis cuando esper~nzado, había eido rnbstituida, cuando
desesperado, por Ja histeria de infernal dolot. Le creían un alucinado, cuando era un
matemático. Le abandonaban por unos· cuantos drmenes al pie de las viejas Alpujarras, cuando él traía mundos nuevos, y mares y cielos. El insomnio magnético por tales consideraciones llevado á sus párpados; el desatino y destiento de una sen1-ibilidad
-sobreexcit,ada por estos combates intP.riores; los espasmos inconscientes de una.epilepsia
irremediable; las agitaciones de los músculos, constrefiidos por el aguijón de la intranquilidad á una movilidad perdurable; todas las pasiones encrespada.-3 en oleajes a1rnu•
guísimos y tormentosos¡ el delirio en algunas horas de necesaria exaltación, y el dc!'!Ol'den de todas sus fibras, seguido por un sueño de síncope y nn repo:-;o de ataxia¡ la!-i
-contorsiones OCU!:!ionada.s al sacndtmiento del contacto con las penas íntimas, tan fulminantes y tan devastadoras de la red nerviosa éomo la centella y el ni.yo; unas letargias parecida.-; ,l. catalepsia...,, tras unos desvelos, en las demencias mils agudus y con•
tinuas tí.nicamente posibles, debían darle ¡.iy! el aspecto de un endemoniado, como la
esperanza de logro los éxtasis de un r-anto.
Al tornar de la \'eg-.t, donde todos se volYían á mirar las bermejas t.orre:-:. y nadie ~e
acordaba de su persona y de su proyecto, debió aparecérsele como un faro la Ríbida en
dura noche de naufragio. Se necesita no haber pensado nunca, (¡ no haber nnnca paJ.e..
oido, para ignorar, en esta evaporación de las IiÍ.grirnas, en estas extinciones U.el alma,
cómo consuela. una campana que tañe, cómo abriga un :.anee que llora, cómo conhorta

una crur. que tiendf' sus brazos vacíos en la soledad1 cómo serena el encuentro de oh·idado sepulcro que no~ promete la paz y el suefio de la muerte. Colón se dirigió ií la
Rí.bida en aquel dolor1 como á la Yirgen alzada en los altares de proa se dirigiera entre
las deshecha.&lt;. tempestades. t'n seto cubierto ele pinos en medio de la soledad¡ el ,nar
inmenso de Occidente á la vista; un cielo claro donde fijar las retinac:: ob;curas; un pavimento de losa.-; i-:epulcntles; claustros en que recogerse y pn•pararse para la postrimer
agonía; altares adonde asirse pam llegar perdonado ii una eternidad olvidada por los
deseos de mundanales glorias, menos que humos, y por el descubrimiento de'tierras,
en prei;cncia de lo infiuito1 menos que átOII)OS; penitentes y monjes aceptos á su alma,
porque le parecían sombras: he ahí todo cuanto explica el asilo y refugio demandado
por Colún 11 la Rtbida. Las tradiciones antigna.~ pusieron al profeta en el monasterio á
la hora de su llegada y &lt;le sus ilusiones; la crítica contemporánea, fil¡Í:- docta, pone al
profeta en el monasterio 1í. la hora de su partida y de su deHencanto. Ahí está la. gloria
de tlil.l sitio, en halx•r presenciado el renacimiento de una perdida esperanza. Y volvi6
la espeJ1l-nza porque Colón cn•ía y á Colón lo amaron. Escollo Santo de la fe, d~nde brotó ~l más puro entre todos loi. afectos: el afecto de una inagotable admiración mezclado
con l'I afecto &lt;le una inextinguible amistad. Cierto humilde Juan Pérez descubrió el
Xuevo )fondo, ~épanlo el desamor y la envidia., por habf'r querido y por haber admirado mucho..
. ............................................................ ..

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Páginas extraordinarias, 1895, Tomo 2, No 4, Agosto 4</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>4 AGOSTO, 1895.

EL MUNDO.

32

PRENSA MEXICANA
J&gt;.ígina.~ _e.rtraordi norias.

DO:,IIXGO 11 DE AGOSTO DE 189,5.

To-mo II-J.Vúmero 5.

CUADRO POR LEANDRO IZAGUIRRE.

México.-Domiugo 2.8 de Julio. de l81J5.

ANO.X.IX.
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~il~-hliÓ._..,~r~iliuJf'hliiaf.
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Colón en la Rábida.

Ll!i dw. C..u:;ÍIQt.i iáhiduón •l iioQ,!e 1 uliffl::11'.

b,.\l'L't'ULO

xvn,

!e:; .p1'~.;:iQ q:o~ ™'-G;\r&lt;ll leet~~• 11911 {lltltlit.ii que. [o,¡
coud~,i,Ú)m')l j !1 h~rtÍ pÍ(i1i""1 d6 _ll Cllfl \kl lfiiO!
\'ill~fo,t, 5 .ktri, dt!1 ¡zj1 rad"°J1 dt o:11W0t; eat@•

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lu blilu, q,li»a __lleeW~ en lp ¡,rofoo_ilo:,1.lj•tdUI au
"'1m1irl, ,atrt loa llrWlt1 7 el ffllgi• dt:UII kit.:~~í_ dll
ea.M1l!Nhiú111,

La histeria del místico éxtasis cuando esper~nzado, había eido rnbstituida, cuando
desesperado, por Ja histeria de infernal dolot. Le creían un alucinado, cuando era un
matemático. Le abandonaban por unos· cuantos drmenes al pie de las viejas Alpujarras, cuando él traía mundos nuevos, y mares y cielos. El insomnio magnético por tales consideraciones llevado á sus párpados; el desatino y destiento de una sen1-ibilidad
-sobreexcit,ada por estos combates intP.riores; los espasmos inconscientes de una.epilepsia
irremediable; las agitaciones de los músculos, constrefiidos por el aguijón de la intranquilidad á una movilidad perdurable; todas las pasiones encrespada.-3 en oleajes a1rnu•
guísimos y tormentosos¡ el delirio en algunas horas de necesaria exaltación, y el dc!'!Ol'den de todas sus fibras, seguido por un sueño de síncope y nn repo:-;o de ataxia¡ la!-i
-contorsiones OCU!:!ionada.s al sacndtmiento del contacto con las penas íntimas, tan fulminantes y tan devastadoras de la red nerviosa éomo la centella y el ni.yo; unas letargias parecida.-; ,l. catalepsia...,, tras unos desvelos, en las demencias mils agudus y con•
tinuas tí.nicamente posibles, debían darle ¡.iy! el aspecto de un endemoniado, como la
esperanza de logro los éxtasis de un r-anto.
Al tornar de la \'eg-.t, donde todos se volYían á mirar las bermejas t.orre:-:. y nadie ~e
acordaba de su persona y de su proyecto, debió aparecérsele como un faro la Ríbida en
dura noche de naufragio. Se necesita no haber pensado nunca, (¡ no haber nnnca paJ.e..
oido, para ignorar, en esta evaporación de las IiÍ.grirnas, en estas extinciones U.el alma,
cómo consuela. una campana que tañe, cómo abriga un :.anee que llora, cómo conhorta

una crur. que tiendf' sus brazos vacíos en la soledad1 cómo serena el encuentro de oh·idado sepulcro que no~ promete la paz y el suefio de la muerte. Colón se dirigió ií la
Rí.bida en aquel dolor1 como á la Yirgen alzada en los altares de proa se dirigiera entre
las deshecha.&lt;. tempestades. t'n seto cubierto ele pinos en medio de la soledad¡ el ,nar
inmenso de Occidente á la vista; un cielo claro donde fijar las retinac:: ob;curas; un pavimento de losa.-; i-:epulcntles; claustros en que recogerse y pn•pararse para la postrimer
agonía; altares adonde asirse pam llegar perdonado ii una eternidad olvidada por los
deseos de mundanales glorias, menos que humos, y por el descubrimiento de'tierras,
en prei;cncia de lo infiuito1 menos que átOII)OS; penitentes y monjes aceptos á su alma,
porque le parecían sombras: he ahí todo cuanto explica el asilo y refugio demandado
por Colún 11 la Rtbida. Las tradiciones antigna.~ pusieron al profeta en el monasterio á
la hora de su llegada y &lt;le sus ilusiones; la crítica contemporánea, fil¡Í:- docta, pone al
profeta en el monasterio 1í. la hora de su partida y de su deHencanto. Ahí está la. gloria
de tlil.l sitio, en halx•r presenciado el renacimiento de una perdida esperanza. Y volvi6
la espeJ1l-nza porque Colón cn•ía y á Colón lo amaron. Escollo Santo de la fe, d~nde brotó ~l más puro entre todos loi. afectos: el afecto de una inagotable admiración mezclado
con l'I afecto &lt;le una inextinguible amistad. Cierto humilde Juan Pérez descubrió el
Xuevo )fondo, ~épanlo el desamor y la envidia., por habf'r querido y por haber admirado mucho..
. ............................................................ ..

�•

11
EL MUNDO.•

34

Fatigada ya 1 su ~ano
sobre las teclas vago,
v soñolienta arrancó
t'l último aliento al piarto.
Y como aroma que exhala
una flor, y al viento flota,
aquella postrera nota
quecla yagando en la sala.
Y ,·a la niña á su alCoba
y rien visiones puras
en las blancas colgaduras
de su lecho de caoba.
I&gt;or el alto mirador
entran á la tibia· estancia
el rumor-v la fragancia
de los naianjos en flor.
f,:e ve al través del boscaje
un astro que parpadea
y la brisa cuchichea
en las cortinas de encaje.
Y, de un amor ideal,
memorias quizá adoradas,
hay flores secas regadas
en las mesas de nogal.
Entre esos ramos dispersos
de festines olvidados,
muestra sus cortes dorados,
abierto, un libro de versos.
.Al fulgor azul y escaso
que la lámpara derrama1
brillan cerca de la cama
eus zapatillas de raso.
Y finge la luz visiones,
visiones, qne sonrientes,
se declinan indolentes
en.los tallados sillones.
Y en la penumbra se ve,
sobre ese lecho de amor,
afuera del cobertor
su breve y rosado pie.

PERLAS NEGRAS.
\'
-Tu conoces la historia!: Desplegaba
La aurora su abanico
De seda rooa, de varillas de oro
Y blondaje de tul ligero y níveo;
La vistosa oropéndola, de plumas
:).!atizadas de verde y amarillo,
Con su pico encarnado:
Bisturí coralino,
Picando baya~ y cazando insectos1
Baltaba entre los árboles sombríos.
El rezongón arroyo encabrit-ábase
Sah·ando los obstáculos con brío
Y cual potro cerril que tasca el freno,
Lanzaba e.spumas al juncal Yecino.
Los dos, juntos estábamos, muy juntos!
Bajo el dombo tranqni1o
Del frondaje; era el cesped un joyero
Que guardaba mil perlae- de rocío;
La malla na muy fresca ...... el aire puro ..... .
Y ..... .-Acaba por Dios! ...... -mi amiga dijo.
-Ah!. ..... no sabes la historia? pues me alegro1
Abur! .. ....... no la p1·osigo!

n

A. )1. L. PORTCGAL.
1&lt;:1 pálido cometa 1 que dilata
Su cauda fulgurante por la altura,
Es el cinto de plata
Con que ciñe la noche su cintura.
Es etiope bellfsima la noche
Y Dios, de su belleza·sati.sfecho,
En la luna le dl6 valioso broche
Y complacido lo prendió á su pecho.
De las Pléyades limpias y distantes
Que trémulas se agrupan en la esfera,
Formóle una diadema de brillantes
Y con ella encauzó su cabellera.
Y del lago tranquilo que enel llano
Riza en plácidas ondas su agua pura,
Un bicelado espejo veneciano,
Donde mira, coqueta, su hermosura.
La etiope ambicionaba más encanto,
Reclamaba la reina m{is• decoro,
Y Dios espolvoreó sobre su manto
Estrellas rubias como granos ele oro.

El rayo es un flagelo
Que fustiga ti las nubes en el cielo¡
Cuando siente sus flancos azotados
El grupo tenebroso, tasca el freno
Y, cuádriga de hipógrifos airados,
Deja oír un relincho: eso es el trueno!

.

El reltirnpago, luz amarillenta
Que breve por los cielos se pasea,
Es del ojo de nn cíclope, que alienta
En medio del estrago y la tormenta
Y detrás de una nube parpadea.

.

Ese rumor que en vuestra alcoba, escasa
De luz, oís que dolorido os nombra,
Es la \"OZ de un espíritu, que pasa
Agitando sus alas en la sombra ... .. .
Y las blancas, las tímidas estreHas,
Que brillan en el piélago profundo
Del et-er y Jo doran con SUB huellas,
¡Son pupilas de pálidas doncellas
Que murieron de amores en el mundo!
1895.

··································
Todo yace en calma. Hermosa
la luna su lumbre riega.¡
y á besar el lecho llega
O.onde la virgen reposa.
¡Cómo su pecho se ensancha
ante esa luz de consuelo!
es la bendición del cielo
wbre esa frente sin mancha.
lsMAEI, EXRIQUE ARc1mw..u

-+-

Sobre la cima obscura, suspendido
Sentíme, en el espacio elleg~cido
No :vibraban las ondas un rmdo.
Era la soledad, era la ignota
Calma donde la sombra cuando flota.
Con s1{ ala negra lo invisible azota.
En el mundo desierto, las hieráticas
Siluetas de la noche y las err:.íticas
Estrellas al pasar Yiéronme extáticas
Bajé los ojos explorando el fondo
Y no alcancé ií mirar, con ansia sondo
Hacia arriba y miré que era más hondo.
Busqué en mi derredor, y la mirada
Perdióse en la tiniebla, era la nada,
Envolviendo mi sér, fría y callada.
Sentí la angustia, la cruel tortura
Que el cadáver sentir pueda en la obscura
Y húmeda y pestilente sepultura.
Clamé y mi voz perdióse en lontananza,
Como eco sordo que en la mar se lanza,
Y abrí mi corazón, ¡ni una t...&gt;speranza!

A)lADO ~ERVO.

Escudriñé en mi alma; la fe iucierta
Agonizaba. anémica á la puerta
Y adentro mi creencia estaba muerta!

RECUERDO.
Yo no había pensado nunca en Rosa;
Con ella en la espesura me interné.
La· maflana era plácida y hermosa,
Hablamos ...... no recuerdo ya de qué.
Tal vez de la arboleda y de las flores,
De arroyos y libélulas quizás..... .
Yo creo que Bus ojos tentadores
Entornados decían:- Y qué más?
El rocío las flores e5mnltaba
Prestando á sus colores más vigor,
Yo, escuchando á los mirlos, caminaba
Y ella oía cantar al ruiseñor.
Era yo adolescente, de la bella
La expreefra mirada no entendí,
Cantaba el ruiseñor, y era por ella
Y eilbaban lo~ mirlo!:!, y era á mí.
.JOf-É l:sTRE;&gt;,[ERA.

Rují tremendo como en la alta roca
El famélico buitre-uYen, mi boca
¡Oh Satanás! en mi dolor te invoca.,•
Y el torvo Bér, me cont&lt;?st-0 terrible
Del fondo de lo ignoto y lo intangible
Con una carcajada: 1qes imposible!n

¡Oh Dios!--grité con infinito anheloDame una luz! Y t,ras el negro velo
De la noche, quedó callado el cielo.
Escuché junto á mi ltlgubre y hueca
Una risa fatal, enjuta y seca
La muerte me miró é hizo una mueca;
Sentí caer, como al Sima-un la. palma,
Bril16 la luz, recuperé la calma,
Y aunque mucho busqué, i;io he hallado mi alma!
)f.'I.NL'EL LARR.11.°S.\OA PORTUGAL

1895.

1895.

=========

$u ttlí.ob11.

Página i:!Heraria.

AGOSTO,

11

AGOSTO,

1895.

SURGITE.
I
Blanco el cielo. :Montaña¡.; obscuras
Se desta!!an en fondo gris perla.
Sobre el pico m{l.8 alto ha prendido
Su penacho de lnz una eFtrella.
Un alfange de plata, la luna
Recortando las nubes semeja,
Y un lucero muy p:Hido y triste,
Desde el claro perfil de la sierra,
Somnoliento, su blanca mirada.
Arrojando tenaz, parpadea,
A la. vez que otros astros se ocultan
En el seno de la húmeda niebla.
II
Los nocturnos ruidos se apagan
Y se apagan también las eia:trellas.
Por el Este, sus franjas de oro,
De la aurora gentil mens.a.jeras1
Prende el sol, que en su lecho de nubes,
Cual un rey oriental se espereza.
Y las sombras, buscando refugio,
De Occidente en los mares navegan
Y el espacio atraviesan yeloces
Tripulando sus góndolas negras.
¡Sólo Yénus en lo alto del cielo,
Como un foco inmort..1.l, centellea!
III
En la tierra las cosas presienten
Un instante solemne y esperan.
Surje el agua, las fuentes palpitan,
Se estremece la obscura arboleda,
Y en la fronda se siente el latido
De unas almas que cantan y nielan.
Son alados espíritus: brotan
Del ramaje. Las hojas despliegan
El sutil pabellón de esmeraldas.
Todo es vida. y calor; todo tiembla .... . .
Y un concierto de arpegios y trinos
Por los aires inmensos resuena.
IV
A lo lejos se escucha el estruendo
Del trabajo y la lucha que 1lega.
El reposo es momento que pasa;
8610 fuerte y durable es la brega;
¡Hombre; sus! abandona. tu lecho,
Que la vida te llama y espera.
Ya en tu seno las vísceras laten 1
Ya en tus sienes la sangre golpea ......
¡La montaña calcárea á tus huesos;
Sus entrañas de hierro á tus Yenas,
Y á tu espíritu ardiente los rayos
Con que inunda tu Dio!'; las esferas!
)Lu..rEL J. Orao~.

AMOROSAS.
La pasión ha matado á mucha gente,
pero el cielo es burlón, amiga Rosa,

y á los que caen entierra indiferente.
Viene luego una ciencia incompetente
y dice que se han muerto de otra cosa.
Si merece el fuego eterno
quererte más de lo justo,
vas á. llenar el infierno
de personas ele buen gusto.
El amor material es un pecado,
pero nadie por él se ha condcnado 1
pues queda el pecador arrepentido
en seguida de haberlo cometido.
~IXD-10 DELGADO.

EL CIEGO.
Fijando las pupilas obstinadas
allá en el sol, de su dolor testigo,
luchando el Ciego va contra el castigo
de sentir y no ver sus llamaradas.
Ganoso de afecciones delicadas
requiere á la imistad ...... ¡Ni un sólo amigo!
ni otra hacienda que el hato del mendigo
pesando en sus espaldas agobiadas.
El mundo exclama al verle: u¡Desdichado!"
¿Desdichado? ...... ¡)1e admira la salida!
Decid, por el contrario, qfortunado ......
que, por siempre su vista obscurecida,
no puede ver, tras el telón echado1
¡el drama doloroso de la vida!

A. &lt;.l. Y.

35

~=========E==&lt;L MUNDO.
El vestido de rojo tercioprlo
Ya tiene la color indefinida,
Y en los ojos azules como el cielo
No ha.y brillantez, ni claridad, ni vida.

Los adornos bordados, son inciertos
ReliewA á~1reoi- en la. tRla o\)!;:cura,
Y hay en todo ese tinte de lo~ muertos
Que no des baratf1 la !-!epullura.
Al mirar estos restos oh-idadm,
Que en mi desierto hogar tienen sn historía:
¡Cuántos afios, ft&gt;lices por pMados
Han surgido en tropel, en mi memoria!
¡Dulces venturas del hogar Yacío!
Cuando llegó BP1Jf, cuan t-1atisfecho
Oí á Margot decir: jf'f&lt;; hijo mío!
Come en mi me!':'a y dormir,í en H"Li lechol
Y con materno afán, libre de engaños,
Culto ferviente &lt;le ¡.;u edad primern,
Adoró cual oe adorn á lo!4 i-ei¡.; afios
A eete pobre mui1('co de madera.
Le amó con ei-a celestial ternura
Que la santa inocencia trae del cielo,
Y encantaba la niña tierna y pura.
Jugando ú madre en el ingrato ~uelo.

¡Cutínt.as veces mi padre en su tristeza,
De ese amor celestial unji6 los lazos
Dando ú lfargot un beso en la cabeza
Mientras Bebf lloraba entre sus brazos!

$rg1m~,1 !lirie.

MI PRIMER NIETO.
.A mi intrligerúe amigulló, Luis
Reyes Spt,utOla y JimeHez, (pe·

-:,,¡

riodisfa de seis arios).

Dicen que allí juntaba y escondía
Las amarillas onza8 relumbronas,
Que van siendv tan raras en el día
Y que antaño llamaban pelucona~.

· ...

.

(

.

Hoy abrí casualmente el gran librero
Tosco, antiguo1 estorboso y empolvado,
Donde guardó entre in-folios su dinero
Un ántero que tuve acaudalado.

--~.

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... '
T

t

'

Supo escribir y en plácidos momentos
Halló Por distración útil y ~ana
Entregar al papel sus pensamientos
Grabando en cifras la })alabra humana.
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.

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..

Detrás~de las Pandectas y de Toro,
Sirviendo de pnntnlla Tertuliano,
Ocultaba avariento su tesoro
Aquel devoto y venerable anciano.

Mas tarde, terminadas las cuestiones
De la adusta y sagaz jurisprudencia1
Pasadas cinco 6 seis generaciones
Recibí el armatoste por herencia.
No me atrreví tí guardar libro ninguno
En tal muebli\ del tiempo maravilla,
Que así como en el mar reina Neptuno
En él reinan la incuria y la polilla.
Para no cometer cien desatinos
Allí escondiendo joyas ó dinero,
Le dejé los pol vosos pergaminos
Que eneflan cosas que estudiar no quiero.
Y después mis traviesos chiquitines
Encerraron en épocas lejanas,
Lo que en casa llamamos tarantin~,
Digo, cosas inútiles ó vanas.

Hoy, buscando un antiguo documento
Que ya juzgaba por mi mal perdido,
Abrí el mueble pesado y polvoriento
De las memorias y las ratas nido.
Y encontré lo que menos esperaba,
Un bulto informe que ninguno aliíla;
¡Ay! ¡el lieM: con que ~fargoL jug;iba
En un tiempo feliz, cuando era niña!
Ya tiene súcia y gris la faz de cera;
Le mutiló una pierna el tiempo insano;
Se le cayó la rubia cabellera
Y le faltan tres dedos de una mano.

Una fiímula, acaso comedida1
Lo leYant6 al hallarlo abandonado
Y por tnmba modesta y escondida
Le dió este mueble antiguo y empolrndo.
En él lo encuentro yo, y al Yerlo exclamo
Venciendo la frialdad del hondo hastío:
¡Eres pobre muñeco, que yo amo:
~ijo de mi )!argot y nieto mío!
_..Como tu tierna tradición respeto
Y no puedo olvidar tu historia pura,
Jamás consentiré que el primer nieto
Yaya.~á extinguir su vida en la basura!

Y ocurrió lo de siempre; adversa suerte
Se Jo llevó á la tumba de improviso,
Y este mueble quedó, tras de su muerte1
Para el primero que escarbarlo quiso.

Cuentan que un se11or6n de toga y pluma
Que pronto se encargó del intestado,
Sacó los libros, recogía la suma
Y dejó el tosco mueble abandonado.

Y Bebí- quedó triste y solitario;
Huérfano oculto en el rincón ignoto
Como imagen en trist-e santuario,
Sin altar1 sin incienso y sin dcrnto.

· DJ'.Jclo r:cual sudario1 blanco, ileso,
Lo envolví en un pañuelo ¡cosas mías!
Y lo guardé después, dándole un beso,

Con mis reliquias santa.-, de otros días.
¡Si fuera siempre igual! ¡Si de este abismo
De dolor y maldad no viera el fondo!
¡Ay! mi padre al hablar consigo mismo
Miraba lo ma.'! negro y lo mas hondo!
Así se habla en los lindes de la. viru\
Cuando tan solo descansar se quiere
Y se sueña otra tierra prometida
En donde nunca la inocencia muere.
Entre tanto :Margot, sin un reproche,
Porque fué en el hogar siempre mimada1
Desnudaba á BPbé, noche por noche,
Para dormir con él acompañada.
De su colchón en el caliente hueco
Cobijaba Qlilm;-ln de sus carii1os
Y al fin rÓcta.ba al suelo este muñeco:
¿Quién va {~ dormir en paz junto á los niños?
Pronto creció Margot; su diestra mano
Soltó al ídolo fiel de alegres dfa..'-l
Y de las blancas teclrui del piano
Arrancó misterio.'ms armonías.
A!la celeste luz del alfabeto
Nutrió BU pensamiento y su memoria
Y en cada libro sorprendió un secreto
De la fe, de la cienci~ 6 de la historai.

Ju AX

DE

Dros PEZA.

Agosto de 1895.

NOT.A. (Si se reproduct ei!fa WllJIQ$ieW11 81' 11upliffl que
d.encia, pues.ful (!$('rita e1&lt;:pecial.mentr JMlrll •'EL MrNDO."

~ rite fo ¡m~-

�11 Aao~Tn, 1895.

ELl\IUNDO.

36

11 AGOSTO, 1895.

(mi\\lb~ftlJD&amp;\\ AU~,rna;¡rDfiáAi6
··1/'f) -~,

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Í

EL MUNDO.

37

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EX LOS ESFC"ERZOS QUE HICE PARA D~1'RE~D}~lD1E1 RODAMOS A)fBOS AL ARROYO.

PERUCHO, NIETO DE PERIQUILLO.
POR UN DEVOTO DEL PENSA.DOI=t MEXICA.NO.-1lust:raciones de IZAGU11l..H.E.
( CO.S'l'l.!'.---UACIOX)

j~a t,iene .... ! cuaaro por
( fhnl.udu tn 108 faJkro,i di:" El .lfwulo")

"0.

(rorcos.

Mientras YO no sabia que hacer en medio de tanta
algazara, u~ chico mascó papel, hizo una bola y me
la arrojó ~ la cara con tal destreza, que me dió y se
me pegó en la frente provocando la burla y la risa de
todos.
-Aquí es la mía, dije para mis adentrosJ y sin atender á respetos ni miramientos, ciego de vergüenza y
de rabia1 con gran habilidad, saqué el tintero de plomo
y tal como estaba, lo arrojé con fuerza al rostro del
que me había ofendido, dándole en las narices, con
tal fuerza, que cayó hacia atrás todo lleno de tinta y
saliéndote dos abundantisimos chorros de sangre que

ensuciaron la mesa, la banca, la ropa, los libros y todo cuanto tenia cerca el insolente muchacho. Aquella
sala se volvió un campo de Agramante.
-JesU.s! qué has hecho? me preguntó Don Emcrenciano, llevándose las manos á la cabeza, mientras dos
ayudantes suyos, recogían al herido.
-¿Que hizo él? contesté yo muy atufado: tengo pegada en la frente la. bola de papel mascado que me
tü-ó para provocarme y no vengo aquí á. dejarme
maltratar de ninguno.
Todos los chicos me miraron como aprobando mi
conducta y el Director dijo:

-Señores, este niño no conoce las prúcticas de la
Escuela; es este el primer colegio que pisa y no le
gustan burlas ni chanzas pesadas. Lalo ha hecho
mal, mu~- mal, en ofenderlo, y él ha hecho también
muy mal en conducirse como se ha conducido, pues
debió haberse quejado conmigo para que yo pusiera
el remc&gt;dio y aplicara el castigo.
-Seílor, interrumpi yo; mi padre me ha dicho que
nunca acuse {t. nadie porque nada es mas despreciable
que un chismoso.
-Si, me contestó¡ pero no te ha ,1e haber dicho que
tú mh:,mo te. hagas justicia;. para eso estoy aquí y sá-

�38

11

EL MUNDO.

AGOSTO,

1895.

. . d o,.supl1'c·'ndoles
que no :ine los enYien mas
un rec.a
u.
puesto que no quierrn enmendarse.
. .
Nos fuimos por contrarios rumbos y c~a.ndo l.legue a
mi morada me ordenaron que fuera á ns1tar a. Aclol4
fo, pues habían mandado avisar que estaba en cama
y que necesitaba Yerme.
.
Las malas noticias cunden con velocidad. increi~le
•
le lleo-ó
,- no st'. como
m· por doi,dc
.
o a mi am10'0
o enfer.
;no la de que ~·o había, en defensa de su padre, tcm4
do una n•rdadera y peligrosa lucha corporal con el
cerillo. Por rsto al Yerme entrará su recámar~, -~e
incorporó en el lecho y abriendo sus brar.os1 rec1b104
me exclamando:
Gracias Penu:ho, con razón dC'sde q~u.• te.conozco
te quiero &lt;:omo si fueras mi lwrmano. la st' lo que
te ha pasado; ya se lo dije á tia ~- {L mamá Y Y~n á
pC'dir permiso de que te quedes á cenar ~011 ellas .. ·
Abracé á Adolfo y asi estuYimos algun rato, :-:;111•
tiendo ambos algo como frescura y luz dC'ntro de
nuestras almas.

1

1

belo, lle hoy en adelante sólo á mi pedirás que repren- los que llenaban de. honorPs al padre de Adolfo,. Y
siempre me respondía:
da la~: ofensas que te hagan.
-Hiciste muy bien 1 me dijo E&gt;n voz baja un compaNo te extrañe, pues has de ,·er mucho toda,·ia en
ñero á quien n~ babia visto; simpático chico cu:·a mi- este pícaro mundo. Hay gentes que usan de los homrada al fijarse, en mi semblante pan•cia decirmr,: aquí bres como de los limones; les exprimen el jugo y cuan 4
tienes un n.migo, un confidente) un hermano 1 para to- do nada les dejan, los abandonan.
da la vida.
Salia vó una tarde, á la hora en que concluían los
En un santiamén le laxaron la na1·iz al herido, ~: trabajo; escolares, y el cerillo, aquel de pelo bermejo,
por verdadera fortuna, no se le abrió la carne en el que á fuerza ele estar en mi clase ya me .~abl~b~1 s_e
exterior, quedándole sólo una hinchazón que algo le me acercó r me dijo con expresión dt' carmo h1pocn•
desfiguró la cara durant(•. algunos día~, y que pro,·ocó tamente fingida:
explicaciones y altercados entre su padre~- Don Emt.&gt;-·Ove Peruchillo, ¿por que. no Yino hoy Adolfo?
renciano.
-E;taril enfermo, le respondí¡ ahora que llegue á
A mi me causó tambil'n algunas desazones con mi casa le mandaré un recado informándome.
padre, cuando !(' impuso el Director de todo lo snc.e-}le 4a lástima, ahora que te conozco, Yer que tiedido, pero antes de una !'.\emana todo estaba C'n paz, nes amigos como ese.
nadiP Yolvió á inf.nltarme y ~·a conocía y tuteaba á
-Pues ¿qué ti&lt;me ese?, le pregunté con cli.sgusto.
todos mi8 compañeros.
-Él y toda su familia están excomulgados, ¿no lo
l\Ii Yictima no C'rn popular en la escuela. De tez lle- sabias?
na de pecas chato v con el cabello azafranado; lla-¡Excomulgados! ¿qué han hecho para que los exCAPI'I'UI~O VII.
mábanle ,.c'l ccrill~, por apodoi y tenia tan malos comulg·uen?
. ,
instintos corno pcrYersas costumbres, pues muchas
-¡ Pues casi nada! El padre de. Adolfo expulso a
T'eces le, enconh·aron en su papelera ,ersos obscenos 1 las monjas de sut-. conventos. El fm.~ personalmente á De cómo hablaba ron su eoncienl'ia el maestro Don Emerenciauo.
estampas inconvenientes y objetos extraídos con ma- echarlas ú. la calle.
ña de los bolsillos ele sus compañeros.
-11ientes, le dije, mientes. Yo hC' visto al hombre
El pobre viejo, Director de la Eseue~a,, que no pare¡Cuim cierto es que la escuela es el reflejo de una de á caballo que sacó á las monjas,~· ese no era el pa 4
cía persona de ilustración profunda, ,1:·1a ro_deado de
sociedad con sus virtudes y sus vicios!
dre de Adolfo.
disO'ustos que le obligaban á lleYar tnempic en los
Cada &lt;:hico ren"la desde temprano lo que será más
-Pues él era y maltrató á las pobrecitas y pisoteó
bol:illos un papel con magnesia, era buen conocedor
tarde. y así he Yisto 1trascurridos los afias, convertirse los Cristos y las hostias.
de su tierra v de su tiempo.
en sa~~nlote al que !:!Olo jugaba con santos ~- altarci 4
-Mientes con toda tu boca,,- como si Adolfo te oyeNo era ext~·año al medio ambiente en que se de.sarro•
tos; transformari;e en militar al que gustaba de tener ra te reprendería; ~'ª que él n¿ el:itá, yo te digo que si
liaban sus celdillas, como diría algún estudiante de
4
espadas y fusiles de hojalata; distinguirse como abo
vuelves á decir eso á mi, ó á cualquiera otro, te haré
fisiología positivista.
.
gado ó como mCdico al que solo discutia cada lec&lt;:ión escupir los dientes.
¡ Pobre de Don Emerenciano ! En las noches senta 4
ó inquiría las enfermedades de sus compañeros; mo4
-Cálmate, Peruchito, no eres tú el que a mi me pue
base en tosca v cómoda 1mtaca forrada en guadamarir en duelo ó en el cadalso á los de instintos dañados; de hacer nada; es cierto que me rompiste la nariz con
sin v fumand¿ sabroso cigarrillo, sin que le molc~tara
á esos que provocan, burlan, ofenden, hieren y causan
un tintero, pero eso fué a traición porque eres muy co 4 nin:ún ruido ni le robaran la paciencia los traYH~sos
4
e.spanto con sus ingratitudes, sus vicios y sus costum
barde.
chi;uC'los, hablaba consigo mismo en YOZ muy baJa Y
bres.
Decirme esto, soltar los libros que entrf'gué al cria4 más ó menos de la manera siguiente:
·
En aquella escuela de Don Emerenciano encontré do que me conducia ~- lanzarme sobre f'l cerillo, fué
¡Qué triste condición la de un maestro de escuela,
á mis primeros amigos. ~Us sentimientos de nil10 1 mis
obra de medio minuto. El era fuerte de pm1os y se
deseos, mis esperanzas, mis ilusiones, eran conocidas defendió con destreza, llegando á. sujetarme del pecho en este país donde poco se les comprende y nada se
por ellos y nunca se nos pasó una tarde sin cambiar4 y á caer conmigo sobre la acera. En los esfuerzos que les recompensa!
Esta sociedad es digna de estudio. Ha~· en tod~s
nos en cl.ulce y sosegada conversación, nuestras m;is hice para desprenderme rodamos ambos al arroyo, con
partes
tres clases que la constituyen; la alta, la media
intimas confidencias.
riesgo de que nos ab·opellara un coche ~· seguimos
Entre todos, surgió uno, llamado Adolfo, el(' mucho con mordiscos y pata.das ~~ arañazos, haci(,ndonos to 4 y la baja; pero aquí no pueden clasificarse ?~rque ca·
talento, de vasta instrucción é hijo de un conocido do el mal posiblP.. :Nos separaron los criados r estába- da O'remio tiene su aristocracia de gorro fng:io, como
personaje que figuraba en grande escala en el parti 4 mos los dos, hechos unos gallos despues de la pelea, cad~ indhiduo se cree el primero si no el único en la
profesión que ejerce.
do politico contrario al de mi padre.
llenos de contusiones ,. de moretes, con las ropas desY disculpo que el pobre actor có~ico que s~tda el
A él, quizas con mayor razón que al maestro, debi O'arradas y manchad~s de lodo, con los sombreros
o
.
quilo, corriendo en pos de una pcse,:a de gloria con
mis enseñanzas, pues tanto nos quisimos desde el pri- aboyados~· con lo! ojos, las narices~· la boca que no
una compañia del kilómetro, se suene un Talma¡ per4
mer dia en que nos miramos, que estudüi.bamos jun 4 son para describirse.
dono al que zurce catorce gerundios aconsonanta~os
tos 1 haciéndome él claras explicaciones en los puntos
-Coharde1 le dije, no sera. la última Yez que nos en 4 cuando cree que ha becho un soneto capaz de e~hpobscuros; prestándome libros que nutrieron mi inteli- contremos.
sar los de Argensola; tolero al tinterillo que ha deJado
gencia; habláiidome de los grandes hechos históricos
-El cobarde eres tú, me respondió 1 que traes cria· sin comer á cien familias incapaces de ser represen·
que filtran en el espíritu de los niños, la pasión y el dos para que te defiendan.
tadas en foro por una persona decente, y se imagi 4
enttLSiasmo por las causas politicas, y siendo desde
Entonces sin poderlo yo impedir, pues me estaba na ser gran jurisconsulto; doy la mano al curandero
entonces uno dt&gt;. esos hermanos del alma, más allega 4
limpiando con el pañuelo el barro de mis pantalones 1 que por haber apagado con un real de bicar?onato de
dos y más queridos que los de la sangre.
mi criado que era un indio fiel y callado, rlió con su sosa los agrios de su mujer sale pluma en ristre á re·
Adolfo era de ancha y abultada frente; de mirada pie revestido de burdo huarache tal golpe en la barri 4 cetar á cuantos imploran de su ignorancia la salud Y
serena y reflexiva, algo descuidado en el Yestir 1 pero ga del pobre cerilloi qu0 lo dejó priYado y tendido á la fuerza· disculpo al valentón que después de disper·
siempr.e aseado¡ estudioso y amante de las letras co 4 dos Yaras de nosotros.
sar á cu¡tro ladrones que asomaron á media noche en
roo pocos; mal visto por el maestro á. causa de su po•
LleYé un gran susto, pues me imaginé que lo babia la azotea de su casa, tutea á los más ameritados héco apego á las prácticas religiosa:;, y tan raro para
matado, y medí toda la responsabilidad que pesaría, roes del mundo y censura las medidas tomadas por
escoger sus amigos, que antes que por mi, no se le
más que sobre nosotros, sobre mi padre á quien le car· Napoleón en cada combate; absuelvo al empeñero que
conoció predilección por nadie.
gariancomo propias mis travesuras y cuando ya rodea- oliendo á orin de o-ato y chorreando de la frente un
No pasaron seis meses, sin que lle,·ase á mi casa a dos de curiosos, veíamos venir precipitadamenteá un sudor negro, pare~e un calamar en su propia ti~ta Y
Adolfo y él me llevó á la suya. En la mia se encontró diurno que llamó una transeunte alarmada, el cerillo piensa cuando vuelva á su país arreglar la Hacienda
la pobreza del que acaba de caer de un·buen puesto se sentó abrió los ojos y me dijo con tono doloroso~- Pública; todo lo dü1culpo lo tolero, lo absuelvo, lo
1
1
con las ruanos limpias. En la de i!l hallé todo el ex4 resignado:
aguanto, á fe de Emerenciano Piedrillas, pero con lo
plendor del que está en la cima. De mi casa hablan
que no transijiré nunca, es con el desdén con que se
-No, así no se vale; eso es ser montonero.
huido los amigos, como los pájaros de los árboles seMe acerqué 1 le di la mano para que se levantase ~· mira en esta tierra á los maestros de escuela.
cos, y en la de Adolfo entraban y salian toda clase de como pude le aseguré que en tan· grosero comecli 4
¡Y son los pilotos de la naYe en que surcan el mtm 4
pe,rsonajes de rango, así ci\·iles como militares.
miento de mi criado no tenia yo parte ninguna.-En do los reyes del porvenir: los niños y los jóyenes!
Muchas de las caras que yo había Yisto risueñas de 4 los chicos no son raras ni cscepcionales las transicio¡ Dios mio! ¡qué sociedad tan injusta!
lante de mi padrc 1 me las encontré con la misma ex 4 nes bruscas de la ira al afecto y cuando vi á mi ene 4
Pero muchas circunstancias concurren en esto. Aqul
presión, delante del padre ele Adolfo.
migo sano y- salvo, se me ohidó todo y le prometí que los niños de las clases media y alta, son en su mayor
Muchos que á mi me llenaron de cariños y ele re 4 seriamos buenos amigos a. condición de que no insu1 4 parte hijos de mujeres piadosas hasta el fanatismo ~galos, ya no me conocían, pero acariciaban y obse4 tara al padre de Adolfo.
de padres escépticos, incrédulos, indiferentes y con 4
quiaban á Adolfo con el mismo falso interés que lo
-Si lo he de insultar ~· á tí ~- á toda tu raza; soy sentidores.
hacian conmigo.
Nace un hijo y sus progenitores sólo se ocupan de
muy hombre y tengo que pagarte todas las que me
Lo que más llamó mi atención, fué encontrarme allí has hecho.
mimarlo, de besarlo, de llenarle de colgajos la cuna~á 1m Yiejo, alto, gOl'do, mal encarado, de gran abdó 4
de retirarle la amistad de los elementos de la 11atura 4
-C11.llate1 cerillito; callatr.
4
men y de torvo mirar, que había sido e1 policla secre
-No niiío, interrumpió mi criado, este muchacho leza. ¡Pobres niños! Encerrados como flores de estufa:
ta que denunciaba mil cosas diaria.mente, á mi padre es un madrugador~- yo me encargo el~ callarle la sin que para ellos significiuen nada las mañ~nas, ti 4
y á sus correligionarios, ~· que en la casa de Adolfo boca.
bias; los arboles frondosos; el aire libre; los banos tre 4
ej(;:lrcia igual oficio, delatando á cuantos k habian
Iba á empreudt•rse nue\.·a riña cuando al volver la cuentes y las habitaciones bien saneadas; crecen como
sustentado r favorecido.
q. ne forzan á nacer en un plato con agua .para
cara hacia fttrús, Yimos á Don Emen~nciµ.no que ve· el triO'O
~
Primeras lecciones objetivas de lo que es el mundo uia tras de nosotro.q y q ne ele aJgo se ha de haber adornar los altares del Viernes de DolorC&gt;Sj tristes,
enclenques, amarillos, susceptibles de enfermar y mo 4
y que yo, inconsciente 1 recibía aprovechándolas sin impuesto porque nos dijo mu~· mohino:
entenderlas. iiucho de esto, le refería á mi padre,
-A Yer si cada cual se va á su casa porque si he 4 rir si les da el sol de lleno en la cabeza ó les baña la
asegurándole que eran los mismos que le rodearon, mos de seguir con estas cosas mandare á sus padres cara la brisa húmeda de los jardines.

e1

11

AGOSTO,

1895.

I..:t 1:.a'.!re lo idolatra hasta la locura; no asoma. al
balcón á su hijo para que no tosa; no lo lleva al pa!;eo
para que la pulmonía. no lo mate; no lo deja jugar
con otros n:110-; ¡':traque nolo contajiende tos ferina,
ele calentura, de viniclas 1 de tanto que pasea por e!:las
talles de Dios sin que lo advirtamos los transcuntes.
~o quiere que le hablen en voz alta para. que no se
asuste y cuando el niño duerme en el día, lo acuesta
en la alcoba rniis lejana, con las puertas entornada.s
para. que ni la luz ni el rumor más débil lo inquieten!
En los más fuertes calores de Agosto lo viste de lana gruesa porque más vale que sude y no que estornude y no le deja comer alimentos variados porque
htw manjares que para el estómago son frias ó ca·
lie;1tes según le han dicho, y prefiere los tibios que
van crf'ando á. un ser enfermizo y falto de sangre.
¡Lo frio y lo caliente! Ja 1 ja1 ja ..... .
--¡Pobre madre mía! recuerdo aquel cuentecito su4
yo de las dos Yiejas que se encontraron en la calle.
-¿Cómo está usted Doña Circunsición?
-Muy bien, Doña Cinco Llagas 1 ¿~· usted?
-Yo muy mala de esta punzada que me da en la
sien drrec.ha.
-Es tan fácil curarla.
-¿Tan f'a.cil?
-Claro. Va usted á la botica del Hospital Real,
compra alli medio ele aceite de beleño y por las noches, tibiecito se Jo unta usted en la sien durante el
tiempo que dure una salve ..
-Gracias, pero no será más provechoso estarlo
untando todo el ti.&lt;'tnpo que dure un credo.
Por na.da del mundo lo haga usted; el credo es muy
caliente por aquello de Poncio Pilato y bajó á los in4
fiemos, mientras que la salve es muy fref&lt;ca por lo de
vida y dulzura y valle ele lágrimas.
Así proceden muchas veces las gentes vulgares al
alimentará sus hijos.
Al niño se le enseña á decir muy pocos nombres y
á. designar pocas cosas para que no se atarante y su
'pap;\ 1 de vez en cuando lo toma mr.clio minuto en los
brazos pol'que un gran autor le ha dicho que los ni 4
ños son hermosos &lt;le lejqs y tratados por brevísimo
tiempo.
Como el matrimonio de los padres se hizo por amor
ciego y por ilusión inextinguible, cuando nació el
primer vastago, el Amor abrió los ojos y la ilusión de
los conyuges se extinguió para dejarlos pensar tan
solo en su retoño.
Y la madre se vuelve ferviente devota del ser arran 4
cado á sus entrafias; se le consagra día. y noche y es
f~liz con este culto santo é incomparable.
El padre llega a su casa á comer y á dormir únicamente. Procura que su lecho esté lejos del a.dorado
bebecito para que no lo importune con gritos á la media noche. ¡Ah! que no lo despierte porque se inco·
modará horrible.mente. Los teatros, los casinos, los
clubs, las cantinas de lujo se cierran muy tarde;él las
abandona á. última hora; entra al lecho cuando cantan
los gallos, y llega siempre fatigado del cuerpo y del
espíritu. Ha hablado de literatura, ele política, de
amor, del progreso de otros pueblos, de la mujer en
todas sus condiciones, del vteio en todos sus explen·
dores, del aburrimiento de vivir en la misma ciudad
en la misma casa, con la misma compañera, con los
mismos criados, con los mismos muebles, con los pla•
e.eres y á veces los dolores, á igual hora y en concli 4
ciones· idénticas v .... tiene que dormir sin ser per 4
turba.do por un ~hiquillo que aunque es suyo,molesta
y obliga á recordará Herodes.
Y cree tener razón.; es el amo; es quien da el gasto;
es el rey absoluto de la casa; el que va á la calle á
traer el alma del Padre nuestro y quien pita, grita1
y á quien {)'rita pitando nadie le va reclamando.
• La mad;e, verdadera esclava del esposo y del hijo,
vive peo-ada. a su chiquillo, lo vela hora tras hora; lo
besa ha~ta enfadarlo; lo cela hasta el delirio y es la
que cuenta sus pulsacione.s; la que sabe como crece
material v moralmente y repite sus primeros balbu•
ceos y aPlaucle las nuevas gracias con que la sorpren 4
de en cada mañana.
-Ya dice papá; ya aprieta la mano; ya me sigue
con los ojos; ya me hace ca.riñitoi; en las .mejillai;.
-Si, responde el padre; es un muilcqmto m~y gra·
cioso; voy á comprarle un juguete que ya veras mu 4
jcr, será muy lindo y muy costoso. Y haciendo como
que lo besa y acariciándolo con las punta~ de. los cle 4
dos para no mancharse la solapa de Ja levita, sale del
hoO'ar á la calle á fin ele t1·abajar á su manera..
É:1 niño crece v lo envían á la arniga 1 es dC'cir 1 ú la
escuela de chiq~illos ele ambos sexos, pitra. que entre
lue{l'o ú. otr:i como esta mia, á la cual llega más recoº
. '
meuclado
que un prmc1pe.

EL MUNDO.
=

89

-=

Y sépase que al padre no le preocupa la primera es 4
cuela y á. la madre 1 piadosa por organización, lt\ con 4
forma mirar un cartel que diga: Escuela de la Santí·
sima Trinidad, dr, la Inmaculada Coucepción 1 de la
Divina Pr0Yídencia 1 ele lo:-; Corazones de Jesús y de
)Iaria1 para nilios ó nillns.
En su criterio rl'ligioso 110 cn&lt;:ucntrnnn11ca malo un
establecimiento que está bajo tan santas advocaciones.
¡ Cómo ha de encontrado malo! Ell,1.. nunca. invoca
en vano esos nombres y cree que las escuelas que a.si
·se llaman son las mejores!
Y &lt;letras de esos carteles har muchas Yeccs profe 4
sores idiobts ó ineptos, es decir1 personas qne buscan
la manera de vivir poniendo escue.la como podrían poner un puesto ele fruta ó una tienda de ultramarinos.
Y así explotan la credulidad rle la,-; madres; cobran pensiones módicas, tratau ton indiferencia lt los
alumnos; les enseiian libros banales y sosos; cuidan
de que confiesen y comulguen, adornanclo ese &lt;lía la
mesa ele la C'scuela con ramos de flores¡ hacen sus
exámenes ~· sus premios con cierta pompa, que sirve
ele anzuelo para los incautos, y después de tanto 1 no
enseñan na.da.
Los niños salen de e::;os colegios peor de lo que entraron porque no les han hecho amar el estudio ni han
puesto en sus manos obras prácticas, ni ante sus ojos
saludables ejemplos.
Se les enseña como á los papagayos mil trivialidades, sin prepararlos para una carrera ó algún oficio
productivo, pero eso si 1 saben una oración en latín,
una fábula en francés, algún diálogo inglés y muchos
nombres geográ.ficos con que aturden á quienes los
trata.n intima.mente.
Suelen ensPñarles cosas que llaman profundas y de
pronto llt'&gt;gan á su casa diciendo:
-:\fo,mlt, ya sé la flor.
-Ya sabes la flor hijito mio, á ver ¿qué es eso?
-Pues si; la flor tienc1 á ver ¿á que tú no sabes lo
que tiene?
-No, p1·ilnor mío, á ver ¿qué tiene la flor?
-Pues la. flor tiene tallo, cnliz, corola, pétalos, ho 4
jas, estambres y pistilos.
-7\Iira cuitnto tiene vida mía, y dime cuáles son los
pis ... los pis .... qUt°&gt;?
-¿Los pistilos ó lo::; esta.mb1·C's?

-A ver, si, las dos cosaA.
-No; pues e$O r-;i que no nos Jo han dicho.
-Y lo demás ¿donde lo tiene la flor?
-No; tampoco nos lo han dicho, y ya me sé los
reinos.
-¿Los reinos? ¿cuáles lindo?
-Los reinos mineral, vcget°al y animal.
-¡Ah!
-~li papá y tú, pertenecen al reino anitnal.

-¿Porqué cielito? ¿quién te lo ha dicho?
-El maestro, mamasita; dice que mi papá es mami 4
fe.ro.
-Ma .... mí. ... ¿qué?
-¡\famifero, mamá; mamíferos son los animales que
maman, así como tú y mi papá y mi hermanito el chi 4
quititito.
-¿Somos animales? dale las gracias al maestro por
su calificativo.
- Y tú también ere.s mamifera, y mis tlos y los cria4
dos y los perros de la casa.
-¿Y los canarios? ¿y los pesNtdos?
-No; eso no me lo ha dicho el maestro, pero maiia4
na se lo pregunto.
Encántarn:ie las madres con ésta t:!ntdición y se co 4
men á besos á las criaturas.
Preparados asi, pasan á otras eHcuelas superiores;
llenos de diplomas, ele premios, ele honores porque les
han aplaudido fábulas más ó menos bien recitadas, y
así se vuelven más tarde hombres de pró y de reputa&lt;:ión em-i diable.
Pe.ro no todos los maestros ní todas las escuelas son
asi;yo tengo la mia montada á la antigua, es eierto,
pero me e.!&gt;fuerzo en que aprendan, en que apro,·e 4
chen, en que recojan elementos morales &lt;'stos diablos
ele chiquitines y no puedo contrnrrcstar las influen 4
cias de la sociedad.
Niño que no saca premio al fin ele un año no vuel 4
ve al siguiente y no solo, va r me clrsprestigia por to•
das partes.
Aquí en mi tierra debían a.tenderse las escuelas; reO'lamentar la instrucción; señalar los textos más con•
~enientes .... ¡ah! .... los t(•xtos, los textos, c·.ste es
otro escollo.
(CONTINUARÁ)

Asegurada la propiedad literaria, conforme á la ley.

�11

ELl\IUNDO.

40

AGOSTO,

1895.

PRENSA MEXICANA

____

_....

Pági.M.8 t»:tra.ordinarill8.
==

LA VOZ
DE
MEXICO
----------·

'
DIARIO RELIGIOSO. FOLI'TIOO, CIENTIFICO Y LI2:,::1:::~~,:';,.,~
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nillo, diri¡;i,'11il\&gt;llll /J, Sa1&gt;1.1a)!"OEI gtim"l "':J!ll""º ~-aO? 11,!llior Arderiu• J,,. reeilii,lo t1 mgu1el\tf deHpa•
e],., rl.e¡ ~ller:1Jtn jef~,
•·Ve![Uit.i., ~:: dt Julio,-El ,l!a 12
u.h de Mannnil!o paia Y~g'UiWy B.1,,,.1110. En ¼l:nra11illo re-:iLl · notidas
;'Ol"lt,-mlictoriu. En Veguitufflp.•qut
M.,,,.,e-o esta.ha eTJ L,ui inrnediaci.01,t1 dt
Harnmo con- fn,-r:w.1 numeroil.U. 1&lt;&gt;
l&lt;)\01,-nla. ~onmigo 1,WO hurubru, pero º" CrtW('ndo ,K,l.1)IO!l(l \'OiveTmP,
con1i,1u~ ini mnrch;i
Eneontre al enNnigo en P1.r&amp;lPj()f,
t lrtJ kguas d~ Bayamo. La coluinn;i
i1- lll fl\l.ndo dij\ dei¡?nci:Wo &amp;ntoci\de1, y el ¡oer muerto élite. lomú e!
mando El tcrn&lt;no ern 1m e"trl!lllo
dntal""orable psra 1311 oper:acion~• de
nue~1u.s tr&lt;&gt;p:,-l- El enemigo era tret
ve,,,....111.l,s 1111m.-roso que no110tn~ tenla \,.-i11tan11!1! munkioues y peleó h!bilm&lt;cnte. Estdb:mws rode11.dos de.fuego p&lt;&gt;r ~uauo p:trtu y por d1&gt;5, 'l"PCe•
e~tuVlmo,s en pelljl'.ro. La luch duro
cin~-o liqra! r r;outinunron por una
hora 1114' la.• !,o~tiliJ:ules en que toul&lt;l
• pa.rt.- 1111..,,tn .,.,,,.xu~r.\ia.
'
Nuolr11e btija~ fueron:
El ,·,liem,qrt11eral &amp;nlocihle:o. su
avucWlk S,,1onu1yor, t·aµitiín E111i¡.,'ll!o
TonWI 1· veintkin,:o !IOfdados JnW'.r--:
1-0a; kiiJ.os, el teniente rorond _J~
Vai;.11ero, éapitán Lni,, Robl~ prnner
1el\1Pnle Si.nrh~ Orteg:1, rn¡....án Tn.,•¡p.., (ligcn11!\PlllP) y nO\"Pllb )" ,·ua.tro

tohw}~,, .

.

N(I ¡,i,·~\11 nm11if~11:1r ,co11 ('!(at.:111,u•l
l:u l•~•·I "º~~igo¡ ?''º I'' ,lwe
que llc¡:¡an· i, qmmentall.
,\_ &lt;':111'11!. de Lv f:1.tigu de IR muela
v 111, t.t.1111, Ut&gt;PD l,w;t:1,nle un día. de
:1Pse:anw ¡nra i:.., m1p:u, y ns! 1fotlllll
113,lif de Bu-amo.. -Su poi además al 111:l
ti((l.1t~11te .fue lu,l,i:4 11~ J,-,..,• Mi,.
,.~ ,..in t,500 bombn'11,_)" q~ie est;ilxl
ln,lude,,.ln ,i1orl.o el p 19:1.na¡e 6 ,¡~e
" u11iera i ,,¡_ .\detuil.a, el'll J\1'&lt;:~Mrw
orgalliur mu,·~s coa,. tn B,yamo )"
faltaban muni.-ion~~
su:¡ru \"11.lJ.lfl lle~.J 1yer Nll lllil

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de !,•m 1,·1&lt;)11; ~"' 1lmh J,,J,:1 'Cl&lt;IH.&lt;' .,.
Dio,.
To,ki, l01 ,¡11~ ""º'' um: ~¡ l'. !)¡¡
),.p,:,rk, ,\,,dft.C~t\ LllH'11,i,.: \Jk 'J'li C,.'Cl
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J,,rn,ele." ?,!,u\(len. D;.,_.µuia« y Elliol. no (.'ri,,d,.,r_q11,· ¡,_, Jlu,,1·&lt; , p.1 ,...
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ingJe,1&lt;'8 u~ 1,, 11ucrra ,lo ,,ten aíío:1 qui- •l~a,,ja 1lc la &lt;:t&gt;11\""cc:.;:,:, el&lt;1 ~lill!I \' .,
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,\tl y :iuu ante• &lt;l~~.:,rc:·~:i,1·i;,. a.
Diana Yaughan y }"· todot tre• forncoail(J11~ ,, Lodo~ trr:1 r·OU\"erlido1 por quelb qut1a&lt;lnr11,00 l.:u:ill. ,¡,1i!u·c ,\1 ,, i\
olrr&amp; de Jna11a,l,• .\ro.o, San lli¡p1el J.a,-ifer, ~" dc1·~ hai:a t·l hn.,i••uv&lt;irl
arroj&lt;J ,1"1 Parai,io ,i, .Ll1dJer. ~- Ju,m&amp; 111,\s ~uhlimo -.,,,rifo,io ,_.d, 1~ mh1"•
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Ar.·An~&lt;e\. ¿La vcunahlr in~pirm\a cs- hi,i,,ri:i, t,~jo 4'&lt;ln1 ~~IJCdos.•;Cómo·no
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ar-0n1&lt;~imiet11.0 mús mar:willo"'-l qne dtc ll,.11,u r,m~h:,u rcdilfll 1111 •·ur.h·111 ·l"l•¡1euüua co11H«i011 ,le ,rus Ya1.1- ter al&gt;'&lt;ll 11r~mr111&lt;! &lt;·Xlrannlin.1ri&lt;? r mngh~11. ,.,.,n,•e,:tii.:On ,¡m· ,.!o¡m1 ti ,ml!a- t~~illo~.
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[J,J/~1;,, rlt! P,-d;ralror,, de &lt;¡u~ ~h re; injurio,o lh: ,lo~ en1,m,11M rnmr:, )lrs.~
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El l"l,m1Kt" M ~~fo~•, d,-~pu0c lllmil!!d del \'a,lr,, tillnto Al¡;u11os
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arlu4ka, n·1u,ndo cmi.!11(1 pi1J.,rra choEu el° 4bsidt, ,'.nyo111wlo !11! d~vu.ri car oon ~~ fin,,~• ·,-re,;•.nc,a~ caióli,)111!
11\¡,ruu,:, 1 pili!I ,wbr~ r-111iv~i de f" "ª" ,. con¡;, iulh•·aiOII al J&gt;onli!i.c~
w 1,al.nl 11 n r.&lt;&gt;ro ,fo nm11je11, tomo E:1&lt; • }fahb el,•:!iili&gt; por 1-,,a T".UÓCl ¡,ar;, •u
s.,,;, Aml,rosio do lfil.Hn, vi,.jhlt, d""· Yiaje, ,,\ m~ ,le 0,·111bri,, .-:1~&gt;&lt;-a en qu~
1k ]a elltr,da, ,¡ fin ,li: rec&lt;mlar qnc b-il_ tra•\ad,.da de Ho•n;, 1:i. vid• oficl.al, etitom&amp;do p,1rte en la fu1&gt;d.tá':tn del tl'm- qullfall oou1¡,i"1J\\ü~n!f ,fo \lllrcnte~«is
p\o un W10nMktitt de J:,ene,li~li!11J.1. nq pud1~raíl n,m rntiarLI. 'u:lo com•
Lo, asien(o,, de e-Oro.de loa l';1t1UJ\~08 binar MÍ li\lr&gt;'lmc•HU, 111s vi,utM o\ ,los
&lt;llll·Jrh en ,;l 8.' nt11.ulo, y 1111 crucifijo iau111,"0g y u•SOro• ar1i~ti,,tts ~" ~u, pe.
eolo,.-ado rn el al1&amp;1 niay,•r Krá h ¡. re1,rriMdoHc"I a ta, CatBCumQI.II.
1uagen ,~u~l,)a culll atro~nl. tod..i,
El 4. dt Ko,·ic1,1lxe, lksta, de: &amp;in
1,. miraJa9 .
Curios Borrun1eo, re--ib\ó en lanle i\$.11
fa (;aÍednl n de •·"1ilo hit11nti1•0, Cali:oi:to la &amp;µ-r.w.R Comuuióu con graa
como ~I de $,\u .-\mbroirio ik Mihiu, Je fer'"1lr ,. w:ogimiento. &amp;, la a.,lmicon cit;ttoe ddallt!!i.iUgeridc,- por San ní.,trf, ún i'W.rc 'frapÍAI.:, .qn~ · ha.b!a · •
)!arrot ~ \'e necia ,:· &amp;&gt;.n \ital de l!a- do ofi.,ial ck i11:1s011 ponti!kiO!I. ,
,-~na.
Hoy,,.¡ voh-cr{, !toma.. l&amp; Pii.nceEl 1,!11/AO tot.-i.l ,le 111 ohr;1 t.· elftinln ""'El1,I\&amp; no ~ dirige y11, '!'/ d@mm lu.c
en 150,000 libra", y $s!e,;pencou,•lnir IM, ~inoadd/Jm11.m,;&lt;11,.iv,i. Ala vieita
la &lt;.'(Jllstnu:dóu en dO!I a.6011, A fin de ¡,lat!01:1, fifol y Jl~lt!&lt; de reoo¡:imi,m,io
celehra.r en el nueYo templo el- 131 hed1" d p,•lre de lo~ fie\cg, _tle_tVoJ&amp;·
r.i,,nte:i~rio de la llepda 4 ln¡¡\aterrl\ do, oprimid&lt;, y preow eu el l ati,·ano,
W! &amp;m Agwit!n, primer Ohi~Vo ,lt, ha .a,11,,edidQ la rntra,b_ pompg.'ll' y a!Cimtorhen.
borol-lt•ln e11 el pe.lacio J.po,1tülico del
I,o9 ca.1,\fü, 11 s iugle"l'~. q11e quicnn Quirinal oeup11-1fo por lOII dctenu&lt;lore.,.
qu~ wu eateJ.flll un monunu-ut_o
Deetl,• i lo lejOII lle deiJ.'tlbre en el
aba.olut,vnen.111 no1;1l,l,, y qui.' cr,nln- hori.ronte n~nu. de majulad, la c,"1p11la
huya·al \'lllbdleciuiiento (le LondreB, ele Bau Pedro.
han h,,.-.ho1lot1ath-o~ rou.rielemblc~ p&amp;·
1Cuán rl.olornum-,nte lié le oprimirá
ra ella, en1r11 h» ·ruulc, ya u,11ein011 el ror1Uón A 111 l'r!n,-,w,!
dtadl) ~1 d~\ du,¡ne tle Sorfolk, ,¡ue
""de 10,000 libras léll~rlin:11._
Entra IOI! hrindi.• pron1111e-13Ju9 en
Ellocal¡111N('lJur1«lode Homeel /w1d1 que hubo rle&lt;1pn,~ ,¡,. In J.,i,n- ro y !oiOCIO!I--E.i tantll la ausiedad
&lt;lkióu (le la futnr11. ealOOral, fü,\ en &lt;''t- que huy en el púb\ieo. y el de.11eo de
i remo c,•l~l,rado el del tnrdrnal J,oµ. 00110&lt;:er en ll)S -pornienorcs del Jurane.
do del Co'roncl Romero y deu1ú per•
El 1:0TIO rebUlll~ll del que \"3 ,i &lt; un- 1011as que i-iterYiuiero11 eu su duelo
tinnadón, ,lemu&lt;'9tra J,ieu la !ll!llr.illo 0011 el Sr. Verástegui,ql1e serla de dtd&lt;' f11rm11 que- I• rlasen&gt;edi:dn~\- ha tearse que la autoridad escogiera un
N.1muniefl.t!t1 ni Clero ratriltco.
lugar 10:ls11mplio que li,s salottei de
No hay duth, dijo el Cat&lt;lPna.l 1.o¡¡- Jura.do.
n,-, que una maim\tica c.1te&lt;lntl, romo
l&amp; que ,ie eri•re ~n r•t11 sitio, ~n el ~filtro rl.o:-1 ,n,i,, irand~ imperio del mundo. t•ol4 ,1~~hn~dn. l1&lt;:uu1plir un:1. gran,]~ y ¡;!otit&gt;"'1 mi,ión. {,\plan-o•) Al¡luna• per.on~1 J1an in,inm11lu qúe e•.·
taria IIU'jor en1pkuk, el 1linHo en alívisr &amp; los p::,hre&lt; ~fo~, 1emeja11t,,,;
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CUADRO POR JOSE JARA

Nl'fü.110 l~H

'MEXIC'O, !-1.-llUDO 3 DJ: AOOSTO DE IS9;j.

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T&lt;&gt;m&lt;&gt; JI-Número 6.

DOMINGO 18 DE AGOSTO DE 1895.

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La Fundación de México.
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El gran sacerdote Tenoch, el alma de la tribu, encontró al fin una. isleta en el lago y
fundó la ciudad: del nombre de su dios Jferi. se llaIJ16 México, en donde está M,.xitli;
del nombre de su fundador se llamó Tenochtitlá.n, la ciudad de Tenoch. Como el jeroglífico de Tenoch era un tunal, nochlli, sobre una piedra, tetl, lo fué también de la nueva ciudad, poniéndole encima una águila como signo de grandeza. De este jeroglífico
debieron sacar también una fábula y una leyenda. religiosa loa mexica. Dice as( el intérprete: uUn Axolohua llama.do Ooauhcoalt, y otros dos, se fueron á examinar los lu:
gares. Fueron á salir al paraje Acatitla, en cuyo centro se halla un Tenochtli sobre
cuyo vértice estaba. parada una Aguila. A.l pie de este ttmal estaba el nido del Cuauhtli,
fabricado de diferentes y hermosas plumas del Tlauquechol, Xiuhtototl y otros diBtintos pájaros. De allí volvió el llamado Cuauhcoatl, y se puso á hacerles esta relación:Hemos ido á reconocer el camino y :el cieno; pero ali( ahogaron á Axoloa: ha muerto
Axoloa, según ví, por haberse sumergido en el carrizal donde se halla el tunal, en cuyo

vértice está. parada una Aguila y su nido al pie formando un colchón de diferentes y
hermosas plumas, y está donde se halla el agua. De este modo se formó el cieno donde
se hundió Axoloa.-También contó Cuauhcoatl que al otro día se apareció Axoloa y le
dijo:-He ido á verá Tlaloc que me llamó para decirme: ha llegado mi hijo querido
Huitzílopochtli., y este lugar será su asiento y domicilio; él será el protector de vuestra
vida en la tierra.-Después de esta relación se fueron todos á ver el Tenochtli y allí
construyeron su altar, hortaliza y flechas, y luego se fueron á divertir......... .

Ar,FnROO

CRAV"E.RO.

••*
Este cuadro fué presentado en el concurso bienal de 188!), en la Academia de Bellas
Artes de México, por el pintor José Jara, quien obtuvo el premio.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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ELl\IUNDO.

40

AGOSTO,

1895.

PRENSA MEXICANA

____

_....

Pági.M.8 t»:tra.ordinarill8.
==

LA VOZ
DE
MEXICO
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DIARIO RELIGIOSO. FOLI'TIOO, CIENTIFICO Y LI2:,::1:::~~,:';,.,~
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u.h de Mannnil!o paia Y~g'UiWy B.1,,,.1110. En ¼l:nra11illo re-:iLl · notidas
;'Ol"lt,-mlictoriu. En Veguitufflp.•qut
M.,,,.,e-o esta.ha eTJ L,ui inrnediaci.01,t1 dt
Harnmo con- fn,-r:w.1 numeroil.U. 1&lt;&gt;
l&lt;)\01,-nla. ~onmigo 1,WO hurubru, pero º" CrtW('ndo ,K,l.1)IO!l(l \'OiveTmP,
con1i,1u~ ini mnrch;i
Eneontre al enNnigo en P1.r&amp;lPj()f,
t lrtJ kguas d~ Bayamo. La coluinn;i
i1- lll fl\l.ndo dij\ dei¡?nci:Wo &amp;ntoci\de1, y el ¡oer muerto élite. lomú e!
mando El tcrn&lt;no ern 1m e"trl!lllo
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nue~1u.s tr&lt;&gt;p:,-l- El enemigo era tret
ve,,,....111.l,s 1111m.-roso que no110tn~ tenla \,.-i11tan11!1! munkioues y peleó h!bilm&lt;cnte. Estdb:mws rode11.dos de.fuego p&lt;&gt;r ~uauo p:trtu y por d1&gt;5, 'l"PCe•
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lnutro¡,i.~. iu(· imulada ,-n ~¡ln;s l.¡;¡. dcJunio,tlk \' D!'!i&lt;pvrk. íi:'i1rn·,·e !71',ai"&gt;6~n.",u, :,mm,, du1 (H de !al:ufo 'IOr J)jos, baJL;n_,lost ,.,, l.,, ,.
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J,,rn,ele." ?,!,u\(len. D;.,_.µuia« y Elliol. no (.'ri,,d,.,r_q11,· ¡,_, Jlu,,1·&lt; , p.1 ,...
I:H el LL;,ia\e;'() th•i 11\'F.•. ~ 21 ,\f1
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df' üo1ruir .el c:o.tt&gt;iici'lmo; tomo l"" t•.i,, IIIH~rtt, y la "()fl'º''"J~m" '
ingJe,1&lt;'8 u~ 1,, 11ucrra ,lo ,,ten aíío:1 qui- •l~a,,ja 1lc la &lt;:t&gt;11\""cc:.;:,:, el&lt;1 ~lill!I \' .,
sieron ,fo,miir ,la 1111&lt;:tonalid.!«l france- gha", OH a,,\()~ 1~rn,ih";!I: ":;! Jt.1' Jt,
b, y ba,,._,-r ,l.,- u11,~ro ¡,ala Ull 1·irrei- foJ!OrW que Jl('',LC".C,·h~ 1 !k,, lJj\,ce~i ¡,,,r nad1niento, h~ 1u11~,·1!l e d
JIJll~ ,lepemllei,I~ ,.k foili1t,.,rra.
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mWJl)bw del C'.011»&lt;~0 ,le\ (iriui Omm- ,,;,h ¡- •n·11.111grn P'-''. o!J'
t.é,"',lr ¡;Tn1,('iá, autor ,M Luciftr IWOO&amp;• J;i (.onv,•r,,i&lt;',1, ,fo~" :d~ ~Ll. ·&lt;.•1,ii:1&lt;10
'.!";, -·J.udfor ,lescnma$t:1m1.do;"" )[ti!$ ene1u.igo.•
,\tl y :iuu ante• &lt;l~~.:,rc:·~:i,1·i;,. a.
Diana Yaughan y }"· todot tre• forncoail(J11~ ,, Lodo~ trr:1 r·OU\"erlido1 por quelb qut1a&lt;lnr11,00 l.:u:ill. ,¡,1i!u·c ,\1 ,, i\
olrr&amp; de Jna11a,l,• .\ro.o, San lli¡p1el J.a,-ifer, ~" dc1·~ hai:a t·l hn.,i••uv&lt;irl
arroj&lt;J ,1"1 Parai,io ,i, .Ll1dJer. ~- Ju,m&amp; 111,\s ~uhlimo -.,,,rifo,io ,_.d, 1~ mh1"•
de Ar,-o, l,q:iraH vn1t&lt;.'&lt;I01'11, r&lt;:&lt;·ibc 1\¡• hlimc cariWul. LJ 110brénntur:il oc m;,
llioi ~u misiOl", vcir m&lt;'tlio cM 'l,i~mo hifie.,1~ ,¡., 1111 mo&lt;lo n·i1k111,· 1-11 r,!!&lt;
Ar.·An~&lt;e\. ¿La vcunahlr in~pirm\a cs- hi,i,,ri:i, t,~jo 4'&lt;ln1 ~~IJCdos.•;Cómo·no
brll. por ,·cnlura in.•piruda pc,r Uiog exd~m.,r: Qu.' 1i,,rn¡•, rii, ,¡, :;·.,-d\
pam d...itruir ,i, la Mntoncria Mt,\ni- ~n milagrOS:'"
El ~al1ú11igo .\fm,,;!d c\i,·i• &gt;:, nh,'
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Ci(•rt~111enW .no ltn_l", 'I"" yo ""f"\• T,&gt;&lt;lo~ los ¡•,rm,,1it•r, i it~ la t,mw,·,:(,11
ar-0n1&lt;~imiet11.0 mús mar:willo"'-l qne dtc ll,.11,u r,m~h:,u rcdilfll 1111 •·ur.h·111 ·l"l•¡1euüua co11H«i011 ,le ,rus Ya1.1- ter al&gt;'&lt;ll 11r~mr111&lt;! &lt;·Xlrannlin.1ri&lt;? r mngh~11. ,.,.,n,•e,:tii.:On ,¡m· ,.!o¡m1 ti ,ml!a- t~~illo~.
Crro "u¡x,rfluo nii,ulir &lt;JU~ 1,,Jt, lu,;
r,.,, y rnil\nre, ,le rc&gt;razo11e&amp;.
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íun,~na.,,111·~ c,:i11 bcrh0:&lt; •Hi"á forb.
].,11 ine~pt-rada m~tr!-t' de_l R. P.
lap::&gt;r\1;, ~rrojan!. 1,1a~ \u,: "1 et po,uble l::J 13 ,le Junio, e~ 1lt,·it. el ll,i,mo ,\i.\
90bre tl ·,-~r,i.-ttcr mil•:,rro;o ,I~ e5IE: ,m_,¡nt !n Gra,1:\ra&lt;·•!r:i ,l•i,¡1/a \'Ir h7
pnmer., tn BU v1cb /\ \u :-:11,r" .luu,cl
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TA,J,r;ar. tl,,l h:
LM Po;rmtuOu• ,fo -~ala mui!111 nO'! 1liariomn.,:ni·,,o
lo ~nnunl•ltÓ :\t. A1\ri,rn ·Te,¡ut ea el t:u¡;ituíu ""1.,r,- ¡&gt;11hlk11 1n, ~rl],.,._Jo
[J,J/~1;,, rlt! P,-d;ralror,, de &lt;¡u~ ~h re; injurio,o lh: ,lo~ en1,m,11M rnmr:, )lrs.~
,lnr!&lt;Jr en j~fe el H. r. l),,idie-r, ~lisio• rn~n" ,·.,1,¡i!hn, ~,, 1,.., tr:ii,ifo &lt;le
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DddU:r f'-seab., COI! d_~atlre De)apor- p,uesta,Wl 111.1n~_deali,:,hi'lta8. l',:-ro la
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"ll.l ~ron\o 111: P,.•n-'" t"iepr••lnd.[, en "1~ b/,mla,l ,• lt ofrr,-i,, l\lt ptt&gt;dº""
li, Catedral -.·st&amp;iea ,¡,. W~11tminlln, re.·twrdu. (1.,j11,d&lt;)fo Prinn~l&lt;'lli&amp;dr
,•11-v:i primera pi,;rl.,:1 v:,;b!&lt; ¡fo ,·&lt;&gt;le&lt;- l11!'11dien,,i:i.¡,·,:1tffi•.,í~, 1..0 t&lt;,lu é.•ta~
c,i,:11e, b 11,ntiµ-,,:\ h••i\i&lt;-11. ,hi .'Y.11, }:'e- .Cilll~19™11. ,iuuc¡at, llc,r11.bo í. l.6.gr1,ll'&lt;,I; má~ lu~go Ar a\,undr,nÓ ,·omn m,- rr,a vin, nu ean~•í.ndolii, ,k repc,tir qi1e
Jlfll~tie:&lt;hle esl" id,-a;
i;n11!krvad&amp; ~iem¡m, el riwue!'do de la.
El l"l,m1Kt" M ~~fo~•, d,-~pu0c lllmil!!d del \'a,lr,, tillnto Al¡;u11os
dt. ~u¡¡tro 111. "'"-" ,lR e11trul1ow.e!,I el C{,11• mlk•~ il.11 1nilu, rle fran,·os ,¡ne su. pa.tir"•nt~, pr~&gt;s·nt,; un pro)·ecto que, J:· dr~. el Cowl~ ,l~ Í'~ris 1~ ht1.bla &lt;l:u_lo
prol,aron·1.41&gt; su1110 gusfo la1_· 11.uHm· ¡_,ar~ qu11 .,. ,:om¡;r"80 eahail_Oll; &amp;llh,.
,lad,•• $0Ór~ lo40 pullV brllll em¡&gt;•fu¡ h&lt;'Í.l'IW. IU atk1&lt;',n 1t h e&lt;¡u&gt;l&amp;&lt;-lón, !18
,:!L q,;,. la_ c;0i,ijtru,wi&lt;J11 ,fo! ffi !ido pri'l'd,le~ll~r !t.,, ¡,r,¡,,entó en .--,fren.
füese lo rnru; económica ¡10aibl~, p,:ro da i,,l l'o,,(if;ct.
mU ade\a1Lte ¡,en,1,jtiü &lt;¡\\e ac ,..,1plea\'illit&lt;J_ ,kspni-,¡ lit Róma ral_iglo,,i J
., ~Jo g~ncro el,· a,lotllQI.
arlu4ka, n·1u,ndo cmi.!11(1 pi1J.,rra choEu el° 4bsidt, ,'.nyo111wlo !11! d~vu.ri car oon ~~ fin,,~• ·,-re,;•.nc,a~ caióli,)111!
11\¡,ruu,:, 1 pili!I ,wbr~ r-111iv~i de f" "ª" ,. con¡;, iulh•·aiOII al J&gt;onli!i.c~
w 1,al.nl 11 n r.&lt;&gt;ro ,fo nm11je11, tomo E:1&lt; • }fahb el,•:!iili&gt; por 1-,,a T".UÓCl ¡,ar;, •u
s.,,;, Aml,rosio do lfil.Hn, vi,.jhlt, d""· Yiaje, ,,\ m~ ,le 0,·111bri,, .-:1~&gt;&lt;-a en qu~
1k ]a elltr,da, ,¡ fin ,li: rec&lt;mlar qnc b-il_ tra•\ad,.da de Ho•n;, 1:i. vid• oficl.al, etitom&amp;do p,1rte en la fu1&gt;d.tá':tn del tl'm- qullfall oou1¡,i"1J\\ü~n!f ,fo \lllrcnte~«is
p\o un W10nMktitt de J:,ene,li~li!11J.1. nq pud1~raíl n,m rntiarLI. 'u:lo com•
Lo, asien(o,, de e-Oro.de loa l';1t1UJ\~08 binar MÍ li\lr&gt;'lmc•HU, 111s vi,utM o\ ,los
&lt;llll·Jrh en ,;l 8.' nt11.ulo, y 1111 crucifijo iau111,"0g y u•SOro• ar1i~ti,,tts ~" ~u, pe.
eolo,.-ado rn el al1&amp;1 niay,•r Krá h ¡. re1,rriMdoHc"I a ta, CatBCumQI.II.
1uagen ,~u~l,)a culll atro~nl. tod..i,
El 4. dt Ko,·ic1,1lxe, lksta, de: &amp;in
1,. miraJa9 .
Curios Borrun1eo, re--ib\ó en lanle i\$.11
fa (;aÍednl n de •·"1ilo hit11nti1•0, Cali:oi:to la &amp;µ-r.w.R Comuuióu con graa
como ~I de $,\u .-\mbroirio ik Mihiu, Je fer'"1lr ,. w:ogimiento. &amp;, la a.,lmicon cit;ttoe ddallt!!i.iUgeridc,- por San ní.,trf, ún i'W.rc 'frapÍAI.:, .qn~ · ha.b!a · •
)!arrot ~ \'e necia ,:· &amp;&gt;.n \ital de l!a- do ofi.,ial ck i11:1s011 ponti!kiO!I. ,
,-~na.
Hoy,,.¡ voh-cr{, !toma.. l&amp; Pii.nceEl 1,!11/AO tot.-i.l ,le 111 ohr;1 t.· elftinln ""'El1,I\&amp; no ~ dirige y11, '!'/ d@mm lu.c
en 150,000 libra", y $s!e,;pencou,•lnir IM, ~inoadd/Jm11.m,;&lt;11,.iv,i. Ala vieita
la &lt;.'(Jllstnu:dóu en dO!I a.6011, A fin de ¡,lat!01:1, fifol y Jl~lt!&lt; de reoo¡:imi,m,io
celehra.r en el nueYo templo el- 131 hed1" d p,•lre de lo~ fie\cg, _tle_tVoJ&amp;·
r.i,,nte:i~rio de la llepda 4 ln¡¡\aterrl\ do, oprimid&lt;, y preow eu el l ati,·ano,
W! &amp;m Agwit!n, primer Ohi~Vo ,lt, ha .a,11,,edidQ la rntra,b_ pompg.'ll' y a!Cimtorhen.
borol-lt•ln e11 el pe.lacio J.po,1tülico del
I,o9 ca.1,\fü, 11 s iugle"l'~. q11e quicnn Quirinal oeup11-1fo por lOII dctenu&lt;lore.,.
qu~ wu eateJ.flll un monunu-ut_o
Deetl,• i lo lejOII lle deiJ.'tlbre en el
aba.olut,vnen.111 no1;1l,l,, y qui.' cr,nln- hori.ronte n~nu. de majulad, la c,"1p11la
huya·al \'lllbdleciuiiento (le LondreB, ele Bau Pedro.
han h,,.-.ho1lot1ath-o~ rou.rielemblc~ p&amp;·
1Cuán rl.olornum-,nte lié le oprimirá
ra ella, en1r11 h» ·ruulc, ya u,11ein011 el ror1Uón A 111 l'r!n,-,w,!
dtadl) ~1 d~\ du,¡ne tle Sorfolk, ,¡ue
""de 10,000 libras léll~rlin:11._
Entra IOI! hrindi.• pron1111e-13Ju9 en
Ellocal¡111N('lJur1«lode Homeel /w1d1 que hubo rle&lt;1pn,~ ,¡,. In J.,i,n- ro y !oiOCIO!I--E.i tantll la ausiedad
&lt;lkióu (le la futnr11. ealOOral, fü,\ en &lt;''t- que huy en el púb\ieo. y el de.11eo de
i remo c,•l~l,rado el del tnrdrnal J,oµ. 00110&lt;:er en ll)S -pornienorcs del Jurane.
do del Co'roncl Romero y deu1ú per•
El 1:0TIO rebUlll~ll del que \"3 ,i &lt; un- 1011as que i-iterYiuiero11 eu su duelo
tinnadón, ,lemu&lt;'9tra J,ieu la !ll!llr.illo 0011 el Sr. Verástegui,ql1e serla de dtd&lt;' f11rm11 que- I• rlasen&gt;edi:dn~\- ha tearse que la autoridad escogiera un
N.1muniefl.t!t1 ni Clero ratriltco.
lugar 10:ls11mplio que li,s salottei de
No hay duth, dijo el Cat&lt;lPna.l 1.o¡¡- Jura.do.
n,-, que una maim\tica c.1te&lt;lntl, romo
l&amp; que ,ie eri•re ~n r•t11 sitio, ~n el ~filtro rl.o:-1 ,n,i,, irand~ imperio del mundo. t•ol4 ,1~~hn~dn. l1&lt;:uu1plir un:1. gran,]~ y ¡;!otit&gt;"'1 mi,ión. {,\plan-o•) Al¡luna• per.on~1 J1an in,inm11lu qúe e•.·
taria IIU'jor en1pkuk, el 1linHo en alívisr &amp; los p::,hre&lt; ~fo~, 1emeja11t,,,;
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Cám~&amp;511tt¡;r,&gt;,¡0·il. e
qu~ 11,rii denti:G de ¡;o,.,05
IlA !hig~d,;, M, Li Uabana
JI! lo~ f.Kliul&lt;:!! l;ni&lt;fos".\t
blando "8.!wl&lt;J" c&lt;Jn \&amp; pl
Madrid, ;U ,le Julk,
du ufi.t!al,•s,;•! &lt;io111ingo
Nuevit:itHIOOLorn\Jt~~ de
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AGO!:iTO,

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pt;wi'¼rhüu Juidend,) pre

N11.v11.HO.
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CU3lr&lt;•dHtl&lt;III Jwrnl&gt;N'~,y
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CUADRO POR JOSE JARA

Nl'fü.110 l~H

'MEXIC'O, !-1.-llUDO 3 DJ: AOOSTO DE IS9;j.

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T&lt;&gt;m&lt;&gt; JI-Número 6.

DOMINGO 18 DE AGOSTO DE 1895.

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La Fundación de México.
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El gran sacerdote Tenoch, el alma de la tribu, encontró al fin una. isleta en el lago y
fundó la ciudad: del nombre de su dios Jferi. se llaIJ16 México, en donde está M,.xitli;
del nombre de su fundador se llamó Tenochtitlá.n, la ciudad de Tenoch. Como el jeroglífico de Tenoch era un tunal, nochlli, sobre una piedra, tetl, lo fué también de la nueva ciudad, poniéndole encima una águila como signo de grandeza. De este jeroglífico
debieron sacar también una fábula y una leyenda. religiosa loa mexica. Dice as( el intérprete: uUn Axolohua llama.do Ooauhcoalt, y otros dos, se fueron á examinar los lu:
gares. Fueron á salir al paraje Acatitla, en cuyo centro se halla un Tenochtli sobre
cuyo vértice estaba. parada una Aguila. A.l pie de este ttmal estaba el nido del Cuauhtli,
fabricado de diferentes y hermosas plumas del Tlauquechol, Xiuhtototl y otros diBtintos pájaros. De allí volvió el llamado Cuauhcoatl, y se puso á hacerles esta relación:Hemos ido á reconocer el camino y :el cieno; pero ali( ahogaron á Axoloa: ha muerto
Axoloa, según ví, por haberse sumergido en el carrizal donde se halla el tunal, en cuyo

vértice está. parada una Aguila y su nido al pie formando un colchón de diferentes y
hermosas plumas, y está donde se halla el agua. De este modo se formó el cieno donde
se hundió Axoloa.-También contó Cuauhcoatl que al otro día se apareció Axoloa y le
dijo:-He ido á verá Tlaloc que me llamó para decirme: ha llegado mi hijo querido
Huitzílopochtli., y este lugar será su asiento y domicilio; él será el protector de vuestra
vida en la tierra.-Después de esta relación se fueron todos á ver el Tenochtli y allí
construyeron su altar, hortaliza y flechas, y luego se fueron á divertir......... .

Ar,FnROO

CRAV"E.RO.

••*
Este cuadro fué presentado en el concurso bienal de 188!), en la Academia de Bellas
Artes de México, por el pintor José Jara, quien obtuvo el premio.

�18

AGOSTO,

EL MUNDO.

1895.

=:;;::=

Página eHeraria.
'iJER&amp;C~ D~ B!ID1C.
(INEDITJr..)

'11

18 AGOSTO, 189ó.

EL~IUNDO.

42

A Carlos Díaz D11foo.
Ayer, con este malestar eterno
Con mi profundo, inacabable hastío
Olvidando q.ue estamos en invierno'
Y que á vieJo mastín entume el frío;
A guisa de pastor dejé mi lecho
Antes que el sol luciera en el Oriente
( Acaso deba mi afección de pecho '
A este arranque buc6lico--imprudente) .
Un cielo gris oscureciendo el valle
Pi·ivaba de bel1eza ú la Natura·
Quise salir intrépido ,t la calle'
Y pronto desistí de tal locura.
¿Qué ballar en ella? fámulos y horteras·
AJguna maritornes con un jarro;
'
Vacas, asnos, gendarmes, barrenderas
Y por premio de todo un buen catarro.
Alcé con indolencia la cortina
Y me puse á mirar por la ventana·
Lo de siempre: la tienda de la esq~ina
Con diez vagos haciendo la maflana.
Unas viejas hablándose en secreto
De nada de interés ni extraordinario
Y enseriando en sus manos de esquel~to
La novena, el pañuelo y el rosario.
Alguien que en pos del tren marcha de prisa
Un ~ r o ql!-e cruza lentamente;
'
Un Vl8JO sacristá.n que va á la misa
Y un hercúleo aguador que va ú. la fuente.
Allá, á lo lejos, el vetusto coche
Que torna á descansar de la velada·
Balija de rezagos de la noche
'
Do el indiscreto sol no encuentra nada.
Va _de~rás de un inválido un mendigo
(Cap1tahs~ ayer que arruinó el juego)
Y en pos, tirado por el l?erro amigo
Huérfano de la Juz, camma nu ciego.
Luego una Celestina, infame bruja
Que tiene para el bien, el alma muerta.1
Y la sigue el exp6si~1 el granuja,
Cuyo hogar es el qmmo de una puerta.
Luego dos hetairas desveladas
Que de la calle entre la. luz confusa
Lívidas, ojerosas, de.sgreñadas
'
Semejan dos cabezas de MeduM.
¿Y este cuadro es de amor y de trabajo?
1Cuá.nto la austera realidad ensef'ia!
Están las gentes de escalera aba¡·o
En la tienda, en el templo y en a ordef\a.
¿Qué voy á hacer? me dije; es muy temprano·
Sopla en la calle un hálito del polo·
'
Erré la vocación para hortelano '
Y para ser marqu~s me basto solo.
El vergonzante sol no entibia el día·
Nada urgente en la calle me reclama '
Y ya empiezo á sentir la nostalgia
Del calor y el silencio de la Cama.
Y con secreto malestar profundo
Mirando al resplandor de la alborada
Tantas miserias como guarda el mundo
Dije así con el á.nima turbada:
¡Qué ª1:Ilargas y que injustas son la.e leyes
De esta tierra que no es la.prometida!
¡Ah! los infortunados! pobres bueyes
Que arrastran la carreta de la vida!
El placer material lo satisfacen·
Viven, luchan y mueren ignoradhs
Y envidian á. los ricos porque nacen
Para comer, dormir y estarse echados.
Enero de 1896.
Ju A~ DE Dios PEZA.

- Aqu~l es un gusauo muy p&lt;'qneñodeci~ alt1vamente y con mal ceño
un gigante subido en una altm·a
al v~r á otro gigante en la llanu:a.
1Iientras tanto, el del llano
haciendo del de arriba io-ual 'aprecio
clecla con olimpico desp~ecio:
'
~Aq~él que está en la cumbre es un gusano.Cambrnron de lugar al otro dla,
y al ver que procedla
8U ('rror d&lt;' la distancia
.
1l ep_1;1,srnron
al punto su ' anogancia
y d1Jeron: el 'll;llO c..1.~izbajo
y el otro en actitud muy pen~ativa:"
Ri es l'hic~ desde arriba lo de abajo
dPsdc abaJO es pequeño lo ele arrib~.
A. B.A.

•••
U1:1 bizco tropiez~ en la calle con un transeunte.
- 1Hombre!, le dice éste.-¿No me ha visto usted?
-Ya lo creo: dos veces:_una con ca.da ojo
-Entonces ... ..... .
-E,&lt;:, que quería pasar entre ustedes dos ........ .

PERLAS NEGRAS.
Yll.
Al oír tu &lt;lulee acento,
Me subyuga la emocióll
Y, en mudo arrobamiento,
Se arrodilla el pen~amiento,
Y palpita el cor,izón.
¡Al oír tu dulce acento!
Canta niña, yo lo imploro,
Que tu voz angelical,
Semeja el _rumor sonoro
De leve lluvia de ·oro
Sobre campo de crh1tal.
Canta nif'ia, yo lo imploro¡
F..., de alondra tu garganta ..... .
Canta!
¡Qué vagas melancol fas
Hay en tu voz! Bien se vé
Que son amargos tus díaf!'.
Huyeron las alegrías
Tu corazón presa fué
De vagas melancolías.
Por piedad, uo cantes ya,
Que tu voz al alma hiere!
Nuestro amor ¿en dónde está?
Se fué ...... ¡cuál todo se va!
Murió ...... ¡como todo muere!
Por piedad, no cantes ya,
Que la pena me avasalla ..... .
Calla!

VIII.
Amiga, mi larario está. vacío;.,
Desde que el fuego del hogar no arde
Nuestros dioses huyeron ante el frío¡'
Hoy, preside en sus tronos el hastío,
las nupcias del silencio y de la tarde!
El tiempo destruc!,or n~ en vano pa.Ea;
Los aleros del patio estan en ruinas;
¡Ya 110 forman ahf su leve casa
Con p~redes convexas de argamasa
Y tapiz de plumón, las golondrinas!
¡Qué sil~ncio el del piano!: Su gemido
Ya no vibra en los ámbitos desiertos.
Los no~urnOJJ y l'Cherzos han huido ..... .
r'F?bre Jaula sm aves! ¡pobre nido!. .... .
Misterioso ataúd de trinos muertos!.. ... .
Si viera.~ el jardín!: ya no hav violeta.e
Blancos lirios, libélulas de seda
'
Ma.ri~sas de luz, áuras inquietas .. ... .
Tiemblan las ramas del rosal escuetas
El viento sopla...... la hojara.;ca n1eda~ .... .
.Amiga, tu mansión está. desierta·
El musgo verdinegro, que deco~
Los dinteles_ rui~os&lt;?s de la puerta,
Par~e una mscr1pc1ón que dice: 11Muertal•
El cierzo pasa, suspirando: uLlora!n

DC
ClLllate!-dijo, posando
La diestra sobre mi boca
--Olvidarte yo ...... prim~ro
La luz se trocara en sombr.ui
J?erdiera el mar sus rumoree'
El rosal no diera rosas!
'

1llc cómo murió d Q&amp;rnernl CEscobrbo.

- "Montículos informeb en que yacen
Los desperdicios todos, y en que el viento
Arremolina las aristat! secas
Sobre el inmundo, opaco estercolero.
Detritus de las cosas. MomiaM graves
De canes ya sin ojos y sin pelo,
Donde la lluvia el ~¡ vo ha enegrecido
Y obscureció las piedras y los huesos.
Vientres verdes de gatos engrifados
Que se hinchan con el sol. Ramos deshechow
De pálidos colores. Herrumbrosos
Recortes de metal y trastos viejos.
Vísceras resecadas y ya negras;
Paños desenfibrados por el tiempo¡
Vapores insalubres en que flotan
Tóxicos y miasmáticos alientos.
Recinto incubador de rubias larvas;
Laboratorio obscuro de misterio!-!
Donde crecen los cardos y las hierbas,
Abriendo al sol su floración de cieno.
Fragmento8 de cristal que centellean
Con extraños y vívidos reflejos;
Nidada apocalíptica que emerge
En multiforme enjambre: los insectos.
Mundo desconocido de microbios;
Todo lo miserable y lo pequeño
Luchando con lo grande en lid á muerte;
Lo ignora.do, lo oculto, lo mas negro!
Tal soy. Laboratorio de la vida,
De mí surje el hidrógeno y el viento
Lo pro~ doquiera, yo transformo
Y redimo lo vil del basurero.,,_
Y el genio de aquel antro nauseabundo,
En la fría humedad siguió diciendo:
-''De cenagosa charca donde hierven
Las riscosas espumas, puro elevo
El vapor, que en los aires cristalino
E inmaculado\ elevará su vuelo,
Para errar en os prados esmeralda
Y deteners.e en los botones nuevos.
Yo doy para la vida en el ambiente
Generadores, vagos elemento8;
El carbono y el fósforo á la planta,
Y vigor á los tallos mas esbeltos.
Yo tengo mi lujosa pedrería:
Las moscas verdes con fulgor de acero,
De ahU:1 ténues que el iris ha {&gt;intado,
Y coseletes de esmeralda, rég1os.
Yo tengo ese rumor de populares
Amotinadas hordas. En mi seno
Se fermenta la vida. Yo eslabeno
La cadena infinita de lo nuevo.
Cuando la noche tiende sus negrurM,
Y vefa. mudo el funeral silencio,
Me engalano con llamas caprichosas:
Los fuegos fátuos de la luz espectros!
Brillazones siniestras, almas huérfaruu,;
De seres y de cosas, torvos fuegos
Del pensamiento que corri6 en la medula
Y no ha querido abandonar los huesos!
Yo soy hacinamiento policrómo
De todo lo que fué. Soy pudridero,
Y soy crisol donde haya la existencia 1
Tumba, y también laboratorio eterno!' !895.
MANUE1, LARRA5:AGA PORTUGAi,.

AMOROSAS.
Tú que eres bueJ'10 1 sabrás
que en amor pierden los buenm;,
porque las mujeres, Blás,
siempre quieren mucho más
á quien lo merece menos.

Pasaron algunos años
Y la luz el campo do~..l
Las ondas gimiendo es.Piran
Flores galanas adornan
'
El rosal.. .... y mi recuerdo
Ya no vive en su memoria!

*

Mi morena es cosa buena,
eso á nadie se le oculta,
pero ¡qué diantre! resulta
siempre la. misma mor&lt;•na.

X.
Que ya tu juventud está marchita
Y no puedes amar-frase solenne
Máe inútil, oh rubia Margarita! '
El amor es un Lázaro perenne:
¡Cuando apenas ha muerto, resucita!

*

Es un poco aburrido
vivir eternamente encadena.do
entre la ansia del goce no probado
y la amargura del placer perdido.

*

Has de saber, Lucia,
que un novio tie1w siempre picardla.
Pide pruebas de amor, por pedir algo,•
y- en cuanto S&lt;', las das . . ¡échale un galgo!

Adorar hasta el último suspiro
Es del humano corazón la suerte
Psiquis, como la hija de Jairo ·
P~rquE:, vaya su Dios y la des:[lierte,
Finge aveces dormir en sn retiro!
AMADO

ira caudón brl drno.

NERVO.

VIBRACIONES.
Cuando esta frágil copa de mi vida,
Que de amarguras rebosó el destino
En la revuelta bacanal del mundo '
Ruede en pedazos, no lloréis, amigos!
. Haced en un rincón del cementerio
Stn cruz ni m,1rmol mi postrer asilo.
Después, oh! mis al~res camaradas,
Seguid vuestro camino!. .....
4,.llí, solo, mi amada nlisteriosa
BaJo el sudario inmenso del olvido
jQué corta encontraré la noche ete;na
Para sofiar contigo!
F. F. F.

•
La desventaja que llevo

Están ustedes para saber y yo para relatar, que el bravoy pundonoroso General Marianc i:.'qcobedo el vencedor
de Querétaro, el mismo que al condecorar al General Dfaz
en el Congreso, besó llorando la bandera del cuerpo en
que se diú de alta como soldado hace más de cuarenta
af'ios; éste mismo General Escobedo que está lleno de méritos .y de laureles, fué, cuando yo era niño, llorado por
muerto en la ciudad de México.
Y van ustedes á. saber el caso.
Era una época en que los partidos liberal y reaccionario luchaban encarnizada y cruelmente. Liberal que caía
en poder de los enemigos, era ejecutado en el acto y reaccionario á. quien vencían ó aprisionaban los liberales, no
duraba vivo veinticuatro horas.
Un día el General Escobedo cayó en poder de las fuerzas del General Tomás Mejía, y en los momentos en que
salía del Jugar en que estaba cautivo, el correo para México, ya se formaba el cuadro para fusilarlo.
El correo lleg6 á la capital con la noticia de que el valiente liberal ya estaría sepultado tí esas horas.
El Gobierno, que estimaba debidamente los méritos del
solda.do fronterizo, y que ya sabía que cualquiera de los
suyos cuando caía en poder de los reaccionarios era ejecutado en el acto, mandó enlutar la glorieta principal de
la Alameda, en donde con asistencia del Presidente, los
Ministros, los funcionarios y empleados y las tropas con
las armas á. la funerala, se celebraron unas pomposas honras fúnebres, al día siguiente.
•
Recuerdo todavía las coronas de ciprés, con mofios negros, cubriendo las letras M. E. artísticamente enlazadas.
Surge en mi imaginación la figura de Don Benito Juarez
presidiendo el acto solemne y la tribuna enlutada, en
torno de la cual se apifiaba el pueblo lleno de ira y de
t risteza.
,.
En cuanto llegó la comitiva, tomó la palabra un orador
de voz sonora que llenaba. laexten8ión de la inmensa glorieta¡ de ojos negros, grandes y relampagueantes; de animada y nerviosa acción y de enérgicos conceptos.
nConciudadanos:--decía con majestuoso v airado continente-nos han asesinado á un bravo, á u~ inmaculado,
á un indomable adalid de la Reforma.-Escobedo era la
encarnación de los sentimientos de la Patria, el alma y
el brazo de nuestra Frontera y la viva esperanza de nuest ros soldados para el triunfo de nuestra santa causa.
Ila muerto villana )' cobardemente, ejecutado por los
cicarios del retroceso, pero no hay que llorarlo .. .... hay
que vengarlo! Yenguémoolo á c06ta de ·nuestra felicidad
y de nuestra sangre!
Este orador era el inolvidable, el elocuente Joaquín M.
Alcalde.
Abandonó la tribuna y después de una marcha fúnebre ejecutada por las bandas militares, vimos surgir otro
orador. Era delgado, de frente ancha y limpia, de cabellera negra y ensortijada, de poblado bigote y espesa perilla. Sus ojos pequeños pero expresivos estaban cubiertos por elegantes anteojos con yarillas de oro. Al mirarlo,
lo saludó el pueblo con estrepitosos aplausos . que interrumpieron la gravedad de la ceremonia y un estudiante
sacando la cabeza entre la multitud, gritó al verlo, con
voz extentórea:
-¡Viva Vicente Riva Palacio!
En efecto era el nieto de Guerrero el que iba á. hablar
en ese instante.
Pronunció una poesía vigorosa, patriótica, llena de elevación y de matices h~rmosos y todavía tengo aus últimos
versos en la memoria:
¡Ah! ni decirlo solloza:odo puedo!
Ha muerto el héroe pero no la idea:
¡Que la sangre del mártir Escobedo
Lazo de unión entre nosotros sea!
Entre bra,·os y aplausos bajó de la tribuna el ya entonces popular Ri va Palacio y en mi imaginación de nin o se
grabaron con endebles caracteres: aquella glorieta enlutada.¡ aquel Presidente severo y respetado; aquellos oradores tan crepitantes y tan simpáticos y sobre todo, sus
palabras: mártir, víctima, crímen, asesinato, infamia!

·····························•···················································
···•···· .. ......... ········· •·•···-· ..... ····· .................. ................ .

al empezarte á. querer
es que ya no he ele pod&lt;"r
enseñarte nada nul".vo.

•

Recuerdo que siendo chico
me dió un beso Nicanora;
;.á que me lo niega ahora
que me sabría tan rieo:&gt;

*

No llores por el traidor
que su libertad recobra,
porque ya saben d&lt;· sobm
las pescadoras de amor
que el hombre l'S d pez m:\s h•lo
~; más tonto ele lo:; pece!:!,
porque va quinientas VCl'l'S
A morder t"l mismo anzuelo.
S. D.

Poco tiempo después de esta ceremonia, el General Escobedo entraba H la capital de la República.
-¿Qué había pasado?-Que el General Mejía no lo fusW&gt; porque no era tan sanguinario como otros de sue compai!eros y lo puso preso en una cueva, de donde con miles de aventuras nornlescas logró fugarse el que después
fué vencedor de Querétaro.
Todavía al verlo tan sano, tan franco, paseando sus canas á la sombra de sus laureles, se despierta en mi memoria aquel recuerdo y me parece oír al General Riva Palacio diciendo frente al pueblo:
Que la sangre del mártir Escobedo
Lazo de unión entre nm1otros sea.
.TUAS DE

Dms PEZ.,..

43

= ====== = ~ -

,9o-eas ~Herarias.
ALAl\:l:OR.
Por qué, Amor, cuando espiro desarmado
De mf te burlas, llévate esn hermosa

Doncella tan ardiente y tan graciosa
Que por mi obscuro asilo has asomado.
En tiempo m,ís feliz yo supe osa.do
F,stender mi palabra artificiosa
Como una red, y en ella t-emblorosa
Más de una de tue aves he cazado.
Hoy de mí, mis rivales hacen juego,
Cobardes, atacándome en gavilla,
Y libre yo mi presa al aire entrego.
Al inerme león el Mno humilla.
jVuélveme, Amor, mi jtwentud, y luego ..... .
Tú mismo á mis rivales acaudilla!
foi-;ACIO RAKIREZ.

Cuando el horror de su traición impía
Del falso apóstol fascinó la mente
Y del árbol fatídico, pendiente,
En rudas contorsiones se mecía.
Complacido en su mísera .tgonfa
Mirábalo el Demonio frente ú frente,
Hasta que ya del término imp:,ciente
De entrambos pieR con ímpetu le asía
Más cuando dó cesar del descompuesto
Rostro la con vulsi6n terrible y fiera
Señal segura de su fin funesto,

Con infernal sonrisa placentera,
Los labios puso en el deforme gesto
Y el beso le volvió que á Cristo diera.
JUAN NICARJO GAt,Ll!lG0.

,2(

-Ct,ltiit.

Dan muchos en decir que tu inconstante
Amor repartes aturdida y loca
Que no es tu fe de inquebrantable roca
Ni tu virtud firmísimo diamante.
Dicen que quien te estrecha delirante
Cediendo á la pasión que le sofoca
Siente y percibe en tu entreabierta boca
El calor de los besos de otro amante.
Dicen que en el desorden de tu vida
Gozas con la traición, y soy tan necio
Que al escucharlo te maldigo y lloro.
Anda tu fama en la opinión perdida.
Pero hay álguien más digno de desprecio
Que tú: yo, que sabiéndolo te adoro.
GASPAR Nc5:J-;z nE ARcE.

Al primer eecalón: Yo iJOJ/ tu 11ermano,
Al segundo escalón: Yo soy tu amigo,
Al llegar al tercero me desdigo
Y al cuarto con desdén te doy la mano.
Al quinto te comtemplo erguido y vano,
Al sexto te desprecio, callo y sigo,
Y tu amistad al séptimo maldigo
Y en el octavo la eEcarnezco ufano.
Tú quedas sólo, y humillndo y triste,
Mirándome escalar la altura bella
Después que mi escalera sostuviste;
Un amargo dolor tus Ubios sella,
Pues que por ella tú-subir me viste
Y hoy ves mi ingratitud bnjar por ella.
FERNA:,,.'DQ MARTlN&amp;z PEDROZA.

·························································•·····
La América no quiere más armiño
Que el que admira en su blanca cordillera;
No más corona que su sol ardiente
Ni más púrpura espera
Que el vespertino manto de occidente
Que ondeando flota en la azulada esfera.
Ene ARDO DE l,A BARRA.

I
Sonrisa~ dt• las vírgenes difunta.-.
En ataú_d de blanco terciopelo
Recamado de oro; manos juntas
Que os ele,ais hacia el azul d0l cielo
Como lirios de carnP.; toca.~ blancas
De pálidas novicias absorbidas
Por los ensueños celestiales; francas
Risas de niños rubios; despedidas
Que envían los ancianos moribundos
A los seres queridos; arreboles
De los finos celajes errabundos
Por las ondati del éter; tornasoles
Que ostentan en sus alas las palomas
Al volar hacia el sol; ,·&lt;.•rdes palmeras
De los desiertos nfricanos; gomas
Ara.bes en qu("; duermen las qui.nwrm;;
Miradas de los pálidos dementes
Entre las flores del jardín¡ crespones
Con que ·se ocliltan sus nc&gt;Yadas frente:-1
Las huérfanas; enjambres &lt;le. ilusiones
Color de rosa que en su se,no encierra
El alma que 110 hirió la desventura;
Arrebatadme al punto de la tierra,
Que e~to~· enfermo~• solo ~· fatigado
Y dmreo volar hacia la altttra,
Porque alli debe ci,tar lo que. yo he amado.

II
Oso hambriento que Yas por las entrañas
Alfombradas df' témpanos de hielo,
Ansioso de saciarte en las montafias
Del viajador; relámpago del eielo
Que am(&gt;nazas la vida clel proscrito
En medio de la mar; hidra &lt;lt.1 Lema
Armada do cabC'zas; infinito
Furor del dios qm.• en liquida. l'averua
Un dla habrá de devorarnos¡ haehas
Que segasteis los cuelloR sonrosados
De las princesas inocrntC':s; rachas,
De vientos tempestu·osos; afila.dos
Colmillos de las hienas escondida;;
En las malezas; tenebrosos cuerY0t:i
Cernirlos en los aircst homicidas
Balas que herís ft los dormidos cierYos
A orillas de lo:; lagos¡ pesadillas
Que poblais el l'Splritu de espanto;
Fiebre que empalideces las mejillas
Y el cabello blanqueas; desencanto
Profundo de mi alma despojada
Para siempre de humanas ambicione~;
Despedazad mi s~r atormentado
Que cayó de .las celicas regiom. . s
Y devoln~dmc al s&lt;"no de la nada ..... .
¿Tampoco estariL alli lo que :.o he amado?

J.

DEL

C.

Paolo llevando á su inmortal amante
de Dios lleg6 delante
que por su negro crimen le condena
á padecer la pena
de que nos habla en su poema el Dante.
Y cuando él sabe su castigo eterno
dice con voz 1:!atániea y vehemente:
¡Qué me importan las penas del infierno
Si allí puedo besarla eterruimente !
1t1A.suEL J. 0rHOK.

2(

mi IJijo (f~uar~o.

Estás en el albor de la existencia
Y ya mi corazón temor abriga
¿Qué habrá en la senda que tu planta siga?
¿Flores ó abrojos? Ignorancia 6 cieneia?
Antes de que te alumbre la experiencia
Tú elegirás la senda que te obliga1
Sin más consejo que mi voz amiga,
Sin tener otro juez que tu conciencia.
Si la senda del bien sigue tu anhelo,
No temas que el dolor en tu alma anide
:N"i tristes horas de amargura y duelo;
Si la senda del mal tu planta mide,
Jamás esperes dicha ni consuelo..... .
Echada está la suerte ...... tú decide.
EDUARDO NoIUEGA.

�18

ELMUNDO.

44

AGOSTO,

1895.
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11

AGOSTO,

45

EL MUNDO.

1895.

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.AQUJ TIENEN A UN CUICO Ql'E HA DEFENDIDO CON SU SANGRJ.;, .Q.TA TARDE, Mf HONRA ULTRA,IADA.

PERUCHO, NIETO DE PERIQUILLO.
POR UN DEVOTO DEL PEN8ADOR MEXIC.A.NO.-Uustrn&lt;•lone~ de IZAGUIRRE.
( CONTINUACION)

Diana, cuaaro por
( íl1"1.1l&gt;&lt;11fu 1-11 fot tnlit-r1J&lt; dt

e. Perraut.
· J,.:t }foml&lt;,.

,

( 'ualquiera &lt;¡Ul' copiando df" ot,ros libros publica
uno que llama nuevo y metódico aprendizaje; si cuenta con amigos de influencia, logra que se lo cleclanm
texto, lo e.xplota hasta cansarse, lo vende como el pan
y causa en la. juventud más estragos que el cblcr:tBueno es que nuestros sabio¡, y nuestros pedagogos
escriban lo que aqui hade estudiarse, pero si sus obras
no aventajan,~ las que en otras naciones se tienen por
buenas, si no les superan, es necesario no aeeptnrlas,

porque el patriotismo estriba en amar bien á la Patria
no en propagar la ignorancia y el error entre sus hijos más jóvenes.
Pero ya se ve; reformar es mejorar y no entiendo
que se llame Reforma á lo que no reconstruye ni mejora lo que existía.
Y Don Emerenciano) suspirando, fijaba sus ojos en
muchos libros amontonados en su mt!sa.
Alli esta.u los textos de Fulano, de Zutano, de Meu-

gano; 1oR autor('S son muy buenas personas,~de'" trato
muy tino, d&lt;' posición brillante, pero señoriyotambién
sov fino y dt• buen trato y no puedo escribir dos palabras sobre mineralogia, ni sobre medicina. y si por
ser compañero y amigo intimo del Doctor X, ó del Ingeniero z., Directores de esas Escuelas, me comisionan
_para escribir los textos de sus alumnos y los escribo y
me los aprueban ¿qué resultará, Dins mio?
-Ah! los textos! los textos! Ya escribe sobre urba-

��18 AGOSTO, 1895.

EL MUNDO.

48

==-·

PRENSA MEXICANA.
Págfruu sxtram-dinaria.,.

1..,..,.... -- - · ,.,.............

DIREC!Ol: GIRLOS ROUJAi!AO.
•Pnn'A.l:IO POIITJit. Nw.; Al,

TOMO l - NUM. S.

ELGLOBD
- MEx1co,

VlERN~ 9 DE AooSTo

oe 181/li.

Tomo II.-N(unero 7.

litJ(fJG\\t:Dt!I w,a~a~Tm11t1:aaQ~e1aa11111l

OR~inaa, Af:uila num. 12.

EUSEBIO

DOMINGO 25 DE AGOSTO DE 1895.

smm yCOMP., Efüo~s.
Tu.t:f'O.'.'lO .,.., 6'6,

j¿;OJ

PRECIO! 3CENTAVOS.

ÍoJ

1

¡

!

(!oronel q:rancisco Romero.

Gral. $ós!enes Rocqa.
(.fuei de campo en el duelo.)

l!ic. {b2anuel

ae la J{oz.

(,Juez dti la causa. )

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Páginas extraordinarias, 1895, Tomo 2, No 6, Agosto 18</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>18 AGOSTO, 1895.

EL MUNDO.

48

==-·

PRENSA MEXICANA.
Págfruu sxtram-dinaria.,.

1..,..,.... -- - · ,.,.............

DIREC!Ol: GIRLOS ROUJAi!AO.
•Pnn'A.l:IO POIITJit. Nw.; Al,

TOMO l - NUM. S.

ELGLOBD
- MEx1co,

VlERN~ 9 DE AooSTo

oe 181/li.

Tomo II.-N(unero 7.

litJ(fJG\\t:Dt!I w,a~a~Tm11t1:aaQ~e1aa11111l

OR~inaa, Af:uila num. 12.

EUSEBIO

DOMINGO 25 DE AGOSTO DE 1895.

smm yCOMP., Efüo~s.
Tu.t:f'O.'.'lO .,.., 6'6,

j¿;OJ

PRECIO! 3CENTAVOS.

ÍoJ

1

¡

!

(!oronel q:rancisco Romero.

Gral. $ós!enes Rocqa.
(.fuei de campo en el duelo.)

l!ic. {b2anuel

ae la J{oz.

(,Juez dti la causa. )

�25

1

ELMUKDO.

50
==

AG◊BTO,

1895.

==

Páginas Literarias.
Se debiera refrenar
:Mostrando sus opiniones,
Porque hay ciertas expresiones
Que se deben ca~tigar
Un cielo crepuscular,
l:n aire que manso juega
Y un gran barco que navega
Imponente en alta mar.
Escuchad con atención,
Que están diciéndo algo grave
Los mejores que en la nave
Forman la tripulación.
-El duelo,-grita violento
Un joven -es una ley

Que al pechero con el rey
Iguala en cualquier momento.

1''
1

i
1,
'

Es la prueba del valor,
La justa de la lealtad,
Crisol de la dignidad
Y el espejo del honor.

-Qué opináis?-preguntó ufano
El capitán á un diE-tcreto
Yiajero, todo respeto,
De barba y cabello cano.
-Yo, respondió sin alarde,
Del duelo soy enemigo.y añade el joven: amigo ... .. .
¡Porque seréis un cobarde!
El anciano sonrió,
Y sin turbarse confuso,
Puede ser muy bien, repuso,
Sabéis mucho más que yo: .

\

l

Pero un jo\·en tan valiente
Que viaja en mar borrascosa
Con una hechicera esposa
Y una chiquilla inocente,

- Yo sostengo cuerda ó loca,
Con suerte ó sin esperanza,
C'ada palabra que la11za
Mi corazón por mi boca.
Y no es jactancioso alarde,
Os lo digo sin recelo;
Quien odia 6 rechnza el duelo
Es á mi juicio un cobarde.

y las sufre y las afronta
y las vence r las domina,
Sin hacer de bravo gala
y sin que su arrojo asombre.•····
Hace má!'I que frente á un hombre
Cambiando altivo una bala.

-¡BraYa razón! ¡buen hablar!
Agregó el mozo mohíno,
y siguieron su camino
Navegando en alta mar.

II.

El Yiejo1 sin reparar
En tanta ofensa imprudente,
Dijo: respeto al valiente ..... .
Capitán: voyme á explicar.

Lento corre día tras día
y al buque en marcha violenta,
Lo sorprende una tormenta
En la noche mas sombría.

Haciendo en la historia acopio
De duelos, he deducido
Que más que el honor herido,
Los resuelve el amor propio.

No da tiempo 1t abandonar
La cubierta á los que estaban
En ella y que no esperaban
U na asechanza del mar.

El batirse es brava acción,
Pero en llegando á admitirla,
Kas impelen á cumplirla
El nombre y la educación;

El mozo y su compañera
Bañados rostros y ropa,
8e refugian en la popa
Con una nifia hechicera.

Y por deber 6 capricho,
Los que á. batirse se obligan
Temen más á lo que digan,
Capitán, que á lo que han dicho.

\'ira el barco, pierde el tino
La niña, resbala, cae,
Rueda, el abismo la atrae
Y Je abre la mar camino.

~las hay en la vida escenas
Tan graves, tán imponentes,
Que á los hombres más valientes
Hielan la sangre en las venas.

Rompe la madre á gritar
Cual loca desesperada,
Y el mozo no puede nada,
Porque no sabe nadar.

Y el que sereno camina
Y les da salida pronta

En tanto salta liviano
Un hombre sobre las olas;

Estaba sentado á solas
En la borda, era el anciano;
Que lanzando un grito fiero
Que resonó en la ex.tensión,
Dijo: echad sin dilación
Una boya marinero.
Rompiendo el cendal de bruma
Que la noche extendió espesa,
Logra al fin hacer su presa
Entre montañas de espuma.

•
••

-Paréceme- insinuó iiefisto-que hablaba usted
de Elena.
-De Elena, sí: la mujer prototipo, la mujer ideal;
carne y espil'itu quintaesenciados, sabia, hermosa,
buena, amante y fiel .... . . -exclamó Jaime animándose gradualmente.
-Poco a poco - interrumpió 1fefisto.- La mujer
prototipo, serla inteligente como un querubín, amo•
rosa como un serafín, (ya ve usted que no odio á mis
antiguos compañeros ), hermosa como la Venm, manca ...... pero fiel, vamos, eso no entra en los componentes .... O no pide usted una mujer! Ha olvidado
acaso el Pragility 1 thy name ú woman, que yo inspiré
á Shakespeare? Por lo demás, la fidelidad no es necesaria para la dicha .... . . créalo usted: la mujer es
adorable porque varia . ... Souvenf la femme varie,
escribió el Vencido de Pavía.
-Jfalhe-ureux qui se /ie-añadió Jaime, completando el di~tico.
-Al contrario, amigo mio; debe 'U.no fiarse, fiarse
siempre; el engañado es el gran feliz . Todo en el
mundo t'S engallo: el amor no es mas que un engaño
de la naturaleza para la propagación de la especie.
-8in embargo .... En tin 1 prescindamos de la fidelidad con tal que me haga usted duello de ei;a mujer

Y cuando al buque tornó
Con la niña entre sus brazos 1
Después de romper J.:,s lazos
Que el abismo le tendió,

El joven ante el anciano
Se arrodilla enternecido,
Y le pide agradecido
Consienta bese su mano.Qué queréis que yo os exijaDijo el viejo-ganó el cielo;
El mar me propuso un duelo
Disputando á vuestra hija.
Tuve el duelo que aceptar,
y ya lo veis, he vencido:
¡Por ,,uestra hija me he batido
Arrancándosela al mar ...... !
Sigamos en paz los dos,
Yo tan sólo acepto un duelo
Sin más testigo q ne el cielo
Ni más padrino que Dios.
JuAN nE

i d t&gt;al.

Oros PEZA .

-¿Qul• hacer?-se dijo, como continuando un mo- rue, le presentó, en artística bandeja de cl"istofle, una
tarjeta.
nólogo iniciado in peto.
.
Nuestro h~roe levo:
Pn•gunta que carece de respuesta, porque, quien
~ ,1\fofistófeles,»
.
.
la formula 1 está siempre resuelto á no hacer nada.
NOVELA POR AMADO XERVO.
nombre
litografiado
primorosamente
con
tmta
roJa.
-De.spués de todo, prosiguió, la vida es upa so·
lemne necedad: se levanta usted, se viste usted, al~
CARTA PROLOGO.
"'**
muerza usted, hace l.lsted visitas 1 come, charla1 ll\ei
Jaime sonrió desdeñosarnente :" elijo al criado:
duerml' ... . y- se fastidia usted.
-Introduce á ese caballero.
Tras esta tirada de palabras 1 vino una pausa.
Sr. D. Manuel Larrañaga Portugal.
Momentos después, entraba á la pieza el hombre en
Durante ella, Jaime miraba e:1 techo, la calle henPresente.
chida de gente. Empezaba á llover y, como bongos cuestión.
.
Era alto y delgado¡ vestia jaquet ~· pantalon negr~s;
siniestros, se multiplicaban los paraguas. Tras los esHermano:
su fisonomía era en extremo agradablei. p~es aun
Te remito esta obrita espe1;ando tu opinión acer_:a caparates de las grandes e.asas de comercio incen- cuando se advertla en sus ojos cierta obhcm~ad exlos globos de la incandescente. La luz de
de Elena. ¿Es la nuestra? Tu sa?es que la pequena diá.ba.nse
traña,, no sé que expresión de maligna astucia .en la
arco guiñaba un punto su ojo azulado y bañaba en
novela, que ignoro si será mala .o buena, (lo. cual no seguida
nariz U.filada, los labios rlelgados y bre,·es, el b1gote
de
fe.erica
c1aridad
las
aceras.
me preocupa), fué inspirada por una soberbia dam~,
retorcido hacia arriba y la pera rematada en fina punQué
serie
de
observaciones
siguió
eslabonando
la
soberbia por su hermosura.y por su .orgullo, que pas§a mente de Jaime? El que esta historia narra lo igno- ta, sobre todo aquello flotaba una sonrisa amable, capor Plateros {1. la hora clásica, sonne aute los murmn· ra. Ello es que los lábios del jo,·en plegáronse con
si bondadosa.
.
1
Uos de admiración que hace surgir al paso de su l~nJaime se puso en pie y tendió la mano l'\J rt•c1l•H veM
da y suele pr emiar con una mirada nuestra adm1ra- desdeñosa expresión y después dejaron caP,r esta exnido que la estrechó cordialmente.
.
ciól~ irónica. La conoces bien y la conozco. ~a amaste clamación extraña:
el Diablo!
-Sientese usted-le dijo, señalándole una stlh~ del
bah!..
-El Diablo.
y yo suelo hallarla encantadora. Ahora bien, lee ~·
vecino estrado y ocupando él otra, en frm1te de aquella.
lueo-o rrsponde á la pregunta:
Mefistófeles se sentó.
El l&gt;oceto es fiel? es ella?' es nuestra Elena?
Se conocía desde luego que era un hombre eleganTu afmo.-A. Nervo.
Ha y 11\isteriosas asociaciones ele ideas.
te y aseado. La pechera de su camisa albeaba Y en el
Jaiine continuó probablemente pensando en el fascentro parpadeaba con rojas fulg·uraciones un magtidio; tal pensamiento trajo esta reflexión: cla vida es
rubí.
•• t
J
mu~' pesada;, vino luego estotra: ,d a eterr.idadi nifico
Jaime sacó su petaca1 y ofrecien~? ú su vunta n e
uffl qui'.- tediosa!, y después esta Ultima: ,el Diablo, un rico veguero Y tomando
él otro, dlJo:
?
•TAIME.
si existiera, SP .fastidia.ria más que yo.,
-Pu&lt;".do saherw con quien tengo el honor de h3:blar.
Habló entonces el desdPn incrédulo ~- dijo:
-Ya lo ha visto uste&lt;l por mi tarjeta, con el ~1~blo.
-El Diablo! bah! el Diablo!
Volvió á son reir Jaime, y su interlocuto~, a~~vmanM
hermoso, en las tardes gr_ises y hela.das de
El monólogo sig'uió en alta ,·oz:
do lo que sigµificaba aquella sonrisa, prosigurn:. lo
Febrero, arellanarse en comoda chaise-lon, Por lo demás, el Diablo debia exhitir; existiendo
-Lo duda usted, es claro; yo en su l~gar harta
gue, tras los cristales. de una .gran ventana acudiria
al llama.miento de un hombre de este i-iglo mismo; pero_ voy á testificarle que: no m1en~o.
que da á bulliciosa vrn. y, tcmendo á lamav podria uno cultivar relaciones con Él: personaje ins•
y le refirió, punto por punto, su pemmnnento ante·
no, sobre leve mesita de la~a 1 u~a ta~~ llena de 1.•xc~~ iruido, de experiencia, liebre corrida,~· por ende, alrior con fidelisimos rletalle.s.
lente café, dejar que la 1magmac1on vagabm_1d~e
J~ime. asombrado, atónito, escuchaba, y cuando el
más que un gitano aventurero y que c.l orgamsmo tamente sugestivo l!. interesa.ntC'. Yo, en presencia del
Diablo, le pedirla algo bueno, algo mejor que la jn- Dia.blo t~rmino, todas sus dudas se habían desvanetodo, experimente el ~nme~so bi_en estar que propor- vcutud
C'terna¡ lo que Fausto pidió cuando Fausto tucion~\ una cámara tibia. b1en ohente.
cido.
De tales ventajas disfrutaba, en la hora y pun~o en vo más seso: á Elena. •
.
:
Elena
es
e.l
ideal
encarnado:
la
Yenus
de
Cleomeno
que ten ero el honor de presentarlo á. ustedes, el ,1oven
Don Jai~e Alvarez de la Rosa, soltero, de treinta Y con el alma de Ofelia; la Vénus mortal, con las ternu-Usted imao•ínaba-continuó Mefisto 1 (le llama:r
ra:-; apasionadas df•. Hcros, la coquetería inmensa
tres años rico, sólo y fuerte.
.
mas así para 1::ayor brevedad, )-qnC' rl Diablo, da ~
de
Ninon,
el
valor
de
Judith,
la
constancia
de
Pen6Á. tal ~dad el buen Jaime había re.corndo Y:1- el
la voz de las sirenas mitológicas, los refinamien- que existiese, debia ser un m01~t-truo,. de alas mem
planeta en todos .sentidos; habíase enamorado n~mte lope,
branosas v velludas, color cetnno, OJOS llameantes
tos
de
Aspasia, la . . ..
veces lo menos, siendo amado unas y otras no, como
y .... apé1l.dices cartilaginosos, (hablo asi por decenJaime se df'tuvo para tomar aliento.
sucede. á todos lo:; mortales.
.
cia) ,. le sorprende encontrarse con un hon1:bre e~e;
Elena,
prosiguió,
Elena
y yo 1 haríamos el maridaje
Inteligente, artista, hombre ele mundo, Jamás :;e ne- exc.elso t\el hombre-rey con l-a mujer-arquetipo .. . .
O'anie v correcto .... Que quierC' ustPd, ~uiugo nuo.
gó un placer, por costoso que fuese.
.
. . _ Oh, Satán, si existieses .. . . si me die.s es a Elena ..
~odo 0Yoluciona. Desde el abori~c.n basta el gentl~En la actualidad, sin embargo, la mlel ,d{' t&lt;lles )
vian, ¡qué inmensa cadena, ,·erdact? . Y?. la he s~g
sería tomo Dios!•
cuales goces demasiado fuerte~, .empalagabale.
do . . .... El Diablo, en los tiempos prnmtivos, fue 1 e_
l)íchas
apenas
estas
última,¡
palabra!;,
la
puerta
de
pezaba á sentir el ,·ugo del fast1d10, y, .aq~ella ta1de, la cámara se abrió y un criado, aproximlmdose a Jai- lial; en la edad media 1 Sataná.s. .
hoy es Mefisto,
en el espacio de cfnco minutos, bostezo cmco veces.

LA DIABLESA

1

~T

I':m·

========

viste frac , dice madrigales y no bebe fuego sino cogM
nac. ¿Qué le parece a usted?
- i Admirable!
- Ahora bien, yo no he podido desairar el llama•
miento de usted. He venido pues.
Jaime, presa ,_;e estupefacción inmensa, dudaba si
debia pedir socorro ó seguir aquel diálogo maravilloso.
l\lefisto adivinó, como de costumbre, sus terrores y
le dijo:
-No tema usted; le a.dvietto en prim ~r lugar que
no vengo por su alrna1 no la necesito. Soy espléndi do y me agrada hacer favores sin IH~dir recompm1sas.
Jaime se tranquilizó.

t:

-Lo sed. usted .... Haré mas aún: el dia que ella
lo engalle, la hart' desaparecer de su presencia para
sie111p1·1.•.
-Si no es que antes la cxtrangulo ..
-Ei;tiL bien; me retiro.
-Pero ¿dónde l~ncontraré á esa mujer?
-En cualquier parte: en el teatro, en la calle, en
un !:i&lt;llon ..... .
- Y para distinguirhi?
-Ah! su corazón le diril. "¡ Es ella.!" Lo clemús corre de cuenta de usted. Adiós!
-Qué, no ,·olveremos á vernos?
-Acaso.
-Entonces, ha:;ta luego.
Y Metbto, cogiendo de las manos del criado .que
acruardaba en la antesala, su sombrnro y su abngo,
b~jó tranquilamentt', las escaleras, perdiéndose d~spués entre la multitud que llenaba la vía.
11
Mcfisto.

. Sigamos á :Metisto como Jaime lo :;;iguió: (!11 cspíntu.
Tras recorrer numerosas calles, detúvose ante un
palacio de arquitectura extraiia, edificado en silencioso barrio.
Era una gran construcción rectangular, levantada
sobre vasta plataforma á la que daban acceso cuatro amplias escaleras.
Entre los bordes de la platafnrma y los muros, crguianse colu~nas esbelt_as rle ~fu·mol ne~ro, eoronadas por capnchosos cap1tcles. En el vest1bulo lascolumnas se encorvaban graciosamente, como la rejilla de la visera de un casco y lucían en el rema.te monumental cimera de granito rojo pulido.
Mefisto franqueó aquel vestíbulo ::,iloncioso, llegó á
un patio arábigo, ele arcos ca.lados como filigranas;
ascendió p )r la monumental escalera hasta la planta
alta, siguió por un amplio corredor~· se introdujo por
fin en recria sala maravHlosiunentu tapizada v alumbrada, o~tentando en las paredes panoplia-; y 'érof'eos,
donde se cxhihian, desde la corta y ancha espada
griega hasta. la pesad~i. tizona medi~ eyal, de euruohe&lt;'.idos gaYilanes, hoJa. labra.da y flex1blt:', y caballeresca ley&lt;•nda¡ desde el espadín de coree, ag-u~o y relucient&lt;", hasrn ol corvo yata.gan de cacha. cua.1ada de
pedrería; destl.H el trabuco pesado y áspero, hasta el
ligero fusil moderno; desde el puñal damasquino hasta la daga italü1na1 triangular y pequeña.
~efisto atravesó rápidamente la gra.n sala y entró
á la pieza inmediata.
Era esta una especie de labora.todo: alambiques,
retortas, probetas, crisoles, reactivos . .. . ya sabéis!
Abi, se despojó de su sombrero y de su abrigo y
echó sobre su traje una túnica roja.1 de un rojo retador, llameante, verdaderamente rnefistofélico.
Entonces se transfiguró, apareciendo en toda su fantástica belleza.

***

-Oh Dios-dijo alzando los soberbios ojos- yo
también sov Creador. Tú creaste á Eva, siimum. de
perfeccioneS; yo creari'.• una mujer única, esplendente,
casi divina¡ le infundiré mi esplritu lleno de :mbiduria, de fuena y de sensibilidad. Será tan hermosa. como Venus, tan augusta como Juno; será mi hija ....
se1·a In Diablesa.

51

EL MUNDO.

25 Aoosro, 1895.

Paso por alto los procedimientos que :\Ie.fisto inició
tras este disl'ursu¡ cómo fné me:.Gclando l'itrbonatos y
fosfatos, innúml•ras substa.nl'ias orgirnicas, g..tSt!s sutiles, lograilllo el 1rn'ts perfecto maridaje de lwtProguneos elementos.
No intentaré describir comofuésurgiendo de lapenumbrn vaga de la estancia, ~mate, indecisa 1 sideral,
fiotante, la mllj{•r ;1,rqur,tipo; cómo :\fofisto estrechó con
afecto supremo á a4 u ella. su hechura contmsu l'Or.\zón
y cómo, isoplaudo levemente sobre sus lahios á imitación de su Eterno em•migo, dijo la palabnL mistcrio,m
de la creacióu.
E11tonces una luz de. apoteosis llenó la estancia, luz
que foé poco ¡~ poco condt•nsándose hasta quedar re•
ducida ;'¡, nimbo vago que flotaba en rededor de aquella cabeza femenina, inmensamente tentadora.
Metisto coutempló un momento sil obra con mirada
que era una infinita caricia. Luego dijo:
-Te llamarás Elena., nombrr qut~ Rintetiza todas
las gracias.
Ella sonriP.
El la contempló aun y clamó:
- Empieza tu gloriosa existencia: a1Hla ! ;u1tla !
La Diable~a echó hacia atrás el soberbio caurlal de
sus cabellos negros y, claYando su mirada en la de
)1efisto, murmuró con ,·oz de eólica arpa herida por
el viento tina.ve d~ la tarde: Gracias padre mio!

ELENA.

Nos encontramos en un salón de baile, t't•(•ricamcnte
iluminado. Amuéblelo y dccórclo el lector ~wglln lai;
exigencias del mod(~rno estilo y evítemP asi la tarea
de entrar en descripciones enojosas.
El ama de la casa, como dirfa un cronista, hace con
exquisita cortcsanfa los _honores de la misma. Se han
dado cita tthí todas las aristocracias: la de la belleza,
la de hi banca, la ele los pergaminos y la del talento.
Jaime asiste á la fiesta y conversa tranquilamente
con varios amigos en un extremo de la s,ila.
De pronto se oye un rumor leve 1 pero general; nótase cierto movimiento en los. concurrentes. Jaime
vuelve la cabt•za, mira y 1:1u corazón se encoge, presa
ele impresión inaudita.
Hay una muj&lt;•r divina ante sus ojos; ca.:.í no ht ve,
la siente ..
La mujer ava.n:.Ga, la precede la dueña dP la man•
sión, el perfllmado f'rn f'ru de la seda se acerca.
Jaime entonu los párpados y pierde. la noción deJ
tiempo, del lugar, de todo ...
De improviso siente que una mano leve se posa sobre su hombro; mira de nuevo: la dueña de la casa,
llevando dd brazo á la mujer visión, dice á Jaimt•,
sonriendo:
-La Sei1orita Eh-na!
Jaime va á. caer; merced á un esfuerzo poderotrn, se
detiem~, se indi11á, murmura un cumplimi(•nto y lu.s
clama-.: pasn.n lrntn.mrnte anw sus ojos, corno lns ,Íl1gc·
h•s lit· la 1uist.ka 1·scala1 ant~ Jacob.
~li1s tarlle, ;u-rebatados por el vl•rtigo del vals, Ele·
na ,. el a.migo del Diablo, rondaban en aquel salón
inu~Hlado du aromas y parpadeos de pedreria.
Se hablan comprendido hin que mediase entrambos
más que un diálogo tan breve como extraño:
-Señora.-habia dicho Jacobo-te esperaba.
-He venido tarde?
~T,.,.,·dr-, si 1 porque quince años de juventud se fueron sin verte A mi lado.
-Pero aun ha,· mucha vida enfrente.
-;.Erus mía? ~
-Turn,.

- :)I~. amas?
-Tl1 ;idoro.
8c h:tbian comprentlido, isi 1 y dé tal sue1·t~, que antes dt! liUe unii t'rn,-;e saliese lle los labios de Jaime,
Elenii h~ escuchi.iba en el fondo de si misma. Con intuició:1 asombrosa segl1ía su cspiritu las mis ocultas
sen-;aciones d(~ su compa!lero. Era la. mujer-m1iga 1 la
muier Unica 1 la mujc&gt;r- prod-igio .
El efímero enlace de aquel vals, debía s&lt;~r preludio
del intimo enláce de aquellos dos des ti nos.
Al despedirse, Jaim e murmuró al oido de Elena:
- Mañana serás mia.
Y Elena respondió sencillamente:
-Mañana.
Jaime encuentra que. su felicidad es infinita.
Suya!
Ha estrechado conka su corazón aquellas formas
augustas. Más feliz que Prometeo, acaricia á la mujer animada por luz divina.
Suya!
Se siente lDl'O. Sl1 asombra de que su alma no se
haya difundido, escapado, cuando mariposeó en sus
labios durante el momento innenarrable que duró el
primer beS'O.
Vive como flotando en el ensueño¡ parécele que
vaga por espacios salpica.dos de puntos de oro.
8uya!
Se arrodilla de vez en cuando ante ella. que, en actitud soberana, descansa en un diván; descálzala y
toma entre sui; manos los pies aporcelanados, con
uñas ele nacar, semejiintes á los del Dios niño; los besa y no se atreve á más.

==

Ella lo mira dulcemente y i;u mirada dice: "sube
hastamh.
Y asciC'nde ... . .. .
Luego-es cierto! luego posl~c á la muje1· Diosa; lueM
go el hleal ele todos los pueblos ct1ltos 1 art.istas, saña•
dorC':-, ha encarnado para él.
Yueln! á sumejirse en homlo asombro ~· oprime á
la Diosa entro, sus brazos, temi&lt;:&gt;ndo qut' MC vaya con
&lt;!l último rayo del cn~púsculo que tifü~ 1lt• rojo y gual•
da tos cristale.s; que se desvaneZca con el humo gris•
perla dt•.1 pe~etno 1 donde el a.loe, el dnamomo y la
rnirrn, funden sns gomas y sus olore;,,.
Oh! connubio excelso, connubio glorioso y triunfal!
Jaime goza~' los afias agitan su~ impalpables alas
sobre su frente, contemplan su dicha y s1•. van

•
••
Una mañana ele primavera, cuando el alba entreabría apenas en el oriente su abanico dt~ nacar y oro,
Jaime despertó.
La mitad de su lecho estaba vacía .....
¡,Porqué una horrible sosprcha mordió su espíritu?
;.Porqué, vii;tiéndose eon premlml, salió al jardín,
pálido y agitadot
¿Qué extraflo presentimiento k• elijo: «inquiere, busca; algo hallarás por tu man&gt;, . . ..
El jardin estaba hundido aún cn la penumbra matutina ....
.lunto ¡~ la verja se moYian doi, bultos it. los que la
es(·asa luz prestaba grandes vague.-tades.
Acereóse con cautela, tocando aprna.."i (•l cesped y
t~trnndo estuvo á dos varas de hi pan~ja, reconoció á
Elena y á su intimo amigo .. . . Juan. (En las novelas
ha,v siempre un Juan).
&amp; acariciaban al amparo tkl crepllsculo y de los
rosales ... cómplices de aquella iniquidad.
Rugió como fiera herida, clió un paso más, e:xtendiendo los brazos, pa.só una. ola de sangre por sus
ojos ~r ca~~ó como un fardo sobre la arena.

•*•
Volvió á su acuenlo: Eil.'na había desaparecido,
acaso con su amante! . ....... Metisto l'staba á :;u lado ,. sonreía.
J'aime lo increpó:
- Infame ¡me has hecho infoliz!
-Porque? Te&gt; he dado lo inmortal en lo efímero; el
amor, que es intinito 1 eil d tiempo.
Te ha. engallado y ya no la vt&gt;rás ...... Cumplo pu&lt;'s mi promesa ...... De otra suerte hubiera ll(\gado el hastío ... .
A.si conservarás, junto al recuerdo de la. traición, el
recuerdo de un bien perdido ....
La mujer e:,; adorable porque rarfa .
,Jaime sonrió amarganwnte.
- Vale pue~ bien poco Elena.
-Menos valt&gt;n la gloria, la fortuna, ~· sin f'mbargo,
los hombres sP n_1atan por obtenerlas .
8ouaron las ocho, y Jaime sacudió la frente; 1mro
&lt;·n rededor: )lefisto habla desaparecido como Elena.
Murmuró: ¡Cuantas necedades piensa uno cuando
no tiene l'll qué pensar!
Y siguió contemplando, tras los cristales, la via,
donde el bullicio continuaba é iban y venían los paraguas corno hongos siniestros, ó como membranoM
so:1 vampiros, que abriesen sus alas en el espacio, heM
rido por la luz de los focos y rayado por la lluvia ....

NERON.
Colérico, terrible y sanguinario,
sntúnica deidad del desenfreno,
reina por el puñal y el veneno
al rumor del aplauso mercenario.
A m,1s de sus proezas de incendiario,
de cómico y bufón y bardo obsceno,
es cruel a7.0te del pudor ageno,
y de su prophl. madre victimario.
Esclavo de sus lúbricas ¡&gt;asiones,
arrastra su existencia, envilecido,
al arrullo de orgiásticas, canciones;
más del pueblo romano aborrecido,
cae al peso de horribles maldiciones
con la pompa grotesca del bandido.
RAJo"AEL DE LOS R1os.

Qfnt.en~rr ti mntt~tt.
Conozco yo á. unos cuantos caballeros
de los que siempre he oído,
de justicia, bondad, moral y orden,
mil calificativos.
Hipócritas que fingen y especulan,
diciendo van :i gritos,
que son los udefensort--s mús constantes
de los sanos principios.
Y es verdad. Con el fruto de sus robos,
sacian el apetito
y haciendo funcionar ,i las mandíbula.~,
cumplen lo prometido.
No extrañéis su constancia en la defensa;
el por qu,é es muy sencillo:
los bistecks y las magrJ.s con tomate
1-lQ.n ~us $attos principios
MAXIMILIANO T11ous.

�25 AGOSTO, 1895.

EL MUNDO.

52

53

EL MUNDO.

25 AGOSTO, 1895.

_,,.,;-,,.,e:;·b·

?!le.Jt~qo.1 oe Loo comhatiente.).

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~ 1·"'.---

'

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$•naaor G!polinar (rastillo.

$•naaor \!auro (rarrillo.

(Teetigo de Verástegui.)

(Testigo de Romero.)

Á LA VOZ DE ?irAJ'.11'1)0, TRABAM.0:S fu".-CARNIZADA RIRA LOS DE FOREY Y LOS DE GONZÁLEZ ORTEGA.

PERUCHO, NIETO DE PERIQUILLO.
POR UN DEVOTO DEL PENSADOR MEXIC.A.NO.-Ilustraclon.es de IZ.A..GUIRRE.
( OONTIJ\~ACION)

Diputaao Namón Priaa.

$r. roanuel 13arro!o.

(Testigo de ,~erástegui.)

(Testigo de Romero.)

•

Ha hecho muv bien el Presidente expulsando á todos esos gringOs que creen en los mochos, en su 1'eDeum y en el derecho divino; ha hecho muy bien en
expulsar al nuncio apostólico y debería colgar de cada farol un ensotanado.
-Sin embargo, en ciertas cosas de derecho internacional se debe andar con piés de plomo.
-Pareces un moderado en tus ideas; no señor; no
hay que curar las llagas cou aguas de rosa sino con
nitra.to de plata. Que se larguen todos estos gringos
y;si_se quejan que se quejen y si sus naciones man-

dan ejércitos á combatirnos, que los manden; si sefior,
que venganj tenemos muchas montañas, muchos bosques, mucho corazón y hay que afrontar el peligro
sin desconfianza, pues me parece que todos estos ministros extranjeros no eran para el Gobierno mexicano, sino los enanos de la venta.
-l3ravo! bien dicho! viva ifanuel, viva este indio
del Sur tan elocuente y tan liberal y que tanto queremos por sus grandes cualidades como patriota y
como amigo. Señores: una copa de coñac a la gloria
de nuestro Saint-Juste; á la felicidad de este hombre

que lo mismo pide la proclamación de la República
Federal como ruega que los cráneos de los mochos
emblanquezcan al sol, clavados en una picota.
--:-Si, r.epuso e~ General, este es mi hermano de coleg10; mi companero de sueños de juventud y lo quiero tanto como Perucho á Adolfo.
-Homb~e, Perucho, d~jo D. José, te hemos dado un sólo de politica pero no te importe; desde niño aprenderás
A.ser puro; po.rque aqui todos somospuros.-YvoÍv1éndose al criado que servia las copas le dijo: al niño
traele una copa de moscat(•l para que no le raspe.

��EL MUNDO.

56

25 AGOSTO, 1895.

PRE'NSA MEXICANA

~--

Página., extrao-rdinar!(U.

EL DEMéeRATA

DOMINGO 19 DE SEPTIEMBRE DE 1895.

A._.. DE .ALEJO OSORIO
Clall.e de :portae&lt;el,I.. nánl"- 82 y SS,

.

FftaR".
t.-4:lpllla
.
- de Slil
. .Vicelltt,--Jl[E.XICO,;

'l'roinla milrfranc•s•s''•nrporogrinaoión á l!ouraos .• ",.a pr0cos1ón
. •n •l Santuario.

Tomo II.-Número 8.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Páginas extraordinarias, 1895, Tomo 2, No 7, Agosto 25</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>Siglo XIX</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Coronel Francisco Romero</name>
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                    <text>EL MUNDO.

56

25 AGOSTO, 1895.

PRE'NSA MEXICANA

~--

Página., extrao-rdinar!(U.

EL DEMéeRATA

DOMINGO 19 DE SEPTIEMBRE DE 1895.

A._.. DE .ALEJO OSORIO
Clall.e de :portae&lt;el,I.. nánl"- 82 y SS,

.

FftaR".
t.-4:lpllla
.
- de Slil
. .Vicelltt,--Jl[E.XICO,;

'l'roinla milrfranc•s•s''•nrporogrinaoión á l!ouraos .• ",.a pr0cos1ón
. •n •l Santuario.

Tomo II.-Número 8.

�1~

58

Fáginas i:!,Herarias.
C!El lilrrtt bt ~ttt,tt.
A tarde lluviosa y tristísima del mes de Julio
de 18721 entré el cuarto número 13 &lt;lel primer
piso en el segundo patio de la Escuela de Medicina, en busca de mi constante compafiero de sueños·1 de
mi admirado y fraternal confidente en las aciagas luc has
de la vida;de mi amigo del alma, cuyo nombre escrito con
caracteres de luz, campea y resplandece en el cielo de las
glorias pátrias: del poeta Manuel Acui'ía.
Había en aquel ctiarto un catre de hierro, con delgado
colchón envuelto en viejo y hermoso zarape del Saltillo
y con una gran almohada que servía más bien de respaldo á cuantos allí querían en moruna post,ura leer versos
ó escuchar los del autor del Pasado. Había también algunas sillas desvencijadas y cojas que obligaban á estu•
diar las leyes del equilibrio y una mesa de noche sustentando enorme cafetera que pocas veces dejaba de estar
en ebullición; una cómoda negra, que hospedaba muchos
papeles y poca ropa; una tosca mesa de pino sin pintura
ni carpeta, sobre la cual 1 entre una botella de tinta, una
fila de libros y un enmarañado conjunto de folletos se
destacaba un cráneo humano, es decir, lo que el v~lgo
llama una calavera.
Aquel crá.neo, que alguno debe de guardar todavía
era el tesoro, la principal riqueza del duefio del ~uarto'.
Su historia no deja Je ser interesante.-Acui\a se encontró un día en el anfiteatro de la Escuela, un cadáver recien traído del hospital y que le sorprendió por sus enormes dimenciones.-Mira, le dijo al pelón (así llamá.bamos
al criado er.cargado de traer del hospital á la Escuela y
llevar luego de la Escuela al cementerio, los muertos destinados á la plancha)-mira qué ejemplar tan hermoso;
prepárame este cráneo y yo te lo pagaré como quieras.
uAI cabo de algunas semanas el pelón entregó al inolvidable estudiante, un hermoso cráneo, limpio, blanquísimo, casi l)Ulimentado, y que como vulgarmente se dice:
daba gusto mirarlo.
Acufia me lo ensefió y me dijo: este será. mi mejor album! ya verás cuántos envidiosos ha de tener antes do
dos meses.
A las pocas noches-me acuerdo como ai lo viera-nos
reunimos en el cuarto ya descrito varios amigos intimos
del poeta.
Dos ó tres tazas tcscas sirvieron para que todos tomáramos café, aquel espeso café que llamábamos uel nectar negro de los suefios blancos1 )1 con sus gotas de aguardiente catalán, que era á. su vez 11el nectar blanco de los
snefios negros.u Cuando nuestras imaginaciones ya estaban excitadas, Acuña sacó de su cómoda, con la gravedad
de un mago que va áenseñar un amuleto, el cráneo consabido y nos dijo: aquí está mi album blanco y limpio nadie saldrá. de este cuarto sin haber escri~o sobre él un
pensamiento.
-Comienza tú, gritó alguno.
-Gracias, venga una pluma. y daré el ejemplo.
Antes de diez minutos; el cráneo ostentó sobre su desnudo frontal la siguiente cuarteta:
Página en que la esfinge de la muerte,
Con su enigma de sombras nos provoca
¿Cómo poderte descifrar si es poca
Toda la luz del sol para leerte?
Un aplauso estridente resonó en la estancia y Acuña lo
interrumpió, diciendo: pero esto es muy sério y es preciso que haya también algo que rompa la monotonía de lo
fúnebre.
-Tienes razón, contestó Cuenca¡ inicia tú el estilo festivo en ese libro de hueso.
Y Acuña, arrojando una bocanada de humo volvió á.
tomar el cráneo y con letra muy clara escribió sobre el
borde de la cavidad de un ojo: uDios y Compaüía ópticosn
Entre las risas y los comentarios, alguno le arrebató el
album y escribió:
Aquí, donde libre el viento
cruza con t-riste gemido,
se albergaron el sonido
y la luz y el pensamiento.
Hueso tosco, que en mis manos
Causas tristeza y horror
¿qué son la fé y el amor
entre el polvo y los gusanos?
Ah! eYclamó álguien, esto es muy filosófico; y tomando el album, escribió sobre el maxilar superior:
Los besos de amor que dí
en dulce y lasciva red
con carne y todo perdí,
y esto que me pasa á mi
tendrá que pasarle á usted!
-Bravo, eso es verdad; bravo, chicó!
Otro escribió dentro de las cabidades de los ojos, abarcando las dos órbitas:
Apaga y ...... vámonos
Un festivo escribió con grandes trabajos en la bóveda
palatina:

uDentaduras automáticas á perpetuidad
u¡Se ponen gdtis ......... !
Y en un abrir y cerrar de ojos se llenó de pensamientos aquel despojo humano.
Manuel Flores, el hoy Doctor y periodista, escribió con
grandes letras: ¡l\fi porvenir! y Manuel M. Flores el gran
poeta, puso mas tarde: H}fafiana ¡espérame!
Aquella noche se improvisaron versos, se dijeron discursos extravagantes, se habló de la gloria., del porvenir,
de la vida ......... ¡de tanto!
Cuando se disperBó el grupo, cerca. ó pasada hi media noche, Acuña quedó solo conmigo; vertió un pxo de vorato de sosa en la Hmpara de alcohol, la encendi0 luego Y
la puso junto tt su al bum.
¡Cómo se destacaban en la blancura del cráneo pulido,
tantos pensamientos recientemente escritos y cuyos caracteres parecían danzar con las oscilaciones de la verdosa llama!
-Todo se transforma!-cxclamó el poeta.-Antes le
hervirían por dentro ,los pensamientos, ahora los tiene
por fuera ...... mira cómo saltan, cómo suben, cómo se
Ueslizan, cómo se van ......
Cogió después entre sus manos aquel objeto extraño Y
me diju:
-Mira, Juan¡ tiene flojo un diente; podría yo arrancárselo pero se quedad. riendo y además le hará falta
'
¿no es verdad
que es un tesoro esta poleantea de b ueso.?
Siempre me decido á arrancarle el diente flojo¡ tómalo,
guú.r&lt;lalo, es un fragmento de este hermoso libro.
Creo que en aquella noche escribi6 Acufia una composición tétrica, de la que yo conservo algunos fragmentos
en la memoria:
-Oye, ven á ver, las naves
nt.in vestidas de luto,
y en ,·ez: de la.s golondrinas
estú.n graznando los bu ha:, ......
.El órgano cst.í. callado,
el templo solo y obscuro;
sobre el altar ...... ¿y la. Yirgcn
por qué tiene el rostro oculto'!
Ves, en aquellas paredes
Están cabnndo un stipulcro
y parece como que álguieu
solloza. y gime allí junto.
¿TLí sabe:3 qnién es el muerto?
¿Tú sabes quién fué el verdugo?
Respóndeme y ra no tiembles
responde ¿ese mfi.o es tuyo?
Mucho tiempo estuvo·ú la vista de todos, el curioso
crú.neo, pero.sucedió con él lo que con todo album¡ que
no faltó quien se lo llevara para escribir con todo reposo Y
no volvió :í aparecer en el cuarto del poeta.
Corrieron los año::i¡ murió Acufin; el cuarto en que vi·
vía, desapareció al modificarse el patio de la Escuela; pocos sabiamos 1a historia. del cr.íneo y yo conservaba entre
muchos vejeetorios del pasado, el diente aquel, arrancado por la mano del poeta.
Se trasladaron los restos del autor del ((Nocturno,)) del
panteón del Campo Florido, al de Dolores; algunos de sus
amigos tuvieron en sus manos el cráneo de Acuñ.a que
tan bellas concepciones encerr,,ra y uno advirtió qne tenía flojo, ú. punto de cáersele, un diente.
Agapito Sil ,·a, lo cogió entre sus dedos y sin esfuerzo ninguno se le quedó en la mano. Sin duda recordando la escena que describo 1 le ocurrió enviármelo como reliquia
de mi amigo tan llorado y con una auténtica, firmada por
varios testigos.
Al recibir tan raro obsequio surgieron en mi memoria.
los recuerdos de la. noche en que se inauguró el libro de
hueso; pensé en todo lo dicho y sentido entonces y con
los ojos húmedos, el ánimo enfermo, la imaginación poblada de fantásticas visiones envolví aquel diente, lo puse dentro de un sobre1 y escribí una carta que decía así,
poco más ó menos:
uA tí, que amaste al poeta, y te cautivaste con su genio,
corresponde esta reliquia, que ha estado guardad.a en el
sepulcro, cerca de veinte añ.os. De aquella boca encendida y ardiente que fué para tí un nido de arrullos y de ósculos, no queda más que polvo, y entre ese polvo los
huesos helados que no pueden ser indiscretos. Guarda el
que te envio, acércalo á tu corazón y no temas que te sorprenda esa reliquia el más celoso de tus amigos. ¿Quién
inquiere la historiad~ un despojo tan poco poético y tan
miserable?
Guá.rdalo como algo material de un poeta que te amó
muchÜ, tanto quizás como á su inmaculado recuerdo y á
su fulgente gloria ama tu antiguo confidente y amigo.
Iba yo á firmar la carta, cuando una voz me dijo muy
alto en la conciencia:
-El amor que se enciende en la juventud1 es fugaz y
concluye.
-¿Nada dura. en el pecho femenino? pregunté alucinado.
Y qué-me respondió mi conciencia-¿no vive aún la
madre del poeta?
Ah! sí! nadie ama como una madre: ¡Ya se adonde
puedo mandar esta reliquia!
JuAN DE Dios PBZA.
Agosto de 1895.

SEPTIEMBRE,

1895.

19

SEPTIEMBRE,

1895.

EL.MUNDO.
'g

¡Sombra, la sombra sin orillas, esa
Que no ve, que no acaba..... .
La sombra en que se ahogan los luceros..... .
Esa. es la que busco para mi alma!
Esa sombra es mi madre, buena madre,
Pobre madre enlutada;
Esa me deja que en su seno llore
Y nunca de su seno me rechaza ..... .
¡Dejadme ir con ella, amigos míos,
gs mi madre, es mi patria!

59

CJ&amp;.

/

•••

Qué mar me arroja? ¿De qué abismo vengo?
¿Qué tremenda borrasca
Con mi vida jugó? ¿Qué ola clemente
Me ha dejado en la playa?
¿En qué desierto suena mi alarido?
¿En qué noche infinita va mi alma?
¿Por qué, prófugo huyó mi pensamiento?
¿Quién se fué? ¿Qui~n me llama?
¡Todo sombra! ¡Mejor! ¡Que nadie mire!
¡Estoy desnudo! ¡Ya no tePgo nada!

•••

Poco á poco1 rasgando la tiniebla,
Como puntas de dagas,
Asoman en mi mente los recuerdos
Y oigo voces confusas que me hablan.
No sé á qué mar cayeron mis ideas ..... .
Con las olas luchaban ... .. .
¡Yo ví cómo convulsas se acogían
A. las flotantes tablas!
La noche era muy negra ... .. el mar muy hondo
Y se ahogaban.·... se ahogaban!
¿Cuántas murieron? ¿Cuántas regresaron
Náufragos desvalidos á la playa?
......... ¿Sombra, la sombra sin orillas, esa,
Es.'\ es la que busco para mi alma!

•••

Muy alto era el pefión cortado á pico,
Sí, muy alto, muy alto;
Agua iracunda hervía
En el obscuro fondo del barranco.
¿Quién me arrojó? Yo estaba en esa cumbre......
Y ahora estoy abajo¡
Caí como la roca descargada
Por titánico brazo.
Fuí águila tal vez y tuve alas ..... .
¡Ya me las arrancaron 1
Busco mi sangre, pero sólo miro
Agua negra brotando,
.
Y vivo, sí, más con la vida inmóvil
Del abrupto peñasco ... .. .
¡Cae sobre mí, sacúdeme, torrente!
¡F{mdeme con tu fuego, ardiente rayo!
¡Quiero ser onda y desgarrar mi espuma
En las piedras del tajo ........ .
Correr ... ... correr...... y al .fin de la carrera
Perderme en la extención del Océano!

•*•

El templo colosal, 1a nave inmensa,
Está mudo y sombrío;
Sin flores el altar, negro, muy negro;
Apagados los cirios!
Sefior, ¿en dónde estás? ¡Te busco en vano!. .... •
¿En dónde estás, oh Cristo?
¡Te llamo con pavor porque estoy sólo,
Comd llama 1\ su padre el pobre niño!
Y nadie en el altar! ¡Nadie en la nave!
¡Todo en la. niebla sepulcral hundido!
¡Habla! ¡Que suene el órgano! ¡Que vea
En el desnudo altar arder los cirios!
¡Ya me-ahogo en la sombra ...... ya me ahogo!
Resucita, Dios mío!

•••

¡Una luz! ¡Un relámpago!. .... . ¡Fué acaso
Que despertó una lámpara!
!Ya miro, sí! ¡Ya miro que estoy sólo ......
Ya puedo ver mi alma!
Ya ví que de la cruz te desclavas te
Y que en la cruz no hay nada.... . .
Como esa son las cruces de los muertos ..... .
Los pomos de las dagas ..... .
¿Y es puñal? sí, porque su boja aguda
En mi pecho se encaja!
Ya ardieron de repente mis recuerdos1
Ya brillaron las velas apagadas ..... .
Vuelven al coro tétricos los monjes
Y vestidos de luto se adelantan .. ... .
Traen un cadú.ver ..... . rezan .. .... ¡oh Dios mío,
Todos los cirios con tu soplo apaga ...... !
¡Sombra, la sombra sin orillas, esa,
Esa es la que busco para mi alma!
MANUEL GUTIERREZ Nb&amp;RA.

Octubre de 1889.

$rita. 6stl¡er Gonzáloz.

(GuCL lalu-Jnra. +

MI DOCTRINA.
La pena, amarga y el dolor, hastía:
la ilusión más gentil se descolora:
la noche impone límites al día
y á las tinicblas1 1a fulgente au~ora.
Todos somos hermanos: paso á, paso
hacia la tumba nuestro pje resbala;
y al fin de nuestro fin, en su regazo
1a muerte nos confunde y nos iguala.
Igual es nuestra senda: ocultas leyes
en la cuna nos dan fúnebre dote ·
'
y esclavos del pesar, párias ó re)•es
nos arranca el dolor un mismo eecoÍ:e.
Ni !am~, ?i esplendor: na&lt;l:a importuna
de m1 ex1st1r el rumbo transitorio;
que el oro, y el poder, y la fortuna,
son un sueño no más: sueño ilusorio.
No me rindo al dolor: lucho, medito
interrogo los tiempos, sus morales,
'
me elevo de la tierra á lo infinito
y hallo al monarca y al mendígo iguales!
Por eso, yo, si de sangriento lodo
me salpican los hombres, no me quejo:
lo lavo con .mis lás:rimas; y en todo
busco del cielo el mmortal reflejo.
Y Dios llega á mi sér, habla, lG agita ·
con influjo de paz lo regenera,
'
ilumina mi espíritu, y me grita:
Existe un más allá: ¡ lucha y espera!
Lucho y espero en Dios: con mis delirios
soporto alegre mi destino rudo .. ... .
Los hombres de 1r.i temple en sus martirios
tienen la fe por sahiación y escudo!
'
Joven soy, poco valgo y me desprecia
quien en el oro su valer consulta.·
y hasta la infamia, sin pudor y n~cia
loco me llama, cuando no me insulta'!
Ay! al sér infeliz, con rudo ultraje
hieren los hombres de diversos modos·1
pues quien no lleva el oro por ropaje
es una lepra, que lastiman todos!. .....
. Si hoy el m~mdo me ofrece por diadema
sierpes y hort1gas que laureles llama·
si en la injusticia mi existencia queO::a
y al torturarme su moral proclama ... .. :...
Aún puedo soportar del mundo impío
su saña y su furor: joven me siento:
del universo el porvenir es mío
mientras vibre en mi sér un per{samiento!
Si está la gloria á. la maldad sujeta
y el fausto halaiador de infamia lle~o,
prefiero la humildad, que no me inquieta
al manto de oro destilando cieno!......
'
En la amistad soñé: tras ella un día
corrí, veloz, en venturosa calma·
y al llamarla después, en mi ao-o~fa
medió en el rostro y me azotó°cn el alma!
¿Qué es el amor? Aparición divina
en la mañana del placer, hermosa:
y luego un sol que sin brillar declina,
fango en que el alma se envilece y goza.
Cari~d!-9aridad! fúlgida hoguera
que el bten difundes en las almas tristes
yo te he llamado en mi mortal carrera, '
¡en vano, en vano! para mí no existes!
Yirtud, S8:nta virtud! Cuántos oprimen
te rnvocan sm rubor, con lengua impía ..... .
Con tus destellos se dizfraza el crimen
y en tu falsa piedad la hipocresía!
'
Justicia, ¿en dónde estás? Si á Dios coronAA
y eres un astro que en el cielo brillas
aquft en la t~erra, al criminal perdon~,
Y la mocencta y la honradez mancillas.

$rila. ::Jsaura Gonzáloz.
La gloria es vanidad: luz qne fascina
subyuga, impone, y hasta el crimen d¿ra.
Y así como cresJ?Ones de neblina
'
en l.as alas del tie1:1po se evapora.
81 t~o es opresión, sombra y escoria
torpe mt-erés y criminal malicia
'
despr~cio el mundo, su poder, s~ gloria,
su c~mlad, tm amor y su justicia!
Aun pn~do batallar, joven me siento:
h~y en mi P.echo ins¡,iración y brío ..... ... .
Mientras vibre en m1 sér un pensamiento
puedo decir: el universo es mío
Pero si caigo al fin: si hado i~cundo
apaga mi canción y mi existencia
aún 9-uedará.~ mis notas en el muhdo,
refleJando mi nombre y mi conciencia!
BxusAmo l\fo.NCADA.-(Venezolano).

!a .Srita. Qratalina .lmn¡a.
uLa luz de tu mirar es la esplendente
Luz de la aurora inmaculada y bella...... 11
~iene razón J l!ªn de Dios Pez a. En la hermosa
mirada de Catalma hay la irradiación del genio que
es una ~!horada eterna en el cerebro humano.
C';ltalrna Anaya .es una artista incomparable en
~l p1a_no ~ en _los he11zos en que sus pinceles crean
o copian msp1rados cuadros. Ha concluido muchas
obra~ que son los mejores y más elocuentes testimomos de su valer artístico. Cuando toca1 están
en arrobador éxtasis los que la escuchan.
Es tan. hermosa y ~an modesta señorita, una joya
de la El"C!c1edad guanaJuatense.
Ca1;1t1va s1;1 educación exquisita¡ encanta su instrucción sóhda. y vasta; admiran su modestia y sn
dulzura. Catalrna no ha tenido otro maestro que
rm padre, y es un tesoro de ilustración.
Puede decírsele sin lisonja:
Los que hemos tenido la dicha de escuchar los
raudales de arf!lonía que tus primorosas manos hacen brotar del rnerte teclado del piano; los afortunados que hemos podido contemplar los cuadros
~ue ~maron form~ y color al contacto de tus pinc_eles, los qu~ adm1~mos de cerca tu virtud angéhca.; tus méritos altísimos; tu modestia incomparable, revelada en tus palabras, en tue acciones, eu
tu semblante, exclamamos con el cantor del hogar
La luz de tu mirar es la esplendente
·
Luz de la aurora inmaculada y bella
Y hay un nimbo inmortal sobre tu {~ente
Como el que envuelve á la primera estrella.
Guanajuato, Agosto de 1895.
L. R.

$rita. Qatalina Gnapa.
(Guanajuato.)

Guadalajara es una tierra pródiga en femeniles
bellezas.-Entre I:;s fúlgidas estrellas del cielo de
tan e~cantadora ciudad, culminan dos distinguidas
sefioritas.
Esther González fluctua entre esos modelos perfectos de la Veneciana. y la andaluza. Hay en su
obscura cabellera artísticamente desordenada sobre
su frente, algo del nimbo que tanto hace resaltar
el óval? de los .rostros en las mujeres del mediodía
de Italia. Sus OJOS obscuros y expresivos; diamantes
~egros que lucen bajo los arcos de las pobladas ceJas, recuerdan á los que incendian é irisan las olas
del Guadalquivir cerca de la Torre de oro.
Isaura Gonz~lez 1 ™:lla también 1 tiene en el sem?Iante ese matiz lun:nnoso de la reflexión, de la
1dea, relampagueando en la mirada y en la sonrisa
Es una hermosura franca. Su carácter su fond¿
lleno de alburas, está palpitando en su :-OStro.
Las dos hermanas, cuyos retratos publicamos
son dos astros de gracia.

�60

EL MUNDO.

1~

SEPTIIDlBRE,

1895.

25 AGOSTO, 1895.

EL MUNDO.

11

CATARINO, AUNQUE TE MCERAS1 :SC~UA TE OLVIDES DE JUSTA,

PERUCHO, NIETO DE PERIQUILLO.
POR UN DEVOTO DEL PENSADOR MEXICA.N04-Ilustraoion.es de IZ.A..GUJ.RRE.
( CONTINUACION)

$1 sueño ael menaigo.
(Grabado en w, tallerca cJ.e "El Hundo.")

Los en~ueños de los enemigos de la independencia
se realizaron bien pronto y se anunció que en determinado día, entraría en la ciudad de México el numeroso ejército francés que mandaba el mariscal Forey.
Puebla había sucu111hic1o el 17 de Mayo de 1863 y
el 31 del mismo mes abandonaron la capital de la Repliblica, el Presidcmte1 sus ministros y un numeroso
cortejo de funcionarios, empleados, militares y adictos.
-Todo el Gobierno se va á San LuisPotosi-me

dijo Adolfo-mi padre lo acompaña y yo me voy con
mi p.idre.
-TU te vas, siei1do todavía tan joven? le preg11ntó
D. Emerenciano.
-Yo me voy y todos los de mi familia 1 porque preferimos-según dice papá-·morir de hambre, libres, á
vivir aquí de esclavos de los franceses.
-¡Ola! ola! brava razón! pues señor, muy bien hecho, no seré yo quien te contrarié ni me oponga á esas
meditadas resoluciones.
Entretanto yo sentía un puñal clavado en el pecho.

Y gran motivo habia para sentirlo. Mi primer amigo,
mi confidente, mi hermano en aspiraciones y en S&lt;'lltimientos, iba á ausentarse quizás para siempre.
Adolfo 1 cuando salimos, me refirió muchas cosas que
me parecieron estupendas.
-¿Te acuerdas-me dijo-del dia en que fuimos de
curiosos al entierro del General Ignacio Zaragoza?
-¡Cómo no he de acordarme! Hasta te podría repetir los versos que estaban fijados en cada esquina.
-¿Los recuerdas? Claro; es un dístico de Cuellm·,
muy fácil, á ver ¿cómo dice?

�62

1? SEPTIEMBRE, 1895.

EL MUNDO.

sin entrañas y frío como el mármol, un pollo recién
-Si no me equivoco es asi:
desplumado, en cuya amoratada cabeza quedaba
&lt;Murió pero inv·encible y en la historia
abierto un ojo amarillento y opaco, que parecia estarNi hombre ni Dios empallar{m su gloria.
Por cierto que en casa me prohibieron que lo repi- me mirando. Alli escribí despnós de mucho batallar,
tiera, porque dicen que es un verso ateo y que eso de sobre un arrugado papel que me encontré en el brasero y que debió haber envuelto especias, según el
cni Dios, es una blasfemia.
-Pues desde el día en que murió el General Zara- olor sw-géneris que despedía, lo siguiente:
e Que no te asuste el camino
goza, creo que fué el 8 de Septiembre del año pasado.
con
sus piedras y sus ramas,
porque era el Santo de una tfa y estábamos de frasca,
ó dime que ya no me amas
cuando se recibió el parte, mi padre dijo: ,.ya la foró no te hagas, Catarino.
tuna nos Yolvió la espalda y pronto nos llevará la
-Justa! Justa! ya está tu encargo, grité satisfecho
trampa, y desde entonces todo es tristeza en mi casa,
y no bien se me acercó la pobre costurera, le lei con
-Ya habrás visto que no hay ni las mismas visitas
énfasís
el ensayo primero de mi numen poético.
de antes.
_:.Está muy bonito, niño; así lo quería yo, pero otro
-En cambio á lamia están yendo muchas gente,s
favorcito tengo que pedirte.
desconocidas.
-¿Cuál?
-Ya mamá me lo había anunciado: 4'.En casa dePe-Que le agregues que no me olvide.
rucho-nos d·ecia anoche-han de tener buenas noti-De veras, voy á hacer otro verso y se lo ponemos
cias y muchos aduladores.&gt; Y nos vamos Peruchito,
también.
nos vamos mañana con el Gobierno.
Después de otro rato de meditación frente al pollo
-Pero tll que ,ras á hacer.
-Pues no lo se; yo me,; oy porque me llevan-¡Oja- muerto y de haberme comido una zanahoria que me
encontré en una cazuela, escribí la redondilla, aleluya
lá te pudieras ir conmigo!
ó aborto del infierno, que decía así:
-Ojalá, pero eso es muy dificil.
Y si el camino te gusta
-Y tan adelantados que estábamos en todo, hombre.
Y tU me quieres de veras 1
-Pero ¿nos volverémos á ver pronto?
Catai-ino, aunque te mueras,
-Quien lo sabe.
nunca te olvides de Justa.
Hablando así fui á dejar á Adolfo á su casa, donde
-Primoroso, niño; primoroso; ni mandado hacer al
ya estaban en el patio gran número de baliles y cajas arpilladas-Me llamó la atención un coche ámplio portal de Santo Domingo, donde un e'7angelista me
con funda de lona, y una red de-bajo con algunos en- hubiera cobrado, cuando menos cuatro reales, saldría
seres y bultos como de ropa de cama¡ habia también mejor de como lo has hecho 1 Dios te bendiga.
Y Justa me díó un beso en la frente, sacó una pevarios colchones enrollados, envueltos en cueros de
seta
de la bolsa y me la puso en la mano.
res ó en petates y liados eon toscas cuerdas de ixtle
-No; eso si que no;.le dije lleno de dignidad literaó de cáñamo.
Algm10s soldados de blusa roja y sombrero ancho ria. Solo los evangelistas de Santo Domingo cobran,
cuidaban y arreglaban aquello y por las escaleras su- y yo lo he hecho por darte gusto.
-Xo; tómala para dulces.
bian y bajaban varios desconocidos con sombrerillos
-De ninguna manera; esto representa un día de
de paja, sacos de lienzo, pistola al cinto y zapatos de
trabajo, y no te lo he quitar.
piel amarilla ó aplomada.
-Mírate qué reflexivo y qué mono ¿pues qué quieLos caballos piafaban, ya ensillados y listos, como
res
en premio?
presintiendo que pronto emprenderían la marcha.
Volví los ojos para todas partes y con esa malicia
-Pero esto se va hoy, le dije á Adolfo-porque las
que se: aprende en las escuelas, agregué con descaro:
trazas son de salir hoy mismo.
-Un beso como los que le has de dará Catarino.
-Si¡ éstos se adelantan para esperarnos en una posJusta se inclinó, me tomó entre sus manos la cabeta del camirio.
za y me dió en la boca un beso tan ruidoso y tan nue-¿Qué es una posta?
-Pues yo no lo se, pero a.si lo oi decir; que se van vo para mi, que crei que me babia sorbido toda la
sangre del cuerpo. En seguida, corrió a poner en limá la posta primera para que alli los encontrémos.
Subí con Adolfo¡ me llevó con sus padres que me pio sus versitos y yo me quedé. sin saber qué me pahicieron mil demostraciones de cariño asegurándome saba.
Llegó a conocimiento de mi padre la primera reque no tardaría mucho en ver á su hijo, que no los oldondilla
que compuse para Justa y cuando solía revidara y que no me obligara nadie á querer ni á tratar á los franceses, ni mucho menos á los mexicanos gañarme: porque no le obedecía pronto, decía con
que se les hahiau unido para entrar con ellos y ayu- mucha intención:
-Perucho: no te hagas.
.. Catarino.
darlos á dominarnos.
Aleccionado de este modu, di un abrazo muy estreCAPITULO X.
cho á mi amigo querido y me fui á casa donde les
conté cuanto había visto, menos lo que me dijeron,
pues nunca hice alarde de mis ideas delante de mamá Donde se da enenta de cómo desvela un gallo, cómo se cantaban las siete flores y cómo se e1;peraba á los franceses.
que se encendía en ira cuando me encontraba tan enemigo de sus principios.
Sentado en el sofá de la sala, frente por frente de
Por mi supieron con toda exactitud la salida del gobierno republicano, que se efectuó al día siguiente, 13 la butaca eu que mamá tejía una colcha á la luz de
de Mayo, en medio de la mayor confusión, pero sin una lámpara de aceite de kerosene {hoy petróleo) deque se interrumpiera el orden ni la paz de la ciudad ciame una noche mi padre:
-Líbrete Dios, Perucho, de padecer monomanías.
que quedó custodiada por un jefe valiente y joven, á
-¿Por qué le dices eso? preguntó mamá asomando
quien yo conoci en la casa de Adolfo, pues era de los
los ojos por encima de los arillos de oro de sus lentes.
que la freéuentabau con mayor constancia.
-Pofque la primera viruPla anuncia las demás, y
La mañana de ese día 13, la costurera de mamá, me
llamó con misterio, llevóme á la cocina y me dijo llo- este muchacho ya perpetró el primer verso.
-¿Y es malo hacer versos? le pregunté tímida.tando:
mente.
-Niño me vas á hacer un favor muy grande?
-Malo, tal como lo expresa la palabra1 no, pero
-¿Qué quieres Justa?
-Se va esta tarde escoltando al Presidente mi chi- hacer versos malos, es un delito, y buenos ó malos
naeo, mi blusa, aquel que tU conoces y para el cual quitan mucho tiempo para lo útil y obligan á ser un
vago incurable.
teji aquella corbata roja que te gustó tanto.
-Mira-dijo mamli.-aqui hay muchos que sin los
-¿Se vá Catarino con el Gobierno?
-Se va, niño; se va y como ha de pasar a despedir- versos no se hubieran elevado más de una pulgada
se, yo quisiera que tú me hicieras un versito muy ca- sobre el suelo
-Ya lo creo¡ aqui un soneto ha valido una cartera,
riñoso para dárselo y que no me olvide por otra.
-Pero Justa, si quien hace versitos es Adolfo, mi y un epigrama una credencial, pero no á todos les va
lo mismo en la feria, y podría ser mi hijo de los que
· amigo, que se va también¡ yo no se hacer eso.
-Un sonetito aunque sea; por vida tuyita; mira que perdiera su carrera por entretenimientos tau pueriles
tll puedes porque todos dicen que tienes mucha ca- y que á la postre no lograra nada.
-Fulano, dijo mama, ha sido varias Yeccs ministro
beza.
Pero Justa, yo no sé lo que son sonetitos, en fin,me de Hacienda y compone muy lindos versos.
-Pero no es lo mismo hija mia.-El que surce conensayaré, déjame un rato solo.
Y sacando un lápiz artificial, es decir, de los asi sonantes, no siempre sabe contar ni adquirir sonanllamados y que sirven para dibujar en las escuelas, tes. Las musas son enemigas de la Teneduría. de Lime acerqué á la mesa de la cocina, sobre la cual yacía bros.

19 SEPTIEMBRE, 1895.

•
-Pues á Perucho le gusta mucho componer versos y ya recita toda la ,Flor de un día, de memoria.
-Esas tenemos amiguito; es usted Don Diego y Lola, y el Marqués y el Negro á un tiempo mismo?
-Me gusta mucho, papá, pero no pue&lt;lo hacer lo
que yo quisiera.
-Ola l te gusta mucho?
--Si 1 pero yo quisiera escribir con mucha energía;
asi como el señ.or que conocí en la casa de Adolfo ..... .
-No hay sermón sin San Agustín ¿qué señor es
ese y cuáles versos suyos te sabes, hijo mio?
-Los que compuso cuando entraron los reaccionarios y que comienzan así:
-Verémos ¿cómo dicen? á ver, habla fuerte.
-Son muy bonitos papá, dicen poco má.s ó menos
asi. Y de pie en medio de la sala solté la siguiente
estrofa:
¡ Victoria al fanatismo!
Ya México se enluta
De un estandarte negro
al fúnebre capuz:
Por fin al pensamiento:
venció la fuerza bruta
Al fin habéis triunfado
bandidos de la cruz.¡Ave Maria Purísima! exclamó mamá, que versos
tan impíos.
-Muy bien, dijo mi padre; muy bien caballerito;
muy lindos versos y muy oportuno el lugar para decirlos.
-A mi me gustan mucho.
-Claro, ya me. lo imaginaba. Con que esos versos
son al triunfo de los reaccionarios, y ¿no compuso
nada ese señor á la derrota del mismo partido?
-Si compuso, papá. Un soneto en que da parte de
la muerte del partido y anuncia que le han hecho la

-¡Qué tenor tan grit.ón y tan terco!
-No lo creerás hija mia, pero aun me dura el dolor de cabeza ocasionado por la desvelada.-Comenzaba yo á . dormirme cuando después de un rasgueo
, tremebundo gritaba el tenor:
I Laaaa noche está silenciooooooosa !
No hay centinela importu-u-u-u-u-na
A ~a-mar-illen-ta la luuuuuuna
Des-pidé-des-pidé paaalida luuuz.
-Y qué silenciosa había de estar la noche; llovía á
eá.ntaros.
-Pero para éstos bribones era plenilunio porque
jamás se le han dicho mayores majaderías á la casta
Diana.
-81; yo les oi una canción que cuando era chiquitilla la aprendí en la amiga.
-Cuál?
-Aquella que repitiron hasta el fastido,
Luna que alumbras la tierra
Con tu semblante amoroso 1
Dime si se halla mi esposo
En brazos de otra mujer.
-Esa fué la causa de mi jaqueca, pero en medio de
todo me causó risa, porque deben ser los que la cantab&amp;n gente muy soez y ordinaria, pues en el segundo verso decían:
Si te pregunta al caso
Qnit'n me robó la ventura,
Responderás con trinura
La pasión de un hornbrinfiel.
- Yo los oi muy bien, exclamé contentísimo \r no se
qu e decian de amiga mía, amiga mia. . . . .
"
-Ah\ si-contestó mamá-es otro vegestorio del
tiempo del cólera grande y que mLtcho les gusta á las
cocineras y á las reeamareras.
-Pero tiene-agregLté unas caiditas muy graciosas.
-Esas caiditas son una especie de tosidas ó refunf uñas que hacen los que la cantan. Yo lase muy bien
p orque con esa canción me acatarraba Clotilde todas
las mañanas. Dice asi:
Si, amiga mia, si supieras lo que siento,
TU tal vez, escucharas mi dolor,
Ese hombre ingrato ..... .
A quen yo ernp1•esté mi amor ..... .
Me ha abandonado
Por seguir á ontra mujer.
Si amiga mia;
Yo te quero y tiaconsejo
Que olvides ya

atosia.
-La ... . qué?
-¡ La atosia !
-La auptosia .... !literato!
-Eso.
- Y ¿cómo reza el tal soneto?
-No lo se entero.
-Pues ¿qué sabes?
-El final, nada más.
-Y ¿cómo dice.?
-Creo que acaba asi:
Alza.ron al cadáver la mortaja
Y hallaron en su seno pestilente
Un bonete, un puñal y una baraja.
-Peor está que estábamos, dijQ mamá.
-Pcrucho, tu tienes un arsenal de erejias.
-Primorosos modelos de buen decir y de mejor
pensar, son los que éste retiene en la memoria.
-A mi no me disgusta que tenga esa inclinación
porque es bueno que los hombros se den á conocer
desde temprano. No digo que comience mañana, pero
en fin, más tarde; ya ves al hijo de D. Antonio, un articulejo aquí, un versito allá, un discurso en el teatro,
y de repente lo vimos hecho un Diputado.
-Si hija mia 1 pero más se lo debe á la masoneria
que á la literatura.
-Eso si no seas nunca Perucho 1-agregó mamá
sentenciosamente-antes muerto que masón. No permita Dios que te veamos nunca metido con los enemigos de Dios.
-Yo no sé lo que son masones.
-Ni te importa saberlo todavía.
-¿Son muy picaros? pregunté con malicia.
-Te equivocas, respondió mi padre; no todos los
masones son picaros, pero muchos picaros se han metido á masones.
- Y hacen versos?
-Y prosa y cuanto se les ocurre, p~ro no estás para que hablémos de esas cosas; lo que te aconsejo es
que te dediques mucho á lo serio, á lo útil, a lo provechoso. Ha pasado el tiempo de los ideales y de los
trovadores errantes. Ya no se estimaria al que con un
mandolin debajo del brazo, St! lanzara por los cami~
nos en pos de castellanas á quienes darles serenatas.
-No, agregó mamá, ahora en vez de esos trovadores quedan los que salen á correr gallo y aturden al
vecindario con sus canciones.
-Como nos molestaron anoche, interrumpió mi pa•
dre.
-PL•ro si ya te lo he dicho, es la muchacha delcobrador, la q_ ue tiene un novio que le trae dos ó tres
veces á la semana el gallito ese.
-¡ Cáscaras! Anoche eran como seis ó siete. El de
la flauta ha de habel' estado borracho y los de la gu.itana. y el bajo completamente locos.

hu-hu-hum

•

•
{este es el resongo)
Al quiamate.~ con trinura
Mesimposible olvidar esa hermosura
¡ay! ¡ay!
Si con el pierdo
Alma, vída y corazón ....
~Esa es mamá, esa es igµalita.
-¡Hija, te aprendes un'a.s cosas!
-Pero figúrate que la he oído afias enteros á una
muchacha de casa que nunca la dejaba de cantar,
cu ando sacudia ó arreglaba las camas.
-Pues era muy terca.
-En la mañana cantaba eso y en la tarde las siete
flores.
-¿Las siete flores?
-Si, eran siete canciones distintas, pero que cada
una se ocupaba de una flor.
.:._No me lo digas.
-Como lo oyes. Una empezaba:
¡ Oh flor hermosa.
Permite que ávido
Tu olor balsámico
Aspire yo ....
-Si, esa la he oido mucho.
-Otra, era as[ más ó menos:
¿Qué haces con esa flor? ¿A do la llevas?
¿Por qué la privas del benigno sol?
i Ya no el rocío mojará sus pétalos
Ni le dará. Qtra aurora su arrebol!
-Bueno.
-Otra, si mal no recuerdo, empezaba:
¡Murió la flor de la esperanza mia !
-Esa es mas elegiaca y de mayor vuelo.
-Otra, que por cierto yo la cantaba á sotto voce y
me gustaba mucho, decia:
Dos blancos lirios con el día nacieron
Y juntos sus matices ostentaban;
En un vástago mismo se miraban
Y una mano cruel los 'ileparó.
-Si, ~gre?ó mi padre; yo visitaba en mi juventud,
á. u nas mfühces que eran novias de estudiante1:1 y alli
en un cuarto que tenia por colgaduras telarañas; por

EL MUNDO.

63

tapiz el salitre brotado de ln.s paredes; por alfomhra, Me da mucha lástima ese chico, que solo sabe vullas vigas del pii;o moviéndose como desvencijadas garidades.
teclas de un órgano antiguo¡ por himpara un mal
-Me dijo el otro dia que me ibaenseiíar el acompa?liento codal de seb? frente á un pedazo dt•. t~spejo, ñamiento de la canción á Osollo.
igual al que encontro tm d muladar la viejn. de la fá-Pues que ¿ya hicforon una canción al General
bula; por muebles, un sofá d&lt;~stripado, cojo, sosteni- Osollo?
-Si, es esa, que habrás oido y que dice:
do por una cajón ele vino A guisa de horqueta, y cuaSi el valiente ele Osollo viviera
tro ó cinco sillas de pera y manzana; oí cantar esos
Y los puro.-., quisieran triunfar,
dos lirios á un cursante de jurisprudí'ncia.
Los arroyos de sangre corrieran
Le echaba segunda una muchachuela bisbirincla de
Como corren las olas del mar.
ojos azules y redondos como las canicas con que'ju-No lo haces tan mal, cantando; Pcruchillo· eso es
gaba Perucho; y que en su afán de aparecer elegan- patriótico.
'
te se ponia hasta polvos de tizar en la cara v moños
. -Y acaba muy bonito, papá, porque el vt•rso que
de papel de china color de rosa, en la cabezi y en el sigue- . .. .
-Cántalo, cil.ntalo.
vestido.
Y con voz llena prosegul :
-¡Ay Pedro!, á qué clase de gentes tratan los homViva'! Viva el valiente de Osollo·
bres ....
¡S,.1 segundo Miguel ;\1iramón! '
-De todo, hija, de todo; asi se va deletreando el
¡Vivan! ¡Vivan los mil defensores
libro de la vida y se aprende á distinguir lo bueno de
Que ha tenido nuestra. Religión!
lo malo, el oropel del oro, la infantería de la caba-No está tan atrasado en canciones y que no le has
llería.
oído el cPalomo reaccionario.,
-Y esa chica era la que cantaba los lirios?
-¿Cómo es eso? á. ver; cántalo sin miedo.
-Como te digo, le echaba segunda al abogadito
En el colmo de mi ventura, porque me aplaudían
aquel y como eran novios y habían estado separados mi buen oido canté el cPalomo, que era la burla po- ·
porque él era de una población lejana adonde iba á. litica á los liberales.
pasar las vacaciones, conforme al sentido del verso se
¿Palomito, qué haces, di,
miraban con unos ojos ....
tan triste y atormentado?
-Si; de borrego á medio morir, muy lánguidos.
Esperando otra proclama
-Mucho, hija1 parece que los tengo delante de mi y
De Don Santos Degollado.
anoche cada vez que decía el tenor callejero
¿Para qué, quieres palomo,
otra hipócrita proclama
-Uno de ellos tranquilo se miraba
Primero en un vaso transparente
cuando el ministro de Guerra.
libertadores nos llama?
se me representaba el abogadito, que declaraba vaso
Palomito: ¿qué haces, di,
á su pueblo 'f se retorcía de angustia frente á su Dulcinea.
en tan triste situación?
-Ya me los figuro á los dos .
Espero que Santos grite
¡Viva la Federación 1
-No¡ no tienes idea. El cuarto estaba en un patio;
era de esos que habrás oído 11:tmarles, vivienda prin¿Qué quiere decir, palomo
eso de ,Federación»
cipal, ;'unto al pozo, debajo &lt;le la escalera y todo el
mobiliario valdría, bien vendido, unos veinte reales.
que vivan los siete vicios
-¡ Pobres gentes!
y muera la Religión.
-Pero no te interrumpa ,ro la historia de las siete
¡ Palomita 1 ¡Palomóóó !
flores.
-Hombre, pues ne te conocía yo en ese ramo . Bue-No se todas las siete; Clotilde las repasaba tarde' no, bueno; ¿dónde hai; aprehendido todo eso?
-La verdad es que ni yo lo se porque por todas
por ~arde y natrrralmente mucha'l r etengo en la mepartes cantan esas canciones.
moria. Creo que hay otra que dice:
Me preparaba yo á entonar alguna nueva .sonata,
¡Pobre flor! Pobre flor abandonada.
-Pues todo eso lo oantaron anoche y se conoce que cuando llamaron suavemente nuestra atención, tres
traían sus botellitas de aguardiente porq_ue á medida golpes dados en uno de los vidrios de la puerta de la
que las horas pasaban, su alegría era más notable y sala.
-Visitas! dijo mamá, y yo en estas fachas, ¿lo ves
más extraña.
-A mi me gusta mucho la vihuela-exclamé con Pedro? te dije que estaba muy de trapillo y que iban
á venir a lgunas personas.
franqueza .
-Verémos qufones son y no te preocupes, contestó
-Claro-dijo mi padre-tenia que ser asi; te gustan
las corbatas rojas, tejidas de gancho, con moño tan mí padre, encaminándose á abrir la puerta.
-Buenas noches, señora¡ Marianillo, tanto bueno
grande como una amapola; los sombrerótes anchos
las chaquetas de c.ucrn, en fin, todo lo que trae com¿ por acá, pasen ustedes.
-¡ Ay, Lola I dijo mamá, me encuentras hecha. un
complemento una guitarra.
pingo de la cocina.
-Papá ¿qué no es un bonito instrumento?
-De todas maneras eres la misma, ¿cómo estás?
-No se si es bonito ó feo 1 pero lo que te aseguro es
que no habla en mi tiempo barberia en que no desco- dijo una señora alta, gruesa, hermosa, que acompallara colgada en la pared una guitarra, con sus flo- ñada de su marido, tomó á pocos instantes asiento en
el estrado.
res de trapo y sus listones de seda tricolores.
-Vengo á darte la gran noticia, Pedro, agregó el
El gallo amarrado en la puerta, la olla con las sancaballero, con un semblante que revelaba la satisfacguijuelas y la vihuela en la pared, nunca faltaban en
ción más completa.
una barbería y si te llego á ver en las manos alguna
-Suéltala sin ambajes .
guitarra te la quebraré en la cabeza como los cascaro-Dentro de cinco días, entrará el ejército francés
nes dt, carnaval.
á esta ciudad. ¿ya conoces la proclama del General
-Es muy ocasionada la. vihuela, agregó mamá
Forev?
¿no es cierto?
-No conozco nada.
-Ya lo has visto¡ todos los des,·elados, los vagos,
-Aqu.1 te la traigo. Pone de oro y azul á Hernán
los amigos de armar camorras y zambras en las es- Cortés.
quinas, en las ventanas, en los balcones, en las pla-A ver, lcela hombre, leela.
zuelas, salen con la guitarra, la botella y probableMi padre se levantó de su asiento; dió vuelta A Ja
mente el puñal ó la pistola en la cintura.
llave de la lámpara para avivar la llama y Don Ma-Asi andaban los estudiantes en España?
riano, de pie junto á la me!a1 sacó de la bolsa un pa-No 1 hija mia. En España se usa mucho la guita- pel, lo desdobló nerviosamente y leyó en voz alta:
rra, porque con ella se acompañan esos dolientes can,Nuestras á.guilas victoriosas van á. entrará la (':t.tos andaluces que me parecen agonías con tanto ¡ay! cpital del antiguo imperio de Moctezuma v Guati¡ay! ¡ay!
cmotzin; pero en vez de destruir, como Her~án Co!·-De veras.
ctés, váis á. edificar; en lugar de reducir iL un pueblo
-Pero aquí, la guitarra ocasiona pendencias ó cá la esclavitud, váis á libertarle. No venís del muncuando menos vagancia, desveladas, amarlos, porque cdo antiguo, atrafdos por el sebo del oro para subnada encubre mejor las aventuras de los calaveras de
cyugar á este pueblo inofensivo ... :
barrio y de casa de vecindad. ¡Librete Dios, Perucho,
-¿No te parece-agregó Don Mariano-que revela
de tocar ese instrumento!
supina ignorancia, el general francés? ¡Hernán Cortés
-Papá, ya. ves il. uno de mis primos que bien la ,viniendo á destruir! Esto no puede disimularse á un
tóca.
hombre medianamente ilustrado. Mucho menos al
-Ese no avanzará nunca en la vida. Se quedará Jefe de un Ejército expedicionario y victorioso!
siempr_e acompañando en tono menor ó mayor, según
(CONTINUARÁ)
se lo ptdan á las gangosas cantadoras que lo traten.
Asegurada la propiedad literaria, conforme á la ley.

�19 SEPTIEMBRE,

EL MUNDO.

64

1895.

PRENSA MEXICANA
Numéro 193

MEXICO. _Joudi, 22 AoOt 1B9l

9!me Vol.mue

AhO~N~ME:;Ts .

L'ECHO BU MEXIOUE

ALijERT SAMSON
DUI.MQTl~UR.

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IÍuiCO .

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Página&amp; extraordinarias.

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DOllfINGO 8 DE SEPTIEMBRE DE 1895.

Tomo II.-Númt.ro 9.

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A-N~ON'CES

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Cl'ADRO (CARTON) l'OR JOAQnx RAMllrnz, l'RE.'!rIADO E:', LA .-\CADElliA DE SA....\'" CARLOS

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uA los primeros tiempos de la monarquía de Tula, en que también se formaron, se-

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gún loa manuscritos consultados por el A.bate Brasseur, los señoríosó reinos de Qunuhtitlán, Colhuadn, etc., corresponde la leyenda de :Xochitzin, célebre maga que contribuyó eficazmente con sus consejos á. extender y afirmar el dominio de los chichimecas
en el Anáhuac. A la muerte de Xuhnel, que ocupaba el trono de QuaubtitMn, subleváronse los primeros habitantes, y "los recién venidos tuvieron que refugiarse en las
montarías. :X:ochitzin, princesa chichimeca, célebre por su belleza, valor y talento, vivía en un castillo de piedra y madera, construido á orillas del abismo por donde corría
entonces el río de Quauhtitlá.n, no lejos del lugar donde á poco se fundó la ciudad de
tal nombre. Según la voz pública1 ten fa frecuentes entrevistas con la muerta Itzpapalott, y poseía el espíritu de esta maga. Atraídos por las maravillas que publicaba, visit,í.banla con empeño los chichimecas para oír sus oráculos y ofrecíanla los productos de·
sus expediciones de caza, como conejos, liebres y culebras, pidiéndola que consultase
en favor suyo el espíritu con quien se hallaba en comunicación. Un día que estaban
reunidos, como de costumbre1 en torno de Xochitzin, exclamó repentinamente la princesa: u¡Oh, chichimecas! ¿Ya no sois hombres? Si carecéis de jefe, nombrad á Huactli
y que él sea. quien os gobierne. Bajad á Nequameyocan, construid allí casa, para vuestras mujeres, circundadlas de campos de mag~eyes y extended vuestras esteras. Bajad,
sí, de las montaiias; disparad vuestras .flechas sobre las tierra.~ del Norte y del Sur, sobre los campos de maiz, Sobre los jardines llenos de flores.n Los chichimecas buscan
con la vista al joven designado por Xochitzin; éste se adelanta con firme paso y es
acogido con respeto y admiración. La maga les arenga de nuevo; lanzan los chichime-

cas entusiasmados el grito de guerra y ee derraman por todas las montarías que rodean
el A.náhuac. A la voz de Huactli, la multitud indómita acude á engrosar sus filas y los
bárbaros de los bosques más distantes secundan sus C!:ÍUerzos. Desde las oriUas del lago de Chapala mandaron á guisa de torrente los fértiles territorios de 'M:ichoacún, Cohuixco, Yopitzingo, Totollán y Tototepec, de un lado; y del otro fas tierras dependientes de los señoríos olmecas de Tepeyacac, Tlaxcalan y Tlilinhtepec hasta las fronteras
ele Gµexthí.n. Las ciudades y aldeas fueron devastadas y sus moradores se refugiaron
á los montes. Los hermosos miles que se extienden entre•Acolhuac.ín y Hueyotzinco
fueron presa de los n~.ts famosos caudillos. La monarqufa sacó de sus proezas ventajas
inapreciables, y al librar al Aná.huac de los guerreros m1s turbulentos, afirmaba en él
sus instituciones y ganaba multitud de provincias en que la civilización tolteca penetaba á la cola de sus ejércitos. Por su parte1 Hnactli, instruido por su oráculo, alejaba
babilmente á sus competidores y terminada tan gloriosa campaíla, volvió hacia Quaxoxouhcan, de lo cual un antiguo cántico chichimeca hacía memoria en estas palabras:
uHe aquí un noble, he aquí un héroe que se adelantará con alegría para ser el jefe de
los chichimecas. He aquí que se le aparija el aztapamnill (estandarte) y el dardo adornado de plumas blancas que llevará al frente como signo de mando. Por donde quiera
que dirija Sus pasos y sus miradas, será seguido de la multitud.11 A este personaje eligieron príncipe los chichimecas bajo el dictado de Tlatoani¡ pero la más dulce recompensa de su valor-agrega la leyenda-fué Ja mano de Xochitzin, cuyo patriotismo y
habilidad habían constituido la causa primera de sus triunfos.11
JosE ~ÍARIA RoA BARCENA

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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